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                    <text>Vtil y estimar
18»

m m IB H

“

revista mensual de crítica artística serie 2 N°

10

�VÍCTO R

Ver y Estimar

Sumario

revista mensual de crítica
artística

A N TO N IO F. RO M ERA

Ver y Estimar S . R . L . , cap. $ 10.000
editorial, actos, cursos.

D A M IA N C A R LO S B AYO N

Director Gerente: Jo rge Romero Brest

H O RACIO

Registro nacio nal de la propiedad intelec­

E LE N A F. POGGI
B LA N C A ST A B ILE

Secretaria de redacción: B lan ca Stabile
D iag ram ació n :
Suscripción

Sam uel O liver.

a n u a l:

12

núm eros,

$

33;

Exte rio r, $ 4 5 ; núm ero suelto $ 3.
Editada por

tu al núm ero 4 7 0 .7 7 1 .

CO PPO LA

M ujeres-orquídeas.

Q A b stracció n y dinam ism o en ia nueva
pintura ch ilen a

JO RGE ROMERO BREST
B LA N C A PASTOR
A Z U C E N A LO ZA CO LO M ER
ELSA TEN C O N I
B LA N C A ST A B ILE
S IL V IA A M B R O SIN I
E LE N A F. POGGI
B LA N C A PASTOR
B LA N C A PASTOR
SA M U EL PAZ
JO RGE ROM ERO BREST
EN R IQ U E N A G EL

C om ité de redacción: S ilvia A m brosini,
Raquel Edelm an, C arlo s S ilv a , Enrique
N agel, A lfre d o E. Roland

CARVACHO:

{

o,
Roberto Rossi
C
A q u iles Badi
C _ Ram ón Góm ez C o rn et
&gt;
E lsie Ferrero
E scu ltu ra s de Libero Badii
V ice n te Forte
Hugo O ttm ann
C l
Leopoldo Presas
Nóvoa
Bruno C a ssin a ri
C
Leonor V assen a
Lito g ra fía s de K a n d in sk y

T e le g ra m a s sobre arte europeo: V is ita a
Angel Fe rran t y Entrevista a T in g u e ly
La fo to g ra fía

12
13
14

A SO CIA C IO N AM IGOS DE V E R Y ESTIM A R

15

1 5 3 9 , Buenos A ire s, A rg e n tin a . 3 5 -9 2 4 3
T a p a : sobre un dibujo y tem pera del pintor argentino
T o rra lla rd o n a , especial para V E R Y E S T IM A R .

2

5
8
8
8
9
9
10
10
10
11
11
11

T re s carpetas ilu strad as ed itad as en la A rg e n tin a
De la visita del escultor Libero Badii a la

A d m in istració n y r e d a c c i ó n : Tu cu m án

O ctubre 1 9 5 5

3

T a p a del núm ero 9 : escu ltura del artista argentino C a rlis k y .

�ABSTRACCION Y DINAMISMO
EN LA NUEVA PINTURA CHILENA

La pintura chilena contem poránea se ha ¡do inclinand o h acia d iversas corrientes no
siem pre coincidentes y a veces, co n trad icto rias.
Y a en el designado con cie rta libertad Grupo Montparnasse, form ado por quienes en
la actu a lid a d a lc a n z a n en m uchos casos el grado de una m aestría apenas discutible
— M o ri, E g u ilu z, P erotti, H ern án G a z m u ri, A rm ando L ir a , e tc.—
ción h acia norm as buscadoras de la razón plástica.

se nota

la evo lu­

Pero ellos, con diversos altib ajo s

y fortuna y con fid elid ad v a ria , m uestran un a n g u lar contacto con la o bjetividad .
La predilección por lo fig u ra tivo se apoya en norm as que, pese a todo y con
debidas reservas, podemos designar sin abuso, de n a tu ra lista s.

las

Como son naturalistas

en últim o extrem o los m aestros fran ceses que les dan inspiración y enseñanza.
A h o ra bien, con el correr de los estilos y ap eten cias de expresión se han visto nacer
otras corrientes.

Como siem pre, sería fá c il tra z a r una línea que fu era de lo objetivo y

representativo a lo ab stracto y puram ente fo rm a lista .
V am o s a p resentar en esta

nota a cuatro

vigente están — entre otros, sin duda—

de

les pintores que de

un modo

m ás

en esa línea de la llam ad a por los franceses

pintura viva o tam bién art vivant.
La

pléyade

tiene

Montparnasse

un punto

en L U IS

de

en la ce

VARGAS

con

R O S A S.

la

generación

Pese

a

co n stitu tiva

la d ife re n cia

de

del

edad

Grupo
con

los

a rtista s m ás recientes, V a rg a s Rosas m antiene sin duda una p rim a cía en los lugares
de van g u ard ia y au n , sin co n stitu tir con ellos ning una relación de m aestro a discípulos,
es evidente que al frente de la pintura ab stracta (o no fig u ra tiv a , como prefieren
desig n arla otros) ap arece la obra apasionada

y a

la v e z , re fle xiv a

Es una p intura organicista — si puedo expresarm e as!— .

de este pintor.

Es d e cir, que en su inexo ­

rable rigor de la búsqueda de la producción y arm o nía no perm ite

la entrega

al

desm adejam iento ni abandono de la función p lástica de cada uno de los elem entos
constitutivos de la obra.
Todo está en
interacción
cuadro.

la pintura

m orfológica

de V a rg a s Rosas en la zad o , unido, trab ado, sin
im pida

la

vida

ind ependizad a

de

las

d istin tas

que esa

zonas

Nos encontram os así fre n te a un barroco abstracto que intenta

del

cre a r un

universo elusivo de los rasgos n a tu ra lista s, accionando en puras reflexio n es basadas
en el trascendentalism o objetivado en form as d in ám icas.
O sea, en un intento de fu g a , de escaparse de si m ism o, en un esfu erzo dram ático
en el cu al un sirocco pasional
su p in tu ra.

parece conm over la s. fuertes estru ctu ras lineales de

El m ovim iento, m ás que expresado o b jetivam ente, es una intuición .
m iento

en

la

pintura

de

Lu is V a rg a s

Rosas

podríam os

hacer

Sobre el m o vi­

nuestras

las

fin as

observaciones que el arte de R em brandt inspira a Sim m el cuando dice que “ por esta
totalidad o frecid a en un punto de la in tu ició n , el m ovim iento general llega a tener
un

va lo r e sté tico ".

Lo que

im porta no

es

fig u ra r

los

cam bios

de situacio nes y

estru ctu ras, sino cre a r esp iritualm ente un desplazam iento de la atenció n, una sensa­
ción de inestab ilid ad psicológica percibida in tu itivam e n te por el contem plador.
El contraste con cie rta s obras de N E M E S IO A N T U N E Z es sig n ifica tivo . Su contacto
con la realidad reconocible, h a b itu a l, tan g ib le es, en la a p a rie n cia , evidente.

Pero

A n tú n e z huye de la percepción n a tu ra lista que se atiene a la fid elid ad indeliberada
en donde el "su je to p in to r" es sólo un testigo de esa realid ad .
A poco que nos fijem os vendrá a nosotros la im presión de una n a tu ra le za de la cual
se han extraído
de esa realidad.

los elem entos sig n ifica tivo s

para

Es una visión ag resiva y descarnad a de las cosas.
senso rial:

redu cir el

todo a c ifra

o c la v e

Una p intura destituida del goce

la n a tu ra le za en su m a, menos lo fung ib le y caed izo.

El ritm o de su voluntad d in ám ica no se consigue — como en V a rg a s Rosas—

por las

b lan das y m uelles incurvaciones.
Si en M azurca se ven
m asivo de

dirección

las

form as seguir en solid arid ad

unifo rm e,

en

Los

estructural

pinceles, de A n tú n e z,

todos

aquel

em puje

los elem entos

entran en g u e rrilla , en una b e lig eran cia de líneas encontradas, de ángulos opuestos,
de planos co ntrad ictorios. L a in estab ilid ad psicológica es m ás fu erte y sobre todo,
im p re vista.

T a l vez resida aquí el rasgo p e cu liar del dinam ism o de este pintor.

En las obras de V a rg a s Rosas — por contra—

nos vem os sometidos a un cam bio que

se revela an ticip ad a m en te por la regu larid ad orgán ica de las incurvacio nes, del mismo
modo que poseyendo una sección del círculo o de la órbita podemos prever el reco­
rrido to tal.
L a m irad a de N em esio A n tú n e z se detiene en el juego geom étrico de las form as
n atu rale s — rectángulos de las p u ertas, ven tan a s y m esas, cu ad ricu lad o del pavim ento,
dispersión
conjunto

rad ian te
al

de

liberarse

los

pinceles— .

del rigor óptico

La

perspectiva

ad q uiera

un

se

rompe

m ovim iento

haciendo
hecho

que

el

rebeldía

e

incong ruencia.

3

�En R O B E R T O M A T T A hay — sobre todo
en

su

prim era

etap a,

hasta ah o ra—

la

m ás

valio sa

un divorcio con la n a tu ­

ra le za . Por lo menos con el ám bito c ir ­
cu n stan cial de nuestro v iv ir .

Es la suya

una p intura m e tafísica o desbordante de
lo sensible, m ás a llá de nuestro conoci­
m iento óptico y

la

exp erien cia

n a tu ra l.

Decim os m e tafísica y tal ve z convend ría
decir in tra fís ic a , pues el a rtis ta nos con­
duce a unos dom inios que por momentos
parecen ser el h ab itácu lo de la su sta n tiva
y

prim era

o rg an izació n

v ita l,

el

fondo

m ism o, in tra n sfe rib le , íntim o , de la base
común de la m ateria inerte o de la m a­
te ria v iv a .
Pero m ás to d avía. A l decir que huye de
la

n a tu ra le za

siq uiera

querem os

se ñ a la r

que

ni

hay en él contactos con la po­

sib ilid ad

de

ab stracció n

que se re fle ja

al fin

de

lo

tangib le

y al cabo en

los

dos pintores anterio res en conceptos que,
pese a todo, proceden del mundo de las
v iv e n c ia s

o n írica s o reales,

pero atad a s

al repertorio esp iritu al del hom bre.
Si

V a rg a s

Rosas

y

N em esio

A n tú n e z

construyen sus obras con elem entos e x te ­
riores, M atta parece penetrar en la m a­
te ria

p ara

atóm icos
c ia s

darnos
unas

la

an ató m icas

fu e rz a ,

sus

visión

veces y
o tras,

sistem as

de

con

m undos

rem in iscen­

sus

líneas

co nstitutivo s.

tam bién en él un b u cear en

de
H ay

los m iste­

a r ri b a : V A R G A S
a ba jo : R O B E R T O

ROSAS: Mazurka.
M A T T A : Composición.

rios visce rale s, en la aparentem ente fo r­

Iidad

tu ita

es en los lineam ientos de cie rta s decora­

ciso, en

ciones

de

una m ecán ica so n am b úlica. L a s obras de

los rasgos perentorios de un asu n ­

C a rva c h o exp resan un dinam ism o en g e r­

n a tu ra le za

m icroscópica,

color de chisp azo , de m ancha

en

ese

súbita y

de irisació n d ia m a n tin a , girando todo en
torno a núcleos como en una tran sm u ta­
ción de la m a te ria . Es, el suyo, un d in a ­
m ismo de labo rato rio.
El de V IC T O R C A R V A C H O es arborescen­
te.

L a s fo rm as, el repetorio morfológico

del pintor de M ujeres-orquídeas, insinúa
una

sutil

m utación de lo vegetal en

lo

hum ano. El ritm o m otriz no se atiene al
m o vim iento por el m ovim iento

solo. Sin

d e ja r de ser — como en V a rg a s Rosas—
una

asp iració n

a se ñ alar

con

él

puros

valo res estéticos, es, tam b ién, una a g ita ­
ción

ancilar,

Q uiero decir

si

puedo

expresarm e

así.

que

en

m etáfo ra

p lás­

la

tic a tan felizm en te lograda, el m ovim ien­
to co adyuva

a

la

tran sfo rm ació n

de

lo

arborescente. Es, pues, m ás que un d in a ­
m ismo g ratu ito , un dinam ism o u tilita rio .
De

los cuatro pintores es V íc to r C a rva -

cho el que parece poseer una m ayor sen­
sib ilid ad

p ictó rica. Su obra

presiones

p lá stica s.

arabesco ,

el

cas

traducen

que

fo rm as
su

ritm o

n 'tu ró le s

presencia

En
y

persigue e x­

prim er
las

lug ar

líneas

metafóricamente
para

darnos

perm anente

y

el

m elódi­
de

las
ellas

su sta n tiva .

Por ello lo flu e parece en C a rva c h o re­
petición

de m otivos es,

a

mi

entend er, sig n ifica tiv o de su

4

modo de
intenciona-

fija r

a rtís tic a ,
aráb ig as.

del
Se

m ismo modo que lo
tra ta ,

m ás

que

M atta insiste en lo la rv a rio , en lo ind e­
lo que no está

hecho y

busca

to, de h a lla r en él un juego de líneas y

m in ació n , pero de -cosas co n cretas,

planos que poseen un valo r en si mismos,

una

quiero decir un va lo r plástico.

p lá stic a . A N T O N IO

concreción

total

y

con

ab so lutam ente

F. R O M ER A .

�ROBERTO ROSSI
H asta hace pocos años Roberto Rossi p in­

la

taba

zad o .

casi

e xclu sivam e n te

n a tu ra le za s

su b jetivid ad antes
A h o ra

junto

im p lícito ,
a

las

am o rd a­

n a tu ra le z a s

m uertas. Y ya se sabe qué sig n ifica la elec­

m uertas, h ay p a isajes y fig u ra s.

ción de este género: la voluntad de ad herir

im portante es observar que resu elve

a cosas que carecen en si de exp resión,

problem as

para

como si h ic ie ra caso omiso de las cosas

que

ca rg a r
las

librem ente

representan

procedente del pintor.
pues,

revela

una

a

las im ágenes

de otra

exp resión,

Si por una p arte,

posición

su b je tiv ista ,

personal, las im ágenes co ncretas, por o tra,
restablecen el e q u ilib rio entre hom bre y
m undo.

Sea en la

línea n a tu ra lista fle ­

xib le de un C h a rd in
un Z u rb a rá n ,
tiv is ta

de

sea

un

o la m ás du ra

en la

linea

C é za n n e ,

de

construc-

siem pre

es

la

em oción su b jetiva que se engasta en una
form a o b je tiva , descargada ésta de casi
toda

resonancia

a rtís tic a :

esp iritu al

religiosa, p o lític a ,

que

no

sea

so cial, m o­

en todos

representadas.

Pero lo

de m anera

los

s im ila r,

Lo subjetivo triu n fa sobre

lo objetivo y se rompe el e q u ilib rio .
El

proceso es el

que corresponde a

pintor de nuestro tiem po.
e xtra ñ a rse .
llegan h asta
de

todo

un

No hay por qué

Si algunos pintores a c tu a le s
la e lim in ació n

apoyo, objetivo

form as que concuerdan

e

lisa y

lla n a

in ven tan

las

con modos m uy

personales de se n tir (ab stracto s) y otros
h a lla n el apoyo en form as de sugestión
racio nal (concretos), los que m an tie n en a
la e xp e rie n cia extern a como g enerado ra,
al m enos, de las fo rm as, no se revelan

ra l, etc.
En aq u e llas n a tu ra le za s m uertas de otrora
no d elatab a R. R ., sin em bargo, una vo ­
luntad d efin id a

en ning uno de los sen­

m enos su b jetivo s.

Es nad a m ás que una

cuestión de grados y de modos de obtener
la

su b jetiva ció n

sentim ental que es, tom a por el cam in o
ael color, haciéndolo v ib ra r a travé s de

todas luces pretextos, m ás bien le m oles­

su tiles pincelad as su eltas,

ta b an .

sonora

de

como

m ilita

mo y que las cosas que representaba, a

fondo

y

R.

de ver que pujaba por exp resarse él m is­

del

últim os

R.

tidos anotados. V a c ila b a , m as era ya fá c il

Como se com prueba ahora en las

estos

fo rm a l.

entre

la

rom ántico

sobre
te la ,

la c a ja
apoyadas

telas que acab a de exponer en la Sala V

las form as sólo en algunos casos por tra ­

de V a n

zos que las construyen.

R ie l, al a c e n tu a r el leng uaje de

ZURBARAN

(1598-1664).

N aturaleza

m uerta.

5

�C H A R D IN

ó

(1699-1779).

N aturaleza

m uerta.

C E Z A N N E (1839-1906).
1879-1882.

N aturaleza

m uerta.

�ROBERTO

R O S S I:

Fig ura.

R O B E R T O R O S S I: N a t u r a l e z a m u e r t a ca n la
cafetera azul.

Q u 'zá s no sea aventurado decir que a sis­
timos con esta exposición al punto álgido
del período en que disgrega
n a tu ra lista s de antes.
mas las reem plaza?
ha

podido

cosas sin

las form as

Pero, ¿con qué fo r­
Porque ningún pintor

abandonar

el

apoyo

de

las

h a lla r otro apoyo que ordene

los impulsos de la su b jetivid ad , so pena
de que

los elem entos

sensibles

queden

dispersos, como cabos sueltos, y no cons­
titu yan en conjunto la gran
expresa

form a

que

la gran emoción.

Este es el problem a de fondo que plantea
la pintura de R. R.

Pues se trata de un

pintor extrem adam ente sensible, p a rticu ­
larm ente en la pincelada certera, que ha
sido llevado a
objetivo.

la elim inació n

del apoyo

¿D ebería ser de n a tu ra le za r ít­

m ica el nuevo apoyo, ya que la m ovilidad
del espíritu

no

le perm ite

ninguna form a aisla d a?
pero el

detenerse en

Sospecho que sí,

ritm o de estas te las carece

v ita lid ad y

la idea im p lícita

de

que lo de­

term ina no es m uy rica porque en verdad
conserva
aunque

la

estructura

trate

de

los

objetos,

de escam otearlos hundién­

dolos en una m asa uniform e de m ateria
coloreada.

El ojo, entonces, en su a fá n

de o rg an izar la em oción, busca el orden
tras la neblina de los paisajes o la movida
m asa homogénea de las n a tu ra le za s m uer­
tas y sólo percibe, al

fin a l, los mismos

objetos que antes pintaba de modo n a tu ­
ra lista ,

desdibujados

y

sin

fu e rza .

Lo

que revela, a mi ju icio , que el lenguaje
ind ivid ual
como para
expresen.

del

pintor no es tan

enco ntrar

potente

las form as que lo

En las tres fig u ras que expone,

sin que se m odifique este c a rá cte r,
m ayor energía
riq ueza

de

en

tonos

la construcción
se

m an ifiesta

hay
y

la

m ejor

apoyada.
Los cuadros expuestos seducen por el re fi­
nam iento del color, por cierta

sugestión

del m ovim iento en el espacio, por la fa lta
de

agresividad

de

la concepción, notas

éstas que sólo pueden corresponder a un
a rtis ta .

Pero R. R. no puede conform arse.

C reo que debe contem plar la posibilidad
de que ese caud al de energía sensible se
encauce y com prender que es por el lado
de la m ayor concreción fo rm al y de una
nueva concepción de espacio y tiempo
que puede h a lla r las soluciones que nece­
sita.

Me parece que una ahin cad a m edi­

tación y un m ayor control sobre el placer
que le produce p in tar, le p e rm itirán supe­
rar este momento que, si bien lo destaca
como
celad a .

m aduro,

le

tiende

una

peligrosa

J . R. B.

7

�E

X

P

Q

S I

C

I

O

N

E

Su producción a ctu al se resiente por et

S

d e bilitam iento casi vo lu n tario de esa fe ­
cunda ¡dea coordinadora y el espectador
en lugar de percibir un arm onioso acorde
de m ateria y e sp íritu , sólo encuentra una
te m ática de im ágenes repetidas y empo-

A Q U IL E S

B A D I:

precidas

C a l v a r i o gr a n d e .

en

su

capacidad

sentim ental sim bólica.

de

alusión

A . L. C.

ELS IE FER RERO (Galatea)
M onocopias son las obras exp uestas por
esta p intora.

Por el procedim iento e le ­

gido ad viértese el deseo de expresarse por
la m ateria y el color, caracteres pictó­
ricos, incorporando calidad es de grabado.
Selecciona tem as diversos:
bodegones,
escenas urb an as, fig u ras y p a isaje s. P a ­
rece que recorriera espontáneam ente lu g a­
res diversos, siendo los cuadros productos
del encuentro de estím ulos exterio res con
su m odalidad rom ántica.
En

la

estructura

conocim iento
alum no

de sus

form as

arte

m oderno.

del

nótase
Fué

de Pe tto ruti, pero resu lta d ifíc il

vin c u la rla con él.

No a sim iló sus fo rm as

p lásticas sino el espíritu g racias al cual
tomó
H ay
de

contacto
riqueza

las

técn ica

A Q U IL ES BADI (Bonino)

-

A q u ile s Badi form a parte de esa genera­
ción de pintores que llenó de esperanzas el
panoram a pictórico argentino por los años
1 9 3 7 al 4 0 . A rtis ta s form ados en Europa,
tra ía n el envión de ese m agnífico crisol
de cu ltu ra que representaba, sobre todo
P a rís, en esos años. H ab ían asim ilado algo
de las corrientes p lásticas que por enton­
ces v iv ific a b a el arte europeo — aunque
nunca " lo ú ltim o " y siem pre con esa c a u ­
te la y medida que distingue al arg e n ti­
no— . L a s obras que Badi expuso en esa
época m ostraban un claro a fá n de sín te­

la

rigor estru ctu ral. Su m ensaje era un m en­
una pintura que se com placía en el v ir ­
tuosism o de la m ateria y el buen gusto.
Pasada la segunda guerra m u n d ial, Badi
vu e lve

a

radicarse

en

Europa

— M ilán

esta vez—

y perm anece alejad o m ás de

diez años.

T r a s ese largo período vu e lve

a

tensión

c a n a li­

está

cediendo

al

puro

goce

de

blem as.
Badi confiesa poseer preocupaciones que
van m ás a llá de lo que se plan tea en sus

de V e n e c ia ,

de

c ir­

recursos de su lenguaje plástico.

B.P.

RAM ON

G O M EZ

C O R N ET

(Witcomb)

El conjunto de obras exp uestas por Góm ez
C ornet en W itco m b revelan a un artista
de

sensibilid ad

m edida,

preocupado

en

tra d u cir preferentem ente el despertar m e­
lancólico de la adolescencia.
Es evidente que el acentuado se n tim en ta­
lismo que em ana de e lla s, no adquiere

siente

im pulsado

a

recorrer

la

form a

n a tu ra lista por medio de un dibujo pre­
ciso

pero extrañam o s al adusto Badi de seve­

tensión em otiva del color elaborado con

ras

esmero.

8

cuyo goce

consistía

en

Lo t,

espera,

La

form as con

ve n tan a )

que

penetran

un sentido n a rra tiv o ;

las
otras

veces pone acentos irrea les logrando una
nota ingenua (Los b a rrile te s).

El espacio

flu ye alrededor de las cosas, aéreo en los

m aestro que sin duda, dom ina todos los

m ar. Todo es m uy hermoso y m uy alegre,
estru ctu ras,

de

Edipo) o actitud es h um an as (In te rio r, La

los bodegones, ejerciendo su in flu e n cia
ligeram ente m odificadora. E. T .

conflicto parece haber debilitado a este

v a ría n a enriquecer la línea de expresión

P a isaje s

elem entos

m ujer

p a isajes, con caracteres delicuescentes en

ya entrevista por él, en cuadros como
Retrato de Rosario (1 9 3 4 ), donde se lo

atm ó sfera d iá fa n a de tarde junto al

(L a

e sp ecial­

los p aisajes.

lidad que no encara como pintor y ese

encontram os

co—

valiéndose

te las; como hombre social vive una rea­

que su paleta se ha aclarad o , que su len­
fund idad .

ocres

En algunos cuadros incorpora

la fu e rza necesaria para ordenarse dentro

g u aje se ha alig erad o , perdiendo en pro­

y

histérico-legend arios

de estructuras m ás id e ativas, que lo lle ­

com parando

grises

zada que lo colm e de todo aquello de que
tensión

la

los pequeños surcos m ate­

se lo ha despojado y parecería que esta
p in ta r, sin plan tearse m ás profundos pro­

por

sugerencia

Em plea colores alto s, circundado s

m ente de estos últim os en

una

arte .

sensibles

favo recid as

m onocopia, y

de

requiere

Bonino una selección de sus últim os óleos.
y

m undo del
calid ad es

m ínim um

Buenos A ire s y expone en la g alería

Recordando

el

reducir todo a un m ínim um esencial. Ese

sis e sp acial, en gam as sobrias, de gran
sa je severo, m edido, riguroso, en medio de

las

vib racio nes,
de

d in ám ica en
riales.

con
en

pero fle x ib le ,

cap az

de

recoger

la

ELSIE F E R R E R O

�lizacio nes sim ilares hab idas en la historia

color puro reem p lazan

de la p lástica escu ltó rica.

objetividad—

Pese al ero tis­

las fo rm as de la

evid en cia

en

Fo rte,

una

mo de las su p erficies y a la sensualidad

etapa de tra n sició n , con la introducción

de las c u rva s, la clarid ad de los ritm os,

de

la p rim a cía de ciertos p e rfiles, la ju steza

Desecha el volum en pleno y p refiere un

nuevos

elem entos

de los ejes oblicuos que en la zan los con­

planism o

interm edio

juntos

imponen a

denso

homogéneo,

quism o

la

m editadas.

su

coherencia
Para

ap arente
de

las

barro­

actitudes

dem ostrar esta

aseve­

y

sensualidad.

en
de

pintura.

em paste

donde

A b and ona

espectro solar tan

su

los

muy

vu e lca

su

colores

del

c a ra cte rístic o s en sus

ración está como a u x ilia r la carpeta de

telas anteriores y elige tonos apostelados,

10

G alería

colores compuestos, ocres, sin gran v a rie ­

dibujos de un escultor que obje­

dad de m atices, aunque a veces no pueda

lito g ra fía s

K ra y d :
tivan

editada

por

la

en el plano del papel el im pulso

que lo a n im a .

No

por ser inscripto

m ovim iento

los

contornos

en

el

curvos

y

evitar un toque de color vivo.
El arabesco de
las

form as

la

línea co n stru ctiva

desaparece

to talm ente,

de
en

acentuados de las fo rm as, ni por ad q u i­

función

rir

menos som breados o lum inosos (por efecto
del color) que subdividen el espacio.

su

pleno sentido

independiente,

deja

sentim iento barroco,

en
de

un

arabesco

sobreponerse

al

la expresión e q u ili­

Y

de

un juego

de planos m ás o

cómo es el espacio de Forte?

brada de quien encuentra en la búsqueda

rico, accesib le , porque

minuciosa y ajustada de las formas y los

mundo

ritmos el m óvil fu n d am en tal de su c re a ­
ción. B. S.

el que él m ismo se m ueve;

Em pí­

Forte expresa

el

lim itado de tres dim ensiones en

pone otro espacio

que

no se pro­

el

suyo

propio,

el de su propia e xp e rie n c ia , porque pre­
LIB E R O

B A D II:

El des eo . A l u m i n i o .

V IC E N T E FO RTE (Plástica)

siente

En las obras exp uestas recientem ente en

aunque ignore donde acab a .

P lá stic a , Forte p lan tea nuevos problem as

No

de espacio y form as.
El conjunto de sus cuadros, podemos de­

mundo de

c ir,
E S C U LT U R A S DE LIBERO BADII (Krayd)
El

problem a

fund am ental

planteado

en

la escu ltura de Libero Badii es el m ovi­
m iento.
obra.

El m ovim iento es el tem a de su
A firm o esto porque aunque tome

como pretexto tem ático la idea lite ra ria
del deseo, su móvil profundo, objetivado
en

los ritm os claro s, en

los enlaces de

las fig u ras, en la conform ación del espa­
cio , ese m óvil es la din ám ica intim a de
las form as.

que

obedece a un común

denom inador;

hay cie rta unidad de actitu d en la cons­

fa lta n

su
en

mundo
ese

tiene

un

lím ite

espacio alusio nes

los objetos

al

reales, pera esas

form as reclam an el papel de fig u ra cen ­
tra l, sin lograrlo plenam ente.

Son enton­

ces los planos, cuando a va n za n o retro ­

tante búsqueda de la expresión m ás justa

ceden,

para su m ensaje artístico .

otros, los que resultan m ucho m ás e xp re­

Si retrocedemos a sus obras precedentes

sivos;

notam os una problem ática d iferente.

a

Un

sin

a le ja rse

dem asiado

unos

de

y como esos planos están sujetos

determ inada

referen cia

em p írica ,

se

voluntario alejam ien to del cubism o, con

trata m ás bien de una geom etría ap licad a

el que sin em bargo m antiene ciertas v in ­

a las form as de la realid ad circu n d an te

culacio nes

que de una

— me

refiero

a

esa

tercera

etapa del cubism o en la que planos de

lu ta.

invención

geom étrica abso­

S. A .
V IC E N T E

F O R T E : P a is a je de ba r c a s .

De ahi la unidad que p riva

en su obra, p resen ta tiva, por otra parte,
de un espíritu creador moderno.
Esa din ám ica se halla inscripta sin tra n si­
ciones perceptibles desde sus form as ple­
nas hasta aq uellas que albergan el hueco
como elem ento

activo fu n d am en ta l.

En

las prim eras es una fu e rza contenida, po­
te n cia del bloque y de la m ate ria, que se
inscribe

en

las su p erficies

redondeadas,

en ciertos ritm os curvos apenas insinuados
en e lla s y en los desplazam ientos de la
luz exterio r.

En las segundas es la d in á ­

m ica liberada en la acción y en el gesto
de las fig u ras y en la conform ación
un
está

hueco.

El

sentido

de

su

de

escultura

dado así por el juego de

las te n ­

siones: tensión fund ada en las relaciones
de volum en y su p erficie, en el eq uilibrio
de plenos y v acío s;

tensión enriquecida

por la m o vilid ad de las fig u ra s que per­
m iten con su desplazam iento c irc u la r, la
conform ación
exterio r.
Siendo

cam b iante

el m ovim iento

la

del
esencia

espacio
de su

o b ra, preciso es ub icarlo fre n te a las rea­

9

�E

X

P

O

HUGO O T T M A N N
Los trab ajo s

S

I

C

(Krayd)

K ra y d revelan como

p rim era nota p o sitiva una fe liz au sen cia
de

a ltib a jo s,

lo que

O

claro scu ro .

presentados por Hugo Ott-

m ann en la g a le ría

I

sig n ifica

un

paso

N

E

S

No basta la su g estiva y u x t a ­

m edido a fá n por a ju sta rse a las e x ig e n ­

posición de im ágenes, la trastie n d a nebu­

c ia s del te m a, aún dentro de to d as las

losa

el

posibles lib ertad es, p e rju d ica n en el a rtis ta

fondo, la sucesión de tonos bajos o lu m i­

al poeta libre de a ta d u ra s que a co stu m ­

nosos, prem isas que lo acerca n a la p in ­

bram os a en co n tra r en o tras m a n ife sta ­

tu ra de Braq ue.

ciones su yas.

en que

co nvierte alg u n as

veces

A s í, esas tra n sp a re n cia s

Es por ello que observando

im portante en el cam in o de la m adurez.

líric a s

la

bien estas te la s sentim os como el pinto r

La

m a te ria ,

concreción g eom étrica de las fo rm as, que,

se vu e lve a e n co n tra r en los fondos y a c ­

en

g am as

aunque ve la d a s

cesorios que, al ser m anejad os con m ayo r

m uy tra b a ja d a , se extiend e
g eneralm ente

b a ja s

que

no

parecen

a lc a n z a n la m onotonía por el h a lla zg o del

leng uaje.

plano

lum inoso que

a rrie sg a r
llegan

el
a

curso de
co m u n ica r

su

au to n o m ía, vib ra n en el c lim a de poética

levan ta

la com posi­

Este a rtis ta tiene en sus m anos la posi­

su g erencia que le es propio.

ción sin a g u d iz a r el acorde.

H a y en las

b ilidad

desea c a ra c te riz a r m ás, vu e lve pesada e

fig u ra s,

tra s

cierta

rigidez

visib le com prensión de su

fo rm a l,
esencia

una
reve­

lándose como sentid as o b jetivacio n es

de

p ara

resolver tan v ita l problem a

A llí donde

de su p in tu ra como es el del espacio, y

in exp resiva la m a te ria (retrato de Poquito

hacer que ese len g u aje

Virasoro,

llegue al espec­

tador con elo cuencia y c la rid a d .

Fernando

Dem oría,

e tc .)

y

el

dibujo pierde su g ra c ia sin por ello a d q u i­
rir fu e rz a .
En los otros d ib ujo s, en cam b io , a m edida
que se le siente m ás independiente fre n te
a

la sujeción del

exp re sivo y
de

esta

poética

te m a , se v u e lv e

ad q u iere

exp osición.

los m ejores
Hay

en

m ás
logros

ellos

p lá stic a de v e n tila d o re s,

una

sillo nes

de p a ja , ho jas de p a lm a , senos, anteo jo s,
ojos, insectos y tra n sp a re n cia s de te la ra ñ a
que en can ta

y tran sp o rta

al

que v ive lo m ejor del a rtis ta .

m undo en
B. P.

N O V O A (Krayd)
C reo que es lícito ju z g a r a un pintor por
la potencia laten te que lo im pulso a e x ­
presarse

in elu d ib lem en te aunque

su

sis­

tem a fo rm al sea inm aduro (debido ta l vez
al

propio

cuando

im pulso

que

c u a ja rá

un

el grito gozoso se v u e lv a

día

re fle ­

xió n ).
N óvoa nace en una ald ea de pescadores
en G a lic ia y queda pelig ro sam ente m a r­
cado por su no stalg ia y arra ig o a ese te ­
rru ño, a pesar de v iv ir y e stu d iar a am b as
HUGO

un

c a rá cte r

persecución

hum an o ,
de

que

vib ra

en

la

los ritm os lineale s y

en

los acentos logrados por la gam a

ton al.

Queda

como

OTTMANN:

ín d ice

L a ja r r a a zu l.

prom isorio

de

esta

exp o sició n , una a c titu d consciente de sus
fin e s y una in d iscu tib le veh em e n cia líric a

En las n a tu ra le za s m u ertas, las im ágenes

que,

em plead as como planos com positivos, o r­

e xig e n c ia s m ás im p eriosas lle g a ría a d is­

denadores de una sobria

greg ar los conceptos que dan vig e n c ia a

m etáfo ra p lá s­

tic a , crean una m ayo r a c tiv id a d d in á m ic a .
El

g rafism o

hace

suya

una

línea

m uy

s ig n ific a tiv a , en sus fin e s de u n ific a c ió n
y a g iliz a c ió n

de vo lúm enes.

La

com po­

por otro

lado,

la obra de arte .

de no som eterse a

o rilla s del Río de la P la ta desde la edad
de 2 0 años. Prim ero se pone en co ntacto
con T o rre s G a rc ía que lo in flu y e ,

luego

e n cu e n tra co rrelacio n es ra c ia le s y fo rm a ­
les en Seoane. Todo esto se ve en su p in ­
tu ra . En su a c tu a l exposición de la g a le ­
ría

K ra y d , vu e lve a la te m á tica g a lle g a

que no logra su b lim a r en fo rm as p lá s ti­

E. F. P.

cas potentes. Es un pintor de ta le n to nato
LEO PO LD O PRESAS (Antígona)
La

G a le ría

A n tíg o n a

acaba

¡x

que no ha logrado p lasm a r aún su len ­

de exponer

sició n , m uy e lab o ra d a, tom a los elem entos

13 retratos y 16 dib ujos de P resas.

básico s del objeto para redu cirlos a una

en su m ayo ría tem p les, carb ó n,

sín tesis exp re siva en sus ritm os y en el

g ra fito y 3 óleos.

fraseo sosegado del color.

Es

Son

lá p iz o

g u a je :

o scila e n tre fo rm as a lo Seoane,

p ic a ssia n a s,

entre

sistem as ab stracto s

y

acentos de trazo s aisla d o s que q u ieb ran
la

unid ad

p lá stic a

ind ispensab le

a

toda

nos

obra. Pero se lo siente p in to r, con b u e­

L a solución del problem a e sp a cia l pierde

ofrece Presas a l e n fre n ta rse con el retrato ,

nos logros aislados en c a d a te la , lo que

a

por e star ese género de exp resión

veces

debido

la
al

c la rid a d
espejism o

de

sus

propósitos,

com prom etedor

del

de

una

su

e xp e rie n c ia

h a b itu a l

curio sa

len g u aje

la

que

p ictó rico .

lejos
Un

p e rm ite e sp erar un desarro llo m ás valio so
de sus posibilidad es en el fu tu ro . B .P .

�espacio hecho de planos yuxtapuesto s sin
Con algo de a rre ­

dir de lo fig u ra tivo .

bato contenido

lo in cre íb le y de

En

hasta

superrealidad decantad a.

19 10

ap arece

su

trab ajo "So b re lo esp iritu al en el a r te " .
En sus escritos dice: " Y o pienso cada v e z
m ás que el deseo interior deí sujeto es el

hay de construcción en sus telas proviene

que im periosam ente determ ina la fo rm a ...

de una idéntica construcción en su espí­

La separación del dom inio del arte del do­

ritu.

buena

m inio de la n atu rale za se hace para mí

A h o ra le toca pro fund izarlo todo.

cada vez m ás fu erte . . . Y o sé ahora que

Porque el exam en cuidadoso de las fo r­

los objetos p erjud icaron a mi pintura . . . "

La

m ejor

fó rm u la

de

la

m as denuncia vacilacio n e s y torpezas que

En 19 2 2 lo llam an a ejercer una cáte d ra

sin duda serán superadas con el tiem po.

en el " B a u h a u s " de W e im a r junto a K le e ,

No

los retratos,

Ja w le n sk y y Fe in in g er y es cuando com ­

aunque ostente en ellos la m ism a virtu d

son igualm ente

pone el álbum titulad o "Pequeños M un­

p lá stica .

fe lice s

d o s"

Porque la exageración de form a

vu e lve

c a ric a tu ra

violentos de

tin ta s,

y

los

retórica.

cu yas

cuatro

lito g ra fía s

grabados en

A

cobre pudieron ap reciarse ,

firm a d a s por

menos

el autor, en la G a le ría K ra y d .

es aquel clim a de ensoñación el que le

Un sin fin de trazo s, puntos, c írc u lo s, se m i­

p e rm itirá

círcu lo s, pequeños planos, que se chocan

p erfeccion arse.

J . R. B.

y
K A N D IN S K Y (Krayd)

entrem ezclan

en

W a ssily

es a mi

modo de

una vita lid ad que lo im p u l­

pero

son

y

ordenan

in te le c tu a liz a n te de
así

com posiciones

pansión d in ám ica en un espacio de in fi­

tirse en uno de los b alu artes de la concep­

n itas dim ensiones.

ción ab stracta . Sufre la in flu e n cia de los

a

im presionistas/ que

tensiones vita le s que probablem ente solo

no por

Su emoción

a todas

las

in stin tiv a
fo rm as de

un arte ab stracto puede exp re sar a travé s

sino a travé s de lo que

de signos plásticos liberados y desprovis­

la descomposición de la form a

tos de ad herencias o b jetivas y que co n­

problem as

sig n ifica

le intere san ,

la ve z carg a

atm osféricos

Es cierto que Picasso ha agregado nuevas
plástico

ju ríd ic a

K a n d in sky

dedicarse de lleno a la pintura y conver­

que p lan tea n ,

abecedario

abandona

ce n trífu g as o centríp etas de vio lenta e x ­

sa a renovar el lenguaje de Picasso.
al

ritm os

para

los

letras

K a n d in sky

d e fin itivam en te su carrera

ver el signo que c a ra c te riz a los dibujos
de C a ssin a ri:

18 96

end iablad os

com plejos dan en estos grabados rienda
suelta a la fa n ta sía

En

en ella

color,

cuatro x ilo g ra fía s y cu atro

Dibujo.

vez im p lícita

en

contrastes

que su rja la ¡dea que aun no se percibe,

la

no-

que en buena m edida logra. Todo lo que

se

Una fu e rza anterio r a la form a y a

obra

que persigue y

form a.

BRUNO CA SSIN A R I (Plástica)

prim era

rep rese n tativa, " A c u a re la a b s tra c ta " y su

El va lo r de su p in tu ra reside en la unidad
de sentim iento y form a

C A SS IN A R I:

plica una autonom ía exp resiva al p rescin ­

ab o lir la profundidad.

lum inosos

y

pocos los que hechizados por estas con­

como posibilidad de expresión sin s ig n ifi­

vierten

quistas saben h acerlas legítim am ente su ­

cación. Le sigue un período " f a u v e " y de

expresión

y a s . . . y C a ssin a ri es una de esas excep ­

lucha para a le ja rse de la realidad em pí­

ta l cual lo quería su autor al e xig irla co­

ciones.

rica. Su condición de músico lo fortalece

mo

en su posición, pues el arte m usical im ­

creación a rtís tic a . —

Partiendo

a

veces

de

una

concepción

m ate rialista (fig u ra s de caballos) metam orfosea la línea en un rasgo vigoroso;
deform a

la

im agen

y

la

refu erza

la

estos "Pequeños M u n d o s" en
de

una

condición

intensa

vid a

determ inante

la

interio r,
de

toda

E. N.

LEONOR V A S S E N A :

De la m u e r t e .

con

m anchas de tin ta negra logrando una
tónica exp resio nista. C onstru ye sus fig u ­
ras

de

guardan
nea;

m ujer

con

cie rta

rem in iscencia

líneas

plenas

que

m ed iterrá­

y agrega una nota de prim itivism o

en esa oposición que se entabla entre la
co nstrucción severa de ciertos elem entos,
por ejem plo n arices y labios, y las líneas
cu rv a s

que

delim itan

la

cab eza

y

el

busto.
En la obra de C a ssin a ri im pera una cons­
tante : una m ism a necesidad vita l deform a
su n atu ralism o y m antiene la sensualidad
en las im ágenes m ás ab stracta s.

S. P.

LEON OR V A SSEN A (Antígona)
M undo extrañ o el que crea
pintora
gona.

joven

E xtra ñ a s las form as hum anas que

inventa

obedeciendo a una sín tesis

no excluye
de

esta

que acaba de exponer en A n tí­

la iro n ía ;

extrañ o

su tiles gradaciones en

to nalidad

siem pre

inéd ita;

el

el

que
color

g ris y de
extrañ o

el

11

�TELEGRAMAS
SOBRE
A R T E
E U R O P E O

V IS IT A

A

AN G EL

FER R A N T.

El

gran

esculto r español ha tenido un accid ente
grave de autom óvil y hace vario s meses
que

no

p a ra

puede

un

tra b a ja r.

G ran

tortura

inquieto

como

él.

artista

Lo

visito en su casa y le pregunto por sus
ú ltim a s activid ad es y las que piensa reto­
m ar apenas pueda levan tarse.

Me regala

las fotos de una serie de cuatro grandes
obras

en

estaciones

piedra

que

y

en

que

representan

las

esos mismos

días

están colocando en un ed ificio nuevo en
el propio M ad rid .
m ismo

de

la

Me

hab la

escu ltura

y

con opti­

arq u itectu ra

m odernas españolas y me señala los g ru ­
pos jóvenes con talento de M ad rid , B a r­
celona y otras ciudades de p ro vincia. M e
m uestra tam bién algunos libros que a c a ­
ban

de escribirse

sobre

él,

dos de

los

cu ales son el de L u is Felipe V iv a n c o y
otro,

de V icen te

M arrero

titu lad o :

La

escultura en movimiento de Angel Ferrant.
Parece que al fin

los crítico s españoles

reaccionan y se ocupan de la fig u ra m ás
disting uida

de su escu ltura

contem porá­

nea.
E N T R E V IS T A

A

T IN G U E L Y .

Entrevisto

a este joven

pintor suizo en la G ale ría

D enise

donde

René

con V A S A R E L Y

ha

zo lan o ), JA C O B S E N

junto

y M O RTEN SEN

nam arqu eses), C A L D E R
BURY

expuesto

(húngaro), SO TO (vene­

(b elg a), A G A M

(d i­

(no rteam ericano),
(is ra e lí).

Em pieza

por decirm e que le resulta d ifíc il exp licar
los objetivos de su a rte porque se trata
de problem as nuevos a los que ha llegado
por m editación y co nvicción propias.

De

todas m aneras ante las propias obras tra ta
de

d e fin irse.

En

esta

exposición

tiene

v a ria s creacio n es que sin duda son o rig i­
nale s de concepción.

Unos tableros ne­

gros con elem entos blancos en form a de
b a rra .

Estos elem entos se m ueven como

a g u ja s de un reloj pero muy lentam ente
de modo que el ojo tiene tiempo de ir
captando

las

diferentes

posiciones

las que pasa ese cuad ro-relieve.

por

El m ovi­

m iento lo provee un dispositivo eléctrico
que funcio na sim plem ente como una m á­
quina

eléctrica

cu alq u ie ra .

Pero, ahora

bien, ese fa b ric a n te de m ecanism os es un
an tim e ca n ista ard ien te.
principio

llam ó

a

sus

M e dice que al
creaciones

autó­

m atas, pero que renunció a ese nombre
por dar la idea de m uñecos con cuerda,
pasó luego a llam arlo s electromecánicos
pero tam poco ese nombre lo dejaba sa tis­
fecho y ha decidido titu la rlo s de ahora
en ad elan te:

relieves cinéticos.

lidad se tra ta
sim p á tica ,
■quiere.

12

Su

En rea­

de una persona m odesta,

inteligente, que
lógica

es

sabe

lo que

ap lastan te . . .

En

ANGEL

FERRANT:

Otoño y Verano.

realidad él quiere fa b ric a r una máquina

leite

gratuita, es decir una

lim p ia,

m áquina

que no

una

m áquina

ni

escribe.

cierto

modo.

sirva para hacer nada. El hombre m oder­

en

no m ecanizad o inventa con a liv io y de­

BAYO N .

que
Un

no

fa b ric a ,

m ecanism o

D A M IA N

ni

puro

C A R LO S

�LA

FOTOGRAFIA

HORACIO

PARA

C O P P O L A

H O R A C IO

Regarder comme jumáis encore rúes
toutes choses qui sont au monde.
Paul

Valéry.

M i expo sició n responde a una im prorro­
gable necesidad de retom ar contacto con
el am biente y , fu n d am en ta lm en te, a l de­
seo

de

v isu a l
con

presentar
re a liza d a

la

con

fo to g ra fía ,

del m undo.
t if ic a n ;

una

total

exp eriencia

pasión.

cu m p lir

Q u isiera,
una

visión

Fo to g rafía y visió n se id en­

en el sentido lato de v e r y en

el concepto fin a l de conocer.

J . H . Selig-

m an dice del fotógrafo am erica n o A lfre d
S tie g litz :

" , . .u n a visión del m undo que

tenta

ese

acto creador al eleg ir el punto y el in s­

m a te ria s

que

tra b a ja

S tie g litz

devienen

conocim iento, de su im agen que es bú s­

nión, y sólo accesoriam ente nos deja ver

queda y encuentro.

la form a del gesto, la boca.

Si el arte es verdad eleg ida, si el a rtis ta

Recordam os

in fin ita m e n te m ás la d u lzu ra de unos ojos

es

que el color que

(Fotogenia

exp resar bellam en te su verdad, m is im á ­

es, por as! d e cirlo , la cap acid ad especí­

genes quieren ser n a tu ra le z a , como el río

proyectan .

es

la

im agen,

su stantivo

la

que

luz y a

im p ro nta,

nuestros

no es lu z:
el

ojos

nom bre
leen

de

d estilan

poral y ab stracto desde la m ás profunda

de papel.

in tim id a d ."

Estos pasos que son

m ilagrosam ente sobre una

hoja

M i fo to g ra fía intenta exp re sar a un hom ­

y el hom bre, nos llevan al descubrim iento

bre enam orado del rostro del m undo, de

inau dito de que

sus gestos y escorzos p a lp itan te s, de las

en el mundo — ¡fu e ra de sí!—

esen ciales arm o n ías fo rm ales de lo v is i­

rial vivo de la

b le,

in tim id a d , su pasión, su verd a d .

en trañ ab le s

realid a d es

que

por

in fin ita s

el

fotóg rafo encuentra
el m ate ­

im agen , que exp resa su

posibilidades

y

Y

el

es

árb o l,

d ar la pre­

sencia del hom bre en su p a isa je , en su
h a ce r, en las cosas que lo rodean y p a r­
ticip an de su v id a .
Sobre

la

base

n a tu ra le za

del

m ism a ,

valo r
la

estético

fo to g ra fía

de

la

revela

una im agen en una unid ad fo rm al plena
de

em oción

y

orden,

in d iv id u alid ad v iv a .
can

lo re a l, la cám a ra

lla n u ra

ser

con sol, de su c la rid a d .

co nstituyen un co nstante fo n ta n a r atem ­

las

de

cá m a ra .)

La

la

razón

y

lu z, el m undo y

m o ntaña,

cuya

hechas con tie rra , de su m ateria y hechas

B ajo el encan to de la

la

hombre

seres y cosas de entregar expresión a la

cada cosa, que la c á m a ra y su q u ím ica

de

el

fic a que en m ayor o m enor grado tienen

seres hum anos y sus recíprocas relaciones

a flo ra n en las su p e rficie s, en los m ovi­

el
su

ta n te irren u n ciab les de su verd ad , de su

y tran sp a re n cias.

Las

en

em erge

El ros­

la exp resión.

tiv o y una

m étodo, como filo so fía de la verd ad .

in stan tes

logra su visió n , y

tro nos da la so n risa, nexo v ita l de com u­

fenóm eno cósm ico:

su m ate ria se d efinen en in fin ito s reflejo s

Fo to g rafía como

e

C h a ga ll

tiem po—

de

espacio

Marc

vista

apasionado docum ento

el

de

m ientos y en las profundidades de la m a­
un

en

R e t ra t o

te ria . Y , esencialm ente, mi fo to g ra fía in ­

com porta un d e safío , una g u ía, un co rrec­
in c ita c ió n .

COPPOLA:

esta

vid a

de

coherencia

e

M is fo to g ra fía s bus­

propia,

en

un

orden

e sp acial independiente que haga im posible
toda m u tilació n o ad ición e, ín tim am en te,
tienden a ser
un sp irito soave pien d'am ore
che va dicendo a l'a n im a : — Sospira.

Incitado

— puntos

de

H O R A C IO C O P P O L A

13

�TRES

CARPETAS

ILUSTRADAS

La g alería

EDITADAS

EN

LA

A R G E N T I N A

Bonino ha editado recientem ente tres carp etas ilu strad as

por B asald ú a,

Seoane y R a fa e l A lb e rti resp ectivam ente, actitu d que m erece un com entario por los
alcan ces de su esfuerzo. C abe ag regar a éste lo acertad o de la em presa en todos sus
aspectos; uno de ellos, lo que sig n ifica que nuestro público pueda tener en sus m anos,
a través del libro ilustrado (medio m ás accesible que el cuad ro), el trab ajo de sus
artista s m ás allegados.
Nuestro aplauso se extiend e hasta la casa P la n -A rt que ha logrado h acer del planog ra f, veh ículo de fin a s y acab ad as im presiones.
Ilustración y lenguaje poético se unen en las carp etas que nos ocupan para b rind ar
un sin g u lar ejem plo de sus alcan ces estéticos.
La presentación, sim ila r, esconde en la sucesión de sus páginas tres actitu d e s bien
diferentes de una m ism a intención: el recuerdo, la a ñ o ra n za .

Para Basald ú a se llam a

arrabal, para Seoane terruño lejano; y a , en R a fa e l A lb e rti, es la dim ensión m ás am plia
de la inspiración poética que se c ris ta liz a en ritm os elásticos o en fa n ta sía s coloreadas
tan leves como el humo de su pipa corporizado en aéreas im ágenes.
B A S A L D U A es el pintor que reem plaza la tela o el cartón por el grano desvaído de la
c a rtu lin a .

En ella desarrolla

tem as de ese a rra b a l,

ingenuo dentro de su holgura

c a n a lle s c a ; y sus personajes, como dice Jo rg e Lu is Borges en su glosa, son m ás que
l u is

seo an

:

individuos, símbolos fá c ile s de com prender, d ifíc ile s de trad u cir.

El ¡lustrado r siente

la riva lid a d del pintor en el goce de la m ateria y en el apresam iento de la im agen,
logrando felices encuentros crom áticos dentro de la sig n ifica ció n requerida.

C uand o lo

exige la te rn u ra , usa rosas y az u le s delicad os; cuando le sale al encuentro el com padre,
tra za rayas vio len tas en negros y vio letas, sím bolo de im aginables lutos sem brados en
su ag itad a vid a .

En un desnudo fem enino vu e lca un rosa ingenuo que no rezum a

sueños de ad olescencia por las ace ch an zas del a m a rillo que ronda en torno, y del
relato fílm ic o que se desarrolla a un costado. En estas estam pas, ocres, a m a rillo s,
negros generosos, rojas sa lp ica d u ras, desenvuelven la m adeja d ra m á tica , llegando en
su momento los rosas y a zu le s, a establecer la

intim idad que exig e la ilu stració n .

S E O A N E , m ás parco en p a la b ras, deja que grandes planos de colores vib ran tes reem ­
placen el habla de sus fig u ra s estática s convirtiendo la prosa de su com en tario en
un soneto de ritm os inm utables. Una aldea cualquiera poblada por cam pesinos rudos
RAFAEL ALBERTI

en la form a, de una dulce aspereza en su poesía, im puestos a la realidad de la p ágina,
m arcados por trazos term inan tes que c lavan el color en el papel con gestos d e fin itivo s.
Seoane em plea el blanco del fondo como lum inosa envoltura d e .su s fig u ra s; los ritm os
acom pañan la vibración an ím ica de sus seres: aq u élla que recoge las m ieses es ella
m ism a un ritm o veg etal, cim breando en medio de am arillo s absorbentes; en o tra , los
suecos se ag itan y ascienden hasta fo rm ar una basta corona cam p esin a.

Con d ifíc ile s

acordes de color, tra za sus evocaciones en muy d istin ta form a que B asald ú a: m ientras
éste trasciende en su confesión.

Seoane v ita liz a el recuerdo y lo detiene en el tiem po.

Com o el a rtista sabe que ilu stra r no es p in ta r, q u ita espesor a la m em oria y ap recia
los blancos que le ofrece la p ágina.
Frente a las im ágenes am ables de R A F A E L A L B E R T I, el espectador goza libre de todo
em b arazo : la m itología, lo inconsciente, el m isterio, la g ra c ia , du plican la ronda de
sus escorzos "n o n c h a la n ts " , de sus sím bolos a veces in d escifrab les, en una gam a tra n s­
parente que no evita el choque crom ático cuando lo sabe indispensable. Los versos
incluidos en las estam pas se im pregnan de los valores de la ilustración para co nver­
tirse en cadencias ideográficas.

A lb e rti revela en sus trab ajo s un dejarse lle v a r por el

irresistible tironeo de sus im ponderables evocaciones, de las que perduran en la m e­
m oria “ la corza b la n c a " y " e l cab allo pidió sá b a n a s".
El libro ¡lustrado ha servido así a nuestros a rtista s como prolongación e fic a z y lograda
de su labor h ab itu al harto conocida.
E L E N A F. PO GGI

14

�A S O C I A C I O N
LA

V IS IT A

La v isita

DEL

E S C U LT O R

A M I G O S

LIB ER O

del escu lto r Libero

D E

V E R

Y

E S T I M A R

BADII

Bad ii o la A .A .V .E .

m otivó un cam bio de ideas con

Jo rg e Rom ero Brest no fá c il de tra n sc rib ir en una cró n ica , dada la v iva c id a d con que
se m antu vo el

diálogo.

Fué una

e xtra ñ a

co nversació n,

pues

siendo

su

punto de

p artid a una v alo ració n positiva de la obra, lo que im p lica b a la absoluta com prensión
de su m ensaje por parte del c rític o , resu ltab a inoperante en cuanto se abordaba el
a n á lis is co n cep tu al.

E xtrañ o diálogo pues, que despertó en quienes io escuchábam os

la sospecha de que el cam in o de acceso al ensam ble de dos activid a d e s, la creadora
del a rtis ta y la no m enos creadora del crítico — cuando g ira en torno a ideas que son
apoyo para una

interp re tació n

del arte — , ese cam ino tiene

m ás escollos

que

los

presum ib les en a p a rie n cia .
Dos o bras exp uestas — Ejercicio en abstracto N ° 2 y La

Fecunda— , que im p lican

dos modos d iferentes de c re a r, prom ovieron la discusión.
in v ita d o su auto r a e x p lic a r cómo hab ía sido plan teado el trab ajo en am bos casos,
re firió que en el prim ero se tratab a de un m ero e je rc icio por el cu al la m asa hab ía
sido o rg an izad a de acuerdo a las determ in acio nes de una preform a
la búsqueda de los planos,

la acen tu ació n de las a rista s, la

latente en e lla :

unidad de

los ritm os

respondían m ás a las incitacio nes interiores de ese bloque que a un trab ajo de pura
im a g in a ció n , circu n scrito a d escubrir los dictados de aq u ella

fu e rza

Fecunda le otorgó en cam bio la je ra rq u ía de una obra, porque
a la m a te ria era la resu ltante de una idea plástica p re v ia :
de A m é ric a .

Con e lla asp irab a a exp re sar
exp a n siva

ín tim a .

la form a

A

La

im puesta

la o b jetivació n del esp íritu

lo que el contin ente tiene de genuino:

su perpetuo

cre cer, su vita lid a d

ni de fo rm a ;

y este c a rá cte r de su ser — perm anente prom esa—

no c u a ja d a

aún

en arqu etipos de vida
lo h a lla b a sim bo­

lizad o en la idea de una m ujer fecund a.
La

polém ica entre el a rtis ta

y

Romero

Brest

quedó a b ie rta

cuando

éste reprochó

al prim ero el m óvil extrae sté tico que h ab ía servido de pretexto a la cre ació n .
fu é pues una discusión que correspondiera a la obra
se n tim ien to que hab ía sido su punto de p a rtid a.

L IB ER O

B A D II:

La

Fecunda.

No

re a liz a d a , sino a la ¡dea, al

P a ra R .B . el a rtista es un hom bre

que exp resa un sentim iento total de la vid a pero desde el p a rtic u la r ángulo de su
propia

e xp e rie n c ia ;

el

a rtis ta

cuando

re a liza es

ante todo a

sa tisfa c c ió n , aun cuando — como d ije ra alg u n a ve z—

su yo

a quien

da

“ como el m ístico y el m eta-

fís ic o , sea un creado r de to talid a d es. P a ra ser a rtista debe condensar en la to talid ad
de

su

ser, la

com prensión

de

la

to talid ad

del

m u n d o ".

P a ra

L .B .

el

artista

cuando cre a no lo hace en un acto introspectivo que lo obligue a pensar “ esto que
re a lizo soy y o " ;

el a rtis ta presionado por el medio geográfico y el momento histórico

e n que a c tú a , se ve im pelido a b u scar las fo rm as sim b ó licas, u n ive rsales que corres­

L IB ER O B A D II:

Ejercicio e n a b s t r a c t o r.9 2 .

pondan a las ideas y sentim ientos im p erantes y de este modo su expresión ind ivid ual
a lc a n z a el grado de la co m u n ica ció n .
el c rític o se ñ alab a que la vig e n cia

Este punto fué n eu rálg ico en el diálogo pues

u n ive rsal es valo ració n

que

incum be otorgar al

tiem po posterior, el c u a l, a la postre, será el encargado de d ic ta m in a r sobre la reso­
n an cia de la obra en la sociedad donde cu ajó como form a y por lo tanto sobre su
a u té n tic a co m u n ica ció n , escapando ésta al acto vo litivo de la creació n m ism a.
Sin que la co ntro versia

surgida

de

un

p lan team ien to

espontáneo lleg ara

a ag otar

las posibilidad es del tem a, derivó luego el diálogo a la consid eración de las form as
a rtís tic a s .

Señaló Rom ero Brest la

posibilidad

de que el creador encuentre en

las

fo rm as m ás u n ive rsales, va c ia d a s de toda relación con el m undo em pírico el signo
de su esp e cífica a c tiv id a d e s p iritu a l; en tanto el escultor sostuvo que en la obra de
a rte ha de h alla rse al hom bre en la presencia de elem entos que lo recuerden con
toda e v id e n cia .

P a ra

Libero

Bad ii

la

p lá stic a

de nuestro tiem po

está

ab ocada

al

problem a de a d a p ta r las e xp e rie n c ia s a b stra c ta s a nuevas fo rm as de acuerdo a una
ecuació n ju sta que contem ple los cánones hum anos.

Según él, así lo exig e la nueva

e xp e rie n c ia del espacio gestada en nuestro sig lo, espacio ganado en m uch as d ire c ­
cio nes, en las in fin ita s a que dan cab id a los ap ara to s inventad os por la hum an id ad .
L a v ie ja concepción ha sido rota, m uerta la convención que oblig aba a m irarlo a travé s
de las líneas de fug a de la p ersp ectiva.

"A

eso tiende mi e scu ltu ra , a d ar form a

a ese espacio en los huecos que crean dos fo rm as hu m an as relacio n ad as.
red u zca esas fo rm as a

planos y

lín eas esen ciales,

Au nque

éstas deben su g erir siem pre

su

como un escu lto r ha com prendido la necesidad de s a lir de

los

procedencia h u m a n a ".
Esta es la m anera

cam in o s pu ram ente ab stracto s que considera de tanteos y ensayos, necesarios sí, pero
nad a m ás que de ensayos.

B L A N C A S T A B IL E .

15

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Ver y Estimar : revista de crítica artística</text>
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                <text>Buenos Aires, octubre 1955</text>
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                <text>Serie 2. No. 10</text>
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                <text>Título anterior: Ver y Estimar : cuadernos de crítica artística</text>
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              <elementText elementTextId="2011">
                <text>Romera, Antonio F.&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Loza Colomer, Azucena&#13;
Tenconi, Elsa&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Ambrosini, Silvia&#13;
Poggi, Elena&#13;
Paz, Samuel&#13;
Nagel, Enrique&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Coppola, Horacio</text>
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                    <text>Ver y estimar
r e v is ta
i

'

m ensual

de

c r í t ic a
■

a r t í s t ic a

s e r ie
.

2

N °-

9

�Desde

1 9 4 9 un

sa d n o s

c o n ju n to de p in to re s ro ­

que- c o n s titu y e

Grupo Litoral

el

v ie n e re a liz a n d o e x p o sicio n e s de a lto in ­
terés. En Buenos A ire s e xp u so en
en

la

G a le ría

e xp u e sto
sas

en

g a le ría s .

Peuser, y
fo rm a
No

casi

in d iv id u a !

son,

1952,

to d o s
en

pues,

han

d iv e r ­

de

n in g ú n

m o do de sconocid os. Q u ie ro , sin e m b a rg o ,
o c u p a rm e

de

a lg u n o s

de

e llos

en

esta

n o ta , de q u ie n e s tu v e

oca sió n

ce r sus o b ra s en

re cie n te s v ia je s

m is

de c o n o ­
a

R osario: C a rlo s E. U ñ a rte , Leo G a m b a rte s,
J u a n G re la ,

H u to O ttm a n n y F ro ilá n A .

Ludueña.
D ifíc il, p o r no d e c ir im p o s ib le , es h a lla rle
a l g ru p o u n id a d a rtís tic a , ya qu e los te m ­
p e ra m e n to s son m u y d ife re n te s , ta n to en
lo q u e se re fie re

a

c io n a r

e m o tiv a m e n te

sen sib le

y

la

m a n e ra

de

re a c ­

a n te

la

re a lid a d , co m o en lo que se re fie re a la
p e rso n a l

a c titu d

c o n c ie n c ia
a lg u n a

y

p re v ia

con

p le n a

Pero a-raso te n g a

u n id a d e s té tic a ,

de la s im ilitu d
p o sició n

que a d o p ta n

re b e ld ía .

que

no p ro vie n e

de las fo rm a s sin o de la
al

a c to

c re a d o r,

p o d ría

de cirse.
Esta

u n id a d

fie s ta

a n te

so lu cio n e s

e s té tic a
to d o

p ro p ia s ,

re la tiv a

en
p e ro

la

se

m a n i­

b ú squed a

m ás

aún

en

de
el

C I N C O
L. GA MBA RTE S:

Ver y Estimar

S u m a r i o

revista m ensual de c rític a
a rtís tic a

JORGE R. BREST

S e c re ta ria de re d a c c ió n : B la n c a S ta b ile
S am uel

O liv e r.

S u sc rip c ió n a n u a l: 12 nú m ero s, $
E x te rio r, $ 4 5 ; n ú m e ro s u e lto $ 3.
E d ita d a

33;

por

V e r y E stim a r S .R .L ., cap. $ 10.000
e d ito ria l, actos, cursos.
D ire c to r G e re n te : J o rg e R om e ro Brest
R e g is tro n a c io n a l de la p ro p ie d a d in te le c ­
tu a l n ú m e ro 4 7 0 .7 7 1 .
A d m in is tr a c ió n y r e d a c c i ó n : T u c u m á n
1 5 3 9 , B uenos A ire s , A rg e n tin a . 3 5 -9 2 4 3
A g o s to

2

19 5 5

Cinco pintores rosarinos: U ria rte , G am bartes, L u d u e ñ a ,
y Grela

2 '

O ttm a n n

C o m ité de re d a c c ió n : S ilv ia A m b ro s in i,
R aqu el E d e lm a n , C a rlo s S ilva , E nriqu e
N a g e l, A ltr e d o E. R olan d
D ia g ra m a c ió n :

Paje blanco.

DAMIAN C. BAYON
Espacio, tie m p o y a rq u ite c tu ra de S. Giedon
JORGE R. BREST
£ C a rlisky
ELENA F. POGGI
M a ría Te resa R oig
BLANCA STABILE
A rtis ta s m o d e rn o s de la A rg e n tin a
ENRIQUE NAGEL
C M a r ith M a rtin a G h ila rd i
BLANCA PASTOR
C - 7 p in to re s a rg e n tin o s
ELSA TENCONI
C M a ra n c a
CARLOS SILVA
C -J e a n L e p p ie n
AZUCENA LOZZA COLOMER
Q
P a lm e iro
SILVIA AMBROSINI
C la v é
RAQUEL EDELMAN
( R aúl O n e tto
BLANCA STABILE
C El paisaje a rg e n tin o a tra v é s de un c o n cu rso
SAMUEL PAZ
C ~ C a rlo s A lo n s o
ELENA F. POGGI
C U n lib ro sobre el a rte m o d e rn o
ENRIQUE NAGEL
T 'jC a m in o de la o b s e rv a c ió n : R e tra to de M a n u e lita Rosas
~ de P rilid ia n o P u e yrre d ó n

ó

8
8
9
10
10
10
11
11
11
12

12
12
13
14

ASOCIACION AMIGOS DE VER Y ESTIMAR: C ró n ic a de dos a cto s: S elección de
o b ra s de O ca m p o y B a la n ce d e l S u p e rre a lis m o

15

�un

d u e ñ a tr a ta n de que las fo rm a s m a n te n ­

nos,

m ayor

sea

gan

la

im p ro n ta

de

otro s p in to re s de tie r r a

a d e n tro , de C ó r­

u n id a d de v o lu m e n que se to m e . C u a n d o

que

las

o rig in a

les p re s ta n p o r ta n to

do ba

p o rq u e

d ig o , e n to n ce s, qu e la fo rm a tie n e d e n si­

y

e m o tiv a

por

e je m p lo .

No

h a ce n ,

co n sid e re

c u a n to

re la c ió n

con

c a n tid a d

la a c titu d e s p ir itu a l q u e a su m e n . A c titu d

en el m ín im o de s u p e rfic ie p in ta d a .)

com o

p o te n c ia

O ttm a n n
Pero

ocupa

lo cu rio s o

que

se

c a rg a

com o

a c c ió n ,

y

qu e les p e rm ite e sca p a r a l p e lig ro m a y o r

A h o ra

in te rm e d io .

qu e ace cha a l p in to r m o d e rn o , sobre to d o

de la fo rm a , h a lla r la fo rm a qu e c o rre s ­

en

p o n d e a esa e n e rg ía

es q u e a

pe sar de esa

A rg e n tin a :

la de h a c e r p a s tic h e s de

p a re c id o ,

d e s ig n a

la

una

con

lu g a r

(P a la b ra

de

e n e rg ía

un

fo rm a s .

c u e n c ia

de

que

d iv e rs id a d de a c titu d e s , se sie n te un a fá n
q u e no

la

d a d e x p re s iv a , q u ie ro a lu d ir a la m a y o r

e n c ie rre n esa v ib ra c ió n y la exp resen m ás

las

de

en

denso

g ra n v a lo r, s in o p o rq u e m e p a rece ju s ta

que

ya

peso

m ás

fo rm a s

de

sean

su

es

tes

tr a ta n

re a liz a d a s

com o

c u e rp o

que

G re la

o b ra s

que

ta l

g ra n e n ergía e x p a n s iv a , p o r o tra G a m b a r­
y

las

lo

aunque

p te s to .- ^ n —

Física

ta n to

deseo,

m e tdrB rlS B - tjO S 'tü

vez no s u fic ie n te m e n te e x p líc ito en a lg u ­
e s tim o

este

s e n tid o

P orq ue

tiv a , pues si p o r una p a rte U ria r te y L u ­
v ib ra c ió n

a d v ie rto

el

m o d o de b u s c a rla s . Y d ig o qu e es re la ­

p u ede
a c titu d

ser sin o con se­
en

c ie rto

m odo

m edo"

y

fra n c e s a con

" im it a c ió n
que

no

in g e n u a .

c a s te lla n o .)

N o piense el le c to r, n i pien sen e llo s m is ­

A estos p in to re s

m os, qu e e m p le o la p a la b ra

s e r v il"

tie n e

que

re s o lv e r

el

tie n e

o el

sin a p e la r a recursos e x tra ñ o s .

"re ­

e q u iv a le n te

en

U na

m a d u re z y en

la

m a te ria .

p ro b le m a

e x p re s iv a

la q u e se

la
les fa lta

tie n e n

Sin

que c o n ­

c o n tra d ic c io n e s

y

c o rre c ta s o lu c ió n en este s e n tid o es
qu e

va

e n c o n tra n d o

CARLO S

E.

U R IA R T E a l c u ltiv a r p re fe re n te m e n te un

g ra n esca la esa e x p e rie n c ia qu e sólo a d ­

e x tra ñ o tip o de p a is a je p a té tic o , en e l qu e

s e n tid o p e y o ra tiv o . T o d o lo c o n tra rio . En

q u ir ir á n

c o n ta c to

a p enas a n o ta a lg u n a re fe re n c ia re p re se n ­

s itu a c io n e s

con la p in tu r a v a lio s a de to d o s los tie m ­

ta tiv a y p o r e llo o b tie n e m ás rico s ritm o s

co m o

ésta

por

in g e n u a
la

qu e

en

a tr a ­

cuando

ju ic io ,

te n e r

día s, en E uropa e s p e c ia lm e n te ; e x p e rie n ­

v ib ra n te .

de p rim e r

c ia q u e n o h a rá sin o fo rta le c e rlo s en su

lado ,

d ía de la C re a c ió n . Lejos, pues, de re p ro ­

v ir g in id a d .

d is c u tir

char

a la la rg a te n d rá n que p ro d u c ir o b ra s de

u n a a c titu d
a

estos

b ie n

m ás

in g e n u o s

un

al

que

in g e n u a , v irg in a l,

m ás
to rn o

le g itim o

les

p in to re s
re p ro c h a ría

in g e n u id a d ,
que

a ú n , s ie m p re

p r in c ip io

a u té n tic o

su

esté

deseo de

que

no

sean

o b te n e r,

tie m p o , e xp re sio n e s m a d u ra s .

con

c a lid a d .

Composición.

tra b a ja n

P or

lo

la

de

con

p ro n to

nu e stro s

p u re z a
se

los

y
ve

p a ra o r g a n iz a r la m a te ria , b ie n n u tr id a y
El caso es d ig n o

p o rq u e

d e m u e s tra

sobre

si

la

de

ser se ñ a ­

lo fa la z

p in tu r a

q u e es

debe

ser

re p re s e n ta tiv a o no re p re s e n ta tiv a : U ria r te
se sie n te a rra s tra d o p o r su e n e rg ía e x p re ­
siva

po r

p re s iv a y los fru to s e stá n a la v is ta : fo r ­

s in té tic a s ,

el

m as de g ra n d e n s id a d e x p re s iv a . (Y a que

ju ic io . Y esto es lo le g ítim o , a h o ra com o

uso esta e x p re s ió n , c o n v ie n e que e x p liq u e

siem p re.

PINTORES
H. OTT MA N N:

P ero

con

p re o c u p a d o s p o r o b te n e r u n a m a te ria e x ­

ese re ­

d e te rm in a d o

g ra n

suyo,

en

pos y,

es m ás

de

pongan

vie s a la p in tu ra , de v e rd a d e ra c ris is a m i
nada

va

se

a

re a liz a r

fo rm a s

no p o rq u e

cada

lo d o m in e

vez

m ás

un

p re ­

R O S A R I N O S
H. O TT M A N N:

Composición.

4

3

�L. GA M BA RT ES : Zooformas (a rrib a ).
F. A. LUD UEÑ A: El muñeco (abajo ízq.).
C. E. U RI A RT E : Acantilados (abajo der.).

C o m o ta m b ié n es c o rre c ta la s o lu c ió n que

No

e n c u e n tra

F R O IL A N

a h o ra

LEO G A M B A R T E S ,

uno

de los p in to re s jó ve n e s m ás v a lio s o s con
que

c o n ta m o s ,

p o rq u e

de l c o n te n id o te m á tic o

sin

de sin te re sa rse

de o rig e n

fo lk ló ­

ric o , p e ro m ás o b e d ie n te a l c o n te n id o e x ­
p re s iv o

de

re la c ió n

su

ju s ta

m a te ria ,
p a ra

sabe

o b te n e r

qu e se e q u ilib re n

la
en

la fo rm a . De ta l m o d o , un m e d id o p a te ­
tis m o de ra ig a m b re
fie s ta

a tra v é s

de la a lu s ió n

a m e ric a n a se m a n i­

del m e d io

p lá s tic o y

no

lite r a r ia , c o m o ha o c u rrid o

y o c u rre ta n ta s veces.

m enos

c o rre c ta

es

la

s o lu c ió n

de

L U D U E Ñ A , acaso el m ás v ig o ­

de su e s p íritu : las v a c ila c io n e s que d e n u n ­
c ia

y

h a sta

las to rp e z a s

c ia d a m e n te

la a c titu d , y m e p e rm ite n p o r e llo a b rirle

las fo to s

de que d ispo nem os

será

al

le c to r

p e rc ib ir

el

e n c a n to

p ro v o c a en ta le s cu a d ro s
v a ria c ió n

sen sib le

que in fu n d e
c ia

de

la

adem ás una

d r a m á tic a .

Si

la ric a
m a te ria ,
e x tra ñ a

Ludueña

c u ltiv a

fo rm a s a b s tra c ta s n o es ta m p o c o

y

le

mi

ju ic io ,

la

sino

c o n firm a r ,

y p u b lic a m o s no son b u e n a s, y d if í c il

a

n o h a ce n

roso de l g ru p o y el m ás in q u ie to . D e sg ra ­

h o n ra d e z

de

a n c h o c ré d ito .

que

H U T O O T T M A N N y J U A N G R E LA n o tie ­

fin a

nen un a p o sició n ta n c la ra com o los a n te ­

a

la

p o te n ­
estas
p o rq u e

se lo h a y a p ro p u e s to , sin o p o r e x ig e n c ia

riores. A l p rim e ro se lo ve p re o c u p a d o p o r
re so lve r un p ro b le m a

de e x p re s ió n

e sp a ­

c ia l,

del

fo rm a

sin

p le n a y
re a liz a

abandonar

ta l ve z p o r e llo
es

m enos

e fic a z

to d o

la

la p in tu r a
en

el

que

im p a c to

�F. A. L U D U E n A: Fantasmas (ab. der.).
C. E. UR IA RT E: Esqueleto de barca
(a rr, der.).
J. GRE LA: Aid.

d irecto :
que

hay que

encierra

segundo

descubrir

como brotes

está en tren

las calidades
ahogados.

El

de conseguir una

m ate ria más rica, pero conserva un exa­
gerado linealism o y tam poco logra siem ­
pre con la línea toda la fuerza exoresiva
que busca. La exposición de paisajes que
tuve

ocasión

de

ver

no

perm ite

a b rir

ju ic io seguro sobre sus posibilidades, a u n ­
que siempre se lo advierta p intor.
JORGE ROMERO BREST

�E n tre la es c u e ta b ib lio g r a fía sobre la a r ­

co q u e lee de c u e s tio n e s de a rte .

q u ite c tu r a c o n te m p o rá n e a , te n e m o s u n l i ­

No

b ro — el de G ie d io n —
y

que

ha

c o n o c id o

q u e d a ta de 1 9 3 9

un

é x ito

s in

p re c e ­

voy

a

p á g in a ;
el

de

m a lo s

p a ra

a u to r en sus ú ltim a s e d ic io n e s .

e n c u e n tra n

es

é s te

el

m o m e n to

de,

con

una

la

ese s is te m a
los

d e n te s y ha s id o a m p lia d o p o r e l m is m o

No

a n a liz a r

o b ra

me

h a ce

c rític o s

ra

p á g in a

por

p e n s a r en

de

te a tro

que

lle n a r u n a c o lu m n a de p e rió d ic o no
nada

a r g u m e n to de

que a u nque

n o a b a rc a ra

a l m e n o s nos d ie ra las p is ta s b ib lio g r á f i­
cas y de in fo rm a c ió n d o n d e i r a c o m p le ­
ta r y

e n riq u e c e r el p a n o ra m a .

N ada

de

m e jo r q u e c o n ta rn o s el

eso a q u í. Se p a rte de u n p u n to a r b itr a r io

o b ra .

y

la

El lib r o

lle g a

a

o tr o

no

m e nos

a r b itr a r io .

de u n m é to d o es e v id e n te . G ie ­

cio n e s s e rá n

sa ció n

de

c a u z a rá n en u n a d o b le c r ític a , a l p ro c e ­

a lg u n o s p ro b le m a s y los h a e n fo c a d o co n

es u n

fra c a s o

d im ie n to u tiliz a d o

c la rid a d . O tra s veces p o r e l c o n tra r io , es

o está

m o d e rn a

s iq u ie ra

en

c ris is .

de

o rd e n

c o n s id e ra ­

se

g o a los re a c c io n a rio s , d e já n d o le s la sen­
a r q u ite c tu r a

m is

L a f a lt a

y

la

de ser le íd o ;

e stá a h í

c r ític a d e m a s ia d o seve ra, h a c e rle s e l ju e ­
que

es d ig n o

de sm ayos y

to d a la c u e s tió n — d e m a s ia d o fro n d o s a —

g e n e ra l y

y a

se e n ­

las c o n se cu e n cia s

d io n

es a lg u ie n

N a d a de eso. Por el c o n tra r io , le n ta m e n ­

d ifu s o ,

G ie d io n ,

só lo c o n s ig u e s a lir a d e la n te co n la te m e ­

de

c u rio s o ,

sus

n u e s tra

c u a n d o d ic e q u e

una

cuando

ép oca
se

c o n fu s a .

haga

la

Será

h is to ria

de

p ro p io s

no

c u m p le

p u n to s de v is ta ,
la

m uy

" h is t o r ia

con
ju s to s

es u n e le ­

en

s a b id o v e r b ie n

te se im p o n e c o m o ú n ic a s a lid a v e rd a d e ra

e m p e z a r,

p ie rd e

ha

q u e el a u to r q u ie re s a c a r de sus p re m isa s.
por

se

que

su

p ro p ia

se lva

y

rid a d de a lg u n o s títu lo s lla m a tiv o s o a lg u ­
nas d e m o s tra c io n e s po co c o n v in c e n te s .

e ra , v e r c ó m o la p in tu r a y la m ú s ic a se

m e n to in a p re s a b le y d in á m ic o " y c u a n d o

P or o tr a

ta lla r o n

in s is te

c ia r a q u í es e l sis te m a m is m o de in v e s ti­

m ucho

a n te s

el

c a m in o

de

la

en

que

el

h is to ria d o r

v a n g u a r d ia y c ó m o la a r q u ite c tu r a — que

c io n a d o con su p re se n te

d e b ía

ta m e n te "a u -d e s s u s de

ser la

m a s ia —

m ás a v a n z a d a

d e b ió

p o r a n to n o ­

lu c h a r c o n tra

las m is m a s

pe rsona s q u e e s ta b a n d is p u e s ta s a a c e p ­
ta r ,

c o m p ra r y

o lite r a r ia s ta n

e n c a rg a r

o b ra s

p lá s tic a s

a tr e v id a s o m á s q u e

las

tie m p o .
c o rte

a

en

la

o c u p a rs e

re la ­

y n o e stá c ie r ­
la

m é lé e " de su

P ero e l m is m o G ie d io n

a r b itr a r io

pezar

e s tá

h is to ria
de l

hace

un

p a ra

em ­

p ro b le m a

del

p a rte , lo q u e y o tr a to de e n ju i­

g a c ió n de l a u to r p o rq u e m e p a re ce fa ls o
y e x p u e s to a los m á s g ra v e s e rro re s . G ie ­
d io n
la

tr a ta

m a sa

e stá

ya

v ic ia d o

le e r y e n te n d e r

de

el

y

m u la c ió n

a n g u la r de este m o v im ie n to c o m o a lg u n o s

e n u m e ra c ió n ;

m enos

ESPACI O,
DE

S.

va-

s e n tid o

de

su

lib r o

e sp a cio ,

T I E MP O

no

co m o

la

tie m p o ,

e tc .).

Se

Y

re tro tr a e a B ru n e lle s c h i p e ro m e p re g u n to

"a

m á s c e rte ro

ta n to

de in v e s tig a c ió n

al

por

re -c re a r u n e s ta d o de cosas p o r a c u ­
de

d a to s ,

y

de

sus

p re m is a s

e in s ta rn o s

si q u e ría

e n fo c a r el

p o s te r io r i" ,

m ás o

no

m is m o

p ro b le m a .

Lo

de

las

q u ie re

una

co n s e c u e n c ia s q u e

e n c o n tr a r.

d e s a rm a n te

Es

un

in g e n u id a d .

En

lo q u e e n c o n tra m o s fa ls o o

de la s o c ie d a d es p o r de m á s e x a c to , p e ro

d ié n d o la o b je tiv a m e n te , a g o ta n d o p rim e ro

n o v e o en su o b ra u n a fá n de in te g ra rs e

su a n á lis is , G ie d io n se la n z a a te je r una

to d o s los p u n to s

se rie de te o ría s y a d a rn o s u n a in te r p r e ­

o lv id e m o s q u e este
de

lib ro

h a b e r sido

de v is ta

de u n a

s o cie ­

d a d ta n ric a en p ro b le m a s co m o la n u e s­

ta c ió n

d o ha ce unos añ os con el d if í c il p ro p ó s ito

tra . El la d o s o c ia l y p o lític o e s ta rá n , pues,

la suya. Sus c o n s e c u e n c ia s son ta n

d e h is to ria r u n a e ta p a de la a r q u ite c tu ra

fa ta lm e n te

y

m is m o

de

ju s tific a r la

por

la

p re s e n ta c ió n

y

g r á fic o q u e a p o rta

las
el

ideas.

m a te ria l

son de ta n e x c e le n te

nos d a rá

m e n to d e

el

que

in te re ­

en

G ie d io n

— lo

una

s o c ie d a d
la

to d o s

P ero

fr a g m e n ta r ia m e n te

(y

d a d o — e ra e l

h ilo

p a ra liz a d a

en

un

m o­

d e v e n ir— ■ en

o v illo .

de h a c e rn o s v e r la

pe­

T o d o el

q u e ra m o s

C o m o si

p o co q u e y o p u e d a d e c ir a q u í n o a p a rte

líc u la c in e m a to g rá fic a de un m o v im ie n to ,

tr a r io ,

lo

le c tu ra q u e , p o r el c o n ­

in s te a c o m p ro b a r si

he a c e r­

ta d o en m is p u n to s de v ís ta .
Los

lib ro s tie n e n

su d e s tin o

de a u to re s y le c to re s —

— m ás

a llá

la

de

ra c io n a lis ta . A h o r a

p a s á n d o la s

por

y

s u p lie ra

a lto

o

las

d e s v a lo ­

riz á n d o la s .
C la ro

que

que

yo

p id o

es u n a

o b ra

ta m b ié n

ya
del

m u e rto

la m a d e ja e m ­
e x is te n c ia

lla m a d a

p o rq u e

esa

del

p r o b a r la

a r q u ite c tu ra

b ie n , esta a fir m a c ió n

b á s ic a m e n te

en

m is m a

q u e e s tu d ia co m o ú ltim a
lo

h ilo

p ro p ia

la

se e n c u e n tra

esa b a n d a

e s ta b a

p e n s a m ie n to

lib r o e stá h e ch o p a ra

s u p re m a c ía

to m a ra a l a z a r c ie rta s de las fo to g ra fía s
la g u n a s

q u iz á , e l de G ie ­

s in o

que

com ponen

el
de l

n o es el có m o d e s e n ro lla
b r o lla d a ,

no.

lo

es

ló g i­

a u to r— ■ y lo q u e yo q u ie ro im p u g n a r a q u í

o

v iv im o s ,

n a tu ra lm e n te ,

re v u e lto y d e v a n a d o

p a c ie n te m e n te .

s a n te y d ig n o de ser c o m p u ls a d o . Q ue lo
a n a d ie d e esta

cas c o m o u n o v illo

y

p o r o tr a

a c c ió n — d e l

en ve z

del m u ndo que,

p a rte —

Zevi

c o n u n a a r b itr a r ie d a d d is c u tib le ) la v is ió n

n o c id o s , q u e a u n q u e sólo fu e ra p o r e llo ,
sería s ie m p re

en

e n to n c e s

de

de G ie d io n

d e s c u id a d o s

que

c a lid a d y a lg u n o s d o c u m e n to s ta n desco­
lib r o

ve z

de t r a t a r de v e r la cosa en sí, a p re h e n ­

a

de los p rim e ro s q u e se la n z a ro n a l m u n ­

A dem ás,

él

siste m a

q u e d ic e d e l c r itic o c o m o fo r m a n d o p a rte

s o la m e n te

m e nos e l m é rito

tra ta r

una

d e n u n c ia r

no

in c o m p le to . N o
tie n e

a n te m a n o

a

ju ic io

G I E D I O N

p o r q u é n o h a b e r re tro c e d id o

p a s iv a m e n te

su

A R Q U I T E C T U R A

e rro re s nos d e b e n c o n d u c ir a un c a m in o
t r a b a ja r y

de

p e ro

(q u e a veces son to ta lm e n te fa ls a s ) saca ,

o p tim is ta s h a n p o d id o p e n s a r. Sus m ism o s

a

in g e n u a m e n te

c u e s tió n

se rie de p r e ju ic io s m u y p e lig ro s o s . T r a ta

b ra c o m p u e s ta , h a y q u e

a rq u ite c tó n ic a s

la

e s p a c io -tie m p o (así, c o m o u n a sola p a la ­

P ero e l lib ro de G ie d io n no es la p ie d ra

re a liz a c io n e s

de a c e rc a rs e
de

un

p u n to

a r q u ite c tu r a

re a lid a d , es en

si un h e ch o y a p a sa d o , q u e p e rte n e c e a

d io n co n to d o s sus d e fe c to s sea u n a o b ra

m ucho

m ás

la h is to ria de los ú ltim o s v e in te o tr e in ta

im p o r ta n te p a ra e l s e c to r c u lto del p ú b li­

in te re s a n te y m á s v it a l en q u e no h u b ie -

años. Ese fe n ó m e n o q u e él e s tu d ia y que

ó

m ás

titá n ic a

p e ro

�q u ie re d e m o s tra r com o p ru e b a fin a l de la

soc ie d a d

en

la

liu s , A s p lu n d y las escuelas e s ca n d in a va s;

tesis,

n u e s tra ?

Epoca de m asas, de c a tá s tro fe s

b ra s ile ñ a s y el lla m a d o B oy R egió n S ty le .

ha sido s ob repa sado p o r

te c im ie n to s .
h o m b re

El

suyo

e n a m o ra d o

es

el

los a c o n ­

d e fe c to

del

d e su ju v e n tu d ,

qu e

c o le c tiv a s , con u n a
d ía

a

d ía

re p ite in c a n s a b le m e n te sus esq uem a s t r a ­

n u e va s

ta n d o

s e n tir.

de h a c e r p ro s é lito s

a rq u ite c tu ra
hecho en
c ió n .
su

del

si, qu e

Tuvo

lu g a r

fo rm a s

p e río d o

1 9 2 0 -3 0

no n e c e s ita

su v ig e n c ia

(a ú n
m ás

po stum o s.

a

es un

d e m o s tra ­

h is tó ric a

y

re g a ñ a d ie n te s )

v ita le s ,

m ás

La

d e jó

a

o tra s

jó v e n e s ,

m ás

c o n tin u a

re fo rm a

té c n ic a qu e d e scubre

n u e vo s m a te ria le s

fo rm a s
E poca

y

n u e va s

de

co m o

y

con

e llo

m a n e ra s

te le v is ió n ,

de

Los te m a s son

tra ta d o s

m uy

H ay

d e s ig u a l.

de

una

c a p ítu lo s

m a n e ra

in s p ira d o s

en que la a m is ta d o la a d m ira c ió n ha cen

de

c o rre r

e n e rg ía

la

p lu m a

co n

in te ré s

d itir á m b ic o .

a tó m ic a , de h o rm ig ó n a rm a d o p lá s tic o c o ­

O tro s en c a m b io son la rg o s y descosidos.

mo

C uando

a r c illa

siones

de

m o d e la r,

con

c in e m a to g rá fic a s ,

n u e va s

v i­

e s tra to s fé ric a s ,

h a b la

del

h ie rro y

la

e v o lu c ió n

de su tr a ta m ie n to e stá b ie n d o c u m e n ta d o

a v e lo c id a d e s sup ersón icas. N o ha ce fa lta

y e n c u e n tra

ser p r o fe ta

h o rm ig ó n a rm a d o n o tie n e en c a m b io ta n

p a ra sosp echar qu e

la a r q u i­

una

e x p re s ió n

adecuada.

El

lle n a s

te c tu ra de los p ró x im o s a ñ o s m ira rá co m o

ta fo r tu n a y se lo s a lta lig e ra m e n te co m o

de im p lic a n c ia s fu tu r a s que las o b ra s de

m u y tím id a s las c o n q u is ta s de los p ion eers

un

los m a estro s

de estos p e n ú ltim o s años.

p e rd ie n d o es n a tu ra lm e n te A u g u s te P e rre t

in e x p e rta s si

se q u ie re
(no

p e ro

s ie m p re

m ás

re novad os)

de

la g e n e ra c ió n a n te rio r.
P ie rre
en

F ra n c a s te l

su

ve z

lib ro

que

e s tu d io
a rte ,

Peint-ure

se
de

se

A

lo d ice

ha

et

S ocieté :

q u e rid o

c a rá c te r

ha

m a g is tra lm e n te

s o c io ló g ic o

c o m e tid o

"C a d a

e m p re n d e r

un

sobre

el

g e n e ra lm e n te

un

p a r t ir

de

fin e s

del

s ig lo

e x p e rie n c ia s de c ie rto s
tra ro n

al

m undo

la

p o s ib ilid a d

so lu c io n e s desde e l
tic o

y

m asa

de
del

la

ha

do b le e rro r. Se ha a d m itid o p rim e ra m e n te
que se c o n o c ía n las e s tru c tu ra s re ales de

El h o m b re

la

socied ad,

q u e rie n d o

e x p lic a r

el

a rte

p o r la s ocied ad, m ie n tra s qu e es el a rte
e l q u e e x p lic a — en p a rte —

los v e r d a ­

deros resortes de la s ocied ad. Se ha c o n ­
s id e ra d o

sie m p re a l a rte

com o

un o r n a ­

s a b e rlo .

m o d e rn o

Es d e c ir,

de o tra s

Pero

en

p o rq u e

d ic e u n a

en

prosa

n u e s tro

sin

caso, cree

en las ve rd a d e s fu n d a m e n ta le s de la a r ­
q u ite c tu r a

m o d e rn a a u n q u e n o la a ce p te

de p la n o . N a d ie to le ra
ú t il,

la f a lt a

la d e c o ra c ió n

in ­

de lu z , de a ire , de c o m o ­

m e n to , un acc e s o rio , u n a s u p e re s tru c tu ra

d id a d .

e le c tric id a d ,

el

s o c ia l, en ve z de in te rro g a rlo y a n a liz a r ­

a ire a c o n d ic io n a d o , el a g u a c o rrie n te ,

la

lo co m o u n a fu n c ió n fu n d a m e n ta l."

c a le fa c c ió n ,

La fa lta
de

h is tó ric a

G ie d io n

re ve rs ió n

es,

del

m ás g ra v e en el lib ro

a

mi

m odo

p ro b le m a .

El

de

Todos

dores de

e x ig e n
los

la

re frig e ra d o re s

p o lv o , e l te lé fo n o ,

y

la

a s p ira ­
a is la c ió n

v e r,

la

té rm ic a y a l ru id o . ¿Q ué es to d o eso sin o

de

la

a rq u ite c tu ra m o d e rn a ?

h a b la

ra d o después p o r la a r q u ite c tu ra ra c io n a ­

de l

g é n e ro

e stá

lis ta . Pero las cosas no h a n o c u rrid o así.

un

puñado

de

H ay

o p e ra n de la no che a la m a ñ a n a e l m i­

L lo y d

W r ig h t

e x p o s ic ió n
hay

d e tie n e

h a c ia

de

o tra

in flu e n c ia
a

sus o b ra s en

in flu e n c ia
ni

1910

en

de
ra íz

de

B e rlín ,

c o n tin u a

nu e s tro s

F ra n k

que

no

se

días

la g ro de
Se

nos

los

m ism o s

y

e d ific io s

que

s e p u lto s

en

a rq u ite c tu ra

c o tid ia n a .

in te g ra d a

por

to d a s

las fó rm u la s , in flu e n c ia s y m odos de sen­

h a ce rn o s

a rq u ite c to s

m u e s tra n
en

de

los

que
o b ra s

m undo nue­

de

re a lid a d

m asa

S ie m p re

de

c ie n to s

d o c u m e n to s
la

c re e r

y

la c re a c ió n de u n

vo.

q u e está m o d ific a n d o con sus a p o rte s la
nueva

p ro p io s

la

pe ro

en

de

veces

un os

pocos

han
la

quedado

c o n s tru c c ió n

m ism o s

e je m p lo s

sacio.

a r q u ite c tu ra jo v e n sea s u p e rio r en c u a n to

da des

a la c a lid a d fo r m a l a

sospechan los in g e n u o s in v e s tig a d o re s . Se

época

en

M u c h a s veces las p re s u n ta s n o v e ­
tie n e n

o tr o

o rig e n

que

el

qu e

c ie rto m o d o pa sada q u e e s tu d ia G ie d io n .

h in c h a n

Pero sabem os

cae n en el a n o n im a to to d o s los a r q u ite c ­

p o r e x p e rie n c ia

que

to d a

c ie rto s

d a to s

y

por

o tr a

p a rte

época p o s te rio r se a s im ila con c ie rta f a c i­

tos,

lid a d

o

con su g u s to , su e je m p lo o su te n a c id a d

lo; que la g e n e ra ­

h ic ie ro n ta n to o m ás qu e esos p re cu rso re s

in n a ta

— com o

una

un d e re c h o a d q u irid o —

h e re n c ia

c rític a s

c ió n a n te rio r lu c h ó te n a z m e n te p o r im p o ­

o

ne r.

m undo

del
con

Los

p in to re s

Q u a H ro c e n to
un

que

v in ie r o n

ita lia n o

siste m a

de

después

se e n c o n tra ro n

signo s v á lid o s

h a sta

m e d ia d o s d e l s ig lo X IX .
Lo

m is m o

o c u rre

con

g e n e ra c ió n .

Lo que fu é b u rla , e s c a rn io , d o lo r y p e r­
secu ció n
de
qu e

p a ra

c u a lq u ie r
p a rte

unos, es el p a n c o tid ia n o
e s tu d ia n te

de

lo

que

esas

de

a lc a n z a d o

re fie ro

s im p le s

o b ra s

sobre

p a rtic u la r e s

d e sp e rd ig a d a s

to d o

a

de u n a
la

qu e

por

ei

¡dea. M e

época

lla m a d a

de los p re cu rso re s que ha s id o a b u lta d a
y

Z e v i.

No

a

los

m a e stro s

c o m o G ro p iu s, Le C o rb u s ie r, L lo y d W r ig h t
o

P e rre t

cu y a

in flu e n c ia

es

e v id e n te

y

p a lp a b le . Pero G ie d io n ha c o m e tid o in ju s ­

a r q u ite c tu ra

tic ia s

h a c ia

el g ra n

o tro s

y

p o r la d ifu s ió n

p o r G ie d io n
esta

g ra v e s

com o

el

o lv id o

in v e n to r c a ta lá n

de

de

G a u d í.

fo rm a s .

En

p u n to s q u e no podem os sospechar. ¿Q uién

las ú ltim a s e d ic io n e s ha s u p lid o con c re ­

se a tre v e a p ro c la m a r la in a m o v ilid a d de

ces e l p a p e l m e n o r q u e a s ig n a b a a A lv a r

las

A a lto .

fo rm a s

que

la a r q u ite c tu ra

Zevi
co m o

lla m a

c u b is ta s

p a ra d ig m a

de

de
una

sale

de

co m o

p a la b ra

in tu it iv o

M a illa r t

Se h a ­
— q u ;zá

el a u to r—

n o se

de P ie r-L u ig i N e rv i, el

de l

h o rm ig ó n

cuyo s a p o r­

tra s c e n d e n ta le s co m o los de

F re yssin e t en su época.
El

e rro r

Z e v i—

— co m o
co n siste

lo

en

se ñ a la

q u e re r

m uy

b ie n

h a c e r de

Le

C o rb u s ie r y G ro p iu s el eje de la c u e s tió n
a rq u ite c tu ra

m o d e rn a .

G ie d io n

p re te n d e

p ro b a rn o s la tesis s o rp re n d e n te de q u e de
lo

o rg á n ic o

tr a ta

na ce

lo

ra c io n a lis ta .

de d e m o s tra r lo c o n tra r io .

Zevi

La v e r­

d a d es m ix ta . V is ta s de le jo s y con p e rs ­
p e c tiv a

h is tó ric a

o p onen

ta n to

las dos escu elas n o

co m o

p re te n d e n

estos

se
dos

fu n c io n a l,

F ra n c a s te l,

d ir ig id o

he m os

re a liz a c io n e s

y

por

tr a ta d o

hem os

de

v is to

P ie rre

c o m p a ra r
qu e,

com o

s ie m p re en escuelas c o n te m p o rá n e a s ,
in flu e n c ia s

son

Lo

he

p o d id o

en

la

g ra n

F ra n k

L lo y d

m u tu a s

y

c o m p ro b a r
e x p o s ic ió n

W r ig h t

las

re cíp ro ca s.

p e rs o n a lm e n te

de

la

o b ra

re a liz a d a

en

la

de
es­

c u e la de B e lla s A rte s de P arís (fu e n te de
to d o a c a d e m is m o , ¿será e sto u n s ig n o de
los tie m p o s? ).

y los m ism o s d a to s re p e tid o s h a sta el c a n -

t i r la re a lid a d . N o q u ie ro d e c ir q u e esta
la o tra

El que

tra ta d is ta s . En un s e m in a rio sobre a r q u i­

El e rro r de este lib ro co m o el de los o tro s

p rim e ra

g ra n

es s u iz o

te c tu ra

a rq u ite c tu ra o rg á n ic a c o m o un a lg o su p e ­

una

e x te n s a m e n te

tes son ta n

h a b la

im p o rta n c ia .

pel de p re c u rs o r de ese m a te ria l.
b la

g ra n
im p e ­

sin

q u e n o tie n e a s ig n a d o c la ra m e n te su p a ­

p lá s ­

la

p e rm a n e c id o

n e tra b le a esa n o ve d a d .

las
m os­

p u n to de v is ta

c o m o d id a d .

p ú b lic o

p a sado

in n o v a d o re s

d e ta lle

E sperem os

qu e

si

el

lib ro

sig u e

c re c ie n d o se nos m e n c io n e a Sven M a rk e -

Los ú ltim o s c a p ítu lo s sobre u rb a n is m o re ­
s u lta n

po bres. Se nos da la h is to ria m e ­

c á n ic a

de

H ausm ann,

la

c iu d a d -ja rd ín ,

de

las

p la z a s

del

B a ró n

lo n d in e n se s,

pe ro no se tr a ta de c a la r m u y p ro fu n d a ­
m e n te en e l n u d o s o c ia l de esta d i f i c i l í ­
s im a c u e s tió n .
A sí

te r m in a

c ió n
P a rvo
cia s

no

el

b ie n

lib ro ,

p le n o

d is c rim in a d a

de
o

de lín e a

m a g is tra l, de

fo r m a tiv a s ,

d e o p in ió n

in fo r m a ­

d e c a n ta d a .
con se cu e n ­
g lo b a l

com ­

p ro m e tid a . Sin e m b a rg o , lib ro que d e n u n ­
c ia u n tr a b a jo p a c ie n te , p e ro sin v u e lo f i ­
lo s ó fic o que lo h a g a re m o n ta r a la c a te g o ­
ría de b á sica

p a ra

e n te n d e r

una

ép oca.

Im p o rta n te sin e m b a rg o , p o rq u e c a y ó en
e l e r ia l q u e e ra

la c rític a a rq u ite c tó n ic a

en e l m o m e n to de su p rim e ra p u b lic a c ió n
y

p o rq u e — b ie n

o m a l—

ha

d ifu n d id o

ideas q u e ya e stá n , p a ra sie m p re , en el
p a trim o n io

de to d a

persona c u lta .

D A M IA N

CARLO S

BAYON

7

�E

X

P

O

S

I

C

I

O

N

E

n is ta s , si se pie n sa

que

S

co n ta l n o m b re

— im p ro p io co m o casi to d o s los n o m b re s
q u e se d a n a los m o v im ie n to s a rtís tic o s —
se q u is o c a r a c te r iz a r a los p in to re s y es­
c u lto re s

que

desdeñaban

to d o

apoyo

en

los o b je to s d e l m u n d o e x te rio r p a ra e x p re ­
sarse,

tr a ta n d o

de

h a lla r

la

fo r m a

del

s e n tim ie n to ín tim o sin la c o la b o ra c ió n de l
e n te n d im ie n to .

Pero

dos

m o v im ie n to

n o ta s

q u e fu é

de l

c o n v e n d rá

e s e n c ia lm e n te

re c o rd a r

e x p re s io n is ta ,

a le m á n , co m o se

sabe. P rim e ro , q u e si p re d o m in ó el s e n ti­
m ie n to

p a té tic o

v o lu n ta d
de

fu é

por

a n tifo r m a lis ta ,

ra íz

h is tó ric a

p e lig ro s

una

m ile n a ria ,

no s ie m p re

co n fe s a d a

p u d ie ra

de cirse,

que

a c a rre ó

ROIG: La actriz (dibujo)

so rte a d o s con é x ito ;

s e g u n d o , q u e p re c is a m e n te p o r eso, e s c u l­
to re s

de ta le n to

co m o

B a rla c h

y

Lehm -

b r u c k e x tre m a ro n el e s q u e m a tis m o de sus
fo rm a s , en p ro c u ra de u n a m a y o r c o n c re ­
C A R L I S K Y : Ei cabrerizo.

c ió n e m o tiv a y p o r ta n to

de

la a n s ia d a

C a rlis k y
que

al

Me

Q,

este

es u n o de esos jó v e n e s
exponer

sus

o b ra s

por

p a re c e

c o n v e n ie n te

p la n te o

p o rq u e

a rtis ta s

C a rlis k y

es

p rim e ra

que

s im ila r ,

ser

tr a e r

a c o la c ió n

la fó r m u la

s im ila r .

M e jo r

cuando

v it a l

d ic h o ,
lo g re

de

te n d rá

c o n te n e r

v e z p u eden p ro v o c a r le g ítim o e n tu s ia s m o .
M ás

file s de sus o b ra s

d ife re n c ia
c u lto re s

en

n u e s tro

de ta n to s

país,

p o rq u e

a

o tro s p in to re s o es­

no c o m ie n z a

m a n e ja n d o

fo rm a s

s in o im p u ls o s p ro p io s que h a b rá n de d e ­

e x c e s iv a

p la n te a d o

te rm in a rla s . Y p o r eso su e s c u ltu ra tie n e

la
con

la c re a c ió n

en

la

grotesca s,
co n

la

m a te ria .

E ntonces

qu e

h a b rá

que su p o n g o se ha

in c o n s c ie n te m e n te ,

e x p re s ió n

to d a v ía

em ana

de

a c o rd a r

m a g n ífic a
sea

en

serie

las

de

fig u ra s

u n e je

de l

de

un

n ú c le o

q u e se

c e n tra l

o

de

es p ro m is o ra .

Me

in te rio r.

lo ta n to ,

nes d e s c o y u n ta d a s qu e se p o sesiona n del

c o m p la z c o

es ju v e n il y p o r ta n to v a lie n te , a rrie s g a d a .

c u lto r

capaz

de

tr a s m itir

m a te ria . Y ésta es la

e n e rg ía

p rim e ra

a

la

c o n d ic ió n

d e l a rte , la q u e p e rm ite a b r ir a n c h o c ré ­

a llá

en

la

de

la

s e n tim ie n to

en sus fo rm a s

m ás ce rca n a s

a n u e s tra v is ió n

c o tid ia n a .

ta d a

del S a ló n , c a d a tra b a jo

ilu m in a c ió n

B a jo la a c e r­

se o fre c ía co m o u n a v is ió n n u e v a a pesar
de

re p e tirs e

n u e s tra

los

p in to ra

te m a s ;

esto

d e scubre

re ve la

en

un

que

m undo

no ta n d ila ta d o , un e n fo q u e s ie m p re d is ­
tin to ,

s ig n o

de

una

nueva

e x p re s iv id a d .

E llo co m o re s u lta d o lo g ra d o p o r el a r tis ta

Pero n o

en

s e ñ a la rlo ,

por

cosas.

E. F. P.

ROIG: La planchadora.

su o b ra

esp a cio , en to d a s

las o b ra s se ve a l es­

a g o ta n

m ás

qu e v a m ás a llá de la h a b ilid a d té c n ic a

de

Por

se

p a ra p ro y e c ta r con v ig o r la esencia de las

d e s p re n d e n

b u lto

no
yendo

v o lu m e n

m á s c a ra s

id é n tic o c a rá c te r, sea en las im á g e ­

v a lo re s

p lá s tic a ;

la que e m a n a de los e sp a cio s v i t a l i ­

za d o s p o r se g m e n to s de m a te ria

qu e s a tis fa c e .
Sea

de

u n a d in á m ic a

re s u e lto el p ro b le m a

u n a lie n to de p rim e r d ía de

esos

en el q u e cab e con h o lg u ra el a p o rte d e l

en la s u p e rfic ie y sobre to d o en los p e r­

to d a v ía

Pero

s in ta x is

riq u e z a re s p e c tiv a son eco de u n m u n d o

u n id a d .
C A R L IS K Y (B o n in o )

en c u a n to a la re s o lu c ió n de las in te r r o ­
g a c io n e s qu e p la n te a la p in tu ra .

e llo

h a b rá

p o rq u e
que

adem ás

ser m enos

v ig ila n te y c a u te lo s o p a ra e m it ir un j u i ­
c io d e fin itiv o . J. R. B.

d ito a este e s c u lto r q u e p ra c tic a la e s c u l­
tu r a desde ha ce m u y pocos años.
A h o ra

debe

re s o lv e r el

p ro b le m a

de

la

M A R IA

TE R E SA R O IG (H e b ra ic a )

fo rm a , qu e es co m o d e c ir que debe re s o l­
v e r el m o d o co m o ha de ser e n c a u z a d a

La

S o cieda d

esa e n e rg ía

un

in te lig e n te

d e s b o rd a n te q u e e x te rio riz a .

H e b ra ic a
y

A r g e n tin a

e x p re s iv o

o fre c ió

c o n ju n to

de

P orque éste es o tr o c a rá c te r b a s ta n te e x ­

tra b a jo s de la p in to ra M a ría T e re sa R oig,

tra ñ o de C a rlis k y , en un país cuyos a r tis ­

c o m p u e s to

ta s , en

eos.

g e n e ra l,

d e s b o rd a n te .

A

no
mi

poseen
ju ic io ,

esa

e n e rg ía

C a rlis k y

debe

En

de

ta l

c o n te n e rla , y a q u e s o la m e n te así, p o r la

n e g ro , ta n
e l c o lo r.

la fu e rz a

im p lic a

el

p e n s a m ie n to ,

im p u ls iv a de sus dedos e n c o n ­

y

tin ta s
se

lito g r a fí­

h a c ía

v is ib le

u n a ve z m ás la in fin id a d de re cursos de l

c o n te n c ió n

qu e

d ib u jo s

e x p o s ic ió n

La

lu m in o s o en sus g a m a s com o
lín e a ,

p lá s tic a ,

m uy

e x p re ­

s iv a y ric a de La A c tr iz y C o n v e rs a c ió n ;

tr a r á e l m o d o de exp resarse con o rd e n y

la c o m p o s ic ió n

u n id a d .

na,

S ería le g ítim o s itu a rlo e n tre los e x p re s io ­

c h a d o ra , d e ja n v e r u n a severa d is p o s ic ió n

en

una

e s tru c tu ra d a

á g il

b ú sq u e d a

co n d is c ip li­
en

La

p la n ­

8

�A R T IS T A S M O D E R N O S DE L A

sea la de sus p ro p ia s e s tru c tu ra s g e o m é ­

A R G E N T IN A

tric a s

Los

(V ia u )

A rtis ta s

e s tu v ie ro n
G a le ría

M o d e rn o s

n u e v a m e n te

V ia u .

e xp o sició n
en

aunque
de l

d e ra d o s

c o n cre to s

la

en

la

fu e

o b s e rv a d a
casos

y

ta l

to ta lid a d

g ru p o

p in to re s ,
la

s ie m p re

los

p o rq u e

to re s —

A rg e n tin a
un a
respe­

la u n id a d del c o n ju n to p ro ­

to d o s

g ra n te s
H lito ,

la

presentes

C om o

v is ita d a ,

ta d a . Q u iz á
voque

de

re a c c ió n ,

de los in te ­

no p u eden
— lo

y

son

G iró la ,

tó n ic a

es

ser c o n s i­
M a ld o n a d o ,

lo m m i,

la

que

e s c u l­

im p o n e

la

n itid e z de las fo rm a s p se u d o g e o m é tric a s ,
la p re c is ió n de los ritm o s , la lim p ie z a del
g ra n p la n o . N o p o d rá n estos s im p le s m e ­
d io s

to c a r

la

e m o c ió n

de

a q u e llo s

p o r te m p e ra m e n to y a rra ig a d a
de co n ce p to s,
e s c u ltu ra

re c la m a n

im á g e n e s

de

que

e x ig e n c ia

la

p in tu ra

s u rg id a s de

una

y

ob­

y

m ás

d e c id id a

a

je ra rq u iz a rlo s

h e n d id a , s in o p o r la c a re n c ia de r e v ita liz a c ió n

in te r io r ;

p e ro m ás lim ita d a en las re la c io n e s d in á ­

c o m p o s ic ió n ; fo r ta le c im ie n to q u e p ro v ie n e

m ic a s de los m ism os.

las

en ca d a caso p a r tic u la r de la c o n ju n c ió n

en

adecuada

c u a n to a

de
la

M á s c o m p le ja s

FERNANDEZ

MURO

co rre s p o n d e n c ia

de

im a g in a tiv o

que d e riv a

de l

s o lucio nes

ju e g o

r e v ita liz a c ió n

p o r las c a lid a d e s m a te ria le s de la p in tu ra ,

del d ib u jo ,

las f o r ­

m á tic a ,

del
de

c o lo r

de sp le g a d o

en

de la m a te ria

con

to d a s

m as, p e ro a l m ism o tie m p o m ás c la ra su

c a n c ia s

esto si lo que p e rs ig u e el a r tis ta a b s tra c to

d o le

y el c o n c re to de h o y, con esa e x a lta c ió n

al

c o lo r

lín e a s

op o sicio n e s

ase g u re n el to ta l
sam os en

d e fin id a s

d e s p la z a m ie n to s

y

ju sto s

a

que

s e n tid o d in á m ic o . P en­

R e c tá n g u lo s

v e rtic a le s

y

h o ri­

v iv a

de

un

tru c tu ra s
o

p la n o

y

c ro ­

im p li­

ne ce sid a d de re s a lta r los v ín c u lo s p id ié n ­
las

a rm o n ía s

las

la

c o n tra s te s .

p o r m e d io de

im a g in a d a s

— a

a p ro x im a d a m e n te

P or

las es­

veces e s tric ta

g e o m é tric a s ,

o tra s

z o n ta le s (re p ro d u c id o en el c a tá lo g o ), su

le jo s de

o b ra m ás e x p re s iv a en la re n o v a c ió n del

sig n o

d e s p re n d im ie n to

o rto g o n a l

el ca m p o de las p o s ib ilid a d e s es in fin ito .

los p la n o s p o s te rio re s , v a ria d o s en

Su ú n ic a lim ita c ió n es la im p u e s ta p o r la

sobre

del

e n re ja d o

e lla s — ,

de

su

si

lo

p ro p ia

que

bu sca

c a p a c id a d

es el

c re a d o ra ,

las p o sib le s fo rm a s a q u e in v ita u n re c ­

im a g in a c ió n

tá n g u lo . O C A M P O co m o sie m p re c o n fia n ­

s itó M o n d ria n

do

su m u n d o m ás que de la v ib ra c ió n de un

en

su

im a g in a c ió n

p a ra

c u a ja r

las

del

p la n o ;

son

y

la s e n s ib ilid a d .

No

n e ce ­

p a ra d a r e x is te n c ia re a l a

se rv a c ió n de l m u n d o c irc u n d a n te y espa­
c io

re p re s e n ta tiv o del á m b ito d o n d e des­

e n v u e lv e su v id a el h o m b re . P odrán f o r ­
m as y ritm o s de tene rse p o r estas c irc u n s ­
ta n c ia s en la s im p le p ro b le m a tiz a c ió n de
las

ideas,

g e n c ia

d e fra u d a n d o

del

a rte .

la

p ro fu n d a

Pero es

ju s to

e x i­

c o n c lu ir

qu e ya en a q u e l respeto d e m o s tra d o e x is ­
te

una

c ie rta

a c titu d

de

re c o g im ie n to

que q u iz á sea líc ita c o n s id e ra r co m o p re ­
s u m ib le in d ic io

de una

re a c c ió n

e m o c io ­

n a l.
IO M M I y G IR O L A

Las c o n s tru c c io n e s de

m a rc a ro n en el c o n ju n to las re a liz a c io n e s
m ás

m a d u ra s

d e n tro

de

los

lím ite s

im ­

pu estos p o r el d o b le p ro p ó s ito de c o n fo r­
m a r el esp acio en
huecos

y

en

el

la p e n e tra c ió n

d e s liz a m ie n to

de los

sobre

las

s u p e rfic ie s qu e lo re c o rta n . Si fu e e x ig e n ­
c ia

de

la e s c u ltu ra

de

b u lto

d e riv a r

c o m p re n s ió n de la o b ra de la to ta l

la

u n i­

d a d de sus p e rfile s , m ás im p e rio s a es esta
ne ce sid a d
q u e son

en
los

fo rm a s ,

pu esto

ritm o s desnudos, sin

las

nu evas

d is fr a ­
e n re ja d o

n e g ro

sobre

un

fo n d o

b la n c o ,

ces, lib re s de to d o e le m e n to a cce so rio , los

in s in u a c io n e s

q u e v e rd a d e ra m e n te o b je tiv a n

las suyas fo rm a s precisas, p e ro e s p o n tá ­

en

neas, a p o ya d a s en e x q u is ito s c o n tra s te s y

o p o rtu n o d e u n c u a d ra d o de c o lo r.

c re a d o ra .

A sí

c o n sid e ra d a

la te n s ió n

E le vación

de

d in á m ic a s

el ju e g o

un

La s u je c ió n a las fo rm a s g e o m é tric a s y a l

p u lid o ,

s e n tid o de re n o v a d a in s p ira c ió n . En c u a n ­

c o n tro l de las re la c io n e s m a te m á tic a s no

la

c o n tin u id a d

de

la

fo r m a re n o v a d a en los d is tin to s e n fo q u e s ,

to

y

m enos firm e s en

por

su c o n s e c u e n c ia ,

la

c o n fo rm a c ió n

a

H L IT O ,

si

sus

les o to rg a n

por

a rm o n ía s

por

que

re ju v e n e c id o

u n p la n o c u a d ra d o de lo m m i, en b ronce
se d u jo

de colores

ca d a caso

p in tu ra s

p a re c ie ro n

las so lu cio n e s, fu e

p o r­

im p lic a n ,

pues,

c o n tra r io

son

una

un

lim ita c ió n :

a c ic a te

p a ra

por
que

el
con

d e l esp a cio a d h e rid o a las b ru ñ id a s s u p e r­

que se lo e n c o n tró d is m in u id o

fic ie s . Y las tria n g u la c io n e s de G iró la ya

b ra c ió n de los colores, con la qu e h a b ía

tiv a

en a lu m in io , ya en c o b re o en ace ro a tr a ­

co n s e g u id o sus m e jo re s p la n te o s.

idea .

je ro n p o r el e q u ilib r io a ju s ta d o e n tre

Si se ha de d u d a r sobre las p o s ib ilid a d e s

Sí, o c u rre co m o con el ju e g o de a je d re z

e x p re s iva s d e l

cu y a p re v is ió n

fo rm a s y su
e x is te n c ia

la

p re cisa d im e n s ió n
u n id a d

de

los

sin

las

cuya

ritm o s

no

h u b ie ra sid o a lc a n z a d a .
Los p in to re s ,

abocado s

m as q u e p a te n tic e n

al

lo g ro de

la e n e rg ía

fo r­

im p líc ita ­

c re to

no

es

a r te a b s tra c to
p o rq u e

esté

en

la v i ­

y del con­

e lla s se p ro n u n c ie la c a p a c id a d im a g in a ­
y

se n sib le

en

la

re n o v a c ió n

tú a

sin

lim ita d o a causa d e l s o m e tim ie n to a " l a

las

c o m b in a c io n e s .

fr ia ld a d

a c e rc a d o a sus p ro b le m a s ig n o ra

a rq u ite c tó n ic a
un

de

c rític o

p la n o s ",

m ú ltip le
N a d ie

de o rd e n a c io n e s

a

riq u e z a

que
que

se

de

h a ya

la p ro ­

se p u ede

las c o lu m n a s

de

la

re a liz a d a

tereses p e rfila d o s en o tra s ocasiones. M á s

a lg ú n m o m e n to de la h is to ria ha p o d id o

d e te rm in a c io n e s

em peñada

c u lp a rs e a un a r tis ta de d e b ilid a d , n o ha

d a m e ro , s in o en la p ro y e c c ió n im a g in a tiv a

sid o p o r la re p e tic ió n de u n a fo r m a a p re ­

de q u ie n

los p la n o s de

to d a

G R IL O

en

s ig n ific a c ió n

d e s p o ja r
que

no

en

c o m e n ta n d o

la

m a n te n e rs e ca d a u n o d e n tro de los c a ra c SARAH

d ia rio ,

fu s ió n

e m b a rg o

m e n te su p u e s ta en un p la n o , d e m o s tra ro n

e x p o s ic ió n

un

los

de a rte desde

la

en las ju g a d a s n o d e s v ir­

a b s o lu ta m e n te

c o m o a fir m a b a

de

V ia u .

Si

en

lle g a r desde los c u a tro m o v im ie n to s su b ­
s ig u ie n te s a u n a a p e rtu ra

d o m in a

no
o

e stá n
no el

( 1 0 .0 0 0 !) .
pues
ju e g o .

Los

en

el

B. S.

9

�E

X

M A R IT H
Dos

P

M ARTHA

m undos

M a r th a

O

d e s d o b la m ie n to

I

G H IL A R D I

d is tin to s

G h ila rd i

S

en
de

su

(G a la te a )

e x p re s a

sus

C

M a r ith

té m p e ra s .

R aro

p e rs o n a lid a d

al

im p r im ir a una p a rte de su p ro d u c c ió n lo
a n e c d ó tic o ,

lo

in fa n til,

lo ju g u e tó n , y a

la o tra lo a n g u s tio s o , lo trá g ic o ,
tra d o .

C onoce

ciosa,

del

el v a lo r de

c o lo r

v ib ra n te ,

la

lo fr u s ­

lín e a g r a ­

de

los

ritm o s

a le g re s a l in te rp re ta r los te m a s del s u b u r­
b io

y tra s p o n e rlo s

a una

g ra v e d a d fís ic a y e s p ir itu a l.
do, cu a n d o

a ta c a

a

tra v é s

de

la

d e fo rm a c ió n

un

e x tra ñ o

e m o c ió n .

Y

nos

p a te tis m o

de

p re g u n ta m o s

¿cuál será el v e rd a d e ro

la ­

a las
de

la

cu rio s a
en tonce s:

tra s fo n d o

S

7 P IN TO R E S JO V E N E S (Rose M a rie )
A l la d o de los a r tis ta s a g ru p a d o s b a jo el
n o m b re

de A rtis ta s

m o d e rn o s de la

A r­

g e n tin a — qu e re úne a los de te n d e n c ia
m ás

n e ta m e n te

c o n c re ta —

su rg e n

otro s

g ru p o s que se u n e n p o r a fin id a d e s de pos­
tu r a , s in o p o r se m e ja n z a p lá s tic a . Es in te ­
re s a n te a n a liz a r p o rq u é se ju n ta n y re a li­
za n exp o s icio n e s c o le c tiv a s ; qué es lo que
los d e te rm in a a e le g irse p a ra to r m a r c o n ­

líne a y de g ra n d e s p la n o s de co lo re s p le ­
nos

E

ju n to s in d e p e n d ie n te s q u e a p rim e ra v is ta

se m i-m ó s c a ra s de los ro stros, sabe im p o ­
ner

N

de

Por o tro

a las fig u ra s y

O

ley de

c o n c e p c ió n

ensueño in f a n t il q u e escapa a la

I

de

la

p o d ría n p a re c e r a rb itra rio s .
La G a le ría Rose M a rie a ca b a de e xp o n e r
u n a selecció n así — o c a s io n a l—

res: O scar C a p ris to , L e o p o ld o Presas, J o r­
ge

K ra s n o p o ls k y ,

C a rlo s A lo n s o ,

R o d o lfo

K ra s n o , D o m in g o B ucci y S a n tia g o C o g o rno.

m aranca

de p in to ­

T o dos tie n e n c a lid a d , to d o s e stá n so­

MARANCA

(K ra y d )

El a ñ o p a sado h iz o

M a ra n c a

un a

expo­

s ic ió n que fu é c o m e n ta d a en e sta re vista
(serie 2 n °

I). A l c o m p a ra r a q u é lla con

b ra d a m e n te do ta d o s, el n iv e l p ic tó ric o es

la

u n a p ró x im a e x p o s ic ió n a c u s a rá sus v e r­

bueno

del

dadero s p e rfile s .

s u b te rrá n e a los u n e en sus re sp e ctiva s pos­

C o n tin ú a

tu ra s

lo que d e n o ta su a c titu d c lá s ic a , un e sp a ­

a c titu d

e x p re s iv a de esta p in to ra ?

G H IL AR D I: Perica.

E. N .

Q u iz á

e

in d u d a b le m e n te

fre n te

a

la

una

e xp re sió n

c o rrie n te

p ic tó ric a

de

Y o d iría la " c a lid a d " qu e se exp resa en la
m a te ria tra s u n fin o a h o n d a r se n sib le de
sus ritm o s a b s tra c to s .

C ada u n o a su m a ­

n e ra :

a d v ie rte

no

v a r ió

c o n s tru y e n d o

trid im e n s io n a l.

con

con

p in c e la d a s

escasos

de

p la n o s

c o lo r

ju g o ­

ho m ogé neo s;

C A P R IS T O : d u ro , a g rio , de c o lo r in c is iv o ,

p o sició n

e q u ilib ra d a m e n te ,

En

él

u b ic a

o b je to s ,

v is ta d e s c rip tiv o , ecos de e le m e n to s n a tu ­
rales, poseen sus c a ra c te rís tic a s , d a n d o la
im p re s ió n

de

qu e p u e d e n e x is tir y

m os­

la e n e rg ía que surge de los p la n o s , s im i­
litu d

co n las e s tru c tu ra s de

sas, p e ro p u e sto
e m o cio n e s de

en

a ju s ta d a s

a rm o n ía s

de

gam a

a

h o n d a y b a ja , a veces s o rp re n d e n te m e n te
á g il y e x p re s iv o ; A L O N S O , de u n re a lis ­

A h o ra

m o e x p re s io n is ta , con de jo s de V la m in c k

je to s

C ezanne;

lín e a b ie n

KRASNO,

d e fin id a ,

BUCCI

en

d ib u jo

y

un
la

un

s ig u ie n d o

poco a lo

a c e rta d o

ju e g o

m a te ria - c o lo r ;

una
K lee;

e n tre

el

COGORNO,

in s tin tiv o y d e so rd e n a d o b u sca n d o ritm o s m a te ria

de e n é rg ic a c o m p o s ic ió n . . . T o ­

dos e llo s g u ia d o s p o r u n a s e n s ib ilid a d que
se exp resa en la m a te ria y el ritm o .

p lá s tic o

— qu e

re m in is c e n c ia s
c o n s titu ir u n a
p in tu r a
a

no

lo g ra n

le n g u a je
a je n a s —

c im a s

e m b a rg o

in d e p e n d ie n te
lo

que

base de c a lid a d

n a c io n a l?

a lta s

sin

No
de

de

p o d ría

de nu es­

se e le v a n ,
c re a c ió n ,

qu e
sin

es

pero

h a b la n b ie n u n le n g u a je sin e x tre m is m o s ,

tra d u c e

m o d e rn o y

a n te s,

d ilu ir lo s ;

v in c u la
no

esas

sin

p re ­

los o b ­

lle g a n d o

a

s u p e ra r la d u a lid a d de fo n d o fig u r a , pu es
no

s ie n te

p in to re s

esa

n e ce sid a d

ta n

co n te m p o rá n e o s .

com ún

D ichos

en

o b je tos-

se m u e s tra n sin d e sp la za rse v io le n ta m e n ­
te , s u p e d ita d o s a la fu e rz a de u n ió n q u e
les in fu n d e , lo c u a l c o n tra rre s ta to d a te n ­
d e n c ia

e x p a n s iv a .

H a b ía

usado a n te rio rm e n te

g ro , a d v irtié n d o s e en e llo

¿N o fo rm a n estos p in to re s de b u e n n iv e l

c u a ja r en u n

ig u a l
p e ro

p in ta r ,

m odo

te n sio n e s de co p ia .

y de

los c ris ta le s .

H a p a r tid o d e la o b s e rv a c ió n de las c o ­

KY,

c ie rto ,

la

que si b ie n no tie n e n desde un p u n to de

bu s c a n d o s íntesis rítm ic a s ; K R A S N O P O L S ­

tra

qu e

fu n d a m e n ta lm e n te .

tra n d o en sus c o n d ic io n e s g e o m é tric a s , en

PRESAS

10

se

a rtis ta

cio

nu e s tro s dias. ¿Cuál?

sas,

a c tu a l,

b la n c o y n e ­
firm e z a

en

la

v a lo ra c ió n y re c h a z o de s u tile z a s de m a ­
tice s.

A h o ra

m as

c la ra s ,

e m p le a

c o lo r, e lig ie n d o

lu m in o s a s ,

aunque

ga­

c o lo c a

p e queñ as zo n a s de co lo re s pu ros u o s c u ­
ros, que a fir m a n

la c o m p o s ic ió n , a c tú a n

co m o lu g a re s de fu s ió n , n o ta s cla ve s q u e
a rtic u la n , d e s tin o a l q u e c o n flu y e n p la n o s
y a rista s.

lle n o de c o n d ic io n e s sensibles. De este p e ­

La

d e s ta l puede n u trirs e y s u rg ir a lg ú n titá n

e le m e n to

en cie rn e s . . . N o está n los p in to re s a rg e n ­

óleo s

tin o s ta n d e sa m p a ra d o s com o p o d ría sos­

eje s y cu e rp o s g e o m é tric o s , c o m ie n z a n a

pe charse.

q u e re r ser signo s e sp a cia le s. E spacio q u e

B. P.

novedad
y

está

en

e x p re s iv o .
tra s p a re n c ia s

la

v ib ra c ió n

M o d u la c ió n
en

las

com o

en

los

a c u a re la s ,

�p u ja , p e rc a ú n de m o do m e d id o , p o r m os­

ta d a

tra rs e com o v e rd a d e ro m o tiv o de la c re a ­

p lá s tic o s

o b je tiv a c ió n

c ió n . A pesar de la c a lm a que re in a , se

g ra d o
en

t r a r nuevos m odos y fo rm a s q u e le p e rm i­

e s p a c ia l

ta n

tra z o s

tr a d u c ir

m e jo r su

m e n s a je

p lá s tic o .

JE AN
Este

LE P PIEN
p in to r

d in s k y

(_

(K ra y d )

a b s tra c to

se ap oya

d is c íp u lo

p a ra

de

exp resarse

Kanen

las

fo rm a s de la g e o m e tría .
Son esas fo rm a s

las

g e o m é tric a s

in d iv id u a l­

de to d a

s ig n ific a c ió n ,

que

ta m iz a d a s en

la s e n s ib ilid a d d e l a r tis ta ,

c o b ra n s e n tid o c a rg á n d o s e de c o n te n id o .

se

ces se a b la n d a y

o b ra a la

m a n e ra

de

e q u ilib r io
m u e rta s .

m ás

medios

En

m enor

e s p ir itu a l

tá u ric a ;

severos

sión h ip e rb ó lic o y

de o r g a n iz a rlo

y

dar

con

es

s im p le .

C u a d ra d o s ,

triá n g u lo s , b a rra s , o b ie n las zo n a s in d e fi­
n id a s q u e se fo rm a n

p o r la

in te rs e c c ió n

de líneas.
El c o lo r es sie m p re p u ro y p la n o , de a p a ­
rie n c ia
el

im p e rs o n a l pe ro d e ja n d o tra s lu c ir

g u s to

re fin a d o

del

p in to r.

A p ro v e c h a

no

le

éste f a c ilit a

sus cu a d ro s.

su m o d o de e x p re ­

lo re p ite en v a rio s de

El m o v im ie n to q u e d a e x p lí­

tra z o s

ya

con

p o rq u e

la

lín e a

p ie rd a

e n e rg ía ,

ya

e n tre c h o c a n

sin

de c o lo r,

las fo rm a s que

a p a re c e

p o b la d o

sajes d o n d e

apenas

in s in u a d a s

se a c e n tú a su p re o c u p a c ió n

in c o rp o ra r

el

m o v im ie n to ;

a cu d e

a

m o le s ta rs e

o

en

los

ju g a n d o c o n s ta n te m e n te

p o rq u e el c o lo r la a h o g u e . Es en los p a i­

com ponen.

El fo n d o

pe q u e ñ a s

im á g e n e s

de

que

se a r tic u la n

con

la escena c e n tra l co m o p a rte de u n solo

v a ria d a s g a m a s de c o lo r d is tr ib u id a s con

o rg a n is m o .

a c ie rto

genes p u eden d e s a p a re c e r c u a n d o u tiliz a ,

pe ro

p a ra

buscar

a b is m a d o

arabesco s

y

en

e fe cto s
un

m a tic e s ,

m ar

e xp a n sivo s,
de

re fle jo s ,

e lu d e e l a p o yo

fo rm a , que es de d o nde s u rg irá n

esp acio.
queda

a lu s iv a s

La

y

in te g rid a d

e xp re siva s

de

la

sión

c o h e re n te

d in á m ic o

que

e sp a cia l

ja u la ,

p a ra

im á ­

apoyar

su

te ló n

de

fo n d o a c o m p a ñ a a la im a g e n sin a ire qu e

sostenga

m ás

la

im p e rc e p tib le s

las
del

e s tru c tu ra
la

e je m p lo ,

las

e x p re s ió n

le sio n a d a p o r la a u s e n c ia de una
p lá s tic a

por

Pero

de

c o m p le ta .
A .L .C .

p e n d ie n te , e l g ro s o r c o b ra c a lid a d e s d ife ­

c o m p o s ic ió n

pe ro

se

do, en c a m b io , la lín e a es a b ie rta e in d e ­

La

a b ie rta s ,

s ie m p re a lc a n z a a re so lve r sin d e s tru irla ,

y q u e c o n d u c iría a p ro p o rc io n a r u n a ilu ­

re n te s co m o re s a b io de u n a m a n e ra m enos

fa u c e s

pre sió n

te m b lo r d ire c to q u e da el pulso.

d e fin id a de ex p re s ió n .

las

La

id e a

El tra z o

de

o to rg a m ás s e n tid o qu e el de u n a escena

u rg e n te ,

g r á fic o de la e m o tiv id a d del a r tis ta en el
es f in o c u a n d o la fo rm a es c e rra d a ; c u a n ­

E lig e un te m a p ic a s s ia n o y lo v ig o r iz a : el
to ro

c a m b ia n te y m ó v il de la fo r m a , q u e no

la

O tra s v e ­

co n

d ó cile s.

c ita m e n te d a d o en los tra z o s n e gros q u e

p o s ib ilid a d e s

sin a c e p ta r n in g u n a in d e c is ió n .

ha ce

tr a ta n

La lín e a es en L e p p ie n , la m a y o ría de las
re g la . D u ra ,

este

n a tu ra le z a s

veces, la c o n s e g u id a con

la

e m o tiv a
son

su n e rv io s a y v ita l c a lig r a fía u n a ve rsió n

por

m e n te vacía s

le

c o n sig u e

a d v ie rte a l h o m b re q u e lu c h a p o r e n c o n ­

E. T .

qu e

y

los separe.

e n to n ce s

sólo

Esta v e z

un

es la ja u la

la

que

f a c ilit a el d in a m is m o de la lín e a de C la v é ,
con su fo rm a

de e n re ja d o

c ú b ic o .

En sus óleos, c ro n o ló g ic a m e n te a n te rio re s
a sus g o u a ch e s, el f in o
de saparece,

p e ro

el

tra z o

de p lu m a

m o v im ie n to

pe rsiste

en las p in c e la d a s c o m b in a d a s con

zo n a s

p re fe re n te m e n te lila s o v io le ta s , de e x p re ­
C L A V E (P lá s tic a )

sión m ás c o n te n id a , d o nde C la v é se m u e s­

&lt; 2 Ü

En ju n io se e x p u s ie ro n en P lá s tic a , ob ras
de A n to n i C la v é , u n o e n tre los d ie z m e jo ­

tra e x c e le n te c o lo ris ta .
En sus dos óleos P u e rta y P aisa je la u n i­

res p in to re s de F ra n c ia en la a c tu a lid a d ,

d a d se c u m p le de d is tin ta m a n e ra ; a h o ra

de a c u e rd o

e l tra z o de c o lo r se in d iv id u a liz a en to d a

al

re s u lta d o

de

la e n cu e sta

in ic ia d a p o r M . G. C h a re n so l y re a liz a d a

la te la

p o r la re v is ta C o n n a issa n ce des A rts . Se

tó ric o .

re u n ie ro n

p rá c tic a m e n te de sa p a re ce n a e xp ensas d e l

en

"g o u a c h e s "

esta
de

e x p o s ic ió n

1 9 5 1 /5 2

y

a lg u n a s
óleos

de

co m o s u b d iv is ió n d e l esp a cio p ic ­
Los

e le m e n to s

p la n o q u e c o b ra v a lo r e xp re sivo .

ta m b ié n la c a lid a d de l po p e l p a ra o b te n e r

1 9 5 3 /5 4 .

La lín e a es p a ra

te x tu ra s in c o rp o ra d a s a l c o lo r.

C ie rto d ra m a tis m o de la v id a m is m a tra s ­

m e n s a je

El ritm o se c o n s titu y e p o r el c o n tra p u n to

c ie n d e

u n a re a lid a d p r o fu n d a

de sus o b ra s, p e ro pese a l v a lo r

c o n s ta n te e n tre las fo rm a s p in ta d a s sobre

s e m á n tic o

los fo n d o s casi s ie m p re u n ifo rm e s , o r ig i­

ren éstas c a ra c te re s de tra g e d ia .

de

sus

im ág ene s,

no

a d q u ie ­

re p re s e n ta tiv o s ,

a rtís tic o ;

C la v é , p a rá fra s is de su
con

e lla

no

a lu d e

a

de las cosas sin o

a ese p lu ra lis m o in n o m in a d o , en a p a re n te
va g u e d a d , de lo a b s o lu to . S .A .

n a n d o espacios.
El e s p e c ta d o r s en sib le a n te las a tra y e n te s

C L A V E : Interior con figuras.

e s tru c tu ra s de L e p p ie n , se in tro d u c e de in ­
m e d ia to en u n m u n d o d in á m ic o , en el q u e
la in e s ta b ilid a d de las fo rm a s nos p ro p o n e
de in m e d ia to e l ju e g o e s p a c ia l de a p a re n ­
tes d e s e q u ilib rio s q u e no son ta le s , sino
p o r el c o n tra r io , re s u lta d o de m u y c o m ­
pensada s re la cio n e s.
La

lín e a y el c o lo r, la c o m p o s ic ió n y el

ritm o , usados en el m ás e s tric to s e n tid o
p lá s tic o se c o n ju n c io n a n p a ra expresarse
lib re m e n te , sin tra b a s lite ra ria s p ro v e n ie n ­
tes

de

la

m ás

vaga

re p re s e n ta c ió n

del

m u n d o de las cosas reales. C.S.

P A L M E IR O

(B o n in o )

Es en las fig u ra s
a ju s ta d o

donde

P a im e iro o fre c e

re sum en de su a c titu d v o lu n ta ­

ria de e x p re s ió n . S o lic ita d o p o r u n a g ra n
in q u ie tu d

e s p a c ia l, lo g ra c o n s tru irla s con

p la n o s de c o lo r de to n a lid a d e s b a ja s , p e ­
ro q u e re co g e n

la c o n c e n tra d a s u b je tiv i­

d a d de la im a g e n . En e lla s se p e rc ib e la
q u ie tu d ,

descanso,

r e fle jo

de

una

a c e r­

11

�E

X

P

O

S

I

C

I

O

N

E

la a rm o n ía ; p re te x to p a ra

S

q u ite c tu r a ,
y

re a lz a r su a r ­

la a rq u ite c tu ra de sus fo rm a s

de sus p rin c ip a le s

líne as o rd e n a d o ra s .

Fue ta m b ié n e xp re sió n de la im a g in a c ió n
y de los s e n tim ie n to s d e sp e rta d o s a n te la
c o n te m p la c ió n

de

los cre p ú scu lo s

in d e c i­

sos, fro n d a s u m brosa s, d ra m á tic o s ju e g o s

Q

R A U L O N E T T O (K ra y d )

c u e la ;

L a o b ra de O n e tto nos p ro d u c e u n a p r i­
m e ra

im p re s ió n

e n e rg ía

c a ó tic a .

p ro fu n d a

H ay

que

no

en él

lo g ra

un a

encau­

no

p a rece

p o sib le

a s o c ia rlo

o tro s p in to re s a rg e n tin o s .

con

N o bu sca s o li­

s irv e

p a ra

exp resarse

e x c lu s iv a m e n te

n id a s.

in s tin tiv a , c o n ­

fu s a , com o un g r ito p r im a rio que no a l­

una

a g re s iv id a d

c a n z a a tra n s fo rm a rs e en fra s e c o h e re n te .

tra íd o s ;

S in e m b a rg o

a sí m is m o y que n o busca el c o n ta c to

que

con el p ú b lic o :

ta l

co fre c u e n te s .

d ra m a tis m o .

d e fin e

O n e tto

es

re fie ra

a

y
su

Y,

p re c is a m e n te

d is tin g u e
te n s ió n

la

d ra m á tic a ,

un ca m p e sin o ,

lo

p in tu ra

una

ya

un

e x te rio r,

s o lita rio ,
la

es un a u to d id a c ta

q u e d a d o m in a d a p o r u n to n o fu n d a m e n ­
de

es

de

con

los

re ­

que se fo rm ó

sus e xp o sicio n e s son
La

p in tu ra

po­

de O n e tto

no

de

a g ra d a en el p r im e r m o m e n to ; tie n e m u ­

se

ch o

c ru c ifix ió n

de

ásp ero,

re fin a m ie n to .

de

hosco,

Pero

es

un

desecha
a r tis ta

to d o

a u té n ­

y

de

el p a is a je
nes.

Peuser)

los

dos

salones

le

sabem os

que

in te g ra n te s

c o n cu rso o r g a n iz a d o p o r ESSO, no a lc a n z ó

que

de desorden

los

(W itc o m b

a si m is m o . Esta a c titu d se e x p lic a p o r­

esta sensación

Para

c ita c io n e s n i g u ía en lo e x te rio r, el te m a

zarse, pla s m a rs e en fo rm a s c la ra s y d e fi­
T ie n e u n a fu e rz a

de luces y som bras.

n in g u n a

N ada

d ijo

fre n te

a él co n

líne as

y

co rre s p o n d ie n te s

al

de estas s ig n ific a c io ­

a

q u ie n e s

á n im o

colores.

se

p u sie ro n

de tr a d u c ir lo

N ada

que

en

m e re c ie ra

ser d ic h o a los de m ás h o m b re s. P a ra los
p r in c ip ia n te s no fu e n i

s iq u ie ra

p re te x to

p a ra d e c a n ta r en sólido s e je rc ic io s e l m a ­
n e jo ; de la té c n ic a a p re n d id a en los ta lle ­
res, o p a ra v o lc a r en la im p ro n ta de una
n o ta , a u n q u e
in c o rre c ta s ,

de

la

co m p o s ic ió n y

in tu ic ió n

fa c tu ra s

in q u ie ta

de " u n

esta do de a lm a " . B uscam os de este m o d o
las causas d e l fra c a s o de u n c o n c u rs o no
sólo

en

en

la

las

d e fic ie n c ia s

d is p o s ic ió n

a b o rd ó el te m a .

del

o fic io ,

e s p ir itu a l

con

sino

que

se

Los dos salones s e ñ a la ­

ron p o r sobre las d e fic ie n c ia s de la a r te ­
san ía la m ás g ra v e d e fic ie n c ia de lo que
to d a

c re a c ió n

e x ig e :

la p re v ia

te n s ió n y

v ib ra c ió n a n ím ic a . B. S.

C A R LO S
En e l

ALO N S O

c o n ju n to

e x p u e sta s en

(A n tíg o n a )

de

^

las o b ra s

de

A lo n s o

la G a le ría A n tíg o n a ,

su p e ­

ra n d o e l e c le c tic is m o fo r m a l d e riv a d o de
una

p rim e ra

im p re s ió n ,

pueden

na rse dos d ire c c io n e s : la de la
p u ra d a y o tr a
tiv a d a

en qu e

r e v ita liz a

C uando

busca

la

d e te rm i­
lín e a d e ­

la e m o c ió n s u b je -

e x p re s ió n .

re d u c ir

las

fo rm a s

a

un

esquem a lin e a l éste a p a re ce m enos com o
re s u lta n te de u n a a b s tra c c ió n m e n ta l q u e
com o

in f lu jo

b id o de

del

P icasso;

le n g u a je
sin

fo r m a l

c o m p re n d e r

re c i­

que

la

lín e a h a de ca rg a rs e de te n s ió n y re s u l­
o un

p a is a je .

te n s ió n

Es d e c ir, que

c o n m o v e d o ra

la

presa a tra v é s d e la m a te ria

la

tic o , sin e fe c tis m o , sin pose. T ie n e im a ­

ta r e x p re s iv a

se e x ­

g in a c ió n , pe ro no lo b a s ta n te ric a y m a ­

con

d u ra

c ió n

lu c h a ,

y p r im itiv a

a b u n d a n te

com o

p a ra

s u p lir

v o lc a d a c o m o a l a z a r en gruesas p in c e ­

to d o lo q u e n o s u rja

la d a s

je tiv id a d .

e n é rg ic a s ,

y

del

c o lo r

lim ita d o

a

Y

así,

queda

se n cia

a fo rm a s d e fin itiv a s .

in s is te n te

de

g ra n d e s

tra z o s

ne­

en

e sta d o

de se stim a

de

de su p ro p ia su b ­

su

g a m a s b a ja s , fría s , tris te s , donde la p re ­

su

im p u ls o

e m b rio n a rio ,

de

la

re p re s e n ta c ió n

lle g a

a

un

m ayor

EL P A IS A JE
DE U N

c la r ific a n ,

sus

co lo re s

5 4 , sus ritm o s se
se

v u e lv e n

m ás

se g unda

a

p a p e l.
la

d ire c c ió n

serie
— la

que

c a rg a

A m o r.
a g ru p a

e m o tiv a

se

in c lin a ­

lo te m á tic o y a veces lo p a té ­

tic o ;

el

ta n to

s u p e rfic ia l

la

CONCURSO

la

o b s e rv a ­

D el

los d ib u jo s en

TR A V E S

que

c o n tra s ta n d o
Esta

ha ce m ás e v id e n te — ■ re ve la u n a

lle g a

c la ro s c u ro

a b s tra c c ió n

en

oca sio nes

a c e n tú a

esta

ve z

las

un

fo rm a s

s e n tim e n ta l

y

fo r­

ta le c e el d ib u jo .

o rd e n a m ie n to de las fo rm a s y en a lg u n o s
ensayos a b s tra c to s del

co rre sp o n d e

c ió n h a c ia

A

de l

p r im itiv o

R. E.

A R G E N T IN O

p o r sí m is m a

b la n c o

no

gro s a p o y a el s e n tid o de d ra m a . Por c ie r­
to , en a lg u n a s o b ra s d o n d e se a p a rta m ás

La

el

¿Qué fu e el p a is a je p a ra el a r tis ta desde
que

la

p in tu ra

tr a d u jo

en

m undo?

Fue

a d o ra c ió n

la

im á g e n e s
de

su

a lto s y p u ro s ; p e ro este deseo de o r g a n i­

ín tim o

la

z a r sus im á g e n e s se re a liz a a co sta de la

n a tu ra le z a , a d o ra c ió n v o lc a d a en ese so­

e x p re s ió n

C re o q u e es a q u í d o nde A lo n s o e n c u e n ­
tra

su

co m o
la

m e jo r e x p re s ió n :
los de

serie

de

a lg u n o s

sus fig u ra s
la

M u e rte

d ib u jo s

m a n ia ta d a s

d e ja n

a trá s

de

apo­

es

m e tim ie n to a las fo rm a s v is ib le s , en ese

yos re c ib id o s e in tro d u c e n rasgos d in á m i­

lo p ro fu n d o y lo fu n d a m e n ta l. Este p in to r

deseo in c o n d ic io n a l de no p e rd e r la a p re ­

cos en los que a flo ra la h o n d a v e n a e x ­

es, en sum a, un re b e ld e . N o q u ie re som e­

c ia c ió n de u n o solo de sus asp ectos y de

p re s io n is ta q u e está

te rse a n in g u n a lim ita c ió n de g ru p o o es­

sus

e x p o s ic ió n .

12

d r a m á tic a ,

que

en

O n e tto

d e ta lle s .

Fue

bú sq u e d a

de l o rd e n

y

S. P.

im p líc ita en to d a la

�UN
EL

L I B R O
ARTE

S O B R E

M O D E R N O

C on m o tiv o de c u m p lir el v ig é s im o q u in to

de

a n iv e rs a rio de su fu n d a c ió n , el M u s e o de

M a rc e lo

A rte M o d e rn o de N u e v a Y o rk ha d a d o a

U n a c u rio s a c o le c c ió n de h e rra m ie n ta s y

p u b lic id a d

un

lib ro

e d ita d o

M ie s

van

der

Rohe,

Le

C o rb u s ie r,

B reu er.

en H o la n d a ,

u te n s ilio s , v a jilla , tra b a jo s en c e rá m ic a y

de lu jo s a y a tra y e n te p re s e n ta c ió n ; en él

en v id r io h a sta la lín e a m á s re c ie n te de

se de s ta ca con e fic ie n c ia la sucesión y c o ­

u n a m á q u in a

rre la c ió n

vés de su

de

los

d is tin to s

m o v im ie n to s

de e s c rib ir, re v e la n

s e n c ille z

lo

a tra ­

in n e c e s a rio

y

ya

a rtís tic o s a p a r tir de p rin c ip io s de sig lo .

d e fin itiv a m e n te

E llo

q u is m o que de ve z en c u a n d o se e s fu e rz a

no

e x c lu y e

el

a p o rte

de

o b ra s

de

d e s p la z a d o de un

b a rro ­

C e z a n n e o M o n e t v is to s co m o precurso res

p o r p e rd u ra r.

de nu e s tro s a c tu a le s m a estro s, h a c ié n d o ­

F in a liz a el lib ro con la sección d e d ic a d a

se

al

p resentes

a q u é llo s

con

sus

m e jo re s

obras.

" a f fic h e " .

Al

m e n c io n a rlo

v ie n e

su f in a lid a d

p rá c tic a ,

caso re c o rd a r q u e

al

cu a d ro s

la p ro p a g a n d a , n o ha im p e d id o el lo g ro

im p o rta n te s y poco c o n o cid o s co m o N a tu ­

de c a lid a d e s e s té tic a s de in d u d a b le v a li­

ra le z a

d e z;

Es

n o ta b le

la

re p ro d u c c ió n

m u e rta

G a u g u in ;

con

Pesca

tre s

de

ca ch o rro s

n o c tu rn a

en

de

A n tib e s

de c o n tin u a d o re s ta n

El e s tu d io de Picasso.

lib ro

D ire c tiv a

del

a c la ra n d o

qu e

te m a

ta n

v a s to

M u se o
"E s

no

in tro d u c e

o b v io

p u ede

re g la s

el

qu e

ser

de

la

la b o r

p lá s tic a ,

la n z a d o

m u n d o a re c o rre r c a m in o s b ie n

un

al

d is tin to s

de e lla , se g u ra m e n te m e re c e el " a f f i c h e "

tra ta d o

un e s tu d io sobre sus v a lo re s y su h is to ria ,

e x h a u s tiv a m e n te en un solo v o lu m e n , p e ro

sin o lv id a r su fu n d a m e n ta l e x ig e n c ia , que

cre em os qu e este lib ro s e rv irá sus p ro p ó ­
s itos co m o c o n d u c to r de u n a

s ig n ific a tiv o s co m o

B o n n a rd , M a tis s e , K lee. C re a d o según las

Jo h n H a y W h itn e y , P re sid e n te de la C o ­
m is ió n

c o n d ic io n e s q u e le im p u s o su c re a ­

d o r y p ro p u ls o r T o u lo u s e L a u tre c a m ás

y

es

idea de la

la

n e ce sid a d

R e c o rrid o el

v a rie d a d , e x c e le n c ia de fin e s y v ig o r del

u rg e u n a

a r te m o d e rn o ".

de

o b ra r

por

im p a c to .

lib ro en to d o s sus aspectos,

p re g u n ta :

¿qué f in

se p ropuso

el M u s e o de A r te M o d e rn o a l p u b lic a rlo ? ,

En v e rd a d , n a d a fa lta en este lib ro p a ra

p re g u n ta

el

te x to s

in te re s a d o en

re c o rd a r o co n o ce r con

o b lig a d a

que

p o r la

acom pañan

le c tu ra

las

de

los

ilu s tra c io n e s .

fin a lid a d h is tó ric a las s ig n ific a tiv a s tra n s ­

N o h a y d u d a q u e este a p o rte

fo rm a c io n e s a ca e cid a s en las a rte s v is u a ­

es v a lio s o ;

les y a p lic a d a s a p a r t ir de c o m ie n z o s de

p ro d u c to s

de

n u e s tro sig lo . En la sección d e d ic a d a a la

re q u ie re n

m ás

fo to g ra fía ,

a c la ra to rio s de sus p u n to s fu n d a m e n ta le s ,

se

p a rte

desde

el

e n fo q u e

p e ro

es de

los

m o v im ie n to s

que

ro m á n tic o de los in o lv id a b le s tra b a jo s de

ta n

Y es esa la g u n a p re c is a m e n te

la d in a m iz a c ió n

de p la n o s y v a lo re s

en

C o n d u c c ió n en tre s c u a rto s de tie m p o del

oscuros

ta b le ;

a veces p a ra

los

a rtís tic o s

a n é c d o ta ,

S tie g litz , h a sta

lle g a r a la e x p re s ió n p o r

ilu s tr a tiv o

re c o rd a r q u e

co n ce p to s

el e sp e cta d o r.
lo

la m e n ­

b u e n ís im a s re p ro d u c c io n e s de fa u -

ves y c u b is ta s , e x c e le n te s ilu s tra c io n e s de

a lb a n é s G jo n M ili.

la

S u m a ria m e n te

no m e n c io n a r el to ta l, m u c h o m ás v a lio ­

aquí

los

re p re se n ta d o s se p re se n ta n

países de v id a

c in e m a to g rá fic a

e s c u ltu ra

c u b is ta

sas h u b ie ra n

e x p re s io n is ta

por

sid o con el a p o rte c o n c e p ­

m ás in te n s a , p a rtie n d o de los tie m p o s en

tu a l.

que

era

el s e n c illo y e x c e le n te D ic tio n n a ire de la

tu r a

en

ta le n to

el

c in e

una

pos de

m a ra v illo s a

c o n q u is ta s

p r o fé tic o

de

aven­

e s té tica s.

G r if f it h

po ne

El
con

V ie n e

y

P e in tu re
zan,

a

la

m e m o ria

M o d e rn e

P aris,

en

(e d ic ió n

1 9 5 4 ),

ta l

caso

F e rn a n d

a p re ta d o

Ho­

lib r it o

que

In to le ra n c ia — cuya s secu encias im p o rta n ­

to n ta s cosas dice.

te s se re p ro d u c e n a q u i— •, u n o de los h ito s

Q ue da

m ás

o r g u llo p o r la ta re a del m u seo, d ig n a de

s ig n ific a tiv o s .

Años

m ás

m u c h o s (a g o ta n d o e ta p a s en

ta rd e ,

no

m in im o

de

en

pie

el

le g ítim o

los m e jo re s

e lo g io s y

tie m p o , u n o de los signo s de n u e s tra era)

im ita d a

o tro s

M a tte r nos d e ja T ra b a jo s d e C a ld e r. B ien

avanzada

re p re s e n ta d o

p e rm ite n

el

que

la

el

c in e

a n é c d o ta

de

v a n g u a r d ia

p ie rd e

su

en

a n te rio r

en

ta le s

ju s tific a d o

s u s c e p tib le de

países

e co n o m ía

y

a m e ric a n o s

e in d u s tria ,

e sfu e rzo s.

De

que

a c u e rd o

ser
de
les
a

su d ire c to r, R ené D 'H a rn o n c o u rt " M u c h o

v ig e n c ia p a ra p ro s p e ra r en el p u ro v a lo r

ha

de

a r tís tic a de sus re sp e ctiva s secciones. En

la

im a g e n .

B a jo e l títu lo

" A r q u ite c tu r a y P ro y e c to s "

he cho

por

c o la b o ra c ió n con

q u e d a e x p u e s ta la d iv e rs id a d suce siva de

v is ió n , m u y

e s tilo s d e l m o b la je d e l p re se n te s ig lo : el

ca d o

re in a d o

con

E stilo

d u c c ió n
m e n te
S tijl,

c u r v ilín e o

1900
de

d íó

de l

A rt

paso en

la fo rm a

a

N ouveau

1917
p la n o s

a la

o
re ­

rig u ro s a ­

re ctos, y c a re n te s de a rm o n ía d e l
m o v im ie n to

esa b ú sq u e d a de

un

im p o rta n c ia

la in d u s tria de

re c ie n te m e n te
p ro y e c to ,

en

la te le ­

se h a

e m b a r­

d ic h o

ca m p o ,

la e s p e ra n z a de re n d ir a este

las

c o le c tiv id a d e s

hum anas,

un

n o v í­

s e rv ic io

c o m p a ra b le a a q u e l o fre c id o a la

ta rd e ,

tr ia

lo s im p le d e b ía

a lc a n ­

sim o

z a r u n r e la tiv o e q u ilib r io con los tra b a jo s

en

la

sim o m e d io de c o m u n ic a c ió n v is u a l p a ra

m ás

h o la n d é s ;

e s ta b le c e r

in d u s ­

de l c in e m a tó g ra fo , a l s a lv a r m u c h í­
y

v a lio s o

m a te ria l

de

la

d e s tru c ­

c ió n " . E L E N A F. POGGI

13

�C A M I N O

DE

LA

O B S E R V A C I O N

P R IL ID IA N O P U E Y R R E D O N ( 1 8 2 3 - 1 8 7 3 ) .

del

R e tra to de M a n u e lita

ceses en su fo r m a c ió n p lá s tic a , a la c u a l

m e n te los b la n c o s o p o n ie n d o las p u n tilla s

se a g re g a u n a c o n c e p c ió n n a tu r a lis ta d e ­

al

ro jo

b id a p o s ib le m e n te a su o rig e n de " p a is a ­

un

a c e rta d o

Rosas - M u s e o N a ­

c io n a l de B e lla s A rte s .

n e o c la s ic is m o

y

ro m a n tic is m o

fr a n ­

d o m in io

del

c o lo r

de

la

lo c a l;

p o lle ra ,

Desde las pe q u e ñ a s A c a d e m ia s de d ib u jo

n o c r io llo " a c o s tu m b ra d o a s e n tir la n a tu ­

los dos te m a s con fin a

ra le z a .

s ib ilid a d

en el c o n v e n to de los R ecole tos h a s ta el

En el R e tra to de M a n u e lita Rosas, p in ta d o

los suaves pa sa je s

m o v im ie n to d e

los c o n c re to s de n u e s tro s

e n tre el a ñ o 1 8 5 0 y e l 5 1 , a flo r a n estas

la

dia s,

ja lo n a n d o

tre s

las flo re s .

van

ras

qu e

la

p in tu r a

d e te rm in a n

v a lio s a s

te n d e n c ia s

a

que

de

a c titu d d e sín te sis y a b s tra c c ió n

se

lo

lle v a n

lín e a , e le m e n to

a

condensar

c o m o p r im e r g ra n

p in to r a rg e n ­

la

t in o

m a g n ífic a

de

P rilid ia n o

tu r a ,

A ire s

p o r el ó v a lo de la

la

24

de

e s ta m p a

n a c id o

E nero de

en

re fie ro .

tra y e c to r ia

d e sta ca

P u e yrre d ó n

me

N e ta m e n te

la

a rg e n tin a .

f ig u ­

B uenos

1 8 2 3 , h ijo

del

P u e y rre d ó n

y

el

g e n e ra l

la

Su

clá sica s

e x p re s ió n

en

in te le c tu a l de la p in ­

a l c re a r e l a ra b e sco q u e ,
c a ra , c a íd a

que

d e lic a d a

id e a tiv o
c e n tro

lo s im é tric o ,

rró n

la

d e re c h a

en

y en

los g rise s

a

la

un
en

de

pro ce so

fig u r a

c o m p o s ic ió n

d o m in a

lló n de la

de

b ie n

fo rm a d o

bro s y escote d e l tr a je , m a rc a la tu r g e n ­

ta p ic e ría

n u e v a m e n te

de h o m ­

a

la

e n to n a c ió n

una

así

h a c e r ju g a r

e n c o n tra m o s

de

a m b ie n ta
de

al

s e n s ib ilid a d , sen­

ta m b ié n

R e sp o n d ie n d o

h á b il­

e n c o n tra n d o

c o n tra p u n to

q u e en 1 8 1 5 fu n d a ra el p a d re C a s ta ñ e d a

se

m a n e ja

en

que

el

p re ­

la m esa con e l ja ­

c o n tra b a la n c e a

al

s i­

iz q u ie rd a , d o n d e un os re fle jo s

c ia de las ca rn e s. Este a ra b e sco de c a ra c ­

de n o m u y b u e n g u s to in c o rp o ra n la lu z

te rís tic a s in g re s c a s im p o s ib le de d e sco n o ­

a l c o lo r, y la o s c u ra c o r tin a en el p r im e r

c u a n d o p in to r de c u a d ro s d e c o s tu m b re s ,

c e r — m írese el

p la n o

c u ltiv a

con e l h o m b ro — , y a a p a re c e , si b ie n en

Juan

M a r tín

q u ita

T e lle c h e a .

de

P a is a jis ta

y

de

de

M a r i­

ve z

en

p re fe re n te m e n te e l re tra to . C ó m o

tra z o

que

un e

la

nuca

ha ce

ju e g o

con

el

c la ro s c u ro

del

fo n d o .

fu e ro n

fo r m a m u y p o co e x p re s iv a , en el c u a d ro

En to d o e l c u a d ro , el c o n tra d ic c ió n co n e l

sus p rim e ro s m a e s tro s , n o se sabe: q u iz á

M u je r c o s ie n d o u n p a v o y en el R e tra to

te m a , c a m p e a c ie rta a tm ó s fe ra de m is te ­

de

rio , sólo e x p lic a b le co m o un c o m p o n e n te

se

in ic ia

en

el e scla v o

la

p in tu r a ,

F e rm ín

q u ié n e s

G ayoso, q u e el p a d re

S eñora

p ro p ie d a d

de

A n to n io

San-

de P rilid ia n o h a b ía re s c a ta d o p o r tre s c ie n ­

ta m a rin a . En c o n s e c u e n c ia co n esta a c t i­

ro m á n tic o

tos pesos, c u y a s o b ra s se ig n o ra n y qu e

tu d q u ita to d o d e ta llis m o a las fa c c io n e s

qu e, in d u d a b le m e n te , se d e b a te e n tre las

te n ía

d is tin ta s c o n ce p cio n e s a q u e m e he re fe ­

este a r tis to

p s ic o ló g ic a , y u tiliz a p a ra las ca rn e s p re ­

rid o

C o rte c u a n d o a h í lo lle v a su a m o .

fe re n te m e n te

d im e n s io n e s — M a n u e lita está p in ta d a a l

añ os

v ia ja

con

sus

y

de

d e la c a ra , re s tá n d o le a s im is m o e x p re s ió n

21

" R e tr a tis ta

a c titu d

P in to r "

los

de

la

c ó m o re z a su p e d id o de m a n u m is ió n a la
A

e l o fic io

de

p a d re s

a

to n o s

n e u tro s

v e la d u ra s c á lid a s o fría s

p a ra

co n

fin a s

n o d a rle s

y

que

ta m a ñ o

en

n a tu r a l—

e ste

lie n z o

e n c u e n tra n

de

g ra n d e s

un

e q u ili­

P arís d o n d e se in s ta la p a ra e s tu d ia r in g e ­

p o te n c ia de e x p re s ió n n a tu r a lis ta q u e , p o r

b r io que c o lo c a n a este r e tra to e n tre las

n ie ría

o tr a

o b ra s

en

la

escu ela

e x tra ñ a m e n te
n o ta

b io g rá fic a

p u b lic a

en

C e n tra l,

no f ig u r a

una

h e ch o qu e

re g is tra d o

qu e J o rg e

en la

R om e ro B re st

m o n o g ra fía

sob re

este

p a rte ,

in m a n e n te

a p a re c e
en

la

tr a je de M a n u e lita
ne

su

co n

im a g e n

to d a
del

fu e rz a

Rosas. A q u í se im p o ­

te m p e ra m e n to

de

de

e m p a s ta

b ie n

a

u n a m a te ria densa y h o m o g é n e a en p le n o

con

de

n u e s tra

v a lo re s e s té tic o s , d e l M u s e o
M useo

S egu ro

m a e s tra s

p in tu r a ,

y

q u e co n to d a ju s tic ia h a p a sa d o , p o r sus

c o lo ris ta .

p in to r, a p e s a r de la im p o rta n c ia q u e t ie ­

14

m is m o

g ra n

ne p a ra

e x p lic a r la in d u d a b le in flu e n c ia

sí

su

e s p lé n d id o

la

N a c io n a l de
a c c ió n

P ag a n o .

H is tó ric o

B e lla s A rte s

v in d ic a d o r a

de

E N R IQ U E N A G E L .

al

g ra c ia s

José

León

�A

S

O

C I A C I O

N

A M I G O S

BALANCE

O B R AS DE M IG U E L O C A M P O

DE

DEL

V E R

S U P E R R E A LIS M O

Y

E S T I M A R

(A c o ta c io n e s a u n d e b a te )

El ju e v e s 7 de ju lio se re a liz ó el d e b a te

no sabem os p o rq u é ; q u iz á la s a c r ific io en

se lecció n de sus ob ras M IG U E L O C A M P O .

sobre

en

a ra s de su c o n c e p c ió n d e m a s ia d o ra c io n a l

L u e g o de s e ñ a la r s o m e ra m e n te

p in tu r a y su a p o rte a la c o n fig u ra c ió n de

d e l S u p e rre a lis m o . Se d is c u tió la rg a y a n i­

un n u e v o e s tilo . A c tu a r o n

m a d a m e n te sobre los tó p ic o s e n u n cia d o s.

El

p r im e r

fic a c ió n

ju e v e s

de

las

de

ju n io

exp uso

cre a c io n e s

una

la s ig n i­

a b s tra c ta s

y

co n c re ta s , a p ro v e c h é la p re s e n c ia del a r ­
tis ta p a ra a c la ra r e l s e n tid o de los dos " a
p r io r i " m a n e ja d o s p o r la c rític a de a rte en
su

em peño

por

c o m p re n d e r

las

nu evas

o b ra s : la c o n c e p c ió n de l e s p a c ia y el a p o ­
y o d e l e le m e n to m a te m á tic o . E n ta b la d a la
c o n v e rs a c ió n p u d o de sprenderse e l s e n tid o
re la tiv o

qu e

am bos

e n fo q u e s

tie n e n

en

la o b ra de O c a m p o . R e firié n d o s e a e lla ,
e x p lic ó el a r tis ta có m o im a g in a u n a f o r ­
m a,

có m o

p a rte

de

un

e le m e n to ,

po r

e je m p lo un tr iá n g u lo , p a ra la n z a rs e a la
b ú s q u e d a de

las re la c io n e s con el p la n o

to ta l. A lu d ió a las in fin ita s p o s ib ilid a d e s
q u e d e riv a n
se c o lo c a ,

del

de

f ija , p a ra

lu g a r d o n d e esa

la

p o s ic ió n

en

fo rm a

que

se

la

lle g a r a l v e rd a d e ro s e n tid o de

la c re a c ió n com o h e c h o n o p re v is to , sino
s u je to
m is m o

a

las m o d ific a c io n e s que

im p o n e

fo r m a to ta l.

en

su

m a rc h a

el

a c to

h a c ia

la

D e sta ca d o el f in de la o b ra

p lá s tic a c o m o o b je tiv a c ió n de u n a u n id a d ,
fu é

a b o rd a d o

el

s ig n ific a d o

del

a p o yo

m a te m á tic o en e l ju e g o de to d a s las re­
la c io n e s . P udo c o n c lu irs e que p a ra O c a m ­
po ese a p o y o
p re v io ,
fo r m a

no

e s trib a

in d e p e n d ie n te
m is m a ;

el

en

y

un

c á lc u lo

a n te rio r

c á lc u lo

a

la

— p ro p o rc ió n

c re a d a p o r el p ro p io a r tis ta —

es la g u ía

q u e o rd e n a las fo rm a s c la r ific a n d o e l su ­
p re m o f in :

la u n id a d . De este m o d o , en

u n a c o n v e rs a c ió n en a p a rie n c ia in tra s c e n ­
d e n te se s o s la y a ro n te m a s fe c u n d o s p a ra
una
no
de

m e d ita c ió n
puede

p o s te rio r.

o lv id a r

las o b ra s de

qu e

a rtis ta s

A s í,
la

la c rític a

a p re c ia c ió n

com o

O cam po,

n o de be s u rg ir s im p le m e n te d e l e n c u e n tro
d e c a lid a d e s en la m a te ria p ic tó ric a y de
la e v id e n c ia de la s e n s ib ilid a d d e splega da
en

el

e m p le e

de

los colores,

co m o

ta n

fre c u e n te m e n te o c u rre . Estos son los fa c ­
to re s q u e c o a d y u v a n en la o b te n c ió n del
f in

p r im o r d ia l:

la

fo r m a

s e n tid a

com o

to ta lid a d .
BLAN CA

S T A B ILE .

los a lca n ce s d e l

co m o c rític o ,

B a tlle

C e n tro

de

re v is ta

Ver y

E s tu d io s " en T u c u m á n

1539.

R om e ro B rest,

P lanas, co m o p in to r

N o se lle g ó , p o r c ie rto , a u n a c u e rd o t o ­

s u p e rre a lis ta , y G a tte g n o , co m o te s tig o del

ta l.

d e s a rro llo de l m o v im ie n to desde su in ic ia ­

— las d is c re p a n c ia s p ro v in ie ro n m ás b ie n

c ió n en P arís. T e rc ió a s im is m o en el d e ­

de los e je m p lo s , de ju ic io s disp a re s sobre

b a te , desde el p ú b lic o , G u ille rm o de T o rre ,

el v a lo r o la m a y o r o m e n o r o rto d o x ia de

q u ie n ,

co m o

h is to ria d o r

de

d ic h o

m o v i­

M as

tod os

c o in c id ie ro n

a lg u n o s p in to re s —

g e n e ra l

en q u e los dos g ra n d e s

apoyos del S u p e rre a lis m o e ra n los sueños

h a c e rlo .

y el a u to m a tis m o .

P la n te ó R om e ro B rest los lin e a m ie n to s de
la d is c u s ió n , y

B a tlle

P lanas e xp u so los

p rin c ip io s q u e a n im a b a n a l S u p e rre a lis m o
y,

c o n s e c u e n te m e n te ,

su

a p o rte

al

a rte

c o n te m p o rá n e o :

c o lo c a r en

las fu e rz a s d e l

in c o n s c ie n te co m o d e te r­

m in a n te s

de

la

c re a c ió n

p rim e r p la n o
a r tís tic a .

A h o ra
c ió n

fu e rz a s del in c o n s c ie n te son los in s tin to s

m ás a m p lia lib e ra c ió n de la fa n ta s ía ? Por

q u e e n riq u e c e d ic h o esquem a. L u e g o G a t­
te g n o h iz o u n a e x p o s ic ió n b a sa d a m á s en
el a sp e cto lite r a r io q u e en las e x p e rie n c ia s
p lá s tic a s y, e n tre o tra s cosas, a fir m ó qu e
A n d ré B re tó n era e l ú n ic o a u té n tic o p o e ta
con

a fir m a c ió n

p o r R om e ro

B rest
o b ra

de

la tesis s o ste n id a

c o n tra s tó

de q u e h a y S u p e rre a lis m o en to d a
a r te

a u té n tic a ,

que

in c lu s o

podem os

h a b la r de l S u p e rre a lis m o de G oya y d e V e lá z q u e z ,
B a tlle

con

lo

P lanas.

que

e stu vo

T a m b ié n

de

a c u e rd o

c rític o

y

estas dos

I o ¿cóm o re c h a z a r la f a n t a ­

c ie rto q u e h a y en e lla u n c a u d a lo s o a p o r­

lo se g u n d o es u n p lu s

Esta

in te r p r e ta ­

¿no im p lic a n los sueños, p re c is a m e n te , la

Lo p rim e ro está d e n tro del es­

s u p e rre a lis ta .

la

P lanas, s u rg e n

tá s tic a im a g in a c ió n c re a d o ra d e l h o m b re ? ;

m a d a e n e rg ía , q u e p a rece ser ra íz de to d o
q u e m a fre u d ia n o ;

si a c e p ta m o s

B a tlle

sía? ; ¿no se re ve la en los sueños esa f a n ­

y esa p o te n c ia a u n n o b ie n c o n o c id a lla ­
lo a n ím ic o .

b ie n ;

de

o b je c io n e s :

Esas

p in to r

te d e l in c o n s c ie n te . 2 o Si el S u p e rre a lis m o
es la c o n c ie n c ia d e l in c o n s c ie n te , ¿qué v a ­
lo r tie n e el a u to m a tis m o ? A u n a p re g u n ta
q u e le h ic im o s , B a tlle P la n a s lo r e fir ió a
esa m is te rio s a fu e rz a e n e rg é tic a , ra íz de
to d a
esa

e x p re s iv id a d .
e x p re s iv id a d

Pero ¿puede e n to n ce s
e n e rg é tic a

c la s ific a rs e

co m o a rte ? R ecordem os q u e el a r te S u p e r­
re a lis ta no se ha s u m e rg id o en lo in c o n s ­
c ie n te , sin o q u e s im p le m e n te ha a d q u irid o
c o n c ie n c ia de él.

S iendo así, el a u to m a ­

tis m o no p u e d e p a s a r de u n a s im p le e x p e ­
rie n c ia , d e u n ensayo p a ra m e d ir los a l­
cances de

la

e x p re s iv id a d .

Pero su p ro ­

d u c to no a lc a n z a rá el v a lo r de u n a o b ra
de a rte .

c o in c id ie ro n en q u e el v e rd a d e ro a rte no
puede p re s c in d ir de la c o n c ie n c ia . El S u­
p e rre a lis m o no p re te n d e s u s titu ir lo con s­
c ie n te con

lo in c o n s c ie n te , a fir m ó

P lanas. P re c is a m e n te — a c la ró —
a p o rte fu e

su g ra n

h a c e r a d q u ir ir a l a r tis ta c o n ­

c ie n c ia de esas fu e rz a s de l
S ería,

B a tlle

pues,

el

de posesión d e l

in c o n s c ie n te .

S u p e rre a lis m o ,
in c o n s c ie n te

la

fo rm a

p o r la c o n ­

Q uedan

estos p la n te o s

en p ie

p a ra

o tra

d iscu sió n fu t u r a , con un te m a rio m ás p r e ­
ciso,

co m o

q u e ría

G u ille rm o

de

T o rre .

C ree m os — c o n tra la o p in ió n de A ld o Pelle g r in i, q u e se excu só a le g a n d o la in o p e ra n c ia de estos d e b a te s—

q u e esta d is c u ­

sión ha sid o fe c u n d a en p la n te a m ie n to s .
La sesión se p ro lo n g ó en los c o rrillo s , lo

c ie n c ia .

q u e in d ic a qu e q u e d a ro n

Se h a b ló de la ra íz ro m á n tic a d e l S u p e r­

p o r a c la ra r. S ería, pues, in te re s a n te re a ­

re a lis m o , de la

n u d a r la p o lé m ic a . Y q u e el p ró x im o d e ­

lib e ra c ió n de la fa n ta s ía

m u ch o s p u n to s

q u e im p lic a b a , de l a u to m a tis m o y de los

b a te se h a g a con ta q u íg r a fo ,

sueños. B a tlle P lanas re ch a zó la fa n ta s ía .

lit a r la ta re a del c ro n is ta . A . E. R O L A N D

Pero

ta m b ié n

o r g a n iz a

acto s

los

con

el

e stu d io s
o b je to

a rtís tic o s
de

el ju ic io

y

(a b o n a n

y 3 0 pesos p o r m es); no re s id e n te s , los que v iv e n fu e ra de B uen os
15 pesos p o r m es). La s e c re ta ría fu n c io n a en T u c u m á n

c rític o .

Las

de los

pe rsona s qu e

5 .0 0 0 pesos en u n a sola c u o ta o 5 0 0

A ire s

o

1 5 3 9 , d o n d e se d a n

lo c a l de la A s o c ia c ió n , F lo rid a 6 5 9 , 1er. piso, los ju e ve s de 18

f a c i­

e sté tico s, m a n te n ie n d o

in fo rm a r ace rca

p o r la re v is ta y p o r estos a c to s p u eden ser a so cia d a s si lo s o lic ita n . E xisten las s ig u ie n te s c a te g o ría s de aso cia dos:
pesos de in g re s o y 2 0 pesos m e n s u a le s ); p ro te c to re s

p a ra

el p ro p ó s ito de " a p o y a r p o r tod os los m e d io s po sib les el d e s a rro llo

E s tim a r, así co m o de " fo m e n t a r

a rtís tic o s de n u e s tro tie m p o o de p ro v o c a r la c o n tro v e rs ia de ¡d e a s o de a fin a r
nan 2 0 0

en

m ie n to , c u e n ta con títu lo s sob rado s p a ra

L a A s o c ia c ió n A m ig o s de V e r y E s tim a r se cre ó en 1 9 5 4 con
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Ver y Estimar : revista de crítica artística</text>
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                <text>Serie 2. No. 9</text>
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                <text>Título anterior: Ver y Estimar : cuadernos de crítica artística</text>
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                <text>Buenos Aires, agosto 1955</text>
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              <elementText elementTextId="2010">
                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Poggi, Elena&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Nagel, Enrique&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Tenconi, Elsa&#13;
Silva, Carlos&#13;
Loza Colomer, Azucena&#13;
Ambrosini, Silvia&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Paz, Samuel</text>
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                    <text>revisto mensual de crítica artística serie 2 No. 8

�ivb n

Serpa,

partir

de

de

p a ís.

su

bronce
y

el

le

el

o torgó

rio ridad
m ente

la

A rfe

Pedrosa,
esta

E S T IM A R
de

II
de

Río

p ara

al

M od ern o

de

p e rio d ista

obra

Director Gerente: Jorge Romero Brest

crítico

su
del

en

Con

Frente"
de

un

b ra si­
dirige

el

Museo

B ra sil.
arte

de

ante­

A c tu a l­
y

por

el

p in tu ra

M useo

d ele g ació n

de

en

Pa b lo

jo ven

V e n e cia.

e s p e cia l

ju icio

San

M ario

b ras ile ñ a ,

p ara

VER

a n á lisis

Y

com ­

a rtista .

PED RO SA

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B L A N C A PA STO R

C , 18 litografías de artistas argentinos

10

B L A N C A S T A B IL E

Norah Borges

10

León Gischia

10

Manuel Mampaso

11

Michelle Marx y Rosario Moreno. Tapices polacos

11

B L A N C A S T A B IL E , K O S IC E , T O M A S M A L D O N A D O Diálogo con nuestros lectores

12

Camino de la observación. Dos naturalezas muertas de
Antonio Vollon

14

O

R A Q U E L E D ELM A N
F. POGGI

JO R G E RO M ERO B R EST

N ELLY

Administración y r e d a c c i ó n ; Tucurnán
1539, Buenos Aires, Argentina. 35-9243

A S O C IA C IO N A M IG O S DE V E R Y E S T IM A R

2

2

8

Registro nacional de lo propiedad intelec­
tual número 470.771.

Junio 1955

Iván Serpa

pintores, 2 escultores

O S V A L D O L O P EZ C H U H U R R A

ELEN A

editorial, actos, cursos.

la
de

de

A rtes

Federal

Janeiro .

la c a p i t a l
y

M A R IO

V er y Estim ar S .R .L ., cap. S 10.000

de

M ed a lla

de

a

p in tu ra

B e lla s

p rem io

in stitu id o

co la b o ra ció n
funda

"La
e|

"G rupo

S u m a r i o

Editada por

a

Bienal

Ver y Estimar

Suscripción anual: 12 números, $ 33;
Exterior, $ 45; número suelto $ 3.

Bienal

in teg rado

n iñ o s

la
de

D istrito

I

Bienal

revista m ensual de c rític a
a rtística
Comité de redacción: Silvia Ambrosini,
Raquel Edelman, Carlos Silva, Enrique
hagel, Alfredo E. Roland
Secretaria de redacción: Blanca Stabile
Diagramación: Samuel Ollver.

del

d istinción
la

X X V II

la

obtuvo

N a cio n a l

La

pertenece

de

año

Prefecto

y

la

curso

p leto

la

ese

h ab ía

a

el

en

destaca

de

S a ló n

M oderno

leña

se

panoram a

el

M u n icip a l.

N a c io n a l"
A rte

b rasile ñ o

en

En

en

P re m io

S a ló n

p in to r

1949

A primera vista, Iván Serpa se caracteriza
por la paciencia, la delicadeza y la buena
terminación de todo lo que hace. Tales
cualidades son las de un buen artesano.
V artesano es por encima de todo.
Sus experiencias pictóricas son largas y
múltiples. Se inició, como la mayoría
de las pintores, con la pintura figurativa,
por el camino de la Escuela de París.
Pintura siempre bien hecha y casi siem­
pre con gusto impecable. Va en el co­
mienzo tuvo varios éxitos, los cuales si
bien demostraban por una parte sus
calidades, por otra no indicaban todavía
que el joven pintor se hubiese empeñado
en una tendencia definitiva, por un
camino irrevocable, de más difícil acepta­
ción rápida. Los pintores auténticos, en
efecto, sólo se revelan en la hora de las
decisiones irrevocables, cuando se juega
el destino de los mismos.
Iván Serpa es uno de esos pintores, ya
que nadie en Brasil está más comprome­
tido con las pesquisas de forma, color y

PERAZZO

15

Tapa: P IC A S SO : dibujo para LA GUERRA Y LA PAZ

�I V A N

S E R P A ,

P I N T O R

BRA

S f T T T 'Ñ

c a ra c te riz a n

in flu e n c ia que puede e je rc e r una p in tu ra

Ese

de

tra n sic ió n

a l m o vim ien to a b stra c c io n ista en g e n e ral.

f in a , p u ra , p recisa y d e lic a d a , hecha de

p a ra una p in tu ra m ás m a d u ra .

En él los

Sus co m ienzo s

juegos su tile s de p lan os y de ritm os lin e a ­

problem as de las espacios n e g a tiv o s, fo r ­

les en el espacio b id im e n sio n a l.

espacio

que

re a liz a
en

y

que

esa

n ueva

ten d e n cia

cu ad ro

es

una

obra

O

Aunque

m ulad o s con un control y a m ucho m enos

a rte san o se a firm ó en una se rie de obras

f a lta ,

b rasile ñ o

su b je tivo , com o el de los sim p les efecto s

en m a d e ra , con tin ta s in d u stria le s — es­

to d avía la m ad u rez é tic a , la d ensid ad , la

óptim os de los cuad ro s p reced en te s, c o ­

m a lte ,

tra sce n d e n cia e s p iritu a l a lc a n z a d a por la

m ie n za n

e je c u c ió n , el a rtis ta tard ó en e n co n tra rse.

gran de a rtis ta su iz a .

c o n siste n cia in tern a a la e s tru c tu ra de los

Serp a no soporta el c lim a de im p recisión

Serpa in te n tó , con lín e a s y p lan o s, a lc a n ­

p lan o s y lín e a s.

ni la té cn ica desleíd a que se d is fra z a de

z a r la c o h e re n c ia , la necesidad rítm ic a de

rig o r

im p a c ie n c ia te m p era m en tal o responde a

los concretos su izo s, trasp lan tán d o lo s d e­

puede v e r en un cu ad ro de fondo e sp a ­

ím p etu s

m asiad o

como

c ia l b la n co , a n im a d o por u n a relació n de

sucesión

segm entos de c írc u lo s cro m ático s que se

fuero n

in cierto s y

duco o

de

penosos.

rip o lín — ,

Si

de

tem p eram en to

el buen

prim orosa

ro m á n tico ,

por eso buscó an sio sam en te

una

y

norm a

n a tu ra lm e n te ,

al

p into r

lite ra lm e n te

v a ria c io n e s

y

a

la

te la

a lte rn a c io n e s

de

en

a

v iv ir

el

y

a

dar

co h e re n c ia ,

A h o ra y a se nota m ayo r

orden e s tru c tu ra l,

com o

se

que le p e rm itie ra o rie n ta rse en sus p es­

rítm ic a en p a u ta m u sic a l.

q u isa s on

re a liz a c ió n correspond ía a la intención
y lo que so b re vivía no era un contenido

m iento c e n trífu g o .
P a ra le la m e n te a su s búsquedas con té c ­

p lástico dado por los elem entos com po­
nentes sino por el gusto, el buen gusto,

n ic a s

la

óleo, Serp a h izo un de scu b rim ie n to se n sa ­

ol

m undo

s in

desde

o b je to s ,

que abando nó la d iscip lin a de lo fig u r a ­
L a escu ela c o n c r e t is t a de los cons-

t iv o .

tru c tiv is fa s su izo s, que conoció com o g ru ­
po en

la p rim e ra

(O ctubre-n o viem b re
luego.
de

de

de

San

1 9 5 1 ),

Pablo

lo sedujo

E l a rte de u n a So fía T a u e b e r-A rp ,

un R ich a rd

re v e la c ió n .
A rp

B ie n a l

e je rció

Dibujo, 1947.

La

Lo h se,

fu é

gloriosa

sobre

su

p a ra

él

co m p añ era
e sp íritu

a fín

una
de
la

fin u ra

que

de

a p ro xim a c io n e s

d e scu ella

el

pertenece

un

tado

rip o lín ,

con

No siem pre la

a rtis ta .

cu ad ro

nuevas

e sca p a r

esa

serie

c io n a l,

m ad era

p in ­

collage.

a

un eje

de

la s

cre an d o

com ún

p in tu ra ,

b la n d u ra s
un

en

m o vi­

tendiendo
fe m e n in a s

género

inéd ito

a
del
de

que

Desde el exp re sio n ism o y el cub ism o , los
p in to res m odernos se vien e n preocupando

en

c a d a v e z m ás del problem a fu n d a m e n ta l

segunda

fondo negro,

de

obtuvo uno de los prem ios p a ra jóvenes
la

de

en

ó p tica s en

A

desprenden

B ie n a l

de

San

Pablo.

Cofloge, 1954.

3

�Forma en evolución, 1952.

del

color.

El

color como

pig m en to,

el

búsqueda

color q u ím ico , m a te ria l, ya no sa tis fa c e a

nuevos

quienes quieren o btener del

de

v o c a b u la rio

verd a d e ra m e n te

m a te ria le s ,

n u e va s

de

fu e n te s

fre n é tic a

n u e va s

de

de

te x tu ra s ,

ilu m in a c ió n ,

e tc.

té c n ic a s

del

rip o lín ,

del

duco

y

otras

tin ta s in d u stria le s a n te s de lleg ar al pro­
ceso a c tu a l de sus collages.

Una curio­

cro m ático a c tu a l, to d av ía en p a rte in e x ­

¿Qué

se

dijo- m uy

sid ad de a rte sa n o lo llevó a in ten ta r un

plorado,

b ie n :

" E v id e n c ia una v ita l n ecesid ad de

d ía u n a e x p e rie n c ia ín teg ram en te extraña

Ya

en

todas

sus

m a g n ífic a s

1 9 1 2 , su rg ía en

virtu d e s.

In g la te rra

y en

un

p rete n d ía ?

m edio

W rig h t

m ás ap to

p a ra

e xp re sa r

los

a la tra d ic ió n .

los Estados Unidos una escu ela de p in tu ra

de scub rim ie nto s en el nuevo a rte del color

que h izo

que p ro clam ab a

y dem uestra de modo co n clu ye n te que el

papeles

a rtis ta

n u e va

la

m uerte

de

la

v ie ja

p in tu ra , la que debería ser su stitu id a por
un a rte

nuevo e xc lu siv o

de

Uno

los

técn ico s

de

fu n d ad o res

los colores.
de

la

m oderno su ple

in s tin tiv a m e n te

la

de

Fu é así com o, del estudio
una m á q u in a

v ie jo s ,

su rg ió

especie

de

la

de restaurar
idea

collage.

de

una

Después de

in s u fic ie n c ia de la te la y los p ig m e n to s."

una e xp e rie n c ia p a cie n te de ocho meses,

Y

Serp a

con

M o h o ly -N a g y ,

Boccioni

y

ta n to s

llegó a

los resu ltad os que acaba

n ueva e scu e la , W . H . W rig h t. re cla m a b a

otros a rtis ta s , el a u to r m encionad o v e ía

de exp o n er.

en

como necesid ad in e v ita b le la de a b an d o ­

Su m an e ra de o b ra r es sim p le:

n a r el co lo r com o pig m en to, y b u sca r lo

pone fo rm a s re co rta d a s de papel de seda

que

co loreado,

tía n

1923
en

m a te r ia l" .
mo

co ntra
lo

los que

que

él

to d avía

llam ó

p e rsis­

" f ija c ió n

de

En tre ta n to , y a desde el c u b is­

e xp e rie n c ia s

incesante s

con

nuevos

llam ó

"e l

color

en

su

fo rm a

m ás

fin o ,

tra n sp a re n te

él super­
u

opaco

p u ra , m ás in ten sa y con v a ria c io n e s deter-

(después

m a te ria le s se re a liza ro n en todas p a rte s.

m in a b le s:

ejem p lo , pueden ser em plead os p ara hacer

Una

Iv á n

prodigiosa

viero n

de

co lecció n

objeto

de

de

cosas

e xp e rie n c ia

c u b ista s y d a d a ísta s de la ép oca:

a

s ir ­
los

peda­

la lu z ."

Serpa

sin tió

de

del

color

in s u fic ie n c ia s
m e zc la

y

se

extie n d e

a lg ú n

m odo

q u ím ico
a

p in cel

que

las
se

sobre

collage);

losa y

todo

las

una

te la ,

un

p e rm e a b iliz a

lo som ete

hilo,

por

con celu­

después a com­

presión.

zos de v id rio y de popel de d ia rio , c a rtó n ,

una te la .

papel de e m p a p e la r, estopa, pedazos de

an te los e n can to s de la

m ad era, de m e ta l, cord ones, a re n a , todo

y ra ra v e z llegó a u sa r un tono puro de

a r tis ta .

fue

m ayo r

d ie z h o jas de papel coloreado y las trans-

4

ap ro ve ch ad o .

H ubo

entonces

una

El siem pre se sin tió in tim id a d o

el

h a sta

v ib ra c ió n .

Por

p in tu ra
eso

a l óleo

em pleó

las

L a elab o ra ció n del collage exig e un tra­
b a jo p a cie n te y

cu idad oso de parte del

Un collage puede contener hasta

�p a re n cia s se suceden con u n a riq u e z a de

el

te x tu ra , de p lan o s y p ro fu n d id a d e s in c a l­

p u re z a ,

c u la b le .

o b tien e en la p in tu ra a l óleo.

a rtis ta

D espués de m u ch o s ta n te o s,

co b ra

que

ra ra

una

vez

se

A l d e sm a ­

sólo u n a té c n ic a d e p u ra d a , sino u n a pre­
c isió n

en

los d e ta lle s

que

no

se

h a b ía

a lc a n z a d o con n in g ú n otro m a te r ia l.

Los

recorte de fo rm a s en toda c la se de p a p e­

p e rm ite la s tra n s u s ta n c ia c io n e s m á s s u t i­

tie n e n c a r a c t e r e s de a p a rie n c ia e s p a c ia l;

tra n s p a re n c ia s

les de m a te r ia ,

c ie rto s

c ia le s .

te x tu ra s

m ás d iv e rs a s,

en

y

base a

tra b a jo

co lo r

co lo re s

la s

m in u cio so

el

d e n sid a d ,

te r ia liz a r s e , a lc a n z a u n a lu m in o sid a d que

con

un

co llage

una

de

les,

h ace

el

n u e vo

co lo re s

han

sido

re a lm e n te

del tono p u ro ,

lib e ra d o s

y

te x tu ra s y

p la n o s e s p a ­

p a sa n

Fu n d id o s re a lm e n te

los co lo re s y

c ió n , a los degradés m ás e x q u isito s, sea

de ó p tim a s a t u r a ­

p rim a rio s que se le cc io n a a n te s de r e a liz a r

no a p e n a s su p erp u e sto s o m e zc la d o s , com o

co n se rv a n d o

la o bra.

en la p in tu ra a l ó leo , tie n e n p o sib ilid a d e s

f ic a de la s u p e rfic ie de los co lo re s-o b jeto s,

de

se a

L a su p e rp o sició n de c a p a s co lo ­

read as en
acuerdo

las m á s v a r ia d a s

con

la

fo rm a s ,

co m p o sició n

de

b u sc a d a ,

exig e e s fu e rz o , c á lc u lo y a g u d e z a .

D e s­

e xp re sió n

im p re v is ta s :

un

rojo

sobre

la c a lid a d

a c re c e n tá n d o lo s

re siste n te e s p e c í­

con

tr a n s p a re n c ia s ,

un rojo pro d u ce tonos m a rro n e s o tie rra

llen o s con a q u e lla s re so n a n c ia s que tie n e n

sie n a m u y su g e stiv o s;

(d e slig ad o s

un a m a r illo sobre

de

c u a lq u ie r

id e a

de s u p e r­

pués de h a b e rlo a rre g la d o todo y te rm i­

un a z u l, pro d u ce p a ra d o ja lm e n te un a z u l

fic ie

n ad a la co m p o sició n a gusto del a r t is t a ,

c a si

tr a le s .

de acu erd o con la s v a ria c io n e s de tonos,

T a m b ié n en la fu sió n del co llage el neg ro

te x tu ra , p la n o s y tra n s p a re n c ia que b u s­

y el rosa p ueden p ro d u cir e x t r a ñ a s to n a ­

ció n m u y v a s ta y c o n c re ta del co lo r p u ra ­

ca,

y

lid ad e s d e sviá n d o se h a c ia el g ris a z u la d o .

m e n te

recién cu a n d o lo r e a liz a por se g u n d a v e z

T a l proceso de collage p e rm ite u n a p re ­

tie m p o e n riq u e c e n u e stra e x p e rie n c ia e s ­

lo lle v a a la m á q u in a de c o m p re sió n , p a ra

c isió n

té tic a

que m a d u re b ie n .

la s tra n s p a re n c ia s o b te n id a s por la fu sió n

n u e stra é p o ca : los co lo re s se d e sp ren d en

ciendo la c o m b in a c ió n p rim e ra de m e m o ­

son

del objeto a l que h a n estad o u n id o s d e s­

ria y sin m o delo , a f ir m a

m ano por el a r t is t a . En el proceso c u b is ta ,

de

el p ro b le m a de p e g a r m a te ria le s , p a p eles

por soporte a p la n o s g e o m é trico s re g u la ­

S e rp a

d e sh a ce

el

tra b a jo

h ech o ,

De e sta m a n e ra , re h a ­
que se o b tien e

una s im p lific a c ió n m á s in te lig e n te de
co m p o sició n
m a ció n ,

y

p rim e ra ,
se

d e ja

hecha
m ayor

por a p r o x i­
m arg e n

pequeños m o v im ie n to s que pu ed en
h a sta se r de un m ilím e tro .
un segun do a rre g lo
uno

c a lc u la d o ,

la

p a ra
lle g a r

D e ta l m odo,

e m p íric o desp u és de

p e rm ite

r e a liz a r

c ie rto s

de

p ru s ia

que

no

con

se

te n d e n c ia

co n sig u ió

a b so lu ta m e n te

c o n tro la d a s de

su

fílm ic o s

d e sc u b rim ie n to ,

e sp e c ­

el

jo v e n

a r tis ta b ra s ile ñ o p ro p o rcio n a u n a p e rc e p ­
fís ic o ,
m e rce d

tie m p o

del
a

c o lo r-lu z ,

y

al

un fe n ó m e n o

in m e m o ria l,

m ism o

típ ic o

te n ie n d o

de

apenas

res o irre g u la re s , tra n s p a re n te s u o p a co s,
sin

sión y de c a s u a lid a d ;

en el proceso de

v isió n del c o m p o rta m ie n to de los co lo re s

la

m en o r s ig n ific a c ió n

o b je t iv a .

E sa

e x tre m a d a m e n te

en un esp acio p u ra m e n te im a g in a rio a b re

s im p lific a d o p o rq u e se red u ce a l m ín im o

a l e sp e c ta d o r u n a n u e v a d im e n sió n de la

la o p e ra c ió n de p e g a r y todo se re su e lve

re a lid a d ,

S e rp a

el

p ro b lem a

es

S e rp a

En

a n te ­

Con

co lo re s

d ife re n te s su p e rp u e sto s, e ra m u y d e lic a d o

se n sib le o in t u itiv a

h o ra .

pues

los

y d e ja b a sie m p re un m arg e n de im p re c i­

en u n a fu sió n de m a te ria le s .

ú ltim a

g ris.

a n te s ,

reto q ues debido s a u n a p a rtic ip a c ió n m ás
de

al

p la n a )

ha

lo g rad o

con

su

in ve n ció n

se creto de todo a rte a u té n tic o .
M A R IO

no

PED RO SA

T r a d . del p o rtu g u é s por J . R . B.

R itm os resu ltan tes sobre
fondo negro, 1953.

5

�A rrib a iz q .: Form as, dibujo! 1951.
A rrib a d e re ch a : C onstrucción con dos circuitos, 1954.
A b a jo iz q .: Construcción, 1954.
A b a jo d e re ch a : C onstrucción dentro del círcu lo , 1954.

6

�ESTETICA

El hecho de que los pensadores m odernos

E

HISTORIA

se av e n tu re n cad a v e z m enos a ab o rd ar
el problem a de la e sté tica sin un previo
rodeo

por

q u iz á ,

lo que pone m ás en e vid e n c ia

el

cam po
la

de

la

e sté tica

h isto ria
com o

es,
la

in m ad u re z

de

c ie n c ia

au tó n o m a.

Y a en nuestros d ía s, una teo­

ría esté tica no puede sino fu n d a rse sobre
sintesis y sobre la crítica del pensam iento
estético a n te rio r.
Sín te sis y
fo rm a

c rític a s

co n stan te ,

se

h an

m as

las

de la e sté tica a u n
b lecerse .

en

bases p ropias

no h an podido e s ta ­

C a si n in g u n a de las v ie ja s posi­

cio nes — u n id ad
lism o ,

re a liza d o

en

se n su a lism o ,

e n d o p a tía , e tc .—

la v a rie d a d ,

fo rm a ­

m a te ria lism o ,

juego,

ha sido d e se ch ad a, al

m enos en su to ta lid a d .

De modo que el

es sólo e x p o s itiv a , y la se g u n d a, c rít ic a .

exp re sió n de G eig er— - sino con un c rite rio

L a le c tu ra de la p rim e ra resu lta un ta n to

se le ctivo y

á rid a por

la a u s e n c ia ,

m en ta las dos seccio nes b á sic a s — " H i s ­

critica

de

y

e n la ce s

p re c isa m e n te , de
c o m p a ra tivo s.

La

segun da en c a m b io , escu e tam e n te c r ít ic a ,
p arece d e sp ia d ad am e n te d e stru c tiv a .

" C r ít ic a

El a u to r co m p le ­

y c o n s tru c tiv o " —

con

tres ca p ítu lo s dedicados a " L a s a rte s m e­
n o re s ",

a

"La

e sté tica

g e n é tic a "

y

a

la sim p le

" A lg u n a s c a te g o ría s e s té tic a s " (lo su b lim e ,

u o rd en am ie n to nos o rie n ta ,

lo trá g ico , lo có m ico , lo b ello y lo fe o ).

e llo es sólo a p a re n te .
c la s ific a c ió n

Pero

to r ia " y

je rá rq u ic o .

No y a

sino que la p re fe re n c ia

en el d e sarro llo

Esto le da ocasión p a ra e xp lo yo rse , libre

pensador m oderno se lim ita , c a si e x c lu s i­

de c ie rto s ca p ítu lo s — como el d e dicado a

de

v a m e n te , a ad o p ta r una o v a r ia s de las

la " E in f ü h lu n g " o e n d o p atía—

denota la

Pero

co rrie n te s co n o cid as y a in tro d u c ir luego

posición

d ich o ,

in te ré s a l lib ro — fu n d a m e n ta lm e n te do­

en e lla s las v a ria n te s que ju zg u e c o n ve ­

te n d e n cia .

n ie n te s.

a b ie rta m e n te :

C on

e llo ,

la

h isto ria

de

co lo ca en p rim e r p lan o .

la

e sté tica

se

de

la

del

au to r

o,

m ejo r

su

En a lg u n a p a rte se p ro n u n cia
"S i

a c e p ta c ió n

el
de

verd a d ero
una

nom bre

p lu ra lid a d

de

las

a ta d u ra s de

esos

c u m e n ta l—

ni

tie n e una p ro yecció n m ayo r que la reco­

todos los que no b u scan sino la verd a d en

fo rm a , L isto w e l d ic e :

d ato s,

sín te sis

el

p e n sa ­

hacer

la

c rític a

de

la

"La

te o ría

de

la

v ie ja fó rm u la

la e sfe ra de la e sté tica deben co n fesa rse

de la u n id a d dentro de

se

e clé ctico s im p e n ite n te s". Y m ás a d e la n te :

d ifíc ilm e n te podrá ser p e rfe c c io n a d a como

el m étodo adoptado

y c la s ific a c ió n .

lim ite a esa fa e n a ,

p a rtic u la re s ,

m ayo r

del p ro b lem a.
Al

de

h istó rico .

añ a d e n

co m p le m e n tan

p rin c ip io s es el de e c le c tic ism o , ento nces

fic h a je

c rít ic a

no

m iento del a u to r sobre el en fo q u e to tal

Pero esa h isto ria

p ila ció n

la

c a p ítu lo s

Pu es au n q u e

la m u ltip lic id a d

" . . .p re fe rim o s d e fin ir el a rte com o esos

d e scrip ció n de la e sp e c ia l e s tru c tu ra que

y a im p lic a , en c ie rto m odo, una tom a de

productos m a te ria le s

todo objeto debe poseer si desea s a tis fa ­

p o sició n.

o rd e n a ­

m ano y el cerebro del hom bre que su sc i­

c e r el c rite rio de la b e lle za f o r m a l" .

m iento cronológico — que puede escogerse

tan d e leite en la c o n te m p la ció n , en ra zó n ,

c o n tin ú a

c a re ­

y a de su e stru c tu ra fo rm a l com o de su

alred e d o r del asp ecto fo rm a l de la obra

co n stan te

contenido e s p iritu a l, o de la co m b in ació n

de a rte y del goce estético q u e, " p r o v e ­

a ideas ¡g u a les o p a re c id a s e xp u e sta s con

de a m b o s ".

n ie n te de la sim p le fo rm a de los objeto s,

a n te rio rid a d ,

ya

la co ncepción de M e u m a n n " d e la e sté­

puede m uy bien ser la de q u e la u n id ad

im p o rta una c r ít ic a , a u n q u e e m b rio n a ria .

tic a com o a b a rc a n d o todo el cam p o de la

su b y a ce n te de un todo co m p lejo fa c ilit o

T a l es el m étodo de C ro c e , que co m p le­

e x p e rie n c ia h u m a n a dé lo b e llo " ;

g ran d em en te el a c to de la p e rc e p c ió n ".

m enta su te o ría con

h istó rico

go, cu an d o p o stula las b ases de u n a teo­

Pensam os en

y h ace de c a d a te sis la c rític a co rresp o n ­

ría de la n a t u r a le z a , o c u a n d o , a l h a c e r

el

d ie n te.

la c rít ic a del fo rm a lism o y su pretend id o

h ab e r

este c rite rio son las de M en én d ez y Pela-

m onopolio de la te o ría e sté tica

le rep lica

te o ría de la e stru c tu ra (G estalt), no sólo

yo í 1) y de G ilb e rt y K u h n (2).

" q u e su in te le c tu a lis m o in tra n sig e n te d e ja

en su a p lic a c ió n a l fo rm a lism o p u ro , sino

in ta c ta e ig n o rad a la q u in ta e se n cia de la

ta m b ié n

b e lle z a " .

ción e s té tica in te g ra l, con su e c le c tic ism o ,

A s í,

por

ejem p lo ,

el

como el m ás im p a rc ia l y o b jetivo —
ce de

son

v a lo r sin
y

una
este

re la c ió n
sim p le

co tejo

un a n e xo

L a s o b ras q u iz á m ás a ju s ta d a s a

e lla s

se ca m e n te

e x p o sitiv a s;

una c rític a im p líc ita en a m b a s .
y

Pelayo

h a b la

de

M a s no

"u n a

h ay

M enén d ez

co lecció n

de

m a te ria le s p a ra e s c rib ir la h isto ria de la

p ro ven ie n te s de

la

O , m ás, a ú n , cu an d o ap oya

y lu e­

d e sa rro lla n d o

a u to r,

las

ric a s

sig uiend o

obtenid o

co ho nestán d o la

que

p o liéd rico y u n ific a d o r.

un

propósito

de

objetividad

d e riv a cio n e s que

e stu d ian d o

Lib ro a c la ra to rio y ú t il, se lo sie n te f r u s ­

e xig e

un

Y

p e n sam ien to

este c a m in o ,

trad o

por

su

la

con

in stru m e n to

podría

m oderna

su co n cep ­

de

c a p ta c ió n

¿Cóm o un h isto ­

c ie n c ia de la b e lle z a " , pero a d m ite que

in c a p a z de se r re a liz a d o to ta lm e n te por

ria d o r de

no d e ja rá de e xp o n er sus id e as p a rtic u ­

un

tan d e fin id a com o la de L isto w e l, no ha

la re s, cu id an d o sólo que e lla s " n o

o fu s­

sus a d h e re n c ia s ro m á n tic a s y p a n te ísta s.

a d ve rtid o

G ilb e rt y K u h n

C a re c e de la a g ilid a d que a p re c ia m o s en

e stru c tu ra lism o en el cam p o de la esté tica

los substancio so s lib rito s de E. M e u m a n n !5)

y del a rte ?

quen la d o ctrin a a je n a " .

son m ás e s tricta m e n te o b jetivo s.
o b je tiv id a d

Pero esa

nos muestra toda la co m p le ­

y

exp o sito r

de

que m u e stra

M o ritz

G e ig e r (6).

a

cada

H ay,

paso

d ijim o s,

la
las

e s té tic a ,
enorm es

con u n a

posición

pro yeccio nes

del

Pensam os que en la h isto ria de la e sté tica
m oderna

queda

ese

g ran

ca p ítu lo

por

jid a d del p ro b lem a, lo que y a e q u iv a le a

"o m is io n e s " y

to m ar p a rtid o .

v a s . A s í, se lo d e sc a rta a C ro ce y en el
c a p ítu lo p e rtin e n te no se a n a liz a a fondo

e scrib irse .

n ific a d o de la b e lle za son sim ila re s dentro

la te o ría de la exp re sió n ni se estu d ian

de la d ia lé c tic a de los m ú ltip le s sistem as

todos

y e stilo s filo s ó fic o s " .

c a m b io , se

Y no d ig am o s la h isto ria de B o san q u et (3),

de la " E in f ü h lu n g " o en d o p atía e xten sió n

p reñad a desde el co m ien zo de una o rie n ­

que

luego, en

ta ció n

fic a

sólo

í1) " H is t o r ia de las id eas e s té tic a s en E sp a ñ a '
Bu en o s A ir e s , e d . G le m , 194 2 .
(2) K . E . G ilb e rt y H . K u h n , " H is t o r ia de la
e s t é t ic a " . T ra d u c c ió n de N éstor A . M o ra le s.
Bu en o s A ir e s , B ib lio te c a N u e v a , 194 8 .
(s) B . B o s a n q u e t, " H is t o r ia de la e s té t ic a "
T ra d u c c ió n y a p é n d ice de Jo s é R o v ira A rm e n g o l. Bu en o s A ir e s , N o v a , 1949.
(4) " H is t o r ia c r ít ic a de la e s té tic a m o d e rn a "
T ra d u c c ió n de Leopoldo H u rta d o . Bu en o s A ire s ,
L o s a d a , 195 4 .
(r) "In tro d u c c ió n a la e s té tic a a c t u a l" . T r a ­
d u cció n de Jo sé J . de U rrie s y A z a r a . Buenos
A ir e s , E sp a sa -C a lp e . 1946.
(°) " E s t é t ic a " . T ra d u c c ió n de R aim u n d o L id a .
Bu en o s A ire s , A rg o s, 1946.

fie s a n :

Y los propios au to res c o n ­

" E l sig n ific a d o del a rte y el sig ­

d e fin id a

y

e s c rita

toda

e lla

con

un sentido c rític o in d u d ab le.

los

" p r e fe r e n c ia s " s ig n ific a ti­

aspectos
exp one

a

la

de

la

in tu ic ió n ;

en

e xte n sa m e n te la te o ría
p a rte c r ít ir a , se ju s ti­

m e d ia s.

Todo

esto

resu lta

in co m p atib le con el eclecticism o c o n fe sa ­

El conde de Listo w el p u b licó en 1 9 3 3 una

do, a u n q u e reconozcam os que el e c le c ti­

" H is t o r ia "

cism o

sólo

puede

a c e p ta rse ,

" c a jó n

de

s a s tre "

— según

versió n

que conocem os a h o ra

c a s te lla n a (4).

La

p rim e ra

en

su

p arte

no
la

como
g rá fic a

A L F R E D O E. R O L A N D

7

�E

X

P

O

S

I

C

I

O

N

E

S

6 P IN T O R E S , 2 E S C U L T O R E S

G a le r ía Bon in o a b rió sus p u e rta s, presen­
ta n d o o b ras de se is p in to res y dos escu lto ­
re s, cu yo s nom bres nos son y a fa m ilia re s
y a q u ie n e s el ju ic io lle g a rá ho y, por la
o b se rva c ió n de dos tra b a jo s de cad a uno.
Santiag o Cogorno m a n e ja en su " P a is a je "
el p lan o y el co lo r. C o n el prim ero trata
de o b ten er u n a m o v ilid a d ap a re n te u t ili­
za n d o cho q u es y su p erp o sicio n e s, y con el
segun do

p ro cu ra a lc a n z a r la p ro fund idad

e s p a c ia l, donde no h a y lín e a s de fu g a ni
h o riz o n te . Sin em b arg o , sus m a n c h a s per­
m a n e ce n en el p rim e r p la n o , y el cu ad ro se
o rg a n iz a

de a b a jo h a c ia a rrib a y no de

a d e la n te h a c ia a trá s .
En " F i g u r a " , la m a te ria tie n e la v o z c a n ­
ta n te y el co lo r el a c o m p a ñ a m ie n to , pero
sin c o n se g u ir el a c o rd e , porque nos h a b la n
de co sa s d is tin ta s . L a e xp re sió n se c o m p li­
c a , cu a n d o lím ite s se vero s y p reciso s en ­
c ie rr a n e sa m a te ria d in á m ic a y a p a re c e el
p la n o con su ve rb a
S A N T IA G O

COGORNO.

e s p e c ia l. C o lo r, m a ­

t e r ia , p la n o , a c tu a n d o in d e p e n d ie n te m e n ­
te , c o n fie re n f a lt a de u n id a d a la te la y
d ific u lta n la le c tu ra de ese le n g u a je .
C u a n d o esto s tre s ele m e n to s se a s o c ia n ,
n e c e s ita n a m a lg a m a rs e p a ra c o n se g u ir una
u n id a d ; si a lg u n o d e e llo s es el p retexto
d e la co n ce p ció n a r t ís t ic a , debe a d q u irir
la fu e r z a de los tre s , d e ja n d o a los otros
el

p a p e l de

ele m e n to s

co o p erad o re s.

En

caso c o n tra rio el re su lta d o se rá co n fu so ,
y e llo es lo q u e se n tim o s u b icad o s fre n te
a C ogorno.
O fre c ie n d o un e q u ilib rio p lá s tic o de u b i­
c a c ió n (si se m e p e rm ite la fra s e ) ap are ce
Leopoldo Presas con su " F i g u r a " ric a en
tr a s p a re n c ia s y su a v e s to n a lid a d e s , pero
donde el d ib u jo d e s v a lo riz a las c u a lid a d e s
del c o lo r. L a lín e a no p u ed e lla m a rse en
e s te

c a so

" e le m e n to

p lá s t ic o " ,

porque

e s tá tr a ta d a com o a u x ilia r g e o m é trico ; se
TO R R ES A G Ü ER O .

c iñ e

a

lim it a r

los

vo lú m e n e s

y

nada

m á s , a p e sa r de que la im a g e n h ace pen­
sa r

en

una

co n cep ció n

id e a tiv a

de

las

in te re sa n te

un

fo rm a s .
En
C LO R IN D O T E S T A

c a m b io

ju e g o

de

d isp o sició n

re su lta

m uy

lu z y so m b ra
a c e rta d a

c h is p a z o s

de

co lo r

con

g ra n

h a b ilid a d .

Las

p o sib ilid a d e s

o btenid o por la

d e zo n a s o scu ras y
b r illa n t e ,

que

los

m anejados

tre s

agentes

p lá s tic o s tie n e n en el m icroco sm o s de una
obra de a r te , e n c u e n tra n su necesid ad de
m a n ife s ta rs e en el e s p íritu de Raúl Russo:
" N a t u r a le z a m u e r ta " p re se n ta su p erficies
q u e s in te tiz a n la s fo rm a s de la n a tu ra le ­
za,
el

re su lta n d o
c o lo r p a ra

el apoyo de que se vale
e xp re sa rse

y com poner el

c u a d ro . L a lín e a se b rin d a con po tencia­
lid a d

pod ero sa, c re a n d o arabesco s a u d a ­

c e s, o a c tu a n d o com o elem ento de con­
te n c ió n . De este ju eg o d ifíc il y peligroso
nace

8

u n a obra

a t r a c t iv a

y se ria porque

�su e q u ilib rio

resp alda

la a u te n tic id a d de

C u an d o co ncib e el " P a is a je en a m a r illo "

los v a lo re s exp uesto s.

penetro

C u an d o nos detenem os en el " P a is a je " pe­

nos m u e stra un rincó n c a lle je ro . Los v o ­

netram o s

lúm enes g e o m étrico s y el co lo r ad q u ieren

en

un

c lim a

d istin to .

Zonas

en

la

re a lid a d

de su e sp íritu

y

p la n a s de co lo res puros se a c o p la n y m e z ­

im p o rta n c ia , y el p a is a je a p a re ce ilu m i­

c la n en u n a d istrib u ció n f e liz ; los a ra b e s­

nado por la

cos son a h o ra e xh u b e ra n te s , p restand o a

(donde

la

p in to r " s ie n t e " .

te la

una

se n su a lid a d

d in á m ic a ,

que

responde a la se n su a lid a d co n te n id a de su

co n ju n ció n

pred om ina

el

de tonos c la ro s
a m a rillo )

que

el

E sas c u a lid a d e s c o m u n i­

c a n al cu ad ro un v a lo r a p re c ia b le m a n i­

p a le ta p o licro m a. El esp acio está p re se n ­

festad o por u n a se n sib ilid a d que se p e r­

te , com o a tm ó sfe ra que se m ueve entre

cib e.

los árb o les.

La

Russo es un a rtis ta sin ce ro , que exp re sa

Libero

sus v iv e n c ia s e s p iritu a le s con un le n g u a je

El prim ero p resen ta " F i g u r a " , yeso tr a n s ­

c la ro y v alio so .

fo rm ad o

"E d ip o c ie g o " y " L a
que presen ta

lu z " son los títu lo s

Ideal Sánchez. En el te m a

e scu ltu ra
Badii
en

tuvo sus re p re se n ta n te s en
y

M aría

C.

M olina

foco de e n e rg ía

que

Salas.
m a n i­

fie sta su fu e rz a por un jueg o de arab e sco s
cuyo

fin

no

podem os

p re c is a r,

porque

trá g ic o la im agen d e fo rm ad a se propone

d e ja n sie m p re la in fin itu d de la su g e re n ­

c re a r u n a a tm ó sfe ra p a té tic a , que se d es­

c ia .

v a n e ce por la fu e rz a d o m in an te de la l í ­

fo rm a

nea y la d e lic a d e za con que m a n e ja

dolo,

la

P a re cie n d o
p e n etra
y

los

co m p a cta
en

y

c e rra d a ,

la

el esp acio

m o v iliz á n ­

có n cavo s

m a n tie n e n

p lan o s

m a te ria p lá s tic a . L a a c tu a c ió n del claro -

la te n te u n a fu e rz a c o n te n id a . El ojo re­

oscuro

co rre la o b ra g ozand o con la se n su a lid a d

es

porque

e v id en tem e n te co n v e n c io n a l,

a p a re ce n

ilu m in a d a s

p a rte s

que

d eb ieran e s ta r e n v u e lta s en so m b ras. L a

que el arab e sco le tra s m ite , y con lo em o­
ción que reco rre toda la su p e rfic ie . En " L a

m e zc la de re a lid a d y fa n ta s ía es p o s itiv a ,

Paz"

cuand o

m a g n ífic a a l a r t íf ic e que sabe tr a b a ja r lo ;

no h a y elem en to s d e lato re s que

co nsp iren
sa lv o

el

c o n tra
caso

co n ven ció n

ese

c o n ve n c io n a lism o ,

en que

se

la

im ponga

fu e rz a

com o

de

la

el

bronce

o fre ce

su

d u ctib ilid a d

u n a c u a lid a d n u e va — co nseg uid a por el
m odelado

de

la

fo rm a —

en riq u e ce

su

in té rp re te

e xp re sió n . L a f ig u r a , se n ta d a , p e rm an ece

de un se n tim ie n to del a r tis ta . Por eso en

e n tre los ho m b res, pero a su v e z a scie n d e

este ca so , el m an e jo de la lu z d e so rie n ta .

im p u lsa d a

S im ila re s p ro b lem as a p a re ce n

vexas

cu a d ro ,

donde

el

p lan o

en el otro

(tra b a ja d o

e fic ie n c ia ) o rden a u n a com p osición

por la fu e r z a

y có ncavas;

la

de c u rv a s c o n ­

g e o m e triza c ió n

con

esas fo rm a s im pone u n a idea d o m in an te .

in te ­

Estam o s fre n te a dos sím bolos: el que re­

resante.

p resen ta toda obra de a r te y el que se

El espacio es ab o rd ado por Clorindo Testa

desprende d e su s ig n ific a d o id e a tiv o . De

en sus dos " C o m p o s ic io n e s " (en negro y

la

en a m a r illo ). A m b a s p resen ta n los m ism os

P a z , que " v i v e " en el esp acio por c re a ­

c a ra c te re s. Sobre un fondo de a rq u ite c tu ra

ció n de un ve rd a d e ro a rtis ta .

e sce n o g rá fica se m ueven fo rm a s p lá s tic a s
dentro de un esp acio v ir tu a l. A v e c e s un
sistem a

de

e je s

(c u y a

exte n sió n

es en

alg u n o s caso s co n trap ro d u ce n te s)
una

d in á m ic a

e sp a c ia l

que

te la ;

o tra s,

e s tru c tu ra s

genera

m o v iliz a

la

ap a re n te m e n te

pesad as nos h acen p e n sar en un esp acio

co m p e n e tra ció n

de

am bos su rg e

L IB E R O B A D II: Fig ura, 1952.

de
L IB E R O

B A D II: La P a z, 1953.

esa

M aria C . M olina S a las, tr a b a ja el yeso en
fo rm a d is tin ta p a ra ob ten er in fin ito s p la ­
nos que se c h o c a n . L a in q u ie tu d que e v i­
d e n cia esa lab o r no se tra s m ite a la o b ra ,
por que p lan teo s de proporciones m á s a m ­
p lia s , im p id en el re a lc e de todo m odelado
m in ú scu lo .

im p o rtante que las so stien en . L a m a te ria

y el

co lo r

m undo

p a rtic ip a n

caó tico
la

de

e in q u ie to ; tra z o s

v ap a re n te m e n te
v id ie n d o

ta m b ié n

te la

im p reciso s v a n
en d istin to s

ese

lib res
su b d i­

cam p o s, y

alg uno s asom os a c e rta d o s de fin o s tonos
esbo zan
cen

un

fo rm a s

se n tim ie n to . T o d a v ía
que

nos

re cu e rd an

a p a re ­
"co sa s"

a c tu a n d o com o sostenes corpóreos de la
v ib ra c ió n e s p a c ia l, y esa re la c ió n im p ide
a D r e 'ia r la m eta que el p in to r se propone.
El " P a is a je con m a n d o lin a " de Leopoldo
Torres Agüero nos tra e re m in isc e n c ia s f u ­
tu ris ta s , donde el p lan o — que aho g a la
v ib ra c ió n de u n a m a te ria ric a —

no e n ­

En " I c a r o " , m a sa s co rp ó re as tr a ta n de d¡n a m iz a r el e sp a c io , pero la p re se n cia de
la m a te ria es to d a v ía m uy e vid e n te p a ra
que

la

ab an d o n em o s.

R e su lta

en to n ces

u n a e s tru c tu ra p e sa d a , cu yo s lím ite s (p la ­
nos y s u p e rfic ie s c ó n c a v a s ), no a lc a n z a n
a

m o v iliz a r esa

m a te ria

y

ese

e sp a cio .

En la " M a ñ a n a " un sistem a de e je s pe­
n e tra en el esp acio , pero la un ió n de los
m ism o s no re su lta f e liz y por e llo el ojo
se ve oblig ad o a

d eten erse cad a

vez a

p e sar de la a g ilid a d v is u a l que le d e m a n ­
da la e s c u ltu ra .
De la o b servació n de las dos o b ras, puede

c u e n tra sie m p re una re lació n a c e rta d a , y

a p re c ia rse

donde el co lo r es por m om entos pobre en

fig u ra tiv o , en p ersecu sió n de las fo rm a s

la d istrib u c ió n
n ales.

de

los aco p lam ie n to s

to ­

el in ten to

de

abandonar

lo

a b stra c ta s p u ra s, co n d u cen tes a una p a r­
t ic u la r d in á m ic a e s p a c ia l. O . L . C H .

9

�18 L IT O G R A F IA S

DE A R T IS T A S

p a la b ra s

Las

W *
18 lito g ra fía s de a rtis ta s argentinos

que se expusieron
form an
500

p a rte

en la G a le ría

de

una

ejem p lares,

en

carp eta

K ra y d ,

tira d a

ediciones

de

a

dicha

g a le ría . Es la obra de 9 a rtis ta s , con dos
trab ajo s
entre

cad a

las

uno.

jóvenes

A rtis ta s

de

generaciones

calid ad
a rg e n ti­

n as, colocados en posturas de v a n g u a r­
d ia , aunque no siguen id é n tica lín ea de
exp resió n. A lg u n o s de ellos se relacio nan
m ás e strictam en te con el m ovim iento de
los concretos:

H lito y

Fe rn á n d e z

M uro.

O tros aunque enlistad o s en dicho m ovi­
m iento, no lo son por el tem peram ento
de su expresión

in d iv id u a l:

S a ra h G rillo

y O cam po. Los otros: escu lto r, en el caso
de B a d ii;
To rres

c e ra m ista ,

A g ü ero ,

ofrecen

de

N orah

Borges

e x p lic a n

su

p in tu ra y cim e n ta n el ju ic io . Si éste ha

A R G E N T IN O S

La n u se o pintores:

P resas,

tó n icas

Ideal

d istin ta s

y

Sá n ch ez,
personales.

Ello da m obilidad y v arie d ad al co njunto ,
aunque se resienta la unid ad conceptual
de la carp eta.

de fund arse

sobre

la

ad ecuació n

de

form a con el contenido exp re sivo

la

im p lí­

cito en e lla , nad a nos o b lig ará a neg ar
que las im ágenes de la p intora son e x ­
presiones de

ese

m undo,

de

su

m undo

hecho de ensueño, no stalg ias de n iñ e z y
au sen cia de inq uietudes te rren a s. A t r a ­
vés de m uchos años de labor, supo co n ­
se rva rlo tan pleno como en aq uel in stan te
en que por p rim era vez lo o fre ció ; y supo
decirlo siem pre con el m ism o sentido del
dib ujo

claro ,

preciso,

m ezcla

de ceñida

LEON G IS C H IA : Franca.

sín tesis y b lan d as c u rv a s; con la m ism a
intención

en el color, sin co n trastes de

to e

inq uieto :

¡lu stra

libros, crea

deco­

som bras, m atiza d o en los ocres c la ro s o

rados, te o riza en ocasiones sobre arte y

profundos y ap enas e xa lta d o en algunos

conoce

bien

az u le s m ezq uinos, porque no se brind an

c u ltivó

en

la

té cn ica

su

del

ju ve n tu d .

a fic h e

D e este

que
o ficio

con la fre cu e n cia a que se asp ira d ada su

h ay vestig io s en su p in tu ra

exp re sivid a d . Y

sus fo rm as c la ra s , fá c ile s de c a p ta r, en ­

de su
las

m undo

supo d e cir la c o n fia n za
en

im ágenes al

el

descend im iento

espacio

ab ierto

de

a c tu a l,

por

de

fo ca d a s m uy de c e rc a , que se refiere n a

los

objetos tam b ién

sim p les y

d e fin id o s

de

c a lle s, de las te rra z a s a m p lia s y los ja r ­

la realid a d n a tu ra l. En estas fo rm as, que

dines arcád ico s.

se m e zcla n con o tras no re p re se n ta tiv as,

Entre los m ás riguro sam en te n o -fig u ra ti­

la p in tu ra de G isc h ia revela una tend en­

vos, H lito se destaca en el plan o concreto.

c ia

Es claro y preciso, de una notable je ra r­

jand o

quía en la su til em oción de lo perfecto

o rg án ico .

y d e fin itivo . Fernánd ez M uro, en cam b io ,

bordes

m anejando elem entos igu alm ente planos,

cad a fo rm a , y a los que se su bordinan el

a

la

g e o m etrizació n ,

siem pre

los

Los

secos

planos
y

pero

sobrepu­

de

c a rá c te r

ritm os
m uy

preciso s,

c o rtan tes,

que

de

divid en

vib ra con un acento en que la se n sib ili­

color puro y la m a te ria unid a y lisa , p a re ­

dad

cen a p rim e ra v ista el elem ento

personal

pugna

grandes e stru ctu ra s.

por

m odelar

las

protagonista

O cam po está en la

fund a-

exp resivo es la com posición

m ism o postura de su til e q u ilib rio de don­

d in á m ic a ,

de em ana el encan to m uy p a rtic u la r de

ritm os sim p les, repetidos.

algo

m onótom a,

en

Si

base

a

bien es d i­

sus obras.

fíc il

L a lucha entre la em oción a b stracta geo­

a c tú a n en sus ú ltim a s obras, en o tras de

m étrica y la expresión de una c a lid a d in ­

años an terio re s se e vid e n c ia n puntos de

d ivid ual

se

v u e lv e

m ás

d ra m á tica

en

Sarah G rillo en que las " c a lid a d e s "

es­

in d iv id u a liz a r

contacto
N ORAH
(1954).

BORGES:

E!

concierto

en

la

quinta

con M a tisse ;

in flu e n c ia s

que

pero sus s im ilitu ­

des son m ás exte rio re s que su sta n ciales.
Se

trem ecen las fo rm as y las líneas pugnan

las

tra ta

de

una

a sim ila c ió n

m ental

Los dem ás a rtis ta s entran

ag ita d a s

m ecá n ica de p rocedim ientos: m ie n tras que

la

búsquedas

p lá s tic a s

del

siglo.

Del p rim e r cubism o debe proceder el sen­

M atisse

B a d ii, sujeto a l ritm o trid im ensio nal y al

tido de sín tesis de la lín ea y el co lo r; la

ind ependientes de exp resió n, con los c u a ­

volum en de una escu ltu ra de bulto. T o ­

ten d e n cia a

les v iv ific a

rres A g ü ero ,

Ideal Sá n ch ez y Presas en

bes,

ab straccio nes

en

cuanto puebla el ám b ito , a gran des fo r­

que

lo

sensible

sobre lo pseudo-geom étrico.

prim a

L a n u se , por

m as

red u cir los árb o les, la s n u ­

fa c h a d a s,

o cerrad os

las

planos.

v e n ta n a s,
Y

del

todo

cubism o

pierden

de

los

el verdadero

catego ría de los " a b s tra c to s -fig u ra tiv o s ".

las

h ace

Pero

tanto

Su m undo ha pasado rozando ap en as las

dentro de

de exp re sió n .

un

por no am oldarse a la regla y al com pás.

p lan os

elem entos

el esp acio , con G isc h ia éstos

en

v ib ra c ió n

y

se

conservan

siem pre som etidos a la form a.
Estos d istin to s aspectos de
se

han

debe ser tam b ién la p re fe re n cia por los

G isc h ia

colocándose en la búsqueda del rigor fo r­

ocres; el modo como se aú n an espacio y

doce

m al y la c a lid a d de tono y m ate ria.

fig u ra s , tra s las gran des lín eas y los a r a ­

G a la te a ,

Pero h ay algo que une a todos estos a r ­

bescos curvos. Pero de ella es el q u ie tis­

p re se n ta tiva s, pues son óleos, grabados y

tistas de exp resió n d isp ar:

mo

obras

podido

la pintura de

ser ce ra m ista , escapa a estas d e fin icio n e s,

a p re c ia r

recientem en te

no

en

las

expuestas en

fu n d am en ta les

pero

si

re­

las

una tém p era que v a n de 19 3 8 a l 54 . A

jerarq u ía con la c u a l se exp re san , en un

m anos

eran

tra vé s de e lla s estim am os a l a rtista , se­

alto dom inio de

búsquedas d in á m ic a s, vib ra c ió n de espa­

rio, un poco d e svita liza d o en su neutra­

la d ig nidad y

los elem entos plástico s

que u tiliz a n . B. P.
N O RA H BORGES. (Galería Bonino)

C

"Só lo puede d ar la a le g ría , la represen­
tació n de un m undo perfecto, donde todo
está ordenado, de contornos nítid o s, de
colores
detalles

lim pios,

de

m inuciosos

fo rm as
h asta

d e fin id as
la

im preso a
de

estos modos que

B raq u e,

P icasso

y

en

G ris

cio. ¿Q ue su p in tu ra se repite en el uso

lidad

de los tonos y los modos de la

pasta?

tam poco b a n a l. G isch ia a g ra d a, hace son­

Q u iz á , en la m edida que cabe h a b la r de

reír con su p in tu ra que se presenta como

repetición

un juego a le g re : no conm ueve, no revela.

estilo

cuando un a rtis ta a lc a n z a

in d iv id u a l

que

ilu stra

su

el

íntim o

m undo. B. S.

y

e xa lta c ió n

R.

e m o tiva ,

no

m uy

profundo

pero

E.

M A N U E L M A M PA SO (Krayd)

^

LEÓN G IS C H IA (Galatea)

G rand es e stru c tu ra s de un rico negro, ex­

— hay que eleg ir p a ra p in ta r solam ente

Léon G is c h ia , destacado representante de

presivo , sobre fondos de tonalidades pró­

lo que nos da verdadera fe lic id a d " . Estas

la p in tu ra fra n c e sa de p ostg uerra, es c u l­

x im a s , es

10

la p rim era

impresión que re

�sulto de las obras de M om paso. Esa co n ­

tra s tra n sc u rre esa du ra etap a de a p re n ­

trap osición de los negros que a v a n z a n h a ­

d iz a je p a ra un a rtis ta .

cia el espectador y de los fondos que a

se

veces se hunden en el m uro , lle va a una

fru c tífe ro ,

d e fin id a

espacio.

ad opción de la s fo rm a s a je n a s se re a lic e

ro b usta, ric a en

con p u lc ritu d y com p ren sión p ro fu n d a , so

solución

del

problem a

Es la suya una té cn ic a
m a te ria ,

pesada h a sta cuand o

su tiles a b a n ic o s en

la te la

ab re esos

N° 4.

Es de

q u iere .que

pena

ese

Por o tra p a rte , si

a p re n d iz a je

es m en ester

de

d e sv irtu a rla s .

M ic h e lle

n o tar que, a pesar del c a rá c te r geom étri-

in tro d u c ir por ejem p lo

ta s en el severo esquem a

sus

te m a s,

el

in tu itiv o

su pera a l in te le c tu a l.
En

a n te rio re s

P e tto ru ti;

tra b a jo s

re ve la

cómo

ha

que

la

M a rx

sobre todo es p a sib le de este rep ro che, al

co -ab stracto

de

resu lte

ta m b ié n

m ás

fo rm a s

n a t u r a lis ­

de p lan os de

ta m b ié n R o sario

M oreno,

que no p a rece h ab e r com p ren dido la fin a

ido d eshacién d o se de lo fig u ra tiv o , h asta

p e rso n alid a d

lleg a r a lo que hoy nos p resen ta .

en el modo com o su tilm e n te e n c u e n tra el

Jo v e n a ú n — M om p aso n ació en I 9 2 4 ___
tie n e

a m p lia

ru ta

p a ra

reso lve r

los

in ­

de

G a m b a rte s,

m a n ifie sta

aco rd e e n tre los fondos de rica v a lo r iz a ­
ción

to n al

y

los tra z o s

duros y fu erte s

co n ta b les p ro blem as que le p la n te a rá su

de la s fig u ra s v a g a m e n te fo lk ló ric a s .

evo lu ció n .

A m b a s deben co m p ren d er que no se tra ta

nos

De

todos modos h a y

d e fin itiv o s en su p in tu ra :

im p erio sa

del

m uro

ya

sig ­

necesid ad

o de á re a s g enero ­

sa s, pues no h a y du da que sus

p inceles

de lo g rar
bien

un

orden

e q u ilib ra d a s

e x te rio r

con

de

aco rd es

fo rm a s

de

tonos

bien resu elto s. D e lo q u e se tr a ta

es de

son m ás fe lic e s cu an d o se le o frece n a m ­

obtener un orden in te rio r de las em o cio ­

p lia s s u p e rfic ie s ;

nes, el que debe c o in c id ir con el de las

m año

reducido

en

los cu ad ro s de t a ­

p arece

se n tir

una

co m ­

fo rm a s. Si la p in tu ra de a m b a s se d e b i­

presión a su n a tu ra le z a e x a lta d a y á v id a .

lit a ,

O tros signos son, c ie rta a s p e re za s a lu d a ­

M a r x se d e scarg an de fu e rz a e x p re siv a y

ble en las to n alid ad e s y un v ig o r a t ra c ­

los

tivo en

fría m e n te sobrepuestos, no es porque les

Las

la

reso lució n

a c tiv id a d e s

rosos países
m ica

de sus b ú squ edas.

d e sa rro lla d a s

reco rrid o s,

p e rso n alid a d

en

re ve la n

del

num e­

la

a rtis ta

d in á ­

coruñés

E. F . P.

en to n ces, y
tra z o s

de

los p lan os

R o sario

fa lte co n d icio n es a
al

no d a r rien d a

de M ic h e lle

M oreno

p arecen

das dos, sino porque
su e lta

al

propio m en ­

sa je , co n stre ñ id as por las fo rm a s in te le c ­
tu a lm e n te a c e p ta d a s, sim p lem en te no las

por los m enos p a ra el

que escribe

n o ta :

co lg ab an

los

ta p ic e s

que

esta

en

los

m uro s. Pues no sólo re ve la n co n o cim ien to
del

o ficio

sino

la

desde

y

e xtra o rd in a rio

m ejor

buen

a d e cu ació n

que

los tiem pos dorados

ta p iz , d u ra n te

de

los siglos X I V

gu sto ,

co no zco ,
auge

del

y XV,

de

la s fo rm a s, lle n a s de fu e rz a en la e s t ili­
za c ió n de te m a s p o p ulares, a

las p o sib i­

lid ad es del te jid o . De modo que las f ig u ­
ras no se desprenden del fondo y la u n i­
dad que se o b tiene es a b so lu ta .
P a re ce que se tra ta de una v ie jís im a in ­
d u stria

a r tís tic a

en

a fo rtu n a d a m e n te

Po lo n ia,

en

m an te n id a

pequeños

ta lle re s

cam p esin o s o a ld e a n o s, g ra c ia s o que no
se les im pone a los tejed o res n in g ú n do g­
m a te m á tico . Lo s ta p ic e s que se e x p u s ie ­

c

M A N U E L M A M P A SO : C onstrucción N ? 5.

ron aq u í son re a liza d o s a m an o , pero se
nos h a in fo rm ad o que sobre
ellos se fa b ric a n

otros a

la base de

m á q u in a , q u e

M IC H E L L E M A R X y R O SA R IO M O R EN O

e m p le an .

L a s recie n te s exp o sicio n es de estas dos jó ­

p a rc ia le s que de n in g ú n modo se rán

venes p in to ras v u e lv e n a p la n te a r el d eb a­

n é fic o s p a ra la fo rm a c ió n de a m b a s. U na

resa n te

tido

m ayo r h u m ild a d

re d u n ­

nos ta p ic e s hechos a m á q u in a , p a ra co m ­

de

probar si la e x tra o rd in a ria c a lid a d de los

problem a

de

las

re lacio n e s

e n tre

Y

se

m aestro y d iscíp u lo . M ic h e lle M a r x (G a ­

d a rla

lería V a n

m a d u re z que

de

R ie l, S a la V )

P e tto ru ti;

V ia u )

R o sario

h a sido alu m n o
M oreno

de Leo G a m b a rte s,

(G a le ría

según

p a rece.

co n fo rm an

en

se g u ram en te

sig n ific a
sigo

con

acie rto s

el co m ien zo
en

b e n e ficio

deben p e rse g u ir:
d e s fa lle c im ie n to ,

la

h u m ild a d

ta n te o , e sfu e rzo , v io le n c ia

m ism o ,

be­

con­

v a ria c ió n .

se ven den por m illa re s . H u b ie ra sido in te ­

te jid o s

la

a

exp o sició n

m ano

ta m b ié n

se co n se rva

de

y

a lg u ­

en

qué

m edid a.
M u ch o

se

ha

ven id o

h ab lan d o ,

en

los

A m b as ad o ptan el sistem a de fo rm a s e x ­

Es m uy duro y m uy d ifíc il ser a u té n tico

ú ltim o s añ o s, del ren acim ie n to de la t a p i­

p resivas de sus m aestro s,

en

c e ría

parece

rep ro chab le en

de a lg u ie n

hay

que

lo que no me

p rin c ip io , y a
a p ren d er

a

que

p in ta r.

esta

época

im p osible
"o b stin a d o

sin

cu an d o

rum bo,

se tra ta

r ig o r" .

J.

R.

pero

no

de serlo

es
con

como

Peru ggin o

y

Leo nard o

como

F ra n c ia .

fu n d a m e n ta lm e n te
T A P IC E S P O LA C O S

V e rro cc h io ). Pero sólo es le g ítim a la im i­

En la

tació n cu an d o se e m p ie z a , en cuyo caso

que

acaba

no parece leg ítim o exp o n er, es d e cir m ie n ­

Van

R ie l

re a liz a rs e

hubo una

a

estos e x t r a ­
la

al

d ivo rcio

e xiste n te

entre el que lo proyecta y el que lo e je ­

exp o sició n de la fo to g ra fía p olaca
de

Fre n te

fa lta de c a lid a d de los fra n c e se s, debido

B.

(N ad ie ignora que R a fa e l em pezó p in ta n ­
do

en

o rd in a rio s ta p ic e s polacos se a c e n tú a

en

v e rd a d e ra

la

G a le ría
sorpresa,

c u ta . En a q u é llo s, en cam b io ,

la u n id ad

de fo rm a y m a te ria proviene de una p ro ­
fu n d a u n id ad de exp resión.

J . R. B.

11

�DIALOGO

CON

NUESTROS

LECTORES

U n a anotación no bien e x p lícita ni bien interp retad a referente a los fundadores de la Revista Arturo
(1 9 4 4 ), y dos errores: la escisión de un grupo se ñ alad a fu era de su tiem po (1 9 4 5 ), y la o rg an izació n del
Grupo de artistas modernos de la Argentina (1 9 5 2 ) han m otivado la p articip a ció n d irecta de Ko sice y M aldonado en esta Historia del arte concreto en la Argentina. El esbozo aparecido en el núm ero 2 de la
segunda serie de V er y Estim ar perseguía un propósito: con los escasos m a te ria le s u b icar el nacim iento
del m ovim iento en el panoram a de la p in tu ra a rg e n tin a ; se ñ a la r sus p articip a n te s; in d icar los cam inos
abiertos a las fu tu ras realizacio n es y sim u ltán eam en te enriquecer con los antecedentes históricos las posi­
bilidades del ju icio . Pero p ara el cronista es a veces m ucho m ás fá c il reconstruir con acierto la crono­
logía m anejando papeles m uertos, que docum entos aún vivien tes en el recuerdo de los hechos y en la
pasión de los gestores. Como tam bién suele ser poco accesib le p resen tar aquellos docum entos despoján­
dolos de cuanto pueda d esviar la observación ecu án im e de los acontecim ientos. Pero ha de intentarlo ,
aún a riesgo de equivocarse.
El prim er problem a surgido es el que se refiere a la p articip ació n de Kosice y M aldonado en la revista
Arturo. Decía en el núm ero 2 : " K o s ic e fué cofundador al lado de M ald o n a d o ". La enum eración lim i­
tada a dos personas no tuvo el propósito de ig no rar las restantes sino elu d ir errores dada la fa lta de
una inform ació n to tal. H oy es posible co m pletar, tran scrib ien d o de la co n tra tap a : " A rtu ro . R evista de
A rtes A b stra cta s. A p a rece cu atro veces al año, al fin a l de cada estación . Redacció n: A rd en Q u in , Rhod
R othfuss, G yula K o sice, Edgar B ayley. La cu b ie rta de este núm ero fué im presa con taco orig in al de To m ás
M aldonado. V iñ e ta s de Lid y M aldonado. T e xto s o rig in a le s ," etc. Si bien M aldonado no fig u ra b a en la
redacción, sí estaba a ctivam en te en el grupo o rig in a rio que im pulsaba y h a c ía posible que la revista fu era
algo m ás que el reflejo del estado de espíritu de un lim itado núm ero de personas. De su adhesión a aquel
grupo dan fe estas líneas correspondientes a una c a rta suya en mi poder: " L a revista artu ro tuvo una gran
im portancia en nuestra p rim era evolución, a llí fig u ra b a n m is p rim eras p in tu ras n o -fig u rativa s, por no
lla m a rla s todavía co ncretas, eran cuadros y d ibujos realizad o s en el período 1 9 4 3 -4 4 ."
El segundo problem a es el que se relaciona con el desenvolvim iento a lca n za d o por aquel prim er núcleo
de a rtista s. M an ejan d o las referen cias lite ra ria s e interpretando los docum entos — catálogos de exposicio­
nes, folletos— , se presupone que en el seno del grupo se produjeron d iverg en cias que obligaron a una
separación. Unos, bajo la denom inación de Movimiento de arte concreto invención, realizaro n el 8 de
octubre de ese año la p rim era exposición en la casa de Pichan R ivie re , y el 2 de diciem bre la segunda
en la casa de G rete Stern, en Ram os M e jía . En las fo to g rafía s que docum entan am bas m uestras es posi­
ble ver entre otras las fig u ra s de Ko sice, R o th fu ss, B lasko , A rd en Q u in , L o z z a , H lito , E itle r, M elg a r. Otros,
co n stitu iría n la Asociación de Arte concreto invención. La integraban M aldonado, Espinosa, L id y P ra ti,
C araH u je , Enio lom m i, Souza, M olem berg, C o n tre ra s, N ú ñ e z, los herm anos L o z z a , a los cu ales se sum a­
rían B ayle y, M onaco, W e rb in , H lito y m ás tarde M e le , V illa lb a y V ard á n e g a . El órgano p u b licita rio y doc­
trin a rio de esta A so ciació n sería la Revista Arte Concreto, cuyo p rim er núm ero vería la luz en agosto
de 1946.
El Movimiento de arte concreto invención se disolvió en 1946, p ara volcarse en las d irectiva s p recisas de
A rte Madi. La Asociación de Arte concreto invención, a ra íz de la p rim era exposición re alizad a en m arzo
de 1946 en el Salón Peuser, co ndensaría su credo en el M anifiesto Invencionista.
En cuanto al error correspondiente a co nsiderar a M aldonado como org anizad o r del Grupo de A rtista s
M odernos de la A rg e n tin a , queda exp licad o su origen en las lim itacio nes del m a teria l con que se contó
p ara la inform ación (ver ca rta a A ldo P ellegrini en el núm ero 4) y corregido por la a cla ra ció n de la carta
p ub licad a en este núm ero. H asta el presente el resto de la cronología intentada no ha su frido reparos;
de modo que co ntinúa siendo válid o en los restantes puntos, el esbozo aparecido en el núm ero 2.
BLA N C A

S T A B IL E

feb rero 1 9 5 5

D ice U d. en el N ° 2 , se rie 2 de V er y Estim ar:

E stim ad a señora B la n ca S ta b ile :

cofundador a l lado de M aldon ado de la re vista A rturo ";

En a rte — m ás que la defensa

de c ie rta s p rim a cía s— ,

hay

“ Kosice fué
en

cam b io debería leerse, al lado de A rd e n Q u in .

tam b ién un rigor h istó rico , que supongo, debe e star en vig e n ­

Este error de in fo rm ació n es q u izá a trib u ib le a su largo distan-

c ia

cia m ie n to de nuestro m edio o bien a la d ific u lta d que repre­

y

que

no

puede

de la com probación.

12

esca p ar

a

las m ás

e lem en tales

leyes

senta a c u d ir d irecta m en te a la lectu ra de la c ita d a revista.

�El señor M ald o n ad o no figuraba en el co m ité d ire c tiv o y a que

d ia rio s ,

lo

que no se o m ita n ni co n fu n d a n

com ponían

a d em á s

del

R o th fu ss y E d g ar B a y le y .
p rim e r núm ero de

que

su sc rib e ,

A rd e n

Q u in ,

In m e d ia ta m e n te después a p a re ce el

su

d isp o sició n , es

los hecho s, pues las fu e n te s

de donde p ro v ie n e n , en e sp e c ia l la s re fe re n te s a n u e stro m o v i­

la

m ie n to , fu e ro n a p a re n te m e n te d e ja d a s de lado.

las n u e v a s fo rm u la c io n e s e s té tic a s en

la

Una

idea

de

e llo ,

puede

d a rla

el

retorno

de

un

secto r

de

p lá stic o s co b ijad o s por el poeta s u rre a lis ta D r. A ld o P e lle g rin i,

A rg e n tin a .
M ie n tra s ta n to ,
nom bre

re v ista s y fo to g ra fía s que e stá n a

ju n to a

Invención, p u nto de a rra n q u e

re v ista Arturo p a ra

Rhod

de

n u e stra s a c tiv id a d e s

A rte

Concreto

o c u rrid a en el año

se

Invención,

d e sa rro lla b a n

y

h a sta

su

1 9 4 6 , dicho grup o a c tu a b a

con el

diso lució n

en

una sola

d ire cció n .

neg and o y e x a lta n d o v a lo re s e in ve n tán d o se un p asad o en el
a rte no fig u ra tiv o .
Hay

que

te n e r

en

c u e n ta

que

n u e stra

d é ca d a , no puede e s ta r so m etid a

Lo s catá lo g o s y las p u b lica cio n e s de

las m u e stras

en P ic h o n -R iv ié re y G rete S te rn , y p ro d u cid a

re a liz a d a s

ya

la escisió n ,

d e b ates

cro n o ló g ico s

y

q u e,

avan zad a

de

una

a c o n sta n te s e in co m p leto s

reconocem os,

no

m ere ce n

fu n ­

c io n a r m á s que com o cró n ica a n tig u a .

las exp o sicio n e s en el In s titu to F ra n c é s de E stu d io s Su p erio re s,

Por o tra p a rte , en el N ° 3 de V e r y Estim ar se h a c e esp e cial

una

h in c a p ié en d ilu c id a r q u ién

p rim e ra

m u e stra

in d iv id u a l

en

el

Boh em ien

C lu b ,

la

" A r t is t a s

cu rso s

o b lig a a d irig irse a la e n tra ñ a m ism a de la c u e stió n :

el

p ro feso r

Jo rg e

Rom ero

B re st,

el

e scu lto r

Lu cio

F o n ta n a y el p in to r E m ilio P e tto ru ti, a te stig u a n esta a firm a c ió n .

M odernos de

liz a n te r a íz en

la

fu é el o rg a n iz a d o r del grup o de

c o le c tiv a m ad í en la e scu e la " A lt a m ir a " , en la que d ic ta b a n

A r g e n t in a " , cu an d o

E l propósito que nos m ueve a la e xh u m a ció n de estos datos,

de e lla .
C o n m i c o rd ia l a m ista d K O S IC E

puede co m p ro b ar a

tra v é s

h o c h sch u le f u r g e staltu n g ulm

de n o tas

a p a re c id a s

en

1 8 -4 -5 5

tend encio so
fa s t id ia n ,

e stim a d a b la n c a s ta b ile ,

de

a c la ra c ió n
su f e r t i­

la A rg e n tin a y su a le n ta d o r tra s c e n d e r fu e ra

que

Ud.

la

a lg u n a s

fe c h a s ,

pero

ta le s

recu rso s

no

me

a l c o n tra rio , m e d iv ie rte n .

desde h a c e y a alg u n o s m eses s a b ía , por n o tic ia s in d ire c ta s, de

la ra zó n de m i cam b io de a c titu d es m uy o tr a :

yo no puedo

la n u e v a se rie de " v e r y e s t im a r " , pero sólo a y e r h an llegado

s ile n c ia r ,

que

a m is m an o s tres de los c u a tro p rim e ro s núm eros,

ignoro si a

asp ecto s de su cro n o lo g ía no r e fle ja n la re a lid a d de los hecho s,

la h is to ria del a rte

m ald o n a d o ) y a s u b a lte rn iz a r o tra s, o m itié n d o la s o situ á n d o la s

pues

la fe c h a h an a p a re cid o otros.
e n el n úm ero dos, he leíd o su nota " p a r a

sin

tie n d e n

a p a re c e r
a

e x a lt a r

co m p licad o
unas

en

e llo ,

p e rso n a lid a d e s

concreto en la a r g e n tin a " y , en el c u a tro , la s c a r ta s — una

a m b ig u a m e n te .

firm a d a por usted y o tra

he a q u í los p u ntos que q u iero poner en c la ro :

por enio

io m m i—

sobre el m ism o

1)

tem a.
en re a lid a d , m e reconozco un poco c u lp a b le de alg u n o s errores
y

m alen ten d id o s

que

se h an

d e sliza d o

en

su

te x to ,

porque

n u n ca , a p e sar de sus re ite ra d o s pedidos, pudo usted c o n ta r
con m i a s is te n c ia

in fo rm a tiv a en la p re p a ra ció n de su cro n o ­

no q u iero

su g e rirle

sea la ú n ic a
pero es

con

esto

que

le g ítim a e in fa lib le a

e vid en te

hechos que usted

q u e,

por m i

mi

a s is te n c ia

in fo rm a tiv a

la c u a l se p u eda a c u d ir,

p a rtic ip a c ió n

p e rso n al

tra ta de h is to ria r, y a h u b ie ra

en

los

podido s u m i­

n is tra rle alg u n o s datos p a rtic u la rm e n te v a lio so s,
si no lo h ice en su o p o rtu n id a d — se lo co n fieso sin ce ra m e n te
ah o ra—

fu é

porque

una p o lém ica ta n

no q u e ría

verm e

im p lica d o

después en

la rg a com o eno jo sa a c e rc a de q u ie n e s han

sido los v e rd a d e ro s m a ris c a le s , obispos o c a p a ta c e s de c u a d rilla
del a rte

co n creto

ha

el

sido

a rg e n tin o ,

" p rim e ro

o, peor

a b so lu to "

(la

aun,

a c e rc a

exp re sió n

es

de qu ien
de

origen

re fe rirs e

a

" la

p rim e ra

exp re sió n

p ra ti y roth ro th fu ss.

esto no es ju sto ,

de no descend er

a

los in fie rn o s,

la

le c tu ra

de

su

e sta s c u a tro p erso nas

en re a lid a d , é sta fu é la p rim e ra exp o sició n del grup o que m ás
ta rd e se

lla m a r ía

" m a d í" .

lid y p ra ti y

m ald o n a d o

3)

com o

lo h a c e n o ta r enio

iom m i en su c a r t a , ha sido el

d r. p e lle g rin i y no m ald o n ad o el o rg a n iz a d o r del "g ru p o de
a r tis ta s m odernos de la a r g e n tin a " ,

ignoro en qué in fo rm a c ió n

se h a b asad o usted p a ra d e d u c ir que m ald o n ad o es el " ú n ic o
o rg a n iz a d o r

del

g ru p o " ,

si

el

p rin c ip a l

de

que

de m a ld o n a d o " , debe usted reco no cer que no es un a rg u m en to
irre p ro c h a b le .
f in , estos e rro re s

no

com p rom eten

ni

la

se ried ad

ni

los

se tr a ta b a , sin d u d a , de

una ta re a d if íc il y d e lic a d a y usted h a sabido e n c a ra rla

cro n o lo g ía

me

o b lig a

a h o ra ,

c o n tra

todos

no p ien se,

con

¿ se ría

posible

p u b lic a r esta c a r ta

en

"ve r y

lid y p r a t i, e d g a r b a y le y y ald o p e lle g rin i.
m is m ejo re s sa lu d o s p a ra

de a lg u n a
sus

in ju s tic ia

co m etid a

in fo rm a n te s — q u e al

fa v o re c id o ,

sin

duda,

el

c o n tra

mí

p a re c e r no son
d e sp la za m ie n to

e s tim a r" ?

por

si no lo fu e s e , e n v ío desde y a , por este m ism o co rreo , c o p ia s a

a la co m p ro b ació n
h an

arg u m e n to

usted dispone en fa v o r de su te sis es la " a p a re n te heg em o nía

ni por asom o, que este cam b io ta n ra d ic a l de a c titu d se debe

m is am ig o s—

f ig u ­

ra ra im p a rc ia lid a d .

m is c á lc u lo s , a d e sistir de m i a c titu d p re scin d e n te .

en su cro n o lo g ía,

no

ra ro n , por su p u esto , en esta m u e stra .

buenos p ropósitos de su c ro n o lo g ía ,

tra ta b a

arte

la escisió n del grup o o rig in a rio no se produce después sino

alg u n a de sus p a rro q u ia s.
p a la b ra s ,

del

usted no m en ­

a n te s de la m u e stra p riv a d a en la c a sa del d r. pichó n riv ié re .

en

no he tenido é x ito .

te ó ric a "

lo z z a ,

h an te nid o u n a g ra n im p o rta n c ia en aq u e l período.

deportivo) en re in v e n ta r el a rte concreto en buenos a ire s o en
en o tras

(k o sic e ,

c io n a los nom bres de C arm elo ard e n q u in , ed g ar b a y le y , lid y

2)

lo gía del a rte co n creto a rg e n tin o .

al

c o n creto en la a rg e n tin a — re v ista " a r t u r o " —

alg u n o s

usted , rom ero b rest y los m iem b ro s

del co m ité de re d a cció n de " v e r y e s tim a r" .
(to m á s m ald o n a d o )

13

�C A M I N O

DE

LA

O B S E R V A C I O N

R e su lta evid en te a l c o n te m p la r estos dos

p re tarlo com o una p e rd u ració n da fo rm a s

óleos la p resen cia de una posición p ictó ­

del c la sic ism o .

rica d e fin id a . P e rcib im o s que el a rtis ta ha

Por otra p a rte el m an ejo del co lo r revela

u tiliz a d o los elem entos p lástico s p a ra e x ­

una firm e vo lu n ta d de se le cc ió n , v a lo r i­

presar una a c titu d v ita l en fo rm a p recisa

zand o el z a p a llo y relegando

y

elem entos

co herente.

La

im agen

re p re se n ta tiva

em p lead a aq u í con fu e rz a

de apoyo re ­

un

papel

los dem ás

co m p le m e n tario .

así en su in te rio r

la a b u n d a n c ia

v e la un pro fund o am or a la v id a en su

de a m a rillo s y rojos que se unen a una

aspecto

p in c e la d a

p íric a

m a te ria l,
con

la

del e sp íritu

una

p a rticip a ció n

n a tu ra le z a .

La

se concibe pero

em ­

recarg ad a

y

v isib le

en

p a rtes

e x is te n c ia

p a ra a c e n tu a r su v a lo r e xp re sivo . Se pro­

in clu id o en

duce así un fin o juego d in á m ic o de esos

la m a te ria , sin tra s ce n d e rla . Y es por ese

c á lid o s con los frío s de la c o rte za

m otivo

con

m ás el fondo oscuro co n tra sta viv a m e n te

se im pone con v it a ­

con esa zon a de color por lo c u a l se crea

que

cuidad osa

la

im agen

fid e lid a d

trasp u e sta

Ade­

lid ad im p líc ita , con potencia co n te n id a.

un nuevo d in am ism o de p lan o s. P a re ce ría

¿C óm o esca p a V o llo n a la tra m p a de la

que en el segundo cu ad ro h a y una m ayo r

im ita c ió n ?

c o m p la ce n c ia

¿D ónde

están

los

sa c rific io s

n ecesario s p a ra c o n fo rm a r la im ag en co­

sensual en

las c u rv a s.

Es­

tam os pues an te dos im ágen es a je n a s a

mo c re a ció n ? A n te todo en la com posición

la

e q u ilib ra d a .

o se n tim e n ta l pero d e n u n ciad o ra s de v i ­

El flo re ro co n stitu y e un eje

v e rtic a l que e n c u e n tra su

re so n an cia en

rep rese n ta ció n

del

m o vim ien to

físico

b ració n e s p iritu a l.

los tonos frío s de la s c iru e la s del p rim e r

En estas fo rm a s p le n a s, la lín e a ha ser­

p lan o . El e je h o rizo n ta l e stá dado por la

vid o

m esa

p lieg ues

el d ib u jo es pues sostenido e im p lícito ; las

y el d ib u jo de la te la . L a boca del jarró n

som bras o p acas sólo su b ra y a n la función

su b ra y a el eje h o riz o n ta l.

del color y la m a te ria d e n sa . H a y un e s­

y el

pero

d isim u la d o

z a p a llo

pod rían

por

los

L a com potera

e n c e rra rse

en

un

de

fu e rzo

lim ite ,

pero

sin

por s ig n ific a r el

in d ep en d encia;

m a te ria l

dando

triá n g u lo . En la segunda obra la in c lin a ­

tra n sp a re n c ia por m edio de d elg ad as p in ­

ción del g ra n p la to c u rvo e stá e q u ilib ra d a

c e la d a s

por la

u va s p a ra o p on erlas a

c o rtin a

o b licu a

que

a tra v ie sa

el

fondo en sentid o opuesto.

14

E sta lla

a

su p erp ue stas

al

vid rio
la

y

a

las

so lid ez de los

dem ás objetos.

To d o s estos elem en to s de orden ación po­

Estas im ág en es d e sc rip tiv a s sin exceso nos

d rían co n sid e rarse alg o aje n o s al n a tu ra ­

co lo can fre n te a un a rtis ta que ha sabido

lism o por o rd e n a r una a c titu d in te le c tu a l

a d e c u a r los elem entos p lástico s a su per­

y re fle x iv a . T a l ve z co rresp o nd ería in te r­

sonal fo rm a e x p re siv a . N E L L Y P E R A Z Z O .

�A S O C I A C I O N

A M I G O S

no

C R O N IC A

se

ve,

ideas ya
El jueves

12

actos de

de

la

a cargo

m ayo

V E R

Y

E S T I M A R

J . R. B .

sostuvo,

repitiendo

como arq u e típ icas de la expresión social

exp uestas

en otras

ocasiones,

una y de la in d ivid u al la o tra. Sobre la

que la c risis a fe c ta b a a la p in tu ra como

idea

los

leng uaje y que si las c irc u n s ta n c ia s eco­

g am ente G o n zá le z L a n u z a y J . R . B.

una ch a rla

nóm ico-sociales y p o líticas no se m o d ifi­

p a la b ra serena pero ap asio n ad a del m ás

caban

joven

com enzaron

A so ciació n con

DE

de JORGE ROMERO BREST,

quien

le

pareció posible

p ro fe tiz a r una

se refirió a sus ideas sobre la c rític a de

cre cien te fa lta de v ig e n c ia a

la

arte .

de cuad ros de c a b a lle te , y a

que

m ism a

de

de

la c risis discutieron la r ­

los c rítico s

presentes,

La

Ernesto

B. R o d ríg u e z, fu é escu chad a con m arcado

pintura
la e x ­

interés, así como la p a la b ra m ás severa

a su d isertació n , contando cómo em pezó

presión se in c lin a b a m ás a ser a rq u ite c ­

y p ro g ram ática del ilu stre c ritic o español,

a hacer c rític a de a rte , después de h a ­

tón ica

G u illerm o de T o rre , y la p a la b ra b r illa n ­

berse dedicado d u ran te m uchos años a la

tas

Dió

histo ria

un

del

sucesivas

c a rá c te r

a rte ,

y

c u á le s

d ific u lta d e s

venciendo.

Leyó

auto b io g ráfico

que

un

fueron
tuvo

p á rrafo

arte s

pueden

ser

que es­

su

ir
p ri­
ASA M BLEA

m era c rític a de arte y sobre la base de
lo que d ijo en e lla
cómo

la

fu é

d ific u lta d

haciendo notar

para

eje rce r

la

c r i­

tic a de arte d e riva de la d ific u lta d para
ca p ta r en una obra

lo que

es e se n c ia l­

m ente estético . L a obra de a rte es sie m ­
pre

signo

de

una

realid a d

inm ed iata

— d ijo

carg a

una vitalidad

de

su p e rarla

en

hasta

esp iritu al

sín tesis—

ser

pero se

que le

perm ite

expresión

de

sentado

el

28

de

por

la tesorera.

Se

resolvió ad em ás

m o d ifica r

el Estatu to aum entand o

la

la A sa m b le a dió un voto de

ap lau so

a

B la n ca

S tá b ile por su

tesonera

actu ació n

como se cre ta ria de redacción de la re v ista . De acuerdo con los m iem bros electos, la
C om isión D ire c tiv a

ha quedado co n stitu id a

a sí:

una
presidente
vicepresidente
secretario
tesorera
vocales titulares

en el a n á lisis de esos facto res inm ediatos

ERNESTINA R. de CANEPA
ENRIQUE NAGEL
SAMUEL PAZ PEARSON
FRIDA K. de FONT
SARA ROBIROSA, JOSEFINA M. de RODRIGUEZ BAUZA
LUCY B. de CECCHINI, JORGE LIBEDINSKY y CARLOS I
SILVA
ERNILDE SELASCO, KETTY G. de GIUSANI
y OSCAR E. SPINETTO

que la d e te rm in an ; debe rem ontarse h a s­
ta esa zona de lo p erm anen te. Por si no
que

anual

cuota m ensu al que abonan los socios a ctivo s a 2 0 pesos. Y a m oción de B la n ca Pastor

v e rsa l como la obra, no puede detenerse

d ific u lta d ,

la A sa m b le a

a b ril ppdo. Fué ap robada la m em oria p resentada por la presidenta y el b a la n ce p re ­

c ia l. Y como la c ritic a debe ser ta n u n i­

esta

ANUAL

Como an u n ciam o s en el núm ero a n te rio r, se re a lizó

a c titu d p e rm an en te, intem p oral e inesp a­

b a sta ra

te y c á u stic a del poeta G o n zále z L a n u z a

consid eradas

las

que

de

que p ic tó ric a , señaland o

dos

obliga

vocales suplentes

al

c ritic o a se r m uy sa g a z p a ra no dejarse
e n g a ñ a r por las a p a rie n c ia s, la m ayor se
refiere a l m edio de exp re sió n , que ha de
ser n e cesariam e n te lógico para que

E X C U R S IO N

sea

A

SA N

PA BLO

com prensible.

La

Después de a n a liz a r larg am en te este a s­

III B ie n al que se in a u g u ra rá el 1 9 de ju n io p róxim o. D ich a e xcu rsió n será d irig id a por

pecto del problem a term inó diciend o que

JORGE ROMERO BREST, quien aco m p añ a rá a los e x c u rsio n ista s para a y u d a r a la m ejor

la

com prensión de las obras exp u estas.

c rític a

de

a rte , o se v u e lve

poesía,

C.

D. ha

resuelto

o rg a n iza r

una

e xcu rsió n

a

San

Pablo,

con

m otivo

de

la

o no es sino c rític a de lo c irc u n s ta n c ia l.

Se proyecta re a liz a rla en la p rim e ra q u in ce n a de agosto, en a v ió n , y sólo podrán co n cu ­

El jueves sig u ien te

an u n ­

rrir los asociad os. L a o rg a n iza ció n está a cargo de BLANCA STABILE, de

de

asociad os que q u iera n c o n c u rrir deberán

ciado

debate

se

sobre

re a lizó

El

el

porvenir

pintura, en el que in te rv in ie ro n

la

EDUARDO

GONZÁLEZ LANUZA, GUILLERMO DE TORRE,

Se reciben las in scrip cio n es en T u c u m á n

d irig irse a e lla

modo

que

los

en dem anda

de info rm es.

1 5 3 9 , de 10 a 12 y de 15 a

19 , h asta el

2 0 de ju lio próxim o.

ERNESTO B. RODRÍGUEZ y JORGE ROMERO
BREST.
Hubo

que

la m e n ta r

JULIO E. PAYRO,
ANTONIO
ja r

a

por

BONET, por

Córdoba

la
estar
hab er

au sen cia

de

enferm o,

de

debido v ia ­

inesperad am ente,

y

de

CH A RLA S

Ya

d ijim o s

659,

p rim e r

n ales.

sobre

soluciones

propuestas fueron

que

G o n zález

dríguez

Lan u za,

co in cid ían

en

de T o rre y
lín eas

Ro­

generales

frente a l pensam iento opuesto de J . R . B.
Todos

aco rdaro n,

era cuestionable
tu ra ,

pero

nombrados

sin
el

em bargo,

en que

porven ir de

la p in ­

m ientras
sostuvieron

los

tres

que

prim eros

b a sta ría

la

IN S C R IP C IO N

En nuestro local de la G a le ría V a n R ie l,

todos los sábados de

Las

LO S S A B A D O S

Flo rid a

ROMUALDO BRUGHETTI por m otivos perso­
v a ria d a s, pero desde el com ienzo se vió

DE

las

piso,
12

exp o sicio nes

a

de

se

re a liza n

1 3 , c h a rla s
la

sem an a.

A d ich as c h a rla s co ncurren esp ecialm e n ­
te in vitad o s algunos a rtis ta s ,

p ara c a m ­

b ia r con ellos im presiones y ju icio s sobre
las obras. El p rim e r sábado co n cu rrió el

DE SO C IO S

en el núm ero a n te rio r de la revista
que

era

necesario

ruega

en carecid am en te

por n u e stras activid ad e s a

D. in vita

esp e cial­

los acto s de

los ju eve s o las c h a rla s de los sábados,
con el objeto

La C .

asociados

a los que se presum e pueden interesarse

A so cia ció n . Los invitad o s a

su seño ra.

los

urgente solu ción. Y sugiere que se in vite

de

que co no zcan nuestra

los jueves ab onan

ap arició n de un genio para que ese por­

m ente a los asociados a c o n c u rrir a estas

no

ven ir ad q u iriera

c h a rla s. Se sirve ad em ás un c o c k ta il.

presentados por un

la b rilla n te z que ahora

a

bado sig uiente el pintor español
y

el

que se preocupen por este problem a, de

pintor arg e n tin o TORRALLARDONA y el sá ­
MAMPASO

au m e n tar

núm ero de asociad os hasta 2 5 0 . L a C . D

se

co b ra.

Pero

los actos de

10 pesos; los sábados
siem pre

deben

ser

socio.

15

�Libros de Arte
Lionello Venturi.

Peter

Pan

Librería Biblioteca Circulante
- Cómo se mira un cuadro
$

6 0 .—

Lib ro s en C a s te lla n o ,
F ra n c é s , In g lés y A le m á n .

L io n e llo V e n tu ri o frece un itinerario de la contem pla­
ción, enseñando a v e r los cuad ro s por sí m ism o s, des­
de dentro , atend iend o a los puros va lo re s que los
d e fin en com o hechos p lástico s. C on num erosos g ra ­
bados.

Herbert

R e a d . - E I significado del arte $

L ib ro s d e A rte .
L ib ro s p a ra niños.

E sm e ra ld a 1 0 5 0

5 0 .—

T. E . 3 2 - 5 5 1 1

L a obra d e fin itiv a del g ran c rític o in g lé s, prodigio de
sín tesis y de c la rid a d , con las nociones y conceptos
e sen ciales p a ra la com prensión de la obra de a rte .
Con num erosos g rab ados.

estudie
Conde de Listowel.

-

Historia crítica de la

estética moderna

$

40.

U n a v a lio sa concepción del a rte y de la b e lle z a , com ­
prendiendo te o rías e sté tica s ta n in flu y e n te s com o la
del p la c e r, la del ju eg o , la p s ic o a n a lític a , la e x p e ri­
m e n ta l, la so cio ló g ica, etc. E n cu ad e rn ad o en te la .

Leonardo da V inci.

- Tratado

de

ra ( 3 Q e d .)

la
$

pintura

r. goyman

escenografía

c. beitia

decoración de
interiores

e. rigoni

pintura infantil

e. rigoni

pintu­
1 6 5 .—

c o rrie n te s 1 91 9

t. e. 4 7 - 7 5 0 1

N u e v a ed ició n lu jo sa m e n te e n cu a d e rn a d a de las f a ­
m osas re fle x io n e s de Leo n ard o . C on num erosos g ra ­
bados y lá m in a s a todo color.

jorací
E D IT O R IA L LO SA D A S. A.
Alsina 1131
URUGUAY

reproducciones
de pintura m oderna
p ie z a s d e c e r á m ic a

Buenos Aires

CHILE

PERU

C O LO M B IA

G u e v a ra 1 3 5 7

E M IL IO P A S IN I C O S T A D O A T

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                  <text>Crítica </text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Ver y Estimar : revista de crítica artística</text>
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                <text>Serie 2. No. 8</text>
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                <text>Título anterior: Ver y Estimar : cuadernos de crítica artística</text>
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                <text>Buenos Aires, junio 1955</text>
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              <elementText elementTextId="2009">
                <text>Pedrosa, Mario&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
López Chuhurra, Osvaldo&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Poggi, Elena&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Perazzo, Nelly</text>
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                    <text>V e r y e s t im a r
revista

mensual

de

crítica

artística serie

2 N°- 7

�UL T I MAS

U bicán donos

m ás

MANIFESTACIONES

a llá

de

re tic e n c ia s

ta rio la ind ag ació n

una e xte n sa tra y e c to ria e n c a m in a d a en la

m ás

de las p e rso n alid ad es

recie n te m en te

han

incid id o en

la o rie n ta ció n de n uestro c lim a
lanceo c rític o de

com o o b lig ato rio

c o ro la rio

de

in d ag ació n de los c a ra c te re s e se n c ia le s del

p lá stic o ;

signo p lá s tic o ; es así que sin d esm entirse

un b a ­

n u n ca lleg a a esa a c a b a d a lim p ie za fo r­

no in sistirem o s por lo ta n to , en

lo bueno y lo m alo de

cad a a r tis ta , p rocurando ú n icam e n te ex-

m al que
aúna

es su

obra

a c tu a l.

C a stig lio lo

la honda y só lid a e lo c u e n c ia de los

p lic ita r aq u ello s aspectos de su obra que

p lan o s, la so b ria a rm o n ía c ro m á tic a , y la

h a y a n actu a d o fa vo ra b le m e n te en el p la n ­

e fic ie n c ia de los plan teo s rítm ico s, su m a n ­

teo de las ú ltim a s so lu cio nes.

do a ello una c u a lid a d de e xc e p ció n : el

EL

GRUPO

ap o rta

al

ABSTRACTO.
m o vim ien to

M ARÍA

FREIRE

su a c tiv id a d

dual

de e scu lto ra y p in to ra ; d u a lid a d e fe c tiv a
y a que en am b as m a n ife sta c io n e s d e sarro ­
lla

un

len g u aje

p lástico

in d ep en d iente.

Com o p in to ra ha ido a firm a n d o el sentido
de sus fo rm a s, h a c ié n d o la s cad a ve z m ás
liv ia n a s

y

de

e x p re s iv a ;

una

m ayo r co n ce n tració n

al m ism o

tiem po ha s im p lifi­

cado su com posición d epurand o los ritm os.
Sin em bargo m an tie n e a

lo larg o de su

hab erse

cre ad o

un

le n g u aje

propio

que

corrobora sin rep etirse.
JULIO VERDIÉ

d a , sobre todo en sus d ib u ­

jos una d im ensión d ife re n te de la p in tu ra
n o -fig u ra tiv a : la que tra n s ita p a ra je s del
se n tim ie n to exp resán d o se por el patetism o
del c la ro sc u ro , el lirism o del esfu m ad o , la
vio le n c ia d ra m á tic a de los ritm os y el e fu ­
sivo m o vim ien to del esp acio .
ANTONIO LLORENS

aú n cuand o su le n g u a­

evo lució n los rasgos d e fin ito rio s de su per­

je ap are ce to d a vía sa cu dido por las co n ­

so n alid ad : la preo cup ació n co m p o sitiva , el

tra d icc io n e s de la búsqueda y a c ica te a d o

esp acio

por la

lib re

exp an d ién d o se

del

cuad ro

u rg e n cia

de la

u b icació n te ó ric a ,

por d e trás de los sig nos, la u b icació n de

posee y a ad u lto s pro ced im iento s p lástico s

un centro d in á m ic o desde el c u a l se ir r a ­

y una segura d irecció n e x p re siv a . Su re ­

d ian

busca v a h a c ia los m ás rigurosos plan teo s

en

fu g a

p red ile cció n

los e je s

co m p o sitivo s,

por el color puro

la

m an ejad o

del

arte

co n creto ,

á g il oposición de

c o n tra p u n tístic a m e n te .

prescind iend o

signo y

de

la

espacio y del

Ver y Estimar

S u m a r i o
RO LLER I

ha a rrib a d o a lo

a b stra c to

que

C E L IN A

JOSÉ PEDRO CASTIGLIOLO

e s tim a tiv a s , in ten ta re m o s en este co m en ­

L O P EZ

N ELSO N DIM A G G IO

U ltim a s m a n ife sta c io n e s
en el U ru g u a y

de

la

revista m ensual de c rític a
a rtístic a

p in tu ra
3

D ib u jo , g rab ado y e scu ltu ra en el U ru g u a y

5

C o m ité de re d a cc ió n : S ilv ia A m b ro siñ i,
R aq u el E d e lm a n , Jo rg e G lu sb e rg , Enrique
N a g e l, A lfre d o E. R o land
S e c re ta ria de re d a cc ió n : B la n ca Stab ile

A L F R E D O E. R O LA N D

U n a te o ría del a rte

7

D ia g ra m a c ió n :

D A M IA N C A R L O S B A Y O N

C a rta de N u e va Y o r k

8

Su scrip ció n a n u a l: 12 núm ero s, $
E x te rio r, $ 4 5 ; núm ero suelto $ 3 .

E N R IQ U E N A G E L

¿Son los fo tó g ra fo s a rtis ta s ?

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E sc u ltu ra sin v a lo r

11
12

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V e r y E stim a r S.R .L., cap. $ 10.000

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R A Q U E L E D EL M A N

G esto e je m p la r

14
Director Gerente: Jo rg e Rom ero Brest

H O R A C IO D E N O T

L a E scu ela Su perior de A lto s Estud io s
de la Fo rm a. (U lm .)

A S O C IA C IO N A M IG O S DE V E R Y E S T IM A R

15

T a p a : D ib u jo de M a x B ill

2

14

R eg istro n a c io n a l de la propiedad in te le c ­
tu al núm ero 4 7 0 .7 7 1 .
A d m in is tra c ió n y r e d a c c i ó n : T u c u m á n
1 5 3 9 , Buenos A ire s , A rg e n tin a . 3 5 - 9 2 4 3
M ayo

19 5 5

�DÉ

LA P I N T U R A

E N EL U R U G U A Y

d e sarro llo de un le n g u a je al modo de una

su

c a lig r a fía d in á m ic a ; co n se rva ú n icam e n te

aco rd ad o y resu elto en un m iste rio so tr a s ­

la

fondo de la fo rm a a l c u a l se lleg a ú n ic a ­

m a te ria ,

el co lo r y la

fo rm a

geom é­

obra

n ad a

es

a rb itra rio ,

todo

está

tric a .

m ente por un en te n d im ie n to su b je tiv o . Su

TA LLER TORRES GARCÍA.

se n sib ilid a d no

E stán

in v o lu c ra ­

se d e sm en u za en v a g u e ­

ta le n to

dades c r ít ic a s , ni se a b a ra ta en psicolo-

reunid o s en su ad hesión a la concepción

gism os p ro fe sio n a le s. De a h í la sa b ia d is ­

c o n stru c tiv ista . Su le n g u a je se c o n stitu ye

trib u ció n de los é n fa s is en el e m p a ste , el

dos

en él a r tis ta s

a tra v é s de

la

de verd a d ero

riq u e z a

sim b ó lica

de

las

fo rm a s, por la c a p a c id a d e x p re siv a de la
sín tesis

lin e a l, el c á lc u lo

de

las propor­

cio nes n e c e sa ria s, la a d ju d ic a c ió n de una
e stru c tu ra a la re a lid a d se n sib le que s ir ­
v a de apoyo p a ra la c o m u n ica ció n p lá s ti­
ca y aseg u re la v ig e n c ia c o le c tiv a de la
o bra de a rte . De un n iv e l g e n e ra l de d ig ­
na

c a lid a d p lá s tic a ,

se

d e sta ca n

por

la

c o h e re n c ia

en el m an ejo de sus p ro ced i­

m ie n to s

la

y

c o n sta n c ia

de una

índole

cre a d o ra que in cid e en el sesgo perso nal
de los sig n ific a d o s de su le n g u a je : H o ra ­
cio T o rre s , A u g u sto T o rre s , G o n za lo Fonse ca , Jo sé G u rv itc h y U ru g u a y A lp u y .

p e rfecto e q u ilib rio

de la

co m p o sició n,

la

m a d u ra d a d e fo rm ació n de lo re p re se n ta ­
do.

Es ta l el im p ulso de su b lim a ció n de

su le n g u aje que lleg a a c o m u n ic a r ir re a ­
lid ad p o é tica a la m en g u ad a c o tid ia n id a d
del te m a ; sólo queda vig e n te el m en sa je
de a n g u s tia y de e stre m e cim ie n to tensos.
Y es que la obra de E sp in ó la es un m u n ­
do;

"su "

m undo;

de

in te rio r y

alg o

por eso tie n e

siem pre

d ifíc ilm e n te

c o m u n i­

cab le .
VICENTE M ARTÍN

es, por la m a d u ra d a s a ­

p ie n cia de sus p ro ced im ien to s y la v ig e n ­
te

in q u ietu d

nuestros
a c e rc a

de

p in to res
a

¡a

su

búsqueda

jó ve n e s

e stim a ció n

que

uno
m ás

u n iv e rs a l.

de
se
Sus

MANUEL ESPINOLA GÓMEZ

es el caso

del

p ro ced im ien to s h acen a la rd e de una im a ­

poderoso

de

por

g in a ció n in a g o ta b le p a ra a g re g a r s o lic ita ­

la

ciones se n sib le s a l co lo r y la m a te ria , de

m enudo

un c o n o cim ien to e n tra ñ a b le de las p o sib i­

in tu itiv o

la su b lim a ció n

capaz

a r r ib a r

de lo re p re se n ta tivo a

cre ació n o rig in a l

de

fo rm a s.

A

sorprende la fu e rz a de sus d e fo rm acio n es

lid ad es del em p aste y de las v ir tu a le s d i­

y su a u d a c ia c ro m á tic a ; sin em bargo en

m ension es de la p in c e la d a . A l co rro b o rar

V IC E N T E
M A R T IN :
p o s ic ió n 541« ó le o .

Com ­

3

�la in au d ita riqueza del repertorio form al
de

M a rtín ,

resu ltan aún

m ás vale d e ras

sus ind agacio nes en la ab stracció n y aún
m ás asom brosa

la desenvuelta

p ro fu n d i­

dad de sus resultados. M a rtín ha ah o n d a­
do su

leng uaje sin perder sin em bargo,

nada del hechizo de su se n sib ilid ad : ésta
co ntin úa

en

la

contenida tra n sp a re n cia

de los fondos, en la luz interio r del color
y en el d ifíc il eq u ilib rio
cro m ática.

La

p in tu ra

de

la

arm o n ía

de M a rtín

sigue

siendo pintura de " d u e n d e " .
JOSÉ ECHAVE,

aún partiendo de lo repre­

sentativo no se sirve en su p in tu ra de las
ordenaciones o rg án icas sino que c o n stitu ­
ye

sobre

e lla s

una ordenación

racio n al

que le es propia y en fu n ció n de la cu al
se o rg an iza toda la obra. Por eso la d e fo r­
m ación tiene en E ch ave un sentido com ­
positivo y por eso tam b ién la v isu a liz a c ió n
evidente del dibujo a tra vé s de lineaciones
cro m áticas.

Esa co m p licación

im p lica en

él la búsqueda de ritm o s; pero estos no
están dados solam ente por la repetición
de direcció n y sig n ifica d o en el tra z o , sino
adem ás por la

oposición

de

las fo rm as

m ism as; de a h í que u tilic e a m enudo un
planteo fra g m en tario de la fig u ra c ió n que
determ ina una co n tin u id ad periód ica que
constituye el

ritm o.

Pero

Ech ave busca

adem ás el apoyo de los elem entos se n si­
bles para redondear ese m undo que in i­
cian el dibujo y la com posición; en r e a li­
dad quiere la corroboración de s ig n ific a ­
dos entre todos los in teg ran tes p lástico s;
por ello es que va haciendo su em paste
cada vez m ás intensam en te exp re sivo y
sus

arm o n ías cro m áticas cad a

vez

m ás

su tiles. T e m á tica m e n te Ech ave p refiere el
repertorio autóctono, insistiendo a

veces

en la repetición de una an é cd o ta, h a lla n ­
do en e lla , cad a v e z , una so licitació n d i­
ferente. C E L IN A R O L L E R I L O P E Z .

JO S E

M A R IA

4

F R E IR E :

P.

C A S T IG L IO L O :

C o m p o s ic ió n .

C o m p o s ic ió n .

�M A R IA F R E IR E : C onstrucción
Esp acial, (plexiglass y bronce)

DIBUJO,
El U ru g u ay

GRABADO

Y

ESCULTURA

no ha sido ni es, tie rra de

q u ienes se p e rfila n con una n ítid a perso­

M ARIA CARMEN PORTELA, m an tie n e a

buenos d ib u ja n te s y escu lto res. E stas dos

n a lid a d en o bras fre sc a s y o rig in a le s, las

vés de los año s, el señorío en sus p u n ta s

d iscip lin a s a rtís tic a s siem pre han quedado

que no están e x e n ta s, em pero, de una pe­

se ca s,

relegadas a un in ju s tific a d o segundo p la ­

ligrosa su p e rfic ia lid a d .

se n tim e n ta l.

no, como si a tra v é s de e lla s no se p u d ie­

T a m b ié n

ran

ción son C a rlo s C a rb a lh o y C a rlo s P ie ri,

e xp re sa r

los se n tim ien to s

m ás

ho n­

alu m n o s de esa

m ism a in s titu ­

con

una

honda y

NERSES OUNANIAN e je c u ta

rica

tra ­

v ib ra c ió n

lim p ia s

f ig u ­

ra s, pero in e v ita b le m e n te se re p ite , donde

dos, las ideas m ás u n iv e rsa le s.

obteniendo m onocopias de e xc e le n te f a c ­

la

T a l p re ju ic io estético , m an te n id o por m u ­

tu ra y un m edido acento poético.

una nota de ind ecisió n m ayo r a sus re la ­

cho tiem po , ha

dado

por resu ltad o

una

EUGENIO

PRINO

DEL

CASTILLO, m u e r t o

in clu sió n

de pequeños signos,

a g re g a

tivo s m érito s.

in ca p a cid a d g e n e ra liz a d a p a ra el e je rc ic io

in esp erad am e n te

de la lín e a , p a ra la co n fo rm ació n de un

p rim e ra e xp o sició n ,

p e rfil. N uestro s a rtis ta s no se han dado

a u to d id a c ta de

cu e n ta que

un dom inio sin g u la r del tra z ó y una te m á ­

c ia , sobre todo en

tic a no c o n ta m in a d a de p re ju ic io s esteti-

de blan co s y negros, cu id ad o sa m e n te do­

c is ta s ; c a p a z de a p re sa r el c lim a de t r a ­

sific a d o s de sus tin ta s c h in a s .

del

la té cn ic a es un instru m e n to

a lm a , — como

v e z — , y que las
quieren

un

se

ha

dicho

a lg u n a

fo rm a s e x p re siv a s

do m inio

del

hacer

re ­

p lástico

determ in ad o .
d ib ujo

realid a d está

re a liz a b a

sorprendió

dotes

como

su

JOSÉ P. CASTIGLIOLO y ANTONIO LLORENS,

un

u t iliz a n en sus com p osiciones a b s tra c ta s ,

e xc e p cio n a le s, por

g edia q u e le tocó v iv ir .

U n a especie de

C a rlo s S á e z , m ás razo n a d o r y cautelo so .

C u an d o un p into r h ace in cu rsio n e s en la
a c u a re la ,

m ie n tra s

o g rab ad o ,

eje cu tan d o

es

lo
una

que

en

a p lic a ­

ción de los p ro cedim ientos p ictó rico s con
una m a te ria a je n a a l m ism o.

De donde

resu lta el hib rid ism o en la e xp re sió n ,

la

m ediocre c a lid a d de la o bra.
Te n ien d o en cu e n ta estas razo n e s fu n d a ­
m e n ta le s, es que se puede h a b la r de c a ­
ren cia de d ib u ja n te s n a c io n a le s. R e a lid a d

\ jU L I O V ER D I é , m ostró aspectos poco cono­
cidos de su

o b ra:

una

se rie

de dib ujos

p ro cedim ientos p erso n ales, de g ra n e f ic a ­
los h á b ile s c o n tra ste s

En el cam p o de la e s c u ltu ra , m e n c io n a ­
rem os a ~ M ARIA FREIRE, o rie n ta d a

h a c ia

fo rm a s que in te n ta n a p re sa r el esp acio a
tra v é s de co n stru ccio n es de hierro o b ro n­

a c u a re la d o s, en los que co nseg uía fe lic e s

ce y

so lu cio nes e s p a c ia le s.

su c a m in o d e cisivo ■
— o scila e n tre la p in ­

de

d e cirse

de

los

RICARDO AGUERRE
cad a

del

tre in ta ,

A lg o

s im ila r

d ib u jo s

del

p u e­
pintor

re a liza d o s en la
se n sib le s

dé­

recrea cio n es

de la re a lid a d u rb a n a , con a lg u n a s e x q u i­

p le x ig la s s. T o d a v ía

tu ra y la e s c u ltu ra —

no ha

h a lla d o

y aun q ue sus ú lt i­

m as o bras tienen un alto grad o de p e r­
fecció n té c n ic a , se nota la fa lta de rotundid ez e x p re siv a .
EDUARDO YEPES, ab an d o n a len tam en te , sus

s ita s c a lid a d e s to n a le s.

c a lid a d fo rm a l y en la producción de m u ­

grab ad o s

chos ta le n to s ind ud ab les.

con ta n ta pasión y p ro fu n d a com p ren sión,

Sin em b arg o , el año pasado pudo com p ro­

que cab e e sp e ra r en un fu tu ro no le jan o ,

y una co ntención e je m p la re s.

barse

la

PABLO SERRANO, ad olece de un efectism o

un

em p u je

m ente en el

ren o vad o r,

g rab ad o .

Cabe

p a rt ic u la r ­
se ñ a la r en

unos estud ios

sobre

fo rm a s b a rro c a s, fu e rte m e n te se n so riales,

trem en d a, que in cid e dolorosam ente en la

VÍCTOR LIM A re a lizó

de R e m b ra n d t y G o y a , hechos

d e ca n ta ció n

de una m a d u re z que

se

p resiente .
SIR é CASAS, ab an d e ra d o

cinco g rab ad o ras — a lu m n o s de la Escu e la

re a lism o , m uy a isla d a m e n te posee la f u e r ­

de B e lla s A rte s — :

M o rta ro tti,

O fic ia ld e g u i, V ila , O neto y V ia n a , F ie rro ,

am enazaban

con

la

d e strucció n de

los fo rm a s, m ostrándose hoy con un rigor

en la presen tació n de sus fig u ra s , las c u a ­

este sentid o , la p resen cia de un grupo de
N a cio n a l

que

ta rd ío del su p e r­

les

son

resu eltas

desde

un

sólo

punto

de v is ta , descuidando los m ás elem entales

za em ocion al que se propone, en un ale-

p roblem as

gorism o e x te rio r y g ra tu ito .

M A G G IO .

escu ltó rico s.

N E LS O N

DI

5

�a r r ib a d e r. V I C T O R L I M A : D ib u jo .
¡z q . a r r i b a . P R I N O
iz q . a b . O F E L IA
a b a jo . E D U A R D O

6

DEL C A S T IL L O .

O N ETO

Y

V I A N A : " F i g u r a s " . L á p iz ,

Y EP ES: C abeza.

�UNA

T E O R I A

DEL

que nos

ART E

lleve

a

un

c a lle jó n

sin

s a lid a .

" . . . el propósito del a rte — dice R ead —
que es la c o m u n ica ció n del se n tim ie n to ,
se co n fu n d e in e x tric a b le m e n te con la c u a ­
lid ad de la b e lle z a , que es el se n tim ien to
co m u n icad o
¿Po r

qué

puede

por

fo rm a s

p articu lares?

estab lece rse

e n tre

p a rt ic u la re s .'"

¿Q ué

d ife re n c ia

" la

c o m u n ic a ­

ción del se n tim ie n to " en fo rm a artística*
y esa m ism a c o m u n ica ció n , en fo rm a noa r tís tic a ,

pero

" b e lla " ?

Si

hem os

que el a rte — com o expresión—
de

" h a lla r s e

de

un

c o m p le ta m e n te

o rd en am ie n to

" b e lle z a

es el

desprovisto;

f o r m a l" ,

se n tim ie n to

vistor

no p u e ­
y

que

la

c o m u n ic a d o "

por c ie rta s fo rm a s ¿cóm o puede la c o m u ­
n icació n a rtís tic a — o la exp re sió n —

e s ta r

d e sprovista de b e lle za ? Si es una c o m u n i­
cació n de se n tim ie n to s no o rd en ad a — sin
fo rm a —

será

una

sim p le expresión

(sin

b e lle za y sin a rte ). Es d e cir, que se rá una
exp re sió n n o -esté tica.
El a n á lis is que hace H e rb e rt R ead en el
resto de su lib ro de la fo rm a y la e x p re ­
sió n , la a rm o n ía y el ritm o , de los e le ­
m ento s que c o n fig u ra n las a rte s v is u a le s
(d ib u jo , co lo r, tono) y de los p ro blem as
in h e ren tes a la fo rm a y al co n te n id o , a
la a b stra c c ió n y a la d e fo rm a c ió n , e t c .,
En su libro T he M eaning of A rt, p u b lic a ­

v o -su b je tív o , de d ifíc il

H e rb ert

y del proceso en d o p ático , así com o de los

do recie n te m en te en c a ste lla n o , (1 ) Her-

R ead lo s a lv a pero de un modo un ta n to

va lo re s e s tilístic o s , es m uy rico y denso de

bert R ead tra ta de fu n d a m e n ta r una teo­

e lu sivo : " D e c u a lq u ie r m an e ra que d e fi­

id e as, con ag u d a s o b se rvacio n e s; el e stilo

ría del a rte que s ir v a , al m ism o tiem po,

nam o s el sentid o de b e lle z a , debem os c a li­

conciso y una g ra n fa c u lta d p a ra la s ín ­

com o

fic a rlo

una

in tro d u cció n

al

problem a

ge­

n e ra l del a rte , en sus m ás d iversos a s ­
pectos. A u n q u e en

esta

obra

se re fie ra

in m e d ia ta m e n te

so lu ció n .

el

te sis dan m ayo r lu c id e z a las d e m o stra ­

sentid o a b stra c to de b e lle za es m eram e nte

ciones. Po d ríam o s fo rm u la r alg u n o s re p a ­

la base ele m e n ta l

com o te ó rico ;

de la a c tiv id a d

a r t ís ­

ros,

pero

ello s

re su lta ría n

se cu n d a rio s

t i c a ." Es d e cir, que el h a c e r a rte supone

fre n te al que hem os se ñ alad o en el p la n ­

visuales, a d m ite que h ay c ie rta s c a r a c t e ­

una intencionalidad de b e lle z a . El proceso

teo in ic ia l. L a teoría no queda m uy firm e

rístic a s com unes a todas las a rte s, y por

a rtís tic o ordena las p e rcep cio nes " e n fo r­

ni co m p le ta , pero lo in d u d ab lem e n te v a ­

ello la p rim e ra p a rte del libro está d e d i­

m as y m odelos a g ra d a b le s " . Esto co n ciern e

lioso es el en fo q u e del problem a a rtís tic o

cad a a un p lan teo g e n eral que aborda los

al

en su to ta lid a d , con todas sus im p lic a c io ­

puntos c a p ita le s de la e s té tica , siendo su

co m b in ació n de esas p e rcepciones c o rre s­

nes — p sico ló g ica s,

punto de p a rtid a el problem a de la b e­

ponde a un estado previo de em oción o

fís ic a s — ; por ello resu lta este lib ro , por

p a rticu la rm e n te

a

las

a rte s

p lá s tic a s

o

sentid o

estético .

Pero

"c u a n d o

una

so cio ló g icas y

m e ta ­

lle z a .

se n tim ie n to ", tenem os que h a b la r de e x ­

sus num erosos y ace rtad o s p lan teo s, u n a ,

Su d e fin ició n de la b e lle za — después de

presión.

e fic a z introducción al problem a a rtís tic o .

h acer una sa lve d ad sobre la fo rm a in a d e ­

" q u e el a rte es exp re sió n — ni m ás ni m e­

cu ad a con que suele u sarse el té rm in o —

nos— . "

le sirv e de base p a ra fo rm u la r su te o ría

v ista de o rd en am ie n to fo rm a l, " s u propia

p in to res,

in c o h e re n c ia

Lle g a m o s así a la co n clu sió n de
Si la exp re sió n se h a lla despro­

lín e a

en

de

c ie rto

a rte ".

modo d e te rm in a d a por las tesis in ic ia le s ,
pero sin un d e sarro llo profundo y sin que

nes se n s o ria le s " . Pero hoce el d istin g o e n ­

sid e rá n d o la sólo com o " c ie n c ia de la p e r­

se a d v ie rta

tre " a r t e " y " b e lle z a " , que a b u siv a m e n te

c e p c ió n " , R ead tie n e que a d m itir que " e l

las

se h an co n fu n d id o ; puede h a b e r — y los

a rte

de esos va lo re s

L a a b u n d a n c ia de datos p erso nales q u iz á

caso s h istó rico s son fre cu e n te s—

un arte

e m o cio n a le s" y , por lo ta n to , que el a rte

sea lo que m ás c o n trib u y e a que, en su

nos p lan tea

b e lle za es una u n id ad de

puede

ir m á s a llá

lla m a rla

una

A l re d u cir los lím ite s de la e s té tic a , co n ­

"La

im p ide

sig uiend o

relació n fo rm al entre n u e stra s p ercep cio ­

a r tís tic a :

nos

En la p a rte h is tó ric a , com o una co ncesió n
a la a m e n id a d , h a y m u ch a b io g ra fía

una

p rem isas

como expresión puede ser a je n o a la b e­

co n ju n to ,

el p rim e r p ro b lem a, el p rim e r te m a a d is­

lle z a . Pero la e sfe ra de la e sté tica se ha

d e sh ilv a n a d a .

c u tir. ¿E sta m o s tan seguros de saber e x a c ­

d ila ta d o desde K a n t a nuestros d ía s, p re ­

ta m e n te qué es lo bello? Si prud entem ente

c isa m e n te p a ra que el a rte y la b e lle za

nos preven im o s — y H e rb e rt R ead lo h a ce ,

no queden d ivo rciad o s. Lo s esfu e rzo s en

con acopio de a n teced e n te s

ta l

sin b e lle za .

co ntra

Esta a firm a c ió n

el eq uívoco

que

h istó rico s—

e n c ie rra

el

té r­

sentid o h an sido g ran d e s, y si a p a ­

ren tem e n te el problem a se co m p lica y se

lig azó n

e sté tica s

esta

obra

m uy

a n te s

p a re z ca

c la ra

con

fo rm u la d a s ..

un

ta n to

A c e rc a de la ed ició n c a s te lla n a , cabe m en ­
c io n a r la fid e lid a d con que Leo no r Acevedo de Borges ha vertid o no ya los c o n ­
ceptos sino el propio e stilo del a u to r, sin
que se a d v ie rta n

las a sp e re za s tan

fre ­

m ino " b e lle z a " y lo colocam os e n tre p a ­

h ace

réntesis (u tiliz a n d o el m étodo fenóm eno-

e sté tica a la sola percepción no so lu cio n a

lógico), resu lta un ta n to p rem atu ro a f i r ­

nada.

m ar que

b e lle za .

sin d u d a, h a c e r el d istin g o , m as sin lle ­

(1 ) " E l sig n ific a d o del a r t e " . Buenos A ire s ,

Se tra ta en re a lid a d de un d ilem a o b je ti­

g a r a c a e r en una m u tila c ió n del problem a

L o sa d a , 1 9 5 4 .

puede

h ab er a rte

sin

m ás
Por

co n fu so ,

la

razo n e s de

lim ita c ió n
m étodo

de

la

cu en tes en la s tra d u c cio n e s m uy ceñ id a s
al o rig in a l. A L F R E D O E. R O L A N D

co n vie n e ,

7

�C A R T A DE N U E V A Y O R K
L O S 2 5 A Ñ O S DEL M U S E O

Los e x p re sio n is ta s nó rd ico s e stá n b a sta n te
bien rep rese n ta d o s en el g ra b a d o y en los

exp o sició n de sus pro p ias c o le cc io n e s; p u ­

óleos. Lo s fau ves, no ta n b ie n . En cam b io

b lic a c ió n

desde h a c e

de

dos a c o n te c im ie n to s:

un

su ntu oso

libro

(M asters

of Modern A rt), e d itad o en H o la n d a con

d e b ilid a d

72

se ju s tific a

ilu stra c io n e s en co lo res y m u ch a s en

firm a d o por A lfr e d H . B a rr J r . y ad o lece

sin c o n ta r G uernica que no se e x h ib e esta

un poco de los m ism o s d e fe cto s del M u ­

vez.

a fá n

desm edido de

a c u m u la c ió n

a b a rc a r

in g en u a

dem a­

de d e ta lle s ,

ta m b ié n

a

los g ran d e s

nos

e n co n tra m o s

con esp lén d id o s

buenos ■
— a u n q u e q u iz á escc-

G a u g u in

y Van

del

Gogh, una

a d u a n e ro

n u e va

R o u sse a u :

El

sa G itan a dorm ida, o rg u llo del M u se o . De
paso:

am bos h an

m ente y si b ien

sido

lim p ia d o s

se ve n

un

ú lt im a ­

poco crudos

(está b am o s aco stu m b rad o s a l d orad o del
b a rn iz ), sig uen

ab. der.
1921.

8

P A B LO

P IC A S S O :

La s

Tre s

Crim ée,

M úsicos.

o

la

De-

é ste .

Al

lad o

del

Lección

de

piano

de

sosten iend o su g ra n c a li­

de e llo s, c o n tig u o s, a p a re c e n

u n a c a n t i­

dad de p in to re s m ed io cres o fra n c a m e n te
m a lo s.

Hay

unos

pocos n o rte a m e ric a n o s

b u eno s, p on erlos en su sitio se ría ju sto y
p rovechoso.

M e z c la r

los

v a lo re s

a sí

no

co nd u ce sin o a l e x tr a v ío del pobre esp ec­
ta d o r d e sp reve n id o a l q u e se le cae e n c i­
ma

todo aq u e l

m undo en que e s tá ,

in ­

co m p re n sib le m e n te m e zc la d o lo m u y b u e ­
no
el

con

lo in ú t il. T a l com o se

M u se o , no

ayuda

al

presenta

p ro fa n o

a

s a lir

de d u d a s, a n te s b ien lo lle v a a c o n fu n d ir

d a d . Y , a propósito de in g en u o s: e l M u ­

los pocos v a lo re s que h a y a lo grado je r a r ­

seo

q u iz a r .

p e rsiste

Q u iere

de

rojo

Les

toda la c a r a v a n a de los m a e stro s, a l lado

c o le c c io n a r

Sueño, c a si ta n m iste rio so com o la fa m o ­

Rué

c o n tra d ic to rio

Estudio

com o

N u evo te m p e ra m e n to : el M useo ha d e c i­

a d q u isició n

U T R IL L O :

im p o rta n te s

M a tis s e , de buenos L é g e r, B ra q u e , G ris y

sos—

ab. II. M A U R IC E
P arís, 1910.

M useo

ta n

fe c h a s , c u rio sid a d e s, a n é cd o ta s.

C ézan n es,

Dorm ida.

por sí so la . D ie z y se is te la s ,

m oiselles d 'A vigno n, los Trois M u sicien s,

a e lla

La G ita n a

una

está

— en

m o vim ie n to a c tu a l. S a b ia m e d id a , g ra c ia s

R O U SS EA U :

tie n e

ilu s tra d a con c o m e n ta rio de te x to s—

lib ro

m aestro s del sig lo p asad o que e x p lic a n el

ab. I. H EN R I
1897.

M u se o

a lg u n a s

dido

piano

el

g u ía

sia d o ,

de

tiem p o

por P ic a sso , que n a tu ra lm e n te ,

re a lid a d u n a

seo:

lección

MODERNO

el

fe s te ja rlo s ,

neg ro. El

La

ARTE

M useo tra n sfo rm a d o , de a rrib a a a b a jo , en

P a ra

M A T IS S E :

DE

en

e x p lic a r ,

un e rro r y a
en

p a rte ,

tr a d ic io n a l.
el

fenó m eno

El

en ten d id o

va

d ire c ta m e n te

lo que co n sid e ra m e jo r y p a sa

lo m o nstru o so

(una

a n te

do h in c a p ié en los na'ifs. S a lvo R o usseau

te rc e ra p a rte del M useo ad o le ce de este

— que so b rep asa la c a te g o ría y en c ie rto

d e fe cto ), pero el que no e stá m u y seguro

modo la d e sm ie n te —

y q u iz á U trilio ,

tie n d e a

d em ás

ing enuos

p in to res de

orden.

A lg u n o s con g r a c ia :

son

b o is; la m a y o ría sin n in g u n a .

V iv in ,

o

largo

de la p in tu ra m oderna h a c ie n d o d e m a s ia ­

los

lo m ed io cre

a

de

c re e r que todo v a le

lo m ism o ,

c u a rto

que todo es de calid ad museo, y tra ta de

Bom -

a d m itirlo todo. A s í se fa v o re c e la escu ela
de los re a c c io n a rio s y de los snobs.

�L. FE IN IN G E R : "R ad a m p fe r I" . 1913.

EL

N U E V O

D elib e ra d am e n te

D EM UTH :

A e r á b a t e :;,

1919.

no he qu erid o to c a r el

W H I T N E Y

tos otros. Q u iz á éste sea tem a de D erecho

te m a de los a rtis ta s n o rte a m e rica n o s h asta

In te rn a c io n a l, a m í no m e p a rece d e m a ­

a q u í,

siado

porque

tie n en

p a ra

ello s

solos

el

g ra v e .

Los

a rtis ta s son

buenos

o

fla m a n te M useo W h itn e y (que se m udó de

m alo s y h a y que m o stra r sus o b ra s: ¿en

la c a lle 8 y ha hecho e d ific io nuevo, v e ­

un m useo o en otro? V a y a m o s a l g ra n o .

cual

Lo m alo es que el g ran o co nsiste p re c i­

tiene c o m u n ica ció n in te rn a ). L a c o n stru c ­

sa m en te en que el n o venta por c ie n to de

cino

CH A R LES

M U S E O

del

de A rte

M oderno

con

el

ción por fu e ra es herm osa au n q u e un po­

lo a q u í m ostrad o es m alo o in m a d u ro , en

co d is c u tib le , el arre g lo intern o es se n c i­

el

lla m e n te pésim o.

e s c u ltu ra

T a n to desde el punto de v is ta de la f u n ­

Z o ra c h (n a cid o en R u sia ) que no d e ja de

m ejo r de

los caso s.

en

p la n ta

En

b a ja

la

s a la

e stá

de

W illia m

ción com o desde el m ás ele m e n ta l buen

ser bueno. Y c la ro e s tá , uno de los pocos

g u sto. M oderno de c a sa ric a c u rsi, estilo

g ran d es a r tis ta s

m u e b le ría de h ace v e in te a ñ o s: crom ad os,

C a ld e r.

n acid o s en

los

E E .U U .:

espejos con d e co racio n es g e o m é trica s, n i­

En las g a le ría s de p in tu ra todo e l re p e r­

chos con e s ta tu a s , p in to resq u ism o b a rato

torio

de

(m uy caro ). Si esto fu e ra ya v ie jo lo po­

M ax

W e b e r,

d ríam o s

O 'K e e ffe . Ju n to con los pocos v e rd a d e ra ­

q u iz á

a d m itir

pero es fla m a n te ,

con

un

suspiro,

aca b a d o de h a c e r.

La

los

n o rte a m e ric a n o s
S h e e le r,

m ente bu enos:

m ed io cres:

H o p per,

F e in in g e r,

G eo rg ia

D e m u th , N ile s

c á s c a ra de a fu e ra (c u y a b u en a in flu e n c ia

Sp encer (en el c u a l re a lm e n te no se h ace

se debe a l a rq u ite c to

b a sta n te h in c a p ié y m e parece un a r tis ta

n ad a

tie n e

que

P h ilip C . Jo h n so n )

v e r con

d e testab le

im p o rta n te ), Jo h n M a rin (con q u ien cre o ,

in te rio r.

por el c o n tra rio ,

Pero vea m o s qué h a y en ese in te rio r. El

S tu a rt D a v is que p in ta affiches m á s que

M useo está d e dicado a l a rte n o rte a m e ri­

cu a d ro s, K a r l K n a th s m uy a ju sta d o , M o r­

ca n o . Fu é fu n d ad o

gan

V a n d e rb il

W h itn e y

cre cien d o

h a sta

por la
en

el

S ra . G ertru d e

1930

y

ha

ido

el m om ento a c tu a l.

Los

R u ssell

de

que se ha e x a g e ra d o ),

herm osas

E n tre los que p in ta n ah o ra y tie n en c in ­

n o rte a m e ric a n o s ad o p ta n , en a r te , un c r i­

c u e n ta

terio e x tra ñ o

Ben S h a h n , que tie n e alg o

pero ju s tific a b le : se c o n si­

dera n o rte a m e ric a n o
p ap eles

a todo aq u e l cuyos

lo se a n . De modo que c o n tin u a ­

e n to n acio n es,

M a c d o n a ld W rig h t.
añ o s el m enos

rib lem en te
tru y e

in ú til

me

p arece

de in tra n s fe ­

n o rte a m e ric a n o . T o m lin co n s­

a b stra c c io n e s

un

poco

sim p lista s

m en te , a l pie de los cu ad ro s vem o s un

pero h erm o sas, P o llo ck es la pied ra de es­

c a rte lito que re z a :

c á n d a lo a l a r r o ja r p in tu ra

F u la n o de T a l, a m e ri­

sobre la te la

cano (n a cid o en A le m a n ia , R u s ia , F ra n c ia

desde

o Ja p ó n ). No es pues raro que el fe ro z

K o o n in g m e p arece el fa lso m aestro so­

c a ric a tu ris ta

b re valo rad o en los dos m useos — y q u iz á

G ro sz sea a m e ric a n o ,

ni el

láng uid o s u rre a lis ta Y v e s T a n g u y , n i t a n ­

lejos . . . con in n e g ab le gu sto ,

B a z io te s sea

De

el que e n cu e n tre m ejo r de

9

�a r r ib a : S T U A R T D A V !S :
R o c k p o rf. T 9 4 0 . ó le o .

a b . N IL E S

SPEN CER:

C it y

R e p o rt

W a lls .

From

1921.

todos ellos. Lo demás es silencio . . .
En este país rico, los mediocres tienen
tantas facilidades y oportunidades, que
se corre el gravísimo riesgo de que pase
continuamente el gato por liebre. Y para
peor; estoy persuadido de que en ios mis­
mos EE.UU. existen otros jóvenes más
dotados que muchos de los del museo
pero que por algún motivo no pueden es­
tudiar - o i r á Europa.
País de confusiones, de tergiversación de
valores, los museos hacen muy poco por
despejar el ambiente y hacerlo más respirable. Si la realidad de un país es que
sólo cuenta con unos pocos buenos artis­
tas, me parece que lo sano es mostrarlos,
estimularlos — si viven— , pero no sobre­
valorarlos. Y sobre todo no inventar fu­
turas glorias de pintores tristemente me­
diocres. Queriendo ser comprensivo y esti­
mular cualquier pequeña tentativa, se
confunde más. El pintor que ya tiene
un cuadro en el museo adopta — fa ta l­
mente— otra actitud ante sí mismo y
la comunidad. Tiende a creer que ha
llegado. La mayoría de estos jóvenes in­
cautos no ha llegado en absoluto. Si hu­
bieran nacido en cualquier otro país del
mundo seguirían luchando por no morir
de hambre, tratando de exponer y de
vender. Aquí quizá también se mueran
de hambre, no lo creo: una cosa es v i­
vir en la bohemia de Greenwich Village
y otra no tener qué comer— pero se to­
man y son tomados demasiado en serio.
Esa es mi crítica más severa a este mu­
seo optimista, crítica de la que se hace
pasible también el de Arte Moderno en
su parte norteamericana.

TRES

E X P O S I C I O N E S

DI SCUTIBLES

D alí sigue tratand o de confund ir para ocultar su poca m ateria pictó rica. Lo que más
sorprende en esta exposición son los título s pour épater les bourgeois.
Color de un gusto dudoso. M inuciosidad pompier, dibujo de falso maestro de un falso
Renacimiento.

Tod a

la

m ala

lite ratu ra

del

Ernst podrían ser la buena) y una cierta

peor surrealism o (Y v e s Ta n g u y y Max
g racia

te atral

y am anerad a

en algunos

p a isajes de la luna o de C adaqués.
Con D alí ocurre siem pre lo que con los dem ás im ag inativo s fingid os: cuando se les
pide fa n ta sía desbocada, no la tienen (querer no es poder en a rte ). Las ilustraciones
de D alí para

la D ivin a Com edia son ch atas e inútiles y m uchas de ellas copiadas

sobre form as ya trad icio n ales.
En el M etropolitan

M useum h ay , desde hace un tiem po, un cuadro de D ali. Una

C ru cifixió n que ha regalado el m illo n ario C hester D ale. Es una obra inocua pero mejor
que el m aterial de la exposición. Un C risto acad ém icam ente pintado, acom pañado sólo
por una de las Santas M u jeres: estudio de ropaje en azu l y a m a rillo .
púsculo som brío.

L a c ru z,

Fondo de cre­

enorm e, gruesa, de m adera que el pintor se entretiene

en reproducir en todas sus ve tas.
nad a, como podría creer alg ún

Los clavo s cuadrados no representan sencillam ente
ingenuo.

El pintor

ha sido

lo bastante

hábil para

torcer la cara de Jesús y no m o strarla. Le agradecem os a este irresponsable de la
p in tu ra esa m ín im a m uestra de respeto.
M atta es otro problem a. ¿C u ánto vale exactam en te este pintor chileno? Sus dibujos
son siem pre interesan tes, están
h arán

las d e licias de

grandes

llenos de v id a ,

de signos extraño s

los p sico a n alistas en busca

y supongo que

de s'm bolos sexuales.

Pero esos

lienzos en los que se em b arca, lo desbordan, no sabe bien cómo llenarlos.

Su m ateria no es herm osa sino opaca y un poco m u erta; los rosados-lila, los verdes
ácidos no consiguen mover la m asa inerte del gris del fondo, siem pre igual. ¿Qué es la
pintura de M atta ?

E fectivam en te algo interesan te.

Pero se am a n e ra , se copia a sí

mismo y ese vicio — que nunca se ju s tific a — en su caso lo empobrece definitivam ente.
D u b u ffet, en este momento de em ociones nuevas a cu alq u ier precio, es el desiderátum
de lo decadente. M onigotes de papel arrugad o, fa u n a y flo ra de la peor pesadilla,
pero, fu e rza es reconocer, que este pintor tiene algo extraño que com unicar. Y
oficio extrao rd in ario .

un

T e m ib le , d iría , porque adoba cualq u ier plato por magro que

sea de composición o de color con todos los recursos de su cocina hecha al último
grito de la moda de Pa rís.

Los snobs g rita n

de gusto.

Los burgueses de

rabia.

N i lo uno ni lo otro.
Un pintor háb il que se ha inventado un mundo propio que se sostiene. M is próximas
pesad illas serán a lo D u b u ffet. M e deleito pensando en una edición de K a fk a ilustrado
por D u b u ffet.

¿Lo ha hecho ya?

Si

no,

inquietudes. D A M IÁ N C A R L O S B A Y Ó N .
N ueva Y o r k , enero de 1 9 5 5 .

10

regalo esta

idea

a

cu alq u ier

editor

con

�¿SON LOS FOTOGRAFOS
ARTISTAS ?

T a m b ié n los fo tó g rafo s q u isie ra h saberlo,

¿Por qué la obra de R em b ran d t no se

dice K a rl H e in ric h al a n a liz a r este pro­

d eja

blem a estético . C o nsid era que el fo tó g ra­

tra n sfo rm a rla en un producto en se rie , por

reprodu cir?

fo, a l u t iliz a r un invento té cn ico , la m á ­

m ás

q u ina fo to g rá fic a , tiene que reconocer que

Piensa K a rl H e in ric h que una obra de arte

el producto de la a p lic a c ió n

de ese in ­

está in d estru ctib le m e n te unid a a la t e x ­

la foto, no se puede p aran g o n ar

tu ra m a te ria l de la su p e rficie p in tad a que

ven to,
con

un

cu ad ro

p intad o

que sa le

de

la

a d e la n ta d a

¿Por qué no es posible
que

esté

la

té cn ic a ?

a tra v é s de cada una de las p in c e la d a s ha

mano del p in to r; pero por otro lado es in ­

recib ido la im p ro nta de toda la su b je ti­

du dab le que d e term in ad a s fo to g ra fía s tr a ­

vid a d a n ím ic a y e sp iritu a l del a r tis ta , en

su n ta n

fo rm a

un

m en sa je

e sp iritu a l

de

in co n ­

ta n

d ife re n c ia d a

que sólo se da

fu n d ib le v a lo r estético , que no es dado

esa ú n ica v e z , im posible de ser re p e tid a ...

por la té cn ica en sí, sino que proviene del

h asta por el m ism o pintor.

ser hum an o que ha in terven id o . ¿Será éste

L a su p e rficie de una foto, por el c o n tra ­

entonces un a rtis ta

y la foto una

obra

de arte ?
P a ra

rio, es a b so lu tam e n te lisa , es a b stra c ta en
el sentido m a te ria l, no recogiendo nin g ú n

co n te sta r esta

preg unta

su g iere el

tem b lo r,

n ing una

v ib ra c ió n

p erso nal,

es

au to r co n fro n ta r, por ejem p lo , el cuad ro de

m ás que una re a liz a c ió n el producto de

un R em b ran d t con la foto re a liz a d a por

una concepción.

un fo tó g rafo de renom bre. De e n tra d a se.

Un

d e staca el hecho de que ésta es una de

obra de a rte ; son dos m undos d istin to s,

las

in n u m erab les co p ias que

se

ab ism o

separa

la

fo to g ra fía

da

la

pueden

te rm in a diciend o el a u to r de la no ta, lo

h a c e r, m ie n tra s que de aquél no se puede

que no s ig n ific a que en nuestra estru c tu ra

re a liz a r n in g u n a reproducción con a lc a n c e

c u ltu ra l a c tu a l pueda tener m ás v a lo r la

de obra de a rte . Y no se diga que el o ri­

m ilé sim a copia de una foto que toda una

g in al es el n eg ativo , pues éste es in cap a z

exposición

de p rovocar en el espectad or una v iv e n c ia

de

estética que sólo n ace a tra v é s de la co ­

m ero

un
de

de

a rte .

a rtíc u lo
la

Esta

es

ap arecid o

revista

vienesa

la
en

sín tesis
&lt;;l

nú ­

M AGNUM

p ia. De a h í que la foto sea un producto

d edicada al m undo fo to g ráfico . Esp lé n d i­

de los llam ad o s en se rie , ap re cia ció n que

dam en te presentada en gran fo rm ato , con

no se h ace

sino

papeles de m a g n ífic a c a lid a d , ap arece es­

la c a te ­

ta revista p ro fusam en te ilu stra d a , con el

goría de aq u ello s productos c u ltu ra le s se­

propósito de e n fo car desde los m ás v a ­

riados — el diseño

riados áng ulo s te m as de p a lp itan te a c tu a ­

para

en

u b ic a r a

ellos—

sentid o

p e yo rativo ,

la fo to g ra fía

en

in d u stria l es uno de

cu y a v a s ta proyección en m ate ria

de cre ació n de fo rm as tiene p osibilidad es
tan

u n ive rsa le s

“ todo el m u n d o ".

que

p erm iten

lle g a r

lidad

en

el

p anoram a

esp iritu al

de

la

época.

a
E N R IQ U E N A G E L

VI

�E S C U L T U R A

SIN

V A L O R

Si la propaganda so viética no co n fu n d iera

otra c h in a , p u b lica d a en Novedades de la

co nstantem ente a ta n ta gente m ezcland o

Unión Soviética (feb rero 2 6 , 1 9 5 5 ). Y co­

lo político con lo artístic o de modo harto

mo tam b ién se ad o ctrin a con la com p a­

in fa n til, ja m á s nos ocuparíam os de esta

ra ció n , alg unos d e talles de m onum entos

escu ltura

fu n e ra rio s de nuestra R e co le ta, p a ra que

sin

v a lo r.

Pero como e lla

es­

grim e argum entos seductores, es m enes­

vea el lector con qué c la se de arte c o in ­

ter co m b atirla y p ara h acerlo nada m ejor

cide el que e stim u la esa p ropagand a.

que

¿Qué ve el contem plador en el relieve de

presentar

Aquí van,

que

difun den .

pues, dos botones

las

obras

de m ues­

bronce ¡con fondo de p in tu ra !?

Un con­

tra , por si uno no b a sta ra : una obra rusa,

ju n to de hom bres, m ujeres y niños, p la n ­

publicada

en

Life

tados como si hubiesen sido sorprendidos

El

de

la

P ro g re so

(feb rero

E c o n o m ía

7,

1 9 5 5 ),

y

S o v ié t ic a .

T u m b a d e l G r a l.
B u e n o s A ir e s .

R ic c h ie r i

(d e t a lle s ) .

R e c o le t a ,

en la m itad de un gesto, a los que dan
g a n as de a y u d a r p ara que c a m in e n , sin
que el m ovim iento físico h aya sido tra s ­
m itido e sp iritu a lm e n te a la m a te ria . (C u a l­
qu ier

escu lto r

sabe

que

para

e v ita r

la

v a c u id a d del gesto representado es nece­
sario in v e n ta r una form a — de un brazo
por ejem plo—

en la que se sie n ta pre­

visto el m ovim ien to a n te rio r y anu nciad o
el posterior, pues de lo c o n tra rio , como
el gesto no se co m p leta pierde todo sen­
tid o .) C om p ru eba tam b ién que ni las c a ­
b ezas ni los torsos ni las b a n d eras, tienen
la m enor energía propia, fu e ra de la a lu ­
sión re p re se n ta tiv a ; que tod as las fo rm as
son ig u ales y la relació n entre e lla s tan
tr iv ia l como p a ra ser nada m ás que fra g ­
m entos sin u n ir.
El

buen

gu stad o r

de

la

e scu ltu ra

está

aco stum b rad o , por el c o n tra rio , a recib ir
esa im presión v iv a que produce la m ate ­
ria , cuand o la pasión con que es elabo­
rada h a lla un c a u c e , un orden, tan to por
el tem a como por el modo de tra ta rlo .
En ese orden que im pone el escu lto r re si­
de el

12

va lo r a rtís tic o ,

porque solo él

es

�espíritu y g ra c ia s a él se supera la co n ­
tingencia de los hechos. Un p ar de big o­
tes o una pechera con a la m a re s, un saco
de hombre o una pollera de m u je r, pueden
tener trem enda fu e rza e xp re siv a , si a l m o­
delarlos el escu lto r deja la im p ro nta de su
energía, no cuando d e n u n cian solam ente
la

vo luntad

de

que

se

los

reco no zca.

¡Si parecen alo m ares! — d irá alg u n o . Y le
respondo: no es a rte , p recisam en te, por­
que no son más que a la m a re s.
Y por otra p arte, ¿cóm o se puede sentir
la celebració n del progreso económ ico de
R usia?

Si

no

fu e ra

por el

e p íg ra fe . . .

Porque de la m ism a m an era que la e xp re ­
sión de un Descendimiento no procede del
reconocim iento de la c ru z , de C risto y de
M a ría , sino de la en e rg ía em ergente del
m odelado,

el

com posición,

juego
e tc .,

de

de
la

los

p e rfile s,

m ism a

la

m anera

este re lie v e debiera co n d u cir a una e x a l­
tació n em o tiva — progreso, p u ja n z a , fu e r­
za p a ra el tra b a jo , o ptim ism o, e tc .—

por

m edio de la fo rm a p lá s tic a . N ad a de esto
o curre.

Se

nos

informa

por

m edio

de

frío s m uñecos de bronce que están c e le ­
brand o alg o , pero no se siente el sentido
e sp iritu a l de esa ce leb ració n como un acto
vivo .
Su-u paciendo las ovejas tie n e otro c a ­
rá c te r a cau sa

de la ac e n tu a c ió n

se n ti­

m e n ta l, pero son v á lid a s las m ism as ob­

arr. V A N

se rvacio ne s.

ab.
Tum ba
de S a lv a d o r
R e c a le t a , B u e n a s A ir e s .

B ern in i

hub iera

m ovido

los

p lieg ues de la ropa con ritm os de pasión

d arse en las obras para ju z g a r la . Lo que

ind ependientes del que puede p rovocar el

de todos modos es el único m étodo a c e p ­

v ien to , y despertado así sentim iento s g e­

ta b le p ara e je rc e r la c rític a del arte .

n erales en el co ntem plador. A q u í no se

La

ve m ás que a un pastor con tres o v e ja s

tienden por re a lid a d , la que no se d efin e

sobre un absurdo basam ento que sim u la

por la

una p ied ra,

modo que la re alid a d que exp resa un a r ­

sin

po tencia

de vid a

en el

m a te ria

sino

por el

e sp íritu .

tista no es la de seres y cosas m a te ria le s;
es la realid a d que siente como orden de

en un m om ento real. (¿N o se com prende

la vida, como

que p ara ser a rtís tic o ese m om ento tiene

V id a con m a y ú sc u 'a , entonces, en la que

que ser traspuesto en una fo rm a con sen­

se

tido de exp resió n p ro p ia, es d e cir, la del

m iento, v o lu n ta d , p ara in tu irla com o un

co nfund en

in tu ició n

de

e x p e rie n c ia ,

lo absoluto.
id e a,

se n ti­

a u to r?). Com o en los d e ta lle s del otro m o­

todo. Pero ¿cóm o se puede in tu ir ese to ­

num ento que p u b licam o s: sin co n sisten cia

do, cómo se puede se n tir la vid a en su

le fo rm a de la m u je r a rre b a ta d a , se supo­

estado

ne por el dolor a cau sa del e p íg ra fe , a u n ­

presenta

que el m odelado de n ing una m an e ra per­

seres de bronce y de pied ra que re c u e r­

de pe rm an en te
el a rtis ta

p o te n cia,

nad a

cuando

m ás que

unos

m ite su po nerlo ; sin d ig nidad la m a te ria ,

dan otros de carn e y hueso, tan p asajero s

blan da y a z u c a ra d a ; sin fu e rza d ra m á tica

unos como otros?

la fig u ra del hom bre c aíd o , sobre la que

N o, el a rte se m ueve en otra dim ensión

resb alan la lu z y la som bra sin p e n e tra rla .

e sp iritu a l

N ingú n a lie n to en c u a lq u ie ra de los dos

e xp e rie n c ia

m onum entos;

m ism o fre n te a obras con v a lo r y sin v a ­

la

torpe

m a n u a lid a d

( d e t a lle s ) .

De

m odelado y sin orden en la com posición,

sólo

L a r t ig a u

ra íz del sofism a está en lo que e n ­

como si el au to r los hubiese sorprendido

para representar.

FEN -TZ SO : Su-u paciendo las ovejas,

y quien
p ro p ia,

no lo com prenda
d iscu tien d o

por

consigo

lor, ja m á s podrá e xp lica rse el sentido de

Se d irá que no son buenos a rtis ta s y que

la e scu ltu ra a c tu a l, que no es naturalista

de ta l modo no se prueba el erro r de la

porque las condiciones de la época no per­

propagand a. Pero ¿no son las o bras que

miten que lo sea.

p resentan, según

com p renderá el a rte del pasado y frente

puede suponerse,

para

Y alg o peor: tom poco

que sirv a n de ejem plo? Y como la teoría

a un re lie ve de D o n a tello o una

es v ag a y g e n eralm e n te alu d e a co n sig ­

de

nas a je n a s al a rte porque no Ies e n cu e n ­

pero de qué c a lid a d , sólo p e rc ib irá notas

M e u n ie r,

n a tu ra lis ta s

ta m b ié n

fig u ra
ellos

tra vin c u la c ió n esp e c ífic a con el acto c re a ­

p in to rescas y triv ia le s como las de esta es­

dor m ism o, no h ay m ás rem edio que fu n ­

c u ltu ra sin v a lo r. JO R G E R O M E R O B R E S T

13

�La Escuela Superior de Altos

C o n tin u a n d o

la

lab o r

Estudios de la Form a. Ulm
(Alem ania occidental) *

del

de la Escuela Superior de Altos Estudios

(W e i-

de la Forma v ie n e a e n tro n ca rse con las

pedag ógica

B a u h a u s en sus d ife re n te s e ta p a s

m a r, D essau , B e rlín ), la Escuela Superior

a n tig u a s e x p e rie n c ia s del

de Altos Estudios de la Form a, recie n te

a trib u y e n d o m ayo r im p o rta n c ia a los pro­

Bauhaus,

pero

c re a ció n de M a x B ill, prom ete ser el es­

b lem as que p la n te a el diseño de u te n s i­

de

lios p rá c tic o s, b u scand o d o társelo s de una

c a rá c te r in te g ra l que n u e stra época e xig e .

fo rm a a d e c u a d a a la fu n ció n que deben

En el m a n ifie sto de a p e rtu ra leem os: " L a

c u m p lir, y en la m edid a en que no p e r­

ta b le c im ie n to

escu ela

de

tie n e

ed u cació n

e n se ñ a n za

por

fin a lid a d

p ro fesio n al

p lá s tic a

o fre ce r

de base

ju d iq u en a é s ta , de un m arcad o sentid o

una

u n iv e rsa l

estético .

co m b in ad a con la fo rm a ció n g e n eral que

N u m ero sas

nuestro tiem po n e c e sita . E n se ñ a n z a e in ­

dentro de la p lá s tic a a c tu a l han pro m e­

v e stig a ció n ,

tido su ad h esió n a la e s c u e la ;

exp e rim e n to s

in d iv id u a le s

y

tra b a jo s en grupo se co m p le m e n tan m u ­
tu a m e n te .

La

E scu e la

de A lto s

p e rso n alid a d e s

im p o rtan te s
ta l es el

caso de W a lte r G ro p iu s, q u ie n , según una
in fo rm a c ió n a p a re c id a en el núm ero 2-3

Estudios

de la Form a a s p ira a g u ia r el e sp íritu e m ­

de la

prendedor de la ju v e n tu d , a la ve z que la

puesto

ed uca p a ra

H a rv a rd , p a ra e je rc e r en la n u e va escu ela

la co la b o ra ció n y la respon­

re vista
a

N ueva V isión , e s ta ría

abandonar

la

d is ­

U n iv e rs id a d

de

sa b ilid a d de la vid a en so c ie d a d ".

de U lm . N u estro co m p a trio ta T o m á s M a l-

L a s de p en d en cias del e sta b le cim ie n to , a c ­

donado y a se e n c u e n tra a llí, en c a rá c te r

tu a lm e n te

de p rofesor.

en

co n stru cc ió n ,

se

le v a n ta n

sobre el " H o b e re r K u h b e r g " , en las c e r­

Es de a u g u ra r que en un fu tu ro c e rca n o ,

c a n ía s de U lm (A le m a n ia O c c id e n ta l). En

la

el proyecto de las m ism a s se p reveen las

Altos Estudios de la Forma se e xtie n d a a

in flu e n c ia

de

la

Escuela

Superior de

com od idad es n e c e s a ric s p a ra que los a lu m ­

las d iv e rsa s e scu e la s de a rq u ite c tu ra aú n

nos y profesores v iv a n en la e sc u e la , b u s­

ap e g ad as a fó rm u la s a n q u ilo sa d a s ,

cand o c re a r de esta m a n e ra una co m u n i­

to m a r c o n c ie n c ia de la u rg e n te n ecesid ad

dad de tra b a jo a c tiv o .

de u n a e n se ñ a n za

El sistem a de prom oción se e stru c tu ra p a r­

m ira s a una p e n e tració n de la v id a por

tiendo de la ap ro b ació n de un curso b á sico ,

el a rte , que es el fin h a c ia el que vam o s

p lá s tic a

p a ra

in te g ra l, con

al que se ing resa d e fin itiv a m e n te después

e n c a m in a d o s.

de un período de prueb a de tre s m eses.

*

De esta m a n e ra , el p ro g ram a de estudios

de la escu ela.

q u ien es pro teg ía el D r. G a c h e t. Y fué a llí

que

donde se form ó la c o le cc ió n , b a jo el in ­

com o un presente to d a v ía .

flu jo no sólo de las o b ras sino de los p e r­

Esto nos

lle v a

nueve cu ad ro s de V a n G og h, R e n o ir, Cé-

so n ajes vivo s que am ó , h a sta h a c e r de e lla

p o rta n c ia

que p a ra

za n n e ,

un sím bolo de a m ista d y de com p ren sión

que a c a b a de d o n ar. Y a la ve z nos p la n ­

G e s t o

E j e m p l a r

El M useo del Lo u vre de P a rís a c a b a de
re c ib ir

un

e xtra o rd in a rio

G u illa u m in

y

leg ado:

P issarro ,

v e in t i­

que

Paul

H O R A C IO F E L I X

D EN O T

E x tra c ta d o del m a n ifie sto de a p e rtu ra

fu é

testig o y que ah o ra v iv e en él

a v a lo ra r

la

él tu vo

enorm e

im ­

la colección

G a c h e t h e re d a ra de su padre y que d e v u e l­

ap a sio n a d a del arte .

tea un in te rro g a n te : ¿cóm o e x p lic a r este

ve éste al p ú b lico p a ra que los a d m ire .

P a u l G a c h e t h ijo , el d o n an te, se recib ió

c c to de s a c r ific io generoso en un an cian o

de

que se m a n tie n e

Con

ello s y por e llo s, h a sta

podría

de­

ing eniero

ag rónom o,

pero

c a u tiv a d o

por el m edio que lo rodeó desde su ad o ­

h a sta

m undo que no iba m ás a llá de los lím ite s

le s c e n c ia , ta m b ié n se dedicó a la p in tu ra

lib ro

de una a ld e a , sin tra s p a s a r c a s i los lím i­

y com o su p a d re, al cu lto de los cu ad ro s

historia completa del Dr. G a ch e t" ? Des­

tes

los

que co lg ab an en las pared es de su c a s a ,

pués

a c tiv o , este

v iv ific a n d o cam p o s y c a lle s de su a ld e a , la

e v a sió n , p arece se n tir hoy la presión de

de

un

ja r d ín .

Y

de

pronto,

o chenta y un a ñ o s, to d a vía

a

el

punto

ligad o a sus recuerdos

c irse p a ra ello s, v iv ió este so lita rio , en un

de su
de

de e s ta r

p a d re ,

ta n to s

que

añ o s

de

p rep aran d o
se tit u la r á

un
"La

re tra im ie n to

y

so lita rio se despo ja de los te stim o nio s que

m em o ria de sus m ayo res y de sus fa m o ­

la so cie d ad , al

en riq u e cie ro n

sos a m ig o s.

m a e stra s cuyo m e n sa je no se h a b ía per­

y

a le n ta ro n

d ía

a

d ía

su

Se dice

que

h a sta

llegó

a

d e vo lve rle a lg u n a s obras

m ente co lm ad a de recuerdos. G esto e je m ­

e s tu d ia r el jap o n és p a ra poder estab le ce r

fe ccio n a d o

p la r, gesto v a lie n te , casi u n a re n u n cia a

una lín e a d ire c ta de p a ren tesco con V a n

re fle x io n a r ta m b ié n a q u ien es ap risio n an

la v id a , que se co ndensa en la b reve no­

G o g h, de q u ien llegó a e scu lp ir un m e d a ­

o b ras de a rte por a n s ia de posesión, es­

tic ia que nos ha llegado.

lló n . Y

nobism o o c á lc u lo ? U n gesto ta n ejem p lar

Fué en A u v e rs-su r-O ise , lu g a r que h a b ía

solo, reclu id o en la caso n a f a m ilia r , fué

no d e ja rá de te n e r, en c u a lq u ie r p a rte del

seducido

se

su b ray an d o su a is la m ie n to en el recuerdo

m undo que se lo c o n o zca , esta e d ific a n te

a g ru p a ro n estos enam o rad o s del p a is a je a

de un pasad o que otros e la b o ra ro n , del

co n se cu e n c ia . R . E,

14

a

C o ro t

y

D a u m ie r,

donde

a m edid a

que se fu é

quedando

h asta el m om ento. ¿N o hará

�A S O C I A C I Ó N

A M I G O S

DE

" V E R

Y

J U E V E S DE " V E R Y

E S T I M A R "

E S T IM A R "

A C T O S R E A L IZ A D O S EN

1954 /

El 21 de ab ril de 19 5 4 fué fu n d ad a con el ap o rte de 5 4 aso ciad o s para c u m p lir con los

M a y o 3 . C h a r la de T o m á s M ald o n ad o so­

siguientes fin es, de acuerdo con el E statu to ap rob ado:

bre el a rte a c tu a l y polém ica con J .R .B .

1.

2.

A p o ya r por todos los m edios posibles el d e sarro llo y p e rfe ccio n am ie n to de la

M ayo

revista V er y Estim ar, así como c u a lq u ie r otra em p resa, ed ito rial o no e d ito ria l,

europeos to m ad as por D a m iá n C a rlo s Ba-

que intenta V e r y E stim a r S .R .L .

yó n ; c h a rla a lu s iv a a carg o del m ism o.

Fo m entar los estudios a rtís tic o s y estético s, m anteniend o un Centro de Estudios
Artísticos V er y Estim ar.

3.

13. Fotos en color de m onum entos

M ayo

17 . C h a r la de J .R .B . sobre El cu ­

bismo.

M an ten er relacio n es con aso ciacio n e s s im ila re s que e x is ta n en el p aís o en el

M ayo 2 6 .

e xtra n je ro .

E m b a ja d a de F ra n c ia .

F ilm s de a rte , cedidos por la

La Com isión d ire c tiv a eleg ida el m ism o d ía , com p uesta por E R N E S T IN A R. de C Á N E P A

Ju n io 3 . C o n tro ve rsia sobre El lenguaje de

(presidente), E N R IQ U E N A G E L (vice p re sid e n te ), L U C ÍA F R A N C IS C A A L E G R E (s e c re ta ­

la

ria ), F R ID A K . de F O N T (teso rero ), S A R A R O B IR O S A , S A M U E L P A Z P E A R S O N , JO S E ­

Eduardo G o n z á le z L a n u z a y J .R .B ..

F IN A M . de R O D R ÍG U E Z

Ju n io

BAUZA,

L U C IA

B. de C E C C H IN I y JO R G E L IB E D IN S K Y

poesía

y

el

lenguaje

plástico

entre

10. P e líc u la s d o cu m en tales ced id as

(vo cales), E R N IL D E S E L A S C O , C A R L O S I. S I L V A y O S C A R E. S P IN E T T O (vo cale s su­

por la E m b ajad a de la In d ia .

plentes), Fia cum p lid o con los fin e s de su c re a ció n a m p lia m e n te . L a re vista Fia vu e lto a

Ju n io 2 4 . C h a rla s de Ju a n M a n u e l Bo rta-

ap are ce r, rem o zada y co m b a tie n te ; el Centro de Estudios Artísticos de la c a lle T u cu -

g a ra y sobre La arquitectura en los E E. UU.

m án 1 5 3 9 Fia sido sostenido; se Fian o rg a n iza d o acto s se m a n a le s, los ju e ve s, con gran

Ju lio

é xito ; se editó un bo letín m ensu al de m ayo a n o viem b re; fin a lm e n te a c a b a de a lq u ila rse

b a ja d a de F ra n c ia .

1. Film s de a rte cedidos por la E m ­

un local p a ra sede de la A so cia ció n en la G a le ría V a n R ie l, p rim e r piso, Flo rid a 6 5 9 .

Ju lio 8 . V is it a a la colección de L u is A r e n a .

De acuerdo con lo que estab lecen los E statu to s a c a b a de ser renovad a d ich a Com isión

Ju lio 15. Info rm e sobre una e n cu e sta re a ­

en la A sa m b le a a n u a l del 2 8 de a b ril p.pdo. D arem o s cu e n ta a nuestros aso ciad o s de la

liz a d a en F ra n c ia a propósito del Sentido

co nstitució n a c tu a l en el próxim o núm ero, ya que se h a lla b a éste en prensa cuand o se

del arte moderno, a cargo de J .R .B .

re a lizó a q u e lla a sa m b le a .

Ju lio

22.

Fotos en

color

de C a m b o d ia ,

to m ad as por Pablo M . S c h la n g e r.
Ju lio 2 9 . C o n tro ve rsia sobre Historia de la
cultura e historia del arte, entre Jo sé L u is
J U E V E S DE " V E R Y E S T IM A R "

Rom ero y J .R .B .
A g o sto

M oyo

12.

M ayo

19.

C h a rla de JO R G E R O M E R O B R E S T : M is ideas sobre la critica de arte. A las
18 y 4 5 , en V a n R ie l, Flo rid a 6 5 8 .

M ayo 2 6 .
2.

la m ism a .

D ebate sobre El porvenir de la pintura, a carg o de J U L IO

E.

PAYRÓ ,

A g o sto 19. C h a r la de B la n ca S tá b ile sobre

E D U A R D O G O N Z Á L E Z L A N U Z A , R O M U A L D O B R U G U E T T I, E R N E S T O B.

el libro de P. F ra n c a s te l:

R O D R ÍG U E Z , A N T O N IO
RO M ERO B R EST.

ciété.

BO N ET,

G U IL L E R M O

DE

TO RRE

y

JO R G E

Peinture-et-So-

A g osto 2 6 . C h a rla sin te m a , a carg o de

F ilm s de a rte cedidos por la E m b a ja d a de F ra n c ia .
tisse.

Ju n io

5 . Vernissage de una exp o sició n

de L id y P r a t i; c h a rla a lu s iv a a carg o de

C é z a n n e , Rodin y M a ­

A las 18 y 4 5 , en V a n R ie l.

J .R .B .
Setiem b re 2 . V is it a a la co lecció n del Sr.

Exp o sició n de obras de M IG U E L O C A M P O : co m en tario a lu siv o a carg o de
B L A N C A S T Á B IL E . A las 18 y 4 5 , en V a n R ie l.

C eled o n io Pereda y Sra.
Setiem b re 9. Exp o sició n de d ib ujo s de P i­

N o ta : Se a d v ie rte a los socios que p a ra a s is tir a estos acto s es m enester la p resentació n

casso p u b lica d o s en La guerre et la paix

del ú ltim o recibo. Se ad m iten in vitad o s siem pre que sean aco m p añad o s por un socio:

(1 ° se rie ). C o n tro ve rsia sobre Psicoanálisis

pagan una en trad a de 10 pesos.

y arte e n tre M arco s V ic to ria y J .R .B .

LA

B IB L IO T E C A

TU CU M AN

1539

D EL

CEN TRO

ESTA

DE

A B IE R T A

E S T U D IO S

TO DO S

LO S

A R T IS T IC O S
D IA S

M EN O S

VER

Y

LO S

E S T IM A R ,

SA BAD O S,

DE

10 y 3 0 A 12 y DE 15 A 19.

Se tiem b re

16.

Exp o sició n

de d ib u jo s de

P icasso (29 se rie). F ilm s de a rte cedidos
por la E m b a ja d a de E .E .U .U .
Setiem bre

23.

Exp o sició n

de d ib u jo s

P icasso (39 se rie ). C h a rla de J .R .B .:

de
Re­

flexiones sobre los nuevos dibujos de Pi­
EL N U EV O L O C A L DE L A A S O C IA C IO N
El aum ento de socios h izo que el

local

IN S C R IP C IO N

DE SO CIO S

casso.

L a O. D. ha resu elto r e a liz a r una intensa

de la c a lle T u cu m ó n re su lta ra in s u fic ie n te

in scrip ció n

para el acto que todos los ju e ve s o rg a n iza

m ero de 2 5 0 por lo m enos. S o lic ita , pues,

la

a

A so c ia c ió n ,

la

C.

D.

encaró

el

pro­

los

de socios p a ra

socios

y

am igos

lle g a r al
que

nú­

tra b a je n

blem a y h alló un local en situ ació n ideal

en ese sentid o. Y les recuerd a que existen

en el p rim e r piso de la G a le ría V a n R ie l,

las sig u ien tes c a te g o ría s:

Flo rid a 6 5 9 : una g ran sa la de cien m etros
cu ad rad o s que se piensa a rre g la r de modo
tal que sirv a p a ra cursos y acto s y ad em ás
para sede so cia l.
J .R .B . inau g uró sus cursos en dicho local

activo

Setiem b re 3 0 .

Fotos en color de Egipto,

to m ad as por Pablo M . Sch lan g er.
O ctub re 7 . V is it a a la co lecció n del Sr.
Jo sé Firp o .
O ctub re 14. C h a rla de A n to n io Bonet so­
bre

U rbanización

de

Punta

Ballenas.

(ab onan

O ctu b re 2 1 . Vernissage de una exp o sició n

$ 2 0 0 de ingreso y $ 2 0 por m es); protec-

de e starcid o s de Jo sé Seoane; c h a rla a lu s i­

fo i (ab o nan $ 5 .0 0 0 en una sola cuota ó

va a carg o del m ism o.

S 500

no

O ctu b re 2 8 . F ilm s de a rte cedidos por la

de

E m b a ja d a de F ra n c ia .

de ingreso y $ 3 0 por m es);

residente, p a ra
Buenos A ire s
nan $

los que
o

sus

v iv a n

fu e ra

alred ed o res

(ab o­

1 0 0 de ingreso y $ 15 por m es).

N o viem b re

4.

V is it a

a

la

colección

de

A n to n io S a n ta m a rin a .

el 18 de a b ril p.pdo. y la A so cia ció n se

En todos los caso s, es m enester la presen­

N oviem bre 18. V is it a a la Escuela N a c io ­

dispone a re a liz a r su p rim e r acto el ju e ­

ta ció n de una so lic itu d a la C . D. firm a d a

n al

ves 12 de m ayo.

por dos socios a c tiv o s o protectores.

A rra n z.

de

C e rá m ic a ,

que

d irig e

Fernando

15

�Fo n d o d e C u ltu ra E c o n ó m ic a

a t e lie r m a d í
corrientes

3847
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Rolleri López, Celina&#13;
Maggio, Nelson Di&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Nagel, Enrique&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Denot, Horacio</text>
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                    <text>revista mensual de critica artística serie 2 N °

6

�M IG U E L

C. V IC T O R IC A

Ver y Estimar

S u m a r i o
ALFREDO E. ROLAND

Miguel C. Victorica

JOSÉ PEDRO ARGUL

Reportaje a Miguel Carlos Victorica

TERCERA BIENAL DESAN PABLO

DIÁLOGO

CARLOS BAYÓN

4
7

DOCUMENTOS
DAMIÁN

3

Una página de George Vantongerloo
Entrevista a Henry Russell-Hitchcock sobre
arquitectura moderna latinoamericana

CONNUESTROS LECTORES

8

re vista m en su a l de c rític a
a rtís tic a
Comité de redacción: Silvia Ambrosini,
Raquel Edelman, Jorge Glusberg, Enrique
Nagel, Alfredo E. Roland
Secretaria de redacción: Blanca Stabile
Diagramación de: Samuel Oliver
Suscripción anual: 12 números, $ 33;
Exterior, $ 45; número suelto $ 3.

10
12

Editada por

V e r y E s tim a r S . R . L . , cap. $ 1 0 .0 0 0
e d ito ria l, actos, cursos.

OSVALDO LOPEZ CHUHURRA

ELENA F. POGGI

Camino de la observación: Tres obras de
Edgar Degas en el Museo Nacional de
BellasArtes

14

Diccionario de la pintura moderna

15

Tapa: estarcido de Luis Seoane

2

Director Gerente: Jorge Romero Brest
Registro nacional de la propiedad intelec­
tual número 470.771.
Administración y r e d a c c i ó n : Tucumán
1539, Buenos Aires, Argentina. 35-9243
Abril 1955

�MIGUEL

CARLOS

El arte de Victorica puede clasificarse
como romántico-sensual. Si por un lado
está adherido a las cosas, a la materia,
en su manifestación más sensorial, por
otro tiene un significado de evasión de
esa misma realidad sensible. Estos dos
aspectos contradictorios se dan admira­
blemente sintetizados en su pintura. Y
esta síntesis, esta fusión — esta supera­
ción— , es lo que da a sus obras esa
jerarquía superior, esa calidad artística
evidente.
En la obra de Victorica no se advierten
saltos ni afanosas búsquedas -—aunque
el artista es un permanente, un infatiga­
ble buceador, y Victorica lo fue en grado
sumo— . Pero no se dejó arrastrar por
las modas, no se enroló en ningún ¡smo;
en una palabra, no se perdió en explora­
ciones para encontrar su camino. Pocos
casos habrá de un pintor que ofrezca
menos variantes. Su rumbo estaba tra ­
zado desde el comienzo y no hizo sino
profundizarlo, auscultarlo. Puede decirse
que la pintura de Victorica nació madura.
Las notas diferenciales que puedan
anotarse a través de un análisis minucio­
so, serán matices o simples preferencias,
como ocurre con sus temas, que predo­
minan según las épocas: desnudos, retra­
tos, naturalezas muertas, paisajes. En sus
desnudos de la juventud, con su línea
cargada, de vibración contenida, y con
su coloración de gamas bajas, estamos en
presencia de la carne, palpitante y emoti­
va, mórbida y sensual. Sin embargo, la
sensación no es realista; el claroscuro
de gran riqueza tonal mitiga esa pre­
sencia con su nota de evasión román­
tica. En sus retratos, pese a cierto des­
cuido — quizá deliberado— , vemos la
palpitación humana de los personajes, sin
particularismos de expresión psicológica.
Y en sus naturalezas muertas sentimos la
materia de los objetos — un cacharro,

VICTORICA

una fruta— ; y en los paisajes, de colora­
ción ya más brillante — sobre todo los
más recientes paisajes urbanos, los balco­
nes— se nos da el clima panteísta que
ha vivido el artista. Hay, sin duda, una
distancia entre el color de estos balcones
y el de los desnudos; la paleta de gama
baja de éstos se transforma animada
por la vibración luminosa. Y sin embargo,
esto no implica un cambio en el pintor,
un cambio de postura; es la simple con­
secuencia de sus hallazgos de buceador,
con los que enriquece su paleta. El artis­
ta es siempre el mismo: un poeta, un
lírico de la pintura.
Frente a un cuadro de Victorica la pintu­
ra se siente. Podrá o no gustar, se le
encontrará pasatista, se le objetará el
utilizar recursos un tanto pueriles y gas­
tados para expresar su romanticismo, se
le podrán achacar descuidos y cierta su­
ciedad — de los que a veces parece hacer
gala — en el dibujo, en la composición,
en el empaste, cierta imprecisión formal,
en fin, que podemos presumir deliberada.
Pero hay algo que está ahí, palpitante,
vivo, que escapa a todo análisis, a toda
crítica intelectiva, porque es algo que sólo
puede penetrar por los sentidos y que
hace a la misma esencia del arte: la
fusión del pintor con la materia que trata,
sea la línea, sea el color, sea el objeto
que pinta. Hay en esa fusión una viven­
cia de tipo dionisíaco; por eso el pintor
la transmite y la sentimos, aunque la
estructura se tambalee y el color se pre­
sente sucio o estridente.
Por todo ello, Victorica — auténtico
pintor, artista indiscutible— nos deja
una obra con caracteres de permanencia.
Aunque se presente ante las nuevas ge­
neraciones con un sabor de pasatismo,
esas nuevas generaciones no podrán dejar
de sentir la fuerza de su mensaje.
ALFREDO E. ROLAND

3

�La crítica de arte de Buenos Aires distin­
gue de manera especial y con aguda
perspicacia a Miguel Carlos Victorica, por­
que encuentra en su obra, más adherida
a la verdad que a un modo, la auténtica
sustancia pictórica. Toda obra verdadera
importa la belleza de la vida de su crea­
dor y Miguel Carlos Victorica no defrau­
da este principio; por eso los críticos de
arte porteños a la vez aman privilegia­
damente la persona del pintor.
Nació Victorica en Buenos Aires en el
año 1884, de familia argentina de vieja
estirpe; estudió en la benemérita Asocia­
ción Estímulo de Bellas Artes, fundadora
del ambiente artístico nacional, donde
fueron sus profesores, en el itinerario de
un tránsito del academismo finisecular
hasta el atisbo impresionista, los pintores
Della Valle, Sívori y De la Córcova. De
1911 a 1917 permanece en Europa, pin­
tando en España, París e Italia acompa­
ñado por su madre. El recuerdo de su
madre es imborrable como nota de ter­
nura registrada en un hermoso retrato y
comprobado por las cariñosas figuras de
mujeres ancianas donde repite un sentido
filial. También es consecuente con DesiréLucas, el profesor sentimental de la Aca­
demia Studio de París, pintor migajoso y
menudo, pastelista habilísimo que le con­
tagia el trazo dibujístico; Desiré-Lucas,
pequeño cimiento para la pintura más
importante de este discípulo que lejos de
ocultar luce su influencia. En 1927 reali­
za una importante exposición de sus obras
en Amigos del Arte, la institución "sui
generis" que, mitad "é lite " social, mitad
artística, prestigiaba en Buenos Aires la
pintura independiente, y con fecha muy
atrasada, recién en 1941, se le concede
el Gran Premio de Pintura del Salón Na­
cional por su cuadro Cocina bohemia,
magnífico bodegón con la figura de uno
de esos palurdos de puerto que el artista
mantiene a su lado como secretarios de
borrada psicología.
Desde 1921 habita la misma casa en el
barrio de la Boca.
La vivienda de Miguel Carlos Victorica
son dos piezas interiores de un piso alto
en una vieja casona de la calle Pedro
de Mendoza, donde el Riachuelo dibujo
la Vuelta de Rocha. Los inquilinos son
numerosos. Un bloque de piedra en el za­
guán está listo para ser subido al estudio
del escultor Roberto Capurro; en una pie­
za del frente acaba de fallecer el pintor
Fortunato Lacámera. En el corredor hay
mucha ropa extendida. En esa casa vive
y pinta el artista. Solo y su secretario, en
un ambiente sin orden, agobiado de te­
las, recargado de muebles y de recuerdos
marchitos. Muebles viejos, ampulosos y
destartalados. Los sillones opulentos de

4

REPORTAJE

A

MIGUEL

CARLOS

VICTORICA

C
madera torneada tienen los tapices gasta­
dos y vencidos los elásticos. En las pare­
des o depositados sobre las cómodas un
bric-a-brac de antiguallas, de pájaros em­
balsamados bajo cuadros de vidrio, care­
tas exóticas, potes de botica, bagatelas.
Un crucifijo tallado y una antigua pintu­
ra de la Virgen en lugar preferencial in­
dican el credo religioso del artista; dos
hojas de diario amarillentas clavadas en
la pared, con las estampas de Dante A lighieri y el General José de San Martín,
establecen los altos puntos de mira en sus
admiraciones terrenas.
Victorica arrastra en su mobiliario uno
grandeza desvencijada. Estos aposentos no
asfixian su pintura renovadamente joven;
allí brilla con más lozanía lo prístino de
sus hallazgos pictóricos.
Lo exterior no lo seduce, ni lo requiere.
A cien metros de él, Benito Quinquela
Martín copia con enérgica pulsación las
ventanas de su estudio que le enmorcan
ese espectáculo febril del tráfico del puer­
to con sus barcos y estibadores.
Cuando me instalé aquí le juré a Quin­
quela no pintar jamás la Boca y fiel a
mi promesa he cumplido; además no me
interesa . . . Si le agrada el paraje es por
estar lejos de ese grillo de Buenos Aires.
En el centro de la ciudad las disputas
estéticas son tantas que aturden al ar­
tista; las presentaciones de las mil formas
del arte moderno atraen y confunden;
los honores desvían. Victorica se aparta.
El cronista teme caer en tentación de pa­
radoja al señalar un recio carácter en
este artista tan historiado de debilidades.
Se le ha de reconocer mejor, sin duda
mañona, cuando los temblores de imper­
fección se aquieten, dibujándose de él
una firme medalla, cuando terminen los
zig-zag de las anécdotas y se comienze su
historia.
La incitación que el arte europeo moderno
hace a los sudamericanos forzándolos a
una sincronización, anula mucha búsqueda
propia de sinceridad ambiental o personal,
guiándolos a una devoción sumisa. Vic­
torica reflexiona y comprende: Me inte­
resan mucho las nuevas formas del arte,
son necesarias para los pintores como
una liberación, los aviva, pero yo no me
muevo de donde estoy. Victorica está en
la verdadera pintura.
Cuando se le enfrenta al visitarlo, tiene
su rostro el rictus fatigoso de la reciente
tormenta calmada: la boca entreabierto,
anhelante, los ojos humedecidos y hun­
didos tras los párpados embolsados y

aplastados. La borrasca se ha de repetir
al instante. Yo vivo constantemente im­
presionado; de repente . . . Vive las nor­
mas del iluminado pictórico que ha hecho
escuela mundial favorita. En la evolución
pictórica del siglo el impresionista fué
variado por el impresionable; de Monet se
ha llegado a Bonnard, y en la Argentina,
de Malharro a Victorica el deslumbrado.
Si bien repite temas favoritos, principal­
mente desnudos y naturalezas muertas,
no hay insistencia de serie. Adviérteseles
solamente como sostenes de expresión,
motivos sumergidos en atmósferás pictó­
ricas donde relampaguean dos o tres to­
nos provocativos. Forma una naturaleza
muerta con una flor, con una fruta, con
una vasija de cerámica o vidrio que han
recogido una luz inesperada que le cae
del corredor de la casona y hiere de amor
al artista. La obra quedará enhiesta en
el tiempo, porque es la impronta de la
sensibilidad que está siempre pronta al
hallazgo, en permanente estado de gracia
pictórica. El modelo quedará allí olvidado
por el artista, como ahuecado de sentido.
En las piezas de Victorica se van m ultipli­
cando estos nidos de trabajo del pintor.
Artista de la primera mitad del Siglo XX
en el Río de la Plata, ha tomado sin
otra variante que la profundízacíón, la
posición anticlásica del momento, indivi­
dualista, del artista librado a sí mismo,
alfa y omega del puro esteticismo, guia­
do temperamentalmente por una búsqueda
incesante, angustiante de lo bello, referida
sólo a la sensación colorista y detenida
en la aparición fugaz. La calidad de V ic­
torica está en ese ropaje pictórico con el
que cubre y ambienta sus modelos; en sus
aislados colores relampagueantes, sorpre­
sivos e imprevistos que animan sus den­
sas envolturas tonales y en esos trazos
que ha tomado de los pasteles de DesiréLucas pero que los ha hecho más agu­
dos, incisivos, definidores, y que econo­
mizan por su intensidad una construcción
común.
Sus orquestaciones de color están asegu­
radas por una trabazón de grises y ocres.
Es verdad que yo empleo mucho el ocre;
el ocre es el pan; es bueno solo y junto a
cualquier color y partiendo de esta sabi­
duría que se advierte en la comprensión
íntima de los colores, es que se goza
del arte de Miguel Carlos Victorica como
arte de sustancia, de verdadera sustancia
pictórica.
JOSE PEDRO ARGUL
Año 1953

�M IG U E L C. V IC T O R IC A .

R e tra to de la m ad re. 1 9 1 4 .

M IG U E L

C iuda d

C. V IC T O R IC A .

de C ó rd o b a.

1943.

5

�M IG U E L C. V IC T O R IC A

A rrib a izq.: El lib ro .

C en tro :

A b a jo

6

1950.

A lta r.

izq.:

El o rfe b re .

�Tercera
San

Bienal de

Pablo

Cuando todavía se recuerda la II Bienal
de San Pablo, a causa de la importancia
verdaderamente extraordinaria de las pie­
zas que se expusieron allí, desde diciem­
bre de 1953 hasta febrero de 1954, nos
llegan las primeras noticias acerca de la
organización de la III, que se inaugurará
el 29 de junio próximo y deberá cerrarse
el 12 de octubre. Una bienal, pues, que
no será bienal, ya que apenas habrá
transcurrido poco más de un año desde el
cierre de una hasta la apertura de la
otra. Este corto lapso se debió al empeño
de los organizadores por hacer coincidir
la II Bienal con los demás festejos que
se organizaron en 1954 en honor del
IV centenario de la fundación de San
Pablo. El único peligro es de que no haya
habido tiempo de reponer energías, ade­
más de los organizadores del Museo de
Arte Moderno, los de cada pais, y que
así se resienta la calidad de la exposición
que se anuncia. Pero seamos optimistas
y habrá que convenir en que el éxito
acompaña a los paulistanos desde que
tuvieron la feliz ¡dea de organizar esta
justa internacional del arte en la ciudad
por la que tanto se afanan.
En un simpático y bien diagramado Noti­
ciario, en el que se advierte la mano dies­
tra de Geraldo do Barros, acaban de dar
cuenta de la marcha de la exposición. Se
proponen esta vez, como la anterior, que
haya salas de carácter retrospectivo o
museológico o didáctico, y han solicitado
a 76 museos y a 313 galerías de arte del
mundo la colaboración. Quieren que los
jóvenes artistas que cada nación haga re­
presentar, proporcionen al público una
visión nueva y completa de lo que se está
creando, por cuya razón piden que las
comisiones seleccionadoras actúen con un
criterio más severo que otras veces, para
obtener mayor calidad.
Y advierten que se han introducido algu­
nas innovaciones en el Reglamento, de
acuerdo con las recientes experiencias.
Entre ellas, la institución de un gran pre­
mio de 300.000 cruceiros (alrededor de
90.000 $), que será el mayor premio ins­
tituido hasta ahora para manifestaciones
de esta clase. También se ha instituido
un 29 Premio Mattarazzo, similar al que
fué conferido al arquitecto Gropius en la
II Bienal. Ya que como se recordará tam-

Edificio

bién en esta Bienal como en las anterio­
res habrá una nutrida sección dedicada
a la arquitectura.
Hasta ahora se han inscrito los siguien­
tes países: Bélgica, Canadá, Chile, Gran
Bretaña, Suiza, Haití, Noruega, Yugos­
lavia y Bolivia, pero se descuenta la par­
ticipación de Italia, Francia, Alemania,

de la B ie n a l en San Pablo

Holanda, Estados Unidos, Austria, Japón,
Egipto, Portugal, Uruguay, Paraguay. ¿Por
qué no figura Argentina ni siquiera entre
los países con los cuales se cuenta? En la
I Bienal no figuramos, en la II las obras
llegaron con retardo después que el Jurado
se había expedido, ¿ocurrirá algo semejan­
te esta vez? J. R. B.

In te rio r de u n a Salo

7

�Antes y en tiempos de Jesús la Tierra era
plana, sostenida en los cuatro ángulos
por elefantes blancos. Tanto el Sol como
el hombre se acostaban a la noche, bien
entendido bajo la Tierra, para levantarse
a la mañana siguiente. En el fondo es la
fe que salvo y para un creyente no hay
nada chocante en esta creencia. Es sim­
ple y lo contrario sí le hubiera chocado,
lo que ocurrió cuando el célebre astróno­
mo polaco Copérnico se vió condenado
por el Papa, porque su teoría era contra­
ria a las Escrituras. Demostró el doble

movimiento del planeta, alrededor de sí
mismo y alrededor del Sol. Galileo no fué
más feliz. La Inquisición le hizo acordar
que no debía meterse en lo que pertene­
cía a la religión. Había un conflicto en­
tre dos intenciones: unos, los ignorantes
convencidos encontraban su bienestar en
las alegorías donde era dominante el te­
mor a lo desconocido (se llaman d iri­
gentes y viven como parásitos); otros, en
lugar de simbolizar lo desconocido, tra­
taban de comprender y de hallar la ver­
dadera razón. Dejo que el lector escoja

entre las dos proposiciones, la que le ofre­
ce nuestro planeta como un plato sosteni­
do por algunos objetos divinizados, ha­
ciéndole hablar del cielo en el que se han
colgado las estrellas o de un infierno, o
la segunda proposición que ofrece un pla­
neta que se mueve en el universo sin es­
tar colgado de un hilo ni sostenido por
otras divinidades. Para los espíritus sim­
ples, la primera no exige ningún esfuer­
zo: necesidades políticas, idilios y ofren­
das bastan. Es igualmente convincente
cuando se trata de la geometría de los

D O C U M E N T O S

UNA

PAGINA

DE

GEORGE

VANTONGERLOO

Cu rvas y h o riz o n ta le s e~

Función
y

de

C o nstru cción
la

h ip érb o le

xy
1929

8

lín ea s

rojas

verdes

k.

basada

en

e q u ilá te ra

C e m e n to ,

París
® -&gt; -

el

esp acio ,

París

1938.

�P ublicam os esta e x tra ñ a e in te re sa n te p á ­
g in a de G eorge V a n to n g e rlo o , líd e r del m o v i­
m ie n to c o ncre to, p orque p ro p o rcio n a e le m e n ­
to s p a ra ju z g a r no sólo su p in tu ra sino la de
quienes lo siguen.

L ín e a en el esp acio , P a rís 1 9 4 6

objetos, ya que un cuerpo debe obedecer
a la gravitación (¿qué gravitación?) y
debe por tanto ser sostenido por algo o
suspendido a algo. Esto no impide que
esos señores que la explotan, también ex­
ploten, cuando les conviene, la segunda
proposición y encuentren justificación sea
en las Escrituras sea en la Academia.
Y veréis que es fácil, pues esto dura des­
de que la Tierra gira, sin que los creyen­
tes se sientan chocados. No hay ninguna
razón para que eso se detenga y es lo
que saben esos señores, que siempre hay
espíritus temerosos y poéticos y que nada
hay que temer hasta la eternidad. Tam­
bién para nosotros la única cosa que llega
al infinito es la credulidad humana. Es
cierto que la mecánica celeste ha puesto
nuestros sueños en movimiento y no pue­
do pensar en la atracción sin pensar en la
repulsión, lo que probablemente llamamos
gravitación. ¿No será entonces la gravi­
tación, en principio, el juego de la atrac­
ción y la repulsión? Todos los cuerpos
obedecen a la misma ley, pero esta ley
no es proporcional a la dimensión y el
peso de los cuerpos sino de la fuerza, la
energía de los cuerpos. De modo que hay
cuerpos invisibles, infinitamente peque­
ños, cuya energía puede ser grande. Esos
cuerpos desprenden, explotan, impulsan.
¿No pueden ser los cuerpos energías que
impulsan y al mismo tiempo son impulsa­
das, e irradian, y que todo eso nos pro­
duzca el sentimiento de que existe la gra­
vitación? ¿Dos energías que se impulsan
en el universo y que engendran según
las condiciones necesarias para tal o cual
efecto? El estado de un cuerpo puede
variar sin que varíe el universo. La muer­
te no existiría pero sí el cambio de esta­
do. El vacío existiría solamente en rela­
ción con la geometría tridimensional,
pero en el universo todo estaría lleno
de energía.

Asi cada cosa tiene un comienzo y un esta­
do final, y engendra otro estado sin que el
universo haya disminuido o aumentado.
Cada cuerpo se mueve según sea su estado
y el de la Tierra es el de moverse en el
universo de acuerdo con sus propias posi­
bilidades, sin que disminuya nada de su
propia energía. La Tierra puede estar com­
puesta de otros elementos que los de la
Luna, el Sol, etc. Todo obedece a la radia­
ción. El Sol puede ser una energía cuyas
radiaciones, en contacto con el medio en
que se mueve, engendra otra radioactivi­
dad y así sucesivamente. Lo que llamamos
el calor del Sol sería una radioactividad en
contacto con la radioactividad de la tierra,
pero no sería más un rayo de sol. Todo
sería entonces físicoquímico (electromag­
nético).
Entonces, lo que llamamos Sol seria un
pequeño punto negro radioactivo. Su ra­
diación, en contacto con el medio, engen­
draría una deflagración, la cual en con­
tacto con otra zona magnética, engen­
draría otro efecto eléctrico, y esto varian­
do siempre y obrando de acuerdo con la
naturaleza de su estado, llegando así has­
ta el medio en el cual la Tierra se baña,
el que a su vez tiene su radioactividad
y bañaría una parte de la Tierra tan
pronto en el calor, tan pronto en el frío.
La atmósfera alrededor de la Tierra puede
ser la causa de las variaciones de tempe­
ratura que se registran en ella, no causa­
das por el rayo de sol sino por la radioac­
tividad que ejerce ella. En suma, erítre el
Sol y la Tierra hay una infinidad de accio­
nes. Sol y Tierra estarían en creación per­
petua. Dos actividades que están en co­
municación. Esta hipótesis no tiene nada
de absurda y me parece mucho más enor­
me decir que el Sol ha sido creado' para
calentar la Tierra y sus habitantes, o
que la Tierra ha sido creada para que el
Sol pueda calentarla. Me parece tan enor­

me como pretender que la Tierra es plana
o querer llevar todo al tamaño del hom­
bre. ¿También la vaca ha sido creada
para que dé leche al hombre? Es simple.
No veo que el universo sea geométrico,
es decir que sea necesario medirlo con
un metro Lo creo más bien electro-radiomagnético con poderes y una acción, no
como un conjunto de objetos. La vida es
acción y reacción y no un objeto que
reina en todo su esplendor. Un ser todo­
poderoso. El hombre mide todo partiendo
de él. Se toma a sí mismo como punto
de partida y todo lo refiere a si mismo;
aún su Dios es frustrado por él.
El mismo error de concepción del uni­
verso se encuentra en las artes. Como no
podía ser de otro modo. Y no es porque
les falte talento a los artistas. Son sen­
sibles y a menudo muy artistas, persJjSo
concepción de las cosas que tienen és de
tal modo absurda que d e rro c h a n te ener­
gías y caen en infantilismo. Lo? errores
de la vida social están anclados e n el
hombre hasta un punto que ni sipuierp
puede percibir. Todo lo que c o l^ ^ ^ H
al hombre, la psicología, los p e q u e ñ o ^ ^ B
mientos, todo es hecho con arte y los
grandes expertos (son ellos mismos los que
se llaman expertos) se pasman y viven
como parásitos de lo que ellos llaman
gran arte. Es para llorar o reir. Fanático,
pedante, creyente, inquisidor. Se diría que
el hombre se divierte o cree que es su
deber engañar a sus semejantes. Están
convencidos del valor y la importancia de
sí mismos. Ellos juegan. Los Salones de
Bellas-Artes, las grandes conferencias,
esos señores juegan.

GEORGE VANTONGERLOO
París, 1950.

9

�E N T R E V I S T A
H I T C H C O C K

A

H E N R Y

S OB R E

M O D E R N A

R U S S E L L -

A R Q U I T E C T U R A

L A T I N O A M E R I C A N A

c
HENRY
a rq u ite c tu ra

R U S S E L-H ITC H C O C K
m o d ern a .

es

una

A c a b a de r e a liz a r

de
un

las grand es
v ia je

a u to rid a d e s m un d iales

por todos

los

en

m a te ria

países la tin o a m e ric a n o s

de

Con ellas o rg a n iz a rá

el M usco de A r te M o d ern o

una

exposición que deb e in au g u rarse

de N u e v a

Yoric.

H e a q u í pues lo q u e

d ías el e m in e n te c rític o , en esa m ism a ciu d ad

de

N u eva

el

p ró xim o mes de junio en

m e d ijo , h ace

apenas

A b a jo . M in is te rio de Educación, 1937-1943.
Fachada n o rte del e d ific io p rin c ip a l, con el
A n fite a tr o en p rim e r p la n o y el a lto rre lie v e
de L lp c h itz a la izqu ie rd a . A rq u ite c to s : Lucio
C osta, Oscar N iem eyer, A lfo n s o Reldy, Carlos
Leao, Jorge M o re ira , H ern a n i Vasconcelos.
A rq u ite c to co nsu lto r: Le C orbusler. Ingeniero
de e stru c tu ra : Em ilio B a u m g a rt.

B.

p ara

v er de cerca y poder to m a r fo to g r a fía s estereoscópicas y en colores de los ed ificio s m ás in te re ­
santes.

Iz q . Iglesia de San Francisco de Asís en Pam­
p u lh a (B ra sil). V is ta de la e n tra d a con el
B a p tis te rio a la derecha.

unos

Y o rk :

¿Cuál es el país o países que„ en su opinión, desempeñan un papel más im­
portante en el movimiento?

R-H. Creo que el Brasil sigue teniendo un popel rector, tanto en la cantidad como
en el interés visual de sus soluciones. Colombia y últimamente Venezuela
tienen también mucho que ofrecer en estos años que acaban de pasar. En
general me parece que cuanto más nos acercamos al sur del Continente descu­
brimos que menos ha prendido en esas latitudes la arquitectura moderna.
B.

¿Piensa Ud. — entre los edificios que ha visto— ■ que los públicos resultan más
interesantes que los privados o viceversa?

BAYÓN. ¿Cuál es su impresión general sobre la arquitectura moderna de la pos­
guerra en Latinoamérica?

R-H.

Me parece notar claramente que los edificios públicos resultan más interesantes
que los privados, por oposición a lo que ocurre en los EE. UU.

RUSSELL-HITCHCOCK. La impresión de una gran cantidad de producción y de una
calidad media relativamente elevada.

B.

¿Cree Ud. que el color desempeña un papel importante en la arquitectura
latinoamericana?

B.

R-H.

¿Cree Ud. que tiene un papel preponderante entre los otros movimientos arqui­
tectónicos modernos del resto del mundo?

R-H.

Si, el uso del color es una de las características más firmes de esta arquitectura.

B.

Sí, en el mundo de la posguerra la obra global de la arquitectura latinoame­
ricana sobrepasa en interés a la de la Europa Occidental.

¿Ha visto Ud. muchas estructuras realmente modernas e imaginativas durante
su viaje?

R-H.

Realmente, mucho de lo que he visto — hasta de la mejor— , no supera a lo
hecho en Europa Occidental y los EE. UU. antes de la guerra. He quedado un
poco decepcionado de no ver una utilización más imaginativa y brillante del
hormigón armado. Supongo que el estadio de Cartagena, en Colombia, es más
bien una excepción.

B.

¿Cree Ud. que los arquitectos latinoamericanos han aprovechado demasiado
las condiciones tropicales de su clima acusándolas en sus fachadas y elevaciones
de un modo exagerado?

R-H.

Por supuesto que esas condiciones han sido utilizadas, a veces, como clisés
de diseño. El control de la luz solar ha llevado hasta el absurdo de usar
brise-soleil jen fachadas no expuestas al sol! Pero, de todas maneras, es preci­
samente en ese aspecto donde los arquitectos extranjeros podrán aprender más
de la experiencia latinoamericana.

B.

¿Cuál es, en su opinión, el futuro inmediato de la arquitectura moderna en
nuestro Continente?

R-H.

Me parece notar una sana reacción contra el virtuosismo excesivo y una
preocupación por mejorar la calidad de la ejecución. El estuco pintado — expe­
diente ubicuo— está llamado a desaparecer y ser sustituido por materig¿es
que envejezcan mejor. La casa privada y de departamentos modernos parecen
definitivamente implantados en muchos países y van siendo aceptados en los
restantes. Espero que en los dos campos que más me han defraudado: las
iglesias y los edificios de oficinas gubernamentales, se vuelva a alcanzar el
nivel que fijaron el Ministerio de Educación en Río y la Iglesia de Pampulha.
Me complace la idea de que algunos de estos arquitectos que no han llegado
todavía a los treinta, puedan dentro de unos años desplegar un talento seme­
jante al de Niemeyer.

B.

¿Cuál le parece a Ud. ser el aspecto positivo de esta arquitectura latinoame­
ricana?

R-H.

La aceptación general de un amplio sector de campos en los cuales se está
realizando un excelente trabajo y una inteligente adaptación a los problemas
locales.

B.

¿Y cuál sería, por el contrario, el aspecto negativo?

R-H. A pesar de que la calidad de ejecución varía mucho de un país a otro y está
mejorando decididamente, podría decirse que, en general, la ejecución no está
a la altura del diseño.
B.

¿Cree Ud. que el hormigón armado va a llegar a suplantar totalmente a las
estructuras metálicas?

R-H.

La próxima escasez de acero dará definitivamente ventaja al hormigón armado
como medio constructivo del futuro inmediato. Probablemente su uso aumente
en los EE. UU. y, si as! ocurre, habrá mucho interés en estudiar la experiencia
la tin o a m e rica n a . La Conferencia sobre Bóvedas-Cáscara, que se realizó el paPíjRPíado mes de junio en el Massachussets Institute of Technology, en la cual Félix
Candela tuvo tan brillante intervención, evidencia hasta qué punto en los EE. UU.
se sigue con interés el desarrollo de las realizaciones latinoamericanas.
B.

¿Es buena la calidad media de la construcción en nuestros países?

R-H.

La mejor calidad es la de Colombia; la de Venezuela ha subido notablemente
durante estos cinco últimos años. También es buena, en general, en el Uruguay.
Para no herir susceptibilidades se puede decir que la calidad es más baja pre­
cisamente en aquellos países en los cuales la calidad del diseño es más elevada.

B.

¿Cree Ud. que la generación más joven es superior, digamos, a la generación
de Niemeyer?

B.

¿Cree Ud. que la arquitectura moderna ha ganado la batalla ante el cliente
burgués y los distintos gobiernos?

R-H.

La extremada juventud de muchos de los mejores arquitectos latinoamericanos
es un fenómeno que me ha llamado mucho la atención. Creo que ellos pro­
meten firmemente continuar la tradición de virtudes de los arquitectos ya madu­
ros. Noto en los jóvenes un afán por tratar de mejorar la calidad de las obras
— lo que es una nota positiva— aunque temo tengan tendencia a inclinarse a
un excesivo virtuosismo, lo que por el contrario, sería una nota negativa.

R-H.

Los gobiernos parecen ganados en la mayoría de los países y en cuanto a la
clase media creo que no existe un centro firme de oposición. El problema
mundial de la arquitectura moderna es hoy el de la calidad. No habría provecho
en ganar, en principio, esa batalla si se siguen construyendo casas y edificios
modernos de mala calidad. DAMIÁN CARLOS BAYÓN.
Nueva York, enero de 1955.

10

11

�D iálogo con nuestros lectores
Buenos Aires, febrero 9 de 1955
Señor Jorge Romero Brest
Capital
Estimado Señor: Leído su artículo publicado en su última revista Ver y Estimar N5
*9 4 titulado Salud! Emilio Pettoruti y entera­
dos del "resonante éxito" obtenido por dicho pintor, queremos saber ahora si debemos darle trascendencia a dicho éxito.
Para ello le enviamos algunas preguntas que quisiéramos que Vd. contestara para salir de dudas y dar si es que se merece
al Sr. Pettoruti un lugar en la pintura contemporánea. (Siguen las preguntas).
Señor Jorge Romero Brest, a Vd. le corresponde como "defensor de las nuevas tendencias" aclarar estos puntos en beneficio
propio y de la pintura.
GRUPO JOVEN
P. D. Enviamos estas preguntas aprovechando su sección Diálogo con nuestros lectores, que creemos encarada con valentía
y sin prejuicios resultará beneficiosa para los muchos pintores libres que no poseen medios para propagar sus ¡deas. Esperamos
ver publicadas y contestadas estas preguntas y lo deseamos porque queremos comprobar que Ver y Estimar no es una de las
tantas revistas de vidas estériles que aparecen y que sólo sirven en la mayoría de las veces para satisfacer intereses personales
o el de proteger camarillas que nada aportan al arte.

1.

¿Qué valor tiene esta exposición en
la evolución actual de la pintura?

Como no he visto la exposición me es difícil responderles. El telegrama de La Nación
mencionaba solamente a Miró, Masson, Beaudin, Borés, además de Pettoruti, de
modo que desconozco a los cinco restantes. Pero aun así puedo afirmarles, ante
semejante mezcla de tendencias y valores, que la mentada exposición no debe
haber tenido mucha importancia. Ninguna ¡dea de organización la puede justi­
ficar. Hablar de la generación posterior a la de los grandes maestros Picasso,
Braque, Matisse y Léger, no es ensayar una caracterización. Si a pesar de esta
opinión publiqué la nota es porque pensaba y sigo pensando que se trata de una
distinción para un pintor argentino, ya por el solo hecho de haber sido elegido.

2.

¿Es Pettoruti un verdaderoprecursor?
Si lo es, ¿en que año y sobre quién
ejerció acción decisiva?
¿A qué escuela pertenece?

Si se examina la obra de Pettoruti desde el ángulo de enfoque universal, de ninguna
manera se lo puede considerar un precursor, ya que habiendo pertenecido al grupo
de los futuristas en Italia y sufrido la influencia del cubismo, especialmente de
Juan Gris, si bien es cierto que elaboró un modo de expresión propio, no menos
cierto es que permanece adherido al destino de aquellos dos movimientos.

3.

4.

5.

¿Considera Vd.
la obra dePettoruti
Ya saben ustedes cuán odiosas y
difíciles son las comparaciones
enarte, porqu
con valor suficiente para colocarlo hay una vara de precisión para medir. Hecha esta salvedad, les diré que no consicomo precursor al igual que Miró? Si dero a Pettoruti con igual valor al de Miró, aunque tampoco el de éste me parece
lo es, ¿por qué no figura ensu libro tan alto como suDonen otros. Por otra parte no figura en mi libro La pintura europea
La pintura europea como Feinin- contemporánea porque no es europeo, como tampoco lo son Orozco, Portinari y
ger, Orozco, Portinari, D. Rivera?
Rivera. En cambio me ocupo en él de Feininger, no obstante su origen norteameri­
cano, porque se desarrolló en Europa y porque además considero valioso su aporte
a la formación del lenguaje de nuestro tiempo, que es el tema del libro.
¿Es Pettoruti un inventor de formas.
o es un pintor que trabaja con formas
heredadas? Si trabaja con formas
••heredadas, ¿cómo puede figurar entre
los precursores? ¿Precursor no es
aquel que con sus formas anuncia
una nueva realidad? ¿Cuál es la nueva realidad que trajo la pintura de
Pettoruti?

Es la tercera forma como me plantean el mismo problema y la más acertada, a mi
juicio, por cuya razón la elijo para ser más explícito. Y les digo que hay que
marchar despacio, pues inventor de formas es todo artista en cuanto trata de que sus
formas respondan a su modo de intuir
la vida, y por otra parte nadie deja de
trabajar con formas heredadas en estricto sentido. El problema es más sutil y exige
distinguir entre invención de formas que responden a una intuición individual y de
formas que responden a una intuición
que deviene universal. Encarada así la
cuestión, no diré que Pettoruti sea un
inventor absoluto de formas. Lo es en
relación con el futurismo-cubismo. Pero tampoco podría aceptar que se lo considere
como un simple copista de formas heredadas.
Pero si bien no es precursor desde el punto de vista universal, sí lo es desde el
punto de vista nacional, ya que hasta el momento en que realizó su primera exposi­
ción en Buenos Aires (1924), ni los artistas ni los aficionados tenían la menor ¡dea
acerca del cubismo y el futurismo, y fué a través de las obras de Pettoruti que se
produjo ese extraordinario enriquecimiento de nuestra sensibilidad. Al principio no
se lo comprendió, pero una década y media más tarde, precisamente cuando lo
conocí, su influencia empezó a hacerse sentir entre los jóvenes y ha ¡do creciendo
hasta nuestros días. Convengo en que esa influencia no parece haber sido dema­
siado fecunda, pues no puedo mencionar un solo pintor de valía que lo haya
seguido, mas suele ser el destino de algunos creadores, el de ejercer lo que me
animaría a llamar una influencia difusa. Tal fué lo de Pettoruti.

12

�Buenos Aires, marzo 1° de 1955
A los componentes del Grupo Joven
Bánfield.
Estimados señores: Conforme al pedido de Vds. publico en este número la carta que me han enviado y las respuestas a las
preguntas que me formulan en ella, no sin advertirles que el artículo que la motiva fué simplemente informativo y que al
destacar el "resonante éxito" de Pettoruti me hice eco del que indudablemente tuvo en París, al ser electo entre cientos de
pintores para formar un grupo de diez que expusieron en la Galería Durand-Ruel. No emití ningún juicio, salvo el implícito de
la primera línea: "Nuestro gran pintor. .
El juicio será explícito ahora, al responderles, pero no cambiará fundamentalmente
del expuesto en el N° 6 de Ver y Estimar, primera época, publicado en 1948 con motivo de la exposición que realizó el
pintor argentino en el Salón Peuser, de modo que también los remito a este extenso texto.
Supongo que no les molestará que agrupe las preguntas de modo diferente al que Vds. le dieron, ya que algunas se refieren
al mismo tema y en otros casos me parece oportuna la precedencia de una sobre otra. De todas maneras, contestaré a todas
" a verdad sabido y buena fe guardada", como se estilaba en los viejos documentos judiciales.
Saludo a Vds. con la mayor cordialidad.
JORGE ROMERO BREST

No introdujo una nueva realidad, porque ésta no tiene consistencia como para ser
introducida por nadie; además porque preexiste a la forma. Lo que hizo fué darle
forma simbólica a una realidad que empezaba a manifestarse a través de un senti­
miento cada vez menos localista, alejándose de todo folklore y de todo naturalismo,
y poniendo el acento en los elementos y las estructuras espaciales y dinámicas.
Creo que por lo menos una de las direcciones del arte contemporáneo, la que
probablemente dé la fisonomía del siglo, tiene como precursores a los dos maestros
que ustedes citan. Pero tampoco deben olvidarse otras direcciones -— Picasso, Braque,
Matisse, etc.— que por no ser tan revolucionarias se mantienen más en el campo
de la pintura propiamente dicha que la otra. Y además, no cabe la comparación que
ustedes me proponen, porque tanto Kandinsky como Mondrian no son contemporá­
neos de Miró, Beaudin, Masson, Borés y Pettoruti.

6.

¿Fueron los pintores que cita la nota
de su articulo los que dieron impulso
al arte contemporáneo, o fueron Kandinsky y Mondrian?

Es evidente que no puedo explicarles los motivos que conducen a Julio Payró a
em itir los juicios que ustedes reproducen, pero todo el planteo de estas preguntas
me parece equivocado. No hay problema de la luz en la pintura sino desde el
punto de vista técnico-formal. El único problema es el de la expresión de una
realidad que por ser espiritual ni es luz, ni espacio, ni volumen, ni plano, ni nada
que se manifieste de modo perceptible; sólo para darle forma el artista recurre a
la luz, el espacio, el volumen, el plano. Perodigo recurre, lo que significa que las
formas que crea son apoyos o pretextos de su expresión espiritual. Juzgar aésta,
entonces, en función de aquéllos constituye a mi juicio un craso error. No es la
captación de la claridad lo que determina el valor sino la expresión que se logra
con ella. Y es desde este punto de vista que la serie de los "Soles" me parece
menos valiosa que muchas obras realizadas por Pettoruti en el lapso citado. En
cuanto a la frase de Torres-García no es más que una de sus acostumbradas boutades.

7.

¿Es un problema de la actual pintura
el problema de la luz? ¿O fué un problema impresionista? Si no lo es, ¿a
qué se debe la trascendencia que le
da J. Payró a su última serie titulada
Soles (Catálogo del Salón Peuser,
23-8-48)?
¿Cual es la verdad? Dice Payró de
la obra de Pettoruti: "Este pintor ha
captado la claridad
como no lo ha
estado en la obra de ningún otro pintor desde Monet hasta nuestros dias."
(Para J. Payró no existen Van Gogh,
Matisse). Dice Torres Garcia: "P etto­
ruti hace naturalismo camuflado."

8.

En primer lugar, la pintura de ninguna
época hasido, ni puede ni debe ser, copia
de la naturaleza. Lo que puede ser es
resultadode una coincidencia entre lo que
espiritualmente se siente como vivo y la naturaleza tal como se da en la experiencia,
en cuyo caso la faena del artista consiste en representarla para hallar el símbolo
expresivo de su intuición (naturalismo). Mas, representar no es copiar. En segundo
lugar, tampoco la representación de la naturaleza parece ser problema de la pintura
actual, porque no existe esa coincidencia y por el contrario todo parece indicar una
concepción de lo espiritual nutrida por la experiencia interna y no por la externo.
(Para mayores precisiones, ver mi libro Qué es el arte abstracto. Columba, 1953.)
En tercer lugar, esa pintura no tiene "reservado su valor a fines sociales", a menos
que se confundan los fines sociales del arte — que no pueden ser sino espirituales,
so pena de que no sea arte— con los de la propaganda política. Como desgracia­
damente esa confusión gobierna a los neorrealistas, su arte es nulo, como ustedes
dicen, tanto en Rusia como en los demás países del mundo, inclusive el nuestro,
se comprende.

9. ¿Es un problema
de la pintura actual
la copia de
la naturaleza en cualquier forma que se interprete, o es
una pintura que tiene su valor reservado o fines sociales, como la nula
pintura Realismo Socialista?

13

�Ca mi n o

de

la

o b s e r v a c i ó n

entre dos lenguajes. Es el choque entre
lo sorprendido y lo meditado.
Degas se ha detenido en el instante en
que Arlequín es el vértice de un trián­
gulo cuyo lado opuesto son las tres bai­
larinas de volátiles polleras. El grupo se
distribuye en una composición caracterís­
tica, dinámica y equilibrada, como puede
serlo una figura geométrica. Otra vez el
impresionista — como se lo llama— nos
muestra un concienzudo estudio de las
figuras que parecen haber posado duran­
te muchos días, dispuestas a continuar
la danza cuando el pintor lo ordenara. La
luz es la de las candilejas, sol de la
noche que maneja el hombre, distribu­
yendo el claro-oscuro según la necesidad
de su espíritu.

ARLEQUIN DANZANDO - Edgar Degas
1834-1917 - Museo Nacional de Bellas
Artes
El ballet es uno de los motivos predilec­
tos de Degas; su espíritu se complace y
se manifiesta frente a los danzarines que
armonizan el movimiento universal. En
este cuadro logra por medio del dibujo,
un extraordinario juego plástico. Los cua­
tro personajes se han detenido con un
gesto de marcada vivencia, trasuntando
a su vez, una energía próxima a mani­
festarse. Esta sensación surge de la línea,
muy rica en vibración, que limita las fi­
guras y las presiona como deteniéndolas.
Se siente el latir de cada una, como si
en su interior corriera la vida; es que en
realidad, como elemento plástico, tienen
una vitalidad poderosa. A veces es conti­
nua, persistente; a veces refleja los con­
tornos, que se transforman en una som­
bra, envuelta por una luz, y el aire
parece agitarse.
El uso del pastel, pobre como materia,
y la elección de los colores que podríamos
calificar sombríos, apoyan la preponderan­
cia de un ritmo rector creando un clima
que responde al argumento coreográfico.
Para adivinar el motivo de esa actitud de
los personajes, no podemos detenernos en
las particularidades; el rostro, las manos y
demás medios expresivos del ser humano,
no están caracterizados, no son bellos, se

asemejan entre sí como si fueran la re­
petición de lo impersonal. El artista re­
chaza a prior!, lo perecedero, lo mutable.
En cambio, la posición de cada figura y
la relación entre ellas, es lo que habla.
Arlequín empieza y termina en él, y la
fuerza vital de la imagen se dirige a
los bordes, para concentrarse en la línea
— concepción ideativa del arte plástico-— ;
pero como gesto, trasciende un sentimien­
to lleno de sugerencia. Las tres bailari­
nas son tres imágenes independientes,
pero comulgan en una actitud, frente al
antifaz que las separa de los rombos
multicolores. Se repite entonces, la lucha

Arlequín danzando es una impresión no
del momento fugaz en que lo natural se
brinda, sino la detención de un instante
de la vida — que nunca se detiene—
pero que el artista quiere fija r para mos­
trarnos la potencia de lo eterno.

MUJER EN SU TOILETTE - Edgar Degas
1834-1917 - Museo Nacional de Bellas
Artes

uniforme, que a su vez lo sostiene. Los
demás objetos del cuadro están esboza­
dos, actuando la línea en forma similar.
Pero en cambio, la materia pictórica y
el color, surgen de los esbozos, para
crear un doble juego de ritmos. Una plás­
tica serena contrasta con una violenta
movilidad de trazos policromos. Colores
cálidos y fríos alternan, casi con la regu­
laridad de las hojas de un biombo, al
verde malva sucede el rosa, a éste el
azul, el naranja. . . Todo tratado al des­
cuido deja trasuntar la impronta do un
estado de ánimo, comunicando a la obra
una vitalidad desconcertante.

ambiente destaca los objetos, y los volú­
menes aparecen como sugerencias de figu­
ras geométricas. El artista nos habla con
un lenguaje claro, conciso, personal. Pre­
senta la realidad en su doble faz; la
figura, tratada a la manera de la escuela
clásica y el mundo exterior casi amorfo,
sirviendo de marco, pero a la vez expre­
sando su propio contenido. La sensibili­
dad se carga en la línea, y el color y la
materia contribuyen al predominio de la
misma. La herencia de Ingres domina este
espíritu especulativo, que filtraba por
el crisol de su inteligencia, el producto de
sus sensaciones y su emotividad.

La composición organiza la lucha entre
imagen, materia y color; es simple y equi­
librada, respondiendo a los cánones clási­
cos. El claro-oscuro no constituye un ele­
mento independiente; la uniforme claridad

La vida se ha detenido un instante, pero
mientras una fuerza intuitiva se mani­
fiesta en su encantador desorden, la ra­
zón ajusta todo, lo aquieta, le pone un
freno permanente.

En los desnudos encontró Degas la ma­
nifestación del ser, en lo que tiene de
primario, exento de todo lo que presiona
al hombre cuando entra en el mundo de
la convivencia. Por ello prefirió el des­
nudo en la intimidad, sincero, despreocu­
pado. En este pastel, sorprende a una
mujer en un gesto, en el momento de
secar su rodilla. Ello le basta; el arte
pondrá lo demás.
Una línea muy cargada de materia, mar­
ca exageradamente los límites de la ima­
gen; es abierta, irregular, borrosa a ve­
ces, perdida otras en la superficie de la
piel. Toda la trayectoria lineal, origina un
arabesco dinámico, que se impone en
primer plano, encerrando una masa casi

14

�RETRATO DE DIEGO MARTELLI - Edgar
Degas 1834-1917 - Museo Nacional de
Bellas Artes
Degas, que vivió en el período en que se
despedía a los clásicos para saludar a los
florecientes impresionistas, amalgama en
su obra, con maestría, la concepción de
las dos escuelas.
En el cuarto donde ha posado Diego Martelli dialogan dos lenguajes. La línea
como elemento primordial se muestra ex­
presiva e insinuante en la figura, pero
en el resto no se destaca, porque sólo
esboza los objetos. El empaste de la ma­
teria crea dos ritmos: uno ordenado, tran­
quilo, pesado, frente a otro arbitrario,
dinámico, ágil. Medias-pastas muy bien
distribuidas con toques de luz y sombra
— en función de la claridad ambiente—
imprimen a la figura una unidad que pa­
reciera cumplir con los exigencias de la
vida — el hombre utilizado como porta­
dor del mensaje artístico— ; pastas más
cargadas y distribuidas a veces al azar,
establecen un juego de relaciones entre

las cosas que se distribuyen en distintas
direcciones.
La composición ortogenal, presentada con
claridad, y los colores fríos y las tierras,
ambientan un clima sereno y melancóli­
co, acorde con el estado de profunda me­
ditación del retrato.
En este óleo aparecen los dos mundos del
artista. La influencia de Ingres y los
clásicos, y la nueva verdad que se brinda
a sus ojos y los de todos los impresionis­
tas. El pintor ha sorprendido un instante,
pero mientras toma la instantánea de los
objetos que no le interesan, manifestada
con violencia instintiva, se detiene larga­
mente en la realización de su retrato.
También Diego M artelli expresa un mo­
mento de su vida, pero esa expresión está
apoyada por una imagen construida con
detenimiento. La luz no ha inundado el
cuarto para ejercer su influencia modi­
ficando la realidad; al contrario, surge
del alma del hombre y se refleja en su
cctitud y su gesto.
OSVALDO LOPEZ CHUHURRA

D IC T IO N N AIRE DE LA PEINTURE
M O D E R N E - Editor, Fernand Hozan París. 1954.
Luenga recopilación de palabras en un
orden alfabético preestablecido, un diccio­
nario es generalmente un objeto muy poco
cálido, de aquéllos a quien sólo nos acer­
camos impelidos por la necesidad. Junto
al Dictionnaire de la Peinture Moderne
se siente una muy otra impresión. Tal
vez porque sus elementos son nombres
propios evocadores de vidas humanas,
comunicadoras de un hálito profunda­
mente espiritual; tal vez porque, tratán­
dose de la pintura moderna sentimos esas
vidas tan cerca de nuestro hoy; tal vez
porque trata de movimientos tan agita­
dos, tan definidos por conmociones eco­
nómicas, políticas y científicas aún en
vigencia; tal vez por la desproporción en­
tre la duración de esos movimientos y
sus estados de clímax, que determinan
en el cuadro artístico que vivimos una
línea quebrada por ascensos y descensos
de atractiva vertiginosidad, el hecho es
que, tal diccionario proporciona el valor
mediato del documento y la validez inme­
diata del libro. El azar quiso que la pri­
mera palabra fuera abstracto, término tan
representativo de las inquietudes que des­
pierta hoy; y que la última fuera Zola,
evocador y documento de una época de la
que tanto depende la posición del hom­
bre actual, por lo que guarda aún de
ella y por lo que de ella se empeña en
repudiar. En forma objetiva, concisa y ho­
nesta se hacen análisis de los pronuncia­
mientos artísticos con visión panorámica y
cósmica de los hechos. Jugosos dentro de
su brevedad son los análisis del arte abs­
tracto, fauvismo, surrealismo e ismos sub­
secuentes; cada uno de ellos encierra ju i­
cios categóricos, correctos; notas sobre los
hombres que los vivieron, sobre la literatu­
ra y la crítica que provocaron, encuentros
y desencuentros sufridos en los días en
que les tocó actuar. Extendiendo su interés
más allá del pintor y las escuelas, mencio­
na las agrupaciones en que se formaron y
maduraron sus intérpretes: escritores, poe­
tas y críticos; exposiciones internacionales
importantes comoArmory Show; marehands
como Vollard; figuras inolvidables por su
bondadosa simpatía y su adhesión desinte­
resada a los artistas como le pere Tanguy, Leo y Gertrude Stein. Cabe agre­
gar a su mérito, notas y datos sobre can­
tidad de artistas que la imprenta no ha
popularizado — muchas veces injusta­
mente — ayudan a desenmarañar esa tra­
ma de las historias del arte llenas de
lagunas injustificadas. Todo este material
en una síntesis humana (las síntesis casi
nunca lo son), cordialmente humana.
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Buenos Aires, abril 1955</text>
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                <text>Roland, Afredo E.&#13;
Argul, José Pedro&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
López Chuhurra, Osvaldo&#13;
Poggi, Elena</text>
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                    <text>Vt hyestmar

�Una

S u m

Ver y Éstimdf
revista mensual de crítica
artística

a r i o

JO RG E ROM ERO BREST

planta exótica

(;

Recuerdo de una visita a C qnstan tin Brancusi

EL ECO

M useo exp erim ental en M éjico

3

6

C om ité de redacción: S ilv ia A m bro sini,
Raquel Edelm an, Jorge G lusberg, Enrique
N ag e l, A lfre d o E. Roland
S e cretaria de redacción: Blan ca Stabile
D iag ram ación de: Sam uel O liver

CL C am in o

N ELLY PERAZZO
SIM O N A ER TA N
JO RGE ROM ERO BREST

v

de observación

Pin tu ra contem poránea de la

9

Suscripción a n u a l: 12 núm eros, $
E xte rio r, $ 4 5 ; núm ero suelto $ 3.

33;

India

10

Editada por

Cómo se m ira un cuad ro, por Lionello V e n tu ri

14

Ver y Estimar S . R . L . , cap. $ 10 000
editorial, actos, cursos.

Cómo ver un cuad ro, por Córdova Iturburu

15

Director Gerente: Jorge Rom ero Brest
A LFRED O E. R O LA N D

T a p a : M A T H IA S G O ER IT Z , dibujo para su libro E L C IR C O ,
Colección de 1 1 dibujos y una viñ eta - 1 9 4 9 .

2

Registro nacional de la propiedad intelec­
tu al núm ero 4 7 0 .7 7 1 .
A d m in istració n y r e d a c c i ó n : Tu cu m án
1 5 3 9 , Buenos A ire s , A rg e n tin a . 3 5 -9 2 4 3
M arzo 19 55

�R E C U E R D O
DE U N A
CONSTANTIN

VI SI T A
A
BRANCUSI

En 19 48 visité a B rancusi en su ta lle r de

Y como no puedo resistir a la tentación

Pa rís,

de desobedecer a B ran cu si, publico ta m ­

donde se

h a lla n

la

m ayor

parte

de las obras que ha realizad o desde los

bién las notas que escribí

com ienzos del siglo. Gentilm ente accedió

vu e lta

a que los estud iara con detenim iento, y

aspecto de un viejo cam pesino eslavo, con

sin ninguna d ificu lta d el diálogo se hizo

su

vivo y sostenido entre nosotros. Pero en

c a n a , sus ojos inquietos y desconfiados,

un momento dado tuvo la sospecha de

sus m anos rudas, su cuerpo ya poco obe­

que me proponía escrib ir sobre su obra

diente pero siem pre en m ovim iento.

y entonces me dijo que no tenía derecho

rece m ás un m u jik que un hom bre o cci­

a hacerlo — aun antes de que le hubiera

dental y, sin em bargo, ap enas em pieza a

confirm ado

h ab lar,

podía

la

sospecha—

y

que

sólo

p u b licar un texto que se dispuso

de

su

la rg a ,

c a sa ;

enm arañada

pausad am ente,

m usitara

las

entonces, de

"B ra n c u s i

p a la b ras,

y

su cia

como
con

tiene

si

el

barba

Pa­

apenas

un desgano

inm ediatam ente a dictarm e y que publico

que tiene olor a escepticism o, ap arece el

ahora por el interés que sin duda tiene,

hombre que ha elegido a P a rís para viv ir

pese a su brevedad.

porque según dice ésta es su p a tria ; a p a ­

"Las

c ríe s

no

ellas

m ism as

han
y

el

nunca

por

rece, sobre todo, el hom bre de exp erien ­

siem pre

ha

cia m uy in ten sa, con sus setenta y tres

existido
hombre

estado sujeto a la religión. Cuando des­

años,

aparecieron las religiones, los a rtista s se

queñas contin gencias de la vid a

ocuparon

por cuya razón se ríe de le gloria — cree

del

virtuosism o

de

la

copia.

y

" r e v e n t a r " , porque todo lo que tiene co­

V e n u s; después los artista s hicieron D is­

m ienzo tiene fin —

cóbolos, A q u ile s y Laocoontes, y M iguel

venes que cu ltiven el espíritu y que se

Angel,

pu rifiq u en por dentro, pues es lo p rin c i­

en nuestra época, c a e en el
griega

haciendo

la

tie rra

es

d ia ria,

que

la decadencia

de

de las pe­

religioso, hicieron bellos Apolos y bellas

ya

destino

m ás a llá

A s í, cuando los griegos estaban en plano

error de

el

que está

el

de

y aconseja a los jó ­

p a l, y lo dem ás, la obra, se da por a ñ a ­

cosas que espantan por su feald ad . Des­

didura.

pués todo el

trastornado

"A u n q u e es trem endo egoísta, es a ltru is ­

la b elleza ha

ta a la m anera del cam pesino que está

mundo

se

fa

haciendo b e e f s t e a k s , pero

desaparecido. H oy, p ara hacer el arte libre

pronto para ayu d ar al

por sí m ismo, es necesario ponerse en el

para nada se interesa por los que viven

estado de un dios que cre a, de un rey

m ás a llá de su área v ita l. Por eso no le

vecino

pero que

que ordena y de un esclavo que a ctú a.

interesa

Los

quierdas y se encierra en la idea de que

tres

personajes

so lo ."

deben

form ar

uno

P á ja r o en e l e sp a c io

la

p o lítica.

No cree en las iz ­

no hay arte posible sin estado religioso.

El recién nacido, 1915

3

�El p ez

Él

cree ser religioso,

aunque

no

m ilita

en ninguna iglesia.

Lo

p u e rto

qué

de la escu ltura

este

innovador

potente

sea a tal punto, desde

"Sob re sus opiniones acerca del arte basta

este áng ulo, un rom ántico. De esto estoy

la

ahora convencido después de haber visto

declaració n

que antecede.

Detesta

a

M iguel Á n g e l, a quien considera culpab le

una buena can tid ad de obras y de h a ­

de hab er inducido a los escultores a h a ­

berlo escuchado sobre toao: ya no es un

cer una escu ltura gruesa, de gestos a m ­

hombre de nuestro tiem po;

pulosos, retórica y exterio r. M e dice que

ese pasado inm ediato sin duda pero ya

m ucho

le

hab ían

hab lado,

cuando

era

lejano ,

durante

el cual

pertenece a

hom bres

felices

alum no en Bucarest de la A c a d e m ia , de

pudieron v iv ir al conjuro de la idea de

la

que era

C a p illa

v e rla ,
A

S ix tin a ,

y

que

comprobó que era

Rodin lo estim a

todo

el

Balzac

después,

un

al

" e s ta b lo " .

un poco m ás, sobre

aunque

esta

obra

no

sea realm ente buena. Lo im portante para

posible

cre ar

ten

sólo

con

el

bagaje que cada uno tenía dentro de sí.
Sin que

se

p arezcan

en

modo

B rancusi me ha hecho la m ism a

alg uno ,
im pre­

sión que Braq ue: son hom bres term inados

él es conservar la m edida hum an a y por

que no comprenden la trag edia de nues­

eso estim a a Rodin sólo en cuanto supo

tro tiem po y contin úan trab ajan d o ahora

co n se rvarla.

con el mismo espíritu de la época a n te ­

De

los a rtis ta s actu ale s

no

quiso h a b la r: me dijo que no los conocía.

rior a la guerra del 14.

En

vib ran te

19 20

expuso

por últim a

vez

en el

Salón de los Independientes, después nun­

4

p a rad ójico,

que

Braq ue,

B ran cu si es m ás
tam bién

es

m ás

pobre y por ello tiene contacto d ia rio con

ca m ás en grupo. B rancusi es un solitario

la gente del pueblo en el m ísero impasse

que acoge bien a quien se interese por

en que v iv e , su pensam iento es m ás vivo

sus obras, pero que no tiene ningún es­

y su m agnanim id ad m ás co ntagio sa; pero

p íritu greg ario. Y

ta n to él como el otro viven en estado de

es curioso, hasta d iría

�le ayuda en su ta lle r — él m ismo pule el

(me m uestra la foto) y luego fué ganando

bronce de sus objetos y saca

las foto­

en hondura hasta lleg ar al otro en que

g ra fía s de sus obras.

la modelo es irreconocible.

" S u problem a es el de la búsqueda de la

" E n d e fin itiv a , para él sigue siendo el arte

absoluto — son sus palab ras—

expresión de estados de ánim o in d iv id u a­

pero no
ese abso­

les. Por quintaesenciad os que sean siem ­

luto. Me parece ad vertir cu e para él lo

pre se tra ta , pues, de una posición ro­

absoluto es la equidad, el eq uilib rio , la

m án tica.

m edida

pues,

el estado de tensión que ju s tific a las fo r­

quienes piensan que B rancusi es un in ­

m as ya es débil, como lo prueba el re fi­

conseguí

que c a ra c te riz a ra

h um an a.

Se

a

eq uivocan,

tienen

fu e rz a ,

pero

ventor de form as concretas; en verdad es

nam iento fin a l de las su p erficies a que

un ab stracto, acaso el m ás ab stracto , en

se

el verdadero sentido del térm ino, de los

algo de decadente, de fa lta de verdadera

a rtis ta s de nuestro tiem po, porque todas

energía y de verdadero instinto.

sus

y

" O tra prueba de su acendrado su b je tiv is­

y síntesis.

mo la da su desinterés por la a rq u ite c tu ­

obras son

com plejo

producto ce

un

proceso de a n á lisis

largo

entrega

con

verdadero

fre n esí.

H ay

Por cuya razón siem pre representa algo:

ra.

un p á ja ro , un pez, un sapo, un cuerpo

modernos son " id io t a s " y que solam ente

de

m ujer. A l

hombre

no

lo

Me

dijo

que

todos

los

arquitectos

representa

en las casas de cam p aña del siglo X V II

porque considera que su cuerpo es más

y aun del X V I , hechas por sim ples em ­

feo que el

de un sapo, con

todas sus

fragm entacion es y su fa lta de unidad de
volum en. C ada

Eva

Sus obras

form a

real

pasa por su

presarios,

se

encuentra

una

disposición

espacial m edida y arm ó n ica .
" E n cuanto a su escu ltu ra, responde a mi

espíritu y sufre el proceso de a n á lisis y

pregunta que nada tiene que v e r con la

síntesis que lo conduce a! descubrim iento

arq u ite ctu ra .

de

p arte, en el ca rá cte r poético de su e scu l­

lo esen cial.

Pero

lo esencial

no es

invento sino form a extraíd a de lo real.
Ta m b ié n ha hecho retratos y alg ún torso.
Un m agnífico retrato de m ujer, tra n sfo r­
mado en un juego casi irreal de ritm os
plásticos,

me

dem uestra

cómo

Insiste

m ucho,

por

otra

tu ra , y aunque le hago notar que actú a
como

un

m edio de

d in a m iz a r

em o tiva­

mente el espacio, persiste en negar toda
relación con la a rq u ite c tu ra ."

procede:

prim ero hizo el retrato bastante parecido

JO R G E R O M ER O B R E S T

El recién nacid o. 1 9 )5

ensoñación, creyendo todavía en la cali­
dad que un hombre de genio puede in ­
fu n d ir a las obras que crea.
" T ie n e una verdadera fobia a la in telig en­
cia y cree que el hombre hace m al uso
de e lla. Au nque no me lo d ijo , es e v i­
dente que para él

lo único puro es el

instinto, sin que parezca

a d ve rtir hasta

qué punto su instinto de paisano se ha
refinado gracias a la inteligencia

lúcida

que posee.
" N o me im presiona como un hombre de
c u ltu ra , sino como un artesano que e xtrae
del m aterial todas las posibilidades que
encierra y sabe em plearlo para sus fines
em otivos. Porque lo curioso es que B ra n ­
cusi es un sentim ental cue asp ira a pro­
vo car reacciones

igualm ente se n tim en ta­

les, sólo que éstas no son v á lid a s a juicio
suyo si no son sublim adas por un espíritu
religioso. Por eso tal vez no quiso ad m i­
tir ninguna discusión te ó rica: para él el
arte está en la obra y a ella se apega.
Pero es tan

fino y personal que

nadie

5

�EL

ECO.

Museo

experim ental

en

M éjico

D.

F.,

calle

Sullivan

43

El terreno, ubicado en el centro de M é­
jico C ity , ab arca alrededor de 5 3 0 m e­
tros cuadrados. Una única puerta condu­
ce al espacio interio r, que tiene unos siete
m etros de a ltu ra . En él Hay una cantid ad
de

restaurantes

rrespondientes

y g a lería s
espacios

con

sus co ­

funcionales.

Un

largo y angosto corredor de entrada c ru ­
za el terreno. Este corredor se estrecha:
al mismo tiempo el piso se eleva lig e ra ­
m ente, m ientras el techo cae. El e n ta ri­
mado de m adera del piso se va reduciendo
a m enor escala hasta cu e se reúne con
el techo en un punto; en ese punto de
fu g a , que se encuentra en el gran salón,
hay una obra p lástica de M a th ia s G o eritz,
un torso.

Encuentra

su eco en el gran

grissaiile, pintura m ural (1 0 0 m etros c u a ­
drados) de H enry Moo~e, ubicado detrás.
El corredor conduce luego c un pequeño
hall, separado del salón princip al por una
pared a is la d a , negra, de 6 m etros de alto ;
vale d ecir, no llega al techo. A

través

de esta pared queda subrayada la a ltu ra
del
F a ch a d a sobre
la ca lle
S u lliv a n ,
43.
M éjico D. F.

A r r ib a .

Iz q u ie r d a .

e d ificio .

6

F la n ta

del

espacio

interio r,

así como

tam bién

una división que se h a lla detrás del bar
restaurante
guardarropa
separa

en cuyos extrem os están
y baños.

baños

de

En

la

restaurante

pared
el

el
que

pintor

�C arlo s M erida ha ubicado una com posi­
ción

cro m ática ab stracta

con caracteres

de relieve.
A lo largo de las paredes del restaurante
se encuentran obras de Picasso, Klee , Chag a ll,

H e ck el,

A rp ,

Fe rran t

y

M iro

y,

Graphiken de Picasso. D etrás del bar tra ­
baja G o eritz en una pintura
no co ncluida.

En el

m ural aun

centro

del

restau­

rante, justo encim a del b ar, la pared está
decorada con extensos dibujos de niños
m ejicanos y al fin a l de la m ism a,

una

salid a

a

una

la

cual

de

segunda

em ergencia,
entrada

conduce

del

EC O ,

de

hablarem os luego. El que entra por ella
en lu g ar de encontrar la negra y aisla d a
pared del b ar, se enfrenta con la b la n ­
cura del salón p rin cip al, con la totalidad
del cuadro m ural de H enry M oore el cual
desde la entrada sólo podíc ser visto en
una

séptim a

cuentra

parte.

cru zad a

p lásticas

de

La

por

una

pintura

se

geom étricas

p rim itiva

en­

líneas

construcción

del pintor m ejicano Rufino T a m ay o .
Éste en

un

com ienzo

hab ía

recibido

el

encargo de hacer la grissailie de la p in tu ­
ra m u ra l, y hab ía

iniciado ya

la d is tri­

bución de las su p erficies, cuando falleció
D aniel

M ont, quien fin a n c ia b a

la cons­

trucción del ECO y estim aba a este p in ­
tor.

M ás

tarde

en diciem bre de

1953,

G oeritz pidió a H e n rv Moore a auien lo
unía

vínculo s de am istad

unas

Arriba. M u ral del saló n grand e re a liza d o según el proyecto
de H E N R Y M O O RE, Los siete Judas.
La s lín e a s g eo m é tricas proceden de la com posición a n te rio r­
m ente p lan ead a del p intor m e jican o R U F IN O T A M A Y O .
Abajo izquierda. Proyecto de R U F IN O T A M A Y O p a ra un g ran
m u ra l, a p ro xim ad am e n te de 100 m etros cu ad rado s en el salón
g ran d e . Fueron re a liz a d a s solam en te las lín e a s g eo m étricas
de la com posición que siguen e xistien d o en el m u ral de
H E N R Y M OO RE.
Abajo derecha. P asillo de e n tra d a . En el
p rin cip al del m u ral de H E N R Y M OO RE.

fondo

la

fig u ra

fig u ras

para la pared.
To d as las paredes

restantes del espacio

princip al son b lan cas a la c a l. Ellas de­
ben se rvir para las exposiciones de p in­
tores jóvenes que van

a M éjico o que

viven a llí (Leonora C arrin g to n , A lic e Rahon,

Felipe O rlando, Y o n ia

F a in , Jesúa

Reyes F e rre ira , W o lfgang P e alen , e tc .).
Del gran salón se puede ir al a ire libre
y a un am plio patio cubierto el que puede
ind istintam ente
como

para

ser

usado

exposiciones

para

de

b allet

plástica

al

a ire libre. M ucho espacio fué destinado
a la creación de este patio que da la im ­
presión de estar dom inado por una única
ven tana

en

form a

de

c ru z,

al

mismo

7

�Izquierda. E scu ltu ra de
El b a lle t e xp e rim e n tal a l

M A T H IA S G O E R IT Z .
(EA LTER NICHS)

Derecha. V is ta del salón al p a tio . En el fondo
el m uro a m a rillo de 1 1 m etros de a lto .
Abajo. B a r. R e sta u ra n te .
A l fondo:
d ecoració n p lá stic a
C A R L O S M E R ID A .

tiempo

puerta

del

gran

salón.

En

este

En

la

escalera

ha

realizad o

el

escultor

patio una pared aisla d a de un m etro de

m ejicano G erm án Cueto una composición

alto , de color a m a rillo , constituye el ú n i­

doble, m itad p intura y m itad p lástica.

co acento de color de todo la construc­

Los espacios fu n cio n ales y secundarios
que term inan en la g a le ría , son a b a rc a ­

ción espacial del EC O . Tod as las demás
paredes, como así tam bién el techo del

dos por dos pisos de construcción: arrib a

espacio

los vestuarios y ab ajo la co cin a ; una pe­

interior

están

pintadas

en

d is­

tintos tonos de grises.
El

piso del

queña escalera une a am bos y por una

p atio , en contraposición

al

entarim ado de m adera de! espacio in te­
rior, ha sido hecho con grandes y rojos
lad rillo s

pared que tiene m ás de 7 m etros de la r ­

un eco a todas las m an ifestacio n es del

go por 4 ,5 0 de ancho, con un abstracto

arte moderno. La dirección a rtístic a y la

hierro

de

O tra

La fin alid a d del M useo exp erim en tal ECO
es b rind ar una posibilidad de reson ancia,

de

centím etros.

estos últim os al gran salón.

larga

plástico

de 4 0

puerta de m adera ancha se puede ir de

M a th ia s

G o eritz,

puede se rv ir de fondo paro b a lle t o teatro
al a ire libre.
Escondido en el lado interior de la a lta
pared a m a rilla , que se h a lla libre en las
a ltu ra s, h ay una plástica y ab stracta poe­
sía

de G o eritz,

recortada

y fo rja d a

en

hierro.
La segunda entrada del ECO que se h alla
separada de la

c a lle

por una

re ja ,

va

desde la puerta de m adera de la entrada
posterior del b ar restaurante

y conduce

a travé s de una escalera al

piso supe­

rio r, es decir a la G a le ría D aniel M ont y
por ésta a

los espacios funcio nales

cundarios (vestu ario , cocina

se­

e tc.).

L a g a lería que sirve para exponer obras
de a rtista s

jóvenes, se encuentra

m ente sobre el bar restaurante.
ilum inada

por

una

in stalació n

ju s ta ­
E lla es

in tern a;

desde arrib a suele recib ir luz del día v
sus paredes están cubiertas por una c a r­
peta de paja japonesa. E=tá separada del
corredor por una din ám ica v e rja de hierro
que puede ab rirse hasta la m itad.

8

supervisión, así como la decoración, m ue­
bles, e tc ., es de M ath ias G oeritz.

m ovible

de

�Camino de la
observación

P RESEN T A CIO N DE JA CO B O A IS A A C -

Segundo por la calid ad de su potente pa­

del arabesco que form an

José de R ibera (1 5 8 8 - 1 6 5 2 ). M useo N a ­

tetism o que nos invade en

espacio es acusado

cional de B ella s A rte s.

pero no nos in vita a re fe rirla a una ins­

las

ta n cia

el

superior,

sino

que

form a
se

total

fija

en

nosotros como una v ive n c ia personal.
La
y
Estam os ante

un

cuadro

que nos con­

pasta
libre,

jugosa,
en

su p erficie

rugosa,

p incelad a
parte

la

densa

prim er

plano con

com posición

al

par

el elem ento plástico al que se le ha otor­

la

gado m ayor fu e rz a : adem ás de u n ific a r

re­

la im agen ha servido para releg ar el v a ­
expresivo

de

la

línea

prestigiando

en

y cierta com p lacencia sensual en la m a­

aún m ás la m ateria y el color.

expresada

por otro.

te ria

L a s form as rep resentativas han sido u ti­

¿Y

emoción

por qué

nos conm ueve y no nos e xa lta ?

Ribera
Prim ero

por sí m ism a.

la eq uilib rad a

La

riqueza

colocación

de

em otiva

lor

de v ib ra r

la

fuertem en te

del
la

velan

con

actitud

m ateria

por

e q u ilib rad a y d in ám ica. El claro scuro es

vigorosa

d irig id a,

c la ra s

m ueve. Llam o conmoción a la posibilidad
contacto

una

la

alg u n a

tin ta s
fondo y

los brazo s. El

por el co ntraste de

tonal y

los cálidos

liza d a s

por el

a rtista

como

medio

de

por la fu e rza de su n aturalism o que nos

junto a los fríos en las carnaciones y en las

objetivación de un sentim iento cuya fu e r­

m antiene

vestim entas sirven para cre a r el volum en

za trasciende

y acen tu ar

ra tiv a .

nos

adheridos

perm ite

a

la

trascenderla

imagen
por

y

no

com pleto.

EL

la

m ovilid ad

M A T E M A T IC O

-

(1 5 8 8 - 1 6 5 2 ). M useo

de las telas y

José

de

R ibera

N acio nal de Bellas

El

m ayor

tin ta s

la

sim ple

acierto

dom inantes,

ha

referen cia

sido

una

fig u ­

u tiliz a r

oscura

dos

para

el

fondo y las vestid u ras y una tin ta sepia

A rte s.

p ara las m anos, el rostro y el libro. D en­
tro de esta sobria lim itació n que el a r ­
Y o se ñ a la ría la sobriedad y el patetism o

tista

como

fino juego dinám ico con

los dos signos d istintivo s de este

se

ha

im puesto,

ha

realizad o

un

los frío s y

los

retrato de evidente filia c ió n barroca como

cálid o s; los prim eros, que otorgan cierta

el an terio r.

du reza al texto, los segundos, en la c a ra ,

La form a de tra ta r el tem a
hum an ística

se unen a un acentuado recargo de m a ­

se m antiene pero se renueva al destruir

te ria en la fre n te y a la energía que de­

nos revela que

la trad ición

el eq uilibrio entre form a e idea.

form a

Abandonado el

vita lid a d a esta fig u ra .

ideal c la sic ista

hay

una

revaloración de los angustiosos problem as

la

n a riz

para

dar e x tra o rd in a ria

El e q u ilib rio de la composición se logra

de la sa lvació n in d iv id u a l. El hombre ya

por dos recursos m uy sim ples:

no es señor de un mundo sereno, sino que

que se a c la ra en el lado sombreado de la

torturado por un ideal m ístico tiene con­

im agen y el paralelism o de los ejes del

cien cia

de

h um an a.

la

En

lim itació n
función

o

la

de estas

m iseria
ideas el

el fondo

escote y brazo.
H ay

un

esfuerzo

por

su b rayar

el

ca­

p lá s­

rácter del modelo en oposición a lo a g ra ­

ticos para ace n tu ar la in d ivid u alid ad del

dable o a un sentido convencional de lo

modelo, pero si bien han sido acusados

bello.

los valo res expresivos no h ay ningún efec­

psicologism o

tism o ni ninguna

retórica.

perd urar sobre la tela la esencia ín tim a

artista

ha

u tilizad o

los elem entos

com p lacencia

Pero no ca rá cte r
sino

como

entendido como
a fá n

de

hacer

H asta el gesto severo y preciso parece e v i­

de un hom bre. Todo esto realizad o con el

ta r lo co nvencional. El volum en ha sido se­

patetism o propio de quien tiene un sen­

ñalado por un inteligente em pleo de luces

tido dram ático de

y som bras.

RAZZO.

la

v id a .

N ELLY

PE-

9

�P I N T U R A C O N T E M P O R A N E A DE LA I N D I A

lor, en el arte contem poráneo de la Ind ia,

los crítico s de su país, estuvo en contacto

el O riente vuelve al O riente empobrecido.

con

Lo advertim os

francesa en g eneral, es d ifíc il sin em bar­

con

m ás

clarid ad

en

el

los cuadros de M ille t y la escuela

pintor Sailo z M ookherjee, sobre todo en

go que haya

su cuadro Sueño, del año

Nonell con el cual le podemos encontrar

1945.

conocido la

existen cia

de

A M atisse lo acerca sobre todo el tem a,

bastantes afin id ad es. En P a n ike r hay m e­

la com posición, la sinuosidad de la línea,

nos m odelado, menos em paste; sin em bar­

q u izás m ucho m ás se n su al, m ás o rgánica

go

que en el prim ero. El color es franco pero

fig u ra y los objetos, la sobriedad y la du­

los trazo s

fuertes

que

acentúan

la

Frente a m i, el arte moderno de la India.

tacto con todos los países, seguim os muy

menos plano que en el pintor francés.

reza que em ana del cuadro lo acerca al

No las obras m ism as, no los originales si­

lejos del mundo oriental y en gran parte

Seguim os sintiendo la in flu e n cia del fau-

pintor c a ta lá n .

no reproducciones o bien fo to g rafías que

ajenos a los intereses cu ltu rale s de aq ue­

visme en otros pintores como ser F. Hu-

En S. H . R aza hallam os un pintor de rara

pude obtener curioseando aquel mundo de

llos países, a las creaciones a rtís tic a s que

sain y Ja m in i Roy. En la obra El hom­

fin u ra y gran sensibilid ad. En su Paisaje

bre, del prim ero,

hoy y de siem pre. A pesar del gran c a m ­

la

bio in tercu ltu ral que hoy nos perm ite su­

suscitado

perar las d istan cias y nos pone en con­

mundo

v ita lid a d
en

del

siglo

ellos.

extrañ o

XX

Para

— al

puede

haber

nosotros aquel

que

tanto

debe-

posición

advertim os

g a u g u in ian a

del calor fauve.

con

una

la

com ­

potencia

Los planos a veces son

provenzal las casitas y árboles se vuelven
signos,

creando

un

espacio

tal modo su c a lig ra fía

v irtu a l.

De

fin a y casi abs-

Izquierda:

SA ILO Z , Sueño.

Izquierda abajo:

1945.

J . R O Y , Gopini.

Medio: S. H . R A Z A , P a isa je p ro ve n zal.

Arriba:

H U SAIN , Hom bre.

Derecha:

mos—
y

parece dorm ir un sueño de siglos,

hab larnos

únicam ente

por el

pasado,

tra c ta nos hace pensar sin duda en los

hind ú). La extra o rd in a ria sensibilidad de

dose — en el lím ite de lo posible—

dibujos de Paul K le e , como por ejem plo

la línea, la fin u ra del dibujo y el e q u ili­

trad icio n alism o

brio de la com posición, a firm a n

escapar a un mundo estático , tenem os por

Roy, m antiene la

potencia del color, esta vez m ucho más

En el espacio obra de

m enudo.

puro y casi com pletam ente plano. Planos

en

de mi una gran varied ad de m uestras del

bien

líneas

arte a ctu al de la In d ia , veo que q u izás
estam os equivocados juzgándolos con de­
m asiad a

em bargo

teniendo

delante

1 9 3 0 . A llí donde

la c a li­

q u izás

del

ansiando

otra

planos y lin eas, R aza sigue aludiendo a

Con

m ovim iento trad icio n alista de m o derniza­

gruesas dan al cuadro una sensación m ás

éstos pero con una escritu ra que se ase­

m ás com plejo. La fa c tu ra del cuadro t i­

bien d e co rativa. Los crítico s de la

India

m eja a la del pintor alem án. En el c u a ­

tulado

severidad y que las búsquedas

encuentran en este pintor resabios picas-

dro Am antes perteneciente a A k b a r P a ­

frescos de A d ja n ta , del siglo V I

de los actu ale s a rtis ta s hindúes no dejan

sianos. M e es d ifíc il entrever en qué se

damsee nos enfrentam os con fig u res con

V il,

de llam arnos

basan cuando fo rm ulan tal ju icio .

torsionadas, hechas de planos y una so­

siglo X V I - X V I I ,

a n a liz a r las obras, un interés y una vo­

Si seguim os con el grupo de pintores in ­

breestructura lin e al. ¿Se puede h ab lar de

una vo luntad a ctu al de prim itivism o . Los

luntad de acercarse a la potencia O cc i­

fluidos por el arte occidental contem po rá­

Picasso? Q u izás de una m anera su p erfi­

fuertes contrastes de color casi plano so­

la atención.

Se siente, al

definidos,

encerrados

por

K lee desaparece el objeto quedando

hindú,

dad de la obra.
L a xm a n Pai el problem a se vuelve
Bavardage

como a

las

responde

tanto

m in ia tu ra s
a

a

los

o bien

R ajp u t

del

los cu ales se agrega

p arte,

ción,

lo que podríam os

encabezado por el

d ran ath Tag o re.
bio

y poeta,

Padre

del

pintor A b anin-

H erm ano del gran

fué

arte

lla m a r el

llam ado,
moderno

por
de

la

sa ­

H a v e ll,
Ind ia.

Q u izás lo llam ó asi por haber sido el p ri­
mero

en

estilo

decadente de

querer

lib erar

la

Patna

pintura
y

del

D e lh i, Sin

d e n tal, que hoy ab arca al mundo.

neo, nos enfrentam os con tend encias tan

c ia l. El dibujo del fondo nos recuerda las

Por una parte nos encontram os con to­

diferentes como

decoraciones de las paredes de M atisse.

la com posición, no dejan de interesar al

em bargo,

Gopal

espectador.

no pudo d e jar — a pesar de su contacto

dos los "is m o s " en los cuales nuestro s i­

S.

glo es tan fecundo: expresionism o,

cuadro

fau-

visme, n atu ralism o . Se ad vierte la in flu e n ­

10

contorneados, a veces la línea tom a vida
propia. El segundo, J .

al que tampoco nos referim os bastante a
Sin

K. C. S. P A N IK ER , La P ro stitu ta .

R aza

y
La

las de:

A kbar

C.

S.

Padam see.

prostituta

del

n atu ralism o

parte Picasso y en gran escala M atisse.

gaugu in ianos,

Pero a llí donde M atisse saca del O riente la

una e xtra ñ a

pureza de la línea y la potencia del co­

ta lá n

Con

prim ero ,

encontram os delante de una

cia de V a n Gogh, G au g u in , en pequeña

P a n ik e r,
el

Ghose

es

uno

de

los

pintores

bre un fondo claro y el ritm o vib ran te de

desarrollando un nuevo estilo,

con la p intura inglesa—

de fund arse en

nos

que no puedo in c lu ir entre los del grupo

Tam po co

de

que sufre la in flu e n cia del mundo o cci­

como podemos ver en el cuadro de Ram-

las v ie ja s m in iatu ras hindúes de las es­

acordes

m ezcla

fa lta

la

in flu e n cia

ab stracta ,

dental contem poráneo. En su cuadro El

k in ca r, titulad o Composición. L a in flu e n ­

cu elas R a jp u t y m ongólicas.

otra

Ciervo es evidente la sem ejanza con los

cia de K a n d in sky es evidente.

arte japonés, del cual adquiere la té cn ica

an a lo g ía con el pintor c a ­

dibujos chinos (sem ejanza que enco ntra­

Si por un lado tenem os los a rtista s que

del aguado. M antiene el arte de la línea

mos a

se acercaro n al mundo europeo despo ján­

común en el O rien te, sobre todo en

y

pincelad as
por

una

de

p a rte;

por

1. N onell. Si P a n ik e r, como dicen

menudo en

la

histo ria

del

arte

A p re c ia el

los

11

�frescos budhistas. El rigor se lo debe ta n ­

can cuando, al a n a liz a r las obras del g ru ­

podría vo lver con m ás fu e rz a , apoyándo­

to a A d ja n ta como al perícdo m ongólico.

po

se en las form as del arte a c tu a l.

Pero la dureza conmovedora de las m i­

hindú

n iatu ras m ongólicas con sus fríos colores

agregado.

de extrao rd in aria arm o nía (tan parecidos,

lim itarnos a tales juicios.

de

in flu en cia

europea

considerando

el

destacan

resto

como

lo
un

N uestro siglo no nos perm ite

H ablam os hoy de rigor, sentido de lo co­
lectivo, etc. La India lo ha tenido siem ­
pre como tam bién la m ism a ab stracció n.

en ocasiones a los de V erm eer de D elft),

El contenido, esa extra o rd in a ria

así como los fuertes contrastes del color

que encontram os en los frescos budhistas,

casi plano de la escuela R ajp u t, nos lle ­

en

gan

que sin duda perduran en el actu al a rtis ­

— para ju s tific a rla —

ta hindú, q u izás vo lverían a tener la po­

cism o " tanto como a los factores político-

La fa lla de Tag o re consiste en haber que­

tencia

sociales. No creo que dicho m isticism o sea

rido hacer una pintura moderna de len­

nuevas fo rm as, las que hoy son el m ensaje

gu aje esencialm ente hindú, razón por la

de una sola idea. El mundo occidental se

cual vue lve a las vie ja s trad iciones del

enfrenta con la constitución de un nuevo

arte de su

estilo.

empobrecidos en

'a

pintura

de A .

Tago re.

país.

Los crítico s lo alab an

calid ad

las m in iatu ras R a jp u t o m ongólicas,

de sus antepasad os, encontrando

M e refiero

a

las dos form as de

Cuando se hab la del estan cam iento de la
cu ltu ra o rie n ta l, uno se refiere a menudo
al conocido " m is ti­

una razón bastante fuerte contra el des­
arro llo del arte en la Ind ia. Tod a creación
a rtís tic a es en cierto modo m ística. ¿ A c a ­

dan

arte no-fig u rativo conocidas bajo el nom ­

so no lo fueron Piet M o n d rian , M alevitch

cuenta que si h ay un " is m o " de m ás hoy

bre de abstracto y concreto. No h ay razón

y tantos otros?

en el mundo del arte , es el indianism o,

para que la India quede a le ja d a de tal

A sistim o s hoy al renacim iento de la India

francesism o , etc. Es cierto que el arte se

m ovim iento, ella que mostró d u rante s i­

y tenem os fe de que el espíritu artístico

apoya en una trad ició n , pero Ta g o re se

glos una voluntad de estilo

que se vino m anteniendo a travé s de los

equivocó al

de nuestro mundo.

siglos no los d e jará por m ucho tiempo se­

El verdadero renacim iento consiste, a v e ­

En épocas tan

g u ir aferránd o se

ces, en despojarse com pletam ente del pa­

frescos de A d ja n ta , S ig iria , e tc ., el arte

form as no vigentes.

sado o bien saber apoyarse en lo esencial.

hindú se apoyaba sobre une severa d isci­

tando un pensam iento del pintor holandés

Hoy m ás que nunca el mundo artístico

plina m ental siendo bien conocido que el

contem poráneo Th eo V a n Doesburg:

sufre

artista tenía que ap ren der: "to see w ith

" La evolución del arte moderno h acia lo

hablando

de

una

ind ianism o.

No

se

afe rra rse dem asiado a e lla .

continua

evolución,

despren­

superior al

le ja n a s como las de los

abstracto

y

a vie ja s trad icio n es, a
Podría te rm in a r c i­

lo u n ive rsa l,

elim inand o

lo

diéndose m ás y m ás de las cadenas que

his m in d's e y e s ".

lo atab an . Se puede decir que el arte a c ­

era ab stracto , por ser esencialm ente re li­

externo y lo in d iv id u al, hizo posible, por

tu al

es

un

campo

de

investigación.

Se

El tem a

casi siem pre

gioso; por otra p arte tam bién el color se

un

vuelve c ie n tífic o , ab arca otros problem as.

m antuvo

la

El hombre como m ateria desaparece, que­

siendo nunca descriptivo.

ab stracto

durante

siglos

no

El c a rá cte r de

esfuerzo

y

una

concepción

com ún,

re a liza c ió n de un estilo co lectivo ,

c u a l, elevándose por encim a

de la

el

per­

da la m ente, actuando nutrid a de sensibi­

lo colectivo, de lo u n ive rsa l, aleján dose

sona y de la nación, exp resa de m anera

lidades y sensaciones.

de lo p a rticu la r y tran sito rio , la im p asib i­

determ inada

lidad , el rigor, la serenidad, que siem pre

m ás profundas y las m ás generosas ne­

hizo de la India un arte im personal, q u i­

cesidades de b e lle z a ."

Se

equivocan

indianism o

los crítico s

de Tago re

y

adm irando
de

la

el

escuela

Bengalí fundada por é l, como se equivo­

12

zá s todo esto

que p rivab a

siglos

a trá s

y

real,

las

m ás a lta s,

las

S IM O N A E R T A N .

�Iz q u ie r d a

I:

AKBAR

PA D A M SEE,

Los

am an te s.
Iz q u ie rd a

II:

A.

TAGO RE

E sc u e la

M o g o l.

Babour y

Derecha

arriba:

GOPAL

GHOSE, C ie rvo .

Derecha
sació n.

abajo:

LA XM A N

C e n tro :

Hoy-

m ayoun.

PA1,

C o n ve r­

13

�COMO
P O R

SE M I R A

UN

L I O N E L L O

Lionello

V e n tu ri,

¡lustre

CUADRO

V E N T U R I

historiador

del

esos principios de orden

e sp iritu a l,

c u i­

principio y de tal modo el lector puede

arte a quien se le deben algunos libros

dadoso siem pre de que descubra el lector

confundirse.

A

fund am entales, m aestro desde la cátedra

la fin a correspondencia. Para ello se vale

especificado

c lara m e n te

de la U niversidad de Roma que abando­

de cortas series de obras m uy bien ele ­

del mundo e xterio r que representa el pin­

nara

gidas en cada cap ítu lo , a las que somete

tor no son sino apoyos o pretextos de la

lím ite de edad, crítico b a tallad o r y v ig i­

a

v ivifica n d o

expresión esp iritu al que co m u nica, lo que

lante aun en esta etapa de su v id a , es el

m ás que exp lican do el plano, el volum en

sig n ifica que el acento interp retativo debe

auto r de este libro que com ento, modesto

y el espacio, el trazo abierto y el c e rra ­

recaer sobre ésta y nunca sobre aquéllos.

en ap arie n cia por la fin a lid a d

do, la tin ta y el tono, el claro scuro y la

Tam poco me parece acertado el método

sigue pero de rara enju ndia por la c a li­

com posición;

que sigue para la división de las form as

dad del pensam iento que revela. Un libro

bra por una parte todo lo que hay de

pictó ricas.

construido con m entalidad de historiador

medido y reflexivo en el leng uaje de la

dece a criterio s diferentes, como señalé

sa g az, el que no olvida épocas o situ a ­

p in tu ra, por otra todo lo que h ay de ins­

an tes;

ciones aunque las disim ule, pero tam bién

tin tivo e irrazonad o. Y como la prosa es

conveniente en sayar, al m enos, el estab le­

con fin a sensibilidad de crítico en el e x a ­

flú id a

cim iento

men de cada p ieza, siem pre dispuesto a

a n á lisis,

prontam ente

por haber

llegado al

que per­

riguroso

exam en

fo rm al,

perm itiendo

que se

descu­

y c ris ta lin a , pese al rigor de los
nadie

d e jará

de

com prender

con

mi

ju icio

En prim er

luego,
de

ciertas

haber

los objetos

lug ar porque obe­

porque

independencia

debería
que

hubiera

sido

categorías

m ás

form ales

de las c ircu n sta n cia s

percibir la vibració n ind ivid ual del c re a ­

"cóm o se m ira un c u a d ro " y a nadie le

histó ricas de tiempo y espacio, por ejem ­

dor, y sobre todo con fervor de maestro

será d ifíc il a p lic a r el modo que aconseja.

plo:

al

No fa lta , -sin em bargo, la conceptuación

mo, realism o, etc. De ta l modo el neófito

sin que pierdan ese sabor de exp eriencia

teórica.

podría encontrar un cam ino m ás seguro

todavía en acción aun en el instante en

que expone en la introducción y reexpone

para

que se las fo rm ula.

en las conclusiones, le bastan para que

expresivo de una obra de arte .

presentar

las

ideas

con

n atu ralid a d ,

Unos

cuantos

sólidos

principios

natu ralism o ,

lleg ar al

geom etrism o,

descubrim iento

c la s ic is ­

del

v alo r

Sólo

sea sólido el arm azó n . A n te todo el p rin ­

Por otra

pretende g u iar al lector, ayud arlo a que

cipio de creación, de acuerdo con el cual

cepto, o los conceptos m ejor dicho, de la

V e n tu ri

no

teo riza

en

este

libro.

p arte,

resulta

e xtrañ o

el con­

comprenda el acto de la creación y a que

jam ás debe pensarse que un cuadro es

belleza que em plea. C ad a vez que pre­

aprenda a contem plar un cuadro, e in c i­

reproducción o im itación de las cosas que

tende d e fin irla , sobre todo en la an a cró ­

tarlo a que desestim e los prejuicios que

de alg una m anera la imagen representa;

nica oposición de belleza físic a y m oral,

hab itualm ente oscurecen la visión y per­

luego, la distinción entre el tema, como

las ideas son c o n fu :a s y co n trad icto rias.

turban el juicio . Por eso tampoco subraya

hecho ajeno a la pintura propiam ente d i­

La p a lab ra es peligrosa y acaso hubiera

dem asiado los aspectos crítico s, dejando

cha pero que sirve de punto de partida

sido m ejor e x c lu irla

que el v alo r de la obra

actúe

al creador, y el contenido que es el fruto

ciació n , ya

por sí ante el espectador, por su presen­

de la tran sfo rm ació n del tem a en el espí­

interp retación

cia sensible podría decirse. Y hace bien,

ritu de éste, así como la unión ind estru c­

que V e n tu ri re a liza sólo en parte y con

ya que lo prim ero que se debe despertar

tib le de este contenido y de la forma que

vaguedad—

en el profano es el am or a la p in tu ra, el

lo exp re sa; fin alm e n te , el rechazo de to­

axio ló g ica , que no sé por qué razones e x ­

am or al arte , antes que la capacidad de

da m edida de ju icio que no se identifique

cluye. No puede haber, a mi juicio , be­

ju z g a r; después, cuando se llega a la es­

con

tim ació n, se llega con las a lfo rja s llenas,

lleva

valores

entendida como valo r parad ig m ático y sin

con m ucha e xp erien cia propia, exp erien ­

plásticos en sí y a consid erar la técn ica

que se puedan d eterm in ar sus caracteres

cia de am or, y es m ás d ifíc il equivocarse.

tam bién como un hecho in d ivid u al. F lu ­

form ales, es decir como principio m etafí-

El método de exposición es sencillo. Pre­

ye adem ás del te xto , como nota

sico.

senta los problem as que plantea el hacer

c ita , el principio re la tivista que m antiene

fa lsa .

pictórico

En cuanto al método crítico que preco ni­

m aestra

la
a

personalidad
negar

la

del

a rtis ta ,

existe n cia

de

que

le

im p lí­

lleza

físic a

en un libro de in i­

que cabe por una
estrictam ente

parte

h istó rica

la
—

y por otra la interp retació n

y

m o ral;

C u alq u ie ra

otra

sólo

hay

b e lle za,

interp retació n

es

su

como historiador que es, de acuerdo con

divisió n, o bien las grandes actitudes del

el cual parece no ad m itir ningún deno­

za : h a lla r siem pre el tono in d iv id u a l, pues

hombre fre n te a Dios, ante sí m ismo y la

m inador com ún, sea m e ta fí:ic o o social,

éste es el que presta al arte un va lo r u n i­

n a tu ra le za , o bien ciertas categorías ele ­

en la m ile n aria evolución del arte.

v e rsa l, es justo si se lo entiende re c ta ­

m entales como realism o e idealism o, be­

Al

lleza físic a y m o ral, arte ab stracto y fa n ­

reparos de fondo. A n te todo,

im por­

im p lica ese "to n o in d iv id u a l" al que in ­

tá stico , o bien ciertos aspectos n o rm ati­

ta n cia excesiva que el autor da al tem a,

cesantem ente se refiere ; pero puede no

en el exam en de las obras, a pesar de

serlo si se llega a interp retar lo ind ivid ual

vos como

tom ando como

el

pauta

encerram iento

del

para

creador

libro se le pueden

fo rm u lar algunos
la

con prescindencia de toda in flu e n cia so­

en " la torre de m a rfil" y el propósito de

que form ula

ilu stració n . Con criterio de historiador lo

blem a:

que se propone es hacer com prender có­

debe decir que en un cuadro una m on­

radoja, ya que si bien el tono in d iv id u al

mo se han m odificado las form as, desde

taña no es una m ontaña sino una imagen

determ ina el valo r de una obra de arte ,

Giotto

a r tís tic a ."

siem pre concebida y ejecutada por un jn -

u

hasta

C h a g a ll,

de

acuerdo

con

m uy correctam ente el pro­

m ente, es decir teda la com p lejidad que

" U n crítico

A

de arte , en cam bio,

menudo se olvida de este

c ia l. Lleg a inclusive a co n fig u rar una pa­

�C O M O
P O R

VER

C O R D O V A

UN

C U A D R O

I 1 U R B Ü R U

dividuo, ese v alo r no tiene carácter u n i­
versal sino en la medida que exp resa, a
través del Individuo, una form a de vida
que es

social.

V en tu ri

parece

rech aza r

polém icam ente este planteo, pero desgra­
ciadam ente no especifica las razones que
lo determ inan y la constante aplicación
de su ¡dea restringida de lo ind ivid ual no
es

n absoluto convincente.

Fin a lm en te,

le

reprocho

su

posición

en

d e fin itiv a p o sitivista, que lo lleva a c e ñ ir­
se absolutam ente a la im agen, tanto en
el a n á lisis puram ente form al como en la
trascend encia, que para él siem pre es de
cortos alcan ces. Aunque el punto de p ar­

La C olección Oro, de A tlá n tid a , ha incor­

H u biera ganado la obra

porado a sus obras de divu lgación este

anécdotas sa lp ica d as se hubiera hecho una

si en lugar de

libro, destinado — como dice su autor en

síntesis

el prólogo—

m ientos pictóricos; sólo se hab la — en un

a vastos sectores del público

h istórica

de

los

que se interesan por la p in tu ra, pero " c a ­

com ienzo m uy atinado—

rentes de la form ación indispensable, de­

tino y del R enacim iento.

grandes

m o vi­

del arte b iz a n ­

tida es certero, pues las obras de arte

sean penetrar sus ap arentes secretos, com ­

constituyen un lenguaje de época, sujeto

Luego se

prenderla, h alla rse en condiciones, frente

por tanto a exig encias no estéticas, im ­

cuadro moderno—

a

p lícitas o e xp lícita s, no es por esa condi­

d istin tas escu elas, desde el im presionism o

m ente las cau sas de las im presiones que

ción que adquieren resonancia universal y

hasta

ese cuadro

por lo tanto,

un cu ad ro,

de consid erar in telig ente­

les pro p o rcio na".

Los fines

los

cierra el

libro — cap .

IX ,

El

con una reseña de las

ab stractos

y concretos.

un gran

va c ío :

H a y,

el barroco

perm anente. Es necesario escu driñar tras

didácticos así confesados h alla n un p rin­

la im agen y tras el creador, para descu­

y el rococó. Del ideal clásico , saltam os a

cipio de co nfirm ación en las ilustracion es:

la inq uietante m odernidad, sin tra n sic io ­

brir que esa resonancia universal y per­

dos buenas lám in as su eltas en colores, una

m anente se debe a la presencia de una

que reproduce La Virgen de las Rocas, de

actitud v ita l, germ en y esencia de la e x ­

Leonardo, y la otra con un cuadro demos­

presión, idéntica en todo tiempo y lugar.

trativo del círcu lo crom ático que

servirá

A ctitu d v ita l que no denuncia una vo lu n ­

de guía para la ap reciació n de los tonos

tad de conocim iento — en sentido estric­

y valo res; y, adem ás, v a ria s lám inas en

to—

negro,

sino de construcción sim bólica de la

realidad como un todo. Con otras p a la ­
bras, actitud v ita l que se vu e lve actitud
m e ta física . Y es ésta, a mi ju icio , la que
debe ser sentida si se quiere penetrar en
el secreto del arte de cu alq u ier época;
tam bién

para

ju s tific a r

los m ovim ientos

de van guard ia a ctu ale s, a los que V e n tu ­
ri, en este libro, parece m enospreciar o
por lo menos interp retar de modo asaz
su p erficial.

bien

elegidas

y

ordenadas,

que

Córdova

Iturburu

sa tisfa c to ria ­

m ente las reglas de la composición y las

por ejem plo, al hab lar del dibujo, om ite
la opinión de Leonardo

p recisam ente; y

nombre de Berenson.
bros,

por

su

A este tipo de li­

ca rá cte r

elem en tal,

debe

tem as, adem ás de una form a exp o sitiva
c la ra ,

luego en todo el libro en form a e xce siva ;

preciso y económ ico.

bien d em o strativa, y un

lenguaje

En las leyendas de

creemos que hubiera sido m ás útil y más

las ilustracio n es es donde se ad vierte e s t:

did áctico no lim itarse a una obra m aes­

rigor selectivo , no así en el contexto.

de

calid ad es diferentes y valores

dispares.

Leonardo, en form a absorbente, crea un

El planteo del libro en torno a

nacionalidad

parad igm a erróneo del valo r artístico , ol­

del au to r, y que no es presentado como

vidando el autor los peligros de cre ar un

trad u c­

su
A s í,

gen de las Rocas, a n á lisis que predomina

tor, sí en cam bio el ejem p lar en ita lia n o ,

la

que

lección m uy depurada de m ate riale s y de

que parece presentar las m ejores g a ra n ­

cotejada

p recip itació n ,

Em pieza por un a n á lisis prolijo de La V ir­

tra, sino com p artir el a n á lisis entre v a ria s

bien,

alg u n a

m entales que resultan los m ejor logrados.

obras

trad ucció n. Y

con

exig írseles un planteo riguroso y una se­

color,

en inglés de que se ha valid o el tra d u c­

la

crito

plan no ha sido bastante m adurado.

en dos cap ítulo s fu n d a­

leyes del

No he tenido en m is m anos el ejem plar

tía s teniendo en cuenta

C ie rta s repeticiones y algunos o lv i­

al describ ir los valores táctiles, c a lla el

com plem entan la lectura.
E xp lica

nes.

dos hacen pensar que la obra se ha es­

En

g eneral, el

profano se

ilu stra rá

con

esta lectura sobre ciertos aspectos técnl
eos, m uy ú tile s sin d u d a;

pero en vano

buscará un apoyo sólido para fu n d am en ­
ta r

su ju icio estético, cosa que le in te ­

pictórico e xclu sivo (posición m ás

resará m ás, probablem ente, que ad q u irir

ción de N éstor R. O rtiz Oderigo con el

arriesg ad a aún cuando ese " id e a l" es leo-

alg unas nociones té cn icas del arte de la

o riginal ita lia n o aq uélla no resulta dem a­

nardesco!.

p in tu ra. A L F R E D O

siado fie l.

" id e a l"

E. R O L A N D .

H a y interpretaciones erróneas

por incom prensión de térm inos y algunas
e rra ta s, pero lo m ás grave es que no ha
m antenido el espíritu de la prosa de V e n ­
tu ri,

siem pre

m ínim o

d irecta

necesario

de

y

ta ja n te ,
palab ras.

con

el

JO R G E

RO M ER O B R E S T .

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H istoria
de la filo s o fía e H isto ria de la C u ltu ra .
Juan M antovani: La ed u cació n popular
en A m é ric a . H isto ria de u na idea.
N O T A S: E. Roland: Lo c u rs i, el estilo
fin is e c u la r
y el 900 . Alberto
Salas:
N áu fra g o s, prisioneros y renegados y la
co nquista de A m é ric a . J. P.: A propósi­
to de A n d ré Gide el n o v e lista.
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Serie 2. No. 5</text>
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                <text>Buenos Aires, marzo 1955</text>
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                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Perazzo, Nelly&#13;
Ertan, Simona&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Rolando, Alfredo E.</text>
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                    <text>revista mensual de crítica artística serie 2 No. 4

�M a g n e lli, París, 1947.

Ver y Estimar

S u m a r i o

revista m ensual de crítica
a rtística
B LA N C A PASTO R
E L A R T IS T A F R E N T E A L M U N D O
A L F R E D O E. R O L A N D
M A R IA L U K IN
JO R G E G L U S B E R G
BERTA RA PPA PO RTT

A lb erto M ag n elli
H a b la A lb erto M ag n elli
M isión esp iritu al del arte

6

D iag ram ación de: Sam uel O liver

L u is B a rra g á n , arqu itecto

9

Suscripción a n u a l: 12 núm eros, $
Exte rio r, $ 4 5 ; núm ero suelto $ 3.

Diseño ind ustrial

12

C am in o de la observación

13
14

Salud! Em ilio Pettoruti

15

T a p a : Grabado en m adera de Jeon Arp.

2

Com ité de redacción: S ilv ia A m bro sini,
Raquel Ed elm an, Jorge G lusberg, Enrique
N ag e l, A lfre d o E. Roland
Secretario de redacción: Blan ca Stabile

7

D IA LO G O CON N U E S T R O S L E C T O R E S
JO R G E RO M ER O B R E S T

3

33;

Editada por

V e r y Estim ar S . R . L . , cap. $ 10.000
editorial, actos, cursos.
Director Gerente: Jorge Romero Brest
Registro nacional de la propiedad intelec­
tu al núm ero 2 7 1 .8 2 1 .
A d m in istració n y r e d a c c i ó n : Tu cu m án
1 5 3 9 , Buenos A ire s , A rg e n tin a . 3 5 -9 2 4 3
Febrero 1 9 5 5

�ALBERTO

M agn elli

es

ita lia n o .

MAGNELLI

Sin

caer

en

estrictos

determ inism os

racia le s

que

hacer tom ar erróneas posiciones &lt;;-£&gt;riori, es indudable que un a rtis ta
tan

fácilm en te

de

la

carg a

y

responsabilidad

M ag n elli es m ás: es flo re ntino .

inflig id a

por

pudiera*,

no se evade

sem ejante

trad ició n .

Estudia y aprende los prim eros pasos de su o ficio

bajo el signo perentoria de lo ya m ara villo sam en te logrado.

¿Es lícito , por lo tanto,

a firm a r que es auto d id acta? ¿No es ésta una palabra sin sentido en un país en que
cada piedra dicta su cátedra de cu ltu ra y su lección de arm o nía y de ju s t e z a ? . . .
Un niño que v ive en

Flo ren cia bebe saber del a ire

pisa, de los m uros que

lo alberg an y queda

que resp ira, de la

m arcado ya

para toda

tie rra

que

la v id a .

La

d id áctica del oficio se adquiere cuando surge la necesidad; poco im porta que venga
de la consu lta de un libro, del consejo de un cam a ra d a o la au to riza d a p a lab ra de
un m aestro.

Lo im portante es lo otro: la m étrica del a lm a ; y esto Ita lia

lo brinda

a raud ales a sus h ijos, y Florencia más.
No, la palabra autodid acta no tiene sentido en Ita lia y M ag n elli está para dem os­
trarlo .

Su obra

es la

regida, m edida, sab ia,

an títesis de
con una

lo que

podríam os suponer de un

contensión toda

m editerránea

auto d id acta:

que es comprensión

explosiva y ap asionada. Florencia m arcó al niño y al joven con su reg la: el pintor
surgió a la ta lla de su estirpe.

M edid a, contensión, pasión, sensualidad la tin a — equi­

librio m ágico del genio ita lia n o — ; eso es la obra de M ag n e lli.
Su ab stracción

se ejerce en la m a te ria ;

no es un puro sum ergirse en un

mundo

esp iritu al que corta a m a rra s con lo concreto tang ib le.

Representa cosas que podrían

pertenecer al mundo de nuestra e xp erien cia sensible.

Su color es plano, su lím ite

preciso, su espacio id eal; sin em bargo sentimos que no escapan a nuestra sensorialidad.

No

¡dea

ante

son la

realidad m a te ria l, pero podrían serlo.

un cuadro de K a n d in sk y o V antong erloo:

Ja m á s se nos o cu rriría

no llega a esa concreción

tal
el

genio de razas m ás nórdicas.
Sentim os

adem ás

que

esta

representación

p a rticu la r

de

M ag n elli

es

clásica:

que

posee todo el eq uilib rio , exa ctitu d y serenidad de los grandes períodos del a rte con que
se entronca.

V iv e y crea

gran época).

La

en P a rís, pera a su arte se lo siente

flo rentino

(de la

lógica y la razón guían su construcción — busca la m edida y el

eq uilibrio— ; se exp resa siem pre con c la rid a d .
y no se lan za nun ca en pos de lo vago
si hay vagos presentim ientos en su a lm a ,

Precisa, objetiva su id e a;

e inasib le.

de ello no nos da testim onie

soluciones d e fin itiv a s y netas; son puntos fin a le s.
con ad ivin acio n es.

No son problem as

la elabora

Si ello ocurre en su interio r,
su obra. Son

No desea to rtu ra r al espectador

lo que le p lan tea ;

son

afirm acio n e s,

m ojo­

nes de un claro cam ino.

Es obra que adhiere el ojo y de la que no es fá c il luego

evadirse.

al

M ag n elli

e xije

v isita n te

de su estudio,

una

detenida observación

cada tela que le presenta y siem pre son pocas las que le m uestra.
un sim ple resb alar del ojo, no se ha visto nada de su p in tu ra .
entiende, fre cu en tán d o la.

Su m ensaje está en

de

Sabe que con

Se la g u sta, se la

la profundidad de la

síntesis de la

cual

el aju ste e xterio r que se percibe es sólo un resultado ap are n te , in evitab le.

vive

bien con un cuadro de M a g n e lli: posee la serenidad de los problem as resueltos;

no da

regla

y rigor pero su

contenido

estilo a que llegó la religión, la filo so fía ,

es m ateria

y pasión.

(¿Fu é

otra

cosa

Se
el

las form as de vida en G recia y dem ás pe­

nín su las m ed iterrán eas?) Len g u aje sin titubeos, que se com place en su au sterid ad.

3

�Dos torsos de mujer, 1917.

El hombre del carro, 1914.

M ag n ellj es un pintor consciente: c la s ific a sus im pulsos e intuiciones hasta hacerse
dueño

de su

m ensaje

cientem ente claro .

tenidas, se destacan
netos.

in teg ral,

luego

em plea

para

expresarse

un

leng uaje

cons­

Sus líneas siguen direcciones p recisas, se cu rva n en tensiones con­
n ítid as en todo su recorrido que tiene un

Sus planos son igualm ente definidos, generalm ente

principio y un fin

de color homogéneo, de

pasta densa y co m p acta, con escasa anotación de pincelad as (que en sus ú ltim as obras
tienden a desap arecer). C olores lo m ás cercanos posible al color puro.

Huye de la

cru deza de un Lég er parque busca la resonancia densa de la m ateria co m p acta, pero
su color es siem pre fra n co y decidido, de form as y lím ites precisos.
ios dos elem entos — línea y color—

Im posible disociar

en M a g n e lli: sin la tensión de la lín e a , el color

perdería su unidad co m p acta; sin el color, la línea su fu e rza de contención.

Paisano, F lo re n c ia ,

4

1914.

Existe

Paredes en turbulencia, P a r ís , 1944.

�éntre ambos elem entos una m atem ática y estrecha relació n.
es justo eq u ilib rio ; dos fu e rza s exactam en te com pensadas.
calidad o

adorno

que

aparecen

aún

en

nunca escapa a la sugerencia de la m ate ria.

sus

No hay subordinación:

Lim p ia su em paste de toda

prim eras

épocas

de

piedras,

pero

Su com posición, con ser tan in telectu al

y rigurosa, desdeña la regla y el com pás que pudieran llevarlo a una expresión de­
m asiado im p ersonal; pero ejerce un constante esfuerzo por e lim in a r lo incontrolado,
el rom anticism o vago: lo contrario de un fauve, lo contrario de un exp resio nista.
trega al espectador la etapa fin a l, la conquista lograda.
unidad y coherencia de estilo.

En ­

Esto da a su obra una rara

Elegido su leng uaje, persiste en él sin sentir la nece­

sidad de cam b iarlo . (Es la an títesis de la inquietud p icassian a ).

No introduce elem en­

tos nuevos, m ás bien pule y asce tiza los existen tes; esto lo lleva a expresarse en los
últim os años con absoluto eq uilibrio y seguridad.

Un condensar alrededor de lo esen­

cial es lo que produce la extra o rd in a ria sensación de tensión de sus cuadros actu ales.
M ag n elli confiesa a R. V .

G in d ertael, haber abandonado la

fig u ració n por disgus­

ta rle la deform ación a la que su expresión plástica som etía al modelo.

Altirud

m agnética, P a rís

La creación

Confronración,

1946,

1952.

pura le perm ite form as plenas que no a ltera n ning una com paración con modelos e xte ­
riores a e llas m ism as.

Ju s tific a b le e xp licació n del arte ab stracto ta l como M agnelli

lo p ra c tic a : una abstracción que sigue creando form as que podrían e x is tir en nuestro
mundo exp erien cial sensible, pero que somos incapaces de encontrarles parecido d i­
recto con nada perteneciente a ese mundo.
Se plantea el problem a de si este enfoque p a rticu la r de M ag n elli del arte a b stra c ­
to de nuestros d ías, enriquece o fre n a las posibilidades u niversales del leng uaje; y si
el genio latino es cap az de m ad u rar plenam ente en dicha posición.

Y o creo que un

lenguaje universal no fig u rativo y universal (ab arca tam bién a O rien te, como nos lo
m uestra el florecer de dicho arte en los jóvenes a rtista s o rien ta les), se enriquece con
las determ inaciones que raza y geo g rafía, en sus n atu rale s lim itacio nes, aún le im ­
prim en. (Es de suponer que esto tenderá rápidam ente a desaparecer en los próxim os
siglos). En ello estrib a, a mi entender, el valo r de M a g n e lli: el haberse incorporado a
un lenguaje de tendencia universal y h ab larlo según las profundas raíces de su tra d i­
ción m editerrán ea.
B L A N C A PA STO R

5

�EL

A R T I S T A

F R E N T E

AL

M U N D O

elem ento

de

H A B LA A LB E R TO M A G N ELLI

Si

la

n atu rale za

es real

y si

el

ser hum ano

es

un

la

n a tu ra le za ,

el espíritu del ser hum ano obra necesariam ente en el seno de lo real.
Entre

los lím ites de la creación

a rtístic a todo es real, ya

que todo es a llí

nece­

sariam ente parte integrante de la vida y del hombre.
La im aginación creadora es tan real como lo que se llam a hab itualm en te la realidad.
Au nque sea necesario d isting uir entre la im aginación de buena o de m ala calid ad .
A

los ingenieros se les reconoce fácilm en te

ces, si es legítim o

los derechos de la im aginación. Enton­

inven tar un m otor, o tender al descubrim iento de un principio

fie n tífic o , no debe serlo menos, crear obras en las que se expresen las indagaciones del
espíritu.
C ada

gesto

del

hombre

es

hum ano.

Tam b ié n

las

dilig encias

de

la

im aginación

creadora del hombre.
Toda

obra

potente,

por el

hecho mismo

de su

potencia,

provoca

necesariam ente

resonancias sociales. Es falso que para provocar tales resonancias la pintura

deba,

so pena de a n u larse , representar anécdotas que se refieran a la vida social.
Preocupación

por lo social no sig n ifica

para

nosotros

avasallam iento.

El

ejem plo

de un trab ajo enérgico, sincero y progresista es siem pre útil desde el punto de vista
so cial.

G ra c ia s al aporte de un esfuerzo artístico — potente y generoso—

el artista

enriquece el cap ital so cial, y ésta es para él la m ejor m anera de p a rticip a r en la vida
de la com unidad h um an a.
Sin

em bargo,

para

que

la

com unidad

hum ana

pueda

beneficiarse

con

el

apor­

te del a rtis ta , es necesario que e lla haya aprendido el lenguaje de que se sirve el
a rtista en su obra.

A sí como es m enester haber aprendido el chino para com prender

lo que se dice en chino.
A

ningún

hombre

se

le

debería

prohibir,

sanam ente,

que

tra ta ra

de

descubrir

su propio leng uaje, para exp resar del modo m ejor posible su pensam iento creador.
Es claro que el a rtista se arriesg a a no ser comprendido inm ediatam ente por algunos.
Pero, tarde o tem prano, su obra term ina por co n fiar lo que ab usivam ente se llam a
su secreto.

El fenóm eno es conocido.

No hay, pues, ning una razón para im ponerle al

a rtista que se sum erja en un modo de expresión que su necesidad creadora le impone
superar.

Por otra p arte, la función del artista no consiste en h a la g a r a los débiles.

Pues nunca fa lta rá n hombres de buena voluntad para revelar la realidad de las alm as
fuertes.
En

co nsecuencia,

importa

que

el

artista

creador

sea

un

hombre

completo del térm ino, sin debilidad y sin concesión a la debilidad.

en

el

sentido

La evolución que

sigue su espíritu de creación no es ni una vergü enza ni un crim en , sino una co ntrib u­
ción al trab ajo colectivo de la hum anid ad .
Para

un

pintor

— y

para

todo

a rtis ta —

creadora es un trab ajo de sim ple copia.

nunca

el

trab ajo

de

o su deform ación debe responder siem pre a profundas necesidades.
está

m ás

cerca

de

nuestra

im aginación

Es decir que a mi

ju icio todas las expresiones p ictóricas son v á lid a s, salvo las m ediocres.
tracto

la

A d em ás, el arreglo de las form as copiadas

tie rra

fa m ilia r

y

de

los

Y el arte abs­

hombres

que

todos

los academ ism os n a tu ra lista s y las deform aciones a rb itra ria s , con la condición de que
sea de valo r au téntico.

ó

�M I S I O N

Lo m isterioso

E S P I R I T U A L

o inefab le

del

arte

ha

provocado

DE L

num erosas

A R T E

reflexio nes

filo só ficas

tendientes a explicar ese m isterio (el de la obra bella). La solución mística aparece re i­
teradam ente en la historia del pensam iento estético: m ística del núm ero de oro, m ís­
tica rom ántica . . . Pero se trata de una solución engañosa, puesto que pretende e x p li­
car un m isterio con otro m isterio.

H abrá que desen trañar las cau sas del fenóm eno

m ístico en sí: ¿fenóm eno psicológico puro?; ¿ " ilu m in a c ió n ''?

T a m b ié n el arte plantea

un dilem a m uy sim ila r: ¿expresión psico ló g ica?; ¿ " in s p ira c ió n " ?
que se hayan em parentado el arte y la m ística.

No es extrañ o , pues,

Y de ahí a relacio n ar directam ente

el arte con la religión no hay más que un paso.
La historia

nos m uestra

una

directa

n aria del arte con respecto a la religión.

vin cu lació n

p rim itiva ,

una

dependencia o rig i­

Luego vem os un proceso de laicización — pa-

ganixación dirán los esp íritus m edievales del R enacim iento—

cre cien te, hasta que se

produce el divorcio, y entonces se h ab lará de un c r is religioso o bien del arte en sus
relaciones con la religión.

Sin em bargo, la ra iz rróstica del arte perd ura, e incluso su

sentido

religioso.

Si C ennino C e n n in i,

tratado

de pintura (x) será en función

el

crtista-arte san o

de la

técn ica

del trecento,

od majorem

libro técnico de una p intura religiosa cuya esencia no se discute.

escribe

Dei gloriam;

un
el

Pero un siglo des­

pués Leonardo ab ord ará am p liam ente en sus escritos, recopilados m ás tard e y orde­
nados en form a de " t r a t a d o " ,(-) el problema de la pintura como " a r t e " en su doble
acepción técn ica y e sté tica ; sus esfuerzos son visib les para desligarse del racio nalism o
escolástico y con ello , de la fé ru la religiosa m ed ieval, tratand o de fu n d ar una esté­
tica n a tu ra lista .

M as ello no im nedirá que, a n +e el m isterio del arte , caiga en un

m isticism o e stético -n atu ralista — en cierto panteísm o—

para e xp lica r la divin a ciencia

de la p in tu ra, " n ie ta de la n a tu ra le za y pariente de D io s".
Lúea Pacioli — en función tam bién del arte de p in tar—

Por esos mismos tiempos

publicaba su tratado estético-

m atem ático sobre la "sección á u re a " (3) penetrado de m isticism o religioso.
Pese a

estas ad herencias

m ístico-religiosas,

el

y planteó el problem a de su propia n a tu ra le za .

arte

se

independizó

de

la

religión

El pensam iento estético devino a s i­

mismo independiente y problem atizó su ra íz m astica, con autonom ía de la religio sa.
Ese v ira je fué p a rticu la rm en te acentuado por los pensadores rom ánticos y sus sucesores:
N o valis, J . P. R ich ter, K ie rk e g a a rd y Schelling , cu yas vibraciones se perciben to d avía.

7

�Y así tenemos en nuestros días que escritores religiosos como Brémond (1
4) y M a rita in (5)
3
2
enfocan el problem a artístico desde el punto de vista m ístico -intuitivo el prim ero y
religioso -racional el segundo.

Am bos parten de puntos diferentes, pero llegan a con­

clusiones análo gas: el arte , por su sentido m ístico, nos pone en contacto directo con
la d ivin id ad ; o bien, el arte es una " fo rm a "
Y un crítico " a t e o "

de se rvir a Dios o de acercarn o s a El

como Berenson ad m itirá que la b elleza a rtís tic a se capta in tu iti­

vam ente m ediante un proceso que tiene m ucho de la exp eriencia m ística (6).
M iche! Seuphor, en una co nferencia sobre la obra de Sophie T a eu b e r-A rp y de Je a n
A rp dada en Bruselas en 19 53 (7), da un paso m ás y encara el arte como un sustituto
de la religión.

Considerado "e l arte como re lig ió n " (p. 10 ), su e jercicio es un sacerdocio

(p. 19) que requiere una vo cación; y adem ás, el arte resuelve los m ás sutiles problem as
m etafísico s m ejor que la teología (p. 2 0 ). Vem os así cómo, desde el medioevo a nues­
tros d ías, se ha producido en cierto modo un proceso hipostático. El arte pasa, de un
sim ple modo de expresión hum ana que se concreta en obras ofrendadas hum ildem ente
a la d ivin id ad , a ser, prim ero, una de las v ía s de la " re v e la c ió n " d iv in a , y luego, la
expresión m ism a de esa d ivin id ad , una de las form as de la divin id ad en sí o bien uno
de los cam inos — si no el único—

para llegar a ella.

La tesis de Seuphor

de que el arte ab stracto

(como m ás puro) de

esa

de los dos A rp es el

dim ensión m etafísica del

del asunto, un va lo r secundario.

m ejor inté»prete

a rte , tiene para elplanteo general

J.

Arp

y Sofía

Taeuber - Arp.

Dintura en co m ún, 1939.

Lo que interesa se ñ a la r es esa dim ensión m etafísica,

que da verdadera jerarq u ía estética a la obra hum ana — en virtud de la cual la obra
m aterial del hombre se convierte en obra de arte— , sea ella la obra de A rp o cu alq u ier
otro, sea un poema escrito en un papel o esculpido en una piedra, sea que la m isión
del artista consista sólo en "d e sc u b rir" el secreto de la m ateria o de las formas re su l­
tantes (m ateria como vib ració n sonora, lenguaje hablado o escrito, color o pied ra).
Si el cam ino del arte nos guía hacia la Belleza y si ese cam ino se bifurca en la in te li­
gencia y los sentidos, en el sendero de lo racional y lo in tu titivo ¿ a lc a n za rá n a con­
jugarse en una sín tesis fin a l la Verdad y la Belleza?

E n traríam o s así en el plano meta-

físico . Y s¡ V erdad y Belleza se fusionan ¿cu ál sería la sín tesis superadora? A caso el
B ien , el Bien Supremo, o sea, D io s. . .
A esta fin alid a d suprema ¿podrá llegar el hombre por sí m ism o, por su propio esfuerzo,
o sólo a través de una " re v e la c ió n " ? En el prim er caso — ausente la revelació n—

la

B e lle za, la V erdad y el Bien se postularán como supuestos m etafísico s, creados por e!
hombre mismo. Sin una revelación — sin una fe—

¿dónde h a lla rá el hom bre asidero

para su espíritu (aun considerado éste como sublim ación de la m ateria)? Si atrib uim os
al arte una dimensión e sp iritu a l, ¿cómo su straerlo al plano m etafísico? Si ese absoluto
fin al — la d ivin id ad , Dios— o sea el Bien supremo como sín tesis o id e n tificació n de la
V erdad y la B e lle za, es sólo una entelequia

im ag inad a, sin posibilidades ontológicas

— por lo menos asequib les para el entendim iento hum ano—- ¿qué objeto tendrían el
A rte y la C ien cia?
Una vez introducidos en el m undo del e sp íritu , tenem os que ad m itir una finalidad y,
con ello , cpuntam os al plano m etafísico y religioso. Y , sean las v ía s de acceso a esas
dim ensiones la intuición o la razón, veam os o no tanto en una como en otra un signo
de la "re v e la c ió n " d ivin a , siem pre habrá una fe que alim ente y sostenga a ese espí­
ritu. C errando a la e sp iritu alid ad del cam ino hacia

el cam po m etafísico , cerram os

auto m áticam ente los cam inos del A rte y de la C ie n c ia , que carece rían así de m o tiva ­
ción el prim ero y de fin alid a d la segunda.
A rte , C ien cia y Religión — en el sentido am plio y menos dogm ático—- persiguen un
Todo que, aunque sólo sea un absoluto creado por la im aginación hum ana — por el
espíritu
m ente—

del

hombre en

d e fin itiv a — , só'o

puede ser accecible — real

o supuesta­

por esos tres cam inos del espíritu. A rte , C ie n cia y R eligión — en tanto sean

verdaderos, es decir, en tanto respondan a un m ismo im perativo e sp iritu a l—

tienen

que a u x ilia rs e m utuam ente, com plem entarse con sus medios diferentes para a lc a n z a r
una m ism a fin a lid a d , acu ciados por una misma fe.
En resum en, considerando el A rte como esp íritu, adm itiendo el condim ento espiritual
de! A r ;e , no podremos desligarlo de la m e ta física . Y m ientras no aclarem os el misterio
■ds la creación a rtís tic a — llám ese intuición , inspiración o g ra c ia — - será m uy d ifíc il
m antenerlo aislado de lo religioso.
A L F R E D O E. R O LA N D ,
(1) Cennino C e n n in i, " E l libro del a r te " . T ra d u c ció n R icard o R e sta , Buenos A ire s , A rg o s, 1947.
(2 ) C f . Leonardo, "T ra ta d o de ia p in tu ra ". T ra d u c ció n M ario P itta lu g a . Buenos A ire s , Losado
1943.
(3 ) Lu co P a c io li, " L a d ivin a p ro p o rció n ".
_
(4) H enri Brém ond, " L a poesía p u ra ". T rad u cció n Ju lio C o rtá z a r. Buenos A ire s , A rg o s, 1947.
" P le g a ria y p o e s ía ". T ra d u c ció n .
_^
,
(5 ) Jacq u e s M a rita in , " A r t e y e s c o lá s tic a ". T ra d u c ció n Ju a n A rq u ím e d es G o n zá le z. Buenos A ire s,
La espiga de oro, 1945.
(ó) C f. " L a e sté tica de B ern ard B e re n so n ", en V e r y Estimar, n9 19, Serie 1.
(7 ) M ichel Seuphor, "M issio n sp iritu e lle de l'a r t " . P a rís , Berggruen y C ié ., 1953.

8

J.

A rp :

F ils

vu

n o m b ril,

1920.

�C a m i n o

de

FIE ST A PO PU LAR —
(1 7 4 6 - 1 8 2 8 ) —

la

o b s e r v a c i ó n

Francisco de Goyo

M useo N acional de Be­

llas A rte s.

JESUS EN EL M O N TE DE LOS O LIVO S —
Dom enico Theotocopulis, El Greco - (1 5 4 7 ­
1 6 1 2 ). M useo N acio nal de B ella s A rte s.
che de las form as hum an as, la indepen­

ca ra cte rística s

Este gran a rticta del siglo X V I I , de o ri­

barrocas se le sum a la trascendencia de

gen griego, pasó su vida en Esp aña, hecho

dencia de la pincelad a nos dicen de caos

un sentim iento ya

liberado, am plio, una

que sin

y vio len cia.

expresión

un

estudio

En este cuadro, a ciertas

a b ie rta,

desborde

que

lo

lugar
de

a

dudas se siente

sus obras.

en el

Está considerado

El plano interm edio es celes­

tia l: la visión se a c la ra , las fo rm as e sti­

lleva a situarlo en el cam ino de la pin­

como un ejem plo típico del barroquism o

rándose se e s p iritu a liz a n ;

tu ra ro m ántica.

español, no pudiendo sin em bargo a lg u ­

la contradicción en la sensualidad de los

H ay tam bién tres planos,

logrados por la intersección de dos diago­

nas veces desligarse del

nales en un juego enorme y único de luz

flu e n cia

y som bra.

cianos ejercieron sobre él.

C ad a uno de estos planos tie ­

todo de la

in ­

que los grandes m aestros ven e­

pero se siente

arabescos; en el color rojo c a rn a l, de po­
cas variacio n es tonales, elegido

para

la

capa de C risto ; en la nube que en form a

pero

Este tem a ya tratado anteriorm ente lo es

de am eba parece a tra íd a por una fu erza

Por el con­

esta vez de un modo trascendente, caó ­

que la im pulsa m ás bien a b a ja r.

trario , parecería que las enormes d iferen ­

tico, contrad ictorio, con una sensualidad

cer plano, donde e xiste una

cias

a punto de e s ta lla r, que por otra

árbol e xtrañ o es in fin ito , rom ántico,

ne

c a ra cte rístic a s

muy

peculiares,

que no se oponen entre si.
que

hay

entre ellos, sólo sirvieran

para acen tu ar, por co ntraste, las p a rticu ­

son

las ca ra cte rístic a s del

parte

estilo al que

El ter­

especie de
un

cbism o que atra e e in q u ieta ; es búsqueda,
¡ncertidum bre y duda. Desaparece el eq ui­

laridad es de cada uno, unidos todos ín ti­

pertenece.

m am ente para exp resar una idea única y

A pesar de ¡a unidad ap arente, e n co n tra­

librio entre la ¡dea y el sentim iento c a ra c ­

p rin cip al.

mos tres planos: el in ferio r con los após­

terístico del clasicism o .

toles durm iendo es la sim bolización de lo

que se apoya es sólo un pretexto

te rre n a l; el claro scuro , el choque de colo­

casi liberar instintos y destruir prejuicio s.

El prim er plano, todo lu z, es horizontal,
de pincelad a independiente, sin líneas v i­
sibles, y volum en logrado por el espesor
de la m a te ria .

res fríos y cálidos, la tendencia al ensan­

.

El objeto

en el
para

BERTA RAPPAPO RTT.

H ay gran d in am izació n de

conjunto y vib ració n dentro de cada una
de las form as hum anas.
El segundo plano es ve rtic a l,
el puente estático ,
ríg¡da

y

frió,

pincelad a

oscuro; es

severo de linea

fund ida.

El

últim o

plano en color gris con grandes v a ria c io ­
nes

tonales

es im preciso,

profundo,

ro­

m ántico y m isterioso.
Goya coincide con Greco en cuanto a la
expresión preponderante de un sentim ien­
to, pero hay en aquél m orbosidad, in sa­
tisfacció n ,

duda;

en

cam bio G oya, pro­

ducto de una sensualidad fresca y joven,
m an ifiesta aleg ría de v iv ir, juven tud , con­
fia n z a .

13

�Diálogo con nuestros lectores
Hemos recibido algunas cartas de nuestros lectores, en las que se nos pide rectificació n de juicios emitidos
en la revista. Las publicam os con regocijo, ya que ese contacto es uno de los modos, acaso el más e fic a z,
para v ita liz a rla . Tam b ién hemos recibido cartas de elogio, que mucho agradecem os, y desgraciadam ente
un sem ianónim o — calificam o s así a una ca rta redactada en términos poco respetuosos que recibió nuestro
director, sin firm a pero ostentando a m áquina el nombre de un grupo desconocido para nosotros— al que
no podemos dar cabida, claro está, en esta página.
Nos parece oportuno el momento, teniendo en cuenta la diversidad de las cartas recibidas, para fija r
nuestra posición frente a los lectores. No pretendemos sino hacer una revista ú til, sabiendo que sólo con­
tamos con nuestra hum ilde preparación y escasos medios económicos. No es ésta, pues, una gran revista
de arte sino casi un boletín critico , al que tratam os de presentar de la m ejor m anera y al que redactamos
con fervor y buena fe. De modo que toda observación de fondo o de form a, toda objeción, será bien reci­
bida y cuando estimemos que pueda interesar tam bién al lector, publicada. Nos perm itim os solamente
pedir — y de ningún modo se nos hubiera ocurrido hacer este pedido de no e xistir la ca rta aludida—
que quienes se d irija n a nosotros, ya que no podemos exig irles siempre sim p atía, lo hagan con cortesía.
Por aquello de que "lo cortés no quita lo va lie n te ".
Tam poco se trata de fom entar la polém ica, medio de propaganda in ju stifica b le cuando se lo emplea como
ta l. No buscamos, ni en m ínim a m edida, incorporar una página chismosa o sensacio nalista. De lo que
se trata es de fom entar el diálogo y de p erm itir, fre n te a los juicios que em itim os librem ente, el ejercicio
de la mism a libertad por quienes nos honran tom ándolos en cuenta. C O M IT E R E D A C T O R .
Noviem bre 7 de 1 9 5 4 .
Estim ada am iga:

cosa es la independencia, la ju steza y el

pintores revelen

eq uilibrio en el ju icio ,

tal (em ocional)

ya que

hacem os

c ritica a rtís tic a y no propaganda

Y a ve usted si soy su atento lector.

Me

el im pulso tem peram en­
de aquellos auto res.

La

de un

pasión de Brughetti es menos v io le n ta , en

A s í puede darse hasta que

el tratam ien to de la m ate ria, pues es m ás

la form a en que son

nos escuchen no los predispuestos a a p la u ­

fin a y m ás pictó rica en la ordenación de

encarados los com entarios en V E R y E S T I­

dir o a p atear de antem ano, sino la gente

sus lim p ias form as en la lu z.

M AR.

que

Ud. bien que es el pintor del "p le in a ir " .

gusta en principio
Es

la

posición

que vengo soste­

producto . . .

verdaderam ente

am a

la

expresión

En eso dice

niendo en la página de artes p lásticas de

estética y el rigor de un

razonam iento.

Pero existe otro aspecto m uy im portante

C R IT E R IO siem pre de acuerdo a valores,

Por supuesto, puede ver en mi casa los

de dicho a rtis ta , señalad o por mí como

sean ellos fig u rativo s, abstractos, concre­

cuadros a que hago referen cia y tam bién

precursor exp resionista en Veinte expre­

tos, e tc ., y en su plenitud de autonom ía

otros celebrados por Larco .

siones de arte humanista (1 9 4 6 ), por Cór-

creado ra.

Por esto mismo considero que

críticam en te se está en el buen
al

cam ino

De usted

m uy cord ialm ente,

su

am igo.

e v ita r térm inos su perlativos y su b jeti­

1 0 7 ).

vos, pues no es conveniente que nos a c u ­

ma

sen de estar en una determ inada política
a rtístic a

(dem asiado

triunfand o
único

en

que

este

nos

sectarism o
m undo),

im porta,

o b jetivam ente, es el arte .
nuestro

país

anda

cuando

ante

todo

La c ritica

debe ejercer su

lo
y
en

verdadera

función de control y orientación , no e xce ­
derse

ni lim itarse . . .

Buenos A ire s, N oviem bre 6 de 1 9 5 4 .
Señora

poco valioso de esa

m isma

exposición?

c li­

de fo rm as, de colores, de e m p astes" al

Por su parte Larco lo ubica en una posi­

T u cu m án 1 5 3 9

nuestra p intura en el período de co m ien­
zos

C a p ita l.

realm ente
del

siglo

esas obras.
En térm inos generales

pero, ¿por qué c a lla r lo res­

"e l

específico

ción

Estim ad a B lan ca Stab ile:

m uy

recalca

"v o c a b u la rio

Secretaria de V E R y E S T IM A R

reproduzcan
tante,

Iturburu
el

a llá del im presionism o.

B lan ca Stabile

elogie lo elogiable en un a rtis ta , que se
exposición,

Córdova

p o é tico ",

que lo lleva " su voluntad e s tru c tu ra l" más

Está bien que se

las obras p rincip ales de su

dova Iturburu en Lyra (núm eros 110-1 2)
y por Jorge Larco en Saber V ivir (núm ero

Romualdo Brughetti.

excep cional

con la prim era parte de su nota sobre la

ú n ica

en que Brughetti

en

concibe

M enciona en su a rtíc u lo al

posim presionism o,

estoy de acuerdo

y

lo relacio na con

Bon-

nard, con Picasso y el sintetism o de De­
rain y otros creadores posteriores.

reciente exposición de Faustino Brug hetti,

Ya

ap arecid a

form a color con una ju ste za p lástica in d is­

en

el

núm ero

Pero en

honor

1 de V E R
de

la

y

A cerca de mi padre, y para e vita r eq uí­

E S T IM A R .

vocos que aún están operando ten in ju s­

verdad c rític a , considero conveniente a c la ­

m ejor

en

cutib le.

telas de

1899,

Brughetti usa

la

O bras de la calid ad y de la den­

sidad de Las L a va n d e ra s, Luz y sombra (y

tam ente sobre este a rtis ta , ¿no cree Ud.

rar algunos de los conceptos en ella con­

la serie que com prende

que sería útil la publicación en su revista

tenidos.

M useo N acio nal de B e lla s A rte s), Figuras

de la ca rta que le mando?

A s í,

¿Por qué no hemos de a c la ra r p ú b lica­

líric a que Ud. atrib uye en bloque a M alha-

fuerte, Rincón del bosque o Tarde

m ente nuestras ideas si ello puede traer

rro, S ilva y W a lte r de N a va zio y que a

etc. óleos exhibidos en Peuser, m uestran

una nueva luz al planteo y discusión legí­

su ju icio sería m enor en B rug hetti.

A mi

un lenguaje de a fin a d a pasión estética , no

timos?

El día en que tengamos una libre

modo de ve r, este a rtista superó en m u­

logrado por los a rtis ta s nacio nales que Ud.

c rític a tendrem os tam b ién, de seguro, un

chas pinturas de su período im presionista

c ita , sino m uy excep cio nalm en te.

gran arte , porque se habrán superado am ­

y

esto creo que desde el punto de vista c rí­

bos co nvencionalism os y no pocos dogm a­

M alh arro y de N a v a z io (acaso no, en cam ­

tico no debe ser echado en saco roto.

tism os apocados que lim itan a aq uella y

bio, el uso intenso de ciertos colores puros

A l ag radecerle a U d. sus aportes a fir m a ­

a éste.

de S ilv a , porque ese no era su propósi­

tivos en el

Usted sabe tanto como yo qué estupenda

to), aunque una que otra tela de aquellos

mi padre, durante

14

disiento con

posim presionista

respecto a esa

la

pasión

pasión

líric a

de

las Pasiones del

en el paisaje. Procesión, Retrato de Alm agris,

Y todo

conocim iento de la obra

de

largos años olvidada

�por

los com entaristas criollos pero

hoy

Salud!

Emilio

Pettoruti

valo rad a por los m ejores espíritus de las
nuevas generaciones a rtístic a s,

la saluda

muy

Romualdo

cordialm ente

su

am igo.

Brughetti.

Buenos A ire s, 13 de Diciem bre de 1 9 5 4 .
Señora
B lan ca Stabile
Tu cu m án 15 39
C a p ita l.
De mi m ayor consideración:
M e es grato escribirle para señalarle su
gran
en

error

histórico.

Con

la revista V E R Y

sorpresa

leo

E S T IM A R , serie 2,

núm ero 2 , una equivocación en su peque­
ña histo ria del arte concreto de la A rg e n ­
tin a ;

el

m otivo

de

esta

carta

es

para

ponerla al tanto de los hechos históricos.
Si e xiste el Grupo de A rtis ta s M odernos
de

la A rg e n tin a

es por el Doctor Aldo

Pelleg rini y no por el señor To m ás M aldonado:

es una lástim a com prom eter al

señor

M aldonado

su ya.

Es injusto negarle al señor Pe lle­

grini

por

la coordinación

una

equivocación

de los dos

grupos

que form an el Grupo de A rtis ta s M oder­
nos.
Razonable es leer en el próxim o núm ero
de la revista V E R Y
h istó rica

de

la

E S T IM A R la verdad

form ación

de

nuestro

N uestro gran pintor, que reside en París

te. Pero hemos querido que cada uno de

grupo.

desde hace alg ún tiem po, acaba de tener

los expositores estuviera representado por

Sin otro m otivo y deseándole un fe liz año

un resonante éxito. Un te'egram a p u b li­

v a ria s

nuevo la saluda Enio lommi.

cado en " L a

de dar un justo resumen de su persona­

N a c ió n " del 19 de diciem ­

bre p.pdo., nos inform a que ha sido ele ­
Buenos A ire s, Diciem bre de 19 54 .

telas

im portantes,

única

m anera

lid a d ."

gido, juntam ente con a rtista s de la ta lla

H ace

de

reconocido a Pettoruti “ sa calid ad in te r­

Jo an

M iró ,

Andró

M asson,

Andró

m ucho

tiem po

que

se

le

ha

Señor

Beaudin, Je a n

A ld o Pellegrini

ner en la G a le ría D urand-Ruel de Pa rís,

Ju lio

C a p ita l.

una de las m ás an tig u a s y prestigiosas,

que firm a esta nota han bregado por im ­

De mi co nsideración:
En esta oportunidad me dirijo a Ud. con

Borés, y otros para expo­

ya

C rítico s

R in a ld in i,

como Ju lio

Leonardo

E.

Payró ,

Estanco

y

el

integrando un grupo de diez pintores a

ponerlo. El prim ero term ina su esplénd i­

los que considera la A sociación Francesa

da m onografía sobre el pintor diciendo:

el objeto de a c la ra r cierta posible omisión

de

com etida en el a rtíc u lo " P a ra

A rtís tic a s de F ra n c ia ,

la historia

n acio n a l.

A m igos

A rte

generación

las

Juven tud es

como

y

los mejores
la

sobre el

prim er

m aestros Picasso, Braq ue, M atisse y Lé-

pintura

y que se relacio na con su activid ad

ger, residentes en aquel país.

o b jetivid ad , para darle el rango superior

que
la

de

se

atrevió

a

lib rar

servidum bre

de

la

la

m era

de a rte autónom o, conceptual, de c re a ­

el cam po del arte.
Como aclaro en el com ienzo del m ismo,

dado im pulso al nuevo arte contem porá­

ción

basándom e exclu sivam e n te en el m aterial

neo,

haber

Em ilio Pettoruti pruebas de la perfección

el

cubism o

p arecía

han

m ovim iento

"E sto s

cuando

que

los

docum entación

cido en el núm ero 2 de V E R Y E S T IM A R ,

— a firm a n —

de

la

del arte concreto en la A rg e n tin a " ap are­

pintores

posterior a

"C u an d o se ponga a buscar ávid am ente
toda

de

en

la

del

p u ra,

encontrará

en

la

obra

de

lite ra rio — no ticias ap arecid as en ca tá lo ­

agotado la fu erza de renovación del arte

y la nobleza a la cu al este gran pintor

gos de exposiciones y en revistas como

fra n cés, se encuentran aquí reunidos no

m uy sensible y m uy sabio pudo elevar las

N U E V A V IS IO N , L E T R A

porque

Y

E S T IM A R — ,

Y

L IN E A , V E R

m aterial que en ningún

y

constituyan

concertado,

momento dice de la particip ació n de Ud.

cada

en

un

sino

grupo

porque

uno con sus propios

coherente
ejercieron,

m edios,

una

intuiciones confusas de toda una genera­
ción de

inconstantes

inventores.

A lie n ta

saber que la A rg e n tin a ha dado al m un­

del G R U P O DE A R T IS ­

acción decisiva sobre el paso de una épo­

do un a rtista en vid iab le, cuyo arte per­

T A S M O D ER N O S, e in flu id a q u izá por la

ca a otra y porque su obra por sí m ism a

dura r á ."

ap arente hegem onía de M aldonado, doy
como único organizado r del grupo al pin­

tiene un indudable v a lo r. Lo selección ha

Y

sido,

de obras antig uas del m aestro, realizad a

la

gestación

pues,

d ifíc il.

F ija r

diez

nombres

con motivo de la

reciente exposición

tor aludido.

entre los cincu enta m il pintores de F ra n ­

en la G alería

Los reproches recibidos por parte de un

c ia , residentes en e lla , ha sido un pro­

porteño pudo rendirle el m erecido hom e­

artista me obligan a dirigirm e a Ud. para

blem a a rd u o ".

a c la ra r mi posible error.

cuando dice que " e s cierto que otros a r ­

y que ahora se

tistas

París.

A

la espera

de sus

atte. Blanca Stabile.

p a lab ras,

salúdalo

hubieran

El

program a

debido

lo confirm a

fig u ra r

en

esta

exposición. Los llam arem os posteriorm en­

K ra y d , tam bién el público

naje que le regateó el público de 19 2 4
lo rinde el

público

de

JO R G E R O M ER O B R E S T .

15

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Sarm iento 7 2 2

T . E. 3 6 -6 7 2 2 - 3 0 -2 9 3 4

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Título anterior: Ver y Estimar : cuadernos de crítica artística</text>
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                <text>Buenos Aires, febrero 1955</text>
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                <text>Pastor, Blanca&#13;
Magnelli, Alberto&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Lukin, María&#13;
Glusberg, Jorge&#13;
Rappaportt, Berta&#13;
Romero Brest, Jorge</text>
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                    <text>1

*

1

3

1

^^ S S I ííir Tb
revista mensual de crítica artística serie 2 N°- 3

�D e La Jo ie de V i v r e — yo tenía treinta y cinco años— , a este
d é e o u p a g e — tengo ochenta y dos— , he perm anecido el mismo:

no como lo entienden m is am igos que quieren felicitarm e por
mi sem blante,

sino porque

todo ese tiem po he buscado

las

m ism as cosas, las que realicé con medios diferentes.
No es necesario decirm e que he recreado el espacio a p a rtir'
del objeto, cuando yo lo he descubierto: nunca he dejado el
objeto.

El objeto no es interesante por sí m ismo.

Es el medio

que lo crea. A sí es como he trab ajado toda mi vida frente a lo's
objetos que me daban

la fuerza de la re a lid a d . . .

Un vaso

con una flo r es una cosa diferente a un vaso de agua con un
lim ón.

El objeto es un a cto r: un buen actor puede a c tu a r en

dos p iezas d iferentes;

un objeto puede desem peñar en diez

cuadros diferentes, un papel diferente.

No está solo

evoca

un conjunto de elem entos.
¿Usted me pregunta si mis d é c o u p a g e s
búsquedas?

son

térm ino

M is búsquedas no me parecen todavía

de mis

lim itados.

El d é e o u p a g e es lo que hoy día he encontrado de m ás sim ple
y directo para expresarm e.

H ay que estud iar largo tiem po un

objeto para saber cual es su signo.
No hay ruptura entre m is antiguos cuadros y mis d é c o u p a g e s ;

Autorretrato, 1939.

solam ente con m ás absoluto, con m ás ab stracció n, he a lc a n ­
zado una form a decantada hasta lo esencial y he conservado
del objeta presentada en otro tiem po, en la com plejidad de su
espacio, el signo su ficien te y necesario para hacerlo e xistir en
su form a propia y para el conjunto en el cual lo he concebido.
He tratado siempre de ser com prendido y cuando he sido c a s ti­
gado por los crítico s o los colegas les he dado razón estim ando
que no hab ía

sido dem asiado claro .

Ese sentim iento me ha

perm itido tra b a ja r toda la vid a sin odio y sin am argura h acia
los crítico s, no contando más que la clarid ad de la expresión
para llegar al fin de mi obra.

El odio, el rencor y el espíritu

de venganza son parte de un bagaje que el artista no puede
carg ar.

Su cam ino es dem asiado d ifíc il

como para

que no

expurgue su espíritu de aquello que lo puede entorpecer.
De la co n versación m an te n id a con M a r ía L u z
ap are cid a en X X sieele en enero de 1952,

S u m a r i o

Ver y Estimar

HEN RI M A TISSE

revista m ensual de crítica
a rtística

Glosas y autorretrato de 19 3 9

2

Henri M atisse (1 8 6 9 -1 9 5 4 )

3

C lasicism o y juventud

4

O riente y O ccidente en una arm onía

4

La línea que se am a

5

D iag ram ación de: Sam uel O live r

B LA N C A S T A B IL E

Espacio aleg re para el hom bre moderno

6

B LA N C A PASTOR

Señor de la elo cu en cia, de la g ra c ia , de la medida

6

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E xterio r, $ 4 5 ; núm ero suelto $ 3.

M atisse pinta con las tije ras

7

Editada por

O pinan sobre M atisse

9

V er y Estim ar S .R .L ., cap. $ 10.000
ed ito rial, actos, cursos.
Director Gerente: Jorge Romero Brest

Exposiciones

13

JO RGE ROM ERO BREST
ED ITH G A Y
ELSA T EN C O N I
SA M U EL O LIV ER

RA Q U EL EDELM AN
DOM INGO V IA U , EM ILIO C E N T U R IO N ,
LUIS SEOANE y M IG U EL O C Á M P O
O SVALD O LO PEZ C H U H U R R A , E LEN A F. POGGI,
ELSA T E N C O N I, A Z U C E N A LO Z A CO LO M ER,
JO RGE ROM ERO BREST, EN RIQ U E N A G EL

T a p a : H. Matisse: C ab eza de frente

2

Com ité de redacción: S ilvia A m b ro sin i,
Raquel Ed elm an, Jorge G lusberg, Enrique
N agel, A lfre d o E. Roland
Secretaria de redacción: B lan ca Stabile
33;

Registro nacional de la propiedad in telec­
tual núm ero 2 7 1 .8 2 1 .
A d m in istració n y r e d a c c i ó n : T u cu m án
1 5 3 9 , Buenos A ire s, A rg e n tin a . 35 9 2 4 3

�D e sn ud o

a c o s ta d a

de e s p a ld a s , 1 9 3 7

HENRI

MATISSE

118 6 9 -

1954)

mo h acia una atm ósfera lum inosa en la que todo es símbolo
de orden pero no de in tran sig e n cia .
M atisse es pintor, hasta cuando modela el barro. Lo que sig ­
n ific a que sintió el color no sólo como color mismo sino como

Caso extrañ o el de este genial pintor francés que acaba de
m orir. No fué ajeno a ninguna conquista en el orden de la
expresión p ictó rica,

ninguna

de las

prem isas m odernas

dejó

de ser exp resad a por su p a la b ra, y sin em bargo es el único
de los grandes que escapa a cu alq u ier tendencia. M atisse ha
sido hasta su m uerte solam ente M atisse, el gran rebelde del
siglo, acaso el único, pues el mismo Picasso — la
ción es inevitab le—

co m p ara­

no parece serlo tanto si se piensa que

buena parte de su obra se funda

en la de los dem ás o se

entronca con la de los dem ás.
¿Cóm o, rebelde el hombre que se presenta como la e n c a rn a ­
ción

moderna

del

espíritu clásico?

todo va lo r de sig n ificació n

¿El

ind ivid ual

hombre que sa crifica
de la form a en busca

de la m edida, el eq uilibrio , la arm o nía del conjunto? La con­

algo im p lícito en la línea y en la sombra y en la luz y en el
plano y en el espacio. Todo se fué concitando en su alm a para
llegar a una sin fo n ía del color, en la que nada se destaca
em pero, ni siq uiera el color, realizan d o la gran síntesis de la
pintura del siglo.
Esp íritu de sín tesis, no sólo en la creación de las form as sino
de las posibilidades de la cre ació n : éste fué el espíritu que lo
c a ra cte rizó . Y el que le asegura un puesto em inente como s a l­
vador del cuadro de c a b a lle te , ya que se puso a tono con la
época sin em pobrecer el leng uaje pictórico, y como el hombre
probo que sin desdeñar la ave n tu ra — la ave n tu ra de la e xp re ­
sión contem poránea—

le prestó sentido. La pintura de M atisse

queda como la colum na vertebral del arte de nuestro siglo,

lo largo de su

j O ja lá lo com prendan así los jóvenes, aun

su

de

m ente se ap artan de su concepción tod avía cerrad am ente in d i­

orden v ig ila sus im pulsos, que como tales son de rebeldía, sin

vid u a lista ! En la línea castig ad a de este gran m aestro, en la

trad icció n

existe, sin duda, pero

m ara villo sa
co nstreñirlo s;

vida

una

fórm ula

verdadero

espíritu

él

h a lla a

c o n c ilia to ria :
clásico ,

pues,

espíritu
si

bien

no

los que le g ítim a ­

fa c tu ra am asada de su color, en el refin am ien to de sus ritm os,

innova form as cada día, tampoco se encierra en ellas.

en su original concepción de espacio, hasta en ese m aravillo so

Por eso M atisse nunca dió preem inencia al arranq u e pasional

c v a n c e sobre sí m ismo que fueron los papeles recortados de la

y fué siem pre p asional,

ni

últim a época, pueden y deben

em paste el

dar sa lid a

la

línea, el color o el
Todo

la enseñanza

m ás

fecund a. Otros han sido y son m ás g eniales inventores, m ás

co ntrario . Su historia nos lo presenta siguiendo una trayecto ria

apasionados, m ás im a g in a tivo s; ninguno m ás cauto y tan se­

la de

a sus hum ores.

enco ntrar

lo

c la ra ,

medio para

halló en

un hom bre que se va despojando sin violencia

guro.

Este feroz

pagano

de la carne sublim ó en é xta sis

el

de todo lo que m olesta la visión o entorpece la concepción, para

arrebato; y su visió n , como la del Beato A n g élico , com parte

tocar con los dedos la ra íz de las cosas y no sólo la flo r que

por igual la g loria del hombre y la de Dios.

seduce pero tam bién engaña. Q uienquiera com prenderlo no de­
berá o lvidar ese lento y aventurado ascenso dentro de sí m is­

JO R G E

RO M ER O B R E S T .

n
w

�Oriente y Occidente
De los pintores de este sig lo, es M atisse
el que ha sabido in terp re tar y exp resar lo
que existe de joven y aleg re en el mundo
moderno. No le interesan

las brum as y

tin ie b las, los hombres torturados y m ise­
rables. M uestra seres calm os, en los que
siem pre se encuentra un a ire de dignidad.
Lo curioso es que su trazo condensa, lo
mismo que el color, todo el v iv ir que lo
circu n d a.
Cuando pinta un interio r con fig u ras, no
respeta la je ra rq u ía h a b itu a l; para é l, el
hombre no es rey del universo,

las co­

sas no pasan a un plano de inferio rid ad.
Solam ente va anotando con cie rta n e u tra­
lidad lo que observa; objetivando sus em o­
ciones y relatand o con form as y colores
la vida que lo en vu elve. Sólo M atisse, es
capaz de e n sam b lar O riente y O ccidente
en

sus od aliscas y

vo lcar

a

través

de

e lla s, en una arm o n ía, dos m undos, dos
actitud es que se e n fren tan y oponen. La
sín tesis

es

p e rfecta ,

tanto

que

resulta

imposible e xtra e r sus elem entos y sepa­

Clasicismo y Juventud

rarlos.
Y a es lugar común hab lar de la juventud

contra

un seguro desequilibrio antes de

Sólo M atisse y a su edad, es cap az de

de M atisse.

del

com pletar su desarrollo. A sí tam bién M a ­

ab ord ar la tarea de ilu strar un libro como

clasicism o de M atisse y los dos térm inos

tisse, hombre m aduro, m antiene su arte

Jazz.

— juventud

ex­

apartado de las luchas co tid ia n as en a c ti­

un modo de ser tan ajen o racial y c u ltu ­

cluirse.

tud egoístam ente ju ve n il.

ralm ente. Sin em bargo, toma sus tije ra s y

Si llegamos a una últim a defin ición de lo

esencia de ju ven tu d , y como ta l, m ás allá

que entendemos por clásico , diríam os que

del tiempo. Sin som eterse a las leyes que

Pero tam bién
y

se hab la

clasicism o—

parecen

es el control de la intelig encia

Podría decirse

ejercido

pesan sobre el ser hum ano, su arte no

sobre los elem entos sensibles en el acto

conoció la decadencia, pues no olvidem os

de la expresión. En este sentido el cerebro

que hasta Picasso tuvo una M a s a c r e en

de M atisse es un ta m iz al cual nada es­

C o rea.

capa.
m edida, son el resultado de este control
in telectu al. A c titu d razonadora que no se
co ntrad ice en absoluto con su inalterab le
juven tud . Bien sabemos del continuo con­
trol ejercido por los jóvenes sobre las ve r­
dades que les son Im puestas, cómo antes
de acep tarlas han de h a lla r respuesta sa ­
tisfacto ria a todos los interrogantes que
ellas les planteen.
Por sobre

todas

las

m anifestaciones

de

ritm o, m ovim iento y color a través de las
cuales encuentra cabal expresión pictórica
espíritu

ju v e n il,

ad m ira

la

extraña

fórm ula de co nciliació n que obtiene entre

bre, tales son los caracteres de su p intura.
Sus flores son m ujeres y sus im pasibles
m ujeres son flores, tan v a c ía s de sig n ifi­
cado

propio aparecen

unas como otras.

No pesa el tem a, que carece de sentido
como ta l, pero está presente.
punta de

Y

si una

inquietud se despierta alguna^

v e z , será ante el b rillo casi tem ible de esa
sensualidad tan sabiam ente dirigid a.
Una fin a red oculta une las form as entre sí,
como en los clásico s. Por eso no nos sor­
prendemos pensando en un fru to cuando
contem plam os una boca, o en un seno,
absortos an te la curva de un cach arro , o

el interés por las cosas y la neu tralidad

tal vez en un muslo o en un pez ante

ente e lla s, lo que co nstituye a mi ju icio

unos dedos que son eso y todo lo dem ás.

un

M isteriosa

rasgo p a rticu la rísim o de la juventud

aue M atisse lleva en el terreno del arte

corriente

ésta

que

anim a

el

mundo de sus form as y que no encuentra

hasta sus ú ltim as consecuencias.

lím ites a su exp ansión. A través de una

A menudo la juventud es c a lific a d a como

ven tana ab ie rta , una de sus obsesionantes

generosa, confundiéndose ardorosos y en­

ven tan a s, o de un blanco vacío vib rante,

tu siastas impulsos que resultan tal vez de

se d e sliza h acia el infinito .

una v ita lid a d necesitada de expansión, con

A n te

un sentim iento m ás profundo. Por lo gene­

m etafísica

ral el joven es egoísta; necesita precaverse

sugerencia. E D IT H G A Y .

4

recorta ritm os.

Y porque tales son los caracteres del hom ­

Equilib rio , c la rid a d , orden, sentido de la

ese

Es d ifíc il para un europeo penetrar

esa

ind efinib le
impone

presencia,

la

espíritu

toda

al

idea
su

Ilu s t r a c ió n

p a ra

" L 'a n g o is e
g o rg e "

qui

P a s ip h a e

s'am ase

en

fra p p a n t

sous

ta

�en una armonía
Sólo M a tis s e p u ed e p e rm itirs e la

re n o v a ­

ció n q u e im p u so a la ig le s ia . Él re ju v e n e c e
in te n s a m e n te

al

a rte

a ta d o

a

fo rm a s

e sta b a

c ris tia n o ,
del

q ue

ta n

p a sad o

d e s­

a lo ja n d o la re p re se n ta c ió n .
M a tis s e ,

que e n c a n ta

fre s c u ra

c ro m á tic o

y

a

los ojos por su

la a p a re n te e sp o n ­

ta n e id a d de su s lín e a s , da m u ch o m ás que
se n sa c io n e s a g ra d a b le s . Esto es d e b id o , a
que d e trá s de esa in g e n u id a d y g r a c ia , se
e sco n d e un h o m b re

q ue re sp a ld a su s r it ­

m os p lá s tic o s co n su in te lig e n c ia . P o r eso
e l v e rlo v a r ia s v e c e s no c a n s a n i d e fra u d a ,
Sus re su lta d o s son la fu sió n de u na e n e r­
g ía p r im a ria c o n el co n tro l ra c io n a l.

Por

eso m ism o es de su p o n e r, q ue a tra v é s de
la

se le c c ió n

que

re a lic e

el

tie m p o ,

sus

cu a d ro s y d ib u jo s q u e d a rá n y se g u irá n im ­
p o n ié n d o se a o tra s g e n e ra c io n e s.
T a n t a s v e c e s se ha

h ab la d o del a z u l

de

su s c ie lo s . Su a z u l es m á s a z u l y el c ie lo
m á s c ie lo

que

p o sib le m e n te

el

q ue ve m o s.

lu c iría

m e jo r,

El
si

m u nd o
p u d ie ra

La

a v e n ta ja en tra n s p a re n c ia y p u re z a , dado

Se ha dicho que la pintura de M atisse es

pues superpuesto las im ágenes, eligiendo

q ue d e s c a rta lo q u e pu ed e im p e d ir la e x ­

sensual; posiblem ente sea esto cierto , pero

de cada una el trazo m ás sig n ifica tiv o de

p resió n

a p a rtir de la época de sus odaliscas hay

su propio deseo, a

otro

lo

diferentes enfoques insinúo espacios que

define como “ voluptuosidad su b lim a d a " y

quedan detrás del modelo y que con un

yo lo lla m a ría am or tierno.

solo

de

lu z .

M uch os

c ie lo s

ha

v is to

a n te s de p in ta r u no y en ese uno h a v o l­
ca d o ,

en

s ín te s is ,

c ie lo y de a z u l.

to d a

su

s a b id u ría

de

E L S A T E N C O N I.

línea

que

sentim iento.

El

se

mismo

ama

c

c a m b ia r su a z u l p o r el del p in to r, p u e s lo

M atisse

En sus dib u­

jos la línea está cargad a de te rn u ra , la

punto

de

la

vista

par que con los

fijo

no

podríam os

a lc a n z a r.

línea que se am a, la línea elegida entre
todas las lín eas, la que se reconoce dibu­
jánd ola co n tin u a, sin va c ila c ió n , como una
larga c a ric ia .

C ad e ras, hombros, cab e lle ­

ras, am adas con d electación, con seguri­
dad,

d ib ujadas

por esa

m ano que sabe

encontrar lo que quiere directam en te, y
que sabe sostener delicad am ente en sus
Ilu s t r a c ió n p a ra el libro de H en ry de M ontherla n t, P a s ip h a e , can to de M inos, 1944

dedos,

m irando

con

am or

e

inocencia,

una flo r o una b a rb illa de m ujer.

M u jeres, flores, caraco les, todos los frutos
de la n atu rale za son am ados por M atisse.
Esta posesión de la imagen queda fija d a
en los dibujos de su m adurez. Pero este
panteísm o con los años va a c ris ta liz a r en
el am or que lo ab arca todo, llegar al C re a ­
dor. C am in o de ascensión pero tam bién de
despojo. Despojarse de su m irada terreno,
de su línea tie rn a , de su com placencia en
la form a, para a d q u irir la dureza de los

En

sus

dibujos

de

la

época

fauve

el

santos.

incendio es dem asiado grande para con­

una

trolarlo,

fo rja .

la

pasión

a v a sa lla .

" D ib u ja

y

La cabeza del Santo Domingo es

línea
Y

ceñida,
pienso

doblada

que esta

a

fuego

últim a

de

etapa

todo lo dem ás se te dará por a ñ a d id u ra ".

de la vida de M atisse es el despojarse de

La línea toma por asalto el papel en una

su lenguaje terrenal para in ve n tar el idio­

continua vib ració n , en un continuo estar

ma ab stracto de com unicación con Dios.

en celo.

Es después cuando racionalm ente

descubre su linea indicadora de espacio,
la que hace c irc u la r aire entre los obje­
tos creando d istan cias en una profundidad
sin perspectiva.

En la C a p illa de Vence se ve este rechazo
de la form a terrenal en la intervención de
las

fu erzas

que

la

hacen

perecedera:

la luz de los v itra le s que inundánd ola, la
a n u la ; el m ovim iento de la via cru cis, con
Tam bién en sus dibujos de línea aparece

sus líneas d in ám icas que la qu iebran; el

esa visión m óvil del punto de v ista , como

rostro sin faccion es del Santo Dom ingo, la

si con

búsqueda de lo absoluto.

una

cám a ra

fo to g ráfica

hubiese

enfocado desde diferentes lugares, y des-

SA M U EL

O L IV E R

5

�Espaci o

a l e gr e

para

" Y o no creo que un artista haya llegado

el

hombr e

mo d e r n o

que lo herm ana con las expresiones de la

¡am as. Un a rtista evoluciona hasta el fin.

pintura ab stracta.

Estamos constituidos por m iles de elem en­

Cuando

tos que al a v a n z a r en la vida es preciso

m ural lo hace con la comprensión absoluta

ab andonar:

de estar creando el espacio adecuado para

pero se adquiere m ás de lo

que se abandona.

Es necesario llegar al

M atisse

aborda

la

decoración

que el hombre pueda v iv ir una existen cia

conocim iento de lo e se n c ia l."

cotidiana alig e rad a de sobresaltos y plena

Estas p alabras preceden el espíritu de su

de serenidad.

obra. N ace fauve, pero el fauvisme no es

Tengo ante mí la decoración para la C a ­

más que un momento, si se quiere el im ­

pilla de los Dominicanos de Vence, in a u ­

prescindible y su stancial momento que per­

gurada en

m ite su desenvolvim iento continuo, dentro

años y no lo hizo persiguiendo la o b jeti­

de una coherencia absoluta. Del color li­

vación de un sentim iento religioso — so­

1 9 5 1 ; en ella trab ajó cuatro

berado y vehem ente de ese instante, sale

lem nidad piadosa o exa ltació n m ística— ,

hacia la creación de la form a, signo de

sino infundiendo al espacio arquitectónico

su p in tu ra, el plano ab stracto; y lo a l­

aquel

canza

am algam ando

rodear al hombre de nuestro tiem po. "N o

su stancia y color sin perder la fre scu ra, la

he tenido otra am bición cuando hice la

pureza,

vio lencia y la espontaneidad

C a p illa . En un espacio m uy restringido, el

prim ig enias. Y cuando ordena ese mundo

ancho es de cinco m etros, quise inscribir

condensando color,
la

hálito

sereno

que

im aginó

debía

de planos, inventando los contrastes más

como hasta aquí lo hab ía hecho en los

variad o s, las relaciones de tonos m ás a u ­

cuadros de cincu enta centím etros o de un

daces — vio letas al lado de rosas y ve r­

m etro, un espacio e s p iritu a l."

des— , no olvida nunca lo que toda re la­

Con

ción de colores debe ser: fuente de sensa­

am arillo s y verdes— , y el dibujo de las

ciones agradables.

fig u ra s; con la concepción ad ecuada del

Con ese plano sín tesis, dice M atisse lo que

a lta r y puerta del confesionario y hasta

el

color

de

los

v itra le s

— azu les,

entiende es meta del arte . " Y o me em ­

con el diseño justo de la casu lla del s a ­

peño en crear un arte que sea para el

cerdote, adem ás de cre ar el clim a esp iri­

espectador, cu alq u iera fuere su condición,

tual propuesto dió un ejem plo de lo que

una especie de calm ante cereb ral, de tre ­

debe ser

gua, de certidum bre ag radab le, que dé la

decoración

paz y la tra n q u ilid a d ." Este es el espíritu

la

síntesis
y

la

exp resiva

form a

El collar de ám bar, 1937

entre

la

arq u itectó n ica.

BLA N CA

S T A B IL E .

La Capilla del Rosario, en V en ce; el a lt a r , el c ru c ifijo ; a! fondo , la fig u ra de Santo Dom ingo
recibe los re fle jo s lum inosos de ¡os v itra le s que co n stitu ye n la pared o p u esta, refle jo s cu ya
intensid ad v a r ía según las horas del d ía .

Señor de la elocuencia
Me gusta M atisse — y a! decir "m e gus­
ta "

m e coloco en un estcdo anterio r a

toda conceptuación—

por lo que su obra

confiere de " a le g ría de v iv ir " . Por el m en­
saje de optim ism o que se desprende de
e lla ; tal vez el único en su género ofrecido
al hombre en la prim era m itad de este
siglo. Por lo riente, lo sereno, lo fe liz . . .
Una obra de M atisse a tra e el ojo del es­
pectador y le p l a c e m ucho antes de que
éste penetre en el a n á lisis de sus com po­
nentes p lástico s;

luego

cuando

lo

hace

— al co ntrario de la obra banal de fá c il
acceso—
pera

su goce se profund iza y e x a s ­

al in fin ito ,

en

la im p osibilidad de

cap tar todo lo que de su tileza y exq uisitez
nos ofrece el m aestro. Esta deleitosa e x a s ­
peración se vue lve m ás punzante al com ­
probar la sobriedad de medios de los que
se va le ; la se n c ille z , ju ste za y juego.
Señor de la g ra c ia , de la elo cuencia, de la
m edida, todo es vida

en un cuadro de

M atisse; no h ay un centím etro de color

6

�Ma t i s s e

las

t i j e r a s

pierden las calid ad es de la m ate ria: ésta

vida

im ágenes

es una sola, uniform e. Sólo vive el plano-

En la gran sala donde hab i­

color, aunque con tal fu e rza y en co n tras­

tó,

en

un

mundo

pleno

com posiciones de

de

papeles

recortados

tes tan ajustad os que el m ate rial único,

cubren las paredes; de e lla s parten como

papel-gouache, se tran sfo rm a en tercio pe­

de un inagotable m a n a n tia l, colores, lu ­

lo; adquiere seducción tá c til.

ces, m ovim iento.

Su am or por la n a tu ­

El

espacio

que

se

crea

es

un

espacio

raleza le ha hecho reem p laza r el bosque

c irc u la n te ,

corriente

de

en m edio del cual v iv ía por este mundo

a ire , una brisa que se m ueve entre

las

de a rtific io donde cada una de las fo r­

form as.

m as ad quiere un va lo r por sí y se coor­

no de trazo a trazo , de pincelad a a p in ­

d in an

celad a , sino de form a a fo rm a, las que

en

un

gran

va lo r

de

conjunto.

es

como

una

Se establecen valo res de relació n,

M atisse dib uja con las tije ra s. Los pape­

tienden

les son para él una nueva necesidad de

Con los "papiers découpés", este artista

conocim iento.

N unca

sorpresas.

la

hay

"Es

que

tije ra s
o c re , 1 9 3 7

con

M atisse ha pasado los últim os años de su
en can tad as.

La ca b e za

di buj a

dad

una

d iscip lin ar,

asim ilarse

a

un

solo

plano.

de

llega a la culm in ació n de sus búsquedas

que

ya defin id as en algunos óleos resueltos en

"Las

grandes planos francos.Sobrepasa los lím i­

mí m ás se n sib ili­

tes de la pintura-cuad ro . Invade los m uros.

m ateria-p apel

lo

hacer v iv ir " .

adquieren para

que

búsqueda

a

car-

Ilum ina el espacio. El arabesco une todas

el

las form as en una sola form a, "re d u c e

lím ite-corte d ifiere en su v a lo r exp resivo

todas sus frases a una sola fra s e " . Y el

del

ritm o, y las líneas siem pre cu rvas im p ri­

n i I la " .

los trazos al
A sí

lo

ha

láp iz

o

sostenido,

pero

lím ite-trazo , pues la tije ra

una

m ayor

lá p iz :

decisión

dism inuye

calm a

su

la

vib ració n

la

y

obliga

a

que

e!

n itid ez

v ita lid a d

del

em ocional.

trazo ,
M atisse

men a

las

form as

recortadas un

m ovi­

m iento continuo, perm anente, sin p rin c i­
pio ni fin .

prepara previam ente sus papeles co lo rea­

No

dos al

dedicarse a co rtar papeles; no es el juego

gouache.

Luego

con

las

tije ra s

va dib ujand o las fo rm as, en las que el
plano de color conquista la suprem a je ­
rarq uía

exp re siva.

Es

el

plano

lim pio,

fra n co , sin dubitación alg u n a que actúa

es la

enferm edad

de un an cian o enferm o.

que

le

obliga

a

Estos dos c a lif i­

cativos no pueden pronunciarse fre n te a
M atisse.

No frente a quien hace su única

religión " la del am or por la obra a c re a r" .

junto 'con el color en una absoluta uni­
dad

de

exp resión.

En

cierto

modo

se

RAQ U EL ED ELM A N .

de la gracia, de la medida
Tristeza del Rey, papel recortado a la aguada, 1952

m uerto. (Color, aún cuando dibuja el b la n ­
co de su papel se vue lve color en v ib ra ­
ción).
De su obra tan extensa, prefiero las cons­
tru id as con grandes planos — coloreados
o no— planos que se v ita liz a n , ante todo,
por el arabesco lineal que los define. En
e lla s es el dibujo el que nos da la justa
m edida de su genio. Es innegable que el
color de M atisse es el más b rilla n te , el
más sonoro, el m ás límpido de todos los
pintores contem poráneos, (tal vez de todos
los pintores) pero esta calidad se la debe
en gran parte a la c a lig ra fía con que da
m edida y form a a cada su perficie. El ra ­
d iante colorista llega a su m áxim o esplen­
dor g racias al extrao rd in ario dib ujante que
m idió y asignó cada exacto lugar.
¿D eco rativo ? Sin duda, en todo lo que la
palab ra im p lica de lujosa distribución de
espacios para el m ejor desarrollo de su
tema predilecto y único. Luxe, calme et
volupté. B L A N C A P A S T O R .

7

�M atisse en el jardín de Teriade, 1951. Fotografío Henri Cartier-Bresson

8

�tn

O

Z

"D O M IN G O V l A Ü . E s t u d ia en la A c a d e m ia E s tim u lo de B e lla s
A r te s . En 1911 m a rc h a a P a r ís e in g re s a en ¡o A c a d e m ia
V i t t í, b a jo la d ir e c c ió n de A n g la d a C a m a r a s a . En 1921 co*
m ie n z a su p e rita je de o b ra s en la G a le r ía de G e o rg e s P e tit.
En 1 9 3 9 re g re s a a n u e s tro p a ís y r e a liz a u n a e x p o s ic ió n
o r g a n iz a d a por el M useo M u n ic ip a l de B e lla s A r t e s , y f u n ­
d a m e n t a lm e n te con tr a b a jo s de 1 9 1 8 y 1 9 2 0 . D ire c t o r del
M useo N a c io n a l de B e lla s A r te s de 1 9 41 a l 4 3 . En 1 9 4 5 ,
e x p o s ic ió n en W itc o m b . C o n p o s te rio rid a d in te g r a un c o n ju n ­
t o en la So c ie d a d .H e b ra ic a A r g e n t in a .

t—

z
LU

O

'Encuentro a Dom ingo V ia u en su lib rería de la c a lle Flo rid a, como siem pre accesible
*a la co n su lta, dispuesto a la conversación sobre lo que es y ha sido su m undo: la
p in tu ra, el libro de a rte , el inform e sobre la au ten ticid ad de los cuadros. Le com unico

&lt;

que V E R Y E S T IM A R ha resuelto dedicar un núm ero a M atisse y le interrogo sobre la
justeza del hom enaje.
— M e parece oportuno y justo, ya que la m uerte del gran pintor ha quedado sile n ­

(/ )

ciada en Buenos A ire s.

&lt;

m entalm ente en sus relaciones con Picasso y Braque.

I—

— M e interesa M atisse porque a travé s de todas las m odificaciones periódicas m antu vo

&lt; S)

&lt;o Braque porque no retacea las posibilidades exp re sivas de la p in tu ra. Braque lo expresa

Enfocam os el va lo r de M atisse en la historia de la pintura de nuestro siglo y fu n d a ­

un m ismo m ensaje, dijo algo siem pre: eq uilibrio y serenidad de su a lm a; pero prefiero
ítodo en la profundidad de los tonos y en la calid ad de la m ateria p ictórica que despierta
¡un m isterio inacab ado y pleno de sugestión para quien es cap az de saborear hasta las
¡ínfim as posibilidades de la pintura.
o ¿

¡El a rtista que es V ia u — lírico y rom ántico— , se com prom ete ín teg ram ente. No puede
o cu lta r que para é l, el m ensaje de la p intura está en ese mundo de im ágenes rehechas

u,
cO
cO
t—

&lt;

I

o

con tonos y m ateria y em barca

d e fin itivam en te su ju icio , declarando a Bonnard el

pintor m ás rico del siglo, porque tam bién el suyo es un mundo fe liz pero evocado en
riquísim as arm o nías de grises . . .
Recabo su opinión sobre ei período más importante de Matisse, en cuanto a creador
de formas.
— Prefiero el correspondiente a la época de sus odaliscas porque a lc a n z a la m adurez

en
o
&lt;s&gt;

»-

Z

^

|

3

O

u

def trazo en cuanto a la sín tesis y a la deform ación exp resiva.
íPregunto sobre ia influencia que tuvo el artista sobre sus contemporáneos y en especial
sobre la iuventud de Am érica que permanentemente va a Francia en procura de una
renovación de sus inquietudes plásticas.
— El leng uaje de M atisse es de in flu e n cia tra n q u ila , no llega a conm over brutalm ente;
n o se im pone como el de Picasso. No hay matissistas como hay picassianos, quizá
¡porque éste tiene la fu e rza v ita l de los genios.
R eclam o una ac la ra c ió n .
— Llamo a Picasso genio, porque a la m anera de los grandes de toda la historia del

In te r io r en a m a r illo y a z u l, 1 9 4 6

a rte , jam ás se detiene, m antiene la tensión creadora, m ejor la in ve n tiv a , hasta estos
últim o s m om entos: sus posibles redundancias, son solam ente respiros, porque de In ­
m ediato nos sorprende con nuevos signos. En cam bio M atisse, al llegar al recorte de
papel, al conform arse con él, a flo ja en cie rta m edida.
N o me sorprende la a cla ra ció n puesto que en oposición jerarq u izó a Bonnard; como
ad vierto que llega un juicio sobre la pintura abstracta, salgo a su encuentro.
— El recorte de papel, aunque m antenga la vib ració n del color y aunque la línea
lím ite sea aún la rectora de su form a no tiene la posibilidad de llegar a trad u cir la
com p lejidad de todo el mundo plástico . Para

mí ese mundo ha de apoyarse siempre

en im ágenes. El plano abstracto desvirtúa el m ensaje de la p intura.

En realidad no

es pintura como yo la siento, sino otra cosa.
Com prendo que es la opinión de un a rtista de ay e r. A cepta mi c rite rio ; m ás, me dice
que esa idea que tiene de sí m ismo lo ha llevado a g u ard ar su paleta.
— -Q uizá la absoluta dedicación con que me entregué al p e rita je de obras me absorbió
de tal modo, que sustrayéndom e a la creación im pidió mi acercam ien to a las nuevas
expresiones del siglo.
Llegados a esta a ltu ra de la conversación le expreso m i agrado e interés por ella y
mí propósito de in c lu irla en V E R Y E S T IM A R . No sin sobresalto y con m odestia asegura
que nada de lo dicho es tan su stancial como ju icio para ab rir una encuesta. Y exp lico
que justam ente su condición de a rtista de otra generación y su especial calid ad , m ás
de uno vez recordada por nosotros, ju s tific a n la ub icación.
De la co n ve rsació n m an te n id a por B L A N C A
S T A B IL E y ap ro bad a por el a rtis ta .

9

�LU IS S EO A N E N a c e en B u e n o s A ire s en 1 9 1 0 . R e a liz a e x p o ­
s ic io n e s in d iv id u a le s en e s ta c iu d a d , M o n te v id e o , L im a y
C a r a c a s ; lu e g o p a r t ic ip a en la e x p o s ic ió n de la A g ru p ació n
de A rtis ta s La tin o a m e rican o s o r g a n iz a d a por la lln e s c o en
/•arís. Ilu s tr a d o r de lib ro s de A lb e r t i, Q u e v e d o , H u x le y , Y e a t s ,
V a le r y . Sus p in tu ra s son c o n o c id a s en L o n d re s y su s d ib u jo s
en N u e v a Y o r k d ond e se s e le c c io n a r o n , co m o la s m e jo re s
ilu s tr a c io n e s d el m u n d o e n tre 1 9 3 5 y 1 9 4 5 , la s q ue in te g r a n su

EM IL IO C E N T U R IÓ N P in to r a rg e n tin o n a c id o en 1 8 9 4 . E stu d io
h a s ta 1911 con el m a e s tro it a lia n o G in o M o re tt i. O b tie n e n u ­
m erosos p re m io s : el G ran prem io de honor y M e d alla de Oro
de la E x p o s ic ió n In t e r n a c io n a l de P a r ís en 1 9 3 7 . E n v ía c o n tri­
b u c io n e s a d iv e rs a s e x p o s ic io n e s d el p a ís y el e x t r a n je r o .
F o rm a p a rte del p rim e r g ru p o de p in to re s m o d e rn o s o r g a n i­
z a d o por A lfr e d o G u tte ro . V ia ja por E u ro p a y d u ra n t e tr e in ta
a ñ o s d e s a rro lla a c t iv id a d e s com o p ro fe s o r de p in tu ra en e s t a ­
b le c im ie n to s n a c io n a le s de e n s e ñ a n z a a r t í s t i c a . M ie m b ro de
la A c a d e m ia N a c io n a l de B e lla s A r te s y de la G a le r ía C u lt u ­
ra l de la A c a d e m ia N a c io n a l d el B r a s il. Los m useo s de M ilá n ,
B u e n o s A ir e s , E v a P e ró n , S a n ta F e , R o s a rio , e t c ., c u e n ta n con
o b ra s s u y a s , lo m ism o q ue la s p rin c ip a le s c o le c c io n e s p riv a d a s ,

H om enaje a la

M atisse acaba de m orir, de modo que cabe re a liz a r un prim er b alance de su obra.

No conocía a Em ilio C enturión m ás que a través de sus obras, buena parte de las
cuales h allo expuestas en

las paredes de su am plio y ordenada estudio.

Torre de H ércu les.

— ¿Lo

Le hago

co nsidera

Ud.

como

tanto s,

uno

de

los

m ás

grand es

pintores

d el

sig lo?

conocer el objeto de mi visita y lo invito a p a rticip a r en este hom enaje a M atisse.

— Para mí es, desde luego, uno de los m ás grandes pintores de nuestra época. C uidó

Acepta gustoso,

del ritm o y de lo línea en el dibujo. Am ó intensam ente el color, ese color plano,

luego de a clararm e con fra n q u eza que estim a

la

c rítica

de

arte

realizad a en función de ideas aun cuando no sea halagüeñ a para el a rtis ta , siem pre

lim pio y decidido. E xa ltó la n a tu ra le za tran sfig urán d o la a tra v é s de sus sensaciones

que sea respetuosa y esté inspirada en el a fá n

de com prensión. Con este espíritu

y ap licó a toda su obra un sentido de la medida sin p aralelo en la pintura a c tu a l.

siente la c rític a a su últim a exposición ap arecid a en el núm ero 1 de nuestra revista,

Supo cu b rir los grandes planos de sus colores con los m ás bellos arabescos deducidos

cuya nueva presentación elogia generosam ente.

de los hojas carno sas de los árboles m editerráneos, de las bellas te las, de las fru tas

Entram os en el

tema M atisse.

y de los p á ja ro s, y amó el dibujo, ese género del arte que cu ltivaro n m ás que nunca

— ¿Cóm o

Ud.

ubica

a

M atisse

en

lo p i n t u r a

del

sig lo

en su v e je z los grandes artista s que tam bién lo am aron en su sim p licid ad , haciéndolo

XX?

nido una línea estética siem pre ap asio nad a, pura y original a travé s de los diversos

m ás sim ple y estricto o medido que e n v ejecía n , artista s tan d ispares, y tan
en alg uno s p referen cias, como H okusai y Goya.

períodos.

— ¿P o d ría

— Lo considero ante todo como un revolucionario, q u izá el prim ero que ha m ante­

— ¿En

qué

m o m ento

ve

p la n te a d a

¡a

in n o v a c ió n ?

Para ap reciarla debemos rem ontarnos a la época de su prim o ia actu ación cuando

Ud.

ca ra c te riza r

sim b o lizó

co n

sus

form as

in flu e n c ia

en los p i n t o r e s

y

el

sentid o

qué

se

de

su

p ro puso

exp re sió n ?
expresar

con

¿Cóm o
ellas?

es
¿Ha

el

unidos

mundo
e je rc id o

que
gran

d e su t i e m p o ?

s? rebela contra los hábitos nefastos y las im posiciones acad ém icas. Una obra resume

— Dibujo y color se separaban rigurosam ente en su obra y se unían, con no menos r i­

para mí elocuentem ente aquel espíritu de rebeldía:

gor, en su separació n, creando un sentido exp resivo distinto, interpretando la fig u ra hu ­

La

joie

de

vivre

de 1 9 0 6 . Obra

de juven tud , de com bate, con ella rompe con toda norma trad icio n al, y expresa con

m ana, la n a tu ra le za o los objetos que le rodeaban de m anera inédita hasta él y encon­

la fu e rza y la aleg ría de la que él sólo es c a p a z , la intuición de un nuevo universo.

trando en sus proporciones el p rin cip al motivo de expresión. Es un pintor ra c io n a lista ,

— ¿Com o

ve c o n f i g u r a r s e

Ud.

la

nueva

e sté tica

a

p artir

d e e se

cartesiano , francés por estas cualid ad es. Es curioso observar cuánto tienen de franceses

m o m ento?

pintores como M atisse o Braq ue; de españoles, Picasso o G ris; de ruso C h a g a li; de

— Según sus propias d eclaraciones, su estética no reposa en ning una teoría c ie n tífic a ;
se basa en la observación, el sentim iento y en la exp eriencia de su sensibilid ad, las

holandés M ondrion, e tc .; cómo de ese intern acio nalism o instalado teó ricam ente en arte

que traspone en intensa expresión p lástica.

surgen c a ra cte rística s n acio nale s, por encim o de las reglas. En la falsedad de la Escuela

— ¿Podría

em peñarse

en

p u n tu a liza r

los

elem en to s

in n o v a d o re s

que

in teg ran

de P arís los a rtista s apenas están unidos por algo m ás que por su libertad, por su

d ich a

dom icilio, pues cada uno es, en d e fin itiv a , del país de su in fa n cia y de su juventud.

exp resió n?

— A n te todo la sustitución de las form as hechas con el color y las arm o nías dom i­

En M atisse la fig u ra hum ana de su pintura no es superior ol medio, sino que aparece

nantes por verdaderas sin fo n ías cro m áticas. La construcción por su p erficies

envuelto por él sin lleg ar o tener un v a lo r superior. A l igual que en la hoja de papel

in ten sa­

La

a le g r ía

de v iv i r ,

190 5 , Fu nd ación

Bornes

m ente ilu m in ad a s, respetando e! plano, atendiendo a las relaciones de espacio, de

eq uilibra los blanco s, en la tela o en el muro los tonos, no estableciendo distinción

acuerdo al áre a del cuadro. En ese colorido adquiere el resplandor y transparencia

alguno entre la co nstrucción de un dib ujo , las p áginas de un libro, un objeto de o rn a ­

m áxim a por el blanco puro de la tela. Luego el dibujo directo, dinám ico con defor­

mento o un cuad ra.

m aciones siem pre exp resivas.

im p o rtantísim a en el arte de nuestro tiem po. Liberó a la pintura de p rejuicio s, lo hizo

— ¿Han

d e r i v a d o l a s f o r m a s de M a t i s s e h a c i a

plano , b rilla n te , elim inó todo lo superfluo , la hizo sabiam ente elem en tal, in tu itiv a ;

un v e r d a d e r o le n g u a je ?

— Su in flu e n cia tiene un sentido un ive rsal. A lg u n a s escuelas y grandes artistas
dernos

no

hubieran

culm inado

en

las

form as que

los c a ra cte riza n

sin

el

m o­

aporte

s on

la s

relacio nes

La

danza,

1933, Fund ación B orn es, M erion

¿cómo no hab ía de in flu ir en los a rtis ta s que llegaron luego?
— ¿ E n q u é m o m e n t o de su la r g a v i d a

c r e e q u e l le g ó a l a m a d u r e z

de su a r t e ?

— Se puede asegurar que su m adurez la a lca n zó en la prim era decena del siglo y vino

extrao rd in ario del artista.
— ¿C u á le s

Ha creado form as de valid ez universal ejerciendo uno in flu e n cia

de M a t i s s e

con

el

arte

sosteniéndolo igual desde entonces, cualq u iera sean las etapas que p refiram o s. Por mi

ab stracto?

— A u nq ue él, como todos los a rtista s modernos, se haya valid o de elem entos abs­

porte prefiero gran parte de la pintura de 1 9 0 6 a 1 9 1 7 ; L a d a n z a de 1 9 3 3 ; los in te ­

tractos

riores rojos y los grandes desnudos de 1 9 3 5 - 3 6 ; las b a ila rin a s de 1 9 4 2 ; A s i a de 1 9 4 6 ;

para

sus creacion es, siem pre

es

un

pintor fig u ra tivo .

No recuerdo

haber

de 1 9 4 8 y los dibujos de todos las etapas.

visto de él nada absolutam ente ab stracto , ni aún en sus últim os juegos de c c l l a g e s

El a n a n á

que son los que m ás se ap roxim an a ese modo de expresión.

— ¿ C u á l será

— ¿ P o r q u é los i n t e r p r e t a d e e s e m o d o ?

— A l m argen de su tem as rom ánticos, que sim plem ente eran p retexto , se le tendrá en

el ju ic i o

de

la p o s t e r i d a d

sob re

su o b r a ?

— Porque en ellos se m antiene la sugestión del mundo orgán ico; y cuando quiere

el porvenir, por su c la rid a d , como uno de los m ás grandes clásico s de nuestra época y,

co nstru ir m ás ab stractam en te relaciones puras, el espacio contin úa sintiéndose repre­

sin afán de exp re sar paradoja alg una, como uno de sus grandes acad ém ico s, pues en

sentativo .

el fondo de coda obra suya existe una ordenación respetuosa con lo A c a d e m ia , cloro

— ¿ C u á l de las d ive rsas

etap as co nsidera

— Com o lo expresé en un com ienzo, la

que con la A cad em ia de Fra n c ia que siem pre es m ás lib re que la de o tras partes. La

m ás v a lio sa ?

que centra el espíritu

de rebeldía de los

jóvenes f a u v e s ; y luego la ú ltim a , por la síntesis de sus im ágenes.

posteridad enco ntrará tam bién en su obra ese lujo necesario sobre el que escribió
espléndidam ente A rag ó n .

T e rm in a Em ilio C enturión trayendo a cuenta un episodio que recalca el sentido de la
síntesis m a t i s s i a n a .

La pintora arg entina A lic ia Pérez Peñalba no ha

mucho tiempo

visitó al artista y posó para una serie sucesiva de dibujos. Llegado el últim o, el pintor
le dijo: "C e rra ré los ojos y reproduciré su imagen en el plano b la n c o ".. Y

a s í, sin

más apoyo qué el de la m em oria, ese últim o trazo condensó todas las exp eriencias
anteriores de su mano.
De la co n ve rsació n m an te n id a
y ap ro bad a por el a rtis ta .

10

par B L A N C A

S T A B IL E

De la co n ve rsació n m an te n id a
ap ro bad a por el a rtis ta ,

por

EN R IQ U E

N AGEL y

11

�M IG U E L O C AM PO

P in to r y a rq u ite c t o no ce en 1 9 2 2 . En 19 5 0
r e a liz a en P a r ís u n a e x p o s ic ió n in d iv id u a l y p a rtic ip a en
o tra s c o le c t iv a s . E xp o n e en !a G a ie río V ia u y K ra y d de B u e n o s
A ir e s , con el Grupo de A rtis ta s M odernos de la A rg e n tin o ;
so lo , en la G a le r ía B o n in o . En 1 9 5 3 e n e l M useo de A r t e M o ­
derno de R ío de J a n e ir o y en e l M useo M u n ic ip a l de A m s te rd a m . En e l m ism o a ñ o , p a rtic ip a en la S e g u n d a B ie n a l de
San P a b la .

M e encuentro con Ocam po y conversando a ra íz de la m uerte de M atisse, le form ulo
una serie de preguntas, que originan el interesante diálogo, que transcribo:
— ¿ Q u é p i e n s a en g e n e r a l s o b r e

M atisse?

— En realidad no pienso nada, me dice sonriendo, me gustan sus cuadros pero hasta
ahora no me detuve a a n a liz a r el por qué.
— ¿ P e r o lo c o n s i d e r a u n o d e los m á s i m p o r t a n t e s p i n t o r e s d e l s i g l o X X ?

— Sí, evidentem ente, no y a como padre de la pintura a c tu a l, sino m ás bien como
el abuelo.
— ¿ P o r q u é no m e a c l a r a

e se c o n c e p t o en f u n c i ó n

d e lo q u e u s t e d c r e e , s e r á

el ju ic io

d e la p o s t e r i d a d ?

— No creo que sea necesario esperar;

el valor de M atisse

ha sido ya

reconocido.

Como pintor pertenece a una época p retérita, su in flu e n cia tam bién es pretérita y no
recae directam ente sobre nosotros, por eso lo siento como abuelo. Pero como no soy
profeta, no puedo d e cir si el futu ro reconocerá un alcan ce aún m ayor a sus obras
— ¿ C u á l es su p o s i c i ó n c o n r e s p e c t o a M a t i s s e ?

— En realidad no lo he tomado nunca como punto de referencia.
mí

ha sido inconscientem ente, como pueden

in flu ir todas

Si ha influido en

los form as

incorporadas

a lo cotidiano.
— ¿Y

su

parecer

s o b re

la a c t i t u d

de

M atisse .

Picasso

v Braque?

-— Por un lado es preferible c re a r el cubism o (B raq u e, Picasso), que b a u tiza r despec­
tivam ente c u b i s m o al m ovim iento (M atisse ). Pero por otra partes es preferible seguir
una trayecto ria con fe, salud y aleg ría (M atisse) que tra ic io n a r a la p in tu ra, fo s ili­
zándose o convirtiéndose en v e d e t t e para uso del com unism o.
— ¿Cree

usted

que

la

exp re sió n

de

M atisse

tiene

un

— Bueno, su postura fué un poco de espaldas al

sentid o

so cial?

mundo real, porque su verdadero

mundo fué el de sus propias imágenes.
— ¿De
de

modo

M atisse

que
no

según

e sta ría n

u s t e d , el o p t i m i s m o y la a l e g r í a
expresam ente

d irig id o s

— No d iría tanto. Las obras de arte tienen

a

los

que

em anan

de

los c u a d r o s

hom bres?

todas un sentido so cial.

Pero no creo

que en M atisse la idea de lo social fuera previa.
— E n t o n c e s , d e s d e el p u n t o de v i s t a de su e x p r e s i ó n

— ¿Y

in d iv id u a l, p re v a lec e

cómo delim itam os lo subjetivo de lo objetivo? A d em ás, cada

lo s u b j e t i v o .

hombre

es su

propio punto de p artida.
— ¿Y

cuál

le

parece

que

fué

la

época

d e su

m adurez?

— Las obras del 16 son en realidad las que m ás me g u stan, como ésta que vem os;
sin em bargo, un ju icio objetivo me in clin a a consid erar las del año 19 4 0 como res­
pondiendo a su verdadera m adurez.
— ¿Qué

o p in a

de

su

ú ltim a

obra

im p o rta n te ?

— No me atrevo a ju zg a r la c a p illa de V ence, pues no he tenido

oportunidad de

v is ita rla ; sin em bargo, por lo que he podido ap reciar en fo to g ra fía s, el estilo de su
arqu itectura

no me parece

nada renovador. Sería

necesario tom ar contacto directo

con su estructura en función con todo lo dem ás, para poder opinar con certeza.
De la co n ve rsació n m an te n id a
y ap ro bad a por el a rtista .

12

por S IL V IA

A M B R O S IN I

El p in to r y su

m o d e lo , 1 9 , 6

�M A N U EL CO LM EIR O

E

&lt;— '

X

P

O

S

I

C

I

O

N

E

S

Por tercera vez desde 1941 en que realizó
su prim era

exposición en

Buenos A ire s,

me ocupo del arte de M anuel C olm eiro.
En m is c rítica s anteriores ya le reconocí
las dotes de pintor que posee, pero le
form ulé

algunos

reparos

en

lo

que se

refiere a los medios técnicos — pobres y
precarios entonces—

y a la persistencia

de una tem ática del recuerdo que le im ­
pedía, a mi ju icio , obtener una expresión
acorde con la época y de m ás a lta calid ad .
Los cuadros

realizad os en

París y que

acaba de exponer en V ia u dem uestran que
ha

hecho

progresos

e xtrao rd in ario s

en

ambos sentidos. En las n atu raleza s m uer­
tas -— punto alto de la exposición—

pero

tam bién en los p a isajes y en alg unas fig u ­
ras su leng uaje de pintor se ha afin ad o ,
tanto en la riqueza de íos planos tonales
como en la m odulación de éstos en re la ­
ción con los trazo s, y su dibujo se ha
hecho m ás

incisivo , menos sujeto a las

cosas que representa. Fragm entos h ay en
alg unas te las que son de m ano m aestra.
De tal modo, sin dejar de ser él m ismo,

M A N U EL COLM EIRO

re a liza una pintura de alien to u n ive rsal,
superando casi siem pre el folklorism o g a ­
llego de otrora.
Se ve que en estos años de severo estudio
en P a rís ha estudiado a C é zan n e , elección
por cierto acertad a teniendo en cuenta su
tem peram ento. No es un c é z a n n i a n o , em ­
pero, como y a se le em pieza a acu sar. Es
un

pintor

que

honestam ente

busca

en

aquel gran m aestro el estím ulo y la ense­
ñ an za

para

perfeccionar su

sistem a

de

form as. Y a fe que lo logra en lo que se
refiere a éstas, ind ivid ualm ente conside­
radas, una m anzana por ejem plo, mas no
en

la com posición, elem ental e ingenua

casi siem pre, cuando no ilógica al propo­
nerse la creació n de fondos con planos de
tin ta hom ogénea, y a menudo sin la debi­
da unidad.
No es su pintura la que corresponde a las
inquietudes de nuestro tiem po. Colm eiro
es un fig u rativ o sin vacilacio n es. Y como
tal lo juzg o , ya que por el hecho de que
me

p arezca

m ás

fecunda

la

tendencia

ab stracto , en el mundo de la pintura que
se re a liza en el cuadro, o la tendencia
co ncreta, en el mundo de la pintura que
habrá de evadirse del cuad ro, no se me
escapa una m anifestación de tan a lta c a ­
lidad

p lá stic a .

M as aú n ,

la señalo con

gusto, no porque desee que los jóvenes
argentinos

busquen

tam bién

su

in sp ira ­

ción y enseñanzas en C ézan n e, sino por­
que sí me parece necesario que encuen­
tren sus modos de expresión con idéntico
esfuerzo y honestidad. J. R. B.

13

�RA U L RUSSO

RA Ú L RUSSO

yarse el a rtista no en el blind aje sino en la

C

su b stan cia.

(G a le ría

W itco m b .)

E.

F.

P.

Oue Russo no se propone im itar sus mode­
los ap licand o

la

técn ica

n a tu ra lista ,

es

que ellos respondan, como en cu alq u ier
obra de a rte , a una idea rica en em oción,
aunque se presente con aspecto de p re ci­
sión geom étrica. Una te la , la que repro­

SIM O N A ERTAN

obvio; sin em bargo, alg unas telas se a c e r­

dujo en el catálo go, perm ite a b rirle c ré ­

can a esa tendencia pero se intuye que

Esta joven pintora acaba de re a liz a r en

k»o

es como pronta solución al problem a

K rayd su prim era exposición. A lg ú n cuadro

dito. J . R. B.

c

sino que, estando unido a sus modelos por

señala su inclinació n al m anejo de g ra n ­

vínculos sentim entales no ha podido m e­

YAGl

des planos en tonos enteros, yuxtapuesto s,

Es evidente que el pintor japonés Y a g i

nos que proyectar sus afectos, o b je tiván ­

a la m anera de V a s a re ly , pero la m ayoría

tra ta de liberarse del enfoque fig u ra tiv o :

dolos con

En g eneral,

revelan más bien su empeño por incorpo­

basta com p arar su cuadro " B a rc o h o lan ­

Russo ha sabido desg ajar inteligentem ente

rarse de m anera ortodoxa al m ovim iento

d é s" del año 1951 con los óleos m ás re­

de cada personaje su envoltura su p erficial

concreto.

cientes de p a isajes nuestros. En éstos bus­

para ofrecernos la esencia in tim a. D isto r­

Sin los recursos de que se vale el pintor

ca la división de la im agen m ediante pe­

siona los planos por un m ecanism o de h a ­

fig u rativo , de cualq u ier tendencia que sea,

queños planos de color que ensam blan rít­

bilidad

a veces el

los que provienen en últim a in stan cia del

m icam ente dentro de las form as que le

sentim iento; satura cada enfoque con to­

grado de tensión em otiva que im prim e en

sirven de sostén. H ay algo de "im p re sio ­

nos sobriam ente sig n ifica tivo s; em plea el

cada p incelad a, y sin la debida perfección

n is ta " en su m an era de p in tar: las im áge­

dibujo a veces como lím ite de las cosas, a

té cn ica

form al

nes y el espacio son reconstruidos por el

veces como

nitid ez

técn ica

obligada.

donde aflo ra

repetición

de un

ritm o,

a que obliga el sistem a

de

que em plea — fondos de color unido que

ojo recién a Id d ista n cia . Curioso tam bién

donde resulta la elocuencia de numerosos

dejan ver alg unas p incelad as, trazos rec­

como a p lic a e xtrañ o s toques de colores so­

trab ajo s. T ie n e esta exposición una calidad

tos que no lo son, planos v a c ila n te s o to r­

noros que al romper una perspectiva tonal

p e cu liar; su v alo r reside en la captación

pes, e tc .— , desnudas las form as, por d e cir­

m ás bien e stá tica ,

que el artista ha hecho de cada modelo:

lo a s í,

m ente para d in a m iz a r el espacio.

resultan

pobres en su expresión.

se ad elantan

fu e rte ­

no especula con rasgos sig n ifica tivo s, ni

No basta

la

Una paleta sobria y cuidadosa, con pre­

con atrib uto s p a rticu la rísim o s, ni con m í­

pintura co ncreta, que es m ucho m ás que

dom inio de los tonos bajos, respalda este

m icas c a ra cte rístic a s. Sin em bargo están

la m era

esfuerzo serio y responsable. (G a le ría V a n

a llí personalm ente objetivados, por apo­

planos de m anera e q u ilib rad a; es m enester

14

em plear

los elem entos de

disposición de puntos, líneas y

R ie l.)

E. N .

�T O R R A LLA R D O N A

E

X

P

O

S

I

C

I

O

N

E

S

A I penetrar en el mundo de T o rrallard o n a ,
nos sorprende la presencia de un m arcado
dinam ism o que se m an ifiesta en cada uno
de ios cuadros, pero caracterizan d o d is­
tintos elem entos pictóricos.
G racias a esa fu erza tan co m u n ica tiva, la
línea

se

hace

tensa,

penetrante, firm e,

cargad a de un sentim iento contenido; la

T O R R A LLA R D O N A

m ateria se brinda con riqueza en un ju e ­
go de trazo s m ultiform es orientados en
in fin ita s

direccio nes;

el

plano

aparece

como elem ento constructivo de form as que
sostienen un espacio creado por ellas m is­
m as; el dibujo modela superficies que pa­
recieran querer s a lir del m arco para perm i­
tir la m anifestació n de una atm ósfera d¡n am izad a por los apoyos constructivos; el
:o lo r cobra vida por la fu erza que le otor­
ga

(a disposición de

la m ateria que lo

contiene y la composición crea ritm os á g i­
les.
Este nervio poderoso, anim a im ágenes d i­
versas: escenas n a tu ra lista s, fig u ra s, p a i­
sajes, n a tu ra le za s m uertas, donde se des­
tacan em pastes heterogéneos, dibujos con­
cisos

o

prem editadam ente

esbozados,

estructuras p ian ísticas d e fin id as o p a rtic i­
pación del plano en el tratam iento de zo­
nas determ inadas, espacios donde se m ue­
ven

las

form as

pintadas

o

el

espacio

como organism o v iv e n c ia l.
El m e n so je .d e To rrallard o n a nos habla a
través de su obra, de una potencia gene­
radora de la vid a, que se m antiene latente
en las fo rm as, y espectante en el espacio
que se a n im a para d e c ir a lg o ,

cuando,

como en este caso, el pintor es adem ás
un a rtis ta . (G a le ría Bonino.) O. L. C H .

C LO RIN D O T E ST A

CERD A C A R R ETER O

TORRES AGÜERO

¿Geom etría o representación? A m b as fu e n ­

Preocupado por d in a m iz a r sus estru ctu ras,

tes

Torres A g üero pierde a menudo el e q u ili­

de inspiración

se

reconocen

en

las

obras. Ha estudiado los modelos n aturales

brio que debe

y luego de una elaboración

m ental, los

cap az de exp re sar un contenido con c la r i­

e x is tir entre

una

form a

Fresco aún el recuerdo de anteriores e x ­

traduce g racias al em pleo de triáng ulo s y

dad y un espacio que no esté ajeno a las

posiciones, la presente sobrecoge y d e silu ­

rectángulos, en ritm os plásticos que m an ­

posibles alusiones de esos contenidos, sean

siona. Sobrecoge al preguntarse cómo ha

tienen el recuerdo de los objetos reales.

podido torcer un cam ino plenam ente co­

El espacio en que se ubican o m ueven sus

m enzado; desilusiona el ver que ese acento

personajes, está vinculad o con

lírico de anteriores trab ajos se ha conver­

ra m etafísica y el cubism o.

tido en desorganización. H a y en su modo

El conjunto no sig n ifica

de

un

dentro del cam po de la pintura de nuestro

absoluto olvido de los cánones que rigen

tiem po. Sin em bargo y dado que se trata

su ub icación en el espacio y su relación

de un jo ven , el suyo es un buen punto de

con él.

p artid a, pudiéndose esperar m ayor o rig i­

m a n e ja r

las fig u ra s

geom étricas

En sus anteriores urdim bres de

finos h ilo s, en su din am izada

p la n ific a ­

una

la p in tu ­
innovación

racio n ales, se ntim entales, religiosos, so cia ­
les, históricos o políticos. Llevado por este
a fá n somete a la im agen a una división
acen tu ad a, que lejos de otorgarle co he­
sión, la d esvirtúa en sus posibles s ig n ifi­
cacio nes; y construye el espacio por m e­
dio de una sucesión de planos que lo e sta ­
tiz a n ,

en

lug ar de enriquecerlo

con

la

sugestión de los ritm os que podrían des­

nalid ad en el futu ro.

prenderse de ellos.

Todo el co njunto se

ción, hab ía una sugestiva potencia lírica

Ilum inació n y atm ósfera se ofrecen como

que no tam b aleab a

debido al eq uilibrio

to talid ad . Parece que el a ire se c a rg a ra de

entre razón y sentim iento. Hoy, an te la

gotas de luz y Juego de a s im ila ría , respe­

tos plásticos, que encuentran en el color

m etam orfosis de esa e stru ctu ra, cabe pre­

tando sus condiciones de vida se volcara

y el em paste un débil apoyo em ocional y

guntarse

o debilidad.

a través de una unidad sólid a, bañando

resu ltan

e sp iritu al au téntico. C am in os de búsqueda

si

es ind iferen cia

resiente por esta acu m u lació n de elem en­

in eficaces para

cre ar

un clim a

A ú n , es verdad, queda la g racia del color

los objetos, pero sin destruirlos en su m a­

depurado, el empleo del blanco y negro de

terialid ad .

exp licab les en un joven a rtis ta , em peñado

a tra ye n te fin u ra ; pero eso, no sólo no basta

El color, que siem pre se apoya en el d i­

en e xte rio riza rse con sinceridad y en sub­

sino que no a lcan za a c u b rir las leyes que

bujo y

ra y a r en sus obras cierta genuino senti-

rigen un producto estético como es un c u a ­

necesidad de entonar con las gam as m e­

m entalidad

dro. (G a le ría K rayd ) E. F. P.

d ia n as. (G a le ría P lá stic a ). E. T .

b raica A rg e n tin a ). A . L

la com posición,

responde a

una

exp resionista.

(Sociedad

He­

C.

15

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GENERAL

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Ver y Estimar : revista de crítica artística</text>
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                <text>Serie 2. No. 3</text>
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                <text>Título anterior: Ver y Estimar : cuadernos de crítica artística</text>
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                <text>Ver y Estimar S.R.L.</text>
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              <elementText elementTextId="2004">
                <text>Matisse, Henri&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Gay, Edith&#13;
Tenconi, Elsa&#13;
Oliver, Samuel F.&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Viau, Domingo&#13;
Centurión, Emilio&#13;
Seoane, Luisa&#13;
Ocampo, Miguel&#13;
López Chuhurra, Osvaldo&#13;
Poggi, Elena&#13;
Loza Colomer, Azucena&#13;
Nagel, Enrique</text>
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                    <text>rn

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mi i j

revista mensual de crítica artística serie 2 N°. 2

�Eugenio D’Ors

VER Y ESTIMAR
re v ista m e n su a l de c r ít ic a
a rt ís t ic a
C O M IT É DE R E D A C C IÓ N
S ilv ia A m b ro s in i R a q u e l E d e lm a n
Jo rg e G lu sb e rg E n riq u e N a g e l
A lfr e d o E . R o la n d

En E u g en io D 'O rs se a u n a b a n sin g u la rm e n te el a rtis ta y el pensador.
G ra n in te le c tiv o , poseyó el a rte de e x p re s a r sus ¡deas en un estilo
p re ñ ad o de b e lle z a , h a s ta un p unto ta l que re su lta d ifíc il su c la s if i­
c a c ió n . N o llegó a se r un filó so fo sis te m á tic o , p ro b ab lem en te porque
g ra v ita b a m á s en su e s p íritu la a c titu d e s té tic a que la ra cio n a l cog­
n o s c itiv a .
Fu é a n te todo, in d u d a b le m e n te , un c rític o . G rá v id o de ¡deas y con
fin a a g u d e za abo rdói te m a s y p ro b le m a s d ive rso s, b rin d an d o por lo
g e n e ra l ju ic io s m a d u ro s, rico s, su sta n cio so s. Fu é el filó so fo de las
" g lo s a s " , a to m iz a d o y p e n e tra n te ; in te lig e n c ia v ig ila n te y á g il, fué
un v e rd a d e ro a n im a d o r de la a c tiv id a d in te le c tu a l, de la c u ltu ra . Su
e stilo o s c ila e n tre la te rs u ra de la fo rm a c lá s ic a , c a p a z de darnos un
p e n sa m ie n to c a si d esnu d o , y la to rtu ra d a fo rm a b a rro c a , rica en m a­
tic e s , su g e rid o ra . P o r a lg o se m a n tu v o fie l en su a d m ira c ió n por lo
c lá s ic o y , a l m ism o tie m p o , re v a lo riz ó lo b arro co ■
— el barroquism o
de C h u r rig u e ra — .
C u a n d o v in o a n u e stro p a ís en 1 9 2 1 , llegó com o un h e rald o de la
" m o d e r n id a d " . L a g e n e ra ció n de h o m b res que e m p e záb am o s enton­
ces a n u trirn o s , que a p e te c ía m o s n u trirn o s con la s a lta s exp resio nes
c u ltu r a le s , le debem os m u ch o sin d u d a. C o m o le som os deudores
ta m b ié n a O rte g a y G a s s e t, el otro h e ra ld o c u ltu ra l de a q u e lla época
de p o sg u e rra , p re m o n ito ria de la c r is is a c tu a l. Esto s dos a cu cia d o re s
del e s p íritu sa c u d ie ro n la m o d o rra de n u e stra p ro lo n g ad a sie sta pro­
v in c ia n a , que h a sta en to n ce s sólo h a b ía a rru lla d o — ca si e x c lu s iv a ­
m en te— la vo z de los p o e ta s. E u g e n io D 'O rs fu é uno de los puentes
a tra v é s de los c u a le s H is p a n o a m é ric a pudo a c c e d e r a las a lta s
to rre s del p e n sa m ie n to o c c id e n ta l. Y no h u b ie ra podido ser de otro
m odo.
Ese que fu e ra m o te ja d o de d ile ta n tism o filosófico re su lta b a el v e ­
h íc u lo in s u s titu ib le p a ra fra n q u e a rn o s la e n tra d a a los re cin to s c e r ra ­
dos del p e n sa m ie n to m ás ceñ id o y rig u ro so . E u g e n io D 'O rs obró con
su a rte in im ita b le p a ra a rra n c a rn o s de a q u e l m a ra sm o , a g ita n d o n u e s­
tro e s p íritu con u n a vo z que te n ía m u ch o de ca n to .
L a s n u e v a s g e n e ra cio n e s — que lo oyero n cu a n d o v in o por seg un d a
v e z en 1 9 5 0 — q u iz á se h a y a n in te rro g a d o a c e rc a del porqué de la
n o m b ra d ía de X e n iu s , a c e rc a de su larg o p re d ica m e n to e n tre nos­
otros. Po rq u e su p a la b ra y su s ¡deas ya no e n c o n tra b a n el eco de
o tro ra ; y a no e ra un " m o d e r n is ta " sin o un re a c c io n a rio , com pro m e­
tid o in c lu so en el p la n o p o lític o con siste m a s que a h o g a n la lib ertad
h u m a n a . Pero los h o m b res que e stam o s ya b ord eand o el m edio siglo,
a u n q u e con la p e n a de co m p ro b a r u n a e v id e n te d e c a d e n c ia en quien
p ro m o vie ra ta n fe c u n d a s in q u ie tu d e s en n u e stro s a ñ o s m o zo s, debe­
m os g u a rd a rle el re co n o cim ie n to que se tie n e p a ra un v ie jo m aestro
c u y a s e n s e ñ a n z a s h a n sido su p e ra d a s. C a s i todos debem os alg o — y
q u iz á m u ch o — ■de n u e stra fo rm a c ió n a Eu g en io D 'O rs. Por ello su
m u e rte nos im p o n e, com o u n a e x ig e n c ia , el h o m e n a je m ín im o de
u n a " g lo s a " . A L F R E D O E. R O L A N D .

B la n c a S ta b ile ,
s e c r e t a r ia de re d a c c ió n .
S a m u e l O liv e r, d ia g ra m a d o r.
S u s c rip c ió n a n u a l:

12 núm eros

S

............. $

33

E x te r io r ..................................
N úm ero suelto . . . „

45
3

E d ita d a por

A L F R E D O E. R O L A N D
B L A N C A S T A B IL E

Cap.

$ 1 0 .0 0 0 .-

D ire c to r G e re n te :
Jorge Rom ero Brest
R e g is tro N a c io n a l de la
P ro p ie d a d In t e le c tu a l N9 2 7 1 .8 2 1
A d m in istració n
T U C U M A N 1539
A rg e n tin a —

y

—
Buenos A ire s
T . E. 35 - 92 4 3

D iciem b re

2

R e d a c ció n :

1954

m

a

r i o

Eu g e n io d 'O rs
A n d ró De rain

C A R L O S R A U L V IL L A N U E V A

2
3 C'

El c e n tro c o m u n a l de la ciu d ad
u n iv e r s ita r ia de C a ra c a s
4 1

V E R Y E S T IM A R S .R .L .
E d it o ria l, a c to s , c u rso s

u

S. A M B R O S IN I, A . M . D U R A N , R. E D E L M A N ,
B. H U B E R M A N , A . L O Z A C O L O M E R , E. N A G E L ,
S. P A Z , B. P A S T O R , E. F. P O G G I, A . E. R O L A N D ,
C . S I L V A , B. S T A B IL E , E. T E N C O N I
JO R G E

RO M ERO

ELSA TEN C O N I
O SCA R G O M EZ
B L A N C A S T A B IL E

Exp o sicio n es

8

T o p o lsk y

12

P a u l K le e
C a m in o de la o b servació n

13
14

BREST

P a ra

la h is to ria del a r t e c o n c re to en la A rg e n tin a

P ró x im o n ú m e ro : H o m en aje a H en ry M atisse .

Tapa:

15 &lt;

G ra b a d o de Paul Klee

�André Derain

V L A M IN C K
D e ra in

D E R A IN
C olliou re 1905
C a d a q u e s 1910
N a tu ra le z a m uerta
L a ofren da

El

fauvisme

fué

el

p rim e r

m o vim ie n to

1911

sig n o en c u a n to e le m e n to c a p a z de o b je ­

pictórico de nuestro sig lo que por el uso

t iv a r

constante

e xp re sivo s

Su p a rtic ip a c ió n en la e s té tic a c u b is ta no

— trazo y color ind epen dientes de las fo r ­

fu é así p ro fu n d a , no s ig n ific ó una c o in c i­

m as o b jetivas de re p re se n ta ció n — s ig n i­
ficó el arran q u e h a c ia un nuevo le n g u a je

d e n c ia

p lástico . Sin m an ifiesto s p re vio s, h izo su

c io n e s en p e rs p e c tiv a y a im á g e n e s

ap arició n

nas de la re a lid a d .

de

cierto s

como

modos

grupo

en

1905,

en

el

la

d in á m ic a

de

de un

a c titu d e s ,

sin o

nuevo

el

e sp a c io .

a p ro v e c h a ­

m ie n to del p la n o p a ra v o lv e r a co m p o si­
p le ­

Salón de Otoño de P a rís , cread o dos años
antes. E ra n sus in teg ran tes M a tis se , M a r-

L e jo s , p u es, de P ic a s so , cu a n d o d e c ía : " L a
b e lle z a no resid e en u n a re p re se n ta ció n

quet, V la m in c k , V a n D ongen, F r ie s z , B ra-

del objeto e x is te n te o in e x is te n te , sino en

que, D erain . D e rain supo in fu n d ir desde el

el

com ienzo sentido c la ro a la n u e va e x p re ­

e n tre la s im á g e n e s qu e c r e a " . " L a a rm o ­

sión volcando en el tra z o lib re la fu e rz a

n ía es la c o rre sp o n d e n c ia m is te rio s a en tre

de su instinto , y en lo o rb itra rie d a d del

d im e n sio n e s,

color las sensaciones d ire c ta s d e sp e rta d a s

su p e rfic ie s . El e sp acio no es im ita d o , sin o

por las cosas. A poyó así el de sp u n te de
una nueva concepción de espacio ya q u e,

go

la trasposición

vio le n ta

del

color

fu é

el

medio que p erm itió je r a r q u iz a r

las

genes

e x te rio r,

provenientes

del

m undo

im á ­

de acuerdo al sentido que le d ic ta b a su
emoción y n un ca teniend o en c u e n ta el
lugar que o cupab an dentro de una visió n
co nvencio nal.
H a cia el año 1 9 0 8 , el fauvism e, p a reció
a lc a n z a r la cu m b re de su exp re sió n o r ig i­
n a ria ; luego la tensión cre ad o ra se d e tu vo .
En

alg uno s

a rtis ta s

el

suspenso

supuso

un ab la n d a m ie n to ; en otros el co m p ás de
espera necesario p a ra m a d u ra r dos sig n o s,
plan o -M atisse- ritm o -D u fy -, c a rg á n d o lo de
un nuevo y pro m isor sentid o .
como B raq u e, D erain

fué

En

ta n to ,

a lc a n z a d o

por

el in flu jo de otro ferm e n to e xp re siv o , el
cubism o n a c ie n te . Su escon dida fo r m a ­

ju eg o de

las re la c io n e s que d e sc u b re

d ire c c io n e s,

de

1914

plan o

p in tu ra

qu e

o sc ila

R e su lta d if íc il im a g in a r cóm o u n a m ism a
m ano se a v in o en m enos de d ie z añ o s a
a b a n d o n a r la p asió n por el co lo r pora
c o n stre ñ irs e a l
de

p a sta s

m a n e jo de tonos tib io s y

c a rg a d a s

u n ifo rm e m e n te

de

m a te r ia ; y cóm o la te n sió n e m o tiv a y l í ­
ric a del tra z o pudo se r su p la n ta d a por la
lín e a e s tá t ic a , sin v ib ra c ió n ín tim a de un
pseudo d ib u jo c lá sic o .
T a l fué la tra y e c to ria de A n d ré D e ra in ,
re c ie n te m e n te d e sa p a re cid o . C om o ta n to s
otros

p in to re s

dos de

n u e stro

e x tra o rd in a ria m e n te
sig lo ,

luego

de

d o ta ­

h ab e rse

p e rm itid o tod as las a u d a c ia s com o fau ves,
ag otó su s fu e r z a s en los p rim e ro s im p u l­

ra s

el

u na

sin té tic o y a rato s d e fo rm ad o .

m ente

que

a

e n tre un n e o c la s ic is m o y un n a tu ra lis m o

sos c re a d o re s ;

p o sibilidad es

re c ta s ,

im a g in a d o ." A s í se e x p lic a su s a lid a , lu e ­

ción c lá sic a se despertó a n te Les demoiselles d'Avignon de P icasso . R etu vo so la ­
las

c u rv a s ,

b u scó

c a m in o s

que,

lejos

de fa v o re c e r la m a d u re z de sus prom isoc u a lid a d e s ,

lo

a p a g a ro n

en

fo rm a s

les encerránd o las en e s tru c tu ra s s in té tic a s

re p e tid a s y c o n v e n c io n a le s. Q u ed a por
esto en la h is to ria de la p in tu ra com o un

y e stá tica s, es d e cir a b s tra c ta s ;

pero se

p ro fe ta

m ás qu e com o un a u té n tic o re a ­

le escapó el sentido p ro fu n d o del n u e vo

liz a d o r.

BLA N C A

g u arda de ad ap tarse a los fo rm a s n a t u r a ­

S T A B IL E .

3

�El centro comunal de
la Ciudad Universitaria
de Caracas

Colaboración especial para V E R Y
venezolano Carlos Raúl V illan u e v a.

E S T IM A R

del

arquitecto

Por el concepto de la funcionalidad y la confluencia de todas las
artes en la síntesis expresiva del cuerpo arquitectónico es con­
siderado como uno de los realizadores más valiosos de nuestro
tiempo. Dirige en C a ra cas la revista " A " , hom bre y exp re sió n ,
dedicada a p lanificación, arq uitectu ra, escultura, p intura, mú­
sica , cine, literatura, folklore.
1

1.

La trib u n a del e sta d io de la U n iv e rsid a d se a b re m a je stu o sa m e n te
h a c ia el A v ila .

2.

Formas funcionales y e sp aciales del cam p an ario.

3

M aq u e ta del p lan o de co n ju n to del ce n tro co m u n a l. A la iz q u ie rd a ,
la p a rte a d m in is t ra t iv a ; en el ce n tro los a u d ito riu m s ; a la d e re c h a ,
la b ib lio te c a , a lm a de lo u n iv e rs id a d .

4.

Elem ento p lá stic o e s p a c ia l u b icad o en el p a tio h e x a g o n a l, h a c ia el
a u d ito riu m Dom m ú sic a de c á m a r a . C o n ce b id a en lá m in a s de a lu ­
m in io por V IC T O R V A S A R E L Y , es un a cre a c ió n del e s p íritu c in é tic o ,
no por su m o vim ien to p ropio, sino por los d e s p la z a m ie n to s su ce sivo s
del cam po v is u a l. (L a s dos fo t o g ra fía s desde dos á n g u lo s d is tin to s ).

2

Erigido en el co razó n de la U n ive rsid a d , el ce n tro
co m unal está rodeado h a c ia el este y el oeste por
a ce ra s c u b ie rta s; los veh ícu lo s procedentes del nor­
este y del sur son c a n a liz a d o s h a c ia las zo n as de
e stacio n am ie n to situ ad a s a los lados y, los e stu ­
d ian tes c irc u la n librem ente por la p la za cu b ie rta
y por el cam pus.
T re s grupos de e d ificio s com ponen eí centro co m u­
nal de esta C iu d ad U n iv e rs ita ria : al norte, el centro
a d m in istra tiv o y de se rvicio con el museo y el c a m ­
p a n a rio ; en la p arte c e n tra l, los auditoriums (a u la
m ag na, sa la p ara m ú sica de c á m a ra y p a ra n in fo );
m ás al su r, la torre con los depósitos de la b ib lio ­
te ca , concebida ésta para d o m in ar el co n ju n to , y
las sa la s de lectu ra sep arad as de la torre y o rie n ta ­
das h a c ia el p an o ram a del campus y las m o ntañas
que rodean la ciu d ad .
Hemos u tiliza d o el concreto arm ado como m a teria l
b ásico, de a h í que las fo rm as em p lead as se ad ap ­
ten a las e x ig e n cia s del tra za d o y sean fie l e xp re ­
sión de la e stru ctu ra . El co ncreto , m a te ria l h u m il­
de pero noble, ha sido dejado en su estado bruto;
tam poco se ha borrado el diseño tra za d o por las
ta b la s del en co frad o , el que da su e sca la al con­
junto arq u itectó n ico . Los m uros de relleno e xte rio ­
res fueron revestidos con c e rá m ic a co lo reada y mo­
saicos de vid rio ; p ara los interio res se han u tiliza d o
delgadas tira s de m ad eras tro p icales de d iferen tes
to n a lid a d es; p ersian a s de cem ento ta m iz a n la luz
y p erm iten una a ire a c ió n constante.

4

�3
Se han cu id ad o p a rtic u la rm e n te los esp acio s in te r­
nos, el del a u la m a g n a , por ejem p lo . T r a s reco rre r
la P la z a cu b ie rta se llega al g ran vestíb u lo donde
p red o m inan las lin e a s cu rv a s y o b licu a s en el es­
p acio ocupado por la m e z z a n in a y las ram p as que
conducen a los b alco nes — ensayo de co n stru cció n
p u ra en co ncreto arm ad o y, sim u ltá n e a m e n te , de
exp resió n d in á m ic a . En tran d o en la g ran nave
b la n ca del a u la m a g n a , la m ira d a es a tra íd a por
los p a n eles-reflecto re s de m ad era n a tu ra l (c la ra y
o scu ra ), dispuestos en zig -za g sobre el p lano del
escen ario . A l le v a n ta r la ca b e za y d irig ir la m ira ­
da a las p aredes la te ra le s , a p a re ce n su spend id as
en el espacio g ran d es fo rm a s co n c re ta s p o lic ro m a ­
das. L a s leyes de la a c ú stic a e xig ie ro n la co lo ca ­
ción de g ran d es p an e le s-re fle cto re s a b a jo y a los
lados del p la fo n d , p a ra p e rm itir que las ondas lle ­
guen a oídos de los a siste n te s. A le x a n d e r C a ld e r
dió a estos elem en tos sus fo rm a s d e fin itiv a s : el
color y la lu z a r t ific ia l le p erm itiero n c re a r un a m ­
biente de p rim e r orden.

4

P a ra a c e n tu a r el efecto co n stru ctivo y p lá stico se
h an coloreado los vo lú m en es a rq u ite c tó n ic o s: de
rojo y negro el p a ra lelep íp ed o de la b ib lio te ca , de
g ris y b lan co s las otras co n stru ccio n e s.
H em os creíd o n e ce sario ir m ás lejos aún y e x p e ri­
m e n ta r una posible sín te sis, un acu erd o entre a r ­
q u ite c tu ra , p in tu ra y e sc u ltu ra . N a tu ra lm e n te que
el ideal h u b iera sido poder d is c u tir con los a rtis ta s
antes de la e lab o ra ció n de los p la n es d e fin itiv o s,
pero se c a re c ía de! tiem po s u fic ie n te y era n e c e sa ­
rio p ro ced er; sin em b argo , p lanos d e ta lla d o s, p ers­
p e ctiva s y n u m ero sas m a q u e tas m in u cio sa m e n te
ela b o ra d a s fu ero n p u estas a disp o sició n de los a r ­
tista s resp ectivos. Se red actó , a d e m á s, un p ro g ra ­
m a p reciso donde se indicó el papel que desem pe­
ñ a ría cad a obra en el co n ju n to p lá stico .
P a ra co m p le m e n ta r la exp resió n e s tru c tu ra l en
co n creto , hem os colocado en sitio s n e u rá lg ico s es­
c u ltu ra s e sp a cia le s o en bulto redondo que se in te ­
g ran a la a rq u ite c tu ra (A rp , L a u re n s , N a rv á e z ,
P evsn e r y Lobo).

4

5

�5.

" E l pastor de las nubes" de JE A N A R P , re a liza d o en bronce dorado.
En el fondo, c e rá m ica de M A T EO M A N A U R E (venezo lano).

6.

L a s form as c ó n c a v a s del m ural de P A S C U A L N A V A R R O , a l fondo
del e d ificio del rectorado. A la izquierd a, el p a ran in fo .

7.

La luz proveniente del patio ilum ina esta com posición de m osaico
vidriado , tam b ién de M A T EO M A N A U R E .

8.

M ural de M A T EO M A N A U R E que lim ita el espacio e xterior del
p a ran in fo y a hon d a el esp acio sobre las ce lo sía s de cem ento del
rectorado. El m ural de m osaico h a sido re a liza d o sobre un muro
in clinado p a ra ab rir m ás el esp acio , co n trastand o las fo rm a s eq u i­
lib ra d a s de la a rq u ite ctu ra con las lín e a s fu g itiv a s del m ural que
parecen querer fo rz a r aún m ás la in clinoción del plano.

9.

Los p latillo s voladores de C A L D E R en el A u la M ag na — form as
co n cretas que d ig n ifica n el esp acio interior cread o por el arq uitecto .

10.

El espacio lim itad o por el concreto bruto v a lo riza el e sm alte de
V e n e cia de F E R N A N D LÉG ER y el bronce verde-o scuro del "A m p h io n "
de H EN R I L A U R E N S . La s form as del escultor prolongan los elem en ­
tos a rq u itectó n ico s.

W'iS

5
V '
11.

"So p h ie" de V IC T O R V A S A R E L Y , re aliza d o en c e rá m ica b la n ca y
n egra, fre n te a la b ib lio te ca, opuesto a "P ro y ecció n d in á m ica en
el e sp a cio " de A N T O IN E P E V S N E R .

6

L a p o licro m ía a rq u ite c tó n ic a d eb ía ló g icam e n te ser
re a lza d a y re fo rza d a en a lg u n o s p lan o s; era n e ce ­
sa rio e n co n tra r notas m ás co m p le jas y co m p lem en ­
ta r la e s c a la , reco rd ar cie rto s co lo res, a b rir o re­
d u c ir los espacios y p re p a ra r al esp ectad o r para
o tra s co m po siciones m ás d in á m ic a s.
Este fu é el
tra b a jo que se asig nó a a lg u n o s de los equipos que
h ab íam o s fo rm ad o (B lo c, B a rrio s, V ig a s , O ra m as,
G o n zá le z Bogen.)

7

8

6

9

�10

En la p la za cu b ie rta el tra b a jo que se p resentab a
era d istin to : era n ecesario p re p a ra r el a m b ien te de
los auditorium s, el color debía ser esp a cial y era
p reciso com ponerlo con el m o vim ien to (espaciotiem po). G ran d es elem entos en c e rá m ica se sitú a
ron en las zo n as de luz (N a v a rro , M a n a u re , Léger
y V a s a re ly .) Colores m uy vivo s en fo rm as m uy
lib res; por su yu xtap o sició n ellos prolongan el fe liz

11

ensayo del m u ra l esp acio -d in ám ico en a lu m in io de
V íc to r V a s a re ly .
En todos los e d ificio s, tanto p ara la p in tu ra como
p ara la e scu ltu ra , el a rte a b stra cto dom ina los ho­
rizo n tes. Pensam os que n in g u n a otra fo rm a de
exp resió n se a d ap ta b a m ejor y de m a n e ra m ás
p e rfe cta al esp íritu de la a rq u ite c tu ra contem po­
rán ea. C A R L O S R A Ú L V IL L A N U E V A .

11

7

�o b je tiv a r la se n sib ilid a d . Por eso la orde­
n ació n de las fo rm as depende tanto de las
re lacio n es m ás sim ples de grises y a zu le s,
y de las m ás com p rom etedo ras, verdes en
oposiciones de v io le ta s, lila s y ocres, c u an ­
to de

la esp ecial c u a lid a d del em paste.

El juego de tra n sp a re n c ia s es el que corporíz a la s soluciones m ás fe lic e s, porque
hace

e vid e n te

la

tensió n

e xp an siv a

del

espacio p resente , desde el in te rio r hacia
los bordes y h a c ia el observador. Q uizó
esta m anera de co nceb ir la sín tesis de fo r­
ma

y

color

c o n cre ta s.

lo

a le je

de

Éstas bu scan

las

creaciones

la din ám ica del

plano ordenando los elem entos sensibles
a tra vé s de una n ue ve in terp re tació n del
color que supone una sín tesis a c u m u la tiv a ,
una su b lim a ció n de sensacio nes en función
no de una fo rm a p a rtic u la r, a la cual
se a ju s ta , sino de la g ran e stru c tu ra , del
g ran ritm o del p lan o .

T a n sublim ado el

co lo r, tan e scu etas las lín e a s que se llega
B U T LE R

h a sta ju z g a rlo s como productos de una
pu ra a c titu d ra c io n a l, sin a d v e rtir el vigor
o rig in a l que se n sib ilid ad y fa n ta sía con­
se rva n tra s los elem entos p lástico s. (G ale­
ría K ra y d ). B . S.

ID E A L S A N C H E Z
D entro de un c lim a de aco m pasada d in á­
m ica e s p iritu a l se u b ican las obras de este
HORACEO B U T L E R

que se co n ju g an en toda su c re a ció n , el

A propósito de !a p u b lica ció n del prim er

e n la ce no
p iran una

núm ero de una serie de m o n o g rafías sobre
pinto res arg e n tin o s que e d ita rá V a n R ie l,
a cab a de exp o ner B u tle r en la Sola V ¡lu s­
tran do " ¡n v iv o " con sus obras el volum en
que con u na útil y bien p la n te a d a presen­
tació n de Ju lio

Payró se le d e d ica. ¿Q ué

es lo que a tra e y sa tisfa c e en esta serie
de te la s de d istin ta s épocas? L a tra n q u i­
lid ad dad a por la co h eren cia de toda la
o b ra, que no o bliga a una a c titu d fo rzad a
p ara g o z a rla , o a una v io le n c ia in te le c tu a l

tru c tu ra s

siem pre es perfecto . C o n s­
co n tra o tra , resu ltan d o e s­

que

no

se

u n ific a n :

por

una

p a rte elem entos que lo m an tie n e n a d h e ­
rido a los objetos ta l como los ve y co ­
noce, y por o tra p a rte e stru c tu ra s geom é­
tric a s de plan os in ven tad o s. P a sa de los
arab e sco s d in ám ico s obtenidos con e! color
e xa lta d o y la m a te ria jugosa a los ritm os
precisos y ordenados en fo rm as y tra z o s
enérg ico s. De las n a tu ra le z a s m u ertas m ás
m a te ria le s

a

los grupos

de fig u ra s

que

p in to r, que p a ra lo g rarlo , dem uestra po­
seer

m edios

se n sib ilid ad
sie n ta

p ictó rico s
a le rta ,

a p rem iad o

a fin a d o s

aun que

por

no

y
se

en riq u e ce rla ,

una
lo
con

la s p o sib ilid ad e s de c re a ció n , que nuevos
en fo q u es e sp a c ia le s pod rían brind arle y
su color no a lc a n c e a despleg ar toda su
b e lle za e x p re s iv a . B u sca a travé s de la
lín e a , elem ento in te le c tu a l de la pintura,
e n c e rra r lo que la s co sas y los seres sus­
c ita n , cuand o son proyectados a la esfera
de las re m in isc e n c ia s esen ciales; y es
en la in tim id a d de un espacio construido

flo ta n en un m isterioso ensueño. R . E.

por p lan o s, donde la fu e rza exp ansiva de
la im a g en , en c u e n tra el m edio propicio

pro blem as que v a tra b a ja n d o con le n titu d ,

M IG U E L O C A M P O

go su gestivo y tra n q u ilo , es el que crea

seria y p ro fu n d am en te , m anteniend o una

M ig uel

lín e a de co n d u cta: ad h erid o siem p re a lo
n a tu ra l, pero no a cad a objeto en sí, sino

A rtis ta s

elevándose a e stru c tu ra s g e n erales. En los
p a isa je s del T ig re y m ás a ú n en las p la za s

la c o n fig u ra c ió n e s p a c ia l, no la represen­

ces se d e svirtú a por c a re ce r el trazo de la

ta ció n de esp acio .

To d a la en e rg ía que en

v ita lid a d n e c e sa ria p ara tra sm itir su men­

de b a rrio crea fo rm as se m ia b stra c ta s, en

potencia e n c ie rra n lín e a s y colores es des­

s a je ; o porque la división excesiva de la

la s que se escu ch a la voz m edida de su

e n v u e lta en el

le n g u a je ,

propósito de a lc a n z a r

p a ra co m p ren d erla. B u tle r e n fre n ta la in ­
có gnita

p lá stic a

sin

con

se g u rid a d ,

e strid e n cia s,

sin

p lan tea

efusiones

p ara c o m p le ta r su sim bolism o . Este diálo­
O cam po

O

pertenece

M odernos

de

la

G rupo

de

A rg e n tin a .

al

La

idea p lá stic a que g u ía sus exp re sio n es es

p lan o de la te la con el
una

v ib ra c ió n del

ese ritm o em o cio n al, que en obras como
Parábola y Renacim iento del día, consigue
e q u ilib ra r con in te lig e n c ia , pero que a ve­

fo rm a redu nda en desm edro de su capaci­
dad de a b stra cció n poética. Q uizá en la

su b je tiv a s. Por eso las fo rm as p arecen d u ­

v a c ío sentid o como esp acio v ir tu a l.

ras y fría s sin se rlo ; su lín ea es precisa y

d a m e n talm e n te se ap oya en el color p a ra

este

firm e , su co m posición sólida y se g u ra , sus

o rg a n iz a r las fo rm as de acuerd o con un

p a ra su in ve n ció n . El contacto de los per­

tonos m edidos, su pasta densa sin carg a
e xa g e ra d a . Porque en B u tle r se e q u ilib ra n

orden c a lc u la d o que no im p lica el olvido

so n ajes h a ría

de la im a g in a ció n .

y lo a le ja r ía de c ie rta tendencia hado la

Fun­

E l color es fu en te e x ­

co m b in ació n de e scen o g rafía y coreografía,
a rtis ta

e n co n tra ra

campo favorable

m ás firm e su imaginación

el im p ulso em o tivo y la v o lu n ta d ra z o n a ­

p re siva

do ra, el co no cim iento y la fa n ta s ía ponde­

la s a rm o n ía s y co n trastes sino por la posi­

te

rados.

b ilid a d

v id a m ism a . (G a le ría K ra y d ). A . L. C .

8

En

este

doble

jueg o

de

fu e rz a s

no so la m en te por el a lc a n c e
que su m a te ria

m ism a

tie n e

de
de

e sq u e m a tiza c ió n , a c titu d del que no sien­
la

im posición

de

la

form a

desde la

�E

X

RA Q U EL

P

O

S

I

C

N

E

S

C A R L O S C A S T A G N IN O

P e n e tra m o s en el m undo de R a q u e l For-

El ro m a n tic ism o de C a s ta g n in o , a lig e ra d o

n e r y en él v o lve m o s a e n c o n tra r el m is­

de c ie rto s rasg os p a té tico s, se m a n ifie s ta ,

mo

m e n sa je

a h o ra

vez

tra s m itid o

d e sesp erad o
no sólo

aunque

por el

e sta

te m a

del

le es im p o sib le in d e p e n d i­

z a rs e , sin o ta m b ié n por la s m is m a s im á ­

m ás

líric o

y

s e n tim e n ta l,

Su

p a le ta

se

m ás v iv o ,

ha

m ás

a c la r a d o ,

a le g re ,

p e lig ro sa

e fe c tis m o , por m ás qu e ah o ra

g u s tia ,

pero

B o n in o ,

en

p a re ce

G ra n d e s

la

a c tu a l

de a n ­

re a liz a d a

en

por

h u n d irse

en

p in c e l

n u e v a m e n te

im á g e n e s g e s tic u la n te s

o cu ­

p an el p rim e r p la n o ; c o n s tru id a s con tr a ­
zos vig o ro so s so stie n e n la co m p o sició n y
le c o n fie re n un h ie ra tis m o e s tá tic o . El

te n d e n cia

el

e je m p lo ,
p a ra

c á lid a s ,

un

de

a

los

c o lo r

aunque

m odo un

p a ré n te s is a ese c lim a

con

lo

que su e xp re sió n p a re ce m eno s p ro fu n d a .

g e n es. Su e xp o sic ió n a n te rio r fu é en c ie rto

é l.

J E A N LE M O A L

O

JU A N

FO R N ER

que p a re c e ría

R A Q U E L FO R N ER
Los m ercaderes

I

la

con

c ru d e z a

to q u es

e s ta b le c e r,

con

c o n tra p u n to

un

es
una

y

al

no a b u se ,
a is la d o s

de

c o lo ra c io n e s
ta n to

p u e ril

con los o cre s y los g rise s; el e m p a ste
grueso y no bien en to n ad o sig u e c o n sp i­

e sp a c io d iv id id o es d e sta ca d o por p e q u e­

rand o c o n tra la lim p ie z a del c o lo r, m ie n ­
tra s su p in c e la d a — m ás ro b u sta—- ha

ñ a s fig u ra s que re fu e rz a n el v a lo r lit e r a ­

perd id o v ib ra c ió n . El tra z o es a h o ra

L a e xp o sició n de L e M o al en P lá s tic a , a u n ­

rio

firm e ,

q u e m o d esta, p e rm ite a p re c ia r a lg u n a s de

u n id a d . C o n

las c u a lid a d e s de este p in to r fra n c é s que
ju n to a M a n e s s ie r y S in g ie r, o cup a un lu ­

nes c o n tra p o n ie n d o m a tic e s frío s co n rojos

de

y a m a r illo s c á lid o s ; a! m ism o tie m p o con

gar

ese c o lo r d in a m iz a tod a

v ié rte n se fo rm a s poco c e ñ id a s, com o o cu ­
rre en A b razo de m adres, donde el c h a l

d e sta ca d o

en el

m o vim ie n to

de

los

de

la

c e n t r a l,

en

d e sm ed ro

el co lo r a c e n tú a

la

de

su

la s im á g e ­

c o m p o sic ió n ,

con

fig u r a s

y

p a is a je s

m ás

m e jo r e s­

tru c tu ra d o s, si b ien a ve c e s el c o lo r, lejo s
r e a lz a rlo , se " t r a g a ”

al

d ib u jo .

Ad-

a b stra c to s de F r a n c ia .

d in a m iz a c ió n qu e se h a c e m ás e v id e n te en

de

Posee un le n g u a je en el que e stá n s in te t i­

los fo n d o s, en los c u a le s p a re c e ría q u e ­
rer a b s tra e r g e o m é tric a m e n te , pero sin

en fo rm a ta l que se re su e lv e en un p la n o

c o n fe rirle

em b arg o , de lo que es c a p a z C a s ta g n in o

za d o s e lem en to s a p a rta d o s por fouves y
c u b is ta s , le n g u a je en el que las fo rm a s

al

p la n o

el

rig o r

que

le

es

la

m u je r de e s p a ld a s está

in e x p re siv o ,

que

a p la s ta

la

tra b a ja d o

fig u r a .

Sin

de la re a lid a d co n c re ta c a si h a n d e sa p a ­

p ro p io . S o la m e n te in tro d u ce en

recid o , p la sm a n d o en c a m b io o tra s qu e
responden a la o b je tiv a c ió n de se n tim ie n ­

tra n s p a re n c ia s que c o n tra s ta n con el le n ­

m en cio n ad o

g u a je p a té tic o de sus im á g e n e s.

— lo m ism o que en el d ib u jo a c u a r e la d o ,

tos in te le c tu a liz a d o s .

F é rtil

V e m o s en los a g u a fu e rte s la lín e a c a rg a d a

de la que re su lta n

de e n e rg ía

tic a s

qu e

se a is la

o se

e n tre la z a

su b je tiv id a d
cuya

f a lt a

como

d ib u ja n te ,
en

lo p ru eb a
el

el

c a tá lo g o );

n?

6

a llí

(no

vem o s

F o rn e r,

M ad re p roletaria— - cóm o la lín e a se c o rg a

a ve ce s fo rm a s p lá s ­

de s e n tim ie n to , re su lta n d o a s í u n a c a b e z a

la
de

él líric a s

de

R aquel

d ib u jo

y

un

c ie rto

re a lm e n te e x p re s iv a , ú n ic a en el c o n ju n to .

c o m p lic a d a m e n te en a ra b e sc o sie m p re c o ­

desorden en la co m p o sició n

h e re n te ; o en el caso o p u esto , la su p e r­

se la s v e a co m o sig n o s e x p re siv o s ab so ­

b rin d a

fic ie

lutos. (G a le ría B o n in o ). S. P.

ello s c a b e d e s ta c a r, sobre todo, Los q uin ­

fin a m e n te

g ra n u la d a

de

pequeñas

im p id en que

fis u ra s de fo rm a sim p le y co n to rn o s m uy
m a rc a d o s, q u e su g ie re n e x tra ñ o s su b-m un-

JE A N LE M O A L
Le poirier

En

los p a is a je s es donde C a s ta g n in o nos
sus

n o ta s

m ás

fe lic e s ,

y

e n tre

teros e Invierno, éste sin d u d a el m e jo r
lo g rad o . H a y en los p a is a je s m a y o r so ltu ­

dos lleno s de sim b o lism o .

ra , m á s f le x ib ilid a d

En la lito g ra fía en co lo res la e xp re sió n se

por lo g e n e ra l in e x p re s iv a s . D ebem o s se ­

d e b ilita , p u es a p e sar de se r m u y fin o el

ñ a la r ta m b ié n •— a u n q u e co n sig n o n e g a ­
tivo --- la te la T a rd e de dom ingo, c o n c e b i­

aco rd e de fo rm a s y c o lo re s, no p a sa ese

qu e en

lím ite , el de la fin u r a , la c u a l no c o n sti­

da

tu ye el fin a rtís tic o .

— ilu s tra tiv o y a n e cd ó tic o —

El óleo

m u e stra

la

curso s de L e M o a l.

to ta lid a d

de

los re ­

El tra z o g rueso m a rc a

con

un

c rite rio

p lá s tic o

la s

y

fig u r a s ,

te m á tic o

qu e te n ía m o s

d e re ch o a c re e r y a d e fin itiv a m e n te su p e ­
rad o .

E sta e xp o sic ió n de C a s ta g n in o

de­

una e s tru c tu ra de ritm o p o ten te, fo rm a n d o

m u e stra qu e el a r tis ta se h a lla to d a v ía b u s­

c a sille ro s, donde pequeños p lan o s y u x t a ­

can d o un ru m b o , un m e n sa je p lá s tic o d ife ­

puestos de c o lo r in te n so , m o d u lad o s con

rente de su s m a n e ra s a n te rio re s ; v a le de­

m ayo r d u re za que en los c u b is ta s , v ib r a n ,

c ir , qu e no ha e n c o n tra d o a ú n su m odo e x ­
A n te la m u e stra a c tu a l ----con

ind ep en d ientes de la lin e a , a tra v é s de uno

p re sivo .

p a sta a b u n d a n te , c o n fo rm a n d o u n a c o m ­

sus n o ta s p o s itiv a s y n e g a tiv a s —

posición só lid a y s e v e ra , que tie n e la p a r ­

m u y d if íc il v a t ic in a r si este n u e vo c a m i­

tic u la rid a d de h a c e r qu e to d as la s fo rm a s
se m u evan so b re la m ism a t e la , com o

no

m a n ife s ta r su

liris m o , lo que p a re c e se r

resb alan d o y te n d ien d o a ir h a c ia el e s­

su a u té n tic a
A . E. R .

e xp re sió n .

p e ctad o r. (G a le ría P lá s tic a ). C . S.

le

o fre c e

m ejo re s

re su lta

p e rs p e c tiv a s
(G a le ría

p a ra
V ia u ) .

9

�g ran d o a sí
g u ra

un

aco rd e

e n tre

fo nd o y f i ­

pero no a e x p e n s a s de un espacio

d in a m iz a d o

sin o

por

la s

fo rm a s

ja d a s en su c a lid a d m a te r ia l,

reb a­

intentando

con esto un a c e rc a m ie n to a l e sp acio -tela
c irc u n d a n te .
A h o ra , en sus o b ra s del 5 4 , es el fondo
el

que

en

la

c o b ra

a u to n o m ía

y

se

im a g e n . C la ro que el

p ro yecta

a rtis ta

aún

ap e g ad o

a

la

e x p e rie n c ia

y el

m undo

por

él

cre ad o

está

sensible

re su lta

m uy

a se m e ja n z a del hom bre y la n a tu ra le z a
sin a rra n q u e s p a sio n a le s , y a que su ju e ­
go de c u rv a s , que él ta n to e m p le a , obe­
dece

sie m p re

a

c o n tro la d a y
SCO RD I A

SC O R D IA
La

c o lo ris ta ,

c re a ció n

p e ctad o r

de

Sco rd ia

com o

o rg a n iza d o .
e q u ilib rio

un

El

se

va

todo

fra g m e n ta c ió n

paso

logrado

del

o bjeto

ese

m e d ian te

u na

y

p lan o s in d iv id u a le s , que

en

sí

m ism a

da

uno
una

Esa

sino

de

que

los

v ib ra c ió n

del

e sp acio

no se a g ita

se

rep ro d u ce

co m p o n en tes,

v ib ra c ió n

de

es

en

lo

que

o rg an ism o

el

e s­

h a c ia

en

cad a

el

a rm ó n ic a m e n te

p rim e r

ha

h a c ia

v iv o .

re su ltad o

de

un

con

re v e la

sus

el

de

a ju s te s

a ju s ta b le s ,
de

los

en

en

los

el

dos

P a isa je

m a y o re s

Concierto

co lores
car

ser
o

pero
en

com o

p a raso le s

lu n ar,

fá c il

resp u esta

en tre

tonos

y

los tra z o s

que

e sta

fa v o ra b le

el

un

siste m a

ú n ic o ;

de

in co rp o ra

al

Su

s a lir

m a n ifie s to

h a b ía e n c a s illa d o y n a d a m á s.

en

los
b u s­

los

d e ja

p in to r

se co n d e n san

por

e xp o sic ió n

m ento s de! c u a d ro ,

que

d e ja

p a re c e r

m étodo de c o rre sp o n d e n c ia s e n tre los e le ­
s im u lta n e id a d e s

sin

rayo lum ino so pe­

inse ­

lánd ose

im a g in a c ió n

del
y

m olde

su

com o

a^án

en

fa n t a s ía

qu e

del
se

sobre

en

rico s

ju eg o s

de

se

to ta l

logra
de

in fin ito ,
se

sin

porque

an te p o n e n
no

una

p a ra

d a d H e b ra ic a ) S. A .

Id eal S á n c h e z , y la s nub es de su s c ie lo s

en

de a g rio color fu tu ris ta . (G a le ría P lá s tic a ).

H ÉCTO R BA SA LD Ú A

B. H.

En

in tu itiv a

que

e v ita

caer

el ra zo n a m ie n to p u ro . En M esa y niño, en

cepto

g e o m étrico

como

c ifr a

p e rad a

rom pe

dad y

a trib u y e

no

se

responde a
pero

p u ra ;

una

co n

b rin d a

el

un

se

la

y

a

p rim e ra

que

co lo r e je rc e

veces

la s

la

f i­

y

r e a liz a r

p la n o s
la

que

en

co m p o sició n .

vano
(S o cie ­

re a liz a d a qJÓr B a s a ld ú a

m a rc a d a

de

e xp re sió n .

te n ­

D esde el

Pe ro

esa

g ra c ia

p in to r c o n sc ie n te y seguro de su té c n ic a ;

por

im p re sió n
su

es

so m b ría ,
lla m a d o ,

y

el

co lo r su s

c u a d ro s

re v e la n

no a sí en las fo rm a s , donde la fa lta

el

al
de

c o n stru c c ió n , h a c e que la co m p o sició n no

d ra ­

nos re su e lv a el p ro b le m a del e sp acio .

h a s ta

En

e q u ili­

su s

n a t u r a le z a s

m ás al

ex­

m u e rta s

p in to r, ta n to

a d v e rtim o s

po r su re la c ió n de

fond o y fig u r a , com o por el uso de colores

O

y

frío s ;

por

la

in tro d u c ció n

de

z o n a s en b la n c o , y po r el uso de lín e a s

e xp o sició n

r e a liz a d a

en

O SC A R C A P R IS T O
F ru t a s

los tra z o s de

fu ­

c o n stru id a s con p in c e la d a s g ru e sas.
En o tra s te la s se cc io n a el fo nd o en zo n as
de

exp o sicio n es a n te rio re s. A c á no es V e n ie r
p in to r de

a rtis ta

p u n to de v is t a del tra ta m ie n to de la m a ­

P lá stic a por la c a si to ta l ru p tu ra con sus
el v ib ra n te

El
de

te ria

c á lid o s
e sta

c u rv a s

la e x p o sic ió n

d e n c ia

in e s­

brando u na so b rie d ad que re s u lta ría
c e siv a . (G a le ría B o n in o ). E. P.

Sorprende

el

s e v e ri­

h a sta

B RU N O V E N IE R

h a c ia

su p e rfic ie

esa

im p u ls iv a m e n te ;

m á tic a

lib e ra c ió n

de te la s donde no se a d v ie rte u n a

co n ­

exp re sa

m a g ia

que

co lo r

g r a c ia .

c o n tra rio ,
el

no

lu­

en B o n in o nos e n c o n tra m o s a n te u n a se rie

P aisaje m editerráneo, en G a llin a s, el o r­
d e n am ien to g e n e ra l

vo­

g u ra re p re s e n ta tiv a y é sta p re d o m in a so­

se r sus desnu d o s que re c u e rd a n a los de

ag u d e za

o tra

im p e d irlo .

una

liris m o ,

u

poder p re s c in d ir

El a rte de S co rd ia es in te le c tu a l, pero no
un

la

p ro y e c ció n

p u ra

hay

y

a m a rillo s

tra n s p a re n c ia s

e m b arg o

p lan o s en

in te n ta n

fría m e n te ;

su p e rfic ie s

n a m iz a d o a h o ra .

bre

y

ex­

a c tú a n en b e n e fic io del e s p a c io , m á s d i­

to d a v ía en to d as las o b ras por poco o ri­

se

su

m in o so s y ro jo s potentes se e n tre m e z c la n

p a re c e ría
irru m p e n

p la n o s,

g in a le s que p u ed an p a re c e r a lg u n a s , como

a llí esa p le n itu d que
todo y a la s p a rte s.

duda

lú m e n e s. R itm o s de a z u le s ,

No

c o n ju n to

sa ld o

es
Un

n e tra la s fo rm a s y a l c h o c a r con lim o n es

p a ra n .
En

F ru ta s

presión m á s f e liz .

y m a n z a n a s se q u ie b ra en re fle jo s a r tic u ­

lo que logra po r la u b ic a c ió n

p lan o s

m uy

esp o n tán ea no

cu ad ro s

p a ra

al

o rd e n a ció n

a c titu d

ita lia n o ,

p o sib ilid a d e s

donde

h a lla eco.
El c u a d ro

una

u na

O S C A R C A P R IS T O

C

co lo re s

o p u esto s,

sig u ie n d o

fo rm a s

p s e u d o g e o m é tric a s, tal v e z con el fin , an te

riosos co lo res c o n tra s ta d o s con un fond o

En su s te la s m á s re c ie n te s logra C a p ris to

el p red o m in io de la co m p o sició n e s tá tic a ,

tam b ién

u n a m a y o r u n id a d e n tre fo n d o -fig u ra . En

de d in a m iz a r el c o n ju n to .

la s o b ras del añ o 5 2 , se o b serva en c a m ­

C o n sig u e

bio,

aq u e llo s c u a d ro s donde la

Ha

d in á m ic o ,

escam o tead o

pero
el

m á s co n stru id o .

t e la r

d e jan d o

alg o

que no a lc a n z a

por sí solo a

los sentid o s del

esp e ctad o r con

la

za

que

con

ese

y

fo r­

o

juego
m as.

la

g ra c ia

" in t e r p la n e a r "

co n se g u ía
de

tra z o s

lla m a r a
fu e r ­

En a lg u n a s te la s se m a n ifie s ta com o h á b i1

un

esp acio

fra g m e n ta d o

en

p lan o s

una

n o ta

m ás

se n tim e n ta l

en

a p lic a c ió n

de

a p a g a d o s, de m a te ria liv ia n a , c a re n te de

co lo re s te n u e s , dad o s por tra n s p a re n c ia s ,

e lem en to s o rd en ad o res y v ib ra n te s , y una

nos h ace n se n tir el e sp a c io y el m o v im ie n ­

fig u ra
e

p le n a que roba

im p id e

g u ie n te

la
la

u n id a d .
im a g en

toda la e xp re sió n

En
es

la s de! a ñ o

m enos

p le n a ,

to , aú n cu a n d o a v e c e s ad o lecen de una

si­

f a lt a de u n id a d qu e les resta v a lo r. (G a le ­

lo­

ría B o n in o ). A .M .D .

�E

X

P

O

S

I

C

I

O

N

E

S

V ID R IE R A S DE P R IM A V E R A
EN H A R R O D S

¿Q u é
es

es

un

tie n e n
tra r

una

v id r ie r a ? . . .

e sce n a rio

h a c ia

el

Una

v id rie ra

e x te rio r

las c a s a s de c o m e rc io p a ra

su

m e rc a d e ría

in fo rm a n d o

al

que
m os­
tr a n ­

se ú n te del tip o y c a lid a d de la s m ism a s
e in v itá n d o lo a c o m p ra r. U n a

b u en a

v i­

d rie ra se ría pu es la que pone en “ v a lo r "
e s ta s m e rc a n c ía s a tra y e n d o la m ira d a d is­
tr a íd a
b e lle z a

del

p a sa n te

po r

o

c a lid a d .

Si

su

o r ig in a lid a d ,

a c e p ta m o s

esta

p re m isa , a l ju z g o r u n a v id r ie r a , es desde

M IG U E L O C A M P O

este e n fo q u e que debe h a c e rse y no so la ­
LEO P O LD O PRESA S
Dos fig u r a s

m en te por su s a c ie rto s m ú ltip le s en otros
te rre n o s del g u sto , lo p lá s tic o o lo d e co ­

L E O P O L D O P R ESA S
A p o yá n d o se
con

ra tiv o .

to d a v ía

en

lo

fig u r a t iv o

fu e rte s resa b io s p ic a s sia n o s ,

y

Le o p o l­

C o n este c rite r io y fre n te a la s v id r ie r a s
q u e a n u a lm e n te en p rim a v e ra

firm a n en

do P re s a s tie n d e en su s té m p e ra s d e c id i­

la

d a m e n te a u n a co n cep ció n p ic tó ric a según

a r tis ta s p lá s tic o s m ás re p re se n ta tiv o s, h e ­

la c u a l

la im a g en p le n a se v a d ilu y e n d o

cada vez

m ás a

a ra b e sc o s,

tra v é s de un s in fín

tra s p a re n c ia s

y

c a sa

H a rro d s

un

grup o

de

n u e stro s

m os de a d m it ir qu e m u y pocos c u m p len

de

con e sta c o n sig n a . L o h a c e en fo rm a c a ­

m o d u la c io n e s

b a l y h erm o sa M ig u e l O ca m p o , que con

de to no s y m a tic e s con e vid e n te

p e lig ro

u n a e s tru c tu ra g e o m é tric a su m a m e n te f e ­

de lle g a r a la d e stru c c ió n de la s fo rm a s ,

liz da ve rd a d e ro re a lc e a c u a tro c a rte ra s

si

g e m e la s. Lo c u m p le ta m b ié n

no

es

c o n ju ra d o

por

una

e x p re siv a

R a q u e l F o r­

d in a m iz a c ió n de la s m ism a s.

n e r qu e con el te m a “ g u a n t e s " c re a dos

C om o se n sib le c o lo ris ta que e s, e n c u e n tra

e s tru c tu ra s s e m ifig u ra t iv a s de g ra n

a ju s ta d o s aco rd es to n a le s, p rin c ip a lm e n te

m ism o y un

en la g a m a de los g rise s, y sa b e c o lo ca r

m ira d a

con p re c isió n

o rig in a le s g u a n te s e x ih ib id o s ; y R a ú l Sol-

la

d is o n a n c ia

de un

co lo r

fo rm a

m uy

a c o rd e

con

co m p o sició n

tru c tu ra d a

en

es

in te re s a n te .

fo rm a

E stá

n a r r a t iv a ,

e s­

es d e c ir,

d a d es su m a m e n te
te m a .

H o ra c io

rico ,

B u tle r

propio
ta m b ié n

se

m u e s­

tra fe liz en c u a n to a " m o s t r a r " su m e r­

a p re h e n d e rla en su to ta lid a d ; se ve o b li­

c a d e ría " c u e llo s " , con p o é tic a su g e re n c ia s

a

recién
sin

re c o rre rla
en to n ces

que

ello

p a ra

a c u e llo s del p a sad o y en o rig in a le s p e r­

c a p ta c ió n ,

c h a s m o d e rn a s, pero con m en o s im a g in a ­

p a u la tin a m e n te

lle g a r

sig n ifiq u e

a

su

m e n o sc a b a r

su

Los

c ió n y o rig in a lid a d qu e los a n te rio re s . En
cu a n to

u n id a d .
pequeños óleos q u e

exp o ne

resp o n­

a

las d e m á s, de d e sp a re jo

p lá s tic o , no a p u n ta n

v a lo r

a l sa n o c rite rio a n ­

den a la búsquedo de un n u e vo le n g u a ­

te s m e n c io n a d o , y

je e xp re siv o , pero que to d a v ía no ha lle ­

im p o sib le a d iv in a r c u á l es el objeto que

gado a su m a d u re z .

d e se a n e x p o n e r. Esto es un d e fe cto in a d ­

una

nueva

H a b rá que e s p e ra r

exp o sició n

(G a le ría K ra y d ). E . N .

p a ra

v a lo ra rlo s .

R A U L SO LD I

de d ich o

el esp ectad o r no puede de p rim e r in te n to
gado

R A Q U E L FO R N ER

los

di que co n “ t e la s " c re a un ju e g o de c a li­

puro.
Su

en

d in a ­

p seu d o -m ó vil que c a p ta n la

m isib le

en

es d if íc il

re p re se n ta c io n e s

en

que

e lla s

o

lle v a n

por ró tu lo " v id r ie r a " . B. P.

n

�Feliks Topolski

La

actitu d

de

este

C

prestigioso

artista

de origen polaco, ahora de nacionalidad
in g le sa, es co m p leja como para

que no

sea fá c il estim arlo a travé s de las pocas
y v a ria d a s obras exp uestas en la Sala V
de V a n R ie l. Si

por una parte entronca

con la trad ició n rem b rand tiana en alg u­
nos

dibujos

otros,

o

cuando

con
la

la

de

D aum ier

deform ación

en

se carga

de ironía o cuando obtiene curiosos efec­
tos por el acorde del trazo fin o con zonas
de rica va lo riza c ió n to n al, sin que falten
acentos exp resionistas en las pinturas — lo
m enos valioso—

y de sá tira g e rm anizan­

te en las fig u ra s casi caricaturescas., ca ­
racteres que denuncian el predominio de
lo an ím ico in d ivid u al en su fa z pasional,
por otra se revela

un extrao rd in ario re­

pórter de hechos, situaciones y personas,
precisam ente porque sabe m antenerse con
re la tiva n eu tralid ad frente a ellos. ¿Cómo
com p aginar expresiones tan diferentes, en
las

que a veces se m uestra más

hábil

que expresivo?
En los reportajes d e scuella, a m i juicio.
A l co rrer el láp iz o el pincel por la hoja
de

papel,

los trazo s

se

desprenden de

la form a rep rese n tativa y determ inan es­
tru ctu ra s d in ám icas en las que se obje­
tiv a con im p ersonalid ad la energía v ita l.
Se d iría

que tanto

la descripción

como

la acció n no le llevan a ninguna profund izació n psicológica sino a l a n á lisis del
m ovim iento en las form as estáticas a las
que a lu d e ; del m ovim iento im plícito sobre
todo, y a que no es con el gesto propia­
m ente dicho que construye las imágenes
de im ponderable fu e rza

sugestiva.

Pero

cuando lo que se propone com unicar es
su propio contenido em ocional, en algu­
nos

dibujos

o

p in tu ras de tem a

libre­

m ente escogido, no obstante la perfección
té cn ica de los prim eros, funcionan meca­
nism os aso ciativo s con el pasado que no
le perm iten lograr toda la fuerza expre­
siva que es m enester.
A u n en los reportajes ad vierto, sin em­
bargo, una peligrosa fa c ilid a d de viajero
por el

m undo de los hombres y de las

form as p lá stic a s, un via je ro que apunta
e intuye con sag acid ad , que descubre e
inven ta

con energía creadora, pero que

urgido ta l vez por la

pasión

de viajar

no recoge el m ejor grano de su cosecha.
Pero es joven aú n . H a b rá que esperar a
que

sacie la

sed

de v ia ja r y aparezca

con contornos nítidos el dibujante inclu­
sive g e n ial que pugna por aparecer.
J . R. B.

12

�Paul

W e rn e r
K le e .

H a ftm a n n

Su

no

p e rso n a lid a d

tra v é s

de

las

d irig ió

con

p rin c ip a l

ha

conocido

se

o b ras.

le

a

e stá

brind ó

a

de lado o b jeto s, p a ra h a c e r e vid e n te sus

e lla s

se

H a c ia

in te ré s;

au n q u e no

d e trá s

y

el

fu tu ro

p o sib ilid a d e s;

no

com o

sin o

m e ta ,

de

e lla s .

p reten d ie n d o
com o

D e ja

la

fo rm a

g é n e sis.

Com ­

ig n o ra e scrito s, p e n sam ien to s e ¡deas p e­

prende la f a lt a de m a d u re z del a rte a c ­

d a g ó g icas.

tu a l

H acer

g r a c ia s

a

n e s,

lo

es

m ás. . .

conocer

d e scrip cio n e s
que

un

pretend e

h o m e n a je

los

e

cu ad ro s

in te rp re ta c io ­
el

al

libro

Ade­

a r tis ta ,

que

y

com o

te re sa

lo

m in os

con

se n tid o

el

jó v e n e s, a p e sar de su m u e rte .

cuad ro -o b jeto .

lo

p a rte
que

tie m p o .

el

a u to r

debe
P a ra

sig u ie n te s

se r
é l,

de
el

una

idea

le

in ­

lu g a r

de

p ro fé tic o .

c u a d ro -v e n ta n a ,

No

o b sta n te ,

p a ra

sabe

Abandona

p ro p o rcio n ar el

e x tr a e r

sa b ia s

le c ­

cio n es del p asad o , que lo e n riq u e c e n in ­

K le e es sín te s is de los

te rio rm e n te . A l ig u a l que a q u e llo s m a e s­

de

d e rn o , con in flu e n c ia

de

en

n uestro

b ino m io s

a rte

sobre

e x p re s a r;

m étodos,

p reo cu p a rse por los re su lta d o s. A b re c a ­

c o n tin ú a in flu y e n d o en g e n e ra cio n e s m ás

Nlo

su ele

d e sc u b rir

o p o sició n ;

del p a sad o ;

m o­
in s tin ­

tro s,
su

tr a ta

de

tie m p o ;

p la s m a r

el

le n g u a je

su m erg iéndose

en

la

de

v id a ,

tiv o que co n stru ye ra c io n a lm e n te ; se r te ­

da su m e n sa je e n tre d u d a s y m e d ita c io ­

rre n a l con e s p íritu có sm ico ; so lita rio que

nes, pero tra b a ja n d o sin d esm ayo s.

está v in c u la d o a otros m o vim ien to s y c a ­
paz

de

p e sar

de

b rin d a r

so lu cio n e s

s u fr ir

in flu e n c ia s

p lá s tic a s
de

a

c ie n c ia s

y o tra s a rte s.
Es

m oderno,

con

la

dado

que

no se

a p a rie n c ia

del

m undo ,

c o n fo rm a
pues

re su lta pequeño. C o m p ren d e que
lid ad

es

d in á m ic a ,

d e v e n ir,

que

que

o rig in a ro n ;

la s

las

v iv a ,

co sas

en

le

la re a ­

co n stan te

tu vie ro n

a tra y é n d o le

fu e rz a s
lo

que

K Ie e

Su

e c u a c ió n

el

v ig o r

p e rso n a l,

de

lo

c o n stru ctiv o .

en

con

fu n d ir
el

rigor

De este p rim e r té rm in o , se

desprend e

la

tu ra s

p rim itiv o s ,

de

e stá

in s tin tiv o ,

im p o rta n c ia que da a c u l­
al

a p o rte

de

los

K le e

usa

sentid o s y a la p in tu ra a u to m á tic a . ¿Q ué

c o lo r,

tono y fo rm a .

le

cu rio so a l ,q u e todo lo a tra e , d e sp e rtá n ­

a tra e

g an o s?

en
La

d e cid id o ,
te ria .

los

con

Sin

fe tic h e s

c a u tiv a

ese

que

tru c c ió n .

dioses

em b arg o ,

no

d e ja

pa­

b ru ta l,

es tra b a ja d a

europeo de este sig lo ;
que a fir m e :

de

im p ulso

la

de

m a­

se r

un

E xp re s a

se rá

un

e q u ili­

p e rfe c ta

re la ­

él

K le e :

puros

E s un

Su

a m b ie n te ,

tífic o .

ad h e rid o

D ijo

al

" V e o en to d as p a rte s co n s­

ció n con el to d o ".

se r

te

de

brio y sus p a rte s te n d rá n

E stá

in q u ie tu d e s.

zo n as

c u a d ro

m edios

de

lin e a ,

in v e stig a d o r

v irtu d

e stá

en

sa b e r c o n stru ir p lá s tic a m e n te ta n to fre n ­

no so rp ren d iend o

Todo

noce

dole

los

leyen d a

com o

m ú sic a ,
un

c ro m á tic a ,

cu an d o

poesía

y

m undo

p e n etra

sa b e r

c ie n ­

g r a c ia s a

in te n ta n d o

la

fu n d ir en

lo a b stra c to , recu erd o s, v iv e n c ia s de e n ­
sueños y sa b id u ría h u m a n a .

a

lo te rre n a l,

m ism o

pues

reco ­

n a t u r a le z a .

pero que no d e p rim e n ; au n q u e d e fo rm a ,

" O b s e r v a r es p e n e tra r

ta lle r de la c re a c ió n . A s í

Su ele m a n ife s ta r n o tas de iro n ía y b u rla ,

en el

re c h a z a

lo m onstruoso y g ro tesco . N o lo

lle ­

desconoce, lo su p e ra con su poder c re a ­

g a r a u n a c o n fo rm a c ió n , que a lg ú n d ía ,

d o r; e n fo can d o con sus c r ít ic a s h a c ia un

será e lla

m undo m e jo r.

¿Es

un

se puede

m ism a n a t u r a le z a ."
c u b is ta ,

e x p re sio n is ta ,

fu tu ris ta ,

W e rn e r H a ftm a n n

a c lim a ta d o

a

la v id a

e tc .? P in ta y co n cib e en la so le d ad . Sus

de los ateliers co n d u ce a l lecto r a tra v é s

o b ras no son

c o m u n i­

de

p lá s tic a

a t ra c t iv o y c la ro . Su s o b se rv a c io n e s, g u ia ­

dad
de

o

po stulad o s

la s

otros

al

p a rte n .

de

p e rte n e c ie n te s

e n u n c ia d a s .

a r tis ta s

c lim a

c o n fo rm a c ió n

te ó rico s,

te n d e n c ia s

con
y

re su ltad o de u n a

e s p iritu a l

es

d ebida

v a n g u a rd ia

a

la obra de K le e , con e stilo

d a s por la p a sió n , a c tú a n com o c írc u lo s

La

re la c ió n

c o n c é n tric o s,

a

a m ista d

ció n del a r tis ta .

que

co m ­

o b je tiv o ,

1950

(P re ste l

o rie n ta d o s

h a c ia

El lib ro
V e rla g

la

c re a ­

fu é ed itad o en

M ü n c h e n ).

ELSA

T E N C O N I.

13

�Camino de la
observación

Tod a obra de arte — como trasposición de la realid ad —

lleva im p lícita una determ i­

nada actitud espiritual del a rtista frente a esa realid ad , la que le lleva a superar todo
contenido p a rtic u la r e in d ivid u al para a lc a n z a r lo absoluto, el m óvil del creador. Esa
expresión de lo absoluto produce el goce a rtístico en las sensibilidades capaces de
cap tarlo .
capacidad

Pero ese goce que podríam os llam ar espontáneo
a n ím ica

del

hombre culto que

o prim ario no agota

exig e el conocimiento para

la

llegar a su

com pleta sa tisfa cció n . No el conocim iento c ie n tífico — hecho de leyes rígidas y rela­
ciones causales— ■sino el conocim iento a rtístic o , de base in tu itiv a y contenido emo­
cio n al, que conduce a la comprensión total de la obra de arte.
El a n á lisis de las form as p lásticas — que perfecciona la com prensión—

perm ite tam ­

bién com probar una evolución en la actitu d esp iritu al del a rtis ta . Se ñ alar una evo­
lución im p lica c la s ific a r y , por consig uiente, g e n e ra liza r; pero la obra de arte ■
— como
producto c u ltu ra l— se m ueve en el cam po de las cie n cias del espíritu o de la cu ltu ra,
que g e n e ralizan sin desechar lo ind ivid ual y llegan a reglas tendenciales, dentro de
las cu ales queda un am plio cam po para el juego de lo p a rtic u la r, que es la esencia
de lo artístico .
De acuerdo con los conceptos expresados, se presentarán en esta sección an á lisis de
cuadros existen tes en los museos, g a lería s y colecciones p a rticu la re s de la ciudad de
Buenos A ire s,

"V IR G EN Y EL N IN O " - A n ónim o flo rentino - Siglo X V . M useo N acional de Bellas
A rte s.
El tem a, de ca rá cte r religioso, responde a la corriente predom inante en la Edad M edia.
Dios constituye la realid ad ú ltim a y ú n ica , concepción id e ativa que orienta toda a c ti­
vidad e sp iritu a l, im pregnándola de una v ive n c ia de religiosidad,
El tem a orienta en la búsqueda del espíritu objetivo y revela la vo luntad de expresión.
A llí se descubre una concepción del mundo que perm ite d e term in ar el sentido de la
obra. R e sa lta , en la observación del cuad ro, su concepción p la n ista , acentuada por el
fondo dorado, con destrucción del volum en y del espacio, la que responde a la con­
cepción id e ativa de una realid ad ajen a a la n a tu ra le za . L a s formas naturales sirven
sólo de pretexto para cre a r el esquema aleg órico, pues la fu e rza em otiva de que están
im pregnadas las im ágenes las destruye como apoyo representativo. Pueden observarse
algunos d etalles que m arcan el com ienzo de una nueva concepción (la obra es del
crítico siglo X V ita lia n o , en los albores del R en acim ie n to ). A som a en los rostros de las
im ágenes una expresión psicológica que destruye el h ieratism o b izan tin o y orienta el
geom etrism o h acia el antropom orfism o. Se em pieza a divinizar al hombre. El espacio se
insinúa por la com posición y el

contraste de colores;

m ientras el juego de luz y

sombra crea el volum en en las vestim entas. La composición es estática y sim étrica, con
predom inio de ve rtic a le s , acorde con el ortogonalismo propio de la precisión ideativa.
Sin em bargo, h ay una m ovilid ad de las form as como resultado de la composición rít­
m ica.

La vita lid a d del cuad ro se desprende m ás de la ¡dea que de la m ateria.

M A D O N A Y EL N IÑ O - Francesco R aib o lin i (II F ra n c ia ) - 1 4 5 0 -1 5 1 7 . M useo Nacional
de B ella s A rte s.
La trad ició n m edieval se prolonga a travé s del tem a religioso, pero dentro de una
nueva concepción de la realid ad . La idea de la divin id ad se m antiene con toda su
fu e rz a , pero no como única realid a d ; tam bién existe la n a tu ra le z a , el hombre; y de
esa co existencia surge el eq uilib rio entre la idea y la n a tu ra le z a , propio de la expre­
sión c lá sic a . L a com posición ortogonal y la precisión de las im ágenes m antienen el
estatism o ideativo m ed ieva l; pero la fig u ra de la virgen es m ás descrip tiva y las formas
están cargad as de esa fu e rza

inm anente propia del natu ralism o , pero condensada en

los bordes, contenida por el lím ite , lo que se trad uce en una cierta dureza de la imagen.
El objeto sirve de estím ulo, pero la im agen es m ental. El sentim iento que se expresa
ap arece controlado por la idea, que im pide el desborde n a tu ra lista . El cuidadoso alisam iento de la p asta, hasta h acerla homogénea y poco densa, revela en el artista una
actitu d serena, e q u ilib rad a y de dom inio sobre sí m ism o, que queda impresa en la
im agen. Es una actitu d m ás bien ra c io n a l, desprovista de sensualidad , que da como
resultado una cie rta fria ld a d , que a le ja al espectador. La homogeneidad se traduce
en unidad e stru c tu ra l, obteniendo im ágenes p len as, que atra e n la atención hacia la
fig u ra como to ta lid a d ; fig u ra que no vive en cad a uno de sus fragm entos sino en el
todo. L a idea tiende a reem p lazar al objeto, pero am bos se eq uilibran. - O SCAR F.
G Ó M EZ .

14

�Para la historia del arte
concreto en la Argentina

Iz q . (R . L o z z a ). P in tu ra 161, añ o 194 8 .
Der. (K o s ic e ). E s cu ltu ra a r tic u la d a m ad i.

El a fá n por co n trib u ir una vez m ás a la com prensión del a rte ab stra cto , concreto, no fig u ra tiv o , de la nueva
o b jetivació n en p a rtic u la r en la A rg e n tin a , nos lleva enm endar un dato cronológico m al e xtra íd o de la
docum entación lite ra ria y que fu e ra inclu id o en el a rtíc u lo sobre K o sice, inserto en el núm ero 3 3 -3 4 , p ri­
m era serie de esta revista. Brindam os a grandes trazo s los despuntes del m ovim iento.
1944.

1945.

ye rg u e en el
in v e n t iv o ."

La re v is ta A r t u r o da la p rim e ra e x p re ­
sió n t e ó ric a ; en su c o n tra ta p a d e c ía :
" n in g u n a e x p re s ió n , re p re se n ta ció n , sig ­
n ific a c ió n , n e g ació n de tod a m e la n c o lía ,
jú b ilo / ' K o sice fu é co fu n d ad o r a l lado
de M ald on ado .

de la s n u e v a s c re a cio n e s y ta m b ié n de
la d en o m in ació n ju s ta que les co rre s­
p o n d ía . El grueso del grup o p asa a ser
la A s o c ia c ió n a rte co n cre to in v e n c ió n .
In te g ra d a e n tre o tros por M ald o n ad o ,
M an u el E sp in o sa , A lfre d o H lito , L id y
P r a t i, A lb e rto M ole m b e rg , O scar N u n ez,
Enio lo m m i, R a ú l y R . V . D. L o z z a , se
s u m a ría n luego E d g ar B a y le y , P rim ald o
M o n aco , Jo rg e S o u za , M a tild e W e rb in y
m á s ta rd e J u a n M e le, V irg in io V illa lb a ,
G rego rio V a rd á n e g a .

1946.

1948.

T ¡ene lu g a r en V a n . R ie l el Segundo
sa ló n a rg e n tin o de a rte no fig u r a t iv o que
in c lu y e las e xp re sio n e s a b s tr a c t a s , co n ­
c re ta s y m a d i. En el m ism o m es y lu g ar
se r e a liz a la p rim e ra e xp o sició n Perc e p tis ta ; y , un año después R a ú l L o z z a
da a lu z P e r c e p t is m o , con el a fá n de
v ig o riz a r las e xp re sio n e s p o lé m ic a s en
torno a los p ro b le m as de la n u e va
v isió n .

sie m p re la ilu s ió n . Ilu sió n de e sp a c io ,
de e xp re sió n , de re a lid a d , de m o vim ien to .
. . . las e x p e rie n c ia s e s té tic a s no rep re ­
s e n ta t iv a s . . . h a n sido u n a e x a lt a c ió n

cio n es de las c o s a s . . . "
" P o r un a rte que s ir v a desde su p ro pia
e sfe ra a la n u e va co m u n ió n que se

jú b ilo

E xp o sició n co n ju n to del G rup o In v e n ció n
en la Socied ad A rg e n tin a de A r t is ta s
P lá s tic o s . K o s ic e , a su v e z r e a liz a su
p rim e ra e xp o sició n in d ivid u a l de a rte
M adi a u s p ic ia d a por el M o v im ie n to M ad in en so r u n iv e rs a l, en B o h em ien C lu b ,
G a le ría P a c ífic o .

se n ta c ió n to c a a su f i n . . . la m a te ria
p rim a del a r te re p re s e n ta tiv o ha sido

de los v a lo re s co n creto s de la p in tu ra . . .
E x a lt a r la ó p tic a d ecim o s n o s o t r o s ...
El a rte co n cre to h a b itú a al hom bre a la
re la c ió n co n las co sas y no con la s f ic ­

el

1947.

La s d isid e n cias a p u n ta d a s en el a n te rio r
se co rp o riza n en dos m a n ifie s to s , el Inv e n c io ñ is t a , p ub licad o co n m otivo de la
p rim e ra e xp o sició n c o le c tiv a re a liz a d a en
el S aló n P e u se r en el m es de m a rz o , y
el m a n ifie s t o d el G ru p o M a d i. D ice el
p rim ero : " L a e ra a r t ís t ic a de la rep re ­

Por

d ad e ra re la c ió n del esp e ctad o r co n la
p in tu ra en el orden p rá c tic o . . . De la
a b s tra c c ió n del o b jeto re p re se n ta d o , a
la in ve n c ió n de un o b jeto e sté tico con
p ro p ie d ad e s r e a le s . . . "
" . . . L a p in tu ra a b s tra c ta re p re s e n ta ti­
v a y c o n c re ta , si bien pone a d escu ­
b ierto la e se n cia m a te ria l de los e le ­
m entos de la p in tu ra de u n a m a n e ra
v a g a y p a r c ia l, no logra tam p o co re ­
so lv e r el p ro b lem a c r u c ia l e n tre
la
e s tru c tu ra o b je tiv a del suceso p lá s tic o
y el esp acio fís ic o del m uro a rq u ite c ­
t u ra , en un todo in te g ra l y hom ogéneo
con el a m b i e n t e . . . El p erce p tism o tu vo
que su p e ra r
las co n tra d ic c io n e s que
d e te n ía n el a v a n c e de la p in tu ra no
f ig u r a t iv a p a ra a c e r c a r la p lá s tic a a l
hom bre y re in te g ra rla a su ve rd a d e ra
fu n c ió n s o c ia l, el m uro a r q u ite c tu r a ,
log rando co n e s ta co n q u ista u n a s ín ­

D ice el m a n ifie s to M a d i: a rte
M adi
"e s
la
o rg a n iz a c ió n
de
tod os
los
e le m e n to s propios de c a d a a rte en su
co n tin u o . . . Con lo co n creto co m ie n za
el g ra n p erío d o del a r te no f ig u r a t iv o ,
en el c u a l el a r tis t a s irvié n d o se del e le ­
m ento y de su re sp e ctivo co n tin u o cre a
la ob ra en toda su p u re z a . Pero en lo
co n cre to h a h ab id o u n a f a lt a de u n iv e r­
sa lid a d y de c o n se c u e n c ia s de o rg a n iz a ­
ció n . . . se h a rete n id o la su p e rp o sició n ,
el cu ad ro re c ta n g u la r, el a te m a tism o
p lá s tic o , el e s ta tis m o , la in te rfe re n c ia
e n tre el vo lu m e n y el co n to rn o . . . de
a q u í el triu n fo de los im p u lsos in s tin tiv is t a s c o n tra la re fle x ió n ; de la in tu ició n
co n tra la c o n cie n cia . . . de la m e ta fís ic a
c o n tra la e x p e rie n c ia . . . M ad i c o n firm a
e l deseo d el hom bre de in v e n ta r o b je to s,
a l lad o de la h u m a n id a d lu ch an d o por
u na so cied ad sin c la se s q ue lib e ra la
e n e rg ía y d om in a el e sp acio y el tiem po
en todos los se n tid o s, y la m a te ria en
su s ú ltim a s c o n s e c u e n c ia s ."

T ie n e lu g ar la p rim e ra e xp o sició n en la
c a sa de Pichón R iv ié re . Con p o ste rio rid ad
se p ro duce la e scisió n del grup o p rovo­
c a d a por la p olém ica en torn o a l sentido

S ig u ie ro n la s e xp o sicio n e s de las p rim eras
p in tu ra s in v e n c io n is ta s de M ald o n ad o en
C o m te y en el S aló n de los In d ep e nd ie n ­
te s , la de E sp in o sa.

m undo. . .

1949.

D ice en su p rim e r n ú m e ro : " l a
p in ­
tu ra
p e rce p tista . . .
e x a lt a
los e le ­
m en tos de la p e rce p ció n v is u a l de la
p lá s tic a , p la n o - c o lo r , y cre a u na v e r­

te s is d e fin it iv a e n tre los v a lo re s e m i­
n en te m e n te p ictó rico s y la s e n sib ilid a d
e s té tic a del h om bre a c t u a l. En e ste
m edio co n cre to en que c o n v iv e el hom ­
b re , la p in tu ra in g re sa com o un a c a t e ­
g o ría re a l y c o le c t iv a , y d e ja de ser
el re su lta d o de un a in te rp re ta c ió n in d i­
v id u a lis t a del m undo c irc u n d a n te ."
Los tre s m a n ifie s to s p o la riz a ro n las r e a ­
liza c io n e s de tre s g rupos a r tís t ic o s c u ­
y a s t e o ría s c o n tin ú a n siendo e x p u e s ta s
en 3 p u b lic a c io n e s : P e rc e p t is m o y A r t e
M a d i, b ajo la d ire c ció n de R a ú l L o z z a
y K o sice re s p e c tiv a m e n te y
1951.

N u e v a V is ió n fu n d a d a por T o m á s M aldonado con el pro pósito de im p u lsar
la in ve n c ió n de fo rm a s ten ie n d o en
c u e n ta p rin c ip a lm e n te la fu n c io n a lid a d .

1952

M ald o n ad o co o rd ina

el

G ru p a

de

A r t is ­

sobre las
e xp re sio n e s de 5
a r tis t a s co n cre to s:
G iró la , H lito , lo m m i, M ald o n ad o y L id y
P r a t i; y de 4 in d ep e n d ie n tes: A e b i,
F e rn á n d e z -M u ro , S arah G rilo y O cam p o.
ta s

M o d e rn o s de la

A r g e n t in a

Blanca Stabile.

A n to n io C a ra d u je , M . E sp in o sa, Enio lo m m i, A . M olem b erg , T . M ald o n ad o , 5. C o n tre ra s , G iró la , R a ú l L o z z a .

1946

15

�I

I
L

1

1

A R T EF A C T O S
f

m

T

1

E L E C T R IC O S

H U M B E R T O 19 2 8 4 ]

-

C A R LO S LO Z A CO LO M ER

Médico

Ingeniero C iv i
T . E. 6 2 -1 3 0 1

E M IL IO

C o rrien tes 11 3 2

P A S IN I

JO R G E A . L IB E D IN S K Y
A rquitecto

V iam o n te 8 5 5

T . E. 3 2 - 3 8 8 6

G uido

19 2 8

Médico de niños
A v . Q u in ta n a 2 9 4

T.

Abogados
T . E. 4 2 -3 0 0 8

M ontevideo 4 6 7

C A R R E A

L A Z A R O G O L D S T E IN

Médico neurocirujano

Ingeniero Civil
T . E. 76-1 1 1 1

D r. N A T A L IO

Córdoba 4 0 4 5

T . E. 7 9 -9 2 4 1

ED ELM A N

Ingeniero Civil

L a rre a 1 1 6 0

T . E. 7 8 -8 1 8 1

J. E. U rib u ru

12 4 4
Dr. C E S A R O S C A R L IP R O T T I
Abogado

D r. M O IS E S G O LD M A N
Médico

M a rc a s y p atentes

1160

T.

E. 7 8 - 5 6 0 9

T u cu m á n

1621

T . E. 3 5 - 4 9 2 6

D r. N A R C IS O M A C H IN A N D IA R E N A
D r. B A L T A Z A R V . J A R A M IL L O
D r. B E R N A R D O S O F O V IC H
Abogados

R A F A E L R IP A A L S IN A
Abogado
T . E. 3 6 - 6 7 2 2 - 3 0 - 2 9 3 4

D r. JO S E A L B E R T O

M ontevideo 4 6 7

R U B IN S T E IN

Pte. Q u in ta n a

M a rtín e z

E D M U N D O LE O P O LD O Z A R A

TEN CO N I

Abogado
T.

N. N.

S IL B E R T

1335

Médico
C a n g a llo 1 8 9 0

E. 3 5 - 1 9 8 7 y 3 5 - 7 2 1 3

Ingeniero

T . E. 4 7 - 2 3 4 8 y 4 1 - 0 7 3 8

D r. J U A N

T.

J U L IO

Cirugía General
C a n g a llo 2 3 9 5

y 9591

R A F A E L L IF S C H IT Z

Médico

Sarm iento 7 2 2

E. 4 2 - 2 1 2 3

Dr. C A R L O S F O N T A N B A L E S T R A
Dr. M A N U E L A L B E R T O B A Y A L A

D r. C A R L O S R U IZ

R A U L

B U EN O S A IR E S

T . E. 3 5 - 9 9 5 8

Abogado

L a rre a

T . E. 45-7931

B. R A P P A P O R T

R iv a d a v ia 3 3 8 7

D r.

-

E. 4 8 - 4 7 4 6

R econqu ista

165

T . E. 39 - 6 6 4 8

N . N.

�fondo de cultura económ ica
Independencia 802
Novedades:
D EST A C A N

LA

Noviembre

y

Diciembre

1954

G o r d o n C h i l d e , V . • Los o ríg e n e s de la c iv iliz a c ió n (291
pp. B R E V IA R IO No 9 2) ................................................................................................

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$

20 —

H e r k o v i t s , M . J . - A n tro p o lo g ía e co n ó m ica (5 2 2 pp. A N T R O P O L O G IA ), e m p a sta d o en t e la .......................................................... „

5 9 .—

H i g h e t , G , - L a tra d ic ió n c lá s ic a (9 3 4 pp. - L E N G U A Y
E S T U D IO S L IT E R A R IO S ), 2 v o ls ....................................................................................

7C —

C r o x ío n
y C r o w d ©SI - E s ta d ís t ic a
g e n e ra l
a p lic a d a
R e im p re sió n - (7 5 0 p p . - E C O N O M IA ) ......................................

76 —

,,

G Ó tCTGZ A A o r f i n J . - El co n tro l in tern o en los n ego cios (1 8 0
pp. - A D M IN IS T R A C IO N Y D IR E C C IO N IN D U S T R IA L Y C O ­
M E R C IA L )
............................................................................................................................... „

p ara n iñ ita s

D ih h e y ,
S O F IA )

y varones

R e ye s,

son esplénd id as
sus
coleccio nes

3 1 .— .

W . - T e o r ía de la co n ce p c ió n deí m undo (F IL O ­
...................................................................................................................... „
42 —
A . -

V is ió n de A n á h u a c (6 3 pp.

TEZO N TLE)

....

,,

M o lin a
y
P a s q u e ! , R . - C o n te p t o f co u rt - C o rre cc io n e s
d is c ip lin a ria s y m ed ios de a p re m io (P O L IT IC A Y D E R E C H O ),
4 3 0 p p ................................................................................................................................................ „

43 5 0

B e v e ra g g i
A l l e n d e , M . - El s e rv ic io del c a p it a l e x t r a n ­
je ro y e l co n tro l de c a m b io s (E C O N O M IA ), 2 3 8 p p ...................... „

1 8 .5 0

H a n s e n , A . - T e o r ía m o n e ta ria y p o lít ic a fis c a l (E C O N O ­
M IA ), 2 7 2 p p .) ...................................................................................................................... ,,

20 —

Z w e i g , §". - El p e n sa m ie n to e co n ó m ico (B R E V IA R IO N9 9 3 ),
2 1 6 p p ................................................................................................................................................

14.—

,,

A z e v e d o , R . - S o cio lo g ía de la e d u c a ció n (3&amp; e d ic ió n - SO­
C IO L O G IA ) , 4 6 4 p p ............................................................................................................... „
V i g n a u x , P . - El p e n sa m ie n to en la e d ad m e d ia (B R E V IA R IO
nP 9 4 - 2 0 6 p p .) ...................................................................................................................
R e yes,

A . - A rb o l de p ó lv o ra (1 3 6 pp. - T E Z O N T L E )

„

................

F u e n t e , S in d u lf o d e
l a - El rued o de C a la t r a v a (C o m e ­
d ia ) T E Z O N T L E
......................................................... ................................................................

c r e a c io n e s
e x c l u s iv i d a d e s
a c ie r t o s

artículos para hombres
corrientes

930

1 3 .—

34 —

1 4 .—
17.—

1 0 .—

�B

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1796

Q
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Hnos. y Cía.

EL ARTE Y LOS ARTISTAS
ftV

-•

■■ '

El arte es la demostración
de lo que Leonardo de V in e l
llamó “ la b.eÜezza del m ondo” .
Y es una interpretación de
la vida. Porque la penetra, la
resume y hace que se la
entienda m ejor. Así*, los artistas
están destinados a desem peñar
orto d e

jos

■ }/

papeles m ás

im a n a n te s en la existencia

.

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del lib ro y la música» la
pintura y el teatro, la - .
escultura y la .arquitectura.

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que con «anta: elevación
rinde * VÉ3V y E S T IM A R ”
al arte y a Ira artistas
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Serie 2. No. 2</text>
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                <text>Título anterior: Ver y Estimar : cuadernos de crítica artística</text>
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                <text>Ver y Estimar S.R.L.</text>
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                <text>Buenos Aires, diciembre 1954</text>
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              <elementText elementTextId="2003">
                <text>Roland, Alfredo E.&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Villanueva, Carlos Raúl&#13;
Ambrosini, Silvia&#13;
Duran, A. M.&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Loza Colomer, Azucena&#13;
Nagel, Enrique&#13;
Paz, Samuel&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Poggi, Elena&#13;
Silva, Carlos&#13;
Tenconi, Elsa&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Gómez, Oscar</text>
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                    <text>VER y e s tim a r

�Suspendimos lo publicación de V E R Y E S T IM A R porque deseábam os am p liarla y m ejorarla,
hasta convertirla en el órgano de expresión que reclam a el país, y el continente. Pero nos
hemos convencido de que la revista es un medio an acrónico de expresión, por lo menos la
revista de ideas, tal como la realizábam os y como la proyectábam os. Y en consecuencia
vamos a m odificar el régimen de nuestras publicaciones.
E d

i t o r i a l

Si por una parte el lector no parece tener capacidad de concentración, ni tiempo, para leer
largos artículos de teoría o critica , prefiriendo el com entario rápido y fá cil, y el m aterial
gráfico, siempre que sea a c tu a l, como lo prueba el éxito de los sem anarios ilustrados en el
mundo; por otra parte no deja de interesarse por los tem as desarrollados con seriedad y pro­
fundidad, como se los puede presentar más bien en el libro que en la revista. Lo que puede
suponerse inactu al es la m ezcla del ensayo con la inform ación y la variedad de tem as a que
obliga la revista.
Im pulsados por estas ideas, V E R Y E S T IM A R aparecerá m ensualm ente con 16 páginas de
ilustración v abundante m aterial gráfico , para cum plir con las exig encias de inform ación y
crítica de hechos, exposiciones y libros. Como complemento vamos a editar una colección
de libros de 60 a 8 0 p áginas, con suficiente cantidad de ilustraciones, dedicados al exam en
de problemas estéticos, históricos y críticos, escritos por uno o varios autores, que se venderán
a bajo precio.
Esperamos que en esta segunda etapa nos sigan apoyando los viejos lectores y que haya
muchos nuevos lectores. N uestra línea de conducta será la m ism a: destacar la calid ad y
perseguir el estilo, sin band erías; denunciar el fraude y el engaño; im pulsar la crítica de ideas.
Sólo m odificam os nuestro modo de expresarnos.

VER Y ESTIMAR
revista m ensual de c rític a
a rtístic a
S u

m

a r i o

C O M IT É DE R E D A C C IÓ N
S ilv ia A m b ro sin i R aq u el Ed elm an
Jo rg e G lusberg E n riq u e N ag el
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B la n ca S ta b lle ,
se cre ta ria de red a cció n .
Sam uel O liv e r, d ia g ra m a d o r.

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4

E I realism o so c ia lista

6

C óm o ve Berenson a P ica sso

7

E xp o sicio n es

8

O
i

Q

H U B E R M A N , J. G L U S B E R G , i

E. T E N C O N I, A . L O Z A C O L O M E R , E. N A G E L

D irecto r G eren te:

y

3

Q - G a le ría s S a n ta Fe

B. S T A B IL E , E. PO G GI, B. P A S T O R ,

Jorge Romero Brest
R e g istro N a cio n a l de la
Prop iedad In te le c tu a l NP 271 .8 21

2

A propósito de los p in to res a rg e n tin o s de v a n g u a rd ia

B L A N C A S T A B IL E

S IL V IA A M B R O S IN I

Adm inistración

C

S A M U E L O L IV E R
A L F R E D O E. R O LA N D

S u scrip c ió n a n u a l:
12 n úm eros ............. $
E x te rio r .......................... ,,
N úm ero su e lto . . . „

E d ito ria l

S IM O N A E R T A N

Di seño in d u stria l

12

L a B ie n a l P a n a m e ric a n a de C u b a y el A p ósto l M a rti

13

El a rte y la c rític a

]3

El a rte es p a ra todos

13

Redacción:

—
Buenos Aires
T . E. 3 5 - 9 2 4 3

N oviem bre 1954
T a p a : M ax V . M ühlenen, g rab ad o en linóleo.

�A propósito de los pintores
argentinos de vanguardia

Cada vez que me enfrento con obras de jóvenes
artistas argentinos de va n g u ard ia , pienso que la
insatisfacción que me producen con fre cu e n cia se
debe al punto de vista d iferen te en que se colocan
ellos al crear y yo al ju zg ar. Porque si bien soy
sensible a los encantos que producen, busco en el
arte otra cosa que la m era puesta en acció n de
mis

sentidos

y

de m is

sentim ientos

com unes.

Ellos hablan constantem ente de la sensib ilid ad y
yo también, pero damos sin duda sig n ific a ció n
diferente a la palabra. A u n descartado el s ig n ifi­
cado etimológico — " la fa cu lta d de se n tir, propia
de los seres hum anos"— y ad m itid a la im propie­
dad de su empleo, ser sensible im plica cap acidad
aguda de distinguir sensaciones, pero tam bién de

ideación en la potencia de cada form a y del con­
junto.
No se piense por lo que digo que desestim o los
intentos de quienes buscan a fan o sam en te un len­
gu aje m ás apropiado que el de Diom ede o Seoane
para exp resarse, de acuerdo con los modos de v iv ir
a ctu a le s. Siem pre he considerado deseable hasta
la decisión in te lectu a l de renovar los signos que
em plea un a rtis ta , cuando no le sa tisfa c e n los que
sabe h ace r, y que esa renovación se re alice con
la vista y la m ano puestas en las fo rm as de los
grandes inventores. Pero si es legítim o apropiarse
de una lengua a je n a , no es legítim o h a b la rla m al
o tra n sfo rm a rla en je rig o n za.

telas y la unidad de form a es el fru to de una larga
maduración espiritual. Como tam bién me reconcilió
la espléndida exposición de Seoane, apegado f ir ­

Esto ocurre con la m ayo ría de los jóvenes a rtista s
que exponen a h o ra, p ra ctica n te s sin quererlo de
un pastiche m odernista sin va lo r. ¡O ja lá se d ecidie­
ran a ser fran cam e n te picassianos o maxbillianos!
R e a liz a ría n siem pre obra v a lio sa , aunque hum ilde.
Pero en vez de h a b la r esas lenguas de probada
va lid e z con respeto, p re fie ren m e zcla r elem entos
de unas y otras con total irresp o nsab ilidad estética.
¿Sensibles porque vib ra la m a te ria o porque han
encontrado una fe liz solución fo rm al o porque han
sabido aco rd ar dos tonos? S í, lo son. Pero no en el
sentido de la a d ivin ació n de un mundo a través de
las fo rm as, por lo menos a mi ju icio .
Por eso estim o y defiendo a los auténtico s co ncre­
tos, al m ism o tiem po que a Diom ede, Seoane y
algunos otros, porque h ay m ensaje en las obras
que crean . A quienes sólo puedo desen m ascarar es
a los que o frecen , im itando a C la v é (!) una ve r­
sión reducida y em pobrecida para burgueses, de lo
que Picasso h izo p ara uso de la hum anidad sin
determ in ación de clases. Y a los que suponen que
basta em p lear puntos, lín eas y planos p ara s e r.
nuevos y a ctu a le s, sin que sospechen siq u iera los
supuestos ju stific a to rio s de ta les concepciones.
Em ito este ju icio porque no se me escapa la parte
de responsabilidad que me corresponde y no quiero
que nadie crea que al d efender cie rta s tendencias
del a rte ab stra cto y concreto, con la vista elevada
h acia los m aestros, estim o valio sa cu a lq u iera obra
a la que se le ponga una de esas etiquetas. L as
¡deas que sustento y que determ inan mi línea polí­
tica en el cam po del a rte no me impiden d en u n ciar
el frau d e donde lo en cu en tre, ni me obligan a
co m p licarm e con él.

memente a las cosas pero con c la ra vo luntad de

Jorge Romero Brest

teñirlas de emoción y de co nsid erarlas como estím u ­
los de la fantasía. Y algo m ás, de condensar ese
rico contenido aním ico en una idea. ¿Id ea c ie n tí­
fica o social o m oral? No, el a rtista no es un bus­
cador de verdades p arciales. Idea que revela una
visión de la realidad como un todo y por ello idea
metafísica.

Idea en

no en el sentido

el

de

sentido

sab er,

de

de

a d ivin ació n

lo que subyace o de lo que se eleva.
da que sean unas m an zan as

a d ivin ació n ,
de

Lo mismo

de C é za n n e

o

la

Anunciación de Fra A ngélico o un cuadro cu b ista
de Braque; lo que produce el im pacto exp resivo
es la coherencia de la ¡dea que sostiene los im p u l­
sos sensibles del pintor.
Y bien, creo que los a rtista s argentinos no p a rtic i­
pan conmigo en esta búsqueda de las grandes ¡deas
ordenadoras de la potencia sensible. H a y m ucho
de juego, de simple disposición de fo rm as e q u ilib ra ­
da, en quienes cultivan tendencias de va n g u ard ia ,
como si creyeran que la libertad obtenida les au to ­
riza a no reflexionar, a no se n tir p rofundam ente
y a crear por medio de sim ples reflejo s sensibles.
Obras expuestas recientem ente me sugieren estas
reflexiones.

Una exposición modesta como la de

Diomede, en cambio, pese a los reparos que se
le puedan oponer, por su voz apagada y su f a l­
ta de modernidad, me reconcilia con

la p in tu ra

argentina, pues nada está puesto al a z a r en esas

3

�Galerías Santa Fe
A p reciació n inm ed iata

A rq u ite c to s :

A sían y E zc u rra

de una idea por medio
de un trazad o
San

M in ia to

a l M o n te .

En la s G a le r ía s S a n ta F e se ha in te n ta d o u n a v e z m ás re a liz a r
u n a sín te s is de a r te , e x p e rim e n to que re q u ie re no sólo el tra ­
b a jo de a rq u ite c to s y p in to re s (en este c a so ) sin o u n a m utua
c o la b o ra c ió n , p a rtie n d o de un co n cep to ab so lu to de lo que se
q u ie re lo g ra r.

Po rq ue a l in c lu ir la p in tu ra com o o tro e le m e n to p lá stic o supo­
nem os que
La

U nidad interior.

idea de los a u to re s e ra
de

a r q u it e c tu r a y

a lc a n z a r e sta síntesis.

p in tu ra

p a ra

lle g a r

a

una

u n id a d d e e x p re s ió n , y no u t iliz a r la p in tu ra co m o decoración

Persecución de una idea
La

la

in te g ra c ió n

a g re g a d a .

S ix t in a .

L a s g a le ría s S a n ta F e , in c lu y e n

lo c a le s de n eg o cio s, pequeños

y d iv e rso s con m u ch a a f lu e n c ia de p ú b lic o , los que h an tenido
g ra n é x ito c o m e rc ia l.

El p la n o de a tra c c ió n e s tá dado por los

e s c a p a ra te s ilu m in a d o s h a s ta u n a a lt u r a de 3 m e tro s; por en­
c im a ,

se e x tie n d e n

la s b ó ve d as p in ta d a s .

La

p in tu ra es gra­

tu ita pero el p ú b lico no se in m u ta .

V a lo riza ció n de sup erficies

Po rq ue lo que o b je ta m o s en g e n e ra l es el h a b e r em p lead o una

Tum ba

p in tu ra co m p u e sta de e s c e n a s o fig u r a s que h a y que m ira r una

de

C h n a m h o te p .

B e n i- H a s á n .

a

u n a , en v e z de s e n tirse u no e n v u e lto ,

rodeado por el con­

ju n to . Po rq ue lo que h a y que re so lv e r es u n in te rio r y se debe
te n e r e n to n c e s la se n sa c ió n de q u e c a d a p u n to del ám b ito está
u n id o con in fin ito s h ilo s a n o so tro s y que a l c a m in a r no sólo
v a m o s v ie n d o lo que te n em o s d e la n te de los ojo s sino tam bién
lo que q u ed a a t r á s , lo que no vem o s pero lo se n tim o s, y que
p e rte n e c e a l á m b ito y no d e ja de a c t u a r sob re n u e stro s senti­
dos, y si m ira m o s el te ch o que no sea sim p le m e n te por la a c ­
ció n y la c u rio sid a d de m ir a r lo , sin o po rq u e nos se ntim o s in­
c o n sc ie n te m e n te .re c la m a d o s a h a c e rlo . Q u e re m o s d e cir que lo
que a s p irá b a m o s e n c o n tra r en la s G a le r ía s S a n ta Fe era unidad
interior.

El p ro b le m a se a g u d iz a en el sa ló n c u a d ra d o donde la solución
La v isu al " fro n ta l"
en las entrad as
P o rta f de S a in t M íc h e i.

a rq u ite c tó n ic a es la m á s a t r e v id a ; la c ú p u la h a sido concebida
sobre u n a de la s ú lt im a s fo rm a s
a rm a d o ,

b ó ve d a

p u n to s. L a

c á sca ra

ap o yada

in v e n ta d a s con
sim p le m e n te

el horm igón
sobre

cuatro

p in tu ra de Sold i no se a d e c ú a ni por su te m a, ni

por su c a lid a d a la fo rm a te n sa de la b ó ve d a y esto se com ­
El fuego en el volumen

p re n d e m e jo r d e sp u és de v is it a r su e xp o sic ió n en W ild e n ste in .

B a rro c o - M a tte u

El m und o de Sold i e s tá po b lad o de a ñ o r a n z a s , de recuerdos de

B a v a r ia

Persecución de un
ritmo
Á b s id e de S a n
C le m e n te de M useo
de A r t e de C a t a lu ñ a .

D ecoración sin
tem a
Q u ib la de la
M e z q u ita A h m e d
E l-B o rd e n i.

Integ ración
P ro y e c to

4

de un
espacio

A e ro p u e rto .
d e B a e rt lin g .

�abuelo, de quinqués y de landos, de señoras a tó n ita s asid as
en el olvido, de du erm evelas, de lila s y a z u le s gaseosos. M u n ­
do donde cada visión necesita un m arco que contenga y no
deje esto par las fo rm as, los fa n ta sm a s atra p ad o s.

Soldi dice que ha elegido como tem a la m ism a g a le ría , pues
le parece la decoración m ás ap ro p ia d a. Se ría in tere san te saber
qué entiende Soldi por "d e c o ra c ió n " . En cu an to al tem a e le ­
gido es dem asiado tem a p a ra una g a le ría c o m e rc ia l, llen a de
gente que va y vien e , donde la p rin c ip a l a tra cc ió n son los es­
caparates reales y v ita le s. Y aq u í se p resenta de nuevo la n e­
cesidad de una co labo ración p re via entre pintores y arq u itecto s:
la ¡dea de la e sp iral donde Soldi ha in clu id o a sus fig u ra s no
es desacertada, aunque un ta n to e le m e n ta l; ad em ás es ingenua
ya que se pretende que el espectad or c am in e dando v u e lta s
bajo el calidoscopio ro m á n tico ;

lo lógico se ría

situ arse

justo

en el eje de la e sp ira l, pero esto es im posible debido a

los

quioscos cen trale s.

En la bóveda de la sa la larg a se ha pintad o una e n fila d a de
figuras sin tener en cu en ta la dim ensión del lu g ar. Con este
no-sistema la su p e rficie a p in ta r podría tener un núm ero in f i­
nito de m etros de largo. L a solución no está en c u b rir m etros
cuadrados sino en com poner un espacio con los elem entos a r ­
quitectónicos dados.

Tam p o co

las fig u ra s entre sí siguen un

ritmo a pesar de e star com p ren didas en isla s de colores d ife ­
rentes; posiblem ente si hubiesen tra b a ja d o acusand o estas fo r­
m as y con m ás vig o r en el color, el co njunto h a b ría m ejorado.
El cielo rraso de la en trad a a las g a le ría s ha sido pintad o por
B atlle P la n a s. L a u b icació n no es a c e rta d a , pues la atención
es so licitad a por la acció n de e n tra r y resu lta un poco absurdo
entrar m irando h a c ia a r r ib a ; al s a lir la luz e x te rio r a n iq u ila
la p in tu ra . De noche se a p re c ia m ejo r; pero aún así no deja
de resu ltar una deco ración ag re g ad a.

A r r ib a : Seoane
D e rech a: B a tlle P la n a s
A b a jo iz q u ie rd a : Soldi
A b a jo d e re ch a : T o rre s
Agüero

En la entrada por C h a rc a s se ha vu e lto a com eter el m ism o
error que en la g a le ría P a c ífic o (C am p esin a de U rru ch ú a v is i­
tada por un " S c o r tic a tto " de Sp ilim bergo) al m e zc la r en una
m ism a su p erficie obra de pintores de d iferen te visió n .
Y de pronto se produce el m ila g ro — o el posible—

en una de

las pequeñas g a le ría s se e n cu e n tra el orden y la u n id ad , pe­
queña g a lería fa ra ó n ic a y m iste rio sa. Es la p in tad a por Seoane:
fresca, tal vez de colores dem asiado frío s, si se tiene en cuenta
la calid ez de los lo cales c o m e rc ia le s, e s sin lu g ar a dudas el
saldo

m ás

positivo

de

toda

la

g a le ría .

SA M U EL

O L IV E R

5

�Realismo Socialista

L a revista Cuadernos que ed ita el Congreso por la
lib ertad de la c u ltu ra , con sede en P a rís, ha p u b li­
cado un suplem ento con 13 a rtícu lo s del D IC C IO ­
N A R IO F IL O S Ó F IC O de la U .R .S .S ., uno de ellos
dedicado al realismo socialista, "m étodo fu n d a m e n ­
ta l de la lite ra tu ra y del a rte so vié tic o s". P ara
S ta lin , " e l a rte so viético co ntin ú a las m ejores tra d i­
ciones del a rte del p a sad o " (de P u ch k in , T o lsto i,
Gogol, e tc.) y " e s c u a lita tiv a m e n te una etapa
ascend ente nueva en la h isto ria m u n d ial del a rte " .
C o n stitu ye la fó rm u la m ás coherente y elevad a del
realism o a rtístic o , desde que " e s la rep resentación
v e ríd ic a , h istó ricam en te co ncreta de la realidad
en su d esarro llo re vo lu cio n a rio ". Y , trata n d o de
lle v a r ag ua a su m olino, ad m ite la fa z ro m á n tica :
" L e jo s de e x c lu ir el ro m an ticism o revo lu cio n ario ,
el don de ver en los gérm enes y los brotes de lo n u e­
vo lo que p ertenece al p o rven ir, el realism o s o c ia lis­
ta lo in clu ye como p arte integ ran te . . ."
S ta lin llam ó a los a rtista s so viéticos ingenieros del
alm a hum ana, asig nánd oles una fu n ció n e d u ca tiv a y
fo rm a tiv a . ¿De acuerdo con cu á le s d ire ctiv a s? A las
p olítico -so ciales que, en g ran p arte, él m ism o fo rm u ­
ló. El realism o so cialista "sup one una a m p lia in ic ia ­
tiv a del p in to r" , pero e xclu ye el fo rm a lism o y " la s
teo rías del a rte p u ro ". El p rin cip io sta lin ía n o pos­
tu la que la cu ltu ra so viética es " s o c ia lis ta por su
contenido y n acio n al por su fo rm a " , propugnando
la "u n ió n o rg ánica de lo¡ n acio n al y lo in te rn a cio n al
en el a rte " . Y por últim o — como si d ijéram o s
com o ú ltim a consigna— : " . . .e s te método es ta m ­
bién p atrim o n io de los m ejores rep resentantes de
la lite ra tu ra y el a rte que lu ch a n en los países
c a p ita lista s por la lib ertad de los pueblos, por
la p a z ."
El jugoso a rtíc u lo del D IC C IO N A R IO F IL O S Ó F IC O
— cuyo len g u a je, al ju z g a r a cierto s filó so fo s co n ­
tem poráneos, no es e stricta ni " tra d ic io n a lm e n te "
filo só fico , según la "m e jo r tra d ic ió n " filo só fic a o c ci­
d en tal— m erecería un largo co m en tario . Sin duda
el realism o so cia lista ofrece al a rte — como a todas
las m a n ife sta cio n e s c u ltu ra le s— p ersp ectivas in te ­
resantes. T o d a revolución las o fre ce, las ha ofrecido
siem pre. R evoluciones filo só fica s o relig io sas, c ie n ­
tífic a s y té cn ica s, a rtís tic a s y e sté tica s, no han de­
jado de re p e rcu tir en el ám bito p o lítico -so cia l, a sí
como revoluciones p o líticas y económ icas han d e ja ­
do su im pronta en la esfera c u ltu ra l.
Porque el filó so fo y el a rtista no pueden d e ja r de
v iv ir la realid a d h istó rica que les toca en suerte,

ó

porque los hechos histó rico s son siem p re, y ante
todo, vivencias, tan to p ara el hom bre de ciencia
como p a ra el a rtis ta y p ara el hom bre com ún. Ne­
g a r esto es n eg ar el p rin cip io d ia lé ctico de la histo­
ria , ¡dea fu n d a m e n ta l del m a rxism o .
En carad o a sí, el realism o so cia lista será un enrique­
cim ie n to — como e xp e rie n cia v iv a — p ara el artista.
Sobre todo desde el punto de vista del contenido
(como te m a ); y a u n puede serlo desde el punto de
vista de la form a, siem p re que el a rtista goce ple­
n am e n te , ¡lim ita d a m e n te , de la cap acid ad de juzgar
y de ob rar. Si d ich as p osib ilid ad es se lim itan y con­
d icio n a n , im poniendo a l a rtista un lecho de Procusto
con fin a lid a d e s e d u ca tiv a s o fo rm a tiv a s , aquel en­
riq u ecim ien to se tra n sfo rm a en em pobrecim iento
a s fix ia n te . C a d a a rtista h ará lo que deba hacer, én
su época y en su m edio, m ie n tra s tenga libertad de
elegir. No h ay dioses, ni filó so fo s — y menos habrá
p olítico s— ca p ace s de d e te rm in a r los a priori del
a rte sin d ism in u irlo en su verd ad era dim ensión hu­
m a n a , sin d e sva lo riza rlo h istó ricam en te como arte.
Los so viéticos d irá n que éste es un punto de vista
in d iv id u a lista y burgués, que ellos — a rtista s o no
a rtis ta s — desechan de p lan o; que el realism o so­
c ia lis ta se fu n d a en todo un sistem a histórico-fi losófico (sociológico). Pero ¿ h a y una estética que res­
ponda a ese siste m a? Si se nos h ab la sólo de " a rte "
y de a rte " e n fu n ció n de . . . " , éste dependerá ex­
clu siva m e n te de condiciones económico-sociales
(e x tra e s té tic a s ). No h a y , pues, a rte puro. ¿ Y si m a­
ñ an a d escu b riera n los so viéticos que alg u n a de las
fo rm a s de ese a rte puro — que no h ay que confundir
con la v ie ja fó rm u la del " a r te por el a rte " con el
a isla m ie n to e x c lu s iv is ta de la "to rre de m a rfil" —
producto de las m ás co n ce n tra d as búsquedas esté­
tic a s , es el que en d e fin itiv a o fre ce las m ejores pers­
p e ctiva s p ara una sociedad n u eva , co lectiva, indus­
tria liz a d a y e sta n d a rd iza d a , y que es el mejor
ca m in o p ara s a tis fa c e r las a p e ten cia s estéticas del
hom bre m oderno, in d ivid u al y co lectivam ente? In­
terro g an tes como éste p la n tea m uchos el a rtícu lo del
D IC C IO N A R IO F IL O S Ó F IC O de la U .R .S .S .
Esto exig e un desarro llo m ás a m p lio , una revisión
teó rica co m pleta e xen ta de sabor polém ico; así como
una d iscrim in a c ió n v a lo ra tiv a para ver hasta qué
punto el a rte so viético (el a c tu a l) " e s c u a lita tiv a ­
m ente una nueva etap a h istó rica en la evolución
del a r t e " , o bien si ha quedado rezagado con res­
pecto a la e sté tica o ccid e n ta l, sea ésta o no burgue­
sa y c a p ita lis ta .
A L F R E D O E. R O L A N D

�V . P . E F A N O V , U n e n cu e n tro in o lv id a b le

" P ic a s s o no rep rese n ta seres h u m an o s, a n im a le s , sino cosas n e u tra s . . . m a ltra ta el cuerpo
hum an o . . . colo cando ojos fijo s , estúp id os, in q u isito ria le s , y n a ric e s que sie m p re son d ifíc ile s
de reconocer y d e fin ir. Si to d as estas re p rese n ta cio n e s responden com o m uch os teó rico s p re ­
tenden a

una sim u lta n e id a d

de la visió n es porque

Picasso

ha

reto rn ad o a

la

co n stan te

p reo cu p ació n q u e los p rim itiv o s te n ía n cuand o e stab an presos de ing enuos p ro b lem as n a r r a ­
tivo s, los c u a le s fuero n su perado s por el cinquecento it a lia n o ." *
E stas d e cla ra c io n e s del g ra n h isto ria d o r del a rte re n a c e n tista d e m u e stran la

im p re scin d ib le

d u c tilid a d con que todo c rític o de a rte debe m a n e ja r su sistem a de ideas si a s p ira a to c a r por
d e b ajo de las d e te rm in a c io n e s h is tó ric a s , lo g e n u in o de toda cre a ció n . Y ta m b ié n o b lig a n a

Cómo ve

Berenson

a

Picasso

m a rc a r la s d ife re n c ia s que

lo d istin g u e n

del go zad o r co m ú n.

La

v e ra c id a d

de su

ju ic io

de p en d erá, en p rim e r té rm in o de su c a p a c id a d p a ra c re a r c a te g o ría s a d e c u a d a s a cad a época
a r tís tic a . P e ca ría m o s de ab so lu ta fa lse d a d si, por e je m p lo , p id iéra m o s a R e m b ra n d t o a los
ro m á n tico s fo rm a s só lid a s, n ítid a m e n te re co rta d a s en el e sp a cio ; si e xig ié ra m o s a su m a te ria
p ic tó ric a

la hom ogeneidad

del tono y el e m p a ste ;

y a sus d ib u jo s

la

tensió n

m a n te n id a

del tra z o a tra v é s de to d as las fo rm a s. Es d e cir, si p e rsig u iéram o s en el ro m á n tico los modos
e xp re sivo s que c o n fig u ra n la s e s tru c tu ra s c lá s ic a s , en v e z de a h o n d a r en la s fo rm a s ro m á n ­
tic a s m ism a s, h a s ta lle g a r a su e sp e c ia l co n te n id o a n ím ic o . Pu es b ie n , Berenson no procede
de o tro m odo cu an d o se coloca fre n te a Picasso . C o n tin ú a bu scand o el goce en la a p a rie n c ia
e x te rio r y a sp ira a q u e ese goce lo eleve por sobre el dom inio de lo m a te r ia l, a l e s p iritu a l,
c la ro está — com o sabem os de a n te m a n o — , sie m p re y cu an d o éste se a ju s te a un tip o : el
id e al de la b e lle z a c lá s ic a . N e c e sita el te stim o n io de c ie rto s d ib u jo s del periodo neo clásico
de Picasso p a ra d e sc u b rir sus e x tra o rd in a ria s dotes de d ib u ja n te , ú n ico títu lo que le b rin d a ,
re d iv iv a s en las in cisio n es de a lg u n a s de la s c e rá m ic a s del presente. Y , re c la m a n d o fo rm as
en c o n so n an cia con su ideal a rm ó n ico de b e lle z a , no a d v ie rte el sentid o de la lín e a cuand o
d e fo rm a , o cu an d o
.,
em oción .

lib re

de

la

im agen

fig u r a tiv a

a lc a n z a

ritm os

ca rg a d o s

•

de

d in á m ic a

Berenson lim ita así sus a p titu d e s de c rític o , h o stil " a un m undo que no es aq uél del a rte en
el c u a l he v iv id o , a un m undo cuyos h a b ita n te s no conozco ni qu iero co no cer. B. S T A B IL E
* A rtíc u lo

ap a re cid o

en

un

perió d ico ita lia n o

con

m otivo

de

una

e xp o sició n

de

P icasso

re a liz a d a en M ilá n a fin e s de 1 9 5 3 .

P IC A S S O , M a sa cre en C o rea

7

�en

sus

tra b a jo s

m ás

re c ie n te s

(Lib élu la

D isc íp u lo de ese g ra n m aestro que fu era

posada en un tallo ). Pero

la o b se rvació n

Jo a q u ín

m in u c io sa

co n cep ció n

del o fic io

re ve la

que

su

ín ­

T o rre s

G a r c ía ,

no

hay

recursos

que no h a y a ap re n d id o en el

tim a del esp acio es la tra d ic io n a l de su

T a lle r de a rte c o n stru ctiv o de M o ntevideo .

pu eblo: u b ic a c ió n de los ele m e n to s en un

L a s te la s que exp u so h a c e a lg u n o s m eses

á m b ito

cobra

en la s a la V de V a n R ie l nos d icen a las

recursos

c la ra s a c e rc a de su e v o lu c ió n : su período

lib re

de

sig n ific a c ió n

m a n u a lid a d ,

en

fu n c ió n

de

que
los

el

c o n stru c tiv o , cu a n d o re c ié n sa le del ta lle r

desborde de ese e sp acio por la e s c ritu ra

de su m a e stro ; su a fic ió n por el Picasso

que

con

e x p re s io n is ta , a su lle g a d a a P a rís ; f in a l­

el te m a , se logra u n a to ta lid a d ú n ic a en

m e n te , su a c e rc a m ie n to a l m undo e n c a n ­

la

tado de K le e .

p lá stic o s

que

lo

e sta b le ce
que

la

g r a fía

ro d ean.

una

in te rp e n e tra c ió n

e xp re sió n

to m a

C o n te n id o

fo rm a l

p a rte

ta n

de

a q u e lla

e s e n c ia l

com o

N o podem os

d e c ir

que e x is te en

e q u iv a le n te p lá s tic o

el te m a . E L E N A F. PO G G I

p a ra

él

un

c a d a e xp e rie n ­

c ia , com o d iría m o s de K le e , pu es su len ­
g u a je

que

d e fin id o ,

L E Ó N ID A S G A M B A R T E S
U ,

no

p o é tic a m e n te ,

fu e r z a e m o cio n a l y

ve r le g ítim a la a c titu d fo lk ló r ic a . En e fe c ­

m uy in ten so s.

to, m u ch a s de las te la s e xp u e sta s en Bo-

Sig ue p o s itiv a m e n te

nino

rre s

hace

alg u n o s

m eses,

a se rto

cu an d o

el

v ie rte

que

de

fo rm a s

las

la

ú n ic a
y

p a re c e ría n
no

m a g ia

con

una

se

ad­

em erge

fu e rz a

a b s­
la

G a r c ía :

p a re c e rse

al

co m p re n d e rá n

que

con

el

de te m a s telúricos — los c u a le s

p a rece a un p á ja r o " .
ra

v is t a ,

y

objeto s

C h i-P a i-

esos p eq ue­

fo rm a s

h a sta

m ente

v a ria d o

fu e rte s ,

o b ten er

h a s ta
s u til.

de

re fin a n d o
re g istro

la

a l m ism o tiem po

c a lid a d

pero

su

su m a­

tonos y a m aso n d o

v o lv e rla
La

e xc e le n te

un

aún

de d ic h a s
se

lo ve

te la s
dem a­

tan

e x p re s iv a s

h a c e rn o s

m a te r ia ,
a te n to

tam p o co

m u e ve .

resu elve
e n tre

a fo rtu n a d a m e n te

la m a te ria -c o lo r y

la

los e s­

en

a l a rtis ta
cio

como

a c tu a l:
m edio

un

estad o

la b ú squ eda
e x p re siv o ,

com ún

del e sp a ­

m ás

v isib le

su

p e rso n a lid a d .

que

re s a lta r esa c u a lid a d
es el

ritm o ;

esa

de

se rie

la
de

La

se

es el

re v e la n ,
sol y no

h acién d o n o s
la

tie rr a

p a re c e r

lo que se

fra g m e n ta c ió n de sus p lan o s de fo n ­

do se m e ja n un telón donde se v a n re c o r­

d e sd e ñ a r, h a sta a h o ra , las in fin ita s p osi­

ta n d o las fig u r a s de un b a lle t, su ced iénd o -

e sp a cio .
R o sa rio

Y

digo

la com p o sició n en

h a s ta

me

p e rm ite

tid o in d ic a d o . T ie n e

n u e stro s d ía s .

a h o ra

porque

v a t ic in a r le

se

la s

so n o rid ad e s,

en sus m an o s tod as

E n c o n tra rá ,

sin

d u d a,

nes. J . R. B.

SE R G IO DE C A S T R O

£

de

C a s tro

es

una

jo ve n

fig u ra

donde se da u n a a so cia c ió n a r tís tic a poco
co m ú n : el p oeta c o n fu n d id o con el p lá s ­
tico .

com o

m u sic a l. J O R G E G L U S B E R G

un

el m odo de su p e ra r c ie rta s c o n tra d ic c io ­

Serg io
C h i-P a i-S h ih

de

por c u y a ra zó n p a rece

mos g rise s y neg ro s y d e lic a d a s m a n c h a s
de co lo r.

la g a m a de e m o cio ­

v ib ra c io n e s s u tile s que a todo o b servad o r
que

ren v ig e n c ia p e rm a n e n te por un e q u ilib rio

H ay

la

Sus lín e a s no d e ja n en n in g ú n m om ento
de

siad o preso de las im á g e n e s — en las que

ños seres que en la tra sp o sició n a d q u ie ­
entre so b riedad y g ra c ia m e d ia n te f in ís i­

tra sp o sic io n e s

la s situ a c io n e s de

so n a le s, y elu d en toda d e fin ic ió n .

en

p a le ta

en

tra d ic ió n ,

sie m p re

p u es

tra z o

r e fle x io n a r a c e rc a del se n tid o de la p in tu ra

p re te xto

son

im a g in a tiv a s ,

Sus fo rm a s son n u e v a s, e n te ra m e n te p e r­

ción de un

esa

surgen

c ita su co n d ició n e x p re s iv a , a ju s ta n d o el

p o é tic o -filo só fic o o en la sim p le o b je tiv a ­

com o

que

nes,

la s c a r ta s del tr iu n fo ; sólo le h a c e fa lt a

de

d ific u lta d e s

p a ra e x p re sa r toda

G a m b a rte s sólo e je r ­

de co ntenid o

Sh ih em p lea

la s

los de v id a a c tu a l—

esp lén d id o p o rv e n ir si p e rsiste , en el se n ­

C o n tin u a d o r

S

m os p u ntos de p a rtid a p a ra c re a r sím b o ­

cim o s

flo r.

se /

Es u n a p in tu ra f á c il, que g u sta a p rim e ­

u n a se rie que a c a b o de v e r en su ta lle r

in se cto , de una

debe ^

v id a re a l le re su lta n d e m a sia d o lim ita d a s

de

la

p in ta d o

m o d elo , com o un a v ió n

de n in g ú n m odo pueden c o n s titu ir le g íti­

T o d o lo que nosotros los o c c id e n ta le s d e­
en

la s p a la b ra s de T o ­
o bjeto

Sus

y

el

d e sa rro lla

una

no del a r tis ta sin o del e sp e c ta d o r.

m odo

C H I-P A I-S H iH

lo

de

los c u a d ro s exp u e sto s q u ie n e s o p in a n de

b ilid a d e s que p re se n ta

leyend a

"U n

p ro v e n ir

un e stad o de ánim o

ta l

q u em a s lin e a le s—

ch in o

d ic e n

a n te su c o n te m p la ció n son c o m p le jid a d e s

re la c ió n

el

y

de los te m a s. Q ue rep ien sen y recu erd en

rica y

a lt iv a s ,

simbo-

b ru je ría s , com o un a rtis ta c a p a z de v o l­

es

p arq u ed ad de u n a

la

su s te la s , la s co sas e stá n d ic h a s en verso,

m a te ria

y

co m p le tam en te
te n e r

un ren o vad o r de la p in tu ra m á g ic a y de

p re te xto

e x u b e ra n te s

a

logía p o é tic a del m a e stro s u iz o , pero en

tra c ta que en c ie rto m odo c o n tra d ic e

e xp re sio n e s

aún

Se h a b la de L e ó n id a s G a m b a rte s com o de

c o n firm a r

m ed ian te

e stá

no a lc a n z a

G A M BA RTES

en

una

obra

�E X P O S I C I O N E S

LUIS SEO A N E
La

m ad urez

do

es

en

cap az

un

de

a rtis ta

lleg a

a fir m a r ,

a

repetidas e x p e rie n c ia s,

la

lín e a , color y m a te ria

a u na

cuan­

tra v é s

de

ad e cu ació n
c ie rta

de
fo r­

ma e x p re siv a . En v irtu d de a q u é lla , Seoa­
ne ha d e ca n tad o todo el m undo de im á ­
genes

p re té rita s

y

ha

ap resad o

en

una

nueva im ag en su a c titu d de a r tis ta . El
d ib ujo ce rra d o de tra z o g rueso, vigoroso,
sin té tico ,
ción

e s ta tiz a

e xp re sio n is ta .

bu jo co n striñ e
ap o ya

la

d in á m ic a

M ie n tra s

la em o ció n ,

la e xp re sió n

d e fo rm a ­

con

S EO A N E

SEO A N E

ese d i­

con el

color

ir ra c io n a l, no su b o r­

m ie n to de to d as la s p o sib ilid a d e s en de­

F R A N C IS C O M A R A N C A

g ra d a c io n e s y tra n s p a re n c ia s que

d in án d o lo a la s fo rm a s, sino cre an d o e s­

La

q u em as in d ep en d ien tes de c la ro sc u ro . F a ­

ra n c a en la G a le ría K ra y d da una v i ­
sión fra g m e n ta d a de su m undo id e a l;

vo recid o s por el p lan ism o

de la

m a te ria

p ic tó ric a , e llo s e n ta b la n un juego de r e la ­
cio nes

que ju n ta m e n te

con

la

d irecció n

de c ie rta s

lin e a s de co lo res puros,

ponen

curio so

un

m undo

e sp a c ia l

ta n

nos b rin d an

m a ra v illo so en tre

de

a c u a re la s

que

exp uso

M a-

c a d a cu ad ro o fre ce una v e rsió n de ese
m undo , pero al o b se rva r el co n ju n to se

ten las a c u a re la s . B E A T R I Z

F A U S T IN O

p e rm i­

H U BERM AN .

BRU G H ETTI

co m ­

p resien te la vib ra c ió n de un v ín c u lo m uy

a b s­

fu e rte que da u n id a d , por e n c im a de to ­

F a u stin o B ru g h e tti p e rten ece a la g e n e ra ­

das las d ife re n c ia s s u p e rfic ia le s de fo rm a ,

ción

ta m añ o y co lo r, v in c u lo que h ace suponer

p rim e r d ecenio de nue stro sig lo , p a rtiero n

tra c to .
Pocos a rtis ta s

serie

un e q u ilib rio

la s fu e rz a s e m o ti­

de

p in to re s

arg e n tin o s

q u e,

en

el

la e x is te n c ia de una idea p lástica común

p a ra

v a s y pe n san tes de la c re a c ió n ; y pocos

que

e sta s

m iento en el m an ejo de las té c n ic a s y so­

nos

re a liz a c io n e s .
Un estud io cuid ad o so

d e scu b rir

tu d es p lá s tic a s . Esto sig n ific ó p a ra él com o

a n u n c ia n

de

m a n e ra

tan

prom isora

un flo re cim ie n to de fo rm a s p lá s tic a s por
los cam in o s de la a b stra c c ió n .
S T A B IL E

M ARANCA

BLAN CA

h u b ie ra

el sentid o
esp acio

dado

origen

to d as

por

el

com p osición

se

je ra rq u iz a d o

q u e, en

el

veces

a

E u ro p a

pesa en

p in to r.

d e sta ca

un

c e n tro

potente

lo

En

bien

juego

p e n e tra ,

el

cad a

o tra s

con
se

p a ra

la

m a y o ría ,

p e rfe c c io n a ­

p rim e ra

en e lla

fo rm a le s ,

sin

a c e rc a m ie n to

o la

v isió n

es n a tu r a lis ta .

Luego

al a b o rd a r la g ra n co m p o sició n e xa lto

en tre

e lem en to s

un

lu z.
Su

a tm ó sfe ra

y

un

n a tu ra le z a y u na n u e va e xp e rie n c ia de la

a le ja , o tra s b u sca el e fe c to de co n fu sió n
fondo

buscand o

bre todo un rem o za m ie n to de la s in q u ie ­
p e rm ite

de e q u ilib rio que

cread o

fondo,

a

con

tonos d iá fa n o s

y

la

reco rta

las fo rm a s o b je tiv a s y c la ra s . L a

lo g rarlo to ta lm e n te , y un c la ro apoyo en

in n o va ció n

el sistem a de o rto g o n ales. Esto, ju n to con

con

la idea de e q u ilib rio bien estab le cid o está

bres

d e n u n cian d o el origen c lá sic o de la p in tu ­

re p re se n ta ció n , d in a m iz a n el esp acio to ta!

ra de M a ra n c a . Por eso no puede s a lir de

por c o n tra ste s y y u xta p o sició n

su

cae

puros. De este modo el a rtis ta h a lla en la

de

p o ten cia y fre sc u ra del co lo r, el v e h íc u lo

e sp acio

trid im e n s io n a l,

pero

no

en e sta tism o por el v ita l m o vim ien to

lle g a

m ed id a,
que

m ás

al

sin

a d e la n te ,

in tro d u c ir

e s fu m a r

los

li­

esquem as

de

los p lan o s con que tr a b a ja .

que

A l goce que en el esp ectad o r produce la

em pero, a la e x a lta c ió n líric a .

c a p ta c ió n
s u p e rfic ia l

del

e sp a c io ,

pero

no

se

su m a

m enos

el

v it a liz a

m ás

En

la

im p o rta n te

en

P e u se r,

su

se n sib ilid a d ,

exp o sició n

au n q u e

p in ce la d a s

de

sin

re tro sp e ctiv a

tonos

lle g a r,

re a liz a d a

B ru g h e tti se reveló a sí com o

goce de la fin u ra c o lo rístic a de este a r t is ­

el p in to r del " p le in a i r " . Con m enos p a ­

ta ;

sión qu e en M a lh a rro , S ilv a y W a lte r de

oponiéndose a l e q u ilib rio v ig ila d o de

la co m p osición está el uso de u n a g a m a

N a v a z io ,

m uy ric a y la u b ic a c ió n y d istrib u c ió n de

im p re sio n ista s no a lc a n z a la a b so lu ta m e ­

los co lo re s, que denotan u n a posición m ás

tá fo ra p lá s tic a . Sí v iv if ic a su n a tu ra lis m o

ro m á n tic a

que

c lá s ic a .

Esto

lo

prueb an

ro m á n tico

el

in flu jo

en

de

im ágen es

c ie rta s

m a n e ra s

re n o v ad as

de

ta m b ié n los v io le n to s c o n tra ste s de btan-

nue stro p a is a je de sie rra y a g u a . B L A N C A

cos y neg ros, y el in te lig e n te ap ro ve ch a -

S T A B IL E

9

�R A Ú L S O LD I
C om o

sie m p re ,

c a n ta .

Sin

c e su ra s
en

que

la

Soldi

no

m e tá fo ra s
m a rq u e n

m e m o ria ,

a s o m b ra :

en­

so rp re n d e n te s,
un

ritm o

d e s a rro lla

sin

o b lig ad o

sus

po em as

de c o n so n a n c ia s d ó cile s y se re n a s. N o se
sie n te

uno

le c tu a l;

im p u lsa d o

en

a

u na

p a rte porque

lab o r

nos da

in te ­

fo rm a s

y a v iv id a s y su p e ra d a s y en p a rte porque
su filo s o fía

no p la n te a

p ro b le m as.

A c e r­

ta d a m e n te d is trib u id a s , las o b ras o cu p an
tre s s a la s de W ild e n s te in , en tre s a s p e c ­
tos d is tin to s.
p a ra

la

En

la

p rim e ra ,

d e co ra c ió n

G a le r ía

S a n ta

de

Fe;

la

los bocetos

c ú p u la

de

com o la v is it a

la

no r e ­

su e lve la to ta lid a d del tr a b a jo , urge d ir i­
g irse a la c ita d a g a le ría . Sob re un fondo
azul

m uy

e s p ira l

e x p re siv o

que

c e n tro , a

se d e se n v u e lv e

te rm in a

e sfu m á n d o se

lo larg o de

rro llá n d o se

e s ce n a s

la c u a l v a n

a fin e s

con

una

en

el

d e sa ­

la

v id a

de la g a le ría (¿p o r qué esa

u rg e n c ia de

re p e tir

a r r ib a

lo

a b a jo ? ).

El

em pleo

de

e s p ira l,

d iv e rs id a d

de

la

que

p a sa
la

m o vim ie n to s de los p e rs o n a je s , la d in a m iz a c ió n de los p la n o s, la su p e rp o sició n de
se cto re s

fig u ra s ,

la

irre g u la rid a d

e s p ira l,

im p re sió n

p ro fu n d id a d

El

uso

Soldi

P E T T O R U T I, L a d el a b a n ic o v e rd e
A r r ib a d e re c h a : P e n sie ro sa
A b a jo : L a g ru ta a z u l

de

a n c h o de esa
de

del

te m p le

re s u lta n

adecúa

al

dan

y

una
a

de

de u n a

a m b ie n te ;

la

los

b ó ve d a.

co lo re s

so b rie d a d
no a sí

del

m a rc a d a
de

que

se

la s fo rm a s ,

ta n c o n tra d ic to ria s con la s e x ig e n c ia s e s ­
té tic o s

del

lu g a r:

el sig n o ,

m ás

que

la

im a g e n h u b ie ra sido el le n g u a je f e liz .
E M IL IO

PETTO RUTI

n u a de d e sa rro llo . Sie m p re m u e stra f a c e ­

De

ta s de su p e rs o n a lid a d , a la s que a s im ila

te rc e ra , La Blusa de n o ta el a c e rc a m ie n to

a c e n to s de u n a de a m b a s te n d e n c ia s.

que hubo sie m p re de So ld i a G o y a ; m ás

Lo

regreso

Com o d ice P a y ró en el c a tá lo g o , esta e x ­

que en el fu tu ris m o es m o v im ie n to en a c ­

te stig o s,

po sició n es p a rte del c o n ju n to de tr a b a ­

c ió n ,

e s te r illa ,

jo s p resen ta d o s h ace 3 0 a ñ o s. Son p in tu ­

en P e tto ru ti es m o v im ie n to s o lid ific a d o y

ras

los

c o n tro la d o por la e s tru c tu ra p re c isa de las

m o saico s, re a liz a d o s con raro s fra g m e n to s

fo rm a s .
A n te la p re g u n ta , de si es m ás d ib u ja n te

y

collages.

No

se

e n c u e n tra n

de p la to s y v id rio s .
E u ro p a

re cib ió

b ien

al

jo ve n

a rg e n tin o .

en

el cu b ism o v ib ra c ió n

o c o lo ris ta , c a b e

c o n te sta r que

d in á m ic a ,

ta n to

el

m useos

tra z o com o e l co lo r son e le m e n to s e x p re ­

y el c o n ta c to con te n d e n c ia s de v a n g u a r ­

sivo s de por sí, pero que se co m p le m e n ­

d ia . A l re g re sa r a su p a ís , in tro d u ce con

ta n en fu n c ió n de un e s p íritu c o n stru c tiv o

p o ten cia ju v e n il, alg o n ue vo . En lu g a r de

de e q u ilib rio .

d e sp e rta r e n tu s ia sm o , o rig in a c rít ic a s que

Y a d e m á s . . . ¡Q u é le c ció n en su s e m p a s­

Le

b rin d ó

la

enseñanza

de

sus

d e n o ta n in co m p re n sió n y f a lt a

de e la s t i­

c id a d m e n ta l. N o fa lta ro n b u rla s y d ib u ­
jo s

iró n ico s.

A h o ra ,

ese

m ism o

p ú b lico ,

te s so b rio s, de p o te n c ia c o lo ris ta , de t r a ­
zos o rig in a le s !

Sie m p re

in n o v a n d o , siem

pre e stu d ia n d o las c o sa s, p a ra b rin d a r su

ve con a d m ira c ió n , a l que a n te s re c h a zó .

visió n

del

A lg u n o s c u a d ro s , com o L a pensierosa. El

o c o n o c im ie n to ?

sombrero verde. L a gruta a zu l de C a p ri,

m e d id a que conoce.

m a y o r c re a c ió n

P a re c e ría que in v e n ta a

ave.

o p o rtu n id a d
in f in ita

el

m im b re ,

los

c a la d o s ,

la
las

Estos e le m e n to s o frece n
de

e m p le a r

v a rie d a d

de

el

co lo r

e x p re siv o s

en
y

fin o s m a tic e s ; pero S o ld i, v o lcá n d o se en ­
te ra m e n te
tr u c tu ra ,

en

los ú ltim o s ,

v e rd a d e ro

o lv id a

m a n te n e d o r

la

es­

de

esa

g a m a p la c e n te ra , com o lo h ic ie ra el gran
m a e stro e sp añ o l.
V o lv ie n d o

a

la

s a la

te rc e ra ,

e x tr a ñ a

la

c a p ta c ió n que aú n se in co rp o ra Soldi del
p a is a je :
m a n e jo

su
de

in n e g a b le
la

h a b ilid a d

p in c e la d a

y

del

en

el

co lo r

no

lo g ran d e s te rra r lo e fím e ro de u n a visió n
y a e x c e d id a . E L E N A F . PO G G I

m ilia riz a d o con a rle q u in e s , co p as, soles y

En su s a c u a r e la s m a rp la te n s e s , d iá fa n a s ,

n a tu ra le z a s m u e rta s . Estos se h a lla n v in ­

d e p u ra d a c u id a

a le g re s

culad o s a l m o v im ie n to c u b is ta , en c a m b io

D esde el punto de v is t a del b u en a r te s a ­

m a n e ja con m a e s tría u n a té c n ic a con la

los de la g a le ría

no, co n d ició n de todo g ra n a r t is t a , c o n si­

que

gu e

con

do de re le v a n te c a lid a d . U t iliz a la lín e a y

fre sc u ra de u n a m a n c h a . E L S A T E N -

el c o lo r con g ra n s o ltu ra y a c e rta d o des­

se a v e c in a n

al

a fir m a c ió n puede

el

id e a l:

un

p a re c e r e x a g e ra d a , d a d o que a tra v é s de

la

sus tra b a jo s , se a d v ie rte u n a lín e a c o n ti­

CONI CARRERAS

10

p la ­

dos:

sa la

Sus

el m á s

con

una

s a la

p u n tilla s ,

la

nos que se a d e la n ta n y o tros que re­
tro ce d e n , c re a n d o e sp a c io . C o n té c n ic a

K ra y d ,

co m p le m e n ta n

p lu m a s de
la

la

las

en

M esa de e stu dian tes, son m u y cono cid o s.

ita lia n o . T a l

se

¿H ay

en

W ild e n s te in

Sin e m b a rg o , Bueno s A ir e s e sta b a m ás f a ­

fu tu ris m o

fo rm a s

m undo.

a

pequeñ o d e ta lle .

c u a d ro

te rm in a d o

C A R L O S E. U R IA R T E

y

o p tim is ta s ,

C a r lo s

sabe e s tru c tu ra r un

E.

d e lic a d o

U ria rte
c o lo ri­

a ju s te , d e te rm in a n d o fo rm a s p lá s tic a s de

�gran m o v ilid a d que re sp a ld a d a s por fin a s
tra sp a re n c ia s

y

un

se n sib le

c ro m a tism o ,

■

X S K ^ X m

trasm iten con s e n c ille z lo que tie n en que
decir.

Q

E M IL IO C E N T U R IÓ N

a c tú e

Si bien este jo ven p in to r ro sa rin o no se
plan tea

g ran d es p ro b lem as

fo rm a le s ,

ha

superado, en c ie rta s co m p o sicio n es d o m i­
n ad as por am p lio s fondos b la n co s, el e s­
pacio como m era reso lu ció n en p e rsp e c ti­

que

v a lo riz a

la

¡dea

p lá s tic a .

T a m p o co

puede d e ja r de d e sta ca rse

el otro

e n fo ­

p ic tó ric a ,

el

C O LO M ER

en

o b ras

lism o

a un a rtis ta

que

m u e stra

B o n in o

no

que sie n te

q u erem o s

c re a d o ra ,

sin o

lim it a r

a c tiv id a d

c a r a c t e r iz a r ­

zo n as to n a le s de co lo res puros que c o n ­

a rtis ta

tra sta n en tre s í, m o viendo p lan o s e x p re ­

sa rio s p a ra que, a tra v é s de la m a te ria ,

sivo s,

pueda

el

cual

al

u t iliz a r

p a re c e ría

a b rir

rum bo a u'na g ra m á tic a

que

g ran d es

un

nuevo

le p e rm ite

f a c ilit a

ai

r e a liz a r s e

el ca m in o de

posición n a t u r a ­
los m edios n e c e ­

p le n a m e n te .

su e xp re sió n

in m a n e n te , c a r á c te r p rim o rd ia l de

n ecesid ad

su

sim p le m e n te

fu e r z a

nos

le g ítim a

m a n ifie s ta

sin

e x p u e s ta s

la s

lista

que

m ism a ,

en

la , y a que u na

que,

la

su p ro d u cció n
re ve la

vib ra c ió n

de

toda a c titu d n a t u ra lis ta . A Z U C E N A L O Z A

de re n o v a c ió n . A l re fe rirn o s a su n a t u r a ­

e sp e c ia l

d e sca rg a

Si el n a tu ra lism o de C e n tu rió n en la
Ven u s Criolla m a rc a u na e ta p a d e n tro de

v a , al im p rim irle , m e d ian te tra z o s á g ile s
una

com o

que e sta p é rd id a de e n e rg ía d e stru y a su

e

in ten cio n ad o s,

K K B ^ n

Éste

en

M IG U E L D IO M ED E
M ig u e l D iom ede e xp o n e en la G a le ría
Bonino un c o n ju n to de 2 7 óleos se le cc io ­
n ad o s en su
añ o s.

la b o r de esto s ú ltim o s d ie z

E n tra n d o

a

la

reco g id a

sa la

nos

e n c o n tra m o s fre n te a la in tim id a d de un

fu é

color sin e s trid e n c ia s , de un d ib u jo de su ­

la Ven u s

de su

C rio lla . L a m a te ria v it a liz a d a por el e s p í­

tile z a s , de u na e s tru c tu ra de lo sim p le e
in d iv id u a l. M u n d o de lo ín tim o com o lo

obra y d a r así a é sta a lc a n c e s de m ayo r
e n v e rg a d u ra , que e v id e n te m e n te se m e­

ritu que supo in fu n d irle , dotó a la fo rm a
de in d iv id u a lid a d y v id a p ro p ia s , sin que
e x is tie r a n in g u n a s o lic ita c ió n a je n a a la

L e jo s de la s te n d e n cia s a c tu a le s de m a ­
te m á tic a s e s tru c tu ra c io n e s e s p a c ia le s , la

im a g en

p in tu ra

de D io m ed e nos su m erg e en

m undo

de

su p e ra r

lo m era m e n te

d e sc rip tiv o

rece.

m is m a .

Un

n a tu ra lis m o

en té rm in o s de e sta tism o .

la

re fin a m ie n to

se n sib le .

su b je tiv o de a r tis ta que se v u e lv e

po ració n del p la n o , q u ie re d in a m iz a r sus

p a ld a s a la c a ó tic a p ro b le m á tic a de n u e s­

e s tru c tu ra s poniendo el a c e n to y a en un

tros d ia s,

v o lu m e n

sion es de la c a lid a d c o n fe sio n a l sobre

fra c c io n a d o ,

ya

en

un

e sp acio

in tro d u cién d o se

en

la s d im e n ­

r ia ,

en

o b iu

que

su m a m e n te fin o que responde en su m o­
d u la c ió n , a p lan o s sin té tic o s de su g e re n ­

d e trim e n to de la u n id a d de su
s e re sie n te por la f a lt a de a d e ­
ese esq uem a

fo rm a s que

ra c io n a l

tie n e n

su

le n g u a je e sté tico .

U n co lo r

so­

c ia p o é tica y a un d ib u jo que se p re s ie n ­

in d e p e n ­

te a m a lg a m a n d o , so sten ien d o , su g irie n d o ,

aq u í cabe p la n te a rs e

ca si sin e v id e n c ia s . C o n esto s m edio s es

de cóm o es posible a c t u a liz a r u n a a c titu d

n a tu ra l que se h a lle n sus m ejo re s a c ie rto s

n a tu r a lis ta

ya

en las n a t u r a le z a s m u e rta s y en la s flo ­

im p o sició n

c a te g o ria l,

qu e

al

resp onder
a p a re c e rá

a

u na

en

las

res m ás a co rd e s con é sta su fo rm a e x p re ­

p ro d u ccio n es a r tís tic a s de todos los tie m ­

s iv a , que las fig u ra s y el p a is a je .

L á s tim a que los m a rc o s e leg id o s y la f a l ­

pos.

vo rece

ta

C e n tu rió n

passe-partout

co nsp iren

la

c u a l b asa

d e n c ia de por s í. Y

a m p lio s

de e s­

que no tra ta com o ta l, sino co m o m a te ­

brep u esto y

de

un

M und o

im p o sició n de m o vim ie n to y con la in c o r ­

c u a c ió n , en tre

U R IA R T E , B a rca s

resu elto

H o y sie n te

fu e ra el de B o n n a rd .

v islu m b ra

la

so lu ció n

en

sus

la

a tm ó s fe ra

de

sile n cio so

Le f a ­
reco ­

g im ie n to de a q u é lla s , coso que el p a isa je

c o n tra el to ta l lu c im ie n to de esta e x p o si­

dos d esnu dos. Q u ie re d a rn o s u na versió n

no le b rin d a , ni la fig u r a con su e x ig e n ­

c ió n . E N R IQ U E N A G E L

d in á m ic a de lo m a te r ia , pero no ha e n ­

c ia de rig u ro sa e s tru c tu ra c ió n .

c o n trad o

se d e s­

Podem os pon er en te la de ju ic io su pos­
tu ra in tim is ta en m ed io de un sig lo tan

lo co n striñ e

a tro z m e n te c o n v u ls io n a d o , pero no su c a ­

fo r m a ; ta l

el

e q u ilib rio
ve z

en tre

lo logre

prend a de lo fig u r a t iv o que
d e m a sia d o

y

co n sig a

e sp acio

cu an d o

se n tir

el

y

e sp acio

com o un a lia d o e fic a z de la fo rm a , que

lid a d de a r tis ta in d u d a b le m e n te sin cero y
a u té n tic o . B L A N C A P A S T O R

C E N T U R IO N

D IO M ED E
N a tu r a le z a
m u e rto

11

�Diseño industrial

c

H a s ta

el sig lo X X

los u te n s ilio s c o tid ia ­

no s e ra n id ead o s y fa b ric a d o s in d iv id u a l­
m ente por a r tis ta s - a rte s a n o s ,

que p o n ía n

a c e rco del m o m en to físic o y so c ia l en que

la v e rd a d e ra

ha sido c re a d a .

t r ia l. A llí se d ie ro n

Las

nuevas

té c n ic a s que h an

a p a re c id o ,

a p a ric ió n

del d iseñ o

in d u s­

los e s p íritu s m á s se­

lecto s de la p rim e ra m ita d del sig lo X X ,

en c a d a p ie z a to d a su e x p re sió n , pero que

debido a la s u tile z a y a s tu c ia del e le m e n ­

n u c le á n d o se

e la b o ra b a n sus p ro d u cto s p a ra u n a e x ig u a

to h u m a n o , que: re c h a z a el p a p e l de v e n ­

lo que se ha lla m a d o d e sig n .

d ié n te lo .

cid o en el seno de la n a t u r a le z a , h a p e r­

C e rra d o

L a a p a ric ió n del m a q u m ism o (con la s lí­

m itid o

n u a d o por los In s titu to s T e c n o ló g ic o s a m e ­

n e a s fé r re a s , la s m á q u in a s a v a p o r y los

a c u e rd o :

m o to res

co se ch a p ro d ig io sa .

a

e x p lo sió n )

m o d e rn izó

fu n d a ­

p o n er a h o m b re s y m á q u in a s , de
s e n s ib ilid a d

y

té c n ic a

en

u na

ric a n o s,

m e n ta lm e n te todos los p rocesos de f a b r i­

El diseño

c e d e n te m á s que uno s pocos in te n to s a c ­

te s

c id e n ta le s ,

m e n te ,

una

in d u s tria que

se rie ,

han

debido

lo h a c e todo en

n e c e s a ria m e n te

a p a re ­

en

los pio nero s

in d u s tria l no tie n e com o a n t e ­

in s p ira d o s

p ro d u cid o s

no

hace

m ás

de

los E E U U .
un

de

1 9 3 3 , el B a u h a u s fu é c o n ti­
y

fo rm a d o s

por

m a e stro s de la c é le b re e s c u e la . Y

c a c ió n .
A n te

en su seno

los

fu é en

donde todos esto s a n te c e d e n ­

poco

in fo rm e s ,

d and o

o rig e n

p re n d ie ro n
a

una

r e a l­

v e rd a d e ra

u n a s d é ca d a s.

p ro fe sió n p lá s tic a , el d ise ñ a d o r in d u s tria l.

c e r in d iv id u o s con u n a e s p e c ia l c a p a c id a d

H e n ry V a n

En In g la te rr a re c ie n te m e n te h a a p a re c id o ,

de e x p re s ió n ;
t r a b a ja n h o y ,

te cto d e l A r t N o u v e a u , fu n d a en W e im a r ,

un

en 1 9 0 2 , el S e m in a rio de A r te s y O fic io s ,

a m e ric a n o ,

u n a e s c u e la d e in d u s tria le s y a rte s a n o s ,
b a jo su e s fo rz a d a d ire c c ió n .

de e s tr u c tu r a r u n a E s c u e la su p e rio r de e s­

n o s - a rtis ta s : sus diseño s dan o rig en a m i­
lla re s de u n id a d e s, que no sólo deben s a ­

El

n u a r e! B a u h a u s de W e im a r y D essau .

tis fa c e r

al

en

ta m b ié n

la

d is e ñ a d o re s -a rtis ta s ,
que
con u n a re sp o n sa b ilid a d

m a y o r q u e la de su s an te c e so re s a r t e s a ­

c o m p ra d o r,
m isió n

de

sin o

que

tie n e n

re la c io n a r el a rte

de V e ld e , el e m in e n te a r q u i­

D e u tsc h e W e rk b u n d

fu n d a d o

ta m b ié n

1 9 0 7 a g ru p ó a d ise ñ a d o re s, a r q u it e c ­

tos, c o m e rc ia n te s e

in d u s tria le s ,

p a ra

el

ín s titu te o f D e s ig n , a
y

tu d io s sobre

en

U lm ,

se

s e m e ja n z a
ha

del

te rm in a d o

la fo r m a , que q u ie re

H e m o s su p e ra d o , en esta se g u n d a

c o n ti­
m itad

del sig lo X X , tod a so lu ció n té c n ic a de los

con lo v id a d ia ria .

estu d io y m e jo ra m ie n to de la s c u a lid a d e s

p ro d u cto s in d u s t ria le s ; u n a v e z re su e lta la

El d is e ñ a d o r, e xp re sá n d o se m e d ia n te la li­

té c n ic a s y

fa z

n e a , el co lo r, el ritm o , lo m a te r ia , el v o ­

uso.

e s té tic a s de

lum en y el e s p a c io , in te g ra la a p a rie n c ia

El S t a a t lic h e s

de un o b jeto con su fu n c ió n ,

m a r por W a lt e r G ro p iu s

por e fe c to
d u cció n

de

su

in d u s tria l

s e n s ib ilid a d ,
qu e

d ice

re a liz a n d o
una

con

pro ­

ju s te z a

ta b le c id o

L ib re e x p r e ­

vés

a tra ­
de

vo­

lú m e n e s
c u r v ilín e o s .
E je rc ic io de
d ise ñ o

e s­

p a c ia l y e s ­
tu d io s sob re
m u e b le s or­
g á n ic o s por
a lu m n o s d el

segundo
c u r s o del
" P ro tt
titule
D esig n".

12

Insof

B a u h a u s , fu n d a d o en W e i­
en

1919

luego en D e ssa u , fu é

la de a r tis ta s

sió n

los p ro d u cto s en

que

d e te rm in ó

y

e s­

la E s c u e ­
en

sín te s is

e s tric ta m e n te

c o n s t ru c t iv a ,

los

d ise ­

ñ ad o re s in d u s tria le s ,
le g ítim o s a rtis ta s ,
h a n in ic ia d o la so lu ció n fo rm a l de los
p ro d u cto s
id e as

de

re c to ra s

uso,
de

n u trié n d o se
n u e stro

g u a rd ia . J O R G E G L U S B E R G

a rte

con
de

las
van­

�Después de Haberse re a liz a d o

la P rim e ra

La B ie n al P a n a m e ric a n a de C u b a y el A p ó sto l M artí

B ie n al H is p a n o a m e ric a n a de A r t e , en M a ­
d rid , co n vo cad a por el gob ierno esp año l,
se proyectó por v io d ip lo m á tic a e n tre los
gobiernos de C u b a y E sp a ñ a , e fe c tu a r la
Segunda B ie n a l en L a H a b a n a , h a c ié n d o ­
la c o in c id ir con la co n m em o ració n del p ri­
m er

c e n te n a rio

de

la

m u erte

de

Jo sé

M a rtí.
Los a r tis ta s cu b a n o s re c h a za ro n de plan o
dicho

proyecto

m a n ifie sto s

h acien d o

que

la

c o n sta r en

im p u g n ació n

de

sus
la

B ie n a l no o bed ecía a nin g ú n m o vim ien to
determ in ad o de credos o te n d e n cia s e sté ­
tic a s , sino que se tra ta b a de un repudio
de

los

a r tis ta s

e

in te le c tu a le s

cu b an o s,

que a c tu a b a n con el propósito de d e fe n ­
der la c u ltu ra y d ig n id a d h u m a n a s, fre n te
a

lo

que

c o n sid e ra b a n

"u n a

am enaza

Se opusieron te rm in a n te m e n te a que c o in ­
con

la

fe c h a

del h o m e n a je ,

por

ta d o res de la P e n ín su la y de la Is la " .

g a n iz a c ió n

Con

de

la

B ie n a l

H is p a n o a m e ri­

cana.

el a rd o r ro m á n tic o que o scu rece todo pro­

A n tib ie n a l,

lle v a d a

a

cabo el m ism o

2 8 de E n e ro , en el L ic e u m . El sile n c io y

ced e r re fle x iv o .

la

de

O b ra g ran d e y lu m in o sa fu é la de! Poeta

la A n tib ie n a l

de A m é r ic a , su p e ra d a por su obra esen­

o b ten ía el é xito m ás re so n a n te . L a B ie n a l

c ia lm e n te h u m a n a a l s e rv ic io de sus id e a ­

o scu rid a d

re in a ro n

en

el

B e lla s A r te s , m ie n tra s que

P a la c io

fra n q u is ta no h a b ía podido in se rta rse en

les y de la h u m a n id a d .

el h o m e n a je .

La

A co n se cu e n c ia de e llo , a p la z ó la in a u g u ­

é l, un suprem o deber in m e d ia to , pero fu s ­

ració n p a ra el
com o

18 de M a y o , re d u cid a ya

e s ta b a ,

a

su s

propios

e lem en to s,

lo m b ian o s, c h ile n o s, u ru g u ay o s y a rg e n ti­
nos se h a b ía n

ad h erid o desde el

p rim e r

sus co le g a s c u b a n o s,

re c h a ­

p ira d a en id e as tan o p u estas a l e sp íritu

za n d o

in v ita c ió n a c o la b o ra r con " e l

del A p ó sto l.

fra n q u is m o ".

Q u erían que la pro p ia n a ció n c u b a n a a u s ­

El

p ic ia ra

24

n a c io n a l de A r te , con

In te r­

los fond os y a

re­

p a re c e ría , que aun q ue

la

a

M a rtia n a

a c titu d

L a ré p lic a , com o se ñ a l de d e sa g ra v io , fué

m om ento

E xp o sició n

esta

fie le s a la m em o ria de M a rtí se a le ja ­
ron de su id e a rio , a l d e ja rs e lle v a r por

entend er que d ic h a exp o sició n e sta b a ins­

una

o fe n siv a a lo que e llo s lla m a b a n " lo s d ic ­

su in ten to de se g u ir a d e la n te con la o r­

pues grupos de a r tis ta s g u a te m a lte c o s, co ­

fro n q u is ta " .
c id ie ra

C o m isió n del C e n te n a rio , que no c e jó en

la

P rim e r

al

tig ó ,

sin

de la

lib e rta d

em b arg o ,

co n stitu y ó p a ra

toda

c la se de n a c io ­

n a lism o a g re siv o .
C om o n in g u n o , co nte m p ló los hecho s bajo
el asp ecto de la e te rn id a d : " L a g ra n d e za
es el poder de e m b rid a r la s p a sio n e s; los
m étodos h an de ser c a lla d o s y los fin e s ,
p ú b lic o s " .

"Y o

a b riré

el

cauce

la A n tib ie n a l ganó por

even to

F e s tiv a l

fra n q u is ta ,

U n iv e rs ita rio

con
de

su

A rte ,

U n proceder m enos e x a lta d o h u b ie ra ob­
tenid o la m ism a resp u esta que diero n los
hechos

del

28

de

Enero

y

e fe c tu a d o en la F a c u lta d de D erecho , to­

M a y o , sin

c o n tra rio , se a b ste n d ría n de c o n c u rrir. Y

m ando esta v e z m á s que n u n ca un a c e n ­

ni d e riv a r en cam p o ta n

así lo h icie ro n a n te la in d ife re n c ia de la

tu ad o

com o es la p o lític a . S I L V I A

unidos

por

c o n trib u c ió n

c

p o p u la r.

EL A R T E

Y

LA

De

lo

C R ÍT IC A

¿T ie n e !a m ism a a c t it u d f re n t e a l a r te e l c r í­
tic o , el cre ad o r y el co n te m p la d o r?
Pora Lu is F a rré , que e scrib e sob re el te m a en
la R e v is ta de Id e a s E s té tic a s de M a d rid , las
posiciones se co n tra p o n e n , y a q ue es m e n e ste r
que el c r ít ic o tom e d is ta n c ia fre n te a la ob ra
de a r te en ta n to que se e x ig e d el a r t is t a y del
co n tem p lad or un e stad o de co n ju n c ió n con e lla ,
Es d e c ir, d om inio de la a c t it u d o b je tiv a e n el
prim ero y p re e m in e n cia de la s u b je tiv id a d en
los segundos. " M ie n tr a s la c re a c ió n y el g oce
e sté tico e xig e n un ab an d o n o de la o b ra de
a rte , la c r ít ic a pide u n a p o sició n v ig ila n t e ." Y
"p o sició n v ig ila n t e " s ig n ific a el e je rc ic io del
e n ten d im ien to com o f a c u lt a d de in v e s tig a c ió n ,
a n á lis is y c o m p a ra c ió n .
No ad m ite la s p o sicio n es ir r a c io n a lis t a s e x t r e ­
m as que n ie g an to d a in te rv e n c ió n de la in te ­
lig encia en e l a r te , la s que h a c e n d ep e n d e r e l
ju icio e x clu s iv a m e n te del im p u lso se n tim e n ta l
o in tu itiv o . Son p e lig ro sa s. Pero ta m p o co es
ce rrad am e n te in te le c tu a lis ta . Lo q ue s e ría m ás
peligroso a ú n . Si b ien la c r ít ic a se e le v a a ia
ca te g o ría de a r te por e l " a c e r ta d o uso de la
mente que d iscrim in a p a ro m e jo r a r " , el e stu d io
a n a lític o , in d isp e n sab le p a ra e l c r ít ic o , no debe
hacerle o lv id a r ja m á s q u e la o b ra de a r te co n s­
titu ye una to ta lid a d y que a e lla se a c c e d e por
entrega to ta l, lo m ism o que e l c re a d o r y el
contem plador. El a c e rc a m ie n to in te le c tu a l f a c i­
lita rá la co m p rensión pero la co n te m p la c ió n
a rtís tic a exige lo que C ro c e lla m a lir íc it á :
cap acidad de v e r y se n tir con em oción e sté ­
tic a . Y lirism o e s p a ra F a rré la su b je tiv id a d
que se apodera de ia ob ra ín te g ra m e n te , o

c a rá c te r

p o lític o .

E ra

la

c o n tra ­

que la e x p re s a . Es e x p re s ió n , a d iv in a c ió n , co n ­
te m p la c ió n s in t é t ic a .
En s u m a , no d ifie re n ta n to la s p o sicio n es del
c r ít ic o , e l c re a d o r y e l c o n te m p la d o r, y a que
e l p rim e ro ta m b ié n debe a c e rc a rs e co n el
á n im o de c a p ta r la o b ra e n su t o t a lid a d ,
"d e já n d o s e a r r e b a t a r " en u n a e n tre g a s in co m ­
p ro m iso s. Lu e g o v e n d r á e l a n á lis is , q u e sólo
s e rá f r u c t íf e r o si a n te s h a g o za d o a m p lia m e n ­
t e , rep o san d o e s te g oce e n la s p ro fu n d id a d e s
del s u b c o n s cie n te , m a d u ra n d o en lo ín tim o de
su se r. R A Q U E L E D E L M A N

EL A R T E

ES P A R A TO D O S

M A R T H A S IM P S O N e s c rib e El a r t e e s p a r a
(H a c h e tt e , B u en o s A ir e s , 1 9 5 3 ), y con
m u ch o se n tid o p rá c tic o , t r a t a de poner en
c o n ta c to a l p ú b lic o n o rte a m e ric a n o co n la p in ­
tu ra
de tod os los tie m p o s.
D e s a rro lla
sus
id e a s p a rtie n d o de la p re m isa de que el a rte
es e s e n c ia lm e n te " in t u ic ió n , e m o c ió n y s e n ti­
m ie n to " . L a a firm a c ió n e s p e lig ro s a , y a que
no h a y o b ra que no se b ase en id e a s o re g la s
m e n ta le s. H ubo é p o c a s m ás o m e n o s id e a tiv a s ,
p ero no h a y o b ra de a r te q ue se so ste n g a s in
un ord en m e n ta l. D ic e , a d e m á s , que el a r te es
un f in en s í m ism o y esto ta m p o co m e p a re c e
ju s to , p u e s sie n d o so b re todo u n a e x p a n s ió n
e s p iritu a l se c a r a c t e r iz a por ser u n a e te rn a
b ú sq u e d a. B ú sq u e d a de lo a b s o lu to , de lo in ­
c o n m e n s u ra b le , a l m ism o tiem p o que m ed io
d e c o m u n ic a c ió n e s p ir it u a l.
P la n te a el p ro b le m a del a r te a b s tra c to con
s u p e r fic ia lid a d : " e l a r te a b s tr a c t o , a p e sa r del
a lb o ro to le v a n ta d o h o y en d ía , e x is tió s ie m ­
to d o s

am oroso

y los que v e n g a n despu és de m í, te n d rán
que e n tra r por el c a u c e " .

18 de M a y o ,
h o ras

causa

a r r ie s g a r la

del

18

de

c re a ció n a r tís tic a
a je n o

a l a rte ,

A M B R O S IN I

p r e " . No p a re c e c o m p re n d e r que los p ro b le ­
m a s y la s s o lu c io n e s son d ife re n te s , y a q u e en
O rie n te o en la s é p o c a s a n tig u a s la s fo rm a s
a b s tr a c t a s fu e ro n fru t o s de m e ra in tu ic ió n y
a h o ra se d eb en a la v o lu n ta d del c re a d o r.
L a s p á g in a s m á s in te re s a n te s son la s q ue se
r e fie r e n a l p in to r. De m a n e ra ju s t a a d v ie rte
que e l h o m b re se r e la c io n a con el in fin ito a
t ra v é s de a q u é l y e s tu d ia e i p ro ce so c re a d o r
d a n d o m u c h a im p o rta n c ia a la e x p e r ie n c ia y
a l in s tin to a n im a l. E s e rró n e o , en ca m b io su
in te rp re ta c ió n de K a n d in s k y , de q u ien d ic e :
" S u s co m p o sicio n e s son m e ra m e n te v a g o s m o ­
v im ie n to s de c o lo r, q u e n o s e n c a n ta n m ie n tra s
la s re c o rre la v i s t a , pero que no v a n m ás a llá
de los se n tid o s . D e ja n in ta c to al p ro fu n d o h o m ­
bre in t e r io r " .
En su e x p lic a c ió n del a rte m oderno to m a a
C é z a n n e co m o b a se se ñ a la n d o co n a c ie rto los
fa c t o r e s que lo d e te rm in a n . L á s t im a que no
sea a d m is ib le su e x p lic a c ió n d el a r te a b s tra c to
com o re s u lta d o de u n a sim p le re a c c ió n sim p lific a d o ra a n te la p in tu ra n a r r a t iv a d el p a ­
sad o s ig lo . El p ro b le m a es m á s a m p lío y se rio
y h u b ie ra d eb id o ser e x a m in a d o con m a y o r
p ro fu n d id a d .
C o n lo que n o e s to y de a cu e rd o , en a b so lu to ,
e s co n la o p in ió n de q ue " c u a lq u ie r a p uede
se r a r t i s t a " , p u e s cre o en la p re d isp o sició n
in n a t a . A l l í donde !a tie r r a no es f é r t il n in ­
g u n a s im ie n te p ued e cre c e r. En re su m e n , el
lib ro e s tá e s c rito co n le n g u a je sim p le y a c c e ­
s ib le , cu m p lie n d o un e s fu e rz o a p re c ia b le
y
n e c e s a rio p a ra el no in ic ia d o , p en sad o con
un f i n p rá c tic o y u t ilita r io , se le e s c a p a n
m u c h a s v e c e s la s v e rd a d e s m ás p ro fu n d a n .
S IM O N A E R T A N

13

�Ver y estimar

colección

próxim am ente a p are ce rán

•

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B U E N O S A IR E S

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J . E. U rib u ru

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Médico neurocirujano

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D r. N A T A L IO

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LA ZA R O

Médico

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E. 3 5 - 9 2 4 3

G O L D S T E IN

Ingeniero Civil

1625

T.

E. 4 4 - 9 6 1 6

T.

E. 7 8 - 5 6 0 9

C órd o b a 4 0 4 5

T . E. 7 9 - 9 2 4 1

y 9591

D r. M O IS E S G O L D M A N

Médico

L a rre a

J.

1160
D r. JO S E A L B E R T O

J U L IO

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1890

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D r. B A L T A Z A R V . J A R A M I L L O
D r. B E R N A R D O S O F O V IC H

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M a ip u 741 - 6*? B

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Cirugía General

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Abogado

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Tu cum án

1621

T . E. 3 5 - 4 9 2 6

�EL A R TI Y LOS ARTISTAS

El aite es la demostración
de lo que Leonardo de Vim
llamé “la belleza del «ond
Y es una interpretación de
lá vida; Porque la penetra,
resume y hace que se la
entienda mejor* Así, los art
están destinados a desempeñ
uno de los papeles más
importantes en la existencia
Í idos pueblos.a través
¿Cj
;1 libro y la música, la
pintura y el teatro, la
escultura y la arquitectura.
'

''

■

&gt;

■ /:

SHELL A R G EN TIN A LTD.

se complace en ad h erir a
todos los nobles- hom enajes
que con tanta elevación
rinde ARS al arte y a los
artistas m ás famosos.

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Oliver, Samuel F.&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Glusberg, Jorge&#13;
Poggi, Elena&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Tenconi Carreras, Elsa&#13;
Loza Colomer, Azucena&#13;
Nagel, Enrique&#13;
Ambrosini, Silvia&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Ertan, Simona</text>
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                    <text>RhVISTA

DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO TREINTA Y TRES
TREINTA Y CUATRO
BUENOS AIRES

Ver y
Estimar

Este número c o n tie n e :
DAMIAN CARLOS BAYON: Discusión sobre el
cubismo • EDITH GAY:
Un gran pintor argentino:
Armando Coppola • JOR­
GE ROMERO BREST:
Punto de vista crítico •
Polémica: Carta abierta
de LORENZO DOMIN­
GUEZ. - Respuesta de
JORGE ROMERO BREST •
MAGDALENA BLEYLE:
Con La pintura europea
contemporánea frente a
obras y teorías • Crítica:
RAQUEL EDELMAN: So­
bre cuatro escultores. BEATRIZ HUBERMAN: La
nueva generación plástica
argentina. - ELSA TENCONI: Luis Seoane. BLANCA PASTOR: Cerá­
micas de "La Gotera". BLANCA STABILE: Kosice. -ELENA F. POGGI: Ra­
quel Forner • Miscelánea.

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REVISTA
E CRITICA
ARTISTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS

VOLUMEN

IX

N Ú M E R O

T RE INT A Y TRES
T R E IN T A Y CUA TRO
D IC IEM B R E DE 1953

SUSCRIPCIÓN ANUAL
Cuatro números en el año, de abril a noviembre
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�DISCUSIÓN DEL CUBISMO
1. TOM ; DE POSICIÓN.
La Exposición del Cubismo que se realizó en el Museo de Arte Moderno
de París, entre febrero y abril de 1953, ha dado base a esta discusión h
La crítica atacó alguno de sus aspectos. En primer término porque
agrupaba a pintores que podrían no parecer directamente vinculados
con ese movimiento; por no incluir, en cambio, cuadros de D erain
(quien fué uno de los inventores si no el primero que encontró la
fórmula de las casas prismáticas inspiradas por C ézanne ) ; por empezar
por Les demoiselles d’Avignon, ese cuadro no totalmente cubista de
P icasso; por haber colgado la exposición por orden cronológico.
En general estoy de acuerdo con el organizador, B ernard D orival. Por
una vez el problema ha sido visto en grande y no en pequeño. Lo que
nos interesa cuarenta años después de la iniciación del movimiento no
es la mezquina enumeración de los pocos artistas reunidos alrededor de
una idea, sino el más amplio repercutir de esa nueva concepción del
espacio, del tiempo, de la realidad, en un amplio sector de pintores, los
cuales formaron todos su aprendizaje en aquella disciplina difícil, y evolu­
cionaron después de acuerdo a lo que cada uno creyó ser su más íntima
y sincera urgencia. D orival no limitó estrictamente el contenido de la
palabra Cubismo que desborda de implicancias todavía en nuestra época.
Es un grosero error, tanto histórico como humano, el que se comete con
el desmenuzamiento excesivo de un momento dado en escuelas, subes­
cuelas, movimientos, épocas, subépocas y maneras diferentes aun dentro
de la vida de un mismo pintor. Esta fragmentación no sólo no contribuye
i Naturalmente que el alcance de mis palabras se referirá de modo principal a los
cuadros que figuraron en dicha exposición.

1

�al estudio de los momentos artísticos sino que los transforma en un
mosaico arbitrario del cual corremos el riesgo de no sabernos servir
después. Ni la historia del Arte ni los artistas son discontinuos ni se
pueden dividir en capítulos arbitrariamente. Cortarlos cuando están
vivos no nos puede aclarar su fisiología.
Toda nuestra época, por la vastedad misma del saber, tiende a especia­
lizarse, pero estando prevenidos de este peligro, volvamos de cuando en
cuando una mirada circular al conjunto para tratar de no perdernos.
Hagamos una síntesis y no nos desmenucemos más en el análisis por el
análisis, que si bien resulta útil aplicado con cautela, puede llegar a
ser supérfluo o innocuo, y es invariablemente antididáctico.
No es posible seguir creyendo ingenuamente que la humanidad tenga
tal fuerza creativa como para ser capaz de inventar cada veinte años
(o menos en los últimos tiempos, según nos quieren hacer creer) un
nuevo vocabulario plástico, o sea una nueva estimación del mundo a su
alrededor. Un movimiento como el Impresionismo —por ejemplo— es
mucho más vasto y tiene raíces antes y después de su existencia propia­
mente histórica. Lo que el Impresionismo buscaba, se venía perfilando
lenta y trabajosamente en la experiencia de una cantidad de artistas que
iban enriqueciendo intuitivamente la nueva concepción del mundo a su
alcance.
- .
Si miramos hacia otro momento histórico como el Renacimiento, veremos
que ocurre algo semejante. De B runelleschi a R afael transcurre un
largo siglo. Y aun antes de B runelleschi había habido otro siglo repleto
de especulaciones anárquicas, pero no por eso menos extraordinariamente
ricas. No hay razón para creer que si el Renacimiento (que nos explican
falazmente como un relámpago genial), tuvo en realidad una lentísima
elaboración de siglos, el hombre moderno pueda saltarse las etapas obli­
gatorias que representa la nueva concepción, con todos los ejercicios de
acomodación que implican lo estético, lo filosófico, lo social, lo político,
lo religioso.
Toda la novedad que arranca desde mediados del siglo pasado y conti­
núa hasta nuestros días forma parte de un mismo impulso. Vistos así,
con perspectiva histórica, los distintos momentos del arte se leen con
mucha mayor claridad y, por qué no decirlo, con mucha mayor verosimi­
litud. La especulación que parte de los impresionistas no ha cesado ni
2

�culminado todavía, en ella estamos, tratando entre todos de contribuir
al estilo que nos defina.
En cuanto a D erain y Les demoiselles d’Avignon son objeciones menores.
El hecho de no figurar D erain puede ser considerado una falta grave,
pero no olvidemos que el mismo D erain fué el primero en abandonar
lo que quizá en él había sido solamente una intuición genial. No basta
descubrir, hay que perseverar en la intuición que puede abrir el camino
a un mundo nuevo. Del cuadro de P icasso Les demoiselles d’Avignon
dice K ahnweiler que su parte derecha es el primer intento de Cubismo
en la historia. Sólo por esa razón valía la pena hacerlo venir de Nueva
York donde forma parte del Museo de Arte Moderno de dicha ciudad.
Fué una ocasión de verlo en París, ocasión que fué muy bien recibida.
Más grave podría ser la objeción que también se le ha hecho de colgar
los cuadros cronológicamente, separando la obra de un mismo pintor.
En Museografía moderna se prefiere el juego de influencias y de inter­
penetraciones: el Museo Imaginario de M alraux . Casualmente en estos,
días se han reabierto las salas del Louvre agrupando los cuadros con un
nuevo criterio. En vez del absurdo separatismo por escuelas y países, ahora
las obras están presentadas en un plan realmente europeo en que sólo
se atiende a los parecidos e influencias.
En realidad cada exposición importante, retrospectiva o de conjunto,
debería ser colgada varias veces y cada vez con un criterio diferente: unas
veces por orden cronológico, otras agrupando las obras en forma tal que
se viera la evolución de cada artista o sus influencias. En una palabra,
todo lo que pudiera inferirse de semejantes comparaciones. Eso sería
lo pedagógico.
Claro que siempre se podrá decir que hubo un Cubismo circunstancial,
un Cubismo de momento, un Cubismo con minúscula si se quiere. No
es el que me interesa por ahora. Mi esfuerzo trata de integrar y no de
desintegrar. Tenemos ya la suficiente perspectiva histórica para abarcar
el panorama y no equivocarnos demasiado.
En realidad, la idea previa, tratándose del problema del Cubismo, debería
ser más o menos ésta: la búsqueda que se inició el siglo pasado y que
continúa hasta nuestros días es la que trata de la creación de una nueva
concepción espacial y en general, de una nueva concepción total del
3

�mundo. En la antigua, el hombre verdaderamente inquieto, moderno, no
se mueve ya a gusto.
Ese concepto antiguo, fué inventado por una prosapia extraordinaria de
hombres que tuvieron la fuerza de imponerlo. Otro tanto tenemos que
hacer nosotros con el nuestro si no queremos vivir de prestado y en falso.
En el campo de lo meramente espacial, fué concretamente la obra de un
puñado de hombres geniales: arquitectos, pintores, escultores y geómetras
del Renacimiento, que, desde el siglo XV hasta el XVII lucharon por
abrir una brecha en la niebla y crearse una realidad. La invención de
un espacio es una tarea tan concreta y urgente como la invención de la
brújula, la pólvora o la imprenta. En razón misma de la riqueza dél
sistema que inventaron, durante siglos, el hombre occidental se ha visto
prisionero en esa magnífica jaula. Entre los primeros en querer escapar
de ella están D egas y algunos pocos otros de sus contemporáneos; M anet ,
M onet , G auguin , V an G ogh y C ézanne . Influidos por el japonismo y
sintiendo en ellos el llamado de un algo distinto, que no sabían bien
cómo expresar, se lanzan poco a poco a la empresa temeraria de querer
romper con la tradición representativa. Pero ello no consiste en una
novedad cromática o en un tratamiento diferente de la atmósfera, tampoco
en la anécdota del tema o en el grosor de las pastas, sino más bien en
aquello que después se llamará en fotografía: el enfoque, el ángulo, o sea
simplemente el nuevo sentir del espacio, más complejo y más rico que lo
que habían sido los anteriores. En Le Fifre de M anet , por ejemplo, se
ve ya al niño del pífano flotando en un ambiente inexistente, irreal, inde­
finido. Espacio coloreado que no es ya el suelo fugado de la perspectiva
en la pintura tradicional. Las vistas de teatro de D egas con un primer
plano de bambalina o la cabeza de un músico ocupando media tela,
pueden aclarar lo que quiero decir.
Empieza a desmoronarse la concepción de la realidad como la de un
cubo escénico en el cual las cosas del microcosmos que es el cuadro pintado,
reproducen en menor escala las del macrocosmos (el mundo de fuera,
el nuestro, el que podemos experimentar). Convención del Renacimiento
en que además el todo debe ser visto por un espectador de talla normal
que mire fijamente en la perpendicular que parte de sus ojos (de su ojo
habría que decir, pues la visión del Renacimiento es decididamente mono*

4

�cular) i Los pintores, aun los mejores pintores de fines del siglo pasado
que no tuvieron esta intuición, se perdieron en la búsqueda de la luz, de
la paleta clara y lírica o, lo que es peor aún, del mero color local. Especu­
lación sobre la luz y el color que no fueron inútiles ni mucho menos para
la captación del mundo y que ablandaron en cierto modo la visión y la
prepararon a saltos más atrevidos.
En esa larga lucha en la que está comprometido el hombre moderno en
busca de su auténtica expresión, los cubistas marcan una de las vueltas
del camino, camino que no ha terminado de recorrerse ni mucho menos
y que camina con nosotros como una obsesión inalcanzable.
Para mí, en el problema de la pintura, desde hace un siglo, priva la bús­
queda desesperada de una nueva concepción espacial que sea capaz de
expresarnos; todas las otras dificultades me parecen pálidas y subordi­
nadas a aquella urgentísima y principal.
Aprehensión nueva del espacio. Esto es lo que el hombre moderno va
haciendo, casi sin darse cuenta, casi a su pesar muchas veces, por medio
del cinematógrafo, la televisión, la velocidad, el aeroplano y en el dominio
de la ciencia pura por medio del microscopio, del telescopio, de los rayos
infrarrojos, los ultravioleta, en fin, por todos aquellos sistemas conectados
con lo visual y que nos dan hoy, una visión mucho más cosmogónica del
universo en el que nos movemos. Una visión más rica, más compleja y
también más extraña porque todavía no la dominamos totalmente. Esto
en cuanto a lo puramente material de aparatos o procedimientos. Pero
también cabe hablar de una aprehensión espacial distinta de la especu­
lación de estos últimos años, ya sea en el campo de la topología, de la
teoría de los quanta, del espacio curvo o de la relatividad einsteniana.
Pero entendámonos: nada de esto implica una fundamentación matemá­
tica del arte nuevo; se trata simplemente de señalar un paralelo revelador
entre la equivalencia de lo plástico con lo que es ya una realidad y no
una simple intuición (como parecen creer algunos) en el campo de la
ciencia.
Es reconfortante comprobar que cuando creíamos que distintos grupos
de hombres estaban luchando separados por descubrir su verdad más
i El lector curioso tendrá toda la información y discusión apetecida del tema en el
libro capital de P ierre F ráncastel : Peinture et société. Lyon, Audin, 1951.
*

5

�profunda, notamos de golpe que se desmoronan las barreras y los obreros
de todas las direcciones se encuentran en el interior del túnel que todos
construían perseverando. Ésa es la coincidencia entre el más inquieto
arte de estos últimos años y las búsquedas de la geometría no-euclidiana
de R iem ann , de L angevin , de P oincaré, de N ils B ohr , de Luis de B roglie.
Y las de la física-matemática moderna de E instein y la punta de lanza
que constituyen la Psicología, la Sociología y la Biología de hoy.
El Cubismo, considerado así en su trascendencia más intemporal, no sería
más que el ir y venir de la lanzadera que va tejiendo la nueva realidad
cada vez más compleja, tal como las experiencias de A lberti, de P ao lo
U ccello , de P iero della F rancesca , de D onatello , de B runelleschi, no
eran definitivamente alcanzada. Habrá que borrarse de una vez por todas
la noción básicamente falsa de que la Historia del Arte es un acertijo con
una clave que puede ser encontrada de una vez por todas.
A pesar de que todos creemos estar prevenidos contra una posición dema­
siado simplista, no pasa día en que no podamos acusarnos de haber pensado
por medio de esquemas elementales o rudimentarios en exceso, ya sea
por pereza o por anquilosamiento mental.
I gnace M eyerson lo expresa muy bien cuando señala que el análisis de
los hechos humanos tiene que precaverse contra una interpretación dema­
siado fácil: “Ese análisis deberá resistir al primer movimiento”. Pensemos
en cada término de la historia como en un complejo de infinidad de
fuerzas —a veces antagónicas— y no nos dejemos llevar por la pendiente
cómoda de las generalizaciones decorativas.
Aplicado al arte, este criterio complejo y armónico de todas las relaciones
humanas en la captación de un momento o problema, nos evitarán el
peligro de una concepción puramente visual y el otro no menos grande
de las correspondencias que ha sido causante de tanta literatura.
Trataré pues del Cubismo (no simplemente del histórico) y me desocuparé
de las divisiones arbitrarias del profeta mayor: G uillaum e A pollinaire ,
cuyos libros y artículos se leen siempre con gran placer poético, pero que
no pueden tener, naturalmente, ningún rigor científico.
Y puesto que la exposición estaba presentada cronológicamente —y algúni
i I gnace M eyerson: Les fonctions psychologiques et les oeuvres, París, J. Vrin, 1948.

6

�método hay que seguir— iré historiando el paulatino enriquecer del
sistema por el aporte de cada uno de sus cultores,
2. NACIMIENTO DEL CUBISMO.
Ante todo, consejo previo: borrémonos la palabra de la mente. El Cubismo
como todo movimiento humano empieza sin saber que va a ser él mismo,
exactamente como actúa un ser vivo, tanteando la realidad a ciegas, creyen­
do que quiere una cosa cuando en realidad busca otra más compleja o pro­
funda. Dando manifiestos que después nunca se cumplen, apoyándose en
circunstanciales premisas rápidamente abandonadas, aceptando un nombre
que empezó siendo un mote despectivo (exclamación de M atisse —según
parece— ante un cuadro de B raque ) , tal como Impresionismo o Fauves
habían sido también peyorativos en un principio. No tiene demasiada
importancia.
Como todo momento humano, si lo analizamos, vemos en él a un grupo de
hombres jóvenes más o menos dotados luchando denodadamente por expre­
sarse. Impresionados quizá por las últimas exposiciones de Cézanne, cre­
yéndose cézanianos y enarbolando el famoso lema del cubo, el cilindro y la
esfera, discutiendo interminablemente con los amigos filósofos y poetas
para tratar de aclararse ellos mismos lo que sin embargo era ya intuición
en los más sensibles. Es evidente que querían salir de un punto muerto de
la pintura (siempre al arte parece estar en un callejón cerrado en el inme­
diato momento previo al próximo salto en el vacío). Porque seamos fran­
cos, sí la pintura de hoy día nos parece estar acorralada, ¿qué les pasaría
a los honrados pintores de principios de siglo? El color no era ya escapa­
toria suficiente como parecían haberlo creído los fauves. La tímida defor­
mación con contenido social de crítica, tampoco. La experiencia luminística
la habían hecho ya los impresionistas y habían llegado al punto cero de las
vistas de la Catedral de Rouen o las Ninfeas de M onet .
Pareciera quedar un solo camino: persistir en la vía del penúltimo C ézanne .
En ese sentido el crítico suizo G eorg Schmidt ,1 director del Museo de
Basilea, tiene una página esclarecedora donde dice que del C ézanne cons­
tructivo (siguiendo la nomenclatura del famoso Catálogo Razonado de
U ionello V enturi) sale el Cubismo, pero no del último C ézanne que sei
i Aquarelles de Paul Cézanne. B ale, Les Editions Holbein, 1952.

7

�puede llamar sintético-, el Cézanne de las infinitas versiones de la Montagne
Sainte-Victoire. De este período, según Schmidt, se ha tenido un juicio un
poco peyorativo, considerándoselo como un “fenómeno de vejez del cual
no se sabía bien qué pensar”.
Queriendo, pues, hacer Cézannes, estos pintores se encontraron —ya en
1910—en una posición realmente anticubista, si tomáramos la expresión en
el sentido de construir la realidad con la solidez de los cuerpos geométricos
cuyo paradigma es el cubo.
Si miramos ahora la realidad de la pintura de aquel momento en París
(1907-09), nos encontraremos con un grupo de jóvenes pintores perfecta­
mente desorientados, ensayando tímidamente lo que creen que debe ser el
arte, su arte. Artistas en busca de una expresión que les revele:
“Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo.. . ”
decía por aquel entonces maravillosamente R ubén D arío. A todos les pasa­
ba más o menos lo mismo, como a todos los verdaderos artistas en todas las
épocas.

Alguien, Braque en este caso (aunque hay quien dice que fué D erain) ,
empezó a pintar de otra manera. El hecho no tiene una importancia tras­
cendental. La chispa originaria puede haber estado en cualquiera, más
importante es el perseverar posterior. No creo que el hecho de haber
Picasso o Braque empezado a pintar aquellas casas cúbicas pueda ser califi­
cado de genialidad. Eso forma parte de una literatura que se inventa siem­
pre a posteriori.
Braque, por aquel entonces, pintó algunos cuadros pensando quizá vaga­
mente en uno de los modos de Cézanne, sin aprender —por otra parte— la
lección del maestro ni llevarla a sus últimas consecuencias. En efecto, en la
pintura de ese momento, Braque no pinta por mapas de color modulando
la forma, no extiende la pasta con espátula de una manera rasante, ni
sigue el color claro y en la gama azul de Cézanne. Aquellas casas que tanto
B raque como Picasso dieron en pintar, allí por los albores del Cubismo,
dentro de un registro bajo y ocre, no tienen nada que ver con la espléndida
realización de Cézanne en sus últimos años, ni con su maravilloso oficio
que estos jóvenes —por dotados que fueran— estaban muy lejos de poseer.
Un aplastamiento bastante convencional de casas, unos árboles algo artifi­
ciosos y un color térreo, son sus características. Color que nada tiene que
ver con los magníficos ocres y grises de dos años después.
*

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�Los artistas creen siempre tener un mensaje que transmitir, hasta los malos.
Ésa es, por otra parte, su fuerza. De modo que no es de extrañar que
prueben en ellos mismos, que traten de influir sobre sus amigos, que dis­
cutan en eternas charlas de café —no siempre tan inútiles como lo suponen
los de afuera—en lo que creen y, sobre todo, en lo que quieren creer.
Cada uno tiene sus afinidades, hay el que despotrica contra esto y el que
prefiere lo otro. Lo más importante en todo ese juego de odios y pasiones
es que ese creer en algo los haga creer en lo que quieren decir, que un
buen día con sus errores, sus convencionalismos, sus durezas, su mejor o
peor oficio lleguen a empezar a parecerse a ellos mismos y se lancen a
su propia conquista con todo afán.
Así y no de otra manera se forman los movimientos. No sólo por un mani­
fiesto —que tantas veces dice exactamente lo contrario de lo que se quie­
re probar—, no tanto por la obra aislada o anónima que no representa casi
nada en el contexto de una época. Sino sobre todo por la labor conjunta,
por las amistades, los salones de pintura, las exposiciones, los libros
que se manejan familiarmente en un medio, los amigos poetas, teorizadores
o filósofos del grupo. Entre todos esos elementos heterogéneos se va hacien­
do lentamente un estilo.
Los artistas se copian unos a otros y a ellos mismos como niños en la
escuela, se dejan influir por lo que admiran, crean y se forman entre todos
y contra todo. Algunos: más pararrayos, captan antes. Otros, más finos,
perfeccionan luego el sistema. Otros —en fin— no llegan nunca o cuando
llegan, se aferran a su pequeña receta para no abandonarla más.
No voy a hacer la reivindicación de cada pequeño detalle que fué contri­
buyendo a la formulación del estilo, tratándolo como una invención genial
para agregar una gloria fácil a cada uno de los artistas de que hablé.
Los constataré, por el contrario, de la manera más objetiva, para tratar de
demostrar precisamente mi tesis de la formación paulatina de un estilo.
Se verá así como todo contribuye a ese fin: los pequeños esfuerzos aparen­
temente inconexos, los impulsos, las repeticiones, rutinas, cambios de di­
rección o, a veces, hasta las humoradas que tuvieron después consecuencias
mucho más vastas que lo que supusieron los propios inventores del juego.
También habrá que señalar todo lo contrario: los caminos abiertos o entre­
abiertos que nunca llegaron a ser recorridos en su totalidad.
La humanidad se goza en destripar los muñecos que le depara el destino,
13

�llevando cada solución hasta sus últimas consecuencias. Cuando no lo hace,
parece que quedara un cabo suelto que algún otro artista, muchos años
o siglos después puede animarse a retomar. ¿Quién estudiará los senderos
interesantes que quedaron inexplorados? ¿Dónde está la consecuencia, el
continuador directo de la admirable geometrización de Piero della Francesca? ¿Por qué el barroco que se insinuaba en la decoración carolingia no
progresó y fué vencido por la rigidez austera de lo románico? Una historia
de los cabos que quedaron sueltos podría ser a veces más esclarecedora que
la otra. Conocemos mal que mal la historia de lo que fué, se podría
reclamar la de lo que pudo ser.
Lo cierto es que en esta aura del Cubismo, Braque intentó los ocres, sin
grises (como después será de rigor), pero esos ocres no están solos: los
acompañan unos verdes esmeralda muy líquidos. En cuanto al espacio,
tampoco es todavía el del Braque que llegará a ser. Aquí todavía se está
buscando a sí mismo y hay que reconocer —sin que esto quiera ser peyora­
tivo por cierto— que le cuesta llegar al verdadero talento mucho más que
a su tempestuoso compañero Picasso. Recorta las figuras de las casas y
las aplasta como barajas una por encima de las otras. En cada cuadro se va
viendo sin embargo el paulatino enriquecimiento del espacio, cada vez más
complejo y más expresivo. Primero es el elemental juego de cristalizaciones
en una gama muy baja. Algo le decía (con toda razón por otra parte) que
el color exasperado no se podía llevar bien con esta lucha por tratar de
atrapar un espacio virgen, no experimentado hasta entonces. Algo le decía
que la búsqueda que tentaban era fundamentalmente la del espacio y que
el color en sí o la luz, objeto de la investigación impresionista, no tenían
razón de ser. Entendámonos: también había espacio en los impresionistas,
pero aquel seguía siendo siempre el espacio que había impuesto el Rena­
cimiento italiano. Es decir que faltaba, no el espacio en el sentido de aire
Ubre que sí que lo tenían y de manera extrema, sino una concepción de
lo espacial (en el sentido más amplio de la palabra) como una nueva
aprehensión de la realidad. Y aquí se impone una digresión para en­
tendernos.
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3. DISTINTAS CONCEPCIONES ESPACIALES.
Cada hombre y cada época han tenido y tienen una diferente concepción
espacial. La tienen los niños (como lo han demostrado en sus estudios de

14

�Psicología infantil los maestros de la Escuela de Ginebra: Piaget, W allon
o I nhelder) , la tienen los pueblos primitivos, los orientales y el hombre
occidental hasta principios del Quattrocento. Cada una distinta y cada
una válida. El sistema egipcio no es el chino, el de A lTamira no es el de
Giotto.

La curiosa verdad que ha demostrado Francastel en su libro citado es
que la pintura impone antes que el teatro moderno (cuyo auge remonta
al siglo XVII) una visión de cubo escénico. El teatro antiguo: griego,
romano o medieval se desarrollaba en un espacio neutro o abstracto. Los
clásicos hadan evolucionar sus personajes delante de una arquitectura
inmutable y frente a la naturaleza. Todo era tono, el espectador ponía
con su imaginación lo que faltaba en realismo. Pero los personajes estaban
rodeados por el aire, no encerrados en ese cubo al cual falta la sexta cara
por donde espiamos la vida íntima de un grupo de personas. Pues bien,
esa concepción de la realidad como la de un cubo que por el lado del
espectador carece de muro, remonta a la especulación espacial del primer
Renacimiento y se continúa pacientemente hasta fines del siglo XVI en
que queda estatuida para uso de futuras academias.
Esa visión que tardó dos siglos en imponerse y que fué tan compleja como
para no poderse resumir en pocas palabras, se aplicó a tratar de represen­
tar la realidad como una serie de espacios segregados, unos detrás de otros,
un poco como las bambalinas de un teatro. El espectador con un punto
de vista central, monocular y perpendicular al escenario, tiene una visión
perspectiva del mundo en la que verticales y horizontales paralelas al
espectador se conservan como tales para sólo fugar hacia el horizonte u
otro punto o serie de puntos las que no cumplen ese requisito. Todo esto
a priori puede parecer cierto. Cualquiera que haya estudiado perspectiva
sabe que ni aún así es exacto, pues las cosas que están demasiado próximas
al espectador se deforman tanto (igual que lo que pasa con las fotografías)
que se hacen irreconocibles. Ante todo porque nuestra visión es mucho
más rica que la perspectiva, y el campo visual de nuestro ojo es esférico y
abarca en grados una zona que conocen los oftalmólogos. Además nuestra
visión no es ni fija ni monocular. Es decir aprehendemos la realidad más
como una cámara cinematográfica que como un aparato de fotografías. Y
para mayor diferencia nuestra visión se produce en el tiempo. Para perci­
bir cualquier conjunto visual ensayamos mil enfoques diferentes. Por si
eso fuera poco está todo lo que sabemos mentalmente de lo que vemos o
15

�creemos ver, toda nuestra vida psíquica respaldando nuestra visión. Ante
tanta riqueza, se comprenderá que esa visión de espiar por un agujerito
como en las máquinas perspectivas de Brunelleschi es pobre por demás.
No por falsa desde un punto de vista estrictamente geométrico, sino por
simplista y por no tener en cuenta más que un caso particular que no se
da nunca puro en la realidad.
Ante semejante descubrimiento la humanidad, por muchos siglos, se ha
declarado asombrada y plenamente satisfecha. Es más, no se ha llegado a
pensar que las cosas puedan ocurrir de otra manera. Los más avanzados
pensadores han caído en el error de creer que el espacio es una categoría
kantiana del pensamiento, un dato a priori y en cierto modo definitivo.
“El espacio no es una realidad en sí cuya representación sólo varía según
las épocas. El espacio es la experiencia misma del hombre”, dice
Francastel.

Uno de los grandes responsables de esta visión del Renacimiento es
del siglo XV tiende a transformarse hacia fines del mismo siglo en regla
de oro de la representación del espacio sobre la pantalla plástica de dos
dimensiones. Todas las vías de la especulación espacial parecen conjugarse
en ella.
Para convencerse de los titubeos con que avanzan los tentáculos de esta
aprehensión de la realidad basta observar los tres espacios imbricados —en
cierto modo contradictorios— de las Batallas de Paolo U ccello, uno de
los inventores de la perspectiva geométrica. Hay un primer plano fugado,
inmediatamente los caballos se presentan sólidos, un poco como caballitos
de madera. Por detrás, como un telón de fondo en el que las cosas suben
más cuanto más alejadas están (igual que en Egipto o en Pol de
L imbourg) el paisaje cierra la composición arbitraria de esos tres modos
distintos de ver la realidad contemporáneos de una sola pintura. Y Piero
della Francesca, ¿utiliza acaso siempre su descubrimiento? Entre todos
van probando fragmentos de novedad que aplican como las piezas de un
rompecabezas. Todo está por formularse y nadie puede tener una con­
cepción total y muerta de la experiencia mientras ella se está realizando
precisamente a expensas de¡ todos y cada uno.
De ese mundo álbertiano en el que quedaron para siempre los aportes
geniales de Brunelleschi, de D onatello, de R afael, de ese mundo que
A lberti y a pesar de no ser la única, su concepción formulada a principios

16

�se nos dió como modelo único y que se ha ido degradando con los siglos
para terminar en repertorio obligatorio de todos los gabinetes de dibujo
del mundo, se alimentaron los artistas del siglo pasado. Y se puede decir
claramente, sin cometer una herejía, hasta los mejores. Que ahora veamos
la enorme diferencia entre Bouguereau y M onet o que Couture o
C arolus D uran nos hagan sonreír no quiere decir que su concepción
espacial no fuera la misma que la de los artistas más dotados y más uni­
versales de la época. Sólo D egas, a veces Manet y Monet (por distintos
caminos), el Cézanne tardío, Gauguin y Van Gogh aportan un hálito
nuevo a la. búsqueda y la van haciendo marchar a lo que desembocará
después en el Cubismo y en el mejor arte de los cincuenta años de este
siglo.
Todos aceptaban —público y artistas— una concepción tan cerrada y
arbitraria como lo es la de la figuración perspectiva. Es curioso cómo la
gente que sabe interpretar lo gráfico de una película cinematográfica
(piénsese en la enorme cantidad de convenciones del cine: las dos dimen­
siones, el blanco y negro, la discontinuidad de las imágenes, primeros
planos, vistas desde todos los puntos imaginables), esa misma gente es
terriblemente conservadora en pintura, porque sus mecanismos intelectua­
les y sensibles no saben entrar en juego ante la riqueza del mundo que les
presenta la pintura moderna más significativa. Para su tranquilidad pien­
san que el mundo es perspectivo y fotográfico (más o menos deformado en
el plano de la figura o el color), pero siempre algo tangible y conocido.
Naturalmente, sacar de tan craso error a las personas adultas y con un
cierto nivel de cultura, resulta tarea ímproba. Nadie quiere penetrar en
un nuevo tembladeral donde nadie se siente seguro ni de lo que piensa ni
de lo que juzga cuando tiene a mano todavía el sólido suelo que le fabri­
caron los innovadores geniales de hace cuatro o cinco siglos.
No se trata de hacerse violencia, cada uno, reflexionando en su fuero
interno, puede descubrir la absoluta verdad de estas nociones.4
4. EL PROBLEMA DEL TIEMPO.
El Cubismo se va asentando. En la obra de Picasso y de Braque va
apareciendo no la visión antigua, sino la nueva visión hormigueante de
puntos de vista diversos en el tiempo y en el espacio. Pero esto es tema
que se presta a discusión.

17

�H ans P latschek en el número 20 de Ver y Estimar (dedicado al Cubismo),

aplicaba —como ya es tradicional— la simultaneidad espacial para el
Cubismo, dejando la concepción de desarrollo en el tiempo para el Futu­
rismo.
Me parece que se trata de divisiones arbitrarias. ¿Cómo habrá que consi­
derar a la arquitectura, por ejemplo? Evidentemente se trata de un arte
espacial, el arte espacial por antonomasia. ¿Pero cómo se lee ese espacio
si no es en función del tiempo? Ya lo dijo magistralmente V aléry en
Eupalinos o el arquitecto: la arquitectura, como la música, se desarrollan
en el tiempo. La única aprehensión del espacio está indisolublemente
ligada al tiempo.
Hay que tener cuidado con estas querellas que pueden limitarse a un
juego de palabras. ¿Cómo puede concebir el hombre el espacio sino en
función del tiempo o viceversa? Georg Schmidt ha encontrado una buena
fórmula cuando dice que en la pintura de D elaunay lo que se mueve es
el ojo alrededor del objeto, mientras que en el caso de los futuristas italia­
nos lo que se mueve es el objeto frente a un ojo inmóvil. Pienso que lo
que dice Sch¡midt de D elaunay se puede decir de todos los cubistas que
llegaron a dar una sensación de simultaneidad en sus cuadros. Hablando
en términos fotográficos que están al alcance de todos, se diría que en los
cubistas hay un montaje de distintas visiones del objeto (y en realidad es
el Cubismo el que nos ha familiarizado con la noción de los varios espacios
imbricados en un fotomontaje) y que en el futurismo se trata más bien
de una fotografía en que el elemento móvil ha salido movido dejando
un rastro que puede ser también expresivo.
De todas maneras no puede decirse que en esa simultaneidad que quieren
dar los cubistas pueda prescindirse de la noción de tiempo. No creo que
haya que elegir entre tiempo o espacio, sino por el contrario que hay que
hacer definitivamente su unión. Es ya hora de que nos acostumbremos a
manejar corrientemente el concepto de espacio-tiempo, que tiene ya una
larga vigencia científica.
Cuando R odin analiza en sus Entretiens sur l’Art, el Mariscal Ney de R ude,
el Embarque para Citerea de W atteau o su propio San Juan Bautista,
explica cómo los grandes efectos de animación resultan de la yuxtaposición
de elementos que en la naturaleza son sucesivos y no simultáneos. “Sola­
mente —sigue diciendo Francastel en el ya citado libro— que en Van
G ogh hay otra cosa: no es más una combinación de diferentes momentos
18

�de la acción sino de varios sistemas de representación del mundo”. Y
termina diciendo que V an G ogh : “ ...ju n ta acciones que se presentan
normalmente bajo diferentes ángulos de vista, es decir, en realidad, suce­
sivamente en el tiempo”. Aplicando esta noción al Cubismo, creo que se
puede tener una idea clara del problema.
5. DESARROLLO DEL CUBISMO: PICASSO Y BRAQUE.
Con estas ideas aclaradas y después de tanta aproximación puedo acercar­
me a plantear el problema en sí del Cubismo.
Uno de los pocos puntos en que se puede coincidir con A pollinaire es
quizá en la intuición que tuvo de que los dos grandes nombres del Cubismo
serían los de P icasso y B raque . En 1910-11 B raque sigue subiendo poco
a poco en su expresión. No nos deslumbra en seguida como su compa­
ñero español, pero se va afirmando cuadro tras cuadro y va ajustando el
color.
Algún día habrá que hacer el inventario de los elementos de que se sirvie­
ron en sus cuadros los cubistas en esta época. Se verá entonces qué pocos
son: guitarra, mandolín, violín, copa, vaso, naipes, compotera, acordeón,
diarios, letras, avisos, botella y algunos pocos más. Tanto B raque como
P icasso los van descomponiendo y ensamblándolos pacientemente de una
manera sensible. No hay ya perspectiva, puede haber todavía espacios
segregados y varias visiones simultáneas (como habíamos visto que ocurre
en las Batallas de Ü ccello), pero se lucha denodadamente por escapar del
cubo escénico del Renacimiento.
Pero en realidad el Cubismo ha procedido por descomposición y despla­
zamiento de las partes de la visión clásica. Su aporte no es tan revoluciona­
rio como aquellos pintores o sus contemporáneos creyeron. Antes de
construir es necesario empezar por destruir, y familiarizarse con un nuevo
vocabulario. Es lo que va a ocurrir después. Entre 1920 y 1930 los pin­
tores entrenados en la ascética práctica del primer Cubismo redescubrirán
con entusiasmo el color y las riquísimas posibilidades de la naturaleza
muerta. Pero entonces ya se sabrán mover por ella con una comodidad
que estaban muy lejos de tener veinte años antes.
Ya en 1910 P icasso maneja el espacio como una materia elástica. En la
gama baja de los grises y los ocres desintegra los elementos significativos

19

�de un conjunto de objetos o de un retrato (el paisaje ya ha sido abando­
nado por él y por Braque definitivamente en este período), y los vuelve
a ensamblar con toda coherencia plástica. Si lo representado no se reco­
noce de inmediato, hay que admitir sin embargo que tiene sus pistas que
lo hacen fácilmente explorable.

Esta nueva creación de conjuntos es sin embargo bastante tímida. Siguen
en pie muchas de las premisas anteriores. Picasso o Braque van reali­
zando lentamente en ellos lo que había sido una tendencia en esos
cuatro o cinco pintores verdaderamente revolucionarios de fines del siglo
anterior. Pero hay continuidad en el pasaje, no hay ruptura brusca, lo
vemos ahora claramente. Al negarse a representar dentro de la conven­
ción tradicional de Occidente (desde el Renacimiento hasta el siglo XIX),
los pintores cubistas preparaban el campo nuevo a algo que todavía
intuían confusamente. El problema a esas alturas se les presentaba como
una desintegración de las cosas, como una captación más rica. Había
que triturar objetos para poder pensarlos de nuevo. Es conmovedor
notar esa marcha ascendente y torpe a veces hacia la visión nueva. En
ese sentido si bien el Cubismo es una escuela histórica, no lo es por sus
consecuencias, la temperatura a que sometió a los artistas durante un
largo lapso que se prolonga hasta nuestros días. Sus derivaciones, enri­
quecimientos, habilidades son imprescindibles para comprender el arte
de nuestro siglo. En ese sentido rebasa lo meramente histórico.
Los artistas del momento no podían saltar libremente hacia períodos
artísticos que no hubieran sufrido la tutela terrible del Renacimiento,
ir hacia lo romántico, la miniatura medieval, el arte de algunos pueblos
primitivos, lo egipcio, en fin hacia cualquier forma aperspectiva. Sólo
heredaban el japonismo que había influido tan benéficamente a D egas
en su concepción espacial y al penúltimo Cézanne, lo que les permitía
aplastar la visión de una mesa o de unas botellas. Por aquel entonces
la feracidad del arte negro les tentaba también, el Ballet Ruso llegó a
entusiasmarlos. Pero cuidado con exagerar su influencia. La verdadera
prosapia cubista es puramente pictórica y viene de Cézanne, del famoso
cono, cilindro y la esfera y muy pronto fué negada (en el sentido volu­
métrico y lo que parece querer decir la palabra Cubismo) en una ato­
mización del objeto y un rebajar la gama cromática hasta casi la grisalla
obligatoria, con el punto de vista múltiple y el intento de implicar
duración.

20

�¿Qué hacían los otros artistas por ese tiempo? De la última manera de
Cézanne salen los fauves y su experiencia interesantísima. Cézanne en
sus Montagne Sainte-Victoire utiliza el signo cursivo (hay que precaverse
contra la palabra arabesco que podría inducir a error). Ese signo cursivo
es el elemento de unión entre las partes de una visión sensible y no ya
geométrica del mundo. Pero en los impresionistas o en Cézanne estos
acercamientos no son el producto de un juego de combinaciones gratuito
de elementos estilizados sino la sensación directa e íntima de la naturale­
za. Lo curioso es que aun los artistas que quedaron históricamente fuera
del movimiento como M atisse, ya sea por el camino del fauvisme, por la
acendrada acentuación de sus capacidades exploratorias y su sensibilidad
alerta como antenas muy afinadas, llegan tarde o temprano a visiones
tan nuevas y tan creadoras como las que más. Matisse viene por la ruta
del color y el dibujo sintético. Podría quizá hacérselo derivar de la hipó­
tesis cursiva de Cézanne que abarca la totalidad del mundo sin desinte­
grarlo en rectas y planos (hipótesis cubista del primer momento), sin
concebirlo como espacio coloreado en ensamblaje de grandes planos
(como en D elaunay) o sin el fértil amaneramiento del Cubismo en 1914.
Ya en La Danza (1909), Matisse avanzaba un paso sobre la exploración
de D egas. En él hay: “extensión con peso, plasticidad, indeterminación
de los límites” (Francastel). Con La Danza, por medio del arabesco,
M atisse consigue la unión de cosas objetivamente extrañas entre sí.
D ufy llegará por otros caminos que se enriquecerán con los años. Cada
uno es un caso particular. De los otros, ligados con la experiencia
cubista, paso a ocuparme a renglón seguido.6
6. JUAN GRIS, LÉGER, DELAUNAY.
Me tengo que referir ahora a tres grandes pintores que aportan junto
con Picasso y Braque otras versiones y soluciones a ese mismo problema.
Creo que la de J uan Gris es una experiencia que se agota en él mismo y
que no tiene historia posterior. En cambio, de los intentos de L éger y
de D elaunay no sólo vive una parte muy importante de la pintura actual
sino que además tienen todavía un largo porvenir. Y conste que ese
distingo no es peyorativo para Gris, al contrario. Hay artistas que llevan
su sistema hasta tan lejos que cuando lo abandonan queda prácticamente
exhausto para uso de futuros continuadores. Es el destino de un
R embrandt o de un L eonardo.
21

�De J uan G ris se ha escrito mucho estos últimos años, quizá demasiado
como para tener la conciencia libre de prejuicios (a favor o en contra).
Desde la obra admirable de K ahnw eiler : elogio y justificación, hasta la
opinión un poco arbitraria y dura de A pollinaire .
Si queremos hacer entrar a G ris en el sistema que tan ejemplarmente
nos dan P icasso o B raque entre 1910-12, naturalmente que nos parecerá
un pintor equivocado. Si en cambio tratamos de comprenderlo en sí,
veremos que su búsqueda puede correr paralela a la de ellos y ofrecer
aspectos extraordinariamente interesantes.
En realidad J uan G ris tiene otra historia en su pintura. Empieza con
una aparente inseguridad ensamblando curvas y tratando de construir
retratos en un color que se acerca a la grisalla. Poco a poco va instauran­
do su mundo. Un mundo no triturado y recompuesto como el de B raque
0 P icasso en 1910-12 sino más bien un sistema en que la realidad queda
apresada en un juego repetitivo de formas. Un objeto está cortado y
parece reflejarse en un gabinete de espejos, pero siempre es reconocible.
No se trata ni siquiera lo que se podría llamar la rebanada de objeto
que es el procedimiento de descomposición en L éger. Naturalmente, con
este sistema de G ris las cosas conservan una solidez, un aspecto físico
verosímil mucho mayor. Su gran problema es en esa época el del color L
Lo sube a una gama en la que no se siente cómodo. Son colores satura­
dos: marrones achocolatados, amarillos azufre, violetas, azules y verdes
crudos. Oposiciones de colores que destruyen la belleza formal y de
composición que ya para 1914 ha logrado. Los elementos de su compo­
sición se cortan en damero, muchas veces se trata de vistas aéreas como
si volara sobre las mesas de sus bodegones, con objetos que abate para
estudiar mejor. Paulatinamente va sabiendo ensamblar las curvas y las
rectas, las zonas punteadas, los subrayados de las líneas principales. A
medida que renuncia a esos elementos (que considera cada vez más
como parásitos) va rebajando la gama y se instala en los grises muy
matizados que domina maravillosamente. Quizá su mejor época sea la
que va de 1916-19 cuando está en la plenitud de sus medios, cuando se
puede decir de su pintura lo que A ndré M asson dice en general: “La
gran pintura es una pintura en la que los intervalos están cargados de1
1 “Creo que el color no es malo. Lo temo, porque me parece mi lado débil.” Carta
de G ris citada por Kahnweiler : Juan Gris. París, Gallimard, 1946 (191).

22

�tanta energía como las figuras que los determinan”. No hay vados, el
cuadro abarca y dice todo lo que tiene que decir sin énfasis pero sin
desmayos. Después, hasta el 26, va a estar obsesionado por las formas que
Kahnweiler llama: rimadas, es decir que una forma principal se repite
en una accesoria como un tema musical. Iba hacia una gran claridad y
una visibilidad que asusta a los cultores de un arte deliberadamente
oscuro. De todas maneras su experiencia no cuenta más que para él.
Su camino se cerraba en cierto modo después de su experiencia. Siempre
quedará como un maestro que ha enseñado a empalmar los juegos de
la realidad en esquemas formales de gran belleza expresiva. Irregular,
repitiendo en él la historia del despojamiento paulatino y del amanera­
miento, típicos del que trabaja en soledad.

L éger comporta un caso distinto. Él es otro de los grandes buscadores
de esta época y en el polo opuesto de P icasso: inventor consecutivo de
toda la historia del arte. O de Braque: antena sutil y artesano capaz
de dar hasta el último estremecimiento de la materia y el color.
Léger en cambio llega al Cubismo todavía inmaduro y después de algu­

nas experiencias muy acertadas empieza a forzarse en encontrar, con
dificultad, con una especie de torpeza esencial y con lentitud de obrero
obstinado, lo que quiere decir. Y lo que quiere decir se revela simple­
mente como una adhesión a la cosa, al objeto como él mismo lo llama.
A pollinaire lo ve como el rapsoda de lo mecánico. Pasados los años
comprendemos que su actitud sobrepasa lo mecánico. Lo que ocurre es
que las máquinas le dan ejemplarmente materia con peso y existencia
propia fuera de lo sentimental, de lo que huye este tierno. Su concepción
no es la estrecha del hombre mecanizado (aunque haya estado obsesionado
con el tema hasta el punto de haber realizado una película: el Ballet
Mécanique en 1924).
En ese tiempo de Cubismo, Léger, con absoluta originalidad se replantea
el problema, y para él no se trata de pulverizar el objeto para recom­
ponerlo, su abstracción no quiere ir tan lejos. Necesita seguir viendo
el signo de las cosas que incorpora a su pintura. En sus cuadros de esa
época se ven pues trozos de objeto, rebanadas de objeto, recompuestos y
ensamblados mucho más orgánicamente que en P icasso o en B raque en
quienes tenían simplemente categoría de signos en libertad.
Pero el espacio está presente. No solamente como profundidad en
trompe l’oeil sino como implicación de toda esa masa que quiere acumu23

�lar en sus pinturas. De pronto son vistas de París, todavía dos o tres
planos de espacio reconociblemente convencional, pero hay también
otra visión nueva que se zambulle desde arriba, en picada diríamos con
un término de aviación. El espacio va quedando captado, registrado en
redes que nada deben a la red tradicional ni a la impresionista. Esta
nueva óptica es propia de L éger, su aporte al arte contemporáneo.
Cuando llegue a organizar su mundo de objetos, se encontrará dominando
un espacio abstracto pero no por eso menos existente.
Un buen día Léger descubrirá el color violento como independiente
—experiencia tan útil de los fauves— y lo aplicará simplemente sobre ese
espacio para que cuente emocionalmente. El sistema es brutal pero
eficaz. P icasso, M atisse o D ufy lo han hecho con más elegancia, no
deja de ser interesante pensar que L éger le ha dado un sabor propio.
Tanto a L éger como a D elaunay, Georg Schmidt los llama: futuristas
franceses. La nomenclatura es discutible, la idea que está detrás es quizá
justa. En esta exposición del Cubismo se ha mostrado en qué punto de
la investigación espacial estaba L éger en ese entonces. Me parece justo
ocuparse de él como inventor de una de las versiones modernas de un
problema eterno.
Y llego al otro futurista francés, al creador del Orfismo (según
A pollinaire): R obert D elaunay cuyo nombre interesa cada día más a
críticos y público en general. Su búsqueda va por el lado del color y la
visión totalizadora del mundo. Visión que trata de abarcar más cantidad
de campo visual que el nuestro común.
Intenta primero en sus autorretratos y en las vistas de St. Severin un
cromatismo de gama impresionista', pero poco a poco, a medida que se
enriquece su concepción espacial, va desembocando en un color que
terminará siendo casi el primario: triunfante y asoleado. En sus
St. Severin empieza a ejercer su potencia de explorador de un nuevo
espacio, fascinado por su descubrimiento de la dinámica gótica. Intere­
sante experiencia que tiene un contenido paralelo al que se podría
obtener filmando con una cámara móvil dirigida hacia las bóvedas en
una construcción de ojivas. Toda anécdota desaparece. También la
tectónica del gótico. Queda solamente en su registro el exaltado sucederse
de curvas concéntricas, dominadas por un fuerte color puramente ima­
ginado. Se intuye con claridad cómo desde un principio D elaunay daba
vueltas alrededor de su idea clave de los círculos y anillos, segmentos
24

�circulares pigmentados en los primarios con que acabó su joven carrera.
Intermedia y capital su serie de Torre Eiffel. Esta construcción ha sido
para el mundo moderno un verdadero símbolo, no sólo de ingeniería
avanzada sino también una experiencia espacial como la que constituyó
en su tiempo la elevación de la cúpula de Santa María dei Fiori en
Florencia por Brunelleschi a principios del siglo XV. Es decir: fué
motivo de una distinta aprehensión del espacio. Esa construcción —la
Torre Eiffel— en la cual lo interior y lo exterior no tienen límites pre­
cisos ha fascinado a los fotógrafos que la han retratado desde todos los
ángulos posibles tratando de abarcarla en su inmensidad y en su riqueza
espacial, símbolo de la visión moderna.
D elaunay no podía escapar a esa especie de obsesión y se lanzó a ella
con todo su ímpetu. De pronto es la silueta familiar de la torre perfi­
lándose contra el horizonte del paisaje de París, de pronto en una cercanía
que nos hace pensar en primeros planos cinematográficos con sus arcos
que vuelan y abarcan espacio. Otras veces es su cuerpo ágil que se
quiebra y se integra en visiones más ricas que la unitaria, fija y momen­
tánea, visión oficial académica inaugurada con el Renacimiento, durante
el cual tuvo sentido, pues se trataba de una formidable innovación
tendiente a explorar con método y rigor un espacio, pero que en el
transcurso de los siglos había llegado a hacerse un lugar común comple­
tamente desprovisto de valor significativo.
Su espacio está creado por sus grandes planos de color, modulados apenas
pero nunca inertes. Planos que se abren en abanico, que se ensamblan
como una consciente y fuerte obra de carpintería. No hay huecos, tam­
poco hay flaquezas. La deformación va unida al color de una manera
tan consecuente que nadie podría intentar separarlos sin destruirlos. No
hay una visión arbitraria, enfermiza o absurda del espacio. No hay que
entender esas torres como si se derrumbaran, tampoco como una crítica
social de la disolución material de un mundo; por el contrario se trata
de los ejercicios de recomposición de la realidad de acuerdo a una visión
más rica, más total, que además —como lo hemos visto— implica el
tiempo. B oris Fraenkel en el prólogo de un libro que aparecerá próxi­
mamente sobre D elaunay dice: “D elaunay tenía que resolver el siguien­
te problema plástico: dar la impresión de un objeto del mundo exterior
de dimensiones gigantescas en el espacio de una tela necesariamente
limitada, y ello no por una solución relativamente académica, mostrán25

�dola de muy lejos, es decir, por fuera, sino colocándose en el interior,
sin dejar sin embargo de darnos la sensación del fenómeno global. Al
hacer esto, D elaunay reproduce en el lenguaje plástico el fenómeno
natural que el ojo del contemplador que se encuentra muy cerca de la
Torre Eiffel hace automática e inconscientemente, y que por eso nos
parece muy natural. La retina tampoco puede percibir la totalidad de la
Torre Eiffel de una sola vez, no puede hacerlo sino por la readaptación
ultrarrápida y casi automática del ángulo visual, sin que además ello
llegue a ser consciente”.
7. PICASSO Y BRAQUE A PARTIR DE 1914.
Pasan los años y Picasso y Braque van cambiando su experiencia, enri­
queciéndola, debilitándola quizá pero en todo caso haciéndola evolucio­
nar. Con su contribución o la de sus amigos se van completando los
rasgos del Cubismo que chocaron a los contemporáneos: fragmentos de
nombres, carteles (se empieza a redescubrir la virtud estimulante de la
escritura como dibujo), orlas. En un principio se imitan los títulos, la
madera, el papel de empapelar. Después el recorte y el collage de toda
clase de materias, hasta arena o papel de lija, serán lícitos.
Picasso ha alcanzado para aquel entonces la perfección formal. Domina
lo que todavía se le rebelaba dos años antes.
Braque lo ha igualado ya en esa fecha. Desde entonces correrán juntos,
el uno al lado del otro, y no se sabrá ya a simple vista de quién es cada
cuadro. No importa, ese mismo anonimato nos está proclamando clara­
mente la noción de estilo. Artistas amigos, coincidentes o influidos
mutuamente. La historia está llena de esos ejemplos.
Por ese tiempo ambos prueban la composición en óvalo que sirve para
cerrar admirablemente el ejercicio ortogonal que significa la tela.
Cuando empiezan a separarse se ve en seguida que Braque es menos
ascético y que su camino va a ser el del color. Prueba un azul oscuro
casi negro, agrega un toque de esmeralda. Arma, desarma, juega, cambia
de escala, sube todo el teclado, hace variaciones sobre un tema, se deja
obsesionar por la música. En 1911 B raque ya dibuja al carbón como
quien pinta: con todo dominio. Si no fuera por lo que les falta en
sensualidad táctil, sus dibujos podrían llegar a ser tan ricos como un
26

�cuadro. Esta experiencia es curiosa: el pintor que va desde un color muy
rico hacia el gris, el grabado o el dibujo, sabe llegar en el uso del blanco
y negro a una riqueza que el mero dibujante nunca alcanza. Goya tiene
unos negros aterciopelados, los rodea de blancos y medias tintas tan
refinadas como su paleta esplendorosa siempre nimbada, sin embargo,
de un gris plateado. Los cielos de México retratados por Eisenstein en
blanco y negro son profundamente azules sin serlo, por transposición.
El que empieza a tentar el dibujo sin haber tenido la experiencia del
color, raramente llega a esa profundidad en lo neutro. Es un lugar
común saber que los más ricos coloristas son los dibujantes y grabadores
más expresivos.
P icasso ya empieza entonces a probar otra cosa aun antes de agotar el
Cubismo. Sus cabezas de esa época reflejan el arte negro. Niño travieso
genial, cuando sus camaradas se aplican honradamente a su flamante
invención, él ya quiere saber qué va a hacer 30 años después. Ya en 1914,
P icasso que se aburre en la perfección, empieza a inventar nuevos trucos:
madera fingida, golpes de espátula, todo lo prueba incansablemente. Sin
embargo, toda esa pirotecnia no será inútil para su desarrollo futuro y
además tendrá consecuencias mucho mayores. Después del ejercicio rigu­
roso del primer momento, tanto él como Braque y ahora junto a ellos
Gris, son capaces de hacer malabarismos en los que el color vuelve a
tener un lugar importante, tanto como las cesuras de la tela, los blancos
que hacen el papel de los silencios en música. Pero tanto el fondo sin
pintar como el color están vistos con ojos nuevos. Si en cierto modo el
objeto se recompone después de su atomización, en realidad es ya otro
objeto nuevo. No será ya el anecdótico que tenía su lugar en el senti­
miento o el objeto material con forma y color propios. Ahora ya es la
composición liberada en un espacio que se va afirmando con su valor
propio. Históricamente, la actitud de 1914 es un dejarse ir por el gusto,
la arbitrariedad, el refinamiento, así como la de 1911 había sido una
cuaresma —admirable— como lo es el Clave bien templado en la obra de
Bach. Se evita pintar, simplemente se pega sobre la tela todo lo que se
tiene a mano. Apenas si unas muy tenues líneas, como telas de araña,
vinculan entre sí los elementos sabiamente desperdigados por el gran
fondo neutro. Hay como una calidad oriental de factura. Nada queda
insistido, todo sale de la asociación feliz de unos pocos elementos muy
bien concordados, como en una aguada china.
27

�P icasso aumenta entonces el grosor de sus pastas, después llega a ras­
carlas o modularlas con un peine. Imita así maderas, papel, todas las
materias. El repertorio está casi listo, cada uno se podrá lanzar a pintar
por veinte años de acuerdo a lo que le urja. El alfabeto ha sido inventado
y es hora de ponerse a escribir con él.
Ese impulso será diferente en cada uno. Para Léger será el culto del
objeto en un espacio abstracto; años después le aplicará el color primario
no coincidente con la forma, como trazos o zonas con vida propia.
D elaunay irá acercándose paulatinamente a los grandes círculos concén­
tricos que lo obsesionaban desde un principio. Pero habrá pasado por
los encuentros de fútbol, las escenas de aviación, todo lo que sea simul­
táneo en el movimiento y el color. El cine, el punto de vista aéreo, el
montaje fotográfico, están detrás de su experiencia pictórica y la con­
dicionan.
B raque se lanzará para siempre (sólo hace dos años nos sorprendió con
unos extraños y hermosos paisajes) a sus naturalezas muertas que con­
centran para él su ejercicio cezaniano de ser formas con color y materia.
P icasso, el incontenible, se dedicará a sublimar todo su mundo interior
haciendo cantar simultáneos o separados los dos genios que lo habitan.
A partir de 1914 el Cubismo había pasado quizá como escuela pero se
inscribía en la historia del arte como una experiencia de las más ricas y
de las que más consecuencias han dejado en la historia de la pintura.8

8. LAS OTRAS VERSIONES.
Los otros pintores que no sean los ya apuntados tienen que entrar
fatalmente en la categoría de los epígonos. La historia es también, en
cierto modo, la historia de los que triunfan. Creo, pues, justificable el
hecho de haber estudiado el comienzo del movimiento en aquellos artistas
en quienes se díó de una manera más favorable y en los que las posibili­
dades de estilo fueron más totales.
G leizes quizá sea importante históricamente, pues parece de los más
inquietos y tiene en su haber más de una invención interesante: punteado
de la tela o fragmentos de letras de imprenta. También el ejercicio de
querer combinar signos distintos entre sí. A veces son unas espirales,
unos arcos de círculo concéntricos que tratan de ensamblarse con rectas
y con ángulos. Hay que reconocer que el intento es interesante, aunque
28

�resulte bastante pobre. Sus primeros cuadros revelaban a un pintor, pero
en la búsqueda tomó un camino que no llevaba a nada. En cuanto a
su composición se puede decir que si sus arreglos son francamente feos
nunca resultan totalmente inútiles. Tanto en su calidad de pintor o como
teórico, G leizes merece ser considerado. Su color puede ser frío o desacor­
dado y su composición algo deliberada pero hay que tener en cuenta la
violencia que tuvo que hacerse para romper la malla de la figuración
tradicional de la cual se veía mucho más preso que sus compañeros. Se
fuerza tanto para liberarse que cuando lo consigue se encuentra con que
sus signos se han desperdigado y no tienen entre sí la cohesión exigible.
Ha seguido hasta nuestros días en su sistema de signos sueltos, una espe­
cie de taquigrafía plástica, que si bien no se traba como la de los más
excelentes, al menos actúa por presencia y siempre resulta estimulante y
problemática. Su sistema quizá sea más valedero en el grabado, en el que
se refugia desde hace muchos años. Quizá porque en él evita el problema
del color que siempre le resulta superpuesto y no sentido inseparable­
mente como un todo con la composición.
H erbin trivializa a Cézanne, pinta con un color que no tiene calidades
propias y, además, insiste en el paisaje para el cual no había salida en
ese punto de la especulación. Es curioso comprobar cómo el paisaje no
se prestaba al Cubismo. Su misma calidad de aire libre, de espacio
inapresable, le quitaba posibilidades. Cézanne había sabido domesticarlo
en su juego de planos y en su modulación del color por pequeñas zonas
vibrantes y superpuestas. Pero si el paisaje sufría un tratamiento envol­
vente, y era abarcado de manera espacio-temporal, ese mismo paisaje se
volvía duro, hostil, en una palabra, completamente inadaptado al fin
apetecido. El problema del tema es tan importante al hacer el proceso
de un movimiento como lo es el repertorio de objetos, la composición o
el tratamiento de la materia. Los epígonos sirven muchas veces (de
manera negativa por cierto) para saber dónde no había que apoyar o
qué zona era la prohibida. A pesar de haberse iniciado con compactas
composiciones de casas, Braque y Picasso se alejaron inmediatamente
con intuición segura, de aquellos temas como de aquel color ocre intenso
que los había tentado en un primer momento. Sabían —quizá sin saberlo
conscientemente— que ni tema ni color se prestaban a sustentar la pin­
tura que imaginaban. Su volver al rostro humano o la naturaleza muerta
no son en absoluto casuales sino la más elocuente demostración de lo

29

�que su genio tiene de intuitivo en la elección o rechazo de los medios
que elige para manifestarse. H erbin se equivoca, pues, al insistir en el
paisaje y sólo llegará a comunicarse con el público, cuando con su geo­
metría un poco elemental nos deslumbre con sus triángulos y círculos
vibrantes como una clarinada de color puro.
P icabia en esa época titubea. En algunos de los primeros cuadros cubis­

tas llega a pintar el peso y la solidez con tanta convicción que uno se
pregunta si no iba —sin quererlo quizá— en contra de la corriente de lo
que hacían sus compañeros de grupo. Después arma grandes composicio­
nes que tienen el mismo defecto que imputábamos a Gleizes: los ele­
mentos no están trabados entre sí, los signos flotan por una tela excesi­
vamente vacía sin llegar a ensamblarse como en el paradigma que es la
composición de D elaunay. Nadie podía sospechar en aquellos primeros
cuadros en que la materia está acumulada e inerte, en aquellos otros
aéreos y deshilvanados, al pintor que iba a desembocar en las trabajosas
maquinarias inventadas en su época Dadá. Quizá en ninguna de las
tres formas ese artista haya llegado nunca a transmitir lo que quería.
El suyo puede ser uno de los destinos trágicos del arte.
M etzinger es sin duda el más interesante de todo este grupo. Su figura
es de las que habrá que reivindicar con toda justicia. Lo ha probado
con sus exposiciones individuales de estos últimos años. Su universo es
sin embargo reducido, su principal intento: hacer poliédrica la realidad.
Busca continuamente diedros y triedros capaces de crear zonas de relativa
sombra o luz para hacer valer toda su gama de color tierno (en la gama
del pastel) y componer así sus telas. Pero en él las curvas se ensamblan
con mucha habilidad con los ángulos y no hay un solo agujero en la
trabazón de lo que con tanta firmeza compone, en esa especie de caña­
mazo en que hasta el último rincón del cuadro es significativo. Metzinger
ha seguido su línea invariable a través de los años. No ha triturado la
realidad. Lo cotidiano está allí presente pero firmemente descompuesto
en lo que tiene de más expresivo tanto como forma, color o composición.
Así se mantiene aún ahora, en una lección muy alta de pintura honrada
y firme en su vocación, a la que le falta quizá una resonancia universal
para ser la de un gran maestro.
L e Fauconnier es, según la invención de A pollinaire el único cubista
físico. La categoría no puede ser más arbitraria. En realidad sus retra­
tos, sin la acrobacia extraordinaria de los de Picasso o Braque, no tienen
30

�hoy día nada que decirnos. Su búsqueda queda, en cierto modo, estéril
y se va a sumar a la de los otros, que tampoco llegaron, para explicarnos
con una claridad cruda cómo el hecho extraordinario del gran artista
resulta no sólo de una vocación, de un trabajo acendrado, de una entrega
total, sino también de una intuición inapresable que señala cuáles son
los ríos navegables que llevan a lo presentido y cuáles se empantanan
inútilmente.
J acques V illon ofrece como M etzinger el caso de un pintor al que hay
que hacer justicia. Y por curioso que parezca, esa justicia la han empren­
dido los abstractos que ven en él a un precursor. El sitio de honor que
le asignan es completamente merecido.
En su caso también hay triangulación del espacio, aunque no pueda
escapar de lo que he llamado la concepción escénica del mundo. Pero, al
revés que en Metzinger, los ángulos vivos no se empalman con curvas
que podrían dulcificarlos. Aquí, triángulo se opone a triángulo sin que
ello implique búsqueda de efectos de luz y sombra sino simplemente
batalla de colores hermosísimos y detonantes. Colores llevados a lo más
alto de la gama sin el menor flaqueo o nota falsa. Las telas de V illon
quedan así en la memoria como el traje de un arlequín irreal, guardando
una contención y una serenidad inmutables.
No siempre utiliza los colores estridentes, muchas veces, por el contrario
se refugia en gamas sordas deliberadamente. Color de calidad de acuarela
en que cada tono se funde cromáticamente con el de al lado en una
pintura por napas, en un lavado unificador. Pinta retratos o escenas
íntimas y su composición se imbrica como las piezas de un rompecabezas.
Si los abstractos lo reclaman, es, porque, suprimida la anécdota (que
nunca tiene en él un valor sentimental demasiado grande) siempre queda
en sus cuadros una trama tan tupida y tan sentida de forma-color que no
desmerece de la más ardua y brillante abstracción.
D e la Fresnaye trabaja con un color denso —que no tuvo después histo­
ria en la pintura— pero que era interesante en sí mismo como experien­
cia. Un color revocado concienzudamente y sordo. Oscuro y de calidad
de fresco en su opacidad e intensidad. Pero su espacio es menos rico,
menos inquietante que los de Braque, Picasso o D elaunay. Si no hubie­
ra muerto tan joven quizá hubiera habido en él la fuerza de llegar a ser
un gran decorador mural, un continuador de lo constructivo de Cézanne

31

�sin sus transparencias aéreas pero con una expresión inédita que, desdi­
chadamente, se perdió con él.
A ndré Lhote es un caso particular. Es uno de los críticos más agudos
del oficio de la pintura y, según sus discípulos, un gran maestro de la
enseñanza. Y es curioso observar que este gran teórico ha tenido siempre
esa actitud vigilante de la crítica o de la enseñanza hasta cuando pintaba.
Sus cuadros tienen una calidad voluntaria que les quita toda esponta­
neidad. El razonador ha matado en él al verdadero pintor. Sus cuadros
dan siempre la sensación de ser más pensados que sentidos. Su compo­
sición, que, en frío, puede ser ingeniosa, no pasa de un alarde que
bordea —para sorpresa del pintor— el más convencional academismo. En
la Exposición del Cubismo no faltaron por cierto sus telas: hubiera sido
una gran injusticia. Desde el primer momento está enrolado en el
movimiento y contribuye a su formulación, pero incapaz de dominar su
saber teórico, su caso es el antitético del de tantos pintores mediocres: su
técnica le traba los pies de la expresión.
M arcoussis fué un pintor muy fino y con gran capacidad de vibración.
En él, sin embargo, el Cubismo no se presenta como una fatalidad. En
cualquier otra época que le hubiera tocado vivir, su talento hubiera
sabido plegarse perfectamente a otras circunstancias, siempre que ellas
no le hubieran sido adversas de manera total. Su composición está
admirablemente trabada y es de buena ley, su color en general compuesto
de tierras y grises: muy acordado. No existe en él esa peligrosa falta de
imaginación de algunos pintores menores que les hacía a veces poner
fríamente, un trozo recortado de la realidad al lado de otro cualquiera,
como mercaderías expuestas en una vitrina (esto es lo que Gris llama
en una de sus cartas citadas por Kahnweiller: “Les peintres étalagistes”).
No hay tampoco las notas en falso del retrato o del paisaje fallidos a que
he hecho alusión más arriba. Su carrera subirá a la mejor calidad después
de 1914 y, hasta su muerte en 1927, seguirá pintando con una gran
dignidad y finura de las que no están ausentes las lecciones aprendidas
de sus compañeros de promoción.
Marcel D úchame hace una experiencia heterodoxa. Compenetrado de
los mismos principios que sus compañeros y sus hermanos intenta sin
embargo trazar sus misteriosas señales que responden a veces a un signo
curvo y dinámico, y otras hacen pensar en Klee o en M iró. ¿Qué había
en germen en la pintura de Marcel D uchamp que nunca llegó a florecer?
32

�Su camino es uno de esos caminos rotos de la Historia del Arte de que
hablaba antes. Nos resulta difícil mirarlo porque no cae en el estilo, su
intento en soledad nos atrae y nos rechaza porque no encontramos la
fórmula para apresarlo. Gran pintor sin embargo, su obra queda latente
a la espera de quien la sepa descifrar.
Marie Laurencin nunca pudo entrar en el movimiento más que por
simpatía o amistad. Los elogios que de ella hace A pollinaire resultan
hoy día un poco triviales y deben tomarse como un cumplido a la mujer.
Si algo ha tenido que decir esta artista no ha sido, casualmente, por
medio del Cubismo. Aunque hasta ella misma —por osmosis— haya po­
dido parecer atormentada y con la obsesión de querer componer con
rigor.
K upka y M ondrian figuran también en la exposición. Kupka parece
desacordado en el color y brutal al lado de los ejercicios de finura de los
más grandes. Puede ser sin embargo, que, en su medio, el suyo haya sido
un aporte interesante.
Mondrian está en toda su calidad. ¡Pero qué fuera de lugar un cuadro
esquemático como el suyo enfrentado a la complejidad compositiva y
cromática de Picasso, Braque o Gris! Queda su obra aislada como el
testimonio de que él también estuvo asomado al movimiento, que, sin
duda, desencadenó toda su pintura posterior.
Los escultores. El problema de la escultura cubista es grave. En realidad,
la teoría y los mejores resultados se habían basado en la pintura. Trans­
poniendo simplemente los principios bidimensionales al volumen se podía
crear sólo algo espúreo o decorativo. Vistos hoy, Zadkine, L ipchitz o
Archipenko nos parecen menos atrevidos que sus compañeros pintores.
En realidad la escultura plantea otros problemas y debe resolverse tam­
bién en otro plano. Kahnweiler dice que ciertas soluciones pictóricas se
comprendan mejor en el relieve o las transparencias de un modelo fabri­
cado que en el dibujo directo. Es posible; quizá por eso las mejores
construcciones de esa época sean las del propio Picasso, equivalentes
—en cierto modo— a sus ensayos pictóricos. Hoy día, el balance de la
escultura que se mostraba en esa exposición, es bastante desconcertante:
G argallo parece realmente frívolo, con gran habilidad para jugar con
los elementos pero sin ninguna trascendencia. Brancusi ya desde enton­
ces se inclinaba más al núcleo que a una composición que fuera equiva33

�lente de lo cubista en pintura. L aurens es quizá el único que compone
sólidamente aunque sus construcciones puedan tener el inconveniente
de ser pictóricas en el sentido de tener un solo punto de vista óptimo y no
incitar a la circulación a su alrededor. Son planas y responden al relieve
tradicional: caso particular de la escultura.
El único que hoy día nos inquieta es R aymond D uchamp-Villon, el
autor de esa estupenda cabeza de B audelaire, que en ella hubiera pare­
cido quizá el más aferrado a lo tradicional y, que, sin embargo, es capaz
de dar el enorme salto que significan sus esculturas dinámicas como por
ejemplo el famoso Caballo. Sin embargo, en cuanto quiere transgredir
su dominio, cae en lo simplemente decorativo. En la exposición se
muestran fotos de una casa hecha y decorada por él y sus amigos. Se
trata simplemente de un ingenioso juego de volúmenes, ocasión de pegar
unos cuantos elementos escultóricos sobre una fachada convencional y en
la tradición menos revolucionaria: una casa de dos pisos con mansarda
de pizarra, lucarnas y todos los elementos del siglo XVIII, que, en vez
de estar resueltos como en aquella época tiene ingenuamente triángulos
en vez de arcos y decoración cubista en vez de rococó.
Ese desdichado intento arquitectónico no es más que el preludio de lo
que fué después la Exposición de Artes Decorativas de París en 1925 y lo
que han seguido haciendo los más nocivos decoradores (modernos según
ellos) tales como L eleu o L alique.
Sin embargo en ese mismo año los hermanos Perret habían construido las
tres maravillosas salas del Teatro des Champs-Elysées con la colaboración
de B ourdelle y de M aurice D enis. ,
La escultura y la arquitectura comportan en nuestra época casos parti­
culares y hay que historiarlas separadamente. Basta la mención de lo
que se creyó durante un tiempo ser la plástica cubista.9
9. LOS CRÍTICOS DEL CUBISMO.
Mucho se ha dicho y escrito sobre el Cubismo. Los contemporáneos del
movimiento, en su afán por convencer, han aportado mucho material
que hoy día podemos considerar como francamente espúreo. La única
disculpa que pueden todos tener es la de haber estado demasiado próxi­
mos a la época que juzgaban o ser amigos íntimos de los propios pintores
enjuiciados, cuando no los mismos artistas y críticos (como Gleizes,
34

i

�M etzinger, Severini, O zenfant, J eanneret). Si ahora comprendemos y
justificamos el Cubismo es sobre otras premisas, a veces antitéticas de las
antiguas: bienintencionadas e ingeniosas pero casi siempre falaces, lite­
rarias o pseudo-científicas.
En su libro Méditations Esthétiques, Les Peintres Cubistes, lo mismo que
en numerosos artículos desperdigados, Guillaume A pollinaire asumió
la defensa y explicación del Cubismo. Su intento era noble; hoy, cua­
renta años después comprendemos que, en realidad, acertó en pocos
puntos fundamentales. Ante todo, su división del Cubismo en dos cate­
gorías: el científico y el físico, que en seguida se vieron ampliadas además
al órfioo (para poder incluir a su amigo D elaunay) y al instintivo para
hacer elástico el concepto y permitirle abarcar prácticamente a todos los
buenos pintores del momento, no pasa de ser una clasificación arbitraria.
El científico podría justificarse: “Es el arte de pintar conjuntos nuevos
con elementos tomados no de la realidad visual sino de la realidad de co­
nocimiento’’. Quizá esta definición sea la base del impulso inicial que
sostuvo al primer Cubismo. Creo, sin embargo, que desde un principio la
inquietud era más rica y más compleja de la que deja suponer ese enun­
ciado.
En el Cubismo científico, A pollinaire incluye a: P icasso, B raque,
M etzinger, Gleizes, Marie Laurencin y Juan Gris. Janneau en su
libro L’Art cutiste le objeta la inclusión de M etzinger y de Marie L aurencin, objeción que encuentro perfectamente válida. Claro que las sor­
presas no terminan ahí, ya he dicho la ingenuidad que revela la creación
de la categoría de cubismo físico para poder incluir a L e Fauconnier.
Después veremos cómo en las otras categorías hay pintores que, como
Picasso, vuelven a figurar. Es lógico. A pollinaire escribía en 1913 cuando
la escuela estaba en plena efervescencia. Es inútil adoptar hoy día esa
clasificación; no haría más que confundirnos en vez de aportar mayor
claridad.
K ahnweiler en su libro sobre J uan G ris caracteriza exactamente las cua­
lidades y defectos de A pollinaire como crítico y exégeta. En cuanto al
pretendido conceptualismo de la pintura cubista, K ahnweiler dice:
“ ... pero A pollinaire se equivocaba al calificar a esa pintura de concep­
tual. No lo era, porque no eran conceptos, objetos concebidos por el
espíritu, lo que daban Gris y sus compañeros en ese entonces, sino por

31

�el contrario una multiplicidad de informaciones relativas a un mismo
objeto, extraídas de impresiones visuales anteriores. Se soñaba con una
pintura conceptual, pero el pintor de 1912 permanecía empírico, con lo
cual no hacía más que continuar la tradición del Renacimiento”.
El pretendido cientificismo o fundamento matemático también es tema
escabroso al que habrá que volver al tratar del libro de Severini.
Kahnweiler —que vivía con los cubistas y era una mente lúcida— sabe
distinguir muy bien cuáles eran los temas que los obsesionaban y qué
era lo que secretamente esperaban alcanzar. Explica cómo, Princet, era
un personaje que encontraban en el café, sin ningún rigor científico, al
que no tomaban tampoco demasiado en serio y, en cuanto a la cuarta
dimensión o n dimensión de que tanto se ha hablado, ninguno tenía una
noción clara de qué se trataba. Era agua que se aportaba al molino y
como tal se la utilizaba.
P icasso con su franqueza y su claridad lo ha dicho explícitamente: nadie
pensó en la geometría ni en la matemática (salvo quizá Severini), todos
se fiaban en una razón mucho más valedera: su intuición.
Pero es curioso cómo Kahnweiler, cuyo libro, con mucho, es el mejor

publicado sobre el tema, a pesar de casi rozar la explicación satisfactoria,
la pierde de vista por su empecinamiento en negar la búsqueda de una
nueva concepción espacial h Esta clave —para mí única— de la compren­
sión del problema se le escapa y tiene que enzarzarse en largas disquisi­
ciones sobre el lenguaje, que significan un loable esfuerzo pero que
confunden los principios de claridad sobre los que está edificada la
primera parte del libro. Y no es un error pasajero, Kahnweiler se aplica
con toda su inteligencia a demostrar que Gris —“que fué neo-kantiano
sin haber leído nunca a Kant— descubrió por su propia cuenta que la
existencia del espacio es una existencia a priori”. De ahí nace la diver­
gencia con el punto que sustento. No me explico cómo quiere probar la
validez de una pintura que luchaba por salir del marco de la represen­
tación tradicional, admitiendo el espacio como una categoría inmodificable. Casualmente porque no hay un espacio único, que nos es dado
a priori, sino que él depende y ha dependido siempre de nuestra apre-1
1 “No es una nueva figuración espacial —como se ha escrito a menudo— lo que inven­
taron los cubistas, sino una nueva figuración de los sólidos”. Juan Gris, Gallimard,
1945 (pág. 216) .

36

�hensión, la pintura moderna puede reclamar una nueva versión de ese
aprehender. Hay razones que se vuelven contra el mismo que las enuncia.
También el tiempo —fatal compañero del espacio— cae en las manos de
Kahnweiler que se niega a creer que en la captación de lo plástico in­
tervenga ese factor. Para él un cuadro se ve de golpe y de una vez.
Con esas limitaciones es difícil llevar con coherencia una tesis hasta el
final. El libro de Kahnweiler parece escrito por un hombre en soledad,
un hombre que ha rumiado largamente sus ideas y no las ha confrontado
con la ciencia de su tiempo. Su sentido común, su información de primera
mano, su cariño por el tema de que trata, lo hacen el más ilustre de los
críticos del Cubismo.
El libro de Janneau es de otra familia de libros. Su información le viene
de más lejos y a pesar de que tiene las virtudes francesas del orden y la
claridad en la exposición de las ideas me parece en todo momento un
libro mediocre. Janneau, que tiene una copiosa producción de libros
sobre la decoración y el mueble, habrá llegado al Cubismo como a un
tema candente en la época y que le resultaba interesante de tratar. Ma­
neja los conceptos sin ningún rigor. Él, que es tan duro con Gleizes y
Severini, utiliza ciertos términos con un alcance tan particular que falsea
todo el contenido del libro. Con la palabra expresionismo 1 quiere signi­
ficar algo equivalente a dinamismo; con esa impropiedad de lenguaje
son enormes los descalabros que se pueden producir en la comprensión
del libro. Tiene grandes aciertos como cuando descubre que “el maestro
de Aix, aportó una visión que se podría llamar vertical”, refiriéndose al
plantar los objetos de manera plana y escalando la tela. Otras veces,
también quizá por escribir a tambor batiente y demasiado próximo a lo
que juzga, nos quiere hacer creer que el Cubismo procede de Cézanne
y del arte melanesio. De acuerdo por Cézanne, evidentemente, pero el
error de creer que los ídolos africanos y melanesios fueron los causantes
de semejante revolución nos parece hoy día una ingenuidad. Para expli­
car el Cubismo se han esgrimido tres hipótesis; su cerebralidad, su fundamentación matemática, su origen en la escultura negra. Ninguna dei
i “...si por expresionismo entendemos, como corresponde hacerlo, la modificación de
la imagen conceptual del objeto por la interpretación plástica de las sensaciones com­
plementarias que sugiere esta imagen”. En otro sitio dice: "El expresionismo renuncia
a mostrar el movimiento en sí mismo y prefiere enumerar las etapas”. Como a; ve,
otro contenido completamente distinto del que hoy damos a esta palabra.

37

�las tres puede ser aceptada hoy. Sobre lo conceptual ya he citado una
frase bastante lapidaria de Kahnweiler. Ese conceptualismo es más
aparente que real. Los pintores cubistas no abstraían para pintar. Sola­
mente trataban de romper —sin conseguirlo totalmente por otra parte—
el marco que les venía imponiendo desde hacía siglos el Renacimiento
italiano. Si representaban una copa dibujando su perfil, luego el círculo
de su borde y aplastaban el todo en lo bidimensional, no era porque
trataran de hacer una pintura de abstracción sino como un ejercicio de
descomposición del mundo visible en distintas experiencias. Si además
creyeron poder hacerlo con rigor matemático también se equivocaron.
Porque aplicaran vagamente la regla de oro o ciertas proporciones armó­
nicas, al fin de cuentas, salvo L hote o Severini, los demás no creyeron
demasiado al pie de la letra en tanta sistematización. Si a esos errores
agregamos el creer que el hecho de coleccionar escultura negra —que
evidentemente les entusiasmó— influyó de una manera capital en su
concepción de lo representado, tendremos el cuadro perfecto de la
incomprensión en la que se mueve el juicio sobre el Cubismo. V laminck,
D erain, Picasso coleccionaron esos fetiches. En Les demoiselles d’Avignon hay por cierto influencia negra, que aun años después reaparecerá
en las obras de Picasso. Quizá en cierto corte de los objetos equivalente
a la incisión en la madera, quizá en un rayado paralelo de las superficies
pueda decirse que hay reminiscencias de lo negro, nada más. Pero hacer
derivar un movimiento tan complejo de una moda tan pasajera es un
error grave que puede desvirtuar los conceptos normativos. Sería como
exagerar la influencia de la estampa japonesa en los impresionistas o la
de los ballets rusos en el arte moderno.
Otro error de J anneau es hacer provenir la búsqueda cubista de D elacroix, Cézanne, Seurat y de Charles Cross y los divisionistas. Confusa­
mente arriesga nombres que en su sensibilidad ensamblarían los hechos
y podrían explicar el fenómeno. Si lo que dice de D elacroix y “la
construcción del cuadro según la fisiología de las sensaciones del color”
puede ser interesante aunque discutible; Seurat —a quien habrá que
poner en el sitio que le corresponde de una vez por todas— no tiene la
influencia que pretende J anneau. En cuanto a Charles Cross y los
divisionistas, esa teoría vista hoy veinticinco años después nos parece
realmente un tiro al aire sin consecuencias. Pero se le puede perdonar
mucho error cuando dice una verdad tan grande como que el Cubismo

�nació de la preocupación por las leyes mismas del oficio, o sea por el
afán de pintar bien en el sentido más directo de la palabra.
Ozenfant y Jeanneret escribieron en 1912. Su libro debuta con una
caracterización muy fina del Cubismo1, busca la explicación fácil:
“deformación expresiva, saneamiento de la tara imitativa, definición de
un arte austero y creación de un idioma severo adecuado.. . ” Sin encon­
trar que la necesidad urgente fué la de interpretar la realidad de manera
distinta, lo que hoy se nos impone como única explicación profunda. Sin
embargo en el texto lo dicen: “Los verdaderos creadores no siguen la
moda, la hacen”, pero es una frase que no corresponde a una idea arrai­
gada y además tiene el inmenso peligro de citar la palabra moda que
crea totalmente otros problemas. Más adelante insisten en: “saciar
apetitos”, “dar vuelta la página”, en fin confunden —como tanta gente
confundió— lo frívolo que pudo ser moda y perduró en cierto tipo de
decoración, con lo general de una concepción total en que está en juego
hasta lo metafísico.
Como el libro está bien escrito es doblemente peligroso, de pronto ca­
racteriza muy bien un momento o un pintor pero se va haciendo cada
vez, más dogmático y cuando se llega a lo que allí se llama: la tendencia
hacia el cristal, estamos ya camino de la justificación del Purismo y en
un punto muerto de la crítica.
G leizes y Metzinger son más pretenciosos y más vagos en su expresión.
Aquí ya son los grandes conceptos generales, las temibles grandes lineas
a vuelo de pájaro. En el prólogo a la nueva edición de su libro, Gleizes
dice que treinta y tres años después no tiene que corregir en nada su
libro (lo que corrobora Metzinger en el epílogo), pero también afirma
cosas tan graves como que: “El Renacimiento es el triunfo del sujeto
(sic) que rechaza la predominancia del objeto, preocupación principal
de los siglos anteriores al xm”. Creo que se podría postular exactamente
lo contrario. La pintura medieval está preocupada con el contenido de lo
que expresa, el triunfo del objeto es uno de los más significativos del
Renacimiento.1
l “... si se admite que las obras principales tienen algo de despojado, de económico,
de austero, de sereno, de general, de altivo, de intenso, con desdén por los medios de
seducción...” (pág. 95).
i G lkiz.es et M etzinger : D u Cubisme. Comp. Iranc. des Arts Graph. Paris, 1947.

39

�En un momento dado rozan una gran verdad cuando sostienen que en
el movimiento cubista debe verse más que una geometría tradicional, el
equivalente plástico de lo que R iem ann buscaba —en un terreno neo-euclidiano— en su Analysis situs, que hoy preferimos llamar Topología.
Pero es solamente una frase y no se lanzan a investigar hasta qué punto
es cierta. También dicen, como P icasso en alguna ocasión, la frase que
hay que repetir incansablemente para destruir una falsa noción: “No
somos ni geómetras, ni escultores; para nosotros líneas, superficies y vo­
lúmenes no son más que los matices de la noción de plenitud”. Pero
en seguida vienen las arbitrariedades: cómo el cuadro debe ser equilibrio
de curvas y rectas, las cuales a su vez si se compensan totalmente
se anulan porque dan cero.
Además, en las últimas páginas se hace la defensa del gusto que no es
ni bueno ni malo y se mide exclusivamente por su intensidad. El exceso
de intensidad acarrea el eclecticismo que implica la negación del gusto.
Como se ve estas construcciones no tienen ningún rigor ni siquiera mucha
calidad literaria. El estilo resulta siempre ampuloso y profético y muchas
veces no hace más que confundir las ideas. Los libros de G leizes poste­
riores a éste que analizo no hacen más que generalizar y diluir el problema.
S everini en Du Cubisme au Classicisme adopta la posición científica in­
transigente. Para él la causa de la decadencia artística es la separación
de la Ciencia y el Arte, y más adelante agrega: “El arte no es más que la
ciencia humanizada”. Inútil discutir temas tan vastos aquí, básteme decir
que así como para G leizes y M etzinger el problema de la pintura mo­
derna remontaba a C ourbet , para S everini consiste en un volver a lo
clásico y es el único entre los tratadistas que no quiere considerar a
C ézanne como antecedente. “He creído como todo el mundo en la ten­
dencia clásica de C ézanne ; pero ahora que veo claro el origen sensorial
de sus intenciones no puedo seguir creyendo en un hombre que quiere
hacer Poussin del natural, que quiere volverse clásico por la naturaleza
es decir por la sensación". Resulta curioso comprobar cómo Severini cree
haber sido defraudado por C ézanne y se refugia en lo ceñidamente ma­
temático para pitagorizar su neoclasicismo. Las matemáticas de su época
ya tomaban otro camino más rico, más complejo y nos volvían a sumergir2
2 Ver el artículo de A l f r e d o E. R o l a n d en el n*&gt; 20 de Ver y Estimar, donde el autor
desmenuza con gran agudeza las tesis de G l e iz e s y M e t z in g e r por una parte, y por la
otra, las de S e v e r in i .

40

�en el caos de la física moderna; el pretendido cientificismo de Severini
quedaba pues definitivamente trasnochado.

Muchos artículos se han escrito sobre el tema, tantos, que el analizar
siquiera una buena parte sería tarea titánica. Baste decir que en los más
ilustres, los de Maurice R aynal, R oger Fry o H erbert R ead, por ejem­
plo, se manejan habitualmente los conceptos enunciados más arriba y que
en general se trata de variaciones sobre unos pocos temas. H erbert R ead
propone dividir a los cubistas en tiernos y duros y hace una división arbi­
traria de un concepto que ya es arbitrario de por sí. R oger Fry aporta
nociones de apreciación muy fina pero siempre está enrolado en su escuela
intransigente de la visibilidad pura; sus juicios quedan teñidos de esa
circunstancia comprometedora. R aynal ha hecho una síntesis ajustada
pero se ha dedicado principalmente a los dos maestros ejemplares: P i­
casso y Braque. N o pueden dejar de citarse también las entrevistas de
Florent Fels y los trabajos de Christian Zervos.
Los críticos contemporáneos que escriben sobre el tema en sus libros:
Georg Schmidt, P ierre Francastel o J orge R omero B rest tienen otra
visión más amplia, más generosa, más nueva. Para ellos —como he tratado
de demostrar a lo largo de este ensayo— el Cubismo es un problema de
mayor trascendencia y obedece a otros motores. Aunque se pueda disentir
con ellos en la apreciación de algún detalle, no cabe duda que simbolizan
(junto con otra cantidad de críticos de espíritu joven) la tendencia a
replantear los problemas y analizarlos bajo una luz distinta, tendencia
que se basa en un conocimiento de lo que las otras ciencias investigan y
que partiendo de intuiciones —a veces muy atrevidas— construye el pa­
norama de nuestra realidad, que irá a inscribirse en la historia para
caracterizar a esta época angustiada y maravillosa en que vivimos.
París, 1953.
D ami An C arlos B ayón

41

�un gran pintor argentino:

ARMANDO COPPOLA
La exposición de A rmando Coppola que hemos visto en la Galería Krayd
ha tenido caracteres de sorpresa, alegría de descubrimiento.
He aquí un pintor, un gran pintor que poseíamos sin conocerlo. Después
del primer movimiento de sorpresa agradable, recapacitamos; es necesario
observarlo con espíritu crítico para escribir una nota que permita al lector
formarse una idea de su pintura. Alguien ha comentado, con su pizca de
ironía dudosa, cómo es posible pintar telas que difieran tanto entre sí.
Pero si una crítica no puede hacerse es en el sentido de que le falte uni­
dad. Aunque las formas aparezcan muy variadas y dejando de costado por
ahora el problema de que ellas no son lo fundamental en este caso, la
unidad está lograda por completo y de la manera más sutil.
Se da en la materia.
La materia es fundamental en cada una de estas telas y es el vínculo de
todas entre sí. Casi sin advertirlo se establece la relación que el espectador
siente, aunque no siempre se detenga a considerar su origen, ya que
no es el caso de la unidad formal o colorística, más fácilmente perceptibles.
Materia rara ésta, con una extraña calidad vidriosa, tal como si la llama
o algún agente químico hubieran actuado; por eso embebe el color que
no se destaca ni sobresale y aparece fundido aún en aquellas zonas donde,
diríamos, está como chorreado (Fig. 4). Es rica sin ser tampoco demasiado
nutrida, y forma capas superpuestas de fina película transparente, más

42

�densa o más fluida según los casos, conservando siempre un equilibrio
en su distribución. Muy trabajada, muy homogénea y tan transparente
que desaparece la pincelada como elemento expresivo; o no se la advierte
o carece de sentido formal.
Al hablar de la materia en la pintura de Coppola se hace urgente abordar
el problema del espacio. Casi resulta innecesario decir que para nosotros,
hoy el espacio se ha convertido en un elemento pictórico tan expresivo,
tan fundamental, que llegamos a una exposición con un alerta en el
espíritu que también es un ansia: deseamos sentir el espacio.
Ya no es un elemento que se nos da por añadidura; uno más mezclado
entre otros que se manifiesta casi sin que el espectador tenga conciencia
de él. No, hoy sentimos el espacio porque necesitamos sentirlo. Y cuan­
do llegamos hasta un pintor es siempre con este interrogante: ¿Cómo
habrá tornado expresivo e¿ espacio? Coppola logra sus principales efectos
con transparencias, pero ¿cómo es este espacio? Ya que hay muchas, mu­
chísimas maneras de lograr efectos espaciales. He hablado ya de capas
transparentes; y bien, diré que es un espacio flúido el que se agita entre
esas capas. ¿Un espacio flúido? ¿Acaso el espacio, para ser tal, no ha de
quedar libre, algo así como diáfano? ¿No ha de envolver las formas con
cierta cualidad etérea, diríamos sin peso ni medida? ¿Cómo puede ser
espacio y flúido?
Sin embargo, si bien conserva en este caso sus condiciones indispensables,
si siempre es aquello inapresable que flota y envuelve a las formas, no
es diáfano, es flúido. Es acuoso. Y es espacio. ¿Cómo puede ser así?
Se trata de un espacio que vibra con cierta carga material, que se nos
escurre; una carga que el ojo le agrega cuando al atravesar las capas
coloreadas va espesando el trayecto con la vida plena que absorbió en
la primera y que antes de liberarse de ella, antes de llegar a destino,
recibe las irradiaciones vitales —y sentimentales y espirituales, ¿es nece­
sario decirlo?— de la segunda, que estaba allí esperándolo, y así con la
tercera y la cuarta; todas mezclan sus aguas pues no existe línea diviso­
43

�ria entre una y otra. Sin embargo, entre ellas se anima el espacio, cargado
de irradiaciones, extraño, denso, flúido.
Resulta difícil explicarlo con más objetividad, ya que su matiz poético,
casi indescriptible, es un imponderable del arte.
El color embebido es radiante y juvenil hasta en las notas profundas;
carente de estridencias chillonas, no toca tampoco la nota dramática
porque una medida lo rige con perfecto sentido de equilibrio. Para
quien haya visto la exposición resulta innecesario decir que es un gran
colorista; que posee una paleta maravillosa por su amplitud; que con­
trasta y armoniza los tonos más opuestos sin equivocarse. ¡Y es tan difícil
eso! En raras ocasiones se vale de complementarios, sorteando con éxito
peligros que son verdaderas pruebas de fuego para un pintor. No creo que
puedan ponerse reparos a su calidad de colorista.
Del binomio color-materia fluye su voluntad expresiva, siendo ésta la vía
por donde llega al espectador. Por eso obtiene sus mejores efectos cuando
se deja arrastrar por esa voluntad unificadora quedando subyacente la
voluntad de forma, más palpable que visible. Allí donde forma y espado
se interpenetran mutuamente y cambian fermentos comunes nutridos en
la materia. Son esos cuadros de objetivación no muy precisa, en los que la
comunicación emocional es más directa.
Ahora que no siempre es impreciso —me refiero a la imprecisión de for­
mas que le favorece y que nada tiene que ver con la imprecisión del senti­
miento o de la idea—; también hay círculos, triángulos, planos geomé­
tricos cerrados y bien definidos.
Si de planos se vale, ya se trate de planos individualizados o de planos
románticamente esfumados, se plantea más claramente el problema espa­
cial y da entonces otra solución. Un espacio que se siente estático, aun
cuando superponga esos planos, los haga actuar por transparencia y
hasta entrar en choque; no importa, adentro el espacio queda inmóvil,
bien limitado por las formas geométricas.
44

�1

2

�3

4

�5

6

�7

�Forma y materia no siempre coinciden. Divergencia que se hace muy
evidente en ciertas telas donde sobrepone sobre fondos muy valorizados,
ricos y expresivos, estructuras geométricas muy mecánicas. Creo que
no se ha planteado el problema de la expresión geométrica entrando
en choque con esa materia que le es propia y que constituye su gran
instrumento.
Porque efectivamente no es el primer pintor que plantea el problema
de dos escrituras sobrepuestas, cada una independiente de la otra. Caso
el más conocido el de D ufy . Pero en Dufy, ya que tomamos este ejemplo,
la divergencia entre ambas escrituras es más aparente que real; no es pro­
blema de fondo, es sólo de forma. ¿Acaso en lo más íntimo se contradicen
sus manchas de color, frescas y livianas, con su graciosa caligrafía? De
ninguna manera. Son dos formas de expresar en una misma tela una
misma cosa. Es uno el movimiento del espíritu que se abre. Por eso
cuando la forma es geométrica, exacta, tiene exigencias de color y materia
también exactas. Y resulta inútil revelarse contra ellas. Cuando la preci­
sión se impone es porque se hace necesario decir algo preciso. ¿Pero
qué sentido puede tener la mezcla de dos lenguas distintas? Lo mismo
ocurre cuando no se domina un idioma, en el lenguaje corriente, el de
la palabra hablada; se balbucea, se mezclan expresiones de la lengua
propia con la extraña, y no se logra propiedad ni justeza en la expresión.
Apliquemos el caso al lenguaje pictórico, pues exactamente es lo mismo.
Para ser expresivo el pintor ha de hablamos una lengua que domine,
sin esfuerzo visible y con todos sus recursos.
Por fortuna aquella divergencia señalada ocurre en contadas telas, y esa
geometría inexpresiva se pierde en realidad dentro de la riqueza del
fondo. Casi es, volviendo al símil de los idiomas, como si por esnobismo
se matiza la lengua materna con expresiones extrañas. No tiene mayor
importancia. Pero si la palabra se pierde y desdibuja en el espacio, no
ocurre lo mismo con la objetivación permanente de una obra de arte

49

�plástico, la cual debe encerrar un mundo coherente en sí misma, supremo
logro a que debe aspirar un artista.
Cuando su voluntad de expresión se evidencia exclusivamente a través de
las formas, rechazando color y materia, como en cierta tela más bien
dibujada que no pintada; en ese caso no valoriza en absoluto el fondo
—todo lo contrario de los concretos— desarrollando sobre ese fondo casi
muerto un juego de círculos y elipses enlazadas que conforman una estruc­
tura en definitiva estática. No es inexpresivo porque sea estática sino
porque en este caso el estatismo es inexpresivo. En cambio, cuando pierde
rigor geométrico y logra la fusión color-materia-forma, alcanza estructuras
dinámicas equilibradas en su esencia más profunda. Me refiero no a un
aparente orden exterior y formal sino a un equilibrio de las potencias
anímicas del artista que impregnan y sostienen las formas pictóricas, en
las cuales se alojan, conformando la ecuación personal de este pintor.
¿Prueba de lo que afirmo? Una tela en la que molesta la ruptura del
equilibrio al introducir en una estructura de ritmo geométrico elementos
antropomórficos que alientan vagas resonancias animales y la transfor­
man en estructura geométrica expresionista! Pese a todos sus valores, ver­
daderos alardes técnicos, el rechazo es inmediato. ¡Hasta qué punto es
necesario la idea, que para ser rectora ha de continuar siendo lógica
consigo misma! Y porque ella existe, la tela N? 1 con su complejo ritmo
de color-forma-materia se torna tan expresiva: y la N? 7 donde vuelve a
plantear el problema del espacio estático; y la N*? 15 donde desarrolla el
tema de las arcadas como si fuese un tema musical con variaciones, si bien
resulta algo frío en su perfección técnica.
Algo más. Las formas se animan con la materia que las sostienen y que
en el caso de Coppola es, como ya se ha dicho, su fundamental herra­
mienta. Falta agregar que esa maravillosa materia-vidrio coloreada es casi
inhumana; en! ninguna parte la mano sensible ha dejado su huella.
Nos da, toda la belleza y todo el color de la vida con la inmensa riqueza
de sus matices, con los reflejos cambiantes de sus ondas sonoras y lumi50

�nosas, con el imperceptible temblor de sus más íntimas moléculas.
Pero a través de un cristal.
Sólo nos es permitido mirar, y si atraídos por la maravilla cedemos como
niños a la tentación de tocar, será inútil. Color y perfume quedaron más
allá, del otro lado del cristal.
Se diría el temblor vitrificado.
No está muerto, puesto que tiembla; ni está vivo ya que no crece; está
detenido. Es simplemente eso: vida suspendida.
Un refinado que apura el goce con delicia hasta el último estremeci­
miento, sin llegar al espasmo de dicha ni dolor.
Ha inmovilizado el instante, para no perderlo en su perfección.
¿Gran pintor? Sin duda, gran pintor.
¿Gran artista?
Si finalmente planteo este interrogante sorpresivo pese a mi admiración
por Armando Coppola, debo aclararlo. Es que asigno a la palabra “ar­
tista” alcances mucho más vastos que los comunes. Concibo un buen
pintor, o un mediocre escultor, pero nunca un “artista mediocre”; cuan­
do de él pueda decirse que es un “artista” huelga todo otro adjetivo. Es
mucho más que dedicarse al arte, o gustar del arte. Es. .. las palabras
se vuelven inexpresivas puesto que lo es todo. Algo así como tocar al arte
en su esencia más profunda. Dejo pues librado al criterio personal del
conocedor de la obra de Armando Coppola el uso de ese vocablo defini­
tivamente consagratorio.
E dith G ay

5/

�PUNTO DE VISTA CRÍTICO
La exposición que acaba de realizar en la Galería Krayd el Grupo de
artistas modernos de la Argentina, constituido en gran parte por pintores
y escultores que militan en la tendencia de vanguardia denominada de
arte concreto, presenta una oportunidad propicia para fijar mi punto de
vista crítico, no sólo frente a ella sino a las demás tendencias del arte
nacional.
Dicho grupo —integrado además con L idy P rAti, C lorindo T esta y
R afael O neto — ha realizado con éxito recientemente dos exposiciones
en el extranjero, primero en el Museo de Arte Moderno de Río de
Janeiro, luego en el Stedelijk Museum de Amsterdam. Como en ambos
casos prologué el catálogo 1, y en Río pronuncié conferencias, me siento
más obligado aún a explicar las razones de mi apoyo, sobre todo porque
se pretende, con demasiada frecuencia y no sin cierta malignidad, adju­
dicarme el papel de fanático defensor de los concretos.
La defensa que vengo haciendo desde hace algunos años del arte de los
concretos, tanto el que se desarrolla en Europa como en América del
Sud —Brasil y Argentina— es evidente, sin embargo. No pretendo negarla.
Aspiro solamente a que no se me juzgue con tanta ligereza, y no porque
el hecho tenga importancia por su referencia personal —nunca la tienen
los hechos personales para los demás— sino porque de esa manera se
invalida la eficacia de la crítica que ejerzo en su posible aspecto
constructivo.
Los defiendo, ante todo, porque son jóvenes. Y ser joven, para mí signi­
fica tener el ardor necesario para no conformarse con el repertorio de
Véase Ver y Estimar, N? 32, págs. 49/51, 1953.
52

�formas hechas, heredado, y para lanzarse a lá invención de otro repertorio
de formas, acorde con la manera de sentir de nuestro tiempo. Y porque
han alcanzado un alto nivel de calidad —se comprende en el plano en
que voluntariamente se colocan— no sólo por el ejercicio en cierto modo
incontrolado de la intuición sensible, sino por el afán inteligente de
ordenar las emociones y de trasponerlas en símbolos vivientes.
Pero estas razones, escuetamente formuladas, no pueden convencer a
nadie, ya que la misma actitud tienen, o pueden tener, otros artistas que
militan en campos opuestos. Por ello me propongo considerar el problema
que plantea el arte concreto con más amplitud, con el objeto de impedir
que torpes aseveraciones enciendan una falsa polémica.
El problema se plantea habitualmente de manera harto infantil, sin
matices, como una irreductible oposición entre artistas figurativos y nofigurativos. El término figurativo empieza por ser muy vago, pues todo
arte plástico en definitiva es figurativo, también el que se vale de figuras
geométricas. Luego, lo que importa no es la figuración en sí misma sino
la manera como el artista se apoya en un objeto de existencia visible
para dar a conocer, mediante una imagen del mismo, su peculiar concep­
ción de la vida. Desde este punto de vista lo que cabe señalar es el
carácter de la representación, no de la figuración, haciendo notar que en
tales casos la expresión espiritual se perfecciona al contacto con objetos
cuya existencia se revela por medio de la experiencia exterior; como
también cabe señalar todos los momentos en que la representación se
debilita hasta el punto de que los objetos visibles son empleados como
simples pretextos para vivificar una expresión espiritual que no coincide
ya con ellos.
A mi juicio, esa persistencia del apoyo en objetos conocidos por expe­
riencia a través de milenios, aunque sea como pretexto, se debe a la
predominante actitud materialista del hombre occidental.
Se dirá que dicha actitud no es constante y que basta consultar un
manual de historia de la filosofía para comprobarlo. Tal vez sea así
cuando se trata de las ideas; pero si dudo de esto mismo es porque no
se lo puede comprobar igualmente en el campo de las formas plásticas,
las cuales han venido siempre al mundo como un cuerpo animado de
movimiento. La línea que limita esas formas puede ser cerrada, o abierta
cuando las estructura; la materia que las nutre puede ser densa y com53

�pacta o fluida o transparente; el dolor que las anima puede ser plano
y homogéneo o modulado en el tono o enriquecido en el claroscuro;
pero siempre ha sido posible reconstruir la imagen del objeto como una
plenitud de volumen, hasta en el caso de que éste se reduzca al plano.
Si ha habido experiencia de espacio y si éste ha sido un elemento de la
obra pictórica o escultórica, también cumple destacar que ha estado
subordinado al volumen —el espacio ha sido siempre un escenario—
porque no obstante el descubrimiento de las relaciones que existen entre
las cosas, el artista del pasado se ha fundado en la experiencia exterior,
en la experiencia de las cosas, para concebir y expresar lo absoluto.
Y las cosas han constituido, por tanto, el riquísimo repertorio de suges­
tiones para la creación de las formas plásticas, formas que a pesar de su
materialidad valen como símbolos de una realidad espiritual. Pues, pre­
cisamente, en la medida que tales símbolos aluden al mismo tiempo a
la realidad material y a la espiritual se produce esa conjunción que
transforma al arte en un lenguaje.
No son las cosas, pues, las que producen emoción a causa de su materia­
lidad, cuando son reconocidas en la tela o la estatua, sino el mensaje
espiritual que trasmite el artista valiéndose de ellas; mensaje de tal
variabilidad como para que dos imágenes jamás se parezcan, aunque
sean creadas por el mismo artista. Pero son las cosas que se reconocen
en las imágenes las que crean la necesaria referencia significativa para
que la expresión subjetiva no se diluya en lo incomprensible. El paisaje,
la figura o la escena histórica no valen como representación, pero a
través de las cosas representadas se hace patente para el que estima la
unidad del sentimiento y de la idea que se condensan en la imagen.
La actitud representativa ha tenido, pues, su sentido mientras la con­
cepción del mundo tuvo limites abarcables por el ojo y mientras la
espiritualidad del hombre no pudo concebir lo absoluto más que en
función de esa misma realidad perecedera en la que se mueve como ser
igualmente perecedero. Pero esto no significa que siempre deba ser así.
Por el contrario, la evolución del arte en lo que va del siglo parece
demostrar la necesidad de que abandone el apoyo en la realidad visible
el artista de nuestro tiempo, ante la necesidad de crear símbolos que
aludan a una realidad más amplia, con extensión al infinito.
No puedo desarrollar aquí el sentido espiritual de esta necesidad —lo
54

�he hecho recientemente en un libro: Qué es el arte abstracto ' — pero sí
quiero destacar que el abandono de los objetos visibles para la creación
de imágenes simbólicas no ha significado, empero, una revolución tan
radical como se suele suponer, mientras los pintores y escultores se limi­
taron a crear imágenes plenas animadas por ritmos orgánicos todavía.
Son los artistas llamados abstractos —denominación también poco afor­
tunada— quienes han realizado y realizan esa faena, continuando la que
iniciaron los impresionistas. Inventores de formas son, en las que tiende
a desaparecer el valor significativo, la alusión a la realidad visible, pero
en las que se advierten los mismos elementos de expresión que en las
representativas. ¿No es siempre la fuerza de la línea-límite o de la líneaestructura la que dirige la emoción? ¿No es siempre la materia y el
color y el claroscuro los que dan apoyo material a esa emoción? Y
aunque la composición preste a las imágenes una estructura dinámicoespacial peculiar, ¿no se exterioriza con los mismos caracteres que en
una tela de R afael ?
Si se admite, entonces, que el lenguaje de la pintura, por ejemplo, es
el que se manifiesta a través de la especial vibración o tensión de la
línea, de la materia, del color, del claroscuro, como una escritura que
se funde con la escritura de representación, se admitirá también que
una tela de M agnelli o de V asarely no implican, desde el punto
de vista estrictamente plástico, una modificación esencial, salvo en lo
que se refiere a la desaparición de la imagen representativa. Lo que
se advierte en tales obras es el intento de resolver una desadecuación que
ya estaba implícita en el arte de los románticos, entre lo que desea
expresar el artista y los medios de que dispone para expresarse. Lo que
se advierte es una rebelión de la subjetividad, mas también la búsqueda
de una nueva objetividad para expresarse.
En esto reside el quid del problema que plantean los artistas no-repre­
sentativos. Pues el abandono de la representación ha traído como con­
secuencia el debilitamiento de la vigencia social de la pintura y la escul­
tura como lenguaje, vale decir, como medio de unión entre los hombres
en torno al símbolo que expresa una realidad espiritual, para justificar
en cambio esa loca carrera en pos de la expresión personal que amenaza
la estabilidad del arte desde hace poco menos de cincuenta añós. Ha
traído como consecuencia grándes restricciones en el terreno de la esti1 Editorial Columba, Buenos Aires, 1953.
T5

�marión de las obras, las cuales exigen ahora una mayor afinidad sensible
y sentimental entre el creador y el contemplador para que puedan ser
comunicativas. Pero no implica la destrucción del lenguaje de la pintura
y la escultura, que se mantiene con toda su riqueza, y que mantiene
además los soportes tradicionales de las formas: el cuadro o el muro,
la pequeña o la grande estatuaria.
Por esta razón creo que los abstractos o esos artistas que oscilan entre
la representación y la invención, para quienes pierde toda alusión a la
realidad visible su verdadero carácter significativo, son los que han lle­
gado al límite máximo de despersonalización que tal lenguaje pueda
admitir.
El arte de los concretos plantea un problema más grave. En la búsqueda
del símbolo dos hechos los justifican: por una parte, la desestima de la
experiencia exterior con la correspondiente estima de la experiencia inte­
rior, partiendo de la idea de que sólo en la intimidad del hombre se
halla la posibilidad de encontrar lo absoluto —carácter de extrema sub­
jetividad—; mas por otra parte se fortifican en el empeño de inventar
formas que expresen esos contenidos subjetivos con tremenda fuerza de
claridad y construción —Carácter de extrema objetividad— y por eso des­
embocan en el arte más descarnado que se haya podido imaginar. Desde
M ondrian y K andinsky , iniciadores de la tendencia, puede advertirse
esa lucha dialéctica para obtener signos objetivos, claros y precisos, de
una realidad que se gesta en términos de subjetividad. Las razones que
los explican son múltiples y nuevamente conduzco al lector al libro men­
cionado. Aquí solamente quiero destacar que esa experiencia interior se
vuelve experiencia de espacio vivido, la que parece suplir a la experien­
cia exterior del volumen —siempre volumen a pesar de la ampliación
espacial que significó la perspectiva geométrica o la atmosférica, como
se ha dicho— por cuya razón tienden todos, aunque en diferente medida,
a la supresión de las imágenes plenas, con el objeto de que la expresión
surja de las relaciones entre los signos y no de la fuerza vital de cada uno.
En esto reside el cambio fundamental. En el arte de los representativos
o de los abstractos siempre es la vitalidad propia de cada imagen la que
produce la emoción y todo lo que implica ordenación inteligente de las
mismas, todo lo que sea solución al juego de relaciones en el espacio,
aparece como subordinada a aquella vitalidad. En el arte de los concre­
tos, en cambio, la expresión de cada forma, reducida a signo, es poco
56

�menos que inexistente y son las relaciones entre los signos las destinadas
a conducir al contemplador.
Mas no se trata del signo con valor alusivo a la realidad visible, como lo
fuera el signo de los chinos y japoneses, no obstante el alto valor poético
con que supieron cargarlo, o el signo de P aúl K lee, para citar al más
característico en este sentido entre los modernos. Se trata, en verdad,
de un signo que deja de ser signo, puesto que nada significa y se trans­
forma en señal, es decir, en una forma que no tiene valor expresivo por
sí mismo, que indica algo convencionalmente, sin que lo que indique
tenga relación consustancial con la forma indicadora.
Por eso se explica la desestima relativa, hasta donde es posible, de los
medios tradicionales de la expresión plástica. El trazo pierde su nota de
vibración personal, la materia sus posibilidades de potenciar las formas
según sea la textura y el color de acuerdo a la riqueza de los matices
y los tonos. Imponen, en cambio, el fondo blanco y uniforme, o por lo
menos los tonos unidos, en la pintura —expresión simbólica de un espacio
virtual— sobre el cual se disponen elementos simples, desde el punto y
la línea hasta el plano descafnado, que sólo son hitos de una estructura
plástica desmaterializada al máximo. Actitud de limpieza y de claridad,
de supresión del temblor romántico, que justifica el descubrimiento de
la geometría como nueva objetividad en reemplazo de la naturaleza y
de todo lo que es visible; mas no. de la geometría de formas plenas, la
geometría plana o del espacio de concepción euclidiana, pues actúan ellas
en la tela con la misma fuerza que una imagen de representación, desde
el punto de vista material, sino de una geometría dinámica, puro juego
de relaciones que potencia los espacios, los campos de la tela como si
fuesen intervalos, para despersonalizarla. Una geometría que podría deno­
minarse de posición.
Se dice que los concretos no son sensibles, que no se fundan en la expe­
riencia, que han destruido la fantasía. Pero el reproche no es justo. Se
fundan en la experiencia del espacio en lugar de la experiencia de las
cosas y no destruyen la fantasía. Todo lo contrario. Diría que jamás
ha sido más libre para la construcción de un mundo que no guarda rela­
ción con el mundo que conocemos por experiencia sensible exterior. Y
no dejan de ser sensibles: lo que ocurre es que reemplazan una sensibi­
lidad necesariamente imprecisa —la que se ejerce por medio de la mano
que maneja el pincel o el cincel— en cuanto es resultado de un impulso
57

�primario del alma, por una sensibilidad necesariamente precisa porque
la reflexión hace que se condense en una idea.
La actitud de los concretos es legítima, a mi juicio, pero las consecuen­
cias han sido graves en cuanto al porvenir de la pintura y la escultura.
Porque la desestima del mundo visual para encontrar los apoyos empí­
ricos de la imagen, y la consiguiente estima del mundo interior para la
invención de formas que no conservan, en algunos casos, ninguna rela­
ción con aquel mundo visual, plantea la crisis del cuadro de caba­
llete y hasta cierto punto de la pintura y la escultura como lenguajes
específicos.
Al excluir la imagen plena —representativa, de invención imaginativa o
de invención geométrica— y al transformar el cuadro en un conjunto de
líneas y puntos —en los casos extremos— que actúan como elementos de
posición sobre un fondo uniforme, o al transformar la masa escultórica
en un juego de hilos de alambre o de cintas de acero, para indicar una
dinámica sui generis en un espacio igualmente sui generis, las formas
pierden cuerpo, en efecto, y al perder cuerpo dejan de expresar esa espe­
cial vibración que el artista infunde a la materia cuando lo mantiene,
y de actuar a su vez como materia sobre el espíritu del contemplador a
través de su ojo: de la materia del objeto representado o inventado a
la materia de la imagen que lo representa. Y de tal modo todo parece
resolverse en un juego extremadamente elemental de formas que pueden
ser alusivas al cosmos, pero que dejan de ser alusiones a ese pequeño
mundo, pequeño pero completo para que sea mundo, que dió origen al
cuadro de caballete. Porque éste nació y se desarrolló durante las épocas
en las que el hombre sintió la posibilidad de expresar lo universal me­
diante lo más particular. Mundo pequeño y completo, entonces —vitali­
dad, alma y espíritu; lo terrenal y lo divino; lo pasajero y lo perenne—,
en el que se manifiesta por trasposición metafórica la grandeza del cos­
mos. Aquella distinción que establecía G oethe —un romántico individua­
lista— entre microcosmo y macrocosmo.
Pero la posición extrema de los concretos debilita la riqueza del mundo
pictórico, como se ha visto, hasta el punto de que la expresión microcos­
mo no parece corresponderle a cada una de las telas que pintan. No
porque les falte expresión, sino porque ella es tan amplia, tan general
y tan extensa sobre todo, rebasando los límites del cuadro, como para
que, al sentirla, el alma no se recoja en sí misma y en cambio tienda a
58

�vertebrarse en una estructura más completa. Menos se debilita el mundo
escultórico, porque el concreto que emplea los nuevos materiales sigue
trabajando, en definitiva, con volúmenes en un espacio real. Tanto unos
como otros, empero, están decretando la caducidad del cuadro y de la
estatua.
Más aun, están provocando la caducidad de la pintura y la escultura
como lenguaje, ya que después de más de 25 mil años cabe señalar la
necesidad de las imágenes con cuerpo como una exigencia ineludible de
aquél. Y esto es lo que siente el contemplador habituado al arte de otros
tiempos: no encuentra los reparos materiales para que vibre su sensibi­
lidad individual, no puede solazarse con la materia, ni con el color mo­
dulado, ni con el trazo, ni con las sombras y las luces. Todo le habla de
rígida precisión, sin que advierta que la nota sensible y fina, que la
intuición fantástica y el vehículo por tanto de la emoción están allí, para
que los goce, en los intervalos entre las formas apenas visibles.
Sé que es discutible lo que digo a propósito de la caducidad del lenguaje
pictórico o escultórico, tal como lo practican los concretos, pero me con­
venzo de la justeza de mi aserto cuando pienso en todo lo que tales
creadores han cercenado en el orden de los goces —uso la expresión goce
en el sentido estrictamente estético— que la pintura y la escultura son
capaces de producir. En cambio, advierto que producen otros goces, veci­
nos a los de la arquitectura, ya que emplean los elementos constructivos
para indicar espacios y no para indicar masas. Y por ello afirmo que
si bien provocan tal vez la crisis de esas dos artes, no provocan la crisis
del arte, que es lo único imperecedero.
Bastará que se piense, en efecto, en el valor expresivo de la arquitectura
para que se comprenda el posible valor expresivo del arte de los concretos.
Sobre todo de la arquitectura pura de los egipcios o de los griegos de los
siglos VI y V, o de la arquitectura del Renacimiento italiano o francés:
obras en las cuales el espíritu se eleva gracias a una comprensión sensible
del espacio y en las que los muros y las columnas, los frontones o las
ventanas, las jambas o las balaustradas, sólo actúan como signos de orga­
nización del espacio que oscila entre la definición rotunda de esos mis­
mos elementos materiales y la indefinición que determinan las aberturas.
Con mayor razón cuando se piensa en la arquitectura moderna, que ha
suprimido hasta la expresión individual de cada elemento constructivo

59

�—la que conservaba un capitel o una modenatura en la arquitectura
del pasado— para emplear muros lisos, aristas afiladas y aberturas de forma
geométrica. Por cuya razón ha vuelto a ser en nuestros días el arte rector,
ajustándose pintores y escultores —los concretos, se comprende— en sus
creaciones al espíritu de la misma, con la que habrán de fundirse algún
día.
Con la que habrán de fundirse algún día, digo. Lo que no significa en
modo alguno rebajarlos. Lo que significa simplemente que la misión que
les compete no es la de crear cuadros o construcciones que se asemejan
a grandes o pequeñas estatuas, sino la de crear nuevos objetos destinados
a dinamizar el espacio arquitectónico. Objetos que serán tan expresivos,
y esto es lo único que importa, como lo fueron el cuadro o la estatua.
Convendrá hacer alguna aclaración a propósito de esta palabra objeto
que pusieron de moda especialmente los superrealistas. El artista ha
creado siempre objetos porque su actividad es primariamente manual.
El cuadro o la estatua son objetos. Lo que se quiere decir, pues, cuando
se le exige al pintor concreto que cree objetos, es que invente otros
objetos, los cuales deberán responder al espíritu de nuestra época de
modo tan eficaz como respondieron en otras épocas la decoración mu­
ral, el vitral o el cuadro de caballete. Y no se trata tampoco de una
exigencia determinada por el afán de novedad —no se trata de hacer
algo distinto a toda costa— sino por un afán de expresividad. Al ex­
tenderse el mundo conocido y al transformarse el espacio —como ya he
dicho— en el campo fundamental de la experiencia humana, los sopor­
tes objetivos que han empleado pintores y escultores han perdido, al
menos, una buena parte de su eficacia. Adviértase que no me refiero a
un problema de valoración intrínseca de las formas sino a un problema
de vigencia social de las mismas.
De tal planteo resulta el carácter necesariamente profético que ha de tener
la estimación del arte nuevo de los concretos, así como la necesaria cau­
tela para juzgar el arte de los que cultivan formas menos avanzadas. Si
el cuadro y la estatua no llegaran a desaparecer, porque las exigencias
de la expresión individual se mantuvieran en el mundo futuro inmediato,
seguro estoy de que los avances en el campo de la expresión plástica
no podrán ir más allá de ese curioso juego entre representación y no
representación que cultivan tantos pintores y escultores modernos. Porque
la pintura y la escultura, lenguajes del sentimiento individual a pesar de

60

�la objetivación ideativa que pueden admitir, no se prestan, por sus carac­
teres propios para tal impersonalidad como parece exigir el espíritu mo­
derno. Pero si la voluntad de estilo llegara a prevalecer, porque ese
espíritu nuevo que se manifiesta a través de un racionalismo extremo no
sufriera modificaciones, como es probable que ocurra, en el sentido de
una mayor flexibilidad incorporando de otro modo, se comprende, la
vibración del sentimiento individual, también estoy seguro de que tanto
la construcción arquitectónica como la de cualquier otra clase de objetos
—esa actividad inventora de formas que los ingleses y americanos llaman
design— serán dominadas por el espíritu de exploración y de creación que
denuncian, balbuceando aún, los concretos.
Con tal palabra se pretende designar la actividad inventora de formas
puras, sin relación inmediata con estados de sentimiento ocasionales y
expresivas por tanto de un sentimiento generalizado, condensado pudiera
decirse, las cuales pueden ser empleadas lo mismo en la construcción de
edificios que en cuadros o esculturas, muebles y artefactos de iluminación,
cubiertos y cualquier otra clase de objetos. Ünica manera, como se com­
prenderá, de obtener una clara unidad de estilo, la que se comprueba,
por otra parte, tal vez sin que hayan tenido conciencia del problema,
en los períodos de la historia del arte durante los cuales ha imperado
la voluntad de crearlo. La persistencia de las mismas formas en todas
las manifestaciones del arte griego del siglo V o del arte medieval del
siglo XIII o del arte francés de los comienzos del siglo XVIII ¿no está
probando que la idea del design es tan antigua como el espíritu que se
endereza hacia la unidad expresiva? A la inversa, la anarquía estilística
que caracteriza a la Edad Moderna, cada vez mayor a medida que se
imponen los valores individualistas, especialmente durante el siglo XIX,
¿no lo prueba igualmente al contrario sensu? Lo que cambia cuando pre­
domina la voluntad de estilo sobre la de expresión individual es el
sentido de las formas: en el segundo caso ellas responden a modos de
sentir la vida que, a pesar de su aliento universal, conservan siempre la
nota local y temporal, la vibración circunstanciada de un hombre; en
el primero, en cambio, si esa nota tiende a desaparecer es porque la
impersonalidad de las formas procede de ciertos denominadores comu­
nes espirituales. Entonces, en el gálibo de un vaso de cerámica, en la
curva de una bóveda, en el esquematismo de algunas figuras, en la pata
61

�de una mesa, se siente la presencia viva de un sentimiento que supera,
o tiende a superar, todo individualismo.
Por tal razón, para zanjar dificultades y resolver en lo posible las discre­
pancias que amenazan resolverse en lucha fanática de facciones, nublando
el espíritu e impidiendo cualquier comprensión inteligente de lo que está
ocurriendo, me parece posible dividir el campo de la expresión plástica
contemporánea en dos grandes zonas que cada vez mantienen menos lazos:
por una parte, el campo de la pintura y la escultura, en el que predomina
el afán de expresión individual, con sus notas de originalidad, y por tanto
necesariamente restringido en sus alcances sociales; por otra, el campo
del design, en el que predomina el afán de comunicación y por ende,
implica, no la anulación de la individualidad creadora, pero sí la subor­
dinación a una voluntad de estilo.
Que cesen, pues, las disputas acaloradas y que se adviertan simplemente
los diferentes ángulos de enfoque que conducen a la creación de formas
tan disímiles. Todo lo demás que se puede observar, en cuanto a varia­
ción de la sensibilidad, el sentimiento y la fantasía; en cuanto al trueque
de la imprecisión cuando se trabaja a mano por la precisión cuando se
trabaja con instrumentos; en cuanto al reemplazo de las formas de repre­
sentación por las formas geométricas; todo lo demás deriva de este punto
de partida, que constituye en el caso de los concretos una tremenda revo­
lución. En el fondo hay un peligroso juego de palabras: lo que más
irrita a los enemigos del arte concreto es que se llame pintura o escultura
a tales productos. Y bien, que se los llame de otra manera. Lo que
importa no es el nombre sino la posibilidad de hallar formas que expre­
sen más adecuadamente el sentir de la vida en su instancia de actualidad.
El problema debe ser planteado, además, como problema sociológico. La
elección de los motivos, en el pasado, nunca se ha debido a la arbitra­
riedad de los artistas; siempre ha sido determinada por razones extra­
estéticas —religiosas, sociales, políticas, ideológicas, sentimentales, etc.—.
Lo que el historiador advierte es la fortuna que han tenido los grandes
inventores de formas, los verdaderos creadores, al imaginar formas que
por su valor de comunicación se han transformado en símbolos, es decir,
en signos capaces de expresar lo absoluto. Y aunque este lenguaje de
formas comunicativas, por decirlo así, es lenguaje de superficie sujeto a
modificaciones —lenguaje histórico que se sobrepone a esa capacidad de
vitalización profunda, de raíz metafísica, que es la capacidad específica-

62

�mente estética— no hay duda de que sólo puede ejercerse ésta cuando el
artista es capaz de descubrir la forma apropiada que la exprese.
Entonces, la solución rebasa el campo puramente estético, y lo que debe
preguntarse quien quiera comprender el problema es simplemente esto:
¿son las imágenes representativas, con sus exigencias de materia y su radio
de acción restringida, las que podrán crear el símbolo de la realidad de
nuestro tiempo, o son esos signos claros y precisos de alusión espacial?
De la respuesta que se dé dependerá el grado de comprensión del fenó­
meno y la fe que se tenga en las formas nuevas. Fe que no nos obliga
a endiosar los productos obtenidos por los concretos, en cuyo caso sería
fetichismo, sino a considerar la posibilidad de que tales formas, por ahora
excesivamente elementales y pobres de contenidos anímicos, evolucionen
a medida que el hombre mismo encuentre su equilibrio y aprenda a inte­
grar en la estructura racional que le sirve de base los motivos de senti­
miento.
En lo que a mí respecta creo que la revolución está en marcha desde
hace más de cincuenta años y que ella nos conduce, a través de vacila­
ciones y retrocesos, a una nueva organización políticosocial en la que
no desaparecerá el individuo, porque éste no puede desaparecer simple­
mente, pero en la que se subordinará a valores más generales. No puedo
predecir cuáles serán los caracteres de la nueva sociedad, pero sí me ani­
mo a afirmar que cualquiera solución en ella, desde la económica y polí­
ticosocial hasta la sentimental y la espiritual, no podrá ser una solución
para minorías. Será una solución para mayorías. Y las mayorías no podrán
gozar las exquiciteces de la sensibilidad individual, como no podrán com­
prender las ideas restringidas por profundas que sean; como siempre,
reaccionarán ante las grandes ideas organizadoras y ante los símbolos
claros de una sensibilidad y una sentimentalidad que no admite variables
denominadores.
Y porque pienso y siento así la realidad de mi tiempo defiendo a los
concretos, porque me parece que aciertan en el planteo y preparan el
camino para la invención de formas que en plazo acaso no demasiado
lejano otorguen la necesaria fisonomía a la vida, que es la función del
arte cuando se engrandece como lenguaje. Pero esto no implica que des­
estime lo que realizan otros artistas, menos visionarios y más sujetos a la
inmediata realidad, con su cortejo de oscuridades; muy lejos de ello, en
cuanto mantienen vivo el lenguaje de la pintura y la escultura, aunque

63

�desvitalizado por las razones sociológicas expuestas, y además porque ac­
túan como necesario contrapeso al excesivo racionalismo de los concretos.
Dispuesto estoy, pues a registrar cualquiera otra manifestación artística
en campos opuestos, a valorarla como corresponde, pero exijo para esto,
además de esa calidad profunda que proviene de las dotes personales del
artista y que se exterioriza en la potencia expresiva que presta al material,
la búsqueda de formas universales y para que sean universales deben ser
comprensibles. Porque no se advierte hasta qué punto el movimiento
concreto está movido por el deseo de hacer comprensible el arte; hasta
qué punto implica una reacción contra el lenguaje excesivamente indi­
vidualista y por ende hermético que iniciaron los románticos, desde
R embrandt , y que culmina con los abstractos expresionistas. El orden
geométrico que impera en las obras concretas y la claridad de estructura
que obtienen hace que su lenguaje sea muy accesible. Ninguna dificul­
tad para comprenderlas. Si hay problema, será de expresividad pero no
de comprensibilidad.
Lo que no puedo aceptar, ni menos aun fomentar, es la anarquía
a que conduce la soberbia individualista en un momento en que las
reacciones individuales se debilitan cuando se mantienen como tales;
anarquía manifiesta en muchas tendencias semirepresentativas o abs­
tractas, las cuales sólo destacan, en el mejor de los casos, sensibilidades
finas, intuiciones agudas o ricas fantasías. Porque para mí el arte es otra
cosa. Aunque se resuelva siempre en la expresión de un hombre que pinta
o esculpe, se carga de una fuerza que supera los estrechos límites de la
individualidad, y dicha fuerza se manifiesta en el modo como las formas
se imponen a la mayor cantidad de personas, las cuales ven en ellas el
modelo que construye la vida que viven. De tal modo, dichas formas se
transforman en símbolos. Todas mis reservas ante las manifestaciones
actuales de la pintura y la escultura proceden, precisamente, de la cons­
tatación de este hecho: que no alcanzan esa potencia de símbolo que
todavía obtuvieron los artistas de las generaciones anteriores, un P icasso,
un M atisse o un K lee . En consecuencia, porque no creo que sea la
calidad de los apoyos lo que presta valor a una obra de arte. Puede ser
una figura humana, un árbol, una piedra o una manzana, como también
puede ser una forma que aluda a paradigmas geométricos. Lo que presta
valor a una obra de arte es la calidad del espíritu con que se enfrenta

64

�MIGUEL OCAMPO:

Pintura 53/114

�SARAH GRILO

�TOMAS MALDONADO:
Tres zonas y dos temas circulares

�FERNANDEZ MURO

�la invención y éste parece que sólo puede manifestarse con energía de
actualidad cuando procede de una rica vida interior que se funda en la
experiencia del espacio y se resuelve en un sistema de formas claras,
rigurosas y precisas.
Ahora es posible establecer las pautas que guian mi juicio crítico ante
el arte nacional. A) Quedan naturalistas, románticos, expresionistas,
fauves, etc., pintores y escultores que siguen los caminos trillados y que
se limitan a imponer ciertos acentos de personalidad a las formas here­
dadas. A veces son sensibles en la factura de la materia o del color, a
veces tienen sentido justo de la construcción de las formas o de la com­
posición, y no faltan casos en los cuales se advierte hasta una potencia
de imaginación que determina felices hallazgos. Y bien, me limito a
registrar esas notas positivas, pero en cada caso se levanta la sombra de
algún gran maestro que cultivó esa manera de expresarse no sólo con
sensibilidad sino además con potencia vital. Si no los juzgo interesantes,
entonces, no es porque desestime ese pequeño capital de sensibilidad,
inteligencia e imaginación que demuestra, en el mejor de los casos, que
son pintores o escultores; no los juzgo interesantes y me desentiendo
de ellos, ante todo por una razón emocional, porque no llegan a tocar
las fibras íntimas de mi sentimiento; luego por una razón teórica que me
justifica, la de que no construyen de tal modo ni siquiera el restringido
mundo de su personalidad. Y a mí no me basta, cuando juzgo una obra
de arte, el cosquilleo de la piel o el goce superficial de las ideas. Exijo
la conmoción profunda que denuncia la presencia de un hombre que
comprende la vida, que la conforma en consecuencia y que impone final­
mente esa forma como paradigma emotivo.
B) Están los neorrealistas, sobre cuya posición en general me ocupé en
otra ocasión 1. Creo que la posición que adoptan es justa, en teoría, en
cuanto se proponen fundarse en la realidad para la construcción de las
formas plásticas. Pero mi disidencia es fundamental en cuanto a lo que
entienden por realidad. Encerrados en un determinismo absoluto que
no puede sino conducirlos a un fanatismo suicida, menoscaban la fun­
ción del arte al pretender que cuadros y esculturas actúen de modo polé­
mico en la inmediata vida política, sin advertir cuánto hay de pasajero
Véase Ver y Estimar, N* 29/30, 19S2.

69

�en estos ideales circunstanciales que con toda justicia pretenden imponer.
Pero más grave es mi disidencia todavía cuando no se trata de la teoría,
pues en la práctica, sin duda a causa del planteo falso que hacen de la
creación artística, han retornado a los peores vicios del naturalismo y
el realismo finisecular. Sin que hasta este momento, por lo menos, ni
siquiera hayan logrado imponer esos valores de calidad a que he aludido
en el párrafo anterior. Aunque los obtuvieran, sospecho que no logra­
rían efectos de emoción profunda sin embargo.
C) En cuanto al grupo más numeroso de los abstractos y semiabstractos,
más o menos representativos, más o menos abstractos, puede ser definido,
precisamente, por esta expresión más o menos. A veces obtienen formas
enérgicas y hasta no faltan los casos en que se puede registrar la pre­
sencia de una personalidad potente que se expresa. Alguna vez pueden
llegar a satisfacer, porque se siente que el lenguaje pictórico o escultórico
es manejado con autoridad, con plena conciencia, y ello origina un juicio
favorable. Pero basta mirar hacia atrás para comprobar este hecho que
no quisiera que lo emplearan los reaccionarios para justificarse: se com­
prueba que la falta de ese lenguaje de superficie determinado por las
imágenes de representación vuelve híbrido el lenguaje profundo de la
materia, como si los artistas se movieran en un clima indeciso, incapaces
de condensar con claridad cuanto quieren decir.
Son estos pintores y escultores, sin duda, los que merecen toda mi aten­
ción, con independencia del ismo más o menos tibio en que se los pueda
incluir, porque son los últimos, como ya he dicho, que todavía hablan
el lenguaje pictórico o escultórico. A veces practican un superrealismo
híbrido, a veces se notan acentos de imaginación morbosa o son cons­
tructivos como los cubistas, o dinámicos como los futuristas, o más o
menos vagos y caóticos como tantos pintores y escultores que gozan de
gran boga en Europa. Los hay también más francamente inventores, pero
aun las obras de éstos, se diría que por el punto de partida equivocado,
o mejor aun, por el ejercicio de la intuición sensible sin la correspon­
diente meditación, dejan un regusto de insatisfacción que no producen
las obras del pasado, ni siquiera las del pasado inmediato. En presencia
de tales obras me pregunto a menudo la razón de esa carencia emotiva
profunda, sobre todo cuando no dejo de reconocer las aptitudes prima­
rias —lo mismo me ocurre cuando contemplo obras similares de artistas
70

�extranjeros— y no puedo explicármela sino por el aferramiento a una
realidad que es más bien un recuerdo que una realidad vigente. Si la
pintura que cultivan tiene algo de remedo, si la materia carece del vigor
que es menester y la forma de potencia expresiva, es porque pretenden
construir no la vida que viven, o la que deberían vivir, sino la que
recuerdan, y el recuerdo no es vivificador del arte sino en la medida que
mediante la trasposición épica adquiere la necesaria nota de actualidad.
No obstante, cultivan estos artistas el lenguaje con autoridad, he dicho.
Y si el cuadro o la decoración mural, el retrato o la estatua, han de
perdurar, son ellos quienes lo permiten, aunque pueda oponerles este
reparo fundamental. Tanto como para que piense a menudo que no es
posible hacer reproches de carácter personal y que simplemente se trata
de una capitis diminutio inexorable porque pretenden crear formas que
a causa del medio expresivo de que se valen tienen que ser anacrónicas.
D) Finalmente está el grupo de los concretos. Ellos demuestran más
valentía y resueltamente se lanzan a la creación de formas que sencilla­
mente van dejando de ser pictóricas o escultóricas, como ya he dicho.
Se valen del color y la materia, emplean ciertos materiales que conservan
alguna vinculación con los materiales escultóricos, pero el espíritu es tan
diferente al que imperaba en los viejos pintores y escultores como para
que no se los pueda confundir.
Se les acusa, entonces, a los pintores, de que sigan pintando cuadros.
Yo también los acuso porque me parece que se empeñan en una tarea
inútil, correspondiéndoles, en consecuencia, emplear ese talento de com­
posición, talento que les permite crear, aun en la tela, insisto en repetirlo,
una expresión de profundo sentido metafísico, en la invención de formas
que no exijan tanto refinamiento como lo exigen actualmente. Porque
de esta persistencia en el empleo de los viejos soportes de la pintura y
hasta cierto punto de la escultura deriva una contradicción que tienen
la obligación de superar: si lo que se proponen y con razón es obtener
formas claras y fácilmente comunicativas, por cuyo motivo excluyen los
modos tradicionales de la expresión individualista, deben obtener formas
que expresen el gran sentimiento de la vida con claridad y facilidad.
Y por ahora, tengo la obligación de decirlo, resulta la expresión que
comunican más hermética que la de los otros pintores.
Max B ill, apóstol del movimiento como se sabe, me reconoció no ha
mucho tiempo, en conversación privada, la justeza de mi planteo, en lo
71

�que se refiere a la mayor facilidad con que el público comprende las
construcciones espaciales de los concretos que los cuadros. El hecho es
por demás sintomático y nuestros concretos no deberían desdeñarlo, como
parecen hacerlo, al abroquelarse en una posición que inclusive puede
llegar a ser suicida. El arte concreto habrá de ser un arte de comprensión
universal o morirá. Y para que esto no suceda es menester que practi­
quen en gran escala, que practiquen y no se limiten a la teoría, la inven­
ción de objetos.
Por ahora se hallan en un callejón sin salida porque al limitarse los
pintores a la invención en los estrechos límites de la tela, o los escultores
a la invención entre los límites también estrechos a que obliga el esta­
tismo de la obra concebida aun como estructura ortogonal, pese a las
curvas y a la introducción del espacio, no pueden alcanzar toda la diná­
mica que es menester. Por una parte se les abre el vasto campo de las
artes industriales, en el que deberían imponer principios hasta obtener
el refinamiento del gusto de acuerdo a los nuevos principios del design;
por otra, la más delicada tarea de obtener también la expresión gratuita
pero con tal fuerza de imposición como para que la mayoría, a la que
tienen que dirigirse inexorablemente, pueda sentirla como símbolo de la
vida que vive.
Se trata de un programa que les esbozo más que de un reproche. Cada
vez más creo menos en la virtud del reproche. En lo único que creo es
en el espíritu de colaboración. Y por ello, así como les digo a los pintores
y escultores que mediten sobre la tarea que realizan para no esforzarse
tal vez infructuosamente en el logro de una expresión que les es esquiva,
sencillamente, porque no es posible lograrla, les digo a los concretos
argentinos que ellos también, como los de Europa, pueden estar en la
situación de querer abrir una puerta que no se puede abrir.
T om ás M aldonado acaba de pronunciar una conferencia que permite
abrigar toda clase de esperanzas, al postular el espíritu de duda en la
indagación de las formas que cultiva. Nada sería más grave que el ence­
rramiento en soluciones. Ni siquiera es legítimo el encerramiento en
planteos. Los de M ondrian o de los mismos concretos actuales —un M ax
B ill , un V antongerloo , un V ordemberge -G ildewart — son demasiado
sectarios, aunque los justifico porque todo movimiento revolucionario se

72

�gesta siempre en función de unas cuantas ideas elementales, y lo que
corresponde ahora es enriquecer el esquema inicial sin aferrarse dema­
siado a principios, dispuestos a modificarlo de acuerdo a las necesidades
espirituales del momento.
Hay vastas zonas de la realidad espiritual de nuestro tiempo que quedan
al margen en la expresión simbólica severamente racionalista que cul­
tivan. Me explico que la exploración a que se han dedicado les haya
exigido esa austeridad que por muchas razones resulta ejemplar, obli­
gados como estaban a descubrir el esqueleto de las nuevas formas, pero
acaso haya llegado el momento de enriquecerlo con carne más viva. Y
el modo fundamental de lograrlo sería a mi juicio intentar la expresión
por vías diferentes a las que emplean hasta ahora.
T omás M aldonado es el temperamento más fuerte del grupo de los con­
cretos, diré el dramático, porque a pesar del refinamiento de las zonas
cromáticas y de la severidad pulcra y limpia de las estructuras lineales,
otorga un grado de tensión a los campos, sobre todo a causa de los con­
trastes, que permite decirlo. También por la posesión viril de los espacios
virtuales, en los que se equilibra esa tensión dramática con la claridad
de las ideas. Algún cuadro, concebido todavía en la heterodoxia doc­
trinal, lo reveló en la exposición de Kraycl con la plenitud de sus medios
expresivos. Pero en los demás,- se notó una vuelta al empleo de formas
plenas de concepción geométrica, contrastadas en el tono, yuxtapuestas
además, respondiendo a una actitud menos claramente dinamizadora del
conjunto que en el pasado. Composiciones un poco duras que desilu­
sionaron a quienes ya se hallan acostumbrados al lirismo del espacio
incorpóreo, pero en las que puede verse algún principio de cambio
fecundo.
A lfredo H lito es menos subyugante con sus estructuras, de las que fluye
un ánimo menos agresivo también, extremando a veces la sugestión del
signo hasta parecer romántico. Esta aseveración debe ser entendida con
cautela, aunque en definitiva todo el movimiento concreto puede ser
explicado como resultado de una curiosa evolución de ciertas ideas que
plantearon los románticos. Es más lírico que Maldonado porque los
signos se cargan de una cierta escondida vibración emocional. En los
cuadros que acaba de exponer se advierte cierto cansancio, como si se
agotaran las posibilidades de combinación de líneas, puntos y planos.
73

�Agotamiento que no debe dejar de preocuparlo en el sentido general
expuesto anteriormente.
Si Maldonado y Hlito parecen pasar por un momento de estacionamiento
o de cambio, por cuya razón sus obras parecieron menos pujantes que
las expuestas el año pasado en Viau y este año en Río y Amsterdam,
M iguel O campo se halla en pleno ascenso, con esa energía que propor­
ciona siempre el descubrimiento de una nueva veta expresiva, cuando
un artista se lanza a explotarla. Todavía en las obras expuestas en las
exposiciones mencionadas se lo podía ubicar como un primitivo del arte
concreto, ya que se notaba cómo iba descargando progresivamente al
plano de todo vibracionismo, volviéndolo más preciso, aligerándolo de
materia. Sus ritmos no eran muy ricos todavía, porque su tarea ascética
no le permitía sentirse plenamente cómodo como para crear estructuras
de aliento geométrico, pero era posible suponer que se orientaría hacia
la creación de formas tan depuradas y precisas como las de sus compa­
ñeros de grupo. Y bien, tal transformación se produce ahora, como si
hubiera terminado la etapa del aprendizaje, obteniendo los más bellos
efectos, es decir, los de mayor potencia vital; pero es tan pintor todavía
que no puede renunciar a la expresión de la materia-color, por cuya
razón su esquema compositivo se establece sobre una contradicción. Sin
ninguna duda fué el triunfador de la exposición, fué el que más gustó
a quienes se inician en este género de obras, y el triunfo fué merecido,
pero no conviene exagerar su alcance, no sólo por las razones aludidas,
sino porque más gustaron por los resabios de pintura que por la seve­
ridad de las estructuras concretas.
J osé F ernández M uro no se plantea claramente problemas de espacio,
porque aun está preso de las formas mismas. En sus telas quedan resi­
duos de ritmos orgánicos y la pasión no se esconde ni se sublima como
en los otros, pero marcha, evidentemente, de la imprecisión todavía ur­
gida por una sensibilidad materialista del color y la línea, en algunos
cuadros, a una precisión cada vez más inmaterial en otros. En algunas
pequeñas obras pintadas a la gouache, empero, se lo ve más decidido,
tanto como para vaticinar un vuelco a corto plazo.
Más sutil es Sarah G rilo , extraño e inquieto espíritu que oscila entre
una concepción todavía temblorosa de las formas, respondiendo a una
intuición romántica en esencia, y una concepción más severa e imper-

74

�sonal que se vuelve explícita en la mayor realidad que poco a poco van
creando los espacios que crea. Oponiendo manchas con trazos negros
muy finos, a menudo paralelos, crea transparencias sui generis de raro
encanto, pero el camino es peligroso, porque no obedece a una gramática
rigurosa ni implica un repertorio bien nutrido de posibilidades; lo que
se vuelve explícito, precisamente, cuando se comparan los cuadros ex­
puestos recientemente con los expuestos en las exposiciones antedichas.
Tampoco los escultores estuvieron felices. E nio I om m i parecía el más
maduro, descollando en composiciones con cintas de yeso o de acero que
componían el espacio con fuertes acentos eróticos todavía. La compo­
sición de este tipo que expuso no es feliz, porque a pesar de las curvas
enroscadas el conjunto es pesadamente estático. Las demás exploraciones
con planchas de hierro agujereadas y juego minúsculo de pequeñas for­
mas de bronce tampoco me parecieron afortunadas, entre otras razones
por la falta de conexión entre el pequeño ritmo de éstas y el gran ritmo
de aquéllas. Sólo una pieza en hilo de alambre, valientemente engastada
en un basamento corpóreo, obedientes ambos al mismo ritmo de fluencia
erótica me pareció plenamente lograda.
C laudio G iróla expuso las mejores piezas de construcción espacial. Man­
tiene en ellas todavía resabios de ritmos orgánicos y la geometría en que
se fundan es extremadamente simple, pero las armonías son justas y en
una especie de estable —utilizo la expresión calderiana aunque no tiene
puntos de contacto con las obras de este artista norteamericano— obtiene
una expresión muy profunda.
Como se ve, después de la revelación para el público que fué la expo­
sición de este grupo el año pasado en la Galería Viau, ésta de la Galería
Krayd no ha significado un progrseo, por lo menos en apariencia, salvo
la madurez de O campo . La impresión en este sentido ha sido general
e inclusive fué la mía, pero después la reflexión me ha hecho ver que
en esas vacilaciones están la salud del grupo y la justificación de la fe
que se puede tener en él.
Si después de tan largo planteo he logrado aclarar el panorama de la
plástica nacional y he conseguido que mis lectores por lo menos com­
prendan con qué actitud libre y espontánea lo contemplo, sin que nada
me lleve a embanderarme, estaré verdaderamente satisfecho de haberlo
intentado. No soy paladín de ningún movimiento porque no creo que
75

�tal sea la función de un critico, por lo menos en el sentido como oriento
mi actividad. Lo que no implica que no profetice cuando es menester
y que no cargue toda la fuerza de mi apoyo cada vez que veo una posi­
bilidad expresiva en tren de desarrollarse y que, a la inversa, no des­
cargue todos los argumentos que pueda cuando advierto que alguien que
tiene talento y sensibilidad se pierde en los meandros de la arbitrariedad.
J orge R omero B rest

76

�#

CARTA ABIERTA DE LORENZO DOMINGUEZ
Querido Jorge: leí tu trabajo de “Ver y
Estimar’’ sobre el concurso del “prisionero
político desconocido”. Mi norma general
es no decir nunca una palabra en todo
aquello que se refiere a premios, concur­
sos, competencias, etc., una vez resueltos.
Me parece una cuestión de conducta.
Pero por tratarse de ti, a quien doy tanta
trascendencia en mi apreciación personal,
no puedo dejar pasar sin examen algu­
nos de tus juicios; y dada también, la im­
portancia del concurso creo que conviene
a todos escuchar la opinión que ambos,
concurso y crítica, nos pueden merecer a
los directamente interesados, no sólo como
participante sino por haber hecho de la
Escultura el objetivo fundamental de la
existencia. Excluyo de esta frase todo ma­
lentendido de sentimentalismo, que desde
va rechazo de plano, para referirme so­
lamente al aporte de experiencia activa,
intelectual y material, que una dedicación
absoluta significa.
En primer lugar, no creo que con un
concurso, por muy amplio e internacional
que sea, se pueda “impulsar” como se ha
dicho la Escultura; todo lo más, PULSAR
el estado de la Escultura actual, y eso
todavía, si las directivas del concurso
hubieran sido perfectamente trazadas y
después ejecutadas, pero no es el caso, ni
mucho menos, pues h: bo un desentendi­
miento total entre aquellas y la realización

del mismo. Las razones que me mueven
a hablar así son, como no se te escapan a
ti tampoco, muchas, pero no podré dejar
de señalar entre otras, que paso por alto,
tres o cuatro fundamentales.
Es la primera que se anunció un eclecti­
cismo que no se cumplió en ningún mo­
mento, ni por los jurados nacionales, ni
menos todavía por el internacional. Sola­
mente se recibieron y premiaron traba­
jos de “concepción abstracta o expresio­
nista” (son tus palabras) .
Es evidente, por otra parte, en el pensa­
miento y la actuación del jurado, la
exaltación de la tendencia no figurativa.
Respecto a lo cual es imprescindible seña­
lar de una vez, que en su forma extre­
mista esta posición tiene un profundo
sentido religioso, tan enraizado, que asu­
me en realidad caracteres de verdadero
complejo, con todas las turbias brumas
subconcicntes que se suele señalar en esta
clase de fenómenos. Todas las razones
inmediatas que se pretenda traer en su
defensa, no son más que ocultadoras o si­
muladoras de la primera, única y gran
razón, que se esconde como en todo com­
plejo y que debe ser, por higiene y tera­
péutica, desenmascarada.
La idea mágica y primitiva, de que la
representación es maléfica o perjudicial,
como ocurre en las prácticas superticio-

77

�sas de los pueblos más salvajes y primiti­
vas, es de presencia muy clara en este
pensamiento que, cuando logra una evolu­
ción religiosa, cuaja en leyes que llegan
a imprimir signo y carácter a las culturas
que lo practican. Baste recordar la religión
hebraica. Según la Mishna, “el rabino Mtir,
dijo que todas las imágenes deben ser pro­
hibidas”. “La Mishna, nos hace compren­
der que la ley Mosaica de imágenes, se
había relajado considerablemente al co­
menzar la Era Cristiana” 1.
La prohibición israelita de imágenes, que
se pretende justificar por el temor a caer
en la idolatría, sólo da origen a un pue­
blo prácticamente sin plástica hasta el
presente. En cambio, el relajamiento de
la ley determina en seguida la presencia
de manifestaciones plásticas interesantísi­
mas. Sinagogas de Palestina, Transjordania, Duna Europeos, etc. *
El período iconoclasta en el cristianismo
determina una larga época de obscuran­
tismo plástico. Así también ocurre en la
cultura árabe y en el Protestantismo, al
prohibir la representación.
Es lógico concluir de estas observacio­
nes fría y escuetamente históricas, primero,
que el no figurativismo es un pensamien­
to movido por subconscientes mágicos y re­
ligiosos, y segundo que practicado en una
forma extrema, sólo puede llevarnos a la
misma obscuridad plástica, todo lo más,
el decorativismo también característico de1

esas culturas o momentos históricos. (“Lo
dramático de este arte (el abstracto) —dice
Léger— es el peligro decorativo”) 1. Ha­
blando en términos optimistas creo que
todo lo más, una tendencia así, sólo pue­
de llevarnos a una especie de Arte Ve­
getariano.
No faltan como es lógico pretextos simu­
ladores, tras los que se quiere ocultar
la primera, única y gran razón que aspira
a permanecer escondida en los más pro­
fundos estratos del subconsciente colectivo
0 individual, el complejo ya señalado. Sue­
len ampararse estos pretextos en la Cien­
cia, en las Matemáticas, en el Futuro o
en otras palabras menores como cansan­
cio, aburrimiento, fatiga, etc., con el con­
siguiente peligro del señuelo que signifi­
can para los que, usando cualquiera de
esos grandes o pequeños tabús, y asistidos
de su prestigio, se sienten con derechos
de artistas o de críticos, improvisándose
inmediatamente en tales. Es así, por ejem­
plo, que el matematicismo ha arrojado en
brazos de esta tendencia a muchos pro­
fesionales de la Arquitectura, ansiosos de
sacudirse de un profesionalismo aplastan­
te, que sin embargo constituye su única
razón de ser, habiendo llegado hasta de­
clarar, enfáticamente, que la Pintura y
la Escultura no tienen porqué existir ya
(idea iconoclasta) desde que la Arquitec­
tura no necesita de ellas para nada, lo
que no deja de ser sino una afirmación
gratuita de la más pura egolatría profe-

1 Cossio P ijoan : Sumiría A rtis: Historia Gene­
ral del Arte. Tomo VII, p. 9.

p or B la nca P astor .

1 Ver y Estim ar, N (-’ 32. Tres Generaciones. . .

78

�sional. Y lo que no ha sido obstáculo
para que se hayan puesto inmediatamente
a pintar y esculpir en abstracto.
Todos los poderes de la tierra han pre­
tendido, aprisionar el Arte: la Política, la
Religión, la Economía, la Ciencia, la Fi­
losofía, el Periodismo, etc., etc., aprisio­
narlo y dirigirlo. Desde el Gobernante
hasta el último cronista, han creído siem­
pre llevar en sus bolsillos las leyes por
las cuales se lo debe y se lo puede regir.
Muy pocos han entendido que el Arte no
es un servicio social sino un hecho social
y que a la fórmula, “el Arte al servicio
de la política” por ejemplo debe opo­
nerse la contraria, como única aceptable
“la política al servicio del Arte”; y que
es el Arte mismo el solo portador de
sus propias leyes y no la crítica, ni el
periodismo, ni los Gobiernos. Muchas ve­
ces en la Historia el Arte ha sido hecho
prisionero, pero felizmente cada vez escapa
renovado de sus prisiones.
Otro aspecto interesante de tratar, es que
tanto en el concurso mismo, como en la
crítica, se ha hablado permanentemente
de tema y expresión. Se ha dicho que
el tema estaba expresado o no, que la
expresión era clara u obscura, o se ha
discutido los medios alegóricos, simbóli­
cos, descriptivos, o abstractos por los cua­
les se podría llegar a una expresión más
justa, etc., etc.
Me interesa hacer notar que creo que0el
Arte, sólo en una forma aplicada, inme­
diata y vulgar, puede ser considerado como
un medio o vehículo de expresión. El Arte
79

es una manifestación o presencia, libre de
ataduras. Las cosas deben estar conteni­
das en él, como ocurre en la naturaleza
misma, en que los seres y las cosas no
son expresión de ella, sino manifestacio­
nes. Así por ejemplo el Iodo ha existido
siempre, aunque sólo haya sido descubier­
to el siglo pasado, estaba contenido y
presente en la naturaleza, actuaba, actúa
y seguirá actuando mientras exista, y la
utilización que se haga de él, posterior a
su descubrimiento, es consecuente o secun­
daria. Lo que en la obra de arte esté
contenido, presente, actuará siempre, lo
mismo si ese contenido se descubre a la
primera mirada, que cien años más tar­
de, por más que su aplicación (carácter
secundario), sólo siga al descubrimiento
de este contenido, y a la inversa, aunque
se borre toda memoria temática en una
obra de arte, ésta actuará siempre por la
sola presencia. Aunque esto se va alar­
gando demasiado, me gustaría agregar un
ejemplo, para establecer más claro toda­
vía mi pensamiento: Si una naturaleza
muerta representando unas manzanas apa­
reciera un día entre los hombres, en cir­
cunstancias en que, habiendo desaparecido
las manzanas y todo recuerdo o noción
de ellas para siempre de la tierra y no
se tuviera ya, por lo tanto, idea alguna
de lo que pudieran representar, es decir,
hecha imposible la expresión del tema,
ese cuadro, siendo obra de arte, seguirá
actuando como tal, porque su contenido
no puede ser borrado por el desconoci­
miento o la ceguera del observador, lo
que sí ocurre con la expresión, que por su

�carácler secundario, medio y . no fin, de­ la brutalidad del hombre contra el hom­
pende más que de la obra en sí del que bre. ¿Cómo ha de responder el arte a la
la contempla, relación falsa y determinan­ barbarie que organiza y dirige todas las
te de toda clase de sugerencias, actitudes fuerzas modernas terribles y poderosas
sentimentales y corrientes románticas y como nunca, hacia la persecución, el odio,
la opresión y la guerra? El arte ha de
extra plásticas.
oponer
los acentos más duros y bruta­
Me parece por lo tanto absolutamente
les
para
que los oídos y las sensibilidades
equivocado todo enfoque de juicio, tanto
embotadas
de los hombres sientan la pro­
de parte del jurado como de la crítica,
testa.
(Goya,
Picasso.)
establecido sobre la base de un criterio
La
vacilación
y el hibridismo entre pen­
de expresión del tema y no al hecho de
que esté contenido en un orden esencial samiento y acción pretenden con métodos
y no puramente expresivo y secundario. y consignas excluyentes, extremas, que en
Y aunque aceptáramos este criterio del nada se diferencian del totalitarismo más
arte expresión como bueno, los juicios emi­ cerrado, imponer normas y conducta y a
tidos de una y otra parte serían todavía veces sólo so pretexto de que algunos
discutibles, y a ellos más que a nadie, están cansados de lo que llaman arte del
jurados y críticos, correspondería la cali­ pasado, cuando una de las cualidades del
ficación de “vacilantes”, que tanto gustan arte, justamente por ser presencia y no
de usar, pues oscilan permanentemente expresión, es ser presente siempre.
enlre un sentimentalismo blando frente a Muy pocas cosas en la vida constituyen
la propia comprensión del tema íbasfa placer. Las cosas verdaderas, los senti­
leer los considerandos del jurado) y las mientos profundos son siempre un traba­
exigencias más frías y asépticas para la jo, cuando no un dolor, y el trabajo y
obra de arte, lo que no se explica sino el dolor cansan. Ver auténticamente una
por la incapacidad de sentirla como lo obra de arte es un trabajo intelectual, y
que es: un acontecimiento y no una expe­ como tal puede y debe fatigar, pero abu­
riencia de laboratorio, una cosa viva y no rrir sólo a los que no comprenden, lo
una mariposa clavada con cuatro alfileres que es como si no vieran; por lo tanto
sobre un cartoncito.
no cuenla su opinión y no se puede es­
grimir
como argumento. Habrá que edu­
Pero si como se pretende, es el arte ex­
carlos,
o reeducarlos, darles descanso, o
presión, sería ante todo, como tantas veces
se ha dicho, expresión de su época, y lo proveerlos de algunos anteojos especiales
que caracteriza a la nuestra es la bruta­ que acomoden su endurecida retida.
lidad y la soberbia, ya que la misma Otro tema palpitante y actual que se re­
ciencia, la técnica, el progreso en todo plantea en forma acuciadora con motivo
orden de cosas, están sólo al servicio de del concurso también, y a mi juicio, tal
SO

�realización de una obra; ejemplo: las Ca­
tedrales.
Aclarando: volumen, hueco y espacio, se
deben comportar entre sí en una rela­
ción que no se puede variar más allá de
ciertos límites, sin trastornar esencialmen­
te una determinada manifestación para
convertirla en otra, así como no se puede
cambiar la esencia de la tercera dimen­
sión sin trasladarse al plano o convertirla
en cuarta dimensión. No niego que esto
no sea subyugante, pero es ilegítimo de
todo punto seguir llamando a la cosa
nueva con el mismo nombre, cuando ha
dejado de ser lo que era en sí. Y lo que
es inaceptable es que la nueva presencia
plástica excluya a la primera y la suplante.
Indudablemente que es un error lastimoso
de nuestra época que el cine hablado
haya excluido al cine mudo, o el cine en
color al en blanco y negro, o que el cine
en relieve pueda excluirlos a todos, ya
que son a mi juicio, expresiones esencial­
mente distintas y de distinto valor, tanto
como lo son entre sí la Pintura, la Es­
cultura y el Dibujo, sin que nunca haya
ocurrido que alguna de ellas haya despla­
zado a las otras, sino que siempre han
coexistido.
En la misma forma, escultura de volu­
men, de hueco y de espacio son una sola
cosa, con apenas un carácter diferente,
pero en cuanto se varían sus relaciones
que están determinadas por concepto y
materia, se transforma su esencia; y así
como el factor í por ejemplo, tiene un
valor y lugar en el espacio de tres di­

vez el más interesante de dirimir, es el
de la Escultura espacial.
En el concurso, que. se anunció ecléctico,
repito, se impuso desde arriba, desde el
jurado, el criterio de la Escultura espacial
para premiar puras y simples construccio­
nes casi únicamente, lo que es lo mismo
que si en una competencia de pintura se
hubieran elegido dibujos. Yo opino, de
una manera rotunda, que la Arquitec­
tura, la Construcción y la Escultura, son
tres cosas bien distintas, aunque las tres
sean, o puedan ser consideradas dentro de
una definición genérica, como expresio­
nes de la tercera dimensión. Ahora bien,
de ellas, las dos primeras pueden ser o
no, obra de arte, la última forzosamente
ha de serlo; primera diferencia. Segunda
diferencia: El orden de relaciones entre
volumen, hueco y espacio, que son las
únicas realidades que pueden darnos la
tercera dimensión, no puede tener el mis­
mo valor para las tres, porque si no
serían la misma cosa, ni se puede variar
dentro de cada una de ellas, sin conver­
tirla, ipso facto, en alguna de las otras
dos. Y tercero: El arte figurativo, que no
se puede excluir a “outrance” de la Escul­
tura, sino obedeciendo al complejo má­
gico-religioso ya citado, no cabría sino
en una forma postiza o muy lejana, como
en el conocido caso de la parrilla que re­
presenta la planta de El Escorial, en la
Arquitectura o la Construcción; aunque
una colaboración íntima de las tres o dos
de ellas es legítimamente factible en la

81

�mensiones, distinto al que representa y
ocupa en la cuarta dimensión, el elemento
o factor espacio, a su vez, tiene también
un valor y lugar diferentes en la Escul­
tura que en la Construcción o que en la
Arquitectura.
De un análisis químico de laboratorio
podemos desprender que el hombre es
un conjunto de hidrógeno, oxígeno, cal­
cio, hierro, fósforo, carbono, etc., etc., en
determinadas proporciones. No podemos,
sin destruir la estructura física misma
del hombre, variar el valor y orden de
esas proporciones, por subyugante que fue­
ra tener un hombre de agua, un hombre
de calcio, de hierro o de fósforo. Y tal
es el error a que los teóricos de la Es­
cultura llegan cuando afirman que es
esta expresión del volumen, expresión del
hueco, o expresión del espacio, basándose
en la interpretación maliciosa de una
definición justa, pero utilizada, descom­
puesta y parcialmente. Y si agregamos a
esto, todavía, el valor que la presencia
de la materia, como vehículo o lenguaje
del volumen, hueco y espacio, plantea en
la fórmula plástica, el problema se com­
plica. En efecto, se dice con frecuencia,
tal o cual es la materia de nuestro tiem­
po, el cemento, el acero, por ejemplo,
traen y ofrecen en sí nuevas posibilidades
que los viejos materiales no nos dan.
Por lo tanto, sólo a aquellos se debe utili­
zar y es inactual y anticuado seguir escul­
piendo en piedra o en mármol. Otro error,
pues el descubrimiento de un nuevo ma­
terial no es excluyente en modo alguno

del uso de los conocidos, sino que viene
a sumarse a ellos, enriqueciendo así el
caudal de nuestras posibilidades, y la re­
nuncia a utilizarlos, aparte de vana y pre­
tenciosa, pues que podemos afirmar rotun­
damente que sus posibilidades no han
sido agotadas, sólo significa la pérdida
efectiva de un valor logrado, pero no
exhausto. Más todavía, la inactualidad de
una materia no puede deducirse de su
antigüedad sino de su caducidad, en cuan­
to a posibilidades también, lo que no
puede establecerse por un arbitrario de­
creto ni de teoría ni de Gobierno.
Y para terminar un último aspecto fun­
damental por plantear es el que se refie­
re al arte del futuro de que tanto se
habla. Me parece completamente arbitra­
ria la justificación per un futuro siempre
problemático, de cualquier juicio o con­
ducta del presente. En general, la preocu­
pación por el futuro tan característica de
nuestros tiempos, no es sino un valor
negativo. Es en nombre de un futuro
muy dudoso que se ha pretendido justifi­
car muchos actos, sobre todo en los regí­
menes totalitarios.
¿Quién es el poseedor de ese aparato
que podríamos llamar “Futurómetro” y
con el cual se ha medido en el concurso
y por la critica la cantidad de futuro
que las obras presentadas tenían o deja­
ban de tener?
¿Cómo se puede hablar con esa seguridad
de juicio del arte del futuro, cuando no
sabemos todavía si a causa de la bomba
de hidrógeno,' tendremos que obedecer a

82

�ponerle a su servicio?
Te agradecería la publicación de esta
carta.
Recibe un gran abrazo de tu amigo de
siempre

un solo amo, o habremos de vivir y cons­
truir en ciudades subterráneas o subma­
rinas, debajo del fondo de los mares más
profundos?
¿Cómo será el Arte entonces?
¿Quién y bajo qué consignas pretenderá

L orenzo D omínguez .

RESPUESTA DE JORGE ROMERO BREST
Querido amigo: No puedo ni quiero escon­
derte que tu carta me ha producido satis­
facción, no sólo por el hecho mismo de la
polémica que implica intercambio útil de
ideas, esta vez entre un artista y un crí­
tico, sino por el tono elevado de la misma,
esta vez también con la calidez amistosa
que siempre nos ha unido. Por eso te voy
a responder con verdadero gusto.
Ante todo objetas a los organizadores dél
concurso y a mí en particular la actua­
ción de los jurados. Aquéllos no tienen
la culpa de que éstos hayan escogido con
rara unanimidad, en todas partes del mun­
do, obras que responden a una “concep­
ción abstracta o expresionista”. En cuanto
a mí no hice en el artículo a que te refie­
res sino constatar el hecho. Mis ideas per­
sonales han sido expuestas demasiado a
menudo para que las repita aquí, pero
tampoco soy responsable sino en medida
mínima de la actuación del Jurado inter­

nacional o del Jurado nacional argentino,
en los cuales sus componentes actuaron
con plena libertad de juicio. Cuando más
puede utilizarse el hecho para “pulsar”
un estado de espíritu general, como tú
mismo lo dices a continuación: “Es eviden­
te, por otra parte, en el pensamiento y la
actuación del jurado, la exaltación de la
tendencia no figurativa.”
Más importante es que entremos a dis­
cutir tus ideas a propósito del origen reli­
gioso —de raíz mágica y primitiva— de la
tendencia no figurativa. En mi reciente
libro Qué es el arte abstracto i explico mis
puntos de vista y en el artículo que pu­
blico en este mismo número, titulado Punto
de vista, critico, insisto en algunos motivos
determinantes. De modo que te remito a
esos trabajos, así como al lector que se
interese por esta polémica, ya que exigi1 Editorial Columba, Buenos Aires, 1953.

83

�ría esta respuesta una extensión exagerada.
Pero me parece oportuno señalarte algu­
nos hechos.
Nadie sostiene, y yo tampoco, que la repre­
sentación en la pintura o la escultura sea
“maléfica o perjudicial”. A mi juicio se
ha justificado plenamente en ciertos perío­
dos históricos. Si ahora no me parece legí­
timo persistir no es porque me moleste la
representación, sino porque justifico el
apoyo en otros elementos expresivos, con
los cuales el artista que siente el mundo
de manera diferente a la tuya puede sen­
tirse más cómodo. Los ejemplos históricos
([lie citas nada prueban. Ninguna razón
—aunque a tí te parezca "evidente”— puede
aducirse para interpretar el arte no repre­
sentativo de hoy como resultado de la
aplicación de la ley judía. Y si el período
iconoclasta en el arte bizantino fué real­
mente pernicioso para su desarrollo fué,
precisamente, porque el repudio de las
imágenes se debió a motivos religiosos y
no estéticos. Basta ver todo el preceso,
que se inicia con Manet y los impresio­
nistas para desembocar en el arte de los
concretos, a través de fauves, expresionistas,
cubistas, futuristas, etc., para comprender
que las razones determinantes proceden de
una concepción del mundo que rebasa lar­
gamente toda determinación racial. Amén
de que. te confieso, siento la más terrible
repugnancia ante la sola idea de explicar
tendencias del espíritu por motivos racia­
les. Me parece que ha conducido, en lo
que va del siglo, a terribles errores que
no estoy dispuesto a fomentar: ante todo

porque no se puede seguir hablando —con
inconciencia científica— de determinismo
racial, luego porque ni siquiera en este
caso puede decirse que sean judíos quienes
cultivan el arte abstracto o concreto. A
pesar de mi repugnancia me he puesto a
hacer el balance y me sorprendo al ver
que la inmensa mayoría de los abstractos
y concretos no son judíos. Puedes tú supo­
ner, sin embargo, que sea el espíritu de la
vieja ley mosaica el que todavía impera,
pero hasta que no lo pruebes científica­
mente será solamente una opinión, que por
ahora no comparto en absoluto. El pro­
blema que plantea el nacimiento de una
cultura artística es mucho más complejo,
a mi juicio, de como lo planteas, tanto
como para haber necesitado más de tres­
cientas páginas para dilucidarlo en otro
libro que tú conoces L
En cuanto a la idea que sostienes sobre
el complejo productor del arte abstracto,
“con todas las turbias brumas subconscien­
tes que se suelen señalar en esta clase de
fenómenos”, me parece extremadamente
aventurada. Pienso en algunas formas re­
presentativas —de R embrandt por ejemplo

0 las de los rom ánticos— y advierto que
a propósito de ellas sería acaso m ás legí­
tim o h ab lar de com plejos q ue a propósito
de los abstractos. Y pienso, que si p o r
com plejo entiendes una actitu d esp iritu al
no bien d efin id a a causa de actos re p ri­
m idos, tal vez la referencia a los abstraen s
p odría justificarse —un H artunc o un
1 La pintura europea contemporánea. Fondo de
Cultura Económica de México, 1952.

84

�directa. En el libro sobre Qué es el arte
abstracto intento la explicación del pro­
blema partiendo del naturalismo, con la
pretensión de probar que nunca son los
apoyos —representativos o no— los que
otorgan valor a una obra de arte, sino
esa energía vital sublimada que la siento
por igual frente a cualquier obra del pa­
sado o del presente más vanguardista. Si
L éger no lo entiende es, precisamente,
porque él no ha podido superar la con­
tradicción profunda sobre la cual ha edifi­
cado su sistema fermal, pero ni tú mismo,
estoy seguro, podrías sostener que el valor
procede de la forma como representación,
ya que resulta evidente que procede de
esa energía, o tensión, o dinámica conte­
nida, ajena a aquélla, que obtiene en su
pintura.
Te irritas con los arquitectos y con la pre­
tendida fundamentación matemática de
algunas formas artísticas actuales. Y bien,
no todos los arquitectos modernos, afor­
tunadamente, han hecho declaración tan
iconoclasta como la que reproduces. Todo
lo contrario, de lo que vienen hablando
es de la necesidad de integrar la obra
plástica en el organismo arquitectónico,
idea fecunda a mi juicio que explica el
desarrollo del arte actual. Cuando se
dice que “la arquitectura no necesita de
ellas (la pintura y la escultura) para
nada”, se alude precisamente al cuadro y
la pequeña estatua, los cuales obedecie­
ron, como lo digo ya en el otro artículo,
a una concepción cerradamente individua­
lista. Ni tú ni yo ni nadie puede ignorar

M anfssier —, pero de nin gú n m odo cuando

se trata de pintores o escultores como

\: agnf.lli o M ax B ill o P evsner , los cua­
les h an dem ostrado, p o r el contrario, que
tienen u n a clara conciencia de lo que bus­
can, practicando un sistem a de form as tan
cristalinas com o p ara que resulte in ad m i­
sible tal acusación.

Pero más aventurada me parece todavía
tu afirmación desde el punto de vista con­
ceptual. El mismo F reud cometió errores
gruesos al aplicar el método analítica en
la interpretación de las obras de L eonardo
o M iguel ángel . Yo no niego la posibi­
lidad de una investigación de esta clase,
pero me parece que debe ser realizada en­
tonces con todos los recaudos ci.ntíficos
y contemplando el problema expresivo en
toda su complejidad. Los psicoanalistas
han inventado complejos a granel y los
aplican a todo el mundo. Cuídate de no
caer, por exceso de prueba, en un fana­
tismo semejante al de ellos.
Sobre el tema del deccrativismo ahora,
término que, según veo, empleas en la
acepción corriente como sinónimo de super­
ficialidad o de vacuidad. Si las formas
abstractas o concretas respondieran sola­
mente a un juego visual, tendrías razón.
Pero en esto como siempre son los malos
pintores y escultores, llámense representa­
tivos o no-representativos, los que crean
formas superficiales o vacías; los buenos
crean formas que se cargan de una energía
\ i tal particular que les presta su verdadero
contenido, el cual resulta expresivo por
trasposición metafórica y no por expresión

85

�que asistimos a la crisis de los valores
individuales sobre los que se construyó la
imagen del mudo en la Edad Moderna,
particularmente en el siglo XIX: éste es
un hecho irrebatible que sirve para ex­
plicar la orientación de los artistas que
son más sensibles a las necesidades de
nuestro tiempo, en el sentido de crear un
lenguaje claro y fácil de acuerdo a ellas.
Si la arquitectura da la pauta, como ha
ocurrido otras veces, no me parece que
se deba lamentarlo, ya que implica sola­
mente que en el complejo cuadrante de
las artes la aguja marca otro rumbo.
Esa misma búsqueda de claridad y preci­
sión, que significa la superación de la
angustia existencial y acaso de “las bru­
mas inconscientes” a que tú aludes, es
la que ha llevado, lentamente, al artista
de nuestro tiempo a encontrar otros me­
dios para apoyarse: los geométricos, evolu­
cionando desde una geometría elemental
y estática cuando emplea formas hechas
—triángulos, cuadrados, rectángulos, etc.—
a una geometría igualmente simple pero
dinámica cuando sugiere formas, mediante
puntos y líneas, que implican la cons­
trucción del espacio en lugar de la cons­
trucción del volumen.
No hay aplicación de la matemática al
arte, como tantas veces he dicho, sino sim­
ple coincidencia de una actitud científica
que ha determinado los nuevos rumbos
en la concepción del espacio-tiempo y
de una actitud artística que se mani­
fiesta, como siempre, en la creación de
símbolos alusivos. Una y otra, además,

coinciden en la medida que ambas pro­
ceden de una concepción del mundo tan
evidente ya como para que la misma
evolución se advierta en todos los campos
de la cultura, tanto el económico y el
políticosocial como el filosófico.
Dices que “todos los poderes de la tierra
han pretendido aprisionar el Arte: la Polí­
tica, la Religión, la Economía, la Ciencia,
la Filosofía, el Periodismo, etc., aprisio­
narlo y dirigirlo.”
Comprenderás que me uno a tí para
señalar los peligros de tal pretendida direoción. Por eso combato el realismo
socialista. Mas no lo estoy en cuanto a
la autonomía que implícitamente defien­
des. Creo que si la admitiéramos, el arte
sería una actividad vacía de contenido.
A níi juicio, son esos “poderes de la tierra”
los que lo determinan, lo que no signi­
fica que el artista obedezca sino que tras­
pone en símbolos su peculiar concepción
de la vida. Y al decir concepción de la
vida, ¿no es la política, la religión, la
filosofía, etc., las que proporcionan la
sustancia a expresar, o, mejor dicho, no
son las condensaciones de lo que aprisiona
el artista de otro modo? Me parece que
te contradices al hacer ésta afirmación,
la que te llevaría a justificar el arte abs­
tracto y concreto, contra el cual arreme­
tes. No creo, sin embargo, que sea válido
el argumento respecto a estas formas; sólo
te señalo lo que a mi modo de ver es
una incongruencia.
Lo confirmas al decir inmediatamente que
“el arte es una manifestación o pre encia,

�libre de ataduras". Entonces, ¿por qué
lo quieres atar a las cosas? ¿Por qué no
puedes admitir que la percepción del es­
pacio —hecho cultural nuevo— pueda de­
terminar otras formas que no sean repre­
sentativas de las cosas? Estoy de acuerdo
contigo en todo lo que dices a propósito
de este tema, pero vuelvo a señalarte que
con tales ideas estás justificando el arte
nuevo en lugar de destruirlo; el ejemplo
de la naturaleza muerta en particular.
Es claro que discrepo también contigo en
lo que se refiere al uso de la palabra
expresión. Tú pareces emplearla en sen­
tido restringido como aquello que sugiere
el tema y por ende es necesariamente
circunstancial, en cuyo caso tendrás razón
en lo que afirmas. Pero debo hacerte
notar que a causa de esto reprocho a los
organizadores del concurso la idea misma
de erigir un Monumento al Prisionero
Político Desconocido i. El Jurado inter­
nacional, o los críticos, no podían haber
actuado de otro modo y esto es lo que
señalo en mi artículo. Pero si se emplea
la palabra expresión en el sentido que le
presta la Estética moderna, desde C roce
especialmente, ninguna contradicción exis­
te con lo que tú llamas “acontecimiento".
En verdad lo es, pero se trata de un
acontecimiento mediante el cual se ex­
presa un artista, es decir, expresa a tra­
vés de su modo peculiar de ser, algo que
es patrimonio común. Y solamente hay
verdadero arte cuando esa expresión está1
1 Ver y Estimar, N‘.' 32. 1953.

87

contenida “en un orden esencial", como
tú dices. Orden esencial que no exige la
representación sino la más absoluta ade­
cuación posible entré el espíritu general
de la época y las formas que los encaman.
Otro problema, ya más de fondo, planteas
después al caracterizar ese espíritu general
de nuestra época. Tú dices que “lo que
caracteriza a nuestra época es la bruta­
lidad y la soberbia”; luego que “el arte
ha de oponer los acentos más duros y bru­
tales para que los oídos y las sensibilida­
des embotadas de los hombres sientan la
protesta”. ¿No adviertes que al decir esto
vuelves a encadenar al arte, pese a tus
declaraciones, a la polémica políticosocial?
Yo también lo creo y por ello justifico
el tono trágico de la pintura de P icasso,
por ejemplo, pero creo no equivocarme al
percibir por debajo de “la brutalidad y
la soberbia” el nacimiento de una fuente
más pura que está haciendo brotar una
concepción de la vida ordenada según otros
ideales. Y por ello tampoco creo que ha
de quedar de P icasso esa nota actualista
sino lo que hay de constructivo en el or­
den universal en su arte. No me dejo
cegar por las apariencias —aunque los
hechos de la vida cotidiana me entristez­
can y hasta me destruyan— y abro los
ojos con optimismo. Pienso que el arte
de todos los tiempos ha sido constructivo,
a través de la emoción, y no mero reflejo
de los acontecimientas inmediatos, y me
abroquelo en la idea de que siempre el
artista ha trabajado, trabaja y trabajará
en el plano de la trasposición pcética.

�Nadie pretende imponer normas, como tú
dices. Se trata simplemente de un movi­
miento artístico que se impone, de modo
inexorable, al que yo, como tantos otros,
tratamos de comprender. Y jamás he di­
cho que el arte abstracto, mucho menos
el concreto, se deba al cansancio. Por el
contrario, creo que son los artistas más
militantes, lo que no significa que no esté
atento para entender nuevas posiciones.
En cuanto a lo que afirmas sobre la es­
cultura espacial, me parece que te limitas
demasiado dogmáticamente y que en defi­
nitiva lo que te molesta es el nombre.
No tengo ningún inconveniente en que se
le dé el nombre de construcciones a las
obras que realizan algunos escultores ac­
tuales. Ni sostengo tampoco que deban ser
excluidas las esculturas de bulto. El hecho
es más simple y explica el veredicto de
los jurados: las obras de bulto represen­
tativas que se presentaron eran inferiores
en calidad. Eso es todo.
Para terminar, te diré que aunque no
existe el “futurómetro” existe el espiritu
del hombre que no puede sino mirar
hacia el futuro porque lo alientan idea­
les. Nada hay más noble en el hombre
que su capacidad de orientar la vida de
acuerdo a ideales y nada compensa más
la inevitable tragedia de vivir que la as­

piración a perfeccionarla. Las utopías han
sido siempre de enorme valor cultural y
por ello sostengo que la gran misión de
la crítica es, precisamente, la de ser profética, la de abrir caminos y no la de
encerrarse en lo que se está haciendo so­
lamente. Por eso no hablamos con “se­
guridad de juicio”, como implícitamente
nos acusas, sino con espíritu problemático,
con fe, que no es lo mismo. Porque de
esa manera contribuimos a que se aclaren
las ideas y colaboramos con los encarga­
dos de crear las formas expresivas de
nuestro tiempo. No es que hayamos “me­
dido” “por la cantidad de futuro que las
obras presentadas tenían o dejaban de
tener”. Juzgamos, que no es lo mismo
que medir, de acuerdo a ciertos principios
de estilo que implican necesariamente una
concepción del futuro. No hay otro modo
de juzgar, a mi juicio. Y por ello será
siempre preferible equivocarse y no piétiner sur place en la mera estimación
sensible de las obras de arte. No ensayar
la explicación de los fenómenos nuevos y
no tratar de aprovecharlos en beneficio
de una futura realización fecunda es, para
mí, la mayor traición que se pueda hacer
al espíritu.
Te abraza tu amigo
J orge R omero B rf.st

88

�Con L a p in tu ra europea contem poránea
frente a obras y teorías
Conversando una tarde de agosto con el
Profesor R omero B rest, tuvo la deferen­
cia de pedirme opinión sobre La pintura
europea contemporánea, libro aparecido
hacía poco en la colección Breviarios del
Fondo de Cultura Económica. Le mani­
festé, que para familiarizarme con el enjundioso contenido del tomito, me había
propuesto llevarlo en mi rápido viaje por
Europa “como guía”. —“¡No es una guía!”
terció nuestro Profesor, que tiene tempera­
mento como buen artista. —“Aunque sí”
—agregó en seguida reflexivo, como buen
crítico, —"puede ser una guía de ideas”.
Y lo fué, en efecto para mí, que disponía
de poco tiempo y no llevaba un plan
de cultura artística, ya que mi gusto de
ver cosas de arte, debía quedar supedita­
do a un itinerario trazado por otros inte­
reses. Y si anoto ahora estas trivialidades
personales, es porque pienso que mucha
gente que tiene un secreto amor por el
arte está en análogas condiciones y pue­
de apreciar mi experiencia con este libro
ante los cuadros.
Pues en cada uno de nosotros, “los del
público”, se renueva el problema de la
comprensión del arte contemporáneo. Es­
tamos dispuestos a creer a los físicos sus
maravillosas teorías sobre la intimidad del

átomo, aceptamos de los químicos trans­
formaciones que suenan a alquimia, acom­
pañamos a los astrónomos en viajes legen­
darios a través de un universo “curvo” y
en “expansión”, del cual no dudamos que
nos llegan misteriosos y alguna vez apro­
vechables rayos cósmicos. Pero seguimos
negados ante expresiones artísticas que no
han recibido la consagración de los siglos
o que no obedecen a criterios paralelos a
una filosofía de hace setenta años por lo
menos. Ante las obras de arte olvidamos
que vivimos en el siglo XX, olvidamos
las nuevas filosofías de la naturaleza y
de la vida, la fenomenología, el existencialismo, las corrientes antropológicas, las
nuevas ontologías y también y absoluta­
mente, las nuevas teorías del conocimiento
y la lógica moderna.
Claro, los valores del arte gozan de una
permanencia que no tienen ni las verda­
des científicas que se van superando, ni
las conclusiones siempre abiertas a revi­
sión y crítica de los filósofos. Algo hay en
la Venus de Mito y en la Gioconda —¿y
por qué no y más bien, en las menos
citadas y menos vistas Venus genitrix de
C a l ím a o o , esa finísima figura de los ro­
pajes empapados, y en la Madona de las
rocas del propio L e o n a r d o ?— algo hay,

89

�decía, que habla a nuestra sensibilidad a otro ánimo, en otra compañía, en otra
través de los siglos. En la muestra que soledad, para ser más objetivos. Y des­
de los tesoros de arte del Museo de San pués: tratar de pensarlas. ¡Por favor, nos­
Pablo se hizo últimamente en l’Orangerie otros “los del público”, que pensamos, que
en París, había más público ante la Ma- relacionamos objetos reales e ideales todos
dona de M em ling que ante un retrato de los días, todo el día, no nos detengamos
la época azul de P icasso . Pero además de ante la obra de arte pidiéndole sólo que
ese valor intrínseco de la obra maestra, nos "guste por sí”! El arte tiene que ser
que en los artistas más recientes está aún síntesis de técnica y teoría, de intuición
por descubrir y por fijarse, hay en todo sensible e intuición óntica.
movimiento artístico de una época un En este punto, la guia de ideas del Pro­
estilo, una filosofía y un llamado que los fesor R omero B rest , puede ayudarnos con
contemporáneos no podemos ignorar. Y su probada autoridad. No pretende dar
si no, confíen en su intuición sensible, una noticia anecdótica de los artistas. No
sean francos y libres en su juicio como pretende dar los cánones para comparar y
niños, penetren en una exposición de la luego aceptar o desechar. Nb pretende
nueva pintura (así en general), y digan tampoco darnos una base filosófica para
entonces si no se sienten inmediatamente sostener una discusión. Intenta menos y
alegrados por el color, interesados por las obtiene mucho más para el caso: nos
formas y sometidos a trabajo mental in­ embarca en una fructuosa polémica con
tenso para seguir las nuevas relaciones. cada uno de los artistas que han marcado
Con toda seguridad que una cosa no les un rumbo o aportado una solución par­
sobrevendrá: es el tedio. El tedio y la in­ cial. Y como verdadero crítico, está siem­
diferencia que “los del público” sentimos pre un paso más adelante que todas las
a veces ante “lo antiguo”, aunque nues­ soluciones.
tra cultura, nuestra buena educación o Ya en el análisis rápido de la cultura
nuestro esnobismo no nos permitan confe­ artística del siglo XIX, se advierte que
sarlo en voz alta.
nos quiere hacer comprender que las
¿Pero cómo, cómo resolver la compleja diferentes maneras de expresarse, desde los
problemática que el arte nuevo nos pro­ clásicos, los naturalistas, los barrocos y ro­
diga? Claro está: se impone una informa­ mánticos, hasta los impresionistas, fauves,
ción histórica, hay que familiarizarse con expresionistas, cubistas, futuristas, irracio­
nombres y con fechas. Y luego: ¡ver las nalistas y abstractos que luego tratará más
obras! Ir a los museos, tratar de ver más, in extenso, son signos de otros tantos uni­
no juzgar por una obra, tener hambre de versos de ideas en los cuales no podemos
verlas todas. Mirarlas bien, mirarlas mu­ detenernos embelezados so pena de estan­
cho, volver a mirarlas con otra luz y con carnos y perder contacto con el propio

90

�nuevo estilo de vida que se está forjando. A propósito del fauvisme plantea así el
Y que se forja, nos guste o no, lo igno­ problema de este movimiento: “...para
remos o no, en base a la ciencia nueva, liquidar lo que quedaba de sentimenta­
a los desastres políticos y sociales, a las lismo romántico en la pintura” intenta­
lógicas y matemáticas generalizadas, a los ron crear "formas que no respondían más
sistemas y las ciudades en ruinas de Eu­ al conocimiento empírico o racional, sino
ropa y del mundo.
a una especie de adivinación o intuición
Si aún creyéramos en las ingenuas esta­ de la realidad, eternamente móvil y cam­
dísticas, podríamos fácilmente sacar una biante, como enseñaba entonces B ergson ”.
conclusión de la experiencia y sostener Más: “la revolución fué menos radical de
que es una ley natural que el gusto del lo que se supuso, porque al hacer del
público esté cincuenta años a la zaga de color un sustituto de estados emocionales,
las vanguardias artísticas. Eso que el inte­ los fauves eran tan subjetivos como los
ligente Conservador del Museo de Arte románticos”. Y: “el deseo de ser salvajes
de Lucerna, Dr. R ein le , llama el ‘‘des­ se cumplió a medias y desde el primer
plazamiento generacional del gusto”. Pero momento surgieron las personalidades, en­
tales consolaciones fatalistas nos están ve­ tre otras razones, porque el pretendido
dadas, desde que corazones tan jóvenes instintivismo estaba cargado de precon­
como los de los más que septuagenarios ceptos culturales y de maneras de sentir
artistas M atisse y P icasso nos desafían con muy refinadas”.
su renovación constante, y que hay críticos
En seguida, y para demostrar que el
pacientes como el que nos ocupa, que fauvisme “que comenzó siendo un arte de
se toman el trabajo de volver a trazar expresión, con garra de carnívoro y furia
para nosotros la génesis de las ideas ori­ de salvaje, ahora es un arte de ilustra­
ginales y nos las hacen accesibles.
ción”, los trae a uno por uno. V la m in k .
La pintura europea contemporánea da en Hay que recorrer una sala llena de telas
efecto la teoría que conscientemente o no, de V lam ink para comprender que: “más
fundamenta los distintos ismos del siglo. que pintar echaba la materia sobre la tela,
Sabe que "la obra de arte tiene que ser con energía que sobrecoge, no para que
forma, con un contenido procedente del fuera marca de las cosas, sino las cosas
patrimonio común”. Y nos indica cuándo mismas en vivencia dramática”, para com­
un contenido es sólo “desborde de un probar “la influencia de C ézanne ”, ver
estado de espíritu” y cuándo la forma es luego la “repetición de los fáciles efectos”
sólo “sensualidad del trazo y la materia”. y concluir que en las últimas “el arte,
Pero no es un libro puramente teórico, esa capacidad de adivinar un mundo
mal podría serlo. Las ideas están puestas y encerrarlo en una forma, el arte está
a prueba en cada párrafo. Veamos.
ausente”.

91

�Al tratar de O thon F riesz y la peligrosa

influencia de Van G ogh “pintor que puede
infundir ideas pero no recetas y que m u­
cho m al hace a quienes confunden las
ideas con las recetas”, en efecto, podemos
com probar en seguida sus claudicaciones:
sus “pesados ritm os” de los años 30 y las
“superficiales flores y paisajes de buen
gusto” de su vejez.
Después D ufy : “Para él la línea y el

color constituyen dos melodías que se su­
perponen sin encontrar mayores puntos
de apoyo recíprocos, asemejándose su pin­
tura a un coro a dos voces” y: “Le falta
densidad al arte de D ufy , esa densidad que
un artista obtiene cuando el vivir es un
modo de trascenderse”. He tenido la suer­
te de ver una extraordinaria retrospectiva
de R aoul D ufy y creo que es erróneo
defenderlo de la etiqueta de “decorador”
que algunos le han puesto, es un gran
decorador. Y si la construcción sigue débil
hasta el final, ¿no será que D ufy , a pesar
de los postulados teóricos ‘just didn’t care’?
Y he visto mucho M arquet, sus maravillo­
sas simplificaciones y cómo “se siente có­
modo sólo en la gama baja de los grises
y los ocres”, los cuales junto con los
tenues verdes oliváceos recién se me han
hecho plausibles al volver, cuando caía
la tarde otoñal, a lo largo del Sena. Y
luego lo he visto trivializarse en una tela
de 1936 en La lagune, Venise.
Y el fino M atisse “sin asom o de erotis­
m o ” q ue "parece q ue todo lo viera y
estim ara com o se ven y se estim an las
flores, im p erso nalm ente” . Y com prendo que

“su pintura tiene honda raíz metafísica”,
que es una aleluya, “el puro estar de las
cosas”.
Al expresionismo y en particular a su
matiz alemán (como Ausdrucks-kunst: an­
gustiado intento de dramatizar un estado
subjetivo), dedica R om ero B rest un inte­
resante capítulo. Deriva el movimiento de
El Puente y El Jinete azul de la influen­
cia de G auguin , de M unch y de H odler .
Por lo general se ha querido ver más
V an Gogh que H odler en la ascendencia
del expresionismo alemán. En una sala del
Museo de Bellas Artes de Zürich pueden
verse felizmente reunidos varios M unch y
muchos H odler . Y se hace allí patente
que no sólo “la tremenda fuerza de obje­
tividad y dureza” del suizo tuvo que
pasar a la generación joven, sino también
su impulso hacia la alegoría y su gran­
dilocuente pathos. Que se hermanan de
modo natural con la fantasía visionaria
y sentimental del noruego. Lovis C orinth
en cambio, tal como lo insinúa R omero
B rest , no puede considerarse como ante­
cedente a pesar de la dinámica de su
color, porque su época de resonancias
psicológicas más profundas, data efecti­
vamente del segundo decenio del siglo,
cuando el artista quedó cruelmente seña­
lado por la enfermedad y su genio tuvo
que crearse un más potente estilo para
expresar su quejumbre y auto-rehabilitarse.
Frente a los cuadros de los varios artistas
que se comentan con acierto en este capí­
tulo, he hallado en dos ocasiones la reali­
dad más rica que la exposición teórica. El

92

�primero es el caso de E m il N o i .de , del cual
he podido ver una serie de acuarelas eje­
cutadas con el método húmedo, magnífi­
cas y que parecen desmentir a quien le
niegue ironía y “esprit de finesse”. ¿No di­
ce de él el espiritualísimo P aul K lee : "N oIde es más que solamente terrenal, es el
demonio de esta región... Pero el cora­
zón de la Creación alimenta, pulsando para
todos, todas las regiones?”
El segundo es F ranz M arc , cuyo “esplén­
dido juego de contrastes tonales y violentos
ritmos concéntricos nunca sobrepasó lo sen­
sible” para R omero B rest. Creo que esta
opinión puede revisarse frente a un nu­
meroso conjunto de obras como el que
me fué dado ver, que constituían una sin­
fonía polícroma no sólo de gran finura,
sino testimoniaba una elevación poética
tal, que puede considerarse como lograda
la expresión óntica.
Y en vano he buscado dos palabras para
P aula M odersohn -B ecker , quizá su obra
alcanzó una objetividad que no permite
incorporar su nombre a este movimiento,
y luego, como la de M arc , quedó trunca.
En cambio el acierto frente a la obra de
G eorges R ouault se percibe en seguida
y se comprende como “el mundo que cons­
truye, aunque tiene la calidad de mundo
por la potencia expresiva de sus formas,
nunca deja de ser su mundo, el de sus
experiencias, de sus triunfos, de sus fra­
casos, sobre todo de su dolor”. Y que:
‘‘revitaliza los grandes temas, tal vez uno
solo, el de la redención por el sacrificio
de Jesús, con su cara cómica y su cara

93

trágica, como si permaneciese todavía en
la fase indiferenciada de los principios
del arte helénico: hasta en los momentos
más sublimes sus personajes cargados de
pathos se mueven como comediantes, en
tanto que sus personajes de Commedia
dell’Arte nunca dejan de exteriorizar una
honda melancolía metafísica”.
Para escribir los capítulos siguientes el
autor no sólo ha debido apelar a su enor­
me caudal informativo sino hacer gala de
erudición filosófica, ya que los movimien­
tos tratados pretendían casi todos inventar
una estética nueva.
Por eso puede darnos en pocas líneas por
ejemplo la débil y vaga fundamentación
racionalista del cubismo y su presunción
metafísica de crear una armonía cuyo prin­
cipio constructor era un “lirismo” que "se
inicia y termina en la subjetividad razo­
nante”. Pero “¿puede practicar el artista
un monismo subjetivista tan férreo si está
obligado a exteriorizar su visión? Los cu­
bistas no superaron el dualismo entre su­
jeto y objeto”. “Cerraban el ciclo del cono­
cimiento en el sujeto que piensa —y por
otra parte, afirmaban que el cuadro es
un objeto que nada expresa fuera de lo
que es”. “Como se ve, dos mundos que
no se comunican entre sí”.
También las elucubraciones del superrea­
lismo "opuestas a toda trascendencia idea­
lista” quedan expuestas. Y se ve que ese
“campo psicofísico total (del cual el campo
de la conciencia no es más que una débil
parte) ” y “al cual se llega solamente por
la ruta del automatismo” según sostienen

�en el futuro no es sino él mismo arries­
gándose en su palabra, como el artista
militante se arriesga en la obra. Dos son
las grandes corrientes de la pintura, dice:
“Una que tiende a crear objetos absoluta­
mente despersonalizados, que expresan la
secreta armonía del cosmos, otra que tien­
de a crear objetos personalizados que ex­
presan la secreta armonía del individuo”.
El crítico-artista anhela la formación de
un estilo como expresión colectiva y stan­
dard, superando la manera que es indi­
vidual y sentimental: “una nueva vertebración de las experiencias individuales en
el marco de las necesidades sociales”.
Esta solución sociológica está efectivamen­
te en el eje, en la axio-logia propia del
siglo. Pero es una idea que implica una
enorme síntesis, de la cual ningún proble­
ma humano está ausente.

aquellos sectarios, es considerado por ellos
erróneamente como más amplio, como si
se tratara de comparar superficies que se
contuvieran las unas a las otras (y eso a
pesar de la lección de Bergson!), cuando
su “amplitud” lo es conceptual, por deno­
tación en el campo más específico de la
conciencia alerta.
Las páginas dedicadas a K andinsky cons­
tituyen lo más profundo que sobre él
conozco y me despiertan la música de
todo lo que de este artista he visto. Creo
que R omero B rest utiliza cuatro grandes
artistas: a P icasso, M atisse , a K andinsky
(“que no deja de ser dramático y sólo
cambia de modo de generalizar”), y a P aul
K lee (a quien reconoce "inteligencia lú­
cida” pero “que se nubla en un cielo de
romántica impotencia”) , para llevarnos
poco a poco a sus propias "conclusiones".
Porque el superartista que el crítico sueña

M agdalena B i .eyle

94

�crítica
SOBRE CUATRO ESCULTORES
Habría que decir sobre cuatro escul­
tores d esv irtu a d o s. Pues, ¿es posible
olvidar que la escultura necesita del
espacio como del oxígeno los pulmones
y que sin espacio en el que pueda actuar
pierde su potencia de comunicación, se
olvida su voluntad de trascendencia, se
anula, se asfixia? Empero, los organizado­
res de la exposición parecen no haber te­
nido en cuenta esta exigencia primaria
de la escultura. Obras en piedra, en yeso,
en terracota se acumulan en la pequeña
Sala V de la Galería Van Riel. Asi, el
espectador trata en vano de gozar de
ellas, de entregarse; su campo de visión
abarca inevitablemente varias obras que
solicitándolo a la vez y de diverso modo
perturban su goce y superficializan su
entrega. Cada artista, cada obra en sí,
si es obra de arte, tiene algo que decir,
algo propio e irreemplazable. Pero, ¿có­
mo nos llegará su voz si la privan de su
caja de resonancia: un espacio propio,
personal? Todo se vuelve una algarabía
ininteligible. El espacio enérgicamente re­
chazado por un volumen compacto es el
mismo que penetra y circula a través de
los huecos de una escultura que tiende a
asimilarlo; el que se enrosca en un ritmo
de espiral en torno a un desnudo semiabstracto es el mismo que se fragmenta al
chocar contra pequeñas superficies mo-

95

duladas. Y no sólo el placer, la emoción
resulta lesionada; también se dificulta el
juicio. ¿Qué discriminar, cómo ahondar
en un artista si sólo se nos presentan de
él, dos, tres, a lo sumó cuatro obras, y
peor aún, si éstas denuncian distintas ten­
dencias? Pero la incertidumbre crítica lle­
ga al máximo cuando se observa que estos
cuatro escultores parecen reunidos al azar,
caprichosamente, sin que los enlace una
misma aspiración estética, una similar con­
cepción plástica, ni siquiera una coinci­
dencia de generación. Una cabeza de in­
tención monumental de A ntonio Sibeix in o
coexiste con un grupo de N oeímí G erstein
que aspira a la expresión espacial, con
obras de L ibero B adii en las que predo­
mina la expresión dinámico-sensual de la
materia. Frente a tal heterogeneidad, cabe
más describir que valorar. Si algo se pue­
de enjuiciar en esta exposición, es la expo­
sición misma.
Es sorprendente constatar que A ntonio S i bellino , el decano de los escultores pre­
sentados y el de más renombre, sea el
que expone el menor número de obras,
de antigua data por otra parte, y de me­
diana jerarquía. Sibellino se mantiene
dentro de la concepción tradicional de
la escultura de volumen. Su Cabeza de
criolla, gigantesca, revela en su desestima
de lo psicológico y en su búsqueda de la
síntesis, una intención monumental, apo­
yada por el material elegido, aunque la

�piedra reconstituida está lejos de crear la
sensación de perennidad que se requiere.
En esta escultura la masa impresiona por
su cantidad, por su peso físico, no por su
calidad, por esa potencia contenida que
debe animar desde dentro el volumen y
volverlo vivo. Si en la cabeza lo funda­
mental reside en el volumen, en el Des­
nudo sentado la expresión por la masa se
traba en lucha con la expresión por la
superficie. Una lucha sin solución clara: el
volumen sigue valiendo como tal pese a
los intentos de dinamizar con valores
táctiles el dorso y reducir la parte fron­
tal a un juego de planos. Aun desde el
punto de vista del tratamiento de las su­
perficies hay una dualidad ambigua: la
materia se-anima en el dorso con un dina­
mismo plástico no carente de sentimiento,
mientras el frente del desnudo revela,
sorpresivamente, una técnica distinta al
presentar ángulos agudos y aristas cortan­
tes. Busca aquí someter las formas repre­
sentativas a un ritmo: de planos de geo­
metría exterior. Pero lo representativo
subsiste, y el ritmo de los planos sólo
consigue un dinamismo falso de superfi­
cie que fracciona y debilita el sentido de
totalidad. Dominada la capacidad de in­
vención por la forma humana en que se
apoya el escultor, sojuzgados por ella, los
planos sólo pueden actuar como meros
límites de la masa, se ‘diría como pequeños
diques. Y pese a todos los esfuerzos del
artista. Desnudo sentado sigue siendo una
escultura estática.

G erstein . Pero aquí el tratamiento por
planos —menos francos, más sujetos a la
forma natural— agrava esa fragmentación
de la forma que se percibía en el desnudo.
La dinamización de la masa queda como
sobreagregada, exterior, la unidad fron­
tal amenaza destruirse. Lo representativo
subsiste, a través de una síntesis que re­
chaza toda emoción y todo atisbo de sub­
jetividad. Reina aquí un espíritu objetivo,
que se demuestra igualmente, pese a las
resonancias sentimentales del título, en
los dos pequeños grupos titulados Madre
é hijo. En ellos se alargan los brazos co­
mo arcos, se acercan las cabezas a ovoides
y las rodillas a paralelepíípedos; pero esta
reducción a formas simples geométricas
es sugerida por las formas de la realidad
concreta; se asocial la cabeza a un ovoide,
como resultado de una simplificación de
la forma natural misma; los brazos hacen
pensar en arcos: no se puede hablar aquí
de una auténtica invención. Lo impor­
tante a señalar es cómo actúa en estos
grupos el espacio. No es ya el volumen que
triunfa sobre el espacio, sino que éste úl­
timo se equipara al primero en cuanto a
potencia y calidad expresiva. El dar va­
lidez estética al espacio hasta hacerle asu­
mir un papel protagónico en la escultura,
el esculpir el espacio, define la más nueva
corriente escultórica. Pero N o em í G erstein
es medidamente moderna; el espacio que
entra y sale por los huecos se incorpora
a la expresión material y, en definitiva,
H ay parentesco entre esta obra de Sibe - espacio y materia recomponen un volu­
men.
l l i n o y el torso de terracota d e N oem í

96

�También en J uan C arlos L abourdette se
advierte un acento de modernidad en esa
suerte de espiritualización de la materia,
que es en cierto momento una negación ac
la misma. Lo tipifica su Figura, un des­
nudo de pie en el que la forma se alarga,
se descarna, se aligera, descarta toda sen­
sualidad, todo subjetivismo sentimental,
toda racionalidad, y hasta las posibilida­
des .tentadoras de la gracia. ¿Qué le queda?
Un pequeño y múltiple juego de pince­
ladas, de superficie multimodulada, un
ritmo minúsculo que recorre todo lo ex­
terior, dinamizando lo que es materia,
pero sin llegar a sublimarla en un sentido
expresivo profundo. Otra escultura, Ca­
beza, mantiene este juego sensible de su­
perficie donde la luz se quiebra en menu­
dos reflejos. No obstante, el volumen ad­
quiere mayor jerarquía sin resolverse como
estructura total: el cuello actúa como un
verdadero pedestal inerte.
La escultura de L ibero B adii se enlaza
con esa otra gran concepción de la escul­
tura moderna que revaloriza el volumen
—un volumen descargado de presupuestos
representativos, rotundo, de superficies
curvas y lisas, donde la materia se carga
de erotismo— como elemento primordial
de la expresión. El volumen en sus dos
figuras de piedra tiende a expandirse, a
remontar un espacio ascendente que en­
vuelve la forma resbalando sobre la super­
ficie pulida para crear un ritmo espiral.
Hay alusión a la forma representativa,
pero más como pretexto para desarrollar su
ritmo curvo dinámico que para extraer la

expresión de lo representativo mismo,
aunque llame a sus obras Fecunda o Mi­
rando al rio. El basamento de estas dos
obras está finamente granulado, lo que
trivializa la potencia compacta de la
piedra, y contradice con su peso inerte
el impulso de expansión de la forma que
sostiene. A otra concepción más dominada
por la observación directa de lo natural,
corresponde una Composición en yeso, en
la que no está resuelto el ritmo espacial
que debiera enlazar sus tres figuras en
un todo armónico y unitario. B adii enfoca
desde otro ángulo el problema de la es­
cultura en su Retrato de María Fux. Por
sobre la expresión del volumen predomina
aquí la de la materia. Sin embargo su
mayor acierto no reside en la superficie
que alude a los cabellos, animada por
un juego de pequeños toques, sino cuando
resuelve la parte que corresponde a la
cara en un atrevido plano semicurvo, no
geométrico, muy sensible, iniciando un
potente ritmo que luego se pierde en el
resto del volumen. Luego, y sobre ese
mismo plano, pequeñas incisiones hechas
en el yeso fresco, más que señalar, anotan
apenas los rasgos de una posible cara. No
se entiende el por qué de este grafismo
inexpresivo, elemento tan evidentemente
sobreagregado que resta unidad al plano.
Examinadas en conjunto las obras de esta
exposición, el observador atento llega de
inmediato a una conclusión innegable: los
cuatro artistas obedecen aún a la tradi­
ción escultórica que funda la expresión en
el volumen; para ellos esculpir es crear un
objeto compacto, una forma material do-

97

�minada por una fuerza estática. Si se
descartan los tímidos ensayos espaciales de
N o em í G erstein , ninguno de los escultores
expuestos asigna verdadera importancia al
espacio, pese a que hoy, la nueva escultura
consagra sus esfuerzos a darle forma, ha­
cerlo vehículo de emoción, infundirle vi­
da estética. De. todos modos sería injusto
no señalar en esta exposición la presencia
de acentos actuales: el rechazo de lo sentimental-subjetivo, en pro de una objeti­
vidad no-naturalista; una general desestima
de la representación que se llega a anu­
lar por momentos; un sentido de abstrac­
ción en el que subyace el deseo de libe­
rarse de lo particular para elevarse hacia
lo universal, deseo que parece ser más
imperioso en nuestro tiempo que en el
pasado.
R aquel E delman

O LA NUEVA GENERACIÓN DE

PINTORES ARGENTINOS
En los primeros días de octubre se pre­
sentaron en Buenos Aires obras de dos
grupos de artistas pertenecientes a la nue­
va generación plástica, uno en los hermo­
sos salones de Jacques Helft y el otro en
la moderna Galería Krayd. Aunque en ésta
se vieron obras de escultores argentinos de
esa misma generación, y algunos con cali­
dad y sentido de anunciación de nuevos
ritmos y nuevas posibilidades, este aná­
lisis va dedicado exclusivamente al estu­
dio de las obras de jóvenes pintores para
tratar de desentrañar sus intentos, presen­
tir sus anuncios y palpar sus realizaciones.
9S

En realidad, no cabe hablar de dos gru­
pos. Por de pronto, casi todos los que ex­
ponían en Krayd estaban incluidos en la
exposición de Helft, y si bien los primeros
ya han expuesto juntos varias veces, siem­
pre con el título de 20 Pintores y Escul­
tores, el segundo conjunto se ha consti­
tuido por invitación del Sr. Helft, quien
ha seleccionado pintores y obras, tratando
de dar una visión del movimiento actual
de la joven pintura, llegando a incluir
pintores casi desconocidos o que poco ha­
bían expuesto antes. La visión que presen­
tó es eficaz e iluminadora, y lo sería más
aún, si no fuera por omisiones —voluntarias
o no—" como la de los concretos, que de­
jan un claro muy marcado en este pa­
norama de nuestra pintura actual.
Entrando en la casa de Helft veo una sala
que me atrae en seguida por ser la más
clara y luminosa y observo un hecho cu­
rioso: dejo que mi vista resbale por las
paredes sin detenerme en ningún cuadro y
compruebo que no hay allí grandes valores
artísticos, noto que falta seguridad en las
direcciones e indecisión por los caminos a
seguir, pero el conjunto ofrece una ale­
gría de luz y de colores que parecen ha­
cer brillar las paredes de esta habitación
y producen en el ambiente total una sen­
sación de espacio en movimiento, de vida
sin brumas, en las que todas las obras co­
laboran eliminándose las individualidales,
para lograr una atmósfera que no se per­
cibe en otras salas de esta exposición.
Al referirme al valor de estas obras
no pretendo menospreciar todo lo que

�concretos. Se nota por el afán de limpie­
za en sus telas y parquedad en la selección
de los elementos con que construye su idea
plástica, pero usa cierta artificiosidad,
ciertos trucos para sugerir el movimiento
de sus planos que molestan al ojo del es­
pectador. Se ve a donde quiere ir, pero
todavía le falta recorrer el duro camino de
la depuración para obtener el máximo de
sus condiciones.
E duardo A. J onquiéres ha cambiado to­
talmente su modo de pintar, pero sigue
siendo el pintor fino, sensible de sus
presentaciones anteriores, y sigue siendo
un romántico aunque quiera manejarse con
formas duras, filosas, cerradas. También de
él puede decirse que se adivina su meta,
a la que puede llegar si persiste, vencien­
do las dificultades que el nuevo camino
le imponga.
G regorio V erdanega ya no busca. Ha en­
contrado en otros lo que le gustaría ha­
cer, y lo hace, directamente, con toda im­
personalidad y, al parecer sin importarle
que se lo identifique totalmente con su
mentor, cuando éste alcanza la talla de
un V antongerloo .
Las formas vitales y potentes en su auste­
ridad que M artín B laszgo logra como es­
cultor —su Proyecto para el monumento
al Prisionero Político Desconocido, V er
y E stimar , número 32— no aparecen en
las dos pinturas expuestas en Helft. Con
todo hay que admitir su evolución. En
1949, cercano al grupo Madí, pinta con
desorden un grupo de formas que parten
q uiere aproxim arse a los de un rectángulo blanco, hasta detenerse,

veo: W ilmia D ustir da con sus dos cua­
dros buena prueba de sus posibilidales.
Especialmente la tela más pequeña —dos
rectángulos grises pseudogeométricos que
se articulan en una arista muy potente,
son atravesados por dos formas casi trian­
gulares, creándose así un espacio virtual,
dinámico sin ser alocado— está mejor con­
cebida que su gran panel, pintado en una
acertada combinación de formas blancas,
verdes y azules. En la primera no hay
gran variación de tintas, pero la forma y
dimensión de los planos y sobre todo el
efecto sedante de dos delgados planos blan­
cos que aparecen bordeando los grises, da
unidad a esta tela, una de las mejores de
la exposición.
Las dos telas de M anuel álvarez eviden­
cian la encrucijada en que se encuentra.
De una de ellas podría decirse que está en
una zona abstracto-expresionista. Acá sólo
puede hablarse de búsquedas y no de ha­
llazgos, faltando la segurida en la línea
y precisión en los tonos que aparecían en
otras telas de álvarez . S u otra obra, de
formas casi geométricas, está regida por
el orden que impone una gruesa columna
negra a la izquierda, la que por efecto
de tres triángulos flotantes parece moverse
por delante del rectángulo negro de la
derecha, y sin embargo, las dos formas se
encuentran en un mismo plano. Queda así
sugerido el espacio para que en él se
muevan los triángulos de colores bien
ajustados y la materia cuidadosamente
homogénea.
Sim ona E rtan

99

�encerradas por un marco de forma irre­
gular. ¿Quiere dar, con este subterfugio,
una solución al problema del cuadro de
caballete en decadencia? Su pintura más
reciente muestra un juego de planos que
se adelantan y retroceden —sin revelar
mayor diferencia entre fondo y figuracreando una especie de espacio arquitec­
tónico, al que un gran plano gris limita
sin encerrar.
H ans A f.hi p in ta p ero n o construye ni
conform a; ju eg a con colores; a veces los
q uiere v ib ran tes, a veces hom ogéneos y
au n q u e n o cabe h a b la r de m al gusto, de
rep en te incluye u n a form a de color p u ro ,
q ue en lu g ar de d ar sentido a la com po­
sición, la desarticula.

En esa Sala de de Helft hay una pared
dedicada al grupo Madí, a los que se le
aproximan y a los que ya están dejando
esa dirección. Interesan sólo porque con­
firma la idea ya formada de que no ofre­
cen vías de salida a la pintura de hoy.
Sin embargo cabe mencionar los envíos
de G yula K osice , inferiores a algunos de
su reciente exposición individual; los de
G ina I onescu , que revela seriedad en sus
intentos; los de A níbal J. B iedm a , conciso
en su composición, y de J uan O tano , frío
en sus formas y coloridos y menos feliz
que con sus esculturas de otras exposicio­
nes. También figuran en la misma sala dos
telas de F ernando C. I raolagoitía , fuera
de lugar junto a los pintores arriba men­
cionados. Tal vez lo acerca a ellos —y de
ahí su inclusión en ese grupo— su bús­
queda de luz y claridad por el color; pero

más cercano está de las obras de M anes y de Singier anteriores a 1950, fal­
tándole para emularlos el encanto que bro­
taba de sus vivos acordes tonales, manchas
que flotaban por encima y por debajo de
superestructuras lineales también colorea­
das, que provocaban una atmósfera de in­
tensa vibración emocional. Siguiendo esta
misma línea puede nombrarse a F ebo M ar ­
tí , que no logra apartarse de la perspec­
tiva clásica —tipo ventana abierta a un
espacio estático— pese a la división de sus
formas y ál colorido claro del fondo que
quiere traer hacia adelante. Y también
en esta tendencia, aunque con mayor oficio
y mayor expresividad en los coloridos las
dos telas de V icente F orte , en la Galería
Krayd. Merecen destacarse las dos telas de
M iguel O ca meo , joven pintor de tanta
sensibilidad en los tonos como finura en
el manejo de la materia cromática, sin
que esto signifique pérdida de fuerza. Usa
fondos claros, de óleos que parecen espesos
y sin embargo permiten, a veces, entrever
un bajo-fondo ocre más cálido. De ese
fondo se levantan formas que se van mo­
viendo, como guiadas por un hilo que las
lleva sin dejar que se despeguen total­
mente del fondo, para que no cobren un
volumen que no quiere darles.
Saliendo de la primera sala visitada, busco
otros pintores que están en la tendencia
de los ya mencionados o cerca de ellos.
En primer término estudio a C lorindo
T esta cuyas condiciones se revelan en sus
dos telas: Puente y Construcción, sobre
todo la última que, aunque no permite
todavía hablar de madurez, muestra potensier

100

�cía en el color, sentido de vida en sus
ritmos y equilibrio en la composición, lo­
grado por la ubicación de planos blancos
y manchas rojas y azules de intensa valo­
ración. En cambio, ¿cómo explicar la in­
clusión de un cuadro de Sarah G rilo ,
creo que de 1951, muy por debajo de sus
posibilidades y de sus realizaciones últi­
mas? Hay sólo atisbos de lo que ella
puede dar en algunas zonas de la tela. Se
la ve intranquila, tal vez angustiada y
sobre todo indecisa. Tampoco se justifica
el envío de F ernández! M uro —uno de los
componentes mejor dotados del grupo de
los concretos— que pinta una- naturaleza
muerta con reminiscencias de cubistas y
de otros isrnos en la que destruye las for­
mas, para recrearlas luego sin volumen en
un espacio artificial, sugerido por la ines­
tabilidad de los objetos, más que por su
dinamización; usa tonos neutros, oscuros,
muy trabajados y bien acordados, mostran­
do habilidad al equilibrar tonalmente el
desequilibrio creado por la falsa perspec­
tiva y el aplanamiento de las formas.
Destaco a C arlos T orrallardona por su
Paisaje aunque no esté logrado como tota­
lidad. Es feliz el movimiento creado por
los techos, triángulos anaranjados o de un
blanco muy cálido. Con ellos forma como
una trenza de cintas que va iluminando el
cuadro en todas sus partes y hacen que
uno no mire el resto del paisaje para
dejarse llevar por ese arabesco de ángulos
diedros. Pero toda la potencia de la parte
superior del cuadro declina en la parte
inferior, sobre todo por el desdibujado
carrito y caballo que rompe las líneas de

movimiento del espacio creado en la parte
superior de la tela. Algo semejante ocu­
rre con su Café con billares, cuadro de
fracciones geometrizadas, pintado en una
gama oscura. Hay grandes rectángulos bien
limitados que crean espacio y a la vez
se funden todos en un plano por la opo­
sición de las líneas de fuga que apuntan a
horizontes diferentes. Es espacio y no lo
es, y no podemos hablar de planismo. La
tela estaría totalmente lograda si no fuera
por las blandas e incompletas figuras del
primer plano que interrumpen, impidien­
do al espectador gozar plenamente del jue­
go del espacio. Nada agregan a esto sus
dos telas expuestas en Krayd, en las que
siempre vemos el deseo de geometrizar, sin
poder despegarse de los ritmos orgánicos.
Están incluidos en esta exposición un
grupo de pintores que sin dar obras muy
valiosas, logran pinturas que gustan, que
llegan al visitante para halagar sus sen­
tidos, ya sea por la suavidad de las tintas
y las transparencias, como en las Ninfas
de I deal Sánchez , o su Vegetal en Krayd,
ya sea por la vivacidad de los rojos y azules
y verdes de M ané B hrnardo , más lograda
en sus Formas —naturaleza muerta en la
que crea espacio por la unidad de valores,
pese a la contraposición violenta de tin­
tas—, ya sea por la serenidad y frialdad
con que tranquiliza Luis B arragán , más
colorista en sus fondos que en sus figuras.
Hay mérito en la búsqueda de R afael
O netto , cuyo principio de evolución se
advierte a través de las dos telas que ex­
pone en Helft y la de Krayd. En su Cru­
cifixión hay formas sin volumen apenas

101

�sugeridas por trazos oscuros, con un tipo de
composición vertical que recuerda a la de
los primitivos, aunque bastante confusa en
su realización. Las otras dos telas Invier­
no y Paisaje están mostrando una tenden­
cia a la simplificación. Lo que en la pri­
mera obra eran figuras descarnadas, aho­
ra son sólo signos que llevan en sí un
profundo sentido de drama, aumentado
por la gama baja, sostenida, y el ritmo
repetido de los trazos angulosos.
Cuesta admitir que pintores como B runo
V enier —de gran sensibilidad colorística,
buen gusto, ritmó en las líneas y sentido
de composición— en plena juventud, se
dediquen ya a repetir sus realizaciones y
no busquen más. Hoy da lo fismo ver un
Venier que ver diez de sus obras, pues
en todas se mueve el mismo juego armó­
nico de pinceladas alargadas que crean
una estructura exterior, y de formas de
vivos colores que parecen danzar adentro,
aunque sin estar totalmente presas en esa
jaula de giros caligráficos.
Nada nuevo aportan a la pintura argen­
tina Cerda C arretero , P anaciotopulos y
O bdulio V esprini . Sólo vemos en ellos re­
miniscencias de sus maestros, pesada tra­
dición que no les permite ir al unísono
con los pintores de su generación. Otro
tanto ocurre con A lthalef , muy lejos de
sus compañeros del grupo de 20 en Krayd.
En cambio M orana , que no luce aun una
gran calidad en sus hallazgos, muestra po­
tencia expresiva, fuerza en el decir y va­
lentía en la deformación. De J uan M ele ,
de 1 la V ega y T omasello cabe decir, como

de muchos otros que pintan, sí, pero solafente con el pincel, los colores y la tela.
No con todo el ser del artista, que incluye
tanto sensibilidad como inteligencia, amor,
gusto, en fin, todas las potencias vitales
del hombre, que se exacerban y hasta
justificadamente se desequilibran en el
acto de la creación. No bastaba antes re­
producir auténticamente las facciones de
una persona o el contorno de un árbol
para ser un artista, ni es necesario pintar
formas no figurativas hoy, para que sea
automáticamente un pintor abstracto. Hay
un fuego sagrado que se suma a todo lo
que se puede lograr con los elementos ma­
teriales con que trabaja el pintor, y a todo
lo que su habilidad y técnica pueden dar;
y es sólo esa suma, transmitida directa­
mente del artista al espectador a través
de sus realizaciones el que nos permite ha­
blar de creación artística. Ese fuego está
latente en muchos de los jóvenes pintores
argentinos acá analizados. Se encuentra
aún en muchos de aquellos que parecen
estar más lejos de la madurez o más inse­
guros en sus intentos; pero hoy tienen el
valor de mosaicos, que no suenan indivi­
dualmente sino que entre todos contribu­
yen a formar el camino que ha de seguir
la verdadera pintura nuestra.
Y allí reside, precisamente, el valor de
estas dos exposiciones y de todas las que
vengan después, sin esperar grandes éxitos
financieros mientras no haya, como hasta
ahora, más que atisbos, tropiezos, y sobre
todo coraje para lanzarse a lo más nuevo,
a lo inexplorado.

102

B eatriz H uberman

�LUIS SEOANE
Apegado a los objetos naturales, figuras
observadas, ya sea de un pasado inme­
diato o de sus recuerdos españoles, lleva
a la tela las impresiones que le causa el
mundo que lo rodea. Aparecen escenas
simples de la vida diaria y trabajadores
humildes. Atento siempre a estos elemen­
tos, pero sin dejarse conmover por detalles
o con el entusiasmo de verter a través de
ellos su propia sensibilidad. No es pintura
de confesión y dado que algo del artista
siempre está presente en el cuadro, esto se
advierte como síntesis del conjunto de las
obras y se logra posteriormente en la men­
te de quien los contempla.
Son las suyas imágenes serenas, cargadas
de una vitalidad surgida del ser o cosa
que lo atrajo. Mira, estudia sus modelos
y de ahí parten los ritmos duros y sobrios
que están en sus composiciones. Se inspira
en pocos objetos, no necesitando de aque­
llos que por su calidad, dan realce a los
brillos, los juegos sutiles de luces y som­
bras, el color refinado, la pasta sensual.
Por el contrario, se maneja con un dina­
mismo contenido, generalmente originado
en el choque de trazos, contrastes de colo­
res y debido a que se atiene a lo obser­
vado, al desarrollo temático. Se vale de
cacerolas, plantas definidas, faroles, anima­
les, vegetales, fragmentos de mesas, jarras,
etcétera.
En las naturalezas muertas, lo mismo que
en las figuras, pues, no trata el gran pai­
saje, ni la composición compleja con mu­

chos personajes en diferentes acciones; se
conforma con presentar. Indica el movi­
miento, dejando que el ojo del espectador,
supla con su imaginación, la verdadera
acción. Sus figuras, sobre todo en los casos
en que las emplea de a pares y cuando da
importancia a los atributos que la rodean,
especificando su condición social u oficio,
dejan entreveer que existió un tiempo pre­
térito y otro en devenir. Parecen ser sor­
prendidas en un estado de paz, careciendo
de interés en impresionar fuertemente. Ahí
están, sin dramatismos, dispuestas a que
se las descubra, pues no quieren despertar
emociones. La expresión psicológica es
medida y para alcanzarla es menester un
esfuerzo en el espectador. Son seres aními­
cos, a la espera de que quien los vea,
los cargue de las condiciones que desee.
El lugar o escenario en que las coloca
actúa como eco de las mismas, siendo on­
das sonoras que se desprenden de aquéllas
y se van aproximando al límite de la tela,
manteniendo la misma tensión, pero sin
causar irritación o sobresalto. En algunos
casos la atmósfera, casi inexistente gene­
ralmente, tiene un carácter extraño, mez­
cla de visión ingenua con deformación
que le injertan un aspecto de irrealidad.
Sin embargo, en pocas oportunidades la
fantasía es un elemento de potencia.
El color es fuerte, agrio posiblemente para
el contemplador acostumbrado a las suti­
les variaciones de tonos y matices. Com­
bina violetas con verdes claros y amarillos
anaranjados, rojos con tierras cálidas u
ocres rojizos, que de por sí son difíciles de

103

�aproximar. Esos rosados fuertes con algo
de bermellón y verdes fríos, van al lado
de grises tizosos. Es donde está muy bien
y obtiene nuevos acordes, pues equilibra
toda su tela de este modo. Con respecto a
los grises los presenta bajo dos gamas.
Una, la que en términos de taller son
llamados “grises sucios”, con esa pastosi­
dad opaca que suele tener la tempera, o
sea sin brillo, sin la pequeña vibración
típica del óleo, aunque modulados tonal­
mente. Y aquí es expresivo. Sus otros gri­
ses, los que pretenden ser finos, ligera­
mente cálidos a veces o con alguna influen­
cia del azul, son pobres y rebajan la fuerza
de la totalidad del cuadro.
La composición es siempre ortogonal en
definitiva, cruzada por oblicuas y curvas
que no llegan a hacerle perder su solidez.
En las formas el volumen está casi ausen­
te. Los objetos se reconstruyen por la
violenta oposición cromática de los planos.
En algunas oportunidades proyecta las
sombras dibujándolas o dándoles forma y
suelen llegar a la corporeidad. La geome
tría que incorpora a las mismas, realiza
su fusión con el carácter del objeto, afian­
zándose en lo descriptivo.
Usa como vehículo de su expresión una
materia mediana. De pronto la aligera en
fragmentos, hasta dejar traslucir el soporte,
aunque no se vea, y está muy lejos de
tener la diafanidad de la veladura o actuar
como acuarela. No hay predominio del
dibujo sobre el color, tienen el mismo
vigor y actúan en beneficio de la forma,
que es la que se impone como resultan­

te. El empaste grueso y el trazo ancho
negro, aparecen en algunos momentos car­
gados de fuerza instintiva.
Hunde a veces el pincel, dejando marcas
en relieve, las cuales harían suponer que
alterna dibujo y pintura como en capas,
dado que los bordes no coinciden. Al lle­
gar a esta observación es necesario dete­
nerse un poco, pues presenta uno de los
problemas más interesantes, que ha sido
intentado por tanto pintor de este siglo
y fines del pasado. En efecto, existe la
posibilidad de un intensionado desajuste
entre línea y mancha de color, que actua­
rían como dos líneas melódicas que se
cruzan, interpenetran, avanzan y retroce­
den y hasta se oponen por fragmentos. El
resultado de esta nueva dimensión sería
el movimiento.
Ya en la exposición del año pasado (ver
números 19 y 29-30 de Ver y Estimar) se
podía intuir un futuro desarrollo en la
pintura de Seoane. Sin embargo esta nove­
dad, se halla serenada ahora. Se ha fre­
nado la audacia de búsqueda, que podía
haberlo conducido a la superación de la
dualidad fondo-figura o fondo-objeto y a
la conquista de un nuevo modo de conce­
bir y expresar el espacio. Esta tibieza se
debe a que el artista se siente demasiado
adherido a los objetos como materia, a
la representación y al hecho de continuar
con la influencia de recuerdos pintorescofolklóricos.
De lo anteriormente dicho es fácil deducir
que sus naturalezas muertan son superio­
res a las figuras, dado que las últimas

104

�son las que menos toleran la fragmenta­
ción seguida de una reconstrucción que no
les es propia.
Que el movimiento liberado es algo sin
resolver aún, se puede notar ante las obras
La siega, Mujer ordeñando y Figura con
mantilla. Las formas se disgregan y apa­
recen elementos sueltos que no se articu­
lan. Lo mismo sucede al tratar de dar
una dimensión de gracia, ya que la man­
tilla cae pesadamente, sin ordenarse en
ritmos dinámicos.
Tanto en las composiciones con figuras
como en las naturalezas muertas, se ad­
vierten líneas anchas geométricas o en
forma de pinceladas alargadas y sueltas,
también bandas blancas, ubicadas en fon­
dos algo inertes. Esos recursos son em­
pleados para dar mayor vivacidad a un
color o establecer uniones. Suelen moles­
tar a la vista, como ser en Pareja de inmi­
grantes y Muchacho inmigrante; en cambio,
en algunas naturalezas muertas llegan al
acorde y se justifican plásticamente (Aren­
ques y zapallitos, Planta y lenguado).

impresión de conjunto era lo primero que
se advertía al penetrar en la sala de expo­
sición de Viau, donde las “Cerámicas de
La Gotera” hacían su primera presenta­
ción en público. Cada pieza se hallaba
valorizada por una justa y sobria ubica­
ción, moderna y funcional. (“La Gotera”
cuenta entre sus integrantes con un ar­
quitecto, C arlos Coire a quien cabe pri­
mero felicitar por dicha presentación.)
Lo segundo que el espectador advertía con
gusto, era la unidad del conjunto en que
tres manos distintas (también las de A na
y A manda B eitía ) habían trabajado in­
distintamente en piezas simultáneas, ajus­
tando su personalidad a una obra de equi­
po. Las piezas no llevan más firma que
la de “La Gotera”, tras de la cual las tres
personalidades se funden en una tenden­
cia anónima y de estilo que va lentamente
marcando las manifestaciones artísticas de
nuestro tiempo.
Seguimos mirando: pieza por pieza capta
el logro de un oficio esmerado que no es
el fruto de ninguna improvisación, sino
la conciencia de una calidad, sin la cual
E lsa T enooni
se malogra cualquier fundamentación de
estilo. Calidad de color y textura puestas
al servicio de una constante armonía y
CERAMICAS DE “LA GOTERA”
buen gusto (es de notar que la expresión
Poco acostumbrados estamos en Buenos buen gusto nada tiene de peyorativo al
Aires a ver exposiciones cuya acertada pre­ tratarse de productos en su mayoría fun­
sentación predisponga de entrada al es­ cionales, donde el buen gusto es esencial).
pectador a gustar de la calidad de su Los paneles de mayor tamaño (debidos
contenido (tal vez la única excepción fué en este caso a la pintora A na B f.itía )
la del Grupo Moderno de la Argentina abstraen de lo orgánico y se aplastan con
realizada el año pasado) . Esta favorable gran sentido del plano en que se desarro-

105

�Han y de la función decorativa a que
están destinados. En cuanto a las formas
como volumen y escultura, de vasijas, pla­
tos, ánforas, etc., no ha llegado aún el
equipo a conferirles esa plenitud y tensión
que unidos al ya logrado color y oficio,
harían de cada pieza un exponente de
calidad y estilo. (A manda B eitía logra sa­
leros y ceniceros de rica fantasía que se
irán ajustando a un más severo control
formal).
Saludamos complacidos la formación de
este conjunto del que esperamos una ma­
duración segura y consciente.
B lanca P astor

KOSICE
La historia del arte abstracto en la Ar­
gentina tiene una fecha importante: el
a ñ o 1946, en el cual un grupo de artistas
lanza su primer manifiesto como tal y
realiza su primera exposición en el Salón
Peuser. No es que faltaran con anterio­
ridad experiencias, pero ellas correspon­
dían más a las de maestros como P e t o R u n r o D e l P r e t e a través de cuyas obras
enraizadas en el futurismo o cubismo se
introducían las primeras realizaciones de
un arte que había de destruir la imagen
objetiva, reemplazándola por nuevos sig­
nos, en un intento de expresar nuevas
relaciones espaciales.
Si hago esta breve referencia de carácter
general a propósito de la exposición reali­
zada por K osice en la Galería Bonino
en el mes de setiembre último, es preci­

samente porque este artista fué uno de los
fundadores del grupo aludido. K osice fir­
mó aquel primer manifiesto en el que
se postulaba la creación artística apoyada
en elementos de pura invención. Cuando
tras las primeras tentativas las diferentes
tendencias se fueron perfilando, Kosice
desintegró el grupo originario. Su separa­
ción implicó la formación de uno nuevo,
M adí, con cuya designación se pretendió
englobar en un término totalmente inven­
tado el arte no figurativo. ¿Supuso ese
nombre al mismo tiempo una divergencia
de contenido expresivo con respecto al
resto del Arte concreto-invención? Frente
a los abstractos y concretos, y coincidiendo
en este punto con el constructivismo de
R aúl L ozza , M adí sostendría la realización
de la pintura como un objeto. Objeto
significa no el plano sobre el cual se
arman los elementos pictóricos en una
unidad expresiva ajena por su naturaleza
al soporte mismo, sino un ente totalmente
inventado, con autonomía absoluta. Inven­
tar un objeto es para M adí hacer patente
una esencia, el movimiento, articulando
las formas y colores dentro de una estruc­
tura adecuada. Esencia y estructura supo­
nen una indisoluble conjunción; la esencia
es tal porque vive en las relaciones de las
formas; la forma a su vez deriva de la
presencia constante de las primeras. Esa
relación evidente en la tensión de la com­
posición ha de extenderse más allá de sus
limites; para ello la pintura no ha de
encerrarse en la ortogonalidad (vertica­
lidad y horizontalidad del marco y líneas

106

�de la composición); por el contrario ha
de articularse en un marco irregular y de
acuerdo a líneas oblicuas (composición
sagital). De este modo se la quiere libe­
rar de una ubicación fija; se quiere hacer
de ella un objeto libre en el espacio,
unida a él por el único vínculo de su
dinámica permanente. La creación mate­
rial se compone de acuerdo a un método,
la invención; éste se ejerce sobre un ele­
mento concreto, el movimiento, entendido
no como una fuerza abstracta, sino como
resultante de dos contrarios: la longitud
de una forma y el tiempo que se demora
en recorrerla. El movimiento es asi el
único a priori de la estructura. No lo
es la tela rectangular que impone con
su ortogonalidad determinadas exigencias;
tampoco lo son las relaciones matemáticas;
el movimiento es el único elemento que
ha de tener en cuenta el artista a me­
dida que desenvuelve su composición.
Quiero señalar en este momento, que
por este camino, el del concepto material
de la dinámica, M adí llega a la creación
del objeto, invento absoluto, como "expre­
sión de la superestructura ideológica que
denominamos arte”. Su incorporación a la
realidad exterior y empírica hace que di­
cha expresión no se desligue de una rela­
ción cognoscitiva; lo estético en lugar de
derivar del reconocimiento de un trozo de
naturaleza o mundo exterior a través de
una imagen, surge de la percepción directa
del objeto mismo. De este modo queda
rechazada toda vinculación con una inter­
pretación trascendente o espiritualista, al

mismo tiempo que abre la disidencia fun­
damental con otras expresiones de arte
abstracto, especialmente con los concretos,
quienes buscan las relaciones espaciales a
través de elementos lo más posible despo­
jados de materialidad, como son las líneas
y puntos.
Estos enfoques teóricos me permiten una
comprensión más justa de las obras de
K osice . Construye dos tipos de las que
llama pinturas. Las primeras constan de
una sola forma, en cuyo centro abierto da
cabida al espacio posterior. En las otras,
dos formas se enlazan por las relaciones
de colores y por la ayuda de otros elemen­
tos ajenos a ellas mismas. ¿Qué es lo
expresivo, la forma-color, o el espacio de
muro que queda configurado? Tanto en
las primeras como en las segundas el pro­
blema común es el que deriva de la per­
cepción del plano posterior sobre el cual
se destacan las formas. Si vemos ese fondo
incorporado a la estructura total como
una nueva forma determinada por la pre­
sión que le imponen los elementos mate­
riales en sus relaciones de colores y rit­
mos, el objeto pierde su independencia,
queda integrado al muro, actuando éste
como el a priori material, plano previo
que impone a la postre sus condiciones
de ortogonalidad. Si por el contrario las
formas en sus relaciones destacan su expre­
sividad de manera independiente sobre
el plano posterior, si éste no queda incor­
porado a la estructura total el objeto lo­
grado adquiere la jerarquía de una moda­
lidad escultórica. Si así contemplo cual­

107

�quiera de las composiciones de K osice ,
libre del plano, les otorgo una indepen­
dencia como objeto, les confiero las tres
dimensiones, aunque una de ellas, la pro­
fundidad, sea admitida con el mínimo de
exigencias; por lo menos estoy sugiriendo
un desalojo de espacio. Estoy hablando
de este modo para que se entienda las
consecuencias de su calidad de objeto ma­
terial, sin que esto signifique que el valor
estético derive de ese desplazamiento que
implica todo objeto, ya que la expresividad
en la escultura inventada por nuestro
siglo deriva de la capacidad de configurar
un espacio a través de las relaciones que
el contemplador crea cuando su ojo reco­
rre las distintas formas y no de la sola
concreción de las formas mismas.
Desde este punto de vista la pintura
objeto ofrece una limitada resonancia ex­
presiva. El espacio que atraviesan las es­
tructuras no logra formas muy imagina­
tivas ni sensibles; en cambio son más
expresivos los ritmos de los elementos ma­
teriales mismos, sus prolongaciones más
allá de ellos en esas especies de cintas on­
dulantes que siendo materiales fuera de los
bordes se transforman solamente en pintu­
ra cuando se continúan por sobre la super­
ficie. Ritmos claros sí, pero ni excesiva­
mente tensos, complicados ni dinámicos.
En cambio en las admitidas como escul­
turas declaradas, K osice demuestra su ma­
yor fuerza de artista. Podemos distinguir:
los volúmenes opacos; las masas que se
prolongan en tensón de ciertos ritmos;
las cintas que se estructuran en el espacio

108

y por último los volúmenes transparentes.
Los volúmenes opacos a mi juicio no apor­
tan ninguna novedad desde el punto de
vista en que debe interpretarse una escul­
tura de invención dinámica; siguen siendo
materia conformada, sí de acuerdo a una
tensión especial de su tamaño y forma,
pero con respecto al espacio que las rodea
no crean relaciones nuevas. (Volumen en
incidencia.)
Por el contrario la idea es otra cuando
ciertos ritmos se concretan en curvas ten­
sas que a la par que son movimiento físico
dan forma a un espacio, encerrándolo en
líneas prietas. (Tensionado espacial de una
inclinación, Escultura articulada.) En cuan­
to a los volúmenes transparentes significan
una solución para el mantenimiento de las
expresiones por el volumen. Explicaré esto
volviendo al concepto de la escultura como
volumen y recordando que en cuanto tal,
está constituida por dos elementos: la masa
y la superficie. La masa en la escultura
de bulto desplazaba, como ya dijimos, el
espacio, y esta acción se hacía expresiva
en las superficies, en las entradas y salien­
tes del modelado, en los cursos de luz, y
en las crestas principales de la masa misma.
Con el uso de materiales transparentes es
como si se lograra hacer patente esa acción
dialéctica entre un espacio ocupado y el
espacio exterior. Más que por las estructu­
ras logradas es por la acción de las trans­
parencias que nace un nuevo espacio en
esa permanente comunicación de adentro a
fuera.
En la medida en que K osice apoya la

�El éxito de esta exposición exige una
pregunta cuya respuesta depende de lo
que signifique el arte para el espectador,
sea que lo sienta como expresión perma­
nente o transitoria. ¿Cómo es posible que
esa amargura estruendosa y un tanto ba­
rroca de R aquel F orner , se haya evapo­
rado en forma tan repentina y completa,
RAQUEL FORNER
sus anteriores telas cargadas
El viaje de R aquel F orner por distintos sustituyendo
de
dramatismo
cartulinas elegan­
países europeos ha dado como primer temente ligeras?porLaestasincondicional
adhe­
resultado una postergación —no sabemos sión del público tiene su justificación;
si definitiva— de ese escenario tan suyo,
de retorcida angustia, de sollozo metafísi- el empuje suave pero sostenido y conclu­
co. Apuntes de viaje, menos rápidos de yente que lo europeo (sea la naturaleza,
lo que asegura el catálogo de Bonino, pues sea el producto de las actividades huma­
tras la apariencia de un esbozo muy libre nas, sea el hombre mismo) ejerce en nos­
se nota la labor en la distribución del otros, empuje tanto más poderoso cuanto
color, que es lo que sirve de verdadero impregnado de misterio, de inconcluso,
sostén a la mayoría de los trabajos. por su propia situación en la distancia.
R aquel F orner sabe lo que el color lim­ Y en su medida es justo. Pero ahon­
pio, plano, puede dar al negro de gracia dando el problema, calando hasta la prís­
y de estímulo. La tinta, usada como lími­ tina verdad ¿no es este conjunto algo así
te constructivo o como distribución de como un gesto elegante, gracioso, “nonplanos abstractos, es muy expresiva; no chalant”, pero —y como tal— desnudo de
así cuando se extiende sobre el color en esa verdad?
pinceladas casi secas, queriendo dar al El dramatismo que volcaba en su obra
paisaje y a la arquitectura ese aspecto anterior tiene, como todo lo humano, un
misterioso que pone el tiempo sobre las límite al que R aquel F orner no accedió
cosas y del que nuestra artista se sirve y el estrépito de esa misma angustia, con
para sugerir más que para decir. Cabe potencia casi física, iba camino de destruir
agregar que los trabajos abstractos son los las formas con que objetivaba su mundo.
más felices y que el encuadre es todo un Por eso deseamos que la exposición que
acierto. La figura humana y el árbol, nos ocupa, tenga como labor un sentido
aunque disminuidos en sus proporciones de reparación de fuerzas debilitadas por
y ahogados por la arquitectura y el pai­ aquel ilimitado desborde de tragedia.
saje, siguen exponiendo el típico lenguaje
E lena F. P oggi
de R. Forner .
creación de sus obras M adí en elem entos
de p u ra invención, sin ten er en cu enta n in ­
g un a form a preestablecida subraya las ca­
racterísticas generales de las búsquedas esté­
ticas de n uestro tiem po.
B lanca Stabile

109

�miscelánea
• ¿Cómo concibo la figura? —ha escrito recientemente Fernand Léger—.
Se podría haber cambiado este título —La figura en la obra de Léger—
y poner en cambio: El manojo de llaves en la obra de Léger o también
La bicicleta en la obra de Léger. Esto quiere decir que para mí la figura
humana, el cuerpo humano, no tienen más importancia que las llaves
o las bicicletas. Es cierto. Son para mí objetos que valen plásticamente
y de los que puedo disponer a mi elección.
Hay que reconocer que las tradiciones pictóricas que nos preceden —la
figura y el paisaje— pesan con su influencia. ¿Por qué? Es el paisaje
en el que se ha vivido, son las figuras y los retratos que adornan los
muros, de donde deriva el valor sentimental que como punto de partida
ha permitido la eclosión de una cantidad considerable de cuadros buenos
o malos, o discutibles.
Para ver claro ha sido menester que el artista moderno se aparte de esta
empresa sentimental. Hemos franqueado este obstáculo: el objeto ha
reemplazado al motivo, el arte abstracto ha venido como liberación
total, y se ha podido entonces considerar la figura humana, no como
un valor sentimental, sino únicamente como un valor plástico.
He aquí por qué en la evolución de mi obra desde 1905 hasta ahora,
la figura humana es voluntariamente inexpresiva.
Sé que esta concepción muy radical de la figura-objeto indigna a mucha
gente, pero no puedo hacer nada por ella.
En mis últimas telas, en las que aparecen figuras ligadas a motivos,
quizás se encuentre que la figura humana tiende a ser el objeto impor­
tante. El porvenir dirá si esto es mejor plásticamente o si es un error.
En todo caso el dispositivo actual está siempre dominado por valores
contrastados que deben justificar esta evolución.

110

�• Acaba de aparecer el N1? 4 de la revista NUEVA VISIÓN que dirige el pintor T omás
M aldonado . Revista destinada a la defensa de los nuevos principios en los que
se basan las creaciones denominadas del arte concreto y a informar convenientemente
sobre ellas. Independientemente de la calidad de los artículos y de la seriedad de los

enfoques, lo que la señala como una publicación excepcional en cualquier medio de
cultura, cabe destacar la presentación igualmente excepcional. Y no se piense que
al hablar de ella hacemos referencia a un hecho secundario. Todo lo contrario, ya
que si se trata de educar el gusto para que se comprenda, a través de los productos
que crean los artistas dé avanzada, en qué consiste la nueva visión, punto de arran­
que de la nueva concepción del mundo, tanto la tipografía como la diagramación
tienen enorme importancia. La revista de Maldonado responde en este sentido a las
mayores exigencias que se pueden tener. En el número recientemente aparecido se
destaca un artículo de MAX BILL: Educación y creación, otro del director sobre
Problemas actuales de la comunicación y un emotivo cambio de discursos entre W alter
G ropius y M ies van der R olie, dos de los más eminentes arquitectos actuales,
como se sabe, con motivo del 70“? aniversario del nacimiento del primero. También es
interesante el artículo de A ldo P ellegrini sobre Arte surrealista y arte concreto,
en el que desarrolla con argumentos sólidos y convincentes la tesis de la unidad de
punto de partida tanto de los surrealistas y abstractos expresionistas como de los con­
cretos: en la vida interior del creador y en la obra de arte como objeto, imagen concreta
del espíritu.
• Entre los múltiples festejos programados para celebrar su IV centenario, San Pablo
nos brindará una muestra de las artes plásticas contemporáneas, que será sin duda, por
los preparativos anunciados, la más importante realizada en América Latina hasta la
fecha. Y lo será no sólo por la calidad de los artistas y sus obras a exponer, sino por
la universalidad de la misma y por el criterio didáctico con que se la encara. 40 países
son los representados, algunos con salas especiales: Alemania dedica la suya a 65 obras
de P aul K lee ; Austria presenta 18 obras de K okoschka , Bélgica telas de J. E nsor ;
España casi toda la obra de D a lí , especialmente la de sus últimos años; de C alder
se podrán admirar 45 obras en el pabellón norteamericano; Inglaterra ofrece 29 escul­
turas y 30 dibujos de H enri M oore , además de la presencia del propio artista. Podrán
seguirse de cerca algunos de los movimientos pictóricos que más han influido en el
lenguaje plástico de nuestro medio siglo: el pabellón francés organiza una retrospectiva
del Cubismo, suponemos que será la misma expuesta en París el año pasado que tuvo
tanta resonancia y magnitud. Italia reúne en su sala especial 42 obras pertenecientes
al movimiento futurista, desde B alla , R ussolo , B occioni, Severini, C arra , hasta algunas
de las figuras menores. Pertenecientes al grupo de “Stijl" se verán en el pabellón de

111

�Holanda 30 obras de M ondrian , algunas de van D oesburg , van der L eck , G ildewart .
Y por fin, se despierta gran espectativa ante la anunciada sala de P icasso , organizada
según se dice por él mismo, en la que se expondrán 75 piezas de las más importantes
del artista, entre ellas Guernica. En las salas generales se exhibirá una selección impor­
tante de artistas nacionales y extranjeros frente a la cual el público podrá tener una
visión de conjunto de las tendencias más significativas dentro del arte contemporáneo,
tanto de la pintura como de la escultura; visión que se ha de completar con la Segunda
Exposición Internacional de Arquitectura a realizarse simultáneamente.
Muy importante es la constitución del Jurado encargado de otorgar los premios, pues
se han invitado a participar en él a los críticos internacionales más destacados, entre
los que figuran H erbert R ead (Gran Bretaña), J ames J ohnson Sweeney (Estados
Unidos), J orge R om ero B rest (Argentina), M ax B ill (Suiza), W. Sandberg (Holanda).
Por cartas y noticias recibidas, esta II Bienal —promovida, estimulada y financiada no
sólo por los gobiernos e instituciones correspondientes, sino también por un considerable
aporte privado— merece el elogio más franco y caluroso. Se repetirá en ella, multipli­
cado muchas veces sin duda, el éxito de la I Bienal realizada en 1951.

• Información de último momento: los premios que acaba de otorgar el
Jurado en la II Bienal de San Pablo. El mayor de los premios, denomi­
nado Centenario, fué adjudicado al escultor francés H enri L aurens. Los
dos primeros premios de escultura y pintura fueron adjudicados a H enry
M oore y dividido a A lfred Manessier y R ufino T amayo. G iorgio
M orandi recibió el premio al mejor grabador extranjero y Ben Shahn
al mejor dibujante. En cuanto a los artistas brasileños recibieron los pre­
mios más importantes A lfredo Volpi, Emiliano D i Cavalcanti; Bruno
G iorgi, L ivio A bramo y A rnaldo Pedroso D’H órta. Algunos de los más
importantes premios adquisición fueron adjudicados a G iuseppe Santomaso, Petar L ubarda, Vodemberge-Gildewart, María
Brenninger, Gustavo B eck y M arcelo Grassmann.

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Secretario de Redacción: RAM ON A LCA LD E
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SUM ARIO D E L P R IM E R NU M ERO
JO SE L U IS RO M ERO : Reflexiones sobre 3a historia de la cultura. — R O D O LFO
M O N D O LFO : Trabajo y conocimiento según Aristóteles. -— JO S E B A B IN I: Las
grandes etapas del análisis infinitesimal. — JO S E JU A N B R U E R A : Spinoza y las
ideas jurídicas en el siglo X V II. — JO R G E R O M ER O B R E ST : Reflexiones sobre
la historia del cubismo. — V IC T O R M A S S U H : M artí en los Estados Unidos. ■—
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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El Monumento al
PRISIONERO POLITICO DESCONOCIDO
I
En Londres acaba de realizarse el acto final del concurso organizado por
el Institute of Contemporary Arts de dicha ciudad, para la erección de un
Monumento al Prisionero Político Desconocido. Más de tres mil quinientos
proyectos fueron presentados en cincuenta y siete países, en cada uno de
los cuales un jurado nacional realizó la primera selección. A Londres lle­
garon alrededor de doscientos. El Jurado internacional1 eligió ochenta pa­
ra premiarlos "on 25 libras, luego a doce con 75, a cinco con 775 y, final­
mente a uno al que le correspondió el Gran Premio de 4525 y la ejecución.
Puede presumirse que los jurados nacionales excluyeron, casi unánime­
mente, los proyectos de concepción naturalista, a juzgar por los pocos que
se vieron en Londres, los cuales fueron eliminados por el Jurado interna­
cional. Entre los ochenta escogidos predominan los de concepción abstracta
0 expresionista, pocos son los concebidos con un criterio de pura inven­
1 El Jurado internacional, nombrado por el Institute of Contemporary Arts, estuvo cons­
tituido así: M ulk R aj A nan (Asia) , W. Sandberg (Benelux), Sir H erbert R ead (Gran
Bretaña) , Mrs. R. G. C assey (Commonwealth) G eorces Salles (Francia), W ill G roh mann (Alemania) , Gnruo Carlo A rcan (Italia), A lfred H. Barr (Norteamérica), P er
R om (Escandinavia) y J orge R omero B rest (Sudamérica). El jurado sesionó desde el
7 al 12 de marzo ppdo.

1

�ción, pero ni siquiera en éstos se deja de advertir la intención alegórica.
Lo que obliga a discutir el criterio de apreciación —reflejo del criterio de
creación— tanto desde el punto de vista del tema como de la expresión
escultórica moderna. Pero antes de hacerlo, me parece preferible analizar
los doce proyectos que han recibido premios importantes, a mi juicio los
mejores, para que la problemática que presentaré después pueda fundarse
en algunas referencias concretas. Las fotografías también ayudarán.
En la línea de la escultura de volumen se destaca el proyecto de B arbara
H epworth (Inglaterra). Son tres figuras, vagamente antropomórficas, a
las que otorga la autora un hermético sentido alegórico, anunciando que
la del medio representa al Prisionero y las de los costados a la Verdad y
el Conocimiento, y estableciendo además que la primera sería realizada en
piedra blanda y las otras en piedra dura o granito. En tales figuras se
advierte ese contradictorio juego entre el volumen y el hueco que carac­
teriza a toda la escultura de Barbara Hepworth. Los huecos implican, en
efecto, una expresión en cierto modo diferente a la del volumen, estable­
ciéndose una especie de contrapunto plástico. Sobre todo la figura del
Prisionero tiene enorme fuerza de expresión inmanente, tanto en el volu­
men que se ordena en sentido levemente expansivo, como en los huecos que
se ordenan en estilo levemente compresivo. Tal vez haya que reprocharle
a la autora la indicación innecesaria de un ojo en dos figuras, así como
la ingenua alusión al Prisionero por medio de una reja que cierra el
hueco superior de la figura central. Pero no cabe duda de que este pro­
yecto sobresale entre los de más bella realización escultórica. No contem­
pla, en cambio, las necesidades del monumento. No solamente es ingenua
la personificación, de aliento todavía medieval, sino de imposible expre­
sión plástica, ya que sólo podría ser interpretada si se escribieran las pa­
labras prisionero, verdad y conocimiento en el pedestal. Por otra parte,
no hay composición posible de esas tres figuras de pie, que para nada es­
tructuran el espacio, imponiéndose cada una como forma unitaria.
En una línea más evidentemente expresionista se halla el proyecto de
L uciano M inguzzi (Italia), en el que presenta una especie de cuerpo hu­
mano, apenas reconocible, constreñido por una estructura de alambres de
púa. Como si hubiera querido combinar así la violencia patética, destruc­
tora, con que concibe al Prisionero, una masa casi inerte e informe, con
un sentido más libre y espacial de la composición que revelan los alambres.
Todo es confuso en este proyecto, porque no se siente ninguna voluntad

2

�de estilo, ni siquiera en el orden alegórico a que pudo someterlo. Es sen­
sible y potente la expresión escultórica en algunos fragmentos, pero de
haberlo premiado, el mayor tamaño no habría hecho sino acrecentar sus
deficiencias.
También Lynn Chadwick presenta un proyecto de corte expresionista, no
obstante la estilización piramidal de las cinco figuras de pie, para nada
antropomórficas. Lo que se advierte, en efecto, es una extraña energía de
las formas, a la que ayuda la rugosidad del material, que se ordenan en
un frío espacio seudogeometrizado. Caso típico de calidad escultórica que
determinó la elección, aunque el proyecto de ninguna manera pueda ser
relacionado con el tema, y aunque la idea plástica sea pobre y origine en
consecuencia un desarrollo monótono.
Tanto Minguzzi como Chadwick, y tantos otros, no parecen haber com­
prendido que además de la expresión emergente del material —lengua ele­
mental del arte— el espectador exige, y es legítimo que lo haga, una idea
ordenadora que vincule la obra con sus necesidades espirituales, las cuales
no son de naturaleza estética. En este sentido, las formas representativas
han desempeñado su papel en el pasado, sea como apoyo de una expresión
necesariamente objetiva de una realidad ante todo material, sea como pre­
texto de una expresión necesariamente subjetiva de una realidad ante todo
espiritual. Mas, al desechar las formas representativas, si el artista se con­
forma con infundir un aliento de vida indiferenciada, por decirlo así, y
otorga expresión primaria a ese juego de lo dinámico y lo estático en que
viene a resolverse la creación artística, el espectador se siente perdido, con
razón, porque de ese modo no puede conectar la emoción que acaso siente
al ver la obra, con las emociones rectoras de su vida total. Y así se empe­
queñece la expresión artística, hasta quedar reducida, en sus alcances, a
la posible conexión de espíritus individuales. Y así el arte deja de ser
lenguaje, lo que constituye una exigencia discutible, si se quiere, cuando
se trata del cuadro o la pequeña estatua, pero no cuando se trata de un
monumento conmemorativo.
Un estilo más definido se advierte en los proyectos de los ex-representantes del constructivismo ruso. Antón P evsner, ahora francés, es uno de
los más geniales escultores de nuestro tiempo, practicante de una curiosa
manera de equilibrar los valores de volumen y espacio. Con barritas de
bronce pegadas crea superficies, calculadas matemáticamente, que entran
en contacto entre sí —tangentes, secantes interpenetradas, etc.— determi­

3

�nando ritmos de fuerza geométrica. Casi siempre son superficies curvas,
mas ellas no responden a la curvatura de las barritas sino al cálculo angu­
lar con que son dispuestas. De tal modo obtiene habitualmente una expre­
sión enérgicamente expansiva y al mismo tiempo precisa, ya que las
superficies no sólo limitan el espacio sino que lo penetran y se continúan
virtualmente por la fuerza del ritmo, sin que esto signifique la pérdida
del volumen. Él mismo ha hablado de “superficies voluminosas”.
El proyecto presentado responde a un curioso simbolismo abstracto: las
formas son involucradas unas en otras de afuera hacia adentro, hasta cons­
tituir un conjunto de variadas estructuras, superficies y volúmenes virtuales,
que expresan un sentido de obsesión, y por vía metafórica de la prisión.
“El motivo flotando en el abismo de la esfera subraya la imagen del cau­
tiverio; él es materializado en la forma de una celda” —son sus palabras.
Pretende así, inspirándose en el Partenón, interpretar el tema “como el
nacimiento de una fuerza moral capaz de vencer a los gigantes del vasallaje
espiritual”, y realizar el ideal de un monumento que “no posee ni la for­
ma humana substancial, ni la ‘misteriosa belleza’ de la piel que cubre el
cuerpo humano”. El simbolismo es difícil, casi diría incomprensible en sus
relaciones con el tema, estrictamente considerado, pero podría ser dejado
de costado. Lo más grave es que tampoco acierta en la creación del orga­
nismo plástico. Las barritas no están pegadas esta vez, ni son tan estric­
tamente paralelas, lo que crea una inquietud sensible que va en detrimento
de la otra sensibilidad precisa de lo geométrico. Además, se advierte un
sentido organicista oscuramente formulado, combinándose las rectas con
las curvas hasta constituir un conjunto confuso de planos indefinidos y
de ritmos igualmente indefinidos. Y los límites exteriores —curvas reales
esta vez y no rigurosamente geométricas— oprimen de tal modo que el
juego dinámico de los planos interiores, con su carácter expansivo, sufre
una detención que lo vuelve inerte. ¿Se dirá que es simplemente un
fatix-pas del maestro? Bien se ve que el proyecto ha sido largamente ela­
borado para pensar en tan fácil solución. Lo que ha ocurrido es que,
obsesionado por el tema y obediente a una interpretación que contradice
su propio modo de pensar y sentir, Pevsner ha tenido que hacer fatales
concesiones. Y aunque el proyecto encierra valores de alta calidad plástica,
mal se hubiera podido resolver la erección de un monumento que todo
el mundo hubiera asociado con una jaula.
También N aum G abo, ahora estadounidense, se halla entre los escultores

4

�de mayor valía de la hora actual. Su evolución es más sorprendente que
la de su hermano Pevsner, porque ha encontrado el modo de espacializar
claramente la escultura, empleando materiales plásticos transparentes y to­
da clase de hilos, como las cuerdas de violín. Suele ser tan poética su
concepción espacial que, favorecido por los materiales, se diría que multi­
plica las dimensiones del espacio y elimina hasta un punto extremo la
fuerza del volumen. Todo es canto en su escultura, y valga la metáfora
en el sentido de que las notas en el canto son emitidas sucesivamente, ad­
quiriendo por ello una relativa independencia; en el sentido, además, de
que salen de un centro, la garganta, y se pierden en el infinito espacial
por resonancias cada vez más debilitadas.
El proyecto presentado obedece a la misma concepción: dos altas formas
de material plástico transparente y una forma sólida pero delgada en el
centro, alusión acaso al Prisionero. Formas expresivas, tanto por la pro­
porción como por el dinamismo, que no dejan de ser bellas, pero que
carecen, a mi juicio, de carácter monumental, no sólo porque también en
este caso el mayor tamaño las hubiera debilitado, sino porque ni tienen
la inmensa simplicidad de los grandes monumentos de otrora, ni tampoco
la necesaria complejidad que es menester para que en vez de ser expresivo
el volumen, lo sea el espacio.
Algo similar ocurre con el proyecto del estadounidense R ichard L ippold ,
quien trabaja preferentemente con hilos, como G abo. Él prefirió también
la simplicidad, bastándole un delgado mástil central que se bifurca en tres
ramas oblicuas que penetran en el espacio, y las superficies casi virtuales
y transparentes que crea con delgadas cuerdas. No obstante, todo queda
comprimido y el espacio desempeña un papel bastante menos importante
de lo que podría suponerse, no muy diferente por cierto del que desem­
peña en cualquier escultura de volumen. Con la diferencia de que el
volumen tiene una fuerza expresiva que le es propia y que emana del ma­
terial conciso y pesado, en tanto que las delgadas cuerdas empleadas para
definir superficies casi virtuales, como he dicho, ni son portadoras de ideas
ni poseen la fuerza de la materia. De esta manera, todo se diluye en un
juego fino y feliz, sin duda, pero sin raíces profundas. Por otra parte,
¿qué hubiera ocurrido con los finos hilos al ser reemplazados por gruesos
cables en el monumento realizado?
Esta oposición entre la simplicidad del monumento cuanto es volumen y

5

�su complejidad cuando es espacio requiere alguna precisión. Basta mirar
hacia atrás y pensar en la eficacia del monumento egipcio, por ejemplo,
para comprender que el volumen se carga de fuerza épica cuando es referi­
do a una forma geométrica. La simplicidad de la forma hace que el mensaje
del material —piedra sobre todo—se haga explícito en su dimensión elemen­
tal, superando las contingencias que inevitablemente implica toda represen­
tación. Ello es así porque el volumen adquiere forma definida en sus
límites precisos y la expresión emerge de una concreción. Si, en cambio,
se trata de construir el espacio, como lo pretenden hoy los escultores de
vanguardia, con elementos que no lo limitan pero sí lo estructuran, la
expresión no puede emerger del material —en este caso secundario— sino
de la dinámica que se le preste por medios indicadores de múltiples dimen­
siones. Por ello es imprescindible que la composición sea compleja, ante
la inversión del concepto creador, so pena de que la elementalidad de los
medios y estructuras se transforme en pobreza.
Cuando el francés H enri-George A dam presenta un vasto bloque, en el que
alternan el carácter expansivo de las superficies y las aristas que producen,
en violento choque, interpenetrándose a veces, y la fuerza estática del vo­
lumen, demuestra no haber comprendido ese principio. La fotografía
muestra, desgraciadamente, el peor punto de vista del proyecto, pero
sirve para señalar el error funesto de concepción en que incurre, al produ­
cir un desacorde total entre los ritmos que huyen de la forma y lo que
queda pesadamente como material, olvidando que la tradición de la escul­
tura de volumen señala la necesidad de crear el monumento en función
de aquél y no en función de un espacio que necesariamente resulta anu­
lado. Ni el volumen es expresivo, entonces, por exceso de complejidad y
falta de acorde entre los elementos que lo limitan, ni menos aun el espa­
cio, que siempre es contorno. En cuanto a la relación con el tema es nula.
El caso de M ax B ill (Suiza) es diferente, pues al concebir su proyecto
como un juego de tres volúmenes cúbicos, aunque relativamente huecos,
que convergen para crear con una cara de cada volumen un espacio de
base triangular en el que emerge un prisma también triangular, ha tra­
tado de crear con una simplicidad extrema, yo diría más fiel al principio
del volumen que al principio del espacio. Es cierto que él ha pretendido
equilibrar volumen y espacio, estableciendo planos en degradé dentro
de cada cubo, que no configuran una escalera funcional y que concentran,
para el espectador que mira desde cada una de las aberturas, un espacio

6

�interior más definido. Pero no es menos cierto que los espacios quedan
subordinados a los volúmenes concretos, con mayor razón porque se trata
de cubos, desapareciendo toda su fuerza expresiva. Si se piensa ahora que
cada cubo debía medir cuatro metros en el monumento realizado, se
comprenderá que más se hubiera acentuado, precisamente porque se trata
de “la medida humana”, esa pobreza del volumen, y que nadie hubiera
dejado de asociar esos tres cubos con tres habitaciones. Otra cosa hubiera
sido si se aumentaran las dimensiones al doble por lo menos, pero aún
así difícil hubiera sido superar la elementalidad inexpresiva de los cubos.
Todo es demasiado pobre y simétrico como idea, si se encara el pro­
yecto, como se debe a mi juicio, desde el punto de vista espacial, pero
también lo es si se lo encara desde el punto de vista del volumen. Es de
lamentar verdaderamente lo que me atrevo a llamar la defección de Bill,
no sólo por el alto valor de sus realizaciones escultóricas bien conocidas,
sino porque era el más indicado entre los creadores de nuestro tiempo
para acertar en el enfoque que había de darse al tema de este concurso.
En cuanto al proyecto del australiano M arcel, H ender, rara mezcla de
elementos que tienden a la concentración y a la expansión, no tiene
estilo. No es la expresión de una idea coherente, lo que siempre debe
exigirse en una obra de arte, sea representativa, abstracta o concreta. Se
diría que juega con los planos que definen volúmenes imperfectos y con
ejes o hilos que definen espacios igualmente imperfectos, todo bien ba­
lanceado y obediente a un ritmo innegablemente gracioso. Nada más.
La mejor obra de escultura es la de A lexander C alder (EE. UU.), el
genial creador de los móviles y estables. Digo obra de escultura porque
su valor es independiente del tema, no sólo por la falta de toda refe­
rencia a él, sino por la imposibilidad de llevarla a gran tamaño. El juego
de las tres pirámides es ingenioso y la lanza que atraviesa a una de ellas
crea un movimiento extremadamente gracioso. Tal vez podría haberse
justificado que se le otorgara el Gran premio, teniendo en cuenta el prin­
cipio expuesto a propósito de la simplicidad necesaria en un monumento
que se eleva como volumen en el espacio, pero no cuando se advierte
que las pirámides son huecas y que la lanza crea un dinamismo que
rompe la unidad de los volúmenes. De modo que el monumento no se
habría impuesto ni como volumen que desaloja un espacio, ni como
unidad dinámico-espacial.
Sin duda, el proyecto del italiano M irko Basaldella es el que contempla

z

�más evidentemente las necesidades del tema, ya que responde a un alegorismo de fácil interpretación, tanto en lo que se refiere a la estilización
de las rejas, con las que alude a la prisión, como a la actitud del per­
sonaje que apoya sus manos en ellas, aludiendo al Prisionero. Pero ni
el juego de las rejas —planos virtuales que se chocan— es suficientemente
rico como para componer el espacio, ni la figura del Prisionero concuerda
con la idea expresiva de aquéllas. En verdad, el proyecto ha sido con­
cebido de acuerdo a dos principios inconciliables: si las rejas, por una
parte, satisfacen al espectador que va en busca de formas espaciales, la
figura del Prisionero satisface a quien va en busca de formas volumé­
tricas, máxime por el resabio de naturalismo y clasicismo que denuncia.
El proyecto del inglés R eg B utler es una construcción con hilos de
hierro a la que llama torre, forma suficientemente ambigua, con algo de
jaula, de andamiaje, de cruz y de -guillotina, como para sugerir la idea
del Prisionero político, según dice él mismo. Para acentuar esa sugestión,
la plataforma está vacía, expresando más bien el instrumento de la eje­
cución que el acto mismo, pero tres figuras de mujer —que serán reali­
zadas en bronce— la contemplan desde abajo en actitud meditativa. La
alegoría resulta bastante difícil —puede ser que quede más en el papel
que en el monumento— pero la idea plástica es rica y permite a Butler
crear planos virtuales y ejes que se expanden desde el núcleo hacia el
espacio, el cual resulta claramente construido. Y el proyecto se impone
por una cierta majestad monumental y por la coherencia con que se
desarrolla la idea plástica, todo lo que permite suponer la eficacia de
la evocación cuando sea llevado al tamaño previsto. Por lo menos hay
unidad de pensamiento y ejecución, lo que justifica la elección del Ju­
rado, ya que sin desmedro de la calidad —todo lo contrario— cumple con
el propósito del concurso.
Cuatro proyectos argentinos recibieron el premio de veinticinco libras,
destacándose los de M artín B laszkowski y N oemí G erstein. Sobre todo
el del primero, puro juego inventivo de elementos en ascensión, es par­
ticularmente feliz, aunque conserva resabios de expresionismo en la con­
formación de cada uno. A mi juicio, hubiera merecido figurar entre los
doce que recibieron premios importantes. El proyecto de la segunda
también es valioso, no obstante su falta de originalidad, porque re­
suelve con gracia y emoción el problema que plantean los círculos de
bronce con los que alude al mundo, pero denuncia una actitud de tran-

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�sición entre la escultura que se expresa por medio de la impronta sensible
individual —por la impronta que deja el trabajo manual del artista—
y la escultura que se expresa por medio de elementos más depurados,
gracias a la precisión. Contemplando este proyecto, las imperfecciones
de los círculos y de la figura del Prisionero, aunque voluntarias, lejos de
producir el estado emocional que se presume buscó la autora, producen
el efecto de una idea no bien resuelta; la imperfección se impone como tal.
En cuanto al proyecto de L orenzo D omínguez, gran cabeza de hombre
tumbada contra un muro que parece aludir al muro de ejecución, es
feliz desde el punto de vista de la talla, pero no desde el punto de vista
de la composición: primero, porque no llegan a concordar figura y
muro, quedando éste como un elemento inerte y sólo válido por su
contenido alegórico; luego, porque resulta extremadamente pesada y
sin las necesarias vinculaciones dinámicas. El proyecto de P ablo C uratella M anes, admitido directamente por el Jurado internacional, es
más una escultura que un proyecto de monumento; más aun, un proyecto
de escultura, porque se advierte en la blandura con que es trabajado el
material que las finas relaciones entre los planos y el volumen, las que
deberían provocar el contraste entre éste y el espacio circundante, son
aproximativas nada más, y de este modo resulta poco menos que impo­
sible descubrir la coherencia de la idea conformadora de la obra. Por
otra parte, no tiene la menor relación con el tema.
II

Hecho el balance de los proyectos más valiosos, cabe plantear el problema
de fondo en dos sentidos: primero, el que contempla las relaciones po­
sibles entre el tema y la escultura, de acuerdo con los caracteres de la
creación actual; segundo, el que alude a la eficacia con que este concurso
habría impulsado el desarrollo de la escultura monumental.
Analicemos el problema desde el ángulo del artista. Debía crear éste un
monumento al prisionero político desconocido. Por una parte, entonces,
la idea de la prisión determinada por el cultivo de las ideas políticas;
por otra, la idea de que se rinde un homenaje a un desconocido, lo que
significa suprimir las determinaciones temporales y espaciales. Se com­
prenderá que la manera fácil de realizar dicho tema es la de referirse, no
obstante el carácter intemporal e inespacial aludido, a las notas secun­
darias del hecho: la imagen de la prisión con rejas o de cualquier otro

1}

�medio de encerramiento. Ideas secundarias porque la prisión sólo es la
consecuencia de tener ideas políticas contrarias a las de quienes mandan
y las rejas o las cadenas se refieren simplemente al hecho físico del en­
cierro. Ninguna de ellas se refiere, pues, a lo esencial —la pérdida de la
libertad por motivos políticos—; ninguna de ellas se carga de fuerza
espiritual y bastaría que los nuevos métodos carcelarios impusieran una
prisión sin rejas, por ejemplo, para que de inmediato dejara de actuar
el mecanismo asociativo en el que se funda la alegoría.
Si un escultor, por tanto, se vale de estas ideas, tendrá que indicar la
pérdida de la libertad por medios alegóricos, un hombre encadenado o
encerrado de cualquier manera. Pero, ¿qué relación específica con el pri­
sionero político se establece? ¿Qué diferencia entre el prisionero político
y. el que es encarcelado por otro motivo? Ya que no puede sostenerse
que la guillotina haya sido empleada solamente para los prisioneros po­
líticos, ni menos que la prisión con rejas sea privativa de ellos. Ni si­
quiera la idea de la libertad, que podría ser la gran idea a expresar, re­
siste la determinación política, pues la libertad puede ser perdida por
otras razones. Si a esto se agrega, todavía, la necesidad de honrar al pri­
sionero político desconocido, me pregunto: ¿cómo se puede reducir a
formas plásticas este carácter?
Tales son las dificultades que el tema debe haber producido y que de­
bieron ser contempladas, de antemano, por la institución organizadora.
Ella se limitó a establecer que “el tratamiento del tema en forma sim­
bólica o no representativa recibiría la misma consideración que un tra­
tamiento más naturalista”. Aparte de que la advertencia es excesivamente
vaga y que debió haber ensayado una clasificación de actitudes más ri­
gurosa, incurre en una evidente contradicción, pues ¿cómo se puede dar
vida a un tema como el propuesto con medios no representativos? ¿Cómo
admitirlo, si precisamente las direcciones de la escultura abstracta y
más todavía de la escultura concreta han nacido como resultado de una
violenta exigencia, en nuestro siglo, de eliminar todos los elementos te­
máticos que vinculan a la obra de arte con fenómenos circunstanciales,
no para jugar con formas vacías, como algunos suelen creer, sino con
formas que se llenan de un contenido esencial, una fuerza elemental pu­
diera decirse, que responde a una actitud metafísica y no a una actitud
actualista? Por otra parte, tampoco es legítima la expresión “forma sim­
bólica”, ante todo porque se confunde símbolo con alegoría, luego porque

14

�en el caso de que fuera empleada con justeza cabria discutir si el hecho
de la prisión por razones políticas puede engendrar un verdadero sím­
bolo de la espiritualidad de nuestra época.
¿Que ocurrió? Los más débiles y torpes cayeron en la trampa y se
limitaron a remozar las viejas alegorías, aun las que no tienen relación
directa con el tema. Los más fuertes eligieron el camino de las vagas
alusiones y unos pocos, como se ha dicho, se decidieron por la creación
lisa y llana de formas no alusivas al tema. Ya se han visto las soluciones
que dieron al problema los mejores. Ahora falta agregar que en todos
los casos la necesidad de ajustarse al tema no ha hecho más que debilitar
la expresión de cada proyecto. ¿Cómo no iba a suceder esto si toda obra
de arte es y debe ser alimentada por una idea clara y distinta que im­
plique una toma de posición frente al mundo? El tema obligaba a prac­
ticar una especie de periodismo plástico, no a crear obras de arte, por
cuya razón los malos escultores se vieron a sus anchas ante la posibilidad
de practicar manidas concepciones y los buenos se vieron trabados en
el ejercicio de sus medios habituales.
El caso de estos últimos es el que interesa. Se vincula con un pro­
blema candente de nuestro tiempo: el de las relaciones entre una presunta
calidad que cada artista es capaz de imponer a los productos que crea
y la posibilidad de inventar un estilo como resultante formal de las ne­
cesidades espirituales de una época. Lo que ha venido a probar este
concurso es que tal relación no es mecánica y que no basta ser capaz de
crear obras de calidad para que cualquier tema sea realizado con valor,
aunque sea inactual.
La calidad escultórica, en éste como en cualquier otro caso, es evi­
dentemente esencial, ya que no basta una idea feliz para que se realice
una obra de arte. Pero como la mentada calidad no es algo que se pueda
desprender del objeto artístico, con independencia de lo que éste repre­
senta, ni siquiera cuando la obra es abstracta o concreta, ya que en
tales casos siempre hay representación de una idea, resulta engañosa para
juzgar. La vinculación es tan estrecha, entre el mensaje de la obra como
alusión a necesidades espirituales inmediatas —las que determinan esas
estructuras formales, históricamente condicionadas, que constituyen el
estilo de una época— y como vivencia de actitudes fundamentales, de
las que deriva la calidad, que existía el peligro de crear o de premiar obras

15

�inferiores en calidad porque se ajustaban al tema, o bien obras de ca­
lidad pero totalmente ajenas a él. Y en ninguno de los dos casos se
estaba en lo justo. Por tales motivos el planteo mismo del concurso
obligaba a adoptar una actitud híbrida, tanto en el creador como en el
juzgador.
Por otra parte, el tema tiene una inevitable acentuación pesimista. En
definitiva, implica una profunda y peligrosa contradicción, pues se trata
de honrar a un hombre cuya determinación objetiva es la pérdida de la
libertad por el ejercicio de las ideas políticas, pero se lo honra destacando
un hecho vergonzoso. Ya sé que muchos piensan que los hechos vergon­
zosos deben ser presentados para que sirvan de lección. ¿Puede, sin em­
bargo, un hecho ignominioso, un hecho que implica la negación de la
dignidad humana, ser contenido de una obra de arte? A mi juicio, el
arte nunca ha abrevado en la ignominia, nunca ha sido negativo sino
positivo, siempre ha sido un acto de afirmación, y jamás se ha propuesto
servir de lección. ¿Alguien piensa en la ignominia que significó la
crucifixión de Jesús? Que advierta cómo la teología y la iconografía cam­
biaron de signo a la ignominia, transformando la imagen del crucifi­
cado en todo lo contrario, en el símbolo de la salvación del hombre.
Hubiera podido ocurrir lo mismo ahora. No, era imposible, porque la
idea de la pérdida de la libertad por razones políticas carece de fuerza
metafísica y se debilita en la necesaria relatividad de los acontecimientos
inmediatos. A menos que se tratara simplemente de exaltar la libertad
espiritual, idea demasiado abstracta para que se pueda condensar en
una escultura. En este sentido, ¿no puede decirse que toda obra de arte
es un símbolo de la libertad espiritual?
Bien se ve, entonces, por qué el tema no ha podido determinar más
que formas representativas y alegóricas, de affiche polemista. El Jurado
internacional, empero, las rechazó y trató de premiar las que escondían
una expresión no manifiesta, absolutamente opuesta a la que requería
el tema. El Jurado actuó bien, a mi juicio, porque sólo debía escoger
las mejores obras. Pero ello no implica que se deba esconder la debilidad,
no de sus decisiones, sino de las obras que se le presentaron.
Al proponerme ahora estudiar en qué medida el concurso ha fomentado el
desarrollo de la escultura, no puedo menos que señalar su ineficacia.
Lejos de orientar a los creadores hacia las formas absolutas que corres­
ponden al espíritu de nuestro tiempo —esas formas que implícitamente

16

�aceptó el Jurado al premiar las obras— fomentó por una parte el alegorismo más torpe; por otra, la adopción de formas de compromiso que de
ninguna manera pueden ser fecundas.
Con respecto a las alegorías, cabe hacer notar que si este concurso se
hubiera realizado a fines del siglo xix, ellas se habrían impuesto natu­
ralmente. Acaso la alegoría del hombre forzudo encadenado podría haber
sido ejecutada por R odin y sin duda no le habría faltado calidad al
proyecto. Pero, ¿tal mensaje alegórico constituye el lenguaje que entiende
el hombre de nuestro tiempo? Se dirá que sí al pensar en el mal gusto
reinante entre las masas, pero se responderá que no cuando se piense
con sentido profético, ya que no es difícil vaticinar que esas mismas
masas, que ahora ni gozan ni dejan de gozar con el arte, porque simple­
mente son ajenas a él, serán las que en el futuro alimentarán el impulso
hacia las formas de invención absoluta, desprendidas por tanto de ad­
herencias circunstanciales e inmediatas.
Se ha de ver, finalmente, cómo el importante concurso de Londres ha
venido a replantear, en términos de terrible actualidad, el problema esen­
cial del arte de nuestro tiempo. La idea del concurso, empero, era ex­
celente y no creo que se deban cargan más las tintas, sobre todo porque
sé que el concurso de Londres es el primero de una serie que se piensa
organizar. Lo que sí corresponde es señalar, honestamente y con sen­
tido de colaboración, como lo hago, las posiciones iniciales a mi juicio
equivocadas, para que los concursos futuros puedan fomentar verdade­
ramente el desarrollo del arte en sentido de progreso. Errar en el planteo
de un concurso es como errar en el programa de una casa, vicio que
ningún artista, por genial que sea, puede superar.
J orge R omero Brest

17

�cTRES GENERACIONES, TRES OPINIONES COINCIDENTES:
LEGER, MAGNELLI, VASARELY

Rué Notre Dame des Champs 8 6 ... F ernand L éger me espera a las once
de la mañana. Subo por una escalera estrecha al primer taller. Me recibe
un caballero de mediana edad, factótum del maestro. Léger se encuentra
un piso más arriba. Subo al segundo taller: me abre la puerta Léger
mismo —el que yo esperaba encontrar a juzgar por sus fotografías: fuerte,
recio, amable, de dulce y penetrante mirar. “Buenos Aires, Argentina.. .
un país donde desearía ir. Tengo pocas relaciones ahí, no así en Brasil.
Cuénteme de su país.”
Nos sentamos sobre escabeles en medio del abigarrado taller. Se está
filmando una película sobre Los Constructores y el taller del maestro se
halla repleto de focos, cables y cámaras. Dos telas de Los Constructores
—la discutida serie que expuso en 1951— en primer plano, detrás unas
enormes figuras femeninas de un período anterior. Léger enciende un
foco, por jugar, y ciegan el ambiente los destellos de los rojos, verdes
y azules puros de las telas. “Nunca había visto mis colores iluminados
con esta luz. La luz: he ahí la gran posibilidad que ofrece el cine al
pintor moderno”. Luego, bruscamente, me dice: “¿Usted quiere un
interview? Pues anote y publique, su país me interesa”.
“La técnica moderna dicta sus normas y arrastra al pintor. El cuadro de
caballete muere, aunque sigamos haciéndolo. Hay que prepararse a rea­
lizaciones que pueden proyectarse a gran tamaño fuera de los límites de
un marco. Prepararse para las grandes superficies. Yo lo vengo haciendo
desde 1914, año en que hice mis primeros experimentos abstractos, para
liberarme de C ézanne”. Y me muestra unas telas con rectángulos de tonos
sobrios, sobrepuestos y esparcidos sobre un fondo neutro. Luego observa:
“La gran espina del arte abstracto es que todos los productos de sus
cultores se parecen demasiado entre sí. Temo el lado fácil de esta postura.

18

�La falta de preparación técnica lo hace accesible a los espíritus comer­
ciantes. Yo obligo a mis discípulos que cultivan esta postura a que me
dibujen meticulosamente un objeto todas las semanas, como control de
sus posibilidades. Lo dramático en este arte es el peligro decorativo. El
arte abstracto es ante todo una liberación. Todo artista debería practi­
carlo: es excitante medirse con tamaña libertad. Pero los dibujos de pies,
manos, etc., eso es lo que consolida”. Medita: “Quand méme. .. l’objet
existe!” “¿Ha ido usted a ver el Salón des arts ménagéres? Vaya usted, es
muy aleccionador: el arte abstracto al servicio de la industria como
arma eficaz en manos de artistas sin genio”
Prosigue: “Yo he basado siempre la expresión en mis cuadros en los con­
trastes. Cuando me fijé en una llave para pintarla, pensé en juntarla con
lo más opuesto a su expresión: pensé primero en un rostro de mujer,
luego, mirando un paquete de galletitas que exhibía como propaganda
la imagen de la Gioconda, obtuve la solución. ¿Qué hay más opuesto a
una llave que la Gioconda?.. . Y las pinté juntas. Usted conocerá sin duda
ese cuadro. Siempre los contrastes, para que surja la verdadera expresión
de cada unidad: contrastes de tema, de color, de tamaño, de ubicación.
Llaves —lo más duro— con la Gioconda —lo más blando”.
Después me muestra Los Constructores: “El mundo moderno, tal como
lo puede concebir un hombre de mi generación, es lo mecánico oponién­
dose al hombre. Veo un paisaje como una estructura dura, mecánica, opo­
niéndose a formas blandas —nubes, árboles, hilos que forman figuras geo­
métricas—y jugando entre ellos la melodía dulce que se rompe. América
presenta ese contraste con mayor rudeza. Estuve cuatro años ahí, apro­
vechando de su intensidad frenética. Ahí conocí a una señora escultora
que hacía formas espaciales con alambres de acero. Esas formas me fas­
cinaron y le propuse ponerles fondo de color. Lo que hicimos”.
Me muestra unos semicírculos de yeso blanco, decorados con dos o tres
rectángulos de color puro, frente a los que juegan otros rectángulos más
o menos caprichosos formados por gruesos alambres de acero. “De vuelta
a Francia puse en práctica esta idea con mi amigo el ceramista R oland
B risse. Hicimos una exposición en la Galería Carré: cerámica espacial
coloreada con tintas puras. Al principio no podíamos encontrar colores
puros. He roto muchas piezas en hasta cuatro cocciones diferentes, para
obtenerlos. Bajorrelieves policromados, en relación con la arquitectura

19

�circundante. Éstos, como algunos de mis cuadros, están concebidos para
ser ejecutados luego a cualquier escala. Esto no es necesario que lo haga
yo. Para ello tengo un equipo de alumnos muy capaces. El futuro del
arte es artesanal y colectivo”.
Me pone un ejemplo: “Me piden que decore el pabellón político de la
UN en Nueva York. Envío varios proyectos. El arquitecto elige el que
más le conviene y lo ejecuta un alumno mío, a entera satisfacción. Piense
usted en la diferencia con la antigua actitud que requería el cuadro de
caballete, en el que todo lo daba la mano del artista. Si el cuadro de
caballete muere, he ahí el futuro de la pintura: ejecución sobre proyectos
con equipos formados como en la Edad Media. Es un arte de pie que
contrasta con el arte sentado de nuestros pintores de cuadros”.
Luego anota: “Lo que interesa en pintura no es el Renacimiento, sino
lo que antecede a él”. Imagina cuadros concebidos “como los móviles de
C alder”, cuadros “como esculturas, amarillos, rojos y negros”. La pin­
tura “como posibilidad de acompañar el muro o destruirlo, según las
necesidades del caso”. Me refiere anécdotas de su amistad con M ondrian,
quien sentía “horror de no hacer cuadros de caballete”y considera que
esta actitud ha muerto ya en el pintor moderno. Concibe los muros
“como rectángulos elásticos, en los cuales el color puro puede modificar
las dimensiones: liberar al hombre del peso de los muros, es lo que no
comprendieron los arquitectos de la primera posguerra al conservar blan­
cos los muros”. Sueña con muros asimétricos y coloreados. Alegría del
pueblo a través de la arquitectura coloreada.
Me cuenta otra anécdota de cuando preparaba los bocetos de vitrales
para la Iglesia de Audencourt. El cura párroco, buen burgués, se siente
inquieto por la reacción de sus sencillos feligreses, pastores en su mayoría,
ante la explosión de colores puros. Léger, confiado, somete los bocetos al
juicio de los obreros qu debían realizar los vitrales. “¡Mira qué lindos co­
lores!” —tal fué la respuesta. Entonces el cura le confiesa que ‘‘méme
les moutons y regardent”. Léger piensa que a través del color puro y
de las formas simples y contrastadas se puede llegar al alma del pueblo y
embellecer la vida de todos.
Por la tarde lo visito a M agnelli: “Mis cuadros están concebidos para
ser ampliados o reducidos a cualquier escala”.

20

�Dos días después visito a V asarely : "Toda la obra d e la vida de un pintor
debería caber en un bolsillo. Unas docenas de placas para proyectar a
cualquier tamaño. El artista no debe fatigarse más en hacer lo que la
mecánica hace tan perfectamente para él. Sinfonías de luz-color. El cine,
la televisión... como futuro para el pintor”.
Tres generaciones que piensan en el mismo sentido...
B lanca P astor

21

�c o r re s p o n d e n c ia

R E FL E X IO N E S SOBRE LA
CERÁMICA CONTEMPORÁNEA
Hablar de la cerámica quiere decir hoy día, sobre todo, volver a replantear el antiguo
problema de la prioridad de algunas manifestaciones artísticas sobre otras llamadas
menores; pero aunque más no fuese en recuerdo de la estética crociana debería parecer
superfluQ hasta la alusión a una tan hipotética como arbitraria jerarquía de valores. Es
un hecho, sin embargo, que mientras algunas artes menores, como la miniatura y el
mosaico, son reestudiadas desde hace mucho tiempo del modo que merecen, a la par
con la escultura y la pintura, otras como la cerámica y la orfebrería todavía sufren
ese juicio equivocado y no sólo en el lenguaje común y familiar. Para muchos, en efecto,
todavía es lícito escindir el concepto de arte —un todo único que incluye infinitas
expresiones— en tantas artes que en vez de ser juzgadas por la calidad, es decir por la
carga de realización, son juzgadas por el género, es decir de manera aprioristica y por
tanto arbitraria. Y este concepto, lo que más importa, no sólo impera en el vasto
público sino también en la voluntad general, que todavía no ha sabido liberarse de
las últimas escorias, de los viejos errores ya teóricamente superados.
Todo esto se impone con gran claridad cuando se trata de una personalidad genial
que opera en varios campos del arte, como puede ser hoy la de P ablo P icasso. Sus
cerámicas expuestas en la Galería Nacional de Arte Moderna de. Roma —la que ha
ofrecido a toda persona culta y por lo tanto amante del arte incalculables posibilidades
para reflexionar e indagar, tanto en lo que se refiere a la obra del artista como en lo
que se refiere a los altibajos del arte europeo desde hace cincuenta años— constituyen
un ejemplo determinante, sin duda, y un feliz punto de partida para una exploración
orientadora.
22

�La cerámica ha llegado a ser para Picasso, particularmente en los últimos años, una de
sus actividades preferidas. Se ha dicho que es un juego para él, una pausa que le
produce deleite. Y el público, aun los cautos que se escandalizan y no soportan por
prevención algunas de sus formas pictóricas, obra frente a ella de modo singular: lo
que no perdona en las pinturas y esculturas, lo acepta en una pequeña composición de
cerámica, en la cual aparecen a menudo figuras anormales, parecidas a las que no
admite pintadas en la tela o fundidas en bronce, y está dispuesto a admirar la técnica
o la variada fantasía. Sobre todo porque imagina que en la cerámica no tiene, desde el
punto de vista polémico y artístico, el mismo significado o la misma importancia que
en los cuadros y esculturas. Y no se crea que tal actitud de cierto público signifique un
fenómeno de incomprensión picassiana; en realidad, revela la existencia de un problema
más general y actualísimo que merece ser examinado y profundizado con atención.
Si se considera la biografía de Picasso, aun la más reciente, se constatan innumerables
escritos sobre la pintura y en parangón una cantidad mínima sobre la cerámica. Este
fenómeno no depende tanto del interés que haya podido suscitar ésta, cuanto de un
factor más profundo y sutil que actúa en la orientación misma de la critica actual.
En efecto, hasta se ha dedicado un precioso volumen a sus dibujos, el de Zervos; más
aun, es el único ejemplo en la bibliografía del artista de un corpus tan completo como
es posible de obras pertenecientes a un mismo género. Esa compilación ha sido posible,
creo, sólo porque en los últimos tiempos se le ha reconocido vida autónoma al dibujo,
como expresión artística por sí, a la par de las hermanas mayores, en vez de conside­
rarlo como antes, un subproducto del arte, unido y dependiente de la actividad de cual­
quier artífice, pintor o escultor que fuese. A tal conclusión estética se ha llegado, indu­
dablemente, a causa de la convicción, admitida ahora pacificamente, de que un artista,
como tal, puede expresarse cumplidamente con cualquier medio, aun con líneas obte­
nidas con un simple lápiz sobre cualquier papel. Y que esto es así lo ha demostrado,
entre otras cosas, la revisión de la historia del arte europeo en los últimos cincuenta
años, período en el cual algunos artistas revelaron en los dibujos un lenguaje absoluta­
mente insospechado en las obras terminadas, a menudo inferiores en libertad y fanta­
sía. (Como ha ocurrido, por otra parte, con los bocetos en escultura —los cuales pueden
ser parangonados, en cierto modo, con los dibujos de los pintores, ya que registran por
igual el pensamiento inmediato y la primera emoción del artista— cuya revalorizada
independencia ha permitido mirar algunos escultores —el ilustre ejemplo de CAnova
vale por todos— de manera diferente y mejor del modo tradicional que se basaba
exclusivamente en las obras definitivas.)
Nadie se animaría a considerar tarea menor o dependiente la obra gráfica de Picasso,
la cual podría realmente documentar por sí sola y con amplitud las posibilidades artí»23

�ticas de su autor. Pero no ocurre lo mismo con la cerámica, ni con la actividad ceramística en general. Sobre todo, según creo, por las mismas razones de orientación crítica
en términos invertidos. En efecto, aunque no se le nieguen valores realmente artísticos
a la cerámica del pasado (en Italia, desde Della Robbia hasta la cerámica de Capodímonte) se le dan golpes que limitan de antemano el alcance artístico: el artesanado, la
limitación técnica, el comercialismo. De modo que su vida artística es rebajada por la
reserva que tal juicio suscita en muchos; reserva que el parangón instintivo e inapropiado
con la escultura, a la cual se le reconocen mayores y más vastas posibilidades, no hace más
que aumentar. Pero si se reflexiona bien, tales acusaciones bien pesadas, son totalmente
injustificadas, pues la cerámica será producto de artesanía o de puro comercio sólo
cuando la intención del artífice se vuelva a tales fines específicos y no hacia una mayor
realización artística. Está en la voluntad del artista y en su poder la posibilidad de hacer
o no hacer una obra de arte, como sucede, por otra parte, igualmente en la pintura y
la escultura.
En lo que se refiere a la técnica, el error es del mismo tipo. Si bastara el empleo del
cincel o del pincel, en vez de la arcilla y el fuego, para alcanzar el arte, la cerámica no
tendría derecho a que se le reconozca mayor valor. Pero no es el medio lo que permite
prejuzgar o determinar la obra de arte. El grabado, por ejemplo, es en verdad un pro­
ducto en serie; solamente la madera o el cobre o la piedra, manipulados por el artista,
deberían ser considerados como originales. Y el mecanismo del grabado es por cierto más
peligroso que la técnica de la cerámica, que sigue siendo siempre directamente personal.
Pero, si es cierto que el material empleado para grabar es el único original, también es
cierto que la hoja estampada conserva los caracteres de la original obra de arte y nos
permite admirar su calidad, a pesar de la técnica, precisamente. También cuando se
trata de la cerámica, por tanto, no es el caso de hablar de limitaciones a causa de la
técnica o de inferioridad a causa de las “limitaciones de la técnica”.
Aclaradas estas prevenciones, queda por ver cuánto hay de cierto en la convicción afian­
zada en muchos, en la exposición del Museo, de que la actividad como ceramista sea, en
la producción de un gran artista que es al mismo tiempo pintor y escultor, un ligero
juego sin importancia o al menos sin la importancia que tiene su pintura y su escultura.
Eu el caso de P icasso estas personas, comparando su producción de cuadros y esculturas
—tan rica en potencia polémica, o valientemente declarada, tan llena de problemas, de
búsquedas, de audacias revolucionarias— con el mundo aparentemente más tranquilo de
la cerámica, no sólo concluyen que tiene menor importancia en la actividad del artista,
sino fortalecidos por tal conclusión al contemplar un ejemplo tan autorizado, han encon­
trado un nuevo argumento para renovar la condena de arte menor a toda la actividad

24

�ceramística actual. Pero, si se mira toda la obra de Picasso se comprueba, por el contra
rio, que cada uno de sus productos, cualquiera sea el género a que pertenezca, además
de tener un significado particular, participa vivamente en la vida de los otros hasta com­
poner la integridad fisonómica de su autor y forma parte integrante así de su mundo, de
modo que si se sustrajera alguno se correrla el riesgo de romper la armonía del lenguaje
común. Por tal razón la cerámica tiene el mismo derecho, en la tarea de Picasso, a tener
vida propia y paridad de derechos. Los vasos conservados en el Museo de cerámicas de
Faenza o los similares expuestos en Valle Giulia o las pequeñas figuras o los platos
multicolores vivacísimos por la composición, por la forma, por la fantasía, por el donaire,
por la sutil ironía, por el vigor, por la novedad y frescura de las imágenes —caracteres
algunos que se pueden encontrar, con los mismos significados, en las esculturas y pin­
turas; otros originales y propios solamente de estas obras— son deliciosas obras de arte
que tienen poco que envidiar a alguno retratos de mujer o cabezas de bronce de vago
tinte exótico, que Picasso lanza, con espíritu muy juvenil, contra los quietos amantes de
la forma renacentista o del pacífico y casero mundo del Ottocento. Y son obras de arte
completas por si mismas, independientemente de la firma puesta atrás, la que podría hacer
sospechar, a los más obstinados, en un ennoblecimiento en función y a causa de un gran
nombre y no de un intrínseco y particular valor.
Como resulta claro, también el ejemplo de Picasso se vuelve, como no podía ocurrir de
otro modo, en favor de la independencia de la cerámica como actividad artística determi­
nada. Pero no basta. Sucede que tal juicio es claramente divulgado, no tanto por la
opinión del público o por la atención de la crítica, cuanta y sobre todo por la actitud
asumida por los mismos artistas respecto a la cerámica.
Ocurre, en efecto, que algunos escultores, aun insignes, manifiestan su interés por la
cerámica partiendo del presupuesto de que es una cenicienta que debe ser ennoblecida.
Los ceramistas italianos más eminentes, como Lucio F ontana y L eoncillo, según lo
enuncian en sus mismos programas, se esfuerzan por elevar la cerámica al mismo rango
que la escultura, sin advertir el grave peligro de confundir dos actividades que tienen
características propias e independientes. Tal posición polémica, aunque sea determinada
por las más loables intenciones, afianza de hecho el prejuicio de que la cerámica es una
forma de escultura que debe ser rehabilitada y puesta en el mismo rango que la gran
escultura, que es como decir, mutatis mutandis, que la miniatura es la misma cosa
que la pintura. Entonces el artista se encontraría, en sustancia, en la condición equívoca
y absurda de imponerse, desde el comienzo de su tarea, la decisión de hacer una obra de
arte a pesar de la técnica ceramística. Al contrario, su verdadera actitud debe ser la de
afrontar la ejecución con la misma libertad y el mismo empeño con que usa el cincel

25

�y trabaja el mármol y con la certeza de que también con la cerámica le es permitido
alcanzar el arte.
De todo se forma, además, un nuevo equívoco que se refiere a la decoración arquitectó­
nica. Ellos dicen, en efecto, que quieren llevar la revolución de la cerámica también en
la decoración, otorgándole el valor de escultura “verdadera y propia”. Ante todo debe
recordarse que el concepto de decoración implica dos significados. Puede ser medio o fin:
medio, cuando la obra es creada en función de un ambiente y por ello pensada como un
todo único; fin, cuando la obra es por sí misma una obra completa e independiente que
sin embargo llega a decorar, o sea, a enriquecer el ambiente en que vive. Se tendrá, en­
tonces, en uno u otro caso, obra de arte dependiente —parte de un todo— o autónoma.
Es claro que el medio decorativo tendrá el mismo valor, como arte, cualquiera sea la
materia y la técnica empleada —pintura o escultura o mosaico o cerámica— y que el
“hacer de la cerámica una escultura, como decoración” no puede tener sentido.
Los problemas que se podrían, deducir de tal estado de ideas y de tales discusiones
—siempre proficuos e indispensables a condición de esclarecerlos al fin— podrían ser
otros más de los que hemos examinado hasta ahora. Sin embargo, en esta breve nota ha
sido suficiente volver a proponer el interés y la atención, tanto más cuanto que no es
■ la crítica la que debe resolverlos, sino a pesar de las teorías y los programas, solamente
merced a la voluntad y la fantasía de los artistas.

26

�b ib lio g ra fía
J orge R omero Brest: La pintura europea

nómina se afirma ahora entre los primeros
este autor con este libro.
Este critico de consideración tan exten­
dida es, sin embargo, un arriesgado: pre­
dica su pensamiento sin cesar y sin reser­
vas, exponiéndolo incitantemente a la
controversia, en sus conferencias, en sus
cátedras, como desde las páginas de Ver
y Estimar que redacta acompañado de
sus discípulos en extensión de su ámbito
profesoral. Le conocí una noche en Mon­
tevideo, hacen ya unos largos quince
años, en ocasión de su primera conferen­
cia en mi ciudad. Con sorprendente va­
lentía hizo el análisis del arte uruguayo
exhibido en uno de los salones oficiales.
Acertó en la categorización de artistas
para señalar luego en síntesis, una nive­
lación del conjunto justa para aquel am­
biente y para aquella época. Su aguda
observación expresada sin retáceos ante un
panorama hasta entonces desconocido para
él cavó hondamente —así yo lo atestiguo—
en la labor posterior de muchos de nues­
tros artistas.
Pudo Romero Brest seguir un camino se­
mejante en su patria, de evidente utilidad
a nuestro parecer, atendiendo prolijamen­
te la producción plástica compatriota. Lo
realizó fragmentariamente al ensayar jui­
cios aislados de artistas y en algún mo-

contemporánea. Ed. Fondo de Cultura Eco­
nómica. México, 1952.
Para Ver y Estimar
Vicepresidente de la Asociación Interna­
cional de Críticos de Arte, jurado de altos
certámenes de competencias mundiales, el
profesor J orge R omero Brest asienta la
extensión de su fama con la aparición en
la biblioteca Breviarios del Fondo de Cul­
tura de México de un libro fundamental:
La pintura europea contemporánea (19001950).
Es, sin duda alguna, este crítico de arte
uno de los escritores de estética rioplatenses más divulgados del momento. Com­
pensación justa de la nombradla para
quien la misión de crítico ha sido toma­
da con ejemplar fervor, sin claudicacio­
nes en el esfuerzo, profundizando conoci­
mientos en el trato directo y continuo de
la obra de arte y el estudio de ideas y
conceptos que la misma obra de arte des­
pertara a través de los antiguos pintores
comentaristas de su propio oficio, más
tarde de los filósofos estetas y luego, y en
especial, de los tratadistas de las artes
plásticas que en el mundo contemporáneo
han llevado a un alto grado de desarrollo
a la historia y a la crítica de arte, a cuya
27

�mentó expuso sus puntos de vista gene­
rales sobre la situación de la actual pin­
tura argentina en donde pugnan fuerzas
de evolución propias nacionales y la ex­
presión universalista. Convencido de que
una conciencia universal está de más en
más presidiendo la actividad humana y
que las teorías estéticas consecuentes irra­
diadas desde Europa y especialmente des­
de París están llamadas a predominar,
antes de caer en la tarea de echar culpas
ante la crisis que advierte en el arte ar­
gentino (No 1 de Ver y Estimar) y seña­
lar mediocridades, o la contraria, buena
pero excesivamente lenta para su dinámi­
co temperamento, de permanecer atento
a los atisbos más generalizadores de un
arte de autenticidad local, tomó la reso­
lución bien decidida de abarcar desde
aquellas mismas fuentes el desarrollo de
la nueva conciencia.
Dos estadas recientes en Europa y una re­
quisitoria a las colecciones norteamericanas
le permiten confrontar sus conceptos sobre
el arte europeo de la primera mitad del si­
glo xx. Lo que el libro trata es la pin­
tura de los años 1900 a 1950 y para ser
más exacto, de aquello que ya está dete­
nido en el año 1950. Pero no se crea que
éste es un libro consagratorio porque al
final del período no se haya ocupado de
los artistas que todavía están envueltos en
luchas, cuya consideración anuncia como
material de un próximo volumen. No.
Es un libro viviente, anticlásico, si por tal
nos entendemos en oponerlo a las defini­
ciones aquietadas. Es un libro polémico

28

donde todo pintor y toda tendencia están
despertados a una revisión tan completa
como intransigente. Los autores que juzga
y las escuelas que elige para su exégesis
son aquellos que han significado un esla­
bón en la imposición de un nuevo estilo.
Por ello se detuvo en F ernand L éger en
cuya perennidad no cree demasiado y deja
de lado a P ierre Bonnard cuya pintura
goza o a J osé G utiérrez Solana y ConsTANT PERMEKE.

Es evidente que Romero Brest no orga­
niza en su libro un museo de arte donde
alguno de los excluidos tendrían un des­
taque por demás advertido como produc­
tores de bellas artes. Él aleja a los dema­
siados confiados a su sensibilidad por más
exquisita que sea o a aquellos que se des­
envuelven ahondando su mundo circun­
dante. Quiso que su libro fuera sólo guia­
do por la teoría. Más que un comprensivo
goce de belleza la critica es aquí —exclu­
sivamente— un aporte de inteligencia al
acto creador: alimento de teoría que da
al artista. “Lo que se observa—dice— es
un planteo dialéctico en una realidad que
se agota del pasado y una que se anuncia
con marcados acentos intelectualistas”. Lo
que se agota el autor lo liquida y a lo
que se anuncia ayuda su advenimiento.
“A la inversa de lo que suponen los pro­
fanos, de quienes dicen que el arte se ha
intelectualizado demasiado, el factor do­
minante en casi todos los sectores es el
vitalista y la mayoría de los artistas sien­
ten un santo horror a todo lo que es pen­
samiento”. Sólo los de vanguardia “sien­

�ten la necesidad de que el hombre ponga
otra vez como siempre en los grandes pe­
ríodos de la humanidad, su impronta de
inteligencia”.
La pintura europea contemporánea es un
magnífico documento de su autor. Es el
natural fluir de su inteligencia alerta que
ordena el proceso histórico de la manera
más conveniente a la demostración de que
"se viene corriendo en pos de un nuevo
estilo”, tratando que esta nueva caligrafía
mental colectiva, desbrozada de lo que se
opone a la rectitud del camino, luzca en
todo su esplendor. Libro de teoría cierta
por cuanto contagia la dinámica de su
sólida argumentación, llamativa por su
diligencia. Estudio de defensa del intelec­
to que se apoya y se autentica en la vigo­
rosa lucidez del critico a quien no escapan
los más diversos ángulos de observación en
cuya latitud se mueven desde el sociólogo
al psicólogo (recuérdense, entre otros, los
comentarios sobre Kandinsky, P iet M ondrian y el movimiento dadaísta) donde
nada se da por supuesto, nada por sabido,
definiendo con prolijidad y aliento cada
una de las cuestiones que informan uno
de los itinerarios más eruditos que sobre
la pintura europea contemporánea se han
escrito.
J osé P edro Argul

Montevideo, mayo de 1953.

29

F riedrich K ainz: Estética. Trad. de W en ­
ceslao R oces. Ed. Fondo de Cultura

Económica, México, 1952.
Los estudios que pueden agruparse bajo
el nombre de estética, son considerados a
menudo como apropiados sólo para espe­
cialistas: admitimos así que deben some­
terse a ellos estudiantes de las bellas
letras y artes, quizá arquitectos, y entre
las diversas disciplinas filosóficas es la
estética una de las que complementan el
estudio de los valores, campo cubierto en
su mayor parte por la ética. La estética
queda por lo general reservada a muy
pocos, los cuales, a fuerza de teorizar, se
pierden en las nubes de la abstracción,
sin contacto con la realidad. Pero no le
interesa al artista, quien forma y plasma
vitalmente sus concepciones. Menos inte­
resa al hombre de la calle, que en con­
tacto continuado con la técnica, se ha
acostumbrado a una sobriedad muy gran­
de en materia de ornamentación y quien
se encuentra tan alejado de las frondosas
y sentimentales expresiones del arte del
siglo pasado, como ofendido por las exteriorizaciones irracionalistas pretendida­
mente cerebralizadas que le imponen la
mayoría de las manifestaciones artísticas
actuales. Las masas, por otra parte, no
han necesitado de teoría: un ritmo que
coincida con el ritmo de su sangre, algún
vivo colorido que interrumpa alegremente
una cotidiana monotonía, una melodía en
el crepúsculo, una consoladora alusión a
una justicia final en el drama de la exis­
tencia, he aquí su exigencia para con el
arte.

�¿Qué sentido puede tener entonces la
publicación en Viena y su traducción en
México, de este grueso volumen sobre
estética? ¿Ocupará un lugar de alguna
importancia entre las manifestaciones pu­
blicitarias de la cultura actual?
La estética es de por sí capaz de señalar
a la técnica el íntimo vínculo que enlaza
las producciones de ésta, con las de la
naturaleza: le hará descubrir qué ritmos
y qué formas son comunes a ambas. Y le
enseñará que las creaciones indirectas de
las que el hombre se va rodeando y que
amenazan ya convertirlo a su vez en ins­
trumento, esclavo y servidor del fin in­
mediato de elaborar cosas, cosas, cosas,
en desmedro de su mente meditativa y a
costa de la “salud de su alma”, tienen,
en el fondo, un significado análogo al de
las variadas creaciones de la Naturaleza
misma. El hombre técnico pulsará que
ha creado y que maneja no solamente
objetos adecuados, sino nuevas formas en
las que se manifiesta una necesidad vital
paralela a la que nos sorprende en las
estructuras inconscientes del mundo vege­
tal y animal. Podrá llegar a tener con­
soladora conciencia de las invariancias de
ambos mundos. Sabrá que él es, también,
artista.
El artista a su vez hallará expuestas en
una gran visión de conjunto, los puntos
de vista desde los cuales otros antes que
él han obrado. Saber cuál es la posición
teórica de acuerdo con la cual se acciona,
puede evitar dudas, búsquedas, vacila­
ciones, y más: las producciones híbridas

30

de las cuales se resiente tanto nuestro
actual momento artístico.
En general, el estudio de la estética puede
enriquecer nuestro haber cultural: ¿por
qué limitarnos al mundo estrecho de lo
que nos agrada porque sí, si más allá, con
sólo realizar el esfuerzo de informarnos,
pueden abrirse nuevos horizontes a este
placer tan puro y satisfactorio que junto
con la palabra y la risa, es una de las
aptitudes más distintivas del género hu­
mano?
,
Las lecciones que ha anotado el profesor
K ainz para sus alumnos en Viena, en una
época en que la bibliografía especializada
se hacía cada vez más inaccesible a los
estudiantes y curiosos, parecen muy ade­
cuadas para estos fines generales. Tienen
muy en cuenta lo heterogéneo del audi­
torio, heterogeneidad que se acentúa al
ampliarse el campo de difusión al de
lectores de lengua germana y española.
Van dirigidas según nos dice: “a filóso­
fos que buscan integrar su sistema; a
los interesados por la cultura antropopsicológica que desean explorar ese terri­
torio tan promisor para la humanidad: el
axiológico-expresivo de la belleza y del
arte; a historiadores de literatura, plás­
tica, música, que quisieran ponerse en
posesión de conceptos generales, de con­
clusiones de principio, capaces de ser
utilizados para una fundamentación teó­
rica de sus investigaciones”. Pero la tarea
de desbrozamiento y de inteligente sínte­
sis que en ellas se ha cumplido, convier­
ten estas lecciones en el compendio que

�hacía falta y que ahora podrá manejar
todo estudioso de la materia. Hallará en
él dos guías: la enumeración de los diver­
sos planteos de la disciplina y una biblio­
grafía profusa y exhaustiva.
La obra se desarrolla en cuatro capítulos.
El primero esboza una historia crítica de
los métodos y modos de actuar de la
estética: en términos técnicos, es una in­
vestigación epistemológica. También abor­
da la espinosa cuestión de “si la estética
puede ser o no considerada una ciencia”.
Así para algunos, la vivencia de la belle­
za no permite una apreciación lógicoracional; una ordenación científica de esos
datos caóticos sería una tarea vana, y
precisamente los imponderables momen­
tos irracionales, en ningún campo son tan
de tomar en cuenta como en el campo
estético. A ellos contesta Kainz que el
significado de la irracionalidad estética
no es el de una meta —o a causalidadfalta de ley, sino que las relaciones son
más difíciles de descubrir en lo estético
que en el mundo físico-fisiológico, en el
lógico y aún en el ético. Pero no es que
falten constataciones generales. La reali­
dad es siempre más complicada que toda
teoría y las llamadas “leyes naturales”
sólo son utilizables en tanto se simplifi­
can extremadamente los hechos. Tampoco
es condición sine qua non, para que una
disciplina científica sea tal, la nomotética
(posibilidad de establecer leyes y pre­
decir resultados), pues en tal caso tam­
poco sería posible abarcar con esa deno­
minación las ciencias ideográficas o cul­

turales. Lo irracional no se cierra a la
investigación racional. La estética, siendo
ciencia de las cosas hermosas, no es ella
misma un objeto bello. Aunque su méto♦ do debe adaptarse a su objeto, esto no
significa que este método no pueda ser
racional. Las principales objeciones con­
tra el carácter científico de la estética no
son formuladas por metodólogos ni epistemólogos, sino es a los estetas a quienes
una racionalización de la estética suena
a profanación. Kainz tiene por imposible
tan sólo una dogmática del juicio del
gusto y una teoría del objeto estético que
llevara a una exhaustiva fijación de sus
cualidades. Imposible sería una normación categórica y estricta, la fijación de
un ideal estático y absoluto de belleza y
la deducción de todas las consecuencias
axiológicas. Como posible en cambio, po­
dría considerarse: una teoría del gusto
diferencial-tipológico; una limitada normación, una teoría del objeto estético
que se conformara con señalar leyes gene­
rales, nunca llevadas a una particularización extrema; una axiología comparada y
una psicología de la producción del goce
estético. Nosotros agregaríamos a esto:
un estudio terminológico, que ubicara los
problemas planteados por los distintos in­
terrogantes en sus respectivos planos, dis­
tinguiendo el ontológico del lógico y sin­
táctico, así como la imbricación concep­
tual de los mismos.
El segundo capítulo considera los límites
ontológicos de la estética. Kainz sostiene:
10 que lo bello es un valor, para lo cual

31

�no necesita prueba lógica, acepta la in­
tuición vivencial. 2&lt;&gt; que es valor humano
elemental y último, anclado en las más
fundamentales disposiciones del ser.
31? que es un valor autónomo el cual no
es necesario inferir de otras vivencias
axiológicas. Para formular estas dos pro­
posiciones el autoi; añade un análisis ra­
cional en base a la argumentación de la
Critica del Juicio de Kant, observando
una actitud teleológica en el sentido de
Volkelt, preguntándose si de los hechos
de conciencia estéticos que pueden enfren­
tarse a los intelectuales y morales, puede
derivarse un aporte valorativo peculiar y
distinto.
En el tercer capítulo se estudia el com­
portamiento psicológico, no ya como un
aspecto de la teoría de los valores en
cuyo sentido había sido mencionado en
los capítulos anteriores, sino como activi­
dad que entra en juego allí donde el ser
humano se da a la contemplación de la
belleza. De acuerdo con Volxelt: ‘‘en la
vivencia estética, más que en ninguna
otra, entran en acción todas las facetas
de la personalidad: intuición sensible,
actividad de la fantasía, sentir, querer,
inteligencia” y “la individualidad plena
debe vibrar activamente en el goce de la
belleza”. Con él concluye Kainz que “la
actitud estética nos afecta no sólo psíqui­
camente, sino compromete nuestra perso­
nalidad entera".
El cuarto capítulo está dedicado al objeto
estético como fundamento y presupuesto
del efecto estético en un sujeto. Es aquí

32

donde Kainz ensaya una aplicación de
las teorías enunciadas y da ejemplificadones.
En general el propósito es didáctico, con
numerosas repeticiones y enlaces temáti­
cos. La acentuación de determinadas teo­
rías hace entrever la actitud personal del
autor frente a la problemática planteada.
Pero nos indica expresamente que no
abordará una sistematización de la misma
sino en un nuevcn ciclo de lecriones. Su­
ponemos que se centrará entonces en los
valores vitales subjetivos para seguir una
línea involutiva: construida desde el Su­
jeto hacia la metafísica, desde lo más
sintético, a los fundamentos analíticos
que la síntesis implica.
¡Cuánta paciente labor se encierra en
obras como éstal Cabe preguntarse si
no son éstas las lozas que hacen transita­
bles los valles entre las cumbres de la
filosofía, a los cuales alude O rtega y
G asset en su prólogo a la Historia de la
Filosofía de Bréhier , cuando pide más
atención a las ‘‘épocas deslucidas”. En
tales épocas, cuando el espíritu creador
parece aletargado, hay hombres tenaces,
laboriosos y disciplinados que recopilan
las ideas dispersas para facilitar una nue­
va ascensión al próximo genio. Aunque
el profesor Kainz no nos diera su segun­
do tomo, habría cumplido con la estética.
M agdalena B leyle

�Max B ill : Form. Ed. Karl YVemer A. G.
Basilea.
En un precioso volumen de perfecta diagramación M ax B ill ha reunido las ilus­
traciones de una exposición intitulada
“Die gute Form” organizada por la
Schweizer Werkbund, y de otras adquisi­
ciones recientes.
Max Bill encabeza el prólogo diciendo:
“Este libro se propone ser un libro de
imágenes”. Es verdad, pero también por
sus hojas de texto claro y preciso, por la
selección de las fotografías y por los co­
mentarios de los epígrafes se trasunta
toda una direción del pensamiento de
Max Bill, de naturaleza polémica y volun­
tad didáctica.
La selección de las ilustraciones ha sido
hecha con espíritu racionalista, muchas
veces los objetos elegidos responden a un
cálculo matemático. Fórmulas represen­
tadas por formas. Esto no quiere decir
que la imaginación no tenga cabida
—¡muy al contrariol—. La imaginación
está en descubrir las leyes ocultas de la
naturaleza, en combinar las conocidas, en
relacionar, en proporcionar.
Las primeras ilustraciones que titula:
Formas de la naturaleza, son fotografías
de: movimientos rítmicos de una columna
de humo, de cristales octaédricos de piri­
ta, etc., fenómenos que responden a leyes
orgánicas, químicas, cristalográficas.
Prosigue con un capítulo que llama:
Formas y movimientos observados por el
hombre. Y entonces... llega el hombre
33

con toda la capacidad para descubrir y
crear.
Y paso a paso va levantando secretos,
intuyendo leyes. Como M iguel Amcel de
un bloque de Carrara, descubría un Es­
clavo, que ya existía oculto y dormido
en la inmensidad del mármol, hoy un
ingeniero intuye una forma y va descu­
briendo las leyes que la rigen. Construye
un puente de hormigón armado donde
los esfuerzos de tracción y compresión
responden a cualidades específicas del
hierro y del hormigón, y donde la curva
parabólica responde a una línea de mayor
resistencia. También estas leyes existían,
había que aunarlas, darles forma, el re­
sultado es un puente (en el caso de
M aillart una obra maestra técnica y una
forma de gran poder estético).
Los siguientes capítulos están dedicados
a todas las formas creadas por la activi­
dad humana, desde herramientas hasta
proyectos de urbanización, desde juguetes
hasta maquinarias.
Par^ Bill “forma es sinónimo de belleza".
Su ideal sería que todas las cosas crea­
das fuesen bellas —“La forma en su exis­
tencia la más autónoma representa una
idea y se identifica así con el arte”—. La
apreciación de la belleza o el concepto de
lo bello puede variar en el tiempo, tam­
bién depende del objeto y de la evolu­
ción del espíritu humano. Un aparato
telefónico de 1905 —con su auricular en
forma de caracol— era perfectamente
aceptable, pero hoy lo consideramos una
forma poco evolucionada. Una venus pa­

�leolítica está lejos de ser el ideal actual.
En todo caso diríamos que el adjetivo de
bello es una cosa relativa.
Más adelante agrega: “Quiéranlo o no
los creadores de formas nuevas sufren la
influencia del arte moderno”. ¿Pero los
artistas no son influidos “por las con­
quistas de la ciencia, por las adquisi­
ciones de la técnica”, en una palabra por
nuestra nueva manera de ver el mundo?
Diremos entonces quei los creadores de
formas van a la zaga de los artistas o es
que no hay primeros ni segundos, sino
que las formas creadas serán más o me­
nos artísticas, según la calidad del creador.
H erbert R ead dice que el arte abstracto
o no figurativo no tiene otra meta que
la creación de objetos cuyas formas plás­
ticas apelen a la sensibilidad estética del
hombre. Read considera el arte utilitario
como correspondiendo al arte no figu­
rativo.
Es curioso notar que la inclusión de dos
fotografías de esculturas de Max Bill en
comparación con todas las otras cosas
útiles nos llevan a pensar, si estos objetos
gratuitos no corren el peligro de ser in­
cluidos según las propias ideas de Bill
en objetos de ornamentación.
Los objetos según Bill deben alcanzar por
su material, por su método de fabrica­
ción y por su destino un valor estético;
pero no basta resolver el problema de
una manera racional —según proclamaba
la llamada “estética industriar*— para
alcanzar ipso facto la forma ideal. Por
razonable se entendía que la forma no

34

fuese absurda en función solamente del
uso a la que estaba destinada. Contrapo­
ne a esto la idea de que las formas nue
vas deben especialmente prestarse a la
fabricación industrial y ser especialmente
creadas para la industria.
En el capítulo dedicado a Planeamiento
y construcción destaca la necesidad de
resolver los problemas en su totalidad y
pregunta: “¿Qué es un acierto arquitectó­
nico en un conjunto desordenado?” e in­
siste sobre la organización de los grandes
espacios: “Su resultado se manifiesta por
la forma, forma de la colonia, forma de
la ciudad, forma del paisaje”. “Pero la
realización de deseos tan ambiciosos cho­
ca con los intereses privados y el actual
parcelamiento de la tierra”; sin embargo
da dos ejemplos realizados: el planeamien­
to del valle del Tennessee y la construc­
ción de las oficinas de la Lever Co. en
New York, donde se renunció a la total
utilización del terreno costoso en pro de
la búsqueda de ventilación y asolea­
miento.
En el último capítulo Educación y Crea­
ción comenta que “si bien una bella y
buena forma es aceptada raramente, es
comprada por círculos extendidos de la
población y da tres razones fundamenta­
les que determinan aquello. La mayoría
de los productos cuya forma es nueva y
bella son más caros que los antiguos.
Los objetos antiguos pero buenos ya no
se fabrican más y por último el compra­
dor duda en la adquisición de objetos
que no siguen una tendencia general”
Podríamos agregar otras razones de

�peso. El hombre es por naturaleza con­
servador —y reacciona negativamente a lo
que no tiene una tradición de forma—,
por ejemplo: los muebles. Diremos que
acepta con mayor facilidad los productos
derivados de la industria que no tienen un
pasado de artesanía. Es más fácil que una
persona compre sin dudar una heladera
eléctrica que un artefacto de iluminación
o una silla. La iluminación tiene un
pasado remoto: candiles, arados, quinqués,
formas aprobadas por el consenso públi­
co y que han sido adaptadas al cambio
de energía. Las sillas tienen un historial
de estilo*
También la parte económica actúa no
sólo sobre el comprador, que no se decide
a cambiar todo su equipo de golpe y que
se aferra a determinadas formas obligadas
por sus tipos de vivienda y no cambia
sus elementos por temor de que desento­
nen. Si no que también actúa sobre el
productor que tiene sus maquinarias des­
tinadas a producir una determinada for­
ma, y no se resigna a cambiarlas mientras
las circunstancias se lo permitan.
Da un alerta contra la propaganda
responsable de las convenciones de las
“tendencias generales” que van desde las
formas contradicción hasta los abultamientos aerodinámicos. Para Bill no hay más
que un solo medio de terminar con este

35

estado de cosas: la educación —y por edu­
cación entiende “desarrollo de las capacida­
des naturales del alumno y no la confor­
mación por un predeterminado molde”.
Max Bill adopta así una posición culturalista. Bastaría hacer un breve cálculo, una
simple estadística, para llegar a la conclu­
sión de que el alcance de la educación,
y entendemos por educación acción directa,
no pasa de unos miles de personas.
Y en este caso la acción se debe a élites
intelectuales. Es lo que ha venido ocu­
rriendo desde hace siglos Las élites han
creado los estilos y formas determinantes,
pero el resto de las gentes ha permanecido
en una vivencia anónima.
Lo que desearíamos sería la integración
de estas ¿lites creadoras con las otras ca­
pas sociales, es lo que llamaríamos cultu­
ra de un pueblo, más que un estilo, una
civilización.
Nos hubiera gustado que este último ca­
pítulo fuese más explicativo y más exten­
so porque en realidad Form con toda
su colección de preciosas fotos no es sino
un pretexto para llegar al problema vital
de por qué y cuáles son las razones que
guían al hombre en la elección de su
ámbito.
Samuel F. O lí ver

�crítica
CLORINDO TESTA
La sala V de Van Riel, fiel hasta hoy a
la presentación de valores plásticos presentativos de actitudes estéticas significa­
tivas, nos obsequia una vez más con la
exposición de trabajos de Clorindo T esta.
Tras la selección inicial de valores, lo
que llama la atención —y con vivezaes un acentuado dinamismo: Taller de bici­
cletas, Fábrica, Maniquí y, con distintos
recursos Ventana, recuerdan un móvil de
C alder transportado a las dos dimensio­
nes de la tela con toda su agilidad y su
frescura, con la gracia un poco ingenua
con que columpia en el espacio sus lí­
neas y sus planos. En efecto, una firme
sugestión de movimiento se desprende de
Maniquí, cuya silueta se destruye como
forma representativa para traducirse en
unos alambres hinchados aquí, fragmen­
tados allá por la emoción; y que luego
de dibujarse sobre un fondo blanco ho­
mogéneo —indicación de espacio— se pro­
yectan en rojo luminoso sobre una cons­
trucción de gamas dramáticas —negros
expresivos, ocres, grises— planos que vi­
bran con intensidad al acercar mutua­
mente sus límites.
A través de los trabajos expuestos se adi­
vina una búsqueda de espado cuya eta­

36

pa definitiva puede estar más o menos
cercana según encuentre el artista la ex­
presión ajustada a su inquietud. Actual­
mente parece sugerirlo mediante una su­
perposición de estructuras construidas,
una por un plano de color homogéneo
(blanco generalmente) que sugiere el
fondo; otra, lineal, muy vivida, que se
viene hacia el espectador; quedando una
gama tonal muy cálida de negros, ocres
y grises para organizar una textura prin­
cipalísima y fecunda por su significación
dramática.
En Ventana, la subdivisión de planos
se hace de acuerdo a una ordenación
particular de cálidos y fríos que gene­
ran una dinámica un poco desordenada,
pero, y tal vez por ello, crean un panora­
ma vividamente luminoso por la acen­
tuación poderosa de los amarillos. Otro
es el caso en Carnicería donde el color
desborda su límite en un arranque de
euforia, volcándose en el espacio; pero el
afán constructivo de Clorindo Testa de­
liberadamente frena el impulso de esa
expansión, volviendo en la parte infe­
rior de la tela, a su acostumbrada cons­
trucción.
No sé si será el dejarse arrastrar por un
cierto matiz poético que pone su acento
acentuadamente simpático en esta expo-

�ación; pero lo cierto e* que se siente uno
como en un mundo de ciencias exactas
elaborado desde un alto piso bohemio
donde lo ordenado se ve salpicado con
gracia por el desaliño, y la severidad del
estudio, dulcificada por un lirismo in­
consciente pero ajustado al fin.
El placer estético que resulta, se debe,
más que a un logro total de los fines,
a la vehemencia que surge de cada tra­
bajo. Hay en la estructura lineal una
expresión rica, intensa. Esas líneas, si
ligeramente curvas como las que anun­
cian los rieles sobre las que corre el vagón
en el cuadro homónimo, evidencian una
tensión íntima que el peso de su mismo
grosor atempera; si verticales u oblicuas
como en Maniquí, en Fábrica, una fuerza
vencedora de resistencia las eleva; si ho­
rizontales, comunican la clásica impresión
de serenidad. Pero sucede que Clorindo
Testa no se deja aprisionar por nin­
guno de esos esquemas en partic llar; por
el contrario, los emplea a su albedrío en
un aparente desorden, infiltrando asi
cierta oscuridad que puede desorientar a
quien no lo interprete, el que para acla­
rar sus dudas no tiene más que compa­
rar esos ritmos con el ritmo libre de la
poesía de hoy. Por otra parte, no olvide
el espectador que el arte de nuestros
días es “un arte artístico’ al decir de
O rtega y G asset, exigiendo una elabo­
ración mental a veces muy profunda, con­
trariamente al arfe de épocas pasadas en
que el espectador gozaba rápidamente
ante una objetivación que (aunque im­

37

pregnada de valores estéticos muchas veces
ignotos para él) dábale al menos como
asidero una realidad de vigencia cotidia­
na y representativa, amén de que él vivía
envuelto plácidamente en esa realidad.
Caso opuesto al carácter de transición de
nuestra época en la que el hombre no
ha llegado a una actitud claramente definitoria en ningún plano de la vida.
Prosiguiendo con el análisis, puede verse
cómo Testa —resabios de arquitectoemplea aún la perspectiva. Aunque en
Cocina la reemplaza por la cuarta dimen­
sión, en sus otros trabajos, sea mediante
el color, o la proyección casi desapercibi­
da de volúmenes a líneas, le da auna vi­
gencia débil pero clara. Y si empleo la
palabra resabios aclaro que no es con in­
tención peyorativa (muy lejos de mi idio­
sincrasia tratándose de una actividad hu­
mana) sino porque la creo una actitud
no deliberada en Testa.
La exposición de trabajos de Clorindo
Testa es importante por sus valores pre­
sentes —superados a los de sus trabajos
del año pasado— pero más aún lo es en la
medida que significa lo que una tarea
constante y entusiasta puede repre­
sentar para la objetivación plena de tu
ideal estético, que se adivina en un futu­
ro cercano.
E lena P ocgj

�ma expresiva. La forma expresiva es así
aquella que lleva amalgamada en un todo
por obra del manejo y organización de
los elementos plásticos, la idea y la emo­
ción, base de toda creación artística.
Me he preguntado frente a la totalidad
de las obras de Aebi si se desprende de
ellas un concepto del espacio dinámico
seguro y coherente. He querido buscar en
qué consiste ese dinamismo. He tratado
de ver si cada problema es clarificado en
una adecuada estructura. Y he buscado
la emotividad del artista tras cada camino
seguido. Y he pensado que seis años de
labor (desde 1947 a 1953) no han acer­
cado a Aebi a la madurez de una idea
plástica, como si se perdiera en las va­
rias sendas seguidas.
Vacila cuando dinamiza un espacio par­
celándolo en pequeños cuadriláteros, por­
que pese a la oposición de los colores las
distintas figuras o bien juegan con inde­
pendencia o bien están ligadas entre sí
rememorando una solución cubista.
Se aleja de una organización dinámica
cuando por la multiplicidad de los de­
talles en que se da el color —desde la
profusión de los tonos hasta la abundan­
cia de las calidades de la pasta— rompe
la sumisión a los ejes de composición.
Accede a un espacio en absoluto abstracto
cuando puebla innecesariamente un ám­
bito cósmico con figuras que en si son
resabios de formas vegetales.
En fin, olvida que, para dar vida a un
fondo blanco, no basta con sobreponerle
un arabesco o círculos de cualquier co­

�lor. El desprendimiento y por tanto la
alusión a un espacio, se crea por la vi­
bración de los colores unida a los dife­
rentes espesores de las líneas. Esto es lo
que permite la organización de las figu­
ras en distintos planos y la creación de
una ilusión de espacio hacia el especta­
dor. Así daba vida al espacio blanco
M ondrian, y entre los concretos argen­
tinos así vitaliza H lito sus compo­
siciones, logrando hacer sonar las líneas
por la potencia del color.
No me conformó la exposición de Aebi:
hubiera preferido menos caminos ensaya­
dos, pero más pulimento en el logro de
cada solución.
B ianca Stabile

BUTLER Y SOLDI
Con las exposiciones recientemente efec­
tuadas, estos dos pintores —se ha dichohan llegado a su madurez. ¿Qué signifi­
ca esto? Puede significar varias cosas:
que han alcanzado la meta de sus bús­
quedas plásticas, que tienen hoy pleno
dominio de su expresión, o bien que han
logrado un estilo propio, o que han llega­
do a perfeccionar su técnica. Todo esto,
total o parcialmente, puede significar la
madurez de un artista. Pero al mismo
tiempo cabe plantear otro problema. ¿Esa
madurez implica un estancamiento, un
avance o un retroceso? Nos parece que
en el caso particular de B ut)ler y de

39

Soldi, su madurez puede significar la*

tres cosas, encarando su obra actual desde
ángulos diferentes.
No queremos establecer un paralelo, pero
la coincidencia cronológica de estas expo­
siciones y el problema similar que plan­
tean, nos permite hacer no precisamente
un cotejo —inadecuado en este caso más
que en otros— sino más bien considera­
ciones de carácter general por la trascen­
dencia que puede tener para nuestra pin­
tura la madurez de dos de sus artistas
más calificados.
Soldi nos ofrece una treintena de óleos y
témperas con figuras, algunas naturalezas
muertas y paisajes. Éstos, digámoslo des­
de ya, son lo menos ponderable del con­
junto. Precisamente en el paisaje es don­
de se ve que Soldi no madura. Insiste
en la nota urbana de pueblo provincia­
no sin alcanzar a damos una expresión
valiosa, ni novedosa. La gracia, que era
lo que caracterizaba a sus primeras obras de
ese tipo, no se descubre ahora. Se advier­
ten algunos aciertos plásticos, de compo­
sición y de color, como en El vivero, en
Cabeza y en La bandeja. Lo que más
interesa, en realidad, son las figuras.
Acentúa en ellas, sin embargo, de tal
modo el tono romántico, que su pintura
pierde vigor, sobre todo desde el punto
de vista formal y constructivo. Refirma
sus calidades innegables de colorista
aunque a veces, siempre en procura de
la nota sensible y romántica, se debilite
también bajo ese aspecto. Sus formas
evanescentes, su color delicuescente y su*

�fondos absorbentes —con reminiscencias
de C arriére— nos dan figuras de una
delicadeza extrema, refinadas, muy gratas
al sentimentalismo snob de nuestra bur­
guesía actual. Podemos afirmar, pues, que
Soldi sólo ha logrado una madurez pura­
mente sentimental. Pero al mismo tiempo
ha perdido fuerza y audacia, esa audacia
y esa fuerza que escandalizaban un poco
a esa misma burguesía que hace 15 ó 20
años no había salido aún de cierto clima
pictórico finisecular y académico. En
este sentido, pues, la pintura actual de
Soldi significaba un retroceso, aun cuando
indudablemente sus recursos técnicos
hayan madurado y sea capaz de ofrecernos,
por ejemplo, obras tan plenas como las
citadas Cabeza y una naturaleza muerta
como La bandeja. Hay en él, sin duda,
un pintor, un colorista que ha alcanzado
su madurez, pero esa madurez se presenta
llena de peligros para su obra futura.
Butler, con una orientación estética muy
diferente a la de Soldi —lo que hace
imposible un paralelismo plástico— se
mantiene en una línea quizá más conse­
cuente con su obra anterior, pero como
parece haber ya hallado su ruta definitiva
—cargada también con una buena dosis
de romanticismos— nos da una sensación de
estancamiento, el estancamiento de todo
artista que cree haber llegado a la meta
y se dedica simplemente a explotar una
manera —que no es precisamente un
estilo, que no llega a la categoría de
tal—. Su fuerte sigue siendo el paisaje,
que vemos ahora muy depurado, muy

40

sensible, muy flou... Demasiado depura­
do, demasiado sensible. Quiere ablandar
sus formas, y al abandonar la línea de
su forma dura anterior, tiende a superficializarse. Quizá llevado por su afán de
hacerse más accesible, su paisaje ha per­
dido vigor, ese sano vigor de los primeros
que prometían —si no lo eran ya— un
verdadero estilo. Su recio sentido cons­
tructivo se diluye en la intención senti­
mental demasiado evidente. El pujante
colorido, frío y a veces un poco agrio,
y la bien estructurada composición —que
por cierto no ha perdido— tienden a
transformarse con notas melifluas que le
quitan proyección. De la decoración mu­
ral y del tapiz parece haber descendido
a un boceto escenográfico. La anterior
concepción intelectiva ajustada armónica­
mente con las notas sensibles, que pro­
metía —ayer no más, en la exposición del
año anterior— tantas posibilidades, que
prometía una maduración más rica y más
profunda, parece haberse detenido en
mitad del camino, en una fórmula menos
riesgosa, más cómoda. Hay una perma­
nencia de valores, sin duda, una calidad
pictórica que no se ha perdido, pero cuya»
proyecciones pueden malograrse.
Resumiendo, nos encontramos ante do»
artistas de concepciones estéticas dispare*
que vienen a coincidir, sin embargo, en
la aceptación de una postura que implica
un abandono, una renuncia a alcanzar
miras más altas, con el agravante de
estar muy bien dotados para ello. En
este sentido, la madurez de estos pintores

�tiene el valor real de un estancamiento,
por olvido de aquella sana y heroica
premisa de C ézanne según la cual el ver­
dadero artista "no llega nunca”... Haber
llegado quiere decir haber obtenido la
consagración del público y conformarse
con ese galardón. Tanto Soldi como
Butler la han obtenido desde sus expo­
siciones del año pasado. Y eso, entre
nosotros, tiene ya otro significado. Signi­
fica que el público —el que concurre a
las exposiciones— tiene ahora una capa­
cidad valorativa mucho más afinada. Él
es en realidad el que ha madurado. Y en
este sentido —observando ahora el pro­
blema desde un punto de vista sociológico-cultural— debemos reconocer que la
más reciente producción de Butler y de
Soldi importa un avance, bastante alen­
tador por cierto para nuestro arte. La
madurez de estos artistas resulta así de
una coincidencia entre el artista creador
y el público, lo que importa un estanca­
miento para el primero y un avance para
el segundo. Beneficia al público en de­
trimento del artista, pues para éste todo
estancamiento equivale a un retroceso,
en cuanto ello implica una frustración
consciente de sus facultades creadoras.
A lfredo E. R oland

41

LITOGRAFIAS DE ARTISTAS
EUROPEOS
Varias direcciones del arte contemporáneo
se hallan representadas en la exposición
de litografías que se acaba de realizar en
la Sala V de Van Riel, organizada por Ver
y Estimar. Antes de considerar las obras,
creemos necesario destacar la importancia
de la litografía como procedimiento ar­
tístico.
Sus posibilidades son amplias, como es
fácilmente comprobable al recorrer las
obras expuestas, ya que con el sistema
mecánico de utilizar la piedra y la tinta
o el lápiz se pueden obtener calidades
diversas, de acuerdo con las combinacio­
nes de elementos diferentes: la ruleta, el
graneado, distintas clases de pinceles, etc.
Sabido es que, para lograr una estampa
en color, cada tinta requiere una forma
y una estampación diferente. Ahora bien,
con dos estampaciones se pueden lograr
tres colores, por ejemplo, si se utiliza una
impresión amarilla y otra azul, la resul­
tante puede ser una litografía a tres tin­
tas: amarillo, azul y verde, por la super­
posición de los dos primarios. Este mé­
todo ha sido empleado varias veces en
las obras expuestas, por ejemplo en la de
V illon , aunque no se trata de una lito­
grafía sino de un aguatinta. Allí se ha
hecho una primera impresión en ama­
rillo, luego en rojo, obteniendo un tercer
color, el anaranjado del fondo al super­
poner los dos primeros. Por último se ha
estampado el negro, superpuesto al blanco

�del papel, al rojo y al anaranjado, lo­
grándose dar una modulación especial a
los tonos. En otras litografías, en cambio,
los colores son yuxtapuestos, lo que sig­
nifica que no actúan por transparencia,
sino que se contrastan, como en las de

M iró.

Por ser multiejemplar, la litografía es un
procedimiento que hace accesible la obra
de arte a un mayor número de aficio­
nados. Por ello pensamos que debería ser
utilizada con frecuencia por los artistas,
como medio para facilitar el contacto de
sus obras con los gustadores de ellas.
Con fines didácticos se pueden agrupar
las obras de los artistas bajo nombres
genéricos, pero este procedimiento, que
permitiría hacer una reseña más de ca­
rácter histórico que estético, tiene sus
graves inconvenientes cuando se quiere
hacer un análisis de las mismas en cuan­
to a su auténtico valor, pues muchas ve­
ces se desvía el que juzga de la verdadera
interpretación de la obra de arte en sí, al
pretender ceñirla a una concepción deter­
minada. Hablar del impresionismo, por
ejemplo, en términos generales, y definir­
lo, es fácil, pero no lo es determinar
cuáles son los pintores impresionistas,
pues si M onet lo fué por esencia, ni
Sisley ni P isarro lo fueron en igual
medida. Cada artista parte de una con­
cepción distinta de la realidad y por ende
lo expresado, aunque la técnica sea simi­
lar, implica una objetivación diferente.
Porque no creo en la eficacia de ese
procedimiento, que utiliza denominacio­

42

nes tan amplias como para no captar lo
esencial, no voy a tomar en cuenta las de
abstracto y figurativo para hacer el análi­
sis de las obras expuestas. Ya que toda
obra de arte implica una abstracción, sea
figurativa o no figurativa.
El hombre adopta en general dos actitu­
des extremas frente a la realidad: por
una parte, la actitud irracional, que im­
plica la liberación de los impulsos, y por
otra, la racional, que significa la estruc­
turación, el encauzamiento de esa fuerza
primera. Entre estas dos posiciones se
pueden asumir actitudes intermedias, cla­
ro está, pero siempre oscilando entre esos
dos extremos del péndulo.
H artung es el ejemplo típico del ar­
tista que pinta lo que vive emocional­
mente, liberando el sentimiento de toda
traba racional. Es decir, que al emplear
la línea y el color como medios expresi­
vos, lo hace guiado por un impulso y no
por la razón. Por supuesto que el artista
nunca deja de ser un intelectual y Har­
tung ha pensado su obra, pero al estruc­
turarla lo hace con la intención de obje­
tivar su mundo del pathos, de la pasión,
de equilibrar el desequilibrio, lo que
significa una posición claramente román­
tica. Por eso, sobre un fondo de amarillos,
azules y negros crea un juego dinámico
de líneas en arabesco que indican fuerza y
dirección. Líneas vueltas sobre sí, tortu­
radas, como si quisieran expresar la eter­
na pugna del hombre por evadirse de los
límites humanos, para trascender a otros
mundos. Los elementos plásticos se inde­

�pendizan y su potencia expresiva es tal
que obligan al contemplador a vibrar en
la tónica que el artista le impone, aun a
quienes todavía necesitan de la figura­
ción.
K eith Vaughan está en la misma lí­
nea, pero sin llegar a tener idéntica ener­
gía. Comparando las obras de uno y otro
podemos destacar cuánto más patético es
Hartung, aunque no represente nada. Qui­
zás si Vaughan se hubiera lanzado a crear
con líneas, planos y colores hubiera lo­
grado dar un sentido más profundo a su
obra. También en su litografía se advierte
un juego dinámico de líneas, con las que
construye la figura, menos dinámica por
cierto que el de Hartung al estar sujeto
a la forma representativa y por tener ésta
los caracteres casi de un grabado en ma­
dera.
R obert Colquhoun forma parte del gru­
po pero con menos expresividad aún.
Es el más racional de los tres. Todavía
apela a un mundo donde las cosas, los
hombres, los animales, sirven de apoyo
para su expresión. Deformados sí, casi
irreconocibles, descarnados de sus conte­
nidos particulares para crear estructuras
lineales que hieren el plano al atravesarlo
por medio de diagonales agudas. Así po­
demos decir que si Colquhoun es el más
racional, Hartung es el más lírico de los
tres.
Miró, en cambio, rechaza el sentimiento
patético. Es su imaginación la que lo
guia. Cuando pinta ha soñado con infu­

43

sorios, con esos seres que pueblan el mi­
crocosmo. Siente la vida en la célula y su
imaginación lo lleva a crear automática­
mente el panorama sensual y maravilloso
de ese microcosmo. Si en otras obras no
es eso exactamente lo que representa, deja
vagar su imaginación y siempre intuitivo
pinta con frescura y plenitud de color.
Pienso en Miró como en un hombre pa­
radisíaco que nada ve de lo trágico, lo
grandioso o lo miserable de la vida; que
siente y actúa como un alquimista que se
encierra en su laboratorio a vivir su cuen­
to de hadas. La línea es sinuosa en Miró,
pero adherida a las formas inventadas
que adquieren el valor de signos. No hay
choques violentos, crea grandes planos de
colores yuxtapuestos, sobre los cuales jue­
gan otras formas planas, como duendes
traviesos. Si hay movimiento es siempre
en dos direcciones, nunca en profundidad,
aunque haya alusión a ella en la super­
posición de un plano sobre otro.
Algo semejante podríamos decir de Ma­
tisse, cuya litografía que parece ser un
papier collé nos transporta una vez más
a un mundo de armonías perfectas, de
ritmos y colores brillantes.
G raham Sutherland, fiel a la tradi­
ción inglesa, deja trabajar su imagina­
ción en la creación de un mundo de duen­
des, hadas y gnomos. Su color es potente,
pero persisten en él ciertos tratamientos
de la materia y cierto aferrarse a la figu­
ración que lo traban para lanzarse a la
pura invención y llegar a ser verdadera­
mente expresivo.

�Arp crea entes sinuosos que flotan en un
espacio virtual. Su erotismo lo conduce a
crear formas cargadas de acentos orgáni­
cos, en la línea, el color y la textura. No
es porque se apoye en las cosas vivas y
las represente, sino porque difunde un
flúido vital, podría decirse, de una latencia especial, poderosamente expresivo.
H enry Mooxe es el hombre que ex­
acerba la forma clásica en una deforma­
ción barroquizante. Su figura es monu­
mental, indudablemente el dibujo de un
escultor, pues siente más la materia como
masa que la linea o el plano. También
C ampigu y Van D ongen figuran en­
tre los que se mantienen en la figura­
ción. Campigli es más intelectual, Van
Dongen más frívolo. Siempre hay en el
primero reminiscencias etruscas, mientras
el segundo se mantiene como hábil dibu­
jante y colorista capaz de dar una nota
elegante.
M anessier representa la actitud místi­
ca. Él objetiva su subjetividad en un m un­
do que estructura de manera tal como
para sugerir un juego de tres dim en­
siones.

El ojo va del plano de los azules a los
rojos, amarillos y verdes, dispuestos en
pequeñas manchas que tienen la vibra­
ción del color atravesado por la luz como
en un vitral, como si detrás de toda la
composición existiera un foco potente de
luz. A pesar de ser un colorista y de te­
ner grandes calidades de pintor, Manes­
sier es el artista cuya obra está destinada
a ser gustada, por espíritus exquisitos que

44

se solazan con cosas quintaesenciadas, pe­
ro que son nada más que pequeñas joyas
al fin.
Singier utiliza la litografía ajustándose
más a las verdaderas posibilidades del
procedimiento, al extender el color en
planos amplios y al dejar que la m ateria
adquiera su calidad mórbida. Manessier,
en cambio, subdivide excesivamente y por
ello su expresión se vuelve confusa.
L éger;, por el contrario, es más frío e

impersonal, expresa la energía contenida
en la forma y en el color. Sobre tres pla­
nos en rojo, amarillo y azul, dibuja con
un trazo ondulante y seguro una cabeza
de mujer, y llega al máximo de abstrac­
ción figurativa, podría decirse.
Nos enfrentamos con la estampa de Villon . |Qué lejos estamos del impulso
desenfrenado de Hartung! Porque Villon,
mucho más racional, es su antípoda. Él
estructura, ordena, encauza las fuerzas, y
objetiva su mundo con formas cerradas y
ceñidas a la geometría, dando libertad al
plano como elemento de expresión. Crea
un juego dinámico de formas que se su­
perponen en un ritmo sereno y equili­
brado. ¿Es menos subjetivo por eso? Al
contrario, a medida que avanzamos en
el análisis comprobamos que cuanto más
abstractos son, más impersonales parecen
los artistas por los medios de expresión
que utilizan, pero al mismo tiempo son
más subjetivos. Tal es su afán por ex­
presar el mundo íntimo que acuden a
esos elementos descamados como son lo«
geométricos, para que ningún recuerdo

�desvie la atención del contemplador en
la verdadera interpretación de los signos.
Quizás las obras más interesantes sean
las de dos artistas jóvenes, inglés uno y
belga el otro: A dams y M endelson.
Ambos sacan partido de ciertas posibili­
dades que ofrece la litografía, para obte­
ner esos tonos unidos pero a la vez vi­
brantes que da la porosidad de la piedra.
Hay dos litografías de A dams, una en
blanco y negro y otra en ocre y negro,
en las que se ve evidentemente esta ca­
lidad. En ambas se establece un ritmo de
líneas sobre fondos de color suavemente
modulado. En las monocopias, en cambio,
son planos de color los que organizan un
ritmo enérgico sobre el fondo blanco del
papel. M endelson es más potente en

45

el color y llega a la máxima expresividad
al contrastar tonos puros en formas geo­
métricas que pierden su carácter de tal,
para cargarse de un contenido espiritual
pleno de acentos románticos. Las formas
cerradas se mueven, se sensualizan mer­
ced a la materia pastosa. Hay un acorde
justo entre la línea, elemento intelectual,
y el color, elemento animal de la pintura.
En las obras de ambos encontramos el
equilibrio entre esos dos mundos de lo
irracional y lo racional, pues partiendo de
una poderosa concepción subjetiva, organi­
zan las estructuras geométricas para car­
gar a las formas de acentos anímicos. Po­
dríamos decir, con N ietzche, que la
fuerza apolínea da forma y sentido al im­
pulso dionisíaco.
A licia P asinf

�m is c e lá n e a

» En un reciente libro de M arcos V ictoria titulado Qué es el psicoanálisis leemos
estas sensatas palabras, a propósito de los ensayos realizados para explicar la obra de
irte aplicando aquel método: “En los tres últimos lustros de su vida, se aplicó F reud
a extender a otros ámbitos de la cultura sus originales puntos de vista. Y aquí debemos
reconocer que ni fué feliz en su intento ni las vías abiertas por él se han mostrado
siempre fructuosas. Detengámonos en una de ellas: la aplicación del Psicoanálisis al
análisis de la obra de arte. Repetidas tentativas suyas (análisis de Santa Ana, la Virgen
y el Niño, de L eonardo, da V inci; consideraciones sobre el “complejo de Edipo” en
Hamlet, etc.) no nos han hecho avanzar un paso en el esclarecimiento de la obra maestra
del italiano o del personaje central de la tragedia de Shakespeare, en tanto que ellos son
genuinos productos estéticos. Lo mismo podría decirse de una multitud de monografías
(mejor sería, patografías) sobre los más diversos temas, de sus discípulos y continua­
dores.
Freud es, también, y en parte, responsable de precipitadas extensiones de algunos de sus
conceptos a la práctica de la invención poética y plástica.; Cabe decir que ni los pensa­
mientos en libertad de Dadá, ni los colores y formas obtenidos por liberación de los
automatismos motores, en algunos representantes del superrealismo, son causantes de
ninguna obra duradera. La historia del arte y la de la literatura nos enseñan que nunca
han surgido creaciones originales por la aplicación de recetas.
Más: se puede afirmar que los dos más significativos representantes de la pintura en este
medio siglo, los dos Pablo, K lee y P icasso, no ganarían nada si se enfocara sobre
ellos (a pesar de haber usado ampliamente elementos no realistas y material onírico) los
métodos psicoanalíticos. Por el contrario, toda su obra es una demostración (hablando en
términos freudianos) de que el “ello’’ no es creador sino en presencia del “yo”; de que
el “control” de una razón infinitamente sutil y perspicaz es indispensable para realizar
obra original, la cual, en definitiva, escapa al análisis, a la reducción de sus elementos,
a la explicación por lo más bajo. Una vivencia estética no puede reducirse a una
vivencia sexual.” (Colección Esquemas,
5, Editorial Columba, Buenos Aires, 1953.)

46

�• Desde el 14 de junio hasta el 18 de octubre de este año estará abierta
la gran exposición d e o b r a s d e L orenzo Lotto, organizada por la
Comuna d e Venecia en el p a la c io ducal.
.

• Damos cuenta de la aparición de Arti Visive, revista de la Fundación Origine de

Roma, en la que se estudian los problemas más actuales de la plástica. En los tres
números aparecidos abunda excelente material de información y critica, lo que permitirá
al público italiano la familiarización con formas artísticas casi totalmente desconocidas
en la península. La misma Fundación sostiene una Galería en Roma (Via Aurora 41)
en la que se vienen realizando excelentes exposiciones de cultores italianos del arte
abstracto o concreto, asi como de pintores extranjeros.

que las ciencias, las técnicas y las condiciones sociales actuales han modificado la
concepción tradicional del Espacio
que un medio social inédito se elabora y renueva profundamente los puntos de apoyo
de la sensibilidad contemporánea
que el pensamiento técnico tiende a depurarse en el contacto con las realidades de hoy
que los que tienen la responsabilidad de crear el medio en el que vivirán las generaciones
futuras deben poder rodearse de plásticos familiarizados con los problemas espaciales
de hoy y, además, deben ser sostenidos y ayudados por leyes y reglamentos renovados,
que la may or parte de los plásticos no están preparados para las nuevas tareas que el
Urbanismo y la Construcción de las Ciudades, así como la elaboración de un mueble
o de un prototipo industrial, exigen de quienes son responsables, no sólo cualidades
sensibles y técnicas, sino también conocimientos sociales, psicológicos y una cierta
cultura artística
que esos conocimientos y esta cultura son generalmente insuficientes, que se asiste
demasiado a menudo a realizaciones de gusto dudoso y de una plástica discutible.

47

�promover una colaboración ordenada entre plásticos cuidadosos de la evolución de la
técnica industrial y de la industria
defender la instauración de todo hecho plástico aplicado a la vida cotidiana en estrecha
relación con la arquitectura.
ELLOS PRECONIZAN
un Arte que sea la emanación de equipos de plásticos formados con entera unidad
de espíritu
un Arte que se inscriba con decisión en el Espacio respondiendo a las necesidades fun­
cionales y a todas las necesidades del hombre, comprendido como realidad social
un arte en el que la Forma sea indisolublemente definida por sus cualidades intrínsecas
y arquitectónicas en una expresión ideal de relaciones y proporciones.
ELLOS PROPONEN
la creación de vínculos estrechos entre los que pueden ser llamados a concurrir a las
grandes tareas contemporáneas y en particular a los:
Estudios de Urbanismo, Estudios de Planos-Masas, Estudios de la Plástica arquitec­
tónica (comprendidas todas las prolongaciones en la vida corriente, incidentes del color
en la arquitectura, etc.), Estudios de estética industrial, etc.. . .
la apertura de talleres experimentales, la realización de manifestaciones, etc. Ellos
desean prestar su concurso en las grandes Exposiciones y Ferias Internacionales, Festi­
vales, Fiestas públicas, etc. Las demostraciones plásticas de nuevo espíritu serán recibidas
más fácilmente con motivo de esas manifestaciones y abrirán el camino para las reali­
zaciones permanentes.
ELLOS RECLAMAN
POR EL ARMONIOSO DESARROLLO DE TODAS LAS ACTIVIDADES HUMANAS
LA P R E S E N C I A D E L A P L A S T I C A ”
Firman: V íctor Bourceois, G eorges D edoyard, L. de K oninck, L éon Stynen , W illy
Anthoons, A rnold Bacon, A nne B onnet, G astón Bertrand, M aurjts B ilcke, R enaat
B raem , Charles C arlier, J o D elahaut, R obert L. D elevoy, C harles D e M aeyer,
André de P oerck, J osse F ranssen, C orneille H annoset, J ean I wens, J ean Seaux,
F rancine L egrand, C laude L aurens, H yacinthe L hoest, R udolf M eerbergen, M arc
M endelson, A ntoine M ortier, J ules M ozin, R oger T huuon , W illy Van D er M eeren
y Lotus Van L int .

• En el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro se realiza una
exposición de pintores argentinos de vanguardia. Nuestro director ha

48

�sido invitado a pronunciar una conferencia y además a prologar el
catálogo. Dicha exposición se realizará después en el Stedelijk Museum
de Amsterdam, que dirige W. Sandberg , quien se propone hacerla
recorrer por las principales ciudades de Europa occidental. Publicamos
el texto preparado por J orge R o m er o B rest :
Un grupo de jóvenes pintores y escultores argentinos que militan en las tendencias de
avanzada expone por primera vez en Brasil. Los nombres de esas tendencias nada acla­
ran: no figurativos, no-objetivos, abstractos, concretos. Tal vez el único legitimo, desde
el punto de vista nominativo, es el último, ya que P rati, M aldonado, H lito , Iommi y
G iróla se consideran concretos. Pero el enfoque que prefiero hará caso omiso de las
vaguisimas significaciones que cada uno de esos nombres encierra.
Quiero aludir a un hecho muy simple y universal que puede ser enunciado asi: aunque
toda obra de arte presenta un sistema de formas, éstas no tienen validez sino en la
medida que vivifican una coherente realidad espiritual. De modo que tanto el creador,
partiendo de esa realidad espiritual para llegar a la forma que la condensa, como
el que estima, partiendo de ésta para llegar a aquélla, realizan una faena similar
aunque de signo opuesto que obliga a no detenerse en las formas. No quiso decir otra
cosa Kandinsky al escribir: "El ojo del artista debe dirigirse hacia su propia vida
profunda; entonces acudirá con igual facilidad a los medios y realizará sus fines."
Si el pintor se apoya en ciertos objetos de la realidad msible, no es porque encuentre
en ellos lo que busca expresar, sino porque ellos le sirven, por coincidencia relativa,
metafórica, para expresarse. Con mayor razón cuando al representar se toma libertades
y llega a transformarlos en pretextos. Si luego echa por la borda, de manera más o
menos explícita según los casos, como en nuestros dias, las formas de representación, no
es tampoco porque rechace la existencia de las imágenes visibles, sino porque siente una
desadecuación fundamental entre lo que quiere y siente y los medios de que dispone
para expresarse. Asi, pueden cambiar los vehículos, es decir las formas, pero no la
actitud esencial.
En cuanto se realiza esta inversión se comprende además la unidad del arte, ya que
por debajo de tantas diferencias de estilo, determinadas por factores tempoespaciales,
históricos por tanto, pervive una actitud que no puedo llamar sino metafísica: una
actitud elemental, primaria y permanente que deriva de la capacidad de sentir la vida
y de la posibilidad de expresarla. Refiriéndose a los personajes de La guerra y la paz
de L eón T olstoy, Charles D u Bots ha escrito: “Asi hablaría la vida, si pudiera hablar."
Lo mismo puede decirse de todas las formas artísticas, en las que siempre ha de verse a la
vida hablando. La vida habla, en efecto, por intermedio de los artistas, y hablar significa

49

�encontrar formas, elaborar un lenguaje. A veces la vida habla por bocas empiristas, a
veces por bocas racionalistas, o por bocas imaginativas o fantásticas, pero en todos los
casos, cualquiera sea el tema y los objetos de que se vale el artista, lo que se siente es
la vida que se conforma, la vida que se realiza.
En nuestros dios, la vida habla por bocas que sienten la tensión del espíritu como una
sublimación de la materia. El hombre moderno ha ganado la realidad del espacio, mas
no del espacio como el ámbito en que se mueve, limitadamente, el ser de carne y hueso
necesariamente deleznable que somos, sino el espacio dinamizado en que se mueve, ilimi­
tadamente, un ser más universal. Por eso el artista construye sus símbolos con elemen­
tos tan incorpóreos, trocando la imagen plena de otrora, siempre imagen de algo, por el
signo, sólo porque éste tiene una trayectoria más amplia y un significado más extenso.
Los pintores y escultores del pasado se apoyaron en los objetos visibles o los emplearon
como fnetextos porque el lenguaje del arte necesita un sistema de formas objetivadas
para ser tal. ¿Cómo objetivar ahora la subjetividad si se rechazan las formas propor­
cionadas por la naturaleza y el hombre? El trazo de tensión pasional de los fauves y
expresionistas, el plano yuxtapuesto o superpuesto de los cubistas, el plano interpene­
trado de los futuristas, las formas orgánicas aunque no representativas de Arp y B rancusi, en fin, el conjunto elaborado a lo largo de cincuenta años en nuestro siglo, puede
ser frresentado como el camino que conduce al descubrimiento de una nueva objetividad,
la única que no responde a la circunstanciada realidad del hombre sensible y sentimen­
tal que se concibe como individuo, la única que implica la superación de la contingen­
cia: la geometría.
Mas no se trata de la aplicación lisa y llana de la geometría, como tampoco el artista
del pasado aplicó nunca conocimientos derivados de su experiencia o de su ciencia, sino
de crear sobre una base de comprensión m utua. La geometría no es para los artistas
concretos, en particular, un repertorio de formas en el que puedan elegir las que más
les gusten —tampoco lo fue la naturaleza para los artistas de antes—, ni siquiera el
modelo para imitar. La geometría es un instrumento de ordenación de emociones, asi
como lo fue la anatomía para un I ngres por ejemplo. Diría más: que son artistas que
crean con un espíritu que se asemeja al geométrico sin dejar de ser artístico, espíritu
dominado por el afán de precisión.
Que nadie se extrañe, pues, si en los cuadros aquí expuestos las lineas son precisas y
en los tonos francos y enteros hasta el color adquiere precisión, si los espacios cobran
un sentido preciso en su infinitud. Porque también hay una sensibilidad! precisa, una
emotividad precisa y uno fantasía precisa. Y nada autoriza a suponer que la sensiblidad

50

�sólo se manifiesta a través de las imprecisiones a que nos tenían acostumbrados ¡os
románticos.
L idy P rati, T omás M aldonado, A lfredo H lito, E nnio Iommi y G iróla pertenecen al
grupo definido de los concretos, quienes crean símbolos artísticos de sentido tempoespacial, en necesaria correlación con el mundo de la geometría. Los elementos geométricos
que emplean les sirven para crear campos expresivos en la tela, los pintores, o para
componer el espacio, los escultores, invirtiendo así el fenómeno visual y estimativo, ya
que el espectador siente la vida no como algo sumergido en cada uno de ellos, sino como
algo que se expande en un espacio de creación sui gen eris.
En posición menos definida se hallan M iguel O campo , J osé F ernández M uro y Sarah
G rilo . El primero se orienta, sin embargo, hacia las formas concretas en casi todas las
telas que expone, salvo dos en las que se podrá observar el paso de una sensibilidad
individualista, por decirlo asi, con acentos de primitivismo y romanticismo por tanto,
a una sensibilidad más precisa y depurada. También Fernández Muro, pero en sus telas
quedan resabios de ritmos orgánicos y la pasión no se esconde ni se sublima como en
las de sus compañeros de grupo citados. Más sutil todavía es Sarah Grilo, extraño espíri­
tu guiado por una intuición romántica en esencia, capaz de obtener efectos cromáticos
y espaciales tan refinados y tan inesperados como para que el todo se funda en una
vibración de espacio.
Más alejados se encuentran Clorindo T esta y R afael O neto, el primero porque mantiene
el cordón umbilical con ciertos objetos del mundo visible, el segundo porque aun com­
pone con espíritu de inventor de naturalezas muertas. Pero tanto uno como otro van
limpiando sus ojos y su paleta, van enriqueciendo su vocabulario formal y no es difícil
predecir una lenta evolución hacia un sistema de formas precisas.
En Argentina hay otros grupos juveniles que militan en campos adversosK No faltan
los superrealistas y los neorealistas, asi como ese vasto campo de impasible definición
en el que actúan los indecisos. Además, el grupo de los pioneros, algunos de gran
valor, aunque detenidos ahora desgraciadamente, en las conquistas obtenidas hace
muchos años. Entre todos sobresale este grupo que expone en Brasil, al que tengo la
enorme satisfacción de presentar y en cuyo porvenir creo con fe y fervor.
Buenos Aires, julio de 1953.
JORGE ROMERO BREST

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R E V I S T A DE H I S T O R I A DE LA C U L T U R A

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JO S E L U IS ROM ERO

Consejo de Redacción
L U I S A Z N A R , J O S E B A B I N I , E R N E S T O E P S T E IN ,
V IC E N T E R A T O N E , R O BE R TO F . G IU S T I, A L F R E D O ORGAZ,
F R A N C ISC O RO M ERO , J O R G E R O M E R O B R E S T , JO S E
R O V IR A A R M E N G O L Y A L B E R T O S A L A S

Secretario de Redacción
RAM ON ALCALDE

SUMARIO DEL PRIMER NUMERO
JO S E L U IS R O M ER O : R eflexion es sobre la historia (le la cultura,
RODOLFO M O N D O L F O : T rabajo y conocim iento según A ristó­
teles. — JO S E B A B I N I : lu is grandes etap as del a n á lisis in fi­
n itesim al. — JO S E J U A N B R U E R A : Spinoza y las ideas
jurídicas en el siglo X V I L — JO R G E RO M ERO B R E S T :
R eflexiones sobre la h istoria del cubism o. — V ICTO R M A S S U H :
M artí en los E stad os U n idos. — Textos y documentos para la
historia de la cultura: T ratado acadio de d iagn ó sticos y pronós­
ticos. — Reseñas por Tulio H alperín D onglii, A lberto Salas, R ober­
to F. G iusti, Juan Carlos Torchia E strad a, N icolás B abini, E rnesto
E p stein y José B ab in i. — Bibliografía. — Crónica por Tulio
H alperín D ou glii, L u is R. V ítale, Javier M alagón y otros.
P ublicación trim estral. Suscripción anu al: A rgen tin a: .10 pesos;
E xtran jero: 4 dólares.
N úm ero su elto: A rgen tin a: 15 p esos; E xtran jero: 1,25 dólares.

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�&gt;. HECTOR MATERA - LA VALLE 1653

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Ver y Estimar : cuadernos de crítica artística</text>
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                <text>Vol. 9, no. 32</text>
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                <text>Título posterior Ver y Estimar : revista de crítica artística</text>
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                <text>Ver y Estimar S.R.L.</text>
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                <text>Buenos Aires, agosto 1953</text>
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                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Refice, Claudia&#13;
Argul, José Pedro&#13;
Blayle, Magdalena&#13;
Oliver, Samuel F.&#13;
Poggi, Elena&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Pasini, Alicia</text>
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                    <text>REVISTA

DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO TREINTA Y UNO
BUENOS AIRES

Este número c o n tie n e :
DIRECCION: Cinco años
• MARIO PEDROSA: Calder y la música de los rit­
mos visuales • DAMIAN
CARLOS BAYON: Entre­
vista a Francastel sobre lo
abstracto. • Hojas de es­
tudio: EDITH GAY: Pin­
tores argentinos de fines
del siglo XIX • Crítica:
RODOLFO G. BRUHL: El
grabado alemán contem­
poráneo • M isc elá n e a :
Raoul Dufy (1888-1953) El mo n u me n t o al pri ­
s i oner o pol í t i co desco­
nocido - Saludo a Noticias
de arte de la Habana.

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�CINCO

ANOS

Hace cinco años que decidimos hacer la experiencia que significa publicar
una revista como VER Y ESTIMAR, es decir, una revista que expresa
los modos de pensar de un grupo, asi como sus aspiraciones. Y decimos
experiencia porque la palabra define nuestra intención, que se mantiene
y se mantendrá. Experiencia en todos los planos y todos los sentidos,
aunque no nos detengamos en ella y tratemos de aprovecharla para
elaborar ideas.
La fecha no es recordada con carácter celebratorio. Son los lectores quie­
nes deben juzgar nuestros esfuerzos. ¿Qué valor tendría para ellos o para
quienes no nos conocen el juicio que tales esfuerzos nos merecen a nosotros
mismos? El momento es oportuno, en cambio, para fijar, en la medida
posible, nuestra posición crítica ante el panorama de las artes plásticas en
el mundo occidental.
Esta posición no ha sido muy definida en los cinco años transcurridos,
acaso porque no podía ser de otro modo, pese al carácter particular de
esta revista. Pues además de ser confusa la problemática del arte, no eran
muy claras nuestras ideas. En lo que se refiere al director, nos remitimos
al prólogo de su libro Pintores y grabadores ríoplatenses (1951), en el
que confiesa lisa y llanamente que ha modificado sus criterios de aprecia­
ción después de comprender, a consecuencia de un largo viaje a Europa
(1948-1949) la importancia del movimiento iniciado por Iíandinsky y
M ondrian y al que ahora se llama concreto; con mayor razón después del
otro largo viaje, a Europa y Estados Unidos, que realizó en 1950-1951.
En cuanto al resto de los colaboradores, las situaciones individuales son
diferentes, ya que también es diferente el grado de madurez de cada uno,
pero todos han realizado una fructífera labor de aprendizaje. De modo
que nadie puede extrañarse de que hayamos dado más importancia al
fenómeno esencial: la captación de la calidad artística, que a los proble­
mas derivados de la formación de un estilo moderno.

1

�En efecto, al juzgar el arte europeo contemporáneo, lo mismo que al
juzgar el arte americano o el arte nacional, ha predominado el criterio
de la calidad, palabra con la cual se pretende habitualmente denominar
el carácter propio que la forma presenta, tanto desde el punto de vista
de la materia como de la estructura y de los contenidos temáticos. Dicho
con otras palabras: la calidad se vincula con esa condición irrenunciable
de toda forma artística que la vuelve expresiva y que hace de ella por
tanto elemento de un lenguaje; condición que nos permite sentir una
afinidad ideativo-sensible e imaginativo-emocional con el creador, en
presencia de una pintura o una escultura.
Y bien, lo que hemos tratado de destacar es esa calidad, soslayando los
problemas de estilo. Tan sólo en algunos números dedicados a ciertos
movimientos de vanguardia se han hecho más explícitos estos problemas;
con mayor evidencia en los artículos sobre la I Bienal de San Pablo y la
X X V I Bienal de Venecia. Por eso, precisamente, nuestra acción no ha
podido ser tan ejemplarizadora como hubiera sido menester. Que nadie
nos lo reproche, empero, o que se nos justifique, pensando que era nece­
sario formar el grupo de colaboradores. Pero ahora que ya existe ese gru­
po, en via franca de maduración, ha llegado el momento de cargar el
acento en los problemas de estilo, sin descuidar por ello la estimación de
la calidad.1
Por problemas de estilo entendemos los que plantea nuestro tiempo, no
desde el enfoque particular a que obliga la creación individual, sino desde
el enfoque general que nace de la consideración de la suma de esfuerzos
individuales para la creación de un lenguaje plástico común: un sistema
de formas que, por su vigencia relativamente universal, se vuelve un
sistema de símbolos.
Si el siglo X X está destinado a ser un gran siglo artístico, como lo creemos,
tantos esfuerzos dispares en apariencia, habrán de desembocar en la cons­
titución de ese lenguaje. Nos vamos a dedicar, en consecuencia, a indagar
1 Sobre este im p o rta n te tem a: Calidad y estilo en las artes plásticas, se realizará un
deb ate en el Congreso de la Asociación In tern acio n al de Críticos de A rte q u e tendrá
lu g ar en San Pablo, Brasil, en 1954. La comisión encargada de estudiarlo está form ada
p o r J orge R omero Brest (jefe de grupo), G iulio C arlo Arcan (Italia), L éon D écand
(Bélgica), C. G iedion -'VVelcker (Suiza), W erner H ofmann (A ustria), J acques L assaigne:
(Francia) y M ario P edrosa (Brasil).

�en ese plano y a presentar, de acuerdo con nuestras indagaciones, una linea
critica más definida.
No se nos exija, sin embargo, que fijemos de antemano una posición,
porque de hacerlo no esquivaríamos el sectarismo. Y claramente lo deci­
mos: no somos sectarios ni queremos serlo. Allí donde encontremos una
expresión vinculada a fenómenos vitales profundos, que apunte hacia una
superación universal en el espíritu, nos detendremos para valorarla. Pero
si la expresión es nada más que individual, o bien engastada en el
pasado, como sucede ¡ay! tan a menudo, o bien fundada en fenómenos
vitales de superficie, o bien dictada por el capricho o la moda, no nos de­
tendremos en ella, por potente que parezca.
Como se dijo en el articulo sobre la X X V I Bienal de Venecia, se diseñan
cuatro actitudes en el presente: "la de los reaccionarios que pretenden
conservar al menos algunas formas expresivas del pasado, aceptando dé­
bilmente las soluciones menos comprometedoras para el oficio aprendido;
la de los vacilantes que sienten con intensidad la crisis contemporánea
pero no se animan a desechar la emotividad individual; la de los neorrealistas que creen en la función registradora de los menudos hechos vitales
0 en una épica a la que no saben dar grandeza; la de los abstractos y con­
cretos que extraen de la realidad ideas que suponen las únicas váli­
das, para anunciar con formas todavía provisorias una nueva concepción
del mundo.’’ i
Y bien, frente a tal estado de cosas, decimos:
1. Que no rechazamos ninguna manifestación artística, por reaccio­
naria o vacilante que sea, o parezca, ni siquiera las que co­
rresponden al neorrealismo, siempre que haya, implícitamente al
menos, un planteamiento de la creación artística como lenguaje
común. No aplicamos otro criterio para juzgar el arte del pasado.
2. Que los artistas llamados abstractos con gran imprecisión nos
interesan particularmente en la medida que realicen el plantea­
miento aludido, no cuando las obras sigan respondiendo, a pesar
de la eliminación de lo representativo, al mismo espíritu que las
del siglo anterior.1
1 V ER Y ESTIM A R, N ? 29-30, p. 50.

3

�3. Que estimamos al movimiento de los concretos como el más im­
portante en esta hora, porque es el único que obedece a un sistema
de ideas en consonancia con la concepción del mundo que ya
vivimos. Pero tampoco hemos de transformarnos en sus ciegos
paladines y conservaremos la libertad espiritual que es fundamen­
to de toda critica.
Para cumplir con estos fines, tendremos que aumentar la información,
pero más todavía, intensificar la elaboración conceptual. En la medida
de nuestras fuerzas, menguadas cuando se las considera desde el ángulo
económico, tal es la tarea que nos proponemos. Durante el año en curso
y por razones de organización, apenas comenzará a realizarse, mas a partir
de 1954, esperamos que se cumplirá plenamente.
D irección

�CALDER Y LA MUSICA
DE LOS RITMOS VISUALES
Los escultores modernos —desde Brancusi—, evidentemente cansados del
narcisismo de griegos e italianos del Renacimiento, se negaron finalmente
a continuar endiosando al cuerpo humano. Los dioses deshumanizados, en
consecuencia, desencarnaron y abandonaron la tierra.
Aun resuenan en los oídos modernos los versos de A pollinaire;
A la fin tu es las de ce monde anden.
Bergére, ó Tour Eiffel. ..
Después de ellos, Delaunay, en la iniciación del cubismo, introdujo en la
pintura a la nueva Pastora de hierro de las márgenes del Sena. Su belleza
fué finalmente proclamada desembozadamente por griegos y troyanos, por
ingenieros y poetas, pintores y turistas angloamericanos. La promoción de
la Torre de Eiffel a monumento artístico, significó una fecha en la evolu­
ción estética de la humanidad.
Por ese tiempo, la escultura desistió de la función de dar cuerpo humano
a dioses o a abstracciones mitológicas, o divinizar hombres de carne y
hueso. Las plazas públicas casi llegaron a despoblarse: las estadísticas han
de revelar sensible baja en el nacimiento de estatuas. Si no hubiera sido
por el mercado extraordinario e inesperado que proporcionaron los dicta­
dores de la época, quién sabe si no se hubiese detenido la producción de
esas obras. Por lo menos sirvieron para eso. Los productores de esculturas
de apoteósis debieran estar agradecidos a todos esos Césares sedientos de
glorificación.
En oposición al realismo visual que se prolongó ininterrumpidamente
desde el Renacimiento, los nuevos escultores descubrieron una especie
diferente de realismo, un realismo que se llamó a sí mismo mental, que
es el de los pueblos primitivos y se revela por ejemplo en el arte románico.
Estos, como los salvajes, comenzaron a ver con el espíritu, con preferencia
a ver con los ojos.
5

�En busca de otros temas de inspiración —otras formas— esos escultores
despreciaron no solamente los eternos problemas del volumen macizo,
sino también los materiales de trabajo tradicionales desde D onatello y
M iguel ángel. O, cuando se preocuparon de aquéllos o utilizaron éstos,
fué para servir a otros fines. Muchos volviéronse entonces hacia un nuevo
mito, esencialmente moderno, la máquina; otros, hacia dentro de sí
mismos; y finalmente, algunos ni hacia una ni hacia otra cosa, sino hacia
la naturaleza, el universo.
Ya los artistas chinos taoístas consideraron el principio de la simetría (tan
pronunciado en el arte de estilización de Bizancio) como derivado de la
contemplación de la forma humana. A partir del Renacimiento, sin em­
bargo, época de apogeo del dibujo basado en esa forma, la movilidad,
la fijeza formal que triunfó en Occidente a través del arte bizantino,
comenzó a desintegrarse paulatinamente. La curva histórica, desde enton­
ces hasta hoy, fué en el sentido de una liberación creciente del dibujo,
que gana en ritmos libres, en flexibilidad, cuanto pierde en fijeza formalística. Y son esos elementos los que contribuyen cada vez más decisiva­
mente a la expresión plástica moderna. Realmente los chinos, para evitar
la simetría, mortal al alma del dibujo, dejaron de lado la forma humana.
Y descubrieron entonces al árbol, que conjuga la asimetría de las ramas
con el equilibrio del conjunto. Encontraron así el principio del equilibrio
asimétrico.
Abandonando cualquier sugestión del cuerpo humano y acercándose al
principio chino del equilibrio asimétrico, Calder ve también en el árbol,
en el vegetal, una de las fuentes más ricas de inspiración para la inven­
ción de sus objetos; encuentra allí sugestiones para nuevas formas, mucho
más fecundas y variadas que en la figura humana. Sin el simbolismo e
idealismo taoísta, que ve en el árbol la fuente única y sagrada de la
asimetría rítmica, pudo sacar inspiración de todo lo que se traduzca en
sistema de planos y líneas, y no volúmenes plásticos y macizos, base de la
estatuaria clásica.
En la obra de Calder siéntese la penetración de la naturaleza por medios
inanimados. Está llena de mundo no-humano: animales de las primeras
eras geológicas o en los límites biológicos, insectos, plantas, algas, esponjiarios, hongos. Y al lado de ellos, el hombre ocupa su lugar en el uni­
verso, modestamente (no es un lugar central) uno y parte con la natu
raleza. Calder volvióse así hacia lo geométrico y lo orgánico, hacia las

6

�figuras matemáticas y las formas naturales, hacia el maquinismo y los
vegetales, hacia los cuerpos celestes y los animales de la tierra, hacia la
naturaleza y la ciencia —es decir, el universo y el hombre prolongado
por la técnica, armado con todas sus actividades. En esta última cualidad,
la máquina también entró en su mundo, como las demás cosas del univer­
so, como las plantas, animales, cristales, astros, microbios, caracolillos.
De esta manera terminó con la escultura desacreditada y vacía, de apo­
teosis vana y alegorías muertas.
Acabamos de contemplar algunos números del circo de Calder. Dice
Sweeney, el gran crítico americano, que el circo insinuó en Calder la
estética de lo inacabado, de lo imprevisto, de la sorpresa. Realmente los
artistas de ese circo, gente y animales, nos revelan incertidumbre e im­
precisión. Los muñecos se humanizan precisamente por esa incoherencia,
por esas fallas. Nadie sabe si conseguirán o no realizar el número de
riesgo: hace bien poco que vimos cómo el tirador de puñales acertó en
su pobre compañera. Eso da al circo aquella atmósfera de ansia y sorpresa
de los grandes momentos, cuando los tambores redoblan y la respiración
de los espectadores se detiene ante el salto o la proeza peligrosa de los
artistas de verdad. Nada como esos momentos del circo Calder para re­
velar, además, la conmovedora puerilidad de los circos de verdad.
El circo profesional se caracteriza por la precisión casi mecánica de sus
artistas; el de Calder, por los frecuentes fracasos de esos muñecos sin
vida que, en los grandes momentos sensacionales, a menudo nos revelan
la profunda y tocante inocuidad de los números sensacionales que cons­
tituyen la gloria del género. Es una parodia del circo de verdad y es frente
a él lo que el Pére Ubu es frente a Macbeth. En un espectáculo que por
encima de todo exige a los seres vivos, hombres o animales, la precisión,
la destreza y la infalibilidad de las cosas mecánicas, él acentúa precisa­
mente las cualidades contrarias, esa inseguridad e indecisión que caracte­
rizan a los actos humanos, y que no olvida de inyectar a sus artistas de
picadero, a sus muñecos y juguetes inanimados, de alambre, corcho, cuero,
paño o madera, desgraciados protagonistas de proezas imposibles. Por
eso mismo, esos muñecos se encienden con calor humano, cómico y con­
movedor, ridículo y pueril, que no siempre se encuentra en los trape­
cistas convencidos, en los imperturbables engullidores de fuego o de sables,
en los equilibristas de bigotes retorcidos, en los terribles levantadores de
pesas, en los saltarines llenos de amaneramientos— hermanos nuestros

7

�de carne y hueso, pero despojados de humor. Con seres menos eficientes,
menos diestros y desarticulados que los verdaderos artistas de picadero,
expresan los de Calder una humanidad más conmovedora y espontánea*
Pero Calder no se quedó en el picadero. Se elevó a un arte más noble.
Su escultura excede el campo específico del tradicionalismo escultural.
Dejando de lado las crónicas preocupaciones de volumen, modelado y
superficie, sólo conservó del viejo arte académico —y en eso revela un
tra?o típico de modernismo—el interés por las posibilidades del material.
Sus búsquedas en ese sentido son notables. Nadie le iguala, por ejemplo,
en la profundidad con que sabe seguir, hasta los matices, las sugestiones
de la madera. Véanse sus obras en ese material, su caballo hecho de cajas
de cigarros, su Double Cat que sale de la ganga como si se tratase de un
bajo y relieve, su admirable Unconfortable Head que parece despegarse
poco a poco del bloque de material bruto.
La madera fué, sin duda, el medio por el cual Calder desarrolló su pro­
funda intuición de los materiales, de la cualidad funcional de éstos. Lo
seduce la calidad porosa, plástica de la madera, y sabe sacar de ella el
máximo partido. También es insuperable lo que puede hacer del alam­
bre. No fué por otra razón que París le puso como apodo le Roi du fil de
fer. De la cabeza de alambre de ciertos juguetes, pasó a hacer figuras
enteras de ese material tan poco ortodoxo. Encontró en el alambre al
mismo tiempo la oportunidad para mostrar, no en el papel sino en el
espacio, su propia fascinación por los secretos y jeroglíficos del dibujo y
para profundizar su innato sentido del humor.
El alambre es un material que por sus propiedades está, con todo, en los
límites extremos de la escultura. En realidad, la primera vez que lo utilizó
fué para una obra casi puramente lineal, diríase de papel recortado, su
Josephine Baker. Como se ha visto, la bailarina negra está aquí recreada
en alambre, que si no le da la cálida carnadura del cuerpo vivo, consigue
sin embargo localizar en el vientre de cobre en serpentina una exquisita
vibración erótica. El humorista del circo profundiza su verbo y gracias
al alambre llega casi a la desnudez de la caricatura. Consciente por pri­
mera vez de su arte, el artista se siente en posesión de un nuevo medio de
expresión— el dibujo con alambre en el espacio.
Sus primeros trabajos en alambre tuvieron todavía carácter de representa­
ción, casi de ilustración; en realidad, son caricaturas, género eminentemen­
te gráfico. En sus obras posteriores, por ejemplo en sus últimas cabezas

8

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�(como la de Ozenfant, que figura en el film) las líneas del contorno
tienden más deliberadamente a organizar el espacio vacío, dando asi a la
obra un aspecto escultural más acentuado. Los contornos de los planos
consiguen ya una sugestión de volumen: ahora le falta tan sólo densidad,
esa calidad maciza que el alambre no puede dar. Por eso mismo los
escultores ortodozos rechazan esa pura armazón de líneas en el espacio,
sugeridora de planos y volúmenes. Fáltale sentido de tacto —decía el
padre del escultor. Sí; faltaban esas relaciones de superficie, el juego
fascinante de las modulaciones.
Sin embargo, gracias al nuevo material Calder obtuvo esa trasparencia
de volumen que buscaban los constructivistás y cubistas, o artistas indivi­
duales como L ipchitz. Era ése el problema que en 1927 se había plan­
teado L ipchitz al iniciar sus primeras esculturas de retorcidas cintas de
bronce fundido, en busca de cosas aéreas y trasparentes que pudiesen ser
vistas simultáneamente por todos los lados. Jugando, Calder había alcan­
zado esa organización espacial del objeto.
Es tan evidente el carácter caligráfico de las esculturas de alambre, que
se comprende el éxito que obtuvieron entre los pintores y el poco entu­
siasmo de los escultores. Por ello fué que mientras pintores como Pascin,
Miró y otros sintieron el encanto de esas figuras de alambre, de esos
dibujos en el espacio, en general los escultores, inclusive el padre del
artista, no disimularon su poco entusiasmo frente a esa calidad fría que
caracteriza a ese material sin tacto, sin masa, hostil a la escultura.
Es que a pesar de su profunda comprensión del material, Calder no

piensa como escultor, sino como pintor o dibujante el sentido predomi­
nante del ritmo lineal lo aparta de los problemas absorbentes del volumen
macizo. Fué probablemente esta absorción por el ritmo que lo impulsó
a buscar más tarde la posibilidad de introducir en su obra un nuevo
elemento, el movimiento real y no la representación del mismo. Tampoco
aquí la evolución sigue la línea natural que correspondería a un escultor.
Limpiado su camino de todo estorbo académico, tomó por un sendero
nuevo que, poco a poco, lo aleja cada vez más de la estatuaria ultradecadente de R odin y aún de la que salió físicamente regenerada de las manos
poderosas de Maillol.
*
Inspirándose en la abstracción y en el arte desinteresado de pintores
como Mondrian, Léger y M iró, abandona sus juguetes articulados de la
escultura en alambre. Inicia entonces en París, allá por 1931, un arte

13

�nuevo, puro y severo, al que define con frío rigor científico como esque­
mas vectoriales y que después fueran bautizados con el nombre de estables
por Pascin. Además de consistir en pura geometría en el espacio, con
líneas dominantes de alambre, la organización plástica de esas cosas nuevas
tenía ya otra densidad. En la confección de estos esquemas combina con
el alambre de hierro otros materiales, y alcanza así una fluidez, una flexi­
bilidad que el alambre en sí nunca hubiera podido dar.
Sus composiciones y objetos abstractos que no están dotados de la facultad
de moverse, sus estables de alambre o de acero, son el resultado de la unión
de padrones parciales que tampoco en sí representan algo objetivo. A
veces, su fuerza sugestiva es, sin embargo, mayor que la de los móviles, y
muchos de ellos evocan ideas de animales (Ballena, Fiera Negra), mien­
tras otros existen por sí mismos, enteramente nuevos, como el Black
Thing que vimos en la película.
Fué Gabo, allá por 1915, quien por primera vez introdujo en la escultura
el movimiento real y no mentalmente representado: quería esculpir el
aire, no el material. Pero Calder no se contentó con un solo movimiento,
sino que hizo más compleja la contribución de ese nuevo factor. En efecto,
al introducir en la estructura del objeto el movimiento real, la enriquece
extraordinarnamente, pese a la pobreza en calidades propiamente escul­
tóricas del material en que trabaja —alambre, vidrio, acero, aluminio,
plásticos.
Para él, esos nuevos objetos llamados móviles por Marcel D úchame, no
pasaban de ser formas plásticas en movimiento. Pero éste no es un simple
movimiento de traslación o rotación, sino de diferentes tipos, velocidades
y amplitudes que reunidos, combinados o compuestos, dan una resultante
única. Y él aclara: así como se pueden componer colores o formas, también
se pueden componer móviles.
Éstos, aun en estado de reposo, son en sí composiciones perfectas. Al ser
actuados evolucionan en el espacio llenándolo de sugestiones, que dan al
objeto extraño poder de fascinación. Con un soplido podemos hacer
vibrar un móvil, cuyos brazos, pétalos o bolas se agitan y dibujan en el
aire una sucesión de formas imprevistas que, en vértigo caleidoscópico,
una tras otra, se ft-ansforman de pájaro en flor, de pez en cometa, de
árbol en animal, y así infinitamente.
C alder busca el gesto rítmico, puro y desnudo que está detrás de la re­
presentación lineal del dibujo, por así decir el impulso inicial, el arranque

14

�de todo esfuerzo de expresión gráfica. Alcanza la médula de la experiencia
plástica en esa especie de cacería de gesto cinético, gesto que finalmente
llega a revelarnos como si fuera el impulso aristotélico del motor primero,,
el punto en que se inicia y toma vida todo objeto del universo. El impulso
subjetivo que lleva al artista a expresarse plásticamente, permanece activo
y dinámico a través del movimiento en el propio objeto creado. Esta
incorporación tiene para Calder un v a l o r d e c o n t r a p u n t o que agrega al
concepto plástico una calidad de pura coreografía abstracta. Sus objetos
adquieren así una resonancia de instrumentos —que bailan o vibran al
ser tocados.
Los movimientos variados de los m ó v ile s , se desenvuelven unos en suce­
siones de escalas, otros se equilibran deliciosamente, otros están animados
por la acción de la gravedad o por el contrario tienden a elevarse como
globos cautivos; otros, finalmente, se agitan al arbitrio de las corrientes
de aire como veletas o evolucionan por medio de una corriente eléctrica.
Calder combinó en esas cosas el espacio activo con el tiempo también
activo.
Con la captación del movimiento en sus construcciones, lanzó el puente
suspendido ideal que viene a unir las artes espaciales a las de sucesión
en el tiempo. Sin que se mueva, la estatua se presenta al observador como
si girase en círculo en torno de sí misma. La música, que transcurre en
el tiempo, no gira en círculo, sino es más bien como un río que corre. En
las experiencias de movimiento en Calder, hay un esfuerzo de superación
de las dos artes.
Eso trae consecuencias imprevisibles para sus construcciones. El nuevo
factor estructural que se introduce podría llamarse, tal vez sin abusar del
término, la cuarta dimensión: el factor tiempo, estrecho y realmente
ligado a una función espacial, la generación de una forma nueva, total
pero abierta, de un objeto en el universo. El espacio-tiempo, en función
de la creación plástica. De allí adviene esa vitalidad rítmica que es el
secreto, el alma de los objetos de Calder.
Energías puestas en relación rítmica, he ahí la fórmula de sus m ó v ile s .
Mientras que en sus otros objetos, los e s ta b le s , procuró dar a la categoría
estática un s e n t i d o d e r e la c ió n c ó s m ic a , conforme a su propia expresión.
Pronto su experiencia distinguió en los m ó v ile s dos formas de movimien­
to: el producido por manivelas o motores ligados al objeto, y el producido

15

�libremente por cualquier impulso fortuito; los objetos así movidos son
naturalmente oscilantes, suspendidos, pendientes de alambres y hasta de
cuerdas. Su primer móvil de movimiento mecánico, como acabamos de
ver, estaba impulsado por una pequeña manivela sujeta, por el lado de
afuera, a una cajilla de alambre. La manivela pone en movimiento un pez
también de alambre; fabricó así una caja de música visual. De allí surgió
naturalmente la idea de sustituir la manivela por una corriente eléctrica
o un motor. Era la natural transición de la máquina simple a la com­
puesta o compleja. En lugar de la manivela exterior que provocaba un
simple movimiento de vaivén, colocó un motor que movilizaba un com­
plejo organismo encuadrado en un panel de colores elementales, dentro
del que giran o evolucionan figuras geométricas a un ritmo disciplinado
por los engranajes.
Los móviles de movimiento libre, con sus pétalos y hojas, hilos y mástiles,
discos y esferas, son formas que en reposo se recortan nítidamente en el
aire, y sus movimienos están librados al acaso. Las figuras geométricas,
vivas o naturales, que quieren existir, se generan en el espacio. Al salir
del estado de reposo, los móviles bailan en el aire o trazan o expelen,
coriao rosas de fuegos artificiales, embriones de seres desconocidos, suges­
tiones de animales, de pájaros, de cosas que tan sólo vivían en la virtua­
lidad espacial.
No lo inspira sin embargo la mera percepción visual de un objeto en re­
poso o en movimiento sino la imaginación plástica. En esos móviles
tocados por el viento, lo que él desea que sea completado por la imagi­
nación, o por el azar, es la idea de forma totalmente libre. No copia ni
traduce movimientos, o detalles de figuras u objetos reales o de sus partes
como la sucesión de fotogramas de una película cinematográfica. Una
concepción plástica total puede permanecer en estado latente (cuando
los objetos están en reposo); pero en el proceso de hacerla desarrollar
dentro de su gran contorno externo, Calder va más allá de la simple repre­
sentación de los movimientos en la pintura o la escultura, dejándola en
el dominio de lo puramente mental. Consigue así que el azar dé impulso
a la imaginación.
Aun en sus paneles motorizados, si no deja lugar activo para la imagina­
ción, hay sin embargo un círculo que se hace y deshace constantemente.
El movimiento se desarrolla, las figuras se generan en el espacio y el
espacio pareciera que las agota, las deshace retornándolas, por una fata­

16

�lidad cíclica, a la nada, es decir, a la posición inicial de reposo —e inme­
diatamente, el ciclo recomienza.
Es la misma idea circular la que hace que el movimiento mecánico por
la repetición y la traslación detallada, parte por parte, de los volúmenes
y masas en acción nos presente una forma total y pura y no una especie
de fotografía o fiel reproducción de cosas en movimiento natural. Piénsese
en la mecánica del mar, que si bien es monótona en su repetición, estimula
la imaginación como algo eternamente nuevo.
El rnov miento motorizado de los paneles, en su precisión tiene el ritmo
cíclico de las leyes que rigen el movimiento de las esferas. Es la rotación
de los astros a través de los espacios infinitos (Un universo, Cuadrado
blanco, Panel azul) . Por otra parte, sus móviles nacieron de asociaciones
cósmicas. Al primero de ellos lo llamó Relación terrestial: dos círculos de
alambre proyectan una esfera seccionada en diagonal (la misma idea se
repite algo más compleja, en su Universo).
El tono monótono de la repetición de los movimientos en esos paneles,
tiene la fascinante fatalidad de la atracción de los cuerpos celestiales y
la alegría latente de la concepción de los giros periódicos previstos en
cálculos y especulaciones de sabios y filósofos. El ansia de sus movimientos
espiraloides tiene algo que nos hace esperar la revelación del secreto de
las cosas. El esfuerzo ascendente de esas formas nos rcuerda la audacia
gótica en su ambiciosa aspiración hacia las alturas; aquellas figuras geo­
métricas se levantan en olas, como el mar, el amor o la música, para des­
pedazarse en el ápice supremo, súbitamente exhaustas. La esfera cae de lo
alto de su sostén retorcido y se balancea en el espacio, dramática y silen­
ciosamente, ante la llamada invisible de la gravedad (Panel blanco, visto
en el film), conos y prismas se cargan de drama. La geometría se volatiliza
en danza.
Calder descubre la relación entre lo perenne y lo fortuito y revela lo que
la imaginación puede deber a la mecánica cuando compensa mediante
ritmos libres el ritmo rígido de los objetos movidos a manivela o motor.
Sobrepasa de ese modo las limitaciones del constructivismo y penetra en
el mundo de las formas orgánicas; se intensifica la libertad rítmica resul­
tante y lo inacabado de sus obras de juventud, tal como los muñecos de
circo, readquieren entonces una profundidad de imprevista sugestión. El
juego de sombras de sus móviles suspendidos se proyecta con enigmático
encanto.

17

�Al entregarse a los ritmos libres, sus composiciones ganaron en sugestión
de volúmenes, henchiéndose sus m ó v ile s oscilantes o recordando en el aire
gestos plenos de plasticidad. Las imágenes virtuales que nos sugieren esos
objetos gesticulantes llegan a tener una transparencia mucho más volup­
tuosa y plástica, más profunda y menos anecdótica que el vacío volumen
de las antiguas cabezas y figuras en alambre. Los m ó v ile s suspendidos
alcanzan una virtualidad casi absoluta, abiertos a todas las combinaciones
posibles en sus relaciones espaciales. De pronto es una araña que se di­
suelve en un monstruo o en una reverberación de estrellas, en metamor­
fosis que se suceden sin interrupción bajo la varita mágica del azar.
No es la impresión pasajera, el in s ta n te m o m e n t á n e o (son sus palabras)
lo que Calder capta con sus objetos; con ellos procura realizar o encon­
trar, como él mismo dice al definir su concepción artística, una le y fís ic a
d e v a r ia c ió n e n t r e lo s a c o n te c im ie n to s d e la v i d a
(que designa como
abstracciones que a nada se parecen en la vida, a no ser en su propia
manera de reaccionar).
En ellos, el movimiento no apunta a las impresiones de un instante, sino
—por el contrario— a lo que hay de más eterno, perenne e inmutable en
el concepto de dinámica, vale decir, a su perpetua e ilimitada virtualidad
que, paradójicamente, se manifiesta sobre todo en el reposo. El reposo
potencialmente contiene todas las formas ideales, desencarnadas de cual­
quier convención o representación. Si la forma es la fuente irreductible
de toda idea cinética, el movimiento es un principio latente, el origen ge­
nerador de toda forma. Los objetos de Calder están construidos para per­
mitir todas las variaciones posibles de la forma.
La unidad visual y espacial de estos objetos se revela en la trama y con­
torno de líneas o planos externos y en la fuerza, convincente y funcional,
de los materiales utilizados. Lo que mantiene la unión y cohesión de todo
ese grupo artístico es el poder de afirmación de esa unidad total en fuerte
contraste con el espacio circundante.
El braceo de los m ó v ile s no significa un llamado desesperado, o gestos in­
coherentes o aislados, sino evoluciones que se ordenan, pese a la aparien­
cia, dentro de un todo especial, visible o imaginario. Es del pleno des­
arrollo del movimiento de todos los brazos (púas, ramas, mástiles, hilos,
etc. etc.) finalmente revelado en todas sus variantes posibles, que brota
la imagen completa. Es tan sólo cuando los movimientos de las partes se
realizan íntegramente, que los contornos del objeto en su forma integral

18

�y última se delinean perfectamente acabados. Éste es un instante fugaz y
luminoso de integración con la realidad cósmica. Así llega a concretarse
la unidad espacial del objeto y se manifiesta en toda su claridad, sorpren­
dente y silenciosa.
La oposición dialéctica que organiza sus objetos, móviles o estables, está
dada sobre todo por el juego antitético de tensión y cohesión, de equili­
brio y asimetría. En algunos móviles siéntese la tensión a través de un
estado de equilibrio patético, cuando el objeto está en reposo y sus partes
son de un individualismo casi sectario; y alternadamente, una cohesión
total cuando está en movimiento (por ejemplo, Móviles colgantes, Animal
blanco).
Como buen ingeniero, Calder jamás olvida someter sus móviles a preci­
sas ecuaciones de peso y equilibrio. En muchos pintores abstractos, libra­
dos al aguijón de la inspiración, a los golpes de viento del inconsciente
—como P aul Klee— esas fuerzas se desencadenan como malos espíritus y
a veces terminan por escapar del control del artista. No así en este soñador
de ojos abiertos que a pesar de las apariencias arielescas, sabe coordinar
las imágenes etéreas de acuerdo a cálculos precisos. Uno de sus secretos es
precisamente el uso que hace del material que le proporciona la industria
otorgándole un inesperado derecho a la fantasía, el derecho a la intem­
pestiva unión con la imaginación.
Los móviles libres, pese a las apariencias en contrario, están rigurosamente
estructurados. Peso y proporción son meticulosamente medidos y coordina­
do de modo que de un dislocamiento cualquiera del aire surja un con­
junto de movimientos que se unen y se traspasan, en ritmos predetermi­
nados, cada uno de ellos con un papel que desempeñar.
Dentro de esos móviles, muchos se inclinan unifprmemente en una sola
dirección, como los juncos acuáticos se inclinan solidariamente al curso de
una corriente. Pero otros, como el Animal Blanco de nuestra exposición,
se abren hacia todos los lados: contra la corriente, o estirando el dorso
largo y delicado del felino; ora desperezándose lánguidamente, cuando
no se encogen repentinamente como una sensitiva.
Las variedades son grandes. En esta misma exposición hay otros que com­
binan los ejes, las ramas, las filigramas, con caparazones en diversos planos.
Éstos, de chapa de hierro, ceden a la menor presión como si fluctuasen,
mientras de sus orificios brotan plantas, delgados haces en florescencia..

�Son generalmente de la familia de los monstruos marinos, seres híbridos
entre crustáceos y estrellas de mar.
No solamente varían en la estructura. La diversidad de movimientos es sor­
prendente. Unos se mecen apenas a lo largo de un eje quebrado, hacia
arriba y abajo, en ritmo de galope. Otros se suspenden y apenas oscilan
allá en lo alto, como globos cautivos. Han sido hechos para ser contem­
plados desde abajo: se distienden horizontalmente, en contraste con la
familia de los de movimiento descendente, que voltejean en espiral en
torno de sí mismos. En general en el segundo grupo se identifican más las
especies vegetales. Todos esos movimientos no se repiten, ni se motivan en
un solo terna, ni se desarrollan en un solo plano. Hay los que desenvuelven
uno o dos movimientos simples, encuadrados o completados por otro mo­
vimiento discordante, verdadero contrapunto visual. Mientras unos real­
mente no se mueven, pues apenas oscilan, balbuceantes como una planta,
otros se agitan desgajándose, se expanden o recogen. Son muy caracterís­
ticos los que se apoyan apenas sobre un punto de equilibrio vital, y giran
en torno de una placa que oscila irregularmente hacia abajo y hacia arriba
hasta completar su rotación.
La idea de las formas dinámicas afloró en Calder como idea de ingeniero.
No buscaba una representación simbólica de la acción, sino el concepto
puro, abstracto, de la forma. Antes de volver a introducir las formas orgá­
nicas, redescubiertas en Miró, empeñado por encontrar las relaciones en­
tre dos o más objetos en el espacio, había abordado el problema del cinetismo formal. Por eso mismo al principio evitó cualquier forma natural
u orgánica, precisamente para ganar intensidad en la abstracción creadora,
y para no convertir la incorporación del movimiento en un expediente
anecdótico, en un mero desarrollo de las pantominas con marionetas o
imágenes representativas de seres reales.
Pero cuando, sin temor a desviar la atención del espectador de la finalidad
desinteresada y plástica que deseaba, pudo volver a introducir en sus obras
las formas orgánicas, un nuevo personaje vino a vivir en sus obras: el hu­
mor — el humor de la sabrosa época del circo y de las caras de alambre.
Ahora bien: este fervoroso adepto del constructivismo abstracto, que violó
modos y géneros tanto de la cultura como de la pintura; que une el puris­
mo más inequívoco con la poesía casi subjetiva del superrealismo; que des­
preció los materiales convencionales de dos artes, este hombre, ¿qué es?
¿Un pintor? ¿Un escultor? Es un artista-mecánico, un constructor-creador

20

�desinteresado, un ingeniero de arte; calculista y planificador de lo noinmediato y de la fantasía.
La exploración de esa especie de automatismo dinámico que son sus mó­
viles a viento, débese en parte a la experiencia de automatismo hecha por
M iró y A rp. La introducción de lo fortuito viene tal vez como lejano eco
de Dadá. En Calder hay siempre un elemento de zumba, de burla por los
cánones vetustos, por el academicismo. . . pasatista o modernista, que hace
recordar al dadaísmo. Un Dadá alegre y optimista — es una paradoja que
tan sólo un americano podía realizar.
¿Pero no habrá también influencia superrealista? En rigor, ese elemento
fortuito es uno de los factores esenciales de la inspiración superrealista.
El movimiento libre que espera el azar, a merced de un soplido intem­
pestivo, de un golpe de viento inesperado como las ráfagas del destino,
tiene algo de automatismo que probablemente le viene de Miró, hábil en
invocar los hechizos y poderes de ese demonio.
El automatismo de los móviles a viento no es subjetivo, ni psíquico; viene
del abandono total a la aventura externa de la naturaleza o de un impulso
inicial del observador. Pasa aquí algo semejante a un fenómeno musical,
que depende de varios factores externos, objetivos y subjetivos, para que
pueda desarrollar en el tiempo sus magníficas e inexploradas sonoridades.
No solamente en el factor tiempo, sino también en la necesidad de contar
con el factor del azar (capricho subjetivo o accidente natural externo,
vientos o calmas, equilibrio estático o tensión de dramática vitalidad) su
arte llega al estado de pureza de la música, que tanto anhelan los puristas
y trascendentalistas de lo no-objetivo y de la abstracción creadora.
Si, como he dicho, la arquitectura es música congelada, los móviles de
C alder son música visual. El movimiento de sus formas en el espacio,
evocando la rotación de los cuerpos celestes, absorbe y fascisna como la
música silenciosa de las esferas. Uniendo la vida y la abstracción, conju­
gando el humor y la mecánica, Calder navega entre las dos grandes co­
rrientes del arte moderno: el superrealismo, con su romanticismo incura­
ble que degenera a veces hasta la charada anecdótica, y el abstraccionismo
cuya obsesión de purismo formal se resuelve no raramente entre una espe­
cie de misticismo blanco y la simple puerilidad.
En ese mundo inédito que es la creación calderiana, existe una desaclima­
tación general. Todo ha sido dislocado del plano de lo habitual o de lo

21

�cotidiano: fines, materiales, medios. Sin embargo cada parte, separada de
su ambiente, colabora a la síntesis final para formar una obra auténtica,
planificada y una.
La desgeografización de las cosas usuales trastorna nuestros cálculos y nues­
tros hábitos mentales o de sensibilidad. Por eso mismo se crea un ambiente
inusitado, de difícil definición, pues participa de varios medios — desde
el paisaje lunar o submarino a los jardines encantados y las kermesses.
Un objeto de Calder nos hace olvidar de nosotros mismos, con nuestros
inveterados preconceptos, nuestros tics, nuestras manías. Ejerce sobre nos­
otros el mismo poder de fascinación que tienen sobre los niños las cosas y
animales de la tierra; el niño que nunca llega a la esquina de una calle
sin tener los ojos henchidos de esperanzas —como si fuese la primera vez
que llega a esa esquina—, de encontrar cosas nuevas, extrañas, un mundo
de milagro.
Los objetos de Calder actúan y se presentan enteramente y desenbarazados de toda tutela humana. Ésta es la explicación del encanto misterioso
que poseen. Al transformarnos en niños, extraen de nuestro interior —
adultos insensibilizados por el desgaste de lo cotidiano—lo que aun pueda
quedar de incontaminado y primaveral. Ésa es la causa de la inexplicable
alegría que nos proporcionan.
Muchos, muchísimos, niegan a esos objetos la naturaleza aristocrática que
parece necesaria a la obra de arte. La duda proviene de que para él su
arte está íntimamente integrado con la vida a pesar de su profundo desin­
terés, su gratitud plástica, su purismo. Para Calder el arte, en rigor, no es
una profesión, ni una pasión o una manía. Es simplemente su manera
natural de vivir.
A diferencia del resto de los objetos artísticos, los de Calder no están
sometidos al general “mírame-y-no-me-toques”. En sus exposiciones en
Nueva York, París o Río de Janeiro la gente se espanta al ver la falta de
respeto, la falta de tabú que allí reina, ya que cualquiera puede tocarlos,
moverlos, sacudirlos y hasta empujarlos con un pie. Sobre todo los grandes
móviles con movimientos libres. A propósito de ese carácter prosaico, no
artístico de esos objetos, especialmente de los modestos móviles con cuer­
das, Ben N icholson, el escultor abstracto inglés, nos cuenta una convin­
cente experiencia.
La primera vez que vió uno de esos pocos pretenciosos móviles a viento,
(esos que alguna vez fueron descriptos desdeñosamente por un crtico for­

22

�malista como

d e c o r a c ió n d e a la m b r e c o n b o lil la s c o lg a n te s , q u e s e b a la n ­
ce a e n e l te c h o : e x tr a ñ a m o d a q u e n a d a ti e n e q u e v e r c o n e l a r te ) , B en
N icholsón decidió llevarlo prestado a su casa de París. Al soplo de la

brisa, bajo el reflejo de las aguas del Sena que murmuraba allí cerca, ilu­
minado por una lámpara eléctrica, el m ó v i l , que él había colgado del
techo de su salón pintado de blanco, giraba suavemente frente a la
ventana que daba al río. El objeto se animó, las bolas —una negra, seis blan­
cas y una escarlata—que colgaban de cuerdecillas, evolucionaban hacia un
lado y hacia otro, sus sombras corrían unas tras otras, sobre las blancas
paredes de la habitación; movimientos reales imprevisibles se dibujaban
en un constante intercambio de luz, de colores y de sombras. El artista
inglés, absorto, sintió que aquello tenía vida, como el rumor de la ciudad
o del río que corría allá afuera. Podía no ser una obra de arte en el sentido
que mucha gente cree que debe ser la obra de arte, enjaulada en un cuadra­
do, en una varilla dorada o petrificada sobre un pedestal, en alguno de nues­
tros mausoleos con columnatas de mármol. Pero —concluía, concluyente
y convencido— tenia vida y esa calidad para él no era mal calificativo para
una obra de arte.
Ben N icholson tenía razón. Solamente lo que es creación tiene ese toque
de vida. Arte viril, arte no-convencional no sólo en su forma, en su estruc­
tura plástica y en los materiales empleados, sino también en la manera de
tratarlos, de luchar físicamente con sus objetos. Su obra no lleva coturnos
ni clámides griegas, ni se presenta coronada de laureles. Está limpia de ese
esnobismo engolado y ceremonioso que tan frecuentemente envuelve el
llamado gran arte de los museos y academias. Es bonachona, ríese de sí
misma y casi nunca se desprende de cierto dadaísmo larvado.
Tampoco teme el contacto directo con el pueblo, o las intemperies del
aire libre. Conquista tanto al público primario de las kermesses como al
exquisito esnob que tiene h o r r o r p o r la c a n a lla . Y no hay niño que no
lo sienta, en ese sentido se parece al arte de Carlitos Chaplin.
Así pues, es un arte que no se separa de la vida y que si es necesario no
se niega a servir a ciertos objetivos prácticos y banales. Como ningún otro,
tiende a impregnar con su seducción el ambiente de la vida moderna; y
resiste gallardamente a los iluminados espacios al aire libre, librándonos
de las infaltables estatuas de las plazas y jardines públicos —hombres a
caballo, con barba o con espada, cuando no de frac o en camisón. Puede
poblar esas plazas y esos jardines con cosas nunca vistas, sugestiones de

23

�mundos y animales desconocidos, fábulas nuevas, sueños, imaginaciones y
silencios vivificadores; que se mezcla, para dar realce y belleza, a las acti­
vidades industriales de la vida moderna y que puede aun llegar a susti­
tuir, y hasta poetizar, funciones que inmemoriablemente hacen el encanto
de niños y adultos, como los muñecos y los circos.
Sus estables y móviles, sus objetos de acero o de alambre, cuerda y alumi­
nio, madera o vidrio, nos evocan, con sus braceos y los tintineos joviales
con que se agitan, o en las sombras que proyectan, motivos de remotas
eras geológicas o presagios de cosas que aun no existen. Diríase que captan
con su antena imágenes que hasta entonces yacían en el aire, desaperci­
bidas e inexploradas. Es un arte democrático porque puede ser hecho con
cualquier cosa, cabe en cualquier lugar, al servicio de cualquier condición,
pobre, rara o usual; y sirve para revitalizar la alegría y el sentido de la
armonía, hoy embotado, de los hombres. Tiende a transformar la vida de
todos los días y el ambiente feo e informe, triste y grosero, en que vege­
tan las grandes masas populares embrutecidas, en un medio dignificado
por la belleza de las cosas ordinarias que nos circundan y capaz de infun­
dir nobleza a la propia plebe.
No era en vano que ya hace casi treinta años A r p reivindicase para el arte
abstracto —el arte concreto, como él prefería llamarlo— la ambición de
transformar el mundo. Desinteresado como es —¡tan lejos de cualquier fin
de propaganda!— el arte de C alder ejerce sin embargo una silenciosa
acción de catálisis sobre la vulgaridad, generalizada y agresiva, de nuestra
época.
Si hay un artista, en rigor, que esté próximo al ideal de arte del futuro,
de esa sociedad ideal en que el arte se confundirá con las actividades de
la rutina diaria y la práctica cotidiana de vivir, ese artista es A lexander
C alder.
Mario Pedrosa
Traducción de L. M. B.

24

�E N T R E V I S T A A PIERRE F R A N C A S T E L
S O B R E
LO
A B S T R A C T O

acaba de publicar Peinture et societé \ un libro fun­
damental para la comprensión de los problemas de la pintura. A él voy a
plantearle otras preguntas que las habituales a los artistas.
Bayón. Dice usted en sus libros que no considera al arte abstracto como
una creación exclusiva de nuestro tiempo, sino como una tendencia que
ha existido siempre en estado latente a lo largo de toda la Historia del
Arte. ¿Puede aclararme ese concepto?
F r a n c a s t e l . En efecto, siempre ha habido una corriente eterna de abs­
tracción que se ha manifestado en distintas épocas. Pero tenemos que
tener mucho cuidado con las aparentes analogías porque podrían inducir­
nos a error. Por ejemplo, se estaría tentado de decir que el arte musulmán
es también un arte abstracto. Pero creo que no es asi en absoluto. En
realidad el arte musulmán es un arte no figurativo, lo cual no es lo mismo.
Si no representan figuras es porque su religión se lo prohíbe, pero en el
fondo de la cuestión, el arabesco no es más que la reminiscencia decora­
tiva del tallo vegetal, de la flor, etc., es decir de lo más concreto que hay
en el mundo. Pero cuidado con las paradojas, no harían más que con­
fundir.
B. ¿Cuál sería entonces un momento típicamente abstracto en la Historia
del Arte?
F. En contra de lo que se podría creer, el descubrimiento de la perspec­
tiva lineal me parece un momento particularmente abstracto. El cera-1
P ie r r e F r a n c a s t e l

1 O tros libros principales son: L ‘Im pressionnism e, L ’H um anism e rom án, L'H istoire de
l’art com m e instrum ent de propagande germ anique, N ouveau dessin, nouvelle peinture.

25

�mista griego de la época llamada geométrica, no es tampoco un abstracto
por la índole misma de la repetición decorativa de sus temas. En realidad,
un arte abstracto hasta el extremo, es, en el fondo, impensable. El arte
es un sistema de verdad, cerrado si se quiere, pero sistema al fin y quien
dice sistema dice manera de expresarse. A ese respecto es interesante lo
que dice Carnap en su libro Introductiva to semantics, donde analiza la
enunciación de la verdad en el interior de un sistema de pensamiento. Las
aporías de H egel hablan de “forma sin contenido”, pero esto es imposible.
La forma de un lenguaje es inseparable de lo que ese lenguaje expresa.
En el límite de cualquier forma hay siempre un contenido, que —eso s ípuede no ser un realismo.
H erbert R ead, Charles Estienne, hablan del arte “como aprehensión
directa de una realidad absoluta”. Pero esto es una manera abusiva de
decir, ni aun en el misticismo se aprehende directamente, siempre debe
concretizarse en imágenes, y ese ejercicio conduce fatalmente a un sim­
bolismo. La comunicación directa excluye en realidad la comunicación.
Lo abstrato puro es contrario al signo del lenguaje. Los que nos quieren
hacer creer en esa instancia impensable no hacen más que exaltar la
vaguedad.
B. Se llega a la disolución total del pensamiento como en el romanticismo.
F. Sí, ese es el peligro de la efusión. Pero tratemos de precisar. Si quere­
mos tener un lenguaje plástico debe ser comunicable, si no, no tiene vi­
gencia. En realidad esta cuestión del límite de la expresión siempre se
ha planteado así: ¿hasta dónde puede llegar el artista si quiere ser com­
prendido? La justificación de las tentativas es legítima. Sin embargo,
niego la existencia de un nuevo sistema de formas substraídas a las leyes
de gravedad del planeta.
B. Pero, ¿a qué atribuye usted esta renovada forma del espíritu que se
inclina hacia la abstracción?
F. Esta tentativa de definir un nuevo sistema coherente de signos es la
condición inherente a la aparición de todo arte nuevo, y si este arte nuevo
se realiza en nuestra época es a través de la obra de los abstractos, no sólo
los oficiales, sino de todos los que han aportado soluciones prácticas al
problema de la pintura moderna.
B. Y lo figurativo, ¿no ha contribuido también a esa visión nueva?

26

�F. No hay en realidad separación. Lo figurativo actual no es —no debe
ser— como el de la generación anterior. Hay que estudiar las cosas en
función de sus fuerzas creadoras y no de las obras clasificadas. Así se
entiende la integración del hombre que nunca da un salto en el vacío —
no podría darlo— sin apoyarse en lo anterior. De ahí la dificultad de
reescribir en lenguaje moderno el espectáculo total de la naturaleza. Ése
es el papel de los abstractos más intransigentes, ayudar en esa búsqueda.
Son un equivalente de lo que en la perspectiva de lo psicofisiológico cons­
tituyen las investigaciones de P iaget y W allon.
Pero este estudio tan interesante no debe ser simplemente transferido a
lo plástico, sino tratar de darnos —por equivalencia— una noción del
inmenso esfuerzo de comprensión para percibir la realidad que el espíritu
y la sensibilidad humanas deben hacer cuando una concepción del mundo
cambia como ocurre precisamente en nuestra época.
El aporte de los abstractos en ese sentido es de primer orden, como valor
de experimentación. Esta experimentación incluye la aprehensión más
directa de las nuevas relaciones tal como ellas resultan para el hombre
moderno, de una serie de experiencias positivas y que no son meramente
científ'cas. En ese nuevo panorama del mundo influyen por ejemplo la
velocidad o la visión cinematográfica de la realidad dada.
El Impresionismo fué el cultivo de la sensación directa sin ruptura del
antiguo marco de captación que nos venía desde el Renacimiento. La
experiencia abstracta era indispensable para conocer la visión simple de
cada individuo, lo que no está definido en la visión antigua de la realidad.
La experiencia gótica —para tomar otro ejemplo— no ha dado solamente
el hallazgo del espacio coloreado y diáfano sino también el progreso
moderno de la mampostería.
La cúpula de Brunelleschi, como lo ha demostrado el crítico italiano
G iancarlo A rcan, es al mismo tiempo que una especulación sobre el
espacio abierto, una realidad nueva: la construcción sin andamios de una
vasta cúpula.
La experiencia de los puros abstractos es una especulación sobre la nueva
concepción del espacio: la Topología (siguiendo la nomenclatura de
P iaget e I nhelder en su libro fundamental La réprésentation de l’espace
chez l’enfant) y al mismo tiempo nuestra aprehensión móvil de ese espacio,
pero no han encontrado aún en la expresión sea anecdótica, sea técnica,

27

�el arte que cuadra a nuestro tiempo. Sin desconocer el extraordinario
valor de las obras del arte moderno, esbozado ya claramente en su moda­
lidad peculiar.
El Renacimiento tardó 300 años en adaptarse una óptica nueva. Son los
retrasados en 30 años los que nos quieren hacer creer en lo definitivo de
lo que sólo es aún una búsqueda apasionante.
D amián Carlos Bayón

�h o ja s de estudio

PIN TO R ES A R G E N T IN O S
DE FINES DEL SIGLO XIX

i

La Exposición de la Pintura y la Escultura Argentinas de este siglo, rea­
lizada en el Museo Nacional de Bellas Artes, nos ha permitido hacer
algunas observaciones y aplicar ideas generales, con las cuales coincidimos
plenamente, que han sido desarrolladas por Jorge R omero Brest en las
clases que sobre el tema dictó durante el año anterior. Tal es la tarea
que me propongo en este modesto ensayo y por ello, antes de tratar el
caso particular de la pintura argentina, vamos a echar una mirada sobre
el panorama pictórico que nos presenta el siglo europeo.
Por ser un siglo historicista, tiene diversas raíces y presenta una estructura
muy compleja, en la que se mezclan corrientes diversas y se manifiestan
actitudes en cierta manera contradictorias. Sin embargo, no carece de
unidad. Tiene también su tónica característica, su raíz profunda, algo
que tiñe casi todas sus manifestaciones y que trataremos de precisar.
Destaquemos en primer término, las dos corrientes, naturalista y clásica,
que consideramos —desde el punto de vista de la actitud del pintorcomo nutridas por posiciones inmanentes.
Resulta fácil comprender ese carácter inmanente del naturalismo, ya que
el naturalista identifica naturaleza y espíritu. Considera al espíritu como
emanación de la materia, como algo dentro de ella sumergido que a su
vez la diversifica y particulariza. Aquí es donde difieren naturalismo
y clasicismo, aunque tengan el mismo punto de partida: el apoyo en

�formas representativas. A diferencia del naturalista, el clásico no indi­
vidualiza; por el contrario, procede a la recreación del objeto, seleccio­
nando cualidades comunes para llegar a una generalización. En este
sentido y en la medida que aspira a generalizar, obedece a una actitud
trascendente.
Parecería una contradicción, pero si afinamos un poco más, veremos que
la actitud de trascendencia no es la dominante. Si bien el clásico acude
a la geometría —ciencia generalizadora— para realizar su propósito, no lo
hace para aplicarla desde fuera, como idea a priori; la encuentra sumer­
gida dentro de las cosas y procede a destacarla de ellas para utilizarla
como elemento relacionador. Nunca la desprende en absoluto, ya que su
actitud fundamental le impide evadirse de los objetos a los que esa misma
geometría permanece adherida.
Volviendo sobre la idea. Cuando la incitación es a que predomine un
juego de relaciones, se impone el principio de trascendencia; cuando la
incitación es a que predomine el valor propio de cada forma, se impone
el principio de inmanencia. Es cierto que el clásico busca ese juego de
relaciones que implica el principio de trascendencia, pero como la idea
no alcanza su máxima abstracción, perdura el de inmanencia. Tomemos
como ejemplo típico una cara de P iero D ella Francesca: la idea no
alcanza a desprenderse de la cara, permanece sumergida dentro, aunque
de ella necesite el pintor para expresarse. En este sentido, por esa necesariedad del objeto para expresarse, es inmanente la actitud del clásico.
Casos habrá en que interesándose el artista sólo por una cierta armonía
preestablecida predomine la idea sobre las cosas: entonces podremos
hablar de una actitud trascendente absoluta.
Es muy difícil, por no decir imposible, establecer categorías absolutas en
arte. Sólo se puede intentar la canalización de ciertas corrientes para
comprender mejor el problema general, conservando la ductilidad de
criterio para juzgar cada obra de arte. Cabe en este sentido encontrar
similitudes entre clasicismo y naturalismo, las que permiten formar con
ellos un grupo de posiciones dominadas por el principio de la inma­
nencia.
Pero hay corrientes opuestas que implican actitud trascendentes, sin que
por ello dejen de mezclar sus aguas con las anteriores, a consecuencia de
la actitud de un siglo que vuelve sus ojos hacia el pasado. Hablamos del
realismo, el barroquismo y el romanticismo, actitudes trascendentes porque

30

�no se otorga a las imágenes un valor propio en el que se funda la expre­
sión, sino que este valor surge de las relaciones del conjunto, despren­
diéndose una idea, de cualquier tipo, sea sentimental, política, religiosa
o histórica, idea que trasciende de la imagen, a la que ya no necesita como
apoyo y es a menudo empleada como pretexto.
Insistiendo sobre el principio de la trascendencia, puede afirmarse que el
hombre, en sus diversos modos de trascender, lo hace por una de estas
dos vías: como sujeto abierto al mundo que le circunda, un mundo que
se le da como vida, sea política, histórica, social o religiosa (vía objetiva);
o por exteriorización del mundo encerrado dentro de sí mismo (vía
subjetiva).
El romántico tuvo esa actitud por esencia trascendente. Despreció el ob­
jeto, pues ya no necesitaba de él. No podían las cosas del mundo objetivo
ser apoyos para lo que ansiaba expresar. Entre su mundo interior —en
el que se debatía con angustia— y la realidad exterior no había coinci­
dencias. Sin embargo, los románticos no supieron o no pudieron hacer
caso omiso de la realidad objetiva, no pudieron suprimirla por completo.
No había llegado aún el momento para hacerlo.
Actitud trascendente es también la del barroco, aunque difiere en mucho
de la actitud romántica. Quizá podríamos ubicarla como actitud inter­
media, porque los barrocos de todos los tiempos se Kan valido siempre de
formas naturalistas o clásicas, determinadas por concepciones inmanentes.
Han permanecido sujetos a la forma, a la rica materia sensual, al color
violento y exagerado en su potencia cromática, pero proyectando una
exaltación sentimental, patética o erótica, o ambas a la vez según los casos.
Esto implica una proyección del sujeto sobre el objeto, el cual sigue sir­
viendo a sus fines como fundamental vehículo expresivo gracias a la
deformación a que es sometido.
El realista se enfrenta con el naturalista, a pesar de que en principio ambos
parecen obedecer a una idéntica concepción. Aunque el realista, en efecto,
se dirija hacia los objetos, no ve en ellos la vida detenida, sólo atiende
al modo como se enlazan entre sí. Porque la vida tiene para él otro
sentido: no está encerrada dentro de las cosas sino que se le da como
acción. De modo que al intentar la traducción del movimieno, del de­
venir —lo fugaz y lo pasajero, aunque con sentido de perfeccionamientoadopta una actitud típicamente trascendente. Trasciende todo lo que
se mueve, no lo que está fijo.

31

�Aclarando: lo que interesa no son los objetos en sí mismos sino los modos
de tratarlos para aludir al tema que implica la acción. Por eso los temas
pueden variar y mantenerse la actitud, lo que permite hablar de un rea­
lismo social (versión la más conocida) así como de un realismo histórico,
político o religioso.
Otra consecuencia de la expresión temporal se produce. Enamorados de
la acción, los realistas irán desestimando progresivamente las formas con­
cretas en las que se apoyan —proceso en el que se ve la posibilidad implí­
cita de una abstracción dinámica— al par que introducirán de modo
solapado elementos subjetivos al buscar los medios para dinamizar las
formas.
Habiendo tanta similitud, por otra parte, entre el realismo y el romanti­
cismo, conviene destacar que el realista permanece siempre relativamente
neutral frente a esa dinámica vital, en tanto que el romántico la carga
con la expresión de su propio yo emocional.
Otra línea de suma importancia, la que origina la pintura rococó en la
primera mitad del siglo xvm, merece especial consideración en el ex»
men de la herencia que estamos haciendo. Es cierto que no modifica los
esquemas formales establecidos, pero introduce nuevas posibilidades ex­
presivas con refinada sensibilidad para tratar la materia pictórica. Refina­
miento en el goce sensual de la materia, en efecto, que llevará a la
multiplicación de los procedimientos —ya no será solamente el óleo— y
a la liberación de la pincelada, la cual, concreta como una forma, adquiere
sentido y se convierte en un elemento expresivo en sí mismo. No es una
novedad absoluta, pues a veces con anterioridad había tenido la pintura
caracteres parecidos; pero ahora se trata de una actitud sistemática, un
sensualismo menos violento que el de los barrocos que por vía subjetiva se
vuelca en la pincelada y el color puro.
Hagamos clara aquí la distinción con el barroco, también trascendente
por el camino de la sensualidad: el rococó vuelca su expresión en la
materia pictórica y no carga sobre la forma, como lo hacía el barroco.
Por este camino descubren los pintores rococó los modos para hacer la
materia más luminosa y dinámica, acercándose a los impresionistas. Po­
dríamos decir de un W atteau o de un Goya que fueron impresionistas
avant-la-lettre, y no porque aplicaran estrictamente los principios del
impresionismo, sino porque superaron la vieja manera de iluminar un
cuadro oponiendo la sombra (negro) a la luz (blanco).

32

�Nada tiene de extraño, entonces, que R enoir y Manet redescubran a
W atteau y a G oya. El impresionismo iba a llevar estos principios a sus
últimas consecuencias, estableciendo la teoría de la luz y del espacio
incorpóreo en la pintura, pero es tan directa la línea que lo entronca
con el rococó que podríamos inclusive considerarlo como un rococó que
ha perdido su sensualidad al hacerse más dinámico, más aéreo, más espa­
cial. (Sin hablar de la tendencia a escamotear los objetos, que se hace
más evidente.)
Desde el punto de vista en que nos colocamos, pues, lo fundamental de
los impresionistas es el planteo de la pintura como expresión subjetiva,
sin sensualidad; camino que lleva hacia un lirismo subjetivo e inmaterial
que puede ser considerado como el punto de partida de la pintura con­
temporánea.
Tal herencia explica la complejidad de la pintura del siglo pasado, agra­
vada por la independencia de que goza el artista, sin someterse a volun­
tades de estilo ajenas a él. Por esa razón no hay ni naturalismo, ni clasi­
cismo, ni barroquismo típicos. Porque siente que no le son necesarios
los apoyos en el mundo concreto y aunque todavía no se atreve a elimi­
narlos, sólo tiende a expresar el mundo subjetivo. De aquí procede la
tónica romántica, manifestada preferentemente en la movilidad de los
elementos plásticos y aún de los temas. Lo que se observa, en efecto, es
la máxima dinamización de los viejos temas religiosos, la predominancia
de los históricos, costumbristas o de la vida real, y la aparición del paisaje.
El retrato —a través del cual se vincula el pintor ochocentista con el
pasado— se sigue ejecutando con su pesada carga inmanente, pero existe
un elemento que lo dinamiza: se llama sentimiento. Dimensión temporal
de la figura, por decirlo así, que había acentuado Frans H als, utilizará
en gran medida D elacroix y redescubrirá Manet.
Si el retrato se opone en cierta manera a esta voluntad de dinamización
trascendente por el sentimiento, el paisaje, en cambio, donde la fuerza
expresiva de cada objeto desaparece como individualidad, debe favorecerla.
Todavía Constable, ilustre antecedente del paisaje romántico, aunque
evidencie esa voluntad de trascender, permanece tan adherido a la obser­
vación que se lo puede presentar como un naturalista. No así los román­
ticos propiamente dichos quienes se encargarán de destruir esta observa­
ción hasta culminar en Courbet, al que no consideramos como natura­
lista sino como realista romántico.

33

�No ha sido ese somero análisis de las actitudes que se dan en el siglo xix
de ninguna manera exhaustivo. Pero la comprensión, por lo menos
general, de ellas permitirá situarse ante los pintores argentinos de fines
del siglo, sin experimentar desconcierto ante la mezcla de posiciones que
evidencian. El problema, por otra parte, no es exactamente igual. Tal
vez la pintura argentina no manifieste tan palmariamente la herencia
aludida, pues al no existir tradición, todo fué improvisado, obra un poco
del acaso. Serán maestros extranjeros venidos por diversos motivos quienes
terminen haciendo pintura: mediocres pintores, los más, que no podían
completar todas las direcciones. Y los argentinos que viajen a Europa
no se interesarán, como era lógico prever, sino por los pintores naturalis­
tas, realistas o románticos, hasta Malharro, el primero que introducirá
las corrientes de vanguardia.
La coincidencia con el arte europeo se produce a propósito del realismo
y el naturalismo romántico, de modo que lo que fué etapa final allá se
transformó aquí en comienzo, evolucionando hasta el final del siglo.
¿Cómo podían darse las otras actitudes? No había antecedentes para que
se comprendiera el clasicismo —síntesis de cultura siempre— y menos aun
el barroquismo, con toda su potencia erótica y patética, exigencia de
una profunda necesidad emocional inexistente aquí. Por eso la pintura
se resuelve casi siempre en el retrato, respondiendo a exigencias sociales,
o en el paisaje, sobre todo costumbrista y folklórico, debido a la actitud
pintoresca que constituye la dominante en el país. Y por eso falta, en
general, esa libertad de la mano y el espíritu de procedencia rococó. No
obstante, algunos atisbos de esas voluntades expresivas se encuentran
aquí y allá.
Además, era característica de la pintura de mediados del siglo, a partir
de Prilidiano P ueyrredón, la de moverse de acuerdo a una concepción
inmanente con alguna mezcla de romanticismo. Fácil resulta advertir, en
efecto, cierto estatismo de origen naturalista con resabios clasicistas (y
curiosas derivaciones en el campo del grabado costumbrista, en el caso de
B acle especialmente), en lucha con el dinamismo realista, sin que falte
algún ejemplo de tímido paisaje romántico. No corresponde en este ensayo
hablar de esos pintores, mas era imprescindible esta breve referencia para

34

�comprender el cambio que se produce en los de fines del siglo y comienzos
del actual.
Así Martín Boneo (1829-1915) comparado con otros pintores contempo­
ráneos de él, sigue la tendencia naturalista, por ese detenerse en los objetos
que le es característico, descuidando la trascendencia temática. No se
quiere decir que sea definidamente naturalista (ya se dijo que casi no hay
ejemplos de esa dirección). Tiene algo de ingenuo e infantil en la forma,
dura y simple, cuando dispone seres y cosas en la tela; ya no tanto cuando
colorea, destruyendo el único encanto de una pintura pobre con evidentes
defectos técnicos. Pero si demoramos la mirada en Capataz y peón rebelde
descubriremos otra virtud: se pueden aislar trozos de una materia trabajada
en forma ágil y dinámica; hasta podríamos aventurar la afirmación de que
ciertas partes son vagamente impresionistas.
También J ulia W ernicke (1860-1932) milita en esa línea naturalista fran­
cesa de fin de siglo, con tendencia a dinamizar la superficie de la tela.
Como ejemplo de pintor naturalista podríamos citar a Lía Correa Mora­
les, sobre todo en Zapallos, aunque pertenece a una época más reciente
que no habremos de tratar.
En Eduardo Sívori (1847-1918) se dan naturalismo y realismo dentro de
una fuerte estructura clasicista. Sin embargo, sorprende a veces (L’alouette
de la barriere) con una factura muy libre, pinceladas dirigidas y hasta
algún atisbo expresionista en la boca entreabierta, todo animado por ocres
y grises de la paleta académica.
Su obra capital es Le léver de la bonne, en la que encara el tema social
—actitud revolucionaria en su hora— con esa búsqueda de la fealdad ca­
racterística del movimiento aludido. Realiza un desnudo femenino que
tiene la plenitud de una forma naturalista, pero cuando esa forma es em­
pleada para sugerir más de lo que en sí misma implica, cuando por ella se
expresa una idea, emoción o sentimiento, adquiere una dimensión realista
que implica trascendencia de modos de vida. Así Sívori es realista.
Si el tema no tiene exigencias formales imperiosas —como es el caso del
desnudo— da rienda suelta a su sensibilidad; se abandona al placer que
la materia le proporciona, haciéndola vibrar en planos accesorios —suelo,
fondo, un candelabro o una tela que cae— y mezcla elementos románticos
con elementos naturalistas y clásicos, recuerdos perdurables de la Academia.
Cuando el pincel escapa al desnudo y cae sobre la cara, su paleta se enri­
quece con los tonos más cálidos, aparecen las manchas, asoman el sentido

35

�intimo y la expresión psicológica. Es romántica su manera de emplear el
claroscuro, organizando una estructura de sombras que se sobrepone inde­
pendientemente; así las manchas oscuras adquieren por sí mismas valores
formales. Un soplo patético se desprende de la tela (hablamos de Le léver
de la bonne): ha logrado la certera conjunción entre tema y factura, pues
al tema sórdido corresponde esa factura expresiva de la angustia. Retrato
es realmente un acierto colorístico donde azules y amarillos fundidos en la
gama ocre se nos dan en feliz armonía. La cara ha sido realizada con una
minuciosidad en los detalles —aunque pese a ello resulte expresión diná­
mica de vida—que se opone en cierta medida al gran ritmo del sombrero,
logrado con un solo trazo ondulante, tan firme, tan seguro, y tan expresivo,
que por sí solo parece organizar la tela.
Su temperamento romántico halla libre salida cuando pinta paisajes. En el
Morrán ya es pintura de plein-air, casi impresionista, aunque no pinte de
acuerdo a la teoría. El otro Paisaje está más dentro de la línea romántica
frJTftcesa de la Escuela de Fontainebleau, donde las formas son pretextos
para una expresión dinámica por la materia.
Concepción naturalista se advierte en Autorretrato, por tratarse de un
género que la favorece. Pero se vale de un empaste liviano y trata la materia
en la superficie del rostro sin darle potencia interior a la forma: en reem­
plazo de la fuerza vital emerge el matiz psicológico, la vida anímica. Todos,
elementos trascendentes, románticos, opuestos en la misma tela, a la fuerza
inmanente del retrato.
Un año después de Le léver de la bonne pinta Sívori La muerte del marino,
donde lo clásico, como concepción y factura, desaparece imponiéndose un
relativo tenebrismo. Aquí se advierte la tendencia barroca, línea todavía
subyacente con esporádicas apariciones que, al mezclarse con la actitud
realista, nos permite hablar de un realismo barroquizante. Por eso el color
es más pastoso, se acentúan las variaciones de luz y sombra, la composición
se organiza en diagonales sesgadas que movilizan el espacio, y rompiendo
esa dinámica calculada de ejes en triángulos se destaca el foco luminoso de
la cara del marino, con una claridad que acentúa la deformación tremenda
a que es sometida.
ángel D ellavalle (1855-1903) nos enfrenta, en cambio, con el realismo
costumbrista. Es retórico, espectacular y no muy expresivo, pero resulta
interesante observar en qué medida plantea el problema dinámicoespacial,
que será más adelante preocupación de Kandinsky y los abstractos. La

36

�vuelta del malón describe el movimiento con gestos y actitudes: brazos que
se elevan o caballos sorprendidos en desenfrenado galope; pero la dinámica
de la tela se logra en verdad con las lanzas, en el choque de sus ejes entre­
cruzados. Desnudo de hombre permite apreciar la evolución, desde un
naturalismo clasicista al realismo pintoresco: es una típica academia, donde
la forma sintética, todavía expresiva, comparada con el desnudo femenino
de La vuelta del malón, demuestra cómo perdió esa capacidad de síntesis
y cómo ya no era capaz de crear formas de sentido inmanente.
Otro ejemplo de actitudes que se oponen es Retrato de C.C.M. Cuerpo
y cara han sido pintados de acuerdo a una concepción naturalista, mas con
realismo dinámico presenta una bata en la que todo es reflejo y juego de
superficie sin ninguna consistencia ni armazón interior. El fondo, algo
anodino, recibe un tratamiento muy semejante. Pero cuando el tema no
exige movimiento, luce su calidad en la materia: en Fonda de campaña,
prescindiendo del tema, el valor aparece en ciertas partes por el modo de
ejecución.
¡Con qué claridad se ve en La sopa de los pobres de R einaldo G iudice
(1853-1921) cómo el sensualismo de la materia fué llevándolo hacia la
desestima del dibujo en cuanto estructura de una forma! Por encima de
la temática realista y predominando sobre ella, se impone una expresión
puramente subjetiva cuando aprovecha, para expresarse, de los objetos
representados o de una pollera que cae.
Mejor dibujante es G raciano Mendilaharzu (1852-1894), quien ha dejado
entre otras telas esa pequeña Escena de costumbres, tan renoiresca, donde
las figuras recortadas contrastan sobre un fondo románticamente impreciso.
En la línea del lealismo dinámico a que nos referimos, trabaja la materia
como esmalte y pone en evidencia grandes dotes de colorista. Esta calidad
también se destaca en La vuelta al hogar, donde el sentido dinámico, rea­
lista y pintoresco, no alcanza a destruir la potencia naturalista de la forma,
la que conserva todavía acentos clásicos. Variadas actitudes, pues, y nin­
guna que lo defina. Aun dentro de una misma forma encontramos trozos
plenos de volumen y otros sin relieves, aplanados. El encanto mayor de
Mendilaharzu está en la coherencia de su color, tan sabiamente modulado,
tanto como en la feliz oposición de fríos y cálidos.
Para el pintor realista la vida se resuelve en movimiento. Expresar ese
movimiento fué la meta de los pintores estudiados pero el problema no fué
resuelto por ellos porque estaban demasiado aferrados a la concepción

37

�naturalista. Queriendo dar el movimiento como acción lo detienen en el
gesto de seres que se nos aparecen como en pose, lo inmovilizan en formas
que habiendo perdido potencia interior son todavía demasiado corpóreas y
macizas. El dibujo que sigue encerrando las formas con relativa precisión
es descuidado y en la mayoría de los casos carece de expresividad. Los
tonos empleados son todavía muy medidos. Por eso el realismo costumbrista
nos habla de la existencia de un mundo donde todo se mueve, sin llegar a
darnos la realidad objetivada de ese movimiento.
Eduardo Schiaffino (1858-1935) está en otra línea. No se trata de un rea­
lista costumbrista. La lucha se entabla entre su formación neoclásica y su
temperamento a todas luces romántico.
Reposo nos ofrece un desnudo pintado y dibujado a la manera neoclásica,
sobre un terciopelo de mano maestra, personalísimo en el color y con gran
riqueza de tonos y matices. Un paisaje como La iglesia de Sta. Catalina,
tan limpio y bien modulado, con tal variedad de matices expresivos, sugiere
la pregunta de si la Academia no habrá entorpecido en esos pintores su
verdadera personalidad en la expresión por la vía sensible.
Margot relega a segundo plano la concepción ideativa académica. Ya los
bordes son indefinidos, zonas cálidas y frías se oponen, sombras y luces se
cargan de intención, y surge el sentimiento ahogando la idea. Cuando
pinta Los ombúes se vincula con la generación de Malharro y de N avazio.
Al aclarar la paleta e independizar la pincelada busca la dinámica de la
naturaleza con sentido objetivo que en nada se relaciona con el misterio
romántico.
En la línea naturalista y romántica también se deben destacar dos retratos
de A ugusto Ballerini (1857-1902) por su finura de ejecución, aunque se
revela en ellos más indeciso que sus contemporáneos.
Otro ejemplo típico de permanente lucha contra la objetividad de las
formas aprendidas es Severo R odríguez Etchart (1865-1903). Después de
La toilette, en que aparece un torso bien dibujado y bien coloreado —po­
dríamos decir bien sentado y bien sentido— vemos Aprés la pose con todo
el postimpresionismo en acción, libre en la pincelada y audaz en el color.
Si ese torso no está resuelto es porque allí se entabla más fuerte la con­
tienda entre lo que quiere hacer y lo que aprendió. Para dibujar en el
plano no tenía capacidad y por eso, al aplastar el torso, torna inexpresivo
el dibujo. En cambio, era un excelente dibujante naturalista: allí está esa
Niña con paloma para corroborarlo: fina tela en la coloración cual un

)8

�Greuze, tiene consistencia interior y delicadeza de porcelana, muy en la
tendencia del naturalismo sentimental del siglo XVIII. En Severo Rodrí­
guez Etchart se mezclan naturalismo, clasicismo, romanticismo, impresionis­
mo y quien sabe si en ese torso no hay ya asomo de expresionismo.
En la línea barroca de la que hablamos refiriéndonos a Sívori, muy evi­
dente también la concepción en Cabeza de San Juan Bautista de Mendila­
harzu, puede ser incluido Emilio Caraffa (1865-1939) con su Viepo orando
que nos trae el recuerdo de R ibera y el barroquismo español del siglo XVII.

III
Algunos artistas menores, continuando ciertas tendencias de la pasada ge­
neración e introduciendo en ellas ligeras modificaciones, constituyen la
transición a la modernidad. Así Pío Collivadino (1689-1945), Carlos P.
R ipamonte, A ntonio A lice (1886-1943) y Jorge B ermúdez (1883-1926).
El pintor-clave de esta época es Ernesto de la Cárcova (1876-1927) no
sólo por la profundidad de su mensaje espiritual sino porque en él vienen
a fundirse las viejas tendencias con las nuevas. Es posible observar su
vinculación con el pasado en óleos como Sin pan y sin trabajo, La esposa
del artista y Retrato de la esposa del autor, al tiempo que implican un paso
hacia adelante Primavera, Naturaleza muerta y Naturaleza en silencio, telas
en las cuales la pintura a plein air reemplaza a la pintura de taller.
Si?i pan y sin trabajo todavía es manifestación del realismo naturalista con
tendencia socializante del que ya hemos hablado. Verdadera política hecha
con el pincel, deja sin embargo entrever en el paisaje que se divisa a través
de las ventanas una posición diferente, pues con sentido dinámico las cosas
se desvanecen, apenas indicadas, utilizando una materia más liviana y una
paleta muy fina.
Podemos decir del Retrato de la esposa del autor, sin que sea necesario
entrar en el análisis de sus elementos, que se enlaza con toda la retratística
del siglo XIX, realista y naturalista con introducción de elementos sub­
jetivos. En los cuadros más modernos citados no es pintura impresionista
la que hace todavía, no es recomposición de la luz la que busca; realiza
verdadera pintura a plein air y crea la luminosidad con violentos contrastes
entre claros y oscuros; representa la luz, no la recompone. El espectador
sabe que una mancha amarilla encendida sobre un sombrero y derramada

39

�sobre unos hombros, eso es sol, y ve objetos iluminados, no la luz incorpórea
de los impresionistas.
Contemporáneo de M a r t ín M a l h a r r o (1868-1911), que muere unos años
antes, ambos constituyen valores que pueden ser opuestos. Malharro signi­
ficó “el abandono de la receta académica, la repulsa de todo realismo in­
genuo y literario, la afirmación de los elementos estrictamente plásticos, la
jerarquización del concepto creador que permite al artista alcanzar el
reino de la metáfora plástica y por sobre todas las cosas, la inclusión de lo
espontáneo’’1. Y porque fué todo eso y porque ante sus cuadros nos situa­
mos ansiosos de apresar esa espontaneidad, verdadero mensaje del artista,
nos preguntamos: ¿dónde está el impresionismo de Malharro?
Es cierto que se advierte en algunas telas, sobre todo en el último paisaje,
En plena naturaleza, el uso aunque muy medido de colores complementa­
rios con técnica impresionista, pero no es lo que más se destaca. Malharro
supera el impresionismo y lo vemos ya en una posición expresionista. ¿Qué
significan si no esos árboles casi humanizados, antropomorfizados, donde
se hace tan clara la voluntad de dinamizar las formas infundiéndoles aliento
patético? Lo mismo podríamos decir de Nocturno, que vemos como versión
poética de un paisaje expresionista, en la deformación a que son sometidas
las masas, las cuales se aplastan contra el fondo y destruyen esa búsqueda
romántica del misterio en lo espacial. Actitud que se acentúa por el
empleo que hace de los colores y por la iluminación irreal que obtiene.
Podemos hablar aquí, entonces, de un expresionismo romántico, sin que se
adviertan elementos impresionistas, ni temáticos ni técnicos. Es más román­
tico en el otro Nocturno de 1909 y evidencia relativo equilibrio entre ro­
manticismo, expresionismo e impresionismo en Mis amigos los árboles.
La posición de W a l t e r d e N a v a z io (1887-1921) es bastante similar a la
de Malharro. Es más medido y se expresa con menos pasión; tal vez más
romántico, pero un romántico que comienza a usar los colores dotándolos
de gran fuerza cromática, con empaste grueso, hasta crear una estructura
formal que se separa de la estructura representativa. Esa mayor cautela,
empero, que manifiesta con respecto a Malharro, también es signo de de­
bilidad. Pero en cuanto a la actitud que denota, es posible ver en él un
romántico naturalista con factura moderna y atisbos expresionistas.
F e r n a n d o F a d e r (1882-1935) muestra en Las cabras de 1906 su procedencia
* J orce R omero Brest. Pintores y grabadores ríoplatenses. págs. S3-34.

�germánica, practicando un naturalismo dinámico con tendencia a la des­
trucción de las formas. A partir de ese momento empieza a subir los tonos
de su paleta, que adquieren una violencia agria, no muy bien entonada,
acentúa la disolución de las formas y revela cierto intento de establecer
planos. Luego, en sus paisajes serranos: El estanque, La mañanita, El corral
de las cabras, deriva hacia una concepción más impresionista en cuanto los
objetos tienden a desaparecer como tales y en cuanto es patente la búsqueda
de valores luminosos por oposiciones cromáticas, por el modo de oponer
luces y sombras, coloreadas ambas, y por el empleo de algunas tintas com­
plementarias. Sin embargo, no creemos que se le pueda llamar impresio­
nista, ya que mantiene siempre una actitud naturalista, aunque dinámica,
inexpresiva entre otros motivos por la debilidad de su dibujo, incapaz de
prestar la debida armazón a las formas. No bastan el color y la materia
empleada —si no se organizan en una estructura coherente— para impedir
el derrumbe; y aunque trata de establecer planos, denota un intento de
otorgar corporeidad a las formas con el empaste grueso. Tampoco nos
satisface el color, que cuando no es sucio o inexpresivo, como en algunos
fondos, se nos aparece vulgar en las tonalidades azules y rosadas. En
definitiva, ni su actitud, ni la técnica empleada, permiten clasificarlo como
impresionista. Tiene una forma moderna de empastar, de poner la pince­
lada, y busca con audacia y libertad el color, pero manteniéndose siempre
en una concepción naturalista.
Los pintores que les siguen, V alentín T hibon de Libian, R amón Silva,
D omingo V iau, A lfredo G uttero, continúan la línea de la modernidad
iniciada por Malharro, ya plenamente en nuestro siglo. Por razones justi­
ficables se ha tendido a sobreestimar a éstos y a sus continuadores actuales,
pero resulta conveniente conocer los antecedentes, que hemos tratado de
destacar en este ensayo.
Edith G ay

41

�EL GRABADO ALEMAN CONTEMPORANEO

A un el m ás somero in te n to de jerarquización en el orden de las exposiciones de
arte vistas en Buenos Aires d u ra n te el
año 1952 revela in m ediatam ente la im ­
portancia y el valor singular del con­
ju n to de grabados alem anes m odernos
exhibido p o r la G alería Peuser siguiendo
u na im petuosa iniciativa de la d in á ­
mica, culta y em prendedora p ro p ietaria
del F rankfurter K u n stka b in ett, H an n ah
Bekker vom R ath , asisitida a su vez por
el no menos entusiasta D r. F. L. B ayerthal.
Si bien esta colección de cerca de 200
hojas revelaba lagunas y claros de indis­
cutible im portancia — estaban ausentes
grabadores como H einrich Ñ auen, H ein rich Campendonck , M aría U hden , M ax
U nold, R ichard Seewald, G eorg Schrimpf ,
JOSEPH SCHARL, CÉSAR KLEIN, WERNER
H eld, F ritz W inter , H einz T roekes, p a ra
m encionar sino los más conspicuos—, y si
bien m uchos otros presentes estaban no
siem pre m uy felizm ente representados (por
ejem plo P aul K lee , F ranz M arc, E m il
N olde, A ucust M acke) , nos queda de esta
exposición u na visión del grabado alem án

m oderno altam ente positiva q u e nos ob li­
ga a em prender, más q u e u n a critica
de tem peram ento individual con u n dete­
nido análisis de obra p o r obra, u n a serie
de reflexiones y conclusiones de carácter
general.
En especial, resultó interesante la com ­
probación del enorm e y feliz auge q u e el
grabado tuvo como m anifestación artística,
definida y autónom a, en la A lem ania de
los prim eros cinco lustros de nuestro si­
glo. Coincide este florecim iento con la
época del p leno desarrollo del m ovim iento
expresionista, expresión germ ánica p or
antonom asia en su doble faz: la exacer­
bación del factor subjetivo en la creación
artística y la exacerbación de la expresi­
vidad del grabado y de la xilografía en
particular.
A un cuando la referida m uestra n o inclu­
yera n in g u n a o b ra cuya creación p e rte ­
neciera al siglo pasado, los lazos invisi­
bles con toda la histórica tradición del
grabado alem án se p ercibían b ien clara
y bien frecuentem ente. Si en u n p rincipio
histórico fueron las torpes xilografías de

�las biblias monacales y populares, las que
nacían del ceñido espíritu m edieval y de
fuertes ataduras técnicas, siendo todas
ellas aún som bra débil de u n gran arte
pictórico m ural, bizantino, otónico y ro ­
mánico, ya al poco tiem po empezó a
desarrollarse el más u rb an o y burgués gra­
bado en cobre. La m aestría artesanal que
fué uno de los principales pilares del
puen te hacia la era m oderna no p u d o
sino dejar sus huellas tam bién en el
arte del grabado. El p lano grande y a n ­
guloso de las prim itivas xilografías —que
luego reapareció con otros caracteres en
las xilografías de los artistas del grupo
Die Bruecke— cedió su lu g ar a u n espacio
más profundizado p o r la perspectiva —
descubrim iento del novedoso renacim iento
italiano— y la form a se pu lió con el
preciosismo y a la m anera del orfebre.
En D urero esta contienda se difinió en
su Vida de Maria en la que la xilografía
ya había adquirido m uchos rasgos típicos
del grabado con buril. En la era barroca,
xilografía y b u ril perdieron casi to tal­
m ente su expresividad y con R embrandt
hacía eclosión la nueva técnica del agua­
fuerte. Cada vez era m enor el contacto
directo y la lucha del artista con el du ro
taco de m adera que había dado form a y
expresión a los prim eros grabados. La obra
ya no era enteram ente conform ada p o r la
voluntad creadora sino p o r la acción más
o menos casual del ácido y de otros agen­
tes químicos. El desarrollo posterior del
vernis m ou, del mezzo y del acquatinto
acentuó aún más esta tendencia del

43

ablandam iento. Poco después de la revo­
lución francesa se descubrió lá técnica de
la reproducción ilim itada de u n grabado
m ediante u n a p iedra blanda; la litografía
con su sfum ato dió al grabado ciertas
características q u e lo acercaron a la obra
pictórica más q u e nunca en todo su
desarrollo histórico. En m anos de muchos
artistas de segundo y tercer orden la
laten te falta de carácter que peligrosa­
m ente puede defin ir a la litografía, y muy
especialm ente la litografía en colores, la
degradaba cada vez m ás y sólo grandes
maestros como D elacroix, G avarni, C hassériau, D aumier , T ouijouse-L autrec, B on nard y R edon supieron d arle el carácter
de una m ayor expresividad auténtica.
La salida de la hibridez gráfica, q u e h a ­
bía culm inado con la litografía, sólo podía
encontrarse en u n sólido redescubrim iento
del xilograbado. El caligráfico entrecruza­
m iento de- lineas finísimas, la recreación
especial del som breado desapareció y g u ­
bia y form ón conform aban nuevam ente al
du ro taco de m adera en ataq u e directo,
espontáneo. G randes manchas, cuñas y
planos bien definidos producían otra vez,
como otrora, luz y som bra con su vieja
tónica mágica del contraste de noche y
día.
D ibujante, grabador e im presor
eran otra vez u n a u n idad artística. La x i­
lografía gótica floreció a nueva vida,
m ovida esta vez p o r la influencia de la
antigua estam pa del lejano O riente; C hi­
na y Jap ó n . Especialm ente la estam pa
japonesa daba u n a com pleta reversión
de la perspectiva lineal occidental, tra-

�bajando solam ente con planos sin sombras,
destacando la línea que organiza al plano
más que la linea q u e define y cierra la
form a. H abía allí u n nuevo planism o con
ciertas asociaciones espaciales de origen
abstracto qu e se agregaban a la p u ra ex­
periencia óptica. El camino de Valloton,
G auguin y M unch a los m odernos g raba­
dores alem anes era corto y definido.
Pero no existía solamente u n problem a
de orden aparentem ente técnico. En m a­
teria de arte, la técnica invariablem ente
es dictada por problem as de fondo y con­
tenido. Las sombras de los objetos se
unieron con los objetos en grandes ex­
tensiones de negro, sin pasajes tonalistas,
creando contrastes polares con el blanco
del fondo. Los planos blancos y negros,
sin considerar sus valores objetivos de luz
y som bra, se equ ilib raro n con iguales va­
lores en un juego de contrastes a u tó n o ­
m am ente plásticos. El plano oscuro llegó
a ser nuevam ente com plem entario del píano claro y viceversa. Esta nueva xilografía,
a la que en A lem ania se agregó m uy em i­
nentem ente el grabado en linóleo, no sólo
se redujo ya a la ilustración, n i tam poco
ya a un a decoración indirecta del m uro;
su papel comenzó a ser activo, combativo.
Su actualidad era incitante en el affiche,
en la caricatura política, en la flagelación
hasta caricaturesca de u n a dislocada es­
tru ctu ra social. Los coleccionistas de estos
grabados ya no eran trogloditas esteticistas polvorientos; no, este grabado era el
volante que pasaba de m ano en m ano,
que pertenecía al hom bre de la calle. No

h ab ía en él ya resabios esotéricos; el
lem a de l’art p o u r l’art no se conocía
siquiera como tem a de la disquisición más
teórica. Este grabado era el lenguaje del
pueblo, fuerte, directo y v ital, sin caer
nunca en el o tro extrem o de la delezna­
ble m ueca populachera. Su carácter fre­
cuentem ente era m ucho menos bárbaro
de lo q u e sus apariencias parecían indicar.
La abstracción obligada e im puesta p or
la técnica n o se m antenía en u n p lano
de tapiz decorativo sino se hizo violenta
expresividad, ap u n tan d o hacia lo u n i­
versal, vehículo de comunicación de ins­
tintos y de profundas emociones positi­
vas — sin callar las negativas. Lo popular,
lo drástico, lo tétrico, lo mágico y fu erte­
m ente lo erótico, descorrido ya hasta el
últim o velo hipócrita, se hicieron ex p re­
sión representativa de u n esp íritu com ba­
tivo contra todo liso virtuosism o y ladina
copia de una chata realidad tangible y
burguesa, la q u e en la m oderna estruc­
turación sociológica había encontrado sus
definiciones en los grandes sistemas del
capitalism o, tecnicismo y u n a civilización
standardizada. Desde 1890 n inguna otra
técnica del grabado pudo adecuarse tan
logradam ente a esta nueva expresividad
como precisam ente la xilografía. Su fu e r­
te desarrollo era tal vez el m ayor hallazgo
de la escuela expresionista y del m undo
germ ánico en particular.
El grabado en blanco y negro —en el
grabado en color ya e n tran en juego va­
lores m uy distintos, diluidos p o r su p ro ­
cedencia pictórica— desde an tañ o había

�sido el gesto menos forzado y m ás p e r­
fecto que pudo encontrar el espíritu ale­
m án p ara su inm ediato reconocim iento
universal. E n el siglo XVI los óleos de
D urero tal vez pudieron quedarse dentro
de cierto encierro provincial y regional.
Sus grabados en cambio encontraron in ­
m ediatam ente su más am plio eco u niver­
sal. Los mismos fenóm enos eran fáciles
de advertir al enfrentarse con la m uestra
del m oderno grabado alem án que motiva
estas reflexiones. H uelga aq u í la citación
de nom bres particulares. Conscientemente
m e he propuesto no in c u rrir en un an á­
lisis individual de cada obra o de cada
artista; a través del conjunto expuesto,
habiéndolo visto como totalidad, trato
de llegar a conclusiones retrospectivas,
presentes y futuras. El espectador aveza­
do sabrá sin d uda ubicar los nombres,
sabrá ordenar su propia nom enclatura.
El m om ento de florecim iento inigualado
que alcanzara el grabado alem án en las
apenas tres prim eras décadas del siglo bajo
el m ovim iento expresionista con todas sus
im portantes diferenciaciones regionales —
su herm etism o nacional en el N orte y su
ósmosis con el cubism o y fauvism e fra n ­
cés en el Sur— m uy p ro n to culm inó y se
eclipsó. Los maestros de la xilografía h a ­
bían envejecido y m uerto. N uevam ente la
litografía ocupaba prim eros planos y es­
pecialm ente —enfocado desde u n p u n to
de vista de purism o gráfico— la espúrea
litografía en colores se m ultiplicaba. Ya
el grabado contem poráneo recoge for­
mas, tonalidades y colores q u e claram ente

provienen d e la p in tu ra. Nuevas búsque­
das estéticas reem plazan firm e y cerrada
com batividad, vacilación— tam bién ella
puede ser fecunda, si bien a plazos más
largos— y titubeos caracterizan ahora la
ausencia de definición dogmática. En ape­
nas un lustro antes del advenim iento del
régim en hitlerista, los movimientos de la
Nueva O bjetividad, del Realism o Mágico
y del débil Superrealism o n o tuvieron
tiem po de fructificar ni en sus p in tu ras y
menos aú n en sus grabados. La actividad
del postexpresionism o se lim itó más al
cuadro perdiéndose nuevam ente el alto
y preponderante valor que había alcanza­
do el grabado, la xilografía y el grabado
en linóleo en p articular.
Después del interregno falso y prolongado
del régim en nazista con su arte dirigido,
con su h u e ro y absurdo seudo-idealismo
que estribaba en u n forzado realism o
social, agrario e in dustrial y casi podría
decirse grem ialista, los artistas jóvenes
tenían q u e comenzar com pletam ente de
nuevo. Si bien la herencia de los maes­
tros expresionistas era rica en esencia y
aún en posibilidades, sólo la m irada más
allá de las fronteras alem anas podía ab rir
nuevas e inesperadas perspectivas. El su­
perrealism o y ante todo el a rte abstracto
eran vetas ' nuevas e inexploradas que
b rillaban de repente ante los ojos de los
jóvenes artistas alemanes, que venían h a ­
cia el arte contem poráneo con el tre ­
m endo handicap de u n atraso de doce
años. N unca pueden ser suficientem ente
destacados los nefastos efectos del aisla­

�m iento forzoso q u e pesaba sobre el crea­
dor artístico alem án d u ra n te un tiem po
que en el orden histórico equivale a m e­
dia generación. La orientación después de
la segunda guerra m undial ya n o podía
ser esencialm ente alem ana, y m enos aún
grabadora, T en ía que tener u n a fuerte
tónica europea y universal. El placer de
la comunicación expresiva, de in dividua­
lismo exacerbado, se m antendrá sin e m b ar­
go siem pre —ayer, hoy y m añana— como
la quintaesencia del carácter y del arte
alem án.
Esta particularidad se pudo advertir con
claridad en las obras que pertenecen a
los más jóvenes artistas alemanes, a los
maestros más contem poráneos, q u e en su
m ayoría son abstractos o al menos de
tendencias abstractizantes. C abría p reg u n ­
tarse si precisam ente el grabado se presta
a la definición form al-plástica de la m eta
espacial-m atem ática perseguida p o r el arte
abstracto. E n todo caso, el color cobró ya
nueva im portancia aú n allí donde a veces

46

se presenta con el viso de la más severa
austeridad. Sin duda es correcta la ase­
veración del crítico alem án W n x G roh m a n n , cuando en su prólogo del catálogo
dice que los artistas alem anes contem po­
ráneos ya no q u ieren seguir su arquetípico y tradicional m étodo del análisis
—y el grabado siem pre h a sido em inente­
m ente análisisl Ellos buscan ahora una
nueva síntesis de expresión y expresividad
universal, cuya definición plástica no p a ­
rece adecuarse tan to al grabado como a
la concepción de una nueva realid ad a
través del color. Difícil resulta entonces
el pronóstico del camino q u e encontrará
y seguirá el grabado d en tro del arte
alem án de nuestros días y del fu tu ro
más inm ediato, si bien hay sobradas ra ­
zones p ara confiar en u n nuevo, oportuno
y vigoroso renacim iento del grabado ale­
m án m ás p u ro en base a su rica tra d i­
ción a través de más de seis siglos.
ROD OLFO G. B R U H L

�miscelánea

• Ha muerto R aoul D ufy a los sesenta y cinco años de edad. Una vida
cumplida de pintor. Un ciclo que ya se había cerrado. Se le juzgará
como uno de ios más originales pintores franceses del siglo, tanto por
el sesgo propio de su sistema de formas como por el sello de impersona­
lidad sentimental que les impuso. Acaso se le podrá reprochar —como ya
se hizo en estas páginas, no ha mucho tiempo— cierta conformidad con
los apetitos superficiales de algunos marchands y aficionados que no
parecen buscar en la pintura más que el goce puramente sensual de la
pintura —cierto abandono, en los últimos años, del camino recto de
la invención pura, deslizándose por el plano inclinado de lo fácil—;
pero se puede estar seguro de que ocupará un puesto importante en
esta lucha por el estilo de nuestra época, lucha que planteara él mismo,
hace cerca de cincuenta años, al iniciarse la rebelión de los fauves.
• En Londres acaba de realizarse el acto fin a l del concurso para la erección de un
M onum ento al Prisionero Político Desconocido. Como se recordará, la m unificencia
de un desconocido perm itió que se llevara a cabo este concurso, organizado por el
In stitu to de A rtes Contemporáneas de Londres, que preside Mr. H erbert Read. Más de
tres m il quinientas m aquettes fueron presentadas en 54 países. Después de la selección
que los jurados nacionales hicieron en cada uno, llegaron a Londres cerca de dos­
cientas, entre las cuales el Jurado internacional, de cuya constitución nos hem os ocu­
pado en un núm ero anterior, eligió ochenta para que recibieran el prem io inferior
de 25 libras cada una: las cuatro m aquettes argentinas, de N oemí G erstein, Lorenzo
Domínguez , P ablo C uratella M anes y M artín Blazkowsky recibieron este premio.
O btuvieron prem ios de 275 libras: L ynn C hadwick (Inglaterra), A lexander C alder
(U.S.A.), R ichard L ippold (U.S.A.), H enri-G eorges Adam (Francia), L uciano M inguzzi
(Italia), M ax B ill (Suiza), M arcel H inder (Australia); prem ios de 775 libras: B arbara
H epworth (Inglaterra), N aum G abo (U.S.A.), A ntoine P evsner (Francia), M irko
B a.s a l d e i .l a (Italia). El gran prem io de 4525 libras fu é otorgado al escultor inglés
Rec Butler.

�• No han faltado episodios pintorescos m ientras se debatía el Ju ra d o p ara otorgar
ios prem ios en el citado concurso. En p rim e r lugar el silencio hostil de la prensa
inglesa, que dió origen a enérgicas protestas de algunos grandes artistas y críticos
ingleses y americanos; luego la destrucción de la m aquette de B utler p o r u n joven
húngaro, a quien se lo supone m aniaco, p ara dem ostrar así su disconfrom idad con
el fallo del Jurado. En la carta de B en N icholson a Mr. Kloman , chairman del
concurso, se dice: “Estoy inm ensam ente im presionado con la concepción im aginativa de
la Exhibición de E scultura Internacional, con ese ju rad o im ponente y con la hermosa
selección que hizo. Me parece que todo el acontecim iento m arca u n a época. P ero este
ultraje a la m aquette de R eg B utler es algo vergonzoso que se vincula con la igual­
m ente vergonzosa e irresponsable actitud de casi toda la prensa británica. Esta actitud
me parece más siniestra p or el in ten to de a n u lar el juicio de u n conjunto de jueces
expertos en arte, venidos desde diferentes países, y sospecho que form a p a rte de una
organizada cam paña reaccionaria.”

• Saludamos al grupo redactor de la revista cubana Noticias de Arte
y le felicitamos por la orientación moderna que le imprimen. Es una
prueba más de la vitalidad que caracteriza al movimiento joven de La
Habana, en el que se destacan Mario Carreño, Cundo Bermúdez, R ene
Portocarrero, Luis Martínez Pedro y otros. También le agradecemos
que hayan publicado algunas partes de artículos aparecidos en Ver y
Estimar.
• Se recordará que el E n te Provinciale per el T urism o de Venecia organizó un
concurso para otorgar prem ios a las mejores críticas que se publicaran sobre la
XXVI Bienal. El Ju rad o , presidido p or el Conde A ndrea df. Vai.marana y compuesto
p o r los críticos de arte R oberto L onchi, A lberto R ossi, U mbro A pollonio, A drián
L ujdjiens , R ucgf.ro Bandarin y R odolfo P alucchini acaba de expedirse. El prim er
prem io de 100.000 liras para escritos aparecidos en cotidianos italianos ha sido
conferido a Silvio Branzi de Venecia, el segundo de 50.000 liras a R emicio M arini de
T rieste. El prim er prem io p ara periódicos italianos a M arcello Venturoli de Roma,
y el segundo fué declarado desierto. En cuanto a los prem ios para extranjeros fueron
otorgados a E mily G f.nauf.r de New York y a U baldo Monico de Dongio (Suiza),
prim ero y segundo precios para cotidianos; a G ustave R ene H ockf. de S tuttgart y a
P iero B ianconi de M inusio (Suiza), prim ero y segundo prem ios para periódicos.
T am bién recibieron prem ios menores de 25.000 liras: Cario Volpf. de Bolonia, R ene
M enecazzo de Padua, J. P. H odin de Londres y N esto J aoometti de G inebra. N uestro
director no presentó a este concurso la crítica publicada en el N 9 29/30 de Ver y
Estimar.

4S

��J. HECTOR MATERA - LAVALLE 1653

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Pedrosa, Mario&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Gay, Edith&#13;
Bruhl, Rodolfo G.</text>
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                    <text>CUADERNOS

DE CRITICA ARTISTICA

Este número c o n t i e n e :

NUMEROS VEINTINUEVE Y TREINTA

JORGE ROMERO BREST:

BUENOS AIRES

La X X V I Bienal de Vene-

Sobre
el arte italiano contempo­
ráneo: ELSA TEN CONI:
cía • Bibliografía:

Arte Italiana del nostro
tempo de Stefano Cairola
- BLAN CA STABILE: Pitt u r a S c u l t u r a d'Avanguardia ¡n Italia de Raffaele Carrieri - RAQUEL
EDELMAN: Pittura italia­
na m o d e r n a de Umbro
Apollonio - BLA N CA PAS­
TOR: Cahiers d'Art, año
25, 1950 y Art d'Aujour-

Ver y
Estimar

d'hui, enero de 1952 •

Crítica: ELENA F. POGGI:
Joaquín Sorolla - BLAN­
C A STABILE: Grupo mo­
derno de la Argentina BEATRIZ H U B E R M A N :
Miguel Carlos Victorica RODOLFOG. BRUHL: C brindo Testa;- EDIT GAY:
Raúl Russo - R A Q U E L
EDELMAN: Luis Seoane •
M i s c e l á n e a *

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C U A D E R N O S DE C R Í T I C A
ARTÍSTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS

V O L U M E N VIII
N U M E R O S
VEINTINUEVE
Y T R E I N T A
NO VIEM BRE DE 1952

SUSCRIPCIÓN ANUAL
Cuatro números en el año, de abril a noviembre

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del control ......................................... ,, 33.50
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comparadas ......................................... &gt;, 29.—
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tura española ................................... ,, 14.50
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ción al derecho ................................. »&gt; 8.—
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Ingeniero

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Martínez

�LA X X V I B I E N A L DE V E N E C I A

I

1. Los artistas y los críticos, con rara uniformidad, opinan en Europa que
la Bienal de este año —inaugurada el 14 de junio ppdo.— es menos
interesante que la de 1950, y explican el hecho por la ausencia de grandes
exposiciones retrospectivas de valor. Tal vez no les falte razón porque
hace dos años se expusieron obras de fauves, cubistas y futuristas, de los
componentes del grupo Der Blaue Reiter de Munich, de C onstable,
Medardo R osso, Seurat, K andinsky y H enri R ousseau, y ahora no se
establece el equilibrio con los pabellones y salas dedicadas al grupo De
Stijl de Holanda, el divisionismo, el expresionismo alemán y Soutine .
Tampoco resisten el parangón los artistás de diversos países que realizan
exposiciones individuales: B onnard, M atisse, E nsor, V illon , M agnelli,
Barlach, M arín, L aurens en 1950; C asorati, M arino M arini, R osai,
L éger, D ufy, Sutherland, B aumeister , C alder en 1952. Sin olvidar que
entonces se produjo la revelación de la pintura mexicana contemporánea,
aunque tal vez se la estimó en demasía.
El hecho parece cierto y no es mi propósito discutirlo aquí, pues no tuve
la suerte de visitar la Bienal de hace dos años, pero pueden extraerse
de él algunas conclusiones sobre los caracteres de esta competición inter­
nacional de artes plásticas a la que nadie regatea importancia. Estoy
plenamente convencido de que aquellas salas y pabellones dedicados a
la presentación de obras del pasado dieron la tónica a la Bienal de 1950
no sólo por su valor histórico sino por el espíritu unitario que denun­
ciaban. Debió ser una manera de combatir la extrema diversidad de
expresiones que caracteriza siempre a una exposición internacional. Se
dirá que ahora están las salas del neoplasticismo holandés, del expresio­
nismo alemán y de Soutine, que se destacan con innegable unidad, pero
1

�no son suficientemente atrayentes como para dar la tónica de esta Bienal.
En cuanto a las demás retrospectivas no cuentan por anacrónicas: G o y a
y C orot, los paisajistas piamonteses y Zandomeneghi, cuya inclusión en
un certamen que se propone “reunir en Venecia las expresiones más
válidas y significativas del arte italiano y extranjero contemporáneos” no
alcanzo a comprender. Es cierto que se agrega en el Reglamento que se
“acogerán también exposiciones retrospectivas —italianas o extranjerasde artistas o de grupos de artistas que representen tendencias o corrientes
de interés histórico”, pero ¿se puede forzar el “interés histórico” hasta
el punto de exponer aquellas obras? Sobre todo ese interés histórico, ¿tiene
alguna vinculación con el arte actual? Menos justificable en el caso de
los paisajistas piamonteses y de Zandomeneghi porque se trata de un valor
histórico local, y en la Bienal, a mi juicio, sólo deberían parangonarse
obras de valor universal.
El fracaso del pabellón dedicado al Divisionismo obedece, precisamente,
a la misma causa; además, porque los cuadros de los franceses que se
exponen no son muy valiosos, ni siquiera los de Seurat, la única figura
universal, y menos todavía los de los italianos, con la única excepción
de Segantini. Comprendo que mueve a los organizadores, al planear
estas exposiciones retrospectivas, un interés didáctico no desdeñable, pero
la pedagogía no cumple sus fines cuando confunde al espectador corriente
en lugar de iluminarlo. Más importante que fijar una relación a mi
juicio superficial entre los puntillistas franceses y los divisionistas ita­
lianos —éstos sólo asimilaron una técnica y de manera relativa, conser­
vando absolutamente el espíritu ochocentista— era mostrar en qué medida
los primeros influyeron sobre los grandes creadores de comienzos del siglo,
los fauves sobre todo. Si se hubiera hecho esto, el espectador compren­
dería la razón de esta retrospectiva y aumentaría su acervo de ideas y
emociones para explicarse el sentido de la revolución artística actual.
2. Contribuyen a aumentar ese clima de desconcierto los envíos de al­
gunos países, como Francia por ejemplo, que presenta esculturas de
B ourdelle (!) y de L ipchitz , contrariando el buen planteo de los orga­
nizadores que se habían propuesto exponer este año obras de artistas cuya
edad oscile entre los 35 y los 50 años. Italia cumple con ese propósito,
claro está, y por ello presenta el conjunto más homogéneo, el único que
permite al crítico realizar un estudio a fondo y desgajar conclusiones de
interés; en menor escala también cumplen Inglaterra y Holanda, pero los
2

�demás países no lo hacen y entoncés ño se pueden estimar más que valores
individuales. ¿Por qué Bélgica, por ejemplo, vuelve a enviar obras de
P ermeke, D e Smet , B russelmans, V an den B erghe, en lugar de presental­
la falanje de los nuevos que encabezan V an L int , M endelsohn y B ertrand? ¿Por qué Suiza envía conjuntos de tres mediocres artistas en lugar
del grupo avanzado de los concretos, de M ax B ill en particular, que
hubiera proporcionado la ocasión de hacer un interesante cotejo de posi­
ciones artísticas contemporáneas? ¿Por qué España ignora a esos grupos
de esforzados pintores y escultores que trabajan en Barcelona, Madrid
y Zaragoza? ¿Por qué Estados Unidos esquiva la oportunidad de mostrar
al mundo lo que están elaborando con extrema seriedad una veintena
de artistas jóvenes? No se trata de quedar bien con todo el mundo, como
hace Francia juntando a D ewasne con B rianchon, sino de ir presentando
cada dos años diferentes aspectos de la producción artística universal.
Pero será imposible llegar a ese ideal mientras los países no lleguen a un
acuerdo, que este año parece más necesario que nunca.
3. En cuanto a la idea de honrar a los maestros que han tenido los ita­
lianos en particular, ubicándolos en la rotonda de entrada, tampoco es
feliz. Ante todo porque no los ha guiado un criterio selectivo riguroso
y así se encuentra el visitante en cuanto entra con el Retrato de la Sra.
Mimise Guttuso de Q uirino R uggeri, tan ingenuo y débil en su factura,
tan hueco en su expresión anímica, como para confundirlo acerca del
carácter de la exposición, amén de las esculturas que la flanquean, no
más valiosas, y de buena parte de los cuadros. Debió pensarse que la
palabra maestro debe ser usada con parquedad, cuando se cumplen ciertos
requisitos de calidad, y que es peligroso exponer, aun de los buenos pin­
tores del Novecento, una sola obra; debió pensarse, además, en el peligro
de una representación incompleta, como ocurre, que actúa en desmedro
del prestigio del arte italiano. Así también queda flotando el único cuadro
de E nsor que ocupa el lugar de honor en el pabellón belga. No se me
escapan las razones morales pero no creo que sean ellas las que deban
privar en una exposición internacional de tal categoría; las únicas legí­
timas son las artísticas, que se manifiestan en la eficacia con que las obras
se exponen y en los resultados que se obtienen.
4. Por diversas razones, pues, la Bienal no cumple de manera absoluta
con el propósito que se ha impuesto. Es un desordenado conjunto de
pinturas y esculturas en el que muy difícilmente pueden descubrirse las
3

�tendencias que polarizan la atención de nuestro tiempo, y que tampoco
satisface al aficionado a las formas pretéricas, ya que predominan fran­
camente las formas novedosas —más que nuevas— o las que se pueden
considerar como tales si no se extrema la información y el pensamiento.
Sería injusto, no obstante, cargar demasiado las tintas en estos aspectos
negativos, pues el estado de crisis que la Bienal denuncia es, en cierto
modo, reflejo de la crisis en que se halla la cultura de Occidente, y por
ello, después de dejar sentada mi posición, trataré de presentar una visión
más afirmativa, echando mano cuando sea necesario de expresiones a
mi modo de ver fundamentales aunque no correspondan a la exposición
de Venecia.
II
Las tres retrospectivas válidas proponen algunos problemas esenciales para
el arte de nuestro tiempo. La del expresionismo alemán propiamente
dicho —tendencia cultivada por el grupo de Dresde denominado Die
Brucke entre 1905 y 1915— permite la comparación con los fauves y los
expresionistas eslavos, entre los que se destaca precisamente Soutine .
La del neoplasticismo holandés permite oponer esa fuerza de expresión
explosiva individual a una fuerza de expresión no menos intensa pero
contenida hasta el punto de aspirar a una generalización absoluta.
1. Sobre el expresionismo alemán del norte, movimiento caótico y sin
teoría, se pueden expresar algunas ideas contradictorias y sin embargo
justas. Se lo puede vincular con el impresionismo de C orinth , Slevoght
y L iebermann , ya expresionistas a su modo, a pesar de una voluntad de
concreción formal que no tuvieron éstos, así como se los puede ^vincular
con V an G ogh, M unch y H odler, espíritus que por ser ochocentistas
todavía supieron moderar los impulsos de lá pasión. Puede señalarse en
ellos la perduración de la temática naturalista y al mismo tiempo de la
alegoría fantástica heredada de los románticos; la más austera necesidad
de despojamiento de lo superfluo para acceder al sentimiento puro, en
contraposición a una libertad ignorada por los latinos que les permite
penetrar en el mundo del presagio; la exaltación del color hasta obtener
acordes inclusive chillones, opuesto al cultivo permanente del grabado en
blanco y negro, sobre todo la xilografía. Se los puede presentar como
buscadores de una expresión universal, pero sin olvidar que terminaron
provocando una tendencia individualista y nacionalista en definitiva por
4

�su entronque con la más rancia tradición germánica. Podrían aun multi­
plicarse las contradicciones, pues la contradicción se halla en la base de
esas creaciones, que obedecían más bien a impulsos de almas atormentadas
por problemas metafísicos que a principios definidos para la constitución
de un lenguaje plástico.
La excelente selección de obras, pinturas y grabados, que se exponen en
el pabellón alemán invita a este género de reflexión, pero también a
descubrir alguna base sólida del juicio objetivo. Los lectores de Ver y
Estimar acaso recuerden mi Carta sobre el expresionismo, 1 en la que
señalo lo que constituye a mi juicio la mayor originalidad del grupo de
Dresde: la tendencia a resolver la expresión en un juego de trazos soste­
nidos que se independizan del color y que no determinan planos sino
en apariencia, trazos que expresan una emotividad tan profunda como
para suprimir toda vibración y al endurecerse en el signo intentan una
nueva posesión del espacio. No en todos se lo advierte con la misma
claridad, menos en las pinturas que en los grabados: con mayores solici­
taciones románticas y una inclinación a disolver el trazo dinámico en la
atmósfera en N olde, con dureza no exenta de intención satírica en ese
cultor de los choques y las puntas al mismo tiempo que de las curvas
dinámicas y las superficies unidas que fué K irchner, más ligero y sonoro
el ritmo por su riqueza de acentos cromáticos en Schmidt-R ottluff (el
que mejor representado está), ecléctico en H eckel y sentimental en
P echtein, construido de modo gaugueniano en M ueller . Pero en nin­
guno falta en definitiva la nota patética, por el tema y por la factura,
que los aleja de los fauves, tan líricos e impersonales como para sublimar
los arranques del instinto en un lenguaje de formas objetivas y puras que
sólo Kandinsky después logró crear fundándose en la experiencia
germánica.
2. Esa voluntad de forma linealista y dinámica, que se esconde tras la
máscara cromática a veces, es la que distingue a los alemanes de los esla­
vos, de Soutine por ejemplo, el pintor que se revuelve en la materia
para encontrarle vagas dimensiones que anota con su pincelada nerviosa,
oscilando entre la posesión dinámica del espacio y la adhesión sensual al
volumen de los objetos. En la magnífica sala que presentan Umbro
Apollonio y Jean Leymarie se advierte el proceso de descomposición de
las formas plenas por esa curiosa dinámica en la que se confunden la
1 J orge Romero B rest : Carta, sobre el expresionismo. V er y Estim ar, N? 23, 1951.

5

�materia, el color y el trazo, tan característica de sus naturalezas muertas
y paisajes; pero también se puede observar cómo cambia su concepción
en ciertas figuras, las mejores: aunque la materia sigue siendo gruesa y
rica en solicitaciones sensuales, es organizada con un rigor implícito en
sus límites que a mi juicio denuncia la benéfica influencia de M odigliani,
no obstante la tendencia de Soutine a transformar la cristalina estructura
del italiano, en la que no falta la elipsis, en una estructura grasosa hecha
de deformaciones.
Basta comparar allí a Soutine con los alemanes para que se advierta la
eliminación de la sensualidad en éstos y para que se imponga ese prin­
cipio de diferenciación dentro del expresionismo que les asegura un lugar
preponderante en el desenvolvimiento del arte de vanguardia actual.
Aquél, en cambio, queda más adherido al pasado, encerrado en una sub­
jetividad que no siempre pudo superar para alcanzar la necesaria objeti­
vidad que toda obra de arte exige.
3. También M ondrian fué un expresionista. Bastaría recordar sus co­
mienzos y reparar en la vehemencia con que expuso sus ideas, para reco­
nocerlo, pero el visitante de la Bienal no lo puede comprender. Tal
como se ha presentado la exposición del grupo De Stijl es poco menos
que imposible descubrir cuánta pasión contenida hay en ese juego de
rectángulos que no son tales y de líneas negras horizontales y verticales
en sutil contrapunto dinámico. Y esto es, sin embargo, lo fundamental
para no considerarlo como un simple juego.
Ni siquiera el conocimiento de la teoría —la sujeción a unos cuantos
elementos permanentes: la línea y el ángulo rectos, los colores primarios,
para obtener un equilibrio que destruye toda anormalidad individual,
'toda tragicidad como decía Mondrian— basta para comprenderlo. Supon­
gamos, en efecto, que se comulga inclusive con la idea central de que
“el arte es solamente un sustituto mientras sea deficiente la belleza de
la vida” y que en virtud de ella se justifiquen las amputaciones que rea­
lizaron aquellos creadores. Admitamos que ese esquema formal propuesto
por Mondrian, fundado en un equilibrio venturoso del alma que suprime
el dolor, sea la expresión simbólica de nuestro tiempo, y que al admitirlo
se valore la extraordinaria importancia del movimiento neoplasticista.
Todavía es menester sentir la vibración condensada en esas estructuras
y tal debió ser el propósito de la exposición retrospectiva. El gobierno
holandés ha preferido el criterio histórico, sin advertir que de ese modo

6

�introduce al visitante en un callejón sin salida. Siempre el mismo error,
cuando de lo que se trata es de depurar y enriquecer la sensibilidad.
Si en lugar de presentar fríamente esas composiciones de M ondrian, V an
D oesburg, V ilmos H uszar, B art .Van D er L eck, C ésar D omela -N ieu wenhuis y G ilderwart-Vordenberghe, se hubiera mostrado el proceso
que condujo al primero a realizar un arte tan austero, se hubieran mos­
trado sus proyecciones hacia el presente en el arte de los concretos, se
comprendería más fácilmente esa contenida vitalidad que encierran las
estructuras ortogonales que crearon. Al no hacerlo así se inmoviliza el
arte neoplasticista, se interrumpe una secuencia y se cierra el camino para
una comprensión profunda. Los útiles, fotografías, modelos, muebles y
documentos que se exponen contribuyen aún más a quitarle actualidad
al movimiento, prestándole una fisonomía muerta que sólo el historiador
puede revivificar. A mi juicio el movimiento ha terminado, es cierto,
pero muchos de sus postulados son válidos y muchas de sus realizaciones
están vivas, de modo que hubiera sido menester presentarlo bajo esa faz
y no como documento histórico.
III
1. ¿Qué lección imparten los maestros de la pintura en la Bienal? Se
imponen dos maneras de juzgarlos que se unifican en definitiva: desde
el punto de vista de las conquistas logfadas en la época de plenitud y
de la vigencia de esas conquistas en la actualidad. Digo que se unifican
en definitiva porque no obstante la validez que se les pueda reconocer
desde el primer punto de vista, si no se mantiene cuando se los enfoca
desde el segundo, ella debe sufrir una considerable disminución al menos.
Esto es lo que ocurre, en diferente medida, con los dos competidores en
el gran premio para extranjeros: R aoul D ufy —de quien acabo de ver,
además, una enorme exposición retrospectiva en el Museo de Ginebra—
y Fernán L éger. El Jurado se inclinó por el primero, seducido acaso
por el chisporroteo de gracia que emana de sus cuadros y por la seguridad
y limpieza con que emplea sus medios de expresión, pero los artistas y
los críticos hubieran preferido al segundo. No es fácil resolver el pleito
porque al no unificarse los criterios estimativos se juzgan aspectos dife­
rentes. Comprendo que los partidarios de una pintura ágil que excite la
sensibilidad y provoque estados de sutil arrobamiento físico se decidan
z

�por Dufy; pero no es menos explicable la actitud de quienes ven en Léger
un inventor de formas animadas por un espíritu de objetividad que ha
influido en la evolución hacia la pintura abstracta y por lo tanto lo
crean superior.
Desde la época fauve, D ufy ha ido forjando el instrumento de su expre­
sión —maravillosa caligrafía coloreada que le permite oponer una estruc­
tura de formas casi transparentes a los fondos manchados con tintas
brillantes— afinando los contenidos anímicos hasta crear un verdadero
lenguaje. Pero siempre es un lenguaje personal, reducido en sus alcances
metafísicos, que escamotea el símbolo permanente o sólo expresa una
limitada concepción del mundo, y por ello se ve obligado a repetirse.
Le falta densidad a su pintura1 por la indecisión que revela al desem­
bocar en un neocostumbrismo, sin atreverse a echar por la borda todo
apoyo en la realidad concreta y todo sentimentalismo trivial, y tampoco
a fundarse en una nueva objetividad que le pudiera prestar el necesario
apoyo de probidad. La grandeza de quienes se apoyaban otrora en la rea­
lidad visible procede de la capacidad de transformación de la misma,
conectando así el mundo de la experiencia cotidiana con el de la trascen­
dencia espiritual, lo que significa resolver la antinomia sujeto-objeto.
Pero Dufy, como tantos otros en este siglo, retiene las formas del primero
como cáscaras vacías y no tiene el aliento necesario para crear otras
formas tan objetivas y coherentes como las visibles, que sean para el
espectador símbolos de una realidad universal, y al no resolver la anti­
nomia se esteriliza en el círculo vicioso de sus limitadas ideas plásticas.
El caso de L éger es diferente, ya que al evolucionar desde los días del
cubismo, tendencia a la que imprimió un carácter peculiar, se lo ha visto
tratando precisamente de resolver esa antinomia en lugar de escamotearla.
Ya he escrito antes2 que su don particular es el de dotar a formas que
pueden conservar o no su carácter representativo de una energía interior
que las transforma en cosas sólidas pero llenas de vida. Pintura en la que
no predominan los valores de sensibilidad sino la fuerza de invención
de la forma determinada por una idea del mundo. Cuando las formas
son representativas, no obstante la síntesis dominante, el hombre por
ejemplo, no son cáscaras vacías, a tal punto es capaz de monumentalizarlas. Pero su problemática se ha hecho compleja después de su estancia
1 J orge R omero B rest : Juicio sobre el fauvism e. V er y E stim ar N&lt;? 16, 1950,
2 J orge R omero B rest : Fernand Léger. L etra y Línea. N? I, 1952,

8

�en los Estados Unidos, lo que no significa afirmar que se deba a ella
el cambio. Es un hecho nada más, que manteniendo el carácter de sus
formas plenas ha ido reconquistando en sus telas el derecho de la figu­
ración pintoresca. Mientras se trató de representar nadadores, músicos
o ciclistas, como los temas podían ser descargados de su chata significación
real, el ejercicio de su actividad espiritual manifestado en las formas
plásticas sólo acusó algunas debilidades; pero al abordar en Les Constructeurs —serie expuesta el año pasado en París de la que se muestra
una tela en la Bienal— con clara intención de polémica social, un tema
de acción más que de presencia como los anteriores, se lo ve recurrir a
expedientes que anulan sus mejores conquistas. La construcción espacial
que anota con las vigas del edificio en construcción carece de fuerza
expresiva a causa de la sujeción a lo representado, que le obliga a man­
tenerse en un esquematismo pobre de tres dimensiones, y la necesidad
de hacer notar que los obreros trabajan trueca las formas que los repre­
sentan en muñecos que no tienen más la potencia de antes. Una vez
más, no se trata de resolver el problema de manera simplista; no se trata
de oponer las formas figurativas a las no figurativas, sino de comprender
que unas y otras se justifican de acuerdo al mensaje espiritual. Si el de
Léger procediera de una profunda comprensión del mundo material,
legítimo sería exigirle entonces una ejecución aun más cerradamente
materialista —como lo intentan algunos pintores italianos de hoy— tanto
desde el punto de vista de la sustancia pictórica como de las formas, para
que se produzca, como en el naturalismo del pasado siglo, la sublimación
espiritual de lo que existe como cuerpo. Pero no tiene tales caracteres,
como lo revela el agudo espíritu de síntesis que lo domina y el sentido
de invención de formas abstractas, así como la geometría bastante explí­
cita de la composición, de modo que el mantenimiento de una temática
pintoresca dificulta la expresión más universalmente espiritual y la deci­
sión a medias de lograrlo impide que aquélla pueda ser vivificada como
, corresponde. Lo que vendría si no a justificar por lo menos a explicar
la decisión del Jurado, que no pareció tener en cuenta el mayor valor
de toda la obra de Léger comparada con la de Dufy.
2. Cada uno de los maestros italianos del Novecento encontró después
de escasas vacilaciones su modo de expresarse, lo que significa hacer que
los medios plásticos sugieran una coherente visión del mundo por el
ejercicio de la sensibilidad, la inteligencia y la fantasía despiertas.

9

�M orandi, más profundo en la austera repetición de un limitado reper­
torio de objetos, fundándose únicamente en la precisión de sus armonías
tonales, capaz de extraer de las relaciones entre formas una envolvente
atmósfera de sugestión; Tosí, siempre directo, heredero de una tradición
de pintura húmeda y sensible, materialista y sentimental, seguro para
armonizar la tinta y el trazo, penetrando en el mundo natural como un
impenitente panteísta pero escapando de él como un cumplido idealista;
C ampigli, creador de muñecos que impregna con el perfume de lo po­
pular, formas sólidas que proceden de uno de los viejos pasados de la
cultura mediterránea; C arra, empeñado en utilizar su sabiduría de pintor
y de esteta para revitalizar el paisaje romántico con acentos constructivos
que denuncian al enamorado de los clásicos; D e P iscis, más sensual que
Dufy pero con evidentes puntos de contacto, que siente el ritmo como
una estructura que conserva la forma visible de las cosas, en vez de
concebirlo como una relación recíproca de las mismas en el espacio;
Severini, ecléctico y oscilante entre una pintura de la inteligencia, basada
en la construcción dinámicoespacial, y una pintura de la sensibilidad,
basada en la vibración cromática o tonal; C asorati, el hombre medido
hasta ser retórico que no ha podido liberar la energía expresionista que
apenas se entrevé en sus mejores telas; R osai, a quien le falta potencia
de contención, es decir de idea, y sólo da notas positivas cuando une, en
pequeñas telas, la expresión entre grotesca y popular de figuras defor­
madas por la sátira y la de una ciudad abstracta por la concepción y
terriblemente materialista por la ejecución. V irgilio G uidi es el único
que revela fuerza de invención, tratando de conectar una idea del mundo
como vibración del espacio-luz, necesariamente objetiva, y una idea del
mundo como vibración del color hecho tono, necesariamente subjetiva.
“Edad de pasaje” que culmina en paisajes reducidos a grandes zonas de
contrastes luminosos que parecerían abstractas si no fuera por todo lo
que tiembla en ellas y en figuras humanas que se recortan contra fondos
igualmente luminosos, transformadas por el ritmo. Pero ni las grandes
zonas en que divide los paisajes llevan a una dinámica que no sea la del
alma en contemplación estática de la naturaleza, ni el ritmo de las figuras
quiebra el plano que resulta de idéntica contemplación, y por ello no
puede ascender al gran símbolo que parece buscar escudriñando en el
espacio hecho luz.
Son muchos en Italia los que se conforman con tales notas de valor, los
que buscan en el cuadro ese goce personal que se experimenta al contacto

10

�con un alma afín; pero si se exige, como creo debe exigirse en nuestro
tiempo, que el arte tenga una virtud ordenadora del espíritu en el con­
cierto de la vida total, si se pretende sentir al hombre —al artista y a
uno mismo— vertebrado en un sistema de pensamiento y emoción que
implique superar la petite sensation, si se busca en una palabra la entrega
de un lenguaje que permíta penetrar en una síntesis esencial, entonces
se advierte la debilidad del movimiento, que sólo se fundó en una insana
apetencia de recobrar la gloria perdida. Demasiado atados a sus propias
trouvailles, ricas en el comienzo, no vieron cómo sólo respondían a una
angustia ficticia, quizás con la única excepción de T osí, y han venido
a desembocar en un arte que excluye el temblor del descubrimiento y
tampoco es de plena madurez. No soy ajeno al encanto de cada uno y
hasta debo confesar que violento mi sensibilidad para expresarme como
lo hago, mas siento que debo hacerlo en la medida que mi propia sensi­
bilidad puede traicionar la vigencia de las ideas.
3. Sobresalen, los dos maestros alemanes. Frente a la problemática dete­
nida de los franceses —Dufy y Léger— y la falta de problema de los
italianos —con excepción de Guidi— se siente que por diversos caminos
W illi Baumeister y T heodor W erner, en vez de entender la pintura
como oficio de la mano, la entienden como oficio de la inteligencia.
No quiero decir que los otros sean solamente artesanos; sí que han llegado
a serlo a fuerza de pensar nada más que en los modos de perfecciona­
miento de la forma. B aumeister expone telas últimas en las que conserva
la rudeza de primitivo —formas impregnadas de una magia curiosa por
lo intelectualizada— al par que impone un espíritu ingenuo y juguetón
que recuerda a M iró . Todo el mundo se lo reprocha, obedeciendo a esa
consigna que devora el alma de muchos artistas en procura de origina­
lidad. Yo no se lo reprocho por la misma razón. Mas bien lo ponderaría,
si estuviera seguro de que es lícito seguir las aguas del pintor español,
pero no lo estoy y por ello señalo el peligro. Él es un duro, capaz de
romper los lazos comunes de la composición dejando que cada forma sea
al mismo tiempo ella misma y componente de un conjunto que se com­
pleta en espacios virtuales de cromática sensualidad, y como ésta es a mi
juicio su virtud esencial, no puedo ver sino con miedo esa tendencia a
obtener armonías más finas y ritmos más fáciles, que le procurarán adep­
tos pero que acaso lo destruirán en el momento de la madura cristali­
zación. W erner es un romántico-expresionista: no obstante el abandono

11

�de todo apoyo en la realidad concreta, crea organismos complicados de
líneas potentes y de zonas difusas o transparentes de tonos bajos, que
conservan el hálito del hombre-sentimiento, como si buscara anegarse en
un movimiento de inframundo. Hábil y seguro, también sabe endurecerse,
y entonces la energía orgánica cobra una dirección, acercándose a solu­
ciones más modernas que lo valorizan. Tal vez no pueda evadirse del
círculo de hierro que es para él su emocionada intimidad, lo que le
impide plasmarla definitivamente en formas objetivas, pero cuando se
contempla el panorama de la pintura abstracta alemana es imposible no
destacarlo como la figura señera.
4. La severidad de los dos representantes germánicos, el espíritu de bús­
queda dentro de ellos mismos que los caracteriza, vuelve más evidente
la superficialidad del austríaco O skar K okoschka, quien no sabe dar
desde hace años, particularmente en las grandes telas que se exponen en
la Bienal, más que una visión empastada y caótica de temas naturalistas,
sin que la pincelada tenga aquella fuerza expresiva que le conquistó la
fama. Convengo en que puede ser legítima la exacerbación del mundo
interior, pero ¿es legítimo un arte que no denuncia capacidad inventiva
para trasmitirlo y que se reduce al empleo de una técnica confusa para
disfrazar la ausencia de toda idea plástica?
5. Entre los maestros del expresionismo flamenco el único que puede ser
llamado así con razón es C onstant P ermeke, recientemente fallecido.
Puede señalarse en su obra la riqueza del lenguaje, ya se imponga su
robusto naturalismo —que me ha permitido compararlo con C ourbet 1—
0 su romanticismo a veces desmedido pero de una extraña energía pa­
sional, ya esos efectos de contrapunto entre la línea castigada y el co'lor
más transparente que se hallan en sus mejores telas, pero lo que impre­
siona de su lenguaje, por otra parte inactual, es una nota imponderable
de autoridad: autoridad en el manejo de los medios plásticos ante todo,
mas también dentro de sí mismo para disciplinar sus emociones e ideas;
autoridad que hace proceder las formas desde dentro de él, justificándose
por una especie de lógica ineluctable que excluye todo esteticismo. Hablar
de su dibujo recio y construido, de sus pastas generosas, de su color pro­
fundo, carece pues de sentido definitorio, ya que se podrían aplicar los
mismos vocablos a otros pintores; lo que importa destacar en el hecho
1 J orge R omero B rest : Constant Permeke. Les A rts Plastiques, Bruxelles, N ° 5, 1952.

12

�BAUMEISTER
So/ y figura en azul.

LÉGER: Los constructores
WERNER: B 16

s
feo

�MARKS: Orion
MARINO MAR1NI: Caballero 1917

FRITZ WOTRUBA: La gran yacente

LIPCHITZ: Escena bíblica II

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LUCIANO MINGUZZI
Señora en sillón
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GERMA1NE RICHIER: L’Orco

�Terremoto en T)ubrovnik

GIUSEPPE SANTOMASO
Ventana

P R E D R A G M IL O S A V L JEVIC,

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2

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�de que viviendo en una época que tiende a rechazar esos modos de
expresión, en cuanto se ejercen sobre formas de representación plena,
haya podido sacar partido de ellos y ser uno de los pocos artistas que
conservan casi intactos los valores intrínsecos del cuadro.
Al lado de Permeke palidecen sus compañeros de grupo. ¿Niego acaso la
gracia hecha de grotesca contradicción entre un espíritu na'if y un refi­
nado espíritu de constructor que revela D e Smet , el sentimiento delicado
y sonriente de T ytgat, la potencia al mismo tiempo austera y sensual
de Brusselmans, el carácter entre picaresco y trágico de V an D en B erghe?
De ningún modo. En todos se advierten suficientes notas afirmativas
como para comprender el prestigio de que gozan en Bélgica, pero cuando
juzgo, como debo hacerlo en este caso, con la vara universal, advierto que
las telas de estos pintores no despiertan ese sentimiento profundo y esa
idea absoluta que son los signos del valor incontrastable. Y aunque
también es cierto que todos hablan un lenguaje común, debo señalar
que se apoyan más en la tradición que en la vida que se vive, de donde
deriva a mi juicio el anacronismo de tales expresiones, así como la inevi­
table desvitalización.
6. Menos elementos de juicio se tienen para juzgar la escultura, reducida
en lo que se refiere a los maestros vivos a tres nombres. J acques L ipchitz
se agota en un contorsionismo de pobre contenido emocional, recurriendo
a temas mitológicos y a modos barrocos en el tratamiento de la materia,
como si quisiera compensar con dramáticos gestos la carencia del lenguaje
preciso que se le debe exigir. Algunas obras fechadas entre 1915 y 1926
son las que permiten comprobar, por comparación con las actuales, ese
descenso, y meditar una vez más sobre los perniciosos efectos del encerra­
miento en sí mismo. Porque lo que hizo la grandeza de Lipchitz entre
aquellos años fué la búsqueda de un lenguaje concreto que superara su
tensión emotiva individual, aunque se fundara en ella, en la línea ini­
ciada por los cubistas. Dió entonces su versión eslava, sin duda, plena
de acentos eróticos hasta en las piezas que parecen más intelectuales, pero
se advertía la presencia de temas universales que no necesitaban el anda­
dor de la mitología. ¿Por qué recurre ahora a ella y por qué repite
constantemente los ritmos? Porque su alma vive aislada, intensificada en
sus potencias de subjetividad tal vez, pero incapaz de hallar los medios
lícitos para la creación de formas absolutas.
En cuanto a G erhard M arcks es el buen artesano alemán, sólido en su

17

�técnica del bronce y pesado en sus formas románicas, al mismo tiempo
que movido por una contenida pasión. No parece haber comprendido
la incongruencia que denotan sus esculturas, en las que mantiene una
torpe temática ochocentista y las construye por medio de planos que
marcan a veces afiladas aristas. Si por una parte parece ir buscando una
condensación intelectual de la emoción, como lo hicieron los tallistas
románicos encerrándola en verdaderas cajas de piedra, por otra moviliza
las masas y las obliga a plegarse a exigencias empíricas, a causa de la
representación, que la destruyen. Juego aniquilador, se comprende, que
no permite la menor invención formal.
Y ¿qué decir de M ateo H ernández, fallecido en 1949? También él es un
buen artesano, de las piedras duras, con las cuales crea volúmenes redon­
deados de tenso dinamismo. Sin la riqueza de B rancusi, pero con la
honestidad de quien sabe encontrar la forma que corresponde a cada
materia. El perro, la gacela, el pingüino, el cóndor o el águila, sometidos
a rigurosa síntesis, le facilitan esa tarea de ordenación del volumen pleno,
sobre el cual resbala el espacio exterior para definirlo y recalcarlo en
luminosas crestas de composición. Menos feliz es en la figura humana,
sea un desnudo de mujer o algunos retratos, pues al no poder realizar
la misma unidad de volumen, cede la tensión dinámica y se trivializa la
expresión. Hace treinta años pudo parecer revolucionario —aunque ya
L aurens, L ipchitz y Archipenko entre otros, marcaban otro camino de
progreso— pero ahora, triste es confesarlo, ha perdido buena parte de
su interés.
IV
1. Más importantes son las conclusiones que se pueden sacar de las obras
de los artistas más jóvenes, quienes parecen hallarse en una encrucijada.
Ella se debe sin duda al estado de crisis que aflige al europeo y más bien
por reflejo al americano, pero también a la confusión de ideas que ha
provocado la polémica entre figurativos y no figurativos. Son dos, pues,
los aspectos a considerar: por una parte el de las razones profundas que
vienen determinando esta revolución en el arte de nuestro tiempo; por
otra, el de las desviaciones teóricas y prácticas que produce una prédica
superficial que no toma en cuenta, precisamente, aquellas razones.
Tanto los artistas no figurativos como los críticos que los defienden in­
sisten demasiado, a mi juicio, en el hecho mismo de la representación o

18

�no representación, olvidando que la imagen pintada o esculpida nunca
ha sido, ni lo puede ser, más que apoyo de la expresión espiritual. El
pintor no pinta un objeto cualquiera, aunque sea de modo naturalista,
porque quiera representarlo o extraer de él mismo lo que constituirá su
expresión, sino porque se apoya en él para condensar su mensaje espiritual
primero y para trasmitirlo después. Esto implica una inversión en el
proceso de la creación y de la estimación, pues tanto el artista como el
contemplador deben partir, en todos los casos, de esa realidad espiritual
y no de la realidad material en que se apoya. Podrá pensarse que se trata
de un juego de palabras o de una sutileza académica pero no es así, ya
que la cuestión del punto de vista es fundamental. Si el artista cree y
siente que su expresión va a surgir del contacto entre su ojo-alma-espíritu
y los objetos del mundo concreto, aunque no esté dispuesto más que a
inspirarse en ellos, queriendo dejar la impronta de su personalidad, los
objetos presionarán tanto sobre él como para que su expresión acuse sólo
el ejercicio de la sensibilidad en los modos peculiares de la representa­
ción: tal es el caso incesantemente repetido de los que no son verdade­
ramente artistas. Pero si lo que predomina en él es una idea del mundo,
es decir, un juego de relaciones entre fuerzas que llegan a configurarlo,
aunque las cosas concretas le entreguen los datos que registra su sensi­
bilidad, no se pierde la idea ordenadora, y entonces se está en presencia
de un verdadero artista.
La naturaleza y el hombre en su actividad creadora de toda clase de
objetos han proporcionado al artista durante milenios, con algunos inte­
rregnos en que no es tan evidente, el repertorio de esas formas concretas
en las que el artista ha podido apoyarse. La prueba convincente de que
sólo han sido apoyos se tiene en la constante variación de las expresiones,
determinada no sólo por la personalidad de cada artista sino por la
peculiaridad de cada época, de cada región, de cada país, de cada grupo.
Ha sido así, podría decirse, porque se trataba de concepciones espirituales
restringidas, siempre fundadas en una experiencia sensible y anímica que
no permitía la comprensión de un mundo más vasto. En el Medioevo,
en cambio, si los pintores y los escultores se apoyaron débilmente en la
figura humana desnaturalizada por un esquematismo al par intelectual
y apasionado, fué por el predominio de una expresión espiritual tan
amplia como para trascender de la imagen.
Por razones que ahora no puedo explayar pero que son fácilmente com-

19

�prensibles y que atañen al grupo de las causas fundamentales de la crisis
actual, el hombre de nuestros días siente la realidad como una superación
de la experiencia sensible directa y por tanto de todo localismo, sea el
localismo personal, sea el nacional o el racial. Los descubrimientos cien­
tíficos y en particular la tónica matemática del pensar, al ampliar de
modo extraordinario el campo de la experiencia humana, modificando
las costumbres y los más diversos modos del hacer, el pensar y el sentir,
han determinado ese vuelco, exteriorizado en una desestima del mundo
real concreto como productor de los apoyos que el artista necesita para
expresarse. El proceso ha sido largo y contradictorio, desde los impresio­
nistas hasta los concretos, escamoteando a veces las formas representativas,
deformándolas otras, reduciéndolas a esquemas más o menos geometrizantes según los casos, para desembocar en tendencias que han hecho de
la pura creación de formas que nada significan su meta. Proceso que,
por otra parte, ha venido determinando lo que se puede caracterizar
legítimamente como de liberación de la subjetividad. Ahora bien, “el
subjetivismo no es una solución sino un problema’’ —como ha escrito
J oaquín X irau . “Entregarse simplemente a él es renunciar a la realidad
y a la verdad y perderse en un solipsismo banal o en un relativismo
disolvente.” Por tal razón la subjetividad de un artista se expresa por
medio de formas concretas que configuran una objetividad por sí mismas,
y al mismo tiempo esa objetividad de formas creadas sólo tiene validez
expresiva en la medida que es referida a una objetividad suficientemente
universal como para que el contemplador se oriente y comprenda la
calidad propia del mensaje espiritual. De otro modo, ¿cómo podría pene­
trar en el organismo plástico para descubrir el sentido de su expresión?
Creo que muchos de los artistas de vanguardia no han comprendido la
magnitud de tal problema y por ello se explican las desviaciones frecuen­
tes en este sector.
Si se admite como premisa, aunque sea discutible, bien lo sé, que el
artista de vanguardia siente repugnancia por la representación del mundo
concreto, porque éste lo limita y le impide el vuelo de la fantasía,
se comprenderá el motivo profundo que ha determinado el cambio y la
razón del desconcierto aludido, porque al rechazar esos apoyos tradicio­
nales ha quedado flotando en un vacío amorfo, pleno de tensiones emo­
tivas y de solicitaciones espirituales, pero que no alcanzan a definirse en
un sistema de ideas que se pueda llamar cosmovisión. Cada uno ha venido
inventando su pequeña solución, con formas que nada significan en el

20

�mundo de la experiencia cotidiana, algunos conservando vagas referencias
a la realidad concreta, en los ritmos orgánicos por ejemplo, otros buscando
un vibracionismo del trazo o del color, y todos manteniendo celosamente
ciertos principios esenciales de la composición plástica que deberían
asegurar la calidad artística. Y aunque la idea plástica está presente,
como resultado de una lógica que se manifiesta en el modo prbpio como
se ensamblan las formas entre sí, al fundarse en urgencias del alma indi­
vidual tiene más cortos alcances de lo que suponen, porque en definitiva
no expresa una concepción verdaderamente universal. Una obra de
cualquiera de estos artistas pone en actividad ciertas potencias sensibles
del contemplador, a quien no le es difícil además descubrir el sentido
prospectivo que anima a tales formas, pero si investiga en sus propios
goces, no dejará de reconocer que se trata de una afinidad entre dos
individualidades, la del artista y la de él mismo, nada más.
A consecuencia de este hecho —abandono de una lengua que se apoyaba
en vocablos de fácil comprensión significativa, las proporcionadas por el
mundo concreto— el lenguaje de estos artistas se ha venido transformando
en un lenguaje puramente personal, tan hermético como limitado. ¿Po­
demos sorprendernos entonces de que acuciados por el afán de ser origi­
nales, con frecuencia caigan en arbitrariedades? ¿Podemos sorprendernos
de que se repitan en formas que amenazan ser fórmulas? Bien se sabe
que por ricas que sean, la sensibilidad y la imaginación necesitan ser
puestas en acción por una actividad constructora de naturaleza intelectual,
que sólo puede ejercerse sobre ciertas coordenadas objetivas. Y bien, casi
todos los pintores que se lanzan en nuestros días a este género de invención
pretendidamente absoluta denuncian estado de pobreza en lo que se
refiere a esa actividad constructora, que no puede ser exclusivamente
estética, sino emanada de una cosmovisión, y por ello las obras que crean
exigen del contemplador un esfuerzo de acomodación al modo expresivo
de cada uno, del que resulta, en el mejor de los casos, un goce parcial,
un cosquilleo de la sensibilidad que no se concreta a causa de la vaguedad
formal. No ocurría lo mismo con algunas tendencias del pasado inme­
diato, —fauvisme, expresionismo, cubismo, futurismo— porque predomi­
naba la búsqueda de un lenguaje universal. Ahora, en cambio, se advierte
que los mejores no pueden trabajar en grupo y que las soluciones son
válidas en la medida que se refieren al pequeño mundo emotivo y espi­
ritual de cada uno. En las salas donde exponen los pintores y escultores

21

�jóvenes a que me refiero, pese a que el contemplador va comprobando
la existencia de espíritus sensibles, imaginaciones atrevidas, técnicos ave­
zados, debe confesarse que nada le satisface plenamente porque falta el
hilo conductor que le aclare emotivamente su necesidad de sentir el
mundo en una imagen.
Advierto al lector que si bien soy severo con estos artistas no los desestimo
en modo alguno, ya que denuncian una toma de posición siempre más
justa que la de quienes siguen repitiendo un mensaje espiritual cada vez
más desvitalizado al apoyarse en los consabidos temas de representación.
Lo que quiero destacar son las razones que a mi juicio determinan la
encrucijada en’que se hallan y luego los caracteres particulares de los
más prominentes, por vía de ejemplo.
2. En el grupo bastante numeroso de quienes se siguen fundando en la
realidad concreta como punto de partida, aunque introduzcan elementos
de invención imaginativa o intelectual, escojo a cuatro italianos y un
inglés.
B runo C assinari —que recibió la mitad del premio para pintores italianos;
la otra mitad fué adjudicada a B runo Saetti, pintor de escasos méritoscreaba antes figuras de sólida construcción geometrizada, vagamente
cézannianas, con pasta rica y escasa valoración tonal que hacía pensar
en una influencia no menos vaga de M odigliani, acentuando algunos
rasgos de interpretación psicológica. Pintura clara y sin problema que
producía seguro efecto porque no obstante cierta vacilación se armoni­
zaban en ella idea y ejecución. Ahora ha descubierto el espacio —lo que
significa una superación— pero en lugar de afrontar lisa y llanamente
el problema, se limita a animar los fondos con planos que se yuxtaponen
o se oponen, haciendo que penetren a veces en las figuras, a las que
conserva por otra parte en toda su corporeidad, y por ello el cuadro se
fragmenta y la expresión se vuelve confusa. Además, hay un mayor
estremecimiento dramático en las formas, de más evidente corte picassiano,
que no concuerda con la articulación espacial, y la confusión se acrecienta.
No afirma nada en verdad: cada conjunto de formas vale por una depen­
dencia lógica inestable que no permite trascender la imagen, como si la
experiencia estética debiera agotarse en ella.
Algo similar ocurre con F austo P irandello, siempre vacilante. Si por
una parte ha adquirido acentos a lo E nsor, sobre todo en una Naturaleza
muerta de 1951, por otra se advierte una sana tendencia a movilizar las

22

�formas desprendiendo una estructura de trazos firmes de la materia. Los
elementos dispares, en cuyo empleo exasperado se complace tanto pintor
contemporáneo, producen una ilusión de riqueza, pero al mismo tiempo
se neutralizan mutuamente y se debilita toda voluntad de forma definida.
Por eso es necesario recurrir al expediente de la sensibilidad, palabra con
la cual se quiere designar inconscientemente la presencia de una energía
inmersa en la materia que no llega a sublimarse en una idea.
Giuseppe Santomaso tiene una actitud más clara como resultado de una
evolución más problemática. Desde la época en que adhería a un medido
expresionismo, se advierte una benéfica lucha dentro de sí mismo contra
la fácil bruma del color y un deseo de apresar en cada forma el ritmo
propio que la caracteriza, al mismo tiempo que dinamiza el conjunto en
el espacio virtual de la tela. Pero era un dinamismo pobre en definitiva.
En los cinco cuadros que expone ahora se nota un progreso al desarrollar
de manera amplia su imaginación, menos sujeta a la experiencia visual.
Planos limitados por gruesos trazos ordenan una composición de energía
centrífuga, aunque tal vez porque mantiene elementos de representación
—una ventana, por ejemplo— disminuye aquélla su capacidad expresiva.
Y por eso perdura una extraña impresión, la de un artista que concibe
una organización del espacio en la tela, pero no llega a condensarla por
falta de precisión de la idea y, claro está, de los medios que emplea.
El más ecléctico de los cuatro italianos es R enato B irolli, adherido a
todas las experiencias del siglo y sin embargo incapaz de extraer de ellas
una directiva para su espíritu. Se lo ve oscilar desde aquel San Zeno
pescador (1931) en el que prometía una búsqueda firme de valores vividos
y plásticos, recurriendo a modos que se contradicen, ora expresionista,
ora cubista, ora picassiano, sin que las palabras que emplea respondan
al sentido que las originó. En algunos cuadros, por ejemplo, emplea un
lenguaje trágico que no corresponde a la emoción que trasmite cada
forma, y por ello resulta imposible percibir la dirección de su mano y
de su alma. Porque ni él ni los demás que practican esta especie de
eclecticismo parecen comprender la actitud de quien busca en una obra
de arte algo más que el efímero goce físico: la necesariedad de una es­
tructura coherente de formas.
Otra es la posición de G raham Sutherland, cabeza visible del movimiento
pictórico moderno en Inglaterra, de quien se exponen sesenta y cinco
23

�obras, porque vienen a conjugarse en él viejas tendencias raciales a la
exaltación de la fantasía productora de alegorías con nuevas tendencias
a la expresión más intelectual o más sensible que proceden del continente.
Pero la vinculación es lícita con los italianos desde el punto de vista de
la actitud.
Paisajista de enjundia, otorga a la naturaleza despojada de elementos
anecdóticos, el árbol en particular, una orgánica forma de monstruo, sin
dejar por eso de desplegar su gran audacia de colorista, tanto en los
registros altos de las tintas puras como en los registros bajos de la tona­
lidad transparente. Se diría que conserva todas las virtudes del paisajista
inglés de otrora, enriquecido por una energía de expresión moderna,
suficientemente objetiva como para no ubicarlo entre los expresionistas.
En las telas que pinta poco antes de la guerra última y aun durante los
primeros años —las mejores a mi juicio— se destaca además un modo de
composición peculiar, una lógica de la fantasía podría decirse, que le
permite introducir ritmos poderosamente orgánicos en estructuras casi
totalmente objetivas. Luego su pintura adquiere sentido dramático más
anecdótico y superficial, seguramente porque no controla en los días
aciagos de la guerra el sentimiento vital; después, a consecuencia de una
larga estancia en el mediodía de Francia, donde recibe el impacto de
M atisse y de aquel paisaje luminoso, aunque vuelve en cierto modo al
organicismo monstruoso de la naturaleza vegetal, el color pierde densidad:
las telas pintadas después de 1945 se resienten en su arquitectura formal,
como si lo dominara más el deseo de obtener efectos de buen gusto y
ligereza que de expresarse con hondura. Finalmente intenta la figuración
cristiana, recayendo ahora sí en un expresionismo dinámico, y en la
Bienal sorprende con dos retratos muy duros y objetivos en los que podría
encontrarse algún resabio de la Nueva objetividad germánica.
No sería justo negarle calidad a la obra de Sutherland, pero tal vez como
ninguna otra se presta para comprobar las ideas generales expuestas.
Mientras cultiva el organicismo monstruoso de la naturaleza su pintura
acusa sólido valor porque se advierte una voluntad de conformarla de
acuerdo a una idea: la del monstruo, a través de la cual se percibe la
adecuación del sentimiento creador con las formas que produce. Si luego
se debilita es porque no enriquece la idea y recurre a modos expresivos
de una sentimentalidad superficial o porque no frena intelectualmente
sus naturales dones de colorista; porque su pintura deja de interpretar

24

�la vida, deja de ser símbolo en el que se resume, para transformarse en
registro de sus estados de ánimo, ganando en actualidad lo que pierde en
universalidad. Una línea de expresión que parecía segura se interrumpe,
pues, para dar paso a la arbitrariedad del momento, y una voluntad de
estilo se esfuma.
3. Otros son los herederos más directos del expresionismo, el cubismo, el
futurismo. Ninguna de esas tendencias, no obstante la enorme impor­
tancia que tuvieron, puede orientar a un pintor actual, pues obedecieron
a planteos limitados, adheridas todavía al siglo anterior, como conse­
cuencia de una realidad que no se había definido tan claramente antes
de la guerra del 14 como se está definiendo en nuestros días.
Entre los herederos del expresionismo destaco, por ejemplo, a P redvag
Milosavljevic, un yugoslavo que sigue de cerca a K okoschka, no sólo
en el empaste sino también en la mise au feoint de sus paisajes panorá­
micos. La crítica habitual podría señalar algunos aciertos pero el pro­
blema es otro. ¿Qué fuerza expresiva posee este Terremoto en Dubrovnik
para el aficionado a la pintura? El espectáculo de una ciudad con paredes
derrumbadas, campanarios tambaleantes y unas caras grotescas que apa­
recen entre los escombros, ¿de qué manera actúa? Si se trata de inspirar
sentimientos de piedad, de justicia o de rebelión, ha de convenirse en
que esa tela manchada poco puede hacer en ese sentido por su inevitable
estatismo, y si se trata de interpretar con formas simbólicas el carácter
profundo de la realidad, también ha de convenirse en que son demasiado
efímeros los elementos temáticos. Entonces se recurre a la expresión
propia de los elementos plásticos, y tanto en este caso como en el de
Kokoschka ya señalado o en el de muchos otros —los italianos L evi,
Vagnetti, A jmone o el noruego K ai F jell — lo que se advierte es una
energía sin dirección, una potencia del color, de la materia, de la pince­
lada, que no apunta hacia nada, fuera de la misma realidad concreta, en
toda su deleznable inmediatez, que supervive a pesar del deseo de supri­
mirla, sin que se le imponga en definitiva ni siquiera un acento de
novedad que le corresponda.
Con el cubismo y el futurismo pasa algo parecido, pero se trata de len­
guas más actuales, que obedecieron a planteos más revolucionarios en su
hora, y por eso parecen más justificadas los que todavía las hablan.
Examinemos el caso de C orrado C agli, quien tuvo una etapa muy cohe­
rente hasta 1948, durante la cual practicó una variante de la pintura

25

�metafísica, más segura y exacta que la de D e C hirico , más plena de
resonancias complejas en el espacio. Ahora se lo ve tantear muchos
caminos, volviendo a una especie de cubismo más seco que el de los
grandes de otrora, intentando una mayor concreción de formas e intro­
duciendo al mismo tiempo calidades y transparencias. ¿Que sigue siendo
buen pintor, en cuanto su color es sensible y sus composiciones equili­
bradas? Sin duda, pero ¿la pintura es eso? Si en cambio se decidiera a
mirar cara a cara más la realidad naciente que la expirante —siempre
subyuga más ésta que aquélla— comprendería que los resabios cubistas
le molestan y que en esa creación geométrica profunda, soslayada apenas,
está la fuente de rejuvenecimiento para él.
E milio V edova, en cambio, vuelve a un futurismo casi en blanco y negro,
con alguna zona de color puro, sin recaer empero en los postulados vivenciales de aquel movimiento. Se adivinan apenas, entre tantas formas que
se sobreponen o se chocan, formas reales concretas, pero hasta se puede
suponer que no han sido observadas sino inventadas por el pintor. El
título de una de sus telas, Encuentro de situaciones, podría servir para
todas, ya que esas zonas de física violencia dinámica parecen interpretar
sólo encuentros de situaciones para crear un espacio expresivo. Mas todo
es confuso y material, sumergido en un claroscuro que no tiene fuerza
expresiva como tal, y aunque el contemplador percibe ritmos potentes,
a cuyo encanto no escapa, también siente el malestar que le produce
siempre la indefinición espiritual.
En una línea menos moderna pero de innegable calidad señalo a un pin­
tor sueco: R agnar Sandberg, quien logra con un sistema de coordenadas
oblicuas que determinan planos de escasa concreción una expresión rít­
mica feliz. Otro heredero del cubismo, como J acques V illon , del que
parece proceder y de quien se exponen en el pabellón francés una serie
de excelentes grabados. Finas sensibilidades que logran inventar los juegos
formales que necesitan para comunicarse, pero incapaces de crear la gran
conmoción del espíritu.
4. También están los herederos del infrarrealismo picassiano y algunos
escasos sobrevivientes del superrealismo. La cuasi desaparición de este
movimiento, que sólo es representado con alguna dignidad por dos ame­
ricanos y un español —A rturo M artínez, C arlos M érida y A ntonio
T apies— ya que no pueden ser tomadas en consideración los devaneos
de G iani D ova y T oti Scialoja , es un hecho que no debe dejarse pasar

26

�en silencio, así como la disminución de la influencia de Picasso en la
pintura de los jóvenes europeos. Los dos hechos obedecen a la misma
causa: tanto el genio español —después de Guernica, se comprendecorno los superrealistas se hicieron intérpretes de una realidad inmediata
y para expresarla crearon los signos acaso más fidedignos, aunque expo­
niéndose es claro a sufrir las consecuencias en cuanto se modificara esa
realidad. Esto es lo que ha ocurrido, a mi juicio, en los países más civi­
lizados, y por ello se explica que en los menos civilizados aún perduren
esas formas de expresión. El error de quienes todavía las defienden, como
de los que pretenden remozar el expresionismo, procede de una confusión
estimativa entre las tendencias valiosas por lo que anuncian o por lo que
permiten descubrir y las tendencias que son valiosas por lo que afirman.
Para ejemplificar esta idea: el arte negro y el de los naifs pertenecen a
las primeras porque lo verdaderamente valioso no reside en las formas
creadas sino en la actitud que fundándose en ellas permite llegar a nuevas
maduraciones formales. El infrarrealismo de Picasso, con sus estremeci­
mientos y contradicciones, fué extraordinariamente valioso al traer a la
conciencia estética universal una zona ignorada de la realidad, pero ello
no implica que los pintores deban permanecer —ni él mismo— en la
repetición de fórmulas que aluden al primer día de la creación. El
hombre vuelve atrás sólo para obtener nuevas precisiones, no por el
placer de sentirse primitivo o bárbaro. Y el círculo vicioso en que se
mueve ahora Picasso se debe a no haberlo comprendido, lo que parece
llevarlo muy recientemente a romperlo claudicando en un sui generis
realismo político de escaso valor, el que revela su Masacre en Corea.
Algunos pintores jóvenes de diferentes países permiten comprender estos
procesos. Los italianos E nnio M orlotti y D omenioo C antatore, por
ejemplo, se esterilizan en una repetición de formas picassianas desvitali­
zadas, en 'tanto que los grabadores holandeses, entre los que se destacan
Constant, H arry D isberg, W alli E llenbaas y el mismo H. N. W erkman
aunque deriva hacia la abstracción más pura, han sabido asimilarlas para
lanzarse a realizar formas vivas y expresivas. Pero los que deben ser
francamente destacados en este sector son los cubanos, que ya en la Bienal
de San Pablo1 causaron excelente impresión.
Cuba es un país extraño en el que se sobreponen algunas capas culturales
imprecisas, de modo que depende del enfoque que realice el artista
1 J orgh R omero B rest : La Bienal de San Pablo. Ver y E stim ar, N? 26, 1951.
27

�nacional allí la felicidad de su expresión. Si apunta hacia el alegre
folklore que tanto prestigio turístico le produce no hará sino un arte
superficial, por muy realista que sea; si apunta hacia una tradición indí­
gena, que allí precisamente es más importada que auténtica, dejándose
seducir sobre todo por el arte mexicano, hará un arte pobre de recursos
vitales y carente de proyección espiritual; si apunta hacia las formas de
vanguardia —el arte concreto— es difícil que pueda esquivar el peligro
de caer en un seco formularismo, porque la apenas naciente realidad
moderna no tiene aún la vitalidad que es menester. La experiencia
picassiana, esa genial búsqueda en las raíces primarias del ser, ha servido
a los mejores pintores cubanos para descubrirse a sí mismos, sin renunciar
a lo profundamente auténtico y sin caer en el folklore. Se advierte en
los cuadros de ellos una pujanza rítmica nacional, al mismo tiempo que
una voluntad de contención y de construcción que los va llevando a
inventar formas de contenido espiritual absoluto.
Aunque no excluyo la influencia del maestro español, C undo B ermúdez
es el más adherido a la realidad inmediata, pero va imponiendo un ritmo
espacial a sus figuras contorsionadas de la mejor fuerza expresiva. R ene
P ortocarrero y Luis M artínez P edro son más concisos: hacen una pin­
tura más inteligente, lo que les permite en las telas expuestas en Venecia
obtener efectos puros con líneas y planos que componen espacios llenos
de vitalidad. M ario C arreño, el más maduro, que practicaba hasta hace
pocos años un sintetismo folklórico superficial, abandona los elementos
pintorescos y ahora sí se plantea el problema de la creación en términos
verdaderamente universales. Y todavía es de lamentar la ausencia de
W ilfredo L am , la única figura de merecida nombradla internacional.
Al lado de los cubanos, el guatemalteco D agoberto V ázquez C astañeda,
que construye sus figuras con una rara energía pasional luciendo además
una fina sensibilidad en el empaste y el color.
Si por una parte, pues, el movimiento de los concretos en Argentina y
Brasil, mejor dicho en Buenos Aires, San Pablo y Río de Janeiro, permite
abrigar esperanzas de que se produzca en América un movimiento artís­
tico importante, por otra esta tendencia cubana también permite tenerlas.
5. En otra zona se hallan los pintores que resueltamente abandonan la
figuración del mundo concreto, a los que falsamente se llama abs­
tractos con frecuencia, ya que no obtienen sus síntesis formales por un
proceso racional de despoj amiento de elementos accesorios, ni menos tra-

28

�bajan con la pura mentalidad abstracta. Se trata de pintores que si bien
no sienten la necesidad de una experiencia inmediata frente a las cosas
para poner en marcha su capacidad subjetiva de creación, sea por la
fuerza inmanente de la fantasía, sea por la riqueza de la intuición sen­
sible, urgidos por el deseo de expresar más bien el ajetreo existencial de
sus emociones que por el deseo de condensarlas en formas absolutas, inven­
tan formas dinámicas, preñadas de caracteres sensibles como las de los
llamados figurativos, que apuntan igualmente hacia los estratos senti­
mentales del contemplador. La actitud es tan romántica como la de los
artistas del siglo pasado, con la diferencia de que la energía pasional se
libera de los apoyos empleados por aquéllos, ya tan vagos como los que
proporciona la naturaleza en el paisaje, para buscar otros menos exigentes
con su presencia corporal. Tal actitud es reveladora del estado de com­
promiso aludido en el parágrafo 1 de este capítulo: lo que se dice en él
se refiere directamente a estos pintores.
Un caso singular lo presenta el alemán H ans H artung, nacionalizado
francés, que transforma la tela en un campo donde expresa sus experien­
cias anímicas mediante trazos negros y coloreados en perpetuo torbellino
o choque sobre fondos blancos o de grises neutros. A ningún espíritu
sensible de nuestro tiempo se le escapa la tensión emocional elevada a
potencia que exterioriza con esos aparentes garabatos; a poco que se los
sigue en su marcha azarosa se siente la comunicación de un flúido que
embarga el alma. No representa nada fuera del movimiento de sus
emociones, pero conserva los ritmos orgánicos y por ello las formas ad­
quieren una fuerza inobjetiva de vitalidad. En las últimas telas se ve
que aumenta la contención, tendiendo a desaparecer el torbellino, reem­
plazado por algunos trazos fuertes que organizan un espacio austero por
su concepción, pese a la sensualidad del empaste. Hartung es único y no
puede abrir ningún camino, ni siquiera para él mismo, que empieza a
dar signos de agotamiento; pero tampoco puede negarse que constituye
uno de los puntos más altos de ese potencial anímico subyugante que
solamente los germanos pueden resistir sin destruirse.
Luego están los que cultivan formas indefinidas para crear espacios llenos
de sugestión, en los que se confunde la vaga sensación de lo infinito con
la no menos vaga apetencia del sentimiento insatisfecho. El español
Francisco Cossio, por ejemplo, que oscila en ye un superrealismo de
excelente imaginación pictórica y una tendencia no bien definida hacia

29

�la espacialidad dinámica. Y el italiano A fro , que sobrepone una escritura
ingenua, elemental, de trazos sostenidos con vibrante seguridad, a un
juego de planos de color en el que luce un admirable buen gusto; si a
estas condiciones se agrega el prestigio de la materia flúida que emplea
y su raro sentido del equilibrio en composiciones sumamente complejas,
fácil es explicarse que sea el pintor joven más cotizado en la península.
Resumen de muchas conquistas es su manera, en la que puede verse el
aprovechamiento tanto del cubismo y el expresionismo como de ciertas
tendencias abstractas. Pintura del temblor que se objetiva, con escondidos
acentos picassianos, de la que trasciende una seductora nobleza del senti­
miento, por decirlo así. Sin embargo, hay demasiado truco en ella, está
demasiado sujeto al efecto y por eso la idea queda sepultada, inclusive
desnaturalizada tras el aparato expresivo que presenta. El aliento vital
se empequeñece y no es reemplazado por un aliento intelectual poderoso
que lo sublime.
Más definidos son los que practican un vibracionismo neorromántico de
trazos coloreados sobrepuestos, creando estructuras en las que el espacio
va de la tela hacia dentro, como en embudo a veces. Sensuales en alto
grado y con una enorme potencia de sentimiento, diríase que ven en la
pintura la posibilidad de desplegar esa ordenada capacidad de ser sen­
suales y emotivos. La dirección comienza en Francia, pero sólo es repre­
sentada en la Bienal por J ean B azaine, lamentándose la ausencia de
M anessier, Singier y L e M oal entre otros.
Son paisajes los que pinta B azaine, paisajes de su intimidad bien es
cierto, en los que reemplaza los árboles, el animal y el hombre por enér­
gicos trazos tras los cuales se siente la indefinición de los cielos y del
mar. Nada es indeciso, empero, y todo habla al contemplador de una
construcción del sentimiento, tan pleno como para conformarlo con esos
signos de movimiento apoyados por el color y el claroscuro. A su lado, el
italiano A ntonio C orfora, más impreciso y dinámico por el empleo
constante de las oblículas, más transparente y húmedo en el color también.
Y en un plano menos logrado el francés P ierre Soulages, no tan vibrante
como los otros y más incontenidamente dramático, con acentos que re­
cuerdan por una parte a Hartung y por otra a Schneider. Sus pastas
vigorosas, sus negros profundos en contraste con blancos sonoros, señalan
un alma transida de emoción pero capaz de dominarla. Son éstos, pues,
los representantes de una pintura de la subjetividad que todavía exige el

30

�cuadro de caballete, pero ¿podrán mantenerse en esta línea de la exacer­
bación sin inventar apoyos más objetivos?
V

1. En el campo de la escultura la situación es más desconcertante aún,
primero porque obliga a emplear volúmenes y espacios reales, luego por
los temas restringidos que admite. Hasta parecería que la problemática
no puede ser nunca similar a la de la pintura, en lo que se refiere a la
desmaterialización de las formas o al pretendido predominio de la sub­
jetividad. Pero en verdad las diferencias no son tan hondas como parecen
y el problema es bastante parecido, cambiando claro está las formas en su
aspecto material y los medios de ejecución.
El problema correctamente planteado1 sería el siguiente. Hasta nuestro
siglo la escultura ha sido el arte del volumen, más o menos dinámico se­
gún los casos, más o menos intelectual también, acusándose las variaciones
de estilo por las transformaciones de la masa en relación con las superfi­
cies, las líneas y los perfiles. Tradición de escultura materialista, pues, en
la que no ha podido intervenir el espacio sino de manera coadyuvante, ya
sea por la presión exterior de la luz que modela y modula las formas,
ya sea por la tímida introducción de aquél en la masa. Ahora bien, desde
los comienzos del siglo se va perfilando una tendencia que al rechazar
la masa, con su cortejo de modos expresivos propios, hace del espacio el
gran tema escultórico, lo que necesariamente conduce al rechazo de las
formas de representación. ¿Es posible este rechazo sin caer en la antifor­
ma? Se verá que puede no desaparecer la figuración de lo concreto aunque
predomine la concepción espacial, del mismo modo que no obstante la
objetividad imprescindible de la escultura figurativa pueden no desapa­
recer las marcas de la subjetividad que dejan los dedos del escultor en
el barro o el cincel en la piedra. Fácil es comprender, empero, con qué
carácter relativo se puede hablar en este arte de la liberación de la subje­
tividad y cómo debe presentarse, o bien como simple acentuación del
volumen figurativo, o bien como una revolución radical. Esto último es
lo que viene ocurriendo y por ello los interrogantes se vuelven más ur­
gentes. ¿Puede aspirar el escultor a una geometría dinámica del espacio
en vez de la geometría estática del volumen cultivada en los grandes moi Jorge Romero Brest: Picasso y la escultura, Ver y Estim ar, N? 24, 1951.
31

�mentos de la estatuaria monumental? Ya que la escultura no dispone ni
siquiera del color, como la pintura, ¿podrá ser esa geometría algo diferen­
te a la aplicación lisa y llana de una ciencia? El análisis de las obras ex­
puestas en al Bienal servirá para el planteo práctico del problema, que
de toda forma haré más explícito en el penúltimo capítulo.
2. La mayoría de los escultores que exponen sigue cultivando el volumen
pleno, con un sentido primitivista de la síntesis como E milio G reco o más
cerradamente mecánico como M arina N úñez del P rado —artista boli­
viana de mérito que mucho ganaría si no adhiriera tanto al modelo y
fuera capaz de imponerle una forma más pensada; en otro orden, si no
expusiera tantas piezas en un salón pequeño, lo que obliga a presentarlas
como si fuera un Museo Grevin de maderas—o animado por una dinámica
interior de prosapia barroca, como A lberto V iani y U mberto M astroJANNI.
A lberto V iani no deja de ser representativo aunque elimina casi todo lo
accesorio: en sus grandes masas de yeso perduran ritmos orgánicos de na­
turaleza erótica que señalan desde ciertos puntos de vista, nada más, sus
mejores aciertos, pero no son suficientemente enérgicos como para des­
prenderse de la materia —como sucede en las esculturas de B rancusi— y
de este modo no puede dar más que una solución híbrida, que con razón
justificaría a quien dijera: “Para hacer eso no vale la pena dejar de re­
presentar”. No se trata sin embargo de representar o no; se trata de una
idea plástica que por ser débil no puede ser expresada ni por un desnudo
femenino ni por una forma absolutamente abstracta. En cuanto a M astrojanni, que crea inmensas moles de mármol o de bronce tratando de
coordinar una expresión interna de la masa con una contención exterior
por medio de planos que la limitan, tampoco proporciona soluciones.
Las pesadas moles, dotadas de relativa vitalidad, no son ordenadas de
acuerdo a una idea —parecen bloques de piedra sin la unidad que la na­
turaleza les suele dar—, se fragmentan y contradicen con sus ritmos la
exigencia espiritual de nuestro tiempo.
Más importantes son las obras de M arino M arini, también cultor del vo­
lumen pleno, aunque animado por un espíritu de síntesis que no excluye
la sensualidad de la materia y de la forma. Allí se ven algunas cabezas
y algunos grupos de Caballo y caballero, sobre todo un Caballo grande en
bronce, que bastan para destacar las sobresalientes condiciones del escul­
tor italiano. Pero como se le debe exigir mucho más que una noble arte32

�EMILIO VEDOVA: Encuentro de situaciones

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La mujer alia

ATAN ASIO SOLDATI: X X Setiembre 1951

CALDER: Estable

DEWASNE: Opera Cash

�sania, el empleo de tales dones para vertebrar un mensaje espiritual que
sea interpretación simbólica de la vida en sus aspectos de permanencia,
mi actitud estimativa cambia, advirtiendo que su voz limitada —hay un
famoso Caballo al galope de D egas que le ha proporcionado la idea de
sus grupos fundamentales— y el planteo débil de la creación artística pue­
den explicar la estereotipación en que incurre. Tómense como términos
de comparación obras tan dispares como el Colleoni de V errocchio y
Unidad tripartita de M a x B il l : se verá la misma adecuación de la idea
con la forma, a pesar de que en un caso idea y forma se apoyan en una
imagen de representación y en el otro en una imagen concreta de inspira­
ción matemática; en los caballos de Marini, en cambio, se verá que la ex­
presión no es suficientemente orgánica como para apoyarse en un caballo
de representación verista y tampoco suficientemente coherente por sí
como para apoyarse en una férrea geometría. Si por una parte piensa acaso
demasiado, entregándose con exceso al placer de las aristas y de las super­
ficies redondeadas que producen claros y nítidos perfiles, introduciendo
algunas notas frágiles de tragicidad expresionista, por otra no construye
sus ideas plásticas con riqueza y precisión absolutas, y de este modo con­
tradice con la estructura de apariencia la potencial energía de la materia.
Una vez más no le reprocho que represente ni lo incito a trabajar con
formas abstractas; lo que señalo es la falta de contenido rico en sus obras,
así como la confusión que origina con los recursos pictóricos que a me­
nudo emplea. Una ojeada al pasado etrusco y al más lejano pasado mesopotámico puede explicar a contrario sensu lo que afirmo, cuando en
presencia de obras que poseen una admirable plenitud, el contemplador
descubre la secuencia dinámica de la idea sumergida en la materia, en
un caso, o la contención balanceada del sentimiento en la materia y en
la forma, en el otro, sin que se haya debido recurrir al contraste espec­
tacular de elementos opuestos. Lo que equivale a decir, cuando advierte
que el gran valor no procede solamente de los dones naturales, tanto en
la factura de los materiales como en la coherencia de las formas, sino
de la densidad y profundidad de la idea, reveladora a su vez de una posi­
ción definida frente al mundo en todas sus dimensiones. Así tal vez sea
legítimo presentar el desconcertante destino del más grande escultor tradicionalista del momento.
3. Otros escultores que son representativos pero realizan síntesis forma­
les, mantienen el modelado sensible de la materia, cultores del bronce por
37

�tanto, pretendiendo acordar una actitud intelectual con una actitud em­
pírica, y como no llegan a concepciones absolutas echan mano del recurso
literario que los temas denuncian, en lo que ha de verse de nuevo la nece­
sidad del apoyo en una objetividad de vigencia universal, aunque sea
espúrea en este caso. Porque si G ermaine R ichier representa La Virgen
loca o El Diablo y L uciano M inguzzi El perro entre los perros o Mujer
que salta a la cuerda es porque sienten la insuficiencia de las formas
que crean, a la inversa de los naturalistas, a quienes bastaba poner títulos
tan impersonales como Desnudo o Paisaje, y de los abstractos, a quienes
les basta poner Construcción.
G ermaine R ichier es enérgica en su modelado y al mismo tiempo fina en
los acordes, alternando la presencia objetiva del material con el juego de
la luz penetrando por los intersticios en las superficies. Sabe además dar a
la forma una tonalidad dramática que no excluye el recurso grotesto en
ocasiones, y ahora busca un adelgazamiento de la misma que la acerca a
G iacometti, aunque sin la gracia aérea de éste. Virtudes que se conjugan
para destacarla. Menos constructivo es M inguzzi, que continúa una línea
de noble prosapia en Italia, desde M edardo R osso hasta G iacomo M anzú, pero también en su caso se impone el modelado recio. Él ha sentido
más que Richier el llamado del grupo complejo, introduciendo los espa­
cios entre sus formas estremecidas como masas, hecho que revela su posi­
ción vacilante, ya que la expresividad dramática del bronce destruye el
claro lirismo espacial. Hasta una especie de móvil crea, olvidando que no
basta colocar un eje sobre una piedra y hacer que la pieza se mueva para
imitar a C alder. Tanto Richier como Miguzzi desdeñan, sin embargo, la
expresión que pudiera surgir del tema y parecen buscarla más bien en
los acentos personales de vibración de la materia o en los choques inespe­
rados de ejes. El tema es pretexto y no apoyo, lo que constituye a mi
juicio un error, aunque comprenda que quieren dotar a las formas de un
contenido subjetivo, pues no llega a tener concisión formal y sólo se exte­
rioriza la contradicción entre éste y aquél.
Alguna influencia de Giacometti también se advierte en el joven escultor
inglés K enneth A rmitage, aunque él prefiere incorporar las formas alar­
gadas que penetran en el espacio a sólidas formas broncíneas. Escultura
más ingeniosa que profunda que revela uno de los modos para no encarar
con franqueza la creación nueva.
No avanzan mucho más los otros escultores ingleses que tratan de incorpo-

38

�rar el espacio de modo radical, pues aunque suprimen la masa como vo­
lumen, limitándose a anotar con filamentos de hierro o hilos de alambre
los límites de las formas, no dejan de ser representativos. Lo que signi­
fica, de acuerdo a la tesis expuesta, que la expresión se funda todavía en
una experiencia visual, por cuya razón aunque sean espacios en definitiva
los que crean, quedan comprimidos como si fueran volúmenes. Ninguno
de ellos parece haber comprendido el sentido de la transformación y
el principio que la justifica: provocar tal fuerza de expansión mediante
los escasos signos concretos que crea el escultor como para que sea el
espacio, no éstos, el que construye la forma, animada de un dinamismo
peculiar que se transforma en símbolo de la subjetividad liberada. R eg
B utler es el más potente y el que introduce notas de imaginación más
exaltada, respondiendo a esa tónica superrealista que ningún artista ha
perdido en Inglaterra; R obert Adams el más sólido, acaso porque trasla­
da al espacio, cuando trabaja con hilos de hierro, las severas formas de sus
piezas de madera; L ynn C hadwick el más ingenioso al tratar de resolver
problemas de equilibrio, aunque olvida que si el movimiento de las
piezas debe ser provocado por el contemplador con sus manos el efecto
queda objetivamente destruido; W illiam T urnbull el más adherido a la
materia, demasiado simple en las soluciones que presenta; E duardo P aolozzi, el menos lírico. Todos ellos realizan, sin embargo, una obra extre­
madamente importante, sobre todo cuando se la compara con los demás
escultores del continente, con excepción de los concretos, pero por dife­
rentes razones sin duda escapan al planteo correcto' que significaría el
intento de objetivar matemáticamente el movimiento, sin que se pierda
por ello el aliento de la sensibilidad creadora, y al no hacerlo se esterili­
zan por ahora en una acción más prometedora que productiva.
H enry M oore, a quien veneran como maestro los escultores jóvenes in­
gleses, oscila aún más que éstos entre el volumen y el espacio, entre un
medido expresionismo de corte superrealista y una severa objetividad de
las formas, animado por un espíritu ecléctico en definitiva que no le
permite, pese a su genio, hallar soluciones viables, ni para él ni para quie­
nes lo siguen. La única pieza que se expone, Figura doble de pie, especie
de estremecida humanidad fijada en la posición más austera, es acaso la
sobresaliente de su última época,' no demasiado fecunda por razones si­
milares a las que detuvieron a G raham Sutherland. Permite sospechar
que vuelve a obtener acordes justos entre volumen y espacio, como si al

39

�recobrar el equilibrio después de la guerra, se orientara hacia formas más
duras y concisas.
4. No faltan algunos herederos del cubismo, dinamizado y sensualizado
por espíritus más modernos sin duda, a pesar de lo cual no superan la
fundamental contradicción que implicó ese movimiento en el campo de
la escultura. El aislamiento del plano, en efecto, y su empleo como forma
expresiva capaz de reemplazar las formas representativas, permitió a los
pintores elevarse a un lirismo impersonal de vago fundamento geomé­
trico. Los escultores, en cambio, por el hecho de trabajar con volúmenes
reales no pudieron desprender el plano de la materia y por ello se vieron
obligados a seguir creando volúmenes sólidos en los que apenas podían
anotar el movimiento por el choque o la interpenetración de los planos;
de lo contrario, cultivar el relieve. Tal debió ser la razón que explica el
alejamiento de B o c c io n i del cubismo, quien empleó materiales más blan­
dos y flexibles —el bronce— para introducir ritmos complejos que dinamizaran la materia por dentro.
Es raro, por eso, que un escultor de m érito como C arlo Sergio Signori

retorne a esas pesadas formas cubistas, que responden en su caso a una
geometría sin espíritu: volúmenes sin tensión interior en los que tampoco
puede sentirse el desenvolvimiento de una idea m onum ental que exija la
adhesión de la m ateria a la tierra.
Otra es la posición de F ritz W otruba, el talentoso escultor austríaco que
por sus virtudes de artesano presenta algún punto de contacto con M arino
M arini. Acaso por su prosapia helenísticorromana —en las primeras

obras— ha tendido siempre a dotar de movimiento al volumen, respe­
tando sin embargo el carácter ascético que lo ennoblece; pero al mismo
tiempo se advierte en su obra el deseo de huir de toda forma hecha, bus­
cando con afán una expresión que emerja más de la piedra que de su
cabeza. Y acaso por este motivo infunde a los materiales duros que trabaja
una contenida energía interior. También le ha venido tentando, por gra­
dos, la posibilidad de geometrizar las formas: primero las endureció res­
petando la estructura organicista de las mismas, luego descubrió el modo
de concordar la misteriosa expresión del volumen estático con la que pro­
cede de los contrastes dinámicos entre los planos que lo limitan. Pero su
concepción imprecisa le ha conducido a un eclecticismo peligroso, y a
causa de él sus obras hasta 1949, al mantener los ritmos orgánicos con
excesivo detallismo, no tenían la majestad de las piedras egipcias ni el

40

�vuelo lírico de las piezas verdaderamente cubistas. Ahora parece haber
modificado su actitud: las obras que expone en la Bienal responden a una
idea de conjunto más sólida, no son tan fraccionadas en pequeños planos
como las anteriores, y aunque no renuncia a dinamizar las formas obtie­
ne acordes más ricos y justos. Permiten meditar, empero, sobre la extraña
sujeción a los dictados espirituales de su tiempo que un artista no puede
desdeñar impunemente, ya que el anacronismo de su posición le impide a
Wotruba extraer de sí mismo el hondo mensaje que se podría esperar de
su talento. Su capacidad escultórica es enorme y su habilidad sorprenden­
te; tampoco carece de ideas constructivas, pero no son claras y por ello
apunta torpemente hacia una estructura emocional que no logra porque
se sujeta demasiado a las figuras que representa. Es menos intelectual
que Marini, lo que le permite ser más coherente, pero como éste se debate
infructuosamente en la búsqueda de un estilo.
VI
1. La Bienal proporciona ejemplos de envergadura para examinar la
tendencia que ha sido bautizada con los nombres de neorrealismo o rea­
lismo socialista. Sostienen sus defensores una idea en principio justa: que
el arte debe expresar la realidad que se vive, la de su tiempo, pero como
entienden por realidad las formas exteriores de la convivencia humana
en una dimensión restringida —todo lo que procede de la polémica po­
lítica o conduce a ella— la fraccionan y la detienen. Más que una expre­
sión de la realidad es una representación de ciertas formas concretas y
un reflejo empobrecido de las acciones humanas. Cuando R enato G uttuso pinta La batalla del Puente del Almirante o el Fusilamiento de Nicola Beloyannis, cuando A rmando P izzinato pinta Fusilamiento o Libe­
ración de Venecia, ¿qué realidad expresan? Quieren ser vivientes y rela­
tan acontecimientos históricos —ya es historia la liberación de Venecia— o
presentan hechos comunes de la vida que han perdido, por ser comunes
y por ser expresados de manera común, todo aliento de vitalidad. De
tal modo se transforma el pretendido neorrealismo en una repetición de
posturas veristas, incapaces hoy, por razones que se dirán, de provocar
la creación de símbolos artísticos. Porque el grueso error sobre el que
construyen la doctrina p^icede de no haber comprendido el mecanismo
propio de la expresión artística, que nunca ha sido ni puede ser repre­
sentación o reflejo, porque sólo se representa o se refleja lo que posee

41

�coherencia material propia y la realidad no posee tales caracteres, siendo
por el contrario permanentemente cambiante. Ella ha sido, es y deberá
ser construcción de esa realidad, en la que se confunden los elementos
naturales y los humanos, con formas necesariamente estáticas que se vuel­
ven dinámicas de modo metafórico. Lo que desea ver el contemplador
son signos que le permitan renovar en su espíritu las experiencias para­
digmáticas de la existencia que trascienden hacia la perfección, no las
torpes formas representativas, desvitalizadas en sentido profundo porque
no aluden sino a gestos exteriores de la conducta. Y eso es lo que ve en
cualquiera grande obra del pasado, la vida que se ordena en instancias
de permanencia gracias a la fuerza sugestiva de las formas que trasciende
de lo meramente presentativo a lo intuitivamente concebido. Estos ar­
tistas neorrealistas son tan ingenuos como para ignorar esta exigencia y
por ello se aferran a ciertos temas que tienen sin duda vigencia emocio­
nal pero que la pierden en cuanto son fijados en formas que sólo son
representativas de los aspectos materiales, esquivando el esfuerzo de ver­
dadera creación.
Compárese La Batalla del Puente del Almirante de Guttuso con La ba­
talla de San Romano de U ccello y se verá que en la primera tela sólo
se presentan estáticamente los hechos que tuvieron sentido por los valores
históricos, ausentes en la tela, que querían ser impuestos, mientras en la
segunda, por la energía constructiva de las formas, por la original con­
cepción espacial y por el ritmo creado, los hechos se transforman en un
plano poético de resonancia universal. Compárese Liberación de Venecia
de Pizzinato con La masacre de Scio de D elacroix y se verá que los gestos
fríos de los hombres en la primera sólo aluden al hecho sin trascendencia
alguna de orden plástico espiritual, mientras la potencia propia de la
forma en la segunda lleva al contemplador a soluciones espirituales que
subliman el hecho en el cual se apoya el pintor. Comprobaciones que
habrán de servirle para descubrir que el artista verdadero representa cosas
y relata hechos sólo para apoyarse en ellos y expresar un mensaje que es
espiritual. La liberación de los pueblos oprimidos y la lucha por la liber­
tad constituyen sin duda un mensaje espiritual, pero ¿puede ser comu­
nicado sólo por la presentación de las cosas y los hechos? ¿Cómo no com­
prenden estos pintores que es menester la descarga del sentimiento actúalista, aunque sin él tampoco es posible la creación, para transformarlo
mediando la trasposición plástica en un sentimiento universalista? Si lo
comprendieran no seguirían representando con tamaña superficialidad y

�tratarían de encontrar en esa rica vida que los conmueve lícitamente los
medios expresivos para ordenarla y trascenderla. Entonces advertirían que
hay una zona superficial y una zona profunda de la realidad, la primera
dominada por la urgencia de apetitos pasajeros, la segunda ordenada por
principios abstractos de orden axiológico, y se lanzarían a la invención
de las formas capaces de expresarlos. No ha tenido otro carácter la gran
aventura del arte, tal como se comprueba en el bisonte paleolítico, el fa­
raón egipcio, el efebo griego, el Jesús cristiano o el retrato del hombre en
la Edad moderna; cualquiera sea el estilo, jamás el hombre, el animal, la
planta, la tierra, el fuego, el aire y el agua han tenido valor expresivo
por sí, y siempre han tenido valor expresivo por lo que intentan construir
en el orden de la eternidad de los valores absolutos. El historiador se
basa en la realidad inmediata, viva, actuante, pasajera y en última ins­
tancia deleznable por su inmediatez, mas sólo para comprender el sentido
trascendente del signo, no para detenerse en la inmanencia de lo que se
destruye.
Queda sin embargo en pie la posibilidad de una legítima pintura natu­
ralista, la que apoyándose en el mundo concreto exprese la dinámica
inmanente de la materia y de la forma, en cuyo caso las formas de repre­
sentación se vuelven expresivas no por lo que representan sino por la
alusión a la vida permanente de ese mundo concreto, por la afirmación
del ser frente al existir. Analizados los cuadros desde este ángulo de en­
foque se advierte la pobreza de recursos de que disponen sus autores para
animar la materia y condensar la forma, aparte de gruesos errores téc­
nicos, en los escorzos por ejemplo. ¿A qué se debe esta deficiencia? ¿Es
una deficiencia técnica solamente o una deficiencia conceptual? Una y
otra, ya que no es posible distinguirlas. Si no logran dominar el lenguaje
plástico naturalista es porque el propio estado de espíritu les lleva, por
ser hijos de su tiempo, a una precisión abstracta de la forma que excluye
la anécdota y a una desestima de la materia que ninguna posición ideoló­
gica puede evitar. Cualquier pintor mediocre del pasado siglo podría
haber pintado mejor tales escenas, no porque tuviera más talento sino
porque empleaba un^istema de palabra-signos que eran vigentes entonces.
Estos pintores, en cambio, se violentan a sí mismos y a pesar del talento
que poseen, capaz de manifestarse empleando otro sistema de palabrasignos, no alcanzan el nivel del arte.
Este problema del naturalismo en nuestros días exige algunas precisiones.

43

�Para expresarse bien en el campo del naturalismo —pienso en C hardin,
en Louis le N ain , en C ourbert— es necesario sentir la materia de modo
que sea su íntima vibración la que produzca la forma, encerrando así una
visión total del mundo en la inmanencia relativa de lo que se representa.
Pero si el mundo concreto es representado solamente por la presencia ma­
terial que implica, para apoyar en él una expresión que aspira a ser ple­
namente dinámica, constructiva de la vida en sus aspectos políticos, ¿có­
mo se podría lograr que ésta no se detenga en moldes que son cárceles?
El buen naturalismo ha soslayado el movimiento dirigido hacia fines
espirituales de trascendencia explícita, en el pasado, y se explica por qué:
porque de ese modo la expresión espiritual emana de la materia como
tal y no de una trascendencia espiritualista que la hubiera neutralizado.
A la inversa, cada vez que el pintor de otras épocas ha querido expresarse
por medio del movimiento, se ha desprendido de la materia y buscando
una forma de estructura elástica ha evitado el conflicto entre ésta y aqué­
lla. Estos pintores neorrealistas no lo comprenden así y por ello se debaten
en la lucha más extenuante que pueda presentar un artista contemporá­
neo. Ya que ni siquiera son fieles a los postulados de la doctrina esten­
tóreamente sustentada: en lugar de practicar, en el momento de la crea­
ción, un verdadero materialismo dialéctico, que les obligaría a no dete­
nerse en formas hechas y a superar permanentemente el encerramiento
en superestructuras muertas, se detienen en el torpe materialismo ingenuo
que fustigara ácidamente M arx; en lugar de crear los signos que expre­
sen ese racional hombre universal manejado por principios abstractos
de convivencia humana que proclaman, presentan al hombre de carne
y hueso debatiéndose en la lucha inmediata.
Aquí es donde la posición de los neorrealistas se tiñe de política, pues
sostienen que el arte es un instrumento de propaganda y como tal debe
actuar para la imposición de una nueva estructura económicosocial. Y
bien, aunque fuera legítima esa posición —no lo es para mí— ella debería
tener en cuenta la actividad específica del arte: entonces se vería que
la propaganda es pasajera, como la moda, porque apunta a objetivos in­
mediatos que después de obtenidos dejan de ser metas, en tanto que la
específica tarea del artista es proponerse objetivos tan mediatos como para
que nunca dejen de ser metas. Admito que puede llegar a postularse in­
clusive la muerte del arte, si se piensa que es un sacrificio necesario para la
salvación del hombre —lo que constituye también una de las ideas madres

44

�de M ondrian— pero lo lícito sería prepararlo a bien morir; es decir, que
podrían justificarse modificaciones esenciales, siempre que con ellas se
favoreciera una nueva expresión humana, a la cual se pudiera llamar o
no llamar arte. Los neorrealistas no la proponen y se limitan a mirar
hacia atrás sin hallar el modo de expresar el contenido espiritual que
sin duda existe en ellos.
No dudo del talento de G uttuso, P izzinato y M afai; éste se conecta de
alguna manera con el neorrealismo. Cuando conocí la obra de los dos
primeros a fines de 1948, los consideré entre los artistas jóvenes italianos
de más porvenir. Explico, no obstante, la pobreza expresiva de los cuadros
expuestos por una equivocada posición teórica que destruye lo mejor de
ellos mismos. Se los ve luchando para no abandonar del todo un reper­
torio de formas abstractas que proceden del sentimiento vital de cada uno
y por adaptar ese lenguaje a un contenido temático que se les impone
por exigencias de partido. Esta lucha se observa especialmente en las telas
de Guttuso y Mafai; cuando no luchan, Pizzinato sobre todo, se desploman
en el vacío de los gestos, porque no buscan formas sino fórmulas, y de
este modo destruyen la adecuación orgánica que debe existir entre los
medios de expresión y los contenidos temáticos. Una posición inicialmente
justa engendra, como se ve, las formas más falsas y en lugar de provocar
la transformación del arte, lo liquida torpemente. Con menos fanatismo
y una revisión de los fundamentos teóricos comprenderían que los movi­
mientos de avanzada, desde los abstractos hasta los concretos, nacen y se
desarrollan por exigencias de un espíritu insobornable que construye y
no se esteriliza en la acción inmediata.
2. Aunque no se exponen en la Bienal obras genuinas de artistas con­
cretos me parece necesario referirme a ellos, planteando al menos- la
posición que adoptan, pues la considero una piedra de toque para la
comprensión del arte actual. Son ellos, en efecto, los únicos que tratan
de resolver la antinomia sujeto-objeto. Los demás se encierran en la subje­
tividad creyendo que se puede extraer de ella hasta los medios de comuni­
cación o se detienen en una objetividad desprovista de espíritu. Y el pro­
blema es otro, ya que si bien el artista debe sentir con la mayor intensi­
dad —en ese verbo inapropiado pero de fácil admisión quedan involucra­
das la intuición cognoscitiva y la intuición fantástica— debe expresar lo
que siente por medio de formas universalmente comprensibles. De otro
modo, ¿sería el arte un lenguaje? No, y por ello requiere para existir

45

�un repertorio de formas vigentes que constituyen, en cada período histó­
rico, el a priori de la emotividad común.
Este lenguaje no puede tener caracteres de tal si se apoya solamente en la
subjetividad, como se ha dicho. Los románticos del pasado siglo bien lo
comprendieron al no desdeñar la naturaleza en la construcción de sus pai­
sajes, no obstante la tonalidad subjetiva que les dieron, mas no lo com­
prenden los neorrománticos de ahora al oscilar entre los apoyos natura­
listas y los geométricos, desvirtuando a unos y otros hasta destruir todo
fundamento cognoscitivo, y éste es el momento en que amenaza desapare­
cer el arte, cuando en vez de proporcionar una idea del mundo propor­
ciona una idea del individuo.
Ya se ha visto también en qué consiste la reacción de los neorrealistas,
con quienes coinciden los concretos en la actitud frontal ante la realidad
y en el deseo de ordenar el rico contenido de la subjetividad en nuevas
formas objetivas. La diferencia reside en el concepto de la realidad y en
los medios de que se valen para conocerla. Mientras los primeros se fun­
dan en la experiencia, desvitalizada por el injerto de intenciones polémicas
que impiden la creación de símbolos permanentes, los segundos se fundan
en la ideación matemática para hallar las constantes que les permitan
crear lo que precisamente rechazan los neorrealistas: símbolos de espi­
ritual permanencia.
Como por tal razón la realidad no es apariencia, los concretos tratan de
excluir además del aspecto material de la misma, todo lo que sentimental
o espiritualmente puede ser considerado como acción humana inmediata.
En verdad no excluyen ninguna actividad esencial del creador: ni la sen­
sibilidad, ni el sentimiento, ni la ideación, ni la fantasía. Lo que se
advierte es una contención y una sublimación de la experiencia, tanto la
externa como la interna, para inventar un sistema de signos que por no
adherir a la superficie de los hechos sea capaz de construir la realidad,
lo que significa condensar en la forma artística necesariamente estática la
igualmente necesaria dinámica de la vida.
Cuando se analiza el arte del pasado se llega a la misma conclusión, sien­
do esta capacidad receptora y sublimadora la que caracteriza al verdadero
creador de cualquier tiempo. La diferencia está en la calidad del mensaje
y en los medios de que se vale para comunicarlo. Puesto que los concretos
—hombres modernos— sienten la vida en un plano de espiritual superación
como un juego de tensiones en el que desaparece la energía, entendida

46

�ésta de modo materialista e individualista, es lógico que rechacen los
apoyos tradicionales y busquen otros apoyos menos contaminados por la
experiencia, aptos para exteriorizar una emoción ordenada y precisa.
En la búsqueda de esos apoyos han tenido que reparar inevitablemente
en la geometría, no porque se transformen en científicos sino porque ella
puede ordenar las emociones del artista de hoy, así como la naturaleza
ordenó las emociones del artista otrora. Mas no se trata de la geometría
adherida a la experiencia que se desarrolla en las tres dimensiones del
espacio absoluto, sino de una geometría dinámica que al introducir el
tiempo transforma las figuras en juego• de direcciones: si la primera permi­
tió a los clásicos endurecer las formas reales concretas, la segunda permite
a los concretos disolverlas en el espacio, anotando de manera más pura
las tensiones del alma. La geometría es para ellos más que un ideal —lo
que sería ilícito— el instrumento que les permite conocer la realidad, el
a priori de la emotividad común moderna, la objetividad en la que pue­
den apoyarse para la invención de sus formas.
El contemplador se desconcierta, claro está, porque no encuentra ninguno
de los apoyos materiales a que está acostumbrado y por eso se siente
inerme ante un arte que no le permite el ejercicio de su modo peculiar
del goce artístico, el de la imaginación que necesita de la experiencia
sensible para integrarse en una visión coherente del mundo. Pero si fuera
más espiritual su concepción, si por tener una idea más clara de la misma
vida que vive acertara a interpretar los signos, comprendería que encie­
rran una expresión más fidedigna de la realidad que la que proporcionan
las demás tendencias, más acorde con las actividades de toda índole del
hombre actual. Comprendería además que si superara prejuicios de falso
culturalismo podría reconocerse más fácilmente en ellos que en una natu­
raleza muerta, un retrato o un paisaje.
El reproche surgirá inmediatamente: ¿por qué son tan pocos los hombres
que sienten este arte si procede de la realidad? La respuesta también es
sencilla: porque sus creaciones no se fundan en los hechos superficiales
de la vida sino en ciertos principios, todavía envueltos en formas vitales
pretéritas, a las que suponen tan firmes como para transformar en el
futuro, hasta los cimientos, la conducta del hombre. Pero esa realidad está
naciendo recién, de modo que su construcción mediante símbolos obedece
a una actitud esencialmente profética. Los concretos se adelantan, como
siempre ha ocurrido en las épocas de iniciación, a la realidad, lo que

47

�justifica sus vacilaciones y contradicciones, exigiendo del contemplador
idéntica fe en un destino apenas entrevisto. No cabe, en consecuencia,
el juicio individual sino en mínima medida; lo que cabe es el examen del
problema a la luz de situaciones que aun no son objetivas pero que pue­
den llegar a serlo, para deducir posibilidades de nueva vida. Entonces no
puede dejar de notarse que son esas formas descarnadas, casi sin cuerpo
sensible podría decirse, las que pueden crear la casa del hombre como
organismo vivo, producto de la más estrecha colaboración entre pintores,
escultores, arquitectos y cuantos se dediquen a la invención de formas;
también que tienen tal acento de comprensión universal como para servir
de base al lenguaje de nuestro tiempo.
3. Los pintores y escultores a que me voy a referir en este parágrafo tie­
nen puntos de contacto con los concretos, pero se hallan detenidos, no
obstante la valentía y enjundia con que buscan una nueva objetividad
formal en la que pueda resumirse el contenido subjetivo universal que
rechaza todo localismo.
Entre los italianos sobresale A tanasio Soldati, practicante de una pin­
tura concreta, mas no en el sentido con que emplean el vocablo los con­
cretos. Concreta porque son planos yuxtapuestos de color muy homogéneo
y firme que responden a una geometría extremadamente simple, no por­
que anoten poéticamente el espacio. Si alguna sugestión tienen sus telas
resulta de los contrastes entre planos, lo que resta amplitud al movi­
miento y expresión lírica al espacio. Ello se debe, a mi juicio, a que su
concepción geométrica es instintiva y al mantenimiento de la materialidad
del color, sin que los ritmos lineales, que a menudo las fragmentan, al­
cancen a organizarse con coherente energía expresiva.
Más avanzados son los escultores. P ietro C onsagra sigue inspirándose, em­
pero, en temas tan poco concretos como Héroe griego y Espíritu de Sofía,
aunque emplea planos geométricos para realizar sus composiciones, extre­
madamente pesadas y obedientes a una frontalidad que no condice con la
actitud espacialista. N iño F ranchina , que parece olvidar sus arcaizantes
figuras sicilianas y ahora intenta crear ritmos alados de superficies, traba­
jando el aluminio, está en una vía de progreso más franco y llegará a
resultados más felices cuando consiga dominar su propensión sensualista.
Y B erto L ardera, con grandes esculturas de hierro, a los que encuentro
demasiado ampulosas, sin que los planos se organicen de acuerdo a una
idea rica.
Ií

48

�Del numeroso grupo de artistas franceses que expone habitualmente en la
Galería Denise René de París, sólo se exponen obras de J ean D ewasne.
Sus formas son plenas y orgánicas todavía, aunque las ordena de acuerdo
a ritmos geométricos de avasallante expresividad, y su color es tan bien
acordado que hasta los enemigos de estas
tendencias no dejan de admirarlas. Pero si
se juzgan sus telas desde el punto de vista
de las posiciones a priori, no pueden dejar
de señalarse sus vacilaciones, que lo com­
prometen hasta el punto de encerrarlo peli­
grosamente.
Párrafo aparte merece, por su originalidad
e importancia, la gran sala del americano
A lexander C alder. Allí se ven sus cono­
cidos móviles y sus menos conocidos esta­
bles, acaso éstos índices más seguros de su
genio como escultor que aquéllos. Pero éste
no es el momento de ensayar un juicio so­
bre su obra. Sólo quiero señalar dos hechos:
el primero se refiere al antecedente de sus
móviles, figuras de Coolidge (1930) y de
Josephine Baker hechas con alambres, en
las que se está lejos de sospechar siquiera
la energía dinámica y la expresión poética
que iba a obtener en cuando se decidiera
a abandonar la figuración, no obstante las
ingeniosas soluciones que presenta; el se­ CALDER: Josephine Baker
gundo, a la invención misma de esos obje­
tos, que se apartan de toda tradición, respondiendo a una legítima postura,
ya que si el artista de vanguardia quiere expresarse por medio de ritmos
espaciales, tiene que lograr formas objetivas que no sean inmovilizadas
por el muro y contribuyan a la dinamización del espacio. La de Calder es
una de las más fecundas lecciones que puede recibir, en ese sentido, el
visitante de la Bienal.

49

�VII

Tal es el panorama actual de las artes plásticas cuando se lo otea más
allá del que presenta la Bienal. Es fácil ver cómo se diseñan cuatro acti­
tudes: la de los reaccionarios que pretenden conservar al menos algunas
formas expresivas del pasado, aceptando débilmente las soluciones menos
comprometedoras para el oficio aprendido (de los que no me ocupo en
este ensayo porque no plantean ningún problema estilístico); la de los
vacilantes que sienten con intensidad la crisis contemporánea pero no se
animan a desechar la emotividad individual; la de los neorrealistas que
creen en la función registradora de los menudos hechos vitales o en una
épica a la que no saben dar grandeza; la de los abstractos y concretos que
extraen de la realidad ciertas ideas que suponen las únicas válidas para
anunciar con formas todavía provisorias una nueva concepción del mundo.
Todas componen la realidad, multifacética ahora como en cualquier otro
período de crisis. El lector puede escoger la que le parezca más legítima de
acuerdo a sus gustos y hasta superar así el desconcierto que sin duda le
provocan. Pero si quiere comprender el sentido profundo del desarrollo,
le convendrá examinar esas tendencias desde otro ángulo de enfoque: el
que procede de la vida misma, con sus contradicciones es cierto, pero
también con una invisible coherencia que permite no desesperar. Enton­
ces, a medida que vaya multiplicando sus experiencias en los más diversos
planos del sentir, el hacer, el pensar y el querer, le va parecer clara esta
premisa: todo lo que en el arte actual es expresión de la subjetividad in­
definida como forma, aunque potente como tensión emotiva, pertenece, a
un pasado que se resiste a morir; todo lo que es expresión de una subjeti­
vidad objetivada en formas que constituyen un lenguaje de claridades,
pertenece a un futuro que se adivina. ¿Y el presente? Tan caótico como lo

revela este ensayo, proporciona argumentos sin embargo a los que alimen­
tan esperanzas. Éstos son los que no hacen hincapié en los caracteres del
producto artístico, sí en los caracteres del impulso creador, sabedores que
de ningún modo pueden justificarse las normas a priori fundadas en la
historia y que por encima de las apariencias lo único perdurable, en el
arte como en cualquier otra actividad humana, es el símbolo que conden­
sa el sentido de la vida, sea. una palabra, un sonido, una forma plástica
o un gesto; símbolo que sólo puede fundarse en normas que llegan a ser
a priori también pero que proceden de la misma experiencia vivida.
Y porque alimentan sus esperanzas en tal sabiduría, no temen la des-

50

�tracción de muchos valores ante el espectáculo maravilloso de cómo se le­
vanta el nuevo edificio entre las ruinas del viejo. Se podrá preferir el
abroquelamiento en ciertas posiciones pretéritas, cómodas porque son
probadas, pero en el renunciamiento está el castigo: la pérdida de las
energías y del optimismo. Se podrán escoger las posiciones de compro­
miso, que destruyen la individualidad sin el acicate de la sistematización
en una nueva objetividad. Se podrá enfrentar con más valentía el pro­
blema y oscilar entre la solución de los neorrealistas y la de los concretos.
Si me decido por la de éstos no es por afán de embanderarme, ni por
trocar un escepticismo por un fanatismo, ni siquiera porque me apasione
más allá de la relativa medida que justifica la época. Lo hago porque me
parece que es el único planteo correcto de una situación que habrá de venir,
la que no será por cierto tan equilibrada como lo anuncian, pero sí orga­
nizada sobre la base de tal modelo. Bastará pensar en la intensificación de
ciertas actividades colectivistas, que serán seguidas por la desaparición de
resabios individualistas; bastará pensar en la conciencia del hombre nue­
vo, capaz de superar la angustia existencial y de crear posibilidades ines­
peradas por medio de la planificación; bastará pensar en la repercusión
que tales hechos habrán de tener en la sensibilidad y la imaginación de
las masas; bastará pensar en esas y otras formas de la vida que se anuncia
para que se haga patente, no la crisis del arte, como se dice demasiado a
menudo, sino la crisis de una concepción del arte, de la que no podrá
resultar más que un nuevo lenguaje.
Tal vez ninguna de las soluciones actuales sea la escogida. De lo jque
puede estar seguro el lector es de cuáles son las irremediablemente con­
denadas, las que no son soluciones porque nada aportan de nuevo. El
medido sensualismo de fauves y expresionistas, el escondido romanti­
cismo de cubistas y futuristas, el desatado irracionalismo de los que oscilan
entre el dadaísmo y el superrealismo, el impotente e ingenuo empirismo
de los neorrealistas, amén de las cohortes nutridas de falsos epígonos de
todo creador imaginable, no podrán conformar a nadie a corto plazo.
Como tampoco conformará el arte de los concretos si no comienzan a su­
perar las contradicciones en que se debaten. Podrá argüirse y con razón
que las soluciones artísticas no pueden avanzar a las posibilidades objetivas
que la situación actual permite y que es ilícito exigir del artista una ma­
duración formal que la vida está lejos de presentar. Y bien, al enfocar
la cuestión de este modo, se comprenderá cómo no hay solución estética

51

�parcial y cómo el único pensamiento crítico válido es el que se funda en
una profecía de la vida. Así entiendo justificar este análisis severo que
hago del arte de nuestros días, no fundado en las c a lid a d e s p a r tic u la r e s
que pocos artistas dejan de tener, sino en la apasionada búsqueda de una
fisonomía que pueda cuajar en un e s tilo , lo que equivale decir la bús­
queda de una conciencia actual.
J orge R o m e r o B rest

CALDER: Retrato de Coolidge

52

�LA VINGTSIXIEME BIENHALE DE VENISE

I

X— Artistes et critiques d’Europe, avec une rare unanimité, sont d ’accord pour dire
que la Biennale de cette année — inaugurée le 14 juin dernier — est moins intéressante
que celle de 1950 et expliquéht ce fait par l’absence de grandes rétrospectives de
valeur. lis n’ont peut-étre pas tort, car il y a 2 ans on a exposé des oeuvres de
fauves, cubistes et futuristes, des membres du groupe Der Blrne Reiter, de Constable,
M edardo R osso, Seurat, K andinsky et H enri R ousseau et aujourd’hui 1‘équilibre
n’est pas réalisé avec les pavillons et salles consacrés au groupe hollandais De Stijl, au
divisionisme, á l’expressionisme allemand et á Soutine . Ne résistent pas non plus á
la comparaison les artistes de divers pays qui présentent des expositions individuelles:
Bonnard , M atisse, E nsor, V illon , M agnelli, B arlach, M arín , L aurens en 1950;
C asorati, M arino M arini, R osai, L éger, D ufy , Sutherland , B aumeister , C alder

en 1952. Sans oublier la révélation d’alors de la peinture mexicaine contemporaine,
encore qu’elle ait peut-étre été surestimée.
Le fait parait certain et ce n ’est pas mon propos de le discuter ici, puisque je n’ai
pas eu la chance de visiter la Biennale d ’il y a deux ans, mais on peut en tirer
quelques conclusions sur les caractéristiques de cette compétition internationale des
arts plastiques dont personne ne voudrait minimiser l’importance. Je suis pleinement
convaincu que les salles et pavillons consacrés á la présentation d’oeuvres du passé
donnérent le ton á la Biennale de 1950, non seulement par leur valeur historique,
mais aussi par 1’unité spirituelle qu’ils faisaient ressortir. Cela aura été une fa^on
de combatiré l’extréme diversité d’expression qui caractérise toujours une exposition
internationale. On dirá qu’il y a aujourd’hui les salles de la néoplastique hollandaise,
de l’expressionisme allemand et de Soutine , qui se détachent avec une indéniable
unité, mais elles ne sont pas suffisamment attirantes pour donner le ton á la présente

53

�Biennale. Quant aux autres rétrospectives, elles sont trop anachroniques pour pouvoir
compter: Goya et Corot, les paysagistes piémontais et Zandomeneghi, dont je n’arrive
pas á comprendre l’inclusion dans une manifestation qui se propose de “réunir á
Venise les expressions les plus valables et significatives de l’art italien et étranger
contemporain”. Sans doute le réglement ajoute-t-il que “l’on accueiilera aussi des
expositicns rétrospectives — italiennes ou étrangéres — d’artistes ou de groupes d’artistes
qui représentent des tendance ou des courants qui offrent un intérét historique”, mais
peut-on forcer "l’intérét historique” au point d’exposer de telles oeuvres? Avant
tout, est-ce que cet intérét historique a un lien quelconque avec l’art actuel? II est
encore moins justifiable dans le cas des paysagistes piémontais et de Zandomeneghi,
s’agissant de valeurs historiques locales, alors qu’á mon avis on ne devrait séleccionner
pour la Biennale que des oeuvres ayant une valeur universelle.
L’échec du pavillon consacré au divisionisme tient précisément á la méme raison; et
en plus, á ce que les tableaux exposés des peintres franjáis ne sont pas de grande
valeur, pas méme ceux de Seurat, seule figure univi^rselle, et encore moins ceux des
italiens, á la seule exceptúan de Segatini. Je comprends l’intérét didactique non
dédaignable qui anime les organisateurs lorsqu’ils préparent ces expositions rétrospec­
tives, mais la pédagogie n’atteint pas son but lorsqu’elle crée de la confusión dans
l’esprit du spectateur moyen, au lien de l’éclairer. Plutót que fixer une relation,
superficielle á mon avis, entre les pointillistes franjáis et les divisionistes italiens, qui
ne firent qu’assimiler de fa$on relative une technique, tout en conservant complétement
i’esprit du 19éme, il était plus important de montrer dans quelle mesure les premiers
eurent une influence sur les grands créateurs du debut du siécle, particuliérement
sur 'les faiwes. Si on avait fait cela, le spectateur comprendrait la raison de cette
rétrospective et augmenterait le bagage d’idées et d’émotions qui lui expliqueront le
sens de la révolution artistique actuelle.
2. — Les envois de certains pays contribuent á accroítre la confusión, telle la Frunce
par exemple, qui présente des sculptures de B ourdelle (I) et L ipchitz , contrariant
ainsi les intentions des organisateurs qui avaient raison de se proposer cette année
d’exposer des oeuvres d’artistes qui ont de 35 á 50 ans. L’Italie se plie, naturellement,
á ce programme et présente en conséquence l’ensemble le plus homogéne, le seul
qui permette au critique de faire une étude complete et de dégager des conclusions
intéressantes. A un degré moindre, l’Angleterre et la Hollande s’y conforment aussi,
mais les autres pays ne le font pas, en sorte que toute appréciation ne peut porter
que sur des valeurs individuelles. Pourquoi la Belgique, par exemple, doit-elle envoyer
de nouveau des oeuvres de P ermeke , D e Sm et , B russelmans, van den B erghe, au lieu

54

�de présenter la phalange des jeunes, avec á leur téte van L int , M endelsohn et B er Pourquoi la Suisse envoie-t-elle des ensembles de trois artistes médiocres au
lieu du groupe d’avant-garde des concrets, de M ax B ill notamment, qui aurait fourni
l’occasion de faire une comparaison intéressante entre Ies positions artistiques contemporaines? Pourquoi l’Espagne ignore-t-elle ces groupes de peintres et sculpteurs courageux qui' travaillent á Barcelone, Madrid et Saragosse? Pourquoi les Etats-Unis
esquivent-ils la possibilité de montrer au monde ce qu’une vingtaine de jeunes artistes
est en train d’élaborer avec un sérieux extréme? II ne s’agit pas de rester bien avec
tout le monde, comme le fait la France en playanl D ewasne á cóté de B rianchon ,
mais-bien de continuer á présenter tous les deux ans les aspects divers de la production artistique universelle. Mais il sera impossible d’atteindre cet idéal tant que
les pays ne réaliseront pas un accord qui apparait, cette année, plus nécessaire
que jamais.
trand ?

3. — L’idée qu’ont eu les italiens, en particulier, d’honorer les maitres en les plagant
dans la rotonde d’entrée, n’est pas heureuse non plus. D’abord, parce qu’ils n’ont pas
été guidés dans leur sélection par un critére rigoureux; c’est ainsi qu’en entrant, le
visiteur rencontre le Portrait de Mad. Mimise Guttuso de Q uirino R ucgeri, si naif et
faible de facture, si vide d’expression psychologique, qu’il peut laisser perplexe sur le
caractére de l’exposition; et il est flanqué de sculptures et de tableaux dont la plupart
n’on pas plus de valeur. On aurait dü réfléchir que le qualificatif de maítre doit
étre d’un usage limité, lorsque sont remplies certains conditions de qualité, et qu’il
est dangereux d’exposer una oeuvre seule, méme de bons peintres du Novecento; on
aurait dü réfléchir en outre qu’il est dangereux d’offrir une présentation incompléte,
comme c’est le cas, et qui affaiblit le prestige de l’art italien. C’est ainsi également
que demeure flottant l’unique tableau d’ENsoR, qui occupe la place d’honneur dans
le pavillon belge. Les raisons morales ne m’échappent pas, mais je ne crois pas que
ce soit elles qui doivent dominer dans une exposition internationale d’un tel niveau;
les seules raisons légitimes sont les raisons artistiques, qui se manifestent par l’éfficacité avec laquelle sont exposées les oeuvres, et par les résultats obtenus.
4. — Pour diverses raisons, done, la Biennale n’atteint pas complétement Fobjet auquel
elle s’est astreinte. C’est un ensemble désordonné de peintures et de sculptures, dans
lequel il est difficile de découvrir les tendances qui polarisent l’attention de notre
époque et qui ne satisfait pas non plus l’amateur des formes passées puisque prédominent franchement les formes nouvelles —plus que les neuves— ou celles qu’une
Information et une pensée superficielles peuvent considérer comme telles. Cependant, il

55

�serait injuste de charger ce tableau des aspects négatifs, car l’état de crise que
dénonce la Biennale est, dans un certain sens, le reflet de la crise que traverse lg
culture de l’Occident et c’est pourquoi, aprés avoir bien marqué ma position, je vais
m’efforcer de présenter une visión plus affirmative, en m’appuyant, quand ce sera
nécessaire, sur des expressions á mon avis fondamentales, encore qu'elles ne correspon­
den! pas á l’exposition de Venise.
II

Les trois rétrospectives valables soulévent quelques problémes essentiels pour l’art de
notre temps. Celle de l’expressionisme allemand proprement dit — tendance cultivée par
le groupe de Dresde appelé Die Brucke entre 1905 et 1913— permet la comparaison
avec les fauves et les expresionnistes slaves, parmi lesquels se détache précisément
Soutine . Celle du néoplasticisme hollandais permet d’opposer cette forcé d’expressíon
explosive individuelle á une forcé d’expression non moins intense, mais contenue au
point d’aspirer á une généralisation absolue.
1. —Sur l’expressionisme de l’Allemagne du Nord, mouvement chaotique et sans
théorie, on peut exprimer quelqües idées contradictoires, justes cependant. On peut le
rattacher á l’impressionisme de Corinth , Slevoght et L iebermann , déjá expressionistes
á leur fa^oni en dépit d’une volonté de concrétisation formelle que n’ont pas ene ces
derniers, comme on peut le rattacher á van Gogh , M unch et H ooler, esprits quí,
pour appartenir au dixneuviéme, n’en surent pas moins modérer les impulsions de la
passion. On peut relever chez eux la survivance de la thématique naturaliste et en
méme temps de l’allégorie fantastique héritée des romantiques; le besoin le plus
austére de dépouillement du superflu pour atteindre au sentiment pur, en opposition
á une liberté ignorée des latins et qui leur permet de pénétrer dans le monde du
présage; l’exhaltation de la couleur jusqu’á obtenir des accords guiñean ts, opposée au
cuité constant de la gravure en blanc et noir, de la xylographie, avant tout. On peut
les présenter comme les chercheurs d’une expression universelle mais sans oublier
qu’ils finirent par provoquer une tendance individualiste — et nationaliste, en definitivo,
par son alliance avec la tradition germanique la plus périmée. On pourrait multiplier
encore les contradictions, puisque la contradiction est á la base de ces créations qui
obéissent plus aux impulsions d’ámes tourmentées par des problémes métapii)siques
qu’á des principes définis en vue de constituer un langage plastique.
L’exceliente sélection d’oeuvres, peintures et gravures, exposée au pavillon allemand,
invite á ce genre de réflexíon, mais aussi á découvrir quelque base solide pour un

56

�jugement objectif. Les lecteurs de Ver y Estimar se rappelleront peut-étre de ma Lettre
sur l’expressionisme 1 , dans laquelle j’ai indiqué ce qui, á mon avis, constitue la plus
grande originalité du groupe de Dresde: la tendance á résoudre l’expression en un jeu
de traits soutenus qui se rendent indépendants de la couleur et qui ne déterminent
des plans qu’en apparence, traits qui exprimént une émotivité assez profonde pour
supprimer toute vibration et qui, en se durcissant dans le signe, tentent une nouvelle
possession de l’espace. Cela ne se remarque pas chez tous avec la méme clarté, et
moins dans les tableaux que dans les gravures: avec de fortes sollicitations romantiques
et une tendance á dissoudre le trait dynamique dans l’atmosphére chez N olde, avec
une dureté non exempte d’intentions satiriques chez ce peintre des chocs et des
pointes mais aussi des courbes dynamiques et des surfaces lisses que fut Kirchner,
avec un rythme plus léger et sonore gráce á sa richesse en accents chromatiques chez
Schmidt-Rottluff (q uL.est le mieux representé) , éclectique chez H eckel et sentimental
chez P echtein, constrt^K hez M ueller á la maniére de Gauguin. Mais, en définitive,
la note pathétique ne fait défaut chez aucun d’eux, par le sujet et par la facture, ce
qui les éloigne des fauves, assez lyriques et impersonnels pour sublimer les emballements de l’instint dans un langage de formes objectives et purés .que seul Kandinsky
parvint par la suite á créer en s’appuyant sur l’expérience germanique.
2. — Cette volonté de forme linéaire et dynamique, qui se cache parfois derriére le
masque chromatique, est ce qui distingue les allemands des slaves, de Soutine par
exemple, le peintre qui se roule dans la matiére pour lui trouver de vagues dimensions
qu’il note d’un pinceau nerveux, oscillant entre la possession dynamique de l’espace
et l’adhésion sensuelle au volume des objets. Dans la salle magnifique que présentent
Umbro Apollonio et Jean Leymarie, on reléve ce procesus de décomposition des formes
pleines par cette curieuse dynamique dans laquelle matiére, couleur et trait se
confondent, si caractéristique de ses natures mortes et de ses paysages; mais on peut
aussi observer comment sa conception change dans certaines figures, les meilleures
d’ailleurs: bien que la matiére continué á étre grasse et riche en sollicitations
sensuelles, elle est organisée avec une rigueur implicite dans ses limites, qui démontre
l’influence de Modigliani, heureuse á mon avis, malgré la tendance de Soutine á
transfonner la structure cristalline de l’italien, éliptique dans une certaine mesure, en
une structure empátée faite de déformations.
II suffit de comparer lá Soutine et les allemands pour relever chez eux l’élimination
de la sensualité et pour que s’impose ce principe de différenciation, á l’intérieur
de l’expressionisme, ^qui leur assure une place prépondérante dans le développement
1 J orge R omf.ro B r e s t : Carta sobre el expresionismo. Ver y Estimar, N° 23, 1951.

57

�de l’art d’avant-garde actuel. Sounne, par contre, reste plus attaché au passé, enfermé
dans une subjectivité qu’il ne sut pas toujours surmonter pour atteindre á l’objectivité
qu’exige toute oeuvre d’art.
3. — M ondrian aussi était un expressioniste. II suffirait de rappeler ses débuts et
de noter la violence avec laquelle il a exprimé ses idées pour s’en convaincre; mais
le visiteur de la Biennale ne peut pas s’en rendre compte. A la facón dont on a
réalisé l’exposition du groupe De Stijl, il est presque impossible de découvrir combien
il y a dq passion contenue dans ce jeu de rectangles qui n’en sont pas et de lignes
noires horizontales et verticales au subtil contrepoint dynamique. Et pourtant, c’est
lá ce qui est fondamental, si on ne veut pas regarder cela comme un simple jeu.
Pour le comprendre, il ne suffit méme pas de connaítre la théorie: la sujetion á
quelques éléments permanents; la ligne droite, et l’angle droit, les couleurs primaires,
en vue d’obtenir un équilibre qui abolisse toute anormalité i^Bviduelle, tout caractére
tragique disait Mondrian. Supposons méme que l’on communie avec l’idée maitresse
que “l’art sera seulement un substituí aussi longtemps que la beauté de la vie
demeurera déficiente” et .qu’au nom de celle-ci se justifient les amputations que
réalisérent ces créateurs. Admettons que ce schéma formel, proposé par Mondrian, et
fondé sur un équilibre heureux de l’áme qui supprime la douleur, soit l’expression
symbolique de notre temps et que l’admettre soit reconnaítre l’extraordinaire importance du mouvement néoplasticiste. II faut encore sentir la vibration condensée dans
ces structures et tel aurait dú étre le but de cette exposition rétrospeetive. Le gouvernement hollandais a préféré la perspective historique, sans s’apercevoir qu’il lan^ait
ainsi le visiteur dans une voie sans issue. C’est toujours la méme e'rreur, chaqué fois
qu’il s’agit en réalité d’épurer et d’enrichir la sensibilité. Si, au lieu de présenter
froidement ces compositions de M ondrian , van D oesburg, V ilmos H uszar, B art van
dér L eck , C esar D omela -N ieuwenhuis et G ildenwart -V orbenberghe, on avait montré
le procesus qui a conduit le premier á réaliser un art si austére, si on avait montré
leurs prolongements jusqu’á nos jours dans l’art des concrets, on comprendrait plus
facilement cette vitalité contenue qu’enserrent les structures orthogonales qu’ils ont
créées. En ne procédant pas ainsi, on a immobilisé l’art néoplasticiste, on a interrompu
une séquence et barré le chemin á une compréhension. Les objets, photos, modéles,
meubles et documents exposés, contribuent á priver encore plus d’actualité ce mouvement en lui donnant une physionomie morte, que seul l’historien pourra rappeler
á la vie. A mon avis, il est certain que ce mouvement est terminé, mais beaucoup de
ses postuláis restent valables et beaucoup de ses réalisations demeurent vivantes, en
sorte qu’il aurait fallu le présenter sous cet angle et non comme un document
historique.

58

�XII
1. —Quelle le^on offrent les .maitres de la peinture á la Biennale? Deux fa^ons
de les juger s’imposent, qui en définitive vont s’unifier; du point de vue des
conquétes remportées á l’époque de plénitude, et de la permanence de ces conquétes a
ce jour. Je dis que les deux n’en font qu’une en définitive, car quelle que soit la
validité que l’on peut leur reconnaítre du premier point de vue, celle-ci diminue
considérablement, pour le moins, si elle, ne se maintient pas quand on les examine du
second point de vue. C’est ce qui se passe, á des degrés divers, pour les deux concurrents
au grand prix pour étrangers: R aoul D ufy — dont je viens de voir, par ailleurs, une
rétrospective énorme au musée de Genéve— et F ernand L éger. Le jury a penché pour
le premier, séduit peut-étre par la gráce pétillante qui émane de ses toiles et pour
la súreté et la netteté avec lesquelles il use de ses moyens d’expression; mais artistes
et critiques auraient préféré le second. II n’est pas facile de porter un jugement: les
critéres d’appréciation ne sont pas unifiés et on juge des aspects différents. Je comprends que les partisans d’une peinture déliée, qui excite la sensibilité et provoque
des états de subtile extase physique, se décident pour Dufy — mais n’en demeure pas
moins justifiée l’attitude de ceux qui voient en Léger un inventeur de formes
animées par un esprit d’objectivité, qui a eu une influence sur l’évolution de la
peinture abstraite et pour cela l’estiment supérieur.
Depuis l’époque jauve, Dufy a forgé peu-á-peu l’instrument de son expression — une
merveilleuse calligraphie coloréé qui lui permet d’opposer une structure de formes
quasi transparentes á des taches de fond de teintes brillantes— affinant le contenu
intellectuel au point de créer un véritable langage. Mais 9a demeure toujours un
langage personnel, de portée métaphysique limitée et qui escamote le symbole
permanent ou exprime seulement une conception limitée du monde; c’est pourquoi
il est obligé de se répéter. Sa peinture manque de densité 1 du fait de l’indécision
qu’elle révéle en versant dans l’anecdote, sans oser jeter par dessus bord tout appui
sur la réalité concréte et tout; sentimentalisme facile, ni se fonder sur une objectivité
nouvelle qui pourrait lui apporter le soutien de probité nécessaire. La grandeur de
ceux qui, jadis, s’appuyaient sur la réalité visible, procéde de la faculté de transformer
celle-ci, reliant ainsi le monde de l’expérience quotidienne á celui de la transcendance
spirituelle, ce qui signifie résoudre l’antinomie sujet-objet. Mais Dufy, comme tant
d ’autres en ce siécle, conserve les formes du premier comme autant de coques vides
et n’a pas le courage qu’il faut pour créer d’autres formes aussi objectives et cohérentes
que les formes visibles, et qui soient, pour le spectateur, des svmboles d’une réalité
1 J orge. R omero B r e s t : Juicio sobre el fauvisme. Ver y Estimar, No 16, 1950.

59

�universelle; faute de résoudre cette antinomie, il se stérilise dans le cercle vicieux de ses
idees plastiques limitées.
Le cas de Léger est différent, car on a pu le voir s’efforcer précisément de résoudre
cette antinomie, au lieu de l’escamoter, au cours de son évolution, depuis l’époque du
cubisme, mouvement auquel il a imprimé un caractére particulier. J ’ai écrit précédemment l que son don propre consiste á doter des formes, qui peuvent conserver ou
non leur caractére représentatif, d’une énergie intérieure qui les transforme en choses
solides mais chargées de vie. Peinture dans laquelle ne prédominent pas les valeurs
de sensibilité, oü domine au contraire la forcé d’invention de la forme, déterminée
par une conception du monde. Lorsque les formes sont représentatives, en dépit de
la synthése dominante, par exemple l’homme, elles ne sont pas des coquilles vides, tant
il est capable de leur donner un caractére monumental. Mais sa problématique s’est
fait plus complexe aprés son séjour aux Etats-Unis, ce qui ne veut pas dire pour
autant qu’il faille y voir la cause de ce changement. C’est un fait sans plus, que bien
que se maintenant le caractére de ses formes pleines, la figuration pittoresque a
reconquis peu-á-peu ses droits dans ses toiles. Tant qu’il s’est agi de représenter des
nageurs, des musiciens ou des cyclistes, comme les thémes pouvaient étre déchargés
de leur píate signification réelle, l’exercice de son activité spirituelle, traduit en formes
plastiques, accusa seulement quelques faiblesses; mais lorsqu’il aborde avec une
claire intention de polémique sociale, dans Les Constructeurs — série exposée l’an passé
á París et dont une toile est présentée á la Biennale — un théme d’action plus que
de présence, comme l’étaient les précédents, on le voit recourir á des expédients qui
annulent ses meilleures conquétes. La construction spatiale, qu’il note avec les poutres
de l’édifice en construction, manque de forcé expressive á cause de la soumission á
la représentation qui l’oblige á se maintenir dans un schéma á trois dimensions, et la
nécessité de faire voir que les ouvriers travaillent a pour effet de changer les formes
qui les représentent en mannequins qui n’ont plus la méme puissance. Répétons-le,
il ne s’agit pas de résoudre le probléme d’une maniére simpliste; il n ’est pas question
d ’opposer les formes figuratives aux non-figuratives, mais de bien comprendre que les
unes et les autres se justifient d’aprés leur message spirituel. Si celui de Léger procédait d’une profonde compréhension du monde matériel, il serait légitime d’exiger
de lui une exécution encore plus étroitement réaliste — ainsi que le tentent quelques
peintres italiens d’ajourd’hui — tant du point de vue de la matiére picturale que des
formes, pour que se produise la sublimation spirituelle de ce qui existe matériellement, comme ce fut le cas du naturalisme du siécle dernier. Mais il n’a pas ces
1 J orge R omero Bresti: Fernand Léger. Letra, y Línea , N° 1, 1952

60

�caractéres, comme le prouvent l’esprit aigu de synthése qui le domine et le sens de
l’invention de formes abstraites, également la géométrie assez apparente de la composition, en sorte que la présence d’une thématique pittoresque nuit á l’universalité de
l ’expression spirituelle et le désir de ne pas sacrifier cette thématique empéche que
l ’expression soit vivifiée comme il faudrait. Tout ceci pourrait, sinon justifier, du
moins expliquer la décision du Jury, qui semble n’avoir pas tenu compte de la valeur
supérieure de l’ensemble de l’oeuvre de Léger, comparée á celle de Dufy.
2. — Aprés assez peu de tátonnements, chacun des maitres italiens du XXéme siécle
a trouvé son mode d’expression, ce qui signifie, faire que les moyens plastiques suggérent une visión cohérente du monde, par l’exercice d’une sensibilité, d’une intelligence
et d’pne fantaisie éveillées. M orandi, plus profond dans l’austére répétition d’un
répertoire limité d’objets; se fondant uniquement sur la précision de ses harmonies
tonales; capable d’extraire de relations entre des formes une atmosphére enveloppante
de suggestions. Tosí, toujours direct; héritier d’une tradition dg peinture humide et
sensible, matérialiste et sentimental, harmonisant avec súreté couleur et trait; pénétrant
dans le monde de la nature comme un panthéiste impénitent pour s’en échapper
comme un idéaliste accompli. Campigli, créateur de poupées qu’il imprégne d’un parfum
populaire; formes solides qui procédent des lointains passés de la culture méditerranéenne. Carra, qui s’attache á utiliser son savoir de peintre et d’esthéte á revivifier
le paysage romantique par des accents constructifs qui trahissent l’amoureux des classiques. D e Piscis, plus sensuel que Dufy, mais avec d’évidents points de contact avec
lui; qui sent le rythme comme une structure qui garde la forme visible des choses
au Iieu de le concevoir comme une relation réciproque de celles-ci dans l’espace.
Severini, éclectique et oscillant entre une peinture de l’intelligence basée sur une
construction dynamico-spatiale, et une peinture de la sensibilité basée sur une vibration
chromatique ou tonale. Casorati, qui n'a pas pu libérer l’énergie expressioniste que
l’on entrevoit á peine dans ses meilleures toiles. R osai, á qui fait défaut la puissance
d ’affirmation, la puissance des idées done, et qui ne fait un apport positif que lorqu’il
unit, dans de petites toiles,. l’expression mi-grotesque et mi-populaire de figures déformées par la satire et celle d’une ville de conception abstraite mais d’une exécution
terriblement matérialiste. Virgilio Guidi est le seul qui révéle une puissance d’invention
en s’employant á relier une conception du monde comme vibration de l’espace-lumiére,
nécessairement objective, á une conception du monde comme vibration de la couleur
faite ton, nécessairement subjective. “Epoque de transition” qui culmine dans des
paysages réduits á de grandes zónes de contrastes lumineux, qui sembleraient abstraites

61

�si ce n’était pour tout ce qui tremble en elles et dans des figures humaines qoi se
découpent sur des fonds également lumineux, transformées par le rythme. Mais ni
les grandes zones dans lesquelles il divise le paysage ne conduisent á une dynamique
qui ne soit pas celle de l’áme en contemplation statique de la nature, ni le rythme
des figures ne brise le plan qui résulte d’une contemplation identique et, en conséquence, il ne peut s’élever au grand symbole qu’il parait chercher en fouillant dans
l’espace fait lumiére.
lis sont nombreux, en Italie, Ceux qui se satisfont de telles échelles de valeur,
ceux qui cherchent dans le tableau cette jouissance personnelle que l’on ressent au
contact d’une ame soeur; mais si l’on exige, comme je crois que l’on doit l’exiger á
notre époque, que l’art ait une vertu ordonnatrice dans le concert de la vie totale;
si on prétend á sentir l’homme — l’artiste et soi-méme-intégrés dans un systéme
de pensée et d’émotion qui implique que l’on dépasse la petite sehsation; en un, mot,
si ce que l’on cherche, c’est que se transinette un langage qui permettra de pénétrer
dans un synthése essentielle, alors apparait la faiblesse d’un mouvement qui repose
seulement sur le dcsir insehsé de retrouver une gloireperdue. Trop liés á leurs
trouvailles individuelles, riches á l’origine, ils n’ont pas vu qu’ils répondaient seulement
á une- angoise factice, á la seule exception peut-étre de T osí, et ils ont versé dans un
art qui exclut l’émotion de la découverte sans étre un art de pleine maturité. Je ne
suis pas insensible au charme de chacun d’eux et je dois méme confesser que je dois
violenter ma sensibilité pour m’exprimer comme je le fais, mais je sens que je dois le
faire dans la mesure oü ma propre sensibilité peut trahir la vigilance de la pensée.
3.— Les deux maitres allemands se détachent. En face de la problématique minutieuse
des franjáis — Dufy et Léger — et l’absence de problémes chez les italiens — á l’exception de Guidi — on sent que, par des voies différentes, W illi B aumeister et T heodor
W erner , au lieu de considérer la peinture comme oeuvre manuelle, la sentént comme
oeuvre de l’intelligence. Je ne veux pas dire que les autres soient seulement des
artisans, mais bien, qu’ils ont fini par le devenir á forcé de ne penser á rien d’autre
qu’aux moyens de perfectionner la forme. B aumeister expose des toiles récentes dans
lesquelles il conserve la rudesse du primitif —formes imprégnées d’une magie curieuse:
par sa desintellectualisation — en méme temps qu’il affirme ún esprit ingénu et
enjoué qui rappelle M iró. Tout le monde le lui reproche, obéissant á la consigne qui
dévore l’áme de beaucoup d’artistes en quéte d’originalité. Je ne le lui reproche pas
pour la méme raison. Plus méme, je m’y arréterais si j’étais sür qu’il est licite de
suivre le sillage du peintre espagnol, mais je ne le suis pas et sígnale le péril en
conséquence. Lui, c’est un fort, capable de rompre les liens courants de la composition

62

�en permettant á chaqué forme d’étre á la fois elle-méme et un composant d’un
ensemble qui se compléte en espaces virtuels de sensualité chromatique et comme
c’est, á mon avis, sa vertu essentielle, je ne peux noter qu’avec inquiétude cette tendance
á obtenir les harmonies les plus fines et les rythmes les plus fáciles, qui lui procureront des adeptes mais le perdront peut-étre au moment de la cristallisation et de la
maturité. W erner est un romantico-expressioniste: en dépit de l’abandon de tout
appui dans la réalité concréte, il crée des organismes compliqués aux lignes puissantes
et aux zónes diffuses ou transparentes de tons sourds, qui conservent le souffle de
l’homme-sentiment, comme s’il cherchait á se noyer dans un mouvement de monde
intérieur. Habile et sür, il sait aussi se durcir, et son énergie organique prend alors
une direction, approchant á des Solutions plus modernes qui augmentent son importance. XI est possible qu’il ne puisse pas s’évader du cercle de fer qu’est pour lui son
émotion intime, ce qui l’empéche de la projeter dans des formes objectives, mais
quand on contemple le panorama de la peinture abstraite allemande, il est impossible
de ne pas le détacher comme la figure la plus marquante.
4. —La sévérité des deux représentants germaniques, la volonté de recherche intérieure
qui les caractérise, font apparaitre encore plus superficiel l’autrichien O skar Kokoschka,
lequel, depuis des années et en particulier dans les grandes toiles exposées á la Bien­
nale, ne sait offrir qu’une visión empátée et chaotique de thémes naturalistes, sans
que son pinceau ait cette forcé expressive qui lui valut la célébrité. J ’admets que
puisse étre légitime l’exacerbation du monde intérieur, mais est-il legitime, l’art qui
ne manifesté aucune capacité d’invention pour la traduire et se limite á l’emploi
d’une technique confuse pour masquer l’absence de toute idée plastique?
5. — Parmi les maítres de l’expressionisme flamand, le seul digne de ce nom est
Constant P ermeke, décédé récemment. On peut noter dans son oeuvre la richesse
du langage, soit que s’impose son robuste naturalisme — que je me suis permis de
comparer á celui de Courbet 1 — ou son romantisme parfois démesuré mais d’unecurieuse énergie passionnelle, ou que ce soit ces effets de contrepoint entre la ligne
chátiée et la couleur plus transparente que l’on rencontre dans ses meilleures toiles;
mais ce qui impressionne dans son langage, inactuel par ailleurs, c’est une touche
impondérable d’autorité: avant tout, autorité intérieure pour discipliner ses émotions
et idées; autorité qui fait que les formes procédent de l’intérieur, et se justifient par
une espéce de logique inéluctable qui exclut tout esthéticisme. Parler de son trait fort
J J orge Romero Brest : Constant Permeke. Les Arts Plastiques, N? 5, Bruxelles, 1952.

63

�«t construit, de ses pátes généreuses, de ses couleurs profondes, ne le qualifie done
en ríen, puisque ces vocables pourraient s’appliquer á d’autres peintres; ce qu’il importe
de souligner, c’est le fait que, vivant á une époque qui tend á rejeter ces moyens d’expression lorsqu’ils s’appliquent á des formes pleinement representa ti ves, il ait pu en
íirer partie et étre un des rares artistes qui conservent presque intactes les valeurs
intrinséques du tableau.
A cóté de Permeke, ses compagnons de groupe pálissent. Est-ce, de ma part, nier la
gráce, faite d’une contradiction grotesque entre un esprit na'if et l’esprit raffiné de
constructeur, que revele D e Smet , le sentiment délicat et souriant de T ytgat, la puissan­
ce á la fois austére et sensuelle de B russelmans, le caractére mi-picaresque mi-tragique
de V an den B erghe? Nullement. On reléve chez eux suffisamment de qualités positivos
pour comprendre le prestige dont ils jouissent en Belgique, mais quand j’apprécie,
•comme je dois le faire dans le cas présent, avec une jauge internationale, je remarque
que les toileá de ces peintres n’éveillent pas ce sentiment profond et cette idée absolue qui sont le signe d’une valeur indiscutable. Et, encore qu’il soit certain que tous
parlent un méme language, je dois signaler qu’ils s’appuient plus sur la tradition que
sur la vie de leur temps — d’oú découle, á mon avis, l’anachronisme de ces expressions
ainsi qu’une inévitable dévitalisation.
■6 . — On dispose de moins d’éléments de jugement pour apprécier la sciílpture, réduite
á trois noms, pour les maítres vivants. J acques L ipchitz s’épuise dans un contor.sionisme de maigre contenu émotionnel, ayant recours á des modes baroques dans le traitem ent de la matiére, comme s’il voulait compenser, par des gestes dramatiques, l’absence
de ce langage logique que l’o n deit exiger. Quelques oeuvres, datées entre 1915 et
1926, permettent, par comparaison avec les oeuvres actuelles, de mesurer sa chute et
de méditer une fois encore sur les effets pernicieux du repliement sur soi-méme.
Parce que, ce qui a fait la grandeur de Lipchitz pendant ces années-lá, 9a a été la
recherche d’un langage concret qui dépasserait sa tensión émotive individuelle, tout en
se fondant sur elle, dans la voie ouverte par les cubistes. II a donné alors sa versión
slave, sans doute, pleine d’accents érotiques, méme dans les piéces qui paraissaient
les plus intellectuelles, mais on y relevait la présence de thémes universels qui n ’avaient
pas besoin du support de la mythologie. Pourquoi récourt-il á celle-ci maintenant, et
pourquoi répéte-t-il constamment les mémes rythmes? Parce que son áme vit isolée,
íntensifiée peut-étre dans ses puissances de subjectivité, mais incapable de trouver les
moyens convenables pour créer des formes absolues.
Quant á G erhard M arcks, c’est le bon artisan allemand, á la solide technique du bronze, lourd dans ses formes romanes, en méme temps que mú par une passion contenue.

64

�II ne semble pas avoir compris l’incongruité que trahissent ses sculptures, dans lesquelles
il maintient une gauche thématique du XlXéme siécle tout en les construisant par les
plans marqués parfois d’arétes aiguisées. Si, d’une part, il semble poursuivre une condensation intellectuelle de l’émotion, comme le firejit les tailleurs romans, en l’enfermant
dans de véritables cages de pierre, il mobilise d’autre part ces masses et les oblige á se
plier á des exigences empiriques, á cause de la représentation, et qui la détruisent. Jeu
■ destructeur, on le comprend, qui ne permet pas la moindre invention formelle.
Et que dire de M ateo H ernández, décédé en 1949? Lui aussi est un bon artisan des
pierres dures, avec lesquelles il crée des volumes arrondis au dynamisme tendu. Sans
la richesse de B rancusi, mais avec l’honnéteté de qui sait trouver la forme qui convient
á chaqué matiére. Le chien, la gazelle, le pingouin, le condor ou l’aigle, soumis á une
synthése rigoureuse, lui facilitent son propos d’ordonner le volume plein sur lequel
glisse l’espace extérieur pour le définir et le souligner en de lumineuses crétes de
■ composition. II est moins heureux avec la figure humaine, qu’il s’agisse d’un nu de
femme ou de quelques portraits, parce qu’il ne peut pas réaliser la méme unité de
volume, et la tensión dynamique cede et l’expression devient banale. II y a trente ans,
il a pu paraítre révolutionnaire, encore que déjá alors L aurens, L ipchitz et A rchipenko marquaient la voie du progrés; mais maintenant, il est triste de le confesser, il
a perdu une bonne partie de son intérét.
IV
I. — Plus importantes sont les conclusions que l’on peut tirer des oeuvres des artistes
plus jeunes, qui paraissent se trouver á un carrefour. C’est dú sans doute á l’état de
crise qui afflige l’européen, et méme l’américain par ricochet, mais aussi á la confusión
des idées, provoquée par la polémique entre figuratifs et non-figuratifs. II y a done
deux aspeets á considérer: d’une part, celui des raisons profondes qui cenditionnent
■ cette révolution dans l’art de notre temps; par ailleurs, celui des déviations théoriques
et pratiques dues a une catéchisation superficelle qui, précisément, ne tient pas compte
de ces raisons.
Les artistes non figuratifs, aussi bien que les critiques qui les défendent, insistent
trop, á mon avis, sur le fait méme de la représentation ou de la non-représentation,
oubliant que l’image peinte, ou sculptée, n’a jamais été ni ne peut étre, plus que le
support de l’expression spirituelle. Le peintre ne peint pas un objet quelconque, méme
d ’une maniére réaliste, parce qu’il veut le représenter ou en extraire ce qui constituera
son expresión, mais parce qu’il s’appuie sur lui pour condenser son message spirituel

65

�en premier lieu, et ensuite pour le transmettre. Ceci implique une inversión dans le
procesus de la création et de l’appréciation, puisqu’autant l’artiste que le spectateur
doivent partir dans tous les cas de cette réalité spirituelle et non de la réalité matérielle
qui sert de soutien. On pourra penser que c’est la jouer sur les mots, ou que c’est une
subtilité académique, mais il n’en est pas ainsi, car la question du point de vue est
fondamentale. Si Partiste croit —et sent— que son expression va surgir du contact entre
ses yeux-áme-esprit et les objets du monde concret, encore qu’il ne soit pas disposé á
faire plus que s’inspirer en. eux, désireux qu’il est de laisser l’empreinte de sa personnalité, les objets feront une pression telle sur lui que son expression n’accusera que l’exercice de sa sensibilité selon les moyens propres á la représentation: c’est le cas sans cesse
renouvelé de ceux qui ne sont pas de vrais artistes. Mais si c’est une conception du
monde qui domine chez lui, c’est-á-dire un jeu de relations entre des forces qui parviennent á le configurer, encore que les choses conctétes lui fournissent les éléments
qu’enregistre sa sensibilité, alors, l’idée ordonatrice ne se perd pas et on se trouve en,
présence d’un véritable artiste.
La nature, et l’homme par son activité créatrice de toute sorte d’objets, ont fourni á
Partiste, durant des millénaires, sauf quelques interrégnes pendant lesquels ce n’est pas
aussi évident, le répertoire de formes concrétes sur lesquelles l’artiste a pu prendre
appui. La preuve convaincante, qu’elles n’ont été que des appuis, est fournie par la
variation continuelle des expressions, variation déterminée non seulement par la personnalité de chaqué artiste, mais aussi par la singularité de chaqué époque, de chaqué région, de chaqué pays, de chaqué groupe. II en a été ainsi, pourrait-on dire, parce qu’il’
s’agit de conceptions spirituelles restreintes, fondées toujours sur une expérience sensible
et animique qui ne permettait pas de comprendre un monde plus vaste. Au Moyen-Áge,.
par contre, si peintres et sculpteurs ne s’appuyérent que faiblement sur la figure humaine:
deshumanisée par un schématisme á la fois intellectuel et passionné, c’est que dominait
une expression spirituelle assez vaste póur dépasser la simple image.
Pour des raisons que je ne puis développer ici, mais qui sont facilement saisissables et
qui tiennent au groupe des causes fondamentales cje la crise présente, l’homme de nos
jours sent la réalité comme un dépassement de l’expérience sensible directe et par conséquent de toute localisation, que celle-ci soit personelle, nationale ou raciale. Les découvertes scientifiques, et en particulier l’accent donné par la pensée mathématique, ont
extraordinairement élargi le champs de l’expérience humaine, altérant les coütumes et
les modes les plus divers de l’action, de la pensée et de la sensibilité, et ont provoqué
ce renversement qui se trouve extériorisé dans le mépris du monde concret réel, comme
fournissant les soutiens dont a besoin l’artiste pour s’exprimer.

66

�Le procesus a été long et a comporté des contradictions, des impresionnistes aux concrets, escamotant parfois les formes représentatives, les déformant á d'autres moments,
•ou les réduisant á des tendances qui ont eu pour objet la puré création de formes
dénuées de toute signification. Procesus qui, par ailleurs, a déterminé peu-á-peu ce
que l’on peut légitimement qualifier de libération de la subjectivité. Or: “le
subjectivisme n’est pas une solution, c’est un probléme”, comme l’a dit Joaquín Xirau.
“Se livrer simplement á lui, c’est renoncer á la réalité et á la vérité et se perdre dans
un solipsisme banal ou un relativisme dissolvent”. C’est pour cette raison que la
subjetivité d’un artiste s’exprime au moyen de formes concrétes qui représentent par
elles-mémes une objectivité et que, concurremment, cette objectivité n’a de valeur
expressive que dans la mesure oü elle s’applique á une objectivité suffisamment universelle pour que le spectateur puisse s’orienter et comprendre la qualité particuliére
du message spirituel. Sinon, comment pourrait-il pénétrer l’organisme plastique pour
découvrir le sens de son expression? Surtout, comment pourrait-il rattacher la position
individuelle du créateur á la position universelle de la création? Je crois que beaucoup
d’artistes d’avant-garde n’ont pas compris l’envergure de ce probléme et cela explique
les déviations fréquentes dans ce secteur. Si, bien que ce soit discutable, je le sais, on
adm et comme prémices que Partiste d’avant garde ressent une répugnance devant la
représentation du monde concret parce que celui-ci le limite et gene l’envolée de son
imagination, on comprendra le motif profond qui a déterminé ce changement et
aussi la raison de l’embarras auquel j’ai fait allusion, parce qu’en rejetant ces réferences
traditionnelles, l’artiste flotte dans un vide amorphe, plein de tensions émotives et de
sollicitations spirituelles qui n’arrivent pourtant pas á se définir dans un systéme
d ’idées que l’on pourrait appeler une visión cosmique.
Chacun a inventé sa petite solution, avec des formes qui ne signifient rien dans le
monde de l’expérience quotidienne, certains conservant de vagues références á la
réalité concréte, dans les rythmes organiques par exemple, d’autre cherchant un
vibrationisme du trait et de la couleur, et tous maintenant jalousement certains
principes essentiels de la composition plastique qui devraient assurer la qualité artistique. Et, bien que l’idée plastique soit présente, comme résultat d’une logique qui
se manifesté dans le mode particulier d’assembler les formes entre elles, elle a une
portée moins grande qu’ils ne le croient parce que, s’appuyant sur les nécessités de
l’áme individuelle, elle n’exprime pas, en définitive, une conception véritablement
universelle. Une oeuvre de l’un quelconque de ces artistes met en jeu certaines
possibilités sensibles du spectateur, pour qui il n’est d’ailleurs pas difficile de découvrir
le sens de la prospection qui anime ces formes, mais s’il analyse son plaisir, il ne

67

�pourra que reconnaitre qu’il s’agit d’une affinité entre deux individualités, celle de:
l’artiste et la sienne, et rien de plus.
Comme conséquence de cet abandon d’une langue qui s’appuie sur des éléments
fournis par le monde concret et dont la signification est comprise facilement, le
langage de ces artistes est devenu purement personnel, aussi hermétique que limité.
Pouvons-nous alors étre surpris que, poussés par le désir d’étre originaux, ils
tombent fréquemment dans l’arbitraire? Nous étonnerons-nous qu’ils se répétent dans
des formes qui menacent d’étre des formules? On sait que, pour riches qu’eíles soient,
la sensibilité et l’imagination ont besoin d’étre mises en action par une activité constructive de nature intellectuelle qui ne peut s’exercer que sur certaines coordonnées
objectives. Et bien, presque tous les peintres qui se lancent de nos jours dans cette
sorte d’invention prétendument puré trahissent leur pauvreté, quant á cette activité
constructive, qui ne peut étre exclusivement esthétique et doit émaner d’une visión
cosmique, et c’est pourquoi leurs oeuvres exigent du spectateur un.effort d’accomodation au mode expressif de chacun d’eux, d’oú résulte, au mieux, une satisfaction par­
tidle, un chatouillement de la sensibilité qui n ’aboutit pas á cause du vague de la
forme. II n’en était pas ainsi avec certaines des tendances du proche passé —fauvisme,
expressionisme, cubisme, futurisme — parce que prédominait la recherche d’un langage
universel. Maintenant, par contre, on relévera que les meilleurs ne peuvent travailler
en groupe et que les Solutions ne sont valables que dans la mesure oú elles se rapportent
au petit monde émotif et spirituel de chacun d’eux. Dans les salles oú exposent les
jeunes peintres et sculpteurs auxquels je me référe, on doit confesser que rien ne
satisfait pleinement le visiteur parce qu’il manque un fil cpnducteur qui lui explique
de fa$on sensible la nécessité de sentir le monde dans une image, et cela, bien que
ce visiteur puisse reconnaitre l’existence d’esprits sensibles, d’imaginations hardies, de
techniciens éprouvés.
Je ferai remarquer au lecteur que si je suis sévére pour ces artistes, je ne les dédaigne
nullement, car ils témoignent d’une prise de position plus juste, en tout cas, que
celle de ceux qui continuent de répéter un message spirituel chaqué jour plus privé
de vie, én s’appuyant sur les thémes archiconnus de la représentation. Ce que je veux
mettre en relief, ce sont les raisons qui, á mon sens, conditionnent la croisée des
chemins oú ils se trouvent et par la suité les caractéristiques des plus prominents
d’entre eux, par voie d’exemple.
2. —Dans le groupe assez important de ceux qui continuent á prendre appui sur la
réalité comme point de départ, tout en introduisant des éléments d’invention imaginative ou intellectuelle, je détache quatre italiens et un anglais.

68

�Bruno Cassinari — qui a recu la moitié du prix destiné aux peintres italiens; l’autremoitié étant attribuée á Bruno Saetti, peintre de piétre m érite— créait, avant, des figu­
res d’une solide construction géométrisante, vaguement cézannienne, d’une páte riche
et de tons peu modulés qui faisait penser á une influence non moins vague de Mom gliani, et accentuant certains traits d’interprétation psychologique. Peinture claire et
sans problémes, qui produisait un effet sur parce que, malgré certains flottements,.
l’idée et l’exécution s’harmonisaient. II a maintenant découvert l’espace — ce qui signifie un progrés — mais au lieu d’affronter le probléme purement et simplement, il se
contente d’animer les fonds avec des plans qui se juxtaposent ou s’opposent, les
faisant pénétrer parfois dans les figures auxquelles il conserve par ailleurs leur aspect
corporel, ce qui a pour effet que le tableau se fragmente et que l’expression devient confuse. De plus, il y a une plus grande vibration dans les formes, de tracé
plus manifestement picassien, qui ne concorde pas avec l’articulation spatiale, et la
confusión s’en accroib En vérité, il n’affirme rien: chaqué ensemble de formes vaut
par sa dépendance logique instable qui ne permet pas de dépasser l’image, comme si
l’expérience esthétique devait s’épuiser en elle.
II se passe quelque chose d’analogue avec F austo P irandello, toujours hésitant. Si,
d’une part, il a acquis des accents qui font penser á E nsor, surtout dans une Nature
morte de 1951, on note par ailleurs une tendance sainé á rendre les formes plus
mobiles en dégageant de la matiére une structure aux traits fermes. Les éléments
disparates, dans l’emploi desquels tant de peintres contemporains se complaisent,
produisent une illusion de richesse; mais ils se neutralisent aussi mutuellement et
toute volonté de forme définie s’en trouve affaiblie. C’est pourquoi il devient nécessaire de recourir á l’expédient de la sensibilité, mot par lequel on veut inconsciemment désigner la présence d’une énergie noyée dans la matiére et qui n’arrivepas á se sublimer en idée.
G iuseppe Santomasso a une attitude plus nette qui résulte d’une évolution plus cons­
ciente des problémes. Des l’époque oü il adhérait á un expressionisme mesuré, on
note une lutte intérieure fructueuse contre une brume facile de la couleur et un
désir de capter dans chaqué forme le rythme propre qui la caractérise, en méme
temps qu’il dynamise l’ensemble dans l’espace virtuel de la toile. Mais il s’agissait,
alors, d’un dynamisme pauvre, en définitive. Dans les cinq tableaux qu’il expose
maintenant, on note un progrés, en ce sens que son imagination se développe avec
ampleur, moins sujette á l’expérience visuelle. Des plans, limités par des traits épais,
ordonnent une composition á l’énergie centrifug'e, encore que — peut-étre parce qu’il
conserve des éléments de représentation: une fenétre par exemple — celle-ci affaiblisse sa

69

�capacité expressive. C’est pourquoi persiste une impression étrange, celle d’un artiste
qui con^oit une organisation de l’espace dans la toile mais ne parvient pas á la
coñdenser par manque de netteté dans la conception et, naturellement, dans les
moyens qu’il emploie.
Le plus éclectique des quatre italiens est R enato B irolli, qui a adhéré á toutes les
expériences du siécle et reste, cependant, incapable d’en extraire une directive pour
sa pensée. On le voit osciller —depuis San Zeno pécheur (1931) dans lequel il promettait une ferme poursuite de valeurs vives et plastiques— recourant á des procédés
contradictoires, tantót expressionniste, tantót picassien, sans que le vocabulaire qu’il
emploie réponde au sens qui lui a donné naissance. Dans certains tableaux, par
exemple, il emploie un langage tragique qui ne correspond pas á l’émotion que
transmet chaqué forme et il en résulte qu’il est impossible de percevoir vers oü va
son pinceau et sa pensée. Parce que ni lui, ni les autres qui pratiquent cette espéce
d ’eclectisme, ne paraissent comprendre l’attitude de qui cherche dans une oeuvre
d’art autre chose qu’une satisfaction physique éphémére: la nécessité d’une structure
cohérente de formes.
T oute autre est la position de G raham Sutherland , chef évident du mouvement
pictural moderne en Angleterre, dont on expose soixante-cinq oeuvres, parce que se
fondent, en lui, d'antiques tendances de sa race á l’exhaltation de la fantaisie productrice d’allégories, et des tendances nouvelles vers une expression plus intellectuelle
ou plus sensible, qui proviennent du continent. Mais il est justifié de le rapprocher
des italiens, du point de vue de son attitude.
Paysagiste á la páte juteuse, il préte á la nature dépouillée d’éléments anecdotiques,
de l’arbre en particulier, la forme organique d’un monstre, sans cesser pour cela de
déployer une grande audace de coloriste, tant dans les registres hauts des couleurs
purés que dans les registres bas de la tonalité transparente. On dirait qu’il conserve
toutes les qualités du paysagiste anglais de jadis, mais enrichi par une énergie d’expression moderne, suffisamment objective pour ne 'pas le faire classer parmi les
expressionnistes. Dans les toiles peintes peu avant la derniére guerre et pendant les
premiéres années de celle-ci — les meilleures á mon avis — se détache en plus un mode
de composition particulier, une logique de la fantaisie, pourrait-on dire, qui lui
permet d’introduire des rythmes puissamment organiques dans des constructions
presque totalemént objectives. Par la suite, sa peinture acquiert un sens dramatique
plus anecdotique et superficiel, súrement parce que, pendant les jours graves de la
guerre, il ne contróle pas le sentiment vital. Depuis, conséquence d’un long séjour
•dans le Midi de la France, oú il subit le choc de de M atisse et de ce paysage lumineux.

70

�sa couleur perd en densité, bien qu’il revienne en un certain sens á son organisation
monstrueuse de la nature; les toiles peintes depuis 1945 s’en ressentent dans leur architecture formelle, comme s’il était plus dominé par le désir d’obtenir des effets de
bon goüt et de légéreté, que de s’exprimer avec profondeur. Finalement, il s’essaie
á la figuration chrétienne, retombant alors dans un expressionisme dynamique, et il
surprend á la Biennale par deux portraits trés durs et objectifs dans lesquels on
pourrait trouver un arriére-goút de la Nouvelle Objectivité germanique.
II serait injuste de ne pas reconnaitre la qualité de l’oeuvre de Sutherland, mais
elle se préte, peut-étre mieux que n’importe quelle autre, á vérifier les idées générales
exposées antérieurement. Tant qu’il cultive cette organisation monstrueuse de la
nature, sa peinture accuse une valeur solide, parce que l’on apergoit la volonté de
la modeler en accord avec une conception: celle du monstre, á travers laquelle on
pergoit la correspondence du sentiment créateur et des formes qu’il produit. Si elle
s’affaiblit par la suite, c’est parce que l’idée ne s’enrichit pas et recourt á des modes
d’expression d’une sentimentalité superficielle ou parce qu’il ne freine pas consciemment ses dons naturels de coloriste; parce que sa peinture cesse d’interpréter la vie,
d’étre un symbole qui la résume, pour se transformer en registre de ses états d’áme
et gagner en actualité ce qu’elle perd en universalité. Une ligne d’expression, qui
paraissait súre, s’interrompt done pour livrer passage á l’arbitraire du moment et une
volonté de style s’estompe.
3. —D’autres sont les héritiers plus direets de l’expressionisme, du cubisme, du futurisme. Malgré l’énorme importance qu’elles eurent, aucune de ces tendances ne peut
orienter un peintre actuel parce qu’elles répondirent á des problémes limités, et
restérent attachées au siécle passé; conséquences d’une réalité qui ne s’était pas défini
aussi clairement avant la guerre de 1914 comme elle est en train de le faire de nos
jours.
Parmi les héritiers de l’expressionisme, je détache, comme exemple, P redrag M ilo savljevic , yougoslave qui suit de pies Kokoschka , tant dans l’empátement que dans
la mise en page de ses paysages panoramiques. La critique courante pourra signaler
quelques réussites, mais le probléme est autre. Quelle forcé expressive posséde, pour
l’amateur de peinture, ce Tremblement de terre á Dubrovnik? Comment agit le
spectacle d’une ville aux murailles effondrées, aux clochers chancelants et quelques
figures grotesques qui apparaissent entre les décombres? S’il s’agit d’inspirer des
sentiments de pitié, de justice ou de révolte, il faut convenir que cette toile tachée
fera peu dans ce sens á cause de son inévitable statisme et, s’il s’agit d’interpréter
avec des formes symboliques le caractére profond de la réalité, il faut également con-

72

�venir que les éléments thématiques sont par trop éphéméres. On recourt alors á
l’expression, propre des éléments plastiques et, aussi bien dans ce cas que dans celui
de Kokoschka déjá signalé et de beaucoup d’autres — les italiens L e vi, V agnetti, A jm one
ou le norvégien Ka i F j e l l — ce qu’on reléve, c’est une énergie sans direction, une
puissance de la couleur, de la matiére, du pinceau, qui n’oriente vers rien, hors de la
réalité concréte, dans son actualité friable, qui survit malgré le désir de la supprimer,
sans méme qu’en définitive on lui impose une note de nouveauté qui lui corresponde.
Aves le cubisme et le futurisme, il se passe quelque chose d’analogue, mais il s’agit
de langages plus actuéis, qui obéissent á des préoccupations plus révolutionnaires
en leur temps et, pour autant, paraissent plus justifiés ceux qui les parlent encore.
Examinons le cas de C orrado C agli, qui connut une période trés cohérente jusqu’en
1948, pendant laquelle il a pratiqué une variante de la peinture métaphysique, plus
süre et plus exacte que celle de D e Chirioo , plus pleine de résonnances complexes
dans l’espace. On le voit, maintenant, essayer beaucoup de directions, revenant á
une espéce de cubisme plus sec que celui des grands d’alors, s’effor^ant á rendre les
formes plus concrétes et introduisant en méme temps des raffinements et des transparences. Qu’il continué d’étre un bon peintre, si sa couleur est sensible et ses
compositions équilibrées? Certainement, mais, est-ce cela la peinture? Si, par contre, il
se décidait á regarder face-á-face la réalité naissante plutót que la réalité mourante
— celle-ci subjugue toujours plus que celle-lá — il comprendrait que les souvenirs
cubistes le génent el que, pour lui, la source de rajeunissement est dans cette création
géométrique profonde, á peine gauchie.
E milio Vedova, en échange, revient á un futurisme presque en blanc et noir avec
quelque zone de couleur puré, sans retomber pourtant dans les postuláis de ce
mouvement. On devine á peine, parmi tant de formes qui se superposent, ou se
heurtent, des formes réelles concrétes; on peut méme supposer qu’elles n’ont pas été
observées sinon inventées par le peintre. Le titre de l’une de ses toiles, Rencontre de
situations, pourrait servir pour toutes, car ces zones de violence physique dynamique
paraissent interpréter seulement la rencontre de situations dans le but de créer un
espace expressif. Mais tout est confus et matériel, noyé dans un dair-osbcur sans
forcé expressive comme tel et, bien que le spectateur percjoive des rythmes puissants
et n’échappe pas á leur enchantement, il ressent aussi le malaise qui lui donne
toujours ce qui est intellectuellement imprécis.
' Dans une ligne moins moderne, mais avec des qualités indéniables, je sígnale un
peintre suédois: R agnar Sandberg, qui atteint une expression rythmique heureuse
avec un systéme de coordonnées obliques qui déterminent des plans á peine concrétisés.

72

�Autre héritier du cubisme, comme J acques V ii .lon , duquel il semble procéder et dont
on présente dans le pavillon franjáis une série d’excellentes gravures. Sensibilités
fines qui réussissent á inventer les jeux forméis dont ils ont besoin pour s’exprimer,
mais incapables de provoquer la grand choc spirituel.
4. — On rencontre également les héritiers de l’infraréalisme picassien et quelques rares
survivants du surréalisme. La quasi disparition de ce mouvement, qui n’est représenté
avec quelque dignité que par deux latino-américains et un espagnol —A rturo M artí­
nez, C arlos M érida et A ntonio T apies — puisqu’on ne peut pas s’arréter aux élucubrations de G iani D ova et T oti Scialoja , est un fait que l’on ne peut pas passer sous
silence, non plus que la diminution de l’influence de P icasso dans la peinture des
jeunes européens. Les deux faits obéissent á la méme cause: aussi bien le génie
espagnol — aprés Guernica, s’entend — que les surréalistes, se firent les interprétes
d’une réalité immédiate et, pour l’exprimer, ils créérent les signes les plus valables
peut-étre; mais il est clair qu’ils s’exposaient á en souffrir les conséquences si cette
réalité venait á se modifier. C’est ce qui s’est produit, á mon sens, dans les pays plus
civilisés et ce qui explique que ces formes d’expression se maintiennent dans les
pays moins civilisés. L’erreur de ceux qui les défendent encore, comme de ceux qui
prétendent rajeunir l’expressionisme, procéde d’une confusión dans l’estimation entre
les tendances, qui sont précieuses pour ce qu’elles annoncent ou pour ce qu’elles
permettent de découvrir, et les tendances qui sont précieuses par ce qu’elles affirment.
Donnons un exemple: l’art négre et celui des nai'fs appartiennent aux premiéres,
parce que leur valeur ne réside pas dans les formes créées, sinon dans l’attitude qui
permet, .se basant sur elles, d’atteindre de nouvelles maturités formelles. L’infraréalisme
de Picasso, avec ses contorsions et ses contradictions, a été extrémement précieux en
livrant a la conscience esthétique universelle une zone ignorée de la réalité, mais
cela n ’implique pas que les peintres — ni lui-méme — doivent continuer á répéter des
formules qui évoquent le premier jour de la création. L’homme ne retourne eis
arriére que pour obtenir de nouvelles précisions, non pour le plaisir de se sentir un
primitif ou un barbare. Et le cercle vicieux dans lequel se tient actuellement Picasso
est dú á ce qu’il ne l’a pas compris, ce qui semble l’avoir poussé tout récemment á
rompre ce cercle pour aller clopin-clopan vers un réalisme politique sui generis de
piétre valeur, qu’il a révélé dans son Massacre en Corée.
Quelques jeunes peintres de divers pays permettent de comprendre ce procesus. Les
italiens E nnio M orlotti et D omenigo C antatore, par exemple, se stérilisent dans
une répétition de formes picassiennes dévitalisées, cependant que les graveurs hollandais,
entre lesquels se détachent Constant, H arry D iseerg, W alli E llenbaas et méme

73

�H. N. W erkman , encore que ce dernier glisse vers une abstraction plus compléte, ont
su les assimiler pour se lancer á réaliser des formes vivantes et expressives. Mais
ceux qu’il faut détacher franchement dans ce secteur, ce sont les cubains qui ont
déjá fait une excellente impression á la Biennale de Sao Paulo. 1
Cuba est un étrange pays oú se superposent plusieurs couches culturelles imprécises,
en sorte qu’il dépend beaucoup de l’attitude de l’artiste qu’il parvienne ou non á
s’exprimer avec bonheur. S’il se tourne vers ce gai folklore qui lui vaut un tel
prestige touristique, il ne fera qu’un art superficiel, aussi réaliste qu’il soit; s’il se
tourne vers la tradition indigéne, qui y est précisément plus importée qu’authentique,
se laissant séduire par l’art mexicain avant tout, il fera une peinture pauvre en
moyens vitaux et manquant de projection spirituelle; s’il se tourne vers les formes
d’avant-garde — vers l’art concret — il est difficile qu’il puisse échapper au péril de
tomber dan un sec formalisme parce que la réalité moderne á peine naissante ne posséde
pas encore la vitalité nécessaire. L’expérience picassienne, ce sondage génial dans les
racines primaires de l’étre, a serví aux meilleurs des peintres cubains á se décoüvrir,
sans renoncer á ce qui est profondément authentique en eux et sans tomber dans le
folklore. Dans leurs toiles, on reléve cet élan rythmique nacional, en méme temps
qu’une volonté de retenue et de construction qui les conduit á inventer des formes
de contenu spirituel absolu. Bien que je n’exclue pas l’influence du maitre espagnol,
C undo B ermúdez est celui qui adhére le plus á la réalité immédiate, mais il impose
un rythme spatial á ses figures contorsionnées par la plus heureuse forcé expressive.
R ene P ortücarrero et Luis M artínez P edro sont plus concis: ils font une peinture
plus intelligente, ce qui —dans les toiles exposées á Venise— leur permet d’atteindre
des effets purs avec des lignes et des plans qui composent des espaces pleins de
vitalité. M ario C arreño, le plus múr parmi eux, qui cultivait jusqu’á il y a peu
d’années un synthétisme folklorique superficiel, abandonne les éléments pittoresques
et se pose maintenant le probléme de la création en termes véritablement universels.
II convient toutefois de regretter l’absence de W ilfred L am , la seule figure de
renommée internationale méritée. A cóté des cubains, le guatémalien D agoberto Váz­
quez C astañeda, qui construit ses figures avec une rare énergie passionelle, manifestant
en plus une fine sensibilité dans la páte et la couleur.
Ainsi done, si le mouvement des concrets en Argentine et au Brésil, plus exactement
á Buenos Aires, Sao Paulo et Rio de Janeiro, permet de nourrir l’espoir que se
produise en Amérique un mouvement artistique important, cette tendance cubaine
autorise aussi cet espoir.
1 J oros R omero Brest : La Bienal de San Pablo. Ver y Estim ar, Nv 26, 1961.

74

�5. —Dans un autre secteur on trouve les peintres qui abandonnent résolument la
figuration du monde concret, ceux que fréquemment on appclle á tort les abstraits caí
ils ne réalisent pas leurs synthéses forradles par un procesus rationnel de dépouille
ment des éléments accessoires et ne travaillent pas non plus avec la puré mentalité
abstraite. II s’agit d’artistes qui, s’ils ne sentent pas la nécessité d’une expérience
immédiate, en face des choses, pour raettre en mouvement leur capacité subjective
de créer, soit par la forcé immanente de la fantaisie, soit par la richesse de l’intuition
sensible, poussés qu’ils sont par le désir d’exprimer l’agitation existentielle de leurs
émotions plutót que par celui de les condenser en des formes absolues, d’artistes, dis-je,
qui inventent des formes dynamiques, chargées de caractéres sensibles comme celles
de ceux que l'on appelle figuratifs, et qui s’adressent également aux plans sentimentaux chez le spectateur. Leur attitude est aussi romantique que celle des artistes
du siécle dernier, á la différence que l’énergie passionnelle se libére des supports
employés par ceux-lá, fussent-ils aussi vagues que ceux fournis par la nature dans
le paysage, pour en rechercher d’autres moins exigcants par leur présence matérielle.
Une telle attitude est révélatrice de la situation de compromis á laquelle il a été
fait allusion au premier paragraphe de ce chapitre: ce qui a été dit alcrs se rapporte
directement á ces peintres.
Un cas singulier est offert par H ans H artung, allemand naturalisé franjáis, qui
transforme la toile en champ de ses expériences animiques, s’exprimant au moyen de
traits noirs et colorés en tourbillon perpétueLou en heurt sur des fonds blancs ou gris
neutres. A aucun esprit sensible de notre temps n’échappera la tensión émotionnelle
élevée á un haut potentiel qu’il extériorise avec ces apparences de gribouillis; pour
peu que l'on en suive la marche capricieuse, on sent la communication d’un fluide qui
s’empare de l’áme. II ne représente rien, hors des mouvements de ses émotions, mais
conserve les rythmes organiques, ct c’est pourquoi les formes acquiérent une forcé
inobjective de vitalité. Dans ses derniéres toiles, on voit qu’augmente la retenue, le
tourbillon tend á disparaitre pour étre remplacé par quelques traits puissants qui
organisent un espace austére de conception, en dépit de la sensualité de la páte.
Hartung est unique et ne peut ouvrir aucune voie, pas méme pour lui, qui commence
á donner des signes d’épuisement; mais on ne peut nier non plus qu’il constitue une
des cimes de ce potentiel animique envoütant, auquel, seuls, les germaniques peuvent
s’affronter sans se détruire.
Viennent ensuite ceux qui cultivent des formes imprécises pour créer des espaces
pleins de suggestions, dans lesquels une vague sensation de l’infini se méle íi un goüt
également vague pour le sentiment insatisfait. L’espagnol Francisco Cossio, par

75

�exemple, qui oscille entre un surréalisme d'excelienle imagination picturale et une
tendance mal définie vers la spatialité, dynamique. Aussi l’italien A fro, qui superpose
une écriture ingénue, élémentaire, aux traits soutenus et vibrant avec sñreté, á un
jeu de plans de couleurs dans lequel il fait preuve d’un excellent bon goüt; si
on ajoute á ceci ,1’éclat de la matiére fluide qu’il emploie et son rare sentiment de
l’équilibre dans des compositiúns extrémement complexes, on comprendra facilement
qu’il soit le jeune peintre le plus prisé de la péninsule. Nombreuses sont les conquétes
que résume sa maniere, dans laquelle on peut voir le profit tiré tant du cubisme que
de l’expressionisme et de certaines tendances abstraites. Peinture de la vibration qui
s’objectivise, avec des accents picassiens caches, d’oü se dégage une noblesse de senti­
ment séductrice, pourrait-on dire. Pourtant, elle contient trop de trucs, elle est trop
soumise á l’effet; il s’en suit que l’idée reste enfouie, voire dénaturée, derriére
l’appareil expressif qu’elle offre. Le souffle vital diminue et est remplacé par un
souffle intellectuel puissant qui le sublime.
Mieux définis sont ceux qui pratiquent un vibrationisme néo-romantique aux traits
colorés superposés qui créent des structures dans lesquelles l’espace va de la toile vers
l’intérieur, parfois, comme dans un entonnoir. Sensuels a un haut degré et possédant
une grande puissance de sentiment, on dirait qu’ils voient dans la peinture la possibilité de déployer cette capacité ordonnée d’étre sensuels et émotifs. La direction
prend naissance en France mais n’est représentée á la Biennale que par J ean B azaine,
et l’on doit regretter l’absence de Manessier, Singier et Le Moal, entre autres.
Ce sont des paysages que peint B azaine, paysages de son étre intime, bien sur, dans
lesquels arbres, animaux et hommes sont remplacés par des traits énergiques derriére
lesquels on sent l’indéfini des cieux et de la mer. Rien n’est indécis, cependant, et
tout parle au spectateur d’une construction du sentiment, assez plein pour qu’il
prenne forme dans ces signes de mouvement, appuyés par la couleur et le clair-obscur.
A cóté de lui, l’italien A ntonio Corpora , plus imprécis et dynamique par son emploi
constant des lignes obliques, aussi plus transparent et humide dans la couleur. Et sur
un plan moins réussi, le fra^ais P ierre Soulages, moins vibrant que les précédents
et d’un sentiment dramatique moins contenu, avec des accents qui rappellent en
partie Hartung, en partie Schneider. Ses pátes vigoureuses, ses noirs profonds en
contraste avec des blancs sonores, trahissent une áme chargée d’émotion mais capable
de la dominer. Tels sont les représentants d’une peinture de la subjectivité qui a
encore besoin du tableau de chevalet; mais pourront-ils se maintenir dans cette ligne
de l’exacerbation sans inventer des supports plus objectifs?

76

�V
1. La situation est encore plus déconcertante dans le domaine de la sculpture, d ’abord
parce qu’elle oblige á utiliser des volumes et des espaces réels, ensuite du fait des
théraes limités qu’elle admet. II semblerait méme que les problémes ne puissent
jamais étre similaires á ceux de la peinture, en ce qui touche á la dématérialisation
des formes et á la prétendue prédominance de la subjectivité. Mais les différences, á
la vérité, ne sont pas aussi profondes qu’elles paraissent et le probléme est assez
semblable, étant entendu que les formes changent d’aspect matériel et" que les
moyens d’exécution sont différents.
Le probléme peut étre posé correctement comme suit l. Jusqu’á notre siécle, la
sculpture a été l’art du volunté, plus ou moins dynamique suivant les cas, plus ou
moins intellectuel également, les variations de style s’accusant par les transformations
de la masse en relation avec les surfaces, les lignes et les profils. Done, tradition de
sculpture matérialiste, dans laquelle l’espace n’a pu intervenir, sinon comme auxiliaire,
soit sous la pression de la lumiére qui modéle et module les formes, soit par sa
timide introduction dans la masse. Or voilá que, depuis le debut du siécle, une
tendance se dessine, qui rejette la masse avec son cortége de modes expressifs propres,
pour faire de l’espace le grand théme sculptural, ce qui conduit nécessairement á
rejeter les formes de représentation. Est-ce possible sans tomber dans l’anti-forme? On
verra que la figuration du concret peut ne pas disparaítre, encore que la conception
spatiale prédomine, de la méme farson que, malgré l’objectivité indispensable de la
sculpture figurative, peuvent ne pas disparaítre les marques de la subjectivité que
laissent les doigts du sculpteur dans la glaise, ou le ciseau dans la pierre. Néanmoins, il
est facile de comprendre que, dans cet art, on ne peut parler que de fac;on relative
de la libération de la subjectivité et que l’on doit la présenter, soit comme une simple
accentuation du volume figuratif, soit au contraire comme une révolution radicale.
C’est cette derniére qui est en train de se produire et c’est pourquoi les questions
deviénnent pressantes. Le sculpteur peut-il aspirer á une géométrie dynamique de
l’espace au lieu de la géométrie statique du volume, cultivée aux grandes époques
de la statuaire monumentale? La sculpture ne disposant méme pas de la couleur, comme
la peinture, est-ce que cette géométrie pourra étre autre chose que l’application puré
et simple d’une Science? L’analyse des oeuvres exposées á la Biennale permettra de
poser pratiquement le probléme que j’expliciterai de toute fa$on dans l’avant-dernier
chapitre.
1 J orge R omero B rest : Picasso y la escultura. Ver y Estim ar, N9 24, 1951,

77

�2. La majorité des sculpteurs qui exposent continué de cultiver le volume plein, avec
un sens primitivisant de la synthése comme E milio Greco, ou un sens plus rigoureusement mécaniste comme M arina N úñez del P rado — artiste bolivienne de mérite qui
gagnerait beaucoup á ne pas adhérer tellement au modéle, et si elle était capable de lui
imposer une forme plus pensée; dans un autre ordre d’idées, elle gagnerait beaucoup
aussi á ne pas exposer tant de piéces dans une petite salle, ce qui l’oblige á les présenter
comme si c’était un Musée Grévin de figures de bois; ou bien encore, ils sont animes
par une dynamique intérieure d’origine baroque, comme Alberto Viani et U mberto
Mastrojanni.
Alberto Viani ne cesse pas d’étre représentatif, encore qu’il élimine presque tout ce
qui est accesssoire: dans ses grandes masses en plátre persistent des rythmes organiques
de nature érotique qui marquent, de certains points de vue seulement, ses meilleures
réussites, mais qui ne sont pas suffisamment chargées d’énergie pour se détacher de
la matiére — comme c’est le cas dans les sculptures de Brancusi — en sorte qu’il ne peut
offrir qu’une solution hybride qui justifierait que l’on dise “Pour faire 9a, ce n’était
pas la peine de cesser d’étre représentatif”. Cependant, il ne s’agit pas de représenter
ou non: il s’agit que l’idée plastique est faible et ne peut done étre exprimée ni par
un nu féminin ni par une forme totalement abstraite. Quant á M astrojanni, qui crée
d’énormes masses de marbre ou de bronze en essayant de coordonner une expression
interne de la masse avec une retenue extérieure, au moyen de plans qui la limitent, lui
non plus n’apporte pas de solution. Les masses pesantes, douées d’une vitalité relative,
ne sont pas ordonnées selon une idée; elles semblent étre des blocs de pierre — sans
l’unité que la nature leur donne d’habitude; elles se fragmentent, et contredisent par
leurs rythmes l’exigence spirituelle de notre temps.
Plus importantes sont les oeuvres de Marino Marini, adepte lui aussi du volume
plein, encore qu’animé d’un esprit de synthése qui n’exclut pas la sensualité de la
matiére et de la forme. II expose quelques tétes et quelques groupes de Cheval et
cavalier, surtout un Grand cheval en bronze, qui suffisent pour mettre en relief les
qualités évidentes de ce sculpteur italien. Mais, comme on doit exiger beaucoup plus
qu’un noble métier, et que de tels dons servent á ordonner un message spirituel qui
soit une interprétation symbolique de la vie en ses aspeets permanents, mon attitude
critique change quand j ’observe que sa voix limitée et la fa^on bien faible dont il
aborde la création artistique peuvent expliquer son recours aux formes stéréotypées
(rappelons-nous le célébre Cheval au galop de Degas, qui lui a donné l’idée de ses
groupes fondamentaux). Que l’on prenne pour comparaison des oeuvres aussi différentes que le Colleoni de Verrocchio et l'Unité tripartite de M ax Bill : on verra la
parfaite concordance de 'l’idée et de la forme, bien que — dans un cas — idée et forme
7%

�prennent appui sur une image de représentatíon et, dans l’autre, sur une image
concréte d’inspiration mathématique; par contre, on vena, dans les chevaux de Mariní,
que l’expression n ’est pas suffisamment organique pour prendre appui sur un cheval
de'représentatíon vériste, ni assez coherente intrinséquement pour s’appuyer sur une
géométrie rigoureuse. Si, d’une part, il réfléchit peut-étre trop, s’abandonnant avec
excés au plaisir que donnent les arétes vives et les surfaces arrondies qui donnent des
profils clairs et purs, et introduisant quelques notes frágiles de tragique expressioniste,
par ailleurs, il ne construit pas ses idées plastiques avec une richesse et une précisiotr
absolue, en sorte que l’énergie potentielle de la matiére est en contrádiction avec
la structure apparente. Je répéte que je ne lui reproche pas de représenter ni ne
le pousse á travailler avec des formes abstraites; ce que je sígnale, c’est le manque, dans
ses oeuvres, d’un riche contenu, ainsi que la confusión due aux moyens picturaux qu’il
emploie fréquemment. Un regard sur le passé étrusque et le passé plus lointain de la
Mésopotamie peut expliquer a contrario sensu ce que j’affirme, quand le spectateur,
mis en présence d’oeuvres qui possédent une plénitude admirable, découvre la cohérence
dynamique de l’idée plongée dans la matiére, dans le premier cas, ou la retenue
équilibrée du sentiment dans la matiére et dans la forme, dans le second, sans qu’il
y ait eu besoin de recourir au contraste spectaculaire d’éléments opposés. Ce qui
revient á dire — quand le spectateur remarque que la grande valeur ne vient pas
uniquement des dons naturels, tant dans le traitement des matériaux que dans la
cohérence des formes, mais tient au contraire á la densité, á la profondeur de l’idée,
révélatrice á son tour d’un position définie face au monde dant toutes ses dimensions.
Peut-étre, sera-t-il légitime de présentcr ainsi le destin déconcertant du plus grand
sculpteur traditionaliste du moment.
3. D’autres sculpteurs, qui sont représentatifs mais réalisent des synthéses formelles,
conservent le modelé sensible de la matiére, attachés au brom e par conséquent; ils
prétendent concilier une attitude intellectuelle et une attitude empirique et, comme
ils n’arrivent pas á formuler des conceptions absolues, ils ont recours aux moyens
littéraires que trahissent leurs thémes, ce qui souligne de nouveau la nécessité d’un
appui sur une objectivité de valeur universelle, encore qu’elle soit bátarde dans le
! cas présent. Parce que, si Germaine R ichier représente La Vierge folie et L uciano
M inguzzi, Le chien parmi les chiens ou Femme sautant á la corde, c’est qu’ils sentent
l’insuffisance des formes qu’ils créent, á l’inverse des naturalistes auxquels suffisaient
des titres aussi impersonnels que Nu ou Paysage, ou des abstraits, qui se contentaient
f d’inscrire Construction.
Germaine R ichier est énergique dans son modelé et en méme temps fine dans ses

79

�accórds, faisant alterner la présence objective du matériau avec le jeu de la lumiére
qui pénétre dans les surfaces par les interstices. En plus, elle sait donner á la forme
un ton dramatique qui n’exclut pas a l’occasion les moyens grotesques; maintenant,
elle s’efforce á alléger ce ton, ce qui la rapproche de G iacometti, sans qu’elle en ait la
gráce aérienne. Toutes qualités qui la font distinguer. M inguzzi est moins constructif;
i! poursuit une tradition de noble lignée en Italie, qui va de Medardo R osso á
G iaoomo Manzú, mais chez lui aussi s’affirme un modelé puissant. Plus que
Richiet, il a eritendu l’appel du groupe complexe; il introduit les espaces entre sés
formes frémissantes prises comme masses, ce qui trahit sa position hésitante, car
l’expression dramatique du bronze détruit le clair lyrisme spatial. II va méme jusqu’á
creer une espéce de “mobile”, oublieux de ce qu’il ne suffit pas de placer un axe
sur une pierre et de faire que la pierre tourne, pour imiter Calder. Pourtant, aussi
bien Richier que Minguzzi dédaignent l’expression qui pourrait surgir du théme, et
paraissent la poursuivre plutót dans les accents personnels de vibration de la matiére
ou dans les chocs inattendus de différents axes. Le théme est pretexte et non soutien,
ce qui, á mon avis, est une erreur, bien que je comprenne qu’ils veuillent doter les
formes d’un contenu subjectif, car le théme ne parvient pas á avoir une concisión
formelle et seule s’extériorise la contradiction entre contenu et théme.
On note aussi une certaine influence de Giacometti chez le jeune sculpteur anglais
Kenneth Armitace, encore qu'il préfére incorporer les formes allongées, qui pénétrent
dans l’espace, á de solides formes de bronze. Sculpture plus ingénieuse que profonde,
qui témoigne d’une des facons de ne pas affronter franchement la création nouvelle.
Les autres sculpteurs anglais, qui s’efforcent d’incorporer radicalement l’espace, n’avancent pas beaucoup plus; bien qu’ils suppriment la masse comme volume, se limitant
á noter les limites des formes au moyen de filaments ou de fils de fer, ils ne cessent
pas d’étre représentatifs. Ce qui signifie, selon la thése exposée, que l’expression
continué de se fonder sur une expérience visuelle et c’est pourquoi, si ce qu’ils créer.t,
ce sont en définitive des espaces, ceux-ci restent comprimés comme s’ils étaient des
volumes. Aucun d’eux ne semble avoir compris la signification de la transformation, ni
le principe qui la justifie: provoquer une forcé expansive telle, au moyen des signes
concrets que crée le sculpteur, que ce soit l’espace — et non ces signes — qui construise
la forme, animée d’un dynamisme particulier qui se transforme en symbole de la
subjectivité libérée. R eg Butler est le plus puissant, et celui qui introduit des touches
de l’imagination la plus exaltée, répondant á cette note surréaliste á laquelle aucun
artiste ne reste insensible en Angleterre; R obert Adams est plus solide, peut-étre
parce qu’il transferí á l’espace, lorsqu’il travaille avec du fil de fer, les formes sévéres

80

�de ses pieces de bois; L ynñ C hadwick est plus ingénieux: il tente de résoudre des
problém es d ’équilibre; il oublic p o u rtan t que si le m ouvem ent des pieces doit étre
provoqué p ar le spectateur, avec ses m ains, l’effet est objectivem ent d étruit; W illia m
T urnbull adhére davantage a la m atiére, m ais il est trop prim aire dans les Solutions
q u ’il propose; E duardo P aolozzi est le m oins lyrique. T oas réalisent cependant une
oeuvre extrém em ent im portante, surtou t quand on les com pare aux autres sculpteurs
du continent, á l’exception des concrets, mais, p ou r des raisons diverses, il n ’est pas
douteux q u ’ils esquivent l’attitud e corréete q ui consisterait a tenter d ’objectiviser
m athém atiquem ent le m ouvem ent, sans perdre p o u r cela ¡'im pulsión de la sensibilité
créatrice et, p ou r agir ainsi, ils se stérilisent p ou r l’heure en une action plus prom etteuse que réalisatrice.
H enry M oore , que les jeunes sculpteurs anglais vénérent comme un maitre, oscille

encore plus qu’eux entre le volume et i’espace, entre un expressionisme mesuré á
allure surréaliste et une objectivité sévére des formes, animé qu’il est en définitive par
un esprit éclectique qui ne lui permet pas, quel que soit son génie, de trouver des
Solutions viables ni pour lui ni pour ceux qui le suivent. La seule piéce qu’il expose,
Double figure debout, espéce d’humanité frémissante fixée dans l’attitude la plus
austére, est peut-étre la meilleure de sa derniére époque, peu féconde pour des raisons
analogues á celles qui ont freiné G raham Sutherland . Elle permet de soup^onner
qu’il revient á des accords justes entre volume et espace, comme si, retrouvant son
équilibre aprés la guerre, il s’orientait vers des formes plus dures et plus concises.
4. On rencontre aussi quelques héritiers du cubisme, cubisme rendu dynamique et
sensuel par des esprits plus modernes, sans doute, mais qui, malgré tout, n’ont pas
résolu la contradiction fondamentale impliquée par ce mouvement dans le domaine
de la sculpture. En effet, l’isolement du plan, et son emploi comme forme expressive
capable de remplacer les formes représentatives, a pennis aux peintres de s’élever á un
lyrisme impersonnel au vague fendement géométrique. Par contre, les sculpteurs, du
fait qu’ils travaillent avec des volumes réels, n’ont pas pu détacher le plan de la
matiére et se virent done obligés á continuer de créer des volumes solides dans
lesquels ils pouvaient seulement noter le mouvement par le choc ou l’interpénétration
des plans; ou, sinon, cultiver le relief. Telle doit étre la raison qui explique que
B occioni se soit éloigné du cubisme, lui qui a utilisé des matériaux plus mous et
flexibles — le bronze — pour introduire des rythmes complexes qui dynamiseraient de
l’intérieur la matiére.
C’est pourquoi il est rare qu’un sculpteur de mérite comme C arlo Sergio Sicnori
retourne á ces lourdes formes cubistes, qui rélévent, dans son cas, d’une géométrie

81

�Sims esprit: volumes sans tensión intérieure et dans lesquels on ne peut pas sentir
non plus le développement d’une idée monumentale qui exige l’adhésion de la
matiére á la terre.
Toute autre est la position de F ritz W otruba, ce sculpteur autrichien de talent qui
présente quelques points de contact avec Marino Marini par ses qualités artisanales.
A cause peut-étre de son ascendance hellenistico-romaine, il s’est constamment employé
á doter le volume de mouvement, tout en respectant le caractére statique qui l’anoblit;
mais on observe en méme temps dans son oeuvre le désir de fuir les formes toutes
faites et la recherche constante d’une expression qui émerge plus de la pierre que de
son cerveau. Peut-étre est-ce la raison qui fait qu’il insuffle aux durs matériaux
qu’il travaille une énergie intérieure contenue. La possibilité de géométriser Ies
formes l’a aussi tenté de plus en plus: d’abord, il les a durcies tout en respectant
leur structure organique; plus tard, il a découvert le moyen d’accorder l’expression
mystérieuse du volume statique á celle qui nait de contrastes dynamiques entre les
plans qui le délimitent. Cependant, l’imprécision de ses conceptions l’avait amené
á un éclectisme dangereux, á cause duquel ses oeuvres, qui, jusqu’en 1949, ont
conservé les rythmes organiques avec un excés de détails, n’atteignaient pas la
majesté des pierres égyptiennes ni l’envol lyrique des piéces véritablement cubistes. II
semble avoir modifié son attitude maintenant: les oeuvres qu’il expose á la Biennale
répondent á une conception d’ensemble plus solide, elles ne sont plus aussi fragmentées
en petits plans que les précédentes et il réussit des accords plus riches et plus justes
bien qu’il ne renonce pas á dynamiser les formes. Elles permettent de méditer pourtant
sur l’étrange sujétion aux impératifs spirituels de son temps auxquels un artiste ne
peut pas se soustraire impunément, car l’anachronisme de sa position empéche Wotruba
de tirer de soi le profond message que l’on pourrait attendre de son talent. Ses
moyens sculpturaux sont énormes et son habileté est surprenante; il ne manque pas
non plus d’idées constructives, mais elles ne sont pas claires et c’est pourquoi il
s’oriente gauchement vers une une structure émotionnelle qu’il n’atteint pas parce qu’il
se soumet trop aux figures qu’il représente. II est moins intellectuel que Marini, ce
qui lui permet d'étre plus cohérent, mais, comme Marini, il se débat sans succés á la
recherche d’un style.
VI
1. La Biennale offre des exemples d’envergure pour examiner la tendance que l’on
a baptisée de néoréalisme ou de réalisme social. Ses défenseurs soutiennent une
idée juste en principe: l’art doit exprimer la réalité que l’on vit, la réalité de son

82

�temps; mais ils entendent par réalité les formes extérieures de la vie en société, vués
sous un angle limité — tout ce qui reléve de la polémique politique ou y conduit —
la fragmentent et la fixent. Plus qu’une expression de la réalité, c’est une réprésentation
de certaines formes concrétes et un reflet appauvri des actions humaines. Quand
R e¡nato G uttuso peint la Bataille du pont de l’amiral ou L ’exécution de Nicola
Beloyannis, quand Armando P izzinato peint Exécution ou Liberation de Venise, quelle
■ réalité expriment-ils? Ils veulent étre vivants et ils racontent des événements historiques — la libération de Venise est déja de l’histoire — ou peignent des faits courants
de la vie qui ont pexdu tout élan de vitalité du fait méme qu’ils sont courants et
sont exprimés de fa^on courante. De sorte que le prétendu néoréalisme se transforme
en une répétition d’attitudes véristes, incapables aujourd’hui — pour des raisons sur
lesquelles je reviendrai — de provoquer la création de symboles artistiques. Parce que
l’erreur grossiére, sur laquelle ils construisent leur doctriné, est de ne pas avoir
compris le mécanisme propre á l’expression artistique, qui n’a jamais été ni ne peut
jétre représentation ou reflet, puisqu’on peut seulement représenter ou refléter ce qui
posséde une cohérence matérielle propre et que la réalité ne posséde pas ces caractéres,
• étant au contraire perpétuellement changeante. L’expression artistique a été, est et
continuera d’étre construction de cette réalité, dans laquelle se cohfondent les éléments
naturels et les hommes, au moyen de formes néCessairement statiques qui deviennent
: dynamiques par métaphore. Ce que veut voir celui qui regarde un tableau, ce sont
des signes_ qui lui permettent de renouveler mentalement les expériences exemplaires
de la vie qui l’élévent vers la perfection; non ces formes représentatives gauches,
dépouillées de sens profond parce qu’elles se référent seulement á des gestes extérieurs
du comportement. Et c’est la ce qu’il voit dans toute grande oeuvre du passé, la vie
i qui s’ordonne dans des instances de permanence gráce á la forcé suggestive des formes
qui transfigure la simple réprésentation en une conception intuitive. Ces artistes néoréalistes sont assez ingénus pour ignorer cette exigence et s’accrochent en conséquence
á certains thémes qui ont certainement une valeur émotionnelle mais qui la perdent
quand ils sont figés dans des formes qui sont seulement représentatives des aspects
jnatérie's, et qui esquivent l’effort de véritable création.
Que l’on compare La bataille du pont de l’amiral de G uttuso et La bataille de San
Romano de Uccello; on verra que dans la premiére toile sont seulement représentés
statiquement des faits qui durent leur signification á des valeurs historiques, absentes
de la toile, mais que l’on voulait imposer; tandis que dans la seconde, gráce a
l’énergie constructive des formes, á la construction spatiale originale et au rythme
créé, les faits se transfdrment sur un plan poétique de résonnance universelle. Que
l’on compare Libération de Venise de P izzinato et le Massacre de Scio de D elacroix:

83

�ón vérra que Íes gestes froids des hommes, dans la premiére, áe rapportent seulement
á un fait dénué de toute transcendance d’ordre plastique spirituel, tandis que la
propre puissance de la forme, dans la seconde, conduit le spectateur á des spéculations
spirituelles qui subliment le fait sur lequel s’appuie le peintre. Ces comparaisons
serviront á vérifier que le véritable artiste représente des choses et expose des faits
seulement pour prendre appui sur eux et exprimer un message qui, lui, est spirituel.
La libération des peuples opprimés et la lutte pour la liberté constituent súrement
un message spirituel, mais — peut-il étre transmis seulements par la présentation des
choses et des faits? Comment ces peintres ne comprennent-ils pas qu’est nécessaire
le dépouillement du sentiment d’actualité —encore que, sans lui, la création ne soit
pas possible non plus — pour le transformer, par une transposition plastique, en un
sentiment universaliste? S’ils le comprenaient, ils ne continueraient pas á représenter
d’une fa$on aussi superficíelle et ils tácheraient de trouver dans cette riche matiére
vivante, qui les émeut á juste titre, les moyens expressifs de l’ordonner et de la
déborder. Ils remarqueraient alors qu’il y a une zone superficíelle et une zone profonde
de la réalité, la premiére étant dominée par l’urgence des appétits passagers, et la
seconde ordonnée par des principes abstraits d’ordre axiologique, et ils se lanceraient
á l’invention de formes capables de les exprimer. La grande aventure de l’art n’a pas
eu d’autre caractére: on peut la vérifier avec le bison paléolithique, le pharaon
égyptien, l’éphébe grec, le Jésus chrétien ou le portrait du Monde moderne; quel qug
soit le style, jamais l’homme, l’animal, la plante, la terre, le feu, l’air et l’eau n’ont
eu de valeur expressive en soi; ils ont toujours eu valeur expressive parce qu’ils s’efforcent á construiré dans l’ordre de l’éternité des valeurs absolues. L’historien s’appuie
sur la réalité immédiate, vivante, actuelle, agissante, passagére et, en derniére instance,
fragüe parce qu’immédiate, mais seulement pour comprendre le sens transcendant du
signe et non pour s’arréter sur l’immanence de ce qui se détruit.
Ceci ne met pas en question la possibilité d’une peinture authentiquement naturaliste
qui, s’appuyant sur le monde concret, exprimera la dynamique immanente de la
matiére et de la forme, auquel cas les formes de représentation deviendront expressives,
non pour ce qu’elles representent, mais par l’allusion á la vie permanente de ce
monde concret, par l’affirmation de l’étre en face de l’existence. Si on analyse ces
toiles sous cet angle, on reléve la pauvreté des moyens dont disposent leurs auteurs
pour animer la matiére et condenser la forme, en plus de grosses erreurs techniques,
dans les raccourcis par exemple. A qui imputer cette insuffisance? S’agit-il seulement
d’une insuffisance technique ou aussi d’une déficience conceptuelle? De l’une et de
l’autre, car il n ’est pas possible de les distinguer. S’ils ne parviennent pas á dominer
le langage plastique naturaliste, c’est parce que, étant fils de leur époque, leur propre

84

�nature Íes porte ¡i une precisión abstraite de la forme quí exclut I’anecdote, et á uri
manque d’intérét pour la matiére auquel nulle position idéologique ne peut remédier.
N’importe quel peintre médiocre du siécle dernier aurait pu peindre mieux des scénes
analogues, non parce qu’il avait plus de talent, mais parce qu’il employait un systéme
de mots-signes qui étaient encore en usage alors. Ces peintres-ci, par contre, doivent
se faire violence á eux-mémes et n’atteignent méme pas le niveau de l’art, en
dépit de leur talent qui pourrait se manifester s’ils employaient un autre systéme
de mots-signes.
Ce probléme, du naturalisme de nos jours, appelle quelques précisions. Pour bien
s’exprimer dans le domaine du naturalisme — je pense á Chardin, á Louis L e N ain,
á Courbet — il.est nécessaire de sentir la matiére de telle sorte que ce soit la vibration
intime qui produise la forme, captant ainsi une visión totale du monde dans l’immanence relative de ce qui est representé. Mais, si le monde concret est représenté
seulement par la présence matérielle qu’il implique, pour faire reposer sur lui une
expression qui aspire ¡x étre pleinement dynamique, constructive de la vie prise sous
ses aspects politiques, comment pourrait-cn réussir á ce que cette expressión ne se
fixe pas dans des moules qui sont des prisons? Le bon naturalisme a dévié le mouve­
ment dirige vers des fins spirituelles de transcendance explicite, dans le passé, et on
comprend pourquoi: parce que, de cette facón, l’expression spirituelle émane de la
matiére comme telle et non d’une transcendance spirituelle qui l’aurait neutralisée.
Inversement, chaqué fois qu’un peintre, en d’autres époques, a voulu s’exprimer au
moyen du mouvement, il s’est dégagé de la matiére et il a évité le conflit entre
matiére et forme en cherchant une forme de structure élastique. Les peintres néoréalistes ne le comprennent pas ainsi et se débattent en conséquence dans la lutte la plus
exténuante que puisse montrer un artiste contemporain. Et ils ne sont méme pas
fidéles á la doctrine affirmée bruyamment: au lieu de pratiquer, au moment de la
création, un véritable matérialisme dialectique, qui les obligerait á ne pas s’arréter
á des formes toutes faites et á surmonter continuellement l’emprisonnement dans
des superstructures mortes, ils s’arrétent á ce matérialisme gauche et ingénu aigrement
fustigé par Marx; au lieu de créer les signes qui exprimeraient cet homme rationnel
universel mil par des principes abstraits de société humaine, qu’ils proclament, ils
représentent l’homme de chair et d’os qui se débat dans la lutte immédiate.
C’est ici que la position des néoréalistes se teinte de politique, car ils soutiennent que
l’art est un instrument de propagande et doit comme tel agir en vue d'imposer une
nouvelle structure économico-sociale. Or, á supposer que cette position soit légitime
— tel n’est pas mon sentiment — elle devrait teñir compte de l’action spécifique de
l’art: on verrait alors que la propagande est passagére comme la mode, toute orientée
*

85

�iju’elie est vers des objectifs ímmédiats qui cessent d’étre un but une fois atteints, aíofs
que la táche spécifique de l’artiste est de se donner des objectifs qui aient assez de
recul pour ne pas cesser d’étre des buts. J ’admets que l’on puisse aller jusqu’á postuler
la mort de l’art, si l’on pense que c’est un sacrifice nécessaire au salut de l’homme
— ce qui constitue d’ailleurs une des idées maitresses de M ondrian — mais ce qui serait
légitime alors, ce serait de le préparer á mourir bien; je veux dire par lá que des
modifications essentielles pourraient se justifier si, gráce á elles, en favorisait une
nouvelle expression humaine, á quoi l’on pourrait ou non donner le nom d’art. Leí
néorealistes ne proposent rien de tel et se contentent de regarder en arriére sans
trouver le moyen d’exprimer le contenu spirituel qui ne peut manquer d’exister en eux.
Je ne doute pas du talent de G uttuso, P izzinato et M afai ; ce derniei? s’apparentant
en qulque sorte au néoréalisme. Quand j’ai connu l’oeuvre des deux premier á la fin
de 1948, je les ai placés parmi les jeunes artistes italiens ayant le plus d’avenir.
J ’explique, pourtant, la pauvreté d’expression des tableaux exposés par une fausse
position théorique qui détruit le meilleur de ce qui est en eux. On les voit lutter
pour ne pas abandonner tout-á-fait un répertoire de formes abstraites qui procéde
du sentiment profond de chacun d’eux et pour adapter ce langage á un contenu
thématique qui leur est imposé par des exigences de parti. Cette lutte s’observe
particuliérement dans les toiles de Guttuso et Mafai; quand ils cessent de lutter,
Pizzinato surtout, ils tombent dans le vide de la gesticulation parce qu’ils ne cherchent
plus des formes, mais des formules et détruisent ainsi la concordance qui doit exister
organiquement entre les moyens d’expression et les contenus thématiques. On voit
ainsi qu’une position, juste au départ, engendre les formes les plus fausses' et liquide
l’art bétement au lieu de provoquer sa transformation. Avec moins de fanatisme
et une révision des bases théoriques, ils comprendraient que les mouvements d’avantgarde, des abstraits aux concrets, naissent et se développent du fait des exigences d’un
esprit intraitable qui construit et ne se stérilise pas dans l’action immédiate.
2. Bien qu’il n ’y ait pas á la Biennale d’oeuvres de véritables artistes concrets, il me
semble nécessaire de s’arréter sur eux, de caractériser au moins la position qu’ils
adoptent, car je considére celle-ci comme la pierre de touche pour comprendre l’art
actuel. Ce sont les seuls, en effet, qui s’efforcent de résoudre l’antinomie sujet-objet. Les
autres s’enferment dans la subjectivité, en croyant que l’on peut en extraire méme les
modes de comunication, ou s’en tiennent á une objectivité dénuée de toute spiritualité.
Or, le probléme est autre, en ce sens que si l’artiste doit sentir aussi intensément que
possible — ce verbe impropre mais commode invoque aussi bien la connaissance intuitive
que l’intuition fantastique— il doit aussi exprimer ce qu’il sent par le truchement de

86

�formes saisissables par tout le monde. S’il n’en était ainsi, l’art serait-il un langage?
Non, et son existence exige done qu’il y ait un répertoire de formes vivantes qui
constituent, pour chaqué période historique, Ya priori de l’émotivité commune.
Ce langage ne peut avoir cette qualité s’il ne repose que sur la subjectivité, je
l’ai dit précédemment. Les romantiques du siécle dernier l’ont bien compris, qui n’ont
pas dédaigné la nature quand ils construisaient leurs paysages, en dépit de l’accent
subjectif qu’ils y introduisirent, mais les néoromandques d’aujourd’hui ne le comprennent pas, eux qui balancent entre les supports naturalistes et ceux géotnétriques,
dénaturant les uns et les autres au point de détruire tout fondement de la connaissance; et c’est lá le moment oú l’art menace de disparaítre, lorsqu’au lieu d’offrir
une conception du monde, il présente une conception de l’individu.
On a déjá vu aussi en quoi consiste la réaction des néoréalistes, avec lesquels les
concrets se trouvent d’accords quant á une attitude frontale face á la réalité, et au désir
d’ordonner le riche contenu de la subjectivité dans de nouvelles formes objectives. La
différence réside dans la conception de i la réalité et dans les moyens utilisés pour la
connaítre. Tandis que les premiers se fondent sur l’expérience, dévitalisée par l’introduction d’intentions polémiques qui empéchent la création de symboles permanents, les
seconds se fondent sur l’imagination mathématique pour trouver les constantes qui
leur perm ettront de créer ce que rejettent précisément les néoréalistes: des symboles
doués de permanence spirituelle.
Comme, pour cette raison, la réalité n’est pas apparence, les concrets s’emploient
á exclure en outre, de l’aspect matériel de la nature, tout ce qui peut étre regardé
comme action humaine immédiate d’un point de vue sentimental et spirituel. En
vérité, ils n ’excluent aucune activité essentielle du créateur: ni la sensibilité, ni le
sentiment, ni l’imagination, ni la fantaisie. Ce que l’on observe, c’est une concentration et une sublimation de l’expérience, l’intérieure aussi bien que l’extérieure,
dans le but d’inventer un systéme de signes qui, pour ne pas adhérer á la surface
des faits, n’en soit pas moins capable de construiré la réalité, ce qui veut dire, de
condenser dans une forme artistique nécessairement statique le dynamisme non moins
nécessaire de la vie.
Lorsqu’on analyse l’art du passé, on arrive á la méme conclusión, car c’est cette
capacité de recevoir et de sublimer qui caractérise le véritable créateur á toutes les
époques. La différence est dans la qualité du message et dans les moyens employés
pour le transmettre. Si l’on admet que les concrets, hommes modernes, sentent la vie
sur un plan de surpassement spirituel, comme un jeu de tensions dans lequel disparait
l’énergie, comprise dans son sens matérialiste et individualiste, il est logique qu’ils
87

�rejettent les supports traditionnels et en cherchent d’autres, moins contaminés par
l’expérience, et aptes á extérioriser une émotion ordonnées et précise.
Dans leur recherche de ces supports, il était inévitable qu’ils se tournent vers la
géométrie, non parce qu’ils se muent en hommes de Science, mais parce qu’elle est
susceptible d’o rdonner les émotions d t Partiste d’aujourd’hui, de la méme fa$on que
la nature a ordonné les émotions de l’artiste de jadis. Mais il ne s’agit pas de la
géométrie liée á l’expérience, qui se développe dans les trois dimensions de l’espace
absolu, mais bien d’une géométrie dynamique qui transforme les figures en jeu de
directions par l’introduction du temps: si la premié re a permis aux classiques de
durcir les formes réelles concrétes, la seconde permet aux concrets de les dissoudre
dans l’espace, notant les tensions de l’áme d’une maniére plus dépurée. La géométrie
est pour eux plus qu’un idéal —ce qui ne serait pas admissible — c’est l’instrument qui
leur permet de connaitre la réalité. Va priori de l’émotivité commune moderne, l’objectivité sur laquelle ils peuvent s’appuyer pour inventer leurs formes.
Le spectateur est déconcerté, c’est évident, parce qu’il ne retrouve aucun des supports
matériels auxquels il est habitué et se sent done désarmé devant un art qui ne lui
permet pas l’exercice, selon. son propre mode, de la jouissance artistique, celui de
l’imagination qui a besoin de l’expérience sensible pour s’i ntégrer á une visión
cohérente du monde. Mais si sa conception était plus spirituelle, si — ayant de la vie
méme qu’il vit une idée plus claire — parvenait á interpréter les signes, il comprendrait qu’ils enserrent uñe expression plus fidéle de la réalité que celle que lui
offrent les autres tendances, plus conforme aux activités de toute nature de l’homme
d’aujourd’hui. II comprendrait en outre que s’il pouvait vaincre ses préjugés de fausse
culture, il pourrait se reconnaitre plus facilement dans ces signes que dans une
nature morte, un portrait ou un paysage.
L’objection se présentera immédiatement: pourquoi sont-ils si rares, les hommes qui
sentent cet art, s’il procede de la réalité? La réponse est simple — parce que leurs
créations ne se fondent pas sur les faits superficiels de la vie, mais bien sur certains
principes embarrassés encore dans des formes vitales révolues mais que l’on suppose
assez forts encore pour transformer, dans l’avenir, jusqu’aux assises, jusqu’au comportement de l’homme. Mais cette réalité ne fait que naitre, en sorte que son élaboration au moyen de symboles obéit á une attitude essentiellement prophétique. Les
concrets avancent á tátons vers la réalité, comme il en a toujours été aux époques
d’initiation, ce qui justifie leurs hésitations et leurs contradictions, et exige une foi
égale, chez le spectateur, dans un avenir á peine entrevu. Peu importe, par conséquent, ou tres peu, le jugement individuel; ce qui importe, c’est l’examen du probléme

88

�á la lumiére de situations qui ne sont pas encore objectives mais pourront le devenir,
pour en déduire des possibilités d’une vie nouvelle. On ne pourra done manquer
d’observer que ce sont ces formes desincarnées, presque sans corps sensible pourrait-on
diré, qui peuvent créer la rnaison de l’homme en tant qu’organisme vivant, produit-de la
collaboration la plus étroite entre peintres, sculpteurs, architectes et autres qui se
consacrent á l’invention de formes; c¡ui sont marquées, aussi, d’un acent de compréhension universelle tel, qu’eiles peuvent devenir la base du langage de notre époque.
3. Les peintres et sculpteurs dont je vais traiter dans ce paragraphe ont des points de
contact avec les concrets, mais ils sont retenus en chemin, en dépit de la hardiesse
et de la forcé avec lesquelles ils cherchent une nouvelle objectivité formelle qui pourrait
résumer le contenu subjectif universel, ennemi de toute localisation.
Entre les italiens, se détache A tanasio Soldati, qui pratique une peinture concréte,
mais pas dans le sens que les concrets donnent au mot. Concréte parce qu’elle procede
par plans juxtaposés aux tons homogénes et accusés qui répondent á une géometrie
extrémement simple, non parce que ces plans interprétent l’espace de fagan poétique. Si
ses toiles sont suggestives dans une certaine mesure, elles le doivent aux contrastes entre
des plans, ce qui diminue l’amplitude du mouvement et l’expression lyrique de l’espace.
A mon avis, c’est dú a ce que sa conception géométrique est instinctive et aussi á
ce qu’il conserve la matérialité de la couleur, sans que les rythmes linéaires, qui
fragmentent souvent ses toiles, parviennent á s’organiser avec une énergie expressive
cchérente.
Les sculpteurs sont plus avancés. P ietro C onsagra continué pourtant de s’inspirer de
thémes aussi peu concrets que Héros grec et Esprit de Sophie, encore qu’il emploie
des plans géométriques pour réaliser ses conceptions, qui sont extrémement lourdes
et obéissent á une frontalité qui ne concorde pas avec la position “spatialisante”.
N iño F ranchina , qui semble oublier ses figures siciliennes archaisantes et s’efforce
maintenant de créer des rythmes de surfaces pleins d’envolées, travaillant sur l’aluminium, est en progrés plus marqué et obtiendra des résultats plus heureux quand
il parviendra a dominer sa propensión á la sensualité. B erto L ardera présente de
grandes sculptures en fer, a mon sens trop ampoulées, sans que leurs plans s’organisent
suivant une conception généreuse.
Du groupe nombreux d’artistes francais qui exposent habituellement á la Galerie
Denise René, á Paris, ne sont exposées que des oeuvres de J ean D ewasne. Ses formes
sont pleines et encere organiques, bien qu’il les ordonne selon des rythmes géomé­
triques d’une expressivité asservissante, et leur couleur est si bien accordée que méme
les ennemis de cette tendance ne peuvent s’empécher de les admirer. Mais, si on juge

89

�ses toiles du point de vue des positions de principe, on ne peut manquer de relever
ses hésitations, qui le limitent dangereusement.
La grande salle de l’américain Alexander Calder mérite un paragraphe particulier,
pour son originalité et son importance. On y expose ses mobiles bien connus et ses
stables moins connus, ces derniers étant pourtant, peut-étre, des indices plus sürs de
son génie de sculpteur. Mais ce n’est pas le moraent de tenter de porter un jugement
sur son oeuvre. Je veux seulement signaler deux faits: le premier se rapporte á ce
qui a préfiguré ses mobiles: les figures de Cooligde (1930) et Joséphine Baker, exécutées en fil de fer, dans lesquelles on est loin de soupconner l’énergie dynamique et
l’expression poétique qu’il allait atteindre lorqu’il se déciderait á abandonner la figuration, en dépit des Solutions ingénieuses qu’on y trouve; le second se référe á
l’invention méme de ces objets, qui s’écartent de toute tradition, et répondent á une
attitude légitime, puisque, si l’artiste d’avant-garde veut s’exprimer au moyen de
rythmes spatiaux, il faut qu’il trouve des formes objectives qui ne soient pas immobilisées par le m ur et qui contribuent á dynamiser l’espace. En ce sens, la legón de
Calder est une des plus fécondes que puisse recevoir le ’visiteur de la Biennale.
VII
Tel est le panorama des arts plastiques, quand on regarde au delá de ce qu’offre la
Biennale. II est facile de voir que se dessinent quatre attitude: celle des réactionnaires,
qui prétendent conserver, au moins, quelques formes expressives du passé, et acceptent
avec réticence les Solutions les moins compromettantes pour le métier qu’ils ont appris
(je ne m’occupe pas d’eux dans cet essai parce qu’ils ne posent aucun problcme de
style) ; celle des hésitants, qui sentent intensément la crise contemporaine, mais ne se
décident pas á rejeter l’émotivité individuelle; celle des néoréalistes, qui croient á
la valeur de la fonction qui consiste á enregistrer les menus faits de la vie, ou á une
épique á laquelle ils ne savent pas donner de la grandeur; celle des abstraits et
concrets, qui extraient de la réalité certaines idées qu’ils estiment seules valables pour
annoncer, au moyen de formes encore provisoires, une nouvelle concéption du monde.
Toutes participent et font partie de la réalité, réalité aux facettes múltiples aujourd’hui
comme á n’importe quelle autre époque de crise. Le lecteur peut choisir celle qui
lui paraitra la plus légitime suivant ses goüts, et méme surmonter ainsi ce qu’elles
peuvent avoir de déconcertant pour lui. Mais s’il veut comprendre le sens profond
de l’évolution, il devra examiner ces tendances sous un autre angle: celui qui procéde
de la vie-méme, avec ses contradictions, bien súr, mais aussi avec une cohésion
invisible qui autorise á ne pas désespérer. A mesure que se multiplieront ses espériences dans les plans les plus variés de la sensibilité, de l’action, de la pensée et de

90

�la volonté, lui apparaitront clairement alors ces prémices: tout ce qui, dans l’art actuel,
est expression de la subjectivité sous une forme indéfinie encore que puissante en tant
que tensión ¿motive, appartient a un passé qui lutte contre la mort; tout ce qui est
expression d’une subjectivité objectivisée dans des formes qui constituent un langage
d’évidences appartient a un avenir que l’on entrevoit. Et que dire du présent?
Aussi cahotique que le montré cet essai, il apporte pourtant des arguments á ceux qui
nourrissent un espoir. Ceux-lá sont ceux qui ne s’arrélent pas aux caractéristiques des
oeuvres artistiques, mais á celles de l’impulsion créatrice, qui savent qu’en aucun”
fa^on on ne peut justifier les normes a priori basées sur l’histoire, et que la seule chose
durable au déla des apparences, en art comme en toute autre activité humaine, c’est
le symbole qui condense le sentiment de la vie, que ce soit un mot, un son, une
forme plastique ou un geste; symbole qui ne peut se fonder que sur des normes qui
finissent par étre aussi des a priori, mais qui procédent de la méme expérience vécue.
Parce que cette sagesse alimente leur espoir, ils ne cragnent pas la destruction de
beaucoup de valeurs devant le merveilleux spectable du nouvel édifice qui est en
train de s’élever parmi les ruines de ce qui est périmé. On pourra préférer se
retrancher dans des positions révolues, commodes parce qu’éprouvées, mais le renoncement comporte son chátiment: la privation de l’énergie et de l’optimisme. On pourra
choisir des positions de compromis; qui détruisent l’individualité sans apportcr l’excitation de systématiser dans une nouvelle objectivité. On pourra affronter le probléme
avec plus de courage et hésiter entre la solution des néoréalistes et celle des concrets.
Si je me décide pour celle de ces derniers, ce n’est pas par désir de m’enrégimenter, ni
pour échanger un scepticisme pour un fanatisme, ni méme parce que je me passionne
au delá de la mesure relative que justifie notre époque. Je le fais parce que 9a me
semble la seule facón corréete d’aborder une situation qui ne peut manquer de se
produire, situation qui ne sera pas aussi équilibrée qu’ils l’annoncent, mais qui sera
au moins organisée sur les bases de ce schema. Que l’on pense seulement á l’intensjfication de certaines activités collectivistes, qui seront suivies de la disparition de souvenirs individualistes; que l’on pense seulement á la conscience de l’homme nouveau,
capable de surmonter l’angoisse de l’existence et de créer des possibilités inattendues
au moyen de la planification; que l’on pense á la répercussion que ces faits ne pourront
manquer d’avoir sur la sensibilité et l’imagination des masses; que l’on pense á ces
aspeets et á d’autres de la vie qui s’annonce — alors, apparaitra avec évidence, non la
crise de l’art, comme on le dit trop souvent, mais la crise d’une certaine conception
de l’art, de laquelle ne pourra sortir qu’un nouveau langage.
II est posible q u ’aucune des Solutions actuelles ne soit retenue. Mais le lecteur peut étre
sur q u an t á celles q ui sont irrém édiablem ent condam nées, q ui ne sont pas des Solutions

91

�parce qu’elles n’apportent ríen de nouveau. Le sensualismo mesuré des fauves et expresionnistes, le romantisme caché des cubistes et futuristes, l’irrationalisme déchainé de
ceux qui oscillent entre le dadaísme et le surréalisme, l’empirime impuissant et
ingénu des néoréalistes, Solutions de longues cohortes de faux épigones de tous les
créateurs imaginables, ne pourront satisfaire personne d’ici peu. On pourra avancer,
avec raison, que les Solutions artistiques ne peuvent devancer les possíbilités objectives
que permet la situation présente et qu’il n’est pas légitime d'exiger de l’artiste une
m aturité des formes que la vie est loin d’offrir. Et bien, si l’on considére la question
sous cet angle, on comprendra pourquoi il n'y a pas de solution esthétique partidle,
et pourquoi la seule pensée critique valable est celle qui procéde d’une prophétie
sur la vie. C’est ainsi que j’entends justifier la sévére analyse que je fais de l’art actuel,
analyse qui ne repose pas sur les qualités individuelles que possédent presque tous les
artistes, mais sur la quéte passionnée d’une visión qui puisse cadrer avec un style, en
d’autres mots, la quéte d’une conscience actuelle.
J orge R o m ero B rest

Traduction de J ean Dblmas .

92

�bibliografía
SOBRE EL ARTE ITALIANO CONTEMPORÁNEO
Stefano C airola : Arte Italiana del nostro

tempo. Xstituto Italiano D’Arti Grafiche
Editore. Bergamo. 1946.
En enorme volumen y con esmerada pre­
sentación, pone el Instituto de Artes Grá­
ficas en manos del público gustador de las
artes plásticas una colección de láminas
de los más significativos artistas italianos
de nuestro tiempo. Bajo la dirección y
selección de Stefano C airola, comentan
las obras varios críticos. Están presentes
con una o más reproducciones 117 artistas.
Se inicia el libro con un breve prólogo
a cargo del director. Comienza mencio­
nando el impresionismo francés y sus
consecuencias, oponiéndole a continuación
el estado del arte italiano del fin y prin­
cipio de siglo. Plantea el ambiente de
estancamiento provinciano de Italia, fren­
te a aquellas conquistas plásticas. Tal era
la situación que, de continuar, hubiese
concluido por desolar el país y anular toda
fuerza creadora.
Cita a los futuristas, que en 1910 lanzan
el manifiesto, con su importancia polé­
mica e histórica. A vuelo de pájaro des­
cribe el estado cultural durante la gue­
rra 1914-18, los aislados intentos de crea­

93

ción de un nuevo lenguaje plástico, el
esfuerzo para lograr una expresión autó­
noma y la búsqueda de los valores abso­
lutos del espíritu, que tan ligados habían
estado a la antigua tradición italiana.
Menciona la pintura metafísica y sus prin­
cipales cultores (Carrá, de Chirico y Morandi), luego a los primeros “900” con
el intento de reagrupación; para llegar
a otro grupo de carácter combativo, que
apareció en 1926. Deja de Jado obras y
nombre de estos últimos.
Llegado a este punto de la lectura, es
muy posible que el lector se pierda en la
enumeración de hechos y escuelas. Porque,
si bien se pueden dar por sobreentendidos
el impresionismo y aún el movimiento metafísico, es muy difícil que el gran público
y también el inteligente conocedor de
artes plásticas, estén claramente informa­
dos de lo que ha pasado en el campo
pictórico-escultórico en los últimos 25 años.
El hilo conductor se pierde y es necesario
ver y volver sobre estos párrafos. Posible­
mente esto no suceda con demasiada fre­
cuencia entre lectores italianos, pero debió
tenerse presente que una obra de tal
magnitud llegaría a manos de extranjeros.
Continúa hablando del carácter del libro;

�“Es una panorama de los últimos 40 años
de trabajo del arte italiano, sin preten­
siones rigurosamente críticas o selectivas.
Están presentes artistas que poseen por
razones polémicas, humanas o de oficio,
un justificado interés.” Concluye dando
razones, que no convencen, sobre la omi­
sión de Modigliáni y Boccioni.
Las láminas cuidadosamente elegidas y
reproducidas, van acompañadas de comen­
tarios. Indican éstos el material empleado
y las dimensiones, agregando el nombre
del crítico que se ha ocupado de ellas.
Permanecen en un plano de análisis y
son observaciones breves y agudas, sobre
temas y elementos plásticos. Hay 100 a
todo color y 200 en claroscuro. En algu­
nas de ellas se advierten hasta las pince­
ladas y los fragmentos de tela descubiertos
y cuando se trata de esculturas, no escapa
el reconocimiento del material empleado.
Term ina con cortas biografías de cada
uno, indicando cursos seguidos y caracteres
personales. Ilustradas las mismas con foto­
grafías de los artistas, ya sea personales,
trabajando, entre las obras y aún en
escenas familiares.
Las biografías son notas aisladas. La idea
de panorama de un período artístico,
implica relacionar los hombres que par­
ticipan en él, anotar sus vínculos e in­
fluencias. No se puede lograr esta tarea
con éxito, cuando en ella intervienen va­
rios críticos, que expresan aisladamente
opiniones. Se ha hecho un corte violento
en la historia del arte, sin relacionarlo con
el pasado o predecir el futuro.

94

Entonces, cuando el lector cierra el libro,
luego de un intenso esfuerzo de observa­
ción, surge la confusión en su memoria.
En la retina comienzan a danzar nombres
e imágenes, que se distribuyen y agrupan
inadecuadamente. Fácil es advertir, lo
difícil que es la tarea de extraer factor
común o relacionar artistas y más aún en
nuestro tiempo, pero tal es la misión de
los teóricos. De otro modo, el aprovecha­
miento de esa riqueza de láminas, no ha
dado frutos profundos. Es necesario ir
ubicando poco a poco fechas y obras, rea­
lizando numerosas lecturas. Es verdad
que esto es indispensable en el campo de
la cultura, pero en el presente caso pudo
habérsele hecho más simple la tarea al
lector.
Ahora hagamos algunas observaciones so­
bre el arte italiano contemporáneo, tal
como se desprenden de la lectura de este
libro.
Los pintores continúan inspirándose en
la naturaleza y tienen apego a la materia,
sea al presentar los objetos o al hacer que
el encanto surja del empaste. La sustancia
nutrida, bien valorada, sin demasiado cla­
roscuro, la composición ortogonal y clara.
A veces fuerzas dinámicas modifican las
formas, pero esa inyección de gracia o
leve desequilibrio no quiebra las estruc­
turas y las veladuras desempeñan un es­
caso papel. Se advierte que son buenos
dibujantes, herencia antigua que manejan
a maravilla aún los menos dotados. De­
masiado firmes como hombres de oficio,
para descuidar un pequeño trozo. Cono­

�cen trazos y arabescos que rompen con
ritmos variados, pero retornan a la mate­
ria, elaborada por el vaivén del análisis,
con su correspondiente ordenación inte­
lectual. Emplean óleo sobre tela general­
mente, aunque algunos pintan sobre car­
tones o tablas. Es escasísimo el temple y
el pastel.
Se mantienen en primer plano los pin­
tores de más edad. Muchos, como D e
C hirico , C arra, de P isis,
pigli, Severini, M orandi,

C asorati, C am Tosí, Sikoni y

otros fueron vanguardistas y nos brindaron
emociones nuevas. En sus cuadros había
juventud y originalidad. Se les puede
objetar, que no hayan continuado reno­
vándose como lo prometían en obras de
hace 20 ó 30 años.
Ya que esto ha sucedido, era de esperar
que fueran suplantados por nuevas gene­
raciones. ¿No es sorprendente, que en
este siglo y con las renovaciones de la
llamada “Escuela de París” y los aportes
de M ondrian , K andinsky, K lee y otros,
ningún italiano intente al menos, expre­
sarse pura y únicamente con formas abs­
tractas, simples creaciones plásticas, sin
referencia al mundo de la naturaleza?
Unos pocos tantean y penetran en atmós­
feras de brumas y fantasías. Son sus
criaturas seres híbridos de fantasmas con
aspecto humano, que se deslizan insatis­
fechas e interrogantes, moviéndose en esce­
narios próximos a derrumbarse. Está por
verse a dónde los conducen esas búsquedas
y si continúan expresándose así, en obras
futuras. Son los menos los que tienden

95

hacia una cierta geometrización de las
formas. Hay quienes introducen acentos
de poesía y hasta musicales, poblando la
atmósfera con ellos. Sin embargo, la gran
mayoría continúa haciendo pintura como
en el siglo pasado, sin que se note el
clima del presente.
Si pintar es tener algo que decir, ¿será
posible que en un país como Italia,
donde tanto tuvieron que decir hombres
de otras épocas, hoy posean tan poco? Al
decir esto comprendo la posible injusticia
para con los pobremente representados.
Además, es necesario el tiempo para poder
gustar obras de arte y la posibilidad de
tener contacto con ellas; en lugar de
considerarlas por reproducciones, que son
espectros de la verdad que ellas encierran.
Si juzgo el arte italiano a través de este
libro, advierto la ausencia de los jóvenes.
Todos han nacido entre fines y principio
de siglo, teniendo los menores aproxima­
damente 40 años. Aquí un nuevo interro­
gante: ¿Qué hacen las generaciones de
poca edad en el campo de las artes plás­
ticas? ¿No hay quién pinte o haga
escultura de mérito?
Si es difícil valorar pinturas por láminas,
ante la escultura el problema se agrava,
pues se nos brinda una imagen parcial.
Ya que ésta, cualquiera sea su género o
tendencia, es volumen, sería necesario
poseer varias tomas para poder reconstruir
mentalmente lo que el plano del papel
no puede brindar. ¿Cuándo llegará el
momento, en que todos los libros de arte
proporcionen este material tan necesario?

�Realizan casi siempre cabezas o figuras
y pocas composiciones, torsos o medias
figuras y animales. Son esculturas de bul­
to, salvo dos relieves de A lfieri y uno
de F azzini. Usan en gran escala bronce
y terracota, también yeso; menos cera,
madera, mármol y hay un solo ejemplo
de piedra y cerámica policromada. Son
en su casi totalidad blandos y permiten
el juego de ejes y superficies. Es impor­
tante la elección del material, pues siem­
pre están de acuerdo con las necesidades
del autor. Tienen apego a las formas
observadas. Algunas superficies muy tra­
bajadas, otras lisas, con rasgos de grafismo
o geometrización. Las hay con fragmentos
abocetados o zonas detalladas. Mantienen
la integridad del volumen y la compo­
sición ortogonal. Sensuales algunas o mos­
trando caracteres psicológicos, dinámicas
o gesticulando, serenas y ajenas al mundo
las últimas.
E lsa T engoni

R affaele C arrieri: Pittura Scultura D’
Avanguardia in Italia. Edizioni della Conchiglia, Milano. 1950.

La editorial della CONCHIGLIA incorporó
en el año 1950 a la larga serie de libros
iniciada en 1938 uno de RAFFAELE CARRIERI sobre Pintura y escultura de van­
guardia. Abarca sesenta años de actividad
plástica; de ella el autor escoge ya Iosartistas sobresalientes por sus expresiones
propias —el primero M edardo Rosso—, ya
las escuelas más importantes de la moder­
nidad italiana: futurismo, pintura metafí­

96

sica, escuela romana, superrealismo, arte
abstracto y neorrealismo sin olvidar el Novecento.
Si tuviera que dar una semblanza apro­
ximada de la obra diría que su modalidad
esencial consiste en presentar tanto a unos
como a otras a través de realizaciones plás­
ticas y de documentos literarios; tan rica
en número de reproducciones es la parte
gráfica como elocuente la que corresponde
a manifiestos, artículos periodísticos, car­
tas, etc.
Acaso haya elegido Carrieri este procedi­
miento para eludir una elaboración con­
ceptual y sobre todo un juicio explícito que
hubiera dado a la obra más un carácter
de tesis que de enciclopedia presentativa.
Pero como no todos los movimientos son
tan precisos en la elaboración de las ideas
que los sustentan, máxime cuando se trata
de movimientos que se van desenvolviendo
con nuestra contemporaneidad, el método
usado no resulta siempre suficiente y efi­
caz. Así mientras el futurismo y la pintura
metafísica aparecen bien bosquejados a
través de los distintos testimonios litera­
rios ensamblados con las reproducciones,
no ocurre lo mismo con los abstractos y
neorrealistas.
Se siente la ausencia de una elaboración
en base a los conceptos primordiales que
los engendran. La simple transcripción del
manifiesto de L icini del año 1934 no puede
dar contenido al arte abstracto y las frases
de C orpora no son tan elocuentes como
para acercarse a la disidencia entre el mis­
mo movimiento y el neorrealismo.

�El capítulo resulta por eso confuso en su
trabazón a lo que también contribuye la
carencia de análisis plásticos. El lector
quiere descifrar la diferencia entre ambas
corrientes artísticas, apela al texto y en el
filo de las dos se encuentra con las decla­
raciones de Corpora: “Luego de la guerra
tomó cuerpo una nueva realidad basada
no en los viejos esquemas sentimentales...
una civilización menos intelectual y más
viva donde el hombre es la primera recu­
peración del pensamiento”.
De inmediato con las palabras de M archiori, ordenador del Frente nuovo delle
arti alia XXI V Bienale di Venezia. “Como
consecuencia de la guerra vino la búsqueda
de nuevas relaciones entre los hombres lo
que promovió el acercamiento entre los
artistas... no tanto basados en búsquedas
estéticas cuanto en actitudes de conciencia”.
Esto explicaría la heterogeneidad del grupo
(Birolli, Santomaso, Pizzinato, Vedova,
Afro, Cagli, della Regine, Capogrossi) fren­
te al de los abstractos (Magnelli, Licini,
Soldati, Rho, Radice, Gennaio, Guttuso) .
El mismo lector pasa luego a la parte
ilustrativa y observa que no hay diferen­
cias sustanciales y que muchos de los in­
cluidos en ese nuevo realismo deberían ser
considerados más bien dentro de un arte
de abstracciones a la manera del grupo de
París, por ejemplo Corpora, Pizzinato, San­
tomaso, Cagli.
¿Existe para quien por primera vez recurre
a una enciclopedia del arte italiano del
siglo XX una respuesta a los múltiples in­
terrogantes que el arte, especialmente el

97

abstracto, plantea; a las causas que le die­
ron origen, al modo cómo debe interpre­
tarse esa llamada ausencia de figuración,
y a su vez el sentido que tiene la incorpo­
ración de los entes matemáticos en su
estructura? Y ya que me permito en este
momento cierta severidad, ¿existe acaso una
presentación justa de la polémica entre arte
abstracto y neorrealismo; se alcanzan a per­
filar sus lindes y las causas profundas que
se mueven tras las nuevas expresiones?
Evidentemente, éstas y otras preguntas pue­
de plantearse un lector exigente. Y él mis­
mo podría llegar a la conclusión de que
el desequilibrio entre los distintos capítulos
responde a una intención previamente to­
mada. Es decir, podría suponer una prefe­
rencia por los grandes movimientos que
fueron futurismo y pintura metafísica, ya
que a través de lo literario la idea conduc­
tora de las observaciones se desprende con
nitidez, al mismo tiempo que la descripción
interpretativa de cada obra es abundante
en ellos y escasa y pobre en los últimos.
De tal desequilibrio agregado a ciertas lí­
neas sueltas en el texto se puede concluir
que con no ser la de Carrieri una obra
polémica, se presta a ella. ¿Es justa la lige­
reza con que presenta al superrealismo?
Suponiendo que inclusive una franca posi­
ción filosófica o doctrinaria lo llevare a
menospreciar los medios subconscientes
como vías posibles de acercamiento a la
esencia de la realidad total, ¿es posible
contentarse con decir de él que es "una
especie de pequeña industria del miste­
r io ... en el misterio superrealista se siente

�la forbice y la cocaína”, y concluir “la pin­
tura italiana contemporánea se ha mante­
nido alejada de estos influjos demoníacos”?
El hecho de reconocer que no parece haber
sido el propósito del autor la búsqueda de
ideas estéticas que permitan el desglosamiento de las distintas manifestaciones ar­
tísticas, ni tampoco la prosecución de una
idea general que como hilo conductor en­
garce las distintas direcciones en una
interpretación aproximada del lenguaje de
nuestro siglo, no me exime de señalar otros
juicios como ligeros y susceptibles de dis­
cusión. ¿Cómo ha de aceptar por ejemplo:
“Todo el arte del siglo XX es una fuga de
lo real. Por relaciones, por dimensiones,
por traducciones, por conjunciones”.
El arte no es nunca evasión de la realidad,
es por el contrario penetración directa en
ella. El arte es siempre objetivación de una
cierta manera de penetrar en el sentido de
la realidad por el camino de la emoción;
objetivación de una cierta actitud de la
sensibilidad frente a la vida. Recuerdo en
este momento ciertas palabras del filó­
sofo C assirer, cuando en Ciencias de la
cultura, al ocuparse de los objetos de la
cultura otorga a los caracteres de la poesía
lírica la am plitud genérica que correspon­
de al arte en general. “Cada uno de los
grandes líricos, proponiéndose tan sólo ex­
presar su propio yo, nos enseña en reali­
dad a sentir el mundo de un modo nuevo.
Nos revela la realidad y la vida bajo una
forma en que no creemos haberlos visto
nunca antes... abre ante nosotros un co­

nocimiento que no es posible aprehender
en conceptos abstractos y que sin em­
bargo se alza ante nosotros como la reve­
lación de un algo nuevo hasta ahora igno­
rado y desconocido”. “Las grandes crea­
ciones del arte tienen esa poderosa virtud
de hacernos sentir y conocer lo objetivo en
lo individual: plasman ante nosotros con
trazos concretos e individuales todas sus
formas objetivas y les infunden, así, la
vida más intensa y vigorosa, la más pode­
rosa sensación de realidad.”
Concluyo afirmando que el método elegido
por Carrieri para dar una reseña total de
la pintura italiana contemporánea no ha
sido didáctico por igual en cada caso.
Frente a los múltiples problemas que el
arte contemporáneo plantea no habrá nun­
ca esfuerzo editorial eficaz si descuida en
demasía el análisis conceptual. Por eso el
libro de Carrieri, tan bien engranado en
algunos capítulos, tan ejemplar en la elec­
ción del material ilustrativo, tanto en lo
que respecta a la calidad como al tamaño
adecuado de las reproducciones es sin em­
bargo para el lector un esfuerzo frustrado.
B lanca Staexle

cU mbro

98

A pollonio : Pittura italiana mo­
derna. Ed. Neri Pozza. Venezia, 1950.

El título nos indica el
El subtítulo precisa su
taría de una primera
tema en estudio, de un

tema del libro.
sentido: se tra­
aproximación al
trabajo no defi­

�nitivo, sino por el contrario problemático,
casi diríamos un esbozo. Es decir, un in­
tento de contribuir a esa historia aun no
escrita con los materiales reunidos por
el autor a través de un estrecho y pro­
longado contacto con artistas y obras.
En veinte páginas de introducción, Umbro
Apollonio se dedica a resolver arduos
problemas de filosofía del arte: “Arte y
Cultura”, “El hombre artista”, “Moder­
nidad y Moda”, "Libertad y Pintura”,
etc. Así nos lo promete en los encabeza­
mientos de las páginas. Pero Apollonio
no hace más que rozar las cuestiones
planteadas: nunca ahonda, nunca demues­
tra. Henos aquí ante uno de los mayores
reparos que caben hacerle a este libro.
En efecto, revela una marcada preferencia
por los conceptos abstractos, tan genera­
les que resultan ambiguos, sazonados con
una adjetivación exuberante y poco pre­
cisa, todo ello en largos y complejos
párrafos, lo que tampoco favorece el
logro de su claridad.
Claro está, llega a ciertas afirmaciones
fundamentales, pero las expone en un
tono de verdad dogmática pese a que
algunas sean discutibles y otras total­
mente obvias. Lo más importante de esta
introducción son sus comentarios sobre
el atraso de la pintura y la crítica ita­
lianas a fines del siglo pasado y comien­
zos de éste con respecto a las de Francia,
los primeros contactos con la pintura
extranjera, los funestos errores del fascis­
mo y de la crítica nacionalista. A este
chauvinismo suicida atribuye Apollonio

99

el tardío desarrollo del arte moderno en
Italia.
Entramos luego al análisis de la pintura
moderna italiana, que abarca desde el
entronque del naturalismo con el impre­
sionismo en Spadini, hasta los jóvenes
todavía hoy en pleno desarrollo, C assinari, G utusso, Santomaso . Pero más que
de la pintura italiana, es análisis de al­
gunos pintores italianos, en una serie de
artículos más o menos breves de acuerdo
a preferencias personales del autor, sin
que se advierta con claridad la presencia
de una idea rectora que dé al libro cohe­
sión y unidad. Hay, innegablemente, un
esbozo de división por grupos, que sigue
un orden cronológico: Spadini, T osí, So f fici y Semeghini , los precursores, los que
abren las puertas de Italia a la salva­
dora lección del arte francés; M odigliani
y Rossi, los malditos, los que se realiza­
ron íntegramente fuera de su patria, en
París— y cabe aquí señalar cómo a pro­
pósito de estos dos pintores Apollonio se
extiende en consideraciones ancdóticas—;
el futurismo y sus abanderados, B occioni,
B alla , R ussolo y Severini; la pintura
metafísica y sus apóstoles, D e C hiricd ,
C arra, M orandi; el Novecento y sus cam­
peones, F uñí, C arena, M arusig, Sironi;
los heréticos, que aunque tomaron parte
en las exposiciones de dicho grupo man­
tuvieron su independencia, R ossai, V iani,

B artolini, C ampigli, D e P isis, G uidi,
C asorati, M accari; la Scuola Romana
con Scipione , M affai , M elli , P irandello ,
Stradone y Scialojia ; la orientación abs-

�tracta de M agnelli, Soldatti, L icini ; los
más jóvenes, B irolli y los enrolados en
Corrente: C assinari, G utusso, Santomaso .
En estas 130 páginas el autor insiste en
su estilo complejo y oscuro. Tampoco en­
cuentra el lector un método crítico con­
secuentemente empleado que le facilite
una estimación de conjunto, pues Apollo­
nio trata a cada pintor de una manera
diferente; ya se detiene en buscar simi­
litudes e influencias, ya sigue con pro­
lijidad su desarrollo o se extiende descri­
biendo algunos cuadros con un pormenor
que exige para su justa comprensión la
presencia de las reproducciones.
En cambio se muestra muy certero y sa­
gaz en algunos juicios aislados, en ciertas
observaciones parciales. Su valoración de
De Chirico, Carra y la pintura metafí­
sica, están llenas de perspicacia y justeza,
así como su severa censura al Novecento.
Pero a menudo lo vemos lanzarse a dic­
támenes discutibles o aun errados. Así no
parece advertir toda la importancia del
futurismo y lo limita a la función de
agitar el aletargado ambiente académico;
exagera el valor de Morandi, en el que
ve el áncora de salvación del arte italia­
no; toma la gracia epidérmica y un poco
pesada de De Pisis por “la prueba más
manifiesta de cuanto alcanza una natu­
raleza poética realmente dotada y poseída,
predilecta de la más ligera de las teme­
ridades: la inspiración inmediata y fe­
liz”.
Desde el punto de vista crítico, otro re­
paro a hacerle en su actitud con respecto

a los movimientos abstractos. Aunque en
ningún momento se declare abiertamente
su enemigo, lo cierto es que jamás se rt
fiere al abstractismo sino en un tono a la
vez de desconfianza y desdén. Su disgusto
por las aventuras experimentales, por
las actitudes polémicas, es evidente, así
como su amor por el hombre-individuo
y por las exquisiteces de la sensibilidad
y el ímpetu de sentimiento.
Pintura italiana moderna es Un libro
que crea cierto desconcierto. Al lector
poco interiorizado lo confunde su obscu­
ridad, y para satisfacer las exigencias del
conocedor carece de la profundidad y am­
plitud necesarias. Valga el esfuerzo como
una simple presentación de materiales.

C

R aquel E delman

Cahiers d’Art, año 25, 1950. Art d’Aujour
d’hui, enero de 1952.
Cahiers D’Art 1950, en 276 páginas de
excelente presentación, se propone mos­
trar un panorama general del arte ita­
liano de la primera mitad del siglo, con
imparcialidad de juicios, sin cotejarlo con
otras expresiones similares de otros países,
ni establecer parangones. Esto lo consi­
gue principalmente a través de una co­
piosa documentación gráfica de buenas
láminas en blanco y negro, amén de
serios artículos de presentación, extractos
de escritos de los artistas mismos, mani­
fiestos, actos de fe, memorias u obras lite­
rarias cuando las hubo. De todo ello *e

100

�reconstruir el mundo plástico, nació una
creciente necesidad de renovación que
invadió la obra de los más jóvenes gene­
raciones de creadores italianos. Éstos, sin
embargo, no poseyeron ni el empuje fer­
viente, ni la capacidad inventiva de sus
mayores. Con todo, estaban en marcha,
inconscientes tal vez del aliento vivifica­
dor recibido que se perpetúa hasta nues­
tros días.
El segundo movimiento de arte auténtica*
mente italiano está constituido por un
movimiento estético que se llamó meta*
físico, no exento de raíces germanas.
Sus paladines: C hirico , M orandi y CarrA,
no rompen con la tradición en el sen­
tido revolucionario de los futuristas, sino
que se sirven de ella como fuente de
prodigios y de poder sobrenatural.
Al lado de estas dos corrientes existe el
grupo de pintores que se interesan por
las cosas en lo que trasunta de su reali­
dad objetiva: M odigliani, M orandi, Rosai, D e P isis, C ampigli . Otros más román­
ticos, como Scipione .
Estas tres tendencias del arte italiano,
constituyen la fuerza nueva que se en­
frenta con la tradición. A la zaga de
ellos los más jóveens artistas ofrecen un
panorama rico en promesas, cuyo grupo
más importante desdeña el arte figura­
tivo, procediendo con espíritu de laudable
rigor.
Hasta aqui Christián Zervos. Sigue un
n i , B alla , R ussolo, C arra, Severini, resumen cronológico de los hechos futu­
P rampolini.
ristas escrito por la Señora B enedetta ,
Del esfuerzo común de estos artistas por compañera de Marinetti, que reúne una

desprende la tesis de que el arte italiano
se mantiene fiel a sí mismo, con gran
unidad de concepción, a través de los
diversos movimientos que implicó la reno­
vación artística de estos primeros 50 años
del siglo.
En su presentación de conjunto C hris tian Zervos afirma que desde T iepolo el
arte italiano carece de originalidad e in­
vención. Vive de “recuerdos falsificados
por el tiempo”. Ricos en poesía, carecen
de la audacia conceptual de los grandes
movimientos creadores de vanguardia y
se dejan más bien influir por escuelas
que nacen y florecen en el extranjero,
particularmente en Francia. Estas ten­
dencias luchan y se equilibran en la
fuerte tradición que pesa sobre la penín­
sula, y tiñen todas las expresiones del
Ottocento italiano. Cabe ahora a la joven
generación de principios de nuestro siglo
el haberlo comprendido y luchar para
salir de esta encrucijada.
El primer luchador fué M arinetti, que
reclama para la juventud italiana liber­
tad de nuevas creaciones que no sean calcos de los antiguos. Es en 1909 que la
juventud italiana comienza a sacudir el
letargo y contestar al grito del poeta. Los
primeros en reaccionar fueron los futu­
ristas, deseosos de construir un arte que
estuviese de acuerdo con los descubri­
mientos del siglo en que vivían. Dirigien­
do el movimiento se encontraban: Boccio-

101

�Tica documentación sobre el movimiento,
con fragmentos de los diferentes m ani­
fiestos futuristas, exposición de ideas, etc.
Luego recuerdos relacionados con el mo­
vim iento futurista por P aolo B uzzi, en
form a de anécdotas personales sobre su
amistad con M arinetti, representaciones
teatrales futuristas, publicaciones, concur­
sos literarios, etc.; junto a una breve ca­
racterización de la personalidad de Boccioni, Russolo, Carrá, Balla, Severini, del
músico Pratella, el arquitecto Antonio
Sant’Elia y el decorador Fortunato De­
pero. Con ello define al futurismo como
un movimiento netam ente italiano (a pe­
sar de sus ramificaciones en el extran­
jero) ; como una mística de la acción y
un intento por vitalizar el arte con las
nuevas conquistas estéticas que surgen de
la electricidad, de los motores, de la ve­
locidad, la aviación, la ra d io . .. todo
aquello que marca el dinamismo de la
vida moderna. F rancesco P antochi a su
vez analiza la obra de Boccioni conside­
rando que ella sobrepasa los límites es­
trictos del futurism o ya que se propone
dar la sensación de un objeto más allá
de su apariencia real; actitud que el au­
tor llam aría Sensacionismo o Interiorismo:
sensación del eterno devenir de la reali­
dad en que se vive.
U n rico m aterial de reproducciones en
blanco y negro perm ite constatar en cada
caso lo escrito, así como tam bién la lec­
tura de los Manifiestos de los pintores
futuristas del 5 de febrero de 1910, el
M anifiesto técnico de la escultura fu tu ­

rista del 11 de abril de 1912 o el Prefacio
a la prim era exposición de pintores futu­
ristas en París del 5 al 24 de febrero de
1912. En ellos se afirma fanáticamente no
interesarles más la representación de un
instante fijo del dinamismo universal,
sino la sensación misma del dinamismo:
todo se mueve, todo cambia, todo se
transforma rápidam ente. Desean colocar
al espectador en el centro del cuadro y
que todo gire con él.
Los escultores desean dar la máxima vi­
bración de la luz sobre la m ateria y una
completa compenetración de planos que
den la sensación de movimiento, de ejes
entrecruzados en constante choque para
dar una coherencia arquitectónica a los
planos que (según Boccioni en un ar­
tículo sobre la escultura futurista que se
publjca en estos mismos cuadernos) ha­
bía perdido la escultura impresionista. Se
desecha por lo tanto la inm ovilidad de
la escultura tradicional y cubista. No se
desea crear la forma pura sino el ritm o
plástico puro, no la construcción de un
cuerpo sino la construcción de la acción
de un cuerpo, no una arquitectura pira­
midal sino una arquitectura espiroidal
dinámica, que crearía frente al especta­
dor una continuidad de formas que le
perm ite seguir idealmente un nuevo con­
torno abstracto que expresa al cuerpo
en su movimiento material. La formafuerza es por su dirección centrífuga el
potencial de la forma real viva. El espec­
tador debe construir idealmente esa con­
tinuidad que le es sugerida por las for-

102

�ma-fuerzas equivalentes a la energía
expansiva del cuerpo.
Proclaman el rechazo de la línea vertical
y horizontal por ser líneas muertas, el
ángulo que consideran apasional, el cubo,
la pirám ide y toda forma estática así co­
mo toda unidad de tiempo y espacio.
Reclaman en cambio la máxima satura­
ción de color, el arabesco dinámico, los
ángulos agudos, las oblicuas, la perspec­
tiva subjetiva de compenetración del in­
dividuo con el paisaje, los contrastes de
línea y color, todo aquello que pueda
constituir un torbellino de sensaciones.
Los ruidos y los olores se convierten en
el signo del movimiento, del devenir, de
la dinámica moderna. Cario Carra y
Luigi Russolo se convierten en los apo­
logistas de estas sensaciones manifestando,
el último, que el ruido de las máquinas
ha triunfado sobre el silencio de la vida
de antaño. Desean incorporar estos ruidos
a todas las manifestaciones del arte, tan­
to en el tiempo como en el espacio.
B alilla P ratella concluye el manifiesto
con consideraciones más técnicas sobre la
música y se acompaña la nota con foto­
grafías de aparatos musicales creados por
Russolo para ese fin. Severini a su vez
reclama la presencia del tema en la pin­
tura como elemento dinámico en sí; de­
sea un simbolismo plástico que esté en
relación con el simbolismo literario. Un
poco más adelante este mismo artista
considera al futurism o como una forma
prim itiva que cuajará en un más per­
fecto sistema ideoplástico y literario* que

encierre en signos convencionales y autó­
nomos a toda la extensión sideral del
universo. Term ina los artículos dedicados
a la documentación del futurismo, una
breve nómina y caracterización de lo que
se consideró la segunda generación fu­
turista, formada por aquellos que im ­
pregnados del prim itivo espíritu futurista,
derivaron luego a expresiones más pérsonales. El rico m aterial gráfico perm ite
cotejarlos en cada caso.
De todo este m aterial se deduce clara­
mente la im portancia que tuvo el mo­
vimiento futurista, como precursor y co­
mo realizador de obras im portantes a las
que les faltó sin embargo la síntesis
necesaria para llegar justam ente a la
formación de un lenguaje de signos con­
vencionales y autónomos, como lo deseara
Severini. Lo literario se expresa por acu­
mulación de palabras plásticas que crean
confusión para la capatación unitaria de
la idea primordial.
Se pasa luego a la caracterización de la
pintura metafísica entre los años 1910
al 1919, constituida casi exclusivamente
por las pinturas de D e C hirico , a quien
se une entre los años 1915 al 1921 G arlo
C arra y entre 1918 al 1920 G iorgio M o randi. Todos ellos se basan en lo que
se ha caracterizado como “el trágico her­
metismo de una nueva melancolía”. Des­
cubren la relación superrealista que existe
entre la perspectiva y la metafísica, el
valor subyacente bajo formas aisladas en
el misterio del aislamiento de aquello que
ha sido arrancado del orden jrráctico y

103

�habitual y colocado en otro orden menos
pasajero, más exacto y geométrico. Sigue
un estudio sobre la evolución de dichos
artistas en su período metafisico. Resulta
muy provechoso el cotejo a pocas páginas
de distancia de las dos corrientes más
im portantes que definieron la evolución
del arte italiano a principios de este
siglo. Comparado con el futurism o apa­
rece la pintura metafísica más directa­
m ente entroncada con la tradición de
clara escritura, típica del pensamiento
peninsular.
Tras estos estudios relacionados con ar­
tistas que pertenecieron activamente a los
dos movimientos revolucionarios, sigue
otro sobre la figura solitaria de A medeo
M odigliani, documentado por 20 esplén­
didas reproducciones en blanco y negro
amén de las obras escultóricas del artista
que se reproducen más adelante.
Después de sus respectivas intervenciones
en los movimientos de vanguardia artistas
como De Chirico y Soffici se embarcan
en un tradicionalismo mal contenido, tra­
tando de construir un arte de raíces n a­
cionales y basándose en la tradición, no
para im itarla, sino como sostén de con­
ceptos artísticos modernos. Entre ellos
Carra, que trata de imponer una regla
a los sentimientos más dramáticos; Mo­
randi, que busca la probidad de lo sim­
ple y del volumen elemental; Sironi,
Casorati, Rossi, etc. Toda esta corriente
se encuentra apoyada por la revista Valori Plastici de Milán.
En Roma, mientras tanto, se forma una

corriente distinta que lucha contra la
manera pomposa y falsamente tradicional
impuesta por directivas oficiales: C am picli descubre la elegancia del color y
las formas etruscas; Tosí, Semeghini, De
P isis . . . todos herederos del posimpresio­
nismo francés con ecos de la corriente
metafísica. En 1930 aparece la figura de
Scipione, desaparecido en plena juventud.
Al lado de la labor de estos maestros y
sin presentar conexión alguna con ellos,
más bien queriéndolos olvidar, se forma
la generación de los más jóvenes, que el
Cahiers presenta en orden alfabético, sin
ensayar una prem atura valorización, con
una rica documentación fotográfica que
perm ite tener una visión panorámica del
conjunto. Todos ellos al querer olvidar
la lección de las generaciones inm ediata­
m ente anteriores parecen lanzarse a la
búsqueda de expresiones más abstractas
en un abandono paulatino de la figura­
ción, pero sin que ésta deje de impreg­
nar sus obras como la raíz de donde
m ana la savia de tan poderosa tradición
latina.
Esta confrontación de los más jóvenes
puede ser enriquecida con la lectura del
núm ero de enero 1952 de A rt iyA ujourd’
hui dedicado a la joven pintura italiana.
Futurismo, pintura metafísica, persona­
lidades como Modigliani; luego los acen­
tos de Morandi, Carrá, Sironi, Campigli,
etc.. . . , hasta las jóvenes promesas actua­
les, forman un halagüeño balance para
el arte italiano de los primeros 50 años
de este siglo. Mayor riqueza en movi­

104

�mientos im portantes se dan sólo en Fran­
cia (que es mucho decir) y eso con el
aporte de los artistas internacionales que
forman la Escuela de París. Italia en
cambio se nutre casi exclusivamente de
sí misma y en eso radica precisamente su
debilidad y su grandeza. Significa que el
genio de Italia está alerta, aunque p ri­
vado de impulsos más diversos corre el
riesgo de perder universalidad. Difícil­
mente fructificarán en Italia corrientes
que son patrim onio de otras razas y que
están actualm ente imponiendo su estética
al resto de la cultura occidental; así co­

mo no floreció el gótico en Italia más que
de prestado y de paso.
Esta consecuencia del genio italiano con­
sigo mismo es una limitación pero es
también profundidad y hondura; lo que
da a sus obras esa sensación de estabi­
lidad, de calma, de equilibrio logrado, de
recogimiento austero que difícilmente en­
contramos en otras obras contemporáneas
de Europa. Es de imaginar que si los
más jóvenes no logran rom per el círculo
de fuego de tan pesada tradición, tampoco
perderán el sello de calidad que carac­
teriza a sus mayores.

105

B lanca P astor

�C

R

I

T

JOAQUIN SOROLLA

I

C

A

convencionalismo que nuestra m entalidad
no puede menos que contem plar con algu­
Presentó la Galería. W ildenstein una expo­ nas dudas. La segunda época, de 1900 a
sición retrospectiva de las obras del valen­ 1908, nos deja sus inolvidables marinas, en
ciano J oaquín Sorolla. Su arte, justo, las que empleando luces y sombras con
personal, hecho con ferviente am or al oficio una discreta paleta capta el sol desparra­
no puede menos que resentirse, pero su m ando su luz en vividas pinceladas que
propio tem peram ento, unido a determinis- crean un espacio luminoso, sin destruir el
mos nacionales insalvables, determ ina una volumen y el color local de las cosas.
actitud muy suya que da lugar a un ro ­ En la presente exposición la preferencia
m anticismo atem perado por ese conocido se señala por los trabajos pequeños, tal
rigor ibérico.
vez porque en ellos Sorolla se desprende
Enam orado del sol, de la luz, concíbelos de su naturalism o para darnos de las cosas
en form a viva, enérgica, sin dejar que sus sólo símbolos o sugestiones, ricas y expresi­
reflejos destruyan los objetos. Su empaste vas. En general, es una pintu ra que llega
poco complejo no revela grandes recursos al espectador con un mensaje claro de lo
y como va hacia lo claro y lo sencillo, en popular, de lo ingenuo y lo que es más,
su pincelada no hay grandes dudas. Lo de lo honesto en el arte.
que da la pauta de un arte honesto sin
E lena F. P occi
grandes ambiciones, hecho con am or y de­
dicación.
De las tres épocas en que se divide su
GRUPO M ODERNO DE LA
producción artística, la prim era que llega
ARGEN TINA
hasta 1900, nos deja cuadros de historia y
de trascendencia social. Sea por su conte­ Recuerdo haber leído en ciertas páginas
nido anecdótico llevado en forma literaria de M ondrian que el arte abstracto im­
o por pertenecer a un período de form a­ plica no solamente una realización en el
ción, hoy los hallamos impregnados por un campo de la plástica sino una actitud

106

�perm anente y nueva en la vida; que por
esto su objeto es llegar a una síntesis
total que trasunte el equilibrio armónico
que debe existir entre el individuo y el
m edio en que desarrolla su existencia.
Com prendí prácticam ente esta aspiración
cuando penetré en la exposición del G ru­
po de Artistas M odernos de la Argentina.
La Galería Viau no ofrecía únicam ente
un conjunto de obras; brindaba una nue­
va acomodación de su espacio por la
ubicación de un sim ple tabique y de los
muebles; por la distribución oportuna de
las pinturas y esculturas en los mismos
y tam bién por la luz general, clara y p a­
reja que uniform aba el am biente otor­
gándole la limpieza requerida para la
contem plación de un arte que evidencia
“una alegría perpetua y clara del vivir”.
De inm ediato traté de hallar las posibles
coincidencias que em pujaban a esos artis­
tas modernos a someterse a la aprecia­
ción del público como grupo; y la obser­
vación m e perm itió llegar a una prim era
idea: el m undo de las formas geométricas
invade más y más la pintu ra y la escul­
tura a m edida que se acelera el proceso
de distribución de la representación de la
realidad objetiva. Desde Sarah Grilo,
Fernández M uro, Aebi, O campo, hasta
Maldonado y H lito, asistimos a diferen­
tes estapas de esa sustitución, a diferen­
tes grados del aprovecham iento m atem á­
tico: desde el instintivo que se conforma
con el uso de los elementos a la m anera
de meros reem plazantes formales —en
especial Grilo y Aebi—, hasta el más ra­

cional que obliga a enhebrar dichos ele­
m entos teniendo en cuenta ciertas fór­
m ulas matemáticas.
Esta observación dicha así aisladam ente
tiene un significado lim itado; para que
alcance su justa interpretación es preciso
aceptar aquella sustitución como el des­
plazam iento dentro del m undo artístico
hacia una concepción del espacio plásticp.
A este enfoque traté de ceñirm e en la
m edida que las pocas obras de cada
autor me lo perm itieron.
Sarah G rilo plantea la prim era búsqueda.
Su espacio está construido a través de la
arquitectura de las form as naturales; es
por tanto estático ya que necesita de las
referencias a los entes que incluye para
cobrar forma. A ese prim er m undo sobre­
pone un esquema de formas geométricas
bien individualizadas. Sin embargo, los
planos sobrepuestos a los elementos pro­
venientes de la observación del m undo
exterior al m antener su individualidad, al
evitar las claras relaciones, no configu­
ran una estructura dinám ica, apenas si
indican una cam ino de sustitución. Esta
lucha entre ambos m undos se hace bien
evidente en el paisaje. Para arm arlo si­
gue apoyándose en su propia estructura
representativas; más aun, a veces ni elude
la sugestión del espacio tridim ensional ya*
que ubica las formas partiendo de ligeras
diagonales que se abren en fuga desde el
prim er plano. Sobre ese m undo desliza
los planos geométricos yuxtaponiéndolos,
aunque sin llegar a u n entrelazam iento
violento; y luego un trazado de líneas;

107

�que recorren las formas todavía repre­
sentativas y las geométricas agregando así
una segunda arquitectura, ésta sí de tipo
racional.
¿Qué significan el conjunto de esas líneas?
¿Ayudan simplemente a sostener la com­
posición, o agregan un sentido expresivo
distinto, referido a un posible juego de
la imaginación? Y el color, vehículo esen­
cial del lenguaje pictórico, ¿cómo actúa
en relación a ambas formas? Si elige las
gamas bajas, si no recurre a los contras­
tes violentos es por la misma razón que
aspira a dar las distintas calidades de la
pasta y diseñar formas no absolutamente
precisas.
La racionalización del mundo de Sarah
Grilo es asaz medida. La geometría está
latente, pero sin adquirir la jerarquía de
una total objetivación.
A conclusión parecida me llevó el aná­
lisis de las obras de Aebi y de Fernán­
dez M uro, no obligándome esto a afir­
m ar que las formas a que arriban son
semejantes. Reconozco en cada uno distin­
tas dotes de imaginación para acercarse a
una concepción nueva del espacio plástico,
pero planteada la observación de ambos
desde el ángulo aprovechamiento de los
elementos matemáticos en función de una
creación de espacio la diferencia, la dife­
rencia de grado y no de contenido es
sustancial.
Entre los tres arstistas hasta ahora nom­
brados y el grupo de los concretos for­
mado por Maldonado, H lito, P rati, que
admitimos a priori llevan el pensamiento

108

matemático hasta el lugar que ocupaba
la arquitectura del mundo exterior,
Ocampo fué en la exposición el peldaño
que permitió jalonar mis observaciones
tras una idea. Manteniendo de común
con los primeros la expresión de una sen­
sibilidad en función de una m ateria no
homogénea y de un color muy diferen­
ciado; haciendo como ellos alarde de
calidades, se acerca a los segundos por
su decisión en el empleo de las formas
racionalizadas. Quizá no recurra siempre
al austero cálculo, pero la mayor espon­
taneidad con que brotan de sus fuente
intuitivas no distraen sus búsquedas di­
námicas.
¿En qué medida la pintura de Ocampo
refleja la preocupación por resolver diná­
micamente el problema del espacio? Gene­
ralmente y en especial en la exposición
que en este momento comentamos i, coloca
las formas geométricas estableciendo rela­
ciones con el fondo único en prim er tér­
mino, luego entre las formas mismas.
Por ejemplo en una de fondo ocre juxtapone rectángulos, triángulos, figuras irre­
gulares; aparentemente la composición es
bastante estática, ya que las figuras se
ubican en sentido horizontal y vertical;
pero por sobre ellas desliza un movi­
miento recurriendo al trazado de una
línea negra. Este no es muy complejo,
pero la precisión ha hecho posible con­
figurar el espacio no representando ob­
jetos, sino aludiéndolo en un movimiento
continuado.
1 Con posterioridad observamos un completo
conjunto en la Galería Bonino .

�A lfredo Hlito

�Enio lommi

�Tomás Maidonado

�Miguel Ocampo

�Reconozco que es preciso retacear la aus­ espacio llamado por unos abstracto, por
teridad de la posición racionalista de otros concreto, no se construye, sino que
Ocampo. Busca en demasía vivificar las se indica por medio de ciertos elemen­
formas con las sutilezas en las variaciones tos que im portan un movimiento: desde
del color tanto en ellas como en los la conjunción de diferentes planos de co­
fondos; se entrega a veces a soluciones lor con sus líneas adheridas, el recorte
dramáticas como en la composición del apropiado de un fondo único por obra
fondo negro que se abre en el centro de las figuras sumergidas en el mismo, o
como una luz sideral; e inclusive incurre la vibración simple pero potente de las
en imprecisiones como en aquella gran líneas solas. Y la llamo simple porque no
figura roja que al verse penetrada por el necesita para hacerse evidente más que
fondo, tiende en uno de los resortes a la dirección, tam año y color apropiado
fundirse en un desparramo de puntos de con respecto al fondo uniforme.
pasajes. Interpreto estas licencias como El prim er procedimiento es usado por
escapatorias de una rica sensibilidad que M aldonado cuando ajusta tres tonos distin­
abocada a soluciones asaz meditadas aún tos de am arillo dentro de tres aparentes
no ha entrado en el surco de una apro­ rectángulos verticales, pues el del medio
piada expresión. Pero su decisión por se angosta imperceptiblemente en la par­
solucionar los problemas del espacio plás­ te superior perm itiendo el ensanchamiento
tico en función de una idea se perfila de los laterales. Como si la compresión
hoy con seguridad.
de los lados obligaran a las fuerzas con­
En otra oportunidad y con motivo de la tenidas en el plano a desprenderse en las
exposición del Grupo de los concretos en zonas ligeramente angostadas surgen los
el Instituto de Arte Moderno, seguí la distintos haces de líneas marcando el
observación de sus obras expresamente de movimiento. La unidad entre el color, los
acuerdo a los problemas que plantea la planos y las líneas está tan lograda que
incorporación del movimiento como pro­ si por un instante tapamos los campos de
tagonista absoluto dé la creación plástica. las líneas, los planos de inmediato se
Quiero ratificar este enfoque como el estatizan perdiendo su unidad; a su vez
más justo aunque sin abundar hoy en si imaginamos el desplazamiento de las
detalles descriptivos. T anto Maldonado líneas sobre colores distintos, o por el
como H lito logran ciertas formas expre­ contrario sobre iguales tonos de amarillo,
sivas al dinalhizar un espacio virtual­ la variación dinámica se tranquiliza; y
mente aludido. Aclaro la denominación por fin, si pasamos a los tres rectángulos
de aludido, porque por oposición al re­ conjugados en tonos menos diferenciados
presentado cuyos caracteres de realidad o más violentos, corremos el riesgo de
derivan de su procedencia empírica, el quebrar el planismo mismo de la obra.

113

�No está de más pensar que esta conjun­
ción de línea y color, im perativo de la
creación abstracta, ha sido alcanzada por
la elaboración paciente de un cálculo m a­
temático.
H erró presenta la segunda m anera de dinamizar el espacio superponiendo a un
fondo blanco distintas figuras. Para que
se entienda recordaré algunos elementos
de la composición. El plano total es di­
vidido horizontalm ente en dos rectángulos
desiguales; desde un punto dinámico que
no es el centro de la tela parten las dis­
tintas figuras: rectángulos o figuras irre­
gulares, algunas próximas pero sin llegar
a tocarse, otras recostándose en los lím i­
tes de las vecinas. Lo que im porta en
prim er térm ino es cómo se configura el
espacio blanco al verse recortado por los
lados desiguales de las estructuras, y el
sentido expansivo que cobra el movi­
m iento de las mismas, como si se abrie­
ran hacia los costados del plano total;
todo esto m anteniendo perm anentem ente
el equilibrio planista, sin provocar h u n ­
dimientos ni zonas que pudieran des­
prenderse por el mismo contraste de los
colores.
En cambio en aquella otra obra de H lito
de vigoroso fondo verde, el dinamismo es
producto exclusivo de una perm anente
vibración lineal. Ésta es alcanzada tanto
por la sonoridad de los distintos anaran­
jados y azules sobre el verde, como por
el adelgazamiento, engrosamiento y ex­
tensión; el efecto que produce esa con­
junción es de concentración del movi­

miento en las más finas y cortas; expan­
sión y aquietam iento cuando se prolon­
gan en cintas l.
Como en la pintura concreta, en las cons­
trucciones con superficies y alambres, la
nota característica no es la exuberancia
imaginativa ni sensible, sino la parque­
dad.
Así como en las primeras basta ordenar
los elementos, líneas, planos y colores p a­
ra alcanzar un ritm o, en las segundas
bastan superficies pulidas de yeso o metal,
0 simples alambres para obtener formas
dinámicas. ¿Cómo deben ser m iradas las
construcciones de G ir ó l a y de Y o m m i ?
Prim eram ente desde el punto de vista de
su concreción m aterial. Se trate de super­
ficies en yeso o en metal, lo que predo­
mina es la aproxim ada homogeneidad
tanto en la superficie misma como en el
espesor y el color. Con esas cintas y
alambres se obtienen formas que obligan
al ojo a no detenerse en el análisis de
sus distintas partes sino a recorrerlas en
toda su extensión con movimiento conti­
nuado y uniforme.
Si nos conformáramos con esta somera
observación poco habríamos adelantado
en la comprensión de las nuevas formas;
diríamos simplemente que se trata de es­
tructuras no figurativas que parecen ex­
presar de m anera descarnada la dirección
de ciertos movimientos.
El análisis debe extenderse más allá de
1 La serie de obras expuestas por Hlito en
setiembre en la Sala V de Van Riel permitió
una vez más el conocimiento de estas formas
expreeivas.

1\14

�la concreción de las formas y debe ser
llevado hasta las relaciones que crean con
el espacio ambiente. ¿Qué resulta más
expresiva en la construcción cerrada de
alam bre de G ir ó la , el recorrido lineal en
ritmos rectos y agresivos o las formas
geométricas que toma el espacio compri­
mido dentro de los mismos? No se trata
como en la tradicional escultura de bulto
de crear formas más o menos sólidas que
implican un desalojamiento del espacio,
sino de moverlo, configurarlo, desper­
tarlo si cabe esta expresión hacia un
m undo de formas contenidas en potencia.
La escultura abstracta libra así a la
contemplación estética la idea de un
espacio que se sabe es conceptual y no
empíricamente dinámico.
El pintor concreto —Hlito, M aldonado—
sugiere espacio usando solamente planos
y líneas rectas, es decir los medios más
impersonales y universales, considerados
como los únicos capaces de expresar con
corrección lo perm anente de la creación.
El escultor a su vez, mueve el espacio
con elementos correlativos por su sobrie­
dad. Pero, ¿cuál es el m undo estético
que corresponde a ese tipo de creación?
¿Qué estructura de sentimiento y pensa­
miento traducen? El hecho de apoyarse
en los entes matemáticos denota una
actitud m ental, así como también la deli­
beración puesta en la manera de complejizar la construcción; de dar fuerza a los
ritmos, energía a los contrastes y armo­
nías, con el fin de hacer vibrar el campo
imaginativo y emocional del espectador.

Pese a esto, hay algo en la creación abs­
tracta que sugiere un enraizamiento en
lo puram ente emocional.
Reconocimos en las distinta setapas de
la nueva pintura espacial, en Sarah
Grilo, Fernández Muro y Ocampo la
búsqueda de calidades en los tonos y en
la pasta. En Ocampo especialmente, el
am or por el color lo lleva a crear tonos
tan expresivos que bien podría hablarse
de un lenguaje de los fondos indepen­
dientem ente de las relaciones que crea
con las formas superpuestas, f o r otra
parte en M aldonado y H lito la tensión
de las líneas sobre el fondo de color re­
sulta tan evidente como para atreverse a
hablar de una capacidad sensible que
hace posible otorgar a las mismas, algu­
no de los poderes de la pintura represen­
tativa, por ejemplo la posibilidad de des­
pertar sensaciones por la significación di­
námica de una línea que condensa en la
dirección y color el sentido de una vi­
bración.
Ésta podría ser una aparente contradic­
ción del arte abstracto, pues mientras por
un lado se apoya en los procedimientos
más racionales, por otro otorga categoría
a la irracionalidad justam ente si se tiene
en cuenta la procedencia y naturaleza
de la sensación.
En el fondo, impulso emocional y refle­
xión en un perm anente juego se balan­
cean, pero no se excluyen. Como en toda
creación artística la emoción sigue siendo
la base, pero en esta nueva manifestación
el pensamiento la guía de manera tan

115

�imperiosa que su mensaje llega escon­
dido, ahogado en un aparente herm etis­
mo de las formas.
Con este análisis de la prim era exposi­
ción del Grupo de Artistas Modernos de
la Argentina, no sé si habré logrado fijar
cómo se realiza la aparición de una nue­
va concepción de espacio en la pintura
y la escultura. Al perder su carácter de
representativa, la pintura introduce la
dinamización por las relaciones de las
formas geométricas, aludiendo así a un
nuevo espacio. La posición plástica aban­
donada correspondería a una concepción
espacial de tres dimensiones; la buscada
hoy, a una idea dinámica, o lo que es lo
mismo, a una idea que hubiera alber­
gado una cuarta dimensión, el tiempo,
como posibilidad de todo movimiento.
Suponer que el espacio tiene una cuarta
dimensión no significa negar las tres an­
teriores, sino jerarquizar una de m anera
absoluta.
La pintura abstracta o concreta 1 quiere
dar form a plástica a esa geometría; su
espacio no es representación del empírico
tridimensional, sino del de cuatro dim en­
siones, por eso olvida la figuración para
realizar solamente la cuarta de ellas.
G abo en el M anifiesto realista de 1920
dice: "El espacio y el tiem po son los ele­
mentos esenciales de la vida real. Para
corresponder a ésta el arte debe basarse
en ellos.” “El volumen no es la única
1 Paso por alto la consideración sobre las cau­
denom inación por haberlo hecho oportuna­
m ente al referirm e en el N? 13 de V E R Y
E ST IM A R al libro de S euphor .

sas que ju stifican el empleo de u na u o tra

expresión espacial. . . los ritmos . estáti­
cos (propios de él) no son capaces de
dar la expresión del tiempo real.” Y Van t o n g e r l o o en la Sexta reflexión compara
la belleza con el espacio-tiempo conside­
rándolas como categorías indispensables de
la vida.
El arte abstracto preocupado por dar fe
plásticamente del espacio-tiempo es decir
del movimiento, ¿llega a configurar una
creación objetiva o pese a apoyarse en la
universalidad de las leyes matemáticas es
fuente de absoluta subjetividad? Eludo
esta consideración que me llevaría direc­
tam ente al campo filosófico, obligándo­
me a enjuiciar el pensar que tras él
aletea infundiéndole impulsos de vida.
Cuando mis observaciones se enriquezcan
al punto de otorgar a ciertas ideas la
jerarquía de un a priori, podré abordar­
las desde ese punto de vista.
Hoy simplemente pongo m i capacidad de
razonamiento en la comprensión de un
arte que parece coincidir con ciertas con­
cepciones científicas del siglo y que por
eso opone a una concepción de espacio
estática una concepción dinámica.
B lanca Stabile

M IGUEL CARLOS VICTORICA
El espectador sensible que concurrió a
ver la exposición de obras de M iguel
C ar lo s V ic to r ic a en la Galería Bonino se
encontró frente a un grupo de cuadros
que le perm itieron disfrutar de diferentes

116

�tipos de goces. Victorica brinda alegría de al am arillear en los objetos más clara­
colores y hasta lujuria para los que sien­ m ente descritos —jarro, flores, abanico,
ten deleite en m irar, a la que se suma, sin que esto signifique salir de la síntesis
a veces, una riqueza &lt;en el empaste que que caracteriza a las descripciones de este
mueve las manos hasta la tela, en un pintor— y se va haciendo más fría cuando
deseo de tocar, o una suavidad en los colorea objetos menos definidos como el
pasajes y una transparencia que fluye para paño o el retrato. Lo mismo observo en
acariciar. Pero Victorica es más que esto; cuanto a la calidad de la m ateria, que
junto al placer de ver, de sentir, de to­ se espesa ricam ente en el jarro y las flo­
car, nos ofrecer el placer de descubrir, y res y apenas cubre la tela en el fondo
cuando esto ocurre, el goce se hace más y el retrato. La composición es equilibra­
completo, total.
da: está sostenida por un trazo en ángulo
No quiero decir que en Victorica haya casi recto, muy lib ra n te en todo su reco­
misterios por develar, pero su im agina­ rrido, que subraya el retrato buscando
ción juega con los objetos más comunes destacarlo, y a su vez se refuerza en la
y su composición, por simple que parezca, carga oscura del manto. Digo oscura que­
lleva siempre en sí un pequeño engaño, riendo significar una gama, pero es una
como un desafío al espectador para que obscuridad viva, plena de color y movi­
intente descifrar el verdadero mensaje del miento, donde los trazos que tiñen alter­
pintor.
nan con el fondo de tela que asoma, a
Estos párrafos pueden ser ejemplificados veces, para competir en la dinamización
tratando de describir paso a paso mi de esa superficie. ¿Es esto todo lo que me
propia experiencia frente al óleo titulado da este cuadro? No; junto al goce sensual
Homenaje a un retrato. Lo m iro lenta­ que me lanzó a esta larga descripción,
m ente, desde el centro del salón prim ero, empiezo a captar algo más: hay una con­
luego m e acerco, m iro, toco, trato de tradicción entre el títuio del cuadro y la
penetrar. Veo una tela elaborada en to­ jerarquía de los objetos dentro de la
nos y medios tonos de tierras y ocres con composición. No es por casualidad que se
pocas pinceladas de colores puros, que acentúan en esta tela los objetos ya des­
presenta en el prim er plano una mesa critos, dejando apenas notar la intención
cubierta con un manto, donde se apoyan de un retrato, que el espectador que se
un jarro, un vaso con flores y un abanico, apoya en el título busca recrear. Victorica
La mesa está arrim ada a una pared don­ nos relata su am or por la naturaleza y
de está esbozado un cuadro que apenas por las cosas vivas. Se siente que él goza
perm ite pensar en un retrato. Observo dando plásticamente la versión de su
que la gama de colores usada es m uy mundo, hecho de luz y color. No vale
lim itada, con tendencia a hacerse sólida para él lo inanim ado —¿qué es si no, un

117

�retrato?— y por eso rinde su homenaje al
objeto que vive en esa luz que adm ira y
de la que disfruta compartiéndola con
quienquiera sentirla como él.
Un caso parecido de oposición entre el
título y la tela lo encontramos en otro
óleo, Flor Amarilla, donde el papel prin­
cipal no está desempeñado por la flor sino
por el cartón-fondo con el cual, pese a su
grisácea uniformidad, consigue crear la
ilusión de diferentes posiciones y movi­
mientos. Así retrocede y es realm ente
plano-fondo cuando el pintor pone lím i­
tes, y parece avanzar cuando una lluvia
de ramas y hojas que se desprenden del
motivo central lo agitan, convirtiéndolo
en espacio intermedio, mientras flores
blancas y trazos oscuros que se vienen
hacia adelante traen consigo, convertido
en espacio dinámico, ese cartón que hacía
de telón de fondo.
¡Qué cerca está Victorica de los pinto­
res que llamamos abstractos, al tratar, en
esta tela, de darnos su versión, tan sensi­
ble como sensual, del espacio, subordi­
nando a su creación —real en muchas de
sus telas, virtual en esta últim a— todos
los elementos en que se apoya para pro­
ducirlo! Y notamos tam bién cómo está
contenido en su exaltación por ese filtro
fino de los que habiendo vivido mucho
e intensamente saben hablar con suave
ironía, dejando que griten los más jóve­
nes a quienes toca en suerte polemizar y
rom per los dogmas.
B ea tr iz H u b er m a n

CLORINDO TESTA
Encontrar en este trillado m undillo —lle­
no de habilidad de oficio y carente de
todo síntoma de la gran obra— de las
exposiciones porteñas, un soplo de aire
fresco, al menos este año, de por sí ya es
un hallazgo. Ese soplo nos lo dió el con­
junto de obras que el joven arquitectopintor C lo rin d o T esta expuso reciente­
mente y por prim era vez en la Galería
Van Riel. No vimos allí una de las tantas
muestras de originalidad rebuscada sino
un afán propio de conformar plásticamen­
te un mundo, óleos y dibujos; temática
que proviene principalm ente de la apa­
rente m araña de elementos técnico-mecá­
nicas: grúas, excavadoras, estaciones de
ferrocarril, torres de petróleo, un parque
de diversiones, el enrejado de una jaula
de pájaros, evocan curiosamente lo que
me atreverla a llam ar el lirismo de la
técnica. No es la m áquina desalmada, fría,
aplastante y subyugante sino la m áquina
risueña, bonachona y dócil, la que ayuda
al hom bre que la inventó, la construyó y
la puso sobre sus rieles. Éste es el espíritu
que se refleja tanto en la forma como
en el color de Clorindo Testa.
Formas dinámicas, “abstractizantes” las
llamó Córdova I turburu , aparente m ara­
ña que organiza y compone equilibrada­
mente la tela en conjunción con grandes
planos que, pese a su chatura, crean pro­
fundidad y densa espacialidad.
En su color Testa absorbió la luminosi­
dad m editerránea de su andar por tierras
itálicas. La reciedumbre toscana y bolog-

118

�nesa apunta en sus formas, aún en aque­
llos cuadros de mayor dinamismo, de m a­
yor sugestión personal. No busca muletas
ni apoyo en nadie, es Testa joven, opti­
mista y auténticam ente original. No cons­
truye un nuevo m undo técnico, frío y
recio como L écer, ni recurre a la cons­
trucción matemática de la escuela arqui­
tectural de Van D oesburg y los pintores
concretos. Emprendió su camino por la
vía de la abstracción, pero aun es un
camino de corto recorrido —pinta recién
en forma metódica y trabajo intenso des­
de hace apenas tres años. Todavía está
lleno de poesía, de ese lirismo que tam ­
bién coexiste en nuestro m undo de rápido
avance tecnológico y tecnicista.
Como no se conforma con una representa­
ción total emprendió la marcha por la
senda de ese nuevo romanticismo que
empezó a florecer entre rascacielos, trenes
de laminación, puentes majestuosos y
grandes máquinas para la construcción de
caminos, puentes y aeródromos. La meta
final de este camino evocativo nos la en­
señará el tiempo.
Testa ha dado su prim era nota personal.
Claridad de color, dinamismo de formas
y líneas, y un dibujo expresivo y pleno
de sugerencias lo definen como un valor
nuevo y prometedor en nuestro medio
donde tantas veces hemos tenido que
desengañarnos de los brillantes trompeloeil que se nos presentaron. La gracia
y la pura sensibilidad finamente hilada
siempre condujeron a los que abusaron de
ellas a un callejón sin salida. El burdo

atropello de lo meramente bonito jamás
pudo conducir a la belleza ni a la monumentalidad. Clorindo Testa lo sabe y en
esta certidum bre se afirm ará en el vigor
de formas nuevas que cim entarán la crea­
ción de un mundo plástico nuevo y autén­
tico.
R odolfo G. B ruhl
RAÚL RUSSO
Frente a mí R aúl Russo y sus cuadros.
Paso y repaso por la exposición m irán­
dolos del prim ero al último, y me pare­
cen tan diversos los caminos tomados que
me producen una impresión de descon­
cierto. Para orientarme procedo entonces
al análisis cuidadoso de cada uno, obser­
vando que tienen cabida casi todos los
temas: el m undo de los seres y las cosas,
paisajes, naturalezas muertas, flores y fi­
guras.
Sus cuadros de flores son muy diferentes
entre sí. En uno de ellos (creo ha de ser
el más antiguo aunque no figura la fe­
cha) los colores mezclados, el vaso y las
flores aplanadas con sus oscuros bordes
deshilachados, crean una expresión que
parece surgir desde dentro mismo de la
tela, exponiéndose hacia afuera. No hay
una expresión espacial definida, pues si
bien las cosas anotadas en el plano han
perdido su volumen y sus límites, en la
parte inferior una línea sesgadada, aunque
en escasa medida, crea cierta ilusión de pro­
fundidad. En otra tela con flores la pin­
celada es más desordenada y el color más

119

�violento: la materia pictórica, muy rica
pero informe, queda como telón de fondo,
al que sobrepone otra estructura bien di­
ferenciada de negros trazos que así como
organiza la materia del fondo y da carác­
ter representativo a las flores, crea un
ritm o de expresión independiente: el
fondo nos habla una lengua y el trazo
otro. Existe el espacio pero según una
concepción tridimensional ambigua.
En Melón, siempre en la línea de los
anteriores cuadros, es algo más concreto,
quizás en razón del tema. Ciertos elemen­
tos, como el borde de la mesa, casi para­
lelo al borde de la tela, crean un sentido
de estabilidad. La expresión es más espa­
cial, aunque no se deba ello a la solución
de problemas formales que nos den el sen­
tido de la profundidad, ni al cumplimiento
de las leyes de la perspectiva, sino más bien
diría que dicha expresión surge de la
m ateria misma. En La jarra rosa, donde
pone una mesa en falsa perspectiva, aplas­
ta las formas y acentúa su individualiza­
ción, con lo que logra una expresión más
objetiva, respondiendo a un concepto po­
dría decirse ingenuo. Se advierte la in­
fluencia del cubismo en la separación de
los planos, pero el espacio se mantiene
ambiguo. En Higos, la mesa en violento
escorzo se introduce como una cufia, re­
curso que al m ultiplicar las direcciones
hace que se debilite la noción del espacio
tridimensional. El fondo es muy dinám i­
co, con su ventana que se abre hacia
atrás —recuerdo a Matisse—, unas rayas
rojas que se vienen hacia adelante, el es­

120

pacio vibrando en este juego de entrantes
y salientes, todo nos habla con un len­
guaje más claro, ya que al buscar nuevos
elementos logra una expresión más definidam ente espacial. Tam bién en Estudio
entrevé la posibilidad de construir el es­
pacio m ediante un juego de planos, de
tres grandes planos diversos en tamaño,
color y dirección, pero aun subsisten re­
cuerdos de la composición ortogonal en el
empleo de algunos elementos, como un
eje vertical que ordena en cierta medida
al conjunto según esa concepción o un
frutero que conserva algo de su volumen,
elementos que entorpecen el libre desarro­
llo de la expresión puram ente espacial.
Frente a Busto pienso que se podría tal
vez hablar de un fauvisme figurativo, pues
el ritm o del trazo y la pincelada son de
procedencia fauve, aunque el fauvisme
destruía el volumen y aquí se mantiene,
bien es cierto que no en toda su pleni­
tud. En otro Busto la expresión surgida
del sentido geométrico con que constru­
ye la figura pierde rigor y se suaviza a
causa de la m ateria empleada, muy sen­
sual. En un Paisaje, en el que m antiene
las tres dimensiones, nos encontramos sin
embargo con una búsqueda del signo
como medio de dinamizar el espacio, con
transparencias y ritmos opuestos, que tien­
den a destruir la ortogonalidad. El violín
—de nuevo la influencia de Matisse— nos
produce la sugestión espacial emanada del
choque de planos de distintos colores. En
otro de sus paisajes, en el que mantiene
la actitud naturalista por la presencia del

�horizonte, el cielo y la tierra, sobrepone
a un color que evidentemente no es fauve,
un trazado muy emotivo que si lo es.
Seguramente ha resultado pesado para el
lector este análisis de las telas pero ha
sido hecho con la intención de orientarm e
y orientarlo, ante tendencias tan diversas,
hacia el enfoque de un problem a funda­
m ental que nos plantea Russo y en gene­
ral todo pintor de nuestros días: el pro­
blema del espacio, que cada uno debe
resolver de acuerdo a su propia concep­
ción espiritual, es decir, su individual
actitud frente al mundo. Ahora bien,
¿cómo lo resuelve Russo? ¿M antiene el
espacio sus límites tradicionales? No. Es­
tán presentes la vertical y la horizontal,
pero la tercera dimensión que amenaza
llevarnos hacia adentro de la tela se de­
tiene a m enudo en la m itad de su cami­
no; el plano se levanta de pronto, cuando
ya con su línea sesgada nos llevaba hacia
adentro y allí nos deja, dudando entre
seguir m irando hacia adentro o hacia
afuera. Problem a que el pintor no ha
resuelto, a m i modo de ver, y que pro­
duce intranquilidad. A veces frente a un
paisaje, en el que advertimos con más
seguridad la perspectiva, nos sentimos más
cómodos, o tam bién ante unas flores anota­
das decididam ente en el plano con m últi­
ples manchas coloreadas; pero la inquie­
tud subsiste, a pesar de esas definiciones
aisladas que, como hemos visto por el
análisis procedente, nunca son definitivas.
El espacio se respira, en ocasiones, como
en la vida real, otras, es anotado por la

dirección y movimiento de líneas y planos,
con un carácter trascendente que se opone
al inm anente del otro caso.
Y ¿qué decir de su color? Es siempre rico
y expresivo, siempre fino, ya maneje unos
ocres terrosos, grises anaranjados, m arro­
nes rojizos, en una mescolanza de tintas
rom ánticam ente diluidas, ya se decida por
los tonos más puros, claros, vibrantes, defi­
nidos. Pero siempre permanece el vaivén,
el cambio casi total de una tela a otra.
La desorientación para el espectador es
grande y grande la dificultad, entonces,
para captar su mensaje, ya que cada tela
envía uno diferente al de la que sigue,
oscilando entre un relativo planismo, aun
allí donde el plano es prim ordial, y un
relativo volumen, aun donde puede pal­
parse, sin que la expresión se defina. La
m ateria que emplea es generosa, aunque
no en demasía, luces y sombras no desem­
peñan ningún papel, sólo le interesan los
colores y sus relaciones entre sí; a veces,
apegado a las cosas reales para darnos valo­
res de sensibilidad, a veces valiéndose de
ellas para tratar de expresarse en términos
más racionales, pero nunca con la claridad
suficiente como para producirnos el deli­
cado goce estético de ver plenam ente sus
formas y a través de ellas coincidir con él,
o para disentir al comprenderlo también.
Sus evidentes cualidades de pintor quedan
disminuidas a causa de esta indecisión. Le
falta esa fuerza de convicción que se obtie­
ne al tom ar un camino con firmeza, aun­
que luego se lo abandone para tom ar otro,
lo que no im porta, pues lo que se necesita,

121

�en la encrucijada, es decidirse por uno
para poder avanzar. (Galería W itcom b).
E m t h G ay

LUIS SEOANE
La naturaleza m uerta refirma a S e o a n e en
su actitud materialista, objetiva. Parte de
las formas de la realidad experiencial, pero
no se somete a ellas: con su empaste rudo
y rico les da una inédita solidez. El que
desdeñe los detalles, y rechace materias de
fácil sensualidad como el vidrio y los me­
tales, habla de su amor por lo más den­
samente corpóreo. Ante las formas que
crea, Seoane se m antiene imparcial, casi
prescindente; no busca expresar sus pro­
pios sentimientos sino una sustancia de
calidad nueva. Pero, ¿es acaso éste el rasgo
definitorio de su actual posición plástica?
Evidentemente no .Porque lo más im por­
tante en estas naturalezas muertas no son
sus elementos protagónicos —una cafetera,
una fruta, botellones, espárragos— sino el
medio en el cual están situados. Pared,
ventana, masa y espejo, aunque reconoci­
bles como tales, obran ante todo como
planos. Con ellos Seoane ensaya nuevas
relaciones tendientes a crear un espacio
abstracto. No lo logra aún, es verdad, per­
manece siempre dentro del espacio tridi­
mensional de nuestros sentidos, pero da
una posibilidad, señala un camino para
universalizar su lenguaje pictórico. En don­
de reside el gran interés de su últim a ex­
posición.
Nos preguntamos ahora: ¿habrá com­

prendido Seoane la importancia de esta
posibilidad que se le abre? Cabe la duda
si se observa que junto a su nueva moda­
lidad plástica perdura su anterior con­
cepción. La figura sigue siendo Galicia, el
pasado. Pese al empleo de modelos argen­
tinos los personajes siguen siendo galle­
gos, si bien ahora no los sitúa dentro del
paisaje característico que completaba su
imagen del recuerdo —esa épica trinidad
de roca, m ar y cielo que favorecía el sen­
tido monumental de su pintura, resumen
de una nostalgia objetivada. Y no es éste
el único cambio. El color es ahora menos
sordo, las pinceladas menos espesas, pero
la pasta mantiene en general su densidad.
Sobrepone a la materia coloreada estructu­
ras lineales, no simples límites de las for­
mas sino con su propia expresión indepen­
diente, y, como anuncio de su proceso de
renovación, crea una serie de ritmos muy
simples —trazos cortos de colores puros
que reemplazarían a pequeñas sombras
proyectadas— de las cuales Seoane se sirve
para dar a sus figuras una esquemática no­
tación de volumen. Esos ritmos se hacen
más complejos en las naturalezas muertas
y no se circunscriben a subrayar la forma
representativa, la dinamizan, adquiriendo
por sí mismos un valor expresivo de inven­
ción pura. Con el empleo de estos elemen­
tos abstractos evidencia otra vez su afán
de universalidad, afirmado por algunos
planos diagonales que intercala en la com­
posición para comunicarle un sentido ex­
presivo. Así destruye la idea del cuadro
entendido como microcosmo.

122

�Tanto la figura como la naturaleza m uer­
ta implican para Seoane una sujeción: una
al recuerdo, otra a la búsqueda intelec­
tual de la universalidad. Muy distinta es
la conducta del pintor frente al paisaje.
Libre de presupuestos, condensa en una
imagen más directa y espontánea lo que
una nueva y casi alegre visión de la natu­
raleza le ofrece. La pincelada se hace más
suelta, los colores más puros, las formas
menos construidas, a veces hasta deshechas.
Este liberarse es casi un gesto de despre­
ocupación, lo que explica la ausencia de
una clara idea plástica en algunas de sus
telas. En verdad, el observador atento ad­
vierte en Seoane un estado de indefinición
estilística, como lo prueba la coexistencia
de tres maneras diferentes de tratar la
naturaleza muerta, la figura y el paisaje.
Y como en el paisaje deja obrar sin tra­
bas su capacidad imaginativa, a ella le dic­
ta formas dé potente originalidad. ¿Se
podría hablar, entonces, de una verdadera
invención? Seoane nunca deja de ser re­
presentativo, si bien la enorme potencia
dé su instinto lo impulsa a síntesis muy

concisas y rápidas. En su pintura se con­
ciban dos términos que al parecer debie­
ran excluirse mutuamente: la objetividad
—hasta prescindencia— frente al tema, y
la pujanza del instinto. Es el instinto lo
que señala en la obra de Seoane su tónica
unificadora. Esto y la exigencia perm a­
nente de un sostén m aterial .
No estamos ante un innovador. A pesar
del insinuarse de elementos abstractos y
de esa posible ordenación de un espacio
virtual dinámico —quizás más intuido que
meditado— su lección no trasciende los
límites de su propia experiencia. El valor
de su obra se mantiene en la esfera de lo
individual, no lo envuelve la problemática
de nuestro tiempo.
Por sobre todo, lo ejemplar en Seoane es
una actitud ética: la seriedad con que
encara su labor. No hace concesiones, no
busca agradar a sensibles ni atraer a mo­
dernistas. Pintor rudo, fuerte, personal,
sólo quiere ser consecuente consigo mismo.
(Galería Viau).

123

R aquel E delm an

�miscelánea
• Recientemente se realizó en Suiza la 4* Asamblea General de la Aso­
ciación Internacional de Críticos de Arte. En la primera sesión, en Zurich,
después de escuchar la palabra del presidente P a u l F ie r e n s , cada presi­
dente o miembro presente de los comités nacionales informó a la Asamblea
sobre la marcha de cada uno, correspondiéndole a J o rg e R o m e r o B r est
hacerlo en nombre del comité argentino, el cual está presidido, como se
sabe, por J u l io R in a l d in i . Las demás sesiones se realizaron en Basilea,
Berna y Laussanne. Para integrar el nuevo Bureau fueron elegidas las
siguientes personas: P a u l F ie r e n s (Bélgica) como presidente; L io n e l l o
V e n t u r i (Italia), R a y m o n d C o g n ia t (Francia), H e r b e r t R ead (Ingla­
terra), J a m e s Sw e e n e y (Estados Unidos), P ie r r e C o u r t h io n (Suiza) y
J o rg e R o m e r o B r est (Argentina) como vicepresidentes. A propuesta de
éste fué elegido J u l io E. P a y r ó (Argentina) como miembro del nuevo
Comité. Se resolvió además el temario del próximo Congreso a realizarse
en Dublin en julio de 1953. Como tema especial para el Congreso de 1954
a realizarse probablemente en San Pablo (Brasil) se aceptó la propuesta
del delegado argentino para estudiar el tema: Calidad y estilo en las artes
plásticas, adoptándose*también el procedimiento aconsejado por aquél de
nombrar una comisión para que lo estudie con la debida anticipación,
de modo que el Congreso pueda expedirse sobre abundante material de
investigación y llegar así a conclusiones fecundas; se nombraron para
integrar dicha comisión a J a cq u es L a ssa ig n e y L e ó n D eg an d (Francia),
G iu st a N ic o F a so la y A n t ó n G iu l io A r g a n (Italia), W e r n e r H o f m a n n
(Austria) y G eo r g S c h m id t (Suiza), quienes actuarán bajo la presidencia
de J o rg e R o m e r o B r e st .
• La casa editorial Domnick de Stuttgart completó un film de corto metraje bajo el
U tuto Arte nuevo - Visión nueva. Esta película da una sintética introducción a los pro­
blemas de la pintura contemporánea, usando frecuentes ejemplos de la historia de las
.artes, de la naturaleza y de la técnica.

124

�• En París se levantará el gran palacio de la UNESCO. Estará ubicado
en la Place Fonteney, detrás del Dome des Invalides. Su planteo general
y erección estarán a cargo del arquitecto E u g é n e B e a u d o u in que llegó a
la fama por su remodelación y reconstrucción de barrios importantes de
Estrasburgo. Hace años, Beaudouin recibió el Gran Prix de Rome y al
lado de L e C o r b u sier y de P e r r e t se le considera como el arquitecto más
encumbrado de Francia. Lo que se debe destacar es que Beaudouin no se
había presentado al concurso llamado por la UNESCO y que ha sido
elegido libremente.
• La Valentín Gallery de New York mostró un conjunto de Escultura de pintores en el
que se habían reunido esculturas de casi todos los grandes pintores contemporáneos,
que hoy día gozan de fama mundial. Mientras que la Hacker Gallery de la misma ciudad,
mostró 40 trabajos de W il l i B a u m e iste r , inclusive algunas de sus abstractas composiciones
basadas en una técnica novedosa: la impresión a través de un cernidor de seda fina.
• La pintura sobre chapas de acero inoxidable gana cada, vez más adeptos en los Estados
Unidos. Sobre chapas previamente esmeriladas, presentando una superficie ligeramente
áspera, se pinta al óleo en estratos muy finos y transparentes, cubiertos luego con una
fina capa de barniz. Se espera lograr con esta técnica un estado de conservación muy
duradero.
■ ¡: | l
• Después de la decoración de las iglesias y capillas de Vence y Assy por eminentes
artistas contemporáneos, se dará otro ejemplo del moderno arte religioso en Audincourt,
perteneciente a la diócesis de Besancon. Los vitraux serán de F e r n a n d L ég er y los
mosaicos de B a z a in e . Algunos fragmentos de estas obras ya pudieron verse en las salas
de la Galería Maegth de París. A M iró en la realidad le hubieran correspondido los
vitraux del baptisterium pero el artista prefirió renunciar a este encargo sin duda im por­
tante porque no podía hallarse muy bien dentro de las dimensiones dadas por la arqui­
tectura. Pére C o u t u r ie r , dominicano y decidido promotor del moderno arte religioso, ya
dió a Joan Miró otro encargo de un trabajo similar para otra capilla.•
• En Inglaterra, se está llevando a la práctica una idea brillante: basado en el principio
de las librerías ambulantes se están organizando préstamos mediante el pago de sumas
muy módicas, de cuadros de pintores contemporáneos. Estos préstamos eran en un prin­
cipio destinados a las salas de esperas, hoteles, cines y teatros, etc. Ya se está pensando
en ensanchar el campo de esta iniciativa, con préstamos similares a suscriptores par­
ticulares

125

�• La ciudad de Mannheim se destacó hace algunos meses por otra inicia­
tiva de gran interés. La asociación privada Realidad espiritual contempo­
ránea organizó conjuntamente con las autoridades municipales una Semana
de las Artes Contemporáneas para unir en ella las manifestaciones dispersas
de las artes plásticas (pintura, grabado y escultura), arquitectura, ópera,
sinfonía, música de cámara, teatro, film, poesía y ciencias especulativas.
Esta iniciativa encontró en Alemania un eco muy amplio y se inauguraron
las actividades planeadas con una gran exposición de pintura alemana
contemporánea.
• El Louvre acaba de enriquecerse con el notable tesoro de la colección particular del

fam oso Dr. G achet, am igo y m édico de V an G och , cuyo hijo acaba de donar la valiosa

colección de su padre, quien —además de su hermano Theo— ha sido uno de los primeros
en reconocer el gran valor artístico de Van Gogh.

f~ • Los famosos frescos de F r a

A n g é l ic o en el Vaticano, representando es­
cenas de la vida de San Esteban y San Lorenzo han sido limpiados de
capas de otras pinturas murales posteriores. Asimismo, en Siena se han
restaurado los frescos de L o r e n z e t t i en el Palazzo Pubblico. En cambio,
parece que otra serie de murales, está destinada a desaparecer: los de los
maestros sieneses del siglo xv, D o m e n ic o d i B a r t o l o , V e c c h ie t t a y S a n o
d i P ie t r o , ubicados en la sala de espera del Ospedale Civile.
• Florencia tiene la intención de entrar en competencia nueva con Venezia. En los años
en que la ya famosa Biennale no tiene lugar en el Lido, Florencia quiere organizar su
propia Biennale, dedicándola al arte antiguo y moderno. En cambio M ilán organizó ya
su T riennale dedicada a las artes aplicadas, y la prim era muestra internacional ha sido
un decidido éxito.

• En el Parlamento de Nueva Delhi se expuso la maquette de un monu­
mento gigantesco para el malogrado M a h a t m a G a n d h i , creado por el
escultor hindú V. P. K a r m a r x a r . El monumento tendrá la forma de un
edificio sobre el cual se alzará en dimensiones imponentes el busto del
Mahatma, apoyándose sus brazos en el borde inferior del techo. La altura
total del monumento según los planos es de 33 metros. En el sótano se
piensa instalar una pequeña hostería que despachará frutas secas, jugos
de frutas, leche de cabra y otras comidas predilectas de Gandhi. Los tres
pisos superiores dedicaránse a un museo para el Mahatma con la posible
inclusión de otras prominentes personalidades hindúes. El piso superior,
en forma de galería, conducirá a los ojos de Gandhi que servirán de mi­
rador sobre el paisaje circundante.

126

�VER y ESTIMAR
CUADERNOS DE CRÍTICA ARTÍSTICA

ÍNDICE DEL VOLUMEN VIII
números 27, 28 y 29-30

abril a noviembre de 1952
TITULOS
Arte y ciencia en Toscana en el siglo XV. Lionello Venturi
Arte y ciencia en Toscana en el siglo XV: Análisis de dos tratados so­
bre el mismo tema. Alfredo E. Roland
Arte italiana del nostro tempo, de Stefano Cairola (Bibliografía). Elsa
Tenconi
Cahiers d’Art, año 25, 1950 y Art d ’A ujourdh’ui, enero de 1952
(Bibliografía). Blanca Pastor
Clorindo Testa (Critica). Rodolfo G. Bruhl
Concurso internacional de escultura: El prisionero político desco­
nocido
Constant Permeke (1886-1952). Dirección
Entrevistas a dos pintores franceses: Manessier y Pignon. Damián
Carlos Bayón
Grupo moderno de la Argentina (Critica). Blanca Stabile
Joan Pons. Sebastián Gasch
Joaquín Sorolla (Crítica). Elena F. Poggi
Ea crítica y los artistas (Correspoyidencia). Carta al pintor D. Rafael
Durancamps. José Pedro Argüí
La joven pintura española. Ricardo Gullón
La participación argentina en las exposiciones internacionales. D i­
rección
La XXVI Bienal de Venecia. Jorge Romero Brest
Luis Seoane (Crítica). Raquel Edelman
Miguel Carlos Victorica (Critica). Beatriz H uberm an
Pittura italiana moderna, de Umbro Apollonio (Bibliografía). R a­
quel Edelman

XXVIII,
XXVIII,
XXIX-XXX,

1
11
93

XXIX-XXX, 100
XXIX-XXX, 118
XXVII,. 42
XXVII,
1
XXVIU, 30
XXIX-XXX, 106
XXVII, 34
XXIX-XXX 106
XXVIII, 45
XXVII, 25
XXVII, 3
XXIX-XXX,
1
XXIX-XXX, 122
XXIX-XXX, 116
XXIX-XXX,

98

�Pittura Scultura d ’Avanguardia in Italia, de Raffaele Carrieri (Bi­
bliografía). Blanca Stabile
XXIX-XXX, 96
Polémica sobre el arte abstracto: Carta de M argarita G. de Sarfatti
XXVII,
7
Polémica sobre el arte abstracto: Respuesta de Jorge Romero Brest
XXVII, 15
R aúl Russo (Critica). Edith Gay
XXIX-XXX, 119
Revistas argentinas de arte. Dirección
, XXVII,
4
Tres pintores jóvenes de Chile. Hans Platschek
XXVIII, 23
Una definición de la Escuela de Altamira en 1951. Angel Ferrant
XXVII, 37
Un excelente libro sobre Matisse (Bibliografía). Jorge Romero Brest
XXVIII, 41

AUTORES
A rgul, José Pedro: La crítica y los artistas: Carta al pintor D. Rafael
Durancam ps (XXVIII, 45).
B ayón, Dam ián Carlos: Entrevista a dos pintores franceses: Manessier
y Pignon (XXVIII, 30) .
B ruhl, Rodolfo G.: Clorindo Testa (XXIX-XXX, 118).
E delman, Raquel: Pittura italiana moderna, de Umbro Apollonio
(XXIX-XXX, 98); Luis Seoane (XXIX-XXX, 122).
F errant, Angel: Una definición de la Escuela de Altam ira en 1951
(XXVII, 37).
G asch, Sebastián: Joan Pons (XXVII, 34) .
Gay , Edith: Raúl Russo (XXIX-XXX, 119).
G ullon , Ricardo: La joven pintura española (XXVII, 25).
H uberman, Beatriz: Miguel Carlos Victorica (XXIX-XXX, 116).
P astor, Blanca: Cahiers d’Art, año 25, 1950 y Art d’Aujoudh’ui, ene­
ro de 1952 (XXIX-XXX, 100).
P latschek, Hans: Tres pintores jóvenes de Chile (XXVIII, 23).
P oggi, Elena F.: Joaquín Sorolla (XXIX-XXX, 106) .
R oland, Alfredo E.: Arte y ciencia en Toscana: Análisis de dos
tratados sobre el mismo tema (XXVIII, 11).
R omero B rest, Jorge: Constant Permeke (1886-1952), La participa­
ción argentina en las exposiciones internacionales, Revistas ar­
gentinas de arte (XXVII, 1/5 ) ; Polémica sobre el arte abstracto:
Respuesta a M argarita G. de Sarfatti (XXVII, 15); Un excelente
libro sobre Matisse (XXVIII, 41); La XXVI Bienal de Vene­
cia (XXIX-XXX, 1).
Sarfatti, M argarita G. de: Polémica sobre el arte abstracto: Carta
de (XXVII, 7).
Stabile, Blanca: Pittura Scultura d’Avanguardia in Italia, de R af­
faele Carrieri (XXIX-XXX, 96); Grupo moderno de la Argen­
tina (XXIX-XXX, 106) .

�T enconi, Elsa: Arte italiana del nostro tempo, de Stefano Cairola
(XXIX-XXX, 93) .
Venturi, Lionello: Arte y ciencia en Toscana en el siglo XV
(XXVIII, 1).

ILUSTRACIONES
A fro : Ejemplar N i 3: Villa Fleurent
XXIX-XXX, 33'
B almes, José: La silla (1951)
XXVIII, 34
B aumeister, W illi: Sol y figura en azul
XXIX-XXX, 13
B azaine, Jean: La Radura (1951)
XXIX-XXX, 33
Bermúdez, Cundo: Juego (1952)
XXIX-XXX, 34
B utler, Rex: La mujer alta (1950)
XXIX-XXX, 36
C alder, Alexander: Estable
XXIX-XXX, 36
Josephine Baker
XXIX-XXX, 49
Coolidge
XXIX-XXX, 52
C arreño , Mario: Evocación (1952)
XXIX-XXX, 34
C assinari, Bruno: Composición
XXIX-XXX, 16
C arvacho , Víctor: Paisaje (1951)
XXVIII, 34
C orpora , Antonio: Monte Argentario
XXIX-XXX, 33
D ewasne , Jean: Opera Cash
XXIX-XXX, 36
G uidi, Virgilio: Figuras
XXIX-XXX, 13
G uttuso , Renato: Batalla del Puente Almirante
XXIX-XXX, 35
HLrro, Alfredo: Pintura
XXIX-XXX, 109
L ago R ivera , Antonio: Paraíso terrenal
XXVII, 32
L ara , Carlos Pascual de: Pintura
XXVII, 32
L éger, Fernand: Los constructores (1951)
XXIX-XXX, 13
L ipch itz : Escena bíblica II (1950)
XXIX-XXX, 14
M ai-donado , Tomás: Pintura
XXIX-XXX, 111
M anessier : Hiver (1950)
XXVIII, 31
M arcks, Gerhard: Orion
XXIX-XXX, 14
M arini, Marino: Caballero (1947)
XXIX-XXX, 14
M artínez P edro , Luis: Composición solar (1952)
XXIX-XXX, 34
M astroianni : Composición
XXIX-XXX, 15
M atisse , Henri: Le Luxe I (1907); Le Luxe II (1907/8); Luxe
calme et volupté (1904/5) .
XXVIII, 32/3
M ii .osavijf.vic, Predrag: Terremoto en Dubrovnik (1951)
XXIX-XXX, 16
M inguzzi, Luciano: Señora en sillón (1951)
XXIX-XXX, 15
O campo, Miguel: Pintura
XXIX-XXX, 112'
P ignon : Les oliviers 25 F.
XXVIII, 31
P izzinato, Armando: La liberación de Venecia
XXIX-XXX, 35
P lanasdürá: Composición
XXVII, 29*

�P ons, Joan: Pinturas
P ortocarrero, René: Figura en rosa (1951)
R ichier , Germaine: L ’Orco (1951)
Santomasso, Giuseppe: Ventana
Soldatti, Atanasio: X X de Setiembre 1951
Sotomayor, Carlos: Los árboles sátiros (1950)
Sutherland, Graham: Forma de árbol verde (1940)
T apies, Antonio: Pintura
Vedova, Emilio: Encuentro de situaciones (1952)
VtANl, Alberto: Desnudo
VVerner, Theodor: B, 16 (1950)
W otruba, Fritz: La gran yacente (1951)
Yommi, Ennio: Construcción

XXVII, 30/1
XXIX-XXX, 34
XXIX-XXX, 15
XXIX-XXX, 16
XXIX-XXX, 36
XXVIII, 34
XXIX-XXX, 33
XXVII, 29
XXIX-XXX, 33
XXIX-XXX, 15
XXIX-XXX, 13
XXIX-XXX, 14
XXIX-XXX, 110

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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Tenconi, Elsa&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Poggi, Elena&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Gay, Edith</text>
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO VEINTIOCHO
BUENOS AIRES

Ver y
Estimar

Este número contiene:
LIONELLO VENTURI:
Arte y ciencia en Toscana
en el siglo quince / AL­
FREDO E. ROLAND: Aná­
lisis de dos tratados sobre
el mismo tema • HANS
PLATSCHEK: Tres pinto­
res jóvenes de Chile •
DAMIAN CARLOS BAYON: Entrevistas a dos
pintores franceses: Manessier y Pignon • Biblio­
grafía: JORGE ROMERO
BREST; Un excelente li­
bro sobre M atisse •
Correspondencia: JOSE
PEDRO ARGUL: La críti­
ca y los artistas; Carta al
pintor D. Rafael Durancam ps • M iscelánea.

�VER
Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTISTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS

VOL U ME N VIII

N U M E R O

VEINTIOCHO
J U N I O DE 1 9 5 2

SUSCRIPCIÓN ANUAL
Cuatro números en el año, de abril a noviembre
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NUMERO 211-212

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democracias populares.
ALBEBT CAMUS: El minotauro o el alto de Orán.
EDUARDO GONZALEZ LANUZA: Poema.
JULIO H. URTUBEY: Mi abuela india.
OCTAVIO PAZ: Antonio Machado.
VALENTIN FERNANDO: El pino de Navidad.
CESARE PAVESE: El diablo en las colinas (conclusión).
CRONICAS
ALBERTO SALAS: Fernandez de Oviedo y la naturaleza de las Indias.
MARIA ROSA LID A DE MALKIEL: Del Renacimiento española Bartolomé
de Torres Naharro.

NOTAS

VICTORIA OCAMPO: Amado Alonso.

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�ARTE y CIENCIA EN TOSCANA
EN EL SIGLO QUINCE
Para Ver y Estimar

Como es sabido, el Renacimiento ha sido una civilización a cuya formación
han contribuido los italianos de todas las regiones. Pero es indudable que
los creadores del Renacimiento han sido en primer lugar los florentinos y,
genéricamente, los toscanos. Florencia y el principio del siglo XV, son los
dos puntos de mira si se quiere comprender la diferencia con el pasado,
el salto hacia el porvenir que se llama Renacimiento.
Se comprende que el impulso espiritual que llevaba el Renacimiento,
habíase iniciado antes del 400. Y si los historiadores del siglo pasado y
B urckhardt especialmente, se han esforzado en representarse lo que es
característico del período sin interesarse por la explicación de los orígenes,
desde hace algunos decenios, en cambio, los historiadores subrayan los ele­
mentos de continuidad de vida del Medioevo al Renacimiento. Han descu­
bierto que el impulso de retomar a la antigüedad en busca de una vida
nueva, se relaciona con los propósitos religiosos de San Francisco de volver
a la antigüedad cristiana. También antes del 400, Bocaccio habla de
G iotto que ha sacado a la luz un arte que por varios siglos había perma­
necido sepultado, lo que es, por consiguiente, la más antigua afirmación
en la conciencia de un Renacimiento.
Pero, tal como nuestro C habod ha muy bien precisado, si se desea compren­
der la diferencia entre Medioevo y Renacimiento, es necesario no limitarse
a destacar afinidades de imaginación, de pensamiento y de acción; es preciso
estudiar la sistematización conceptual, el credo espiritual, los programas de
vida. Y el programa de vida típico para la nueva civilización es precisa­
mente el desarrollo en Florencia en el 400.

I

�El historiador holandés J ohan H uizinga nos dice que son tres los modos
que siguieron los hombres para superar las tribulaciones de la vida; uno,
abandonarse a la mística fe en el más allá; otro, imaginar una vida dé
sueño y belleza en la cual refugiarse después de evadir la realidad, y el
tercero, reformar la propia realidad.
Durante gran parte del 400, el espíritu medieval continuó imperando en
toda Europa, con excepción de Toscana y la manifestación de ese espíritu
fué el gótico florido. La vida civil era una vida cortesana, plena de refi­
namiento, de gentileza, de sonrisa externa y de interna desesperación. En
Florencia, en cambio, se vivía una vida popular que, para lo que permitían
los tiempos, podía llamarse democrática y el refinamiento era reempla­
zado por la fe en la propia fuerza intelectual y moral.
La diferencia resalta claramente de los escritos de la época. E ustache
D eschamps, nacido hacia 1345 y muerto en 1404 ó 1405, fué un poeta
cortesano que hizo fortuna y llegó a ser embajador. Describía su tiempo
en los siguientes términos:
“Tempo di dolore e di tentazioni,
Etá di pianto, d’invidia e di tormento,
Tempo di fame e di dannazione,
Etá che ci porta all’orlo delta morte,
Tempo pieno di orrore e di falsitá
Etá di menzogne, piena d’orgoglio e d’invidia,
Tempo senza onore e senza retío giudizio
Etá di tristeza che abbrevia la vita.” 1

Parecidos lamentos desesperados se encuentran también en la literatura
italiana, mientras la pintura crea la belleza soñada por la naturaleza corte­
sana, por ejemplo en los cuadros de G entile da F abriano y de P isanello,
que son los últimos representantes en Italia del modo y la moda de Borgoña,
Es indudable que en la Florencia del 400 el clima moral es muy diverso.
El hombre responde a la adversidad de la vida afrontándola, combatién-1
1 “Tiempo de dolor y de tentación, / Edad de llanto, de envidia y de tormento, / Tiempo
de hambre y de condenación, / Edad que nos lleva al reino de la muerte, / Tiempo ple­
no de horror y de falsía, / Edad de mentira, plena de orgullo y de envidia, / Tiempo sin
honor y sin recto juicio, / Edad de tristeza que acorta la vida.”
2

�dola y creándose un nuevo mundo, no de sueño, sino de realidad cons­
truida y poseída por la mente humana.
Nada puede dar mejor idea del clima moral del comienzo del Renacimien­
to que leer el De Dignitate et Excellentia Hominis de G ianozzo M annetti
(1396-1459): “Todo lo que nos circunda es nuestra obra, obra del hombre:
¿asas, castillos, ciudades, magníficos edificios en toda la tierra. Se parecen
a la obra de los ángeles más que del hombre, pero son obra del hombre.
Son pinturas, esculturas, todas las artes, ciencias y doctrinas. Son inven­
ciones y obras literarias en muchas lenguas y en exquisita forma. Y
cuando vemos esta maravilla, nos damos cuenta de que podemos hacer
cosas mejores, más bellas, más decorativas, más perfectas que las que hemos
hecho hasta ahora.”
El arte figurativo representa claramente el nuevo clima moral. Entre La
Adoración de los Magos, de G entile da F abriano y los frescos de M asaccio en la capilla Brancacci, hay exactamente la diferencia esencial entre
dos filosofías de la vida, una que aspira al sueño irreal, y otra que cons­
truye la nueva realidad.
La finalidad que los artistas se propusieron era el conocimiento y no tenían
a su alcance una estética moderna para distinguir el conocimiento artís­
tico del científico. Querían conocer el hombre, su lugar en la naturaleza
y la naturaleza circundante, es decir, querían alcanzar un conocimiento
científico del mundo. Se comprende que no habrían sido los grandes
artistas que fueron si no hubiese existido un conocimiento artístico al lado
del científico. El hecho es que no conocían la diferencia entre uno y otro
concepto, y que tal vez nunca en la historia del arte, o solamente en la
Grecia de F idias, arte y ciencia fueron unidos tan íntimamente.
Tratemos de aclarar nuestro pensamiento. F ilippo B runelleschi realizó
una obra esencialmente de científico al elevar la cúpula de Santa María
del Fiore. Pero cuando imaginó el interior de San Lorenzo, utilizó los
principios de la perspectiva, desde luego científicos, para alcanzar un
fin que es al propio tiempo artístico y científico. Esto se opone al gótico,
y especialmente al gótico florido. En una catedral gótica, el hombre forma
parte de la propia construcción, no solo por la estatua y el capitel, sino
porque al entrar en la catedral es rodeado por todos los elementos, confu­
sos y vitales, que viven con él la misma emoción religiosa. El contorno
preciso, la forma geométrica, la frialdad de cada ornamento en un interior
3

�brunelleschiano, hacen que el hombre que entra se sienta aislado. Es decir,
que el hombre ya no se confunde más con la naturaleza, con esa creación
de Dios; el hombre se enfrenta a la naturaleza, se sitúa en su lugar, el inte­
lecto se opone a la materia. Parece que semejante concepción implica al
mismo tiempo una toma de posición científica y está inscripta en una
región de orgullo y de coraje, de firmeza y de fe en el hombre, con uno
de los tonos artísticos más exaltados de la historia.
Fué precisamente Brunelleschi quien formuló para los pintores la teoría
de la perspectiva. La importancia de este hecho no puede ser exagerada.
Muchos artistas también antes de Brunelleschi sintieron la necesidad de
crear el vacío para ubicar la propia imagen plástica, pero lo crearon por
pura intuición. Cuando fueron halladas las reglas de la perspectiva, se
desarrollaron enormemente las posibilidades de la imaginación espacial; de
esta manera, el vacío no continuó siendo un elemento negativo, para real­
zar el valor de la figura, sino que se convirtió en un nuevo elemento posi­
tivo de expresión. Desde aquel momento, el relato de los acontecimientos
se transforma en su representación.
El Medioevo ha presentado imágenes y contado historias. El Renacimiento
ha presentado imágenes (lo que es una finalidad esencial del arte) y ha
representado historias. Se comprende qué significa esta diferencia cuando
se recuerda que todo el arte de Asia, desde Persia hasta China y el Japón
ha contado escenas, y a veces de la manera más exquisita posible, pero no
ha representado jamás en el sentido occidental, precisamente porque nunca
ha conquistado el sentido del espacio en perspectiva.
El arte occidental se inicia, se puede decir, con el descubrimiento de la
perspectiva.
Antes del descubrimiento de las proporciones naturales entre el hombre y
la naturaleza era necesario que la imagen representada fuera el elemento
principal. Las proporciones naturales tendían a disminuir la importancia
de la figura humana frente a las representaciones de la naturaleza. Pero
los florentinos del siglo XV, como hemos visto, estaban demasiado orgu­
llosos de la omnipotencia del hombre, verdadero centro del universo,
para no encontrar el modo de exaltar su imagen. Y bajando la línea del
horizonte o valiéndose también de otros recursos, dieron la impresión de
que la figura humana estaba en su ambiente natural, añadiéndole aún

4

�una nobleza, una energía y una grandiosidad que convertían al hombre ere
un héroe.
No es una masa de héroes; éstos aparecen individualizados y aislados.
Para representarlos, pues, se necesita que el contorno de las imágenes sea
preciso y que se dé a las imágenes mismas corporeidad plástica, como si
fueran estatuas ideales.
Por otra parte, la expresión tiene un movimiento anímico que acompaña
el movimiento del cuerpo. Para conservar el valor monumental, es decir
estático, y al mismo tiempo expresarse vigorosamente, debía imprimirse a
la estática la tensión del movimiento. En esto, G iotto era un modelo pre­
cioso y fué seguido fielmente. De este modo, la nueva visión fué el resul­
tado al mismo tiempo del conocimiento de la perspectiva de la realidad
y de una nueva conciencia moral. Fué un salto religioso que realizó la
fe en el hombre y transformó el abandono místico en el más allá, en una
concentración moral íntima del hombre. No fué pues por indiferencia
religiosa, sino por una nueva concepción religiosa, inmanente al hombre,
que el Renacimiento inició su nueva trayectoria.
La elaboración del ideal estético del Renacimiento fué obra de B runelleschi y de D onatello durante toda su vida. Para la pintura, este ideal tuvo
una aparición inesperada y definitiva por obra de M asaccio que, muerta
a los 28 años, no pudo trabajar sino seis años o poco más. Excepto que
para la perspectiva formulada por Brunelleschi no parece que existiesen
precursores.
Masaccio es el artista completo en quien forma y color, composición y expre­
sión tienen una coherencia y unidad perfecta. Parece difícil de encontrar
en la historia un artista tan equilibrado como Masaccio, pese a su juventud
y a la vastedad de la revolución que llevó a cabo. En la primera mitad
del 400, varios de los más grandes artistas de la historia trabajaron en
Florencia, pero ninguno fué tan completo como Masaccio. P aolo U ccello ,
por ejemplo, que nace cuatro años antes de Masaccio, y muere 46 años
después que él, muestra todavía algún preciosismo gótico en su gusto. Lo
que lo ha liberado de su tradición gótica y ha hecho de él un artista del
Renacimiento y un artista moderno, ha sido su amor por la perspectiva.
Pero su aproximación a la perspectiva es bien distinta de la de Masaccio.
Éste aprovecha de la perspectiva para realizar un nueva visión del hombre
y de su lugar en el universo. Paolo Uccello se valió de la perspectiva, no
J

�tanto para interpretar la realidad, cuanto por huir del mundo cotidiano
y detenerse en la propia fantasía sin límites. Por eso adora la perspectiva
como contenido de un juego sublime, como un ídolo que tiene valor por
sí mismo, en lugar de representar la realidad. Él es capaz de obtener
espacios profundos con las líneas en perspectiva, pero prefiere a menudo
no componer en profundidad sino en superficie. Se podría decir que para
Paolo Uccello la perspectiva es un motivo decorativo. Por otra parte, el
espacio vacío creado por medio de la perspectiva, debería contener volú­
menes; y Paolo Uccello muestra preferir el volumen y manejarlo con maes­
tría. Pero la constancia no es su fuerte. Le atraen también los perfiles y
de cuando en cuando transforma su imagen en sombra chinesca para dar
al perfil mayor vitalidad.
Su color es de origen gótico, pero él busca los contrastes complementarios
y las armonías inesperadas para crear la realidad de su sueño. Con el con­
traste obtiene efectos de luz, siempre en el detalle, jamás en el conjunto.
Las armonías inesperadas están basadas en el juego de colores puros;
la tierra es rosa y los hombres son verdes. Su color es, pues, arbitrario
frente a la experiencia natural y no se justifica sino con la coherencia de
su mundo irreal.
Absurdo y realidad, sueño y conocimiento, la belleza y lo grotesco han
coincidido en la pintura de Paolo Uccello de una manera que anticipa
los esfuerzos modernos del superrealismo.
Todos los que han dado a la perspectiva una gran importancia dependen
de Masaccio. Pero la forma con la cual P iero de la F rancesca trata la
perspectiva le pertenece totalmente. Para Masaccio la perspectiva era una
ventana abierta al conocimiento; para Paolo Uccello, una poesía fan­
tástica. P latón cree que sólo la geometría puede dar a la forma la be­
lleza absoluta y Piero della Francesca es del mismo parecer; él hace de
la forma regular geométrica su ideal trascendente, su experiencia de la
realidad. Escribe como científico la teoría de los cuerpos regulares y de
la perspectiva, pero pinta como artista. Adora la regla, pero no le es fiel.
En el fresco de la Reina de Saba, conservado en Arezzo, la perspectiva
tiene su punto de mira muy bajo y en consecuencia la visión se pierde
a lo lejos con el fin de que las imágenes se dispongan en primer plano
desplegando una altura paradojal. Lo que significa ir más allá de la

6

�verosimilitud y del equilibrio de Masaccio para alcanzar una mayor li­
bertad de fantasía.
Para que la imagen sea presentada, debe evitarse el movimiento. Giotto
y Masaccio habían esbozado la presentación de sus imágenes dán­
doles un movimiento potencial para que pudieran expresarse. Piero della
Francesca da a sus imágenes tal monumentalidad, tal regularidad formal
que se siente, no su rigidez, pero sí su peso y su estatismo, como si cada
imagen fuese una arquitectura. De aquí, una monumentalidad, que
además de ser distinta de la de Masaccio, cae fuera de toda experiencia
real.
La plástica de Piero della Francesca es más fuerte, más sintética y más
abstracta que la de Masaccio. Éste la realizaba con el claroscuro, Piero
la expresa por medio de zonas de color claro y oscuro. Lo que significa
que cumple su idea plástica con el contraste de colores en el que un
color representa la luz y otro la sombra. He aquí una concepción de
la forma absolutamente nueva y que está en la base de la forma cromá­
tica y pictórica.
Cada luz vibra y la luz natural no se realiza completamente en pintura
sino cuando se da libre curso a su vibración, a su movimiento cósmico.
La luz de Piero della Francesca es tan coherente, que ilumina su propio
mundo, un mundo muy alejado del nuestro, que parece fijado desde el
fondo del tiempo con una dignidad y una autoridad patriarcales.
En el siglo XV, en Florencia los pintores adivinaron el punto de coinci­
dencia entre el arte y la ciencia, más intensamente que en cualquier
otra época. Era la pintura, o mejor aun, el dibujo, quien guiaba por el
camino de la ciencia. Piero desarrolló el conocimiento científico al má­
ximo, pero dió también rienda suelta a su imaginación; es un punto de
llegada de la imaginación creadora de la verdad.
Todos los problemas que el Renacimiento florentino había planteado a
comienzos del siglo parecen resueltos por Piero della Francesca y también
superados con una cierta gracia trascendente que los florentinos puros
no conocían.
Al mismo tiempo, Piero representa un alto en la conquista del hombre
y del mundo externo. Tiene sed de eternidad; esto es su gloria y su límite,
porque la vida es más compleja en la contemplación de lo eterno. Y exis­
7

�tían dominios aún inexplorados para que el hombre y el mundo entero
fuesen conquistados.
El sentido trágico de la vida no existía en Piero della Francesca. Sus hé­
roes sublimes están demasiado separados de la vida para sufrir hasta la
tragedia. La tragedia, el drama, exigen movimiento y el propio movi­
miento es un motivo artístico que pertenece al hombre y a la naturaleza,
y sobre todo a la luz, por su vibración cósmica.
No se podía superar a Piero; era preciso, después de él, trazarse un ca­
mino distinto. Todavía vivía cuando se manifestaban ya en Florencia
las nuevas tendencias.
Estaban representadas eminentemente por A ntonio del P ollaiuolo , que
fundó un nuevo gusto, no sólo por sí mismo, sino sobre la base del mo­
vimiento, de la línea incisiva y de la anatomía. De Giotto en adelante,
los florentinos habían preferido representar la imagen humana en éx­
tasis, y su expresión provenía de la tensión de la forma, del movimiento
en potencia pero no en acto.
Vibración, movimiento, son esenciales en el arte de Pollaiuolo. Está muy
arraigado en la tradición, porque el movimiento de sus imágenes repre­
senta la acción; ellas asumen actitudes en función del movimiento
que las anima. El movimiento es para Pollaiuolo una expresión artística,
la contemplación del dinamismo como calidad humana y no como la
habilidad de un ilusionista.
Entre las diferentes maneras de realizar el movimiento, Pollaiuolo eligió
la línea, y el contorno que con contrastes e interrupciones entra en el
cuerpo, lo sacude, lo proyecta en el espacio. De Masaccio a Piero della
Francesca la línea había perdido su oficio en la pintura; el relieve la había
suplantado; la tensión se había concentrado en los cuerpos y no en sus
límites. Lo que aún quedaba de movimiento en Masaccio era debido a
la masa; la línea de Pollaiuolo representa el movimiento por sí mismo,
por su belleza, por su fuerza vital.
Si la forma humana no es presentada de acuerdo al volumen sino al
contorno, la atención se fija más en los detalles, en los centros, en las
relaciones entre las partes de un cuerpo. Lo que implica la necesidad de
un estudio más profundo de la anatomía. Pollaiuolo fué un gran conocedor
de la anatomía, más grande que sus predecesores y explicó sus conocí­
s

�mientos en la pintura y el dibujo, para demostrar toda la importancia
que les asignaba. Gracias a él la pintura florentina, que se distingue por
la perspectiva en la primera mitad del siglo XV, sobresale por la ana­
tomía en la segunda mitad del siglo.
En la historia del gusto, la importancia de Pollaiuolo es, pues, inmensa;
en la historia del arte se admira su imaginación, se ama su energía. Aun
más allá de sus imágenes, se siente el valor de sus vibraciones; de su vi­
talidad, que supera a veces su línea dinámica. Pollaiuolo siente la vitalidad
que hay en cada cosa, hasta en los árboles y las flores. Y si en Hércules
y Dejanira, de la colección Jarvzs, las imágenes humanas adoptan actitudes
que sugieren el movimiento, el agua del río contiene una verdadera
vibración, representada por toques del estilo pictórico que superan toda
tradición plástica. Es la creación del genio que supera su tiempo y abre
nuevos horizontes.
Cuando se piensa en un hombre que una en sí la doble grandeza del
arte y de la ciencia, surge la figura de L eonardo da Vinci. N o intentaré
enumerar todos sus méritos de precursor en campos tan dispares como
la aviación y la hidráulica, la mecánica y la anatomía, la zoología y la
botánica, etc., por ser ya demasiado conocidos. Nos referimos más bien
al método seguido por Leonardo para alcanzar sus resultados científicos.
Ese método estaba basado en el dibujo, pues él creía poder llegar a la
ciencia por medio de las precisiones a que obliga. Su caso ilustra el
tipo de artista que se propone una finalidad científica y no tiene una
conciencia precisa de las dos actividades espirituales.
Las consecuencias de un método semejante son claras. La ciencia no tenía
aún su propio método; la investigación científica solicitaba al artista su
método intuitivo, que era el único camino para sustraerse a la autoridad
bíblico-aristotélica. Fué sólo en el 600 y principalmente por obra de
G alileo , que la ciencia encontró su método.
Mientras hacía ciencia, Leonardo dibujaba. También Piero della Fran­
cesca y Pollaiuolo habían procedido en la misma forma. Sin embargo,
algo parecía haber cambiado. Pues la pasión científica de Leonardo era
infinitamente más amplia y más fuerte que la de sus predecesores. Hemos
visto cómo Piero della Francesca fué infiel a su ciencia, a la que no
obstante idolatraba, para exaltar la dignidad y la nobleza del hombre,
autor al propio tiempo del arte y de la ciencia.

9

�Pero Leonardo se dedicó excesivamente a la naturaleza para sentir al
hombre como centro del universo, y vivió además en un momento en el
cual la soberbia moral de los florentinos se plegaba bajo los golpes de
la dura realidad. Por eso no utiliza su ciencia para exaltar al hombre.
Prefiere retirarse, refugiarse en su propio conocimiento, para poder hacer
arte. Hay, pues, un contraste no superado en él entre artista y científico;
no existe clara conciencia de la distinción; persiste una íntima necesidad
de tomar otro camino.
Cuando dibuja para la ciencia su trazo es preciso, seguro, soberbio; cuan­
do dibuja para el arte su trazo es todo matiz, delicadeza, tiene la inexac­
titud de los sueños. Y cuando pinta la Madona con el niño y San Juan
no expone la belleza a la vista como Rafael, sino que la introduce en
una gruta, porque allí se refugia el silencio de la hora en que el día
muere y la noche adelanta su nacimiento. Y es el propio Leonardo, que
conocía todos los secretos naturales de las relaciones entre los colores,
no sólo mejor que sus predecesores sino como el más experto de los co­
loristas modernos; es el propio Leonardo quien renuncia al color porque
sólo los matices dominan su estilo.
Así como se retiraba a una apartada penumbra para ampararse de la luz
del sol, así se retraía en sus conocimientos, para poder liberar a su antojo
la fantasía.
No deseaba acabar su pintura. Su grandeza reside en su dibujo, rápido,
convincente, avasallador. Ha producido un millar; son todos terribles
en el sentido renacentista de la palabra; son sublimes por una fuerza
misteriosa que los anima, sea cual fuere lo que representan, aún un casco
de caballo.
Pero Leonardo detestaba acabar un cuadro. También G iorgione - rehu­
saba terminar sus telas y M iguel ángel sus esculturas. ¿Por qué? Re­
cordemos que es en este momento que el artista asume conciencia de
sus diferencias con el artesano. Leonardo aseguraba, y se repetía en coro,
que la pintura se hacía con la mente y no con las manos. Y ésta era para
Leonardo una afirmación de dignidad intelectual que su capacidad de
científico no podía sino confirmar plenamente. Por eso el arte de Leo­
nardo tiene esa profundidad única en la historia y por eso no acababa
sus obras.

10

�En el momento en que el arte asumía las funciones de la ciencia, se des­
naturalizaba, y la portentosa sensibilidad de Leonardo se lió inmediata
cuenta de ello.
Así, aquel 400 florentino que al principio había fundado la civilización
moderna sobre los desposorios del arte con la ciencia, acababa con la
ruptura entre las dos actividades humanas. Cada una, sea arte, sea ciencia,
concluyeron por seguir su camino, paralelo, es verdad, pero que sólo
puede unirse en el infinito que es la totalidad del espíritu. Y si la ciencia,
desde el siglo XVII en adelante, ha tomado la delantera en la vida de la
civilización, el arte ha seguido ciertas veces a su hermana más joven y
próspera, pero otras ha ido por su propio camino, dando así la prueba de
su perenne vitalidad.
Traducción de

L ionello V enturi

M arta T raba.

ANÁLISIS DE DOS TRATADOS SOBRE EL MISMO TEMA
El precedente artículo del maestro Lionello Venturi, Arte y ciencia en
Toscana en el siglo XV, nos ha movido a releer y cotejar dos tratados de
aquella época que han gozado y gozan aún hoy de gran predicamento,
tanto en el campo del arte como en el de la ciencia: La divina proporción,
de F ra L uca P acioli, y el Tratado de la pintura, de L eonardo da V inci.
Dos libros-claves para comprender la relación directa de arte y ciencia
en la Italia renacentista.
Como muy bien lo señala Venturi, el concepto de ciencia estaba entonces
tan estrechamente unido al de arte que ambos se confundían. Arte y
ciencia constituían el clima del humanismo renacentista. El propósito de
los humanistas era el conocimiento de la realidad. No había teorías es­
téticas precisas y el arte se confundía, por un lado, con la técnica, con
las manualidades, con el artesanado; y, por otro, con la ciencia. Los
artistas de envergadura, genuinamente creadores —pintores y escultores
11

�dependían aún mucho de la arquitectura y, hombres senza lettere, se veían
disminuidos frente a poetas, filósofos y hombres de ciencia— tenían que
abarcar el campo científico para que su arte ocupara un puesto entre las
arti liberali, alcanzando así una categoría no reconocida a las artes pura­
mente mecánicas o manuales. El verdadero artista, pues, aspiraba a que
su arte fuese considerado como ciencia. De ahí la importancia de estos
dos libros, en los que culminaba una serie de esfuerzos teóricos de diver­
sos tratadistas, desde el siglo anterior. Pero además el libro de Pacioli
y el de Leonardo nos ofrecen dos direcciones científicas bien diferentes,
que vale la pena considerar.
L uca P acioli y P iero della F rancesca. —La divina proporción no es, en
realidad, más que un tratado de divulgación matemática. Casi todo él
está basado en los Elementos, de E uclides, y su parte segunda, dedicada
a la arquitectura, está principalmente basada en V itruvio. Su tercera
parte es una simple traducción —en un italiano bárbaro— de un tratado
original de P iero della Francesca: De quinqué corporibus regularibus.
Este trabajo de Piero parece que era muy poco conocido hasta ese mo­
mento y su inserción por Pacioli en La divina proporción, sin hacer
mención de su origen, le valió al fraile no pocos reproches, incluso el de
ser señalado como plagiario por Vasari. Sin embargo, en el mismo libro
Pacioli no deja de mencionar a Piero, reconociéndolo como maestro:
“ ...y prometo daros plena noticia sobre perspectiva mediante las ense­
ñanzas de nuestro conterráneo y contemporáneo maestro Piero della Fran­
cesca, monarca de tal especialidad en nuestros tiempos”, dice en la epís­
tola a sus discípulos al comienzo de la segunda parte. Aldo Mieli, en el
prólogo de la traducción castellana,1 desecha la presunción de plagio.
“Su culpa —dice— al publicar esta traducción casi completamente fiel
de la mencionada obra de Piero della Francesca fué la de hacerla con el
el título y la dedicatoria especial a Pier Soderini, y sin haber explícita­
mente nombrado a su autor”. Y agrega: “Luca, que ya varias veces había
mencionado los escritos matemáticos de su conterráneo, debía presumir
que la paternidad del escrito fuera conocida sin necesidad de agregar
explícitamente esta indicación. Si esto no fué verdaderamente un plagio,
1 L uca P acioli, La divina proporción. Trad. del italiano por Ricardo Resta. Bue­
nos Aires, edit. Losada, 1946.

12

�fué, sí, una falta grave de criterio o una imprudencia.” Pero otros co­
mentadores no han sido tan benévolos en sus juicios. L onghi, en su obra
medular sobre Piero della Francesca2, habla con cierto menosprecio del
"enciclopedismo praticone del volgarizzatore fra Luca”.
En realidad, la sección áurea o divina proporción —tomada de Euclides—
no está muy profundamente tratada en el libro de Pacioli. Se ocupa de
ella al principio con demostraciones y ejemplos más bien escasos. Dedica
su preferente atención a los cinco cuerpos regulares (el cubo, el tetraedro,
el octaedro, el dodecaedro y el icosaedro) y al problema de su inserción
en la esfera, basándose en el Libellus ya mencionado de Piero della Fran­
cesca. Poco podemos enterarnos, a través de Luca, de todas las propie­
dades y de las múltiples aplicaciones de ese admirable y misterioso ente
matemático; casi nada nos dice acerca de su belleza intrínseca y de sus
resultados al aplicárselo técnicamente para obtener una obra de arte
bella. El tratado está teñido de una filosofía vulgar, de un vago plato­
nismo —muy de la época—y de un sentido místico y misterioso, un tanto
pitagórico, acerca de las excelencias del número y de las proporciones
geométricas.
La divina proporción no es, por lo demás, la obra principal de Luca Pa­
cioli como matemático. Su trabajo fundamental en la materia es la
Summa de Arithmetica Geometría Proportion et Proportionalita, apare­
cida en 1494, o sea quince años antes de la Divina Proportione.
Ésta es, pues, obra de pura divulgación matemática que, por haberse pu­
blicado en idioma vulgar, tuvo resonancia y mucha influencia entre los
pintores italianos del Renacimiento. Conviene señalar que Fra Luca re­
corrió gran parte de Italia y estuvo en contacto directo con muchos ar­
tistas. Aldo Mieli advierte en su prólogo que Pacioli recuerda en la
Summa los numerosos artistas que tuvieron influencia sobre él; y, entre
otros, además de Piero della Francesca, nombra a Gentile y Giovanni
Bellini, en Venecia; a Botticcelli, Verrocchio y Pollaiuolo, en Florencia,
etc., agregando que todos ellos, “llegan a una maravillosa perfección cal­
culando sus obras con el nivel y el compás”.
No hay que negarle méritos, por lo tanto, al fraile de Borgo di San
Sepolcro ni a su obra de divulgación matemática. Pero su libro nos re­
2 R oberto L onghi, Piero della Francesca. Milano; Ulrico Hoepli, edit. 1946.

13

�mite, por reflejo, al trabajo fundamental de P iero della F rancesca
sobre la perspectiva 3*, que nos dará la verdadera pauta del criterio cien­
tífico predominante en aquella época. Pero no entraremos al análisis del
libro de Piero, que es un árido tratado matemático, más riguroso que el
de Pacioli. Poco o casi nada hay en él de teoría propiamente estética,
como no sean algunas referencias a la relación directa que hay entre la
pintura y la perspectiva. Tanto la Divina Proportione como De Prospec­
tiva pingendi nos dan la tónica científica del arte renacentista, del arte
del primer Renacimiento. Son tratados exclusivamente matemáticos y,
aunque la Prospectiva haya sido escrita para los pintores, se reduce a
una serie de teoremas geométricos y sus demostraciones. Todo el pro­
blema de la pintura lo centra Piero en la perspectiva: “La pictura non é
se non dimostrationi di superficie et de corpi degradati o acresciuti nel
termine”, dice al empezar el tercer libro de su tratado. Éste era el pro­
blema científico que se planteaban los pintores y es, por consiguiente, el
que debemos analizar para captar el verdadero sentido de esa conjunción
de arte y ciencia en el Renacimiento.
El problema de la perspectiva . —Este problema venía preocupando des­
de el siglo anterior a teóricos y artistas. B runelleschi —lo señala Ventu­
ri— “formuló para los pintores la teoría de la perspectiva”. Con él —dice
Aldo Mieli en el prólogo ya citado— “se encuentra por primera vez en el
ambiente de los artistas, y en manera clara y enérgica, la tendencia a
aplicar en su arte los conocimientos prácticos de la matemática, de la
mecánica y de la óptica”. Posteriormente, L orenzo G hiberti, en su
vejez, publica sus tres Commentarii, que forman un tratado de pers­
pectiva. Ghiberti, según S chlosser, “congiunge nella sua persona l’eta
nuova con l’antica” 4 Y L eón B attista A lberti —el “nuevo Vitruvio”—
escribe los diez libros de su De arte aedificatoria, en el cual “coltiva soprattutto l’aspirazione di abbandonare il terreno del mestiere, di airvicinarsi all’ideale vitruviano, all’ars liberalis” 5.
3 P iero della F rancesca, De Prospectiva pingendi. (Ediz. critica a cura di G. Nicco
Fasola). G. C. Sansoni, edit. Firenze, 1942.
* J ulius Schlosser-M agnino , La letteratura artística. Trad. di Filippo Rossi. Ed.
La Nuova Italia, Firenze, 1935. p. 87.
8 J ulius Schlosser-M agnino, op. cit., p. 107.

14

�En su enjundioso comentario al tratado de perspectiva de Piero della
Francesca, en su edición italiana, dice G. Nicco F assola: “Dire che l’arte

italiana del ’400 si svolse sotto l’insegna della prospettiva matemática é
addirittura una banalitá, colpevole se s’intenda con questo assegnare all’arte un camino progressivo di conquiste tecniche”. Para él los artistas

humanistas del Renacimiento no buscaban en la naturaleza leyes mecá­
nicas, sino leyes de armonía orgánica. Y Schlosser-Magnino, comentando
el tratado de Piero, anota: “II discorso e condotto matemáticamente fin
nei minimi particolari, e vi si scorge il grandissimo progresso in confronto
delle tesi, ancora empiriche dell’Alberti. Questo esatto rigore correspondeva a un ideale del Rinascimento; e l’opera divenne infatti rápidamente
famosa e eserátó notevole influsso”.

¿Porqué preocupaba en forma tan absorbente el problema de la pers­
pectiva a los artistas y teóricos del Renacimiento? Nos parece que la ex­
plicación más precisa y verdadera es ésta: para los artistas del Renaci­
miento, el de la perspectiva era un problema capital por exigencias de
su ideal naturalista; fué, ante todo, una imposición de su estética natura­
lista. Como veremos luego, ese naturalismo tendría otras notas bien
diferentes en Leonardo, porque en realidad para éste ya estaba superado
el problema de la perspectiva. Así, según cuenta Pacioli, cuando Leo­
nardo se enteró por él de la existencia del tratado de Piero, abandonó su
proyectado libro sobre la perspectiva.
El stil nuovo tenía forzosamente que resolver ese problema. A este res­
pecto dice Fassola que la perspectiva, tal como la concibe Piero, supone la
idea de un espacio homogéneo, opuesto a la concepción empírica medie­
val cuya física fué revolucionada por N icolás de C usa. Sólo después
de éste pudo aplicarse a la naturaleza la idea abstracta del espacio euclídeo, del espacio indeterminado del geómetra. Esta nueva constitución
del universo y de la espacialidad es la que presupone la perspectiva, que
busca leyes universales válidas para cualquier lugar. Es la necessitá uni­
forme della natura planteada por Leonardo. “II Medio Evo —agreganon poteva dunque aspirare e neppur pensare ad una prospettiva mate­

mática, ad una rigorosa unitá di spazio che diventava invece lógicamente
necessaria coll’avento di una concezione matemática della natura. II
mondo é statico nella sua idealitá geométrica; questa compone non solo
15

�i corpi, ma anche l’intervallo dei corpi, lo spazio. L’unitá di spázio nei
quadri diventa una necessitá inderogabile.”

La concepción científica, rigurosa, ordenadora del universo, por un lado,
y el naturalismo por otro, constituían el clima del humanismo. El na­
turalismo chocaba así forzosamente con una concepción ideal; la empiria
naturalista que se expresaba simplemente a través de los sentidos —línea
que parte de San Francisco y que se hizo tan predominante luego en el
ámbito cultural— se encontraba con una concepción intelectiva, ideal,
científica —¡y científico-matemática!—, de especulación abstracta. El pro­
pósito del arte era expresar, reflejar o recrear —el de la ciencia era captar
y conocer— ese mundo de la realidad inmediata, la naturaleza, que se
ofrecía a los sentidos. Y como el conocimiento empírico resultaba insu­
ficiente, con sus recursos primarios, para tal empresa, se recurrió a la
ciencia. El primer obstáculo a vencer era el de la espacialidad, y de ahí
,que la perspectiva llegara a ser el problema fundamental para los pintores,
hasta casi reducir toda la pintura a ese solo aspecto.
El espíritu científiconaturalista era, pues, el verdadero clima de la cultura
renacentista. La ciencia era el arma que utilizaría el hombre para com­
prender la naturaleza y dominarla. No tardarían las ciencias naturales
en encontrar su método. Entretanto, el arte debía reflejar la inquietud
de ese mundo cultural; y lo expresaría plenamente con las notas domi­
nantes del paisaje y del retrato. ¿Fué Piero, como pintor, un buen intér­
prete de ese mundo? El estudio de su obra pictórica nos llevaría dema­
siado lejos. Tendríamos que establecer un paralelo entre ese ideal cien­
tífico ordenador, intelectivo, abstracto, rigurosamente clásico y sus pin­
turas. Y luego analizar éstas para establecer hasta qué punto son natu­
ralistas, si ellas reflejan el naturalismo perseguido o son más bien ex­
presiones hieráticas, frías, ideales, producto del canon científico inspira­
dor. Todo esto exigiría un minucioso trabajo.
Bástenos por lo tanto referirnos ahora a algunos aspectos que no es posible
olvidar hablando del maestro burguense. Uno de ellos es el de la vin­
culación directa de Piero con la arquitectura. Es notable su preferencia
por el paisaje arquitectónico, tan escrupulosamente tratado en sus pin­
turas; M ario Salmi ha dedicado un estudio especial a este aspecto de la
(obra de Piero en relación con el palacio de Urbino6, y llega a la conclu,sión de que Piero debió sin duda haber ejercido una gran influencia sobre

16

�el arquitecto de dicho palacio, L uciano L aurana, que a su vez influyó
tanto sobre R afael.
La influencia de Piero es otro de los aspectos que deseamos destacar.
Hemos hablado de la vinculación de Piero con Pacioli y referido cómo
Leonardo resolvió abandonar su libro sobre perspectiva al enterarse por
Fra Luca del tratado compuesto por Piero. Roberto Longhi, en su ya
mencionado libro —que hubiéramos tomado como guía en caso de entrar
al análisis de la obra pictórica de Piero— trata ampliamente este asunto,
indicando las múltiples direcciones en que se mantuvo la continuidad
del maestro de Borgo. Por ejemplo, al ocuparse de la gravitación que
tuvo Piero en la pintura veneciana, dice: “anzi, per quella sua costante

presentazione della forma attraverso la spazialmente misurata quantitá
del colore, come per le sue poetiche adesioni ai fatti piú immateriali in
cui il mondo si svela e s’immerge, quali la luce e l’ombra, doveva natu­
ralmente trasmettersi alia nazione la cui genealogía era, ab antiquo, cro­
matica, ma che, fuori che in Piero, non avrebbe saputo dove altrimenti
trovare il punto di propria posibile congiunzione coi nuovi ideali del
Rinascimento, sorti da un senso di ‘analogía naturalística’ affato ignoto
al Medio Evo.”

Este ideal naturalista generalizado y el espíritu científicomatemático pre­
dominante durante casi todo el 400, nos parece que en cierto modo ex­
plican la pintura de Piero della Francesca. En general es fácil advertir
en su obra ese espíritu, esa relación directa entre su obra, toda síntesis
y abstracción naturalista, y el rigor científico y matemático de sus de­
mostraciones geométricas de la perspectiva. Es claro que aquéllas, sus
pinturas, no pueden derivarse totalmente de ese rigor científico y de sus
demostraciones matemáticas. Hay un parentesco, sin duda. Pero eso no
es todo lo que hay en ellas. Porque Piero della Francesca, además de
hombre de ciencia, fué —y ante todo— un artista.
L eonardo y su Tratado de la pintura. —Hemos visto que el ideal
científico del Renacimiento, por lo menos en la primera mitad del
siglo XV, era predominantemente matemático. Hablamos, por supuesto,
del ideal científico del arte pictórico. En general, el ideal científico del
6 M ario Sai.m i , Piero della Francesca e il Palazzo Ducale di Urbino. Ed. Le Monnier. Firenze, 1945.

17

�humanismo era naturalista-, es decir, que perseguía el conocimiento pleno
de la naturaleza. Y si los pintores de la primera mitad del siglo —Piero
della Francesca en primer término— acentuadamente se inclinaron a la
concepción científicomatemática, no fué porque su ideal fuese precisa­
mente matemático, sino porque esta ciencia, la geometría espacial de la
perspectiva, era la que podía solucionar el problema inicial del natura­
lismo pictórico: reproducir en el plano —aunque mediante el trompe
l’oeil— la realidad espacial de la naturaleza circundante. Sin resolver ese
problema previo, el ideal artístico naturalista se hallaba en un callejón
sin salida.
Para Leonardo, nacido a mediados del siglo XV —se ha cumplido el mes
pasado el quinto centenario de su nacimiento— también la pintura era
ciencia y, por añadidura, ciencia matemática. En el párrafo primero de
su tratado plantea el interrogante de si la pintura es o no ciencia, y ter­
mina diciendo: “Ninguna investigación humana puede llamarse verda­
dera ciencia si no pasa a través de las demostraciones matemáticas” 7.
Pero añade —y es lo que va a interesarnos particularmente —esto otro:
“y si afirmas que las ciencias que tienen su principio y su fin en la mente
sean ciertas, esto no es aceptable, sino que ha de negarse por muchas
razones; y la primera, que en tales razonamientos mentales falta la ex­
perimentación, sin la cual no puede demostrarse la certeza de nada”. He
aquí un nuevo punto de partida: el de la ciencia experimental. En el
j[ 3 nos dice que “la ciencia más útil es aquella cuyo fruto es más trans­
misible y es por el contrario menos útil aquella cuyo fruto es menos
transmisible”.
Reconoce que la pintura no es transmisible “como sucede con las ma­
temáticas, en las cuales el discípulo aprovecha tanto como el maestro le
lega” (j[ 4). “Ésta (la pintura) no se copia, a la manera de las letras”,
ni “se reproduce, como la escultura”, sino que “sólo ella permanece no­
ble, sólo ella honra al autor y perdura preciosa y única, sin dar nunca
a luz hijos semejantes a ella”. ¿Cómo puede entonces considerársela cien­
cia si sólo podemos llamar verdadera ciencia a lo que “pasa a través de
las demostraciones matemáticas”, en las cuales “el discípulo aprovecha
r

L eonardo

da

Vinci, Tratado de la pintura. Trad. de Mario Pittaluga. Buenos Aires;

edit. Losada, 1943.

1S

�tanto como el maestro le lega”? Ésta es la primera contradicción del
pues, cómo desde el planteo mismo, el concepto de ciencia se hace más
endeble, más impreciso en Leonardo. Piero della Francesca, en cambio,
nos da la impresión de pisar terreno mucho más firme cuando nos dice
que la pintura es simplemente perspectiva y que la perspectiva es ciencia.
Esto es porque el enfoque del problema en Piero es más restringido: se
reduce a buscar la solución espacial. En cambio, el problema en Leonardo
se amplía tan desmesuradamente, que la visual del concepto matemático
resulta estrecha y el principio científico tambalea.
En realidad, la pintura puede seguir siendo ciencia —“demostrable mate­
máticamente”— para Leonardo, en cuanto a la perspectiva, a la realidad
espacial. Pero así como Piero, dentro del clima científiconaturalista del
Renacimiento, se halla más íntimamente adentrado en la concepción científicomatemática que en la naturalistaexperimental y, por lo tanto, sen­
sorial, Leonardo —superado ya el problema en sí de la perspectiva— está
mucho más alejado de una concepción ideal, matemática y abstracta, que­
dándole por resolver todo el problema del naturalismo, en sus múltiples
aspectos, en su verdadera universalidad. En Leonardo podemos ver ya
resueltamente el camino de una estética naturalista. “Decimos merecer —
dice en el 3— más admiración aquella ciencia que representa las obras
de la naturaleza, que aquella que, como la poesía y análogas, representa
las obras del que las hace, es decir las obras de los hombres, como son las
palabras, que pasan por la lengua del hombre”. Como vemos, estamos
muy lejos de una estética intuicionista, de un arte cuya fuente es la sub­
jetividad. Dice también que la pintura “presenta a la mente las obras
de la naturaleza con más verdad y realidad de como lo hacen las palabras
y las letras”, y que “aquel que vitupera la pintura vitupera la naturaleza,
porque las obras del pintor representan las obras de la naturaleza mis­
ma” (U 5). En este mismo H5 sostiene que “la pintura es filosofía, porque
la filosofía se ocupa del movimiento de aumento y disminución”. Esta
filosofía a que alude no es otra cosa que la perspectiva (porque entonces
ciencia y filosofía se hallaban también muy entremezcladas). Echamos
de ver por estas transcripciones cuán imprecisa era la idea de ciencia en
el Renacimiento. Y esa imprecisión es más evidente en Leonardo que
en Piero.
Tratado, y no será por cierto la única, pero sí la más flagrante. Vemos,

79

�Toda la primera parte del Tratado leonaideseo está destinada a definir
y a exaltar la pintura, a deslindar los límites de las distintas artes (o
ciencias), a su clasificación y jerarquización. En el jf 19 habla de “la
divina ciencia de la pintura”. ¿Por qué esta valoración exagerada? Por­
que la pintura, dependiendo de la vista, dependiendo del ojo “gran señor
de los sentidos”, por el ojo "ventana del alma” y “vía principal por
donde el entendimiento alcanzara... a considerar las obras infinitas de
la naturaleza”, es la que con más fidelidad puede reproducirla. “En
justicia, pues, la llamaremos nieta de la naturaleza y pariente de Dios”.
Dios y naturaleza se confundían en Leonardo. Su naturalismo tiene mu­
cho de místico. Ha perdido ese rigor, esa precisión científicomatemática
que vemos en Piero. Es verdad que por el riguroso camino de las ciencias
matemáticas se puede caer en el misticismo de los número, y Pacioli ya
hemos visto que no estaba lejos de esa posición. Leonardo, que quiere
basarse en la experimentación cae, no ya dentro de una postura mística,
pues en realidad su formación es, sin disputa, la del sabio investigador;
pero cae, sí, en lo que podemos considerar un deslumbramiento mágico
naturalista.
En otro trabajo anterior 8 hemos estudiado más extensamente este aspecto
místiconaturalista o mágiconaturalista de Leonardo como teórico de la
pintura, aspecto que se refleja en sus cuadros por medio del claroscuro.
Éste es el que pone más en evidencia su alma de verdadero artista, su
espíritu romántico, notas por cierto intransmisibles y nada científicas.
Hay en el Tratado una parte —la quinta— dedicada al estudio de la som­
bra y de la luz, junto con la perspectiva; estudio verdaderamente cien­
tífico que aporta sin duda grandes enseñanzas. Pero con ese solo apren­
dizaje es indudable que nadie llegará a lograr la finura, los infinitos ma­
tices del claroscuro de Leonardo.
Pero no es el Leonardo artista el que nos interesa ahora, sino el Leonardo
teórico de la pintura y hombre de ciencia. Uno y otro se colocan en
una posición franca y exclusivamente naturalista. El ideal científiconaturalista del Renacimiento culminaba así en Leonardo. Pierde rigor
matemático —salvo en el problema particular de la perspectiva—pero gana
8 Alfredo E. R oland, Leonardo y su código estético, en Imagen, N? 3. La Plata,
octubre de 1946.

20

�en el sentido experimental y en universalidad. La naturaleza va siendo'
poco a poco dominada gracias a la ciencia y la pintura ha de ser el fiel
reflejo de ese dominio progresivo.
En cuanto a su estética, nos bastará transcribir sólo algunos párrafos qué
patentizan la posición netamente naturalista de Leonardo: “|f 402 —De
cómo el espejo es el maestro de los pintores —Cuando quieras ver si tu
pintura en su conjunto tiene conformidad con lo retratado del natural,
toma un espejo y haz reflejar en él la cosa viva y compara esta cosa re­
flejada con tu pintura, considerando bien si el fin de una y otra seme­
janza tienen conformidad entre sí. Ha de tomarse el espejo por maestro
sobre todo, hablo del espejo plano, porque en su superficie las cosas tienen
semejanza con la pintura en muchas partes.. .” etc. Y termina así:
".. .en conjunto tu pintura parecerá también una cosa natural vista en
un gran espejo”, ‘‘jl 404 —De cómo la verdadera pintura está en la su­
perficie del espejo plano —El espejo de superficie plana contiene en sí
en esa superficie la verdadera pintura...” “fí 405 —De qué pintura es
más loable —Es más loable la pintura que tiene mayor conformidad con
la cosa pintada. Propongo esto para confusión de aquellos pintores que
quieren remendar las cosas de la naturaleza”. Estamos, pues, dentro del
naturalismo más estricto, en plena estética del espejo.
Y para captar bien esa rara conjunción de artista y hombre de ciencia
que Leonardo nos ofrece, creemos oportuno transcribir algunas palabras
de V aléry —otro artista que, queriendo penetrar ese misterio de su na­
tural condición de poeta, buscó en la ciencia (precisamente en las mate­
máticas) y en la filosofía el instrumental que le permitiera conocer, un
conocer científico y transmisible —a propósito de la personalidad de Leo­
nardo, como filósofo, como artista y como hombre de ciencia: ‘‘Para
Leonardo, en cambio, el lenguaje no lo es todo. El saber no lo es todo
para él, sino, quizá, sólo un medio. Leonardo dibuja calcula, construye,
decora, utiliza todos los modos materiales capaces de soportar y ponef
a prueba las ideas, y de ofrecerles oportunidades de imprevistas reper­
cusiones contra las cosas, de la misma manera que les oponen resistencias
extrañas y las condiciones de otro mundo que ninguna previsión, que
ningún conocimiento previo permiten envolver por anticipado en una
elaboración puramente mental. El saber no le basta a este temperamento
múltiple y voluntarioso; lo que le importa es el poder. No separa el
21

�comprender del crear. No distingue de buena gana entre la teoría y la
práctica; entre la especulación y el aumento de poder exterior; ni entre
lo verdadero y lo verificable, o esa variante de lo verificable que son
las construcciones de obras y de máquinas” 9.
Leonardo es así el arquetipo del sabio moderno; es —como buen artista
en el fondo— el vidente que abre el camino de la ciencia moderna. Com­
prende a la naturaleza en toda su complejidad y pretende —artista al fin
— sintetizarla, recrearla en la pintura. Ése es el sentido que tiene su
Tratado, una auténtica enciclopedia sintetizada.
Vemos así cómo una misma concepción científiconaturalista adquiere
dentro de un mismo siglo matices bien diferentes. El ideal perseguido
es siempre naturalista, pero mientras la posición científica es en Piero
della Francesca rigurosamente matemática y por lo tanto ideal, deviene
en Leonardo directamente objetiva, experimental —más sujeta, por lo
tanto, a los sentidos, y de una más fácil derivación al arte como solu­
ción. ¿Será por ello que, permitiendo esta posición un juego más libre
de la subjetividad, el arte que nos brinda Leonardo resulta más fino,
más sensible, más romántico, en una palabra, que el de Piero? ¿Será
el rigor científico de este último el que lo lleva a la abstracción de Ja
línea, a cierto hieratismo en sus figuras? Sin embargo, pese a que Leonardo
siente más y mejor, más amplia y profundamente la naturaleza, sus fi­
guras no adquieren ese realismo un poco brutal de las de Piero. Con
todo su bagaje científico —más completo que el de Piero— su pintura
se mantiene en un plano de idealización que no puede ser producto de
la verificación científica.
Alfredo E. R oland

® P aul V aler y , Leonardo y los filósofos.

22

�TRE S P I N T O R E S J O V E N E S DE C H ILE '

Para Ver y Estimar

No ignoro el riesgo que implica el tema que aquí me propongo. Hablar
de pintores jóvenes significa señalar obras y posturas sin que se llegue
a resultados absolutos ni a definiciones concretas. Cualquiera de estos
amigos de que aquí trato puede proporcionarnos mañana gratas sorpresas,
como también inesperadas desilusiones. Sin embargo, crea necesario fijar
la atención sobre la joven pintura que nos rodea, sobre todo porque una
atención a la vez solidaria y crítica aumenta la responsabilidad del mismo
pintor. Máxime en los ambientes nuestros, donde ni siquiera se habla
en forma exhaustiva de los llamados valores consagrados.
Los tres artistas elegidos dentro del panorama de la joven pintura en
Chile ofrecen una esencia de calidades, de posibilidades y de realizaciones.
Por supuesto, no son los únicos. Para realizar un estudio de más am­
plitud, habría que incluir forzosamente a un número mayor de pintores
jóvenes. Tendría que ocuparme de G regorio de la F uente, J osé Venturelli, P ablo B urchard hijo o, entre los más recientes, de I ván L ambert
Susana M ardones o de C arlos F az, quien acaba de revelarse en su pri­
mera muestra personal en el Instituto Chileno-Norteamericano, de San­
tiago. Estas omisiones, como otras tantas, debidas a circunstancias aza­
rosas —tiempo limitado, falta de material gráfico, mi conocimiento frag­
mentario de obras— no implican, en modo alguno, juicios de valor.
Los tres pintores que motivan esta nota, por encima de su interés per­
sonal, son a la vez atrayentes por su camino y sus posturas dentro de la
joven pintura en América. Tanto J osé Balmes como Víctor C arvacho
y C arlos Sotomayor se han visto frente a problemas e interrogantes que
por cierto no se han planteado solamente en sus casos particulares. Y si
bien sus soluciones y la fisionomía de su obra tienen rasgos muy indivi-

23

�duales, el proceso de su desenvolvimiento responde a supuestos válidos
para todo pintor de esa generación.
J osé Balmes, el más joven de los tres pintores, es quizás el más libre en
un sentido específicamente pictórico. Me refiero al hecho de que escasas
veces parte de una imposición de estilo. Catalán de nacimiento, llegado
a Chile a los doce años, guarda un sentido innato por la calidad plástica,
típico del pintor español. Balmes trabaja continuamente sobre un mo­
tivo del cual deduce sus conjuntos; inventa muy poco, a tal punto que
sus telas de composición contienen soluciones forzadas. En cambio revela
una capacidad especial cuando comienza a desentrañar los objetos reales
y a desnudar su estructura. Simultáneamente tiene dotes excepcionales de
colorista. Sus gamas, sin destruir las estructuras, se convierten en elemento
dominante, abstraído del objeto y tratado con una musicalidad que poco
a poco va desarrollándose independientemente sobre la tela. En sus últi­
mos cuadros, la composición llega a una mayor audacia, los motivos se
descentran y cierto horror vacui, muy propio de todo pintor joven, des­
aparece para dejar lugar a que los grandes planos se concentren con ener­
gía dentro de la riqueza cromática y de materia. También es en estas telas,
donde Balmes hace actuar el color desprendido por completo del objetocosa: ciertos blancos, amarillos y tierras actúan en grandes manchones
dentro y en torno del motivo visual y adquieren una calidad pictórica
de por sí.
Balmes cuenta, si mal no recuerdo, 23 ó 24 años. En su capacidad de tratar
la materia pictórica ha llegado a una madurez sorprendente, a causa de
su natural refinamiento plástico. Mas esta misma juventud y el gusto sen­
sual de pintar impide, en estos momentos, que su postura espiritual esté
muy definida. Con sus dotes ha tenido menos obstáculos en su desarrollo,
pero esta calidad de pintor a secas mantiene un diálogo constante con el
objeto y la caja de pintura. Balmes es un pintor sumamente emotivo y
su camino se verá siempre determinado por el estremecimiento delante
de un color, un tono, un ritmo, ya lo halle en la paleta o en una natura­
leza muerta. Y aunque no me guste vaticinar y el oficio profético sea más
bien incómodo, dentro o fuera de la ballena, la misma pintura de Balmes
indica que el pintor no ha de detenerse en su fase actual. Encuentro algu­
nos síntomas y fermentos cuya meta no es difícil de determinar. La evo­
lución de otro artista, el uruguayo Vicente M artín, viene muy a punto
24

�para aclarar la etapa actual de Balmes. Martín comenzó con una disposi­
ción y calidad de pintor a secas, idénticas a las de Balmes, hasta que un
día tuvo necesidad de acudir a otros resortes expresivos que no fueran los
del contacto emotivo y plástico con la materia. Después de un largo tiempo
de ensayos, Martín es hoy uno de los pocos pintores abstractos que real­
mente trascienden la mera fórmula y el juego postizo, sin haber perdido
su calidad intrínseca de pintor.
A su vez, Balmes es el más pintor de los jóvenes en Chile. Es el único
que no ha tenido que discriminar elementos foráneos de su obra. Con mo­
destia prefirió tres naranjas en un cesto a la teoría de los movimientos
actuales. Con lo cual no quiero decir que Balmes los ignora, sino que
toda elaboración suya parte de la pintura en sí. Elude de este modo el
riesgo de las interpretaciones provincianas y deformadas de un ideario
estético, aunque limita, actualmente, la trascendencia de su pintura. Balmes nos provocará sorpresas apasionantes el día en que tuerza el rumbo
de su sensibilidad plástica, abandonando el mundo de los objetos para
alcanzar el mundo de las ideas pictóricas.
El caso de V íctor Carvacho es muy distinto. En él había desde la pri­
mera pincelada un deseo manifiesto de concretar un estilo, o sea, de con­
centrar su mundo plástico en la unidad de procedencia intelectiva, a pe­
sar de que nunca careció de sensibilidad ni de emotividad pictórica. Car­
vacho tiene dos características: una afición siempre latente al ritmo grande
y un sentido muy refinado del color. Por encima de esto, pertenece a la
categoría de los pintores inteligentes, lo que significa una constante auto­
crítica, mucho más severa con la obra propia que con la ajena. No quiero
afirmar que su obra se compone de razonamientos, pues estoy seguro que
se olvida ante la tela de las buenas o las malas ideas, pero sin duda, su
evolución está marcada por esta dominante inteligencia suya. A ello contri­
buye el hecho de su labor crítica en el periódico Pro-Arte, la cual, según
me ha dicho, le ayudó a comprender y a esclarecer un sinnúmero de pro­
blemas propios a través de problemas ajenos.
Sin embargo, no creo que Carvacho sea un pintor racional. Todo lo con­
trario. Una cosa es observar los defectos del vecino y otra cometerlos uno
mismo. Carvacho ha partido siempre del elemento plástico, pero sólo en
sus últimas obras lo ha conseguido sin restos espúreos. Él mismo me afir­
mó que considera toda su obra anterior como ensayo, más o menos logra­
25

I

�do, y que recién en estas telas últimas, como el Paisaje reproducido, ha
llegado a la claridad de intenciones y de ejecución.
Las primeras pinturas de Carvacho son estilizaciones del natural. Recuer­
do un Autorretrato, de factura primitiva y dibujo ajustado, en el cual la
linea ya empieza a tener funciones propias para convertirse en ritmo. Es,
sin embargo, una línea cuidadosamente pensada y trazada, más decorativa
que expresiva, y adherida al objeto. En sus obras sucesivas, tanto el ele­
mento lineal como el cromático van separándose del objeto, pero, contra­
rio a la experiencia de Balmes, Carvacho superpone a su libre juego un
significado que a menudo crea redundancias.
Un viaje al Brasil inicia una época de trabajo febril, de resultados diver­
sos. Aparece en estas telas el ritmo de gran extensión y el color sutil,
buscado con singular originalidad, pero al mismo tiempo se acentúan las
insistencias de provocar el mismo efecto diversas veces en la misma tela,
el horror al vacío, que ya señalé en Balmes, la superabundancia de matices
y de elementos decorativos. Carvacho me confesó que el ambiente brasi­
leño le exasperaba y que, por un lapso, había perdido su sentido de
ordenación. Pero no es menos evidente que esta exasperación, con todos
sus defectos, significó una liberación del cuidadoso cálculo, aunque no
hizo desaparecer la estilización dominante.
Hay algún fondo oriental en la pintura de Carvacho, ya sea por cierta
secuencia de carácter decorativo en sus planos, ya sea por el color siempre
irreal y sutil, ya sea por una natural aversión contra la representación de
cuerpos estáticos. Del simultaneísmo frenético de sus Carnavales, Carva­
cho pasó a una pintura muy contraria a su manera de ser, pero, sin duda,
muy valiosa como experiencia. Consciente de la limitación que significaba
injertar sentido retórico a formas abstractas, optó por olvidarse de los
procedimientos y pintar del natural con total ausencia de trabas. De ahí
surgió una pequeña serie de paisajes, sin la menor pretensión estilística,
pero con evidente deseo de trascender los límites de una carga individual
y llegar a lo objetivo. Basta comparar el primer autorretrato o el posterior
Retrato del Dr. Druek, hechos seguramente del natural, con uno de estos
paisajes, para notar hasta qué grado el elemento artificial, el recurso deco­
rativo desaparecieron para dejar lugar a un trabajo limpio, espontáneo y
directo. Parece que Carvacho se dió cuenta de que se puede establecer una
armonía sin necesidad de acudir automáticamente a la línea prolija, al

26

�plano punteado o a la repetición rítmica en trance de conseguir un hecho
plástico, aunque haya sido necesario, también, renunciar transitoriamente
a las voluntades de expresión.
Cumplido este deslinde, Carvacho realiza una tela de dimensiones mayo­
res, el Paisaje reproducido, en que comienza a pintar con toda autoridad
y a crear la unidad de sus aspiraciones. Las formas son completamente
inventadas y responden a su sentido rítmico, pero este ritmo está organi­
zado y desarrollado con una comprensión jerárquica de los distintos ele­
mentos en conjugación. Algunos grupos formales tienen aquí significado
cinético y toda la tela da una cabal idea de movimiento, tanto en el
ritmo directo, como en el ritmo-fuerza, según la acepción futurista. El
color es jugoso, dentro de una intensidad que responde entrañablemente
a la intensidad del movimiento. Por otra parte, Carvacho ha abandonado
definitivamente los injertos simbólicos y los gestos descriptivos, para de­
rivar el choque emotivo de los mismos elementos plásticos, de sus vibra­
ciones cromáticas y de sus tensiones lineales. Sin que por eso deje de
trasmitir una idea subrepticia de paisaje.
Actualmente, Carvacho está en vías de convertirse en uno de los pocos
pintores jóvenes capaces de coordinar distintas calidades, inquietudes o
dimensiones espirituales en un conjunto orgánico que, pese a la riqueza
de sus contenidos, mantiene sus elementos puros. Dentro de una pintura
abstracta, Carvacho vuelve a introducir ciertas nociones de espacio inven­
tado, junto con el movimiento (que lo liga algo a los futuristas), la densh
dad y la graduación del color. Sus resultados son elaborados por una
inteligencia viva y una sensibilidad abierta que aseguran una confiada
evolución sin altibajos.
Entre la sensualidad plástica de Balmes y la lucidez sensible de Carvacho
se sitúa el tercer pintor, Carlos Sotomayor. De más edad que los dos
colegas, de mayor experiencia y actuación, mucho más combatido en su
ambiente, crea una pintura de carácter muy especial. Si Balmes practica
una especie de fauvisme controlado y Carvacho un abstractismo dinámico,
Sotomayor se mueve dentro de un expresionismo de derivaciones superrealistas. Me refiero, claro está, a la obra reciente de los tres. En el caso de
Sotomayor, tal aclaración es sumamente importante, ya que durante años
su pintura estaba estrechamente ligada a la época de P icasso que siguió
a Guernica, o sea, la de los aspectos simultáneos, la deformación draml27

�tica, la actividad lineal y el colorido brillante. Época, por lo demás, lin­
dante con el superrealismo. A su vez, Sotomayor siempre tuvo vínculos
de amistad con los poetas jóvenes de su país; pertenecía a los grupos for­
mados y dirigidos por H uidobro, se acercaba, aunque no pertenecía al
grupo Mandragora y poetas superrealistas o ex-superrealistas como Brau­
lio A renas, T eófilo . C id y E nrique G ómez Correa se interesaron por su
obra. Esta filiación explica también cierta reserva que su pintura tortu­
rada, angustiada y negra encuentra en Santiago, ambiente generalmente
muy tolerante e independiente.
Aunque justo es señalar un punto que no ha contribuido por cierto a
que esta hostilidad disminuya. Me refiero precisamente a la larga época
picassiana de Sotomayor, en la cual, sin duda con toda inocencia, se atuvo
sumisamente a las soluciones formales del pintor español. Lo hacía con
sorprendente vigor, un colorido sabroso y oficio maduro, hasta el mismo
Sotomayor no se dió cuenta de la semejanza —y sinceramente, porque no
lo creo capaz de simular—. Parece que sus cuadros le salieron así, sin más
ni más. Pero, por otra parte, siempre se me antojó extraño que un pintor
tan dueño de su oficio, tan auténtico, además, en su mundo de preocupa­
ciones, tenga que apoyarse en otro pintor, aunque sea inconscientemente,
pero con resultados de un mimetismo total. Tal vez esta misma supertensión anímica, sus angustias y la complejidad de su espíritu, le llevaron a
buscar un soporte estilístico. Con lo cual se señala nuevamente la idiosincracia del joven pintor, de partir de un estilo, antes de partir del ele­
mento pictórico en sí.
En otro lugar, en tiempos anteriores, Sotomayor hubiera sido un típico
pintor expresionista. Su angustiosa representación de estados de ánimo
se hubiera dirigido a los sentimientos. Mas, Sotomayor, preparado ya por
el contacto con el superrealismo optó por otra vía. Sea porque los esque­
mas picassianos no servían ya para absorber sus necesidades de compensa­
ción, sea porque sentía la necesidad de sobrepasar un estado espiritual
dado, lo cierto es que cambió hace poco su modo de pintar. La brillantez
colorística cedió a una pintura de tonos oscuros, negros, tierras, algunos
blancos y ocres. A la vez desaparecieron los últimos residuos de las formas
picassianas, aunque eso no significaba una total liberación. Sotomayor se
entusiasmó con L am y, en efecto, en las primeras telas de este ciclo, apa­
rece una influencia formal, aunque no cromática, del cubano. Pero pau28

�latinamente, Sotomayor elimina esta dependencia y va creando un mundo
propio donde existen aun vestigios de influencias anteriores, pero imbuidos
todos en un clima dramático de auténtica sugestión y los comienzos de
un genuino poder inventivo.
Al lado de Balmes y Carvacho, Sotomayor parece a ratos demoníaco.
Pintar, para él, no ha de constituir un proceso de selección ni un placer
sensual; más que cuadros, en el sentido de objetos estéticos, produce
descargas y, desde su plano personal, liberaciones. Estas imágenes in­
frahumanas, pantanosas y oscuras impresionan de golpe, conquisten o
no al espectador, y en ese choque radica su fuerza y su autenticidad prin­
cipal. Con todo, me he preguntado más de una vez adonde llegaría
Sotomayor, si en lugar de formas solapadamente alegóricas usara signos
puros según sus irradiaciones emotivas. Convengo en que semejante
ocurrencia no agrega ni quita nada a la pintura actual de Sotomayor,
pero quizás pueda extender sus proyecciones.
H ans P latschek

29

�ENTREVISTAS A DOS PINTORES FRANCESES

MANESSIER
Voy a ver a M anessier, vive en uno de esos maravillosos estudios tan románticos, en
pleno Montparnasse en la rué de Vaugirard. Una calle privada llena de sombra verde
en el verano, sobre la que se abren casitas de dos pisos y mansarda. En una de ellas ha­
bita el pintor. Me hacen pasar a una sala sencilla en extremo, de paredes blanqueadas
que hace oficio de salón, de comedor, de cuarto de estar. Desperdigados por todas partes
—pese al orden que reina—, juguetes de niño que dicen ya mucho: toda una actitud an­
te la vida. En la pared, hecho de dos ramitas entrecruzadas: un crucifijo como podría
encontrarse en la celda de un monje. Apenas empiezo a asimilarme este hermoso cuarto
que un gran cuadro del maestro preside, me hacen subir al taller en la mansarda: claro
y sencillo como su dueño. Me han advertido que M anessier no es sujeto fácil para las
entrevistas y apenas trabada la conversación intento torpemente sacar lápiz y papel.
Veo que la actitud mía no es muy bien recibida. Abandono los útiles y me fío a mi
buena memoria.
B. Hace pocos días he estado con B azaine y hablando de la pintura que él hace y de
la de Ud. me ha sorprendido diciendo que no las considera abstractas de ninguna ma­
nera. ¿Piensa Ud. lo mismo?
M. Completamente. En todo caso a esta tendencia actual no debe llamársela arte abs­
tracto. Hace diez años que le buscan un nombre sin encontrárselo...
B. ¿Le parece que tiene mucha importancia? Piense en el nombre de los impresionistas
o de los fauves debidos simplemente a la casualidad.
M. Sí, me parece importante porque revela toda una concepción, por eso tenemos que
tratar de precisar.
B. ¿Cómo prefiere llamarlo: concreto, no-figurativo, no-objetivo, nuevas realidades?
M. No, ningún término me satisface.
B. De todos modos, Ud. no se considera un pintor abstracto.
M. De ningún modo. Considero que el llamado arte abstracto es higiénico y no lo
rechazo en el sentido en que puede enriquecerme espiritualmente. Lo que encuentro mal
es que se va transformando en el arte de un solo artista. Es decir que todos tienden a
30

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�M A T I S S E

Le Luxe, I. 1907.

Le Luxe, II. 1907 ó 1908

I.uxe, calme et volupté.
1904-05

�VÍCTOR CARVAC.HO: Paisaje (1951)

CARLOS SOTOMAYOR: Los árboles sátiros (1950)

&gt;-3
c/tíí
*&lt;
&lt;•
Sr*i»
&gt;3

�acercarse peligrosamente entre sí. Los precursores: un Kandinsky, un Mondrian, eran
importantes porque realizaban en ellos mismos sus experiencias individuales.
B. ¿Cuál cree Ud. que debe ser entonces la buena actitud?
M. Para mí, detrás de la pintura tiene que haber un hombre que la respalde. Quiero
pensar que cada cuadro oculta una actitud humana, si no, no tiene sentido. Me parece
bastante claro que el arte actual pueda caer en cualquiera de estos dos extremos nefas­
tos: el diabolismo y el angelismo. La tentación del diabolismo es la de recoger por
ejemplo una rama del bosque y hacer de ella una escultura. La rama es la ingenuidad
de lo natural, es bella en sí pero no se la puede discutir. Está sumergida en el caos,
porque es previa al hombíe. El otro extremo es el de pintar un cuadrado blanco y ro­
dearlo de negro. Claro que ese efecto de forma y color es bello también en sí. Pero
tampoco —como la rama—, es discutible. Si en el ejemplo de diabolismo el hombre
todavía no figuraba en esa belleza anterior, en el angelismo, el hombre ya no está, ha
partido. La belleza del cuadrado blanco rodeado de negro es angélica pero no humana.
Me parece que ninguna de estas dos actitudes es realmente artística. En ninguna de ellas
el hombre está realmente comprometido. El verdadero artista tendrá que fluctuar siempre
entre estos dos extremos y no dejarse ganar en definitiva por ninguno.
El hombre no es algo tan simple. No hay que dejarse encerrar en la jaula de los nom­
bres conocidos. Es más cómodo para el pintor, los críticos y el público poder poner la
etiqueta, pero siempre esa etiqueta es más o menos falsa.
B. ¿Cómo definiría Ud. su actitud?
M. Aquí ve Ud. la historia de mi pintura. Hay telas en que copiaba de los grandes
maestros hace muchos años en el Louvre. Después me he dejado influir voluntariamen­
te por todo el mundo. Estuve siempre abierto a los antiguos, P icasso y B raque, los
superrealistas. Después de la guerra me interesaron mucho los impresionistas fauves,
después los llamados abstractos. Pero lo abstracto es para mí un medio, no un fin.
No lo adoro, no lo tengo puesto en un altar. Para mí —ya le he dicho—, es higiénico
como un revestimiento de mayólica. Pero creo que el hombre es algo más que eso.
Yo creo que en arte hay una experiencia meditativa y otra contemplativa. Yo necesito
mucho tiempo para crear. No porque no tenga facilidad, sino que los cuadros no me­
ditados no me satisfacen. Creo que el ideal es: Inspiración regulada por la paciencia. La
pintura es un arte de paciencia. Hay que contar con el tiempo para contrarrestar el ale­
jamiento de la inspiración, tratando de mantener el impulso inicial.
B. ¿Al mismo tiempo que sus experiencias no-figurativas, practica Ud. la otra pintura
o dibuja? Quiero decir si toma notas o apuntes.
M. No. Creo que actualmente uno puede expresarse directamente sin pasar por lo fi­
gurativo. Un Cristo de R ouault me emociona pero puedo tener otras experiencias in­

35

�ternas y recrear un estado de ánimo sin pasar por la figura. No desdeño una rama o
un paisaje. Los asimilo simplemente, los transformo.
El tiempo urge, hay otros visitantes. En el tintero se me han quedado muchas pregun­
tas, no me atrevo a insistir.
El mejor pintor abstracto de Francia no quiere ser llamado abstracto. Su definición de
la pintura es su profesión de fe. “Inspiración regulada por la paciencia”. Hay que me­
ditar largamente sobre esta frase.

PIGNON
Grande y fuerte, con aspecto de campesino flamenco, P ignon nos recibe en su estudio
de la rué du Moulin Vert. A pesar de que Pignon es amigo de Ver y Estimar, y
nos aprecia, he ido con mi profesor de Sociología del Arte, el crítico P ierre F rancastel
que lo conoce íntimamente para facilitar mi papel de inquisidor. Hay artistas a los
que no se los puede entrevistar con un cuaderno de notas en ristre, Pignon es uno de
ellos y yo lo sé. Por eso, esta vez, fiado a mi memoria me propongo anotar lo que se
dijo en el curso de esa visita, y lo que yo me quedé meditando después.
El tema para entrar en materia es la exposición de obras de K andisnky anteriores a
1910 que se realiza en esos días en la Galería Maegth. Llevados así sin brusquedad al te­
ma del arte abstracto, Pignon empieza a mostrarnos sus obras. Es tímido —como tantos
artistas— y tiene un pudor muy grande en hablar de lo que hace. Se ve al hombre
honrado que lucha en su expresión y en sus ideas constantemente. Esas ideas, sin em­
bargo, son claras, porque piensa bien, pero confiesa sin embargo que su elaboración pic­
tórica es muy lenta.
La primera tela es un gran cuadro apaisado de dos metros por uno y medio que no ha
expuesto nunca. Está sin marco, no terminado del todo, y esa misma falta de lamido
final le da una calidad de frescura y de improvisación incomparables.
Es uno en la serie de sus barcas pescadoras. Francastel y el pintor hablan con natura­
lidad de esas barcas, que yo —confieso sencillamente—, no veo ni me importa ver. Com­
prendo que se ha inspirado en ellas, en sus arabescos de redes tendidas, de velas trian­
gulares. Muy bien, lo que importa es la obra en sí. Y está plenamente conseguida aun­
36

�que no se reconozca el tema inicial. Aquí quisiera empezar la discusión con Pignon,
pero no me atrevo a encauzarla. Veo que él está muy convencido de que el hecho de
que su cuadro tenga básicam ente el tema de las barcas pescadoras es muy importante.
Para mí -—que no las he visto hasta que no las han nombrado—, no tiene más que un
valor anecdótico. Como el ver el retrato de la mulata a quien B audelaire escribió tan­
tos admirables poemas, no me explica ninguno de esos poemas en s í . Es un rasgo
iconográfico que me aporta una emoción sentimental, pero no me aclara en nada (al
contrario me lo oscurece) , el hecho literario de esos mismos poemas. El argumento del
cuadro es ya —como digo—, irreconocible. La superficie se resuelve en armonías ce­
lestes, rosas, negras, grises y formas curvas que se persiguen a través de la tela con ca­
lidades musicales, como un tema que se enlaza con otro recurrente y que vuelve a
empezar para empalmarse infinitamente. Los ojos no pueden abandonar el juego una
vez que lo han empezado a gustar.
Pasamos a sus trabajos de vacaciones, las hojas palpitantes que aporta de sus días de
reposo en el Mediodía. Aquí la realidad está más cerca, sin el trabajo intelectual de
decantación, como en los futuros óleos que saldrán de esos mismos estudios. Son grandes
hojas de papel donde a la acuarela, a la gouache o con nuevas pinturas sintéticas, el
pintor ha captado escenas de vendimia y vistas de canteras abandonadas. Todo es
excelente: el espacio compartimentado como en los pintores del Tre ce n to —un sistema
similar al Matisse de hace unos años y al penúltimo D uffy — el color, según los casos:
alto y valiente o sordo, pero siempre entonado y significativo. Por encima de las m an ­
ch a s -form as , un trazo puro, a veces la curva en arabesco de una vid retorcida, a veces,
la rueda obsesiva del carro cargado de uvas. Gente, caballos, cubos, campo plantado,
viñas, olivares, todo se articula en un planismo que se aviene admirablemente con los
compartimientos de la división espacial. Yo pienso en posibles tapices y lo digo. Pig­
non no había previsto la posibilidad, cree que de allí sólo saldrán cuadros. Hasta aquí,
pintor y críticos, de acuerdo.
En las vistas de canteras, la abstracción va más lejos, no tentada por e l co lo r local, por
lo típico folklórico. Todo se organiza como en la creación de la naturaleza. Los grandes
planos de estratos atraviesan con sus grises o sus amarillos el papel. Se tiene la sensa­
ción de un cosmos gigantesco organizándose. El pintor no ha hecho mera obra especu­
lar, imitando a la naturaleza en su parte mezquina y anecdótica, ha v ue lto a crear
él también en el plano del arte lo que una vez se dió en el plano físico.
Los dibujos de cabras son un poco más comprometidos. La presencia viva, aunque sea
animal, nos lleva a una palpitación en la que el artista fluctúa entre su afán de ver
esquemas y su simpatía humana por ese vericueto de ubres, cuernos y paletas puntia­
37

�gudas que es una cabra. El dibujo es muy fuerte, sin titubeos, todo está resuelto con
grandeza y claridad. Hay de P icasso y hay de M atisse en esta versión de Pignon, pero
hay también su marca inconfundible.
Hasta ahora hemos abordado abstracciones más o menos grandes cuya semilla —reco­
nocible o no—, son hechos y objetos cotidianos. Todos nos sentimos cómodos tal como
delante de una naturaleza muerta. No se nos pide más que ver, calcular si se cumplen
las reglas del juego. Nos emocionamos porque hay creación inventada, no porque se
nos fuerce a la emoción del tema o del contenido humano o social. Pero he aquí que
llegan los dibujos de mineros. Son a carbón negro y ya el mismo procedimiento está
denunciando una mayor emoción en el artista, una búsqueda de negros intensos, de jlous
que también descargan su potencial ante los ojos del espectador. Hacemos algunas re­
servas, Pignon se defiende. Se trata de grupos patéticos de madres con hijos desnutri­
dos colgando al pecho fláccido, a lo largo —centro emocional del dibujo—, un cadáver
de obrero tendido en el suelo. Si analizamos fríamente descubrimos que el dibujo es
hermoso en si, de calidad; la deformación atrevida y muy avanzada. Sin embargo, hay
algo, que nos deja indiferentes en vez de hacernos emocionar. Hemos llegado al nudo
de la cuestión. El pintor cuyas dudas lo persiguen todos estos últimos años, no quiere
admitir que el tema humano patético, no se preste mejor que ningún otro a la repre­
sentación pictórica. En realidad, todo esto culmina en su lucha: ¿lo abstracto o el
neorrealismo? En una clasificación cualquiera de nuestros días, Pignon siempre está
considerado como uno de los mejores pintores abstractos. Es curioso que tanto él como
Manessier —por razones diferentes pero en el fondo no tan distintas—, no quieren
considerarse como tales. La lucha, es pues, para ellos, tratar de hacer obra humana
profunda y significativa sin traicionar sus intuiciones plásticas. Tratar de depurar cada
vez más el mecanismo gráfico sin hacer obra contraria a la convicción social. En este
dilema se debate Pignon desde hace años. Otros compañeros de ideas han resuelto la
cosa sea volcándose como Fougeron a un pobre figurativismo, sea como P icasso el ge­
nio, siempre un poco au-dessus de la melée, planeando con su fuerza propia, convencido
de que todo lo que haga será siempre humano, al comprometerse con toda sus fuerzas
en el logro de una expresión.
Viene la discusión, siempre en el plano cordial. En las escenas de vendimias, en las
canteras, hasta en los magníficos dibujos de cabras, hay una realidad vital presente,
pero no más. La gente trabaja, es anónima, generalmente sus figuras son pequeñas frente
a la totalidad del paisaje y están vueltas de espaldas —sin el compromiso que implican
ojos y miradas. Si no, se trata simplemente de la naturaleza o de un animal poco ex­
presivo como la cabra, pretexto de huesos y piel.

38

�Fierre Francastel dice que los dibujos de mineros tienen un elemento impuro, Pignon
protesta. ¿Por qué ese elemento no era impuro en las vendimias y sí en los mineros?
Tratamos de explicar. En las vendimias el protagonista es el trabajo: una actitud di­
námica y humana. El artista ha jugado con el hombre como un elemento más en su
composición. No ha intervenido en su vida íntima, en sus problemas, en su drama, en
la injusticia terrible de la vida que lleva. El contenido social de las escenas de mine­
ros no se presta a la pintura, es más del campo de lo escrito (no quiero decir literario
para no parecer peyorativo), de la discusión apasionada en el plano de las ideas. Todo
en estos dibujos está encaminado a turbarnos: el claroscuro violento que lo empareja
a un grabado de R embrandt , un Ecce Homo que hay sobre la pared. La expresión de
los ojos, claramente fijados sobre el espectador. Hay como una pantalla que se inter­
pone entre nosotros y el dibujo: el sentimiento. Además, como dice Francastel, los per­
sonajes posan. Están un peco orgullosos de su dolor, lo muestran. El pintor les ha pe­
dido pintarlos y ellos se agrupan como ante el fotógrafo.
El que mira —lo quiera o no— se siente comprometido en la anécdota. En los dibujos
de vendimiadores, no. La discusión sigue en pie, tratamos de aportar razones entre to­
dos, yo intuyo oscuramente algunos motivos, cuando salgo a la calle me los quedo ru­
miando.
Ante todo, y con un método negativo, un poco por la reducción al absurdo, pienso en
cómo han solucionado los grandes maestros antiguos situaciones semejantes o equiva­
lentes de expresión. Por empezar, los italianos. A partir del Quattrocento hay una re­
pugnancia instintiva en el genio italiano a admitir lo excesivo expresivo. Se rehúsan
sistemáticamente los temas patéticos, cuando se abordan, todos sabemos, es con la esca­
patoria de la gracia. Las Crucifixiones italianas parecen un ballet en el que San Juan
es el primer bailarín y las Santas Mujeres parafrasean el dolor sin estar muy conven­
cidas de la gravedad de la escena. Antes sí, Duccio o G iotto habían sabido componer
escenas terribles, pero graves, sin gritos ni semblantes descompuestos. Cada uno de los
grandes tiene su fórmula para escapar a lo que, abreviando, llamaremos lo literario en
pintura. Los primitivos usando el planismo, sin claroscuro, acercándose más al hieratismo que al patetismo. Es una escapatoria. L eonardo, con su claroscuro y yéndose por
la tangente con el amanerado y maravilloso sentimentalismo de que es capaz. Los otros,
T iziano en el Entierro de Cristo, tapando las caras, dejando sólo formas que caen y
colores muertos que hablan por sí solos. En R embrandt con un drama de la luz, es
decir un drama virtual, en que no se explica el dolor sino en el que se dan sus equiva­
lentes plásticos. Y en nuestros días, P icasso en Guernica hace otro tanto, descubre que
el gris es el color del drama y se refugia en él con mucha sagacidad. Sus formas due39

�len en sí, pero no tratan —inútilmente—, de reflejar pintado el inabarcable dolor h u ­
mano.
Se podría hacer una Historia de la Pintura, como lucha de los pintores contra la seduc­
ción del tema patético. ¿Quién se emociona con los cuadros históricos de D avid, con El
juramento de los Horacios, por ejemplo? Todo está hecho para conmover. El teatro de
todas las actitudes y los gestos que significan dolor. Sin embargo el espectador pasa ante
esas telas más frío que ante una buena naturaleza muerta. Los españoles o los alemanes
(los pueblos crueles del arte) han presentado a veces sus Cristos lacerados, sus Vírgenes dolorosas. Pero son gritos que no se razonan, no un largo desarrollo o una demostración.
Goya es dinámico en el dolor, cuando nos horroriza es porque parece haber captado
en el aire —inventado—, una escena más que humana, de espanto, de deformación,
de vicio, de muerte. Tampoco sus personajes posan. Ese es uno de los valores de su genio.
El problema de Pignon es viejo como el mundo. Es admirable que este gran artista
con toda probidad siga luchando por su expresión sin traicionarse ni como hombre ni
como pintor.
D amián C arlos B ayón

40

�bibliografía
UN EXCELENTE LIBRO
SOBRE MATISSE
Es público y notorio que la literatura
artística ha crecido enormemente en las
últimas décadas, a punto que un renglón
de librería reducido antes a pequeños gru­
pos de iniciados, se ha transformado en
uno de los más importantes para el públi­
co lector en general. La bibliografía sobre
los pintores del siglo XIX y de siglos
anteriores, en menor escala los del XX,
es particularmente copiosa, y las ediciones
son cada vez más cuidadas. En cuanto al
perfeccionamiento logrado en las ilustra­
ciones, especialmente en color, conquista
que data de pocos años, es demasiado evi­
dente para que sea menester subrayarlo.
Tampoco se puede negar que este poderoso
impulso de la industria editorial favorece
la divulgación de las obras de arte y que
la mayor dedicación a las ilustraciones
obedece a una posición justa, ya que no
se llega a comprenderlas por el ejercicio
aislado de la inteligencia, a través de la
exposición de ideas, por valiosas que sean,
sino por el ejercicio de la sensibilidad a
41

través de la experiencia demorada y re­
petida.
Todo esto es positivo, pero no puedo
menos que señalar, con alarma, los pe.igros
que implica el nuevo sesgo de las publi­
caciones sobre arte. Ante todo, el reempla­
zo del estudio severo y reposado del his­
toriador o el crítico que se funda en el
conocimiento minucioso de las obras, por
el esbozo rápido, incitante, a menudo lite­
rario, que se presenta en escasas páginas
como prólogo a la exposición de los cua­
dros o las esculturas. Prólogo que en la
mayoría de los casos ni siquiera lee el
comprador y que, cuando lo lee, a poco
que sienta la urgencia de una interpreta­
ción profunda del arte que se propone
estimar, tan sólo lo defrauda. Hasta fines
del siglo pasado, y aun ahora cuando se
trata de problemas de arqueología o de
historia, los hombres que pensaban sobre
el arte publicaban libros documentados en
los que podía el estudioso de estas disci­
plinas encontrar los elementos de juicio
que necesita y refinar el espíritu en cuan­
to a los métodos que se deben emplear
para la correcta estimación. Se le presen­
taba así una vida o un momento, una
época, desde la elemental investigación

�preliminar hasta las conclusiones. Ahora,
en cambio, se expresan las ideas sin el
andamiaje correspondiente y el lector se
vé abocado a aceptarlas lisa y llanamente,
sin discutirlas, o rechazarlas por meros
presentimientos de que son equivocadas.
Luego, una consecuencia en el orden de
la creación crítica. Urgidos los críticos para
escribir esos prólogos y panoramas, se
han ido desentendiendo de la labor de
investigación y como por otra parte ni el
público ni los editores parecen exigir otra
cosa que esa especie de discurso a que es­
tamos acostumbrados, bastan algunas ideas
generales insuficientemente maduradas, con
tal de que tengan el relativo esplendor
de lo asertivo. Ha muchos años que no
aparece un libro como La esencia del es­
tilo gótico, de W orringer, por ejem­
plo, obra maestra de la exposición crítica
de ideas que tienden a reconstruir un
mundo de emociones, pero que no deja
de furtdarse en un análisis riguroso de los
elementos formales y documentales que
prestan dignidad a ellas.
Porque tal es la tónica de la bibliografía
artística contemporánea resulta más evi­
dente el alto valor de la tarea silenciosa
que ha venido desarrollando el ilustre crí­
tico norteamericano A lfred H. B arr, a
quien se le debía ya el estudio más com­
pleto sobre P icasso y a quien se le debe
ahora el más completo sobre M attise, pu­
blicado éste recientemente por el Museo

de Arte Moderno de Nueva York con mo­
tivo de la gran exposición realizada a fines
del año pasado i.
Barr tiene un espíritu preciso —como otros
críticos estadounidenses a los que mucho
estimo: Sweeney , Soby , G reenberg, Schapir o — que le permite descollar en la inves­
tigación y un espíritu de equilibrio que
le permite dosificar el enorme caudal de
datos que acumula, presentando un rico
panorama de la vida y la obra de un artis­
ta. Matisse, su arte y su público, tal es el
título de la obra que comento, el que ya
revela los tres puntos de enfoque del
autor, hacia el sujeto y hacia el objeto,
mas sin olvidar el factor que modifica a
los dos y que determina las variantes so­
ciológicas de la creación y el juicio. Sin
perder de vista ninguno de esos tres fac­
tores, en efecto, Barr va analizando la vida
del pintor paso a paso, año tras año, al­
ternando la anécdota con el comentario
estilístico, la observación de algún sagaz
aficionado o crítico, las propias palabras
del maestro y la nota estimativa. Y gracias
a esa labor, que al mismo tiempo es de
fino análisis como de aguda síntesis, el
lector tiene la convicción de que se va
posesionando, a medida que transcurre la
lectura, de la existencia misma del artista,
con sus notas principales y accesorias, a
través de la cual se consolidan las esencias
del arte que cultiva.
El método es excelente porque obliga a
refinar
la observación y permite aguzar el
1. Matisse, his art and his Public, by A lfred
H. B arr. The Museum of Modera A rt. New juicio, impidiendo las generalizaciones apreYork, 1951.

42

�suradas. En este caso tan sólo es observable
que por haber dividido con sistematismo
excesivo los aspectos que trata, se ve obli­
gado Barr a repetir posiciones, aunque
cada vez las observaciones sean diferentes.
En el capítulo V, por ejemplo, titulado
1911-13, España y Marruecos, y que di­
vide en seis secciones: 1. Vida, 1911-13;
2. Exposiciones y crítica, desde 1911 has­
ta la primavera de 1913; 3. Pintura, 1911;
4. Pintura: la primera visita a Marruecos,
1911-12; 5. Pintura: Issy, verano y otoño,
1912; 6. Pintura: la segunda visita a Ma­
rruecos, 1912-13, debe recurrir por lo me­
nos tres veces a la cita de los mismos
cuadros.
Por otra parte, para informar al lector
sobre los caracteres físicos del libro, volu­
minoso tomo de seiscientas páginas, muy
bien impreso, con tipografía y diagramado
de buen gusto, sin incurrir empero en
excesos de lujo, la información gráfica es
excelente, tan nutrida que prácticamente
se puede ir comprobando todo lo que ase­
vera o discute el autor. Unos cuantos cien­
tos de ilustraciones en negro y blanco,
sagazmente selecionadas, y veintitrés lámi­
nas en color, satisfactoriamente realizadas,
permiten formarse una idea cabal de la
obra del maestro, sin que falten abundan­
tes dibujos y esculturas —éstas las menos
conocidas— y las ilustraciones documen­
tales o de comparación. Finalmente, inserta
en el apéndice algunos textos importantes,
el catálogo de las obras existentes en mu­
scos de Inglaterra y Estados Unidos y una

43

abundante bibliografía. A pesar de lo cual,
con esa honestidad que lo distingue, Barr
señala al final del prefacio que está
lejos de ser un libro definitivo. Quizás
tenga razón porque falta el catálogo razo­
nado y porque siempre será posible ir acla­
rando puntos oscuros de la obra de Matisse,
que eventualmente determinen cambios en
la apreciación crítica, pero de todos modos
nadie podrá intentar en adelante un estu­
dio sobre el gran pintor francés sin recu­
rrir, como punto de partida, a esta obra
fundamental de la bibliografía existente.
La investigación de Barr destaca ante todo
algunos errores capitales en lo referente a
la cronología y los títulos de algunos cua­
dros, errores que obligan a modificar lo que
se viene sosteniendo acerca del proceso del
arte de Matisse. Es sensacional, por ejem­
plo, lo que revela a propósito de Luxe,
Calme et Volupté, cuadro clave que pinta
en el otoño de 1904, reproducido por pri­
mera vez en este volumen, y al que se
viene confundiendo con Le Luxe, "título
de dos cuadros igualmente cruciales de
1907”. No sólo es grave la confusión por
el error mismo, sino porque se le atribuían
los caracteres del primero a las formas de
los segundos, sin que habitualmente se
distinga entre ambos, a pesar de las dife­
rencias que hay entre las dos versiones, con
evidente desmedro de la seriedad crítica,
que sólo puede basarse en una discrimina­
ción precisa de los documentos.
También ha de ser destacada la pulcritud
de los análisis formales. Barr no se confor­

�ma con señalar algunos principios gene­
rales; llega hasta el análisis profundo de
cada obra importante, el único que puede
revelar el sentido de la expresión, ya que
permite descubrir el sesgo propio del len­
guaje plástico, evitando los múltiples erro­
res a que conducen las habituales inter­
pretaciones literarias. Es claro que el crí­
tico no debe detenerse en esos análisis, que
le sirven solamente para elevarse a la
comprensión del mensaje espiritual del
artista, y Barr no se detiene por cierto,
pero acaso seducido por la austeridad y el
rigor del método le da menos importancia
de lo que debiera, a mi modo de ver. Ello
puede deberse, también, a su modo de
enjuiciar la pintura del maestro francés,
más enderezado a encontrar los elementos
de afirmación de cada momento, a veces
de cada cuadro, que los vínculos que pue­
dan prestarle unidad. El lector compren­
de muy claramente lo que podría deno­
minarse las intenciones circunstanciales de
Matisse, es decir lo que se propone hacer
en cada período, así como comprende,
llevado de la mano por el autor, sus tan­
teos y vacilaciones, sus éxitos y fracasos;
pero si de la lectura del libro pretende,
como es legítimo, elevarse a la contem­
plación de toda la obra, su dirección hon­
da y justificatoria, aquélla queda siempre
fragmentada, y no llega a explicarse esa
lenta y trabajosa faena que lleva al artis­
ta, casi sin desfallecimientos, a la supe­
ración de manera subjetiva de todas las
trabas ideológicas o sensibles que hacían
espúreo el lenguaje de la pintura, para

44

desembocar en una solución peculiar de
la expresión espacial que no lo desvincula
violentamente de la tradición y al mismo
tiempo le permite ponerse a la cabeza
de los pintores de nuestro tiempo; tan
abstracto en definitiva como muchos de
los que ostentan el nombre, algunos no
siempre con el mismo derecho, y tan sen­
sible como para defender la autonomía
de la pintura 2.
Hubiera sido necesario un capitulo final
en el que Barr retomara los hilos descu­
biertos a lo largo del libro presentando
ostensiblemente ese espectáculo maravillo­
so del hombre que permanece fiel a sí
mismo —todo Matisse está implícito en
sus obras de 1900 a 1905— y que no se
detiene sin embargo, porque su fidelidad
es fidelidad al espíritu, siempre en pro­
greso, en constante refinamiento, y no
a las formas concretas que lo expresan.
Si Barr lo hubiera escrito —porque tengo
la certeza de que sólo dejó de escribirlo
por pudor, por no apartarse del dato para
dar jerarquía a su propia creación— no
vacilaría en considerar a este volumen
como la obra más valiosa que se ha pu­
blicado en los últimos años sobre un
artista vivo.
J orge R omero B rest

2. Véase Juicio sobre el fauvisme, de J o e g i
en Ver y Estimar N° 16, 1050.

R om ero B r b st ,

�correspondencia
LA CRÍTICA Y LOS ARTISTAS
Carta al pintor D. Rafael Durancamps
No tengo inconvenientes en otorgar la solicitada autorización para publicar en Ver
y Estimar la carta que envié al pintor español D. R afael D urancamps comentando
los siguientes pensamientos suyos declarados en una conferencia:

. . ."que a aquéllos y a éstos productores sin clase, emoción, ni personalidad, les cabe
no poca culpa también al confusionismo presente, y particularmente. a muchos hom­
bres de letras, criticas que amparándola la estimulan y llenan de ilusiones a gente
sin condiciones" ...
.. .“y ahora que emplea la palabra técnica voy a aclarar, para los críticos que puedan
escucharme, un concepto que tienen y emplean equivocado, y que también contribuye
al confusionismo presente".
. .. "Diría que cuando el crítica ve y menciona la técnica es que no la hay, es que el
pintor desconoce su oficio y ha aprendido una manera visible para hacerse entender,
carente de artesanía necesaria".
... “Los mismos filósofos cuando no abusan de sus malabarismos cerebrales, pues a
veces sus especulaciones literarias les obliga (faltos de temas constructivos) a especular
con los temas que les proporcionan artistas morbosos e impotentes, dicen verdades es­
timables —como dijo muy justamente Eugenio D’Ors—: que lo que no es tradición es
plagio."
Por encima de la objeción a estas palabras, por otra parte cargos muy conocidos, la al­
ta categoría del eventual crítico de críticos me ha incitado a trascender la respuesta
tratando de definir en mi carta las relaciones entre artistas y críticos, propugnando, en
definitiva, a un mayor entendim iento entre ambas actividades.
J. P. A.

45

�Montevideo, 19 de febrero de 1952.

Sr. Don Rafael Durancamps, Pintor.
Sitges — España.
Distinguido artista:
En mis manos el cuaderno “Durancamps — Lacras de la Pintura actual’’, texto de la
“Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid el 17 de mayo de 1950" y repetida
en la Real Academia de San Fernando para los alumnos, solicitada por el Claustro de
Profesores.
Le agradezco vivamente su recuerdo cordial del envío, pero reservo al comentario la
dedicatoria por haberla dirigido al crítico de Arte, actividad profesional a la que Ud.
se refiere con evidente desdén en su discurso y a la que yo he ciado siempre la más
pura de las intenciones y una larga disciplina de trabajo.
En el cuarto de estudio donde leo sus páginas tengo ante mí dos cuadros suyos colo­
cados como preferidos para el largo regodeo: el paisaje panorámico "Madrid" y la na­
turaleza muerta "El Libro". Dos obras espléndidas, esplendores de arte; dos obras
auténticamente suyas, inconfundibles Durancamps, expresiones de una alta personalidad
de la pintura que no necesita de rarezas y extravíos —lacras de la pintura actual— pa­
ra señalarse como potente; dos obras por fin que mantienen su categoría dentro de
altas tradiciones de la pintura. “Madrid” revive con el valor de lo nuevo elCorot de
las vistas de Roma en un libérrimo juego pictórico, extendiendo el color enun plano
con la exactitud de la síntesis y multiplicando a su lado los diferentes matices en pe­
queñas plaquetas-pinceladas de aguda investigación tonal. En "El Libro" se retoma con
modernidad a Zurbarán, el inolvidable cacharrero del Museo del Prado, con el defini­
tivo y purísimo trazado del único objeto que constituye el motivo deI cuadro.
Tiene Ud. razón y como pocos puededenunciar a los "traficantes de antiguo" y como
ningún artista que yo coiiozca señalar “losCorot o Zurbaranes hechos en serie con im­
pudor asombroso, bisutería de antiguo". Delictuoso comercio éste en muchos casos; ton­
ta actividad aún sin dolo en los más, en los que de los maestros anteriores toman la
cáscara, lo externo, el efecto, molestando a ló qué ya reposa en la consagración. Para
repetir un antiguo hay que tener derecho a usarlo, penetrar algo más que en el re­
sultado, ir al germen de la creación de la obra, realizar la verdadera critica de arte
llegando al mismo meollo de los autores. Gran critica de arte la suya, frero en pintura.
La crítica de arte escrita, el aquilatamiento y la reviviscencia de los valores plásticos
por la palabra hacia la que. Ud. demuestra desconfianza, es otra cosa. Tiene su oficio,
sus cánones, sus méritos y calidades. Su misión es comprender y extender emocionada

�los conocimientos del arte. Si la actividad artística del pintor es emotiva-intelectual, pue­
de decirse que el ejercicio de la critica de arte es viceversa, intelectual-emotiva. Cada
critico tendrá su diferente dosificación de inteligencia y sensibilidad, destacarán unos
más que otros la hondura de su pensamiento o la fineza de sus reacciones emocionales,
pero ninguna personalidad crítica escapará al determinismo de una condición profesional
perfectamente identificable.
Tiene la critica de arte identidad funcional y en nada pueden molestarle uno o varios
equivocadamente llamados críticos de arte como no perjudicará la gloria de la pintura,
a la que Ud. mucho contribuye con su obra, los aficionados o incompetentes. Se ha di­
cho que el cuadro es el objeto que más tonterías ha oido decir, aunque también se
puede agregar que los blancos lienzos de los cuadros es lo que más horriblemente se ha
ensuciado en el mundo. Pintura y critica valen por sus maestros, mas nunca se rebajan
por los falsos cultores, tal las jerarquías conquistadas.
Si hay entre una y otra y entre el artista y el critico, entre la creación de una armonía,
y la creación de un juicio sobre esa armonía, elementos de formación comunes, los li­
mites son también definidos. Son procesos y estados distintos. Querer invadir sus terrenos,
el critico que desea pintar sólo sostenido por ideas o el pintor que busca hacer la critica
de arte empleando únicamente sus conocimientos técnicos es error. La pintura del criti­
co es pretenciosa y vacia; la literatura del pintor, ya que es la que ahora promueve estas
reflexiones merece un comentario aparte.
No es la conferencia suya la primera oportunidad que he tenido de leer textos de critica
escritos por pintores. Por lo mismo no me sabe a nueva su redacción. Cambiarán los he­
chos narrados, serán otros los sostenes anecdóticos y hasta los problemas que se plantean
pero hay una unificación poderosa en los escritos críticos de los artistas. La escasez de
práctica de una nueva “materia” que no es la natural en ellos, como esa materia óleo
con la cual Ud. consigue superficies de la bella tersura que elogia, la falta, de una téc­
nica los hacen coincidir en lo amorfo.
Todo lo que carece de estilo se asemeja. El pintor cuando escribe, salvo los casos de
aquellos que desdoblan perfectamente sus actividades —Fromentin es uno de los buenos
ejemplos—, se desenfoca en el tema. El critico de arte relata en su crónica la aventura
de su juicio. Tiene un juicio, lo aplica. El artista sostiene su causa en la crítica de arte.
Un natural pudor está ahogando de continuo el brote del sentimiento autobiográfico
que seria lo verdaderamente valioso de la literatura del pintor. En lugar de formar con
su “yo” la estructura total de su discurso, su persona entra y sale en el comentario con
apariciones subitáneas ante bruscos temores de olvidos de si mismo, con excusas innece47

�sanas sobre su presencia, con insinuaciones intencionadas que quisiéramos descifrar. ..
pero que nos tientan la curiosidad dejándola excitada e insatisfecha.
El critico no es por cierto menos vanidoso pero ha borrado su presencia tras la idea¡ o
los conceptos. Su juicio es todo él. Manifestar expresamente algo de su persona p-uede
caberle como al pintor que en un grupo coloca su propia figura, pero debe hacerlo
con mesura. El pintor sabe que todo cuadro es un autorretrato, el mejor, el autorretrato
de su alma. Para el escritor de arte su juicio es también un autorretrato; querer
agobiarlo con una presencia extra resulta inexperiente.
La critica de arte es necesaria para el artista mismo; estimable por tanto. Relata al
propio artista el mundo que intuitivamente éste ha creado, asegurándolo en su descu­
brimiento; le desbroza caminos; da un clima de inspiración; es un eco de fervor. Cuando
la critica es negativa le está quitando al artista los engaños que le ocurren, las traicio­
nes del pintor consigo mismo.
No importa que el critico de arte desconozca cien secretos técnicos. No es al critico a
quien debe solicitársele la oportunidad de tal o cuál mezcla de colores o métodos de
preparación de la tela. Un pintor en ejercicio lo sabrá mejor. Al crítico de arte debe
exigirsele el discernimiento de lo auténtico; lucidez en el análisis de valores; deberá
percibir claramente la distinción de una personalidad y señalar su docencia. En una
sociedad el critico de arte debe regir el gusto e incitar a la cultura, al cultivo constante de
las fuerzas espirituales. Es asi de útil y bella la crítica de arte.
Después de estas lineas, conversación entre dos amigos, a la cual uno de ellos se ha
permitido traer como invitada a la Critica de Arte para que ella también por compren­
sión fuera estimada, le aceptaré con el halago que da el reconocimiento de todo titulo
profesional que haya dedicado su conferencia al “Critico de arte", que como Ud. sabe es
un admirador de su pintura, de su alta capacidad técnica, de su excelente arte lleno
de fervor y salud, tan españoles ambos, méritos todos estos que lo alejan como a pocos
artistas del momento de ser una enfermedad de las artes plásticas, a pesar de que por
el tajante titulo de la conferencia y de la inevitable composición tipográfica de la ca­
rátula aparezca su nombre en el folleto junto a "Lacras de la Pintura actual".. . lo que
evidentemente es injusto.
Suyo afectísimo,
J osé P edro A rgul

48

�miscelánea
c• Dentro de pocos días se inaugurará la XXV Exposición Bienal Internacional de

Artes Figurativas en Venecia, el más importante torneó de cuantos se realizan en el
mundo y al que se espera en consecuencia, cada dos años, con creciente interés. Del
8 de agosto al 12 de septiembre tendrá lugar el certamen internacional de arte cine­
matográfico; del 10 al 22 de septiembre el XIV Festival Internacional de Música Con­
temporánea y del 23 de septiembre al 5 de octubre, el Festival Internacional de Teatro
en Prosa.
En la Exposición de artes figurativas las salas italianas se ordenarán de acuerdo al si­
guiente plan, que reproducimos para información de nuestros lectores. P intores: A)
Antología de los maestros (una obra cada uno) : G iacomo B alla, A merico B artoli,

U go B ernasooni, Guido Cadorin, M assimo Camfic,li, F elice C arena, Aldo Carpí, Carlo
C arrA, G iorgio de C hirioo, F ortunato D epero , F ilippo de P iscis, F erruccio F errazzi,
A chille F uñí, Virgilio G uidi, A lberto M agnelli, R oberto M elli, G iorgio M orandi,
Alberto Salietti, P ío Semegiiini, Ardengo Soffici, A rturo T osí; B) Exposiciones cíclicas
de 35 obras: Felice Casorati, O ttone R osai, M ario Sironi; C) Exposiciones antológicas de 20 obras: R enato B irolli, Bruno Cassinari, R enato G uttusso, Bruno Saetti,
Atanasio Soldati; D) Exposiciones de 9 obras: Afro, P ompeo B orra, Corrado Cagli,
D omenico C antatore, A ntonio Corpora, F ranco G entilini, P ompilio Mandelli, G iu seppe M ignecco, E nnio M orlotti, F austo P irandello, Armando P izzinato, M ario R e ggiani, G ianni Vagnetti, E milio Vedova; E) Artistas invitados con 5 obras: 62 pintores.
E scultores: A) Antología de los maestros (una obra cada uno) : Arturo D azzi, G ia como M anzü , F rancesco M essina, R omano R omanelli; B) Exposiciones cíclicas de
20 obras: M arino Marini; C) Exposiciones antológicas de 7 obras: A genore F abbri,
U mberto M astrojanni, L uciano M inguzzi, Alberto V iani; D) Artistas invitados con tres
obras: 28 escultores.
G rabadores: A) Artistas invitados con 5 obras: L uigi Bartolini, A rnoldo C iarrocchi,
M ino M accari, Giuseppe Viviani, T ono Zancanaro; B) Artistas invitados con 2 obras:
18 grabadores.
D ibujantes: A) Artistas invitados con 10 obras: G iacomo M anzü , Ernesto T reccani;
B) Artistas invitados con 4 obras: P ietro G arino, M ario M arcucci, Carlo M attioli,
L eone M inassian, M arcello M uccini; C) Artistas invitados con 2 obras: 19 dibujantes.
M edallistas: artistas invitados con 5 obras: 17 medallistas.

• En los últimos comunicados de La Biennale di Venezia infórmase sobre
la participación de Argentina, Brasil, Canadá Cuba y Guatemala, del
estado de Israel —que inaugurará su pabellón propio, recientemente
construido—, de la República Federal de Austria, de Yugoeslavia y de
49

■

�Suecia. Se comprende que está asegurada ya la participación de los más
importantes países europeos y de los EE. UU.
• También organiza La Biennale di Venezia un concurso para criticas italianos y ex­
tranjeros, cOn el concurso de la Oficina Provincial de Turismo. Se establecen premios
para el mejor ensayo critico o la mejor serie de ensayos críticos de autor italiano o
extranjero que hayan aparecido en lengua italiana en diarios y periódicos italianos o
en lengua extranjera en diarios o periódicos extranjeros sobre la XXVI Exposición In­
ternacional de Artes Figurativas. Serán tomados en consideración los ensayos publicados
y ya puestos en circulación en cotidianos que aparezcan entre el 14 de junio y el 30 'de
septiembre de 1952, y en periódicos que aparezcan entre el 14 de junio y el 31 de oc­
tubre de 1952. El jurado otorgará los siguientes premios: 100.000 y 50.000 liras a los
dos mejores ensayos o las dos mejores series de ensayos publicados en cotidianos italia­
nos; 100.000 y 50.000 liras a los dos mejores ensayos o las dos mejores series de ensayos
publicados en cotidianos extranjeros; 100.000 y 50.000 liras a los dos mejores ensayos o las
dos mejores series de ensayos publicados en jieriódicos italianos; 100.000 y 50.000 liras
a los dos mejores ensayos o las dos mejores series de ensayos publicados en periódicos
extranjeros. Los resultados del concurso serán publicados antes del 31 de diciembre
de 1952.
• El eminente escritor, grabador y pintor italiano Lujfli B artolini acaba de enviarnos, espe­
cialmente dedicado, un número del sem anario Idea, que se publica en Roma, para que nuestro
director se entere de la opinión que le merece. Afirm a que las ideas del "brasileño” Romero Brest
sobre el arte de vanguardia están en relación con su diám etro encefálico. Y como da la casualidad
de que dicho diámetro encefálico es superior al normal, no estamos absolutamente seguros si se
tra ta de un elogio o de un agravio. Si la crítica de Bartolini se rubiese referido a otros aspectos
menos medibles, acaso hubiera valido la pena responderá de otra m anera.

• SALVADOR DALI vuelve a España para alimentar su fe religiosa. Siente responder
asi a lo que considera que es fuerza atávica española. Esto es lo que se infiere de sus
últimas declaraciones hechas en París y Madrid. En Cataluña j)odrá realizar su anun­
ciada Asunción de la Virgen, que junto con Cristo y Madona completa la serie de temas
religiosos a los que se ha dedicado desde su ruptura con el superrealismo. Acusa a este
movimiento de no haber ‘‘evolucionado hacia el misticismo y la religión". Y profetiza:
"Ahora, una nueva época de la pintura mística empieza conmigo, Dali. I yo mismo me
inquieto de mi prozas pía metafísica que parece amenazar explosión como en la popular
teoría física de la expansión del universo". Incluimos los errores ortográficos en los que
él ha insistido al p-ublicar sus conferencias pronunciadas en España, con el objeto
—suponemos— de mantener a toda costa su pretendida originalidad. “Como mi propio
nombre de salvador lo indica, quiero salvar la pintura moderna de la pereza i el caos . . .
i sublimar el surrealismo ateo . . .". De su Cristo afirma que “lo más nuevo es un cristo
vello, como dios que es”. “Otra vez será permitida la velleza”. ■ . Y no insistimos: el
reaccionario Salvador Dalí goza en proclamar su estado de paranoica egomania.

50

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�A IKA

UNA

VIN tAN A

M O D KM O U

L a exclamación quebró el
silencio reinante en el living. Teda la
familia se había congregado en romo al televisor.
Cuya pantalla reproducía, en toda su belleza, la poesía del
ballet. ¡Prodigio de la televisión que usted puede llevar a su hogar!
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Venturi, Leonello&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Platschek, Hans&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Argul, José Pedro</text>
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                    <text>CUADERNOS

DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO VEINTISIETE
BUENOS AIRES

�VER Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTISTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS

VOLUMEN

VIII

N Ú M E R O
V E I N T I S I E T E
ABRIL

DE

1952

SUSCRIPCIÓN ANUAL
Cuatro números en el año, de abril a noviembre
Argentina: $ 20 m /n . — Otros países: $ 30 m /n.

TUCUMAN 1539 - T. E. 35-9243 - BUENOS AIRES
Registro Nacional de la Propiedad Intelectual N’ 271.821

�VER

Y

CUADERNOS

DE

ESTIMAR
CRÍTICA

ARTÍSTICA

Director
JORGE ROMERO BREST
•

ENSAYOS HISTÓRICOS Y DE TEO RIA SOBRE ARTES PLAS­
TICAS

•

NOTAS CRITICAS E INFORMATIVAS SOBRE LA ACTIVIDAD
ARTISTICA NACIONAL Y EXTRANJERA

•

INVENTARIO ARTISTICO NACIONAL

•

CRITICA DE LIBROS DE RECIENTE APARICIÓN Y BIBLIO
GRAFIAS FUNDAMENTALES

•

F.L ARTISTA FREN TE AL MUNDO: OPINIONES DE ARTIS
TAS CONTEMPORANEOS

•

DOCUMENTOS

•

COLABORACIONES EXTRANJERAS

•

CAMINO DE LA OBSERVACIÓN
ILUSTRACIONES Y LAMINAS SUELTAS EN COLOR

�BO LETIN d e SU SC R IPC IO N
Ver y Estimar
A d m in istra c ió n : T ucum án 1539 - B s. A s.
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im portantísim o, p a ra c a p ta r la esencia de su pensamiento.

EDITORIAL LOSADA S. A.
URUGUAY

CHILE

a l s in a

PERU

113 1 ,

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a ir e s

COLOMBIA

�CONSTANT

PERMEKE

(1886-1952)

—el gran maestro belga que acaba de morir— era un
virtuoso de la pintura, como esos enamorados del lenguaje que adhieren
a las palabras por sí mismas, extrayendo de cada una los más extraños
sentidos porque el sonido es la fuente de goce y de saber. Así debió amar
Permeke la pintura, por lo que es como materia, color, tono y claroscuro;
no por lo que se puede decir con ella, trascendiendo hacia la idea, sino
con furia de conocedor de su inmanencia. Asi debió amar también la
naturaleza, en cuanto le proporcionaba los medios objetivos para trabar
contacto con la materia hecha color. En definitiva, un panteista, no
obstante su cristianismo, y ya se sabe que en el fondo de un panteista
jobrevive siempre un pagano.
Co n st a n t P e r m e k e .

No tuve la suerte de conocer personalmente a Permeke, pero lo imagino
como uno de esos hombres enteros, un poco rudo, simple, entregado desde
pequeño a pintar más por necesidad espiritual que por oficio, como los
campesinos que llevan la tierra en las manos, el cuerpo y el alma, y que
la cultivan también por imperiosa exigencia del destino. Permeke era un
campesino de la pintura y por ello no puedo menos que vincularlo con
ese otro genio campesino de la pintura que se llamó G u s t a v e C o u r b e t .
Encuentro que hay hasta cierta similitud en los temas y en los modos
de tratamiento del color y la materia, aparte de la misma alegría de pintar.
¿Qué pintó? El hombre, el animal y el paisaje le bastaron; para pintar
el paisaje, la tierra, el agua, el aire y el árbol. Todo con una ternura fuer­
te, sin detallismo y sin matices excesivos, enemigo de la delicuescencia

l

�impresionista tanto como de la miopía naturalista. Le gustaba representar
su mundo: los hombres de su tierra, a los que supongo eran como él,
animados por sentimientos como los suyos y creyentes en unas cuantas
verdades como las que él creía. Y de este modo se proyectaba en sus
imágenes hasta parecer expresionista. Mas no era un torturado como los
expresionistas alemanes, ni necesitó jamás de otra muleta que la naturale­
za —la exacerbación del instinto, convertido en instrumento del conoci­
miento profundo de la psique— como los fauves. N i siquiera con los
demás pintores flamencos se lo puede conectar, ni con el ácido genio
tragicómico de E n s o r , ni con la voluntaria ingenuidad lírica de G u s t a v e
d e S m e t , ni con la potencia demoníaca y superrealista de F r it z v a n d e n
B e r g h e , ni menos con el misticismo atormentado de G e o r g e s M i n n e . Él
era nada más que una naturalista, aunque un naturalista que imponía
al mundo que lo rodeaba la impronta del mundo que llevaba dentro.
Y porque era asi, un genio provincial en el buen sentido de la palabra,
es tan extemporáneo en el concierto de la pintura universal. No se ras­
trean en su obra elementos que puedan vincularlo con los movimientos
continentales, porque ellos responden a otra actitud, la que -conduce
a descubrir signos de una superrealidad espiritual, sea en la dimensión
racionalista, desde el cubismo y el futurismo hasta los abstractos que se
fundan en la matemática del espacio enedimensional; sea en la dimen­
sión irracionalista, desde el expresionismo y el fauvisme hasta el super
realismo y el infrarrealismo. La actitud metafísica de Permeke era menos
compleja y en definitiva más egoísta: en su arte —reflejo de sí mismo—
se siente al supérstite pintor del ohocientos.
Permeke ha muerto y en el pabellón belga de la próxima Bienal de
Venecia se le rendirá el homenaje que se merece. La revista Les Arts
Plastiques, de Bruselas, prepara también un número dedicado al gran
pintor. Ver y Estimar se asocia para honrar a un hombre que, con el
mejor de los derechos, pertenece a esa rara estirpe de artistas de calidad
en la que permanece la probidad de la pintura.

2

�LA PARTICIPACION ARGENTINA EN
LAS EXPOSICIONES INTERNACIONALES

Ignoramos las razones que motivaron la ausencia de la Argentina en la
reciente exposición bienal de San Pablo, en la que figuraron los grandes
países europeos y la mayoría de los americanos que pueden presentar un
conjunto homogéneo de arte, salvo México, porque las autoridades se
hallaban preparando la que se realizará este año en París. Tampoco
parece satisfactoria esta razón, pero es una razón al menos. En cambio,
seguimos preguntando por qué la Argentina no concurrió. Tampoco ha
concurrido a las últimas exposiciones de la Biennale de Venezia, la justa
más importante de cuantas se realizan en el mundo, como se sabe. Silen­
cio de parte de las autoridades, de los centros que tienen alguna res­
ponsabilidad, como la Academia Nacional de Bellas Artes, la Asociación
Amigos del Museo, el Instituto de Arte Moderno, y de las asociaciones
de artistas.
„

Va de suyo que juzgamos insólita la actitud de todos. No asombraremos
al mundo artístico con nuestras expresiones —en la Bienal de San Pablo,
una buena selección argentina hubiera hecho excelente papel, por lo
menos en la sección americana—, pero como no se trata de asombrar sino
de provocar el acercamiento de artistas y obras, facilitar el intercambio
de ideas y emociones, impulsar nuevas corrientes de expresión, el hecho
no parece justificable. Todo el mundo pregunta en Europa y América:
¿Cómo son la pintura y la escultura argentinas? ¿Quiénes, los buenos
artistas argentinos? ¿Cuáles, las tendencias predominantes? Sin malicia
y confiados„ deseosos de que se abran las puertas para entrar en contacto
positivo con nuestra cultura artística.

3

�Alguien debe tomar la iniciativa; suponemos que los más indicados serian
las asociaciones de artistas o el Instituto de Arte Moderno. Sugerimos la
posibilidad de que se constituya una comisión encargada de resolver los
problemas de la participación argentina en las exposiciones de arte en el
exterior. Como al mismo tiempo, pocas son las exposiciones de arte ex­
tranjero valioso que se realizan en el país —en Buenos Aires algunas, en
el interior ninguna—, nos estamos encerrando peligrosamente. Y no se
trata de extranjerizarnos sino de contribuir, si se quiere con las expre­
siones más nacionales, al desarrollo de un arte que cada vez tiene carac­
teres más universales.

REVISTAS A R G E N T I N A S

DE ARTE

Saludamos jubilosamente la aparición de una revista dedicada al análisis
de los problemas más agudos que plantea la vida moderna: Nueva Vi­
sión, dirigida por T o m á s M a l d o n a d o . Lleva como subtítulo el de Revis­
ta de cultura visual, el que ya denuncia, por si no bastara la presentación,
que se orienta en el sentido que han impreso las corrientes de avanzada
del arte abstracto. En el primer número, aparecido a fines del año pasado,
se destaca el artículo que firma el director sobre Actualidad y porvenir
del arte concreto. También celebramos que Arte Madí Universal, la re­
vista dirigida por K o s ic e , R o t h f u s s , B ie d m a y W e l l i n g t o n , siga publi­
cándose: la presentación del N 9 5, aparecido hacia la misma época, es
excelente y los artículos son sugestivos.

4

�A los grupos redactores de ambas revistas nos permitimos sugerirles, por­
que es una necesidad sentida en nuestro medio, la publicación de ensayos
de teoría más que artículos de información o polémica. Son muchos los
que quieren comprender el arte abstracto de avanzada, los que inclusive
quieren ser convencidos; lo que hace falta son razones, además de la
exposición frecuente de las obras. Esta sugestión no se dirige a los redac­
tores de Perceptismo, la revista que publican R a ú l y V. D. L o z z a con
A b r a h a m H a b e r , pues ellos le han dado el sesgo teórico que corresponde.
Nuestra coincidencia no es absoluta en el campo teórico y en el práctico,
sobre todo con los grupos redactores de Madí y Perceptismo, pero ahora
no queremos subrayar diferencias, sino la vitalidad que revelan tales
publicaciones. Estos artistas y críticos jóvenes escriben, combaten, pole­
mizan, porque tienen algo que defender, porque creen en algo que les
parece verdadero. Los que se hunden en la indolencia o en el goce de
posiciones individualistas, aunque hayan sido conquistadas con el esfuer­
zo más respetable, por lo menos no revelan la misma vitalidad y esto
constituye un índice para juzgar a unos y otros.
D

5

ir e c c ió n

�Polémica sobre
EL ARTE ABSTRACTO

Hace ya algunos meses, nuestro director acusó
en carta privada a doña Margarita G. de Sarfatti de que rechaza en bloque el arte abstracto.
A consecuencia de esa frase, la ilustre escritora
italiana ha escrito la carta pública que damos
a conocer, cuyo título es el siguiente: “Carta
a un amigo que me increpa de ‘rechazar en
bloque’ el arte abstracto. Apología de M . G. de
Sarfatti". - Tam bién publicamos a continua­
ción la respuesta de Jorge Rom ero Brest.

6

�Mi querido Jorge Romero Brest:
Los que me conocen, conocen tam bién m i posición ¡ay de mil añeja frente al arte de
vanguardia (o llamado a sí). A los que no me conocen, poco les interesa. Así que
no tengo la m enor intención de infligirle ni siquiera una sinopsis de m i biografía.
Por si acaso, dejemos esa tarea a la posteridad, si es que no tiene otra más divertida.
Sin embargo, necesito aclarar que desde mi niñez siempre he sido, prim ero p or ins­
tinto y luego por convicción, p artidaria y defensora de todas las formas del arte
atrevidam ente novedoso e innovador. H e sido la prim era en Italia que habló y escribió
sobre Cézanne. He luchado p or P icasso y M atisse contra el público italiano y más
aun contra mis amigos de Francia, donde estos pintores eran todavía más desconocidos
y donde más se mofaban de ellos, pues en Francia hay partidarios más violentos y apa­
sionados en esta clase de asuntos, a los que se les da mucha im portancia. H e defendido
a Braque, a Boccioni, a Carrá, a Sironi y a P ettoruti, lo mismo que a los escultores
M edardo Rosso, Archipenko, Zadkine, M artini y M arine H e simpatizado con los cu
bistas y futuristas desde el comienzo de esos movimientos. H e sido amiga y p a rti­
daria de O lbrich, H offmann , Gropius, H orta, P erret, L e Corbusier. Y particularm ente
me he batido, no sin éxito, en favor de T erragni, M ichei.ucci, P agano y los demás
arquitectos modernos. Y he fundado yo misma los más im portantes agrupaciones y
movimientos de renovación del arte italiano después del futurismo.
Además, desde siempre h e adoptado el lem a de que hay que am ar a nuestro tiem po
y tratar de comprenderlo, tanto en el arte como en cualquiera otra manifestación de
cultura, pues es el tiempo que Dios nos brinda para vivir, obrar y amar. N o tenemos
otro y quejarse añorando los tiempos de antaño es una cursilería grotesca, una cobardía
estéril y melancólica. De todas las formas que adopta el cursi, el cursi triste me parece
el peor. Y si no se quiere decir que Dios nos asignó esta época y esta tarea, digamos
que ha sido el hado, o la naturaleza, o si se prefiere, que la hemos sacado en la lo­
tería, lo mismo da.

7

�Después de este prefacio, paso a decir que tam bién he querido y defendido desde hace
muchísimo tiempo a Kandinsky, padre y patriarca del arte abstracto. Algo menos a
D elaunay, otro de sus precursores, y no p o r sus teorías sino p or el zumo que saca de
ellas. La calidad de la pin tu ra de Kandinsky y de Klee me parece superior p or su
carácter emotivo, compendioso, intenso y genuino.
Lo mismo digo hoy de hombres como M an'jessier, Magnelli, M iró y tal vez L e Moal
y algunos otros. Pero no por eso me creo obligada a tocar bocina o clarín en homenaje
a todo el arte abstracto. Ni lo rechazo ni lo acepto así por que sí, en bloque Lo mismo
que no alabo en bloque a los pintores figurativos. ¡Faltaría más! Al contrario, repudio
a la mayoría, ya sea los que se llam an objetivos y oficiales, ya los que pretenden ser
sus antagonistas revolucionarios. Es muy significativo que la Sachlichkeit o Neue
Sachlichkeit ultraobjetivista haya brotado en Alemania, de donde vino tam bién el Blaue
R eiter ultraabstracto alrededor de 1910. Este extremismo en uno u otro sentido es ca­
racterístico de la falta de equilibrio armónico propia de los alemanes y sus cabos
se tocan y hasta se ju n tan con más parentesco del que parece. Agregaré que no hay
para m í espectáculo más oprim ente y depresivo que una exposición de arte oficial,
salvo una de arte abstracto.
Estimado Jorge Romero Brest, pienso que tal vez Vd. ha visto el Salón des Réalités
Nouvelles, como se llam an en París a las irrealidades abstractas, para confundir cada
vez más a los desventurados burgueses, los que no tienen —según esos artistas— ningún
derecho de comprensión, de duda o de crítica, de vituperio, de sonrisa o de ironía,
los que solamente tienen el deber de callarse, cerrar los ojos y alabar todo. En particu­
lar se les exigiría que gastaran su dinero para com prar las obras maestras hechas con
el deliberado propósito de que no lleguen a comprenderlas, jactándose de ese herm e­
tismo y de esa lejana altanería.
Al dar vueltas p or ahí, como hago concienzuda y diligentem ente todos los años, no
puedo dejar de observar y constatar que estamos, con raras excepciones, en el pendant
del oficialismo, teísmo, aburridism o y el horroso Salón des Artistes Franjáis au Grand
Palais, aunque al revés. Es decir, estamos en presencia de otra academia, que suprime
la individualidad, la libre espontaneidad y posiblemente ahoga el pensam iento in ­
dividual y la m aduración de cualquier originalidad con el corsé de hierro de unas fór­
m ulas convencionales, no menos rígidas y tal vez más dogmáticas que las que lamentamos
en el mustio conservadorismo académico. Estamos en otro pom pierism e, el de la evanecente trivialidad y snobismo, en lugar de la trivialidad compacta y genuina de los
sólidos burgueses.
No desconozco la Utilísima función social del snob en provecho de la cultura. “Hay

s

�que ver, hay que leer, hay que saber de tal problema, para tener rango y darse tono’’,
es un lema que difunde eficazmente el conocimiento y el interés por los problemas del
espíritu. Muchos que empezaron a enterarse de ellos por espíritu simiesco y p or va­
nidad, se dejaron prender luego por el verdadero fuego sagrado, formándose así los
coleccionistas que son los Mecenas de hoy. El snobismo, antes de llamarse así, desem­
peñó su papel en el mecenatismo de los señores de antaño. La emulación por un papa
o un príncipe animó a u n sucesor o u n rival a imitarlos. Sin el ejemplo de Isabel de
Este, árbitro de la moda chic, los demás príncipes tal vez no se hubieran anim ado a
proteger a los artistas, y su herm ana Beatriz y su cuñado Ludovico el Moro no h u ­
bieran llamado a L eo nardo ; a lo mejor le hubieran encargado solamente tareas útiles
y prácticas: puentes, puertos marítimos, encauce de ríos y cañones, o esa clase de ju ­
guetes, como sillas de baño musicales que la decencia me prohíbe especificar.
Pero está bien que los snobs sigan a los artistas, no que éstos sigan a los snobs. Además,
no hay que confiar en la burda y frivola volubilidad de esos apoyos m undanos. Es
un bastón hueco, frágil y trampoco. La boga m undana no tiene consistencia. Se vuelve
hacia todo lo novedoso que se asoma en el horizonte, dioses luminosos o ídolos de
barro. En lo que se refiere al abstractismo, ya empieza a declinar el astro y los snobs
a quem ar lo que adoraron y escuchar otros gritos y llamados, palabras de orden dic­
tadas por los que consideran sus guías acreditados y prestigiosos. Van detrás de otras
academias, tan viejas y olvidadas que parecen nuevas en la opinión de ellos y tal vez
para la especulación de los listos. Hay quienes pregonan el Seicento y quienes pretender
revalorizar nada menos que a M eissonnier , cuyo precio aum enta en las ventas públicas
y privadas. Es una reacción formal en el ir y venir del tic-tac de la moda, de un
extrem o al otro. Además, si hay que buscar el neorrealismo o la sachlichkeit estric­
tam ente objetiva, es difícil llegar más allá de Meissonnier. Más allá no habría sino las
fotografías coloreadas o el trompe l’oeil.
Por mi parte busco doquiera, en la m ar de las mediocridades, las excepciones de talento,
tanto en la academia tradicionalista como en cualquier otra agrupación o escuela, y
trato de no caer en la tram pa de lo que se llam a novedoso y original. Esto de lo origi­
nal es una de las mayores enfermedades de nuestros días. H e visto a u n p in to r que a n ­
taño prom etía, m anchar con un pequeño soplete —uno de esos sopletes de barniz que se
usan para p in tar automóviles— telas en las que había aplicado antes, mecánicamente,
el calco exacto de esa prodigiosa obra de arte que son los asientos de paja entrelazada
de las sillas de Viena. Y como me riera para no llorar de tan miserable locura, sus
amigos me aseguraron triunfalm ente que “jamás había sido hecho”, que era “nuevo” y
original, y por eso una manifestación de abstractismo enorm emente im portante. Nadie

9

�había pintado sin tocar pinceles. Y esto, ¿qué me puede im portar? L eonardo no intentó
cambiar el esquema clásico de los cuadros y frescos. Muy poco lo cambiaron T intoreto, Veronese o R embrandt. Su originalidad estaba adentro y arriba, no fué ni a r­
tificial ni esforzadamente buscada p or medios mecánicos.
La mayoría de los jóvenes se aleja de la academia vieja, la que no es en realidad
tradicionalista, pues la verdadera tradición siempre fué renovadora. D ante dijo que
cada generación tiene que agregar tela a la capa de la nobleza, pues el tiem po ya la
rodea y recorta paulatinam ente con sus tijeras. Precisamente porque la mayoría de
los jóvenes pertenecen a la academia abstracta, más que a la otra, ella decepciona
más agudamente mi siempre renaciente y perspicaz optimismo, mi terca esperanza de
dar por fin con grupos de geniales y genuinos talentos desconocidos.
Además, la Academia vieja, desde hace un siglo y medio escarnecida e insultada por
las sucesivas olas revolucionarias, se ha vuelto mansa y reservada, adquiriendo u n com­
plejo de inferioridad que la hace tím ida y tolerante. El lobo saciado de años y honores
está menos peligroso y ham briento. El dogma abstractista, en cambio, que se jacta de
su juventud, resulta fanático como todas las religiones recién fundadas, absurdamente
confiadas en que está en lo cierto, detentadoras de toda la verdad e inmunes al error.
P hilippe H osiasson me contó no hace m ucho que en París no quieren contarlo entre
los abstractos ortodoxos porque en sus lienzos “todavía se reconoce algún rasgo de
objetos reales”. Yves L e Moal me confiesa que se fatiga locamente para borrar de
sus obras cualquier traza de inspiración naturalista. “H abiendo pintado una compo­
sición muy bien lograda con rojos encendidos, tuvo que tirarla sin embargo y volver a
p in tarla en am arillo y violeta, porque una colega le dijo: ‘Se ve que aquí Vd. se
acordó del campo de amapolas que vimos juntos hace poco’, referencia que por su­
puesto le horrorizó”. En mi cándida ingenuidad yo misma oí las protestas de un joven
violento pintor rom ano porque me gustaba en una exposición u n lienzo requeteabstracto de Afro Basaldella. “ |Esto sí que no! ¡Si tiene tercera dimensión! ¡No se puede
admitirlo! ¡Es una cuestión de ética!” No se le ocurría al joven filosofante que el
arte es problem a de cánones estéticos y no de imperativos categóricos pertenecientes a
un academismo ético totalitario.
O tra considerable diferencia entre las dos academias. Para p in tar en el detestable estilo
(o mejor dicho, con la ausencia de estilo) del afamado de Monsieur Cormon, se nece­
sita sin embargo algo de estudio, por lim itado y m al dirigido que sea. Se precisa algún
celo y atención para observar la realidad y algo de diligencia y oficio para reproducirla
con verosimilitud plausible, en el dibujo y el color, por muy superficial y convencional
que sea la observación, trivial y chatam ente fotográfica la reproducción.

10

�Para obedecer a la relativam ente nueva academia abstracta, no hace falta ni siquiera
esto. Las obras de juventud de pintores como los ya nombrados Kandinsky y Ki .f.f.,
M iró, M agnelli y de algunos futuristas de antes, atestiguan un laborioso aprendizaje.
Tomemos el ejem plo de un maestro como P icasso, quien deforma y transform a la
naturaleza, sin repudiarla nunca básicamente. Su aprendizaje d u ra toda la vida y
antes de hacer de u n toro una especie de sutil símbolo de grafía sofisticada en sus
grabados, graba veinte planchas con el mismo toro, en las que empieza p or cerner y
encerrar su realidad esencial y verdadera con la insistencia encarnizada y furiosa de
un espada m alagueño en la plaza, usando u n lápiz y u n papel en lugar de una m uleta
y una espada. Y se trata de Picasso, maestro reconocido en el m undo, con más de
setenta años de edad, unos sesenta de oficio y cuarenta de celebridad.
Q uien algo entienda, al ver sus obras, sabe aun sin pruebas, que pintores como los
nombrados saben y conocen lo que es p intar. Abstractas las hacen porque se lo exige el
tem peram ento y el talento. Pero en muchos de los secuaces no hay ni hubo apren­
dizaje. Vanidad, arrivisme, incapacidad, pereza e incomodidad los em pujan a elegir
los atajos falaces del blu ff y del truco.
Como Vd. ve, ni siquiera agrego la acusación fácil y vulgar de los demás: de que
hagan tales obras para especular comercialmente o bajo la sugerencia interesada de
los marchands. Puede ser verdad en algunos casos raros. En general, la especulación
es menos baja que la de ganar dinero, y más seductora y lisonjera. T ra ta n de ganarse
la fama, quizás la gloria, sin fatiga, p o r medios rápidos, baratos y falsos. Por falta de
condiciones y de voluntad, no recurren al largo, austero y duro camino del estudio.
Un poco de talento natural. ¿Quién no lo tiene, particularm ente en nuestros felices
países latinos y en tiempos de revistas, viajes, periódicos, fotografías y rotograbados
accesibles a todos y obligatorios casi como la escuela elemental?
Es muy fácil sacar de aquí un motivo, robar de allá un truco, un toque o una treta
ajena, y asimilarlos. Agréguese la cara dura propia de los jóvenes, la carencia de es­
crúpulos y la abundancia de pretensiones consentidas, propias de los mediocres, y
tal vez un cierto buen gusto p ara los acordes de líneas y colores, no mucho mayor ni
de más abolengo que el de la modista o la sombrerera al elegir telas o cintas y adornos
de tonos distintos y armonizarlos, y ya está. La forma, la composición y más aun el
significado, el ritm o inevitable y la necesidad interior de una p intura, su finalidad,
en suma, se juzgan antiguallas ridiculas y despreciables, buenas p ara los burgueses y
filisteos de antaño.
Así que quedamos en esto. La pin tu ra y los pintores abstractos de hoy resultan en su
mayoría conformistas monótonos y ortodoxos frente a su academismo formal, a la vez.

11

�que excéntricos, casuales y arbitrarios frente a la esencia del arte. Es una grey an ár­
quica, tiranizada por la unifom idad de u n exceso de pretensiones individualistas.
Desenfrenado individualismo sin personaldad.
Parece paradógico. Sin embargo estamos en la estricta lógica. Siempre y en todo hay
que pagarlo todo. La licencia no es libertad sino lo contrario, y ancho es el camino
que lleva al despotismo. Q uien rechaza el control de una disciplina necesaria y ra ­
zonable, quien se rebela contra los límites naturales del egocentrismo individual, cae
de su peso bajo una esclavitud artificial, a m enudo irrazonable, colectiva y absurda.
Sea de la moda, del dogma, del capricho o de otras tiranías y despotismos en otros
campos. Que no hay nada más arbitrario que el capricho, y en el fondo más monó­
tono. Nuestra imaginación intelectiva y cerebral es asaz lim itada sin los recursos in ­
agotables de la naturaleza. Sólo hojeando aquel libro de la creación se encuentran
verdades siempre vírgenes, capaces de inspirarnos lozanas emociones interiores. Hay
que profundizar las fuentes de la imaginación por el estudio; enriquecer y alim entar sus
brotes por la observación y la reflexión y encauzarla con incansable disciplina de tra ­
bajo, para que fluya abundante y fecunda. La im aginación que desborda en una fan ­
tasía casual no es más constructora, ni creadora. Se agota y esteriliza.
Y con esto vamos a la llamada pureza del arte abstracto. Puede parecer contradicción
aunque otra vez es lógico, pero es débil y carente de verdadera eficiencia justam ente
la técnica y el oficio de aquellos que hacen alarde nada más que de oficio y técnica
puros. De quienes proclaman que la pin tu ra rehúsa todo lo que no es “pura p in tu ra ”,
es decir, color p o r el color, fomas y líneas por sí mismas. Como si fuera trabado, im
puro y corrompido el arte de los egipcios, de los griegos, de G lo rio y de R embrandt
y el mismo arte negro, p o r el cual se pasman, ¡por ser figurativosl
Supongamos que así sea. Q uedaría una prueba más, si se necesitara, y no se necesita,
de que la pureza es estéril. En la vida no hay fecundación sin fermentación, n i fe­
cundidad sin un cierto grado de contaminación, en los dos sentidos de la palabra: el
etimológico de mezcla y el de degradación. Por ejemplo, la contaminación de la p a­
reja que tiene cría o la del ideal que se encarna en la realidad, o de la simiente que
tiene que pudrirse para brotar: “si el grado no m uere . . .”.
La pureza absoluta es antivital. El oxígeno puro es irrespirable. Si el arte, sea lo
que sea, no tiene que cum plir una misión espiritual, entonces sus medios técnicos no
son un lenguaje adecuado y adhesivo p ara expresar un movimiento hum ano. Y cuando
el oficio no es más anim ado por el soplo de algo más que el oficio mismo, cuando en
lugar de este papel suyo, la técnica usurpa el papel de función determ inante y de fin
en sí misma, entonces la técnica es hueca. Decae y pierde su razón de ser y su eficiencia

12

�se vuelve parasitaria. Y como todos los parásitos, antifuncional; como todos los órganos
que no responden a su función, frente al inexorable funcionalismo u tilitario de la
vida, pasa de la hinchazón vacía a la atrofia. Los reyes haraganes les rois fainéants,
acaban, desaparecen o se transforman. Esto vale para el arte y para las demás activi­
dades nuestras. Lo que no responde a la honda necesidad de la m edida hum ana, la
hum anidad lo rechaza. Puede ser que la p in tu ra abstracta florezca en el porvenir
como decoración y tal vez como u n símbolo más o menos anímico y ritual. Ya unas
pinturas de Manessier tienen este carácter ascético, de música, oración y perfum e
místico. Esto pasó ya en los países donde se repudió la representación figurativa, a
causa de dogmas religiosos u otros dogmas. Los judíos, árabes, mahometanos, fueron
iconoclastas totalitarios. ¿Dónde están sus pinturas y sus esculturas? No las hubo
en el O riente de Mahoma, pese al extrem o refinam iento en el color, la forma y la
línea, atestiguado por sus arquitecturas, alfombras y manuscritos iluminados e ilustrados.
¿Diremos entonces que nuestra p in tu ra tiene que reducirse al papel de alfombra, je­
roglífico y arabesco? Si la pin tu ra no debe ser más que esto, consideraría el hecho
como catastrófico. El genio plástico de Occidente no está para eso. Pretende p or de­
recho y por deber una tarea de otra trascendencia, y no me parece sin significado el
hecho de que el fundador del abstractismo haya sido un oriental de Rusia. Un
Kandinsky puede alejarse atávicamente de la representación figurativa y como b i­
zantino ser aún más contrario a su térm ino final, la tercera dimensión plástica, p er­
fección de lo figurativo gráfico.
Las manifestaciones del espíritu no florecen igualm ente en todas las épocas. Las artes
plásticas descendieron p or largo rato después del Renacimiento. Recién tuvimos el
espléndido período pictórico del siglo diecinueve y tal vez ahora la p in tu ra necesita
dd un período de descanso. Lo mismo se puede pensar de la música y la poesía, des­
pués del esfuerzo titánico del ochocientos. Y más aun de la escultura, arte que no
llega a m enudo a las cumbres. N uestra civilización enfrenta ahora otros problemas,
principalm ente los de la ciencia, con sus asombrosos progresos. Sea esto u n bien o un
mal, es argum ento extraño a mi tema actual, aunque evidente y necesariamente atado
a él. Los problemas de la civilización se unen a causa de la indisoluble unidad del
espíritu hum ano.
Ya me parece oírlo, estimado amigo, preguntarm e irónicamente: “ ¿Qué quiere, en ­
tonces? ¿Que el arte se vuelva nada más que una servil copia de la realidad?” No,
señor. ¡Al contrario! Q ue no copie la realidad sino que invente la verdad, im itando
la naturaleza en concurrencia creadora con ella. Q ue la mejore con la im pronta del
estilo, esencia de un tem peram ento hum ano. Que nos consuele, componiéndola, colo-

13

�reándola, sintetizándola y revelándola más esencial, hermosa e intensa de lo que, sin
la ayuda del arte, lograríamos verla. En fin, que siga haciendo, conforme al espíritu
de nuestro tiempo, nada menos de lo que siempre hizo en todos los tiempos de m anera
distinta, desde las cavernas hasta Braque y R ouault según el genio del tiempo, del
cual fué a la vez efecto y causa, expresándolo, dirigiéndolo y plasmándolo con su
trabajo.
La palabra imitación desde P ausanias hasta Vasari no significa copia sino la inspiración
buscada en el vocabulario de la naturaleza. T omás de Kempis nunca quiso decir que
el buen cristiano tenga que copiar al H ijo de Dios, sino que trate de imitarlo, inspi­
rándose en su ejemplo. Hay quienes pretenden que los recursos de la naturaleza han
sido agotados por el arte de antaño. Pero si las veinticinco letras del alfabeto forman,
han formado y form arán, sin peligro de agotarse, el sinnúm ero de combinaciones de
las palabras, en todos los idiomas de nuestro planeta, ¿qué vamos a decir del repertorio
infinito de formas y aspectos ofrecidos por la naturaleza? T odo lo que hace falta es
talento, corazón y espíritu para saberlos ver con el élan vital de la emoción e imitación
creadoras.
Si el arte abstracto se pretende nuevo hay que recordarle a este muchacho que tiene
más de cuarenta años de edad, edad en la que un varón, un movimiento de arte, un
árbol y una m ujer pueden m adurar la plenitud de sus frutos. Lo propio de las grandes
renovaciones estéticas está en la rapidez de su desarrollo. No hablo de progreso, p a­
labra dudosa y discutible, sino del ciclo norm al de su evolución y transformación.
H ay poco más de cuarenta años entre M asaccio y M iguel ángel y mucho menos entre
aquél y L eonardo. ¿Dónde está el Leonardo de Kandinsky? El abstractismo piétine
sur place. En cualquier campo de la p in tu ra nos hace falta aquellos espíritus y guías,
aquellos príncipes de la juven tu d y destacados capitanes de hoy, en los que ya se
perfilan los generales de m añana, como se perfilaban ayer en P icasso, Matisse, Braque
jóvenes. Si continuaran ausentes, podría ser malísimo síntoma para nuestra civilización
en crisis. Sin embargo, un día u otro tendrán que aparecer en el porvenir. La vida
del individuo hum ano es corta y el camino de las generaciones largo. T iene eclipses
y oscurecimientos. Las artes que embellecen, ennoblecen y consuelan la existencia no
pueden hundirse totalm ente.
Con esta fe hay que esperar y obrar, sin olvidarse de que cada uno de nosotros, los
críticos en particular, tenemos el deber de dar la alarm a contra las desviaciones que
según nuestra ciencia y conciencia juzgamos dañinas o peligrosas. Tenemos la tarea,
tal vez ingrata, de señalar los caminos regios hacia las renovaciones y los triunfos ve­
nideros. Por muy débil que sea nuestra voz, puede ser que alguien pensativamente

14

�nos oiga o sin oím os capte en el aire la pequeña chispa individual con la que tra ­
tamos de encauzar las grandes corrientes universales. Puede ser que alguien saque
fruto de las pobres semillas que tratam os de echar. Acaso no sea en vano.
M argarita G. de Sarfatti

R e s p u e s t a de J o r g e R o m e r o B r e s t
Querida amiga:
Celebro haberle dado oportunidad para expresar su opinión sobre el arte abstracto.
En otra circunstancia hubiera preferido contestarle privadam ente y dar origen así a
un coloquio epistolar que se pareciera a los muchos téte-á-téte que sostuvimos m ientras
Vd. vivió en Buenos Aires. Pero en vista de la m agnitud de los cargos que form ula
y del carácter público que ha querido darle a su carta, no puedo menos que respon­
derle de m anera cuidadosa y extensa. Esperemos que los lectores saquen algún provecho
de nuestra polémica.
Quiero decirle ante todo que nunca la acusé de ser reaccionaria, tampoco de que des­
conociera o no estim ara los movimientos de vanguardia. Sabía ya todo lo que dice
sobre su actuación en Italia y aun fuera de Italia. La frase de m i carta que dió origen
a la suya se refería a una actitud que entonces intuía fundada en principios, contra
el arte abstracto, no a la necesidad de que Vd. aceptara a todos los artistas llamados o
que se llam an abstractos. Convengo, sin embargo, que al em plear la expresión “en
bloque’’ pude inducirla a error. L o que interesa discutir, sin embargo, no es su ac­
tuación personal a lo largo de una vida fecunda, sino la específica actitud que Vd.
tiene frente al arte abstracto ahora y la licitud del b alan c e' que hace.
Usted emplea un procedimiento polémico muy eficaz pero no legítimo a m i modo de
ver, que consiste en presentar una versión aproxim ada de los hechos y luego arrem eter
con armas y bagages contra ellos. Por ejemplo, cita como abstractos a M anessier,
M iró, L e Moal, Klee, excelentes pintores que de ningún modo son abstractos, lo que

1J

�perm ite suponer que muchas de sus críticas se refieren a secuaces de éstos; toma en
cuenta el Salón des Réalités Nouvelles de París, tan pobre en efecto como cualquier
Salón de arte figurativo porque m andan especialmente los mediocres, sabiendo que
ningún movimiento artístico puede ser juzgado por esas exposiciones anacrónicas; se
afirm a en la idea de que los snobs son los que han sostenido el arte abstracto, cuando
es todo lo contrario, antes y ahora, ya que ellos, si bien aceptan lo nuevo p or ser
nuevo, exigen al mismo tiempo alguna nota de originalidad sensible, pudiera decirse,
que no posee aquél; no tiene reparo en decir que los abstractos van en busca de la
originalidad a toda costa, a pesar de que tanto teórica como prácticam ente la obra
de un Mondrian, un Kandinsky, u n Vantongerloo, u n M ax Bill está demostrando la
búsqueda de formas que se caracterizan por la adhesión a principios generales; presta
crédito a unas cuantas anécdotas de cuya veracidad no dudo pero de cuya im portancia
sí debió dudar Vd., tan triviales son, antes de fundarse en ellas para ensayar una crí­
tica seria, que sólo puede basarse en el análisis de las ideas y las obras; se hace fuerte
en la idea de la nueva academia, contraponiéndola a la vieja, para encontrar argu­
mentos fáciles contra ambas, aunque con marcada simpatía por la segunda; toma al
pie de la letra la exigencia de pureza y encuentra fértil campo para sacudir mandobles
de reconocida eficacia. Y abroquelándose en esa posición fatta a piacere, lanza sus
ideas sobre el arte de antaño y hogaño. Perm ítam e decirle que, desde este p u n to de
vista, combate Vd. con molinos de viento y que una discusión útil debe empezar por
replantear el problem a de fondo.
Prueba de que este problem a de fondo no ha sido bien planteado por Vd. se tiene en
la acusación final, muy graciosamente form ulada, de que cuarenta años bastan para
“m adurar la plenitud de los frutos” , aparte de que la aseveración es discutible, pues
a veces ha bastado y otras no, dependiendo de la m agnitud de la transformación. Dice
Vd. que poco más de cuarenta años hay entre M asaccio y Miguel ángel y el lapso no
prueba nada porque se trata de una idea que m adura ya en el prim ero, a la que apenas
cambia de signo el segundo; pero no dice en cambio que hay casi ochenta entre la
m uerte de G iotto y la mayoría de edad de M asaccio y éste sí es un lapso im portante
porque se trata del final de una tendencia todavía medievalizante, si no medieval, y
el comienzo del arte de la Edad Moderna. ¿No comprende Vd. que si el arte abstracto
responde a una concepción de la vida en formación, su madurez depende de ella misma
y no de los artistas? Si nadie está seguro en nuestros días de lo que piensa y siente,
si asistimos a un derrum bam iento que nos espanta, ¿cómo se puede exigir a los p in ­
tores y escultores que hagan obras sólidas y definitivas? Pero dejo de costado este a r­
gum ento para señalarle que si bien debe considerarse al cubismo, el futurism o, el orfismo y los movimientos rusos como precursores, a Kandinsky y Mondrian como sus

�primeros grandes maestros, el arte abstracto propiam ente dicho, del que yo le hablaba,
no empieza a germ inar sino en nuestros días, y no precisamente en París —donde Vd.
se informa “concienzuda y diligentem ente todos los años”— ni en Italia, por razones
que le diré más adelante, salvo que se lo busque con más diligencia. Además, el mo­
vim iento tiene tal vitalidad que lo componen variadas direcciones, de modo que podía
esperar una discriminación más fina de su parte, antes de condenarlo en bloque. Y esta
vez uso la expresión a conciencia.
Veo, pues, que su visión panorám ica del arte abstracto acusa lagunas injustificables.
No creo que se pueda atacarlo mencionando unos pocos nombres, la mayoría de los
cuales pertenecen a artistas que no son abstractos, e ignorando los más im portantes.
No cita Vd. ni una sola vez a Mondrian, a M ax B ill , a R ichard L ohse, a Vantonger­
loo, a Van D oesburg, a P evsner, a G abo, a M oholy-N agy, etc. etc.; parecen no existir
ni siquiera los que viven en París, artistas de la talla de H artung, Schneider, D ewasne,
Vasarely, J acobsen, M ortf.nsen, etc. Tam poco demuestra conocer el valioso movimiento
alemán con W illi Baumeister, T heodor W erner, F ritz W inter, H ans U hlman entre
otros, ni al inglés Ben N icholson y el norteam ericano J oseph Albers, ni a los que prac­
tican la escultura, desde el eminente J ulio González hasta los jóvenes trabajadores del
hierro ingleses y americanos. Estoy seguro de que si en vez de referirse al artista abs­
tracto desconocido —ese muñeco de trapo que zarandea en su carta— se hubiera refe­
rido a las decenas de artistas responsables que con razón se consideran abstractos, la
mayoría de los argum entos hubieran m uerto en sus manos antes de escribirlos. Pero
vamos a la discusión de los principios.
Su prim era acusación positiva es que el arte abstracto se ha transformado en una aca­
demia, fundada en la “evanescente trivialidad y el snobismo”. Lo característico de una
academia es la uniform idad que se presenta falsamente como estilo porque implica la
repetición de fórmulas. Repaso in m ente las formas empleadas p o r los artistas citados
más arriba y tentado estoy de decirle que constato, al contrario, una tremenda anarquía.
Si es una academia, como afirma, hay que convenir que es una academia de díscolos,
pues ni siquiera los que trabajan más o menos unidos aplican los mismos principios.
¿Una academia form ada p o r Max B ill, Alberto M agnelli y H ans Arp? ¿Una academia
form ada por W illi B aumeister, L éon G ischia y J oseph Albers? N o, amiga mia, el
movimiento tiene otros flancos descubiertos, por los cuales se lo puede atacar, pero no
éste que Vd. le inventa. Lo que no significa que no haya epígonos y mediocres, pero
si Vd. ataca a una tendencia p or sus epígonos es lo mismo que negar a P icasso por los
millares de picassianos que hay en el mundo. El arte abstracto no tiene la culpa de que
Vd. haya visto sólo malas exposiciones o conocido artistas y “filosofantes” tan ingenuos
y torpes como los que le han dicho las simplezas que relata.

17

�Su segunda acusación es que la tendencia ahoga “el pensam iento individual y la
m aduración de cualquier originalidad”, con la que se contradice luego al decir: “Esto
de lo original es una de las mayores enfermedades de nuestros días” o que el grupo
abstracto “es una grey anárquica, tiranizada por un exceso de pretensiones individua­
listas”. ¿En qué quedamos? ¿Suprimen la individualidad y la libre espontaneidad o
revelan un "desenfrenado individualismo sin personalidad’’? La confusión procede
de la vaguedad del térm ino empleado: individualidad. Ud. no tiene derecho a
em plearlo sin caracterizarlo y modularlo, sobre todo porque afirm a que “quien rechaza
el control de una disciplina necesaria y razonable, cae de su peso bajo una esclavitud
artificial, a m enudo irrazonable, colectiva y absurda”. Tales palabras suyas podrían
servir muy bien para definir a los abstractos, artistas que precisamente buscan “el
control de una disciplina necesaria y razonable”, a la inversa de esos figurativos des­
conocidos, ya que Vd. no cita a ninguno de los nuevos por lo menos, que se dejan
llevar por el capricho y la moda. No hay tal avasallamiento de la individualidad ni
tal despotismo; lo que hay es un cambio de frente en lo que se refiere al apoyo
objetivo de la creación. Vd. sigue creyendo que el artista no puede apartarse de la
naturaleza: lo establece en esa especie de him no que entona al final de la carta,
y todo perm ite suponer que el artista del siglo XX trata de encontrar otro ente
objetivo que la reemplace. No porque “los recursos de la naturaleza han sido agota­
dos por el arte de antaño” —¿qué artista abstracto o qué crítico h a usado argum ento
tan trivial?— sino p or que el hom bre ha dejado de confundir sim plem ente realidad
y naturaleza, del mismo modo que no las confundió el hom bre medieval.
Dice Ud. que “nuestra imaginación intelectiva y m ental es asaz lim itada sin los
recursos inagotables de la naturaleza.’’ Bastaría que m editara sobre la ilegitim idad de
esa afirmación en el campo de la ciencia, para que advirtiera su falacia, a menos que
la palabra naturaleza sea am pliada hasta cobijar el cosmos. La gran revolución de
nuestro tiempo, que ya cuenta con casi cien años de existencia, se funda precisamente
en la destrucción de los postulados en que se basaba la cultura de la Edad Moderna:
la naturaleza y el hom bre como medida de la misma y de todas las cosas. En nuestros
días, el enorme desarrollo de la ciencia fisicomatemática —al que Ud. alude pero
desgraciadamente no aprovecha para sacar conclusiones fecundas— ha destruido los
conceptos de m ateria, energía y causalidad, m ientras por otra parte, al acentuarse el
temporalismo se abren las com puertas a un exacerbado subjetivismo (psicoanálisis, existencialismo) y se evaporan ciertos rigurosos límites de la objetividad visible. Estamos
asistiendo, nos guste o no nos guste, a una crisis científica del m undo visible, prevista
ya por el viejo H eráclito, al que se sobrepone una segunda realidad bifronte: terrible­
m ente racionalista por una parte, anárquicam ente irracionalista por otra, como se p u e­

18

�de comprobar en otros planos de la vida, desde el político y el social hasta el filosófico
y religioso. Lo que a m i juicio ha cambiado y de modo radical es lo que entendemos
por realidad.
Si Ud. fuera m aterialista me explicaría la defensa de la naturaleza como único punto
de partida, pero como sé que no lo es me cuestra trabajo comprenderla y me explico
su confusión más bien p o r una especie de inercia del oficio. Se comprende que no haya
mucha diferencia entre L eonardo , T in t o r e t t o , V eronese y R em brandt , pero ¿cómo
puede pensar que se ha de seguir im itando a la naturaleza en el siglo XX? A dmitiendo
la interpretación que da Ud. del vocablo im itación, debe reconocerse que el artista
im ita la naturaleza cuando cree que se aloja en ella toda la realidad, no cuando la
enfrenta con otra realidad espiritual. Ud. misma da la solución con una frase magis­
tral: que el artista “no copie la realidad sino que invente la verdad”. ¡Bravo! La ver­
dad de nuestro tiempo no es más la verdad de la naturaleza visible, sino la que se inventa
el hombre como superrealidad para trascender hacia el espíritu.
Realidad no es igual a naturaleza, he aquí el nudo del problema. Hay épocas, las m a­
terialistas, en que coinciden; otras, las espiritualistas, en que divergen, como en la
nuestra, hasta producir la decadencia de lo que fuera el más noble de los sentidos: el
ojo. No la decreta solamente el artista; antes que él la decretaron el científico y el so­
ciólogo, y el hom bre común, que ahora sabe hasta qué p u n to es engañoso. Por eso un
arte de nuestro tiempo no puede basarse en la observación —no por incompetencia,
espíritu de farsa, haraganería y otras lindezas que achaca a los abstractos— sino p o r­
que el espíritu vuela hacia una inm aterialidad, al mismo tiem po racional e irracional,
en procura de un equilibrio que aún no ha logrado. Ya sea, entonces, porque el artista
busque apoyarse en otro ente objetivo —en el caso de los abstractos de avanzada, en
la matemática— ya sea porque lo busque en lo subjetivo —instinto, sueño, fantasía, azar,
inconsciente— en ambos casos hay el mismo rechazo de lo visible y la misma urgencia
para penetrar en una realidad que escapa a la torpe sensorialidad.
El argum ento de que tal concepción ha perm itido la existencia de grandes pintores y
escultores en el pasado y que del mismo modo debe perm itirlo ahora, Ud. sabe que
es falso, porque tampoco la naturaleza ha sido empleada siempre de la misma manera.
Ud. dice polémicamente que no es “im puro y corrompido el arte de los egipcios, de
los griegos, de G io t t o y de R e m b r a n d t , y el mismo arte negro, por el cual se pasman,
¡por ser figurativos!”, pero no ignora qué abismos hay entre unos y otros, cómo la
generalización es errónea, ya que los griegos, p or ejemplo, pudieron pasar de una con­
cepción geométrica —la de los vasos de Dipylon— a una concepción rom ántica en el
período helenístico. Y porque no lo ignora me perm ito hacerle notar que desde el

19

�m om ento que acepta esa condición relativa de la naturaleza, que ha servido para ex­
presar el espíritu de modos tan diversos, debe aceptar que deje simplemente de servir.
¿Por qué afirma tan dogmáticamente que “sólo hojeando aquel libro de la creación
se encuentran verdades siempre vírgenes”, como si fuera una im penitente pecadora de
panteísmo? Porque piensa que el artista debe “m ejorarla” con la im pronta del estilo,
en lugar de ver en ella lo que ha sido: un medio objetivo para expresar algo —el espí­
ritu — ajeno a la naturaleza como materia. Y puesto que el hom bre de hoy encuentra
“verdades siempre vírgenes, capaces de inspirarnos lozanas emociones interiores” en un
espíritu que se desprende de la naturaleza hasta constituir una segunda realidad abs­
tracta, ¿no corresponde subir los ojos hacia ella para extraerle las posibilidades de
expresión artística? No se puede tapar el sol con un harnero, amiga mía, y ésta es la
faena que pretenden realizar, a mi juicio, los que todavía suponen posible renovar los
encantos de la p in tu ra representativa de la naturaleza.
La destrucción de la realidad n atural o, m ejor dicho, de la naturaleza como reali­
dad, no es obra de los artistas sino del hom bre, que tam bién destruye los estamentos
sociales y los individualismos que le corresponden. El artista abstracto da su versión y
como siempre trata de construir así la única realidad que im porta y ha im portado
en todos los tiempos: la del espíritu. Comprendo que le cueste comprenderlo a un
mediterráneo, acostumbrado como está desde hace milenios a concebirlo todo desde la
carne, pero tam bién aquí creo necesario hacerle notar que no parece que sean los
pueblos m editerráneos los encargados de regir la cultura del siglo. No quiero, sin em ­
bargo, incurrir en el pecado a mis ojos de postular cualquier determ inism o racista,
como el que incurre Ud. al explicar el arte abstracto de K andinsky p or su condición
atávica de bizantino, o el de los alemanes p o r su “falta de equilibrio armónico”. No
creo en la vigencia de pretendidas actitudes raciales, sí en la de u n espíritu universal
que se im pondrá inclusive en los países donde todavía im pera una tradición p articu­
larista y materialista.
La destrucción de la naturaleza como realidad es un hecho, pero su reemplazo es
difícil, e inevitable porque el artista no es un creador absoluto. El instinto, la fantasía,
la ingenuidad, el azar, hasta llegar al inconsciente, han proporcionado soluciones que
conocemos en el arte de los jauves y expresionistas, de los naif, los dadaístas, los superrealistas e infrarrealistas; soluciones a medias porque si bien sobreestiman la individua­
lidad, dándole una dimensión nueva en lo maravilloso, no pueden rom per el cordón
umbilical con la realidad n atural y toda realidad concreta fabricada p o r el hombre;
soluciones de los primeros decenios del siglo cuya vigencia ha sido episódica aunque
no inútil. Frente a ellas, lentam ente se ha ido im poniendo la geometría como ente
objetivo en el que puede basarse el artista, sobre todo desde el m om ento q u é se aparta

20

1

�de la realidad natural transformándose en m atemática del espacio enedimensional: ya
le señalé cuáles son los hombres que en este preciso mom ento están obteniendo los
primeros resultados fecundos, los que constituyen el grupo de avanzada del arte abs­
tracto. No son ellos los que interesan sino las ideas que sustentan, las que me perm i­
ten decirle que así como el hombre, durante milenios, se ha apoyado en la naturaleza
para expresar el espíritu, el de nuestros días puede hacerlo en la geometría dinámicoespacial, con la conciencia clara de que ni la naturaleza en el pasado ni la geometría
en la actualidad son fines; que sólo son los inevitables medios para que el hom bre se
eleve espiritualm ente.
Se comprende que entre esas dos posiciones extremas se m ultipliquen las posiciones
intermedias, desde los que crean una especie de neonaturalism o no figurativo, como
M agnelli, y los que a su zaga van introduciendo ritm os de precisión no materialista,
como D ewasne, hasta los que hallan en la propia subjetividad, todavía no matematizada, signos inmateriales, los románticos del abstractismo, como Baumeister o H arruNC. T oda la gama de las expresiones hum anas se manifiesta así en el campo del
arte no figurativo, quien se acerca todavía a la figuración por el m antenim iento de
los ritm os orgánicos, quien al destruir éstos se lanza a la creación de formas que por
ser inorgánicas tienen que ser geométricas.
Ahora bien, si Ud. acepta que Kandinsky y Magnelli hagan formas abstractas “porque
se las exige el tem peram ento’’, ¿por qué no acepta igualmente que las hagan los más
jóvenes. El argum ento de que las hacen mal, aunque fuera válido no sería justifica­
ble, ya que siempre es preferible un artista torpe que acierta en lo espiritual a un
artista hábil que yerra en eso. Ud. que habla de “la necesidad interior de la p in tu ra ’’,
con lenguaje de Kandinsky, ¿no se ha puesto a pensar que los jóvenes tienen una
necesidad interior que no coincide con la suya? Ud. es muy dura con ellos, tanto que
no trepido en inventariar las acusaciones; los trata de conformistas, monótonos, excén­
tricos, casuales, arbitrarios, vanidosos, arrivistas, incapaces, perezosos, cultores del blu ff
y del truco, sin escrúpulos, caraduras, pretenciosos, consentidos, amigos de la comodi­
dad, y lo único que está dispuesta a reconocerles es “un cierto buen gusto’’, aunque
no mayor que el buen gusto de la modista o la sombrerera. Estoy seguro de que Ud.
misma se asustará al leer esta lista, sobre todo porque un movimiento que dura cua­
renta años —ahora le vuelvo el argum ento contra U d — alguna profunda necesidad
interior del hombre debe revelar. No me parece que podamos sostener, quienes ya no
somos jóvenes, que los jóvenes siempre se equivocan. La invito a reflexionar sobre esto,
con la misma precaución con que me invito a mí mismo, cada vez que siento la ten ­
tación de adoptar una actitud extrem adam ente negativa frente a los jóvenes. Y no

21

�s

porque los crea infalibles —a la inversa, pienso que necesitan de nuestra e x p erien ciasino porque creo en la fuerza de intuición de la vida nueva que supera toda sabiduría,
envejecida por el hecho de ser sabiduría.
El afán de pureza, contra el que Ud. arrem ete y con razón en parte, no debe ser
interpretado al pie de la letra, sino con la necesaria relatividad a que obliga la nece­
saria imperfección hum ana. Debe ser interpretado como cualquier
ideal, al que no se
postula jamás sino como valor absoluto, aunque ya se sabe que
se
corrompe en el
contacto con la vida. Ud. es cristiana, amiga mía, y como tal tiene la obligación de
entenderme, pues de lo contrario podría mofarme con el mismo derecho del arte me­
dieval, im puro en sus realizaciones pero pu ro en las intenciones.
Ataca Ud. tam bién a los abstractos porque cuando “la técnica usurpa el papel de fu n ­
ción determ inante y de fin en sí misma, entonces la técnica es hueca’’. ¿No los ha
acusado antes de que eran incapaces de aprender? ¿Les reconoce que poseen una téc­
nica aunque hueca? Claro que la tienen, aquellos de quienes vale la pena hablar, se
comprende, y le aseguro que se necesita más saber y conciencia p ara ser abstracto que
para im itar a Monsieur Cormon. No se complique Ud. con los que
afirman, pu eril­
mente, que tales obras las haría m ejor u n niño. El arte abstracto es tan difícil como
el figurativo, ni más ni menos, pero no es la dificultad lo que interesa subrayar sino
la posibilidad de acceder al espíritu. Si Ud. sigue creyendo, sin duda, que la p in tu ra
se expresa por la vibración de la materia, p or el acorde de los tonos, por las leyes
de la forma o de la composición fundadas en las leyes de la naturaleza visible, al no
encontrar nada de eso, dirá que están vacías. Pero si su sensibilidad puede captar otros
valores, tan legítimos como los otros, que emergen de la creación precisa de espacios,
tanto en la pin tu ra como en la escultura, Ud. verá que no están vacías esas formas.
Discuta si quiere la validez de los contenidos pero no los niegue, salvo que se resigne
a m ilitar entre “los que tienen ojos y no ven’’.
"¿Diremos entonces que nuestra p in tu ra tiene que reducirse al papel de alfombra,
jeroglífico y arabesco?” Q uienquiera establezca este parangón con el arte abstracto
demuestra la persistencia de una concepción organicista: son los que nada pueden
concebir sino a hechura y semejanza del cuerpo del hom bre, los paganos. Mas no hay
peligro de que una tela Kandinsky se confunda con la alfombra y el arabesco, ni
la de cualquier otro abstracto, porque el juego de las fortnas geométricas no obedece
sólo a la sensibilidad sino a tina estructura de ideas. Y no se escude Ud. en el horror
a las ideas, porque el arte figurativo que defiende no las excluye en modo alguno.
Una idea m aterial contra una idea inm aterial: eso es todo. Es claro que ha de ser
descubierta esa estructura, lo que sucederá en gran escala cuando los hombres sean

22

�capaces de gozar con signos inmateriales. La consecuencia es lógica: la p in tu ra dejará
de ser cuadro o decoración m ural y la escultura dejará de ser estatua, para convertirse
en un sistema de formas subordinadas a la arquitectura. ¿Considera catastrófico este
hecho? ¿Por qué? Lo verdaderamente catastrófico sería que los artistas, incapaces de
crear, se repitieran, no que se conserven lúcidos e inquietos como para inventar expe­
dientes nuevos de la expresión. No alim ento ningún fetichismo artístico, no pretendo
salvar el cuadro o la estatua, ni siquiera me interesa la supervivencia de la p in tu ra
y la escultura; lo único que me importa es que se salve el arte, es decir, la capacidad
de construir la vida con signos anunciadores del espíritu. Pero que se manifieste en una
silla, en un juego de planos arquitectónicos o en algunos objetos de invención, no me
im porta, de la misma m anera que no me im porta, con tal de sentirlo, que se m ani­
fieste en una casa de departam entos o en una fábrica en vez de u n palacio o una
iglesia. A Ud. en cambio le parece inexistente el arte musulm án porque no se com­
pone de cuadros y estatuas, y habla del “genio plástico de Occidente” de acuerdo a
una concepción determ inista que no puedo com partir, porque veo que a pesar del
genio plástico de Occidente se está produciendo el trueque de un arte agotado del
individuo por un arte naciente de la colectividad. Puede ser que d urante algún tiempo
desaparezcan los buenos pintores y escultores y sólo los mediocres se repitan, pero
estoy seguro de que al cristalizar nuevamente la vida en una concepción coherente
reaparecerán inventando los expedientes necesarios para expresarla. “Todo lo que hace
falta es talento, corazón y espíritu para saberlos ver con el élan vital de la emoción
e imitación creadoras” : lo digo con sus mismas palabras, aunque lo que ha de verse
no es “el repertorio infinito de formas y aspectos ofrecidos por la naturaleza” sino
otro repertorio, igualm ente infinito, de formas y aspectos ofrecidos por el cosmos a
través de la inteligencia y una sensibilidad tan lúcidas como para crearse sus propios
símbolos.
El arte abstracto ne piétine pas sur place, como Ud. afirma. ¿Cómo aceptarle esto si
en mis recientes viajes por Europa y Estados Unidos sólo he encontrado espíritus avisa­
dos y capaces entre los cultores del arte abstracto? No se encierre Ud., amiga mía, y
no crea que todo el arte válido es el que se ve en ciertas galerías de París. Cuando
vuelva vea a Vantongerloo y a P evsner, no ignore al grupo de la Galería Denise René,
visite a Magnelli, sobre todo palpe lo que se hace en Suiza y H olanda, en Inglaterra
y Estados Unidos; no ignore lo que se hace en Italia, donde hay un movimiento tan
im portante como para que L ’A rt d ’A u jourdh’ui le dedique el últim o núm ero. Si nece­
sita un escalafón, le diré que se perfilan claramente los generales de m añana en algu­
nos esforzados coroneles de hoy. En particular me perm ito decirle que desconfíe de
la vida corriente italiana, muy adherida al pasado, como lo demuestra precisamente

23

�el movimiento del Novecento, formado p o r artistas de valer personal, es cierto, pero
que nada aportan al lenguaje de nuestro tiempo. Y no tema el fanatismo de los abstrac­
tos m ientras se manifieste, como hasta ahora, en una franca y leal lucha por im poner
ideas y formas. Claro que respecto a esto tenemos tam bién puntos de vista opuestos
pues no creo que el arte sea “problem a de cánones estéticos’’ y en cambio sí creo
en “los imperativos categóricos”, los que no siempre deben adherir a un “academismo
ético totalitario”.
Yo tam bién tengo fe, más fe que Vd. porque no me rem ito a un futuro incierto y
siento ya el arte nuevo que “embellece y ennoblece” la existencia, no que la consuela
porque tal no es su misión: u n edificio de Alvar A alto o de M ies van der R ohe ,
una escultura de B ill o de Gabo, un móvil de Calder, y lo que imagino puede llegar
a ser la pin tu ra cuando se adecúe a la arquitectura, me bastan para alim entarla.
Y porque tengo fe, más defiendo que ataco, y me entrego a la grata tarea de “señalar
los caminos regios hacia las renovaciones y los triunfos venideros”. De tal manera,
como Vd. lo dice tam bién, creo cum plir con mi deber, gozoso aún en el caso de que
mi palabra parezca absolutam ente vana. Ojalá no lo sea para Vd.
J orge R omero Brest

24

�LA

J O V E N

P I N T U R A

ESPAÑOL A

Para Ver y Estimar
La joven pintura española está viviendo, desde hace seis u ocho años,
momentos de clara esperanza. No sólo en Madrid y Barcelona, sino en
varias capitales de provincia, trabajan pequeños núcleos de entusiastas:
Tenerife, Zaragoza, Almería, Las Palmas y otras ciudades conocen la
pasión invencionera —y a ratos heroica— de artistas renovadores, de hom­
bres para quienes la pintura constituye un genuino modo de ser. El
tradicional particularismo ibérico se manifiesta en ellos con acusada
intensidad; entre esos grupos, y dentro de cada uno, las divergencias no
son menores que las coincidencias; por eso las tentativas de encuadramiento y clasificación resultan arriesgadas y sus resultados precarios. Es
preciso, sin embargo, decidirse a realizarlas, si queremos ver el conjunto
con un mínimum de orden —y de claridad— que facilite la comprensión
del panorama.
Prescindiré de las agrupaciones realizadas con criterio geográfico. En
Madrid, como en Barcelona o en Tenerife, coexisten y conviven pintores
orientados diversamente. El grupo más importante, habida cuenta no
tanto de su número como del talento de sus componentes, tiende hacia
una pintura abierta a las tendencias absolutas, pero rara vez entregada
del todo a la no figuración. Se advierte una particular resistencia a perder
el contacto con los objetos, reales o soñados, que no creo dependa del tan
proclamado —y discutible— realismo hispánico, sino de la tendencia ins­
tintiva a crear partiendo de la vida y en la vida misma. Las intuiciones
en que se origina la creación artística, están saturadas de realidad, o, si
se prefiere una palabra más ambigua, de representación. De manera soterraña, fluyen en el acto creador imágenes, más o menos fieles, de viven­
cias asociadas inconscientemente a la tarea emprendida; el color y la
forma deparan al imaginativo puntos de arranque que no excluyen re­
miniscencias, e inevitablemente la imaginación se nutre de alimentos
terrestres.

25

�J osé C aballero, el buen dibujante formado en la amistad y el arte
de Federico García Lorca, entra en la pintura en un momento de plenitud,
cuando ha superado la etapa surrealista y las vacilaciones iniciales. Está
ahora en un período de lirismo denso y festival. Su pintura tiene alegría
y empuje juvenil. Trabaja con briosa soltura, dando a la pasta el trata­
miento requerido para conseguir los efectos suntuosos y nobles que pro­
ducen sus telas, pintadas con tanta lucidez como conocimiento del
oficio. Es un pintor con Musa, y reúne tres condiciones rara vez coinci­
dentes: conciencia artesana, imaginación y clarividencia. Resulta buen
ejemplo para corroborar las consideraciones antes expuestas, porque al
abandonar la imaginería surrealista su fantasía, lejos de atenuarse, creció
con mejor libertad, haciéndose más personal y, en mi opinión, también
más humana. Los óleos que ha pintado en los últimos tiempos son
grandes (no excesivamente grandes) y perfectamente compuestos. Las
formas viven libremente y no renuncian a nada, ni siquiera al capricho
y a la fascinación de lo fantástico. Pero están lejos de los arranques
oníricos, de las turbulencias oscuras, de las confusas agorerías. Todo en
tal fantasía surge remozado por la brisa primaveral; renacido al contacto
de la gracia pura, de la exaltación amorosa. La invención brota sin es­
fuerzo y, además, con alas.
T apies, T harrats, P ons y C uixart constituyen el grupo más homogéneo
de nuestra pintura joven. Ellos también proceden del surrealismo, o,
para decir mejor verdad, están aún dentro de él. Se habla a su respecto
de “surrealismo abstracto”, desdeñando la contradicción en los términos
implícita en tan chocante locución. Su mundo está colmado de alusiones
a cosas secretas, a misterios del sueño, pero también —no hace mucho he
señalado un ejemplo concreto en cierta tela de Pons— de fantasías
coincidentes con las de anónimos pintores góticos. Mundo lunar, en
Tapies; más constructivo y arquitectónico en Tharrats; pródigo de posi­
bilidades —y de riesgos— en los cuatro.
L ara y V aldivieso, sin apartarse de la figuración en los óleos, llevan a
los dibujos la expresión de inquietudes más hondas, estableciendo así
una dualidad no difícil de explicar si pensamos en un elemental meca­
nismo de compensación. Junto a ellos, L ago contrasta por inclinarse al
primitivismo refinado, al realismo idealizado de la Imaginación popular,
coincidiendo en ese camino con C apdevila, siquiera su sentido del color
no sea tan estridente como el de éste; Capdevila se deja poseer por el

26

�gusto de lo grotesco y caricaturesco, mientras Lago imprime a las figuras
un orden de ingenuidad y sencillez. Uno y otro rehuyen las broncas inter­
pretaciones solanescas, actualmente en franca crisis de retroceso. Solana no
dejó sucesores, y es bueno que no los dejara, pues sin su formidable
personalidad los cuadros pintados como él los pintaba, resultarían ruda­
mente anacrónicos.
,
1
L aguardia, A leu , A guayo y L agunas construyen su pintura partiendo
de una interpretación puramente plástica de la naturaleza. Y casi como
ellos G arcía V ilella . En sus cuadros identificamos sin vacilación los
objetos reales, pero al reconocerlos advertimos la existencia de una de­
formación constructiva. Seres y objetos llegan al cuadro en función de
la forma y el color; por eso son significantes. En la Actriz dramática,
de Aguayo (para mencionar un ejemplo concreto), lo importante es la
jugosa selección de verdes, que infunde a la tela un cromatismo de
altas calidades, y no la remota semejanza con una imagen determinada,
con un modelo posible. Lagunas, arquitecto además de pintor, ha reali­
zado telas de un geometrismo vibrante y cálido, y Aleu, por su parte,
las impregna de una poesía a lo Chagall, de humor melancólico y humano.
Humor y humanidad también en J osé G uinovart, realista de nuevo
cuño, es decir, antiacadémico y sensible. Sus cuadros reflejan la realidad
con ironía y precisión; la contempla desmenuzada y reducida, e incorpora
fielmente sus diversos elementos dentro de una estructura extraña y a
trechos bufa. Los habitantes de este universo son criaturas conocidas,
próximas, familiares; son los mismos de siempre, vistos desde una pers­
pectiva original: es la imaginación quien decide cómo poblar con ellos
el espacio disponible. Una lechuza es una lechuza y una barba es una
barba, pero, aparte la originalidad derivada de su insólita agrupación,
lechuza y barba responden a un sentido imaginativo que no por atenerse
a lo trivial deja de funcionar con plausible vivacidad. Comparando a
Guinovart con Tapies, que es otro imaginativo, advertimos cuán distintos
son los resultados obtenidos, según intervenga o no la fantasía. Las
telas de Tapies hablan de un mundo lunar, pues las formas, siquiera
reminiscentes de la realidad, están envueltas en un halo que las desplaza;
las de Guinovart, apegadas a lo cotidiano, se elevan por el destello interior
y no por la aureola. Pero, por la fuerza de ese destello, superan la tri­
vialidad en que voluntariamente se sustentan y alcanzan un clima gra­
ciosamente poético.

27

�Y al escribir estas palabras, por espontánea asociación de ideas, me
viene a la pluma el nombre de M anolo M illares, autor de bellísimas
pictografías que, ¡ésas sí!, constituyen buenos ejemplos de pintura abso­
luta, de pintura no figurativa, sustentada en los juegos combinados de
las invenciones y la delicada matización (a veces monocorde) del color.
Pintura absoluta también en las composiciones de J osé J ulio y E lvireta
E scobio, pero sin la radiación y la novedad que encuentro en los lienzos
de Millares. Su fuerza estriba en la identificación con tendencias ances­
trales y se refleja en superficies limpias, parcas de materia y sin estri­
dencias de color. Es una orquestación armoniosa, llevada en tiempo lento,
con signos luminosos en blanco y negro destacando sobre fondos de
vario tono.
R afael Zabaleta es el inventor de una realidad cuajada de luz, de
animación y de vida. Sus telas están henchidas de presencias, hirientes de
luz y de color. Sí: un colorista, pero también un hombre para quien el
color sólo tiene sentido en cuanto colma una forma y completa su expre­
sión. Luz cenital, luz de esa tierra andaluza donde las cosas parecen
irreales a fuerza de luminosas. Para entender la pintura de Zabaleta no
es preciso echar mano de complicadas metafísicas: basta situarle en los
campos de Jaén, en su elementalidad quintaesenciada, enriquecida por
el sedimento de diversas culturas y apta, por esta diversidad, para ver
las cosas en su esencia tanto como en su presencia. La visión de Zabaleta
ignora la servidumbre a las cosas externas; es una visión no precisa­
mente embellecedora, sino mágica, pues sitúa los objetos en una dimen­
sión más honda, en un plano distinto del que normalmente les corres­
ponde, y los transfigura.
La pintura de D íaz C aneja hace visible la esencia de una realidad por
medio de imágenes en las cuales la emoción del artista no surge desligada
de la naturaleza pero sí independiente de ella. El cuadro es la resultante
de una eclosión colorística; la pasta engendra espacios de color sólido,
densos y vastamente sugestivos. El colorido, a menudo uniforme, se hace
profundo por la intensidad de vibración, lograda gracias a las calidades
propiamente plásticas de una materia trabajada y rica.
Relentes del fauvismo se encuentran en M acarrón y en R ogent y del
expresionismo en Surós y M uxart. Junto a ellos, F ornells P la apunta
a un hieratismo pasado por Campigli más bien que por el Oriente.

28

�Antonio T apies: Pintura

�JOAN
PONS

���F reddy Szmull, R amis M ampaso y P lanasdurá son terminantemente
no figurativos. En Ramis son notables la calidad de los materiales y
las preparaciones empleadas; Planasdurá se encuentra en la línea más
avanzada de la no representación; cuadros austeros, construidos con rigor,
buscando con empeño soluciones originales, unas veces armoniosas y
otras veces voluntariamente disonantes.
Son más los pintores jóvenes merecedores de recuerdo; pero no cabría
hacerlo sin alargar desmesuradamente esta reseña o sin convertirla en
árido catálogo de nombres y vagos adjetivos. Fuerza es detenerse y esperar.
Únicamente el tiempo podrá decirnos cuál será la trayectoria de estas
vocaciones esperanzadas. No seré yo quien se atreva a ejercer de vidente.
Si resulta difícil orientarse en la situación según es y ahora la vemos,
profetizar cómo y de qué manera evolucionará, es tarea superior a mis
fuerzas.
Las posiciones pueden variar y sin duda variarán, pues los artistas men­
cionados son jóvenes (algunos, incluso muy jóvenes) y están en constante
mudamiento. De año en año se advierten cambios en su técnica, en su
manera y hasta en su concepción de la pintura. No todos son aciertos,
pero hasta en los fracasos existe una posibilidad de enriquecimiento si
son consecuencia de inquietudes personales y no de miméticos esfuerzos
para colocarse al nivel de las ajenas. Soslayo lo relativo a las influencias
operantes sobre ellos; me limitaré a subrayar que el surrealismo se halla
en baja, pero no desaparecido, y que la inclinación hacia el arte absoluto
rara vez conduce a una pintura por completo irrepresentativa. P icasso,
y más aun J oan M iró, han dejado su huella en la mayoría de estos pin­
tores. D alí, en cambio, apenas cuenta como ejemplo.
Acaso la indicación más segura acerca de la tendencia general de la
joven pintura española se obtenga partiendo de su palpable anti-acadedemicismo. La Academia se les antoja fría y desvitalizada, inhumana en
su rigidez y en su falsedad; frente a ella postulan una pintura hecha
desde la sangre y desde el sueño, con riesgo y temblor; una pintura cer­
cana a la vida y dispuesta a compartir el destino incierto y azaroso del
hombre actual. No más ficciones acaso agradables, pero embusteras; no
más normas adormecedoras. Frente al arte convencional y muerto un
arte auténtico y aventurero: un arte humanizado y polémico.
R icardo G ullón

Santander, 1952

33

�PON S

JOAN

Para Ver y Estimar
Por lo que atañe al pin to r J oan P ons, el lienzo nace cuando se establece
com pletam ente la unión, siempre expuesta a sorpresas, entre los elementos
no solamente complejos, sino tam bién dispares, de su tem peram ento y de
su arte, entre lo que hay en él de poderosam ente instintivo y de intensa­
m ente reflexivo, de ponderado y de loco, de lúcido y de visionario, de
dram ático y de burlesco, de am argo y de gozoso.. .

Resulta muy difícil trazar, no ya el bosquejo, sino el retrato de este in­
telectual que no cesa de exaltar las virtudes del instinto, de la simpli­
cidad y de la efusión, de este hombre grave, meditabundo, mesurado y
sobre todo, muy cerrado, pero que puede transformarse en el más cordial
y comunicativo de los amigos. En realidad, su obra, si la auscultamos
de cerca, nos hablará con más elocuencia de su personalidad que todas
las confidencias que él pudiera hacer, que todos los recuerdos que sus
camaradas podrían narrar acerca de él. Pocos pintores se entregan a su
obra tan enteramente como Pons y se expresan en la misma tan abier­
tamente, tan íntegramente.
¡Qué sorpresa nos produjo la exposición que, en unión de sus compañeros
T apies y C uixart, Joan Pons celebró en el Instituto Francés de Barcelona
y que ponía magníficamente de manifiesto los resultados de su evolución!
Evolución que se traslucía en esas alucinantes figuras de aspecto vaga­
mente humano, poderosamente individualizadas en su forma y en su subs­
tancia, que resumían, en una armonía perfecta, los órdenes supuestamente
híbridos de la creación, personificados de súbito en esos fantasmas.
¡En esa embriología de pesadilla, en esa cristalografía de sueño, todo es
inédito! Esos cuerpos petrificados, esos troncos esponjosos, esos brazos que
terminan en ramas floridas .. Las flores de esta flora extraña crecen como
poliedros, los animales de esta fauna singular se arrastran por el suelo
como bejucos, los hombres, sobre todo los hombres, se elevan hasta el
cielo o se arraigan como plantas. Y todo este mundo de larvas, de bestias

34

�aladas, de plantas con rostro humano, de monstruos sorprendentes, se di­
lata en una luz ora sorda, como de una gruta submarina, ora fulgurante,
como de fragua, y resplandece con el más puro y suntuoso brillo, cubierto
de aquellas lacas raras, cuyo secreto el pintor ha ido a buscar en un Ex­
tremo Oriente de jades y de gemas. Los encarnados carmesí, los verdes
oculados, los grises perlinos y los pardos leonados son de un efecto tan
delicado como vehemente.
El expresionismo, para Joan Pons, no se reduce a una simple cuestión de
deformación y construcción plásticas, sino que responde a toda la actitud
espiritual del artista, a su sentimiento de la vida, a una concepción si­
multáneamente muy patética y levemente irónica del hombre. Ésta es asi­
mismo la razón por la cual este pintor catalán se complace en esas antí­
tesis —de vida y de muerte, de dicha y de desespero, de juventud radiante
y de fealdad burlesca— que ponen de relieve algunas de sus obras, tragi­
comedias en un grado eminente emotivas.
En el arte de Joan Pons, pues, desempeña un papel preponderante ese
factor con demasiada frecuencia ignorado o menospreciado: lo grotesco.
O sea, el don de representar, mediante el rasgo caricaturesco llevado
hasta el paroxismo, el aspecto y el gesto del hombre. Este poder, que
podría rondar la caricatura, va más allá de la misma de un modo sin­
gular. Por más que el artista engaste en su ojo un cristal de aumento,
no ha de perder de vista en ningún instante el elemento típico del ser
que representa, el sentido de la síntesis para cristalizar a ese ser en un
aspecto de universalidad. Es así como conseguirá transponer en el domi­
nio de la fantasía y de la poesía lo que, en el caricaturista propiamente
dicho, queda anclado en una realidad más o menos maquillada, arre­
glada en virtud del fin satírico que persigue. Hay que reconocer el ca­
rácter profundamente trágico de lo grotesco, su poder de caracterización,
cuando logra, como en el caso de Pons, marcar con un rasgo incisivo,
indeleble, la huella de una idea sobre el alma y el cuerpo del hombre.
No cabe olvidar que Joan Pons es, ante todo y sobre todo, pintor. Todos
los espectáculos que él describe, interiores o exteriores, los seres que
representa, no son más que pretextos para pintar, de conformidad con su
temperamento, su visión, su concepción personal de la vida y, sobre
todo, de acuerdo con los medios pictóricos de que dispone. El origen
de sus obras no deja nunca de ser estrictamente plástico. En cuanto a
las intenciones extrapictóricas, principalmente literarias, que algunos le

35

�atribuyen, la mayor parte de ellas han nacido en la mente de los autores
de tal atribución.
Hemos hablado de expresionismo. Si nos empeñamos en buscar una
calificación para determinar las cualidades del arte de Pons, es en un
expresionismo evolucionado, universalista, más abstracto, que une más
y más la idea con la Naturaleza, donde la hallaremos. Y esa evolución
ha sido realizada —hay que insistir en ello— en el sentido de una exten­
sión, a la vez ensanchamiento y ahondamiento, del asunto y de la materia,
independientemente de los límites de la personalidad humana, tal como
los pintores la conciben generalmente, más física que metafísica. El
término "‘expresionismo cósmico”, del que tanto abusamos antaño, acaso
pueda volver a servir, ya que nos hallamos en presencia de un pintor que
no titubea en mezclar y revolver todos los reinos, incorporándolos juntos
a su obra, refundiéndolos en una grandiosa unidad nueva, donde lo
humano se ve completado por lo animal, lo vegetal y lo mineral, y la
física por todo lo que un cerebro pujante y sintético, verdaderamente
visionario, puede añadirle en cuanto a elementos ideológicos.
Sea como sea, lo cierto es que estamos ante una creación ininterrumpida
de grandes obras, capaces a la vez de satisfacer al amador más exigente
de pintura y de emocionar profundamente nuestro pensamiento y nuestra
sensibilidad. Y todas esas reacciones, repitámoslo, nacen del mismísimo
cuadro, pertenecen directamente a la pintura. “Pintura antes de nada”,
podríamos afirmar, pastichando la fórmula de Maurras. Y ¡cuán vivo es
para Joan Pons, para el pintor que ha nacido pintor, el placer de dejar
que una molécula de ácido forme las reacciones más inesperadas, el
deleite de esparcir caprichosamente los pigmentos, de triturar sobre el
lienzo la untuosa y dócil materia, de la que nacerán las formas a la vez
deliberadas e instintivas, del sueño y de la reflexión!
Sebastián G asch

Barcelona, mayo de 1950

36

�UNA DEFINICION DE L A ESCUELA DE ALTAM IRA EN 1951

Para V er

y

E stimar

Lo que voy a m anifestar se refiere exclusivamente a mi modo de entender la Escuela
de Altamira.
La E. de A. tiene una existencia en mí, como la de las estrellas en el firmam ento; es
muy superior al hecho que me perm itió reconocerla según la denominación con que
se la bautizó. Su nacim iento fué, sencillamente, un toque de atención y, p or lo visto,
yo nací con la desgraciada suerte de no ser sordo a esta clase de llamadas. Desde las
más profundas huellas que dejó la imaginación del hom bre en las cavernas primitivas
me llegó una resonancia que me las dió a entender como si fuesen recientes.
Algunas veces creo que todo ser hum ano lleva dentro una escuela de A ltam ira pero
debo estar equivocado, porque la desnudez de la verdad que inquieta a los que la
llevamos es evidente que intranquiliza o im porta tres pitos a los demás. Por m i parte
estoy bien seguro de que mi escuela de A ltam ira es un espejo y no un espejuelo.
La E. de A. vive a la luz del día desde que tomó cuerpo en Santillana del Mar. Y
así vivirá después de no haber podido celebrar allí este año su reunión; aunque los
avatares que la suerte le depare la com prim ieran hasta reducirla otra vez a una exis­
tencia inadvertida o íntima.
Para la pervivencia de la E. de A. se necesitan: medios económicos, y motivos de
vinculación que condensen bien lo que en su origen no pasó de nebulosa. Podrán faltar
aquéllos; éstos, jamás. El volumen de la E. de A. dependerá en todo caso de los medios
económicos de que se disponga. Su peso, del pensamiento, de la actitud que repre­
senten sus componentes o de la actividad que desplieguen.
La E. de A.no puede regirse p o r otros principios establecidos
aquéllos que surgieren de las circunstancias realm ente vividas.
es ningún clán, ni ninguna sociedad, ni siquiera se parece a
se forma, como todas las peñas, por aglutinación de lo que se
exclusión de escorias.

a priori como no sean
Porque la E. de A. no
una peña de café, que
tropieza y aglomera sin

U na escuela se extiende desde el soliloquio que deja de serlo al transmitirse a un
amigo, hasta el núcleo de personas que se relacionan entre sí sumando sus iniciativas

37

�al pensam iento originario. Y las circunstancias vividas realm ente, las realidades de la
E. de A. son éstas: la sugestión que las cuevas de A ltam ira producen a u n visitante
que las contem pla desde las aristas más afiladas de su sensibilidad de pintor, suscita
la curiosidad de otras personas. Algo nuevo les deja absortos. Casi es u n descubri­
m iento como el de Sautuola. Pero esta vez el p intor sorprendido se llama M athias Goe ritz. Y él charla con otros circunstantes en Santillana. Y el coloquio llega a Santander
donde es escuchado por el Excmo. Sr. Joaquín Reguera Sevilla quien, entre otras aten­
ciones, que dedica a los que en Santillana conversan, les proporciona u n altavoz: las
publicaciones de la E. de A. En ellas está el pensam iento de la escuela: la necesidad
de que sean reconocidas las formas del arte, independientem ente de aquéllas que p o r su
significación ambigua lo desfigurasen. Éste es un im portante asunto. Mucho más im ­
portante de lo que sé, cree; mas el vulgo no lo aprecia así porque toda la im portancia
se la concede a los problemas personales y perentorios de cada día, agobiado por ellos
y no soporta más preocupaciones o no siente la necesidad de hacerles hueco. La E. de
A- en su ambición vital, quisiera dirigirse, pues, a las personas que, si bien son escasas
aquí o allí, abundan diseminadas por toda la faz de la tierra. A la hora presente hay
una fuerza expansiva que clama por lo universal. Congresos, olimpíadas, b ie n a le s...
Hasta se proyecta llegar a la Luna. Mas la E. de A. no va tan allá; no quisiera vivir
en la Luna. Se contentaría con alcanzar a quienes aun estando en los antípodas terres­
tres hubieran fijado su prim ordial atención en los problemas esenciales del arte. A la
E. de A. le interesa la difusión de sus ideas como medio de condensar un m undo
ideológico disgregado. Ello supondría, insisto, el descubrimiento de otro nuevo mundo.
Pero a la E. de A. no le im porta u n bledo hacer prosélitos, lo que parecerá m entira,
tan acostumbrados como estamos a que ocurra todo lo contrario en otras ideologías.
En la E. de A. no cuenta el núm ero de sus componentes sino su cohesión y su afinidad
más auténtica. Los convencidos que la constituyen h abrían de empezar p or estar con­
vencidos de que hay discrepancias que unen y afinidades que separan. La am plitud y
al mismo tiem po la rígida lim itación de la E. de A. se presenta clara y urgente, ante
la caótica interpretación del arte contem poráneo por p arte de públicos y críticos que
volatilizan devociones y vocaciones.
Una bienal es u n ejemplo en el que se pretende m ostrar todo el repertorio plástico
correspondiente al día. A la vista está la de Madrid que presenta u n am plio panoram a,
aun con un exceso de lastre retrospectivo.
Si se piensa que la razón de ser de cualquier forma es la de su adecuación a u n servi­
cio bien determ inado, una p in tu ra o una escultura de 1951 tendrá su razón de ser si
llena el vacío que la m odalidad vital de nuestra época, y no de otra le señala.

38

�El hecho de que todavía haya quien se figure la E. de A. como una especie de aqadem ia donde se enseñe a dib u jar copiando los animales de las cuevas y el que tampoco
falte quien, haciéndosele los dedos huéspedes, o quizá con malicia perversa insinúe la
sospecha de que aquí hay gato encerrado, exige insitir, a la luz pública, en lo que la
E. de A. consiste. En fin, lo de siempre.
La E. de A. no tendría que confundirse con u n grupo; no es eso que vino ocasionando
tanto “ismo porque no hay grupos cuyos elementos se hallen dispersos en el espacio,
y porque el caso de esta escuela corresponde al atractivo que llevan consigo las posibi­
lidades de contacto instantáneo, o poco menos, de lo más distante; y lo que requiere
es que lo que se encuentre en los antípodas del planeta pueda decirse que verdade­
ram ente se encuentra. Ya no es tiem po de esparcimientos folklóricos y, p o r lo mismo,
debemos conservarlos como oro en paño. En otro aspecto, el advertir en el arte de
otras épocas un insuperable valor de calidad, conduce a determ inadas reflexiones.
Las necesidades de todos no son las de uno. El altamirense necesita, en prim er lugar,
que la mera im presión de lo que ve le justifique toda razón de existencia; y de no ser
así, nada de lo palpable se le presentará con verdadera razón de ser. Su unión con
las cosas, trátese de u n jarro o de una m ujer, nunca será la n atural si se basa en prim er
lugar o exclusivamente en razones de conveniencia práctica. Un altamirense es m ucho
más naturalista de lo que se le cree. Para unirse a las cosas como Dios m anda precisa la
obediencia a un instinto prim ordial p o r el que se le transfiguran en formas superiores.
Y ese instinto, que es lo prim ero que se le im pone, no lo tienen ciertam ente todos los
hombres. Lo que llegue a saber luego por las reflexiones sucesivas a la im presión que
le conmueve, no puede estar en contradicción con aquel instinto prim ordial sino en
el caso de que por curiosidad o conveniencia lo anteponga a él. Por eso, el que los
hombres que carecen de ese instinto hayan venido explicando el arte, h a sido muy
perturbador. Su típica opinión tardía autorizando la degustación del fruto cuando ya
tiene gusanos ha hecho mucho daño. En el altamirense es precepto descubrirlo en sa­
zón, o en agraz, antes que podrido. El m al arranca del criterio de la mayoría ense­
ñoreada en las minorías dirigentes. Esos profesores, esos críticos, esos arq u itecto s.. .
¡Ah!, esos arquitectos que se denuncian a sí mismos, tanto cuando emplean p in tu ra o
escultura sin discernir su calidad ni su razón de ser como cuando prescinden de ellas.
Bailan al son que les tocan y de ahí, precisamente, su arquitectura sin ton n i son; sin
razón de ser, o sin calidad o sin una cosa ni otra; en una palabra: sin raíz. Porque,
tan alegremente nunca se fué a p a rar a funcionalismos, ni organicismos, ni tampoco a
Felipe II.
Siempre los acontecimientos, las ideas o las costumbres, ya fueran de u n orden m e­

39

�nudo o gigantesco, engendraron en la imaginación hum ana las formas del arte; y éstas,
a veces, en la congénita audacia con que pueden producirse, son fugacísimas o em ­
brionarias. Es por lo que el altamirense avizora lo prem aturo con atrevimientos; porque
prefiere quemarse vivo que acabar por rendirse sin haberse despertado. La m armota
o el cuco caen en la red de la m ajadería tarde o tem prano, y lo cierto es que el alta­
mirense, sereno en m edio de u n m ar de confusiones y disparates prefiere ser tenido por
insensato. Según se hallan situados algunos observadores, no es extraño que se achaque
insensatez a los altamirenses. A unque la cuestión aquí es de vista y no de puntos de
vista y lo razonable es que no sea el miope quien dirija al que más ve. T a n sólo el
vidente puede señalar al ciego.
Lo prim ero que hizo el hom bre de A ltam ira fué ver, es decir, imaginarse el bisonte
efectivo que tenía delante como una obra de arte. El que la reconociese o no como tal
es lo de menos. Luego, a través de aquella configuración viviente y real que se le
apareció con toda su razón de ser, vió más. Fué entonces, es decir, después, sobre la
imagen im presionante tal vez no realizada aún, cuando se le ocurrió servirse del bisonte
verdadero, utilizándolo para lo que fuese o venerarlo. Al altam irense de hoy, al de
la Escuela, si ve un simple jarro le sucede lo mismo. Sin embargo, los no altamirenses
se han em peñado en que u n jarro no sirve más que para verter agua. Para el alta­
mirense, el jarro en virtud de arte, como la m ujer en v irtu d de amor, es más que un
utensilio. El altam irense no puede verse privado de sentirse ju n to a lo que le resulte
adorable. Y no renunciará al m andato de su instinto sino a costa de su propia razón
de ser que en todo se le refleja. E ncontrará el insuperable valor de calidad que
descubre en tantas obras del pasado apeteciéndolo en el presente al situarse donde se
le antoje pero sin poder abandonar la presencia de lo que con él convive. Así es como
la charca más infecta, desde lo alto, puede ser una delicia, una verdadera herm osura.
Y aquí está la diferencia del modo de ver entre u n altamirense y un comerciante
de óptica.
Según esto, lo que hay en la Bienal puede clasificarse así; Unas cuantas obras de cali­
dad, pero sin razón de ser; otras tantas con razón de ser pero sin calidad; algunas con
cajidad y sin razón de ser; y muchas que no tienen calidad ni razón de ser.
No puedo p o r m enor de decir, entre paréntesis, que cuando veo una p in tu ra o una
escultura desde la E. de A. se me im pone p o r encima de todo su razón de ser. Y que
cuando la veo desde fuera lo que me subyuga es su calidad.
Y dentro de este paréntesis no puedo por menos de insertar este otro: La razón de
ser sin calidad que en los comienzos del período contem poráneo pudo fascinar y hasta
asum ir el valor total p o r sí misma, empieza a hacerse insoportable hasta el punto de

40

�revelarse como un simple soporte sin contenido que apenas tiene ya, en la inmensa
producción del día, razón de ser. Aquí está el neoacademismo abstracto que no es ente­
ram ente igual que ciertas formas que con él pudieran confundirse. Me refiero a algu­
nas que se mezclan a veces con las que generalmente se encuentran en m edio de la
calle. Por últim o un tercer paréntesis, que aclarará el anterior. La h uida del neoaca­
demismo abstracto lleva consigo, no obstante, el riesgo de una caída m ortal: en el
“porque sí’’, en la caprichosa incongruencia sin razón de ser; en el mimetismo decorativista; tipo de basura cuya pestilencia, disfrutada como perfume, se ha extendido p o r
m i querido M adrid muchísimo más que en otros sitios; padre —o mala m adre— de tanto
edificio, jardinillo, escaparate, etc., que, con llamativa suntuosidad hace ab rir la boca
a todo el m undo, aunque no precisamente para botezar porque la unanim idad de la
mueca abarca el asombro de unos y las náuseas de otros. La falta de refugio con cier­
tas seguridades para los asqueados crea una situación dramática. Urge la genialidad
que salve la situación y hay que descubrirla: razón de ser de la E. de A.
El tejido adiposo y el cam inar a tientas son las características de los grandes certámenes.
Y, sin embargo, éstos ofrecen ocasión para las mejores consecuencias. Por ello, la
E. de A. se congratula de que la Bienal de M adrid perm ita abarcar gran horizonte.
Porque la E. de A. pretende que se verifique la conexión de cuantos en su navegar
plástico han elegido pasaje de proa, sin apoyos en babor o estribor, lo que supondría
echar por la borda la directriz de u n rum bo francamente rectilíneo; es decir: irse a
pique. En este sentido la Bienal y la E. de A. tienden a los mismos resultados. Pero,
en tanto que una bienal es u n espectáculo dedicado a la m u ltitud, la E. de A. invita
a un examen de cuestiones en u n terreno menos bullicioso.
Las circunstancia en que se halla la E. de A. en contraste con cualquier manifestación
de gran aparato —de las que, como el fútbol encandilan a las gentes— reclaman una
actitud austera, paciente y esperanzada. La E. de A. debe perm anecer en estado latente
para estar bien dispuesta al aprovechamiento de los esplendores que en cualquier oca­
sión pudieran brindársele. En este año llegó la hora de apretarse el cinturón..
Por mi parte, si la E. de A. no pudiera brillar con una luz mecánica que la difundiese
dignam ente o si por intromisiones se me hubiera desdibujado su perfil inicial, me re­
signaría a sentirm e en ella, incluso como antes de s.u existencia pública; la viviría
íntim am ente y reducida al saludable desahogo de un cambio de impresiones de vez en
cuando con amigos muy contados y queridos.
A ngel F errant
M adrid, noviembre de 1951.

41

�CONCURSO INTERNACIONAL DE
ESCULTURA
"EL PRISIONERO POLÍTICO DESCONOCIDO"

Organizado y dirigido por
El Instituto de Artes Contemporáneas
17 Dover Street, Londres wi, Inglaterra
£ 11.500 DE PREMIOS EN EFECTIVO
La Escultura es el arte en que los grandes temas han sido tradicionalm ente expresa­
dos, y las naciones siempre han escogido este arte para consagrar sus más altas aspi­
raciones o para conmemorar sus recuerdos más enorgullecedores. En la creencia de
que nuestra edad m oderna posee temas que merecen esta m onum ental celebración,
y que los escultores modernos han demostrado ser capaces de enfrentarse con tal
desafío, se ha planeado u n concurso sobre las siguientes líneas comprensivas.
Se ha escogido un tema, porque es inherente un tema a toda idea de la escultura
conmemorativa. No obstante, un tema no es ninguna limitación en el estilo, y los
organizadores desean recalcar que el trato del tema en forma simbólica o no-repre­
sentativa recibirá la misma consideración que un trato más naturalístico.
Los organizadores desean recalcar, además, que el concurso es internacional en su
alcance, y que en su parecer el tema deberá ser contem plado como uno de significado
universal. No se excluye del concurso ningún artista sea cual fuere su nacionalidad,
y el tema deberá contemplarse como uno del significado hum ano más amplio. Al
escoger como tema EL PRISIONERO PO LÍTICO DESCONOCIDO, h an sido guiados
p o r un deseo de conmemorar todos aquellos hombres y mujeres desconocidos que en
nuestros tiempos han dado sus vidas o sus libertades p or la causa de la libertad
hum ana. La escultura que ganase el Gran Prem io será erigida en algún lugar de
im portancia internacional, tal como en un sitio prom inente en alguna de las grandes
capitales del m undo. T al lugar solamente podrá determ inarse después que se haya
adjudicado el premio, y de acuerdo con el estilo adoptado p or el escultor, pero el
m onum ento debe concebirse como una unidad libre e independiente de cualquier fondo
arquitectónico.

42

�Comité Central para el Concurso
Director de Planeam iento, ica
Presidente, ica
Tesorero Honorario E. c. gregory Tesorero Hon., ica
ROLAND PENROSE Vice-Presidente, ica
SIR JOHN ROTHENSTEIN (Director de la Galería T ate, Londres)
Consejo Asesor, ica
HENRY MOORE (Escultor) Consejo Asesor, ica
Presidente a . J. T. kloman

herbert reab

£ 11.500 DE PREMIOS EN EFECTIVO, PAGADEROS
EN CUALQUIER MONEDA

4 Premios de £ 1.000
(De estos 4 ganadores se escogerá el ganador del Gran Premio)

Gran Premio, £ 3.500
E l ganador del Gran Premio recibirá un total de £ 4.525

8 Menciones Honorables, £ 250
80 Participantes aceptados, £ 25
El equivalente de estos premios será abonado en cualquier moneda que el ganador
deseare, según acuerdo especial con las autoridades competentes.

CONDICIONES DEL CONCURSO
1 TEMA - EL PRISIONERO POLÍTICO DESCONOCIDO
Este tema ha sido escogido p o r ser uno de interés universal y actual, y porque se ha
considerado necesario tener un tema como p u n to de partida. El tema, sin embargo,
ha sido escogido sin ninguna intención de lim itar en forma alguna el tipo o estilo
del trabajo que podrá ser presentado. Todas las formas de expresión en la escultura,
ya sean realistas, simbólicas, expresionistas, o abstractas, serán juzgadas sobre sus
propios méritos.
2 JURADO
El Jurado de 9 personas será compuesto en la siguiente forma: u n británico, una
de la Comunidad de Naciones, u n asiático, un francés, u n alemán, un italiano, un
norteamericano, un sudamericano y u n ruso. El Jurado tendrá el derecho de
solicitar la ayuda técnica que considere necesaria, p ara facilitarle la tarea de
formación de sus pronunciamientos.
Asia
Gran Bretaña

M ulk R a j A nand , Editor del Marg, Bombay
H erbert R ead , Presidente del Instituto de Artes Contem ­

poráneas

43

�Comunidad

de

Naciones
Británicas
Francia
Alemania
Italia

Norteamérica
América del Sud
Rusia

Señora R. G. Casey, esposa del Ministro Australiano de
Relaciones Exteriores
George Salles, Director de los Museos Nacionales de
Francia
W ill Grohmann, Profesor y Critico Artístico del Neue
Zeitung
G iulio Carlo A rgan, Profesor e Inspector Central de
Bellas Artes, Italia
J ames J ohnson Sweeney, Crítico Artístico y E x Director
del Museo de A rte M oderno, Nueva York
J orge R omero Brest, Profesor y Editor de Ver y E stimar.
Vladimir Kemenov, Profesor y M iembro corresponsal de
la Academia de Ciencias, Moscú

3 JUZGAMIENTO DE LOS PROYECTOS
La selección prelim inar de los proyectos podrá ser efectuada en los centros de recep­
ción en cada distrito, bajo la supervisión de los delegados nombrados p o r el Comité
C entral y los Jueces.
4 EXPOSICIÓN DE LOS PROYECTOS
Se escogerá un total de 80 proyectos para la exposición en Londres. El escultor de
cada una de las participaciones aceptadas recibirá £ 25. De estas 80 esculturas p a rti­
cipantes, se escogerán 4 esculturas que recibirán premios, cada una de las cuales por
la suma de £ 1.000. H abrán además, 8 Menciones Honorables, cada una correspon­
diéndole un prem io de £ 250.
5 GRAN PREMIO
Posteriormente a la selección p or el Jurado, a los 4 escultores ganadores de los premios
les será dado u n plazo p ara ejecutar sus esculturas en una escala mayor, y de éstas
cuatro el Jurado escogerá en últim o término, el ganador del Gran Premio, quien
recibirá una suma adicional de £ 3.500.
6 DISPOSICIÓN DE LA ESCULTURA GANADORA DEL PREMIO

Se entiende que la escultura ganadora del G ran Prem io se convertirá en la propiedad
del Instituto de Artes Contemporáneas de Londres, y será erigida en algún lugar de
im portancia m undial, a ser determ inado después de que haya sido adjudicado el p re­
mio y de acuerdo con el estilo por el Escultor.

44

�miscelánea

• Físicos nucleares actúan como arqueólogos. Algunos investigadores del
átomo pertenecientes al Instituto de Física Nuclear de la Universidad
de Chicago se ocupan actualmente de una tarea marginal de mucho inte­
rés, pues tratan de determinar las fechas en que se produjeron determi­
nados sucesos de la prehistoria centroamericana. Se sirven para ello del
isótopo radioactivo del carbono C 14, de un elemento que se distingue
del carbono común por ciertas propiedades físicas, siendo la más impor­
tante de ellas su irradiación radioactiva. Cada 5000 átomos del carbono
común, corresponden a un átomo del C 14. Éste se genera en los estratos
superiores de la atmósfera, partiendo del nitrógeno, que se descompone
bajo el impacto de ciertos rayos cósmicos. Plantas y animales absorben el
isótopo conjuntamente con el dióxido de carbono del aire y lo vuelven
a exhalar. Al morir, este intercambio encuentra su fin y el C 14 rema­
nente en estos seres comienza a descomponerse. Ahora bien, como se
conoce con exactitud su velocidad de descomposición (cada cantidad de
C 14 se descompone por la mitad dentro de 5100 años), se puede deter­
minar con cierta precisión de los remanentes del isótopo en qué época
vivió una planta o un animal dentro de 1000 a 30.000 años.
En los yacimientos arqueológicos más importantes de Centroamérica se
coleccionaron trozos de madera, fósiles de plantas y carbón de leña para
determinar su contenido en C 14 y a través de ellos su edad.
Una de las cuestiones más importantes que se han de resolver por este
camino es la determinación del período en que vivió el hombre de Tepexpan (“homo tepexpanis”), cuyos restos encontró T erra en 1947,
uno de los investigadores del Viking Foundation, en el fondo de un lago
prehistórico. Las investigaciones del químico W. F. L ibby permitirán
la determinación bastante exacta de su edad.
Otras muestras de maderas y carbón de leña pertenecen a la región de las
Pirámides del Sol y de la Luna, en las cercanías de la Ciudad de México.

45

�Estas pirámides se habían construido mucho antes de que los aztecas
poblaran la región (cerca del año 1000 a. C .), perteneciendo a uno de
los solares culturales más eminentes de Centroamérica.
Una tercera cuestión, no resuelta hasta ahora, era la edad de la ciudad
templaría de Monte Alban. Estas ruinas históricas se hicieron muy cono­
cidas por el gran tesoro de oro hallado allí hacia el año treinta. Los zapotecas, antecesores de los aztecas, se retiraron de esa comarca alrededor
del 1100 A. C. De su cultura no se sabe mucho más que habían desarro­
llado una escritura jeroglífica primitiva y que poseían determinados
cálculos astronómicos y un calendario.
9 Resulta m uy interesante que en recientes remates de obras de arte en Alemania la
demanda de obras gráficas h a sido mucho mayor que la de óleos. Al lado de nombres
m uy seguros como Barlach, Braque, Chagall, Klee, Kollwitz, Nolde y P icasso rep u n ­
taron tam bién Corinth, Schmidt-R ottluff y Slevoght. L a creciente dem anda de
T oulouse-Lautrec persiste. L a litografía en color Muchacha enferma de E dvard M unch
obtuvo un precio de DM 5350, lo mismo que por el grabado Dr. Ephraim Bonus de
R embrandt.
© El famoso A ltar de G ante de los hermanos van E yck, que durante los últim os meses
de la pasada guerra estuviera guardado en una caverna en Tirol, parece haber sufrido
por las condiciones atmosféricas de su refugio subterráneo. Actualm ente está siendo
examinado por expertos en Bruselas que tienen la intención de restaurarlo. Una de
sus cuatro alas, que antes se hallaba en el Kaiser Friedrich Museum de Berlín, ha sido
robado de la Catedral de San Bavón sin que se lo haya podido localizar hasta la fecha.

• Desde hace meses se discute en Francia si algunos de los edificios Style
1900 deben ser puestos bajo protección como monumentos históricos. Pa­
rece que ahora existe más favorecedores de tal iniciativa. Este estilo, co­
nocido en Alemania bajo el nombre Jugendstil, en Austria como el Sezessionsstil es apodado por los franceses como style de nouille o style bouche
du métro. Este último apelativo deriva de las verdes guirnaldas de hierro
forjado que rodean las entradas de las más antiguas estaciones del subte­
rráneo parisiense. Desdeñado durante muchos lustros, ahora, bajo la pers­
pectiva impuesta por medio siglo de distanciamiento, se considera a este
estilo como definitorio de toda una época. Sus objetos de las artes aplica­
das, como los vasos de G allé y L alique son hoy ya codiciadas piezas para
coleccionistas. A favor de la iniciativa mencionada se pronunciaron entre
otros L e Corbusier, R oux-Spitz y A uguste P erret, quien sin embargo
hablaba sardónicamente de monuments hystériques.

46

�• Nos llegan noticias de la última exposición realizada en París por
ángeles O rtiz, gracias a la gentileza de M ercedes G uillen . “Án­
geles Ortiz pinta con sentimiento y atuendo. Sin esa frialdad que casi
siempre es limitación. Pinta en un bien hacer de emoción y recuerdos.
Pinta y sueña sus pinturas. A veces, los motivos se escapan muy lejos y,
entonces, las techumbres y chimeneas parisienses se le convierten en un
paisaje bizantino que Ángeles Ortiz lleva profundamente escondido en su
alma de andaluz auténtico. En telas anteriores vemos botellas de dorada
manzanilla a las que se han incorporado personajes de campo de concen­
tración. Sus últicas cosas —así como las cerámicas expuestas— están hechas
en Vallauris donde Manolo trabaja en estrecha camaradería con P icasso, su
gran amigo de siempre. En estas telas, se diría que abandona su calma
ritual. Destruye, busca planos, lineas, emplea colores puros, planos, com­
pone y descompone con el intenso afán de llegar al por qué de los seres
y cosas. Y, en efecto, así obtiene esa afirmación categórica de su arte.”
M anolo

© La Biennale di Venezia anuncia para la exposición que se inaugurará este año cua­
tro salones dedicado a grandes pintores italianos: Felice Casorati, M ario Sironi, O ttone
R osai y al escultor Marino M arine Además h arán exposición individual cinco pintores
y cuatro escultores de la generación interm edia: R enato B irolli, Bruno Casinari.
R enato Gutusso, Bruno Saetí, Atanasio Soldati —pintores— Agenore F abbri, U m berto Mastrojanni, L uciano M inguzzi y A lberto V iani —escultores.
• El Congreso de Estudios Clásicos, que hace algún tiempo tuvo lugar en París, se
ocupó tam bién de la refijación de las fechas en que presum iblem ente se crearon famo­
sas obras de arte helénicas. El Laocoonte —hoy en el Vaticano— “envejeció” en el curso
de la investigación histórica del arte. Antes se consideraba que su creación coincidía
con el reinado del em perador T ito (79-81 a. C.), luego se lo atribuyó al año 50 a. C.
Ahora se convino que pertenece al barroco helenístico, es decir, que tiene su hora de
origen no más allá del año 100 a. C. La Venus de M ilo (Louvre) en cambio rejuvenece
cada vez más. Por mucho tiempo se la consideraba como obra del siglo II a. C.; hoy
en cambio se la atribuye al siglo I.
© Hace algún tiempo se realizó en H am burgo la Semana de la técnica. El arquitecto
R udolph Lodders pronunció una conferencia sobre Arquitectura y técnica de la que
son interesantes los siguientes conceptos: “La palabra técnica ha perdido su significado

47

�original; se ha producido un cisma etimológico entre arquitectura y técnica. Ambas
sin embargo no pueden sobrevivir separadamente. Reconociendo la necesidad de tal
fusión tratan ahora de reunirse nuevamente como el Eros platónico. Solamente las
obras que hasta el gótico hayan surgido de una sim ultánea intuición técnica y artís­
tica pueden pretender el calificativo del estilo. Recién con el Renacim iento, que im ­
plica muchos cambios en los conceptos plásticos, surge el tipo del arquitecto que cono­
cemos hoy día; el autor de iglesias y palacios, de fortificaciones y m áquinas bélicas y
a quien se agrega evolutivamente a través de las universidades el nuevo tipo del in ­
geniero.”
# N o s llega la noticia, con b a sta n te atraso, de que el p in to r m exica n o R u fin o T am ayo , desautorizó
en su m o m en to la in c lu sió n de su s cuadros en la E x p o sic ió n B ien a l de M adrid, realizada hace
a lgunos m eses. “S i es que alg u n a o a lgunas de m is obras — escribió e n el diario Excelsior de
M éxico — v a n a ser p resentadas, m e in te resa aclarar que ellas seg u ra m en te h a n sido obtenidas
de colecciones p a rticu la res, sobre las que yo no puedo tem er n in g ú n control.”

• Acaban de publicarse en un volum en los textos y conferencias de la Segunda Se­
mana de A rte en Santillana del Mar, reunión organizada p or la Escuela de Altam ira
que tuvo lugar en la semana del 20 al 26 de setiembre de 1950. Lo más im portante
fué la discusión en torno al superrealismo pictórico (ponencia de Sebastián G asch) ,
el arte absoluto y sus límites (id. de Alberto Sartoris) y el arte social (id. de E duardo
W esterdahl) , de la que resultaron las siguientes conclusiones, expuestas p or J uan
T eixidor: 1 / La Escuela de A ltam ira no se adhiere a los postulados teóricovitales del
superrealismo, pero reconoce que h a contribuido am pliam ente a plantear el problem a
de la libertad de creación en el arte. 2 / Esta libertad ha enriquecido el ám bito vital
y expresivo del arte, facilitando la investigación de ciertos enigmas de lo desconocido.
3 / Al arte absoluto, p or hallarse todavía en pleno desarrollo, no le reconocemos, p o r
ahora, ningún límite. 4 / Para que ese desarrollo pueda verificarse totalm ente, subraya­
mos el hecho de que el arte absoluto debe en trar en u n período de selección, para
no ser diluido en el academismo de sus simuladores. 5 / No creemos en la existencia
del arte social; creemos en la realidad del hecho social en el arte. 6 / El hecho
social en el arte es un hecho natural. La finalidad propagandística responde a una
alteración de su naturaleza que corrompe sus valores específicos.
O En R ío de Janeiro se acaba de inaugurar el Museo de A rte Moderno, instalado
provisoriamente en la planta baja del Ministerio de Educación, con la exposición de
las obras premiadas en la Bienal de San Pablo.
• Acusamos recibo de una carpeta de grabados que acaba de editar el Centro de
Arte Puertoriqueño. Son linóleos, una xilografía y una serigrafía, que revelan un
evidente dominio de los medios técnicos. Todavía se los ve presos de la temática
trágica, característica de la región, pero prontam ente comprenderán que los caminos
del arte actual exigen una mayor concisión.

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                <text>Sarfatti, Margarita G.&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Gullón, Ricardo&#13;
Gasch, Sebastián&#13;
Ferrant, Ángel&#13;
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                    <text>Ver y
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�PRIMERA BIENAL DE

Por primera vez en América latina se realiza un certamen internacional
de artes plásticas, en la ciudad brasileña de San Pablo, exhibiéndose más
de mil quinientas obras de pintura y escultura, y un centenar de proyectos
y maquettes de arquitectura. El hecho asume una importancia extraordi­
naria. Levantar un edificio, organizarlo para que funcionen los pabello­
nes de veinte países, no es tarea fácil, pero más difícil que solucionar los
problemas materiales es obtener el apoyo de gobiernos e instituciones
que con alguna razón suelen desconfiar de las iniciativas americanas.
Para tener éxito en empresa semejante es menester energía, tenacidad,
inteligencia, sensibilidad, tolerancia, sobre todo fe —la que se tiene y la
que se inspira. Y bien, los dirigentes del Museo de Arte Moderno de San
Pablo: F rancisco M atarazzo Sobrinhu y L ourival Gómez M achado,
así como sus esforzados colaboradores, han logrado realizar lo que hasta
hace unos meses parecía imposible. América es así, y aunque más de una
vez esta manera de trabajar a impulsos, a puro corazón y a pura vitali­
dad, no debe ser alentada porque impide obtener frutos en esa verdade­
ra sazón que proporciona el tiempo debido en el crecimiento, sea por esta
vez ensalzada, ya que eran tantos los obstáculos que debían ser superados
como para que un reflexivo se echara atrás. Nadie piensa en San Pablo,
por otra parte, que se ha logrado la perfección. Todos, con loable mo­
destia, destacan el carácter de experiencia de esta Primera Bienal y se
proponen aprovecharla como dóciles discípulos. Por estas razones, a las
que se agrega la tradicional cortesía de los brasileños, han logrado algo
todavía más difícil: la creación de un clima de comprensión altamente
simpático.

1

�Sobre una de las más hermosas avenidas de San Pablo, aprovechando
apenas los cimientos del viejo Trianón, se ha construido febrilmente el
gran edificio que aloja la Bienal. Estilo severo y moderno, cómodo, fun­
cional, como corresponde al carácter de la exposición. Una pequeña
escalinata conduce a una gran terraza y a la planta principal, en la
que se encuentran las secciones correspondientes a los países europeos:
Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, Bélgica, Holanda, Suiza, tres países
americanos: Uruguay, Chile y Estados Unidos, y las salas reservadas a
ios artistas brasileños especialmente invitados. En la planta inferior se
dispone el conjunto muy numeroso de pintura y escultura brasileñas
y de otros países americanos: Cuba, Bolivia, Canadá, República Domi­
nicana, Haití; además, Portugal, Austria, Japón, los envíos espontáneos
y la gran sala dedicada a la arquitectura. En resumen, una exposición
que exige muchas horas, varios días, a quienquiera visitarla detenida­
mente. ¡Ojalá puedan hacerlo los artistas y los aficionados de toda
América! Encontrarán el modo de fraternizar en un clima de emocio­
nes universales.
Al instituir una exposición internacional periódica de artes plásticas, el
Museo de Arte Moderno de San Pablo se propone ofrecer, mediante
una selección de obras de artistas nacionales y extranjeros, una visión
de conjunto de las más significativas tendencias del arte moderno; ade­
más, realizar una Exposición Internacional de Arquitectura y un Festi­
val Internacional del Cine, amén de concursos especiales, este año de
composición musical y de cerámica. El reglamento es extremadamente
liberal, como debe ser: establece una absoluta paridad entre naciona­
les y extranjeros en lo que se refiere a los premios y considera como
nacionales a los extranjeros que tienen una residencia de dos años en
Brasil. Los premios son numerosos e importantes —llegan hasta la suma
de dos millones de cruceiros— todos ellos donados por instituciones pri­
vadas, lo que constituye también un índice del elevado grado de cul­
tura alcanzado en aquel país.
,
El Jurado encargado de otorgar los premios estaba constituido por
representantes de los principales países expositores: J acques L asaigne
(Francia), M arco Valsecchi (Italia), Eric N ewton (Inglaterra),
E mile L angui (Bélgica), J an Van A s (Holanda); W olfgang P feiffer
(Alemania), R ene D’harnoncourt (Estados Unidos); por un crítico

2

�brasileño: Sergio M illiet, un representante de los artistas expositores:
T omás Santa R osa, y J orge R omero B rest, bajo la presidencia de
L ourival G ómez M achado, director del Museo.

Como formé parte del Jurado no - puedo abrir opinión sobre los pre­
mios. Me limitaré a ofrecer mis juicios con total independencia y a in­
formar, de acuerdo con la declaración que formuló aquél, sobre el cri­
terio con que fueron discernidos: “El Jurado Internacional de la I Bienal
saluda a los grandes maestros extranjeros y brasileños cuya generosa par­
ticipación tan ampliamente ha contribuido al éxito de la Primera Expo­
sición Bienal de San Pablo. Espera que en las exposiciones siguientes
se continúe rindiendo este homenaje a los que han sido pioneros del
arte moderno. En la distribución de los premios el Jurado se ha esforzado
por consagrar los esfuerzos nuevos y sinceros”.
2
La nutrida representación francesa incluye algunas figuras magistrales:
P ablo P icasso, con tres telas menos espectaculares de lo que desea el
público ávido de sorpresas, pero de excelente calidad inventiva en esa
línea infrarrealista de la que no se aparta después de Guernica; Fernand
L éger, a quien le falta para imponerse alguna de sus telas definitivas,
ya que las expuestas, sobre todo las de 1947 y 1948, dejan un regusto de
insatisfacción por la falta de densidad de las formas y un cierto aire de
ligereza ilustrativa que no lo favorece; G eorges R ouault, con seis
estampas del Miserere, una de las obras fundamentales del pintor; J acques V illon, con siete grabados, desde 1909 hasta 1939, firmes, claros,
de factura neta, con esa calidad de vibración sentimental que hace re­
cordar siempre que pertenece a una generación cumplida. También re­
sulta interesante el conjunto de telas de A lbert G leizes, teórico del
cubismo dinámico en su hora, aunque se trata de obras de valor más
bien documental. Y al lado de ellos los cuadros de Séraphine L ouise
(1864-1934), esa genial ingenua que rellenaba las telas con flores, ajena
a todo principio de composición, sin volcar su intimidad en delicues­
cencias tonales, creando con segura intuición formas que sorprenden por
su concreción, por la trabazón lógica de las estructuras, por la firmeza del

3

�color y por los ritmos en arabesco que parecen responder a un pesado
movimiento del alma.
Entre los más jóvenes se destaca netamente J ean Bazaine, sobre todo
con una tela de 1951, en la que se ve cómo avanza hacia la contención
formal y cómo limpia su pintura de adherencias y vibraciones román­
ticas, planteándose ahora más directamente el problema de la expresión
espacial. Ya en su exposición de este año en la Galería Maeght de París
se pudo observar ese cambio, pero en esta gran tela que presumo pos­
terior es más evidente: los signos son más significativos y gracias a la so­
lidez que poseen se proyectan en una dimensión más profunda. Es de
lamentar que no haya expuesto al lado suyo A lfred M anessier,
pues también en la pintura de él se advierte una mutación similar hacia
formas contenidas y sólidas. En una línea más romántica pero de gran
unidad de concepción se hallan los tres cuadros de R aoul U bac, fino
epíeono de Bazaine y Manessier que extrema los medios colorísticos —el
color es solamente tono— para obtener una gradación misteriosa de planos
transparentes. La tela de 1951 es particularmente feliz: se diría que con
Ubac se renueva la tradición de refinamiento sensible llevado al máximo
que durante muchos lustros sostuvo en Francia G eorges Braque.
Telas recientes representan a André M asson —salvo una de 1935, la
mejor—en las que se lo ve vacilante. Se explican esas vacilaciones, que lo
conducen inconscientemente sin duda a composiciones anárquicas en las
que no faltan toques impresionistas, porque al abandonar el superrea­
lismo, para aprovechar quizás ese estado de disponibilidad de que hablara
Bretón, queda nuevamente preso de su subjetividad, sin que le mueva
ninguna búsqueda de estilo. Diferente es el caso de André B eaudin,
cuya tela de 1949: Las dos claraboyas, lo señalan en un momento alto de
su carrera. Loera en ella, en efecto, una absoluta unidad de línea y color,
y aunque no independiza el plano, como los cubistas, ni lo enriquece en
dimensión, forma y posición, como M atisse, a quien tanto debe, lo
ajusta de acuerdo a una rigurosa geometría sensible y crea ritmos de ex­
traordinaria pureza que penetran el espacio sin perder por ello fuerza
carnal. Beaudin hace pintura que se paladea lentamente; los que bus­
can expresiones delicadas y al mismo tiempo intensas tienen en la pared
que presenta una de las notas importantes de la pintura francesa con­
temporánea.

4

�Los abstractos no están bien representados. Falta H artung y ei grupo
juvenil de la Galería Denise Renée. Falta L éon G ischia, que realiza
las experiencias más interesantes en éste momento. Sólo el veterano
F rank K uppka sostiene el ala izquierda del movimiento con sus pla­
nos de colores puros y G érard Schneider la tendencia abstractoexpresionista —grandes manchas que organizan el espacio virtual de la
tela más con el claroscuro que con el color— pero esta vez las obras son
menos valiosas, acaso porque está foizando la nota cromática.
Luego están los pintores que cultivan un arte de compromiso. No lo digo
sólo por el hecho de que no se decidan entre lo figurativo y lo no figu­
rativo, sino más bien por la falta de una clara voluntad de estilo. Difícil
será no encontrar en ellos algunas nota positiva de sensibilidad, fantasía
e inteligencia, pero la pintura es otra cosa a mi juicio. Sólo E douard
P ignon, afortunadamente menos sumergido en la pesadilla del realismo
socialista, y O scar D omínguez, quien explota recursos inventados
otrora por B raque infundiéndoles un medido espíritu superrealista,
merecen ser destacados. En cuanto a R oger C hastel, una sola de
sus telas tiene valor —Enamorados en el café— valor de buen gusto y de
sugestión, no de profundidad de ideas.
En la sección escultura sobresalen las piezas de A lberto G iacometti, especialmente Cuatro figuras sobre pedestal y Hombre que ca­
mina. No obstante, se halla en un callejón sin salida, porque pretende
conservar ciertos valores de sensibilidad que se unen inevitablemente a
la materia, al mismo tiempo que seducido por las concepciones dinámicoespaciales modernas trata de destruir la materia para obtener formas
absolutamente espirituales: el resultado no puede ser sino híbrido, la­
mentándose la ausencia del volumen pleno y la insuficiencia del signo
espacial. También G ermaine R ichier y R obert Couturier son pasibles
de este reproche, aunque se mantienen en el campo de la escultura de
bulto. La primera es más fuerte, modela con precisión, logra superficies
de gran valor emotivo, pero no hay expresión de ideas en sus formas.
De las tres piezas que envía el segundo sólo una —Joven lameliforme—
tiene calidad, pero no logra la unidad entre materia y espacio que se
le ve buscar.
Los grabados de H enri-Georges Adam constituyen otro de los pun­
tos altos de la representación francesa, más francos y de construcción más
5

�neta, mejor definidos como estilo que los de VieillarD, también
excelentes en lo que se refiere al oficio. Finalmente, destaco un paisaje
de D unoyer de Segonzac, una obra maestra del grabado neorromántico.
3
En orden de importancia sigue Italia, que ha querido rendir homenaje a
algunos maestros del Novecento. Un buen conjunto de telas de
C arlo C arra, en las que tanto se admira la precisión del oficio como
se deplora la impotencia para comunicar un mensaje que proceda de la
realidad: pintura anacrónica, de resonancia romántica, a la que se saluda
con gesto apreciativo pero sin comprometerse. Otro conjunto de M assimo Campigli, en el que se lo ve perseguir infatigablemente la
misma expresión, aunque varíen los temas y hasta las gamas, debilitán­
dose cada vez más porque ya no responde a una incitación viva del espí­
ritu. F ilippo de P iscis, malabarista del pincel más que del color que
suple con recursos de sensibilidad quintaesenciada, verdaderamente ex­
traordinaria, la incapacidad de hacer la pintura clara y sólida a que as­
piramos. Las figuras y paisajes de Virgilio G uidi, en ascenso con
respecto a su obra anterior, irremisiblemente sumergidos en una atmós­
fera de solicitaciones individuales. Y el magnífico G iorgio M orandi, que también se repite sin duda —botellas, copas, vasos y tazaspero en cuyas telas por lo menos se advierte la profundización, el refi­
namiento, la modulación de una idea que sigue siendo viva para él. Entre
ios escultores, G iacomo M anzú, buen artesano del bronce que a la
zaga de M edardo Rosso infunde ritmos de sentimiento superficiales
a las formas. Y los grabados y telas de L uigi Bartolini, el más in­
quieto pero el que está más preso de una realidad visible que no es
capaz de sugerir, en nuestros días, símbolos de emoción constructores de
la vida que se yive. El espectador siente que se trata de un filón agotado,
que son expresiones ajenas a nuestro sentir, a nuestro querer, a nuestra
necesidad de ser con plenitud actual.
Frente a esos maestros de la pintura de hace treinta años se yergue la
figura recia y viril de A lberto M agnelli. E s el pintor que ha sa­
bido llegar más lejos, entre los latinos, extrayendo del futurismo y del

6

�cubismo ía lección que le ha hecho progresar hacia expresiones más só­
lidas. No es un abstracto ni deja de ser un pintor de cuadros de caba­
llete; conserva los ritmos orgánicos y a través de sus formas, si se quiere
frías, con ese movimiento apenas perceptible que poseen los seres del
mundo vegetal, manifiesta siempre una voluntad de erpresión individual.
Tales son sus limitaciones —tal vez sabias limitaciones que le permiten
continuar aun pintando pintura— pero nadie puede escapar a la suges­
tión material y formal de sus telas, producida por una idea plástica que
se desenvuelve rigurosamente hasta llegar a soluciones definitivas. No
avanza demasiado pero su arte no es de regresión ni de estancamiento;
es un arte que une el pasado con el presente y por ello vive en la potencia
de lo que se anuncia. No vacilo en afirmar que el conjunto de Magnelli
produce la nota pictórica más valiosa de la exposición.
Algunos pintores jóvenes envían telas de valor, pero aun los más osados
sienten todavía el peso de la tradición inmediata y por ello son incapaces
de lanzarse a la creación que los libere y les permita agregar algo a
la formación del lenguaje de nuestro tiempo. Estimo los cuadros de
R enato Birolli, vagamente picassiano y demasiado encerrado en sí
mismo desde hace unos años; los de A fro, productos de un extraño
maridaje entre cubismo y romanticismo; los de E nnio M orlotti,
feliz en el contrapunto que establece entre una caligrafía de gruesos tra­
zos y las manchas que crean un dinámico fondo; los de G iuseppe
Santomasso, preso en la engañosa realidad concreta que le sirve de
punto de partida; los de E milio Vedova, más audaz ahora en sus
combinaciones de trazos dinámicos; los de C orrado Cagli, aunque
no me parece que sus nuevas búsquedas en el campo del cubismo diná­
mico signifiquen un avance con respecto a las telas densas de otro tiempo;
estimo sobre todo las telas de A ntonio C orpora, más por la in­
tención que revelan que por los resultados a que llega. Los estimo porque
advierto una decisión tomada, pero no puedo dejar de señalar también,
con melancolía, que tales expresiones carecen de esa verdadera vitalidad
que permite avanzar hacia un nuevo arte, que tendrá que ser pleno, de­
finitivo, sólido, como son nuestros afanes de superación.
Tampoco dejo de reconocer la sensibilidad y habilidad de P ericle
F azzini, aunque no sean sus piezas últimas las más valiosas, ahora ve­
cinas a la retórica, sino las que hacía un poco primitivamente cuando
7

�tallaba la madera, ó la gracia y agilidad de las cerámicas de Lucio

F ontana, un argentino que vive desde hace años en Italia. O la po­
tencia expresionista de L uciano M inguzzi, cuyo Gato persa es obra

sobresaliente de la exposición. O la sugestión épicorromántica de los
dibujos de R enzo Vespignani, quien va agotando su vena de imagi­
nación trocándola por la simple observación. O la maestría innegable
de G iuseppe Viviani en los grabados. Pero, ¿satisfacen éstos o aqué­
llos mis necesidades espirituales? ¿De qué manera me siento vivir en
esas imágenes, ese sentirse vivir que al mismo tiempo ata el cuerpo y
libera el espíritu? En Italia hay otros hombres que trabajan más a tono
con nuestros deseos —ahí está Berto L ardera, no obstante su falta
de madurez, para probarlo— pero a esta competición se ha preferido
enviar a los que no son verdaderamente jóvenes.
4
Fuerte es el contraste entre la representación de Holanda y Bélgica.
Mientras la primera sólo ha enviado un conjunto de cuadros académicos,
sin ningún interés, retóricos y ampulosos por añadidura, la segunda
ha estructurado cuidadosamente sus salas como para presentar en ellas
un panorama, si bien no exhaustivo, por lo menos sugestivo del arte
del país.
Es de lamentar la ausencia de Holanda. Impide que los visitantes de la
Bienal traben contacto con las obras de M ondrian y V an D oesburg, iniciadores del neoplasticismo, una de las corrientes más fecundas
del arte de nuestro siglo, así como con otras más juveniles que se le han
opuesto, reintroduciendo una nota de agitación expresionista, gracias a
la influencia a distancia de P icasso: me refiero sobre todo al esforzado
grupo que conocí en Amsterdam en 1949, redactor de la revista Reflex ,
formado por K arel A ppel , C onstant N ieuwenhuys, C orneille, Antón,
R ooskens, J an N ieuwenshuys, T heo W olvekamp y E ugene Brands.
Aunque de ellos nada se sabe en esta exposición, a último momento se
han agregado otras obras de mayor aliento: los óleos de J an W iegers,
cultor de una especie de naturalismo expresionista que se emparenta con
Van G ogh, y las litografías en color de Valdemar H ansen E lenbaas y
s

�de D a n iel den B ikkenboer, sintéticas en la línea y el color, de una grari
seguridad de efecto no obstante la falta de decisión estilística que de­
nuncian.

No está mal que se envíen a un certamen de arte moderno representantes
de tendencias envejecidas, siempre que ellas hayan significado un aporte
valioso en la evolución del arte de un país y que las obras tengan la
necesaria calidad. Critico por eso la inclusión de los pintores holandeses,
pero no la de algunos maestros de la pintura belga: C onstant P ermeke,
J an B russelmans, E dgard T ytgat, y el eminente grabador F rans
M asereel.

El robusto P ermeke está particularmente bien. Los siete cuadros, entre
los que se destaca Recolección de 1947, revelan el caso extraño de un
pintor que si bien no se renueva, tampoco se repite. En la tela señalada
se diría que vuelve a una mayor concreción constructiva de la forma, a
una mayor unidad entre la potencia expansiva de la materia rica, que lo
ha caracterizado siempre, y la capacidad de organizaría. Ni cubista, ni
expresionista, menos aun fauve : el arte de Permeke tiene caracteres es­
peciales, tanto de índole personal como racial, y no permite esos acer­
camientos. A mi juicio, las posibles coincidencias son más bien exteriores;
él permanece encerrado en el mismo naturalismo esencial, pudiera de­
cirse para no confundirlo con el naturalismo aparencial, que lo hizo
partir de una sui generis comprensión del arte de C ourbet. Al lado
de Permeke, el arte de J an Brusselmans se manifiesta menos enér­
gico: aquí es posible encontrar vinculaciones con el expresionismo alemán,
aunque su sentido apretado de la síntesis, hecho de pura intuición, no
de razonamiento, le lleva a buscar un equilibrio, a menudo seco, extraño
a aquellas tendencias. Pintores como Brusselmans o como T ytgat
—éste en la antípoda de aquél, ya que interpreta el mundo flamenco
desde un ángulo de drolerie, mezcla de ingenuidad y sarcasmo— son difí­
ciles de juzgar: el crítico que sólo posee una vara universal para hacerlo
comprende que hay imponderables locales que constituyen lo más valioso
de las obras.
En las salas de la sección belga se puede observar con más facilidad que
en otras el corte profundo que se establece al terminar la primera guerra
mundial en Europa; corte determinado, precisamente, por el abandono

9

�cónscíente de los imponderables locales para fundar ia creación en eftióciones más universales. Una de esas fuerzas fué el superrealismo; la otra,
una no muy bien definida que implica complejos compromisos, a los
que aludí antes, y que deberá desembocar tarde o temprano en el cultivo
de las formas abstractas.
Los dos más valiosos representantes del superrealismo belga están pre­
sentes. Lo que se expone de R ene M agritte es pobre de invención:
fantasía adocenada, carente de energía y de capacidad de seducción. El
conjunto de P aul D elvaux es más importante, pero también su arte
está atacado de muerte. Hay más sensibilidad en éste que en aquél, sobre
todo cuando combina hábilmente el dibujo de líneas con la acuarela,
pero ha de comprenderse que esos valores no corresponden a la menta­
lidad superrealista sino más bien a un género de vibracionismo figura­
tivo muy siglo XIX. Con lo cual, si bien se salvan algunas obras desde
el punto de vista del pintor, se entierra la voluntad de estilo, que es lo
importante.
Los jóvenes se han apartado, afortunadamente, del superrealismo Magritte-Delvaux, aunque al buscar formas universales introducen un su­
perrealismo más legítimo, fundado en conexiones curiosas del espíritu
liberado de la torpe experiencia cotidiana y no en vulgares metáforas
materialistas con su secuela innoble de erotismo. Los tres más valiosos
pintores de la primera generación están bien representados: Louis van
L int , cultor de una magia de los signos en la que también cabe algo del
materialismo flamenco expresado por Permeke; M arc M endelson,
que asciende rápidamente, con Linterna mágica, hacia expresiones de­
puradas que le permitirán descubrir una serenidad por ahora apenas adi­
vinada; G astón B ertrand, que también asciende, llevado de la mano
por una fantasía todavía terrenal de los vacíos a la que será bien
pronto una fantasía cristalina y espiritual. En cuanto a los más jóvenes,
ni los cuadros de Luc P eire, ni los de R ik Slabbinck, permiten
suponer una superación; si no fuera que es menester abrirles un amplio
crédito, más bien me inclinaría a ver en ellos un momento de desfa­
llecimiento.
La escultura belga que se expone no es muy valiosa, a pesar de la tradi­
ción de M eunier y la más reciente de G eorges M inne. Me refiero
a las piezas de O scar J erpers, frío y mecánico, de G eorges G rard

10

�y C harles L eplae, con algunos valores de calidad que sólo disimu­
lan la pobreza del mensaje que trasmiten.

5
De la vieja generación expresionista, en las salas de Alemania, dos cua­
dros de K arl Schmidt-Rottluff, grandilocuentes como para cer­
tificar el fin de una tendencia que fué importante en su hora. Los que
han recogido esa herencia, liberándose tanto del punto de partida natu­
ralista como del prejuicio alegórico, se elevan a más alto nivel. Allí está
W illi Baumeister hablando un lenguaje de signos orgánicos toda­
vía, pero plenos de encanto primitivo —alguna coincidencia hay con
M iró— que se cifra en la materia rugosa y enérgica. ¿Abstracto? ¿Expre­
sionista? Tal vez una curiosa mezcla de ambas actitudes, ya que busca
sólo aislar la expresión y para ello se vale de medios abstractos, mas no
expresa un ente ajeno a la individualidad —mundo natural o mundo
matemático— y por ello se resuelve siempre en la esfera de los senti­
mientos personales. Ahí está T heodor W erner, puntal de la re­
presentación alemana, más avanzado que Baumeister en lo que se refiere
a la unidad de los ritmos objetivos en la tela, aunque conserva como él
muchos resabios románticos. Ahí está F ritz W inter dando concre­
ción con su sensibilidad depurada a poderosos ritmos dinámicos.
En otro orden de expresión se hallan los menos decididos: W erner
G illes, que alterna expresiones de fina entonación fauve con otras
de violencia expresionista; E rnst W ilhelm N ay y G eorg M eistermann , en cuyas obras se advierte alguna influencia de P icasso,
sobre todo en las del segundo. La figura sobresaliente es la de H ans
U hlmann, con dos dibujos de concepción primitivista, resueltos en
contrapunto de negros y blancos, con formas duras y precisas, y una
Composición en hilo de acero de extraordinaria fuerza lírica en la segura
posesión del espacio. Al lado de esa pieza desmerecen las demás, no obs­
tante el relativo valor de G erhard M arcks y de E wald M ataré,
buenos artistas sin duda pero agotados por la falta de definición. Más
interés presentan las de K arl H artung, particularmente Composición,
fragmento de madera que anima con vigorosos y salvajes ritmos.

11

�ótros pintores y escultores hay en Alemania del oeste que deberían haber
figurado, pero de todos modos el alto nivel expresivo del conjunto hace
comprender que, dentro de las limitaciones procedentes del expresio­
nismo, aun no extinguido, y del natural encerramiento posterior a la
guerra, es un país que se renueva con una pujanza que permite esperar
frutos aún más maduros a corto plazo. En cuanto la vida realmente
moderna recobre su ritmo, en cuanto se destruyan definitivamente los
prejuicios con los que Hitler envenenó al pueblo, en cuanto se disipen
las desconfianzas que todavía sumen al alemán de hoy en la ensoñación
romántica de un pasado definitivamente muerto.
6

También la delegación inglesa pudo haber sido mejor —el British Council explica que debido al Festival de Londres el conjunto es reducidopero están presentes algunas figuras de extraordinario relieve, junto a
los pioneros del arte moderno: un Sickert todavía impresionista, un
M atthew Smith y un D uncan G rant, introductores de un fauvisme
tímido, un P aul N ash que supo aliar su concepción romántica del pai­
saje con el sentido metafórico del superrealismo, artistas menores que han
desempeñado sin embargo un importante papel en las islas.
B en N icholson cultivaba un expresionismo sin violencia, con mar­
cada tendencia ingenuista, cuando descubrió el cubismo. En la exposición
se puede ver una y otra tendencia, que han podido coexistir hasta nues­
tros días. Lo más importante de su obra corresponde sin embargo a la
segunda: no es el cubismo de B raque o P icasso sino el cubismo de
inspiración purista, al que agrega una complejidad de ritmos y una per­
sonal riqueza cromática que estuvieron lejos de tener O zenfant y
J eanneret. La voluntad de precisión formal, tanto en el relieve pin­
tado como en el cuadro, le lleva a preferir el sistema de la yuxtaposición
de planos y detesta manera disminuyen las posibilidades de dotar a su
pintura de "dimensión espacial.
Un espíritu totalmente diferente anima a G raham Sutherland,
de quien se exponen algunas de sus mejores obras, especialmente Forma
de árbol verde. Él pertenece, como F rancis Bacon, desgraciadamente
no representado, a la tendencia fantástica y neorromántica, al culto de

12

�un organicismo monstruoso. Sutherland, que es ante todo un paisajista,
otorga caracteres de monstruo, en efecto, a las formas vegetales, sobre­
poniendo a la estructura natural otra de invención poética. Y como es
un gran colorista, a pesar de que sus formas tienden a perder significa­
ción lógica, retienen una fuerza de tinta y materia que las enlaza con el
pasado.
No carecen de interés los cuadros de algunos pintores jóvenes: P runella
C lough, R obert C olquhoum , J ohn C raxton, P atrix H eron, aunque
es difícil encontrar en ellos una dirección estética. Las influencias pue­
den ser señaladas con facilidad, algunas inglesas —Sutherland o Moore—
otras de Francia y en gran escala de Picasso. Pero lo importante en ese
movimiento —valioso en el campo de la litografía en color especialmente,
como lo prueban los envíos de R obert A dams, W illiam G ear, R obert
M acbride, C ery R ichards, K eith Vaugham, además de los citados ante­
riormente— es el espíritu de libertad de toda traba académica que lo
domina. Me atrevo a decir que esos artistas sienten la alegría de pintar
a gusto —lo que es nuevo en Inglaterra— y la satisfacción de tener pú­
blica y marchands, por cuya razón no tienen tiempo, ni serenidad, para
pensar en problemas más profundos de estilo.
Lo que evidentemente es lamentable es la ausencia de los escultores
ingleses. Si se hubieran expuesto algunas piezas de H enry Moore, el
nivel del conjunto se habría elevado enormemente. También si se
hubiera hecho conocer la pequeña pero extraordinaria falange de escul­
tores jóvenes que trabajan el hierro: R ex B utler, R obert A dams, J ohn
T urnbull, L yn C hadwick, E. P aolozzi. L os espectadores de la Bienal
habrían podido comprender por qué es legítimo hablar de un renaci­
miento del arte en Inglaterra.

7
El pabellón suizo aloja pocas obras pero de gran valor. Es la única nota
plenamente moderna, atrevidamente moderna, en la exposición. Por obra
ante todo de Sophie T auber-Arp (1889-1943), de quien se exponen ocho
piezas magistrales. No han faltando quienes se sonrieran ante ese juego
aparentemente trivial de geométricas figuras de color sobre fondos blancos
n

�o neutros: son los que creen comprender la pintura cuando sólo son

capaces de gozar con ciertos elementos de ella —el color valorizado, el
claroscuro, la materia espesa— y fanáticamente no quieren comprender que
hay otros modos de expresión pictórica, por lo menos tan legítimos como
aquéllos. Lo mismo ocurre con las piezas de R ichard L ohse y de O skar
D alvit, y con las construcciones con hilos de hierro de W alter Bodmer.

El espectador habitual se desconcierta porque se trata de un mundo de
precisiones en el que se constituye la emoción al conjuro de una matemá­
tica del espacio. No son tan fríos ni cerebrales como se piensa y hay
sentido de invención bastante más rico que en la mayoría de las obras
figurativas del mismo Salón, pero sólo se goza de esos valores estéticos
cuando se es capaz de desprenderlos de todas las inevitables adherencias a
la personalidad sensible que cualquier obra de arte, aun en nuestros días,
conserva. La palabra proporción, la palabra matemática, la palabra preci­
sión, palabras que por cierto proceden de otros planos culturales, con­
ducen al error, pues no se trata de formas artísticas en las que se aplican
principios matemáticos, sino de la obtención, por vía de la fantasía e
intuición, de formas que poseen en el plano estético caracteres similares
a los que tienen las formas matemáticas en el plano científico. ¿Qué se
gana con el cambio? Pues que la emoción, al superar fronteras personales
o raciales o nacionales, adquiera una dilatada dimensión universal. Y que
el alma del espectador sienta entonces, con la plenitud de la forma, que
no se crea el pequeño cosmos del hombre de carne y hueso, el pequeño
cosmos de un país o de una raza, sino el gran cosmos del Universo.
Tales son los sentimientos que despierta la formidable Unidad tripartita
de M ax Bill . E s una gruesa cinta de acero que en absoluta continui­
dad toma posesión del espacio, no como un volumen que lo llena sino
como un signo que le agrega significación y lo puebla de ritmos. El es­
pectador adivina que en el proceso de creación de una pieza semejante
intervienen otros elementos que no son los habituales, y acierta, puesto
que la forma tiene un fundamento matemático, pero a poco que demore
la observación y comience a sentir el goce, advertirá que también posee
todos los elementos característicos de la escultura de bulto, con lo cual
se prueba que esta escultura, lejos de constituir un empobrecimiento del
arte, significa un enriquecimiento absoluto. A mi modo de ver, la pieza
de Max Bill es la más importante de cuantas se exhiben en la Bienal.

14

�En cuanto a las representaciones de Portugal y Austria, para terminar
de referirme a los países de Europa, su nivel de expresión es considera­
blemente bajo. Por razones sin duda diferentes en ambos, la. producción
se realiza bajo el sello de un anacronismo carente de vitalidad. Entre los
artistas portugueses sobresale el s a veterano C arlos Botelho y el
joven J ulio R esende; entre los austríacos, es de lamentar que falten
algunos excelentes pintores, como H erbert B oeckl y C arl U nger, y el
gran escultor W otruba.
Tampoco es valiosa la contribución japonesa. Se ven japonerías, como
es de imaginar, pero también pastiches occidentales. Tan sólo una xilo­
grafía de Kiyoshi Saito, titulada Espanto, tiene alta calidad plástica.
8

Si Estados Unidos hubiera dispuesto de un local por lo menos dos veces
más grande, su representación resonaría mejor. Hay muchas tendencias,
lo que sin duda dice a las claras de la fecundidad de su arte, pero al
mismo tiempo son ellas las que desconciertan al espectador, quien debe
comprender, delante de cada obra casi, una posición espiritual diferente.
He visto las reacciones del público y aún de los artistas y críticos frente
a tan abigarrado conjunto. Y he lamentado que no se haya comprendido,
en general, el alto valor del arte estadounidense.
Confundido entre los cultores de una pintura anecdótica, pintoresca, que
sólo sirve para señalar ese espíritu de objetividad típico de los ameri­
canos del norte, la pintura de un C harles B urchfield, de un
E dward H opper , de un R eginald M arsh, de un J ack, L evine —pese
a una buena tela de éste: El banquete—, la pintura del irritante P eter
B lume, no obstante ciertos innegables valores locales; confundido entre
ellos, ¿cuántos estiman a Ben Shahn, que expone una verdadera obra
maestra, Primavera? Es un pintor que no trepida en hacer carteles, que
necesita de la anécdota popular, aunque siempre pone un grano de
ironía, pero también es un pintor que construye la forma con seguridad,
que luce la imaginación más fecunda en los enfoques y que baña figura
y paisaje con una ternura suave que no es evocación del pasado sino
objetivación del presente. No creo que abra ningún camino, más bien

�creo que lo cierra, pero ¿pero puedo librarme de la limpia sugestión de
su pintura? Me hace inclusive vacilar cuando la comparo con el pastiche
modernista hecho de cubismo, fauvisme, expresionismo, superrealismo.
Algo similar ocurre con Stuart D avis, uno de los artistas americanos
que más estimo. A primera vista parece también él un creador de car­
teles de propaganda, y en verdad lo es, con un sentido aun más moderno
que el de Shahn. Luego, se descubre que ha sabido dotar de calidad
constructiva y cromática a esas disposiciones triviales de formas, expre­
sando una vida carente de refinamiento pero llena de savia Se ve tam­
bién que llega a ese curioso estatismo dinámico después de haber pasado
por las experiencias de P icasso y L éger, lo que no significa empañar
de ningún modo su originalidad. Davis es más brutal y menos poético,
pero a causa precisamente de esas notas negativas parece que se cargaran
sus telas de una significación más viva. Y hasta su mal gusto en los
contrapuntos de color resulta expresivo.
Tres líneas muy diferentes encarnan los tres maestros que exponen. J ohn
M arín, octogenario ahora, dió con sus paisajes al acuarela la primera
versión original de lo que podría llamarse el romanticismo objetivo de
los estadounidenses: pintura llena de recursos de oficio, de sensibilidad y
emotividad medidas, que anuncia los movimientos abstractos contempo­
ráneos. L yonel Feininger, casi octogenario, el ilustre profesor del
Bauhaus, maestro en el arte de componer conjuntos con formas concretas
a las que vacía de todo contenido material para hacerlas vibrar en un
espacio poético, cargado empero de sugestiones románticas. M ax W eber,
el iniciador vigoroso del expresionismo, sin descuidar por eso las con­
quistas del cubismo. Pero todo esto es pasado.
Si Stuart D avis es el polo de la objetividad, M orris G raves es
el polo opuesto. Uno grita su expresión, la impone y no deja resquicio
alguno a la interpretación; el otro introduce en un mundo de fantasía,
vibra, sugiere y obliga a ser caja de resonancia de sus formas. Espíritu
curioso y extraño este Morris Graves, acuarelista y dibujante en el que
cabe ver un representante verdaderamente original del superrealismo
americano, no fundado en los automatismos o en el descenso a los in­
fiernos eróticos, sino en la capacidad poética de trasponer la realidad
concreta objetiva a otra realidad, también objetiva pero abstracta. Una

16

�ALBERTO MAGNELLI: Con medida

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�THEODORE ROSZAC: Joven

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Naturaleza muerta

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�especie de P oe de la pintura, tan anacrónico como lo sería éste si vi­
viera, pero tan universal como él en la permanencia del sentimiento de­
purado.
Dos polos, dos actitudes que se oponen y sin embargo permiten adivinar
por sus contrastes algo de la compleja ecuación del americano del norte.
En conjunción con ellos el espíritu igualmente fino y vigoroso de M ark
T obey, cultor de ritmos pacíficos —tal es el título de uno de sus cua­
dros— de vieja prosapia oriental, que rellena sus telas con signos desti­
nados a iniciar al espectador en los secretos de una vibración que va
mucho más allá de toda experiencia sensorial y al mismo tiempo la in­
cluye y hasta la exige. Con algo de P aul Klee también, pero sin ironía,
como los orientales, capaz de penetrar en los fondos abisales de la con­
ciencia sólo para extraer pepitas de oro.
¿Son éstas acaso las expresiones que el lector esperaba del ^materialista”
pueblo americano? Aun entre los jóvenes predominan los espíritus sutiles,
los enamorados de la vibración: una Loren M acI ver, con sus riquí­
simas y rítmicas variaciones tonales; un W illiam Baziotes, creador
de paisajes amebianos en los que naufraga un espíritu inquieto y miste­
rioso; un M ark R othko, que intenta la peligrosa aventura de dotar
de transparencias emotivas a los severos trazados de M ondrian; un
J ackson P ollock, con algo de Lucifer en el entrelazado de sus bro­
chazos multicolores, llenos de sentido a pesar del caos en el que sólo
parece reinar el azar. Ninguno de ellos es un maestro y todos son unos
jóvenes bastante alocados que juegan a la pintura, pero locura y juego
no son demasiado peligrosos cuando se advierte por debajo una voluntad
de orden que «o halla todavía su cauce. Si por alguna razón tal vez sobre­
estimo a estos pintores estadounidenses es porque responden todos y cada
uno a tan extraña ecuación.
Cuando los americanos abordan, en cambio, la severa construcción pro­
porcional, esa forma desnuda que sólo vibra por su resonancia metafísica,
no son tan felices. Ahí están los ensayos de F ritz G larner, nada más
que ensayos de una resonancia mondrianesca que le es esquiva, y aunque
no están cabe recordar los de B urgoyne D iller en el mismo sen­
tido. Más afortunada es I rene R ice P ereira, acaso porque va lle­
gando a las formas abstractas y a su juego en espacios virtuales partiendo
25

�del cubismo y practicando sucesivos despojamientos: Progresión en ama­
rillo es ya pieza de resistencia. En cuanto penetra la pasión, que nunca
es desborde, y en cuanto ella se deja aprisionar en el signo que la obje­
tiva, vuelve a sentirse cómodo el americano, como en la pintura valiosa
de W illem de Kooning, que expone en la Bienal uno de los cuadros
verdaderamente sobresalientes del conjunto.
Comprendo que por razones de justicia se incluya a J osef de Creeft
y a W illiam Zorach, escultores, pero ellos no interesan. Lo sensible,
lo valioso, lo nuevo porque es invento y no solamente porque es nuevo,
es Joven furia de T heodore R oszac, Mujer y ventana de D avid
H aré, El aro de H erbert F erber, El acróbata caído de R ichard
L ippold. Escultores inmaduros que aportan sin embargo posibilidades
vitales como para que se les abra ancho crédito; que harán obras más
valiosas en cuando sean capaces de objetivar el sentimiento que los do­
mina. ¿No es lo mismo que decirles en la medida en que aprendan a ser
más americanos? El ejemplo está a la vista de ellos mismos y de quienes
visitan la Bienal: el maravilloso móvil de A lexander Calder, quien
ha sabido inventar unos objetos desprovistos casi de materia, ricos por
las variadas combinaciones de forma que producen apenas los mueve la
más leve brisa, destinados a elevar el alma del espectador, no a sumirla
en la inacción por la presencia de la ignominia El ejemplar expuesto,
inmensa araña, es de los mejores que conozco, pero desgraciadamente está
colocado a baja altura y por ello se reduce la eficacia de sus efectos
expresivos.
Y un grabador excepcional, el argentino M auricio L asansky, quien
comienza a expresarse con ese lenguaje universal que debería ser la meta
de todo artista americano. Dos de esas estampas fueron expuestas en
Buenos Aires en 1948 y con tal motivo señalé sus cambios y sus promesas.
El aguafuerte fechado en 1951 lo señala en vía de progreso, obteniendo
mayor claridad en las formas otrora un poco vagas y herméticas. En un
lugar perdido también se exponen dos planchas del maestro del grabado,
el inglés W illiam Stanley H ayter, que después de vivir muchos
años en EE. UU. ahora trabaja en París. Desgraciadamente no son tan
claras, a causa del color, como otras que conocemos, en las que sí puede
observarse, al par que la maestría del ejecutante sin fallas, el hondo
sentido metafísico de su concepción abstracta y superrealista.

26

�Las obras que se exponen en las salas de Canadá presentan un carácter
totalmente opuesto al de las obras estadounidenses. Lo que no deja de
llamar la atención por las intensas relaciones que existen entre ambos
países. Tal vez se deba a la influencia inglesa, tal vez a la proporción
alta de una media burguesía francesa que difícilmente está dispuesta a
aceptar las formas de vanguardia procedentes de Europa, ni siquiera las
de Francia. En la pintura canadiense no se observa ninguna búsqueda de
estilo, oscilante entre el naturalismo y el impresionismo por una parte,
y algunas formas tímidamente fauves por otra. Ningún aliento poético,
salvo en el joven A lbert D umouchel, quien presenta dos óleos de
extraordinaria seguridad, tanto en la concepción llena de elipses de
forma, dejando blancos extremadamente sugestivos, como en la factura
brillante y de gran refinamiento lineal y tonal.
9
Centroamérica depara una sorpresa con la pintura cubana. Exponen sola­
mente cinco artistas y entre ellos falta W ilfredo L am, el que tiene
renombre universal. Pero el conjunto interesa por la vitalidad que de­
muestra, vitalidad que se manifiesta tanto en la energía colorística, común
a la pintura de la República Dominicana y a la de Haití, aunque la de
estos países carezca por completo de interés, cuanto por la búsqueda de
un estilo. El lector habrá observado que esta expresión se viene repi­
tiendo. La subrayo ahora porque me parece oportuno declarar que estos
juicios que emito sobre el arte universal en la hora presente se fundan en
principios de unidad expresiva, no en cualidades personales. Ninguno de
los cinco cubanos que exponen alcanzan una calidad extraordinaria, pero
en cualquiera de ellos puede verse, partiendo de ciertas notas comunes
que se puede suponer procedentes de la geografía física y moral de la
isla, la obtención de formas que superan ampliamente el lenguaje perso­
nal para transformarse en lenguaje de una comunidad. ¿Que la influencia
de P icasso es grande? En buena hora, porque ninguno de ellos hace
picassismo.

M ario Carreño es el más maduro, el que menos vacila y por ello
el que va al encuentro de soluciones más concisas: en las telas que expone
27

�se nota una benéfica tendencia a despojarse de esos elementos de natu­
raleza y folklore que tanto amenazan a un artista tropical, y que lo
amenazaron a él mismo hasta hace poco tiempo; sus formas ahora son
prietas y ^definidas, y sus ritmos comienzan a superar cierta facilidad
decorativa que tenían antes. C undo Bermúdez se orienta más hacia
la pintura planista de inspiración gaugueniana: son formas recortadas
en fuertes contrastes de tintas las que logra. R ene P ortocarrero
es más fino y poético en sus figuras sobre fondos verde, amarillo, rosa o
azul; busca más una caligrafía que una sintaxis de formas plenas y de
este modo da la nota de más alta modernidad.
Dejo para el final a Luis M artínez P edro, porque es la revelación
de la pintura cubana. Hace pocos años que pinta y sin embargo maneja
ya el lenguaje picassiano con una soltura y una originalidad admirables.
Lo digo así porque son las palabras de P icasso, inclusive sus ritmos a
veces, mas no el mensaje, que tiene caracteres fuertemente cubanos en
los cuadros de este pintor. Creo que llegará el momento en que Martínez
Pedro superará inclusive este localismo que lo aprieta para alcanzar un
nuevo universalismo, que no será el de Picasso pero tampoco el de Cuba.
Entonces madurará un gran pintor.
10

Fuera de Brasil, que dejo para considerar su envío al final, sólo tres
países sudamericanos están representados en la Bienal: Uruguay, Bolivia
y Chile. Aunque me duela decirlo, porque se trata de países con los cuales
me siento hondamente ligado, no hay ningún aporte actual importante.
Se pueden encontrar expresiones más o menos felices, pero ni siquiera esa
energía juvenil que determina el encanto de las obras cubanas. Hay
maestría en algunos, muy pocos, pero no hay mensaje. Es un arte que
carece de duende, como hubiera dicho García Lorca. Y carece de duende
porque no es un lenguaje de ideas y emociones universales; cuando parece
serlo, se trata de ideas universales prestadas que no han tenido la necesa­
ria elaboración local, aunque parezca paradógico, para desarrollarse en
esa dimensión.
Uruguay, sin embargo, hace excelente papel gracias a las cuatro figuras

�de artistas desaparecidos qué constituyen el esqueleto del conjunto: média docena de bien escogidos cuadros de P edro Figari y otros tantos
de R afael P érez Barradas demuestran que en el primer cuarto del
siglo, este país dió algunas de las notas más puras del Continente. Y las
cinco telas de J oaquín T orres G arcía, que allí se realizó tal vez la expe­
riencia más fecunda en la búsqueda de un estilo americano. En cuanto
a la copiosa obra de A ntonio P ena —esculturas, grabados y dibujos— se
destaca por la sólida actitud naturalista en que se basa, no obstante sus
pobrezas formales.
Entre los jóvenes uruguayos señalo los cuadros de H ans P latschek, todavía
excesivamente envueltos en brumas expresionistas, pero apuntando a so­
luciones definitivas y valiosas; los de Vicente M artín, quien está logrando
ahora mayor profundidad expresiva, y las esculturas de E duardo Yepes.
Una buena escultora presenta Bolivia: M arina N úñez del P rado, ca­
paz de superar el folklorismo aún vivo en sus piezas para desentrañar
formas universales que se sienten en potencia. También son los escul­
tores los más interesantes en Chile, aunque noto una sensible disminu­
ción de calidad respecto a lo que hacían diez años ha cuando visité el
país. Estimo particularmente las terracotas de Samuel R omán y entre
los más jóvenes los bronces de M arta Colvin.
11

La Bienal ha invitado a exponer a ocho artistas brasileños: tres pintores
—Cándido P ortinari, L asar Segall y E miliano Di Cavalcanti—, tres
escultores: M aría, Víctor Brecheret y Bruno G iorgi— y dos grabado­
res: O swaldo G oeldi y L ivio Abramo, cada uno de los cuales presenta
una buena colección de obras.
P ortinari vuelve a demostrar su maestría de dibujante y su capacidad
de obtener efectos dramáticos con el trazo en algunas telas de 1944 y
1945; no en las obras últimas que expone: Primera misa en Brasil, Vía
Sacra, Sertaneja y Cangaceiro. Parecería que el impulso se fuera debili­
tando, ya sea en el manejo del color, sobre todo en los fondos arbitra­
riamente divididos en planos, ya en la repetición de los esquemas expre­

29

�sivos, ya en la preponderancia de un naturalismo académico, falsamente
bien hecho. Como esto no significa desconocimiento de los reales valo­
res del pintor, me inclino a pensar que tal debilitamiento se debe a los
puntos de partida teóricos —los que se refieren a la mentada pintura de
contenido social— que son falsos a mi juicio en cuanto a los modos de
concebir y ejecutar. Implican una ingenuidad, en efecto, ya que nin­
gún arte deja de tener contenido y todo contenido es inevitablemente
social, ni siquiera el que con tanta zaña llaman formalista. Pero más
falsos son todavía por el sentido inmediato y fragmentario que otorgan
a la realidad, olvidando que cada época encuentra las formas que la
expresan, de manera simbólica, más en las formas hacia las cuales apun­
ta la vida, con carácter de perfeccionamiento, que en las formas en que
ella se detiene o regresa. El hecho innegable de que en cierta etapa de
su vida, Portinari haya podido hacer obra valiosa, me parece explicable
por razones circunstanciales: sospecho que no se trata de la riqueza de
un contenido social, como se afirma, sino de la riqueza de invención de
un contenido individual —de Portinari mismo— que fué fecundo, como
cualquier tema en cualquier artista, mientras duró la savia inicial del
descubrimiento.
El caso de Di C avalcanti tiene algunos puntos de contacto. Si se le ve
repetirse con menos calidad que otrora es porque se aferra a un pasado
folklórico que va perdiendo vigencia, negándose a ver la realidad desde
un ángulo de enfoque más real por ser más ágil y poético. ¿No se com­
prende el artificio absolutamente irreal que implica el mantenimiento
de ciertos temas y de los modos de tratamientos de los mismos? ¿No se
comprende que nada tiene que ver esa realidad con la realidad igual­
mente legítima de las ciudades? El mismo pintor que se aleja de las
poblaciones indígenas, aunque tenga la ilusión de que persisten esas
formas vitales en su retina y en su alma, las conserva sólo como recuer­
do, como algo puramente estético, no con la energía que le pudiera
prestar la íntima y viva adhesión.
L asar Segall comenzó siendo un eminente pintor expresionista alemán.
Afortunadamente se exponen al mismo tiempo óleos, acuarelas, dibujos
y grabados de aquella época en el Museu d’Arte de San Pablo, lo que per­
mite establecer un cotejo entre las obras de entonces y de ahora. Todo
lo que era fuerza de invención, hallazgo feliz de forma en síntesis apre­

30

�tada, todo lo que era emoción de descubrimiento, se ha ido perdiendo,
porque también él, movido sin duda por razones diferentes a las de
Portinari y Di Cavalcanti, pretende retornar a la pintura de contenido
social. Y si bien es cierto, las calidades no se pierden —Ganado en re­
poso y Paseo por el campo lo prueban— no menos cierto es que la pin­
tura no es solamente expresión a base de calidades del color o de la línea
o de la composición, sino mensaje de aliento universal. Condenados,
el gran tríptico de más reciente factura que expone, permite reflexionar
sobre las graves consecuencias que pueden determinar en un gran pintor
una idea primaria sin vigencia cultural.
Los escultores invitados, en cambio, apuntan hacia formas menos locales.
Tanto M aría, cultora de un superrealismo extremadamente original
que acaso le podría permitir el logro de piezas realmente valiosas si en
lugar de espigar en tantas posibilidades como denuncias las obras expues­
tas, se limitara a explotar algunas en su dimensión profunda, como
Víctor Brecheret, que se lanza ahora, después de una obra cumplida
como figurativista, a la creación de formas sintéticas, indefinidas todavía
pero con gran energía interior, como Bruno G iorgi, preso de una temá­
tica pero luchando por resolver adecuadamente el problema de las rela­
ciones entre el volumen y el espacio; los tres parecen comprender que
el destino artístico del Brasil no está en subrrayar los aspectos folkló­
ricos o todo lo que signifique localismo, sino en descubrir las formas que
expresen su terrible y espléndida vitalidad moderna. Si se edifican ras­
cacielos, se adquieren máquinas de toda clase, se fomenta la gran indus­
tria, se aplican principios de higiene social, etc. etc. ¿No es prueba de
reaccionarismo estético pretender que la pintura y la escultura sólo pue­
dan evocar la miseria, el trabajo de explotación, las costumbres pueble­
ras, es decir, todo lo que debe desaparecer? El verdadero sentido revo­
lucionario, ¿no reside en quienes se esfuerzan para que el arte exprese
la vida en sus aspectos de perfeccionamiento, es decir, todo lo q'ue de­
be ser?

Entre los demás envíos de pintura sobresale netamente, a mi juicio,
M aría L eontina F ranco D acosta. Tanto Figura como las dos Natu­
ralezas muertas que expone, y más todavía las telas que he podido ver
en los Salones actuales de San Pablo y Río, demuestran que está en
un camino de franco ascenso. Todavía en las telas de hace un año nada

31

��más se ía veía sujeta a ciertas imprecisiones románticas; ahora, su color
se afianza, sus formas se clarifican, sus ritmos se enriquecen, y aunque
sigue siendo figurativista, tengo la certeza de que dejará de serlo en
cuando descubra las inmensas posibilidades que le presentan sus pro­
pios planteos plásticos, ahogados por el principio del mantenimiento en
la representación del mundo concreto como punto de partida. Tam­
bién M ilton D acosta presenta telas interesantes, pero a él lo veo más
detenido en la estilización geométrica de las formas naturales, peligrosa
posición que no le permitirá, a mi juicio, dotar a la pintura del aliento
lírico que busca.
Una gran tela de T arsila D o A maral fechada en 1928 —calidad y esti­
lo— informa al espectador que no está al corriente de la evolución del
arte moderno en Brasil sobre los magníficos comienzos. Lástima que el
paisaje fechado en 1950 no esté a la altura de aquella tela. Algo similar
habría ocurrido si la mayoría de los buenos pintores que allí exponen
hubieran mostrado alguna obra de hace años. ¿Qué ocurre en Brasil, lo
mismo que en Argentina, Chile, Uruguay o México, para que se pro­
duzca ese sensible descenso de nivel? ¿Por qué J osé P ancetti, A lfredo
V olpi, A lberto G uignard o F lavio de Carvalho denotan fatiga en sus
telas? Lo grave es que tampoco se advierte una potente juventud que
quiera reemplazarlos. Se pueden señalar algunos cuadros sensibles, como
los de D anilo D i P rete —un italiano que sigue muy italianizado en
Brasil— o de un grupo de jóvenes como A ntonio B andeira y Shiro
T añara, más enérgicos como los de R oger van R ogger y más plenos de
poesía en su primitivismo intelectualizado como los de L ula C ardoso
A yres, pero ninguno de ellos o los de otros que no cito por no ser exce­
sivamente explícito, dan la tónica de una búsqueda esencial. Tampoco
los ingenuos, a pesar de que algún encanto tienen las telas de H eitor
Dos P razeres y aunque lo van perdiendo aceleradamente las de J osé
A ntonio D a Silva. El balance no es favorable, pero no debe extrañar de­
masiado a los brasileños, porque mutatis mutandis ocurre lo mismo en
todos los países americanos que conozco, excepción hecha de Estados
Unidos.
Entre los escultores hay obras más promisoras. Ante todo, la magnífica
pieza de M ario Cravo Jr. que revela a un escultor de enjundia: sólo le
falta ir limpiando su retina de adherencias barrocas y aclarando mental­

34

�mente ías estructuras que realiza, olvidarse de la cabeza en cobre repu­
jado que expone, y madurará un artista de verdad. A su lado, la pieza
hondamente sentido de Caciporé T orres, una promesa de calidad que
debe transformarse en promesa de estilo, y los muy correctos cuanto sen­
sibles retratos de E lisabeth N obiling. R obert T attin demuestra que
es un buen ceramista, mas no obtiene todavía del material, que ma­
neja hábilmente sin duda, las expresiones modernas que se pueden espe­
rar de tal maestría.

También el nivel del grabado brasileño es superior al de la pintura.
En primer lugar por obra muy pareja de O swaldo G oeldi y de L ivio
A bramo, quienes exponen, desgraciadamente con espíritu de selección
no muy seguro, algunas obras de positivo valor. Acaso estén ambos
todavía demasiado sujetos a la temática local, pero el oficio de grabador
implica una necesidad de entenderse con la materia y la forma como
para que ellas mismas les obliguen a descubrir nuevos contenidos de
emoción. M arcelo G rassman es el más diestro discípulo de aquéllos y
F ayga O strower la más sensible, en tanto que G eraldo de B arros,
fotógrafo eminente, realiza algunas planchas con signos de alegría y
emoción. Un dibujante correcto: A ldemir M artins.
No quiero terminar este análisis crítico de la sección brasileña sin re­
ferirme a los esfuerzos de un grupo de jóvenes que pretenden introducir
las corrientes vanguardistas del arte abstracto. Tanto W aldemar C ordeiro y A lmir da Silva M avignier como I van F erreira Serpa y algunos
otros merecen la más vigilante atención —por lo menos la han mere­
cido de mi parte— y no porque crea que hayan logrado formas plenas
y expresivas, sí porque el esfuerzo me parece digno de encomio. Mayor
entusiasmo despierta una curiosa máquina que sobre el principio del
caleidoscopio ha creado A braháo P alatnik. Sobre una pantalla de film,
obedeciendo a un complejo mecanismo interior, se van dibujando for­
mas diversas, animadas por un colorido intenso que puede llegar a ser
muy fino y sutil, estructurándose como composiciones que la pintura
propiamente dicha quiere obtener y no obtiene. “La tentativa de
Palatnik —acaba de escribir el eminente crítico brasileño M ario P edrosa
— encuadra en lo que M oholy-Nagy clasificó como frescos de luz des­
tinados a animar edificios enteros o paredes con el dinamismo plástico
de la luz artificial, según la voluntad y la inspiración creadora del ar­
35

�tista. Él previó que en las casas del futuro se reservará un lugar es­
pecial para la instalación de esos frescos luminosos, como ya ocurre
con la radio o la televisión. Con Abrahao Palatnik el Brasil inicia tam­
bién sus investigaciones en un dominio casi virgen y que tal vez sea
un arte mayor de los tiempos nuevos, un verdadero arte del futuro”.
12

Algún lector podrá sentirse descorazonado al terminar de leer este ba­
lance de la Bienal de San Pablo, y no faltará quien crea encontrarme en
contradicción, pues afirmo al comienzo que se trata de una exposición
importante del arte internacional y luego muy pocas obras merecen
una aprobación cabal y definitiva. Y bien, a esos lectores les confieso
que vengo sintiendo el mismo descorazonamiento no sólo al ver la
Bienal de San Pablo sino al enterarme profundamente, como lo he
hecho en los últimos tres años, en sucesivos viajes a Europa y Estados
Unidos, de lo que se llama el arte moderno. Acaso la Bienal, empero,
me haya servido para fortalecerme en algunas ideas que expondré a
continuación, pues allí pude ver, no diré todas pero sí muchas manifes­
taciones de aquel arte en fácil cotejo.
Lo que a mi juicio está en crisis es simplemente el arte como expresión
individualista, tal como existe desde hace más de cinco siglos; lo que
está en crisis es el cuadro de caballete y la estatua, los que sólo permiten
la creación de microformas que expresan reducidos ámbitos expresivos.
Desde hace cincuenta años, los artistas plásticos vienen haciendo los
mayores esfuerzos por adecuar los medios materiales estáticos —pintura
y escultura— a una concepción vital y por tanto espiritual que exige el
espacio y el movimiento como vehículos de exteriorización emotiva.
Por eso todos los movimientos que han tendido a destruir, relativa­
mente, esos medios estáticos, y a crear otros capaces por lo menos de
producir la ilusión dinámica, son considerados como progresistas. Pero
la vida moderna se ha ido haciendo cada vez más exigente, rompiendo
moldes de manera iconoclasta, y ahora ha llegado el momento en que
ni siquiera los esfuerzos realizados, por inteligentes e ingeniosos que
sean, por mucho que revelen inclusive una sensibilidad dinámica muy

36

�modernas, bastan para llegar a soluciones satisfactorias. Y a consecuen­
cia de un planteo que no es falso pero sí insuficiente, asistimos a la
repetición amanerada de formas caducas o a la tímida incorporación de
algunos elementos nuevos que no destruyen las estructuras viejas, o a
la invención de formas que conducen, de despoj amiento en despoj amiento,
a la negación por lo menos de la pintura. Menos evidente es, en efecto,
cuando se trata de la escultura, o de la construcción si se tiene repug­
nancia en llamar las piezas de M ax B ill o de H ans U hlmann o de
L ardera con el mismo nombre que a las de M iguel ángel, porque
ella maneja espacios reales; pero aun en el caso de estas construcciones
sigue persistiendo, salvo en casos muy aislados, como el de Calder,
el ideal formal de la estatua.
El desconcierto es mayor porque pocos, se deciden a juzgar los productos
nuevos de acuerdo a patrones también nuevos. Y es evidente que
cuando se busca en las obras de los abstractos las mismas emociones
que en las obras de los figurativos, el juicio no puede ser sino adverso.
Para guiarse y encontrar por lo menos el principio de la solución hay
dos modos, que corresponden a dos instancias que se vinculan a su vez.
Uno, el más difícil pero también el esencial, que consiste en replantearse
el problema del arte de nuestro tiempo a partir de los caracteres de la
vida de nuestro tiempo, preguntándose con cruel sinceridad qué es lo
que se busca y quiere en materia estética; este modo conduce a con­
firmaciones catastróficas ahora, aunoue vienen siendo anunciadas desde
hace medio siglo, acerca de la inutilidad —hablo de la inutilidad espi­
ritual, se comprende, no de la práctica— de la pintura v en parte de la
escultura. El segundo, más fácil, consiste en mirar hacia los productos
que satisfacen nuestras necesidades de toda índole, desde la arquitectura
hacia la industria, lo que permite comprobar que la solución ha de
residir —tendrá que ser así pues el arte como actividad humana esencial
no se destruye— en encarar la creación de objetos destinados a modular
los espacios, obedientes a la misma técnica expresiva que la de los
edificios y los productos industriales.
Es muy fácil achacar el carácter estacionario del arte en nuestros días a
la falta de cultura de las masas, que no se ocupan de la pintura o la
escultura, y cuando se ocupan, claro está, prefieren las obras más ado­
cenadas y vulgares. Pero en verdad no se interesan por éstas sino cuando
37

�•&gt; -V

se les inyecta el virus de culturalismo falso. Lo real es que se desinte­
resan, simplemente, porque de manera inconsciente advierten que no
son expresivas de su mundo y cuando pretenden serlo lo hacen de modo
tan complejo como para que no lo sientan. Este argumento parecería
dar la razón a quienes sostienen la bandera del llamado arte de con­
tenido social. Y en verdad se la da, porque todo arte, como ya he dicho,
es de contenido social. La divergencia aparece cuando se trata de es­
tablecer cuáles son las formas que exteriorizan ese contenido social: para
unos se trata de las formas de un vitalismo humanitario que como tal
es siempre pasajero aunque no deleznable; para otros, de las formas que
construyen una vida mejor.
Nuestra época está sedienta de arte como ninguna otra. Pero los artistas
le proporcionan los productos que no necesita. En vez de cuadros y es­
culturas de bulto o de relieve, en vez de estatuas o de grandes frescos
lacrimosos, el hombre moderno, que es progresista porque es vital, ne­
cesita formas de afirmación de la vida, en lo que no demuestra apartarse
de los ideales imperantes en todas las grandes épocas de la creación hu­
mana. Todo cuanto el hombre ha deseado y creado, en efecto, en el
curso de la historia, se debe a la necesidad sentida de construir su vida,
no de destruirla, y el arte ha sido el gran vehículo de esa construcción
real de la vida en el espíritu. El hombre de hoy, en mayor o menor escala,
siente repugnancia por la figura, lo que no significa que sienta repug­
nancia por el hombre: ¡curiosa manera de identificar figura y hombre
en el razonamiento sectario de muchos! ¿No se podría afirmar por el con­
trario que rechaza la figura porque estima un hombre todavía más
espiritual? Y como siente repugnancia por la figura, exige que el arte
construya la vida de acuerdo a otros patrones que en definitiva constituyen
otra objetividad, una objetividad espiritual.
Como las formas de afirmación de la vida deben ser extraídas de la vida
misma —verdad de perogrullo que es necesario decir—se explica entonces
que el artista de vanguardia rechace con la figura humana todo lo que
tiene relación de materia con ella y se lance a la invención, ahora como
siempre, de formas que exterioricen la nueva concepción del espíritu. Si
el cuadro de contenido romántico o naturalista está en crisis es porque
la vida moderna no lo admite, mejor dicho, no lo alienta. Bastará que
el lector se ponga a meditar sobre los presupuestos espirituales de un

38

�cuadro y los compare con los caracteres comunes de la vida cotidiana para
que comprenda, de golpe, las razones que determinan la crisis del arte
contemporáneo. Lo que necesita el hombre actual son espacios limpios
para vivir y la belleza penetrándolo todo, no como un molde hecho sobre
la base de la figura humana, sino como una forma elástica que implique
la adivinación de lo perfecto. Y lo perfecto, para nuestro tiempo, está
indisolublemente unido al movimiento. Más que un estar es un devenir.
Soy un profesional de la crítica y además un historiador, de modo que
estimo las obras del presente de acuerdo a principios y reacciones emo­
tivos que me permiten hallar parcelas de verdad y de belleza aun en las
obras que en general deben ser consideradas como fracasadas. No soy
ajeno, además, por las mismas razones, a un tipo de sensibilidad univer­
sal que permite estimar con la misma vara un cuadro cubista de Braque,
uno expresionista de Kokoschka o uno superrealista de M atta, y los
cuadros de antepasados que tampoco interpretan el sentir de la huma­
nidad actual. No haría los mismos reparos frente a una tela de R em brandt o una escultura de D onatello, porque tales obras tienen un valor
artístico permanente, aunque también histórico. Ahora se trata de otra
cosa y por eso cambia el modo de juzgar: se trata de obtener formas que
no pueden ser ni remotamente parecidas a las del pasado, por razones
obvias, y a través de las cuales se ha de manifestar la actualidad, claro
está, pero también la universalidad; se trata de obtener formas que in­
terpretando la vitalidad presente expresen al mismo tiempo la eterna
vigencia universal.
Mucho me temo que lo que llamamos pintura y escultura modernas va
entrando en la categoría de la historia y entonces se justifica la severi­
dad con que he juzgado las obras de la Bienal. Poco hay en ella que
permita al espectador orientarse en el espinoso pero brillante camino de
los ensayos actualistas que conducirán, en definitiva y a la larga, hacia
nuevas formas del arte. Entre tanto sólo cabe comprender, juzgar con
severidad y apoyar todo lo que signifique avance en el camino de la
creación nueva. ¿Creación nueva del arte? Sí, pero de acuerdo a las
nuevas creaciones de la vida.
J orge R omero B rest

39

�L IS T A DE PREM IO S: PIN T U R A : A) E xtranjeros: Prem io Reglamentario (Cr$ 100.000) *
R oger C hastel (F rancia) por su obra Enamorados en el café; Premio Adquisición (Cr$ 50.000)
a A lberto M agnelli (Italia) por su obra Con medida; Prem io Adquisición Libre (Cr$ 30.000) a
W illi Baumeister (Alem ania) por su obra Gesto cósmico; Premio Adquisición Libre (Cr$ 25.000)
a E douard P ignon (F rancia) por su obra Recogiendo las redes. B) Nacionales: Prem io Regla­
m entario (Cr$ 100.000) a Danilo D i P rete por su obra Limones; Premio Adquisición (Cr$ 50.000)
a M aría L eontina F ranco Dacosta por su obra Naturaleza m uerta; Premio Adquisición
(Cr$ 50.000) a T arsila Do A maral por su obra E. F. C. B .; Premio Adquisición Joven
(Cr. 10.000) a I van F erreira S erpa por su obra Formas; Premio Adquisición (Cr$ 25.000) a
H eitor D os P razeres por su obra Moenda.
ESCULTURA: A) E xtranjeros: Prem io Reglam entario (Cr$ 100.000) a M ax B ill (Suiza) por
su obra Unidad tripartita; Premio Adquisición (Cr$ 50.000) a T. R oszac (Estados Unidos) por
su obra Furia joven; Premio Adquisición Libre (Cr$ 30.000) a Germaine R ichier (Francia)
por su obra La Floresta; Pre^nio Adquisición Joven (Cr$ 10.000) a L uciano M inguzzi (Italia)
por su obra Un gato persa. B) Nacionales: Premio Reglam entario (Cr$ 100.000) a V íctor
B recheret por su obra Indio e a Suaguapara; Premio Adquisición (Cr$ 50.000) a B runo
Giorgi por su obra Figura; Prem io Adquisición Joven (Cr$ 10.000) M ario Chavo J r. por su
obra Lucha de gallos.
GRABADO: A) E xtranjeros: Prem io Reglamentario (Cr$ 30.000) a Giuseppe V ivtani (Ita lia );
Prem io Adquisición Libre (Cr$ 10.000) a P runella C lough (Inglaterra) ; Premio Adquisición
Libre Joven (Cr$ 5.000) a R obert A dams (Inglaterra) ; Prem io Adquisición Libre Joven
(Cr$ 5.000) a A rnoldo C hiarrocchi (Italia). B) Nacionales: Premio Reglam entario (Cr$ 30.000)
a O swaldo Goeldi ; Prem io Adquisición Joven (Cr$ 5.000) a Marcelo Grassmann ; Premio
Adquisición Joven (Cr$ 5.000) a Geraldo De B arros.
D IB U JO : A) E xtranjeros: Premio Adquisición (Cr$ 10.000) a R enzo V espignani (Ita lia );
Premio Adquisición (Cr$ 5.000) a H ans U hlm ann (A lem ania). B) Nacionales: Prem io Adqui­
sición residente en San Pablo (Cr$ 20.000) a A ldemir M artins .
PREMIOS ESPEC IA LES: A) Italianos: Prem io Adquisición (Cr$ 30.000) a
por su obra M ujer sentada, a R enato B irolli por su obra Muchacha en la
por su obra Un tercer disparo de hatería; B) Japoneses: T etsuro K omai y
C) Portugueses: J ulio R ezende y Carlos B otelho ; D) Premios de viaje:
(B rasil) y E milio V edova (Italia).

P ericle F azzini
ventana, a A fro
K iyoschi S aito ;
Caciporé T orres

Finalm ente, el Jurado hizo la siguiente declaración: “Habiendo tenido oportunidad de apreciar
la pieza de A braháo P alatnik , el Jurado la considera una im portante obra de arte moderno,
digna de figurar en el Museo de A rte Moderno de San Pablo".

40

�bibliografía
Pintores y grabadores ríoplatenses, vertebra sus consideraciones, la ri­

por J orge R omero Brest. Editorial
“Argos”, Buenos Aires, 1951.
Desde un punto de vista estricta­
mente personal este libro es la ex­
presión de una etapa de considera­
ble importancia en la evolución del
pensamiento de ese crítico, estu­
dioso e historiador del arte que es
J orge R omero Brest. Desde el pun­
to de vista del arte en si, consti­
tuye un espacio, de no menor im­
portancia, del panorama ya no
poco complejo de nuestra plástica
rioplatense.
Integrado por ensayos, estudios y
comentarios publicados por su au­
tor en el ejercicio profesional de la
critica de arte, no pocos de los tra­
bajos de este volumen, consagrados
a personalidades sobresalientes, pue­
den calificarse sin reservas de ex­
haustivos. Tales, por ejemplo, los
documentados y meditados ensayos
en que se consideran las personali­
dades y la obra de Juan Manuel
Blanes, de Malharro, de Silva, de
Pettorutti, de Gómez Cornet, de
Soldi, de Barradas, de Figari, de
Torres Garda. Otros trabajos de los
incluidos son, decididamente, esclarecedores. En todos los casos,
la seriedad del pensamiento que

41

queza informativa de la documen­
tación que las sostiene, la sagaci­
dad discriminativa del crítico y
hasta su misma claridad expositi­
va, permiten aventurar el fácil va­
ticinio de que este libro ha de
quedar como una fuente de váli­
das referencias para el estudioso
que se detenga, en adelante, ante
muchas de las cuestiones vincula­
das con su materia.
Poco importa, en este sentido, que
el autor —como lo confiesa cate­
góricamente en el prólogo— haya
rectificado el rumbo de su orien­
tación y juzgue superadas por su
pensamiento de hoy algunas fun­
dara e'n tal es opiniones suyas de
ayer. Aquellas opiniones, como és­
tas, rio son, por cierto, ideaciones
arbitrarias, de inconsistente subs­
tancia, sino sólidas estructuras le­
vantadas sobre resistentes bases de
investigación y meditación. Yo,
por ejemplo —si se me permite es­
ta intrusión personal en el asunto
— estoy más cerca, desde luego, de
la actual posición estética de Jor­
ge Romero Brest que de la soste­
nida, por él mismo, a lo largo y
lo ancho de su libro. Pero incu­
rriría en una omisión injustifica­
ble si callara los beneficios de in­

�formación, de reflexión, de fer­
mentación de ideas, de apertura
de perspectivas, despertados por
la lectura de su obra. Jorge Ro­
mero Brest —en términos genera­
les— no es sólo un informador
caudaloso en estos asuntos de su
especialidad sino, acaso substan­
cialmente, un suscitador de in­
quietudes. Obedece ello, indudable­
mente, al carácter militante y a las
esencias de pasión que animan su
pensamiento. Cuando se leen sus
trabajos o cuando se lo escucha no
es posible eludir el recuerdo de las
memorables palabras de Baudelaire:
“La crítica ha de ser apasionada,
militante, política ...”.
Este libro suyo no escapa, por cier­
to, a la ley general bajo cuyo im­
perio parece desarrollarse la vida
de su pensamiento. Es libro de los
que se subrayan muchas frases. A
cada instante provoca las adhesio­
nes o las resistencias del lector. Nun­
ca lo deja indiferente. Sería intere­
sante analizar por lo menudo sus
ideas, sus opiniones, sus puntos de
vista anteriores y actuales para com­
probar cómo el sólido Jorge Romero
Brest de hoy o de ayer puede im­
pugnar, no sin eficacia, al Jorge Ro­
mero Brest, no menos sólido, de ayer
o de hoy. Hoy como ayer la médula
de su responsabilidad incuestionable
reside en la dilatada amplitud de los
elementos de información maneja­

42

dos y en la sopesada independencia
de sus juicios.
Puede discreparse con esos juicios
en no pocas oportunidades. La ob­
jeción es el destino de los juicios.
Pero en ninguna podría negarse,
por una parte, la solvencia acorda­
da por una dilatada y honda fre­
cuentación de la problemática del
arte y, por otra, la vigencia de esa
jerarquía implícita en el espectácu­
lo, muy raro entre nosotros, ofre­
cido por una fidelidad a sí mismo
de tanta fuerza que no vacila ni
ante la necesidad de las más categó­
ricas rectificaciones públicas.
Ahí está, para certificarlo, la dis­
crepancia esencial planteada por
los términos contradictorios del en­
sayo final y del Prólogo. Remi­
tamos al lector a ambos trabajos.
Su lectura —como la de los ensayos
y comentarios de la totalidad del
volumen— le han de dejar, inevita­
blemente, un saldo cuantioso de in­
formación, de conocimiento, acerca
de nuestras artes y un suplemento,
no menos rico, de motivos de re­
flexión. El hecho no debe sorpren­
der. Es lo que ocurre, de manera
invariable, cuando nuestras manos
cierran, leída ya la última página,
un libro por la urdiínbre de cuyas
arterias circula un pensamiento
vivo.
CÓRDOVA ITURBURU

�Pablo Curatella Manes, por Mau- confusión del medio con el fin.

rice

R aynal. Oslo, 1948.

Desde las primeras páginas de este
breve ensayo se advierte el desbor­
de sentimental del autor. No cabe
duda de que ama al artista y su
obra. Defiende con énfasis su po­
sición y lo ubica sin vacilar entre
los más grandes escultores contem­
poráneos.
Raynal encuentra en Curatella Ma­
nes una vocación monumental, que
es como decir, una vocación escul­
tórica innata. Anota como carac­
teres fundamentales y presentes en
toda su obra una voluntad de su
peración del naturalismo y un afán
dinámico que también determinará
sus preferencias. Inquieto, ansioso
de realizarse, continúa Raynal, gus­
taba frente a los maestros el en­
canto de descubrir —como espectá­
culo y como ejemplo— los progre­
sos plásticos alcanzados en la ex­
presión de la naturaleza, en cuanto
logro de &lt;un orden personal y pro­
pio de cada artista.
En 1911, el futurismo de Carra,
R ussolo Boccioni, le advierten in­
mediatamente de nuevas posibili­
dades y caminos. Para Curatella
Manes la estatuaria debía surgir
de detalles menos intelectuales y
menos ingeniosos. Lo defrauda la
tendencia más analítica que cons­
tructiva de aquel movimiento, la

43

La innovación no superaba por
completo el naturalismo.
Del peregrinar insatisfecho que si­
gue a esta experiencia —C ézanne,
Van G ogh, Seurat, R enoir— Ray­
nal considera particularmente fruc­
tífero para su artista el descubri­
miento del arte negro, y en general
del arte primitivo en París. Frente
a él se replantea muchos problemas,
se hacen conscientes muchas intui­
ciones. ¿La escultura debía ser sig­
no, símbolo, equivalencia plástica o
absoluta creación? Curatella Ma­
nes se responde —continúa— que
“la escultura debe tender esencial­
mente a la creación de planos in­
determinados, especie de cartas
blancas o de pierres d’attente, o
aun de puertas de escape dejadas
abiertas a todas las bases inconmen­
surables e irracionales de la imagi­
nación más exaltada, de la poesía
más ilimitada’ .
La etapa final y decisiva, la de los
logros que estas tesis suponen, la
sitúa Raynal desde 1920 en adelan­
te, cuando definitivamente radica­
do en París, después de una breve
estada en ¡&gt;u patria, vive el cubismo,
frecuentando a P icasso, L aurens,
J uan G ris, L ipchitz y otros. Enton­
ces descubre las infinitas posibili­
dades de la pura imaginación. En­
cuentra que un cumplido fin de la
escultura podía ser perseguir los

�juegos maravillosos y extraños que
una materia toma de pronto entre
las manos de un artista que subor­
dina un tema a las cualidades plás­
ticas de formas en movimiento por
él imaginadas. El artista es asi ab­
solutamente libre; sólo recibe insi­
nuaciones del material. La obra
podrá parecer hermética e inexpli­
cable, pero sólo a quienes se sujetan
a juicios tradicionales. De aquí un
dejarse vivir, un culto por todo lo
imprevisto, una revaloración de lo
inesperado y también de lo pinto­
resco, que Raynal defiende y rei­
vindica como actitud típica de los
“verdaderos” artistas, sin advertir
el peligro del dogmatismo.
Acróbatas es la primera obra en que
persigue ese canon y en la que rom­
pe con toda su producción anterior.
La caída de Icaro es el primer ob­
jeto verdaderamente creado por Cu­
ratella Manes —sigue Raynal— y la
obra que más se acerca al ideal
perseguido. “Un máxitno de gran­
deza, con un mínimo de medios”;
supresión de detalles; sólo elemen­
tos fundamentales q'ue el autor in­
terpreta simbólicamente como aire,
tierra y luz.
Al abordar la caracterización de es­
tas obras, así como del estilo, el
autor tiende más a exaltar que a
definir. El pensamiento queda a
veces disperso en ideas complejas
que no alcanza a desarrollar. Todo

44

el ensayo es un intento de biogra­
fía poética, pero no logra el vuelo
lírico que lo haga expresivo como
tal. Cumple, no obstante, el come­
tido de una explicación de posicio­
nes a primera vista herméticas —
también de una ubicación del ar­
tista en los complejos ismos de
nuestro tiempo— pero no logra de
ningún modo una amplia valora­
ción crítica de la obra del escultor
argentino.
Al encarar esto nos preguntamos:
¿cuál es el planteo inicial para en­
frentar el artista? Hay emoción, pa­
sión. Lo que no es objetable. Sin
pasión no se pueden comprender
ni el arte ni la vida. Pero tampoco
sin ideas. Y esto es lo que añora­
mos: un armazón estético —no im­
porta si explícito o no— que verte­
bre las ideas, sin el cual el pensa­
miento queda necesariamente en el
vacío. Y cuando nos desprendemos
del chisporroteo literario y de la
gracia de las metáforas, ¿quedan ca­
racterizadas la personalidad y la
obra de Curatella Manes? Ante esta
pregunta se advierte otra debilidad:
el juicio detenido en el enunciado
de lo general, sin la discriminación
sagaz que lleva al meollo del indi­
viduo, sin el hilar fino de los ma­
tices.
A licia P uente

�E N C U E S T A
ABSTRACTO

S O B R E
EL
A R T E
Y EL N E O R E A L I S M O

ENTREVISTA A MASSIMO CAMPIGLI
Entro a la Galerie de France para ver la exposición de Campigíli. Es de mañana y
sólo encuentro a un señor medio canoso, medio despeinado que, sentado en una silla,
corrige afanosamente las pruebas de un libro.
Empiezo a saborear lentamente la exposición: por las paredes, las trapezoidales mujercitas de Campigli, con sus faldas cretenses, sus peinados formales, su cara de felicidad
impávida, de tiempo detenido. En el inmenso mundo matriarcal —mejor dicho solo
femenino— hay esta vez una novedad de detalle: una gran torre Eiffel infantil, hecha
de Meccano, resumida; una calesita, unos teatros muy de Gulliver atestados de mujercitas iguales: espectadoras, acomodadoras, actrices. El único hombre allí, el invisible
pintor, creador de ese universo fantástico y equilibrado en sus blancos, ocres, grises,
gama em polvada con un velo terroso que la hace inconfundible y deliciosa. De pronto
llega el pintor italiano Zuffi, me presenta al Maestro, el señor que vi al entrar, y
como lo encuentro bien dispuesto le propongo hacerle una entrevista. Acepta y he aquí
la transcripción fiel de nuestro diálogo:
B _¿Cuál es su opinión sobre el arte abstracto?
C_Creo que hasta antes de la guerra no había una incompatibilidad entre el arte
figurativo y el arte abstracto. Todas eran búsquedas en que estábamos empeñados.
Ahora esa incompatibilidad existe, me parece que por dos razones: 1?) porque el arte
abstracto está pasando por un cuarto de hora de moda, y 29) porque al ser muy nume­
roso el sector abstracto, sus artistas se han hecho menos convincentes.
B —¿Por qué son menos convincentes al ser numerosos?
C.—Porque quiere decir que no pueden ser muy auténticos.
(Quiero preguntarle si no los encuentra auténticos comparados con los precursores
como Kandinsky, Mondrian o Vantongerloo, pero no me deja hablar y continúa:)
C .—Cuando estoy bien dispuesto pienso que en la base de la moda del arte abstracto
puede haber una manifestación de necesidad, un afán de autocastigo general debido al
momento histórico, político, social. O también la expresión de una voluntad de muerte
(en el sentido freudiano) de nuestra pintura actual. En todo caso no se trata del p rin ­
cipio de algo, sino del fin de algo. Todos nosotros, los italianos, la Escuela de París
no hacemos ya más que comentarnos a nosotros mismos, no abrimos horizontes.

'45

�Creo —y no lo digo por espíritu polémico— que la difusión del arte abstracto en este
cuarto de hora se debe atribuir al hecho de que es fácil. En demasiados casos he
podido comprobar la absoluta incapacidad —mejor dicho_ nulidad de la pintura que
algunos abstractos hacían antes de serlo o después de haber dejado de serlo.
Esto es lo que se puede decir de los militantes, no quizá de los mejores. De todos
modos una opinión muy optimista sobre la pintura abstracta me deja lleno de dudas.
B __Y en cuanto al llamado neorrealismo, ¿cuál es su opinión?
C .—Creo que no estamos en grado de juzgarlo con nuestro punto de vista habitual.
No me rehusó a admitir que el entusiasmo por una idea social o política, este otro
concepto nuevo de la utilid ad general pueda ser la medida del vglor de una obra. Y
que una pintura neorrealista (no puedo decir de quién porque todavía no he visto
una que me guste) pueda tener más objeto que nuestro refinamiento. Pero probable­
mente digo esto por aquella enfermedad de la duda que es uno de los síntomas de
nuestra civilización vieja y refinada a la cual —no obstante— estamos unidos.
B .—¿Le parece a usted que lo abstracto podría ser un modo de expresión más de
acuerdo con el sentir germánico y nórdico y que los italianos —pueblo mediterráneo—
tienen siempre otra adhesión al objeto material?
C_No, eso no lo creo. Los pueblos mediterráneos han sido siempre más lentos en
adoptar nuevas expresiones.
B .—¿No le parece a usted que lo que me ha dicho hasta aquí se explicaría por una
decadencia de la pintura de caballete y que el destino de la pintura futura será mural?
C_No, yo creo que se trata de un hecho económico. Todos los pintores estamos dis­
puestos por nuestra vanagloria a pintar grandes composiciones murales. Yo, por ejem­
plo. Mi pintura al ser planista y decorativa se aviene muy bien al muro, lo he hecho
antes de la guerra y estarla siempre dispuesto a hacerlo. Ahora, le confieso que pre­
fiero el pequeño cuadro al óleo en lo que me permite de corrección y afinamiento.
La técnica del fresco a un pintor lleno de dudas como yo, le resulta necesariamente
un poco incómoda. Pero en general creo que toda la pintura moderna, la cerebral,
la que viene de adentro (no me refiero a la meramente imitativa) está dispuesta a
abordar el muro y cuanto más grande sea mejor. Esa pintura decorativa y cerebral se
adapta a lo monumental.
B __¿No cree usted que quizá la pintura y la escultura marchen hacia la arquitectura
para integrarse con ella?
C__Si, si el arquitecto deja el muro siempre el pintor lo podrá usar como un medio
de expresión.
B —No, pero así como lo han hecho los mexicanos o ciertos europeos a la manera del
quattrocento no me interesa. Digo en una unión más íntima y más nueva.

46

�C—La arquitectura moderna está salvada porque sirve, es funcional. De origen cubista,
ya tiene el campo abierto para llegar a ser lo que quiera. Lo que no sé es si la
arquitectura moderna será monumental.
B _Eso es lo que yo creo que no. La mayor parte de las lám paras de la arquitectura
de R u skin están fuera de lugar en la arquitectura moderna. El lujo, por ejemplo, que
molesta tanto en la arquitectura de estos últimos años en Italia.
C _Si, yo creo que la condición del m o nu m en to es su inutilidad. Un día pasaba con
un amigo por los magníficos hangares de Orly, una luz amarilla se filtraba de lo alto
de la bóveda parabólica. Yo dije casi instintivamente: "Qué hermoso, lástima que
sirvan para algo”. A lo que mi amigo enfurecido replicó: "Cómo puedes decir eso,
lo mejor es que sirven para algo”. Hoy, reflexionando, sigo creyendo que yo tenía razón.
B —¿Qué porvenir inmediato profetiza usted a la pintura?
C_No lo sé, dependerá de las condiciones sociales. Si viene el comunismo tendremos
una cosa, si no seguiremos luchando como hasta ahora.
ENTREVISTA A LÉON GISCHIA
B _Quiero formularle varias preguntas para una encuesta que estoy realizando sobre
el arte abstracto y el llamado neorrealismo.
G—Será solamente sobre lo abstracto, el neorrealismo no es un problema artístico o
estético, es simplemente un problema de propaganda. No discuto, por ejemplo, la manera
de anunciar de los norteamericanos, nunca se me ocurriría discutir los avisos de CocaCola. A mi, personalmente, me parecen feos, pero no sé la eficacia que tienen ni me
interesa.
|
Respecto al otro tema, creo que la palabra abstracto es falsa.
B.— ¿Prefiere alguna otra? ¿Concreto, por ejemplo? Creo que es un juego de palabras,
naturalmente que ese arte es concreto en el sentido de que todas las cosas que hace
el hombre lo son, pero me parece que abstracto es más justo, pues, evidentemente en
él hay una tendencia a la abstracción en sentido filosófico.
G—Sí, precisamente, es lo que hay: tendencia hacia la abstracción. En realidad, este
movimiento actual es de oposición al Renacimiento. El objeto del arte era, durante
el Renacimiento (hablo no sólo del italiano, sino de sus consecuencias hasta el siglo
XIX) no el de buscar la realidad, sino la ilusión de la realidad. Una obra de Rafael,
de Leonardo o hasta de Rembrandt, utiliza todos los medios: perspectiva, escorzo, claros­
curo, para darnos la sensación de la realidad. La gente sigue mirando el espectáculo
que le es dado en el cuadro y no mira la p in tu ra . Lo mira como algo posible, pero
no como un espectáculo real. Un ejemplo lo tenemos en La ronda, nocturna de Rem-

47

�brandt. Después de limpiarlo se descubrió que el cuadro no representaba la noche
sino el día. El público había querido ver la noche y la veía. No se trataba del cuadro,
sino del espectáculo.
La estética grecorromana y el Renacimiento son los responsables de este malentendido
de mezclar un argumento a la pintura. En las otras épocas —los cretenses, los egipcios—
se trataba de otra cosa. La obra era artística en si m ism a.
B _¿Cree Ud. que este arte va cada vez más hacia una abstracción total? (No quiero
usar la palabra deshum anizado, que me parece falsa.)
G_Sí, el arte va hacia la abstracción, pero no se trata de representar o dejar de repre­
sentar. He visto a un pintor —que no quiero nombrar— reconocer en un cuadro que
le traían para una exposición, un elemento de la realidad y rechazarlo. Eso me
parece totalmente absurdo.
Cuando un artista románico se disponía a representar un Cristo, no hacia posar un
modelo, lo pintaba directamente de acuerdo a cánones mentales. La deformación del
cuerpo, las curvas convencionales de las telas, así nos lo demuestran. Trataba de abs­
traer (o sea, sacar fuera) de la cosa el hecho religioso y plástico.
Otro malentendido es el de la decoración, esta palabra que siempre se usa en sentido
peyorativo. Los pintores no quieren ser decorativos y no comprenden que la gran
pintura siempre lo ha sido, como todo el gran arte en general.
B .— Matisse, por ejemplo, es decorativo.
G—Y en el mejor sentido de la palabra. No sé por qué los artistas no se atreven a
utilizar la repetición de elementos, los ritmos lineales. Nuestra pintura no es precisa­
mente la pintura ilusionista que empezó con el Renacimiento. La primera revolución
contra ese estado de cosas fué el Impresionismo, que constituyó un naturalismo llevado
al absurdo. Monet, por ejemplo, queriendo captar un minuto de una luz particular,
llega —en sus Catedrales y N infeas — a la contradicción de que el todo se disuelva
en nada.
Actualmente estamos en la segunda revolución, que es una revolución no sólo contra
el Renacimiento, sino contra el Humanismo. En la ciencia estamos asistiendo a algo
semejante. Ciertas cabezas privilegiadas han lanzado hace unos años nuevos postulados
que después vemos cumplirse sin que nadie pudiera predecir cómo sería esa nueva
ciencia. Que no invalida la antigua. La geometría de Euclides sigue existiendo, sólo
que no nos interesa. Naturalmente que las paralelas siguen siéndolo, pero para nuestra
ciencia el problema no es ése. Lo mismo ocurre con el arte. Va contra el huma­
nismo, pero todavía no sabemos qué arma utilizará para atacarlo. Nadie puede prever
un arte.
I
B. —Sí, en efecto, en tiempos del románico nadie podía soñar cómo sería el gótico,

I

48

�que fue una convergencia entre los descubrimientos estáticos y una voluntad de expre­
sión plástica distinta.
G—En la Antigüedad ya ocurrió otra vez el mismo fenómeno. En los siglos IV y V
se luchó contra lo antiguo y ese afán cristalizó después en el románico. Si nosotros
nos oponemos ahora a algo puede ser que más adelante esa misma oposición sea la
base de un nuevo giro del arte que por el momento ignoramos.
B _Comprendo su posición, pero de todas maneras me parece falso lo que todos
explicamos: que el arte actual es el resultado de una paulatina abstracción que viene
de los antiguos y pasa por Cézanne y los cubistas. El espectador ingenuo nota que
entre una cosa y otra hay un salto en el vacío que los historiadores no le explican.
El escamoteo de la realidad en la pintura actual no es sólo consecuencia de la actitud
de Cézanne.
G.—No es necesario que lo sea. Léger, por ejemplo, usa a veces elementos reconoci­
bles y otras veces no. Sin embargo, siempre sigue siendo el mismo pintor. El hecho
de que en sus cuadros reconozcamos un paraguas o una bicicleta no cambia en nada
la cuestión.
B La gente —a pesar de todo— se sigue sintiendo más cómoda cuando encuentra
esa pista de objeto conocido.
G.—No siempre. Hay también el otro tipo de espectador al que le inquieta reconocer
algo de la vida diaria en un cuadro. Conozco a un médico, un gran coleccionista, que
prefiere tener sólo cuadros abstractos que no le recuerden nada. En ese sentido la pin­
tura tiene mucho que aprender de la arquitectura que crea y ha creado ritmos de la
nada (es decir no de cánones o medidas humanas o de la naturaleza) en una estética
propia. Creo que en pintura se trata más de seguir la composición de la arquitectura
que la de la música, será quizá mi incapacidad de sentir la música la que me hace
decir esto.
B .— Si, yo también creo que un capitel dórico y su entablamento son ya de por sí (y
aun solamente en el dibujo, sin llegar a verlos en la realidad) una maravilla de com­
posición abstracta.
G—Y admirablemente proporcionada. Para el arte moderno se trata fundamentalmente
de un proplema de proporción. Tenemos que descubrir nuestra proporción. En ese
sentido el cine nos puede ayudar, pero no el cine como enfoque ni como fotografía. El
cine en sí como hecho plástico. Es extraordinaria la convención que acepta el hombre
moderno cada vez que va al cine. Una imagen bidimensional, en blanco y negro con
voces que suenan de veras. Es una cosa tan monstruosa como para horrorizarse con la
explicación. Es lógico que un primitivo o un niño vean sus primeras sesiones de cine
en un clima de terror.

49

�B —La

continuidad de las imágenes: primeros planos, paisajes, rostros descomunales
y la oscuridad en que se asiste a la representación no hacen más que agravar ese am­
biente de irrealidad.
G—Sin embargo la gente lo acepta como la cosa más natural. Un sobrino mío muy
joven, leía hace poco la noticia de que se habla inventado el cine en relieve y dijo
sorprendido: “Pero cómo ¿no es en relieve?”. Lo importante es ver, saber ver, entrar
en la convención.
Cuando la pintura, desde fines del siglo pasado, cambió completamente su gama de
color, la gente apenas si reaccionó. En cambio, en cuanto se intentó una nueva
concepción espacial, el público se sintió molesto como con un malestar físico. Sin em­
bargo, el cine nos da tal infinidad de puntos de vista, que el cubismo con sus dos o
tres visiones simultáneas no es más que un inocente juego de niños.
Vivimos todavía bajo la influencia de ese invento extraño que fué la perspectiva geo­
métrica. La gente cree que la realidad es la perspectiva, se ve en perspectiva. Esa es
la gran arma del Renacimiento y la señal de su orgullo infinito. Centrar toda la reali­
dad a un punto de fuga único y personal. El colmo de la vanidad: creerse el centro
del Universo.
B —Con ningún prejuicio hay que luchar tanto en la mente del espectador ingenuo. Es
opinión generalizada que la perspectiva es cierta, que basta sacar la fotografía de un
objeto para comprobar que sus líneas fugan de acuerdo a las leyes de la perspectiva
geométrica.
G.—Sí, pero lo primero que se le dice al que va a hacer fotos es que no tome un
edificio de muy abajo porque parecerá que el edificio se cae, que no saque a una
persona con los pies en primer plano porque quedarán descomunales ante el resto,
etc. Sin embargo, el que mira un edificio desde abajo no lo ve caerse, el que mira
una persona en escorzo violento no le ve los pies grandes. La fotografía, al ser mecá­
nica, nos da u n aspecto de la realidad, nosotros captamos m uchos simultáneamente.
B —De modo que hemos tenido que aprender a ver de nuevo. Los pintores nos han
enseñado a ver la multiplicidad del mundo.
G_Cuando hice los decorados para el E n riq u e IV 9 de Pirandello, consulté dibujos
románicos y góticos y descubrí que su visión no era perspectiva. Que no pensaban la
arquitectura en términos de líneas de fuga, sino que la veían plana, con una defor­
mación igual a la de la pintura. Por eso los frescos románicos se encuentran tan
naturales entre una arquitectura pensada igualmente con una actitud planista. Hasta
Villard de Honnecourt —a mediados del siglo XIII— sigue representando la realidad
en una convención antiperspectiva y no creo que haya la menor duda de que aquella

)0

�gettte tenía que haber descubierto por ejempio que las líneas paralelas parecen encon­
trarse en el horizonte o sea el principio de la fuga perspectiva.
B —¿Cree Ud. que se puede predecir cómo será el arte del futuro?
G.—No, no tengo la menor idea de cómo será. No creo en ningún determinismo, lo
único que me parece útil es releer la historia del arte, no para saberla solamente sino
para sacar enseñanzas de experiencias anteriores. Para saber qué ocurrió antes y poder
comparar. Me imagino que nuestra época será explicada por un historiador determinista
diciendo: “La pintura había llegado hasta un grado superior a fines del siglo XIX,
después de dos guerras catastróficas los hombres olvidaron las conquistas hechas y vol­
vieron a caer en balbuceos y en concepciones elementales”. Más o menos como nos­
otros explicamos la invasión de los bárbaros en la cultura antigua como una des­
trucción funesta más que como un aporte vital que es lo que fué en realidad.
Ahora bien, "cada época usa para transformarse una técnica dominante”, decía con
toda justicia Louis Bréhier. Ya ese cambio se operó una vez en el dominio de la orfe­
brería, ahora, desde principios de siglo, creo que esa transformación ocurre dentro del
campo de la pintura. Lo cual no quiere decir que eso le confiera primacía sobre nin­
guna de las otras artes plásticas. Nos resulta más cómodo experimentar en la pintura,
por eso la usamos. Cuando los iluminadores empezaron la pintura europea, en su
técnica diminuta se hallaba un contenido monumental. Todo el arte se probaba en
esas experiencias, pequeñas en la realidad de las medidas exiguas. No tiene nada que
ver. También la mayor parte de la pintura actual podría realizarse en dimensiones
reducidas con los mismos resultados.
B .—¿Pero no cree Ud. que quizá la pintura tienda a incorporarse al muro?
G.—Si, el muro como cualquier otro elemento como el piso u otro campo arquitectó­
nico. Yo, particularmente me sentiría un poco molesto con el muro. Es demasiada
responsabilidad y estamos al principio de algo, no al final. Llegará un momento en
que todos seamos capaces de crear y todos capaces de apreciar. Como los que tejen
alfombras crean anónimamente su estilo, tendremos que dejar el exquisito refinamiento
de cada individualidad y ser más modestos y más simples. Rehuir esa fiebre de los
jóvenes de querer ser originales a todo trance. No es queriendo ser original como se
llega a la verdadera originalidad. Lo mejor —lo más modesto— es empezar por copiar
a los que han hecho mejor antes de que uno llegara. Para subir más por la escalera
utilizar los peldaños que ya existen. Los jóvenes dicen: “Hay que acabar con Matisse,
con Picasso...”. No, hay que superarlos. Tomar el punto en que los otros han dejado
y hacer avanzar un poco más el arte. En los siglos pasados, el artesano no se proponía
ser original a todo trance: copiaba y trataba de mejorar. Un día habrá que escribir
el Elogio d el plagio. Rafael llegó a ser Rafael tratando de hacer buenos Peruginos.

�'

Sí el que copía es inferior, queda involucrado por ia figura mayor, es un épígotto y
no hay nada de malo en ello. El estilo está hecho de los que imitan. Si el imitador
sobrepasa al maestro, la historia del arte avanza un paso más. De todos modos hay
ganancia. Sólo la originalidad voluntaria puede ser suicida al trabajar en soledad.
B .—¿No le parece a Ud. que los abstractos son demasiado iguales entre sí?
G.—Ese es el mejor elogio, quiere decir que empiezan a tener un estilo. El hecho
de que después de la guerra hayamos podido comprobar con asombro que en todas
partes se había estado trabajando en lo mismo sin saberlo es significativo. En una
exposición que hizo la Unesco, vimos con sorpresa las tentativas —buenas o malas—
de todos los jóvenes en el mismo sentido.
B .—Creo también que se podría definir el arte actual diciendo que no es tanto la
voluntad de hacer una cosa, cuanto la imposibilidad de hacer otra. La mayor parte
de los pintores conscientes no pueden ya ponerse delante de unas manzanas o un
cacharro o una mujer desnuda. Son problemas que no les dicen ya nada.
G.—Claro, volvemos al cine. Los cuadros de batallas del Barón Gros eran para mostrar
a la gente cómo eran las batallas. Una batalla en el cine, aun en un noticiario, no
es menos convencional que alguna de las del Barón Gros, pero nadie puede soportar
ahora estos cuadros. Nuestra convención es otra. Para el pintor moderno, la tela no
funciona más que como objeto.
B .—¿En realidad cree Ud. que los cuadros modernos están hechos para ser colgados
de las paredes?
G.—No; los cuadros están hechos para ser pintados y después se los podría tirar. Lo
importante es la experiencia que se adquiere en cada uno de ellos.
B —Yo, al hacer una casa y ponerle sus muebles —una casa moderna, naturalmente—
no encuentro sitio para los cuadros.
G.—Si, hay gente que elige los cuadros figurativos o abstractos porque le vienen bien
como nota de color sobre una cómoda Luis XV. En realidad, yo que admiro tanto
a Léger o a Matisse, no siento la necesidad de poseer, de tener colgado en mi casa
ninguno de sus cuadros. No los codicio, no son un problema para mí.
B .—M e parece que el lugar de los cuadros es el museo, lo colectivo otra vez. El
otro día, en una magnífica colección particular, tuve la sensación de la indecencia.
G.—Sin embargo, hay ciertos cuadros de Miró o de Klee que me gustarla poder
mirar en mi casa, que no tendría dificultad en ver todas las mañanas al despertarme.
B .—¿No cree Ud. que esa falta de necesidad del cuadro en la vida moderna sea un
síntoma de decadencia de la pintura de caballete?
G.—No, ya le he dicho que la pintura de caballete es un medio cómodo y nada
más que un vehículo de expresión cuya técnica dominamos. Todas las experiencias

52

�pueden resuitar interesantes. Ün arquitecto me propuso dibujar un piso, resuitó
apasionante. Había que crearlo todo, empezar de nuevo. Los griegos inventaron la
greca, nosotros todavía no hemos inventado nuestras formas.
B .—Quizá la técnica tenga mucho que ver en la futura historia del arte abstracto.
Me refiero al diseño de las máquinas, por ejemplo.
G—Sí, me parece importantísimo. Otra cosa que está por escribirse. Cómo las form as
constituyen una parte muy importante de cada generación.
B .—El A rt N o u vea u tuvo sus curvas vegetales, nosotros estamos buscando la forma
que nos exprese como época.
G.—Las del A r t N ou vea u me parecen falsas. Creo que no salieron de una necesidad
sino de un capricho floral. Nosotros estamos buscando esa proporción expresiva que
nos defina.
B .—¿No le parece que la falta de marco en las obras abstractas es significativo?
G.—Sí, el cuadro del Renacimiento necesita un marco porque es un agujero en la
pared. Su mundo tridimensional necesita estar separado del muro, es como una ven­
tana que da a otra realidad. En cambio, la pintura abstracta se exp a n de por el
muro. Es como un guijarro dejado caer en el agua y cuyas ondas se extienden indefi­
nidamente por la superficie neutra. Por eso es tan difícil colgar telas abstractas en
una exposición, porque se influyen unas a otras y entre ellas se establecen relaciones
mutuas. Lo abstracto juega sobre el muro en sus dos dimensiones, de ahí la incon­
gruencia de los pintores soi-disant abstractos que utilizan los trucos de la pintura
ilusionista: claroscuro, escorzo, etc.
B.—Y esa falta de marco, ¿no le parece una prueba más de la tendencia mural de
la pintura abstracta?
G.—No necesariamente. Ya he dicho que no sé cómo será el arte del futuro. Por
ahora veo que cada arte va por su lado: pintura, escultura, arquitectura. Creo que
es mejor no tratar de unirlos por la fuerza, sería fatal, como los matrimonios entre
personas demasiado jóvenes e inexpertas. Cuando llegue el momento maduro de
unirse, no hará falta hacerlo deliberadamente ni habrá nadie que pueda impedir
que ello ocurra.
B .—¿Qué se podría decir, entonces, como balance general de la entrevista?
G.—Que no hay duda que los pintores conscientes buscan por caminos más o menos
parecidos o equivalentes algo que no saben bien qué es,salvo que constituye una
oposición a lo que desde hace varios siglos nosviene dominando. Es el principio
de algo nuevo. Somos como niños recién nacidos o como un hombre que quisiera
hablar un nuevo idioma y que cuando descubre signos —hasta ahora rudimentarios
quizá— se siente feliz.
D a m iá n C arlos

53

B ayó n

�H

�visión integral semejante a ía de los niños
o los primitivos.
Figari evoca el campo y la ciudad. El
campo en él quiere decir la llanura pam­
peana, el ombú solitario, los caballos tris­
tes y cansados; sobre todo el gaucho en
los días de fiesta de la estancia, bailando
en los patios coloniales, danzando el peri­
cón o el cielito bajo los naranjos en flor.
La ciudad en él es sinónimo del negro,
al que también sigue en sus fiestas, sus
candombes, sus carnavales; en las calles y
las casas, en sus casamientos y sus muer­
tes. Y alguna vez el salón señorial en­
vuelto en los acordes del último minué
federal.
En estas representaciones la visión fugaz
que organiza un sobremundo emocional
no tiene carácter narrativo o de simple
presentación, sino un sostenido carácter
poético en tono lírico menor. Y como
pinta evocando, “a la luz del recuerdo”,
sus formas no pueden tener la precisión
ni el rigor de las que obedecen a un
sistema prefijado de ideas, ni tampoco
adquirir una objetividad fría y descrip­
tiva. Su actitud es en cierto modo ro­
mántica, como lo es toda actitud de eva­
sión, pero no lo es desde el punto de vista
formal ya que no crea una atmósfera de
misterio o de indefinición —exceptuando
algún paisaje— ni busca la sublimación
del sentimiento mismo. Más bien sus imá­
genes están plenas de energía vital, hay
sensualidad en ellas aunque tamizada,
exaltación del movimiento más en la pro­
pia materia que en el gesto detenido.
yy

¿sta es ía formá en que Figari, pintor
de contradicciones, deja expresar su tem­
peramento barroco atenuado.
Cuando rememora el campo y su paisa­
naje los ve más a la distancia, y al sen­
tirlos como cosa lejana compone con ellos
un tinglado de titiriteros en el que los
gauchos bailan y se mueven como peque­
ños muñecos de trapo, figuritas pobres
y triviales como formas que se valorizan
por la fuerza explosiva del color.
Al negro en cambio lo toma más de cerca
y lo trata con más insistencia e interés
que al gaucho, aunque sin profundizar
demasiado en su humanidad. Tampoco se
entrega a la sensualidad de sus danzas
ni comparte la tristeza o rebeldía de su
condición social. Le interesa como materia,
como forma, como color. El negro le es
fundamentalmente útil para dar libre ex­
presión a su placer coloristico que es tan
grande como su capacidad colorística. In­
venta con ellos los contrastes más sor­
presivos de color, deja derramar la materia
espesa, caliente, densa, para afrontar las
oposiciones más atrevidas, las armonías más
extrañas. Y en medio de esta algarabía
de color, los blancos, nunca puros, nunca
inertes, lejos de atemperar exaltan la po­
tencia expresiva de las tintas.
Si el tema ofrece un aparente pintores­
quismo, el color manejado con tan extre­
ma sensibilidad y virtuosismo, eleva la
calidad de la obra. En realidad siente
el espectador que las telas “obran más en
la gula de la retina que en lo profundo

�de su espíritu”, como afirma A talaya
en un juicio adverso algo extremado.

Sabe Figari dónde poner sus tintas puras,
dónde extenderlas trabajadas, moduladas,
en grandes superficies planas, vibrantes
por el color, por la materia, por la rique­
za de sus ritmos. Por esto prefiere los
grandes enfoques de conjunto en que se
acumulan las formas aplastadas contra el
plano, unidas en arabescos dinámicos, sos­
teniéndose unas a otras por sabios pasajes
del color. Así evita que se destruyan por
la imprecisión de sus límites, por la falta
de dibujo que las sostenga. Cuando acorta
la distancia focal y se acerca a sus persojes se advierte más esa falta de dibujo;
entonces es mayor la superficialidad de su
expresión, sobre todo cuando insiste en los
acentos característicos o busca una ironía
sin profundidad. Domina el sentido hori­
zontal de la composición combinado con
verticales —hombres, árboles, muros— con
lo cual pone una nota de orden en sus
afiebradas escenas. Los elementos arqui­
tectónicos que trata de incluir siempre,
forman una espepie de esqueleto exterior
que retiene la fuerza demasiado expre­
siva de su pintura. En este “sentido ar­
quitectónico que serena la verba de Fi­
gari”, en “alguna composición de austera
geometría”, H errera reconoce la influen­
cia de su hijo Juan Carlos, alentador
compañero en el exilio, su mejor crítico
y estímulo. Arquitecto y también pintor,
fué colaborador anónimo en muchas telas.
La composición de Figari es elemento
fundamental que da estructura al cuadro.

56

A veces reina una perfecta simetría, en al­
gunas escenas que reanima con dos o tres
figuras ordenadas de acuerdo a un espí­
ritu más racional del que aparentemente
muestra. Otras en que el cielo es princi­
pal protagonista, se lanza a una com­
posición repentista de tipo vangoghiano.
Pero, pintor de contradicciones, organiza
de acuerdo a un criterio más riguroso
lo que es arquitectura en su cuadro: mu­
ros, escaleras, frentes coloniales se oponen
al primer plano donde se desarrolla la
anécdota y se amontonan los personajes
siguiendo una composición en arabesco; el
dinamismo espacial que crea en aquel
fondo, verdadero marco de contención,
se opone al dinamismo material que se
desenvuelve en el plano.
Es importante destacar la falta de evolu­
ción en su pintura debido posiblemente
al mismo carácter de rememoración sos­
tenida que tiene. En efecto, nada nos
dicen las fechas en el centenar de obras
que hemos podido observar, sean de 1921
cuando comienza su gran producción o
del 34 en que la da por terminada. La
misma forma , plástica se mantiene sin
titubeos, sin alteraciones, con los mismos
caracteres y acentos, alcanzando un gra­
do de maduración que se sostiene por
igual en toda su obra. No creo que
en aquella fecha se inicie la “mila­
grosa” creación pictórica originada por
una especie de eclosión espontánea, como
deja suponer Herrera. Comienza sus primerísimas experiencias pictóricas en 1890
partiendo de un académico naturalismo

�italiano (nos recuerda los plácidos retra­
tos de familia de Giacomo Favretto).
Estos ensayos más o menos esporádicos
son tan importantes porque revelan una
asimilación mental y emocional de imá­
genes y fuerza creadora. Y no como afir­
ma Giselda Zani, exagerando el juicio al
decir "que por sí solas bastarían para
asignarle un lugar honorífico” o "con ca­
lidades de color y finísimo dibujo excep­
cionales”.
Posiblemente emparentado con Bonñard y
Vuillard, no por una comunidad de es­
píritu sino por ciertas maneras exteriores
—como Vuillard pinta apresuradamente
sobre cartón, amontonando pinceladas
gruesas, unas sobre otras con igual pasión
por el color, similar entusiasmo y energía
en el uso de los blancos— cierra los ojos
a la nueva realidad pictórica de su tiempo.
Instalado por años en París, a partir de
1925, se mantiene ajeno a las conquis­
tas de la pintura obtenidas a través de
las experiencias cubistas y fauves lejos de
los numerosos ismos que renuevan el
lenguaje plástico, ignorante del aliento
profundo que recibe Europa a través de
sus dos figuras geniales, mirando hacia un
pasado que toca a su fin con aquel gran
postimpresionista. (Galería Van .Riel y
Librería Kraft).
R aquel Edelman

HORACIO BUTLER
Siempre ha demostrado poseer Horacio
B utler una sensibilidad controlada por
la razón y por ello ni siquiera en el

57

período que denota la influencia de
Othon Friesz deja de sufrir la de A ndré
Lhote. Oscila al comienzo entre esos dos
maestros cuyos espíritus conjugan en bue­
na parte con el suyo, ya que el primero
atemperó la energía fa u ve de proceden­
cia vangoghiana con la vigilante observa­
ción de la naturaleza y el segundo atem­
peró la precisión cubista de procedencia
cézanniana con el desborde de la sensua­
lidad por el color. Así Butler practica
principios sólidos de composición que pro­
ceden de uno pero también libera su
sensualidad cromática de acuerdo a la
lección del otro. Y cuando expone en
Buenos Aires, a su vuelta de Europa, se
diseñan claramente las dos dimensiones
de su invención creadora. No obstante
ese principio de equilibrio inteligente
que nunca le abandona, hay una etapa
en la que predominan las pastas jugosas,
los arabescos dinámicos, el colorismo exal­
tado; etapa que termina cuando descu­
bre El Tigre, fuente de sugestión natu­
ralista para él y de estilizaciones vaga­
mente geométricas en el plano bidimensional de las formas decorativas.
Cuando se examina su obra puede verse
la oscilación anotada, pero también una
virtud más o menos escondida que se
hace presente ahora para explicar el ro­
tundo éxito de su reciente exposición en
la Galería Viau. ¿En qué consiste esa
virtud? En la capacidad de objetivación,
tanto de la naturaleza, a la que no trata
de adornar, ni siquiera de vestir con
elementos emanados de su subjetividad,

�como de las formas, a las que realiza con
severidad: límites precisos, carne precisa,
coloración precisa, dirección precisa.
Esta capacidad de objetivar está directa­
mente relacionada con el tipo de su sen­
sibilidad. No es pintor de líneas vibran­
tes, ni de silencios, ni de claroscuros
cargados de emotividad, ni de tonos que
se alargan o se multiplican. Butler no
siente las resonancias de las cosas, ni de
la materia; ve con potencia fría porque
además razona lo que ve y siente. Y
gracias a esa manera de ser, que le hu­
biera impedido descollar en un arte de
sugestiones, ha sido el único de su gene­
ración capaz de lanzarse a la creación de
formas plenas, concretas, que no pueden
ser expresivas más que al ser unidas por
leyes mentales de composición.
Los primeros paisajes del Tigre y otros
temas de carácter similar, algunos con
figuras, lo fueron conduciendo a un planismo peligroso por el mantenimiento
de la figuración y la escasa potencia del
color; los paisajes que pinta a partir de
1941, en particular los dibujos, amena­
zaron quebrar esa voluntad de formas
duras, como si se hubiera dejado ganar
por un suave naturalismo panteísta. En
las obras recientes recobra el control de
sí mismo y a causa de la feliz incorpo­
ración de rayos de luz y a la mayor pre­
cisión del plano cromático se le ve resolver
problemas de espacio, lo que significa un
enriquecimiento; además, el proceso de
geometrización se acentúa, en algunas
telas, y comienza a no ser estilización

58

para transformarse en creación, lo que
constituye un segundo motivo de enri­
quecimiento.
Si la voluntad de lograr estructuras se
fuera intensificando en las obras futu­
ras, como supongo ocurrirá, no sería ex­
traño que al mismo tiempo tiendan a
desaparecer las figuras y que Butler se
vea haciendo experiencias en el campo
del arte abstracto. (Galería Viau).
Jorge Romero Brest

HANS PLATSCHEK
Bautizar a este joven pintor alemán con
el apelativo genérico de abstracto impli­
caría poco ajuste a lo que es su pintura
y le haría escasa justicia. Evidentemente
se maneja con valores que resultan de
abstracciones de formas naturales vistas,
pero ¿son ellas las únicas que definen su
pintura? Creo que su mayor y más autén­
tica expresividad reside en el empleo de
signos; signos que son frutos de sabor
mágico y cuyo tallo y raíz son románticos.
De este modo se vincula con la quinta­
esencia del movimiento expresionista, aun­
que supere largamente la violencia, el
grito y la deformación grotesca que ca­
racterizaban al expresionismo tardío de
1920.
Así como Klee había recibido una sin
duda notable corriente inspiradora de la
escuela expresionista, encontrando la re­
presentación de su mundo propio en la
expresión de un lírico y poético neorromanticismo sui generis, así habrá que li-

�mitar forzosamente la influencia expre­
sionista en la obra de P latschek. Es de­
cir, este nexus es de fondo y poco o nada
ya de forma. Como Klee, Platschek se
expresa mediante formas nuevas que tie­
nen su origen en un sub o supramundo,
formas fantásticas que se entrelazan con
la tectónica misteriosa de la vegetación
subacuática, desconocidas plantas noctur­
nas, y con una astrolatria que más se
basa en el vuelo de una fantasía cósmica
que en los resultados de una paciente
tarea observadora a través de un teles­
copio. Añádanse sus frecuentes alusiones
totémicas y se intuirá la empresa pictó­
rica comenzada por Hans Platschek.
El contenido de su pintura es mágico,
alusivo a su exploración en regiones de
fuerzas desconocidas, resultado de una
densa vibración sismográfica en estrecha
relación con nuestra realidad anímica
total.
La fluidez ligera de sus gouaches más
que la composición firme de sus óleos
despierta vivas reminiscencias de la poe­
sía de Christian Morgenstern, con su
invención fantásticas de animales raros,
compuestos de resabios de bichos de dis­
tinta raigambre zoológica. Esta vía poé­
tica establece un firme y decidido esla­
bón con el lirismo formal de Paul Klee,
aunque el sentido lírico de Platschek
encuentra su mayor expresividad en el
color, sin llegar a la perfecta unión ar­
mónica de forma, línea y color, a esa
última consonancia de lo de adentro con
lo de afuera, a la que Klee había lle­

59

gado recién después de largos años de
búsqueda paciente. El primer trozo de
este camino, sin embargo, ya lo recorrió
también Platschek, atestiguado por el ini­
cial sensualismo de la forma que pronto
se controla por una gama de colores ba­
jos, en contrapunto con una gran activi­
dad sonora de los colores de sus fondos
y una rítmica vibración cromática que es
característica en todas las telas expues­
tas. Un trazado de gruesas líneas cons­
truye cual telaraña ahorrativa, intelectual­
mente preconcebida, las formas que son
de invención personalísima, sin deforma­
ción monstruosa.
Poco nos pueden interesar los títulos de
sus cuadros, aunque ellos abren la puer­
ta hacia su rico mundo de fantasía y
de su acentuado sentido del humor. La
expresión arlequinesca del hombre vuel­
ve frecuentemente —aquel bufón que llo­
ra hacia adentro para no desconcertar la
risa emergente del frenesí de la masa
que está al acecho de sus monerías. Reco­
gimiento doloroso del individuo ante el
alud de lo colectivo. En esta línea de
expresión individual se mueve Hans
Platschek como cocreador de un mundo
formal tendiente hacia un nuevo realis­
mo y fetichismo mágicos cuya tarea mag­
na será la dispersión de una angustia
colectiva que es de muy reciente data
histórica.
Desde la anterior exposición de octubre
de 1949 en la Galería Mueller hasta esta
última de días pasados en el Instituto
de Arte Moderno se advierte un cami­

�nar muy decidido, un adelanto y progre­
so bien pensado; fruto de una lucidez
intelectual y una veta poético-fantástica
que son rasgos propios del complejo mun­
do espiritual germánico que tal vez está
ahora abriéndose y volcándose en actitud
fertilizadora hacia el anhelado mañana
universal. (Instituto de Arte Moderno.)
R odolfo G. B ruhl

AQUILES BADI
La coherencia de las formas y el color,
el constante equilibrio entre lo espontá­
neo y lo razonado, ubican a A quiles
B adi en una clima de reminiscencias clá­
sicas. En el proceso de creación y desde
época lejana hay siempre un balanceamiento entre lo austero de la construc­
ción y esa espontaneidad, esa sensibilidad
que vibra en sus aguas, en sus cielos.
Por eso tampoco es rigurosamente está­
tico: basta mirar esa infinidad de planos
en que descompone los objetos para ver
que hay un constante movimiento expre­
sado por los tonos.
Cuando se comparan los trabajos de mu­
chos años, como se ha podido hacer en
la reciente exposición de la Galería Bonino, se tiene la impresión de que ha
seguido una ruta sin desviaciones, con
la tranquilidad del que presenta un men­
saje sincero, sin afanarse por el éxito.
Y se afirma la noción de su independen­
cia. Adherido por temperamento o por
afección, en efecto, a la escuela italiana,
emplea esa disciplina como norma, pero

60

luego, usando de su independencia, va
por los caminos que su afán artístico le
señala.
"Entre las obras expuestas se destaca Pla­
za Zacaria. La arquitectura se levanta
en sólida construcción, avivada por trans­
parencias cromáticas. Dos elementos atraen
a primera vista: la cúpula y el paralele­
pípedo, y su atracción se centra en esa
contraposición entre rechazo y equilibrio.
Se rechazan, efectivamente, porque son
elementos opuestos, por ser frutos de dos
actitudes disimiles. Por una parte, la
cúpula redonda, sensual, con caricia lu­
minosa y sugestión de sombras, casi fun­
diéndose con la atmósfera si no fuera
por el dibujo que evita la destrucción
y de la que surge como un signo la
linterna con su aguja que se hunde en
el cielo. Por otra, sencillo y esquemá­
tico pero enérgico, determinando una va­
lla en el cielo sobre el que se recuesta
blandamente la cúpula, el paralelepípedo
levanta sus aristas, sus planos delicada­
mente coloreadps, como un puente entre
lo definido y lo vago del más allá. Pero
también se equilibran, tal vez porque
son tan opuestos.
A rq uitectura, de época anterior, denuncia
que el sentido de lo arquitectónico siem­
pre apasionó a Badi. Aquí la paleta es
más rica, hay además un juego de pla­
nos y de espacios que rompe la severidad
de la estructura, produciendo el desequilibrio característico de lo romántico: no
olvidemos que es un mensaje de su casi
juventud artística. Pero como Badi no

•

�es un sentimental, allí están esas figuras
que proporcionan escala a la arquitec­
tura, allí está “el hombre como medida
de todas las cosas.” En N aturaleza m u er­
ta hay una gracia cromática de delica­
dos contrastes sobre los que se recuesta
blandamente el ojo, pero ese austero fon­
do de grises fríos evita que la composi­
ción sea superficial.
Razonador contenido en sus óleos y tem­
ples, desmaterializa los objetos a través
de colores cristalinos, encerrados en so­
bria estructura. Más libre y espontáneo
en los dibujos, la línea no reposa nunca:
cuando no se quiebra aumenta su espe­
sor, permitiendo la introducción de espa­
cios y con ellos la indefinición román­
tica.
1 " | !i "|
Elena F. Poggi
JOSÉ CÚNEO
José Cúneo nos introduce en paisajes de
soledad; solitarios de la presencia del hom­
bre, pero plenos de pequeñas presencias.
Asi, por ser habitada y vital su desola­
ción no es nunca absoluta. Tampoco es
opresiva. No trasunta una cómplice me­
lancolía romántica ni trasciende hacia
una significación panteística o simbólica.
Es una naturaleza despierta y diáfana a
pesar de algunos pesados cielos que arras­
tran nubarrones.
Nos da un ambiente que sentimos lejano
y prolongado; intenta trasmitir la no­
ción de infinito. Por ello, el espacio no
permanece aprisionado por los límites del

61

cuadro, sino que, aéreo, se expande. Y
moviendo ese espacio están las ínfimas
manifestaciones vitales, digamos, el pe­
queño personaje del campo. Estos ele­
mentos afectan una disposición espontá­
nea, desenvolviendo un movimiento natu­
ral y displicente. Quiere huir de la sen­
sación de artificiosidad, de ambiente cul­
tivado. Por eso el hombre es un perso­
naje que escasamente aparece y cuando
lo hace no es nunca como individualidad,
sino incorporado a un grupo dinámico.
Los verdaderos protagonistas son: un pá­
jaro, un grupo de piedras, unas tunas,
un avestruz, un árbol o una osamenta,
elementos que concentran el interés de
la escena y dirigen la composición.
Estas formas activas se acumulan en el
primer plano, mientras que en los pla­
nos sucesivos se deja persistir la mono­
tonía para sugerir distancias. Distancia
que se desenvuelve en una ininterrum­
pida secuencia de suelos. Por ello es ro­
tunda la presencia de la tierra. La exten­
sión proporcional del cielo es inferior.
Esto corrobora nuestra opinión de que
Cúneo no trata de explotar las resonan­
cias románticas del paisaje.
Los pájaros en vuelo, casi siempre presen­
tados verticalmente como adosados a un
muro invisible, exhiben toda la exten­
sión de sus alas. Estos pájaros, más
bien manchas planas de color, atraviesan
la escena siguiendo un ritmo de diago­
nales que relaciona entre sí los planos y
contribuye a crear una ilusión de espacio.
Con la misma finalidad dibuja las líneas

�en fuga de las alambradas, que se estiran
vertidos en un grafismo rítmico resuelto
con finura. Se sirve de las tunas, osa­
mentas y avestruces como puntos de refe­
rencia del primer plano o como grupos
vitales en un ambiente desolado; el ga­
nado, rara vez en primer plano, se tradu­
ce casi siempre en una mancha animada
que subraya la curva de un plano y que
por ser insistentemente repetida resulta
gneralmente inexpresiva. También resul­
tan contraproducentes los ruedos, formas
plásticas que intentan evitar la monoto­
nía. Cuando se detiene en las pequeñas
formas —pájaros, pastos, flores rústicas—
logra una sensación de movilidad y en­
canto. Exalta entonces la importancia de
ese ritmo, hacendó más ágil y pintoresco
el espacio.
Todos estos elementos desempeñan en
las acuarelas de Cúneo el papel de for­
mas plásticas hechas a las cuales pretende
infundir un sentido expresivo. Cuando se
acerca a un medio más cultivado, donde
se presiente la mano del hombre y don­
de es mayor la vecindad de los objetos,
surgen formas más grandes y detalladas;
el ombú que envuelve con su imponen­
cia toda la escena, el hombre a caballo
traducido en un signo dinámico recostado
sobre un panorama sin contingencias, el
ganado descansando en una síntesis lineal
no siempre lograda con soltura. En este
aspecto Cúneo es más naturalista, acu­
mula más detalles, aunque siguiendo una
idea de composición; el color se hace más
denso, desarrollando las tonalidades pro­

62

pias del óleo, lo que implica cierta con­
fusión en el tratamiento de los materiales.
El sistema de composición recuerda al
de la estampa: sobre el plano vertical que
da el papel, los planos horizontales se
intercalan como bambalinas. La línea del
horizonte se resuelve en ritmos ondulan­
tes vigorosamente sombreados, para ob­
tener un efecto de relieve y profundidad.
Hay obras en las que esa línea-límite
constituye casi exactamente una horizon­
tal geométrica, entonces el cielo no jus­
tifica su lejanía y se adelanta. Traba­
jando estos ritmos ortogonales, las líneas
en escorzo expresan distancias. Sin em­
bargo no hay una verdadera creación de
perspectiva, sino más bien de una espacialidad vertical dada por la alternancia
de planos.
El dibujo no está siempre a la altura de
las necesidades de la síntesis plástica.
Pero revela finura y habilidad en la se­
lección de características formales que se
resuelven en pequeños signos gráficos.
Entonces es cuando consigue una graciosa
caligrafía dinámica que desmiente la so­
ledad del paisaje insinuando una alegre
presencia de vida.
El color es en ocasiones de expresiva
transparencia —aguada delicada que gra­
dúa hábilmente, explotando la material
fluidez y fácil mezcla de la acuarela—,
pero en otros casos, sobre todo cuando
insiste en detallar, resulta o inadecuado
o inexpresivo. A veces recurre al rayado
a pluma para animar las superficies co­
loreadas. En algunos cuadros intenta el

�color puro, pero sin obtener efectos de
energía cromática. Es en los cuadros de
suave armonía tonal en ocres donde cul­
mina la técnica acuarelística de Cúneo.
Expresión con altibajos de un talento ma­
duro y consciente del manejo de sus
elementos, las acuarelas de Cúneo nos en­
frentan a un mundo vertido con perso­
nalidad. (Galería Windsor, Montevideo.)
Celina R olleri López

ANITA PAYRÓ
Dedicar a un pintor no figurativo unas
breves líneas es defraudar al lector; éste
quiere encontrar en cada oportunidad una
explicación racional, jugosa, amplia de ese
arte que se le aparece casi siempre frío y
hermético. Olvida que por tratarse del
arte hay que colocar a la facultad emo­
tiva en el primer lugar para que sea ella
la que aprese el mensaje y que, por tanto,
es mucho más sencillo y útil empezar por
encerrar en un saco los prejuicios inte­
lectuales.
¿Tiene el arte de A nita P ayró algún
medio que ponga en juego nuestra emo­
ción? ¿Hay en esa trabazón de formas
que cavan la tela, en el desplazarse de los
arabescos que organizan el espacio, en la
sucesión delicada de las armonías de color,
algún elemento capaz de producir un ale­
teo en la sensibilidad e inclusive el brote
de una idea?
El campo en que alardea su imaginación
es el espacio empírico tridimensional. Los
objetos que incluye intencionadamente en

63

él buscando el efecto de la tercera dimen­
sión son los entes geométricos: las lineas
organizadoras —las verticales estáticas, de­
lante y detrás de las cuales se mueve la
luz—o bien las diagonales que huyen hacia
el fondo conjugando en armonías los trián­
gulos despuntados y las figuras alargadas.
¿Dónde ubicamos esta expresión hecha de
espacio tridimensional y de entes geomé­
tricos planos? Lejos estamos del mundo
concreto abstracto que busca una expre­
sión de espacio infinito; aquí el espacio
está encerrado en el microcosmo del cuadro,
sin proyecciones, como si su expresión
y movimiento terminasen con los límites
que impone el marco. Lejos también de
la construcción cubista que concretiza
cuerpos materiales y espacio en el juego
de los planos. Tampoco nada cerca del
futurismo, porque éste, a la manera del
cubismo, mantiene la idea del objeto
empírico, aunque buscando la traducción
de sus fuerzas íntimas y de sus mutuas
relaciones en ritmos dinámicos. En las
composiciones de Anita Payró las formas
geométricas no son reducciones mentales;
son entes independientes, sustitutos si se
quiere de los empíricos, los cuales se des­
plazan en el espacio del cuadro con un
impulso tal que llegan a configurarlo
pleno de dinamismo.
Es criterio corriente valorar una actitud
semejante como racional, ya que parece
responder a un afán de despojamiento de
todo sentimiento. Pero la indiferencia por
lo figurativo no es a veces más que una
manera encubierta de expresar también

�las íntimas reacciones del sujeto. Más que
no reconocer algo en las formas creadas
importa la resonancia de la emoción que
desprenden los tonos cuidadosamente dife­
renciados, los acordes conjugados en ritmos
de luz. Por eso, si extremara mi afir­
mación diría que en la línea de una
misma expresión nada más que una dis­
tancia en grados separa a esta artista
de aquellos que, fundiendo los estados del
alma con la movilidad de la atmósfera,
supieron traducirlos en la forma plástica
del claroscuro y de la pintura tonal. Hay
demasiada sutileza en la diferenciación de
tonos y matices; demasiado refinamiento
en la búsqueda de armonías azules, verdes,
grises y ocres rojizos, para que la poética
de la creación no llegue a empañar la
fría construcción mental.
Blanca Stabile

A P O S T I L L A S

Cuandn en el campo que le ea propio, aparece
para él critico un artista Que pese a su fresca
iniciación, sabe imponer a las fórm ulas aprem­
iadas la fuerza de su naturaleza, se deben
olvidar las insuficiencias en el dominio del
oficio, para señalar lo absolutamente positivo:
en este caso el despunte de una imaginación.
Creo que en M argot P órtela hay condiciones
para articular los habituales elementos formales
del lenguaje enseñado por él maestro Pettorutti en nuevas cadencias y ritmos.
Podría objetársele que no demuestra decisión
en cuanto a la corriente estética a seguir. Sin
embargo aliento sus tanteos en los diversos
caminos. Cuando el artista es joven en él ofi­
cio debe m ostrar con sinceridad ese dejarse
tironear por las tendencias contradictorias. Esto
es signo de que, por debajo de las formas, un
impulso vital busca cuajar en las adecuadas
estructuras. No dejaré de agregar que pre­
siendo en la artista una ilustradora capaz de

64

llevar al espectador a través de los juegos áe
sus líneas, planos y tonos de las imágenes
plásticas al mundo correspondiente de imáge­
nes literarias. — B. S.
P ompeyo A udivert, nuestro gran grabador,
reaUzó hace algún tiempo una bella y completa
exposición en la Galería Müller. Obras de an­
tes y algunas pocas de ahora vuelven a de­
mostrar su m aestría en todas las técnicas.
Quizás haya exceso de preocupación en éstas
y por eso avanza menos, menos de lo que
desearíamos se comprende, en él orden de la
expresión. Hay tai pujanza en las formas plás­
ticas que se desequilibra la blandura todavía
romántica del recuerdo sentimental, aunque sea
de corte superrealista.
Cada año nos trae una exposición de Luis
Seoane. La del pasado lo mostró en una pri­
mera etapa de maduración. La de éste, reali­
zada recientemente en la Galería Viau, en u/n
momento de transición, adquiriendo una sol­
tura con el trazo cromático que no tenía antes,
una nueva fuerza expresionista y al mismo
tiempo un modo de componer m ás abstracto.
Por primera vez expone un conjunto de sus
telas E rnesto F ariña , en la Galería Bonino.
Pintor de procedencia italiana en la concepción
y en la factura, con algunos toques de imagi­
nación vagamente superrealistas y una gran
mesura. Sensible y fino, dicen muchos, y no
se equivocan. Muchas virtudes pero falta la
esencial: la que permite superar él campo de
lo puramente sensible y entrar en el campo
de la gran conmoción, es decir, la virtud de
creación de formas precisas, plenas de conte­
nido existencial y al mismo tiempo capaces de
sugerir esencias definitivas. Fariña se repite
porque no piensa suficientemente su pintura.
Y por lo mismo se satisface, hasta donde puede
hacerlo un artista de verdad como es él, con
signo8 de emoción que carecen de verdadera
profundidad.
Nueva exhibición para otorgar él Premio Pa»
lanza en la Galería Velázquez. Por la calidad
de algunas telas hubiéramos dado el premio a
J uan D el P rete ; por la severidad de los plan­
teos y el rigor de la ejecución, a A quiles
Badi. — J. R. B.

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS DE CRÍTICA ARTÍSTICA

ÍNDICE DEL VOLUMEN VII
números 24, 25, 26

julio a noviembre de 1951
TÍTULOS
Alain y la escultura. Martha Traba
XXIV, 17
Anita Payró (Crítica'). Blanca Stabile
XXVI, 63
Aquiles Badi (Crítica). Elena F. Poggi
XXVI, 60
Camilo Mori. Clara Diament
XXIV, 37
Carta sobre Picasso y la escultura. Jorge Romero Brest
XXIV, 1
Eduardo Jonquiéres (Apostillas). Jorge Romero Brest
XXV, 59
Emilio Pettoruti (Apostillas). Jorge Romero Brest
XXV, 59
Encuesta sobre el arte abstracto y el neorrealismo. Damián Carlos Bayón XXVI, 45
Escribe desde Bruselas Robert L. Delevoy (C orrespondencia)
XXV, 41
Escribe desde París Damián Carlos Bayón (C orrespondencia)
XXV, 44
Ernesto Fariña (Apostillas). Jorge Romero Brest
XXVI, 64
Francia a través de quince pintores argentinos (Crítica). Alicia Puente XXIV, 59
Galería Bonino (Apostillas). Jorge Romero Brest
XXV, 59
Habla Camilo Mori (El artista fren te al m undo)
XXIV, 43
Hans Platschek (Critica). Rodolfo G. Bruhl
XXVI, 58
Horacio Butler (Crítica). Jorge Romero Brest
XXVI, 57
Iniciación a la E scultura por Henry Arnoldt (Bibliografía). Isolina Grossi XXIV, 29
Investigación sobre la obra de arte (H ojas de estudio). Nelda V. González
Ferreira
XXV, 33
Joaquín Torres-García (Critica). Blanca Stabile
XXIV, 50
José Cúneo (Critica). Celina Rolleri López
XXVI, 61
Juan Batlle Planas (Crítica). Elsa Tenconi Carreras
xxv! 57
Juan del Prete (Critica). Beatriz Huberman - Raquel Edelman
XXIV, 61
La Exposición Bienal de San Pablo. Jorge Romero Brest
XXV, 60
L os problem as del escultor por Bruno Adriani (Bibliografía). Amalia
Job-Istueta
XXIV, 33
Luis Seoane (Apostillas). Jorge Romero Brest
XXVI, 64

�Marcos Tiglío (Apostillas). Jorge Romero Brest
Margot Pórtela (Apostillas). Blanca Stabile
Mario Grandi (Apostillas). Jorge Romero Brest
Miguel Diomede (Apostillas). Jorge Romero Brest
Nuevos aportes sobre el arte de Paul Klee. Rodolfo G. Bruhl
Orlandi Pierri (Apostillas). Jorge Romero Brest
P ablo Curatella M anes por Maurice Raynal (Bibliografía). Alicia Puente
Panagiotópulos (Apostillas). Blanca Pastor
Paul Klee, color y fábula. Michelangelo Muraro
Paul Klee y Juan Gris. Blanca Stabile
Pedro Figari (Critica). Raquel Edelman
Picasso (Critica). Blanca Pastor
P intores y grabadores rioplatenses por Jorge Romero Brest (Bibliografía).
Córdova Iturburu
Pompeyo Audivert (Apostillas). Jorge Romero Brest
Premio Palanza (Apostillas). Jorge Romero Brest
Primera Bienal de San Pablo. Jorge Romero Brest
Raúl Russo (Crítica). Blanca Stabile
Raúl Soldi (Critica). Elena F. Poggi
Reflexiones acerca de una exposición. Damián Carlos Bayón
Reproducciones (Apostillas). Blanca Pastor
Rufino Tamayo (Crítica). Alfredo E. Roland
Tres grabadores holandeses (Critica). Raquel Edelman
Vesprini (Apostillas). Blanca Pastor

AUTORES
Bayón, Damián Carlos: Reflexiones acerca de una exposición (XXIV, 45);

Escribe desde París (XXV, 44); Encuesta sobre el arte abstracto y
el neorrealismo (XXVI, 45).
Bruhl, Rodolfo G.: Nuevos aportes sobre el arte de Paul Klee
(XXV, 16); Hans Platschek (XXVI, 58).
Córdova Iturburu: P intores y grabadores rioplatenses por Jorge Romero
Brest (XXVI,41).
D elevoy, Robert L.: Escribe desde Bruselas (XXV, 41).
D iament, Clara: Camilo Mori (XXIV, 37).
Edelmán, Raquel: Tres grabadores holandeses (XXIV, 58); Juan del
Prete (XXIV, 61); Pedro Figari (XXVI, 54).
González Ferreira, Nelda V.: Investigación sobre la obra de arte
(XXV, 33).
Grossi, Isolina: Iniciación a la escultura por Henry Arnoldt (XXIV, 29).
H uberman, Beatriz: Juan del Prete (XXIV, 61).

XXV,

XXVI,
XXV,
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XXIV,
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XXV,
XXIV,
XXIV,

�Job-Istueta,

Amalia: Los problemas del escultor por Bruno Adriani

(XXIV, 33).
Muraro, Michelangelo: Paul Klee, color y fábula (XXV, 1).
Pastor, Blanca: Picasso (XXIV, 59); Panagiotópulos (XXIV, 64);
Reproducciones (XXIV, 64); Vesprini (XXIV, 64).
P oggi, Elena F.: Raúl Soldi (XXV, 56); Aquiles Badi (XXVI, 60).
P uente, Alicia: Francia a través de quince pintores argentinos
(XXIV, 59); Pablo C uratella M anes por Maurice Raynal (XXVI, 43).
Roland, Alfredo E.: Rufino Tamayo (XXV, 55).
R olleri López, Celina: José Cúneo (XXVI, 61).
R omero B rest, Jorge: Carta sobre Picasso y la escultura (XXIV, 1);
Galería Bonino (XXV, 59); Emilio Pettoruti (XXV, 59); Orlando
Pierri (XXV, 59); Mario Grandi (XXV, 59); Marcos Tiglio
(XXV, 59); Miguel Diomede (XXV, 59); Eduardo Jonquiéres
(XXV, 59); La exposición Bienal de San Pablo (XXV, 60; Primera
Bienal de San Pablo (XXVI, 1); Horacio Butler (XXVI, 57);
Pompeyo Audivert (XXVI, 64); Luis Seoane (XXVI, 64); Eduardo
Fariña (XXVI, 64); Premio Palanza (XXVI, 64).
Stabile, Blanca: Raúl Russo (XXIV, 62); Paul Klee y Juan Gris
(XXV, 8); Anita Payró (XXVI, 63); Margot Pórtela (XXVI, 64).
T enconi Carreras, Elsa: Juan Battle Planas (XXV, 57).
T raba, Martha: Alain y la escultura (XXIV, 17).
&lt;

ILUSTRACIONES
Amaral, Tarsila do: E.F.C.B.
Archipenko: Figura
Baumeister, Willi: Gesto cósmico
Bernini: L u is X IV
Bertrand, Gastón: M ar y dunas
Bill, Max: C onstrucción en bronce
U nidad tripartita
Boccioni, Umberto: Sintesis del dinam ism o hu m a n o
Brecheret, Víctor: India e a Suafuapara
Caldea: R ey G udea
Chartres: A ntepasados de Jesús (Portada)
Cravo, Mario: L ucha de gallos
D el Prete, Juan: P in tu ra
D onatello: San Juan B autista
D uchamp-Villon: E l caballo
Egipo: Faraón (Imperio antiguo)
Cabeza de A kh -E n -A ten
Elenbaas: M u jer sentada

XXVI. 21
XXIV, 7
XXVI, 19
XXIV, 6
XXV, 51
XXIV, 13
XXVI, 24
XXIV,’ 6
XXVI, 20
XXIV, 26
X X Iv! 26
XXVI. 21
XXIV, 56
XXIV, 15
XXIVÍ 7
XXIV, 5
XXIV,lám.
XXIV, 55

�Franco Dacosta, M. L.: N aturaleza m uerta
Giorgi, Bruno: Figura
González, Julio: B ailarina
Grecia: A polo arcaico (S. VI a.J.C.)
Galo m atándose (Epoca helenística)
Klee, Paul: Dibujos
Laurens, H.: M u jer arrodillada
Lipchitz: N aturaleza m uerta
Magnelli, Alberto: Con m edida
Mendelson, Marc: N aturaleza m uerta con guitarra, 1948
Moore, Henry: Figura
Morí, Camilo: Valparaíso, 1948; Playa, 1949; E xodo, 1949
E ncuentro, 1948; E l escultor G erm án M ontero, 1935
Mortier, Antoine: B otellas, 1946
N icholson, Ben: N aturaleza m uerta

Persia: Capitel aqueménide
Antón: Superficie desarrollando una
Bronces
Alambres
Madera

Pevsner,
Picasso:

tangente con una curva

L ’H o m m e au m o uto n
Figure noire
L a T o ilette
P ignon, Edouard: R ecogiendo las redes
Policleto: E l D oriforo
Praxíteles: M erm es con el niñ o
R odin: L a E dad d e B ronce
Roszac, Theodore: Joven Furia
R uiter, Guis de: Q uai des Rosiers
Russo, Raúl: Joven pescador
T orres-García, Joaquín: Oleo, 1931;P uerto, Barcelona, 1937
U bac, Raoul: G rupo
Van Ginneken Yvonne: L a pareja, 1950
Van Lint, Louis: C om posición lunar
M úsica en el In fiern o
Van R oy, Leo: Com eta
Vedova, Emilio: Im agen del tiem p o
W inter, Fritz: K o m m en d er I I

XXVI, 21
XXVI, 20
XXIV, 13
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XXVI, 18
XXIV, 25
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XXIV, 54
XXVI, 23
XXV, 50
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XXVI, 22
XXV, 51
XXVI, 23
XXVI, 22

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Vol. 8, no. 26</text>
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                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Córdova Iturburu, Cayetano&#13;
Puente, Alicia&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Poggi, Elena&#13;
Rolleri López, Celina&#13;
Stábile, Blanca</text>
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                    <text>Este numero con tie ne :
CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO VEINTICINCO
BUENOS AIRES

MICHELANGELO MURARO:

Paul Klee, color y

fáhuln • BLANCA STABILE: Paul Klee y Juan
Gris

• RODOLFO

G.

BRUHL: Nuevos aportes
sobre el arte de Paul Klee
• Hojas de estudio: NELDA V. GO NZALEZ FERREIRA: I n v e s t ig a c ió n
sobre la obra de arte •
Correspondencia: Escribe

' .

Ver y
Estimar
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desde Bruselas ROBERT L.
DELEVOY. - Escribe desde
París DAM IAN CARLOS
BAYON • Crítica: ALFRE­
DO E. ROLAND: Rufino
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TENCONI C A R R E R A S :
Juan Batlle Planas • Apos­
tillas: J O R G E ROMERO
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ARTISTICA
DIRECTOR

JORGE R O M ER O BR E ST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS:

HUBERMAN, Beatriz.

BAYÓN, Damián Carlos.
C o rre s p o n s a l e n E u r o p a

JOB-ISTUETA, Amalia.

BERET, Angelia.

LUCKHAUS, Delia.

BLEYLE, Magdalena.

OLIVER, Samuel F.

BRANÉ, Raquel.

PASINI, Alicia.

A d m in is tr a d o r a

PASTOR, Blanca.

BRUHL, Rodolfo G.

POGGI, Elena F.

CARREA, Lía.

PUENTE, Alicia.

CHIAVARINO, Carlos.

ROLAND, Alfredo E.

DIAMENT, Clara.

SANSONE, Eneida.

EDELMAN, Raquel.

STABILE, Blanca.

GARCIA ESTEBAN, Fernando.

TENGO NI, Elsa.

GONZALEZ FERREYRA, Nelda

TRABA, Marlha.

Secretaria de redacción

SUSCRIPCIÓ N A N U A L
Seis números en el año, de abril a noviembre
A rgentina : $ 20 m /n. — O tros

T U CU M AN 1539 -

p a ís e s :

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�PAUL KLEE
COLOR Y FABULA
Para Ver y Estimar

En 1901 P aul K lee emprende un viaje a Italia junto con el escultor
H ermann H aller. Tenía veintidós años y la cabeza llena de teorías y
de esas imágenes obsesionantes y atroces del expresionismo alemán. Has­
ta ese momento había buscado en vano algo que representara su íntima
naturaleza en la música y la pintura, algo que le diese, como acostum­
braba decir, “tranquilidad y equilibrio a su pensamiento.”
Fué el sol del Mediterráneo el que le hizo adoptar ciertas actitudes que
resultarán fundamentales para comprender su personalidad.
Aunque sea cierto que su padre era un músico apasionado de origen
alemán, su madre era de Besancon y se jactaba de tener antepasados de
sangre árabe. Y en Paul Klee predominaba evidentemente la madre.

1

�Los bordados, los tapices y todo lo que recordaba el Oriente, la gra­
fía y los símbolos de las lenguas desconocidas de Asia y África, ejercie­
ron sobre él una fascinación y sugestión profundas.
Por la frecuencia y la inmediata aceptación de tales elementos no nos
sentimos de acuerdo con H erbert R ead cuando “a parte toda cuestión
de raza, ambiente y experiencia” habla de Klee como de un artista
esencialmente alemán.
En las pinturas que consideramos mejores, la preciosidad de los colores,
la levedad, la libertad del signo y la composición, la facilidad de inven­
ción y de alusión son tales como para introducirnos en un mundo lleno
de elementos improvisados y no orgánicos, más afines al genio de los
eslavos y orientales que al de los alemanes.
Fué en Italia, pues, en 1901, que Klee se liberó por primera vez de toda
sobreestructura. Desde ese momento no se sintió más gobernado por la
voluntad sino por los llamados del instinto, los cuales le permitieron
ampliar inesperadamente el horizonte del pensamiento y vagabundear
hasta los límites extremos de la realidad. Klee amaba la vida de los
puertos mediterráneos como Génova, con la multitud de naves llegadas
de todas las partes del mundo. Más que las construcciones clásicas y los
monumentos ecuestres, amaba a Siena y las viejas basílicas, amaba los
claustros, el arte cristiano y bizantino.
Este testimonio de K arl N ierendorf nos ayuda para entrar en el espí­
ritu de Klee. Era natural que un temperamento vivo y sustancialmente
anticlásico como el suyo se encontrase en la antípoda de la simetría re­
nacentista y sintiese que la muerte pesaba en las piedras y monumentos
de las civilizaciones pasadas.
En Italia, casi por reacción, tuvo conciencia de su naturaleza antiplás­
tica e intuyó que la suya era una sensibilidad vibrante en pequeña es­
cala, como una aguja magnética que registra imperceptibles y lejanísimos
movimientos. ‘‘Diré que todo el universo es un mundo sensible. . . ” Así
escribía en el Diario de 1901: ‘‘Es indispensable comenzar con las cosas
pequeñas. Quisiera ser un recién nacido y no saber nada de Europa, ig­
norar los poetas y los vestidos, como un primitivo. Quisiera crear un pe­
queño motivo, mío. Un motivo que el lápiz pudiera aferrar sin técnica.
Esperaré el momento favorable. Cuando una cosa es pequeña, puede ser
concretada con facilidad. Ba«ta un momento feliz y ya ha nacido. Tal

2

�vez un día, reuniendo algunos minúsculos momentos originales como el
primero, brotará la chispa que dará vida finalmente a mi obra.”
Su aspiración al microcosmo era tal que prefería detenerse para indivi­
dualizar la forma de una hoja o de un cristal de nieve en el microscopio
que representar la vastedad de un paisaje. Pero Nierendorf nos propor­
ciona otros preciosos elementos al describir las sensaciones de Klee en
Italia: "Una experiencia inolvidable y emocionante fué su visita al acua­
rio de Nápoles. En una cámara oscura, el mundo irreal del océano apa­
rece detrás de la vitrina, tan vecino como para poder sentir la respi­
ración y la vida de una fauna monstruosa y de una flora caprichosa y
demoníaca. Se quedó fascinado mirando una flor que se transformaba
en animal y una tortuga inmóvil que parecía un escollo.”
Muchas pinturas tienen títulos que confirman el interés de Klee por la
naturaleza. Se volvió él hacia los insectos y las plantas, las células de
la materia y los astros del firmamento, y con ellos comenzó un extraño
coloquio, el que alimenta de poesía la fábula moderna que es toda
su obra.
“El simple acto de mirar a través de un microscopio nos pone frente
a visiones que todos nosotros definiríamos como locas y fantásticas, si
las encontrásemos de improviso sin saber nada.” “Las fibras de la ma­
dera cuentan vicisitudes de encuentros y armonías; las semillas que es­
tán creciendo en el seño de la tierra se disponen como notas musica­
les; los insectos señalan hendiduras de cristal; estambres y pistilos
comienzan su carrera amorosa.”
Mezclando a veces los mitos con las cosas, asignando a veces actitudes
humanas a los elementos naturales, introduciendo a veces cábala y
magia, Klee da sugestiones y ecos imprevistos y fantásticos, nunca vis­
tos, a su pintura.
Él emprende un viaje de aventuras para entrar en el espíritu de la
materia y de la naturaleza. No es que sienta tan sólo su potencia y su
aliento profundo; también, y demasiado a menudo, se detiene a des­
componer, a catalogar.
Klee no tuvo un innato sentimiento de amor por la naturaleza, pero
la consideró como un campo en el que su cerebro, saturado de cultura,
de progreso y de civilización, y por reacción entendida de la fantasía,
podía alcanzar con libertad absoluta inagotables descubrimientos. Si es

3

�cierto que “el genio de la infancia jamás dejó de velar por la salva­
guardia de Paul Klee”, como dice justamente un crítico, agregaré que
era una infancia de niño enfermo. La pasión que siempre tuvo por
la música se demostró fundamental en cierto momento para el desarro­
llo de su misma pintura.
Fué la música, en efecto, la que le proporcionó los medios para llegar
a un importante descubrimiento. Una cuerda de violín libera, al mismo
tiempo que las vibraciones de la nota fundamental, otras vibraciones,
en relación con aquélla, para alterarla progresivamente hasta llegar a
vibraciones ultrasonoras. Klee supo obtener para sí mismo vibraciones y
ultrasonidos, de la nota fundamental de la realidad visible, que se tra­
dujeron en otros tantos símbolos.
“El perro, más que un cuadrúpedo de pelos largos o cortos, es ese largo
ladrido que oímos en la noche subir hasta la luna.”
Siempre es el Klee lírico el que nos interesa: el intérprete de una natu­
raleza que, entre tantas máquinas de la civilización moderna, creíamos
muerta y que en vez todavía está llena de sugestiones y de poesía.
A veces una obra suya hace pensar en Bosch, en los primitivos pintores
de las cavernas, en el arte popular de los ex-votos; a veces se vincula con
las fantasías polifacéticas de K limt o las simplificaciones del cubismo.
Klee es todas estas cosas juntas, pero sobre todo es fábula, fantasía, nos­
talgia de un mundo no contaminado todavía por la presencia del hom­
bre. No es absolutamente cierto lo que dice H erbert R ead: “La obra de
Klee, a pesar de toda su fantasía, nunca fué un mundo de evasión: la
amenaza de la guerra, las tenebrosas emanaciones del inconsciente, lo
grotesco y lo heroico, el sufrimiento y la muerte encontraron un lugar
en su microcosmo.”
Además, continúa hablando del humorismo de Klee, pero tal palabra
está quizás fuera de lugar. Lo que se debe decir es que realmente Klee
no reconoce al hombre como señor de la naturaleza. Con su cerebro ló­
gico y la pretensión de encuadrar fodo en la órbita de las máquinas y
las invenciones el hombre moderno resulta un poco desconcertado y a
veces burlado por las fuerzas visibles e invisibles que verdaderamente
gobiernan el mundo. Las preferencias del artista van hada las criatu­
ras de la fantasía y de la leyenda, como por ejemplo el “Enano de los

4

�campos”. Querría pensar a veces que Klee no pinta para los hombres
sino para misteriosas criaturas del mundo vegetal o animal, a las que
se siente total y fraternalmente unido.
A ellas les explica los grafismos y las máquinas de los hombres, las in­
venciones y las teorías; les describe instrumentos y diagramas, las descom­
posiciones del cubismo y las leyes de la perspectiva. De todos esos en­
roscados aspectos del pensamiento moderno da una versión simple e
inesperada. Él despoja a estos descubrimientos utilitarios de toda sus­
tancia real y los traduce en máquinas aparentes, divertidas, paradojales.
La invención moderna que más le impresiona es la electricidad. La “mu­
chacha endemoniada” es una criatura digna del escritor que Paul Klee
prefería: E dgar A llan P o e : parece un manguito de vidrio que se pren­
de de noche automáticamente con sus lamparitas multicolores.
Klee no ama la luz del sol: los paraísos artificiales y la atmósfera de
acuario, las luces y los colores de las noches lunares, son más frecuentes
que los paisajes iluminados por el sol. Él ama el crepitar del festival
nocturno, la fantasmagoría de los espectáculos pirotécnicos. La máquina
preferida es por cierto el caleidoscopio.
Algún crítico empleó a propósito de Klee palabras demasiado atractivas,
para profundizar la investigación. W illi G rohmann , por ejemplo, dice:
“El mejor modo de entender a Klee es el de considerar al hombre a la
luz de una consecuencia psíquica, contra un fondo cósmico.”
Otros continúan subrayando las relaciones de Klee con el superrealismo.
No es la oportunidad de contaminar su arte con las formas turgentes y
vacías de este movimiento. Los superrealistas no han mirado una sola
vez la naturaleza que Klee prefería, ni sintieron nunca las sensaciones
abstractas tan caras a su espíritu.
La más aguda interpretación de Klee se puede encontrar tal vez en
los versos de R uthven T odd que integralmente reproducimos:
"The small man suffers the indignities of childhood,
And is made to walk under ladders and is caught
By the blind of darkness in the cat tormented night.
He is terrified by mice and sickened by blood;
Wold-fanged horses chase after him along the road
And the tight-rope tah he walks will always sag
When he has reached the centre so that his soft leg

5

�ís pierced by the pine-needles of the magic wood.
And yet, in the middle of the formal garden,
He finds time to play at noughts and crosses,
And he is master of the sharp wasp whose burden
Of pollen fertilizes the tall elabórate grasses.
In the enchanted ponds are luminous fishes
And paper boats with cargoes of his wishes".1
Pero la altura de Klee es dada sobre todo por su color misterioso, pleno
de soluciones imprevistas. Ningún medio le es extraño: acuarela, fresco,
óleo, temple, barniz, cera.
A veces las superficies revelan el tejido de la tela, a veces son toscas,
lustradas, porosas, áridas, irregulares.
Siempre busca Klee una íntima armonía entre los elementos de repre­
sentación y los colores que les corresponden; entre las imágenes y las
cualidades táctiles sugeridas por cada color. No rehuye ningún color.
Algunos cuadros tienen entonaciones tranquilas y ligeras, otros parten
de una base profunda para explotar en una fantasmagoría de pequeños
elementos luminosos; a veces la entonación es desflorada como en un
tapiz antiguo o un papel al sol; otras veces los colores tienen estriden­
cias metálicas, trepidaciones eléctricas.
Basta una nota para que se le abra a Klee el camino para una serie infi­
nita de valores y acordes inventados, de asonancias, de ultrasonidos. Él
mismo cuenta: “He usado todos los medios conocidos de la pintura: el
color como claroscuro, la pintura por tintas complementarias, probando
la escala íntegra de los colores. Son, en efecto, las cualidades refinadas
y excelsas que llegan a salvar hasta las invenciones más polémicas o ce­
rebrales.”
i £1 hombrecillo sufre las indignidades de la niñez, está hecho para caminar por
debajo de escaleras y lo toma la ceguera de la oscuridad de la noche torturada por
los gatos. Lo aterrorizan los ratones y lo descompone la sangre; caballos con colmi­
llos de lobo lo persiguen por el camino y la cuerda floja por la que camina se corta
siempre cuando ha alcanzado el centro, y- sus piernas blandas son pinchadas por las
agujas de pino del bosque mágico.
Y sin embargo, en el medio del jardín formal encuentra tiempo para jugar a cara
o cruz, y es el amo de la aguda avispa cuya carga de polen fertiliza los altos pastos.
En los pozos encantados hay peces luminosos y barquitos de papel cargados con sus
deseso.

6

�No excluyo el artificio en Klee: es difícil librarse de él en la vida mo­
derna. Pero en él la inteligencia se eleva hasta los límites del conocer,
por cuya razón de la cultura y la experiencia queda bien poca cosa.
Todo es transformado en juego de extrema agudeza, gracia y levedad.
Paul Klee es uno de los tantos rebeldes a las normas que se suceden en
las escuelas y academias anticuadas. “La pintura tradicional duerme con
un sueño de plomo; por el contrario, la pintura de Klee tiene ojos de
gato y lúcidos insomnios” —dice G eoges L imbour .
A lo cognocible, a lo prospectivo, a lo sapiente, él prefiere el juego
inútil o el misterioso y fermentado ritmo de la vida. Repudia la cul­
tura y la, lógica, entendiendo la pintura como un hecho decorativo, mu­
sical, fantástico.
' - ;a; i
Pero sobre todo se debe proclamar que Paul Klee, el artista más libre
y desprejuiciado en la selección de los temas y los ritmos de composi­
ción, puede estar dignamente junto a los clásicos de todos los tiempos
y a los coloristas más famosos en virtud de la sabiduría, del gusto, del
rigor de su maravillosa paleta.
M ichelangelo M uraro
Traducción de J. R. B.

j

7

�PAUL

KLEE

y

JUAN

GRIS

El volumen de la colección Palettes (Braun, París) sobre P aul K lee
incluye como prólogo unas pocas páginas de D aniel H enry K ahnweiler .
La presentación del artista es aprovechada por el crítico para volver una
vez más sobre sus propias ideas referentes al arte y en cierto modo, tam­
bién a la estética del siglo xx. Klee es juzgado como lo hiciera anterior­
mente en su obra Juan Gris como un auténtico forjador de realidades
plásticas y por esto hermanado con el Cubismo. El enlace se realiza a
través de quien es para Kahnweiler clásico de dicha escuela: Juan Gris,
porque pese a que ambos tienen una distinta concepción del mundo ex­
traplástico y pese a que se valen de distintos medios expresivos, logran

�sin embargo una creación con significado objetivo y propio. No voy a
seguir en el análisis del breve prólogo el orden que corresponde a su
desenvolvimiento; prefiero referirme a las ideas fundamentales, ejes so­
bre los cuales giran la observación y el razonamiento para alcanzar una
calificación de la pintura contemporánea.
Dos conferencias son invocadas para hilvanarla; la primera pronunciada
por Klee en Jena en 1924 que llamó Confessions creatrices; la segunda,
dirigida por Gris al Grupo filosófico y científico en la Sorbóna en ma­
yo de 1924 con el título Possibilités de la peinture.
Kahnweiler desglosa el texto de Klee comenzando por el papel que co­
rresponde al artista en el acto de la creación. El artista es el mediador
éntre la naturaleza y la imagen; es como el tronco de una planta que
lleva la savia desde la raíz hasta la copa sin que haga de ésta una raíz;
en otros términos, como el tronco que llevado por la potencia creadora
trasmite a la obra su visión. El mundo que llama su modelo ‘‘tiene exis­
tencia en sí y por sí mismo", “el arte no da lo que es visible, sino que
hace visible lo que es.”
No puede entenderse la concepción del arte en Klee si no se tiene pre­
sente que para él ese mundo exterior bajo una apariencia fija está en
constante devenir. “La quietud es un puro accidente de la materia”.

�¿Cómo trabaja la imaginación del pintor frente a las cosas visibles, cómo
convierte una anécdota exterior en los elementos de la creación? T ra­
tando de expresar esa realidad visible. no en su aspecto externo, sino en
la verdadera realidad, en lo que ella es: el movimiento.
Klee se vale de una metáfora literaria para hacerse entender. Supone la
creación realizándose simultáneamente con la construcción de una carta
topográfica. Partimos de un punto inerte; el movimiento comienza en
cuanto nace la línea; luego de un primer tramo hay una interrupción,
un respiro, aprovechado para mirar hacia atrás (movimiento opuesto);
hacia adelante están las infinitas posibilidades como distintos caminos
(rayos convergentes); elegimos uno, por ejemplo el de un tío (movi­
miento ondulatorio) que lleva a un puente (arcos) donde convergen
las inquietudes con otro ser. Aquí las líneas se separan; unas llevan a
un campo labrado (nueva superficie cruzada por líneas). . . . Y así la
anécdota exterior a través del artista se va expresando con cierta preci­
sión. Los elementos, muy limitados en el comienzo, —punto, línea,
claroscuro, color— a medida que el artista se lanza a la creación, van
cobrando nuevas formas expresivas hasta llegar a un enriquecimiento
infinito. Este enriquecimiento es posible por las relaciones de las líneas
y los planos, pero también por ese fluir permanente de la creación en
el espacio, que dicho de otro modo es la propia noción del tiempo crea­
dor. El artista alcanza una forma expresiva porque se ha dejado arras­
trar por una fuerza íntima, primigenia, tratando siempre de que lo esen­
cial de la naturaleza, oculto a la vista, surja con entera libertad en el
papel. Así nace el tipo elemental, como signo de ese renacimiento de la
naturaleza en la experiencia imaginativa del pintor.
Ahora bien, hasta aquí han actuado las fuerzas subconscientes. Pero la
creación no se acaba en esa forma lograda, exige una comunicación con
el espectador, y éste frente a ella debe sufrir una experiencia semejante
a la acaecida en el artista. Pese a que el cuadro llega a adquirir una
forma, ésta no es entendida como un producto estable sino que alcanza
su justa esencia recién cuando despierta en quien la contempla un
nuevo proceso creador, proceso que ha de ser, no cualquiera, sino el
mismo sufrido por el artista y que como éste, requiere un desenvolvi­
miento temporal. Para que así ocurra, el ojo del espectador ha de ser
guiado a través de rutas establecidas. Los signos (estrella, vaso, planta)
son las rutas por las cuales se desplazarán las asociaciones poéticas.

10

�Ellos son autónomos en cuanto a un origen inmediato en el mundo exte­
rior, entendido simplemente con un sentido empírico; pero al mismo
tiempo tienen el .suficiente vigor como para consumar su última misión:
crear imágenes que significan el mundo exterior.
Me he detenido con cuidado en la lectura de la conferencia de Klee,
buscando solamente aquellos conceptos que le han interesado a Kahn­
weiler para presentar al artista muy separado de los expresionistas y
superrealistas y por el contrario, como veremos inmediatamente, muy
unido al Cubismo. Por ahora señalo una primera conclusión a que llega
el crítico: “Klee logra una figuración adecuada a su sueño." Los expre­
sionistas y superrealistas no, porque no van en busca consciente de una
forma plástica, sino que se abandonan a sus propias fuerzas. En cam­
bio Klee, que se lanza con entera libertad a lo imprevisto de su fanta­
sía se salva; sus grafismos tienen existencia plástica autónoma, debido
a que, como hemos visto, el artista considera que la obra alcanza su
valor en la medida en que siendo vivida por un segundo creador, es
capaz de despertar nuevas imágenes que de acuerdo a las asociaciones
se llamarán estrella, vaso, planta, etc.
Juan Gris en su conferencia Possibilités de la peinture bosqueja con el
mismo cuidado de Klee la misión del artista frente al mundo. Me voy
a remitir a ella directamente extractando las coincidencias aludidas. Co­
mienza por preguntarse qué es la pintura y cuál su fuente. Los objetos
pueden ofrecer distintos aspectos según la intención con que se los mire,
pero sobre ellos está la idea primera del objeto, que es común a todos.
Esa idea del objeto constituye un núcleo sustancial: “Las nociones de
los objetos son sustanciales y existen solamente en el espíritu.” De este
mundo no visual extrae el artista los elementos que completarán sus
cuadros. La representación de ese mundo sustancial supone un primer
bagaje de elementos propios de la pintura: las relaciones entre formas
y colores que constituyen la técnica, “la arquitectura colóreada y plana.”
Las relaciones pictóricas entre formas coloreadas sugieren relaciones par­
ticulares con elementos de aquella realidad imaginada que es la idea
del objeto. La técnica es formal y preexistente; los elementos de la rea­
lidad entran, se encarnan en ella, sustituyendo la mera fórmula y engen­
drando una nueva creación.
Por un método deductivo se ha hecho coincidir un tema con la compo­

11

�sición. “Un tema pintado por mí no es más que una modificación de
las relaciones pictóricas preexistentes”, ha dicho Juan Gris en Notes
sur ma peinture. Este momento de la exposición lleva a la comprensión
del cuadro objeto. La fórmula kantiana halla su traducción en el mun­
do de la plástica.
Así como el conocimiento es posible por la materia que proporcionan
los sentidos y por las formas a priori del espíritu que ordenan a la pri­
mera, del mismo modo, según Gris, el cuadro es posible por el mundo
estético informe, materia que debe encarnarse en las relaciones abstractas,
arquitectura del cuadro.1
El momento siguiente de la disertación permite apreciar la esencia últi­
ma de esa cfeación en cuanto su vida no termina en sí misma, sino que
se despliega siempre en la fuente infinita de las asociaciones del espec­
tador. Según su autor, el pintor debe sugerir en el segundo una deter­
minada realidad y para qüe esa sugestión sea precisa “ha de llevar las
relaciones pictóricas hasta la representación de objetos.” Kahnweiler se­
ñala con justa intensidad este punto de coincidencia entre Gris y Klee.
Para ambos el cuadro objeto no es tal si no provoca en el espectador
asociaciones. Ellas deben ser dirigidas en un cierto sentido y esa búsque­
da de dirección es lo que concreta su unidad. Las asociaciones que se
producen durante el acto de la creación son consideradas como base de
una interpretación del cuadro como objeto. En Klee esas asociaciones
son, como hemos visto, de orden poético, subconsciente, dirán algunos,
impregnadas de libertad. En Gris, esas asociaciones son de orden racio­
nal. Llevadas al mundo plástico, ellas se traducen en determinados sig­
nos que con respecto a los elementos previos a la creación son deforma­
ciones, pero con respecto a la creación naciente constituyen su verdadera
forma. Al tipo elemental de Klee, Gris opone su prototipo, su emblema:
adaptación de los conceptos que tiene de las cosas a la arquitectura
previa del cuadro. El emblema, nacido de una coincidencia, es capaz
de llevar al espectador a la relación con el mundo exterior.
Sin entrar en el análisis plástico que sobrepasaría los límites de un sim­
ple comentario bibliográfico, pero conociendo el contenido de las con­
i No debemos suponer, sin embargo, que esta coincidencia tiene lugar de una manera
premeditada; el artista es espectador de la obra al par que la realiza, e ignora hasta
e l' final sú aspecto total.

12

�ferencias de Klee y Gris, estamos en condiciones de afirmar con Kahn­
weiler que, en efecto, hay una posibilidad de emparentar a ambos artis­
tas a través de la concepción del cuadro objeto. Distintos son los a priori
cori( que se lanzan a crear, muniéndose uno con la idea de un eterno
desdoblamiento en el tiempo y el otro con la idea más estática del con­
cepto lógico. Pero la similitud existe en cuanto a la esencia de la forma
alcanzada. Para ellos crear un cuadro con significación objetiva no es
otra cosa que llegar a despertar asociaciones en el espectador; hacer vi­
vir en un segundo sujeto la propia experiencia; en la medida en que
esto no es logrado no hay obra cumplida. La esencia de la obra no se
encierra en sí misma; se logra en la emoción vivida del espectador. La
emoción se interpreta como categoría universal, como valor vivencial.
Así aludimos al pasar a la Estética que trata de conformarse como cien­
cia apoyándose no en conceptos tan racionales sino en su materia pro­
pia: la emoción. Esta Estética que nació de una distinción precisa den­
tro de la Filosofía de lo que son Ciencias de la Naturaleza y Ciencias del
Espíritu (R ickert) , supone que la emoción estética es una actitud hu­
mana permanente y no privativa del artista, común a todo ser. Dentro
de ella es preciso delimitar como señala M eumann (Introducción a la
Estética actual), la actitud del hombre que goza y juzga estéticamente;
la de quien produce estéticamente y la de los productos del creador. La
obra de arte es objetiva en la medida que crea una imagen capaz de
recoger la emoción del artista y al mismo tiempo hace vivir la de los
demás.
Llevados por el análisis de dos conferencias hemos tocado también otro
punto vital de la Estética de nuestro siglo. En el campo del arte las rela­
ciones que toda obra supone entre el individuo y lo que es sustrato ante­
rior y extraplástico, se han visto alteradas con respecto a la época inme­
diatamente anterior. En efecto, desde el Renacimiento hasta el Impre­
sionismo las emociones del artista tenían siempre su fuente en el mundo
exterior, si bien en las épocas románticas éste iba teñido de tal modo
con la propia subjetividad del artista que el origen parecía confuso
y equívoco.
Kahnweiler da a esta alteración un alcance absoluto. Releyendo su Juan
Gris encontramos este concepto: "El Cubismo lleva a su fin la concepción
de la pintura como inventario del mundo exterior resolviéndola en su

13

�antítesis. . . reemplaza el mundo exterior por la propia imaginación del
pintor.” Es por otra parte lo postulado por los propios teóricos del
Cubismo. Recordamos estas palabras de O zenfant y J eanneret: “El Cu­
bismo es la concepción del cuadro considerado como un objeto inde­
pendiente de la naturaleza y no obedeciendo más que a leyes de la sen­
sibilidad y del espíritu.”
Yo no pienso, sin embargo que tal proceso de creación antitética esté
resuelto ni por el Cubismo ni por el mismo Klee; en ambos existe toda­
vía una sujeción a lo figurativo en ese mismo elemento plástico que lla­
maron deformación. El salto definitivo lo dieron recién los abstractos.
Ellos, al centrar la creación en las específicas expresiones del espacio,
movimiento, sucesión y tiempo: al usar para lograrla, como únicos es­
quemas previos e informantes las más abstractas y universales leyes: las
matemáticas, hicieron posible el desprendimiento del mundo exterior.
Kahnweiler no opina de este modo y ésta es su contradicción, porque
como declara en obras anteriores, “la pintura es siempre recreación del
mundo exterior”, "interdependencia eterna de la pintura y el mundo
exterior”. Justamente, el otro argumento que le sirve para negar rea­
lidad a la creación abstracta es que no se apoya en esta interdependen­
cia. Para él los abstractos realizan únicamente una pintura hedonista de
superficie y sensual, pese a que se basan en relaciones matemáticas. La
explicación que tienen estas palabras de Kahnweiler derivan de la acep­
ción que da al Cubismo: cree que éste buscó siempre expresar volúmenes
y no espacio, el cual no sería más que un simple lugar de encuentro de
los cuerpos. El problema plástico habría consistido en llevar a la tela de
dos dimensiones los sólidos que tienen tres. “Los emblemas gráficos de
la escritura formativa creaban en la imaginación no solamente los cuer­
pos, sino por la disposición de ésos emblemas, el espacio, fuera del cual
los hombres no pueden imaginar los cuerpos.”
Por eso tengo también que objetarle que guiado por esa incomprensión
de lo abstracto haya descuidado la importancia que asignó Klee al tiem­
po como elemento que se da conjugado en el espacio. Esto lo relaciona­
ría en forma evidente con los abstractos, aun cuando en el signo que
emerge como resultado de ambos haya siempre esta sugestión del mundo
exterior.
•
El breve prólogo de Kahnweiler nos ha llevado, al valorar comparativa­
mente a dos pintores, a algunas de las ideas más importantes que in-

14

�forman el arte contemporáneo. Qué quiere decir crear el cuadro con
significación objetiva; cómo las percepciones visuales del creador, trans­
formándose en signos, actúán sobre el espectador; cómo se crean asocia­
ciones y cómo el espectador vive por ellas la unidad del cuadro: todo
este complejo sustrato de la estética contemporánea, si bien no en­
cuentran jugosa explicación en la presentación del crítico, por lo menos
es señalada con jerarquía justa.
B lanca Stabile

�Nuevos aportes sobre
EL

A R T E

DE

PAUL

KLEE

“Arte probablemente sea la visión so­
námbula de lo típico.” (Franz M arc)
Y quien no tenga sensibilidad no lo
comprenderá jamás.

Otra vez K lee . Sí , otra vez Klee, muchas veces más, Klee. Desde Valéry la inter­
pretación seria del arte no se acerca a la obra sólo por la senda del historiador;
discute más bien, investiga el proceso creador, gana en esta esfera relaciones y
dimensiones de juicio, abre el contacto absoluto con aquélla.
Legión son los libros y ensayos, tandas las reproducciones que giran alrededor de
la obra de este pintor suizoalemán a quien el superrealismo reclama sin el que
él haya querido admitirlo. Esta atención concretada de los más recientes años
refleja, a mi modo de ver, la irradiación post-mortem de la obra de Klee en el
arte contemporáneo. A este sinfín de ensayos más o menos acertados, más o menos
literarios, se agrega el libro de W erner H aetmann que se acaba de publicar en
Alemania i, en el que analiza los caminos de su intuir plástico 2 desde los más
variados puntos de enfoque.
Se trata de un encuentro íntimo, muchas veces repetido, no de un encuentro
personal con el hombre Klee, sino con sus acuarelas, dibujos, grabados y óleos,
sin hacer polémica a favor o en contra del arte que da la tónica de la realidad
nuestra, buscando lo que podría llamarse el intuir plástico del artista —ese pro1 W ernek HAftoiann. Klee. Prestel Verlag München, 1950.
3 Ver y Estimar, N° 4, julio de 1948.

16

�ceso de anexión, ordenación, realización y expresión del espíritu puesto en el
centro de la unidad mundo— para llegar a su pensamiento desde una distancia
abstracta y temporal.
Es Paul Klee quien agrega a nuestra sapiencia el reconocimiento de que el
mundo visible
en su imagen tangible no es el único de los mundos, que a su
lado y paralelamente existe otro mundo, el de la expresión del hombre.
El arte se genera como cumplimiento de nostalgias pujantes que impulsan a
la humanidad hacia el hecho, hacia su realización. Y el impulso que artísticamente
pone en movimiento a nuestro siglo tiende hacia el mundo propio de la expresión.
Mundo que en el caso de Klee no es único, ni tan hermético o extraño como se
suele suponer.
Lo que se propone Haftmann, por el contrario, esdestruir la falsa
concepción de
su unicato, pues si asíhubierasido, mal podría
tener frutos su
obra, y los que conocen el arte contemporáneo saben de la fecundación que emana
de sus nuevos hallazgos. Klee pertenece al centro más viviente de la joven pin­
tura universal. Él es la instancia moral, pues vida y obra se entretejen tan
perfectamente que se ilumina por su armonía la ley del crecimiento vital, lo
mismo que el desarrollo biológico de una planta, extraña sí, pero cristalina y
absoluta en su extrañez.
Su educación musical tal vez nos dé una clave. Admirados músicos hay que
sostenían no haber escuchado nunca una interpretación más congenial de M ozart
que la que brindaba Klee con su violín. B ach era su gran maestro. Síntoma y
clave también estos tres nombres. Por ser Klee tan perfecto músico, fácil resulta
ver su comprensión profunda de los puntos de contacto y de divergencia entre
música y pintura. Las frases de G auguin —“que la nueva pintura en sus nuevos
colores entraba en una fase musical”— y de V an Gogh —“que la pintura prome­
tía ser más música que escultura”— hubieran sido aceptadas también por Klee.
Pero la comparación constante entre el sonido musical y el sonido del color no
era válida más que en el plano de las relaciones rítmicas.
Desde su adolescencia le acompañaban los clásicos griegos y franceses, a los que
leía casi a diario en sus textos originales. Su llegada a Munich (1898) como joven
estudiante de pintura, coincidía con el auge de una pintura de grandes compo­
siciones ideativas y epigramáticas, obras que se titulaban El asco, La ignominia.
Ante el paisaje primitivo, originario de bosque, montaña y pantano, los elementos
del viento, de la marcha del sol se convertían en experiencias anímicas que urgía
expresar plásticamente. Los estados dramáticos de una naturaleza despojada de
todo ropaje bonito pujaban hacia una expresión de vibrante humanidad subjetiva.

17

�Los primeros pintores expresionistas surgían de ese medio: P aula M odersohn -Becker
y E m il N olde. Éste es el clima en que se produce el primer contacto de Klee
con la pintura, amén de las ideas más audaces que procedían del mal llamado
Jugendstil, una ornamentación exuberante basada en el enlazamiento de formas
naturalistas. Créabase un estilo floral, un estilo abstracto. Llevaban la palabra el
belga V an de V elde y el inglés A ubrey B eardsley. Se hablaba de la forma pura,
de la linea pura, de un arte formal cuyo destino era sacudir el alma del hombre
tan sólo por la vibración de la forma en sí. Ya en 1898 A ugust E ndell escribía
que “estamos en el comienzo del desarrollo de un arte totalmente nuevo, de un
arte que, con formas en sí, no representa nada, y es capaz de emocionar al hombre
tan hondamente como la música siempre pudo hacerlo con su complejo mundo
armónicotonal”.
Si este estilo ha tenido una virtud fué la de introducir el significado psíquico de
la línea y la forma puras, pese a todas sus excentricidades y su pronta degeneración
en lo meramente ornamental. De aquí arrancaba también K andinsky con su pri­
mer cuadro abstracto. Y como en el joven Klee se agregaba su tendencia hacia lo
fantástico y lo ilustrativo, fácil es comprender cuán honda habrá sido su impresión
al estudiar los oníricos y místicos dibujos de B arlach y del hoy casi comple­
tamente olvidado Schmuz -B audiss.
Experiencia trascendental fué para Klee la visita a Nápoles y a su famoso
acuario. Un mundo formal inesperado se mecia en la penumbra subacuática, entre
las paredes de vidrio verdoso. Allí respiraban formas que no pertenecían al mundo
del hombre y sin embargo existían con exuberancia sin par. Estrellas y erizos de
mar, aguavivas, peces y toda la flora submarina irradiaban una ilimitada riqueza
de formas inimaginadas. Lo fantástico y grotesco, la floración desatada y el éxtasis del
sexo en la naturaleza presentaban una fortuna formal que iba mucho más allá
de lo humano consciente. Su tensa gama, desde la tierna filigrana geométrica hasta
la deformación fantasmagórica, imponía el gran interrogante a toda experiencia
anterior. Sin embargo, siempre se advertía la fina pero severa ley del génesis.
En Roma, Klee se deslumbra ante el pathos exacto y el forzudo ademán de la
figura de M iguel ángel y más aun ante los mosaicos bizantinos de San Cosme y
San Damián, esplendor abstracto de la grandiosa composición arcaica. En Florencia
descubre el gótico, ese gótico lombardo sui géneris que hoy llamamos gótico in­
ternacional, el que culmina en F ra A ngélico y P isanello .
Éstos son los primeros pasos formativos que se reflejan en una serie de grabados
de formas minuciosamente precisas al servicio de una espiritualidad visionaria

18

�entrelazada con valores ingenuos, infantilrománticos. Klee llamó a estas realizacio­
nes, con libertad se comprende, góticoclásicas. De allí en adelante habla que ol­
vidar todo lo aprendido. Posición honesta de su espíritu descubridor que no vacila
en comenzar siempre de nuevo. Había que empezar con el hombre. La raigambre
del arte es más amplia que el arte mismo. Había que dominar primero el arte
de vivir. Había que dejarse crecer en paciente y dolorosa espera. Y el mejor camino
se lo ofrecía la dominación de los medios plásticos. Su primer punto de arranque,
el comienzo con una idea poética para poder llegar al cuadro desde el contenido,
era un error como no tardó en reconocerlo. En 1902 escribe Klee en su Diario:
“Por todas partes veo arquitectura, ritmos de lineas y planos”. Por ahí comienza
un sueño extraño, la proyección del ego. El estilo es sinónimo del ego —y ahí sí
está el punctum saliens,—, el foco primitivo y central del génesis. El vistazo en
derredor obliga a la sátira, pero también obliga a elevar la vista hacia las alturas:
‘‘Odio el nivel del pantano por respeto a lo humano puro.”.
De estas nuevas experiencias brotan otros grabados de tono satírico, caricaturesco,
mezcla extraña de lo ridículo y lo trágico, expresión germánica per se. Vida entre
fábula y realidad que se muestra en facetas trágicocómicas, minuciosamente di­
bujadas en expresivo gestear casi gótico. La influencia temporal de H odler apa­
rece con indudable claridad: K lim t y el estilo de la Secesión vienesa se añaden.
Pero la experiencia anterior de la arquitectura clásica y renacentista lo impulsa
más allá de ese extraño mundo de sueño y realidad cargados de
alegoría, hacia
invisibles pero
vivientes relaciones de guarismos, sujetos a
la medición más
concreta y exacta, hacia la fusión de arte y naturaleza en una común raíz matemáticoformal. Apunta en Klee el deseo de sentir y experimentar el mundo como
una unidad formal, sin detenerse en el ejemplo aislado de la naturaleza o del
hombre, y surge una concepción que admite parangón con la de K leist : existen
dos cumbres claras y luminosas, la de los animales y la de los dioses, la de lo
paradisíaco inconsciente y la de prístina clarividencia divina; le cabe al hombre
estar entre ellas, en el valle de la penumbra, con su nostalgia de alcanzar la
unión de ambas cumbres; su obrar avanza.
Los dibujos de R odin le proporcionan el ejemplo para concebir la escritura es­
pontánea del trazo gráfico. El estudio consciente de B lake y principalmente la
emoción ante los Proverbios, Caprichos y Los desastres de la guerra de Goya
ayudan a Kleea encontrar nuevos caminos en sus grabados
de1905, buscando
la dominación total de los valores tonales en su dramática tensión entre blanco
y negro. En cambio, no le seducen los impresionistas en un corto viaje a
París
y sospecha de toda la diatriba* en torno a Vari pour l’art. Le significa más la

19

�frase de O scar W ilde: “Todo arte es simultáneamente superficie y símbolo”, de
la que derivan sus dudas sobre el objeto de la representación en pintura. Lo
que importa cada vez más para él es la sensación, más aun, la emoción producida
por el objeto. Ésta sí clama por ser representada y aunque esto le proporciona
mayor libertad, ganando en intensidad el valor psicográfico 3 de la línea y el
automatismo del trazado, siempre está la identidad del mundo que le prohíbe
una liberación total de ,1a forma. La idea poética debía coincidir con la ideal
plástica, so pena de que no sirvieran ninguna de las dos.
En octubre de 1906 se casa con la pianista Lili Stumpf y a fines de 1907 la
familia Klee aumenta con el nacimiento de su hijo Félix. Precarias condiciones
económicas pero muchos conciertos e Intimo contacto con la vida artística de
Munich, dan la tónica de su obra entonces. Los dibujos de J ules P ascin en el
Simplizissimus le producen admiración pero más todavía las obras fantásticas de
J ames E nsor, en las que vuelve a encontrar el sobremundo fantástico, la mis­
teriosa comunicación entre lo de adentro y lo de afuera que lo había fascinado
desde los comienzos. V an Gogh le va a dar la pauta prontamente para dominarla.
Klee absorbía la tragedia ejemplar pero al mismo tiempo retrocedía ante el
factor patológico y llameante del holandés. Van Gogh conducía más allá del na­
turalismo: la línea se constituía en elemento plástico independiente, otro tanto
sucedía con la forma; esto era la nueva y anhelada libertad plástica. En el
mismo sentido fué decisivo su contacto con los cuadros de C ézanne, quien
le
iba a permitir el dominio del color también. En lugar de los valores tonales de
grisalla se lanza hacia la escala de los colores puros. No le interesan ya los colores
naturales, más importantes son
las armonías
en
su paleta.
Y
orientan hacia un acorde de las manchas de color sensible con los lineamientos
del dibujo que sobrepone a ellas.
Ya en 1906 había creado una serie de 30 ilustraciones notables para Candide de
Voltaire . Lo tragicómico de este burlón puro e ingenuo le había impresionado
profundamente. En esa serie muestra ya claramente su arquetípica telaraña dibu­
jística, creada con trazos finos y vibrantes, figuras alargadas, que trasuntan el ca­
rácter caligráfico de su dibujo; movimiento expresivo de la mano con un trazo
que registra, con la precisión de un sismógrafo, la vibración psíquica y que a la
vez es definición de una voluntad firme de comunicación, de ilustración. El de­
tenido estudio de los dibujos infantiles, especialmente los de su pequeño hijo
Félix, le brinda riquísimo material: lo que más le interesaba en ellos era cons1 Expresión acufiada por Aured Kubin.

20

sus

�tatar cómo el instinto primitivo encuentra su construcción
abstractiva en el contenido, no en la pura forma.

formal

y altamente

En 1911 Klee entra en contacto con los demás integrantes del Blaue Reiter. Con
K andinsky 4 prontamente se une en gran amistad, cuando ya había madurado la
experiencia de que tanto el valor puramente expresivo del color como el poder
psicográfico del arabesco bastan para realizar las emociones del hombre en el
cuadro. A esto se agregan los cuadros de devoción religiosa y panteísta de
F ranz M arc y el mundo claro y sonriente de A ugust M acke, quienes sabían con­
formar el mundo como una leyenda pura del color. La idea común: ‘lo espiritual
en el arte”, y la realización, buscada también en amistosa y plurilateral colabo­
ración: trasponer la naturaleza en una parábola plástica del intelecto, tal es el
nuevo mundo de Klee en permanente ensanche. La ayuda de Kandinsky en la
solución del problema del color se hacía de incalculable valor para Klee. Sin
embargo, él seguía moviéndose en un microcosmo, mientras los otros perseguían el
macrocosmo. La fecundación mutua se movía en dimensiones relativas. Lo que
Klee daba a los demás artistas del grupo pertenecía más bien al mundo musical
—conciertos de Mozart, Beethoven, Bach, Haendel, Pachelbel y César Franck—
que a conquistas en el campo de las artes plásticas.
En un nuevo viaje a París ve las pinturas cubistas. G eorges B raque con sus
acordes sutiles de grises y ocres y su severa construccióp plástica, es el que más
le impresiona. También los procedimientos ordenadores de los cubistas tendían
al número y la medida. La transformación del objeto tridimensional en elementos
bidimensionales, permitía el descubrimiento de un nuevo mundo cuya tónica estaba
dada otra vez por la ley de la proporción matemática. Lo que era necesario para
el objeto también lo era para el espacio del cuadro. No debía ser éste sólo una
ventana que se abría hacia un falso espacio naturalista; había que conquistar un
•espacio independiente para el cuadro. Por fin habla encontrado Klee la tan
largamente buscada unión entre lo interior y lo exterior: el arte cubista era un
arte de construcción abstracta y representativa al mismo tiempo, un procedimiento
que aseguraba al cuadro ambas posibilidades: ser pendant de la naturaleza y si­
multáneamente parábola lírica de un estado emotivo. El cubismo significaba para
Klee la libertad plena de la forma dentro de la firme ley de los medios plásticos.
También R obert D ei .aunay influyó con su pintura pura. “Mientras el arte no
logre liberarse del objeto será mera literatura, descripción; se humillará con el
empleo de elementos expresivos inferiores. Esto rige también cuando se subrayan
* Ver y Ettimar, N9 17, m ayo de 1950.

21

�la
imaginación luminosa de un
objeto o lasrelaciones luminísticas en varios de
ellos, sin que la luz se eleve a una independencia representativa.” La fórmula de
G leizes : forme-espace y forme-temps, adquiere valor y significado inmediato.
K andinsky ya había estudiado las relaciones del color pero no se habla ocupado
seriamente de las espaciales. Comparándolo con Delaunay, la pintura de aquél
resultaba caótica, por lo menos entonces, ya
que posteriormente obtuvo significa­
tivas conquistas en el campo del color-espacio.
A la influencia de Delaunay se agrega la de los futuristas italianos. Por un pro­
ceso de acumulación de ideas más que de contraposición, Klee se enriquece con
la afirmación entusiasta de la nueva realidad que recibía sus rasgos prominentes
de
los ritmos acelerados de la gran urbe, de la estética de la nueva técnica y
de
sus materiales, de la velocidad vertiginosa como el absolutum de la moderniddH. El manifiesto futurista (M arinetti) de 1912, sostenía que era “una vulgaridad
y un absurdo representar pictóricamente un modelo. Se debe expresar lo invisible
que se mueve y que vive más allá del objeto en reposo, lo invisible que todos
tenemos en derredor, y no este pequeño cuadro de vida que está encerrado arti­
ficialmente como en el escenario de un teatro”. La fórmula de representación
futurista: medio ambiente sumado al objeto, logrado por la simultaneidad de
representación de todas las sensaciones contenidas en el motivo, así como la inter­
pretación de los distintos niveles de la realidad —lo de adentro y lo de afuera,
lo cercano y lo lejano, lo visto y lo soñado— influyen en la formación de Klee.
C arlo C arra lo impresiona sobre todo. Temas como “el poder de la calle, de la
vida, de la ambición, el miedo que se puede observar en las ciudades, la sensación
aplastante de los ruidos multiplicados” eran los que representaban los futuristas
y aunque Klee estaba cerca de ellos su realización plástica era muy diferente:
él permanecía en el campo del dibujo, que no se prestaba para el programa
futurista.
f,
La conquista definitiva del color se debió a otra experiencia óptica: su breví­
simo viaje a Túnez, al mundo legendario de las mil y una noches del norte
africano. ¿Cómo podía sustraerse Klee a esos encantos del trópico mediterráneo?
Se agregaba ahora la exuberancia de un colorido brillante, tintas de sol y de luna
mágica. La forma-color tendía cada vez más a la abstracción total. Desde adentro
pujaba la forma de trasfondo femenino, ordenada con rigor y energía mascu­
linos. En sus obras de entonces está el ordenamiento del plano de Delaunay, lo
simultáneo y lo dinámico de los futuristas, la interpenetración de los cubistas:
y los mesurados acentos negros de Klee dan la sensación de abstracta lontananza
cósmica, rayando en un templado romanticismo, sin pathos gritón.- Obras de ar-

22

�quitectura mental y emocional, en las que se coordina el orden con el movi­
miento, lo abstracto con lo figurativo, con disonancias que claman por el contra­
punto, todo bajo el signo del jeroglifico mágico de significado universal. He aquí
la gran conquista de Klee.
Su inteligente saber del crecimiento por estratos lo distancia del furor de los
expresionistas, y aunque su carácter eminentemente gráfico tiende un puente hacia
ellos, más se acerca a la corriente del constructivismo funcional que por un lado
conduce a los suprematistas eslavos y por otro al genio puritano de P iet M ondrian .
Esto es lo que debe haber visto W alter G ropius cuando en 1929 lo llama a co­
laborar en la obra didáctica de la Bauhaus con L ionel F eininger , O sear Schlem mer , L othar Schreyer , W assilij K andinsky , M o holy -N agy, el escultor G erhard
M arcks y el historiador J ohannes I tten . Negación terminante de toda diferencia
entre artista y artesano, considerando al artista como continuidad en un plano
superior del artesano; éste era el lema fundamental de la Bauhaus, modernísima
y libérrima academia, fértil y constructiva, de largo alcance y envergadura
universal.
Klee comienza su labor pedagógica como uno de los Maestros de la forma —¿no
recuerda su título al magister lundi de la visionaria academia de sacro universa­
lismo espiritual creada por H ermann H esse en el GlasperlenspieY}— con una clase
de pintura sobre vidrio. Le sigue una clase de tejeduría: creación de diseños y
telas modernas. Y aunque se daba importancia a la enseñanza teórica, definida
por Klee como “la necesaria orientación en el plano formal”, se la equilibraba
con la educación de la capacidad ingenua de maravillarse ante las ilimitadas po­
sibilidades de los más variados materiales. Al instinto de juego como fuente de
creación no se le ponía freno. Era el material el que provocaba la creación, libre
de cánones rígidos pero fundada en el saber de la coordinación genética de las
formas. La investigación debía conducir a la gran sorpresa de la forma nueva,
inventada, auténticamente creada y sentida: de tal modo inculcaba Klee un sig­
nificado ético a la obra en paciente labor frente a sus aprendices.
También tuvo contactos con el movimiento Dada, que exaltaba lo desorbitado, la
burla, lo pervertido y dislocado; gentes que obraban a sabiendas contra un Arte
con mayúscula para encontrar nuevas posibilidades; más expresivas en el campo
de lo material especialmente, en sus secretos y en su movimiento. Y Klee sabía
muy bien que lo absurdo absoluto se encuentra en el hombre en medio de un
sinfín de cosas sin nombre, incoherentes, y que estas cosas no pueden ser sino
signos de una presencia agresiva que ya C ézanne y R ilke habían sentido. Se pin-

2}

���taba una objeto para decir “lo quiero” o “lo aborrezco”, mas no para decir sim­
plemente “aqui está”. K afka recogió la idea del poder silencioso de
las cosas,
del terror que ellas encierran. Ya
no se trataba, ni en pintura ni en literatura,
de un hecho dramático) sino de hacer aparecer en primer plano el hombre con
su discusión interior y personal con los objetos en sólo aparente falta de anima­
ción dentro de su medio ambiente. Así se añade a esta cadena evolutiva como
eslabón lógico la pittura metafísica de los italianos con su lirismo de lo insignifi­
cante, el pathos mágico de los objetos olvidados. El superrealismo recogió a su
vez la idea, colocando estos objetos incoherentes en un ambiente ajeno y arbitra­
rio. Pero también aquí se observa la típica reacción de bondad de Klee: “N i siquiera
el mal ha de ser enemigo triunfante o humillante, sino fuerzas coordinadoras que
coadyuvan en la creación de una obra total”. El ego del hombre y la imagen del
objeto se entienden como unidad dentro de un cuadrado, en el que abajo se
halla la raigambre común en lo terrenal yarriba la nueva unidad cósmica
de
todo
ser viviente y todo objeto. ¿Objeto muerto? —preguntaría Klee. La unidad
del cuadro es para él trasposición plástica de ese orden: el yo y la cosa, lo cósmi­
co y lo terrenal. Y por ello dice
con orgullo: “Antes se describíanlas cosas que
se veían en la tierra, que se veían con agrado o que se hubieran visto con placer.
Ahora se confiesa la realidad de las cosas visibles y se expresa la fe de que lo
visible en relación con el mundo total sólo esejemplo aislado, y que otras verda­
des están en latente mayoría. Se busca lo casual y se le da mayor importancia”.
En el mismo momento escribía C arlo C arra: “Son las cosas comunes las que
corren el velo de la sencillez, las que nos hacen recordar un estado superior y
de trasfondo del ser, el cual conforma y define todo el secreto esplendor del arte.”
¿Qué piensa Klee sobre la perspectiva? Mientras el hombre civilizado de nuestro
siglo, con ayuda de la premisa velocidad es
capaz de reducir constantemente la
distancia espacial sin un verdadero acercamiento a las cosas, es decir, anulando
tanto la relación cosa-cercanía como la de cosa-lejanía en la carencia de distancia
física, el hombre esteta con la premisa arte se afinca muy cerca de las cosas, em­
prendiendo la tarea de captar lo secreto de su mensaje; mensaje que tiende hacia
la abstracción y lo espiritual de una naturaleza reflejada, para la cual busca un
lenguaje que sea fielmente expresivo. La meta, según Klee, es la creación de un
cosmos de formas y signos formales que refleje tal similitud con la creación divina
del mundo, que baste un soplo para convertir la expresión de lo religioso, la reli­
gión, en hecho, jEl mundo reflejadol
Se ocupa Werner Haftmann en un extenso capítulo del famoso Paedagogisches
Skixzenbuch de Klee. Solamente su análisis demandaría un ensayo independiente,

26

�pero citemos algunas de sus máximas. La obra de arte se construye, pedazo a peda­
zo, como se construye una casa. Su espacio: el tiempo; su carácter: el movimiento.
También en el cosmos el dinamismo es el estado normal, lo dado. La quietud
én la tierra es freno, presentación casual de la materia (nótese la intuición pro­
funda de un pintor en cuando a las más recientes teorías y descubrimientos de la
física nuclear). Interpretar este aparente estatismo como lo privativo sería un
gran error. La genética de la escritura es parábola perfecta para el movimiento.
Así la obra de arte es ante todo genética, nunca se la experimenta como pro­
ducto final.
Sobre la flecha, símbolo y signo de permanente recurrencia en sus cuadros, dice:
“El padre de la flecha es la idea: ¿cómo alargo mi alcance más allá? ¿A través
de aquel río, lago o montaña? La facultad ideal del hombre de atravesar con
libre albedrío lo terrenal y supraterrenal es origen de su tragedia en contraposi­
ción a sus limitaciones físicas. Esta controversia de poder y desfallecimiento es
fuente de desdoblamiento, de su doble personalidad. Mitad héroe alado, mitad
prisionero encadenado, éste es el hombre. ¿Cómo vence la flecha el freno de la
fricción? Nunca deberá llegarse allí donde esté el perpetuum mobile. El reconoci­
miento: allí donde hay comienzo nunca podrá haber infinitud. Consuelo: un poco
más allá de lo habitual. ¿De lo posible?”
Pese a toda esta especulación metafísica dice: “El coloquio con la naturaleza
es para el artista siempre una conditio sine qua non”. Dios está en el detalle, en
lo interior. Y por ello hace dibujar a sus alumnos los reflejos sobre el agua, un
ovillo de hilo, un trozo de corteza de árbol, una hoja con su fino veteado. La
exactitud de la observación era el primer jalón en el largo camino para llegar
a maravillarse, formar valores elementales y crear finalmente. Observación es
revelación, es penetración hacia el génesis; allí está el secreto, la raíz de la forma,
aun de la libremente inventada. Como artista Klee vive la naturaleza como “resis­
tencia vivificante” que evita un deslizamiento hacia lo meramente decorativo,
hacia el amaneramiento del Jugendstil. Se mueve paralelamente con la naturaleza,
en el plano de los elementos plásticos, sostenido por una búsqueda crítica de la
realidad subyacente. Ya C ézanne había exclamado: “El arte es una armonía para­
lela a la naturaleza”.
Klee va más allá. Busca la independencia del arte cual parábola en libre compe­
tencia con el creador. La elevación espiritual que él tácitamente otorga al hombre
con tal tendencia lo coloca en las filas de los humanistas más acendrados. “La
naturaleza es el arte de otro, que nos servirá de ejemplo para crear con los ele­

27

�mentos formales de las artes plásticas valores análogos a ella.” ¿Acaso es esta
mundo, tal como lo vemos en sus convencionalismos, el único posible? Aquí se
entronca con N ovalis, quien veía al hombre como partícula, órgano de un ser vi­
viente mucho más grande: el cosmos. Plásticamente se insinúa este gran secreto
de lo total en las obras de Klee con el empleo expresivo de sus flechas que apun­
tan más allá de los limites del mundo conocido, concreto, o que vienen en libre
vuelo desde el supramundo hacia nosotros. Ahí se llega al punto donde hombre y
cosa ya no se diferencian en un sistema de orden mayor, allí donde la separación
entre el ego y la realidad se cancela, esa separación que tuvo su origen en Grecia
y que el genial Gottfried B enn acertó en llamar la neurosis del destino occidental.
Un dibujo esquemático que Klee antepuso a su ensayo Wege des Naturstudiums
(Bauhaus) ilustrará gráficamente la validez permanente de esta gran idea guía:

2t

�No resulta difícil desarrollar el camino de Klee dentro del potencial ideativo del
gran romanticismo alemán para vincularlo con una larga hilera de antepasados y
desembocar finalmente en los expresionistas y los fauves. Pero era Klee un inde­
pendiente. Sobre la urdimbre de su profunda intuición genética teje, construye
con su saber igualmente profundo de los elementos plásticos, dando títulos a sus
cuadros, verdaderos hallazgos poéticos, que podrían haber sido puestos por
C hristian M orgenstern, a quien tanto admiraba. Y ya que de títulos se habla,
no sólo conviene recordar a G auguin , sino la costumbre de Klee de ponerlos mu­
cho tiempo después de terminadas las obras. Cuanto más sobrepasa el cuadro el
límite de lo real-visible, cuanto más intensamente hablan su lenguaje propio los
colores y las formas, tanto mayor ha de ser también la envergadura ideativa de
la obra, tanto más poética y metafórica la interpretación de su contenido para el
cual el título servirá de índice. La meta es siempre la comunicación. Klee no se
conformaba con una nomenclatura genérica y anónima, como lo hacía Kandinsky
al llamar a sus cuadros Composición o Improvisación.
La comunicación con el génesis en permanente devenir es lo que distancia a Klee
del superrealismo. El superrealista no inventa nada, encuentra todo en el sub­
consciente merced al automatismo psíquico. Su meta es la expresión de lo que
el pensamiento dicta independientemente de todo control del- raciocinio. Sobre­
pasar los limites de los cinco sentidos para levantar las barreras que existen entre
el ser y la realidad total: aquí se ve el puente entre el superrealismo y Klee. Pero
éste no es solamente ese appareil enregistreur de que hablaba B retón . Su tarea
va más allá al transformar en imagen visible lo genético por la vía de la expre­
sión plástica, subrayando especialmente su raigambre gráfica. Siempre es el ojo
primer y último filtro generador y purificador de la imagen interior, en Klee:
son los superrealistas los que representan lo infame, lo grotesco doliente, lo desata­
do, lo sexual en aberración, lo abismal existente en potencia y latencia en todo
hombre: nunca lo hace Klee. Su inconsciente se rige aparentemente por reglas
y proporciones secretas de una voluntad disciplinada. El desenfreno furioso no
existe en el mundo plástico de Klee. “Mucho es lo que debe saber el pintor, lo
que debe poder hacer por el mero instinto. Pero de gran importancia es lo didác­
tico: ejercicio del ojo, del espíritu, del entender intelectual, para llegar a ser sobe­
rano.” ¿Es éste un lema que condice con el automatismo de los superrealistas?
De su concepción del imago deriva toda su soberanía del ser del cuadro. El poder
de juicio resultante de la visión del ojo facilita el reconocimiento de la estructura
de la imagen, la toma hacia los elementos plásticos, la realiza allí, y logra lo

29

�poético, lo imaginativo, que es parábola cumplida por las energías motrices tanto
del cosmos como de la tierra. El arte no produce lo visible sino hace visible lo
invisible. La imagen surge en el arte como réplica pero no como fiel reflejo, ya
que el hombre no es espejo de la Realidad visible, y el artista es ante todo hom­
bre. En lo que vienen a encontrarse Klee y Goethe. Aquí volvemos al esquema
gráfico reproducido más arriba, que se explica por el paradigma de Goeth e en
su Paralipomena a la teoría de los colores: “En el ojo se refleja desde afuera el
mundo, desde adentro el hombre. La totalidad de lo exterior y lo interior se
realiza en el ojo.”
La morfología goetheana había quedado sepultada por la avalancha del positivis­
mo del siglo XIX, pero en nuestro siglo —aunque en otro plano— resurge y vuelve
a cobrar renovado valor. El romanticismo entra ahora en su fase aguda. Recién
los pintores modernos, con la conquista largamente anhelada del significado inde­
pendiente del color y la forma, conquistaron también los medios para realizar
auténticamente la idea romántica. Esto también es logro y mérito de Paul Klee.
La representación del imago como expresión de la relación entre mundo y hom­
bre, o como resultado final y fórmula efectiva de lo imaginativo, haciéndose sinó­
nimo del ser del cuadro, corresponde precisamente a esa unidad entre lo externo
y lo interno del hombre que Klee buscara expresar plásticamente durante tantos
años. Con ella se descifra la hora del nacimiento del cuadro, se aprende a leer
y entender su valor de signo y emblema, ambos a la vez. Y se le entiende desde
lo abstracto, pues cuando llega a lo figurativo lo hace solamente por la vía del
poder evocador del signo, que a su vez procede de la abstracta estructura formal.
Plásticamente se traduce la nueva conquista en una intensificación de la labor
constructiva del cuadro. Cubos, triángulos y otros elementos geométricos se intro­
ducen con mesurado colorismo, moviéndose en el vaivén del péndulo de los colo­
res fríos a los cálidos, de los cálidos a los fríos, independizándose los elementos
plásticos gracias a la armonía rítmica. Klee ya no abandonará más el problema
del constructivismo formal. Sus acuarelas evocan una lontananza abstracta, ventana
mágica sobre espacios intocables. Es el estilo propio de un nuevo romanticismo,
templado, que corresponde al mundo contemporáneo, abarcando tensiones amplias
desde la más fría encuación matemática (¿es fría la matemática?) del constructi­
vismo hasta el fondo dorado de la poesía mitológica que tiende hacia lo arcaico
como lo reconocible en última instancia. El arte en el sentido de Klee es un pro­
ceso reductivo; su camino lo lleva siempre de lo complicado a lo simple para
realizar la forma más pura en su visibilidad más sencilla. “Quienquiera decir más,
ha de hacerlo con medios más reducidos.”

30

�Tampoco es ésta su expresión final. Todavía quedaba la conquista de la parábola
de la iluminación que el joven Klee había anticipado en los mosaicos bizantinos
en Roma, Rávena y Venecia. La luz mágica de la melancolía del ser, signo evocativo del culto permanente de un hombre, hasta en su última fibra pintor, y
capaz de bajar hacia su propio ser íntimo para reconcentrarse en el cosmos. Ahora
el hombre empieza a estar solo. El destino se viste de constelación política, de
grandilocuencia de palabras huecas, de iconoclasta bárbaro y enceguido, para lla­
mar a Klee, como a tantos otros, bolchevique cultural. Klee, hombre puro, cuya
vida estaba dedicada vocacionalmente a la realización plástica de un ethos de for­
mal y paciente labor, se ve perseguido como artista degenerado, con la» ignomi­
niosa secuela e implacable furia que desconoce el límite de la decencia humana.
Por la fuerza se cierra el ciclo de su vida; Klee vuelve a Berna, el punto de su
partida. Ya no era ni suizo, ni alemán, ni europeo siquiera. Su obra había adqui­
rido la fuerza luminosa que marcaba el camino hacia una superestructura de cultu­
ra universal, más allá de todo intento artístico regionalista. Había llegado a ser,
como lo diríamos de *Fra A ngelioo, del M aItre D ’A vignoñ, de K onrad W itz, el
prim itivo de una nueva sensibilidad, del que podrá arrancar la humanidad para
construir un nuevo y mejor edificio del espíritu humano y humanitario.
Mucho tiempo llevó Klee la muerte consigo, muerte silenciosa y paciente. De
ella habla una de sus últimas obras, Navegación oscura, barca de Caronte que
había de llevarlo a la otra orilla del Hades, sin pathos de rebeldía, sin aferrarse
siquiera a la vida, como la planta que nace, crece, florece, fructifica, se marchita
y fenece. Y que en su desaparición fertiliza la tierra para nuevos crecimientos.
Desaparecen en las obras de su última época los signos gráficos de su microcosmo
inicial para traducirse en la reducción sugestiva a un nuevo signo, el jeroglífico
mágico, signos de escritura mágica válidos solamente como analogías del fulgor
ascético de un color que ya no es más que místico. Alfombras de oración con fór­
mulas meditativas; hasta allí llega el espacio parabólico en las últimas obras de
Klee. Ya había alcanzado esa luminosidad desde adentro que apuntaba hacia aquella
eternidad cuyo signo máximo había visto Van Gogh en la aureola de la santidad.
Klee siempre había habitado los dominios de los intermedios, amaba las transfigura­
ciones, los estados de transición. La forma de color había sido el medio expresivo
para la permanente metamorfosis mágica de lo terrenal-condicionado a lo cósmicodinámico de lo inorgánico a lo orgánico, de lo crecido a lo movido, de la planta
al animal y de allí al hombre. Panteísta metamorfosis era el fondo de todo ser y lo
posible siempre estaba latente en lo real. En el campo de lo religioso la mayor
posibilidad de una metamorfosis aún terrenal era el ángel. Klee no era Prometeo

31

�que buscara las alturas de los dioses. Para él bastaba el reino intermedio de los
ángeles. En la cercanía absoluta de Dios ya no cabía metamorfosis, pero en la
circunscripción de la creación estaban los ángeles en cercana santidad. Sus últimas
obras —cual insistentes variaciones sobre el tema punto final— debían conducirlo a
sabiendas y conscientemente hacia la compañía de su anhelado Ángel Alguno.
.Rodolfo G. Bruhl

32

�hojas de estudio
INVESTIGACION SOBRE

LA OBRA DE ARTE

Sobre el carácter real y sensible de la obra de arte. Partiendo de la base de que
la obra de arte es ante todo un objeto real y sensible, no hay sino reconocer que
gracias a que posee una materia y una forma, su existencia concreta se hace posible.
Es decir que la obra de arte no puede ser como tal si no se ofrece en su calidad de
objeto del mundo de lo sensorial, o en otras palabras, si no se manifiesta objetiva­
mente, aunque se encuentre en estado larval, o aun elaborado, en la intimidad del
artista, en cuyo caso no alcanza a ser sino una idea o una concepción. Para que la
obra pueda lograrse, es preciso hacer uso de una materia de que el simple concepto
carece, y asimismo de una forma cargada de posibilidades expresivas.
Ahora bien: si sabemos que la materia aislada y sólo en si misma no es la obra de
arte, evidentemente la esencia de esta última estará en la manera de manifestarse.
Dicha manera depende de la mano del artista, en el caso de la escultura, la pintura,
el dibujo, etc., y en todos los casos, de su capacidad de infundir al material emplea­
do —ya sean palabras, sonidos, tintas, arcilla— una facultad expresiva digna del
campo del arte. Pero la labor del creador seria bien pobre si se quedara únicamente
en la habilidad para producir un efecto. En realidad, si cabe aquí hablar de misio­
nes, su misión más alta es la de descubrir la emoción para la que el material con
que trabaja está capacitado en cuanto a su actuación posible como medio expresivo.
El medio expresivo va hacia un fin en sí, que es un valor, y que se da en la obra
misma. Necesita, entonces, de una forma, porque la forma es la manera de expre­
sarse que tiene la materia. De lo contrario no sería sino materia muerta. Se trata, pues,
de captar y perpetuar los valores implícitos en el material que se toma, creando un
juego de relaciones que hagan posible sobre todo el idioma emocional de los ele­
mentos elegidos.

33

�Así enfocada, la obra artística resultaría ser una estructura alcanzada artificialmente,
una invención del artesano que se la ha propuesto y ha contado con las condiciones
inherentes a su trabajo, desde su capacidad estética superior. Pero hay más. La forma
no toma su función en lo puramente artificial, o más bien, no viene, no proviene
de allí. Su generación espontánea ha sido imposible, y muy difícil su crecimiento
independiente. Durante milenios ha necesitado de un punto concreto de apoyo, de
una imagen que representar, o por lo menos recordar. Así ha sido y es posible que
una línea sustituya el contorno de un objeto, que una mancha denuncie su presencia
o la evocación de su presencia, que un volumen escultórico reproduzca un volumen
humano o natural. Así es y será posible que la técnica de las formas puras, sin
trasposiciones visibles de objeto a objeto (de objeto-pauta a objeto-obra) puedan
obtenerse como la culminación triunfal de un largo período de experiencia.
Hay, sin embargo, un arte que escapa al designio general de la representación: la
arquitectura. Sus formas han sido siempre, en realidad, las que han admitido un
mayor grado de abstracción. Pero siempre, para que pueda darse la obra del creador
como un objeto valioso, se hace indispensable la existencia, por encima o por debajo
o independientemente de la imagen representativa, del juego de relaciones en que la
estructura material adquiere valor. Quiere decir que, cuando el tema existe, si la
. obra es realmente valiosa, ha de vérsela como un medio, y no como un fin. Si se
i reconoce en la tela o en la estatua un objeto que se ha visto en el mundo natural,
es, sin duda, porque el artista ha sustituido los elementos de dicho objeto (algunos
de ellos) por signos que equivalen, o más bien, que significan lo que se ha querido
representar. Pues bien; lo importante no es entonces la sustitución, ni lo sustituido,
sino la manera como se ha sustituido: si hay una referencia a la esencia o a la
existencia del objeto, si hay simplemente signos que significan, o si van más allá,
constituyendo una forma que se significa. Si la masa en su juego con el espacio,
o la pincelada en sí, o el juego de muchas pinceladas o de muchas líneas, valen en
principio por ellas mismas, etc. Como forma artística, la obra de arte depende de
las relaciones formales que, como diría F ocillon , constituyen un orden, una metá­
fora del universo. Su dominio, el espacio, le permite definirse como materia y movi­
miento, de acuerdo siempre a un equilibrio que en la arquitectura proviene del
juego de las masas con los espacios; en la pintura, de la expresión de las manchas
o los tonos; en el dibujo, de la estructura de lineas y sombras, de planos, etc.; en
la escultura, del volumen, la superficie, el hueco, la l u z . . . Porque el espacio
del arte es materia plástica y cambiante, perfectamente adaptable a un ritmo,
maleable, y aun creable.

34

�Pero un elemento tan importante sólo es tratable en todas sus dimensiones en la
arquitectura y la escultura, pues la pintura al no disponer del espacio aparente­
mente completo, tiene que inventárselo, y aun así no le es dado sino mostrarnos
el perfil de los objetos: del resto ofrece una ilusión. Lo mismo ocurre con el dibu­
jo, pendiente de la manera como el artista lleve a cabo la sustitución de su
idea. Así en ambas artes la ilusión del movimiento, por ejemplo, puede resultar
del choque de los planos de sombra o de color, o de la plasticidad de las líneas,
o de su repetición o disposición.
F ocilixjn agrega, adem ás, q u e el espacio p in ta d o varía según
fu e ra o d e n tro d e la p in tu ra m ism a, o sea: según q u e la o bra
u n objeto e n el universo, ilu m in ad o com o los otros p o r la luz
universo q u e posee luz p ro p ia , luz in te rio r, c o n stru id a según
.

.

.

la luz se encuentre
esté concebida como
del dia, o com o un
ciertas reglas.
J ■

En la escultura el problema es diferente. La forma que marca el espacio y lo deter­
mina varía según el ángulo de observación. Además, no comprende únicamente la
envoltura y los huecos exteriores, sino que existe como objeto del arte con toda
su densidad, con la masa, su espacio y sus atributos, de acuerdo a ejes más comple­
jos que en la pintura, ya que la escultura abarca las tres dimensiones, rigiendo
por sus lineas directrices, no sólo las proporciones, la dirección de los movimien­
tos, la disposición de los límites periféricos, sino también el modelado y el encuen­
tro, por medio de los planos exteriores, de la masa interior y el espacio que la
circunda. Y el modelado da una forma que es una versión de la luz, sometida a
juegos de relaciones, los mismos que en todo arte y con diversos elementos permiten
la valorización de la materia como tal. Pero siempre lo esencial es el volumen, sin
que esto signifique, naturalmente, que el valor pueda teñirlo con mayor intensidad,
siendo ya axiomático que toda obra artística sólo puede cargarse de valor en su
totalidad. Quiere decir que el volumen en la escultura es la manera esencial de
manifestarse en objeto real y sensible. De ahí la distinción entre espacio-límite y
espacio-ambiente.
Es en el espacio también que se manifiesta el carácter real y sensible de la obra
arquitectónica. Pero su espacio es el mismo en que se mueve y se traslada nuestro
cuerpo, que interviene en longitud, ancho, profundidad sobre lo que se concibe en
materia, peso y equilibrio. De este modo el volumen interior y la masa que lo
define tienen un fundamento geométrico que determina su expresión armónica,
rítmica. El problema del movimiento, fundamental en todo arte, surge aquí de manera
semejante a la de la escultura, puesto que depende de la disposición más o menos
segura, más o menos variada de la materia, así como de su encuentro con la luz.

35

�Siendo absolutamente imposible sustraer la masa al movimiento, es explicable que no
existan sino grados de dinamismo entre los edificios de las distintas épocas y escuelas,
lo mismo que entre las distintas obras pictóricas o entre las posiciones que adopta la
escultura. En efecto: no es posible encontrar una masa uniforme que constituya por
sí una obra de arte. Si ésta se somete siempre a un juego de relaciones, dicho juego
tiene que darse a través de variaciones de la materia en la forma como de la forma
en la materia. Es cierto que el arte carolingio, lo mismo que el románico, es un ejemplo
de solidez tendiente a la estabilidad. Pero ya esa palabra: estabilidad, admite una
duda al tener a su lado la idea de una tendencia, y no de una cosa alcanzada. Sí, el
lenguaje de la luz no se sintió en ninguno de ambos ejemplos cortado por pausas,
no tuvo sobresaltos que lo sacudieran demasiado en medio de su marcha serena sobre
la superficie de las masas. Pero tuvo variaciones, fatalmente, en sus encuentros con
las aberturas de las masas. La diferencia con los edificios más dinámicos radica sola,
mente en que esas variaciones son siempre iguales dentro de una misma masa, son como
constantes que determinan un ritmo sin sorpresas, un ritmo frente al cual el que
ve no puede sobresaltarse en momento alguno, porque tras cada período está prepa­
rado para otro idéntico, como lo estaría tras cada cesura en los versos regulares de
un poema clásico.
\ Cuando el espacio puede penetrar más abiertamente por los huecos de la masa,
la movilidad se hace mayor, y aun es posible el intrincamiento del espacio y su com­
plicada movilidad, cuando, además de poder romperse distintamente junto con la luz,
sigue penetrando mientras lucha con la invasión de los relieves en el lugar que viene
a ocupar. Es el caso de la arquitectura barroca. Otras son las características del Me­
dioevo, en que la ligereza y fragilidad de la materia sugiere motivos que este comen­
tario no puede abrazar. Pero siempre* lo importante es que ese espacio tan mentado
tiene un reverso, que es su mundo privado, su conquista específica en el terreno arqui­
tectónico. Lo que se constituye entonces en contenido no es un vacío, sino una forma
que se modela por dentro como por fuera, y que se presta, además, a la inmersión
de la vida del hombre en su seno.
Esta manera de manifestarse el carácter de la obra de arte en su aspecto real y
sensible no habría podido ser enfocada aisladamente desde el punto de vista de la
materia o desde el punto de vista de la forma, siendo que ambas están ligadas indiso­
lublemente. Porque la materia nada es, nada significa, si no va unida a una forma.
Y la forma, de acuerdo con F ociuxjn , no es más que apreciación del espíritu, una
especulación reducida a inteligibilidad geométrica, mientras no vive en la materia. T
el arte necesita de ésa geometría sometida a lo que es peso, densidad, luz, color, con

36

�su carga indispensable de valor. Estos y otros elementos, unidos por la conveniencia
formal que precisamente el arte reclama, y que se diferencia de la que reclama la natu­
raleza, están en cada obra porque han sido previamente seleccionados a fin de producir
ciertos efectos.
Si la forma influye sobre la materia, también la materia influye sobre la forma. En
efecto, ésta, al pasar de una materia a otra, sufre transformaciones. Por eso no es lo
mismo una estatuaen mármol que otra, concebida según idéntica forma, pero de
arcilla o de bronce. En cada caso se dan distintas cualidades reales del objeto artístico,
como un vaciado del espíritu del creador que puede verse y tocarse, y que constituye el
continente de su cualidad irreal y esencial: el valor.
Relaciones entre la obra de arte y los objetos ideales. Dentro de su carácter de objeto
de la realidad sensible, la obra artística pertenece al grupo de los objetos elaborados:
éste puede ser el punto de tangencia con el mundo perteneciente a los objetos comu­
nes u opiniones experimentables. Pero el artista parte de la experiencia para llegar
luego a la generalización. El proceso ocurre no sin una selección, que permite al
artista proyectar su actividad valorativa sobre el universo natural. De ese modo puede
llegarse a la obra de arte, que se carga de un valor que es preciso reconocer y que
sin embargo existe aunque no se lo advierta. Es decir que la obra de arte no vale
porque se proyecte actividad valorativa alguna sobre ella, sino porque contiene el
valor en sí misma. Tal cualidad obliga a la apreciación, porque está por encima de
toda proyección subjetiva, y es ella la que se proyecta sobre el sujeto y lo compromete.
Ahora bien: según el grado de abstracción que denote, la obra estará más cerca de
los objetos experimentables, de los ideales o de los metafísicos. Pero no podrá jamás
ser ninguno de estos dos últimos objetos. Lo esencial en la obra de arte, o mejor
dicho, frente a ella, es la estimación. A un concepto no se le estima, sino que se le
entiende. La forma en que la obra de arte generaliza se diferencia fundamentalmente
de la generalización por la cual las ciencias naturales llegan a la conceptuación. En
este caso, la ley que se ha determinado debe valer para un'número de objetos lo más
grande posible, es decir, alcanzar la universalidad. La alcanza, principalmente, en
las ciencias físico-matemáticas, donde culminan los grados de abstracción. Por eso,
mientras todos reconocen los conceptos matemáticos como verdades indiscutibles, el
valor de la obra de arte sólo puede ser reconocido por los seres dotados de facultad
estimativa. Es cierto que toda ciencia es un intento de acercamiento al valor verdad,
mediante un sistema, pero su instrumento es el pensamiento, en tanto que el arte
tiende a la acción. Aquí se da también un intento, ya que, al no poder asirse la
abstracción absoluta, queda el tender hacia lo abstracto que hay en Dios, el Bien, la

37

�Justicia, la Libertad, y otros conceptos totales que no pueden abarcarse, sino tan
sólo vislumbrarse en lejanas aproximaciones.
La obra de arte como objeto valioso. Este punto entronca con el anterior en lo que
atañe a la tendencia de la obra de arte hacia los valores absolutos, tendencia que
en el hombre como ente espiritual marca un signo de superioridad. No obstante,
dicha tendencia, dicha intencionalidad, no se' traduce en realización de valores, sino
apenas en la obtención de la versión que de ellos puede lograr quien asume la
actitud de captarlos. (De ahí provendría otra de las diferencias con el terreno de
las ciencias: las obras científicas parecen carecer de la dimensión emocional con que
el arte cuenta.)
Se trata, entonces, de captar versiones de valores generalmente superiores, sin que
sea posible desligarse de los otros valores. Así por ejemplo, la utilidad se da nece­
sariamente en objetos que pueden pertenecr al grupo de los que usamos diariamente,
como un vaso, o un utensilio cualquiera, y agregarse ademáS a la categoría de las
obras de arte. No en vano la Edad Media es riquísima en ejemplos de esa índole.
Porque tal conjunción suele ofrecerse con mayor plenitud cuando el valor inferior
está supeditado al superior dentro de las facultades estimativas que una sociedad
posee. El campo de los valores sentimentales puede ser un punto de partida para
la consecución de otros valores que alcanzan el grado absoluto. Pero en la medida
en que son valores inferiores, no pueden constituir la meta última, aunque inter­
vengan en la tendencia del artista a acercarse al absoluto que encamina su inten­
cionalidad, en cuyo caso desempeñan una función relativa. Si la guía es, v. gr., Dios,
o la Justicia, o el Eien, traducirá su voluntad de encaminarse a ellos en la medida
en que es capaz de transmitir el mundo relativo de valores que va conquistando en
lo religioso, lo jurídico, lo ético. Y en la misma medida surge su obra para ser
apreciada, estimada. La dimensión emocional desempeña entonces un papel que atañe
específicamente al terreno del arte.
Estimación del valor artístico. Evidentemente, el objeto real artístico nace para ser
contempladó y estimado de acuerdo a un camino más emotivo que intelectual. En­
tonces resulta inevitable la intervención del sentimiento en el juicio que la obra
requiere. Este punto llama a pensar sobre la posible inevitabilidad del fundamento
subjetivo del problema. Sin embargo, no se trata de que los sentimientos comunes
determinen el juicio, de que las cualidades particulares, inesenciales, de un sujeto, se
constituyan en imperativos, sino de que el juicio pueda eludir lo accidental del "yo”
para convertirse en algo tan válido universalmente como lo es la obra de arte en sí,

38

�y abrazar, como conviene al objeto juzgado, las partes que en cada "yo” espiritual se
adecúan a una generalización esencial. £1 que juzga debe, en una palabra, recurrir a
sus posibilidades menos particulares, a sus reacciones más generalizables, de modo de
poder acercarse a la validez universal de su juicio. Es cierto que en la práctica esto
es imposible, puesto que tal universalidad sólo vendría a lograrse mediante una siste­
matización racional. Y es sabido que la crítica del arte no ha avanzado todavía por
esa ruta. Por lo tanto, hasta ahora quedamos sujetos a las aproximaciones de que sólo
es capaz ante el valor real cada respuesta subjetiva. En todo caso queda una forma de
juicio más o menos universal: aquélla que los individuos de muchas generaciones han
creído válida, afirmándola en función de todas las épocas, y no de la época en que
la obra fué creada; en función de la generalidad de los individuos, y no de un indivi­
duo o de una sociedad en particular.
Sin embargo, este situarse del hombre frente al valor no acaba de legitimar los proce­
dimientos. Por el contrario, es el modo de sustituir, incompletamente, el sistema no
encontrado aún. A mayor objetividad, mayor podrá resultar la exactitud de una
posición para captar valores, puesto que ésta es una condición impuesta por su carác­
ter de tales, ya que, según O rtega y G asset, tan sólo en un sentido podrían estar
ligados a la subjetividad: en su calidad de existentes para sujetos dotados de facultad
estimativa. Pero si bien no se da otra condición para que sean reconocidos, los valo
res, aun cuando la estimación no se produzca, continuarán valiendo en cuanto son
invariablemente dignos de ser estimados. Independientemente, el juicio es útil, aunque
nunca pueda ser exacto y siempre personal, nunca totalmente objetivo y siempre par­
cial, al ofrecerse en posibilidad, por lo menos, de sistema; y aun cuando así no ocurra,
quedará su función de habilitador de las rutas del hombre sobre la capacidad de apre­
ciar que necesariamente se amplía cuando una conciencia estética dirigida, ejercitada,
permite al contemplador acercarse lo menos subjetivamente posible a la marca
espiritual que el creador supo y pudo dejar, y al espíritu del creador mismo.
N elda V. González F erreira

39

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J ohn R uskin . — Elementos de dibujo, colorido y composición. Ed. Centauro, México.
M atteo M arangoni. — Saper Vedere. Ed. Preves, Milano. Hay trad. francesa y es­
pañola.
G eorges G romort . — Initiation á l’architecture. Ed. R. Ducher, París.
B runo ZevI. — Saper vedere l’architettura. Ed. Einaudi, Roma. Ed. cast. Poseidón,
Buenos Aires.
H enry A rnoldt. — Iniciación a la escultura. Ed. Poseidón, Bs. As.
A lexander H eim eyer . — La escultura moderna. Colección Labor, Madrid.
B runo A driani. — Los problemas del escultor. Ed. Argos, Bs. As.

40

�correspondencia
ESCRIBE DESDE BRUSELAS ROBERT L. DELEVOY
Una ojeada retrospectiva sobre el arte belga en vísperas de la última guerra
mundial lleva al observador menos apurado a remontar el curso de una década
sin encontrar la escala de una emoción profunda, sin percibir ni el brillo de un
genio, ni los resplandores de un fermento, ni los remolinos de una agitación
creadora.
.
Desvinculado de toda vanguardia, apenas va viviendo el arte sobre fuegos extin­
guidos desde 1930 hasta 1940. En Bélgica como en otras partes. Un velo de pudor
parece cubrir las explosiones de alegría, de fuerza, de salud, de los fundadores
del expresionismo. Cada uno parece dedicarse a abreviar las resonancias patéticas
de los creadores de Laethem, a esterilizar sus invenciones; a fertilizar artificial­
mente sus impulsos épicos, a quebrar la potente expansión del movimiento mo­
derno. La renovación que
pudieron dar a nuestra pintura un R ik W outers, un
F rits V an D en B erghe, estaba paralizada. Rechazados los iniciadores, también
iban a desaparecer los monitores: la revista de arte Sélection primero, Cahiers de
Belgique luego; asimismo
se fundirá su centro bruselés, la galería Le Centaure.
De la noche a la mañana
la audacia pareció impotente. El “miedo de ser mo­
derno” paralizó el arte vivo. Se cerraron los ojos al mundo par volver a encontrar
los confortables hábitos de
los viejos maestros. “El arte moderno es una leyenda.
Ayudémoslo a morir.” En esa leyenda creyeron los jóvenes de 1930, quienes encon­
traron un refugio en los jardines florecidos, los salones semiburgueses, las avenidas
del parque: para tranquilizarse al contacto con “lo humano”.
Desde entonces, la timidezsustituyó a la audacia,
el renunciamiento a la fe, la
interpretación a la invención. Sumisión a la anécdota familiar, condensaciones
sentimentales, disgresiones
analíticas por medios azucaradoscondenaron, proviso­
riamente, a la pintura a rondar una imagen superficial de la realidad. Solos, ais­
lados, un G uiette , un D elvaux, un M agritte, continuaban sus exploraciones en
medio de la indiferencia.

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�Tal era la situación cuando salió de las academias una nueva generación, de los
flancos de un mundo que afilaba sus armas: la generación de los V an L in t , de
los B ertrand, de los M endelson . En medio del desarrollo de las conciencias, esos
jóvenes buscaban puntos de apoyo para afirmar sus inquietudes de acuerdo a un
vocabulario apropiado. No hubieran podido expresarse con el lenguaje vacilante
del discurso sentimental que les ofrecían a pasto sus maestros. Tampoco creyeron
en “la agonía de la pintura” ni en “la perdición” del arte contemporáneo. Ellos
se interrogaron, en el seno del círculo La Route Libre y, en plena ocupación,
formularon su voluntad de obrar presentándose bajo el pabellón A pport 41, al
mismo tiempo que los Jeunes Peintres de tradition jrangaise tomaban la ofensiva
en París. Percibieron la necesidad de volver a aprender a ver y a pensar, de re­
plantear ellos mismos los problemas sugeridos por el genio moderno. Más allá de
la apariencia sensible descubrieron el misterio, lo extraño, lo inquietante. Poco
a poco, el arte de ellos, que ha redescubierto el color al mismo tiempo que el
espacio de dos dimensiones, formula los términos de una proyección alusiva de
lo real, enriquecida con imágenes y sueños engendrados por la inquietud y el
remolino de la sensibilidad. Nace un nuevo irrealismo que se acuerda al mismo
tiempo de E nsor y de B russelmans, a pesar del peso de la ocupación enemiga,
del cierre de las fronteras, del secuestro de las fuentes del arte vivo, del silencio
de los museos, de la invasión del “realismo obligatorio”. Pero se ignoraban mutua­
mente. La Liberación, al restaurar la circulación de los cambios, iba a revelar
que por todas partes la vida subterránea había engendrado una rebelión común,
una sensibilidad común, un renacimiento común.
Tanto en Bruselas, Amsterdam, Londres, Milán, Roma, como en París, el hecho
moderno retomaba su curso, acusado por el mismo deseo de intensidad, por las
mismas preocupaciones de expresión: en las fuentes del fauvisme y el cubismo. Si
bien pareció que las aspiraciones de nuestros pintores coincidían, en particular,
con las de la joven pintura francesa, no es menos cierto que ésta, que había
quemado las recetas con más exaltación, les proporcionó un vigoroso estimulante.
El círculo Jeune Peinture Belge, por otra parte, iba a galvanizar sus energías y
constituir el punto de reunión del nuevo movimiento. Así se formó la Escuela
de Brwselas, en la que vinieron a converger todos los matices del irrealismo fun­
damental que la promovía. Rápidamente se señalaron las tendencias de las indi­
vidualidades más destacadas: sus trasposiciones fueron más agudas, sus escrituras
ganaron en amplitud y autoridad, el sentido de las fuentes irradiantes se hizo más
seguro. En ese momento G astón B ertrand (1910) depura su universo, estriado
hasta no hace mucho tiempo por lenguas de fuego y poblado de inquietantes

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�fantasmas; la angustia del vacio es absorbida, por una especulación sobre el espa­
cio: un espacio desértico, desecado por los ritmos corrosivos de una conciencia
metafisica. Louis V an Lint (1909), que había por un momento realizado la solda­
dura entre lo real y lo imaginario, transfiere su desbordante imaginación plástica
del registro irrealista a los juegos no figurativos de los planos y los signos simbó­
licos; M arc M endelson (1915) asimila, con innato sentido decorativo, las grandes
corrientes de la pintura francesa e italiana; J an Cox (1919) trata de conciliar su
neohumanismo y un idealismo revolucionario en composiciones ásperas y ácidas
de corte expresionista; A nn M otier (1909) reduce el lenguaje expresionista a sig­
nos violentos y patéticos; R ik Slabbinck (1914) busca un compromiso entre el
expresionismo de P erm eke y un realismo tranquilizador.
Pero ya asciende una nueva generación, con su bagaje, su visión, sus interroga­
ciones. Estos hombres de menos de treinta años se llaman A lechinsky (1927),
B ury (1922), V an R ory (1922), Collignon (1923), C laus (1929). Son tanto poe­
tas como pintores, tanto pintores como poetas. Sus voces se confunden, esta vez,
en el campo de experiencias abierto por los mayores; cuanto más oyen que es
necesario resistir la ofensiva de un nuevo-réalismo-obligatorio, más parecen deci­
didos a evitar la trampa de un academismo moderno. El genio poético que los
anima parece garantir sus realizaciones de mañana y prometer el equilibrio de
la madurez. En todo caso, se manifiesta desde ahora en obras queridas sin ambi­
ción, escritas con el corazón, pensadas con la mano: algunos las califican como
“experimentales”, sin duda tanto para luchar contra la vanidad de la obra maes­
tra como para situar mejor el nivel que les corresponde, el de la búsqueda.
¿Quiere decir que no hay allí más que borradores? A veces si, pero borradores
que arden, penetran, emocionan y arrastran, porque son realizados con la plenitud
de la obra madura en toda su extensión y dotada de esa unidad mágica que sólo
puede calificarla, ya esté en el muro, en el caballete o en el cuenco de la mano.
Si hay una figura que configura el clima de esta última generación es sin duda
la de P aul Klee , es decir, la de un poeta que ha abierto las fuentes de una nueva
escritura y restaurado —promoción poética— el encantamiento del signo. Es de
un poeta de quien conservan nuestros jóvenes pintores-poetas un recuerdo difuso.
Y no de un tribuno —P icasso—, de un arquitecto —B raque— o de un tenor román­
tico —P ermeke .
Asi dos generaciones, las dos últimas, se complementan y continúan enriqueciendo
la tradición flamenca con realizaciones vivas: fuera de los dogmas y las teorías,
y para la sociedad que ellas traducen y a la que ellas apelan.
R obert L. D elevoy

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�ESCRIBE DESDE PARIS DAMIAN CARLOS BAYON

S ur Q uatre M urs. En la Galerie Maeght triunfa en este momento una exposición

de arte enderezado a las grandes dimensiones. Esto del tamaño es un tema apa­
sionante sobre el que alguna vez será útil extenderse y profundizar. Toda realiza­
ción plástica tiene un tamaño que se le adecúa óptimamente, como la música
tiene una altura que puede ser feliz o no. El poner la radio en un lied de Schumann a voz en cuello es una falta estética como la de escuchar el último movi­
miento de la Novena sotto voce. A cada uno, su altura. Papel de gran director
de orquesta. A un arreglo de formas y colores, a un tema pictórico también le
corresponde una dimensión óptima. Éste es el eterno problema de la escala. En
arquitectura, el programa en cierto modo lo está dictando, en pintura o en escul­
tura es un problema subordinado a la sensibilidad espacial del artista. Sin vanidad,
sin falso intimismo, la escala es una intuición como los ritmos, como el procedi­
miento adecuado. Hay muchos errores en este campo, aun entre los grandes
maestros. En estas obras expuestas hoy en la Galerie Maeght noto al contrario
una armonía entre temática y amplitud que no quiero dejar de señalar. No se
trata exactamente de pintura mural en todos los casos sino de cuadros grandes
—como me decía con justeza un pintor abstracto— pero de cuadros grandes que,
salvo los de Chagall, pueden ir a inscribirse en el universo arquitectónico, sea
como pintura, tapiz, vitral o mosaico. Hay obras de Braque, Miró, Matisse, Picasso,
Chagall, Bazaine, Rouault, Léger. Me ocupuaré de ellos en este orden.
B raque . Paneles negros para una decoración. El equilibrio, la gracia, llegan aquí

al colmo. Sobre una superficie negra y opaca como un pizarrón, Braque a punta
de buril, dibuja sus figuras en blanco. El procedimiento es el viejo y eterno del
coromandel. Se pinta una gruesa capa de blanco, se la cubre con otra espesa capa
de negro. Rayando la superficie superior aparece el blanco oculto. Dificultad y
riesgo como en el grabado, sin titubeo posible. Hay una angustia de salto mortal
—como en el circo— en este espectáculo de virtuosismo. Braque, viejo y ágil trape­
cista no se equivoca, está entrenado en la frecuentación de la habilidad genial de
la línea. Admiro su equilibrio para trazar —como un relámpago ininterrumpido—
su melodía gráfica de inspiración griega que recuerda los antiguos vasos prehelé­
nicos, los arabescos vegetales o animales de la cerámica cretense. Unica objeción

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�y sin embargo fundamental; este juego, frente a la vecindad de otros maestros
en la misma sala, me parece sólo un juego. Peligro de enfrentar y suprema lección
de comparar. Aquí hay un elemento trascendental que falta. . . ¿cuál?
Minó. La obra de Miró no es sólo todo ponderación sino necesariedad. La palabra
juego no nos viene a las mientes. Enorme panel de ocho metros de largo para
el salón de un pabellón de estudiantes de una universidad norteamericana. Re­
cuerdo instantáneo de un tema semejante: la decoración mural de Le Corbusier
para el Pabellón Suizo de la Ciudad Universitaria, aquí mismo, en París. La obra
de Le Corbusier es confusa, poco estudiada. Le falta irremediablemente calidad
plástica. En cambio en Miró, lo excelente aflora por toda la superficie del panel.
Los estudiantes que vivan delante de esta pintura, tendrán motivos de gozo, de
estudio, de profundización paulatina, de lección de la mejor óptica no figurativa,
y sin embargo, tan humana que alguien ha creído ver en ella —con escándalosignos sexuales. Quizá esas extrañas formas lo sean, no me importa. Actúan
plásticamente y son nobles, justas, equilibradas. El fondo: variado, de color
pastel oscuro apenas frotado sobre la tela. Su entonación va modulándose del gris
al celeste, al verde, al lila, al ocre rosado. No hay líneas límite, no son sectores,
son ondulaciones
siempre en una misma intensidad de
tono aunque infinitamente
variadas como color. Sobre ese fondo se recortan figuras negras, de azul oscuro
intenso, rojo sangre, amarillo, verde. Nada más: círculos vagos, rectángulos, trape­
cios, nada exacto geométrico, todo dibujado con un admirable temblor sin titu­
beo. Resultado: vibración de la superficie, acorde de técnica con expresión. El
oficio, excelente, se borra —en cierto sentido misterioso— ante el contenido. Lo con­
trario de lo que ocurre con ciertos jóvenes pintores abstractos. Están tan orgu­
llosos de saber pintar bien que lo demuestran demasiado. Ese bizantinismo técnico
es un error que cometen. Hay que tener muchos años y saber mucho para poder
anular un estilo
(hacerlo más estilo que nunca) como hizo Gide. En Les nourritures terrestres
era todavía deslumbrante y parnasiano, en los últimos libros es
el escritor delestilo que transparece sin andamiaje, que parece nacido así. Tan
perfecta es la forma que ya no se ve. Suprema lección de maestro.
M atisse. El viejo genial crea esta vez una larga banda de papel blanco apaisada
donde pega sus papeles recortados. Hay quien ingenuamente cree que Matisse está
en decadencia porque recurre a este expediente de las tijeras y la goma de pegar.
No, la decadencia no es usar una técnica u otra, es dejar de ser excelente en
cualquiera. Hace unos años, durante una convalescencia, el artista empezó a recor­
tar con unas largas tijeras pedazos de papeles de color. Un poco por jugar, como
un niño genial de más de ochenta años. El sistema le interesó —eterno buscador

45

�que es— y lo adoptó. El trazo en picos, la forma dura que siempre resulta de re­
cortar, lo que en geometría se diría de un modo más científico: ir limitando por
rectas, le enseñó aún otra posibilidad. Y como un supremo y perpetuo escolar de
sí mismo, el Maestro creó la forma atijerada, diré inventando el neologismo. Su
repertorio de signos hace pensar en la escritura abreviada de los chinos. En ella,
un garabato en tal forma es un hombre, tal otro: el sol. Igual ocurre con Matisse
en ese universo suyo de signos propios. Levanta sus composiciones, juega a llenar
frisos rientes que se persiguen por las paredes. No hay mero infantilismo como
dicen escépticos e ingenuos. Nada de eso. Matisse vuelve del mucho saber y siem­
pre está cumpliendo con el precepto bíblico: tiene ojos para ver y ve. No todos
—casi nadie— puede decir otro tanto. Y lo ve todo tan nuevo, tan original, tan
él hecho pintura, que expresarse le resulta simplemente serse y la novedad no es
así forzada ni dolorosa, es el exultante placer de existir, cantando el mundo en
sus formas siempre diversas, en su color triunfante. •
Esta vez ha creado unas estrofas rítmicas por donde bailan sobre fondo blanco
sus corazones puntiagudos y rojos, sus verdes filodentros, sus soles azules sobre
fondos anaranjados, su amado amarillo limón. Está tan entrenado que su pintura
es un acto reflejo. No tiene que pensar en guardar un estilo, es el estilo, como
Luis XIV era el Estado (o creia serlo). Recorta por ejemplo las letras de una
leyenda y son —automáticamente— las letras hermanas de esas manzanas, de esas
hojas, de esos rayos de su mundo fantástico. Y lo más curioso es pensar que aun­
que fueran diferentes (fueran otros), él los podría hacer de mil modos distintos
y siempre serían unitarios con él, congruentes y consecuentes consigo mismos.
P icasso. Con su extraordinario sentido de las texturas, Picasso compone sus muje­

res de La toilette (1930) con vulgares papeles de empapelar cuartos. Papeles que,
para colmo, son feos de por si. Para él no son feos, al hacerlos vibrar, consigue
componer en perfecto equilibrio un inmenso panel. A veces me parece que cuando
se haga la historia del arte contemporáneo podrá decirse que Picasso fué un
pintor tan genial que retrasó —en cierto modo— el advenimiento de formas nue­
vas, distintas de las suyas, en todo el dominio del arte plástico. Quisiera que se
me entendiera bien. Pese a todos sus atrevimientos, a su más genuina vanguardia
tiene un ideal de composición tan equilibrado que en ese sentido no difiere de
lo clásico tradicional. Si el arte de los próximos años se hace abstracto, habrá que
considerar a Picasso como el último representante de una pintura que se muere.
Si en cambio toma por otros rumbos habrá que ver en él un principio y no un fin.
Tanto en el Miró que he analizado como en el panel de Matisse o en esta com­
posición de Picasso hay una voluntad mural. En ella Picasso utiliza sabiamente el

46

�planismo, la composición en esquema monumental, abandona cualquier afán de
mera representación anecdótica o mimética. A quí pasan cosas humanas. Las formas
son también humanas pero pasadas por un horno a alta tensión, desintegradas y
vueltas a recomponer. Cuando la expresividad del papier collé no le basta, agrega
sus grafismos libres: negros trazos aclaratorios, unitivos. En Picasso como en Matisse
se nota la inmensidad de recursos. No porque sean infalibles, afortunadamente no
lo son: Picasso —sin ir más lejos— acaba de enviar al Salón de Mayo una obra
francamente inferior. Pero saben hablar de muchos modos. Son como un poeta,
que arma su metáfora y la lanza a volar: es admirable. Pero quizá podría haber­
la hecho diametralmente distinta y también lo sería. El triunfo no es el acierto
particular, es su capacidad metafórica la que convence y conmueve.
C hagall. Tiene aquí dos hermosos y vastos óleos. Amplios de composición, expla­

yados. Los colores favoritos del pintor se persiguen por las telas: azules, verdes,
rojos, amarillos. No desentona con sus geniales vecinos, ya es mucho decir.
B azaine . Intenta curiosos ritmos vibrantes para su mosaico de la iglesia de Audincourt uno de cuyos fragmentos se expone aquí. Los trozos de mosaico, grandes, de
4 a 5 centímetros de lado. En el conjunto predomina un fondo blanco sobre el
que se cruzan como descargas eléctricas cromáticas, los colores primarios. Tema
para discusión éste de la pintura abstracta católica. En Bazaine no hay ya ningún
rastro de figurativismo (como lo hay en cambio en los vitrales de L écer que
analizaré enseguida). ¿Se puede, pues, decir que una pintura tiene contenido cató­
lico porque la pinta un pintor católico? ¿Es justo que M anessier por estar inspi­

rado religiosamente y poner títulos religiosos piense realmente hacer obra de
contenido religioso? Quedan en pie las preguntas muy parecidas a las que se les
podría hacer a los comunistas en cuanto al contenido social del llamado nuevo
realismo. En todo caso, la Iglesia francesa se muestra más avanzada que el Comu­
nismo francés. Paradojas de los sistemas centrales regidos por una actitud no es­
pontánea sino cuidadosamente administrativa.
Y ya que estamos en el tema, señalemos la habilidad que tienen estos dos extre­
mos para captarse grandes figuras que a veces son meros simpatizantes que condes­
cienden. Los comunistas tienen a P icasso y a L écer , los católicos se han asimilado
a R ouault y le han tributado un gran homenaje público en el Palais de Chaillot
con motivo de cumplir el maestro sus ochenta años.
R ouault . De él se exponen precisamente, dos magníficas obras de gran tamaño,
de su mejor escuela. El color bajo y sordo pero profundo. La pasta: lisa, estirada,

47

�sin esos peligrosos remolinos de color que cultiva últimamente y que resultan un
poco parásitos de la tela.
Tanto estos dos cuadros como el panel de Picasso fueron hechos con vistas a la
tapicería, de aquí su planismo. En buena hora. Creo que los consiguientes tapi­
ces fueron hechos y existen, aunque asi no fuera, el mundo habría salido ganando
hermosísimos cuadros.
L éger. En una posición antípoda del catolicismo, Léger ha creado vitrales para
una iglesia. Se exponen los cartones reducidos y un vitral completo realizado. Son
vagamente figurativos. En el que se muestra aquí reconocemos los instrumentos de
tortura de la Pasión: los clavos, las tenazas, la corona de espinas. Son de un
vidrio basto y grueso muy hermoso en su semitransparencia. Forman polígonos de
8 a 12 cm. de diámetro y están unidos con cemento en bandas anchas de 2 a
3 cm. que al verse en contraluz actúan como el plomo en los vitrales góticos.
Estas piezas de rompecabezas están montadas sobre bastidores de 0.50 x 0.70 para
facilitar su transporte y la firmeza de la obra. Su efecto es un poco brutal pero
nuevo y distinto del exquisito matizado del vitral antiguo, sobre todo de los tar­
díos —azules y rojos— de la Sainte Chapelle por ejemplo. Éstos como efecto están
más cerca de los sublimes vitrales arcaicos de Chartres, planos y opuestos en gran­
des zonas de color, menos sentimental que el acorde cromático recompuesto en
la retina.

Pero lo que interesa es la calidad Léger, que está aquí en uno de sus pináculos.
Lo que se dice en estos vitrales y en el magnífico mural de la T rienal de Milán
está desmentido por su exposición Les constructeurs de la Maison de la Pensée.
Aquí en cambio: habilidad formal, continua armonía de los ritmos, capacidad
de invención, atrevimiento en el color y justeza de tono. Léger se mueve muy
cómodo en este mundo de las combinaciones fiaras sin implicar una realidad
contingente. Compone sus vitrales como grandes barajas coloreadas, excelente lección
bien aprendida en la mejor tradición francesa. Su carrera tan polimorfa de má­
quinas, mujeres esféricas, ciclistas, zambullidores, parece desembocar con toda natu­
ralidad y felicidad aquí en estas composiciones tensas y viriles. Me he quedado
pensando qué arquitectura religiosa moderna podría sustentarlas. Después de ver
la admirable iglesia de Le Raincy, obra maestra de P erret, en cemento armado
con débiles vitrales de M aurice D enis, pienso qué hermosa combinación sería ver
un día una iglesia de Perret como una inmensa jaula de cemento con transpa­
rentes muros de color creados por Léger. Si eso llegara a ' ocurrir, la edad nuestra
habría realizado su Sainte Chapelle.

48

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Naturaleza muerta con guitarra (1948)

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La pareja

(1950)

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Botellas (1940)

GAS'l'ON BER I RAM)
Mar y dunas (1949)

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J.IN 1 : C.om¡/osi(iún luniir

�C orolario . Triunfo del gran tamaño en esta exposición. Hay épocas que han cul­

tivado la miniatura. La nuestra, creo empezar a sospechar, va en cambio hacia lo
amplio. Una satisfacción aérea se desprende de la obra lograda cuando tiene espa­
cio noblemente al margen para explayarse. Quizá haya que sacar una idea formativa de esta intuición, hoy no hago más que apuntarla, más adelante —si fructi­
fica— trataré de encontrarle consecuencias.
L apicque . Lapicque ha vuelto a buscar la figuración concibiéndola de una mane­
ra simétrica de como buscó primero la abstracción. De las cosas reales fué pasando
a los ritmos, y un buen día dió el salto y se atrevió a lanzarse al espacio pura­
mente formal. Después de una larga carrera en lo abstracto, interesante y plena,
este siempre joven profesor de matemáticas, este excelente ensayista, este exacto
vuelve a través de los ritmos a crear una figuración que no es traicionar la causa,
es enriquecerla con una nueva dimensión.

En efecto, el problema no es de reconocer o dejar de reconocer el mundo sensible
en la pintura. El problema es de calidad, de intensidad. Y ambas cosas tiene
Lapicque en grado sumo. Buscando pues una realidad que sustente sus creaciones
formales y cromáticas, ha creado dos series: los guerreros medievales y las escenas
de steeple-chase, temas ambos que se prestan para la linea movida y el color.
Pero esos temas no se ven —tienden a no verse—, son sólo excusa de ritmos nue­
vos que apoyados en nociones reales parecen paradojalmente, más ricos, más com­
plejos que si fueran líneas o colores solos, en libertad. En vez de ser el ritmo
una superestructura del tema y de todas sus implicancias psicológicas, aquí pri­
mero son los ritmos, después viene la representación a llenar la trama mental
previamente trazada.
La exposición de Lapicque desborda de público. El gran peligro del arte abstracto,
dice Charles Estienne en su folleto L ’art abstrait est un nouveau academismeT,
no es el fracaso sino el éxito de que ahora goza. Con la exposición de Lapicque,
temo que la gente se confunda, que crea ver un nuevo Dufy de concepción más
atrevida, de color más brutal y no sepa ver lo que hay de equilibrio, de formas
que se persiguen en fugas, riqueza de contrapunto cromático en una gama muy
alta. No, Lapicque no es un pintor de carreras de caballos, es un pintor de las
fuerzas, de las tensiones, los accidentes de color que ocurren
cuando chaquetas
multicolores de raso brillante se intersectan con céspedes intensamente verdes.
Cuando cielos y vestidos femeninos se complementan, cuando
actitudes de salto
de esos delgados seres arañas que son los jockeys contrastan con las grupas redon-

53

�das y elásticas de los caballos. De todo eso profundamente. No de anécdotas o
de clima mundano o gracia de oposiciones meramente sensibles.
En la reproducción en blanco y negro se distinguen las formas; agregaré una
lista de colores dominantes para que se pueda formar idea del conjunto. Funda­
mentalmente un blanco dominante de fondo. Por encima, en plena violencia:
bermellones, anaranjados, azules rabiosos, verdes minerales, cadmios, amarillos de
Nápoles, ocres, negros, rosados fuertes, lilas, verdes agua, celestes turquesa y las
infinitas medias tintas de una paleta particularmente rica.
Al pedir una reproducción en la galería, su dueña: Denise René, me da a elegir
entre los steeple-chase y los guerreros. Elijo uno de estos últimos y le explico que
las escenas de carreras, en blanco y negro parecen más figurativas de lo que son
en realidad. Me comprende perfectamente y se sonríe. “Ahora —me dice— pasa
al revés de hace unos años. La gente se queja de un exceso de figuración. Y sin
embargo, ni Lapicque ni yo somos unos tránsfugas”. Le aclaro que no para mí.
Al contrario, esta lección de vuelta me parece útil y fecunda quizá en im pli­
cancias futuras. De todos modos está cumplida y es una hermosa realidad en sí.
No se puede prever si tendrá consecuencias o no. Depende de lo que lleve pro­
fundamente en sí. No arriesgo teorías prematuras, constato simplemente un hecho.
D amián

54

C arlos B ayón

�C

R

Í

T

RUFINO TAMAYO
La exposición de R ufino T amayo en el
Instituto de Arte Moderno permite apre­
ciar, a través de unas pocas obras, las
diferentes posturas de este joven maestro
mexicano considerado por M oreno V illa ,
en su ensayo sobre arte mexicano que
hemos comentado en estas páginas i, he­
redero directo del grupo de los grandes
muralistas revolucionarios —R ivera, O rozco, Siqueiros— y, al mismo tiempo, el que
da en sus pinturas las notas que pueden
considerarse más genuinamente mexica­
nas, sin que para ello haya tenido que
recurrir, como aquéllos, a poner el arte
al servicio de una idea política.
Variado es el conjunto, pese a su relati­
va brevedad. Ella refleja la labor de más
de diez (?) años, en los cuales vemos
desarrollarse una parábola que va desde
la composición de tipo representativo,
cuasi naturalista con cierta entonación
poética, hasta figuras de un expresionis­
mo exacerbado; hay composiciones superrealistas y hay tranquilos retratos recia­
mente construidos, con un apropiado sen­
tido de la abstracción, sin que la expre1 José M oreno V illa , L o mexicano en lao
artea plásticas. México, D. F., Ed. El Colegio
de México, 19AS. (Cf. Ver y Estimar, No 10),

I

C

A

sividad perseguida haya impuesto una
exagerada deformación. La intención mu­
ralista se denota en varias telas; pero
ese muralismo', figurativo y de ordenada
construcción en una, deviene capricho­
samente expresionista en otras de la
época actual. Hay también cielos estre­
llados, mediante los cuales parecería el
pintor querer evadirse de la forma al re­
ducirla a un esquema; y hay otros cua­
dros, de etapa intermedia, en los que
predomina cierta retórica picassiana.
Desde el punto de vista formal, las
obras de Tamayo denuncian su lucha, la
búsqueda en su dibujo, el ahincado buceo
para dar con la línea y con la composi­
ción verdaderamente expresivas. En cam­
bio, en el color demuestra aplomo, se­
guridad total en las distintas épocas, una
pareja holgura en el manejo de los tonos,
en el hallazgo de notas cálidas, hondas.
Fondos de sordo cromatismo admirable­
mente matizados que valen por sí mis­
mos —como el N? 19, “La madre”, en
que un verde grave armoniza con pro­
fundos ocres que derivan en tonos cár­
denos y en el rojo-púrpura, o el del
Nv 22, que luce toda la riqueza de la
gama rosa. Grises sabiamente organiza­
dos o modulaciones de un solo color
llevadas al extremo de las posibilidades de

�la paleta, bastan para señalar la dimen­
sión de Tamayo como colorista.

perficialmente. Sus ocres, verdes, grises,
amarillos, sus tonalidades rojizas o cár­
denas forman una cadencia grave y ma­
jestuosa; la vibración es tensa, el brillo es
potencial. Para establecer si son estos ras­
gos predominantes los que caracterizan
el mexicanismo de Tamayo como coloris­
ta, tendríamos que estudiar las raíces de
lo mexicano, remontarnos a las fuentes
del arte indígena, a lo telúrico y racial,
buscando el parentesco de la paleta de
Tamayo con el arte maya y azteca. Exi­
giría ello una labor más minuciosa que no
podemos desarrollar aquí; sería una tarea
de tipo arqueológico y sociológico que nos
llevaría demasiado lejos. Por lo demás, no
creemos que el valor de Tamayo como
pintor, como colorista, dependa de su ma­
yor o menor grado de mexicanismo.

Pero ello al mismo tiempo nos plantea
un interrogante, al señalarnos el contraste
entre su línea dibujística, contradictoria
y tortuosa, y la otra línea, la del colo­
rista, tan firme y tan plena. £1 dibujo
expresionista de las últimas obras de T a­
mayo, ¿será un producto transitorio de
sus búsquedas para dar con la forma
apropiada a la potencia de su color o se­
rá su formm definitiva? Porque en Tama­
yo hay una disparidad —que no logra
vencer— entre el color y el dibujo. Casi
podríamos prescindir de este último y no
por ello dejaríamos de admirar sus telas.
Moreno Villa reconoce en Tamayo esa pre­
ponderancia del colorista: “En Tamayo lo
esencialmente mexicano está en el color”,
dice en su citado ensayo. Efectivamente,
en la variedad de posiciones ya señala­
das —naturalismo, superrealismo, expresio­
nismo—, el color se impone siempre, co­
mo un valor autónomo, permanente. El
artista se esfuerza para completarse y dar­
nos formas en consonancia con la fuerza,
con la grandeza de su color. Pero logra
esto en muy contadas ocasiones y nunca
de una manera cabal. £1 color es su
forma expresiva. En él es donde está todo
Tamayo. Es su exclusivo, su auténtico len­
guaje. Y como se expresa únicamente por
el color, podemos afirmar que sólo se
salva por el color.

Alfredo E. R oland

RAÜL SOLDI
La pintura de Soldi va hacia el espec­
tador por la vía más accesible, la de lo
amable. Pero si bien es una vía conforta­
ble, también es engañosa y casi puede de­
cirse falsa, ya que ese velo de primoroso
encanto no hace sino desviar la búsqueda
de valores permanentes.
En general hay en ella un elemento
atractivo: el color, con el que gracias a
un tratamiento sutil obtiene hermosos to­
nos, delicados matices llenos del encanto
de lo grácil, de lo ligero. Mas, haciendo
abstracción del color, la obra se empe­

Ahora bien, ¿qué notas son las que de­
terminan el mexicanismo de la pintura de
Tamayo? Su color no vibra ni brilla su­

*6

�queñece. Lo que a primera vista parecía
una arquitectura vestida de encanto cro­
mático, no existe en realidad porque no
hay una base constructiva que la sostenga.
Al observar el paisaje n? 14 se ve en pri­
mer plano una pequeña mata de ver­
dura: basta eliminarla poniendo una ma­
no sobre ella y lo que se creyó un brote
espontáneo es sólo un soporte de gracio­
sos colores; ignorado el soporte la compo­
sición se deshace. En éste como en las ma­
yorías de los paisajes reanima la débiles
armazones con la ayuda de cálidos y de
vigorosas pinceladas, verdaderos apoyos de
la composición. Pero esto no es suficien­
te, ya que en toda obra de arte plástico
el dibujo y el color deben mantenerse
inseparables. Es imposible aclamar la be­
lleza de uno y lamentar la insuficiencia
del otro.
El cuadro n9 2, Ave blanca, tiene unos
hermosos blancos, ya de rutilante clari­
dad, ya de gran finura de matices, muy
ricos de materia, extendidos sobre un
fondo inerte de un negro unido. Puro
efectismo.
Pero donde mucho se nota el olvido o
la escasez del dibujo, de la construcción,
es en las figuras. En la nf 10, un brazo
parece dislocado, perdido en un fondo sin
expresión. En la n9 17, El sillón de m im ­
bre, presenta parecido problema: el cos­
turero tiene en primer plano una zona
de inusitada claridad, de una chatura
que absorbe, vale decir que tira del bra­
zo ya semidestruido en su raíz. En la
figura fuera de catálogo, ¿por qué ese

57

borde exuberante del sillón qué aplasta
más aun la figura ya de por sí esmi­
rriada?
¿Qué se propone decirnos Soldi en Ob­
jetos de mimbre? En vano se busca una
verdad interior.
En el Desnudo n1? 21 hay una torsión
exagerada en el nacimiento del brazo iz­
quierdo; luego, para reemplazar esa pér­
dida, Soldi hipertrofia la correspondiente
cadera; pero lo que debería presentarse
como morbidez se convierte en un aplas­
tamiento que contraría la topografía de
la región presentada en primer plano. Y
como siempre la nota amable, en esas
cintas deshechas que atraviesan con gra­
cioso desgano los tobillos de la modelo.
Lástima grande la de esta exposición. Al
entrar se siente al oído el sugestivo len­
guaje de una exquisita sensibilidad; el
ojo se abandona perezosamente a la cari­
cia tonal y envolvente. Pero a los pocos
minutos el llamado de la sirena se des­
vanece en el espacio, porque no se siente
el extremecimiento interior que provoca
la verdadera belleza.
E lena F. P oggi

JUAN BATLLE PLANAS
Al entrar en la sala se tiene sensación
de tranquilidad. Es pintura sobria y me­
dida, carece de gritos. Va captando al
espectador lentamente. No es el inves­
tigador audaz, agrada sin deslumbrar.
Comparándola con su anterior exposición

�a desconocimiento del material. Falta
cuación entre necesidades y sustancia
pleada. Resultado chato, carente de
cura, que es característica de este
cedimiento.

se advierte que el camino se ha hecho
más angosto. Aquellos cuadros eran me­
nos concluidos, aun en elaboración. Em­
pobrecidos los limites ha avanzado en se­
guridad. Más logros parciales, menos po­
sibilidades. Cuidado con que su imagina­
ción caiga en moldes y se repita. Ahora,
más que antes, incorpora pequeños ob­
jetos con que carga su tela. Distraen la
visión de las grandes formas y pueden
llegar a sobreponerse a la arquitectura
del trabajo.
Lo hemos visto manejando bien el tem­
ple. Aquí nos encontramos frente a óleos.
Con empaste delgado, extiende el color
sin hacer uso de la pincelada o con­
traste entre superficies lisas y rugosas.
Se sirve de líneas curvas y de los ara­
bescos que van trazando varias de ellas,
como de rectas. Ubica los personajes en
adecuados ambientes. Gusta de corredores,
arcadas y ritmos surgidos de límites de
mosaicos; sin caer en las bambalinas de
teatro. Llena el espacio con atmósfera
viva.

ade­
em­
fres­
pro­
!

Sus personajes tienen mitad sabor medie­
val, mitad hombre del futuro. Lo pri­
mero es lo que fué, lo que llegó a ma­
teria. Lo segundo es paso en el abismo,
el interrogante. Abandono de lo tradi­
cional para sumergirse en lo fantástico.
Paso de la seguridad al éter.
He oído hablar de los bufones de B atlle
P lanas. N o son tales. El bufón y su pre­
sentación implican un ser deforme, que
se burla y llega a torturar con sus car­
cajadas. En cambio, estas criaturas en­
frentan al espectador con su sensibilidad
y pensar. No pretenden ocultarse o en­
tablar combate, sólo desean hablamos.
Hay algo de fina ironía en esa unión do
mundo y no-mundo que les dió con­
sistencia.
Por estas características nos sugiere la
idea de que estamos frente a un clásico.
Clásico que usa elementos de la pintura
metafísica y superrealista. Clásico que
aprendió la lección de los cubistas, con
respecto a la jerarquización de los pla­
nos. Se nota asimilación de estas ten­
dencias, pero impera el absoluto equili­
brio entre materia y fantasía, sensación
y lógica, objetividad y subjetividad. Tiene
sabor superrealista su obra, no sólo por
los signos, sino porque el artista es un
ser que ha penetrado infinitas veces he­
chos tales. Hombre del siglo xx, amigo

Las sombras no son consecuencia de
los objetos, sino elementos de composi­
ción y expresión. Valora bien haciendo
uso medido del claroscuro. En sus grises
coloridos predominan los fríos, que sabe
romper con cálidos. Justamente en los
blancos que suelen ser fracaso de tanto
pintor.
En la exposición hay acuarelas. Distribu­
ye bien las masas, pero ablanda el dibujo.
El color casi monocromo, pobre, agrega
poco al total. No es posible que se deba

58

�de investigar vinculaciones entre cons­
ciente y subconsciente. Como producto de
una cultura cientificista, deja traslucir sus
huellas.

urgencia del catálogo y puede prescindir
de él, pues el mensaje plástico se basta
a sí mismo. Poco le agrega el titulo
A o B.

Al tomar la paleta hay una depuración.
Todo se decanta y serena el espíritu. El
pintor traiciona al hombre y las formas
plásticas imperan. Un hada es colocada
más aquf, para equilibrar una tela. Esto
es elogio, si se piensa que se está frente
a quien se expresa por el color.

Viendo el conjunto se nota repetición
de colores. Sólo hay falta de originali­
dad cuando un cuadro no hace más que

¿Por qué es pintor ante todo? Cuando el
espectador entra en la sala, la ve, la
palpa y hasta puede censurarla. No tiene

A

P

O

S

T

I

L

L

A

recordar al anterior. Existen artistas que
emplean pocos matices y les basta. Lo
indispensable es que los manejen siempre
con nuevo vigor y bajo órdenes de nece­
sidades diferentes.
E lsa T enconi C arreras

vitalidad ni siquiera en el lugar de ori­
gen.
Nos ha defraudado M ario G randi. N o sólo
repite sus figuras estilizadas, cada vez con
menos savia; ha comenzado a envolverlas
en una atmósfera que las diluye poco me­
nos que en la nada.
Más no ha defraudado M arcos T iglio
con ese incomprensible afán de acercarse
a Victorica. Es fino y sensible, su materia
es rica, ya lo sabemos, pero el arte es
creación de imágenes que a su vez son
símbolo de realidad y fantasía en la más
intima unidad vital.
El caso de M iguel D iomede es parecido}
aunque no deshace la forma como T i­
glio; le basta con escamotearlar como esos
señores que parecen profundos a fuerza
de no hablar.
Una nota simpática dió E duardo J onquié res en el I. A. M., la que puede dar un
fino poeta-pintor que no se decide a llenar
toda su vida con los pinceles. Y valdría
la pena que lo hiciera.
J. R. B.

S

Se desenvuelven las actividades de la Ga­
lería Bonino bajo los mejores auspicios.
Cuenta con un grupo de los mejores pin­
tores argentinos. A llí se exponen las obras
con propiedad, se las valoriza con catá­
logos de excelente factura y se advierte
el necesario clima para que se compren­
dan creadores y compradores.
Acaba de exponer en ella E m ilio P etto ruti , ocasión que ha servido para compro­
bar cómo gana adeptos su pintura. Sin
duda es para felicitarse, pero quienes aca­
ban de descubrirlo tal vez no adviertan
cuánta energia ha perdido, cuánto sentido
de invención se ha estereotipado.
También expuso allí O rlando P ierki. Se
le ve decidido a partir de un buen cono­
cimiento de las formas, empezando por
las naturalistas —¿será ésta la benéfica
consecuencia de su estada en París, ya
que desde entonces ha perdido el ropaje
superrealistaT—, pero también se lo ve
preso de algunas fórmulas, que no tienen

59

�LA EXPOSICION BIENAL DE SAN PABLO
El Museo de Arte Moderno de San Pablo
está dando los últimos toques de organi­
zación de la 1* Bienal, en la que se
propone ofrecer, ‘‘mediante una selección
de obras de artistas nacionales y extran­
jeros, una visión de conjunto de las más
significativas tendencias del arte moder­
na”; habrá además una Exposición Inter­
nacional de Arquitectura y el Festival In­
ternacional del Cine.
Durante tres meses, de octubre a diciem­
bre, San Pablo será un centro de extra­
ordinario interés para todos los amantes
de las artes plásticas, y del cinematógrafo.
A juzgar por los preparativos para habi­
litar un local amplio y conveniente, de
acuerdo a los planos de Luis Saia y
E duardo K neese de M ello , y por la canti­
dad de premios —elevadas cantidades de
dinero, entre 100.000 y 25.000 cruceiros—
se descuenta que habrá de tener el éxito
que se merece.
Sabemos por los boletines que nos envían,
que Gran Bretaña se propone enviar un
conjunto muy representativo de artistas
seleccionados por Sir E ric M acL agan y
H erbert R ead , entre los que figuran H e n rv M oore , G raham Sutherland , P aul
N asch, B en N icholson , J ohn P iper .

También Estados Unidos se apresta a ha­
cer buen papel. El numeroso conjunto
de pinturas, esculturas y grabados ha sido
seleccionado por A ndrew C. R ichtie , del
Museo de Arte Moderno de New York;
L loyd Goodrich , del Whitney Museum of
American Art; R obert B. H ale , del Me­
tropolitan Museum of Art y J ohn I. H.
B aur , del Brooklyn Museum. No se puede
pedir mayores garantías. En el conjunto
figurarán, junto a maestros de la talla de
L yonel F eininger , J ohn M arín , M ax W e - ■

60

A lexander C alder, B en Shahn , los
jóvenes más atrevidos de la vanguardia
estadounidense.
México no se quedará atrás, ni Cuba. Se
anuncian cincuenta obras que envia Suiza
y en cuanto a Holanda y Bélgica han
confirmado la adhesión. Hasta Japón en­
viará obras de treinta dibujantes moder­
nos. Se descuenta además que Francia e
Italia enviarán buenos conjuntos, pero poi
ahora no han dado a conocer los nombres
ni el número de obras.
Y como es fácil de comprender, la expo­
sición de artistas brasileños será completa.
Han sido invitados especialmente a expo­
ner los pintores C ándido P ortinari, L asar
Segall y E m iliano D i C avalcanti, los
escultores B runo G iorgi, V íctor B reche ret y M aría M artins , y los grabadores
L ivio A bramo y O svaldo G oeldi.
Nada se sabe, en cambio, sobre una posi­
ble representación argentina. ¿Será posi­
ble que se desperdicie esta magnífica oca­
sión de hacer conocer nuestros artistas?
Porque ni siquiera podemos imaginar que
la Argentina no haya sido invitada. Se­
ría también oportuna nuestra concurren­
cia para que se pudieran establecer los
tan inevitables como necesarios parango­
nes, de los que no pueden resultar más
que provechosas enseñanzas.
Esperamos poder ofrecer a nuestros lecto­
res una crónica detallada y completa de
este primer gran torneo del arte contem­
poráneo en tierra sudamericana. Y hace­
mos llegar a F rancisco M atarazzo So brinho , presidente del Museo de Arte Mo­
derno, y a L ourival G ómez M achado, su
director, nuestros votos por el mayor éxito.

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G A L E R ÍA

ANTÚ

A le ja n d ro
G A L E R ÍA

( F lo r id a

V ain sfrein .

ALCORA

640)
Juan

(G a le r ía

A lic ó .
P a c íf ic o )

£ de o c tu b r e : J o r g e R o m á n .
G A L E R IA

B O N IN O

(M a ip ú

£2 de o c tu b r e : M ó n aco .

963)

£7 de s e tie m b r e a l 13 de o c tu b r e : E r n e s t o F a r i ñ a . 15 al S í d e o c tu b r e : J u a n del P r e te .
G A L E R ÍA A R G E N T IN A
Ju an

( P a r a g u a y 1812)

Sol.

G A L E R ÍA

M ÜLLER

( F lo r id a

946)

1 a l 15 de o c tu b r e : M a ry S m a r t de A re c h a v a le ta .
A n d ré s C a la b rose. J o s e f in a R u b in s te in .
15 al £7 de o c tu b r e : S alm e R . de R e im a n .
R u iz .
£9 de o c tu b re al 10 de n o v ie m b r e :
G A L E R ÍA

VAN

R IE L

( F lo r id a

H eb e

C u p e r tin o del C a m p o .

L u c ía
S a lv a t.

F ran co

M in ia tu r is ta s .

de F e ld m a n . E s te la P é re z

A rís tid e s

N o d a ri.

659)

18 d e s e tie m b r e a l 6 de o c tu b r e : P e d ro F ig a r i. 8 al 31 de o c tu b r e : Jctt-ge L a rc o . R aú l
R u s b o . S u s a n a A g u irre .
G A L E R IA W IT C O M B
A n to n io

B e m i.

( F lo r id a 760)

M a r tín e z .

G A L E R ÍA W I L D E S T E I N
E x p o s ic ió n
IN S T IT U T O

L a g o m a rs in o .

DE

ARTE

M ODERNO

(P a ra g u a y

655)

17 a l SO de o c tu b r e : P a b lo M an d ello ( f o t ó g r a f o ) .

H E B R A IC A
15

de

A R G E N T IN A

o c tu b r e :

Juan

B a tlle P la n a s .

de A m é ric a .

Segundo

( S a r m ie n to

S a ló n

A nual

15 al S I de o c tu b r e : P a is a j is ta s a r g e n tin o s .
V IA U

V ázq u ez .

( F lo r id a 588)

10 al 27 de o c tu b r e : P in to r e s

1 al

B u atillo .

( F lo r id a 914)

19 de s e tie m b r e al 8 de o c tu b r e : M ig u el D iom ede.

S O C IE D A D

R oasi.

p e r m a n e n te de p in to r e s fra n c e s e s de los sig lo s X V I I I y X IX .

1 al 15 de o c tu b r e : H a n s P la ts c h e k .
P L A S T IC A

C in c io n i.

( F lo r id a 530)

1 de o c tu b re al 15 de o c tu b r e :

S eo an e.

2 2 3 3 ).
de

la

S o cied ad

H e b r a ic a

A r g e n tin a .

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRITICA

ARTISTICA

GALERIA B O N IN O
A R T E M OD ERN O
ANTIGÜEDADES
PER IT AJE , RESTAURA CION DE CUADROS
EXPOSICIONES

DE

PINT O R E S

ARGE NTINOS

Y EXTRANJEROS

MAIPU 962

•

T. E. 31- 2527

RUENOS AIRES

V O L U M E N

VIII

N
Ü
M E R O
V E I N T I C I N C O
SETIEMBRE

DE

1951

�g,A V.,
J. H fe C T O H M A T E R A . Im preso r
L a ? l i l e 1653 - B u e n o s A ir e s

Cuatro pesos

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Vol. 8, no. 25</text>
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                <text>Título posterior Ver y Estimar : revista de crítica artística </text>
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                <text>Buenos Aires, septiembre 1951</text>
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              <elementText elementTextId="1994">
                <text>Muraro, Michelangelo&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
González Ferreira, Nelda V.&#13;
Delevoy, Robert L.&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Poggi, Elena F.&#13;
Tenconi Carreras, Elsa&#13;
Córdova Iturburu, Cayetano&#13;
Puente, Alicia&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Rolleri López, Celina</text>
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                    <text>Este
CUADERNOS

DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO

VEINTICUATRO
BUENOS AIRES

número

contiene:

JO R G E ROM ERO BREST:
Carta
la

sobre

escultura

Picasso
•

y

M ARTA

T R A B A : A lain y la escul­
tura • Bibliografía sobre

la escultura: I S O L I N A
GROSSI: Henry Arnold. A M A L IA

JO B -IS T U E T A :

Bruno A d r i a n i

• C LA ­

RA D I A M E N T :

Cam ilo

M ori. - El artista frente

al mundo: Habla C A M ILO
M ORI • Correspondencia:
D A M IÁ N

CA R LO S

BA-

VÓN: Reflexiones acerca

Ver yl
Estimar

L_____________________

_____ ______

de una exposición • Crí­

tica: B L A N C A PA STO R:
Picasso. - B L A N C A STA B IL E : Joaquín Torres G ar­
cía. - R A Q U E L
MAN:

EDEL-

Tres

grabadores

holandeses.

- A L IC IA

PU EN T E:

Quince

pinto­

res argentinos. - B E A T R IZ
H U B ER M A N - R A Q U E L
ED ELM A N : Juan del Pre­
te. - B L A N C A S T A B IL E :
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BAYÓN, Damián Carlos.
C o rre sp o n sa l en E u ro p a

BERET, Angelia.

GROSSI, Isolina.
HUBERMAN, Beatriz.

BLEYI.E, Magdalena.

JOB-ISTUETA, Amalia.
LUCKHAUS, Delia.

BRANÉ, Raquel.

OLIVER, Samuel F.

A d m in is tra d o ra

BRUHL, Rodolfo G.
CARREA, Lía.

PASINI, Alicia.
PASTOR, Blanca.
PUENTE, Alicia.

CAMICIA, Angelina.
CHIAVARINO, Carlos.
DIAMENT, Clara.

ROLAND, Alfredo E.
SANSONE, Eneida.
STABILE, Blanca.

S e c re ta ria de re d a cc ió n

EDELMAN, Raquel.
CARCÍA ESTEBAN, Femando.

S e c re ta ria de re d a cc ió n

1 ENCOXI, Elsa.
TRABA, Martha.

SUSCRIPCIÓN ANUAL
Seis números en el año, de abril a noviembre
A r g e n t i n a : § 20 m / n . — O tros

país es :

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Barrow: LOS ROMANOS (Breviario N9 38) ........................................
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BERNARD SHAW y ANDRE GIDE

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JORGE LUIS BORGES
VICTORIA OCAMPO
JULIEN GREEN vy RI­
CARDO BAEZA vV MARIO ALBANO -V RENE MARILL-ALBERES -¿y ALVARO
FERNANDEZ SÚÁREZ -¿y GUILLERMO DE TORRE
FELIX GATTEGNO
ELIO VITTORINI: El Simplón le guiña el ojo al Frejus (novela)
Crítica de libros -¿y Teatro -¿y Arte •¿y Calendario
Redacción y Administración: SAN MARTIN 689 — T. E. 31 - 3220
Número suelto: 5 5.—
Suscripción anual: $ 50.—

�VER Y ESTIMAR
SUMARIO DEL PROXIMO NUMERO 25
• Sobre el Renacimiento ................................................. Lionello Venturi
• Bibliografía sobre la cultura del Renacimento:
Burckhardt, Gobineau, Walter Pater,
F. Monnier, J. A. Symonds, Fergusson
• Notas sobre arte español ............................................ Sebastián Gasch
• Crítica.

• Miscelánea.

• Numerosas ilustraciones y una lámina suelta en color.

VELA

�El cine argentino recoge el éxito más
firme del teatro moderno:

LOS A R B O L E S
MUEREN DE PIE
de ALEJANDRO CASONA
ARTURO GARCIA BUHR
AMALIA SANCHEZ ARIÑO - ZOE DUCOS
JOSE CIBRIAN - F. LOPEZ SILVA
Dirección:

CARLOS SCHLIEPER

�C a r t a
PICASSO

s o b r e
y

la

ESCULTURA

algunos meses P icasso expuso en París un conjunto de escultu­
ras de diferentes épocas y como siempre encendió la polémica, esta
vez en sentido inverso al acostumbrado a causa del toque de realismo de
L ’homme au mouton, la pieza que se colocó en lugar preponderante,
oportunidad que no desaprovecharon sus compañeros de partido. En otra
ocasión me hubiera gustado terciar en la contienda, pero el estudio cuida­
doso que hice de aquellas esculturas me fué llevando por otros caminos,
hacia la discusión lisa y llana de su calidad de escultor. Aunque la idea
surgió repentinamente, he tardado en comunicarla porque tengo con­
ciencia del atrevimiento que significa; quería controlarla severamente a
la luz de nuevas observaciones de obras de P icasso y de otros escultores
del pasado y el presente, lo que afortunadamente pude hacer en los
maravillosos museos y colecciones de los Estados Unidos. Ahora escribo
desde México, donde también me he puesto en contacto con la gran escul­
tura de todos los tiempos: la de los mayas y aztecas.
¿Cuál es mi punto de partida? Que cada arte tiene formas y materiales
que le son propios, de modo que no bastan las ideas, por profundas que
sean, y es necesario tener una capacidad de expresión singular para
cultivarlo. No me embarco en una teoría rígida que pudiera conectarme
con los que se empeñaron en señalar límites precisos a las artes y a los
géneros —con L essing especialmente— pues sé cuán torpe es intentarlo
en presencia de las innovaciones inesperadas que cada creador impone.
Pero tampoco estoy de acuerdo con esa tesis romántica que sostienen toda­
vía muchos, según la cual todo puede ser dicho de cualquier manera con
tal que se tenga genio. El contacto frecuente con obras de arte durante
r j

ace

1

�muchos años me ha hecho comprender que la plena madurez de una
forma es producto de un complejo de factores en el que la chispa es
de iniciación y el resto es saber y habilidad natural y adquirida.
Esto es así porque el arte es una actividad operativa, como ya decían
los escolásticos, y por ello la idea se realiza sólo al contacto con la ma­
teria. Hay quien es capaz de doblegarla hasta hacer que la idea viva en
ella, mas nadie logra ese triunfo sin tomar en cuenta sus caracteres y
sus posibilidades. El que no es capaz de hacerlo se frustra, porque en
vez de imponer a la materia una estructura, sólo la sobrepone; porque
en vez de hacer que una emoción viva realmente, sólo deja que se adivine,
en el mejor de los casos. Los ejemplos abundan, no solamente aquellos
artistas que se equivocan honradamente por desconocerse a sí mismos,
sino aquéllos que descuellan en un arte y se empeñan en cultivar otro
u otros, sin que adviertan al hacerlo que sólo se traducen. Esto es lo
que le ocurre a P icasso cuando hace escultura. Es tan genial que nada
de lo que de sus manos sale deja de tener interés y es tan espectacular
como para engañar sobre todo a los que mejor le conocen, pero a mi
juicio traduce formas dibujísticas al barro o al metal, siendo incapaz de
crearlas como natural vivencia de la materia.
¿Qué es ser escultor? ¿Qué es la escultura? Algunas ideas tendrán que
actuar como premisas, tanto más necesariamente en nuestros días cuanto
más sorprendentes son las transformaciones que la escultura ha venido
sufriendo en los últimos treinta años. En otro momento se hubiera po­
dido responder a esas preguntas con ese axioma que falsamente se toma
por verdadero: “La escultura es el arte de conformar el volumen, es
decir, materias que tienen tres dimensiones reales y concretas.” Pero, ¿no
es fácil reparar en que los grandes escultores de nuestro tiempo están
haciendo los mayores esfuerzos para dotar a la escultura de una dimen­
sión espacial? Será conveniente, pues, establecer algunas distinciones aun­
que al final resulte que la característica esencial de la escultura se con­
serve siempre, aun en las obras más dispares.

2

�Los escultores de la Antigüedad oriental, sobre todo los egipcios y los
griegos del período arcaico, así como los de la primera Edad Media,
dieron vida al volumen de piedra, estático, reduciendo el papel del movi­
miento a ser una potencia que no se resuelve en acción: el espectador
ve una forma constreñida por la materia, pero la ecuación se resuelve
en favor de la idea y es ésta, no aquélla, la que imprime al volumen
su estructura. El movimiento da el tono vital que se requiere, pero la
idea infunde el sentido de inmortalidad.
Si la escultura hubiera seguido ese camino, el axioma sería verdadero.
Mas, desde el final del siglo VI a. J. C. y durante más de dos milenios,
el movimiento se fué incorporando a la materia hasta transformarla en
vehículo de acción. Los brazos se desprenden del cuerpo y se separan las
piernas, el modelado se hace vibrante y en ocasiones montuoso, impo­
niéndose el claroscuro y desapareciendo los elementos lineales, todo por­
que el escultor es más urgido por el movimiento que por la idea, por la
materia que tiende a disgregarse que por el volumen que tiende a con­
densarse. Y de este modo el axioma comienza a ser falso. No obstante el
movimiento sigue preso por la materia y por ello la calidad del escul­
tor se estima en esa capacidad para animarla, sin que valgan como fac­
tores positivos los trucos lineales, coloristas o de luminosidad que se
puedan obtener. El buen gustador de la escultura desdeña los recursps
de superficie y sólo se conforma cuando encuentra una forma objetiva,
plena, en la que vive la materia por sí misma, como una criatura eñ el
cosmos.
En la escultura de nuestro tiempo las cosas cambian: ahora se persigue
la liberación del movimiento, hasta donde es posible, de toda traba ma­
terial, y el axioma resulta a todas luces, falso. La importancia que se le
ha ido dando al hueco, ya en R odin pero sobre todo en B óurdelle , deri­
va de una curiosa inversión: en lugar de expresarse de modo inmanentista a través de la forma concreta, es decir del volumen en definitiva,
el escultor ve la posibilidad de que ella sea más pura y universal ha­

3

�ciendo que pierda en valor significativo y gane como signo de expansión
hacia el espacio. El famoso Cheval de D uchamp -V illon es importante,
no por el hecho de que el animal es apenas reconocible, sino porque se
resuelve en movimiento centrífugo de formas, lo que obliga al especta­
dor a no detenerse en la materia y a dejarse llevar por el movimiento
que se desprende de ella. De tal modo, al par que comienza la destruc­
ción del volumen, se impone una expresión trascendente. Los cubistas
avanzaron más al intentar la organización de esa nueva dinámica espa­
cial empleando el plano, pero éste no alcanza su verdadero grado de
inmaterialidad en la escultura, salvo en el caso del relieve y siempre de
modo más relativo que en la pintura; en cuanto trataban el volumen
volvían en cierto modo a las concepciones antiguas y a la afirmación
de la materia. En otro sentido trabajaron B rancusi y sus epígonos, lim­
piando las superficies de todo vibracionismo romántico y buscando la
dinamización a través de formas absolutamente curvas, pero de todos
modos cayeron en un modo de afirmación materialista: el de la sensua­
lidad.
Lo que me interesa recalcar a esta altura de mi carta es la permanencia
del carácter volumétrico de la escultura hasta el fin del primer cuarto
de nuestro siglo. Hasta entonces se podía seguir exigiendo esa capacidad
de creación del bulto vivo, del movimiento como emanación de la ma­
teria. Más aun, es evidente el retorno a una concepción ideográfica del
volumen en hombres como L aurens, B rancusi, A r p , M arino M arinj,
H enry M oore , W otruba y otros. Cuando se trata de las construcciones
de P evsner y G abo, de V antorgeeoo y M ax B ill , de M oholy -N agy .
el problema cambia, pues son muchos los que se resisten a llamarlas es­
culturas. A mi juicio se equivocan, al partir de un axioma falso, mas
comprendo la perplejidad, ya que se trata de esculturas que obtienen
con el material valores expresivos de distinto cuño. Allí donde antes se
exigía potencia de la materia, expresividad de la superficie y riqueza
objetiva de las estructuras en función de aquella y de la forma repre-

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�sentativa, el espectador no halla sino formas que llegan a ser inertes
desde el punto de vista material, aunque se carguen de valor en cuanto
componen el espacio. En lugar de hacer una escultura que se toca, una
escultura que sólo se imagina y piensa; en lugar de las potencias de la
tierra, fundadas en la experiencia, las de la pura invención.
No me propongo hacer la defensa de estos nuevos modos de expresión.
Sólo quiero destacar el sentido del cambio y cómo éste determina una
nueva manera de juzgar la escultura. Los viejos recursos de la sensibili­
dad quedan anulados y la idea no se expresa y conforma en un objeto
que al mismo tiempo sugiere la realidad concreta; es una idea pura, de
aliento matemático, expediente de una voluntad que aspira llegar al
reino de lo singularmente espiritual. ¿Qué exige el espectador avisado
ante esas obras? Exige armonía de conjunto; dinámica, a pesar del esta­
tismo inevitable de toda obra de arte, que se logre por absoluta coordi­
nación de elementos y por absoluta reestructuración de los mismos al
carecer por completo de valor cuando se los juzga separadamente. Una
armonía en la que se refleja el predominio de los valores universales sobre
los individuales.
Es claro que no todos los escultores de nuestro tiempo tienen la misma
audacia. Son muchos los que permanecen presos de la materia y muchos
los que todavía crean, con elementos de relativa inmaterialidad, hilos
de hierro por ejemplo, formas que proceden de una concepción materia­
lista de la vida. Nuestra época es de transición, no hay que olvidarlo^
y por ello resulta imposible hallarle a las artes, especialmente a la escul­
tura, un denominador común. Quedan barrocos, románticos y natura­
listas, pero aun en las obras de éstos se advierte una clara tendencia a
sobreponer a la estructura de sensibilidad, del sentimiento o de la expe­
riencia, otra fundada en un principio dinámico más espiritual que
transforma los elementos escultóricos en signos enderezados hacia un más
allá trascendente.
El esquem a esbozado, ¿nos perm ite u bicar a P icasso escultor? Si se ana-

9

�Jizan sus obras desde el punto de vista tradicional se ve que a pesar de
la apariencia, la expresión emana de la materia en si, no del volumen.
No quiero decir que sea una expresión superficial; sólo anoto una dife­
rencia que me parece esencial entre el volumen y la materia. Los verda­
deros escultores, hasta no hace mucho tiempo, como dije, se expresan por
medio del volumen, plegándose la materia a las exigencias de éste. Lo
que significa afirmar que la voluntad de forma del escultor tradicional
se ejerce recortando y haciendo concreto el espacio. P icasso, en cambio,
maneja una materia rugosa y rica, aun en sus pinturas con frecuencia,
que ocupa un lugar en el espacio, pero la expresión surge de ella y no
de la forma volumétrica que pudiera imponerle. Esto se ve claramente
en la serie de cabezas monumentales. Una de las expuestas es casi nor­
mal: P icasso ha querido hacer una cabeza contenidamente sentimental,
pero el sentimiento no llega a construir la forma. ¿Por qué? Porque la
idea creadora no es una idea de volumen. Parece ser más expresivo en
las cabezas atacadas de gigantismo, mas se advierte fácilmente, en cuan­
to pasa la primera impresión de sorpresa, que la expresión tampoco
procede del volumen sino de los inventos formales que le sobrepone,
como ese tremendo rulo que se continúa siendo nariz. Tal vez la cabeza
mejor lograda sea un relieve y aquí tocamos el punto capital, porque
efectivamente el plano sobre el cual se destaca desempeña el papel de
volumen virtual, lo que le permite desarrollar su genial potencia dibu­
jística en las líneas que la limitan. Algo similar ocurre con los gatos o
gallos o pequeñas figuras humanas de corte expresionista: entre los
pliegues de la materia rudamente trabajada se ven dibujadas extrañas
formas, plenas de contenido dramático, pero ellas no contribuyen a crear
una sólida estructura plástica de conjunto y el ojo más bien se pierde
en esos meandros.
Creo que por tales razones P icasso se ve obligado a multiplicar los ele­
mentos de imaginación, cortina de humo tras la cual esconde su impo­
tencia como escultor. Donde mejor se puede comprobar esa impotencia

10

�es, precisamente, en L ’homme au mantón de 1944. Quiso ceñirse más
estrechamente al modelo natural y para obtener efectos más dramáticos
recurrió al modelado vibracionista, bastante cercano al de R odin . Ahora
bien, en cuanto se logra olvidar esa tumultuosa plasticidad de la mate­
ria se ve que la obra es pobre y que no va más allá, como calidad de
invención, que un naturalista. Se me ocurre compararlo con M eunier
y entonces me convenzo de la legitimidad de mi posición frente a
P icasso. Más convincente prueba ofrecen los catorce dibujos prepara­
torios de la escultura que expuso: en aquéllos, originales, profundos,
maravillosos en su mezcla de energía y refinamiento, P icasso obtiene
efectos muy expresivos porque emplea líneas; en ésta, cuando traspone
algunas ingeniosas soluciones, el movimiento pierde su energía y el vo­
lumen toda su originalidad.
Otra experiencia de comprobación. Por una extraña coincidencia pude
ver desde el mismo punto una de las célebres bailarinas de D egas y un
desnudo de P icasso de 1905, en el Museo de Cleveland, U. S. A. Son
dos figuras de mujer en actitud similar, aunque la del primero lleva las
manos hacia atrás y la del segundo hacia adelante. Las líneas existen
en la figura de D egas, mas sólo para potenciar el volumen, en tanto que
las líneas se expresan por sí mismas en la de P icasso, sin transmitir el
movimiento al volumen.
A P icasso se le deben algunos anticipos geniales en el campo de lo que
podría llamarse la escultura espacial. Fué de los primeros que sacaron
partido de las aberturas y agujeros en la masa plástica, en cultivar el
muñequismo y en valerse de los materiales más elásticos como el alam­
bre. Sin embargo, basta comparar sus obras avanzadas en este sentido
con las de J ulio G onzález en primer lugar y con las de muchos otros
después para comprender que aun en ellas se imponen valores dibujís­
ticos, no escultóricos. Ya que el problema en tal caso no es el de crear
formas que se recorten en el espacio —las líneas pierden su fuerza expre­
siva cuando no se desarrollan en el plano— sino que otorguen al espa-

11

�ció una fuerza dinámica, y para ello es menester que el hilo de alambre
o la masa de metal adelgazado sean capaces de sugerir una especie de
volumen al revés. Aquí nos encontramos con el punto de conjunción
de los modos de hacer escultura: antes se trataba de hacer concreto el
espacio y por ello el escultor creaba volúmenes; ahora se trata de que
la forma emerja del espacio mismo y por ello los elementos volumétricos
no solamente son reducidos al mínimo imprescindible, también son em­
pleados con carácter de signos. Y bien, por las mismas razones que v.eo
impotente a P icasso para crear volúmenes, lo veo impotente para crear
espacios. En sus esculturas espaciales la materia sigue desempeñando un
papel fundamental y el ojo del espectador, en lugar de sentir esa invi­
tación a expandirse del objeto, se siente más bien preso de esas formas
cuya precisión dibujística condúcelas a un plano virtual. ¿Podría haber
intentado siquiera la severa construcción fundada en principios mate­
máticos? De ninguna manera, pues si lo hiciera perdería todos sus ele­
mentos de expresión, del mismo modo que cuando pinta no puede
abandonar la rectoría de la línea, aun en los casos en que parece ser
más colorista.
Tengo temores de ser mal comprendido. Nunca faltan los simplistas
que así como son rápidos para poner a alguien la etiqueta de picassiano,
están siempre dispuestos a cambiarla por la de antipicassiano. Sigo cre­
yendo, acaso ahora con más fuerza de convicción que antes, en el genio
de P icasso. Y hasta creo necesario agregar que en la exposición a que
me refiero no faltaban algunas pequeñas piezas verdaderamente escultó­
ricas. Lo que me parece útil destacar es que su extraordinaria potencia
de dibujante le impide ser igualmente grande en la escultura. No es
tampoco una mera discusión académica: planteo este problema porque
me parece tan grave la desestimación irrazonada de los grandes valores
del arte contemporáneo, fundada en principios formulísticos, como la
estimación, igualmente irrazonada, de todo cuanto haga un creador.
México, D. F., junio de 1951.

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�ALAIN Y LA ESCULTURA
Esquema de una estética.
Cuando se intenta realizar la síntesis de una estética, es preciso, antes
de exponer las ideas particulares, levantar la rigurosa arquitectura filo­
sófica que se supone en un creador de tal disciplina. Pero A lain se resiste
al encasillamiento; su fervor de poeta desbarata más de una vez la es­
tructura mental que se ha comenzado a levantar trabajosamente. Aquel
que busque guía y cilicio para el libre pensamiento, no encontrará pues,
en esta lúcida inteligencia antifilosófica, ningún orden estricto que dirija
sus ideas hacia la prueba, esa confrontación máxima del juicio con la
Verdad. En cambio, el que quiera recibir la lección viva de las cosas, el que
busque aclarar el sentido profundo de la belleza que golpea en su co­
razón, encontrará en Alain un conductor experto y brillante, un hombre
de carne y hueso que se conmueve ante la perfección del pensamiento, un
exorcizador que —artista él también— libera el espíritu inmerso en las
cosas y empuja al espectador hacia la pura conciencia de su humanismo.
Alain hereda las ideas estéticas de K ant y de H egiíl, y no desprecia sin
duda el aporte de W inckelmann , Schiller y Schelling , que enriquece
este legado. Con todos ellos su pensamiento tiene algo en común y se
sirve de todos para comprender la belleza, aspiración máxima a que tien­
den sus estudios estéticos. Aceptando el concepto hegeliano, lo bello
sigue siendo para él la idea realizada, convertida en objeto, pero se rehúsa
a definirlo conceptualmente. Despreciando las restricciones de la elocuen­
cia, la forzosa mediocridad del discurso frente a lo absoluto de la obra
de arte, concede sólo que lo bello consiste en la simple elección de la
belleza, elección que la reflexión puede aclarar luego, pero sin jamás
perturbarla ni cambiarla. En otros términos, lo bello es para él el juicio
inmediato, irrevocable, que el hombre experimenta frente a determinada
obra de arte. Este juicio, desde luego, siendo puramente personal, carece
de toda universalidad y se cuida bien poco del rigor probatorio de una
premisa filosófica. Su verdadero origen es pasional y por ahí, por las
infinitas y cálidas arenas de la emoción, hallaremos el hilo sutil que nos
conducirá al Alain más verídico.

17

�La imaginación entra a jugar su papel; la loca de la casa, como él la
llama, irrumpe sin cesar, como irracional que es, en mitad de su intrin­
cado pensamiento, salta de acá para allá, tergiversa una idea, burla la
sagacidad del discurso, le obsede, por fin, a tal punto, que decide originar
en ella las bellas artes. Su pensamiento, que a medida que se aleja de
las batallas geométricas de la lógica, se hace más y más intrincado y os­
curo, formula, en el siguiente gran esquema general, el nacimiento del
juicio estético: la imaginación surge, es promovida, por la emoción, que
consiste a su vez en un confuso choque de todo el cuerpo frente a un es­
tímulo determinado; luego, la imaginación pertenece al hombre, es un
dominio sobre el que el hombre reina con plenipotencia y que le per­
mite modificar a su antojo el mundo exterior. Pero este artista, que ha
entrevisto en la materia pura e invariable, mil ficciones proyectadas y
multiplicadas, que es acosado por los fantasmas de la imaginación (pala­
bras, cantos, gestos, formas, volúmenes), quiere entonces apresar lo ima­
ginativo, inmovilizar, fijar, eternizar su imagen. Encadenar los dioses,
como dice bellamente el poeta Alain. Esta necesidad lo lleva hasta la
creación.
En este camino que conduce hasta la aparición de la obra de arte, es
absolutamente necesario, para comprender a nuestro autor, que se sub­
raye la circunstancia reveladora de que no es el pensamiento, sino el
cuerpo, el cuerpo todo —huesos, tejidos, humores, visceras—, el que in­
venta formas. La obra de arte se manifiesta, así, por un tumulto fisiológico.
Condición sine qua non; en el principio, el dios del arte crió al hombre,
al hombre de carne y hueso, más unamuniano que propio de este apa­
sionado francés normando. De lo bello cuya eternidad excedía toda de­
finición, hemos saltado, pues, a la más cruda, real fisiología como co­
mienzo y numen. “El cuerpo humano es la tumba de los dioses”, asegura
Alain, aunque, por singular paradoja, el dios que él intenta alcanzar es
un producto del espíritu, mejor dicho, es el espíritu mismo que halla
en la obra su expresión más acabada y perfecta.
Puesto que hemos llegado a la necesidad experimentada por el hombre
de crear la obra de arte, es preciso que sigamos la mano de ese creador
que dibuja o escribe, modela o aplica colores; ¿de dónde nace esa obra
que comienza a cantar, vibrar, a ser con propiedad, a afirmarse en sí
misma, a independizarse de su autor, a ocupar el lugar eterno? Alain
admite que en esta creación el artista dispone sus imágenes, aquellas

1S

�imágenes que le obsedían y que se resuelve a encadenar; pero es en la
propia materia donde estaba, latente y a la espera, la obra de arte. Es
forzoso que exista una exigencia de la obra real, para que el artista apa­
rezca; es necesario que la imagen primitiva, que da primer y defectuoso
nacimiento a la obra, se transforme a medida que la ejecución avanza,
la materia impone sus ocultas leyes y el artista, inspirado, sobrepasa su
imagen, se esposa con la exaltación profunda, acoge lo inesperado. “Es
preciso —dice Alain— que el genio se sienta tocado por la gracia y se
asombre de sí mismo.”
Impelido por su voluntad de enumerar y comprender cada una de las
artes, Alain se ve obligado, contra su voluntad anárquica, a esquematizar
y seguir un sistema. La agrupación de las artes se realiza en él según las
maneras que tiene el hombre de imaginar formas, colores, sonidos, pala­
bras. Este sistema no intenta desmenuzar cada arte, probar su validez,
imponerle una teleología, sustraerla de su naturaleza eminentemente
’stética para diseccionarla filosóficamente. Toda crítica se elude expro­
feso, toda conclusión que condene o elogie se rechaza en este simple
planteo, cuyo valor está claramente definido por Alain al sostener que
el único fin que persigue es el de hacer resaltar ese gran objeto que es
el arte, en su unidad sistemática (no lógica, sino real), por la fuerza
de las oposiciones y los caracteres de cada especie de obra. Su finalidad,
pues, es análoga en un todo con la de la belleza. Por donde se descubre
nuevamente al artista, siempre latente en lo más íntimo del sistematizador.
Nacimiento y materia de la escultura.
La escultura ocupa en el sistema de bellas artes de Alain un lugar inter­
medio entre las que él llama artes colectivas o de sociedad y las artes
solitarias, o, más exactamente, entre la arquitectura y las escrituras. Advir­
tamos de paso cómo su concepción humanística gravita hasta en su cla­
sificación de las artes y lo induce a agruparlas, no de acuerdo con su
propia esencia, sino en su relación con el hombre. A esta sistematización
original, agrega Alain la conocida división en artes de movimiento y
artes en reposo, entre las que coloca a la escultura. Para seguir coheren­
temente el pensamiento de nuestro escritor sobre la escultura, iremos re­
construyendo este arte de acuerdo con un orden lógico —nacimiento de
la especie (escultura), nacimiento del individuo (estatua), plenitud y
comprensión de ambos— tal como parece haberse formado en el espíritu

19

�de Alain. La lección histórica enseña con evidencia que la escultura, así
como la pintura, estuvieron unidas en un tiempo al edificio y formaron
un cuerpo indivisible y armónico con la arquitectura. Esta unión no podía
disolverse sin dejar profundas huellas en el arte que se independizaba;
de ahí que las reglas arquitectónicas de estilo, que hunden su raíz pro­
funda en la naturaleza, traspasan a la escultura su sentido de obediencia
a las leyes vegetales, su respeto a la gravedad, su conciencia de participar
de una armonía sublime en el sentido kantiano, es decir de una armonía
que implica la verdadera infinitud por la cual el espíritu humano es
capaz de descubrir una potencia de pensamiento que va más allá del
goce de lo bello. Es preciso no olvidar esta herencia arquitectónico-natural
para comprender el juicio de Alain sobre la escultura.
La masa, el bloque, el volumen del edificio, imponen, entonces, sus pri­
meras improntas sobre la escultura. La antigüedad está poblada de ejem­
plos irrevocables de este hecho evidente (Fig. 1). Alain cita el caso de
las cariátides para aclarar aún más el concepto: estas tallas en la gran
piedra del templo o del edificio están unidas para siempre a su arquitec­
tura total, sujetas a su mismo destino y a una misma posibilidad: no
podrían separarse de la masa sin resentiría o desintegrarla. Alain ve en
la época moderna un retorno feliz a este concepto arquitectónico de la
estatua, que es para él la concepción exacta de la escultura. (Moore
representaría, así, un ejemplo cabal de ese supuesto renacimiento
de la gran escultura: sus mujeres murales, sus hombres como templos
Fig. 2). Flay otra relación que gravita también poderosamente sobre la
escultura y es la del ornamento; la escultura es ornamento antes de se­
pararse del edificio. La influencia que hemos explicado para el caso
de la arquitectura, se repite, pues, otra vez. El ornamento se justifica
por la naturaleza: la estiliza y la perfecciona. Las volutas, las grecas, las
hojas de acanto, vienen de mares, playas y bosques. Esta interdependencia
naturaleza-ornamento impone a la primera escultura severas reglas de
artesanía, nociones de obrero.
Hemos visto que, tanto en la arquitectura como en el ornamento, es
siempre la naturaleza la que rige omnipresente. Ahí está, exclama un
exaltado Alain panteísta, la materia que revela a medias sus signos, la
materia que lleva en sí la forma que clama por su liberación. “La idea
está en el mármol.”, es la verdad de Alain. Divino trabajo el del escultor
que, volviendo a la antigua sabiduría clel hechicero, va librando poco

20

�a poco la forma inmersa en la materia, separando todas las fuerzas demo­
níacas que pugnan también por existir. Si el primer sueño del escultor
nace de una fantasía de su imaginación, el arduo trabajo a que se aboca
para disciplinar en una forma precisa aquella fantasía, es entonces la
corrección de un exceso de pasiones, la purificación de una pasión. Este
progresivo modelado de la estatua, que va surgiendo de la doble inspi­
ración del hombre y la materia, desecha, pues, toda imitación, en tanto
que ella sea un género de copia servil del modelo vivo. Alain sólo admite
una imitación, y es aquella en que el modelo que se copia es la obra
misma. Lo que parece paradoja, y no lo es, si se recuerda que es siempre
la materia la que encierra la forma. Esta tarea de esculpir no es simple,
no se trata de romper un bloque al azar, para sacar de su interior una
estatua acabada. Pese a la resistencia de la materia contra las locas im­
provisaciones, el escultor halla muchas veces cien rostros a cambio de
uno. El gran artista será, pues, el que venza esta batalla de fantasmas y
descubra el verdadero rostro, el que debía ser eternamente fijado, el
único que puede cumplir la revelación de la belleza.
Para dar solidez a esta estructura mental excesivamente mitológica, Alain
—maestro esta vez— recuerda la necesidad del dibujo en la realización
escultórica. Es por el camino del dibujo que el verdadero escultor explora
las proporciones, las actitudes y las formas naturales. Pero apenas expre­
sada esta necesidad, Alain se parapeta contra el academismo, la imitación,
los métodos escolares. El dibujo sólo puede ser intermediario entre el
modelo y la materia, y su verdadero fin es hacer que el modelo actúe
como testigo (presencia de formas que se confrontan con las imaginarias
que viven en el artista) y nunca como ayuda.
Hemos llegado, con Alain, a comprender la necesidad de que exista la
obra esculpida, tal como existe necesariamente el poema, la música o la
danza. Esta comprensión de la necesidad escultórica nos será aún más
evidente cuando analicemos la estatua en sí en los parágrafos siguientes.
¿Qué semejanza o que oposición existe, entre tanto, entre la escultura y
las otras bellas artes? Alain encuentra que en las artes en movimiento
(danza, música, espectáculo), hay una falacia de la cual el espectador
debe estar advertido para formar su recto juicio. En ellas, en efecto, las
apariencias se suceden ininterrumpidamente, siempre distintas, sin pre­
ocuparse de si el espectador está o no dispuesto a seguirlas. Así, toda
reflexión que implica calma y silencio, es impedida por el desarrollo

21

�incesante de las artes en movimiento. En cambio, las artes en reposo,
de las que forma parte la escultura (y en primer término) instan al
espectador a reflexionar. Hay una honesta y serenísima confrontación
entre el espíritu de las estatuas y el espíritu del hombre que las con­
templa. “El hombre es mostrado al hombre, por silencio y soledad”, dice
Alain, y en esta contemplación del de mármol hay una catarsis, un
lavado del alma, un decantar de eternidad sobre el de carne.
La estatua solitaria.
Retomemos la estatua, tal como sale de manos del verdadero artista.
Alain estudiará ahora sus posibilidades de movimiento, su tumulto de
pasiones, sus actitudes, su apariencia v su lenguaje. Es decir, descifrará
el gesto de la esfinge.
Sostiene Alain que la condición misma de la materia (piedra, mármol,
bronce) y la intemporalidad de una estatua, se oponen, ñor su doble
condición fuerte e impasible, a la fragilidad que supone el movimiento
excesivo. ¿Significa esto que la estatua debe limitarse a crear la figura
inmóvil, estática, como aquella imagen repetida del rey Gudea (Fig. 3) ,
inmortalizado en sus quietas tumbas de diorita? No, la virtud de la
estatua es justamente reproducir el movimiento, ñero inmovilizándolo, o,
dicho en otras palabras, inmovilizar el justo espíritu del movimiento, algo
análogo a lo que sería crear arquetipos de validez universal en una lite­
ratura local. Oue lo inmóvil se baste v se conforme consigo mismo, tal
es la fuerza de la escultura, asegura Alain, y es tal vez esa condición
de autosuficiencia la que separa la obra de arte escultrida de las figuritas
de artesanía. Para eso el movimiento que se inmoviliza no nuede ser un
movimiento exterior, el mero gesto de un brazo que señala, deteniendo
la actitud en el espacio como una instantánea fotográfica. Ese gesto debe
responder a una actitud espiritual, que depurándose hasta alcanzar su
expresión más perfecta, impulsa el cuerpo hacia un movimiento que lo
explica todo y que eterniza esa totalidad esclarecida (Fig. 4).
De donde se deduce fácilmente aquel otro paradigma alainiano contra
la servil imitación, pues el movimiento fiiado en el mármol no se da
nunca, en esa forma, en el hombre vivo. “Ningún poeta, ni ningún hom­
bre es así, salvo cortos instantes, dice Alain, pero es por eso que es rey,
por este acuerdo, por este abandono, por esta armonía con lo que lo rodea;
allí se afirma toda su potencia de vida.”

22

�Llegados a este punto, se nos presenta de pronto un peligro. ¿No se
corre acaso el riesgo, al fijar la serenidad inmóvil, al crear un arquetipo,
de convertir la estatua en una imagen inexpresiva, en otros términos,
de matar la pasión? Alain nos tranquiliza nuevamente. La belleza inmóvil
es para él una “surnma” de pasiones. El ser de piedra que el escultor
ha conseguido hacer más bello que la propia naturaleza, es, no obstante,
verdadero. La pasión, el dinamismo y la movilidad sumos se han resu­
mido en él, pero como sublimados, apartados de lo contingente al iden­
tificarse con lo eterno, reflexivos sobre su propia esencia.
Claro que en este arte en que todo incidente es dominado, no hay lugar
para la anécdota (en el sentido, por ejemplo, en que una pintura es
anecdótica, al referir un episodio circunscrito y temporal.) Lo más que
acepta Alain es la posibilidad de que exista discurso, nunca dialéctico,
puesto que es una verdad axiomática la que expresa el bronce, sino sim­
plemente afirmativo. De esta interpretación del lenguaje escultórico,
sigue lógicamente que la escultura es naturalmente alegórica, en tanto
alude a la realidad dirigiéndose al pensamiento, así como la pintura es
simbólica, en la medida en que vivifica la realidad, exaltando el senti­
miento. “La escultura no responde al que implora”, piensa Alain, le
impone su dura enseñanza, mientras que la pintura escucha la exhorta­
ción sensible y la satisface. Una de las voces más bellas de este lenguaje
escultórico es, para Alain, el desnudo. Puesto que el cuerpo de mármol
sale de la naturaleza como el primer hombre, los artistas que visten sus
estatuas lo hacen, ya por miedo a la honestidad total que exige el des­
nudo, ya para disimular las imperfecciones de un cuerpo que ha perdido
su juventud o, finalmente, como en el caso de la estatuaria gótica, para
concentrar todo el justo espíritu que anhela lo divino, en el rostro,
desdeñando la materia efímera del cuerpo. Pero es en el desnudo antiguo
(Fig. 5) donde el pensamiento creador alcanza su máximum de armonía;
el espíritu recorre todo el cuerpo por igual y se da en cada punto con
igual intensidad; de ahí el soberano equilibrio del desnudo griego, de
ahí la majestad completa de un fragmento que desde el ángulo humanidadvida, no tiene sentido separado del cuerpo. El desnudo, habla, en esta
forma, del más sabio gobierno de sí que sea dado conocer en el hombre.
Veamos ahora cómo conciba Alain la inflexibilidad de sus estatuas con
la necesaria concesión al modelo particular que exige un retrato. Alain
no se desdice de su universalidad. El retrato puede reconocer al modelo,

23

�pero no asemejársele. Aún en el más personal retrato, el artista debe
buscar la naturaleza del hombre, desentrañarla de su maraña de signos
convencionales que son los que conforman su individualidad, y cuidarse
de esculpir atributos sin sustancia tratando de fundar en ellos el espíritu
del retrato. “¡Temed la prueba del mármol, vosotros que os sostenéis por
el deseo de aparentar!”, exclama Alain. Es a la pintura a la que deben
recurrir en busca de apoyo para sus falsas apariencias. El retrato pintado,
dice Alain, representa un género distinto del pensamiento, más cerrado,
mejor definido; extranjero a las cosas, abierto a los hombres. Es más
ambicioso, más político, percibe el mundo de los hombres; su semejanza
proviene de un intercambio de signos humanos.
“ La estatua es sola.”
“ Hay una observación de cosas como cosas, de hombres
corno cosas, un desprecio de recompensas.”
“ Una satisfacción desnuda.”
“ El escultor y Jo esculpido son pensam ientos por sobre todo.”
Humanidad de la escultura.
El artista Alain parece advertir; llegado a este punto, el desorden lírico
a que sus inclinaciones poéticas le conducen y vuelve por sus tueros filo­
sóficos a explicar (“inmenso y espinoso tema”) lo que significa la es­
cultura. Así, pues, tratemos también nosotros de ceñirnos lo más posible
a la matemaucidad de la lógica y partamos de una premisa a ja que
Alain confiere especial importancia y cuya aclaración y validez nos en­
tregará plenamente su pensamiento. Esta premisa es que el hombre
escultórico es rnetafísico, así como el hombre pintado es psicológico. He­
nos aquí abocados al planteo secular de la esencia y la existencia. Alain
comprende la esencia desde el punto de vista spinoziano, y piensa con
el gran filósofo judío, que existe en Dios una idea de cacia hombre y
que esta idea o esencia, “fórmula de equilibrio, de movimiento, de fun­
ciones combinadas”, es el alma, que vive y se confunde con el cuerpo.
Paralelo o unido a ella, el ser cotidiano y contingente, la existencia,
batalla contra el ataque de las fuerzas exteriores, que la asaltan por todas
las fronteras. Pero mientras el hombre resiste, la esencia le susurra al
oído su eternidad, le asegura que es indestructible y hace nacer en su
corazón el amor de sí mismo, el respeto de sí mismo, verdadera condi­
ción humana que Spinoza enarbola alta y fundamental, como estandarte

24

�P E R SIÁ :

El doríforo, f. 4

El Hermes, f. 5

POLICLETO:

P R A X IT E L E S :

Capitel Aquem énide, f.

1

�Rey Gudea, f. 3
CALDEA:
CHARTRES: A ntepasados de Jesús, f. 6

CN
LU

eí

O
O

3
&gt;
a-:
Z

LU
X

�ele optimismo. Alain reconoce que muy pocos hombres han practicado
este amor de sí mismos, que, llevado al más alto grado de perfecciona­
miento, no implica ya ningún egoísmo puesto que toda ambición se ha
superado al tocar el ser universal. Sócrates, G oethe , Spinoza, un maestro,
un poeta y un filósofo, son para Alain algunos de los raros hombres en
los que se da una tal perfección. El “conócete a tí mismo” está saturado
de amor y lleva al hombre hasta la serenidad de su esencia, concilia su
atormentado movimiento con la única posibilidad de paz. Es decir, que
“todo hombre, en este mundo de apariencias que saludan, que imitan,
que reflejan, todo hombre conduce una estatua ignorada.” Fácil es reco­
nocer en esta bella frase, la esencia y la existencia, sobre todo si recor­
damos qué altas condiciones de soledad, verdad y autosuficiencia había
conferido Alain a sus estatuas. La forma pura que retoma aquella obra
al deponer la máscara de signos, puede muy bien identificarse con la
esencia, así como la existencia se mira en esas apariencias dominadas y
purificadas por el mármol. El escultor extrae del fondo de la materia la
eternidad del hombre, le muestra el rostro de su esencia y le previene que
debe salvarlo, puesto que es su sola supervivencia. Es así como en la es­
tatua el hombre, liberado de su existencia, no tiene otro afán que ser,
perseverar en sí; toda ambición le es extraña. “Era preciso este arte, fina­
liza Alain, porque ningún hombre vivo puede llevar la carga del hombre.”
Hemos alcanzado el país de las estatuas. Una última pregunta se plantea
aún. Si el mármol sostiene la esencia del hombre, ¿es posible la diver­
sidad de modelos o la materia debe limitarse a un solo rostro, al rostro
inmodificable de lo eterno? Es Goethe el que, por medio de Alain, nos da
la respuesta: “Tout homme est eternel a sa place/’ El escultor es libre;
de todo modelo, en toda época, puede crear la obra de arte, siempre que
encuentre “ce qiti tient l’homme debout.” Alain ejemplifica este concep­
to exponiendo sus interpretaciones del rostro egipcio, el griego y el gótico,
tres rostros de la estatuaria tan diferentes uno del otro como lo pueden
ser dos hombres de diversas latitudes, tomados al azar.
El rostro egipcio comunica a Alain el sentido del trabajo; tarea secular,
que no puede interrumpirse jamás, que es trasmitida de padres a hijos
y onnubila el alma para todo otro pensamiento. El escriba, el canciller
Nakthi, el rey Amenofis van hacia el cumplimiento de un misterioso
trabajo con el rostro fijo, inmutable, cerrado a los llamados de la
naturaleza y de los dioses. El renunciamiento, dice Alain, es un género

27

�I

1

I
de eternidad. Hegei, en cambio, consideraba que ia ausencia de libertad
que petrifica las figuras egipcias, provenía de la frustrada espiritualización
a que tendían la religión y el arte. En todo caso, esas rígidas figuras
absortas no se conceden tregua ni descanso; esclavizadas a una ley eterna
de trabajo, las estatuas egipcias sostienen a través de los siglos su con­
signa inclemente.
Volvamos ahora la vista hacia el hombre griego) la forma humana se
explica en este caso por el juego, sostiene Alain. “Cultivo de sí mismos,
con el fin de lograr del hombre todo el equilibrio posible, toda la po­
tencia posible.” Un admirable análisis del rostro de la estatua griega,
que puede ser seguido hasta la extremidad de sus miembros, le hace des­
cubrir a Alain todo el espíritu que recorre, como una gran onda, la
divina proporción del desnudo. El pensamiento está en cada parte de
la estatua y, concluye Alain parafraseando a Hegel, “la estatua sin ojos
nos mira desde todo su cuerpo.”
El apóstol es la otra solución, el tercer rostro (Fig. 6). El apóstol gótico
ha tomado el partido de otra eternidad distinta, que se sustenta de una
subjetividad infinita, según la fórmula de Hegel. Alain ve en el apóstol
un renunciamiento, pero ya no de la naturaleza del egipcio, sino bien
diferente, una negación de la forma, un desprecio del cuerpo. El alma se
concentra toda en el rostro, y ese alma expresa cuán poco le perturba
el cuidado del mundo y cómo anhela realizarse en Dios, dejar su mez­
quina apariencia terrestre. Es por esta misma negación de la forma que,
escribe Alain, inspirándose en Hegel, la estatuaria gótica pierde su sostén
de materia y debe apoyarse en la arquitectura, como en los tiempos
primitivos.
Alain no se propone en su exposición sobre la escultura ni organizar la
crítica ni sentar conclusiones estéticas; quiere sólo entregar al lector,
"al hombre que no ha sido tocado por el genio”, los signos para él reve­
ladores*, que le permitirán comprender y gozar plenamente su obra de
arte. La finalidad de este breve estudio no puede ser otra, pues, que la
de transmitir a su vez los signos del creador, Alain en este caso. Pero sí
afirmaremos que este espíritu libre y dionisíaco comprendió la escultura
con una lucidez a la que no son ajenas sus altas vigilias de artista.
M arta T raba

28

�bibliografía
INICIACIÓN A LA ESCULTURA
por Henry Arnold
Ed. l’oseidón, Buenos Aires
Entre las publicaciones de la Editorial
Poseidón figura una interesante Biblioteca
de Iniciación Artística, dentro de la cual
se incluyó oportunamente la Initiation a
la sculpture de Henry Arnold que la
Librairie d’Art R. Ducher de París presen­
tó en 1936 en sus "Manuels d’Initiation”.
La edición argentina, en traducción de
Roger Pía, reproduce en un todo el ori­
ginal francés, manteniendo asimismo los
gráficos y fotografías comentados.
I. Caracteres de la obra. El autor se pro­
pone realizar con esta obra una introduc­
ción a la escultura, para lo cual trata de
explicar cuáles fueron los caracteres, in­
tenciones e influencias a que han obede­
cido las diferentes concepciones escultóri­
cas y cómo y por qué han variado en el
transcurso del tiempo. La obra está divi­
dida en dos partes: la primera comprende
generalidades sobre “el arte de la escul­
tura”, y la segunda ofrece una “evolución
de los conceptos’’ donde se presenta el
desarrollo histórico del arte escultórico a
través de ciertas ideas fundamentales.
II. Contenido. 1? El contenido de la obra
es abundante y ceñido. En el prefacio
Arnold nos da una serie de definiciones

29

sobre materia, oficio, técnica y escultura.
La materia y la técnica serían los elemen­
tos que condicionan la obra de arte. La
materia limita las posibilidades; la técnica
las extiende y por su perfeccionamiento
ha ido adelantando la escultura, que es
una “representación de los seres o de las
cosas de la naturaleza mediante las tres
dimensiones”. Dice que de todas las mate­
rias utilizadas comúnmente para esculpir,
algunas pueden trabajarse en forma directa
como la piedra o la arcilla, y otras, como
la cerámica o el bronce, necesitan de un
proceso. Describe a continuación, una
por una, las distintas técnicas: modelado
en arcilla, vaciado, talla directa, fundi­
ciones y cerámica, presentando en forma
detallada y cuidadosa los métodos, proce­
dimientos, máquinas y utensilios que en
ellas se utilizan.
Mientras la primera parte del prefacio
—de exposición de ideas— es un poco con­
fusa y de mezclada presentación de mate­
riales, la descripción de técnicas —la parte
más larga— es sencilla, clara y denota el
conocimiento del autor en estos tópicos
(Arnold es escultor). No sabemos por qué
dos temas tan disímiles están reunidos en
un capítulo, ni por qué el autor los ha
presentado como prólogo. Por lo demás,
nos parece poco acertada la ubicación de
este extenso estudio técnico y creemos que
las minucias sobre elaboración material

�deberían mostrarse al lector después del
examen de los elementos generales de ex­
presión. Algunas de las afirmaciones nos
parecen muy discutibles y, por inseguras,
inconvenientes de ser colocadas con énfasis
en una iniciación (dice, por ejemplo, que
las primeras obras escultóricas fueron he­
chas en madera).

cias y griegas nos ofrecen, según Arnold,
un ejemplo de esta corriente. La escul­
tura romana, en cambio, no evidencia
una preocupación plástica, sino ideológica
o intelectual.

2o Los dos primeros capítulos intitulados
Los datos materiales de la escultura y
Los dalos intelectuales de la escultura
encierran la concepción de Arnold sobre
la misma. (Es evidente que la traducción
datos que se hace de la palabra francesa
données no expresa en este caso el sen­
tido de la misma; sería más correcto, a
nuestro juicio, decir aspectos materiales
c intelectuales.) Estos aspectos son, para
Arnold, los dos medios de expresión de
la escultura, y a través de ellos podemos
comprender los fines que persigue. Los
fines han variado a través de las edades
y cada concepción dejó obras maestras,
de modo que es necesario reconocer que
no existe un fin único y que cualquiera
capaz de ser llenado por sus medios se
torna legítimo. Advierte desde el comien­
zo dos tendencias fundamentales: la ma­
terialista y la intelectualista. La primera
tiene en cuenta "el cuidado plástico”; la
segunda se preocupa de la expresión
psicológica o la intención simbólica. La
tendencia materialista quiere reproducir
la realidad aparente y se dirige a los
sentidos del espectador utilizando por lo
tanto la acción de las líneas, planos, re­
laciones. armonías, etc. Las obras egip­

30

El fundamento de la expresión plástica
radica en provocar sobre el ojo del es­
pectador solicitaciones imperiosas. Cada
concepción escultórica empleará diferen­
tes medios, pero hay una serie de ele­
mentos materiales comunes que condi­
cionan la forma. La armonía puede así
lograrse predominantemente por los per­
files, los valores o los cursos de luz. “La
expresión plástica sólo podrá ser asegu­
rada por una ordenación estrictamente
establecida de los elementos materiales”.
Como los ritmos que engendran el senti­
miento de belleza no siempre se encuen­
tran en la naturaleza o en el modelo, es
necesario que el artista los acentúe o
los haga aparecer. Arnold se refiere a
cada una de las operaciones utilizadas
para ello: interpretación, síntesis, unidad,
geometrización, etc., y en el Hermes
analiza las causas materiales que produ­
cen la sensación de esbeltez.
Debemos decir que Arnold en sus clasi­
ficaciones de tendencias y conceptos no
define bien y resulta impreciso. El pen­
samiento es poco claro y hay que dedu­
cirlo de una serie de afirmaciones dis­
persas y a menudo confundidas con
otras. Cuando quiere ejemplificar lo hace
con un poco de ligereza. Así, ofrece co­
mo ejemplo de tendencia materialista, y

�por lo tanto, no intelectual, a "toda la
escultura egipcia”, pero, cuando habla de
las escuelas que se limitan a la mani­
festación de lo esencial ubica entre ellas
a los egipcios con sil escultura anima­
lista y monumental, señalando sin em­
bargo que una obra reducida a lo esen­
cial se convierte en una síntesis y, por
consiguiente, en una expresión intelec tual.
Cuando el artista quiere exteriorizar no
ya la vida, sino las ideas, para realizar
el fin de la segunda tendencia escultóri­
ca, debe recurrir a métodos simbólicos,
abstractos o de expresión psicológica, y
se vale de los gestos y actitudes de los
personajes, la elección del motivo, el or­
denamiento de la composición, etc. Al re­
ferirse a este tema, el autor hace una
importante afirmación. Considera que la
escultura intelectual está en evidente in­
ferioridad con respecto a la plástica, y
que no puede subsistir sin tener a ésta
por base. Cree que, en cierta medida, la
preocupación intelectual puede alejar a la
escultura de su fin esencial. Lo importan­
te es “no adjudicar al espíritu nada que
no exista en función de lo que permite
la materia.” "El tema ideológico o la
intención psicológica no pueden aparecer
más que en completa obediencia a las
grandes leyes plásticas.” Y ésto equivale
a pensar que la escultura cumple su ver­
dadero fin en la expresión material.
3'-&gt; En el tercer capítulo trata, bien y en
forma clara, los géneros escultóricos: mo­

31

numental, decorativo, independiente, bus­
to, retrato, escultura animalista y bajo­
rrelieve. Luego se refiere a las concep­
ciones y su relación con el modelado, en­
tregando una serie de buenos elementos
de juicio que permiten distinguir las
obras según su tendencia, su género, su
concepción plástica, etc. Pero el planteo
general se extrae con dificultad. La dis­
tinción entre dos tipos de escultura: una
que se dirige fundamentalmente a los
sentidos y otra que va al pensamiento
o al sentimiento, es exacta. Las inconse­
cuencias provienen de que Arnold quiere
bastarse con ella para clasificar todas las
expresiones escultóricas y no siempre es
posible.
41-1 En la segunda parte de la obra se pone
bien de manifiesto la insuficiencia de su
división de tendencias. Según Arnold, la
evolución de los conceptos de la escultura
puede ser escindida en tres ciclos: mate­
rialista, intelectualista y moderno. El pri­
mero coincide con los años anteriores a
nuestra era, cuando la escultura se man­
tenía en las semejanzas materiales y acan­
tonada en la plástica. Abarca Egipto, Gre­
cia y Roma. Roma estaría en la transi­
ción y comenzaría con ella la preocupa­
ción por la expresión intelectual, a des­
arrollarse en el período siguiente ("ro­
mánico, gótico, renacentista, siglos XVII
y XVIII.) El ciclo moderno se inicia en
el siglo XIX y para Arnold todas las ma­
nifestaciones escultóricas derivan de Rodin.
quien las liberó de las tiranías acadé­
micas. Esta época presenta gran riqueza

�tic concepciones y su clasificación es difí­
cil. Sin embargo se distinguirán dos co­
rrientes: la de las obras que llevan al
espectador hacia la naturaleza y la de
las que lo apartan de ella. En realidad
son las mismas tendencias de todos los
tiempos, afirmadas y opuestas violenta­
mente en nuestro tiempo. A las nume­
rosas concepciones plásticas se une la evo­
lución de los temas ideológicos y “la
búsqueda más acentuada del carácter mo­
ral”, promotor de la noción del parentes­
co entre la forma y la intención psico­
lógica.
Sintesis critica. La obra contiene muchos
temas e ideas, abundancia de ejemplos
gráficos y arguméntales, útiles, pero muy
mezclados. Su mérito fundamental reside
en el intento de coordinar ese material
a los fines de una introducción. Los tó­
picos técnicos están bien tratados y son
claros: los conceptuales resultan obscu­
ros y muchas veces inconexos. Hay una
evidente imprecisión en el uso de los
términos y asignaciones muy particulares
a algunas palabras. El autor es m»v per­
sonal en sus afirmaciones y clasificacio­
nes. Con frecuencia erra, a nuestro jui­
cio, pero otras veces ofrece algunas con­
clusiones muy interesantes. Sin embargo,
no es siempre consecuente y coherente.
Muchos de sus asertos son desvirtuados
por otros que él mismo hace. En general
la obra es asistemática y los tópicos no
están lógicamente ubicados; de ahí (pie
no resulte didáctica. Es un valioso en­

32

sayo de una iniciación, pero solamente
un ensayo. Dentro del cuadro historiográfico debe considerársela como una obra
primeriza en el tema que comporta un
esfuerzo digno de reconocimiento.
I so l in a G rossi

LOS PROBLEMAS DEL ESCULTOR
p o r B r u no A d riani

Ed. Argos, Buenos Aires
En un estilo ameno, claro y conciso, ex­
pone el autor con verdadera fuerza dog­
mática, las características de un arte es­
cultórico cuyos rasgos definitorios inva­
riables remonta al arte egipcio y griego
arcaico.
Si por una vía de comprensión intelec­
tual fija procedimientos y explica proce­
sos mentales previos a la creación plásti­
ca, advierte que "en arte la emoción es
el impulso primordial”; empero este sis­
tema complejo no se agola con la per­
cepción unitaria de la idea plástica, sino
que exige la comunión de los elementos
psíquicos, plásticos y científicos que en­
cierra una obra lograda. En la primera
de las cuatro partes en que divide su
ensayo, enumera los elementos escultóricos
y desemboca en la aseveración de que: la
integridad de la creación depende de la
auténtica imagen del mundo que sepj¿
hallar el artista; esta imagen es producto
de una comprensión que le permite una
disociación y asociación según un orden
nuevo que es, en principio, personal, pa-

�i a ilegal- a uña madurez en que somete la
creación a las leyes cósmicas de ritmo y
equilibrio. En el caso particular de la
escultura se da el espacio concreto a tra­
vés de la intuición y lo hace perceptible
en la forma.

escultura, desvirtuando los malentendidos
a que conduce la sujeción a temas litera­
rios. Se remite a título de ilustración al
absurdo tema que propone la Acade­
mia de Bellas Artes de París para optar
al gran Premio de Roma 1937.

La posibilidad de crear el tiempo en esta
disciplina se realiza por su equivalente:
el movimiento. En correspondencia con
la forma este movimiento une volúmenes
y espacios, creando una unidad rítmica;
por el cauce de este ritmo se desplaza la
emoción.

" 1 res musas huyeron de Apolo y están
[quejándose
’” de la barbarie de la humanidad".

La función de los planos con respecto al
espacio sensible es la de aislar una por­
ción espacial totalmente expresiva, del
espacio exterior; dentro de ella los pla­
nos hacen posible el movimiento plástico
distinto al movimiento natural. En escul­
tura se entiende este último como ener­
gía potencial que no liberada asegura la
coherencia del volumen. Estas energías
que emanan de la masa misma limitan
la diferencia que cabe entre idea plástica
e idea literaria convertida en escultura.
La potencia emocional nace en este arte
del material mismo, de la interdependen­
cia volumen-espacio, nunca de la temáti­
ca más o menos complicada a que puede
estar sometida. Aclara así Adriani que la
idea plástica se realiza tan solo “cuando
la concepción del escultor abarca todo el
organismo de su obra en una represen­
tación imaginaria’’. Al disentir con L e o ­
nardo y D id e r o t reivindica el autor el
lugar independiente y primerísimo de la

33

Un contrasentido semejante puede desvir­
tuar los fines nobles de este arte puro.
La escultura en su probidad de recursos
y al mismo tiempo riqueza de expresión,
puede por sí misma, en razón de la di­
námica de valores que posee, crear un
mundo coherente. Sólo por el sistema de
proporciones puede el gótico expresar la
fe y el misticismo de un período entero;
de igual modo los escultores modernos en
sus composiciones no figurativas logran
energía potencial en formas tan simples
como el ovoide o cuerpos planos.
La unidad espacial —agrega el au to rsurge de los valores espirituales, y son
estos los que, al presentarse sin disociar
confieren a la escultura —cuando está
realizada con probidad de recursos— la
característica de lo monumental prescin­
diendo en absoluto de la dimensión físi­
ca, a despecho de los cánones finisecula­
res que inexplicablemente tienen defenso­
res aún hoy.
La posición de Adriani —administrador
del arte griego y primitivo—, lo lleva a
negar autenticidad al modelado, porque
éste destruye la unidad del plano que,

�mundo aparece en loda su magnífica sim­
plicidad, propicia la expresión de valores
simbólicos.
lín la segunda parte de su trabajo, estu­
dia el proceso de la creación. Establece
así la diferencia básica entre el modeloindividuo y la obra que se realiza como
unidad. El proceso abarca desde el esbozo
previo en el cual se graban las distintas
impresiones, hasta la postrer independen­
cia con respecto a éste; de tal modo que
esas impresiones desaparecen y dan lugar
a una imagen visual distinta a la impues­
ta por la presencia del modelo. En estas
etapas se cumplen las tres características
de la verdadera creación: percepción, ima­
ginación y representación original; ésta
última se desarrolla íntimamente ligada a
la calidad del material elegido, el cuai
dicta el estilo.
La talla directa es la única que no in­
terrumpe la interrelación entre la imagi­
nación y el conocimiento del material y
como consecuencia: el tratamiento honesto
del mismo.
El movimiento libre, la energía fértil que
surge en la dificultad, la inspiración fres­
ca que sigue su curso se limitan frente
al modelo cuando se realiza el esbozo en
yeso, que puede tornar mecánica la eje­
cución final de la obra por efectos de la
trasposición de un material a otro. Fija
a continuación someramente las cualida­
des de la talla en piedra y madera y el
uso correcto de los instrumentos.
Sus palabras condenatorias respecto al mo­

34

delo previo en yeso, las repite cuantío se
refiere a "la máquina de sacar puntos"
que reduce la tarea final del artista a
un trabajo intelectual y lo priva del goce
sensual de atacar el material en bloque.
El principio de estos dos procedimientos
es dispar: en la talla directa el trabajo
se organiza desde fuera hacia dentro, es­
tá regido por una fuerza centrípeta; en
el caso del yeso la tarea se realiza inver­
samente, se adiciona desde el eje central.
Las resultantes también son distintas.
Este interesante tratado sobre la técnica y
estética escultórica que brinda una dimen­
sión tan amplia y pura de la escultura,
termina con una concepción del espacio
ilimitado y universal, en el cual se repi­
te el crecimiento orgánico de las fuerzas
que se expanden hacia la periferia, abar­
cando todas las caras en un movimiento
simultáneo. Por ello no se puede realizar
una escultura de bulto sino respetando
esta fundamental concordancia de las
fuerzas en todos los perfiles.
Las últimas líneas están dedicadas al es­
cultor que con honestos recursos y pureza
de intención trabaja arduamente, para el
artista, cuya obra a semejanza de las es­
culturas góticas en lo alto de las cate­
drales, o las figuras de los frisos del Partenón están hechas para la Divinidad. Ese
hombre que "se halla solo es el libre
creador de su obra.’’
"Consciente de su independencia, no tie­
ne razón de preocuparse por su destino."
A m a l ia

J o b -I st u e t a .

�C A M ILO MORI
V a lp a r a ís o
P la y a

1 94 9

Exod o

1949

1948

�Encuentro. 1948

El escultor Germán

Montero.

1935.

�CAMI LO

MORI

Me he dado a la tarea de situar la obra pictórica de C amilo M orí si­
guiendo ese índice tácito que para el estudio de un pintor significa una
monografía crítica como la que publicara Antonio P. Romera en Cua­
dernos del Pacífico, de Chile. Si la crítica, como lo quiere O rtega y
G asset, ha de potenciar la obra y extraer de ella su contenido perma­
nente, universal, para que aparezca con su máxima jerarquía artística,
preferiré ahondar en la plástica de Camilo Mori, de lleno y con fruición,
pero no sin trazar las líneas de su figura grandilocuente de hombre-ar­
tista que lo es.
Siempre imperante existía y existe hoy en Chile un factor de lo tradi­
cional, En su Razón y poesía de la pintura, Romera sitúa el mecanismo
de la apreciación crítica en un lugar innominado entre el juicio perso­
nal y una categoría de valores objetivos; encuentro que tal concepto
puede referirse precisamente en su relatividad a la valoración de lo tradi­
cional. Así, cuando nace Camilo Mori a la pintura chilena en los co­
mienzos del siglo, una misma tónica resume el caudal pictórico del país:
hay fuertes influencias de la objetividad anecdótica de R omero de T o­
rres, hay de Sotomayor , de Z uloaga .
Pero en 1921 hace el artista su primer viaje a Europa y su inquietud se
vierte hacia aquellos pintores exaltados de la banda negra, C harles
C ottet , R ene M énard , L ucien Sim ón , cuya dirección no alcanzó verda­
dera trascendencia, para rechazar en cambio el valioso planteo de impre­
sionistas, postimpresionistas y jauves. Sólo una dirección pictórica se im­
pone a su visión y su intelecto, y J uan G ris es quien le acerca a estos
principios estéticos que configuran el lenguaje geométrico del cubismo,
cuya cualidad arquitectural influenció toda la posterior construcción
pictórica de Mori.
A su regreso, ju n ta m e n te con otros pintores chilenos becados, constituye
el g ru p o M ontparnasse q u e sitúa b ajo la égida esp iritu al de A po lli -

37

�naire ,

p ro p u lso r de las teorías cubistas y a u to r de las

tic a s s o b r e

lo s p i n t o r e s

c u b is ta s”

"m e d ita c io n e s esté­

.

En su segundo viaje a Europa se hace más honda la dominante española
y sus predilecciones van del G reco a G oya y V elázquez , aunque siente
poderosamente la plástica de M atisse y P icasso, con acendrada pasión
por B raque y R ouault . Romera se pregunta si no estará allí, en la con­
junción de los dos místicos, el Greco y Rouault, la raíz de la obra de

Camilo Mori. Duda. Pero siente que ello le acerca al núcleo formativo
del artista.
Conozco de esos años aquellos buenos dibujos de Mori en que traza con
intensidad expresiva esa calidad atmosférica, casi musical de los paisajes
de París. Apuntes apenas, pero en ellos se impone la veracidad del carác­
ter con idéntica fuerza que en esos otros apuntes de España de los que
con agudo criterio, dice Romera que son táctiles, de líneas y arabesco
concreto, de dureza casi escultórica.
Otra vez de regreso, Mori confiesa un deslumbramiento: la p i n t u r a e x i s ­
t e , no en función de la realidad, sino e n r a z ó n d e s i m i s m a .
Por entonces, el arte pictórico en Chile ha pasado a ser fruto de grupos
de artistas muy imbuidos de lo europeo cuyo tono diferencial reside en
un ajustarse estrictamente a los conceptos de plástica pura. Verdad es
que L ionello V enturi desprecia el concepto de arte n a c i o n a l pues lo
acusa de haber dañado los esfuerzos históricos de interpretación de las
artes plásticas; pero es por demás curiosa esta falta de identidad de casi
toda la mejor pintura chilena frente a la fisonomía espiritual del país,
o aún del continente que está requiriendo su expresión metafórica.
También Camilo Mori quiere pintar la razón plástica. Si antes escrutó
la metáfora donde elude la realidad y deja la impronta de una subje­
tividad exacerbada, después de 1932 se opondrá a ese influjo de lo sensi­
ble para perseguir los puros valores plásticos. Sensibilidad e intelectualismo mancomunados engendran formas en que se reconoce que l o p o é ­
tico co n siste en

a u n a r la

i n t e l i g e n c i a , la i m a g i n a c i ó n

y

la s e n s i b i l i d a d .

Por tanto, habrá elementos de una realidad aparente, no objetiva, ele­
mentos que estrujados en el mecanismo de una actitud pensante, verterán
formas de acendrada potenciación espiritual. Todo será orden, compo­
sición.

38

�Así el naturalismo de los primeros años, que ha cedido paso a una acti­
tud sentimental, de profunda melancolía, va ahora hacia un orden com­
positivo que se expresa en Venecia (1932) y en Composición ('1933). Y
ese ordenar riguroso lo conduce hacia formas de mayor concisión formal,
hacia la geometría cubista de El orador (1935) en que va a lo escueta­
mente representativo. No hay anécdota. En su notable Retrato del escul­
tor Germán Montero (1937) el artista siente tan poderosamente la cohe­
rencia materia-espíritu que se despoja deliberadamente del excesivo rigor
intelectual. El juego abstracto de lo plástico se subordina a su concep­
ción del mundo y la vida, y se traduce complejamente potenciado.
Viaja a Estados Unidos en 1938, el momento de mayor auge de las for­
mas superrealistas, y a su vuelta, sin que su plástica se modificara con
esta nueva experiencia, sus inquietudes le impulsan por el plano inclina­
do de una filosofía estética de inspiración superrealista. Son experien­
cias oníricas en que perduran elementos de recuerdo y que el artista
define: “Lo inanimado, en relación a cierto espacio dominante, ha ejer­
cido en todos los casos gran atracción sobre mi espíritu. Relaciones que
bien pueden ser creadas, pero que suelen encontrarse también en el
hecho real. Combinaciones que para mí cristalizan en lo que yo llamo
el conjuro de las cosas (más allá de la simple conjugación de los ele­
mentos) por lo de mágico que emana de esos totales, como en de
C hirico , B erm ar , B érard.”

No es un automatismo psíquico que conduce a un realismo mágico con
vaticinios alegóricos. Tampoco es un superrealismo ilustrativo pues siem­
pre priva lo reflexivo. Así opino frente a algunas telas como Sueño (1940),
en que una mujer yace pensativa, sostenida la cabeza en el hueco de
una mano, como casi todas las mujeres de Mori, mientras una visión
erguida de sí misma se oculta de la luz lunar —elemento recurrente— y
en el suelo se recorta la sombra de la paleta del pintor y las fugitivas
líneas de infinitud que establecen la noción superrealista; también ante
Interior (1941), donde entre paredes y techos desgarrados una mujer,
cubierto el rostro por una máscara —otro elemento recurrente— arroja
idéntica máscara sobre una mesa; en el centro se alza un huiro gigante
y al fondo hay un hombre de palo, en actitud de espera.
Triángulo (1942) y Silencio (1942) son otros peldaños de su disciplina
onírica que sirven a Romera para señalar el rigor, la minuciosidad con

39

�que el artista pinta cada elemento compositivo otorgando idéntico valor
a cada objeto, aún cuando se mezclen concepciones, como en la jarra del
primer plano en Silencio, pero expresando sin quebrantos una unidad
expresiva inherente al contenido espiritual de sus obras. Claro que son
diferencias de concepción más aparentes que reales pues “los valores per­
manentes y las constantes espirituales se mantienen y se continúan. .
Paradójica es la persistencia de un realismo constructivo, que existe en
todas sus obras, en esta etapa de influjos oníricos. Verdad es que se
vincula a una sustancia compleja dada por el contenido humano que
Mori, sin tregua, imprime a cuanto escribe y pinta. Pero desconcierta
comprobar una y otra vez en este período, por demás anecdótico, ese
curioso respeto de la realidad. Si se le preguntara a Romera donde des­
cubre las raíces de su afirmación superrealista, confesaría que apenas
pueden ser referidas a la temática plástica, en la explicación de la cual
no puede de modo alguno residir la concepción ni la expresión artística.
Sólo en Sueño hay deformación expresiva, y a todo esto apenas en un
sentido de infinitud —lejos de toda relación tempo-espacial—; es una de­
formación que comporta débil vehículo expresivo, pues el pincel se en­
fría y Mori, intuyéndolo, vuelve a las formas rigurosamente reales que
sabe pintar con fibra viva, potente.
Son formas que existen, viven, y en las que se adivina el espíritu que
anima las cosas inanimadas. Alguna expresión por la deformación se
advierte en los espacios cerrados de Interior o en el .semicero de Silencio
donde lo espacial pareciera cargarse de significado tan atronador como
en Le cri de E dvard M unch . Hay sí en estas obras de Mori un desdén
por los encadenamientos lógicos que le viene del superrealismo, pero no
hay creación de una superrealidad espiritual, más legítima, como en
M iró , en C hagall , menos en D alí. Ni hay repudio de la realidad natu­
ral. Se mantiene en las manidas formas naturalistas donde impera la
realidad objetiva, como si el tema-idea dominara a tal punto la creación
que impidiera el esfuerzo de abstracción de los valores plásticos.
Sucede luego la etapa de Domingo en Valparaíso (1946) con el horizon­
te del muelle, el violentamente expresivo contraste de los dos planos
rasgantes de luz y sombra y la quietud oceánica detenida en un dique
inamovible donde se truncan dos sendas impedidas de avanzar como el

40

�gato inmóvil, adherido a la calle; París (1947) donde las figuras se des­
dibujan en el primer plano inferior para erguirse en cambio los planos
arquitectónicos con sus múltiples affiches; y Valparaíso (1948) de plan­
teo temático similar al de Domingo en Valparaíso, con varias horizonta­
les dominantes sostenidas por dos verticales arquitectónicas, pero con
más osada penetración de la luz en las sombras y el aditamento de algu­
nas figuras diseminadas en la playa que mueven la bien lograda noción
espacial, introduciendo para mi análisis un valor nuevo de sintetización
vigorosa de la forma que hasta entonces no advirtiera en el artista.
Repentinamente las formas de Mori se han despojado de materialidad
para convertirse en piezas de un abstracto juego plástico. En ese año
pinta todavía algunas de sus más felices naturalezas muertas y Encuentro
(1948), un aglutinarse de hombre y mujer, dos figuras donde eclosiona
una maravillosa, potentísima inventiva formal, de muy expresiva defor­
mación, traducida con violencia en febril arabesco de línea y color, luces
doradas o pálidas o débilmente azuladas. Y siempre con igual rigor cons­
tructivo.
Esa potencia inventiva gana mayor poder en sus dibujos, fórmulas de
las apariencias, de 1949, donde'el signo lineal se recrea ya de modo casi
inadvertido en nuevas formas expresivas. Así Romera señala la curiosa
circunstancia de que una Naturaleza muerta (tinta, 1949) de planos, bo­
tellas y luna, se transmutara en la Escena (1949) de planos, figuras y
luna, en que Mori desborda el rigor formal con raro poder inventivo,
con abandono de toda sustantivación individual. Aún en la Escena se
conserva como un automatismo del movimiento estático que acentúa ese
despojarse de todo signo vital. Igual da al artista que se trate de seres
humanos, vegetales o minerales, en tanto que se transmita inequívoco
el espíritu que anima aún el campo de lo inanimado.
Tampoco en Playa (1949) las figuras importan por lo que son, sino por
su existencia real en el espacio. Son estados, estados del movimiento de­
tenido o del existir estático. Y así logra su aspiración de dar máxima
validez a lo plástico: a la línea ceñida, a la forma tensa, al arabesco
vibrante, al color pleno angustiosamente amasado, a la luz. poderosamen­
te domeñada, a una apariencia superada en la creación, en la tiranía de
las relaciones plásticas. Intelecto y sensibilidad. Es el viaje de la sensación
a la abstracción y de ésta a la sensación.

41

�Y este rigor expresivo le conduce a realizar plenamente el Éxodo (1949)
en que delata su gusto por el sensualismo cromático, el movimiento vo­
lumétrico, el empaste generoso. Romera observa que hay contención del
vuelo lírico, firme deseo de someter la orquestación cromática a la norma
que encauza y rige. Pero ya no se encierra en el mutismo psíquico de
la etapa superrealista, sino que se entrega al mensaje patético, más hon­
do, del hombre angustiado en su problemática irresuelta.
Los años de Camilo Mori en Chile han sido años de inconformismo, de
inquietudes. Su temperamento siempre joven, su espíritu apasionado han
azotado el ambiente chileno inLuyendo en la formación de sus alumnos
de la Escuela de Arquitectura y renovando permanentemente su aporte
aunque sus esfuerzos tropezaran, como los de todo precursor, con una in­
comprensión inaplacable.
Mori ha incursionado tesonero por los varios senderos de vanguardia.
Senderos abiertos no por él, sino por maestros europeos. Pero sus for­
mas confiesan la visión muy personal del artista pleno a quien importa
descubrir una realidad plástica no reñida con la verdad existencial.
Éxodo señala la vuelta a la expresión humana, vista en lo que tiene de
individual y total. Es el acento humano —sin oratoria, poética o filoso­
fía— con el cual o sin el cual el arte contemporáneo escabulle la que
no puede ser sino una de tantas posibles tendencias: la tendencia a la
representación.
Así nos entrega Romera su estudio de quien más ha hecho por infundir
a Chile el espíritu de ese tremendo esfuerzo que abrasa el mundo en el
afán de precisar el lenguaje plástico de una época convulsionada, angus­
tiada. Analizando los textos de Romera sobre la creación de Camilo Mori,
estudiando la posición crítica que esboza en su Razón y poesía de la
pintura, releyendo los escritos del propio Mori he visto surgir un artista
con tesonero espíritu de lucha y profundo apego a la interpretación del
ser humano en aquello que le es más suyo: su psiquis.
C lara D iament

42

�el artista frente a l mundo

H A B L A

C A M I L O

M O R I

El momento éste del mundo, en comparación con el instante que viví
del mundo de antes de la primera guerra, me parece incoherente e ines­
table, y dominado por la sombra de un gran interrogante. Y la última
guerra no ha hecho sino ,agudizar, para mí, ese estado, eso sí que disi­
pando un tanto las sombras, ya que las fuerzas en lucha se han ido pola­
rizando. No podemos preguntarnos hacia donde van esas fuerzas. Ya
lo sabemos; pero al mismo tiempo nada nos p'uede asegurar, por el mo­
mento, que el Hombre triunfe sobre el hombre. Y digo esto porque hoy
parece admitirse que todo tiene sentido y razón de ser, menos el destino
y la salvación del máximo habitante de la Tierra.
Y mientras dure este momento sin definición, entre un mundo que se
va, sin quererlo y a la vez sin poderlo evitar, y otro mundo que viene
imponiéndose por ley ineludible, el artista, en general, flota a la deriva
aferrado a su pequeño mundo interior, falto de responsabilidad social)
y de ubicación en el tiempo. Otro cree que sirve mejor a su momento
poniendo Su capacidad creadora, su razón de ser y su destino al servicio
de un gesto transitorio por su causa, gesto que no perdurará sino en
función de la calidad intrínseca que logre en su grito o en su canto.
Otros hay que parapetados en el ejercicio de un arte anacrónico y caduco
pretenden perpetuar un estado de cosas insostenible y junto a ellos
también van aquellos que explotan, en nombre de un arte nuevo, el
snobismo y la desorientación ambiente, entregando una producción irn-

43

�I

provisada, falla de valores esenciales y permanentes, pero impresionan­
tes por su desorbitada exteriorización.
Asistimos a una lucha en lo artístico, como en todo orden de cosas, en
que todo parece ser válido con tal de que nos asegure una existencia;
una existencia apresurada, inquieta, exasperada, diría yo. Luchamos por
ser aunque sea por un instante mínimo de nuestra existencia. Todo se
resiente de esta angustia. El mundo que rueda vertiginosamente —desde
el corto tiempo que va del humilde monoplano al avión supersónicono da tiempo para que el hombre se realice en sus ciclos normales. El
tiempo y el espacio no se miden ya por jornadas. Los conceptos y las
realizaciones se confunden. De un lado hay negación del presente y del
otro exacerbación y angustia por el mañana. Los artistas —digo los plás­
ticos— viven en función de su individualismo, de sus ansias de genio y
de m desmedida vanidad. Mala actitud para los tiempos que corremos.
Se vive al día. Como sin fé y sin esperanza. Hay una preocupación do­
minante del qué se hace. Ya no preocupa el cómo se hace. . . . Y ya nadie
se pregunta por qué se hace y para qué. En verdad, estamos corriendo
el temporal, como dicen los marinos. La tremenda lucha entre el artista
y la sociedad hoy es más aguda que nunca. El arte está en la encrucija­
da. Y los artistas, los pintores, no encuentran el momento estable que
les permita resolver en una elocuente ecuación su razón de ser, conju­
gando su oficio de pintar, con el pensamiento, el sentimiento y una con­
cepción del mundo en que vivimos, como contenido y expresión de "un
lenguaje inteligible del hombre para el hombre.
C amilo M orí

Santiago de Chile, junio de 1951.

44

�correspondencia
R E F L E X IO N E S A C E R C A D E UNA E X P O S IC IO N
Las Obras Maestras de los Museos de Berlín, ciento veinte en total, se
exponen en este mes en el Petit Palais de París. Con tal afluencia de
público que es necesaria la estratagema de ir a la una de la tarde para
poder ver algo con comodidad. Imposible resulta hablar de esta gigan­
tesca exposición, pues después de una larga experiencia, creo que nunca
he visto un conjunto tan valioso, en que cada pieza sea tan trascendental
como éste. Y detalle curioso y que decepcionará a alguno: no hay en
las ciento veinte obras expuestas ni una sola de escuela italiana. En
cambio: Flandes, Holanda, Alemania, España y Francia están represen­
tadas admirablemente. Comprendiendo la imposibilidad de abarcar tanto
me decido a reflexionar sobre el tema: exposición, y sobre los maestros
flamencos aquí representados. Para otra vez quizá el resto.
Este público europeo que llena museos es efectivamente de un nivel cul­
tural superior, pero aún así ¡qué lejos del espectador ideal está! Cada
uno va con su pequeña receta, se la pasan unos a otros como una con­
traseña. Por ejemplo: los primitivos son para ser mirados de cerca, mi­
croscópicamente. Por el solo hecho de que lo pintan todo, con inmenso
lujo de detalles. Los impresionistas, en cambio, entrecerrando los ojos
con aire de entendido. A H yeronimus B osch hay que descubrirle los ab­
surdos superrealistas . . . y así sucesivamente. No se comprende que la
obra de arte presenta caracteres y valores que son comunes a todas las
escuelas y épocas, que lo bien pintado lo está siempre y en cualquier
momento. Con esos sistemas, abalanzándose sobre las telas o retirándose
por turno no se aprende la gran lección general de saber ver la calidad
superior de un arte. Y en ese sentido esta exposición es ejemplar por­
que presenta varias de esas parejas famosas del arte (a veces tríos o cuar­
tetos) en las que sólo uno es grande y el otro parece un poco su carica­
tura. Me explico: como mejor se aprecia la grandeza de V an E yck es
mirando por ejemplo al M aestro de F lemalle , para saber quién es

45

�W atteau hay que estudiar a P ater o L ancret . L o que va de J acob
R uysdeal a H obbemma es lo que va del genio al m ero talento.

Veamos algo de lo que se puede decir de los flamencos de los Museos
de Berlín. Acerquémosnos precisamente al Maestro de Flemalle y miré­
moslo de cerca y de lejos. Efectivamente su factura tiene la excelente
calidad de toda pintura primitiva de Flandes. No hay casi resquebra­
jaduras, el color es vivo como acabado de aplicar, la composición. . . ya
empiezan las objeciones. Se trata de una Crucifixión, todo se organiza
como es normal: la cruz baja para que las Santas Mujeres puedan que­
dar próximas al tema central del cuadro. Pero aquí San Juan Bautista,
retorcido de dolor y amaneramiento mira para afuera de la pintura, su
gesto molesta y desequilibra. Y en cuanto al color, ¡qué azules de calco­
manía, qué cambiar de tinta porque sí, sin sentirla en profundidad.. .!
Al lado el Retrato de Arnolfini de Van Eyck, El hombre del clavel otra
obra suya de primera juventud, (y no hablo de una Crucifixión de Van
Eyck que no me entusiasma, debe ser de Huberto —este bendito y cómo­
do H uberto V an E yck que de pronto no existe y renace cuando nos
conviene a los críticos enamorados de la gloria de su hermano Ja n ). En
estos admirables retratos vemos el abismo; el abismo que va entre Van
Eyck y R oyer V an der W eyden, su vecino en la exposición.
Lo que en Van der Weyden es una débil transposición flamenca de
P iero D ella F rancesca, en Van Eyck es anticipo de la profundidad de
R embrandt. Van der Weyden pinta a una mujer, pero el centro de grave­
dad de su cuadro, cae infaliblemente en el rostro y aun dentro de él: espe­
cíficamente en los ojos. Concentra el interés pictórico en el interés psico­
lógico. El resto: la lana, el velo, están soberbiamente pintados pero como
cosas: como lana o velo, nada más. Es decir, resumiendo: en una estruc­
tura geometrizada, con una línea racional construye su figura y luego
jerarquiza los distintos valores y concluye un retrato en el que tanto el
espectador ingenuo como el que sabe van invariablemente a desembocar
en los ojos. Después —sólo después— se comprende que el vestido gris es
admirable, que la toca guarda los pliegues del planchado . . . Con Van
Eyck, nada de eso. Por empezar está lleno de detalles, su deformación
no es italizante, no va a las grandes estructuras geométricas, el genio de
su raza que él encarna sublimemente consiste en un pintarlo todo. Aquí
el centro de gravedad está en el centro de la composición (como arreglo

46

�de formas y colores) y cosa curiosa; siendo el retrato mucho más aferra­
do a la realidad tiene en cambio una universalidad mayor que el de Van
der Weyden. Será porque Van Eyck agota la humanidad en un tipo par­
ticular (como los grandes novelistas) en vez de crear prototipos que son
al fin de cuentas resultado de una estadística mental. Pero aun así Van
Eyck no se refugia en lo meramente psicológico, él posee —quizá como
nadie en la historia de la pintura— la facultad de crear la vida en todo
su detalle nimio y en toda su generalización. El color que utiliza es al
mismo tiempo particularizado y profundo. No titubea en poner rojos y
verdes pero notamos que son colores musicales que no sólo suenan sino
que resuenan en nosotros, que tienen la calidad de lo irremediable, que
es un paso más que el del mero cromatismo acertado. El mundo deí Van
Eyck es un mundo perfecto y cerrado en sí mismo. Le bastan los treinta
centímetros de tabla para decirlo todo en voz baja, en la pintura menos
ostentosa del mundo, sin alardes pero sin el más mínimo desmayo.
Resulta difícil hablar de los menos grandes después de haber pasado la
cima. P etrus C hristus es un admirable pintor de delicadezas, su color
es moderado, sus figuras discretas. A su lado M emling deslumbra con
un algo más, imponderable: la gracia. Su dorado —que flota por todo
el ámbito del cuadro—, el vivo color de sus telas, una especie de sagrada
inconsciencia que lo hace deleitarse en todo. . . y sin embargo, cuando
llega al retrato, ¡qué estupendo calador de almas! Ni hombres ni muje­
res se resisten al análisis. Si las primeras veces que uno ve a Memling
queda deslumbrado con sus mantos recamados, con sus verdes de insec­
to, al aprender a mirarlo nos vamos quedando con los desgarbados ros­
tros de los donantes, esas señoras y caballeros, feos o innobles quizá, pero
llenos de una vida que no tienen las ingrávidas vírgenes, los ángeles
ambiguos y un poco convencionales.
En D ierck B outs la escuela flamenca se pone de manifiesto como en
todos los epígonos. Las grandes adquisiciones de los maestros las heredan
estos pintores menores, sin ellos no hubieran sido casi nadie. Son los
giottescos en Italia, todos los Escuela de . .. Ahora bien, fuerza es reco­
nocer que todos ellos son unos señores pintores, si no estuvieran los más
grandes para hacérnoslos olvidar.
Con G érard de Saint -J ean pasa algo más peligroso que con Petrus
Christus o con Dierck Bouts, ocurre sencillamente que en él empieza a

47

�hacerse amanerada una manera de pintar. Y digo peligroso, porque así
como los maestros menores y ortodoxos son el alivio del espectador no
iniciado (que encuentra en B ernardino L uini por ejemplo, muchas más
pistas que en el propio L eonardo), los amanerados son el pan de los
snobs, el descubrimiento que hace poner los ojos en blanco.
P atinir tiene aquí un solo cuadro, El descanso en la huida a Egipto,
admirable ejemplo de todo lo que enseña L othe en su Tratado del pai­
saje. Las figuras se achican y el pintor se lanza a pintarlo todo, en un
afán de geografía y costumbrismo verdaderamente emocionante. Patinir
hace pensar en esos mapas de escuela infantil donde se han acumulado
para fines didácticos las bahías, las penínsulas, las montañas nevadas y
las selvas tropicales. Toda la facies mundi de Spinoza queda aquí refle­
jada. Patinir es el pintor del paisaje-cosmos no caracterizado aún en su
particularidad.
G érard D avid está también representado en este Museo de Berlín, hecho
por especialistas con criterio pedagógico y no como el Prado o el Louvre
a mero capricho real (y admirable). Gérard David tiene ya un toque de
debilidad, de dulzón que gusta al sentimentalismo.
También encontramos a V an der G oes, ordinario si se lo compara a los
otros maestros decantados del refinamiento pero a quién se le perdona
todo por las figuras de unos campesinos embobados ante el Niño Dios,
torpes y pacatos sin saber qué hacer de sus manos ni de sus gorras de
lana áspera, tan humanos y tan vivaces en ese ambiente irreal.
Por último, el otro remanso de estas dos salas abarrotadas: Hyeronimus
Bosch. ¡Aquí sí la pintura vuelve a subir a mayúsculas, aquí sí que es
la Pintura! Él está como Van Eyck más allá de lo Hermoso y de lo Feo
(que hubiera podido decir N ietzsche). Su San Juan en Patmos es lar­
guirucho y desgarbado, pero qué admirable contra el paisaje azul, a la
vera de un solo árbol simbólico, con ese personaje medio cucaracha, me­
dio vieja, y esas perspectivas aéreas. El color: agridulce como siempre
en él, color del que prescinde en el revés de la tabla en que pinta a puro
trazo una grisalla admirable llena de escenitas a cual más logradas.
Las primeras salas de esta exposición han servido para reflexionar y com­
parar magnitudes, más allá esperan: F ouquet , L a T our, W atteau , R uBENS, R E M B R A N D T . . .

D amián C arlos B ayón

París, junio de 1951.

48

�C

R

I

T

I

PICASSO

49

A

Les jeunes femrnes núes reposant,
Centaure dansant s e e n d u r e c e

en

Creo que en ningún momento se eviden­
cia tamo la boutade de P i c a s s o : “No bus­
co sino encuentro”, como ante los muros
de la exposición que acaba de realizar la
galería Witcomb. Se trata de 23 grabados
del maestro, en general de grandes dimen­
siones, y que representan un aspecto si se
quiere menor de la obra de Picasso. Es
como haber sorprendido al artista en mo­
mentos de espontaneidad, cuando su ge­
nio, ya templado por disciplinas y refle­
xiones, se entrega al juego de su propia
genialidad. Sentimos, casi palpamos, cómo
fluye el mensaje directo de la inspiración
del momento. Le sentimos “ante” las co­
sas, "adherido” a las cosas, amante de lo
figurativo o abstrayendo, sí, pero nunca
evadiéndose de lo concreto material. Lo
vemos deleitarse en la justeza y seguridad
de su madurez absoluta, en esa maravi­
llosa seguridad de no equivocarse que lo
vuelve ágil sin el insistir de otros períodos
más angustiados.
Se expusieron grabados de los últimos
años en copias excelentes que oscilaban
entre el 10 y el 25 sobre un tiraje de 50.
Picasso se recrea y juega ante el asombro
de nuestra admiración renovada en cada
caso. Juega a no repetirse y sus hallazgos
son siempre diferentes y justos.
Juega con el ritmo lineal: pura línea del
pincel en un leer y desdoblar las figuras

C

p e ro

que en

m a n e ra
M

a t is s e

lu to

de

lo s

p a p e le s

a d q u irie n d o

d e l b la n c o

en

y n eg ro

el

que

en

de

c o n tra s te a b s o ­

una

e n e rg ía

ra y a d a p o r su p o te n te lu m in o s id a d ;
tra s

a la

re c o rta d o s

Faune aux brancages

sub­
m ie n ­
es

el

f l u i r d e u n a lín e a p a s to s a q u e v u e lv e m ó r ­
b id o

el

te rn u ra
ra ,

b la n c o

em ana

x ib le

de

del

fo n d o

lle n á n d o lo

y le v e d a d . S u g r a c ia
del

un

d e s liz a rs e

p in c e l

ta n

de

n o es ya d u ­
ju s to

y

fle ­

b la n d o .

Otras veces juega con las calidades senso­
riales de la materia. Lo reconocemos en
esto mediterráneo y español. En la plan­
cha de grabado encuentra un buen medio
donde explayar su sensualidad de gusta­
dor por las superficies de la materia; así
en Buste modern stvle le vemos dar solu­
ciones geniales para la calidad particular
de los cabellos, del fondo de la cristalina
transparencia de unos ojos. También en
sus apuntes de pájaros y ovejas —apuntes
de domingo como él mismo anota deba­
jo de las planchas: “Dimanche 7 Fevrier”
o “Dimanche 2-2-47”—, donde lo táctil de
la calidad está representado con una po­
tencia tal que invita a nuestros dedos a
tocar.
A veces juega a modelar sus ritmos con
grises que acentúan o moderan su violen­
cia —porque Picasso es siempre violento,
siempre directo en su mensaje con la fran­

�queza del español que no conoce medias
tintas. En Le homard estos grises son rit­
mo, en afán de apresar la luz cual si la
cristalizara. En cambio en Centaure et
Bacchante avec un faune las tintas se vuel­
ven contrastes para acentuar las calidades
anímicas de los seres y en Les banderilles
los grises componen solos el papel con
pastosidades blandas y deshechas; mientras
en el Portrait de Góngora las líneas y pla­
nos se endurecen para marcar trágicamen­
te el parecido ideal del personaje.
Es tan grande la riqueza de matices en
los recursos de Picasso que el análisis se
vuelve prodigiosamente variado y nume­
roso aún ante una exposición restringida
de sus obras. Da una identidad única y
absoluta a cada mensaje.
En las cabezas de jóvenes observamos con
asombro esta constante docilidad de sus
recursos: En Profil au fond noir son ape­
nas unos lavis sutiles los que dan trans­
parencia a la delicadeza del perfil. En
Téte de jeune femme unos grises arras­
trados subrayan la tragedia de una mira­
da que surge del misterio de un fondo
negro sobre la claridad de un rostro de
luminosidad fosforescente. En Téte de jeu­
ne filie desea modelar el volumen que sur­
ge agresivo y pleno al conjuro de una luz
ideal que deforma y da expresividad al
rostro, mientras en otras cabezas que lle­
van el mismo rótulo la luz y el volumen
sólo son escritura que se resuelve brusca­
mente en planos y líneas duros y agresi­
vos, tendientes a geometrizar el ritmo.
Otra postura más clásica toma Picasso en

50

Femme au fauteuil y en las dos natura­
lezas muertas, formando ritmo, calidades
y plasticidad una unión caprichosa y lle­
na de sorpresas.
Faltaría analizar las dos grandes compo­
siciones taurinas y la extraña plancha de
David et Bethsabée que es ilustración de
gran tamaño en la que planos y volúme­
nes se unen caprichosamente sostenidos
por un enrejado de líneas cuya significa­
ción, al volverse literaria, pierde mucho
de la expresividad total del conjunto.
En cambio, en La grande corrida y en Pi­
cador encontramos al Picasso de Guernica
en plena posesión de su mensaje. Están
todos los elementos característicos del
maestro: ritmo violento y depurado, cali­
dades táctiles, grises expresivos y trági­
cos; toda la gama del Picasso español ante
un tema de arraigo ancestral, adherido a
su luz, a su movimiento, a su tragedia, a
su honda sensorialidad y metafísica tras­
cendencia.
Picasso en la despreocupación de su
genio, vuelto sólo intuición con esa segu­
ridad de quien no duda . . . esa es la im­
presión que recogemos de esta exhibición
del maestro, quien juega sí, pero dando
como los niños un mensaje más puro,
precisamente porque juega.
B lanca

P

asto r

JOAQUIN TORRES GARCIA
A los dos años de la muerte de J o a q u í n
o r r e s G a r c í a , Buenos Aires recogió en
dos exposiciones parte de su obra, rin­
T

�diendo así el mejor homenaje al maestro
uruguayo. No fueron exhaustivas en la
ejemplificación de las distintas etapas ex­
presivas, ni demasiado elocuentes en algu­
na de ellas; pero ambas permitieron cap­
tar lo que de auténticamente nuevo tuvo
su constructivismo.
La primera observación fué que dentro
de la forma personal de creación hay dos
modos afines aunque no absolutamente
iguales, ni en la expresión total, ni en el
pensamiento informante; sí en el empleo
de los elementos plásticos concretos: lí­
neas —ortogonales, esquemas—, plano, co­
lor. El primer modo comprende las obras
inspiradas en paisajes urbanos que llevan
por título Ciudad, Puerto, o en simples
cosas que están dentro de ellos: Ferroca­
rril, Veleros, etc. El segundo, las llamadas
por el artista composiciones constructivas.
Ambos modos sintetizan una pintura men­
tal, pero hay diferencias. Mientras en el
segundo la realiza de una manera absolu­
ta, en el sentido que pinta la idea que
tiene de las cosas, no lo que de ellas ve,
en el primero la adhesión a lo natural
persiste, se siente su presencia como cosa
aun no enteramente sustituida por otra de
índole ideal. La referencia concreta a las
obras nos aclarará esta afirmación.
Primer atisbo de su sintetismo fueron los
cuadros posteriores a 1917. Barcelona 1917,
(Instituto de Arte Moderno) muestra los
elementos que augurarían la nueva línea;
mantiene la profundidad colocando ele­
mentos del primer plano izquierdo en po­
sición oblicua; pero ya hay una limita­

n

ción precisa de las formas, aunque no
siempre referido a lo geométrico y sobre
todo se adivina el intento de captar y so­
juzgar la vida dinámica de la ciudad ex­
presándola en el estatismo de los esque­
mas. Luego llegará al predominio exclu­
sivo de éstos sobre el color local; por aho­
ra se mantiene un equilibrio entre la fi­
guración y el juego de las líneas.
En Puerto de Marsella del año 1928 el
sentido estático reside directamente en las
combinaciones o entrecruzamientos de las
horizontales que huyen hacia los lados de
la tela y de las verticales que aploman el
espacio. Buscando un planismo de las
cosas, las reduce a esquemas.
En Puerto de 1942 el estatismo es defini­
tivo por la total reducción del espacio y
las cosas a formas geométricas y por el
color unido en su pasta, con menos vibra­
ción que en las anteriores.
¿Cuál es el elemento fundamental en es­
tas composiciones? El orden que se perci­
be en el cuadro. ¿Cuál es ese orden? El
geométrico; no cualquiera, sino el clásico
de la sección áurea. Es decir un orden
construido en base a relaciones de deter­
minado número; a relaciones proporcio­
nales, que determinan la estructura, el an­
damiaje. El motivo pictórico, extraído del
lugar y tiempo en que vive el artista ha
de someterse a esta estructura. Aparente­
mente la estructura es previa a la crea­
ción, pero desde el momento que la aco­
ge, o mejor, desde el momento en que la
realidad se ajusta a ella, apoyando los rit­
mos, las relaciones, se la ve inmersa. Es

�tomo el esqueleto visto a través de una
placa radiográfica; porque los dos elemen
tos no están divorciados, están como so­
brepuestos, conjugados en una sola expre­
sión: la de su unidad.
Si ese juego de las relaciones está en la
naturaleza —con más precisión, si toda la
naturaleza lleva en si ese juego de rela­
ciones— puede, en un proceso de abstrac­
ción creciente reducirse a ella, porque es
la esencia oculta en la apariencia de su
multiformidad. El arte debe expresarla.
Y al llevarlo al plano de la tela, lo tra­
duce en el juego de las ortogonales. De
esta manera los esquemas geométricos que
traducen la medida de oro entran en el
cuadro como elementos compositivos y
expresivos. A ellos queda subordinado el
resto; lo representativo pierde importan­
cia. ¿Pero qué queda para el sentimiento
y la sensibilidad del pintor? Como en la
pintura de todos los tiempos, volcarse en
su vehículo exclusivo, el color. La elec­
ción de las gamas ocres y grises permite
alcanzar un equilibrio expresivo unifican­
do los planos del fondo con los planos de
las cosas; el despojamiento de la materia
de todo sensualismo ayuda a crear la at­
mósfera adecuada, espiritualizando la cons­
trucción mental hasta los límites de un
lirismo.
Por eso, cuando Torres García aborda el
retrato, ejercitada su paleta en las auste­
ras búsquedas racionalistas, contenida su
sensibilidad en la apenas vibración del
color, logra síntesis expresivas potentes y
acabadas. El trazo aprisiona la forma; la

c o lo c a c ió n

de

lo s

es ju s ta ; p e r o
lo r

co n d en san

C om o
la s

en

o tra s

el

e le m e n to s

c a ra c te rís tic o s

s o b re to d o la p a s ta
la

e x p re s ió n

y e l co

p s ic o ló g ic a .

Retrato de Unamuno, o

cabezas

e x p u e sta s

en

la

en

G a le ría

P lá s tic a .

Dijimos al comenzar que Torres García
realiza la verdadera pintura mental cuan­
do la presencia del mundo exterior es
sustituida por los elementos abstractos.
Grafismo del año 1936 (Plástica) . Com­
posición constructiva de 1932 (Plástica),
Composición constructiva de 1943 (Insti­
tuto de Arte Moderno), nos muestran la
parcelación ortogonal, pero albergando en
los rectángulos diferentes esquemas de
hombres, peces, barcos, relojes, etc. Pese
al fraccionamiento hay en todas ellas una
unidad lograda por la luz y el tono, y
también sentido poético por el color ar­
mónico que liga los elementos entre sí.
Resulta ahora imposible no referirse a lo
que quiso ser el Constructivismo y a lo
que cada elemento plástico —forma, to­
no— representa dentro de él. Torres Gar­
cía parte de la premisa que entre el pen­
samiento estético, religioso y ético hay
una absoluta identidad y que ella se evi­
dencia en las grandes épocas de toda cul­
tura cuando los elementos del arte son ex­
presados en formas abstractas —planos, lí­
neas, color—, y dentro de un orden uni­
versal, que es el geométrico. Mira hacia
las culturas pretéritas y observa que en
ellas las realizaciones artísticas suponen el
empleo de conceptos, números, signos que
quieren ser símbolos, esquemas que nin-

52

�PICASSO:

Figure noire

�TORRES G A R C IA
Oleo 1931
Puerto
Barcelona

1917

�ELENBAAS:
Mujer sentada

�RUSSO: Joven pescodor

DEL PRETE:

P intura

�guna relación tienen con el mundo natu­
ral. La adhesión inmediata a este mundo
es nula. Claro que la referencia siempre
existe, porque no hay concepto- que no
tenga su base objetiva; pero la imagen
gráfica corresponde al grado más alto de
abstracción en la elaboración del concep­
to y por eso su referencia a la realidad en
este caso es mediata y lejana. Por eso tam­
bién la inclusión de las figuras en los rec­
tángulos no suponen en el constructivis­
mo un capricho.
Torres García lo dijo en Historia de mi
vida: quería introducir el mundo de las
formas concretas en el mundo abstracto
geométrico de lo plástico. Y lo más abs­
tracto, lo más universal, lo más despojado
de toda referencia particularista y acci­
dental es el nombre a secas o el esquema
como signo gráfico.
¿Qué alcance tienen estas ideas en el cam­
po de la realización artística? El proble­
ma está en saber si esos símbolos coloca­
dos dentro del área del cuadro, relacio­
nados con las parcelas que horizontales y
verticales producen al recorrerla, relacio­
nados con el color, llegan a tener un sen­
tido distinto, si dan la síntesis de una nue­
va creación. Y entonces observamos que
el mundo que sugieren está más allá de
lo real, pero no en el sentido de una
trascendencia de ideas como el artista qui­
so, sino de las fuerzas misteriosas de lo
subconsciente; mundo superrealista en cier­
ta forma, opuesto al mundo de lo riguro­
samente controlado por la razón.
No se puede divorciar la interpretación

57

de

una

te o ría

s u g e s tió n

u n iv e rs a lis ta

m e ta fís ic a
de

a rtis ta ,

trin a rio

puede
lo

ahoga

de

m ás

in v a d e ,
al

te m a

del

a rte
que
lo

lite ra rio .
que
su

es e n

La
él

n a tu ra le z a

d o m in a ;

el d o c­

a rtis ta .

El arte del futuro podrá trasuntar tras­
cendencia, universalidad; pero no por la
inclusión de viejos símbolos traídos de
artes que hayan tenido esos mismos carac­
teres, sino creando su propia simbología.
Entonces sí, la obra de arte será la expre­
sión que convenga a toda una forma de
vida. Por esto Torres García sintió el di­
vorcio entre su arte y su época. El sentir
colectivo “sigue estando por las formas
imitativas, cargadas de subjetivismo y
sentimentalidad, aun aquellas que más
quieren apartarse de lo que él llama lo
humano real, como ser el expresionismo.
Por eso frente a ellas colocó su construc­
tivismo y lo llamó nuevo clasicismo.
Ya en 1915 en Un ensayo de clasicismo
había anticipado el concepto definiéndolo
como la búsqueda de “lo eterno de las
cosas, la idea, lo general, lo persistente de
ellas, menospreciando la apariencia, la
impresión sensual y todo particularismo
de estas cosas, consideradas como realidad,
en un lugar y tiempo determinado’’. “Ar­
te clásico, es todo arte fuera de todo lugar
y tiempo". Lo esencial oculto en los par­
ticularismos de espacio y tiempo. Como
vemos, definición que podría corresponder
al más puro arte abstracto-concreto.
Así frente a Torres García estamos ante
un pintor que sintió la problemática del
arte contemporáneo. Que contribuyó con

�su expresión propia a configurar el len­
guaje plástico porque afirmó sus mo­
dos generales: abstracción, universalidad.
B l a n c a S t a b il e

TRES GRABADORES HOLANDESES
Con los tres grabadores holandeses del
Instituto de Arte Moderno —Guis d e R uiter,

V aldem ar E

len ba a s,

H

enk

de

V o s—,

Buenos Aires inicia la actividad artística
del año.
Poco sabemos de ellos; que son jóvenes
los tres —Ruiter no llega a los treinta
años— y que ninguno tiene experiencia
artística muy larga. En los tres atrae la
alta calidad de su técnica, la dignidad en
la ejecución; sin asombroso talento ni
acentos de genialidad se mantienen los
tres dentro de un equilibrio de formas de
gran unidad total. Ninguno de ellos es
un grabador a la manera de los viejos
maestros, en quienes la línea vale por la
decisión y energía con que se hiende el
punzón sobre la plancha, y los negros por
la profundidad con que van buscando el
misterio. Los tres recurren fundamental­
mente al lápiz litográfico, lo que nos ha­
bla de una mayor sensualidad y amor por
la materia en la búsqueda de sonoridades
grasosas, casi corpóreas de los negros.
Sus formas son actuales; se ubican per­
fectamente en el mundo de lo moderno
por la jerarquía expresiva que dan al pla­
no; porque no van en busca del detallismo minucioso tan característico que fué
de la concepción clásica holandesa, sino

tras imágenes generalizadoras, síntesis de
otras; a veces con reminiscencias picassianas, otras con resonancias de C a m p i g l i .
D e R u i t e r posee gran capacidad imagi­
nativa. Si aparenta estar aferrado a la for­
ma natural en algún caso, sin embargo
creo encontrar en él un trasfondo de fan­
tasía que no surge de inmediato. De fan­
tasía y humor al mismo tiempo, cuando
recrea las formas dotándolas de una soli­
dez y concreción que luego contrapone
a un grupo de figuras transformadas en
verdaderos signos.
Muy a menudo busca el contrapunto en
tre un mundo de formas definidas y ri­
gurosas y lo meramente gracioso. Así en
Ciudad, Vida familiar, Quai des Rosiers,
formas arquitectónicas llenan el fondo de
la superficie de un contraste de negros
y blancos al que se une una riqueza de
grises de gran elasticidad dinámica apo­
yadas por el juego de líneas horizontales
y verticales; en tanto que el ritmo de las
figurillas que destacan sus finas siluetas
acercándose a lo caricaturesco interrumpe
con la fina incisión de sus trazos la soli­
dez de las primeras. Parecería que el ar­
tista gozara cubriendo primeramente el
fondo de la piedra con el lápiz litográ­
fico, en un puro regodeo de la materia, y
luego diera rienda suelta a su fantasía
incidiendo sobre ella la caligrafía de arcos,
columnas, frontones y hasta una escena
de familia en un tono lírico que despier­
ta el recuerdo de K l e e . En Vapor, especie
de barco fantasma, destaca la luminosi­
dad de los blancos en un cordaje rítmico

58

/&gt;

�de líneas precisas sobre un cielo negro
profundo.
E lenbaas

es

el

m ás

p in t o r

de

lo s

tres,

t a n t o c u a n d o r e c u r r e a l c o lo r d ir e c t a m e n ­
te c o m o c u a n d o
lo r a c ió n
m e n te

de

l o s u s tit u y e p o r u n a v a ­

g r is e s.

H ace

v ib r a r

so n o ra ­

lo s b la n c o s d e n tr o d e g r u e s o s t r a ­

z o s d e s ín t e s is e n v ig o r o s o a r a b e s c o c e r r a ­
do,

en

ta n to

o p o s ic io n e s
en

que

con

d e lic a d a s

el

de

lo s g r is e s p lo m iz o s ,

to n o s

c o lo r

p in to r

b u sca

e x q u is it o

ocres m u y

b a jo s ,

so s e g a d o s.

La figura humana a la que se refiere en
casi todas las obras, actúa sólo por pre­
sencia; ni sentido psicológico, ni expre­
sión profunda, ni caracterización; sólo es
pretexto para el juego de calidades plás­
ticas.
D e V o s e s e l q u e se m a n t ie n e m á s u n id o
a

la

ras

fo rm a
y

n a tu r a l.

p a is a j e s d e

c o s, d e

fo r m a s

s e n t id o

de

no

E xpone

v a r ia s f i g u ­

tr a z o s s u e lt o s ,
m uy

e n s o ñ a c ió n ,

d in á m i­

c o n s t r u id a s ,
acaso

Chi­

c ia s d e la s le j a n a s tie r r a s q u e h a b it ó .

ca javanesa

t ie n e

un

c lim a

con

r e m in is c e n ­

e x ó tic o

de

e x u b e r a n c ia v e g e t a l; l a f ig u r a d e l p r im e r
p la n o d ib u j a b a c o n im p r e c is ió n a r m o n iz a
con

el

fo n d o

b o sco so

c o n j u g a d o s h a b la n
m e n ta l q u e

i n d e f in id o ;

de una

a c t itu d

am bos
s e n t i­

e s l a n o t a d e f in it o r ia d e l a r ­

tis ta f r e n t e a lo s d o s p r im e r o s c o n s id e r a ­

dos-

R aquel E delman

FRANCIA A TRAVÉS DE QUINCE
PINTORES ARGENTINOS

lidad e interés, la primera de las cuales
fué reunida bajo el título de Francia a
través de quince pintores argentinos.
Se expuso un grupo ecléctico de unas
treinta obras, algunas realizadas en Fran­
cia, no otras —aunque se advierte en to­
das el aliento fecundo y tónico de Pa­
rís—, seleccionadas entre lo más valioso
si no representativo de cada autor, desde
M a l h a r r o , P i s a r r o , y S i l v a hasta la más
joven generación actual.
Malharro atrae por su exaltación lírica,
por su color vibrante y sensible. En los
cuadros de estos tres pintores, así como
en el apunte rápido de Silva, es dable
observar lo que este primer momento del
impresionismo significó en Argentina.
Fraccionamiento de la pincelada, varia­
ción y riqueza de matices, pero mante­
niendo el color local. La luminosidad se
da así más en el objeto iluminado, en la
claridad de la tinta empleada, esto es en
el tema, que en la oposición de los tonos
puros, en menudos toques de los impre
sionistas.
De los maestros contemporáneos consa­
grados no vemos obras actuales. B a s a l dúa está presente con el Retrato de Liane
de Courcelles y El Beso, ambas de 1928,
que en su época hicieron suponer en su
autor un fauve de quizá felices perspecti­
vas, por su tendencia al color puro, al rit­
mo, a liberarse del factor sensible, des­
pegándose del modelo, y dando a la in­
tuición un juego más libre.

La Galería Bonino acaba de iniciar un*
serie de exposiciones promisorias en ca­

19

B

utler

de

e s tá

1929 y

re p re s e n ta d o

o tra

del

30,

con

cuyo

una

o b ra

e m p a s te

vi-

�goroso añoramos hoy. Un maravilloso des­
nudo, resuelto en justa síntesis rítmica.
Audaz y dinámica la atmósfera en íjue
ubica la figura, rico de color, y un paisa­
je donde lo temático es apenas sugerido
y cuya fuerza está en la pincelada cargada
de materia, individualizable, elemento de
un ritmo ininterrumpido en toda la tela,
siempre con la misma tensión, sin des­
mayo.
En los tres paisajes de V i c t o r i c a , el color
se hace vehículo de su proyección senti­
mental, gamas bajas, azules, violetas, muy
moduladas.
Frente al grupo de tres figuras femeninas
de S o l d i , se advierte claramente cuánto
ganan en hondura sus grises blandos, si
se dan vertebrados en una composición,
como la que en esta pieza organiza la
línea de los perfiles, que cierra un ara­
besco y la vertical de la figura del centro.
C a n d í a envía desde Europa una de sus
últimas obras, en la que parece retomar el
camino de su cubismo analítico: dividida
la superficie de la tela que no es de pe­
queñas dimensiones, en numerosos peque­
ños planos de color —amarillo— con vir­
tuosismo en la variación del tono, y
enriquecida la composición con amplias
líneas curvas que sugieren algún elemento
figurativo: camino, colinas.
D e l P r e t e , con una naturaleza muerta
muy matissiana, vivo, ágil en la composi­
ción, de color puro y toque suelto, tras­
puesta la forma de reminiscencia figura­
tiva a un plano ajeno a su contenido, nos
introduce en la generación de vanguardia.

60

En este grupo, S o n e i r a , con una figura
en la que a un rojo violento, plano, sobre
pone una estructura dibujada con el pin
cel, en trazos negros, de indudable efec­
to dinámico; S a r a h G r i l o y F e r n á n d e z
M u r o , dramáticos en el azul áspero y sobre
líneas negras de sus paisajes urbanos; la
primera más lírica en su paisaje con
puente. P i e r r i , de tintas delicadas, parece
registrar en la materia todo su movimien
to emocional, tan variable y rica es su
pasta; O c a m p o con una pieza de tendencia
abstracta y color puro, y otra más figura­
tiva en ocres, evidencian los buceos, las
inquietudes, las búsquedas de los más
jóvenes, en la diversidad de sus modos.
A

l ic ia

P

uente

JUAN DEL PRETE
Tarea difícil y engorrosa resulta enfocar
la producción de Juan del Prete si nos
acercamos a ella para estudiarla de acuer­
do a un plan sistemáticamente concebido.
Querer clasificar su obra según épocas,
modos o estilos, no conduce a nada; quien
así ha procedido al concurrir a su gran
exposición de 80 cuadros —ofrecida en la
Galería Van Riel a fines del año pasado—,
corrió el riesgo de descuidar lo más valioso:
la impresión de conjunto, llamaradas de
luz que brotaban a un tiempo de todas
las paredes, de todos los rincones.
No era posible detenerse largo tiempo ante
un cuadro porque de costado, como lla­
mando casi de viva voz, nos envolvía la
luminosidad irradiante de otras telas y
teníamos que seguir la marcha, llevados

�por esa atracción que nos obligaba a incor­
porarnos al juego ininterrumpido de luz,
color y materia.
Aún sin querer discriminar notamos dife
rentes modos en la pintura de del Prete.
No queremos hablar de épocas o de perío
dos porque nos encontramos como ante
una especie de carrousel cuyas figuras
pasan repetidas veces delante de un espec
tador inmóvil: Del Prete hizo jauvisme
en 1935 y hace jauvisme hoy; son cuadros
abstractos algunos del 36 y hace arte abs­
tracto hoy, inicia lo que Joan Merli llama
su “período de las curvas" entre 1942
y 1943, y reconocemos los mismos elementos
en algunas telas del 50. Pero en todos
sus modos hay un denominador común:
la potencia de su instinto que aprendió a
liberar desde sus comienzos fauvcs, guiado
por una intuición marcadamente sensua­
lista. De ahí la fuerza expresiva de su
color. Es con el color —suma de luz y de
materia— que él plasma su ¡dea plástica,
a la que subraya en el momento fauve con
algunos trazos que por su riqueza y espe­
sor son siempre masas de color, aunque
tengan la función definitoria de lincas.
No es menos notable esa intuición en los
cuadros que parecen más intelectualmente
controlados. Si en ellos no hace vibrar el
color en sus variaciones tonales, y trata
de extenderlo en forma plana y homoge
uea, juega en cambio con el enardecimien­
to que se provoca al contrastar tonos y
tintas, buscando efectos espaciales suma­
mente dinámicos. Otro camino toma su
instinto cuando pinta las pequeñas telas

61

de colores casi transparentes, entrevistos
por debajo de un tejido de líneas exterio­
res, cuadros que sugieren sensibilidad y
un lirismo casi musical. Tal vez es me
nos feliz en los cuadros que pintan su
visita al Altiplano. Su pintura que alcan­
zaba universalidad, tanto por los temas
como por los elementos plásticos usados,
pierde al hacerse localista y al acentuar
los elementos temáticos.
Si bien hemos reconocido que sus telas
son producto de un fuerte instinto al que
se permite presionar libremente, no encon­
tramos que su pintura sea el resultado de
la inspiración de un momento. Tampoco
es un instintivismo primitivo el que lo
hace deformar o le sugiere sus tonalidades
y líneas de composición tan personales:
sus telas son pensadas, cuidadosamente
trabajadas: sus colores son elaborados, no
materia tal como sale del pomo. Puede
encontrar a veces acordes casuales, pero su ajuste sugiere más bien meditación que
plumazos espontáneos. No hay en sus
obras espacios descuidados, todas las super­
ficies son tratadas con igual vigor.
Prueban también el trabajo intelectual
que él mismo se impone las obras comen­
zadas hace muchos años y retomadas des­
pués de un largo reposo en el estudio.
No asombra empero, encontrar que ellas
conservan la frescura juvenil que tuvieron
al ser concebidas, ya que esa frescura y su
brillante fulgurar siguen manifestándose
aún en sus trabajos más recientes.
Empeñándonos, podríamos encontrar en
Del Prete acentos que lo acercan a algu­

�nos de los grandes maestros de la pintura
contemporánea: hay en él algo de M a t is s e ,
cuando deforma y cuando en las violentas
oposiciones de color independiza su fuerza
expresiva; algo de M ir ó cuando su lengua
je se carga de signos líricos; algo de
P ic a s s o y tal vez algo de los abstractos
suizos. Pero siempre es Juan Del Prete
el inventor, el que explora y no se con­
forma con los estrechos límites de lo ya
aprendido que quiere dejar atrás. Usa ele­
mentos que también aparecen en las obras
de los grandes pintores de su época, pero
lo hace por coetaneidad, no por falta de
inspiración.
Porque pertenece a su época y marcha
con ella hoy ha abandonado casi todas
sus anteriores exploraciones y se ha lan­
zado de lleno a la búsqueda de caminos
dentro del arte abstracto, aparentemente
hacia la dirección concreta. Decimos apa­
rentemente concreta porque si bien toda
su creación pictórica tiende ahora al jue­
go de elementos geométricos, falta en ella
el rigor mental de los abstractos más se­
veros. Con la fuerza apasionada del color
obtiene la dinamización del espacio, no en
la pura jerarquía de los planos, y aunque
ponga blanco sobre blanco logra una ex­
presión emocional en el orden de lo
sensible.
El empuje de su fuerza inventiva —que
observamos vigoroso y pujante a través de
casi veinte años de cuantiosa producciónnos permite esperar que cada nueva pre­
sentación suya seguirá despertando en
nuestra mente y en nuestros sentidos el

62

mismo placer y alegría vital que nos ha
producido siempre su obra.
B e a t r iz

H

uberm an

- R

aquel

E delm an

RAÜL RUSSO
R a ú l R u s s o incluyó en su última expo
sición un bodegón del año 1939 como si
hubiera querido señalar su naturalismo
inicial. De él arrancó para marchar casi
de inmediato hacia un sintetismo de es­
tructuras prietas, expresados sus caracte­
res en el estatismo de lo conceptual, o
hacia un lirismo de formas, ya impuesto
por el color mismo, ya ayudado por el
arabesco. Dos caminos —liberaciones— que
indicarían dos modalidades en la creación:
en la primera se impone lo racional; en
la segunda priva la sensibilidad. No son
modos que se den en etapas sucesivas
sino sincrónicamente, sin que haya tras
cada una mayor madurez, sin que tam­
poco responda la elección, en la mayoría
de los casos, a la inspiración del tema.
Por ejemplo, la figura humana sirve al
artista, tanto para expresar formas cons­
truidas prietamente, en volúmenes plenos,
como para acentuar la gracia de un des­
nudo en arabescos, en curvas que se abren
insinuando frescor y blandura.
Llevado por el impulso a construir pinta
en los años 1944-46 Joven pescador. Dis­
tintos elementos convergen para aumentar
la expresión estática; más que la actitud
de la figura valen la línea engrosada que
la aprisiona con sentido de concreción; el
color que lejos de ser un simple relleno
para los límites, los acompaña con la

�justeza de su masa compacta; el contraste
entre la línea vertical del torso hundido
y las diagonales de las subformas: piernas,
brazos, hombros. Omitiendo todo detalle
naturalista, logra la síntesis de lo caracte­
rístico de cada estructura. Ésta es la obra
en que los elementos creadores, emanados
de una concepción racional del arte, ha­
cían suponer que el artista marcharía ha­
cia formas decididamente abstractas, en el
sentido de lo conceptual.
En el mismo año, no obstante, compone
la naturaleza muerta Pato y perdiz, primer
atisbo de expresiones futuras en que los
elementos irán perdiendo importancia co­
mo formas, ante la pura sugestión del
color. Ubica esta naturaleza muerta frente
a un paisaje de gamas verdes sensiblemen­
te diferenciadas, para que el mensaje del
cuadro no aparezca constreñido en los lími­
tes de las cosas. Éstas persisten como
formas individuales, pero la expresión
total resulta de la rica armonía de tonos
grises y azules que sustituyen el color
local, siendo así vehículo de una actitud
emocional.
Nuevamente encontramos su primera ma­
nera en la naturaleza muerta de 1949,
que incluye como elementos compositivos
una fruta roja, un pote blanco, una espu­
madera y una cebolla. Hay en ella una
disposición calculada de las cosas en fun­
ción de los colores, de tal manera que el
rojo organiza el cuadro.
La exigencia por construir vertebraría la
obra y a ella respondería la exaltación de]
color; que no entendemos como en los

63

fauves al modo de una transposición, por
que la violencia no pretende traducir las
sensaciones recibidas por el pintor, ni
tampoco similares en el contemplador.
En los últimos paisajes de 1950, el dina
mismo plástico, presente en Pato y perdiz,
se acentúa hasta adquirir el sentido de
una franca expansión. Ésta se vuelca no
en un lenguaje de pinceladas o toques
fragmentados, sino en manchas cuya sus­
tancia cromática obrando por transparen­
cia conforma los elementos del cuadro, sin
detenerse en límites precisos. El senti­
miento del pintor ahora es otro frente
al mundo exterior. No busca decir de las
cosas sus formas objetivas y menos abs
tractas; tampoco resolver problemas de
relación, sino que vuelca en las obras las
impresiones que recibió creando con la
elección de tonos grises o azulados, con
la inclusión de manchas más claras que
actúan como focos de luz, el clima dra­
mático (Paisaje de San Telmo) o lírico
adecuado (último del catálogo).
Cuando hace dos años nos referimos a la
obra de Raúl Russo al afirmar sus dotes
objetábamos: " ... no se perfila una expre­
sión definitiva a través de los medios plás­
ticos empleados”. Hoy lo vemos más defi­
nido en la prosecusión de una misma
línea. Podremos considerarla no como la
más joven e inquieta, e inclusive no como
la más promisoria para él, pero tenemos
que reconocer que las formas se nos brin­
dan remozadas y sin alardes. Y esto define
en principio a un artista. (S. Hebraica A.).
B lanca

S t a b il e

�El conjunto numeroso deja la sensación
de haber asistido a una auténtica exposi­
ción de los maestros.

A P O S T I L L A S

En la Argentina, donde la frecuentación
con las obras de los grandes maestros de
la pintura universal es tan escasa y espo­
rádica, adquiere inusitada importancia una
exposición de buenas reproducciones como
las que acaba de exhibir la librería Viau.
Son reproducciones efectuadas por edito­
riales francesas, americanas y austríacas.

*

La exposición comprende paisajes y natu­
ralezas muertas. En ellas hay evidentes
diferencias de búsqueda en los dos artistas
que involucramos bajo un solo rótulo:
Panagiotópulos más sereno, más adherido
a la materialidad del objeto que repre­
senta, menos grandilocuente. Vesprini con
más brío juvenil, especulando con efectos
dinámicos de ritmo y de pasta. Pero,
¿dónde está la expresión de la figura
humana en esta pintura de carácter repre­
sentativo? ¿Dónde está el estudio serio,
menos brillante, lleno de humildad y
errores?

Esto se advierte sobre todo en las láminas
francesas que corresponden a cuadros de
G r is , L é g e r , M a t i s s e , P i c a s s o , etc., y que
pasman por el extraordinario adelanto
alcanzado por la técnica fotográfica, pero
que estimamos más aun por el amor que
evidencia la labor del artesano en su res­
peto por la obra del artista.
Las reproducciones

norteamericanas de
etc., no eviden­
cian tal minuciosidad en la búsqueda de
una fidelidad absoluta de textura, ofre­
ciendo un aspecto llamativo y brillante
que el original no posee. Son en cambio
admirables las reproducciones austríacas
de B r u e g h e l que adivinamos de una ex­
traordinaria precisión en la captación de
los más mínimos detalles.
egas, va n

G

+

Artistas jóvenes y autodidactos. Gran brillo
de ejecución, maestría aparente del pincel,
de la pasta y del color, mucha intuición
y una fina sensibilidad. ¿Basta para espe­
rar una eclosión de madurez o es sólo el
fulgor y el Ímpetu de una juventud llena
de gracia? Cabe preguntarse esto ante el
peligro que acarrea una forma ya hecha,
una visión idéntica sin vacilaciones, una
expresión demasiado unicorde.

Observando el conjunto nos es dado ima­
ginar que la fidelidad alcanzada en la
reproducción del color es casi absoluta, asi
como notamos un especial esmero en el
registro de los más mínimos efectos del
pincel y de la técnica.

B raque, D

*

ogh,

Surgen estas preguntas ante la repetida
aparición en nuestro país de promesas de
las que fué siempre fértil, pero que no
alcanzaron a madurar.
B. P.

64

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

1)E CRITICA

ARTISTICA

ÍNDICE DEL VOLUMEN VI
números 20, 21-22, 23

octubre de 1950 a mayo de 1951

TITULOS
Arle concreto argentino (Crítica). Blanca Stabile
XXI-XXII 67
Balance del Cubismo. Gino Severini
XX
3
Carlos M. Sáez (Hojas de estudio). Eneida Sansone
XXI-XXII 57
Carta sobre el expresionismo. Jorge Romero Brest
XXIII 25
Carteles suizos (Crítica). Samuel F. Oliver
XXI-XXII 71
Conjeturas acerca de la pintura helenísticorromana. Clara Diament XXI XXII
2
Conocimiento de Matthias Goeritz. Angel Ferrant
XX 43
Debate sobre la pintura de Eugéne Berman
XX 63
Degas en Buenos Aires (Inventario). Alicia l’asini
XXI-XXII 37
Escribe desde Barcelona Damián Carlos Bayón (Correspondencia)
XXI XXII 48
Escribe desde París Damián Carlos Bayón (Correspondencia)
XXIII 45
Escribe desde Roma Margarita Sarfatti (Correspondencia)
XXI-XXII 45
Exposición de pinturas infantiles en Montevideo (Critica). Fernando
García Esteban
XXI-XXII 65
Guillaume Apollinaire (Bibliografía). Rodolfo G. Bruhl
XX 23
Guillaume Janneau (Bibliografía). Isolina Grossi
XX 36
Gleizes y Severini (Bibliografía). Alfredo E. Roland
XX 26
Habla Matthias Goeritz (El artista frente al mundo)
XX 47
Henri Matisse (Critica). Blanca Pastor
XX 53
Homenaje a Yrurtia. Presentación. Jorge Romero Brest
XXIII 2
José Gutiérrez Solana (Critica). Lía Carrea
XX 55
Jóvenes Pintores (Critica). Jorge Romero Brest
XX 61
Juan Batlle Planas (Critica). Clara Diament
XX 57
La colección Arena (Critica). Beatriz Huberman
XXI-XXII 72
Ozenfant y Jeanneret (Bibliografía). Raquel Edelman
XX 32
Pintura cubista (Camino de la observación). J. R. B.
XX 19
Ramón Gómez Cornet (Critica). Damián Carlos Bayón
XX 58
Reflexiones sobre la fórmula estética de Lautréamont. Alfredo E.
Roland
XXIII 41

�Sobre Matthias Goeritz. Ricardo Gullón. Eduardo Westerdahl
Toulouse-Lautrec en Buenos Aires (Inventario). BeatrizHuberman
Versiones Cubistas del espacio. Hans Platschek
Yrurtia. Cabezas y retratos. Alicia Puente
El desnudo. Amalia Job-Istueta
El monumento a Dorrego. Blanca Stabile
El monumento a Rivadavia. Samuel F. Oliver

XX
XXI-XXII
XX
XXIII
XXIII
XXIII
XXIII

AUTORES
Damián Carlos: Ramón Gómez Cornet (X X . 58); Escribe desde
Barcelona (XXI-XXII, 48); Escribe desde París (XXIII, ,45).
B r u h l , Rodolfo G.: Guillaume Apollinaire (XX, 23) .
C a r r e a , Lía: José Gutiérrez Solana (XX, 55) .
D i a m e n t , Clara: Juan Batlle Planas (XX, 57) ; Conjeturas acerca de
la pintura helenístico-romana (XXI-XXII, 2).
E d e l m a n , Raquel: Ozenfant y Jeanneret (XX, 32) .
E e r r a n t , Angel: Conocimiento de Matthias Goeritz (XX, 43).
G a r c í a E s t e b a n , Fernando: Exposición de pinturas intantiles en Mon­
tevideo (XXI-XXII, 65).
G o er it z , Matthias: El artista frente al mundo (XX, 47).
G r ossi , Isolina: Guillaume Janneau (XX, 36).
G u l l ó n , Ricardo: Sobre Matthias Goeritz (XX, 49).
H u b e r m a n , Beatriz: Toulouse Lautrec en Buenos Aires (XXI-XXII,
31) ; Ea colección Arena (XXI-XXli, 72) .
J o b - I s t u e t a , Amaiia: Yrurtia: el desnudo (XXIII, 9).
O l i v e r , Samuel F.: Carteles suizos (XXI-XXII, 71) ; Yrurtia: El mo­
numento a Rivaclavia (XXIII, 19).
P a s in i , Alicia: Dégas en Buenos Aires (XXI XXII, 37).
P a s t o r , Blanca: Matisse (XX, 53).
P l a t sc h ek , Hans: Versiones Cubistas del espacio (XX, 12).
P u e n t e , Alicia: Yrurtia: cabezas y retratos (XXIII, 3 ).
R o l a n d , Alfredo: Gleizes y Severini (XX, 2 6 ) : Reflexiones sobre la
fórmula estética de Lautréamont (XXIII, 41) .
R o m e r o B r f .s t , Jorge: Pintura cubista (XX, 19); Jóvenes pintores
(XX, 61); Homenaje a Yrurtia: presentación (XXIII, 2); Carta
sobre el expresionismo (XXIII, 23) .
S a n s o n e , Eneida: Carlos M. Sáez (XXI-XXII, 57) .
S a r f a t t i , Margarita: Escribe desde Roma (XXI-XXII, 45).
S e v e r i n i , Gino: Balance del cubismo (XX, 3).
S t a b i l e , Blanca: Arte concreto argentino (XXI-XXII, 67); Yrurtia: el
monumento a Dorrego (XXIII, 16) .
W e s t e r d a h l . Eduardo: Sobre Matthias Goeritz (XX, 49) .
B ayón,

49
31
12
3
9
16
19

�ILUSTRACIONES EN NEGRO
Eugéne: El Rialto (1931); Las hijas del juego (1942)
XX 69 y 70
Edgar: Danseuses au foyer (1880-1883)
XXI-XXII 42 y 43
E n s o r , James: Ija intriga
XXIII 34
G o e r i t z , Matthias: Dibujo (tinta) ; Pinturas
XX 39 a 42
H e c k e l . Erich: Dos hombres en una mesa
XXIII 37
H l i t o , Alfredo: Composición Plástica
XXI-XXII 70
K i r c h n e r , Emil Ludwig: Desnudo entre árboles
XXIII 32
K o k o s c h k a , Oskar: El reposo después de la huida
XXIII 33
M a l d o n a d o , Tomás: Pintura constructiva; Sobre tres funciones se­
cantes
XXI-XXII 69 v 70
M a t i s s e , Henri: A Tu conché sur un divan; Une femme se peignant
XX 51 j 52
M ü l i .f .r , Otto: Bañistas
XXIII 31
N o l d e , Emil: Junto a la fortaleza de Sonder
XXIII 31
P e c h s t e i n , Max: Cabeza exótica
XXIII 32
P ic a s s o , Pablo: Mujer con niño muerto
XXIII 34
P i n t u r a s h e l e n í s t i c o r r o m a n a s : Reconciliación de Latona v Niobr;
Aquiles entregando a Briseida (detalle); Batalla de- Issos (deta­
lle de Darío v Alejandro); Venus castigando a Eros; Decoración
mural correspondiente ai Segundo estilo; Frescos de la Villa de
los Misterios (detalle de la flagelación v del corteio dionisíaco)
XXI-XXII 9-10, 19-20, 27-28-29
P i n t u r a s i n f a n t i l e s : Elida Schipani
(8 años) : Grillita v Grillín:
Susana Castelnuovo (10 años) : La nieve danza
XXI-XXII 63 y 64
SÁE7, Carlos M.: Perfil de mujer; Cabeza (lápiz) ; Cabeza (tinta) :
Hombre sentado
XXI-XXII. 54. 55 v 56
S a n t i -S u r ó s : La rulota
XXI-XXII, 53
S a n t o m a s o , Beppi: Ofjicine di bordo
XXI-XXII 44
S c h m i d t - R o t t l u f f : San Francisco
XXIII 27
S e v e r i n i , Gino: Rxthme de danse ál’Opera
XXI-XXII 44
S u t h e r l a n d , Graham: Desvastación
XXIII 33
T o u lo u se -L au trec
Henri de: Au cirque Fernando (1899); M. Paul
Viaud (1900) ; Tvette Guilbert (1894)
•
XXI-XXII 30 y 41
Y r u r t i a , Rogelio: La Victoria; La Fatalidad: Retrato de Marte de
Nys; Máscara; Monumento al General Dorrego; Monumento a.
Rivadavia y detalle del Moisés; Canto al trabajo, estudio y de­
talle; Serenidad
XXIII, 1, 2, II. 12. 13. 14. 23 y 24
Berm
D

an

,

ég a s,

LÁMINAS
José: Máscara de Caimán (óleo)
Fresco de la Villa de los Misterios:
La lectura del ritual
S p a l l a n z a n i , M a r i o (1 5 a ñ o s ) : Gallo
Y r u r t i a , R o g e l i o : Cabeza del General Dorrego
G u t ié r r e z
P in t u r a

So l a n a ,

XX

h e l e n ís t jc o r r o m a n a :

XXI-XXII
XXI-XXII
XXIII

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M ariette Lydis. Gustavo P. Jellin — 6 a 18 de a g osto: Mario Grandi. Jorge V iladrich. R osa Frey. Gregorio M oreno — 20 de agosto al 19 de se tie m b re : Yuyo Blanco
Silva. M anuel M ascarenhas. A ngélica Puente. A ngel D. V ena. M andelzweig —
3 a 15 de setiem b re : M ario G argatagli. U ribarri ln cha usté. Laura B ustos Vocoe.
Ism ael Eduardo A starloa. Laura Mulhall Girondo.
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Bonome. Clavé. A raceli V ázquez M álage. Juan A ngel Bolero. José Palmeiro.
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ürihuel. A lfredo E. Sam ad — 13 al 25 de a g o sto : Gustavo Cochet — 27 de agosto
al 15 de setiem b re : D arío M ecatti. Paul Klausm ann. L eón Gillar.
IN STIT U TO DE A R T E M ODERNO (P aragu ay 655)
10 al 19 de ju lio : M agariños D. — 20 al SO de ju lio: Eduardo Yonquiéres.
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18 de ju lio al 4 d e a g o sto : Roberto Rossi. E nrique de L arrañaga — S al 25 de agosto:
E ugenio Daneri. A lfredo B ig a tti — 29 de aposto al 15 de setiem b re : Juan Batlle
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17 al 31 de ju lio : Panoram a de nuestra pintura, desde Sívori hasta hoy, segunda
etapa — 2 al 14 de a g o sto : te r ce to etap a — 16 al. 31 de a g o sto : cuarta etapa —
4 al 15 de s e tie m b r e : quinta etapa.
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17 al SO de ju lio : H éctor Basaldúa —- SI de julio al 15 de aposto: H oracio Juárez —
16 al 80 de ag o sto : H oracio Butler.

�VER

Y

ESTIMAR

C U A D E R N O S DE C R I T I C A A R T I S T I C A
D ijr e c t o r
JORGE ROMERO BREST
•

ENSAYOS HISTÓRICOS Y DE TEORIA SOBRE ARTES PLAS­
TICAS

•

NOTAS CRÍTICAS E INFORMATIVAS SOBRE LA ACTIVIDAD
ARTÍSTICA NACIONAL Y EXTRANJERA

•

INVENTARIO ARTÍSTICO NACIONAL

•

CRÍTICA DE LIBROS DE RECIENTE APARICIÓN Y BIBLIO
GRAFÍAS FUNDAMENTALES

•

EL ARTISTA FRENTE AL MUNDO: OPINIONES DE ARTIS­
TAS CONTEMPORANEOS

•

DOCUMENTOS

•

COLABORACIONES EXTRANJERAS

•

CAMINO DE LA OBSERVACIÓN

•

ILUSTRACIONES Y LAMINAS SUELTAS EN COLOR

�B O L E T IN

SU SCRIPCIO N

d e

Ver y Estimar
A d m in i s t r a c ió n : T u c u m á n 1539 - B s. As.
T . E . 3 5 -9 2 4 3 , d e 15.30 a 18.30 h s.

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�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRITICA

ARTI STI CA

COLABORADORES
ALBERTI, Rafael (Bs. As.)

GULLÓN, Ricardo (Santander)

ARGUL, José Pedro (Montevideo)

HUYGHE, Rene (París)

AYALA, Francisco (Pto. Rico)

MACEDO, Diogo de (Lisboa)

AZCOAGA, Enrique (Madrid)

M1LLIET, Sergio (San Pablo)

BERENSON, Bernard (Florencia)

PLATSCHEK, Hans (Montevideo)

BILL, Max (Ziirich)

ROH, Franz (Munich)

CÓRDOVA ITURBURU (Bs. As.)

ROMERA, Antonio (Sgo. Chile)

DEGAND, León (París)

ROMERO, Francisco (Bs. As.)

DELEVOY, Robert L. (Bruselas)

ROMERO, José Luis (Bs. As.)

DOR1VAL, Bernard (París)

T ORRE, Guillermo de (Bs. As.)

FERRANT, Angel (Madrid)

SARFATTI, Margarita (Roma)

FISCHER, YVcnd (Dusseldorf)

SEVERINI, Cilio (París)

GASCH, Sebastián (Barcelona)

VANTONGERLOO

GIEDION, Siegfried (Ziirich)

VEN I URI, Lionello (Roma)

GISCHIA, León (París)

WESTERDAHL, Eduardo (Tenerife)

GOERITZ, Matthias (México)

ZEVI, Bruno (Roma)

V O I. U M E N

VI

N

R

Ü

M

E

[
O

V E 1N T ICU A I R O

J U L I O

DE

1951

(París)

�T. H E C T O R M A T E R A - Impr es or
L a v a l l e 1653 - B u e n o s A i r e s

Cuatro pesos

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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              <elementText elementTextId="1993">
                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Traba, Martha&#13;
Grossi, Isolina&#13;
Job Istueta, Amalia&#13;
Diament, Clara&#13;
Mori, Camilo&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Puente, Alicia&#13;
Huberman, Beatriz</text>
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
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Secretaria de redacción

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junio: Roberto Viola.
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80 de abril-12 de mayo: Dumelic Zdrauka. Ofelia Jofre — 14 de mayo-26 de mayo:
Grabados Antiguos. Florencio Juan Caravaglia. Julio Rebole. Grupo Fabisch —
28 de mayo-9 de junio: José Casto. Iván Rimsa — 11 de junio-23 de junio:
M argarita M. de Prigioni. E inar Stang. Otilia Lazara. Severino Rayero Alonso.
José Antonio del Río — 25 de junio-7 de julio: Febo M arti Ochoa. Adolfo J.
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23 de abril-5 de mayo: Febo M arti. Marciano Lüngarini. Molina Salas. M aría Elisa
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24 de abril-19 de mayo: Joaquín Torres García — 15 de mayo-5 junio: Jacobo Hermelin. Exposición de caligrafías originales.
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25 de abril-12 de mayo: Joaquín Torres García. Mario Darío Grandi — 16 de mayo2 de junio: Víctor Pisarro. Rafael Mandebzweig.
SALÓN PEUSER (Florida 750)
17 de abrü-2 de mayo: Exposición de 14 escultoras argentinas — 4 de mayo-18 de
mayo: Exposición organizada por la Universidad de Tucumán. Obras realizadas
bajo la dirección de S pilimbergo.
22 de mayo-31 de mayo: Exposición de obras pictóricas realizadas por los componentes
• del Campamento de la Fundación M aría Eva Duarte de Perón.
SOCIEDAD HEBRAICA ARGENTINA (Sarm iento 2233)
4 de mayo-19 de mayo: A rtistas Judíos — 21 de mayo-2 de junio: Obras de Fació
Hebecquer. A. R. Vigo y V íctor L. Rebuffo — 4 de junio: Panoram a de la
pintura argentina desde E duardo S ívori a través de 5 muestras sucesivas.
GALERÍA ALCOR A (Galería Pacífico)
’+ de mayo-18 de mayo: Luis José Apecech — 22 de mayo-7 de junio: Minerva Daltoe
15 de junio-30 de junio: Alicia Zamudio de Cigorraga.
GENTE DE ARTE DE AVELLANEDA (Belgrano 601, Avellaneda)
7 de abrü-20 de abril: Exposición Homenaje a A lfredo S turla, George P aredes y
Carlos P ortbiro — 28 de abril: Fortunato Lacámera. M. C. Victorica. B. Quinquela M artín. Vicente Vento. A rturo Marezca.
GALERÍA BONINO (M aipú 962)
7 de mayo-21 de mayo: Francia a través de quince pintores argentinos — 25 de mayo5 de junio: Miguel Carlos Victorica — 6 de junio: Batlle Planas.
GALERÍA WITCOMB (Florida 760)
14 de mayo-28 de mayo: Grabados de P ablo P icasso . Jules Grum. José Pauler.
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Exposición de ex-alumnos de la Sociedad Estímulo y Academia de Buenos Aires
1895-1910 — 2 de mayo-10 de mayo: Maestros fallecidos — 11 de mayo-19 de
mayo: A rtistas fundadores — 21 de mayo-31 de mayo: A rtistas adherentes — .
1 de junio-14 de junio: Tomás Di T aranto (dibujos). Luis Ferrini (óleos).

�HOMENAJE
a

YRURTIA

�poco más de un año de la muer­
te del maestro, V er y E s t im a r
cumple con la promesa formula­
da en aquella ocasión, dedicando
este número al análisis de su obra.
Cuatro discípulos han trabajado con
ahinco e inteligencia, dispuestos a
agotar en lo posible las fuentes de
información y a expresar el juicio
más respetuoso y objetivo. Son ensa­
yos, nada más, en los que se pueden
advertir signos de inmadurez, pero
a nadie escapará la seriedad de los
aiiálisis y el correcto planteo de la
estimación, lo que les presta sin duda
un alto valor didáctico.
Yrurtia fué, no obstante los reparos
que formulan los autores de estas
notas críticas, las cuales han mereci­
do mi aprobación, un gran escultor,
sobre todo un extraordinario modela­
dor de formas vivas. Le faltó poten­
cia de invención, aliento épico en los
monumentos, pero en muchas de sus
obras pervive un artista de raza y
un artesano de noble oficio, lo que
mucho significa en América.
Digo en América porque su enseñan­
za fecunda no traspuso los límites
del continente; probablemente no se
ejerció más que en el Río de la
Plata. Al permanecer ajeno a las
incitaciones de su tiempo malogró la
proyección universal que por su inne­
gable talento pudo haber tenido.
J orge R o m e r o B rest

�Creo que no es aventurado afirmar que entre las cabezas y retratos de
Yrurtia se encuentran sus obras más valiosas. Todo aquello que plantea
y resuelve como alegoría en sus monumentos lo da como expresión dfe la
forma y del modelado en sus cabezas. Hay en él más un modelador sen­
sible capaz de cargar expresivamente desde la superficie toda la obra, que
un estatuario o un arquitecto expresándose por los grandes volúmenes
o por el dinamismo del espacio.
Yrurtia es un naturalista clásico. Construye sobre un esquema formal,
sintesis de la razón con que ciñe su experiencia, pero en el modelado tor­
na a incorporar el misterio y también el sentimiento que sazonan el es­
quema frío. Conforma volúmenes plásticos —idealmente sus obras se vin­
culan siempre con la esfera— planos y estáticos.
Sabemos que trabajaba siempre frente a sus modelos. Vinculaba así di­
rectamente su obra con la realidad viviente, la fortificaba en ella. Intuiti­
vo, lo vemos capaz de captar los infinitos matices que son atributos de
lo individual y de lo vital para elaborarlos y trasponerlos como presión
de sus manos o movimiento de cincel, pero consciente del peligro que esto
significa sometía esa invasión de la vivencia sentimental y sensible —ene­
miga de la forma— al rígido esquema previo que provenía de su razón
vigilante; por eso vemos formas ceñidas en simplificación austera, apresa­
das en síntesis quietas, depuradas de todo lo contingente, repudio del
gesto, del detalle menudo.
Cuando pretendemos caracterizar intelectualmente sus cabezas encontra­
mos que las notas definitorias para cada una de ellas son difícilmente
reductibles a conceptos. Sin embargo cada obra es una imagen nueva y
coherente, habla al sentimiento, pertenece a un mundo único. Forzado
el análisis encontramos que la clave está en el encanto de las superficies.
Para descubrirlos debimos aguzar vista y tacto, mérito indudable del ar­
tista. Nunca hay planos demasiado extensos. Salientes muy suaves, depre3

�siones casi imperceptibles, delicadas ondulaciones, pasajes inesperados,
incurvaciones voluptuosas, momentos vigorosos, toda una melodía que
canta y se derrama en la superficie renovando milagrosamente las formas.
Por eso Yrurtia resulta siempre más expresivo en las obras de menores
dimensiones. Todo ese juego demasiado fino se pierde si se intenta apre­
ciarlo desde lejos, o a la luz plena de un espacio abierto que aplana los
volúmenes, porque en lugar del efecto rápido del ritmo, de los grandes
planos, del contraste, como lo exige la estatuaria, prefería el encanto
modulado de las superficies cuyo secreto se entrega mejor en la luz me­
dida de un interior.
F.n su Retrato de la señora G. R. de Yrurtia la cabeza está reducida a un
ovoide casi perfecto. Emerge muy blanca y pulida de un paralelepípedo
de mármol tallado en bruto creando así una oposición que obra expre­
sivamente como un acento lírico y místico. Apenas esbozados los rasgos
faciales, envueltos los cabellos, pegado al cráneo el pabellón de las orejas,
nada quiebra la plenitud algo sensual del volumen. Lo vital sufre aquí
una fuerte contención formal. Obra de juventud, tal vez demasiado in­
fluida por el neoclasicismo francés resulta fría y retórica. Muy pronto sin
embargo, lo gustamos libre de ese formulismo que lo empaña al princi­
pio, y lo vemos acercarse a su síntesis. Mística, Recogimiento, Reflexión,
Serenidad, serie que él llamó Cabezas de Expresión marcan un paso en
este sentido. Los elementos formales y humanos se integran, lo vital se
expresa en la forma y las obras adquieren hondura, coherencia y también
sentido de lo monumental aunque sú dimensión física permanezca redu­
cida. Las tres primeras están realizadas en bronce, la última en mármol;
algunas en tamaño natural o aproximadamente plantean y resuelven pro­
blemas plásticos similares. Volumen pleno, más dibujados los rasgos fa­
ciales, curvas tensas, perfiles ricos, formas que se encierran en sí mismas
en la actitud recoleta del hombre vuelto hacia adentro, contribuyendo
los párpados bajos o que cubren parcialmente el iris. El modelado exacto
y libre transcribe el músculo relajado y la superficie en tensión alude a
actividad interior, sugiere calma y serenidad; la luz resbala y obliga a re­
correr íntegramente la forma, imponiéndose menos la riqueza de los per­
files. En Recogimiento se observa un predominio del eje vertical, —cuello
alargado, prolongamiento de la línea de la frente en el perfil con la línea
del dorso de la nariz— que expresivamente se traduce como un acento
4

�místico. En Reflexión, obra que podemos ver en el Museo Nacional con
el nombre de Solicitude, hay mayor equilibrio entre los ejes, el volumen
es más pleno, con una veta sensual.
El Retrato de M. L. V. de Uriburu puede ser vinculado con este grupo
de cabezas por sus características plásticas y expresivas. En el museo
Yrurtia hay dos piezas muy parecidas, una en bronce, otra en yeso que
bien pueden ser una estudio previo a la otra o bien retratos de una mis­
ma persona en distintas épocas; en ambas se evitan deliberadamente to­
das las redondeces, se ahueca el volumen, se afilan las facciones para des­
cargarlas de todo acento sensual. El cuello se prolonga en la parte alta
del pecho, y de la concavidad central que señala su nacimiento parten
caminos de luz que lateralmente se continúan en los cabellos y prestan
al rostro calmo y firme un marco de claridad.
Dafne, Egeria —realizada para una fuente— y un retrato de adolescente,
Lyse, constituyen como tema un material menos propicio para ser expre­
sado en formas rigurosas o en síntesis demasiado quietas. Entonces Yrur­
tia busca más los ritmos graciosos, dibuja con menos nitidez los rasgos,
aligera el modelado, hace la piel menos tensa y eleva el tono del músculo;
los ojos se apoyan más en el espectador; el conjunto está más próximo
a la acción, menos vuelto a la vida interior. En Dafne mueve la super­
ficie abovedada del volumen plástico con un estriado horizontal que se­
para los cabellos del cráneo prolongándolos en formas triangulares, lige­
ras, que se repiten rítmicamente hacia atrás y hacia abajo e incluyen el
pabellón de la oreja. Está realizada en cera con una hermosa pátina os­
cura que destruye la calidad untuosa del material y que se interrumpe
brevemente en algunas zonas dejando ver oportunas y pequeñas manchas
amarillas.
Retrato de Marie de Nys es un hermoso bronce de tamaño natural que
podemos ver en el Museo Yrurtia y en el Museo Municipal Eduardo Sívori. Ligera, viva, inspirada, extrae del contenido humano una forma es­
piritual que lo expresa. Rica de perfiles, honda de expresión psíquica,
armónica y lúcida, es tal vez la más valiosa obra de Yrurtia. Ajeno ahora
por completo a todo formulismo, integrados los elementos plásticos y hu­
manos, lo vemos realizar su síntesis en la singular densidad expresiva de
esta pieza. Anota apenas, ya muy depurados, los rasgos característicos y
los organiza según una estructura poética artificial. Hunde los pómulos,
5

�alarga la línea horizontal cuello-mentón y otorga de esta manera cierta
inestabilidad de gesto a una estructura estática, introduce la gracia sen­
sible del arabesco al acentuar los naturales ritmos curvos que en el perfil
se dibujan y crea, con la sinuosidad, de lineas y modelado, fugitivos
puntos de luz y sombra que varían a la menor oscilación del enfoque.
Gustamos así la ilusión de lo inasible en una estructura quieta. Con ele­
mentos muy sobrios, un mensaje muy hondo, una armonía plena y como
en todas sus obras, el mensaje se dirige al sentimiento. Lo racional se
vive como freno, su clasicismo está en la inmanencia de la forma. Nutri­
das en sentimientos tiernos estas cabezas que venimos estudiando nos dan
de ellos una versión muy depurada, transmutada totalmente al plano de
lo innominado, por eso espiritual.
Toda la plástica de este primer momento de Yrurtia puede ser vinculada
a la de la primera época de R odin. Volúmenes plásticos, quietos, inma­
nentes, concentración en las superficies del elemento expresivo y de tras­
cendencia. El Estudio para máscara de profeta —del Monumento a Cas­
tro— que está expuesto en el Museo Yrurtia y el Retrato de Lucio Correa
Adórales —escultor que fue su maestro— son dos de sus más hermosas
piezas y las más rodinianas de sus obras. En ambas se conserva el encanto
del modelado del maestro, pero éste se ha hecho mucho más dinámico; en
la primera, la gran barba y los cabellos son casi impresionistas, la luz apa­
rece amasada con la materia, la forma no se disgrega, empero, por el ritmo
central que arrancando desde el extremo inferior hasta la boca, organiza
todo el oleaje movido de la superficie y le da cohesión. En el retrato en­
contramos pequeñas cantidades de materia acumuladas en la superficie que
le confieren movimiento y el nuevo encanto de un acento rústico. Puntos
de sombra en ambas bocas y ojos ahuecados, puntos de sombra y descanso
en el vaivén dinámico de las superficies de bordes sinuosos, que tan pronto
se ensanchan en un plano diminuto o se adelgazan en una línea, le confie­
ren la oquedad y el misterio de la luz irisada y la hacen muy expresiva.
A partir de este momento resulta difícil vincular a Yrurtia con algún escul­
tor de su tiempo. Arrastrado por el prestigio de lo antiguo, intenta revivir­
lo en su vida y en su arte y permanece ajeno a la expresión y a los proble­
mas contemporáneos. Su afán humanístico lo lleva a refugiarse en el pa­
sado —el Renacimiento para él—. De allí su culto por lo individual, que se
evidencia en su pasión por el retrato, y en su afán de ahondar en las estruc­
6

�turas que expresan carácter; su afirmación en el ideal clásico de forma
y en la expresión por alegorías se detiene en el naturalismo, adherido a
la materia humana. Por todo esto peca de anacronismo y deja insatisfe­
chos a los más inquietos, a los que esperaron de él el mensaje que la
nueva época trae.
Esta actitud es nítida en su Dorrego. Aquí lo vemos en su momento más
vigoroso. El cuello envuelto en el gabán militar ofrece una base sólida de
líneas firmes a la poderosa cabeza. Ya no hay sólo un aleteo luminoso y
breve de las superficies, sino un movimiento hondo que penetra en la
masa, un modelado recio que no destruye, empero, el volumen porque se
somete a la forma que lo disciplina. La frente muy abultada sobre las
cejas y la disimetría patente del rostro —levantada la ceja derecha se in­
troduce un movimiento oblicuo ascendente en todas las facciones— en­
cierran la clave de la fuerte ilusión de energía que emana de esta obra y
logra realizar el dinamismo del gesto sin lo inestable de la acción. El sen­
timiento es ahora épico, pujante de pasión cívica.
El Estudio para la cabeza de ¡a Victoria, es un bronce pequeño; tiene
sabor antiguo, nos trae reminiscencias de arte micénico o de helenismo
arcaico: frente prolongada en una misma línea con el dorso de la nariz,
los cabellos que se prolongan recogidos hacia atrás. Esta disposición de
los cabellos y el mentón adelantado con respecto al cuello crean un eje
oblicuo que dinamiza la composición estática. Todo resuelto en volúme­
nes muy comprimidos, sin ninguna concesión al espacio. Recubierta de
una hermosa pátina de color verde intenso es una de sus piezas más suges­
tivas.
Pochita, Ramoncito, dos piezas realizadas en bronce, traen reminiscencias
de los temas infantiles de D onatello en la misma línea de gracia tierna
y lírica, con quien se lo podría vincular además por los caracteres de su
naturalismo. En la primera apoya la cabeza sobre un cuello corto, de
superficie cóncava, y en la parte superior remata el volumen en tres sec­
ciones chatas y concéntricas de cono —la superior movida por un pliegue,
incluye la obra en el espacio— y gana así en dinamismo sin destruir la
forma. Líneas blandas de amplia curva, el mentón y la nariz que se sepa­
ran brevemente del volumen ofrecen puntos de luz e incluyen una nota
de gracia ingenua.
Ramoncito, como forma, tiene puntos de contacto con el Beethoven. En
7

�ambos la cabeza está sobre un eje oblicuo con respecto al torso; el mentón
descansa sobre el pecho eliminando así la representación del cuello y
rodeando el conjunto de un elemento dinámico, que en Ramoncito es
una capucha y en Beethoven son follajes en la parte inferior, y cabellos
muy duros trabajados de idéntico modo. Encontramos más logrado el pri­
mero por cuanto se cumple el fin de lograr una estructura dinámica man­
teniendo la coherencia de la forma.
Beethoven está realizado en cera con pátina oscura, bastante agrandado
como si quisiera evocar la fuerza pujante con la dimensión de la forma;
de acento romántico, en una línea, de expresión barroca no muy fre­
cuente en su obra, puede objetarse la imagen un tanto vulgar que se
evoca del músico. Como forma es apenas una alegoría que se desborda
por los follajes que la .circundan.
Otros caracteres definen sus retratos últimos. En la actitud, un mayor
apego al modelo con lo que esto puede implicar de acentuación natu­
ralista; plásticamente, introducción de la línea y sustitución de los ma­
tices del modelado por el dibujo sobre una superficie menos tensa. Expre­
sivamente renuncia a esa trascendencia lírica que hacía el encanto de
sus primeras obras.
El Retrato de M. Gallego, bronce, tamaño natural, expuesto en el Museo
Nacional, podría representar el momento de transición entre sus prime­
ras obras y estas últimas, pues se dan en ella todos los elementos de unas
y otras: plenitud del volumen, riqueza de las superficies, caracterización
psicológica profunda, y se insinúa ya la nueva actitud frente al modelo
y la incorporación de elementos lineales. De esta serie de sus retratos últi­
mos es el que vemos con más gusto porque traspone lo individual, lo
ahonda y lo supera para ofrecerlo en la universalidad de un tipo. En los
Retratos de J. P. Ramos, C. Delcasse, en los Bustos de A. L. Palacios, y
de E. J. Farrell —también en sus relieves —agranda el volumen, sin alcan­
zar por esto monumentalidad, transcribe particularidades accidentales del
rostro y los ropajes que muchas veces no se justifican plásticamente y em­
pequeñecen la forma. Veraz como retratista, la forma es correcta pero
ingrávida. Falta el brío que haga universal el aliento, respira simplicidad,
provincianismo; lo espiritual se ahoga en el sentimiento desarraigado,
fácil y queda sin trascender el mero plano de lo individual.
A licia P uente

8

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N

U

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O

Yrurtia tuvo que desentrañar al hombre en medio del desconcierto de
una época en la que sólo los genios pudieron encontrar un derrotero
firme. Se debate en la batalla del romanticismo, el impresionismo y el
simbolismo por una parte, y el renacimiento clásico en la grandeza de lo
monumental y como necesidad de orden, por otra.
Del impresionismo queda esa búsqueda de los efectos de luz y sombra con
el consiguiente peligro del mero movimiento superficial y el estatismo
de la masa; del romanticismo, la búsqueda continua del movimiento: no
hay en su obra desnudos en reposo, en casi todas sus figuras predomina el
dinamismo temático. Algunos de sus títulos hablan asimismo de la in­
fluencia no siempre conveniente de la literatura en la producción plás­
tica: Despertar de dioses, Crepúsculo de las vírgenes o El dolor humano
inspirando al poeta.
No es posible estudiar los desnudos de su obra sino en función del todo.
En el Canto al trabajo catorce desnudos se presentan en dos grupos plás­
ticamente vinculados por un paño que, además de solucionar la unidad
sentimental entre las figuras, produce una sensación tan intensa de cla­
roscuro como para que algunas formas desaparezcan en la sombra. Los
personajes se alejan así de lo real y tangible, y bordean por su factura
un terreno no muy escultórico, obedeciendo a un juego dinámico que
compite a la pintura en la representación de lo momentáneo. El primer
grupo se titula El esfuerzo común: en estos desnudos se impone la apa­
riencia óptica y gracias a su técnica impresionista el ojo persigue a tra­
vés de salientes y hendiduras el movimiento fugitivo en una dinámica su­
perficial que, al no estar apoyada en la tensión de la masa, agobia y
oprime a las figuras. Se observa una marcada diferencia con la factura del
otro grupo, El Triunfo. Es posible que ésta haya sido la intención de
Yrurtia si como opinan sus biógrafos, el sentimiento de culpa está ligado
a la idea de trabajo; si ha de entenderse de este modo, El triunfo signi­
ficaría la liberación de la culpa. Este punto de vista interpretativo puede
9

�ser objeto de polémica pero es interesante destacar que eí modelado de
este último grupo responde a una nueva idea, las figuras se adelantan y
se yerguen, los fuertes efectos de luz y sombra desaparecen, el modelado
con la mayor sobriedad de recursos corporiza la masa. Podemos dividir
este grupo con fines didácticos en dos partes: componen la primera el
hombre, la mujer y los niños que encabezan la totalidad; la segunda,
el conjunto de seis figuras en las que domina el claroscuro con el recurso
del paño, el modelado es más sintético, también más blando siendo las
formas menos individualizadas y al mismo tiempo confusas a causa de
los escorzos. Este movimiento humano bastante impreciso constituye el
enlace entre los extremos, los desnudos se combinan en forzadas actitu­
des que en suma son las que establecen las diferencias, pues examinando
las figuras con exclusión del elemento pintoresco, surge entre unas y otras
una similitud tan notable que oscurece la significación del mensaje que
cada una llevaría en sí. La figura de El triunfo es un desnudo de pie con
los brazos extendidos. Es la figura clave del monumento, a mi juicio no
resuelta en todos sus perfiles: a los brazos, el vientre y el tórax les falta
la potencia que necesita su desafiante actitud; de perfil, los brazos se ven
rígidos, faltos de vida con una tiesura en desacuerdo con el rostro. La
mujer que se adelanta repite la concepción escultórica de las otras dos
mujeres que integran el grupo central, en ella las curvas se hacen más
armoniosas, la luz resbala por zonas más amplias, y se adivina ya la tierna
sensibilidad que deleita en algunas de sus cabezas de mujeres y niños, y
en el desnudo Diana del museo Yrurtia, posiblemente boceto de esta
figura en que logra dar una nota más acabada de femenina intimidad.
El sentimiento que encauza en sus desnudos anteriores, o el que desborda
en el grupo central del monumento, de un romanticismo manifiesto está
limitado por una construcción más racional, con mayor valorización de
la forma como principio y fin en sí misma —valorización naturalmente
relativa que va unida a su admiración por el renacimiento clásico— en
el Combate de Box. Este grupo de dos luchadores está concebido para ser
visto de frente, ya que Yrurtia ha restado importancia a la espalda, des­
cargando toda la tensión en el torso, brazos y manos; las piernas y los
pies en cambio son débiles, y con esta desestima voluntaria de la propor­
ción vuelca en sus figuras todo el sentimiento que ha querido restringir
en el esquema previo. En este caso su amor a lo clásico le hace preferir
10

�����los planos tranquilos y evitar los elementos pintorescos, pero si las formas
adquieren corporeidad las figuras se estatizan y algunos volúmenes des­
cuidados en su modelado, como las piernas por ejemplo, se recortan y
aplastan peligrosamente.
Para completar este estudio, uno de sus desnudos más logrados:
La Fatalidad del Monumento a Borrego. La virilidad y la fuerza, el mo­
delado firme y sobrio, dejan adivinar un concienzudo estudio de la figu­
ra humana; las dudas en la realización —que se evidencian en toda su
obra— aparecen aquí en vías de superación. El tronco en esta figura de
pie se adelanta sobre vigorosas piernas en tanto que los brazos se arquean
como ramas por encima de la cabeza. Esta figura parecería hija de una
idea coherente que se materializa en vibración más profunda de la masa.
Haciendo caso omiso de la serpiente que envuelve a la figura y limitán­
donos al desnudo, hay que confesar que es ésta una de las obras en la
que se lo percibe auténticamente libre de la lucha que lo domina en toda
su producción; se lo ve más seguro de sí y por tanto más equilibrado y
expresivo.
En El pueblo de Mayo en marcha y en dos Fantasías sobre la música de
Wagner busca como Rodin las figuras cpie emergen o se hunden en el
bloque. Estos desnudos están muy lejos del temperamento de Yrurtia,
y por eso en vez de constituir una armonía dinámica y aprovechar del
tecurso para sensibilizar hombre y piedra, se amalgaman, se entrecruzan,
se hunden o se ahogan en un bloque sobre el cual aparecen extrañas o
aplastadas.
Este es en síntesis el esfuerzo de un hombre que alejado durante muchos
años del país y luego en él, estudia arduamente en medio de las más
fuertes corrientes artísticas, deseoso de encontrar la expresión plástica que
escriba la última palabra de su drama espiritual.
A malia J ob-Istuf.ta

n

�EL

MONUMENTO

A DORREGO

El análisis de la estatua al General Dorrego de R ogelio Yrurtia, empla­
zada en la pequeña plazoleta en la intersección de las calles Suipacha y
Viamonte, nos ha de de servir para determinar en qué medida es justa la
calificación de naturalista, neoclásico o barroco que se ha hecho del
escultor.
Sobre un basamento de ocho metros aproximados de altura, a cuyos flan­
cos están agregadas dos figuras alegóricas —La Fatalidad y La Historia—
la estatua ecuestre se yergue guiada por la efigie de La Victoria. Si el
espectador observa con detenimiento el conjunto, buscando los puntos
de vista en que las figuras se ensamblan con mayor unidad, encontrará
que los perfiles fundamentales son aquellos que condensan los distintos
impulsos del animal. Tanto el frente como el perfil izquierdo marcan el
impulso hacia adelante: una pata delantera se extiende hacia atrás, la
otra se flexiona en ostensible curva, mientras la cabeza permanece reco­
gida. El animal se recuesta sobre la figura alegórica, como si el impulso
hacia adelante hubiera necesitado de ella para no llegar con un gesto
exagerado más allá de los límites de la estabilidad. En cambio el perfil
derecho traduce la fuerza reunida en la parte posterior del caballo por
la pata delantera bien apoyada, la trasera opuesta que se estira hacia atrás
y el cuerpo de la Victoria que nuevamente sirve de sostén. Si por un
lado ésta es su misión dentro de la composición, por otro empobrece la
expresión plástica ya que no permite recomponer la figura en su totalidad.
Abundamos en estos detalles descriptivos porque constituyen los elemen­
tos de observación necesarios para la valoración de la obra. El hecho de
tratarse de una estatua ecuestre facilita el juicio, pues las exigencias de
este género escultórico han sido ya repetidas veces delimitadas. La esta­
tua ecuestre supone un retrato, cuyo contenido individual ha de tami­
zarse para hacer confluir todos los elementos en aquel que determina un
carácter: la dignidad heroica. De ahí que la figura humana sea sólo una
parte del conjunto plástico que forman caballero y caballo. Si recorda­
mos las estatuas ecuestres consagradas, todas tienen un carácter común
que es al mismo tiempo un valor: nada interrumpe la unidad entre
jinete y cabalgadura, como si de ella surgiera con mayor firmeza el ca16

�rácter aludido. Yrurtia al incorporar un tercer elemento —La Victoria—,
aunque él desempeñe un papel de verdadera columna, empobrece la ex­
presión ya que impide la recomposición del conjunto con la misma po­
tencia en todos sus perfiles. Además crea con las alas extendidas com­
plicados ritmos que no llegan siempre a organizarse. El Alvear del es­
cultor B ourdelle, emplazado también en nuestra ciudad, tiene en cam­
bio la potencia del gesto que proviene de la actitud general, sobre todo
del estar plantado el animal sobre tres patas, mientras la delantera reco­
gida forma un hueco que se opone al que en la parte posterior forma la
cola flexionada.
Los elementos analizados del Dorrego, ¿qué actitud estética configuran?
En principio ni naturalista ni neoclásica, porque si bien el modelo na­
tural está siempre presente con su exigencia de forma, hay indicios que
nos obligan a emparentarlo con un barroquismo moderado. En primer
lugar, porque existe una desplegada energía en el gesto; luego, porque
hay una excesiva incorporación de espacios especialmente apreciados en
la visión lateral derecha que al alternarse con los volúmenes plenos agre­
gan a la obra dinamismo plástico; sumemos también la expresión de los
ritmos creados por el ala desplegada y la pierna derecha y la pata del
animal, y del otro ritmo paralelo del cuerpo de La Victoria, la pata de­
lantera y la trasera izquierda. Si aún tenemos en cuenta ciertas defor­
maciones —por ejemplo, las manos de la figura que encarna La Historia,
su ancho cuello ¡rronunciado en el movimiento de la masa— debemos con­
cluir que no es posible admitir a Yrurtia dentro de los límites estrictos
de un naturalismo. En cambio ayuda a la definitiva afirmación de neobarroco la colocación junto al basamento de La Fatalidad y de La Historia,
no por la realización plástica, sino por lo que supone la inclusión en una
estatua ecuestre de figuras alegóricas, con las cuales siempre se alude no
a la cualidad esencial del heroísmo sino a las circunstancias históricas
que en este caso determinaron un destino.
Yrurtia tampoco es un espíritu neoclásico, porque no busca la pura
verticalidad y estabilidad. Así lo indica la posición de la figura alegórica,
la actitud del caballo, la desplegada energía, el choque de determinados
elementos, el arabesco amplio que forma la curva del anca y del cuello
del animal en franca oposición con la recta de la pata extendida. Todo
esto no conforma una unidad armónica de tipo neoclásico.
17

�Los elementos de juicio que derivan de la apreciación del modelado lo
acercan decididamente hacia un naturalismo sintético porque los volú­
menes se articulan para marcar las formas naturales sin abundar en
detalles. El Alvear de B ourdelle puede servirnos una vez más para acla­
rar el concepto. El modelado de esta última estatua no es naturalista,
porque los ritmos que se aprecian a simple vista no proceden de la
observación de los detalles naturales, sino que el escultor se sirve de ellos
ordenándolos de acuerdo al esquema mental que le ha parecido más
expresivo. Aquí los surcos de sombras ahondan la energía de los múscu­
los; la misma concepción de las crines y la cola en base a surcos y volú­
menes sintéticos indican una reducción conceptual de la masa. La forma
se enriquece así por el modelado en grandes planos.
El modelado de Yrurtia en la estatua aludida siempre es naturalista, y
además es un modelado de la masa escultórica al mismo tiempo que de
la superficie. Con él subraya las actitudes generales: por ejemplo, cuando
tiene que acentuar la energía del animal; o cuando lo emplea delibera­
damente reducido a planos para recalcar la actitud firme y estática del
jinete en oposición con el caballo. Pero no siempre acomoda el modelado
con la actitud en un todo coherente: en la figura de La Fatalidad hay un
choque entre el estatismo de la actitud y el pronunciamiento de los
músculos en marcada actitud de esfuerzo.
La imposibilidad de clasificar a Yrurtia no supone negarle verdaderos
valores de escultor. Ante todo, porque a través de la obra analizada se
adivina la exigencia que sintió siempre de redescubrir la naturaleza en las
nuevas formas creadas. Supo ponerse en contacto directo con el modelo
vivo, eliminando los peligros del academismo estéril que ahogaba a las
escuelas de su época. Superó así la costumbre de circunscribir la crea­
ción desde su nacimiento a las fórmulas previas que siempre dan como
íesultado obras vacías de emoción y de invención artísticas. Pero éste
que fué su gran mérito fué también traba que le impidió explayar su
fantasía. Porque contenida su pasión por el modelo vivo, no supo con­
cebir fuera de la naturaleza, y en obras como el Monumento a Dorrego
no fué capaz de traducir con fuerza todas las posibilidades que encierra
la idea pura.
B lanca Stabii.e.

1S

�EL M O N U M E N T O

A R I V A D AV I A

El Monumento a Rivadavia se levanta en la Plaza de Miserere. Yrurtia
nunca pensó en este emplazamiento, buscaba un lugar más recogidó; pero
después que las autoridades nacionales decidieron el lugar, Yrurtia trató
de corregir la mala ubicación y trazó un “Proyecto de transformación
de la plaza Once de Septiembre - 1932”, en el que cortaba la enorme
longitud del eje mayor de la plaza, colocando dos fuentes a cada lado
del monumento; en esta forma las visuales largas eran interrumpidas y
sólo se apreciaba el monumento después de haber circundado las fuentes.
Podo el conjunto se cerraba por medio de cercos vivos de laurel de dos
metros de alto por tres de ancho; con este cerramiento se conseguía un
menor cubaje de aire y una aislación de la edificación circundante. Esta
reducción del cubaje de aire era muy necesaria porque aun cuando la
forma total del monumento es geométrica —una mastaba en síntesis— lo
que sería indicado para un punto de vista lejano, el tratamiento del
moldurado y la decoración escultórica achican su escala y crean a la
distancia la impresión de una pieza cincelada.
Yrurtia al realizar el monumento no consiguió unificar la escultura en
bronce con la piedra. El modelador del metal, el poeta de la superficie,
no tradujo su ritmo emocional a la piedra. El granito reacio a ser
esculpido con sentimentalidad, conservó la nostalgia ele lo muerto antes de
nacer, la escisión lacerada de la cantera. El soplo humano del artista
no logró hacer vibrar el material pétreo, chocó con las formas más abstractas
de la arquitectura y a pesar de la escultura en piedra no consiguió
humanizar el mausoleo. Pero esta inadecuación de arquitectura y escul­
tura es producto de un momento de transición por que pasaba el mundo,
19

�las ideas sobre nuevas formas arquitectónicas pertenecían a unos pocos
—los ingenieros eran los creadores del momento—. Es difícil pedir a un
artista educado en un medio romántico que volviese su mirada a nuevas
formas expresivas. Su respeto casi religioso por las formas clásicas lo
inhibió para derramarse emocionalmente como lo hizo con la escultura.
Porque si creyó proseguir con una línea tradicional, lo consiguió en el
oleaje romántico de su escultura y no en las frías aristas de sus molduras
de piedra. En su arte, la escultura, podía nadar libremente, elegir cual­
quiera de los caminos radiantes que lo conducirían sin tropiezos a la
periferia de su ambición creadora. Siguió el camino del sentimiento, el
más auténtico para su medio y su personalidad, pues si bien su educación
artística se completó en Europa, su alma ya estaba marcada con el despertar
de la romántica gran aldea, donde aún resonaban las estrofas de Mármol.
En las solitarias figuras de bronce del monumento corre algo de aquella
declamatoria patriótica.
El basamento del mausoleo está resuelto con una curva simple y fuerte;
la parte superior que evoca los dólmenes, es una ancha tapa horizontal
soportada por cariátides en cuclillas. Si se hubiese hecho omisión de las
molduras clásicas y de la escultura en piedra (aunque con ésta se per­
sigue una modulación de la sombra) se hubiera conseguido mayor fuerza
dramática al adquirir la sombra más profundidad. Las fachadas de las
figuras son las más logradas. De mayor amplitud en la superficie, la
horizontalidad se acusa más y crea una sensación de serenidad y reposo
en tanto que las figuras de bronce se destacan sobre el granito gris y no
interfieren en la separación de base y tapa. No ocurre lo mismo en las
fachadas de las puertas pues allí se produce un dinamismo formal debido
a la interpenetración de volúmenes, con lo que la idea de los planos lisos
y sombras horizontales se pierde al agrupar mayor cantidad de elementos
escultóricos en menor espacio.
¿Cuál fué la idea que llevó a Yrurtia a colocar las figuras de piedra
por debajo de la parte superior? Por su posición y postura parecerían
cariátides; pero su tamaño es demasiado pequeño para ser un elemento
constructivo. En el caso de que fuesen solamente decoración, su forma
no dejaría de recordar a las cariátides aunque sin cumplir la función
arquitectónica que les corresponde: la de sostén.
Sobre el eje menor del monumento se ubican las dos figuras de bronce,
el Moisés y La Acción, y en ambas se adivina la idea generadora: plasmar
20

�en el metal un símbolo, y para esto Yrurtia se vale tanto de medios plás­
ticos como temáticos. El Moisés está modelado con justeza naturalista,
cargada de sentimiento; si en la cara alude mediante rasgos trágicos a
las vicisitudes de la ley, en el resto del modelado se libera de este sim­
bolismo casi retórico para adquirir plasticidad emotiva. Las piernas rígidas
y el torso levemente inclinado hacia adelante son las líneas que componen
la figura y le infunden una actitud contenida. El pathos se genera por la
combinación de estas dos líneas: las piernas cubiertas y enroscadas con las
cintas de las sandalias como forma detenida y presa, en contraposición
con el movimiento de avanzada del torso. Sin duda es el cuerpo, de la
cintura para arriba lo más logrado del Moisés; la mano izquierda sostiene
con abandono un papiro y la derecha se apoya con firmeza en las rodillas
en actitud de espera. La línea ondulante de los brazos atravesando la
comba poderosa de los hombros se expande palpitante por debajo de
la casaca. Yrurtia no ignora nada de lo que es humano, conoce sabiamente
el misterio de las actitudes, la presión de los dedos sobre la carne, los
cambios de dirección de los miembros, los músculos que caen laxos o que
se abultan debajo de la piel. Su voluntad de forma está dictada por lo
humano y el modelado sufre todas las alternativas y los sentimientos
contradictorios del alma.
En La Acción se descubre la fuerza contenida, alerta para disparar el
movimiento. El pecho prominente con una profunda inhalación, los puños
apretados, la cabeza levantada. La cara aparece limpia, delante de una
gorguera de barba, resumiendo todas las reacciones musculares de atención
a la voz de orden, modelada con una pasión impulsiva, casi convul­
sivamente.
Yrurtia no se vale de la deformación para dar énfasis a las figuras, busca
el acento en los diferentes ángulos de los planos generales y en los escorzos
imprevistos. Concebía la escultura a la medida humana —lo mejor de
su obra son la serie de cabezas y retratos donde podía ahondar con
sutileza y modelar con minuciosidad psicológica— pero al querer llevar
esa extremada sensibilidad plástica a las figuras gigantescas, éstas pierden
expresividad en razón directa de su tamaño. En apoyo de lo primero
también diremos que su escultura no soporta la luz potente del día porque
la delicadeza del modelado, los pasajes, las medias tintas, se pierden con
la luz violenta. Su escultura requiere la luz tamizada de los lugares cerra­
dos, lila y apagada del atardecer o el vaho de la madrugada. En cambio
21

�la paite arquitectónica gana en la luz solar con la dramática acentuación
de los volúmenes plenos.
Hay monumentos que hincan sus raíces en la tierra, que viven y se nutren
de una savia pétrea y secular que penetra lentamente por las moléculas
de mica, de basalto, de bronce, y aflora en las superficies de piedra y
metal y se transluce en las pátinas coloreadas, en el rubor callado de lo
inerte. Algunos, como la pirámide de Keops, han 'transformado su
subsuelo en conglomerados de su propio mineral, transmutando la gres
y arena del desierto en nervudos cimientos calizos. Otros, como la estatua
ecuestre de Marco Aurelio, parecen arrojados desde las profundidades
cenitales haciendo centro en un blanco preparado por el hombre, y
se clavan como un afilado meteorito. Jugos vitales los recorren y a pesar
de la destrucción del tiempo, de las lluvias, de la erosión del viento,
de las pasiones y olvido de los hombres, cada amanecer atisban con sus
aristas los rayos del sol, con un impulso vegetal, como los cedros del
Líbano, los pinos de Italia y las cequoias de California.
El Monumento a Rivadavia permanece aún apoyado en el suelo; el tiempo,
la Tierra y el hombre decidirán de él.
Samuel F. O uver

22

�Canto al trabajo

Detalle

�Serenidad

�C a r t a

s o b r e

e

y anglosajonas, con un interregno en París, haciendo los mayores es­
fuerzos por comprender el expresionismo. Escribo ahora algunas refle­
xiones sobre este movimiento de estructura tan compleja, apenas llegado
a un país que también tiene su expresionismo. Pero no me voy a referir
a éste, sino al de Europa, al que germina y se desarrolla en Alemania
principalmente, antes de la primera guerra mundial, y rebrota, por así
decirlo, en casi todos los países de aquel continente. Porque lo curioso
de este movimiento es su aparición en diversos momentos por todas
partes. Y digo curioso, porque no obstante esa propagación está muy lejos
de señalar la tónica del siglo. Pienso por el contrario que lo que se ha dado
en llamar expresionismo, entre otras razones porque no se lo ha sabido
denominar de otro modo, es apenas una máscara tras la cual ha de
descubrirse, so pena de caer en el engaño que toda máscara implica, las
más informes voluntades expresivas de nuestro tiempo.
Esto tiene que ser aclarado. Al referirme a los fauxies, quienes a su modo
también fueron expresionistas, en un artículo publicado en el número
16 de V er y E stimar, destaqué en ellos la búsqueda irrazonada de la
objetividad, punto de partida de un proceso que iba a ser después de
voluntaria racionalización de la sentimentalidad. El entusiasmo por el
arte negro no respondió en un M atisse, un V laminck, un D erain, más
cjue al descubrimiento de la manera como se podría romper el círculo
de hierro del romanticismo. Es cierto que fué una ruptura que condujo
a la creación de una nueva línea romántica, esta vez más sensorialista que
25

�sentimentalista, pero no es menos cierto que gracias a los fauve-s pudo
surgir el cubismo y que éste significó un paso de enorme avance en el
empeño de constituir el lenguaje de nuestra época. Ahora no quiero
repetirme, de modo que aconsejo a los lectores la relectura de aquel
trabajo como premisa de las nuevas meditaciones que publico.
El expresionismo alemán nació muy poco tiempo después que el fauvisme. No quiero discutir aquí el problema de una posible influencia
del movimiento francés; me interesa más señalar sus divergencias, no
obstante la común sobreestimación apasionada del arte de los pueblos
primitivos de Africa y Oceanía. En primer lugar, el fauvisme enfrentó
al impresionismo, en tanto que el expresionismo fué en Alemania una
consecuencia natural del impresionismo. Esto se debió al hecho notorio
de que los impresionistas alemanes —C orinth. L iebermann, Slevoht—
nunca fueron verdaderamente impresionistas, empleando tan sólo algu­
nos procedimientos técnicos del impresionismo pero sin comprender el
alto valor lírico y objetivo de las tendencias francesas. Para aquellos fué
una manera de liberar las fuerzas de la pasión constreñidas hasta en­
tonces por el academismo neoclasicista primero y por el naturalismo
después; fué un modo de retornar a las fuentes tradicionales del germa­
nismo y de atar la expresión entonces actual con la expresión que a lo
largo del barroco, el gótico, el romántico, el otónico y el arte de los
bárbaros tenía siglos de desarrollo auténtico en aquellas tierras. Mien­
tras los fauves se inspiraban en el arte de los pueblos primitivos impul­
sados por una potencia rítmica capaz de destruir en apariencia los signos
de la individualidad para terminar en formas de coherente sentido uni­
versal, sea el cubismo, sea el arte de Matisse, los expresionistas alemanes
del norte, los del grupo Der Briicke de Dresde, tendieron a una exalta­
ción tal del sentimiento como para fundamentar una tendencia indivi­
dualista y nacionalista. Éste es el hecho a mi modo de ver esencial, del
que derivan todas las diferencias que se pueden anotar entre el fauvisme
y el expresionismo. Mientras unos se valen del primitivismo y del ritmismo para realizar una faena de depuración de la sensibilidad, los otros
se entregan a fondo, sin ironía, tratando de ser verdaderos primitivos,
nada intelectuales pero al mismo tiempo con una vaga aspiración a la
universalidad. Bastará una comparación somera de M atisse, V laminck,
Van D ongen, D ufy , por una parte, con K irchner, Schmidt-R ottluff,
26

�KARL SCHMIDT-ROTTLUFF:
San Francisco.

�H eckel, N olde, por otra, para que se comprenda este sentido antinómico
de expresiones que a primera vista parecen similares.

Contribuye a aclarar este problema el examen de los antecedentes. Por
un momento pareció importante la influencia de V an G ogh y G auguin
sobre los fauves, pero ahora se ve claramente que la del primero se ejer­
ció superficialmente sobre los menos talentosos y la del segundo fué
profunda sólo en los N abis. La influencia esencial fué la de C ézanne.
Lo que más me ha sorprendido, en cambio, al estudiar en museos y
colecciones privadas las obras de los expresionistas alemanes es la evi­
dente procedencia gauguiniana de éstos, a veces por la vía indirecta de
E dvard M unch , así como la influencia del suizo F erdinand H odler,
amén de la raíz pseudo impresionista aludida. Puedo explicarme este
hecho cuando pienso que el expresionismo alemán se ha realizado ple­
namente sólo en las manifestaciones gráficas. Lo que vieron los expre­
sionistas alemanes en Gauguin, Munch y Hodler, lo que sintieron en
Corinth sobre todo, fué la expresividad del trazó, el modo de exteriori­
zar con él una potencia anímica desatada. No hay que engañarse con
los excesos cromáticos de Nolde y de los demás componentes del grupo
de Dresde: forzaron la nota de color por la necesidad que sentían de
apoyar más todavía la fuerza deformadora del trazo y nunca dejaron por
ello de hacer dibujo coloreado, esto en el buen sentido de la expresión.
De aquí procede ese carácter caligráfico que tiene todo el movimiento,
ese lenguaje de signos que tanto sorprende al occidental latino, acostum­
brado como está a dar cuerpo a la forma, para que en la alusión del
signo, no obstante su espiritualidad, haya siempre la presencia del objeto
físico que lo incluye.
Cuando se estudian los cuadros fauves entre 1905 y 1910 el latino está
dispuesto a ver una revolución en el empleo de la pincelada suelta con
la cual dibujaban los pintores formas de un dinamismo que parecía
extremadamente desmaterializado. Pero cuando se los comparan con los
cuadros de los expresionistas, se comprende que son éstos y no aquellos
quienes llevaron a sus últimas consecuencias, en su momento, el proceso
de despojamiento de materia. A la inversa, mientras los fauves primero
y los cubistas después nos fueron acostumbrando a una especie de odio
por todo lo que pudiera significar empequeñecimiento individualista,
como tema o como sentimiento, los expresionistas no desdeñaron, más
2*

�bien exacerbaron, la posibilidad de valerse de todos los medios, inclusi­
ve los alegóricos, para cumplir con el fin de exaltar la individualidad.
Este modo de ser germánico que tiene tantos antecedentes en la histo­
ria explica otro carácter importante del expresionismo. El fauvisme anun­
ció la gran conquista que iban a realizar los cubistas: la independencia
del plano como elemento de expresión. Y con el plano los cubistas ascen­
dieron de la reconstrucción de formas naturales —los primeros paisajes
y figuras de Picasso y Braque— a la creación de estructuras líricas, en la
gran etapa que transcurre entre 1910 y 1914. Es cierto que el plano ya
permitía esquivar las exigencias del naturalismo pero no esquivaba, pre­
cisamente por ser un plano, las exigencias de un relativo materialismo
que se observa en la solución todavía de compromiso que los cubistas
dieron al problema del espacio. Como consecuencia ineludible, si bien
introdujeron el movimiento, nunca pudieron superar esa densidad del
plano que se traduce en valores de estatismo. Ni siquiera el brote italia­
no del futurismo o el brote francés del orfismo, a pesar de que hicieron
del movimiento su bandera de combate inclusive contra el cubismo, de­
jaron de valerse del plano que tiene dimensiones materiales y del color
que no puede escapar a una solicitación vehemente de la sensualidad.
Por eso, a mi juicio, cubismo, futurismo y orfismo, los tres grandes mo­
vimientos latinos del siglo, no llegan sino a soluciones intermedias en
lo que se refiere a la conquista esencial de nuestro tiempo: la posesión
del espacio, lo mismo en la arquitectura, en la escultura que en la pintu­
ra. Porque el espacio de unos y otros sugiere siempre una dependencia,
por remota que parezca a veces, de las tres dimensiones de la geometría
euclidiana, y porque también es construido con elementos —planos—
que no dejan de ser cuerpos. Porque en tales espacios el movimiento
sufre la necesaria contención y las formasno pueden disparar hacia un
infinito de dimensión poética.
Veamos ahora qué es lo que ha ocurrido con los expresionistas alemanes.
Casi todos ellos se agotan rápidamente en el círculo vicioso de su primi­
tivismo, falso porque le faltó ironía y por su cerrado carácter nacionalis­
ta. Se podrá preferir a Kirchner y a Schmidt-Rottluff, pero ni ellos ni
Emil Nolde, a quien muchos suponen el más grande, han podido evitar
la reaparición del romanticismo en sus obras, a veces con notas de vulga­
ridad inexplicables. Sin embargo, esa tendencia a transformarlo todo en
29

�trazo y signo de emoción, empleando el color como relleno y sólo de
modo verdaderamente feliz en la acuarela, lo que también constituye un
índice, hace que ahora, una vez terminado el movimiento, se le reconoz­
ca un planteo de enorme importancia. Sobre todo en los grabados se ve
que la expresión se libera de toda adhesión a lo material y no obstante
el resabio representativo, hasta pintoresco a menudo, se vive una atmós­
fera cargada de solicitaciones metafísicas. De este modo se advierte un
principio de superación del materialismo latino que fué desarrollado por
artistas no alemanes pero procedentes del expresionismo alemán: Kandinsky y K lee, amigos desde los tiempos heroicos de Der Blaue Reiter
en Munich hasta los tiempos no menos heroicos de la Bauhaus, de W eimar y D essau y P iet M ondrian. Son muy diferentes entre sí, pero los
une a mi juicio, además de la idéntica procedencia expresionista, algo
que han comprendido todos los jóvenes vanguardistas del mundo al re­
estimarlo calurosamente: la dinamización poética del espacio.
Cada uno de los tres vió posibilidades distintas en el expresionismo ini­
cial y cada uno después de haber sufrido superficialmente la influencia
del cubismo volvió a las posiciones de origen para continuar su desen­
volvimiento propio. Kandinsky fué el más expresionista de todos y algu­
nos cuadros de su etapa muniquense lo presentan como un expresionista
cumplido. Pero como él mismo lo ha confesado desde sus días de estu­
diante le preocupó dominar el dibujo y todos sus esfuerzos tendieron a
lograr ese dominio. Por eso en todas sus etapas se ve como a medida que
va dominando la línea, sus formas van ganando en pureza, hasta llegar
a transformarse en signos. La misma tendencia a confundir la pintura
con la música, su permanente búsqueda de la simbología y la afirmación
nunca desmentida por él de que el artista expresa sólo su individualidad
profunda, lo presentan como un expresionista. La gran novedad de su
obra se advierte en el austero despojamiento de todo lo anecdótico y
trivial y en el logro de una pureza que conmueve no sólo por lo que
dice y es, sino por lo que anuncia, rasgo éste también de un expresionista.
Paul Klee, en cambio, tuvo contactos más efímeros con el expresionismo
y partiendo de una concepción naturalista buscó un tipo de pureza me­
nos ambiciosa, más urgido por una necesidad personal de ser auténtico
que por una urgencia verdaderamente estética. Kandinsky fué más pen­
sador, Klee más fiel a sí mismo; uno se preocupó de solucionar los gran30

���OSKAR KOKOSCHKA:
El reposo después de la huida.

GRAHAM SUTHERLAND:
Desvastador).

�PICASSO:
Mujer con niño muerto.

JAMES ENSOR:
La intriga.

�des problemas del arte, el otro los pequeños problemas de su mundo de
imaginación. Pero dejando de costado el problema de las diferencias me
interesa destacar que la dura cuesta que lentamente va subiendo Klee,
hacia una simbología plena del misticismo del primer día de la creación,
lo lleva sin quererlo tal vez hacia las fuentes primeras del expresionismo.
Sus imágenes siempre inéditas, en las que se van descubriendo dimensio­
nes de poesía sorprendente, sublimación del repertorio de gestos más
cotidianos sin embargo, se me aparecen como la etapa final de aquellas
groseras estampas que los expresionistas alemanes concibieron entre los
comienzos del siglo y el estallido de la primera guerra mundial. Kandinsky supo transformarla por obra de su inteligencia lúcida no conta­
minada por su capacidad eslava de intuir profundidades, dotándola de
un cuerpo rígido y líneas de movimientos que se posesionan del espacio
con una seguridad que nunca presintieron los románticos ochocentistas,
enamorados del mundo estelar. Porque en las grandes composiciones de
Kandinsky hay una seguridad de mecanismo estelar, como si él hubiera
sido capaz de crearlo con la potencia de su imaginación y de su intelecto.
Klee supo transformarla por obra de su sensibilidad controlada en signos
de todo lo que no es trivialidad: los pájaros y las plantas, los hombres,
las mujeres y los niños, los objetos comunes y los fantásticos, el paisaje
de fuera y el paisaje de dentro, las formas estremecidas de la pasión y
las severas de la geometría, un compendio universal de lo humano y lo
divino, todo lo supo presentar en telas o papeles de pequeño tamaño,
llenos de signos, donde hasta el color tiene siempre en sus obras una
rara potencia de signo. ¿Qué hubiera sido de él sin esa gigantesca expe­
riencia de anticipación del expresionismo alemán y del dadaísmo, otro
movimiento germánico que lo nutrió? ¿Habría podido osar la gran aven­
tura de decir quedamente lo que sabía y sentía acerca del mundo? Qué
hubiera sido de Kandinsky quien a pesar de la rigurosa formulación ma­
temática de sus composiciones, supo mantener un tono de vibración
interior que es producto sublimado del expresionismo.
La grandeza de un movimiento artístico en época de búsqueda se mide
por sus consecuencias. El expresionismo alemán amorfo en su constitu­
ción y pobre en su fundamentación filosófica, lo que no deja de ser
extraño en la tierra de la filosofía, carente de figuras de gran relieve,
encerrado en un círculo vicioso, engendró sin embargo una concepción
35

�de la pintura que hoy se nos presenta como la más acorde con nuestro
futuro. Porque en lugar del plano liberó el trazo y porque concibió el
espacio como un infinito; porque en lugar de la pintura como cuerpo,
introdujo la idea de la pintura como signo. Pero su aporte apenas pre­
sentido se detiene en los límites de la expresión personal. En este sentido,
fauvisvie y cubismo por una parte, expresionismo por otra, llegan en el
período comprendido entre las dos guerras al agotamiento, después de
haber proporcionado los mejores frutos que pudieron esperarse. Enton­
ces comienza la segunda etapa del proceso, la que estamos viviendo, du­
rante la cual los espíritus más avisados se lanzan con reposo y medida
—sin la desesperación de visionarios como a principios del siglo— a la
invención de formas que no sean expresivas del mundo personal, como
las querían Kandinsky o Klee, sino de un alma en gestación a la que
provisoriamente no puedo llamar sino colectiva.
En esa faena nadie ha contribuido de manera más fecunda que Mondrian,
cuyas relaciones con el expresionismo quiero fijar. Acabo de ver una ex­
celente exposición de obras suyas, en la galería Sidney Janis de Nueva
York, y esta nuevá visión de conjunto me fortalece en mis ideas. Al
comienzo Mondrian es un expresionista, claro está sin la desmedida po­
tencia germánica: en esos ahincados estudios del árbol que constituyen
su punto de partida, se nota el esfuerzo por expresar con las ramas sin
hojas, un ritmo interior, de energía anímica individualista. Ya entonces
le domina el trazo y su desenvolvimiento se produce en el sentido de
una progresiva desmaterialización, buscando sin duda transformar la pin­
tura del objeto árbol en la de un objeto estructural que todavía lo
recuerda. Se puede conjeturar que si Mondrian no hubiera salido del
círculo expresionista de su país, dominado por el recuerdo de Van Gogh,
acaso hubiera seguido el mismo camino que los alemanes y como ellos
se hubiera ahogado en esa terrible paradoja de querer exaltar lo más
hondamente personal con el elemento expresivo más universal, la línea.
Pero hace un viaje a París y al descubrir a Picasso y Léger —obsérvese
que no le impresiona Braque sino los cubistas más objetivos— halla el
modo de superar la paradoja sin caer en la composición con pequeños
planos y aprovechando en cambio de los grandes planos. Su descubri­
miento de que la pintura puede reducirse a un sistema de rectángulos,
cuya expresividad deriva de la proporción con que están relacionados,
36

�I

ERICH HECKEL:
Dos hombres en una mesa.

�procede del cubismo y por tanto es un producto que puede considerarse
mediterráneo si se piensa en los dos puntales de aquel movimiento,
Cézanne y Picasso, pero su modo de ensamblar las líneas negras y las
zonas de color contra los fondos blancos, modo con el cual supera el
materialismo de la pintura de aquellos, al mismo tiempo que da forma
a la caligrafía vehemente de los germanos, procede del expresionismo.
De este modo Mondrian viene a realizar la primera síntesis de los dos
grandes movimientos que determinarán nuevos desarrollos.
El examen de los demás brotes expresionistas confirma mi tesis. Por lo
pronto del expresionismo austríaco en el que se han destacado siempre
los pintores más como dibujantes que como coloristas. G ustav Klimt
en primer lugar, capaz de construir formas muy severas y objetivas, de
tendencia rítmica en el plano, aunque al mismo tiempo modelara caras
con el detallismo preciosista de un pompier; luego, Egon Schiele, hom­
bre de talento extraordinario cuando cultiva la línea dura, angulosa y
fría tratando de resolver la antinomia movimiento-reposo al dar a cada
forma fijeza emocional y potencia de expansión, mas se pierde en estruc­
turas indecisas en cuanto pretende hacer color; finalmente O skar Kokoschka, quien descuella con más autenticidad en los dibujos y grabados
que en los óleos, no obstante el prestigio de que goza como pintor, por­
que su expresionismo a través de la materia no le permite espiritualizar
el movimiento. Ninguno de los tres por diferentes razones llega a pesar
en nuestro siglo, precisamente porque no se cumple en ellos ese desarro­
llo que advierto en los mejores expresionistas y porque ninguno de los
tres pudo superar la tradición de sensualismo barroco d:l país de origen.

Si se trata del expresionismo español tal como lo encarnan I sidre N onell
y P icasso se observa la misma tendencia a poner el acento en la dinámica
de las líneas y cuando no lo hacen, o cuando la línea obedece a una
concepción formal de volumen, es cuando retroceden. P icasso llega a la
culminación de su carrera cuando pinta Guernica en 1937 —acabo de
contemplarla y estudiarla detenidamente— porque en ella el trazo ad­
quiere la máxima potencia de expresión y la carne del color tiende a
desaparecer en la grisalla con que apenas lo apoya; luego ha sido incapaz
de continuar por la misma senda y aunque ha realizado muchas obras
valiosas en el orden persona!, se ha ido cerrando toda posibilidad de

�acceder a un arte limpio de contaminaciones individualistas, un arte de
mayorías que a mi modo de ver tiene que ser abstracto.
James Ensor, el más genial expresionista flamenco, realiza su más cum­
plida tarea en los grabados, pues cuando tiene el pincel en la mano cede
a la tentación sensual del color y la materia destruyendo el ritmo de
pureza que se le ve buscar con la línea. G ino Rossi el expresionista italia­
no, era sobre todo un dibujante, M ario Sironi flaquea en la madurez
de su expresión por la materialidad de su pintura. Y qué decir del único
expresionista francés de talento, de G eorges R ouault, que sólo llega a
ser profundo en las acuarelas de su juventud, en sus grabados en negro
y en algunos óleos, cuando deja que su emoción encuentre el modo de
expresarse con el grueso trazo negro que contornea sus formas.
También hay un expresionismo inglés, casi diríamos de última hora si no
fuera por el antecedente de W illiam B lake: el expresionismo de Francis
Bacon y G raham Sutherland. Aquel fué extraordinario dibujante,
mediocre pintor, y si no llegó a realizar obras más valiosas fué porque le
faltó contención y valor para soslayar la temática fantástica que le obse­
sionaba; pero en la potencia de su trazo puede hallarse más de un motivo
para ensalzarlo como precursor de una espiritualidad todavía contaminada
en su tiempo. Los otros dos son más ajustados y han sacado buen provecho
de una tendencia a encontrar el ritmo de la emoción en lo que podríamos
llamar la estilización del monstruo: Francis Bacon con energía dramática,
Graham Sutherland con gracia y ligereza. Desgraciadamente las obras
últimas no anotan progreso, porque los dos se dejan llevar por el deseo
de hacer una pintura de colorido sensible. El primero ahoga sus formas
sólidamente dibujadas tras cortinas de grises transparentes que destruyen
la idea plástica, y el segundo, después de una larga estada en el sur de
Francia, también por la influencia conjunta del paisaje y de Matisse,
incurre en cromatismo de buen gusto, amable y fino, de peligrosa trivia­
lidad. Más importante habría podido ser la transformación de B en
N icholson, medido expresionista en los comienzos y gran figura del
movimiento abstracto inglés desde hace dos décadas, un proceso que puede
recordar el de Mondrian, en algunos aspectos, pero ha quedado preso en
un sistema de formas derivadas del cubismo y tal es su desconcierto actual
que se le ve evadirse para realizar obras de escasa importancia.
39

�No pretendo en modo alguno que estas reflexiones escritas al correr de la
pluma tengan carácter de riguroso estudio. Trato solamente de anotar una
idea que me parece fecunda y de darla a los lectores en este estado de
primera germinación. Tiempo he de tener para retornar a ella, afinarla,
retocarla y hasta modificarla si fuera necesario. Entre tanto puede tener
el valor de una reivindicación, ya que el expresionismo es injustamente
olvidado y no se suele advertir cuán importante ha sido su planteo de la
creación plástica, ni siquiera por quienes han aprovechado de él.
J orge R omero B rest

Nueva York, marzo de 1951.

40

�R e f l e x i o n e s s o b r e la f ó r m u l a
e stétic a de L a u tr é a m o n t

Ella indica, ante todo, que el arte es combinación, lo que por cierto no
significa que toda combinación sea, por sí misma, Arte. Combinación y
armonía: combinación armónica de los elementos más dispares. Hacer
coincidir, en armónica unidad, elementos diversos y aún contrapuestos.
Eso es lo que quiere expresar la citada imagen. Esta combinatoria en­
garza perfectamente con una premisa ya clásica en la historia de la esté­
tica: la unidad dentro de la variedad, acuñada por la estética forma­
lista, y que se halla subyacente en A ristóteles y P latón.
Pero, como intuición pura de un artista, no se ciñe a una definición
abstracta y excluyeme. Dentro de la grosera materialidad de los elemen­
tos utilizados (como símbolos, lo que tiene asimismo un auténtico, abo­
lengo dentro de la estética), deja filtrar sutilmente las más amplias y
variadas interpretaciones. No importa que los objetos sean antiestéticos,
extraídos de una burda realidad. Basta que se realice con ellos una com­
binatoria en que armonicen y queden fundidos, para que esa unidad re­
sulte bella. Tendremos así una obra de arte. Y el que la logre será un
artista.
Las consecuencias que se pueden extraer de esa fórmula son muchas.
Ella nos coloca frente a uno de los problemas estéticos más debatidos:
41

�el n a tu r a lis m o . He aquí que plantea una saludable paradoja. Siendo una
definición fo r m a lis ta , desde que se basa en una pura combinación o
ju e g o fortuito de elementos inconexos, deja de ser exclusivista al contra­
poner el sentido formal —que puede degenerar en un p u r is m o peligro­
so— del arte, con objetos del más crudo y antirromántico materialismo.
No importan los objetos; éstos pueden ser reales o no serlo. Los objetos
son símbolos, utilizados sólo para dar esa impresión de armónica uni­
dad intuida por el artista. Lo interesante es que no excluye el natura­
lismo, como lo evidencian un poco brutalmente los objetos elegidos. Ella
abarca, pues, los más diversos y opuestos puntos de vista estéticos.
Lo que resulta esencial para el arte es la c o m b in a to r ia . Esto supera
la estrecha posición formalista. La combinatoria puede ser sólo formal:
combinación de líneas, cuyo resultado será el arabesco; de masas o volú­
menes, que nos darán la composición; o de luces y sombras (el claros­
curo) ; o bien de colores; o de luces, sombras y colores; o de color y
dibujo. Esto en cuanto a la pintura. Un similar análisis formal po­
dríamos efectuar con respecto a las otras artes. Cabe igualmente una
combinatoria en el c o n te n id o (que pondremos por ahora entre parénte­
sis por las razones que veremos más adelante); combinatoria de símbo­
los y objetos que impliquen ideas, sentimientos y pasiones. Cuando
mayor sea el número de elementos que entren en la combinación y más
perfectamente se realice la fusión, más rica en valores será la obra.
Esta fórmula se vincula asimismo con uno de los principios estéticos más
discutidos: el del arte como ju e g o . Aquí no se trata, como en Schiller,
del juego como forma libre, como excedente o expansión espiritual o
física. Como en el caso de la posición formalista, también aquí la fór­
mula de Lautréamont, bien interpretada, supera las objeciones. El juego,
se dice, halla plena satisfacción en sí mismo. Arte y juego, pues, son dos
cosas diferentes. Hay en esto una confusión psicológica. El placer o la
pasión del juego se deben a un factor externo: el azar, la incertidumbre
del resultado. Y cuando no priva el azar, sino la voluntad consciente
del jugador, interviene un factor también externo al juego mismo; la
persecución de un resultado práctico, con lo que se hacen a un lado los
elementos puramente formales que en cierto modo emparentan arte y
juego. Lo que puede haber de artístico en el juego es lo puramente for­
mal, la c o m b in a to r ia . El placer que produce, si se refiere a su parte for42

�mal, es ya placer artístico. Así, una combinación de ajedrez, como un
juego estratégico, o un juego de símbolos matemáticos, o el desarrollo de
un silogismo, o las mismas combinaciones caprichosas del azar (en las
cartas y. los números); todas estas formas del juego producen un placer
psicológico-mental. En cambio, los juegos físicos —placer sensorial— lle­
garán a producir un placer estético cuando se traduzcan en alguna com­
binación de movimientos que los aproxime a la danza. No es que el arte
sea juego, sino que en el juego hay arte, en cuanto combinatoria de ele­
mentos, cualesquiera sean éstos. Forma y juego tienen una relación es­
tética; el punto común de ambos está en la combinatoria. Haya en el
arte puro juego de formas o bien juego de formas y de cosas, o juego
formal de ideas y de símbolos, siempre habrá un juego formal de ciertos
elementos: es decir, una combinatoria.
Pero la fórmula de Lautréamont es más rica todavía, aunque ya sería
de por sí valiosa con sólo haber conciliado, superándolos, dos puntos de
vista estéticos diferentes aunque próximos; el arte como forma y como
juego.
Con sus elementos antitéticos, la misma conciba también otros aspectos
del problema estético. No solamente el simbólico y el naturalista, a que
ya hemos aludido, sino el de forma y contenido, y el de la expresión.
Porque para que tres objetos como una máquina de coser, un paraguas
y una mesa de disección, lleguen a fundirse en una unidad armónica y
con ello adquieran el carácter de obra de arte, ha de haber un nexo que
las una; esa combinación habrá adquirido un sentido por obra del ar­
tista, que llega a mostrarnos ese nexo aparentemente imposible. Esa in­
tuición del artista es lo que expresarán ahora esos objetos fundidos en
una unidad armónica. ¿Cuál es la forma y cuál el contenido? Lo formal
puede estar constituido por los objetos representados (el paraguas, la
máquina de coser), que son en sí formas. Y en tal caso el contenido sería
el nexo de unión descubierto por el artista. O bien puede ser éste forma
(en un sentido espiritual) y aquéllos contenido (como tema). Se in­
terprete como se quiera este aspecto del problema estético, es evidente
que intervienen dos factores totalmente distintos. Los impugnadores de
esta posición alegan que, estéticamente, hay un solo factor: el estético.
Y sea que consideremos a éste en uno u otro sentido —según lo indica­
mos más arriba— el otro factor, no siendo el esencialmente estético, care43

�ce de valor. Bien. Volvamos al ejemplo de Lautréamont. Los elementos
utilizados carecen en sí de valor estético. El arte de hacerlos “coincidir”
en algo tan arbitrario como una mesa de disección, será lo que les dé ca­
tegoría estética. Vale decir, que lo puramente estético es el nexo de unión
entre ellos, ese nexo que descubre o inventa el artista. Ahora bien,
¿qué es ese nexo? ¿Es forma? ¿Es contenido? Es ambas cosas a la vez. El
nexo es la clave, la llave maestra que nos muestra al desnudo el meollo
de la obra artística. Es la belleza, el “no sé qué”, lo inexplicable hasta
hoy. Y así vemos cómo y en dónde y hasta qué punto coinciden forma y
contenido: coinciden y se funden en la intuición del artista. Por lo tanto,
ninguna de ellas tiene valor artístico aisladamente. Menos aún pueden
ser, por separado, la sola raíz del problema estético 12.
Ahora bien, esa “intuición” es la expresión de la obra de arte. Esa intui­
ción o fusión de los elementos es lo que otorga expresividad a los mis­
mos y, con ello, valor estético a la obra. Por ella es que dichos elementos
—ya los consideremos “forma”, “contenido” o “tema”— adquieren expre­
sividad artística. ¿Será ésta la expresión del propio artista, un puro
valor psicológico? La respuesta, en este caso, no resulta tan fácil. Esa in­
tuición —el nexo— ¿es algo "agregado” a las cosas representadas, o perte­
nece a ellas mismas y sólo es “descubierto” por el artista? Esto ya plantea
otro problema, que no afecta directamente a la fórmula de Lautréamont.
Podemos dejarlo por ahora de lado, seguros de que, cualesquiera sean
las conclusiones, la fórmula no perderá validez desde el punto de vista
de la expresión.
Hablando en términos matemáticos, podríamos decir que Lautréamont
ha querido darnos la solución del problema estético por reducción al
absurdo.
A lfredo E. R oland
(1) Cfr. R. Gómez de la Serna, Ismos. Ed. Poseidón, Buenos Aires, 1943; p. 418.
(2) A propósito de este problema, dice C r o c e : “La verdad es precisamente ésta: que
contenido y forma deben distinguirse perfectamente en el arte, pero no pueden cali­
ficarse separadamente como artísticos, precisamente por ser artística solamente su
relación, es decir, su unidad, entendida no como una unidad abstracta y muerta, sino
como la concreta y viva de la síntesis a priori." (B. Croce, Breviario de estética, Ed.
Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1939; p. 48.)
44

�correspondencia
ESCRIBE
DESDE
PARIS
DAMIAN
BAYON
A I) D ha
presentado
en la Galería
Maeght,CARLOS
una exposición
de di-

^
bujos, composiciones en madera y esculturas en piedra y
bronce. Hay alguno de estos dibujos suyos que parecen estudios de sus
maderas, patrones de formas curvas recortadas sobre fondos neutros en
los que el artista ha logrado realmente una gran maestría. Lo que cons­
tituyó una novedad para mí fueron sus dibujos que llamaré arrugados
pues están realizados sobre un papel negro previamente arrugado y des­
pués pintado con gouache tratando simplemente de conseguir una dinamización del material sin ningún efecto representativo como simples
casualidades. En A rp esto no es ya un afán de épater sino simplemente
una necesidad de probarlo todo como material, todo como posibilidad
expresiva. Los papeles arrugados no agregan nada a la fama del artista
pero son interesantes en sí mismos como enésima vía de comunicación
del arte moderno.

4*

�están en la raíz puramente de lo humano sin distinción de razas o colotes
de piel.
Lo mismo puede decirse de las piedras reconstituidas; parecen siempre
producto de la erosión, tanto ellas como las maderas llegan a adquirir
una total perfección de ejecución, son impecables... pero encuentro que
tienen ya poco que decir. El artista —hay que reconocerlo— domina ple­
namente sus medios y tiene un supremo buen gusto, todo en la exposición
revela una calidad antirrepentista. Pero eso también puede llegar a ser
un defecto si la técnica sobrepasa y aplasta lo que el artista tiene forzosa­
mente que tratar de expresar. Toda esa escultura está demasiado hecha y
por lo tanto emociona poco. Tenía Arp hace unos años esa monumentalidad espontánea que no nace del tamaño sino del equilibrio, de un
imponderable que le confería grandeza. Se está empequeñeciendo, y hasta
sus grandes composiciones se resienten de estatismo, no son más que masas
bien pulidas, en materiales exquisitos (piedras blancas, bronces despuli­
dos: dorados y opacos) en una palabra nada más que cosas. Objetos sun­
tuosos que sospechamos pesados como anclas, fundidos totalmente en me­
tal y con un aspecto siempre náutico, piedras negras y lustrosas, como si
estuvieran mojadas, madera clara veteada, perfecta. Y todo atrae al tacto,
todo está ensamblado admirablemente: curvas con rectas, planos gausos
con planos rectilíneos y cuando ya el todo se va a hacer empalagoso o
fácil en una geometría demasiado infantil, entonces viene el corte del
brutal plano secante que deja su hachazo limpio como una marca de
genio.
Importante toda esta contribución de años que viene ejerciendo Arp
sobre el arte moderno (y pienso no sólo en la escultura sino en la arqui­
tectura, en el affiche, en las artes derivadas), importante como la de
otros grandes escultores contemporáneos, pero pienso que un poco muer­
ta en el caso de Arp. Su misión fué ya cumplida y con creces. ¿No estará
repitiendo inútilmente su fórmula? Repetir en arte ya implica en cierto
modo la idea de inutilidad. Además, para colmo, se repite desvitalizado,
que es lo que en buen romance se dice: “nunca segundas partes fueron
buenas.” Aquí no son siquiera segundas, son infinitas. Buena exposición
en conjunto: ultrasensible, pero sin fuerza expansiva.

46

�Simétrica de la exposición del año pasa­
do de P aul C olín, ésta de Cassandre
on de Marsan del Museo de Artes Deco­
rativas de París. Con la misma categoría artística, con un contenido dis­
tinto (también la propaganda lo tiene más que ningún otro arte subsi­
diario.) Colin es el dramático del affiche. Cassandre, el clásico. En él todo
se conjuga claramente, se articula en forma, color, intención y logra un
resultado tan feliz que alguno de sus affiches podría tenerse siempre en
una pared, tal como se tiene un cuadro, sin temor de aburrirse o de dejar
de verlo por la costumbre enceguecedora.
En Cassandre están todas las gamas de la delicadeza psicológica, desde el
aviso romántico como el de Lys-Chantilly en el cual una somera casita, dos
pinceladas rojas y oblicuas de techo y una vertical blanca de muro, com­
ponen entre la verdura del bosque una admirable ilustración de intimidad
nórdica. Otras veces claro o preciosista o justo o exacto o alegre, nunca
banal. Mucho de su mejor época tiene el eco del purismo de O zenfant,
toda línea es doble límite de algo y guarda su lugar en el* espacio por una
lógica interna perfectamente estructurada. Nunca el mero aviso natura­
lista, ese odioso aviso a lo Coca Cola o Camel en que hermosas muchachas
o hercúleos jóvenes bronceados invitan a beber o fumar un producto. Él,
siempre alerta, sabe qué elemento es número uno en cada tema y así un
affiche de torneo de tenis, será una inmensa pelota en primerísimo plano
(parece que nos va a pegar en un ojo) y lejano el jugador que la ha
impulsado, diminuto y borroso. Y así los mil ejemplos que los franceses
conocen tan bien, que miman como rasgos esenciales del carácter nacional:
el bigotudo con las botellas de Nicolás, el inefable hombrecito de
Dubonnet.
Cassandre ha dejado la propaganda y rara vez la practica, ya que uno de
sus últimos y excelentes affiches es para el sensacionalista periódico ita­
liano Oggi. En cambio se dedica con pasión a la escenografía, donde si
bien acierta a veces plenamente como en Monsieur de Pourceaugnac de
Moliere, para la Comedia Francesa, otras veces se repite o se amanera
como en los bocetos del Don Juan de Mozart o del Otelo de Shakespeare.
Cuando hace decoración aflora en él una capa apenas sospechada en la
propaganda pura: la neoclásica. Y a tal punto fuerza la nota que todo se
hace preferentemente simétrico, duro, convencional y no llega a captar
47

�lo que de romántico y loco puede tener el siglo XVIII en Sevilla, o la
exquisita levedad del gótico veneciano. No, en ese sentido la obra de
Cassandre no puede compararse a la de Christian B érard, la de J ean
Huco o la de ese maravilloso O liver M essel del cual en Buenos Aires
conocimos una Francesca de Rímini para el ballet de Montecarlo. En esta
dureza de Cassandre reconocemos las mismas trabas de exceso de admira­
ción por una gran época francesa que encontramos en la tapicería de
LuRgAT o de P icart-Ledoux, en la pintura de C hapelain M idy o de
H enry de W aroquier, en los muebles de J acques A dnet. Neoclasicismo
á outrance en 1950. Más soltura, más imaginación, más vuelo es lo que
se pide ante todos estos excelentes y dotados artistas. No termina en esto
la manifestación de Cassandre, también ha compuesto famosos tipos de
imprenta: bellos pero no claros a mi modo de ver. También naipes fran­
ceses para la firma Hermés. Ha recorrido la gama de la ilustración.
Como affichista creo que es el más grande del siglo, lástima grande que
no se haya quedado allí donde era excelente.
mo siempre en su obra, estas acuarelas están compuestas como un
vitral, en el sentido de que toda la superficie está vibrada por la com­
posición y el color. Uno y otro son intrincados, imbricados, y el es­
pectador no puede distraerse un solo instante, porque todo dice algo o
está allí por alguna razón de orden plástico. En la acuarela Gromaire
se halla más que en óleo, porque aquí el color se alía a la línea negra
de la pluma. Un color sólido, empastado (no transparente como es lo
clásico de la acuarela pero no lo único ortodoxo) que de lejos tiene unas
calidades construidas y de cerca se hacen más vaporosas en la trama de
tela de araña del dibujo a pluma —geométrico— en que todo va quedando
encerrado.

48

�de compás y el color, por ende, lanzado con valentía a los anaranjados,
los amarillos verdosos, los azules claros, en fin toda la gama de la alegría,
picante como el aire de mar. Gromaire en 1950 se defiende en su mundo
cerrado a pura construcción, sensible siempre. A veces ya no se distingue
lo representado: mejor queda el cañamazo de forma con color y la anéc­
dota —tan trivial generalmente— no nos distrae más. Todos los caminos
en profundidad llevan a lo abstracto. Lo veo claramente en M atisse, en
L éger, en G romaire. Que estos pintores no derivan a él decididamente
ya es simplemente una cuestión de edad y de situación. Ellos no lo harán,
su momento no fué ése. Los que vengan después, los que retomen valien­
temente y con talento la tarea de expresarse partirán de ese hito en ade­
lante hacia lo que no conocemos.

1M"A

un imagin*tivo de una sensibilidad extraorLN diñaría. Sobre fondos grises tratados en una
manera muy líquida que favorece el misterio, el pintor deforma las
alternativas que le ofrece la realidad y crea un mundo paralelo de
esas manchas de humedad que parecen dibujos fantásticos y que tanto
amaba Leonardo porque estimulaban un trasmundo intuido. No sólo
la pasta y la forma sino también el color crean esta irrealidad. Las cosas:
torsos, árboles, lluvia, están inmersas en un universo de un gris panteísta.
Semiconstruídas, semiadivinadas. A veces es la sombra, el alrededor, lo
que fabrica por negación la figura (como el silencio construye en mú­
sica tanto como el sonido). Los tonos son sordos, bajos, en pasteles que
de pronto se agudizan en una clarinada muy audaz. Enamorado de todo
bordea como Turner lo cursi. No se arredra, ni ante el mismo sol, terror
de pintores y que quizá sólo C laude L orrain o el mismo T urner han
sido capaces de abordar.

49

�como en el Retrato de Ch. P. la forma es tratada por el color: es decir,
la forma es el color.
Las litografías son soberbias, muchas de ellas en dos tintas. Masson es un
gran ilustrador y llega a armar su universo en pocos trazos sobre la hoja
blanca en esquema económico y sabio. Lo preferimos en este arte menos
tentador, aquí no hay cantos de sirena que lleven a la desintegración.
Si él no sabe resistir a la tentación del óleo, hagamos justicia diciendo
que este hipersensible del arte es más gran ilustrador que pintor.

DA C

T XT
Es de esos pintores a los que no se los puede
^
juzgar por una obra separada o por una repro­
ducción por buena que sea. Ese es el agradecimiento que puede tener
con la Galerie de l’Elysée todo el que vió la exposición dedicada en
octubre de 1950 a Pascin. En efecto, ¿qué puede quedar en una foto­
grafía de su gama diluida, de sus nácares sombríos, ele su materia exten­
dida y leve? A esta exquisita terminación, el pintor agregaba una sutil
capa de barniz que alejaba sus obras de cualquier parecido casual con el
procedimiento del pastel. Los cuadros de flores, de mujeres desnudas
de Pascin, brillan apenas en la penumbra que es donde entregan sus
secretos. Su cosmos es el semilíquido, semiaéreo de la primera jornada
de la creación. Pero sin patetismos a lo G ustavo D oré, todo lo contrario,
sin embargo no por leve ese mundo deja de estar construido, de soste­
nerse. Su gran acierto expresivo es haber sabido encontrar en el color el
equivalente de su dibujo lleno de temblor. En efecto, el trazo de lápiz
siempre visible responde como en una orquesta, esa dominante arenosa
que fluctúa apenas en los verdes pálidos, en las tierras, algún bermellón
(como en Corot, para valorar más los grises), algún azul tenue y apastelado.

�mente en algún modo a las de F oujita , mírenselas aparejadas y se verá
como en Pascin no hay nada espurio del amaneramiento o de la moda.
Esta pintura es la antítesis de todo eso. Las mujeres —su tema siempre
recurrente— son feas, borrosas, turbias. Languidecen en intimidad. No
son las mujeres de cuerpo cantante de R enoir. E s simplemente la mujer
en nebulosa, la esencia íntima de la feminidad que ya no necesita de la
belleza ni de la juventud para seguir valiendo eternamente. El sexo está
superado hasta tal punto que se hace idea.
Pascin es el pintor por antonomasia de esa mujer desnuda, abandonada,
anónima, mujer sin ningún triunfo aparente, mujer en la base de la
creación, hermana todavía de las flores y del agua. Toda su pintura es
un homenaje tácito a la mujer. Nadie como este gran innovador ha
sabido pintarla.

T"1 A A/f A " y

Los americanos que estamos en París, tenemos
■ *"
L A. J.
oscura o claramente la noción de que nuestros
artistas son subestimados cuando no directamente desconocidos en Europa.
De esta ignorancia no se ha salvado ni R ufino T amayo , el gran pintor
mexicano que los italianos acaban de descubrir en la Biennal de Venecia,
que los parisienses han venido a corroborar en la Galería del periódico
Arts. Enfrentarse por primera vez con una crecida cantidad de telas de
Tamayo, presupone problemas graves. Aquí no hay las pistas trilladas
ya del monumentalismo mexicano. No es R ivera y su transposición del
fresco italiano del quattrocento a esquemas americanos. No es O rozco y
sus gigantescos escorzos que avanzan amenazantes por muros y techos.
No es Siqueiros y su violencia cromática y sus contenidos sociales. Es todo
eso decantado, una generación después y es también la lección bien apro­
vechada de P icasso, de M iró, de Klee. Es haber encontrado forma para
lo salvaje recóndito de nuestras tierras inexpresadas hasta ahora en lo
hondo. América ha sido pintada —hasta P ortinari— en su folklorismo
muy superado en ciertos pintores pero siempre anecdótico pese a la
deformación y a la aspiración de universalidad; o ha sido evitada por
otros grandes pintores que no quiero nombrar, pero no había encontrado
equivalentes plásticos de su virginidad, su clima y carácter expresivos.
Tamayo va por la buena senda, él nos hace entrever todo un arte rico
de devenires que no podemos ni sospechar por ahora. La exacerbación
51

�mexicana queda reducida al color agresivo, a la forma desgarrada. Ya
está superada la etapa del relato y entramos en el plano de lo puro plástico.
Queda sobrenadando el dolor, sin que se vea la crueldad ni los órganos
lacerados o las razas oprimidas. Y este maravilloso dolor es tan profundo
y sublimado que ya es universal, actúa como un olor o un sonido que
no tiene porque tener tema pero responde a realidades sociales y huma­
nas profundas si son arte de gran calidad. Pero cuidado, cuando digo que
se sublima por la belleza no quiero ni remotamente implicar belleza
superficial con lo que de frívolo puede tener a veces lo meramente bello.
No, aquí el juego de las formas tensas, el color irisado y tembloroso se
tejen continuamente en esquemas cada vez originales y sin embargo con­
secuentes con ellas mismas. Es una línea ininterrumpida, hace años más
figurativa, de pasta más recia, de color más pleno. Ahora se va volcando
cada vez más en un empaste muy líquido, vecino —cosa extraña— del
de Pascin, pero aquí nada de gamas bajas, el color es detonante aunque
dado en oscuridad (como el pedal grave en el piano), leve sin embargo,
apenas frotado sobre la tela. El dibujo que nace de los caballos y de los
minotauros desgarrados de P icasso y de las invenciones aéreas de Klee,
no guía sin embargo el color. Ambos se alian admirablemente pero no
hay uno que sea rector. Ese color de azules fosforescentes, rosados de
caramelo, amarillos de azufre fluye a veces por el cauce del dibujo, y a
veces lo desmiente, creando zonas vaporosas, nebulosas que envuelven
todo en su nácar policromo.
Hay también de M iró —ya lo he dicho— en la composición inesperada, el
amontonamiento de signos en un ángulo del cuadro, pero como en Miró,
nunca queda un rincón vacío de inexpresividad. Hay también de O rozco
en los escorzos violentos de abajo arriba de algunas figuras.
La calidad material del cuadro en su sentido más físico es suntuosa. La
pasta digna, justa. Todo se adecúa a la expresión, íntima, desgarrada,
en la introversión mucho más conmovedora para mí que la gritería poli­
croma de los otros mexicanos. Estas grandes mariposas dormidas que son
las telas de Tamayo nos hacen signos desde la oscuridad de un bosque
tropical. No osan hablarnos y son mucho más elocuentes así, en su
silencio.
D amián Carlos B ayón

52

�miscelánea

• En la reunión de junio de la Asociación Internacional de Críticos de
Arte, realizada en Venecia, se apoyó unánimemente una declaración con­
tra la tiranía en el arte, en los términos siguientes: “En vista de esporá­
dicos ataques a las artes plásticas, especialmente hacia las expresiones
menos comunes en pintura y escultura, los miembros de la A.I.C.A. consi­
deran un deber ineludible publicar la siguiente resolución unánime:
a) Que el artista tiene derecho innegable a la misma libertad en la crea­
ción, exposición y publicación de sus trabajos que los escritores de la
prensa libre, b) Que es igualmente legítimo el derecho de todo individuo
libre a disentir en problemas de apreciación artística y que este derecho
implica una recíproca obligación de tolerancia hacia toda búsqueda y
todo esfuerzo artístico que en las artes provocan tal desacuerdo, c) Que,
conociendo los problemas creados por las restricciones políticas, deplora­
mos toda imposición ejercida sobre el artista o la exposición de su obra,
todo impedimento o amenaza basados en consideraciones ajenas a los
valores artísticos.”

• Una consecuencia de la vieja polémica entre las dos concepciones del
arte, a saber: el arte por el arte, como fin en sí mismo, y el arte utilitario.
Querella que envolvió ya a grandes literatos del siglo X IX tanto a románti­
cos, como a realistas y parnasianos —Gauthier, Puschkin, Beaudelaire—, y
que hoy se plasma con rigor de lema. No entramos en el examen de sus
53

�fundamentos estéticos ni- de su vigencia, pero recogemos frases del otro
término de la polémica: “La literatura no puede ser apolítica, no puede
ser arte por el arte, pues no puede ser un entretenimiento ni una diver­
sión. Está llamada a desempeñar en la vida social un importante papel
de vanguardia.” Otra: .exigimos que tanto los que dirigen el campo
literario como los que escriben se guien por la política. . Filialmente:
“La fuerza de acción del arte y su poder, consiste en reunir un alto valor
ideológico y una gran calidad artística.”

• Hace ya varios años que el Metropolitan Museum está solo en su
política de indiferencia frente al arte contemporáneo en tanto que
su antiguo aliado, el Whitney Museum of American Art juntamente con
el Museum of Modern Art de Nueva York, han intensificado sus esfuerzos
por propulsar todas las modernas corrientes artísticas, especialmente en
territorio norteamericano. Sin embargo, el Metropolitan debió revocar
su irreductible como ilógica posición para lo cual organizó un certamen
nacional con casi diez mil dólares divididos en sólo cuatro premios y
con la participación de 18.000 pintores. Es interesante mencionar que
los jurados elegidos, 31 pintores y 5 representantes de museos, fueron
acusados de pertenecer a las tendencias pictóricas menos avanzadas, en
carta abierta firmada por los artistas de avant-garde que halló eco en casi
todos los periódicos, concebida en estos términos: “Los pintores firmantes
rechazan la exposición monstruo organizada por el Metropolitan Museum
of Art y se niegan a someter sus obras al jurado elegido. La organización
de la exposición y la selección de los jurados.. . no permite fundar espe­
ranza alguna de que se incluyan en justa proporción las corrientes de
arte más avanzadas.” Demás está decir que hubo también un grupo
numeroso de artistas que respaldó en otro manifiesto las actuaciones del
Metropolitan.
54

�0 De las colecciones de obras maestras europeas que recorren actualmente los Estados
Unidos para su exhibición en las ciudades más importantes, se destaca la imponente
selección de cientos de obras de arte pertenecientes a la Habsburg Collection de
Viena y que abarca muestras del arte de siete siglos. Jamás se ha visto en América
tal despliegue de T iz ia n o s , T in t o r e t t o s —¡también su famosa Susana y los ancianos!—,
y obras excepcionales de V e l á z q u e z y R u b e n s . La muestra incluye bronces y camafeos
griegos y romanos, armaduras góticas, bronces y joyas renacentistas, preciosos marfiles
medievales, y la suntuosa cuna del hijo de Napoleón, Rey de Roma, ejecutada en
plata, madreperla y encajes.

0 En París, dos pintores, D e w a s n e y P il l e t , han inaugurado un atelier de arte
abstracto en la calle de la Grande-Chaumiére, con el propósito de ayudar a otros
jóvenes pintores a descubrir las peculiares formas expresivas de este lenguaje en
elaboración que es la plástica abstracta. Para esta misma sección del número 21-22,
adelantó B a y ó n algún comentario acerca de Dewasne; por su parte D ég a n d del
Art d’aujourd’hui al comentar la exposición de Pillet en la Galería Denise-René
refiere su obra pictórica a la línea que ha dado en llamarse de la abstracción fría,
en las tendencias de M o n d r ia n , con predilección por los planos netamente definidos
y las tintas casi desprovistas de modulación. Frío porque desdeña los signos inveterados
de lo cálido, P il l e t tiene la frialdad exterior de un L ég er y aún de un M a g n e l l i , y
como en ellos, hay tensión constreñida, hay equilibrios laboriosamente plasmados, hay
comprensión profunda de los ritmos vitales.

55

�1110

�VER Y ESTIMAR

C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTISTICA
COLABORADORES
ALBERTI, Rafael (Bs. As.)
ARGUL, José Pedro (Montevideo)
AYALA, Francisco (Pto. Rico)
AZCOAGA, Enrique (Madrid)
BERENSON, Bernard (Florencia)
BILL; Max (Zürich)
CORDOVA ITURBURU (Bs. As.)
DEGAND, León (París)
DELEVOY, Robert L. (Bruselas)
DORIVAL, Bernard (París)
FERRANT, Angel (Madrid)
FISCHER, Wend (Dusseldorf)
GASCH, Sebastián (Barcelona)
GIEDION, Siegfried (Zürich)
GISCHIA, León (París)
GOERITZ, Matthias (México)

GULLÓN, Ricardo (Santander)
HUYGHE, René (París)
MACEDO, Diogo de (Lisboa)
MILLIET, Sergio (San Pablo)
l'LATSCHEK, Hans (Montevideo)
ROH, Franz (Munich)
ROMERA, Antonio (Sgo. Chile)
ROMERO, Francisco (Bs. As.)
ROMERO, José Luis (Bs. As.)
TORRE, Guillermo de (Bs. As.)
SARFATTI, Margarita (Roma)
SEVERINI, Gino (París)
VANTONGERLOO (París)
VENTURI, Lionello (Roma)
WESTERDAHL, Eduardo (Tenerife)
ZEVI, Bruno (Roma)

V O L U M E N
VI
N Ú M E R O
VEI N U T R E S
M A Y O DE 1 9 5 1

�J. HECTOR MATERA - Impresor
La valle 1 6 5 3 - Buenos Airej

Cuatro pesos

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Ver y Estimar : cuadernos de crítica artística </text>
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                <text>Vol. 6, no. 23</text>
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                <text>Título posterior Ver y Estimar : revista de crítica artística </text>
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              <elementText elementTextId="1992">
                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Puente, Alicia&#13;
Job Istueta, Amalia&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Oliver, Samuel F.&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Bayón, Damián C.</text>
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                    <text>�VER Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R Í T I C A
ARTÍSTICA

DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS:
¡SAYÓN. Damián Cario*
Corresponsal en Enron.

HF.REI . Angelia.

JOB 1STUETA, Amalia.

BLEYLE, Magdalena.

LUC.KHAUS, Delia.

BRANÉ. Raquel.

CARREA, Lía.
CAMICIA. Angelina.
í -HIAVARINO, Carlos.

OL1VER. Samuel F.
PASINI.
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STABILE, Blanca.

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BRUHL, Rodolfo G.

Secrettfri* de redacción

EOELMAN, Raquel.
OARC/A ESTEBAN. Fernando.
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GROSSI. Isolina.
H U B E R M A N . Beatriz.

‘

■

■

Secretaria de redacción

TENCOXI, Elsa.
TRABA, Martha.

SUSCRIPCIÓN ANUAL
Seis números en el arto, de abril a noviembre

&lt;Z¿&gt; , * áucentina: % 20 m/n. — Otros países: $ 30 m/n.
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Al 1&gt;ORSO DE AMBAS SOLAPAS:

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�ALGUNAS OBRAS DE GRAN INTERES
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“LA EPOCA Y EL ARTE DE PRILIDIANO
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a la biografía del gran artista porteño, cuya vida sentimental queda
aclarada en numerosos aspectos, desconocidos rasta ahora. Un volumen encua­
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La gran urbe se nos presenta en este libro como una ciudad redescubierta,
a través de las poéticas evocaciones de Manuel Mujica Laínez y de los
finísimos dibujos de María Elizabeth Werde, la artista a quien Paul
Valery consagr palabras de definitivo elogio. Un volumen de gran formato
eon numerosas ilustraciones a pluma ...................................................... $ 30.—

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LA VIDA DE GRECIA"
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difícil tema. La triple personalidad del autor, como historiador, filósofo y
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minuciosamente un buen, número de obras de Goya, acompaando las intere­
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intimidad del artista, el autor consigue damos la pauta de su intensa
preparación y de su pericia. Un volumen encuadernado e ilustrado. $ 10.—

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FILOSOFIA DEL O R IEN TE, por Wing-tsit, Conger, Takakiisus. T ei
taro Suzuki y Sakamahi. (Breviario N 28) .......... ................................ S
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H ISTORIA DEL PUEBLO CHINO, por L . Carringnton ( io o d rich .
(Breviario N9 30)
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JUAN SEBASTIAN BACFÍ, por J. N. F orkel. (Breviario
N9 31)
.. . S 5 .INTRODUCCION A LA FILOSOFIA, por IVahí.(Breviario N9 34) . S 9 ERASMO V ESPAÑA de R ataillon. 2

tomos..........................................

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El florecer de una acacia blanca, el prodigio de los brotes nuevos
es la emoción inicial que rige esta serie de poemas tan claros y
penetrantes en su transparente musicalidad.
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Desdoblada en tres preguntas: ¿qué es escribir?, ¿por qué escribir?
y ¿para quién se escribe?, Sartre expone con vibración polémica
los múltiples aspectos del compromiso en la literatura.

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Dedicado Exclusivamente
al Libro

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�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRITICA

ARTISTICA

DIRECTOR. JORGE ROMERO BREST
Número 21-22
MARZO DE 1951

�C o n je tu ras acerca de la
WiNCKi.LMANn * es quien, en 1758, formula las primeras conjeturas acerca de las posibles
relaciones entre las pinturas murales excavadas en Pompcya y Herculano y supuestos
originales griegos, conjeturas que se suceden a lo largo de casi doscientos años de apasio­
nantes esfuerzos por interpretar, articular y clasificar los frutos de tales excavaciones. Es
de todos sabido que en el año 79 una erupción volcánica sepultó las ciudades de Pompeya y Herculano, conservando prodigiosamente los restos de un arte desaparecido por
acción de las fuerzas físicas o de los cristianos que con pretexto de “destrozar los ídolos'1
destruyeron las obras maestras de F idias y P raxiteles. A P unió 2, perecido precisamente a
raíz de esta erupción, debemos las primeras referencias escritas que con innúmeras anéc­
dotas y leyendas subsisten acerca del arte griego; también VitruvioS. P ausanías 4, E liano «r*.
aportan sus testimonios para el conocimiento del arte de la antigüedad, pero todo este
material no comporta sino una información entrecortada y a veces harto discutible, como
si acerca de la pintura moderna apenas poseyéramos la vaga recopilación de alguna enci­
clopedia general.
En su prólogo y notas a la edición bilingüe de los libros de Plinio dedicados a las artes
plásticas. Silvio F f.rki 6 discute la importancia del aporte pliniano comparando la critica
analítica que el texto recibiera entre los años 1850 y 1898 y que intentó dilucidar lo que
en Plinio es producto de conversación erudita, textos griegos o textos latinos y la critica
cxegctica desarrollada en años posteriores, que va a la fundamención histórica más
profunda del texto pliniano y cuyo fruto más sustancioso es el estudio de Sciiweitzer
Plinio, que en justa opinión de Ferri no entiende el fenómeno artístico y no ve en la
creación plástica sino la temática expresada por el artista, proporciona necesaria ilación
a toda investigación sobre el arte griego. Al aporte que configuran las fuentes literarias
para el conocimiento de la gran pintura, importa agregar el estudio de numerosos vasos
y escasos restos pintados, aunque apenas permitan una aproximación estilística, de orden
compositivo, válida para los caracteres del dibujo: y el caudal helenístico que, referido
a las fuentes literarias, ha permitido identificar como copias o derivaciones interpósitas del
gran movimiento formativo de los dos siglos clásicos, algunos mosaicos alejandrinos y
pinturas de Campania; pero estos elementos configuran transformaciones que enjuician
deducciones inmediatas.

2

�pintura helenísticorromana
-;Pero acaso íuó la piniura un arle mayor en los siglos clásicos \
helenísticos? La entusiasta versión de los textos antiguos y las espión
didas obras que componen el Museo de Ñapóles no deben inducir
a error. Hay, por de pronto, estrecha alianza de elementos pictóricos
v formas arquitectónicas. T eseo fugándose d e Nasso aparece en la
pintura de un vaso griego de la primera mitad del siglo IV, en un
relieve romano y en un cuadro pompeyano de la Casa del Poeta
Trágico, evidenciando que las probables semejanzas entre un grupo
escultórico y una obra pictórica obedecen a su correspondencia con
un mismo modelo pictórico original 8.
La estela pintada de Pegaso representa el lúgubre episodio de la
muerte de una mujer que acaba de dar a luz un niño; innegable
es la analogía con la pintura pompeyana por los resabios de com­
posición helenística, la disposición de las figuras y la expresión de
profundidad en perspectiva. Vo.\ Sa lís 9 cita grupos de mármol
que corresponden a escenas pintadas en vasos v califica cL grupo
Ajax v A quiles jugando a los dados como ‘ trasposición directa
de la pintura a la plástica.” El propio Teseo de los murales de
Pompcya y Herculano es un tipo de atleta con el sello inconfun­
dible de Lisipo, pues con frecuencia se tomaron estos modelos
del caudal escultórico correspondiente a los primeros tiempos del
helenismo. Es decir que los mismos tipos de que se sirve la eseul
tura monumental salen a nuestro encuentro en la cerámica y en
la pintúra Difícil es resolver la cuestión de la prioridad, pues
aunque la artesanía se limite a copiar, nada autoriza a suponer
que todo derive de modelos estatuarios. Para Von Salis es la
afinidad natural en los modos de ver c imaginar lo que ocasiona
ioincidencias de jornias en las diversas artes.
Wolrmanx 10 intuye que dado el concepto de monumento de la
arquitectura templaría, la escultura debió ser en Grecia el arte

'i

1 J . J . W in c k e l m a n n , H is­
toria del a rte en tre loa an­
tiguos, Boston, 1880.

el
viejo,
Storia
della arti antiche, E d . F r a -

2 P u n id

telli Palom bi, R om a, 1946.

3 V ituuvío . De Arquitectura.

4 P a u s a n ía s . Guía

cia.

ñ

JCl.ian o ,

de G re­

] rariadas historias.

6 Texto, traducción y notas
en la edición bilingüe de
P u n ió antes citada -.
7 S C H W E IT Z E K .

von Athen, 1932.

X eu o e ra tcs

8 Es el viejo rilo helénico
renovado con nuevos carac­
teres sentimentales en la
poesía alejandrina, con lo
cual se quiere significar que
la concepción poética y re­
presentativa tuvieron evolu­
ción paralela.

9 A rn' o ü ) von S a l ís , EL arte
de los griegos, Rev. Occiden­

te. Buenos Aires, 1948.
10 WOKUMANN. Historia
arte. B a rce lo n a . 1932.

del

�fundamental, en detrimento de la pintura y de la música, y tampoco Collignon i i atribuye
a la pintura expresa preponderancia. A ésto aduce Rizzol2 que la tradición literaria se
refiere con tal calor a la pintura griega y le atribuye un carácter tan particular que
impide asociarla a los conceptos vertidos sobre la escultura de la misma época. Es posible
que todo lo que no registra la escultura, intérprete del culto apolíneo, haya sido expresado
en la pintura, que favorece la representación de los misterios órficos. Los mismos filósofos
griegos prefirieron recurrir para sus citas a la pintura más que a la escultura 13.
¿Pueden establecerse relaciones con los veinte mil vasos pintados griegos que existen en
museos y colecciones? Para P ottier 14 estos millares de vasos resucitan obras para siempre
perdidas —que los autores antiguos jamás comentaron— y donde se exhuma el genio griego
con los caracteres de milagro que le otorgó R enán 15. Otros, como G irard 16 se lamentan
de que los vasos no pudieran recoger los atributos exclusivos de la pintura: caracteres del
movimiento, expresión de los rostros, gestos, actitudes, ¡perdidos para siemprel También
P ijo á n 17 admite que las obras de los grandes maestros se hallan reproducidas en la
cerámica griega, el solo «elemento que para M é a u t is 18 ha sido descubierto en cantidad
suficiente como para permitir deducciones fidedignas. En obra editada recientemente,
G eorges H uisman 19 proporciona la más justa caracterización histórica de los vasos pinta­
dos griegos: señala que a la pintura geométrica del período p r i m i t i v o 20 sucede en la
segunda mitad del siglo VIII la imaginería orientalista, difundida en Jonia y en las islas
por los fenicios, con séquito de animales reales o fabulosos, lotos, palmitos y rosetones,
que hacia mediados del siglo VI produce la pieza máxima, el famoso vaso Fran^ois.
Luego, la adopción de las figuras rojas introduce contrastes convencionales que significan
bien a las claras que a la pintura más le importa ser entendida que reproducir en forma
convincente la impresión sensible. Aunque anteriores en casi medio siglo, los vasos de
principios del siglo V reproducirán figuras, actitudes, gestos, fisonomías de las esculturas
del friso del Partenón. La trasposición de un arte al otro es ya ineluctable. Es el secreto
de la evolución escultórica que rompe con el arcaísmo y adquiere el movimiento que
instruye también a la pintura.
Sin abandonar los temas acostumbrados de la mitología y la epopeya, los pintores debieron
abordar vastas composiciones con sentimiento dramático de gran fuerza, como en el vaso
de E ufronio , cuyo interior muestra a Teseo dispuesto a sumergirse en el mar para res­
catar el anillo de Minos, o la copa de Sosias en que aparece Aquiles curando a Patroclo
su brazo herido 21. El vaso de los persas de Nápoles muestra en el estilo enorme
semejanza con el gran mosaico de la Batalla de Alejandro y los gestos nerviosos de las
figuras en ambos cuadros señalan los comienzos del helenismo. La famosa hidria de
M idias, en cuya base se ha pintado a Heracles en el jardín de las Hespérides, halla testi­
monio indirecto en un pequeño cuadro sobre mármol que representa la reconciliación

4

�de Niobe y Laiona, cantada en un verso de Safo. Pero desde fines
del siglo IV declina toda la cerámica griega, ya no rige el concepto
de lo ideal y en lo profundo de su conciencia el pueblo vive una
imagen totalmente opuesta que halla su espectro en el Alcestes de
E urípides: son las fuerzas dionisíacas que amenazan el culto apolíneo.
Y pueden los textos estar concordes en que la cerámica reproduce
los estilos y temas de la gran pintura, pero para Rizzo todo lo que
pueden sugerir los vasos pintados acerca del color, técnica y estilo
de-un fresco, una tabla o una tela es de validez tan relativa como
si quisiéramos conocer la pintura del Renacimiento a través de su
cerámica.

De la técnica y de los modos, dice Plinio: “' . . . f ué después de
mucho tiempo que el arte introdujo las calidades en el color, y la
luz y la sombra. Enseguida fué agregada la luminosidad artificial,
cosa bien diferente de la luz. Y llamaron tonos a los intervalos
entre la luz y la sombra, y harmogé al contacto y pasaje de los
colores.*’ Quienes mejor precisan estas conquistas en el campo de la
pintura griega son, indudablemente, P fu h l 22 y Méautis. Por su
parte, Woermann considera que los cuadros de caballete debieron
imitar las decoraciones murales de la época romana, tratados según
Rizzo con témpera y no al fresco como alegan O tto D onner y
C apitani D ’A rzago 23, para quien los antiguos debieron utilizar
la témpera para añadir con ella ciertos efectos a los frescos, en
tanto que otros autores 24 señalan el uso de la encáustica.

11 M a x
Co l u g n o n ,
L ’arckeologie grecque. Ed. A. Pi-

card, París.
12 G. E. Rizzo, L a pittura
ellenistico - rom ana , Milano.
1929.
13 P la t ó n , Sof. 235: "con­
forme a las proporciones del
original, dando sus colores
propios a cada cosa."
A r ist ó t eles . Ret. I, I X : la
imitación debe ser absoluta
"porque el placer no consis­
te tanto en la cosa que se
imita, sino en comprender
que esta cosa es aquella
otra."
14 E .
P ottier , L e
dessin
chez les greeou.es d?apr¿a les
vas 38 péinta, P a r ís , 1905.
15 R e n á n , Plegaria al A c ró ­
polis.
16 P a u l G irard , L a peinture antigüe, P a r ís , 1892.
17 J . PiJOÁN, Historia gen e­
ral del arte , Ed. Espasa -

Calpe, Madrid, 1932.

18 G. M é a u t is . Las obra*
maestras de la pintura g rie ­
ga, Ed. Argos, Buenos Ai­

res, 1948.
19 G. H u is m a n , Historia g e­
neral del arte, Ed. Quillet,
1947.
20 Es el nervio acerado de
pequeñas, informes silueta*
adaptadas a rígidas exigen­
cias somáticas pero atentas
a la vida y a la realidad.
21 V on S a lís ad v ierte la
n o ta bu fa que corresponde a

la poesía de los io n io s : es

el c o n tra s te c a r a c te r ís tic o de
toda ép o ca a m a n e ra d a .

Obvia significar que la transición del arte arcaico al clásico y de
éste al helenístico, no se efectúa como una brusca interrupción y
una vuelta a empezar. Quien exija la conceptuación ideológica
para razonar los problemas del arte, hallará en R omero B rest 25
el índice imprescindible para comprender cómo han podido bastar
doscientos años para pasar del arte arcaico al período helenístico.
Observa que el arte griego arcaico, excepción hecha de la arquitec
tura, era todavía un arte oriental y por lo tanto fuertemente inteiectualizado. Lo característico del arte griego clásico y aun de las

22 E r n st P f u h l , M a l e r e *
und Z eich nun g d er G riechen,
M unich, 1923.
23 A lberto D a C a p i t a n i
D ’A rzago, L a grande p it ­

tura greca n ei secoli V e I V
a. C., Milano, 1945.

24 Los estudios modernos se­
ñalan con creciente impor­
tancia este último método. \
25 J

orge

R

o m ero

B

rest

.

Historia de las A rtes Plás­
ticas, E d . a rg e n tin a Poseidón.

1945.

�épocas siguientes iué la inclusión simultánea de la más acendrada observación de la natu­
raleza humana y el ejercicio más ahincado de la pura especulación mental; por eso
considera posible efectuar un corte en su historia a fines del siglo IV. sin peligro de caer
en imperdonable arbitrariedad.
En opinión de Von Salís, conviene concebir el arte arcaico como una gran unidad hacia
el instante en que penetran violentamente en la vida artística griega, ideas nuevas v
originales que la transforman por completo.
Kn los siglos VII \ VI. la época arcaica propiamente dicha, una ola de especulación
racional cubrió a los helenos, practicantes de una ciencia especulativa y no empírica que
buscaba la explicación sistemática del orden de las cosas y sustituía Ja tradición religiosa
por una norma intelectual. En sus form as mesuradas y contenidas exprese) el arcaísmo2U
la belleza de la monotonía y su inexorable lev. de la frontalidad. Rara ve/ ocurre tal
afinidad entre el lenguaje de las formas y el contenido ético como al final del arcaísmo,
pero la falta de sencillez y naturalidad conducen el arte y la vida por las mismas vías
equivocadas; son normas de mayor refinamiento que no tienen afinidad interior con la
severa disciplina que en la siguiente época preclásica determinar;'» la conducta moral del
mundo griego. Puente aclaratorio del cruce de la concepción arcaica a los caracteres del
arte clásico, constituye la idea planteada por Romero Prest en sus clases sobre el arte
griego: la posición del arcaísmo helénico obedece para él a un proceso de reducción
puramente conceptual y referido a formas geométricas. Pero desde la segunda mitad del
siglo VI se abandona el sistema deductivo para adoptar un sistema inductivo que, en lugai
de partir de las formas hechas para aplicarlas a las formas humanas, empieza en las
formas humanas y de su examen arribará, no a formas individuales naturalistas, sino a
formas generales con un mayor estado de tensión emotiva; es decir que. frente al hieratismo
del arcaísmo, estas formas aparecen cargadas de tensión 27.
Por fin en el período clásico el arte griego arrojará su rigidez tradicional. El asunto de
los cuadros aparecerá impregnado de espíritu y visto a través de un temperamento. Habrá
un interés creciente por la esencia v la figura del objeto, un firme deseo de verdad tradu­
cido en la realidad racional, pero todo hallará su cauce dentro de la más absoluta sencillez.
Todo es austera concentración en lo esencial, p e ro ... sin comprensión de los encantos
poéticos episódicos. Mas veamos a sus pintores 28.. .
Kn el siglo V, (jue desconoce aún el uso de la perspectiva, Poljgxoto trató la división de
planos, con extraordinaria destreza en la representación objetiva de la figura humana,
y mostrando el entrecruzado de las más variadas influencias: de los relatos épicos de
Homero \ de los misterios órficos y elcusinos 20. Exageraba por el contraste y, como en
Homero, cu sus pinturas la calma seguía a la tempestad. Pfuhl :t&lt;) nos plantea el siguiente

6

�interrogante: ¿Que fue el eihos de l’olignolo? Deduce de Eliano y
Aristóteles que el eihos no es sólo el carácter, sino un antagonismo
de lo estático, condicionado por la vida interior, y lo pasajero que
responde al influjo externo
De Z e u x is dicen Méautis y Pfuhl
que es el E u rípid es de la pintura, pues destaca todo lo individual
aunque ligado a la verdad natural que. para G o e t h e , está en la
antípoda de la verdad artística. De P arrasio , en quien influyó
fuertemente el pensamiento sofista, dice Pfuhl que desechó todos
los valladares perieleanos, pues cuando pinta su famoso Pueblo
Ateniense no se detiene (como no se detuviera Sócrates en sus
sofismas) hasta reproducir todos los estados psíquicos imaginables.
Se citan muchos otros pintores y sus obras antes de tratar a A polo
doro de Atenas, precursor de todo futuro cansino en el campo de
la pintura y quien logra traducir la expresión espiritual del grao
movimiento sofista que destacó los valores subjetivos. Importa
señalar que esta inquietud no hallará cauce en la escultura sino
hasta el siglo II. pero aún antes de que lo hiciera la pintura,
habían sido la música., la danza, la poesía y el teatro los que
iniciaron radical ruptura con la severidad del arte clásico. El
'áglo IV 32 desarrolla las nuevas rutas señaladas por la Skiagrafiu
de Apoiodoro y por el espíritu sofista, no ya en la escuela de
Siciona atenta al principio ideal de la belleza y de la imitación
de la naturaleza como propugnan sus pintores Ei/p o m p o , P a n filo
v M ela n z io . sino en la escuela de A rístid fs a la que pertenecieron
Kufranor . que pintó la insania de Ulises; E i i .oxf .no , a quien poco
ritan los antiguos pero que debió pintar la Batalla de A lejandro
v el rey Cassandro, que se conoce por el gran mosaico de la Casa
del Fauno 33; N ic ía s , en quien puede hallarse un germen de opo­
sición por su apego a las escenas de género idílico y al virtuosismo
decorativo de la naturaleza muerta; I’rotógfnfs , más próximo a los
notables esquemas clásicos, praxitélicos, y tantos otros. . . Pero es
Ap e í jes, la gran figura de la escuela de Siciona, a quien la anti­
güedad tardía llama “el más grande de todos los pintores"; nadie
como él tradujo la sabiduría psicológica de la Calumnia 34 y aún
en sus más sabias alegorías supo plasmar el inconmensurable ele
mentó jónico de la gracia, evocada en el \ IY Canto Olímpico
de PÍNDARO.

7

26 P a r a W o e k m a n n , el a r te
m ás p u ro y elevado.
27 E l dism inuido in te ré s pol­
los objetos obedece a que la
vida im a g in a tiv a es m ás y
m ás p o ten te y da e n trad a
a la idea de a b s tra cc ió n en
la pro d u cció n p l á s ti c a ; sólo
podrá co n sid e ra r este p ro ­
ceso com o u n a re g re sió n ,
re fu ta von S a l ís , quien es­
tim e que la im itació n de la
n atu raleza es la finalidad
m ás elevada de] a rte .
28 M é a u t is en su o b ra c i t a ­
da ** an aliza individualm ente
p in tores y o b ra s de la e ta p a
clá sica , fu nd ando la in te r ­
p re ta ció n
te m á tic a
en
la
tra d ició n l i t e r a r i a y con
atrib u cio n es re fe rid a s a p in ­
tu ra s p o m p ey an as.
29 A r istó teles dice que r e ­
presen tó al hom bre e lev án ­
dolo so b re la N a tu ra le z a y
con
ethos, queriendo sig ­
n if ic a r un estad o psíquico
resuelto.

30 Obra fundamental cita­
da
cuya existencia en el
país desconocemos pero de
la que Hans Platschek, co­
laborador de V er y E s tim a r
en Uruguny, nos facilitara
un resumen imprescindible.
31 P a u s a n ia s d istin gu e su
te n sa em otividad y su p reo ­
cu p a ció n p o r los problem as
del m undo m oral.
32 E r n est o C u r t í s : " a lc a n ­
za m á x im a
a ltu r a en
la
e x p re sió n su b je tiv a , desen­
tendiéndose de las leyes f o r ­
males del a r t e m á s sev ero ,
cayend o en lo incon m en su­
rable, uniendo lo que no
puede u n irse y m ezcland o
procesos
reales
con
ideas
f a n tá s tic a s .”
33 B ürc kh a rd t :
“ el valor
m áxim o de e sta p in tu ra ún i­
ca en su g én ero no co n siste
en un dibujo im pecable ni
en la e x p re sió n p a r tic u la r ,
sin o en la
re p re se n ta ció n
conm oved ora de un m om en­
to su p rem o con la m a y o r
econom ía de m ed io s."
31 M a g n ífica m e n te des crip ta
por L u c ia n o ( c. 4 1 ) , fué
re co n stru id a a su vez por
Rotticei.lt.

�¿Quién cree todavía en la decadencia helenística que acusaron Girard, Woermann.
Méautis? ¿Para quién rige aún ese malhadado concepto de un mero juego del espíritu en
que el intelecto sólo pretende expresar ritmo y armonía? Fué indispensable que se descubrie
ran las ciudades y santuarios helenísticos en Asia Menor, para que la originalidad e inde­
pendencia de este arte fecundo y feliz labraran una corriente de comprensión de la voluntad
plástica de esa época. Agotados los alardes de las fuerzas físicas, el hombre helenístico
requirió la expresión del esfuerzo interior, de la tensión del espíritu, de la penosa lucha
con la idea; es la voz de la pasión y de la alegría, una alegría que desborda y contagia a
todo el enjambre dionisíaco. £1 impulso que L isipo diera a la plástica en la segunda
mitad del siglo IV, corresponde en pintura a la orientación en el sentido del eje de pro­
fundidad, alineación oblicua que ordena un torbellino de luces y sombras como en el
cauce de una iluminación uniforme con incesante permutación de ejes y variación de
direcciones, no sin desplazar el centro de gravedad que sustentara el equilibrio clásico.
Es un estilo de formas enloquecidas, excitadas, que niega por igual la orientación clásica
anterior como la clasicista posterior y cuyas fuerzas determinarán la victoria del expre­
sionismo en el arte bizantino.
Esencia de lo helenístico, como del barroco moderno, es para R odenwaldt 35 ese tempe
ramento patético que va desde la representación de la vida interior más profunda hasta
la ampulosidad teatral. Fase tardía del arte griego, el estilo helenístico realiza la misión
de intérprete de la naturaleza en evolución espiritual muy semejante a la barroca. Rodeavaldt insiste en su feliz comparación con el barroco, revelando que el arte helenístico
se complace en la excitación pasional, en la estridencia, en la exageración, y con tales
argumentos endosa la posición de U. von W ilam ow itz -M oellendorf , que advierte en
esta sublime afectación todo lo que de barroco hay en el arte helenístico. Opone este
carácter a los rasgos de callada quietud inseparables del arte griego, pues en ambos radica
una voluntad de libre individualidad, aunque manifestada de modos distintos 36. Pero es
sólo hacia el final del período que el ideal barroco pierde su atracción, para favorecer
un acercamiento con la naturaleza, una realidad sin afeites. Para Pfuhl, nada importa
como la ampliación de puntos de enfoque, el enriquecimiento visual y el movimiento
espiritual que condicionan el período helenístico. V irgilio , H oracio , C á t u io , P ropercio ,
C icerón y T ácito , no son imitadores de los griegos, sino sucesores de una herencia cultural
que, en el cumplimiento de las enseñanzas sofistas, busca la coordinación de las más
grandes contradicciones y el tránsito de todos los caminos para alcanzar la expresión de
un espíritu propio.
En el primer libro argentino dedicado al tema, R oger P lá 37 apoya la antigua concepción
que ve en el arte helenístico un arte decadente, resumen de su propio pasado. No ve
sino una inspiración agotada que, incapaz de nutrir el impulso creador con caracteres

i

�A

I

�B

�propios, recurre a ejemplos pretéritos. Queriendo destruir el pre­
juicio admirativo que reza sobre el arte de la antigüedad, y del que
los arquitectos renacentistas y Renán son principales causantes,
observa que si tal prejuicio puede ser estímulo y ejemplo, concurre
también a inhibir la actividad futura, esterilizándola en formas
mecánicas. Considera que nuestro ciclo histórico cabe dentro del
ritmo y la calidad propios de aquel ciclo antiguo y lo interpreta
como culminación natural del repertorio artístico que en la anti­
güedad oscilaba entre el sentimiento abstracto, normativo, generalizador de formas y el sentimiento naturalista, individualizador de
formas. Así, los frescos de Pompeya constituirían una síntesis de todo
el arte antiguo en la expresión del mundo de las formas y del color,
con tendencia a subrayar el parecido naturalista, la sentimentalidad de la expresión y el patetismo psíquico. Romero Brest
señala que Roma —invertida toda su pujanza en la formación
del imperio y falta de energías para la creación de una
cultura propia— no va a asimilar los rasgos sólidos y potentes
que definen la cultura griega hasta las conquistas de Alejandro,
sino formas de arte posteriores que no son sino residuos de una cul­
tura en proceso de disolución. Es, con palabras de Horacio, el
genio de Atenas que conquista a Roma triunfadora. La opinión
de R einach 38, opuesta al concepto de la decadencia del arte
romano, significa la incontestable evolución descendente del arte
helénico y de la tradición clásica que, unida a elementos orientales,
conserva su gusto por tipos y fórmulas que corresponderán más
tarde al arte bizantino. Junto a esta voluntad de forma envejecida,
Reinach ve surgir un realismo que quiere llamar romano, y que
recobra sus derechos —después de que durante larguísimo tiempo
el arte bizantino ha ejercido influencia sobre los países de Occi­
dente— al contacto con el realismo francés del siglo XIV, para dar
origen al Renacimiento con formas de arte totalmente opuestas
a las formas bizantinas y que con justeza pueden referirse al
realismo romano.
No quiero sino citar las pinturas helenísticorromanas y las atri­
buciones justas o antojadizas (¿lo sabremos jamás?) de que han
sido objeto algunas piezas como la Reconciliación de Latona y

11

85 G. R od en w ald t , Historia

del A rte. Ed. Labor, B are^

lona.

86 "Los pórticos de mármol
en el palacio alejandrino, el
gigantesco templo de Dídima
y el Coloso de Rodas tienen
enfrente el jardín de EpiCURO, las casas de campo
frecuentadas por T eócrito
en Cos, los aposentos de tra­
bajo donde C alímaco com­
pone sus poemas y A rq uí m edes
se dedica a la in­
vestigación."
E duardo

S c h w a r t z , Figura s del m un­
do antiguo, Ed. Rev. Occi­

dente, Madrid, 1942.

37 R oce»

P lá ,

pompeyana,

A., 1947.

La

pintura

Ed. Rosario S.

38 S. R e in a c h , Apolo, H is­
toria general de las Artes
Plásticas, Madrid. 1930.

�Niobe en que contrastan la delicadeza de ejecución y el drama que proviene del trasfondo
mitológico, obra referida por D ucati 39 y otros a la segunda mitad del siglo IV, como
otras dos pinturas que representan a Perseo liberando a Andrómeda y la Liberación de
lo por Hermes atribuidas a N icías.
En cambio M a iu r i 40 objeta que la leyenda y el epicismo quintaesenciados en esta obra
la refieren y con razón al refinado arte augusteo. La copia menos fiel de cuantas obras
pompeyanas se conocen y que J ulius L ance llama “la peor de todas”, es el Sacrificio de
Ifigenia, en que se ha querido dar la gradación de sentimientos de los personajes por
un procedimiento equivalente al del silencio en Esquilo, aunque según una composición
ecléctica que para Rizzo es referible a las formas del arte neoclásico. Contradictorias
como en todas las pinturas pompeyanas son las atribuciones correspondientes al Suplicio
de Penteo, el violador de los misterios dionisíacos agredido por su madre Agave,
presa de la embriaguez orgiástica, en tanto que Ino se esfuerza por detener a Penteo;
toda la atmósfera expresa fuerte tensión dramática y el desorden del espíritu y de
los sentidos, pero es en la concepción del mito donde Rizzo funda la referencia hele­
nística. La producción literaria más enjundiosa, como las Siracusanas de T eócrito ,
los mimos de H erondas, la Hécale de C alimaco , halla su equivalente plástico en el
famoso mosaico del Dióscorides de Samos, que representa una familia de cómicos
dando pruebas de su habilidad musical y bufonesca; otro mosaico alejandrino representa
a cuatro actores en una escena de magia y aún otro tiene el gran interés de mostrarnos
las bambalinas, el interior de los decorados y a los actores con máscaras que intensifican
lo cómico o lo trágico de sus gestos y movimientos. En la figura de Medea inmersa en
tumultuosos pensamientos, se debaten el amor materno y la voluntad homicida como en
el monólogo de una tragedia griega; un instante más y el equilibrio se habrá roto. Esta
es la idea capital en la obra de Méautis, que basa la noción del momento detenido en un
principio de equilibrio que permite captar hondamente el encanto e interés de esas pinturas.
Pero los tres más grandes conjuntos de la pintura antigua son los frescos de Boscoreale,
de las Bodas Aldobrandinas y de la Villa de los Misterios, con lo cual se comprueba que
la historia de la pintura antigua está hecha más de lagunas que de certidumbres y que
es casi imposible unir la tradición literaria con las obras que por rara casualidad conser­
varon las cenizas del Vesuvio. En los frescos del gran Triclinio de la villa del Bosco­
reale, los retratos han sido expresados en el estilo del primer período helenístico, desta­
cando la sonoridad y el sentido vivo de la realidad visible, con toda la brillantez de los
colores meridionales y amaestrados por mano tan segura de sus efectos que hasta supo
dar la nota contenida.
Las Bodas Aldobrandinas, admiradas por L uciano , Go e t h e , R ubens, V an D yck. y P oussin,
son prueba elocuente de que los pintores pompeyanos que se inspiraron - en los poemas

12

�cíclicos de la epopeya homérica prefirieron tratar las figuras plásticas
en relieve para ahondar en su expresividad y que tal composición
cíclica influyó en la pintura del segundo y tercer estilo. Empeñado
como siempre en desgajar todo vestigio de influencia romana en
el arte helenístico, Maiuri encuentra en esta obra un reflejo de esa
aristocracia romana para quien el cántico nupcial de Cátulo es un
ensayo lírico con atisbos costumbristas. La obra que más ha contri­
buido a interpretar el mito griego, es el fresco de la Villa d e los
Misterios, que representa la iniciación en los misterios dionisíacos
con la lectura de los ritos, la preparación para el sacrificio, el mundo
mítico del cortejo dionisíaco, la purificación por el martirio en una
atmósfera trágica de solemnidad hierática, el rito de la flagelación de
la carne y del espíritu, y el alborozo de la danza final que trasunta
el sentido del culto delirante, seguido de espasmos de gozo que con­
cluyen el ciclo dramático de la acción litúrgica. Proyectado en
el campo del mito y expresado con vivo sentido del pathos, estos
frescos exhiben los caracteres del arte de Scopas y constituyen el
monumento más importante de la pintura de la antigüedad.
Extensa es la lista 41 de pinturas helenísticorromanas, desde el
gran mosaico de la B atalla de A lejandro, obra de los grandes
maestros de la segunda mitad del siglo IV, hasta los amorcillos
ingenuos y maliciosos cuyo origen se remonta a los vasos pinta­
dos, pero si los grandes temas patéticos constituyeron el objeto
de la pintura monumental, el formato menor fué reservado para
los pequeños asuntos de la vida diaria: el paisaje, la personifi­
cación de la primavera en la joven recogiendo flores, las natu­
ralezas muertas, las pinturas animalistas, los retratos y aún la
caricatura que remonta su origen a la antiquísima pintura egipcia.

En cuanto al problema de las copias de la pintura helenísticorromana, las antiguas concepciones literarias 42 apoyan la teoría de que
Italia toda abundaba en obras maestras surgidas de manos helenas;
aunque Girard señala ejemplos en que el tema y la factura son
griegos, pero sin tratarse de una copia sino de verdaderos origi­
nales. Ducati y otros sostienen la existencia de frecuentes expor­
taciones de vasos áticos a lu península itálica y presumen que

13

39 P h ricle

claseica,

D u c a t i,

Torino,

V a r íe

1927.

P errot et C h ip ie z , Histoire

de

dañe Vantiquité ,
1894. S prin g er -R ic ci ,

Varí

P a rís,

Manuale di Storia delVArte,

Bergamo, 1910.

40 A medeo M a iu r i , Pomjjéi,

Ed. Istituto Geográfico de
Agostini N ovara; Lea fr e s ­
quea de Pompéi, Encyclopédie Alpina Illustrée, París,
1942 ; Pompe janische Wandbilder , Ed. Die S i l b e r n e n
Bücher, Berlín, 1938.

41 V éase O lga E l ia , P itture

m urali e mosaici nel Museo
Nazionale di Napoli, Roma,
1932.

42 G i r a r d .

Collignon

Perrot-Chipiez.

y

�hasta allí debieron emigrar también los ceramistas griegos, constituyéndose así una cerámica
trasplantada que no es fácil distinguir de la que procede de Grecia, aunque pronto cobre
caracteres itálicos muy peculiares que mejorarán la nobleza del diseño y de la composición.
En cuanto a las pinturas pompeyanas, para Reinach no cabe duda de que todas son copias
de originales griegos, pero se empeña en demostrar que la invasión ática no impidió el
desarrollo policromo de un arte romano que considera indígena itálico y no forma dege­
nerada del arte helénico. A su vez, la opinión de W ard43 es aventurada y antojadiza pues
sostiene sin fundamento que los artistas de Pompeya debieron unirse en grupos con un
artista griego responsable del esbozo total de la obra y de la ejecución de las partes más
importantes, siempre sobre copias de ejemplares griegos. Méautis rechaza fundadamente
toda esta labor de atribución alegando que el vigor de realización de ciertas pinturas
alejandrinas —jamás citadas por los autores antiguos— corresponde al ideal estético ro­
mano, más complejo y refinado que el de un Zeuxis o un Parrasio, subrayando Von Salís
que hay tal libertad y variedad en el uso que se hace de los viejos motivos que, en verdad,
no puede hablarse de normas unitarias en cuanto a la elección de los asuntos. Por
fin, Rizzo aclara agudamente este difícil y problemático tema de las copias, tras definir
relaciones entre la pintura mural romana y escuelas o maestros de la gran pintura
clásica y neoclásica. Analizando el evidente contraste entre la bellísima concepción y
mediocre ejecución, descarta toda idea de un arte original, fijando su concepto de que
en cuanto a las referencias escritas, la demostración de esta dependencia es tanto más
difícil que en la escultura, pues muy poco se sabe de la pintura antigua. Para otros
autores existiría el sistema griego de composición en que la figura aparece construida
como en relieve, en oposición a un sistema romano en que domina el fondo en perspec­
tiva, como en las escenas de la Odisea. Rizzo niega la validez de estas teorías pretextando
que los pintores pompeyanos conocían bien el arte antiguo, habían estudiado sus mo­
delos, pero en lugar de copiarlo fielmente prefirieron interpretarlo, alargando o trans­
formando el tema y hasta intenta trazar escalas cronológicas con todas las copias deri­
vadas de cada modelo. Con la llamada pintura neoclásica se buscaría en la pintura romana
una expresión estilística de mayor refinamiento, opuesta a la expresión sincera e inge­
nua que señala Méautis en el arte de los siglos clásicos; tal argumento ha podido ser
estudiado en la escultura del período de Augusto y en cinco cuadros pintados sobre már­
mol, para insertar en los muros, hallados en Herculano y Pompeya. También en la
decoración de la edad romana se han hallado imitaciones de pinturas del estilo clásico,
que podrían ser copias fieles de pinturas originales del siglo V, referidas a su vez a las
pinturas de los vasos.griegos sobre fondo blanco. Pero Rizzo tacha de absurda la sola
idea de que tal mezquindad técnica y pobreza colorística puedan corresponder a la pin­
tura de Zeuxis y Parrasio. Ve en las decoraciones neoclásicas simples dibujos con leves

14

�retoques cromáticos y recurre al ejemplo de las Bodas Aldobrandinas
para destacar una vez más que la influencia del arte neoclásico,
con su composición ecléctica, sus libres reelaboraciones, expone a
dura prueba el juicio del crítico más avezado.

43 J a m e s W ard , H i a t o r jp
and methods of ancient and
m odern painting, Londres,
1913.

Interesa plantear aquí aunque someramente el problema de los
estilos en la decoración mural arquitectónica, que cobra mayor auge
con la creciente importancia de la vivienda privada y en la que
debieron descollar los pintores pompeyanos, simples artesanos que
nunca se propusieron la gran pintura. Rizzo y Pfuhl, Romero
Brest y Plá son quienes tratan con mayor claridad y carácter
más definitorio los cuatro estilos de la decoración pompeyana.
El primer estilo habría consistido en revestimientos de estuco
que imitaban la incrustación marmórea, según la distribu­
ción arquitectónica griega de la época clásica; para Roger Plá,
registra el siglo IV del arte griego y denuncia en su riguroso
sentido realista rasgos muy similares a los del arte etrusco. En el
segundo estilo 44 se advierte el reemplazo de la decoración en
relieve por idéntica decoración pintada, evocando quizá las sun­
tuosas construcciones del Oriente helenístico. Fué intención del
segundo estilo crear la ilusión de espacio y profundidad con las
leyes de perspectiva y hacer perder el fondo en lontananza, por
lo que se lo llamó decoración escenográfica; con criterio más
explícito Plá lo denomina estilo arquitectónico-perspectivo pues
da paso a la pintura mural figurativa, con intervención del
arte paisajístico 45. Pfuhl añade que la decoración mural del
segundo estilo se halla como estrujada entre pilares, donde muros
imaginarios significan los primeros planos; Méautis lo interpreta
como una evasión de la realidad, aunque sin la pesadez de un
superrealismo, pues para él el arte pompeyano es juego sonriente
del espíritu en que el intelecto jamás pierde sus derechos mientras
exprese ritmo y armonía, elementos inefables del arte clásico que
tanto admira. Pero el tercer estilo renunciará a todo ilusionismo y
buscará acentuar la limitación espacial; con su característica preci­
sión interpretativa, Rizzo habla de una ornamentación en el plano
en sentido horizontal y vertical, como si perdido el concepto de

44 El ejemplo más antiguo
es el teatro cubierto de
Pompeya (año 80 a. C .).

45 V itruvio, hacia la época
de A u g u s t o , observa que
"sobre los muros se pintan
más bien m o n s t r u o s que
imágenes definidas de obje­
tos reales. En lugar de co­
lumnas, ramas estriadas, con
volutas y hojas encorvadas,
y motivos decorativos en lo­
gar de frontones.”

�la profundidad sostuviera el decorador un principio más sano, que rehuye la representación
■ escultórica y destaca el elemento dibujístico siguiendo la entonación estilística que lo
refiere al arte ático. Opina que la pintura neoclásica debe estudiarse principalmente dentro
del cuadro del tercer estilo, no sólo por su menor sentido de profundidad —unido a una
-ejecución minuciosa, tonalidad cromática clara y tranquila— sino por la síntesis decorativa
y la forma estilística. Plá vincula este estilo directamente con la influencia egipcia, porque
•conecta con las tendencias generales del espíritu augusteo que abogó por la severidad en las
formas y ve con agrado que el apego a la frontalidad de tales pinturas devuelva a la pared
su función de limitar el espacio, como en los frescos de la Villa de los Misterios antes citados.
Señala simultáneamente la subsistencia del segundo estilo, que aflora con nuevo ímpetu en un
cuarto estilo 46 en que las paredes se perforan en infinidad de perspectivas, mientras las
columnillas pintadas adelgazan de modo increíble; se prefieren los colores cálidos y lumi­
nosos hasta el tono del esmalte, se introduce profusamente el oro y se da predilección
al desnudo y los temas eróticos. En un repertorio influido por la literatura y la tra­
gedia, se representan las Bacantes, los Sátiros, las Nereidas, dentro de fantásticas arquitec­
turas de gran actividad atmosférica y con las características estilísticas del reinado de
Nerón. Rizzo desvirtúa toda noción de que el cuarto estilo llegara a Roma como derivación
del Oriente helenístico, con lo cual se le negarían posibilidades y fuerza autónoma de
evolución en el ámbito itálico, y rechaza las conjeturas acerca de posibles "importaciones”
dudosamente atestiguadas. Analiza el papel del cuadro helenísticorromano para dar mayor
énfasis a su opinión de que los grandes frescos del Boscoreale y de los Misterios debieron
corresponder a la decoración mural del segundo estilo, pues sólo más tarde, en el cuarto,
adquirió el cuadro significación propia, inserto en la pared, bien destacado y no subor­
dinado a la decoración mural.

A la luz de los estilos de la decoración arquitectónica pompeyana interesa estudiar ahora
la evolución del paisaje por su atingencia con los problemas del espacio y de la luz, en sus
graduales conquistas pictóricas, para llegar finalmente a definir los caracteres de un natura­
lismo que con frecuencia he citado hasta aquí. Existen en el arte arcaico ciertos caracteres
de limitación impuestos a la representación del espacio por aquella condición obligada en
las representaciones corpóreas: la perseverancia en la superficie; así, con tenacidad cons­
ciente, elude toda noción de espacio, repudia la profundidad. Nada más reñido con la
tan errónea como repetida concepción de progreso preconizada quizá sin saberlo por P as­
cal 47. Hay quien lo explica como una imperfecta educación de la vista que teme el
sentido de la profundidad y avanza a golpes por senda escabrosa, con el solo ánimo de
conquistar para el arte el mundo de lo visible. Estamos en la segunda mitad del siglo IV,

16

�cuando el paisaje adquiere en la pintura una importancia sorpren­
dente, la escena se anima con una vegetación de profusa riqueza,
se vence el temor que en los siglos clásicos alejara al hombre de la
naturaleza; lo que antes parecía inaudito, se realiza ahora en la
batalla de Alejandro donde ocurre que un cielo muy amplio y un
árbol aislado se alzan sobre el tumulto de la lucha. El hombre aún
está allí, pero ya no es “la medida de todas las cosas”. Desde Ale­
jandro se transforma totalmente la proporción hombre-espacio en
detrimento del predominio humano, es decir que a la gradual con­
quista de la representación del espacio, en relación con el mayor
o menor conocimiento de la perspectiva aérea, sobreviene el
paisaje. Pero todavía en el período helenístico se desdeñan los
medios que asegurarían una definitiva ilusión de espacio; apenas
si se valen de la dinamización de los fondos, de la individualiza­
ción de las figuras y del resplandor del horizonte para llevar la
mirada suavemente en el sentido de la profundidad . .. todos ele­
mentos dispersos identificados por una iluminación común en una
sola unidad óptica. Cuando se produce la conquista de la repre­
sentación en múltiples planos, se logra también la perspectiva de los
planos interiores y los efectos de luz. Salvo en tentativas aisladas,
la pintura antigua no había hecho uso de la luz que irrumpe en
una estancia o de sus reflejos sobre las cosas o de la transparencia
atmosférica en la pintura de paisajes. Los ejemplos citados por
algunos autores no pueden interpretarse sino como excepciones,
pues es evidente que la pintura griega eludió todo problema de luz
difusa para preferir los temas al aire libre que exigen profundos
contrastes sobre fondos opacos.
Plinio refiere la introducción de los jardines en la pintura;
Vitruvio, que hace la génesis del paisaje en perspectiva, lo atribuye
a los siglos III y II, mencionando la inclusión de figuras divinas
o episodios del mito, así como representaciones de la guerra troyana
y de la peregrinación de Ulises. El testimonio de Vitruvio, con
otros, indica a las claras que el paisaje no nació en Roma pero la
difusión que alcanza en el arte itálico, con muy peculiares formas
expresivas, corresponde perfectamente con la predilección de los
romanos por la quietud y el lirismo campestres. Cicerón halló en
la campiña pacífico asilo a los azares de la vida política, Horacio

17

46 Representado por los úl­
timos frescos de Pompeya
(60 d. C. hasta 150 d. C.).

47 P a sc a l : “ Toute la suite
des hommes pendant le cours
de tant de siecles doit étre
considérée comme un m ém e
homme qui subsiste toujoura
et qui apprend continuelie m en t”

�el refugio a la agitación urbana y Virgilio descubre, como Séneca, el sincero sentimiento
atávico de la belleza natural. Y el hecho de que los griegos no conocieran grandes maestros
en la pintura de paisajes, no puede atribuirse sino a que carecían de poder de observación
para los matices atmosféricos, los principios de composición y la perspectiva aérea. Pueril
sería atribuir tal omisión a una falta de conocimientos técnico-pictóricos, cuando todo señala
hacia una actividad muy propia del pueblo griego que se aviene a la tesis kantiana *8 sobre
la síntesis de la facultad experimental y la facultad racional.
Con tales elementos intentaremos fijar las formas de un naturalismo griego que res­
peta la premisa de Go et h e 49. Los caracteres naturalistas que Romero Brest señala en
los vasos de Dípilo se evidencian luego en la hoja de acanto del estilo corintio y en la obra
de los pintores del siglo IV con "el abandono de la concepción canónica de la figura
humana, la búsqueda apasionada del movimiento, los comienzos del claroscuro y del
escorzo, la libertad en la expresión sutil de los detalles." Collignon protesta contra el
repetido concepto del ideal en el arte griego, señalando que ya en tiempos de Fidias
la inspiración se dirige a la naturaleza. El realismo arcaico inspirado en la más severa
objetividad no condice con los caracteres precisos de la estilización arcaica, que nada
quiere saber de incondicional fidelidad a la naturaleza pues le importa mantener abso­
luta libertad frente a la complejidad de lo real. Contrariamente, en el período helenís­
tico advierte Von Salis un sentido naturalista de raíces cretense-micénicas, tamizado por
la observación analítica del helenismo. Con tenacidad perseverante se busca en el período
helenístico el fundamento de las cosas que está en el fondo de toda apariencia. Es la
edad de la ciencia empírica y el severo estudio objetivo de la naturaleza y sus fenómenos
informan la marcha de las artes plásticas. Se desea un acercamiento con lo natural, se
subrayan los contrastes entre la potencia espiritual y los defectos físicos, aunque “sin
intención de hacer caricaturas."
Concluyamos el estudio de los caracteres de la pintura griega leyendo en H o m ero , H e 50 y E squilo los rasgos del mundo helénico hasta el siglo VI y en Sófocles los
rasgos de la visión colectivista ática del siglo V en que se expresa la conformación
urbana. La voluntad popular parece señalar al arte sus propios rumbos e intenta infla­
marlo de poderosa conciencia helénica tras los últimos triunfos guerreros. En esta
etapa urbana el arte se basa en principios intelectuales y no sensibles, y evidencia una
disciplina mental de la especulación artística, con caracteres racionales que significan
el absoluto equilibrio de la experiencia de A ristóteles y la razón de Platón. En tanto,
en la vida griega coinciden los caracteres del mito apolíneo y un proceso de lo
espiritual relacionado pero no influido por lo material cuyo predominio caracteriza
síodo

ís

�C y D

�E

�el arte del siglo V, con lo cual se desmiente la falsa idea del
idealismo griego que, en la pintura, reflejara para Woermann la
evolución de la poesía griega desde la epopeya al drama. El siglo IV
opone al anterior materialismo un sentimiento individualista ex­
presado en esa dinámica interior de las formas que es su rasgo
diferencial. Y en todo el período helenístico señala el autor con
carácter permanente un germen vivo de la problemática y una
unidad conceptual que proviene de la transformación de la expe­
riencia visual —punto de partida de la creación— en formas
conceptuales. La tragedia había intervenido ya en la represen­
tación de los sentimientos y pasiones del alma. Las preocupacio­
nes que colocan la raza sobre el individuo, el porvenir colectivo,
todo eso es ajeno al modo de vida helenístico y prepara el
derrumbre de la vida helénica. La crisis ya está en Eurípides.

Para determinar la influencia del mito en la pintura recurriré como
referencia permanente a la obra de G ernet y B o ulan ger 51 que
ilustra sobre mitos y religión griega 52. Sobre éstos no hay refe­
rencia escrita por lo que deben ser reconstruidos con los aportes
deshilvanados que proporciona la literatura, la filosofía, las pin­
turas de vasos referidas al ciclo de los misterios dionisíacos, y
algunas pinturas pompeyanas como los frescos de la Villa de los
Misterios. Pero si en toda sociedad existen necesariamente rela­
ciones entre la religión y el arte, en ninguna otra parte han sido
tan íntimas como en Grecia, donde han experimentado —en el
corazón mismo de la vida religiosa— la necesidad de la represen­
tación que se satisface por sí misma 53. Aclara Romero Brest que
las artes plásticas no fueron las más propicias para la expresión del
individualismo místico dionisíaco, que no necesitó de templos ni de
la encarnación de sus divinidades, pues bastaron a su expresión
el escenario de la naturaleza, la música, la danza y el coro ditirámbico que originó más tarde la tragedia. N ietzsche 54 opondrá
a su vez al sentimiento atávico de la naturaleza, el concepto anta­
gónico de la sabiduría. Él y R hode 55 explican sobradamente los
dos cultos griegos encarnados en las divinidades de Apolo y Dio-

21

48 Ka n t : "L a razón debe
acudir a la naturaleza lle­
vando en una mano sus
principioa, según los cuales
tan sólo los fenómenos con­
cordantes pueden tener el
valor de leyes, y en la otra
el experimento, pensado se­
gún aquellos principios.”

49 Goethe : "Basta que un
artista escoja un tema, para
que éste deje de pertenecer
a la naturaleza.”

50 El primer poeta griego
que sintió con bastante in­
tensidad su propio yo para
presentárselo al mundo.

51 Ge r n e t y B oulanger , El
genio griego en la religión,

Ed.

Cervantes,

Barcelona,

1937.

52 H egel: "L a religión es
el saber que el espíritu refi­
nado posee de su esencia
como espíritu absoluto.”

53 Gqrnbti

y

B oulanger , ob.

cit.

54 F. N ietzsche, E l origen
de la tra g ed ia , y obras jjós turnas de 1869 a 1873, Ed.
Aguilar, Buenos Aires, 1947.

55 E r w in R hode , Psique , la
idea del alma y la inmortali­
dad entre los griegos, Fondo

de Cultura de México, 1948.

�niso, los representantes vivos y patentes de dos mundos de arte que difieren esencialmente
en su naturaleza y sus fines respectivos. Con la avasallante pasión con que desmenuza todos
los aspectos del problema —¡y es, contra toda apariencia, la indomable pasión de los fríos,,
nunca obcecada, siempre renovada!— dice Nietzsche: “Apolo se eleva ante mí como el
genio del principio de individuación, único que puede suscitar realmente la felicidad libera­
dora en la apariencia transfigurada; mientras que, al grito de la alegría mística de
Dionisio, el yugo de la individuación se rompe y se abre el camino hacia las causa*
generatrices del ser, hacia el fondo más secreto de las cosas.”
No se suponga que la vigencia de un culto reemplace en tiempo determinado al otro,
pues la extraña característica del problema reside en que ambos subsisten a la vez, ya
sea con carácter subyacente o actuante. El fondo de cultos agrarios que procede de la
época arcaica, integra creencias y prácticas del pasado campesino que, momentáneamente
eclipsadas por la civilización aristocrática, reaparecen exaltadas por influencias orientales
para traducir el elemento dionisíaco. El mismo Polignoto se vió en la necesidad de
acordar las tradiciones del canto IX de la Odisea, según sagaz observación de Méautis, con
los misterios de iniciación órficoeleusinos; “rudo trabajo era reunir en una sola obra
concepciones en apariencia tan opuestas: la de la Odisea y las otras proclamadas tanto
por los conventículos órficos y pitagóricos como por las iniciaciones oficiales que Eleusis
ofrecía a la multitud de los griegos." También Gernet y Boulanger se preguntan si hay
yuxtaposición o síntesis de los cultos, cuando en el templo de Delfos se representa la
tumba de Dioniso como Dios délfico y en el otro frontón a Apolo y las Musas. En
todo caso, convienen, Apolo en Delfos se hallaría en cierta atmósfera religiosa, junto a un
Dioniso esencialmente orgiástico, cuyos ritos eran conjugados con los suyos, si es que el
testimonio de P lutarco y P ausanias corresponde a una época anterior al sincretismo
helénico que ocurre tardía, pero seguramente, y aun cuando los rasgos definitorios de las
divinidades griegas habían sido fijados de manera harto precisa por las artes plásticas.
Antes de que ocurra el predominio urbano que por su concepción colectivista señala el
término de la conmoción social de la que procede la crisis religiosa, la ciudad impone a
la religión una calma, una disciplina y una suerte de impersonalidad que contiene el im­
pulso místico y da en el arte la nota dominante 5 6 . Así ciertos rasgos esenciales de la religión
clásica serán fijados imperiosamente. Al autor le interesa señalar la coincidencia entre
la efervescencia del misticismo y la constitución de la soberanía abstracta de la polis.
Es por un lado la huida del mundo de los sentidos, por otro el imperio de las preocupa­
ciones prácticas y de un pensamiento positivo. El mito olímpico dominado por el racio­
nalismo griego va a superar el contenido amorfo de los ritos agrarios de raíz dionisíaca,
entretanto se afianza el triunfo de la ciudad. No hay misticismo que pueda sobrevivir
a las concepciones colectivas. De modo que hasta el siglo V pueden seguirse en las arte*

22

�plásticas las huellas de un predominio apolíneo, de concepción colec­
tivista, que otorga estructura formal al culto y está íntimamente
relacionado con un arte de caracteres esencialmente materialistas
que en los siglos VI y VII favoreciera el desarrollo de una escultura
de predominante concepción empírica y científica. Sólo que en el
fondo alienta siempre la raíz dionisíaca, individualista, que representa
todo lo desmaterializado, lo espiritual del arte griego. P oljgleto
definirá para Romero Brest el arquetipo de la raíz apolínea y F umas
el ejemplo de la raíz dionisíaca. Esta corriente de contenido místico
humanizará más tarde la concepción apolínea, los misterios órficos
conducirán a una exacerbación de lo personal y en la thiasa dionisía­
ca se producirá la consubstanciación del hombre con la divinidad.
Quien dice misterios, dice unión sexual con la divinidad, anotan
Gernet y Boulanger.
Méautis, despreciando el alcance singular que para el arte tiene
esta raíz dionisíaca, no ve en lo helenístico sino un instintivo
deseo de rebajar todo lo que había de superior en las puras y
castas figuras de la religión apolínea; observa que la desaparición
del culto del héroe, su predilección por representar los momentos
de desfallecimiento, derrota y envilecimiento son característicos de
toda época de degeneración. Reconoce empero que el valor de la
época helenística está en haber roto toda barrera, en no rechazar
experiencias ni despreciar tema alguno, pero objeta que éste no
limitarse ni restringirse agota pronto y que los dos siglos de la
época helenística significan tremendo derroche y rápida declinación.
No conviene con Gobineau 57 en atribuirlo a una mezcla de razas
y, en especial, a una adulteración de la raza aria, pero reconoce
la complejidad del problema ante el aporte de la influencia de
los cultos orientales, que contribuyó a viciar las energías, como lo
prueba el éxito que obtuvo en el dominio de la pintura uno de los
mitos orientales: el mito sensual de Adonis, conocido por el libro X
de las Metamorfosis de O vidio. El mito épico ya no es el de
Homero 5 8 , ni el de Hesíodo 59 —observa Rizzo— sino el mito
de A pollonio R odio y de poetas como C alimaco y T eócrito .
Para Rizzo, el mito griego, en el esquema tradicional de las artes,
está representado en todos los cuadros que comprenden la decora­
ción de la Volta dorata, pues los copistas romanos debieron cono-

23

66 G b&amp;n &amp;t y B ou lancee , ob.
cit.

57 J . A. db G o bin ea u , E n sa­
yo sobre la desigualdad de
las razas humanas.

58 Hombro, el artista ingenuo

para Nietzsche.

autor de Los
Trabajos y los Dias, lo más

59 H ssíodo.

antiguo Que se conoce en
materia de literatura subje­
tiva.

�cer el mito helénico a través de la tradición de la pintura helenística, y es así
como traducen la poesía alejandrina referida a Calimaco y la espléndida reelaboración
de Ovidio. El cuadro de la casa de Adonis que señala hacia el período alejandrino y cuya
concepción temática se identifica con la poesía idílica alejandrina, recuerda en la ex­
presión patética de Adonis alguna figura de la escultura helenística derivada de Scopa».
Se suceden las representaciones de Pan, Bacantes, Sátiros, Silenos, Hermafroditas,
Narcisos, Polifemos, en el séquito orgiástico que conduce Dioniso, rebosante de juventud.
Méautis ve en la recurrencia de los temas de Leda, Ganimedes, Narciso, el carácter extre­
madamente afeminado y lascivo del arte helenístico, influido por el culto orgiástico y
misterioso de Dioniso hacia el que las mujeres se sentían más atraídas que los hombres.
Ambos modos de expresión, poesía y pintura, desarrollados paralelamente, llegan a
formas similares y señalan un cálido sentido de la naturaleza al que está estrechamente
unido el mito. Lo apolíneo es representado con profusión, a veces con el gran trípode
délfico. Pero Dioniso es el dios más amado, él y los seres profundamente sensuales de su
séquito, que en la naturaleza son acogidos y se consubstancian. Las carreras orgiásticas
son el rito de un verdadero frenesí religioso que Rhode compara con el furor de la danza
hacia fines de la Edad Media. Es una locura que se abate principalmente sobre las
mujeres, una sobreexcitación sexual con fenómenos de éxtasis y alucinación, "una especie
de amanismo colectivo que se reconoce en los fieles del dios” que esperan la renova­
ción de su ser, por el dios que absuelve y libera por la locura. Pero se entrevé un
impulso colectivo que suscita resistencias y represiones y que Eurípides personifica en la
leyenda de Penteo. Cuando en el siglo III, después de la muerte de Alejandro, comienza
la crisis helénica, esa corriente intensamente mística, individualista, que caracteriza al
período helenístico romano aflora con renovada potencia; "los espíritus incapaces de
abstracción y atormentados por el deseo de una unión personal con la divinidad, sin
esperanza de obtener de la religión tradicional un socorro eficaz, se vuelven hacia las
asociaciones privadas 60/* Dioniso gana con la disolución de la ciudad. Su culto conmo­
vedor y sensual ejerce singular sugestión sobre las almas místicas, por cuanto "exige la
donación completa de sí mismos.” Salvo un eclipse en la segunda mitad del siglo II a. C.,
el culto de Dioniso, durante el período helenístico, ocupó en todas partes el primer plano
de la vida religiosa.
De la existencia de las cofradías debía beneficiarse la noción del alma. Junto a la idea
de la psyché que en la tradición homérica responde a un ser inconsistente, "sombra tenue
que apenas conserva una sombra de existencia después de la muerte”, aparecerá en
adelante la idea de un ser subsistente emparexitado con lo divino. Rhode desentraña en
su obra citada el significado de la psique como "la imagen durable de la persona”, que

24

�no es el otro yo que en vida mora dentro del hombre. La creencia
en el alma se funde Con el culto a los dioses.
La tragedia, producto reciente y arte sintético —incluso el más
sintético, pues los comprende a todos— desentrañará los caracteres
del mito (algunos solamente) y de la lucha del hombre contra el
destino inexorable, fondo común de lo trágico. “La tragedia ática
refleja menos las concepciones del siglo V, el de la Ilustración
griega, que aquellas ideas del culto que, procedentes de los mitos
de la época prehistórica y transformadas o modificadas bajo las
aguas del río vivo de la tradición, se deslizaron hasta llegar a
aquellos tiempos de acusado individualismo helénico 61.’* Homero
plasma las figuras y sucesos que la leyenda y la fábula antiguas
sugerían a la fantasía; con ello el mito cobra, en formas tangibles,
un sentido totalmente nuevo y máximo contenido espiritual y
será E squilo quien logre una transacción más feliz entre la men­
talidad del pasado y la del presente. Esquilo es el orden moral.
Sófocles , en cambio, encuentra en sí mismo la ley de sus actos,
porque importa respetar al hombre individual con los impulsos de
su propia vida interior. Pero si Sófocles no sabe de estos misterios
más de lo que pueda saber “cualquier honesto ciudadano de Ate­
nas 62” y se mantiene al margen de todo el movimiento filosófico,
E urípides es arrastrado por él y por su afán dialéctico para fijar
más profundamente que nadie —y aún a pesar de su violento
escepticismo— el recuerdo de la religión. Inquieto y propenso a la
negativa, dominado por una necesidad de fe intermitente y harto
incapaz de darle satisfacción definitiva ni aun duradera, sigue a
trechos las corrientes filosóficas de su época. Quienes como Eurí­
pides no se resignan a una indiferencia total respecto a la cosa
religiosa, piden a la filosofía el fundamento racional de su descrei­
miento. Así la filosofía habrá dirigido durante mucho tiempo el
combate en favor del individualismo y el cosmopolitismo. En ade­
lante, labrará una cultura universal.
En el siglo III, Atenas es sede de la actividad filosófica: subsisten
la Academia y el Liceo con los discípulos de Platón y Aristóteles
y se desarrollan sectas, como el Epicureismo, primer intento de
establecer con conciencia un sistema que es la religión de las almas
serenas que buscan apartamiento, el Escepticismo y el Estoicismo,

25

60 Grrnbtt y B o ulan g er , ob.

cit.

61 H a n s E c k s t e in , prólogo
a Psique , de Erwin Rhode,
Fondo de Cultura Económica,
Buenos Aires, 1948.

62 ION, en Aten., 13, 604, d.

63 J en o fo n t e , Memorab. III,
10, 1. Aunque Jenofonte nun­
ca entendió a Sócrates, pro­
porciona los datos de mayor
fidelidad histórica.

�la filosofía del mundo helenístico que A rcesilao deshojó implacable, forjando un arma
de polémica dialéctica que los estoicos nunca consiguieron reducir a la impotencia. No
cabe duda de que las corrientes filosóficas penetraron los ámbitos artísticos. Parrasio dis­
cutirá con Sócrates 63 la finalidad y los límites de la producción artística. P latón con­
denará vehemente los caracteres de una cultura exclusivamente dedicada a las artes, pero
ya estará en él el germen del sentimiento panteísta y romántico de la época helenística.
Al racionalismo socrático que sólo busca el saber, opone Platón la experiencia del corazón,
con notas que no se atreverán a entonar sino D ante y Go e t h e .
Ante tal panorama para la especulación critica, no cabe sino adentrarse profunda y lar­
gamente en las pocas sí, pero no pobres, obras de la pintura antigua, sin detenerse a
aguardar más descubrimientos ni a lamentar el perdido tesoro. ¡Hay que entregarse al
por otra parte irresistible sortilegio de lo griego! Y comprender que se está frente a un
ciclo cultural finiquitado que no hace sino reeditarse a través de las épocas.
C lara D iam ent

26

��£

�H

�I

�Inventario

TOULOUSE
LAUTREC
EN B U E N O S
A I R E S
Dice M aurice J oyant que T oulouse-L autrec nace con el don del dibujo;
usar el lápiz y el color es para él tan necesario como comer o beber, y
a obtener maestría en su manejo dedica su vida, a la que un ensaña­
miento de la naturaleza cerró tantos otros caminos. No hay que creer,
empero, que debido a su invalidez, sólo encontramos en Toulouse-Lautrec
amargura, envidia o sordidez. Toda su obra demuestra que, al enfren­
tarse con el mundo, él se libera de lamentaciones o rencores y da su
versión con la tranquilidad y lucidez del que sabe ver, sentir y com­
prender, aun sin poder compartir.
Si exceptuamos la serie de dibujos de animales de su primera época —de
los 15 a los 18 años—, puede considerarse que lo que real y verdadera­
mente interesa e inspira a esta artista es el s e r h u m a n o , que no es para
él tan sólo un elemento que compone una escena, sino su actor principal;
lo demás, paisajes, muebles, interiores. . . son simples accesorios, lo impor­
tante es la presencia del hombre o de la mujer, y gusta encontrarlos
siempre allí donde la vida es acción y movimiento. Su primer profesor
fué el animalista R ene P rinceteau , en cuyo estudio conoce a F orain.
No es fácil encontrar muchos puntos de contacto entre estos dos pintores,
pero no podemos dejar de notar que ninguno de los dos va al mundo
en busca de temas bellos; ellos pintan sin lástima ni asco, y otorgan
belleza a temas que para otros sólo sugieren desesperanza, perversión o
vulgaridad.
A esta primera época pertenecen C in c o h ojas d e á lb u m (dibujos a lápiz
y sanguina, sellados H T L , pertenecientes a la colección Domingo Viau.)

31

�En esta serie de bocetos se observan ya las muestras de su genialidad.
Son estudios de jockeys o caballos, donde más que potencia de movi­
miento es casi la plena acción. El trazo analítico, es a veces nervioso,
indeciso —no olvidemos que son obras de adolescencia—, pero nunca inex­
presivo. Sin ser descriptivo anatómicamente hablando, se ve que cada
músculo del animal ha sido observado en el momento del movimiento y
atesorado por una poderosa memoria visual. Ya estamos en el camino de
la síntesis que caracterizó las obras de la madurez, en la plena invención
de arabescos con que el trazo va resumiendo la sucesión de imágenes que
el tema brindó. También pertenece a esta época el cuadro E n o b serv a tio n (óleo sobre tela, 0,610 m. X 0,500 m., perteneciente a la colección
Antonio Santamarina, antes a la colección Sevadjian) que lo muestra
siempre como dibujante a pesar de tratarse realmente de tela pintada y
no dibujo con color, como en muchas de sus obras. Se advierte que aún
no había entrado en contacto con los impresionistas, porque su gama
está dentro de los tonos oscuros, la luz no interviene, las formas están
construidas con masas de color, no con trazos yuxtapuestos.
De su segunda época —cuando estudia con B onnat y C armon para disci­
plinar su dibujo y aprender la técnica del oficio— no hemos encontrado
ejemplos en Buenos Aires. Es el momento de sus a ca d em ia s, su paleta se
ensucia, se oscurece, el joven pintor trata de olvidarse de sí mismo para
asimilar todas las enseñanzas de sus maestros. Pero su vocación formal
es tan fuerte que se opone a lo que por entonces se consideraba e l a rte ,
y pronto abandona sus estudios y trata de olvidar lo aprendido poniéndose
en contacto con los jóvenes pintores franceses. Es ahora cuando pinta
las series de pelirrojas en el jardín, los retratos de su madre, los de Suzanne
Valadon. Pertenece a este momento el cuadro B e rth e la so rd a en el
ja rd ín (0,76 m. X 0,59 m., colección Matsukata), expuesto en Buenos
Aires en 1949, a raíz de la exposición D e M a n e t a n u e s tro s días (véase
descripción en V er y E stimar, número 11-12) y también el R e tr a to d e
S u z a n n e V a la d o n , que se encuentra en el Museo de Bellas Artes.
Ya está cerca de los veinte años y, al conocer a V an Gogh y a los impresio­
nistas toma de ellos cuanto puede servirle para expresar su mensaje, sin
llegar a convertirse en un impresionista: es cierto que individualiza las
pinceladas —todo el cuadro de Suzanne Valadon está construido sobre
una especie de trama de plumazos—, pero lo hace porque dibuja al pintar,

32

�porque necesita líneas y no porque busque crear una atmósfera luminosa;
también es cierto que yuxtapone colores complementarios, pero no para
que la retina del espectador reconstruya formas, puesto que el cuerpo y
todos los rasgos de sus figuras están firmemente construidos por trazos
que casi las encierran totalmente, separándolas de la atmósfera en vez
de incluirlas en ella. Para Toulouse-Lautrec la luz no es elemento esencial,
no le interesan las variaciones que pueda producir ni busca efectos de
claroscuro. Le interesa la luz sólo mientras ilumina al ser humano que
quiere pintar; el hombre es lo vital, la luz es algo frío, abstracto, estable.
También pertenece a esta época L e R e g is s e u r (1885, óleo sobre tabla,
0,114 m. X 0,720 m., colección Antonio Santamarina) que se diferencia
notablemente de la mayoría de las obras que produce entonces. En
realidad, no es éste un cuadro de caballete, sino un panel de una decora­
ción mural que pinta para el Auberge Ancelin, en Villiers-sur-Morin.
Por eso está más cerca de los a ffic h e s de colores homogéneos y casi planos
que pinta años más tarde, aunque en esta obra usa, casi exclusivamente,
una gama de tonos neutros. Éste es uno de los primeros cuadros en que
su extraño punto de enfoque distorsiona a los personajes y da origen a
ese modo suyo de componer los conjuntos, tan personal. Toulouse-Lautrec
no es nunca retórico; busca destacar los elementos más característicos del
personaje que le sirve de modelo, pero nunca repite la receta. A veces lo
dice todo con una línea; en L e R e g is s e u r , en cambio, todo lo que le
interesa describir —la nariz y la boca— lo hace con dos manchas que con­
trastan con el resto del cuadro no solamente por el color, más decidido
y duro, sino también por la materia pictórica que sólo en estos trazos
es espesa y rica.
En este momento y casi hasta su muerte, Toulouse-Lautrec vive en Montmartre, formando parte de ese clan especial, al que nadie como él
supo describir tan agudamente. Es el período de su madurez, trabaja en
plena posesión de sus medios, sabe lo que quiere decir y lo dice, sin
miramientos, sin cautelas. Cualquier tema es bueno para pintarlo: muje­
res jóvenes o viejas, endurecidas o sufrientes, retratos de amigos, enfoques
casuales. Trabaja febrilmente, como temiendo no alcanzar a expresar
todo lo que lleva dentro y, sin embargo, como si un cierto pudor le
impidiera volcarse en sus obras. Tal vez pensaba, como su amigo O scar
W ilde, que quien posee el conocimiento de Dios lo pierde cuando quiere

33

�compartirlo con otros. Por eso la actitud de Toulouse-Lautrec parece ser
estudiadamente neutral, en tanto que su ojo observa y no deja de captar
en forma incisiva, muchas veces cruel, lo más característico de los seres
que despiertan su interés. Y por fin trabaja, crea su obra, que es síntesis
de las muchas imágenes que su mente ha ido acumulando. ToulouseLautrec no ensalza ni condena; su actitud es, en cierto modo, la del
pintor naturalista, un frío espectador del mundo que lo rodea. Esto
podría decirse de su posición previa, pero no sucede así cuando trabaja,
como lo revelan sus enfoques fu e r a d e fo c o , sus trazos que vibran sin
nervio, y su personal manejo del color. Todo esto lo colocaría comple­
tamente fuera del naturalismo, si descartamos la unidad que él da siempre
a sus formas y el parecido que conservan con el original. Hemos podido
comprobar esto al comparar el cuadro G a b rie lle la D a n s e u s e (óleo sobre
cartón, 0,360 m. X 0,250 m., colección Antonio Santamarina) que pintó
en 1895, con reproducciones de retratos de esta misma bailarina que pinta
entre 1888 y 1895. Hay diferencias de edad, de ropas y de escenarios,
pero en todos se descubre la adhesión al modelo. Su obra es siempre
el resultado de una labor intelectual; no busca arquetipos, pero llega a
la generalización conservando el carácter del ser individual. Si obser­
vamos el retrato de Iv e tte G u ilb e rt (1893, acuarela 0,525 m. X 0,345 m.,
firmado H T L abajo en el centro; colección Max Linder, hoy colección
Antonio Santamarina) podríamos considerarlo como descriptivo de una
actriz frente al público, pero bien se ve que no es eso solamente. Ante
todo es ella con su nariz respingada que Toulouse-Lautrec eleva casi
hasta lo imposible, con su porte altanero, con el gesto tan personal de
su boca; esto se observa también en otro retrato de la actriz, de 1894
(dibujo a lápiz, hoja de álbum, sellado H T L , colección Mme. Tapie de
Celeyran, luego colección Domingo Viau), donde el pintor no buscó acen­
tuar efectos grotescos, sino tan sólo describir ¡y cuán pocos trazos necesita
para hacerlo! Con tres o cuatro líneas, una más vibrante, las otras tensas,
casi duras y con escasas diferencias de grosor, construye esta cabeza, dando
en un pequeño dibujo la medida de esa potencia emocional que tan bien
esconde en otras telas suyas. Por ejemplo, en M a d e m o is e lle M a rc e lle L e n d e r (1895, dibujo a lápiz, 0,185 m. X 0,115 m., colección Domingo Viau)
el sentimiento, que indudablemente existe, se halla subordinado y deja
que se destaque el efecto grotesco e irónico que Toulouse-Lautrec extrae
de sus modelos. Lo mismo podemos decir de T e t e d e f e m m e d e fa c e

34

�(1895 (?), óleo sobre cartón, 0,420 m. X 0&gt;270 m., firmado abajo; colec­
ción Antonio Santamarina), donde los efectos grotescos se logran por con­
trastes cromáticos entre las manchas que construyen y el fondo del cartón
que emerge.
En L a B e lle et la B é t e (óleo sobre cartón, 0,340 m. X 0,250 m., fir­
mado H T L abajo a la derecha, reproducido en F íg a r o Illu s t r é de
setiembre de 1895, colección Antonio Santamarina) y en A u M o u lin
R o u g e (aguada, 0,545 m., x 0,430 m., sellado H T L , reproducido en
F íg a ro Illu s t ré de febrero de 1894, colecciones Roger-Marx, Pridonoff
y Mercedes Santamarina) destacamos lo que suele llamarse el e x p r e s io ­
n ism o lin ea l de Toulouse-Lautrec y su singular modo de componer. En
el primero, en vez de pintar las figuras, las construye con una incisión
que recorre la superficie homogénea del cartón; en A u M o u lin R o u g e
hay desproporción y contrastes no solamente en el tamaño de los perso­
najes sino en el tratamiento del color; mientras algunas figuras están
pintadas con el tono casi puro, otras están apenas construidas con pince­
ladas aguadas, que le permiten jugar sobre el tono del cartón con que
trabaja. Debido a esto, las figuras ganan en dinamismo lo que pierden
en volumen, en materia.
Hay un tema en la obra de Toulouse-Lautrec que pareció apasionarlo
siempre: el circo. No solamente ilustró libros y pintó a ffic h e s sobre la
vida del circo, sino que llegó a pintar de memoria, con lápices de colo­
res toda una serie de escenas circenses en 1899, mientras estaba interna­
do en un sanatorio. A u C i r q u e F e r n a n d o óleo y pastel sobre cartón,
0,810 m. x 0,610 m., firmado arriba a la derecha, colección Antonio Santa­
marina) no pertenece, sin embargo, a ese momento de la vida del pintor;
no cabe la menor duda de su autenticidad, a pesar de que no hemos
podido encontrar datos de ese cuadro en las monografías de Maurice
Joyant o de Lassaigne y tampoco en las listas de cuadros atribuidos a
Toulouse-Lautrec o en las de famosas falsificaciones. Esta obra —induda­
blemente una de las mejores piezas que se hallan en Buenos Aires— es
un cuadro trabajado al pastel, con algunas zonas acentuadas por manchas
de óleo muy diluidas en esencia. Da una versión del movimiento de la
e c u y é r e , unida por un arabesco de color al movimiento del caballo, en
tanto que la cabeza y el tren delantero del animal se mantienen tensos
dentro de otro gran arabesco que busca conceptuar toda la fuerza y el

35

�nervio que el brazo firme de la mujer apenas puede contener. Quizá
en ningún otro de los cuadros estudiados puede advertirse mejor que
en éste cómo la emoción creadora del artista es guiada por su frío inte­
lecto, según lo revelan el ritmo de los trazos y la elección de tintas
y tonos, casi todos dentro de la gama fría, salvo algunos acentos encon­
trados entre los complementarios; comprobamos así, una vez más, la
extraordinaria aptitud de colorista de Toulouse-Lautrec, no menor que
su calidad de dibujante. Una visión mucho más naturalista hasta por el
enfoque y la manutención de los ejes ortogonales es la que nos da en
M . P a u l V ia u d (óleo sobre cartón, 0,790 m. X 0,400 m., firmado abajo
izquierda, reproducido en la pág. 227 de L a u t r e c , de M. Joyant, colec­
ción Antonio Santamarina) que pinta en 1900, pocos meses antes de morir.
Para estudiar la obra de un artista, conviene generalmente conocer su
biografía, ya que en su vida puede hallarse la explicación de ciertas acti­
tudes que su obra refleja y, por otra parte, gracias al estudio y compren­
sión de sus obras es posible, en cierto modo, reconstruir la posición del
artista frente al mundo, sus sentimientos, sus reacciones. En el caso de
Toulouse-Lautrec el conocimiento de su biografía es casi un obstáculo,
pues sabiendo que fué un inválido, resulta fácil atribuir a este hecho
todas las calidades de originalidad que señalan sus obras, pero el que
así procede pierde la oportunidad de captar lo profundo y universal de
su mensaje. Toulouse-Lautrec supo caracterizar y definir sin volcarse,
su meta fué otorgar a los seres y las cosas una vida más honda y dura­
dera que la propia, una vida más allá de toda realidad, pero sin perder
contacto con todo lo que hay de perecedero, de deleznable en este mundo
en que vivimos.
B eatriz H uberman

36

�DEGAS EN

BUENOS

AIRES

Es por demás evidente que el expresionismo ha bebido en las fuentes de
Degas, por lo menos en cuanto su pintura significa independencia de la
línea y de la forma toda del objeto natural. Lo que es medido y equili­
brado en él se desata en los expresionistas, pero ya están en Degas el
desinterés por el modelo como forma dada y la búsqueda constante de
lo que él puede sugerir como forma y ritmo.
Más de una vez se ha hablado de la fealdad de sus bailarinas. No sería
legítimo pensar en un Degas enamorado de sus modelos, pues es tan frío
y tan objetivo frente a ellos como el maestro de danza que los ve nada
más que como el mecanismo maravillosamente articulado para producirla.
Es la danza en sí y no el tema lo que le importa, la danza como suges­
tión de formas.
Hablando del ballet, Valéry anota: “De donde resulta esa maravillosa
impresión en el universo de la danza: el reposo no tiene lugar, la inmo­
vilidad es expulsada, constreñida, forzada, momento de pasaje y casi de
violencia, a pesar de que los saltos, los pasos contados, las puntas y los
trenzados o las rotaciones vertiginosas se producen como maneras abso­
lutamente naturales de ser y de hacer”. Del mismo modo, tampoco en el
mundo de Degas tiene lugar el reposo. Sus bailarinas detenidas fugaz­
mente o ejercitando un movimiento danzan también y al recomponerlas
mentalmente las imágenes se suceden según un ritmo en arabesco entre­
tejido con líneas, espacios y tiempo. Esa fué una de sus conquistas, la
nueva manera de organizar el espacio poblándolo de ritmos que lo dinamizan, rompiendo con toda tradición clásica. Encontramos un buen

37

�ejemplo en D a n s eu se s a u fo y e r , un dibujo a pincel sobre tela que pertenece
a la colección Mercedes Santamarina (0,390 m. X 0,890 m. y que fecha­
mos aproximadamente entre 1880 y 1883). El cuadro se desarrolla en forma
longitudinal: con gran maestría contrasta Degas el elemento estático que
constituyen los instrumentos de música abandonados en el suelo con los
ritmos quebrados de las bailarinas que se aprestan a bailar. Por otra
parte, la línea de la pared sobre la que descansan los violoncelos nos
lleva hacia el punto de fuga entre las bambalinas, donde se va a desarro­
llar el espectáculo, sugiriendo otros espacios no representados. Mientras
los elementos estáticos están construidos con referencias de volumen,
comienza el movimiento a acentuarse en la bailarina agachada del primer
plano para ir descargándose de corporeidad las siguientes, a medida que
se alejan, hasta constituir puros elementos de un ritmo casi lineal. La
ausencia de color es total, salvo las tonalidades del gris que logra con la
tinta. Las gruesas líneas de pincel crean una estructura organizada de
tal manera que el fondo crudo de la tela vibra como espacio.
Igual que los impresionistas, Degas elude lo ficticio del clasicismo. Le
interesa la vida que lo circunda y si bien no sale al aire libre, encuentra
sus temas predilectos entre bambalinas, en las carreras o entre modistas y
planchadoras, captando a sus personajes en la intimidad, pero sin hacer
de su arte un medio de protesta o de sátira, como lo hicieran D aumier
y T oulouse-L autrec . Degas es un intelectual. Toda su obra es el resul­
tado de una profunda elaboración mental. “No hay arte menos espon­
táneo que el mío”, ha dicho él mismo. Le gustaba sorprender a las
bailarinas en esas actitudes que se desvanecen al instante por la sucesión
de los movimientos. Algunos de los muchos estudios que de ellas hizo
pertenecen a colecciones argentinas. En D a n s e u s e d e b o u t (dibujo a car­
bón y pastel 0,480 m. x 0,520 m., colección Mercedes Santamarina, alre­
dedor de 1882) utiliza el carbón con pequeños acentos de pastel y el
cambio de materiales implica otra expresión cuando se lo compara con
D a n s eu se a u fo y e r . La línea se hace más blanda, logrando una mayor
plasticidad, y toda la fuerza se resume en esos dos ejes casi en ángulo
recto de las piernas que describen el movimiento realizado y a realizar.
En otros dos estudios: D a n s e u s e (dibujo a carbón y pastel, 0,290 m. por
0,215 m., colección Mercedes Santamarina) y D a n s e u s e v u e d e fa c e (di­
bujo a carbón, 0,300 m. X 0,230 m., colección Mercedes Santamarina),

38

�el dinamismo se acentúa por la línea abierta y rota, salvo en los pies,
donde se cierra la forma para realzar el punto de apoyo y de equilibrio.
Quizá se descubra aquí una nota sentimental en esos trazos blancos y
rosas del pastel, aunque muy medida.
El movimiento es más contenido y la forma más cerrada en T r o is d a n seu ses (dibujo a carbón, 0,680 m. X 0,570 m., colección Antonio Santama­
rina) , en el que Degas busca el acorde de esas tres figuras en un juego
rítmico de las formas.
Al entrar en juego los volúmenes son otros los problemas que se plantean.
En D a n seu se en b la n c (dibujo a lápiz y pastel, 0,410 m. X 0,290 m.,
colección Mercedes Santamarina, alrededor de 1873) y en S a lle d e d a n se
(pastel, 0,500 m. X 0,320 m., colección Antonio Santamarina, alrededor
de 1878) las figuras están tratadas desde un punto de vista más pictórico.
La primera es un estudio para el cuadro R é p é t it io n d yu n b a llet s u r la
scén e que Degas pintó alrededor de 1873. Aquí la línea se esfuma y
desaparece para acentuar la redondez de la forma y hay un mayor interés
de conferir la calidad propia de la materia: el tul de la pollera se ablanda
y se vuelve mullido y por un refinadísimo empleo del juego de luz v
sombra la figura adquiere una gracia especial, apareciendo envuelta en
luces irreales como si se alargara pronta a desprenderse del suelo. La
bailarina en primer plano de S a lle d e d a n se , en cambio, se apoya firme­
mente en el suelo, en ese suelo al que tanta importancia dió Degas. Así
el talón y el arranque de la pierna sirven de base para que la forma se
construya clara y precisa sobre ella. La composición vuelve a tener sus
caracteres propios al colocar Degas tres bailarinas que van a constituir
un fondo dinámico para que resalte la figura más estática y plena de!
primer plano. Es un pastel en el que predominan los tonos fríos. Tal
vez sea el más naturalista.
En el desnudo A p ré s le b a in , fe m m e s’essuyant (dibujo a carbón, 0,570 m.
por 0,660 m., colección E. B.) es donde son más evidentes los acentos
de modernidad, donde Degas alcanza su nota más alta de expresión,
donde su potencia de dibujante se manifiesta más plenamente. En las
bailarinas aun no se observa una independencia total de la línea como
elemento expresivo, ni un desapego absoluto de la forma natural. En el
desnudo, en cambio, la forma es expresiva por sí misma y a pesar de haber
sombras que lo acentúan es el trazo el que importa, la línea vibrante

39

�que recorre el cuerpo para cerrar una forma dinámica llena de tensión,
no la que irrumpe, sino aquélla en la que todo está contenido, a punto
de estallar. Así se siente frente a esa línea la plenitud de la forma
lograda, en la que no hay un acento que distraiga y todo transporta a
esa esfera en que sólo cabe una emoción estética.
Una pequeña tabla nos sitúa en una etapa intermedia de su carrera,
cuando concurre en 1865 a Longchamps y comienza a pintar caballos.
A v a n t líq co u rs e (óleo sobre tabla, 0,090 m. X 0,115 m., colección Anto­
nio Santamarina) es una síntesis visual del espectáculo de las carreras
para Degas. No se advierte la evasión de la forma en el paisaje, como
lo hubiera realizado un impresionista, ni un afán de captar naturalís­
ticamente la figura. Sus caballos son síntesis de las formas que el animal
podía sugerirle en sus distintas actitudes. Las figuras del primer plano
recuerdan a G auguin, quien, como Degas, pensaba que la forma no debe
ser buscada en la naturaleza sino creada en la imaginación. Esos mismos
caballos nos recuerdan que durante mucho tiempo nuestro artista copió
los frescos de B enozzo G ozzoli y de G entile da F abriano. En cuanto al
color se nota la influencia que ejercitó M anet en este momento de su
vida. Hay algo de no resuelto en estas pinturas, algo de pesadez, moti­
vada quizá por no haber logrado resolver plenamente el problema de
las relaciones entre línea y color.
En D e u x d an seu ses ja u n e et ro se (pastel, 1,060 m. X L080 m., colección
Mercedes Santamarina, alrededor de 1898) despliega Degas, en cambio,
toda su capacidad de colorista y logra su expresión más sensible dibu­
jando con líneas de color. Apretando el pastel sobre la tela, superpo­
niendo cálidos sobre fríos, logra tonos irisados de una potencia máxima
de color. Las figuras se aplanan para confundirse con el fondo igual­
mente rico y vibrante, apartándose por cierto de lo que había sido la
tradición del pastel. Ya no pensamos tanto en su intelectualidad y lo
vemos más cerca de los impresionistas, pues si bien no es la luz solar la
que irisa los tonos o diluye las formas, es la luz del escenario la que
actúa sobre las mismas.
A l ic ia

40

P a s in i

�K

J

�L

�M

�correspondencia
ESCRIBE DESDE RO M A M A R G A R I T A S A R F A T T I
La B ie n n a le 1950 en Venecia. ¿Dónele están los nuevos P icasso , B ra q u e
y M atisse , dónde en Italia los B o ccio n i , M o d iglian i , Sironi y C a rra , en
suma, los nuevos jefes de las generaciones de hoy? No hablo, por supuesto,
de los muchachos entre veinte y treinta años, los cadetes y novatos que
han de prepararse concienzudamente para salir mañana de su normal y
legítima inmadurez. Los que faltan son los varones que frisan en les
cuarenta y que deberían ser los capitanes de hoy y los generales del arte
de mañana. Están todavía en la brecha, como dioses, los que tienen más
de sesenta. Alegrémonos de ver un A rturo T ossi, nacido en 1871, quien
presenta once lienzos de paisajes fechados en 1949 y 1950, de ufana lozanía.
Apenas salido de su grave enfermedad del año pasado, canta a voz en
cuello pero con medida calmosa el gozo de los verdes campos y de Ja
buena tierra de Lombardía; el sagrado trabajo del arado, que nos brinda
el pan y el vino; las intimidades de las casitas de ventanas cerradas como
párpados, o bien el plateado e irisado azul de las lagunas venecianas.
Nada de hinchazón retórica o dulzona, más bien aquel pudor en el amor
que es verdaderamente clásico.
Muy bien. Pero ¡qué pena que los muchos imitadores de este maestro
de honrada sencillez busquen las fórmulas exteriores y superficiales de
sus tierras morenas o el corte de sus idílicas composiciones, y no miren
más allá, hacia el secreto de su honda y sincera sensibilidad. Lo mismo
habría que decir del sinnúmero de imitadores de K a n d in sk y , B r a q u e ,
P icasso y otros.
El edificio principal de la exposición está ahora moralmente separado
por el gran salón central. En él se encuentra la retrospectiva de los
F a n v es, los cuatro maestros del cubismo —P icasso , B r a q u e , J uan G ris
y L ég er — y los primeros futuristas. Por la derecha se pasa a las salas

45

�de los fieles a la tradición del arte figurativo; por la izquierda a las de
los más o menos abstractos.
Abundan las exposiciones retrospectivas, algunas de ellas inútiles home­
najes a desaparecidos que se trata de galvanizar por nostalgia afectuosa
o tal vez por especulación mercantil. Otras, muy interesantes, como la
del gran escultor M edardo R osso , desde sus primeros anhelos a la liber­
tad impresionista, en 1883, con su P ortera , hasta su canto del cisne, el
Ecce Puer de 1907, estupendamente plasmado en luz y sombra, sonrisa
y noble p ath os juvenil.
G ino Se v e r in i y C a rlo C arra obtuvieron los dos grandes premios de
un millón de liras. Carra también está colocado entre los futuristas, con
sus primeros cuadros de 1910; luego se llega a su período giottesco de las
H ijas d e L o t —todo en verticales y tintas sencillas— y a sus M arinas
de agua tupida y sólida, como cristalizada. Al ver otra vez los cuadros
futuristas de B occioni vuelvo a lamentar que falleciera tan joven, cuando
iba a dar los mejores frutos de su talentosa facilidad para apoderarse
con sello propio de todas las novedades que husmeaban en el arte. La
sala de Se v e r in i asombra por su desarrollo artístico y lineal. Lejos de las
abigarradas aventuras intelectuales de Carrá, futurista, metafísico, noveccntista y cuánto más, la evolución de Severini va del impresionismo de
1909 al futurismo matizado de deformación cubista. Falta la expo­
sición personal de Sir o n i , tal vez la figura más destacada del arte italiano
de hoy. M orandi estuvo en la gloria en 1948 y ahora ha callado con
discreción. D e P isis nos encanta con su pincel de toque mágico: frota el
lienzo con una sombra de rojo y un brillo verde, y ahí están los peces
sobre la mesa, nacarados en su reciente H om en aje a K okoschka.
Están ahora divorciados los izquierdistas abstractos, como Sa n to m a so ,
.T assinari , P izzin ato y los demás, y los otros, estricta y rígidamente obe­
dientes a las órdenes de Moscú de “acercarse al trabajo y a la comprensión
del pueblo”. Lo que podría ser magnífico. Lástima que G u ttu so , M a fa l ,
G a rlo L evi y otros, se olviden del arte, agrandando en sus lienzos la
trivialidad fotográfica de los periódicos ilustrados de pésimo gusto y des­
cuidada técnica. Lástima por las esperanzas perdidas.
Aventurero espiritual de gran envergadura, A l b e r t o M a g n el l i lleva a
sus composiciones abstractas su sentido bien tcscano del color pulcro }
de la sensabilidad espiritual. Aun en París, donde vive, es considerado

46

�com o de los m ejores p in to res de las nuevas realidades, co m o §e lla m a n
a h o ra p ara a u m e n ta r la co n fu sió n y d e so rie n ta r las ideas del m ísero
p ú b lico. Y ya que estoy en esto, p lácem e n o m b ra r en segu id a a o tro e x c e ­
len te p in to r ab stra cto , el francés M a n essier , cuyas d elicad as e in ten sas
arm o n ías de co lo r y d ib u jo sim b ó lico , p ero no irre a l, se in sp ira n en las
em ocion es religiosas u o tra s. En sus L etan ías de la n oche p a re ce a co rd a rse
a e los lirios de las luces azules y d o rad as del a lta r y q u e las m e m o riz a ra
com o u n a visión p o r d etrás de sus ojos cerrad o s.

Triunfa entre los extranjeros aquel rey de los hechizadores que fué el
brujo J a m es E nsor , recientemente fallecido a los noventa años en Bélgica,
su patria. Aquí están presentes las etapas de su prestigioso camino, desde
sus veinte años enamorados de su excelente compatriota Stev en s y luego
de M a n e t , hasta su papel de precursor del expresionismo irónico y gro­
tesco en sus Máscaras, de las supercoloraciones fauves, de las alucinaciones
superrealistas, como se puede ver en su famoso cuadro Cristo entra en
Bruselas. El amplio lienzo rebosa de elementos satíricos y hasta grotescos,
pero ante todo ha sido estudiada y cuidada —y alcanzada— la armonía de
ía composición en perspectiva y de los colores vivos y luminosos. Aunque
pinte nada más que una coliflor en la cocina doméstica, se puede jurar
que las brujas y las hadas platearon sus hojas rizadas con misteriosos
reflejos.
Los alemanes se jactan de su grupo renovador de 1911, El C aballero Azul,
i lindado en Munich por F ranz M arc y K ani &gt;in sk y . Más me gustan las
obras posteriores, brillantes de colores como fuegos artificiales, que se
pueden ver en la exposición personal del mismo Kandinsky, organizada
por su viuda.
De J ohn C o n sta ble los ingleses nos han traído una maravillosa colección
de aquellos paisajes que revolucionaron la pintura al comenzar el siglo
pasado. Y para equilibrar bien la balanza entre lo viejo y lo nuevo, están
las esculturas de B á rbara H e p w o r t h , quien imita a M o o r e , y los lienzos
de S m it h , quien imita a M a tisse .
Por primera vez los mexicanos asombran a Europa con la¿ pinturas de
R iv e r a , O rozco y S iq u éir o s , tan atrevidas en sus concepciones y a menudo
chatas y p om p ier hasta lo increíble en su realización. Los tres espadas
de la arena mexicana están juntos con el nuevo cadete T a m a y o , más euro­
peizado.

47

�Francia está a la cabeza con el escultor L a u r e n s , con los fa u v e s , los
cubistas, las salas personales de J a c q u e s V i l l ó n , de R o u s s e a u el aduanero,
de U t r i l l o y de M a t is s e . Son bien conocidos los suburbios de Utrillo,
el encanto de aquellas casitas e iglesias humildes, de un Montmartre
provinciano, embellecido por su honda creación poética. Bien conocidos
también los ensueños exóticos de Rousseau, la fantasía que pinta la visión
requeteburguesa de la vida con aureola refinada y sin embargo cándida,
sencilla y primitiva. Matisse consiguió el gran premio de un millón de
liras para el mejor pintor extranjero. Aunque su fama no necesita esta
consagración tardía, resulta siempre consolador ver el mundo cosmopo­
lita del arte hermanado en el homenaje a esta gran vejez, incansable en
su encarnizado trabajo, hoy como antaño forzando la vida con su entu­
siasmo creador.
M a r g a r it a G. Sa r f a t t i
Por causas ajenas a nuestra voluntad, esta correspondencia es publicada con atraso.

ESCRIBE DESDE BARCELONA D A M I A N C. B A Y O N
Barcelona, en este suave otoño catalán tiene varias novedades artísticas
de interés, una de ellas la representación del D o n J u a n T e n o r io de
Zo r r i l l a , con decorados y trajes de S a l v a d o r D a l í , que vive otra vez en
España y ha hecho públicas declaraciones de fe católica, decidiéndose a
pintar solamente Madonas de ahora en adelante después de una ruidosa
conversión —como todas las suyas— y una entrevista con el Papa. He ido
al estreno de la discutida versión y cabe decir lo que parecería una
b o u t a d e : o sea que el defecto de Dalí es el de ser poco imaginativo, o el
de ejercer la fantasía de un modo demasiado restringido, demasiado D a lí
como para que sea efectiva. Los decorados no pasan de ser cuadros
agrandados (y naturalmente en la realización escenográfica pierden parte
de su encanto perfecto y lamido, característico del pintor), son cuadros
o sea pintura p la n a sin grandes hallazgos en la composición espacial y de
niveles. En su mayoría son tan arbitrarios como los trajes y a veces hasta
un punto que resulta abusivo, pero no se puede negar que tienen
belleza de color y han cumplido su cometido de satisfacer la inmensa

4S

�curiosidad con que los españoles siguen los caprichos de este n iñ o te rri­
b le, que en general se comporta como un hombre de negocios eminen­
temente práctico. Tanto preocupa Dalí que no ha faltado quien pro­
ponga su nombre para continuar las obras —por tanto tiempo interrum­
pidas— de la Sagrada Familia que iniciara ese genio de la arquitectura
española del siglo X IX que fué G a u d í . Dudamos que la idea siga su
curso por descabellada; no sólo hace falta imaginación para crear una
obra así, sino que también es menester un profundísimo conocimiento
de las leyes del cálculo estático y constructivo.
Entre las exposiciones, hay en estos días una retrospectiva de J o aq uín
M ir , el gran pintor catalán del 900, compañero de armas y de bohemia
que fué de R usiño l y de R am ón C asas. Mucho de parecido tiene la pin­
tura de Mir, pero fuerza es reconocer ante sus telas a un gran colorista
y a un deformador sutil, que imponía un mundo fantástico y lánguido
como el suyo con una fuerza de realidad como la misma naturaleza no
tiene a veces. En sus últimas obras sobre todo, la independización de los
trazos del pincel y de las m á fu la s de color juegan en tal forma sobre la
superficie que hacen realmente de un paisaje romántico subjetivo un cua­
dro abstracto, con valor en sí mismo como disposición de formas y colores,
independientemente del valor que pueda tener esa misma pintura dentro
de la historia del género. Extraña paradoja que para elogiar a un pintor
tengamos que dar la vuelta entera al ciclo pictórico. No tan extraña si se
piensa que toda la obra de arte verdaderamente grande, tiene en sí leyes
que parecen casi independientes y hasta antagónicas a la v o lu n ta d s u p e r ­
ficia l d e fo rm a del artista. Esas leyes que pasados los años indispensables
de claridad crítica quedan como las principales ordenadoras de la obra,
como un valor más valioso que los otros, que entonces se nos presentan
desvitalizados, casuales, locales, dentro de una concepción de época quizá
falsa o equivocada toda ella. Casi podríamos decir, extremando la nota,
que los grandes artistas son aquellos en los cuales, pasadas las circunstan­
cias de ambiente que los hicieron posibles, sobrenada ese valor-m ás, en
una palabra: todo lo que no es contingencia. Eso sólo lo puede intuir
el presente, pero lo sabe la historia con certeza. De Mir ya se puede decir
sin temor a equivocarse: quedará por lo que él mismo menos hubiera
sospechado. Por su construcción lógica, lúcida, su composición rica, su
elevado color.

40

�es de Canarias y ese solo hecho plantea una gran can­
tidad de interrogantes estéticos, entre ellos éste: ¿será que lo mediterráneo
tiene también su raíz africana? (No nos extrañaría después de haber go­
zado del equilibrio de cierta escultura negra.) Lo cierto es que el clasi­
cismo de Gregorio tiene una doble raíz mediterránea y africana y ella se
resuelve en el cuerpo desnudo de la mujer concebido como en M a il l o l ,
gran creador de ritmos femeninos, plenos en su arquitectura y sin embargo
trabados también en la concatenación ondulada de sus planos curvos que
se ensamblan con toda facilidad como en v o lv e n te s (en sentido geométrico)
de la forma. Lo mismo ocurre en las mejores esculturas de Gregorio
cuando no se distraen o condescienden al detalle aunque sea esquemático.
Es curioso pero ni siquiera las cabezas con su rotundidad —que una mata
anudada de pelo realza— le bastan para su ideal de construir grandes gui­
jarros-mujeres. Él busca el canto rodado elemental que conserve aún en
la ausencia de aristas, de planos secantes, su humanidad redondeada nunca
rechoncha o fofa, sino prieta en la materia exquisita al tacto en su pulido
minucioso. Ni siquiera las cabezas, porque ellas plantean problemas de
expresión: ojos, labios que el artista trata de tallar ingenuamente con dos
incisiones cuneiformes. No basta, es preferible desentenderse del accidente
ojos o boca y atender a lo grande total como hace valientemente B ra n c u si , o si no: estudiar las masas de los párpados, de los labios como sub­
volúmenes del volumen total. Esta escultura ahusada de Eduardo Gre­
gorio recuerda en cierto modo a la de A rturo M a r t in i , sus formas —me­
nos inquietas en la búsqueda que las del escultor italiano— avanzan en
el aire creando abanicos de reflejos en los pechos de mujer, uniendo los
detalles superfluos en grupos musculares sintéticos e imaginados. Sus su­
perficies son apetecibles al tacto y cuando la mano recorre sus maderas
tibias,, su frío mármol blanco veteado, se comprende toda la sensualidad
rotunda de la forma. Estos materiales —caoba, piedra— se avienen perfec­
tamente a su expresión, no así los yesos: muertos, ásperos, opacos, o el
bronce, demasiado mecánico para este gran pulidor que tiene las mismas
delicadezas que producen la erosión del aire y del agua a través de los
siglos, pero que no actúa como ellas ciegamente, por casualidad fortuita
sino que se vigila y sabe de antemano donde tiene sus metas.
He hecho dos visitas a los talleres de dos artistas jóvenes catalanes: E n ri ­
q ue P lanasdurá y Sa n tí S urós . Ambos son conocidos del público de
E duardo G regorio

50

�y
E st im a r a través de lotos y de un artículo de S eba stiá n G asch
aparecidos en el número 16. Ambos trabajadores infatigables siguen supe­
rándose en su marcha, por distintos caminos y sin embargo con dos metas
comunes: sentido mediterráneo de la pasta y el color y una fe inquebran­
table en el hombre total, el hombre como experiencia.
En la última obra de Planasdurá reconozco dos caminos principales, una
manera cu rv a tratada en arabesco, afrontando de un modo muy personal
problemas de forma (representada por una línea trepidante, angustiada)
y problemas de color, hermoso color resuelto a la manera mediterránea
con azules exacerbados, naranjas, amarillos, negros y violetas vinosos como
tonos dominantes. La otra manera más geométrica, de líneas rectas —tra­
zadas a s e n t im ie n t o , sin la rigidez de la regla y la escuadra— y de pla­
nos coloreados, no está quizá tan lograda como la anterior, creo que es
simplemente una búsqueda más de quien ha dado casi toda la vuelta a la
pintura desde el dibujo cuyo paradigma son los mqseos hasta esta libertad
actual en que se mueve tan cómodo.
Los críticos catalanes que se han ocupado de él hablan preferentemente
de una reminiscencia de M iró , no lo creo en absoluto, se trata de una
confusión meramente formal; el contenido profundo de Planasdurá lo
acerca a otro gran maestro contemporáneo: a F ernand L é g e r . A ambos
les preocupa, les duele lo humano —como a Unamuno le dolía España—
y crean sus ritmos centrados en esa intuición. Por eso cuando Planasdurá
sale a lo abstracto geométrico, el aire se le hace más irrespirable y debe
luchar terriblemente por expresarse (excelente lección que enseña a dar
las más altas potencias interiores). Sus ritmos naturales son o rg á n ico s,
como lo afirma W orringer de ciertas culturas polinesias o escandinavas
primitivas. Y en verdad que a ese arte desgarrado, hondo, comunicante
entre lo vegetal y lo humano habría que vincular la pintura de Planas­
durá. Hay en sus telas soluciones plásticas equivalentes a las mayas, a las
aztecas, o más cerca de nosotros los argentinos, algo de los vasos zoomorfos
de las culturas chimó. Como en ellas, presidiendo la expresión, hay una
angustia de pies; dedos, uñas, cuellos alargados como tallos, pelos erizados
que se estiran por la tela como las raicillas por la tierra buscando deses­
peradamente agua en un suelo árido. De ese patetismo previo a lo hu­
mano, previo a lo psicológico está hecha la pintura vital de este pintor.
Planteársela como un problema meramente estético sería desvirtuarla, en

V er

51

�cierto modo rebajarla. Este joven pintor que ya expone desde hace diez
años, va avanzando en su expresión. No nos sorprendería que hubiera
en él si no el lenguaje, una potencia semejante a la de Miró. Los años
dirán si nos equivocamos.
Surós se viene ejercitando en la plenitud cromática a través de formas
cada vez menos abiertamente figurativas. Su gama amarilla es de horno
a la más alta tensión. El verano de la costa catalana queda si no retrata­
do, implicado en sus telas ricas de sustancia que va buscando concreción
en la luz só lid a , no titilante (lo que conseguía Van Gogh por oposición
a los impresionistas). Surós ha intentado muchos caminos en estos últimos
tiempos, su manera más interesante resulta aquella en que se arroja
violento y cariñoso al mismo tiempo sobre la realidad y trata de colocarla
en lo que tiene de pingüe, de frutal, de plena. Para ello se sirve de for­
mas recortadas —punto de contacto con Planasdurá aunque el sentido
total sea muy diferente— formas que sólo en algún caso especial se abren
para modularse en un tono cambiante. En general cada zona se opone a
la otra vibrante como una clarinada y el amarillo choca gloriosamente con
un azul de juguete, con naranjas y bermellones acabados de crear. Color
de pueblo instintivo, mediterráneo, adherido al cromatismo exacerbado
por lo que tiene de sensible inmediato, sin escapatoria de subjetivismo.
Pero pintura anti-repentista que no contrapone ya complementarios sino
que usa pasajes cro m á tico s (por ejemplo: pasa del amarillo al azul inter­
poniendo un borde de verde que actúa de puente). Empezando a gozar
de la plenitud de sus medios, la fuerza expresionista de Surós se afirma
casi como la de un eslavo. Su riqueza de materia (como en general en
los catalanes modernos, lo emparenta en cambio con los belgas contempo­
ráneos) . Quizá ello se deba a una profunda afinidad en lo que se refiere
al sentido de la materialidad de las cosas, común a flamencos y catalanes.
Su pintura sigue un camino ascendente, su nota es particular, original,
honda.
D a m iá n C arlos B ayón

52

�N

�C A R L O S M. S A E Z

o

�p

Q

�R

�hojas de estudio

CARLOS

M. S A E Z

Cuando alguien que ha orientado su vida en el sentido de la creación
artística desaparece tempranamente, no podemos evitar cierto afán novelizador que tiende a prolongar en la imaginación la potencia creadora del
ser desaparecido, enriqueciéndola y magnificándola. Con frases tan vagas
y de sentido tan problemático como: “¡Quién sabe adonde hubiera lle­
gado! Con más tiempo hubiera podido. . nos desentendemos a menudo
de la obra realizada, del mensaje ya logrado, para buscar en zonas de
conjeturación, siempre engañosas, lo que sólo el contacto y la compren­
sión de la obra pueden darnos.
Al visitar el Museo de Bellas Artes de Montevideo, y penetrar en la Sala
C arlos F ederico Sáez, ante la manifestación tan fresca y vivida de su
talento, ante la apelación insistente de sus pinturas y dibujos, de su gran
paleta,, de ciertos pueriles y conmovedores “no te quiero más” y “no me
quieres” escritos quién sabe por quién en el margen de una de sus hojas
de dibujo, la mención de las dos fechas que encierran la vida de aquel

57

i

�magnífico artista adolescente: 1878-1901, se hace dramática y por un largo
momento Sáez nos impresiona profundamente por su destino de creador,
frustrado. Es necesario un esfuerzo de imparcialidad emocional para acer­
carnos serenamente a examinar la obra de Sáez, pasar rápidamente por la
breve anécdota de su vida para llegar a aquella parte en que continúa
viviendo y que es lo que más importa en la vida de un creador: la vida
interior que se plasma, se transfigura o se sublima en la creación.
Carlos Federico Sáez nació en Mercedes el 14 de noviembre de 1878.
Tempranamente evidenció su vocación artística y sin haber recibido aún
lecciones de dibujo, dibujaba y pintaba desde niño con rara habilidad.
En 1891 su familia se trasladó a Montevideo, donde el niño recibió
lecciones del Profesor J uan F ranzi. En el ambiente burgués, refinado
y mundano de su hogar, entre la comprensión y el estímulo de los suyos,
en especial de su madre y su hermana Luisa, el pequeño Carlos Federico
traza los dibujos y mancha las acuarelas con que su madre se presenta
un día ante el omnipotente e indiscutido J uan M anuel B lanes, para
3 solicitarle que acepte al niño como discípulo. “Quien ha manchado esta
acuarela, nada tiene que aprender conmigo” parece haber dicho el maes­
tro, y si se recuerda su carácter y lo parco en el elogio que era Blanes, se
comprenderá todo lo que significaba su juicio. Es por consejo de Blanes
que en 1893, a los catorce años, Sáez va a radicarse a Roma, donde por
breve tiempo concurre a la Academia de Bellas Artes. Luego se indepen­
diza y se instala en su propio taller, en la Vía Margutta. Concurre en­
tonces a la escuela pictórica napolitana, representada en Roma por
M ichetti y otros pintores amigos de Sáez. Se perciben también en el pin­
tor uruguayo ciertas influencias del artista checo M ucha y del pintor
español F rancisco P radilla de quien al parecer recibió lecciones.
Una foto muy difundida nos presenta al Sáez de aquel momento. En ella
nos miran profundamente unos ojos tristes y francos, “ojos claros, ojos
ingenuos que sabían descubrir y ver la savia del vivir v \ de un joven de
i E rnesto L aroche , Algunos pintores y escultores.

5#

Montevideo, 1939.

��MARIO SPALLANZANI (15 años)
Gallo
Exposición de pinturas infantiles en Montevideo

Hoja de VER Y ESTIMAR

�rasgos regulares y bellos, con los cabellos partidos al medio y luciendo
las manos enjoyadas. Sáez regresó más tarde al Uruguay, donde luego
de una breve estadía, las Cámaras le otorgaron una pensión especial
en 1897. Una vez terminada ésta, obtuvo una nueva beca en 1898. Sin­
tiéndose enfermo regresó a Montevideo donde falleció el 4 de enero de
1901, a los veintitrés años.
"Espectador genial del 19002” y también palpitante y estremecido actor
de esta época de frivolidad, ensueño y exaltación a la que no faltó dramaticidad y trasfondo trágico, como a ninguna época del tránsito del
hombre en la tierra, Sáez se entregó entusiastamente al dandismo y a lo
mundano y reflejó en su obra a los hombres y mujeres del novecientos,
con sus ropajes y sus adornos transitorios pero impregnados del alma que
su genio y su profunda simpatía por todo lo humano, iban a penetrar
profundamente para rendírnosla vibrante, en expresiones magníficas, a
través de la línea, el claroscuro o el color.
Aunque Sáez es esencialmente un pintor, nos interesa examinar su labor
como dibujante, pues es en los dibujos del joven artista donde encon­
tramos la expresión más intensa de su rico temperamento artístico. En
la actual colección Sáez, del Museo de Bellas Artes, donación de la señora
Luisa Sánchez de Sáez, madre del pintor, se exhiben dibujos de distintas
épocas y estilos, algunos de ellos infantiles, otros, muy pocos, demostrando
procedimientos espurios de ejecución. Todos ellos conmueven profunda­
mente como manifestaciones de una búsqueda en los medios de la expre­
sión plástica, de un artista que murió demasiado joven como para realizar­
se en alguno plenamente. Casi sin excepción toda la obra de Sáez traduce
la tortura íntima de un temperamento artísticamente dotado, luchando
por expresar el mensaje de su indudable talento y su emoción, con la
materia y consigo mismo, por vías diversas, con procedimientos diferentes,
pero revelándonos siempre al fin, al artista y al hombre amalgamados, en
2 Titulo de la conferencia que, sobre el artista, dictó en Montevideo el señor Jos¿
P edro A rgul .

59

�permanente combate, para traducir su verdad esencial. Las fluctuaciones
de sus constantes búsquedas, sus inseguridades, sus vacilaciones, la pugna
casi permanente de su tendencia romántica y naturalista, no superadas
trascendidas en una armonización superior que tal vez la madurez le
hubiera permitido lograr, dificultan la definición rígida de la obra de
este artista.

o

Pese a que se adivina en él un conocimiento, y hasta una frecuentación de
los clásicos, no es un clásico. Carece del equilibrio, de la serenidad y
armonía, de la plenitud y madurez que reconocemos en los artistas que
llamamos clásicos. Pese a reconocerle una marcada tendencia naturalista,
no es exactamente un naturalista. Carece de la seguridad, del vigor y hasta
de la involuntaria crueldad para expresar la naturaleza, de los verda­
deros naturalistas. Pese a advertir la tonalidad romántica de que está
revestida casi sin excepción toda su obra, no es exactamente un romántico.
Carece de un impulso idealista sostenido, ve siempre como un naturalista,
aunque su visión se dulcifique por la ternura, por un suave “humor”.
Para definirlo adecuadamente, o por lo menos, para acercarnos más a su
posición íntima como creador (posición que sólo excepcionalmente podría
encuadrarse en la convención de una categoría histórica) creo que po­
dríamos docir que Sáez está saturado de naturalismo e impregnado del
tono romántico de la época.
La obra de Sáez nos informa del choque y tensión permanentes en este
creador de tendencias románticas y naturalistas. En algunos dibujos de
Sáez reconocemos aptitudes muy señaladas para el dibujo naturalista y has­
ta para un cierto tipo de realismo caricaturesco a lo T oulouse-L autrec .
Sin embargo, en la mayor parte de ellos, aunque se percibe que la visión
es tan realista como en los otros, un impulso de ternura suaviza los rasgos,
afina las líneas, idealiza el conjunto. Considerando que la mayor parte
de los modelos del dibujante han sido seres familiares, amigos y personas
de su intimidad, puede pensarse, en un primer momento, que el senti­
miento es el elemento que realiza la idealización. Pero si bien es cierto

60

�que, en sus dibujos, suaviza tiernamente los rasgos de los seres que ama,
notamos que hay más suavidad, menos nerviosismo, menos tensión interna
(nos falta un término mejor) en los trazados con modelos profesionales u
ocasionales. No bastaría con decir de un dibujo que sea más naturalista
que otro, o más romántico o más idealista. Aquí hay algo que escapa a
las categorías, algo que viene de la subjetividad del artista y que interesa
fundamentalmente captar.
La visión realista, a veces despiadada de Sáez, ve a los seres que ama y
conoce profundamente, tal como son; el cariño suaviza los rasgos, corrige
las expresiones restando fuerza y crueldad a los trazos, pero esto exige
esfuerzo, tensión, com bate... Comparemos cualquiera de los dibujos que
Sáez trazara de su padre y los de otros modelos masculinos. La cabeza
del padre, trabajada como sea, aparece psicológicamente definida, como
de alguien demasiado bien visto para que la idealización se haga fácil­
mente. Sin embargo, Sáez siente el impulso, la necesidad plástica o sen­
timental de idealizar. Creemos que éste sea su conflicto como creador, y
la causa de su inestabilidad (aparte de las razones de edad y estudio),
de su constante vacilar y oscilar entre diferentes técnicas, sería lo que pres­
ta a su línea eso que hemos llamado tensión o nerviosismo, pero que reco­
nocemos completamente subjetivo y ajeno a la línea pero no a la mano
que la trazó.
En cuanto a los aspectos técnicos de la ejecución de Sáez, debemos desta­
car que la línea, como elemento de expresión plástica, presenta interesan­
tes diferencias en el impulso, dirección y hasta en el trazado más o menos
fino o cargado de los trazos, sobre todo en los dibujos a lápiz. Muy pocas
veces la línea se vierte con soltura; pues si bien los trazos son nerviosos y
espontáneos, se adivinan vacilaciones, inseguridades, contradicciones. Los
trazos del contorno a menudo se repasan, se corrigen, el lápiz corre ner­
viosamente, a veces obedeciendo a impulsos que no responden a justifica­
tivos plásticos. En algunos croquis es precisamente esta vibración y este
nerviosismo de los trazos lo que vitaliza la expresión. Las líneas se quie­

61

�bran, fluctúan imantadas por una fuerza de creación que da sugestión
y movimiento a las formas. En algunos dibujos de trazo sumamente es­
pontáneo y ágil, las líneas aparecen independientes unas de las otras y,
sin embargo, hay una coherencia interna que las continúa y armoniza.
En otros dibujos el trazado de la línea es neto, seguro, sintéticamente
definí torio y enérgico.
En general, Sáez emplea el trazo como signo sugestivo. Estos signos expre­
san movimiento en la mayoría de los dibujos. Pero también encontramos
signos para sugerir formas, para insinuar volúmenes, para relacionar par­
tes. La sombra está dada generalmente por grupos de líneas bien para­
lelas, bien contrapuestas. También encontramos sombras trabajadas con
esfumado y hasta en dos o tres dibujos se emplea tinta blanca o goma
para crear luz. Sin embargo, Sáez demuestra plenamente que puede lograr
excelentes efectos de luz sin recurrir a tales procedimientos, y en la mayo­
ría de sus dibujos maneja el claroscuro con gran habilidad. Generalmente
el empleo de la sombra responde en Sáez al deseo de crear volúmenes.
En algún dibujo la sombra se emplea con cierto intento planificador que
no creemos rebuscado sino espontáneo. La sombra exterior levanta las
formas del fondo para darles relieve, en tanto que la sombra interior
expresa volúmenes.
Resumiendo: Sáez dibujante, nos brinda a través de su obra un reflejo de
la época romántica y decadente de fin de siglo a través de tipos humanos
psicológicamente definidos tras los peinados, adornos y ropajes de la hora,
y lo que más importa, nos brinda la expresión de un talento vigoroso y
el drama siempre renovado del creador que, en esta sala del Museo de
Montevideo, testimonia indudablemente de sus frecuentes y definiti­
vas victorias.
E neida Sansone

62

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�C

R

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T

Exposición

de P inturas I nfantiles *
en M ontevideo

Hace ya tiempo que la expresión del
niño a través de la plástica resulta mo­
tivo de meditación para la psicología y
permite apresurados, y generalmente equí­
vocos, juicios en el plano de la estética.
Como aportes para el estudio sistemático
de la mentalidad infantil y hasta para
los análisis concretos de casos particulares
de neurosis, con finalidad terapéutica, la
pintura y el dibujo infantiles tienen real
validez; por su parte, las relaciones que
pudieron fijarse entre esa mentalidad y la
del hombre primitivo, a fin de establecer
fundamentos para los orígenes del arte,
se hallan en crisis. No obstante, las deri­
vaciones de orden científico que estos tra­
bajos permiten justifican ampliamente la
importancia que se les asigna. Asimismo,
la obra plástica infantil da motivo a ries­
gosos arrebatos de opinión, cuando el
interés que despierta se encauza en la
apreciación de su faz estética o las posi­
bilidades que, en tal sentido, permite
suponer para sus autores. En este aspecto
cabe destacar que, al enfrentarse a este
tipo de pinturas, la crítica de arte difí­
cilmente guarda el necesario rigor esti­
mativo y que, por el contrario, termina
viciándose de sorprendida emoción pater
nal. Por eso, en tales casos, la cautela
debe ser la norma; es evidente que no
puede ni debe prescindirse, en el juicio,
de las condiciones particulares de la rea­
lización de que se trata, aunque esto im­
plique las trampas que tal actitud encie­
rra, y que son: el pasmo de admiración
incondicional o la socarrona acotación
incrédula.

I

C

A

La obra plástica del niño, en resumen,
debe ser encarada desde dos puntos de
vista: por un lado la documentación que
significa para el análisis psicológico y do­
cente, con todas las consecuencias que
acarrea y más arriba señalamos; y por
otro, la particular calidad artística que
presenta. El peligro, en cualquiera de los
dos casos es quedarse a mitad de camino:
en el mejor conocer las particularidades
personales, sin extraer la teoría general,
las consecuencias válidas de ese conoci­
miento, para su aplicación inmediata o
futura. No sólo hay obras; contenido en
ellas, hay un caudal humano, rico y con­
movedor, material delicado y peligroso
poT sus proyecciones.
Actualiza estas reflexiones, el interés que
despiertan las exposiciones de pintura de
alumnos de escuelas póblicas montevideai&gt;as, realizadas este año, primero en el
Subterráneo Municipal y luego en la Sede
del Seminario Interamericano de Educa­
ción; estas muestras recogen una selección
de trabajos infantiles efectuados bajo la
dirección de las maestras M. M. A ntelo y
B e l l C la v elli , y comprenden la obra de
varios niños de 5 a 16 años,
Las virtudes específicas de la espontanei­
dad en el libre juego de un lenguaje plás­
tico que el niño domina, evidentemente,
en la medida de sus apetencias y necesi­
dades, dan su máxima efectividad en los
más pequeños, como es lógico; los mayores
se contaminan pronto de prejuicios y vi­
cios efectistas, inducidos seguramente por
el ditirambo familiar, contra el que poco
puede la preocupación docente. Pero
también ocurre — y esto es lo más destacablc— que al madurar con el tiempo

�y el trabajo continuo, la mentalidad y la
técnica infantiles van definiendo las sen­
sibilidades y hasta, en determinados casos,
el talento artístico. Si la primera niñez
da una categoría cuya formalidad expre­
siva se encauza dentro de principios signográficos generales, ya las etapas supe­
riores, exponen, con el desarrollo de las
facultades, condiciones particulares de di­
ferenciación. O sea que se puede descubrir,
en esos casos, los valores auténticos: capa­
cidad de realización y alcance de la fuerza
imaginativa. Y esto es así, aun cuando el
tono general de la muestra no acuse diso­
nancias flagrantes y se desarrolle siempre
en el difícil camino del buen gusto; el
niño, aunque no demuestre vocación se­
gura para la actividad artística, da escape
siempre a una emoción pura y se interna
con soltura en graves problemas de com­
posición o de relaciones cromáticas, que
sortea, en general, limpiamente, con atre­
vimiento ingenuo, con asombrosa segu­
ridad, por medio de dibujo preciso, rica
policromía y poderosa inventiva. Se des
cubre asi, el placer que siente en las sim­
plificaciones audaces y en el cariño con
que se adueña de los atributos definitorios
del objeto, sin caer por eso en descrip­
ciones menudas. Pero, por sobre todo, la
obra infantil está llena de sugestiones
extra-artísticas, aun cuando se encuadre
claramente en el resultado de una labor
plástica.
Alcanzan, en cambio, otra latitud los casos
planteados por algunos de estos exposi­
tores que, como M ario Spallanzani, J osé
G amarra , o J orge C arrozzino se encuen­
tran actualmente en el umbral de la ado­
lescencia y que, además, han venido cum­
pliendo una continuada dedicación pic­
tórica, con intención sostenida y hasta
(lo que es más difícil) superando en los
últimos tiempos la obra de su niñez. L ó ­
gico es que, interesados fundamentalmente
en el aspecto artístico de la muestra, sean
estos casos los que precisen, justamente,
nuestro enfoque crítico. Es absurdo pen­

66

sar que todo niño, porque demuestre pía
cer en el juego plástico y condiciones
innatas de organización pictórica, presu­
ma un artista en potencia. El niño es
una maravillosa caja de resonancias, pode­
rosamente afinada por su imaginación
para la captación de sugerencias que por
el dibujo y el color enlaza su rico mundo
interior con el ámbito de objetos y emo­
ciones que lo rodea. Cuanto más puro
es su espíritu, ese mundo interior que va
creando resulta más nutrido y valioso
para la proyección que del mismo em­
prende a compás del ambiente que lo
circunda.
Hay, así, una simbología afectiva de colo
res y signos formales y, como resultado
plástico, una gran fuerza imaginativa que
explota en la variedad de sus soluciones.
En la mayoría de los casos no interesa
sino esa exaltación y evidencia de valores
emotivos; pero es notorio que para todas
las personalidades incipientes la consecu­
ción de un lenguaje tan amplio, por pía
cer de juego, sirve para el dominio de
la expresión que tendrá trascendencia
cuando empiece a aparecer la voluntad
creadora y la conciencia del hecho plás­
tico, cuando esa actividad admita amplia­
mente el atributo de artística. Entonces:
aun cuando en todos los casos puede afir
marse superioridad de los resultados obte
nidos por la primera niñez, esas obras
no pueden significar sino documentos de
innegable valor psicológico. Que además
se inicie ahí el dominio de un camino
que explotarán luego los capaces, esto es
evidente, pero también plantea el proble
ma más grave. No es suficiente que se
abran puertas a la imaginación, que se
induzca a elegir rumbos; el trabajo con
niños plantea siempre una grave respon
sabilidad.
Así entonces, la labor docente debe am
pliarse en previsión del futuro, apurando
la experiencia para lo por venir. O sea:
se requiere, junto con la práctica, la teo
ría., basada en esos hechos, que culmine

�la labor. Lo dicho no significa, poi
supuesto, exigencia de continuidad en la
preparación del artista, pero ese análisis
humano configurará, siempre, un aporte
valiosísimo para quien siga desarrollando,
con nuevas miras, la capacidad demos­
trada. Si el juego de los niños, cuando no
lo es, lleva al juego de quien enseña, al
emotivo placer de los asombros, la acti­
tud comporta más peligros que benefi­
cios. No es éste el caso de las señoritas
Antelo y Bell Clavelli, que evidencian una
seria y preocupada disciplina práctica,
pero falta todavía la síntesis teórica que
merece esa labor y que puede justificarse
ampliamente por sus resultados.
El único trabajo que en esc sentido se ha
hecho público es un informe aparecido
en los Anales de Instrucción Prim aria de
junio de 1949, y no tiene, lamentable­
mente, la profundidad analítica que el
material compulsado y el interés efectivo
que se demuestra pudo permitirles. La
enseñanza se imparte mediante la libertad
plena de expresión y la creación de cen­
tros de interés con posibilidades pictó­
ricas, que apoyan efectivamente la fan
lasía del niño en su desarrollo plástico.
Para esto sirve el cuento, el poema, la
canción, la música y la danza, configu­
rando una temática muy rica que el niño
desarrolla con asombrosa comprensión del
significado, aun cuando se trate de cier­
tas obras de H errera y R eissig, A lbertí
o G arcía L orca , que el adulto considera
oscuras. Es posiblemente la buena dosi­
ficación del aporte que se va dando, para
raíz del desarrollo, lo que mueve a esc
poderoso poder de comprensión que se
vuelca luego en símbolos. Pero ¿es éste
camino para la plástica o vehículo para
un acercamiento a la literatura y la mú­
sica? Este interrogante no se contesta, ya
que no puede aceptarse el trivial expe
diente de que la pintura es poesía o so­
nido, cayendo en una absurda confusión
de las artes singulares que, no lleva, a la

67

larga, sino a errores interpretativos o de
creación.
Interrogantes. Éste es el saldo de la ex­
posición cuando se supera el asombro
emotivo que genera. Y esto, precisamen­
te, por reconocer los valores que en la
muestra se evidencian. Su importancia
está justamente ahí: en la comprobación
de la eficacia del método didáctico impar­
tido a pesar de que admita equivocada­
mente interferencias de sonido y color;
palabra y formas que más tienen vincula­
ción con la psicología que con la creación
estética. Su importancia está, además, en
el hecho destacado de permitir la tem­
prana revelación de talentos pictóricos,
como en el caso concreto de Mario Spallanzani. Pero, con todo, resulta en con­
junto sólo una etapa de la obra que se
acepta, así, inconclusa, sin la proyección
que de ella puede y debe esperarse. Es
nuevo aporte a la colosal empresa que en
ese sentido desarrollan todas las naciones
cultas de hoy, pero carente, como en la
generalidad de los casos, de la sólida plani­
ficación previsora que el asunto requiere.
F er n an d o

G a r c ía

E steban

ARTE CONCRETO ARGENTINO
Abordar el comentario de una exposición
de arte concreto impone siempre a nues­
tra conciencia recordar las ideas vertidas
en teoría por sus cultores, como si la com­
prensión plástica aumentara sus alcances
mediante ese acercamiento al pensamien­
to total. El primer paso hacia tal com
prensión estriba en tener presente que el
artista concreto afirma ante todo que su
arte responde al cambio habido en nues­
tro siglo en la concepción del mundo.
Éste está en perpetuo devenir, es como
una permanente vibración. La creación
concreta pretende librar la esencia vela­
da en las apariencias para presentarla en
su perpetua evolución.

�Dirá K andinsky , niego el materialismo p u ­
ro. M ondrian , hay un ritmo liberado y
universal que está oculto y deformado
en las formas plásticas limitadas del arte
representativo. Y V antongerloo , siendo lo
imponderable de la realidad su perpetuo
devenir, no puedo reducirlo a un valor
inmutable, pero puedo hacerla inteligible,
es decir llegar a su unidad, estableciendo
relaciones. La obra de arte ha de ser la
expresión de esas relaciones.
En las formas plásticas del arte concreto
esas relaciones son establecidas por los
medios más abstractos y universales: las
leyes matemáticas. Estas son el instru­
mento, dijo V antongerloo , que crea las
formas. Pero así como el cincel, el mar­
tillo, son los medios esgrimidos por el
artista de la figuración en la elaboración
material de la obra pero rara vez tenidos
en cuenta por el que luego la aprecia,
del mismo modo el cálculo matemático ar­
quitectura la obra concreta sin que sea
imprescindible considerarlo en los resul­
tados.
Lo que hemos de tener en cuenta son las
expresiones que quiere lograr ese arte nue­
vo, a saber: espacio, movimiento, sucesión,
tiempo. La comprensión de estas afirma­
ciones nos llegó a través de la exposi­
ción de los artistas concretos argenti­
nos i.
Dos pintores y un escultor brindaron un
conjunto cuya unidad, desprendida de las
búsquedas fuertemente racionalistas, per­
mitió esclarecer los postulados de la es­
cuela. En los tres un sentimiento nuevo
emana de la sugestión del movimiento
que en los pintores se da por el juego de
las líneas y los planos y en el escultor
por los alambres que envuelven el espacio.
M aldonado elige dos maneras para ex­
presar el movimiento interior de la obra
plástica: establece relaciones entre el pla­
no único y los elementos concretos, líneas
(1) Arte Concreto, pinturas, esculturas, dibu­
jos. Instituto de Arte Moderno. Octubre, 1950.

68

o figuras, o bien fracciona el plano totalSobre tres funciones secantes indicaría el
primer camino. El fondo simboliza el es­
pacio no estático sino pleno de posibili­
dades dinámicas. Al ordenar el movimien­
to, al indicar su dirección por medio de
líneas, éstas adquieren la importancia de
signos; pero no sólo por la concentración
del movimiento en las líneas, sino tam­
bién por la disposición de los círculos en
los espacios intermedios, la esencia misma
de la obra que estaba en potencia, se
transforma y cobra vida.
Sabemos que todos los elementos plásticos
han sido sometidos al control previo de
una fórmula matemática. Mas ahora la
pura intuición artística asoma en el es­
pesamiento oportuno de una línea o en
la elección de los colores, cuyas posibi­
lidades expresivas varían de acuerdo a las
relaciones que establecen entre sí. Estos
escasos elementos —curvas inquietas que
se concentran en un determinado lugar
del plano, círculos suspendidos en un gran
vacío, colores sonoros cargados de pig­
mentos en las superficies limitadas por las
circunferencias—, son los vehículos que nos
entregan al artista Maldonado. Para nues­
tra imaginación ellos deben suplir los me­
dios expresivos de la pintura figurativa y
esto ocurre en la medida en que, bus­
cando expresar la tensión dinámica, sean
capaces de producir una emoción plástica.
En Pintura constructiva, Maldonado abor­
da su otra manera de expresión. El plano
único es fraccionado; sobre el fondo ne­
gro, la disposición de las distintas tintas
dentro de estructuras geométricas defini­
das obligan el ojo a un cambio perma­
nente, pero sin que varíe la profundidad
en el sentido del espacio tridimensional
Si en la primera forma de expresión el
dinamismo era incorporado en la direc­
ción de líneas, en la segunda es materia­
lizado en el choque de los planos. Cuando
las líneas son suplantadas por las figuras,
la fuerza del dinamismo parece menos
expresiva, como si éste existiera en razón

�u

�V

w

�inversa de la superficie que ocupa su signo
plástico.
H iito , el otro pintor concreto, también
plantea el problema del juego de las
superficies coloreadas en su composición
Anécdota plástica. Mientras en Maldonado la imaginación se vierte en la tensión
de las líneas, la expresión de Hiito parece
hallarse más en el juego de las formas, a
la manera de Kandinsky. En la compo­
sición aludida, la dinamización es expre­
sada de dos maneras: por el acorde plás­
tico que componen el fondo verde con las
dos grandes formas —trapecios circulares—
que se suceden verticalmente, una amari­
lla y otra roja, y luego, por el juego muy
simétrico a que conduce la disposición de
arcos, secantes y segmentos circulares.
¿Qué dimensión tiene el ritmo que líneas
y formas producen en el plano? Hiito,
más parco en la elección de los proble­
mas, en general nos ofrece soluciones más
contenidas.
A su vez el escultor I o m m i nos brinda una
expresión rítmica del espacio con los alam­
bres o con las superficies. En las cons­
trucciones primeras, las grandes curvas en­
volventes, aunque se ven de distinto mo­
do de acuerdo al punto de vista que adop­
te el espectador, tienen en todo momento
una expresión propia; cuando vibran em­
pujadas por el viento, la expresión se
transmite al espacio mismo que escapa por
entre esas curvas móviles.
En construcciones como Continuidad de
formas las superficies suplen a los alam­
bres obligando al espacio a expresarse por
los huecos. Mientras aquí penetra y se
desliza, en Formas limitadas escapa por las
aberturas y lejos de ser homogéneo es ex­
presivamente distinto merced a la luz y
a la sombra graduadas desde los grises más
profundos a los más claros.
En todas estas construcciones los elemen­
tos plásticos forman un todo con el espa­
cio, siendo imposible separar lo que es
expresión dependiente de él y lo que es
propio de las caras y los alambres. Estas

formas escultóricas pueden alcanzar la di­
mensión de lo cósmico, ya que se adivina
la intención de apresar en una forma li­
mitada un elemento del todo universal.
No es el objeto empírico observado o ima­
ginado el que cuaja en la escultura con­
creta sino el espacio dinámico con sus
ritmos y su luz, exaltado en las formas
—por eso líricas—, pero controlado racio­
nalmente hasta en la gradación de las
luces y las sombras.
Si el fin perseguido por estos tres artistas
concretos es dar vida a un espacio por el
movimiento de las líneas y los planos,
provocar una emoción plástica por el rit­
mo de los colores ajustados a una deter­
minada superficie de tamaño, debemos
coincidir en que con mayor o menor ri­
queza de elementos se acercan al logro
de sus fines. Acostumbrados a los temas
y modos de la pintura figurativa, las com­
posiciones concretas nos sorprenden por la
excesiva parquedad de sus medios; nos
resulta difícil desacostumbrarnos a las ha­
bituales cadencias de tonos y a los ele­
mentos familiares de la composición en
los que el artista volcaba su tempera­
mento. El único vehículo que poseemos
para acercarnos al forjador de la realidad
plástico-espacial es la relación de los co­
lores y las formas. En la medida en que
ellos son capaces de exaltar nuestra ima­
ginación sin recurrir a figuración alguna,
debemos aceptar su legitimidad.
B lanca

S t á b il e

CARTELES SUIZOS
En la ordenada y completa colección de
carteles suizos que expusiera hace algunos
meses el Instituto de Arte Moderno, pudo
notarse la influencia de todos los ismos y
escuelas de la pintura de este siglo, desde
el intimismo a la manera de V u iliard
hasta la impronta abstracta de M ax B il l .
Pero en esta diversidad de caracteres es

71

�posible hacer algunas divisiones generales:
a) los que se limitan a los medios pura­
mente plásticos y los que acuden a reac­
ciones sentimentales, b) los que se atie­
nen a formas objetivas en un enfoque real
de las cosas, c) los que se valen de una
trasposición de ideas, y d) los que hacen
completa abstracción de los objetos y recu­
rren a formas de pura invención mental.
Si tenemos en cuenta que el único fin del
cartel es la propaganda, y que ésta va di­
rigida al mayor número de personas, de­
bemos considerar que la intención dada
por medio de una imagen de fácil reten­
ción, debe ser entendida inmediatamente,
de modo que al volver a ver el anuncio ya
no se lea el cartel sino que se repita men­
talmente la característica de la propa­
ganda. Las formas deben transformarse en
signos de las cosas o ideas que las repre­
sentan.
Ésta es la ventaja de la repetición de
un mismo cartel pegado uno a continua­
ción del otro, pues la imagen adquiere un
ritmo simple, primitivo que actúa en el
subconsciente más elemental del hombre.
Entre las firmas de los carteles se desta­
ca la de B arth con su expresivo dibujo
zoológico. H erbert L eu pin , el ecléctico prerrafaelista, sabe adaptar sus diversas mane­
ras de pintar a las necesidades de la pro­
paganda: desde el realista embutido Bindon¡ al casi abstracto rizo de Panténe, a tra­
vés de la sutil interpretación del agua car­
bónica de Eptinger con su jirafa burbu­
jeante. A lois C ariciet aporta frescas tras­
posiciones de los lugares de turismo, M ax
B ill y R omán C lem ens sendos carteles
abstractos, C arlo V ivarelli una eficaz
composición fotográfica.
La perfecta impresión de los colores, la
ausencia de letreros profusamente escritos
y, en general, un alto nivel artístico hacen
de esta exposición de carteles una mues­
tra vital de cultura del pueblo suizo.

LA COLECCION ARENA
En la segunda quincena de setiembre
tuvimos oportunidad de ver en el Salón
Rraft y en la Casa del Escritor los cuadros
de la colección de Luis Arena, formada
exclusivamente con telas de pintores ar­
gentinos. De él ha dicho Guillermo de
Torre:
"He aquí un coleccionista —aunque él
repruebe este término y prefiera el más
íntimo de gustador— como Luis Arena,
quien se resuelve a explorar un territorio
próximo, donde puede aventurarse con
plena seguridad, sin guías ni criterios ex­
traños: el territorio cada vez más firme
y ensanchado de la pintura argentina con­
temporánea. Animado por una devoción
de buena ley, pareja de un gusto seguro,
exento del prurito antológico, tanto como
de parcialismo unilateral, Luis Arena
ha reunido en el espacio de pocos años
un conjunto de cuadros argentinos singu­
larmente valioso y representativo. Y en
este conjunto celebramos encontrar no
solamente cuadros de artistas ya consa­
grados sino también obras de jóvenes pin­
tores que empiezan a destacarse."
Pero al observar las telas de los artistas
que consideramos más maduros notamos
una coincidencia que obliga a reflexionar:
en general las obras más antiguas son más
expresivas que las pintadas recientemente.
No se trata de comparar a unos pintores
con otros, pero tal vez la superioridad de
las obras anteriores se deba a que casi
todos han seguido pintando las mismas
formas con pequeñas variantes, y si era
inspiración legítima la que guiaba la ma­
no de B erni , M arch , B asaldúa , Sp il im bergo , B utler y otros, hace quince años
o más, hoy hay un cierto aire anacrónico,
no en las obras que entonces los revela­
ron como buenos, sino en las que se em­
peñan en seguir pintando todavía . . . lajas
de un mismo camino.

Sa m u el F. O liver

B eatriz

72

H uberman

�m iscelánea

• C u a d e rn o s A m e ric a n o s publica un artículo de M arg arita N e l k e n que
titula A r t e ab stra cto , a rte fig u ra t iv o , a rte f u n c io n a l y en el que se intenta
un profundo estudio sociológico del arte abstracto, de sus alcances y de
su sinceridad expresiva. “El arte para el pueblo, el que el pueblo ape­
tece, el que es susceptible de satisfacer y deleitar a las grandes masas
sin especial educación para percibir las intenciones de la creación artís­
tica, ese arte, si sinceramente aspira a brindar una válvula de escape en
sus preocupaciones cotidianas, ni en poco ni en mucho puede ser remedo
o evocación de las mismas preocupaciones. . . . El rechazar el arte abstracto
aduciendo como razón plausible su divorcio de las preocupaciones or­
dinarias, no deja de ser, pues, absurda demagogia... Ahora bien,
este arte abstracto, aun sin ser más ajeno a los anhelos de las masas
que las representaciones de tipo popular, quizá no responde a las inquie­
tudes, a los móviles profundos de esta hora. Esto y sólo esto, es lo que
importa dilucidar para aceptarlo como verdad o rechazarlo como
impostura. M
# De las exposiciones de los abstractos en París nos adelanta nuestro corresponsal D amián
C arlos R ayón : "He visto las exposiciones de arte abstracto en las galerías Maeght y
Denise Rene. Ha expuesto A lechinsicy, que tiene una rápida manera de manchar, con
pincelada no homogénea, que parecería de apunte, con formas que se persiguen por
la tela y un color a veces muy vivo y siempre sentido de una manera total, es decir
no por la tinta hermosa en sí, sino referida a todo el cuadro como conjunto plástico.
Un nombre que conviene recordar es el de Signovert, quien mandó dos contribucio­
nes: una en negros, blancos sucios y humo, otra con un rojo valientemente incor
porado a la trabazón gráfica de la tela (es decir, formas con color y no recuadros
o casilleros iluminados a posteriori.) V asarely se caracteriza por el uso de líneas
rectas que empalman con curvas regladas, por su color crudo, no muy entonado, que
se opone en tintas bajas y un poco elementales. El resultado es brutal pero tranquilo,
se intuye que el cuadro está honradamente construido.
D ewasne es lo más interesante de esta exposición —lo más logrado quizá sea M ag n elli —, pinta sobre un terciado y al duco, con color franco, atrevido, sus formas
claramente geométricas; su pintura es la que está más dispuesta a integrarse a la
decoración arquitectónica en gran escala. Pero si difícil es caracterizar estas pinturas,
infinitamente más grave es tratar de explicarlas con el mero juego de las ideas
y las palabras. . ."

71

�• ¿Que decoración arquitectónica podríamos suponer para las nuevas estaciones del
subterráneo de Moscú? La descripción del Soviet W eekly supera en mucho lo imagi­
nable: 'son palacios subterráneos construidos en todos los grandes estilos, excepto en
la línea ele la arquitectura moderna del oeste.*’ Se suceden paneles decorativos en
porcelanas coloreadas, columnas de mármol con figuras alegóricas, mosaicos neobizaníinos .. . \ así andenes y andenes...

•

U n g ru p o d e p in tó les a rg en tin o s fu e in v itad o a p articip ar con sus o b ra s p a ra la d eco ració n

m u ral d e l H o t e l A lfa r d e M ar d e l P la ta , y d e la selección in d iv id u a l resu ltó u n a valio sa m u estra
artística.

E l p ú b lico v era n ieg o p o d r á fa m ilia r iz a r se así con varias d e la s co rrien tes d e n u estra

p in tu ra c o n te m p o rá n e a a trav és d e sus m á s d e sta c a d o s rep resen ta n tes.
tos n o m bres d e P e t t o r u t t i . D
G óm ez

C ornet,

B a sa ld ú a ,

el

P r e t e , B a t t l e P la n as, D

R o berto

au sp icioso está en la d e co r a c ió n

Rossr,

Y

a rq u itectó n ica .

en te,

a n e r i,

P ie r r i .

E l escu ltor

..

Luis

R ec o rd a m o s e n tre o tros

P o lic a st r o , S o ld i , T

P ero

acaso

F a l c in i

el

ig l io .

a lcan ce

es e l a u to r d e

m ás
un

reliev e p o lic ro m o d o n d e p u e d e verse co m o la escu ltu ra sigu e sien d o h o y , c o m o en las gran eles
ép o c a s d e l a rte, la ín tim a c o la b o r a d o r a d e la a rq u ite c tu r a en el lo g ro d e la u n id a d expresiva,
a p o co q u e sep a m o v er el m u ro sin qu eb ra r la s ex ig en cias d e l p la n o .

La

realización

de

un

fresc o d e C astagnino b r in d ó a un g ru p o d e a lu m n os d e la A c a d e m ia d e B e lla s A rtes la a n siad a
o p o r tu n id a d

de

tr a b a ja r

en

e q u ip o b a jo

p ro b lem a s p rá c tico s d e la p in tu ra m u ral.
tectu ra c o n te m p o r á n e a e stá b u sca n d o

la

d irecció n

de

un

m a estro ,

e n fr e n t á n d o s e

Q u isiéra m o s ver rep e tid a esta ex p erien cia.

aún su

a u tén tica

d e c o r a c ió n ;

en

la

m e d id a

con

lo s

L a a rq u i­
en

q u e se

o frez c a n los m u ros a p in tores y escu ltores, a u m en ta rán las p o sib ilid a d es d e ex p resio n es d efin itiv as.

• Últimos ecos de la Bienale: H en ri M atisse agradeció el Gran Premio
de pintura que le otorgara el jurado de la exposición, ofreciendo en
obsequio dos dibujos suyos que pasarán a integrar la colección del Museo
de Arte Contemporáneo de Venecia. Y, no contento con este gesto, ha
exigido que el importe del premio (un millón de liras) sea distribuido
entre él y el escultor H en r i L a u r en s , cuya importante muestra ha sido
objeto del más caluroso elogio de artistas y críticos, aunque no obtuvo
el Gran Premio de escultura, otorgado a Z a d k f n f por contados votos.

74

�• M U E B L E S • MARROQUINERIA
• PLATERIA • ARTICULOS PARA
C H IM EN EA S
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• G R A B A D O S
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Caillois —Ezequiel Martínez Estrada —Julicn Benda — Jorge
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Villegas — Luis Emilio Soto — Carmen Gándnara — Ernesto
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ARTISTICA

COLABORADORES
ALBERTI, Rafael (Bs. A*.)
ARGIJL, José Pedro (Montevideo)

GULLÓN, Ricardo (Santander)
HUYGHE, René (París)

AYALA, Francisco (Pto. Rico)
A2COAGA, Enrique (Madrid)

MACEDO, Diogo de (Lisboa)
MILLIET, Sergio (San Pablo)

BERENSON, Bernard (Florencia)

PLATSCHEK. Hans (Montevideo)

BILL, Max (Züricli)

ROH, Franz (Munich)

CORDOVA 1TURBURU (Bs. As.)

ROMERA, Antonio (Sgo. Chile)

DEGAND. León (París)

ROMERO, Francisco (Bs. As.)

DELEVOY, Roliert L. (Bruselas)

ROMERO, José Luis (Bs. As.)

DORIVAL. Bernard (París)

TORRE, Guillermo de (Bs. As)

H-.RRANT, Angel (Madrid)

SARFATTI, Margarita (Roma)

FISCHER. VVend (Dusseldorl)

SEVERINI, Gino (París)

CASCH, Sebastián (Barcelona)

VANTONGERLOO

(París)

GIEDION, Siegfried (Züricli)

VENTURI.

GISCHIA, Leén (París)

WESTERDAHL, Eduardo ( T e n e r if e )

GOERITZ, Matihias (México)

ZF.VI. Bruno (Roiua)

I.ionello (Roma)

,

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V O L U M E N

N Ú M E R O

VI

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M A R 7. O D E

19 5 1

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INIMCF. DE LAS ILUSTRACIONES

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                  <text>Ver y Estimar</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Ver y Estimar : cuadernos de crítica artística</text>
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                <text>Buenos Aires, marzo 1951</text>
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              <elementText elementTextId="1995">
                <text>Diament, Clara&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Pasini, Alicia&#13;
Sarfatti, Margarita G.&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Sansone, Eneida&#13;
García Esteban, Fernando&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Oliver, Samuel F.</text>
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO VEINTE
BUENOS AIRES

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRITICA

ARTI STI CA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BR.EST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS:

BAYÓN, Damián Callos.
C o rre sp o n sa l en E u ro p a

BERET, Angelia.
BLEYLE, Magdalena.
BRANT. Rai|iiel.

GARCIA ESTEBAN, Fernando.
GROSSI, Isolina.
HUBERMAN, Beatriz.
S e c re ta ria de d ifu s ió n

JOBTSTUETA, Amalia.
LUC.KHAUS, Delia.

A d m in is tra d o ra

S e c r e ta r ia de p ro p a g a n d a

OLIV’ER, Samuel F.
l’ASINI, Alicia.
PASTOR, Blanca.
PUENTE, Alicia.
ROLAND, Alfredo E.
STABILE, Blanca.
S e c re ta ría de re d a c c ió n

T ENCONI, Elsa.
TRABA, Manila.
COLABORADORES
ALBERTI, Rafael (Bs. As.)
ARGUL, José Pedro (Montevideo)
AYALA, Francisco (Pto. Rico)
AZCOAGA, Enrique (Madrid)
BERENSON, Bemr.rU (Florencia)
BILL, Max (Ziirich)
CORDOVA ITURBURU (Bs. As.)
DF.GAND. I.con (París
DELEVOY, Roben I.. (Bruselas)
DORIY.VL, Bernard (París)
GASCH, Sebastián (Barcelona)
GIEDION, Siegfried (Ziirich)
GOERITZ, Matthias (México)
HUYGHE, René (París)

MACEDO, Diogo de (Lisboa)
MILL1ET, Sergio (San Pablo)
PI.A I SCHEK, Hans (Montevideo)
ROH, Franz (Munich)
ROMERA, Antonio (Sgo. Chile)
ROMERO, Francisco (Bs. As.)
ROMERO, José Luis (Bs. As.)
TORRE, Guillermo de (Bs. As.)
SARFATTI, Margarita (Roma)
SEVERINI, Ciño (París)
VENTURI, Lionello (Roma)
YVESTERDAHL, Eduardo
(Santa Cruz de Tenerife)
ZEVI, Bruno (Roma)

V O I. U M E N V
N V ME R O V E 1X I E
Año del Libertador Gral. San Martin

OCTUBRE

DE

19 5 0

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Intelectual N" 271S21

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Administrador:

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CUADERNOS DE ARTE
Director: Raúl Artagaveylia
Redactores: Homero Fariña (Redac.
responsable) Hans Platschek, José

Carlos Alvarez
325 - CALLAO - 361
T. E. 35-0548 y 9584
Brasil 1009
T. E. 23-6213

San Juan 1981
T. E. 23-6551

Suscripción por cinco números:
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�S U R
REVISTA

MENSUAL

Redacción y Administración
SAN MARTIN 689 31-8220
BUENOS AIRES

En homenaje a la memoria del General San Martin,
dedicó su número correspondiente a los meses de agosto
Vsetiembre a
LOS DERECHOS DEL HOMBRE
Este número contiene, entre otros materiales, la Declara­
ción Universal de los Derechos del Hombre, aprobada por la
Unesco; una carta de Mahatma Gandhi; artículos de Victoria Ocam­
po, Bart Bok, Jean Piaget, Ezequiel Martínez Estrada, Carlos Sánchez
Viamonte, Carlos Alberto Erro, Sebastián Soler, Jaime Benítez, Al­
varo Fernández Suárez, Bernardo 'Canal Feijóo. Publicamos, asi­
mismo, la reproducción de muchas fotografías que, conmemorando
el primer aniversario de la Declaración Universal de los Derechos
del Hombre, se expusieron en el Museo Galliera de París.
SUSCRIPCION

Argentina y América ¡.atina:
Anual ................................
Semestral

Otros países:
Anual .
Semestral

|

Número suelto: S 4.—

50 .

�NOVEDADES
RAFAEL. ALBERTI: Teatro (El hombre deshabitado. El trébol flo­
rido. La gallarda) ....................................................................................... $ 15.—
El hombre deshabitado es un auto moderno de personajes alegóricos. El
trébol flatido una tragicomedia de pescadores, vendimiadores y gente de
mar. La gallarda es una tragedia de vaqueros y toros bravos cjue sucede
en la meseta central de España. Tres obras de gran belleza poética y de
positivo interés escénico.
RAFAEL ALTAMIRA: Los elementos de la civilización y del carácter
españoles ......................................................................................................... $ 16.—
F.l gran historiador, como resumen de su larga obra, define las caracterís­
ticas esenciales del modo de ser español y analiza las aportaciones sustan­
ciales hechas por España a la civilización.
CHARLES SEIGNOBOS: Historia sincera de la Nación Francesa ■■ $ 18.—
Una interpretación en profundidad más que una historia analítica, un
vasto cuadro que describe la evolución del pueblo francés a través de sus
capas sociales más representativas.

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O

Continuamos con nuestro propósito de someter a examen critico los grandes movimientos
artísticos de nuestro tiempo. Buena parte de este número está dedicado al cubismo, ten­
dencia de fecundas proyecciones que cada vez más se destaca como la fundamental de la
primera mitad del siglo. Parece inútil la discusión sobre si ha muerto o no. Lo impor­
tante es comprender en qué consisten sus conquistas, para comprender también cuáles
son los nuevos caracteres impuestos por las generaciones jóvenes actuales, a las que de
ningún modo se puede seguir llamando cubistas.
Hemos tenido la suerte de que un maestro de la talla de G ino Severini haya escrito el
articulo inaugural de este número. Maestro no sólo en el arte de pintar, ahora más que
nunca, pues acaba de recibir uno de los más importantes premios que discierne lo
Biennale de Venecia; también maestro en el arte de pensar sobre el arte, corno bien lo
saben quienes han leído y tal vez releído muchas veces ese pequeño libro que se titula:
Raggionamenti sulle arti figurative, obra de imprescindible consulta para los estudiosos
y los aficionados al arte de nuestra época. Maestro, finalmente, por su agilidad espiritual.
,que le permite pintar o escribir en estos años de la madurez con esa soltura que sólo
poseen los que nunca envejecen.
También sentimos placer de que al lado de las palabras del maestro figuren las de un
joven pintor uruguayo H ans P i.atschek. de cuya obra nos hemos ocupado en algunas
oportunidades. El ensayo que publicamos es de una densidad de pénsamienlo y de una
precisión no comunes.
Completan esta sección doctrinaria de la revista trabajos bibliográficos a cargo de cuatro
colaboradores bien conocidos por los lectores a causa de su seriedad. De tal modo, enten­
demos aportar conocimientos, como lo hicimos con el fauvisme en el número 16, con el
arte abstracto en el 17, con la arquitectura moderna en el 18, que permitan estimar
correcta y apasionadamente el arte actual. Dirección

2

�Ba l a n c e del C u b i s m o
Para VER Y ESTIM AR

1908-1909. Un deseo de construir arquitectónicamente las formas y de en­
contrar al mismo tiempo una nueva manera de pintar impulsa a algunos
artistas, a D krain el primero, a acentuar el espíritu geométrico que fun­
damentó el arte de C ézanne.
De tal modo querían oponerse al impresionismo, que disolvía las formas
en la luz, y también al neoimpresionismo, cuyo valor fué comprendido por
pocos, y al fauvisme que llevaba el lirismo formal y colorístico a una ex­
presividad raramente obtenida.
1910-1912. El arte pictórico entra así en un período analítico, dominando
siempre la intención constructiva y arquitectónica a cualquier otra.
En los primeros tiempos, tanto en B raque como en P icasso, a pesar del
deseo de encontrar una nueva realidad formal, el trabajo inventivo se
limitó a parafrasear la pintura de Cézanne; después, lentamente, las aspi­
raciones se precisaron y se tuvo conciencia de las exigencias del cuadro,
que venía a poseer una realidad totalmente diversa de la realidad exterior.
AI mismo tiempo, estos pintores, cuyo círculo se ampliaba cada vez más
(el arte de vanguardia descendía de Montmartre hacia Montparnasse),
estos pintores diversos eran animados por un deseo tle verdad, de realidad
sustancial. El credo estético según el cual dos líneas paralelas terminan
por encontrarse en un punto dado, alejándose de los ojos, no fué más
admitido: dos líneas a igual distancia una de la otra son paralelas y en
realidad no se encuentran nunca; una mesa cuadrada es un cuadrado y
no un trapecio, y así sucesivamente.
i .o que querían era restituir pues a las cosas la forma verdadera que la
visión falseaba.
Así comprendieron, como los bizantinos, la irrealidad de la perspectiva,
ciencia geométrica conservada desde el Renacimiento como el medio
realístico más eficaz.

3

�De donde deriva uno de los sistemas cubistas, el cual consiste en relevar
verticalmente todos los planos horizontales.
La lógica de este razonamiento conduce a los cubistas a expresar una
realidad que era más bien pensada que sentida o vista; esta realidad era
preferentemente realidad conceptual, y la forma pura a que aspiraban
pertenecía en el fondo a un concepto idealístico, platónico y apolíneo
del mundo.
Tales actitudes expresaban, sí, una realidad austera, noble, y permitían
dar a la pintura todo su sentido específicamente pictórico, pero encerraban
a esos pintores en una expresión estática y helada, cuyos elementos de
frigorífico eran poco vivos; ellos trataron de reaccionar buscando una
difícil unión entre la realidad visual y aquella realidad conceptual.
1913-1914. El primer período del cubismo, que fué llamado analítico, se
caracteriza pues por esa búsqueda de una realidad que pertenezca al mis­
mo tiempo a la visión y al pensamiento.
Hasta 1910 habían adherido a estas ideas, más o menos completamente,
artistas de auténtico valor como G leizes, M etzinger, G ris, L e F auconnier , M arcfx D uchamp , J acques V ileon ; L a F rf.snaye. L hote . L f.ger.
H ayden y los escultores A gero, A rchipenko , D uchamp-Villon , L aurens,
Zadkine. Ellos ampliaron mucho las posibilidades creadoras del cubismo

aplicando sus principios al paisaje y a las composiciones de figuras. Hubo
un momento (Salón de los Independientes v Salón de Otoño de 1910) en
que todas las exposiciones fueron dominadas por el espíritu cubista, y se
pudo hablar de la iniciación de un arte colectivo y universal.
Estos artistas se diferenciaban, naturalmente, en el modo individual
de acercarse o alejarse de la realidad visual; en el fondo esto dependía
en gran parte de las facultades creadoras y poéticas de cada uno.
Así A pollinaire , en su libro ahora más conocido Les peintres cubistes,
se ve obligado a establecer cuatro distinciones en el cubismo:
P “El cubismo científico: arte de pintar conjuntos nuevos con elementos
tomados, no de la realidad visual sino de la realidad de conocimiento.
Los pintores de esta tendencia son P icasso, Braque, M etzinger, G leizes,
M arie L aurencin y G ris.”

29 “El cubismo físico: arte de pintar conjuntos nuevos con' elementos
tomados en su mayor parte de la realidad visual. Este arte desemboca a

�pesar de todo en el cubismo, merced a su disciplina constructiva, pero no
es u n arte puro porque se confunde el tem a con la imagen. El p in to r que
pertenece a esta tendencia es L e F auconnier.”
D aniel-H enry K ahnweiller , que fué el primer marchand interesado por

los pintores cubistas, niega que el cubismo de 1912 haya sido un arte con­
ceptual y dice que los elementos de que se servían los cubistas procedían
de una multitud de observaciones y de impresiones relacionadas con el
mismo objeto, y que por lo tanto esos pintores eran empíricos, de acuerdo
a la tradición renacentista.
Tales reflexiones tienen apariencia de verdad pero son superficiales. Me
parece más justo lo que Apollinaire afirma al principio de sus Méditations
Esthétiques: "lo que diferencia al cubismo de la antigua pintura es que
no era aquél un arte imitación sino de concepto que tendía a elevarse
hasta la creación”.
Así plantea Apollinaire el problema artístico de aquel momento, Las
reflexiones de Kahnweiller se oponen a cuanto escriben, no sólo Apollinaire
sino también M aurice R aynai, y Tuan G ris mismo, siendo verdad tam­
bién oue los cubistas buscaban, como he dicho, la expresión de una reali­
dad compleja, total, que resultara de elementos visuales y elementos pen­
sados.
El espacio en que se movían los objetos y los cuerpos creados por los
cubistas no era más el espacio de tres dimensiones impuesto por la pers­
pectiva. Era un espacio concebido para el cuadro, espacio artístico, espa­
cio de n dimensiones. (Ellos mismos lo definían a menudo pero errónea­
mente como espacio de cuatro dimensiones.)
Es también cierto oue los obietos y los cuerpos representados eran, por
decirlo así, seccionados anatómicamente, para que se viera su apariencia
visible, en perspectiva, y al mismo tiempo su perfil, después su posición
de frente en proyección vertical y después su espesor de acuerdo a la
provección horizontal. Se hacían así, intuitiva y aproximativamente ope­
raciones análogas a lo que se llama en geometría descriptiva proyecciones
ortogonales conjugadas, con rotaciones de planos en torno de un eje, etc.,
como en seguida veremos. Tales análisis eran más bien conceptuales que
empíricos —ya lo he dicho— e implicaban un método pensado y estable­
cido preventivamente. Este método comprendía reglas, más o menos cla­

5

�ramente establecidas y observadas pero existentes, a las que consideraban
los cubistas para señalarse recíprocamente sus errores.
La construcción del cuadro, por ejemplo, se hacía por medio de la sobreposición de dos aspectos de la mesa en que se apoyaban los objetos: el
aspecto visible y el aspecto conceptual, y se hacía girar a estos dos aspec­
tos en torno a un punto fijo o eje, de modo que no coincidieran y crearan
en cambio un juego de formas y de espacios al que obedecían todos los
objetos que estaban sobre la mesa
A cada una de esas forma-espacios así obtenidas le era asignada una fun­
ción diversa, expresada por el color. Por ejemplo, las formas Relativas
a la realidad conceptual eran pintadas generalmente con grises, mientras
que las pertenecientes a la realidad visual eran pintadas con su color local
más o menos cantado y modulado según la personalidad del artista. Las
forma-espacios que se encontraban en el cruce de las líneas participaban
de las dos realidades y eran pintadas en negro o blanco.
Los conjuntos nuevos, de acuerdo a la expresión de Apollinaire, que obte­
nían los cubistas de tal modo, eran realmente nuevos, inesperados, no
verdaderos en el sentido exterior, pero realísticos en el sentido interior:
hasta se habría podido hablar de un arte realístico, a no ser, precisamente,
por ese predominio del elemento idealista conceptual.
Este análisis debía resolverse en una síntesis y ésta no podía realizarse sino
por la vía de una mayor trascendencia y de una intuición poética.
Lo comprende muy bien Apollinaire, sobre todo después de los primeros
manifiestos futuristas y de la Exposición futurista que tuvo lugar en París
en febrero de 1912. Por eso él creó la tercera distinción en el cubismo:
3P “El cubismo órfico: es la otra gran tendencia de la pintura moderna.
Es el arte de pintar conjuntos nuevos con elementos tomados, no de la
realidad visual, sino enteramente creados por el artista y dotados por él
de una potente realidad. Las obras de los artistas órficos deben presentar
simultáneamente un interés estético, una construcción sensible evidente
v una significación sublime, es decir, el tema. Es el arte puro.
Pertenecen a esa tendencia, en cierto m odo. P icasso, después R obert
D elaunay, quien sería el inventor, y después L éger y M arcel D uchamp .”
l En aquel momento se pintaban sobre todo naturalezas muertas, pero tal sistema se
aplicaba también a las figuras.

a

�El cubismo órtico apareció en la escena del arte pictórico de París inme­
diatamente después de la exposición futurista; tal vez si la propuesta de
Apollinaire, de comprender con el apelativo futurista toda la pintura
moderna, hubiese sido aceptada por M arinetti, la tendencia que el cu­
bismo órlico representaba no se habría llamado de otro modo. Pero, en
homenaje a la verdad histórica, debo decir que Marinetti no aceptó
la idea de Apollinaire, y éste aplicó a algunos pintores franceses las inten­
ciones y aspiraciones del futurismo italiano, comprendiendo en el apela­
tivo cubista el arte vanguardista de aquel momento, inclusive los futuristas.
Por otra parte, los pintores franceses designados por Apollinaire, Delau­
nay, Léger, Marcel Duchamp, a los cuales se puede agregar Gris, Lhote,
1.a Fresnaye, Marchand y otros, habían manifestado en muchas ocasiones
afinidad y simpatía por los futuristas; algunos llegaron hasta adherir pú­
blicamente a sus manifiestos.
Es cierto que L éger, por ejemplo, estuvo siempre al margen del cubismo.
Siempre prefirió la idea del movimiento y la expresión dinámica defen­
dida por los futuristas. Y también D elaunay, con sus búsquedas de expan­
sión esférica de la luz y la teoría de los contrastes estaba más cerca de ellos
que de Jos cubistas.
Pero es necesario que diga aquí, aunque rápida y sintéticamente, en qué
consistían las bases estéticas de los futuristas.
Si a m enudo es considerado el futurism o en oposición al cubismo, y puede
parecer justo a prim era vista, es porque de hecho al platonism o y al con­
cepto apolíneo de los cubistas oponían los futuristas el antiplatonism o y
(J concepto dionisíaco que habían abrevado en N ietzsche; a C ézanne y a
I ngres oponían Seurat y D elacroix. Y la oposición se acentuaba por el
hecho de que a los cubistas les gustaba apoyarse en la cultura y se servían
de las referencias históricas, en tanto que los futuristas querían, por medio
de la intuición, penetrar en la esencia de la vida, exaltar frenéticam ente
la vida.

Con los futuristas, el hombre como tal avanzaba al primer plano, con todos
sus sueños, recuerdos, estados de ánimo, de lo que procedía una nueva

actitud frente a la naturaleza, en cuanto no querían negarla, ni tampoco
pensarla o imitarla, sino vivirla y superarla por medio de la trascendencia.
A esta separación de lo sensible para penetrar en la realidad superior pre­
sentida por la intuición, B occioni la llamó trascendentalismo físico.

7■

�En un punto que para mi es fundamental las dos tendencias coincidían, en
la aspiración profunda de penetrar en un universo poético, en el cual sólo
nuestros sentidos no podían hacer que entráramos, tampoco nuestra inte­
ligencia únicamente. Lo racional y lo sensible debían concordar, ya que la
intuición poética se nutre en las dos formas de conocimiento; por tanto
no es absurdo pretender que las dos tendencias se completaban en el fondo
y que el futurismo, casi contemporáneo del cubismo, podía ser considerado
como el desarrollo lógico de éste, en una línea más enteramente creadora.
Esto fué rápidamente comprendido por Apollinaire, quien sintió la necesi­
dad de escribir, con motivo de la exposición futurista de París (1912), que
los futuristas permitían ver la posibilidad de pasar de la melodía a la sin­
fonía, e ir por tanto más adelante en la vía de la libre creación pictórica.
El deseo (le unir las dos tendencias de Apollinaire era, pues, inteligente y
motivado. Encontró súbito eco en el grupo alemán de El Caballero Azul,
compuesto por artistas como K andinsk,y, Eranz M arc, K lee, etc., los cuales
vinieron a París en 1912 y comprendieron inteligentemente la situación
de la pintura en aquel momento.
En la expresión de Apollinaire, pasar de la melodía a la sinfonía, encon­
traron enos sin duda la continuación de sus aspiraciones; unir las dos
tendencias, cubismo y futurismo, significaba llevar a una mayor espiri­
tualidad lo que habían osado las dos tendencias en París. Significaba
todavía liberarse más de la realidad de las apariencias.
Y entonces aparece la cuarta distinción hecha por Apollinaire en el cu­
bismo:
4“ “El cubismo instintivo: arte de pintar los conjuntos nuevos con ele­
mentos tomados, no de la realidad visual, sino de la que es sugerida al
artista por el instinto y la intuición. Esta tendencia va hacia el oríismo,
pero les falta a los artistas instintivos la lucidez y un credo artístico.
El cubismo instintivo comprende gran número de artistas. Procedentes
del impresionismo francés, este movimiento se extiende ahora por toda
Europa. A él pertenecen M atisse, R ouault, D erain, D ufy, C habaud,
J ean P uy, V an D ongen, Severini, B occioni, etc., etc.”
La variedad de estos nojnbres, a los que hubiera podido agregar muchos
otros (D e Segonzac, L uc-Albert M oreau, B oussingault, M odigliani,
K isling, etc.) hace que esa distinción del cubismo sea asaz discutible y
poco significativa.

S

�La guerra del 14 hizo la unión, tanto como era posible, de las tendencias
constructivas, realísticas y platónicas con las puramente creadoras, líricas,
dinámicas, dionisíacas. L éonce R osenberg creó L ’Effort Moderne y en
él se concentraron casi todos los representantes más estimados del arte
de vanguardia que no habían sido movilizados, sin distinción de tenden­
cias. Dos artistas de valor, D iego R ivera, mexicano, y M aría B lanchard,
española, así como el escultor L ipchitz , se unieron al grupo. Mientras
Delaunay y Gleizes estaban en el extranjero y Braque y Léger en el
ejército.
La idea generatriz de este momento puede ser definida como Realismo
trascendental, aunque el elemento intelectual e ideal tuviese cada vez
mayor importancia. Tanto que hasta se le ha reprochado muchas veces
a estos artistas un exceso de mtelectualismo.
Los maestros del pasado en quienes pensaban eran P iero D ella F rancesca,
P aolo U ccello y, más cerca nuestro, C hardin ; eran atraídos, en suma,
por toda expresión cuyo contenido fuese materia trascendida pero no nega­
da, sensación llevada al máximo de intensidad emotiva pero organizada.
Lia en realidad el fin ideal tantas veces expresado por C ézanne y aun
realizado en los pocos cuadros importantes que dejó el gran Seurat.
Estas intenciones implicaban además un deseo de clasicismo (también
promulgado por Cézanne) y a él se unían las preocupaciones por el oficio,
que hasta entonces no habían ocupado la mente de ninguno.
Las rotaciones de los planos en torno a un eje y los equilibrios por equi­
valencias o por simetría que respondiesen a ios ángulos opuestos del cua­
dro derivan de preocupaciones por componer y de descubrimientos reali­
zados en las composiciones de ios maestros, todo lo cual provocó búsque­
das y estudios muy senos, sobre todo en J uan G ris y en m í mismo. Dar
nociones serias aunque simples de geometría y matemática ai deseo del
ritmo numérico de los cubistas, fué verdaderamente nuestra tarea.
Al mismo tiempo maduró la noción del color, el cual, por lo menos según
mis intenciones personales, debia obedecer también a un orden numérico
relativo al círculo cromático, sea el de C hevreul, sea el de otros grandes
tísicos que, después de él, habían precisado las leyes de los contrastes
(M axwell, R ood, B ruke).

El color era empleado en el cuadro como elemento de armonía (y no

9

�como medio de imitación), en superficies planas, a veces moduladas pero
no modeladas.
Puesto que las formas del cuadro debían permanecer en el plano vertical
de la tela y nunca hundirlo, toda profundidad estaba prohibida; el espa­
cio que se expresaba así tenía evidentemente dos dimensiones. Sin em­
bargo, como en las investigaciones precedentes, en los pintores más dota­
dos las tintas planas se animaban, vivían, creando un espacio que no
tenía ni dos ni tres dimensiones, sino era un espacio artístico de n dimen­
siones, como se ha dicho antes. Poco más o menos, tales reglas son todavía
válidas, aunque algunos pintores abstractos pinten hoy como C ourbet,
lo que constituye a mi modo de ver un error fundamental.
J916. Se elaboró desde entonces hasta ahora un principio estético culpístico sintetizado en la expresión: I ngres -(- D elacroix, que yo expuse en
un artículo muy discutido en el taller de M atisse, pero aprobado por él y
por los artistas de L ’Effort Mademe, publicado en el Mercare de Frunce
del 16 de junio de 1916.
Principios estéticos serios, una poética y algunos medios técnicos estaban
desde entonces al alcance de los pintores de aquel momento en que L ’Ef­
fort Moderne representó verdaderamente un centro artístico importante.
Las más bellas y perfectas obras cubistas fueron tal vez creadas entonces,
pero el hecho de que se concentraran la mayor parte de los intereses en
la forma condujo fatalmente a un espíritu decorativo, que los mejores
pintores, entre ellos P icasso y Braque, apenas lograban disimular.
LJn hermoso edificio con nada adentro, diría J acquf.s M aritain; comenzó
tal vez en aquel momento la falta de significado de la pintura moderna.
Se llegó al fin a la terminación de la guerra. Léger y Braque, como tam­
bién Gleizes y Delaunay y numerosos extranjeros, entre los cuales el grupo
holandés Stijl, compuesto por M ondrian, Van D oesburc, Vantongerloo,
F ritz G larner, D el M arle y otros, volvieron a París. A las bases esté­
ticas de este grupo se las llamó neoplasltcisino.
Un poco más tarde, hacia 1919-20, vino a París el grupo Dadá, que se
había constituido en Zurich con P icabia, de vuelta de América del Norte,
y después A rp , Madarne T auber-Arp, H ugo B all, Yanko, T zara, etc.. . .
Al mismo tiempo, creo que volvió de Italia M agnellí.
No es el momento de examinar de modo crítico el neoplasticismo y el
dadaísmo, sino en relación con el cubismo y el futurismo, de los que

10

�iueron en verdad continuadores, ya que fué el espíritu geométrico cubista
el que llevó el neoplasticismo a un plano "de poesía y de creación inten- •
cionalmente pura, mientras la exaltación del- maquinismov la ideología ■
de los futuristas, fue llevada al colmo de lá exasperación, hájta crear uná ■'
especie de mística de la negación y de la destrucción por los poetas Dada-,
Las paredes del cabaret que frecuentaban los dadaístás en ZÁirieh esta-batíadornadas con dibujos y estampas futuristas.
Vv
;
Estos artistas y grupos de artistas encontraron en París el clima prbpicio
para vivir y prosperar. . . Pero la atmósfera artística natúialiñ^Jté'; se
transformó. Ya no era el caso de hablar de cubismo en París, como ..grupo
bien determinado, sobre todo porquq, L ’Effort Moderne perdió toda ho­
mogeneidad y se transformó en una'especie de academia del vanguardia
mo. Por otra parte, a causa especialmente de algunos rnarciiands■pari­
sienses que alentaban a ultramar la fabricación, un viento de pompiensmo
i- sopló sobre todo el arte en París. Un retorno al objeto, aunque poética­
mente entendido, se dibujó; como reacción contra el vanguardismo ama­
nerado; B raque comenzó a acordarse de sus orígenes fauves y P icasso,
que había sido siempre un francotirador éntre los cubistas, se encaminó
hacia un expresionismo exasperado .que constituía la antípoda del mo­
vimiento.
*'
Pero tampoco era el caso de proclamar la muerte del cubismo, como hicie­
ron muchos críticos y periodistas, superficiales y mediocres.
El cubismo, junto al futurismo, fueron dos etapas históricas de una im­
portancia capital, ya que las dos tendencias han reencontrado y clarifi­
cado las bases fundamentales de las creaciones artísticas, y los problemas
planteados por ellos, y las soluciones por ellos indicadas, son primordiales
y esenciales, y nada hubiera sido posible sin ellos.
Por lo tanto nunca puede decirse que están muertos, pues continúan
viviendo en las actitudes artísticas sucesivas, exceptuando quizás el super­
realismo pictórico, que se colocó contra la pintura y contra el arte en un
plano predominantemente ético.
Pero la liberación del mundo de las apariencias, que abre al acto espon­
táneo del poeta infinitas posibilidades, creó una posición estética e his­
tórica sobre la cual están los artistas de hoy todavía, y cuyos orígenes
están sobre todo en el cubismo dinámico o cubismo órfico, es decir, en
la unión de las dos tendencias antedichas.
G imo Severini

11

�c
VERSIONES
A Guillermo

de

CUBISTAS

T orre

DEL ESPACIO
P ara VER Y E S T I MA R

Sabido es, y un instante de reflexión basta para recordarlo, que la índole
esencial de la pintura elimina el factor tiempo de su campo, al paso que
el factor espacio se halla siempre en natural contradicción con la materia
plana de un cuadro. Por su naturaleza, la pintura es el arte de la limi­
tación. No hay duda de que estos límites dependen de la época; las fron­
teras establecidas por L essing y las combatidas por P icasso no son idén­
ticas. Sin embargo, el pintor tropieza, tarde o temprano, con el carácter
estático, no temporal, exento de tluidez sucesiva, de su arte, y se encuen­
tra ante el lienzo plano y los marcos ortogonales que son el fundamento
material de su tela. En el momento en que se ve precisado a definir en
su obra la corporeidad del mundo, o cualquier otra circunstancia que
le plantea el problema de la representación del espacio, se le abren dos
maneras de solución: o sugerir el espacio, partiendo del lienzo y aceptan­
do como base los límites ortogonales, o intentar una evasión hacia la
profundidad ilusoria, contrariando la natural condición de la tela.
La evidente reacción de los pintores modernos contra el espacio mera­
mente visual que se despliega en un abrir y cerrar de los ojos (las “ven­
tanas mágicas sobre la espuma del mar de hadas”) supone que toda
expresión espacial es tan creación como otras expresiones, y que se halla
fuera de toda discusión el aceptar la materialidad de los elementos dados,
puesto que ellos son, en sí, más realidad para el pintor que los influjos
del mundo visual. En cuanto a la perspectiva mecánica, generalmente
llamada perspectiva italiana, conviene recordar las' conjeturas, refutacio­
nes y polémicas que giraron en torno a este descubrimiento de U ccello.
Gomo los antiguos, los modernos lo miran con inquietud: los primeros
por considerarlo como medio de expresión nuevo y portentoso, y los
segundos como objeto de su recalcitrante repulsión. Entretanto parece
hacerse cada vez más claro que dicho vaivén de opiniones es un poco

12

�luchar contra molinos de viento, pues los maestros de antaño no cons
truyeron mecánicamente sus espacios sino que los representaron por la
compensación y la relación de fas formas, dimensiones y tintas y,
casi siempre, no con la perspectiva descriptiva sino a pesar de ella.
Su espacio realista era, una vez pasado el fervor del descubrimiento de
la construcción en perspectiva, más temperamental y no ligado a un
método determinado de realización.
Frente a este hecho cabe preguntar si existe, por ventura, una fórmula
invariable que encierre el espacio, una especie de ley del espacio, tal
como existe, por ejemplo, la ley del contraste simultáneo. Detinirlo de
antemano es extremadamente peligroso. No olvidemos que el espacio
no es un elemento primario, sino ya una elaboración en la que no sola­
mente interviene la pintura, sino elementos proporcionados al artista
por el mundo circundante l. La diferencia que separa la noción espacio
en la pintura de las demás nociones espaciales en las ramas de la cultura
humana, radica en una propiedad precisamente contraria a toda idea
espacial en general y que, puesto a la luz con decisión por los pintores
cubistas, puede sintetizarse en un término: limitabilidad 2*.
A la reprobación, un tanto reacia, de toda alusión simbólica en las
artes plásticas, incluso de toda inclinación emocional, se debió que el
cubismo propugnara sus ideas, en los comienzos, con suma aspereza. El
ejemplo de A lbert G leizes es típico. Debemos a este pintor unas defi­
niciones técnicas muy certeras de la escuela, aunque no es menos verdad
quer de tanto en tanto, se ha estancado en conclusiones incautas, hasta
mutiladas. Otras veces sus discusiones han sido tan esquematizadas que
sólo podrían tener un valor netamente teórico. G uillaume J anneau
señala estas debilidades con acierto, aunque con exceso de fácil ironía 8.
1 Se ha calificado el espacio como elemento pasivo dentro de la composición de un
cuadro. O skar Schlemmer, en un estudio sobre la escenografía que puede hacerse ex­
tensivo a la pintura pura, definió el espacio como “abstracto”, en oposición al hombre
“natural”. Schlemmer .establece dos esquemas principales: “Él espacio abstracto es amol
dado al hombre natural o el hombre natural es reconstruido en relación al espacio abs­
tracto”. (Die Bühne en Bauhaus, Bauhausbiicher, Munich, 1928, p. 13 ff.) Desde luego
que la opinión de Schlemmer es parcial por cuanto deja de lado la interacción entre
espacio y motivo, o espacio y figura.
2 Focillon, en su Vie des Formes establece algunas hermosas definiciones en el capí­
tulo Les formes dans l’Espace. (París, 1934, p. 25 ff.)
2 Cf. L’Art Cubiste, París, 1929. (En Español: Poseidón, Bs. As., 1944.)

13

�A pesar de que para Gleizes el cubismo se halla por encima de cual­
quier otro estilo, hasta por encima de la misma pintura, ello no impide
que sus ideas ofrezcan, dentro de su austeridad monacal, fondos perfec­
tamente vindicables. Es ante todo su esquema de las fases de la
pintura cubista lo que tenemos presente en el desarrollo del presente
trabajo.
La primera fase que queremos considerar a través del problema especial
no es otra cosa que un aguzamiento de las búsquedas de C ézanne en lo
que a la forma se refiere. Cuando se observan las ya famosas confronta­
ciones de sus telas con las fotografías de sus motivos (hechas por J ohn
R ewald y E rle L oran, respectivamente) puede notarse que en su caso
no se trata de una renovación del plano o una rehabilitación de los mé­
todos de la gran pintura decorativa, sino, resumido grosso modo, de la
unidad de los elementos que abarca los planos aéreos, los primeros planos,
segundos y fondos en una misma jerarquía intensa, manteniéndose siem­
pre en la vecindad de las fronteras ortogonales. La constante manera de
elevar los horizontes responde al deseo de aplanar el cuadro (en oposi­
ción al deseo anterior de ahuecarlo), es decir, de eliminar el escorzo
visual45. G leizes, cuando comenta una obra propia del año 1910, dice:
“Mecanismo del volumen; unidad de perspectiva, pero aun no puesta
en duda. La anécdota descriptiva reducida a un esquema. El color sacri­
ficado a grises matizados” \
A guisa de aclaración podría agregarse que el volumen constituía aún
en aquel momento la base de la estructuración del espacio, en evidente
enlace con el esquema “cubo, cono, esfera”. Mas, en verdad, ya no se
pintaba el volumen. La comprensión tradicional de la frase: dar cuerpo
a una faceta, supone una modelación mediante el uso de ciertos efectos
de luz y sombra, de manera que el volumen en sí puede llegar a ser un
hecho desvinculado del conjunto del cuadro, como en los malos pintores
de historia y de género del XIX. G leize^, en cambio, como antes
Cézanne, aunque prescindiendo del color, dispone el volumen según un
conjunto de planos, fusionando y contrastándolos en constante relación
recíproca sobre la superficie de la tela, considerada ya por sí sola como
base y límite del espacio. Además, toda inclinación diagonal va ajustán­
dose hasta el límite que su carácter permite, a la frontera ortogonal más45
4 Cf. Erle Loran: Cézanne’s Composition, Los Ángeles, 1946. p. 57.
5 Kubismus, Bauhausbücher, Munich, 1928. texto lámina 8.

14

�próxim a a su posición. Y este sistema, a pesar de su práctica frontal y,
en consecuencia, m aterial, se formó de modo prim ordialm ente sensible,
tanto en C ézXnne como en los cubistas de aquel tramo.

La destrucción del volumen, tase inmediatamente derivada de la persis­
tente eliminación de todo lo que tuviese el menor rasgo condicionado a
la contemplación visual, es el resultado de dos exigencias posteriores,
pero muy directamente vinculadas a la inquietud espacial: limitarse y,
al mismo tiempo, dinamizar. En estas palabras se concentra el sentido de
la segunda etapa del cubismo, acaso la más promisoria y la más apro­
piada para actuales desarrollos. Si por un lado, la limitación del espacio
fué elevada a la categoría de una ley plástica e invariable, la exigencia
del dinamismo de la expresión dentro del espacio, sugirió la elaboración
y la configuración de las manifestaciones del mundo en su diversidad.
No es extraño, pues, que el primer paso resuelto sea el que lleva a la se­
paración de los planos componentes del volumen.
Exponer la multiplicidad de un objeto no hubiera sido cosa tan compli­
cada si no existiese, siempre presente, la imposición del espacio limitado.
Con todo, la solución cubista fué de extrema simplicidad y regida por una
rigurosa voluntad de mantenerse en el terreno de la pintura.
Un objeto tiene múltiples facetas. Representarlo en toda su contextura,
no sólo en su espacialidad dada por la realidad visual del momento, sino
también dentro de su orgánica multilateralidad, sin dejar de atender a
las leyes de la pintura en sí, sólo es posible si el pintor atiende a varios
puntos de enfoque que pueden ser tanto reales como imaginados: espiri­
tualizar estos enfoques, desde distintos ángulos de percepción que pro­
porcionan la realidad o la invención, para crear nuevas formas con la
intersección y las contaminaciones de estos substratos. Sería esto un género
de cinetismo, aunque cabe agregar de inmediato que su intención sigue
siendo espacial y no temporal, como los futuristas; la dinámica radica en el
enfoque y no en el objeto en sí 6. Por su parte, el espacio limitado existe,
i según decíamos, sobre el lienzo pero no en la realidad visual. Sin embargo,
el pintor quiere extraer de la realidad o de la imaginación una idea espacial
11 Boccioni, en su Estelicu e arle futuriste (reedición. Milano. 1946) señala esla dife­
rencia con el cubismo de modo polémico, especialmente en el Capítulo Che cosa ci
divide dal Cubismo (pgs. 71 ff.), aparte de esgrimir otros argumentos, no por parciales
menos perspicaces.

15

�que pudiera llevar a los límites de la tela sin que pierda sus amplitudes
sugestivas ni sus dimensiones esenciales. Sin duda, la solución más se­
ductora es la aplicada por los cubistas de esta segunda fase, que consistía
en hacer transparentes los planos y superponer los perfiles. Se habla a
menudo de estos cuadros (entre los cuales puede ser un ejemplo típico
Jovencita de la Margarita de B raque) , como creaciones del espacio trans­
parente.
Actual y promisorio, el espacio transparente subsiste. Deja de ser, poco
a poco, un fin para convertirse en vehículo de expresión adoptado por
los sectores de aquellos artistas modernos que quieren ser, sobre todo y emi­
nentemente, comunicativos 7. ¿Cumple hacer una recapitulación panegírica
de esta innovación? ¿Invocar la cuarta dimensión, como apollinaire en sus
horas ingenuas? Para muchos cubistas ortodoxos, Gleizes entre ellos, no
tenía importancia decisiva; para ellos, este período cubista está lleno de
promesas, es una etapa de transición. Veamos ahora a qué tenderá tal
transición.
La tercera fase del cubismo en lo que al espacio respecta, aun no ha
pasado a la historia. Aun se libran discusiones en derredor. En el mo­
mento en que el cubismo desenlaza sus investigaciones en la creación del
plano puro, fermenta ideas nuevas y nuevas modalidades que se rechazan
y que se definen hoy con la misma pasión que en el momento de su
surgimiento.
Gleizes, por su parte, señala orerullosamente la aparición y la posibilidad
de un nuevo orden pictórico. “El resultado de este orden era tal que al­
gunos pintores cubistas, hasta ahora vacilantes, declaraban sin titubear
que su pintura era perfecta realidad, antes de tener en cuenta los objetos
que aquélla debiera' contener. Confesión de graves consecuencias. La
capacidad creadora fué puesta fuera de toda evocación de una forma co­
nocida, ella se presentaba a posteriori, por razones que no le interesaba
a la nueva realidad creadora. Al mismo tiempo, significaba la afirmación
de que no se precisaba ya que interviniese la determinación del espacio
extrínseco para que se produjera una tensión emotiva” 8.
¡Confesión de graves consecuencias! No es difícil comprender que en este
7 Se sobreentiende que desdeño los intentos infelices de L hote, W arroquier, Alix ,
etcétera, los cuales buscan el juste m ilieu entre esta etapa cubista y la objetividad visual.
8 Op. cit., pág. 98.

16

�anhelo de la creación más intelectiva, el espacio debió de haber parecido
a los pintores de este ciclo el elemento principal de la descripción por
antonomasia y de la evocación de una forma conocida a priori, para em­
plear y parafrasear las palabras de Gleizes. Ante esta idea, los cubistas
adictos a la pintura del plano puro (Gleizes o Marcoussis, por eiemplo)
resolvieron llevar con la máxima eficacia la limitación del espacio a su
intensidad más aguda, hasta llegar a la eliminación del espacio a favor
del plano. Existe pues allí una supeditación voluntaria de la causa al
efecto, siempre que miremos a ambos desde el punto de vista del problema
espacial. Y no está demás añadir que la misma supeditación puede en­
contrarse en la siguiente prédica de la vuelta a la pintura mural: el pro­
cedimiento de acondicionar las formas al plano puro es poco propicio
para la pintura de caballete que le quita una de sus más esenciales ener­
gías expresivas. “Yo busco un muro” fué el clamor de L éger, y aun lo
sigue siendo.. .
Ya fuera de la órbita cronológica del cubismo, pero no menos intere­
sante y apasionante, el afán de pureza tiene su más heroico representante
en P iet M o n d r ia n . Este maestro holandés, en el cual S etjphor encuentra
"ingenuidad de espíritu”, quiso reducir aun más las posibles impurezas con
que hubo de tropezar a lo largo de sus ensayos, hasta l'egar al aislamien­
to de los elementos más propensos a la pura ortogonalidad de todo lo que
pudiera quebrantar su ausencia, aun a riesgo de sacrificar su poder ex­
presivo que, por otra parte, se asociará nuevamente con elementos ex­
traplásticos, en el sentido de M ondrian9. Pero aun su ascetismo tiene
impurezas, si seguimos con severidad profesoral sus conclusiones; los mis­
mos ortogonales pueden resultar impuros, pues ellos son capaces de sugerir
un espacio o, meior, sugerir un ahondamiento de la tela plana, una diná­
mica que anula él plano puro de la tela. El más leve y minúsculo punto
sobre el lienzo produce una sugerencia que puede o no llamarse espacial,
según la idea que el espectador tenga de un espacio: en todo caso, se crea
un ahuecamiento, una perforación de la tela v por eso una posibilidad
espacial. M o h o l y -N agy se dió perfecta cuenta de este dilema, proponien­
do, por su parte, una “configuración cinético-proyectiva, incluso llegando
a chorros de color que fluyen libremente en el espacio, sin plano de pro9 P iet Mondrian: Neue Gestaltung, Bauhausbücher, Munich, 1828.

�yecciones” 10, lo que, sin duda, significa la completa anulación del espacio
en pintura, valiéndose del espacio en la realidad.
No es aventurado afirmar que tanto de la teoría como de la práctica de
Gleizes surge el peligro de la csquematización repetida. Gleizes admite que
la pintura del plano puro requiere la yuxtaposición de signos, pero más
importante que crear el signo parece su aplicación. En efecto, la guitarra,
la botella y la pipa continuaron con igual fisonomía en cadenas de cua­
dros. Si en el terreno netamente plástico se llegó a intensificar el plano en
toda su superficie, se truncaron ramificaciones que podrían haber sido
caminos de desenvolvimiento. En otra oportunidad nte referí a la consi­
guiente crisis de la pintura plasticista, del cuadro-objeto. Pero pese a que
hoy por hoy podemos darnos cuenta de que la perfección es menos nece­
saria que el perféccionamiento dinámico de nuestros elementos en función
imaginativa, quedan en pie las indiscutibles aportaciones de la recupera­
ción del plano.
H ans P latschek

1 0 Cf. L. M oholy-N agy: Male reí, Photographie, Film, Bauhausbücher, Munich, J925,
especialmente las pgs. 15-20. Más detalladamente explica Moholy sus ideas en una Carla
a Kalivoda (Publicada en Ciclo, n? I. Buenos Aires), de la cual extraemos el siguiente
párrafo: “Desde la invención de la fotografía la pintura ha ido evolucionado del color
a la luz. Dicho de otra manera, en vez de pintar con pinceles y colores podríase pintar
ahora con la luz y transformar así en estructuras luminosas las superficies coloreadas de
dos dimensiones. Yo soñaba con aparatos c¡ue permitiesen, gracias a un dispositivo manual
o automático, proyectar visiones luminosas en el aire, en vastos salones, sobre pantallas
de sustancias inusitadas: bruma, gases, nu b es..
Por supuesto que esta idea, entresacada
de la carta mencionada, es sólo un fragmento que hemos citado para ilustrar nuevamente
el problema del espacio.

18

�OBSERVACION
PINTURA

CUBISTA

1. En el comienzo la pintura cubista justificó el
nombre que le dieron. Los caseríos catalanes —Hor
ta de San Juan o Tarragona— le permitieron a
P icasso, como otros paisajes a Braoue, reducir la
pintura a un juego de volúmenes: les bastó hacer
que los planos m o d u l a d o s de Cézanne se volvieran
macizos y de bordes afilados. Y en lugar del color
puro de los postimpresionistas, volvieron a emplear
tintas neutras y el claroscuro. Perduraba en esas
primeras tentativas la voluntad de representar v o ­
l ú m e n e s c o n c r e t o s , pero ya los planos indicaban
un

m o v im ie n to

o rdenado

d e fo r m a s

en

e l e s p a c io

y la pasión era endurecida por el entendimiento.
Todavía era necesario que se desprendiera el ritmo
geométrico del orgánico que todo paisaje implica.

2. Casi inmediatamente se produce el vuelco fun­
damental. E l p l a n o s e l i b e r a d e l v o l u m e n , trans­
formándose en e l e m e n t o d e e x p r e s i ó n , y la pintura
cubista deja de obedecer al paradigma del cubo.
Con el pretexto de la joven que toca el mandolín
Braque hace danzar los planos como en una poli­
fonía, mas no de sonidos blancos porque cada uno
lleva su carga de emoción en la rica v a l o r i z a c i ó n
de grises y ocres. El espectador sólo ve pequeñas
formas g e o m e t r i z a d a s cpie se yuxtaponen o sobre­
ponen para crear la ilusión de cpie la p r o f u n d i d a d
e s p a c i a l e s t á t i c a se ha transformado en p r o f u n d i ­
d a d e s p a c i a l d i n á m i c a . El plano adquiere persona­
lidad por sí; no es más un elemento constitutivo
de la f o r m a r e p r e s e n t a t i v a —por su relación con
otros planos— sino u n a f o r m a d o t a d a d e :v i d a p r o ­
p i a y caracterizada por su f o r m a , su t a m a ñ o , su
c o l o r y su d i r e c c i ó n . Xo dejaron de ser románticos,
empero, los cubistas de entonces: si bien s e v a l í a n
de la geometría para descomponer los objetos en
planos y para recrear formas de invención, seguían
expresando sus e s l a d o s d e á n i m o merced a los rit­
mos de p r o y e c c i ó n o r g á n i c a . Y en el refinamiento
del tono seguía vibrando más un alma transida
de emoción que un espíritu calculador. Xo obs­
tante, al pintar con lo s m i s m o s s i g n o s , superando
las enormes diferencias personales, P icasso y Bra­
que echaron las bases de un lenguaje que, por su
falta de elementos circunstanciales, lia de ser u n i ­
v e r s a l. Aunque serán otros los que lleven a la prác­
tica sn implantación, cuando se definan las partes
de la oración y madure la sintaxis y se ordene la
construcción, no habrá que olvidar este aporte esen
cial de los cubistas al arte de nuestro tiempo.

�tiempo \ ci espacio. Es un alma ascética (pie ho
llega al lirismo de sus mayores y se detiene en
la mitad de la cuesta. La gran contradicción
en que se debate procede de (pie extrema p o l­
lina parte la rigidez del trazo y de las relacio­
nes entre los planos de color, y por otra nunca
deja de representar una figura o un obje­
to. Pero su d u r e z a y su i m p e r t u r b a b i l i d a d
lo vinculan con los (pie crean una nueva
especie de naturalismo en el siglo XX.
con L ío i r y M k t z in g f . r e s p e c ia lm e n t e .
4. Ifav algo de m e c a n i s m o e n d u r e c i d o en (iris.
R obf.rt D ii aunay desata, en cambio, el resorte
del movimiento sensual, elástico y lírico. Figu­
rativo es cuando representa L a T o n e E i f f e l
pero los planes dejan de obedecer a la o r d e n a
d a c o m p o s i c i ó n c u b i s t a —dominio de la vertical
v la horizontal— y se i n t e r p e n e l r a n para sugerir
un espacio (pie por ser dinámico parece responder a más de tres climensiocns. La gama*
baja, a veces sombría, de los cubistas se trans
forma en este en:.morado de la luz (pie no des;
deña las conquistas del impresionismo, y saltan
los tonos puros anunciando una nueva alegría
de pintar, como en los futuristas italianos.

3. Después comenzaron a dista miarse.
I no y otro volvieron a la n a t u r a l e z a
m u e r t a . Los planos no sirven para re­
componer imágenes de cosas concretas,
todavía, pero no sólo aluden a ellas con
mayor evidencia sino expresan ritmos t e ­
r r i b l e m e n t e p e r s o n a l e s , lo que se advier­
te al comparar E l v i o l í n con C o p a y
p i p a . Recobra el color sus derechos, los
empastes ganan en densidad o en fluidez,
se enriquece la materia con cuerpos ex­
traños (papel pegado, letras de impren­
ta, arena, etc.), los ritmos se hacen más
íntimos y complejos, y el sistema de sig­
nos parece expresar más bien l(t q u i e t u d
d e u n m u n d o c o n q u is ta d o .
En P icasso
reaparece el dormido amor por las cosas,
poniendo el acento en sus notas de pías
ticidad, en tanto que Braquk da rienda
suelta a una sensiblidad refinadísima sir­
viéndole los planos para exteriorizar un
profundo temblequeo del alma. De la
geometría no quedan sino v e s t i g i o s , en
la solidez de las estructuras, en la severi­
dad de los ritmos, en el sobrio empleo de
algunas formas extremadamente simples.
3. J uan G ris llegó más tarde pero com­
pleta el trío. Sin dejar de ser figurativo
aspira a calcularlo todo y animado por
un potente espíritu de objetividad p o n e
cosas (pie no obstante la dinámica ele la
composición p a r e c e n d e t e n i d a s en el

1914 es una fecha (pie define el porvenir del
cubismo. Después dejará de dar frutos para
transformarse en tierra que nutre formas,
jamás pensadas por los cubistas: las de! arta
abstracto de vanguardia, ya en nuestros días.

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�bibliografía
GUILLAUME APOLLINAIRE
En el año 1912 apareció en París un pe­
queño libro con el título Méditations Estkétiques, cuyo autor era un hombre de
un origen que se conocía, y se conoce aún
hoy mas por la anécdota que por datos
fidedignos: Wilhelm Apollinarius de KosIrowitzky, y cuyo seudónimo era Guillaume AroLLtNAiRE. Recién desde la segunda
edición del año 1921, tres años después de
la muerte de su autor, este libro lleva el
título Les Peintres Cubistes. Burbujeando
hacia la superficie de una exteriorización
en aparente desorden, brotaron estas me­
ditaciones estéticas de la profunda sensibi­
lidad de un poeta-artista, que en actitud
nihilista buscaba, con audacia poco carac­
terística del sens de la mesure francés, una
revolución estética, de meta eminentemen­
te antitradicionalista, para derrumbar las
inercias de una tradición clásica que había
descendido al nivel de un frío e inexpresi­
vo clasicismo académico. Sucedía esto en
los primeros años de nuestro siglo, cuando
los cimientos de la adormecida civilización
burguesa prototípica del siglo XIX recibie­
ron las primeras sacudidas, infligidas por
un grupo de poetas y artistas que por su
hastío de lo s déja vu crearon los movimien­
tos iniciales de un nuevo arte. En este, al
principio reducido, círculo de artistas,

23

Apollinaire pronto se convirtió en el exégeta del nuevo movimiento, que lo atraía
por su raíz profundamente intelectual, sus
concomitancias con el arte primitivo, el
negro sobre todo, y su acerba y acre reac­
ción contra las blancuras fáciles del impre­
sionismo.
“Es hora de ser los amos” es el clamor
de Apollinaire, y su canto a la pureza de
la llama, la pureza de la luz, allana el
camino hacia la superación de lo instinti­
vo, hacia una auténtica humanización del
arte en cuanto ésta implica la diviniza­
ción de la personalidad. Así como la
música pura en su época, la pintura pura
es ahora una conquista del intelecto del
hombre consciente de su tiempo. Si bien
la geometría siempre era regla propia de
la pintura, ahora la matemática se eleva
a su meta superior en su intento de alcan­
zar y abarcar el espacio, y en el empleo
nuevo de la cuarta dimensión del cubis­
mo la que configura la inmensidad del
espacio mismo, la que da al espacio y a
los objetos su verdadera plasticidad. Si el
arte griego tenía como canon de belleza
la del hombre, la medida ideal del nuevo
arte cubista está en la adopción de la in­
finitud del universo mismo. Buscar y
expresar la grandeza de las formas metafísticas es el lema que aleja a los nuevos
pintores cada vez más de las viejas ilusiones

�ópticas impuestas por la funesta dictadura
de la perspectiva que fué instaurada por
Paolo U ccello, quien no podia vislum­
brar cuánto mal haría al desarrollo de
las posibilidades más características de las
artes plásticas.
La nueva estética fué elaborada por pri
mera vez por A n d r é D e r a i n , pero el cofundador mas destacado del cubismo fué P a ­
blo
P i c a s s o , siendo sus hallazgos plás­
ticos corroborados inmediatamente por la
sensatez de G e o r g e s B r a q u e . En una pági­
na, que al leerla hoy, nos estremece como
nos extremecen con profunda vibración
intérior algunos grandes —grandes por lo
conmovedor precisamente— acontecimien­
tos históricos, Apollinaire da una reseña
cronológica de las primeras manifestacio­
nes decisivas del cubismo, para luego pa­
sar a un análisis de su contenido. Así de­
fine que el cubismo se manifiesta en cua­
tro tendencias, dos de las cuales considera
puras y paralelas: el cubismo científico,

e! cubismo físico, el cubismo órfico, el cu­
bismo instintivo 1. En el análisis y la crí­
tica de esta última tendencia, Apollinaire
no fué —su radicación e íntima vincula­
ción espiritual con Francia pueden justifi­
carlo— gran visionario. No vislumbró el
gran vuelo que esta tendencia, que en la
realidad muy poco tiene que ver con el
cubismo auténtico, el científicomatemático,
iba a cobrar casi a la misma hora en Fran­
cia, si bien con menos vigor en el movi­
miento fauve, pero con ímpetu v verve

arrolladora en el norte y este de Europa,
bajo el denominador del expresionismo.
Cierra Apollinaire sus meditaciones estéti­
cas con una nueva confesión de amor irrenunciable hacia las apariencias grandiosas
y monumentales de las nuevas creaciones
artísticas, ardientes en su búsqueda de be­
lleza, nobles y enérgicos en sus intentos
depuradores — “amo al arte de hoy porque
amo ante todo la luz. Y todos los hombres
aman ante todo la luz; los hombres han
inventado el fuego!”
F,n la segunda parte de su libro, A polli­
naire, con alto vuelo poético, que en al­
gunas de sus fases transparenta ya la prosa
y poesía superrealistas, dedica unos ensayos
interpretativos a los maestros principales y
de primera hora del movimiento cubista,
encabezada por P i c a s s o , de quien dice que
"caldea y blanquea los colores para expre­
sar la fuerza y la duración de&lt; las pasio­
nes’’, Ahí sí, es visionario cuando exclama:
"no es posible adivinar las posibilidades,
ni todas las tendencias de un arte tan pro­
fundo y minucioso”. Así como el gran ma­
lagueño hace más de cuarenta años "hería
con un frío súbito” a Apollinaire y sus
coetáneos, asi nos causa a nosotros estupor
mudo y gesto exánime, faltos de recursos
ante un arte tan profundo y tan minucio­
so, “ante su imperativa necesidad de in ­
ventar de nuevo y ejecutar su propio ase­
sinato con la ciencia v el método del gran
cirujano”.
&gt;
El papel que Apollinaire asigna a Georges
Braqie es heroico, pues restablece sin des-

1 V é a s e el a r t íc u l o d e S e v e rin i. p . 3.

24

�fallecimiento en el sitio de honor el orden
y el oficio, sin los cuales no hay arte, los
que se habían perdido con el embate de
la marejada impresionista. Expresa belleza,
cargada de ternura, y formas tan descono­
cidas que solamente algunos poetas las ha­
bían sospechado. Lo 'llama “un pintor an
gélico”.
',r-:I

maitre de plaisance en virtud del carác­
ter placentero de sus obras puras que le
hacen recordar la deliciosa minuciosidad
de las m iniaturas persas.
Curiosamente habla en tono bastante frío,
casi despreciativo, de J uan Gris cuando
destaca su expresión demasiado rigurosa
que conduce solamente a obras extremada­
mente intelectualistas, en las cuales el co­
lor tiene solamente una significación sim­
bólica.

salido de los divisionistas
refinados, especialmente de la obra de
Se u r a t , funda conjuntamente con Picasso
v Braque una refinada ciudad de los cu­
bistas, destacándose su lógica rigurosa, el
poético embellecimiento del detalle y los
aciertos de sus juicios abstractos sobre el
universo.
J e a n M e t z in g e r ,

En F ernand L éger en cambio alaba al
creador de pin tu ra p u ra , su elevado grado
plástico y una emoción estética ilim itada,
creada por esa típica luz verdosa que p ro ­
cede de las frondosidades.

\ l b e r t G l e iz e s , uno de los primeros teó
ricos del cubismo, no llega sin embargo
al cubismo superior, el científico, pero sus
obras valen por su majestad dramática,
Dor su empleo juicioso y conmovedor de
los elementos de la pura emoción artística.

Un capítulo cariñoso dedica a su gran ami­
ga M a r ie L a u r e n c i n , conjuntamente con
el aduanero H e n r i R o u s s e a u . Reflexiona
en él —no siempre con rigor crítico muy
severo— sobre las posibilidades y el alcance
de un arte femenino, cita a S o f o n i s b a A n g u s s o l a , celebrada ya por Giorgio Vasari,
v resume "su arte baila como Salomé entre
el de Picasso, nuevo Juan Bautista que
lava las artes en el bautismo de la luz,
y el de Rousseau, Herodes sentimental,
anciano suntuoso y pueril, a quien el amor
condujo hacia los confines del intelectualismo”. A Rousseau también lo llama

A F rancis P icabia le reprocha exceso de
simbolismo en la forma y exceso de lum i­
nosidad en el color, resabios del desdeñado
impresionismo. Le aconseja con tono de
mentor "acercarse francamente al asunto
(poesía) que es la esencia de las artes plás­
ticas”.
En el capítulo dedicado a M arcel D udice una frase muy significativa
sobre el culto de las apariencias en la pin­
tura: "Parece haber sido P aul Gauguin
quien renunció primero a lo que durante
tanto tiempo fué la religión de los pinto­
res” Duchamp en preocupaciones similares
fué influido por Braque y D elaunay, y no
le importa hacer pintura esotérica, que
evidencia una despreocupación total de las
reglas de la estética, pero que está llena
de vigor y energía, tomando por un ca­
mino que a Apollinaire le parece condu­

25

ghamp

�cir a un reencuentro de arte y pueblo.
Al

referirse al escultor-arquitecto Duchamp-Villon, Apollinaire hace algunos
comentarios sobre la arquitectura que des­
pués de las enseñanzas de L e Corrusier y
del Bauhaus deben parecemos hoy total­
mente desacertados. Asi él concibe una
“arquitectura tan desinteresada como la
música” y cita entre otros ejemplos la
Torre de Babel, la Esfinge, las Pirámides,
el Mausoleo, los Obeliscos y Arcos de
Triunfo y dice que en virtud de su evidente
desproporción entre dimensión y función,
éstos se han malogrado, siendo inútiles,
pero parece no haber advertido que la
falta de logro de una adecuada proporción
no desvirtúa la función original, que en
muchos de estos casos estuvo subordinada
a otras preocupaciones, ya sea totémica,
religiosa o política. Después concluye que
"el fin utilitario que se han propuesto la
mayoría de los arquitectos contemporáneos
es la causa del atraso considerable de la
arquitectura con respecto a las otras ar­
tes.” ¿Qué dirán los arquitectos contempo­
ráneos ante una afirmación tan contun­
dente?
Pero releyendo, a una buena distancia
temporal, las páginas de Apollinaire ve­
mos en él una gran fuerza y expresividad
poética, una capacidad de amar y admirar
el arte que vivió, el arte cubista. Notamos
hoy cierta carencia de agudeza lógica, ló ­
gica que le faltó, no para convencernos de
sus aciertos —que son muchos— o de sus
errores —que son pocos y de escaso signi­

26

ficado, casuales y causados por la fugaci­
dad de- juicios atados al momento— sino
para conservar y perpetuar toda su frescu­
ra juvenil, su inmediatez fervorosa y el
encanto de un espíritu sagaz y de un co­
razón que supo amar, amar al arte de sus
días como pocos supieron amar y compren­
der el mensaje del arte que ha tocado
vivir a cada uno.
R

o d o lfo

O . B ruhl

GLEIZES Y SEVERIM
El cubismo visto —historiado, analizado y
explicado— por pintores cubistas, puede
tener sus inconvenientes, pero al mismo
tiempo ello ofrece algunas ventajas. Esc
testimonio, tanto desde el punto de vista
histórico, para establecer los orígenes y las
causas de dicho movimiento estético, como
desde el punto de vista teórico, resulta
inapreciable para emitir un juicio, si no
definitivo, por lo menos depurado, del
vigor polémico de la primera hora. El
cubismo puede felicitarse de haber con­
tado con la colaboración analítica y teó­
rica, no ya de los críticos, sino de algunos
pintores, actores del propio movimiento.
Gjno Severini por un lado y Albert
Gleizes por otro nos han dejado libros
de los que no podrá prescindirse en una
valoración histórica y crítica del cubismo.
Ambos asumen posiciones semejantes en
cuanto consideran al cubismo un esfuer­
zo para fundamentar un clasicismo vivo,

�actual, qtie refleje la tesitura espiritual
de nuestra época, lo que podríamos llamar
nuestra “posición cultural’’ de acuerdo con
Ortega y Gasset, para quien la cultura es
“una actitud de la mente’’.
Pero si bien el propósito es similar, las
conclusiones a que llegan ambos difieren
radicalmente. Por eso juzgamos de interés
capital el aporte de estos dos testimonios
en un estudio crítico del movimiento cu­
bista.

Estética del compás y del nú­
mero, subtitula Gino Severini a su trata­

S e v e r in i .

do publicado en París en 1921 1. Coinci­
de este libro con las conclusiones de
M a u r ic e D e n i s al analizar las distintas
teorías anteriores al cubismo; todo ese
ambiente revolucionario —revolucionario
por antiacadémico— perseguía un mismo
fin: la fundamentación de un neoclasi­
cismo. Los esfuerzos desde G a u g u in y
C é z a n n e —arrancando de I n g r e s , aunque
por vías diferentes— tendían a lo mismo.
Y ese esfuerzo culminó en el cubismo, lo
que pareció suprema racionalización del
arte. Este libro de Severini es el esfuerzo
teórico de un pintor que, ingresado al
cubismo por la puerta del futurismo, trata
de desprenderse del lastre subjetivista, in­
dividualista y pasional —en el fondo, ro­
mántico— que arrastraba consigo la es­
cuela de M a r i n e t t i , para echar las bases
teóricas de- un arte científico —en una me­
dida que quizá L e o n a r d o ni llegó a sos1 G in o S ev er in i : Du cubism e
Ed. J . Povolozky ; P a r ís , 1921.

au classiei&amp;me.

27

pechar—, única derivación lógica del cu­
bismo como fundamentación de un cla­
sicismo moderno y, como tal, antiacadé­
mico y antinaturalista. Arte de pura ra­
cionalidad, arte científicomatemático, ar­
te revolucionario que corresponde a esta
época revolucionaria de la física atómica
y la matemática de la relatividad . . . Pero
hete aquí que este neoclasicismo científico
y matemático de Severini es típicamente
euclidiano, en el preciso instante en que
E instein da su campanazo y caen en des­
uso el instrumental y las fórmulas fijas
de la física de Newton. Su revolucionarismo resulta así un poco trasnochado. Pitagoriza y se inclina reverente ante el má­
gico mundo de los números y ante la sec­
ción áurea, con la misma devoción que
pudiéramos hallar en un contemporáneo
de L uga P acioli. En el campo del arte
ya todo eso no es nuevo, como que se re­
monta a los griegos y aun a los egipcios,
y resurge vigorosamente en el Renaci
miento (aunque fuera olvidado luego o
trasgredido por su brote tardío, el acade­
mismo); en el ámbito fisicomatemático,
todo eso es simplemente pasatista, de­

múde.
Mucho más acorde con una estética con­
gruente con la era atómica y relativista,
estaría precisamente ese lastre arrojado
por Severini; el puro subjetivismo, lo pa­
sional y pletórico de fuerza cósmica que
alentaba el futurismo, base propicia para
un neorromanticismo (que puede haber
hallado su ruta en el superrealismo, o
por lo menos haber recibido de él un

�vigoroso impulso) . lis cierto que cuando
a los más excelsos espíritus en el filo de
Severini escribió su libro no estaba en
la Edad Media y de la Edad Moderna:
condiciones de intuir la enorme carga re­
Lúea Pacioli, Leonardo, A lb erti...
volucionaria y anticlásica de la fisicomate­
Y Severini lo resuelve en una forma ex­
mática relativista. Pero él, que juzga in- , temporánea. Los renacentistas, siguiendo el
dispensable para un artista el conocimiento
impulso histórico de las ciencias natura­
de la matemática —aunque sea una ma­
les, fundamentaron su estética naturalis­
temática elemental—, tendría que haber
ta. Severini —revolucionario antiacadémi­
estado al corriente de los avances de
co— abandona todo sensorialismo para re­
las geometrías no euclidianas. Salvo que
fugiarse en aquello que constituyó preci­
su clasicismo se basara, precisamente, en
samente la degeneración académica: las
un retorno al clasicismo matemático. ..
fórmulas, los cánones, las recetas, que h i­
Es decir, lo más antirrevolucionario para
cieron del suyo un naturalismo anquilo­
la época contemporánea.
sado. Los grandes maestros y teóricos re­
Hay mucho contenido en el libro de Se­
nacentistas —ejemplo típico: Leonardo—
verini, mucha materia para el análisis y
heredaron de los clásicos griegos ese es­
la critica. El tema, abordado con ampli­ quema mental del cientificismo matemáti­
tud teórica, es inagotable. Por ejemplo,
co. Y al pretender injertarlo en las cien­
subraya: "Une des grandes causes de notre
cias naturales, fundaron una estética ciendéchéance artistique est sans aucun doute
tíficonaturalista contradictoria, un natura­
dtins cette división de la Science et de
lismo sensorial lleno de adherencias men­
l’Art.” Y agrega que la ciencia es para
tales y un criterio científico puro (mate­
el artista un maravilloso jardín donde pue­
mático) sujeto a las conlingeridas de lo
de escoger los frutos más ricos y más be­
natural.
llos que para su obra necesite. “L’Art ce
Ahora Severini, desprendido del lastre na­
n'est que la Science humanisée”, sostiene
turalista, quiere afirmarse en un riguroso
como tesis, después de una madura re­
purismo matemático, precisamente cuando
flexión. ¡La ciencia humanizada! Todo
están cediendo las bases de ese rigor ló­
un mundo encierra esa frase, un mundo
gico y la ciencia queda un poco en sus­
de pensamiento, de problematización filo­
penso ante el nuevo abismo abierto por
sófica. Habría que ver si la ciencia no es
el pensamiento humano.
ya, de por si, lo más alquitaradamente
En cuanto a la belleza en sí, puede haber­
humano que poseemos. Si ella no es el re­
la
tanto en el desarrollo de un silogismo,
flejo de esos ricos meandros que, en nú­
como
en el álgebra, como en la geome
mero inconmensurable, posee el espíritu
tría, como en el mágico mundo de los
del hombre en su cósmica avidez. Estamos
números, tanto como en una puesta de
de nuevo frente al problema que agitó

28

�los primeros cubistas. En 1911 el cubismo
partió del volumen —nos dice en su últi­
mo capítulo L'élal du cubisme aujourd'
hy.i~- y hoy, tras iarga experiencia, persi­
gue un orden plástico nuevo. El cubismo
ha ido creciendo y transformándose como
un organismo vivo.

sol o en unos senos de mujer (esos en los
cuales Gauguin veía algo más que su con­
dición puramente sexual) . Sobre todos
estos aspectos se puede teorizar estética­
mente, lo que nos lleva al problema psi­
cológico del arte.
No obstante las objeciones que le for­
mulo, libros como éste de Severini, t 2 n
rico en sugestiones, plantean inquietudes
saludables y explican en parte movimien­
tos como el cubista. Se está buscando hace
más de medio siglo la fundamentación de
un clasicismo vivo, actual. Pero a la pos­
tre, toda esa inquietud contemporánea
puede no ser otra cosa que reflejos de un
neorromanticismo, que para captarse como
tal ha de necesitar la perspectiva hisió
rica.
Tres libros ha publicado Albert
Gleizes sobre el cubismo 2. Desde el pri­
mero, en que junto con J e a n M e t z i n g e r
aborda teóricamente el problema, hasta
el último —más variado en su contenido—
en que, ya en 1927, hace un balance del
movimiento, se nota cierta evolución, qui­
zá hija de una maduración crítica y con­
ceptual. Él ve al final una evolución en
los pintores, una evolución general en la
pintura qpe atribuye a la influencia de
G l e iz e s .

2 A lbert G l e iz e s e t J e a n M e t z in g e r : D u cu­
bisme. E d . E . F ig u ié r e e t C í e .; P a r í s , 1912.
A lbert G l e iz e s : D u cubism e e t des m o y en s de
le com prendre. E d . L a C ib l e ; P a r í s , 1921.
A lbert G l e iz e s : Trculition e t cubiame. V ers

une conscience plastique. A rtic le s e t conferences (1 9 1 2 -1 9 2 4 ). E d . L a C ible. J . P o v o lo zk y
e t C íe .; P a r í s ,

1927.

29

El último libro de Gleizes se titula Tradition et Cubisme. En el segundo (1921)
ya apunta esta idea de la tradición, aun­
que apenas esbozada. Después de resumir
las alternativas sufridas por los pintores
de esa tendencia desde el momento in i­
cial, dice que a los cubistas les falta aún
realizar un último esfuerzo para romper
con el clasicismo y, buscar en cambio la
tradición para colaborar estrechamente en
una obra común, “jerarquizada e imper­
sonal”.
Como vemos, esto difiere bastante del
punto de vista de Severini. Para éste ha­
bía que volver simplemente al clasicismo,
interrumpido desde Poussin. Es claro que
Severini, como buen italiano, quizá no
suscribiría la arremetida contra el Renaci­
miento del siglo XVI con que inicia Glei­
zes su último libro. El Renacimiento, según
él, “rompió con la tradición del arte fran­
cés” y fué tan nocivo para Francia como
la influencia de los tallistas franceses en
piedra del siglo XII para Italia. En ambos
casos se busca dar vida a un nuevo cla­
sicismo que se apoye fuertemente en el
pasado, pero las raíces son distintas. Las
que busca Gleizes son las de la tradición
céltica —donde las buscó también G a u -

�cuín— y

no la tradición griega ni renacen­
tista, sino más bien la bizantina, la del
arte primitivo cristiano y la de la Edad
Media. ¿Por qué? Porque ese primitivismo,
radicalmente opuesto al arte de Atenas y
de Roma, tiene un parentesco con el pri­
mitivismo de Asia, Egipto y México: todos
tienen un origen religioso y ahí está su
grandeza. El arte primitivo religioso tien­
de a la monumentalidad, como las catedra­
les góticas; en cambio Grecia y Roma
adoptan el canon humano “con lo que
empequeñecen el arte al abolir su religio­
sidad”. Por eso califica de nefasta la in­
fluencia del Renacimiento sobre el arte
francés.
Se trata, pues, de dos enfoques diferentes.
Sin embargo, las conclusiones de Severini
se acercan bastante a las que explícita­
mente proclama Gleizes: la universalidad
del arte y su contenido social. Ambos re­
chazan la subjetividad, el individualismo:
Severini basado en sus principios estricta­
mente científicos y Gleizes en principios
espirituales y religiosos. Ambos hablan del
espíritu, pero ese espíritu suena con no­
tas diferentes en cada casoPara Gleizes “el espiritualismo ha permitilo al hombre crear los organismos plásti­
cos de las catedrales, las pinturas no repre­
sentativas y las esculturas ideales en las
que no se encuentra para nada el retrato
de la naturaleza". Y el materialismo, cuyo
punto de partida fué el Renacimiento,
“ha permitido al hombre crear los orga­
nismos de metal que son las máquinas’’ y

30

en los que tampoco encontramos “ningún
rastro de lo que llamamos estrechamente
naturaleza.” Fundado en ello reclama para
el artista la misma libertad de crear. Si
se acepta al hombre creador de un motor,
¿qué sentido tiene negarle a un artista
el derecho de crear?
Esta mezcla de argumentos hace confusas
las conclusiones. Por un lado, el espiri­
tualismo ha permitdo al hombre crear me­
dios plásticos sin referencias naturalistas.
Por otro, el materialismo le ha permitido
crear máquinas sin copiar tampoco a la
naturaleza. Aparte de que esto último no
puede decirse que alcance a todos los ca­
sos de la invención mecánica, la finalidad
de la máquina es muy otra; tiene un fin
práctico, útil, de ahorrar energías en de­
terminado trabajo. No es precisamente un
propósito espiritual como persigue la obra
de arte, máxime si se trata de arte reli­
gioso. Y si el materialismo permite al
hombre crear una máquina sin copiar a
la naturaleza, ¿por qué suponer que ese
mismo materialismo ha extraviado al arte
por la senda del naturalismo?
Gleizes prevé la evolución del cubismo
hacia formas plásticas en consonancia con
el tipo de vida colectiva que se anuncia
para un futuro inmediato. Y ahí es donde
retomará la línea tradicional. El hombre
va a encontrarse en un camino nuevo, que
sintetizará lo colectivo de la Edad Media
y el individualismo del Renacimiento, con
el control de la inteligencia. Ha com
prendido que bajo las apariencias incier­
tas, fugitivas y temporarias, hay leyes que

�rigen el plano físico y que condicionan sus
formas. El arte plástico debe evolucionar
dentro de una unidad tradicional como
evoluciona el idioma. Recordemos que ya
Wolfflin señalaba que el arte, como el
lenguaje, tiene su evolución propia.
Bien; admitiendo esta profecía, ¿cómo sa­
bemos si son los cubistas quiénes se han
colocado en el apropiado punto de par­
tida? Para responder a esto tenemos que
observar dos cosas: los puros medios plás­
ticos, por un lado, y la raíz espiritual de
la teoría, por otro.
Los medios plásticos del cubismo son su­
ficientemente conocidos: volver a la verdad
de la superficie plana, matar el trompe
l’oeil, etc. Gleizes los detalla sobre todo en
su primer libro, Du Cubisme. Pese a cier­
ta oscuridad metafísica de algunos párra­
fos —cuando define, p.ej., el espacio pic­
tórico como un pasaje sensible entre dos
espacios subjetivos— éste es el más claro
como exposición teórica, quizá porque se
ciñe más al problema exclusivamente plás­
tico y técnico. Pero hay puntos de contra­
dicción con su posición universalista y co­
lectivista ya señalada.
Aquí nos dice que nada hay real fuera
de nosotros, que lo único real es la co­
incidencia de una sensación y de una d i­
rección mental individuales. Error fué de
los críticos afirmar que los cubistas que­
rían presentar los objetos reales como
eran y no como parecían, porque un ob­
jeto no tiene una forma absoluta, sino
muchas. Lo señalado por dichos escritores

se adaptaba a la geometría. Pero la geome­
tría es una ciencia y la pintura es un
arte. Hace notar que L eonardo da Vinci
ya hizo la defensa del cubismo cuando
dijo: "Sabemos claramente que la vista,
por rápidas observaciones, descubre en un
punto una infinidad de formas”. El cu­
bismo quiere captar las varias apariencias
de un objeto, fundiéndolas en una sola
imagen, tratando de dar la imagen real
de ese objeto.
Pero cabe preguntarse, ¿no es esto hacer

naturalismo? Eso arguyen los abstractos
de hoy, para muchos de los cuales el
cubismo ha sido la etapa previa para salir
del naturalismo. La creación plástica no
es total en el cubismo. Cuando el artista
llegue a crear él mismo las formas sin
sujetarse a la copia de la naturaleza, ate­
niéndose sólo al valor pictórico, entonces
sí se habrá liberado espiritualmente y se­
rá un verdadero creador. Pero así caemos
en otra contradicción, ¿no implica esto
et máximo individualismo?
La creación, dice en otra parte Gleizes, va
del interior al exterior. Es un nacimiento
que después se nutre y se forma en lo ex­
terior de acuerdo con sus propias leyes.
Y luego se habla de arte 'deshumanizado.
¿Acaso toda creación del hombre —se pre­
gunta— no es ya de por sí humana? Un
motor es más humano que un caballo;
una casa, más que tina caverna.
Este juicio nos parece exacto; la deshuma­
nización del arte alcanza solamente al
tema. Pero si el tema es sólo un pretex­

�to pictórico, ¿que impide que un artista
escoja el tema o el pretexto pictórico en­
tre aquello con que tropieza su vista en
la realidad que lo rodea? ¿Por qué forzo
sámente ha de inventar sus formas?
ha contradicción está en que el cubismo
reniega del naturalismo, pero se empeña
en reproducir los objetos en sus diversos
aspectos sintetizados en una forma, así
como —ateniéndonos a Gleizes— abomina
del individualismo que nos da simples
opiniones o impresiones en lugar de un
. . *
.
acontecimiento individualizado, pero re­
conoce que “nada hay real fuera de nos­
otros ..
Estamos, pues, frente al viejo problema
de dar nuevo sentido al arte. El cubismo
se nos presenta así como uno de los más
vigorosos movimientos plásticos de nuestro
siglo, demostrativo del tremendo esfuerzo
que cada generación realiza para supe­
rarse y revelarse en toda su plenitud crea
dora. Habrá que agradecer siempre a los
pintores cubistas “qui ont failli máme
transformer te tableau en tableau noir

pour démonstration géometrique ou mathématique", según la feliz expresión de
Gleizes.
Quizá no podamos salir de las variantes
que se nos ofrecen en el limitado camino
que va del clásico al romántico, del clá8
sico al barroco. Y ya que hemos mencio­
nado a Wólfflin, anotaremos que para él
“existe un arte clásico y un arte barroco
no sólo en la época moderna y no sólo en
la arquitectura antigua, sino también en

32

un terreno tan extraño como el goLico a.
Las obras teóricas del cubismo nos de­
muestran también que hay un aspecto
clásico del cubismo (rigurosamente lógi­
co, tectónico, formal, cerebral, construc­
tivo) y un aspecto barroco (romántico,
subjetivo, pasional, individual) .
Es claro que en su conjunto y frente a
otros movimientos contemporáneos, como
el superrealismo —el espíritu del hombre
librado a la más absoluta fantasía—, el
cubismo se nos presenta con la serena aus­
teridad de lo clásico.
A lfred o E .

R o l a .n ij

OZENFANT Y JEANNERET
Los nombres de E douard J eanneret y
A médée O zenfant están unidos desde que
echan juntos, en 1918, las bases del puris­
mo, movimiento estético que fundan no
para crear una escuela, como lo afirma el
mismo Ozenfant en una corta autobiogra­
fía t, sino para “señalar una inquietud,
una voluntad de salvar el cubismo” —gran
momento del arte de nuestro tiempo— in ­
capacitado para seguir su marcha hacia
adelante, detenido, en ensayos geniales.
Entonces publican su primera obra con
junta Apres le cubisme, en donde de­
nuncian el espíritu nuevo de nuestro tiem3 H e in r ic .h W o l f f l jn : Conceptos fu n d a m e n ta ­
les en la histo ria del arte, p . 309.
1 M a u r ic e R a y n a l : A n th o lo g ie de la p e in tu re
en F runce de 1906 á nos jours. E d . M o n ta ig n e ,
P a r ís .

�po presidido por el desarrollo de la má­
quina; también en 1918 realizan por pri­
mera vez una exposición de sus obras, ya
que ambos son también pintores. En 1920
fundan y dirigen la polémica y combativa
revista L’Esprit Nouveau, que aparece
hasta 1925, y desde la cual realizan exal­
tadas campañas en pro del cubismo, lu­
chando por lo que ellos consideraron su
depuración; se erigen así en abogados y
teóricos del gran movimiento cuando éste
había realizado ya sus mayores esfuerzos
de 1908 a 1 9 1 2 En La peinture moderne a, se condensan las ideas vertidas en
aquella publicación. Aquí termina su
obra en colaboración. J eanneret, más
conocido con el nombre de L e Corbusier,
vuelca toda su potencia creadora en la
arquitectura, especialmente en la resolu­
ción de problemas urbanísticos, y está en­
rolado actualmente como pintor entre los
abstractos de la Galería Denise Renée.
Ozenfant, estudiante de arquitectura, de
pintura junto con Sfgonzac, L a F resnaye
y Moreau, viajero desde Holanda a los
Urales, es lector permanente de Descar­
tes, P ascal, K ant, P oincaré, quienes de­
ben haber influido poderosamente en la
formación de su espíritu racionalista y
científico el cual domina toda su obra
tanto en el aspecto teórico como técnico.
2 O z e n f a n t y a h a b ía in ic ia d o e s ta to m a de
p o sic ió n d esd e s u r e v is ta L 'E la n , e n 1916.
3 O z e n f a n t y J e a n n e r e t : L a P e in tu re m ó­
flem e. E d . C re s e t C í e .; P a r í s , 1925.
4 O z e n f a n t : A r t . E d . J e a n B u d ry e t C í e ;
P a r ís , 1928.

33

Publica en 1928 Art, el symposiutn l de sus
teorías, en que contempla no sólo los
problemas relacionados con la pintura y
la escultura, sino también con la arqui­
tectura, la música, la literatura, con las
que curiosamente llama artes de la creen­
cia: ciencia, filosofía, religión y artes
del vivir, proponiéndose crear así un sis­
tema universal del arte y del hombre
moderno, pero con validez también para
las que él considera grandes épocas del
pasado.
En este sentido, ambos libros pueden ser
calificados como tendenciosos, pues se afir­
ma una especie de nuevo clasicismo, que
los lleva al purismo. ¿Qué es . lo que les
conduce a la formulación teórica de su
estética?
Fundamentalmente el deseo de encontrar
un arte que dé satisfacción al hombre
moderno, "a los deseos nuevos del hom­
bre nuevo", que es esencialmente, para
Ozenfant y Jeanneret, un ser geométrico,
dominado por un espíritu geométrico cu­
yos goces plásticos dependen del sistema
de geometría creado por él, cuya vida
está condicionada por el mismo principio,
cuyos sentidos están impregnados de gen
metría, esto es, de todo lo que es preciso,
riguroso, definido, limpio, PURO, todo lo
que responde a sus necesidades profundas
de exactitud y orden. Por esto niegan to­
da emoción estética que surja del espec­
táculo de la naturaleza, de por sí caótica,
desordenada y fragmentaria, y condenan
todo lo que en la pintura significó im­

�precisión, gracia, ensoñación (Dei.acroix
y el im presionismo).
El desarrollo del maqumismo es lo que
lia generado este espíritu geométrico y el
que al mismo tiempo ha liberado al arte
de las funciones parásitas que tuviera otro­
ra; y en último término, es el acero el
que ha revolucionado la sociedad al per­
mitir el maqumismo. Van estableciendo así
una concatenación de causas y efectos que
evidencian su actitud cientificista, su mé­
todo racional en la exposición. Nótese que
hablan de espíritu, de sentidos, jamás de
sentimientos; el hombre por ellos confi­
gurado es sensual e inteligente, nunca
sentimental, y se explica que así sea pues
nada más cambiante, más circunstancial e
indefinido que el sentimiento: este ele­
mento no puede tener cabida en el arte
que propugnan.
¿Qué papel le toca desempeñar a un
arte condicionado a tales necesidades. Ellos
nos lo dicen pero de una mañera har­
to indefinida, que contrasta con aquella
exigencia de rigor y precisión, colocándose
así fuera de su tiempo: “El arte debe sa­
tisfacer las necesidades superiores de nues­
tros sentidos y de nuestro espíritu’’, “El
arte ha tendido siempre a satisfacer ne­
cesidades poéticas”, ". . . su verdadera
función moderna/e s el lirismo”, ". . . su
finalidad emocionarnos.”
Surge en ellos entonces la necesidad de
crear un sistema de medios plásticos de
valor universal que reemplacen los elemen­
tos utilizados en la pintura narrativa o
representativa, expresión de lo individual,

local o nacional. Si no hubieran medios fi­
jos capaces de llegar igualmente a todos
los individuos, el arte de otros tiempos no
existiría para nosotros, afirma Ozenfant,
y en cambio vemos que las grandes obras
del pasado —la estatuaria egipcia, las más­
caras negras, el arte griego del siglo V—
emocionan igualmente al hombre de hoy,
no ya por su contenido mítico, religioso,
histórico, sino por los medios plásticos uni­
versales que, junto con esa propiedad emo­
tiva universal del hombre, constituyen las
llamadas invariantes o constantes: concep­
to básico para el purismo. “El purismo
no expresa las variaciones, sino lo invaria­
ble. Ea obra no debe ser accidental, excep­
cional, impresionista, inorgánica, pintores­
ca, sino por el contrario general, estática,
expresiva de lo invariable.”
Estableciendo otra vez relaciones de casua­
lidad que han de conducir al purismo,
Ozenfant estudia sus anfecedentes en la
pintura del pasado7inmediato: en las obras
de I ngres, Cézanne, Seijrat, el tema co­
mienza a desempeñar un papel secundario,
en tanto que las relaciones de formas y co­
lores preocupan en primer plano. En los
tres preside un espíritu de orden, de con­
cisión. que ha de precipitar en la pintura
su verdadera expresión de lirismo. Pero de
los tres, considera a Cézanne como el gran
punto de partida de la pintura del siglo
XX, quien proporciona el método y las
primeras lecciones de un espíritu de geo­
metría. Pero ya el sentido de la deforma­
ción vertical de E l Greco, la simplicidad
de las formas de Corot, el color de Manet,

�habían conducido hacia Cézanne. Es tal
la importancia que Ozenfant da a la
obra pictórica de éste que hasta propone
para el cubismo el nombre de hipercézanismo (otra vez el exaltado romántico
en contradicción con su pretendido racio­
nalismo) . El tema todavía muy aferrado
al aspecto real de las cosas en Cézanne,
continúa su liberación en las formas hu­
manas de R odin y, paralelamente, M a­
tisse lleva a la emancipación del color.
La marcha hacia el cubismo será así una
marcha de liberacióú, en la que se hace
por fin efectiva la eliminación de lo fi­
gurativo en el tema como realidad exterior,
“de lo accidenta!, pintoresco, excepcional."
Se comprende así que realice Ozenfant
una cálida exaltación del cubismo y que
lo considere como el gran arte de nuestro
tiempó, pues ve que en él comienza a
hacerse realidad su ideal de lirismo como
expresión universal, al transformarse la
obra de arte en objeto en sí mismo,
donde forma y color, sólo por su valor
plástico, independiente de toda figuración,
son los que provocan la emoción en el
espectador. En 1908 nace este movimiento;
los primeros cubistas habían sido antes
pintores fauves, señala Ozenfant y podría
agregarse que luego algunos vuelven a
serlo. 1911-1912 son los años que señalan
puntos de culminación, de madurez de
este movimiento que califica en Art de
"heroico” por lo arduo de la lucha y “co­
lectivo” porque cada uno de sus cultores
se benefició en la búsqueda de todos,
llegándose a la creación de un lenguaje

35

plástico austero, severo, económico, sin nin
gima clase de concesiones a lo que es fácil
y seductor- Lenguaje rico en cuanto a los
adjetivos pero que no conforma una idea
clara de lo que plásticamente fué el cu­
bismo.
Las grandes figuras son, para Ozenfant,
P icasso y Braque en primer término,
M etzinger y G leizes, y "algunos de sus
amigos”, hasta 1914, en que después de
haber alcanzado una grandeza casi “hierática” decae el cubismo al transformarse en
un arte de expresión individual; la pintu­
ra se hace menos pura, más sensual y se
desliza por fin hacia el puro decorativismo, hacia un arte de ornamentación, como
lo califica con cierto desprecio.
Para Ozenfant el cubismo integral, que es
la forma más lírica (je la pintura, tjueda
eri realidad como intento, como una ten­
dencia que no llega jamás a ser algo bien
definido, pero que inevitablemente ha de
influir sobre cualquier arte contemporá­
neo. Señala para los verdaderos cubistas
—sin decirnos quiénes' son— que conti­
núan su obra, un futuro de verdadero vir­
tuosismo de formas y colares, una ciencia
muy desarrollada de la composición que
conduce a la “tendencia hacia el cristal”,
por su analogía en la perfección y puri­
ficación de las formas y porque en el cris­
tal se encontraría la “justificación de su
concepción abstracta de la geometría”.
De este cubismo, perfeccionado en su téc­
nica, nace el purismo. Y así, después de
haber desarrollado en largas páginas con

*

�fuerza y pasión casi violentas sus ideas
sobre el cubismo, cuya lectura nos man­
tiene en alto grado de tensión, ésta decae
sensiblemente cuando justamente va a ex­
poner su propia teoría y si antes relacionó
aquel movimiento con problemas más am­
plios de época y espíritu, ahora lo hará
muy rápidamente, tomándolo como una
cuestión casi absolutamente de técnica, co­
mo la simple búsqueda de un vocabulario,
con la frialdad de un investigador cien­
tífico, como quien realiza una disección
en el laboratorio. Intenta crear ahora un
lenguaje plástico, un teclado limitado en
sus. elementos, pero que responda a ma­
nifestaciones constantes. Y por alcanzar
un arte depurado, que tenga validez uni­
versal, va limitando todos los derechos del
pintor: limita los colores y las formas
(debe predominar *la vertical y la hori­
zontal) ; limita los objetos que le sirven
de tema, descartando el paisaje y la figura
humana y reduciendo la naturaleza muer­
ta a los objetos que por estar al alcance de
las manos "son como una prolongación de
sus miembros’’; limita la composición y
aun la reorganización del objeto en la te­
la; constriñe así,, aun cuando no lo afir
me, la expresión del artista v la emoción
que despierta su obra.
La amplitud de criterio con que se presen­
taran teóricamente las aspiraciones del pu­
rismo, la visión ancha con, que se plantea­
ran los problemas del arte considerándolo
no como una cuestión aislada del hombre
sino vinculada a todas sus actividades es­
pirituales —"aprendamos a comprender el

36

mundo y el hombre”, afirman en alguna
página— se estrechan en cuanto toma el
aspecto puramente plástico, adquiere acen­
tos de doctrina elaborada en un labora­
torio, con escasas resonancias de lo que
ocurre fuera, y desemboca en una pintura
reglamentada, regimentada, que obedece a
un formularismo absurdo, estrecho y sui­
cida.
R A quqi

Kd k l m a k

GUIILAUME JANNEAU
La obra de J a n n e a u i cuenta ya aproxi­
madamente 25 años. En el tiempo transcu­
rrido han aparecido numerosos estudios
v publicaciones que han reunido nuevo
material y proporcionado otros enfoques.
La perspectiva lograda con la distancia ha
permitido que se completaran muchos da­
tos históricos, se afinara la crítica de obra
v autores, se definieran las tendencias, v
las polémicas sobre lo fundamental del cu­
bismo dejaran lugar a las polémicas de
orden secundario. No obstante, en el m o­
mento de su aparición este estudio re­
presentó un serio aporte para su sistemati­
zación. Hablan pasado los momentos de
lucha de la primera hora. En pocos años
la nueva tendencia se había manifestado,
sufrido una evolución, transformádose, y
parecía haber dado todos sus frutos, aun
que no estaba muv clara su contribución
1 G u il l a u m b J a n n e a u : E l arte cubista.
P o s e id ó n ; B u en o s A ire s .

Ed.

�ni sus consecuencias en el campo estético.
Los pocos esfuerzos de ubicación e inter­
pretación se reducían a trabajos parciales
de Apollinaire, Gleizes, O zenfant o Se verini. Janneau abordó el problema de
lleno, tratando de ubicarlo en sus conexio­
nes y analizarlo en su contenido- Es por
esta calidad de primer ensayo de síntesis
del panorama artístico cubista y por el
mérito indudable de la obra en el instan­
te de su aparición v los efectos de la mis­
ma, que la incluimos en esta bibliografía.
En la actualidad su valor resulta exclusi
vamente historiográfico.
Lo primero que puede destacarse es la in­
formación del autor. Janneau conoce direc­
tamente los cuadros que menciona y
asimismo la labor anterior de interpreta­
ción realizada por los críticos. Sus fuentes
principales (de las cuales por momentos
abusa) son los citados Apollinaire, Gleizes.
Severini y Ozenfant y Jeanneret, el Bulletin de la Vie Artistique, Le Temps, Maurice Raynal, etc. Por lo tanto, no realiza
únicamente un examen personal, sino una
compilación de elementos para deducir de
ellos, conjugados con su interpretación
particular, la ubicación más exacta de las
obras de la nueva escuela en el panorama
artístico.
Distribuye el cuantioso material de acuer­
do con un buen plan de presentación, don­
de contempla el desenvolvimiento histórico
del arte cubista y las manifestaciones dife­
rentes que surgieron de un origen común.
El enfoque general del trabajo es uno de
los mayores aciertos de la obra. Hay una

37

estructura clara, definida, que contrasta
con cierta oscuridad y confusión de los
materiales que encierra.
En efecto, el afán de presentar conjunta­
mente el aspecto histórico y el crítico de
los trabajos cubistas, y las reflexiones rea­
lizadas sobre ellos, con el objeto de ofrecer
una visión completa, hace que salte con
frecuencia de una idea a' otra sin seguir
una línea de exposición definida. El con­
tenido, mezcla de relación de hechos v
crítica minuciosa, de estudio de tendencias
y de obras particulares, de definición del
sentido de ciertas búsquedas y considera­
ciones técnicas detalladas, se hace pesado,
poco ameno y casi siempre oculta el pen­
samiento del autor, cuyas conclusiones no
resultan muy claras y deben desentrañarse,
trabajosamente, de entre el fárrago de ci­
tas y opiniones ajenas. Así, a primera vis­
ta, dejando de lado la labor de organiza­
ción y enfoque, la contribución de Jan­
neau e n 'e l aspecto interpretativo no pa­
rece muy importante y produce una im­
presión de sujeción a otros teorizadores.
como si no pudiese desprenderse de ellos
para emitir total y libremente su juicio.
Contribuye a aumentar la confusión la
oscuridad de la prosa, en lo cual, quizás, la
traducción tenga su parte de responsabi­
lidad.
En el aspecto positivo, cabe señalar la
utilidad que resulta de la labor de compi­
lación. Esta labor constituye un valor
neto de la obra.
Con respecto al contenido, Janneau busca
establecer las influencias que determinaron

�el nacimiento de la nueva escuela, enla­
zándola con las manifestaciones anteriores,
sobre todo con los postimpresionistas y
divisionistas, y esclarecer la importancia de
la enseñanza de Cézanne. Sigue el camino
recorrido por Braque y P icasso y los de
cada uno de los integrantes de la doctrina
del cubismo tal como fué teorizada ense­
guida de su nacimiento. Luego divide y
estudia por separado las dos corrientes que
originó: la escuela de la pintura pura y
el cubismo expresionista, para terminar
auscultando la posición del cubismo y
sus consecuencias.
Para Janneau. la contribución del cubis­
mo en su expresión pura consiste en resta­
blecer una disciplina en el dominio de la
sensibilidad. El cubismo se propondría
provocar la emoción mediante un empleo
sensato de signos lineales y la virtud pro­
pia de las formas coloridas. En esta afir­
mación el autor no ve ninguna proposi­
ción cubista propiamente dicha, puesto
que, según él, las ideas fundamentales de
la teoría se encuentran ya en los maestros
de la composición clásica del siglo XVII,
en especial en L e Brun y J ean J ouvenet.
Ellos también basaban la expresión en las
manchas de color, aunque formasen parte
de un cuerpo humano o un trozo de natu­
raleza.
Janneau hace derivar el cubismo de dos
fuentes: de D elacroix y sus discípulos, que

38

construían sus cuadros según la fisiología
de las sensaciones coloridas, y de C ézanne.
que descubrió o volvió a encontrar la les
de la subordinación de la pintura al pla­
no del cuadro. “El cubismo —dice— inten­
tará extraer de la técnica misma una
especie de arte, desarrollando las conse­
cuencias plásticas de un ángulo o de un
tono’’. Su conclusión fundamental es que
el arte le debe al cubismo la reintegración
de lo intelectual.
El libro, en su conjunto, carece de perspec­
tiva. aun cuando debe comprenderse que
no puede tenerla. El movimiento estaba
demasiado cerca del autor para cpte pu­
diera aquilatarlo debidamente. Su labor
resultó ardua porque intentó desentrañar
contenidos e interpretar direcciones y no
siempre acierta por esa misma falta de
perspectiva. Se observa el esfuerzo por que­
rer reducir el cubismo —que fué franca­
mente revolucionario— a un sistema frío
y preciso, donde se explican y justifican
los tanteos y errores. Esa actitud impide
que el lector tome conciencia de la ba­
talla que implicó en el momento de nacer.
A pesar de eso obtenemos de su lectura
y a través de una meritoria compilación
de obras y críticos, un primer enfoque de
los problemas que planteó la nueva, posi­
ción estética y la explicación del fenóme­
no que constituyó.
IS O L IN A G R O SSI

����M u iN fitt&amp; U A

�CONOCIMIENTO

DE

MATTHIAS

GOERITZ

P ara VER Y E S T I M A R

Una vez oí decir a un filósofo eminente que todo puede explicarse por
medio de la palabra. Me pregunto si, en el supuesto de que hubiera un
hombre superior capaz de explicarlo tocio verbalmente, habría otro capaz
de entenderle. La afirmación del filósofo me hizo pensar en gentes de dos
clases: persónas que lo que dicen es como de nuevo cuño, como un brote
que, sin estímulos conocidos, les saliera de dentro, y otras que tienen el
don de suministrar, más o menos amplia y claramente, la repercusión pro­
ducida por las ideas de aquéllas en su entendimiento. Veo, pues, dos tem­
peramentos: el que explica y se explica espontáneamente, y el que atiende
y entiende a otro, antes de decir algo; el emisor y el receptor. En lo más
alto, el genio a un lado y el sabio al otro. Entre ambos y, más o menos
por lo bajo y próximo o alejado de uno de ellos, el mortal fulano o el
mortal mengano, expresándose cada cual a su manera. Por último, el gá­
rrulo mar de confusiones. Porque hay muchos modos de explicar ciertas
cosas y muchos modos de entenderlas. Y porque aquello de tomar una cosa
por otra, viene, a mi juicio, de creer que el lenguaje del hombre se asienta
únicamente en la palabra. Creo que hay conceptos que, por muy abstrusos
e intrincados que sean, llegan a comprenderlos las mentalidades superio­
res siguiendo la misma línea que comienza en las “habas contadas”; es
decir, en el conocimiento elemental de lo que se juzga más inmediato,
corriente, evidente y palpable, cuya noción está al alcance de todo el
mundo. Para mí, las ideas que están en esa línea progresiva son las que
pueden transmitirse o expresarse por medio de la palabra, que es común
a todos los hombres. Mas creo que hay otros conceptos que, aun suscitados
por los mismos fenómenos y obedeciendo a las mismas leyes del pensamien­
to, tienen, sin embargo, otro lenguaje, perfectamente inteligible para unas
personas pero absolutamente indescifrable para otras. Se trata de un sen-

43

�tido del alma que desempeña su papel en ella, como lo hacen los del cuerpo;
y que, al igual que éstos, se posee en mayor o menor grado de finura per­
ceptiva o, incluso se nace sin él como quien nace sordomudo. Este sentido,
es el de la genialidad que no se suele comprender más que en superlativo.
Y sus percepciones y consecuencias, a quien naciera sin él, muchas veces,
le parecerán absurdas, extravagantes, insensatas. En cambio, quien lo pose­
yera, aun en escasa medida, le atribuirá la potencia superior que, en efecto
ejerce sobre el individuo. Pudiera decirse que hay un sentido fuente y un
sentido cauce; el que vierte y el que recoge —el macho y la hembra que,
en su unión, perpetúan la vida—, el de la invención y el de la aplicación.
En suma; el sentido de la genialidad y el sentido común, suficiencia media
de facultades sensoriales^ vulgares. Si quienes por disponer siquiera fuese
de una pizca del primero, hubiesen sido,' siempre, los profesores del arte,
no habría problema. Pero el desarrollo de la cultura sobre el sentido co­
mún, lo ha creado, por lo que al arte se refiere. Porque el seny que se dice
en Cataluña, no basta. No basta pisar de pueus a térra. Lo más frecuente,
por todo ello es tropezarse con personas de sensibilidad trastocada o de
sensibilidad común — ilusos o simples funcionarios. Lo más raro, dar con
alguna cuyas facultades naturales no hayan sido alteradas o adulteradas
por la educación.
Mi encuentro con una de esas personas no se me olvida. La conocí direc­
tamente. Llamó a mi teléfono y vino a verme. La transparencia de su
conversación enseguida me hizo considerarla excepcional, y sus conceptos
excitaron mi curiosidad inmediatamente. Muy pronto llegué a estimarla
a fondo, sin que intermediarios o antecedentes pudieran haberme incli­
nado al prejuicio. En el transcurso del tiempo, oí luego voces lejanas de
malquerencia o encomio —las de siempre— pero no me podían désviar de
lo que había visto por mí mismo y, la maledicencia, como a veces ocurre,
surtía efecto contrario. Todo tiene su explicación cuando se trata de ha­
lagos o resentimientos. Mas en el terreno de intercambiar pura y exclusi­
vamente ideas sobre arte, la cuestión es otra y la pasión de muy distinta

44

�índole. En todo caso, aquel hombre apasionado y extraordinario necesi­
taba comunicación y la buscaba con generosidad, por lo común, desgracia­
damente inconcebible. Me estoy refiriendo a M atthias G oeritz, a quien
conozco con superior convicción porque las raíces de la amistad que nos
une se nutren de la misma esencia: una fe. Rarísima amistad, y fe sin la
cual no sería rarísima la amistad. Fe, cuyo único cimiento es la creencia
de que, en arte, no hay más que formas palpitantes. Y que todo lo demás
es obra muerta. O, lo que es lo mismo: fe que significa la penetración en
el pasado a través del presente y de cara al futuro —a la inversa de como
generalmente se aborda el entendimiento del arte—y por la cual, una con­
siderable parte de las obras plásticas de nuestros días son luminoso presa­
gio de formas venideras. Fe ciega que, para quien la tiene, equivale a
clarividencia.
Matthias Goeritz cree en lo que ve con sus propios ojos y lo señala y lo
explica de mil modos: con la palabra, con su pluma, con iniciativas, con
actos, con obras, nos transmite las formas que le han suministrado sus
pupilas de las que puede decirse que no se sirve más que para imaginar;
y su pensamiento surge entonces simultáneo a su acción, convertido en
algo tangible: un libro, un cuadro, un objeto. Porque la idea aquí es
forma material, contenido expresivo en tal o cual realización. Y así es
como al revelársenos su modo de ver, Matthias Goeritz nos induce a lo
más recóndito y sensitivo de nuestro yo, sumiéndonos en el trance para­
disíaco por el que todo mortal se desvive; en el último término que, a fin
de cuentas, cada cual busca a su modo y donde lo mismo se sumerge el
egoísta que el egocéntrico, el místico que el creador.
En este fuero interno a donde Matthias Goeritz induce y conduce sin
darse cuenta, yacen las ideas en su estado nativo, es decir, naturalmente;
y, sin embargo, parece imponerse el código de un régimen sobrenatural.
En la voluntad del ejercitante de arte, pesan aquí unos principios o leyes
que constituyen una especie de moral íntima Como tal ejercitante, sé
decir por mí, que hay formas que repugnan mi conciencia y otras que se

45

�ajustan a ella. Ante éstas no siento ningún escrúpulo, porque se me pre­
sentan como cosa mía; con la misma sustancia de mis humores. Y entre
ellas me encuentro a mis anchas. Me sirven. O me sirvo de ellas. Me
apropio sin reparos de cuanto se me antoja, como si por mero instinto
aprehendiera el alimento. No atiendo más que a lo mío y hago mío lo
que fuera de mí —donde la propiedad está registrada— no me pertenece.
Me hallo dentro de mí mismo. Es el lugar de gestación de la obra propia,
así como el de las originalidades del modisto o del snob no pasa de ser el
caleidoscopio de la urbe. Ser autor de una cosa es haber aprehendido otra
que la personalidad transforma; o también, obtener la expresión real de
nuestra personalidad despojando a la realidad de sus apariencias.
Pues bien; Matthias Goeritz es autor ciertamente. Porque lo es de una pin­
tura cuya significación tiene aún más importancia que la de su valor in­
trínseco, pues su obra no aparece aislada o recogida en sí misma e inconexa
sino trabada y congruente con la más aguda producción de nuestros días,
en forma de cálida elocuencia. La obra de Matthias Goeritz es de este
modo réplica, coloquio o polémica y, a través de ella, se aclaran muchos
conceptos como si en sus telas se leyesen. Sabia lección afianzada sobre
una personalidad consciente. Peculiar sagacidad la de este hombre que al
comentar lo que ve, lo hace tan sencillamente que, nada tendría de par­
ticular lo que dice si no fuese porque aquello que suscita su comentario
se convierte enseguida en ademán o lenguaje suyo; y entonces, la voz de
Matthias Goeritz parece salir de la escultura o del cuadro visto, que se
delata o se impone en virtud del poderoso instinto de que está dotado su
comentarista, para llegar al centro de gravedad de la obra plástica.
ÁNGEL FERRANT
l Semejante moral no es la misma ni rige con el mismo imperio en todos los tem­
peramentos. En el maremagnum de la especulación y el esnobismo del mundo exterior,
puede verse al genio, a veces, por absurdo e inconcebible que parezca, de espaldas a ella.
Los efectos, pese a todo, difícilmente Serán contrarios a la sazón del fruto, porque el genio
se mueve por un designio superior a su voluntad, hasta tal punto que, de su conducta
a contrapelo de aquella moral, puede desprenderse fruto al pelo. Así como el vácuo, por
muy en serio que tome una ortodoxia, no puede hacer más que vaciedades.

46

�el artista frente al mundo

H A B L A

M A T T H I A S

G O E R I T Z

M e es sum am ente difícil escribir sobre m i propia pintura. Escribir sobre
el arte en general m e es fácil. Casi no escribo sobre otra cosa. Sobre todo
si se trata de lo que más me importa. L o que m e gusta llamar arte vivo.
Hay arte vivo en lodos los tiempos. H oy también.
La gente se ríe al ver el arte moderno. Hace bromas. Esto es triste. G o eth e
ha dicho que “el que no lo siente, nunca lo captará”. Paréceme que tiene
razón y por eso no vale la pena explicar mucho. Reírse, hacer bromas sobre
algo que para los otros es cosa seria o sagrada, es fácil. Las bromas son
siempre fáciles; si son buenas, por lo menos pueden pasar, pero rara vez
ocurre que son buenas. La mayoría de ellas son aburridas, abusadas, mil
veces repetidas. Preguntan: ¿Qué representa este cuadro? y no com prenden
ni la contestación más sencilla del m undo: “Se representa a si mismo. Es
un cuadro. N o es una copia de algo existente. Es sencillamente una p in ­
tura, una creación hum ana.”
N o creo que Dios o quienquiera que fuese nos haya hecho para copiar.
¡Sino para crear! A copiar se aprende en cualquier escuela, o academia o
universidad. N o se puede aprender a crear. O se crea o no se crea.
Dicen que estos cuadros son fáciles de hacer. Que son infantiles (“M i hijo
lo Pace m ejor”). Es posible. Inclusive, sí señores, lo creo. Porque los niños
no están aún estropeados por una falsa civilización. Son todavía auténticos.
Otros han reconocido ya esto, con mejores palabras que las mías y nadie
podrá negarlo seriamente. (¡Que lean M ateo xviii, v. 3!)

47

�Dicen que las creaciones del arte moderno no son perfectas. En lo que se
refiere a las mías, lo sé, no tienen más valor quizás que las de cualquier
niño. Pero tampoco quiero ser más. No quiero ser más que un ser humano,
con el derecho absoluto de crear tan libremente como la tierra, como la
naturaleza, como cualquier madre.
¿Arte abstracto? ¿Concreto? ¿Non-objective? Todas estas palabras son nada
más que un puente para ayudar a los que no ven. En el fondo son una
tontería. Son palabras, programas. Yo por lo menos pinto, y nada más. No
me interesa con qué palabra decoran luego a mi pintura para catalogarla.
Lo único que quiero es que mi pintura sea humana, honrada, auténtica,
porque me creo un ser humano. No me creo mejor ni peor que otra gente,
ni creo tener menos ni más inteligencia que otros. (No estoy hablando en
broma). Respeto la opinión de los demás, pero les quedaría agradecido si
respetasen también la mía.
Detesto el puritanismo (de cualquier color), el nacionalismo, la intoleran­
cia y mucho que me parece pecado por ser pequeñez del espíritu. Quiero
una humanidad absoluta, la belleza del espíritu y de la forma, la autenti­
cidad, la sabiduría, la tolerancia y alguna cosa más.
Soy feliz de vivir en el siglo xx. Los únicos tiempos en que me gustaría
vivir son los del siglo xxi o quizás la niñez de la humanidad: la prehisto­
ria. También hoy, en este minuto, estamos fuera de la historia. Creo que
vivimos en una Nueva Prehistoria. (Sin que se me ocurra negar la historia
pasada que ha logrado abrirnos los ojos para que veamos lo que somos).
Comprendo que me critiquen y estoy orgulloso de que lo hagan, porque
critican también a los que estimo superiores a mí. Pero estoy seguro, tengo
fe, y soy feliz por eso.
M a t t h ia s G oeritz

48

�SOBRE

MATTHI AS

GOERITZ

A través de los datos que nos aporta la persona y la obra de M atthiasí
G oeritz podemos construirlo como un ser excepcional dedicado a la
rebusca, al acto libre, al experimento y a la expresión directa. Ha atra?
vesado diversas fases, haciendo incursiones en la pintura automática de
los superrealistas (1945), en unas abstracciones en las que regulaba un
trazado lineal con la irrupción de manchas amorfas (1946). Alterna
este trabajo de evasión real, en ese mismo año, con una serie expresio­
nista de crucificados, a base de colores fuertes, de rojos, amarillos, verdes
y contornos de figuras con gruesas líneas.
Hasta el año 1946 Matthias Goeritz ha sostenido esta lucha: paisajes,
procesiones, escenas del Norte de Africa, crucifixiones, pero también
alusiones a su intimidad, retratos psicológicos, visiones, creación de ob­
jetos y composiciones sin referencias reales: tenemos, pues, la existencia
de un mundo que le excita y una sensibilidad que responde a esta
excitación desbordando la fuente de referencia y estableciendo una obra
plástica de creación, de unidad tal vez indeterminada, pero con una carga
poética fuera de todo control.
Cuando Matthias Goeritz se encuentra con C hagall o con K lf.e , esos
puntos de luz que han de permanecer a través del tiempo como preciosas
muestras de los grandes milagros de la creación artística, podemos pen­
sar que la emoción debió de ser la misma que la de I ngres ante R afael ,
que la de C ézanne ante D elacroix, o que la de V an G ogh ante M illet .
Cito así, en baraja, estos nombres y valores dispares, puesto que cada
uno de los tres absortos iba directamente a resolver sus problemas y a
hilar fino el imbricado tejido del espíritu. Chagall era la fábula, el
sueño, el aliento poético, la coloreada alfombra mágica estremecida en
el aire. Klee era el acto libre, la soterrada vivienda, el ideograma de
colores, “los animales del alma, los pájaros de la inteligencia, los peces
del corazón”, como diría C revel. Así llega la primavera de Matthias
Goeritz, en este vasto territorio del arte contemporáneo. Su personalidad

49

�se decanta. Se trata de un hombre de nuestro tiempo, con los problemas
activos, encontrando, como él suele decir, “lo que está en el aire”.
Este espíritu creador de Matthias Goeritz es el que vibra a lo largo de
toda su obra, es el que sintetiza su producción y le sitúa junto a los
ágiles desvelados que cargan su persona con los problemas y paisajes de
su época y luego vierten sobre los hombres la más fúlgida lágrima de
plata o la alegría primaveral del bosque. Este caudal de sueños, gente,
cosas y paisajes que artistas como Matthias Goeritz presentan ante nues­
tra mirada, es el mejor reconocimiento del hombre, de su poder de
creación, de su inquietud y disconformidad, de su independencia, de su
capacidad de pensar y de su derecho al goce.
E duardo W esterdahl

Su manera de pintar, su técnica, su estilo, si ustedes quieren, está muy cerca
del ámbito de preocupaciones, donde se mueven los artistas llamados
abstractos. Pero con una esencial diferencia: el mundo de M atthias
G oeritz está poblado por seres y objetos c o n c r e to s , tan simplificados o
tan complicados como en cada momento puede convenirle. La abstrac­
ción se reduce únicamente a la eliminación de elementos considerados
accesorios, a la cuidadosa selección de los utilizados, no a que sus formas
sean abstractas como en K andinsky o en W illi B aumeister; en estos
pintores, las sugerencias van a la geometría; en Goeritz a la biología.
No me atrevo a insinuar la conveniencia de llamar estilización a su
manera, porque esta palabra suscita una porción de asociaciones inde­
seables (indeseables para el objeto de definir su pintura) no por falta de
calidad en algunos e s tiliz a d o r e s , cuya evocación nos sitúa en zonas opues­
tas a las transitadas por la imaginación de nuestro artista.
Gracias a artistas como Goeritz, valerosos exploradores de mundos nue­
vos u olvidados, la pintura vive y se renueva. No se trata de repudiar,
sino de vivir en nuestro tiempo. Gocen los imitadores de sus merecidos
triunfos. Acaparen con sus telas museos y salas de exposiciones. Pero
dejen, al menos, que, desde su rinconcito, los renovadores luchen por
alcanzar un arte cuyos productos hagan vibrar la sensibilidad y el cora­
zón del hombre actual.
R icardo G ullón

50

�MATISSE

�Une fem m e se peignant

�C

R

I

T

I

HENRI MATISSE
luminosidad, claridad. Son palabras definitorias para situar la exposición M a ­
t is s e ,
presentada por la Librería Pablo
Keins en la galería VVitcomb.
Luminosidad, claridad —luz física, natu­
r a lm e n te , deslumbramiento mediterrá
neo— pero sobre todo luminosidad de
la inteligencia, claridad del orden en una
búsqueda progresiva y ascendente de la
diáfana limpidez expresiva, de la tras­
cendencia y justeza del lenguaje, de la
síntesis que no implica renunciamiento
sino condensación.
Este ascender del artista hacia la luz
puede seguirse paso a paso a través de
los nueve libros que ilustró Matisse.
Al recorrer detenidamente los muros de
la sala de exposición se asiste a la lucha
del artista por desechar toda escoria que
pudiese entorpecer la directa claridad de
su mensaje; a la aparente paradoja de
conseguir un descarnado por acumulación.
Este esfuerzo por conquistar la máxima
claridad expresiva con la mayor síntesis
de lenguaje posible puede estudiarse des­
de La femtne au grand chapeau, en la
que encontramos un Matisse entroncado
aún en la larga tradición naturalista
francesa de la que es heredero. Obser­
vamos a un sucesor de F o u q u e t incómo­
do ante el manejo de las sombras que
traban su afán de síntesis absoluta y su
incontrolable vocación por el plano. El
ritmo de los contornos se endurece en un
intento por no perder su unidad absolu­
ta, su continuidad. Se advierte la con­
tradicción existente entre la línea, pre­

5}

C

A

cisa. en su intento por organizarse en
arabesco y la blandura de un modelado
realista que entorpece el desarrollo de
ese ritmo.
La lucha de Matisse por liberarse del
molde de una secular tradición es larga y
aleccionadora. No busca la solución en
una postura intelectual previa, para ce­
ñirse a ella y utilizarla a manera de fór­
mula; sino que bucea valientemente
frente a la naturaleza hasta que el des
cartar se vuelve orgánico y necesario.
Escala lentamente los peldaños de la
propia experiencia y convicción, sin apresuradamientos irreflexivos. Aventura ma­
ravillosa la de este artista genial que se
limpia y se depura paso a paso a lo
largo de 60 años de incesante laborEn Danseuse assise, tete accoudée tene­
mos otra muestra de esta primera etapa.
También en Grande liseuse y Petite li­
seuse. La línea comienza a deformar en
aras de un ritmo más profundo y de
una mayor expresividad. Los elementos
puramente decorativos adquieren inusita­
da importancia —véase el floreado de los
trajes— y a desplazar el claroscuro que
modela apenas las formas.
Nu couché sur un divan marca otro paso
hacia la síntesis. Fondo y figura tienden
a fundirse y las manchas de sombreado,
reducidas a un mínimum, agregan poco
a la expresión total de la obra.
Esta misma sucesión de etapas se distin
gue en los tres retratos litográficos que
presenta la exposición: En Jeune femrne
en buste Matisse se impone una cons
micción de volumen que resulta pobre

�ante la pujanza de la línea y de los
elementos decorativos. En Figure de face
reduce las sombras al mínimum, organizándolas en planos que se subordinan al
contorno y finalmente en Portrait de jeune filie la sombra es tan leve que es
necesario forzar la vista para distinguir­
la, sumergida como está, bajo los ara­
bescos decorativos y supeditada a la dura
línea de contorno.
Arabesco y línea tienden cada vez más
a desterrar las sombras como factor crea­
dor de la luz y a convertirse ellos en
signos de luz; más aun, en luminosidad
misma. No es un escamoteo. Es un con­
densar para decir mejor. Si el visitante
desea tener una prueba de ello, estudie
el proceso de las etapas previas que rea­
liza aún hoy Matisse, para la preparación
de sus síntesis geniales v que encontrará
insertadas ron afán bibliográfico en el
Ulysses de J a m e s J o y c e .
Cada aguafuerte está acompañado de al­
gunos estudios previos. El primero de es
tos dibujos es siempre de inspiración di­
recta, naturalista, cargado de elementos
que diluyen su voluntad sintética. Siguen
sucesivos estados de un lento condensar
que culminan siempre en la justeza de
un signo grávido de tensión expresiva.
Esta tensión del acumular es otra de las
características del dibujo de Matisse. Ten
sión a base de justeza, de sensibilidad
controlada por una inteligencia vigilanteProviene de la raíz naturalista del artis­
ta que la carga de sensorialidad y de un
proceso depurativo hacia aquello que el
mensaje de los sentidos puede tener de
eterno y trascendente.
Es por esto que su línea nunca es fácil.
Prevéngase de creerlo el espectador poco
avisado. Es línea resumen que posee la
claridad de los problemas resueltos, el
estado de gracia de la verdad. Línea y
lápiz son los medios expresivos por ex­
celencia de Matisse. Línea que al elimi
nar las sombras, delimita planos, arran­
cándoles vibración tonal, color, lumino

sidad. Porque es curioso observar que la
luminosidad surge del papel más que de
la línea; surge de la sabia fragmentación
de superficies blancas que se vuelven fos­
forecen tes.
Observemos por ejemplo la extraordina­
ria claridad y expresividad de los ojos
que limita siempre en forma simple y
austera. Difícil recordar luminosidad ma
yor que la que emana de los ojos de
B a u d i -x a i r e en el retrato que ilustra las
poesías de M a l l a r m é . Un círculo nítido
V exacto, colocado dentro de un óvalo
justo, produce una irradiación de blan­
co obsesionante. O en la serie de retratos
que ilustran las Lettres Portugaises de M.
A l c o f o r a d o , en que los ojos se vuelven te­
ma de inigualable riqueza expresiva sólo
coi| los elementos de un óvalo, variado con
exquisita sabiduría y un arabesco negro
que mueve el blanco por dentro. El pa
peí pierde su inercia en la sabia repar
tición de sus fragmentos, es el triunfo
absoluto de Matisse.
Dijimos también que el lápiz es su me
jor elemento expresivo por lo que tiene
de blando y gobernable a la vez. Blando
porque el mensaje del artista es sensorial
y sensible; gobernable porque este men­
saje está regido ñor una rigurosa inteli­
gencia. Es también por esto que la lito
grafía le ofrece el camno más propicio
para la ilustración de libros.
En las xilografías que ilustran el Pasiphaé de M o n t h e r i . a n t , observamos có­
mo la fluidez de la línea lucha por ven
cer la dura resistencia de la madera que
le impone direcciones y oscilaciones ines­
peradas, variándola a veres en grosor y
confiriéndole un aspecto de ángulo filoso
ajeno a la expresión de Matisse.
En los aguafuertes el mordido parejo
del ácido confiere una nota de imper­
sonalidad no afín a su mensaje adherido
aún al mundo individual como fuenteprimera de inspiración. Su expresión tie
ne siempre nostalgia del lápiz, aunque
esto por cierto en nada desmedra la ma-

�r a v illo s a
te q u e

p le n itu d lo g ra d a en
i l u s t r a Les Fleurs

B a u d e l a ir e ,

Poésies, de

o

la

s e rie

que

el

a g u a fu e r­

du Mal, de
ilu s tr a

la s

Matisse se endu­
rece con los poetas más duros y se sen
s u a l i z a con R o n s a r d , por ejemplo, donde
el lápiz lo recoge íntegro en su más ple­
na madurez y que coincide con las tres
litografías de su época más reciente exhi
bidas bajos los títulos de Nu conché sur
un diván, Torse de femme bras leves y
Etude de nu, donde el lápiz con toda su
pastosidad, lápiz blando, traduce plena­
mente el mensaje sensorial-inteligente que
lo mueve.
Madurez es la palabra que debería cons­
tantemente usarse para calificar los últi­
mos treinta años del artista y no juven­
tud como se suele repetir: “La juventud
de Matisse a los 81 años.. .” Creo mejor
hablar de la maravillosa y alerta madurez
del pintor que no conoce las declinacio­
nes de la ancianidad y se mantiene dando
frutos, no flores. Es por esto también que
no es lícito llamar juego o divertissements
a la serie de collages que componen el
libro Jazz del que es íntegramente autor,
tanto en los textos como en las láminas.
No es juego, no es infancia ni juventud.
Es una explosión de sabiduría, de un
conocimiento que no lo da el solo entu­
siasmo y el solo intuir. Es tocar fondo a
la luz de todos los elementos que cons­
tituyeron el andamiaje de su obra.
M a m .a r m é .

B lanca

P a sto r

[OSÉ GU I IÉRRE/. SOLANA
Lanzar exclamaciones de admiración, ex
tasiarse ante los cuadros de la primera
época de G u t i é r r e z S o l a n a , es una posi­
ción falsa si se quiere y hasta cierto pun­
to injustificada, ya que para juzgar una
tela, es necesario hacerlo sobre la base de
lo que se ve, olvidándose de garantías de
nombre y de fama. No es muv fácil des­

)&gt;

cubrir en estas obras, las cualidades de
un pintor que va a ser, pero que toda­
vía no se ha potenciado- En Ñiños deI
Farol, por ejemplo, se manifiesta clara
mente la debilidad de Solana: la falta
de expresión en el dibujo. La línea no
mantiene ningún estado de tensión emo
cional, es dura; el trazo, pobre y carente
de proyección. Sin embargo, se aprecia
ya el sentido de síntesis que lo caracte
rizará más tarde. La piedra de toque de
un pintor es el dibujo, pero si éste falla,
una tela vale todavía por otros recursos
perfectamente legítimos. Los recursos de
Solana son: el enfoque original de la vida
con alguna implicación literaria, un sen­
timentalismo verdadero y profundo, la
riqueza y la tenacidad de color.
La influencia de la pintura de fin de
s i g l o —especialmente de C o u r b e t — apa
rece claramente en Reunión en la rebo­
tica. Esta influencia señala todo un pe­
ríodo de Solana, primer período de ensayos
en que mezcla una concepción naturalista
a un fondo clasicista y a un cierto pate­
tismo —no definido todavía— que tímida
mente anuncia va las máscaras y las ca­
retas.
En sus primeras obras quiere pintar un
poco como S o r o l l a y R e g o y o s , pero cuan­
do empieza a rebajar el tono encuentra
su manera de expresión definitiva, la
que siente de verdad, en lo profundo. En­
tonces nace el Solana de España, con su
españolísimo ctdto por lo deforme: el So­
lana que de tanto deshumanizar a la gente
termina por convertirla en fantoche, sin
tiéndose feliz sólo con sus máscaras y ma
niquíes que por inexpresivos e inanimados
no lo obligan a profundizarlos psicológi­
camente.
La composición no es su fuerte y eso se
manifiesta sobre todo cuando dibuja. Lo­
gra ubicar los objetos y las personas, pe
ro no se puede decir que resuelva el
problema que la tela le plantea. A veces
se le producen vacíos cuya resultante es
un gran desequilibrio; no obstante, con

�sigue llenar el cuadro con el color y la
pasta. Y iqué pasta! ¡qué cosa tan pin­
güe, grasa, rica! Llena de potencia ex­
presiva, nada inerte, la estira hasta pa­
recer que el pincel cargado se va arras­
trando pesadamente y emparejando la
materia. Pinta como haciendo surcos en
un campo arado. Indudablemente da me­
nos importancia a lo que puede decir por
medio de la composición que a lo que
puede expresar con la materia. Construye
sin prejuicio.
El pintor no ha pretendido componer en
Chozas de la Albóndiga■ Hay una presen­
tación como en foto de familia; los tipos
humanos suenan a artificiales; una tre­
menda monotonía embarga la expresión
de los personajes. Toda la fuerza emocio­
nal proviene de la pasta a la que el pin­
tor infunde misterio por medio de los
negros. Aunque la primera impresión sea
de estatismo —de ahí proviene el sentido
patético— hay una especie de movimien­
to que sale de la forma misma y que es
un movimiento interior, no físico.
La composición tampoco está lograda en
Música ratonera, aunque consigue un gran
sentido trágico merced a la impresión de
masa agitándose, sin individualidad, don­
de los seres humano no existen.
Solana no es un colorista nato; se encuen­
tra más cómodo en gamas terrosas o to­
nos apastelados a los que da la misma
intensidad que a las tierras y los ocres.
A veces, aunque use muchos colores, tie­
ne gran habilidad para conseguir una en­
tonación general, como en Profesor de
anatomía, del que se desprende un tono
amarillento qué parece envolver todo el
cuadro. Calatayud produce una impresión
confusa debido al abuso de blancos y
grises. Café Concierto es monótono en el
color. En Baile de aldeanos hay graves
defectos en el dibujo de las figuras que
son descoyuntadas e hipertrofiadas; pero
una enorme fuerza dramática se despren
de en cambio del paisaje, que dentro de

56

una gama de color repetido, tiene poten
cia interior y patética.
La influencia de Goya, que es el leit motil’
de la obra de Solana, aparece a las cla­
ras en La procesión, donde todo es un
poco gesticulado. A veces se nota una
cierta falta de adecuación entre la manera
de pintar y el tema; los amontonamientos
en general no le convienen.
La peinadora es una de las obras más im
portantes de Solana, pues aquí la línea
explota todas las posibilidades dentro de
sus limitaciones. El patetismo emerge de
la forma. La figura está tratada como ma­
niquí, ya no se sabe cuál es una u otro.
Transforma al ser humano en potencia
estática; no se expresa por medio del
gesto sino por el movimiento interior de
la forma. Es la imagen de un mundo ce­
rrado, terrible, de miseria y de dolor; es
la imagen de su propio mundo, de su
tragedia . • . Está aquí en la línea de pa­
tetismo de El G r e c o , G o y a y Z u r r a r á n .
Patetismo fundado en exigencias morales
y originado en una actitud mezcla de
romanticismo, misticismo, fe, amargura,
ascetismo v crueldad. Se observa que el
dibujo le ha costado un esfuerzo. La lí­
nea no tiene mucha fluidez, pero en cambio está cargada de sentimiento.
En El entierro de la sardina, las formas
duras e individuales aparecen como relle­
nas con el color. Todas las figuras expre­
san lo mismo, pero el dibujo rudo y el
empaste son los verdaderos agentes expre
sivos. Baja el tono, lo repite con mono­
tonía —monotonía de aldea, de rezo—
porque es lo único que puede represen
tar a esa gente resignada que sabe de m i­
seria, dolor y lucha.
A Solana le ocurre lo que a muchos pin­
tores que no se sienten cómodos en la
representación de la figura humana, pues
no tienen la misma capacidad de síntesis
para dibujar un hombre que para repro­
ducir conjuntos o detalles. Esto le pasa
en el Constructor de caretas, que como

�ser humano no existe. El dibujo es pobre;
no hay un cuerpo bajo esa ropa. El ideal
de forma es netamente naturalista y el
pintor se afana por representar lo que ve.
Hay en esta obra una vuelta hacia la ma­
nera de La peinadora, pero el color no
es tan bajo, sino más claro y expresivo
aunque más superficial. Hace de la careta
el vehículo del que se vale para repre­
sentar psicológicamente tipos humanos, sin
ahondar demasiado.
1.a pintura de Gutiérrez Solana tiene un
profundo sentido moral. Convierte su obra
er. un grito de disconformidad y rebelión.
Rompe lanzas por los humildes, los opri­
midos, casi podría decirse que capta el
verdadero sentido de una pintura socialEl más neto representante de la tradi­
ción española arremete contra esa tradi­
ción. El hombre de un pueblo ataca a
ese pueblo, sangre de su sangre, y se con­
vierte en el crítico mordaz de prejuicios,
falsedades, miserias y costumbres. No sólo
condena a su país sino que se condena
a sí mismo. Lucha contra un pueblo apa­
sionado y lo hace con toda pasión; su
pasión de español. Por eso a veces hay
en sus cuadros cierta falta de homoge­
neidad y se adivina que fueron pintados
con furia, respondiendo a impulsos.
Hablando de Solana escritor dice R a m ó n
G ó m e z d e l a S e r n a que “está tan atento
al sentido de su obra que deja la imper­
fección a la vista”. Una cosa similar pue­
de decirse de su pintura. Es tanto lo que
quiere decir, contra tantas cosas quiere
luchar, que transforma, deforma, destru­
ye la realidad que se le da, en busca del
máximo de expresividad. Si a veces la
manera de decir las cosas no es perfecta,
no tiene importancia, porque dice lo que
siente con sinceridad, con fuerza y a toda
voz.
L ía

C arrea

57

JUAN BATLLE PLANAS
Quizá nunca haya leído B a t l l e P l a n a s
—porque no necesita hacerlo— el veneno­
so Manifiesto del superrealismo de A n d r é
B r e t ó n con su imperativo: “Despierta y
sueña en libertad”. Ya en estas pinturas
del Misterio de Alberl Anker, de Los re­
yes y su naturaleza, del Discurso del alma
y d e La Naturaleza —su índice somero—
hay una fuerza de aserción personal que
arrostra todo problema de forma y color
con plenitud imaginativa y entrañable 1¡
rismo. Realidad y ensueño se resuelven en
superrealidad propia, absoluta.
Pero algo hay que sustrae al sueño. Las
formas encierran excesiva alusión a las
cosas. Cosas desmaterializadas, sí, pero que
imponen por presencia sus alusiones pre
téritas, aunque luego se prolonguen en
cubos y pentágonos, en lunas y esferas,
en sombras de significación menos lógica
y más fantástica.
He querido entender. He violado su clima
de ensoñación mística, su decir lírico. He
penetrado esa figura rubia de acentos pas
teles que se aparta de su sombra fría,
vertical para sostenerse en el oblicuo tri­
dente casi negro con el solo ritmo curvo
de tíos brazos desmaterializados. He visto
ese color teñido de lilas y rojos, de gri­
ses, oros y verdes, pronunciarse en puntos
muy negros o entumecerse en la mayor
hondura anímica de esas dos mujeres acu
clilladas como lunas. He perseguido su
búsqueda desde esas voces acalladas hasta
los acentos desafiantes de ese Albert An­
ker, su hombre, pintado en violentos ama­
rillos frente a una luna jade y una figura
gris que se evade. H e querido estrujar las
apariencias físicas para desglosar el esque­
leto metafísico. . . y comprendí por prime­
ra vez las palabras confesadas por D e r a i n :
“Somos unos buscadores de secretos. . .
La forma recreada por los sentidos es
encontrada involuntariamente; pero deter­
mina el ritmo de la obra. Los espíritus
modernos no han añadido sino muy poca

�cosa a lo que B i t á c o r a s \ A r i s t ó t e l e s
pretendieron absoluto . .. ¡Tantas certe­
zas, tantas grandezas destruidas, todo co­
nocimiento de la letra, del número, per­
dido en los arenales!"
¡El núm ero!... ¡La mística de los abs­
tractos! Quizá sea esa la senda que es­
cruta su expresión. Ello explicarla por
qué no importa en B a t l l e P l a n a s la re­
currencia de las mismas figuras, de las
mismas poses, de la misma fría imperso­
nalidad. Ello valorizaría tanto más esas
preciosas naturalezas muertas de rojas san­
días y el pájaro de alas plegadas, que son
sus penúltimos peldaños hacia las formas
abstractas puras que le aguardan.
C lara D jamf.nt

RAMÓN GÓMEZ CORNEE
Es difícil referirse con ecuanimidad a un
pintor como G ó m e z C o r n e t , porque es d e
aquellos que van directamente a la sensi­
bilidad del espectador, la toman despreve­
nida y hacen dar el juicio equivocado, por
desmedido en el elogio o en la censura.
Se lo debe defender por su pureza entre
tanta sofisticación, es indudable que su
pintura tiene que molestar por callada y
modesta a los que quieren estar a la últi­
ma moda —que generalmente es la penúl­
tima— por el hecho de la novedad en sí,
los que sin atender valores no llegan a
subir nunca al plano trascendente de lo
histórico.
Se lo debe combatir en cambio —como a
tantos otros pintores argentinos— cuando
no da de sí todas sus potencias, cuando
desmaya en la consecución de un arte cada
vez más suyo y más hondo y por ende más
universal y de siempre. Las objeciones a
Gómez Cornlt van a ser todas de índole
formal. Sus contenidos humanos, sus te-f
mas, han permanecido siempre fieles a sí
mismos y son la parte inatacable de su

58

obra. Él se sublima en la representación
de tina raza desvalida y melancólica por
naturaleza, y dentro de ella, son los niños
los que le impresionan como los más sen­
sibles, los más inadaptados a este mundo
duro e implacable.
Analicemos con cierto sistema la órbita de
la expresión de Gómez Cornet. Ante todo
cabe hablar del dibujo. En él, la línea,
aunque aparentemente titubeante y tímida,
va creando en su titilación el volumen
apenas insinuado de sus masas, de sus som
breados muy poco en contraste con los
blancos. Queda así el campo de la hoja
como el testimonio de su levedad, de su
riqueza interior de alma, que no preocu
pándose de la elegancia, al contrario, que­
riendo sólo captar una actitud recatada y
de modestia (no de harapos, sino de po­
breza digna mucho más conmovedora) ,
logra, casi sin proponérselo, una suprema
distinción en las actitudes básicamente tor­
pes o desmañadas. Un solo dibujo hay en
la exposición v corrobora todo lo que de
cintos, en él se ven todas las cualidades de
este artista siempre más dibujante que
pintor. Por eso mismo, no se debe olvi
dar que el dibujo es el armazón indis­
pensable sobre el que Gómez Cornet pue
de lanzarse al color; si el dibujo falta o
está borrado por la pincelada (en vez de
estar corroborado) , el conjunto corre el
riesgo de no ser más que materia cromá­
tica suelta y por lo tanto inexpresiva. No
cae en el mero galimatías porque su mis­
ma discreción lo salva; pero al no ser un
colorista nato, se encuentra como perdido
en ese mundo del color tembloroso, que
no se adhiere a la forma rigurosa. Hay
pintores —pienso en B o n n a r d , en O d i l o n
R e d o n — que van dibujando con el color,
siempre a punto y afinadísimo, lleno de
variación tonal y cromática. Unas flores,
de uno o del otro, se componen básica
mente de pigmento, crean el mundo des­
de el punto de vista de la sensibilidad y,
como son grandes coloristas, resisten la
prueba.

�Gómez Cornet, ai querer pintar sus flo­
res de esa manera, consigue formas sólo
aproximativas. Cuanto más fuerza la nota
dei color exacerbado, más ajeno y extra­
ño parece encontrarse ante lo que pinta.
Para referirme ahora al problema del cor
lor, tengo que copiar una trase de Cézanne:
"Pintar es registrar sensaciones colorea
d as. . . no hay línea, no hay modelado,
no hay más que contrastes. Cuando el
color tiene su riqueza, la forma tiene su
plenitud.” Es precisamente lo que no pue­
de ocurrir con Gómez Cornet, que es un
dibujante nato ,y que aplica el color co­
mo un iluminador, sin sentirlo básicamen­
te. Cézanne pintaba por napas sucesivas,
con un color fluido que actuaba por trans­
parencia. Gómez Cornet, al querer llenar
sus fondos, actúa aparentemente con trini­
dad, buscando variar la dirección de la
pincelada y el tono, para no hacerlo mo­
nótono. Sin embargo, su intento resulta
forzado. El pintor repentista para el co­
lor, siente la urgencia casi física de poner
el color preciso y justo (sería el concepto
romántico de inspiración, Ib que dice
M u s s e t de la poesía: “No escribimos, nos
dictan al oído ’) . El otro tipo de colo­
rista, el meditativo, como Pettóruti, lo
sentirá a priori y lo pintará a posteriori
de una cuidadosa reflexión. Ninguno de
estos dos casos es el de Gómez Cornet, que
había solucionado su expresión cromática
en los alrededores de 1934 (la que creo es
su mejor época) , cuando se refugiaba de­
liberadamente en una gama limitada, no
muy rica como variación tonal y cromá­
tica, pero sí segura, clara y en perfecta
armonía con su dibujo, que entonces era
ceñido, ondulante y sin embargo preciso
en su contorno.
La composición tampoco es el fuerte de
Gómez Cornet, pero quizá ésta sea una
objeción menor; hay grandes pintores que
no llegan nunca a descubrir dentro de
si mismos las leyes lógicas de llenar el
rectángulo fundamental que se asignan pa­
ra pintar. Las cabezas que pinta Gómez

S9

Cornet, no se adecúan casi nunca al fon­
do que las rodea, ni como espacio ni como
color. Siempre sobra una zona vacía poco
significativa de por sí, que no agrega nada
a lo que los rasgos fisonómicos tienen que
decirnos. Es más, hasta como empaste,
esos fondos están reñidos con las cabezas.
La pincelada invade muchas veces la línealímite (en el cabello sobre todo) y crea
una mancha, sucia desde el punto de vis­
ta del color y de la expresividad del con
torno. Hace perder al cráneo su arquitec­
tura y desequilibra el fondo que tiende
a venirse hacia adelante. Esto no solo ocu­
rre porque hay, como digo, pinceladas de
fondo superpuestas al primer plano, si­
no también porque la mayoría de los fon­
dos son lo suficientemente intensos como
color para que no retrocedan solos, sino
que queden ambiguos en un lugar que no
es ni de bambalina ni de telón de fondo.
Esos fondos no están trabajados con un
color imbricado como en R enoir (aunque
haya dos veces en que casi lo logra en
cabecitas de niña con fondo cerúleo y
rosado, respectivamente), sino que, en ge­
neral, la materia está aplicada, simple­
mente, lo cual no quiere decir que el co­
lor provenga directamente del pomo —está
elaborado, con toda seguridad, previamen­
te en la paleta—, pero va a parar sobre
la tela como un producto ya hecho y mu­
cho más inerte por ende. Este amasado
del color, que se justifica en Pettoruti,
por ejemplo, no convendrá nunca a la
manera actual de Gómez Cornet.
Todas las objeciones que he hecho has­
ta ahora, se resuelven en una sola: inade­
cuación de los medios expresivos a la con­
secución de contenidos anímicos. Si las
cabezas no llenan expresiva ni realmente
el campo pictórico, si los fondos no son
bastante significativos, si falta un dibujo
sustentador, si el color es poco imagina­
tivo, todo esto quiere decir sencillamente
que el pintor corre el riesgo de extraviar
su propio camino, ese camino que mar­
caba inconfundiblemente su Figura de

�mujer con fondo amarillo de 1984. Kn
esta obra, tan madura por todos conceptos.
Gómez Cornet había llegado a un dibujo
clástico, lleno de sensibilidad, que va re­
flejando la tensión psicológica del pintor
ante su modelo. El empaste liso y unido,
opaco y de gran nobleza como calidad. El
fondo se adecúa a la figura que enmarca,
la deformación huye de lo real—accesorio
para ir a lo fundamental—profundo. El
color: amarillo, grises, terracota, ensam­
bla muy bien y varía lo suficiente dentro
de su unidad lisa como para hacer que el
ojo tlcl espectador pueda resbalar de una
forma con color a otra. Esa misma sere­
nidad de medios, esa gama rebajada, con­
sigue dar más fuerza expresiva. Es un
cuadro digno de cualquier museo, que no
desmerece al lado de los mejores de
Kisi.inc, con el que tiene ciertos puntos de
contacto.
Si eso era la obra ya madura, fuerza es
convenir que las nuevas directivas del pin­
tor —loables como afán de buscarse y su­
perarse— no solo no agregan nada como
hondura psicológica, sino que debilitan las
potencias de afinamiento en el orden de la
composición, del empaste, del dibujo, alto
gado ahora por las pinceladas demasiado
grandes, superpuestas, del color que llega,
incluso, a ser desacordado y convencional.
Eru cuanto a las monocopias, no acierta
con el color ni con el tratamiento ex­
presivo. Gómez Cornet se siente mucho
más cómodo implicando el color que pin
tándolo. El dibujo no es una limitación o
solamente una fase previa a la pintura,
es un arte tan maduro y tan alto como
el que más. Es —puede decirse— la pie
dra de toque de todo gran artista; prac­
ticarlo v sobresalir en él, es disciplina de
la más arduas. Es curioso el descrédito en
que a veces cae el dibujo, no solo entre el
público, sino entre los propios artistas.
Otro reparo sería el de las manchas, que
muchos pintores hacen figurar al lado de
sus obras más trabajadas. En esta expo­
sición. entre lo más logrado, hav alguna

60

de esas manchas. Otras, en cambio, no son
lo bastante elaboradas como para justifi
car su inclusión en el conjunto. Cuando
l.i mancha conserva su carácter nervioso,
(pie es cuadro en potencia, está en el
justo camino, cuando no es más que bos­
quejo útil al artista, deja de tener interés,
como el borrador de un poema que no
debe figurar en un libro al lado de otras
obras totalmente terminadas (el problema
del logro o no logro del propósito es, en
este caso, accesorio.)
En resumen, la exposición es desigual:
presenta una obra maestra: Figura de
mujer (1934) , algunas obras interesantes:
unos perfiles de niña, una cabeza de niño
resuelta en tintas planas y una mancha
bien vista en neutros y ocres.
Siempre las carnaciones acertadas v los
rostros tratados como es habitual en Gó­
mez Cornet, es decir, evitando las sombras
v pintando en una luz apagada, muy ade­
cuada a sus temas- El resto, no siempre
logrado, con altibajos que habría que se­
ñalar en cada caso particular.
Creo que este análisis se justifica porque
considero a Gómez Cornet un pintor va­
lioso, que ha sabido dar en muchas opoi
i unidades pruebas de su capacidad (Figu las de niñas con una piel, del Museo de
buenos Aires; Vaso de magnolias de colee
ción particular; Maniquí, del Museo de La
Plata, etc.) . No sé, si por no haber sen­
tido estímulo en su verdadero camino, si
por falta de autocrítica, si por chatura
de nuestro medio, apático por naturaleza,
o por sólo afán de probar nuevos ruin
hos, Gómez Cornet está hoy en su pin
tura más extraviado que hace unos años.
Sería admirable que con su mayor saber
de vida y de oficio, tentara otra vez y bajo
otra luz, aquellas antiguas experiencias
(pie añoramos todos sus admiradores. T ie­
ne lo que es más difícil: una extraordina
ria capacidad de síntesis; cuando se deja
tentar por lo meramente decorativo se
pierde. Él no será el pintor de la gracia
(ya vemos en lo que paran, desgraciada­

�lina de las pocas telas que escapan a este
reproche pertenece a una mujer: Pintura
de D i a n a C h a l u k i a n ; otra, a S a l v a d o r

mente, los que lo fincan todo en tan de
leznable cualidad), no tendrá nunca el don
de saber jugar con las cosas, pero éste es
precisamente su mejor elogio en un mun­
do de frívolos como en el que vivimos.
D a m iá n

C arlos

P r e s t a , Naturaleza
muerta con dulces.
Maternidad de O s c a r C a p r i s t o revela que

B ayón

JÓVENES PINTORES
Por segunda vez se realizó el Salón de la
Joven Pintura Argentina en el Instituto de
Arte Moderno. Sesenta telas de otros tan­
tos pintores cuyas edades oscilan entre los
Jfi y los 30 años. Se advierten condiciones
en muchos, casi estaría dispuesto a admitir
en todos. Lo que no se justifica es el titulo
del Salón. Y con razón se habla de este
Salón de la Vieja Pintura Argentina.
No se piense que llamo juventud al alocamiento irreflexivo. Todo lo contrario. Si
por una parte los jóvenes pueden ser ca­
racterizados por una relativa audacia, por
otra se les despierta tempranamente y por
honradez la necesidad de controlarse. El
verdadero artista joven piensa más que el
maduro, el cual suele sentirse peligrosa­
mente seguro de su sensibilidad y descuida
por tanto el trabajo de las ideas. Por lo
menos es la lección que se desprende de
la historia de todos los movimientos revo­
lucionarios en el arte. Alguna experiencia en
este sentido se ha tenido en el país, allá
por los años 1924 a 1930, cuando se intro­
dujeron los movimientos de avanzada eu­
ropeos.
Estos jóvenes pintores no piensan suficien­
temente; se conforman con sentir y la ex­
presión moderna no surgirá de la mera
contemplación sino de la discriminación
inteligente de una realidad que se presen­
ta con vestidos engañosos.

61

va perdiendo su fuerza inicial por el afán
de componer correctamente, más grave éste
que el de retornar subrepticiamente a la
pintura figurativa. Los demás, unos mejor
v otros peor, siguen caminos trillados, es
perando t o d a v ía que el milagro se pro
duzca en el contacto de la punta del pincel
con la tela. De nada valdría señalar bellos
acordes tonales, riqueza o sensibilidad de
pasta, ajustados contrapuntos, etc., etc
Porque toda esa fraseología no suele sino
esconder la más absoluta incapacidad para
construir plásticamente un mensaje de
valor universal.
No generalizo sin embargo. Hay otros jó­
venes (¡ue no exponen allí. Hace pocas se­
manas vimos la exposición de T o l a I n v e r n iz z i en la Galería Viau, verdadera punta
de lanza en la quietud de los que perma­
necen, temerosos, en el despilfarro de la
herencia fauve. Luego la de J u a n O t a n o
en la Galería Müller. Son composiciones
las de éste construidas con líneas muy enér­
gicas —en las que perdura la concepción
organicista, no obstante la voluntad de ex­
presarse mediante formas abstractas— o
con planos de color, subidos de tono y en
frecuente choque. Se le ve inquieto, más
aun, turbulento, con una seguridad apa
rente que habla bien a las claras, por for
tuna para él, de sus inseguridades. Las te­
las que acaba de presentar, comparadas
con las que expuso el año pasado, revelan
una mayor densidad, como si empezara a
madurar. Aunque me permito hacerle no­
tar que esa madurez que busca ansiosa
mente no llegará hasta que no comprenda
que la factura de un cuadro, como de
cualquier obra humana, es siempre el pro
ducto de una idea; que la idea es la que
debe ser permanentemente elaborada.
Porque pienso así de la pintura de los jó­
venes, me intereso por la que acaba de ex-

�poner en la Librería Juan Cristóbal Ma “D ”, perteneciente según reza en
los volantes profusamente, distribuidos al
Grupo Joven. Se ve que el autor tiene cul­
tura pictórica moderna en el campo de
aquellos artistas abstractos que no renun­
cian a la expresión sensible por el color y
el signo, y que a través de las formas sen­
sibles muestran un mundo en el que cabe
el concepto pero también la adivinación.
Aquí hay vigor, valentía, un querer ver
con ojos vírgenes, una fe en el porvenir
del arte. Todo esto no puede ser sino mo­
tivo de elogio para el critico y de medita­
ción para los pintores. Tan sólo necesita
tiempo, especialmente para elegir entre
tantos caminos como él mismo se propone.
Ya que las posibilidades difieren cuando
compone el cuadro con una vaga referen­
cia al sistema ortogonal de M o n d r i a n , co­
rregido por un color potente y húmedo
que a veces recuerda a S I n g ie r , o cuando
lo compone de manera cubista (son los
menos) o cuando busca esa severa objeti­
vidad que oscila entre L é g e r y M a g n e l l i ,
o cuando se deja llevar por una vena lírica
que lo emparenta con K l e e o K a n d i n s k i , a
la que se le agrega un acento irónico y fes­
tivo a lo M ir ó en ocasiones. No es lo mis­
mo recurrir a la pastosidad de una materia
ruda que esconde en su seno una turbu­
lencia salvaje, o cuando la adelgaza hasta
parecer gouache dejando adivinar un fon­
do luminoso, o cuando la enriquece con
variados medios para otorgar calidad ai
plano.
g a r iñ o s

62

Caracteres diversos se advierten en la pin
tura de Magariños “D ”, pero quiero dejar
bien sentado que asimila la lección de los
mayores, no los copia. Lo único que he de
señalar, porque es fundamental, es que to­
davía no descubre el secreto de la composi­
ción; Hay fragmentos felices, pero en con
junto hay desequilibrios que proceden, a
mi juicio, de cierta tempestuosa irreflexividad. En algunas obras especialmente pa­
recería que se deja llevar por el impulso
y que afloja la contención intelectual: esto
se ve no solamente en la disposición de
las formas de acuerdo a ritmos que siem­
pre son enérgicos, también en los acordes
cromáticos, frustrados a veces por el abuso
de tintas diferentes. Lo noto más feliz en
las armonías de tonos parientes —amari­
llos, azules, verdes— que en los contrastes;
hay rojos y amarillos que se salen del rec­
tángulo sin crear esa metafórica movilidad
espacial que obtenía Mondrian, por ejern
pío, en sus ascéticas composiciones rectan­
gulares. Por otra parte, en los cuadros de
gran composición, llevado más bien por las
líneas interiores, descuida la resolución de
las exteriores, y el ritmo se constituye de
manera imperfecta, dejando un regusto de
insatisfacción.
Perduran también resabios de alegoría: un
corazón, una hoz, una luna. Magariños “D ”
comprenderá bien pronto que puede set
mucho más expresivo liberándose de esa
imposición formal.
J orge R

om ero

B rest

�DE B A T E
SOBRE
E
U
G É
N
E

LA
B

P I N T U R A
DE
E
R
M
A
N

J. R. B.: Me parece que conviene entrar a considerar la pintura de

B e r m a n desde
el punto de vista alegórico.
C. D.: ¿No es peligroso abandonar el camino de la interpretación plástica?
J. R. B.: Si se admite la voluntad de ser alegórico en B e r m a n , no se puede descono
cerla en el momento de juzgar su pintura. La pintura no se agota, es claro, en las
formas alegóricas, pero cuando responde, como en este caso, a una actitud deliberada,
me parece conveniente dejarse llevar hacia el mundo en el que trata de sumergirnos
el artista.
D. C. B.: Hay alegoría, en efecto, y veremos qué sentido tiene.
J. R. B.: ¿Qué formas de la alegoría son las dominantes? Hay dos.
C. D.: ¿Simbólicas?
j. R. B.: La palabra símbolo expresa algo distinto, a mi juicio. La alegoría es siem­
pre algo convencional, expresa una relación entre las formas que se presentan y lo
que se quiere aludir con ellas, lo cual emana de presupuestos, de entendidos socialesi
Cada época construye sus convencionalismos alegóricos. La pintura de moda, por
ejemplo, responde a convencionalismos alegóricos. Ahora bien, ese convencionalismo
idegórico, en algunos casos, puede cargarse de tal fuerza expresiva como para superar
sus orígenes espúreos y transformarse en formas simbólicas. La alegoría es una forma
convencional; el símbolo es la fuerza viva de la expresión que emana de la forma.
B. H.: La alegoría de B e r m a n es convencional y de una convencionalidad privada.
No es universal, pero pone elementos en su pintura para que el espectador se pose­
sione de esa alegoría. He mirado objetivamente sus cuadros, estudiado los elementos
que repite, y me parece que pretende enfrentarse con el mundo, o que está al borde
de otro mundo sin llegar a introducirse en él.
]. R. 11-: ¿Cómo probaría esa afirmación?
B. H.: Con elementos objetivos, temáticos y plásticos. Casandra se vuelve de espaldas
al mundo para enfrentar otro. Niké ya no está como espectadora sino de pie y al
borde de ese otro mundo. En Soledad parece que ya hubiera tratado de incorporarse
al mundo extraño que quiere crear.
J. R. B.: ¿Hay elementos plásticos que sean vehículos también de la alegoría?
B. H.: Hay elementos extraños, irreales; lo mismo en el modo de ubicar las sombras:
siempre hay una contradicción entre las sombras de los objetos inertes y las sombras

• Con m otivo de la exposición del p in to r ruso E ugéne B erm an en el In s titu to de A rte M oderno,
hem os realizad o la p rim e ra e x p erie n cia de c rític a colectiva, con el a fá n de Que m ás ad elan te
las opin io n es que se v ie rta n en V er y E stimar no te n g a n el c a rá c te r p e rso n al que h a sta ahora
h a n ten id o . E s te d eb ate que publicam os m u e stra a l lecto r n u e stro m étodo de tra b a jo . P a rtic ip a ro n
en él J orge R omero B rest, D am ián Carlos B ayón , R odolfo G. B ruhl . B lanca S t Abile , B eatriz
H uberman , S amuel F . O liver, R aquel E delman , A licia P uente , A licia P a s in i , B lanca P astor,
U a Carrea, D elia L u c k h a u s , E lsa T enconi, R aquel B rané y Clara D ia m bnt . L a versión
taquigráfica se debe a Clara D iam bnt .

63

�de los seres vivos; como si respondieran a ejes diferentes que expresan realidades dife­
rentes. Advierto siempre una lucha.
A. P-: Una lucha que tiene caracteres de desesperación en el pintor y de la que resulta
un anhelo de alcanzar otra esfera, otra existencia.
,)• R. B.: Dice usted que el pintor traspone a la tela la desesperación del hombre,
pero ¿cómo lo hacef
A. P.: El pintor expresa esa desesperación ampliando los limites que te impone su
ser físico, su cuerpo; también con elementos plásticos, en el valor material de la
atmósfera, por ejemplo.
J. R. B.: ¿Hasta dónde es un mundo de desesperación el que nos presenta?
D. C. B.: Para mí es un mundo convencional. Beatriz Huberman dice bien que es
una convención privada. Creo que su pintura tiene un contenido de misterio o de
sobrerrealidad, pero que más bien obedece a una actitud de j u e g o . Ese complicado
sistema de símbolos aparentes podría no ser otra cosa que la asociación caprichosa
de elementos dispares que configuran un conjunto hermoso para el artista, desde el
punto de vista de la forma y de la sugestión. El monograma que vuela por los cielos
cuidadosamente escrito en un c a r t e l l i n o , el cual arroja sin embargo sombra como un
t r o m p e l ’o e i l , las manchas de humedad fingidas como salpicaduras, un algo de impon­
derable teatralidad, de fondo de b a l l e t , apoyarían mi tesis anticonceptual. B e r m a n ,
a mi juicio, no quiere expresar un complejo mundo de misterio o de erotismo o de
subconciencia: simplemente juega con elementos que domina, los cuales pueden ser
harapos, crepúsculos, lagunas refulgentes de atardecer o papeles rotos vueltos a pin­
char sobre una tabla. La suya seria una actitud e s t e t i c i s t a , la búsqueda de la gracia
por la gracia misma, sin preocuparse por la interpretación profunda que el especta­
dor quiera darle.
J. R. B.: Algo de eso puede existir, pero Vd. mismo reconoce la voluntad de penetrar
en un mundo de misterio, de sobrerrealidad.
D. C. B.: Más bien me parece advertir la influencia de esa literatura y plástica a la
moda a la que han sido tan afectos los norteamericanos. Me refiero concretamente a
revistas aparecidas, como Vanity Fair, Harper’s Bazaar, Vogue y ahora la más sofisti­
cada de todas: Flair. Desde sus tapas y páginas de ilustración protegen y endiosan
las obras mediocres de un V e r t é s o de fotógrafos de gran calidad pero amanerados.
j - R. B.: El fenómeno que caracteriza Rayón es por demás evidente. Pero creo que
no ha de exagerarse esa influencia, deletérea por cierto, de la ilustración elegante. Se
refiere Vd. a pintores como D a l í por ejemplo?
D. C. B.: En efecto, me parece curioso que dos pintores europeos de valer, D a l í y
B e r m a n , que viven en / o lí Estados Unidos, hayan tomado caminos que difieren en los
detalles pero coinciden en la actitud.
J. R. B.: No obstante la razón que le reconozco a Rayón, veamos si es posible probar
el intento de penetrar, en B e r m a n , con su alegoría en una zona de misterio y de
trascendencia metalisica.
D. C. B.: Ese misterio está logrado mediante formas estáticas y con la introducción
de! absurdo.
R. G. B.: A veces con gestos.
J. R. B.: En efecto, las figuras que se separan y se alejan en Paisaje mexicano son
los ■signos positivos y negativo de un acuerdo que no alcanza a entenderse.
C. D.: Encuentro una! raiz freudiana en ese apego a la materialidad de las cosas,
en la predominancia de las figuras femeninas, en el empleo del fuego. También en
las deformaciones de algunos elementos físicos, especialmente las sombras.

64

�Posiblemente quiera aludir B e r m a n a un mundo de resonancias eróticas. Pero,
¿tiene la fuerza instintiva de un M a x E r n s t por ejemplo? B e r m a n no nos presenta
formas que expresen un mundo de misterio erótico. Son más bien formas eróticas de
por si las suyas. Usa del convencionalismo para entrar en el carácter presenlativo de
la forma y otorga a todo lo material: piedras, telas, cabellos, un marcado acento eró­
tico. Pero yo les pregunto: ¿Su alegoría convencional nos entrega alguna idea gene­
ratriz que permita llegar a lo más profundo de su mensaje plástico o se trata nada
más que de formas superficiales?
D. C. B.: Hay una forma no muy profunda del misterio en su pintura: la melancolía,
que no deja de tener resonancia erótica,
j. R. B.: ¿Se manifiesta en las formas plásticas o por las formas físicas?
D. C. B.: Lo segundo, porque el color es desvitalizado como tinta y en cambio est
vitalizado como pasta. Se ve que elige, además, los paisajes abandonados, aéreos, de
horizontes bajos, con mucho cielo, como en la pintura de los románticos. También
1a. elección de las horas del día influye en esc carácter.
J . R. B.: Lo que significa ahora que B e r m a n es un romántico.
D. C. B.: Los primeros cuadros tienen más unidad constructiva. Vinculo esas lelas
con los pintores metafisicos, D e C h i r i c o y C a r r a . Rebajando la gama, consi­
gue B e r m a n esa expresión de misterio a que aludíamos, aunque todavía no es de
carácter melancólico: me refiero a los leños de Invierno, a la pirámide de un paisaje
romano. En los años 57 al 41, cuando entra en la zona superrealista, busca el paisaje
más abandonado y otra luz, otra expresión.
J. R. B.: Este nuevo planteo nos lleva a considerar su modo ele concebir el espacio.
B. S.: Que me parece muy importante. Su pintura es tonal, tjspacial, y el espacio pa
rece adquirir diferentes sentidos expresivos en unas u otras obras. Esto se advierte
menos en la primera etapa, cuando el espacio es tratado de modo más naturalista,
en tanto que en la segunda adquiere una proyección expresiva, casi diré, autónoma.
[. R. B.: Si hablamos de su concepción espacial, convendrá precisar si se trata de
formas que se mueven en el espacio o de un espacio que adquiere categoría expresiva
por si misma, ¿Lo concibe con caracteres de finitud o de infinitud?
B. S.: En los cuadros primeros con sentido de finitud.
I. R. B.: Es un espacio al alcance de los sentidos. Siente el deseo de otorgar misterio
a la realidad concreta en las obras más antiguas. En las más recientes, en cambio,
parece pretender que el espacio sea más atmosférico. Pero de todas maneras siempre
pone un limite al espacio.
B. H.: Veo que en el primer período construye, como arquitecto: en el segundo se
advierten puntos de enfoque diversos que no permiten, a mi juicio, una generalización
absoluta.
J. R. B.: ¿Qué papel desempeñan las formas representadas en los primeros cuadros
v en los más recientes?
D. C. B.: En los primeros las formas ayudan u la construcción.
J. R. B.: ...s in que estén orientadas como movimiento, ni dotadas de capacidad ex­
pansiva. La creación del espacio se realiza entonces por medio de los objetos.
R. G. B.: Signos a veces
J. R. B-: No en la primera etapa, cuando busca formas claras, definidas.
R. G. B.: En El Rialto hay una serie de pequeñas figuras, a ¡o largo de las arcadas,
que no tienen existencia precisa, apenas están trazadas.
J. R. B.: Pero no tienen valor de signo. En los cuadros posteriores, ¿recurre ‘a ‘la
fragmentación de las formas? En tal caso, ¿a qué obedece?
J . R . B .:

65

�B. H.; Al deseo de imponer límites al espacio . .
D. &amp; B.: Y al de hacer que las formas sean válidas de por si.
J. R. B.: Además utiliza las formas como indicación de movimiento.
R. E.: Pero eso no rige alli donde el espacio es abierto, libre. Cuando presenta una

mujer ante las piedras o sentada, no hay fragmentación de formas.
J. R. B.: En tales casos parecería orientarse la alegoría hacia otros aspectos. Veamos

ahora cómo construye las formas. ¡Hay una relación de identidad entre la factura de
las formas pictóricas y ese misterio alegórico de que hablamos? Podríamos llegar
quizá como resumen a precisar que en B e r m a n existe la intención de presentar las
formas de acuerdo a su subjetividad. Esa potencia subjetiva es real, evidente, cuando
la contemplamos desde el punto de vista alegórico. Lo grave es que la expresividad
de tales formas depende entonces de modo casi absoluto de la interpretación del es
pectador. Y éste no encuentra más que lo absurdo, aunque lo absurdo también puede
tener valor expresivo, cuando tiene vigencia social.
R. G. B.: La alegoría de B e r m a n es más bien esotérica que social.
j. R. B.: El superrealismo nos ha acostumbrado a esa temática absurda en la que se
mezclan elementos de misterio con otros de pura sensualidad.
R. G. B.: Pero llega a lo social, alcanza una significación colectiva.
J. R. B-: En la medida en que se puede hablar de la potencia del superrealismo. No
hay que olvidar que éste alcanza su máxima madurez hacia 1938. En ese sentido con­
viene situar cronológicamente la obra de B e r m a n . ¿A qué años corresponden sus
cuadros más superrealistas?
C. D.: Desde el 37 al 41, aproximadamente.
1
J. R. B.: Es decir, que coinciden con el momento de auge del superrealismo en Euro­
pa; mejor dicho, con el momento en que comienza a declinar. Actualmente casi se
puede decir que el superrealismo ha perdido toda su savia. Aquí han podido ver a
uno de los últimos superrealistas franceses: L a b i s s e , escasamente interesante, y en el
año 1948, en la Exposición belga a M a g r i t t e y D e l v a u x , abarcando ambos un género
metafórico sexual mucho más acentuado y terminando en un formularismo suicida.
¡No le ocurre algo similar a B e r m a n ?
O. C. B.: Tal vez, pero de todos modos siempre haycalidad
pictórica en sus obras.
R. G.
B.:
A mi me parece inexpresivo su
dibujo.
J. R. B.: No coincido en eso con Bruhl. He advertido en la manera como incorpora
pequeñas figuras, que hay una gran seguridad y un espíritu de síntesis muy acentuado
con respecto a la representación del movimiento. Lo que ocurre es que el dibujo no
siempre coincide con lo que expresa el color. Ahí es donde el naturalismo tiene menos
acentos misteriosos. Considero que en los dibujos descuella como en la pintura dec.trrativa de cierta época. En la linea de un T chelitchev. . .
D. C . B.: O de un C h r i s t i a n B é r a r d .
R. G. B.: Cuando fragmenta el dibujo es cuando pierde vibración.
J. R.
B.:
Tiene habilidad para construir
las figuras.
D. C. B.: Aquí cabe una distinción entre las figuras que están enprimero osegundo
plano. En las figuras de primer plano la linea no tiene vibración, deforma pero no de
modo constructivo como M a t i s s e , más bien por incapacidad. En cambio, cuando la figu­
ra esta alejada, la dinamiza.
J. R. B.: Y al dinamizarla la hace más expresiva- A mi me recuerda a los prerrafaelitas
ingleses: se mueve en una linea semiliteraria y semiplástica como D a n t e G a b r i e i
R o s e t t i . Inclusive en los modos pictóricos. Como ellos, B e r m a n
vuelve hacia un
pasado inerte, tratando de potenciarlo con elementos pseudoespirituales. Alguna vin

66

�culación con los pintores italianos de la primera mitad del siglo XVIll también
advierto.
D . C . B . : En el dibujo, precisamente, recuerda a T i e e o l o .
J. R. B.: También en el color y en algunas transparencias muy felices a G u a r d e Se
ve que B e r m a n es hombre hábil, muy hábil, pero que recurre a un repertorio antiguo
porque su actitud ante la vida no es firme ni clara.
D. C. B.: Por eso busca un repertorio de formas. El hecho de que haya hecho el consa­
bido viaje a México, desde Estados Unidos, dice a las claras que necesita hallar contení
dos pintorescos para su pintura.
R. G. B.: Hay una búsqueda de efectismos fáciles y hábiles, pero que no dejan de ser
trucos.
J. R. B.: La expresión es peligrosa.
R. G. B.: Si, ya lo sé, pero siempre será posible diferenciar los medios legítimos de
los que no lo son. Echar pintura con brocha gorda sobre la tela es un truco no le­
gitimo, sobre todo porque lo repite sin mostrar mayor inventiva.
J. R. B.: Parte, sin embargo, de una idea legitima. Los trucos pueden ser admitidos
si son inventados para expresar ideas.
D. C. B.: Pero en este caso el truco es inerte.
J. R. B.: Coincido con Vds. en que hay demasiada cocina. Pero su color siempre es
expresivo.
D. C. B.: Es más expresivo con el color que con la linea.
E. T.: A mi me parece que el color es siempre sucio.
(- R. B.: No creo que se pueda decir esto. A veces logra una gama muy profunda de
ocres bajos, azules o verdes. Admito que a veces no es muy expresivo, pero siempre es
posible individualizar la tinta o el tono con absoluta precisión.
D. C. B.: Es hábil en la entonación general del cuadro. Cambia mucho las gamas.
A veces dominan los azules y los verdes, otros los jaspeados y los lapislázulis. Entona
muy bien. Cada cuadro tiene unidad completa.
J. R. B.: Lo curioso es que a esta altura de nuestro análisis, sobre todo cuando nos
apartamos de las posibles intenciones alegóricas, descubrimos en B e r m a n una serie de
caracteres que pertenecen sobre todo al pintor naturalista.
B. S.: No me atrevería a decir tanto. No obstante la potencia materialista de sus
formas, no es posible sustraerse a la sugestión total de su pintura espacial.
J. R. B.: ¿Llega a ser profunda esa sugestión?
B. S.: Tiene resabios de cosa vieja, algo académica, pero la sugestión existe y esto me
parece fundamental. Los elementos de erotismo antes citados me parecen accidentales.
Más bien lp definiría como un pintor superrealista, especialmente por ese carácter de
espacialidad melancólica que domina en las telas de algunos períodos.
R. G. B.: Que no es melancolía sino abandono o resignación.
J. R. B.: Si existe, esa melancolía o resignación pone una ñola romántica que corres­
ponde tal vez más al pintor que a la pintura. No confundamos estos dos aspectos.
Al hablar de un estado de melancolía o de la búsqueda de una expresión de lo
infinito, nos planteamos un problema ajeno a la pintura, aunque nos proporciona
elementos de juicio. Estamos reconstruyendo al pintor a través de los elementos
plásticos. Pero, temerosos del procedimiento volvemos a cada instante al control de
las formas y entonces advertimos ese estado de evasión que se dijo al comienzo.
Hemos dicho que es un pintor materialista, que sus mejores efectos los logra en la

67

�materialización de lo que no es demasiado natural; hemos dicho que hay en él una
profunda sensualidad que se expresa como potencia del color. Todo esto configura
nn estado de euforia■
B. H.: I.a nostalgia es temática.
(. R. B.: Puede ser intencional, como si se traicionara voluntariamente.
B. H.: Quizás Laya una contradicción entre lo que quiere significar y lo que significa
pintando.
I- R. B.: En esto reside el reproche fundamental. Porque incorpora algunos elementos
expresivos que parecen de nuestro tiempo' pero recurre a formas que implican un
nuevo clasicismo teñido de elementos románticos. Por eso insisto en la posibilidad
de vincularlo con los prerrafaelitas. Hay una intención de volver a la plenitud de las
formas corno representación y creación de volúmenes■ Se la ve tanto en el dibujo
como en el color y en la conservación de ciertas reglas elementales de la composición
clásica. Por otra parte, hay en los elementos temáticos y en el cultivo permanente
del absurdo una preocupación por expresar lo infinito. En consecuencia, ¿es un pintot
superrealista?
Varios: No.
I
J . R. B . : Además, B e r m a n es imaginativo pero no fantástico. La palabra superrealis­
mo se viene usando para designar actitudes muy diversas. Hay que volver a su sig­
nificado original. Índica la búsqueda de una sobrerrealidad, ya se la obtenga por el
camino de una exaltada fantasía, o por la absoluta liberación de las fuerzas incons­
cientes, la que conduce a la escritura automática- Asi, B e r m a n está en la antípoda
del superrealismo. La suya es una pintura consciente, querida, dominada por la ex­
periencia sensorial y el erotismo, y organizada de acuerdo a ideas.
B. S.: El cultivo de lo absurdo, empero, ¿no autorizaría a calificarlo romo superrealista?
J. R. B.: No, porque lo absurdo de los verdaderos superrealistas no es absurdo, es
potente realidad. Por eso D a l í ha dejado de ser superrealista, porque en su pintura,
lo mismo que en la de B e r m a n , se advierte que quiere ser absurdo.
A. E. R.: ¡No será que se tropieza con que ¡a pintura no ofrece posibilidades para
la expresión superrealista?
J. R. B.: Esa es una de las razones del fracaso- El superrealismo no ha fracasado en
la literatura y ha abierto una dimensión fecunda de la poesía contemporánea. ¿Pm
qué ha fracasado en la pintura? Porque el superrealismo no es sino la sublimación
del ego, la acentuación de las potencias individualistas, y la pintura de nuestro
tiempo no puede orientarse sino por el camino de una máxima racionalización co­
lectivista.
D. C. B.: Me parece que, como resumen, podemos convenir en que es más profundo
y auténtico el B e r m a n de los cuadros de 1930 que el pintor á l a p a g e que ilustra revis­
tas y sabe inventar ruinas y arquitecturas fantásticas siempre con algo de los siglos
XV11 y XVIIL
j. R. B.: De todos modos podemos alegrarnos de haber conocido su pintura, la que
nos ha permitido realizar este primer intento de colaboración critica. Ya veremos en
la versión taquigráfica las fallas de método de nuestra, discusión y una enseñanza para
el futuro, se desprenderá del análisis a que nos entregaremos.

68

�BERMAN

��VER Y ESTIMAR
CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA

INDICE DEL VOLUMEN V

Mayo a setiembre de 1950

TÍTULOS
Al margen de un diálogo de Platón (Hojas de estudio). Magdalena Bleyle
Alexander Calder (Miscelánea)
liourdelle en Buenos Aires (Inventario). Amalia Job-Istueta
Bruno Zevi y la apreciación de la arquitectura. Jorge Romero Brest
Carlos Giambiagi (Critica). Blanca Stabile
Carlos Torrallardona (Critica) Damián Carlos Bayón
Dibujos de pintores argentinos (Crítica). Beatriz Huberman
El arte alemán de los siglos XIV y XV (Hojas de estudio). Martha Traba
El pensamiento matemático en el arte de nuestro tiempo. Max Bill
Id.: Wassily Kandinsky. Rodolfo G. Bruhl
Id.: l’iet Mondrian. Damián Carlos Bayón
Id.: Georges Vantongerloo. Beatriz Huberman
Escribe desde Roma Margarita Sarfatti (Correspondencia)
Exposiciones en el Brasil (Critica). Sergio Milliet
/
Exposiciones en Montevideo (Critica). Fernando García Esteban
Eiorenzo Tornea (Critica). Jorge Romero Brest
Fotografías en colores (Apostillas). B. P.
Fridl Eoos (Apostillas). D. C. B.
Georges Rouault (Critica). Alicia Pasini
Gregorio Prieto (Apostillas). B. P.
Helmut Blankmeister. Rodolfo G. Bruhl
Honoré Marius Bérard (Critica). Blanca Pastor
Horacio March (Critica). Jorge Romero Brest
Jorge Larco, colección de (Apostillas). B. H.
José Manuel Morana (Critica). Lía Carrea
Juan del Prete (Crítica). Blanca Stabile
Juan del Prete (Apostillas). B. §.
Juan Matéo (Critica). Clara Diament
Labisse (Apostillas). D. C. B.

XVIII
XIX
XVII
XVIII
XIX
XIX
XVIII
XIX
XVII
XVII
XVII
XVII
XIX
XVIII
XVIII
XVII
XVIII
XVII
XVII
XVIII
XVIII
XIX
XIX
XIX
XVIII
XVII
XIX
XIX
XIX

43
68
37
l
56
62
59
II
1
8
21

30
35
47
50
50
64
52
41)
64
33
53
61
65
63
51
64
59
65

�La estética de Bernard Berenson. Alfredo E. Roland.
Las tendencias arquitectónicas de los últimos veinte años (Camino de la
observación). J. M. R.
Leopoldo Presas. (Critica). Damián Carlos Bayón
Los valores espirituales de la arquitectura moderna. Bruno Zevi
Luis Seoane (Critica). Raquel Edelman
Marcos Tiglio (Apostillas). B. P.
Miguel Carlos Victorica (Critica). Blanca Stabile
Miguel Ocampo (Critica). Alicia Pasini
Museo de Arte de San Pablo (Miscelánea). J. R. B.
Naúm Goijman (Apostillas). B. P.
Pablo Picasso (Miscelánea)
Pierré de Berroeta (Critica). Jorge Romero Brest
Qué es la historia del arte. Bernard Berenson
Rolf Nesch. Rodolfo G. Bruhl
Santiago Cogorno (Critica). Alicia Puente
Sobre pintores americanos (Bibliografía). Jorge Romero Brest
Steinberg (Miscelánea)
Treinta pintores argentinos (Critica). Beatriz Huberman
Un artículo sensacional de Richards sobre la arquitectura actual. Damián
Carlos Bayón
VVilma Dustir (Critica). Amalia Job-Istueta
Willi Baumeister. Eduardo Westerdahl

XIX

18

XVIII
XVIII
XVIII
XIX
XVUI
XVIII
XIX
XIX
XVII
XVII
XVIII
XIX
XVIII
XIX
XVII
XVII
XIX

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61
7
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64
58
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66
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53
57
1
39
57
45
54
54

XVIII
XIX
XVIII

18
59
31

AUTORES
B ayón, Damián Carlos: El pensamiento matemático en el arte de nuestro
tiempo: Piet Mondrian (XVII, 21); Fridl Loos (XVII, 52); Un artículo
sensacional de Richards sobre la arquitectura actual (XVIII, 18); Leo­
poldo Presas (XVIII, 61); Carlos Torrallardona (XIX. 62); Labissc
(XIX, 65).
Berenson, Bernard: Qué es la historia del arte (XIX, 1).
Bill, Max: El pensamiento matemático en el arte de nuestro tiempo (XVII, 1).
Bleyle, Magdalena P. G.: Al margen de un diálogo de Platón (XVIII, 43).
Bruhl, Rodolfo G.: El pensamiento matemático en el arte de nuestro tiem­
po: Kandinsky (XVII, 8); Helmut Blankmeister (XVIII, 33); Rolf Nesch
(XVIII, 39).
Carrea, Lía: José Manuel Moraña (XVIII, 63).
Diament, Clara: Juan Mateo (XIX, 59).
Edelman, Raquel: Luis Seoane (XIX, 60).
G arcía E steban, Fernando: Exposiciones en Montevideo (XVIII, 50).
H uberman, Beatriz: El pensamiento matemático en el arte de nuestro tiem­
po: Georges Vantongerloo (XVII, 30); Dibujos de pintores argentinos
(XVIII. 59); Treinta pintores argentinos (XIX, 54); Colección de Jorge
Larco (XIX, '65).
Job-Istueta, Amalia: Bourdelle en Buenos Aires (RVII, 37); Wilma Dustir
(XIX, 59).

�M illiet , Sergio: Exposiciones en el Brasil (XVIII, 47).
P asini, Alicia: Georges Rouault (XVII, 49); Miguel Ocampo (XIX, 58).
Pastor, Blanca: Naúm Goijman (XVII, 52); Gregorio Prieto (XVIII, 64);
Marcos Tiglio (XVIII, 64); Fotografías en colores (XVIII, 64),
P uente, Alicia: Santiago Cogorno (XIX, 57).
R ichards, J. M.: Las tendencias arquitectónicas de los últimos veinte años
(XIX, 19).
R oland, Alfredo E.: La estética de Bernard Berenson (XIX, 18).
R omero Brest, Jorge: Sobre pintores americanos (XVII, 45); I'iorenzo
Tornea (XVII, 50); Bruno Zevi y la apreciación de la arquitectura
(XVIII, 1) : Pierre de Berroeta (XVIII, 57); Horacio March (XIX, 61) ;
Museo de Arte de San Pablo (XIX, 66).
Sarfaiti, Margarita: Escribe desde Roma (XIX, 35).
Stabile, Blanca: Juan del Prete (XVII, 51); Miguel Carlos Victorica (XVIII,
58); Carlos Giambiagi (XIX, 56); Juan del Prete (XIX, 64).
T raba, Martha: El arte alemán de los siglos XIV y XV (XIX, 41).
W esterdahl, Eduardo: Willi Baumeister (XVIII, 31).
Zevi, Bruno: Los valores espirituales de la arquitectura moderna (XVIII, 7).

ILUSTRACIONES EN NEGRO
i

Aalto, Alvar: Casa cerca de Estocolmo (1947).
XVIII
Baumeister, Willi: Pinturas.
XVIII 36
Bilí ., Max: Continuidad (1947); Superficie limitada por una linea (1948-49);
Unidad tripartita (1948); Construcción en dos partes (1942-43); Ritmo
horizontal-vertical-diagonal (1942).
XVII 18
Blankmeister, Helmut: Xilografías, Autorretrato con máscaras.
XVIII 33
Boijrdelle, Emile-Antoine: La muerte del último centauro; Monumento al
General Alvear; Herakles arquero.
XVII 39
D urero, Alberto: Autorretrato.
XIX
F lexor: El beso de Judas; Sainte Face (1949).
XVIII
Franco, María Leontina: Figura.
XVIII
G arcía R f.vno, Oscar: Melusina y el espejo.
XVIII
H avlicek y H onzik: Ministerio de Pensiones de Praga (1935).
XVIII
H olbein, Hans el viejo: La Virgen y el niño.
XIX
Kandinsky, Wassily: Composición; Trisónoridad.
XVII
L e Corbusier; Villa en Poissy (1931).
XVIII
L ochner, Stephan: La presentación en el templo.
XIX
M aestro df.l R etablo I m hoff : Cristo de piedad.
i
XIX
M aestro del R etablo P eringsdorfff.r : Visión mística de San Bernardo.
XIX
Maestro del R etablo T ucher: S. Agustín y S. Mónica.
XIX
Maestro df. la Deposición de la Cruz: Deposición de la cruz.
XIX
Maestro F rancke: Retablo de Santo Tomás.
XIX
Martin, Vicente: Composición con cafetera.
XVIII
Mondrian, Piet: Victory Boogy-woogy (1944-44); Núcleo (1946).
XVII
Moraña, José Manuel: El sombrero amarillo (1950).
XVIII
Moser, Lucas: Viaje de Santa Magdalena a Marsella.
XIX

22
y 37
y 19
a 35
a 43
47
51
51
53
19
48
17
19
45
46
47
46
46
45
52
20

54
48

�MI LTSCHF.R, Hans: Conducción de la cruz.
N esch, Rolf: Puente en Barmbeck (1932); Gengis Kan (1949).
N iemeyer, Oscar: Nursery en Rio.
P areja , Miguel A.: Mujer con naturaleza muerta.
P erret, Auguste: Teatro de la Exposición de París (1925).
P iacentini, Giorgio: Universidad de Roma (1934).
P latschek, Hans: Homúnculo.
Schongaguer, Martín: Santa Familia.
Stephenson y T urner: Hospital Jorge V, en Sidney, Australia (1941).
T ait, T. S.: Exposición en Glasgow (1938).
Van der R ohe , Mies: Illinois Technology Institute, Chicago (1947).
Wright, Frank Lloyd: Taliesin West, Arizona.

XIX
XVIII
XVIII
XVIII
XVIII
XVIII
XVIII
XIX
XVIII
XVIII
XVIII
XVIII

48
38
21
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20
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21
22

LAMINAS
R ouauet, Georges: Le dur métier de vivre. Plancha n? 12 del Miserere
(Aguafuerte).
P reSas, Leopoldo: FJsa (Dibujo a tinta).
Cristo en la cruz. Bayerisches National Museum, Munich. (Retablo).

XVII
XVIII
XIX

�CARTELERA
G A L E R IA A N T U (F lo rid a 640)
fí de N o v ie m b r e -1 8 de N o viem b re: J u a n Bay.
20 de N o viem b re - 6 de D iciem bre: M asereel. G rupo B auhaus (x ilo g ra fía s ).
G A LE R IA A R G E N T IN A (P a ra g u a y 1312)
3 de N o viem b re - 18 de N o viem b re: D ino P iazza (ó le o s).
20 de N o viem b re -*30 de N o viem b re: Ita lo B o tti (ó le o s).
G A L E R IA M Ü L L E R (F lo rid a 946)
30 de O ctubre - 11 de N o viem b re: M aría V in ifre d a N evín (sala I ) . F ra n c e a n a H o rn e r
D anby (salas II y I I I ) . Lola de L u s a rre ta de K em p ter (sa la I V ) . J u a n
B erro n e (sala V I ) . L uis I. A quino (s a la V I I ) .
27 de N o viem b re: E x p o sició n a n u a l de la E scuela N acional de C erám ica.
G A L E R IA V A N R IE L (F lo rid a 659)
30 de O ctubre - 18 de N o viem b re: T om ás S a n ta M aría de H e re d ia
re la s ). R aú l R osarivo (d ib u jo s).
20 de N o v ie m b r e - 9 de D iciem b re: A lum nos de D em etrio U rru c h ú a .

(óleos y a cu a ­

G A L E R IA S W ITC O M B (F lo rid a 760)
6 de N o v ie m b r e -1 8 de N o viem b re: H elv etia S o n m ariva ( p in t u r a s ) . Leopoldo P resas.
A dela Boneo.
20 de N o viem b re - 30 de N o viem b re: Salón A nual del Club de las A gencias tie
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IN S T IT U T O D E A R T E M O D ERN O (P a ra g u a y 655)
4 de N o v ie m b re : K eith V a u g h an (in g lé s ).
L IB R E R IA V IA U (F lo rid a 530)
N o v ie m b r e : R aquel F o rn e r. H oracio B u tler. H é cto r B asaldúa. R aúl Soldi. Con mo­
tivo de la a p a ric ió n del p rim e r cu ad ern o de A rtis ta s P lásticos A rgentinos.
P L A S T IC A (F lo rid a 588)
12 de N o viem b re - 30 de N o viem b re: R aú l Soldi ( p in tu r a s ) .
SA L O N P E U S E R (F lo rid a 750) .
6 de N o viem b re - 20 de N o viem b re: N é sto r B aste rre c h e a. C arlos R. M árquez. G rupo
L a tin u s.
21 de N o viem b re - 7 de D iciem bre: A da M agalhaes de A paricio. P ila r J u lia V ásquez.
E d u a rd o A lonso Casellas.
SO C IED A D H E B R A IC A A R G E N T IN A (S a rm ie n to 2233)
2 de N o v ie m b r e : Mincovslcy (m u e s tra re c o rd a to ria ).
G E N T E D E A R T E D E A V E L L A N E D A (B e lg ra n o 601, A vellaneda)
U de N o viem b re -1 8 de N o viem b re: E scu lto res.
25 de N o viem b re - 2 de D iciem b re: E x p o sició n de los C ursos de d ib u ja n te s y del
V III concurso de escolares d ib u ja n te s de A vellaneda.

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Severini, Gino&#13;
Platchek, Hans&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Roland, Afredo E.&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Grossi, Isolina&#13;
Ferránt, Ángel&#13;
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Gullón, Ricardo&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Carrea, Lía&#13;
Diament, Clara&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Romero Brest, Jorge</text>
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                    <text>CUADERNOS

DE CRITICA ARTISTICA
HUMERO

DIECINUEVE

BUENOS AIRES

Este número c o n t ie n e :
B E R N A R D BEREN SO N :
Qué es la historia del ar­
te. - A L F R E D O

E. RO-

LA N D : La e s t é t ic a de
Bernard Berenson. - Co­
rre sp o n d e n c ia : Escribe
desde Roma M A R G A R I­
T A G. SA R FA T T I. - Hojas
de e s tu d io : M A R T H A
T R A BA :

El arte alemán

de los siglos X I V y X V . Crítica: B L A N C A PA S­
TOR: Honoré Marius Bérard. - B E A T R IZ HUBERM A N : Treinta p in to r e s
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Jefe de redacción
GROSSI, Isplína.
BERET, Angelia.
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, ‘ HCBERMAN, Beatriz.
BLEVLE, .Magdalena.
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LUCKHAUS, Delia.
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OLlVER, Samuél F.
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REVISTA

MENSUAL

Redacción y Administración
SAN MARTIN 689 31-3220
BUENOS AIRES

En homenaje a la memoria del General San Martin,
dedicará su número próximo (correspondiente a los meses
de agosto y septiembre) a
LOS DERECHOS DEL HOMBRE
Este número habrá de contener, entre otros materiales, la De­
claración Universal de los Derechos del Hombre, aprobada por la
Unesco; una carta de Mahatma Gandhi; artículos de Victoria Ocam­
po, Bart Bok, Jean Piaget, Ezequiel Martínez Estrada, Carlos Sánchez
Viamonte, Carlos Alberto Erro, Sebastián Soler, Jaime Benítez, Al­
varo Fernández Suárez, Bernardo Canal Feijóo. Publicaremos, asi­
mismo, la reproducción de muchas fotografías que, conmemorando
el primer aniversario de la Declaración Universal de los Derechos
del Hombre, se expusieron en el Museo Galliera de París.
SUSCRIPCION
Argentina y América Latina:
Anual ........................................... • $ 40.—
Semestral .......................................... „ 20.—
Otros países: ..........
Anual ................................................
Semestral ..........................................
Número suelto: $ 4.—

$ 50.—
„ 25.—

�Qué es la H isto ria del A rte

La historia del arte, a diferencia de 1-j historia política o de cualquier
otra serie de acontecimientos pasados, goza de las ventajas y padece las
desventajas inherentes a cualquier intento de tratar actividades todavía
operantes, problemas sin resolver y gente viva aún. Por mucho que se
haya aprendido a sondear en los archivos y a deleitarse descifrando y pu­
blicando documentos, acercando así algún punto del pasado, dándole más
brillo y sintiéndonos más conmovidos por él; por mucho que disfrutemos
leyendo historia en bruto como simple res gestae —crónicas del tiempo pa­
sado— o con estructura y forma literarias como H e r ó d o t o , o T á c it o ,
V o lta ir e o G ib b o n ,

M ic h e l e t

o

M acaulay, T

r e it s c h k e

o

C arlyle,

esa historia se ocupa de lo que está muerto y desaparecido, trata aconte­
cimientos terminados y de individuos que ya no existen; y habla de cosas
que no podemos experimentar sino tan sólo conocer de oídas o por
lecturas. Con seguridad su influencia no se ha agotado, pero aun los his­
toriadores más talentosos rara vez logran rastrearla en el mundo de
hoy. La historia del arte, por el contrario, tiene que habérselas con obras
que aun están con nosotros, que aun nos llaman la atención como en­
tidades vivientes, como energías manifiestamente activas. Para quien, en
* Publicamos ton autorización de B. B. y de la Editorial Argos, Buenos Aires, un
capítulo importante del libro Aesthetics and History in the Visual Arts, que pronta­
mente aparecerá editado en castellano.

1

�la tarea de aprender el repertorio de formas corrientes en las distintas
familias visuales de la humanidad se haya tomado el mismo trabajo que
para adquirir el lenguaje verbal, todo el mundo del arte es vivo, con­
temporáneo, o está muerto del todo. Acaso sea posible enterarse de la vida
del pasado por las fuentes escritas, pero ningún informe escrito puede
ayudarme a imaginar cómo era un arte visual del que no sobreviven
ejemplos. No podemos darnos idea de sus cualidades específicas, ni de sus
configuraciones y estructuras. El único modo de acercarnos a él es a través
de la tradición, por su semejanza con un arte del cual nos han llegado
ejemplos adecuados, como ocurre con algunos de los nombres más im­
portantes de la antigüedad. Para citar un caso: ¿Cómo era una pintura
mural de P o l ig n o t o , o una obra de caballete de A p e l e s ? Los vasos deco­
rados por los contemporáneos más jóvenes de estos maestros, pueden dar­
nos una vaga idea.
La interpretación de inscripciones, la lectura cuidadosa de documentos y
diarios de acontecimientos prestan poco incentivo a la imitación.
En las cosas humanas no cuenta lo que existe, lo que sucede o lo que se
hace sino lo que se cree; en otros términos, su mito, su personificación.
La personificación sirve a la necesidad de elaborar ideas, principios y
causas que eleven el tono vital. Sin ella no puede haber entusiasmo (que
es el producto de la vivificante identificación de uno mismo con alguna
otra cosa) y sin entusiasmo no puede haber acción colectiva. Sin embargo,
es imposible entusiasmarse con una abstracción sin personificarla. En
nuestros días, para algunos de nosotros basta la personificación. En el
pasado no podía detenerse ahí y llegaba al antropomorfismo, como aun
sucede con los más de nosotros. El proceso creador de mitos es análogo.
Toda personalidad elevadora del tono vital se convirtió en héroe, en
sentido mitológico. Toda personalidad permanentemente elevadora del
tono vital era un dios. La personalidad más elevadora del tono vital que
sea concebible, es Dios.

2

�Los mitos, por absurdos que sean, tienen la naturaleza del arte, y elevan
el tono vital, como todo arte. No podemos evitar la búsqueda de paralelos
para justificar, inspirar e iluminar el presente y darle atracción y respe­
tabilidad. Se podrían citar cientos de casos del pasado en que los autores
llegaban a obtener crédito para sus obras atribuyéndolas a un famoso pro­
feta, legislador, poeta o héroe de la antigüedad, a Homero u Orfeo, a
David o Salomón, a Isaías o Enoch, a Virgilio o Merlín. Para no ir más
lejos de los últimos ciento cincuenta años y limitarnos a las artes visuales,
¿qué estilo no encontró justificación e inspiración en el pasado, al apar­
tarse de su predecesor? El estilo imperio en la época de Augusto; el
romántico en Monreale, la Alhambra, Belén o la Sainte Chapelle; el
Francisco I en los castillos del Loira; el art nouveau en Egipto o Creta;
el estilo actual en la escultura negra, y el de mañana en la plástica
papú y en los penachos peruanos.
La tarea del historiador del arte es elevarse, no por encima de valores
inmutables, sino sobre las preferencias provocadas por las modas, las
rachas y las histerias del momento. Debe superar sus prejuicios perso­
nales y su exclusivismo elegante y aprender a apreciar los sucesivos estilos,
primero por sus méritos intrínsecos, por pequeños que sean, y luego por su
valor viviente en un plan de vida humanístico.
El estilo, hemos dicho, es un modo constante e inexpugnable de ver las
cosas, y la historia de las artes de representación visual debería ser la
historia de los sucesivos modos dp ver el mundo y todo lo que está en
él; en una palabra, la historia de los estilos.
La historia de la literatura durante generaciones se ha escrito como
relato de los sucesivos modos de imaginar la vida que a uno le hubiera
gustado vivir y de los intentos de explicar estas maneras a través de las
teologías, las filosofías y las seudo-ciencias. De igual modo la historia
de la música es estudiada como una sucesión de penetraciones y descubri-

X

�mientos en el dominio del sonido, profundizando y ampliando nuestro
universo auditivo y nuestra capacidad de gozarlo.
Cualquier otrol tipo de lo que hasta ahora se ha considerado historia del
arte debería subordinarse a este único propósito. La investigación es
valiosa en tanto ayude a reconstruir los elementos y fragmentos de un
estilo como lo ha hecho la arqueología clásica. Los eruditos de los
últimos cien años han sacado a la luz nuevamente los estilos de la pintura
y escultura del siglo xv, casi completamente tapados, en Francia y Flandes,
en las cuencas del Rin y del Danubio, pero quizá la más importante de
todas las resurrecciones ha sido la de los artistas toscanos y veroneses del
siglo xiv y de los florentinos y venecianos del xv. La historia de la téc­
nica también ha aportado valiosas contribuciones; por mi parte tengo
una deuda de gratitud con un libro que me enseñó mucho de lo que aun
hoy deberían aprender otros: me refiero a la H i s t o r y o f O i l P a i n t i n g de
C h a r l e s E a s t l a k e . Y en este momento muchos sacarían provecho leyendo
los luminosos tratados de D e n m a n Ross y D a n ie l T h o m p s o n . E s cierto
que los períodos formativos de un estilo deben ser adecuadamente consi­
derados. En ningún caso, sin embargo, el historiador del arte debe dejarse
engañar por una complaciente indulgencia con estas ocupaciones subal­
ternas, y creer que está escribiendo la historia del arte. Sobre todo, no
debe desperdiciar sus energías y nuestra atención en falsas cuestiones
de origen. Los orígenes deben reconstruirse sólo en la medida en que,
dentro del horizonte presente de actividad intelectual, se relacionan con
nuestras preocupaciones específicas. Su interés deriva de las entidades
cuyos comienzos intentan estudiar. La tendencia de las décadas recientes
ha sido olvidar esas entidades. Es más excitante para nosotros el estrato
paleolítico y los tugurios neolíticos que esa obra maestra de I c t in o
y F id ias que durante dos mil trescientos años el mundo de la cultura
ha venerado con el nombre de P a r t e n ó n . No debemos olvidar a Chartres
en su esplendor mientras buscamos su germen.
Los historiadores de hace algunos siglos no podían componer la historia

4

�de su ciudad natal sin remontarse a Adán y la creación) o por lo
menos a Noé y el diluvio. Como lo ha dicho recientemente un admirable
ensayista inglés, los frutos y no la raíz deberían ser el objeto de nuestra
atención y admiración. El interés por las raíces es las más de las veces
un rasgo de esa pedantería de rastacueros que caracteriza tanto el auto­
mático picoteo de los tontos “camaradas investigadores” en nuestras innu­
merables escuelas de conocimiento inútil.
La investigación no hace la historia. Tan sólo suministra material para
la historia. A veces es pobre, deleznable, inútil para construir y apenas
sirve de relleno para tapar un agujero.
El valor de la investigación depende del terreno donde se aplique. En
el dominio del arte clásico griego y del italiano del Quattrocento y
Cinquecento., el erudito más mediocre puede desenterrar una inscripción,
un fragmento o una medalla; o descubrir un documento en un archivo
o una firma en un cuadrp; puede hacer detalladas estadísticas sobre el
número de veces que en el arte de la Edad Media Nuestro Señor bendice
con tres dedos, cuántas veces con dos y medio, y cuántas con dos úni­
camente; o con qué frecuencia Santa Catalina tiene la rueda y San
Andrés la cruz a la derecha o a la izquierda. La investigación va
perdiendo importancia cuando el arte al que se refiere es periférico, es­
téril, sin ningún efecto fecundante, como ocurrió con la mayor parte del
arte catalán o ligur medievales, así como con casi todas las últimas
fases del arte cristiano oriental. Las investigaciones microscópicas en esta
línea no llevan más lejos que las abejas de la anécdota del rey que quería
una historia sin fin. Un caminante le ofreció el cuento y empezó diciendo:
“Había una vez una colmena, y entró una abeja, y después entró otra
abeja, y otra y otra.” Continuó así hasta que el rey aburrido preguntó si
no podía seguir adelante. “Hasta que todas las abejas estén adentro, no.”
“¿Y cuándo ocurrirá?.” “Nunca.”
La historia del arte, si ha de ser algo más que un modo entre otros de

5

�proteger del error a los adolescentes de todas las edades, debe evitar la
excesiva curiosidad por las escuelas menos significativas, escuelas basadas
en gran parte en copias sucesivas, y que no llevan a ningún lado, como
ocurrió con el gótico tardío y con mucho del llamado cristiano primitivo,
del carolingio, con la mayoría de los demasiado numerosos manuscritos
iluminados de la scriptoria inferior del período otomano y del siguiente,
y con mucha pintura medieval florentina y sienesa, para no hablar de la
provinciana en la cual yo mismo perdí tanto tiempo y lo hice perder
a otros con mi ejemplo.
La historia del arte es el relato de lo que el arte ha creado, de los
problemas que ha debido resolver antes de producir sus obras; de lo que
pudo lograr y transmitir; de las necesidades espirituales que expresó, lle­
vándolas al campo de la conciencia; de las dificultades técnicas o psico­
lógicas que le impidieron brindar mejor fruto en un momento dado. Se
referirá a las formas artísticas que a lo largo de las épocas los artífices
y artistas presentaron al público; cómo se relacionaron entre sí esos
objetos, cómo eran iluminados y colocados. El público sólo puede aceptar
o rechazar. No puede inventar ni creer que espera algo definido. Pero no
es completamente pasivo. En los tiempos históricos al menos nunca se
vió privado por completo de la capacidad de elegir, por limitada que haya
sido. Aun en el Egipto predinástico los recursos del individuo y quizá su
gusto decidían si sus cuchillos serían de bronce, obsidiana o pedernal,
con las leves variantes de forma impuestas por las diferencias de consis­
tencia y color del material empleado. Hoy la elección parece ilimitada.
Pero sólo en apariencia; porque en cuestiones artísticas no deseamos
apartarnos de una convención que hemos aceptado con o sin lucha.
Poco nos esforzamos para conocer las otras convenciones, pues suponemos
que son innumerables y que no nos conciernen. Sin embargo, no son
numerosas. En realidad son pocas. Dos o tres escalones y hemos pasado
de B o u g u e r e a u a D a l í . ¡Cuán similares parecerán un día estos dos pin­
tores y todos los intermedios entre ambos! ¡Piénsese con qué facilidad

6

�cualquier turista aprende a reconocer que un cuadro es un primitivo!
Esto significa que ciertas obras pintadas en Italia y Cataluña, en Francia
y Flandes, en las tierras del Rin y del Danubio, tienen hoy para
nosotros algo que las une a pesar de las divergencias de carácter o calidad.
Y sin embargo, a sus contemporáneos las dilerentes escuelas o ios artistas
individuales no les habrán parecido menos distintos unos de otros de lo
que nos parecen los nuestros.
y M a sa c c io , N e r i , el hijo de Bicci, y F r a F i l i p p o ,
C o sim o R o sse l l i y B o t t i c e l l i : ¿qué pintores de los últimos cien anos
han sido más dispares que estas parejas de contemporáneos metidos en ia
misma jaula que fué la pequeña Florencia del Quattrocento? Hubo en ia
lejana China, en la misma época, otro grupo de artistas aun más dispar,
tanto que los pocos europeos que los conocieron no sacaron mucho en
limpio. Les pudo decir solamente poco más que una página de la escritura
Devanagari a quien no sabe leer sánscrito; porque, como hemos tenido
ocasión de afirmarlo una y otra vez, hay que aprender la representación
en el arte como se aprende cualquier otra lengua, aun la materna.
B ic c i

di

L orenzo

Por eso es temerario hablar, escribir, y disertar sobre el arte de una épo­
ca dada como si fuese la expresión no sólo completa, sino necesaria de esa
época. Como si fuese la Geistesgeschichte —el santo y seña de la recien­
te historia del arte alemana—, la historia del intelecto o del espíritu en
general. En realidad, el arte de un período expresa sólo lo que logran
decir quienes lo practican, y esto depende no tanto del genio individual,
de las condiciones de su oficio y de sus preferencias y curiosidades, sino
también de su talento. El talento es la capacidad de usar y mejorar los
medios al alcance de la mano, los instrumentos, la técnica que se ha
adquirido en la escuela y quizá perfeccionado. El hombre de genio, sin
este capital heredado, se vería casi en los mismos aprietos que el profeta
sin lengua ni pluma. Ni siquiera un B l a k e pudo prescindir de la ense­
ñanza del pasado; pero como no tuvo maestros eficaces que se la impar-

7

�ti eran, hubo de atraparla por su cuenta y tenninó vertiendo su miel y
r,u lava en los moldes de F useli y M iguel ángel juntos: una extraña
mezcla.
;
.. ...

Ningún arte por separado, ni siquiera todas las artes juntas, puede es­
perar que en un momento o en un período ha de dar adecuada expre­
sión a lo bueno y lo noble latentes en el ser humano, y a todo lo que
el genio puede descubrir, ordenar .y usar para la Casa del Hombre en
permanente construcción y elevación, a pesar de las tendencias bruta­
les de nuestra naturaleza animal.
Es tarea de la historia del arte descubrir e interpretar las configuracio­
nes y composiciones presentadas a las distintas sociedades humanas para
su admiración e instrucción, distinguiendo aquéllas que aun tienen ca­
lidad de obras de arte de las otras que apenas pasan de meras manu­
facturas y curiosidades, para demorarse amorosamente en las primeras y
deslizarse rápidamente sobre las otras, entregando algunas de las últi­
mas al etnólogo, a los efectos de una más amplia investigación. La his­
toria del arte debe tratar de descubrir cómo recibieron los varios modos
de representación las comunidades a las cuales les fueron ofrecidos; cuá­
les permanecieron durante generaciones o aún permanecen; cuáles fue­
ron sólo modas pasajeras; cuáles dieron satisfacción a los círculos más
avanzados de una sociedad determinada; cuáles, por otra parte, a sus
grupos menos nobles; sobre todo, qué manera de ver contribuyó más a
cimentar nuestro surtido de imágenes y a convertirlas en clásicas, es de­
cir, siempre contemporáneas. La historia del arte debe ir más lejos y
tratar de ver qué correspondencia había entre las representaciones vi­
suales y otras expresiones de la vida de un período, la literatura, por
ejemplo, la música, el teatro, lo mismo que la filosofía, la teoría polí­
tica y moral, y por supuesto la religión. En resumen, el estudio de los
sucesivos modos de ver puede usarse como documento, el más informa­
tivo de la historia general de la humanidad.

8

�A modo de ilustración tomemos a R afael y T iciano , que aun ocupan
posiciones centrales en el mundo del arte. Contra el segundo nunca hu­
bo rebelión, que yo sepa. La admiración por el primero, excesiva en una
época, sufrió cierta mengua en los últimos cien años; pero los pintores
y los críticos, uno por uno, vuelven a arrodillarse ante él. Valdría la pe­
na no sólo investigar los modos de ver que precedieron y formaron a
estos dos grandes maestros —lo cual en cierto sentido se ha hecho muy
bien en nuestro tiempo—, sino también aquello que, en sus respectivos
estilos, determinó su rápido advenimiento a la posición que han ocupa­
do desde entonces.
El arte crea obras maestras que son primero una revelación y una ale­
gría; después de un tiempo se convierten en una luz, una guía, un mo­
delo. Además, el arte nos enseña a sentir y ver lo que, abandonados a
nosotros mismos, que' no somos artistas, no hemos visto y quizá nunca
veríamos. Tómense por ejemplo los nuevos tipos de belleza femeninos
y masculinos. ¿Quién no ha notado la súbita aparición de un tipo de
mujer que no habíamos conocido antes? Se diría que algún pintor o
escultor lo creó por puro capricho. Pero he aquí que empezamos a verlo
en todas partes, no sólo en los salones más selectos, sino en la calle, en
los trenes, en los ómnibus. ¿Cómo no lo vimos antes? No 1ra podido bro­
tar durante la noche. Estaba siempre allí, pero no sabiéndose digno de
atención, ni pensaba en el modo de manifestar sus cualidades. El artis­
ta, ayudado por los modistos, los sombreros, los peinadores, logró su
autorrevelación.
En mi juventud había en la Vieja y Nueva Inglaterra los tipos R ossetti
y Burne J ones, que admirábamos. Les siguieron otros, inspirados prime­
ro por Botticelli, y luego por los tipos áticos de principios del siglo V,
las primeras Cores redescubiertas en el Acrópolis. Más tarde, las duras y
distinguidas mujeres de Sargent conquistaron Boston, luego Nueva York,
para terminar siendo el ídolo del Londres imperial. Entonces apareció

9

�en todo el mundo anglosajón a la moda la Gibson Girl con su compa­
ñero, ambos severamente elegantes, socialmente blasés y espiritualmente
vacíos. Tampoco París dejó de sufrir la influencia de las lavanderas y
bailarinas de D egas y de los apaches femeninos y masculinos de L a u t r e c
y F o r a in . En el segundo Reich, hombres y mujeres llegaron a tener una
apariencia tan arrogante, tan seudodistinguida, lánguida y recelosa co­
mo la que pintaba L e n b a c h .
Lo mismo ocurre con la naturaleza. Cabe preguntarse qué obras dura­
deras crearon los pintores impresionistas. ¡Pero si no nos hubieran abier­
to los ojos para ver el color del mundo! Éste solía limitarse a los azules
y grises, al verde vegetal y al verde botella, a los amarillos, rojos, ber­
mejos, separados unos de otros casi como piedras y granates en un en­
gaste. Los impresionistas nos enseñaron a ver matices de rosa, de púr­
pura, de bermellón, a gozar de la sonoridad de los verdes de malaquita
y las notas aflautadas del azul cobalto (si se me permite usar estas ana­
logías) , colores cuya descripción sólo podemos intentar comparándolos
con manzanas, duraznos, damascos, naranjas y limones. Y quienes prime­
ro vieron, con conciencia que las veían, sombras transparentes y colo­
readas, para apreciar la belleza del liquen en los troncos de los árboles,
de la hoja caída y de la brizna en el camino, por no hablar de los refle­
jos traslúcidos del mundo floral.
El deportista que se encontró con S ir J o h n M il l a is mientras pintaba
Chill October, no hubiera mirado sobre su hombro para exclamar: “Va­
mos, vamos, buen hombre, todos sabemos que los campos son verdes y
los cielos azules. No haga tonterías”. Aunque M il l a is estaba lejos de ser
un impresionista, lo que veía iba más allá de lo que hasta un deportista,
seguramente observador dé' la naturaleza, podía o quería ver.
En realidad, seguimos aprendiendo a ver no sólo en la primera infancia,
sino también durante toda la vida. Al salir de manos de la niñera y mien­
tras continuamos creciendo, únicamente el arte nos enseña. Tal vez es­

10

�temos al comienzo de la revelación. No podemos concebir qué nos en­
señarán los artistas, de no mediar una catástrofe, a apreciar en la natu­
raleza, y menos imaginar qué obras maestras nos reserva para el futuro
el genio creador; tampoco I c t in o y F id ia s pudieron sospechar la exis­
tencia de Chartres y Ruán, de Reims, Amiens y Beauvais; ni los pinto­
res pompeyanos pudieron prever, mientras hacían los fondos de sus obras,
los paisajes de R e m b r a n d t , R u y sd a e l , C l a u d e o C é z a n n e .
Si la historia del arte ha de ser una interpretación de las configuraciones,
de las formas, de las composiciones que de generación en generación, de
década en década la humanidad ha tenido el, privilegio de ver y vivir,
se infiere que en los períodos históricos debemos disminuir nuestro in­
terés por el artista individual e ignorarlo casi, como lo hacemos en el
arte prehistórico. Las vidas de los más grandes genios lo mismo que la
historia de sus realizaciones, debemos dejarlas a los biógrafos, y cuanto
antes, pues los M ig u e l á n g e l , los C a r a v a g g io y sus semejantes nunca do­
minaron por completo a sus contemporáneos, como A l e j a n d r o , N a p o l e ó n
y otros hombres de acción dominaron los suyos. La historia de las ac­
tividades de un artista desempeña un papel mucho menos importante en
el arte de su tiempo que la historia del hombre de acción. Por eso no
es nada fácil separar la biografía de la historia en el caso del individuo
que cambió más que ninguno el aspecto total de la política, la cultura
y la civilización mediterráneas. Hasta nuestros días, veintidós siglos
después de su muerte, aun dividimos el pasado del mundo entre lo que
precedió y lo que siguió a A l e ja n d r o e l G r a n d e , así como no podemos
dejar de dividir la historia reciente en antes y después de la Guerra
Mundial. Pero no ocurre lo mismo con los mejores artistas, Por cierto
es de desear que conozcamos a M ig u e l á n g e l , pero la mayor parte de sus
contemporáneos cercanos en la misma Italia prosiguieron su camino igno­
rando su existencia. No hay ninguna traza de él en G io r g io n e o el joven
T ic ia n o , ni en cualquier veneciano mucho antes de mediados del siglo xvi.
En el norte D u r e r o apenas demuestra haberlo conocido, y H o l b e in

11

�menos. En cambio, ¿qué importante contemporáneo de A lejandro,
N apoleón o C ésar pudo permanecer impasible? Cuando C atulo se jacta
de que C ésar no significa nada para él, está confesando lo contrario:
que en realidad significa mucho.
Sin embargo los hombres de acción se convierten cada vez más en vagos
mitos, si es que de alguna manera se los recuerda; en tanto que la per­
sonalidad artística del pintor, del escultor, del arquitecto, del escritor,
tan diferente de la cívica, sigue viviendo en las obras que se conservan.
La influencia de estas obras puede actuar de una manera creciente durante
generaciones después de la muerte física de su cieador. Nadie en vida
de M iguel ángel , ni siquiera T intoretto, le debió tanto como R ubens
un siglo más tarde. Sus formas, su movimiento, su modo de crear, sus
espacios aun eran fuerzas vivas en el siglo xix, no sólo en Francia sino
también en la Inglaterra prerraiaelita, como lo manifestó A lfred G eorge
Stevens. Piénsese en lo que B urne-J ones debió a Era F ilippo L ippi y a
M antegna. Hoy, los más admirados pintores de nuestro tiempo, ¿no se
han vuelto hacia P iero della F rancesca y los todavía oscuros C osimo
T ura y E rcole R oberti, cuyos nombres no tuvo presente ningún artista
durante siglos?
Entonces, las que cuentan son las obras vivientes y no la biografía del
artista. Estas obras vivientes componen la personalidad del artista, a di­
ferencia de la personalidad civil, biográfica y sólo ella es de interés vital.
Las anécdotas, las asociaciones, todo lo que no se revele claramente en
las obras, no viene al caso y retarda nuestra comprensión dé las mismas.
Las personalidades artísticas son el equivalente de los distintos modos
de ver y tienen algo de la naturaleza de lo imprevisto. ¿Quién negará que
esta imprevista diversidad pueda manifestarse como genio? ¿Qué es el
genio, en nuestro campo por lo menos, sino la reacción creadora contra
sus progenitores y maestros? Para nosotros lo que cuenta es la manifesta­
ción que ha prevalecido, que nunca fué olvidada, o que si lo fué revivió

12

�fácilmente. En la historia del arte, como en el curso de los demás
acontecimientos, hay lugar para cierta actuación de lo inesperado, de lo
que no se puede predecir. ¿Hubiéramos tenido el modo miguelangesco sin
M iguel ángel , el modo giorgionesco sin G iorgione, las maneras de ver de
T intoretto, de V elázquez, de R ubens, sin los temperamentos de estas
personalidades individuales? El curso probable del arte florentino debería
haber terminado en los Sansovino y en A ndrea del Sarto, no en M iguel
ángel ; y los pintores venecianos del Quattrocento deberían haber termi­
nado en Basaiti, en Bissolo, quizá en C atena, posiblemente en P alma,
no en G iorgione y su sucesor T iciano.
L eonardo puso ante los ojos de un público asombrado y fascinado, algo
nuevo, algo nunca visto. Series de discípulos, continuadores e imitadores,
popularizaron su visión de las cosas en Italia y en los Países Bajos, en
Francia y en la misma Alemania. Sin embargo no hay acuerdo en cuanto
a lo que este genio concibió y realizó con sus propias manos.

Parecería, pues, que la visión del gran maestra tuvo tal poder de trans­
formación, pudo imprimirse tan profundamente en todo lo que cayera
dentro de su órbita, que sus imitadores podían comunicar la revela­
ción tan bien como la propia mano del creador.
La historia y la experiencia muestran que al público culto le interesa, no
la vida de la vida que sólo el toque del artista puede encender en
nosotros, sino la visión del artista, y ésa se la proporciona tanto el artista
leonardesco como L eonardo, tanto el artista bellinesco como Bellini, etc.
Y por último al público le interesa el nudo, la idea central, y la encuentra
en los continuadores de los grandes maestros, pero más avanzada, sim­
plificada y previamente masticada, como lo estaba en un L uini, por ejem­
plo, en mayor grado que en el mismo L eonardo. Puede observarse sin
cinismo que L uini dió al público más culto de las recientes generaciones,
guiado por R uskin, todo lo que podía tolerar de L eonardo. R uskin
no vaciló en exaltar la Crocifissione de L uini en Lugano, "por sus cua­

13

�lidades religiosas y artísticas, la obra más grande del sur de los Alpes y
de la misma Europa”, y de este modo lo puso por encima del mago
florentino.
La actitud popular hacia el arte, su indiferencia a todo lo que no sea
lindo o brillante, la ilustra el seudo F rancesco F iorentino, nombre colec­
tivo de una empresa donde se producían en gran número copias de F ra
F ilippo y P esellino especialmente, de color brillante, de un efecto seme­
jante al esmalte, pero casi desprovistas de las transiciones que requiere
el modelado para obtener valores táctiles. Me han dicho que una de las
obras maestras de P esellino fué devuelta de diversos museos de América,
porque no podían apreciar su diferencia con una copia del taller antes
mencionado. ¿Nosotros lo hacemos mejor? Sin duda, pero ¡a qué precio!
En el caso de L eonardo, la pericia me obligó a creer que participó en el
Battesimo de Verrocchio, no sólo en el gracioso ángel sino en muchas
otras cosas que no son tan graciosas y que le pertenecen; que el sutilmente
desagradable David atribuido por lo general a Verrocchio, bien puede ser
suyo; que la fea Madona del Ermitage, la de la sonrisa un poco tonta de
Munich, así como la Annunciazione un tanto vacía de los Uffizi fueron
concebidas y ejecutadas por él. O tomemos a Correggio: su personalidad
artística ha ganado poco con el descubrimiento de sus primeros esfuerzos,
antes de que su genio alzara vuelo. En muchos casos, la búsqueda de las
fuentes de la visión del gran maestro ha permitido encontrarlas, mas para
confundir la visión. ¿Se ha facilitado la comprensión coherente y la cap­
tación esencial del estilo de Botticelli, ahora que hemos seguido sus
huellas hasta las cocinas y bodegas de V errocchio y otros cocineros y mixturadores de dudosas porciones y pociones?
No es el chapuceo ni la afinación de los instrumentos lo que vale, sino
la expresión total y en las artes de representación visual lo más crista­
lino, lo menos disperso es lo que cuenta: no el R afael que apenas puede
distinguirse del P erugino, como en las obras para Cittá di Castello, o de

14

�su aprendiz G iulio R omano , como en la Fornarina Barberini y en la parte
inferior de la Trasfigurazione, sino el R afael de las Madonnas, desde la
del Granduca hasta la Sixtina y de los frescos de las Stanze. Ésta es la
visión que durante más de cuatro siglos pocos han dejado de amar y
anhelar como un estado ideal de existencia.
La historia d el arte, pues, a diferencia de la historia de las técnicas y de
las biografías de los artistas, debería ser un registro de los sucesivos aun­
que no siempre continuos modos de representación. Lo que interesa en la
práctica es la clase de representación —ya se le conceda el nombre de
visión, o se la exalte llamándola revelación—, la clase de mundo que se
ofrece a nuestros ojos por medio del diseño gráfico. Esto, admitiendo sus
propios modos de expresión, se aplica también a las otras artes: a la li­
teratura, a la música y a su hermana melliza, la arquitectura. ¿Qué es, por
ejemplo, R ousseau sino un modo particular, coherente y en su tiempo
revolucionario, de sentir la sociedad como un todo? ¿Qué son los román­
ticos que vinieron después y los naturalistas, los realistas que siguieron
cada vez más rápido? En la música, su completa laicización se relacionó
con el nombre de M ozart, hacia fines del siglo xvm , quien permitió que
Beethoven nos hiciera sentir al mismo tiempo el anhelo y el deseo de una
vida plena y noble y las desconcertantes deficiencias de nuestra naturaleza
que nos impiden alcanzarla, y capacitó a W agner para que nos hiciera
sentir claramente, la inexorable fatalidad que guía las magníficas energías
elevadoras del tono vital hacia la frustración y la tragedia.
No necesitamos insistir: el público, tanto como los que escriben sobre arte,
piensan en un estilo y una calidad y no en una personalidad civil cuando
hablan de tal músico, poeta o artista visual del pasado. En esencia, la
palabra Rafael no difería en su significado de la palabra Renacimiento,
o, como solían decir nuestros bisabuelos, Escuela romana. Cualquiera de
esas expresiones alude a una cierta clase de estrúctura, a una cierta dis­
posición de ánimo y a una cierta cualidad del ser.

15

�No es que yo aliente el abuso de la idea alemana de Volk, afortunada­
mente intraducibie y todavía menos domesticada en inglés corriente. El
pueblo (folk) como pueblo, nunca ha originado, nunca ha creado nada.
Esta palabra designa, en el mejor de los casos, una abstracción que abarca
cierto número de individuos pertenecientes a la supuesta capa básica de
la sociedad. Cuando crea algo, lo hace por intermedio de un individuo
talentoso que surge de esa masa, en otras palabras, gracias a un prodigio
que lo inventa, no a un cuerpo místico que expresa los mensajes de la
Madre Tierra. El individuo cuenta muchísimo más en las fases evolucio­
nadas y perfeccionadas del arte. Nunca se exaltará bastante la contribución
de un G io r g io n e , un D u r e r o , un R e m b r a n d t , un W a t t e a u . Sin embargo
los más grandes innovadores, en tanto que individuos, afectaron ligera­
mente el registro en el que se inscribe la manera cómo una sociedad
siente, percibe y anota a través de las sucesivas edades, lo que el genio
le ha permitido ver.
Hace cincuenta años el vienés A lo is R ie g l intentó tratar el arte de esta
manera en un elaborado ensayo cuyo título podría ser Artes y oficios del
romano tardío. Como los objetos manufacturados a los que se refiere
no tienen contenido espiritual ni impulso de elevación, no ha sido tradu­
cida a lengua occidental, aunque no conozco otra publicación en nuestro
campo, más indispensable para los estudiosos serios. Tanto se ha descu­
bierto, discutido, clasificado y fechado desde su aparición, que muchos
de sus resultados y argumentos pueden desecharse. El propósito, la di­
rección, el método, quedan.
La relativa modestia del material estudiado y el hecho de que no se lo
relacione con nombres de artífices, ni siquiera con la precisa región de
origen, hace más fácil aceptar un tratamiento impersonal y casi no local.
El tema es que los artífices y artistas de fijies de la antigüedad fueron
cansándose cada vez más de la forma, haciéndose más indiferentes a la
configuración, pero más adictos al color y aun más al juego de luz y

16

�sombra; además, que se complacían en el espacio abstracto y en una
composición completamente separada de los fondos, ya sea paisaje o ar­
quitectura, existiendo, por así decirlo, en el infinito.
No es necesario aceptar todo esto, y confieso que la cuestión del espacio
me deja indiferente. Pero el hecho de que sobreviniera en las artes un
cambio gradual, paralelo al del sentimiento religioso que culminó en el
triunfo de ideales ascéticos, es indiscutible. La indiferencia a una civi­
lización mundanal produjo una rebelión contra la gloria y esplendor del
helenismo en favor de la concepción judía del mundo, combinada con el
hastío copto-alejandrino de la vida que caracterizó al cristianismo.
R iegl tuvo muchos precursores ignorados en los últimos siglos, desde
Vasari. Cercano a nuestro tiempo se le anticipó, de una manera a medias
consciente, primero B urckhardt en su obra sobre la arquitectura italiana

que él hubiera deseado fuera una historia del desarrollo y cambio de las
configuraciones y estructuras no pertenecientes al orden representativo;
luego G oodyear en su fascinante Grammar of the Lotus; y por último el
libro inspirado por éste, el Stilfragen de R iegl, que trata, como el de
G oodyear, pero de un modo más intelectual, la historia del ornamento.
W ólfflin , el más desinteresado y constructivo de los autores sobrevi­
vientes de historia del arte, en su Classical art se acerca en perspicacia a
R iegl, pero nunca alcanza su sentido pleno y profundo del problema.
Aprovecho la oportunidad para declarar mi deuda con estos dos libros
sobre arte clásico y barroco.
B ernard B erenson

Traducción de Aurora Bernárdes.

17

�LA
E S T E T I C A
DE
BERNARD BERENSON

i
B ernard B erenson es, ante todo, un gustador de la obra de arte. Podríamos afirmar

que es un sensual del arte. Su estética, por lo tanto, es intuitiva. Él mismo confiesa no
ser un filósofo ni un teórico. Si hoy puede legarnos un conjunto de principios estéticos
—que no llegan a configurar un sistema—, ello es el producto de más de cincuenta
años de continuada experiencia estética a través de la obra de arte misma. En tal
sentido, su obra de crítico e historiador de arte con su empirismo estético, es un
ejemplo de cómo una estética desde abajo puede contribuir a solucionar el problema
filosófico que el arte nos plantea.
P ara' ser fieles a su norma de historiador —“la historia del arte debe ocuparse más
de los problemas que de las personalidades”— el presente estudio tenderá a resumir y
analizar los principios estéticos que podamos entresacar de la obra crítica de Berenson.
Su personalidad, sus juicios particulares, su pericia de buen catador de la belleza artís­
tica, lodo eso —con el atractivo de lo que tiene algún sabor anecdótico—, es sin duda
más ameno y, literariamente, más tentador que una árida compulsa de principios que
podamos incorporar a la estética y a la ciencia general del arte. Pero la obra de
Berenson nos interesará hoy estudiarla sólo en cuanto ella resulta una de las más
fecundas experiencias de cómo la teoría estética puede enriquecerse partiendo del
empirismo artístico. Aunque no sea un filósofo sistemático, su pensamiento entraña
una filosofía. No conforme con su función de simple gustador y de experto, ha querido
elevar su empiria al plano conceptual. Hasta qué punto lo ha logrado, es lo que tratare­
mos de dejar establecido.
La obra y el hombre. — La obra escrita de Berenson es copiosa. A nuestro idioma se
ha traducido uno de sus libros más difundidos, compuesto por cuatro estudios dedi­

18

�cados a la pintura veneciana, a la florentina, a la de Italia del Centro y a la del
Norte.i Estas delimitaciones geográficas culminan todas temporalmente en los grandes
maestros del Renacimiento. Dichos ensayos fueron publicados a lo largo de quince
años, y esa diferencia él mismo trata de subsanarla en el apéndice, titulado La deca­
dencia. Nos dice allí que su estudio sobre los pintores venecianos fué escrito en una
época en que no había formulado todavía sus ideas ni establecido aún su escala de los
valores de las cosas. Hay, en efecto, en la parte dedicada a Venecia, un entusiasmo,
una exaltación muy juvenil por el color, por las obras mismas. Su pluma parece
contagiada “por la exaltación de vida que nos produce el color”, sin que se detenga
casi a teorizar. Ya en la segunda parte, dedicada a Florencia, hay mayor aporte teórico,
y más aun en las otras dos. Los pintores florentinos parecen haberle sugerido una de
sus categorías estéticas que quizá le haya dado más nombradía: la de los valores táctiles.
Vemos, pues, cómo la pintura veneciana, con su embriaguez colorística, le produce sólo
una “exaltación de vida”. Luego la florentina, más rigurosa en el dibujo, más intelec­
tual, le sugiere un principio estético, aunque en verdad sea un principio muy apegado
a los sentidos. Las partes tercera y cuarta, ya obras de madurez, son más estrictamente
teóricas: análisis de la decoración y la ilustración, la composición espacial, el distingo
y la relación entre arcaísmo y clasicismo. Se ve, pues, que la estética de Berenson se ha
ido madurando en su propia experiencia.
En 1902 publicó una serie de ensayos recopilados en varias series bajo el título general
de The study and Crilicism of Italian Art. Ahí figura un ensayo sobre el método para
estudiar las atribuciones, reimpreso ahora en italiano junto con otros cuatro aparecidos
originariamente en las revistas Dedalo y Art in America entre los años 1923 y 1926.2
Otro libro que da la medida de la capacidad de Berenson y de la forma como aplica
su método, es la que reúne los peritajes realizados sobre más de cien cuadros de
pintores venecianos del siglo XV existentes en Norte América.3
En 1903 escribió un estudio sobre St e f a n o Sa sse tt a , pintor del siglo XV que puede
decirse fué descubierto por Berenson. En dicho ensayo —reeditado en 1946 con un
epílogo fechado en Settignano en 1945, en lujosa edición con numerosas reproducciones
de cuadros de Sassetta— Berenson proclama a éste el verdadero intérprete del espíritu
franciscano. Compara las pinturas de Sassetta con los frescos de Giotto sobre la vida
de San Francisco, llegando a la conclusión de que la gracia ingenua de las primeras
refleja mejor la vida del santo que la imponente monumentalidad de las figuras
giottescas.
1. L o s p in to r e s ita lia n o s d el R e n a c im ie n to . Ed. El Ateneo. Buenos A ires, 1944.
2. M é to d o e a t t r i b u z i o n i . A rnaud E d it. F irenze, 1947.
3. V e n e tia n p a i n t i n g i n A m e r i c a . F rederic F airchild Sherm an. N . Y ork, 1916.

19

�Pero éstas son obras casi puramente técnicas que, si bien han cimentado la fama de
Berenson como historiador y como crítico, son de un interés limitado para estudiarlo
desde el punto de vista teórico ya señalado. Él mismo nos dice en su autobiografía 4
que hubiera preferido "desarrollar y aclarar sus ideas sobre el goce de las obras de
arte” en vez de competir con los eruditos convirtiéndose en “ese ser ambiguo que es el
experto".
Por eso debemos considerar como su libro capital el que, escrito en 1941 y publicado
en italiano en 1948, condensa todas sus ideas sobre arte —en particular sobre pintura—
y en el cual se reflejan su estética, su ética y su concepto de /la historia.» En esta obra
de su ancianidad, ha querido brindarnos el fruto de sus cincuenta años de experiencia
como "gustador, pensador, escritor, conocedor, critico e historiador de arte”. Él mismo
se adjudica todos esos títulos. Pero excluye cuidadosamente el de teórico o filósofo del
arte. Parece que tuviera Berenson el pudor de la teoría. T anto en este libro como en
Los pintores italianos del Renacimiento —sus obras más nutridas de pensamiento y que
utilizaremos indistintamente para seguir el hilo de sus ideas— se disculpa cuando tiene
que explayarse en alguna disquisición teórica. “Pido se me perdone —dice en el se­
gundo, en el capítulo dedicado a G iorro— este paréntesis abierto sobre el campo de la
estética porque era indispensable, antes de ir más lejos, mancomunarnos acerca del
sentido de las palabras y sobre el vocabulario del arte pictórico”. Esto es cuando
empieza ya a concretar y a definir su idea básica de los valores táctiles. Y ese pudor
se revela igualmente en su Estética, la obra más conceptual, escrita precisamente como
una necesidad de fijar su teoría, aunque ella sea un resumen o un producto sólo de
su experiencia. Varias veces repite que “no es un pensador sistemático”. Más que
pudor, parece haber en él una verdadera repugnancia por las especulaciones teóricas.
En la introducción de su Estética advierte que las páginas de dicho libro no son
sistemáticas ni científicas. “Son una macedonia de pensamientos esporádicos, de
saludables reflexiones en voz alta, de generalizaciones, de reminiscencias, de confesiones”,
recomendables por haberse él ocupado durante más de medio siglo de distintos pro­
blemas artísticos, históricos y estéticos, recalcando que el defecto de los tratados de
estética es que no son el producto de lo que el autor haya visto, sino de lecturas y
reflexiones; el interés de esos autores no está en la obra de arte singular, sino en el
sistema metafísico del cual la estética es sólo un apéndice. Para él no es cuestión de
reducir el arte a un concepto, de fundarlo racionalmente, sino de ayudar a vivir la
obra de arte. Ésta debe ser fundamentalmente la misión del crítico y del historiador.
4. A b o z z o p e r u n a n to r itr a tto . E lecta editrice, Firenze, 1949.
5. E s té tic a , e tic a e s to r ia n e lte a r t i d e lta r a p p r e s e n ta z io n e v is iv a .

20

E lecta editrice.

Firenze, 1948.

�Para explicarnos este principio vitalista del arte y este empirismo estético, conviene
recordar, quizá, que Berenson es norteamericano. De joven fué a estudiar pintura a
Italia. Pero al enfrentarse allí con la gran pintura renacentista sufrió tal deslumbra­
miento que abandonó los pinceles para dedicarse a viajar y a adm irar, estudiar, com­
parar, valorar, explicarse y descubrir. Así fué descubriendo sus conceptos fundamentales
—los valores táctiles, el movimiento— en los que halló las causas de su deslumbramiento.
Así descubrió valores nuevos como Sassetta . A sí se fué formando como crítico, como
historiador y como experto. Así atesoró una colección de obras maestras que hoy
siguen deleitando su ancianidad. Y limitó su m undo casi exclusivamente a los pintores
del Renacimiento. Ésta fué su especialidad y en ella se funda gran parte de su estética.
Conociendo estos antecedentes, no puede extrañarnos que un hijo de ese pueblo em pí­
rico y pragmático por excelencia, como lo es el norteamericano, trasladado a la Meca
del arte renacentista, haya fundamentado allí una obra de las características que ligera­
mente hemos esbozado y que, con más detenimiento, nos proponemos estudiar ahora.
Los valores táctiles. — ¿En qué consisten esos valores táctiles a los que Berenson da
tanta imjoortancia, hasta el punto de considerarlos indispensables para calificar de
artística una pintura? Veamos. Ante todo, una obra, para ser artística, debe ser intensificadora de vida. Hay obras que son intensificadoras de vida y otras no. ¿En dónde
está la clave? Berenson ha descubierto dos valores capitales: los valores táctiles y el
movimiento.
“La psicología nos revela que no es sólo por la vista que adquirimos conocimiento de
la tercera dimensión” dice en el ya citado capítulo sobre G io t t o . Es también por el
tacto, que nos da el volumen de un cuerpo. “Poco a poco —agrega— el hábito borra
el recuerdo de ese aprendizaje, pero no es menos cierto que cada vez que nuestros ojos
admiten una realidad agregamos a las impresiones ópticas rápidos movimientos de los
valores táctiles”. El artista, para darnos la tercera dimensión, debe "obtener valores
táctiles por medio de impresiones ópticas”. Debe excitar en nosotros el sentido del
tacto. Así encara Berenson el problema de los valores táctiles en Los pintores italianos
del Renacimiento. Es una concepción todavía muy apegada a lo material, a lo sensorial.
La intensificación de vida que pueden proporcionarnos los valores táctiles de una p in tu ­
ra es, por lo tanto, de carácter físico. A lo sumo, psicológico; no todavía espiritual.
Berenson alcanza a ver todo el problema y se pregunta: "¿Por qué un objeto cuya
contemplación me habría dejado indiferente me proporciona emoción estética cuando
lo reconozco sobre una tela?” Es porque "el arte nos hace cum plir con una rapidez
nueva las operaciones psíquicas que son la base de todos o de casi todos nuestros

21

�goces”. Y nos da esos goces liberados de todo tormento físico.

Si habitualm ente cap­

tamos un objeto con una intensidad cifrada en 2 y si súbitamente esta intensidad pasa
de 2 a 4, experimentaremos inmediatamente la satisfacción de un acrecentamiento de
la actividad mental. Al revelársele al espectador una capacidad dos veces mayor de
la que suponía, se agranda ante sus propios ojos y atribuye ese acrecentamiento al
objeto que lo ha provocado. Y concluye: "De este modo se explica que la representa­
ción de un objeto pueda procurarnos más placer que la visión del mismo objeto”.
Aclara luego que no entiende que se goce de una pintura sólo por los valores táctiles,
pues reconoce en la composición un gran elemento de goce, que el color es más
poderoso y que la reproducción del movimiento quizá los sobrepasa. “Lo que procuro
establecer es que el placer de nuestra imaginación táctil es una condición sin la cual
una pintura no puede ejercer sobre nosotros la fascinación de una realidad intensa”.
Sin ella, la sensación de su belleza será superficial y fugaz.
En su obra de la madurez, dedica, por cierto, un capítulo especial a los valores táctiles,
que'no se hallan en las representaciones de objetos por la simple imitación, por más verí­
dica que sea, sino por estar presentados de un modo que estimule la imaginación hasta
sentir el volumen y la distancia que los separa de nosotros. Se apoya para ello en
B e r g s o n , para quien “un cuerpo es esencialmente aquello que es al tacto”. El artista
intuye la composición del objeto. Ve su forma completa, percibe la necesidad orgá­
nica del contorno, de la sombra y del color. No sólo ve con el intelecto, como el
hombre de ciencia, sino que capta el todo del objeto en su particularidad. El artista
no sólo percibe el objeto sino que lo vive y se identifica con él. Por eso la sola figura
externa del objeto no lo satisface. Debe representarlo de manera que provoque una
intensificación de vida. Y esto se obtiene por los valores táctiles, en prim er término;
y luego, por el movimiento.
Estas son casi sus propias palabras. Los valores táctiles están directamente relacionados
con la forma. Pero la fonna no es aspecto externo de un objeto; no es un objeto
geométrico, es una cualidad. "La forma —dice— es el aspecto intensificado de vida
de las cosas visibles.” Ante todo, es valor táctil. La forma significativa, de que tanto
suele hablarse, es eso precisamente. Y así se explica la atracción de lo feo en arte.
D egas y C é z a n n e infunden vida a sus obras, por vulgares que sean sus temas y éstas
trasmiten su energía.
Ahora los valores táctiles no son producto de un mecanismo psicológico cuya fuente
de placer está en el menor esfuerzo. Berenson espiritualiza su tesis y se remite al
“reino de las sensaciones imaginarias” , que no son las que se prueban psicológica-

22

�mente ai percibir y contemplar la representación de un objeto o de un hecho; las
sensaciones que nos produzca una figura, buena o mala, de frió o de calor (sensa­
ciones corpóreas, musculares, viscerales), nada tienen que hacer con el arte. Las sen­
saciones imaginarias son sólo aquéllas que existen en la fantasía y para ser artísticas
deben ser intensificadoras de vida, pero sin incitar a la acción, por lo menos inmc
diata, ni estimular ningún apetito, nada que sea sensual.
Vemos, pues, que primero los valores táctiles (en Los pintores italianos del Renaci­
miento), son producidos por la captación táctil-visual de los objetos sólo por el con­
ducto visual y que ello provoca un efecto psicológico de mayor capacidad, de mayor
intensidad perceptiva; por lo tanto, una intensificación de vida y un placer. Luego
(en la Estética), se desdibuja un poco la sensación táctil para espiritualizarse en el
“reino de las sensaciones imaginarias”, totalmente desligado de lo sensorial. Aunque
Berenson no lo dice, ese reino, que es “un reino de contemplación, de emoción recor­
dada en la tranquilidad”,e según ese proceso de los valores táctiles transformados en
sensaciones imaginarias intensificadoras de vida, pero ahora de vida espiritual, desli­
gada por completo de los apetitos y de los sentidos —nada de sensaciones corpóreas,
viscerales, musculares— es una suerte de catarsis, como sublimación de los sentidos.
Tenemos entonces que los valores táctiles adquieren esa categoría superior en el "rei­
no de las sensaciones imaginarias” precisamente por transferir al plano puramente
visual —ya lo dijo L eonardo: “el ojo, gran señor de los sentidos”— una sensación
inferior, diríamos más animal, como es el tacto; y ello produce una intensificación de
vida, de vida espiritual, una liberación, una catarsis o “expurgación de las pasiones”,
para decirlo en el lenguaje aristotélico.

En el campo teórico de la estética estamos, pues, casi en este punto de partida, aun­
que quizá con un pensamiento más elaborado, después de haber seguido un proceso
de mayor decantación a través de una más vasta experiencia.
y * El movimiento. — Es para Berenson el segundo gran factor intensificador de vida, el
otro elemento esencial de la obra de arte, después de los valores táctiles.
No se trata del movimiento externo, visual, de las cosas en relación con su colocación
en el espacio. El movimiento es la energía que infunde vida y que se manifiesta en
las líneas que delimitan una forma. Recordemos al pasar —aunque Berenson los repu­
die— que algo muy parecido es lo que se proponían algunos cubistas, según Gleizes.
Confiesan su impotencia para afrontar la descripción de esa energía vital que transfor6. E s t é t i c a . . . , pág.
W ordsworth.

104. Berenson se refiere aquí a la definición

2}

de la poesía hecha por

�ma una pura línea recta o curva en un contorno. Dice haberlo sentido, y a propósito
trae el recuerdo personal de su experiencia frente al portal de San Pedro en Spoleto.
Se sintió de repente como iluminado. Describe esta “sensación im aginaria” del m ovi­
miento, según lo que personalmente ha podido experimentar, en una forma no muy
clara. Esa identificación de nuestra mente con el movimiento en potencia, latente, que
nos da la linea funcional —como la llama en su obra Disegni dei pittori fiorentini
(1903)— deducimos que es algo similar a la experiencia mística, pues para Berenson
el sentido del movimento es idéntico al sentido de la cualidad y, psicológicamente,
condición del éxtasis. Todo el problema de la comprensión de la obra de arte tiene
para él ese carácter.
Con referencia a lo que entiende por "movimiento en una línea”, dice Berenson que
un buen dibujo será sólo un diagrama si carece de movimiento. Teniendo movimiento,
tendrá cualidad y estilo. Y esto, según él, se adquiere con la propia experiencia, expe­
riencia del movimiento, de la cualidad o estilo de la línea. Refiere la anécdota de
Apeles, que dejó una vez, como tarjeta de visita, una línea dibujada en una tabla.
Al ocuparse de Pollaiuolo, toca Berenson en forma especial este problema del movi­
miento en Los pintores italianos del Renacimiento. Ante todo, hace el distingo entre
movimiento y locomoción; ésta es simple cambio de lugar. "Una sensación de movi­
miento . . . se obtiene por la conmoción de la imaginación táctil.” "Ejemplo: veo dos
hombres luchar, uno contra el otro. Si mis imágenes visuales no se tornan inmedia­
tamente imágenes musculares, no pesan sobre m i carne, ni repercuten en todo mi
cuerpo, no estaré más afectado que si escuchara decir: He ahí dos hombres que
luchan.”
La pintura, pues, debe traducir el movimiento, no solamente el locomotivo (cambio
de lugar en el espacio), sino el interno, el de la tensión muscular latente. Es, por otra
parte, lo que aconseja Leonardo en su Tratado de la pintura. Luego la forma repro­
ducida, eliminando toda línea superflua, deberá suscitar en nosotros una sensación
física —"sensación imaginaria”— de ese movimiento locomotivo o en potencia, una
tensión física semejante a la que provoca el movimiento real. Lo que viene a ser una
derivación de la famosa endopatía o proyección sentimental (Einfühlung) de Lipps.
Para Berenson, el movimiento en pintura debe ejercer un contagio sobre nuestros
músculos. Así es como adquiere categoría de valor artístico. La “sensación im aginaria”
del movimiento, el segundo gran factor estético de Berenson, es, mirándolo bien, algo
así como una ampliación de los valores táctiles.
Decoración e ilustración. — El distingo 'que hace Berenson entre decoración e ilus­
tración tiene gran semejanza con el viejo y debatido problema estético de forma y

24

�contenido. La decoración comprende todos los elementos que distinguen una obra de
arte de una mera reproducción de las cosas; los valores táctiles, el m ovim iento, la
proporción, la composición espacial. Todo lo que sea intensificación de vida por m e­
dio de las “sensaciones imaginarias”, es decoración. La decoración presenta, no repre­
senta. La parte representativa es ilustración. Es decir, que la ilustración sería tema
o contenido. Es claro que esta cuestión del contenido es mucho más compleja; ade­
más de la objetividad temática, implica, por ejemplo, la carga subjetiva de la emo­
ción personal del artista.
En Los pintores italianos del Renacimiento se ocupa Berenson especialmente de la
ilustración en la parte destinada a la Italia del Centro. En la Estética dedica a ella
un largo capítulo. Diríamos que lo esencialmente artístico es la decoración, en tanto
que la ilustración es adherente y carece estéticamente de valor. Pero aquí hace Beren­
son la defensa de la ilustración. Proclama sus simpatías por el humanismo en arte. No
concibe el arte deshumanizado (sus ataques de flanco al arte abstracto son constan­
tes). Y, por lo tanto, el tema adquiere valor por sí mismo. En realidad, él no concibe
este distingo entre decoración e ilustración sino con fines didácticos; es sólo un método
para el análisis y la crítica.
Plantea también el problema del gusto. Para Berenson puede reconocerse lo que en
la obra de arte “está sujeto a la moda y al cambio, y lo que es de un interés perm a­
nente”. “Los elementos decorativos, los valores artísticos, son tan perdurables como
los mismos resortes psíquicos de quienes se puede decir en conjunto que permanecen
lo mismo desde que el m undo es mundo. Pero la parte ilustración cambia de siglo en
siglo con el contenido del espíritu y las formas de imaginación.” Y concluye afirm an­
do que "un arte que no contenga nada más que elementos de ilustración tiende a
desaparecer con el mismo ideal que ilustra.”
Encontramos objetable esta afirmación de que los elementos decorativos son perm a­
nentes. ¿Y las variaciones estilísticas? Ellas trasuntan asimismo un cambio en los
ideales de vida, tanto como la parte ilustrativa o temática. Y aquí cabe señalar una
falla en la obra de Berenson: no haber abordado en particular el problema de los
estilos. Su pericia de conocedor eximio hubiera podido aportar en este terreno grandes
enseñanzas y de ello da una prueba en la Estética. Allí encara el asunto con amplia
visión histórica, pero advertimos que su concepto de los estilos y su evolución, contra­
dice lo sostenido en Los pintores italianos del Renacimiento de que lo decorativo, los
valores artísticos, “permanecen lo mismo desde que el m undo es m undo”; salvo que
lo estilístico quiera comprenderlo en la ilustración, lo que le crearía otra contradic­
ción, más difícil de explicar aún. Pensamos en qué W ólffun superado tendríamos

25

�hoy en Berenson si hubiera abordado, como aquél, el problema
particular.

de los estilos en

La ilustración sería el tema y éste, en un arte humanista —como no lo concibe de
otra manera Berenson—, resulta fundamental. Todo arte pleno es para él humanista,
por lo cual entiende “la voluntad de elevarse para desprenderse de la animalidad
originaria”. Arte sin tema es “arte abstracto”, que para él no es arte. Por eso es que
Berenson, aferrado a su ideal humanista, demuestra no interpretar las corrientes ar­
tísticas más modernas —cubismo, futurismo, superrealismo, arte abstracto, arte negro,
etc.— al comprender todas estas inquietudes contemporáneas en un denominador
común.
En definitiva, ilustración y decoración son inseparables. Si en un tiempo insistió sobre
lo decorativo fué sólo para exaltar este aspecto frente a un mundo que daba valor
exagerado a lo "representativo” del arte, o sea a la ilustración. Decoración e ilustra­
ción se funden en la obra de arte; ambas se complementan y no pueden existir la
una sin la otra, gozándoselas al mismo tiempo.
Otros valores. — Reconoce Berenson otros valores en la obra de arte, como el valor
espacial y, sobre todo, el color. Este del color es un problema difícil porque no per­
tenece al “reino de las sensaciones imaginarias” sino al mundo de das sensaciones in ­
mediatamente presentes. Aunque sensual, es menos “canibalesco” que los otros: el
tacto, el gusto y el olfato. Con la declinación del color creció y floreció la forma pura.
El color debe estar “al servicio’ de la forma en primer término y, luego, de los
valores táctiles y del movimiento. En 1931 escribió que los valores viscerales son al
color lo que los valores táctiles son a la forma y los valores respiratorios a la com­
posición espacial.
Ésta, la composición espacial, por ser aérea, es el valor más espiritual de todos los
establecidos por Berenson. Sin embargo, es al que presta menos interés y sólo en
Los pintores italianos del Renacimiento habla preferentemente de él en el capítulo
titulado Rafael y la poesía del espacio. Pero el análisis es menos rico que el de los
otros valores. En ese escrito de 1931 es donde mejor define los valores de la compo­
sición espacial; los compara con los valores respiratorios y, como éstos, los asimila a
nuestro sentimiento de liberación, de evasión de la pesantez material, elevándonos al
plano de la ilusión. Transcribe esta página en su Estética, destinando un capítulo a
la composición espacial y a su consecuencia directa, el paisaje. Este problema subsiste
hasta nuestros días, puesto que hoy la desesperación de relacionar un cuerpo sólido
con un espacio dado ha conducido al futurismo, al cubismo, al dadaísmo y al super-

26

�realismo . . . (Al mezclar todas estas tendencias, Berenson estaría acertado en cuanto
al futurismo y al cubismo; no tanto en cuanto al superrealismo, que plantea un pro­
blema de espacios imaginarios, Pero encontramos francamente fuera de lugar el da­
daísmo).
La historia. — Toda una parte de su últim a obra está dedicada a la historia y al pro­
blema que ésta plantea con relación al arte. Aquí muestra Berenson su gran versación
en la materia y sus amplios y profundos conocimientos históricos. No vamos a seguirlo
en este aspecto, que es de otro orden con relación al plan impuesto a este: trabajo.
Pero para completar la fisonomía espiritual de Berenson y el cuadro de su posición
teórica, conviene mencionar algunas de sus ideas sobre el particular.
Anota que la historia del arte tiene la ventaja y la desventaja de referirse no a hechos
pasados, ya inexistentes, sino a cosas que están aún entre nosotros. El historiador del
arte maneja documentos vivos. Debe señalar los distintos modos de ver, ya que un
diferente modo de ver configura un estilo. De ahí que la historia de los estilos sea
principalmente la materia que ha de trabajar el historiador. Los impresionistas, p.ej.,
han ayudado a ver los colores de la naturaleza. Por éso es un movimiento significa­
tivo, digno de que el historiador lo tenga en cuenta. La historia individual de un
artista tiene menos importancia que la de un hombre de acción. La cronología im­
porta siempre que no degenere en “mezquindad micrblogística”. Y en las obras de un
mismo pintor conviene distinguir las de la juventud y las de la madurez.
El interés por el pasado depende de los problemas presentes. Por eso la historia tiene
que ser constantemente reescrita. Es algo más que una crónica del pasado. Debe
narrar los acontecimientos significativos y éstos son aquéllos que han contribuido a
que lleguemos a ser lo que somos. Así, para los europeos, lo antiguo que viene de
fuera de la cuenca del Mediterráneo, carece de importancia. Aun dentro de la misma
Europa, la historia del arte evitará lo que no ha contribuido a la corriente principal,
así se trate de obras interesantes y aun magníficas. Por eso considera que debe ex­
cluirse casi todo el arte alemán, el español y el holandés, con excepción de R ibera,
Murillo, Velázquez y G oya, en España; y Schongauer, D urero y H olbein, en Alema­
nia. Poco interesa Italia después de Caravaggio. Exceptúa también a H als, R embrandt
y Vermeer, en Holanda; y en Inglaterra, a los retratistas como R eynolds, a los paisa­
jistas de la escuela de Norwich y a Constable. Todas estas excepciones están ligadas
porque deben mucho al arte italiano; todas, más o menos, han sufrido su influencia
y por eso son valores computables. En cuanto a las artes “exóticas” (china, hindú,
bizantina, árabe), pueden interesar sólo por sus aportes técnicos.

27

�Luego establece una jerarquía destacando la importancia de los momentos más gran­
des. Las demás obras les están subordinadas y sólo serán consideradas en la medida
en que hayan contribuido a ese máximo esplendor.. “Así, en últim o análisis - d i c e la verdadera historia del arte y la verdadera crítica de arte resultan idénticas.'
Se anticipa a la objeción que pudiera hacérsele de basarse sólo en el arte griego.
Confiesa que no sabría defenderse. Simplemente, él siente lo griego. El helenismo
no es para él una cosa fija, sino un sentir, un cambio, una aspiración a una hum ani­
dad tanto más alejada del caos cuanto más supera a la naturaleza. De ahí su hum a­
nismo. Y termina lamentándose de la decadencia cultural que estamos viviendo, cuyo
síntoma evidente es el afán de novedad, este cambio constante de escuelas como si se
buscara desesperadamente una tabla de salvación. No alcanza a ver en todos estos
movimientos la posibilidad de que a través de ellos se esté madurando un nuevo
estilo, como consecuencia de un nuevo modo de ver.
En resumen, para Berenson la historia es el relato de cómo el hombre se viene hum a­
nizando y la historia del arte deberá señalar cómo y en qué medida el arte ha con­
tribuido a ese fin. Ninguna historia puede escribirse sin valores axiomáticos y esos
valores los establece el hombre, único valor conocido.

II
Para extraer algunas conclusiones estéticas de las ideas que acabamos de analizar,
debemos plantearnos previamente una serie de cuestiones. En primer término, ¿tiene
Berenson un concepto puro de la belleza? Vale decir, su concepto de la belleza, ¿es
de carácter absoluto, o bien es relativo, contingente y, por lo tanto, transitorio? Sien­
do un gustador, un empírico de la belleza artística y un manifiesto adversario de la
especulación teórica, su metafísica^ —de existir— tendría que ser inconsciente. Parece
difícil, por lo tanto, enlazarla con su empiria. ¿Cómo conciliar esos extremos? La
aparente antinomia tiende a desaparecer si consideramos que, así como se declara un
experimentador de la belleza artística —y parecería que no hubiera para él otro medio
de captarla que por la experiencia—, su intuicionismo lo lleva al plano de la mística.
Este misticismo puede ser la puerta que nos comunique con el plano metafísico. Po­
demos afirmar que hay en Berenson una metafísica inconsciente, una intuición m eta­
física de la que en definitiva depende su concepto de lo bello. Esto quizá resulte
sorpresivo para él, pero no para nosotros, que consideramos al hombre un ser metafí-

28

�sico por excelencia, cuya particularidad lo distingue tanto en el campo de la teoría
como en el de la práctica.
En cuanto a sus categorías de lo bello, cabría igualmente hacer una serie de pregun­
tas, pero gran parte de ellas nos hemos adelantado a contestarlas al hacer la exégesis
de sus ideas. El prim er problema consistirá en enfrentar esas categorías con su con­
cepto metafísico de lo Bello, sea él consciente o inconsciente, Y luego, valorar en
forma definitiva esas categorías.
Lo mismo sucederá con su concepto de la historia. Él da un lugar principalísimo a
ia valoración histórica, a la evolución del gusto, de los estilos, que definen el carác
ter de un arte y de una época. Su valoración histórica responde a una concepción
del mundo, centrando su atención en un determinismo cultural indisolublemente unido
al grupo humano occidental. Y, dentro del grupo occidental, a una sección que llama
mediterránea o atlántica. Esta línea es la que tiene como modelo permanente a
Grecia. El arte griego y el ideal griego de la vida son para Berenson los móviles de
nuestro devenir histórico. Pero este ideal ¿a qué responde? ¿Por qué él ha de darnos
la pauta y no otro? Aquí necesariamente debemos referirnos otra vez —mal que le
pese al mismo Berenson— a su metafísica, manifiesta o latente, consciente o incons­
ciente. El problema de dar con una metafísica en Berenson se hace más intrincado
porque nos obliga a un rodeo. Tenemos que deducirla en gran parte de su valora­
ción histórica, derivada de su concepción del mundo, de su ideal humanista. Es una
simple cuestión de método. Pero el sistema, aunque no confesado, existe siempre. Este
rodeo obligado es una consecuencia de su estética desde abajo.

j

Concepto místico de la Belleza. — ha. raíz mística que advertimos en la estética de
Berenson proviene de su intuicionismo. No es la intuición de Croce, para el cual todo
se resuelve en el “momento estético”, sin establecer claramente cómo esa intuición se
materializa o simplemente se objetiva en la obra de arte. Berenson parte de la obra
de arte misma. La ve, la observa, la estudia, Pero, ante todo, la siente. Es decir, experimenta en su presencia una sensación especial, que no puede explicar por un método
científico y racional. T rata de hacerlo en cierta medida, estableciendo algunas cate­
gorías fundamentales para calificar la obra de arte, para configurar la belleza artística.
Esas categorías tienen raíces psicológicas, formales, históricas y éticas. Mas lo esencial
en su actitud es gozar la obra de arte, sentir su belleza, verla intrínsecamente; vale
decir, intuirla. Esta intuición de lo bello es producto de una experiencia, muy próxi­
ma a la señalada por D e w e y . Pero ésta no puede ser toda la experiencia del arte y
de la belleza artística. Está el otro aspecto: el del creador. Berenson inicia su Estética

29

�señalando ese distingo y atribuye muchos de los equívocos en el juicio estético y en
la crítica de arte al hecho de haberse confundido ambos aspectos.
Hemos dicho que esa experiencia está muy próxima a la de Dewey, pero hay en
Berenson una intuición más pura, con un acento místico que Dewey niega o desconoce.
Berenson prescinde del complicado análisis que realiza Dewey hasta llegar a la expe­
riencia artística. Ambos parten de lo sensorial para explicar las obras ele arte. El
problema, para Dewey, consiste en “descubrir la senda por la cual estas obras ideali­
zan cualidades que se encuentran en la experiencia común." 7 Ambos se consideran
continuadores de W i i .l ia m J a m e s , pero mientras Dewey lleva su análisis, psicológico
que parte de la experiencia ordinaria hasta sus últimas consecuencias, paso a paso,
hasta llegar a la experiencia artística y explica así, metódicamente, el fenómeno de la
intuición, Berenson parte de la experiencia sensorial, fundamenta psicológicamente sus
categorías estéticas de los valores táctiles y salta de ahí al plano de la intuición esté­
tica, que confunde con la experiencia mística, quedando con ello trunca la labor
inicial. Hay, pues, un claro entre el empirismo inicial de Berenson y sus consecuen­
cias estéticas finales. Por ello, su intuición no es la científica de Dewey —“el encuen­
tro de lo viejo y lo nuevo en que el reajuste que implica cada forma de la concien­
cia se efectúa, repentinamente, mediante una armonía rápida e inesperada que, en
su brusquedad brillante, es como un relámpago de revelación” 8— sino más bien una
intuición espiritualista de tipo bergsoniano. Y dentro del campo del intuicionismo
puro, su posición está estrechamente ligada también a la de C r o c e . Pero, aunque
llama a éste “el más autorizado entre los escritores de estética contemporáneos”, no
admite totalmente su fórmula de la intuición-expresión en cuanto ella implique ya,
de por sí, la obra de arte. Sagazmente, Berenson rectifica este aspecto de la estética
crociana: el del automatismo del acto creador y la absoluta espiritualidad de la obra
de arte. Inicia su Estética, como dijimos, criticando a los pensadores que han escrito
sobre el problema estético sin discriminar entre el fenómeno estético que se da en el
contemplador, por un lado, y en el creador por otro. Y así advierte en la fórmula
de Croce una grieta que compromete la estabilidad de su construcción teórica, cuando
confunde el momento estético con la obra de arte; deslindados ambos aspectos del
problema, el segundo —o sea la obra de arte concreta— recupera su posición en el
mundo de la realidad física, quedando sólo como un producto de aquel acto espiritual,
de la intuición estética. Luego Berenson analiza otros aspectos del proceso creador que
le restan automatismo y espiritualidad: las dificultades de la técnica, la colaboración
de los materiales en la inspiración del artista (aunque no en el grado que, en distin7. J ohn Dewey, E l a r te c o m o e x p e r ie n c ia , P. 12. Edie. Fondo de C ultura E conóm ica. México, 1949.
8. Ibid., p. 236.

30

«t

�tos • terrenos, ie atribuyen Semper y Valéry), con lo cual recupera la obra de arte su
materialidad. Pero en cambio, el otro aspecto, el de la intuición estética pura, el del
momento estético generador de la obra de arte —un tipo común de experiencia para
Dewey—, adquiere en Berenson un sentido espiritual mucho más hondo, tanto que
llega a identificarlo con la experiencia mística. Lo dice varias veces, sin aportar otra
prueba que su propia experiencia particular.
Sólo se refiere una vez a Bergson, para fundamentar su teoría de los valores táctileU;
pero su concepto vitalista del arte, su intuicionismo, sus referencias constantes a la
evolución del espíritu humano hacia formas superiores, cada vez más distantes del
canibalismo originario, su espiritualismo, confesado al fin, todo lo acerca más y más a
la evolución y al clan vital del filósofo francés. Berenson parte de los sentidos, de
lo material, para llegar de golpe a una sublimación de los instintos —sin el sesgo psicoanalítico—, a un dominio de lo material por lo espiritual. Y esto puede lograrlo el
arte sólo intuitivamente, en arrebatos espontáneos y místicos. La Belleza no es un
concepto; se siente, se comprende sin explicaciones previas ni a posteriori. Y aun sus
propias categorías estéticas, como el movimiento y la decoración, confiesa que las com­
prendió y concibió súbitamente, en un rapto de verdadera inspiración.
¿Puede conciliarse este espiritualismo y este concepto místico de la belleza con su
empirismo antimetafísico, con su sentido sensorial del arte? Indudablemente sí, si
consideramos que a la mística no puede llegarse sino a través de la carne, de los
sentidos, desde que esa exaltación del espíritu, esa purificación espiritual, implica ne­
cesariamente la previa contaminación. Al rechazar lo sensorial en nombre del espíritu
no es porque neguemos su existencia; antes bien, es porque sentimos su influencia
directa. Sería un reconocimiento por vía de negación. El intelecto puro no lleva a la
mística; los sentidos sí. ¿Qué de extraño hay, pues, en que Berenson, un verdadero
sensual del arte, llegue a una suerte de pansensualismo espiritual de tipo místico y
que por él explique el fenómeno artístico y la intuición estética, estableciendo sus cate­
gorías en función de aquél?
El ideal humanista. — La función del arte es para Berenson “humanizar la hum ani­
dad”. ¿Qué entiende Berenson por humanismo? Ante todo, que el hombre pierda su
canibalismo originario. Ello implica una fe en el espíritu del hombre. El arte lleva,
pues, una finalidad cultural. El hombre, dice Berenson, viene trabajando desde hace
siglos para construir su vivienda cultural —su Casa di Vita— que lo aleja de la natu ­
raleza o, mejor dicho, que crea en su derredor una segunda naturaleza. Y el arte,
como la ciencia, los mitos, la técnica, todas las formas de cultura y civilización, contri­
buyen a ese fin. Siendo así, tiene el arte, para Berenson, indudables conexiones con

31

�la moral, pues ésta rige en función de dicho ideal humanista-cultural. La valoración
histórica se establece asimismo con relación a ese ideal de vida. Este aspecto de su
concepción estética, ampliamente expuesto en su Estética, se ve reforzado en su auto­
biografía, libro de su ancianidad gloriosa que tiene toda la fuerza de las confesiones
y donde se puede apreciar al verdadero artista —el escritor, el poeta— que hay en
Berenson. He ahí, pues, cómo uno de los aspectos del problema artístico más vigoro­
samente rechazados por la estética moderna, adquiere nueva vigencia en este empírico
del arte. Anotamos de paso que también para Dewey "el arte es más m oral que las
morales”.® Es claro que para estos dos pragmáticos americanos la moral tiene un
sentido muy diferente del moralismo medieval y sus sucedáneos. El arte es moral en
sí mismo; y lo es precisa y únicamente por ser arte. Pero si bien Dewey llega a esta
conclusión basándose en Shelley, para quien "la imaginación es el gran instrumento
del bien m oral”, Berenson funda la moralidad del arte en una categoría histórica —el
mejoramiento hum ano a través de una progresiva espiritualización— que lo aproxima
al concepto tradicional de moralismo en arte.
Ahora bien, este ideal humanista, ¿qué fundamento filosófico tiene? Berenson no nos
da, precisamente, un pensamiento filosófico estructurado; una ética y una estética fu n ­
dadas en una metafísica consciente. Faltando ésta ¿en qué apoya su ética y su estéti­
ca? En una categoría histórica: el ideal griego de la vida. ¿Acaso podemos hoy hablar
de un ideal griego de la vida, después de habernos mostrado N ietzsche en El origen
de la tragedia esa doble raíz del espíritu griego —la dionisiaca y la apolínea— cuya
lucha implica dos conceptos del mundo y de la vida diametralmente opuestos, para
llegar a sintetizarse luego “por un admirable acto metafísico de la voluntad helénica”
en la tragedia antigua? ¿Es ese producto superado —el helenismo— el ideal griego que
persigue Berenson? ¿Es acaso el arte para él —como para Nietzsche— no “solamente
una imitación de la realidad natural, sino un suplemento metafísico de la realidad
natural, yuxtapuesto a la misma para contribuir a vencerla”? lo Esta conjunción supe­
rada del helenismo, ¿puede mantenerse indefinidamente invariable? No; la oposición
de lo dionisíaco y lo apolíneo es lo que engendra el arte, según Nietzsche, y su con­
junción nos da el carácter dual de la tragedia griega, como caso único, excepcional.
Éste es, en efecto, el ideal clásico para Berenson. Pero él parece no darle ya un
carácter excepcional y de transitoriedad, sino permanente. ¿Es esto posible? Si fuera
así, el arte no viviría. Como anota Dewey recordando a Santayana: "La civilización
griega es un ideal para ser admirado, no para ser realizado.” H
9. J . Dewey , op. cit., p. 291.
10. F . N ietzsche , E l o r ig e n d e la t r a g e d i a , p, 163. E d. E»pasa-Calpe. Bueno» A ires, 1943,
11. J . D ewey , o p . cit., p. 307.

32

�Aunque Berenson no lo explica ni lo analiza, su ideal, su meta, es el espíritu apolíneo.
Se enrola en él para enfrentar el canibalismo —en el ,cual no ve el otro aspecto indis­
pensable, el dionisiaco— desconociendo que puede haber un arte originado en el cam­
po enemigo que sea tan legítimo como el engendrado por el espíritu apolíneo. Pero
ya veremos, al estudiar sus categorías, cómo tácitamente admite también esta dualidad,
Berenson se declara expresamente antidogmático, rechaza toda presión de tipo esco­
lástico porque reputa que cualquier encasillamiento provoca una deformación espi­
ritual y el hombre debe evolucionar hacia formas espirituales cada vez más libres,
más amplias, hacia ideales de vida cada vez más alejados de lo m aterial y sensorial.
Cree que el hombre está dotado de un espíritu. Pero su espiritualismo es inmanente.
No cree que ese espíritu provenga de ninguna divinidad. El mismo hombre es el
encargado de forjarse ese espíritu, de perfeccionarlo. Cabría preguntarse: ¿se trata de
un espiritualismo inmanentista o de un materialismo espiritualista? Vemos, pues, cómo
a través de una valoración histórica —circunscrita, por lo demás, a un período muy
breve de la historia de la hum anidad— podemos extraer las raíces metafísicas— que
no podían faltar— de la estética empírica de Berenson. Ahora será interesante ver
cómo se articula esa metafísica con las categorías estéticas concretamente señaladas.
Las categorías estéticas. — Hemos visto que las categorías estéticas de Berenson consis­
ten, fundamentalmente, en los valores táctiles. Hemos visto también cómo esos valo­
res típicamente sensoriales se elevan luego al plano de las "sensaciones imaginarias”.
Pero, por más que tratemos de idealizarlos, de espiritualizarlos, ¿podemos borrar en
ellos todo rastro de lo sensorial? Desde luego no, puesto que se basan, precisamente,
en el sensorio.
Aquí tenemos, por lo tanto, una contradicción entre el ideal estético espiritualista' de
Berenson y sus categorías reales del valor artístico. ¿Cómo conciliar ambos extremos?
El rodeo a que nos ha obligado el análisis de su concepto humanístico para dar con
la raíz metafísica de su estética, facilita mucho nuestra tarea por más que aparente­
mente la haya complicado. Hemos llegado a la aparente paradoja de un materialismo
espiritualista. Berenson, como buen gustador de la obra de arte, como buen empírico,
nos da categorías sensoriales, más próximas a nuestro canibalismo originario que el
ideal helénico-apolíneo que se ha forjado. Ahora bien, adm itiendo su espiritualismo
inmanentista, ¿podemos prescindir de ese aspecto sensorial que proviene directamente
de aquel canibalismo? Evidentemente, no. Pues de lo contrario, ¿qué materia trabaja­
ría y mejoraría, hasta perfeccionarla, ese espíritu? ¿Cuál sería la base de sustentación
del mismo? Ambos, espíritu y materia, tienen que estar indestructiblemente unidos.

33

�Si se llegara a un grado de espiritualización extrema, extinguida o poco menos la
materia, ¿cuál sería la fuente vital, verdadera animadora del arte, del goce estético?
Negada la materia y lo sensorial, afirmado el dominio absoluto del espíritu, ¿de qué
se nutriría el arte?
Vemos así cómo las categorías sensoriales de Berenson resultan absolutamente legíti­
mas y cómo, a pesar de haberlas restringido él, diremos por un vicio de origen, al¡
campo de una estética naturalista, adquieren un carácter más general, que él no
alcanza a ver por sus dos actitudes negativas: por sus prejuicios antimetafísicos y an ti­
teóricos. Pero esta actitud antiteórica lo es en cuanto la teoría, fatalmente, desemboca
en una metafísica. Admite, sin embargo, la teoría, en el campo de la em pina senso­
rial. Y al admitirla en ese terreno, le resulta imposible dejar de acceder al campo
metafísico. Aun dando el salto que ha pretendido dar Berenson, ¿puede eliminar la
metafísica? Lejos de ello, lo que hace es introducirse de golpe en ella y luego quedar
en ella sumergido sin saberlo. De ahí la contradicción entre su idealismo, su espiri­
tualismo y su sensorialismo, su vitalismo artístico. Esta contradicción obedece a una
laguna que debe llenar la especulación teórica, especulación que —tal vez por pudor—
se ha negado él a realizar.
Ese claro ha de llenarse con otras categorías, articuladas por un lado con las senso­
riales ya establecidas y, por otro, con ese vago idealismo, con ese espiritualismo confe­
sado, mas no definido ni explicado. Estos son los eslabones que faltan visiblemente en
las categorías estéticas de Berenson, sin que esa falta invalide las en apariencia exclu­
sivamente naturalistas ya fijadas por él.
Conclusiones. — En resumen, podemos afirmar que resulta imposible form ular un
sistema con los elementos dispersos extraídos de la obra crítica y estética de Beren­
son, aun realizando un
arduo esfuerzo conjetural. Pero su obra de crítico, de histo­
riador y de experto, su esfuerzo para legarnos un grupo de categorías artísticas —fir­
memente válidas, aun cuando sean de aplicación parcial— y hasta su tentativa para
echar las bases de una teoría estética fundada en la experiencia, todo eso resulta, en
definitiva, sumamente valioso. Esas reflexiones filosóficas y esas categorías —aunque
limitadas— valdrán por lo menos como testimonio. Valdrán tanto como valen las
confesiones de un gran artista creador, que ayudan a ilum inar el camino misterioso y
lleno de sorpresas para el científico que se aventura a penetrar en esa enmarañada
selva del arte con el propósito de desentrañar el secreto de su existencia.
A lf r e d o

34

E. R o la n d

�correspondencia
ESCRIBE D ESD E ROMA M A R G A R I T A S A R F A T T I
Ha sido P icasso el primero en suprimir en la pintura moderna la repre­
sentación gráfica y plástica, física y psicológica, del rostro humano. Lue­
go vino M atisse, con sus impresiones marroquíes en manchas de colores
vivaces. Diez años después de Picasso, está revolución fué continuada
aun más radicalmente, en síntesis todavía más llana y simple, por la
pintura metafísica de D e Chirico y Carrá.
¡Revolución tremenda! Los clásicos griegos habían estabilizado nuestras
caras en una especie de superior convención idealizada pero fuertemente
caracterizada en sus rasgos, acentuada en sus relieves, su estilo y sus ex­
cavaciones y juegos y huecos de luz y sombra. Es cierto que habían des­
terrado de aquellas cabezas toda preocupación que denotara carácter
individual, purificándolas en una impersonalidad cristiana. Varones y
mujeres se transformaban en el varón y la mujer. El alma de cada cual
se expresaba con solemnidad y trascendencia augusta.
No hay que confundir aquellos grandes clásicos con sus tardíos epígonos
helenísticos o alejandrinos y menos aún con las anémicas imitaciones neo­
clásicas. Los arquetipos plásticos griegos están vivos, simbólicos y selec­
cionados pero vivos, profundamente vivos, como Aquiles, Edipo, Ulises,
no menos que el Rey Lear o Hamlet. El sentimiento de lo todopodero­
so hélo en Júpiter; el hedonismo en Dioniso; la belleza en Afrodita;
en Artemisa está la deportiva, Juno es la matrona matriarcal. Éstas son
síntesis eternas.
Los romanos, cuyo genio sólido y realista podía a lo mejor comprender
grosso modo las abstracciones y generalizaciones de sublime trascendencia,
y hasta admirarlas, pero que nunca pensaron ni en sueños crearlas, las
adoptaron cabalmente desde el Olimpo griego. Con los pies bien asenta­
dos en la tierra, ni querían ni podían dejar de ver al anciano senador
con todas sus arrugas, al joven cónsul con su porro debajo del ojo y
a Agripina con su larga nariz y sus rizos simétricos y bien arregladitos
según la moda imperial del momento, acurrucada en el sillón bien suyo.
Vino luego el Medioevo y con Bizancio griega y orientalizada, volvió a

35

�crearse otro arquetipo, el de la cristiandad divinizada, todavía de acento
griego. El Renacimiento se levantó contra esas cadenas convencio­
nales y esquemáticas, con la exaltación gozosa de la persona humana,
divinizada en su calidad de individuo y de hombre, de ninguna manera
colectiva. Fué el triunfo del ser humano singular, tal vez más personal
todavía que en la siempre templada y equilibrada síntesis griega. El
Seicento fué su exageración retórica y su caricatura en toda Italia, mien­
tras allende las fronteras peninsulares, en España, Holanda y Francia,
esta libertad individual explotaba en las grandes creaciones de libertad
y caracterización personal de los V elázquez, R embrandt y L e N ain . Des­
de lo atípico medieval hasta lo típico moderno.
Otra vez se volvió hacia la estilización con D avid, Canova, el neoclasi­
cismo, y otra vez se reaccionó con el superindividualismo exasperado de
la pasionalidad romántica: realismo, impresionismo, fauvisme, expresio­
nismo y superrealismo. Todas creaciones nórdicas y nada mediterráneas:
hay que anotarlo. Vino el mediterráneo P icasso y geometrizó la figura
humana, multiplicada en facetas, fraccionada y reconstituida en el cubo.
En 1916, D e C hirico y C arra —muchos otros luego, siguiendo sus hue­
llas—, borraron de golpe y definitivamente los rasgos, las líneas y las
carnosidades de nuestros rostros con un gran golpe de goma y metafísica.
En Héctor y Andrómeda, y en Los Maratónicos, estas célebres interpre­
taciones de la pareja y de los héroes míticos creados por Giorgio de
Chirico, o en La amante del ingeniero, de Cario Carrá, apenas si con­
servan alguna apariencia de maniquíes aptos para desempeñar el papel
de corazas, yelmos y quijotes o para estarse de pie, innobles y decapita­
dos, entre la escuadra y el metro. Todo rastro de fisonomía varonil o
femenina ha desaparecido; la cabeza es un disco liso y ovoide, rosado o
moreno amarillento, sin ningún rasgo facial.
Espantosa, aquella afirmación; espantoso, este descubrimiento. Pues de
veras es mejor un descubrimiento que una invención o imaginación lí­
rica, subjetiva y arbitraria. Así es y así se nos aparece el individuo en ese
torbellino que hoy es el verdadero protagonista en las tablas del mundo:
la muchedumbre. Esta humanidad de millones y billones no está más
hecha de hombres, sino de una masa de humanidad, amalgamada en
confusos e indistintos discos rosaditos, vagamente ovoidales, abreviados
y cortados en el espantoso conjunto de muchedumbres innumerables.
¿Números? Ni siquiera. El hombre de hoy no permite que ni siquiera se

36

�lo considere como unidad separada; más bien forma parte de una serie
de ceros. Y su cara, tal como la interpretan el escultor inglés H enry
Moore y los demás a lo largo del planeta, tiene justam ente cara de cero,
redondo y varío.

Casi no existe más el hombre. Hasta en las tablas del teatro su carnali­
dad de protagonista único ha desaparecido, sustituido por el sinnúmero
de sombras que multiplica el cine. Y, ¿qué vemos en los otros espectácu­
los máximos, en los que se aprietan por millares los fanáticos en las
arenas? Unas mallas rayadas, unas piernas ágiles, unos brazos en gestos
épicos que tiran, lanzan, corren. Fisonomías no tienen los jugadores de
fútbol o de cricket, o los ciclistas, salvo en sus sombras fotográficas; nun­
ca en su realidad carnal: no se llega a verlas. Si todavía esta sombra
existe y resiste hasta cierto punto en sus reflejos solariegos y mecaniza­
dos sobre la placa sensibilizada de la fotografía, que se populariza gra­
cias a los millones de copias que reparten los periódicos, las revistas y
el cine, en las artes plásticas ya empieza a desaparecer hasta su débil su­
pervivencia simbólica, el maniquí y el monigote. Hasta el cero ya parece
demasiado típico para representar a este Don Nadie, esta nulidad que
vale menos que cero/Su Majestad destronada, el Hombre.
En mis momentos de optimismo pienso que acaso la pintura y la escul­
tura abstractas sean la protesta involuntaria de la dignidad humana
escarnecida y mofada. ¡Ay! que sólo quieren infundir en el hombre una
mueca torcida y caricaturesca, reducirlo al monstruo, al cubo mecánico
y mecanizado, envilecerlo hasta no ser más que una madeja enmarañada
y visceral, un jeroglífico de signos matemáticos o un arabesco a lo me­
jor decorativo y aproximado, y nada más. Entonces de ahí brota la re­
beldía del hombre ofendido en su yo más hondo. Él rehúsa ese papel
y se destierra de un mundo en el que no reina más. Moisés y Mahoma
prohibían el sacrilegio de dar forma al milagro de Dios, al prodigio he­
cho por Dios en su divina imagen. El arte abstracto se prohibe a sí
mismo la representación del hombre y rehúsa dar forma a su universo,
pues siente, padece y sufre al no poder darle el lugar que le corresponde
a la persona humana, desposeída por la muchedumbre. Aunque tal vez
no sea consciente esto, el subconsciente del artista, hombre individual
por excelencia, se refugia, se redime, se evade y se justifica salvándose
en la abstracción definitiva y absoluta que es renuncia y purificación.
En vísperas de la Bienal de Venecia, el mundo del arte italiano está

37

�muy agitado y polemiza justamente sobre este asunto. ¿Qué lugar hay
que darle al arte abstracto en certamen internacional de tanta trascen­
dencia? ¿Hay que reservarle un lugar preeminente o de secundaria im­
portancia? Las pequeñas y a menudo interesantes exposiciones perso­
nales de estos meses, en Roma, Milán, Florencia y otras ciudades, brin­
dan mucho material para estas graves reflexiones y discusiones. Hemos
visto la exposición personal de Capogrossi, quien fué otrora pintor cíe
importancia entre los jóvenes de la llamada escuela romana. Él está
ahora obsesionado por el problema de los vacíos y no pinta niás que
hileras de pequeños signos, vagamente parecidos a caracteres cuneifor­
mes," repetido en negro o en colores sobre el lienzo blanco. Parecen a la
larga sonidos de tam-tam en la selva, por su insistencia de pesadilla. Pe­
ro G oethe ya dijo que en vez de hipnotizarse con el vacío de un vaso
ha de ponerse atención en las paredes que lo contienen, pues son las que
le confieren su forma significativa.
El Art Club, reunión de jóvenes y menos que jóvenes romanos, italianos
y extranjeros residentes en Roma, manifiesta su total adhesión por el
arte abstracto, para decir verdad con más entusiasmo que fuerza de com­
posición. Mucho temo que por este camino se esté yendo hacia una nue­
va convención académica, más superficial e improvisada aún que la de
antaño. Es muy fácil arreglar unas manchas de color y unas líneas ar­
bitrarias con algo del buen gusto de modista emborrachada y enseguida
jactarse como émulo de P icasso, más original que el infatigable mala­
gueño, quien siempre rejuvenece y nunca abandona el estudio concien­
zudo de la naturaleza antes de estilizar o deformar su patrón. Cuando
veo fatigarse a este admirable anciano haciendo diez, doce y hasta quizás
dieciocho pruebas de un aguafuerte o litografía para llegar a una obra
definitiva, como se puede ver en su libro de grabados recientemente
aparecido, pienso con pena en las improvisaciones jactanciosas de los
jovencitos consentidos que no tienen ni su genio, ni su larga paciencia
de trabajador, ni su humildad frente al arte. Y al decir esto pienso en
el chileno-norteamericano-parisiense M atta, quien quiso épater al es­
nobismo provinciano de uno parte de nuestro público con el bluff de dos
exposiciones en Roma: pretendidas novedades rehechas desde los futu­
ristas de menos envergadura de hace treinta años. Un movimiento ar­
tístico puede, por supuesto, tener retoños y renacer con vigor inesperado
cuarenta y más años después de su primera flor. Pero que no especule

38

�haciéndolo peor y con las asombrosas pretensiones de una novedad que
no tiene novedad, fuera de la de improvisar lo que los otros hacen con
fe y sabiduría de verdaderos innovadores. Ellos podían salir de la rea­
lidad porque antes se habían apoderado de ella. Pero los pocos clibujitos de Matta que nos permiten juzgar su conocimiento de la naturaleza,
nos dejan escépticos sobre su sabiduría de dibujante y pintor, ya que
sus coloretes flacos están enmascarados por una truculencia más verbal
y literaria que gráfica y plástica.
Ahora se realizan las exposiciones de los dos hermanos, G iorgio De C h i rigo y A lberto Savinio . Hermanos por sus padres físicos y su sangre
común, también por ciertos aspectos de su parentesco anímico y espi­
ritual, pero lejanos el uno del otro y por lo que se dice y cuenta, her­
manos enemigos. Alberto Savinio es un tipo raro y curioso que posee
lo que hoy es más raro que nunca: el talento j^luricorde, versátil y casi
universal. Tiene prestigio de literato y como hombre de teatro ganó el
año pasado un premio importante con su tragedia dé una Alceste mo­
dernizada. Compone música con encarnizado fervor, con bastante éxito
e inspiración interesante, muy personal. Sus libros nunca están bien es­
critos,'pero son originales y divertidos, acentuados por un humor sombrío
y a menudo amargo, nunca emponzoñado. Y pinta a la manera superrealista y mítica que su hermano mayor tuvo algunas veces antaño. Hay
quienes dicen que fué él quien le aconsejó e inspiró. La materia y la
epidermis de su pintura nunca son hermosas, pero lo mismo puede de­
cirse de las de De Chirico. Los dos fueron influidos fuertemente, ¡ay de
mí!, por Boecklin y la escuela de Munich de hace mucho, donde creo
que estudiaron según tengo oído. De aquella pésima escuela de trucos
ambiguos y salsas turbias, sin tonos netos y pureza de paleta, no salieron
indemnes. De Chirico parecía haberse libelado por suerte en un gran
baño de limpieza mediterránea, cuando sus plazas de Italia crearon de
una vez y para siempre el misterio del espacio vacío y el “lugar mate­
mático” de la metafísica arquitectónica. Fué un feliz momento de su me­
jor producción artística. Pero en Savinio, como en su hermano, la crea­
ción mitológica, a pesar del nacimiento en Italia y de la infancia y ado­
lescencia transcurrida en Grecia, es nórdica. Gustan más de las Noches
de Walpurgis y de las viejas brujas a caballo sobre escobas, que de la
pureza de los cielos clásicos y de las bacanales dionisíacas. En todo caso,
están lejos de Apolo. Así Savinio nos presenta a su padre y su madre

39

�en imágenes de centauros, pero la pesadez teutónica de gárgolas góticas
no nos convence de que tengan carta de ciudadanía helénica. Sin em­
bargo, dos cuadros paralelos tienen rasgos interesantes, el primero es una
especie de Febo algo caricatural que levanta su cabellera de rizos y ra­
yos rubios detrás de la colina y estrecha en sus brazos luminosos el pueblecito de casas que acaban de despertar alrededor de una iglesia blan­
ca. En el mismo lugar y escenario surge la cabeza violeta de la noche
para sumir al mismo pueblecito en la magna quietud del otro lienzo y
mimarlo en el abrazo de las sombras y el sueño.
G iorgio de Chirico se había ido alejando en los últimos decenios del
mundo fantástico y poético de su creación, hacia el verismo y realismo
hinchado, fofo e hiperbólico de un naturalismo a lo Seicento. Me pare­
ce que está volviendo de aquella retórica mórbida, malsana y sumamen­
te intempestiva en nuestros tiempos antiseicentescos y que acaba de
avanzar cien años. Por ahora, en sus Visiones y paisajes romanos, que es
el tema de su pequeña exposición actual, se acerca al siglo XVIII, tal
vez a los comienzos del XIX, con sus sombras y albores y fuentes y rui­
nas y estatuas y mármoles y fragmentos de columnas, poblados por per­
sonajes pequeños y pintorescos, vagamente folklóricos, más a la manera
de P inelli o de los paisajistas y dibujantes que ilustraron novelas o li­
bros de viaje de entonces que a la de W atteau. Parace acordarse de
G uardi, hasta de Fragonard y de C orot. Rechazó el vacío metafísico
pero su invencible nostalgia le lleva otra vez hacia arriba con los mo­
numentos y las ruinas.
En resumen, ahora rechaza el muñeco. Para comparar lo grande con lo
pequeño —pues el átomo y las esferas celestes están regidas por las mis­
mas leyes—, el arte se asemeja a las muñecas. Después de todo, ellas sim­
bolizan el instinto de conservación de la especie, el cual se eleva hasta
la espiritualidad del amor maternal. Desde la muñeca de harapos con
su cabeza esquemática y desde los primitivismos sumarios se había lle­
gado a la muñeca standardizada de porcelana y a la convención acadé­
mica. Luego, la muñeca expresionista y el arte caracterizado como im­
presionista y expresionista. Hay que ver si llegaremos a conmovernos con
estas síntesis de maniquíes o de abstracciones sin más, a menudo de dos
dimensiones y sin valores táctiles, agnósticas frente al calor del patitos y
de la emoción humanos.
Roma, abril de 1950.
M argarita G. Sarfatti

40

�hojas de estudio

E L
L O S

A R T E

A L E M A N

S I G L O S

X I V

D E
Y

X V

La exposición de primitivos alemanes en el Museo de l’Orangerie ha
mostrado al público un arte alemán muy poco conocido, inexistente en
el Museo del Louvre y del cual, en Francia, sólo se han ocupado dos o
tres personas en breves monografías. Lo inesperado de la exposición, la
clara certidumbre que surge ante ella de la ignorancia y errónea idea
en que se tiene generalmente al arte alemán de los siglos xiv y xv, nos
han impulsado a investigar en el tema, aprovechando la oportunidad
extraordinaria de ver reunidos los 90 retablos y cuadros de caballete
diseminados de ordinario por todas las iglesias, ayuntamientos y museos
más apartados' de Alemania.
La pintura alemana de los siglos xiv y xv necesita, tal vez como nin­
guna otra, una justificación histórica. Es imprescindible saber en qué
circunstancias socialeconómicas se desenvolvieron vida y trabajo de los ar­
tistas primitivos, para comprender este arte agrio y a menudo desagrada­
ble que nada tiene en común con el realismo patético y sublimado de
G rünewald, con el virtuosismo exquisito de D urero y LIolbein o con el
genial espíritu germánico que surge de los óleos de L ucas C ranach.
Los siglos xiv y xv señalan históricamente la apoteosis de la burguesía. Re­
voluciones en los principales centros de Alemania, queman las bastillas

41

�debilitadas del feudalismo y la Edad Media convierte, en su alquimia
vertiginosa, los sueños poéticos de la caballería en la administración bur­
guesa y tiránica de las corporaciones. La ciudad, se organiza, y la gran
burocracia corporativa limita los transportes de artistas y poetas al es­
trecho canon del encargo. Cae el privilegio espiritual y la libertad de los
hombres excepcionales se somete a una matrícula corporativa, al regla­
mento estricto del grupo. No se admiten artistas, sino artesanos; el nuevo
privilegiado, el rico burgués, paga a este artesano para que le pinte
retablos —cuya narración y fidelidad están incluidas en las condiciones
del encargo—, destinados a la Iglesia, como un tributo de sumisión. Por­
que, si bien el alto espíritu heroico ha sido vencido pór el pequeño es­
píritu práctico, el estandarte piadoso sigue ondeando sobre las ciudades
temerosas de Dios. Sin embargo, también este impulso del hombre se ha
transformado en la nueva administración del alma. Los místicos alemanes
y los misterios medievales, dos movimientos magníficamente estudiados
por E mile M ale, convierten el pensamiento puro del hombre hacia Dios
traducido en las catedrales góticas, en una gran anécdota, cuyo éxito de­
pende del colorido y variedad de su tema. Es muy curiosa la figura de
Suso, el místico del siglo xiv, que en su predicación encarnizada por el
ascetismo, ve constantemente ante sí una imagen de María tentadora y
carnal, de la que surge toda la iconografía redonda y tierna de la escuela
de Colonia. El teatro levantado en cada plaza de la ciudad sugiere a los
burgueses el camino de sus retablos y por ende, impone a los artistas
inspiración, anécdota y escenografía. La Pasión, que sigue impresionando
aún a D urero como “tema esencial de la pintura”, se repite mil y mil
veces acentuándose progresivamente los gestos horribles y patibularios de
los verdugos, contrayendo los rostros en un dolor creciente, inventando
máscaras falsas de piedad.
En este ambiente administrativo en que la palabra arte desaparece y
el espíritu tiene la medida mezquina que le otorga un puñado de dinero,
se desarrolla la pintura primitiva alemana. Debe haber, pues, una iden­

42

�tidad de grandeza y miseria entre el artista y su época, salvo el paso pri­
vilegiado del genio; como el Renacimiento encuadra en la Italia prodi­
giosa de L orenzo de M edici y la catedral gótica llena exactamente el
gran espacio espiritual del Medioevo, este espíritu de pequeña cofradía
trasciende al arte primitivo alemán y le da su dimensión estética.
La identidad de circunstancias sociales en que se desenvuelve no desembo­
ca, sin embargo, en una resultante estética común. Flandes por el norte,
Francia por el oeste en menor escala, e Italia poderosamente por el sur,
conspiran en secreto contra la platitud de la cofradía y la admiración de
Van der W eyden o M antegna transporta estos artistas reducidos a arte­
sanos a un mundo liberado y audaz de color y de forma.
Alemania ha sido dividida de norte a sur para organizar los pocos estudios
sobre su pintura primitiva. Esta disposición es arbitraria y no jerárquica
sino simplemente ordenadora de un caos en el que retablos de igual
importancia, en su mayoría de autor desconocido, aparecen en casi todas
las ciudades principales. En todo caso es evidente que las tres ciuda­
des del norte que configuran las llamadas comúnmente Escuelas de
Alemania del Norte, son Hamburgo, Socst y Colonia. Creo totalmente
equivocado llamar escuelas a un supuesto movimiento pictórico que no
existe en realidad; Hamburgo es el M aestro F rancke; Soest, C onrado de
Soest, y Colonia, Stefan L ochner, ninguno de los cuales deja escuela
ni prosélitos.
El M aestro F rancke está solo en la historia. Queda de él su retablo en­
cargado por una cofradía de mercaderes hamburgueses. Los ocho paneles
enormes que forman el exterior, cuentan la historia de la Virgen pro­
tectora de los navegantes y en el interior se desarrollan las consabidas
escenas de la Pasión. Francke es valorado por su fuerza expresiva y
su color: La conducción de la cruz y El descenso a la tumba, intentan re­
presentar con la máxima fidelidad, dolor, aflicciones e injurias (Fig. 1).
Sin embargo, ni los escorzos violentos ni la contracción de los rostros
bastan para ello. La línea es monótona, el volumen se aplana, no hay

43

�fuerza íntima que sostenga las formas. El color sí es audaz. Colores pri­
marios, organizados sin orden ni concierto, que no obstante su desarmonía
indican una paleta libre y desaprensiva, separada totalmente de las ilu­
minaciones severas sobre su fondo de oro.
El intento de crear el espacio, finalidad grandiosa que sólo logra realizarse
en el Renacimiento italiano, se acentúa en C onrado de Soest. Segunda
ciudad, segundo pintor aislado y sin discípulos. Conrado de Soest pone la
primera firma y fecha al pie de una pintura alemana, lo que no consigue
añadirle, por cierto, toda la originalidad que le falta. La composición
mezquina de la Muerte de la Virgen, no se compensa con valores
de dibujo ni de volumen y persiste la incomodidad por la acumulación
excesiva de detalles, la chatura del fondo y las falsas perspectivas de
muebles y objetos.
Stefan L ochner, primer pintor de Colonia, vive ya un clima propio

en que la “tierna, florida y rosa” virgen de Suso contagia su redondez
muelle y renacentista a los personajes y al paisaje a su alrededor. La pre­
sentación al templo (Fig. 2) acepta toda una tradición italiana que jalona
el hallazgo del espacio desde G iotto a P erugino. Sin embargo, sus per­
sonajes se amontonan faltos del aire suficiente y el fondo acaba brusca­
mente en el altar bordado y en la alegoría plana del Buen Dios rodeado
de ángeles azules —ángeles demoníacos que planean durante estos dos
siglos en la pintura alemana, oponiéndose a la seráfica beatitud de los
angelotes del quattrocento. Lochner es fiel traductor del espíritu poético
que logra en Colonia, centro cultural de Alemania, sobrevivir a la buro­
cracia corporativa: Lochner, como Francke y Sóest, no deja escuela. Por
el contrario, paralelos a él y en su misma ciudad, se sitúan otros dos
pintores de menor importancia, que son notablemente diferentes. El
M aestro de la Vida de M aría y el M aestro de la D eposición de la C ruz:
del primero se expone La visitación, en la cual los ángulos cor­
tantes de T hierry B outs se reconocen ablandados por el clima ferviente
de Colonia. Duras, inexpresivas, las figuras de la Visitación no carecen

44

�M aestro F ranckf .

1 Retablo de Santo Tomás

2

STEPHAN LOCHNER

l,a presentación en el templo

�3

Maestro de la deposición de la cruz

Deposición ele la cruz

Izquierda:
Maestro del retablo
IMHOFF

Cristo de piedad
Derecha:
M aestro del retablo
T ucher
S. A g u stín y S. M ónica

�6

M aestro del retablo Perincsdorffer

Visión mística de S. Bernardo

Izquierda:

7

ALBRF.CHT DÉ RI R
A ulorretrato

8

Martin Schoncaguer

Derecha:
Santa Familia

�Arriba:
L ucas M oser

9

Viaje de S. Magdalena a
Marsella
Derecha arriba:

10

H ans M ultscher

Conducción de la cruz
Derecha abajo:

_

H ans H olbein el V iejo

L x

La Virgen y el niño

�sin embargo de gracia. El paisaje logra profundidad, y el todo se sosten­
dría más armónicamente si la exigencia del encargo no hubiera obligado
al pintor anónimo a aplicar en primer plano un escudo que no se puede
incorporar al cuadro. Junto a él, el M aestro de la D eposición de la C ruz
aparece chocante y violento. Toda la trivialidad y falta de refinamiento
de la época están recogidos en este gran cuadro, concebido en forma de
cruz, como la maravillosa deposición de R ogf.r Van der W eyden. Ni co­
lor, ni conocimiento del oficio, ni posibilidad de dibujo, ni concepción
estética faltan a esta tela (Fig. 3); ninguna emoción, no obstante, frente
a este gran trabajo vasto y frío, excesivo de pliegues y recamados, donde
nada traduce la tragedia del tema, tal vez porque la expresión retórica
de cada personaje la desmiente. El Maestro de la Deposición es de me­
diados del Cinquecento; el cuadro se cree realizado el mismo año en cpie
L eonardo dibujaba su maravillosa Adoración de los Magos. Artista y ar­
tesano se encuentran en el siglo y la virtud magnífica del uno deshace el
mérito limitado del otro.
La Alemania del Sur se enriquece a medida que se aproxima a Italia,
donde el fuego de la belleza incendia la gran parva dorada del quattrocento. Los centros de arte se extienden y se codean; son ahora la Franconia, el Alto Rin, la región Suaba y el Tirol.
La Franconia, agrupada alrededor de Nuremberg, abre por las puertas de
tres retablos el camino a Durero; el Retablo Imhof, del cual se expone
el Cristo de Piedad (dibujo carente de toda noción de anatomía), cuyas
figuras trasuntan un dolor que está mucho más cerca de la simbólica
bizantina que de la vigorosa realidad renacentista (Fig. 4) ; el Retablo
Tucher (Fig. 5), en segundo término, enriquece y espiritualiza el dibujo
con recursos de pura invención. El tercero es el Retablo Peringsdórffer
(Fig. 6) que se considera el antecedente directo de Durero. (En otro
tiempo atribuido a W olgemut, maestro de Durero, suposición desvirtuada
hoy por la reconocida mediocridad del maestro.) Del primero a este tercer
retablo la línea Bizancio-Italia es bien clara, y en el proceso el espacio

49

�gana valor y fuerza, hallándose al fin en la naturaleza real que sirve de
fondo a la visión mística de San Bernardo. Después de este período, el
artista D urero nace en Nuremberg, y el hombre que mira desde su pri­
mera intimidad (Fig. 7), sojuzga el mundo colectivo y crea el primer re­
trato individualista, que dicta el fin de la Edad Media.
La región del Alto Rin agrupa a los grabadores más valiosos de Ale­
mania en esta época. Aquí se comprueba la tesis de Louis R eau, quien en
su estudio sobre los primitivos alemanes afirma que así como los cuadros
italianos son reducción de frescos, los cuadros alemanes son grabados co­
loreados enormemente agrandados. La Santa Familia (Fig. 8) de Schongauer delata tanto el grabado por su realización técnica, como la influen­
cia de Roger Van der Weyden por su concepción estética. Su realismo
alemán enriquecido con la corriente flamenca, la buena resolución de
perspectivas, la moderación y armonía de color, han valido a Schongauer
una fama que trasciende su ciudad y su país.
Del mismo Alto Rin son el M aestro del L ibro de la R azón, grabador
excelente que dibuja —excepción notable— figuras y escenas de la vida
diaria, y FIans FIirt, realista brutal y deformante, a quien consideran
algunos precursor de G rünewald.
Suabia tiene el honor de dar nacimiento a los ¡pintores principales del
siglo: su papel es de creación y descubrimiento (siempre, claro está, dentro
de la pintura alemana). El paisaje llega con el mar y la barca de Santa
Magdalena, en una de las alas laterales del Altar de Tiefentrón, obra de
rara hermosura dentro de la pintura primitiva alemana (Fig. 9). La
línea dura se enternece, probablemente bajo el recuerdo de G f. n t i l e
da F abriano, y los tres paneles tienen un encanto sostenido y distinto,
pasando del ingenuo mar al claro paisaje de ciudad y al bosque de arcadas
del templo. Santa Magdalena, sentada en la barca en amable conversa­
ción se convierte en el panel de enfrente en una ondina sostenida en
el aire, con una cabellera que recorre y modela sus flancos como agua
fácil y ondulada. El precioso Altar de Tiefenbron narra también la cuita

50

�del pintor en la guirnalda que rodea el panel central: “Grita, arte, grita
—dice la inscripción— y laméntate altamente, porque hoy día ya nadie
quiere saber nada contigo”, profecía que en 1431 pierde toda validez frente
al empuje del renacimiento italiano.
K onrad W itz introduce la geometría, obsesionado por la ubicación en el
espacio de las figuras de su maestro, el escultor C laus Sluter. Su pintura

plantea por primera vez una problemática y en ella la angustia del espa­
cio, el volumen y la perspectiva. En esta intención demasiado evidente,
las figuras centrales de Santa Magdalena y Santa Catalina perma­
necen hieráticas, vulgares y duras. La preocupación obsesiva de la pers­
pectiva se prolonga en techos, arcadas, corredores y mosaicos que, al exa­
gerarse, pierden profundidad en cambio de lograrla. Esta frustración tiene
una dignidad: el espacio conquistado está rígido pero el acento tenaz con
que el artista ha trabajado, deja su huella íntima en las telas y es tal vez
el imponderable que permite superar sus defectos.
La medida de Witz se hace violencia desmesurada en M ultscher: la pro­
porción se disloca, el equilibrio se torna arbitraria desarmonía, el realismo
vuelve con toda su antiestilización del concepto plástico. La conducción
de la cruz (Eig. 10) es la apoteosis fría y desagradable de lo monstruoso.
Con H olbein el V ie jo culmina el ciclo de la escuela de Suabia: no es que
la Virgen y el Niño (Fig. 11), sobrecargada de detalles, plena de reminis­
cencias renacentistas y flamencas, signifique de ningún modo el aporte
original que entregará su hijo. Ni genialidad ni grandeza aparecen en su
pintura. El valor más extraordinario de Holbein el Viejo reside sin duda
en su carnet de dibujos, integrado por esos maravillosos retratos donde
clérigos, escribas y señores han dejado su más íntima expresión
psicológica, en la línea dinámica, en el juego de planos sabiamente conse­
guidos por el trazo corto y el sombreado. Prodigioso y casi desconocido
anticipo del individualismo, el carnet de Holbein cierra el gran período
de la Edad Media.
El arte primitivo alemán comienza con un solitario, el Maestro Francke,

51

�y concluye, en el otro extremo de Alemania, con un hombre que trabaja
también siñ escuela o pintores a su alrededor: .M ichael P acher, quien

une definitivamente el arte alemán con el Renacimiento. De su obra ca­
pital, El Retablo de San Woljgang, se expone San Wolfgang y el ladrón.
M antegna vivo nos inunda en el recuerdo y es preciso separarse
con el desagrado de haber visto su plagio y su caricatura; nada más inar­
mónico que el dibujo del ladrón en que la deformación no es invento
formal sino carencia de conocimiento y de sensibilidad. Pacher, contem­
poráneo de Mantegna y Bellini, muestra más elocuentemente que toda
teoría, el abismo entre Italia y Alemania del siglo xv.
No hay calificativos generales que puedan aplicarse a los primitivos ale­
manes: se trata, como hemos visto, de pequeños artistas, mediocres, sofo­
cados por la pfatitud ambiente y sin el genio que es capaz de emancipar
y crear un libre universo de formas. Esta pintura es menor, anodina, des­
agradable; ubicar a su lado a sus contemporáneos italianos y flamencos,
imaginar a C imabue y G iotto , cien años antes que el primer primitivo
alemán, es aniquilarla definitivamente. Hay algo agrio, imponderable­
mente burdo, que se desprende de casi todas estas telas: es imposible pen­
sar cómo, después de estos dos siglos de retroceso estético, la pintura ale­
mana llega a Durero, Cranach, Grünewald y Holbein, esos cuatro genios
extraordinarios en los que la verdadera creación va unida al más depu­
rado canon de belleza.
Los románticos alemanes primero y luego esa moderna corriente de rena­
cimiento de los primitivos surgida en los últimos años, han dado a co­
nocer esta pintura mediocre. El público se extasía ante ella sin discrimi­
nación y le basta una orla de oro para encontrar que el primitivo es
admirable. El prologuista del catálogo, profesor G ermán B azin, y el
organizador de la exposición, con ánimo natural de justificarla, llenan
páginas y páginas de superlativos. Replico a éstos con el análisis de las
obras. Que el lector, a su vez, construya independiente su juicio.
París, mayo de 1950.

M artha T raba

52

�C

R

I

T

I

HONORÉ MARI US BÉRARD
R aymond B ayer en el prólogo que dedica
a B érard y que se publica en el catálo­
go de la reciente exposición del artista
en el Instituto de Arte Moderno dice:
‘'El arte abstracto, si no tiene rostro fi­
gurativo por lo menos tiene alma y por
ello cada pintura abstracta es la imagen
del artista mismo. Su autorretrato.” Si p ar­
tiendo de este planteo consideramos p ri­
mero los tres cuadros figurativos de la
exposición, que datan de los años 1913,
1915, y 1917, nos encontramos con que
efectivamente la postura esencial del ar­
tista no ha variado a lo largo de un
trayecto que apreciamos bien escalonado
y completo hasta el año 1949. En estos
tres cuadros figurativos Bérard se presen­
ta como un pintor impresionista, de tem ­
peramento romántico, con una marcada
tendencia a la síntesis. Esto se nota bien
en los paisajes donde predom inan las tin ­
tas grises en un color colocado en am ­
plios planos de m ateria rica y sensorial.
Los bordes vibrantes y empastados de­
muestran una constante tensión emocio­
nal.
¿Cuál es el cambio efectuado en los trein­
ta años subsiguientes? Escaso y mucho
menos im portante de lo que una prim era
impresión podría tentarnos a suponer.
Cambió lo figurativo por lo no figurativo
pero intrínsecamente su mensaje es el
mismo. Siguen los tonos grises orquestan­
do tintes saturados; basa aún el efecto
espacial que producen sus cuadros en el
contraste claroscurista de arabescos ne­
gros sobre tintas claras; continúan los
contornos de los planos deshilacliándose
con emoción desbordante; encontramos la
misma m ateria densa cargada de efectos

53

C

A

sensoriales; sigue la curva buscando su
ritm o dinámico a través de un espacio
que por no ser figurativo no deja de ser
menos real.
Estamos pues frente a un abstracto cuya
postura se halla muy lejos de un Mon drian . o un M ax B ill. Su intelecto está
dominado por la emoción; “Compadece a
los pintores que realizan el cuadro con
preconceptos ordenativos del color y del
dibujo.” Esto no significa que no los ten­
ga, pero lo que domina en él es la emo­
ción sensorial: color, claroscuro, dibujo,
espacio, se cargan con su significado. Es­
tá tan adherido a la m ateria en su m en­
saje sensible como un D elacroix.
Si estudiamos los ritmos sobre los que
organiza sus superficies, veremos que son
siempre orgánicos; reconocemos incons­
cientemente en ellos esquemas de la rea­
lidad exterior. Podrían perfectamente
adaptarse a realidades concretas. Como en
los románticos estos ritmos se cargan de
subjetividad. Atraviesan o lim itan planos
que vibran y se mueven en una rica so­
noridad de tinta y tono. Son todos ele­
mentos de un romántico que no se des­
m iente a través de sus cambios sucesivos,
pero de un romántico sano que huye del
pintoresquismo del tema paira volcarse en
los elementos puram ente plásticos de su
lenguaje, dándonos así una visión depu­
rada y nítida de su emoción.
Si su obra no marca un jalón en el arte
abstracto actual o del futuro, su postura
podría formar un puente entre los pinto­
res románticosensoriales de fin de siglo y
la tendencia abstracta intelectual y obje­
tiva de nuestros días.
B lanca P astor

�TREINTA

PINTORES

ARGENTINOS

Esta exposición, que incluía obras de al­
gunos de los más destacados pintores ar­
gentinos, se caracterizó por una homoge­
neidad que debido al nivel a que llega no
se puede considerar como un acierto, ya
que salvo raras excepciones, los artistas
no se han esforzado en mejorar envíos
anteriores, o bien se han contentado con
mandar cuadros producidos muchos años
atrás; junto a estos hechos se notan au ­
sencias que, como la de P etorutti, son
siempre de lamentar.
Aunque M iguel C arlos V ictorica no se
ha preocupado de presentar una de sus
obras de mayor envergadura, comenzamos
con el estudio de su Paisaje porque siem­
pre sus telas tienen algo que produce go­
ce estético a quien sea capaz de sentirlo y
¡qué goce se le brinda a quien se acerca
a este cuadro y se deja envolver por la
carga de sensibilidad que lleva el primer
plano! La tapera, en cambio, se encuen­
tra aislada, separada del conjunto tanto
por el dibujo que la encierra como por el
color; construida en tonos fríos, sus muros
se oponen a los cálidos del exterior según
un procedimiento que por repetido se
hace algo monótono. Solamente el techo,
en ocres bien valorados, sale de esa uni­
formidad al extenderse junto a los azules
del cielo o los verdes azulados del follaje.
No es una composición rigurosamente
pensada, pero parece que la casita estu­
viera sostenida dentro de un triángulo
cuyos vértices los dan los tres árboles de
los extremos, unidos atrás por el hori­
zonte y adelante por unas zonas bien
iluminadas que guían el ojo hacia el
árbol de la derecha. Esto ayuda a estati­
zar algo el efecto superficialmente diná­
mico de las pequeñas pinceladas de colo­
res puros —algunas muy cargadas de m a­
teria— que alternan con partes donde la
pintura está tan diluida que, a veces, has­
ta permite distinguir el fondo de la tela.
Si en Victorica el afianzamiento de la
composición parecía intuitivo, en Emilio

54

Centurión se puede ver que predomina
el artista intelectual, de oficio; es la obra
del hombre que logra detener la im pre­
sión del momento en el espacio que me­
dia entre la paleta y la tela y cuando su
mano llega ya está obedeciendo las órde­
nes de una mente que sabe filtrar las in­
citaciones sensoriales, sabe seleccionar y
conceptúa al construir. Flores de Centu­
rión es un cuadro trabajado en colores
vivos con formas definidas pero no hay
demasías: todo está medido, calculado; se
ha buscado que nada desentone, que nada
salga del equilibrio sugerido por dos dia­
gonales ideales y si .bien esto se cumple
casi exactamente en los motivos del p ri­
mer plano, cuya arquitectura muestra re­
sabios de incursiones anteriores por el cu­
bismo, no ocurre lo mismo con el fondo,
quizás por que allí el artista aflojó las
bridas a su sensibilidad y él se expresa
mejor cuando logra mantenerla subordi­
nada al plan propuesto. O tro ejemplo de
sensibilidad dominada por el intelecto lo
tenemos en H oracio Butler. Su Natura­
leza Muerta nos habla de la serenidad con
que el pintor enfrenta sus modelos y có­
mo los estímulos que ellos producen se
traducen en la tela en formas plásticas
que denotan gracia y vigor más que fogo­
sidad o pasión. Aunque la tercera dimen­
sión está indicada por la separación entre
el prim er plano y el fondo, se ve que la
tendencia del artista es a dejarse llevar
por los ejes ortogonales; la vertical que él
subraya al aum entar la esbeltez del vaso
—columna que divide a la tela en dos p ar­
tes casi iguales— y la horizontal en que
terminan los tonos fríos del prim er plano,
los cuales no se funden para nada con los
cálidos giros tan dinámicos del fondo, que,
al adelantarlo, acentúan la ilusión de planismo de esta obra. Al pintar, Butler di­
buja; su dibujo es cerrado y si hay líneas
que se rompen, se nota que un medio to­
que de color aparece a tiempo para ence­
rrar cuidadosamente las formas así cons­
truidas.

�En Marcos T iglio privan, en cambio, los
impulsos sensuales y sentimentales por so­
bre técnica u oficio. A él no le importan
las formas en sí sino que las usa sólo
como un lenguaje que le permite expresar
lo que siente frente al mundo. Se pre­
siente una lucha honda y amarga en sus
tonos bajos, apenas realzados por pince­
ladas de colores vivos pero no claros. Así
como cuesta distinguir las formas en la
áspera superficie en que las ubica, parece
que también el pintor, con orgullosa ti­
midez quisiera ocultarse, confundirse en
esa semipenumbra que hace vibrar con
ritmo sordo.

Aunque alejado en cierto modo de sus
últimas presentaciones abstractas, J uan
del P rete ha presentado una tela de ca­
tegoría, que confirma el juicio que hemos
formado los que seguimos su obra a través
de exposiciones individuales y colectivas.
En Del Prete tenemos al hombre que bus­
ca, que explora y que de pronto suele
dar sorpresas como acá, donde su sensibi­
lidad desborda tanto en el tratam iento del
color como en el de la materia pictórica.
Él quiere dominar esa sensibilidad y en­
cierra o subraya las formas usando golpes
de pincel que, sin ser rígidos, revelan que
su concepción intelectual está presente en
el manejo de los elementos, pero la po­
tencia de su color es tan personal que
salta por encima de su precisión dibujís­
tica y logra tintas y tonos con los que crea
su composición en un espacio dinámico,
desprendiéndose de las formas a que esos
colores van adheridos. La atmósfera de
este cuadro vibra no solamente por efecto
psíquico del color y del dibujo, sino casi
físicamente, debido a la graduación del
espesor de la materia, al dominio de su
brillo y hasta a la dirección y sentido con
que se ubican las pinceladas que ondulan
por sobre la superficie de la tela. J orge
L argo —que nos da una muestra del ca­
mino a que lo conducía su manera de pin­
tar a la acuarela, y que ha sabido encon­
trarlo, porque es un pintor que se m an­

55

tiene joven y lleno de vitalidad— obtiene
el efecto dinámico de su espacio de otro
modo; en vez de choques como en Del
Prete, se observan signos que juegan; to­
ques de colores saturados que llevan con­
sigo al ojo del espectador, lo hacen mo­
verse junto con los personajes que llenan
esta Plaza de Oriente, siguiendo un ritm o
que no por alegre es caótico, sino que se
extiende siguiendo una especie de ordena­
miento vertical. Con todo, lo mejor de
esta tela no está en los elementos superfi­
ciales, sino en el manejo de los grises que
construyen las casas que bordean esta p la­
za, y donde el pintor logra sus efectos más
armónicos.
L ino Spilim bergo presentó un paisaje pin­
tado en 1934, en el cual todos los elemen­
tos aparecen claros, nítidos, bien definidos.
Pero que no se engañe nadie porque no
está en eso el mensaje del artista. Hay un
misterio insinuado en esta tela y parece
que el pintor quisiera ayudar al especta­
dor a descubrirlo, llevando su mirada h a­
cia el interior del cuadro a través de una
serie de puntos de enfoque que él va des­
tacando por medio de toques luminosos,
contrastes de tintas o efectos de parcos
sombreados. No es fácil encontrar la so­
lución; estos puntos de mira sólo acercan
a una meta, a un más allá inalcanzado
aún a donde se dirigen unas nubes que
se alejan, abandonando lo que es terrenal.
Spilimbergo trabaja casi exclusivamente
con tonos neutros cuidadosamente degra­
dados, pero sin planos de pasaje. Cada
nueva zona tonal está convertida en un
plano dibujado, bien delimitado, de ten­
dencia geométrica, cuya ubicación dentro
de las formas sugiere volumen. Las Figu­
ras de A lfredo G uido también podrían
incluirse dentro de un tipo de pintura
que aspira a expresar un trasmundo raetafísico por medio de formas de tendencia
naturalista. Los elementos plásticos que
este pintor usa están dotados de una
fuerza centrípeta cpie hace que la intro­
versión de los personajes sea captada y

�compartida por el espectador. El predo­
minio del eje vertical —dado por la dis­
posición de las dos cabezas y sostenido
por la columna de la izquierda— junto
con la buscada repetición de colores neu­
tros en sus tonalidades más bajas, provo­
ca un dinamismo lento, acentuado por los
efectos rítmicos de las pinceladas que se
ubican una junto a otra sin fundirse.
J uan B atlle P lanas está representado
por una figura que él carga de expresión
subjetiva, pero sus medios son muy dife­
rentes de los de Spilimbergo o Alfredo
Guido. Toda su sugestión la obtiene por
medio del color, que aparentando estar
extendido en forma homogénea y casi pla­
na muestra una suave variación tonal. Él
contrasta tonos que alcanzan cierta po­
tencia emocional, contenida dentro de for­
mas que dibuja con líneas duras pero si­
nuosas, tanto que estirándose casi sin vi­
bración alguna, van plenas de sensualidad
y se levantan del plano.
R a ú l Russo hace gala más de impulso
juvenil y fuerza pictórica que de oficio;
su mensaje nos llega a través de la sínte­
sis con que están tratados los árboles y
las casas así como por la sensación de
espacio que logra crear en ese melancó­
lico rincón urbano, realzado por la ener­
gía de los trazos que componen, con buen
sentido inventivo, la nube que corona este
paisaje. La fuerza de L eopoldo P resas
está en su empaste. Es cierto que es sensi­
ble al color, y que acierta en la oposición,
a veces peligrosa de ciertas tintas, pero el
dinamismo que él busca lo logra sobre
todo por la riqueza de la materia. T al vez
él flaquea por el lado del dibujo, pero en
esta Figura y M aniquí el simbolismo del
tema y el que surge de las subformas —
manos, torso, eje inclinado del cuello,
arabesco de los brazos, e tc — así como la
mirada de la figura nos dicen que Presas
no se conforma con trabajar la superficie
de la tela, él aspira a algo más que espe­
ramos alcanzará al madurar.
Miguel D iomede, pintor que siempre me

56

ha atraído por el manejo del color, no
está bien representado. Sus matices, a
fuerza de delicadeza y fluidez han perdido
vigor, se han diluido; y si bien estos Pes­
cados revelan habilidad y buen gusto, no
es esto lo que buscamos en un colorista
de la calidad de Diomede. Tampoco es
muy acertado el cuadro de R amón G ómez
C o rnet , quien siempre en una sinfonía
de neutros lograba sus efectos psicológicos
por la fuerza de sus líneas y la honda vi­
bración de sus tonos bajos .Esta Niña Sen­
tada, pintada en suaves verdes y rosados
nos detiene en el exterior como diciendo:
“Esto es todo”. Encontramos dulzura don­
de esperábamos recrear una fuerte exal­
tación sentimental.
Expusieron otros pintores en el Salón
Kraft, había otras buenas obras, pero me
he ocupado solamente de aquellos que al
ser estudiados, a su vez ofrecían oportu­
nidad de progreso a quien tratara de in ­
terpretarlos.
B eatriz H uberman

CARLOS G1AMB1AGI
La visión de un nuevo paisaje no signi­
ficó para C arlos G iam biagi ni un cambio
en la actitud contemplativa ni una reno­
vación absoluta de sus habituales formas
plásticas. Giambiagi sigue siendo un lírico.
Cuando las luces amarillas rompían con
violencia la espesura de la selva, el pai­
saje vibraba en el choque de las masas
azules y verdes frías con los oros cálidos;
allí su lirismo se exaltaba hacia lo dra­
mático. Hoy se aquieta en lo medidamen­
te sentimental. Las sierras lejanas, las
pendientes suaves, los valles profundos
cobran su forma plástica en el simple
movimiento de los tonos neutros o en la
unidad armónica de los azules, lilas y
verdes.
J Sin embargo podíamos esperar de Giam­
biagi una interpretación distinta, una

�concepción más formal que sin llegar a
las reducciones más abstractas vigorizara
su pintura. Las picadas misioneras cons­
truidas con masas diferenciadas de color
nos autorizaban a esperarlo. Es el camino
intentado en dos paisajes de montaña
dohde la oposición de los planos constru­
ye las formas duras con auxilio del color.
Pero es intentado y abandonado para ex­
presar en el resto lo que sus ojos ven en
las simples y delicadas armonías de los
tonos.
Si a ratos hay en ellas riqueza de verdes,
azules y sobre todo de grises, no siempre
supera la monotonía cuando reduce la
paleta al juego de los ocres. Al mismo
tiempo aquella materia jugosa, que tra ­
ducía pictóricamente con jusleza el vigor
magnífico de las picadas, ha perdido con­
sistencia, se ha hecho por momentos de­
masiado fluida al unificar los efectos de
la luz.
En la serie de telas expuestas en la Socie­
dad Hebraica Argentina el impulso lírico
del artista se ha ablandado; no resulta lo
suficientemente expansivo como para que
las formas objetivas cedan el paso a las
formas pictóricas plenas de emoción.
B lanca Stábii.e

SANTIAGO COGORNO
P lá stic a ex p u so u n c o n ju n to de o b ras —
óleos, d ib u jo s, té m p e ra s— de Santiago
COGORNO.

Sabemos que el artista vive en Italia des­
de . hace tres años y en esta muestra es
dable observar claramente las diferencias
entre sus primeras obras y las posteriores
a su viaje.
Las primeras, —vemos tres figuras— están
realizadas en ocres, con m ateria densa,
sensual a veces en el desnudo, más flúida
en los fondos. No es un naturalista ni lo
será después. Hay en él un intento per­

manente de reemplazar la forma natural
por un signo cargado de fuerza dinámica,
lírico a veces, dramático otras; carácter
que lo vincula al expresionismo y que se
acentúa durante su estada en Italia, des­
de donde nos envía sus últimas obras; las
más sorpresivas.
En éstas se expresa por contraste de colo­
res puros —en oposición a los ocres ento­
nados de antes—, con franco predominio
de los verdes. La materia se aligera y la
intención dinámica presente en toda su
obra se exacerba: aplana las figuras a las
que parece sorprender en un gesto; em­
plea el arabesco, abierto y denso que vale
como color y como forma.
Su modo de emplear el color, —lo divide
en pequeñas zonas, que repite infinitas
veces, en cada una de las cuales va del
tono puro intenso, degradándolo, hasta el
blanco—, sostiene el planismo de la figu­
ra y acentúa el movimiento.
En sus obras anteriores esta tendencia se
manifiesta en la concepción dinámica de
sus espacios, en la composición a menudo
en arabesco. Pero en éstas encontramos
siempre un elemento de ordenación: pu e­
de ser una banda de luz cálida —como en
sus óleos con maniquíes— que obra a la
vez como eje vertical y como nota cromá­
tica que levanta la gama de ocres, o el
arabesco, que se advierte como un ritm o
subyacente a la forma pero que ofrece
una estructura.
En las últimas en cambio, el dinamismo
plástico parece alcanzar sus límites extre­
mos. Se expresa en formas caóticas y des­
bordadas. Percibimos la euforia agresiva
que parece impulsarlo pero añoramos una
forma construida, una estructura sólida
que organice toda esa inmensa fuerza de
color y movimiento.
Parece que otorgara a la realidad un sen­
tido espiritual que no encuentra en la
materia, por eso la trasciende y la elude
adelgazándola, y la hace más y más flúida

57

�en el color y en el empaste. Descarga sus
objetos de toda individualidad; desecha lo
circunstancial, todas notas que nos dicen
de su urgencia metafísica.
Ha variado también sus temas. Antes pre­
fería las figuras a las que utilizaba como
vehículo de proyección sentimental; ahora
abundan los animales. Advertimos cierta
tendencia a prestar al animal notas h u ­
manas, a antropomorfizarlo; y, a la inver­
sa, a veces carga de animalidad la figura
clel hombre. Modo éste muy español de
enfrentar este tema, presente aun hoy en
el arte de P icasso, y que podríamos inter­
pretar en Cogorno como una posible he­
rencia hispánica de su cultura sudameri­
cana.
Sus dibujos son también una muestra de
su rica imaginación inventiva. El trazo scmiabíerto, vibrante, firme, variado, mode­
la el volumen, alude al movimiento, se
hace signo, adquiere valor decorativo —
gruesas cruces, puntos densos—, se carga
de dramatismo.
Debemos aun objetar el criterio con que
fueron elegidas las obras expuestas. El
conjunto no muestra al artista en una lí­
nea de su producción, ni en una época;
hay obras muy disímiles que correspon­
den a muy diferentes modos y etapas de
su carrera, y esta falta de unidad impide
que podamos formarnos una idea clara de
su evolución en el hacer plástico. ■
A licia P uente

MIGUEL OCAMPO
Después de un año de permanencia en
París, M iguel O campo inaugura su p ri­
mera exposición en Buenos Aires. Como
es un pintor todavía joven no nos trae
una obra madura y muy personal; por el
contrario, nos permite adivinar a íravés
de ella sus luchas e inquietudes.
En su afán de búsqueda cambia su ma­

58

nera de expresarse repetidas veces, pero
siempre de acuerdo a su temperamento
de romántico sensible y tendiendo a las
concepciones abstractas. En algunos de
sus cuadros, que podríamos llamar expre­
sionistas, aunque sea necesario anotar la
moderación en la línea y el color, crea un
clima de irrealidad y suspenso: azules vi­
brantes se contrastan con negros y ocres
profundos, mientras líneas onduladas y re­
torcidas, nunca con excesiva violencia,
construyen la figura. La materia es rica
y densa, y por contrastes de color alude
a la tercera dimensión. En otros, en
cambio, el planismo se acentúa, los tonos
se atemperan y con rosas, grises y negros
compone una tela llena de sensibilidad
muy a lo B raque .
La yuxtaposición de planos de color en la
gama de los tonos fríos, como fondo diná­
mico a un juego rítmico de lineas que
se entrelazan en una manera que recuerda
a L hote , conformando las figuras, es otra
de sus expresiones, quizás la más lograda.
Menos feliz es al exacerbar la búsqueda
de pequeñísimas variaciones del tono por
medio de sucesivas pinceladas superpues­
tas; cae en el peligroso abuso de lilas y
celestes sobre ocres rosados a lo C a m pig li ,
rebajando indudablemente la calidad y,
destruyendo la forma, pues contempla en
demasía el color y la línea pierde toda su
expresión.
En las pinturas y quizás más en los dibu­
jos, Ocampo se vale de una cierta inge­
nuidad que añade encanto a la composi­
ción. Pero no es precisamente en sus cua­
dros a la manera naif donde llega a los
resultados más positivos. En el dibujo
parece más maduro, aunque no deja de
recordar a otros dibujantes. Apartándose
menos de la realidad natural construye
con línea abierta y dinámica paisajes ple­
nos de gracia. Por medio de una pers­
pectiva ingenua señala la tercera dimen­
sión, pero sin echar mano de recursos
pictóricos para acentuarla. Apenas anota
los contornos e interrum pe la línea, reto-

�mandola en un detalle, una reja, un vitral
para enriquecer con nuevos ritmos la com­
posición y para descargar a las cosas de
sus contenidos, transformándolas en sig­
nos más puros- de espiritualidad. (Insti­
tuto de Arte M oderno).
A licia P asini

WILMA DUSTIR
La búsqueda de W il m a D ustir dentro del
arte no-figurativo promete llegar a for­
mas definitivas y originales. Esta búsque­
da la realiza, a juzgar por el conjunto que
presenta en la Galería Miiller, por dos
vías. La prim era, intelectual, se expresa
en juego de relaciones por elementos y
figuras geométricas —puntos, rayas o tri­
ángulos de afilados vértices— firmemente
delimitadas, en empaste homogéneo, uso
del color neutro e impersonal. Colocadas
sobre espacios fríos de azules o grises, las
formas sin correspondencia de necesidad
a veces, vagan, organizando una totali­
dad de movimiento mecánico sobre fon­
dos inertes. Este movimiento se proyecta
en línea ascensional, y sin limitación de
espacio podría ser repetido infinitam ente
como símbolo de ritmos universales.
Estos modo de configurar el mundo físico
escapan a la artista que no logra apresar­
los en síntesis plásticas de conjunto; faltan
aquellos polos o zonas de atracción indis­
pensables por las que K andinsky en algu­
nas composiciones organiza estas relacio­
nes que sostiene en un punto de la tela
—del cual iiTadian las tensiones— como
dueño de hilos invisibles que maneja a
voluntad. En W il m a D ustir la urgencia
espiritual que descubre aquel eje de las
fuerzas dinámicas interiores, será la resul­
tante de su madurez plástica.

En su otra actitud, más sentimental, los
planos vibran en colores compactos, pesa­
dos y corpóreos que dejan sobre la tela
en abundante empaste la marca del p in ­

59

cel; algunos en fuga penetran en el fon­
do de donde vuelven cargados del miste­
rio engañoso de la tercera dimensión. La
potencia sensible se descarga en caligrafía
de gruesos trazos negros que se incrustan
en el plano respetando su límite; nacen
plenos de m ateria pero en el camino se
desflecan y mueren sobre el color. En
estas composiciones predom ina también la
vertical y si son más logrados que las ante­
riores es porque los valores expresivos y
plásticos se corresponden.
Si en la prim era posición la artista se bus­
ca en un universo del que no domina aún
los hilos de su comprensión; en esta
últim a, —planos de coior bajo escrituras
obscuras— el hombre admite en su estruc­
tura definitiva lo inesperado y pasajero
de la emoción que se sobrepone a una
constante realidad.
A m alia J o b -I stueta

JUAN MATEO
M ateo es pintor a quien le basta anotar

escasos elementos orgánicos para construir
un esquema que transformará tales fac­
tores de lo natural en actores de una abs­
tracción dinámica con alusión figurativa.
El ojo recorre estas pinturas, reconoce las
alusiones naturalistas pero —¡ah, mundo
errante de la p in tu ra que no quiere ser
“género de im itación’’ y ansia sí “conver­
sar con nuestra inteligencia’ !— no para
detenerse en el aserio figurativo, sino
para adentrarse en la voluntad de abstrac­
ción, penetrarse de sus amarillos, sus
naranjas y sus azules, y conmoverse con
su briosa dinámica. En las reproduccio­
nes rotograbadas que nos adelantaran los
periódicos, es dable advertir con mayor
nitidez ese juego de los elementos form a­
les que en la tela veremos modificado
por otro caracteres de su concepción plás­
tica: léase lineas-fuerza, formas-color.
Quizá, queriendo fijar conceptos de un
análisis somero, se enfocaran como fu tu ­

�ristas estas buenas telas de Mateo; véase
que las formas están dadas por el color
muy dibujado con expresivos, nerviosos
ritmos, que los ejes cromáticos significan
unas veces el movimiento de lo orgánico
y otras las coordenadas de la composición,
y que esa sustancia límpida con caracte­
res de humedad, con ricas transparencias
de tono, posibilita la síntesis de tiempo,
lugar y forma. El todo, generador de m o­
vimiento. Pero, ¿qué se ha hecho de la
pintura de los estados de alma hacia los
que U mberto Boccioni (a la zaga de
R ómolo R omani) orientó y luego desvió
el futurismo italiano?
Sugeriré, por fin, que se comparen sus
escenas del velódromo y el hipódromo
—planos (y no volúmenes) entrecortados,
contrastados, en irreflenable dinámica—
con algunas obras menos futuristas como
Arabescos, Ajedrez —de gama tonal más
unida, más sobria también, expresando el
movimiento en la abstracción—, para ad­
vertir que es en éstas últimas donde se
configuran los más altos valores del artista.
Así como estos lienzos de Mateo compo­
nen una muestra de singular interés, con­
sidero aleccionador que se nos presenten
otras etapas del hacer de este maestro
argentino que, tras veinte años de vida en
Europa, desea presentar sus períodos de
fructuosos años de estudio. (Salón Peuser).
Clara D iament

LUIS SEOANE
Con el tema del mar como pretexto más
que como centro mismo de sus obras, ha
reunido Seoane una serie de telas fecha­
das casi todas en el 50 bajo el epígrafe
de Motivos del Mar. Se adivina ahora en
e! artista una escondida actitud, volun
taria o no, que lo lleva a debilitar los
lazos que lo mantuvieron unido a su
provincia española; vínculos que lo con­
dujeron a la creación de un clima de

60

sentimiento recogido y austero con sones
de nostalgia, de formas monumentales con
acentos épicos, de personajes aparente­
mente inamovibles y de vida perenne. Pero
el cambio más aparente que real alcan­
za sólo los caracteres plásticos exteriores.
Continúa desarrollando temas alrededor
de la figura hum ana sola o en grupos;
aferrado siempre a la forma natural, no
remueve demasiado en sus caracteres psi­
cológicos. I.os personajes actúan dentro de
un plano de tranquila neutralidad, y aun
que gesticulen —jueguen a los dados, ofrez­
can flores a un mar cargado de acentos
líricos o realicen un extraño toreo en la
playa— todo ese hacer queda detenido en
el tiempo, provocando un contrapunto en ­
tre el gesto dinámico como tema solamente
y la expresión estática que brota de la
forma.
Se mantiene casi siempre dentro de un
planismo primitivo con las imágenes aplas­
tadas que se apoyan convencionalmente so­
bre el fondo, que no es más que fondo
de la tela, sucediéndose a veces en una
perspectiva ingenua en donde el personaje
de atrás es más pequeño para crear la
noción de distancia. La materia humana
queda expresada más bien como masa,
ofrecida como presencia del ser en lo que
tiene de material, con un cierto impulso
bárbaro en el sentido de lo que es p ri­
mario y sin envolturas.
En cambio en los grupos de barcas, en
M ujer en la playa, de claros acentos picassianos, fondo y figura se equilibran en su
importancia expresiva; fondo que es un
mar donde los verdes se ligan íntimamente
a los azules y sin límites se pierde hacia
atrás y a los costados, creando una noción
de lejanía e infinitud acusadoras de un
espíritu romántico en lucha, tal vez, con
aquel otro apegado a una realidad bárba­
ra, cruda y sin refinamientos.
Los elementos nuevos que introduce el
artista como por propia imposición, le
llevan a descargar a su pintura de todo
el peso de la materia, del color y aun de

�su dibujo, tratando de eludir con ello la
expresión monum ental que profundizaba
el sentido de sus obras.
En los grupos de máscaras, en los mendi­
gos, temas y figuras grotescas que lo emparentan con la tradición española, la m a­
teria se aligera y se uniform a, la pasta se
aliviana, los grises y los ocres que ha m a­
nejado siempre con gran capacidad tonal,
son reemplazados por amarillos y ocres
extraños a su gama, aunque sostiene
siempre esa calidad entre agria y áspera
del tono y de la sustancia.
No condice la falta de construcción de
algunas figuras con sus excelentes condi­
ciones de dibujante. Es precisamente en
los dibujos donde aflora su verdadera raíz
de ilustrador que apunta embozadamente
en los óleos; donde se ve cómo permanece
atado a un mundo de leyendas, no como
el simple narrador que se atiene al relato
deteniéndose en él. Va mucho más lejos.
Los ve y los transforma a través de unos
ojos líricos. Lírico de lo sentimental como
lo vimos en sus libros de narraciones;
lírico de lo bárbaro y primigenio como se
lo percibe en sus últimos dibujos realizados
con carbonilla. Este m aterial de por sí
blando y útil como ninguno para expresar
ternezas y lo que es sentimiento interior,
personal y mutable, en las manos de
Seo a ne se pone al servicio de una línea
limpia, sin adherencias de luces ni de
sombras; recia, firme y vigorosa tiende a
la creación de formas de gran unidad.
R aquel E delman

HORACIO MARCH
A bundan en esta época los artistas que
logran éxito temporario por haber descu
bierto un tema y el modo apropiado de
tratarlo. El ejemplo más característico es
el de G iorcio df. C h irico , quien llegó has
tt perm itir que se pensara en él como en
uno de los grandes creadores del siglo.

61

mientras se mantuvo en el período metafísico. En cuanto abandonan tales artistas
lo que les ha perm itido lograr formas
aparentem ente maduras, el derrum be suele
ser vertical y espectacular, como en el
caso citado.
Son artistas que no crean formas de acuer­
do a modos de sentir y pensar vinculados
con exigencias del obrar. Son artistas que
tan sólo descubren los modos expresivos
que mejor convienen a su temperamento.
Como esos actores y actrices que descuellan
en una sola obra porque coinciden el
temperam ento propio y el del protagonista.
O como esos escritores de un solo libro,
casi siempre autobiográfico, en el que
vuelcan todo lo que son.
Me temo que algo similar esté ocurriendo
entre nosotros con H oracio M arch . D u­
rante algunos años hemos adm irado sus
paisajes melancólicos de ciudad, espacios
sin nombre y sin presencia hum ana en los
que se trasm itía el aliento poético por la
materia hecha color y tono y por la com­
posición sensible de zonas claras y oscuras.
Hasta alguna posibilidad de vincular su
pintura con la del pintor italiano aludido
fue considerada alguna vez. Pero la veta
parece haberse agotado y al querer abrir su
espíritu hacia otros horizontes —prim ero
fueron las provincias andinas, luego las
del norte en viaje a Bolivia, Perú y Ecua­
dor— no acierta con la finura de otrora,
ni deja ver la potencia de sus viejos cua­
dros.
Se advierte en la reciente exposición en
Plástica que anda buscando la composi­
ción monumental. No sólo tiende a cons­
truir mediante planos y a h u ir de las
tonalidades finas, en busca de una mayor
dureza; hasta parece renunciar, si no en
todas por lo menos en las telas más im ­
portantes, a la fluidez del espacio. El
propósito no puede ser más loable —au n ­
que los caminos de rejuvenecimiento p u ­
dieron ser otros— pero desgraciadamente
no deja de ser propósito. T al vez se cum ­
pla en un dibujo —Cerro de Cafaynte—

�ya que allí impera la necesaria unidad de
concepción gracias al arabesco enérgico que
une los planos; no en los grandes óleos,
donde se encuentran fragmentos muy duros
de planos casi geométricos y otros muy
blandos, gomosos, que desintegran la obra,
fragmentos en los que se hace fuerte el
color saturado en un intento de expresión
épica y fragmentos en los que' vuelve des­
mayadamente a la tonalidad. Tampoco fal­
ta la tela de trazo sinuoso y blando de pro­
cedencia barroca —Calle de La Paz— o la
tela de concepción romántica en que retor­
na a los contrastes de tonos sombríos y
luminosos, como Astilleros de pescadores
y Aldea de Pescadores.
Esta impotencia para resolver el proble­
ma pictórico procede de la insuficiencia de
su dibujo. Si las formas sintéticas carecen
de tensión interior y si ellas no llegan
a componerse en unidad es porque no
basta la visión sensible del paisaje; es me­
nester la potente idea ordenadora, la única
capaz de transformar los grandes bloques
de piedra en elementos vivos de una im a­
gen del mundo. Digo idea ordenadora, la
cual no puede surgir en la mente de un
artista sino cuando sabe claramente qué
quiere expresar y cuál es el principio de
coherencia espiritual que lo guía. Cuando
no se la posee se puede cuando más
sorprender al ojo con recursos de la mano
pero jamás penetrar en el reino del arte.
El paisaje urbano le proporcionaba antes
a M arch el problema resuelto: bastaba
que dejara en libertad su fina sensibili­
dad para encender o apagar el tono y el
resto surgía naturalmente. Ahora las co­
sas han cambiado y al querer imponer con
autoridad épica la visión en grande del
paisaje de montaña se siente perdido. Por
eso abandona el intento a veces y se
refugia en un pasado que carece. ya de
vitalidad. No obstante, ese recuerdo le
permite pintar Panorama de Salta, la tela
más integralmente sentida que presenta.
Hace ya muchos años que H oracio M arch
expone pequeños conjuntos de obras que

62

no bastan para juzgarlo. Como es pintor
sensible, cabe esperar una exposición más
completa para hacerlo.
J orge R o m ero B rf.st

CARLOS TORRALLARDONA
Hay exposiciones de pintores jóvenes, co­
mo ésta de T orrallardona , e n q u e e l p i n ­
tor aun sin saberlo parece pedir consejo
al espectador, para saber cuál es el ca­
mino más fructífero de todos los que allí
se insinúan.
Aceptando esa invitación tácita, no titu ­
beo en decirle a Torrallardona que su
meta más segura, más llena de posibili­
dades, de desenvolvimientos y enriqueci­
mientos futuros, es la que a muchos p a­
recerá la más fría o más cerrada en sí
misma: la vía del paulatino y total abstractizarse de su pintura.
V paso a explicar por qué. Su curiosidad
y su capacidad le perm iten notas muy
distintas. Hay por ejemplo una veta —la
antigua— de pintura de contenido social
y humano. En ella con un pincel liviano
como materia y exacerbado como color, el
artista intenta cariñosamente hacernos
vivir la pobreza, la miseria, el abandono
de una clase menesterosa y en este caso:
india o mestiza. El peligro de no caer en
un folklorismo fácil le obliga a inventar
esquemas en los que no siempre se siente
cómodo. Así en ese grupo familiar, la
figura del niño que la madre amamanta,
no encaja en el resto de la composición.
Ahora bien, ¿cómo pintar la miseria sino
en colores bajos, sórdidos, llenos de tris­
teza como lo hace P o n e astro , por ejem­
plo, o con colores exaltados e ingenuos
como R ivera y los mejicanos en general?
La gama prohibida al pintor de esos te­
mas es la gama de los medios tonos refi­
nados, de la vida urbana y que fácilmente
puede caer en frívola, o la gama inte­
lectual que se contenta con las mínimas

�variaciones del tono y trabaja en esa gri­
salla de un verdadero cubista como J uan
Gris.

Los colores amables no son para lo terri­
ble, hay una adecuación perpetua entre
las formas reales y sus contenidos aní­
micos; transgredirla es entrar en un tem­
bladeral peligroso. Esa escena de la playa
de T orrallardona, en que las figuras
claman injusticia y dolor, se desarrolla
en un crepúsculo de rosas, de celestes, de
verdes demasiado felices para hacerles
eco. Es el pintor que a pura sensibilidad
crea como una superestructura sobre el
dibujo que estaba bien visto y era por
demás significativo.
Hay otro camino: el del exotismo, es­
ta vez africano. T am bién vemos peligros
aquí. Torrallardona sabe demasiado y
domina demasiado su técnica como para
no tener que advertirle que su facilidad
es mala aliada y que esa visión decorativa
de lo que los negros pueden constituir
como movimiento y caracteres típicos de
raza, corre el riesgo de superficializar sus
biografías, hermosas sin embargo como
rendim iento del material.
En los óleos de esa serie, en cambio, el
color está muy bien visto, siguiendo eí
contorno de una pincelada rápida y p re­
ferentemente curva y envolvente, con m u­
cho blanco de fondo que actúa como luz
entre el pigm ento sobrecargado de azules
intensos, rojos y amarillos vivos. Esas pe­
queñas manchas están plenam ente logra­
das, las de París, aunque bien vistas, no
captan esa cualidad del aire de aquella
ciudad que volatiliza hasta los tonos más
vivos. Son de un París demasiado tropical
y exacerbado cromáticamente.
Los apuntes en hojas sueltas de carnet de
apuntes nos parecen • fuera de lugar aquí.
Son dibujos frescos y seguros pero tienen
un valor puram ente referido a la circuns­
tancia, de índole de estudio o de recuerdo
sentimental.
Los otros dibujos a tinta, de línea muy
fina en que el trazo de la plum a es corno

63

un hilo negro que se retuerce y se pliega
siguiendo la nerviosidad de la mano son
hermosos, las deformaciones intencionadas,
los animales se unen bien a las figuras
humanas, pero notamos en ellos un so­
plo de facilidad en el trazo, u n gozarse
por el goce mismo del saber dibujar con
sensibilidad. No son profundos en el sen­
tido que no agotan dolorosamente el tema
que tratan. Son fáciles de m irar porque
son fáciles también para el dibujante u l­
trasensible que hay en Torrallardona.
U na cabeza de m ujer en grises picassianos
—a lo Guernica— no me convence por lo
mismo. Se llama M ujer de España y por la
deformación y la voluntaria abstención
cromática sospecho un intento profundo
y desgarrado del pintor. Pues bien, ese
sentido no alcanza al espectador por falta
de ahondar desesperadamente en una for­
ma que consiga adecuar la densidad del
tema con la resolución plástica.
La calle de París con una garita y una
pareja está mucho más en tono que las
manchas de que antes hablé. Pero es de­
masiado grande para sus vacíos de com­
posición y de variedad en el color. La
máscara de m ujer pálida y ojerosa resuelta
en rosados pálidos y amarillos muy claros
con la oscuridad contrastada de los gran­
des ojos oscuros, nos parece de lo más
logrado ele la exposición. T iene resueltos
una cantidad de problem as de composi­
ción y factura con originalidad en la
invención y mucho carácter. En cambio
los desnudos frente a una ventana, llenos
como están de aciertos (el rojo central,
el am arillo verdoso de los cristales, el ara­
besco de las dos mujeres a contraluz,
etc.) no llega a tener unidad, no se ar­
ticula como algunas telas de Matisse en
que los ritmos y la síntesis son totales.
Los retratos son una buena muestra de
la capacidad de generalización del pintor.
El de hombre se desluce por una mano
no estudiada, pero tiene movimiento y ca­
rácter. Se lucha aquí entre el parecido
formal y la creación de un esquema ex­
terior a la propia persona representada.

�de lugar. Esto en cuanto al repertorio de
las formas; en cuanto al color, sobre un
fondo duro y muy liso hace resbalar li­
geramente el pincel en los fondos y luego
repasa, insiste con más m ateria: grasa y
no brillante (sin ser totalm ente opaca)
en los puntos o zonas principales de la
composición. Se libra así de un am onto­
nam iento inútil de p in tu ra y sus celestes,
grises, anaranjados, ricos de sustancia re
valorizan contra las tierras más flúidas
de los fondos.
Lo vuelvo a repetir: en este campo de
la más libre invención formal, T o rrallar­
dona da mucho más que en los otros, más
trillados y más ajenos a su sensibilidad.
Si insiste en esta línea conseguirá no sólo
una nota original —lo que no constituye
por sí solo y aisladamente un v a lo rsino que buscará en sí el camino profundo
de ir descubriendo lo esencial y cuando
llegue a una síntesis (como ya lo logra
en muchos de sus cuadros) será la suya
con lo que eso tiene de im portante desde
el punto de vista de la sinceridad absoluta.

El otro, el de la Sra. V. F. de F., es
muy hermoso, lleno de interés por el
equilibrio en que se mueve todo el tiem ­
po el artista echando mano de todos los
recursos legítimos para entonar en tintas
claras, para construir planos de luz y vo­
lúmenes sin por eso dejarse tentar por la
realidad. Todo está dicho como en clave,
la trasposición a que debe aspirar el arte
se cumple dentro de un universo que
tienen su lógica y que se impone por su
presencia, sin retórica.
He dejado ex-profeso para el final, la lar­
ga serie de naturalezas muertas. La gran­
de que representa un anaquel lleno de
objetos, me parece de las menos intere­
santes. En circunstancias semejantes, el
pintor con esa vena de naturalista que
todos tenemos, se ve obligado y compro­
metido a pintar lo que ve, lo que estaba
verdaderamente sobre ese estante, ese día.
Y asi aparecen: el pan, el ramo de flores,
el gallito, los pinceles. Quizá por cariño de
intim idad el pintor no se atreve aqui a dar
el salto hacia lo más universal por más
abstracto. En casi todos los otros, sí. A
veces como en el del canasto de limones
acierta en los fondos plenamente, en azu­
les y verdes frutales, pero dibuja el reci­
piente de una manera académica y fría
que desequilibra los otros aciertos. A veces
la riqueza de matices lo hace perderse en
un fárrago en que un macizo de flores
se hace abigarramiento de pintura. Sin
embargo con la mayoría de los cuadros
logra una dinamización total del rectán­
gulo pintado. Sus formas se adecúan, in ­
venta una visión de muchos cabos de
pinceles como un curioso abanico plegado
en el que juega la luz y la sombra en
grises muy justos como altura de tono.
Crea también una naranja pintada en
rasgos verticales muy interesante, consi­
gue componer con simples cajas un juego
de volúmenes y de planos que lejos de
dar por resultado un cubismo en el plano
se resuelve en una abstracción muy inte­
ligente que sigile siendo tridimensional sin
pretender un volumen que estaría fuera

D amián Carlos Rayón

A P O S T I L L A S
D el P rete llamó al tercer ciclo retros­
pectivo de su pintura, metaforismo plás­
tico. Para nosotros fue un m undo de lo
poético expresado esencialmente por la lí­
nea hecha perfiles y ayudada pcrr un
color bien modulado en los grises y los
ocres. Esa línea haciéndose tensa o distin­
tamente espesa daba por sí misma expre­
sión a las formas en Paseo en día de fies­
ta. Y ella misma adquiría la sig?iificación
de un signo aéreo en Reminiscencia, sim ­
plem ente por su fluidez.
Éste era el valor nuevo que se apreciaba
en la exposición. En cambio, cierto nú­
mero de obras pudieron ser incluidas en la

64

�anterior ya que indicaban el mismo cami­
no hacia una pintura de abstracciones más
puras. Por ejemplo, El circo, donde el
espacio se crea por la oposición de un
plano horizontal con respecto al fondo y
por la inclusión dentro de él de un m un­
do de objetos geométricos en tintas planas.
B. S.
El escenógrafo y pintor francés L abisse
expuso últimamente en Buenos Aires. Tie­
ne algunas cualidades valiosas en sus de­
corados en gris de El proceso de Kafka,
con su ingeniosa disposición de planos
y de telones que suben y bajan descu­
briendo sectores de escenario, en sus arcos
del segundo acto, oprimentes como la obra
misma v por ende en carácter. También
en sus dibujos obsesivos de animales mons­
truosos, insectos inventados o deformados
como en una pesadilla de lineas negras,
dibujos para ilustración de libros en edi­
ciones raras. N o tiene ningún interés
en la pintura propiamente dicha: ni como
color, desacordado, frió, vulgar, ni como
factura —que debía ser impecable en su
caso como en Dalí o en Batlle Planas—
ni en sus asociaciones arbitrarias de des­
nudos con cabeza de tigre, de fantasía
exterior. Labisse no es un superrealista
de adentro, lo que pinta se impone de un
modo superficial porque no trasciende
como sinceridad. Preferiremos siempre ar­
tistas aunque sean mucho menos dotados
que empiecen por creer ellos mismos en
lo que hacen. El valor o el no-valor de
su obra vendrá a post'eriori como un
plus. Lo demás es pastiche y queda como
documento de simulación, no de arte.
D. C. B.
Un placer que tal vez no anticipábamos
nos proporcionó la visita a la exposición
que mostraba dibujos, temples y acuarelas
pertenecientes a la colección de Jorge
Larco. Sabíamos que incluía obras de
muchos de nuestros pintores y esculto­

65

res y nos jneocupaba pensar si no per­
derían en la comparación inevitable, al
verlas colgar junto a obras de artistas
muy valorados en el panorama artístico
europeo. Pero pronto nos dimos cuenta
que nuestra preocupación previa carecía
en cierto modo de fundamento, porque,
entre las mejores obras de esta exposición
sobresalen, indudablemente, los dibujos de
L ino Spilimbergo, cuyas lineas —expresi­
vas en si y sin ayuda de elementos espú­
reos— llegan a la conceptuación reflejan­
do con dureza toda la potencia de obje­
tivación del sentimiento de que es capaz
este pintor.
También se destaca El Cedro, de H oracio
B utler. Sin perder contacto con su punto
de partida —la realidad natural— todos
los elementos del paisaje se han transfor­
mado en signos abstractos de una dinamización espacial que crean una vorágine
veloz y expansiva. La acuarela de E milio
Pettoruti, con un meditado ajuste en los
acordes de tonos, denota una fría filtra­
ción de sus sensaciones, camino que con­
duce —a través de síntesis inventiva— a
la construcción de un paisaje ribereño.
Mencionamos también Boxeador, de R aúl
Russo, figura de estatismo temático donde
vibran, tensas, las lineas que lo constru­
yen casi arquitectónicamente.
A l encontrar en el catálogo el nombre de
Matisse, con natural expectativa nos p u ­
simos a buscar su dibujo; era una Academie Fauve, posiblemente obra de ju ­
ventud, sin la instantaneidad expresiva ni
la potencia insinuante del arabesco con
que Matisse construye sus figuras. Tam ­
poco es muy representativo del arte de
D erain ese Desnudo, por lo blando y sen­
timental, ni está entre los mejores de
Massimo Campigli este dibujo que lo
muestra yendo al pasado en busca de una
expresión “standard” que no alcanza to­
talmente. En cambio, son buenos los dibu­
jos de Mario Sironi, quien logra con el
lápiz raros efectos pictóricos, y otros que
no puedo mencionar aquí. B. H.

�miscelánea

• Nos llegan noticias cada cierto tiempo de las actividades que se desarro­
llan en el Museo de Arte de San Pablo. Se advierte que es un museo
vivo. No sabemos qué obras poseen, ni conocemos su organización, pero
los magníficos catálogos que nos han enviado hablan bien a las claras
de un espíritu moderno, de una preocupación sana por incitar a la com­
prensión del arte, de una excelente directiva pedagógica. El primero de
esos catálogos, dedicado a Portinari, con motivo de una gran exposición
de sus obras que se realizara en diciembre de 1948, se inicia con un ex­
celente artículo de P. M. Bardi, director del Museo, en cuyas primeras
páginas advierte que esas publicaciones estarán dedicadas al público, "al
que se desea ayudar para que comprenda el arte contemporáneo” y
a fe que basta continuar la lectura hasta llegar al párrafo en que se ha­
bla del carácter fragmentario del arte de nuestra época para compren­
der que el propósito se cumple. Completan el tomo, trabajos firmados
por G ermain Bazin, J ean Cassou y Q tto M aría Carpeaux. La segunda
publicación se refiere a las figuras y paisajes pintados por R oberto Sam bgnet, joven pintor italiano, en la tan rica y hospitalaria como alejada
localidad de Massaguassú (Brasil). Un pintoresco texto del mismo Bardi, no exento de valores literarios por cierto, y una muy buena docu­
mentación fotográfica ponen al lector a punto para comprender la pin­
tura de este artista. Las reproducciones bastan para juzgarlo como vigo­
roso dibujante y para presumir que la estancia en Brasil le ha prestado
una curiosa densidad de color. La última publicación es sobre el arqui­
tecto R ichard N eutra, con un artículo de Bardi sobre Su posición, un
trabajo del mismo Neutra sobre Arquitectura y fisiología y algunas sen­
tencias. Si las publicaciones revelan un alto nivel, no sólo por los textos
sino también por el buen gusto editorial, mucho puede esperarse de las

66

�futuras. Se anuncian monografías completas sobre la obra de L asar Seel gran pintor expresionista que vive en San Pablo desde hace mu­
chos años, y sobre la del escultor italiano E rnesto de F xori, también re­
sidente en San Pablo, que murió en 1945, además del Catálogo del Mu­
seo, Homenaje a Le Horbusier, Homenaje a Max Bill, Dibujo industrial
y un opúsculo sobre Roberto Burle Marx y la arquitectura de jardines,
la especialidad en que descuella el talentoso artista brasileño. Damos
cuenta a nuestros lectores de la inteligente faena del Museo de Arte de
San Pablo, al mismo timpo que hacemos llegar a su director nuestras
calurosas felicitaciones, no sin envidia por cierto.
J. R. B.
gall,

• Los datos que llegaron de la Escuela de París poco después de la guerra eran poco
halagüeños. Al parecer se marchaba todavía por los caminos abiertos por Picasso y
por Matisse . . . y .esos son ya caminos demasiado conocidos. Felizmente las nuevas ex­
posiciones han probado que esos temores eran falsos: pueden alegrarse los que tienen
fe en la vitalidad y fuerza del arte francés. Tomaremos como ejemplo una exposición
de Arte Francés de Avanzada, efectuada en Nueva Yotk, en los primeros meses del año,
que permite observar algunas similitudes entre pintores de marcada individualidad.
Asi, todos los trabajos expuestos son no-figurativos, y en todos ellos notamos esas cua­
lidades tan francesas de gracia, claridad, orden y disciplina. La tendencia general es
a alcanzar una estructura monumental. El espacio se crea con criterio casi arquitectó­
nico. Aunque se ve que han recurrido al cubismo buscando fuerza para sus estructuras,
aun al impresionismo- para lograr la pureza y fuerza de los colores con que se construyen,
han creado algo nuevo, algo vital, lo que hace pensar que estamos cerca de un arte
abstracto ya en camino de la madurez.
• Life International, que viene regalándonos con fotografías en colores —a veces no
fidedignos— de la plástica mundial, aporta en un número de julio, nueve vivísimas
reproducciones en color de los mosaicos y vidrios coloreados adquiridos para la iglesia
de Asís, en los Alpes. Llamados a decorar esta iglesia fueron Bonnard, R ouault, Léger,
L ur^at . . . 15 pintores. Life publica una fotografía nocturna de los mosaicos colorea­
dos con que Léger decorara la fachada interior y, entre otros vitrales, el Cristo su­
friente de Rouault, el angustiado católico a quien ha dado en llamársele “el más
grande pintor viviente de temas religiosos”. Entretanto los agnósticos: Le Corbusier fi­
niquita el proyecto para una iglesia próxima en Marsella; Matisse decora una capilla
dominicana en Vence, al sur de Francia; y Marc Chacall es llamado a pintar para
otra iglesia de la misma aldea. ¿Querrá reconquistar Roma —se pregunta Life— su
otrora famoso papel de “patrono de las artes plásticas”? Y si es así, ¿volverán otros
Julios II a entorpecer vida y obra de algún otro Miguel ángel?

67

�%
Desde Venezuela, la actriz J uana Sujo nos anuncia que P ablo N eruda, el adm irado poeta
chileno, se ap resta a prologar la edición de la últim a genialidad de P icasso : sus prim eros
versos ( !). ¿H asta cuándo dará pábulo al asom bro el m aestro indiscutido de la p in tu ra con­
tem poránea ?

• Cuando A l e x a n d e r C a ld er ubicó su International M otile en el Museo
de Arte de Filadelfia, esta histórica ciudad asistió a la continuación de
una tradición artística que tal vez sea única: ésta era la tercera generación
de Calder que ornamentaba sus lugares públicos con esculturas. La co­
nocida estatuía del fundador de Pensilvania, obra del abuelo Calder,
desde lo más alto del edificio de la Municipalidad, contempla una ro­
mántica fuente con sirenas de bronce creada por su hijo Alexander. Pero
el nieto desilusionó a sus antepasados huyendo del arte y estudiando in­
geniería, hasta que por fin la atracción de la escultura venció, aunque no
totalmente, ya que Calder siguió usando los instrumentos, materiales y
métodos de construcción.
Los trabajos de Alexander Calder III reflejan el espíritu de su tiempo tal
como lo hicieron las obras de su padre o de su abuelo. Sus Mobil.es gustan
tanto por su maravillosa precisión y equilibrio como por lo original de
las formas o acordes de colores. Las personas que observan el movimiento
de sus composiciones sienten una atracción que no alcanzan a definir;
un crítico la ha llamado “la estética de lo inconcluso, del suspenso y de
la sorpresa”.
• El arte moderno va al encuentro del hombre de la calle. Rene d’Haynoncourt,
director de las colecciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York, y Robert Goldwaler, editor del Magazine of Art, han decidido probar que existe un parentesco estrecho
entre el arte y los objetos de uso común que amueblan y adornan las viviendas de hoy.
Para ello han reunido obras de hombres que han abierto caminos en el arte moderno
—Klee, Mondrian, Arp, Miró, Dalí y otros— y junto a ellas h a n ‘ubicado objetos de uso
diario que muestran cómo sus creadores han sido influidos —conscientemente o no—
por las obras de arle allí expuestas. Son ejemplos bien claros: una estantería1 para libros
cuya distribución irregular recuerda composiciones sobre fondo blanco de Monclrian o
de Vantongerloo, lelas estampadas con signos a lo Paul Klee, mesitas o sillas sugeridaspar Arp, etc.
Después de ver los paralelos de esta rara exposición, nos queda la esperanza de que
no es una utopia o un sueño lejano el pensar en que convergemos a una unidad total
de las artes, tal vez semejante a la que reinó en el Medioevo.

68

�“ C A L E F A C C IO N ”
CIENTIFICAMENTE
PERFECTA

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Berenson, Bernard&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Sarfatti, Margarita G.&#13;
Traba, Marha&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Puente, Alicia&#13;
Pasini, Alicia&#13;
Job Istueta, Amalia&#13;
Diament, Clara&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Bayón, Damian C.</text>
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO DIECIOCHO
BUENOS AIRES

I Ver y I
Estimar

Este número co nt i en e:
JORGE ROMERO BREST:
Bruno Zevi y la aprecia­
ción de la arquitectura. BRUNO ZEVI: Los valo­
res de la arquitectura mo­
derna. - D AM IAN CAR­
LOS BAYON: Un artículo
sensacional de Richards
sobre la arquitectura ac­
tual. - Camino de la ob­
servación: Las tendencias
arquitectónicas de los úl­
timos veinte años (J. M.
Richards). - Notas sobre
arte alemán: I. W illi Baumeister, EDUARDO WESTERDAHL - II. Hélmut
Blankmeister, RODOLFO
G. B R U H L . - 111. Ro lf
Nesch, R O D O L F O G.
BRUHL. - Hojas de estu­
dio: Al margen de un diá­
logo de Platón, M AGDA­
LENA BLEYLE. - Crítica:
Exposiciones en el Brasil,
SERGIO M ILLIET. - Expo­
siciones en Montevideo,
FERNANDO GARCIA ES­
TEBAN. - Pierre de Berroeta , J O R G E R O M E R O
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argentinos, A M A LIA JOBISTUETA. - José Manuel
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CARLOS BAYON. - Apos­
tillas: Gr ego ri o Pr ieto,
M a r c o s Ti g l i o . Exposi­
ción H e l f t , B L A N C A
PASTOR. Miscelánea.

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VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRITICA

A R T 1ST 1C A

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DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COOPERACIÓN

DE SUS DISCÍPULOS?

BAYÓN, Damián Carlos.
Jefe de redacción
BERET, Angelia.
BLEYLE, Magdalena.
BRANÉ. Raquel
Administradora
BRU H L, Rodolfo G.

V,

GARCIA ESTEBAN-,» Fernando.
HUBERM AN, Beatriz.^

,

OLIVER, Samuel F.

PU EN TE. Alicia.
ROLAND, Alfredo E.

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L o n d r e s constituye una variante de uno de los más peculiares motivos jamesianos, el contraste entre dos sociedades, la inglesa y la norteamericana.
L o s p a p e le s d e A s p e r n tiene su origen en un hecho real: la supervivencia
en Florencia de cierta dam a inglesa em parentada con Shelley, celosa y
egoísta custodia de algunas cartas íntim as del poeta. Estudio crítico preli­
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JULES ROMAINS: L o s h o m b re s d e b u e n a v o lu n ta d .
Tom o X. L o s p o d e re s ................................................................................ $ 12.—
Nuevas aventuras e intrincadas peripecias de todos los personajes de esta
novela, más una plástica evocación de París en el verano de 1911, llena
de encanto retrospectivo y de interés documental.
Tomo XI. A p ela ció n al abism o .............................................................. $ 12,—
La figura central de este tomo es el escritor Georges Allory, quien hundido
m oralm ente por su fracaso al in ten tar ingresar en la Academia, trata de
evadirse de su desesperación buscando un "veneno para el espíritu” en
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A propósito de El segundo sexo, por E. Noulet.
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Poemas, de Ernesto Mejía Sánchez y Mario Albano.
León-Paúl Fargue y el poder de, las palabras, por A. Rolland de

Reneville.
Imagen del mundo y concepción del mundo en los últimos cin­
cuenta años, por Andre Eckardt.
La responsabilidad de los intelectuales, por Renato Treves.
Papeles, por Enrique Anderson Imbert.
Imagen de México, por Angélica Mendoza.

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La Plata

�B r u n o Z e v i y la a p r e c i a c i ó n
.V

de

la

a r q u i t e c t u r a

Tal vez por pertenecer a la segunda generación de arquitectos modernos, tal vez por
haber residido y estudiado en los Estados Unidos, la posición de Bruno Zevi es más
critica que la de sus mayores. Tiene tanta fe como ellos en la arquitectura de van­
guardia, pero no se ciega con las ideas hechas, comprende hasta qué punto son limi­
tadas o pueden ser engañosas y enfoca el problema de este arte en toda su amplitud,
imponiéndose la tarea de "restablecer un orden cultural”. Si por una parte reco­
mienda en S a p e r v e d e r e l'a rch itettu r a —magnifico libro que calurosamente recomien­
do a los lectores— la información histórica, animado por la idea clara y justa de que
"la conciencia del arte actual es la base de toda historia del arte pasado" 1, por otra
exige que tanto la arquitectura de antes como la de ahora sea analizada y juzgada
con referencia a las ca teg o r ía s d e l e s p a c io . Consecuente con esta idea, de vieja prosa­
pia germana, es s a b e r v e r la a r q u it e c t u r a , para Zevi, cuando se es capaz de apoderarse
por experiencia directa del e s p a c io in te r n o de un edificio: un espacio que no se de­
fine por las tres dimensiones de los cuerpos estáticos, ni por las cuatro del volumen
arquitectónico, sino por las infinitas dimensiones que crea el hombre moviéndose en
él, por cuya razón m ás se lo v iv e q u e se lo v e. Con lo cual viene a conectar la ar-1
1. S a p er v edere l'a rchitettura . E in a u d i E d ito r e , R o m a , 1948, i&gt;ág.

1

156.

�quitectura que presta atención preferente al espacio dinám ico con las audaces em pre­
sas de la pintura y la escultura que han desembocado en la magnifica promesa del
arte abstracto en nuestros días.
Después de explayarse sobre esa noción de espacio, esencia de la arquitectura, y de
redoblar los esfuerzos para que el lector distinga el espacio interno de los elementos
que lo componen, aplica el principio en el más enjundioso de los capítulos, el que
dedica a las E d a d e s d e l es p a c io , anotando con estilo conciso sagaces observaciones que
debiera desarrollar en libro futuro. Y consciente de la necesidad de establecer un
orden entre los diversos modos de interpretación de la arquitectura, se refiere suscinta
y objetivamente a ellos, distinguiendo las interpretaciones del contenido, las psicofisiológicas y las formalísticas.
Además, Zevi es hom bre de partido. "E l que escribe es uno de los responsables del
movimiento de la arquitectura orgánica en Italia y de la difusión del pensam iento y
de las obras de W right” —dice en otro de sus libros 2. Se lo advierte p or lo demás
en todas sus páginas y si bien esta m ilitancia le resta im parcialidad, tam bién le agre­
ga vitalidad, lo que no puede ser sino encomiable. Ataca duram ente a los funcionalistas —en un tercer libro habla de “los íncubos de la ingeniería rom ántica y del
purismo matemático y geométrico” 3— y ensalza a Lloyd W right, en cambio, basándose
en el error de quienes lanzaron la consigna de que una casa es una “m áquina para
vivir”, acerada flecha que dirige a Le Corbusier. “El movimiento orgánico es cons­
ciente de la diferencia que hay entre el m aniquí autom ático y el hombre, sabe que
si el hombre tiene u n alma y una libertad el problem a de la arquitectura es cuali­
tativo y no sólo cuantitativo, que los seres vivientes no son números para encasillar
en estuche . . . ” 2345. Y propugna una concepción que dice tener en cuenta las necesida­
des psíquicas del hombre, que no sólo responde "a las instancias sociales sino tam bién
a las de la personalidad hum ana” 5.
S a p er v e d e r e l'arch itettu ra es u n libro im portante, eficaz, que da arm as para com ba­

tir la apatía, la incomprensión, la ignorancia, que revelan con frecuencia los arqueó­
logos, los críticos de arte, los mismos arquitectos y el público, a los que denuncia con
acritud. Pero más im portante es todavía la actitud que asume el autor. El día que
los arquitectos jóvenes comprendan que el problem a del arte no se resuelve trazando
2. Franje

L lo yd W r ig h t , II Balcone, M ilano, 1947, p ág. 10.
Verso u n ’a rch itettu ra orgánica. E in au d i E d ito re, R o m a , 1945,
4. Franje Lloyd W rih t, p ág. 16.
5. Franje Lloyd W rig th , pág. 29/30.
3.

2

p ág .

147.

�una raya roja y abriendo cuenta nueva, y que el espacio arquitectónico es el escena­
rio dinámico en que se debe expresar la concepción del m undo, la arquitectura reco­
brará la dignidad de otrora. Encerrándose en capillas, tanto antiguas como m oder­
nas, la creación arquitectónica no podrá obedecer nunca a la extrem a elasticidad que
debe poseer en una época de formación del estilo para recoger tanto las ideas gene­
rales como las particulares que las acentúan o las modifican.
Nos sentimos orgullosos y complacidos de que Bruno Zevi se incorpore a nuestro b ri­
llante cuerpo de colaboradores extranjeros y nacionales. Estábamos en deuda con la
arquitectura y este artículo nos perm ite comenzar a saldarla. Valoramos su talento
y su devoción. Y precisamente p o r ésto, ya que se trata de un amigo lejano que nos
estimula además con frases de encomio sobre nuestra labor, me perm itiré hacer algu­
nos reparos a su m anera de apreciar la arquitectura.
Zevi insiste mucho en la idea de que la arquitectura es e s p a c io in te rn o . “La defini­
ción más precisa que pueda darse hoy de la arquitectura es la que tiene en cuenta el
espacio interno” y más adelante agrega: “Pero lo im portante es establecer que todo
lo que no es espacio interno no es arquitectura” 6. A unque adm ite el espacio externo
como espacio “urbanístico”, parece no advertir que la expresión arquitectónica jamás
surge por completo del espacio interno en cuanto tal sino de una lucha entre ambos
espacios —el interno que pugna por expandirse y el externo que presiona—, lucha
que encuentra su campo de acción en los m uros y aberturas, y en los diversos modos
de modelación y modulación de las superficies. Por el contrario, Zevi establece entre
ambos “una contradicción perentoria y absoluta” 1, hasta el p u n to de que se exclu­
yen, a diferencia de Schmarsow, el gran esteta alemán de fines del siglo xrx e inicia­
dor de esta tendencia interpretativa espacialista, que distinguía dos clases de espacio:
el cerrado y el abierto en íntim a asociación. Temo que la defensa del espacio interno,
hecha por Zevi con fines polémicos fácilmente explicables, sea peligrosa y que con­
tribuya a pasar de una estimación exagerada de los elementos constructivos y deco­
rativos a una desestima igualmente exagerada de los mismos.
A propósito de los valores decorativos, es curioso que los califique de “subsidiarios" 678.
Ya que reconoce que ju n to a los valores económicos, sociales, técnicos, funcionales, etc.,
constituyen los factores que "una historia válida no puede olvidar” ®, ¿por qué los
6. Saper

vedere V a rc h ite ttu ra ,
vedere V a rc h ite ttu ra ,
8. Saper vedere V a rc h ite ttu ra ,
S.
Saper vedere V a rc h ite ttu ra ,
7. Saper

pág. 28.
pág. 40.
pág. 31.
pág. 30.

3

�llama subsidiarios? ¿Acaso son ellos adornos de quita y pon? Acaso lo hayan sido y
por eso se explica la fobia a la decoración de un Le C orbusier, por ejemplo, pero ¿no
dice el mismo Zevi que "la falta de decoración no puede ser programa de ninguna
arquitectura sino en tren polémico y por tanto efímero”? lo. Parecería obedecer en
esto al pensamiento imperante en el siglo pasado que separaba lo estético de lo vital,
en contradicción con sus propias ideas vitalistas. Pienso que si por una parte la ar­
quitectura funcional los ha desterrado es porque no halla la manera de fundirlos en
el espacio y que si los organicistas claman por su reimplantación es porque son ele­
mentos im p re s c in d ib le s , no subsidiarios, de la creación espacial.
En su análisis de las interpretaciones de la arquitectura no faltan observaciones agu­
das, pero sorprende al aseverar que todas las interpretaciones son admisibles con tal
de que tomen como centro el espacio. Transforma así la interpretación espacial en
"el atributo necesario de toda posible interpretación, si se quiere que ésta tenga un
sentido concreto, profundo, comprensivo, en el plano de la arquitectura" 11. De
acuerdo, ¿pero no es necesario ir más a fondo para señalar el método que permita una
correcta interpretación del espacio? No obstante lo que afirma, Zevi no parece inte­
resarse más que por el método de la E in f ü h l u n g y por el psicoanálisis, sin penetrar
en la interpretación metafísica del simbolismo arquitectónico. Lejos de ello, opone
la interpretación trascendental (inhumana) a la interpretación organicista (huma­
na) 12 como si de acuerdo a una concepción positivista no hallara el modo de vincu­
lar lo trascendente y lo inmanente. S a b e r v e r la a rq u it e c tu r a quedaría reducido de
tal suerte a verla con los ojos sensibles (son los que se detienen en el “estuche”, co­
mo dice Zevi) o con los ojos del alma (son los que se detienen en sí mismos, subjetivizándola merced a una p ro y ecció n sim p á tica del y o ). Pero cabe verla con los ojos
del espíritu, los únicos que logran esa rara síntesis entre lo objetivo y lo subjetivo
que permite se n tir el espacio con absoluta plenitud, viviendo su ritmo emocional,
gozando de sus elementos de sensibilidad y comprendiendo la unidad del todo en su
múltiple dimensionalidad. Y llamo ojos d e l esp íritu a los que son capaces de descu
brir el se n tid o o cu lto d e la re a lid a d —en este caso la arquitectura— o rien ta d a h a ­
cia valores.

Zevi no contempla la interpretación axiológica de fundamentación metafísica, primero
porque o p o n e los valores humanos y los inhumanos (a los que llamaría objetivos) ,
luego porque no concibe el valor más que en función de impresiones subjetivas. “La
10. S u p e r vedere V a rc h ite ttu ra , pág,

31.

11. S a p e r vedere V a rc h ite ttu ra , p ág . 160.
12. S a p e r vedere V a rc h ite ttu ra , p ág . 162

( n o ta ).

4

�arquitectura bella será la arquitectura que tiene un espacio interno que nos atrae,
nos eleva, nos subyuga espiritualm ente; la arquitectura fea será la que tiene u n espa­
cio interno que nos fastidia y nos repele” 13. Me perm ito preguntarle si en las g ran ­
des épocas de la arquitectura los valores expresivos han dependido de las necesidades
inm ediatas del hom bre-individuo o de una aspiración metafísica colectiva. £1 mismo
llega a decir que “el contenido de la arquitectura es el contenido social” U, pero lo
social no puede ser entendido como una s u m a d e i n d i v i d u a l i d a d e s , cada una con sus
pequeñas necesidades, sino como una e s t r u c t u r a d e p r i n c i p i o s c o le c tiv o s , inevitable­
mente metafisicos.
Por tal razón sospecho de esa concepción organicista de la arquitectura que carece
de estética, como él reconoce y sólo tiene u n puesto "en la psicología, en los intereses
sociales, en las premisas intelectuales de quienes la realizan” 15. Porque me parece
advertir tras esos principios nada más que la defensa desesperada del individualismo
agonizante. A Zevi le molesta que se califique de rom ántica a la posición organicista,
aunque sea “una búsqueda que incluye en tre sus objetos los movimientos irraciona­
les" l« y sin embargo sus ideas están teñidas, a mi modo de ver, de romanticismo
ochecentista. Coincido con él en lo que se refiere a señalar los excesos p u r i s t a s de la
arquitectura funcional —no en el reproche de que es una arquitectura de volúmenes,
nada más— pero señalo la necesidad de no extraer consecuencias excesivas d e un
hecho inicialm ente cierto. Zevi se refiere a los derechos del hom bre-individuo tal
como se m anifiestan hoy, especialmente en Europa, donde es bien conocida la ola
de reacción que lo conduce a aferrarse a ciertos valores del pasado como áncora de
salvación. “Subrayado por los desastres bélicos y por la miseria hay u n nuevo deseo
de espiritualidad, de religiosidad, como algunos dicen, y a la luz de esta necesidad
el funcionalismo materialista, aunque se adjetive de lirismos formales, aparece in h u ­
m ano e insuficiente” 17. Peligrosa afirmación, prim ero porque la espiritualidad que
se basa en los desastres bélicos y en la miseria nunca es de largo alcance; segundo,
porque no es e s p i r i t u a l i d a d lo que se busca sino s e n t i m e n t a l i d a d ; tercero, porque el
funcionalismo, lejos de ser m aterialista, es mucho más espiritual que una concepción
que no escapa de las necesidades materiales: "La buena arquitectura m oderna piensa
en el hombre, en el hom bre y en su vida en la casa y en la ciudad; su prim er objeto
Saper
Saper
15. Verso
3 6. F ra n k
13.

14.

17.

vedere V a rch itettu ra , pág. 28.
vedere V a rch itettu ra , pág. 148.
u n 'a rc h ite ttu r a orgánica, pág. 68.
Lloyd W rig h t, paga. 16/17.

F ra n k Lloyd

W rig h t, paga. 29/30.

5

�es la felicidad, el bienestar m aterial y psicológico de la entidad h o m b r e " 18. Yo diría
que la buena arquitectura contempla esa felicidad pero no la expresa más que en
valores de superación de lo individual, m uy superiores al bienestar m aterial y psicoló­
gico de la entidad h o m b r e . Los arquitectos funcionalistas, en cambio, se fundan menos
en las exigencias actuales del hombre-individuo, pero con sus creaciones estereomé­
tricas, que pueden parecer frías a los neorrománticos, profetizan una fu tu ra unidad
hum ana que supera lo accidental de las necesidades individuales. Esa misma ciencia
nueva a la cual apela Zevi es la que está señalando el porvenir del arte, no más fu n ­
dado en principios orgánicos sino en una expresividad más comprensiva de la tota­
lidad del cosmos, del cual ha comenzado a proporcionar u n m o d e lo .
Sirva este artículo de presentación del fogoso escritor italiano, profesor en las U n i­
versidades de Venecia y Roma, autor ilustre de los libros citados y de otros que des­
graciadamente no conozco, y codirector de la revista de arquitectura M etron . Sirva
también para hacer público nuestro reconocimiento.
J o r g e R o m e r o B r e st

18.

Verso u n 'a rc h ite ttu ra

organiceu, pág. 41.

6

i

�Los Valores Espirituales
de la Arquitectura M.oderna
c

En 1908 Adolf L o o s publicó un artículo, Ornament und Verbrechen, que
ha llegado a ser la Carta moral de un proceso histórico que se desenvuelve
desde hace cincuenta años en el campo de la arquitectura europea.

“He descubierto —decía
mundo la idea de que la
sión del ornamento del
nueva alegría al mundo,

Loos en la conclusión— y he hecho conocer al
evolución de la cultura es sinónimo de la exclu­
objeto de uso. Creía dar con este regalo una
pero el mundo no me manifiesta gratitud.”

En esa declaración reside el esencial valor espiritual de la arquitectura
moderna: en la fe de que el esfuerzo simplificador, la búsqueda de la
esencialidad, la eliminación de lo insignificante tuviesen un efecto moralizador en el curso de la civilización. Es de todos los elécticos sumar una
forma a otra, un estilo a otro. Todo el Ottocento había visto un enri­
quecimiento del diccionario figurativo en la suma de un revival a otro
revival, en la multiplicación de los estilismos y en la mezcla atroz de los
estilos. La arquitectura moderna se presentó como mensajera de valores
no exteriormente ricos pero íntimamente profundos y sufridos, extrayendo
de la enciclopedia empírica del siglo X IX los factores de una ecuación
simple, primitiva; quiso un empobrecimiento de los medios, del arte-porel-arte al arte que sirviese y significase la vida en sus más espirituales
valores. Fué un esfuerzo humano, realizado por hombre que afrontaron
un voluntario exilio de la moda que prevaliecía en la época, que renun­

7

�ciaron al éxito profesional, que vieron en la arquitectura una profecía
de civilización.
He hablado de un valor espiritual en la actitud mental de Loos. No de
un valor intelectual. Si la cita anterior fuese entendida literalmente indu­
ciría en error. Todo pensamiento sobre el arte tiene su historia; nace en
el ámbito de un particular problema moral y lingüístico. Comprender
la historicidad de Loos y de su edad significa proponerse todos los pro­
blemas de la arquitectura moderna.
La simplicidad no es en sí mismo ni buena ni mala. B orromini no era
simple y sin embargo es un artista supremo. No es simple la arquitectura
de la expirante Roma Imperial y sin embargo alcanza valores espirituales
mucho más altos que los de la arquitectura de las edades republicana y
augustea. También el helenismo, al construir una escena urbanística
totalmente humanizada en Pérgamo alcanzaba valores artísticos no infe­
riores a los de las abiertas perspectivas de la edad clásica en Grecia.
El problema de simplificar o enriquecer el diccionario figurativo no es un
problema abstracto sino histórico. El enunciado de Loos no tiene validez
absoluta sino histórica. Comprender esa historicidad de la arquitectura
moderna significa escribir una nueva historia de ella, una historia que
todavía no ha sido completamente obtenida.
Si el volumen de Giedion, Space, Time and Architecture, es filológica­
mente el más rico que tenemos, desde el punto de vista metodológico el
de P evsner, Pioneers of the Modern Movement, recientemente publicado
con el título de Pioneers of Modern Design, es mucho mejor. No obstante,
el mismo nombre de pioneers atribuido a los artistas de este medio siglo
de arquitectura puede inducir a error. La palabra pioneer se aplica ge
neralmente a una persona que trata de realizar algo que otra, de edad
posterior, logra llevar a término. El valor del pioneer no es absoluto sino
en función de algo que se produce después. Si no fuese así, después, este
algo, el pioneer no tendría valor.
Ahora bien, en arte no hay ni pioneers ni continuadores; solamente artis­
tas. Presentar la historia de la arquitectura moderna como una historia
que se forma de pioneers desde 1850 a 1914 y de hombre que realizan lo
que habían profetizado los pioneers desde 1918 a 1933 significa caer en el

8

�equívoco del evolucionismo, es decir en lo que Pevsner no quiere caer
por cierto.
Es sabido que el equívoco del evolucionismo se encuentra en toda la his­
toriografía arquitectónica. ¿No se dice continuamente que los siglos VIII
y VII a. J. C. constituyen la fase arcaica de la arquitectura griega, los
siglos V y IV la fase clásica y el helenismo la fase de decadencia? ¿No se
dice que B runelleschi es el pioneer del Renacimiento, B ramante su
expresión completa, B orromini su decadencia barroca? ¿No se presenta
el desarrollo del arte a semejanza de la parábola biológica, con su infan­
cia, su madurez y su vejez?
Filosóficamente, en el terreno de la estética, todos rechazan el preconcepto
evolucionista, pero en el terreno histórico, cuando hacen crítica los más
recaen en el equívoco. Abrid la mayor parte de las historias del arte
comunes y en particular las historias de la arquitectura y encontrareis
muy a menudo observaciones evolucionistas.
Lo que es verdad en la historiografía del pasado, es particularmente
cierto en la historiografía de la arquitectura moderna. Si consideramos
la arquitectura del último siglo, encontraremos el siguiente esquema:
1. Infancia (o período de los pionners) : W illiam Morris
y la renovación del artesanado inglés. Víctor H orta y
H enry van de Velde y el movimiento internacional del
Art Nouveau. Otto W agner y la Secesión vienesa. P eter
B ehrens y el Deutscher Werkbund.

2. Madurez (o período clásico): L e Gorbusier, G ropius,
M ies v a n der R ohe y J. J. P. O ud, es decir el movimiento
racionalista.

3. Período llamado orgánico o de la humanización de la
arquitectura, o racionalismo psicológico, o nuevo empirismo:
A alto, escuela sueca desde A splund, desarrollos americanos
post-wrightianos definidos por L ewis M unford con el nom­
bre de Bay Región Style.

9

�Naturalmente las divisiones no son siempre precisas. Giedion, por ejem­
plo, define como decadente el Nuevo empirismo sueco pero exalta a Aalto.
F rank L loyd W right pertenece a la infancia de la arquitectura moderna
por el período de las Prairie Hoitses, es un racionalista por el proyecto
de la House on the Mesa de 1932 y orgánico por la obra siguiente. Pero,
salvo algunas diversas interpretaciones, el esquema es éste y se halla enrai­
zado en los historiadores y arquitectos. El racionalismo es el clasicismo
de la arquitectura moderna, su siglo V, la perfección. Todo lo que sucede
después de Le Corbusier y el Bauhaus es tentativa, esfuerzo loable pero
incompleto. Todo lo que sucede después es útil repetición y desarrollo,
o también decadencia.
Si se razona así los valores espirituales de la arquitectura moderna no
podrán ser comprendidos. Todo el afán de los historiadores de la arqui­
tectura y de los arquitectos debe enderezar a la comprensión para hacer
entender a los demás, que el período 1920-1933, ese período al que
se llamó en Europa racionalista y en los Estados Unidos International
Style, es un grande y maravilloso capítulo de la historia de la arquitectura
moderna, pero sólo uno de sus capítulos. Antes hubo otro y después
también otro. En la historia, y por tanto en la historia del arte, no hay
perfecciones ni absolutos. Si los hubiere, si Le Corbusier significase el
clasicismo, no tendríamos otra cosa que hacer sino copiarlo. Pero quien
copia a Le Corbusier, como quien copia a Brunelleschi, Bramante o Borromini, no es un artista.
Volvamos por un momento a Adolf Loos. ¿Es verdadera o falsa su afir­
mación de que la evolución de la cultura es sinónimo de simplificación
y de antiornamentación? La respuesta no puede ser más que una: es una
afirmación verdadera para él, para Adolf Loos. Pero no es una afirma­
ción en sentido absoluto.
En la primera edad de la arquitectura moderna, desde 1850 a 1914, el
problema de la simplificación del diccionario figurativo fué urgente; fué
el problema moral de la época. Contra la riqueza del eclecticismo no
había más que una tarea: la de la eliminación, la de la protesta puritana,
la de la extremada castidad. Todo el movimiento de la primera edad
respondió a su modo a esta instancia. W illiam Morris odió a los arqui­
tectos neoclásicos, neogóticos y neobarrocos, combatió la producción indus­

10

�trial que repetía en cantidad las formas de los viejos estilos, se exiló
heroicamente en el moralismo social del artesanado. L ’Art nouveau aceptó
la técnica moderna y construyó un nuevo sistema de decoración, vinculado
en H enry Van de Veude a un moralismo distinto: el psicológico, el de la
simpatía por algunas formas, en una palabra la Einfühlitng. Hasta el
hedonismo de J osef M aría O lbrich reposa sobre la moralidad de ofrecer
un mensaje de sonriente esperanza al nuevo siglo. P eter B ehrens y B runo
P aul vincularon su moralidad con el rigorismo de la producción industrial.
La simplicidad de la primera edad moderna no fué por tanto un punto
de partida sino un difícil punto de llegada de un largo proceso. Esta sim­
plicidad, en cuanto tenía un valor espiritual, en cuanto era alcanzada
a través de lá superación de inmensos obstáculos prácticos e interiores,
era una simplicidad conquistada; el valor no está en la simplicidad sino
en la conquista.
Después vino el racionalismo. Significó una posterior y extrema simpli­
ficación. Unido a los movimientos abstractofigurativos que derivaron del
cubismo, especialmente del purismo francés y el neoplasticismo holandés,
la arquitectura de 1920-1933 redujo todavía más el diccionario figurativo.
Poquísimos instrumentos de expresión: volúmenes puros y superficies ge­
neradores de volúmenes en Le Corbusier; volúmenes articulados en Gropius; planos libres y yuxtapuestos en Mies Van der Rohe; elementarismo
cezanniano teñido de tonos neoplásticos en Oud.
A algunos hombres de la primera edad moderna pareció nociva esta ulte­
rior simplificación. La simplicidad lenta y fatigosamente conquistada por
ellos parecía enfriarse en esa serie de ismos mecánicos extraídos de la
experiencia pictórica y plástica de 1910-1920. El encuentro más violento
entre la primera edad de la arquitectura moderna y la segunda edad tuvo
lugar en 1927, con motivo del concurso para la sede de la Sociedad de
las Naciones en Ginebra.
Valdrá la pena recordarlo. Formaban parte del Jurado nueve miembros.
Cinco de ellos habían sido grandes artífices de la primera edad moderna:
J osef H offmann de Viena, el autor del Hospital de convalescientes de
Purkersdorf (1903) y del Palacio Stoclet de Bruselas, el jefe de la Werkstátte; H endrik P etrus B erlage, la figura prominente del neorromanticismo holandés, el arquitecto de la Bolsa de Amsterdam (1898), el primer

11

�propagador de la cultura americana en Europa; el suizo Karl Moser,
iniciador del movimiento moderno en el país en que debía surgir el pala­
cio; I var T engbon, de la escuela neorromántica sueca; en fin, V íctor
H orta, el máximo poeta del Art nouveau, el autor de la Casa de la calle
Turin en Bruselas (1893) y de la Casa del Pueblo (1897).
Contra estos cinco arquitectos estaban los monumentalistas, los tradicionalistas, los reaccionarios: cuatro figuras que no podemos incluir ni en
la primera ni en la segunda ni en la tercera edad moderna, ni en el pasa­
do. Hombres sin época cuya única función es la de retardar lo nuevo,
sofocar el ímpetu original de los artistas. C arlos G ato de Madrid, el ita­
liano A ttilio M uggia, el inglés Sir J ohn B urnet y finalmente el peor,
Charles L f.maresquier uno de los cabezas de la Académie en Francia.
Cinco contra cuatro. La cuenta habría de rehacerse. Le Corbusier debía
vencer en el concurso. La arquitectura moderna debía tener su sanción
europea. Pero, mientras Hoffman, Berlage, Moser y Tengbon se pusieron
súbitamente de parte de Le Corbusier (la primera generación daba la
mano a su hijo más famoso) dudó Víctor Horta. Y esta duda provocó
aquel compromiso desastroso de premios a proyectos modernos y tradicionalistas al mismo tiempo.
¿Fué una traición de Horta? Giedion afirma en su libro que sí. Pero en
verdad se trató del significado diverso que un artista de la primera gene­
ración moderna daba a la simplicidad. Horta ha sido un gran poeta: se
lo puede definir como el Mies Van der Rohe de la primera edad moder­
na. Pocos edificios se imponen tan decididamente a la historia como su
Casa del Pueblo. Sutilísimo artista, absolutamente empeñado en la modu­
lación de los volúmenes y en el juego de la línea floreal. Le Corbusier
hablaba un lenguaje demasiado distinto para que Horta pudiese com­
prenderlo. Para Le Corbusier la simplicidad era un punto de partida,
no de llegada. Su impostación tecnicista, su planimetría basada en el cua­
drado y el rectángulo, sus superficies lisas como un papel, las ventanas
corridas en una cinta, hasta sus promenades architecturales que eran diva­
gaciones puristas destacadas del esqueleto estructural, todo este dicciona­
rio abstractofigurativo debía aparecer frío, esquelético, diagramático, gla­
cialmente anatómico a quien había movido sus volúmenes en amplias y
deliciosas sinuosidades abriéndolos progresivamente, a quien había vivido

12

�la conquista en el tiempo de la simplicidad. Fué traición en el plano
cultural, no en el plano de los valores espirituales y del arte. Berlage,
Hoifman, Tengbon, Moser fueron más generosos, comprendieron los mo­
tivos diversos de la generación siguiente a la propia. Horta defendió su
generación y si las consecuencias fueron desastrosas conviene comprender
las íntimas razones de su decisión.
El concurso para la sede de la Sociedad de las Naciones en Ginebra )fué,
como es sabido, el más grande acontecimiento internacional de la arqui­
tectura moderna. El hecho de que se haya verificado en tal ocasión un
encuentro entre la primera y la segunda generación de arquitectos mo­
dernos, entre los pioneers y los racionalistas, debería hacer reflexionar a
ios que ven la historia como una línea recta progresiva, como una serie
de causas y efectos.
Si los arquitectos contemporáneos quieren individualizar los valores espi­
rituales de la arquitectura moderna deben estudiar en cambio la historia
desde ahora secular. Los racionalistas tuvieron todos los méritos menos
uno: no estudiaron la historia de la arquitectura. Se preocuparon más de
la propaganda que de la cultura. Si debiese hacer los programas de una
nueva escuela de arquitectura adoptaría el programa del Bauhaus de
Gropius con un solo agregado: la enseñanza de la historia de la arqui­
tectura.
Y no se trata de un agregado mecánico. Se trata de dar tono histórico a
toda la enseñanza. Se trata de hacer comprender a los jóvenes estudiantes
en qué instante de la historia de la arquitectura nos hallamos, cuáles son
los antecedentes. Se trata de encuadrar los problemas y esto no es posible
más que en el plano de la historia.
Si los jóvenes arquitectos quieren expresar su visión original deben enten­
der que también el racionalismo es histórico. Los principios de la planta
líbre, de los volúmenes simples o articulados, de las superficies genera­
doras de volúmenes o proyecciones en el plano bidimensional de los am­
bientes internos, las interpenetraciones o yuxtaposiciones de planos no son
tabú sino fenómenos históricos. El problema de la eliminación de lo
insignificante fué el problema histórico desde 1850 hasta 1933. Hoy no

13

�lo es más. A la luz de los nuevos valores espirituales debemos releer, por
decirlo así, la historia de la arquitectura antigua y moderna.
¿Cuál es el problema actual? Evidentemente es el enriquecimiento del
diccionario figurativo. Estoy contento de que Giedion haya anunciado la
inclusión, en la próxima edición de Space, Time and Architecture, de
un nuevo capítulo sobre Aalto. De hecho el gran equívoco que ha gene­
rado su historia, magnífica en otros aspectos, es la de presentar a Le Cor­
busier y Gropius como los acontecimientos finales y concluyentes de la
historia moderna, casi como si la historia se hubiese detenido después de
ellos. El problema de Borromini frente a Bramante fué el de enriquecer
el diccionario figurativo. Es el mismo problema de Aalto frente a Le
Corbusier. Si se confrontan los Dormitorios del Massachussets Institute
of Technology de Cambridge, U. S. A., terminados luego por Aalto, con
obras del período precedente, se verá que ellos tienen más puntos de pontacto con la Casa del Pueblo de Horta que con la Ville Savoie de Le
Corbusier.
Esta retoma de problemas que fueron planteados en el período 1850-1914
y después abandonados por el racionalismo entre 1920 y 1933 es contem­
poránea en la arquitectura y en la urbanística.
Pensad en el nacimiento de la urbanística moderna. Dos nombres: C amillo Sitte y E benezer H oward. D os ideas: la revaluación crítica de la
urbanística medieval y la ciudad-jardín. La misma idea, una en el plano
histórico, otra en el plano económicosocial. Frente a la industrialización,
al fenómeno del aumento de la población y a la congestión urbana,
Howard plantea el problema de crear comunidades económicamente autosuficientes, proporcionadas. El establece 32.000 habitantes. El precedente
histórico de la ciudad autosuficiente, compacta, proporcionada, fué indi­
vidualizado en la urbanística medieval de Camilo Sitte.
El racionalismo abandonó o no entendió en el mismo grado el problema
de la dimensión de la ciudad. Se preocupó de la unidad residencial tipo,
del esquema a repetirse indefinidamente, del problema de la relación
entre área construida y superficie libre, del asoleamiento de los edificios
y de muchos otros problemas lógicos y técnicos. El diagrama, el esquema,
la tipificación, el módulo, la producción en masa constituyeron los gran­

14

�des problemas del racionalismo. En ningún plano regulador de una gran
ciudad, durante el período racionalista, fué retomada la idea de la ciudad
jardín.
Pero el racionalismo no es la última palabra, ni el último valor de la
arquitectura moderna. Espero que Giedion, si agrega a su historia un
capítulo sobre Aalto, querrá agregar también a sus capítulos sobre la urba­
nística la urbanística inglesa, especialmente el Plano regulador de Londres
trazado por A bercrombie y F orshaw en 1943. Este plano no vuelve ha­
cia atrás, ya que en la historia del arte y de la cultura nunca se vuelve
atrás. Pero supera el racionalismo urbanístico al reconsiderar el problema
de la dimensión social. La unidad ciudad-jardín se inscribe en la má­
quina racionalista. Inglaterra se encuentra hoy a la cabeza de la urba­
nística mundial porque sus arquitectos son personas cultas que nunca
han tomado al pie de la letra la propaganda racionalista, porque nunca
han olvidado la experiencia de la primera edad de la arquitectura mo­
derna, porque han comprendido la continuidad que se establece entre el
Palacio de Cristal de 1851, la Red House de 1859, las obras de Voysey
y de A shbee, la Escuela de Arte de Glasgow hecha por Mackintosh entre
1898 y 1909, y las obras de Maxwell F ry o de T ecton.
Tanto en Europa como en América se ha perdido esta continuidad cul­
tural. Nuestros estudiantes saben quizás esbozar todos los edificios de Le
Corbusier y de Mies Van der Rohe, pero muy a menudo no conocen ni'
siquiera el nombre de B aillie Scott o de C uypers. Todos han leído Ven
une architecture de Le Corbusier, ¿pero cuántos han hojeado por lo me­
nos libros esenciales para la comprensión de la génesis y el desarrollo de
la arquitectura moderna como L ’Architecture considérée sous le rapport
de l’Art, des Mceurs et de la Législation de C l . N. L edoux, o si no
An Apology for the Revival of Gothic Architecture in England de A.
W. P ugin, o también New View of Society de R obert O wen , o Cités
Ouvriéres de C harles F ourier? ¿Cuántos de nuestros estudiantes han
leído Der Stadtebau de C amilo Sitte , Moderne Architektur de Otto
W agner, Kindergarten Chats de Sullivan, los escritos de Loos, de B erlage, de P atrick Geddes?
Esta general incultura de los arquitectos contemporáneos es la razón de
la dispersión de muchos valores espirituales. Estos valores, fuera de su

15

�historia, no son más valores. Los principios de Le Corbusier y dd racio­
nalismo en general, interpretados fuera de su contexto, vale decir de la
poética particular de Le Corbusier, pierden todo su significado. Los
valores espirituales del arte —mejor del mundo poético— no son abso­
lutos. Sólo el arte es absoluto.
£1 problema es uno solo por lo tanto: profundizar nuestra cultura his­
tórica para volver a encontrar los viejos y los nuevos valores espirituales.
Cuando hayamos profundizado nuestra cultura encontraremos que Víctor
Horta y muchos otros maestros de la primera edad moderna son grandes
como los maestros del racionalismo y tal vez más. Encontraremos qué
los problemas del racionalismo han sido superados, lo que significa decir
enriquecidos. Es una labor urgente la que tratamos de desarrollar en
Italia y que se está desarrollando en toda Europa. Una labor de revisión
cultural.
.
Desde el punto de vista de los contenidos lo que nos separa del período
racionalista consiste en los siguientes factores:
1. Una nueva ideología urbanística. El Ottocento afrontó los problemas
de la ciudad moderna de dos modos: en sus aspectos sociales (Howard)
y en sus aspectos mecánicos (Haussmann). El racionalismo determinó,
como ya se ha dicho, los temas de la unidad de resistencia. Hoy, con la)
nueva urbanística inaugurada por el plano regulador de Londres de 1943,
tenemos una metodología sintética que se podría definir así: unidad de
residencia (racionalismo) inscrita en una comunidad proporcionada (Ho­
ward o ciudad-jardín) conectada y articulada dentro de un conjunto
mecánico y de calles (Haussmann).
2. Una extensión del racionalismo al campo de lo irracional. En pocas
palabras, una preocupación psicológica. El racionalismo arquitectónico
de 1920 a 1930 significó la aceptación del positivismo determinista del
siglo X IX , económico y técnico. La fase actual del pensamiento arqui­
tectónico tiene en cuenta otra ciencia —la moderna psicología— y a la
luz de ella vuelve a considerar todos sus problemas.
3. Una conciencia espacial. El movimiento racionalista, partiendo del

16

�cubismo pictórico y plástico, reivindicó las superficies, los planos y los
volúmenes; negó la línea que había sido el instrumento figurativo pro­
minente en el mundo del Art nouveau; se desinteresó de los espacios!
internos, de los vacíos de la arquitectura. Los ambientes internos fueron
entendidos por el racionalismo como consecuencia mecánica de los volú­
menes y de la planta libre. Las únicas concepciones espaciales que en­
contramos entre Í850 y 1933 son las de Adolf Loos y Ludwig Mies der
Rohe, y son dos fenómenos históricamente comprensibles sólo si se tie­
nen en cuenta sus contactos americanos: el viaje de Loos a América en
1893 y el entusiasmo que suscitó en el ánimo de Mies la exposición de
las obras de Wright en Berlín en 1910. Los demás arquitectos que imi­
taron a Wright desde 1910, viviendo en Europa y examinando sólo siüs
dibujos y las fotografías de sus obras, no entendieron la lección espacial;
sólo entendieron la lección plástica, volumétrica, exterior como conse­
cuencia. De la exposición de Estocolmo de 1930, de E rik G unnar A spl u n d
en adelante, y especialmente por obra de Alvar Aalto, también
ellos en contacto con las experiencias de Wright, ha surgido una nueva
conciencia espacial en Europa, y sus efectos son evidentes también en
Italia.
Estas veloces observaciones habrán convencido al lector de que la historia
de la arquitectura moderna es compleja, difícil, riquísima de motivos;
y que sus valores espirituales no son definibles en formulitas bellas y
hechas. Las historias evolucionísticas son simples, planas, inmediata
mente comprensibles, pero no son historias verdaderas. Los arquitectos
conocen generalmente los lincamientos genéricos del desarrollo del último
siglo, y esto no basta para dar tono histórico a su poética. No basta ni
siquiera haber leído a Platz, a Pevsner, a Behrend y Giedion. Es nece­
sario volver a escribir esta historia continuamente, vivirla cotidiana­
mente, hacerla propia. Toda verdadera historia es historia contempo­
ránea. Todos los valores espirituales de la arquitectura antigua y espe-i
cialmente la del último siglo, constituyen problemas vivos y angustiosos
para toda persona que quiera comprender la propia posición en el mundo.
B runo Zevi.

17

�UN

A R T IC U L O

SOBRE

LA

S E N S A C IO N A L

DE

R IC H A R D S

ARQ UITECTURA

ACTUAL

J. M . R ichards, el crítico inglés de arq u itectu ra, autor de:

M o d ern A rch itectu re

(Pen-

guin, 1940) y ed itor —ju n to con N ikolaus P evsner — de la A r c h i t e c t u r a l R e v i e w , una
de las m ejores revistas del m undo en su especialidad crítica e histórica, ha escrito en
el núm ero de marzo de d icha pu blicación un artícu lo sobre la arq u itectu ra de los
prim eros cincuenta años de este siglo.

Dice Richards: “Los decenios 1920-30 y 1930-40 vieron el establecimiento en todo el
mundo, de lo que entonces era suficiente con llam ar a r q u i t e c t u r a m o d e r n a . A partir
de 1940 se encontró que el rótulo era demasiado simple. H abiendo sido ganada la
batalla contra los r e v iv á is de un modo aplastante, resultó claro que la arquitectura
que había tomado su lugar tenía que hacer un largo camino hasta desarrollar un
equivalente de sus cualidades visuales positivas. Los arquitectos jóvenes de 1940,
aceptando agradecidos la libertad científica p or la que habían tenido que luchar sus
mayores, y ansiosos de aum entarla, empezaron a hacerse más conciernes del estilo.
Se encontraron trabajando p o r un ideal hum ano al mismo tiempo que científico.’’
Y más adelante afirma: “Ahora, en los albores del 1 9 5 ... es u n buen momento para
aclarar el am biente tratando de contestar las preguntas que im pone esta confusión
de rótulos y tendencias: “¿Son ellos desarrollos razonables de una arquitectura moderna
negativa hacia una más positiva, o son meram ente en algunos casos reacciones disfra­
zadas de los malos tiempos del e s t ilo p o r e l e stilo m i s m o ? ”
Richards cree que despojado el arquitecto de su misión de a l t o s a c e r d o t e h a comenzado
a tener —por fin— una c o n c ie n c ia d e lo s o c ia l. Y esta conciencia lo ha arrastrado a
transformarse en sociólogo, economista y político y a "preocuparse tan diligentemente
de los problemas no solucionados del m undo m oderno —que lo llevan cada vez más
y más fuera de la órbita de lo arquitectónico— que o su papel de especialista es
dejado de lado o llegará a ser un p e r f e c t i s t a , incapaz de empezar su labor hasta que
tas condiciones de una arquitectura ideal hayan sido reestablecidas con éxito. Olvi-

18

�CAMINO
LAS
DE

I

DE

TENDENCIAS
LOS

OBSERVACION
ARQUITECTONICAS

U L T I M O S

Precursores: Pueden ser clasificados en tre*
g ru p o s: 19 los m ás íntim am ente aliados

del cubismo y que trataban de crear una
poética de la construcción liberándose del pla­
neamiento académico y las técnicas manuales.
( E j . : Villa en Poissy, Le Corbusier, 1931). 29
el que fué más directam ente inspirado por la es­
tructura, explotando estéticam ente la clara a rti­
culación y expresividad de los nuevos métodos
constructivos ( E j . : Teatro de la Exposición de
P arís, 1925, Auguste P e rre t). 39 posición pura­
mente de ingeniería que buscaban los arquitectos
de los decenios 1920-30 y 1930-40 como una prue­
ba de que la nobleza de la forma no dependía
de los estilos históricos. ( E j . : El puente de
Salginatobel, 1930, M aillart).

Estilo internacional■ El
funcionalismo fué ráp id a­
mente establecido c orno
una filosofía arquitectónica, y
aparecieron edificios en un estilo
impersonal, utilizando total o p a r ­
cialmente las nuevas técnicas y
completamente liberados del fo r­
malismo académico. (M inisterio de
Pensiones, P rag a, 1935, Havlicek
y H onzik).
T T
í ‘

LA

V E I N T E

AÑOS

�Funcionalismo rutinario'. P ara fines de 1939 el
movimiento moderno estaba ta n firm em ente es­
tablecido que la -rutina funcional había llegado
a ser en muehas partes el idioma del arquitecto común,
usurpando el lugar de las recetas neo-clásicas de veinte
años antes. El diseño moderno dominaba las escuelas a r­
quitectónicas y fué utilizado con diversa habilidad por a r ­
quitectos, ingenieros municipales y constructores en m u­
chas partes del mundo, especialmente en los países no
beligerantes. ( E j .: Hospital Jorge V‘\ Sydney, Aus­
tralia, 1941, Stephenson y T u rn er).

m

T X T
-1

y

Formalismo : P rim era de las dos tendencias noevolutivas de la arquitectura moderna. Es una

p rem atura estilización del moderno, una te n ta ­
tiv a de anticipar la evolución de un idioma decorativo
en base a ciertos elementos característicos de la técnica
moderna. Su lógica conclusión era llegar a ser un es­
tilo de época: el modernista o moderno-jazz que a p artir
de 1930 tuvo mucho auge. (E j. : Exposición de Glas­
gow. 1938, T. S. T a it).

V

Neo-clásico: La segunda de las dos tendencias divergentes puede
ser descrita como neo-clásica, aunque es clásica en su espíritu

y en su disciplina formal, no en su ornam entación. Su línea me­
nos form alista proviene de P e rre t y en él centro de E uropa se da
como más im aginativa. Con un espíritu diferente se encuentra también
en Italia como un soporte de la pompa oficial del fascismo. ( E j .: U ni­
versidad de Roma, 1934, P iaeen tin i).

�T TT Mecanístico : La

posición que
acepta la progresiva m ecaniza­
ción e industrialización del edi­
ficio como hecho central de nuestro tiem ­
po y prevee una arqu itectura dominada
por ellos. ( E j . : principalm ente obras tec­
nológicas como las del TV A - Tennessee
Valley A uthority - estaciones de F F . CC.).

T 7TT
y

I I

“
V ~T T X T

Yf

I I I

Estética de la máquina: la segunda clase de arquitectura m ecanístiea tiene una estética más
consciente, en realidad tra ta de producir un a rte abstracto de gran refinam iento proveniente de
los elementos de la ingeniería. Su efecto descansa en la exactitud de la proporción y el acabado
que exige lo mecánico. ( E j.: Illinois Technology Instituto, Chicago, 1947, Mies van der R obe).

Din g r a m á tic o : Tercera

posición dentro de lo meeanístico, consiste en llevar sus postulados
hasta las últim as consecuencias lógicas. El edificio se hace puram ente diagram átíco, sólo
una estructura para sustentar una función. ( E j . : Depósito de Aguas Corrientes en Olinda.
B rasil).

T
I

Post-cubista: O tra categoría

fácilm ente distinguible de la
arquitectura contem poránea es la que deriva directam ente
de la pura abstracción que se originó en los primeros tra b a ­
jo de Le Corbusier y el grupo rolandés De S tijl. Lo que era expe­
rim ento vivo se ha cristalizado en una arquitectura que estéticam ente
permanece leal a los encantos de la geom etría sólida, continuando
en íntim a alianza con la pintura y escultura abstractas. (E j. : N ursery en Río, Osear Niem eyer).

�X

Regional orgánico : La mas

varia y su jeta a contro­
versia de las tendencias
modernas, en la que se puede ver
una ten tativ a para escapar a la
ru tin a del funcionalismo. A pesar
de constituir esfuerzos en distinto
sentido, se conoce colectivamente
a estos movimientos con el nom­
bre de orgánicos por oponerse en
muchos respectos a lo mecanístico.
En el caso de F rank Lloyd W right
trata de ponerse en acuerdo con
la naturaleza más que en luchar
contra ella. O tras experiencias son
las de la llamada Cay Región, otras
las de Marcel Brcuer en Nueva
Inglaterra, otras las de Jaueh
y Bürgi en Suiza. ( E j.: Taliesin
West, A rizón a.
F rank
Lloyd
W rig h t).

Empírico orgánico: Un nuevo regionalismo no es el único camino de unir lo funcional con lo orgánico. Otro es el de buscar inspiración en lo particular (características de paraje, estructura y m ate­
riales por ejemplo) más que en lo general. En esta línea cae el moderno escandinavo con su
estudiada inform alidad y conciencia del encanto de lo casi accidental (conocido como nuevo-cmpirismo ) .
por el uso francam ente evocativo de los materiales tradicionales y el empleo deliberado de motivos que crean
una atm ósfera cálida, más por sus asociaciones que por su forma en sí. En esta línea están ahora el suizo
Alfred Roth y el finlandés Alvar Aalto. ( E j.: Casa cerca He Estocolmo. 1947, M arkelius).
V
I
v \ ±

Nota, del traductor: Como todas las clasificaciones, esta de Richards peca de algunas omisiones y notas
confusas. Por ejem plo: ¿dónde ubicar a Richard N eutra que tiene sus características propias, como un post­
cubista, un orgánico o como ambos? ¿Qué decir de toda la prim era obra de Gropius (que nos parece in ­
justam ente olvidado en tre los pioneers) y de la contribución tan im portante de Asplund? Consideremos
este concienzudo esfuerzo de sistem atizar el fárrago de la obra contem poránea y esperemos que el mismo
Richards jo enriquezca y perfeccione junto con la inteligente labor de todos los buenos tratad istas que se
ocupan de crítica arquitectónica. E sta no es la última palabra, es casi la prim era. — D. C. 1?.

�dando que la arquitectura es de por sí uno de los medios de ordenar y disciplinar
un mundo desorganizado; y que mejor que esperar a que la raza humana alcance la
nueva sabiduría basada en la ciencia, se le puede ofrecer un pregusto de esa sabiduría
aplicando la ciencia a la arquitectura.”
Acostumbrado a desconfiar, el arquitecto moderno quiere referirlo todo a p r im e r a s
[m n c ip io s , y esta misma actitud lo hace remiso a lo que Richards llama: e l p la c e r
p o r e l p la c e r m ism o , es decir ese margen de libertad y de imaginación que permiten
el arte como un juego y no sólo como una ciencia. El presente puede ser un punto
muerto. No se reclama una arquitectura moderna, porque ya la tenemos. Habrá que
preguntarse entonces: ¿qué actitud adoptarán los arquitectos para colaborar eficaz y
fructiferamente con la vida y la civilización de su tiempo?

Se discute luego el alcance y la validez del término fu n c io n a lis m o y Richards se inclina
a considerar el funcionalismo contemporáneo como un simple heredero del funciona­
lismo eterno e inconciente que viene desarrollando el hombre a lo largo de la cultura l.
Apoyándose sobre ese presupuesto funcional, las distintas tendencias arquitectónicas
han elaborado sus maneras características y, a veces, divergentes. Por otra parte:
el fu n c io n a lis m o como término literal extremo no puede existir. Aun en problemas de
ingeniería hay un punto en que se presentan varias soluciones posibles y satisfactorias.
El que proyecta debe elegir entre una de ellas y es sólo entonces cuando empieza el
verdadero d ise ñ o (en el sentido de desigrí) , es decir la adecuación de lo que se intuye
plásticamente con el saber científico. De ahi la grandeza de un M a il l a r t , de un
P i e r - L u ig i N e r v i para tomar un ejemplo de nuestros días.
Siempre hemos creído que fu n c io n a l quería decir no sólo función material sino también
espiritual y emocional al mismo tiempo. El que se queda en el mero funcionalismo
de la escalera más cómoda, el corredor más directo, etc. es el que en otra época se
hubiera ajustado estrictamente a los dictámenes de la Academia, el que no sabe ver
que en la obra de los precursores habla una aspiración a trascender lo cómodo, lo
útil, para llegar a la e m o ció n . Lo dice L e C o r b u s i e r expresamente en H a c ia u n a
a r q u it e c t u r a : “A los que absorbidos ahora en el problema de la m á q u in a d e h a b ita r
declaraban: la arquitectura es servir, hemos respondido: la arquitectura es e m o cio n a r .
Y se nos ha tachado de poetas.” Estos arquitectos, rutinarios por esencia se apoyan
en lo dado y han in v en ta d o un estilo pseudo-funcional que ha sido rápidamente adop­
tado por los hombres prácticos que antes propiciaban el n e o -g e o rg ia n o cualquier otro
1 V e r un a rtícu lo sobre el fu n cio n alism o
la m ism a A r c h ite ctu ra l Reviere

en

23

g en eral en

el núm ero

de en ero de 1950 de

�estilo rutinario.

(Pensamos aquí en el m o d e rn o -c o n stru c to r y en el m od ern o -o ficia l,

formas vergonzantes de la arquitectura y que sin embargo tienen un auge y un apoyo
que le falta a la arquitectura de calidad y original porque su receta es fácil y su
costo menor que el de los estilos pomposos.) Lo grave —como señala Richards— es
que el organismo se fosilice antes de haber tenido oportunidad de madurar.
Era fatal también que los grandes iconoclastas de la generación anterior se transfor­
maran en los m aestros in to ca b le s , y es peligroso atacarlos porque corremos el riesgo
de aportar armas a un enemigo que todavía existe. En efecto el reaccionarismo en
materia de arquitectura es un hecho fácilmente comprobable (especialmente en nuestro
país), y se ampara en una falsa excusa de b u e n g u sto de las clases dirigentes en
materia de tono de vida y en una imitación de las maneras que se creen s u p e r io r e s o
más refinadas, por parte de las clases obedientes. El detenerse en un momento de la
evolución puede ser pernicioso —aunque sea tratando de consolidar posiciones— como
en el caso de la fo s iliz a c ió n del funcionalismo, porque se sustituye un sistema estereo­
tipado (neo-clasicismo o cualquiera de los llamados e s tilo s históricos) por otro de
"gestos sin sentido, ya que la escuela funcional no ha empezado a desarrollar el idioma
que permita operar a la arquitectura como un medio de comunicación”.
F o rm a v ersu s c o n te n id o llama Richards a la situación que se ha producido. El arqui
tecto está acostumbrado a ver en términos de fo r m a pero “los componentes gemelos
del arte: forma y contenido, resultan de acuerdo a la noción dialéctica, los que en su
oposición son capaces de crear la tensión que es la principal fuente de vitalidad arqui­
tectónica”. El objeto del contenido es, por supuesto, hacer que la arquitectura tenga
sentido para los demás, aunque los arquitectos pudieran pasarse perfectamente con
una arquitectura de forma pura.

Esta es la base de la búsqueda de un es tilo que domina esta época “demasiado con
cíente de sí misma”, lo cual es especialmente obvio en los países del este europeo,
porque en una arquitectura altamente industrializada y concebida científicamente, hay
que encontrar elementos de contenido que la hagan inteligibles a la masa, para que
la arquitectura pueda tomar naturalmente su lugar entre las artes populares y ser
uno de los vehículos del sentimiento patriótico.
Si eso puede ser logrado escarbando en el pasado de los estilos históricos y eligiendo
los que tengan alguna conexión popular o haciendo revivir artificialmente algunas
artesanías regionales moribundas, no es éste el sitio para discutirlo. Lo que si se
puede afirmar es que esa búsqueda va acompañada por una desconfianza hacia el
estilo contemporáneo. Y es lógico que así sea porque ese estilo puede tener signifi
cación sólo a los ojos de los que saben discriminar plásticamente.

24

�La dificultad —nuestra dificultad— estriba en lo que podríamos-llamar: la p er s o n a lid a d
d iv id id a . Por una-parte buscamos una arquitectura r e fin a d a (como proporción. y como

pureza de métodos constructivos) que se refiera exclusivamente a la calidad intrínseca,
sin atender a las solicitaciones visuales que sostienen un criterio de espectador común
(espectador in g en u o se dice en crítica de a rte ). Por otro —en cambio— estamos pro­
duciendo (por lo menos en un sector) algo muy parecido a un estilo p o p u la r -v e r n á c u lo ,
especialmente en la casa suburbana: “esa arquitectura de contenido, casi sin forma.
Esta arquitectura es despreciada por los arquitectos y la gente de gusto, sin embargo,
tiene ese elemento espontáneo sin el cual no puede decirse que un arte tenga raíces
en la civilización que sirve”.

La dificultad estriba en aunar la vitalidad que se

encuentra en esas manifestaciones, o sea la reacción simpática a los deseos populares
(sin tener que aceptar sus vulgaridades éticas y estéticas), con la base firme del
funcionalismo de nuestro tiempo.
Para los hombres modernos, desarraigados de la historia, puede resultar reconfortante
comprobar que esa tradición funcional de la que hablábamos antes existe realmente
como un hecho comprobable a cada paso. Si no constituye algo tan definido como
una filo s o fía d e la fu n c ió n , al menos hay que aceptarla como un in stin to d e la fu n c ió n ,
que ha perdurado siempre paralelamente a la evolución de los estilos históricos de la
arquitectura sin combinarse con ellos (mejor dicho rigiéndolos con una tutela de buen
d iseñ o) , pero con su vida personal y propia, en la cual tiene mucha parte una raíz
popular de sentido común y una intuición de la fo r m a ú til que sólo pueden dar los

siglos de experiencia. Los puentes, los edificios de granja, los pasamanos, los carteles
indicadores, los tipos de imprenta, los faros, los malecones, los bancos de plaza, los
utensilios de trabajo y cocina, etc. son algunos ejemplos excelentes de funcionalismo
espontáneo, donde se cumple el postulado: la fo r m a n a c e d e la fu n c ió n .
La arquitectura moderna tiene mucho que aprender todavía de esa tradición, que no
se atiene a épocas o períodos artísticos, sino que fluye libremente y tiene contactos
entre culturas de lo más dispares a través del tiempo y del espacio. En el momento
actual, hemos descubierto o redescubierto todo ese funcionalismo instintivo, compro
bando súbitamente en él, una cualidad compatible con nuestras aspiraciones. Reaccio­
namos a la clase de estímulo que nos propone porque estamos precisamente tratando
de profundizar esa idea de fu n c ió n para llevarla hasta sus últimas consecuencias. Mucho
se puede decir y hacer todavía en lo que a su tilez a de la forma se refiere, sutileza que
debe surgir espontáneamente del propio énfasis que demos a la construcción. O sea:
que el d ise ñ o puede también nacer, engendrado únicamente por las necesidades de la

25

�función, vigiladas por la intuición plástica, que de varios caminos posibles elija el
más rico en posibilitades estéticas.
Si no sabemos a qué fines tendemos como civilización, no podremos saber —por ende—
cual será el arte que nos exprese. Si el funcionalismo es un hito en el camino y no
un fin en sí mismo, cabe preguntarse: ¿Hacia dónde lleva ese camino?
Por ahora parece ser que apunta principalmente en tres direcciones. La primera está
ligada íntimamente con el funcionalismo ya que surge de los mismos cambios históricos
y técnicos que motivaron la revolución funcional. Es la línea que podría llamarse
de m á x im a e x p lo ta ció n d e la m eca n iza ció n . La vida actual lleva el signo de la mecani­
zación progresiva y total, la arquitectura debe seguirla o perecer. Superado —para
bien o para mal— el período de la artesanía manual, el mundo se mueve en la produc­
ción en serie y en masa y hay que reconocer que quizá la mejor arquitectura moderna
es la que ha sabido inspirarse en la idea de una estética de la máquina y de los nuevos
niveles de precisión y elegancia a los que la máquina nos ha acostumbrado. Empe­
zamos ahora a comprender las posibilidades de construir mediante elementos prefabrica­
dos y de hacer de la creación de un edificio un hecho totalmente mecanizado. Ya
sabemos adonde nos lleva esta posición: la casa llega a ser tan poco representativa del
que la habita como una caja lo es del producto que sirve para guardar. Esta deshu­
manización i lleva a hacer de la arquitectura simplemente el marco de la existencia
más que la expresión de una conducta humana. (Dice Richards, pero volvemos a
disentir: cualquier actitud que tome el hombre será necesariamente una conducta,
aunque sea deliberadamente la de un arte que tienda a lo abstracto.) Hay sin embargo
un antecedente que nos anima y es la n eu tra lid a d del esquema geométrico de la casa

1 H a b ría que o b jetarles tan to a R ich ard s como a Zevi esta p o stu ra de co n sid erar el a r t e
a ctu a l como deshum anizado. Y a sabem os qué poca fo rtu n a tu vo el té rm in o en el libro de O rtega
Y G a s s e t . E l hecho de no s e r s en tim e n tal n i ro m án tico , no im p lica n ecesa ria m e n te u n a deshu­
m a n iza ció n , en sentido peyorativo. E l hom bre es un com plejo de m uchas co sas y no sabríam os
d ecir qué es lo que lo h ace m ás hum ano. P a r a un in d iv id ualista a o u tra n ce , h u m a n iza ció n será
ig u al a sen tim ien to, a exp resió n perso n a l de estados de alm a, pero el m undo h a conocido g ra n ­
des épocas de a rte (la s m ás grandes qu izá) en que el a rte te n ía un ideal colectivo y des­
personalizado (e l siv lo V a. de C., el g ó tic o ), y no p o r eso era n a rte s deshum anizados. Todo
lo que es del hom bre no puede s e r a je n o a lo hum ano, diríam os p a ra fra sea n d o el dicho latin o.
E l cubism o, la a rq u ite ctu ra fu n cio n al no son a rte s deshum anizados porque no qu ieran ex p resa r
el individualism o, que no es un valor en s í, sin o una posición que n a ce esp o n tán eam en te de la
co n cep ción del mundo de una época. L a n u e stra — creo que no n ecesita d em ostrarse— m archa
a gran d es pasos a la co lectiv izació n econ óm ica y p o lítica , no es de e x tr a ñ a r que el a r te apunte
h a cia el m ism o o bjetivo , aunque nos duela reconocerlo a n osotros, in div idualistas im p en iten tes
como somos.

26

�habitación japonesa (única arquitectura verdaderamente valiosa de Oriente: pues tanto
templos o palacios, que pueden tener un interés escultórico o pintoresco, no puede»
parangonarse a los grandes momentos de la arquitectura occidental), que se h a red u ­
cido a través de incontables centurias a una simple estructura basada en unos pocos
módulos invariables. Esta geometrización ha demostrado ser muy satisfactoria, p e r o n o
c o m o e x p r e s i ó n p e r s o n a l d e lo s in s t in t o s c r e a d o r e s i n d i v i d u a l e s que debieron manifes­
tarse en cambio en la decoración: cuadros, jardines, muebles, arreglo de flores, etc. La
consecuencia lógica de esta vía consiste en suponer que la arquitectura tiende a des­
aparecer como arte, y a proveer, en cambio, con el máximo de economía y eficiencia
un fondo esquemático tan anónim o como el automóvil, que perm ita que la inquietud
creativa hum ana se refleje en otras actividades.
Es posible que éste sea el camino más acertado, pero con esta solución u otra cual­
quiera, ha llegado para el hom bre contem poráneo el momento de recordar que “las
máquinas son herram ientas p ara ser utilizadas exactamente tanto y tan frecuentemente
como sea para nuestra ventaja, y no más”. Es fácil ser engañado por la mecanización
como f i n e n s i m is m o . L ew is M umford tiene toda la razón al decir —en un artículo
reciente— que “el único sentido de un diseño económico, es el de d e j a r u n m a r g e n a
tra v és d e l c u a l la im a g in a c i ó n p u e d a

ex p resa rse m ás lib rem en te” .

Una arquitectura idealm ente funcional sería aquella que im plicando un avanzadísimo
grado de especialización perm itiera tratar cada caso en la medida exacta de sus nece­
sidades. Lo funcional debe tender pues a ser, una expresión de lo particular, mientras
que, una arquitectura simplemente mecanizada, con su acento en la acción repetida, se
hace fatalm ente una arquitectura de lo general. Mecanización y funcionalismo son,
pues, sinónimos hasta ese peligroso punto, al que hemos llegado, en que sus rumbos
toman sentidos casi antagónicos según acabamos de ver.
Se sienta o no funcionalista el arquitecto “no puede negar a su arte la vitalidad que
norm alm ente proviene del estudio de lo particular. O al revés: que no es verdadera­
mente funcional, en el más alto sentido de la palabra, perseguir la mecanización hasta
un extremo que obligue exclusivamente al estudio de lo general”.
La segunda de las rutas posibles, es la que apu n ta en la dirección de la humanización
(ya hemos discutido el valor de esta expresión) conciente. Este es el camino o r g á n i c o
(como h a empezado a .llamársele, creemos tam bién que equivocadam ente), que se
contrapone al camino m e c á n i c o , y “sugiere que habiendo sido puesta sobre una base
práctica por la saludable disciplina del funcionalismo, la arquitectura puede atacar
ahora su cometido de llenar necesidades puram ente físicas con la debida seriedad y

27

�los métodos científicos adecuados. Pero lo que hay que restablecer en ella es su
atractivo hum ano de modo que pueda cum plir tam bién su papel cultural de acuerdo
a la tradición”. Lo cual quiere decir: concentrarse en sus aspectos orgánico y visual,
en vez de en sus aspectos técnicos. Las tentativas toman varios sentidos pero siempre
persiguen un ideal de d i f e r e n c i a c i ó n , que se opone al otro principio de u n i f i c a c i ó n .
Esa escuela de pensamiento que en arquitectura se llama o r g a n i c i s m o propugna la
explotación sistemática de todas las características locales. De modo que la arquitec­
tura opere dentro de un n e o r e g i o n a l is m o basado en la calidad y textura de los m ate­
riales, en las condiciones sociales y climáticas, etc. Si queremos sobrepasar ese in ter­
nacionalismo del 1 9 2 ... se puede coincidir con esa particularización (que como vimos
es en últim o extrem o a lo que conduce un verdadero funcionalismo) , que explote
todas las peculiaridades del g e n i u s lo c i, siempre que no olvidemos por ningún concepto
que esa posición nos conduce también a un extremo.
En la zona de Norte América llamada Bay Región, en Suiza, en Suecia, se han explo­
tado conjuntam ente la sugestión de la madera y ciertas proporciones y estructuras
tradicionales que confieren a la edificación un sabor vernáculo sin apartarse de lo que
el funcionalismo tiene de auténtico. Pero no todas las regiones ofrecen espontáneamente
un i d io m a de materiales y de ecología tan pronunciados. “Una arquitectura que luche
concientemente para adquirir características regionales puede transformarse fácilmente
en un medio de escape de las obligaciones im plícitas en toda arquitectura de un
m undo cada vez más unificado, cuyos problemas no pueden ser resueltos por una
preocupación sentimental, referida a los encantos o las condiciones fortuitas de la
topografía local.” Esta objeción es valedera, un mundo que tiende a las grandes
soluciones colectivas, con medios de transporte cada vez más veloces y perfectos, no
puede perseguir como ideal la particularización regional o nacional que cada vez tiene
menos sentido. ¿Construir con los materiales de la región? Sí, pero la gran arquitec­
tura de todos los tiempos está llena de ejemplos contrarios, porque no se trata sola­
mente de razones sentimentales e económicas, el arte es más c r e a t iv o que todo ese
elem ento doméstico o peculiar.
Lo que se suele decir de los materiales tradicionales cae por las mismas razones. Vestir
o disfrazar una arquitectura con piedra o m adera para que el espectador no avisado
vea envuelta la píldora amarga, que le cuesta tragar con una capa de dulce conocido,
es una infidencia. Todos los m ateriales pueden y deben ser usados. En el principio
del movimiento m oderno se los excluyó en gran parte porque ‘‘el entusiasmo por las
nuevas técnicas produjo un tem porario rechazo de las antiguas”. Pero pasaron las

28

�¿poces en que la arquitectura era m o d e r n a solamente si construía en horm igón armado
y con grandes vidrieras de cristal.
El correctivo para esa tendencia de la arquitectura moderna a impersonalizarse (como
resultado del uso de componentes ya no más relacionados con la escala hum ana) es el
de estudiar cada caso como único, exagerando en la particularización de las soluciones,
admitiendo una sola instancia: el derecho de considerar cada caso como una ley en sí
misma. La r e d u c tio a d a b s u r d u m de dicha posición estriba en que una anarquía
semejante traería aparejado un idioma arquitectónico tan falto de sistema como para
llegar a no tener sentido, a no poder ser un medio de comunicación. El movimiento
que ha sido llamado: N u ev o E m p ir is m o debe cuidarse de no llegar a arrastrar a la
arquitectura meram ente por un camino estéril como los del neo romanticismo. Tiene
sin embargo a su favor “el haber creado u n idioma flexible que en pequeña escala
posee un contenido mucho más hum ano que el árido idioma del funcionalismo doctri­
nario".
Sería el momento de plantearse la necesidad o no de una nueva m onum entalidad. Y
aquí viene precisamente el tercer camino, el que puede ser llamado el: so cia l-r ea lista ,
que indica que la arquitectura es siempre un reflejo de los tiempos que la producen.
Su respuesta descorazonadora a los que esperan una nueva m onum entalidad es que la
arquitectura llegará nuevamente a ser m onum ental cuando haya alguna razón para
que lo sea y que un estilo monum ental sería vacuo y sin valor formulado antes de
tiempo y sin contenidos que lo apoyen. Demás está decir que la verdadera contribución
de los arquitectos a la época en que les toque vivir, será el del m ejoram iento del
sta n d a r d de la vida de su tiempo. Más que tra ta r de justificar el interés popular
haciendo edificios que ofrezcan una mayor atracción a la vista, tratarán de concen­
trarse en dem ostrar al público la m anera práctica en que la arquitectura puede
contribuir a realzar los productos de la ciencia p ara uso de los hombres y en dar
orden, propósito y sistema a un m undo que sufre al mismo tiem po de confusión de
fines y de demasiados sistemas de competencia.”
Cuando una integración de la vida y la arquitectura se haya producido, la pregunta:
¿A qué clase de arte debemos aspirar? será autom áticam ente contestada: a la clase
de arte que sirva para embellecer el tipo de vida que hayamos elegido. El argumento
deja de ser arquitectónico para transformarse en algo más general. La arquitectura cesa
de ser una causa para transformarse en un efecto. La buena arquitectura será un
subproducto de una sociedad buena porque no debemos olvidar que si bien la a rq u i­
tectura está hecha por las circunstancias, ella a su vez tam bién las hace.

29

�Las tres posiciones señaladas: la de la arquitectura como ram a de la c i e n c i a m o d e r n a ,
la que refleja las a s p ir a c io n e s h u m a n a s y la que se considera a sí misma como un
s e r v ic io s o c ia l, no son p o r cierto m utuam ente excluyentes. No hay ninguna necesidad
de elegir entre ellas. Como dice G iedion en u n artículo sobre el arquitecto finlandés
A lvar A alto : "la tarea de la arquitectura de nuestro tiempo es la de a t r e v e r s e a d a r
e l sa lto q u e v a d e la r a c io n a l- fu n c io n a l a lo i r r a c i o n a l - o r g á n i c o , y la de descubrir un
equivalente emocional que nos salve de ahogarnos en la marea de procedimientos
técnicos que nos asalta actualm ente”. Un genio como Aalto —sigue diciendo R ichards—
encuentra la tierra firme por su instinto, pero el arquitecto común necesita de p r i n c i ­
p i o s c o m o u n a a l t e r n a t iv a d e la i n s p ir a c i ó n . Tem porariam ente h a encontrado refugio
en la roca segura del funcionalismo, pero si ahora se le dice que el funcionalismo no
basta, corre el riesgo de caer en el torbellino del sentim iento y de la moda, sin sabet
hacia qué orilla va a ser lanzado. Más allá del funcionalismo de lo general —y como
próximo paso lógico— está el funcionalismo de lo particular. “No hay p o r que aban­
donar el idioma de lo funcional buscando una expresión más completa de lo hum ano,
solamente hay que comprender que esa palabra funcionalismo, por su propia n a tu ra ­
leza, significa casi lo opuesto de lo que a m enudo se pretende, o sea: no reducir todo
a amplias generalizaciones —la calidad en arquitectura pertenece a lo exacto, no a lo
aproximado— sino a relaciones cada vez más estrechas entre tiempo, lugar y propósito.
Éste es el nivel en que la hum anidad y la ciencia se encuentran.”
Hasta aquí Richards. Su análisis es reconfortante. No tiene recetas de felicidad o
perfección, pero deja entrever un futuro lleno de posibilidades, tanto o más que los
veinte años anteriores que fueron estrictamente los formativos, la época de las grandes
dudas y de las luchas titánicas. Ahora vendrá ese segundo tiempo, el de afinar la
puntería y ser dignos de lo que hicieron los que lo inventaron todo de la nada,
tratando de im poner una verdad que sentían p or intuición.
En los críticos y tratadistas de la arquitectura moderna: M umford , P evsner , G iedion ,
apreciaciones hay una nota
común y es esa fe inteligente que no pretende milagros sino que entrenada en un
criterio histórico, espera serenamente el acontecimiento de los hechos y nos aclara —a
los que no atinamos a ver en el caótico mom ento que es siempre el presente— lo que
hay de perm anente y de transitorio en las obras que vemos surgir todos los días ante
nuestros ojos, en las tentativas en que todos, hasta los más modestos, formamos parte
de un impulso que no se interrum pe desde el principio del tiempo.
R ichards, Zev i , aunque divergentes en opiniones y en

D a m iá n C a r lo s B a y ó n

30

�NOTAS

SOBRE

c

AR T E

ALEMÁN CONTEMPORANEO
I.

W

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L

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B

A

U

M

E

I

S

T

E

R

Willi Baumeister se caracteriza en la pintura contemporánea por la per­
fección técnica de artesano y por la genialidad creadora en la que inter­
viene el elemento irracional como revelación poética.
Quiere esto recir que buena parte de la pintura contemporánea, en su
afán de revelar, ha recurrido a la expresión automática. Con esta actitud
el arte volvía las espaldas a todo lo que fuera contaminación. Se cerraban
las puertas de la persona y del escándalo interior del hombre aparecía
el arte como destilación, como humor lleno de veneno o como un gas
poético con carga voluptuosa. Pienso al hablar así del movimiento superrealista, en lo que respecta a la expresión automática y en las obras abs­
tractas que parten desde el “Blaue Reiter” hasta la desintegración de la
referencia figurativa de las actuales “Realités Nouvelles”.
En esta prisa reveladora la pintura venía perdiendo su perfección técnica.
Willi Baumeister ha sido el artista que acude al salvamento de sus recuer­
dos y los burila y pule hasta dar en su trance y en su revelación con la
obra manual perfecta, con la calidad de los antiguos maestros artesanos
trasladados a los medios modernos, a la investigación y al procedimiento
técnico que marche de acuerdo con la Arquitectura y sea como una res­
puesta a su llamada.
En principio respetó el muro. El muro le dictaba sus leyes y su deseo
era llenarlo de una animación cooperadora, sin la elocuencia del cuadro
de caballete que grita su campiña o su anécdota figurativa, estableciendo
una ruptura en la fragua total de la pieza arquitectónica. De este some­
timiento lineal Baumeister se ha ido separando. En sus acordes geomé­
tricos irrumpe repentinamiente un estado de furor irracional, de poderoso
secreto, de ideogramas, de cavernas y pinturas rupestres, de desintegración
y sometimiento constructivo a esta fuerza evasiva. La lucha está empe-

31

�ñada en el marco del cuadro. Las líneas articulan y someten. Los volú­
menes se expanden. Pequeñas líneas acarician suavemente este clamor.
Pinturas africanas. Escenas de Gilgamesch. Harpas. Todo este mundo
que abarca desde los orígenes en que el hombre hace el primer trazado
captando en su mano, no el objeto visto, sino la emoción y la descarga
de la persona ante las voces sin clave de la naturaleza, hasta el momento
presente en que la técnica ha ampliado la órbita del nombre, pero, a
pesar de este progreso, momento en que sigue sujeto por los mismos
fantasmas del espíritu, esclavo universal del caos y de las leyes que tratan
de regularlo: como en los cuadros de Willi Baumeister.
Como en sus cuadros el cielo está lleno de estrellas y las plantas estallan
flores de extraordinarios colores. No, no existen en sus cuadros flores
ni estrellas, pero los cuerpos y los conjuntos tienen los valores absolutos
de mundos astrales o vegetales. Sobre este terreno, en los fondos colo­
reados de sus cuadros, lisos o granulosos, los antiguos diálogos se suceden
y el hombre se desintegra en problemas de pintura con volúmenes y
substancias del más rico empaste. Sí, será el hombre el que se reconoce
en sus abstracciones. Pero un hombre milenario, reconstruido con los
fragmentos de su esqueleto y de su roto espíritu. Baumeister sigue siendo
un constructivo de lo irracional, de la poesía y de las voces mágicas que
desdoblan nuestra existencia. No automático, sino cartesiano, racional.
“Pero cuando el objeto aparece captado por la razón —escribía yo sobre
Baumeister en el año 1935, en el Catálogo de su exposión de Milano—
cuando este objeto, repito, aparece captado por la razón, entonces se diluye
en una insobornable fuerza poética.
Llenar el cuadro de poesía, someter esta poesía a un rigor técnico de
maestro pintor, investigar y aportar nuevos elementos plásticos, tomar la
pintura como revelación, establecer en el cuadro la eterna lucha entre
lo apolíneo y lo dionisíaco, restablecer en la pintura el perdido equilibrio
y las leyes de compensación y gracia, someter el acto libre a soluciones
o climas geométricos y hacer la síntesis histórica del hombre desde el
espanto ancestral hasta el espanto contemporáneo, he aquí los grandes
méritos de este artista insobornable, libre y poderoso en el poder de su
pintura y en quien el hombre alemán se incorpora a las corrientes con­
temporáneas del arte.
E duardo W estero ah l

32

�11.

H E L M U T

B L A N K M E I S T E R

A fines del año pasado expuso
en Frankfurt a/M su obra re­
ciente el joven, personalísimo
y revolucionario pintor H e l m i ; t B l a n k m e i s t e r cuyo nom­
bre merece el renombre.
La serie de temperas y óleos
exhibida se titutó “ J azz ” . Más
que interesante, electrizante
resultó la transposición de la
creación artística musical al
plano plástico-formal. Si el
Jazz auténtico (le jazz hot)
se caracteriza por su audacia
tormal, su absoluta libertad
fraseológica e interpretativa
individua], no menos se carac­
teriza la pintura de Blank­
meister por su anhelo de li­
bertad moral —anhelo por lo
demás prototípico para la pos­
guerra europea—, basado so­
bre su profundo y puro sentir
de la dignidad del hombre,
sobre un amor desbordante que ahora se grita a los cuatro vientos. No hay
molde ni rígida convención que valga, ni para uno ni para el otro.
Sus creaciones son abstractas —¿podrían ser figurativas?—, pintadas en
composiciones archi-dinámicas, con colores violentos, chocantes, contrapuntísticos y frío-enervantes. Algunas tienen resonancias de formas y caras
humanas que quedan como resabio de una quimera, rudimental pesadilla,
prismáticamente deshechas, desvaídas, malas (no como juicio de valor
sino como expresión psicológica) ; otras libre de máscara y cadena, como

33

�suavemente sopladas, brillantemente iluminadas por la verdad de sueño
profundo.
Y sin embargo en el todo hay armonía, surgida de la libre confrontación
con un tema libre; símil del jazz que también surge cual libre conversa­
ción de los músicos sobre un tema dado. Esperanza y amor se mezclan
con melancolía y el grito desesperado arrancado de nuestro tiempo, de la
pesadilla europea y del universo que está por desconocer antiguos límites.
He ahí en la pintura de Blankmeister obra socrática: ingenua, penetrante,
sobria. Sus comienzos, paralelamente con el andar de la concreta realidad
temporal: formas abstractas explosivas, cargadas de dinamismo, penetran­
tes cual acero y cristal; su evolución: la vibración del sonido, mas armo­
nizado en forma y color.
El interesante, cautivante René Hinds habló en la inauguración de esta
exposición, parangonando al alemán Blankmeister con evoluciones simi­
lares en la joven vanguardia artística de París; un acto de vibración, de
emoción, que por los méritos
de su actor principal: Blank­
meister y la colorida hetero­
geneidad típica y característica
de su concurrencia intelectualsensual se grabó en la memo­
ria de quien lo haya presen­
ciado.

R odo lfo G. B r u h l .

34

�A u to rr etra to c o n m áscaras.

HELMUT

B LAN KM E I STE R

��WI L L I

B AUME I S T E R

�Gen gis K a n , 1941). impresión en metal.

P u en te en B a r m b e c k ,

1932. impresión en metal.

�I I I .

R

O

L

N

F

E

S

C

H

Decantar las experiencias del cúmulo de impresiones, vistas y sentidas,
que conforman un viaje a Europa, requiere mucho tiempo. Se precisa
llegar, pues, a cierto proceso de sedimentación de las emociones agitadas
antes de sacarles su verdadero provecho. Después de un tiempo se las
revive en la retina interior con mayor intensidad, ya que entonces su
presencia es más depurada, cristalina. Como derivado de esta depura­
ción se presenta, por la lógica humana, el deseo de la comunicación, el
anhelo de brindar participación en lo que se llegó a considerar impresión
y emoción de valor duradero. De ahí mi intención de romper una lanza
por Rolf Nesch.
Frecuentemente la presentación de un casi totalmente desconocido re­
sulta harto penosa, pues por lo general se la debe hacer en un ambiente
cargado de frialdad hostil o, en el mejor de los casos, de una curiosa
superficialidad.
Presentar a Rolf Nesch nada tiene que ver con tal rigidez. Para ello
este alemán de nacimiento, y noruego por predilección, tiene demasiado
de esa savia que es propia del pintor auténtico. Ella y su vigorosa
frescura lo elevan por encima de formalismos vacíos.
Nacido en 1893 en el barroco Sud de Alemania, en 1912 ya se une por
vocación en Dresden como aprendiz a los pintores y discípulos del grupo
Die Bruecke. Las obras de E. L. Kirchner son las que más le cautivan.
En la misma época entra por primera vez en contacto con Edvard Munch,
contacto que tendrá carácter decisivo para su futura obra. Guerra y
posguerra lo zamarrean como a la mayoría de los artistas contemporáneos.
Recién en 1924 se vuelve a encontrar a sí mismo en Davos al lado de
Kirchner. La fértil producción gráfica de este expresionista es de incisiva
importancia para Nesch. Sin ese autosacrificio, que caracterizó tantas
veces la relación maestro-discípulo, Nesch se sostiene y se afirma en sus
propios valores. La misma nerviosidad de la línea, la misma determina­
ción plástica, que abstrae como derivación del mismo impulso sensual, la
misma fuerza de la forma vigorosamente ceñida definen el parangón.
Más tarde llega a Hamburgo, que se convierte en su primera patria
selectiva. Quien conoce a Hamburgo siente y sabe que es una ciudad

39

�que da, reticentemente, mucho al que la sabe comprender y amar en su
aparente aspereza gris. Hamburgo tiene alma, orgullo, pulsación vibrante.
Esta alma Rolf Nesch la hace suya. La Secesión Hamburguesa con pinto­
res de vanguardia como mi venerado amigo Emil Matezel, Fritz Kronenberg, Karl Kluth, Karl Ballmer configuran, notablemente ante todo para
el florecimiento y desarrollo del expresionismo nórdico, un ambiente
artístico que dió a Hamburgo la fama de proporcionar un vivido eco a
toda manifestación del arte moderno. La Kunsthalle, el Museum fuer
Kunst und Gewerbe y una falange de entendidos coleccionistas especial­
mente de grabados, exteriorizan la pujanza hamburguesa hacia la unidad
entre la ciudad como ente sociológico conformado y el grupo de artistas
que marchan a su vanguardia. Claro, que este ambiente propicio ensancha
la autonomía de vuelo de un artista como Rolf Nesch.
En 1931 recibe el encargo de una serie de grabados, dedicados como home­
naje a Karl Muck, director de la Orquesta Sinfónica Hamburguesa.
Maravilloso ejemplo de sabio y liberalísimo fomento de la obra de un
artista joven. En concepción audaz graba 24 planchas que captan el
movimiento dinámico y expresivo de la orquesta y de su maestro al que se
dedica el homenaje. Sin desliz hacia la mera ilustración, Nesch eleva la fun­
ción musical a la expresión visionaria de su poder demoníaco y cautivador.
En el mismo año graba otra serie, la de los cabarets y bares del Reeperbahn, la serie de Sankt Pauli. En 1932 le sigue la serie de los puentes
de Hamburgo, de la cual tuve oportunidad de ver algunas espléndidas
hojas, las que ya desde lejos ejercen una singular atracción, casi magné­
tica, en su extraordinaria densidad de forma y color. Armonía y abstrac­
ción formal sojuzgan, realzados por una técnica gráfica enteramente nueva
e incomparable. Esta técnica frecuentemente resulta fuente de inspiración.
Muy temprano había comenzado con los experimentos que desembocaron
en su modo especial de tratar las planchas metálicas. Por casualidad y
error había perforado una plancha con el aguafuerte. La impresión le
reveló inmediatamente que esta perforación podía surtir efectos de claros­
curo inesperados. En paciente labor llega luego ya no a la caladura
errónea, sino a su aplicación intencionada. Añade a la placa con solda­
dura alambres y tejidos de alambres finos, medianos y gruesos, creando
con estos apliques una dinamización extraordinaria de la superficie de la
plancha, la que en sí misma adquiere el carácter de obra acabada de arte

40

�con su propio valor y belleza singular. ¡Cuidado con deshechar o despre­
ciar estas experimentaciones como juego superficial! El fin justifica el
medio —también en el arte. Siempre queda en primer plano el vigor de
la visión, y Nesch sabe dominar su técnica hábil manteniéndola en el
papel de sirviente de aquélla. Por lógica, las reproducciones de estas
planchas sólo pueden llegar a un número reducido de impresiones ma­
nuales, razón por la que sus grabados nunca llegarán a tener un copioso
tiraje.
Fuera de sus aguafuertes coloreados crea en Hamburgo muchos óleos y
gouaches, pero muy poco se ocupa, contrario a sus amigos Munch y
Kirchner, del linóleo o de la xilografía, medios expresivos tan típicos del
grabado alemán .y en especial de^la gráfica expresionista.
Con el advenimiento del régimen hitlerista en 1933 la libre creación artís­
tica le parece seriamente coartada y obstaculizada. Por vocación lirige sus
pasos a Noruega donde se instala al lado de su admirado amigo Munch,
quien ya temprano había reconocido el valor y la fuerza creadora de este
joven artista alemán. Como más tarde a otro pintor alemán, Ernst
Wilhelm Nay —hoy uno de los más conspicuos representantes de los
artistas abstractos en Alemania—, Munch le tiende la mano y en un am­
biente no demasiado propicio para las artes plásticas, como indudable­
mente lo es la órbita nórdica, le brinda la ayuda total que con sus
influencias puede darle.
Los primeros trabajos en Noruega son las impresiones invernales del
paisaje nórdico bajo la nieve. Veinte grabados, en cuyas hojas el blanco
del papel es surcado por pocas y extremadamente expresivas líneas ondu­
lantes de profundo contraste negro, atestiguan la violencia de este primer
encuentro. Pocos años más tarde, en 1936, Nesch crea una nueva serie
de grabados en las áridas Islas Lofoten, donde habitan silenciosos pesca­
dores en desesperada armonía con barcas y gaviotas, cuyo graznido penetra
la aurora boreal como el antiguo estertor de la audaz empresa viking.
£1 color poco tiene que decir aún en estas hojas. Ritmos de líneas y
sginos abstractos reducen el empuje violento del hombre nórdico en su
ambiente grandioso y solitario a calma y contención. Pero la tendencia
va cada vez más hacia el cuadro de caballete. Con un nuevo friso “La
pesca del harenque” su obra sale de la órbita del coleccionista de arte
gráfico y conquista la pared. Con esta conquista viene en pujante pareja

41

�el color que se modula, se hace más rico, polifacético, más profundo y
esplendoroso. Ya tiene un raro poder luminoso, ya un fasto sombrío,
casi oriental. Cada vez más se hace portador de la expresión —y ahí Nesch
se acerca a Munch.
Dos versiones fervorosas del génesis “Dios Padre” (1942), “San Sebastián”
(1941), varias versiones de la vida del teatro “Camarín de actores”,
“Teatro en Alta” (1946/48) y al último “Pájaro Nocturno” (1949), una
danzante en frenesí, compuesta por tres hojas separadas, ordenadas en
vertical, y un sinfín de creaciones individuales ensanchan y afirman esta
magnífica y espléndida obra. De los gnomos y troll del fantasmagórico
mundo de las sagas y leyendas nórdicas al varieté, a la vida en el puerto
y en el campo, en alta mar y en el boliche, de las flores a la visión religiosa
—el camino que recorre Rolf Nesch no conoce bordes en lo ancho ni
cesura en lo largo. Donde se acaba el horizonte —físico e intuitivo—, se
acabará su obra. Sus medios plásticos no son más limitados. Lo que
surge de ellos, brotando cual fresco manantial, a veces recuerda a Nolde,
a veces a Picasso o a Klee, pero nunca falta el sello inconfundible de su
autor: Rolf Nesch. Como Gilíes en Alemania y Masson en Francia —el
parangón es débil e insuficiente—, Nesch pertenece a ese estrato de
artistas que arrancaron sobre los hallazgos de sus precursores, aquellos
maestros de la primera década de nuestro siglo, siguiendo la renovación,
violenta la más de las veces, de las artes plásticas. Conociendo las nuevas
formas inventaron sus propios medios para decir lo nuevo. Menos dra­
mático y patético que los viejos, su primera decantación acusa ese fino
lirismo onírico que los emparenta en su ser íntimo con Klee y Chagall.
¡Y este parentesco por cierto no es deleznable 1
Aun en el recorrido de sus exposiciones Rolf Nesch es de los que abarcan
con envergadura. Su reciente itinerario: Oslo-Hamburgo-Nueva York,
donde el éxito y el reconocimiento de lo que vale afirmaron otros tantos
pasos más en su itinerario de artista y pintor, que merece el reconoci­
miento universal de la obra del hombre.
R odolfo G. B ruhl.

42

�hojas de estudio

AL MARGEN DE

UN DIÁLOGO DE PLATÓN

Gustan muchos de buscar equivalencias
históricas a nuestros tiempos de desazón
intelectual, en el espejo de las épocas clá­
sicas. Creemos reconocernos en él, con lo
cual nos halagamos a veces en demasía, y
otras, olvidamos conquistas meritorias. La
época de oro ateniense, el siglo de Pericles, con su pléyade de grandes persona­
jes: artistas y filósofos, es una de las que,
sondeadas con más admiración y detalle,
se prestan a la contemplación retrospec­
tiva y nos evidencian el persistente afán
de problematizar, único que hace posibles
las ciencias y las artes, y el que justifica
espiritualm ente nuestra existencia. Las
vividas obras platónicas son lecturas que
pueden siempre ser retomadas con interés
porque nos dan ocasión de estudiar a tra ­
vés de ellas los distintos planteos que en
materia ética o estética se han repetido
con infinitas variantes desde que el hom ­
bre piensa.
El diálogo que nos ocupa: H ip p ia s m a ­
y or, por ejemplo, entablado entre Sócrates
y el sofista H ippia s de E lis (memorizador
prodigioso, universidad ambulante) , nos
lleva al m undo ateniense y a variadas
formas de la inquietud. Hay helenistas
que lo consideran apócrifo y si bien en
elegancia no puede com petir con otros,
nos parece ver en él p o r lo menos un
acontecimiento bien posible. En efecto, es

43

fácil im aginar a Sócrates, revestido de su
dignidad de hom bre sin aspiraciones prác­
ticas, llegándose al espectador sofista para
después de algunas capciosas apreciacio
nes sobre sus métodos de enseñanza, in te­
rrogarle tal como hiciera en otras opor
tunidades: en O lim pia, sobre las soleadas
gradas, en medio de la algarabía de los
juegos, en Atenas, en casa de Calias, al
visitar al ilustre Protágoras.
Platón nos relata esos hábiles diálogos que
sostuviera su maestro Sócrates, el hijo de
Sofronisco y Fenarete, aplicando el méto'
do que se denom inaría m a y é u tica y que
consistía en hacer que las mentes dieran
a luz una adecuación a la verdad. No
eran discursos brillantes como los que
usaban sus contrincantes favoritos: los so­
fistas, los h u m a n ista s de la antigüedad,
que tuvieron a pesar de sus fallas el alto
m érito de poner de moda el pensar; ni
exposiciones en verso o en prosa de un
dogmático sistema metafísico, como los
de los filósofos de Jonia y de la Magna
Greria que disputaban sobre la primacía
de los elementos, sobre si todo es fluir o
si todo es inm utable. Sócrates sigue en
cierto modo a Protágoras, el más equili­
brado de los sofistas según Platón, el
gramático, el escéptico, el que proclamó
al hom bre medida de todas las cosas.
Al hablar de un diálogo y de un método

�dialéctico, preciso será fijar un tanto el
alcance de tales expresiones. Antes de
Sócrates, “para los antiguos”, nos dice
Ranzoli: "la dialéctica era el arte de al­
canzar y asir la verdad m ediante la dis
cusión de las opiniones”, vale decir, un
oponerse a la d o x a , a la "interpretación
difundida”. Pero ya Sócrates funda una
m anera dialéctica especial: conversando
examina los casos p a r tic u la r e s y con iró
nica modestia intenta hacer sacar de ellos
un p r in c ip io d e v ig en c ia u n iv ersal. No
opone tesis a tesis, proposición a propo­
sición: hay aquí búsqueda de concepto.
Sócrates lo intuye tras las palabras, en
las formas interiores del lenguaje y P la ­
tón desarrollará este pensam iento hasta
llevarlo, de una búsqueda de conocimien­
to a una doctrina metafísica suprema de
la idea. Luego, para Aristóteles, concepto
será la expresión m ediante una sola p a­
labra, de la definición de la cosa, definirá
por género próxim o y diferencia especí­
fica y su única exigencia a la dialéctica
(no científica) será su no contradicción.
Sócrates con sus deducciones consecuentes
preparó tanto la teoría de las ideas de
Platón, como la m anera de definir del
Estagirita.
La dialéctica socrática y post-socrática se
distingue pues claram ente de las dialécti­
cas formales y críticas (filosofías abier­
tas) que tenemos actualm ente presentes
al usar el vocablo. Digamos que Sócrates
dialoga y utiliza la opinión de su in ter­
locutor, de acento generalmente pragm á­
tico y expresada como p a r tic u la r , para
buscar p o r ex c lu s ió n una definición esen­
cial que él cree posible.
En el H ip p ia s m a y o r, Sócrates pide tanr
bien una solución definitoria: “ ¿qué es
la belleza?” Hippias, pragmático, respon­
de nom brando "cosas bellas" y aprem ia­
do, da sucesivas respuestas. Al principio,
para hallarse más cómodo en sus refu
taciones, el ateniense se hace pasar por

44

u n ingenuo que expone preguntas y ob­
jeciones de un tercero im aginario, perso­
naje intransigente que exige respuestas
cada vez más precisas.
El de Elis co­
mienza opinando que: “Lo bello es una
joven herm osa”. Esto, comprendido lite­
ralm ente es demasiado simple. No es p ro ­
bable que el docto H ippias confundiera
tan burdam ente el m undo de las ideas y
el de las representaciones. Evidentemente
ha querido usar una metáfora, cuya in ­
adecuación descubre Sócrates p or com pa­
raciones sucesivas con bellas yeguas y
diosas cautivadoras, poniendo en eviden­
cia el carácter relativo. Es curioso p or lo
demás, que esta prim era respuesta con
tenga, quizá p or acumulación de error,
una síntesis enfática de todo el plan tea­
miento erróneo de la cuestión. El exceso
de personificación en que cae m etafórica­
mente Hippias, pone en evidencia la p ro ­
yección antropom órfica que el hombre
da a sus abstracciones cuando hipostasia
y dice: “la belleza”. H ippias pretende
dam os una palabra con imagen, una re ­
presentación, por u n concepto que es p a ­
labra sin imagen.
Propone luego llam ar bello a lo que está
bien trabajado (opinión ésta que extraña
en boca del sofista, quien en el campo
de los valores éticos confería u n papel
tan im portante a lo n atural y uno de
cuyos caballitos de batalla era la prédica
de una vuelta a la naturaleza) . Aquí
falla en prim er lugar, p o r considerar sólo
los objetos elaborados p or el hombre,
cuestión abierta a tanto debate. Luego,
trae a colación sólo una de las aptitudes
que debe tener el hom bre de talento:
la ap titu d de artesanía. El talento su­
pone variadas . aptitudes: anatómicas, fi­
siológicas y lógicas e implica genio, que
a su vez, supone talento. Dando exage­
rado alcance a u n carácter, pretende que
una personalidad habilidosa “que trabaje
b ien” pueda conferir mística belleza a
u n objeto.

�El sofista, a quien Platón gusta caricatu­
rizar como psicológico poco profundo, in ­
tenta luego un nuevo camino para apla­
car la curiosidad del ateniense: como
quien, huyendo de los lobos, fuera tirá n ­
doles alim ento en su hufda, trata de in ­
teresarlo arguyendo: “Lo bello es el oro”.
Sócrates lejos de dejarse deslumbrar, da
un tosco ejemplo sobre m arm itas de b a­
rro y cucharones dorados e insiste en la
búsqueda de un a b s o lu t o metafísico, dis­
tinguiendo entre "lo bello en sí” y “las
cosas por él adornadas”. Las cosas p a r e ­
cen bellas, cuando esta forma les es agre­
gada. Estamos en la contraposición m ile­
naria entre el n o ú m e n o n : lo real invisi­
ble y el p h a in ó m e n o n : lo visible irreal, y
de lleno en un planteam iento platónico
del problema.
Las cosas reales”, para la proyección
ideal-objetiva de Platón, son “lo im per­
fecto”, que no alcanza "unidad”. Las
ideas tienen perfección de unidad y la
proyectan parcialm ente en el m undo real.
El concepto sustantivo b elle z a , convertido
en e n t e d e razón se refleja en las cosas:
la naturaleza es copia de la idea, el arte
sólo una segunda reproducción y por lo
tanto, más deficiente aún. En cambio
para los aristotélicos las ideas son sacadas
de las cosas, por inducción. El concep­
tualismo es una posición interm edia: en
el m undo formal hay género y especie;
en el m undo real sólo hay individuos
regidos por la probabilidad. La tragedia
hum ana está en querer aplicar al mundo
formal las leyes que ha encontrado en el
mundo real y viceversa; a la realidad los
sistemas rigurosos y proporcionados del
mundo formal.
Como evidentemente al autor se le ocu­
rren todavía diversos aspectos que anali­
zar, Sócrates introduce una idea ética: lo
que hace p a r e c e r bellas las cosas no p u e­
de ser sino un engaño, por lo tanto, no
el valor positivo que busca. Lo bello se­

45

ría un acuerdo entre las partes "que se
convienen: arm onía”. Entonces, o bien
las partes que componen el conjunto a r­
monioso son bellas cada una en sí y no
es la conveniencia la belleza; o bien estas
partes no son bellas en sí y la belleza
que su unión les presta es irreal, aparen­
te, engañosa.
H ippias se decide por fin a levantar un
poco el vuelo: “me parece que la belleza
que buscas ha de ser tal que jamás p u e­
da parecer fea en ninguna parte, a n in ­
guna persona”. Este principio de vali­
dez universal, apenas vislumbrado, y al
cual tiende el objetivismo metafísico del
interlocutor, es denigrado inm ediatam en­
te por una ejemplificación ditirámbica
que hace enojar al mismo Sócrates: "D i­
go pues que, en todo lugar, en todo
tiempo y por todo el m undo es siempre
una cosa muy bella el buen com porta­
miento, ser rico, verse honrado p or los
griegos, alargar mucho la vida, y en fin,
recibir de su posteridad los últim os hono­
res con la misma piedad y la misma
magnificencia con que han sido dispen­
sados a sus padres y a sus mayores”.
Sócrates, todo lo irritado que puede es­
tar un sabio, vuelve a l ' argum ento de la
conveniencia y pasa a considerar a los
dos verbos ser y parecer. Este últim o está
tomado en el sentido de fenómeno (más
que en el estricto de accidente) y ambos
en el plano metafísico. De la argum en­
tación socrática se desprende que no
puede concebir la belleza adjetivamente
puesto que la ha sustantivado ya a p r io r i
y tal sustantivación del concepto es una
de las bases de su filosofía primera.
In ten ta llegar a la claridad formulando
otra respuesta: “Lo bello es lo que nos
es ú til”. Esta definición teleológica p a ­
rece h aber sido cara a Sócrates quien,
después de estudiar en su juventud las
ciencias naturales con su maestro A rque lao , se volvió luego exclusivamente a la

�meditación sobre los valores, los fines y
la clave de ambos: la lógica. Pero Sócra­
tes mismo, posesionado de su problema
y olvidando a su personaje ficticio y por
poco a Hippias, abandona su definición
y, tras dar algunos ejemplos prácticos,
llega a la conclusión de que lo bello se­
ría lo que tiene p o t e n c ia p ara hacer que
una cosa sea útil. El problem a m etafí­
sico de la potencia no parece haber es­
tado aún muy desarrollado en Sócrates.
Considera aquí la potencia como p o d e r ,
visto desde el acto, o m ejor dicho, desde
lo realizado por el acto: la entelequia
aristotélica: posee la perfección de la for­
ma realizada en la materia.
En seguida la deriva hacia la ca p a c id a d .
Y se dice perplejo, que si el hom bre tie­
ne tanta capacidad para errar como para
acertar, para el mal como p ara el bien,
esa capacidad no es en sí misma el valor
buscado. En efecto, el concepto capacidad
es psicológico: aptitud p a siv a del indivi­
duo, en oposición a fa c u lta d que es a c ­
tiv a (la idea de capacidad está estrecha­
m ente unida a la de medida: al más o
menos, a c o lm a r a s o p re p a sa r , al in su fi­
cien te) . ¿Cuál será el a g e n te que corres­
ponda a ese sujeto pasivo c a p a c id a d , me
jor llamado objeto en caso nominativo? l
Es precisamente el a b s o lu t o que escapa,
es la cau sa (agente) que quisiéramos ver
en el m undo formal correspondiendo a
un e fe c to (paciente) como si se tratara
de relacionar causa y efecto en un simple
juicio de realidad.
Sócrates ve que: ni la capacidad sola del
hombre, ni las cosas útiles son en sí la
“belleza agente”; en su afán de encontrar
una causa introduce una “causa final”:
“deben ser aplicados a un buen fin”.

1 C f. A llen d e L bzam a : L a o r a c ió n : d e fin ic ió n

y d ivisió n . E y is te m e N 9

Y pasa a argüir que p o r lo tanto, lo
bello sería la causa eficiente del bien,
lo que equivaldría a subordinar u n valor
absoluto a otro. Para Sócrates bien y
belleza no se im plicarían m utam ente si­
no que estarían ligados p or una relación
genética, vale decir, no recíproca.
Finalm ente el ateniense ensaya y esboza
una definición sensualista: llama belleza
a lo que nos proporciona placer. Pero
sólo tendrían validez los placeres propor­
cionados por los sentidos de la vista y
del oído, desdeñándose los demás por
groseros. El hedonismo, teoría de centración subjetivista, am pliada alternativa
m ente con elementos éticos, cognoscitivos,
etcétera, ha sido cada tanto retom ada y
no falta quien califique lo agradable de
intuición. Pero es solo uno de los enfo
ques posibles de una teoría general del
arte.
Sócrates analiza esta teoría y llega a la
conclusión de que la belleza sólo puede
estar en el conjunto de los placeres sen­
soriales pero no en cada uno en p articu ­
lar. En tal argum entación parece haber
una confusión entre categoría de cualidad
y cantidad. Hippias, en efecto, reprocha
aquí a Sócrates “no considerar las cosas
en su conjunto” . . .“de im aginar ya cua
lidades, ya accidentes, ya esencias y ana­
lizar aparte lo absoluto y lo particular”.
Esta airada salida del sofista es sólo justa
en tanto que reprocha al interlocutor la
falta de un sistema de investigación que
el ateniense genial sin embargo intuyó
en parte al echar las bases de una epis­
temología del lenguaje, perfeccionada y
en lenta evolución a través de los siglos.
Sócrates, pensativo, term ina el diálogo
preguntándose aún ¿cómo poder juzgar
sin h aber encontrado el canon de valor
absoluto?
M agdalena P. G. B le y le

2.

46

�C

R

I

T

I

C

A

gura ,sino más bien una herida interior.
El mal sin causa precisa, sin diagnóstico
claro, no encontraba p ara expresarse una
forma definitiva. Su mayor experiencia
de hoy, su técnica más desarrollada, su
conquista lenta y tenaz de los secretos de
la composición, su mayor desembarazo en
la distribución de los valores, no le supri­
men frescura al mensaje, no la impelen
hacia soluciones a la moda. Al mismo tiem ­
po que así avanzaba, su expresión se sere­
naba, su angustia se traducía en lirismo.
Las figuras tétricas, cadavéricas, cargadas
de verdes y ocres sucios tan comunes en
las primeras obras, desaparecen y en su
lugar surgirán músicos delgados, en tonos
cálidos con predom inio de bermellones y
anaranjados en contraste con amarillos
claros, azules limpios, blancos osados; o
naturalezas m uertas y paisajes bañados en
una atmósfera de silencio, de meditación
tranquila. Las deformaciones heredadas,
de una escuela alem ana o a algunos p a ri­
sienses como Soutine volviéronse al p a ­
sado.
Hay sin duda influencias visibles en la
pintura de María Leontina. Restos todavía
de antiguas predilecciones: M odigliani,
M orandi, impresionistas. Mas a todo se so­
brepone, dom inando las reminiscencias,
una personalidad, una presencia original.
Estamos delante de una artista de verdad,
de una bella artista.
H abrá quien apunte en las telas expuestas
una excitación en los pasajes, la posible
ausencia de transparencias, poco importa.
Con defectos, a veces graves, hasta los
grandes. No p o r eso dejan de conmover­
nos. La p in tu ra ■es arte complejo, des­
orientador, pues no son los perfectos los
que quedan sino los característicos, los
significativos. Osadías académicamente con­
denables se transforman, en quien tiene

EXPOSICIONES EN EL BRASIL
Las últim as exposiciones de p in tu ra y d i­
bujo dé San Pablo revelaron valores nue­
vos que merecen mencionarse. En víspe­
ras del envío para la Bienale de Venecia
de una representación, por debajo de lo
que podría o debería ser (ausencia de
L asar S egall y A ldo B onadei) , los jóve­
nes de este año ya nos perm iten, encarar
con cierto optimismo la exposición de 1952.
Hay que ap u n tar entre esos valores nuevos
a la pintora M aría L eontina F ranco .
Lo que prim ero impresiona al crítico en
su exposición es la homogeneidad. El ca­
lor del colorido y la seguridad en las de­
formaciones m uestran una sensibilidad
muy aguda y un lirismo que raram ente se
encuentra entre nuestros artistas. T al vez
sea esa presencia de poeta la caracetrística menos discutible de la pintora. Ella
tiene algo que decir, un mensaje de tran ­
quila euforia para comunicarnos. Porque
la pintura de María Leontina es realm en­
te una expresión natural, espontánea, casi
sin los retoques de la autocrítica. Por eso
es preciso sentir antes su obra que juzgar­
la, lo que no quiere decir que ella no
tenga las cualidades pictóricas necesarias.
María Leontina inició su carrera hace p o ­
cos años y es la prim era vez que expone
sola. Su tendencia, en un principio, era
francamente fauvista y el pasaje tonal muy
grosero. H abía tam bién mucho que cen­
surar a la composición, dado que se no­
taba cierta inexperiencia en el tratam ien­
to de los valores y los planos. Solamente
la expresión lineal fué desde un principio
im presionante. M ediante una deformación
algo delicuescente reveló la pintora, a p a r­
tir de sus primeras telas, un alma m elan­
cólica, doliente, vaga en sus sueños y de­
seos. No se observaba en verdad una am ar­

47

�algo que decir, en acentos expresivos, en
énfasis esenciales. Un V an Gogh interesa
más que un C abanel y sin embargo éste
es el que se somete ciegamente a todas las
reglas del arte.
Los yerros, las fallas, las soluciones p e r­
sonales en contradicción con los cánones,
son los que proporcionan a la p in tu ra su
valor expresivo, son los que le dan igual­
m ente un estilo. María Leontina figura
entre esos pocos pintores, que poseen su
m anera propia y eso basta p ara que le
alabemos la obra.
El dibujante al que referí al comienzo de
esta nota es D arcy P enteado . “La gente
deberia dibujar como escribe”, decía Se verin i . Colocarse ante la hoja de papel,
no con la intención de hacer obra de arte,
sino de expresarse. H abría entonces pocos
dibujos estéticamente buenos y muchos
significativos y esclarecedores de la perso­
nalidad del dibujante. Sería; sin duda,
más interesante y agradable ver una expo­
sición de esos dibujos espontáneos, que
la muestra escolar de esos ejercicios m a­
nuales, a que nos someten en la escuela.
Fué pensando en todas esas cosas que salí
de la exposición de Darcy Penteado, rea­
lizada tiempo ha en la exposición del
Club de Artistas. Es un artista que dibuja
como escribiría y se revela por entero
en aquello que nos presenta. No quiero
decir con eso que él no tenga una' h ab i­
lidad de ejecución a su servicio; quiero
afirm ar apenas que sus soluciones lineales
van más allá de la academia y son desde
ya una demostración tem peram ental ex­
trem adam ente simpática.
El dibujo es el medio de expresión n a tu ­
ral de Darcy Penteado, pues hasta sus
esculturas en cobre son gráficas; lo que
nos revela esa expresión es una música
más que una obra plástica. Hay en él
una obsesión de ritm o principalm ente,
una demostración voluptuosa de movi­
mientos, algo barroca, bastante sensual y
de una elegancia a veces excesiva. Es ver­
dad que le acontece ir más allá (¿o q u e­

48

dar más acá?) de ese grafismo e intere­
sarse p or la figura hum ana en su realidad
anatóm ica o psicológica. Mas su lenguaje
habitual es la música. La fr a s e es siempre
m uy p u ra aunque suele ser tam bién fácil,
a fin de realizarse de un modo integral.
O tra cualidad de su dibujo reside en lo
que comporta de imaginación. Darcy P en­
teado puede llegar a ser uno de nuestros
mejores ilustradores (¡carecemos tanto de
ellos!). In terp reta con libertad y, lo que
me parece mucho más interesante, se ex­
presa bajo la sugestión del texto, dando a
lo que ilustra una colaboración, enrique­
ciendo con su propia hum anidad el m en­
saje que le compete acentuar.
El dibujante duda todavía entre las so
luciones expresionista y superrealista, muy
preso de las curiosidades de las diversas
técnicas .Esto es un bien en la iniciación
de la carrera, por lo que encierra de ex­
periencia artesanal, mas sería un error sí
perdurase indefinidamente.
Veo en este novísimo una de las más puras
promesas de la generación del 48. Y en su
timidez, que se equilibra, con cierto exhi­
bicionismo más literario que gráfico, una
buena señal.
E ntre los extranjeros de paso p or San P a ­
blo cabe señalar más dem oradamente a
F lexor y G inés P arra .

La exposición de Flexor recordóme una
frase de P aul K l e e : “la línea es la m e­
d id a”. Yo diría: La linea tam bién es m e­
dida, pero en relación con el espacio que
delimita. Así una diagonal atravesando la
tela de p u n ta a p u n ta marca la frontera
entre dos superficies cuyas medidas, con­
comitantes, establece. No está sin embargo
en esa función su im portancia sino en lo
que revela del artista. La línea, de esc
modo, se parece a la letra que en su for­
m a manuscrita pone al desnudo el tem
peram ento del escritor. Ya perezosa, sen­
sual, ya hum ilde, fugitiva, o áspera y an ­
gustiada, o mística, o severa y nítida, la
línea expresa siempre una emoción, a me

�nos que, como la letra de los calígrafos,
obedezca a convenciones académicas.
Mas ¡cuidado! Pintu ra no es apenas línea,
es sobre todo color, aunque no ú n ic a ­
m en te color. Melodía y orquestación: igual
música. Línea y color: igual p intura. El
resto: volúmenes, planos, valores, resultan
naturalm ente de los dos elementos esen­
ciales. Una estrecha intim idad, es lo que
debe tener en vista el pintor, cualquiera
que sea su escuela. Todas las soluciones
que no tengan en cuenta ese truism o es­
tán destinadas a malograrse, por comunicar
insuficientemente el mensaje del artista.
En una tela de R ubens , es por la línea
ondulante, voluptuosa que él transm ite la
emoción sensual, pero lo que da plena
fuerza a esa comunicación son los colo­
res cálidos de que abusa. En D a V inci
la suavidad de los tonos se une a la d u l­
zura del dibujo. En P icasso de G u ern ica
son las líneas quebradas, las rectas verti­
ginosas y los ángulos bruscos que, conju­
gándose con los cenizas sombríos, crean
la atmósfera de sarcasmo y de tragedia. En
Flexor, que actualm ente expone en el
Museo de Arte Moderno, yo siento una
nueva interpretación de las escenas de la
Pasión de Cristo, a través no sólo del ju e­
go de las líneas, verdaderam ente prepon­
derante, sino tam bién de la comprensión
tonal. Algunos ejemplos: C risto e n e l
M on te d e los O livos. D uerm en los apósto­
les en la calma de las líneas horizontales
levemente sinuosas, m ientras Cristo aguar­
da su destino en la realeza de las p irá­
mides conjugadas. Los colores se adaptan
con felicidad a la melodía de las líneas
En oposición a los claros luminosos de la
figura de Cristo, los violetas y azules con
predom inio de los valores fríos. Ya en
E l B e s o d e J u d a s , vemos juntarse al Cris­
to erguido en verticales, dos elipses fugaces
que el color am arillo acentúa. Ese tono
que Goethe consideraba vil, im pregna de
cobardía la figura de Judas, le da una
expresión de bajeza. En otra escena de la
Pasión el dominio de los bermellones ilus­

49

tra la violencia de los insultantes cuyos
puños ultrapasan el envolvimiento de las
curvas. Más edificante todavía es la com­
binación de líneas quebradas en ángulos
agudos y de bermellones muy vivos con que
el p intor expresa la imposición de la co­
rona de espinas. Están en la crucifixión,
Cristo y el buen ladrón envueltos en un
solo arabesco, en tanto, encerrado en otra
elipse el mal ladrón se retuerce en su cruz.
Finalmente, el mejor y más bello ejemplo:
el D e s c en d im ien to d e ¡a Cruz. Una única
línea curva envuelve como un m anto el
conjunto estructurado sobre líneas ho ri­
zontales. La serenidad y el recogimiento de
la escena está todavía contrabalanceado por
un ligero toque de violeta.
Esta ejemplificación m uestra bien el p a r­
tido que la expresión pictórica puede ex­
traer del complejo líneas y color, con la
ventaja de acentuar el papel de las líneas,
del grafismo, sin desmerecer el papel del
color. Hay pintores, como Segall, entre
nosotros ,que tienden hacia la expresión
por el color tornándose la línea subsidia­
ria, complemento natural. Son composito­
res para los cuales la melodía es un punto
de partida, m ientras que para otros ella
constituye la principal preocupación, tor­
nándose la orquestación antes u n acom­
pañam iento.
Estamos hablando de pintores figurativos,
mas el mismo tema podría desenvolverse
en relación con los abstractos. En algunos
como K andinsky o M ondrian la línea es
prim ordial y a ella el color se agrega co­
mo enriquecim iento. En otros como M ac- /
n elli hay conjugación feliz, equilibrio de
los elementos. Hay los que, como ciertos
pintores italianos, dan mayor atención al
color, desdeñando casi p or completo la
línea.
Si hay quien dibuja como escribe hay tam ­
bién quien pinta como escribe, esto es,
revelando naturalm ente su temperamento.
Estoy pensando en Ginés Para, que ex­
pone en el Museo de Arte Moderno una
p in tu ra fuerte, áspera, y con todo armó-

�nica, verdadero espejo del pintor. Sin ser
lo que se acostumbra llam ar u n colorista,
dado que emplea una escala de colores
muy pobres, Parra no cae en los cenizas
que fueron caros a los cubistas. Su m ate­
ria sensual es ruda, u n poco a la m anera
de R ouaui.t , de quien extrajo la p red i­
lección por las líneas negras dividiendo
los planos y sirviendo de pasaje entre dos
tonos. Nótase tam bién alguna influencia
de Picasso en el gusto por cierto tipo de
cabezas.
Pintor sólido, consciente y silencioso, Pa­
rra está teniendo en San Pablo un éxito
inesperado pero justo.
S ergio M illiet

EXPOSICIONES EN MONTEVIDEO
Cuatro pintores acaban de realizar una
exposición conjunta en el Salón de la Co­
misión de Bellas Artes en Montevideo.
A unque se trata de artistas de personali­
dad bien diferenciada y de valores dispa­
res, se justifica la unión circunstancial de
los mismos en nuestra exposición colecti­
va, por el nexo común que evidencian sus
obras, la preocupación que los mueve por
definirse en un lenguaje acorde con las
tendencias que informan la p in tu ra actual,
nutrida en el estudio consciente de las
corrientes modernas europeas de mayor
significación, lo que determ ina una teoría
de soluciones eclécticas, de revisión y sín­
tesis. Si bien la consecuencia inm ediata de
esa actitud no siempre es feliz, el hecho
destacado de que el conjunto expuesto no
sea resultado de una labor de grupo, da,
en cierto sentido, la tónica de renovación
que se siente como fuerza promisora en
la labor artística del país; o sea: evidencia
una rectificación de rumbos que aparece,
entonces, generalizada; y el hecho de que

una institución oficial haya dado el es­
paldarazo a estos jóvenes pintores, hace
presum ir que la búsqueda de renovación
que se denuncia tiene alcances m ucho más
amplios. Es muy cierto, p or otra parte,
que si se dejan aparte los aciertos indivi­
duales, si se aprecia el conjunto como re ­
sultado de la síntesis buscada y se lo en ­
juicia dentro del movimiento universal, sin
tener en cuenta las circunstancas p articu­
lares que lo validan, puede llegarse a una
crítica negativa, por cuanto, en resumen,
la misma busca im poner algunas escuelas
modernas que en la actualidad se encuen­
tran superadas. Y de antem ano podía p re­
verse que tal revisionismo había de fallar.
Hay ciertas actitudes revolucionarias que,
por su condición de tales, no pueden en ­
sayarse como ejercicios metódicos p reten ­
diendo que ese resultado sea algo más que
un ensayo formativo. Pero hay que desta­
car para este caso, que el Uruguay no se
ha nutrid o sino parcialm ente —y más por
el estudio y la exégesis, que p or la prác­
tica y la frecuentación de obras— en las
corrientes artísticas que encauzan la nueva
plástica y que, p or tanto, la experiencia
que tratam os se hacía necesaria De ahí
que la puesta a punto que se tentara haya
tenido buen eco.
Aparte, entonces, del juicio personal que
puedan merecernos las obras de los artis­
tas a que nos referimos, apoyamos lo que
esta exposición tiene de auspicioso y posi­
tivo. Y a cuenta de afirmaciones desta­
quemos que todos ellos han adoptado la
joven actitud de sentirse en una etapa de
su desarrollo pictórico, lo que cjeberá te­
nerse muy en cuenta en el juicio.
O scar G arcía R ein o ensaya en la mayoría
de sus telas u n cubismo d ’a p r é s L h o t e
algo forzado. El simplismo temático que
acusa no se evidencia en el vigor de la
forma, sino que tiende a cierta em otivi­
dad superficial. Si el tema no se sobre­
pone como fundam ento de la p intura,
para la creación de climas románticos, lo
cierto es que la estructura de los planos

50

�M a r ía

Arriba derecha:

I

iisok

1 ,i o n t i n a

:

II

F k .w c o :

b r$ n d r

Figura.

ju d o s ,

Abajo derecha: 1-iixok: S a in tr I o n . 19-Ml.

rico,

�Vn'iba: Yici-ivir. Makiín : C o m p o sició n con cafelch
Al»ajo: H

vns

P i a t s c i i k k : H o m ú n cu lo .

�A rriba: M iguel A. P a r e ja : M u j e r co n
n a t u r a le z a m u e r t a .

A bajo: O scar G arcía R ein o : M e l u s in a
v e l e s p e jo . •

�AV .vomforero a m a r illo . óleo, 1950.

M O.R A Ñ A

�y las líneas, la organización del espacio y
la conformación geométrica de lo represen­
tado se diluye en un intimismo sentim en­
tal que traiciona el interés de la compo­
sición. En los cuadros de tema deportivo
se nota cierta vinculación con Desnoyer,
pero sin la energía lineal del p intor fran ­
cés; por el contrario, ensaya, extrañam en­
te en ellos, la gracia del arabesco que, ex­
puesto en escala mayor y acompañado por
un color chirriante y sucio, determ ina de­
sequilibrios evidentes. Es en los grupos de
figuras —tal: M elu sin a y e l e s p e jo — don-,
dé la valoración cromática se da como sus­
tento fundam ental, pudiendo, entonces,
hacer efectiva la emoción intim ista de su
vocación. Pero, posiblemente, el aporte
más feliz de su envío son las F lo r e s a la
y o u a c h e , fuera de catálogo, resueltas con
dibujo incisivo y m ateria seca; allí la p e r­
sonalidad de García Reino se muestra'i li­
bremente, si las limitaciones que volunta­
riamente se impone en la mayor parte de
su producción, al pretender seguir forma­
lismos extraños a él, de los que obtiene,
tas más de las veces, ju n to con las virtudes
de los maestros europeos, sus vicios.
M iguel A. P a r eja se singulariza por un
preciso dominio del oficio y por la vastísi­
ma información pictórica que posee. Sus
cuadros se elaboran serenamente, en una
búsqueda cuidadosa de equilibrios, dosifi­
cando contrastes y pasajes, logrando vin­
culaciones lineales, relacionando planos.
Pero esta actitud actual, que deriva de un
amplio conocimiento teórico, es justam en­
te lo que determ ina el aspecto negativo
de su creación, pocas veces espontánea.
V esta condición que podría ser valiosa en
un p in to r libre de atributos románticos,
pesa contrariam ente en quien, y este es
el caso, posee como fundam ento legítimo
de su individualidad pictórica, tal posi­
ción. Así ocurre que .dentro de estructu­
ras vigorosamente geometrizadas, las cali­
dades se exponen parcialm ente, eviden­
ciando condiciones secundarias de peso y

55

densidad, y que, en las figuras que tien ­
den a una deformación expresionista y a
una concorde valoración violenta, la emo­
ción que trasciende es circunstancial por
la carga psicológica que contienen. Esta
razón hace que sus mejores aportes sean
aquellos en los que el oficio y el conoci­
miento no se dan como premisas y p u n ­
tos de p artida p ara la organización pic­
tórica ,sino que sustentan como una base
no consciente pero segura la invención
creadora. En esta tesitura, L a n iñ a d e l p á ­
ja r o anuncia un camino libre y am plio en
el que ya no se plantea la lucha entre la
imposición voluntaria de una forma en ­
tendida y la posibilidad expresiva de una
actitud emocional propia, que se da sin
esfuerzo.
V icente M artín se destaca por una deci­
dida posición p u rista . D urante el denso
proceso de su carrera pictórica, este artis­
ta ha seguido diversas corrientes y bus­
cando el ejemplo y la conducción de dife­
rentes maestros; nada se ha dado en él,
no obstante, como improvisado y repen­
tista. Por el contrario, ha buscado así,
conscientemente, un aquietam iento norm a­
tivo, firme, eficaz para su fuerte perso­
nalidad, logrando, de consuno, un oficio
cada vez más depurado. En su viaje de
estudios a Francia e Inglaterra, M artín se
nutrió de buenos ejemplos de p intura,
pero los bocetos y dibujos que allí reali­
zara m antienen todavía esa fuerza explo­
siva de la línea que había sido su punto
de partida. Por eso resulta sorpresivo que,
vuelto a su país, se haya embarcado en
una corriente tan rigurosam ente geométri­
ca. La experiencia, no obstante, resulta sa­
ludable. M artín explota el divorcio de la
línea y la m ancha de color, o las formas
nuevas que derivan de la transparencia
de los sujetos que sintetiza, para determ i­
nar un juego severo y equilibrado del con­
junto plano. Echa mano a veces de las ca­
lidades, que se enriquecen por el contras­
te con las tintas enteras; y allí donde se

�libra de la premisa ortogonal que lo guía,
F o rm a s p ris m á tica s p o r ejemplo, el resul­

tado es más eficiente y preciso.
P latschek es, por últim o, quien
más auténticam ente se ubica en la posi­
ción que adopta, p or su condición de euro­
peo y su formación. Aunque el super­
realismo que desarrolla es u n camino ries­
goso y puede lindar con lo extravagante
a fo r t io r i, se mueve en sus concepciones
con libertad y fuerza inventiva. Es una
actitud contraria a la que define la labor
de los pintores en cuya compañía se mues­
tra, no parte de lo objetivo como apoyo
de su composición, sino que deriva las
formas de un juego intencionado de las
lineas, los colores y los planos. La suges­
tión que provoca es, entonces, un resul­
tado o una consecuencia. Platschek cuida
conscientemente la formalidad incisiva del
organismo plástico, distribuyendo y arm o­
nizando sus contrastes, sus empastes, sus
vinculaciones. Lo notable, entonces, es que
se determ ine equilibrio entre lo juicioso
del procedimiento empleado y lo violento
de los climas derivados que p o r él se de­
finen. Su producción últim a —posterior a
la exposición que este artista hiciera en
Buenos Aires— marca, evidentemente, un
paso más adelante en su manera; no usa
tanto de los ritm os sugestivos y distribuye
con mayor vigor las tintas y los contornos
sin privar, por eso, a sus obras, de una p o ­
derosa carga emotiva.
E dgardo R ireiro , ex alum no de J oaquín
T orres -G arcía , ha expuesto en los salo­
nes de Amigos del Arte de Montevideo, su
obra pictórica actual, junto con algunos
no muy sazonados antecedentes de la mis­
ma. Interesa, pues, destacar de preferen­
cia sus últim as telas, donde se libera de
la im pronta poderosa de su maestro, sin
negarlo, demostrando que ha sabido sacar
eficaz partido de su enseñanza.
Si bien en algunos paisajes de la costa
uruguaya, tiende a u n naturalism o que
H ans

56

cae peligiosamente en lo descriptivo, otros
—aquellos en los que se apoya en riguro­
sos principios de ordenación— acusan sin­
gulares valores plásticos. En particular las
obras que tienen como asunto los ranche­
ríos y las sierras del D epartam ento de
Lavalleja —de tan riesgosos antecedentes
en la p in tu ra uruguaya— evidencian una
estructuración plana que explota con éxi­
to las líneas negras de los contornos. Éstas
determ inan una precisa tram a geométrica,
consustanciada con lo temático, muy rica
de posibilidades como organismo conduc­
tor de la composición. En esa tesitura in
telectiva, el color no ensaya un acerca­
m iento verista, ni traiciona voluntaria­
mente a la naturaleza, sino que ajustán­
dose a su tono general, propone y resuelve
bien meditados equilibrios crromáticos. En
otras telas se define especialmente, pero
sin elim inar el grueso trazo negro que.
en estos casos, se rom pe dinámicamente.
Las tonalidades sordas de su paleta vibran
por mesurados contrastes con colores bri
liantes que se dosifican con cuidado. Ade­
más, en algunas zonas, la m ateria está
aplicada superficialmente, apareciendo por
transparencia el fondo de la tela, con su
rígida condición geométrica; en otras, es
la misma tela que se da como fondo o
contornos, logrando por ese medio una
vibración muy señalada de la superficie
pintada.
Pero donde alcanza Ribeiro, a nuestro ju i­
cio, el p u n to más alto de su exposición
es en el R e t r a t o d e D . J o a q u ín T orresG a rcía , que preside el conjunto, dándole
así, un carácter de sentido homenaje. Aquí
la matización de grises, la parquedad del
empaste, la liviandad consiguiente de las
sombras, desmaterializan el asunto y le dan
una calidad sostenida. Por el contrario,
sus ensayos de constructivismo —con algu­
na honrosa excepción— son flojos y sin in ­
terés.
F ernando G arcía E steban

�FIERRE 1&gt;K BERROETA
Hay quienes lo exaltan por su facundia
y quienes lo niegan porque no la con­
tiene. En verdad no es fácil juzgar a
este joven pintor francés, pues se trata
ile un artista sensible y no exento de
recursos inventivos, a menos que se for­
mule a propósito de sus obras la p re ­
gunta fundam ental: ¿qué debe entenderse
por ex p r e s ió n v a lio sa en el arte actual de
vanguardia?
El artista de nuestro siglo se ha ido des­
pojando del fácil vestido de la emoción
que durante algunos milenios proporcionó
el m undo de lo corpóreo, tram a sobre
la cual se tejieron infinitas cadenas se­
gún se cargara el acento en el sujeto o
en el objeto. T an preocupado está por
el logro de una expresión que gane en
altura —es p íritu — lo que tal vez pierda
en profundidad —m a t e r ia — que da lugar
a que constituya una carga estética del
fo r m a lis m o c o n t e m p o r á n e o , según la cual
toda expresión debe ser suscitada p o r la
forma, tanto más si ella no responde a
contenido alguno.
La palabra formalismo no es apropiada.
Hace pensar en la forma como si ella
fuera nada más que un envoltorio, una
cáscara vacía. Y no es así ahora, como
tampoco ha sido de otro modo antes.
N o hay fo r m a sin co n te n id o . Lo que
ocurre es que durante la Edad moderna
la forma emanaba de los c o n ten id o s d e
re p r e s e n ta c ió n , m ientras que en la actua­
lidad emana de c o n te n id o s esp iritu a les
que sólo pueden ser experimentados poi
intuición. Aunque los caminos sean va­
riados y hasta opuestos, el artista de van
guardia trata de que la forma posea,
como decían los escolásticos, r e s p la n d o r
o n to ló g ic o , lo que equivale decir, capaci­
dad de expresar m ediante sig n os p lá stico s
c o h e r e n te s la trascendencia hacia valores
que devienen de tal modo su v e r d a d e r o
co n ten id o . Cuando falta ese resplandor
no queda más que la forma vacía, enton­

ces sí irrem iadiablem ente vacía. (Antes
ocurría lo mismo, aunque quedara llena
de puro contenido de representación.) Y
los valores secundarios que proceden del
m o d o se n s ib le con que ha sido constitui­
da son los que se im ponen, en el mejor
de los casos, transformándose en fin e s los
que debieran ser m e d io s para la expre­
sión de u n a id ea .
Este planteo basta para comprender el
caso de B erroeta y de tantos otros bue­
nos pintores que crean agradables envol­
turas. Su lenguaje es sonoro, gracioso,
ásperamente elegante, pero a mi modo
de ver carece de significación trascen
dente. En sus telas actúa la materia pic­
tórica sobre el ojo del espectador, pero
en cuanto las abandona no le queda más
que el cosquilleo de la sensibilidad go­
zosa. Él procede del fa u v ism e refinado a
que me he referido en un artículo re­
ciente i, tam bién del ingenuismo; pero
no es fa u v e ni n a if, ya que no posee la
energía instintiva de u n V l a m in c k o un
D erain en sus comienzos, ni la ingenui­
dad de un B o m b o i s , con quien se vincula
notoriam ente en algunos cuadros. C uan­
do acude a este expediente, como en
L e S acré C o eu r, se advierte que quiere
ser ingenuo pero que no lo es; de otro
modo, ¿podría explicarse la agilidad se­
gura del pincel de que hace gala en
otras telas? Cuando hace esto, en cam ­
bio, entremezclando planos de efecto cro­
mático, envolviendo formas con un ara­
besco quebrado de trazos enérgicos y d i­
seminando brochazos multicolores, tam ­
bién se advierte que su instintivismo es
cultural. Y cuando llega el momento en
que el espíritu se detiene, después del
chisporroteo de la prim era impresión,
p ara tocar con los ojos el meollo de la
expresión que trasciende, el movimiento
subyugante se transforma en estatismo de

57

1 V éa se Ju ic io cobre el fa u v ism e , V e r y JSeti-

mar, n° 16, 1950.

�figuras y cosas que n o h a n d e ja d o d e ser
re p re se n ta d a s.

El problem a del arte contemporáneo no
se resuelve por el escamoteo de los con
tenidos de representación. No se trata de
que al espectador le cueste trabajo reco
nocer las cosas o de que nos las reco
nozca lisa y llanamente. Esto es por de­
más ingenuo y no puede ser postulado
seriamente. Se trata de reemplazar las
concepciones organicistas —lo que incluye
forma de representación y ritm o organi­
cistas— por otras que n o p r o c e d a n d e la
tra sp o sic ió n d e la r e a lid a d d e l h o m b r e
in d iv id u a l a la tela . El artista renuncia

a representar, no porque sea menos h u ­
mano, sino porque siente la necesidad
de afrontar la realidad desde puntos de
enfoque más amplios, menos sujetos por
tanto al cercano ám bito que le crean al
hom bre sus sentidos. Pero si estos princi­
pios éticos además de estéticos son adop­
tados a medias, y se toman de los movi­
mientos de vanguardia tan sólo los pro
ductos, el resultado no puede ser sino
ecléctico, y entonces las obras no valen
como adecuación expresiva a contenidos
organicistas, ni como adecuación a conte
nidos intelectualistas.
J orge R omero B rest

MIGUEL CARLOS VICTORICA
No hubo buena selección de obras en la
exposición retrospectiva de Miguel Carlos
Victorica, y por ello difícil fué para el
público captar las altas calidades de su
pintura. Faltó, p o r ejemplo, algún des­
nudo —F ra n c in e, D esn u d o del Museo N a­
cional— que nos recordara el sentido tec­
tónico que había alcanzado la figura h u ­
m ana por la estructura dibujística y por
la capacidad de traducir la luz en color.
Victorica cree todavía en las cosas; las

58

acepta y aunque modifica sus estructuras,
el impulso de su imaginación no es tan
poderoso como para que el valor de su
p in tu ra se encuentre en otra cosa que en
las representaciones nuevas. En esa rela­
ción del artista con el m undo exterior
pudo parecer que el acento se inclinaba
hacia una posible interpretación rom án­
tica. Es el m om ento en que crea dos
paisajes de París en tonalidades grises y
azules; la exaltación sentim ental se vol­
caba en esa exaltación del color. Pero fué
apenas un chispazo, como desgraciadamen­
te lo fué tam bién aquel otro de la serie
de sus balcones donde el color, en su
pureza prim aria se libera de las formas
y compone los primeros planos con auda­
cia, aunque sin llegar a la violencia ca­
racterística de los fa u v es . Para serlo h u b ie­
ra tenido que expresarse de la misma
manera en cada rincón de las telas y nc
solamente en los signos colorísticos de
unas pinceladas.
Bajo las sutiles diferencias que cabe esta
blecer entre una expresión naturalística,
rom ántica o fa u v e atem peradas, ¿cuál es
la esencia de la calidad artística de Vic­
torica? Lo sustancial es la relación equi­
librada que la sensibilidad logra entre lo
meramente objetivo y la pura recreación.
Cualquiera de sus naturalezas muertas
perm ite com prender los límites de esta
últim a. El libro abierto, las manzanas
verdes, el candelabro, im presionan no por
su parecido con la realidad natural, ni
por la recreación absoluta de las formas
sino porque el artista se detiene en cier­
tos elementos de esos objetos para volear
intencionadam ente en ellos las reacciones
de su sensibilidad. Otras veces su yo se
afirma y la expresión se desprende de lo
que el artista crea independientem ente,
digamos: unidad de m ateria y forma en­
tre los fondos, el espacio y las cosas; en­
tonces toda la superficie del cuadro apa­
rece cubierta por igual, suprime el volu­
men, despoja las formas de su rigidez
naturalística y las devuelve rehechas en

�las gamas ocres de una fina pin tu ra tonal.
No necesitamos llegar a lo que nuestros
museos guardan de más expresivo; bastaba
en la exposición aquella naturaleza m uer­
ta del año 1930 realizada con la fluidez
de una acuarela para com prender el len­
guaje de Victorica. El elemento director
en ella es en ciertos momentos la línea
flúida capaz de hacer olvidar la solidez
de unas frutas, al encerrar en límites
expresivos las formas planas; otras veces
la línea no es la que tiene más significa­
ción en el cuadro, sino lo propiam ente
pictórico.
En sus obras más recientes, el lenguaje
de Victorica, que antes estaba conjugado
por la flexibilidad de la línea y la riqueza
cromática, es el que corresponde directa­
m ente a un colorista. Su fuerza y preci­
sión no están en el trazo, más bien d iría­
mos que en él reside una flaqueza de su
oficio y recordamos para decirlo ciertos
muslos desarticulados entre sí, ciertas de­
formaciones inexpresivas de unas manos
en algún retrato. No siendo la línea el
elemento prim ero de la expresión plástica
lo es en cambio el color que amasa las
estructuras, o vibra en los detalles o uni
fica la composición en las armonías de los
tonos. De inm ediato tenemos que agregar
la característica especial de ese color que
no traduce nunca la calidad de las sus­
tancias. Si el artista satura con acopio de
pintura un punto de u n candelabro; si
las pinceladas untuosas se enroscan en la
superficie de una pared o en las luces y
sombras de un rostro, o si ellas se dibujan
en pequeñas manchas en las copas de los
árboles no es porque quiera dar la sensa­
ción de la m aterialidad de cada cosa.
Solamente quiere expresar las imágenes
cargadas con las reacciones de su sensibi
lidad o bien traducir lo esencial de un
objeto en el orden de una selección inte­
lectual.
Lástima que su imaginación no haya sido
lo suficientemente poderosa como para
llevarlo más allá de las exigencias form a­

59

les del m undo exterior a las recreaciones
más puras. Por eso al saborear la serie de
sus balcones lamentamos que le haya fal­
tado decisión para dejar que su tem pera­
m ento hablara siempre en lás transposi­
ciones más libres del color.
B lanca S tabile

DIBUJOS DE PIN TORES ARGENTINOS
Un alto criterio selectivo priva en la
elección de los trabajos adquiridos por
la Universidad Nacional de T ucum án para
su Museo de Bellas Artes. La organiza­
ción del conjunto y la disposición de las
piezas denota una elección m adura y de
indudable buen gusto ya que brinda un
panoram a claro y coherente de nuestra
p in tu ra actual. Por otra parte las figuras
representadas constituyen la más alta ex­
presión artística de nuestro medio y se ha
elegido de cada una de ellas la nota más
cabal, aquélla que define totalm ente su
personalidad.
Se advierte la imposibilidad de vincular
unos artistas con otros y establecer ten
dencias generales; la pin tu ra argentina,
bien se ve, está formada por individuali­
dades fuertes no influidas unas p o r otras
y de formación foránea muchas, obede­
ciendo a distintos ideales estéticos pero
no en franca batalla ni comprometidas en
audaces planteos. No aparece en general
la angustia profunda de la creación, n in ­
guna duda demasiado consciente que in ­
volucre o prom eta un cambio fundam ental
en la actitud. En las figuras jóvenes de
mayores posibilidades —que allí exponen—
estos tanteos son también débiles. La
preocupación máxima del artista parece
ser la búsqueda de su verdad interior en­
castillándose en su dram a, y apegado en
casos a la expresión inm ediata detenida
en el análisis. No existe aún la identifi­

�cación de su alma con el alma de la h u ­
m anidad, no sabe sentirla ni expresarla;
su calor, su entusiasmo y hasta su desga
rram iento se revuelven en sí mismo sin
poder trascender en la obra con carácter
de universalidadH abrá que preguntarse hasta qué punto
falta valor, y cuántos artistas auténticos y
sensibles se acomodan a lo hecho, al ca­
m ino recorrido, p ara no enfrentar la lucha
que palpita en cada paso de la senda
nueva. Si la fe tradicional en ciertas
fórmulas ya no se sostiene, hay que adm i­
tir las dudas y dificultades, afrontarlas,
desoír el ím petu de las propias negacio­
nes y lanzarse en la búsqueda de la nueva
expresión para no m ostrar el rostro ambi­
guo de un romanticismo abierto y am pu­
loso, propio de u n lenguaje sin vigencia
en el m undo de hoy.
El individualismo lírico está sostenido en
S pilim bergo con formas en las que a r­
quitectura el sentimiento. El romántico
introvertido y el constructor racional en
pugna, crean formas imaginarias en un
equilibrio que no puede ser sino patético.
Las líneas rectas —racionales en apañen
cia— atraviesan el papel, y de su contacto
se carga la figura de tensión dinámica y
sensorial; sobre este esquema dibuja m u ­
sicalmente las manos, la vibración que
ondula el contorno asciende hacia el rostro
donde la proyección sentim ental aum enta
de tono. Y de pronto sin desborde se
encierra, la figura se descarga aquí de
m aterialidad y lejos de lo real vuelve sus
ojos hacia adentro, ojos enormes, tristes,
rasgados y abiertos a su sueño. S p ii .im berco teje dos mallas de trazos —tensos
unos, vibrantes los otros— a través de los
cuales proyecta la realidad en sombras so­
bre un m uro, y las mallas se mueven y
combinan formas: rostros ausentes, manos
d e artista y fondos en tensión.
Con líneas y sombras insinuadas tan sólo,
G ómez Cornet se desprende de la tierra;
b a jo la sutileza de su trazo el volum en se
im pone en unidad, la expresión es íntim a

60

y la vibración recorre ligera y calma todo
el contorno. Nada de creaciones im agi­
narias, nada de invenciones complejas; se
m ira a través de él un paisaje hum ano
tranquilo y luminoso, de entregas sin vio­
lencias a una sencilla poesía de la vida.
El claroscuro tiene la rara cualidad de
hacernos retroceder, nos pone a distancia
de su atmósfera imprecisa para entregar
sólo de lejos la música de su melodía
interior poblada de misterio; la figura se
adivina, mas no es posible apresar de ella
la m irada ni la intención.
EHse de V ictorica n?.ce plena cuando nos
aleja de sí. Es tal vez el mom ento en que el
artista joven aun —1913— comienza a a p a ­
recer, y tímido se cerca de envolturas para
defenderse. Carne y espíritu tienen una
fuerte sugestión táctil, el ojo se convierte
en mano, se siente el modelado de los g ri­
ses, hasta la atmósfera adquiere esa calidad
pesada y densa, brumdsa y opaca en se­
creta arm onía con la materia.
Del p intor blando de los ocres dorados
que hay en Sold i , al que dibuja en tinta
L a s C o m a d res hay la distancia que media
entre la suprema libertad que es la obe­
diencia a sí mismo —sus óleos— y la suje­
ción, en este caso, a una instancia ajena
a su verdad interior. Si la intención quiso
ser seca y descarnada, la línea en cambio
es suave y envolvente, rom piendo así la
relación lógica entre signo y cosa signifi
cada; de este modo la expresión es inde­
cisa porque no se legitima en las formas.
Una franca actitud naturalista sostiene
C enturión en C h ico d e B a r r io , por la que
se detiene en el conocimiento relativo de
las cosas, confirmando la dependencia su­
jeto-objeto que caracteriza esta tendencia.
La existencia del personaje trasciende en
el dibujo de línea segura; la sombra se
extiende sin grandes variantes evitando
los efectos dramáticos del contraste y mo­
viendo el conjunto en dinamismo super­
ficial y armónico.
P or el contrario, fren te a la desestima en
la aprehensión in tu itiv a del ob jeto , el

�poeta plástico de la transparencia que es
D iomede establece las relaciones en tonos
sutiles de la más pura intención lírica.
En L ir io s b la n c o s las formas parecen tra í­
das desde el recuerdo. En un primer
plano las flores y en el fondo tintas que
entran en acorde como círculos de agua
o de luces y se hunden en torno a los
lirios para penetrar en el fondo de la
onda.
H irsch desprecia en L a A b u e la la cohe­
sión y tranquilidad de un dibujo igual­
mente valorizado en su totalidad. Es el
caso de un escamoteo voluntario de p a r­
tes de la forma para lograr, acentuando
el resto, una expresión firme y desafiante.
Del conjunto se adelantan manos y cara
que en rara complejidad de signos con
centran la pasión que se disciplina por los
ritmos paralelos. Al sustituir el juego de
luz y sombra logra una energía menos ex­
pansiva; con pocas formas da la nota
esencial de la emoción logrando efectos
de totalidad.
Vinculado en sus principios a la escuela
futurista conserva P ettorutti en B o d e ­
g ó n —1922— algunos de sus caracteres. El
dinamismo mecánico lo consigue con los
fondos cuadriculados, los paneles decorati­
vos en puntos, rayas y ángulos, que cum ­
pliendo su misión de conseguir movilidad
vinculan las formas. Su otro aspecto el
sentim ental se da en deformación geomé
trica y la ru p tu ra de ejes.
B utler está representado en C a lle d e l T i ­
g r e ; G randi, R iisso , P resas , L arco y Tiglio , tienen aquí retratos en qu e se exp re­
san libres y potentes; separando quizá a
P resas por su aspiración de intim idad
sensible v nerviosa. S cordia en P iazza N av o n a parece vincularse a D e P isis . P lanas
C asas y B a tlle P lanas con personajes
supcrrealistas, ju n to a D aneri , R . F or ner y F ariña , com pletan la nota de m a­
yor calidad del conjun to.
A m alia J oü-I stueta

61

LEOPOLDO PRESAS
La exposición de Presas atestigua su ju ­
ventud. Esto no es un reproche ni es un
elogio, es una constatación. Nos da mucho
m aterial: antiguo y nuevo. Muchos p ro ­
cedimientos diversos. Vamos a analizarlos.
D ib u jo s a láp iz c o m ú n : compuestos con
una línea intranquila que recuerda a veces
a Rodin dibujante; otras, un dibujo se­
guro y sereno, nada espectacular para el
que no sabe ver, pero valioso y sobre todo
aplomado.
C a rb o n illa s, láp iz C o n té, sa n g u in as: dibujo
más suelto como lo exige el procedim ien­
to. El papel queda cubierto de líneas ex­
presivas. A veces como simple rayado
nervioso —al ancho de la carbonilla— en
el que se destacan las figuras (desnudos
de m u je r), siempre vistas en un apunte
certero del natural. En algún dibujo n o ­
tamos un choque: el dibujo p la n o se en­
cuentra en conflicto con dos zonas en
v o lu m e n : pecho y caderas con un principio
de sombra que acusa rotundidad. Las san­
guinas aprovechando la cualidad doble del
procedimiento: en partes, trazo solo del
lápiz dibujando el cabello o el perfil, lu e­
go en la masa o en las sombras, la materia
aplastada con el dedo creando un b o ­
rroso que realza la pureza de la línea.
Procedimiento discutible pero de efecto.
En lápiz Conté: una figura, vestida de
m ujer, el volumen conseguido muy h ábil­
m ente por el trazo y un sombreado que
apenas se insinúa.
D ib u jo s p u n te a d o s : curioso procedimiento
en que parece que sobre una plancha a la
que se le ha dado una mano de un líquido
neutro —un barniz o una tinta diluida—
el artista a ta c a su dibujo sobre ese líquido
aun fresco y con un lápiz (o con un pa­
lito) d ib u ja su tema. Al detenerse el ins­
trum ento que dibuja, la materia queda
agolpada y al secarse el todo da un punto
negro. Este d ib u jo co n s te la d o ofrece un
campo interesante, Presas consigue efectos

�curiosos, debía seguirlo trabajando hasta
agotar sus posibilidades.
D ib u jo a tin ta : el dibujo de m ujer senta­
da (Hoja de Ver y Estimar de este n ú ­
mero) plantea a su vez otros problemas.
El trazo muy grueso es sin embargo sig­
nificativo y la decoración del rayado del
vestido se contrapone muy equilibrada­
m ente a las zonas tr a n q u ila s (de fondo
blanco) del rostro y las manos. Hay, como
en los grandes dibujantes modernos un
saber llenar todo el papel con dinamismo
sin resultar abarrotado o vacío.
Los óleos presentan cada uno un caso p a r­
ticular, como no podemos extendernos los
dividimos en varios grandes grupos:
M a n e ra o p a c a : sobre una base muy lisa,
el pintor pinta un pigmento desprovisto
casi de aceite (parecería que acentuando
el aguarrás) y consigue un efecto opaco
muy interesante de calidad de pastel. Los
pinceles m uy finos, el procedim iento ex­
presivo: un continuo arabesco muy entre­
cruzado. Colores dominantes precisamente
los del pastel (lo que aum enta la p e r­
plejidad del espectador) : rosas tiernos,
celestes vivos, verdes claros, anaranjados
que consiguen vibrar todo el cuadro. P re­
sas domina el procedimiento, se siente có­
modo en él.
M a n e ra g ra sa : Cuadros en general de hace
unos años. La pin tu ra se aplica generosa­
m ente sobre la tela, se carga a veces en
verdaderos montículos. Paleta muy clara,
de blancos y colores próximos al blanco,
muy pálidos. La única objeción no va
aquí contra el dibujo expresivo, ni contra
la entonación acertada, sino simplemente
contra esas zonas in er te s del color poco
trabajado. Un gran paño, un fondo, son
verdaderos h u ec o s que todo el empaste
rico no logra llenar.
M a n era d iv isio n is ta : sobre una base muy
lisa y homogénea el color aplicado con
espátula. La forma se construye por el
color, pero el color es agrio, completa­
m ente alejado de las otras gamas. El b ar­
nizado y la cantidad de aceite (aparte del

62

tratam iento del color y su calidad) la h a ­
cen diferir totalm ente de la que hemos
llam ado m a n er a o p a c a .
M a n e ra en tre c ru z a d a : algunos de los m e­
jores efectos se consiguen aquí. Hay casos
en que contra el fondo liso —y a veces
poco significath o de por sí— la m ateria
se concentra: en un encaje, un reborde y
queda meramente como acumulación cen­
surable. En los casos mejores: parte iz­
quierda de P en sa tiv a , el volumen del m a­
niquí surge del riquísim o entrecruzarse
del color entonadísimo y eficaz. E n la p a r­
te derecha (falda de la mujer) ya estamos
en el caso de la zo n a m u er ta , el mayor
peligro de los que vemos en Presas. Donde
este reparo se hace más grave es en las
dos naturalezas m uertas a lo B o n n a r d . La
hermosa composición con un gran blanco
central y objetos en la periferia, no coin­
cide con la m anera de pintarla. En efecto,
en una extensión grande de color, el ojo
del que m ira busca instintivam ente una
titila ció n del tono, algo que le demuestre
que esa parte tam bién está pintada con
amor y no simplemente d e ja d a como una
cesura.En Bonnard no hay nunca un cen­
tím etro cuadrado de tela qué quede sin
dinamizar, que no sea expresivo (no in te­
resa el procedimiento empleado ni el co­
lor o colores que se utilicen) ,' lo im por­
tante es que la tela quede toda vibrante
dentro de los límites del marco. En los
casos de Presas, amhos manteles son v a d o s
por los que se escapa la m irada, sin re ­
botar elásticamente hacia las otras partes
del cuadro. En u n retrato de m ujer sen­
tada. la zona inexpresiva es u n azul muy
oscuro, agujero que no dice nada en el
conjunto.
M a n era a c u a r e la d a : tam bién opaca pero de
gamas oscuras y extrañas (algunas obras
de 1949) . El color se refugia en violetas,
verdes sucios oscuros, ocres. Nos parece eu
general decorativa y poco profunda, cree­
mos que p o r ahí no hay ningún camino.
A p u n te s y m a n c h a s: alguno que recuerda
a Matisse con bravos rojos y deformacio-

�contento, que se materializa en el coler
agrio, en la deformación, en la manera
nerviosa de atacar la tela.
Cuando el color se adecúa a lo que quiere
expresar, de esas formas espesas trasciende
la inadaptación del artista, pero esto no
ocurre siempre, ya que a veces el excesivo
empleo de colores puros hace que se vuel­
va confuso.
El modelo no le basta. Deforma de acuer­
do a lo que quiere expresar, el repentismo de los rasgos no está trabado p o r n in ­
gún esquema previo intelectual. Puede
decirse que vuelca su emoción en el d ib u ­
jo, esqueleto que soporta con fuerza la
riqueza de la pasta.
Su m anera no está todavía perfilada; sus
cuadros adolecen de una cierta falta de
unidad, en la pasta, en el color, en el
dibujo y especialmente en la composición,
pues en vez de organizar la tela m ediante
líneas ideales que unan los objetos entre
sí, lo hace con el color y la m ateria. En
N a tu ra le m m u e r ta (N1? 4) , por ejemplo,
la composición está poco lograda: parece
más bien como si una fuerza centrípeta
em pujara los elementos hacia afuera, en
vez de sostenerlos en una estructura lúcida.
En el sombrero amarillo, tínico de la serie
en el que se anota una cierta influencia
p ica ssia n a , influencia a la que casi ningún
artista contemporáneo h a podido escapar,
aparecen claramente los rasgos inventivos
que le son propios y la m ultiplicación de
calidades que a veces atentan contra la
solidez de la tela. Es de notar la gracia
y fuerza a la vez de la línea que limita
el sombrero.
M oraña es un p in to r original, en su obra
no aparecen demasiadas influencias ni m a­
neras prestadas, su estética es suya, pero
más que una realidad inm ediata es una
gran promesa para un futuro al que lle­
gará si se m antiene en la misma línea de
trabajo serio y de estudio. T iene todo lo
que requiere u n buen pintor y más, tiene
calidad y fuerza.

ncs muy felices, otros más empastados,
apagados de tono como Morandi, otros
en fin rayados — sacando la p in tu ra des­
pués de puesta. Todos en general llenos
de interés y buen oficio.
P a isa je s: uno con el aceite muy liquido,
hermoso y bien visto, el otro de factura
vecina a la Derain, con pinceladas carga­
das de sustancia que deja su huella que
b a r r e cargada de pigm ento y sensualmen­
te perfila las manchas de los árboles, la
consistencia de un cielo rico de azul.
Presas es un in tim ista , su ámbito: el ce­
rrado alrededor de una realidad fam iliar
que puebla una figura de m ujer, algún
m aniquí a medio vestir. H a conseguido
crear ese mundo —que cuando dibuja es
estructurado y cuando pinta se refugia en
el color y el empaste— y nos hace entrar
en él, llenos de ternura p or esa cotidiani­
dad tan bien captada. Lo que tiene que
decirnos transcurre entre las cuatro p are­
des de una habitación cualquiera. No lo
instamos a que abandone ese recinto de
p in tu ra fam iliar, sólo quisiéramos adver­
tirle que el resto del mundo, lo d e fu e r a ,
también está esperando ser pintado por
su mano segura y cariñosa.
Momento de elección de u n p intor joven
y de talento. La pin tu ra que intenta P re­
sas está un poco term inada, aun entre
los grandes maestros. Tengamos la espe­
ranza de que estando tan dotado, intente
una nota más actual, más valiente.
D amián C arlos B ayón

JOSÉ MANUEL MORANA
La pintura de M oraña es el resultado de
la lucha interior de u n artista que tiene
mucho que decir y se esfuerza por tras­
mitirlo. Unas veces, ese esfuerzo aparece
sólo como un balbuceo conmovedor otras,
en cambio, el pintor llega a expresar todo
lo que siente y entonces de sus obras se
desprende una terrible impresión de des­

L ía C arrea

63

�A

P

O

S

T

I

L

L

A

S

G regorio P rieto es fu n d a m e n t a lm e n t e un
d ib u ja n t e . Su p in tu r a se b asa en u n ju e g o
to n a l d e b la n c o s y n eg ros a l q u e ag reg a
c o lo r só lo p a r a v iv ific a r y d ife r e n c ia r a ú n
m ás las zon as q u e e l cla ro scu ro m u ev e
in te r io r m e n te . N o es la su ya u n a p in tu r a
d e v ib ra c ió n c ro m á tic a . P o r e l c o n tra r io ,
la m a ter ia es o p a c a , c o n c a lid a d d e yeso
e in er te . É sta c o in c id e co n la c o n c ep c ió n
arc a iz a n te d e los tem a s q u e tr a ta : vagas
rem in isc en c ia s d e D f. C hirico y d e sus e x ­
h u m a c io n e s d e ru in as g re co r ro m a n a s . A p e ­
sa r d e la c o n sta n te b ú s q u e d a d e l v o lu m en
y d e tem a s q u e lo ju s t ifiq u e n : estatu as,
c o lu m n a s, etc., a p la s ta este v o lu m e n c o n ­
tra e l p la n o m a n te n ie n d o la sen sación
b id im e n s io n a l d e la tela .
E n los d ib u jo s la lin ea se m u estra d u ra ,
o rg a n iz á n d o se en a r a b es co s ten sos q u e t ie n ­
d en a c o n str u ir fo r m a s c o n cre ta s, lejo s
d e la te n d e n c ia líric a d e u n M atisse. A
d ife r e n c ia d e es te m a e stro , su fa n t a s ía n o
es lib r e in v en tiv a d e fo r m a s n u ev as; p o r
e l c o n tr a r io , e lla r e sid e en la d istrib u c ió n
c a p r ic h o s a d e e le m e n to s c a p t a d o s e n la
r e a lid a d e x t e r io r q u e r e d u c e a sig n os d e
sín tesis. P e r o éstos n o log ran la v a r ie d a d
in h e r e n t e a u n a c a p ta c ió n d e esta r e a l i ­
d a d ; se r e d u c e a u n a h á b i l c a lig r a fía q u e
c o r r e e l rie sg o d e es te r e o tip a r s e a le já n d o s e
asi d e lo q u e d e b e r ía p r e s ta r le e l a lie n t o
v iv ific a d o r : la a b str a cció n b a sa d a en u n a
r e a lid a d o b se rv a d a y se n tid a . D e e llo n ace
u n a im p r e s ió n d e fr ia ld a d , c o m o si h u b ie s e
m u er to u n m en s a je q u e tu v iera v ib r a c ió n
y e m p u je en o tra é p o c a , fa lt á n d o le e l
a c e n to c r e a d o r d e c a d a caso p a r tic u la r.
L o q u e p er sis te es u n a u n id a d d e es tilo ,
la u d a b le c u a n d o es c o h e r e n c ia v iv a, la ­
m entable c u a n d o es sólo el m a n to d e
d ig n id a d q u e r e c u b r e u n a fa lt a d e m e n ­
sa je v e r d a d e r o . — B . P.

M arcos T iglio es un r o m á n tic o : b u sca en
e l g ris su m e d io e x p r e s iv o ; su p in tu r a es

61

to n a l co n p o c o s a c e n to s d e c o lo r s a tu r a d o ;
p r e fie r e lo s a c o r d e s b a jo s , la m a te r ia o p a ­
ca (ta l v ez p o r eso p in ta s o b r e ca rtó n ,
q u e es m a te r ia l a b s o r b e n te ). E sta m a teria
se q u ie b r a y d in a m iz a t o m á n d o s e esp esa
en p a r te s , tra n s p a re n te en otras. Sus c o n ­
to rn o s son v ib r a n te s y e n é r g ic a m e n te a n o ­
tad os. T o d o lo fr a c c io n a : e l c o lo r lo ca l,
los to n o s y las tin ta s ,b u sca n d o e fe c to s
n e ta m e n te se n so ria les. Su m en s a je es e l d e
lo s d ía s g rises, d e la luz u n ifo r m e , en
los q u e t o d o se m atiza. C on esto s e le m e n ­
tos log ra u n a p r o fu n d id a d c r o m á tic a y
u n a d in a m iz a ció n d e l e s p a c io y d e la m a ­
ter ia d e g ra n c a lid a d y riq u e z a ex p r es iv a
m u y p r o p io s p a r a r e f l e j a r lo s t e m a s y
a m b ie n t e s q u e tra ta . P e r o a n t e es te p i n ­
to r tan fin a m e n t e d o t a d o c a b e p r e g u n ­
tarse si n o es a n a c r ó n ic a su p o s tu r a ; s i n o
es d e la m e n ta r q u e se c o lo q u e a s í a la
zaga d e in q u ie tu d e s m ás c a n d e n te s q u e
están d a n d o la p a u t a a la p lá s tic a d e
n u estro sig lo —B . P .

E n lo s s a lo n es d e H e lft se e x p o n e n u n a
se r ie d e fo t o g r a fía s e n c o lo r e s d e las o b ra s
m á s re p r e s e n ta tiv a s d e l m u se o d e l P ra d o .
A s o m b r a la fa lt a d e c r ite r io c o n q u e se
h a c e esta e x p o s ic ió n . Se tra ta d e p la c a s
e n c o lo r ilu m in a d a s : ¿Q u é r e la c ió n p u e d e
h a b e r en tr e estos c o lo r e s v u elto s luz co­
loreada y los d e las tela s o r ig in a le s d e
m a t e r ia p ic tó r ic a o p aca? L a luz p a s a n d o
a través d e los co lo r e s , e n vez d e re s ­
b a la r sobre lo s c o lo r e s , los fa ls e a y f a l ­
s e a las r e la c io n e s ex is te n te s e n t r e ellos.
A d e m á s la p r e s e n c ia d e u n t u b o lu m i­
n o so q u e r e c o r r e e l c en tro d e las r e p r o ­
d u c c io n es , cau sa cen tro s lu m in o so s t o ta l­
m e n t e fa lso s q u e q u ie b r a n la u n id a d d e
las m ism as. L a s fo t o g r a fía s a s i ex p u esta s
o fr e c e n a l o jo p o c o a v is a d o e l en ca n to
lu m in o so d e los v id r io s c o lo r e a d o s , p e r o
a l n o tratarse d e v itr a le s sin o d e telas
p in ta d a s ,e l p r o c e d im ie n t o es en g añ oso
y a b s u r d o . — B . P.

�miscelánea
• E n el núm ero de ab ril de la rev ista de a rte alem an a Die Kunst und das achoene Heim ( E l
a rte y el hogar herm oso) se publicó una co n tribu ció n del h istoriad or de a rte P r o f . F r a n z R o h ,
autor del fam oso libro Realismo Mágico, sobre Formas sin tiempo en parangón. E l au tor se
propone dem ostrar la sim ilitud form al, si bien no siem pre de contenido, de obras de a rte crecidas
en muy diferentes am bientes y épocas cu lturales. A sí co n trap o n e p o r ejem plo, con sus resp ectivas
ilustraciones, un oso de b ron ce ch in o, p erten ecien te a la le ja n a d in astía Chou a un grupo p lá s­
tico, cortado en esquisto n egro por los indios H aida del N oroeste N orteam erican o , representando
una m u je r en tre dos osos y creado en el siglo X I X o X V I I I , d istan ciad as am bas obras por una
d iferencia de ap roxim ad am ente 2900 años y una ubicación g eo g rá fica to talm en te d istin ta. Luego
hace o tra co n trap o sición de un vaso zoom orfo Chimú del año 1000 y una c a ja de m adera blanda,
tallada por un anónim o a rtis ta holandés hace apenas 70 años. O tro p a ra n g ó n ilustrado m uestra
una m áscara an tig u a del Ja p ó n y una m á sca ra g rie g a , la de un jo ven p a s to r de Anavyssos
y la o tra de un ángel de an u n ciació n de la cated ral de B am b erg, p e rte n e cie n te al rom ánico
ardió. E s te in teresan tísim o estudio tiende a la dem ostración de rasgos y valores com unes del
a rte de todos los tiem pos y todas las regiones del orbe, pese a todas las diferen ciacion es econ ó­
m icas, sociales, religiosas, cu lturales, tem porales y g eo g rá fica s que no solam en te el historiador
sino tam bién el hom bre común destacan con ta n to ahinco. ¿No está siem pre el hom bre y su
voluntad creadora, exp resad a p o r la obra de a rte, por en cim a de ta n ta s fro n te ra s y delim ita
ciones tan fre cu e n te y arb itra ria m e n te im puestas ?

• La m ism a revista publica el siguiente com entario sobre V E R Y E S T IM A R (cua­
dernos 5 - 12), que recogemos y transcribim os con m ucho interés: "Se trata de una exce­
lente revista de arte, editada por J orge R omero B rest en la A rg en tin a , presentada y
dirigida con u n am plio y m oderno criterio, dando u n panoram a de la m ayor enverga­
dura de las tendencias contem poráneas en las artes plásticas. L a despreocupación p o r las
apariencias exteriores, tan características de los pueblos latinos, por lo demás nos dem u es­
tra que no se necesita recurrir a una pretendida solidez exterio r de u n a revista de
arte para brindar al lector seguridad y certeza en el juicio y en la selección del m a te­
rial presentado. T a n to los textos como las reproducciones se m ueven en un n ivel m uy
elevado; el arte contem poráneo, y hasta u n arte extranjero a ú n desconocido por nosotros,
es presentado y juzgado con absoluto acierto por lo que tiene de valioso e im portante.
A lgunos temas, acom pañados por num erosas ilustraciones, despertarán entre nosotros,
en A lem ania, el más vivo interés: C ultura medieval; Sociología del arte; El arte de
Manet a nuestros días; im portantes ensayos sobre G auguin, Ernst Barlach y Adolf Loos
l¡d e quien nosotros casi ya nos hem os olvidado!). El hecho de que 'entre los artistas
tratados con sendas m onografías figuren al lado de G auguin dos alem anes dem uestra la
independencia e im parcialidad critica del director y sus colaboradores.”

• La batalla del realismo continúa en todo su furor. Arts y Les lettres
Frangaises se han convertido, respectivamente, en las tribunas de la pin­

65

�tura abstracta y del realismo. J ean Cassou, quien después de la ruptura
con el Partido Comunista, parece haber olvidado radicalmente todo lo
que sostuvo durante tantos años, se encarniza desde Arts contra el arte
social y A ragón grita contra la gratuidad del arte desde las columnas
de Les Lettres Francaises. Desgraciadamente, el realismo tiene como ma­
yor inconveniente el que F ougeuon sea su portaestandarte, mientras que
los rivales del campo contrario son verdaderos pintores, a la cabeza de
los cuales Picasso continúa sorprendiendo, asombrando y decepcionando.
La polémica es apasionante. En próximos números presentaremos la
documentación y argumentos de los contendientes, lo que significa al
mismo tiempo dar una visión completa del estado actual de la pintura
europea.
• O tro de los grandes escándalos de la tem porada ha sido la proyección de la película
de U trillo en p r e m ia r e para los críticos de arte, al cual asistió el corresponsal de Ver
y E stim a r. La película describe la vida íntim a y tormentosa del pintor: d urante la primera
m itad se suceden sin interrupción escenas de su vida bohemia y de sus terribles b orra­
cheras; en la segunda mitad, el propio U trillo m uestra su actual recogimiento, y el
misticismo que señala todos sus actos. La discusión se ha abierto entre quienes creen que
el film es ejem plarizador y que no vulnera en nada la personalidad del artista y los que
sostienen que la vida íntim a de un hom bre vivo no debe ser expuesta públicamente.
• D e F o u q u e t a C ézan n e se llamó una exposición de dibujos de artistas franceses de
cinco siglos, la que después de una gira por Bélgica y H olanda mostró a los mismos
franceses la enorme riqueza de su arte del dibujo. Finura, elegancia en el trazo y una
técnica nada forzada son las características de estas pequeñas obras maestras, pertenez­
can ellas a los libros de horas, miniados por el M aestro de R ohan en el siglo XV o al
lápiz de M anet . Inclusive aquellos artistas, cuya labor se caracterizó p o r su rigor acadé­
mico como L e S ueur , L ebrun o I ngres, carecen p or completo de la pesadez del mero
oficio. Verdadera alegría reinó frente a los retratos renacentistas de C louet y C laude
M ellan y frente a los dibujos de P ousin , G e l lé e , C allot , W atteau , B oucher , G abriel
de S aint -A u bin , F ragonard, H ubert R obert y los dos M oreau . El siglo pasado con sus
precursores D elacroix , G uys y C arpeaux desemboca en el grupo de los impresionistas.
Todo este valioso m aterial, que se exhibió en la O rangerie de París, no pertenece solamen­
te a museos franceses. Coleccionistas de varios países y los museos de R otterdam , Estocolmo y la infalible A lbertina de Viena abrieron sus carpetas y hasta hubo algunas
contribuciones de fuentes alemanas.
• No sólo fué Max L iebermann el pintor impresionista más valioso en Alemania, sino con su
sagacidad intelectual conocida y a veces temida también fué él padre de un caudaloso anecdotario.
Cuéntase por ejemplo Que Liebermann frente a la Ronda Nocturna de R embrandt constató:
“cuando se ve a Hale, uno tiene muchas ganas de pintar. Pero al ver a R embrandt uno tiene
muchas ganas dé dejar de pintar", En una conversación con uno de esos resecos pintores de

66

�academ ia d efin ió el estilo : “Donde el ta len to te rm in a com ienza el estilo**. U na vez, no quiso
asistir a una exp o sició n de C h a g a l u ‘Pero Chagall rea lm en te tiene m ucho valor \ le quiso
reb a tir el p o rtador de la in v ita c ió n , “N o , no quiero ir, vaya si m e llega a g u s ta r ", fu é la con­
te sta ció n irrebatible. Sobre los historiadores del a rte te n ía su o p in ió n p a r tic u la r: “N o son ta n
su p érflu o s como siem p re se dice. S i no loa hubiera, ¿ quién declararía, u na vez m uertos los p in to ­
res, que sus m alos cuadros so n en la realidad una falsificación?**

• De una carta de Angelina Camicia —nuestra corresponsal en EE. UU.—
copiamos los siguientes párrafos: “En el Museo de Arte Moderno hubo
este invierno una exposicin de Paul Klee, tan fino, casi musical, dibujan­
do como los chinos sobre un género que él mismo se fabrica, que parece
seda vieja o lienzo de momia —a veces, arena o barro cubierto con signos
de alguna escritura perdida". Y más adelante, refiriéndose también a otra
exposición del Museo de Arte Moderno (la del concurso para los muebles
del edificio de la UN): “La silla agujereada —invención de Saarinen— re­
petida mil veces, otras, en formas que son ni más ni menos que el molde
a el vaciado del cuerpo en una postura cómoda y que resultan ectoplasmas muy incómodos. .. ”
• Caído en el olvido, Giuseppe Bazzani (1690-1769) ha sido reivindicado estos ú lti­
mos años, prim ero p or las personas de gusto, después por los críticos de arte en con­
tinuo afán de justicia póstuma. Con influencias de Veronés, Bassano, Rubens, Van
Dyck y Fetti, no puede negarse que Bazzani da su nota particular y revela una cono­
cimiento de la p in tu ra francesa que le era contem poránea en su incorporación de
trajes, modos y actitudes a lo W a ttea u y a lo L a n c r e t. En M antua se! realiza en estos
momentos, desde el 14 de mayo hasta el 15 de octubre una exposición de la principal
obra del pintor que con la afluencia de turistas a Italia d u ran te este año asume ca­
racteres de acontecimiento m undial.

• No puede dejar de mencionarse como una organización realmente ex­
traordinaria la de la Exposición Bienal de Venecia. En efecto, VER Y
ESTIMAR ha recibido desde el año pasado varias comunicaciones1 sema­
nales informando día a día de los distintos acontecimientos previos a la
inauguración, y ahora, del desarrollo, adjudicación de premios, etc.
Los grandes premios de un millón de liras cada uno , han sido, con­
feridos a Henri Matisse, Ossip Zadkine, Cario Carra, Gino Severini, Mar­
celo Mascherini y Luciano Minguzzi. Otros premios han sido para David
Alfaro Siqueiros, Pío Semeghini, Max Beckmann, Constant Permeke, Luis
Bartolini, Francisco Menzio, Rafael Salimbene, Antonio Corpora, Filippo
De Pisis, Zoram Music, José Zigaine, Luis Pavanati, Roberto Melli, Os­

67

�valdo Liceni, Rem o Vespignani, Saverio Bárbaro, Italo Valenti, Niño Ce­
rrado Corazza, Juan Barbison, Silvio Comadori, Amoldo Ciarrocchi, Fritz
Winter y Victoriano Pardo Galindo.
• El Kunstverein de Duesseldorf utilizó el muy comentado y reciente libro de historia
del arte de Franz Roh E l artista d e s c o n o c id o como punto de partida para un cursillo
con discusiones sobre problemas de la crítica de arte.

• Hemos recibido el primer número de CLAVILEÑO, revista de la Aso­
ciación Internacional de Hispanismo que se publica en Madrid. Está im­
presa magníficamente y lleva dos artículos de especial interés, uno de José
Camón Aznar sobre La Anunciación, la Asunción y la Visitación en el
Greco, y otro con una ilustración en color, de Enrique Lafuente Ferrari
titulado: Las primeras pinturas románicas en el Museo del Prado.

68

�C A R T E L E R A
SALON PEUSER

20 de Julio al 3 de Agosto: Juan Mateo (pintor) ; Armando Sica (p in to r) ; Elena
L. Tenconi (p in to r a ) ; Estela Ana Sen-a y Diego Pedreira (escenógrafos).
Exposición organizada por la Em bajada de F rancia sobre c]
arte y la técnica fotográfica.
28 de Agosto: Exposición de la Albertina de Viena.

7 al 24 de Agosto:

GALERIA ANTU

SI de Julio al 12 de Agosto: E. Policastro y O. Pacenza (óleos).
14 al 2 6 de Agosto: Ramón Gómez Cornet (óleos).
28 de Agosto al 9 de Septiembre: A. Laurens (óleos).
GALERIA WITCQMB

29 de Julio al 5 de Agosto: Ricci, Chiavetti, Anganuzzí, Celeri (óleos).
7 al 12 de Agosto: Raúl Soldi (óleos). Exposición Francesa Siglo XIX.
GALERIA VAN RIEL

SI de Julio al 12 de Agosto: Maclas de Méndez (óleos) ; E. S. de Soffici (óleos) ;
D. N ardini (óleos) ; Marcelo Gengi (óleos).

14 al 26 de Agosto: Areu Crespo, Carlos Badura (óleos).
28 de Agosto al 16 de Septiembre: D. Lubavsky (óleos) ; Paul Clausman, R. Delpech
(acuarelas) ; Carlos Llemen (acuarelas).

INSTITUTO DE ARTE MODERNO
15 al SO de Julio: Labisse (snperreaüsta) ; siglo superrealista.
l al 15 de Agosto: Berm an (superrealista).
15 al SO de Agosto: Affiches Suizos.
GALERIA ARGENTINA
17 al 31 de Julio: Dili Zogle.
1 al 16 de Agosto: José Torres Rebello, José Montero Lacasa.
1 6 al SI de Agosto: A rtistas Argentinos.
GALERIA ALCORA

24 de Julio al 10 de Agosto: Tomatis.
SOCIEDAD HEBRAICA ARGENTINA
13 al SO de Julio: P in tu ra de Medardo Panto ja.
2 al 16 de Agosto: M uestra retrospectiva de la obra pictórica de Horacio Butler.
18 al SO de Agosto: Imágenes del m ar de Luis Seoane.
GENTE DE ARTE DE AVELLANEDA
22 de Julio al 5 de Agosto: Carlos Victoria, Saturnino Bianchi, Octavio Gómez
y Daniel Viot.
12 al 26 de Agosto: XI Salón anual de artistas de Avellaneda.
2 al 16 de Septiembre: A rtistas de Wilde.
GALERIA MÜLLER

24 de Julio al 5 de Agosto: Buitrago (p in tu ra) ; Ju an Holmann (acuarela) ; M. E.
Ramella (grabado) ;
Echave ( p in tu ra ).

T. D itaranto (p in tu ra ) ;

José Aguilera

(p in tu ra) ;

Raúl

7 al 20 de Agosto: Antonio Parodi (p in tu ra ) ; S. Letropecien (p in tu ra) ; D. O.
Della Valle (grabado) ;
Antiguos (p in tu ra ).

Jean

Denys

(p in tu ra) ;

P in tu ra

M oderna;

Maestros

21 de -Alfosio al 8 de Septiembre: Hugo C. D. Adderio, Aurel Kessler, Elim a Haure,
Laureano Brizuela, J. Batlle Planas.

�VER Y ESTIMAR
C U A D ER N O S D E C R ÍT IC A

A R T ÍS T IC A

SEIS NÚMEROS EN EL AÑO, DE ABRIL A NOVIEMBRE
60 páginas de texto, 8 ilustraciones, 1 lámina
SUSCRIPCIÓN ANUAL
ARGENTINA: 15 pesos nacionales — Otros países: 25 pesos nacionales
T oda la correspondencia deberá ser dirigida a nombre del director o
del Jefe de Redacción, DAMIAN CARLOS BAYÓN — Suscripciones,
cheques, giros o bonos postales, a nombre de VER Y ESTIMAR, S. R. L.

T ucumán

1539

☆

T.

E. 35 - 9243

☆

B uenos A ires

BOLETÍN DE SUSCRIPCIÓN

Señor Administrador de VER y ESTIMAR
Tucumán 1539 - Buenos Aires.
Ruégole me suscriba a VER y ESTIMAR por un año, a
partir del N'-‘............ 1, a cuyo efecto envió $.............., por giro,
cheque, bono postal, en efectivo 2.
Nombre completo ......................................... Firma.
Domicilio ...................................................... Fecha
1 Agotados los N? 1 al 9. N? 7-8 (dedicado a Gauguin) en existencia.
2 Táchese lo que no corresponda.

�VER Y ESTIMAR
COLABORADORES
A LBERTI, Rafael (Bs. As.)
ARGUL, José Pedro (Montevideo)
AYALA, Francisco (Bs. As.)
AZCOAGA, Enrique (Madrid)
BERENSON, Bernard (Florencia)
BILL, Max (Zürich)
CÓRDOVA ITU R BU R U (Bs. As.)
DEGAND, Léon (París)
DELEVOY, Robert L. (Bruselas)
DORIVAL, Bernard (París)
GASCH, Sebastián (Barcelona)
GIEDION, Siegfried (Zürich)
GOERITZ, Mathias (México)
HUYGHE, René (París)
MACEDO, Diogo de (Lisboa)
M ILLIET, Sergio (San Pablo)
ROH, Franz (Munich)
ROMERA, Antonio (Sgo. Chile)
ROMERO, Francisco (Bs. As.)
ROMERO, José Luis (Bs. As.)
TO RRE, Guillermo de (Bs. As.)
SARFATTI, Margarita (Roma)
SEVERINI, Gino (París)
VENTURI, Lionello (Roma)
WESTERDAHL, Eduardo (Santa
Cruz de Tenerife)
ZEVI, Bruno (Roma)

�J. H E C T O R M ATERA - Impresor
Lavalle 1653 • Buenos Aires
Año del Libertador Gral San Martin

18
Tres p e s d f

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Zevi, Bruno&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Westerdahl, Eduardo&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Bleyle, Magdalena P. G.&#13;
Milliet, Sergio&#13;
García Esteban, Fernando&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Job Istueta, Amalia&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Carrea, Lía</text>
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO DIECISIETE
BUENOS AIRES

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Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
AREIS I i CA
DIRECTOR

JO R G E RO M ERO BR EST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS:

BAYÓN, Damián Carlos.
Jefe de redacción

B E R E T , Angeiia.
BRAN É, Raquel
Administradora

B R U H L , Rodolfo G.
CARREA, Lía.
CAMICIA, Angelina
Corresponsal en EE. UU.

CHIAVARIN O, Carlos
DIAM ENT, Clara.
EDELM AN, Raquel.
Secretaria de redacción

GROSSI, Isolina.
H UBERM AN , Beatriz.
JO B IST U ET A , Amalia
LUCKHAUS, Delia
OL1VER, Samuel F.
PASINI, Alicia
PASTOR, Blanca
PU EN T E, Alicia
ROLAND, Alfredo E.
STA BILE, Blanca.
1 RABA, Martha.
Corresponsal en París
*

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con 130 reproducciones en negro y en color. 1? edición, París, 1939
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tiene 153 reproducciones de los dibujos de Picasso desde 1892 a
1948. Publicado por Cahiers D’Art, París, 1949. Encuadernado

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Recién aparecido, formará parte de una colección de tres tí­
tulos. Impreso en maravilloso color con 80 reproducciones, por
Albert Skira, Ginebra, 1949. Encuadernado en tela con sobre­
cubierta en color ................................................................................................ 130.50
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El segundo tomo de esta interesante colección. Contiene 88 re­
producciones en igual color que el anterior; lleva obras de Ma­
tisse, Munch, Rouault, Van Gogh, Braque, Vlaminck, Derain,
Friesz, Kandinsky, Soutine, etc. Encuadernado en tela con so­
brecubierta en color ................................................................................. „ 130.50

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“A dos pintores y un arquitecto” (poemas), por Rafael Alberti.
“Alfonso Reyes”, por Federico de Onís.
“Imagen y concepción del mundo en los últimos cincuenta años”, por Andró
Eckardt.
“Sobre Don Quijote”, por Jorge Luis Borges.
“Dos muertos en el automóvil (cuento), por Attilio Dabini.
“Andersen y la fábula”, por Fryda Schultz de Mantovani.
“Significación de George Orwell”, por Emir Rodríguez Monegal.
"El punto primero del punto cuatro”, por Daniel Cosío Villegas.
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Domicilio ........................................................................ Fecha
1 Agotados los N'9 1 al 4.
2 Táchese lo que no corresponda.

�E l P ensam iento M atem ático
en el Arte de Nuestro Tiempo

Una de las mentalidades más lucidas en el cam po de la teoría
artística de avanzada, MAX B IL L , arquitecto, pintor y escul­
tor, nos honra enviándonos esta prim era colaboración que
publicamos, a la que seguirá un ensayo sobre PAUL KLEE,
según nos lo ha prom etido. Con su estilo tajante y claro, su
valentía para mirar de frente el espectáculo de la vida actual
y medir el alcance de sus necesidades espirituales, ha podido
realizar ya, no obstante su juventud, valiosa obra polém ica,
precisamente porque la diversificación de actividades le im pi­
de encerrarse en soluciones de circunstancia. Tres de nuestros
colaboradores enjuician el pensamiento de otros artistas que
tienen gran afinidad espiritual con este líder suizo del arte
concreto.

Aclaremos, ante todo, que por pensamiento matemático en el arte no
debe entenderse medidas y cálculos aplicados al arte; el concepto no pre­
tende ser tan restringido. Hasta hoy toda obra de arte ha tenido, en
proporciones variables, una fundamentación matemática en base a parti­
ciones y estructuras geométricas. El arte moderno conoce muchas formas
de expresión regidas por métodos matemáticos que, a modo de regula­
dores objetivos, aseguran a la obra de arte su equilibrio y armonía, así

Í

�como la vigilancia sobre el sentimiento individual garantiza diariamente
la configuración lógica. Estos métodos se han generalizado sobremanera
desde el tiempo en que las matemáticas constituían el fundamento de
toda expresión artística, comunicación secreta entre el cosmos y el culto;
sin embargo, su repertorio, contrariamente a lo que era de esperar, no
se ha enriquecido paralelamente desde la época del antiguo Egipto.
La perspectiva, nacida en el Renacimiento, constituye, quizá, la única
excepción. Su origen se remonta a la necesidad de lograr un sistema que,
por medio del cálculo y la figuración de objetos, permita reproducir
fielmente la naturaleza en un espacio artificial. La consecución de este
fin por la perspectiva determinó cambios fundamentales en la conciencia
del hombre; pero este progreso en la metodología de las formas tuvo
como consecuencia la transformación de la imagen primitiva en una
segunda imagen, y con esto, la decadencia definitiva del arte tectónico
y simbólico.
El impresionismo y, en mayor grado, el cubismo retrotrajeron la pin­
tura y la escultura a sus elementos primigenios; la pintura apareció
bajo la forma de imagen cromática sobre un plano; la escultura, como
estructura en el espacio.
Señalemos, con todo, que el fundamental punto de partida para una
nueva concepción debe atribuirse, seguramente, a K andinsky, quien,
en su libro Über das Geistige in der Kunst, en 1912, postuló las premi­
sas de un arte en el cual la imaginación gratuita sería reemplazada por
el pensamiento matemático. Él no dió ese paso, pero liberó los medios
expresivos de la pintura.
Si investigamos la esencia de un cuadro de K l e e o una escultura de
B rancusi, encontramos reminiscencias del mundo real, recreadas en una
forma nueva y a la vez primitiva. En Kandinsky nos hallamos ante he­
chos y objetos aun inéditos, que acaso tengan significación en un mun­
do desconocido por nosotros, en un mundo cuya esencia no estamos to­
davía en condiciones de definir. M ondrian dió el paso decisivo, sepa­
rándose de lo que hasta entonces se entendía por arte. Sus ritmos pue­
den hacernos suponer que nos hallamos en presencia de objetos inven­
tados, pero lo cierto es que ellos no fueron pensados con ese fin. No es
casual que sus últimas obras se llamen Boogie-Woogie de Broadway y

2

�Boogie-Woogie de la Victoria y sugieran una analogía, por sutil no me­
nos real, con los ritmos del jazz. Su construcción ortogonal es sensorial,
a pesar de la severidad de los principios empleados. Si creyéramos que
Mondrian, al dejar de lado muchos elementos extra-artísticos, ha agota­
do las últimas posibilidades de la pintura, es decir, que ha llegado a
una meta, quedarían abiertos dos caminos para la evolución futura del
arte: o el retorno a lo viejo y conocido o el acercamiento a una nueva
temática.
No quiero dejar de expresar lo que pienso acerca del retorno a lo ya
superado ni dejar de aclarar por qué pienso que este camino no puede
ser seguido por todos. En el horizonte de las expresiones plásticas naci­
das en nuestro tiempo existen interminables direcciones (y desviaciones).
Y es lógico que sea así, pues la interpretación del fenómeno artístico va­
ría según el punto de vista adoptado por cada uno con respecto a los
problemas esenciales de nuestra época. L a concepción del arte de un
religioso es distinta a la de un hombre de ciencia; la de un obrero dis­
tinta a la de un campesino, porque son distintas sus condiciones de
vida, cultura y civilización. Los artistas no escapan a esta norma: la
ineluctable diversidad individual o de grupo conforma, también aquí,
orientaciones artísticas diversas.
Hay quienes exigen que los problemas sociales y políticos sean resueltos
a través de su exaltación y difusión artísticas. Por múltiples razones con­
fieso mi escepticismo con respecto a esta desmedida esperanza. Esta
tendencia del arte actual, cualquiera sea su actitud para con el sistema
social imperante, actitud de solidaridad o repulsa, es siempre propagan­
da, pero no sólo eso: en razón del carácter absoluto de su preceptiva, es
también el modo más corriente y estimado de combatir todo progreso es­
piritual. En el fondo, es el camino del retorno. Y del retorno a antes
de 1910.
Sin embargo, conservarse plácidamente estacionado en las modalidades ar­
tísticas creadas en el transcurso de estos últimos cuarenta años, no es
tampoco marchar en sentido muy opuesto al camino del retorno. Es el
caso de quienes prefieren expresarse a lo Klee, a lo Kandinsky, a lo M on­
drian o, lo que es más frecuente, a lo Picasso, a lo Braque, a lo Matis­
se. Una gran parte de la producción actual, aun la de vanguardia, se

3

�agota creando variantes que sustituyen lo genuino y repiten indefini­
damente lo ya conocido. Este estado de cosas no es lícito continuarlo ar­
tísticamente, pues es imposible concebir un estancamiento en una acti­
vidad espiritual del hombre.
Pero, ¿cuáles son entonces las posibilidades reales de una evolución? Las
posibilidades expresivas de la pintura-escultura han sido ya suficiente­
mente averiguadas y podemos decir, ahora con cierta seguridad, que los
medios de expresión están liberados en escala muy amplia aun cuando
sean todavía escasos pioneros los que así lo evidencien en sus obras. La
forma en sí misma ya no puede ser motivo de discusión. Los nuevos in­
terrogantes se refieren principalmente al contenido, pues lo que resta
averiguar todavía es si el contenido es invariable, o sea, si sus elementos
expresivos tienen una validez absoluta o si son sólo inspiraciones espon­
táneas en circunstancias especiales. Me inclino a pensar que la segunda
disyuntiva es la que más se ajusta a la realidad actual del arte. El con­
cepto se aclara si se piensa que una gran parte de las obras atribuidas a
influencias matemáticas distan mucho de ser ejemplares en su género,
todo parece ubicarlas más como resultado de aspiraciones espontáneas en
circunstancias especiales que como consecuencia de una depurada com­
prensión de los medios usados.
Creo que es posible desarrollar un arte de amplia base matemática. No
ignoro la ola de protestas que puede levantar tal enunciado. Por lo ge­
neral, se declara que el arte nada tiene que ver con la matemática, que
ésta es árida, antiestética, pura cuestión del pensamiento, ajena total­
mente al arte. Para el arte sería sólo importante el sentimiento; el pen­
samiento, contraproducente. Pero lo cierto es que ninguna de las dos
concepciones es justa, porque el arte necesita, al mismo tiempo, del sen­
timiento y del pensamiento. Un viejo ejemplo, nunca suficientemente
citado, lo tenemos en J uan Sebastián B ach que con la materia sonido
y medios matemáticos, crea construcciones perfectas, y en cuya bibliote­
ca encontraríamos, seguramente, junto a las escrituras teológicas, textos
de matemática; en una época en que ésta había dejado de utilizarse.
Es necesario repetir siempre, aun cuando la insistencia pueda parecer
pueril, que el pensamiento es uno de los rasgos fundamentales del ser
humano. El pensamiento posibilita la ordenación de los valores senti-

4

�mentales y hace posible la creación de la obra de arte. El elemento de
toda obra plástica es la geometría, relación de posiciones sobre el plano
y en el espacio.
L a matemática, además de ser uno de los reguladores principales del
sentimiento primario y, en consecuencia, uno de los medios más efi­
cientes para el conocimiento de la realidad objetiva, es, al mismo tiem­
po, ciencia de relaciones, de comportamiento de cosa o cosa, de grupo a
grupo, de movimiento a movimiento. Y ya que ella contiene estos prin­
cipios fundamentales y los relaciona entre sí, es natural que tales acon­
tecimientos puedan ser presentados, esto es, transformados en realidad
visual. Estas representaciones matemáticas las conocemos, desde hace tiem­
po; pueden ser observadas en el museo Poincaré de París. De ellas, co­
mo de los principios matemáticos de que provienen, dimana un cauti­
vante sentido estético. Estos casos extremos en que la matemática se
manifiesta plásticamente o aparece como color y forma sobre un plano,
significa, en la búsqueda de nuevas formas de expresión, lo que en su
época, el descubrimiento de las esculturas negras para los cubistas. Pero
así como éstas no pudieron ser imitadas de un modo mecánico y liberal
por el arte moderno, así tampoco fué posible seguir en igual sentido los
modelos matemáticos. Su descubrimiento y las sugerencias plásticas de
las edificaciones técnicas y de las fotografías aéreas, llevaron a los artis­
tas al constructivismo, es decir, a la búsqueda de una nueva expresi6n
concorde con los sentimientos tecnicistas de nuestra época.
AI mismo tiempo, la matemática trae nuevas e inauditas proposiciones.
Sus límites han perdido su primitiva claridad y son ya irreconocibles.
Pero el pensamiento humano en general, (y el matemático en particular),
necesitan, ante lo ilimitado, un apoyo visual. Es entonces cuando el arte
acude. Desde este momento la línea clara se torna indefinida, mientras el
pensamiento abstracto, invisible, se perfile concreto, visible. Espacios des­
conocidos, axiomas casi increíbles adquieren realidad y se comienza a ca­
minar por regiones que antes no existían; la sensibilidad se amplía; es­
pacios hasta hace poco desconocidos e inimaginables se empiezan a cono­
cer e imaginar.
El pensamiento matemático en el arte no es la matemática en un senti­
do estricto; se puede decir que lo que se entiende por matemática exac-

�ta es de poca utilidad aquí. Es mucho más; es una estructura de ritmos
y relaciones, de leyes que tienen fuentes individuales, de la misma ma­
nera que la matemática tiene sus puntos esenciales en el pensamiento
individual de sus innovadores. Así como la geometría de E uclides es
para el hombre de ciencia de hoy de un valor más que relativo, su im­
portancia es limitada para el arte. El principio del infinito-finito, medio
vital de ayuda para el pensamiento matemático y físico, lo es también
para la creación artística. En este sentido es fácil constatar que hoy nacen
en el arte nuevos símbolos que ya desde antiguo tenían una resonancia
sensorial, pero que, como seguramente ninguna otra posibilidad de ex­
presión del ser humano, llenan el mundo sentimental de nuestro tiem­
po. Lo misterioso de la problemática matemática y lo indeclarable del
espacio, la lejanía o cercanía de la infinitud, la sorpresa de un espacio
que empieza y termina en diferente forma, la limitación sin límites exac­
tos, la multiplicidad que a pesar de todo forma una unidad, la igual­
dad de forma que varía con la aparición de un solo acento, el campo de
fuerza compuesto de variables, las paralelas que se cortan y la infinitud
que vuelve a sí misma como presencia, y al lado, nuevamente, el cuadrado
con todos sus fundamentos, la recta que no es turbada por ninguna rela­
tividad y la curva que en cada uno de sus puntos forma una recta; to­
das estas cosas, que aparentemente no tienen ninguna relación con la
vida diaria del hombre, son, a pesar de todo, de fundamental importan­
cia. Son fuerzas que manejamos como fuerzas primitivas, a las que está
sujeto todo el orden humano, contenidas en todo orden reconocible.
L a consecuencia de todas estas cosas es un nuevo aporte al contenido
del arte de nuestros días, porque ellas no son el puro formalismo como
erróneamente se las contempla; no son sólo formas de belleza, sino for
mas convertidas en pensamiento, idea, reconocimiento; no sólo sustan­
cias existentes en la superficie, sino idea primaria de estructura del mun­
do, de comportamiento de acuerdo a la imagen universal que hoy nos
proponemos realizar. Pero nunca una imagen debilitada, una copia, sino
un sistema nuevo, comunicación de fuerzas elementales de manera per­
ceptible. Se podría decir que con esto, el arte se ha convertido en una
rama de la filosofía, en una parte de la representación de la existencia.
Pero yo creo que la filosofía, como una forma especial del pensamiento,
necesita de la literatura para ser inteligible. Sin la palabra, el pensamien­

6

ÍL -

�to es insuficientemente expresivo para la sensación. Por eso, el arte tendría
que incluir el pensamiento en una forma directamente perceptible.
De este modo, un determinado pensamiento podría ser transmitido direc­
tamente, es cierto que con algunas posibilidades de incomprensión, pero
con la ventaja de ofrecer al pensamiento una relativa estabilidad y per­
manencia.
Cuanto más exactamente se comunique el pensamiento, cuanto más uni­
taria sea la idea fundamental, tanto más cerca nos encontraremos del
pensamiento metódico, tanto más nos acercaremos a la estructura prima­
ria. El arte, por su parte, se volverá mucho más universal. Más univer­
sal, porque expresándose sin rodeos podrá ser sentido sin rodeos, direc­
tamente.
Se me dirá que esto no será arte. Con el mismo derecho se puede asegu­
rar: sólo esto será arte. Afirmación contra afirmación. Con igual crite­
rio, extendiendo esto a otro terreno, podría decirse que sólo la geometría
de E uclides es geometría y no la nueva de L obaschevsky y R iemann .
La aparición de este nuevo arte es el resultado de una visión que se mue­
ve en una zona que, en un sentido, ofrece no pocas seguridades, pero
que, en otro, es una invitación a lo desconocido, al descubrimiento de
nuevos campos de visión y de percepción sensible. La diferencia entre
la idea tradicional de arte y la defendida por nosotros puede ser, más
o menos, la misma que aquélla existente entre las leyes de A rquímedes y
la astrofísica de hoy. Arquímedes es todavía decisivo en muchos casos,
pero no ya en todos. F idias, R a fa el , Seurat crearon obras de arte de
su tiempo con los medios de su tiempo. Pero aquel campo de visión se
ha ampliado hoy: el arte toca ya regiones antes prohibidas. Una de éstas
se sirve del pensamiento matemático, que, a pesar de sus elementos ra­
cionales, tiene componentes de la visión universal capaces de llevarnos
a los límites de lo inexplicable.
M ax B il l

Traducción de C armen C órdova y W alter J acobowicz.

7

�S

O

B

R

MISMO

I.

E

E L

TEMA

W A S S I L Y

K A N D I N S K Y

El enfoque de este ensayo sobre la obra de W a ssil y K a n d in sk y es evidentemente un
enfoque parcial. Para el lector que nunca quiso o pudo ocuparse con mayor detención
de este complejo artista de raigambre ruso-sibérica, sublimado en la más excelsa tradi­
ción intelectual de Occidente, esta limitación tal vez signifique un camino de acceso
más directo. En cambio, para el estudioso que experimentó hacia él una mayor atrac­
ción y que tuvo la paciencia de una mayor detención frente a su obra —sin duda es
necesario dedicarle estudio y meditación para comprenderlo—, esta parcialidad apunta
al tema central que movió a Kandinsky desde sus comienzos artísticos: la substitución
y el control de la imaginación gratuita por el pensamiento matemático.
El papel del sentimiento en todo arte es indiscutible. Pero con harta facilidad y fre­
cuencia se olvida que el arte —¡cuánto más el arte de nuestro tiempol— requiere sen­
timiento y pensamiento. Para bien o para mal tendremos que enfrentarnos con este
hecho.
Si se acepta a priori que la matemática esencialmente es ciencia de las proporciones,
se advertirá de inmediato la estrecha vinculación que el pensaminto matemático debe
tener con las artes plásticas. No cabe empero la premisa de que el pensamiento mate­
mático en el arte sea sinónimo acabado de la ciencia matemática como tal. Mas bien
trátase en las artes plásticas de una investigación preliminar de ritmos, proporciones y
leyes que tienen su origen en la mente del individuo.
Así como la vieja concepción geométrica euclidiana ya no tiene en los días del vigoroso
avance de la astrofísica sino un valor relativo desde el punto de vista científico, así
notamos una evolución similar en los viejos cánones del orden clásico en el plano del
arte contemporáneo. Decididamente se afirmó la introducción de valores especulativos,
tendientes a alcanzar cada vez mayor universalidad, estimulada por la meta de alcanzar
lo desconocido del cosmos y sus proporciones integrales. La moderna matemática llevó
al arte un nuevo contenido; lo dotó de una nueva y fértil raíz. Lejos de estancarse en
formalismos —casi prefiero la palabra negativa de formulism o— se trata de un autén-

8

�tico modo de pensar, que cuaja en formas totalmente nuevas, dejando de manifiesto los
lementos fundamentales de un modo que se cristaliza en imágenes pero que ya no se
conforma con su copia verídica.
Hasta ahora se aceptaba que el pensamiento debía encontrar su exteriorización más
valedera en la palabra, oral o escrita, ordenada en sistemas filosóficos. En el futuro la
encontrará también en formas que pertenecen a otro plano: a los medios expresivos
de las artes plásticas.
Si se quiere aceptar estas premisas como verdaderas, no solamente encontraremos que
el estancamiento aparente de la cración artística en el futuro desaparecerá, abriéndo­
sele una bienvenida senda de salvación hasta ahora ignorada, sino resulta menester
reconocerle a Kandinsky el gran papel de precursor.
El camino evolutivo, que él recorrió desde sus fugaces contactos primeros —empezó
a pintar recién a los 34 años— con el impresionismo francés, afincándose más detenida­
mente en el expresionismo alemán-eslavo, hasta llegar a su arte geométrico es corto.
Esta brevedad no hace sino confirmar su extraordinaria lucidez intelectual.
Ya en 1911, Kandinsky comenzó a armonizar en su pintura intuición y cálculo, sacrifi­
cando concienzudamente lo que él denominó “lo gran real” (lo representativo) a “lo
gran abstracto”. Su manifiesta tendencia a conquistar para la pintura una cuarta di­
mensión estructural —llegar de una jerarquía trinitaria a la potenciación cuaterna­
ria— corresponde exactamente a lo que la física y la matemática moderna agregan a las
tres dimensiones espaciales: la cuarta función del tiempo con la que se llega a la
telatividad plena de todas las relaciones.
Antes de proseguir con la investigación de este aspecto, si bien central, no único de la
obra de Kandinsky, creo mi deber advertir la necesidad de distinguir claramente entre
el pensamiento matemático-geométrico y el empleo de los elementos formales perte­
necientes a la geometría, derivados de él. Kandinsky era precursor en el pensamiento
geométrico, pero mucho más lo era en el empleo de los elementos geométricos. Nunca,
ni aun en los momentos de mayor adhesión a lo ceñido, riguroso de la forma geomé­
trica —período que caracteriza su estada en el Bauhaus— se aparta Kandinsky de lo
sensorial que lo ata al pasado, que lo vincula inseparablemente con su raíz eslava, con
su fondo patético y dramático; factores que precisamente detuvieron su paso por tantos
años en Alemania, donde lo patético y dramático había encontrado su definición máxi­
ma en el arte expresionista. Esta urdimbre anímica en Kandinsky es la que impidió
el vuelco de su pensamiento geométrico en la tela que lo retuvo en el papel de
precursor.

9

�Su pintura, definida por 61 como "pintura absoluta’’, ya no es tina pintura meramente
abstracta —mera abstracción de lo objetivo— sino una recreación de protoformas, cuyas
apariencias pudieran ser tanto geométricas como vegetativas. Su meta central fué
siempre la realización de lo inmanente en la naturaleza, lo absoluto en ella. La abstrac­
ción del mundo real y figurativo no era lo decisivo.
Como en ningún otro pintor contemporáneo queda señalado en sus distintas etapas
evolutivas el desarrollo más lógico y completo hacia la abstracción formal: de la im ­
presión llegó a la improvisación y de ella a su culminación: la composición.
Para la comprensión total del problema de la abstracción plástica creo útil resumir
brevemente algunas de las acertadas definiciones de K r e tsc h m f .r . Desde que toda abs­
tracción tiende a la acentuación de lo genérico y a la simplificación de la incopiable
multiplicidad de la naturaleza, la estilización llega a ser uno de los factores más impor­
tantes de la abstracción artística. Esta contiene tres tendencias psicológicas independien­
tes: la tipificación, la simplificación y la repetición formal.
La tipificación destaca en el tipo la realización de una pura e inmaculada idea. Abarcar
exactamente lo supraindividual, lo genérico en su desarrollo dinámico y lo psicomotor
es su meta. Así, F ranz M a r c , en un orden objetivo, ya no pintaba un caballo, sino el
caballo, su tipo, el que le parecía la encarnación de una divina idea: animal. El meca­
nismo catatímico, la carga —exagerada o no— del proceso estilizador con valores afecti­
vos, patente no sólo en todo arte primitivo sino también en todo arte neoprimitivo, es
a su vez factor predominante en toda estilización auténtica. De ahí a la caricatura
sarcástica hay tan sólo un paso muy pequeño. Ejemplos análogos se encuentran con
frecuencia en la música contemporánea (Stravinsky, Honegger, Prokofieff, etc.) .
En cuanto a la simplificación formal, ella aparece en el proceso de la abstracción como
un subproducto, ya sea originado por el deseo del ornamento, con preferencia de forma
geométrica, u originada por una vía técnicomotriz como método de trabajo independienie. En el primer caso los objetos con abstracción aumentativa se geometrizan; en el se­
gundo se parte directamente de la forma geométrica. De todas maneras, tipificación y
simplificación formal están vinculadas entrechamente
La plástica de M o o r e , A r c h ip e n k o , M a t a r é , B a u m , B ra n c u si , C a i .der y otros da un
crecido número de ejemplos esclaratorios. En Kandinsky las tendencias ornamentales se
aúnan con tendencias simbolizadoras, las que en el movimiento abstractoconstructivista
de P ie t M ondrian son desdeñadas, ya que el plano geométricamente subdividido —el
rectángulo como solución feliz— es considerado como la realización suprema.
Por último, la repetición formal tiene como objeto a través de una ritmización —¡ritmo

10

�es repetición!— el logro de una mayor penetración y profundidad de la expresividad
formal. El extremo de esta tendencia conducirá a una monótoma estereotipia, por ejem­
plo: ciertos aspectos de la obra de H o d l e r . Musicalmente existen paralelas ilustrativas
tanto en el jazz afroamericano como en el tan popular B olero de R a vel , en el Pacific
231 de H o n egger o en las partituras de K a c h a tu ria n o S h o sta co v ic h . Estas breves esquematizaciones me parecen de importancia para el juicio acertado de la pintura de
Kandinsky.
Para la justificación de la pintura absoluta en general y la de Kandinsky en particular,
frecuentemente se la parangona con la música. Tal comparación parece muy a mano.
El compositor forma su obra de tonos y acordes, de melodía y ritmo, paralelamente
ai pintor absoluto que trabaja con imágenes de forma y de color. La música absoluta
renuncia, en oposición a la música programática, completamente a la reproducción de
acontecimientos exteriores, ni tiene contenido literario. La pintura absoluta procede de
igual manera.
Kandinsky, como el primero que tomó por la senda de la pintura no-objetiva, absoluta,
repetidamente destacó el parentesco interior de sus cuadros con la música absoluta. Tan
es así que la terminología del músico adoptó muchas de sus definiciones. Frecuentemen­
te habló de la contrapuntística de los colores y de las formas y de una nueva armonía
pictórica. Quería trasplantar las leyes que ordenan la música a la esfera de la pintura.
Hablar entonces de sus obras como música pintada no es nada extravagante. Con esto
ya se comprueba una primera transgresión del pensamiento puramente matemático,
transgresión que luego será seguida por otras.
Dos campos sensoriales se tocan, quieren interpenetrarse y fundirse: el óptico y el acús­
tico. A priori se acepta que lo que vale para el oído tiene simultánea validez también
para el ojo. Aquel, que al oír música absoluta, tiene imaginaciones ópticas o aquel que
al ver cuadros de pintura absoluta siente asociaciones acústicas —el sinestésico— sin difi­
cultad se transportará al campo de estas teorías.
En los casos de sinestesia emotiva, el color no es ni visto ni imaginado. En cambio se
le coordina una gama sensible y sutil de múltiples emociones. Estas asociaciones se dan
en todo ser humano, por supuesto con mayor o menor definición e intensidad. Basado
sobre este principio, Kandinsky, sinestésico par excellence, construye su círculo de color.
Sus comparaciones entre la reacción que provoca tal o cual color con el sonido de tal
o cual instrumento musical pueden considerarse concluyentes en este sentido. Así por
ejemplo compara el celeste con el sonido de la flauta, el azul oscuro con el violoncello

11

�y el azul profundo con el contrabajo y el órgano. El violeta se asemeja al como inglés,
el violeta oscuro al fagot, el amarillo-limón representa el agudo de la trompeta.
Vista así, toda la obra de Kandinsky representa una tentativa realmente sui generis de
conformar artísticamente una idea universalista y de carácter eminentemente sinestésico.
No solamente quiere lograr la conformación plástica, sino también su fundamento teóri­
co. Su simbolismo del color, proveniente sin duda en gran parte del arte folklórico
ruso —piénsese un momento en el simbolismo lírico-expresivo de los colores de C h ag a ll ,
S o u t in e , J a w l e n s k y , M a rian a von W e r e f k in , y luego en los suprematistas M a l e w it sc h ,
E l L issit z k y y P o po v a R o d ch en k o — es introducido en la pintura alemana por Kan­
dinsky; razón de distingo fundamental con los abstractos franceses de la época, los cubis­
tas, quienes todavía no otorgan al color más que escasísimo valor.
Tanto en e l círculo de colores de G o e t h e como en el desarrollado por Kandinsky los
tonos claros están ubicados a la izquierda, los oscuros a la derecha. Pese a un ordena­
miento básico parecido existen diferenciaciones importantes entre ambas teorías. Kan­
dinsky amplió la psicología de los colores de Goethe considerablemente, en especial por
su inclusión del significado formal del color; por ejemplo: un rojo puede ser intensifi­
cado en su valor expresivo al dársele formas puntiagudas, triangulares; un azul por
limitaciones curvas, círculos, etc.
Otra de las características sobresalientes del ente psicológico Kandinsky es su extraordi
naria memoria visual, su proyección eidética. Sobre este fenómeno decía él mismo “Desde
un principio me ha resultado imposible aprender de memoria cifras, versos o nombres.
La tabla de multiplicar me ofreció obstáculos imposibles de vencer, que en el colegio
llevaron a mis profesores al borde de la desesperación, y que aun hoy no he podido
rencer. Desde un comienzo tuve que recurrir a mi memoria visual. En un examen de
estadísticas cité una vez toda una página de cifras, solamente porque en mi excitación
vi dentro de mí precisamente esa página. Más tarde pinté por ejemplo un paisaje mejor
de memoria que si lo hubiera tenido frente a mí.” De este relato se podría deducir que
Kandinsky por lógica iba a resultar un eximio paisajista. Sin embargo nunca lo fué.
Esto sin duda obedece a otro carácter psíquico suyo: su autismo. Su mundo propio le
significaba infinitamente más que el mundo real; el acento dábase decididamente sobre
su visión y experiencia interior. "Todas las formas que necesitaba, estaban listas dentro
de mí y no tenía más que copiarlas”. Y, pese a su supuestamente fría y sistemática meto­
dología, que define y caracteriza su obra en el Bauhaus, y la que culminó en su libro
Punto y Linea al Plano, Kandinsky nunca tuvo el valor de emplear con carácter exclusivo
las formas que se logran por la sola vía del raciocinio lógico, excluyendo las que surgen

12

�emotivamente. He ahí una nueva digresión de su pensamiento matemático que, como
se ve, nunca adquirió un carácter excluyente, por lo menos en su obra.
En el año 1923 entró Kandinsky en su tercer período creador: el de los trabajos constructivistas. Este es el período de mayor interés para nuestro estudio, ya que la forma
rigurosa, ceñida salta inmediatamente a la vista. Cuadrados, triángulos, círculos, pun­
tos, paralelogramos, trapecios, rayas y curvas llenan las telas. Las figuras geométricas
aparecen de una claridad cristalina, subrayada por una embriagadora sutileza colorística,
delimitadas como un cuchillo, de precisión absoluta. Sus cuadros se iluminan con un
color esplendoroso y el pigmento puro da la tónica. Pero menos que el color es la forma
la que da a estas construcciones su carácter. En su mayoría cada figura individual puede
ser definida matemáticamente, pues son dibujadas con regla y compás. En su exactitud
pulcra recuerdan a la precisión de planos técnicos. He aquí el ejemplo de una geometría
artísticamente empleada. El ordenamiento de las formas entre sí y en relación al plano
de ninguna manera es arbitraria, como parecería a primera vista. De acuerdo con leyes
definidas, color y forma se han contrabalanceado y centrado. Cada rayo y cada punto,
aun los más diminutos, poseen tarea y función en estrecha vinculación con el conjunto.
Nada en el dibujo debe su existencia a la pura casualidad y todo ha sido pensado y
pesado. Pero —y esto me parece de eminente importancia para desvirtuar muchos juicios
precipitados de un ornam ento decorativo y nada más— la belleza de forma y color para
Kandinsky, opuesto a lo que muchos estetas pretenderán como meta y verdad suprema,
no es justificativo suficiente para su arte, lo que él busca es la “derivación inmediata
de una vibrante experiencia interior de una composición de color y forma totalmente
emancipada.” En esta emancipación precisamente está la diferencia, pues ornamento y
decoración son subordinados a valores de mayor calado. El fondo anímico está en su
obra por encima de toda otra consideración, y es en este orden que él otorga también a
las formas geométricas, seres abstractos p er se, una influencia psicológica inmediata. Así
debe comprendérsele cuando dice de un triángulo que “tiene un sonido espiritual par­
ticular tan solo a sí mismo”. Consideraciones idénticas valen para el círculo, el cuadrado
y todas las demás formas de la geometría, siendo los primeros definidos como “las
protoformas geométricas”. En sentido restrictivo, forma no es otra cosa que delimitación
de planos, uno al otro. Esto es, sin embargo, más que el aspecto exterior. Pero como todo
lo exterior invariablemente tiene también su valor intrínseco, toda forma tiene tam­
bién su contenido interior, su sonido.
Su tendencia hacia un cada vez más ceñido constructivismo formal, que va en notable
aumento con el andar de pocos años, hasta convertirse en casi exclusividad, se explica

13

�con la intención del artista de crear sus composiciones ya no desde lo puramente emo­
cional, sino de someter a un control más riguroso e intelectual los factores de orden y
ley. Con ello quiere lograr, como en la música, un orden de armonía y composición.
Kandinsky en consecución lógica de su pensamiento matemático ambiciona la intelectualización de su arte. El “nada ad libitum ” de Stravinsky es también su meta. Pero con
todas estas intenciones nunca logra abandonar totalmente lo anímico, lo intuitivo, fresco
y emocional. En todas sus fases evolutivas comprobamos oue los teoremas y la verda­
dera lógica de la matemática, bien conocidos por él, nunca llegan a suprimir la lozanía
singular de su pincel. Ni siquiera su teoría responde a una mente puramente matemática.
Prueba de ello dan los importantes descubrimientos que hizo sobre el significado simbólico-espacial de las coordenadas estructurales de un cuadro derecha e izquierda, arriba
y abajo. Como “quietud cálida” denominó la tensión en la horizontal, opuesta a la
“quietud teñida de frío” de la vertical. El lado izquierdo “despierta la imaginación de
mayor soltura, una sensación de liviandad, de liberación y finalmente de libertad”. La
parte superior se distingue de esto tan sólo por una graduación, pues impresiona más
suelto aún, más liviano. Esta liberación progresiva-desde abajo hacia arriba, la vive el
espectador más intensamente sobre el lado derecho del cuadro. Derecho parece como
continuación de abajo. Condensación, pesadez y ligazón firme disminuyen también hacia
arriba, si bien con menos intensidad que en el lado izquierdo. A la tendencia y tensión
hacia el lado derecho la llamó Kandinsky “la penetración hacia la retención", “un
movimiento hacia la casa, hacia el hogar, combinado con cierto cansancio. Su meta es la
quietud”. La tensión hacia el lado izquierdo es en cambio “un movimiento hacia con­
fines remotos”, con el cual el hombre se aleja de su ambiente cotidiano, liberándose de
los pesados moldes de la costumbre y de la convención “respirando más y más aire libre.
El hombre se hace aventurero”.
Un primer estudio profundo sobre el problema de la forma publicó Kandinsky en 1912
en Der B laue R eiter. Ahí dice: “Si en el cuadro se libera u:•a línea de su función de
determinar un objeto, y como tal adquiere función propia, su sonido interior ya no es
menguado por adyacencias funcionales. Allí ella adquiere su mayor sonoridad interior.
Esta es la interpretación que debe darse a mi tesis de que el mundo entero tiene sonido;
que es un cosmos de objetos con proyección espiritual. Mi meta ulterior es la creación de
cuadros, que por sus órganos propios, esquemáticamente construidos, nacen y adquieren
autoexistencia como seres completamente emancipados”. Con títulos abstractos, como
Plano Violeta, Punta Amarilla, Negro y Violeta, Kandinsky quiere tender un puente de
entendimiento hacia el espectador, dejándole un amplio margen de interpretación indi-

14

�vidual, donde la asociación de género puramente intelectual o de contenido afectivo
no debe conocer límites.
A su predilección por las formas geométricas corresponde en sus trabajos teóricos una
pronunciada tendencia de esquematización. Doquier se encuentran subdivisiones y siste­
matizaciones en sus obras escritas. Para dar ejemplos, dejemos hablar al mismo Kandins­
ky: “Matemáticamente 1 -)- 1 = 2; anímicamente empero puede ser 1 — 1 = 2. Con la
deducción materialista, o sea con la adición positiva (1 -|- 1 = 2; 2 + 1 = 3) . sola­
mente se usa un elemento de combinación o intensificación. Paralelamente una fuerte
emoción afectiva puede ser subrayada y aumentada por elementos musicales. La reduc­
ción cuantitativa de lo abstracto es igual al aumento cualitativo de lo abstracto. Aquí
tocamos una de las leyes fundamentales: la intensificación exterior de un medio expresivo
conduce bajo ciertas circunstancias a una restricción de su fuerza interior. Aquí 2 -f- 1
es menos que 2 — 1. Esta ley se manifiesta naturalmente también en el medio expresivo
menor: un punto de color pierde muchas veces en intensidad, y por consiguiente en
vigor expresivo, por su ensanche exterior en tamaño. Una dosificación más fuerte de
color se logra frecuentemente por su limitación cuantitativa; un sonido doloroso se obtie­
ne con la dulzura directa de un color. Todas estas son manifestaciones de la ley del
contrapunto. En resumen: sólo a través de la combinación de ciencia e intuición surge
la verdadera forma.” ¿Se precisará otra conclusión más terminante para probar que el
pensamiento sistemático en Kandinsky nunca pudo llegar a una entelequia autónoma,
que su traslación al plano plástico se vió gobernado por la emoción del pintor-pintor?
Pero hay otras pruebas más. En todas sus formulaciones, la palabra principio como
factor de orden ocupa un papel preponderante. Toda su obra es soportada por dos prin­
cipios-guías, que el mismo definió como “el principio del toque oportuno y conveniente
del alma humana” y “el principio de la necesidad interior”.
Durante sus dos épocas pictóricamente más fecundas —la de su irrupción en el arte abs­
tracto antes de la primera guerra mundial y su última década en París— Kandinsky
compone muchos poemas, en su mayoría poemas en prosa. Son bellísimas páginas que
dan cuenta de esa síntesis y armonía entre ciencia e intuición. En estos poemas, cuya
primera colección se publicó en 1913 bajo el título Sonidos, Kandinsky no llegó con sus
abstracciones tan lejos como en su pintura. No se hace partícipe de los puros ritmos
sonoros del dadaísmo, pero en muchos aspectos su lírica trasparenta un simbolismo de
guarismos aritméticos, que se vinculan íntimamente con sus problemas del enfoque mate­
mático. Hay también allí ese significado interior de la transición de lo tri a lo cuadridimensional, el que era coordinado, con sus investigaciones matemáticopictóricas. Su tem­
prano reconocimiento de esta vinculación queda manifiesta cuando define: “La ulterior

15

�expresión abstracta en todo arte es el guarismo”. La transición del activo 5, que implica
temporalmente el futuro, al estable 4, como expresión de la necesidad interior, queda
bien claramente demostrada si se comparan los ritmos de los poemas de Kandinsky de
ambas épocas. Citar más ejemplos ya no cuadraría a este estudio. Pero, esto sí, miremos
aún brevemente algunos de sus cuadros para corroborar las tendencias y búsquedas de
Kandinsky para aunar los problemas plástico-formales con los problemas matemáticoespirituales.
En este sentido La Courbe Dominante (1936) puede valer como creación representativa
de su formulación abstracta de una experiencia anímica concreta. Con formas geomé­
tricas construyó en esta obra una visión plástica que entra profundamente en el campo
de lo simbólico-formal. Expansión hacia lo ancho, abarcando lo universal, y proyección
hacia lo profundo revelan su misterioso ego y sus proclamadas necesidades interiores. Al
pintar formas absolutas, sacrificando toda fácil representación figurativa, tiende a aseguíar con la mayor consecuencia un orden interior orgánicamente construido; una armo­
nía sonora de contenido puramente espiritual-anírnico.
En Accent en Rose nos enfrentamos con una forma circular oscura, duramente ceñida,
luego con otra más blanda en el rincón derecho inferior, representando la pesadez,
después con otra, iluminada, disuelta, astral. Este cambio súbito de compacto a suelto,
de claro a oscuro no puede sino conmover, conmover como una fuga de Bach, que en
su plano también es la abstracción par excellence. También en este cuadro se comprueba
que lo que Kandinsky construyó con círculos, arcos, cuadrados y todo su intrincado
sistema de formas geométricas es una aplicación metódica de reacciones cargadas de
magia, tensión y soltura espiritual, dinamismo y estática emotiva.
En sus postrimerías creadoras llegó el ya casi octogenario a un nuevo gran despliegue
de su talento pictórico-creador. En él casi se aparta tanto de la pura forma matemática,
como estaba lejos de ella cuando en 1913 pintó en Munich su Im provisación Onírica.
Voltige Blanc (1944) muestra esta última irrupción de una manera llena de secretos.
Nuevamente, y cerrando el círculo de obra y vida, formas únicas, sui generis, flotan en el
espacio libre. Formas claras y oscuras, adquiriendo las últimas el carácter de semillas,
piedras luminosas, fecundados gérmenes de la tierra. Todas estas formas cuentan de un
regreso de germinación latente a lo oscuro-terrenal, de presagio de muerte y resurrec­
ción. También las formas blancas dicen el símil en un lenguaje emparentado. Recuerdan
huesos blanqueados y calcinados, seres fantasmales cloróticos, fuerzas mitológicas recién
nacidas que por encima de lo oscuro se alzan hacia las vibrantes alturas. Hay 5 de ellas.
Guarismo simbólico para Kandinsky, representando la síntesis y unión del 2 femenino

16

�KANDINSKY

Arriba: Composición.
Abajo: Trisonoridad.

�[Construcción en dos paites, 1942-1943.

Continuidad, 1947.

�U n i d a d t r i p a ) t i l a , 1948.

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�on el 3 masculino en un sentido de lo orgánicamente creativo. Formas activo-mase:tili­
as fecundan en Voltige Blanc en enlazamiento estrecho a los gérmenes femeninos en
nlazamiento estrecho a los gérmenes femeninos en pose de quietud y concepción. Tamién en la fraseología de estas 5 formas blancas priva el guarismo impar, en represenación de lo dinámico, del símbolo de lo que será. Esta conformación abstracta de máxina envergadura confiere al primario motivo mitológico del '‘muere y serás" una auténíca proyección cósmica. He ahí la síntesis de la obra de Kandinsky: la pureza espiritual
.le un acorde musical o de una ecuación matemática, basada siempre en lo que predo­
mina en él, el sentimiento del pintor sobre el pensamiento del matemático.
Wassily Kandinsky nunca fué unilateral. Tampoco hubo en su obra una anulación recí­
proca de los valores que procedían ya sea de una nueva especie de magia, o de las
constelaciones matemáticas, las que, expresadas en su arte, son en más de un aspecto
música esférica. Y aquí se comienza a cerrar el misterioso triángulo: Pintura - Música Matemática. Quien verdaderamente se ocupe de Kandinsky oirá esa música esférica, esa
misma música, traducida por ecuaciones matemáticas, que guió tanto a los antiguos pita­
góricos como a K e i ’Le r ; percibirá la misma mística de los guarismos d e la China del
abacus numerorum, como comprenderá la definición de L e i b n i z : "Ce qui en nous est
rontraire aux mystéres, n’est pas la raison”.
R o d o l f o G. B r u h l

II.

P I E T

M 0 N D R I A N

Hay en museos de Holanda —el de Arte Moderno de La Haya, por ejemplo— algunas
obras primeras y poco conocidas de M o n d r ia n , ( l ) A esas obras inmaduras de un
gran artista no hay que acercarse con el propósito escandaloso de encontrarlo en falta,
sino con el más humano de comprender su actitud posterior. La primera sorpresa se
la lleva el espectador que guiado por la frase del propio pintor:
. . yo siempre fu i
un realista” (2) se encuentra con un expresionista latente según el genio de su raza.
Un artista romántico que en una flor o un árbol nos da su versión de la realidad
( 1 ) P i e t M ondrian n ació en A m ersfoo rt (H o lan d a) en 1872, estudió con su padre y su tío
y después en la A cadem ia de A rte s de A m sterdam . E n 1910 v ia ja a P a r ís y en 1914 reg resa
a H olanda h a sta 1918. A p a r tir de entonces se in s ta la por v ein te años en F ra n c ia , pasando
después a In g la te rra y E E . U U . donde m uere en 1944.
( 2 ) S e r ía p referib le d ecir un
a cep ció n filo s ó fica .

naturalista

p a ra

e v ita r

confusiones

con

la

p a la b ra

real

en

su

�teñida de sentiraentalidad. Esa sentimentaiidad de la que él mismo no tardó en ab­
jurar pero que creemos que formó siempre el substrato de su deliberado cerebralismo.
La pincelada suelta que recuerda a veces a la de K o k o sch k a , va creando un arabesco
que es la antítesis de una forma ceñida. Es un trazo que se desfleca, que insiste y
trata de rigorizarse y en seguida se abre, tiembla, tantea el espacio para tratar de
expresarse, no por concreción sino por lo contrario: por sugestión. Cuesta creer que
esos sean los pródromos de quien iba a inventar el más ascético procedimiento pic­
tórico contemporáneo.
Antes de llegar a París ha descubierto en sí las bases de lo que cree debe ser su
pintura. En sus escritos de tono profético se expresa siempre sin titubeos, seguro de
lo que quiere: “Había llegado a sentir que los colores de la naturaleza no pueden ser
reproducidos en la tela. Instintivamente percibí que la pintura tenía que encontrar
un nuevo camino para expresar la belleza de la naturaleza.” Para expresar la realidad
pura tenía que utilizar una plástica pura. Ahora, cabría preguntarse qué es esa realidad
pura con la que nos ponemos de golpe en pleno terreno metafísico. Pensamos que
Mondrian se refiere a la esencia, de la que la forma o el color no son más que dis­
fraces variables y en cierto modo perecederos. Para ello “es necesario reducir las formas
naturales a los elementos constantes y el color natural a los colores primarios”. Vuelve
a surgir la pregunta, los elementos constantes, ¿son los geométricos? y ¿por qué el color
debe quedar reducido a los primarios? Por de pronto se podría decir que nada en la
naturaleza es geométrico. Los alvéolos de los panales de abeja son exagonales, casi
exágonos perfectos, pero no trazados con regla y escuadra. Las secciones de los tallos,
que parecen circulares o elípticas, también lo son con el margen de error imponde­
rable de lo que vive, que no responde nunca a esquemas abstractos a posteriori. Nada
en la Botánica ni en la Zoología, ni siquiera en los minerales o las cristalizaciones,
es más que aproximadamente geométrico. Y en cuanto al color, tanto valdría decidirse
por los complementarios (3) o por otra clasificación cualquiera. Una física en revisión
como a nuestra, sobre todo en un tema como la T eoría de los Colores, no puede ser
un punto de referencia como si se tratara de un dogma irrebatible. Simplificar los
colores a tres, es una convención dentro de un juego, como la Época Rosa o la Época
( 3 ) S e llam an colores co m plem en tarios, los que e n tr e am bos son cap aces de recom pon er la
luz b la n c a ; sobre eso no puede h aber discu sión, pero 3Í la h ay en cu anto a cuales deben ser
considerados los colores p rim ario s. T rad icio n alm en te s e viene afirm an d o que lo s o n : el ro jo ,
el azul y el am arillo , pero h a habido in vestigadores com o J . C l e r k M a x m e l l que propu gn an
el ro jo , azul y verde y otros como W il l ia m A b n e y y Y oung que se in clin a n p o r el ro jo ,
azul y v ioleta.

22

�Azul son una convención en la carrera de P ica sso . N o quiere decir que con ello una
verdad de tipo científico quede enunciada necesariamente. Después de B ercso n no vale
hablar de la fijeza de los conceptos matemáticos. Nuestra matemática ya no es la
euclidiana, ni siquiera la cartesiana. Bergson —contemporáneo de Mondrian— mostró
nuestro mundo tomo un fluir, un devenir que se volvía a parecer al universo de
H e r á c l it o . En nuestra época, los verdaderos poetas *son los grandes físicos o los filó­
sofos, los B ertran d R u ss e l l o E in s t e in o E ddington o W h it e h e a d o d e B r o c l ie . Ellos
nos han dado otra vez un sistema en que no todo se rige por el principio de causalidad
y al par que la inquietud nos han devuelto el misterio, ese misterio manoseado como
un simple equilibrio fisicoquim ico en tiempos de C lau d io B ern a r d . Un mundo que
se enriquece con la Relatividad, con la Teoría de los Cuantos, no es el mundo pri­
mario del ángulo recto, de las coordenadas ortogonales. Si se quiere fundamentación
matemática, más vale la tentativa de los constructivistas o la de V a n t o n c e r l o o o
M a x B il l .

Crearse una cárcel no es lo mismo que dar a entender que vivimos presos en esa
cárcel, porque como ella se pueden inventar infinitas con un poco de picardía o de
ganas de jugar (tan humanas en resumidas cuentas) .
El problema se vió clarificado cuando Mondrian comprendió dos cosas: “a) en las
artes plásticas la realidad puede ser expresada sólo a través del equilibrio del m o­
vimiento dinámico de la forma y el color; b) los medios puros son los más efectivos
para lograrlo”. Y sigue diciendo que “cuando el movimiento dinámico queda esta­
blecido a través de los contrastes u oposiciones de los medios expresivos, la relación
llega a constituir la principal preocupación del artista que está tratando de crear
equilibrio.” “ ...e l ángulo recto es la única relación constante, y, a través de las
proporciones de la dimensión, su expresión constante puede adquirir movimiento y
ser hecha viva”. Volvamos a la discusión. Ya vimos las dificultades del término rea­
lidad y le seguiremos dando el valor de realidad real, esencia. Que esa realidad pueda
ser expresada por el equilibrio del movimiento dinámico no es una premisa aventurada.
Y la segunda, la de los medios puros, aunque más vaga, encierra también una gene­
ralidad valedera. Claro que ese equilibrio a través del movimiento dinámico y que
esos medios puros, corresponden a una concepción clásica que sería más o menos el
ideal de forma de Mondrian. Pero cuando sigue afirmando que el ángulo recto es
la única relación constante, ya está en un punto de vista parcial y en cierto modo
limitado, con anteojeras para no dejarse tentar por la complejidad de la expresión.
Clásico es el templo griego y el ángulo recto no es allí precisamente dominante. Se lo

23

�encuentra aparentemente en las plantas rectangulars (aunque no exista de hecho por
las correcciones ópticas) ; no en las columnas dóricas, salvo en el dado del capitel.
Tampoco existe en los frontis; apenas lo encontramos en los peldaños del estilóbato
y en el arquitrabe y el friso como resultado del encuentro de las largas horizontales
dominantes con las verticales de los tríglifos y métopas.
Lo que se da en el templo griego para conseguir ese equilibrio p or el movimiento
dinámico de Mondrian es un com plejo de curvas, de rectas, de oblicuas, de horizon­
tales, que implican reposo con verticales fuera de plomo (el perfil de las columnas y
sus estrías) , curvas no regladas, extrañas, como el ábaco, cjue tienen algo de humano
&lt;no copiado de la anatomía del hombre sino respondiendo a leyes de creación seme­
jantes) , es decir, un complicado y rico aporte de formas. A través de ellas, presidiendo
siempre el equilibrio, se opera la síntesis.
Si Mondrian, por sus enunciados, espera algo semejante, es demostrable que no lo va a
conseguir por el ángulo recto y los colores primarios. Su objetivo es bueno (aunque
no sea el único), los medios para lograrlo son pobres, son cercenados deliberadamente.
Hemos tomado un templo griego como ejemplo, pero lo mismo podría decirse de un
de un C éza ñ n e . Ellos también son clásicos (estamos tomando
la palabra clásico como término de la antinomia cuya otra cara es barroco) , en el
sentido del equilibrio p or el movimiento dinámico logrado con medios puros. Pero
tampoco ellos llegan con una sola verdad primaria a su integración. Descubren la base
geométrica de la naturaleza (de la realidad, como diría Mondrian) , sus sistemas de
cristalización, y de allí, aportando diversos materiales —todos puros— crean, como
en química, un todo nuevo, no por agregación sino por síntesis. Pero redúzcanse los
elementos de Piero della Francesca o de Cézanne al ángulo recto y los colores pri­
marios sobre fondos neutros, y tendremos un arte muy parecido al de Mondrian, tan
parecido como puede ser un producto simple a otro producto simple: un montón
de sal a otro montón de sal. Pero si lo que se trata de crear por síntesis es un pro­
ducto complejo, como un ser vivo o un hombre, nunca se va a producir esa indeter­
minación o principio de casi identidad. Los templos griegos parecen todos iguales a
los que no entienden de templos griegos. El templo dórico de Poseidón en Paestum
y el Partenón, constan de los mismos elementos, pero no son iguales; son en muchos
aspectos antagónicos. Ahora bien, lo que ocurre con todos estos ejemplos clásicos:
templo griego, Piero della Francesca, Cézanne, es que son expresiones intelectualizadas
de la realidad, como siempre en el genio verdaderamente mediterráneo, y Mondrian
es en el fondo un espíritu germánico que inventa a posteriori una actitud racionalista.
P ie r o b e l l a F ran cesca ,

24

�Esa primacía de la razón cubre su expresionismo siempre latente.
El intelectualista siente la naturaleza a priori y busca un rigor abstracto para tratar
de representar ese mundo de por sí cambiante y tornadizo. Quiere eternizar lo fugaz,
generalizar lo particular a través de conceptos. Es el camino de la inteligencia que
se apoya en lo natural y lo supera. Cuando un romántico quiere buscar, en cambio,
la vía ascética, elige la más ardua, se tala la sensibilidad, se impone cilicios y cree
ciegamente en la Razón, se hace adorador de la Matemática. Pero adorador de una
matemática cartesiana, de una geometría euclidiana que no es ya la nuestra. (Enten­
dámonos, tanto una como la otra siguen siendo vigentes para nuestra vida de relación,
no lo son ya como concepción del mundo) .
De modo que lo que venimos a caracterizar en Mondrian es una actitud ingenua
con respecto a la ciencia de su tiempo. Apoyarse científicamente en el ángulo recto o
en los colores primarios como en una tabla de salvación, es limitarse deliberadamente
en un ejercicio de renunciamiento. El cubismo no cayó nunca en una actitud tan
simplista. Y tampoco Mondrian cuando lo practicaba (hay muchos críticos que creen,
por otra parte, que es su mejor época) . Pero vuelto a Holanda desde París, encuentra
infidencia en el Cubismo en el hecho de no llevar los postulados iniciales hasta sus
últimas consecuencias.
“Aunque estaba completamente conciente de que no podemos llegar jamás a ser
absolutamente objetivos, sentí que uno podía ser cada vez menos subjetivo . . . ” En este
terror coincide con O z e n fa n t y J e a n n e r e t (que no es otro que L e C o r b u sie r ) cuando
abominan de la sensibilidad que ellos llaman sensiblería. Pero el Purismo no rehuía
la curva sino que la exaltaba junto con las ortogonales. S e v e r in i , en otra posición que
la del Purismo, dice: “Pienso, de una manera general, que la línea recta, que la línea
recta de la cual se abusa en estos últimos tiempos, es un elemento de construcción
destinado a desaparecer en el cuadro, y, a veces una línea de oposición; y que sola­
mente la línea curva es la expresión viviente de la idea; la verdadera imagen tras­
puesta de la vida”. Vemos como uno de los más lúcidos teóricos enfrenta el problema
de manera diametralmente opuesta a Mondrian, coincidiendo, en cambio, con otros
ilustres cultores del arte abstracto.
Porque todo el Cubismo que parece apoyarse en aquella famosa frase de Cézanne de
que todo en la naturaleza puede reducirse al cono, el cilindro y la esfera, no es a la
larga sino una nueva concepción clásica de la realidad que la ordena y la corrige,
pero siempre con un margen de sensibilidad alerta, sin embarcarse más que en teoría
—y eso a veces— en una sesuda fundamentación científica. Muchos fueron los que

25

�comprendieron en seguida que el problema del espacio no se solucionaba por pre­
sentar los varios perfiles de las cosas. Una sección es un perfil más, tan abstracto o
tan poco significativo como el propio perfil en sí. Por acumulación de ceros no se
llega a las cantidades. Algunos lo supieron ver: H e r b in , el pintor, regresa en 1922 a
la pintura descriptiva porque reconoce, según la frase de G u il l a u m e J an n eau , que
“toda aplicación de la fórmula cubista a otros fines que no sean los de la arquitec­
tura es ilógica”. Cuanto más se podría decir esto mismo de las austeridades y ejer­
cicios de Piet Mondrian, en su época a s é p t ic a . Los constructivistas también tienen
conciencia de la marcha progresiva de la pintura y la escultura hacia una integración
con la arquitectura. Verdadera i n t e g r a c i ó n , no superposición de frescos o inclusión de
estatuas en la arquitectura, tentativas que de antemano nos parecerán siempre fracasadas.
N. G a b o en A b s t r a c t io n , c r e a t i o n (1932) , dice: “El principio constructivista conduce
a las artes plásticas al dominio de la arquitectura.” Y en un artículo de 1937, Mon­
drian termina diciendo: “Por la unificación de la arquitectura, pintura y escultura,
una nueva realidad plástica será creada. La pintura y la escultura no se manifestarán
a s i mismas como objetos separados ni como a r t e m u r a l , que destruye a la propia ar­
quitectura, ni como arte aplicado sino s ie n d o p u r a m e n t e c o n s t r u c t iv a s lo que ayudará
a la creación de un alrededor no meramente utilitario o racional sino también puro y
completo en su belleza.”
Otro problema que se le planteó en la expresión fué el del espacio. “En realidad todo
es espacio”, dice en una frase acertada, y sigue: “El arte debe d e t e r m i n a r t a n t o e l
e s p a c io 'co m o la f o r m a y crear el e q u i v a l e n t e d e esto s d o s f a c t o r e s .’’ En sus primeros
cuadros —dice— el espacio era todavía un fondo. Más adelante “el espacio se hizo blanco,
negro o gris.. .” De su sistema de ortogonales pasó a rectas que se entrecruzan y de­
terminan rectángulos, los fondos de color neutro actuando nomo espacio, los otros: rojos,
azules o amarillos. Todo este sistema que según Mondrian es cristalino y lógico en su
evolución, dista mucho de serlo para nosotros. Ya hemos discutido la validez de los
colores primarios, pero, ¿qué decir de los fondos neutros simbolizando espacio?
Blanco, negro o gris, por convención, no hay ninguna razón física, sólo un razona­
miento psicológico al elegir tres colores (en realidad ninguno de ellos lo es) para hacer
jugar sobre su base las líneas negras y los rectángulos azules, rojos, amarillos. Sólo
un capricho personal hay en este pseudo rigor científico. Si Mondrian no hubiera sido
un buen pintor su justificación no le hubiera valido de nada. Lo extraordinario es
que con esos medios precarios haya conseguido hacer obra interesante aun dentro de
su evidente monotonía.
El resto de los temas que no se relaciona directamente con la fundamentación de su

26

�pintura desde un punto de vista objetivo, es inmenso. Su concepción de todo el arte
antiguo como trágico, si bien simplista tiene belleza poética y también la tiene su pro­
fecía del arte del porvenir, que “liberado del tiempo y el espacio se unifica en la única
belleza.” "El arte es sólo un substitutivo en tanto la belleza de la vida es deficiente.”
Posición también discutible pero que demuestra la fe del artista en una humanidad
mejor y más feliz.
\lgunas de sus frases son valientes y exactas. Respondiendo a los que temían caer en
un decorativismo al utilizar el Neo-plasticismo, dice: “Todo arte se hace decoración
cuando le falta profundidad de expresión.” Y más adelante en el mismo artículo: “La
claridad de la función de la estructura está en proporción con el grado de abstraccción.”
Tiene ciertas ideas peregrinas como la de asimilar lo material al principio femenino
y lo espiritual al masculino. De allí sale este postulado sorprendente: “En un mani­
fiesto de los futuristas, la proclamación del odio a la mujer (lo femenino) es entera­
mente justa. Es la M ujer en el H om bre la causa de la dominación de lo trágico en el
arte.”
Son también muy confusas sus ideas con respecto a ciertos pares de conceptos tales
como: individual-universal, conciente-inconciente, mutable-inmutable. Los baraja en
tal forma que el pensamiento queda sepulto en la indeterminación de lo expresado.
Todo podría querer decir todo o viceversa. Trasciende de ello una inquietud', se ve
no sólo al artista con ideas nuevas, sino al hombre angustiado ante los problemas y
el destino de la humanidad. Y este esfuerzo es siempre simpático pese a sus ingenui­
dades, sus injusticias, sus confusiones.
La mitad por lo menos de su publicación L e Néo-plasticisme de 1930 está dedicada a
una intrincadísima teoría cuya base es: “La música tiende a la liberación del sonido;
la literatura a la del verbo. Y así, depurando los medios plásticos, llegan a la plástica
pura de las relaciones." En este tembladeral afirma que el Huevo Verbo, que no es
precisamente ni prosa ni poesía tal como las entendemos nosotros sino algo parecido
a las palabras en libertad de los futuristas, será la meta ideal a la que habrán de
tender los que escriban. Lo mismo se afirma después de la música y hasta se dan listas
de los instrumentos de percusión que compondrán la orquesta del futuro. Tampoco
el drama, la ópera ni el ballet se libran de esta supeditación al arte integral de Mon­
drian pero para discutir cada caso habría que plantearse también cada uno de los
problemas de esas respectivas artes.
Por esta vez nuestra misión se reduce a la parte matemática en la pintura de Mondrian

27

�y por eso no hacemos más que mencionar estos otros aspectos. La vinculación de
Mondrian con la arquitectura fué muy grande. A cada instante aparece en sus escritos
como arte mayor, rector de los demás y el que por su mismo carácter abstracto ha
vencido una cantidad de barreras que los otros tienen todavía que franquear. Todo
esto siempre que se esté de acuerdo en que el arte de la pintura o de la escultura (como
estamos de acuerdo en el caso de la arquitectura) no tengan obligación de apoyarse
en lo natural para ser expresivos. K a n t distinguía entre belleza libre y belleza adherenie, cosa que la estética idealista y especialmente la de H e g e l no siguieron aceptando.
H rr ba r t , fiel a Kant redujo toda belleza a la forma libre y K onrad F ie d i .e r se anticipó
a W o e i .f f l in y R oger F r y cuando afirmó que la calidad de una obra de arte depende
de la pura visión. Si no se acepta esta posición nos vemos en figurillas para hablar
de cualquier tipo de decoración que no se inspire o copie a la naturaleza (la de los
antiguos escandinavos, los musulmanes y algunas culturas de la Polinesia, etc.) .
En un folleto publicado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York titulado:
Mondrian, J a m e s J ohnson S w e e n e y hace un estudio documentado sobre el artista y
además publica una entrevista muy interesante por varios conceptos. Siendo tan caó­
tico el pensamiento del pintor, vemos por fin claramente en un esquema cuáles eran
sus ideas rectoras y cómo habían ido evolucionando en el tiempo.
Transcribimos fragmentos de lo que podría llamarse la historia de su evolución: “Para
lograr una expresión universal es necesario crear una equivalencia de horizontales y
verticales, eso no fué conseguido en la época de los A rboles (1911) donde predomina­
ban las verticales creando una expresión gótica.” Las composiciones en damero de 1918
"estaban demasiado lejos d e la realidad.” En los trabajos de 1919-1920 “la equivalencia
horizontal y vertical fué conseguida pero la expresión era vaga, se perdió su estructura".
Las cruces del período poscubista eran “demasiado inquietas”. Las grandes telas blancas
del decenio 1920-1930 eran “dem asiado estáticas y monumentales”. En sus últimos
cuadros "las líneas negras se h ad an opresivas” y prefirió empezar a alternarlas con
bandas de color. Finalmente en su Broadway Boogie-W oogie y en su Victory BoogieWooggie (sin terminar) utilizó todos los procedimientos de las distintas etapas de su
búsqueda al unísono.
En esta misma entrevista aclara por qué censura la inclinación de 45° que usó van
D oesbu r g “q u e en sus últimas obras trató de destruir la expresión estática por un
arreglo diagonal de líneas en sus composiciones. Pero a través de tal énfasis el equili­
brio físico no se siente, lo que es necesario para el goce de una obra de arte. La
relación con la arquitectura y sus dominantes verticales y horizontales queda rota.”

28

�"Si una tela cuadrada es colgada diagonalmente, como a menudo he hecho con mi»
cuadros, este efecto no resulta. Sólo los bordes están a 45°, no el cuadro.”
Como se ve, las ideas estéticas persiguieron perpetuamente a Mondrian y en sus últi­
mos años creyó que una integración de todas sus búsquedas era por fin la tan ansiada
verdad: la expresión universal.
No se le puede pedir la claridad de los especialistas en estética que piensan con rigor
filosófico, que tienen una claridad mental, de la que el artista en su hacer, puede
estar desprovisto. Los críticos han visto que la posición de Mondrian era personal,
su descubrimiento progresivo. Válido sólo para él y no con características de sistema
universal.
Resumiendo se puede trazar su evolución: era un holandés con temperamente expre­
sionista que empieza a utilizar la pintura como medio de comunicación de lo que
siente como realidad del mundo. Primero deforma en la medida en que cree poder
expresar mejor sus inquietudes, son las flores, los árboles llenos de animismo, siempre
un poco literarios. Viene después el descubrimiento de la reducción de la realidad a
un sistema de ortogonales y enseguida se produce el viaje a París. Allí, deslumbrando
por el Cubismo incipiente, su atención se polariza en P icasso y en L ég er , cosa que no
puede extrañar. A Picasso y su influencia les temía (se lo dijo textualmente a Léger) ,
creemos que con toda razón. De Léger en cambio le atraía ese frío impersonalismo
por el que él también estaba luchando y que se resolvió a la larga en una solución
casi antipódica con la del maestro francés. El viaje a París lo hace menos holandés
por un tiempo. Quizá si toda su formación se hubiera hecho en Francia no tuviéramos
hoy más que otro pintor de la Escuela de París, fino hasta la hipersensibilidad, pro­
fundizando siempre en sí, eterno descontento. Pero la guerra lo obligó a permanecer
en Holanda, quizá para su bien, y allí su temperamento básico quedó oculto, mejor
dicho se sublimó en otra solución aparentem ente muy fría, pero también muy germ á­
nica por lo excesiva, sin ese equilibrio —que tanto reclamaba por otra parte— y que
es típico de los cubistas franceses por ejemplo. Exacerbado en su juego de fondos neu­
tros y rectángulos de color primario sigue pintando y aunque ya de vuelta en París,
es muy tarde para un cambio fundamental en su arte. Ha pasado ya —1917— la fun­
dación del grupo De Stijl a cuyos postulados Mondrian es el único que va a permanecer
leal. Ya entonces está hecho definitivamente y sigue su camino con esas pequeñas va­
riantes. Efectivamente, sus últimas obras son más ricas de posibilidades expresivas.
Esa especie de contrapunto de la forma y del color tenía que dinamizar la tela y acer­
carla a eso que hemos tratado de definir antes como típico del clasicismo.

29

�Los cubistas fueron quizá más sensibles que Mondrian y no tomaron tan en serio sus
teorías aunque las tuvieran. Los futuristas en cambio fueron más agresivos, pero tanto
unos como otros estaban embarcados en posiciones básicamente más complejas que
las de Mondrian. Unos en su afán de representar la realidad física por la multiplica­
ción de sus puntos de vista. Otros, renegando de la esclavitud de lo estático y arroján­
dose en los vértigos de la dinámica y de la velocidad. Si los constructivistas tuvieron
un punto tangente con el Neo-plasticismo también se separaron pronto y lo mismo puede
decirse de los otros grupos de Rusia y de Europa Central. Poco a poco en el seno del
grupo De Stijl el único que permanece fiel es Mondrian. Dice S e u p h o r en L ’Art a b s trait: “D oesbu r g a partir del 1924 recurre a la diagonal, que juzgó más dinámica y creó
el Elementarismo. V a n to n g er lo o en 1927 pasó a la línea curva. V an d e r L e c k retornó
a la pintura figurativa. H uszar , por último, hizo algunos ensayos de arte aplicado y
no se oyó más hablar de él.”
Sólo Mondrian se refugió en su cerco de fundamentación apenas científica, aunque él
creyera que se corroboraba con ella. Su postura es más literaria, más psicológica que
profundamente matemática. En ese continuo explicar posiciones, en ese afán de un
arte universal fundamentado, en esa obsesión con la ciencia Mondrian seguía revelando
su carácter básicamente expresionista y confuso al que había cubierto un poco inge­
nuamente con una cuidadosa superestructura cerebral.
D a m iá n C a r l o s B ayón

III.

G E 0 R G E S

V A N T O N G E R L O O

El nombre de G eor g es V a n to n g er lo o es indudablemente familiar para todos aquellos
a quienes interesa el arte contemporáneo. Desde su primera juventud Vantongerloo le­
vantó la bandera de sus convicciones en favor de un movimiento nuevo que comenzó a
abrirse paso entre las diferentes manifestaciones artísticas del siglo X X, buscando ser
la expresión de este mundo nuestro, tan agrandado que ya los sentidos del hombre no
perciben sus bordes ni su imaginación alcanza a inventarle límites.
En su libro Problemas del Arte Contemporáneo, Vantongerloo reúne una serie de ensa­
yos con sus líneas y pensamientos sobre Arte y Estética, que fueron escritos a lo largo de
20 años de intensa labor y profunda especulación. Estas reflexiones suyas denotan que, a
pesar de algunas contradicciones debidas posiblemente al paso de los años, hay una
constante, una coincidencia en todas ellas: la preocupación del autor por las ciencias,

30

�que le llevó a madurar su arte no ya inspirándose en la naturaleza como los artistas
del pasado, sino buscando apoyo en las ciencias exactas, la física y la matemática. Su
rigurosa visión del mundo, que él quiso que su arte reflejara, evitó los trillados caminos
a que nos conducen nuestra educación y las convenciones, piedras miliares, es cierto,
de nuestra evolución, pero a la vez obstáculos para nuestro progreso, de acuerdo al
promedio de velocidad a que avanzamos hoy.
Vantongerloo admite que el punto de partida para la creación siga siendo un objeto,
como lo era para el artista naturalista de la Edad Moderna, y que también la meta
sea un objeto, pero la gran diferencia entre el arte del pasado y el contemporáneo
estriba en que hoy el artista no intenta reproducir objetos naturales, sino que lucha
por encontrar una expresión que se cargue de valor funcional, al mismo tiempo que
lo acerque al inconmesurable que presiente y que es lo que todos buscamos al acer­
carnos al arte.
Notamos en Vantongerloo dos tendencias bastante definidas: su romanticismo, del que
lucha por desprenderse, y su intelectualismo a que lo lleva una mente lógica que cons­
truye y trabaja sobre razonamientos los más puros y descarnados posible. Es su herencia
romántica la que le hace decir que una obra de arte revela el estado de alma del
autor, cualquiera que sea el motivo de la creación, y que el problema del arte se pre­
sente para él como una combinación de funciones gobernadas por la sensibilidad del
artista. El valor atribuíble a una obra de arte está en relación directa no sólo con esa
sensibilidad, sino también con el sello que le da la personalidad del autor. El explica
que lo que verdaderamente nos conmueve en una pintura, por ejemplo, no es el tema,
que descarta siempre como un obstáculo para el vuelo del sentimiento y del pensamien­
to, sino el empuje que a ese tema el talento de artista puede y logra dar. Este empuje
es el que recrea en el espectador la emoción que originó la creación, y a la que Vanton­
gerloo da el nombre de arte. También define al arte como una armonía de relaciones
dependientes del espíritu del artista, sin admitir que puedan existir leyes o fórmulas
que dirijan la creación. Su sentido romántico —que le hace concebir el arte como la
encarnación en la materia de todo el pensamiento y sentimiento de que estamos im­
pregnados— lucha con la tendencia que lo lleva a buscar la belleza que él intuye a través
de medios no objetivos, es decir, creando objetos no adheridos a la tierra y a lo humano.
Al darse cuenta Vantongerloo de que su avance es cortado por el lastre de su herencia
romántica, por lo menos trata de disminuir la expresión objetiva de esos sentimientos
reduciendo el peso y la densidad de las materias que usa, dejando mucho librado a la
imaginación del espectador, quien debe completar los cuerpos casi espirituales que el

�artista le presenta, y en los cuales el elemento sublime que los transforma de cosas en
obras de arte está presente, sin estar sublimado en la materia.
Pese a su romanticismo, que tiñe estas reflexiones como de contrabando, Vantongerloo
no quiere admitir que el artista de hoy pueda trabajar gobernado por sus sentimientos
v le aconseja apoyarse en fundamentos científicos que son los únicos que le permitirán
alcanzar el infinito a que aspira; sin embaro expresa la lucha que dentro de él se
libra, al decir que reniega del tema y de los objetos finitos que sólo están para poner
límites a la expansión del sentimiento. Entonces, si creemos a Vantongerloo cuando frena
su yo más íntimo y habla de acuerdo con sus razonadas convicciones, debemos rechazar
a la experiencia, la intuición y el sentimiento como factores que acompañan la crea­
ción de una obra de arte, pues para él la experiencia de los sentidos está siempre min­
tiendo, la intuición lo mismo —tan sólo una hija de la experiencia y de observaciones
previas— y el sentimiento, por traidor que corta el avance del artista . . . pero no puede
pasarse sin ellos. Quiere reemplazar estos tres factores explicando lo que él entiende
por belleza, pero para ordenar y exponer sus ideas al respecto, irremediablemente vuelve
a caer en la intuición, la experiencia y el sentimiento, concluyendo que no le es posible
hacerlo con más claridad por falta de absolutos y de términos de comparación, ya que
la belleza es y ha sido siempre un valor relativo. Su sentido ha ido variando con el
tiempo, con los países, con las generaciones, con las modas, etc. Pero estamos con él
en que no por falta de absolutos que conviertan a la obra de arte en un objeto posible
de estudios rigurosamente científicos, debe negarse la existencia del arte, del valor
artístico o del sentimiento estético. Y ya que no puede expresarnos lo que realmente
entiende por belleza, deja de llamarla así y siempre que necesita referirse a ella, lo
hace hablando de “ese imponderable” a que toda obra de arte aspira o a “ese infinito”
que debe estar encerrado dentro de toda obra de arte, el que le da su unidad. La
obre de arte debe ser tomada como la expresión finita y material del infinito que
intuimos, infinito que es la condensación de todas las impresiones que un cierto objeto
o fenómeno —llámesele tema o no— produce en el alma de un artista, el cual no puede
ser obtenido por las vías del naturalismo que automáticamente lo convierte en finito.
Ya que Vantongerloo no confía ni en la intuición ni en el sentimiento se lanza en busca
de otros caminos que conduzcan a la fijación en la obra de arte de ese imponderable en
el que reconocemos a la belleza. Esto lo lleva a recurrir al apoyo de las ciencias;
pero, ante todo, aclara su posición riéndose de los que le acusan de querer crear un
arte puramente matemático, pues él va a las ciencias buscando instrumentos que le
permitan lograr la expresión de sus propias ideas, usándolos en la misma forma que
un escultor emplea el martillo o el cincel. No es la matemática fuente de ideas, así

32

�como tampoco son el martillo o el cincel del artista los que crean, sino el cerebro del
hombre, sus pensamientos, su poder y habilidad, es decir, los que guían a los instru
mentos.
El recurre a la matemática porque le ayuda a sentir las relaciones que se crean entre
las formas plásticas de una composición, ya que está convencido que el principio de
su unidad consiste en leyes que emanan de la unidad universal. Como ésta no es
directamente perceptible por medio de nuestros sentidos, hay que recurrir a medios
abstractos para poder aproximamos a una idea de ella. El arte nuevo se crea por
medio de formas y medios abstractos. Una obra de arte abstracta puede parecer abso­
lutamente geométrica, pero eso no es lo importante: el artista que busca encontrar
su infinito apoyándose en las ciencias trata de crear formas nuevas de tipo geométrico;
así, una forma geométrica rigurosa de la que parte se transforma en otra, y luego en
otra, igualmente geométrica al parecer, con el objeto de encontrar belleza, pero la geo­
metría es sólo aparente y, a medida que la carga estética va dinamizando las formas,
el punto de partida cesa de ser visible.
Muy diferente era el problema en la Edad Media, cuando el arquitecto que construía
catedrales no buscaba inventar nuevas formas sino elaboraba sus planos y trabajaba
sobre formas geométricas conocidas, tendiendo a la obtención de fórmulas que expre
saran el principio de su unidad. En el arte nuevo lo importante es la idea que se
esconde detrás de la forma primaria y de sus derivaciones; su principio de unidad no
es una formula sino un juego de relaciones que permiten extraer del infinito una
creación que llegue a producir en el espectador un sentimiento estético. Hoy privan
los juegos de relaciones, habiéndose descartado las proporciones, ley del arte de ayer.
Para Vantongerloo una obra de arte es hermosa en sí y está lograda cuando obtiene su
eficacia a través de su plasticidad, a la que llama también "medio abstracto’’. Entre los
elementos que componen una construcción hay siempre relaciones; el artista debe saber
elegir los medios abstractos que mejor le permitan la creación de relaciones, evitando
la inclusión de algunos medios abstractos que hasta pueden ser perjudiciales para la
obtención de la unidad estética. Es cierto que para lograr la plasticidad que busca,
el artista de hoy recurre mucho más que los artistas del pasado a la ayuda de la geo­
metría, pero el que pretenda reducir la creación a una mera fórmula matemática
pierde todas las ricas posibilidades de la sensibilidad humana.
No debe olvidarse que la ayuda de las ciencias, si bien es importante, no es nunca todo­
poderosa debido a su relatividad. No es posible pensar en algo que tenga una exis­
tencia absoluta; todo el enorme edificio del saber humano ha debido basarse en con-

33

�venciones a priori con las que se crearon fórmulas que permitieron avanzar. Nada
es absoluto, todo existe “en relación a”. En realidad de lo único que la humanidad
puede enorgullecerse es de haber sabido hacer las cosas inteligibles por medio de con­
venciones, que son nuestros instrumentos de comprensión. La matemática nos es útil
por cuanto trata de hacer estos instrumentos lo más exactos e inmutables posible. Si
r&gt;o llegan a ser perfectos es porque en el mundo nada es inmutable, todo está siempre
transformándose. De lo contrario, el universo infinito se habría hecho finito.
La matemática ayuda al artista, porque lo acerca a la belleza (o imponderable o infi­
nito) al permitirle hablar de una “nada creadora” en oposición a un todo que la
contiene en estado latente. Esa nada infinito —llámesela también unidad— es creadora
mediante las transformaciones y es invisible hasta el momento en que es intuida o
captada por nuestros sentidos, lo que sólo ocurre cuando el artista logra plasmar el
infinito en su materia. Este proceso llega a materializarse mediante el pensamiento.
Dice Vantongerloo que “crear es materializar” y por lo tanto es sacar la unidad o uno del
infinito. Después de una larga serie de ecuaciones, llega a demostrar que 1 = infinito,
o sea que la vida empieza y termina con el infinito; en otras palabras, hay eternidad
antes del presente, y eternidad después del presente, y esa eternidad es la que con­
tiene a su vez a dos infinitos que se suman, espíritu y materia. Quedamos entonces en
que nada existe sino en razón de otra cosa que se toma como término de comparación,
todo es relativo.
Tan cierto es esto, que aun el mismo E u c lid es admitía que el espacio no es geométrico
y que no hay geometría en la Naturaleza. Recién apareció la geometría cuando el
hombre tuvo necesidad de explicarse su posición en el espacio. La utilidad de la geo­
metría euclidiana estriba en que nos permite explicar cosas que empíricamente cono­
cemos y a las que estamos acostumbrados. La determinación euclidiana de las tres di­
mensiones es tán útil que todavía no se ha inventado una nueva geometría que pueda
especular sobre los objetos sin recurrir a los razonamientos y bases legadas por Euclides.
Apoyándose en él, Vantongerloo nos explica lo que es el tiempo, al que también llama
cuarta dimensión, y luego al decir que una distancia dura un cierto tiempo, de acuerdo
a la velocidad con que se unen los dos puntos que determinan esa distancia (o espacio)
establece la existencia de una quinta dimensión, la velocidad.
Esta es la gran diferencia entre la geometría euclidiana y las geometrías no euclidianas.
La primera ofrece las posibilidades de ubicarse; las otras, de moverse. Por eso la geo
metría de Euclides —que tan útil resulta en la vida diaria— no ofrece al artista de hoy
todos los medios que le son necesarios para expresar lo que ese gran misterio del uni-

34

�verso que intuye le hace sentir. Pero tampoco hasta hoy las geometrías no euclidianas
han sido capaces de probar que espacio y tiempo son valores absolutos; de ahí su
inconsistencia, pues se ven obligadas a trabajar sobre cosas que hoy sabemos que tan
sólo parecen existir, su ser real no puede ser demostrado o definido sino en razón
de su velocidad. Para que un fenómeno u objeto sea concebido como real, debe haber
una proporción entre su velocidad y la de nuestros sentidos; de lo contrario, no puede
entrar en el campo de nuestra existencia. La fórmula de su velocidad es lo que carac­
teriza al mundo de aproximación a lo infinito que la matemática permite crear, pero
todavía esa fórmula sigue en el terreno de lo especulativo.
Lo que se ha logrado hasta hoy es establecer relaciones que nos dan una particular
imagen de lo que es el espacio, el tiempo, o el arte, referidos a algo que nos resigna­
mos a tomar como absoluto y que es, según el caso, un sentimiento estético, un volumen
o una distancia. Para estos dos últimos, ya se han inventado unidades de medida, no
así en el arte. Por eso es tan difícil llegar a dar un fundamento científico, completa­
mente razonado y razonable a la creación del arte; la razón puede solamente aclarar
el concepto del elemento plástico del arte, y a través de él, así como un volumen nos
sugiere espacio, una imagen plástica nos sugiere arte.
En su larga búsqueda de un absoluto que le permita estudiar, desmenuzar y compren­
der el problema del arte, Vantongerloo quiere ver si la vida le puede servir; en cierto
modo, sí, ya que la vida prácticamente no evoluciona; debe su eternidad a su perpetua
transformación, que es siempre repetición, casi sin variaciones notables. Por eso se decide
a tomarla como unidad, ya que cree que lo que cambian son sólo los modos de vida.
Si la tomamos como unidad o sea 1, el 2, el 4, el 8, son meras repeticiones de la unidad.
Como esta repetición se extiende hasta el infinito, se ve que no hay límite para esta
progresión. Con todo, hay un freno: la tradición, que es una combinación del pasado
con el presente. Vantongerloo ve que nuestro arte y nuestra manera de vivir están tan
teñidos de tradición que no pueden dejar de ser anticuados; por eso, un hombre que
es sensible al presente y a la evolución se encuentra como fuera de lugar en este mundo
de hoy, que sigue siendo el de ayer; su modo de vivir, adaptado al presente, choca con
el modo tradicional, lo llena de dificultades. Lo mismo pasa con el arte de hoy, en
lucha con el arte tradicional. Nuestro modo de vida debe ser adaptado al presente,
pero cuidando de que en este proceso no nos detengamos tanto tiempo que volvamos
a caer en la tradición. El arte, que según Vantongerloo no es el reflejo de la sociedad,
sino que siempre se anticipa a la evolución social, debe ser considerado a la vez como
nuestro guía y nuestro vigilante, ya que nos está sugiriendo el futuro. Hasta ahora, se­
gún Vantongerloo poca atención han recibido el arte y los artistas de nuestro tiempo.

35

�Pero él presiente que algún día esta situación se corregirá y tendremos una organización
más adaptada al presente, en la que todos los hombres trabajen por su felicidad, y los
artistas puedan tener un campo de acción mucho más vasto que el que les otorga la
organización social de hoy. En esa nueva sociedad, el arte, la ciencia y el trabajo for­
marán una unidad total, donde la razón será la dominante, junto con la generosidad
y el sentimiento, en vez del sentimentalismo. Pero, mientras el hombre siga apegado
a las tradiciones —concluye Vantongerloo— estas reflexiones serán utópicas.
lln cuidadoso examen de estas reflexiones de Vantongerloo nos llevan a la conclusión
de que lo que él realmente busca expresar con su arte es la sensación de universalidad
que le da su empuje. Él ha querido lograrla buscando materializar con su arte esa be­
lleza sin límites, esa grandeza sin dimensiones que es el Espacio. Su inspiración encontró
en el arte abstracto los medios de expresión que por sus fundamentos científicos
menos conducían a la confusión y al fetichismo, y que por lo tanto le permitieron
enfilar hacia su meta: la libertad. Esta ha sido su lucha, la liberación del arte empe­
zando por el tema, siguiendo con los materiales y terminando con la sociedad que lo
encadena. Hoy todas las artes tienden a unirse: pero esto se logrará recién cuando
puedan referirse a un todo absoluto y homogéneo. Solamente así podrán las artes
justificar su existencia.
B e a tr iz H u be r m a n

36

�Inventario

BOURDELLE EN BUENOS AIRES
Buenos Aires puede preciarse de poseer algunas de las más significativas obras de
a quien sus admiradores y discípulos del París de principios
de siglo llamaban el Maestro de Montauban, refiriéndose a la aldea francesa donde
nació en 1861.
Valiéndonos de las obras que poseemos, es posible comprender el camino de este ar­
tista que se inicia en la revolucionaria y antidogmática plástica de R o d i n ; pero que se
aparta de su maestro a los cuarenta años y emprende solo la búsqueda de la expresión
por los grandes planos y la armonía de los volúmenes.
La reacción de Bourdelle se caracteriza por su esfuerzo en romper los lazos que lo unen
con la tradición impresionista. Su lucha es un peregrinaje por las fuentes del pasado.
Arcaico, gótico, barroco, clasicista o romántico, es el suyo un temperamento sincero y
apasionado. Fué con D e s p ia u y M a iia o l , uno de los promotores del movimiento q u e
se opuso a la desintegración de las formas a que conducían los excesos del sentimen­
talismo positivista de 1900.
F.l artista se separa de Rodin y siete años después (1907) produce Bacante, propiedad
de nuestro Museo Nacional de Bellas Artes. Sufre aún la influencia de su maestro en
la evidente sensualidad de esta figura de 0,80 cm. aproximadamente de alto; el mode­
lado es blando, las formas curvas y los volúmenes plenos y deformados se destacan en
un bronce de escasa patina. El material se presenta sin pulir, como ha salido del
mo'.de y las junturas agregan fuerza a la sensorialidad táctil que despierta; el vientre
y las caderas están notablemente acentuados en su forma y relieve, donde se acumula
el bronce en tosca apariencia. En esta figura la introducción acertada del hueco
que separa las formas, agrega expresión rítmica, sin destruir la unidad ideal
del volumen, ya que los ejes se incluyen dentro de un ovoide. El conjunto es delibe­
radamente pesado por el doble recurso de la deformación y la disposición de los ejes.
La línea ascensional que debería imponerse, a pesar de todo es contrarrestada por el
racimo de frutas, que completa el esquema, llevando la mirada del espectador hacia
abajo y el centro de la composición, punto en el que se encuentran los ejes, piernas
y brazos. En síntesis, todo se organiza siguiendo en una sola línea curva ondulada el
É m il e -A n to in e B o u r d e l l e ,

37

w

�dibujo de dos circunferencias secantes. A la manera de Rodin, en la parte posterior
el volumen se resuelve amalgamando las formas —cabeza, manos, frutas— en dos ritmos
fundamentales que conservan las características de la parte anterior.
En una época en que eran comunes las manifestaciones' de fuerza brutal en literatura
y en arte, germina en el artista la idea escultórica que lo va a dominar y' concibe el
Heracles arquero (1909) del que existe también un esbozo en el Museo Nacional de
Bellas Artes. Está realizada en bronce y colocada en las cercanías de este edificio. La
energía del atleta se disciplina y el dinamismo imperioso se contiene en un recio
modelado; por la disposición inteligente de los ejes incorpora los valores vitales del
espacio completando la unidad de comparación, y logra desde cualquier punto de enfo­
que nuevas combinaciones e inclusiones de luz que dibujan ritmos insospechados dentro
de los ejes del bronce. Se advierte claramente cuánto se ha complicado la composición
con respecto a la Bacante, cuán compleja se hizo la relación entre volumen y espacio,
V en cuántas direcciones se desarrolla. Esta correspondencia es tan acertada que todo
el valor de la pieza depende de ella: por momentos se duda si el espacio modela el
volumen o si el artista lo domina y presenta irónicamente como dueño del cincel. El
bronce rechaza la luz con su patina dorada y unifica la masa, lo que permite a
Bourdelle jugar con los ejes transversales y oblicuos. El modelado es justo y riguroso;
los perfiles no se recortan porque los pasajes sabiamente establecidos obligan a recorrer
el volumen en toda su totalidad.
Se ha querido ver en esta obra, más que en ninguna otra, la influencia en Bourdelle de
la escultura arcaica griega —arte de Egina— pero sus defensores reducen la similitud
ti aspecto físico del arquero: frente que se prolonga en una línea con la nariz, ojos
oblicuos y salientes disposición del cabello. Sostienen a su vez que la tensión muscular
y el modelado son netamente rodinianos y que la gran audacia de Bourdelle es haber
inscripto el grupo en un círculo casi perfecto —por el cual la composición dinámica
se ordena y estabiliza— buscando una solución indiscutiblemente moderna.
Si el tema es resurrección de mitos paganos, no persigue el artista la blanda sentimenlalidad que vemos aparecer en el Centauro; extrae solamente el .impulso, la energía,
la fuerza y la tensión, y se limita a las expresiones que legítimamente puede arrancar
del metal.
En ocasiones sucumbe Bourdelle a la tentación de emplear lo anecdótico dejándose arras­
trar por la misteriosa corriente del lirismo; así se explica que en La muerte d el último
centauro, modele el fin de la lucha entre la intelectualidad y el instinto. Fué erigida
en Buenos Aires en 1914 y ubicada desde hace algunos años en las proximidades del
Heracles. La figura está incluida en un supuesto paralelepípedo, que resulta horizon-

38

�LA MUERTE DEL ULTIMO CENTAURO

BOURDELLE
____________ _________________________

�MONUMENTO
GENERAL

AL

ALVEAR

Arriba: El conjunto.
Arriba derecha: León.
Abajo izquierda: La Fuerza.
Centro: La Elocuencia.
Derecha: La Libertad.

��HERAKLES ARQUERO

Fotos de Rafael Sampayo

�talmente dividido por el cuerpo del animal. Arriba y abajo de éste, el espacio penetra
en el volumen: en las patas, la luz recortada por las formas se detiene inerte, en cambio
en el hueco superior limitado a ambos lados por la lira y la espalda del hombre,
vive y modela las formas; el instrumento gigantesco que descansa sobre la grupa del
animal es imperativo de la composición que necesita deformar para mantener el equi­
librio con el torso violentamente modelado.
Si es verdad que la fuerza de la obra reside en el modelado que le confiere potencia
de superficie, es también cierto que este modelado exacerba la tensión muscular y
torna declamatoria la expresión. Le ocurre esto a Bourdelle cuando apela a temas
mitológicos en los que persigue escultóricamente una emoción demasiado literaria.
En su obra cumbre, el Monumento al General Alvear, emplazado en los jardines de
la Recoleta, culmina su búsqueda angustiosa: allí pensamiento y sentimiento conjugan
en orden soberano —llegan al entendimiento armonioso— surgiendo la más potente
vida interior del hieratismo de los planos. En esta obra madura la técnica del maestro
vuelve a la expresión poderosa, el rigor geométrico del contorno exterior unido al
virtuosismo en el movimiento propio de cada personaje. Se advierte claramente su
afán de síntesis, su retorno a pesar de Rodin a los grandes planos, perfiles precisos
y contenidos de la forma; czda vez las masas son más armoniosas, los movimientos
más rítmicos, los caminos más seguros. Construye el monumento de acuerdo al plan
universal, hermanando la más alta expresión escultórica con la arquitectura. Fué reali­
zado entre los años 1913-1918 e inaugurado en Bs. As. en 1925.
La figura ecuestre corona el monumento, el cual se eleva sobre plataformas de granito
rosado que se van estrechando en torno al eje central, de cuyos cuatro ángulos emergen
las figuras alegóricas en las que vive la intención literaria del artista. En estas cuatro
figuras ha reencontrado Bourdelle la potencia plástica de lo esencial, superando el
pequeño modelado que carece de importancia en las formas; lo reemplaza por volúme­
nes plenos, aristas salientes en los ropajes y el cabello, deformaciones de tensión estática
en las manos, siempre en busca de la monumentalidad. Acentúa la verticalidad por los
planos paralelos y las formas, —rama de encina, árbol, espada y pliego— sobre las que
se apoyan las manos de los personajes. Cuando la intención es marcadamente intelec­
tual como en L a Elocuencia, los puntos de vista importantes se reducen deliberada­
mente al gesto de la mano y el pliego, los planos se acentúan en magnitud y las
aristas se endurecen correspondiendo a la expresión severa del orador. L a Victoria
contrasta con las figuras anteriores; en esta alegoría de plenitud un poco sensual la
luz resbala en curvas, la expresión es más dulce y menos tensa, los perfiles no se
recortan, la actitud ansiosa se hace esbozada sonrisa en la mujer dispuesta a disfrutar

�de su triunfo. Los ritmos oblicuos casi desaparecen en les figuras, el juego de las luces
ya no es factor primerísimo y cede importancia al austero ordenamiento de los volú­
menes sin huecos. Bourdelle hace despliegue de probidad en la construcción de estas
figuras que dejan adivinar una vida interior tan rica y poderosa como la de su autor.
Sobre el pedestal en diálogo con el cielo, el río, el árbol y el hombre, la estatua ecues­
tre del general. La calidad del conjunto nos recuerda el Gattamelata de D o n a t e l l o
o el Colleone de V e r r o c c h io , no por las características del estilo, sino por el equilibrio
de composición y la reciedumbre interior. El carácter está en la fuerza instintiva del
animal, la posición de su cuello, la verticalidad de la cabeza, el uso moderado del
hueco, la vinculación estrecha jinete-cabalgadura, que simplifica la visión y unifica
las formas para poder percibir del todo la imponente magnitud. La cabeza de la
bestia pegada al cuerpo, se recorta como una sola línea cerrada en el espacio; continúa
con el pecho saliente y en la pata levantada que completa las tres curvas del perfil
lateral: toda la energía se concentra pues en la parte anterior del caballo.
El hombre con la mano en alto es una figura ligera en proporción con el volumen
primero tan pesado, pero ambas partes se enlazan físicamente con la cepa que equili­
bra la potencia de una y otra, a la vez que permite que se mantenga la unidad y
obliga al espectador a volver la mirada al animal dejándose conducir por la continuidad
rítmica de los ejes. En la capa que parece flotar a los cuatro vientos del espíritu, la
luz entra y sale, se esconde y reaparece entre los pligues, realizando el milagro de
convertir en paño un volumen brutal de bronce.
Escrupuloso retratista se encuentra en sus bustos con la realidad viviente que lo for­
tifica. R etrato del presidente Alvear es un bronce algo mayor que el natural; data
del año 1929; fecha también de su muerte — y por donación es propiedad de nuestro
Museo Nacional donde se exhibe. El modelado readquiere aquí importancia, pero con­
servando la tendencia a la síntesis comparte responsabilidad con el acertado ensamble
de los planos y las masas. El pecho impresiona como una gran superficie lisa, de
volumen ligeramente cóncavo, limitado a los costados por afiladas aristas que con­
forman casi un prisma; este pecho —convertido en geometría— a fuer de alejarse de
la realidad física brinda majestuosa altivez al semblante de refinada sensualidad. Sobre
el potente cuello, se yergue el rostro en el que la barbilla y la boca encierran la clave
de la expresión. De los hombros, base de la nariz, labios y cuello parten caminos de
luz que se prolongan hasta las cejas y sienes. El escultor respeta la realidad física y
consigue un retrato psicológico realizando el difícil compromiso del parecido con la
armonía de carácter que lo aproxima a la vida.
A m a l ia

44

J o b -I stu eta

�bibliografía

SOBRE PINTORES AMERICANOS
Son tantos los caminos de la crítica como
los de la creación, porque ella misma es
creación, ya tienda al logro de imágenes
literarias que sustituyan las imágenes plás­
ticas, ya tienda a reducirlas a conceptos o
ideas que condensen adivinaciones intuiti­
vas. Pero si bien todos los caminos pueden
ser legítimos y producir efectos valiosos,
el único a mi modo de ver que transforma
la crítica en una ciencia, o en una activi­
dad basada en principios científicos, es el
de la racionalización de los estímulos es­
téticos que las obras despiertan. Y al decir
racionalización no pretendo aludir a esa
tendencia meramente explicativa que tan
nefasta consecuencia ha tenido en el cam­
po de la estética, la positivista en particu­
lar, sino a la que endereza a una com pren­
sión inteligente del mensaje del artista
—fundándose en las formas que crea— para
vertebrarlo en una concepción del mundo
que no ha de ser sino metafísica.
Por esta razón, tanto las posiciones críti­
cas objetivas como las subjetivas —ahorro
la caracterización de todas las variantes
que incluyen estos términos generalizadores— son falsas en cuanto son parciales.
Del mismo modo que la expresión artísti­
ca se caracteriza por su aliento de totalidad
—hombre y mundo— la crítica que aspire a
comprenderla no puede renunciar a produ­
cir aliento similar. Toda observación, por
sagaz que sea, sobre los caracteres de re­
gistro sensorial de las obras —contenido o
forma— o sobre las posibilidades de expan­
sión en el medio a que pertecen o en el que
se las incluye, así como toda observación

sobre el mecanismo del que crea o del que
estima, no procede sino de un enfoque
particular del gran tema: el de la cons­
trucción d e la realidad total de la época
en que vive el artista, referida al pasado,
con el cual inexorablemente se vincula, y
al futuro, al que está preñando con sus
anticipaciones.
Pienso que en el caso del arte americano,
por ser tan incipiente y vacilante todavía,
la exigencia de esta crítica totalizadora y
comprensiva es mayor que en Europa, don­
de las proyecciones culturales se imponen
con más evidencia debido a la madurez
de los artistas y del público afecto a esta
clase de actividades espirituales. Aquí, en
América, todo es indeciso y por tanto se
necesitan ideas orientadoras. Si se dice de
un pintor que es imaginativo o sensible
y se emplea la copiosa pero repetida fra­
seología habitual para referirse siempre a
lo mismo en definitiva, el aficionado se
siente perdido en ese mar de palabras, en­
cerrado en el círculo vicioso de unas po­
bres ideas hechas, sin que llegue ni si­
quiera a darse cuenta de hasta qué punto
está preso en él. Comprendo que es peli­
groso reducir a ideas lo que se da teñido
de emoción, pero, ¿hay otra posibilidad de
poner orden en las emociones fuera de la
que proporcionan las ideas? A pesar del pe­
ligro, el empeño es genuino. Además, exis­
te el medio de sortearlo, vigilando perma­
nentemente las ideas para que no se trans­
formen en casilleros descargados de sus­
tancia vital. Cuando se afirma, entonces,
que un pintor es naturalista, por ejemplo,
es menester que se puntualice el tipo de
naturalismo a que se ajusta y se discuta

�luego la legitimidad de la actitud con re­
lación a las condiciones del país —geogra­
fía natural y cultural— y a las que actúan,
planeando sobre él, como condiciones ina­
lienables de la época. En cuanto a las refe­
rencias personales del artista —sus ideales,
sus vacilaciones, sus luchas, sus progre­
sos, e tc— no dejan de tener valor, pero
sólo como índice para la comprensión del
único problema crítico: el de la validez
o no validez de la obra. De lo contrario,
se falsea, el destino de la crítica, que es el
de valorar, lo que significa reconocer la
presencia de un valor o un desvalor en las
obras. Tan sólo los buenos escritores salvan
los escollos, en el mejor de los casos, crean­
do pomposiciones que tienen valor litera­
rio en sí, a menudo lejanamente vincula­
das con la materia que les sirve de p re­
texto.
Formulo estas observaciones en presencia
de tres libros recientemente publicados
por críticos uruguayos sobre pintores ame­
ricanos. J u l io J . C asal ha escrito sobre
R afael Barradas (Editorial Losada, Bue­
nos Aires) y J o sé P ed ro A kgul sobre
El pintor José Cuneo, paisajista del Uru­
guay (Editorial San Felipe y Santiago de
Montevideo), en tanto que C ip r ia n o S.
V it u r e ir a ha reunido varios trabajos en
un volumen con el título Portinari en
M ontevideo (Ediciones Alfar, Montevideo) .
Poco puedo decir sobre la muy bien escrita
monografía de Julio J. Casal, pues sólo
se justificaría un análisis literario o una
confrontación con los hechos. Esto no sig­
nifica en modo alguno un reproche. Casal
ha sido amigo íntimo de Barradas y lógi­
camente no podía sino escribir sobre él con
el tono de alta tensión emocional que ha
empleado. Su libro, de estilo elegante y
conciso, presenta innegable interés al re­
gistrar de primera mano emociones que
en la vida del talentoso pintor desapareci­
do debieron influir poderosamente. Que­
da en pie, no obstante, la necesidad de
enfocar su obra desde un punto de vista
histórico más general, valorizándola de

46

modo absoluto, se comprende, pero al mis­
mo tiempo mostrando sus alcances por el
método comparativo, tanto en España como
en su país.
Vitureira ha sido más ambicioso. A tra­
vés de la Semblanza y en particular de su
conferencia sobre L a libertad en Portinari
y de su estudio sobre L a prim era misa,
mural expuesto en Montevideo antes de
ser fijado en el vestíbulo de un banco ca­
rioca, no sólo se propone estudiar la obra
del genial pintor brasileño desde el punto
de vista experiencial, pudiera decirse; tam­
bién pretende vincularla, de acuerdo a
las ideas políticas de aquél, en el vasto
complejo de las aspiraciones contemporá­
neas. Es una lástima que tan loable es­
fuerzo y postura tan justa no den frutos
más positivos a causa del abuso de adje­
tivos, sobre los cuales recae toda la res­
ponsabilidad crítica. Si la excelencia de la
obra del pintor es señalada por medio de
adjetivos o metáforas, ¿de qué modo po­
dría oponerse a las ideas imprecisas que
envuelven? Sólo con negaciones, que tanto
valdrían como las afirmaciones del autor,
o con otros adjetivos, lo que significaría
incurrir en el mismo error que denuncio.
La corta monografía de Argüí, en cambio,
tiene materia para un análisis cuidadoso
e inclusive para la discusión en el plano
de las ideas. No es de extrañar, pues Ar­
güí es un crítico de profesión, cuyas ideas
no planean por encima de las obras y los
hombres que las hacen, sino se desprenden
del análisis de unas y otros. Porque tiene
esa capacidad no común ha podido llegar
a la posición de verdadero dirigente que
se le reconoce en Montevideo, imponiendo
la alta calidad de su espíritu, tanto en la
crítica que desgraciadamente no cultiva
con frecuencia, como en la organización
de exposiciones y en el consejo prudente
que no escatima a sus compatriotas.
Argüí ha seguido un método cronológico
para historiar la obra de Cúneo, haciendo
constar las etapas de su desenvolvimiento

�de acuerdo a un doble juego de incita­
ciones: los diferentes viajes a Europa que
realizó el pintor y las reacciones emotivas
en cada caso a la vuelta al país. Pero no
deja de advertir, lealmente, al lector, des­
de la primera página, cuál es la tesis que
se propone probar. Valiéndose de una
declaración del mismo Cúneo dice: “Nada
se puede expresar con más profundo sen
tir que el paisaje nativo; sólo en su paisaje
el artista puede sondar enteramente el
alma de las cosas, consubstanciarse con
ellas, más allá de las interpretaciones de
lo pintoresco, folklore o rareza.” Después
de esta rápida toma de posición, insiste en
el tema, tratando de demostrar que los
sucesivos enriquecimientos de Cúneo en
sus contactos con el arte europeo de avan­
zada no hicieron sino proporcionarle ar­
mas cada vez más agudas para la expresión
del paisaje de su tierra, porque “la gran
misión social del artista americano (es)
enseñar a mirar esta América tan nueva y
tan virgen.” Cuando llega al final del li­
bro y enjuicia la última exposición, reali­
zada el año pasado en la Galería Berro,
escribe este párrafo que constituye la llave
de su pensamiento estético: “Mientras
otros pintores continúan envueltos en doc­
trinas y prácticas de un arte de rebelión,
cuyo período de justificación y fervor sen­
timos transcurrido, Cúneo después de ha­
ber cumplido su acción en esas luchas
—combate de un arte individualista: del
pintor consigo mismo, sobre todo— abre
sus ojos de nuevo al exterior y lo pinta
con colores vivos, con el ímpetu vital del
joven y la dominante composición de la
experiencia. En los paisajes de Punta del
Este el artista está, lo repetimos, en una
objetividad feliz, en la del que ha tomado
conciencia de su alto goce de la naturaleza
y busca, con un lenguaje claro, hacer par­
tícipe al pueblo de su alegría.” Y termina;
" . . . no nos sería difícil aceptar que una
nueva actitud realista fuera necesaria y
fecunda para el arte en estos momentos.”
Puesto que la monografía está escrita con
severa conciencia, como he dicho, y nadie

47

conoce mejor a Cúneo que el autor, lo que
interesa es señalar y discutir el pensamien­
to estético que la construye. Acaso podría
coincidir con Argüí si llegáramos a un
acuerdo sobre la discutida palabra rea­
lis m o . Si por realismo entiende una vuelta
a la representación del mundo concreto
—¿Por qué se encastilla en el paisaje y no
reconoce la “posibilidad de sondar entera­
mente el alma de las cosas” también en el
retrato o la naturaleza muerta? ¿Por qué
sobre todo esa exaltación panteística de la
n a t u r a n a t u r a t s como esencia de la reali­
dad?— no puedo coincidir con él, pues
sostengo que tanto la concepción políticosocial como la espiritual de nuestro tiempo
se enderezan hacia la ampliación de las
fronteras de la expresión, pero si por rea­
lismo entiende esa nueva realidad espiri­
tual a cuya formación y maduración esta­
mos asistiendo, nuestra coincidencia sería
total. A mi modo de interpretar, Argüí
confunde realismo y realidad con natura­
lismo y naturaleza, y como dijera W o r r in c er "para descubrir lo natural dentro de lo
real hemos de sentir viva en nosotros la re­
presentación de lo orgánico, que nos capaci­
ta para una contemplación activa, cognosci­
tiva. Sólo entonces se convierte para nos­
otros el caos de lo real en el cosmos de
lo natural. Mas, para que la representa­
ción de la ley orgánica se haga viva, hace
falta que exista una relación ideal de
identidad entre el hombre y el mundo,
relación que sólo se alcanza en las épocas
clásicas”. Y bien, lo que falta en nuestro
tiempo es esa relación de identidad a que
alude Worringer; lo que falta es la c o n ­
fia n z a
en
el
m undo
fe n o m é n ic o
para
e x p l i c a r to d a la r e a l i d a d que tuvieron los
naturalistas y los clásicos. Todo nos con­
duce, en cambio, a una identificación en­
tre el hombre y ese mundo espiritual que
nos muestran los imaginarios modelos de
los físicos y los matemáticos, estrechamente
correlacionados con la abstracción impe­
rante en las relaciones económicas o socia­
les de las comunidades más colectivizadas.
Como ya he dicho alguna vez, el arte de

�nuestro tiempo se define por lo que podría
llamarse la d e c a d e n c i a d e l o jo , la falta de
fe en la mera experiencia de los senti­
dos. Por eso se equivoca el autor, a mi
juicio, cuando dice que “ahora es la
élite la que se ve defraudada por estos
enfoques directos”. No es la é lit e como
clase social, que prefiere las formas na­
turalistas tal vez con más conciencia que
las clases trabajadoras y que está muy li­
gada con todo género de expresión sen­
sible. El impacto lo siente la é l i t e inte­
lectual, la única que por otra parte está
armada para comprender la novedad de
las posiciones abstractas, las cuales son tan
directas en sus enfoques como las de los
naturalistas de otrora; la única diferen­
cia es que la realidad ha cambiado de
signo y de carácter. Un C h ardin o un
C o u b e r t podía encerrar sus aspiraciones
de universalidad en una manzana o en
un desnudo, porque su experiencia no iba
mucho más allá de la manzana o el des­
nudo, pero, ¿qué pintor de nuestro tiem­
po puede sentir la universalidad ence­
rrada en una manzana con la vehemencia
requerida por la pasión creadora? No es,
pues, u n p r o b l e m a d e c a p a c i d a d , s in o d e
p o sib ilid a d .

La pintura de Cúneo es valiosa en la
medida en que denuncia un valiente re­
planteo del hecho estético, con tendencia
a desdeñar los elementos e s p ú r e o s a h o r a
de un romanticismo formulario (véase mi
articulo sobre su última exposición en
Ver y E s t i m a r nf 13) . Es valiosa, precisa­
mente, porque n o e s p a n t e ís t ic a y al mi­
rar con ojos casi vírgenes la realidad con­
creta está más cerca de descubrir el se­
creto esencialmente intelectual e imper­
sonal de ella que si mantuviera todavía
la telaraña de las reacciones sentimenta­
les de superficie. Pero será realmente, po­
sitivamente valiosa, cuando se decida a
mirar cara a cara la realidad, que no es la
del paisaje de Punta del Este, sino la
realidad viva y exigente de definiciones
de la comunidad en que vive. ¿Quién po­
dría negar que la realidad de nuestro

48

tiempo es i d e o ló g ic a ? ¿Estamos comba­
tiendo por cosas o por ideas? Se lucha en
todos los planos por ideas —ninguna Ele­
na podría desatar una guerra de Troya—
y por ello el hombre se siente mejor ex­
presado con signos abstractos que las alu­
dan y no con formas de significación na­
turalista. Pienso que ha de forzarse mu­
cho el término para probar que el pai­
saje de una región puede inspirar un sím­
bolo de realidad viva en nuestros días.
Como verá el lector, estimo la pintura del
pintor uruguayo por razones totalmente
opuestas a las del autor del libro que co­
mento. Las mismas me obligan a señalar
la injusticia de su elogio: “Su obra (la de
Cúneo) es considerada en la vida artísti­
ca del Uruguay como la arista más avan­
zada que durante más de veinte años pu­
do crear artista alguno”, recordando la fae­
na de genial creación y perfeccionamiento
que ha realizado el maestro J o a q u ín T o­
r r e s G a r c ía , a quien no se puede olvidar.
Podría argüirse que al encarar la mono­
grafía de Argüí desde este ángulo abro
una dimensión del juicio que él no con­
sideró. Es posible que sea así y por ello
no trepido en invitarlo cordialmente a
que desarrolle sus ideas sobre las posi­
bilidades de un neorrealismo panteístico
como modo de rejuvenecer el arte con­
temporáneo; tengo la convicción de que
podrá apuntalar la afirmación final que
me ha servido de base para juzgarlo con
ideas profundas y originales.
El tiempo dirá si el período de rebelión
ha transcurrido, como afirma Argüí, o si
por el contrario estamos todavía en los
prolegómenos de una gran revolución.
Discutir esto sería elevarse a un plano
de profecía, no exento de implicaciones
metafísicas y de tintas políticas. Prefiero
cerrar este artículo con esa expresión de
duda que encierra al mismo tiempo que
una convicción, una entrañable y melan­
cólica nostalgia de seguridad.
J o rg e R o m e r o B r e st

�C R

I

T

I

GEORGES ROUAULT
La colección de grabados de R o u a u l t
Miserere et Guerre y cuatro libros ilus­
trados por él, que se acaban de exhibir
en las Galerías Witcomb, nos permiten
apreciar ampliamente su obra en sus
aspectos dramático y satírico.
R o u a u l t es un artista complejo. Aunque
está en la línea de los pintores subjetivos,
trasciende su expresión al dotar a las
formas de valores universales en una
ajustada síntesis emocional; aunque se
aterra a las formas representativas, sus
figuras y paisajes están muy lejos de cual­
quiera concepción naturalista. Al recordar
su obra evocamos una gran pantomima de
personajes venidos de un mundo mágico
sobrehumano. Ese mismo contenido emo­
cional es el que lo separa de quienes,
como M a t isse , sueñan con un arte de
“pureza, de equilibrio, sin tema inquie­
tante . . . ” Por otra parte, R o u a u l t nunca
fué un fauve; el suyo es un arte de des­
equilibrio, de intranquilidad, pleno de
nostalgia.
Las planchas del Miserere son la expresión
de su emoción ante el eterno drama del
hombre y de su ferviente catolicismo. Los
medios plásticos de que se vale para
expresarse son similares a los que utiliza
en sus óleos, porque R o u a u i .t graba como
pinta. Por contrastes violentos de claros­
curo logra dar sensación de volumen,
mientras una riqueza infinita de grises
modula las formas. El contraste de esas
gruesas líneas negras que subrayan los
contornos con los blancos brillantes crean
e1 clima de irrealidad y tragedia que
caracteriza su obra.

49

C

A

E1 afán de lograr efectos pictóricos en el
grabado lo llevó a valerse de muchas
técnicas. Partiendo de una fotoimpresión
de sus ¡rouaches en la plancha de metal,
aplicó el ácido, el aguatinta, la punta seca
o el rolete allí donde la calidad de un
tono lo requiriera, y así logró fuerza de
expresión, riqueza tonal y tensión emo­
cional. Método semejante utiliza para sus
planchas en color que ilustran L e Cirque
de l’Etoile Filante y Passion: en éstas, con
la manera que lo caracteriza de tratar el
color le da la calidad fosforescente bien
señalada por V e n t u r i . S us rojos, amarillos
y azules son fuentes de luz que pueden
chocar a más de un espectador.
E r la línea de G o y a , D a u m ie r , T o u l o u se I . a u t r e c , R o u a u l t encuentra el medio de
expresarse valiéndose de formas grotescas.
Sus payasos son símbolos de la humanidad
que ríe y llora. En la mayoría de estas
planchas se mantiene el clima trágico al
cjue nunca puede substraerse por comple­
to. Una severa construcción formal con­
tiene el color. "Quand la couleur est á
son diapasón, certaine form e l’éponse sans
fa fo n ” —ha escrito. En cambio, en las
láminas que acompañan su texto de poe­
mas en Divertissements el color domina
a la línea, se apaga, las líneas negras se
hacen grises para restar violencia, los
tonos suaves se superponen a la manera
de C ézan n e , tal vez por que son repro­
ducciones de óleos. Es otro mundo el que
presenta, más amable quizás, pero menos
trascendente. El tono burlesco lo dan sus
xilografías para Les Réincarnations du
Pere Ubu, en las que se pone de mani­
fiesto su sensualidad. Los negros se hacen
intensos, aterciopelados y un ritmo ondu­
lante ablanda las formas.

�E s ta serie d e g ra b a d o s es la o b ra d e la
m a d u rez d e R o u a u l t . Y a las im p re c a c io ­
n es d e sus a ñ o s ju v e n ile s se h a n ca lm a d o
p a ra d a r paso a u n a re sig n a ció n ric a en
se n tim ie n to s y seg u ra en su fe.
A l ic ia

/*

P a s in i .

FIORENZO TOMEA

La pintura italiana ha deparado en lo
que va del siglo algunas sorpresas: en los
años de la primera guerra mundial, el
dinámico futurismo, y poco después su
antídoto, el calmo clasicismo del Novecento, con sus variantes mística, metafí­
sica, primitivista y lírica; en los de la
segunda, esa tendencia que a falta de otra
palabra se ha dado en llamar expresio­
nista y en las que se embarcaron los jó ­
venes más inquietos de Roma, Milán, Venecia y Bolonia, conducidos por dos ro­
manos de talento: S c ip io n e y M a f f a i .
¡Extraña tendencia la de aquellos díasl
El expresionismo es hijo de una apeten
cia metafísica que obliga a desnudarse
con dolor para alcanzar el espíritu más
allá de la vida, por aniquilación del cuer­
po. Y la tradición amasada por el arte
italiano siempre con la materia, no obs­
tante los diversos modos de racionalizar
las formas, concebía el espíritu como la
emanación de una potencia inmersa en
las cosas. Seguramente el éxito de esa di­
rección expresionista en Italia se debió a
razones extraestéticas y circunstanciales
—el encerramiento que provocó el facismo y la desesperación que siguió a la rup­
tura de la cárcel después de la derrotapero de cualquier modo hizo patente la
necesidad de acentuar, aunque fuera arti­
ficialmente, el énfasis emocional. Era el
yo aherrojado que pugnaba por liberarse
de falsas cadenas. ¿Cómo no comprender
esa exigencia, si se piensa que los artistas
italianos habían permanecido durante
más de veinte años casi totalmente aje­
nos a las experiencias progresistas del con­
tinente? A la zaga de V an G o ch pero sin

50

desdeñar los maestros de la línea intelec­
tual, especialmente C éza n n e , realizaron
así, bien se lo ve ahora, su experiencia
en el cam po de la m odernidad. De ahí
deriva la importancia del expresionismo
italiano, como síntoma de rebelión, pero
no hay que exagerarla tampoco, ya que
la postura era anacrónica, como lo com­
prendieron inmediatamente los mejores al
descubrir, con décadas de atraso, el arte
abstracto que cultivan actualmente.
F io ren zo T o m e a , de cuya exposición en
la Galería Peuser nos ocupamos con atra­
so, ya que tuvo lugar a fines del año pa­
sado, pertenece a ese grupo de expresio­
nistas de posguerra que no evolucionaron.
Por eso, precisamente, su pintura resul­
ta interesante para discriminar los ca­
racteres del movimiento.
Por lo pronto, el expresionismo italiano
no tiene puntos de contacto con el fauvism e ni con el homónimo movimiento ale­
mán. Tanto en T o m e a como en los de­
más, perdura la actitud naturalista y la
única novedad reside en el empeño por
dinamizar la materia, rebelándose contra
la tiranía de la línea, con el objeto de que
la expresión se expanda y despierte aso­
ciaciones de diverso tipo que tiendan a
vertebrarla de modo más literario. Las
caretas y las calaveras, lo mismo que las
frutas, las flores y los candeleros o los
paisajes, motivos que él pinta con pasta
gruesa y generosa, en una gama un poco
sorda pero plena de pujanza cromática, a
veces hasta excesivamente altos ciertos to­
nos, le sirven para lograr una expresión
sentimental de ambiente, no muy común,
como se ha dicho, en la pintura italiana.
Pero tampoco se aparta totalmente del mo­
do de ser nacional: ni llega a la pura
construcción del organismo plástico con la
pincelada —por la tinta o el tono —ni se
anima a forzar la deformación más allá de
lo que su correcta visión del mundo con­
creto le permite. No busca la impersona­
lidad instintiva, menos la sumersión en
los meandros de la psique; más bien es un

�neorroraántico, como alguna vez se lo ha
clasificado.
En la pintura de T o m e a hay energía, a
veces en la tónica de la violencia, a veces
en la del recogimiento —va de lo grotesco
a lo nostálgico— y más de un acierto pue­
de ser señalado en su obra, pero la posi­
ción de equilibrio en que se halla es falsa.
Sus naturalezas muertas no poseen el en­
canto fresco de las de A r tu r o T o s í , ni sus
paisajes la profundidad medida de los de
C a rlo C a rrá , ni sus conjuntos de velas el
lirismo de las botellas de G io r g io M o ra n di ,a quienes seguramente admira y mucho
les debe. Más seguro se siente cuando
aborda lo grotesco, pero esta misma bús­
queda en dos planos —el de la fantasía
gótica y el de las luces mediterráneas—
que ha señalado B e n ia m in o d e l F a br o ,
parece obedecer a una voluntad de estilo
encauzada culturalmente, no por una nece­
sidad hondamente sentida. Goya (era más
penetrante, B ru e g h el más sinfónico, E n so r más atrevido, y cito a estos tres gran­
des maestros porque sin duda ha sufrido
la influencia de ellos.
Creo ver, sin embargo, tras la niebla de
algunas composiciones, la exuberancia colorística o el extremismo formal de otras,
un sano afán de concreción que constituye
su mejor arma y que tal vez empleará en
el futuro para extirpar los espúreos ele­
mentos románticos que no hacen más que
impedir su plena maduración.
J o rg e R o m e r o B r e st

JUAN DEL PRETE

£

Las obras reunidas por J uan d e l P r e t e
en su última exposición permitieron fijar
las características de su labor realizada
en los años 1945 y 1946. Corresponden al
memento en que la preocupación por
renovarse lo llevaba a encauzar su arte
poi las vías de la abstracción. Abandona
entonces paso a paso las exploraciones en

51

el mundo sensible, retoma las experiencias
c f i cubismo y del futurismo y las ensam­
bla en una nueva expresión. Claro que
el ensamble entre ambas no podía hacerse
más que en detrimento de las posibilida­
des expresivas de cada una. Porque si es
cubismo, el objeto del cuadro vale por
su concreción misma, la que se busca y
reconoce a través de la estructura autó­
noma de los planos. Y si es futurismo, el
objeto vale como síntesis de movimientos,
de los que ejerce sobre los otros objetos
V de los que recibe a su vez. Acaso por
esto no resulte tan lograda y vigorosa esta
nueva expresión plástica de d e l P r e t e .
El artista somete los objetos al juego
leductivo de los planos, pero sin interptnetrarlos, simplemente yuxtaponiéndo­
los en menoscabo de la concreción. En
determinados momentos esas superficies
planas se prolongan en el ambiente acen­
tuando la dinamización con ayuda del
movimiento quebrado de las líneas azules
y negras. Dos figuras nos guían en este
análisis. Composición, tiene en cambio, un
rim o mayor porque desprecia las apa­
riencias sensibles; líneas, arcos, círculos, al
servicio exclusivo de su imaginación son
organizados para crear el espacio y el
movimiento plásticos.
¿Cómo actúa el color dentro de los con­
tornos y en la ordenación de las formas
geométricas? Ante todo acentuando con
la degradación de las tintas, la sugestión
del volumen que ya había sido buscado
con el espesamiento de las líneas. Luego,
c-eando un ritmo propio, independiente
del ritmo de los planos. Mantiene así
d e l P r e t e la característica de su color
pujante, tanto en la vibración de los
contrastes, como en la riqueza de las tintas.
Así era en su época fauve: vigoroso en
los empastes, alucinante en la recreación
de las formas, expresivo en los trazos. En
una palabra, su color era el vehículo ade­
cuado para el logro de la transposición.
En estas formas de su expresión, man­
teniendo el color su preeminencia expre­

�siva, llega a vivir independiente de las
relaciones de los planos y las líneas. La
virtud se convierte así, en cierta medida,
en objeción porque tanto para el cubis­
mo, como para el futurismo, no hay
mayor desorganizador de las estructuras
que el color valorizado, el cual debe estar
subordinado al dibujo. Ambos buscan
como esencial el desgajamiento y la ar­
ticulación en planos. En d el P r e t e , desde
el punto de vista del cubismo esto resulta
insuficiente para crear las formas, y, desde
el punto de vista del futurismo, no es
capaz de llegar en una sucesión expresiva
a disolver los volúmenes. Sin embargo,
estas obras de d e l P r e t e de 1945 y 1946
íesultan interesantes en cuanto anuncian
su actual estética abstraccionista. (Galería
Antú) .
B lanca S t a b il e .

A P O S T I L L A S
N a ú m G o ijm a n es un pintor joven que
presenta su prim era exposición individual,
en la Galería Van R iel, tras haber ex­
puesto repetidas veces en exposiciones co­
lectivas o en com pañía de amigos. Su
presente exposición es una visión panorá­
mica de las impresiones recogidas en este
periodo; anotadas con ímpetu juvenil en
seis meses de labor apresurada. Se trata
pues de una obra qu e concreta intuicio­
nes no maduradas.
En este trayecto corto de su arte todavía
adolescente, se presenta bajo un signo in­
confundible: el de la libertad. L o que es
laudable en un joven de instinto potente
y bien dotado, siempre que no olvide que
la libertad es meritoria y útil cuando se
em plea para luchar contra formas hechas
de las que se desea liberar, no com o ex­
cusa de licencia continua, en una labor
destructora sin la consiguiente construc­
ción.
Se notan algunos rasgos orientadores d e lo
que será su producción futura, dominada

p or el ritmo abierto en El gran brujo o
el ritm o cerrado de Adivinador-Bolivia, o
p o r el color estridente desentonado a
veces preo brutalm ente expresivo en su
afán de conquistar el sentido dinámico
de la expresión americana. Con estos dos
elementos crea un mundo en el que evita
los problem as dibujísticos que requieren
más rigor. Esperemos que hacia ellos vuel­
que los esfuerzos en su próxim a etapa, sin
lo cual se verá notablem ente disminui­
da. B. P.
F r id l L oos ha expuesto en el Instituto d e
Arte M oderno. Su posición ecléctica le qu i­
ta profundidad sin duda, pero no p u ede
negarse que la artista tiene pasta. L o de­
muestran sus preferencias, sus habilida­
des De profundo mimetismo no está exen­
to casi nada de lo que allí se expuso, sin
em bargo hay que reconocer que todo es­
tá dicho con soltura, con naturalidad; los
medios más abstractos, los que parecen más
rebeldes, están captados con gran fineza,
con un métier que p u ed e desorientar a
más de uno.
A las mujeres geometrizadas a lo L é g e r ,
las manchas a lo K a t h e K o l l w it z , a las
telas con reminiscencias d e cerámica re­
mota, decoración cretense, notas salvajes
muy refinadas que huelen a Africa ex p e­
rimental, form as abstractas y expresionis­
tas, además de R iv e r a , M a t is s e . . . y to­
do, preferim os uno ssencillos dibujos en
negro, en los que las manchas son más
expresivas, más patéticas, que toda la otra
pirotecnia. El espectador azorado se dice:
¿Y dónde está Fridl Loos? ¡C óm o hago
para saber cuál de estos ensayos es el que
m e da la clave de la persona? Ninguno
y todos. Pódese Fridl Loos sus excesivas
facilidades, decídase a ser personal y p ro­
funda, anímese a ser torpe (qu e es una
gran valentía) y dénos una obra jugosa
y totalm ente original. Cuando se es muy
sincero, la originalidad afluye sola. N o
hay dos espíritus iguales en el mundo, ni
en el tiem po ni en el espacio. D. C. B.

52

�miscelánea
• El maravilloso niño prodigio que vive dentro de P ablo P icasso ha
descubierto un juguete nuevo, y como era dable esperar, lo usa para
brindar nuevas pruebas de su genio. Esta vez, en lugar de extender la
pintura sobre la tela, utiliza el espacio de una habitación, cuya completa
obscuridad es atravesada, como por un rayo, por los giros que una lin­
terna eléctrica produce, lápiz luminoso que conduce con vibrante ner­
viosidad.
G jo n M ili —que trajo esta idea a Picasso, obsesionado por el espectáculo
de una patinadora a quien fotografió mientras bailaba con dos linternas
en sus patines— consiguió tentar al pintor para que se prestara a hacer
una corta prueba. Los resultados fueron tan fantásticos que la prueba
se prolongó a cinco sesiones más. Es fácil notar la satisfacción que este
nuevo tipo de trabajo proporcionó al artista, observando el brillo de sus
ojos y la sonrisa que asoma en sus fotografías tomadas en plena acción,
fotografías que ya están a disposición del feliz público neoyorkino en el
Museo de Arte Moderno de Nueva York, mientras el resto de los estima­
dores del arte siguen a la expectativa para ver todo lo que el talento de
Picasso puede dar en este campo espacial, casi totalmente inexplorado.
• En nuestro número 10 comentamos en esta misma sección la aparición en un rincón
olvidado de los suburbios de Paris de una tela desconocida de V an G o c h . En Life
del 19 de diciem bre pasado se cuenta el final de la historia. A pesar de que el espe­
cialista J. d e l a F a il l e lo reconoce com o legitimo, un jurado de cuatro expertos sA
ha expedido aconsejando considerar el cuadro como falso. Alegan diversidad de p ro­
cedim iento en. la pincelada, pobreza de m odelado en la cabeza, y una factura qu e en
general no tiene sabor de auténtica. El vendedor que había obtenido 50.000 dólares
por su hallazgo está dispuesto a reem bolsar al magnate de Hollywood que lo com pró.
De todos modos, la tela es aproxim adam ente del tiempo del pintor, y la pintura
aplicada no es más joven que la tela. Podría tratarse de una antigua falsificación. Por
de pronto, el señor L e w e n t h a l , descubridor del cuadro, no menciona más su rom ántica
historia del bistro m u^ilum inado. Parece ser qu e el fam oso Retrato a la luz de una
vela rueda entre los marchands desde hace mucho tiempo.

53

�• S t e in b e r g , el ya famoso dibujante de Todo en líneas, ha decorado con murales
la exposición Para una vida moderna, del Instituto de Artes de Detroit. Sus dibujos
son una crítica implacable de la decoración doméstica de estas últimas décadas. Allí
pueden verse salones de la época del gothic revival, repletos de muebles con ojivas,
cornamentas de ciervos, retratos de antepasados, sillas incómodas y todo el repertorio
del amontonamiento Victoriano. En otro panel se trata del estilo 1920, ecléctico e in­
genioso. Allí cabe un velador cuya base es un violoncello, lo mismo que complicadas
piezas de hierro forjado (artístico), vistas de Ñipóles a todo color y pieles de oso
con las que invariablemente uno tropieza. Pero la ironía no termina en épocas pre­
téritas, el m oderno convencional también está tomado en solfa. Retorcidos reflectores
parabólicos iluminan composiciones abstractas, sillas higiénicas —todo estructura— se
destacan contra muros de piedra o ventanales obligatorios, en tanto que gigantescos
móviles a lo C a ld er y filodendros macizos se encargan de dinamizar el conjunto. El
todo visto con un ojo finísimo, que se goza en los matices de la ironía y que puede
hacer más por la decoración que varios volúmenes completamente en serio. Castigal
ridendo mores, parece ser el lema de este alegre y profundo caricaturista.

-

0 L a X X V B ie n a le de V en ecia que B e re aliza es te an o p rom ete s e r un é x ito de público.
A l m enos su p ro g ram a no puede s e r m ás ten tad or. P o r em p ezar se h a realizado un concurso
de a ffich e s que h a ganado u n a a r tis ta ita lia n a con un prem io de 250.000 lira s. E n tr e los
p aíses que co n cu rren a p a r te de los y a trad icion ales e s tá n : D in a m a rca , H olanda, S u iza, P o lon ia,
Y u g o slav ia y Su ecia. E n t r e los m iem bros del Com ité de Selecció n de In g la te rra fig u ra n J oh n
R o t h e n s t e in , D ire cto r de la T a te G allery y H er ber t R ead , el conocido c r ític o de a rte . E n esa sec­
ció n in g lesa, a p a r te de la m u estra g en eral co n tem p o rán ea h a b rá tr e s secciones dedicadas a : J o h n
Co n sta b le , M a t t h e w S m it h y a la escu lto ra B a rba ba H e p w o r t h .
E n tr e la s o tra s retro sp ectiv as fig u ra n u n a del Cubismo, del F u tu rism o ita lia n o , de B onnard y de
K a n d in s k y .
T am bién

h ab rá u n a exp osició n

de a r t e decorativo.

• Copiamos de la revista “Arts” del 28 de abril los siguientes datos. Francia gastará este
año cinco mil millones d e francos en reparaciones en el castillo de Versalles. Además
se piensa reconstruir el fam oso monumento gótico que es el Palacio de Justicia de
Rouen casi totalm ente destruido p or la guerra y la llamada Casa de los Corsarios
en Saint Malo. Con los—nitrales que se acaban de reponer en estos días en la Catedral
d e Chartres, de Bourges y la Sainte C hapelle termina el arreglo, limpieza y relev miento fotográfico d e cinco hectáreas de los vidrios coloreados quizá más valiosos de
la historia del arte.

54

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS DE CRÍTICA ARTÍSTICA

ÍNDICE D EL VOLUM EN IV
Octubre de 1949 a mayo de 1950

T IT U L O S
Agustín Riganelli (H om enaje de Ver y Estimar)
Alfredo Guttero (Apostillas). J . R. B.
Arte abstracto en Buenos Aires (Critica):
En la línea de la expresión tierna. Raquel Edelman
En la línea de la expresión más dura. Samuel F. Oliver
Artistas no-figurativos (Crítica).
Berni (Apostillas). J. R. B.
Bleuzet (Apostillas). B. S.
Butler (Apostillas). J. R. B.
Butter (Apostillas). J. R. B.
Celebraciones: Bellini, Sodoma, Magnasco. Damián Carlos Bayón
Cogorno (Apostillas). B. S.
Cogorno (Apostillas). J. R. B.
Daneri (Apostillas). J. R. B.
Diomede (Apostillas). J. R. B.
Domingo Candía y Oscar Reyno (Crítica). Blanca Stabile
Dos libros (Bibliogr fia). Sergio Milliet
El sonriente y paciente Bellini. Margarita G. Sarfatti
Esbozo de una historia de arte abstracto. Blanca Stabile
Escribe desde Barcelona Sebastián Gasch (Correspondencia)
Escribe desde Madrid Enrique Azcoaga (Correspondencia)
Escribe desde París Damián Carlos Bayón (Correspondencia).
Esquema para una ubicación del movimiento Martin Fierro. Córdova
Iturburu
Exposición de Fernand Léger: Tres fragmentos de un catálogo y nota
del traductor. Martha Traba
Ginés Parra. (Critica). Beatriz Huberman
Hans Platschek (Critica). Jorge Romero Brest
Jazz de Henri Matisse. Wend Fischer
José Clemente Orozco (H om enaje de Ver y Estimar).

55

XIV-XV
XIV-JV

1
79

X III
X III
XIV-XV
XIV-XV
X III
X III
XIV-XV
XIV-XV
X III
XIV-XV
XIV-XV
XIV-XV
X III
XVI
XIV-XV
X III
XVI
X III
X III

17
27
76
79
48
48
79
19
48
79

79
79
43
53
3

10

57
49
52

XIV-XV

54

XVI
XIV-XV
XIV-XV
XVI
X III

49
70
75
42
1

�Juan Batlle Planas (Critica). Amalia Job-Istueta.
Juicio sobre el Fauvisme. Jorge Romero Brest.
Naturaleza y arte. Lionello Venturi
Noemí Gerstein (Apostillas). B. S.
Norberto Berdía (Critica). Blanca Pastor.
Notas sobre arte europeo. Rodolfo G. Bruhl y Damián Carlos Bayón
Opina León Gischia (El artista frente al mundo).
Pavel Tchelichew. Samuel F. Oliver.
Pintores españoles de hoy. Jorge Romero Brest
Pintuia y arquitectura. Siegfried Giedion
Rogelio Yrurtia (H om enaje de Ver y Estimar).
Sibellino (Apostillas). J. R. B.
Sobre Giácomo Manzú: Exposición en Buenos Aires. Raquel Edelman
Respuesta a Niño Bertocchi. Jorge Romero Brest.
Sobre pinturas murales en Bélgica. Roberto L. Delevoy. (Correspondencia).
Tres pintores extranjeros (José Cúneo, José Palmeiro y Arie Aroch).
Jorge Romero Brest
Uriarte (Apostillas). B. S.
Vanzo (Apostillas). B. P.
Viola (Apostillas). J. R. B.
Wend Fischer. Rodolfo G. Bruhl.

XIV-XV
XVI
X III
XIV-XV
XIV-XV
XIV-XV
X III
X III
XIV-XV
XIV-XV
XVI
X III
XIV-XV
XIV-XV
XIV-XV

74
3
5
80
73
81
13
47
69
27

X III
X III
XIV-XV
X III
XVI

41

X III

49

1

48
62
57
49
18

80
48
41

A U TO R ES
A zcoaga , Enrique: Escribe desde Madrid.
B a yó n , Damián C.: Escribe desde París (X III,

52); Celebraciones: Bellini,
Soma, Magnasco (XIV-XV, 19) ; Notas sobre arte europeo. (XIV-XV,
B r u h l , Rodolfo G.r Notas sobre arte europeo (XIV-XV, 81) ; Wend Fis­
cher (XVI, 41) .
C órdova , I t u r b u r u : Esquema para una ubicación del movimiento Martín
Fierro (XIV-XV, 54).
D e l e v o y , Robert L.: Sobre pinturas murales en Bélgica (XIV-XV, 49).
E d e l m a n , Raquel: Arte abstracto en Buenos Aires: En la línea de la e x ­
presión tierna (X III, 17) ; Sobre Giácomo Manzú: Exposición en
Buenos Aires (XIV-XV, 62) .
F isch er , Wend: Jazz de Henri Matisse.
G asch , Sebastián: Escribe desde Barcelona
G ie d io n , Siegfried: Pintura y arquitectura.
G isch ia , León: Opina León Gischia.
H u be r m a n , Beatriz: Ginés Parra.
JOB-Istueta, Amalia: Juan Batlle Planas.
M il l ie t , Sergio: Dos libros.
O l iv e r , Samuel F.: Arte abstracto en Buenos Aires: En la línea de la ex­
presión más dura (XIII, 27) ; Pavel Tchelichew (X III, 47) ; Pintura y
arquitectura a través de la historia (XIV-XV, 43) .
P a sto r , Blanca: Norberto Berdía (XIV-XV, 73): Vanzo (XIV-VX, 80.)
R o m e r o Brest, Jorge: Tres pintores extranjeros (xm, 41) ; Butler, Sibelli­
no, Viola (X III, 48) ; Sobre Giácomo Manzú: Respuesta a Niño Ber-

56

81) .

XVI
XVI
XIV-XV
X III
XIV-XV
XIV-XV
XVI

42
57
27
13
70
74
53

�tocchi (XIV-XV, 57); Berni, Butler, Cogorno, Daneri, Diomede
(XIV-XV, 79) ; Juicio sobre el Fauvisme (XVI, 3 ).
S a r f a t t i , Margarita G.: El sonriente y paciente Bellini.
XIV-XV
S t a b il e , Blanca: Esbozo de una historia del arte abstracto (X III, 10) ;
Domingo Candia y Oscar García Reyno (XIII, 43) ; Cogorno (XIII,
48); Artistas no-figurativos (XIV-XV, 76).
T ra ba , Martha: Exposición de Fernand Léger: Tres fragmentos de un ca­
tálogo y nota del traductor.
XVI
V e n t u r i , Lionello: Naturaleza y a rte .
X III

3

49
5

ILUSTRACIONES EN NEGRO
A l e n : Composición (pint.).
A ro ch , Arie: Mujer junto a la mesa; Gente de Saffad (pint.).
A r p : Composición; Constelación (dib. y esc.) .
B a t l l e , Planas: El ángel y la naturaleza (1949).
B e l l in i , Giovanni: Pietá (pluma); Alegoría (grab.); San Antonio

XVI
62
X III 44 y 45
X III 25 y 39
XIV-XV
75

Abad
(pint.); San Cristóbal (detalle, pint.) ; Madona Davis (pint.) ; Madona degli alberetti (pint.) ; Piedad (pluma) ; Hombre de negro
(pint.); Cristo de Estocolmo (pint.); XIV-XV, 10 y 11, 18, 19, 20, 21 y 22
B e o t h y : La llama (escult.)
X III
B e r d ía : Paisaje de Teparco (pint.) .
XIV-XV
B . so n te de Altamira (pint. mural.
XIV-XV
B ra q u e , Georges: Violín (1908) ; El violín (1913) (pint.)
XIV-XV 41 v
B u t l e r , Horacio: Batalla de San Lorenzo (pint.).
XIV-XV
Cámara sepulcral de Haclct (arquit.) .
XIV-XV
C andía , Domingo: Las amigas, 1946 (pint.); El modelo acostado, 1930
(pint.).
1
X III
C ogorn o , Figura (pint.).
XIV-XV
C o sta , Antonio: Maternidad pint.).
XVI
C ú n e o : Camino; (pint.).
X III
C u ix a r t , Modesto: (pint.).
XVI
D e l a u n a y : Alegría de vivir (pint.).
X III
D elgado , Alvaro: Bodegón (pint.).
XIV-XV
D e l l a F ran cesca , Piero: Fresco de S. Francesco (Arezzo).
XIV-XV
D e r a in , Andró: Barcas de pesca, 1907 (pint.).
XVI
D e w a sn e : Pintura.
X III
D e y r o l l e : Pintura.
X III
D u f y : Dibujo, 1930 (pluma) .
XVI
F r iesz , Othon: Saint Malo (pint.).
XVI
G arcía , Reyno; Oscar: Composición, 1948 (pint.) .
X III
G arcía V il e l l a : Pintura.
XVI
G in é s , Parra: Paisaje de París, 1946 (pint.).
XIV-XV
G is c h ia . León: Jovencita (1949) ; El bebedor (1949) ; El juglar (pint.) . X III 13, 16 y
G o n z á lez , Cabeza (escult.)
X III
G u t iér r e z S o la n a : El sacamuelas (pint.).
XVI
H artun g : Pintura.
X III
I o m m i , Enio: Relación de dos curvas (1948).
XIV-XV

51

48
74
43
42
80
43
46
79
61
41
62
39
69
44
18
35
36
23
19
47
63
73
37
36
71
33
78

�58

�T a u e b e r Arp, Sophie: Surgiendo, cayendo, volando (pint.).
T ie p o l o : El rapto de Rinaldo, Palacio Valmarana (fresco).
T o r r e , Eiffel: 1889 (fotog.).
V an D o esbu r g , Theo: Estudio espacial, 1923 (dib.).
V an , Dongen: Sendero de la virtud.
V an , Velde: Geer: Interior (pint.).
V a s a r e l y : Pintura.
V il l o n : N o b lez a (pint.).
V l a m in c k : Paisaje de nieve (pint.) .

X III
XIV-XV
XIV-XV
XIV-XV
XVI
X III
X III
X III
XVI

38
45
40
41
19
40
36
40
18

LAMINAS
C ú n e o , José: Paisaje de Punta del Este (pint.) .
M a t isse , Henri: L ’Ananas (1948) (pint.)
So d o m a : Retrato de Rafael Sanzio (dibujo a lápiz).

College (1948)

(dib.).

X III
XVI
Oxford, Christ Church
XIV-XV

�V

�VER
Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTÍSTICA

COLABORADORES
A L B E R T I, Rafael (Bs. As.)
ARGUL, José Pedro (Montevideo)
AYALA, Francisco (Bs. As.)
AZCOAGA, Enrique (Madrid)
BERENSON, Bernard (Florencia)
B IL L , Max (Zürich)
CAMÓN AZNAR, José (Madrid)
CÓRDOVA IT U R B U R U (Bs. As.)
DEGAND, Léon (París)
DELEVOY, Robert L. (Bruselas)
DORIVAL, Bernard

(París)

GASCH, Sebastián (Barcelona)
GIEDION, Siegfried (Zürich)
G O ERITZ, Mathias (México)
HUYGHE, René (París)
MACEDO, Diogo de (Lisboa)
M IL L IE T , Sergio (San Pablo)
ROH, Franz (Munich)
ROM ERA, Antonio (Sgo. Chile)
ROM ERO, Francisco (Bs. As.)
ROM ERO, José Luis (Bs. As.)
T O R R E , Guillermo de (Bs. As.)
SA RFA TTI, Margarita (Roma)
SEVERINI, Gino (París)
V EN T U R I, Lionello (Roma)
W ESTER D A IIL, Eduardo (Santa
Cruz de Tenerife)
ZEVI, Bruno (Roma)

�DONACIÓN

O SC A R ANTONIO GARCÍA
d e Q % L¿&lt;v*¿a .
d e ¿a a C Sd ríe *

Buenos Aires

29-9-55 - 5-3-96

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Bill, Max&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Job Istueta, Amalia&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Pasini, Alicia&#13;
Stábile, Blanca</text>
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO DIECISEIS
BUENOS AIRES

Este número contiene:
Rogelio Yrurtia / Ho­
menaje de Ver y Esti­
mar. - JORGE ROME­
RO BREST: Juicio so­
bre el F A U V IS M E . RODOLFO G. BRUHL:
Wend Fischer.-WEND
FISCHER: J a z z

de

Henri Matisse. - MARTH A TRABAr'Exposi-

Ver y
Estimar

ción de Fernand Léger, Tres Fragmentos
de un prólogo y nota
del traductor. - Biblio­
grafía:

SERGIO MI- •

LLIET : Dos libros. Correspondencia:

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�ROGELIO YRURTIA
(1879-1950)

HOMENAJE DE VER Y ESTIMAR

En América fué primero la escultura. Como en todas las épocas
de iniciación cultural privó esa noble manualidad de la piedra
y el barro antes de que se descubriera, no se dirá el color que
subyuga siempre a los ingenuos y primitivos, pero sí las posibi­
lidades expresivas del color que se vuelve tono y claroscuro. La
pintura es arte de intimidad, por mucho que se la fuerce en
ocasiones, y la vida en América era demasiado áspera y virginal
para que se comprendiera el valor de la psique individual.
Desde los aztecas y los mayas, a través de los incas, hasta la ima­
ginería barroca, desde El Aleijandinho hasta los tallistas guara­
níes, la escultura, en cambio, expresó durante siglos la inmadurez
de este continente, su curiosa mezcla de afán naturalista y adi­
vinación patética. Pero desde los comienzos del siglo XIX,
apenas se inicia la liberación de los pueblos y la cultura europea
no española hace mella en los espíritus más fuertes, la escultura
tiende a desaparecer y comienza la era de los pintores. Tan sólo
en este extremo sur conserva su prestigio, no para continuar la
tradición por cierto, sino para volverse hacia ideales de legenda­
ria tradición mediterránea. Ninguno más eminente, entre los
forjadores de esta nueva escultura que R ogelio Yrurtia, el maes­
tro recientemente fallecido.
1

�Aquí ha muerto el autor del Monumento a Rivadavia y de la
Estatua de Dorrego, de El canto al trabajo y Las pecadoras, obras
que son testimonios de una época en que se moderó el impulso
románticonaturalista en los moldes del clasicismo. Yrurtia fué
un modelador genial —entiéndase por tal al que tiene la capaci­
dad esencial de infundir movimiento expresivo a la materia
inerte— un artista que modelaba el barro pensando en el bronce,
sin excesos, con absoluto equilibrio, para crear figuras humanas
recias y viriles a las que no les faltaba ternura. Con ellas compuso
su mundo: un mundo clásico estremecido sin embargo, pues le
llegaban por las rendijas de puertas y ventanas cerradas vagos
rumores de las angustias de la época.
Fué esquivo a toda forma de modernidad, no sólo porque le
guiaba una voluntad épica que difícilmente se hubiera podido
nutrir en la palpitante realidad, sino porque abominaba de lo
transitorio y no llegó a comprender cómo puede germinar en su
seno un lenguaje nuevo, tan nuevo como fuera el suyo. Pero si
alguna vez ha de dudarse de la necesidad de que un artista se
sujete a su medio y su tiempo es cuando se contemplan aquellas
obras, algunos torsos y cabezas o esa Fatalidad que acompaña la
figura ecuestre de Dorrego; se comprende que aun puede engen­
drar una concepción espiritual sin vigencia formas de alto valor
que se acantonan en los lindes de la calidad.
Ver y Estimar rinde homenaje al maestro desaparecido que pro­
yectaba todavía fantásticos monumentos, pero se propone ren­
dirle uno más amplio dedicándole un número próximo, pues
entiende que sólo se honra a un creador en la persona moral de
sus obras cuando se las estima correctamente.

2

�Juicio Sobre el Fauvismec
Publicamos los capítulos que se refieren al fauvisme
del libro en preparación de nuestro director: Hacia
el arte abstracto. Cincuenta años de pintura y escul­
tura en Europa, en el que resumirá sus experiencias
recientes y sus ideas sobre el arte contemporáneo.

I
A más de cuarenta años de las primeras obras de M atisse , a quien siguie­
ron D era in , M arquet , V an D ongen , V la m in ck , F riesz y otros, es fácil
darse cuenta de que la importancia del fauvisme residió en el empuje feroz
de sus animadores para liquidar lo que quedaba de sentimentalismo ro­
mántico en la pintura, creando formas que no respondían más al conoci­
miento empírico o racional, sino a una especie de adivinación o intuición
de la realidad, eternamente móvil y cambiante, como enseñaba entonces
B ergson . Vano empeño, se dirá, si se lo juzga desde el punto de vista de
un estrecho paralelismo entre las ideas filosóficas y las formas plásticas,
pues, ¿cómo podrían expresar éstas el perpetuo devenir? Mas no tan vano
cuando se comprende que cada arte registra de la manera que le permiten
sus medios propios los ideales de vida de la época.
La revolución fué menos radical de lo que se supuso, porque al hacer del
color un substituto de estados emocionales, los fauves eran tan subjetivos
como los románticos. En verdad fué un romanticismo sui generis que
atacaba al romanticismo del siglo xix porque atenuaba el valor de las
formas puras al apoyarse en las de representación, pero dejaba intacto el

�punto de partida individualista y sólo innovaba en el modo de la introyección sentimental. El romántico se expresaba por medio de formas re­
presentativas y por ello, aunque las hacía intérpretes de su emoción, el
reconocimiento de un rostro, de un árbol o de un animal era indispensable
para el perfeccionamiento de la estimación. El fauve se valía de formas
apenas representativas y se expresaba por medio del color en ingenua vi­
sión focal unitaria. Es cierto que el espectador seguía viendo cosas en el
cuadro fauve, pero eran éstas tan pobres de contenido que debía encon­
trar el camino de su emoción en la estructura plástica, necesariamente
más abstracta que en el cuadro romántico. “Una obra de arte —decía
Matisse— debe llevar en sí misma su entera significación y debe imponerse
al espectador antes de que conozca el tema.”
El factor determinante del cambio fué ese estado de insatisfacción que
comenzó a gestarse en la época de los posimpresionistas y se agravó en
los comienzos del siglo. J ules R o m a in s lo describe agudamente en los
primeros volúmenes de Les liommes de bonne volonté. Insatisfacción sin
acentos de rebeldía colectiva que impelió a los artistas a buscar soluciones
en la propia intimidad. Rechazaron los fauves, sin embargo, las reacciones
consabidas de la sentimentalidad con la misma energía que los estímulos
del mundo físico. ¿Qué podían significar para ellos los sentimientos comu­
nes puesto que adherían a las formas de vida que detestaban? ¿Cómo po­
dían interesarse por los cuerpos rígidos si pensaban que el mundo es movi­
miento e ímpetu? Tampoco estaban en condiciones de liberar totalmente
la subjetividad, de modo que saciaron la vaga apetencia de pureza que los
dominaba en la fuente incontaminada de las reacciones instintivas.
Las reacciones del instinto parecieron configurar una panacea. Como
fuerza elemental que responde del mismo modo a los estímulos del mundo
exterior, tiende a engendrar formas escasamente diferenciadas: piénsese
en la uniformidad de los productos artísticos de los pueblos primitivos.
Y como fuerza que se ejerce desde dentro y no desde fuera, tiende a crear

4

�formas de valor marcadamente subjetivo. Despersonalización por una parte
y uniformidad por la otra fueron los términos de aquel planteo. En este
sentido debe interpretarse el valor de iluminación que tuvo el descubri­
miento del arte africano para la conciencia de los fauves en los primeros
años del siglo. Vieron en esos groseros ídolos de madera el modelo de un
arte que perseguían inconscientemente, un arte en el que se unía la pureza
de lo elemental a la dureza de la expresión impersonal. Y se entregaron
al goce de esos fetiches con verdadero frenesí, sin reparar que desembo­
caban en un misticismo de la impersonalidad, tan monstruoso a los ojos
de un occidental como para espantar por igual a materialistas y espiri­
tualistas. Corrigieron, empero, la discrepancia que sobrevino entre ese
amor súbito y el vitalismo que los impulsaba, tratando de que las formas
instintivas, por decirlo así, no se estabilizaran en fórmulas agonizantes.
El ejercicio voluntario y repetido de las acciones instintivas determinó un
proceso de depuración de los sentimientos. “En la base del arte está el
instinto... —confesaba Vlaminck—. Me esfuerzo por pintar con el corazón
y el lomo, sin preocuparme por el estilo.” Se trataba de que los senti­
mientos se descargaran de sus habituales predicados éticos y metafísicos,
los que determinan su refinamiento en la vida de relación civilizada, para
que volvieran a ser en cierto modo impulsos. Vlaminck quería pintar con
el corazón mas sin valerse de las formas conocidas, ni de las reacciones
acostumbradas; lo que quería era aislar el impulso para conservarle toda
su frescura. Por algo los fauves admiraban a G auguin , aunque éste había
tratado de volver a las fuentes de vida primitiva, en tanto que aquéllos
hallaron en los fetiches negros, más que un contenido vivo, una forma
viva.
Pero no hay que creer demasiado en la palabra de los artistas. El deseo
de ser salvajes se cumplió a medias y desde el primer momento surgieron
las personalidades, entre otras razones, porque el pretendido instintivismo
estaba cargado de preconceptos culturales y de maneras de sentir muy
5

�refinadas. No en balde eran los más inquietos pintores de su tiempo.
Tuvieron como nadie, ni siquiera en el pasado, la capacidad de extraer
elementos de vibración cromática de las cosas más inertes, con los que
creaban formas extremadamente dinámicas pero no atomizadas como los
impresionistas. En esto se apartaron de Gauguin, quien prefirió las super­
ficies lisas, a menudo pulidas, y estuvo más sujeto al conceptualismo que
denuncia la riqueza de su dibujo. La sensibilidad se afinó en los fauves
hasta transformar la pintura en un juego de misteriosos signos dinámicos
que contrarió la fijeza de las reacciones instintivas. De todos modo* se
abrió el camino hacia una expresión standard capaz de revelar una di­
mensión inédita del yo. En esto consiste, a mi juicio, el aporte funda­
mental de los fauves. Puede decirse que con ellos empezó el proceso de
objetivación de la subjetividad.
II
El reinado de los fauves de verdad no dura mucho. Después de llegar a
la cúspide hacia 1907, la curva de la ferocidad desciende, la actitud revo­
lucionaria se atempera y los impulsos primarios se transforman. En vez
de fundarse en la fuerza, el estado de tensión metafísica y la barbarie ins­
tintiva, buscarán cada vez más la gracia, la ligereza, la frescura, la elegan­
cia, notas que configuran el superficial carácter de la gente fina en nuestro
tiempo. Y como el ser fino no es una categoría del espíritu si no se apoya
en el ser profundo, va de suyo que el trueque no fué beneficioso. ¿Protesta
el lector? Le sugiero que busque un solo caso de artista fino en el pasado
a quien se le reconozca valor nada más que por serlo. Los pintores fran­
ceses e italianos del siglo xviii —W atteau , F ragonard , T iepo lo o G uardi—
eran finos porque cuidaban hasta lo increíble la matización de sus efectos
expresivos, pero no hicieron de éstos una finalidad sino un medio. Los
fauves se acercaron peligrosamente por lo menos al extremo de invertir
los términos.

6

�Ante todo hay una razón política que explica el curioso proceso. Una
actitud revolucionaria necesita apoyarse sólidamente en principios de
orden político, so pena de esterilizarse en la gesticulación sentimental.
Y la de los fauves no los tuvo, ya que no basta el disconformismo. Tam­
poco los tuvieron aquellos pintores del siglo xvm, pero no ha de olvidarse,
primero que no eran revolucionarios, después que se apoyaban en las
aspiraciones de una clase política y culturalmente firme. El pecado más
grave de los fauves fué el de no haberse dado cuenta de que les faltaba
ese apoyo y, si creyeron tenerlo, de que el apoyo era débil. ¿Puede com­
pararse desde el punto de vista sociológico el valor de la aristocracia fran­
cesa en la época de Luis XV con el de la alta burguesía de 1910? Tampoco
comprendieron que el disconformismo que los impulsaba no debía refe­
rirse al bugués sino al régimen politicosocial y económico que lo sostenía,
y de ese modo incurrieron en el mismo error que los románticos del
siglo XIX.
Luego, una razón sociológica consecuente. En los comienzos lucharon los
fauves por imponer formas que tendían a la instauración de un estilo y
se respaldaron en las reacciones puras de la instintividad, pero a medida
que el éxito les fué sonriendo se dejaron impregnar por los modos de ser
de cierto sector de la alta burguesía que estima el arte por los goces que
le proporciona y no busca ni admite la expresión profunda de la realidad
total, aceptando sus imperiosas exigencias. El burgués refinado aprecia
en la pintura un orden relativo que mantenga el equilibrio y la claridad
pero que permita introducir el cosquilleo picante de las notas sensibles,
el apunte rápido de algún rasgo de sentimiento, la frescura de lo espon­
táneo pero con cierto empaque, lo grotesco, lo característico y hasta lo
patético siempre que participen de esos caracteres. No le importa que sea
una naturaleza muerta o una figura o un paisaje o una escena histórica
o de costumbres, con tal de que vea una estructura movediza, provisoria
y con su punta de ironía, vale decir, que deje abierto el paréntesis al mila7

�gro sobreviniente. Busca con seriedad la expresión informal, fundado en
]a concepción á rebours de que todo cuanto vemos es ilusión, diferencián­
dose así del burgués zafio que comulga sólo con un realismo ingenuo y
bastardo. Y como se trata de adivinar, prefiere aquél las formas indecisas,
aproximadas, lánguidas o restallantes según los casos, con la condición de
que no calen demasiado hondo y de que no revelen una angustia cierta.
Y bien, durante treinta años los fauves han satisfecho este nuevo gusto,
olvidándose de cumplir el programa: vivificar el sentimiento para rehabi­
litarlo ante la ola de superficial sentimentalismo. Más bien cabe compro­
bar que crearon un nuevo sentimentalismo o, mejor dicho, un sensorialismo que permite confundir cómodamente los hallazgos felices de acordes
tonales, o de tintas novedosas, o de modos rítmicos, con la gran intuición
del arte. Un sensorialismo que no compromete pero tampoco libera, que
produce goces pero no conmueve, que no une sino fragmenta la realidad.
La consecuencia es paradójica: el fauvisme, que comenzó siendo un arte
de expresión, con garra de carnívoro y furia de salvaje, ahora es un arte
de ilustración, hasta el punto de que los cuadros de muchos parecen pá­
ginas arrancadas de un hermoso libro de láminas. Tan sólo P icasso ha
sabido mantener en alto la bandera de la redención por el instinto, pero
como él obedece a motivos intelectuales y no tiene la misma fe que sus
amigos de otrora en la verdad expresiva de las reacciones sensibles, aunque
se disfracen de instintivas, escapa al fauvisme; casi diría que lo entierra.
No hay que extremar, empero, las notas negativas. Porque esa misma im­
potencia de los fauves, al revelar un posición no legítima o por lo menos
agotada, dejó expedito el camino para que otros realizaran experiencias
más fecundas. Porque las conquistas logradas en lo que se refiere a la
cultura del color y el ritmo son definitivas. Y porque anudaron una serie
de esfuerzos que tendían en el siglo pasado a la destrucción de la pintura
como volumen y espacio —M anet sobre todo, de quien decía D aumier
“que nos conduce a las figuras de los naipes”— y los que tienden en el

8

�nuestro a la afirmación de la pintura como juego de formas que se des­
envuelven en el plano, artículo de fe para muchos pintores contemporá­
neos de vanguardia.
III
Al hablar así de los fauves en general, no me refiero ni a Braque ni a
D erain, que prontamente dejaron de ser fauves, ni tampoco a M atisse
de modo tan categórico, sino a los demás que formaban parte del grupo
inicial y a los cientos o miles de fauves que todavía pululan, como plaga
dañina, en Europa y América.
Sólo quien conoce los cuadros fauves de V laminck puede tener idea cabal
de lo que fueron sus espléndidas cualidades naturales. Ningún otro ha
sido más libre ni más rudo ni más hondo en la desordenada búsqueda de
lo virginal. Más que pintar echaba la materia sobre la tela, con una
energía que sobrecoge, no para que fuera marca de las cosas sino las cosas
mismas en vivencia dramática. Nada sabía entonces de las armonías secre­
tas entre los tonos; la pintura era para él una fuerza y no una actividad
intelectual, ni un oficio, y por eso se enfrentaba ingenuamente con los
colores puros, violentos en los contrastes y terriblemente impersonales.
Quien conoce los cuadros que pintó después, hasta el comienzo de la
guerra del 14, se forma idea no menos cabal de otro pintor, un Vlaminck
más maduro, gracias a la influencia de Cézanne, que sabe organizar y
construir paisajes y naturalezas muertas, en las que se atempera el pate­
tismo y aflora el sentimentalismo, todavía de buena ley. Este rudo y vigo­
roso atleta de origen flamenco que odia la cultura y abomina de la inte­
ligencia, que no quiere producir placer a nadie más que a sí mismo y que
confiesa haber amado más a Van G ogh que a su padre, pudo asimilar el
intelectualismo todavía romántico y preñado de objetividad de Cézanne,
pero no avanzar cuando los cubistas comenzaron su trabajo demoledor.

9

�Y, por afán de oponerse a ellos, se entrega irrazonadamente a violentar
sus potencias dramáticas; lo que constituye su más tremendo error, pues
no forzará las formas en sí sino los contrastes cromáticos. Pero le sonríe
el éxito y éste, unido al anacronismo de su posición ya reaccionaria, le
conduce insensiblemente a la repetición de esos fáciles efectos. Ahora, el
viejo fauve explota el filón y no se encuentran en sus grandes paisajes más
que sutiles transparencias cargadas de trivial sentimentalidad, a un paso,
nada más que a un paso de la tarjeta postal, en contraste con luces y som­
bras no exentas de retórica teatralidad; y montones de blanco de zinc en
sus paisajes nevados para impresionar al burgués, que acepta y compra
esta pintura porque la cree moderna y al mismo tiempo alimenta su ape­
tito de platos sentimentales. Curioso final de un pintor que no quería
confundir la pintura con la cocina. ¿Que hay calidades? Sin duda, ¿acaso
es un mal pintor? Por el contrario, es más pintor que nunca, en lo que se
refiere al oficio de extender colores sobre la tela, pero el arte, esa capacidad
de adivinar un mundo y encerrarlo en una forma, el arte está ausente. Ni
siquiera la lección de Van Gogh fué bien aprovechada.
O thon F riesz fué otro admirador de Van Gogh. Hasta en sus últimas
telas, adocenadas y repetidas, perdura el hálito del genial holandés, como
si nunca hubiera podido evadirse de la cárcel que su devoción le cons­
truyó. Y es grave, ya que Van Gogh pertenece a la clase de pintores que
pueden infundir ideas pero no recetas y que mucho mal hacen a quienes
confunden las ideas con las recetas. A Friesz le pasó esto y, aferrado a las
recetas, no se dió cuenta de que se le escapaban las ideas. Sin embargo, la
nota más original de su pintura no se debe a ese influjo, ni a su conse­
cuencia, la constante potencia expresionista, sino al impulso que lo llevó
a cultivar con sentido decorativo formas grasosamente pintadas que unía
mediante pesados «ritmos, fundiéndolo todo en una masa única. Ya en
esto se apartó de sus amigos, pero más aun por su afán de componer —otra
vez Cézanne— con volúmenes coloreados que conservan su plenitud y su

�VER Y ESTIMAR

C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTISTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS:

BAYÓN, Damián Carlos.
Jefe de Redacción
BERET, Angelia.
BRANÉ, Raquel
A d m in istrad o ra
BRUHL, Rodolfo G.
CARREA, Lía.
CAMICIA, Angelina
Corresponsal en EE.UU.
DIAMENT, Clara.
EDELMAN, Raquel.
Secretaria de Dirección

GROSSI, Isolina.
HUBERMAN, Beatriz.
JOB-ISTUETA, Amalia
LUCKHAUS, Delia
OLIVER, Samuel F.
PASTOR, Blanca
ROLAND, Alfredo E.
STABILE, Blanca.
TRABA, Martha.
Corresponsal en París

VOLUMEN

IV

N Ú M E R O
D I E C I S É I S

ANO DEL L I B E R T A D O R
Gral. JOSE DE SAN MARTIN

MARZO D E . 1950

�COLABORADORES
ALBERTI, Rafael (Bs. As.)
ARGUL, José Pedro (Montevideo)
AYALA, Francisco (Bs. As.)
BERENSON, Bernard (Florencia)
BILL, Max (Zürich)
CAMÓN AZNAR, José (Madrid)
DEGAND, Léon (París)
DELEVOY, Robert L. (Bruselas)
DORIVAL, Bernard (París)
GASCH, Sebastián (Barcelona)
GIEDION, Siegfrid (Zürich)
GIRCOURT, Geneviéve (París)
GOERITZ, Mathias (México)
HUYGHE, René (París)
LEYMAR1E, Jean (París)
MACEDO, Diogo de (Lisboa)
MURARO,Michelangelo (Venecia),
ROH, Franz (Munich)
ROMERA, Antonio (Sgo. Chile)
ROMERO, Francisco (Bs. As.)
ROMERO, José Luis (Bs. As.)
TORRE, Guillermo de (Bs. As.)
SARFATTI, Margarita (Roma)
SEVERINI, Gino (París)
VENTURI, Lionello (Roma)
ZEVI, Bruno (Roma)

�aplomo al par que un extraño dinamismo latente. A la inversa de Vla­
minck, su mejor etapa no fué la del fauvisme-, era demasiado violento e
informe y su color excesivamente apagado, no obstante la jugosa riqueza
y generosidad de las pastas. Fué más él mismo después del viaje a Por­
tugal, y del consiguiente descubrimiento del estilo manuelino, el que tal
vez le ayudó para madurar su capacidad de desgajar “de cada espectáculo
el ritmo que le es propio”, como dijera D orival. Pero su concepción deco­
rativa era anacrónica y de ahí el retorno final a los museos para rejuve­
necerse en las aguas de R ubens y los venecianos, oponiéndose ciegamente
a las direcciones que lo reclamaban para infundirle nuevas esperanzas.
Siempre produjo con exceso y por tanto erró muchas veces, pero esa pro­
ducción excesiva fué más grave en los últimos años, hasta su muerte
en 1948, pues ya no quedaban de la verba de antaño más que pálidos
reflejos, signos muertos de lo que fuera una vigorosa sensualidad con
ribetes de sano erotismo. Era penoso ver en las galerías de París figuras,
paisajes y flores, superficiales pero de buen gusto, en los que apenas se lo
podía reconocer.
ICees van D ongen, el holandés de nacimiento, es el que menos bien en­
tendió a Van Gogh de los tres, aunque decía admirarlo mucho. ¿Será por
esa tendencia mundana que lo llevó a ser durante muchos años el pintor
de moda de París? Si quisiera ser cruel respondería que sí, y con derecho,
pues buena parte de su producción revela los agravantes del pintor que
aprovechó de la libertad para disfrazar y no para expresar la beauté y la
canaille parisienses —también ésta es mundana— con una gracia de ritmo
y una virtud de colorista en los registros finos de la tonalidad, sobre todo
en los paisajes del Bois, como para no desconocerle valor. Pero, ¿quién no
sabe que Van Dongen descolló en esa alquimia de la pintura? No todos
saben, en cambio, que había otros Van Dongen, algunos buenos y otros
peores que el mundano, sobrepuestos hasta confundirse. Primero el Van
Dongen joven, holandés en Holanda, que oscila entre el naturalismo de

11

�sus mayores y el impresionismo de J ongkind , coincidiendo en algo con
M arquet en la manera de traducir el paisaje por medio de suaves grada­
ciones de grises y ocres, y en el planismo no exagerado que sigue acep­
tando el espacio. Luego el Van Dongen fauve, que nunca se desprendió
del prejuicio figurativista y que a la zaga de T oulouse -L autrec , muy a
la zaga por cierto, mal dibujante pero buen colorista, alguna vez acierta;
una especie de descuidado genial que bordea la caricatura y el affiche
pero que sabe poner intención satírica con ribetes de emoción en un torso
deformado o en unos ojos negros de mujer, forzando la síntesis y el con­
traste cromático en un pot-pourri indescifrable. Y el Van Dongen natura­
lista, esa personalidad sepultada que le otorga siempre una base sana a
sus locuras, que de pronto se manifiesta en una figura a lo M a n et o mejor
aun, en un retrato o un animal a lo Van Dongen: otra cantera que apenas
explotó. Y finalmente el Van Dongen repugnante de los últimos años, el
que pinta retratos de hombres y mujeres, llenos de pasta brillante para
aparentar riqueza, exagerados en el gesto, la deformación y el color, rebo­
santes de erotismo y de oropel, que son transcripciones sofisticadas de un
farsante. Y en todos los Van Dongen, influencias a granel, para confundir
más la imagen proteica de este pintor brillante que todavía cultiva la
gracia y la elegancia con el mismo desenfado que la libido y la concupis­
cencia.
IV
Los tres pintores estudiados retornan: V lam inck a Cézanne y al pastiche
expresionista, F riesz a Van Gogh con acentos decorativos que reclaman a
Rubens y los venecianos, V an D ongen al más crudo y espectacular erotis­
mo naturalista; pero cada uno se mantiene, aunque débilmente, unido al
fauvisme. M arquet se aparta, en cambio, porque la experiencia del pe­
ríodo estrictamente fauve sólo le sirvió para descubrir la manera de expre­
sar su sentimiento cósmico a través del paisaje. Algunos retratos son valio-

12

�sos y más aun los desnudos, pero no hay que dejarse engañar: cuando
Marquet pinta la figura humana está adiestrando la mano a valerse del
trazo, que aplica luego disimuladamente para intelectualizar el paisaje
de puertos y puentes, cielos y mares, árboles y hombres que apenas son
manchas. Véanse sus dibujos, en los que domina la búsqueda del movi­
miento exacto y no de las masas como tales, y véanse las estructuras de
signos que subyacen en sus óleos y acuarelas, y se comprenderá cuán poco
debe al fauvisme. Basta enumerar sus caracteres para que se haga más
evidente: Marquet es el menos sensual de los fauves, el de inteligencia
más lúcida, el de instinto más controlado, el de inventiva más pobre.
Todo es austero y preciso en sus telas, sin arrebatos y sin violaciones a lo
que ve, dominando el espíritu de síntesis. No inventa ni fabula, simpli­
fica, y desconfía de todo lo que no es controlable, por ejemplo el color.
¿Cómo, un fauve que desconfía del color?; Tanto, que no se siente cómodo
más que en la gama baja de los grises y los ocres, a los que extiende en
zonas amplias de ajuste casi matemático, para crear esas vastas perspectivas
desde arriba en las que se ahoga todo intento de individualización excesiva
de las cosas y del ser que las ve y representa. Tampoco parece dulce, no
obstante la tremenda riqueza de sus registros tonales, porque huye de los
pasajes y deja que hablen las sutiles capas de color transparente, apenas
yuxtapuestas. Si aquel modo de ajustar lo acerca a M atisse , éste de mo­
dular lo emparenta con C ézanne . Pero era muy joven cuando descubrió
su manera de expresarse —pocas modificaciones introdujo en ella, como
si hubiese tenido desde el principio la voluntad de ser inconmovible— y
su ojo, por más que viera justo y agregara una nota inédita de vibración
sensible, se acostumbró a ver siempre lo mismo, transformándose la ma­
nera en fórmula, o en truco, como dijera E ugenio D ’O rs. S us últimas
obras son a veces hasta analíticas y pintorescas. Se estaba agotando, cuan­
do lo sorprendió la muerte, la verba racionalista del más eminente paisa­
jista romántico del siglo xx.

13

�Algunos artistas menores que formaron parte del grupo y otros que fueron
influidos por el fauvisme se vinculan con Marquet en cuanto son pintores
de la sensibilidad como él y se alejan porque obedecen a fórmulas de
compromiso con mayor inclinación al subjetivismo romántico. Y se sabe
que a los románticos del siglo pasado los caracterizó tanto la necesidad
de volcar sus estados de ánimo en la forma como la de construirla de
acuerdo a la naturaleza real de las cosas. Tal vez por eso algunos críticos
los ignoran, supongo que porque no los consideran suficientemente mo­
dernos, pero hacen mal. A mi juicio encarnan una de las dos tendencias
que origina la evolución del fauvisme, la que todavía encuentra adeptos
latinos fuera de Francia, especialmente en América del Sur.
Si bien pareció que el fauvisme atacaba a fondo el principio de la expre­
sión por la alegoría, en cuanto los pintores volvieron a encontrar motivos
de inspiración en la naturaleza o en las cosas, el ataque se desbarató; y si
bien pareció que imponía una concepción objetiva de la subjetividad, en
cuanto volvieron a basarse en sus reacciones sensibles mezcladas con'efu­
siones del sentimiento, la imposición se evaporó. En los pintores de este
subgrupo se evidencian claramente estos dos hechos, que permiten expli­
car el fracaso de la estética consciente del fauvisme. Lo digo así porque al
no olvidar ciertos modos de ejecución fauves, algo perdura en ellos, como
estética inconsciente, de la ideología que los movió al principio. J ean P uy,
C harles C amoin y H enri M anguin, por ejemplo, conservan el impulso
de no ceñirse demasiado estrictamente a la pura experiencia visual, lo que
les permite unificar las formas como masa homogénea de materia y color,
dinamizada por el contraste latente de las tintas y regida por el arabesco
de composición. Esto es fauvisme, sin duda. Pero son indecisos y mode­
rados y por eso, después de muchos vaivenes —de Cézanne y Gauguin a
los nabis— tratando de suplir la carencia de estilo con refinamientos de
color o de ritmo, han venido a desembocar en un naturalismo impresio­
nista. Algo parecido ocurre con los epígonos del fauvisme, buenos pinto­
ja

�res que no esconden tampoco su simpatía por los nabis y los impresionistas.
El exquisito P ierre L aprade , pintando con grises y tonos menores de
notoria originalidad, dotado con una pobre imaginación literaria pero
con una sensibilidad extraordinaria, es el ejemplo más característico de
esta pintura desvaida que se impone por sus debilidades. Unos y otros
más que los fauves propiamente dichos, son los gestores de ese arte de
suaves irisaciones cromáticas, inesperados puntos de enfoque y algún toque
de ironía, que gusta tanto a los burgueses refinados y eclécticos.
V
¿En qué sentido R aoul D ufy y H enri M atisse forman el ala izquierda
del fauvisme? Si se toma en cuenta la meta aparente del movimiento,
habría que situarlos en el ala derecha, porque la nota esencial en el arte
de ambos está dada por un hábil escamoteo hasta de lo instintivo y un
retorno hacia una especie de formalismo lineal. En este caso, razón tienen
los que ubican en la izquierda rabiosa a V lam inck , F riesz y V an D ongen .
Pero si se descubre que tras la máscara de la nueva sentimentalización
instintiva actuaba desde el principio el inconsciente deseo de intelectualizar la pintura, entonces se comprende que los únicos que han sabido
evolucionar de acuerdo a la teoría son Dufy y Matisse. Es cierto que éstos
no han forzado la consonante y que parecen respetar el principio de la
representación y la alegoría, sobre todo Dufy, pero, ¿no es visible el pro­
ceso que los lleva progresivamente a la subjetivización imaginativa e inte­
lectual? Los medios no son iguales, ni los alcances. El inquieto Dufy se
detiene, decanta, aligera y trivializa el fauvisme, mientras el reflexivo Ma­
tisse, aunque parece hacer lo mismo, lo supera hasta lindar con los movi­
mientos abstractos. Pero hay suficiente similitud en las actitudes como
para que la vinculación no sea arbitraria.
Ambos han intentado en los últimos años la gran decoración mural, de­
mostrado así haber comprendido la falta de vigencia del cuadro de caba-

15

�líete. Se dice, por otra parte, que toda la pintura de Dufy y Matisse es
decorativa, término con el cual no creo que se puedan designar más que
las formas que pierden autonomía al adherir a otras de mayor importan­
cia, en este caso las arquitectónicas. Después se verá por qué el decorativismo de ninguno de los dos es moderno; ahora interesa destacar que el
vuelco hacia formas aparentemente decorativas se debió a un hecho que
no comprendieron los demás fauves: la demisión del individualismo y la
necesidad de abordar, en consecuencia, otras posibilidades de la imagen.
¿Qué es la imagen para Dufy y Matisse? En general puede parecer más
representativa que las imágenes de los demás fauves, no porque tenga
más detalle, sino porque mantiene una coherencia de similitud que no
poseen aquéllas, pero siempre es menos representativa a causa del espíritu
con que la construyen. La imagen de Dufy y Matisse —en la épocas de
plenitud, se comprende— no es producto de la deformación o conforma­
ción, que tales son los medios para conservarle su integridad figurativa,
sino de la evacuación de sus contenidos, merced a la cual se transforma en
un esqueleto, sin carne y sin alma. No emplean los materiales pictóricos
para proporcionarle otros contenidos, sino para transformar el puro juego
exterior de relaciones, en el que cada elemento vale sólo como integrante
del conjunto, en su verdadero contenido.
Acentúo la palabra puro porque la pintura ha sido siempre juego de rela­
ciones, de suerte que la novedad aludida reside, precisamente, en la ma­
yor pureza. Esto quiere decir que, a la inversa de la pintura fauve, en la
que se constituye la estructura relacional con formas que conservan su
valor —un árbol, un rostro, un barco, siguien teniendo significación y
expresión como tales—, en la pintura de Dufy y Matisse predomina la
estructura relacional como productora de ritmos. Mas no ha de entenderse
el ritmo desde el punto de vista estrictamente musical —como enlaces de
signos abstractos— sino más bien en el sentido que posee en la danza

16

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Dibujo, 1928.

��R aoul D u fy : Dibujo , 1930,

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�colectiva, en la que cada cuerpo conserva formalmente su nota de huma­
nidad individualizada.
El ritmo es un modo de vincular elementos temporales sin tomar en cuen­
ta el carácter espacial de cada uno: veinte hombres de muy diversa apa­
riencia pueden lograr la misma uniformidad rítmica que veinte soldados
de uniforme, en lo que se refiere a la producción del sonido de la marcha,
por ejemplo. Pero cuando se trata no sólo de oír sino de ver, es evidente
que las diferencias entre aquellos hombres introducirán una nota de im­
pureza en el ritmo; tal es la razón por la cual los conjuntos rítmicos —pa­
radas militares, fiestas gimnásticas, danzas— se realizan con personas pare­
cidas e igualmente vestidas. Esto es así porque al hacerse plástico el ritmo,
es el ojo el que percibe, no el oído, y como el ojo no sólo percibe la su­
cesión de los intervalos sino también la forma propia de cada elemento,
la uniformidad rítmica es siempre relativa. Para lograrla en la pintura,
ha sido menester desde antiguo la supresión de las formas representativas
o, por lo menos, su estilización geométrica, por ejemplo, en el arte mu­
sulmán y bizantino. Ahora bien, al descargar de expresión material y
sentimental a la imagen, Dufy y Matisse se acercan evidentemente a la
decoración rítmica, pero al mantener unida la forma plástica a la repre­
sentativa, el ojo no se limita a percibir el ritmo, sino que trata también
de cargarla de contenido. Y el contenido que las formas representativas
pueden recibir desde fuera es lo que caracteriza la ilustración. No en
balde se renuncia a la integridad expresiva del cuadro de caballete: es
necesario adherir la expresión de la imagen a la arquitectura (decoración)
o permitir que cobre su sentido por una vinculación que la supedite a
un texto (ilustración). Por eso la buena ilustración no es la que se inde­
pendiza del texto, sino la que se presenta tan vacia como para que el lec­
tor se sienta inclinado a encontrarle relación con el trozo literario que
está leyendo, o la simple anécdota que conoce, o el relato que se le hace.
En este sentido, la pintura de Dufy y Matisse se acerca a la ilustración:

25

�son imágenes huecas que siempre están dispuestas a recibir y lo que dan
no va más allá de un ritmo imperfecto. Si el gustador de esa pintura no
lo advierte, es porque también concide con los pintores en la sobreestima
del espectáculo que proporciona un bello ensamble de elementos sen­
sibles.
Por ser rítmica, la pintura de Matisse y Dufy es necesariamente planista,
pues a pesar de que el movimiento se genera en el espacio, halla su nota­
ción precisa sólo en el plano. Se aprecia mejor el movimiento de los
caballos cuando se los mira de perfil, al descomponerse los cuerpos en
una sucesión de imágenes lineales, que cuando se los mira de frente y se
imponen los volúmenes. Esta nota de vitalismo que implica la dinamización de la imagen en el plano, arrastra a una modificación aun más
notable en la pintura de los dos: la separación del trazo y el color en la de
Dufy y la nueva manera de enlazarlos en la de Matisse, así como el mar­
cado abandono de toda perspectiva y la mayor fluidez de las pastas.
La descarga de sentimentalidad que produce la ritmización planista de
las imágenes configura el tercer carácter que los une. Dufy y Matisse
han logrado intelectualizar la sensibilidad, pero sin hacerla vehículo de
ideas claras, y por ello las formas denuncian un compromiso entre el
orden a que conduce la exteriorización de las ideas y el desorden que
produce el permanente suceder de las intuiciones sehsibles. Una clase
de compromiso que se funda en un orden exterior y se llama gracia,
a la que se debe el éxito de ambos entre los que no exigen de la pintu­
ra más que placeres mundanos. Pero aquí es donde Matisse se aparta
de Dufy, escapando a ese yugo. Convincente prueba de su genio.
Basta comparar un dibujo de Dufy con uno de Matisse para que se com­
prenda el abismo que los separa. Allí donde el segundo logra transfor­
mar lo que es materia, sentimiento e idea en un ritmo que los resume,
el primero llega a producirlo sólo con signos de inesperada alusión pin­
toresca. No es otra la razón de su fracaso, a mi juicio, como decorador

26

�mural: el sorprendente sistema de signos con que se expresa —aligerando
las cosas pesadas y dando peso a las que son ligeras— se presta para la
ilustración y ciertos géneros decorativos, los papeles pintados y las telas
estampadas por ejemplo, pero cuando se trata del muro, el signo despo­
jado pierde potencia expresiva, se ahoga pudiera decirse en el gran plano
que limita un espacio, y el ritmo que se impone subyugantemente cuando
actúa a pocos centímetros del ojo, se ablanda a distancia. Los decorado­
res italianos del siglo XV representaron formas sólidas y precisas, a las
que aplastaban relativamente para que el volumen no compitiera con el
plano. La posición no era justa porque de tal modo no hicieron más
que anticipar en los muros el triunfo inminente del cuadro de caballete,
pero era coherente al menos. No así la de Dufy, quien no comprende que
el signo es expresivo a distancia sólo cuando responde a un sistema de
ordenación mental o una ordenación emocional que la esconde pero no la
destruye, y comete el mismo error que los pintores del siglo XVIII, T iepolo o F ragonard, con los que tiene algunos puntos de contacto. J ean
Cassou destaca que “las formas que se descubren no componen la tela,
no entran en su estructura: son indicaciones puestas aquí y allá que pun­
túan la tela, que la decoran.” Decoran la tela, pero de ningún modo
permiten que la tela decore un espacio arquitectónico.
Rastros de su primera pasión por los impresionistas le quedan a Dufy hasta
hoy —se diría frente a ciertos cuadros que ha dinamizado el impresio­
nismo valiéndose del trazo roto y flexible— pero también le quedan de
su segunda pasión por Van G ogh, quien seguramente le enseñó a sacar
partido de la pincelada llena de materia, y por T oulouse-Lautrec, quien
le mostró las posibilidades expresivas del color que se adelgaza en la
línea, y por D egas cuando ^ibuja. Con respecto a Matisse ya no son
rastros sino incorporación de elementos y adopción en cierto modo de
su actitud. Pero Dufy no hubiera llegado a ser Dufy, probablemente, sin
el período de coqueteo con el cubismo, no porque se haya disciplinado
27

r

�entonces, sino porque le ayudó a independizar el trazo del color, con los
que crea un extraño contrapunto: el trazo canta una melodía llena de
movimiento, mientras el color —a veces absolutamente plano y rajante,
a veces con alguna valoración tonal— ensaya otro canto. Para él la línea
y el color constituyen dos melodías que se superponen sin encontrar ma­
yores puntos de apoyo recíprocos, asemejándose su pintura a un coro a dos
voces. De allí deriva el encanto primitivo de su expresión y la claridad de
su escritura— sin complicaciones armónicas— así como su poética simple
que puede llegar a todos los que no se han dejado pervertir por los mo­
dos retóricos.
Es curioso el camino de perfeccionamiento de Dufy, quien se ganó la
vida durante mucho tiempo haciendo tapas de revistas, dibujos de telas y
de todo cuanto le cayera a mano. Otros se hubieran adocenado; mejor
sería decir, en otra época. A él le permitió ser más libre ese ejercicio di­
recto de la expresión a que obliga el cultivo de las artes derivadas. Claro
que también debe haber contribuido a su trivialización, pero al contem­
plar la evolución de los que fueron sus amigos fauves, se advierte que a
pesar del riesgo el saldo es favorable.
Le falta densidad al arte de Dufy, esa densidad que un artista obtiene
cuando el vivir es un modo de trascenderse. Todo es demasiado precipi­
tado y todo se evapora. Si no ha llegado a más es porque no se lo podía
permitir el planteo mismo del acto creador: echa por la borda todo sen­
timentalismo pero se entrega a imaginar sobre la base de lo que ve y des­
emboca en un neocostumbrismo; comprende que el porvenir de la pintura
está en la decoración pero atomiza las formas con más picardía que con­
ciencia; mantiene el color en los extremos de la impersonalidad pero no
es capaz de realizar con él más que piruetas de saltimbanqui. Mero especta­
dor de la vida, en un momento en que la actitud no parece legítima, se
traiciona al no comprometerse; pero sus anticipaciones lo engrandecen y
le permiten ser algo más que un cronista de nuestro tiempo.

28

�Ya casi octogenario, M atisse escribe: "Un artista no debe ser nunca pri­
sionero de sí mismo, prisionero de una manera, prisionero de una repu­
tación, prisionero de un éxito, etc. ¿No han escrito los Goncourt que los
artistas japoneses de la gran época cambiaban de nombre muchas veces
en sus vidas? Yo amo esto: ellos querían salvaguardar sus libertades.”
Matisse hubiera podido cambiar de nombre muchas veces pero no hu­
biera engañado a nadie, porque a pesar de su consejo siempre ha sido
prisionero de si mismo. Repásense las etapas de su carrera: impresionista
al comienzo, neoimpresionista después de su primera rebelión, fauve
cuando exaspera el color en la materia generosa y engrosa el trazo con la
fuerza del instinto, o no fauve cuando armoniza tonos bajos o apela a las
tintas claras o afina la línea; y se descubrirá que todos los esfuerzos tien­
den a expresar simplemente lo que él es: Matisse. Ninguna teoría lo
ayuda, a pesar de que le gusta reducir sus ideas a sentencias claras y pre­
cisas; ninguna influencia demasiado profunda sufre, no obstante su amor
a C ézanne y G auguin, lo mismo que a P oussin, C hardin y C ourbet, sin
olvidar a T urner, los orientales y los fabricantes africanos de fetiches;
ninguna aspiración más allá de la pintura lo impulsa, como si la realidad
se agotara en ella; ninguna proyección sobre los demás pretende, a dife­
rencia de Gauguin, que languidecía por la falta de apoyo de sus compa­
triotas. No lucha por nada que no sea su liberación interior, porque no
quiere ser intérprete más que de sí mismo. “Lo que persigo por encima
de todo —dice— es la expresión... no puedo distinguir entre el senti­
miento que tengo de la vida y la manera como la traduzco.” La expresión
es para él su expresión, ni siquiera como la piensa sino como la realiza.
¿No se ahoga en un peligro solipsismo el que pretende salvaguardar tan
celosamente su libre albedrío? ¿No se esconde un sofisma en esa preten­
sión de que la realidad se reduzca al yo? ¿No es suicida el rechazo de la
carne necesaria para la encarnación? Si no fuera porque las curvas que

29

�describe su espíritu jamás pasan por los mismos puntos y en cambio se
elevan en gloriosa espiral, el genio se habría esterilizado en un círculo
vicioso.
Matisse ama la vida y la apura golosamente, pero la recorta, dejando
fuera del círculo de su acción, como si no existiera, todo cuanto le es in­
diferente. Le gusta representar mujeres vestidas o desnudas, sin asomo de
erotismo, ejecutando los actos más triviales; los interiores lujosos y pin­
torescos llenos de objetos curiosamente seleccionados; los paisajes de playa
y sobre todo las flores. Hasta parece que todo lo viera y estimara como se
ven y se estiman las flores, impersonalmente. (“Hay flores por todas
partes para quien quiere verlas.”) Pero la idea de representación le
es ajena, más aun la de que él pueda confundirse con las cosas: ni empirista, ni panteísta, como M anet. Su actitud primordial es la de un es­
pectador tranquilo que se empeña por hallar escondidas relaciones sen­
sibles entre las cosas más comunes y su mundo —ese mundo encerrado
entre muros que limitan la composición en el fondo y el ojo del es­
pectador, espacio sin profundidad pero que no ofende tampoco con la
severa frialdad de un plano inerte— se despliega en una atmósfera de
refinado confinamiento. Todo es artificial, hasta las ventanas y las puer­
tas, que no sirven para comunicarse con el exterior sino para poner dis­
tancia y para señalar discretamente la existencia de algo más allá de unas
persianas cerradas.
En ese mundo no caben predicados éticos ni alusiones alegóricas. No co­
nozco otro pintor que tan cómodamente pueda representar sin aludir,
destruyendo cualquier aliento antropomórfico, cqmo Matisse. Esa nota
de impersonalidad se debe a su complejo modo de pintar que, por una
parte implica el control de las reacciones sensibles, de las que desconfía,
y por otra el hallazgo de formas objetivas que las encierran. Pero no
destruye la emoción ni desprecia la sensación; lo que hace es acumular
sensaciones para que se depure la emoción. “Cuando pongo un verde no

30

�quiere decir la hierba, cuando pongo un azul no quiere decir el cielo”
—le dice a P ierre C ourthion. Pero el verde que pone es también la
hierba y el azul también el cielo; un verde y un azul que no representan
la hierba y el cielo pero en los que se condensan sus experiencias de
verde y de azul. Son tan duros y tan plenos que no se parecen a ningún
verde de hierba y a ningún azul de cielo, y por eso se cargan de una ex­
presión abstracta aun más poderosa que la del cielo y la hierba, ¿No es
esto objetivar el producto de la subjetividad? Así como la hierba y el cielo
despiertan, gracias al color sublimado, una emoción más densa y conte­
nida que la de las cosas naturales, cualquier otra imagen no despierta aso­
ciación alguna y el espectador se olvida de que es un brazo, una mesa, un
florero o un fondo rayado de pared lo que está viendo.
Matisse llega a esa condensación a fuerza de pensamiento. No cabe duda
de que es un intelectual. Cogitavi, ergo pinxi: el lema de P oussin podría
ser el suyo. Mas no piensa por medio de esquemas racionales o concep­
tuales, sino por medio de esquemas abstractos que crea su imaginación y
por eso alcanza la expresión virginal. El intelecto vigila para que el espí­
ritu se libere de resabios sentimentales y de los caminos hechos del ins­
tinto, pero no destruye la emoción. De este modo, aunque se acerca a los
abstractos, hasta el punto de ser más objetivo e impersonal que muchos
de ellos, también se aleja por su repudio a todo conceptualismo racional.
Su pintura tiene una honda raíz metafísica. Es una especie de aleluya
sonriente, la de un hombre que ve por encima de la contienda dramá­
tica, un equilibrio de esencias sin contenido psicológico: el puro estar de
las cosas. Sus figuras parecen poseer el mismo carácter que los angelitos
que pintaban los primitivos en el Medioevo y que siguió pintando en el
Quattrocento F ra A ngélico. Hasta por su anacronismo, frente a la serie­
dad de la mayoría de los pintores del siglo, la vinculación de Matisse con
Fra Angélico me parece legítima. Ambos carecen de misticismo psíquico y
ambos practican una mística de la irresponsabilidad que engendra una

31

�ética de la despreocupación. "Quiero un arte de equilibrio y de pureza,
que no inquiete ni perturbe; quiero que el hombre fatigado, que ha tra­
bajado con exceso, enervado, encuentre en mi pintura la calma y el re­
poso.” De haber querido y sabido decirlo no hubieran sido diferentes
las palabras de Fra Angélico. Para uno y otro el arte es un factor de
catarsis espiritual. Matisse no quiere atraer al espectador hacia lo pro­
fundo de su alma individual, porque todo patetismo le parece superfluo
y como los clásicos vive en atmósfera de eternidad; quiere elevarlo hacia
una región de serenidad en la que todo se resuelve en general armonía.
No me extrañaría de que creyera en una armonía preestablecida de la
creación.
Digo serenidad, no estatismo. Las imágenes de Matisse no son estáticas.
No aluden al movimiento físico o sentimental, pero hay una latencia
dinámica en los contrastes de planos yuxtapuestos que es presencia de
movimiento espiritual. En esto se diferencia de Dufy, para quien el movi­
miento es impulso de gracia. Los he comparado, sin embargo, porque
esa voluntad austera de Matisse, enderezada hacia la conquista de una
plenitud formal que sólo puede situarse en el plano de la belleza abso­
luta, encuentra a menudo la fuerza innata del espíritu francés —ironía y
escepticismo— que se le opone. Él mismo lo comprende y se encarga de
repetir que no quiere seducir con su pintura, pero ¿basta la voluntad?
A lo largo de su vida es fácil advertir la oposición constante entre las
notas bajas y las altas: mientras suenan las primeras y las formas se origi­
nan en las cosas, Matisse se acerca a Dufy, sobre todo en aquel período
de las odaliscas superficiales pero graciosas; cuando suenan las segundas
y el contrapunto de la melodía terrenal desparece, dominando el inte­
lecto a la sentimentalidad, Matisse se aleja de Dufy. Y aunque es genial
entonces, la fiesta de los ojos vela los afanes más altos y siempre seduce.
¿Qué ha hecho Matisse con los elementos eternos de la pintura para trans­
formarlos en dóciles siervos de su concepción impersonal? Si fuera un
32

�racionalista se habría fundado en el dibujo, que de por si ordena en
campos abstractos, pero como el trazo conserva el recuerdo de las formas
reales, so pena de desvanecerse en la nada, se funda en el color. Lo ha
ido limpiando del vibrato, del claroscuro, del tonalismo, de la subordina
ción al trazo, para dejar al desnudo el plano que no obedece a paradig­
mas geométricos. También con la línea lo sugiere. Una tela de Matisse
de los últimos años es producto de un ensamble de planos de diferente
forma, tamaño y tinta que se llaman entre sí. “Todos mis colores cantan
en conjunto, es como un acorde de música; tienen la fuerza necesaria para
el coro” —le ha dicho a Courthion. La idea del acorde es errónea, pues
no hay fusión de planos, pero no la del coro, porque en efecto toda su
pintura se resuelve en un contrapunto de tonos enteros y semienteros, sin
dramatismo, como en los motetes medievales. La luz misma, tan im­
portante, no es reflejo ni potencia, es cadencia cromática que crea el
contraste de planos, conduciendo el ojo de un tono al otro, aquí claro y
brillante, allí más oscuro y opaco.
Se comprende que Matisse haya reducido intelectualmente la pintura a
ser composición y nada más que composición. En la época fauve compo­
nía respetando la visión integral primaria: suprimía el análisis y, par­
tiendo de un solo foco, pintaba "apasionadamente, intensamente, veloz­
mente, lo que el ojo percibe en ese inmediato acto de percepción” (R ead ) ;
ahora ha de mirarse una tela suya como una estructura en la que todas las
partes tienen el mismo valor. A una concepción romántica basada en el
principio de subordinación opone una concepción clásica basada en el
principio de coordinación. De aquí procede también el carácter polifónico
de su pintura, en la que es solicitado el ojo desde todos los puntos, esta­
bleciéndose un venturoso equilibrio.
Razones similares a las que expuse a propósito de la pintura de Dufy
justifican que no considere la de Matisse como decorativa, en el verda­
dero sentido de la palabra, a pesar de que éste no emplea signos sino

33

�planos y, en consecuencia, llena el muro de manera más concreta. El
sistema de equilibrio de planos y líneas que oscilan levemente en el es­
pacio —su mayor originalidad desde el punto de vista formal— hace que
la expresión no se viva sino después de una demorada contemplación, no
porque tenga profundidad en sentido romántico, sino porque hay que
descubrir la secreta armonía del ensamble. Si se mira un cuadro de Ma­
tisse rápida o distraídamente, no produce más que placer visual; si se lo
mira detenidamente ,el más intenso placer intelectual. Y como el destino
de la pintura decorativa es el de que actúe rápidamente, este modo de
mirar la trivializa. Sólo cuando se ven cuadros de Matisse, unos al lado
de los otros, el ritmo simple y profundo penetra en el espíritu del espec­
tador y la expresión se completa. Por eso, cuando una revista como Verve
reproduce muchos cuadros de Matisse en color y el lector puede verlos
uno tras otro, creo que llega a una condensación de lo que expresa más
profunda y completa que si tuviera que ver cada cuadro aisladamente.
Sin embargo, tiene carácter eminentemente decorativo la pintura de
Matisse y en los últimos años ha insistido más aún en ese sentido abor­
dando la decoración propiamente dicha. No conozco su gran decoración
para la Fundación Barnes titulada La danza, ni la que antes hiciera para
Stchoukine, menos todavía la que está realizando actualmente en la pe­
queña iglesia de Vence, pero temo que llevada al gran plano del muro
se superficialice esa fina emoción rimada que caracteriza a su pintura.
Su fuerza ilustrativa acrece en cambio, en el magnífico libro de estampas
Jazz, hecho entre 1946 y 1947. Son grandes páginas formadas con recortes
de papeles pintados a la gouache, improvisaciones cromáticas de gran vio­
lencia en el contraste, con una vaga referencia a temas aunque son muy
abstractas, en las que Matisse se entrega a la más fecunda experiencia
que conozca sobre las relaciones rítmicas entre el trazo y el color, subordi­
nando aquél a éste por el hecho de ser nada más que límite de la zona
recortada. Además del sentido de imaginación inventiva y del equilibrio

34

�para armonizar las formas, así como de su buen gusto, lo que más sor­
prende es la eficacia expresiva de su ritmo arrebatador. Podría pensarse
que la absoluta simplicidad de ese ritmo es el que requiere la decoración
pintada, pero me pregunto: ¿conservará su energía al extenderse las for­
mas en la superficie de un muro, conservará sobre todo esa riqueza de
vibración anímica que valoriza la ilustración, o se transformará simple­
mente en una vertiginosa fiesta de la sensibilidad visual?
VII
La apreciación del valor de la pintura de los fauves y en particular la
de M atisse exige un planteamiento de ideas generales que me propongo
formular discutiendo la opinión corriente y a mi juicio errónea que se
expresa en estas proposiciones de L ionello Venturi: “¿Será necesario re­
cordar —escribe en La Pittura contemporánea— que el valor de una obra
de arte de ningún modo reside en la importancia social o religiosa de
su contenido ,sino en la manera como la forma se adapta a un contenido,
cualquiera que sea?”
Admito que la peculiar tarea del artista es la de crear formas. Hace ya
medio siglo que Benedetto Croce lo dijo de manera asaz terminante:
"El acto estético es forma y nada más que forma”. Pero esto no significa
que la forma carezca de contenido; la forma es expresión —como ha en­
señado el mismo Croce—, y la expresión implica siempre un contenido.
Por eso el problema se plantea rectamente, a mi juicio, sólo cuando se
contempla el proceso dialéctico que se entabla entre los contenidos y las
formas. El error de Venturi deriva del empleo de dos proposiciones abso­
lutamente antitéticas. Él dice esto no es y esto es, sin advertir que tanto
la negación como la afirmación encierran una parte de verdad y de error.
Es cierto lo que dice no ser (“que el valor de una obra de arte de ningún
modo reside en la importancia social o religiosa”) si la estimación se

35

�reduce a la mera comprobación de la importancia de esos contenidos co­
mo tales; pero es falso si pretende restarles toda ingerencia en el acto
de la creación, ya que entonces se agota en esta disyuntiva monstruosa:
o el artista es un creador de moldes elásticos en los que cualquier con­
tenido halla su forma y lo que importa es solamente el molde, o es un
inventor absoluto de contenidos que solamente valen en relación con las
formas que los expresan. Es cierto lo que dice ser (“que el valor de una
obra de arte reside en la manera como la forma se adapta a un conteni­
do”) , pues la obra no es más que el producto que logra el artista al ex­
presarse por medio de elementos artificiales que constituyen la forma;
pero no es cierto que ese contenido pueda ser “cualquiera”, como lo prue­
ba la relativa uniformidad de los contenidos en cada época histórica.
Ante todo, debe comprenderse que los contenidos de las obras de arte
constituyen el patrimonio común de todos los hombres. El mismo Ven­
turi lo demuestra en su excelente obra Pittori moderni, al encontrar los
motivos de inspiración de esos artistas en los planos más diversos de la
cultura social. El artista no es un creador absoluto de contenidos: las ideas
políticas o sociales, los sentimientos o costumbres, los principios religio­
sos o éticos y hasta las adivinaciones metafísicas, pertenecen al espíritu
objetivo, en el que se nutre el espíritu subjetivo, según decía H egel. Mas
no son esos contenidos los que expresa; lo que hace es transformar los
contenidos comunes en contenidos propios de su forma. De donde se
desprende que cada forma tiene su contenido y que ese contenido es
producto de una transformación individual de los contenidos comunes.
¿Autoriza este planteo a juzgar la obra exclusivamente por los caracteres
de su forma, que es como decir, de su contenido propio también? ¿Autotoriza a lo contrario? Bien se ve que el juicio no puede emanar más que
de una relación de reciprocidad entre los contenidos y las formas, referida
al contenido común y general que le presta sentido.
Ahora bien, si el contenido es vago o confuso, la forma será igualmente

36

�vaga o confusa, y el valor de la obra será relativo. La forma es absoluta­
mente valiosa cuando su contenido es claro. Pero también puede ser
claro y al mismo tiempo falso, en cuyo caso tampoco será valiosa. Este
principio de lo falso y lo verdadero, piedra miliar del edificio de la crí­
tica, es el punto de mayor discusión. ¿Quién dictamina si es falso o ver­
dadero el contenido? Si son los hombres comunes, nadie olvida que mu­
chos grandes artistas no fueron valorados en su tiempo y, a la inversa,
muchos mediocres fueron considerados genios. Si son los críticos, cometen
tales errores que hasta cabe dudar de que tengan capacidad para estimar.
Son problemas que, sin embargo, se refieren a la estimación del valor y no
a su caracterización, de suerte que, en teoría al menos, puede admitirse
que no hay obra de arte valiosa sin contenido verdadero.
Desde otro punto de vista, advertimos que ese contenido claro y verda­
dero se exterioriza gracias a la forma, que se constituye así en el soporte
del valor. Estimar a éste por la forma, en consecuencia, es legítimo siem­
pre que se tenga en cuenta que el aspecto exterior de la forma debe coinci­
dir con el interior del contenido; con otras palabras que, a diferencia de
lo que ocurre con el líquido que se vuelca en un vaso, en la obra de arte
el contenido modifica el continente y viceversa; por cuya razón la metá­
fora común de que el artista vuelca sus contenidos en las obras, es tan
falsa como ingenua. Cuando se estima solamente la forma y se desestima
el contenido, no sólo se fracciona lo que es indivisible sino se corre el
riesgo de apreciar la obra más por la capacidad de producir reacciones sen­
sibles en el espectador que por lo que verdaderamente expresa. Y cuando
se presta conformidad a esas formas puramente exteriores, que no co­
rresponden a un contenido claro y verdadero, sólo porque producen
placer visual, se comete el pecado de trocar el arte por el juego de los
sentidos.
Resumo las conclusiones. 1. La obra de arte es forma con un contenido.
2. Los contenidos de las obras de arte proceden del patrimonio común
de los hombres. 3. No obstante, adquieren su nota peculiar merced al

37

�sesgo propio que le otorga el espíritu del artista. 4. Esos contenidos no
son valiosos solamente porque el artista los elabore, sino en la medida
en que sean claros y verdaderos. 5. La forma puede tener un valor
propio, instrumental, no artístico. 6. El valor de la forma emana de su
adecuación a un contenido, el cual debe ser valioso por sí. 7. Entre la
forma y el contenido no existe una relación de continente a contenido,
sino de fuerzas que se atraen y se repelen. Consecuencia final: cualquier
contenido, con tal de que sea expresado adecuadamente, como afirma
Venturi, no basta para cimentar el valor de una obra de arte; del mismo
modo que no satisface un hombre que actúa firme y eficazmente, hasta
con elegancia, cuando sus fines no son éticamente aceptables.
La mayor dificultad para juzgar las formas en función de sus contenidos
y a éstos en función de los contenidos comunes, que tal es la tarea de la
crítica, reside precisamente en la estimación de lo que es verdadero, pues
la verdad artística —llamo así a la intuición de la vida en su dimensión
de permanencia— a menudo está escondida o disfrazada. El artista es va­
lioso en la medida en que la descubre o desenmascara, y la única regla que
puede establecerse sobre esto es que esa verdad se encuentra siempre en
la vida social —aunque parezca residir en la conciencia individual— res­
pondiendo a “ciertas categorías apriorísticas, a ciertas inclinaciones pri­
marias de la sensibilidad artística y, aun mejor, de la sensibilidad ge­
neral” (W orringer) . A veces coincide esa verdad con las verdades natu­
rales y el arte se acerca a la ciencia experimental en los períodos materia­
listas; a veces, con las verdades espirituales y el arte, se acerca a la meta­
física y la religión en los períodos idealistas. No creo que se pueda ir más
allá de este inevitable relativismo.
A semejanza del artista, el crítico debe descubrir o desenmascarar esa
verdad en las expresiones formales. Encontrará obras en las que apenas
se la adivina o en las que se expresa vaga o confusamente, otras en las
que se impone de modo claro y distinto, matices que le permiten esta-

38

�blecer jerarquías en el campo siempre de la intuición verdadera. Si su
faena es difícil y riesgosa cuando se ocupa del arte de su tiempo, es
porque también él puede equivocarse en la apreciación de lo verdadero,
y ¡vaya si se equivoca! Lo es menos cuando se trata del pasado, porque se
han ido condensando juicios de relativa vigencia universal que le permi­
ten considerar a esos valores verdaderos como realizaciones imperfectas
del valor absoluto, de la belleza.
De acuerdo a este planteo, estimo valiosa la pintura fauve en cuanto sig­
nifica adivinación de una categoría apriorística de la sensibilidad, a mi
juicio en formación desde comienzos del siglo; y la estimo no valiosa en
cuanto significa repetición de actitudes no vigentes. Mis reacciones sen­
sibles ante las obras me confirman: por las razones dadas, tanto V laminck,
F riesz y Van D ongen, como M arquet y los otros de segunda magnitud,
manifiestan vivacidad y energía en los cuadros en que perdura aquel re­
lámpago de adivinación; luego, aunque se perfeccionan en el hacer y la
sensibilidad exterior se afina, están practicando a oscuras un romanticis­
mo vergonzante. ¿Qué es lo que produce esa disminución de la calidad?
No son los medios formales, sino el desvio para encontrar en la realidad
el contenido vivo de sus formas. Escapan D ufy y M atisse porque se re­
sisten a dejarse llevar nuevamente en alas de la evasión romántica. El
primero se malogra en parte, como se ha visto, pero se salva el segundo,
aunque de ningún modo pienso que sus formas sean paradigmas.
El lector se desconcertará tal vez, si confunde, como es de práctica, el
contenido de la obra de arte con las formales reales del mundo. Pensará
que hay más contenido en un paisaje de Vlaminck que en una composi­
ción de Matisse, a quien se le enrostra a menudo que crea formas vacías.
Se equivocará al pensar así, pues los contenidos son espirituales y las
formas de representación no son más que soportes, de modo que puede
haber más espiritualidad, como ocurre en este caso, en una pintura de
tendencia abstracta que en una de tendencia figurativa.
39

�La genialidad de Matisse reside en haber sentido que el espíritu no se
puede alojar más en las cosas que se ven, por tanto en la representación
de las mismas, sino en formas rítmicas que exteriorizan una intuición
intelectual del mundo. En Jazz comenta la “revelación del mundo” que
le proporciona “un simple viaje en avión de París a Londres”, y agre­
ga: “Y al volver a nuestra modesta condición de peatón no sentire­
mos más el peso del cielo gris sobre nosotros, pues nos acordaremos de
que detrás de ese muro fácil de atravesar existe el esplendor del sol y
la percepción del espacio ilimitado en el que nos hemos sentido tan
libres”. He aquí, pues, el origen de la escapada de Matisse y por qué
crea las formas abstractas que su imaginación de hombre de más de ochen­
ta años le permite. “Los teóricos del arte moderno deben reclamar, en
defensa de Matisse, que ninguna definición de la pintura que no incluya
de alguna manera el concepto de forma, puede sobrevivir en su aplica­
ción por mucho tiempo”. Verdad de a puño que escribe H erbert R ead.
Matisse crea una forma y por eso sobrevive y sobrevivirá. En su pintura,
el juego rítmico de planos no es determinado por el mero deseo de crear
combinaciones agradables a la vista; se siente, con las salvedades ya for­
muladas, que hay peso en su emoción y que se recompone un trasmundo
de coherencia moderna. No tienen sus obras un contenido “cualquiera”:
es un contenido que tiene la absoluta originalidad que le presta su mo­
do de ver, pero que se apoya en aquella intuición social de la vida de
que se hablaba, verdadera a mi modo de ver, aunque no sean muchos
los que tienen conciencia de que lo es. Y sus formas no son de pura
invención, sino las que corresponden a esa transformación peculiar que
hace de los contenidos sociales. Convengo, sin embargo, en que no llega
a la constitución de la forma clara —su arrojo no le permite superar com­
pletamente un compromiso con las formas viejas— pero cuando lo com­
paro con los otros fauves, que van diluyendo el espíritu nuevo en sucesi­
vos renunciamientos, no puedo menos que señalar con alegría la hazaña
de Matisse como la de un héroe de nuestro tiempo.
J orge R omero Brest

40

�WEND

FISCHER

Revistas cuya savia auténtica brota en límpido caudal de las esferas del
intelecto —ya venga su material de las artes plásticas, de la música, del
teatro o de la literatura— parecen predestinadas a luchar con triviales pero
acérrimas dificultades de todo género y en todas partes del mundo. For­
zosamente se impone una y otra vez la pregunta si acaso el móvil para
estas peripecias no radica en el hecho de que el intelecto, que no es más
que resumen de un anhelo cultural potenciado, sigue siendo persona non
grata, peligro para la sociedad, enemigo público N f 2. ¿Quiénes, si así
fuera, determinan ese estigma?
Estos interrogantes debe haberse formulado el joven historiador y critico
de artes plásticas alemán W end F ischer cuando la reforma del mecanismo
fiduciario alemán le impidió continuar con la publicación de su exce­
lente revista Das Tagebuch, de la que sólo aparecieron cuatro números.
Ya los entendidos habían presagiado: “Demasiado buena para sobrevi­
vir.” Y así mucho buen material quedó en carpeta, víctima de la intole­
rancia e incomprensión, ambos hijos de la mala voluntad.
El autor, padre espiritual de esta loable aventura, es Wend Fischer. Hom­
bre joven, de fina sensibilidad y vibración, capaz de una verdadera pe­
netración en la obra de arte, de la que es eximio conocedor y amante,
la tradición francesa se manifiesta al cambiar las primeras palabras con
él. Proveniente de Berlín, zamarreado y golpeado, juntamente con su
mujer, por la guerra, y más quizá por la posguerra, quedó un día varado
entre las ruinas pretenciosas de una ciudad en el corazón del Ruhr,
Dusseldorf.
Quizá sea él ahora más pesimista, tal vez haya más amargura en sus ges­
tos y palabras. Pero nunca perdió lo que mantiene la llama de su vida:
su intimidad con las obras de arte: ese vivido y tonificante contacto que
fué la única salvación para tantos de la hecatombe, entre ellos Wend
Fischer
R odolfo G. Bruhl
41

�J A Z Z DE H E N R I

MATISSE

—torrente de ritmos de luz, embriaguez de co­
lores dionisíacos domados en claridad apolínea, erupción del
instinto en sutil balanceo con sensibilidad nerviosa y prístina
inteligencia. Mujeres, frutas, flores, azul mediterráneo y fluida
luz marroquina. Primario y refinado, bárbaro y lujoso, sensual
y colmo de sabiduría infinita— todo uil ensemble, un cosmos.
1905. “Tiens, Donatello au milieu des fauves!” exclama Louis Vauxceen el Salón de Otoño delante de las obras de M atisse y sus amigos.
Les Fauves, ellos aceptan y adoptan el mote, M atisse y M arquet, D erain y
V laminck, D ufy y R ouault. La brutalidad de los colores provoca en el
público hilaridad e ira. Penosamente supo llegar a aceptar, si bien sin
ninguna efectiva cordialidad, a los impresionistas. ¡Y ahora estos bárbaros! Pero esta barbarie no es sino el comienzo de una nueva época. Aun vive
en Aix-en-Provence aquel viejo solitario, que en dura labor y afán diario
creó los principios de un orden nuevo para el cuadro de caballete: P aul
C ézanne. Su óleo Tres bañistas pende desde hace años en la pared del es­
tudio del joven Matisse en el Quai Saint-Michel. Por una suma ridicula
lo compró Matisse a Vollard; pocos años después un colecionista ameri­
cano ofrece por él un millón de francos; pero Matisse lo regala a la Ciu­
dad de París, al Petit Palais.
Cézanne es descubierto por los fauves. Cézanne contra Monet —esto para
Matisse quiere decir: síntesis contra análisis, expresión contra impresión,
conformación ordenada contra la escritura copiadora de un reflejo óptico.
Pero Matisse va más allá de Cézanne, quien revela y desarrolla los prin­
cipios de un arte nuevo, pero sin animarlo todavía con la sustancia de un
nuevo sentimiento y vibrato vital. Aquí entra Matisre con su proclama de
libertad, del instinto y de la inspiración, que para él representan el origen
de toda creación artística. Un cuadro —esto es, la condensación de un sen­
lles

42

... \ .

H enri M atisse

�timiento vital a un acorde do color y forma, “un accord de couleurs vivant, une hcirmonie analogue a celle d’une composition musicale”, así lo
define él mismo.
Libertad, instinto e inspiración —ellos son el origen, pero no la obra to­
davía. Ellos son la energía creadora, que solamente la inteligencia de un
artista puede transformar en el cuadro. Y quizás a esto se reduce la ver­
dadera genialidad de Matisse: que instinto e inteligencia actúan en él con
coincidencia primaria y simultánea, que el instinto creador no inunda ni
desplaza la inteligencia y que la inteligencia conformadora ni disminuye
ni quiebra al instinto. Esto da a las manifestaciones de su vitalidad su
clásica quietud. Las profundas corrientes del sentimiento y los claros im­
pulsos de conciencia fluyen libres y sin fricción a “la mano que dibuja”,
de la cual más tarde el ya casi octogenario se atreve decir “que le tiene
confianza” y que “ella no es sino la prolongación de la sensibilidad e
inteligencia”.
1947. La costa del Mediterráneo es el paisaje de su predilección. Legí­
timamente pertenece ella a la coincidencia entre su vida y su arte. Allá,
en Vence, vive Matisse, anciano, serio, poco accesible y no siempre fácil
de tratar. Trabaja casi sin interrupción, de de hace más de medio siglo
no hace otra cosa. Apenas duerme y Louis Aragón que lo visita en Ven­
ce lo llama “el monstruo del trabajo”.
M aywald, exquisito fotógrafo parisiense de arte y moda franceses, no ha
mucho tomó una fotografía muy característica del anciano: allá está
sentado en su jardín en la Riviera, tranquilo, con ciente de sí mismo,
sabio y un poco cascarrabias. Una nariz vital pero clara y simétricamente
formada, ojos pequeños que brillan con mirada de precisión detrás de
lentes sin borde, definitivamente distanciados, una boca fina, cerrada.
Las manos rudas y sensibles, veteranas con piel apergaminada.
Este anciano publica en 1947 en la Editorial Teriade de París un libro.
Su título es Jazz, texto e ilustraciones de Henri Matisse. Alegre juego y
suma sumarum de sabiduría que se condensan en unidad completa, la
concentración de su vida.
Matisse ha ilustrado muchos libros, los poemas de M allarmé, el Ulyses
de J oyce, Les fleurs du mal de B audelaire, y M ontherlant, R everdy,
T ristan T zara y M arianna A lcoforado. Con Jazz se trata de algo dis­
tinto: aquí no sirven los cuadros como ilustración de un texto, sino el
texto, en la escritura original de su puño y letra, sirve a los cuadros co­
43

�mo arabesco ornamental, separándolos entre sí y uniéndolos a la vez. La
escritura manual es “un acompañamiento de los colores, así como las
asters desempeñan papel importante al atar el bouquet” —así quiere que
se lo entienda.
Así como el texto (anotaciones aforísticas de observaciones y emociones)
solamente debe ser ornamento que acompaña. Así también el título
Jazz no tiene significado alguno de contenido, sino solamente caracteriza
el ritmo que llena y lleva la composición. Matisse no da ninguna ilus­
tración del Jazz; él toca Jazz, lo toca en colores como el músico lo in­
terpreta en tonos y acordes. Esto lo logra al entregarse por completo a
la espontaneidad de su instinto y su inspiración, y al trasponer, con la
precisión sensorial de su inteligencia, su sentimiento vital en colores.
Inmediato: ya no traspone, como si este camino le pareciera excesiva­
mente largo, el color a la tela, sino lo toma, en forma de papeles de
color directamente en la mano y lo corta en su forma. “Dibujar con la
tijera” lo llama. Por este camino más directo y corto es capaz de lograr
la identidad entre sí mismo y la obra de arte, espontáneamente y con
exactitud. Los temas de estos cuadros —“memorias cristalizadas de circo,
de leyenda y de viaje”— llegan a tener menor importancia frente a la
realidad vital, espiritual y artística de este acorde. El ritmo de la emo­
ción fluye con plenitud y sin freno ni dique en el ritmo del color. Todos
los cuadros creados por Matisse experimentan aquí cuasi su máxima con­
densación al ritmo absoluto: en estas páginas su frescura y su preciosi­
dad, su vitalidad y su cultura, su dicha y su siempre dominante alegría,
su sabiduría han sido reducidos a la última fórmula, la más sencilla y
la más musical.
W end F ischer

Traducción de R. G. B.

De la revista alemana Jazz, N9 1, noviembre de 1949; Verlag Heinrich
Hoedt, Lahr: Schwarzwald.
44

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��EXPOSICION DE FERNAND LEGER
Tres fragmentos de un catálogo
y nota del traductor

Ilay en L éger un deseo de extraer de una composición toda la emoción y estética que
ella puede dar. Así conduce a un paisaje hasta el más alto grado de una feliz
simplicidad.
Es uno de los primeros que, resistiéndose al antiguo instinto de la especie, al de la
raza, se han entregado con alegría al instinto de la civilización en la que viven.
Es éste un instinto al cual se resisten muchas más gentes de lo que se cree. En otras,
ese mismo instinto se convierte en un frenesí grotesco, frenesí de ignorancia. En otras,
también, consiste en aprovechar todo lo que nos llega por los cinco sentidos.
Pero Fernand Léger no es un místico; es pintor, simple pintor, y yo me regocijo
tanto de su simplicidad como de la solidez de su juicio.
G uillaume A polixaire

El cubismo fué la elaboración de un método. Pero L éger no es un espíritu curioso de
descubrir y establecer un método: es y fué, desde su origen, un temperamento. Un
temperamento en armonía con los aspectos singulares del mundo actual y orgánicamente
constituido para traducirlos plásticamente. Un temperamento lírico. El vocabulario in­
ventado por los cubistas ha nutrido el estilo de nuestra época, pero es nuestra época
la que. se expresa, habla y grita por los signos que ha inspirado al genio creador de
Léger. Él se ha convertido, o más exactamente, ha sido convertido, en el eco sonoro y
el intérprete de nuestra edad dinámica e industrial. ,
J ean C assou

49

�El espíritu se anim a de pronto y se viste a su vez com o los anim ales
y las plantas.
P rodigiosam ente
y h e aquí
la p intura se transform a en esta cosa enorm e q u e palpita
la rueda
la m áquina
el alm a hum ana
una culata d e 75
m i retrato.

llLAISE CENDRAR»

F ernand L éger , artesano poderoso, creador de un universo de sólidos hom bres y
m ujeres, sim bólico de bicicletas, obrero de engranajes y poleas, alquim ista de tubos
y retortas m isteriosas agazapadas contra pequeñas nubes in fan tiles, am igo d el caballo
y del perro; color agrio, línea dura, m undo real sobre el m u n do verdadero. Este
Fernand Léger, discutido y negado; este gran convencido de sí m ism o y p rim er fe ­
ligrés de su idea, nos da ahora toda su obra, unida y cerrada, d efen d ien d o su au ten ­
ticidad en la poderosa m agia de lo colectivo. M useo de A rte m oderno, gran Sala
de polém icas.
Fernand Léger es el ejem p lo del p in tor q u e representa una época, y se coloca así
en una de las fracciones q u e en arle m oderno sostienen encarnizadam ente y con
igual violencia, la contienda de la necesidad o el absurdo del arte social. Este enorm e
conjunto de m ujeres y hom bres de líneas duras, esta aparición continua y obsesio­
nante de ruedas de bicicleta —extraño sím b olo, por otra parte, m ás revelador del

50

�espíritu francés q u e expresivo de una, alegoría universal— y de m ecanism os y tornillos,
ese gran aire de fábrica, frío y cálido al m ism o tiem p o, un poco h ierático e in h u ­
m ano, en ten d ien d o por hu m an o una concesión m ás evid ente al sen tim en talism o o a
la ternura; este inm enso aire de colores duros, de m anos rígidas de m ujeres y h om ­
bres paralizados en un estatism o m uchas veces doloroso: todo este gran con n ju n to es,
evid entem ente, revelador de una época y, adem ás d e su in n egable sentido social,
da una idea in fin itam en te d iferen te a la q u e surgía d el cuadro aislado de Léger.
D e donde se deduce q u e la obra de L éger debe verse en conjunto. C om o un ver­
dadero m u n do, deb e vivirse en él; Compartir su m iseria y su dolor; gozar su alegría,
hab itu ar el ojo a su color particular, a su form a específica, resbalar la m irada por
el grueso trazo que, al tiem po q u e separa la figura y la hace neta y distinta, la une
inexorablem ente a un m ism o cielo y tierra, a unos id énticos hom bres y elem entos.
Este m undo de L éger revela tam bién que la virtud del recurso plástico pu ro existe
cada vez m enos com o tal; el color, la línea, la com posición y la originalidad de' la
creación plástica, están ín tim am en te m ezclados con el sen tim ien to social, o, para
decirlo m ás um versalm ente, con el sen tim ien to h um ano, con el hom bre verídico e
irrefutable, el hom bre de carne y hueso. Porque ésta es la obra total de un hom bre,
el producto de sus íntim as convicciones y el espejo de su soledad, de su desesperación
y su rebelión dentro d el m u n do q u e le toca com partir. Ju n to a esto, surge neta
su voluntad de construir ese m u n do a su necesidad y su ham bre. La obra no es sólo
un reflejo de un tem a cualquiera; es un p rop ósito de construcción propia, es un
rechazo o aceptación de las circunstancias tales com o se dan o com o otros las p ro­
vocan, es una voluntad bien clara de hacer hom bres propios, tierra propia, aire
propio. Segundo elem ento, éste de la finalidad, q u e certifica cuán legítim os son
los argum entos de los partidarios del arte social, con fu n d am ento hum ano.
En conjunto, gracias a estas evidencias, se im p one progresivam ente com o construcción
colectiva. El proceso del ju icio se realiza a la inversa que en la m ayoría de los casos;
lo social hum ano, el hom bre tratando de im poner una idea, crece con tal fuerza que
sólo al fin, cuando el crítico acepta, o rechaza la verdadera existencia de esa idea, y
se sum erge y com parte su universo, es posible descubrir la lín ea y el color o la
com posición por ellos m ism os. Entonces se h alla, y con q u é facilidad ahora, lu ego que
el pintor nos ha "obligado” a aceptarlo y ¿por q u é no? a adm irarlo con la gran
presión arm ónica de su m undo: se encuentran, pues, los graves defectos de m onotonía,
la falta de estilización y el frecuente m al gusto de varias com posiciones, la inconsis­
tencia de enorm es telas, la repetición abusiva de tem es, de figuras, recursos y trucos
plásticos. T am poco el color es siem pre feliz: la m ism a artesanía agria que, com o

51

�creación d el p rop io universo, es factor im portantísim o de convicción, desbarata por
su rudeza inarm ónica cuadros com o Homme et femme, que están m uy lejos de p ro­
vocar un verdadero placer estético. U n o de los m ejores cuadros de la exposición es
el fam oso y m en tad o retrato fam iliar con palom as y bicicletas, q u e m e trae siem pre
a la m em oria esa otra fam ilia ingenua y m aravillosa al p ie d el p eq u eñ o tílbury, que
p in tó la ingen u id ad y el h on esto entusiasm o del' douanier R o u s s e a u . N o obstante,
planas las dos, representativas las dos, b ien com puestas las dos, estáticas las dos, con
la secreta in ten ción de ser, a la vez, sím bolo y alegoría y sobrepasar la intrascen­
dencia del retrato; no obstante toda esta id entid ad de propósitos y de elem entos,
la fam ilia de R ousseau se sostiene con una persistencia q u e tal vez n o logre la fa ­
m ilia de Léger. Es q u e todo en Léger tien e aire de gran decoración, de telón enorm e
y grotesco. Esa noción de lo grotesco flota en el am biente, m ina los fundam entos de
la obra y la vuelve toda superficial, decorativa, intrascendente, lim itad a al tiem po
cuya anécdota reproduce. H ay pintores que son d e segunda categoría y la voluntad
firm e sostenida durante toda una extensa obra no basta para hacerlos franquear el
breve lím ite q u e los separa d el inventor gen ial, d el creador de colores y de form as,
d el pintor q u e pesa en el m ovim ien to plástico con una in flu en cia decisiva y evidente.
L éger es —según m i op in ión — u n p in tor fiel, una especie de obrero em peñoso sin
gen io, a q u ien , en ú ltim a instancia, lo salva la finalid ad . Y esta finalid ad es la que
se advierte en la exp osición colectiva donde la constancia de su m ensaje rep etid o logra
al fin conm over la in flexib ilid ad d e la crítica.
M a rth a T raba

52

�bibliografía
DO S L IB R O S
La literatura brasileña sobre estética es
pobre. Ls críticos raram ente van m ás allá
de la crónica diaria y nuestros h istoria­
dores de arte están en general m ás in te ­
resados en la historia q u e en el arte. Por
eso creo que debo señalar con cariño la
aparición, en este ú ltim o año, de dos li­
bros im portantes: Arte, necesidad vital de
M ario P edrosa y Sociologie e psicoanalise,
de R ocer B astide .
E l libro de Pedrosa com prende trabajos
q u e van de 1933 a 1948. E ntre ellos, dos
m erecen especial com entario: los q u e d e ­
dicó a K athe K olw itz y a C ai .dicr.
N o creo q u e el ensayo sobre K olw itz re­
fleje con fidelidad el p en sam ien to actual
d el autor. A m i m odo de ver es d em asia­
do ortodoxo en su m arxism o y, al m ism o
tiem po, un tanto esquem ático. Pero aún
así tiene dos m éritos para la época en q u e
fu é escrito: prim ero, reveló al p ú b lico bra­
sileño una artista de la envergadura de
K athe K olw itz y, segundo, prácticam ente
in ició en nuestra tierra la crítica de fo n ­
d o sociológico, en m om entos en q u e la
crítica artística del país era toda ella im ­
presionista o convencional, n i siquiera téc­
nica. M ario Pedrosa, con in q u ietu d encom iable y curiosidad fecunda, in ten tó e x ­
plicar la obra d e arte desde un p u n to de
vista m enos superficial.
Ya había leíd o m u ch o, y n o solam ente
m arxism o aun cuando la in flu en cia d e sus
ideas sociales dom inase el resto de sus lec­
turas: ya había leíd o, entre otros libros,
u n o de los m ás ricos en enseñanzas sobre
arte y m ás ú til para su com prensión en
profundidad: el estu d io de E rnesto G rosse acerca de los orígenes d el fen óm en o ar­
tístico.
D ecía W agner en 1848 q u e "en la época
" d e su floreciento, el arte d e los griegos
“ era conservador, p orq ue se representaba
“ la conciencia pública com o una expresión

53

“ válida y adecuada. E ntre nosotros, el ver“ dadero arte es revolucionario, p orq ue
“ sólo existe en oposición a los valores g e ­
n e r a lm e n te adm itid os”. N ada m ás cier­
to, y la observación es aplicab le a todos
los períodos clásicos (conservadores) y re­
volucion arios (rom ánticos) de la historia
d el arte. M as, ¿querrá decir eso q u e el ar­
te no revolu cionario d e nuestra época es
m enos social q u e el m ilitante? Es lo q u e
parece afirm ar M ario Pedrosa al anotar
q u e "la fu n ción social d el arte decayó.
Se abría la era d el cu lto im personal a la
form a”. Es un a afirm ación m al expresada.
La fu n ción social en el arte no decae
nunca; lo q u e acontece es q u e n o es p er­
m anen tem en te p ositiva n i contem pla a la
colectividad en u n todo, sino por» grupos
o fragm entos d e esa colectividad. La fu n ­
ción d el arte, cuando es p ositiva, provoca
la agrupación de in d ivid u os en torno a
ciertos valores esenciales al grupo. Es el
caso de la danza en tre los prim itivos, de
la m úsica m arcial en las revoluciones, etc.,
etc. C uando es negativa, esa fu n ción pasa
a ser la de un lazo de resistencia interna
en tre m inorías ya superadas pero q u e aun
d eten tan el p oder o gozan de suficien te
prestigio com o para m antenerse con m ás
o m enos cohesión ante la presión d e las
m ayorías. Es el caso d el arte parnasiano
o d el arte sim bolista en cierto m om ento;
es el caso d el superrealism o o d el cubis­
m o en nuestro tiem po. A través de esa
q u in taesen cia form al se en tien d en y for­
talecen ciertas élites, com o a través de d e­
term inadas norm as d e vida se reconocen
y u n en los aristócratas.
Los grupos (podríam os tam bién decir las
cla ses), se d efien d en con prerrogativas y
d istin cion es restrictivas q u e no son solam en ­
te de orden económ ico, sino tam bién m o­
rales, estéticas, etc. La apreciación d e la
obra, herm ética, quintaesenciada, es una
d e esas distinciones; y, por lo tanto, el
arte q u e refleja esa sociedad o clase social
tien e una fu n ción in d iscu tiblem ente social.

�C reo q u e M adrio Pedrosa aceptará d e buen
grado esta rectificación. M ás aun: creo que
la confusión señalada p rovien e ún icam en ­
te del h ech o d e q u e Pedrosa utiliza in n u ­
m erables veces la palabra “social” en el
sentido d e "socializante”, uso entonces co­
m ú n y sólo ahora d efin id o con m ás p re­
cisión en obras d e sociología d e arte. A d e­
m ás, en una parte d e su estu d io el criti­
co usa la palabra "socializadora” y de in ­
m ed iato su pen sam ien to se aclara. Y ante
ese esclarecim iento q uiero, un a vez m á”,
declararm e contra la tesis d efin id a.
D ice M ario Pedrosa, refutando a R u s k in
(que veía el valor d el arte en la elevación
d el sen tim ien to expresado) q u e lo que
im porta es la fu n ción “socializadora” d el
arte. N o. L o q u e im porta d el p u n to de
vista estético —y, p or lo tanto, lo q u e una
obra sea una obra d e arte—, son sus ca­
lidades form ales. L o q u e hace q u e la apre­
ciem os o no, p u ed e ser la elevación del
sentim iento q u e expresa o su fu n ción so­
cializadora, según nuestra posición en la
sociedad: pero una obra m aestra n o per­
dura por estos m otivos, sino por aquellas
cualidades.
E l estudio de M ario Pedrosa sobre K a­
th e K olw itz se resiente d e este esq u em a­
tism o m arxista y tam bién de in suficien te
análisis técnico. H u b iese sido necesario, a
propósito de la grabadora alem ana, d is­
currir m ás detallad am en te sobre el ex p re­
sionism o no sólo en lo q u e se refiere a
las causas sociales d el m ovim ien to, sino
tam bién en lo q u e respecta a sus m edios
propios de expresión.
M ucho m ás m aduro, sereno y p en etran te
es el trabajo sobre Calder. A lgunas o b ­
servaciones son excelen tn es, com o ésta, por
ejem plo: "El sen tid o d e lo lineal en Cal“ der le da, tal vez, u n cierto parentesco
" con los artistas chinos. En su escultura
“ d e alam bres consigue sugerir el volum en
" apenas por el vacío, q u e d efin e con con“ tornos y lineas, d el m ism o m odo q u e los
" chinos para su organización especial no
“ recurren a som bras o a ilusion es d e re" lieve o solidez, sino apenas a “lín eas y
“ contornos”. O tras observaciones, curiosas

54

y osadas, carecen —sin em bargo—, d e d es­
arrollo. A sí, ¿qué significa ese descubri­
m ien to d el "equilibrio asim étrico” p or los
chinos gracias a la sustitución de la figura
h um ana por el árbol? P ues, ¿qué es la
"proporción dorada” si n o u n eq u ilib rio
asim étrico? ¿Acaso la m ejor com posición
n o h a consistido siem pre en eq u ilib rar p la ­
nos y volúm en es desiguales m ed ian te el
estudio de las proporciones eufóricas? En el
fon d o, la figura p oco im porta: lo q u e va­
len son las líneas, reproduzcan éstas un
h om bre, u n árbol o form as im aginarias.
M uy justa es la diferenciaciór*- q u e hace
M ario Pedrosa en tre el h u m or d e los dadaístas europeos y el d e C alder. N egro y
am argo en aquéllos, expresaba su m ás
profu n d o d escreim iento en la vid a y en
los valores q u e la guerra h ab la d esm en­
tido y negado. En cam bio, e l h u m or en
C alder es una afirm ación d e libertad. “Los
“ europeos in ten taban sobre todo defen“ der el yo am enazado; tornarlo invúlne“ rabie a la realidad exterior: ese hum or
“ venía d e F reud”. Era una m anifestación
de im p oten cia, una réplica.
E l d e C alder era u n acto de com u ­
n ión, d e integración d el arte con la h u ­
m ildad de lo cotid ian o. “C alder nació con
un p ie en el acelerador del autom óvil; era
de la época en q u e los niños señalan a
los pajarillos y dicen q u e es u n avión ”.
A l contrario de los europeos q u e m iraban
con espanto y tem or al avión, pájaro sin
a lm a ...
,
En cu an to al libro d el Profesor R o c e r
B astide, interesa a los estetas por las d i­
vagaciones al m argen d e su asunto cen ­
tral. A sí por ejem p lo, lo q u e dice respecto
al con ten id o d el sueño en las sociedades
civilizadas.
A nalizando hace tiem p o la producción
superrealista de algunos pintores, afirm é
q u e n o había diferencia esencial en tre un
J erónimo B osch , u n O dilon R edon y un
Salvador D alí Era p osib lem en te el m is­
m o fon d o de esas expresiones oníricas;
variaban las form as sim bólicas, pu es la v i­
da social in clu ye en nuestros sueños e im ­
p on e sus im ágenes. L os com plejos p er­

�m anecen iguales, pero los sím bolos reve­
ladores cam bian con la introducción de
nuevos trazos culturales.
E xplicaba adem ás q u e ya n o extrañába­
m os las soluciones antiguas, p orq ue h abían
sid o racionalizadas, establecidas d e com ún
acuerdo en un len gu aje accesible a todos,
pero sin secretos, sin valores, lenguaje
m uerto por así decir, con ven cion al. La m i­
tología d e R edon. o la expresión fabulosa
d e su pin tu ra tien e hoy una explicación
lógica para nosotros y no nos perturba,
m ientras que el teléfon o sobre la heladera,
en D alí, nos choca p rofu n d am ente, com o
nos chocan y nos perturban sus relojes
derritiéndose com o q uesitos C am em bert.
L a im aginería de la civilización se in ­
troduce en nuestro subconsciente, sub sti­
tuyendo con su fuerza nueva las im ágenes
antiguas, los viejos m old es ya sin repercu­
sión porque son “perfectam ente lógicos”.
E ntre el superrealism o d e h oy, herm ético
a los lógicos y fuertem en te sugestivo, y el
superrealism o de ayer, ya traducido a le n ­
guaje lógico, existe la m ism a diferencia
q u e entre la im agen y la analogía. M ien ­
tras aquélla es un brote q u e surge in esp e­
radam ente d e las profundidades d el su b ­
consciente, cm o perla arrancada d e la ostra
en audaz zam bullida, esta ú ltim a n o pasa
de ser una traducción al alcance de cu al­
q u ier in teligencia y nada revela de in m e­
diato y directo. A penas com prueba lo q u e
todos p u ed en ver sin d ificu ltad , lo q u e ya
todos saben o “ya saben”.
En el m ism o p lan o d e ideas, el P ro­
fesor B astide encuentra —aun cuando se
trata de sociología y n o d e estética— que
"lo social interviene p rofu n d am ente en el
s u e ñ o .. . y q u e variando los m edios socia­
les varían los sueños, conform e a la cu l­
tura”. A prim era vista concordam os to ta l­
m ente; pero e l Profesor B astide saca de
esas observaciones conclusiones opuestas; a
su en tender e l fondo n o es el m ism o (va­
riando apenas la expresión d el m ism o) sino
q u e varía el p ropio in consciente —reflejo
d e las diversas culturas. E ste p eq u eñ o
ejem p lo m uestra claram ente la d ivergen ­
cia fundam ental q u e p u ed e existir en la

55

interpretación de un hecho social según
se encare d el p u n to de vista p sicológico o
d el p u n to de vista sociológico. Para unos
—los q u e aplican el psicoanálisis a la e x ­
plicación d e los hechos sociales—, existe
una u nidad hum ana esencial sobre la cual,
y en virtud d e la cu al, se construye la
sociedad. La lib id o, el p rin cip io d e placer,
con stitu ye el acicate y la exp licación de
los procesos sociales. Para otros —los so­
ciólogos—, el in consciente es un reflejo d e
la cultura en q u e se desenvuelve, y sólo
en el caso d e sociedades enferm as, d es­
integradas, p u ed e au xiliar a com prender
ciertos m om en tos sociales.
A dem ás, com enta el Profesor Bastide,
“los datos directos de los psicoanalistas pa
“ ra aclarar y com prender los hechos so“ cíales, son los patológicos. Por ejem p lo, la
“ fobia de los anim ales com o origen d el
" totem ism o, etc., etc.”. Es q u e para el
psicoanalista n o h ay diferencia d e n atu ­
raleza en tre lo norm al y lo p atológico,
m ientras q u e para el sociólogo, “norm al”
y "patológico” son aspectos d e alcance d i­
verso, am bos interesantes, pero q u e no
d eben ser confundidos. A sí, eíi estu d io d e
las neurosis le sirve com o "un poderoso
m icroscopio q u e aum enta los hechos para
estudiarlos m ejor”, pero d e ese estu d io n o
se extraerá n in gun a ley general aplicable
a los hechos norm ales, sino tan sólo algu ­
nas indicaciones o algunas aclaraciones n e­
cesarias para la com prensión de p u n tos o
d e aspectos q u e en la norm alidad se es­
con d en , pero q u e p u ed en desarrollarse en
determ inadas circunstancias, con stitu yen ­
do focos peligrosos de perturbaciones, de
d esequilibrios, q u e la sociedad d eb e aten ­
der para preservar su existencia eficiente.
O tro p u n to d e gran im portancia para
la com prensión d e m uchas expresiones es­
téticas m odernas (aquí, com o se ve, m e
preocupan p rincip alm en te esos aspectos,
p u es no tengo com petencia para criticar
sociológicamente la obra d e B astide) es
el de la ligazón, d el p osib le p aralelo entre
el prim itivo, el n iñ o y el civilizado. A este
respecto sostuve alguna vez (en una C on­
ferencia pronunciada en el Salón d el Sin-

�dicato, en San Pablo) q u e si coincidían a
veces los resultados —los efectos— de la
producción estética de los m odernos, de
los locos, de los prim itivos y d e los niños,
en cam bio nada tenían de com ún las in ­
tenciones, las causas. En resum en, yo afir­
m aba, analizando las deform aciones d e lo
real, por ejem p lo, q u e ellas provenían en
e l n iñ o de la incapacidad d e síntesis; en
el loco, del descoyuntam iento d e la ló g i­
ca; en e l p rim itivo, d e un a lógica diversa
a la nuestra, originada en valores cu ltu ­
rales tam bién diversos; y, en el m oderno,
d e un deseo d e exp resión m ed ian te la des­
obediencia consciente a patrones estéticos
aceptados por la colectividad en q u e vive.
E l n iñ o ignora el con ju n to y se atien e a
la m inucias, p orq ue "el con ju n to” resulta
d e un razonam iento abstracto, de la con ­
ju n ción de porm enores h e d ió a través de
un análisis in icial y d e un a síntesis p os­
terior; de a llí la ausencia d el sentido de
la proporción y la fijación de toda la
atención sobre los detalles. El loco es in ­
capaz d e reproducir la realidad o de p re­
sentar un conju n to lógico, p orq ue en el
decurso de la construcción sus fallas p ato ­
lógicas form an vacíos, quebrando en m ás
d e un lugar la lín ea d el razonam iento
sin tético. E l p rim itivo hace una abstracd ó n , una síntesis, crea u n todo para n os­
otros extraño p orque n o es representati­
vo de nuestros valores culturales, de nu es­
tra concepción estética, p ero para él p er­
fectam ente ciertos y lógicos. A hora bien:
en el artista m oderno la d eform ad ón no
es ignorancia n i carece d e lógica, n i tam ­
p oco está bajo la in flu en cia de valores
culturales y exóticos; es, sim p lem en te, un
p rincip io expresivo basado sobre la d es­
obediencia in ten cion al a las norm as, la
acentuación d e trazos característicos y reac­
ciones psicológicas provocadas por ru p tu ­
ras bruscas e inesperadas d e lo norm al.
En estos ú ltim os 50 años ha existido
cierto entusiasm o por artistas ingenuos,
precisam ente en virtud de la coincidencia
de q u e sus realizaciones alcanzan a aquel
p u n to expresivo q u e, por m otivos d iver­
sos, alcanzan o in ten tan alcanzar el n iño,

el loco, e l p rim itivo y el m oderno. Cada
vez q u e se constata la aparición d e un o de
esos artistas ingenuos, vuelve a plantearse
el m ism o debate sobre causas y efectos.
P iaget , citado por B astide, al insistir so­
bre la id entid ad d e la naturaleza h u m a­
na, exp lica esa sem ejanza m ed ian te una
afirm ación su til a prim era vista con vin ­
cente: "el n iñ o es un prim itivo en des­
arrollo; el p rim itivo es "un n iñ o estacio­
nad o”. Pero los etn ólogos h an dem ostrado
q u e esa afirm ación n o es exacta. L o q u e
en realidad ocurre es q u e son desarrollos
divergentes, en concordancia con com p le­
jos de valores culturales diversos. El p ri­
m itivo n o es un n iñ o estacionado, sin o u n
ser form ado a la som bra d e u n a circuns­
tancia social peculiar. Y el n iñ o es tan
sólo un ser aun en form ación, aun n o des­
arrollado. En cuanto al loco y al m oder­
no, esa h ip ótesis n i siquiera los tien e en
cuenta; m i propia tesis con tinú a en el
presente caso siendo m ás satisfactoria p a ­
ra m í.
A l hablar d el prim itivo, n o m e refería
al ingenuo, sino al artista de los p u eb los
preletrados o naturales. El in gen u o es el
qu e p odía caer hasta cierto p u n to, d en ­
tro d e la d efin ición de Piaget. Pero sola­
m en te hasta cierto p u n to, p orque es un
n iñ o estacionado en relación a determ in a­
das actividades m entales, m ientras q u e en
todos los otros aspectos d e su personali­
dad, y princip alm en te p or su integración
en el grupo social el ingenuo es u n adulto.
Esto explicaría por un a parte el arte del
ingenuo y p or la otra su com portam iento
en la sociedad, en nada d iferen te al de
los otros individuos. T am b ién hay otra
exp licación ig u alm en te aceptable; la de
qu e el ingenuo n o es u n n iñ o estacionado,
sino un esquizotím ico con m arcada ten ­
dencia hacia la creación d e u n universo
personal, im aginario, d on d e pueda refu ­
giarse al h u ir de un m undo real in cóm o­
do. Creo en una posible conjugación de
am bas h ip ótesis, con variantes de grado
hacia una u otra en cada caso particular.
San P ab lo, Brasil, febrero de 1950.
,
Sergio M illiet

�correspondencia
ESCRIBE DESDE BARCELONA SEBASTIAN GASCH
Ciertos dios, uno se pregunta si la pin­
tura actual no yerra el camino al desde­
ñar la realidad exterior. Pero, otros dias,
después de ver lo que hacen con dicha
realidad los pintores que siguen tomán­
dola por modelo, uno se da clara cuenta,
no ya de la dificultad, sino también de la
autenticidad y aún de la necesidad, del
otro camino. Porque nada nos parece tan
vacio, tan alejado del mundo y de la na­
turaleza, de su realidad y de su belleza,
como la pintura llamada realista, obstina­
da extrañamente en proseguir unos ejer­
cicios que la fotografía ha hecho perfecta­
mente inútiles.
En Barcelona, como, desde luego, en to­
das partes, abundan esos pintores deno­
minados realistas. Pero, junto a ellos, y
aunque en minoría, dan señales de vida
algunos artistas que no imitan, sino que
crean. Que no son un ojo que copia,
sino una inteligencia que elimina y or­
dena. Los mejores de ese reducido grupo
han fundado el Salón de Octubre, que

cada año, en el albor de la temporada,
es la manifestación más viva del arte ca­
talán. De ahí que esté plenamente justi­
ficado el comentario de dicho Salón, pues,
como exigía últimamente nuestro director
en su acertado trabajo, “Sobre los Salo­
nes", siempre se advierte en él algo que
merece ser destacado.
El Salón de Octubre de 1948 fué el pri­
mer intento realizado después de nuestra
guerra para dar a conocer de un modo
coherente y colectivo los frutos de un es­
píritu nuevo. Aquel primer Salón no sólo
fué un recio aldabonazo dado sobre la rutina y el amodorramiento del arte local,
sino que sirvió para revelar la existencia
de unos artistas que, situados en los anti­
podas de quienes se contentan con satis­
facer el gusto del público por su arte de
aspecto agradable, de fácil asimilación, re­
sultado casi siempre bastardo de las con­
quistas del pasado, creen que el arte es
aventura y conquista perpetuos, en une
palabra, invención. Aquel primer Salón

57

�adolecía de muchas imperfecciones. No
hay nada perfecto acá en la tierra. A en­
mendar lo errado han tendido sus funda­
dores en el año transcurrido después de su
creación.
En el Segundo Salón de Octubre, que des­
pués de inaugurarse en las Galerías Layetanas de Barcelona, el 8 de octubre
de 1949, se trasladó a las Galerías Palma
de Madrid, donde ha permanecido abier­
to del 23 de noviembre al 23 de diciembre,
se observa un notable aumento de calidad.
En la aportación de los ariistas auténticos,
claro está, porque aquí, como siempre su­
cede en las exhibiciones colectivas, entran
de matute los simuladores, los copistas, los
pastichadores, los amanerados, los mansos
y los falsos modernos. Pero, al fin y a la
postre, todos esos son inofensivos. Pasemos
por delante de sus obras de puntillas, para
no despertarles.
Preside el Salón de Octubre de hogaño
Angel Ferrant, con cinco esculturas está­
ticas y cuatro “móviles". Los organizadores
han querido asi rendir un homenaje al ad­
mirable artista que se mantiene, hoy como
ayer, con el Ímpetu, la audacia y la pasión
de los auténticos jóvenes. Su valiosa apor­
tación es lo mejor del certamen. Lo más
intenso y lo más puro. No insistiré en la
alta calidad de la obra de este gran escul­
tor, cuyo elogio ya ha sido hecho por plu­
mas autorizadas y eminentes en estas mis­
mas páginas.
Encarémonos ahora con los expositores, en
cuya obra ha ejercido saludable influencia
el cubismo. Jacinto Morera ha heredado

el sentido arquitectónico de los creadores
de aquella fructífera tendencia. Eugenio
D'Ors ha comparado la composición de la
tela que Morera exhibe con la composi­
ción piramidal de Andrés del Sarto.
Esa obra de Morera, rigurosamente com­
puesta y sólidamente construida, es clási­
ca. Entendiendo por clacisismo la capaci­
dad de animar eficazmente lineas y volú­
menes para que vivan, expresivos, por
una eternidad incorruptible, con precisión
perfecta en la que no sea posible más ni
menos, en la que no sobre ni falte nada.
También hay en este Salón algunos pin­
tores que pugnan por introducir un clima
poético en el rigor cubista: Planasdurá,
Rogent y Aleu. Planasdurá ha orientado
sus búsquedas hacia una concepción Urica
de la plástica pictórica. Se entrega a un
análisis de la forma que despedaza el
asunto del cuadro, lo descompone en ele­
mentos plásticos, sin preocuparse de su as­
pecto, para llegar a una síntesis tan sutil­
mente depurada, que crea una especie de
mundo pictórico del todo nuevo, en el que
la imaginación lirica se muestra capaz, con
formas conocidas en la naturaleza, de crear
conjuntos nuevos. Planasdurá expuso lue­
go, del 12 al 23 de noviembre, en las mis­
mas Galerías Layetanas, un conjunto de 21
óleos y 14 litografías, que fué tan feroz­
mente combatido, por unos, como caluro­
samente ensalzado, por otros.
Ramón Rogent no se preocupa de imitar
ni de darnos la ilusión de la realidad ex­
terior. Lo que quiere, después de haber
sometido lo real al rigor de la inteligencia

58
/

�y al fuego de la pasión, es proporcionarle
formas transmisibles. Rogent elige en la
naturalez unos elementos que combina en
un conjunto absoluto de lineas, de volúme­
nes y de colores, tan evidentes y auténti­
cos como la misma naturaleza.
En cuanto a A leu, se lanza a la aventura
abstracta, pero con un entusiasmo lírico
muy romántico. La sensibilidad que reve­
lan su dibujo y su color, su arte tan perso­
nal de la composición, sus hallazgos en el
modo de traducir el espacio y de ordenar
los planos, todo eso se hace difícil de ana­
lizar en detalle, ya que nos sentimos irre­
sistiblemente atraídos y subyugados por la
poesía de orden plástico del conjunto.
y he aqui a los pintores que podríamos
denominar expresionistas - constructivistas:
Costa y Surós. Antonio Costa tiende a la
expresión dramática violenta. Practica una
pintura atormentada, a veces exasperada,
siempre de una sinceridad evidente y cuyo
expresionismo delirante se ve atemperado
por el sentido agudo del dibujo y de la
construcción. Y también del color. Costa
sabe dar a los colores mucha suavidad den­
tro de la intensidad, armonía en los con­
trastes, sutileza en la violencia. También el
pintor Santi Surós concibe el arte como un
medio de expresión dramática. Pero quien
consienta en estudiar a fondo este arte en­
febrecido, hiperbólico, estos paisajes retor­
cidos, apasionados, estas figuras inhumanas,
estremecedoras, tratadas por medio de to­
nos increibles, de una suntuosidad oriental,
no tardará en percatarse de que una com­
posición sabia, una distribución exacta de

todos los elementos, se han encargado de
dar forma a lo informe, de organizar el
caos, de ordenar el desorden.
José M.9 de Sucre y Garda Vilella son dos
artistas muy personales, que se expresan
con acentos enteramente originales y, por
tanto, inclasificables. Desde hace muchísi­
mos años, el nombre de Sucre aparece aso­
ciado con todas las empresas de arte nue­
vo. Desde las más variadas tribunas, espa­
ñolas y extranjeras, Sucre, escritor valiente
y violento, ha colocado siempre la frase
oportuna, definidora, orientadora. Pero
Sucre es también pintor. Con un refinado
sentido del color y un gusto por la mate­
ria pictórica, jugosa e intensa, dispuestos
en un cerrado orden constructivo, sus pin­
turas ponen en evidencia el patético liris­
mo, la dramática poesía, de un artista ar­
dientemente animado por preocupaciones
de índole espiritual. Se desprende de la
obra de Sucre una gran lección: que, en el
fondo, la pintura no es más que una mistica que usa de todas las ilusiones ópticas,
puestas a disposición del visionario y del
poeta por la geometría y la alquimia que
crean el arte plástico.
El otro pintor antecitado, García Vilella,
pinta unas obras que excitan intensamente
los sentidos por su colorido denso y sabro­
so, que tiene su parigual en los frescos pi­
renaicos, en la coloración bizantina, y tam­
bién el alma por su clima espiritual. En
su caso, la obra es un acto completo de
creación. Toda una fauna salvaje o fami­
liar circula por las pinturas de Garda Vi­
lella. Un mundo animal cargado de simbo-

�los, ciertamente, pero símbolos que son
puros pretextos para juegos maravillosos de
lineas y de colores. Después de la muestra
presentada en el Salón de Octubre, ambos
artistas, Sucre y Garda Vilella, han efec­
tuado sendas exposiciones individuales en
la Galería "El Jardín”, donde Angel Marsá, el benemérito Marsd, que viene reali­
zando incansables y fructíferas campañas en
pro del arte vivo, organiza las exhibicio­
nes de su "Ciclo Experimental de Arte
Huevo”.
Sin disputa, la revelación más extraordi­
naria de este Segundo Salón de Octubre ha
sido la aportación de Antonio Tapies y de
Modesto Cuixart, los dos pintores, con
Juan Pons, más interesantes de la presente
generación. Trasgrediendo los limites de la
percepción visual, de. la unidad de acción,
de lugar, de tiempo, estos pintores consi­
guen que una era nueva se abra para la
pintura catalana. Pintura de ideogramas,
la suya, de signos. Libre yuxtaposición de
hechos que no se halla justificada por nin­
guna trabazón lógica. Formas en libertad,
formas en el espacio-profundidad, formas
sin ligazones, sin relaciones respectivas.
Renunciando a resolver problemas o a re­
gistrar sensaciones tonales, Tapies y Cuizart
transcriben en caracteres cifrados sus sue­
ños ocultos y sus aspiraciones profundas.
Cada cuadro suyo es un equivalente, un
gráfico del pensamiento. Asociaciones de
imágenes, de ideas, de temas, de sensacio­
nes aun informuladas, poemas en lineas y
colores, "objetos de poesía”, tales obras es­
capan al control de la razón critica, de la

60

norma, del enjuiciamiento. Los cuadros de
Tapies y Cuixart nos dan la clave o el
esquema de un sueño. Un dominio in­
explorado se abre ante esos dos pintores,
a los cuales corresponde el honor de de­
volver todo su prestigio a la imaginación,
echada a un lado en Cataluña desde hace
largos años.
Con Juan Pons, otro nuevo valor conside­
rable, pintor recio y bronco, que hace una
pintura "jonda”, en la que, como en el
cante, el cante grande, vibran acentos ára­
bes, judíos y gitanos, con Juan Pons, pues,
al que algún día dedicaremos más amplios
comentarios, Tapies y Cuixart han cele­
brado también una exposición en el Ins­
tituto Francés, patrocinada por la revista
"Cobalto”, extraordinario acontecimiento
que ha dado lugar a toda suerte de inter­
pretaciones y de comentarios, y que cabe
considerar como la manifestación artística
más importante de estos inicios de tem­
porada.
Volviendo al Segundo Salón de Octubre, se­
rla imperdonable no citar a los expositores
cuyos envíos se imponen por alguna ori­
ginalidad de concepción o de ejecución:
Salvador Aulestia, Emilio Alba, Aurora
Altisent, Manuel Capdevila, Fornells-Plá,
María Girona, José Hurtuna, López Obre­
ro, Nuriapicas, Pilar Planas, Juan Sanda­
linas, Bernardo Sanjuán, Anita Sola de
Imbert, Todó García, Pedro Tort, y los
escultores José Busquets, Miguel Gusils,
Subirachs y Armando Vallés.
SebastiAn G asch
B arcelona, en ero de 1950.

��A i .e n :

Composición.

M o d e s t o C u ix a r t :

Pintura.

�G a r c ía V i l e l i .a :

A n t o n io T a p ie s :

Pintura.

Pintura.

�P lanasdurá:

Sa m i

S uró s:

Composición

�miscelánea

• Los diarios y revistas de arte de París, se han ocupado extensamente
de dos hombres geniales que acaban de morir: M a teo H ernández , el
escultor español, y el pintor belga J ames E nsor . Sólo que mientras a En­
sor se le han consagrado varias páginas, a Hernández se lo despidió con
un corto artículo necrológico, lo que evidencia una vez más la impor­
tancia de ser francés en Francia y de haber caído en las buenas manos
hacedoras de los rnarchands, los hombres todopoderosos. Sin embargo, en
el caso de James Ensor, se ha debido forzosamente reconocer que des­
aparecía con él uno de los más grandes pintores de la época moderna,
cuyo desconocimiento o noción pobre y fragmentaria de su obra debería
ser siempre motivo de asombro. Muchos de sus cuadros antiguos y de
su mejor época, mujeres misteriosas, pescados y naturalezas muertas,
máscaras grotescas y esqueletos, han vuelto a salir a la luz en las malas
reproducciones de los periódicos. La revista Arts le consagrará un núme­
ro íntegro en enero, y es de esperar que con esta remoción de valores
extranjeros, se desvíe un poco la atención y la vista del fatigante cuadro
de los más o menos insignificantes pintores modernos franceses que inun­
dan las exposiciones, o de la al fin extenuante obsesión de P icasso .•
• Con respecto a los rnarchands, los admiradores y amigos de B uffet pueden estar
muy reconocidos de que exista una organización tan fabulosa como la de aquellos
señores que, al lanzar la producción fantástica en número, de ese pintor adolescente
aún, han hecho subir el valor monetario a justo el doble del año pasado. ¿No será
este compromiso exhaustivo y la subsiguiente gloria económica, un motivo de frus­
tración del artista en el que gran parte del público experto de París ha puesto sus
esperanzas y su estimulo? Hasta ahora, sin embargo, es preciso reconocer que los
grandes valores que hacían de Buffet un artista verdaderamente excepcional, con-

�tinúan existiendo, si bien sus dramáticas figuras, cada vez más estilizadas, van perdiendo
un poco esa humanidad tensa y terrible de los primeros magníficos retratos de la ex­
posición colectiva de la temporada pasada. De todos modos, Druant David, con el éxito
de Buffet y el lanzamiento del flamante premio Hallmark, G oerg , se ha colocado a
la cabeza de los rnarchands. Y, por rara coincidencia, el director es un catalán ...

• Nos escribe M artha T raba : El verano pasado, un grupo de artistas
americanos y noruegos descubrieron un pequeño village francés aban­
donado, en pleno Mediodía, que había sido antigua capital del país en
la época romana. De esa época quedaban aún gran cantidad de ruinas,
y algunas casas casi habitables, invadidas por la hiedra y los pájaros. No
faltaba nada para la perfecta evocación de los antiguos tiempos; restos
de un anfiteatro, un río salvaje, una pequeña aldea fortificada, Laroche,
un castillo enorme y semiderruído y un paisaje absolutamente virgiliano.
Los aventureros decidieron instalarse; compraron las ruinas por precios
inverosímiles a los pocos habitantes del pueblo, que se reían de “ces nrtistes
fous”, e hicieron seguir las anchísimas paredes de piedra, rehicieron los
techos, abrieron grandes ventanas de ateliers, instalaron dependencias
sanitarias en las ex-mazmorras. Un grupo de pintores y artistas españoles,
entre los cuales P arra y P a lm eiro , que han expuesto recientemente en
Buenos Aires, el escultor C ondoy , la escultora M argaret W oodle , el
escritor S errano P l a ja , varios escritores franceses y dos argentinas, A licia
P érez P enalba y yo, decidimos formar parte de la nueva ciudad. El
grupo de pintores condujo también allá un ceramista, que ha instalado
sus grandes hornos cerca del río y han decidido crear la cerámica de
Alba; un joven escritor colombiano, A lberto Z a la m ea , bajo la supervi­
sión artística de R icardo B aeza , escribirá la crónica de Alba. Durante los
cinco meses de primavera y verano, pues, cuando París es invadido por
la gran horda de turistas, los enamorados de París habrán trabajado
empeñosamente en la tranquilidad paradisíaca del Midi.•
•
M a x L ie b e r m a n n , el conocido pintor impresionista alemán, fué autor de muchos
acertadísimos aforismos. Dijo una vez que “ninguna obra de arte vale más de 20.000
marcos’’. Esto puede parecer algo extremo, pero encierra una verdad profunda. Ver­
daderamente es descabellado pagar por determinadas obras de arte sumas astronómicas.

66

�Tales injustificadas diferenciaciones en los precios en la mayoría de los casos dependen
de un gusto influido grandemente por factores extrínsecos como la moda, una hábil
propaganda, casualidades, manejos de los rnarchands o de razones puramente especulati­
vas. El valor verdadero de una obra de arte nunca se expresa o se determina fielmente
en signo monetario alguno. Esto no puede tampoco ser razón para que se exija o se
convenga pagar sumas fabulosas. Lo acertado del juicio que abrigan algunos artistas
al respecto se refleja en un ejemplo ilustrativo dado ha poco por M arie L aurencin ,
cuyas obras son bien cotizadas entre los interesados en el mundo entero. Pues ella acotó
respecto a los precios: "Desde hace dos años los rnarchands no compran casi nada. Lo
encuentro perfectamente bien y hasta saludable. Las cosas se ponen nuevamente en
orden, tal como eran antes. Ahora, con los precios actuales, la gente con gusto, un
escritor o alguien que no posea una fortuna, puede comprarse un cuadro que le gustaría
tener y así la pintura recupera su verdadero papel, el de provocar un placer estético
a quien lo busque."
• Confirmando la opinión de la famosa pintora estos días ha aparecido en algún /'*'
periódico la noticia de que la Madonna de Peruzzi obra de R afael ha sido subastada
en Estados Unidos y adquirida por un particular en la módica suma de 27.000 dólares.
También los diarios se han ocupado de un hallazgo sensacional. En Hanover (New
Hampshire) existe en casa del señor Ambrose Vernon otro retrato de Mona Lisa pintado
según Thomas Jhudson (ex-curador de la Colección Cicognara del Vaticano) en el año
1506.
Eu cuadro ha sido debidamente autenticado por medio de los rayos X, fotografía
infrarroja y otras pruebas y habría sido pintado mientras Leonardo realizaba el otro
retrato del Louvre. Representa a una mujer más joven y algunas pinceladas fueron
dadas con la mano izquierda. Lo que no dice la noticia es si debemos emparentar esta
obra con el admirable dibujo del Museo de Chantilly que representa a la Gioconda
con el busto descubierto y mirando casi frontalmente al espectador.

• En una exposición llevada a cabo en Pittsburgh bajo los auspi­
cios del Carnegie Institute, en la que participaron más de 300 pin­
tores americanos, se confirió el primer premio de pintura a M a x

B eckm ann.

67

�• G eorge M oore en su delicioso libro Memorias de mi vida m u erta relata una ríe­
menos deliciosa anécdota que pone en boca del ingenioso D egas. Alguien decía que no
le gustaba D aum ier , y Degas que estaba presente guardó silencio durante un largo rato,
al fin dijo: "Si enseñara Ud. un Daumier a R afael , ¡ admitiría, se quitaría ante él su
sombrero; pero si le enseñase Ud. un C abanel , diría con un suspiro: ¡eso si es culpa mía!
o

• Bajo el patrocinio del Ministerio de Educación Pública de la Repú­
blica Italiana, se planeó en Roma una exposición que se destaca de todas
las demás por el hecho de incluirse en ella solamente falsificaciones. Se
invitó a los directores de todos los museos de Italia a enviar a esta muestra
las “mejores falsificaciones” de sus colecciones para dar la oportunidad
tanto a los entendidos como al público, de familiarizarse con la técnica
y los métodos de falsificadores antiguos y contemporáneos. El peligro de
que tal exhibición resulte a la vez un curso de aprendizaje para falsifica­
dores futuros, evidentemente se está desdeñando.
• Resulta de interés apuntar que en Ferargil Galleries en New York se exhibe desde
el 16 de enero ppdo. una colección de cuadros, pintados por R obert J. L ee , joven artista
de San Francisco, basados sobre temas de música de jazz y de canciones que pertenecen
al más arraigado folklore expresivo y auténticamente primitivo afroamericano.
Músico él mismo, advertimos a través de algunas reproducciones de sus obras que es
dueño de excelentes facultades dibujísticas y de cierto poder de abstracción formal que
sin duda por el conocimiento de su color tan sólo podría ser mejor palpado. Hay en las
telas de Lee composición hierdtica e invención formal dentro del marco de una cons­
trucción geométrica; sus mejores éxitos obtiene Lee por su violento juego de contrastes
de claros y oscuros, pero parece faltarle esa vibración emotiva que caracteriza al blues
o al chain gang song, a la rítmica canción punzante de los esclavos de las plantaciones.
Falta el grito arrancado de la opresión del hombre •negro.•

• B ernard B erenson no descansa; acaba de publicar Abbozzo per un
Autoritratto, al que se lamenta en el prefacio de no haberse atrevido a
titular: Immersioni nell’io.

68

�ARTES GRAFICAS

BARTOLOME U. CHIESINO
Dedicado Exclusivamente
al Libro
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AMEGHINO 832-38

T . E. 2 2 - 7 7 8 0
A V E L L A N E D A

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B U E N O S AIRES
•

SUMARIO DEL NUMERO 185
D e alguien a n adie, por J orge L uis B orgp.s. — U n a poesía enciclopédica, por
R ocer C aillois . — La in ven ción d e la m ujer, p or A lvaro F ernández Suárez . —
El señalado (poema), por M aría E lena W alsh . — A ndersen y la fáb u la, p or F ryda
Schultz de M antovani. — “Refranero español” (cuento), por R a ú l H oracio P re m a t . — E l estado paternal de T ru m an y la situ ación m u n d ial, por L. L. B ernard . —
D os cartas, por D aniel D evoto . — P apeles, por E nrique A nderson I mbert . — Fanny
C alderón de la Barca, m ensajera d e b u en a volun tad , por- H arriet de O nís . — P o e­
m as, por R a ú l G ustavo A guirre y E rnesto M e jía Sánchez .
SU SC R IPC IÓ N

Argentina y América Latina:
A nnal ......................................................................... $ 40.—
Sem estral ............................................................... „ 20.—

Otros países:
A n u a l.........................................................................
Sem estral ...............................................................

5 50.—
„ 25.—

�SA G A ZO LA Hnos. y Cía.

CUEROS

Ventas:
AV. DE MAYO 1373-77
Fábrica:
Av. Tte. Gral. J. G. UR1BURU 3212

�T. Héctor Matera * Impresor
Lavalle 1653 - Buenos Aires
Año del Libertador Cral, San Martín

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                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Fischer, Wend&#13;
Traba, Martha&#13;
Milliet, Sergio&#13;
Gasch, Sebastián</text>
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO CATORCE-QUINCE
BUENOS AIRES

Ver y
Estimar

Este número co n tie n e :
Agustín Riganelli: Home­
naje de V er y Estimar. M A R G A R I T A G. SARFATTI: El sonriente y pa­
ciente Bellini. - DAM IAN
CARLOS BAYON: Cele­
braciones: Bellini, Sodoma
y Magnasco. - SIEGFRIED
GIEDION: Pintura y ar­
quitectura. - Camino de
la observación: SAM UEL
F. OLIVER: Pintura y ar­
quitectura a través de la
historia. - Corresponden­
cia: Sobre pinturas mura­
les en Bélgica, ROBERT
L. DELEVOY. - CORDOVA
I T U R B U R U : Esquema
para una ubicación del
movimiento Martín F ie­
rro. - S o b r e G ia c o m o
Manzú: JORGE ROMERO
B R E S T : Re spu es ta a
Niño Bertocchi; RAQUEL
EDELMAN: Exposición en
Buenos Aires. - Crítica:
JORGE ROMERO BREST:
Pintores españoles de hoy;
B E A T R I Z HUBERM AN :
Ginés Parra; B L A N C A
PASTOR: Norberto Berdía;
A M A LIA JO B - ISTUETA:
Juan Batlle Planas; JO R ­
GE ROMERO BREST: Hans
Platschek; BLAN C A STABILE: Artistas no-figura­
tivos; A p o s t i l l a s - RO­
DOLFO G. B R U H L y D. C.
B A Y O N : No ta s sobre
arfe europeo. Miscelánea

�Gal erí as
P

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en color y una gran variedad en negro. E ditions D ’H istoire et D ’A rt. L ibrairie
Pión, París 1941. 2 tomos en rústica ............................................... S 38.50
BLUM , ANDRÉ, R u b e n s . E jem plar que pertenece a la colección ARS MUND1,
con 102 reproducciones, 5 de ellas en color. Im preso p or E ditions Áimery
Somogy. París 1949. E ncuadernado en cartoné con sobrecubierta .. $ 14.—
MARONE, G KERARDO. Pintores Italianos del R enacim iento. C ontiene gran can­
tidad de reproducciones en negro y 1 en color. L ib rería "El A teneo'' Buenos
Aires 1948, encuadernado en cuerina con sobrecubierta ....................... $ 22.—
LA BIBLF.
franjáis
Préface
rústica

DE REM BRA ND T. Récits sacres de L ’ancien testam ent, trad u its en
p a r Lem aistre de Sacy et illustrés de dessins et eaux-fortcs d u \ía itrc .
de Daniel-Rops. Cbez Pión. E ditions D ’H istoire et D ’art, París 1947.
.................................................................................................................. $ 19.~

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zano : Elegía. — M ario A ijja n n : Palabras. — F rann ^ o is de V ey n e s y L eón R e g ís :
La escuela de los pobres ( I I ) . Crónicas y notas. — H en ri P e y r e : La juventud
de hoy en el mundo. — A t t il io D a b in i : Breve biografía de Elio Vittorini, —
Notas de Libros, por Eduardo Lanuza y Daniel Devoto. — Música, por Leopoldo
Hurtado. — Documentos, por Jorge Luzuriaga. — H. A. M.: Los penúltimos días.
N e l l y S a clio . A H. A. Murena en cualquiera de sus días. — A. J , Weiss; Ca­
lendario.
V icen te F a to n e : La ley del día y la pasión por la noche. — M ig u e l A ngel

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L o ir , N icolás (Fr. 1624-1679) “L a fu ite en E gypte, le repols".
L a H y r e , L auren t de (1606-1656) “ L a P aix et la Ju stic e s”.

L e f ic ie , M ic h el N . B ernard (Fr. 1735-1784) “ Mére ct ses filie s '.
T ir o n i , F rancesco ( ít. X V III) 'Vue de Santa M aria della Salute’ .
M a rcee d e L u m e n , E milf . van (1827-1890) “ Escenas de C am po' .
S c h a li ., F rédéric J f,an (Fr. 1753-?) “Le Baiser’ .
5. E scuela d e W a tteau (F.sc:. Fr. Siglo X VIII) “ P o rtrait d ’h o rn m e '.
1.
2.
3.
í.

SALA II
(i. M onticeli.i . A dulfo (Fr. 1824-1886) “Las cuatro estaciones ".
7. M ic h e l , G eorces (Fr. 1763-1843) “ Antes de la to rm en ta”.
8. H on th orst , G er r it V an (Hol. 1590-1656) "Joueuse de L u th ".
9. L a p o st f x l e t , C h a ri .es (Fr. 1824-1890) “Q uai A P arís”.
10. R ouert , H u b er t (Fr. 1733-1808) “La S tatue” (D ib u jo ).
11. T apicería francesa del Siglo XVI: “Escena de torneo en honor d e la vi­
sita del Rey PInrique V III a P’rancisco l 9”.
12. G il i .o t . C laude (Fr. 1673-1732) “Les Fétes du D ieu P a n ”.
G A L E R ÍA

AI Ü L I . E K

G rabados ingleses. M anuel Z o r r i l l a (dibujos a plum a). R o q u e C arreta
ímonocopias) . T apices antiguos de Flandes.
G A L li R l A

VA N

R I E L

T ito S au bid et (acuarelas) . B ertrám S c h m iter lo w (acu arelas). C l e m e n i
M oreau (grabados) . j osí. T ruco P rat (óleos) . H asta el 31 de diciem bre

de 1949.
G A J. E R í A

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GROSSI, Isolina.
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CORPORA, Antonio (Roma)
DEGAND, Léon (París)
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DORIVAL, Bernard

(París)

GASCH, Sebastián (Barcelona)
GIEDION, Siegfrid (Zürich)
GIRCOURT, Geneviéve (París)
GOERITZ, Mathias (México)
HUYGHE, René (París)
LEYMARIE, Jean (París)
MACEDO, Diogo de (Lisboa)
MURARO, Michelangelo (Venecia)
ROH, Franz (Munich)
ROMERA, Antonio (Sgo. Chile)
ROMERO, Francisco (Bs. As.)
ROMERO, José Luis (Bs. As.)
T O R R E, Guillermo de (Bs. As.)
SARFATTI, Margarita (Roma)
SEVERINI, Gino (París)
VENTURI, Lionello (Roma)
ZEVI, Bruno (Roma)

�H o m en a je d e V E R

Y E S T IM A R

AGUSTÍN
RIGANELLI
1890-1949

El escultor argentino que acaba de morir pertenecía a la rara
estirpe de artistas que vivieron su juventud en la penosa bohemia
del cuerpo y el espíritu, y aún se esfuerzan por conservarla.
Humilde desde sus comienzos y, claro está, autodidacto, fue de
los que escalaron posiciones lentamente, fiel a un credo de
sentimental humanitarismo en el que todavía podían advertirse
los ecos de una prédica que cada vez nos es más ajena.
R ig a n e l l i ocupa un lugar importante en la historia del arte
argentino, no sólo por la honradez de su posición estética —por
discutible que ella haya sido— y la extraordinaria habilidad de
mano, que nunca le falló, sino también porque dió tal vez la
nota más alta en una dirección expresiva muy nacional: el natu­
ralismo. Por eso debió luchar, porque su entrega a la realidad
inmediata se produjo en momentos en que el país se enriquecía
en otras dimensiones de la expresión artística, más acordes con
el pensamiento renovador de Europa.
Tenía necesidad de expresar lo característico para que sus me­
canismos de creación dieran el máximo, y de ese material de

�absoluta artesanía, la madera,
que nadie trabajó aquí como él.
Ño se sentía igualmente cómodo,
a pesar de que lo intentó más
de una vez, cuando abordaba el
m o n u m e n t o consagratorio, de
tono épico, pues las cuerdas de
su espíritu vibraban sobre todo
ante el espectáculo de la ternura
d e s b o r d a n t e —la ma dr e y el
niño— o de la acidez del dolor
y el trabajo que desgastan. Sin
patetismo y sin dulzura excesiva,
más bien como el que se entrega
a vivir, enajenándose, la alegría
o el pesar de los otros.
¿Esteticista? —No lo fué nunca.
Ni en sus mocedades le impor­
R i g a n e l l i : E l n iñ o in g en u o .
taron las formas clásicas —tal fué
el esteticismo de los mayores— ni
en su madurez las que procedían
a raudales de los intelectualizados centros de vanguardia europeos.
Hubo siempre en él una resistencia, quizás no confesada porque
también le interesaba lo nuevo, a la incorporación de modos de
sentir diferentes a los de su esencia individualista. Y se conformó
con ser, con seguir siendo hasta los trágicos días de su enferme­
dad, un devoto de la libertad y del es­
píritu que cuaja en los moldes del sen­
timiento.
América acaba de perder en pocos meses
dos maestros de la pintura: J oa quín
T

o r r e s -G a r c ía

yJ

osé

C l e m e n t e O roz-

co; ahora pierde un escultor de valía:
R ig a n e l l i . Decididamente el
destino parece serle adverso.
A g u stín

R iganei.U : E l a m a r g a d o .

�El sonriente y paciente
BELL IN I
c

•y

1

�M A R G A R ITA G. S A R F A T T I
La ilustre escritora que con este luminoso ensayo sobre Giovanni B ellini comienza a colaborar en nuestra revista ya nos
había mandado una correspondencia sobre la Cuadriennale de
Roma que publicamos el año pasado en el n9 3. Amiga desde
los primeros momentos, nos congratulamos en manifestarle aquí
nuestro agradecimiento.
El público de Europa la conoce, no sólo por sus libros y artícu­
los, que seria demasiado largo enumerar, sino también por su
vigoroso e incansable espíritu combativo en el campo de las
artes y las letras. Pero también nuestro público y todo el de
habla española debe conocerla sobradamente, porque aquí, en
Buenos Aires, ha publicado tal vez sus obras más enjundiosas
sobre artes plásticas: Tiziano y Giorgione en la Editorial Poseidón y Espejo de la pintura actual en la Editorial Argos.
Ya se trate de los artistas del pasado, sobre todo de los venecia­
nos de su tierra natal, a los que ama con verdadero frenesí, ya
se trate de los del presente, a los que comprende con idéntica
sagacidad, Margarita G. Sarfatti luce siempre un estilo incon­
fundible, fiel a la consigna de que la critica no debe ser pesada,
ni erudita, ni excesiva. Y por ello parece que envolviera las
ideas en el manto gracioso y flúido de la anécdota, de la refle­
xión personal, de la metáfora inspirada, equilibrando magis­
tralmente la teoría del que piensa y la intuición del que crea.

4

�El encanto particular de Venecia está en el abrazo omnipresente, estrecho
e íntimo del agua que la ciñe por doquiera con las caricias de sus mil
brazos tenaces, blandos y voluptuosos. El mármol y los ladrillos, los da­
mascos y los harapos se transfiguran en una glorificación marina, casi
submarina, de luz chispeante que se refleja en lentejuelas de oro y plata.
Sin embargo, no es luz voluble y mariposeante, sino calma y estable, que
roe los contornos y bloquea las formas haciendo que parezcan masas
firmes y unitarias.

5

�Aquí también está la misma luz y el encanto singular de G iovanni B ellin i .
En su pintura el agua es el elemento permanente, ya sea fondo de espejo
de laguna o lago, ya sea claridad de algún río de tierra firme o canal ma­
rítimo que serpentea, perezoso, trayendo algo de cielo, algo de misterio
y de nubes en la realidad de las cosas, los hombres y los campos. En la
pintura de Bellini y en la ciudad de Venecia, la circulación del agua se
siente como indispensable y esencial, como la circulación de la sangre en
un cuerpo vivo. Nadie ha estado nunca tan enamorado del agua como
este hijo de la laguna y de los canales de Venecia.
No comete sin embargo el error de tomar el agua como protagonista de
primer plano, así como no se deja ver la sangre en un cuerpo sano, aun­
que deba su tono vital a la red adivinada más que mostrada de las venas.
Su amor es púdico y su sed discreta porque son profundos. Pero “un ojo
de agua” o un “ojo de cielo”, como los llama G abriela M istral al hablar
de Chile, siempre luce por lo menos en algún rincón de sus lienzos. Así
como en Venecia son ojitos que miran secretamente por detrás de las
casas.
Si pinta una Virgen, el agua amplía los horizontes y redobla el infinito
sobre el cual le gusta destacar y hundir el amoroso bloque de la Madre
estrechamente unida al Niño. A menudo son rostros sencillos y primarios,
pero siempre sensibles, de mujeres de pueblo, tal vez delicadas caras bur­
guesas y hasta refinadas de damas. Poco importa. Cada rostro no es más
que una lámpara de alabastro iluminada, encendida, profundizada por la
pía y grave llama del amor materno. Nadie supo crear mejor que él la
evidencia plástica de esta total intimidad. Madre e hijo, mujer y niño,
están entrelazados por la cuádruple cadena de las manos con las manitos,
por la mirada fija y extática, casi vitrea, del infante que busca y encuen­
tra la vigilante de su protectora, quien lo tiene amparado y recogido en
su regazo como si todavía quisiera ampararlo más y reabsorberlo en sí
misma. Hasta llegar a esa cumbre de pasión que es la Piedad de Brera

6

�en Milán, aquella madre color ceniza gris, verdosa y lívida, que trata de
no respirar para no gritar y herir con el grito de deshumanizada desespe­
ración que se ve temblar en sus labios al hijo que tiene en brazos. Más
cadáver ella misma que el cadáver: menos nada pero más muerte que el
muerto.
Digo de paso que siempre me ha molestado la tercera persona del grupo.
¿Qué tiene que ver, entre la sagrada y fatal intimidad de estos dos seres
de la misma carne, hundidos en su sufrimiento, ensimismados y perdidos
uno en el otro; qué tiene que hacer entre esos vínculos de sangre y de
corazón ese joven extranjero barbilindo, de simétricos rizos rubios y cara
rosada, que levanta sus manos para tomarnos como testigos a nosotros,
espectadores, cuando es archisabido que allí estamos? Y que nos mira y
quiere que le miremos y admiremos sus párpados enrojecidos y su dolor
tan sincero como espectacular. Este bien intencionado San Juan estorba
como la continuación prosaica y cotidiana de la vida, hasta en las cum­
bres de la sublime tragedia. Nos recuerda que la vida sigue, tiene que
seguir, trivial y real, aunque maten a los Hijos en los brazos de las
Madres. Es la ley. Tal vez el viejo Bellini en su calmosa sabiduría quiso
decírnoslo. ¿Optimismo o pesimismo? Faites votre jeu Messieurs. La vida
continúa.
Un ojo de agua, un ojo de cielo hay también —¡ni qué decirlo!— en esta
sublime Piedad. Y los hay en sus crucifixiones. A veces velados y grises o
marroncitos, conformándose con el duelo del Creador; otras, claros y
limpios aun a los pies de la cruz, para consolarnos y mostrar que hay
cielo hasta arriba del Gólgota y resplandor detrás de las befas, el escarnio,
las afrentas y la muerte.
Acaso no haya donde el vínculo entre un país y su pintura sea continuo
y evidente como en Venecia, ni siquiera en las puridades secas y crista­
linas del aire y de la pintura florentinos. Puede ser que en los Países Bajos,
al mirar a R embrandt en las paredes del Rijksmuseum se sienta un paren-

7

�tesco tan íntimo y cercano con las luces, los colores, las sombras y las
gentes de Amsterdam. O que se piensa en V ermeer en las claustradas ca­
sitas de Delft. Pero en Venecia, en identidad de la visión transfigurada
por el arte y de su prototipo en la realidad, llega a impresionar como una
alucinación. O que por el contrario sea el arte el que haya forjado el
prototipo ideal para que la realidad lo imitara. Es decir, que nos haya
enseñado a verlo así.
Aquí las lluvias de luces desde las nubes y los plenilunios son tempes­
tuosos y apasionados como en T intoretto; los cúmulos se muestran
rosados y violeta como en T iziano; el cielo es azul intenso en el cénit y
y pálido en los bordes como en G iorgione y la laguna plateada como en
G uardi. Mas el cielo, el aire, la luz normales de esta ciudad son los de
Bellini, sin drama o lirismo encendidos, tiernos, cariñosos y calmosos
como nos los brinda este maestro. Sus cielos nos parecen altísimos, son
amables como plafones y no choca que las pequeñas nubes blancas, color
habano y rojas o rosadas se redondeen en caras y se afinen en alas iri­
sadas de serafines. Más tarde, desde aquellas nubes se asomarán y colga­
rán de arriba a abajo las largas piernas decorativos de T iepolo .
Al mirar los muros y los techos y los ladrillos de Venise la rouge desde
las altas ventanas del Palacio Ducal, en la reciente exposición, no se
encontraba solución de continuidad con los que Bellini había inventado
en sus lienzos, allá, en las paredes de aquellas salas, aunque fueran éstos
más intensamente verdaderos y despojados de superfluas casualidades.
La Naturaleza es demasiado grande y está demasiado apresurada para
cuidar los detalles con el escrúpulo del artista.
El más diestro y elegante de los juegos de sociedad, el baile de las atri­
buciones, encontró en la exposición de Venecia una estupenda ocasión
de desahogo. Entre los descubrimientos últimos y sensacionales hay una
Ebriedad de Noé del Museo de Besan^on en Francia, tupido de color
y de composición, lleno de mofas y de ironía, que nunca pudo ser de

S

�Bellini, y las ya famosas Tres edades del hombre de Florencia, que per­
tenecía por larga tradición a L orenzo L otto; además la brava cabeza de
humanista, fiera y pagana, del Museo del Castello de Milán, que llevaba
hasta ahora el nombre bien justificado de A ntonello da M essina. Otras
interrogaciones se podrían hacer y levantar otras dudas. Pero en fin, ¿por
qué protestar contra esta danza de nombres, estudio y deleite de los co­
reógrafos especialistas en atribuciones? Dentro de un mes o diez años se
mudará otra vez la etiqueta del marco y el lienzo quedará siendo el mis­
mo, con un pretexto más para que el público lo mire y lo observe con
interés y atención.
Lo que causó comentarios y hasta escándalo fué la presentación re-que-temoderna de las obras. Los aficionados a los museos se horrorizan por
la carencia de marcos dorados, que con su pesadez de cincelado son ya
una costumbre. Aquí se conservan solamente los pocos auténticos, de la
misma época que la del lienzo, y probablemente dibujados por el pro­
pio maestro o sus alumnos. También hacen falta telas, tapices y damas­
cos que se ponen alrededor de los cuadros en esta clase de manifestacio­
nes, a medias culturales y turísticas. Esta vez la noble pulcritud de las
pinturas se destaca desnuda y sencilla desde las mamparas y marcos de
madera blancos, apenas suavizados en matices de gris o marfil. Hay
quienes afirman que la pintura se oscurece por el contraste. En mi opi­
nión, la claridad difusa, neta y limpia del gran Viejo gana por la claridad
que la rodea, sin que la enturbien claroscuros y reflejos amarillentos
o verdosos de oros y telas. Pero los misoneístas juzgan el arte y el vino
por el aspecto añejo de la botella, mientras que hay que gustar de su con­
tenido y no de las telas de cebolla del continente. En las salas del Palacio
Ducal oí hablar tanto de tradición, veneración y respeto violados que
parecía remontar siglos atrás, cuando el anciano H ogarth se mofaba del
“tuco color habano” y del “tono de galería” de las viejas pinturas. O
cuando más tarde los que piensan bien, la gente bien, se reía a carcaja­
das de “la nieve blanca” que era la claridad luminosa de C onstable.

9

��No se puede hacer caso omiso de la tradición, pero tampoco hay que
intepretarla con tacañería mustia, convencional y contraproducente. El
mensaje histórico y cultural de la obra de arte, testigo inmortal de las
ideas, costumbres o sentidos de su generación de mortales, allende el
tiempo, no está en el marco, sino en la obra. Para entender con plenitud
sus grandes palabras, está bien, es loable y saludable acercarlas de vez en
cuando a las costumbres de nuestra época —las del espectador— y ver lo
que queda: cuánto le pertenece a su época y cuánto a la eternidad hu­
mana. De no ser así, el fárrago arqueológico, cultural e histórico aleja,
ahoga y por fin mata la comunicación directa e inmediata del espíritu
y el alma del autor con los del espectador. La erudición, si no está domi­
nada por la sensibilidad, mata la emoción. Un instinto educado pero
espontáneo en su raíz prende la chispa del entusiasmo en el primer en­
cuentro con la obra de arte, y solamente después el frío razonamiento
llega a examinar las cenizas de aquel fuego, y a lo mejor justifica y
explica sus razones exteriores y formales. Pero la esencia de la emoción
estética no se puede definir ni en una palabra ni en mil. Tiene algo del
misterio místico y platónico, atado ¿quién sabe? a la idea misma de lo
Divino y de Dios.
Así que el choque de la presentación moderna de unas obras antiguas
nos saca de los rieles de lo ya visto, conocido, acostumbrado; remoza y
aguza la virginidad de ojos y corazón, como si encontráramos a nuestra
madre con el viejo afecto y en una visión nueva e inesperada.
Esta clase de experimento habría podido tal vez malograr las otras gran­
des exposiciones venecianas de preguerra. El Señor Don Tiziano, gran
Privado y Caballero de Carlos V; Su Magnificencia Paolo Veronese y
hasta el impetuoso Tintoretto se codean con patricios fastuosos de inmen­
so lujo y refinamiento. Oro y cincelado en los marcos, oro y brocados
en las paredes, les sientan a sus pinturas, así como las joyas y el terciope­
lo a sus personajes. Mas el bueno de Bellini está todavía en la hora

12

�oncena de la gran jornada veneciana, anunciando la perfección meridiana
de Giorgione y el resplandor de Tiziano, sus alumnos, las incandescencias
voluptuosas de la tarde en Veronese y los fuegos crepusculares de Tintoretto. Pero él mismo no está en aquellas espléndidas disipaciones. Su
pintura de artesano genial y de inspirada honestidad armoniza con la
sobriedad, la discreción y la claridad de una presentación moderna.
La primera de estas grandes exposiciones, la de Tiziano, se quebró antaño
por la imposibilidad de recoger las obras de Inglaterra y España. En
Venecia hay muchos y estupendos Tizianos, todos bien conocido* Sin
embargo, no conoce Tiziano quien no haya visto la flor y nata de su
obra, descremada en El Prado por C arlos V, el rey D on F el ipe y V e l á z q u e z , quien fué enviado dos veces a Italia por su señor para comprar
más y más Tizianos. Y Carlos V hasta hacía el chantaje a los soberanos
italianos, ofreciéndoles cuadros de Tiziano como botín de guerra para
sus paces o alianzas. Algunas de aquellas obras pasaron luego a Ingla­
terra con motivo de las nupcias de Felipe II con la reina María Tudor.
Dicho sea de paso, tuvieron mucha razón en Londres y Madrid en re­
husar aquellos préstamos. Los cuadros antiguos son ilustres y frágiles
ancianos que ni siquiera nos pertenecen. Cada generación es albacea
para las venideras, y tiene que cuidarlos con religioso escrúpulo. Que
viajen los hombres y dejad las obras de arte quietitas, lejos de trenes,
buques, aviones, de mudanzas de clima y de grados de humedad, y de
sacudidas mortales. No sé si se sabe en América que cuando L ady C ham b e r l a in
obtuvo para su exposición italiana en Londres, antaño, el prés­
tamo de la flor de nuestras colecciones públicas y particulares, el buque
que las transportaba fué sorprendido por una violenta tempestad y faltó
poco, pero muy poco, para que las olas sepultaran hombres mortales y
obras inmortales en el fondo del océano ¡para siemprel Cuando pienso
en lo que vi yo misma, las sacudidas y choques que me horrorizaron al
bajar la grandísima pala de Bellini por la ventana de la Academia para

13

�llevarla, en Venecia misma, nada más que mil metros más lejos, al Pa­
lacio Ducal, se me aprieta todavía el corazón.
Por otra parte, Veronese y Tintoretto están a sus anchas en Venecia por
doquiera y en cualquier día, con o sin exposición. La de Bellini fué
la más reveladora. Ilumina la inmensa importancia de su aporte, decisivo
para el desarrollo sucesivo de toda la pintura veneciana. Es decir, según
E lie F aure, para la historia y el desarrollo completo de cuatro siglos de
pintura en el mundo.
El que primero arregla esta paleta, de la que se servirá luego la civiliza­
ción pictórica occidental, es este honrado, ingenuo y sencillo Bellini. Yo
lo veo como el típico maestro; maestro de obra, maestro de alumnos y
jefe de bottega, bondadoso y severo, jovial y serio. Bastante destacado en
su personalidad como para dar a sus jóvenes una impronta, un impulso
y empuje decisivos y para dominarlos y excitarlos con su autoridad, pero
no tan maduro en su arte como para haber dicho la palabra suprema,
más allá de la cual no se pueda ir. El conoce todo lo que se puede co­
nocer y sabe todo lo del oficio, pero la técnica no es su preocupación
dominante, y no enseña las vivezas y los trucos que permiten ahorrar el
trabajo sincero y diligente.
Con esto llegamos al núcleo esencial de su arte. T al vez sucede que los
verdaderos revolucionarios no son habladores, ni caudillos prestigiosos y
truculentos, sino hombrecillos tranquilos. Así Giovanni Bellini. Nacido
y muerto en Venecia, le dejó a su hermano Gentile las aventuras de los
lejanos viajes hacia el Oriente y la corte del sultán turco, aunque éste
había pedido que fuera Giovanni, el más afamado pintor veneciano en­
tonces. No parece que haya hecho muchos aspavientos en su vida. Su
familia, como la de los B ach y los B reughel, tenía largas tradiciones
arraigadas en la pintura. El padre, Jacopo, había sido buen pintor en
su tiempo; su hermano Gentile fue el delicioso y fiel costumbrista del

14

�Quattrocento veneciano; su hermana Nicolosia se casó con A ndrea M anquien ejerció inmensa influencia sobre su primera madurez.

tegna,

Tres influencias se cruzan en su obra. La del padre se ve clara en sus
Madonas. Mientras el tímido Jacopo está trabado todavía por la tradi­
ción bizantina de frontalidad e inmovilidad, y trata de suavizarla y que­
brarla con su dulzura naturalística, Giovanni supera de golpe el obs­
táculo. Aquellas cabecitas amorosa y cariñosamente inclinadas son mu­
jeres del pueblo, pensativas, civilizadas y alegres como se las encuentra
a cada paso hoy mismo en las calles, cien por cien e inequívocamente
venecianas. El perfil redondeado, florido y blando de la mejilla; algo
de malicioso, chispeante e indulgente en la esquina del ojo; algo de pe­
sado en los párpados; la frente bombee; la cabeza carente de líneas áspe­
ras y de ángulos agudos; todos son rasgos que alejan a los tipos bellinescos
de los bizantinos, alargados en líneas derechas, pómulos salientes, flaque­
za hierática y ascética, dejando ver el esquema de los huesos bajo la
poca carne.
Fué la influencia de su cuñado Mantegna, la que evidentemente lo acer­
có a la escuela de Squarcione de Padua, de donde aquél había salido.
Personaje raro fué Squarcione, aventurero y precursor que encontró a
Padua todavía sumida en la imitación escolástica y somnolienta de G iotto , y la sacudió y empujó hacia el Renacimiento. Este provinciano viajó
por todas partes, trayendo colecciones preciosas de medallas y mármoles
clásicos que impresionaron a sus alumnos. Entre otros, el lombardo F oppa llevó el soplo nuevo a su país. Mantegna conservó a causa de su
maestro un complejo arqueológico, no habiendo fresco o lienzo donde
no nos brinde un bajorrelieve, un capitel o una columna quebrada.
Este clasicismo, en Mantegna, sigue siendo tenso, estirado, feroz y esco­
lástico, no obstante su gigantesca talla de artista. Para Mantegna es una
desesperada nostalgia y una aspiración pedante, lo que en Bellini se

15

�vuelve asimilación clásica espontánea y conquista de feliz facilidad. Lue­
go, con la misma saludable y santa felicidad se la quita de encima. No
tiene las inhibiciones de aquella armazón de hierro que oprime a Man­
tegna.
En Venecia hay un modismo: Veronesi tutti m atti. . . Padovani gran dottori, Veneziani gran signori1. P a o l o V e r o n e s e se defendió ante la In­
quisición, acusado por sus caprichos faltos de reverencia —bobos, joro­
bados, bufones y lebreles en las Sagradas Cenas— afirmando que así se
le había antojado, “pues nosotros los pintores estamos todos locos.” E l
rígido Mantegna hace pensar de veras en la erudición catedrática y uni­
versitaria de Padua. El amable veneciano pinta con la suelta esponta­
neidad del gran señor. Su señoría tiene la fragancia delicada y perdu­
rable de la flor.
Puede ser que Mantegna impresione más. Los hombres tenemos con­
fianza en que una cara seria y austera nos diga pensamientos más gran­
des que un rostro sonriente. Pero es Bellini el verdadero revolucionario
y renovador. El Cristo muerto que Mantegna consideraba como su mayor
trabajo es una obra maestra y de ella brota, alrededor de 1470, la Piedad
de Bellini, ambos en el Museo Brera de Milán. Mas al mirar la Piedad
no se piensa en admirar la sabiduría en el juego anatómico de los múscu­
los o el virtuosismo del pintor, a los que nunca se olvida frente al Cristo
muerto de Mantegna.
El punto crucial del desarrollo de Bellini está representado por su gran
Coronación de la Virgen, de Pesaro, hecho a los 43 años, en 1473. Jesús
y su madre están sentados en el centro del retablo, con los santos: Pedro,
Pablo, Jerónimo y Francisco, seis figuras de tamaño natural sobre el
precioso paisaje de la colina y el castillo de Gradara al fondo, que toda­
vía existe en Pesaro. Para completar, catorce cuadros marcan la compoi Veroneses, todos locos. . .

Paduanos, grandes doctores; Venecianos, grandes señores.

16

�sición del centro, figuras de santos aislados, y en la predella grupos de
muchos personajes, caballos y edificios, exquisitamente trabajados en los
detalles y concebidos cada cual con amplitud majestuosa. Claro está que
yendo a Pesaro, el muy sensible y asimilador Bellini vió y miró de paso
a los toscanos y particularmente a P iero della F rancesca, como antes
había estudiado a A ntonello da M essina.
Desde 1430, fecha presumida de su nacimiento, hasta el 26 de noviembre
de 1516, fecha atestiguada de su muerte, los ochenta y seis años de este
patriarca forman el presente entre Vivarini y Giorgione, entre Jacopo
su padre y Tiziano su alumno. Y como verdadero maestro, se inscribe
en la escuela de todos. £1, que les enseñó a los grandes, no vacila en
aprender, ya viejo, de sus jóvenes discípulos, remozando su arte para
emularlos. Los que tienen ánimo nunca se asustan de perder su temple.
Las naturalezas fuertes se largan a todos los lances y riesgos. Saben que
la experiencia ajena los ayudará a dibujar mejor sus propios rasgos espi­
rituales y que de cualquier aventura saldrán airosos, enriquecidos con
nuevas energías. Bellini está anclado en su verdad y sinceridad interior,
y orientado en los aspectos y formas y emociones de la naturaleza.
Luego, detrás de Bellini, Giorgione, su alumno, mirará a L eonardo con
sus grandes ojos de mancebo de genio, predestinado a la precocidad de
la gloria y de la muerte. Aquellos matices fluyentes en la luz metafísica
de las neblinas lombardas, él los llevará a transformarse en materia plás­
tica y carnosa, glorificada por la plena luz de Venecia. Desde el miste­
rio plateado y verdoso de la Gioconda llegará al sonoro y blando de su
Venus.
Pero es Bellini quien abre el camino, en Venecia, hacia las conquistas
soberanas: la forma plástica de bulto y la pintura de tono y de claroscuro
como modificación del color e impronta de la forma, y no simplemente
como sombra y luz definidas, contorneadas, delineadas, palpables, asibles
y chatas.

17

�La luz que canta en el tono, esta sublime aspiración de la materia a es­
piritualizarse y encarnarse en energía solar, amanece en Bellini.
M argarita G. Sarfatti

Cavallasca (Como), octubre de 1949.

18

��SO D O M A
R e lía lo

d e R a fa e l S an zio. D ibujo a lápiz.

O x fo r d , C h rist C h u r c h

C o lle g e.

H o ja d e

VER

Y E S T IM A R

�C E L E B R A C I O N E S
O
G 1 O V A N N I
B EL L I N I
GIOVANNI
ANTONIO
BAZZI
A L E S S A ND R O

1 4 2 9 - 1 5 1 6
(Sodoma) 1477-1549

M A G N A S C O

16 8 1 - 17 49

La historia de la p in tu ra de G iovanni B ellini es en cierto
modo la historia de la p in tu ra italiana. N adie h a sido tan
p u e n t e desde la concepción d u r a de los prim itivos hasta la
m ó r b id a de Correggio. G iam bellino (nom bre cariñoso que le
dan los italianos) ha desconcertado siem pre a los críticos, sus
obras h an estado atribu id as a casi todos los grandes pintores
de su época y aun posteriores.
M anera arcaica (m ejor au n sería decir a r c a iz a n te ) . Bellini
sigue u na línea ten sa como la de los V ivarini. Fondos de oro,
aureolas m arcadas a punzón, paisaje tím ido que se insinúa en
suelos, guijarros, m atorrales. L a form a es com pacta, m o n u ­
m ental, los rostros cargados de u n a expresión contenida, las
actitudes significativas de u n estado aním ico. Reserva, m e­
sura, am or v e n e c ia n o del color (todavía in c ip ie n te ), tonos
sombríos de un pigm ento saturado, rico, oscuro. El oro de
los fondos ya es convencional. Esta p in tu ra es dem asiado
m adura y sensual p ara la abstracción del n eu tro m etálico
opaco que cierra la p ro fu n d id ad b ru talm en te como u n silen­
cio. Bellini pasa de los prim itivos venecianos a u n a concep­
ción corpórea m ás rica, más escultórica.
M anera in cisiva . Influencia de su cuñado A ndrea M antegna,
el paduano. L a línea se hace cortante, la deform ación ayuda valientem ente a la ex­
presión. El paisaje ha ganado casi toda la superficie del cuadro, acontecim iento muy
im portante en la historia de la p in tu ra.
B ellini se goza en la descripción de las cosas,
en su am or de las formas, de los colores, se
ejercita en detalles pintorescos, de m in ia tu ­
rista: un conejito, unos cantos rodados que
tra ta como ágatas. E ntonación general am a­
rillen ta ídorada, no clorótica como en M an­
tegna, salvo en la P ie d a d quizá p or conve­
niencia del tema) . Los ropajes se endurecen
y las líneas de los pliegues ayudan a la
construcción de la form a según el procedi­
m iento m a n te g n e s c o .
A um enta su riqueza de escorzos, se atreve
con los m ás difíciles. Este período es más
intelectual, corresponde a alguna de las madonas m ás sobrias y m onum entales como la
Davis, que tiene u n rigor casi de Fiero della
Francesca. Muy sabio el juego de m iradas en
los trípticos o polípticos. Las escenas de
A rriba: B e l l i n i , S an A n t o n io A b a d .
Abajo: B e l l i n i , San C r is tó b a l (detalle) .

�Ría.i

ix i:

M adona Davis.

R f.i .i i n i : M adona degli alberetti.

predelta (pequeñas tablas cu las bases de los retablos) encantadoras, descriptivas, re ­
pletas de color local que abandona ante el lema m ayor más hierático y profundo.
La belleza física del tipo hum ano, no le interesa tanto al perseguir una expresión a
¡oda costa. Se complace en los azules de sus cielos inm aculados pero es capaz de re ­
nunciar a ellos por esa tela simple que sirve de fondo en m uchas m adonas o m eram ente
por un color neutro y oscuro.
Empieza el maravilloso repertorio de Vírgenes con el Niño. N adie ha jugado con más
felicidad a la ubicación de las manos en ese tema. Se podría hacer un estudio conm o­
vedor sobre la tern u ra y la expresividad de esos gestos adm irables. Cambia tanto de
un cuadro a otro (aun en los que son contem poráneos) que uno se resiste a creer que
se trata del mismo pintor. A veces entona sus m adonas en lacres, oros bizantinizantes
en los plegados y fondo negro. Figuras hieráticas que apenas se mueven; a veces se
lanza a un color más entremezclado, por napas, que parece raspado sobre la tabla
(Madona Dzvis) , otras el color es ya lodo de por sí sin veladuras rosadas o verdes (en
los rostros por ejem plo, cualidad tam bién arcaizante común a todos los prim itivos) y
es directam ente color fulgurante, saturado de pigm ento.
M anera sinfónica . Se desentiende de M anlegna, y descubre los recovecos psicológicos del
personaje que retrata. Sus cuadros tienen un ataque directo, menos preconcebido intelectualm cnte. Se goza en la m ateria pictórica, es feliz en ¡a p in tu ra (como dijeron de
Hokusai). No deja de paladear ninguno de los placeres que se dan a quien m aneja
pinceles. La forma se dulcifica, paisajes y prim eros planos se ensam blan cómodam ente,
cielos profundos, nubes errantes, toda la belleza del m undo natural subida en su paleta
verídica pero poética a sobrenatural. El color am plio, dem orado gustosamente. A veces
la pasta es unida y vidriada, forma cuerpo con su base, a veces hay un esponjam iento
que le da más misterio. Padre de Giorgione y Tiziano, descubre en realidad lo que
Elie T'aure, llam a la p in tu ra sinfónica. Sus cuadros son aún nítidos. Sus cuerpos son
volúmenes vestidos de colores adm irables, el paisaje es secreto, húm edo, misterioso o
seco con piedras y lagartos y cielos duros de páram o. No se arredra ante nada, sigue
usando su experiencia anterior: bizantina, de prim itivo, de quattrocentista y la e n ri­
quece con sus nuevas conquistas. T iene el buen oficio de su padre, es un dibu jan te

�excelso, ha aprendido con so herm ano G entiie a mover inmensas m ultitudes en lina tela
v deja decantar todo eso y se aboca a una gracia serena, lúcida y vibrante, llena de
complacencia entre un color dorado que rebota de todos los ámbitos, u n adm irable
color de carey rubio que in unda lodo en sus cuadros como un aura musical o perfum ada.
En las obras grandes resulta de una perfección intolerable. T iziano m overá m ás sus
masas, recurrirá a telas o a balaustradas, Bellini solo con figuras y composición se hace
demasiado p r e c io s o , un retablo de varios m etros bañado de luz cobriza, esplendente de
dibujo, de color particular, rico como la carne de una fru ta m adura, es sencillamente:
d e m a s ia d o . En esa escala lo hicieron m ejor sus continuadores: Tiziano, T in to re tto o
Veronés. T in to retto porque cambió la composición y la hizo barroca y dinám ica, p o r­
que en el color se desentendió de r e c a m a d o s y atacó directam ente a los grandes tonos,
manchas, zonas, luces, con una pasta abierta, de fondo de tela, con neutros, con rayos
de luz no tan sustanciosos de m ateria pero más soportables como p in tu ra. Objeción
por e x c e s o d e p r e c io s is m o ,, d e capacidad, que no es lo mismo m íe objeción p or defecto.
Ü i .t im a m a n era . Ya m ostrado uno de los caminos a Giorgione-Tiziano, G iam bellino
sigue atravesando el c in q n e c e n t o , su C risto de Estocolmo, su E b r ie d a d d e N o é de Besansón, ya lo encuentran renunciando al m ucho color. Con unos pocos matices y con
blanco, se arregla para hacer vibrar su p in tu ra. Los contornos nítidos que se dulcifi­
caron llegan ahora a desflecarse, a tornarse nubosidades que
dudan en su límite. La pasta esponjosa, en treabierta, a p li­
cada perpendicularm ente a la superficie no dejando ver
huellas de pincel, el color no saturado, con el poro abierto.
Bellini recorre así el m om ento difícil de la p in tu ra. Para
lodo tiene soluciones distintas en un estilo básico, siempre
fiel a sí mismo (aunque siem pre cam biante) . Su b a s e es
un dibujo de una calidad y una dignidad incom parables.
Sus escorzos, su fuerza p ara retener lo esencial de un m ovi­
m iento, son extraordinarios desde sus prim eras obras. N u n ­
ca hay p o s e en G iovanni Bellini, todo se aclara lum inosa­
m ente: brazos, piernas, manos, torsos, cabezas, todo gira
v evoluciona liberadam ente en el am plio espacio de su
pin tu ra. Y no hay tampoco b a lle t como a veces en algunos
florentinos que frivolizan a fuerza de ser graciosos. A quí
siem pre m esura sin em paque, gracia sin liviandad. No
hay tampoco un color dom inante, los usa todos, en todos
se goza: no digamos los cielos que van desde un azul tiza,
opaco y de calidad de fr e s c o , hasta un u ltram ar que sólo
supo tam bién utilizar l’erugino sin caer en el ridículo.
(Riquísim o color con resonancias que puede desentonar
y pesar en el cuadro más equilibrado) . Geleste cerúleoverdoso que hace más alto v más trágico el cielo en algunas
crucifixiones. Y ¿que decir de los pardos? ¿De las tie r r a s ?
Soberbio color (pie unifica arboledas, que va dorando carnes,
envolviéndolo todo y sirviendo de liase a rojos sordos, a
azules oscuros, a algún verde denso y ese otro verde claro,
ácido y estim ulante como una fruta un poco en agraz.
Y luego la fam iliaridad exquisita del c a r te llin o con el
nom bre proclam ado y el invento de esa balaustrada de
m árm ol oscuro detrás de la que surgen: un dux, o caba­
lleros, o madonas, pero (pie en suprem a domesticidad puede
tener apoyada, como al descuido —como olvidada— una
pera am arillenta, preludio de tantas n a tu r a lez a s m u erta s,

A rriba: B iu.i .i m : P ie d a d (pluma) .
Abajo: B e i i .in i : H o m b r e d e n eg ro .

�por venir en la larga historia de la p in tu ra .f 1
Se podría decir im itando a Jorge M anrique
cuando com para a su p ad re a todos los g ra n ­
des virtuosos de la antigüedad; se po d ría decir
de B ellini que filé in g e n u o e ingenioso y a m a ­
b l e m e n t e t o r p e como los V ivarini au n q u e más
m aduro, e s p a c ia l como R afael, casi tan m is t e ­
r io s o como G iorgione, tan a g u d o como Antonello da Messina en la caracterización psicoló­
gica. G r a n d io s o como T iziano, o r q u e s t a l como
T in to retto , g r a c io s o como Corrcggio. V fue más
que todo eso: fué G iovanni Bellini.
La historia de las vicisitudes del juicio que
merece u n artista a través de los tiem pos nos
ilustra m ucho, no tan to sobre el artista en sí,
sino sobre los criterios de las distintas épocas,
sus lagunas, sus vicios de pensam iento.
¿Q ué h abrá llevado a Adolfo V enturi a d a r tan
poca im portancia a G iovanni A ntonio Bazzi?
¿Cómo es posible que u n crítico como G. H.
Edgell en su H isto r y o f S ie n e s e P a in t in g lo
posponga al m ediocre Beccafumi? Hoy y tra ­
tando de desprejuiciarse es im posible no ver
qu e el Sodoma es u n gran d ib u jan te, u n buen
p in to r y un fresquista que a veces resiste todas
las com paraciones (pensamos en las B o d a s d e A le ja n d r o y R o x a n a que com parte con
la G a la t e a de R afael los m uros de la Farnesina en Rom a) . El hecho de ser Sodoma
contem poráneo de la pléyade más grande de genios de la p in tu ra que jam ás haya
existido no debe de dism inuirlo ante u n a crítica inteligente. Sodoma es el inventor p or
lo m enos de dos t ip o s que luego se p e rp e tu a rá n en la plástica italiana y que tuvieron
un éxito total en su tiem po; me refiero al rostro herm oso y ovalado de m entón fuerte
con caídas de párpados, lánguidos de sensualidad y una torsión del cuerpo fem enino
en que la cadera q u ieb ra bruscam ente la línea de la silueta e im plica apoyo, y una
curva graciosa y tam bién m órbida y ofrecida. Quizá esta ú ltim a sea una variación de
la L e d a de L eonardo que no conocemos sino p o r copias
de A m brogio da Predis o B oltraffio, pero de todos m o ­
dos Sodoma lo exalta a categoría de canon.
Es u n enam orado del cuerpo desnudo. En su C risto
en la c o lu m n a , en su S an S e b a s tiá n del Palacio P itti.
t 2 nto como en sus cortesanas del M onte O liveto Maggiore, desnudas tras sus delgados peplos, persigue un
ideal de cuerpo tanto fem enino como m asculino: am plio,
o p u len to sin llegar a R ubens, u n reposado cuerpo fuerte
y siem pre un poco desm ayado —nunca con esa vida
in terio r de la sangre dinám ica de M iguel Angel. Esos
herm osos cuerpos perfectos se ofrecen a la luz en su
torsión, en sus caderas de curva potente y audaz, que
va en arco de círculo desde la cin tu ra hasta los pies.
El suyo es un herm oso plan eta em bebido de claridad,
poblado de arq u itectu ras lum inosas, de paisajes serenos,
de h ab itan tes dignos de la palestra griega. Hermosos
rostros, m iradas cargadas de amor, de lascivia sana,

A rriba: B f l l in i : C risto d e E s t o c o lm o .
Abajo: S odom a : S a n ta C a ta lin a (fresco).

�matin;;]. Sus ángeles-niños vuelan desnu­
dos. em pujan a A lejandro hacia la des­
posada. revolotean como el triunfo de la
carne y nunca son soeces, im pertinentes
o canallescos. Son sim plem ente cupidos
innum erables, de innum erables nupcias
placenteras.
En Sodoma hay de todos los grandes, se
dice cpic fue discípulo de Leonardo, po­
dría haberlo sido. Con Pcrugino o Rafael
no tiene otra relación (pie la de ad m irar­
los profundam ente. Sus cscorzos con in ­
clinación de abajo hacia arrib a son ad m i­
rables. T odo se ordena segñn ritm o de
b a lle t , hasta el desvanecimiento de Santa
Catalina en que el cuerpo laxo, se deja
caer doblado, incapaz de tan ta gloria. Sin
em bargo no son p o s a d o s o teatrales, las
escenas de m uchas figuras tienen un aire
del Pinturicchio de la Biblioteca I’iccolom ini, los movimientos se acompasan como
en una m archa triunfal, se intuye una
música lenta, arm oniosa, no solemne pero
tampoco frívola. No falta nunca el d e­
talle pintoresco que tanto encantaba a sus
contem poráneos —artistas y público— un
perrito que ladra rebelde, un niño que juega, un personaje distraído —quizá el propio
pintor— que se da vuelta hacia nosotros y posa descaradam ente su retrato entre tantos
rostros bellos c impersonificados.
Pero como a todo obseso de la p in tu ra no le basta con llenar sus telas, sus paños de
muro, sino que rebalsa la zona asignada y la cubre con pilastras magníficas: doradas y
repletas de guirnaldas en el gusto de la época, con g ru tes c o s que nos borran el confín
entre la arquitectura y la decoración.
últim am ente le han sido asignadas obras que no siempre se le atribuían. Una P ie d a d
del Musco de Siena en grisalla verde acentuada de una carnación lívida, en que el
inmenso torso ocupa casi toda la tela, un trozo de b ra v u r a digno de la P ie d a d de
Carpaccio en el Museo C orrer de Venecia, digna de algún Cristo flagelado de Tiziano.
Sus composiciones grandes no son a veces tan felices, en Monte Olívelo copió m uchas
veces desvergonzadamente a Pinturicchio, tiene zonas inertes, cielos que no sabe bien
cómo llenar.

�Sus contem poráneos lo llam aban: II M a ta c c io
(nosotros diriam os el lo c o lin d o ) porque era h a ­
ragán y despreocupado.
T odo eso se revela en su p in tu ra , el im pulso
inicial es noble, generoso, feliz. La trabazón
de com poner, más floja. H ay siem pre trozos
brillantes, de inspiración sostenida, hay desmayos
y falta de verba.
De todas m aneras el p in to r de una de las facetas
del alm a, el p in to r de la religiosidad de su
época, dada a deliquios y éxtasis (jemasiado
parecidos —¡ay de mí!— a los de la pecadora
carne enam orada.
Genova h a tenido buenos artistas que sin embargo
no h an podido com petir con la gloria demasiado
abrum adora de Venecia, Florencia o Siena. Su
genio tardó en expresarse en u n p in to r original
que parece no deber nada a sus contem poráneos
y que en cambio p refigura a G uardi. G ran d i­
b u jan te, Magnasco se expresa en una caligrafía
aguda, de líneas siem pre pugnando p o r eriz a rse,
llena de p u n tas significativas. Sin em bargo, su
S odoma : San S eb a s tiá n .
dibujo es siem pre más c lá s ic o —en la gran tra ­
dición— y es solamente en el óleo que se suelta a u n a epilepsia que oscila entre una
concepción pesimista del m undo y la caricatura (en el fondo de toda caricatura siem pre
hay pesimismo y agudo sentido m oral, que lo diga si no D aum ier) .
Las formas, que en el rigor de la convención lin e a - lim it e tienen que ser en el dibujo
los agentes de ordenación del universo (de la concepción del m undo de aquel que
dibuja) nunca pueden cargarse de a n im is m o como el aceite y el color. Ambos son
ya desde un p u n to de vista físico, vehículos grasos, emotivos de u n estado interior.
No hay aquí el rigor del dibujo, la realidad p in tad a se abre, se desfleca, recibe en el
tem blor del pincel todo el tem blor de la m ano, no es ya u n gráfico —negro sobre
blanco— sino una transposición en que la m ateria: m árm ol, carne, agua, está' rep re­
sentada e q u iv a le n t e m e n t e p o r o t r a m ateria: óleo sobre tela y además cargada del gran
medio capaz de trasponer sentim iento: el color.
En su p in tu ra pues, Magnasco se suelta, deform a siguiendo u n ideal de forma que es
el suyo propio: im petuoso, cósmico, feroz, incisivo y tam bién tierno, agrio, orquestal.
El Greco deform aba de acuerdo a otro canon interior, sus form as casi siem pre se
M agnasco: S in ag og a.

M agnasco : C a z a d o r q u e m a ta la p r e s a .

�pueden inscribir en un rom bo. Magnasco no se ordena tanto, su fuerza es centrífuga
y se expande como esas manchas que se hacen apretando una gota de tin ta entre las
dos m itades de una hoja de papel doblada. R esultado de una tensión que obliga a la
forma a explotar en volutas, esquirlas. T odo le sirve para expresarse: barbas al viento,
largas narices, grandes m antos flotantes, nubes desgarradas, ruines carcomidas de perfil
desdentado, esa es su arquitectura fundam ental. Su riqueza interior la revela una
paleta principalm ente azul y de u n ocre rosado que parecen imposibles de c a s a r entre sí.
En esta arm onía dom inante toda la gama de los pardos; del celeste grisáceo al azul
coagulado casi negro. Lejanías riquísim as de gris y el todo vaporoso, hum eante como el
prim er día del m undo, como una gran hum edad que empieza a evaporarse, como la
pin tura del viento —im pintable— o hecatombes lejanas o torbellino del alma.
Magnasco aborda en general las telas grandes pobladas de personajes pequeños, en que
la arquitectura o el paisaje dom inan al hom bre. Ese hom bre que gesticula, se mueve,
se expresa pero siempre envuelto p or algo mayor que él. Su p in tu ra no es antropocéntrica, sus seres pueblan su ám bito alucinado azul, como grandes hormigas, como
insectos llenos de púas, de alas, de antenas que luchan inexplicablem ente como en un
universo irracional. N unca hay calma en su dom inio, ni la arquitectura —razón y orden
de los otros pintores— es aquí otra cosa cpie exacerbación de arcos, galerías, escaleras
dementes.
Siempre los borrascosos crepúsculos (¿o son amaneceres?) insisten en la pequenez
humana, en la futilid ad de nuestro esfuerzo. No hay estatismo posible, no hay confor­
midad en las aguas, los cielos revueltos, los árboles fantasmas ilum inados p or una
extrahum ana luz pizarrosa fulgurante de relámpagos, que huele a azufre, a tem pestad,
a tierra m ojada. A veces las figuras se agrupan tan arbitrariam ente que el cuadro
se titula: H u id a a E g ip t o c o n fig u r a s m ito ló g ic a s y la excusa del nom bre tra ta vana­
mente de ocultar un paisaje inmenso, destartalado (tan distinto del sa ló n íntim o que
es el paisaje de Poussin, tan distinto del otro rom ántico y eclógico de Claude L orrain),
lleno de ráfagas y colores de pesadilla, grandes paisajes desprovistos casi de la pareja
rojo-verde, solucionados en el color que, según Cézanne es el más difícil de la p in tu ra:
el azul.
Pero si Magnasco aborda el p r im e r p la n o (usando el térm ino en su sentido cinem ato­

�gráfico) como en su magnífica C en a d e E m a ú s tam bién triunfa y cieno a su calidad de
dibujante. El no aleja sus figuras por pobreza o tem or de verlas desmañadas y torpes
llenar toda la tela (y pensamos en algún ejem plo nuestro contem poráneo) sino sensillam ente portille n o q u ie r e hacerlo. Cuando lo afronta, su torbellino de naturaleza, se
hace torbellino de facciones, manos, pliegues, luces misteriosas, extraterrenas, en una
concepción oscura, caótica, digna de un R em brandt tardío: delirante y feroz.

Hemos titulado estas líneas: Celebraciones. M ejor diríam os casi: reivindicaciones. De
los tres, Sodoma y Magnasco cum plen este año sus aniversarios, B ellini —como todos
los genios— lo cumple perpetuam ente. Italia los celebra en dos magníficas exposiciones:
la del Palacio Ducal en Venecia dedicada, como en años anteriores, a glorificar a un
pin to r local; Genova en su Palazzo Bianco, cuyas puertas se han reabierto p ara recibir
la carga enjundiosa y lóbrega de las telas del I J s s a n d r in o , único gran artista de la
ciudad ligur.
De Sodoma es imposible hacer una gran m uestra colectiva, su verdadero talento está para
siempre adherido a ios muros de Siena, de M onte Oliveto Maggiore o de la Farnesina.
¿Celebraciones? Sí, y reivindicaciones. Los tres tienen en común el h aber sido in ju sta­
mente pospuestos. Berenson fué uno de los d e s c u b r id o r e s del veneciano, la crítica
m oderna —desde hace unos años— lo sitúa a una altu ra a la que sólo los grandes entre
los grandes pueden aspirar. ¿Y quién con más títulos p ara merecer los calificativos del
propio Berenson que Bellini? ¿Quién con más v a lo r e s tá c tile s , q uién con más in te n s ifi­
c a c ió n d e vida? Venecia ha hecho su justicia póstum a. E ntre los grandes pintores de su
luz maravillosa, no podía faltar el hom enaje a G iovanni Bellini. Las salas repletas del
segundo piso del Palacio de los D ux pagan la más merecida de las deudas: la del
agradecimiento y el amor.
A Sodoma —ya lo hemos dicho— hr.y que buscarlo disperso por museos y p o r muros.
El como Benozzo, Gozzoli o P in tu ric ­
chio quedan —en lo m ejor de su o b r a indisolubles con una arq u itectu ra y no
adm iten traslado. Sin em bargo no vie­
nen m al los aniversarios para corregir
juicios y afinar punterías. La crítica es
una continua m ise a u p o in t que no
term ina nunca.
En cuanto a Magnasco, ha ido subien­
do en la consideración de la crítica
todos estos últim os años. Su carrera
culm ina en la exposición triu n fal de
Génova. Setenta y seis telas han ido
desde América y toda Europa a reunirse
en la blancura inm aculada del Palacio
genovés y allí reinan oscuras y densas
contra la alegre luz de la R iviera ita ­
liana. T res nom bres relegados in ju sta­
mente, tres reivindicaciones. P rocla­
marlos es tra ta r de en ten d e r m ejor el
siem pre com plejo problem a de los va­
lores estéticos.
DAMIAN CARLOS BAYÓX

M agnasco : C risto en E m a ú s

(d eta lle)

�,

.

P I N T U R A
Y
ARQUITECTURA
.

27

j

�SIEGFRIED GIEDION
Siegfried Giedion es conocido universalmente por su libro
Space, Time and Architecture, reeditado muchas veces desde
1941, año de su aparición; acaso el más brillante estudio que
se haya publicado hasta ahora sobre los orígenes, teoría y
desarrollo de la arquitectura funcional moderna.
Teórico sencillo y profundo, amigo de la meditación pero no
enemigo de la acción, como lo prueba el hecho de ser secretario
del CIAM ( Congreso Internacional de Arquitectura Moderna),
con vistas lúcidas sobre el porvenir de todas las artes, , hace
tiempo que se viene interesando por el apasionante problema
de las relaciones entre la pintura y la arquitectura. El artículo
que publicamos es un avant-goüt de futuros trabajos sobre el
tema.
Coincidimos con él acerca de la necesidad de aclarar puntos de
vista sobre esta relación, de la que depende, a nuestro modo de
ver, probablemente todo el destino de la pintura. Y a pesar de
que no coincidimos igualmente en la orientación escondidamente romántica que lo impulsa, comprendemos que es menes­
ter un nuevo fondo emotivo, capaz de unir las esferas del arte
con la ciencia y la industria.
Su generoso apoyo nos compromete. Al maestro de Zurich, que
tanto estimó la revista al conocerla hace algunos meses, le en­
viamos nuestros más cordiales saludos.

28

�H o y d ía n o p u e d e h a b e r n i n g ú n a r q u it e c t o q u e n o
p a sa d o p o r e l e s tre c h o y d e n s o tam iz d e l a rt e m o d e r n o .

haya

Por el camino de la arquitectura contemporánea
Hasta la fecha se pueden determinar tres etapas de desarrollo en las ten­
dencias arquitectónicas de nuestro tiempo:
1920-1930: creación del vocabulario existente, caracterizado por el ataque
directo de una tarea específica y su solución mediante nuevos medios de
expresión. Deberes arquitectónicos: la arquitectura aprende de nuevo la
precisión de planeamiento de la célula individual; la vivienda obrera
entra en la órbita de los problemas artísticos. Simultáneamente se genera
desde distintos ángulos la nueva concepción del espacio. R ietveldt en
Holanda con su casa en Utrecht en 1924 y L e C orbusier con su casa La
Roche en Auteuil 1923/24 (fig. 9) han señalado la penetración del exterior
en los ambientes interiores, así como una nueva interpretación del muro.
1930-.........: Integración de las obras individuales. Resumen y visión total
de unidades de bloque y colonia en relación con la urbe entera, con las
urbes entre sí, en un planeamiento regional; todo esto entra en el primer
plano durante la cuarta década, durante y después de la guerra.
Estamos recorriendo la tercera etapa. Después de toda la desintegración
del siglo pasado es éste el paso más difícil. En todo caso nos falta aquí
más preparación que para las demás etapas. Cuanto más comienzan a
amainar las consecuencias de la posguerra, tanto más se robustece la nece­
sidad de construcciones colectivas que satisfagan los anhelos emocionales.

29

�El pueblo clama por obras que puedan considerarse como receptáculos y
expresión de su vida íntima, de sus acciones y de sus convicciones religio­
sas y sociales. Obras pues, que vayan más allá del logro meramente fun­
cional. El pueblo reclama la expresión de sus Exigencias de lujo, de alegría
y de elevación interior.
Muchos olvidaron que las obras públicas o las obras simbólicas desde
siempre se caracterizaron por su estrecho vínculo con el pueblo:
Pour étre auprés de ma blonde
je donnerais Versailles, París et, St-Denis
les tours de Notre-Dame, le clocher de mon pays.
Pero, ¿de qué manera deben satisfacerse estas exigencias y clamores?
Sobre la importancia del sentimiento
Muchos han perdido hoy día las convicciones religiosas de su juventud,
algunos han sido decepcionados profundamente por la política y el modo
en que ésta ha sido conducida y están insatisfechos de su credo político
de antaño. Y con seguridad no es exagerado sostener que la mayoría de
nuestros contemporáneos es completamente incapaz de encontrar forma
y expresión para sus sentimientos y emociones.
También el arquitecto es hijo de este tiempo y hasta cierto grado com­
parte las características del common man. Él también puede haber per­
dido su credo religioso y su entusiasmo político. Pero si le llegara a faltar
una clara y definida posición estética, entonces obraría con su mente
creadora y su imaginación sin rumbo ni timón. En tal caso habrá perdido
todo.
Perderá entonces —aunque sus trabajos y obras hayan sido solucionados
técnicamente con la mayor precisión— su sostén interior tan pronto se
enfrente con decisiones artísticas. Perderá seguridad, equilibrio —o lo
que sería más funesto aun— llegará a considerar la expresión artística
como de poca importancia y comenzará a echar mano de una configura­
ción y tratamiento del espacio y del material que son ajenos a nuestro
tiempo.
.

30

�Desde un principio pues sea dicho: No puede haber en la actual etapa
de desarrollo de la arquitectura ningún creador de espacios que no haya
pasado por el estrecho tamiz del arte moderno.
Somos conciernes de la importante influencia que ejercen las condiciones
sociales y económicas sobre las ciencias y hasta sobre el arte. Pero concientemente también destacamos otro elemento: el de la sensibilidad y senti­
miento. Muchas veces se lo considera de poca importancia. Sin embargo
tiene una influencia inmensa, difícilmente apresable, sobre las acciones
del hombre.
A las desgraciadas inclinaciones y anhelos del siglo pasado débese la pér­
dida del nexo que unía las distintas materias y campos de acción. Por el
afán de aislamiento de los hechos, por el afán de la especialización se
perdió la visión total. Solamente así puede explicarse la premisa de que
industria y técnica deben valorarse exclusivamente desde el enfoque de
su función, sin tener contenido emotivo alguno; quiere decir que no
deben ser absorbidos a su vez por la vía emocional. De ahí se desarrolló
el aislamiento del sentimiento y, trasladado a nuestras actividades, el
aislamiento del arte, sin vínculo alguno con la naciente realidad. Este
arte envasado es el arte del gusto que predomina, el arte del público con
sus seudosensibilidades y sus seudoidilios.
Las consecuencias están a la vista. El equilibrio humano ha sido pertur­
bado; ciencia, producción e industria se desarrollaron casi sin traba ni
límite. Pero las esferas del sentimiento, desarraigadas de la verdadera
vida de su tiempo, se tambalearon de un extremo al otro, sin jamás en­
contrarse verdaderamente a sí mismas.
Arte, arquitectura y técnica, tanto como industria y ciencia, han sido for­
mados por hombres que, todos por igual, pertenecen a un mismo estrato
temporal. Hoy nuestra tarea consiste en encontrar el fondo emotivo que
sea capaz de unir estas distintas esferas.
Los prejuicios encierran la curiosa particularidad de que uno no sea con­
cierne de ellos. Aun siendo de los más falsos, parecen reflejar opiniones
puramente personales, que se proclaman con toda convicción. En nuestro
mundo de actividad existen algunas opiniones standardizadas tales como
la de que un cuadro debe representar una forma hallable en la naturaleza,

n

�ya que de modo contrario no tiene sentido y deja de lado el sentimiento
y la emoción.
Más arraigada es todavía la idea de que los valores estéticos no se prestan
para discusiones teóricas o públicas. Cuando nosotros en un avance deci­
sivo planteamos en la sesión plenaria del 69 Congreso C I A M (Bridgewater, 1947) la investigación de los problemas estéticos, sucedió esto no
sin la resistencia enconada de una apreciable parte de los congresales,
pues se temía perder el suelo firme debajo de los pies tan pronto se
entrara en la esfera incontrolable de las emociones.
Ya hace más de dos décadas que A lfred N orth W hitehead , el gran mate­
mático y filósofo, acaso el que tiene la más amplia visión de nuestros
tiempos, mostró cuán falsa es la opinión de que los valores estéticos tan
sólo son admisibles dentro de la esfera privada y personal, señalando al
mismo tiempo la fuente de tal error de juicio: D escartes. Ha sido Des­
cartes quien, según las exposiciones del matemático Whitehead, separó
por primera vez la ciencia de la filosofía. Esta separación marca él co­
mienzo de un racionalismo completamente unilateral. Divide ella al
mundo en dos mitades aparentemente independientes: por un lado la
mente que reconoce (cogitating mind) y por el otro la materia indepen­
diente.
Esta razón reconocedora, sobre la que se basa todo, solamente puede
admitir experiencias personales. Los valores morales y éticos quedan limi­
tados al mundo personal, lo mismo que —como subraya Whitehead— todos
los valores estéticos.
La moderna física ha roto con estas opiniones. No reconoce ya la separa­
ción entre los objetos, independientes de la razón escrutadora, y la razón
como independiente de los objetos. Este cisma es irreconciliable con el
enfoque total de la ciencia moderna, que establece una interrelación y
dependencia recíproca entre el objeto del experimento y el sujeto del
experimentador.
Nada nos da un indicio más seguro de que estamos llegando ya al final
de la época racionalista, la que entró en el primer plano precisamente
con Descartes, que el apartamiento de las ciencias exactas de la ley irre­
batible de causa y efecto.

32

�Ha llegado el momento de eliminar el prejuicio de que las posiciones esté­
ticas son indiscutibles y pertenecientes a una esfera puramente privada.
Sobre la relación entre ciencia y arte
La cultura nace cuando el hombre se hace cargo de que las cosas del cono­
cimiento guardan su relación con la estructura emotiva. Durante más de
un siglo hemos acumulado una enorme y caudalosa sapiencia y la hemos
amurado en nuestro intelecto. Sin relación se perdió en cambio la emo­
ción primera y directa en el sustituto del gusto y de la moda predomi­
nantes. En uno de sus ensayos dice T . S. E liot (1929) de los poetas del
siglo xvii : “Ellos poseyeron una sensibilidad que podía absorber toda
clase de experiencia. Su aparato intelectual y emocional funcionaba con
la perfección de vasos comunicantes.” Las experiencias técnicas y cientí­
ficas encontraron infaliblemente su paralela. Esto precisamente nos hace
falta hoy día.
Tenemos que restablecer la relación entre los distintos campos de la cien­
cia y del arte, o con otras palabras tenemos que aprender a absorber
emotivamente los resultados y reconocimientos de la ciencia. Más preciso:
nuestra tarea es sobrellevar la diferencia entre los métodos de pensar y
los métodos de sentir que se hicieron visibles sólo en el 'siglo pasado. El
paralelismo entre el pensar y el sentir es el signo de una visión universal
de la realidad. El Renacimiento la tuvo al igual que el Barroco y nosotros
la tendremos que reconquistar con nuestros propios medios.
El ensanche de la visión
En la primera mitad del siglo xvm se consideraba al panorama de mon­
tañas como la esencia de todo lo terrible y caótico. Cuando J oachim
W inckelmann cruzó los Alpes alrededor de 1760 no podía soportar el
aspecto terrorífico que eran para él los profundos precipicios y los caó­
ticos macizos graníticos cerca del San Gotardo. Bajó las cortinas de su
carroza y esperaba las formas dulces que le iba a brindar Italia. Para
R uskjn, el gran pedagogo de la segunda mitad del siglo pasado, signifi­
caban las enhiestas y bizarras cadenas montañosas de Chamonix, las que

33

�dibujara tantas veces, un punto de elevación emotiva. Él estaba imbuido
de la posición romántica de su generación. Los barcos, las construcciones,
los puentes de hierro y todo lo que producía la industria, ya fuese bueno
o malo, le parecía decadencia, siendo enemigo mortal de toda emoción.
Como Winckelmann en el San Gotardo, así corrió Ruskin las cortinas
delante de la industria y las posibilidades reales de su propio tiempo.
Por obra de los artistas se han explorado y abierto para nosotros muchos
campos nuevos de los sentimientos. Vemos los objetos' ya no sólo desde
distancias normales, como se hiciera desde que el hombre piensa. Nos
hemos acostumbrado también a la visión aérea desde el avión, que anula
las distancias normales y aplasta la tierra en un plano. Se les quita a las
cosas su plasticidad y visto desde el aire la desembocadura de un río
pierde el carácter de recorte parcial de la visión y perspectiva cercana. Se
asemeja esta visión ya a liqúenes o imágenes orgánicas y efectos estruc­
turales, nunca antes vistos, los que de repente adquieren la mayor viva­
cidad.
La perspectiva aérea así como las estructuras microscópicas en inusitado
aumento nos dan nuevas visiones de la naturaleza y de su fantasía. Del
mismo modo que las generaciones posteriores a Winckelmann abarcan
emocionalmente los terrores caóticos de los abismos y montañas, configu­
rando un nuevo tipo de belleza, así comienza a alcanzar nuestra vida
emotiva nuevos aspectos de la naturaleza, que antes estaban escondidos al
ojo humano. Pero esto no sucedió por sí solo. Solamente cuando nuestra
sensibilidad se despierta desde afuera por un acto creador, podemos
absorber también emotivamente estos nuevos campos. El mediador entre
nosotros y el mundo externo que une los extremos de realidad interior y
exterior, es sin duda el artista.
Relación entre pintura y arquitectura
No existen leyes fijas en el campo de lo emocional. Pero hay repeticiones
que tienen su origen en un estado de cosas específico. A estas repeticiones
pertenece la primacía del pintor sobre el arquitecto. Ella se da casi en la
naturaleza misma de las cosas. El pintor es el especialista óptico, que
tanto como el físico o el químico puede seguir, sin ser limitado por racio-

34

�cinios prácticos, a sus imaginaciones nacidas de la fantasía. Pero por esto
la tarea del pintor o del físico no es más fácil y llevadera que la del
arquitecto que se encuentra atado a lo práctico. Al contrario —nada más
difícil que la exploración de lo desconocido; no importa si esto se busca
en un campo espacial-psíquico como en la pintura, o en el campo de la
física teórica. Hacia lo desconocido no conduce ningún camino marcado
con mojones y letreros.
Después de 1420 la perspectiva constituye la base de una nueva concep­
ción del espacio. Se dibujan objetos en un plano, tal cual aparecen y no
correspondiendo a sus formas naturales o a sus relaciones absolutas. Todo
se vincula a un solo y único punto de vista.
La majestuosa bóveda de cañón de profunda penetración, la que M asaccio
pintó en 1425 por primera vez en un muro de Santa María Novella apa­
rece en la arquitectura con firmeza recién con Sant’A ndrea de A lberti
en Mantua, medio siglo más tarde, encontrando su grandioso final casi
dos siglos después con la nave principal de M aderna en la Basílica de San
Pedro (fig. 1 y 2).
La perspectiva aérea, que los holandeses desarrollaron alrededor de 1630
en sus paisajes (fig. 3), sólo se lleva a la práctica medio siglo más tarde en
los jardines de Versalles con su infinitud lineal. La concepción espacial
de la perspectiva con todas sus diferenciaciones particulares prevaleció
casi medio milenio. Sólo alrededor de 1910 se produce un decidido vuelco
en todos los sectores, tanto en los artísticos como en los científicos.
No es éste el lugar para entrar a discutir cómo en los más diverso.s secto­
res, y entre sí en forma harto independiente, se han desarrollado medios
expresivos similares y a veces iguales, todos los cuales denuncian una
determinada unidad secreta. El unísono inconciente de los elementos for­
males, aquí tan sólo se esboza en tres distintos grupos: en la pintura, en
las construcciones de ingeniería y en la arquitectura. Todos tienen en
común un elemento formal, que desde el comienzo del Renacimiento
estaba completamente desvalorizado: el plano.
El plano, que antes no encerraba ninguna fuerza expresiva, al que se le
concedía en el mejor de los casos un significado decorativo, y el que ya
no se vale de un sólo punto de enfoque. El cubismo abarca los objetos
casi en forma relativa, desde distintos ángulos de vista, de los cuales

35

�ninguno tiene autoridad suprema sobre los demás. Al descomponer los
objetos, al verlos transparentes, se los abarca simultáneamente desde todos
los enfoques: desde arriba y abajo, desde el lado interior y exterior. Rodea
los objetos y los penetra; así se le agrega a la tridimensionalidad que cir­
cunscribe el espacio renacentista y que a través de tantos siglos constituía
«1 elemento primordial, una cuarta dimensión: el tiempo. El poeta Guillaume A pollinaire fué el primero en reconocer y captar lo que en ma­
teria de pensamiento sucedía en la pintura. Él también fué el primero que
•en sus ensayos de 1911 se unió al fuerte apoyo de los físicos, que procla­
maban la indivisibilidad de espacio y tiempo.
Así como el hombre de ciencia, llegó también el artista al reconocimiento
•de que la concepción clásica de espacio y volumen está limitada en forma
harto unilateral. Las cualidades estéticas del espacio no se circunscriben
en forma perfecta, como por ejemplo en los jardines de Versalles por la
simple perspectiva infinita. Las posibilidades ilimitadas de las relaciones
de los objetos en el espacio son los que ahora entran en el primer plano.
En las escaleras de caracol de la torre de Eiffel (1889) probablemente se
haya realizado, en forma puramente corporal, la experiencia primera de
una penetración espacial desde afuera hacia adentro y desde arriba hacia
abajo (fig. 6). Nada nos daría la torre de Eiffel si retuviéramos de ella
solamente sus contornos y su perspectiva. Resulta muy típico para el
siglo xix que estructuras como la torre de Eiffel, que se basan en el pen­
samiento y en el cálculo, expresen emotivamente algo que la pintura —ni
qué hablar de la arquitectura— sólo logra expresar un cuarto de siglo
después. Sólo en 1910 se logra absorber emocionalmenle —para quedarnos
con la definición de T . S. Eliot— la esencia de lo que es precisamente la
torre de Eiffel. Es sabido que fué R obert D elaunay el que descubrió
verdaderamente la torre. Él tenía, como decía B laise Cendrars “diez pun­
tos de vista y quince visiones desde la derecha y la izquierda, desde las
alas de un pájaro y con la perspectiva de una rana.”
Con la conquista del espacio por los cubistas y con la consiguiente elimi­
nación del enfoque unilateral gana el piano libre un significado como
jamás lo había tenido. Se descubrió tanto el juego de relaciones de ele­
mentos flotantes que se penetran en forma incontrolable (fig. 1), como
las tensiones pictóricas, creadas por efectos estructurales de variada índole.

36

�Se trata con esto de una nueva concepción del mundo, la que entra en
acción alrededor de 1910&gt; y que probablemente sea tan decisiva como lo
era la revolución óptica del siglo xv.
La seguridad de nuestra aseveración nos conduce a la sorpresiva coinci­
dencia de que tanto en la pintura como en la construcción de ingeniería
y en la arquitectura pueden emplearse medios similares para el logro y
la realización de tareas totalmente nuevas.
En la construcción es R obert M aillart (1872-1940) quien sostiene haber
desarrollado la losa como elemento constructivo, tal como antes la había
empleado solamente el ingeniero para la construcción de una caldera. Por
este medio logra Maillart curvar puentes de hormigón armado (íig. 10) de
manera tal que hasta ese entonces había resultado irrealizable. Por su­
puesto que sus puentes provocaron una reacción inmediata en las esferas
emotivas. La resistencia que durante toda su vida le fué opuesta por los
profesionales, se origina principalmente en los credos estéticos de éstos.
A ellos no les gustaban esos puentes de mil hojas. Cuando se habla hoy
día en Inglaterra o América de arquitectura suiza, se considera a Maillart
como su sinónimo.
A lbert G leizes, el pintor, teórico y compañero de Robert Delaunay,
decía a su vez: “El elemento constructivo decisivo de un cuadro es el
plano”. Y finalmente cuando en la arquitectura T heo van D oesburg
(1922) dibuja el interior de una casa en forma transparente, los muros,
pisos y cielorrasos se convierten en la interpenetración de losas y planos.

Como me dijera hace poco su otrora colaborador, van E esteren , Doesburg
procedía de esta manera para demostrar en forma más ilustrativa la nueva
concepción espacial de la casa (fig. 7). Y esta concepción del espacio, que
van Doesburg manifestó de manera previsora en una maquette de estudio,
perdida hace mucho, se repite más tarde en el Rockefeller Center —lejos
de todos los puntos de vista estéticos— bajo el rigor de exigencias técnicas
y capitalistas en una escala inmensamente mayor. La unión espaciotemporal de estas enormes losas (fig 12) ya no se puede captar desde un solo
punto de enfoque. Precisamente, como cada centímetro, cada ángulo se
basa en el aprovechamiento máximo de luz y terreno, y como de esta
constelación forzosamente surge un complejo espaciotemporal hasta ahora

37

�nunca llevado a la práctica, se manifiesta la penetración inconciente del
elemento pictórico de la botella. Esto para nada quiere decir que acaso
los autores del Rockefeller Center hayan conocido las publicaciones e
ideas de vanguardia de van Doesburg, pero sí que un arte aparentemente
tan poco universal sigue leyes que conservan su estricto unísono y su uni­
dad con nuestra realidad contemporánea.
Siegfried G iedion

3S

�Frescos en S M aría
Novella, Florencia, alrededor
de 1425. Esta bóveda de cañón
de p ro fu n d a penetración espa­
cial anticipó el problem a de la
bóveda de los arquitectos del
R enacim iento.
M a sa c c io :

Nave p rin c i­
pal de la Basílica de San P e­
dro, Roma, 1607-1617. La b ó v e ­
da de C2ñón de p enetrante p ro ­
fundidad encuentra casi dos
siglos después de Masaccio su
grandioso final.

G arlo M a d e r n a :

t

�H ércules S eg h e r s : Paisaje H olandés (alrede­
dor de 1630) . D esarrollo insuperable de la
perspectiva aérea por los maestros holandeses
de la prim era m itad del siglo XVII.

G rabado de P e r e l l e : Versalles,- fin de siglo
XVII: E n el p arq u e de Versalles se traduce la
perspectiva lineal in fin ita de los pintores h o ­
landeses a térm inos arquitectónicos.

de E if f e l , 1889. Vista del
in terio r de la cavidad del ascen­
sor y las escaleras de caracol.
Inconscientem ente
traslucieron
las estructuras de los constructo­
res del siglo X IX una concepción
espacial más am plia que la que
tenían arquitectos y pintores. La
sim ultaneidad de espacio exte­
rio r e in terio r y los puntos de
enfoque perm anentem ente cam ­
biantes nunca antes podían sen­
tirse con tanta fuerza y vigor.

T orre

�V io lín , 1908. Sólo
cuando los artistas comenzaron a ver
las cosas tanto desde afuera como des­
de su interior, sacrificando su p u n to
de vista fijo, se desvalorizó la perspec­
tiva.

G eorges B ra q u es :

van D o esburg : E s t u d io e s p a c ia l, 1923.
La casa se concibe como u n a penetración y
juego de relaciones entre planos horizontales
y verticales.

T heo

y F ie r r e J ea n n er et : In te rio r de
la casa La Roche en A uteuil, 1923.

I . e CoRBUsiKR

�P a ú l K i .e e : L o q u e f l o t a , 1930. El
plano, elem ento que había perdido
todo su valor expresivo en la época
gobernada por la perspectiva, recobra
en el arte especial-tem poral, o sea en
el arte cuatridim ensional, el carácter
de “elem ento constructivo decisivo"
de un cuadro.

B r a q u e : E l v io lín , 1913.
Los planos ‘salientes y en trantes de
los cuadros cubistas, cuasi flotando,
interpenetrándose y m uchas veces
transparentes, están en vigoroso con­
traste con las líneas convergentes de
la perspectiva.

G eorc.es

R o b ert

M a il l a r t :

P u e n te

so bre

rl

Schw an dbach,

1933. M aillart desintegraba el puen te en un sistema
de losas planas y curvas. De esta m anera la losa rí­
gida se concibe como un plano estáticam ente activo.

R oc ke ff .i .ler C e n t e r , New Yoriv City, 1931­
1939. Las formas de placas como elem entos de
distinta elevación espacial anuncian la rebelión
contra el tipo antiguo del rascaciclo en forma
de torre. El ordenam iento funcional de edifi­
cios de oficinas en su periferia.

�CAMINO

DE

LA

OBSERVACION
CD

PINTURA Y ARQUITECTURA
A TRAVES DE LA HISTORIA

P aleolítico . La pintura
no desempeña una nece­
sidad decorativa: a) por­
que no hay idea arqui­
tectónica; b) porque las
imágenes p i n t a d a s res­
B is o n t e d e A lt a m ir a
ponden a una significa­
ción mágica y ritual.
Como las figuras pintadas no tienen relación una con la otra no hay
en realidad composición total del muro.
Una de las cualidades esenciales de la pintura mural es la unidad,
es decir, la relación de las partes entre sí y de las partes con el todo.

M ural egilcio . El mural egipcio cubre
toda la pared, no hay una composición
integral de cada muro. Las escenas na­
rrativas se extienden en hiladas unas a
continuación de las otras.
En esta arquitectura de volúmenes ple­
nos, la pintura no perfora el muro, sino
que lo forra, desempeña el mismo papel
que los tapices en las salas medievales o
las alfombras en las tiendas de los árabes.
La pintura en sí es planista, la idea de
la profundidad está sugerida por la su­
perposición de figuras, el volumen por
la línea indicadora de las formas: abs­
tracta y convencional.
P in tu ra s m u r a le s d e la cá m a ra s e p u lc r a l d e H a c k t

�La arquitectura conquista el espacio,
descubre las transparencias y los juegos sucesi­
vos de luz y penumbra.
La pintura sigue también este impulso espacial,
las figuras representadas adquieren volumen y
se desplazan en un ámbito aún no regido por
las leyes de la perspectiva. Los fondos son
tratados como paisajes de colores matizados y
arquitecturas tratadas en una perspectiva in­
genua.
Esta forma de incorporar el espacio a la pintura
mural implica una desintegración del muro co­
mo el e me nt o constructivo.
¿
En cambio hay un enriqueci­
miento en las formas de ex­
presión pictórica.
P o m peya.

Po m peya ,
A fro d ita

y . s i m iio r ca stig a d o .

El
Renacimiento Italiano vuel­
ve a implicar un desacuerdo
entre la pintu-ra y la arqui­
tectura. La tradición del mu­
ro en la arquitectura italiana
se acusa en las macizas pare­
des de palacios e iglesias.
Búsqueda del volumen, de
luz y de la sombra hasta cul­
minar en Piero della Franccsca que resuelve sus fres­
cos como una danza de
cuerpos geometrizados en el
espacio. Este espacio dado es
absolutamente medido, casi
corpóreo, tangible no obs­
tante la severa concepción
matemática a que responde.
P lE R O

D EL L A F r A NCESCA .

P iero D f.i .la F rancesca .
F resco d e S. F ra n c e sc o , A rezzo

�R a fa i :i .. El T riu n fo de Calatea
Palacio de la Farnesina. Roma

T

if.p o i .o .

E l r a p i o d e R íñ a telo

l’alacio V alm arana. Vicenza

En los frescos de Rafael el sentido espacial de la pintura
destruye el muro como elemento arquitectónico. Hay profundidad
en el aire que circula entre las figuras dinamizactas, pero siempre
respetando un esquema geométrico y la exactitud de los puntos de
fuga. Este sistema tridimensional de los murales implica un marco
arquitectónico adecuado. La perspectiva aérea con sus obligadas
fugas requiere un punto de vista determinado, de ahí que el arqui­
tecto deba prever su composición al servicio de la pintura mural.
R afael.

En un impetuoso torbellino de formas la arquitectura ansiosa
de alcanzar lo sideral hace confluir sus elementos constructivos y deco­
rativos en una sola unidad. Pero al hacerlo, el muro queda virtual­
mente perforado en la lucha por atrapar en todos sentidos el espacio
exterior por medio de la pintura ilusionista.

T ie p o e o .

�R ománico. Búsqueda de lo monumental y de la expresión suprahumana. La luz, la sombra, el color, se convierten en signos y líneas
rítmicas. El espacio sugerido y convencional no produce ninguna
interferencia con la integridad de la pared, pero las formas arqui­
tectónicas son a menudo anuladas por la potencia expresiva e impla­
cable de las figuras. Los fondos de un color uniforme y plano sin
ninguna indicación de perspectiva sugieren un enorme espacio,
solamente ideal, no objetivizado.
F ernand L éger . Impresión directa y totalmente rápida de la com­
posición, debida a la simplicidad del dibujo y a lo instintivo de la
organización pictórica; colores planos contenidos en formas definidas,
de límites precisos, presentan la incógnita de la medida del espacio
en la pintura abstracta contemporánea. La ausencia de figuración
y el tratamiento planista unifican en el muro a la pintura y la
arquitectura.
Samuel F. O liver
L a V irg en . Sr.nta Ataría de T aln ill

F kr xa n d L égf .r . P in tu ra m u ra l.

���correspondencia

SOBRE P I N T U R A S M U R A L E S E N B E L G IC A
ESCRIBE DESDE BRUSELAS ROBERT L. D ELEVO Y

El hecho pictórico contemporáneo lleva en sí mismo un destino mural:
imperioso y necesario. Y no es solamente por pura especulación o gratuidad dialéctica que en todos los países que aportan una contribución
viva al arte moderno, el problema del muro se plantea con una agudez
cada día mayor. Por eso, parece particularmente oportuno abrir esta cró­
nica dando rápidamente el balance de una experiencia apasionante que
se desarrolla en Bélgica desde el fin de la guerra.
Se trata de un movimiento conducido por artistas jóvenes —tienen apenas
treinta años— salidos de la Escuela Nacional de Arquitectura y Artes De­
corativas (Bruselas). Sus primeras realizaciones que se sitúan en la región
de Tournai (donde han encontrado un clima psicológico favorable y con­
cursos eficaces) son también los primeros signos activos de una toma de
conciencia perfectamente clara y precisa: l9 de la función social que está
llamada a desempeñar una obra en sí misma de destino colectivo; 2° de po­
sibilidades internas —morfológicas— que ofrece la pintura actual en los
despliegues murales; 39 de las condiciones materiales y de las contingencias
económicas del momento (la crisis que reina en Bélgica desde hace dos
años ha provocado el naufragio de la iniciativa privada y sume al artista
en una situación dram ática); 49 de la necesidad de reaccionar contra un

49

C

�cierto individualismo para mejor coincidir con la sociedad a la cual estos
jóvenes pintores tientan con una determinación serena de integrarse. ¿No
es acaso signo de un generoso estado de espíritu el hecho que hayan mu­
tuamente consentido en confundirse sobre el muro sus manos y su estilo has­
ta gritar el milagro de una unidad emocionante? Sus trabajos son, en efecto,
anónimos y realizados bajo el vocablo colectivo Fuerzas Murales y reve­
lando los nombres de D ubrunfaut , Somville , D eltour , H olyman (come­
to una ilógica indiscreción para mejor rendirles homenaje); 59 toma de
conciencia además de un modo de expresión que entiende responder a un
tema dado por una actitud apropiada y sin recurrir necesariamente a un
realismo demagógico o a un falso romanticismo popular. Los artistas
de Fuerzas Murales se rehúsan a sacrificar en el nombre del arte para el
pueblo las adquisiciones más preciosas de la pintura contemporánea. La
mística de un arte para el pueblo es para ellos también sospechosa, tan
turbadora como sería hoy la del arte por el arte.
A este respecto quisiera decir mis apreciaciones —que son también las de
ciertos de mis camaradas— ante esta tendencia que sostiene desde hace
algún tiempo un sector de la crítica francesa, tendencia que se traduce
por panfletos neorrealistas inundados de conceptos intencionados, pero en
definitiva tan pobres de contenido como plásticamente reaccionarios. ¿No
tenemos derecho de creer que esta vía sea disolvente en tanto que tiende
a momificar a los grandes iniciadores de la pintura actual, en tanto corre
el riesgo de interrumpir el desarrollo, el despliegue normal de la forma,
de la sintaxis de la lengua adecuadas al contenido de nuestro tiempo?
(Un Minero sentido, vivido y recreado por P ignon es tan valedero y por
consecuencia tan emocionante como algunas Verduleras vagamente per­
cibidas en el mercado por F ougeron y traducidas en términos anacróni­
cos) . Con el pretexto de promover un nuevo realismo, se acusa de fabri­
cación a los sub-Picasso, los sub-Braque, los sub-Matisse, mientras que
estos continuadores son los agentes (y no otra cosa) forzosamente oscu­
ros, de una tradición de la gestación: en lo que son también necesarios

50

�a la vida de la pintura como lo fueron los giottescos o los eyckianos que
prepararon a M iguel A ngel y R ubens. El día no está quizá lejano en
que veremos en Guernica la verdadera clave de la pintura moderna como
el Cordero Místico lo fué de la pintura flamenca. Las obras de los artistas
jóvenes no son por eso picassianas. Lejos de ello se inscriben en la tra­
dición autóctona y testimonian una sensibilidad latina y contienen el
recuerdo de la disciplina de C harles Counhaye maestro de todo el grupo
en sus tiempos de aprendizaje.
Todas son motivadas por la figura humana con exclusión de todo otro
argumento decorativo.
Su estilo está decidido por el juego amplio de arabescos cuyos contra­
puntos se persiguen hasta en el interior mismo de las figuras. Levantadas
con fogosidad y atrevimiento toman posesión del espacio monumental
con un máximum de intensidad. Su escritura aguda, incisiva, cortante
arrastra sin embargo tics inherentes a la técnica de la tapicería, practi­
cada por otra parte con gran entusiasmo.
Los temas que ellas exaltan les han sido dados para el hall de un preven­
torio, para la sala del consejo de una municipalidad, para el vestíbulo
de otra municipalidad, para una de las salas de un Palacio de Justicia
(Bruselas) y para la galería de circulación de un cementerio, que son:
Reposo del mediodía, El verano rojo, El gallo muerto, El Comercio,
Homenaje a los prisioneros y deportados políticos, etc., o sea un total de
400 m2 realizados o en curso de ejecución.
Fuerzas Murales es así en su origen un movimiento importante en favor
del renacimiento de la tapicería. La tapicería en Bélgica como en Fran­
cia, conoció después de una época gloriosa la misma evolución, la misma
decadencia y por las mismas razones suficientemente conocidas.
Entre 1930 y 1935 un atelier de Malinas —único centro subsistente en Bél­
gica y cuya actividad se limitaba a la copia de los antiguos— hace un
llamado a algunos pintores contemporáneos y realiza para la Exposición
Universal de 1935 vastas colgaduras firmadas por T espers, Strebelle , W y n -

51

�Estos paneles son más unos frescos decorativos que colgaduras pensa­
das como tales. Si a pesar de todo comportan millares de tonos (sabemos
los errores estéticos y las mortales consecuencias económicas de una tal
concepción) traducen un esfuerzo no menos arbitrario que el de Madame
Cuttoli que en el mismo momento hacía copiar tapices en Francia sobre
obras de Picasso, Braque, Miró, Rouault, etc.
Un joven artista: Edmond Dubrunfaut denuncia el peligro, siente la
necesidad de madurar un pensamiento mural, estudia la técnica de los
antiguos y en la Academia de Tournai realiza en 1938 después de algu­
nos ensayos un cartón basado en el empleo del gros point y de los tonos
contados.
Sobreviene la guerra, paréntesis obligado. En 1945 las obras de LuRgAT,
Saint Saens, D om R obert, C outaud, P icart-le -Doux son expuestas en
Bruselas y provocan un movimiento de interés considerable. Lurgat acaba
de exponer el sentido de sus búsquedas, toma contacto con Dubrunfaut
que en ese momento ha adquirido un taller y forma dos artesanos en
Tournai. Fuerte por el apoyo del maestro francés, Dubrunfaut a quien
vienen a reunirse Somville y Deltour redoblan sus esfuerzos, conciben
numerosos cartones y en seguida los exponen al mismo tiempo que sus
primeras tapicerías tejidas. Bajo su impulso es creado en Tournai en
febrero de 1947, el Centro de Renovación de la Tapicería, el cual se pro­
pone proseguir el estudio y el mejoramiento de la técnica de la tapicería
y favorecer la producción de la tapicería de Tournai en el cuadro dé la
ants.

estética contemporánea.
Una Cooperativa de producción es instalada. Se adquieren talleres pero
falta la mano de obra. Para formarla un Centro de Readaptación profe­
sional es abierto en los locales de la Academia de Tournai en colaboración
con el Fondo Nacional de Huelguistas Involuntarios. Un centenar de tra­
bajadores —principalmente picapedreros— incapaces de ejercer su oficio
como consecuencia de accidentes, concurren a cursos teóricos y técnicos
de enero a setiembre de 1948 o sea durante nueve meses y a la salida de

52

�Jos cuales veinte obreros del nuevo oficio son dedicados a los talleres y
comienzan a ejecutar la primera parte de los encargos que el gobierno
ha propuesto al Centro: se trata de 300 m2 de tapicerías destinadas a
decorar las embajadas de Bélgica en el extranjero: sin ninguna obligación
impuesta a los artistas que permanecen libres de tratar los temas que les
inspiren en las dimensiones que les plazcan; se les requiere solamente
someter sus cartones antes de tejerlos y hasta el presente la mayoría han
sido aceptados. A la hora actual, la mitad de la demanda ha sido ejecu­
tada, o sea 150 m2 repartidos en una veintena de tapices. El conjunto de
este encargo supone un crédito de 2.400.000 francos belgas, o sea cerca
de 15.000.000 de francos franceses: se percibe el alcance artístico y social
de esta iniciativa que asegura una seguridad material a un grupo de ar­
tistas y ha permitido la reintegración de un sector obrero dado a menudo
a la huelga, restaurando un centro de artesanía decaído desde el siglo
XV I, reiniciando una tradición local y por último en fin, imprimiendo
un nuevo impulso a la ciudad de Tournai tan profundamente mutilada
por la guerra.
R obert L. D elevoy

�ESQUEMA DE UNA UBICACION
D E MOVIMIENTO MARTIN FIERRO
P a ra V E R

Hace veinticinco años apareció en Buenos Aires
el semanario Martín Fierro, que bien pronto
llegó a ser tribuna de orientación estética y
de impulso renovador. Nos complacemos en
publicar la disertación que el poeta C órdova
I t u r b u r u , amigo nuestro, pronunció con motivo
do las recientes fiestas de celebración.

Más de un a vez he pensado —lo dije en
u n artículo, lo reiteré en alguna con­
ferencia— en la necesidad de valorar el
m ovim iento m artinfierrista, de caracteri­
zarlo, de situarlo en la evolución de nues­
tra cu ltu ra y definirlo como expresión de
un m om ento de la realidad argentina. No
aspiro a d ar en esta op o rtu n id ad u n a res­
puesta más o menos cabal a tales tácitos
interrogantes. Confieso que no carezco de
m i carpeta de apuntes relacionados con
este asunto, para m í sentim entalm ente q u e ­
rido e intelectualm ente apasionante. Pero
tam bién confieso q u e frente a mis refle­
xiones e, incluso, a las que podría llam ar
mis conclusiones, no deja de asaltarm e,
con dem asiada frecuencia, la d u d a de su
validez. En form a esquelética, descarnada­
m ente sum aria, voy a trazar el esquem a de
m i caracterización del m ovim iento m a rtin ­
fierrista. No m e anim a otra esperanza, al
form ularlo, que la de proporcionar, p o r
lo menos, algún m aterial de discusión.
No creo, en prim er térm ino, que cuando
se hable de ese intenso m om ento de ren o ­
vación de nuestra vida artística y literaria
pueda reducírselo a los lím ites restringidos
de la vida de la revista. L a revista fué el
centro dinám ico, el nervio de ese m ovi­
m iento. Pero no fué todo el m ovim iento.
El m ovim iento fué generacional, si se me

54

Y E S T IM A R

perm ite esta discutible expresión sospe­
chosam ente antiidiom ática. Me parece
más atento a la verdad, p o r eso, h a b lar
de u n m o v im ie n t o d e la g e n e r a c ió n d e
M a rt in F ie r r o , a pesar de la d isparidad de
edades de sus m iem bros más activos y de
las reservas que m uchos alim entan acerca
del concepto de generaciones. A ntes de
M a rt ín F ie r r o —meses antes en re a lid a d aparecieron las revistas ultraístas P ris m a y
P ro a , de G onzález L anuza y B orges y la
revista I n ic ia l, de O r t e l l i , B randan C ar a ff a , G u g liel m in i y S m it h , en la que co­
laboram os m uchos de los posteriores in te ­
grantes del grupo m artinfierrista. Los
gérm enes y los atisbos de la renovación es­
tética que h ab ría de cum plirse ya estaban
en esas revistas inform adoras, negadoras
del pasado y afirm adoras de una v oluntad
de cambio. M a r t ín F ie r r o —en esto radica
la im portancia de su papel— recogió esas
in quietudes —imprecisas en algunos, m uy
claras y precisas en otros— las encauzó, les
dió form a, las alim entó con el aporte de
u n conocim iento am plio de los m ovim ien­
tos europeos de vanguardia, creó u n a con­
ciencia artística renovadora y suscitó en el
país, con el estrépito juvenil de sus atre­
vim ientos, la curiosidad, el interés y hasta
el respeto indispensables p a ra la form a­
ción de este ám bito más propicio a das
artes y las letras de que gozamos ahora.
C olaboraron en esta m agnífica tarea —ju sti­
cia es proclam arlo— las otras revistas de
nuestra generación: V a lo ra c io n e s , de La
P lata; la R ev ista d e A m é r ic a , y hasta
nuestros violentos contradictores, los escri­
tores y artistas del g ru p o de Boedo, cuya
gravitación en el desarrollo posterior de
nuestras artes —creo q u e nadie tendrá in ­

�conveniente en reconocerlo— fu é tan visi­
blem ente reducida.
E n un artículo publicado hace años en
L a H o r a afirm é que a p a rtir del m ovi­
m iento de la generación de M a r tin F ie r r o
se p in ta y se escribe de o tra m anera en
el país. Los antiguos directores del p erió ­
dico no han encontrado enteram ente acep­
table —p o r el m om ento— m i p u n to de vis­
ta y prefieren rem itirse al fallo de la pos­
teridad. Insisto, sin em bargo, en la afirm a­
ción. El cuarto de siglo transcurrido coloca
los hechos en la suficiente perspectiva y,
además, creo que confirm an m i criterio,
p o r una p arte, los cuadros pintados en
esa época p o r los artistas de M a r tín F ie r r o ,
cuyo visible constructivism o plástico con­
traría, de m odo categórico, el im presio­
nismo retardado im perante entonces y, p o r
o tra, u na poesía, la actual poesía arg en ti­
na, cuyos perfiles d ib u jan u n a fisonomía
nacida en la m ism a ru p tu ra , cum plida por
la generación de M a r tin F ie r r o , con los
últim os dejos del m odernism o.
N uestro m ovim iento —esto es evidente—
fué el p rim er m ovim iento argentino que
abarcó en toda su a m p litu d el cam po de
las artes. Su espíritu de innovación, de
cambio, de dignificación, incursionó sin
reservas en los territorios de la plástica y
de la poesía, de la arq u itectu ra y de la
música. Es el p rim er m ovim iento artístico
total. R adica en esto u n a de las causas
—tal vez la fund am en tal— de su im p o rta n ­
cia en la historia de nu estra cu ltu ra.
C uando se considera esa historia, en su
vastedad panorám ica, se advierte la nece­
sidad de equipararlo —como u n nuevo ja ­
lón en el desarrollo esquem ático de la
cu ltu ra argentina— a los grandes m ovi­
m ientos cum plidos, p o r ejem plo, p o r los
poetas de la generación de Mayo, los es­
critores y poetas de 1837, los prosistas y
conversadores del 80 y los poetas del m ovi­
m iento m odernista.
T odos esos m ovim ientos gravitaron de
m anera decisiva en la m odificación de los
criterios estéticos de sus épocas, incidie­
ron en su sensibilidad e influyeron en sus

55

técnicas creadoras. Los poetas de Mayo
L ópez y P la n es , E steban de L uca , L a fin ü r
y en la últim a etapa J uan C ruz V a rela —

arrasaron la estética polvorienta de la Co­
lonia —seudoclásica, cortesana y c le ric a lp a ra levantar bajo la inspiración de la P a ­
tria— “La P a tria es u n a m usa que influye
d ivinam ente”, decía F ra y C ayetan o R o ­
dríguez — una poesía civil en cuyas llam as
se exaltan las glorias de u n pueblo recién
nacido y se refracta la elocuencia jacobina
de M ariano M oren o . L os poetas y los es­
critores del 37 form ulan —con E ch eve ­
rría — una ideología y u n a estética d estin a­
das a p ro p u g n a r el establecim iento, en
nuestra tierra, del im perio de la dem ocra­
cia. “Política q u e tenga otra m ira —se
dice en el D o g m a — no la querem os. A rte
que no se anim e de su espiritu, será in fe­
cundo”. La idea de la lib ertad , de los
derechos del individuo, n u tre el pensa­
m iento político de aquella generación, a n i­
m a su vida, rige los m ódulos de su vo­
lu n ta d creadora, define su estética. H ere­
deros de Mayo, se alzan co ntra los restos
retard atario s de la tradición española y su
lengua es la lengua revolucionaria de su
tiem po, la lengua del rom anticism o, exaltad o r del individuo y de la lib ertad . El
m ovim iento del 80 y el m ovim iento m o d er­
nista acaudillado p o r la arm oniosa potes­
tad de R ubén D arío , aparecen —ya—
despojados de ese acento civil, de esa
vibración política q u e enciende a las ge­
neraciones de Mayo y del 37. El país se ha
encarrilado p o r las vías pacíficas de la
organización. Los acontecim ientos no a p re ­
m ian con la gravedad del dram a. El porve­
n ir ha desarrugado el ceño. No hay nubes
som brías en el horizonte. Se p uede com en­
zar a trab ajar, p o r tanto, en las cosas
desinteresadas del espíritu. P or eso la o b ra
de im aginación de los escritores del 80
—aun q u e ellos personalm ente fueron casi
todos políticos— está casi absolutam ente
despojada de ferm entos políticos. Su revo­
lución es estética y su plácido form alism o
es la consecuencia de u n estado de espíritu
plácido y sereno. P o r p rim era vez, e n tre

�nosotros, aparecen en la literatura la sen­
cillez, la naturalidad y el humorismo. Por
primera vez se habla un idioma en el que
nos reconocemos. “Los hombres del 80
—escribe A n íba l P once — dieron en la lite­
ratura y en la ciencia los primeros frutos
verdaderamente nuestros”. La revolución
literaria modernista —circunscrita al cam­
po de la poética— es, por su parte, rigu­
rosamente artística, como ha de serlo —
veintitantos años después— el movimiento
de la generación de la revista M a rt in F i e ­
r r o . Se ha señalado este hecho como una
especie de censurable anomalía. ¿No sería
oportuno, mejor, intentar una explicación
del fenómeno? Propongo —a título de hi­
pótesis —algunas consideraciones.
M a rt in F ie r r o aparece en 1924 y desaparece
en 1927. Es una época —para el país— de
un aparentemente inconmovible bienestar
económico. Los jóvenes artistas y escrito­
res participantes del movimiento son, en
su mayoría, hijos de la burguesía y de la
pequeña burguesía. No han vivido —como
los europeos— los infortunios de la guerra
y los sobresaltos revolucionarios de la pos­
guerra. Han abierto los ojos a la reali­
dad del mundo y de sus propias vidas
bajo los halagos del bienestar general y
en la seguridad de un régimen amparado
por las instituciones liberales. No advier­
ten, en torno suyo, la dramaticidad de
los problemas sociales y políticos angus­
tiosos que afligen a otros pueblos. Todo
—en la vida del país— parece estar en
condiciones de resolverse por las vías cons­
titucionales, por los caminos de la lega­
lidad. No están planteados problemas de
fondo, árduos problemas que exijan solu­
ciones revolucionarias. Nada, en el orden
político, tiene suficiente fuerza, bastante
atracción, fascinación indispensable para
galvanizarlos, estrujarlos en la lucha y
sembrar las semillas de la insurrección
política en su obra. Por eso, mientras en
Europa la poesía y la plástica —en los
cubofuturistas rusos, en los expresionistas
alemanes y en los superrealistas france­

56

ses— se tiñen con los colores de la «evo­
lución —y de la contrarrevolución en los
futuristas italianos— entre nosotros la poe­
sía y la plástica —excepción hecha del
grupo de Boedo— se mantienen dentro de
los límites de una rigurosa prescindencia.
Por eso, también, cuando en 1927 un gru­
po de colaboradores vuelve los ojos hacia
la lucha política que se desarrolla en el
país, sólo atina, como es notorio, a defi­
nirse en favor de una candidatura —la de
Y rigoyen — cuya política, progresista pero
no revolucionaria, no va más allá de una
moderada tentativa de solución parcial, no
de fondo, de los problemas argentinos.
L a neutralidad de M a rt in F ie r r o —lo que
es decir la neutralidad del grupo más am­
plio y activo de la generación de M a r t in
F ie r r o — no es, pues, a mi criterio, la con­
secuencia de la insosteniblemente supuesta
insensibilidad política de sus participan­
tes. Es la consecuencia de una realidad
social, política y económica que no plan­
tea, sencillamente, problemas apremiantes
y angustiosos.
Cuando muy poco tiempo después de des­
aparecido el periódico, la crisis económica
del 28 agudiza los problemas del mundo
y, en consecuencia, los argentinos y modi­
fica —en un sentido ya dramático en mu­
chos aspectos— el panorama del país, plan­
teando la lucha entre los ideales de liber­
tad y justicia y la sombría voluntad de
regresión, casi no hay artista, poeta o es­
critor de M a rt in F ie r r o que no se defina
de manera categórica y asuma sus respon­
sabilidades públicas con la misma pasión
y el mismo espíritu de combate que en­
cendieron —en sus años mozos— aquel ar­
dor con que se batalló por la dignidad
de la pintura y de la poesía.
CÓ RD OVA

IT U R E U R U

�SOBRE

GIACOMO

MANZÚ

RESPUESTA
A
NINO BERTOCCHI

En el catálogo de la exposición de obras de G iacomo M anzü 1 el crítico
italiano N iño B ertocchi ataca de manera arbitraria, injusta y tendenciosa
a lo que él llama el arte moderno, exponiendo opiniones que pueden con­
fundir a los aficionados sinceros. Por eso le contestamos.
1. Bertocchi se refiere al arte moderno en su acepción más corriente, según
la cual se emplea el vocablo para designar lo novedoso, que no siempre
coincide con lo actual, pues coexisten indefectiblemente tendencias nove­
dosas y retrógradas en cualquier período histórico. Así en el nuestro y aquél
se decide por las segundas.
Arremete contra lo nuevo, en nombre de una tradición que no define cla­
ramente, pero de la lectura cuidadosa del ensayo el lector deduce, no sin
sorpresa, que los artistas actuales se clasifican en dos grupos: los modernos
y Manzü. O en otros términos: los réprobos y los que poseen el “sentimien­
to de la vida que tiene la Iglesia Católica” (pág. 10), la cual no parece
admitir ningún género de novedad.
Sin embargo, no vacila en destacar a Manzü como artista que realiza “des­
cubrimientos en el campo del lenguaje figurativo” (pág. 7) o en afirmar
que “el secreto de su arte, de su novedad, consiste en su manera de llevar
nuevamente la forma plástica a la evocación de espectáculos admirados por
todos” (id.), confesando de ese modo que lo nuevo sólo es vituperable
cuando se aparta de su peculiar concepción del arte.
i Giacomo Manzü. E s c u lt u ra s y d ib u jo s . N? 3. Instituto de Arte Moderno. Noviem­
bre de 1949. Buenos Aires.

57

�Flaco servicio le hace, como se comprenderá, al escultor que admira, al
desvincularlo de las direcciones modernas del arte italiano, con las que
tiene empero algún punto de contacto.
2. El hecho evidente es que Bertocchi considera necesario desbrozar el
camino para que resplandezca la gloria de Manzü y para ello afirma: que
el arte moderno implica “violencia brutal” (pág. 5); que ha favorecido “el
surgir y el triunfar de los instintos más primitvos” (id.); que denota pre­
ocupación “únicamente por aparecer como salvajes” (id.); que el rostro
humano tiene como sindrome la máscara negra (pág. 8 a contrario sensu).
Si ha de admitirse que algunas direcciones del arte moderno denotan una
actitud de violencia (el fauvisme sobre todo) y otras de primitivismo (el
aduanero R ousseau y los que han seguido su huella) —violencia y primi­
tivismo de ningún modo salvajes o instintivos—, y si muchos artistas se
inspiraron en la imaginería africana o polinésica, tan sólo para reencon­
trar el modo de objetivar sentimientos no contaminados por la retórica
clásica o romántica, no se comprende qué violencia brutal, qué triunfo de
los instintos más primitivos, qué preocupación por ser salvajes, revelan los
cubistas, los futuristas y los abstractistas. En cuanto a los superrealistas,
podrá decirse que han librado las fuerzas de la subconciencia, oponiéndose
de otro modo al intelectualismo del ochocientos, pero de ningún modo
merecen aquellos adjetivos. Bertocchi mismo lo reconoce: “El cubismo lle­
gará a interpretarse como estéril variación decorativa sobre algunos originalísimos problemas de Cézanne (¿también éste era brutal?); el futurismo
aparecerá como elemental transformación de unas maneras estilísticas del
barroco (¿salvaje?); el surrealismo tomará otra vez su lugar al lado de la
más insulsa pintura de género (insulsa pero no salvaje, ni instintiva, menos
todavía primitiva); el abstractismo se reducirá a una tentativa infantil (los
niños no son salvajes) de crítica formalista aplicada al arte” (pág. 5).
Pudo haberse referido a los fauves, aunque con razón aparente tan sólo,
pero seguramente no lo hizo porque Manzü coincide con aquéllos en lo
que se refiere a la sobreestima de la expresión sensorial.
Por otra parte, emplea términos efectistas. La violencia brutal no está re­
ñida con el arte —piénsese en el Altar de Isenheim de G r ü n e w a l d — ; ni la
máscara negra, que tiene un valor permanente en cuanto expresa una cohe­
rente concepción del mundo de pueblos que son también humanos; ni el
primitivismo, que tan sólo indica el nacimiento de un modo de ser (¿O es
que Bertocchi niega valor a los primitivos del duecento?) En cuanto a las

58

�palabras salvaje e instintivo, nada quieren decir, ni siquiera como metá­
foras, si no se las define desde el punto de vista psicológico y se señalan
sus alcances.
3. Se contradice, además, al acusar a los artistas modernos de ser “des­
piadados y fríos racionalistas” (pág. 6 ), cultores de “alquimia intelectualista” (pág. 9) y de haber “masacrado el cuerpo vivo de la forma pictórica
y plástica, en nombre de una inteligencia negadora de toda verdad ele­
mental” (pág. 8 ). De modo que cabe ordenar las ideas diciendo que a
juicio de él es condenable el arte moderno por haber ensayado un lenguaje
al mismo tiempo brutal e intelectual.
Si Bertocchi quiere que el arte exprese verdades elementales, ¿no propugna
una vuelta a lo instintivo y lo salvaje? ¿Quiénes son más elementales que
los salvajes? Se advertirá, pues, que él llama elemental a lo que resulta
común por repetido, lo que se admite mansamente, manifestando asi una
vocación por lo estereotipado que de ningún modo puede ser legítima.
En su ataque a todo intelectualismo engloba, sin decirlo, a muchos ar­
tistas del pasado: P iero D ella F rancesca, R afael , P oussin y tantos otros
que siguieron la senda del intelectualismo de su tiempo. En cuanto al
de nuestro tiempo, tan sólo cabe hacer notar que obedece a otro signo,
nada más.
4. También ataca a los artistas modernos por haber traicionado al “es­
píritu poético que dió vida al gran siglo X I X francés, y al siglo X IX
italiano, menor, pero no menos vital” (pág. 5 ).
Este tema de la poesía parece obsesionarlo, pues se refiere a él trece
veces en ocho páginas de texto, sin definir qué entiende por espíritu
poético en las artes plásticas. Y a fe que era necesario, pues hay diferen­
cias esenciales entre el espíritu poético de D avid, C orot, D aumier , C é zanne, G auguin o V an Gogh, por ejemplo, que pertenecen al gran si­
glo X I X francés. ¿Puede aceptarse entonces una crítica tan vaga, sobre
todo cuando se piensa que los movimientos de vanguardia de nuestro
siglo se caracterizan precisamente por la búsqueda obstinada de una re­
novación del espíritu poético? Si se trata nada más que de un cambio
en el modo de hacer la poesía, ¿es legítima la adjetivación insultante?

5. Destaca además en los modernos el pecado de orgullo (pág. 5 ), sen­
timiento reprobable cuando tiene los caracteres de la vanidad o el en-

59

�greimiento, pero que también puede significar conciencia de la dignidad
personal. Todo artista es orgulloso —ambién Manzü— ya que la crea­
ción se basa primordialmente en la celosa vigilancia de la dignidad per­
sonal. Orgulloso, en cambio, en el sentido del engreimiento, es el propio
Bertocchi, quien no trepida en declarar, para la correspondiente exalta­
ción de la Passio Christi de Manzü, que sólo es posible comparar esos
bronces con “los más poderosos aguafuertes de Rembrandt” (pág. 10).
6. Pero el reproche más curioso es el que formula en la página 8, por
haber cultivado los artistas modernos la forma abierta, "aceptada como
materia plástica fácilmente reducible a las más grotescas y revueltas apa­
riencias”. Digo que es curioso, no sólo porque es falso que todos los ar­
tistas modernos cultiven la forma abierta y porque nada impide que un
artista lo haga, con tal de que llegue a ser expresivo con ella, sino por­
que la escultura de Manzü está más cerca de la forma abierta que de la
cerrada, siendo sus obras materia plástica fácilmente reducible, no a las
más grotescas, pero si a las más revueltas apariencias. Él mismo autoriza
al lector del catálogo a comprobarlo al no hablar casi nunca del volumen
y sí en cambio de “las famosas, estupendas superficies de Manzü, las ru­
bias ceras, los bronces áureos y granulados como cutis vivos, los cobres y
argentos cincelados, y los signos grabados, los golpes de espátula sobre
la superficie, los vivaces brincos, las crestas de una materia ardiente”
(pág. 9 ). ¿Son éstos los caracteres de una forma cerrada?
7. Finalmente, la emprende con los comunistas —“fanáticos sostenedores de
la utilidad social del asesinato y masacre en masa” (pág. 10)— y con P i­
casso, a quien reprocha que no haya gritado en Guernica sino un “arran­
que de ira pasajera” (pág. 10). No creo que pudiera citar un solo texto,
ni menos una obra, para probar lo primero, y en cuanto a Picasso, ¿no es
preferible esa ira pasajera —además no lo fué— a la falta de ira del que
se conforma con un orden de cosas que justifica la barbarie y la violencia
brutal, como se han manifestado en la última guerra, por obra y gracia
de los fascismos, a los cuales Bertocchi no parece repudiar?
8. Menguados ataques en suma —como los que dirige a los críticos— que
no hacen sino crear una cortina de humo, tras la cual apenas se disimula
una concepción del arte naturalista, sencillo y tranquilo (págs. 6 y 8 /9 ),
con “gravedad y ligereza de acentos” (pág. 7/8), absolutamente libre en

60

�los procedimientos (pág. 7) y que emplea “los términos más vulgares del
lenguaje plástico” (id .).
Como se verá, no es muy explícito ni muy claro, cuando se trata de ca­
racterizar ese arte magnífico que reemplaza al moderno, a pesar de que
extraigo estas notas de su copioso elogio a Manzü.
Pero menos claro todavía es cuando se refiere al mensaje poético del es­
cultor: habla del “profundo sentido cristiano de la vida moral y poética”
(pág. 8) ,de que “su aire participa del misterio y la gracia que hay en
cada relación entre lo humano y lo divino” (pág. 9 ), “de la fuerza de
amor” y de la “ardiente fe religiosa” (pág. 10), de la caridad (pág. 11),
de deformaciones “originadas, no por una idea racionalista de los con­
trastes de luz y sombra (sic), sino por una profunda urgencia de llamadas
espirituales” (pág. 10) y del canto “sobre el tema de la muerte y la pie­
dad humana” (id .).
Fuera de que revela claramente una tendencia, ¿contribuye de algún mo­
do a la caracterización del hecho plástico con esas expresiones que para
nada aluden al problema específico del arte?
T al vez sea más preciso y aleccionador cuando afirma que la técnica de
Manzü “consiste en volver sensible a través del toque de manos vibran­
tes, el latir de un gran corazón” (pág. 9 ), o cuando exalta los retratos de
este modo: “Las frentes se inclinan bajo el peso de memorias altamente
poéticas, o se alzan, tal vez, en una luz que desciende desde el más sereno
de los cielos. Los párpados emergen desde la cavidad en sombra de la
órbita y crean, con las más arcanas e inquietantes oposiciones de luz y
tinieblas, el prodigio de miradas inolvidables”, etc., etc., etc. (pág. 9 ).
Tanto el lector como el espectador quedan así extraordinariamente arma­
dos para comprender el fundamento técnico y la esencia expresiva del
artista.
9. Ni un solo juicio, tan sólo opiniones, a través de las cuales se advierte,
eso sí, el deliberado propósito de limitar el horizonte del hombre, para
envolverlo entre brumas de amor y caridad, rasgadas por el dolor que se
acepta como una fatalidad, “como un sello de dignidad humana” (pá­
gina 10).
Habríase justificado acaso la misma posición que adopta, si tanto en el
análisis destructivo como en la síntesis constructiva hubiera predominado
un espíritu sereno basado en el conocimiento, ante todo, del arte moderno.
Pero lo que resulta intolerable es que alguien se anime, con tan pobre

61

�bagaje, a subrayar enfáticamente: “la historia del arte que hoy se llama
moderno fué una historia de errores, en que cayeron, con buena o mala
fe, muchos artistas dotados de talento, sostenidos por críticos y mercade­
res demasiado interesados en perpetuar muchos equívocos” (pág. 5). ¿Se­
ría injusto decirle que él también parece demasiado interesado por per­
petuar ciertos equívocos?
J orge R omero B rest

EXPOSICION EN
BUENOS
AIRES
No creo que se incurra en error si se vincula la obra de G iacomo M a n z ü
que se acaba de exponer en el Instituto de Arte Moderno con la escul­
tura plásticonaturalista de fines del siglo X IX , en la que pierde el volu­
men su carga expresiva para ganarla, aligerada, las superficies; donde las
aristas severas y cortantes son reemplazadas por suaves superficies curvas
y las formas, lejos de ser rudas, construidas y rotundas, se dinamizan,
ganan en gracia y soltura, al ser penetradas por una luz que entra y
vuelve a salir reflejada provocando una especie de halo, como si aquéllas
mismas la produjeran. Pienso aquí en el Retrato de la mujer, en el R e­
trato de Ana Mella, en el Retrato de la señora Van Nawiel, y entonces su
nombre aparece enlazado al de M edardo' Rosso. La rieuse (1893) está
muy próxima a las mujeres sonrientes de Manzú, aunque no llegue a vio­
lentar éste las formas ni fraccionar tanto el modelado que hace vibrantes
las imágenes.
No extraña por eso su elección de materiales. Ahora expone casi única­
mente bronces, pero como Rosso siente el placer de modelar con sus ma­
nos la cera, las tierras blandas, y en el dibujo utiliza preferentemente
el carbón o el pincel, medios con los que busca la expresión de lo indi­
vidual a través del sentimiento; no el que se desborda y se ofrece genero­
samente, ni es contenido por ser muy hondo, sino el que parece medido,
detenido y hasta frío y apretado dentro del mismo molde en que se ha
vaciado la forma.

62

�Manzü no libera plenamente su yo sentimental volcándolo en las formas
que crea, tampoco impone a éstas una carga psicológica profunda —ex­
ceptuando tal vez Retrato de la mujer—, ni llega a adoptar la posición
francamente neutral del verdadero naturalista. Si se piensa en los que
fueron grandes cultores del naturalismo, un D onatello por ejemplo, o
los romanos de la época de los Flavios, se ve cuán lejos está del sentido
auténtico de lo vital, del goce dinámico del primero y de la reciedumbre
física de los segundos.
Debe aclararse todavía que Manzü no siempre describe acumulando deta­
lles. No escapa al deseo y a la necesidad de sintetizar, en lo que se advierte
cierta nota de modernidad. Por eso en el Estudio para David o en Ca­
beza natural (terracota) —de las mejores piezas que expone— las formas
no resultan tan blandas, ni como forma misma ni como expresión; las
líneas y los planos del dorso de uno o de los pómulos de otra obedecen
a una fuerte voluntad de abstraer, con ligeras variaciones, un fino mode­
lado por valores que las hace construídamente dinámicas y al mismo
tiempo más permanentes.
Al retomar con insistencia el problema de la figura humana natural,
Manzü renuncia, en actitud que podría suponerse polémica, a lo que es
moderno en la escultura: la incorporación del espacio, no como algo que
envuelve a la figura por fuera para subrayar su materialidad, su pesan­
tez, sino como algo que se incorpora a la materia misma, se intercala con
ella, la recorre vivamente y la interpenetra desencadenando fuerzas diná­
micas que son los verdaderos vehículos de la expresión; renuncia también
a la otra concepción moderna, opuesta, según la cual es la masa plena en
formas rotundas la que se afirma con más alta jerarquía el volumen sin
aristas ni planos que lo disminuyan. En cambio, va buscando y sacando
partido de todos los elementos que conducen a la expresión a través de
las superficies: el modelado diminuto de pequeñísimos planos que pro­
duce efectos luminosos y que llega a destruir, además del volumen, la ca­
lidad de la materia. También lo hacía R odin. (¡Cómo lo recuerda Auto­
rretrato con la m odelol), pero en él se mantenía el volumen y el bronce
conservaba toda su macicez y su sonoridad. Con la patina otorga todavía
Manzü más carácter pictórico a sus esculturas y aumenta la expresión y
el movimiento exteriores. Por esto es en el modelado de los cabellos don­
de descuella, ya que allí puede desarrollar toda su sensibilidad por las
superficies, la que constituye su don fundamental.
En algún caso denota virtuosismo en la composición, sin que se justifique
63

�la violencia del movimiento por una profunda raíz emocional. En A rtu­
M artini también hay una pasión dinámica que lo lleva a violentar
los ritmos y a forzar las actitudes y los gestos, pero esos ritmos son impe­
lidos desde dentro, pujando con fuerza desde el interior de la materia.
Mucho se ha hablado del misticismo de Manzü y de las influencias que
sobre su obra han ejercido los recuerdos de la infancia transcurrida en
los claustros de alguna iglesia de Bérgamo. Resulta difícil concebir tal
actitud en quien cristaliza ese deseo de trascendencia hacia Dios cargando
los trazos de sus dibujos con una sensualidad cálida, casi erótica, que
contrasta con las esculturas, en las que sofoca y aprisiona toda fuerza
instintiva adoptando una actitud fría y forzadamente intelectual; en
quien, ni decididamente pagano ni católico, enfrenta la forma que repre­
senta el espíritu divino en el Hombre con la figura de un obeso soldado
alemán que sobrepasa los límites de la ironía para hacerse francamente
caricaturesca o despiadadamente cínica. También hay un escondido sen­
tido de burla en las pequeñas estatuillas de los cardenales, en algunas de
las cuales se advierte un propósito mayor de síntesis, al renunciar a los
detalles en procura de formas más puras, a pesar de que las empequeñece
luegon con un pliegue superficial, exterior, en el manto o con una nariz
que se desprende de la totalidad.
Con los dos pequeños desnudos de pie ha querido ofrecer una nota pin­
toresca y de gracia, pero la inevitable asociación con D egas recuerda lo
que es verdadera soltura en el ritmo, agilidad en las posturas sorpresivas
y encanto en el gesto, sobre todo unidad de movimiento plástico.
Puede afirmarse que la obra de Manzü no despierta una problemática
compleja. Por el contrario, se deja ver fácilmente, provocando inmediata
adhesión, porque la suya es una atracción directa, de piel a piel, de ex­
terior a exterior, que no resiste al análisis demasiado insistido, ni la con­
templación profunda.
ro

R aquel E delman

64

�Giaco m o M a n z ú .

Cabeza

����C

R

I

T

I

C

A

A lvaro D elg a do : B o d e g ó n .

PIN T O R E S ESPAÑOLES DE HOY

Z u b ia u r r e . B u r l e t e y B a r o j a , o han teni­

La dirección de la G alería Velázquez acaba
de ofrecer una exposición con el título
de A r te m o d e r n o e s p a ñ o l. U na vez más se
advierte el peligro de em plear este vocablo
m o d e r n o , que tiene varias acepciones pero
se im pone especialm ente p 2 ra designar ló
que tiene rasgos de novedad, p or oposición
a lo antiguo. Pues difícilm ente la p in tu ra
q ue se expuso allí, salvo pocas excepcio­
nes, puede ser considerada como m oderna
en el sentido de novedosa.
Se trata de algunos pintores conocidos
pero de escasa calidad —L ó pez M e z q u it a ,
M o r c il l o , M oisés — que continúan la línea
fácil del naturalism o pintoresco; de otros
(pie poseen algún discutible valor, como

do im portancia y no escaso m érito por
h aber sido m odernos en su tiem po: Ri govos y So r o l i .a ; y de u n pequeño grupo
que de modo relativo encarnaría ese espí­
ritu de m odernidad a que alude el título
si no h u biera jóvenes en M adrid, Zaragoza
y Barcelona que luchan realm ente p o r ser
m odernos y no figuran aqui, en el que
sobresale netam ente B e n j a m ín P a le n c ia
con cuatro pequeñas telas de rico em pas­
te y graciosa factura, no dem asiado re p re ­
sentativas de su innegable talento, y a
q uien acom pañan A lvaro D el g a d o , con
buenas dotes pero escaso sentido de in v en ­
ción y F ra nc isco A r ia s , cu lto r de u n a p in ­
tu ra sem irrom ántica, vaporosa y con ras­
gos de infantilism o. Claro que había otros

�nombres. Además, una F ig u r a d e m u je r
de P icasso , tal vez p ara indicar que tam ­
bién el arte español sabe ser m oderno,
fu e r a d e E s p a ñ a . Pero el interés de la ex­
posición residía casi exclusivam ente en las
doce telas, cartones y dibujos de J osé
G utiérrez Sola na . Allí se pudo p alpar,
ya que la p in tu ra de Solana no es sólo p ara
ver sino tam bién p ara p alp ar, la enju n d ia
del p in to r que supo p resentar el estrecho
m undo de la provincia española en su
más vivida esencialidad, gracias al feliz
em pleo de los elem entos plásticos, sin
duda, pero con u n a a u t o r id a d que em a­
naba de su postura franca y p rofunda
frente al m undo. Ju n to a las telas de la
m adurez: E l sa c a m u e la s , E l c ie g o , D e
v isita , C a fé - c o n c e r t , tres A c a d e m ia s de la
juventud, en las que se señala ya, no obs­
tante la sim ilitud aparente con otros p in ­
tores vulgares de su tiem po, la potencia
del espíritu que transform a la m ateria, la
sensibilidad que refina la form a y la in te ­
ligencia que ordena el conjunto.
¿Fué S olana un p in to r moderno? Es más
fácil vincularlo con los grandes del pasa­
do que con los del presente, a pesar de
sus acentos expresionistas. Quizá no fue
más m oderno porque no pudo serlo. Será
necesario que se rom pan las estructuras
feudales en la península y se respire aire
de progreso para que surjan espíritus
realm ente modernos.
J orge R o m ero B rest

G1NÉS

P A R R A

E l espectador q u e se pro p on e co nocer la
o b ra de G inés P arra suele ten er una p r i­
m era im presión d escon certan te; sien te que
la en treg a n o es in m ed iata y esto qu e e m ­
pieza po r m olestarle, a l m ism o tiem p o lo
retien e; p o r eso, m uch as personas qu e
vien en a ver la exp o sición se sobresaltan ,
fru n cen las cejas p ero no se van y desde
el cen tro del salón d eja n q u e sus o jo s res­
b alen p o r las telas, tratan d o de ord en ar
las sensaciones.

Q uieren descifrar ese lenguaje que por
demasiado sim ple y prim itivo parece oscu­
ro, q u ieren p en etrar en este m undo nuevo
que presienten y no encuentran caminos.
Sin em bargo la novedad no reside en los
temas —paisajes, figuras, naturalezas m u er­
tas— ni en la m ateria —son óleos todos— y
si hay formas inventadas, son siem pre p a ­
rientes de formas naturales, geometrizadas
a veces, pero sin riguroso intelectualism o.
U na de las obras que m ejor definen la
posición de P arra es E l D o lm e n , de líneas
frías, rígidas, sin atenuantes, geométricas.
Es u n triángulo la figura, y son triángulos
los ojos, la nariz, los brazos. A unque el
espectador q uiera analizar esta obra lo más
objetivam ente posible, no puede d ejar de
verse arrastrado p or la potencia b ru ta l de
los verdes, que crean volum en al chocar en
el in terio r de la figura, cuyo dib u jo —de
tendencia plan ista— cum ple funciones de
vigilante al contener, a d uras penas, la
pasión que se está desbordando.
Si en E l D o lm e n la im presión de volum en
surge de la variación de los verdes y ocres
tan movidos, en los paisajes la tercera d i­
mensión se origina tanto p o r los tonos,
como p or su personal m anejo de la m ate­
ria, la que p o r cambios en el espesor y
dirección se convierte en el vehículo que
arrastra la fuerza expresiva de P arra. El
espacio que él crea no se funda en la
perspectiva clásica ni tam poco en la aérea:
se debe a una diferencia de tonos o tintas.

�G u t iír k iz Sor ana . E l s a c a m u e la s.

�muy bien graduados y por lo Lanío a un
conLrasLe entre los planos que juegan en
sus composiciones, En algunas tic ellas la
m ateria es casi uniform e y no se in d iv i­
dualizan las pinceladas; en otras, especial­
m ente un B o d e g ó n y en algunos de sus
paisajes más recientes, la sustancia cro­
mática es sum am ente gruesa y ya no p a le ­
ta' trabajada con pincel o espátula, sino
m odelada con las manos, con las uñas,
im petuosam ente. En estas obras el dibujo
ha perdido su función rectora, las formas
se ablandan, se hacen quizás más n a tu ra ­
listas, pero su mensaje se diluye en medio
tle ese caos de signos que m ueven la m ate­
ria, creando arabescos epidérm icos para
unir form as y subform as, que tan to p or el
color como por el tema, son ajenas entre
sí. En algunos casos esa sobreestructura
—independiente de las pinceladas— se ase­
meja a las líneas de una im presión digital
agrandada que, al detener el ojo en la su­
perficie, le im piden cap ta r lo profundo.
Cosiblemente esta actitud del p in to r frente
al m aterial se debe a un excesivo pu d o r
que le im pide m ostrar las cosas tal como
las siente, y por eso se oculta tras las
líneas de sus dibujos, que encierran las
formas buscando crear una im presión de
serenidad. Puede ser que ésta fuera su
intención, pero al observar todas aquellas
lir a s j a m í \

P a t e n c ia : T it ir it e r o s .

obras en (pie el dib u jo parece más frío y
riguroso, se nota un deshilacham iento de
los bordes, que al fundirse con el dintorito, «atenúan su dureza, lo cargan de sen­
tim iento.
Su serie de M u e lle s d e l S en a suele e n ­
g añar al espectador no avisado, epte cree
encontrarse anLe un gru p o de paisajes casi
iguales. P arra juega con los tem as y m ues­
tra que puede lograr efectos parecidos con
elem entos plásticos diferentes. Por ejem ­
plo, en algunos logra la tercera dim ensión
por el conlrasLe toLal de diferentes [llanos;
en otros el agua —tratad a con suave va­
riación t o n * — crea espacio al convertirse
en plano interm edio; otras veces cada una
de las formas que com ponen el paisaje
está p in tad a con un color único, plano v
uniform e, [tero de tanto en tan to Parra
lanza color contra la tela y lo deja acu­
m ularse p a ra que el desnivel origine som ­
bras tpie no son crom áticas sino reales.
Clon otras palabras, Parra no concille la
[Tintura sin tercera dim ensión.
De todas las figuras que presenta, la más
vibranLe es su B a i la o r a , testim onio vivo
de que al p in to r no le interesan virtuosis­
mos de gracia o buen gusto, la m o para
el artista como [Tara su bailaora, lo p rim i­
genio es una fuerza b ru ta l que los em puja
—a p in ta r, a b ailar, a vivir— y que nadie
se atreva a d eten e r cuando está en m a r­
cha. Esto se nota en la invención de fo r­
mas con epte Parra capta el m ovim iento
en potencia o p or el atrevim iento de sus
guardas de colores puros, yuxtapuestos sin
tener en cuenta com binaciones cómodas o
fórm ulas felices. Eos arabescos que cons­
truyen la form a comienzan a surgir car­
gados de m ateria y term inan atenuados,
['ero sin epte haya dism inuido la fuerza
t[tie em pujó el brazo creador hasta que el
pincel está seco.
Es in d u d ab le tpie P arra ha sido influido
p or P i c a s s o , allí están sus figuras y sus
m ujeres p ara constatarlo; pero no encon
h a lem o s copias o im itaciones, sino tan
sólo reflejos de enseñanzas digeridas v asi­
m iladas p or él, tpie sigue siendo original
::I plasm ar en la tela la tensión que lo
llevara al arte.

�Parra está en su verdadero cam ino cuando
deja ([lie actúen sin freno las fuerzas
que luchan dentro de él contra todo in ­
tento de civilización form ularia. Al lib erar
su im aginación y emoción —que no cono­
cen de refinam ientos— el mensaje que está
p ujando dentro de sus form as sale y e n ­
frente al espectador, q u ien sólo entonces
!o capta y adm ite que lo siente y com ­
prende.
P e a I R[Z H u b e r m a n

N O R B E R T O PERDÍA
N o r b f r t o P e r d í a es u n p in to r uruguayo
que acaba de regresar de México donde
residió un año. La exposición que presen­
ta en la G alería M iiller es el fruto de este
viaje. Ello explica la tem ática de los cua­
dros expuestos y las influencias plásticas
que acusan. Pero se advierte que no ha
ido a colocarse a la zaga de ningún maes­
tro mexicano en particular, sino que los

ha estudiado seriam ente a todos tratando
de sacar p a rtid o p ara sus propios fines
tem peram entales.
Berdía se expresa p o r medio de planos
netam ente individualizados que organiza
con rigor intelectual. Sin apartarse de una
tem ática descriptiva, ésta no le sirve más
que de pretexto: será u n verde blanquecino
como en L a M o r o c h ita (1939) o un rojo
denso como en l u d i o triste. Las más de las
veces arm oniza planos unificados por un
denom inador com ún: el blanco. Esto con­
fiere a su p in tu ra , de intención recia, de
colores contrastados, un aspecto crom ático
desleído. La expresión no surge del color,
sino del vigor con que los planos han sido
definidos. La variación de estos planos es
tonal, no crom ática: postura más propia
de la p in tu ra m ural que de la de caballe­
te, Sus cuadros no poseen la vibración ca­
racterística del óleo y sus composiciones
se resienten del form ato reducido de las
telas.
lista organización, siem pre visiblem ente

�B erd ía . P a is a je d e T e p a r c o .

plástica, perm ite a B erdía salvar las d ifi­
cultades que surgen al tra ta r u n tem a fol­
klórico, con su pintoresquism o local, sin
caer en lo trivial. Postura tan orgánica
m erecería un a m ayor p ro fu n d id ad crom á­
tica, un dibujo de m ayor penetración y
rigor estru ctu ral en las figuras y, tal vez,
cortar la ú ltim a am arra con lo anecdótico
local, p ara lanzarse al arte de alta e n ­
vergadura que está aquí en ciernes. Esto
ya se intuye en los paisajes q u e rep resen ­
tan lo más logrado de la exposición. Las
dos calles de Cuzco huyen con dureza de
cuña entre planos h áb ilm en te co n trasta­
dos y los paisajes de playa con barcas son
austeram ente expresivos, de sabia com po­
sición lineal y crom ática.
B lanca P astor

JU AN BATELE PLANAS (~ ~
Con personajes que parecen nacer en la
im aginería m edieval, B a t ll e P lanas in te n ­
ta trasponer las form as externas p ara
irru m p ir en el cam ino del inconciente.
En la exposición de A ntú presentó una

serie de dibujos, acuarelas, óleos y tem ­
ples realizados e n tre 1945 y 1949, en los
q u e se evidencia su ú ltim a evolución p lás­
tica.
El dibujo, lo más sorpresivo del con­
ju n to , se reduce a la línea suave, sensible
y vib ran te que al carecer de som bra basta
p or sí m ism a, en tan to q u e u n a arm azón
estética segura le p erm ite in c lu ir elem en­
tos representativos de audaz fantasía: b u ­
fones atorm entados, hadas, cam inantes o
doncellas con atavío de cascabeles. C uando
su in tu ició n poética lo a rrastra a la con­
quista de lo individual, las form as em er­
gen en tre arabescos q u e como telones im ­
precisos de resortes cam biantes em p u jan
al personaje a enfrentarse con el espec­
tador, pero esos arabescos espontáneos no
restan flexibilidad a las figuras, si la línea
se convierte en juego decorativo o se e n ­
sancha term in an d o en gruesos puntos.
De las palideces de sus dibujos pasa a
transparentes acuarelas, que son puentes
sentim entales en tre línea y color. A un p e r­
siste la característica de sus dibujos, pero
ya se in sin ú an ocres verdosos y grises para
d ejar sobre las form as m anchas diluidas
que señalan el d erro tero de la ap aren te
conquista del color: ojos, cejas o labios
que desaparecen desdibujados en algún ex­
trem o, a pesar de q u e la expresión em ana
siem pre del lápiz, p o rq u e el d ib u jo es en
B atlle Planas el esqueleto de su arte.
Es dable separar los óleos pintados antes y
después del bienio 1946-48. Los prim eros
encuadran en la p in tu ra de variación to ­
nal, ricos en posibilidades p o r la factura
blanda, generosa y de fu erte proyección
sentim ental. En los segundos, realizados en
grandes planos de color con franco p re ­
dom inio de los azules, la composición está
dom inada p o r am plios ritm os circulares y
el d ib u jo read q u iere la im portancia que
h ab ía perdido, im poniendo lím ite y tra ­
tam iento al color. R eaparecen allí rasgos
de su época más superrealista y la expre­
sión se to rn a más herm ética.

i

�Pero B atlle Planas se expresa con m ayor
plenitud en los tem ples, de factura e in ­
tención sim ilar a la de los óleos últim os,
facilitada p o r el carácter de la m ateria.
La exposición del año an terio r en la que,
siempre sorpresivo, nos entregó los M ecam ism o s d e l n ú m e r o , fué indudablem ente
polém ica al incorporar ritm os que seme­
jan órbitas siderales p ara construir figuras
que encierran cualidades hum anas. En
ellos la línea aun era ajena a la form a v
hasta en decidida oposición, más en estos
tem ples la disociación h a desaparecido y
conform a en grandes zonas circulares, con­
céntricas a veces, cabeza, cuello y hom bro.
T ra ta deliberadam ente de tejer la perso­
nalidad h um ana dentro de ritm os precon­
cebidos que la convierten en un
ente incluido en arquitecturas
azules, liberado de la esclavitud
del tiem po y el espacio.
B atlle Planas pertenece al m o­
vim iento superrealista p o r la
fundam entación psicológica de
su arte, de modo que en su m u n ­
do la relación entre lo objetivo,
.
el tem a y lo subjetivo no siem­
pre es lógica. Descarga de in d i­
vidualidad a los personajes,
desecha lo circunstancial y su
verdadero tem a es el incons­
ciente.
No se puede ignorar el peligro
que supone tal mecanización,
pues los recursos pictóricos y el
tem a pueden llegar a ser formas
configuradas a p r i o r i , estados de
ánim o en m olde que a fuerza de
repetirse carecen de resonancia
emocional. Cabe esperar que esto
no le ocurrirá a B atlle Planas,
p in to r severo y disciplinado que
dom ina la técnica y dirige sus
fuerzas inconscientes hacia el
logro de un fin.
A m a l ia J o h -I stueta

B a tl le P la n a s .
E l A ngel y la n a tu r a lez a (1949).

HANS PLATSCHEK
Para H ans P l a is c h e k la p in tu ra sigue
siendo u n medio de expresión de su yo
emocional, fiel a u n rom anticism o de raza
que halló su signo novecentista en el e x ­
p r e s io n is m o , aunque se adviertan ing re­
dientes que proceden de un afán de enca­
m inarse hacia las form as abstractas,
l’latschek vive en M ontevideo y se sabe
que no son las ciudades americanas las
más propicias p a ra que m adure u n joven
artista alem án, sobre todo cuando posee,
como en este caso, el fervor del pensa­
m iento y la inform ación. T iene, en efecto,
dem asiada conciencia p ara em barcarse a
ciegas en uno de los movimientos de van-

�M a ld o n a d o :
sobre

dos

P&gt; a g r e s i ó n

pen tá g o n o s

a scen d en te

(1948).

Parecería necesitar una depuración in te ­
rior, que en su caso es faena de la cabeza
y no de la m ano.
Como se lo d ijera a él. lo rep ito aquí:
tiene las condiciones p ara llegar a ser un
verdadero p in to r, tan sólo le falta deci­
dirse y tra b a ja r de firm e en la dirección
elegida, y sobre todo no olvidar que, así
como los artistas de vanguardia han reac­
cionado en nuestro siglo contra la te rri­
ble retórica que se ejercía a través de las
más legítimas como de las más d isp ara­
tadas a s o c i a c i o n e s d e i d e a s o d e i m á g e n e s .
tam bién corren el peligro de que en las
relaciones de linees, planos v tonos se
vayan estereotipando en soluciones que
pueden ser igualm ente retóricas por la
inevitabilidad de las asociaciones, menos
de ideas o de imágenes, ahora, que de­
es l : c!os emocionales.
J o rg e R o m e r o

guardia, aun de aquellos con los que tiene
afinidrd intelectual, y por otra p arte ac­
túan a fondo las im presiones recibidas
en la adolescencia para que se anim e a
tirar por la borda ciertas soluciones ad h e­
ridas profundam ente a su nacionalidad,
l’or eso practica un a p in tu ra de calidad
individual, por m om entos de alta calidad.
Itero indecisa en sus fundam entos esté­
ticos. A unque pareza paradójico, indecisa
porque sabe m ucho, no p orque carezca de
voluntad enderezada hacia fines.
En la G alería M idler expuso óleos, g o u n c h e s y dibujos. Pretextos variados p ara la
cxteriorización de una fuerza emocional,
subyugante a veces, c|uc se apoya en una
curiosa y reposada fantasía. Quizás p o r­
que ésta se m anifiesta m ejor en formas
dinám icas y aereas, las g o u a c h e s fueron
las mejores piezas. I.os pocos dibujos y los
óleos revelan, como las g o a u c h e s , claro
está, e l n a c i m i e n t o d e u n a c i e r t a a u t o r i ­
d a d , pero la composición en aquéllos es
todavía abigarrada y el color apagado, no
siempre feliz en los acordes y contrastes.

B rkst

IR T IS I AS N O -FIG U RA TIV O S
1.2 (.alerta Van Riel acogió en sus salas
a través de dos exposiciones
nuestros
attistas no-figurativos. La diversidad de
expresiones no im pidió señalar la proce­
dencia fundam ental; más que en la línea
rom ántica e instintiva de K a n d in sk y , lla ­
m ada p o r Se u p u o r línea de la im pulsión V
el arte no-figurativo argentino se des­
envuelve al influjo de M o n u r ia n . Salvo el
grupo Madí y V a in s t e in , todos parecen
m archar seguros en búsquedas fu ertem en ­
te racionalistas.
O bjetam os a Vainstein p orque guarda to ­
davía resabios del cubismo, y em plea la
fuerza de los volúm enes y las som bras en
los espacios; y al grupo Maclí p orque d en ­
tro del cuadro irreg u la r no siem pre a rtic u ­
lan las superficies de color en el plano;
no siem pre llegan con las relaciones de
color a las arm onías de calidad, resultando
por esto el m ovim iento la mayoría de las
teces mecánico. En cambio, englobam os a

�D el P riste m á s q u e p o r l o q u e h o y n o s
o frec e —j u e g o d e m a s i a d o s i m p l e d e las s u ­
p e r fic ie s d e c o l o r e s s o b r e f o n d o s d e c o lo r
h o m o g é n e o — p o r lo q u e a y e r n o s p r o m e t i ó
de i n v e n c i ó n a b s t r a c t a .

O rientarem os al lector recordándole que el
llam ado por unos arte abstracto y por
otros concreto, quiso ser desde sus p rim e­
ros teóricos, puras relaciones de colores y
formas sobre una superficie, renunciando
a toda relación espacial da la m a lv la l.
Este postulado debe ser guía para el obser­
vador que quiera com prender el lenguaje
nuevo cíe una sala de arte concreto. No se
vean más que esas relaciones de colores
v formas; piénsese que ellas no están e n ­
cerradas en un marco sino que son trozos
de paredes lisas, de techos paralelos a un
piso sin más exigencias que la de su planismo y se habrá tom ado el camino justo
para su apreciación.
Sin em bargo, no aceptamos ten sencilla­
mente esta form a de ver, p orque sabemos
de antem ano, que la distribución de los
colores, la dim ensión de las figuras, el es­
pesor de las líneas no están libradas al
azar, sino que son el resultado de un
cálculo riguroso. ¿Es m enester conocer los
fundam entos de esta nueva gram ática o
sim plem ente se trata de recibir las sen­
saciones y de experim entar las emociones
que los ritm os y las formas despiertan en
nosotros? liste es el problem a fu n d am en ­
tal que plantea hoy el arte no-figurativo,
al cual podrem os ir paso a paso superando
conforme nos acostum brem os a despojar­
nos de nuestro acervo de elem entos de
juicio habituales, para tener presentes,
únicam ente, su propósito fundam ental: in ­
corporación del m ovim iento al plano, o lo
que es lo mismo, del tiem po en el espa­
cio.
Concretemos la observación alrededor del
punto principal: si logran la incorporación
del m ovim iento con la distribución de los
colores y la disposición de las líneas.
La búsqueda de ritm os p o r la disposi­

ción de las figuras y el sim ultáneo juego
de los colores lo encontram os en una com ­
posición de V il l a i .ba , en la que finos rec­
tángulos se desplazan verticalm ente, a g ru ­
pándose al mismo tiem po en cuatro se­
ries en la parte superior y dos en la infe­
rior. M ientras la prim era de éstas sigue el
m ovim iento de la segunda superior, la
segunda coincide con el espacio libre tpie
dejan la tercera y cuarta p arte de arriba.
A parentem ente los ritm os creados son es­
táticos, porque en ese desplazam iento v er­
tical, los rectángulos se m antienen dentro
de una absoluta horizontal; pero las varia­
ciones de los colores, más aún, la a lte rn a n ­
cia de los rojos y verdes con los negros,
atenúan el sentido prim ero e im prim en un
dinam ism o moderado.
El m ovimiento conjugado a través de las
lineas y las figuras lo señalamos en otra
composición de Villalba: líneas oblicuas en
p u n ta de lanza, una roja y otra azulada,
se entrecruzan indicando el m ovim iento
hacia el ángulo inferior izquierdo: m ien­
tras otra oblicua de un rojo más p ro fu n ­
do marca la fuga hacia afuera del c o n ju n ­
to. El prim er movim iento term ina en dos
finos rectángulos; el segundo m archa a
través de los espacios dejados p or un d e l­
gado rectángulo negro y dos verdes esca­
lonados.
El simple m ovim iento por las líneas lo h a ­
llamos en la segunda composición de
P r a t i , donde una flecha roja inclinada
hacia abajo se prolonga en una violeta, la
que a su vez se angosta p ara luego ensan­
charse hasta convertirse en otra cuya base
coincide con el ángulo inferior derecho.
Este angostarse y ensancharse de las líneas
es el cpie mueve el plano.
Por fin, les relaciones entre el tam año de
las superficies y la intensidad de los colo-

1 S e u i ’Iior . El arte abstracta.

S u s oríoenes.

�res está dada en u n a de las composiciones
de M a ld onado , P la n o r e c u p e r a d o . Los p la ­
nos, por sus colores y tam año, crean rela­
ciones equilibradas que m ueven la to ta li­
dad de la superficie sin lle g rr a tran s­
form ar el espacio plano en espacio trid i­
mensional. Con obras como éstas, de p la ­
nos de colores contrastados, 'se aleja su
au to r de la dinam ización del espacio de­
m ostrada en obras anteriores. De todos
modos, del grupo, resulta M aldonado el
colorista de más calidad, y el inventor de
formas y ritm os más complejos. ,
En cuanto a las esculturas, las de I o m a ii
fueron las mejores del Salón. Sus realizaziones valen p o r la expresión plástica de

la s s u p e rfic ie s p u lid a s , p o r el m o v im ie n to
d e la m a t e r i a m is m a , y p o r lo s g r a n d e s
r itm o s q u e a r t i c u l a n lo s e s p a c io s e n las
c o n s tru c c io n e s d e a la m b r e .
L o zz a , q u e co n p o s te r io r id a d p r e s e n tó su
o b r a , e n e l a f á n d e q u e la s e s tr u c tu r a s
n a z c a n y se f o r m e n t o t a l m e n t e a m e d id a
o u e se d e s e n v u e lv e la c r e a c ió n , s u p r im e el
f o n d o p o r se r a n t e r i o r a la c re a c ió n m is­
m a; las fig u ra s a p a r e c e n así i n d e p e n d i z a ­
d as. se r e c o r ta n so b re el f o n d o n e u tr o ,
p e r o , e n su in d e p e n d e n c ia c r e a n p a r a la
o b s e rv a c ió n o tr o p r o b le m a , p o r q u e j u e ­
g a n c o m o v o lú m e n e s a l p r o y e c ta r s o m ­
b ras.
B lanca St a b ii .f.

E n io I o m m i : R e la c ió n d e d o s c u n a s (1948).

�A

P

O

S

T

I

L

L

A

S

Inauguración promisoria de la Galería Velázquez. La Sociedad Amigos del Arte Oriental
organizó en ella una exposición de arte chino
japonés, indio, tibetano, persa, sirio, turco e
islámico, en la Que no faltaron piezas de pe­
queña estatuaria y de artes derivadas de gran
valor, que honran a la institución. El celo de
la comisión organizadora merece los mayores
elogios. Al catálogo, preparado con esmero y
suficiente ilustración, sólo le faltó una intro­
ducción más extensa y didáctica para ayudar
al visitante que difícilmente puede orientarse
en exposiciones de este carácter. Desgraciada­
mente hubo dificultades para organizar con el
grupo redactor de VER Y ESTIM AR sesiones
de trabajo, de las que hubieran podido surgir
algunas provechosas hojas de estudio, y por eso
nos limitamos a dar esta simple nota de infor­
mación y de aplauso.

La Sociedad Hebraica Argentina recordó últi­
mamente a ALFREDO GUTTERO con una pe­
queña exposición de sus yesos cocidos, ceras y
óleos. Recuerdo oportuno, ciertamente, ya que
con frecuencia se olvida al que fué entre 1928,
uño de su vuelta al país, y 1932, año de su
muerte, verdadera alm a m ater del movimiento
de renovación artística en Buenos Aires. Acaso
Guttero no pueda ser tan altamente estimado
ahora, pero de todos modos se advierte en al­
gunas de sus telas aquella potencia de creador
sensual que nunca llegó a una total madura­
ción, encarnada en un espíritu pleno de re­
sonancias mediterráneas.

Premio Palanza en la Galería Peuser. Fuera
■del excelente cuadro de EUGENIO DANER1,
de las telas de MIGUEL DIOMEDE — de sen­
timiento profundo y no carentes de aciertos de

Cogorno: Figura .
sensibilidad, aunque siempre desmayado— y
de las grandes de ANTONIO BERNI, con
quien podrá no coincidirse, como no coincidi­
mos, pero a quien ha de reconocérsele inquie­
tud respetable, él conjunto se caracterizó por
una nota de expresión apática, de cansancio
de cada uno en caminos que parecen agotados.
N i los impulsos desordenados de la juventud
que se abre paso — no era el caso— ni la
madurez de la maestría que recoge frutos vivos.

Ya señalamos, con motivo de la exposición del
cuadro de HORACIO BUTLER, La P lry a , el
enorme interés que presenta la nueva manera
del inteligente pintor argentino, quien continúa
la experiencia de los cubistas en cuanto al
aprovechamiento de las posibilidades expresivas
del plano. Una segunda muestra acaba de
proporcionar en Combate de San Lorenzo, car­
bón expuesto en el Salón de Acuarelistas. Con
planos severamente ensamblados, sin sentimen­
talismos fáciles, Butler ha conseguido una dinamización muy expresiva de la superficie, la
que cobra, por encima del residuo figurativista,
una extraña objetividad monumental.

También los temples de SANTIAGO COGORNO
se destacaron en el mismo Salón. E n Italia,
donde vive actualmente, se ha hecho más agu­
do su expresionismo, pero sin exceso de pate­

�tismo, dejando en libertad a una rica fantasía
de los se7itidos —si se la puede llamar así—
que le permite lograr aciertos de materia y
color con extremada economía de medios. ~

d en sa .
C o n esta s cu a lida d es, ¿ p o r q u é e s ta r
a la z a g a y n o a b r ir laboriosa, d u ra m e n te , su
p ro p ia cu ñ a in d iv id u a l e n el f u t u r o ? — B . P .

J . R . B.

H a y m otivos que, es ta ría m o s ten ta d o s d e d ecir,
h a n sido a g o ta d o s p o r cierto s a rt is t a s ; p o r eso
al reto m a rlo s se c o r r e el rie s g o de d esta ca r
sólo las p ro p ia s debilidades. ¿ S e p u e d e n p in t a r
gira so les d esp u és d e V a n G o g h , o gallos des­
p u é s d e P ic a s s o ? E l p e lig r o n o está e n el
terna sin o e n el m odo de en fo ca rlo . Sólo u n
ca m bio d ia m e tra l d e p o s ició n ju s t ific a ría la
elec ció n d e estos motilaos.
J u l io V a n z o e s u n p in t o r de talento . S e n e ­
cesita u n fin o d o n gu sta tiv o del co lo r p a ra
a co rd a r a zules y ro jo s in te n s o s so b re s u p e r fi­
cies d e g r is e s m u y se v ero s, com o él h a c e. S u
sen tid o del ritm o es de u n a d in á m ica co n ten id a
q u e n o se ev a d e d e los lím ites del cu a d ro . S u
p in c ela d a n o t ien e titu b eo s y s u m a te ria es

N o s h a la g a d e c ir d e N o e m í G e r s t e in q u e con
su s p e q u e ñ a s f i g u r a s está a lca nza n d o e x p r e ­
sio n es d e es cu ltu ra m a y o r. S i n e m b a rg o n o
todas t ie n e n el m ism o v a lo r p lá s tic o ; m ie n t ra s
u n a s c a r e n te s d e r i g o r , q u ed a n in e r te s e n su s
p e q u e ñ a s p ro p o rc io n e s , o tra s, a p e s a r d e ellas,
tocan la q u e h a d e s e r e x p r e s i ó n d e la v erd a ­
d e r a e s ta t u a r ia : o rg a n iz a c ió n p o r los ritm o s,
p o r los h u eco s, a rticu la ció n d e las p a r t e s e n
u n v o lu m en p len o . E n es te sen tid o los tra b a ­
jo s S y 9 so n los m á s lo gra d o s, p o r q u e m a n t e ­
n ien d o las fo rm a s n a tu ra le s, los m iem b ro s se
c o n ju g a n d e n tr o d el v o lu m en t o t a l; el m odelado
se in sin ú a co n m a y o r sen sip ilid a d y la a ctitu d
g e n e r a l se a firm a a tra v és de los p e r file s g e n e ­
ra le s y de los ritm o s d e los brazos flex io n a d o s.

H oracio B u t i .kr : B a t a lla d e S an L o r e n z o .

B S.

�NOTAS SOBRE
ARTE EUROPEO

I
En los años 1908/14 Munich vivió un movimiento espiritual y artístico que por su vigo­
roso empuje tuvo influencias de proyección lejana en espacio y tiempo mundial y más
allá de aquellos días. No es aventurado afirm ar que este movimiento constituyó una
de las raíces más eminentes del crecimiento del arte abstracto, el cual, según estamos
convencidos hoy, abre caminos hacia una nueva época en las artes plásticas.
Con la primera guerra mundial y las consiguientes catástrofes políticas el mundo sin
embargo se olvidó de cuán decisiva fué la participación de Munich y precisamente del
(El jinete azul) en el advenimiento de este arte nuevo, el arte abstracto
y no-figurativo. Se olvidó que K an d in sk y , K l e e y M aro crecieron artísticamente en

B la u e R e ite r

Munich y que su creación y su obra llegaron a su primera maduración y gravidez en
el ambiente luminoso y vivaz de la capital bávara.

,

Desde hace muchos años existió en Alemania el deseo de recordar y revivir tangiblemente
esta impresionante tradición y tan sólo este año logró el crítico e historiador de arte
D r . L udwig G r o t e , con la entusiasta ayuda de coleccionistas particulares, de museos

de todo el mundo occidental y con el apoyo de los más allegados a los creadores de
este movimiento, la organización de una exposición colectiva que acaba de realizarse
en el Haus der deutschen Kunst, que se salvó de la furia de las bombas y de las
llamas.
No cabe duda para

quien pudo apreciar con ojos vivos y vibrante emoción esta

exhibición, que ella significó para el mundo entero una de las más importantes del
año. Ella reunió —sin ser aplastante en ningún instante— alrededor de 300 obras de
los integrantes originales del B l a u e R e i t e r : Wassily Kandinsky, Franz Marc, y de todos
los que se adhirieron luego a este pequeño pero potente grupo: Paul Klee, August
Macke, Alexej von Jawlensky, Marianne von Werefkin, Alfred Kubin, Gabriele Muenter,

81

�Adolf Erbsloeh, Alexander Kanoldc,
Fauconnier.

Heinrich Campendonk, Pierre Girieud y Le

En la primera exposición de este grupo, más orgánico que homogéneo, en 1909 se
manifestó muy claramente su nueva tendencia: la búsqueda de la sintesis en el plano.
El cuadro se componía de grandes planos, suavemente limitados, subrayados por colo­
res de contraste, en sí poco diferenciados. Era ésta la tendencia que ya se había exterio­
rizado en las obras del fauvisme y del expresionismo del grupo Die Bruecke (El puen­
te) de Dresden. A esto se agregaba ahora la fuerte personalidad de Kandinsky, que
no solamente fué desde un principio un pintor de cuadros de un encendido lirismo,
sino a la vez actuaba como un espíritu analítico, como el centro teórico del grupo.
No solamente sabía pintar composiciones de ensueño, caracterizadas por planos de
color de un extraordinario dinamismo y luminosidad, sino también sabía cimentar
su posición racional frente a los problemas de forma y color con acertados raciocinios
y juicios de un fuerte contenido científico y matemático. Es por esta vía que el Blaue
Reiter tomó con su otra figura central, Franz Marc, por la senda abierta por el cubis­
mo francés. Pero el resultado en Munich no fué igual al de París. La realización clásica
del cubismo en Francia no podía ser la meta del arte en Alemania, donde se forjaba con
vigor, color ardiente y muchas veces desequilibrados excesos de forma y contenidos el
movimiento expresionista.
El Blaue R eiter recibió su cuño espiritual de Kandinsky. £1 introdujo la teoría en este
círculo. Un sistema de armonía y contrapunto debían crear en la pintura las bases para
el empleo de sus elementos —color y línea— de la misma manera como se emplean
en música los tonos y acordes. Son Kandinsky y Klee los que trabajan seriamente en
esta tarea, secundados por Marc y Macke.
Y no obstante sus teorías, el Blaue Reiter, como los románticos, quería ver su arte
incorporado a la realidad espiritual del mundo entero. Vencedores del materialismo
del siglo X IX , ellos atravesaron el umbral de una nueva época, con la proclamación
de un nuevo período de contenido espiritual. L a materia se desmaterializaba y se
espiritualizaba.
Ahora bien, como cada uno de los integrantes del Blaue Reiter cuidaba y conservaba
su propia individualidad, el grupo nunca alcanzó la homogeneidad de E l puente
de los expresionistas. Ideas recibidas del cubismo de la escuela de París y del cons­
tructivismo de P icabia son recogidas, absorbidas y desarrolladas en formas individualí­
simas por cada uno y siempre sobre un fondo espiritual-racionalizado más que sólo
emotivo. El riquísimo fondo ideativo del Blaue Reiter engendra potentes corrientes
creadoras años más tarde en el Bauhaus, donde precisamente Kandinsky y Klee —Marc
y Macke en cumplimiento de un destino cargado de amarga ironía habían caído en los

82

�campos de batalla de la Francia que tanto amaron— llegaron al cénit y a la máxim a
maduración de su obra. Kandinsky habla iniciado en el grupo del B l a u e R e i t e r la
pintura no-figurativa y absoluta, de su propia iniciativa y sin influencias exteriores.
Por él Munich llegó a ser la cuna de un movimiento que inauguró una nueva época
de las artes plásticas, el arte abstracto. Él no es tan sólo iniciador de la talla de un
verdadero p i o n e e r , teórico y maestro — la exposición comprueba además en forma
contundente su genialidad como pintor. Cada uno de sus incunables fué desde su
creación hasta el dia de hoy un tesoro de ideas pictóricas para esta nueva pintura
que él inició.
Como documentación y afirmación ferviente del papel que desempeñó Wassily Kan­
dinsky como preclaro iniciador de este nuevo arte nuestro, quiero citar unas palabras
de su amigo Franz Mack:
*‘E1 arte de Kandinsky es tan profético como sus palabras — él es el único ver­
dadero profeta en nuestro grupo, del cual constituye su centro indiscutido. E l
mundo deberá oir su voz pues el arte del futuro será la realización de nuestra
convicción científica, la que es nuestra religión, nuestro centro de gravedad, nues­
tra verdad. Y este arte es lo suficientemente profundo y grávido para alcamtar
la realización form al de mayor envergadura que el mundo haya conocido.

P er­

cibid amigos, lo que son los cuadros: una emersión en otro lugar.”
L a comprobación tangible de esta profecía a una distancia temporal de casi medio
siglo ha sido el significado de esta magnífica y deslumbrante exposición que, no temo
repetirme, fué una de las más importantes que se hayan podido organizar en el
mundo entero en muchos años. L a documentación en su catálogo —pequeña obra de
arte en sí misma— fué lograda tan acertadamente como la colocación de las esplén­
didas obras expuestas.
R odolfo G. B kuhl

II
No hace m ucho se expusieron conjuntamente en una galería de París dibujos de B akye
y de R odin . L a muestra servía p ara corroborar lo ya sabido: o sea, que Barye es vm gran
artista mediocre y que Rodin es un gran artista en toda la terrible extensión de la palabra.
E l gran animalista se deleita en sus bocetos de feroces tigres, de leones haTtos o
hambrientos, tal como se goza en acum ular con riqueza la arcilla, en acariciarla felina­
mente en su esculturas. Todo lo que de pérfido tiene la necesidad en que vive el animal,

83

�toda la urgencia del sustento, la rapacidad, quedan impresas en la obra de Barye de un
modo inolvidable. No se trata de los gatos-dioses egipcios, de los halcones soberanos que
nos miran fijo desde la dureza de sus piedras. Tam poco aquí el esquematismo de PoMroN,
que hace de cada animal como un gran juguete, visto admirablemente en su juego de
aristas y curvas, pero siempre un poco inerte. Barye en sus dibujos a lápiz realzados con
temple estudia como buen escultor todos los posibles perfiles de sus retorcidas fieras y da
siempre una imagen viva e interesante del rebelde que no quiere posar.
Para Rodin en cambio, el dibujo no parece un estudio para la escultura, aunque
muchas veces lo sea. Él inventa un mundo más libre en su dibujo que en su escultura,
más atrevido en su carácter de síntesis del movimiento intuido. Su abstracción dibujada
va mucho más allá de su abstracción plástica, quizá por el hecho mismo de ser, una:
bidimensional y la otra tener las tres dimensiones. Los dibujos de Rodin no son su v io lín
d e I n g r e s como algún incauto puede creer, son una

parte fundamental de su obra.

Alabar su estupenda belleza nos parece superfluo y casi irrespetuoso.

US
Esta temporada de París ha sido la de los grandes del siglo pasado y la de algunas
retrospectivas de contemporáneos como Van Dongen. ¿Signo de los tiempos? No hay
realmente mucho que exponer de los más jóvenes (mucho de calidad, cantidad la hay
como nunca, cinco continentes y dos sexos se creen geniales por el solo hecho de habitar
P a rís). Los otros —los “más de sesenta años” como dice M argarita Sarfatti, siguen
exponiendo, triunfando, haciendo historia. Y las grandes galerías particulares se dedican
a los dibujos de I ngres (soberbia colección que es una lección dura de aprender, pero
*ería tan útil) a Barye, a Rodin, a Courbet. De este gran m a te ria lis ta se ha hecho una
muestra pequeña pero muy sabrosa. Había pocos ciervos y mujeres desnudas, muchas
naturalezas muertas, algunas marinas y dos extraños paisajes nevados. E l maestro —como
todos cuando se empieza a conocerlos bien— tiene varias maneras. A veces re v o c a su
tela con la espátula, a veces la ataca perpendicularmente y deja como un reborde de
color entre forma y forma. Unas veces se esponja, otra trata de concentrarse tapando
el poro o la tram a básica. Casi siempre es admirable, nos sorprende a veces una pobreza
de dibujo, cierta torpeza que también tienen Millet y Van Gogh, que es parte de su
fuerza y nos hace descansar de los que lo s a b e n to d o en pintura.
Porque Courbet es más que muchos de esos fá c ile s , en él siempre parece haber un
naturalismo que si se mira profundamente nunca es tal. Ni sus manzanas admirables,

S4

�de un color riquísimo contra su fondo vibrante, de aparente monotonía y nunca
repetido, ni su luz discreta, igual, imposible en la realidad, son naturalistas. Sus fruta»
tienen tanta invención como las de C ézanne pero no se van abstraídas, insinuadas, por
la pura intuición, sino que se quedan cerca de nosotros con su amplitud, su peso, su
monumentalidad un poco incomprensible a prim era vista. Y sus mujeres, en que la
deformación alarga los ojos, endurece hasta el mármol una carne pero no llega a
soltarse en pinceladas de catarata de color como Manet sino que se contiene como un
arquitecto que labora sus muros y los hace cantar y sostener.
Su R e t r a t o d e h o m b r e de 1846, rico en negros rutilantes, enceguecedor de expresión
desde su oscuridad, y sus flores en que una pincelada independiente vuela por sobre
la solidez de lo bien compuesto, y sus cascadas, cuadros casi abstractos que podrían
mirarse de cualquier lado como una alfombra, a tal punto ha desaparecido el interés
en lo representado y hasta tal punto la m ateria y el color son ricos y significativos de
por sí. Gran retratista, a punto de descubrir el impresionismo por su cuenta, dueño de
un color soberbio, Courbet superado un cierto mal gusto de época que puede separarnos
de él, queda como 'una de las figuras más sólidas, más inatacables del maravilloso siglo
X I X (y que perdone la sombra reaccionaria de L eón D audet).

IV
Hace poco se realizó en Amsterdam la Exposición BKI
Hogar y las Artes Domésticas, en holandés)

(iniciales de: Exposición del

que ocupa muchos salones del Museo

Municipal de dicha ciudad. L a contribución holandesa era muy interesante. Siempre
en el camino de una gran pureza de línea —permitida por una artesanía maravillosa—
los holandeses lo mismo que los escandinavos buscan en la decoración un funcionalismo
que no por rígido tienda a hacerse inhumano. L o consiguen plenamente y las madera»
claras, los tonos alegres, el dibujo simple pero inspirado

componen interiores que

respiran felicidad, calma, inteligencia.
E l aporte de Checoeslovaquia era muy interesante, cuando más se ven las obras de
este país, más se aprecia la originalidad no buscada de este pueblo de fondo eviden­
temente expresionista. Hasta en una labor de puntillas inventan e innovan y muestran
caminos que hasta ahora el arte decorativo de vanguardia no se atrevía a utilizar y
que ellos dan por válidos. Francia no estaba muy bien representada salvo por sus
nombres más conocidos que han caído en un academismo del mueble, de la alfombra,
del uso de los materiales más nobles. En cambio en Inglaterra y en su industria má»

85

�difundida, se revelan diseñadores originales y de una gran pureza de línea que les
(en este momento de tentarlo todo)

da

una categoría clá sic a en el buen sentido de la

palabra. Bélgica decepcionante; barroca, pesada,

a

destiempo en una época de aviones

a retroimpulsión y de bombas atómicas. L a exposición, sus carteles callejeros, sus
indicaciones, en el m ejor estilo holandés: lim pio, claro, expresivo.

y
U na gran galería de la R i v e G a u c h e volvió a ab rir sus puertas con una exposición
de esculturas de D egas. N o menos de 36 figuras, desnudos de m ujer y elásticos caballos
de carrera form aban un conjunto inolvidable. Y presidiéndolo todo la famosa bailarina
de falda de tul verdadero que avanza el torso infantil, plano el pecho y cuyas piernas
se retuercen en la pose, ya desfiguradas por la deformación profesional.
E l sabio propietario del salón se acerca a hablarm e, al ver que tom o notas. Me explica
que para Degas la escultura era una form a más perfecta y -cabal de estudiar el dibujo.
Para demostrarlo ha opuesto en una de las salas, un torso en bronce a un pastel. En
la violencia de la torsión, en la palpitación del cuerpo, es superior la escultura, en el
dibujo la línea es más abstracta, más intuida, más pictórica también. Eso es precisa­
mente lo que Degas había perseguido, para lograrlo luchó prim ero con las tres dim en­
siones.
Ese carácter de estudio le quita a sus esculturas —casi siempre pequeñas— un acabado
que pudiera molestar. Ese pulido de la arcilla con los dedos húmedos, lujuria de las
manos a la que hasta los grandes escultores se han prestado, no existe aquí. L a pasta
bastante seca ha sufrido la impresión de sus dedos, muchas veces se ve la im pronta de
las yemas y no h a tenido tiempo de hacerse demasiado exquisita. M ejor así. Ese aspecto
de lacre, de lava fundida que tienen los bronces de Degas es inolvidable. ¿Qué importa
entonces que asome un alam bre para sostener la p ata de un caballo, o un brazo en
posición forzada? T an to no im porta que nos parece muy n atural ese alam bre, casi
necesario

(ese carácter de necesidad es una de las piedras de toque del g e n io ). Ese

andam iaje que en otro artista sería insoportable, en Degas carece de im portancia como
sus papeles pegados uno al lado del otro en sus pasteles, siempre agrandados, siempre
más hermosos. E n la escultura, Degas es un obseso del movimiento, no es tanto “ese
volumen desde dentro que pugna p or salir; esa form a cuya punta vemos asomar bajo
la piel”, según la definición rodiniana, aquí es más que nada el impulso, la elegancia
fundamental (que puede parecer grotesca, pensamos en sus bailarinas, en sus caballos de

86

�patas demasiado finas, en las poses violentas del baile de Cambodge por ejemplo), esa
elegancia que no tiene nada que ver, que es casi la opuesta de la so i d is sa n t elegancia,
con minúscula y despreciable.
Y si ese sentido dinámico de la escultura contrasta con el carácter más construido y
estático de su dibujo, en cambio tanto en uno como en otro apunta siempre en Degas
el irónico, pero no cruel a lo T oulouse-L autrec sino pleno de ironía, a punto de
ponerse a llorar sobre lo mismo que sonríe. Ese gran misántropo amasaba su arcilla:
rica, pesada de sugerencias —tal como su pastel— y conseguía superar el vacío, sin retó­
rica, sin una presión de dedos que pueda ser inerte y conseguía darle una vida que no
es la real, meramente copiada sino mucho más compleja, intelectual, artística. L a vida
de lo que fermenta adentro del artista en la caverna donde se conjugan la artesanía
perfecta con la idea previa, única gran consejera y guía en el camino del arte.
L a perfecta fundición, de un admirable color dorado muerto, de superficie crespa y
opaca, tal como conviene a la obra, se debe a H ebrard.
(Todas las esculturas de Degas están reproducidas y comentadas en el libro fundamental
de R ewald .)

VI
En París se estuvieron proyectando últimamente dos documentales de mucha repercusión.
Uno sobre la vida de Van Goch, el otro un agudo análisis de la pintura de R ubens. El
primero que creemos proviene de taller de aficionados (lo cual no es en este caso más
que un elogio) es de origen francés y tiene un tono poemático muy emocionante. Se
trata de n arrar la vida del pintor basándose exclusivamente en la fotografía total o
parcial de sus cuadros. Se lo ve primero luchando en la ardua tierra natal, hijo de un
duro pastor protestante, después saliendo a predicar en las minas del Borinage. Más
tarde m a r c h a n d d ’a rt en París, descubriendo la ciudad maravillosa; su afirmación pau­
latina de la luz, el descubrimiento del mediodía, el sol, los almendros en flor, la amistad
de Gauguin, sus ataques de locura, el incidente terrible de la oreja, el manicomio, los
retratos de los amigos: el cartero, su m ujer, el médico que lo a te n d ía ... Una voz clara
de hombre va narrando los sucesos, una música extraña y hermosa los comenta. La
fotografía atrevida, nueva, siempre bella. Veinte minutos de pura emoción cinem ato­
gráfica.
El otro es de más pretensiones. Realizado impecablemente en Bélgica y con un carácter
oficial de divulgación, este otro film no puede ser más hermoso ni más interesante.

87

!

�Utilizando todos los medios modernos de la cámara y mediante la superposición de
flechas, de dibujos en blanco, de comparación en la misma pantalla de dos imágenes
distintas: por ejemplo una Eva de un primitivo flamenco al lado de un desnudo de
Rubens, se puede demostrar lo que de otra manera sería indemostrable. Las tomas son
de una agilidad, de una sorpresa, de una elegancia en la solución que el público goza
con ese juego sabio y sutil. L a tesis de que la pintura de Rubens se compone siempre
en círculos o en elipses quedará como un clásico del cine, como aquel maravilloso pró­
logo a la película sobre los Juegos Olímpicos de Berlín realizada por L e n i R iefen sta h l
en que las estatuas parecían moverse y cobrar vida. Excelente música, teoría plástica
acertada, una voz aplomada que comenta la aventura, en fin todo para gozar inolvida­
blemente y para comprender cada vez mejor al coloso de la pintura, que sale con más
gloria de esta prueba de fuego.

Yíl
En un gran salón blanco y dorado del ala que mandó construir Napoleón en la Plaza
de San Marcos de Venecia, se realiza, contemporánea con la muestra de Giovanni Bellini,
con una del S e tt e c e n t o Veneciano y con otra de Arte Contemporáneo Sardo, una
Exposición de Bronces Nurágicos de Cerdeña. Las pequeñas obras expuestas provienen
del museo de Cagliari y son sin duda obras maestras de una cultura, primitiva en otros
aspectos. Tienen ese aire común que nosotros erróneamente llamamos in g e n u o y que es
una convención y un sistema abreviado de signos, simultáneos en muchas

civili­

zaciones. Se parecen pues a la escultura negra de la Costa de Marfil, a los misteriosos
gigantes de la Isla de Pascua. Largos rostros expresivos y planos como un escudo en
los que se yergue apenas un triángulo perpendicular que es la nariz, anotando la boca
y los ojos con grafismos simplemente, descubriendo esa estructura fundamental del rostro
tan cara a muchos escultores contemporáneos. La única piedra, es un mármol blanco,
muy pulido, L a m a d r e m e d it e r r á n e a en que los hombros y una nariz y unos senos
prominentes resumen todo el esquema femenino. Obra muy abstracta, recuerda instan­
táneamente a las figuras de B rancusi y en una exposición de vanguardia sería una obra
discutida y apreciada. El repertorio de temas: el guerrero, el moscóforo, el Buen Pastor,
el jefe de tribu, el buey, el ciervo, la cabra con todas sus implicancias decorativas llenan
las vitrinas de la sala. Hasta en utensilios prácticos las figuritas animales sirven de
asas de decoración, como un pequeño mono en cuatro patas admirablemente bien obser­
vado desde un punto de vista realista. U n gran arte más que agregar al lado del cretense,

�del etrusco. Esta es la primera vez que cruza el mar para asombrar a los continentales
que todavía no aciertan a explicar el uso de las inmensas nuragas de Cerdeña, cuyas
maquetas forman parte de la muestra.

VIII
Solamente dos países han mandado contribución al Festival del Cine de Venecia: Fran ­
cia e Italia, pero ambos quedan muy bien representados.
De Francia se han visto: L ’E v a n g ile d e la p i e r r e y L e s gisa nts, que se podría traducir
como L o s q u e y a c e n . Ambas se refieren a la escultura, la primera realizada por A ndré
B i-Ur e u , cuenta escenas de la vida de Cristo, ilustrándolas con fotografías muy hermo­

sas de distintos grupos escultóricos cuyo estilo va desde el primer románico hasta el
Renacimiento avanzado. Esta variedad de épocas ha parecido un defecto a ciertos crí­
ticos; nosotros creemos que no lo es; lo que sí es sin duda una falta, es utilizar para
tan hermosas imágenes modelos de yeso a los cuales muchas veces se les ve esas reba­
bas propias de los calcos. Una voz va comentando los hechos evangélicos y las foto­
grafías ilustran lo que se dice.Maravillosos capiteles románicos en que los episodios se
abrevian y se hacen más fuertes, admirables crucificados cuyas costillas dan un pavo­
roso efecto de luz y sombra, Vírgenes góticas de sonrisa ambigua como un L eonardo
antes de Leonardo y siempre el fondo de una música y unos coros de niños verdadera­
mente celestiales. Onica sería L ’E v a n g ile d e la p i e r r e si a su lado no estuviera L e s
gisa nts, un documental que hará historia sin duda, un clásico de mañana. Lo ha reali­
zado J ean F rancois N o el con la ayuda de especialistas y se tardó mucho en filmarlo,
proveniente de los mismos talleres que hicieron M o n s ie u r V in c e n t c o n P ierre F resn a y ,
cuya maravillosa voz comenta aquí las tumbas yacentes de los reyes de Francia, tema de
la obra. Admirables superposiciones: estatuas contra cielos, agua que corre, arboledas.
Primeros planos emocionantes como si se tratara de rostros vivos, juegos de luz que se
desplaza y vuelve animados los ojos y las bocas muertas en la piedra, en fin todos los
recursos de la cinematografía moderna al servicio de un talento excepcional acompañado
de una mesura, de un buen gusto y de una música excelente que nos transporta fuera
de este mundo, al dominio de lo melancólico y lo eterno.
El mejor de los films italianos es E l P araíso p e r d i d o , un documental sobre el cuadro de
dicho nombre que está en España, original de J erónimo B osch . Con una extraña música
como guía y una voz humana que nos hace penetrar en el misterio del jardín del Edén
tal como lo concebía el pintor flamenco. Su fantasía de locura da en el cinematógrafo

89

�un efecto estupendo. Como su técnica es muy la m id a , la reproducción fotográfica ad­
quiere una gran nitidez y al verse así aumentada muchos diámetros la vista puede
concentrarse mejor y gozar aún más que contemplando el original. Faltaría el color
para que fuera perfecto. Así, llevándonos de la mano por la tabla inolvidable (hay dos:
una en el Prado y otra en el Escorial y naturalm ente ambas originales o copias según
estemos en el Museo o en el M onasterio), llegamos al episodio de la serpiente, al de la
expulsión y finalmente nos asomamos a lo que en la pantalla parece una vista nocturna
de la guerra moderna y que es realidad la visión que del Infierno tuvo

el

Bosoo. R eali­

zaron esta extraordinaria proeza L uciano E mmer y E nrico Gras.
Los otros de m enor importancia son: P in t u r a s d e S a n d r o B o t t ic e lli de L uigi C ristiani,
cuyo color desgraciadamente no es impecable y adolece de algunos defectos técnicos;
L o r e n z o e l M a g n íf i c o , del Estudio Italiano de Historia del Arte, excelente reconstrucción

de época que nos transporta un poco a la edad gloriosa del arte florentino; E l p i n t o r d e
la m o n t a ñ a , ensayo sobre la pintura de Segantini, cuyo color y procedimientos están

francamente m al; una mediocre sobre S a n ta M a ría d e lla S a lu t e y por últim o uno sobre
las villas de P alladio.
Es lástima que ninguno se haya animado a encarar el arte desde un punto de vista más
pedagógico, afrontando la superposición de trazados, rayas y esquemas geométricos que
tanto ayudan a la comprensión del espectador. De todos modos un conjunto muy intere­
sante que esperamos ver en alguna pantalla de nuestro país a corto plazo.
D amián C arlos B ayón

90

�miscelánea

® Acaba de morir en su pintoresca residencia de Ostende —bric a brac
de chucherías increíbles— J ames E nsor, el patriarca de los pintores belgas
que arrastraba, penosamente ya, su octogésimo noveno año de existencia.
¿Era Ensor un expresionista como se viene afirmando insistentemente?
Una exposición retrospectiva de su obra que tuve la fortuna de ver en
Charleroi y muchas piezas del maestro en museos y colecciones particu­
lares, me han permitido repensar el problema de Ensor a la luz de las
definiciones corrientes.
Por una parte era un heredero directo de la tradición naturalista fla­
menca: debilitada alegoría, pastosidad de la materia, riqueza cromática,
sobre todo sentido de la presencia viva de las cosas concretas; por otra,
procedía de una opuesta tradición, también flamenca: la de las diablerías,
en la línea de la imaginación desenfrenada en torno a temas de misterio
y de fantasía —exaltada alegoría— con rasgos de cruel ironía. Finalmente,
él impuso a las dos formas de la tradición en que bebió un sentido propio
de la deformación, un acento original en la estridencia del color, una
finura particular en el manejo del trazo; pero no le guió esencialmente la
voluntad de expresar su yo íntimo patético, como a los germanos y hasta
sus propios compatriotas de la Escuela de Laethem-Saint-Martin: tanto
en las telas de la juventud como en las de la declinación se advierte
siempre una euforia de la vida física, un control de la inteligencia que
no condicen con el frenesí expresionista. Por momentos fueron más ex­
presionistas sus temas que su factura plástica.
Gran colorista y extraordinario grabador —los aficionados de Buenos
Aires no habrán olvidado las telas y estampas que se expusieron en la
Exposición de Arte Belga el año pasado, en el Museo Nacional— la obra
ciclópea de J ames E nsor pertenecía sin embargo y desde hace muchos
años a la historia, que ahora lo recobra de pleno derecho.

91

�© También acaba de morir el gran escultor español M a t e o H e r n á n d e z ,
uno de esos parisienses de adopción que no había perdido las uñas de su
raza. Dolorosa pérdida, sin duda, porque recién llegaba a la verdadera
madurez y mucho podía esperarse de él en el campo de la escultura ani­
malista: formas potentes con vaga resonancia de la concepción ovoidea
del volumen, pero plenas de sugerencia naturalista.

O H e m o s p o d i d o h o j e a r lo s c a t á lo g o s d e l 1? y 2? S a ló n d e O c tu b r e d e B a r c e lo n a n o t a n ­
d o c o n a liv io q u e n o t o d o e s tá m u e r t o e n e l a r t e jo v e n e s p a ñ o l. L a e x p o s ic ió n d e 1948
p a r e c e q u e d e s e n c a d e n ó fu r ia s y e s c á n d a lo s ( p o r lo m e n o s n o a p a t í a c o m o s u e le s u c e d e r
e n t r e n o s o tr o s ) y e n e l d e 1949 h a h a b i d o u n a s e le c c ió n p r e v ia p a r a m e j o r a r la c a lid a d
d e lo e x p u e s t o , p e r o n o p a r a r e p r o b a r a lo s a v a n z a d o s o v a lie n t e s s in o s im p le m e n t e p a r a
a p a r t a r lo b u e n o d e la e s c o r ia . L o s S a lo n e s N a c io n a le s d e E s p a ñ a s o n u n p á r a m o y p a r e c e
q u e h a y g e n t e d e b u e n a v o lu n t a d q u e s ig u e v e l a n d o p o r e l a r t e v e r d a d e r o . L o s c a t á lo g o s
e x c e le n t e s c o m o t ip o g r a fía , d ia g r a m a c ió n y c o n s a b r o s o s p r ó l o g o s d e n u e s tr o c o r r e s p o n s a l
S ebastián G asch .

@ Vallauris, el pequeño pueblo cercano a Cannes ha sabido empezar a explotar su ce­
lebridad como centro de la cerámica picassiana y durante este último veraneo, coinci­
diendo con la afluencia de miles de turistas ha organizado una exposición con este
título tentador: “De Palissy a Picasso”. El ejemplo de Antibes con su magnífico museo
es copiado por las otras aldeas que tienen algún motivo de celebridad, Vallauris es
una de ellas, Vence donde se levantará la capilla para la que Matisse ha dibujad®
vitrales y decoración, es otra.
Es curioso y emocionante constatar como los grandes maestros contemporáneos, insatis­
fechos del mero museo o colección particular tienden a asegurarse la inmortalidad en
una obra grande y propia.•

•
E n u n a g a le r ía d e la P la ce V e n d ó m e se e x h ib ie ro n d u ra n te el m e s d e ju n io p in t u r a s de los ín ­
tim o s d ie z a ñ o s d e K a n d i n s k y , qu e o cu pa los salones deja do s p o r M a t t a (el p in to r ch ilen o ra d i­
cado e n E sta d o s U n id o s desd e h a c e a ñ o s ). U n abstra cto d esp u és de o tro , la co in cid en cia es s ig n i­
fica tiv a . H a y u n a g r a n p ro fu s ió n de o bra s p e r o r esu lta n a cu a l m á s d e s c o n ce rta n te. S i había
algo in discu tib le e n K a n d in sk y e r a su s e g u r id a d absoluta p a r a el color. S u s m a n c h a s e r a n islas,
la gos, fo rm a s q u e se d esp la zan , fe lic e s e n su a cierto de tono, acordadas. A h o r a n o. T a n ta bús­
qu ed a , tan to estoicism o e n r e n u n c ia r a ca3Í todo, llevan al p in t o r a u s a r fo nd o s n eu tro s so bre
los qu e m illa res d e p u n to s o p eq u eñ o s círcu lo s en sa y a n co m b in a cio n es y a rm o n ía s n u e v a s. M ucha
im a g in a ció n y u n es fu erz o p e r p e tu o p o r s u p e r a r s e , p o r a v a n z a r, p e r o esta v ez la ce rtez a qu e
g u ia b a la in s p ira c ió n de K a n d in sk y p a r e c e h a b erle ju g a d o u n a m a la p a sa d a . T a n abstra cto como
a n tes, ta n alejado de la r e p r e s e n t a c ió n de o bjeto s rea les, s in em b a rg o , esta v ez n o co n sig u e em o­
cio n a r. T a m b ié n e n este t e r re n o ta n sutil d e los c a s i, de los t a lv e z se a d v ierte la fa lta d e g a rr a ,
d e calidad, de t e n e r algo q u e d ecir.

92

�• “Del 19 al 25 de setiembre, algunos críticos y artistas de tendencias
afines nos reunimos en Santillana del Mar, cabe las cuevas de Altamira,
con la principal finalidad de dialogar para esclarecer y puntulizar ideas.
La organización de esta Primera Semana de Arte, a cargo del tratadista de
arte R icardo G ullon y del historiador P ablo B eltrán de H eredia , ha
sido sin tacha. Un itinerario, preestablecido con inteligencia y con un
conocimiento profundo del país, ha permitido a los congresistas conocer
casi toda la provincia de Santander, sin disputa una de las más hermosas
y completas de España, y su arquitectura civil y religiosa”— así da cuenta
de esta magnífica reunión Sebastián G asch, nuestro colaborador y uno
de los puntales de la misma en Destinos. Además de los nombrados, asis­
tieron A lberto Sartoris, arquitecto y crítico de arte italiano, E nrique
L afuente F errari, la máxima autoridad en historia del arte hispánico,
el crítico E duardo W esterdahl, el arquitecto y poeta Luis F e l ipe
V ivanco, el ensayista y poeta R afa el Santos T orroella , director de
Cobalto, el escultor ángel F errant , el ceramista J osé L lorens A rtigas,
el pintor F rancisco C ossio, el escultor E udaldo Serra , el escultor sueco
T ed D yrssen y el pintor inglés A nthony Stubbing . Se excusaron N ichol son, B aumeister , M iró y D ’O rs y se lamentó la ausencia de uno de los
inspiradores de la reunión, el joven y talentoso pintor alemán M athias
G oeritz . Según parece se conversó mucho, seguramente sobre el arte de
ahora y el de siempre, anunciándose la publicación de un tomo con las
conferencias y diálogos. Otra consecuencia y de gran interés: la publica­
ción de una revista, Bisonte que dirigirán Ángel Ferrant y Vivanco.

f
D e la r e v i s t a T im e d e l 15 d e a g o s to y s in r e s p o n s a b il iz a r n o s d e la v e r a c id a d d e lo s d a to s , co­
p ia m o s a lg u n o s p in t o r e s c o s s o b r e la a r q u i t e c t u r a m o d e r n a . E l n ú m e r o o s t e n t a e n la t a p a u n r e t r a t o
d e l a r q u i t e c t o v ie n e s r a d i c a d o d e s d e h a c e m u c h o s a ñ o s e n C a l i f o r n i a : R ic h a r d N e u t r a y d e él y
s u s c a s a s s e h a b l a e x t e n s a m e n t e e n la s p á g i n a s d e la r e v i s t a . S e t r a t a d e u n a d e f e n s a d e loa
p r i n c i p i o s d e lo m o d e r n o y u n a t a q u e i r ó n i c o a c i e r t a s e x a g e r a c i o n e s i n t r a n s i g e n t e s p r o p ia s de
to d o id e a l n u e v o . T a m b ié n s e h a c e u n a d is t i n c i ó n s i m p l i s t a ( p a r a u s o d el g r a n p ú b lic o ) e n t r e
lo q u e los n o r te a m e r i c a n o s h a n d a d o e n l l a m a r el m o d e rn o in te rn a cio n a l ( c u y o s m á s i l u s t r e s
r e p r e s e n t a n t e s s e r í a n : L e C o r b u s ie r , G r o p i u s , M ie s v a n der R o b e y B r e u e r ) y el e s tilo d e F r a n k
L loyd W r ig h t y s u s d is c í p u lo s . P a r a d a r u n a c la v e f á c i l , T im e a s e g u r a q u e la s c a s a s del e s tilo
in te rn a cio n a l p a r e c e n y a t e s y q u e la s de F . L . W . s e a s e m e ja n a la s c a v e r n a s e x c a v a d a s e n u n
a c a n til a d o , t a n f u n d id a s e s t á n c o n el p a i s a j e q u e la s r o d e a . Y a h o r a tr a d u c im o s d i r e c t a m e n t e :
“ P a r a W r i g h t y lo s s u y o s la s e v e r id a d d e l e s tilo i n t e r n a c i o n a l es a n a t e m a . (A lg u n o s e p í te t o s s e ­
le c to s d e W r i g h t r e f e r e n t e s a e s e o tr o e s t i l o : “ f r u t o d e l M a r M u e r to ’*, “ la f a c h a d a d e p e c h o
p la n o ” , “ el s e p u lc r o b la n q u e a d o ” ) .
C re e m o s q u e s o b r a n los c o m e n ta r i o s .

93

�• En Marsella sigue su lenta marcha la construcción del edificio L e
C o r b u s ie r cuya terminación se calcula para el año entrante. El atelier del
maestro en París está abocado a la tarea de preparar detalles de acabado
de la gran obra. Diariamente una peregrinación que ha llegado hasta
140 personas visita la obra, en cuya puerta hay sin embargo y ex-profeso
un cartel que desanima a los curiosos. No obstante, solicitando permiso
y después de llenar una ficha se puede pasar al gran esqueleto que va
empezando a tomar su forma definitiva. Es una enorme mole en que
predominan las horizontales, ubicada en un antiguo parque de grandes
árboles. A veinte minutos de ómnibus del centro de Marsella está en un
lugar estratégico que domina el mar a lo lejos y las montañas pintorescas
del mediodía francés. La proximidad de ciertas fábricas perjudica algunas
vistas pero en general no es un grave inconveniente. Dentro, se visita
un departamento maquette terminado en madera terciada para dar una
idea de lo que será la casa una vez habitada. Algunos detalles muy her­
mosos como siempre en Le Corbusier, colores extraños y bien combinados,
mucha luz y sol hacen del conjunto una obra clara y sana. Las plantas
—tipo angostas y largas son discutibles, lo mismo que la distribución y la
concepción total de la masa. Parece como si esa gran obra tan deseada por
Le Corbusier y sus admiradores llegara a realizarse cuando el maestro está
un poco fatigado. Le falta esa frescura de las famosas villas de GarcheS
o de Poissy.
De todos modos es reconfortante poder pasearse por la estructura monu­
mental y pensar que allí se está haciendo historia.
Copiamos y traducimos un volante que se reparte en el Museo de Arte Moderna de
Nueva York: “ Ve solo a la sección de arte moderno del museo de tu ciudad. Tendrás
una sorprendente impresión de color exasperado, forma torturada y locura general.
Vuelve a los tres o cuatro cuadros que hayas notado más. E l motivo para haberlos ele­
gido puede ser simple curiosidad o asombro. Estudia uno, cuidadosamente, no trates
de determinar qué es lo que el artista quiso pintar; él no intenta pintar una com de­
finida como el compositor no tiene interés en duplicar un sonido real. Si el artista

94

�quería darte una reproducción de cierta persona, lugar o cosa, tal como se ve con
los ojos, una fotografía hubiera sido más simple. Trata de asociar el cuadro con ex­
periencias, emociones, escenas, gente que hayas conocido. Las imágenes aparecerán len­
tamente al principio, pero cada vez con mayor claridad. Estimula las asociaciones. Des­
críbetelas completamente a ti mismo. El hecho mismo de haber elegido ese cuadro en
particular, indica que tenia contigo alguna afinidad fundamental.
La próxima vez que vayas a la galería, las mismas asociaciones volverán espontáneamente
y de una manera más vivida. E n seguida empezarás a notar que tú, el cuadro y los sen­
timientos que evoca sois viejos amigos. Toma ahora no uno sino dos o tres cuadros que
hayas notado más que los otros. Estudíalos de la misma manera; para cuando hayas
terminado de recorrer la galería, habrás descubierto que sólo unos pocos tienen el poder
de estimularte. Visitar la galería es tan excitante como ir al teatro y lo es cada vez
más cuanto más a menudo lo hagas. Ciertos artistas tendrán el poder de remover algo
en ti, más que otros. Querrás saber más de ellos. No por afán virtuoso de mejorar, sino
porque estás genuinamente interesado.
De todos modos habrás compartido una experiencia humana con otro ser de tu misma
especie. Esto premia y anima al artista y enriquece tu vida."
Este ingenuo texto se debe a Evans, pintor y crítico que vivió en ¡a India, según reza
al pie de la página. No parece, sin embargo, tan inspirado ni tan espiritual como lo que
podría esperarse. Ex oriente lux. En este caso: E x oriente — literatura de Selecciones
del Reader’s Digest. Más incómodo que esta inocente receta, es pasarse la vida en m u­
seos, cultivarse en todo sentido, quemarse las cejas leyendo, gastarse el sueldo en con­
ciertos, tratar a gente su p erio r. . . Más incómodo si, pero más efectivo para el que
quiera conocer algo de arte —moderno o de todos los tiempos.

• París tuvo este otoño grandes muestras individuales de Henry Moore
el gran escultor inglés, y de Fernand Léger el siempre renovado maestro
francés, pero tampoco había descansado fuera de saison en el verano,
de su misión de difusora de cultura, de celosa distribuidora de gloria:
póstuma o contemporánea.
Lo prueban una vez más los infatigables muros de L ’Orangerie que han
sostenido últimamente lo más grande del arte de todos los artistas y todos
los procedimientos. Esta vez el honor ha sido para Gauguin en su cen­
tenario. Todo Parts ha desfilado respetuoso, vibrante, espiritual delante

95

�del inmenso panel de Qué somos, adonde vamos, de dónde venimos que
ha atravesado el mar proveniente del Museo de Boston junto con otros
clásicos gauguinianos. Allí cerca Nevermore brilla como un rescoldo ama­
rillo misterioso y contenido como el terror que pinta. Y los caballos rosa­
dos se modulan con los troncos curvos y se cortan con el azul de un
mar hirviente y cálido. Frutas y senos se confunden ofrecidos en una
bandeja y grandes flores color naranja perfuman obstinadamente como
una ventana que en vez de dar al Sena diera al trópico.
El catálogo impecable mencionaba nuestro número 7-8 del año pasado
dedicado al pintor. También Arts, la famosa publicación se ocupa elogio­
samente de Ver y Estimar en uno de sus números del pasado mes de
setiembre.

•
lo

A l g u i e n q u e m a n d a m u c h o e n E s p a ñ a , h a d e c i d id o a flo ja r u n p o c o las r ie n d a s e n
que

mise-en-scéne se r e f i e r e . E n

e fe c t o

S a lv a d o r D a lí

ha

co m p u esto

d e c o ra d o s

y

tra je s p a ra u n D o n J u a n T e n o r i o q u e está s i e n d o e l e s c á n d a lo d e M a d r i d . E l p r i m e r te ló n
d e b o ca t i e n e c ie n to s d e p la t o s c o n u n o jo p in t a d o ca d a u n o y s e c a e n e s t r e p it o s a m e n t e
a n t e s d e l fa m o s o : " C u á l g r i t a n eso s m a ld ito s . . . " D o ñ a I n é s q u e e s una azucena s e g ú n
m e t á fo r a d e l p o e t a , lo es e n re a lid a d , p u e s e n v ez d e l h á b i t o v a v e s tid a c o m o u n a i n ­
m e n s a flo r . D o n J u a n , d e a c u e r d o c o n M a r a ñ ó n

es e n e l f o n d o u n a fe m i n a d o y lleva

u n tr a je c o l o r o ro y a z u l. D o n L u i s M e jía está e n c a m b io e riz a d o d e la rg a s p ú a s q u e lo
h a c e n chocar c o n los d e m á s p e r s o n a je s . E l C o m e n d a d o r e n t r a a tra v és d e u n a p a r e d (y
ro m p e u n

d e c o r a d o p o r n o c h e ), e t c . D a lí q u e h iz o

la e s c e n o g r a fía d e

Tristán fou —

b a lle t m u y d is c u t id o — y a h o ra la d e Salomé d e R i c a r d o S tra u ss p a r a e l C o v e n t C a r d e n
d e L o n d re s , h a co n seg u id o

r e m o v e r a lg o

a E u ro p a

n o r t e a m e r i c a n o s c o n su s d e s p la n t e s c o m e r c ia le s .

96

después

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h a b e r fa t ig a d o

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                <text>Sarfatti, Margarita G.&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Giedion, Siegfried&#13;
Delevoy, Robert L.&#13;
Córdova Iturburu, Cayetano&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Job-Istueta, Amalia&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Bruhl, Rodolfo G.</text>
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO TRECE
BUENOS AIRES

Este número contiene: José
Clemente Orozco: Home­
naje de Ver y Estimar. LIONELLO VENTURI: Na­
turaleza y arte. - BLANCA
STABILE: Esbozo de una
historia del arte abstrac­
to. - El artista frente al
mundo: Opina LEON GISCHIA. - Hojas de estudio:
Arte abstracto en Buenos
A ires: RAQUEL EDELMAN: En ta línea de ex­
presión tierna; SAMUEL
F. OLIVER: En la línea de
la expresión más dura. Crítica: JORGE ROMERO
BREST: Tres pintores ex­
tranjeros (José Cúneo, Jo­
sé Palmeiro y Arie Aroch);
BLANCA STABILE: Do­
mingo Candía y Oscar
García Reyno; SAMUEL F.
OLIVER: Pavel Tchelichev:
Apostillas. - Correspon­
dencia: Escribe desde Pa­
rís D A M IA N CARLOS
BAYO N. - Miscelánea.

�INSTITUTO
DE ARTE MODERNO

P AR AGUAY
BUENOS

665

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��GUTIERREZ

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cidad

de producción. Se. necesita más m aquinarias, más

equipos, más cables, para satisfacer los crecientes req u eri­
m ientos de la industria, el com ercio, los servicios públicos
y los hogares.
N osotros

hacem os lo posible p o r obviar las dificultades

que dem oran la am pliación de nuestras usinas. M ientras tanto,
es preciso que los usuarios cooperen a fin de que no falte
corriente eléctrica para las actividades vitales de la ciudad.
C oopere usted tam bién, reduciendo, especialm ente entre el
atardecer y las 22 horas, el uso de energía eléctrica que
no le sea indispensable.

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argentina de electricidad s . a .

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Adhesión al centenario de
GOETHE
J. W. G O E T H E : B envenuto C ellini en su p a tria y en su época ...........

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O T R A S N O V E D A D E S:
T H O M A S E R N S T H U L M E : Ensayos sobre filosofía y arte ...................
C U R T J. DUCASSE: El arte, los críticos y U d.
................................
B R U N Ó A D R IA N I: Los problem as del escultor .........................................
R O B E R T CAM PBELL: Jc a n P a u l Sastre o una lite ra tu ra filosófica

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m e ta físico y lo burlesco se com binan o rig in a lm en te en estos relatos adm irables.

FRANCISCO AYALA: La cabeza d el cordero .................................................
E l libro que u sted esperaba. L a a tm ó s fe r a ten sa de n u e stra época v ivida en
u n a tra m a de g ra n novela.

FRYDA SC H U L TZ D E M A N TO V A N I: Canto ciego .....................................
U na n u eva voz lírica fe m e n in a que m ereció elogios de Gabriela M istral
re a firm a en este libro su s personales valores.

CESAR VA LLEJO: Poesías com pletas (1918-1938) .........................................
L a poesía de Valle jo ju n to con la de N eru d a fig u r a e n tre aquellas que han
ejercido m a yo r in flu e n c ia en el co n tin en te. P rólogo de C ésar M iró.

ED U A R D O GONZALEZ LANUZA: Oda a la alegría y otros poem as . .
R e h a b ilita ció n de u n noble género poético y p le n itu d de u n p o eta cuyo o ri­
g in a l in sp ira c ió n se com bina con la m a e stría técnica.

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�______ C A R T E L E R A _______
G A L E R Í A
A L C O R A
7-19 noviem bre: W il m a D u s t ir (p in tu ra ) .
G A L E R Í A
A N T Ú
21 octubre - 3 n o v ie m b re ; G rabados de A rtistas del T a lle r de G ráfica P o ­
p u la r de México.
7-19 noviem bre: G in a I onescu (p in tu ra) .
21 noviem bre - 3 diciem bre: E strada B ello (p in tu rá) ; P in to res A rgentinos
ontem poráneos.
G A L E R Í A
A R G E N T I N A
(Paraguay 1312 - T . E. 41 - 3870)
3-16 noviem bre: M a n u el E ic h elba u m ( p in tu r a ) .
17-30 noviem bre: J osé A n to n io del R ío (p intura) .
G A L E R Í A
M Ü L L E R
31 octubre - 12 noviem bre: Sala I: P ablo E delstein (p in tu ra y escultura) .
Sala II y III: R oca C aretta (m onocopias) . Sala IV: S anguinas y bocetos
italianos del siglo XVI al XVIII. Sala V: F rancisco D íaz (p in tu ra ) . Sala VI:
M aestros anticuos (pinturas) . Sala VII: L uis T orralva (esculturas) .
11- 26 noviem bre: Sala I: Sa lm er ü g (escultura) . Sala II y III: G regorio
M oreno ( p in tu r a ) . Sala IV: H enry O liv e (acuarelas) . Sala V: G u b e l l in i
(terracotas y dibujos) . Sala VI: J ea n P aul M a p e l l i M ozzi (escultura y
p in tu ra ) . Sala VII: Sigism ond G rocholski (p in tu ra ) .
28 noviem bre - 10 diciem bre: Exposición a n u a l de la Escuela N acional de
Cerám ica.
G A L E R Í A
V A N R I E L
28 noviem bre - 10 diciem bre: Sala I: R a ú l L ozza . Sala II: C laudio G orra chategui (p in tu ra ) . A rtistas extranjeros (óleos y acuarelas) .
G A L E R Í A
27 octubre

-

W I L D E N S T E I N
13 noviem bre: C o nstantin G uys .

S A L Ó N P E U S E R
27 octubre - 10 noviem bre: P r e m io P a lanza .
14-29 noviem bre: F risia ( p in tu r a ) . C uenca ( p in tu r a ) .
30 noviem bre - 13 diciem bre: T o m e a (p in tu ra ) . Exposición de Fotografías
p a tro c in a d a p o r la Legación Yugoeslava.
SO C IE D A D H E B R A IC A A R G E N T IN A
23 octubre - 10 noviem bre: Exposición de p in tu ra s, d ib u jo s y grabados de
artistas israelíes.
G E N TE DE A R T E DE A VE LLAN E D A
22 octubre - 3 noviem bre: E xposición colectiva de Socios.
12- 26 noviem bre: A rturo D f. L uca (p in tu ra ) .
3-10 diciem bre: Exposición de A lum nos de G ente de A rte y 8? Concurso
escolar de dibujantes.

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRITICA

ARTISTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS:

BAYÓN, Damián Carlos.
J e fe de R edacción

BERET, Angelia.
BRANÉ, Raquel B. de.
A d m in is tr a d o r a

BRUHL, Rodolfo G.
CARREA, Lía.
CAMICIA, Angelina
C o rresp o n sal en

,

E E .U U .

I3IAMENT, Clara.
EDELMAN, Raquel.
GROSS1, Isolina.
HUBERMAN, Beatriz.
JOB, Amalia.
OLIVER, Samuel E.
PASTOR, Blanca
ROLAND, Alfredo E.
STABILE, Blanca.
TRABA, Martha.

.

C o rresponsal en P a rís
•

V O L U M E N
NUMERO

III

TRECE

O C T U B R E I ) E 1949

�COI, ABORADORES
ALBERTI, Rafael (Bs. As.)
ARGUL, José Pedro (Montevideo)
AYALA, Francisco - (Bs. As.)
BERENSON, Bernhard (Florencia)
BILL. Max (Zürich)
CAMÓN AZNAR, José (Madrid)
CORPORA, Antonio (Roma) ■
DEGAND, Léon (París)
DEI.EVQi,, Roben L. (Bruselas)
DO-RIVAL, Bernard (París)
GASCH, Sebastián (Barcelona)
GIEDION, Siegfrid (Zürich)
GIRCOURT, Geneviéve (París)
GOERITZ, Mathias (México)
HUYGHE, René (París)
LEYMARIE, )ean (París)
MACEDO, Diogo de (Lisboa)
MURARO, Michelangelo (Veiíecia)
ROH, Franz (Munich)
ROMERA, Antonio (Sgo. Chile)
ROMERO, Francisco (Bs. As.)
ROMERO, José Luis (Bs. As.)
TORRE, Guillermo de (Bs. As.)'
SARFATTI, Margarita (Roma)
SEVERINI, Gino (París)
VENTURI, I.ionello (Roma)
ZEVI, Bruno (Roma)

�“No importan las equi­
vocaciones ni las exage­
raciones. Lo que vale es
el valor de pensar en voz
alta, decir las cosas- tal
como se sienten en el
momento en que se di­
cen. Ser lo suficiente­
mente temerario para
clamar lo que se cree
que es la verdad sin im­
portar las consecuencias
y caiga quien cayere. Si
fuera uno a esperar a
tener la verdad absoluta
en la mano, o sería un
necio o se volvería uno
mudo para siempre. El
mu n d o d e t e n d r í a su
marcha.”
O rozco

G

JOSE CLEMENTE

O R O Z C O

Ho me na j e

de

VER

Y

ESTIMAR

J osé Clemente O roz­

ha pintado la vida
del pueblo mexicano en
sus aspectos más propi­
cios, más íntimos, más
altos. Nació del pueblo
en una pequeña pobla­
ción constantemente in­
vadida por la ciega y re­
mota presencia del arte
prehispánico no iguala­
da. En O rozco se sien­
te esta misteriosa, fuerte
co

�Palacio de bellas Artes, M éxico. Fresco.

(Detalle)

�presencia indígena que da
intensidad y valor universal
al arte nuestro. Su obra no
puede ser más positiva y de
su época: está en la época
mi sma, alimentándose de
ella, como un árbol en la
tierra mexicana histórica.”
Luis Cardoza y Aragón
“O rozco no se dejó llevar
por el infantilismo, ni por
el cam in o indigenista, ni
por el popularismo, ni por
el limitado nacionalismo, ni
por el obrerismo, es decir,
por todos los entusiasmos
populares en ciertos medios
del m o m en to , sino que
siempre con un sentido crí­
tico, objetivándolo todo, as­
piraba a traspasar toda clase
de fronteras; por eso su arte
resulta a la postre el más
genuinamente universal, sin
dejar de ser mexicano, co­
mo su enorme obra lo de­
muestra; seguía siendo el
espectador de los entusias­
mos de los demás, ponien­
do el suyo en más lejanos
horizontes, aprovechándolo
todo sabiamente.”
J ustino Fernández

J osé Clemente Orozco nació el
23 de noviembre de 1883. Acaba
de morir, dejando en su patria y
en los Estados Unidos grandes obras
murales: frescos en la Escuela Na­
cional Preparatoria, Casa de los
Azulejos y Escuela Industrial de
Orizaba; fresco Prometeo en Pomona College, Claremont, California;
frescos en la New School of Social
Research, Nueva York; id. en la
Biblioteca Baker, Darmouth Colle­
ge, Hanover, New Hampshire, EE.
UU.; id. en el Palacio de las Bellas
Artes, México; id. en la UniversiZapatistas (detalle)

�dad de Guadalajara, en la escalera del Palacio de Gobierno y en el
Hospicio Cabañas de la misma; id. en la Biblioteca de Jiquilpan,
Michoacan, México; fresco The Dive Bomher en el Museo de Arte
Moderno de Nueva York; frescos en el nuevo edificio de la Corte
Suprema de Justicia de México; id. en la iglesia del Hospital de
Jesús de México, D. F. Formó parte, junto con Rivera y Siqueiros,
del grupo de pintores que impulsaron el movimiento muralista me­
xicano después de la Revolución.

Palacio del Gobierno de G uadalajara, Jalisco. Fresco.

(Detalle)

�Naturaleza y Arte
P a r a V e r y E s t im a r

Con eati8faeción y con honor publicam os esta p rim era colabo­
ra ció n de L ionello V e n t u r i , quien de esa m a n era m an ifiesta
mi sim p a tía p o r e sta revista . Sólo nos cabe hacer n o ta r a los
lectores la enorm e im p o rta n cia de la defensa del a rte abstracto
que en sa ya en e ste a rtículo, por tra ta rse de u n h is to ria d o r que
ha tenido larga frec u e n ta c ió n con las obras del pasado.

¡Cuántos recuerdos de la lejana juventud se agolpan alrededor de los tér­
minos naturaleza y arte, y cuánta pasión había entonces en las búsquedas
de lo bello en la naturaleza y de la naturaleza en el arte! Hoy el pro­
blema de esa relación se plantea de modo distinto porque sabemos que
el arte no es imitación de la naturaleza entendido como el aspecto físico
de las cosas que están fuera de nosotros, sino la expresión de nuestro modo
de sentir. Y aun si nuestro modo de sentir se interpreta como la parte
de naturaleza que hay en nosotros, el hecho de volver hacia el sujeto crea­
dor la atención dirigida antes al objeto que buscaba imitarse, modifica
de modo esencial toda la concepción del arte.
Sin embargo, continuamos admirando las obras de antiguos pintores con­
siderados como realistas en el sentido de imitadores de la naturaleza y
que los sucesores han exaltado por sus condiciones para reproducir la
realidad. Entre los italianos tuvo fama de realista C a r a v a g g io ; entre los
españoles, V e l á z q u e z . Nuestro pensamiento actual nos dice, en cambio,
que en Caravaggio o en Velázquez no admiramos en verdad su reproduc­
ción de la realidad, sino su estilo. Una fotografía que no ha sido traba­
jada por un fotógrafo-artista, neta, mecánica, espejo pasivo de la realidad,

5

,

�no admite verdaderamente ninguna comparación con las obras de Cara­
vaggio o Velázquez. Enfrentad la fotografía de algunas frutas con la
Canestra de frutta de Caravaggio existente en la Biblioteca Ambrosiana y
percibiréis la diferencia. Y si luego meditáis sobre esa diferencia os da­
réis cuenta de que Caravaggio crea volúmenes teóricos y luces y sombras
que no son ni diurnas ni nocturnas, y que existen sólo en su fantasía. Esos
volúmenes de luces transforman las frutas representadas en un vuelo
lírico de la fantasía, en una obra de arte.
Entonces, si consideramos realista a un simple imitador de la realidad,
Caravaggio no es realista y su obra tiene un valor teórico o ideal como
la de cualquier otro artista auténtico. O si no, lo cual es lo mismo, po­
dremos asignar a la palabra realista el significado de una tendencia del
gusto, relativo a una determinada época histórica, y que no incide sobre
el resultado, ajeno a la naturaleza porque es propio del arte.
En la obra de un realista lo que nosotros apreciamos es, por lo tanto,
una abstracción fantástica de la realidad.
El arte que hoy provoca mayores controversias, que menos se comprende
y más se combate, es el llamado arte abstracto. En efecto, hace cuarenta
años, algunos pintores, que después han formado legión, se negaron a
representar las cosas de la naturaleza siguiendo el principio de la vero­
similitud y pintaron cuadros que fueron llamados cubistas e iniciaron
el gusto del arte abstracto, luego imitado y modificado de mil modos y
con nombres diversos.
Se plantea entonces el problema de si es lícito a un pintor no represen­
tar objetos naturales: hombre, árbol, río, montaña. Desde sus comienzos
—se dice— la pintura ha representado cosas que tienen en mayor o menor
grado la apariencia de la realidad. El mosaiquista de San Apolinar
en Classis, en Rávena, no es ciertamente un realista, pero al menos —se
dice— reproduce un ser humano o una oveja. Sin embargo, basta una
breve reflexión para comprender que esta objeción resulta endeble. Si
el arte es expresión de sentimiento, el pintor expresa su sentimiento en
sus líneas, formas y colores y no en trozos tomados en préstamo de la
naturaleza, hombres, ríos y montañas. Por otra parte, una columna no
representa ni un árbol ni algún otro retazo de la naturaleza y, sin em­
bargo, algunas columnas son grandes obras de arte. No hay ninguna
estética que pueda excluir de la pintura lo que admite como arte en

6

¡

�arquitectura. Una forma es obra de arte cuando fué creada y materia­
lizada con pasión humana, represente o no una parte de la realidad.
Pero nace otra objeción para reforzar la primera. El sentimiento no
surge de la nada: tiene necesidad de la experiencia con el mundo que
nos rodea; es al mismo tiempo acción y reacción, activo y pasivo; es
nuestra vida anterior al orden que aporta el espíritu. ¿Cómo puede el
sentimiento poseer la fuerza de vivificar la fantasía si está aislado de
todo contacto con la vida exterior? Es el pensamiento, no el sentimiento,
el que tiene la posibilidad de aislarse para precisar su propia formulación.
El pintor abstracto, en verdad, no comienza su proceso de creación estu­
diando la realidad para idealizarla después, sino que parte de líneas,
formas y colores elegidos por sí mismos, libre de relacionarlos luego con
la propia vida fantástica.
Aquí también la arquitectura nos resulta útil para justificar el proceso
del pintor abstracto. El arquitecto proyecta plantas y alzadas, es decir,
abstracciones geométricas que reelabora, corrige y modifica hasta el mo­
mento en que el edificio se concreta, no sólo como construcción sino
también como obra de arte.
Aparte de la arquitectura, la pintura y la plástica de la Edad Media
vienen a esclarecernos. Durante la Antigüedad y el Renacimiento, para
realizar una estatua o una pintura, se estudiaba un modelo natural, que
después era idealizado para pasar de la ilusión material de la realidad a
la expresión del ideal del artista. Pero durante la Edad Media el estudio
de la naturaleza fué completamente descuidado, y pintores y escultores
utilizaron modelos abstractos que creían representaciones de la divinidad
o su símbolo, sobre los cuales imprimían su modo de sentir lo divino.
El proceso de creación era, entonces, opuesto al de los pintores clásicos
realistas. Sin embargo, su resultado, considerado como arte, era tan con­
creto como el de ellos.
No debemos entonces asombrarnos si, como una reacción contra el realis­
mo que dominó en el siglo xix, y que había ido tan lejos como tal vez
en ninguna otra época de la historia, los pintores del siglo xx hayan pre­
ferido el proceso que va de lo abstracto a lo concreto usado por la tra­
dición medieval, en lugar del proceso inverso que había dominado desde
el Renacimiento en adelante.
Es cierto que se ha considerado a la abstracción pictórica de nuestro

7

�tiempo como un complot diabólico y que un diputado italiano ha decla­
rado públicamente que ella ¡nada menos! abre las puertas del infierno.
Pero la risa de todos los colegas, que coronó su expresión, demostró que
ninguno temía ese infierno.
■Sin embargo, se aconseja a los temerosos, no sin una sonrisa, que se in­
formen y comprendan que el arte abstracto no es más que la conse­
cuencia de un impulso ideal o místico que nos libera del excesivo ma­
terialismo de la vida contemporánea y busca el origen de la actividad
artística en la imaginación trascendente.
Eso no significa que todas las pinturas abstractas sean obras de arte. La
abstracción constituye un proceso y no un resultado, y sabemos que en
todo tiempo miles de hombres han pintado, aunque pocos, poquísimos,
han llegado a la expresión artística. Y para reconocer cuando una pin­
tura abstracta es una obra de arte no existe más que un método, aquél
usado para el arte clásico o medieval, y que consiste en reconstruir la
personalidad del artista y comprender si ha concretado una obra de la
fantasía, del cálculo frío, de los turbulentos sentidos o de la imperiosa
voluntad. Si la fantasía ha dominado en su labor y ha transformado el
trozo de naturaleza o el esquema abstracto en el modo concreto de sentir
del artista, entonces ha nacido el arte. De otro modo, ha muerto antes
de nacer.
La abstracción es un gusto como otro. No es ella quien crea la obra de
arte. Detenerse en la abstracción para exaltarla o condenarla, significa
detenerse en el mundo del gusto y no introducirse lo necesario como
para entrar en el mundo del arte.
Destruido así el prejuicio por el cual se rechaza una pintura por el
solo hecho de contener elementos de abstracción, toda discusión al
respecto se hace inútil. Sin embargo resulta oportuno narrar la historia
de la abstracción, de su teoría y práctica, para comprender las razones
concretas por las cuales, en los últimos cuarenta años, tantos pintores
han preferido esa modalidad.
Y entonces se comprende a los P icasso, B raque, R ouault, M atisse y
C hagai.l , que han participado todos, quien más quien menos, en el
movimiento abstracto y luego lo han dejado o, mejor dicho, trascendido,
para realizar su pintura, que se encuentra entre las más vitales de
nuestro tiempo.

8

�Por otra parte, también M orandi, que hoy acaricia sus cacharros con
ojos de ensueño y concentra en ellos ese mundo total que es el alma
del hombre, no sería el artista que es si en su juventud no se hubiera
atormentado con los problemas del arte abstracto.
Sabemos que nadie es tan sordo como quien no quiere oír. Quien tiene
sentido artístico se interesa por un cuadro de Picasso aun si, después de
haber comprendido todos los motivos que tuvo el pintor para pintar de
esa manera, llega a una conclusión negativa sobre la calidad artística
del cuadro. Pero quien no tiene sentido artístico prefiere hacerse el
gracioso y reírse a espaldas de “esos locos pintores” que pretenden engañar
al público y, tal vez, se indignan por las amenazas de la revolución o
del infierno.
A estos sólo puede hacérseles una advertencia moral. Muchos artistas
que hoy pintan con formas abstractas sufren el hambre por permanecer
fieles a su ideal. Hay que convencerse de una vez por todas de que la
pintura es una cosa seria, y de que el pintor motivo de la risa está pro­
bablemente más cerca de la verdad que el que ríe, con ese aire de supe­
rioridad innata propio de los tontos. Un poco de humildad, señores,
ante formas nunca vistas. Tratad de comprender, si podéis, y si no, abs­
teneos de emitir juicios. Recordad que vuestros abuelos y bisabuelos se
han burlado de D elacroix, C ourbert, M anet, R enoir, C ézanne, que hoy
todos consideran como los más grandes pintores del siglo pasado. ¡Vues­
tros bisabuelos se han equivocado tantas veces! ¡Ea! Una pequeña duda
de que podéis también equivocaros aseguraría la paz de vuestro espíritu.
¿No os parece que vale la pena ser honestos y confesar que no s&gt;e com­
prende?
L ionello V enturi

9

�ESBOZO DE UNA HISTORIA
DEL ARTE A B S T R A C T O

Desde fines de abril a comienzos de junio del presente año tuvo lugar
en la Galería Maeght de París y bajo los auspicios del Museo de Grenoble, la exposición titulada: Los primeros maestros del arte abstracto.
Este acontecimiento artístico fué el pretexto que permitió a uno de sus
organizadores, M ichel Seuphor , publicar el libro: El arte abstracto. Sus
orígenes. Sus primeros maestros.
El valor de esta obra radica en ser más que nada una reseña histórica del
movimiento, enriquecida por los documentos literarios de sus autores.
No ofrece una teoría estructurada, pero sí la vía para que el lector tome
contacto con los conceptos fundamentales que constituyen, podemos decir,
la estética del arte abstracto.
Sin detenernos demasiado en un análisis conceptual que nos llevaría
inevitablemente al comentario polémico nos proponemos seguir a Seuphor
en sus consideraciones sobre la terminología, antecedentes y mundo pro­
pio del arte abstracto.
Ante el problema que plantea la denominación, parte Seuphor del testi­
monio de quienes señalaron con razones la no adecuación del término
con la naturaleza del mensaje artístico, para adoptarlo, a la postre, como
expresión justa. V an D oesburg en 1930, en su Manifiesto del arte con­
creto decía: “Nada es más concreto y real que una línea, un color y una
superficie”. A rp , más tarde agregaba: “comprendo que se llame abstracto
un cuadro cubista ya que las partes han sido sustraídas al objeto que ha
servido de modelo al cuadro. Pero encuentro que un cuadro o una
escultura que no ha tenido objeto por modelo son tan concretos y sen­
soriales como una hoja o una piedra”. Seuphor, en cambio, adoptando el
punto de vista de Mondrian, Kandinsky, Delaunay, reemplaza la deno­
minación de concreto, “que evoca siempre lo sólido, la corporeidad en
tres dimensiones”, por la de abstracto. Arte abstracto es “todo arte que

10

�no contiene ninguna relación, ninguna evocación de la realidad obser­
vada, sea o no el punto de partida del artista. Todo arte que se deba
juzgar legítimamente sólo desde el punto de vista de la armonía, la
composición y el orden —o de la desarmonía, contraposición o desorden
deliberado— es abstracto”.
Sentada su posición frente al problema de la terminología entra a con­
siderar la filiación del arte abstracto, al cual deriva del impresionismo,
fauvisme y cubismo. Mientras por un lado el impresionismo, a través de
V an G ogh y los fauves se vuelca en K andinsky “con su deseo romántico
de liberación, tributario del instinto”, dando lugar a la línea de la im­
pulsión; por otro lado, las ideas de Seurat —ángulo recto, colores lleva­
dos a su máximo de expresión por el contraste, composición severa— pa­
sadas al cubismo, son recogidas por las realizaciones neoplásticas de M ondrian determinando la línea racional. Esta evolución se hizo posibíe~por
la confluencia de tres causas exteriores. Primero, por la necesidad de una
libre expresión del yo, develada en buena parte por la filosofía de Bergson y el psicoanálisis de F reud; luego por la transformación operada por
el maquinismo; y por último, por la orientación de los estudios artísticos
hacia las leyes permanentes de la estética. Las tres causas corresponden
a lo que Kandinsky en Espiritualidad en el arte llama “las tres vías mís­
ticas de la necesidad interior”.
Quizás uno de los méritos de la obra de Seuphor esté en la inclusión
frecuente de conceptos extractados de dos obras de Kandinsky, la recién
citada y Caballero azul, ambas escritas en 1912, de difícil lectura por
cuanto aún no han sido vertidas a nuestro idioma ni al francés. De la
última recoge como una definición del arte abstracto el siguiente párrafo:
"No queremos propagar una forma precisa o particular, sino mostrar, en
la variedad de las formas representadas, cómo el deseo interior del artista
se realiza de múltiples maneras”. Seuphor condice ampliamente con estos
conceptos, pues en sus observaciones señala como contenido del arte abs­
tracto, “la libre expresión de lo que el individuo lleva en s í. . . del mundo
incomunicable que está en él”.
De aquí en adelante el autor presenta a los artistas que desde 1910 en­
cauzaron el arte por las nuevas vías de la abstracción. El análisis no lo
realiza con la misma intención, pues mientras en unos se conforma con
la información anecdótica —P icabia, K upka, Sophie T aueber - , en otros

11

�se sirve de ios elementos descriptivos de las obras para corroborar una
conclusión —V antongerloo, B rancusi— o bien sintetiza el pensamiento de
cada movimiento. En este sentido resulta interesante la referencia al
Rayonismo de cuyo manifiesto publicado en 1913 extrae: “es importante
encontrar un punto de partida en el cual la pintura conservando como
estimulante la vida real, pueda sin embargo ser ella misma. . . De la tela
rayonista se desprende la sensación de lo que se podría llamar la cuarta
dimensión”.
También es importante la inclusión de M alevich en los lindes de la
abstracción, como inventor del cuadrado, sustitutivo de las imágenes de
la realidad. La representación natural no tiene valor; “el valor perpetuo
y auténtico de una obra de arte, cualquiera sea la escuela a que pertenece,
reside únicamente en la expresión de la sensibilidad”. Luego, junto a la
sensibilidad del suprematismo destaca la influencia del constructivismo
de T atlin , con la incorporación del tiempo como elemento plástico junto
al espacio. Por fin llega al año 1917 que significa dentro de la historia
del arte abstracto una fecha capital por la aparición de la revista Stijl
en cuyo primer número M ondrian incluyó un ensayo sobre La nueva plás­
tica en la pintura, base del futuro neoplasticismo.
Salteamos los Testimonios, páginas literarias inspiradas en cada indivi­
dualidad, salvo el estudio de H abasque sobre Delaunay, más objetivo y
rico en el análisis de los valores plásticos. Dejamos a un lado los Poemas,
para destacar a través de los pensamientos extractados que lo que el arte
abstracto plantea no es un mero concepto de belleza sino un nuevo con­
cepto de vida. Lo que P evsner y G abo decían en 1920 en su Manifiesto
realista, “la vida no conoce la belleza como una medida estética de las
cosas: es la realidad misma la suprema belleza”, halla en Mondrian la
forma más firme y absoluta. Éste, al establecer como ley esencial de la
vida la del equilibrio, al descubrir bajo la expresión plástica de las for­
mas limitadas e individuales, otra forma plástica que consiste en la reali­
zación de un ritmo universal como equilibrio entre dos opuestos, sienta
las bases de la plástica pura como belleza vivida y no meramente repre­
sentada. “El arte no es más que un producto de reemplazamiento en una
época donde la vida carece de belleza. El arte desaparecerá a medida
que la vida tenga más equilibrio”.
B lanca Stabile

12

�el artista frente al mundo

O P I N A

L E O N

G I S C H I A

Vivimos, evidentemente, en un momento de civilización en el
que todos los valores son discutidos; particularmente, en lo que
se refiere al artista, los valores estéticos. No presento como prueba
más que el trastorno total que se ha
manifestado en este dominio durante
la primera mitad del siglo. No se trata
de un hecho casual, sino de un fenó­
meno en cierto modo natural, de una
adhesión espontánea a lo que se afir­
ma cada vez más como una necesidad,
un paso ineluctable. Es sabido, por
otra parte, que ciertas expresiones ar­
tísticas han llegado a ser extrañas y
no ejercen sobre nosotros ningún po­
der activo, mientras que otras, hasta

G isc h ia . J o v e n c ita , 1949.

�aquí despreciadas o desconocidas, encuentran una resonancia cada
vez más profunda.
Es cierto que esto no es nuevo. En el curso de los tiempos, los
hechos esenciales del arte han sido continuamente revisados en
su espíritu y en sus principios. En verdad, la historia del arte
es la historia de las luchas que no han cesado de librarse entre
las concepciones estéticas caducas y las concepciones estéticas
nuevas.
Como todo lo que vive, las formas del arte evolucionan: nacen,
viven y mueren; es decir, que ellas tienen su período de elabo­
ración, de madurez y de decadencia. Todo lo que vive, muere
al término de su evolución. Pero la vida continúa. Nuevas con­
cepciones vienen a tomar el lugar de las antiguas, las cuales son
irrevocablemente descartadas después de haber cumplido su ciclo.
Nuevas formas de arte aparecen, que quieren vivir y no sólo
durar.
Un arte no es joven, ni es vivo, sino a condición de que no aspire
al reposo, ni a la seguridad mediante reglas establecidas de una
vez para siempre.
Cada época tiene sus problemas específicos, que no pueden ser
los de las épocas cumplidas. Si ella quiere vivir su vida propia,
es absolutamente necesario que adquiera conciencia de sus pro­
blemas y de que aporte las soluciones que se impongan. Pero
esto no se produce sin serias dificultades. Sobre todo porque hay
en nuestros días, si no un divorcio entre artista y público, por
lo menos un desencaje muy característico. El artista marcha hacia
adelante, mientras el público desea, más o menos consciente­
mente, frenar su impulso. No es sino a pesar suyo que ha dado,

14

�al fin, su adhesión (y ¡con cuánta reticencia!) a los maestros de
ayer. Y éstos, que han sido finalmente aceptados, en nombre de
aquel público nos condenan. Con otras palabras, se admiten las
premisas de una revolución inicial, porque no se puede obrar
de otra manera, pero no sus consecuencias necesarias. No se quiere
considerar a esta revolución en conjunto. A menos que no se
trate de llegar a esa revolución a través de nosotros, en la misma
medida en que nuestras búsquedas son solidarias con las de nues­
tros mayores, y porque el desarrollo que ellas les aportan desta­
quen la importancia y la necesidad. El público medio, en efecto,
teme por encima de todo un porvenir que rompa deliberada­
mente con un pasado más o menos inmediato. Porque tal futuro
es lo desconocido, y lo desconocido no puede dejar de molestar
las blandas costumbres (costumbres del ojo y del espíritu), es
decir, lo que más estima y a lo que se aferra desesperadamente.
De cualquier manera que sea, estamos obligados a admitir que
nos hallamos en el comienzo de una nueva forma de arte, de un
nuevo ideal de belleza. De otro modo, en el origen de un mundo
nuevo. Sobre cómo será ese mundo no sabemos nada, ni tenemos
elementos para saberlo. Será lo que deba ser. Será como nosotros
lo hagamos y como lo hagan después las generaciones venideras.
Por cierto que mucha tarea se ha realizado ya en este sentido.
Nuestros antecesores han sabido reencontrar magníficamente la
voluntad de expresión sofocada por el peso de los procedimien­
tos, y han hecho que se vuelva a estimar el instinto de creación
frenado por toda clase de convenciones. Esto es lo que ya ha
sido conquistado. Pero no podrá ser todo. Queda mucho por
hacer, gracias a Dios; y es necesario convencerse de que no esta­
mos sino en el comienzo de nuestra obra.
15

�G isc h ia . E l bebedor, 1949.

¿De qué se trata, en suma? Se trata
de interpretar los hechos del mundo
sensible según los mandatos espiri­
tuales y las necesidades rítmicas que
corresponden íntimamente al modo
de sentir de nuestra época. Dicho
de otro modo, se trata de que los
medios específicos de nuestro arte
(formas, espacio, color, etc.) sirvan
para la expresión más intensa, y la
más convincente posible, de un mo­
do esencialmente original.
“Creo en la necesidad absoluta de
un nuevo arte del color, del dibujo
—ha escrito V an G ogh—, y si trabajamos con esta fe, me parece
que hay probabilidades de que nuestra esperanza no sea vana.”
L éon G ischia

L éox G isc h ia , uno de los p intores sobresalientes de la nueva generación francesa, ha
sido a lu m n o de O th o n F rif.sz y de F ernand L éger . T a m b ié n se caracteriza por su c u l­
tura general, habiendo realizado estudios de literatura, historia d el arte y arqueología.
E xpone desde 1937 regularm ente, desde hace algunos años en la prestigiosa Galería
fíilliet-C aputo de París. A dem ás, se distingue com o hábil creador de decoraciones tea­
trales; tam bién de excelentes ilustraciones de libros. Es autor, ju n to con N . V édrés del
im p o rta n te libro titulado L a scu lp tu re en F rance clepuis R odin, París, 1945.

16

L.

�hojas de estudio
ARTE

ABSTRACTO

EN

EN LA LIN E A D E LA EX PRESIO N
T IE R N A
R ecientem ente se h a n expuesto en el
M useo N acional de Bellas A rtes y en el
In stitu to de A rte M oderno, algunas telas
de artistas jóvenes de Francia, de quienes
form an p a rte del g ru p o conocido como
generación del 40 y d e los q u e en los ú lti­
mos años h a n estado em peñados en la
conquista de u n lenguaje plástico nuevo.
A lgunos de en tre ellos se m an tien en liga­
dos todavía al fauvism e y cubism o, m ie n ­
tras en otros hay u n a franca tendencia
hacia la p in tu ra abstracta p e ro con cie r­
tos resabios rom ánticos q u e a u n p e rd u ra n .
Es difícil, si no im posible, d escu b rir el
sentido de sus obras, conocer las a c titu ­
des, caracterizar sus expresiones a través
d e u n a o dos telas, en el m ejor de los
casos tres; p o r eso se im pone el estudio

AIRES

presión. Son tres n aturalezas m u ertas en
d onde los objetos están concebidos con
cierta dureza de form a, con torpeza d e li­
b e rad a q u e se a cen tú a en las arm onías
inesperadas del color. Sim plifica al m áxi­
m o sus im ágenes descarnadas; u n a mesa,
unos pinceles, u n m o lin illo de café o unos
pescados son u nos gruesos trazos negros,
los indispensables p e ro suficientes p a ra
reconocer los objetos, im precisos p ero v i­
gorosos en su dib u jo ; u n busto es u n a
m ancha negra ap lastad a contra la tela y
u n a línea de síntesis q u e sobreagrega para
co n ten er la form a q u e se escapa, para
d e fin irla m ejo r y d a rle al m ism o tiem po
u n a ligerísim a alusión de volum en en el
contraste negro-blanco q u e crea. Muy
sim ple taifibién es su com posición: una
form a q u e la centra, o tra vez el m olinillo
o el busto, y el resto q u e se dispone res­
p e ta n d o u n a com posición ortogonal. Im ­
pone u n a tendencia p lan ista a las fo r­
mas, p e ro crea tam bién volum en en el
ju e¿b de planos q u e se chocan y se su ­
p erp o n en ; y volum en y espacio con los
trazos negros q u e huyen h acia el fondo
en u n a perspectiva de aproxim ación m ás
o m enos ingenua.

de los elem entos plásticos evitando en lo
posible todo juicio crítico.
T a l C oat se nos ofrece en los tres cua­

dros q u e expone com o p in to r
a la tradición de la escuela de
los q u e se vive en u n clim a
creado p o r la fuerza in stintiva

BUENOS

vinculado
París, en
picassiano
de la e x ­

17

�E stridente es su em paste —el negro mismo
c h irria en sus telas— y orig in al su color,
celestes, rosas, am arillos n ada com unes,
con el q u e rellena las form as, m o d u lá n ­
dolo no p a ra describir m ejor los objetos,
ni p a ra darles m ayor volum en, sino tal
vez p a ra in fu n d ir dinam ism o a lo q u e si­
gue siendo fríam en te estático. En Pescados
parece m enos aferrado al objeto vivo, n a ­
tu ral, que le sirve de tem a y se perm ite
realizar u n juego m ás lib re de las form as,
a las que som ete a u n a severa reducción
de síntesis y con las cuales in te n ta e x p re ­
sarse m ediante ritm os estáticos de un
arabesco circular. N o le hem os podido co­
nocer en sus ú ltim as obras donde se e n ­
trega a u n juego m ás lib re aun, creando
u n a especie de atm ósfera de hum os en
grises y ocres desvanecidos.
M arcuand se p resenta con u n a expresión
tan trivial en sus form as, tan ex terio r en
el color, buscando siem pre los efectismos
fáciles, los elem entos pintorescos, como
para que se lo considere el m enos p ro fu n ­
do del g ru p o de jóvenes ligados al fauvism e. T a n to en Joven ron capuchón
com o en D esnudo en el bosque concibe
las figuras en el plano, p ero luego las
destaca y las desprende del fondo, en un
contraste violento de color. D el prim ero
puede decirse q u e está logrado en cuanto
a la arm onía de los tres tonos casi puros
q u e m aneja en grandes planos: rojo, azul
y negro; pero la figura apenas se sostiene
y el fondo perm anece in erte a pesar de
la tin ta p ro fu n d a q u e em plea. D ebe re ­
conocérsele, sin em bargo, cierta capacidad
im aginativa q u e destaca cuando juega con

18

los elem entos in v en tan d o form as gracio­
sas en zapatos o guantes verdes m uy bien
contrastados. En el desnudo sobreagrega
a la form a u n arabesco lineal, con lo que
la trivializa más. Com pone así M archand
una figura decorativa en el sentido de que
im plica u n a búsqueda de ritm o s fáciles
en los juegos de curvas elegantes, d e n tro
le u n a ordenación figurativa. En la n a ­
turaleza m u erta la expresión es m enos ex­
terior, tal vez p o rq u e el tem a m ism o le
exige u n a m ayor sobriedad —la resuelve
como pro b lem a to n al— y en cu an to consi­
gue m ayor u n id a d en el desarrollo de las
form as, p e ro n o deja de ser la o bra im ­
personal de u n p in to r que sólo h a absor­
b ido los m odos de los m aestros m odernos
de Francia.
B eaudin presen ta dos telas en las que
abandona v o lu n ta riam en te todo el sentido
íntim o q u e enriquece y justifica el cuadro
de caballete, lim itándose a crear como
M archand u n a p in tu ra decorativista. En
E l toro negro, u n a curva precisa divide la
tela, en su color y en su tem a, en dos
zonas netam ente definidas: en u n a juega
con tonos m odulados del violeta y en la
o tra con los negros; luego, in d ep e n d ien te ­
m ente del color, disociado de la m ateria,
construye u n ritm o lineal con el q u e d i­
bu ja sus dos figuras: el to rero en la zona
del m orado y el to ro sobre los negros, y
a u n q u e logra calidades sensibles no alcan­
za a la u n id a d to ta l de expresión. En
I.a noche, siguiendo u n a com posición clá­
sica, levanta un g ru p o central de figuras
danzando —u n desnudo pleno, o tro que
apenas em erge de las som bras— y luego

�p a ra sostenerlas dos form as laterales.
O riginal y sensible es su color, en el que
concentra toda su fuerza expresiva; p ro ­
fundos los dos azules q u e extiende casi
planos a am bos lados d el g ru p o y en éste
m uy finos los contrastes de grises. E n las
figuras elim ina todos los detalles n a tu ra ­
les q u e las describen reduciéndolas a u n
vigoroso juego de líneas curvas m uy e n ér­
gicas q u e tie n d e n a crear volum en, y de
planos q u e lo sofocan, ensam blados unos
con los otros, enlazados con aquellos tra ­
zos, d inam izando la superficie en u n vi­
goroso ritm o q u e exteriorizan sus expe­
riencias cubistas.
P intura, de A tl a n , está d e n tro de u n a
tendencia no figurativa; pero las form as
q u e crea no parecen surgidas de u n a im a ­
ginación rica, ágil y po ten te, siqp como
si fu e ra n im puestas, forzadas, artificiales,
en u n a a ctitu d m ás buscada q u e espontá­
nea. N o son tan desorganizadas sus im á ­
genes como parecen serlo a la p rim e ra y
rá p id a m irada. H ay u n a especie de faja
c en tral q u e ord en a e n cierto m odo la
com posición, q u e dispone grandes m asas
pesadas en el sentido físico de la p a la b ra,
cargadas de m ateria, inexpresivas en los
ritm os q u e rep ite, inertes como color arin­
q u e utilice tonos q u e salten de la tela,
u n a n ara n ja d o o u n blanco d etonante.
Con estos elem entos crea form as m ons­
truosas q u e d a n a la o b ra u n sentido li­
te ra rio en u n clim a de dram atism o b ru tal.
L as dos telas de A ndrf. M asson están tan
en las a n típ o d a s en su concepción como
en su técnica, q u e se hace difícil acep­
tarlas como obras de u n m ism o artista-

19

realizadas a corto tiem po u n a de la Otra.
E l pavo es la q u e m ás e x tra ñ a de las dos
p o rq u e está firm a d a e n el 47, después de
h a b e r realizado su a u to r incursiones én
el cam po del cubism o. Se tra ta d e u n a
ex altad a n atu raleza m u e rta e n la q u e
M asson se ofrece com o u n p in to r e x u ­
b e ran te, apasionado, ro m án tico diríase a
la m an era de u n D el a c r o ix . R iquísim o
en su em paste, m uy grasa su sustancia
y m uy expresivo con la m ate ria pictórica
m ism a q u e le a rra stra hasta} u n a e x alta ­
ción dinám ica con la fuerza y la v io len ­
cia del color individualizado. E stán allí
puestos todos los elem entos d el anim al,
descritos a veces h asta en sus detalles,
pero no organizados en su ord en n a tu ra l
y orgánico sino en el o rd e n qu e, como
p ru e b a de su potencia im aginativa, ha
q u e rid o d a rle su a u to r. Es com o el juego
de q u ie n desarm a u n reloj y luego colo-'~
ca las piezas como m ejor le vienen, aquí
en u n aspecto de ritm o alocado de p lu ­
m as q u e son gruesas pinceladas a cu m u la­
das unas sobre las otras, q u e defienden
su independencia e n tre tonos p u ro s y
otros bien valorados. C ontrasta y se hace
incom prensible el fondo p o r la form a en
q u e p ierd e fuerzas, se d e b ilita su em paste
y su color. U na concepción plástica m uy
d istin ta le lleva a realizar Paisaje con
precipicios: a q u í ya está inm erso, pero no
del todo en el cam po de la p in tu ra no
objetiva. Sobre u n fondo blanco, q u e p o r
ser blanco no deja de éstar valorado, va
d esarrollando u n fino juego caligráfico,
que no describe p ero q u e es com o u n
anuncio de los accidentes n a tu ra le s de su

�de líneas y de planos. Los peregrinos de
E m aús es u n a g ra n com posición d onde se
lo ve in flu id o p o r el espectáculo d e la
misa, p o r el v itra l, o ta l vez m ás p o r el
mosaico. Fracciona todas las form as som e­
tiéndolas a u n ju eg o de p equeños planos
de color e n tre los q u e establece las a rm o ­
nías m ás inesperadas d e tonos, com bi­
naciones originales de azules y de verdes,
audaces en sü entonación, con las q u e
destaca toda su o rig in alid ad . E xtiende la
sustancia casi com o si fu e ra u n a a cu a re ­
la, en u n em paste m uy fino de colores
puros o de tonos q u e llegan a aparecer
irisados, y m ie n tras e n algunos p lanos
es firm e y riguroso, en otros no q u e d a
ta n defin id o trasform ándolos en zonas de
franco pasaje. T o d o lo cual nos h a b la de
la persistencia de u n e sp íritu de in d efi­
nición, v ib ran te, n o ta n preciso n i ta n

paisaje, con el q u e evidencia u n a rica
im aginación ad iestrad a ya en sus expe­
riencias superrrealistas. Si en aquella n a ­
turaleza m u e rta acu m u la los elem entos
q u e le llevan a expresar u n a sensualidad
h a sta ru d a , ah o ra se deja conducir p o r el
lib re ju eg o d e u n a fantasía lírica, c ar­
g ada de sen tid o poético. SU em paste se
hace m u y fino, m uy sensibles sus v a ria ­
ciones tonales, especialm ente en aquel
fondo blanco q u e un ifica todos los ele­
m entos plásticos y los re tie n e ajustados
, a l p lan o : u n a s m anchas verdes q u e a lu ­
d e n a alg u n a vegetación, el arabesco é n ­
tre gracioso y aéreo d e su escritura q u e ­
b ra d a q u e en a lg ú n rin có n de la tela
tie n d e a salirse del m arco y de trazos
curvos abiertos q u e se com pensan ce­
rran d o y d eteniendo toda su expansión; y
p o r fin, unas agitadas p inceladas negras
q u e tra ta n de crear u n a p ro fu n d id a d
espacial, p e ro a la que, siem pre aquel
m ism o blanco, n o deja de a p la star con­
tra el p lano. A ndré M asson se p resenta
así, como u n p in to r de m uy finas calida­
des plásticas, d e te n id o e n tre dos gen era­
ciones, sin decidirse a re n u n c ia r a las es­
tru c tu ra s dadas de la re alid a d y tam poco
a su m u n d o ín tim o e individual.
C on M anessier enfrentam os al p in to r que
se m an tien e a ú n en el p la n o d e lo in d i­
vid u al, q u e crea en sus telas u n • m u n d o
cerrado, com pleto en sí m ism o. M undo
en el cual, lejos de a b a n d o n a r todo
subjetivism o, lo a h o n d a en sus form as,
ya sean éstas figuras h u m an as, objetos
concretos tom ados de la re alid a d c ircu n ­
d a n te o u n juego a p are n te m en te sim ple

20

frío com o p u d ie ra p arecerlo en u n a p r i ­
m era visión. M ás p o b re es la com posi­
ción: u n a m esa en el centro, n o resuelta
como form a pues aparece m uy fraccionada
en planos de color q u e conservan su in ­
dependencia. y tres figuras alred ed o r,
construidas con esos m ism os p lan o s pero
a los q u e d o ta entonces de expresión
d e n tro de la form a; luego, h acia a rrib a
q u e q u iere ser atrás, el ja rd ín en u n a
perspectiva m uy sim ple y p rim a ria. M a­
nessier echa m ano tam bién al juego de
luz y som bra p a ra reforzar su expresión
rom ántica, luz q u e son p lanos am arillos
estridentes sobre la m esa, y som bras
azules y verdes q u e avanzan desde el
ja rd ín del fondo. T o d o lo q u e en él
es expresión subjetiva, sentim ental, todo

�el sentido p a té tic o co ntenido q u e se p e r­
fila en las figuras, expresivas en su defo r­
m ación, se en fría y se detiene en aquella
fragm entación, se oculta en a q u el juego
de mosaicos. M anessier se m an tien e así,
d e n tro de u n a concepción expresionista
a u n m edida, lejos de toda la violencia
irru p tiv a d e u n R o u a u lt.
E n 26 de agosto de 1945, tam b ién anec­
dótico en el tem a, las form as son menos
natu rales, p e ro som etidas siem pre a a q u e ­
lla m ú ltip le división p o r planos. Se m a n ­
tiene m u ch o m ás d efin id am en te en el
p lan o , con u n a expresión dinám ica de su­
perficie; hay la sensación de u n a cosa en
. m ovim iento, d e u n a can tid ad de campa-,
ñas sonando, com o form a y com o color.
E n N o c tu rn o y D om ingo de m añana, se
desentiende a u n m ás de lo q u e es re p re ­
sentativo de objetos reales y sensibles,
y p la n te a u n a situación de com prom iso
e n tre el p lano, el volum en y el espacio,
p o rq u e n o es decid id am en te p in to r p la ­
nista, ni espacial ni de volum en. En a m ­
bas fragm enta las form as al exceso, h asta
destruirlas, provocando u n e x tra o rd in a rio
dinam ism o. C rea dos estru ctu ras q u e se
sobreponen, v ib ran d o p o r separado, cada
u n a en su p ro p io p lan o : el fondo con
colores precisos, densos de m ateria, y el
exterio r, con negros m ás flúidos y b r i­
llantes, genera u n espacio circulante en tre
am bos q u e im p id e q u e se u n a n . E n N oc­
tu rn o , q u e es u n a especie de andam iaje
soñado, de colum na férrea q u e se levanta,
negras líneas de fuerza tie n d e n hacia el
infin ito ; p e ro las detiene bruscam ente el
reb o rd e azul q u e lim ita toda la com po­

sición. N egros y azules, n a d a rigurosos
com o form a, n i fríos n i precisos, q u e tie :’'
n e n u n a e x tra ñ a y p ro fu n d a calidad em o­
cional. E n M añana de dom ingo es d o n d e
se frag m en ta m ás la form a, o p o n ien d o el
color n o com o volum en, sino e n el p lan o ;
busca a q u í acordes tonales nuevos m uy
personales; e n fre n ta fríos con cálidos, cáJ
lidos con cálidos, en in fin ito s planos d e
color; jam ás los com plem entarios q u e se
e x altan unos a otros y d e te rm in a n u n a
dinam ización e n el volum en; jam ás el
contraste q u e signifique u n a p o sib ilid a d
p a ra lo g rar el relieve. P uede considerarse
esta técnica com o u n a v a ria n te del im pre- ■
sionism o, con la cual reem plaza el juego
de p inceladas cortas p o r el de pequeños
planos *le color q u e n o e x tien d e puros,
sino q u e los va m o d u lan d o con u n g ra n
sentido rítm ico e im p id ien d o q u e su p i n - :
tu ra sea ab so lu tam en te p lanista.
M anessier p u e d e ser asociado a Singier
y L e M oal: éstos m an tien e n a q u el c o n tra ­
p u n to d e plano-volum en-espacio y frag­
m en ta n igu alm en te las form as, p ero son
m ás superficiales en su expresión, m enos
originales en sus arm onías y contrastes
de color.

21

Sin g ie r em plea u n a gam a m ás alta en la
q u e p re d o m in an los azules, am arillos y
rojos, q u e im p reg n an de frescura sus te ­
las. T ie n e u n m ayor sen tid o de la com ­
posición. T a n to en M erienda en el ja r­
dín como en L a tina, se revela com o u n
espíritu d e orden; en la p rim e ra crea u n
espacio aplastado c o n tra e l p la n o coh'
las figuras y objetos del ja rd ín , e n tre los
q u e va d ejan d o distancia a l colocarlos

�in g e n u a m e n te d e a b a jo h a c ia a r r ib a e n la

geom étrica

tela; e n la s e g u n d a es m á s fresco to d a v ía

V antorgerloo ; la de ellos es u n a ten d e n ­

su c o lo r, m u y e n la p a le ta d e B onnard ,

cia hacia el abstractism o q u e q u e d a a m i­
ta d de cam ino, m ás tierno, m ás b lan d o
si se q u iere , plen o de sentido em ocional.
E n los dos p u ja a ú n lo in d iv id u al, está
presente u n e sp íritu rom án tico q u e pesa
sobre su lenguaje plástico. Se explica que
así sea, pues am bos proceden de K a n dinsky , p a ra q u ien la p in tu ra significó
‘expresión de su m u n d o in te rio r, m ás vas­
to, y m ás v ariado q u e el de la re alid a d ex ­
te rio r”; y p o iq u e se m an tien e n en la
línea del rom anticism o expresionista ale­
m án. Esto explica su sentido de in d efin i­
ción, sobre todo en H a r tung , el m enos ri&gt;
guroso, el m enos estricto y de m ayor v u e ­
lo inventivo. H a rtu n g se d eja llevar p o r
el ritm o lineal de u n grueso trazo negro
que es como u n a especie de ovillo q u e se
va desenrollando en el espacio, n a d a p re ­
ciso ni en el trazo m ism o n i en las fo r­
m as q u e con él va creando. Y éste es el
tem a de su p in tu ra , lá m elodía central
que no se desarrolla en form as conocidas,
sino en u n ritm o gigante de acordes ines­
perados q u e lle n a n toda la tela; luego,
com o m úsica de fondo, el color m uy rico
en sus tonalidades im precisas, rellen an d o
los espacios, v ib ran d o p ro fu n d am e n te en
u n p lan o q u e no es el de aq u el violento y
enérgico arabesco, in elu d ib le foco de

so b re to d o e n lo s cálid o s, y m ás e x p re siv o
su ju e g o rítm ic o .
L e M o a l perm anece a ú n en M esa redon­

da d e n tro d e u n cubism o analítico; pero
no in v en ta form as en sus in te rp en e trac io ­
nes, sino q u e se m an tien e en lo descrip­
tivo. A quéllas son p lan as en sí m ismas,
pero en las relaciones de unas con otras
va creando volum en y espacio. Es sensible
en el color q u e hace v ib rar en u n a gam a
m ás bien baja, de tonos u n poco opacos,
buscando oposiciones m enos valientes que
las de Singier o M anessier. E n Figuras en
el jardín y L a cruz, descargadas ya de
todo elem ento anecdótico, repite^, aquel
ju eg o de p lanos —u n fondo de color y
sobre él u n en rejad o negro— q u e utiliza
casi como u n ejercicio, como u n a especie
d e gim nasia de su sensibilidad. R esuelto
com o color en la riqueza de tonos puros
q u e relaciona m uy bien, haciéndolos e n ­
tr a r en com prom isos unos con otros, los
m oviliza e n la superficie, anim ándose ésta
de u n fu e rte sentido rítm ico. Y p o r o tra
p a rte d esarrolla u n m ovim iento v ib rato ­
rio e n tre las dos superficies de color y
la d e las rejas negras, q u e provoca como
u n a fuerza de e x pansión, d e n tro de la
tela. P ero aparece in com pleto com o e x ­
presión, sin rigor m en ta l n i u n id a d em o­
c io n a l^ sin la concentración plástica que
ju stifiq u e su realización com o cuadro.
Schneider y H a rtu n g m arc h an ya hacia u n a
p in tu ra abstracta, p ero no d e n tro de la
tendencia m ás severa, m ás estricta, m ás

22

y

racional

de

M ondrian

o

atracción; p o r ú ltim o , el espacio creado
en la vigorosa oposición de claros y os­
curos, en el aire q u e circula e n tre color
y trazo. Y sobre los tres, color trazo y
espacio, vuelca toda la se n tim e n ta lid a d de
su esp íritu angustiado y to rtu ra d o .

�T am b ién en Sch neid er hay la m ism a re ­
pugnancia p o r expresarse en to rn o a fi­
guras; tam b ién él se deja llevar p o r el
ritm o em ocional de su trazo; pero m ucho
más constreñido, m ás construido, sin el
desorden caótico q u e p u d ie ra a p a re n ta r
en el desarrollo de sus elem entos, p e rsi­
g uiendo la construcción de algo q u e no
alcanza a definirse. A poco q u e se lo a n a ­
lice, se descubre e n el a p are n te juego
desorbitado de sus gruesos trazos, que
uno de ellos es com o u n eje central que
señala cierta sim etría, y que a am bos la ­
dos se e q u ilib ra n las líneas y las form as
q u e de ellas nacen. A quí como en H a r­
tung, el color rellen a toda la tela en los
claros q u e dejan los trazos, pero se e n tre ­
lazan con éstos* de m odo que resuenan
los dos en el m ism o p lano, m enos v alo ra­
dos los tonos, m ás contrastadas las tintas
puras. T odavía hay búsqueda de calida­
des, la pincelada sigue siendo aproxim ativa, la m ateria b rilla n te se desborda por
los lím ites de las form as, todo lo cual nos
está acusando u n esp íritu románLico. Su
C om posición azul es m u ch o m ás cons­
tru id a , m ás fría la expresión, m ás severa
la com posición, m ás estrictas sus form as.
No hay el arabesco q u e in tro d u ce el m o­
vim iento; el elem ento dinám ico, m ás a lu ­
d ido q u e presente, está dado p o r el juego
de las superficies de color que sugieren
relaciones en el espacio; los planos g ri­
ses se van hacia atrás, el blanco hacia
adelante, u n azul p ro fu n d o en el centro.
V no sólo el color, la m ateria interviene
tam bién en este juego de relaciones: m uy
fino todo el em paste, en algunos planos

a d q u ie re ' m ayor fluidez o se hace h om o­
géneo, en otros n u trid a y b rilla n te , m ás
allá se vuelve opaca. P e ro todo el m ovi­
m iento q u e p u d ie ra crearse en este ir y
v enir de la pasta, q u e d a com o sofocado
p o r la severidad de las form as, p o r las
líneas rigurosas q u e las lim itan .
D eyrolle, Dewasne y V asarely, no se
d ejan llevar p o r el juego m elódico de
línea y color, ni se p e rm iten re d u cir sus
im ágenes a frías form as severas y m uy
construidas; sin em bargo, en ellos aun
priva u n estado de tensión rom ántica.
Mal p u e d e in te resar al espectador si en
la tela de D ew a sn e lo que se describe es
u n p u e n te , u n p a r de rieles o u n a m á ­
q u in a en m archa. L as form as tien en e x ­
presión en sí m ism as, p o r las relaciones
q u e surgen de ellas, por el espacio que
existe casi real y n o v irtu a lm e n te creado
con tres o c u atro golpes firm es de a m a ­
rillo, m ien tras el resto se organiza para
fo rm ar u n a especie de m arco a estos tres
focos centrales; jerarquizándose las luces
y las som bras, y e q uilibrándose el color:
am arillos, verdes y rojos, violetas y m o ra ­
dos, y dom inándolos a todos, u n negro
m uy barnizado y b rillan te. Elem entos to ­
dos q u e provocan u n a fu e rte dinam ización
del plan o y del espacio.
E n D ey r o lle es el p la n o el q u e tom a
m ayor concreción, el q u e a d q u ie re una
corporeidad m ate ria l p o r el em paste g ru e ­
so, p o r los acordes tonales, p o r la com ­
posición. H ay planos q u e se in te rp e n e tra n
y se sobreponen, form as q u e ad q u ieren
volum en, p ero q u e logran a m edias ad e ­
lantarse al plano, cuñas q u e se ab ren en-

���iré las form as, líneas de fuerza q u e dis­
ponen la com posición, siem pre id e n tifi­
cadas con el fondo, pues ésta no es base
ni sostén de las figuras y p o r ello es tra ­
tado con la m ism a riqueza de u n a m ate ­
ria que se hace vehículo de u n a ex p re ­
sión sensorial fuerte; lo que nos está se­
ñalando u n esp íritu expresionista to d a ­
vía. T a m b ién es m uy sensible su color,
(pie m an tien e casi siem pre d e n tro de los
tonos grises, y cuando busca el contraste
de negros y blancos, n o genera volum en
po rq u e sabe n e u tra liz ar las form as m a n ­
teniéndolas en u n p lan o total.
En V asarely hay m ás incitación al v o lu ­
m en, no sólo po rq u e son m ás violentos y
m ayores los contrastes de color, sino ta m ­
bién p o rq u e opone em pastes m uy finos
con negros m uy cargados de m ateria y
m uy b rillantes. A quí tam bién m ateria y
(o lo r llevan u n a pesada carga de em o­
ción sensual.
F ren te a la o bra realizada p o r J u n o

26

en h ie rro forjado, Cabeza, el
espectador e n tra a d u d a r sobre si se h alla

G onzález

o no a n te u n a escultura. L a form a está
tan fraccionada, ta n red u cid a cada porción
de h ilo de h ie rro al m ínim o como m a te ­
ria, ta n ceñida en ésta la expresión, q u e es
el aire q u e circula e n tre las p a rte s el que
ad q u ie re m ayor sentido expresivo. N o
puede negarse q u e tenga desarrollo en el
espacio, p ero n o com o volum en p o te n ­
ciado p o r d e n tro ni como juego de planos
q u e dinam icen su superficie o com pongan
tur ritm o total de volum en, sino com o u n
arabesco lineal q u e h a a d q u irid o consis­
tencia, q u e h a qu ed ad o solidificado en
el espacio. De la figura, b ru talm en te des­
carnada, q u e d a solam ente el esqueleto de
u n a expresión escultórica, q u e no es re ­
sultado de u n esquem atism o racional, sino
de u n a im aginación d esbordante p ero no
sin control.
R aquel E delman

�F.N LA LÍN EA DE LA EXPRESIÓ N
MAS D U R A
E n el In s titu to de A rte M oderno y en el
Museo de Bellas A rtes F ernand L éger está
presente con telas q u e rep resen tan d ife ­
ren tes etap as de su obra. Léger, uno de
los c ontinuadores del cubism o liga esta te n ­
dencia con los m ovim ientos abstractos de
postguerra. Podem os así com probar cómo
va descargándose de elem entos em ocionales
representativos de los objetos, h asta llegar a
p in ta r en u n d e te rm in a d o m om ento su
Com posición sobre fo n d o am arillo, donde
no existe n in g ú n recuerdo de lo real; en
éste óleo L éger acondiciona el espacio con
anchas fajas de color superpuestas, de tonos
bajos de verde, com binados con ocres claros
y grises q u e d a n u n conju n to cálidam ente
eq u ilib rad o . P ero este e q u ilib rio no es
inerte: los p lanos de color se suceden unos
a otros creando distancias e n tre sí, al
m ism o tiem po q u e se com binan buscando
correspondencias de ensam bles, b ú sq u e ­
d a q u e se traduce en m ovim iento.
Pero éste es u n aspecto de la p in tu ra de
L éger pues en su obra se advierten coin­
cidencias con otros cam inos de la p in tu ra
m oderna, así en Esbozo para los nadado­
res se nota u n parentesco con el fauvism e;
en M aría la acróbata, con la obra picassiana de la época clásica, pero con u n ab.tdtam ien to q u e no es expresivo como el de
Picasso; en P erfil y vaso, con la época del
purism o, etc. P e ro su p in tu ra es potente,
fu e rte y b ru ta l con cierta ingenuidad, y
e n todas sus obras se nota el sello perso­
nal, sello enorm e, casi de affiche que

27

a u te n tifica un p roducto: L éger . De las
telas del 'm useo la m ás interesante es
Esbozo para los nadadores, donde el es­
pacio está concebido p o r oposiciones vio­
lentas de color: verde y rojo, p ú r p u r a .y
am arillo. E l d ib u jo de las figuras está
dado p o r líneas negras, gruesas y sin u o ­
sas; hay u n a indicación de volum en con­
seguida p o r los tonos y p o r violentos escorzos, p e ro esta sensación de m asa es
d e stru id a a su vez p o r los perfiles negros
y continuos q u e p roducen u n arabesco
planista.
En el In stitu to expone P erfil y vaso, d o n ­
de realiza u n a com posición p len a , pues
estas siluetas identificables q u e d an r e ­
cortadas com o lám inas; y el planism o se
acusa m ás p o r elem entos gráficos agre­
gados en form a de g uardas decorativas;
C om posición con áloes, d onde hay u n a
búsqueda de volum en indicada p o r líneas
en fuga y p o r oposiciones de luz y som bra
con esfum ados q u e indican redondeces.
E n cam bio el espacio está brevem ente
an o tad o p o r m edio de form as plásticas
plenas, q u e hacen retroceder a las p artes
en volum en o sobrenadan en el aire. Pero
este anhelo de conseguir tantos efectos
distintos y de a g ru p a r elem entos dispares
sin relación los unos con los otros, tiende
a d iv id ir el cuadro, lo q u e es inadecuado
p a ra u n o de caballete.
O tro de los precursores del m ovim iento
abstracto está rep resen tad o en el In s­
titu to de A rte M oderno p o r ÍV assily
K andinsky , q u ien com bina elem entos geo­
m étricos y form as inventadas, com p o n ien ­
do lib rem en te, im aginativam ente, lo q u e

�aleja su p in tu ra de la definición de lo
abstracto. E sta poderosa im aginación se
sublim a en el extrem ado sentido ro m á n ­
tico del color. E n Sobre las p u n ta s se
po d ría c onferir al color la categoría de
u n cielo de T ié p o l o . Los rígidos elem en ­
tos geom étricos se hum an izan gracias a la
sensualidad de los tonos, d eb id o a los
em pastes superpuestos; y el color es colo­
cado en form a irracio n al a la m an e ra de
los fauves. K andinsky m ueve sus form as
siem pre en u n sentido p lan ista, de lo
q u e resulta u n a p in tu ra sum am ente d e ­
corativa, d e adhesión al m uro; apenas
hay u n atisbo de espacio, y si llega a ser
dinám ica es p o r la contraposición ex p lo ­
siva de las form as. E n su óleo E ntre
dos tam b ién em plea fondos de colores
suaves, transparentes, q u e m an tien e n fo r­
m as planas de perfiles sinuosos, d e m a ­
teria opaca y arenosa, q u e p arecerían as­
cen d er len ta m e n te e n esa en v o ltu ra de
agua carbónica y form as chispeantes. Pero
sus cuadros a u n q u e no son figurativos
siem pre c u en tan u n a histo ria p o r lo que
se acercan a la ilustración.
In iciad o r tam b ién de este m ovim iento es
R obert D e l a u n a y . Su com posición Alegría
de vivir, 1933. P o d ría continuarse hasta
conseguir m ayores dim ensiones, como ocu­
rre con las ondas q u e p roduce u n a piedra
al caer sobre el agua; traspasa los lím ites
rígidos de su b astid o r y así debe ser por
la alegría expansiva de los colores de
circo y las form as de carnaval. L a im p e r­
fección del dib u jo , si bien lo to rn a in fa n ­
til, le q u ita la rigidez de u n trazado m e­
cánico a com pás, pues los elem entos son

coronas y circunferencias, q u e pro d u cen
u n m ovim iento g irato rio d e izquierda a
derecha, siem pre en u n solo p lan o ; p e ro
este g ira r n o es u niform e; hay p u n to s
q u e tie n e n m ayor velocidad y otros q u e
d e tie n en su m ovim iento.
E n R itm o de So n ia D elaunay se p ro d u ­
ce o tro m ovim iento: el p e n d u la r, p e ro el
sistem a de com poner es igual al a n te rio r;
sólo unas rectas q u eb rad as in te rfiere n en
la com posición c ircular p a ra tran sfo rm a r­
se en retenes de la espiral de u n reloj.
A lberto M a c ne ll i es la figura m ás im ­
p o rta n te del m ovim iento ab stracto fra n ­
cés; in v en ta el espacio p o r m edio de p la ­
nos q u e se in te rp e n e tra n y q u e a su vez
form an volúm enes rodeados de aire; re a ­
liza u n a creación de espacios en el espacio
m ism o. M ediante líneas, unas veces d e
color b rilla n te , otras negras, separa las
superficies p in ta d a s q u e de otro m odo
se u n iría n en u n m ism o p lan o , ya q u e
los colores q u e usa g eneralm ente son d e
u n m ism o valor tonal.
Si con preferencia em plea planos en sus
composiciones, no d eja p o r eso d e hacer
algunas indicaciones de volum en, acen­
tu an d o los perfiles o creando francam ente
u n a tercera dim ensión en perspectiva o
con degradación d e tin ta s y som bras p ro ­
yectadas. E n M agnelli p e rd u ra la com ­
posición del ■ cu ad ro d e caballete; p o r
ejem plo e n Paredes en turbulencia se p o ­
d ría ver u n a diagonal q u e divide al cu a ­
dro en dos m itades q u e se e q u ilib ran , p r i­
m ero p o r el color y segundo p o r el d i­
nam ism o; la p a rte derecha in ferio r es
de tie rras cálidas y obscuras q u e se ento-

28

�\

n a n e n tre sí y form an espacios estáticos,
y la p a rte su p erio r izquierda, en violentos
y agrios contrastes de color, se dinam iza
a u n m ás p o r el em pleo d e curvas. Esta
dinam ización es o tra m an e ra de a lu d ir
a l espacio m ed ian te el m ovim iento, con
el q u e revela su raíz cubista y fu tu rista ;
p e ro tam b ién d e n o ta u n a concepción clá­
sica a l com poner el cuadro p o r m itades
con p lanos de tierra, y cielo. E n A fin id a ­
des en reu n ió n M agnelli h a inventado
u n a serie de gruesos planos perforados
q u e flo ta n en el espacio, esta vez aire
coloreado de verde, em pleando el file­
teado de las form as p a ra darles consis­
tencia, p e ro a poco q u e se m ire se obser­
va q u e esto no es u n sistem a rígido, pues
lo deja de u sar p a ra caer en los pasajes
y o b ten e r p ro fu n d id ad .
H en r i N ouveau sigue en la dirección de
u n cubism o analítico, p e ro sin n in g u n a
rep resentación objetiva. Sus form as a d ­
q u ie re n las angulosidades de p a p iro las co­
loreadas. E n algunas de sus com posicio­
nes conserva la id ea d el cielo y tie rra.
E l d ib u jo coloreado a la gouache resulta
en estado de tensión, lo q u e d elata su es­
p íritu rom ántico.
H ay u n a leve indicación d e relieve en L a
ru ta de las Indias de M a r io P rassinos ,
com o escam as superpuestas; pero, como
no hay u n a e stru ctu ra in te rio r, el óleo
se reduce a u n a serie de trián g u lo s colo­
reados con tonos frescos, m editerráneos,
de c án taro m ojado, d e roca h ú m ed a, y
celestes de agua tran sp are n te . El blanco
algunas veces ju eg a

en

p ro fu n d id a d

y

29

o tras en p rim e r p lan o , d e p en d ien d o de
los colores vecinos.
R igurosas figuras geom étricas e m p le a
H er b in p a ra expresar u n len g u aje esc ri­
to, nuevo alfabeto d onde cada com bi­
nación de figuras rep re se n ta u n a letra.
La( m a te ria es estirada y definida; los
colores, p lanos com o señales de ferroca­
rril o banderines. E n P intura se aleja de
esta com posición alfabética p a ra realizar
u n óleo en la lín ea de M agnelli, p ero
con u n a entonación sensual e n su ritm o
circular.
&gt;
Se p o d ría fo rm ar o tro g ru p o de pintores
q u e tie n e n u n a relación tangencial con el
m ovim iento abstracto francés, ya sea p o r
g u a rd a r ciertos caracteres de la re alid a d o
p o r conservar u n trasfondo sentim ental.
Estos son G eer V an V elde, M arie Raym ond, Jacques V illon y L éon G ischia, a u n ­
q u e este ú ltim o se haya inco rp o rad o al
m ovim iento abstracto recientem ente.
G eer V an V elde se m an tien e en la com ­
posición d el cu ad ro de caballete. E n él
se ad v ierte la influ en cia d el cubism o, pero
esta destrucción y reconstitución de fo r­
m as no se hace con elem entos del objeto
m ism o, como en la p in tu ra cubista, sino
con superposición de p equeñas m arcas y
signos, q u e si algunas veces dan u n a d i­
m ensión espacial, desm enuzan, como p a r ­
tículas de cristales calidoscópicos, los p la ­
nos fu n d am en tales d el cuadro. E n sus
óleos se adivina u n contacto con la re a li­
dad: así en In terio r, expuesto en el
I.A.M ., es posible reconocer u n a mesa,
u n a ventana a b ie rta , u n a silla . . .; colo­
cando los objetos uno a co n tinuación de

�otro en p ro fu n d id ad y valiéndose tam bién
de sus m arcas de color, p roduce u n a sen­
sación especial m ás psicológica q u e v ir­
tual, pues el tem a de la v en tan a a b ie rta
con e n tra d a de luz sugiere la idea de lo
aéreo; p ero si tapam os los rectángulos que
a ctú an como a b ertu ra, vemos q u e el c u a­
d ro se transform a en u n plan o de m a n ­
chas de color. T a n to en In terio r com o en
los cuadros expuestos en el M useo de
Bellas Artes, hay u n a sola solución tonal
de la tela; unas veces celeste, o tras ocre
o salm ón, entonación general q u e consi­
gue em pleando las tin ta s m ás opuestas;
pero al tra ta r la m ateria p o r refregados de
u n color sobre otro los va en to n an d o por
transparencias.
M a r ie R aym ond realiza su com posición
con u n juego lab erín tico q u e recu erd a
algo el constructivism o de T orres -G arcía ,
pero rom ántico y azucarado. L a colora­
ción de g ran riqueza tonal d e n tro de un
m ism o color am arillo, rosa y verde, resu l­
ta v ib ran te e irisada.
F.n el salón del In stitu to de A rte M o­
derno, figura u n cuadro de J acquf.s V i i .lon de su época p u rista abstracta; N o ­
bleza, de lím ites definidos y de fuertes
contrastes de color: de m ateria rica y
uniform e. Los p lanos se sup erp o n en como
naipes, no esconden n ada n i aluden a
nada; todo lo q u e se h a q u e rid o decir
está ahí, concretam ente p in ta d o , sobre esa
tela rugosa y real. El R etrato de joven
expuesto en el M useo de Bellas A rtes
es la ú ltim a transform ación de su p in tu ra ;
realiza u n cubism o q u e no p a rte d el des­
doblam iento de los volúm enes ni ta m p o ­

co de u n ansia de m ovim iento sino q u e
se basa en la descom posición de la luz
com o form a ilu m in ad a y así va tran sfo r­
m ando cada p lan o con los colores del es­
pectro. Y p o r eso se apoya siem pre en u n a
form a real, pues su juego es la luz sobre
el objeto y n o la luz, com o en la escue­
la im presionista. Los colores re su lta n d iá ­
fanos, tran sp aren tes y no existen grandes
contrastes de tono y tam poco tin ta s que
no pertenezcan a los colores del prism a.
G isch ia crea el espacio en E l jug la r por
superposición de superficies planas, sin
espesor, casi m atem áticas. E xiste u n e q u i­
librio de los p lanos de color e n tre sí: el
m ovim iento de las circunferencias de la
p a rte superior q u e p ro d u c en u n a dinam ización en el espacio se co n trarresta con
el horizontalism o estático de la inferior.
El colorido cálido es tan p o ten te que tiñe
los grises y negros y los inco rp o ra a la
masa b rilla n te de rojos y am arillos. En
El jugador de balero es m ás p lan ista q u e
en el an te rio r, pero hay ciertas indicacio­
nes de volum en, en las p a rte s m ás estáti­
cas que podríam os lla m ar de apoyo, com ­
binadas con form as dinám icas p in ta d a s
con u n criterio planista. Las form as se
com binan con equivalencias geom étricas.
El color frío a pesar de ser b rilla n te , se
exalta h asta su m ayor potencia. En Paisa­
je la com posición actú a como aném ona
de m ar, p o rq u e si en u n p rin cip io parece
q u e escapa fu era de su m arco com o a la r­
gando tentáculos, la atención es a tra íd a
seguidam ente hacia el centro del cuadro
con u n efecto de succión. El espacio está
dado p o r superposición de p lan o s q u e su-

30

�gieren transparencias, p e ro G ischia hace
u n doble juego de planism o y p ro fu n d i­
dad, p o rq u e al colocar esa g ran m ancha
de p o ten te rojo vuelve a a c h a ta r el p a i­
saje, q u e se viene hacia adelante, como
ocurre al m ira r el sol a través de las r a ­
m as de los árboles.
V erdadero sím bolo del fuego h a conse­
guido E t ie n n e B eo t h y en su escultura de
m ad e ra Llam a: las form as gausas se ju n ­
tan p o r sus aristas, pasando de u n plano
a dos o a tres, p o r el sim ple juego de las
curvas. L a m adera cálida y lustrosa a d ­
q u iere u n m ovim iento helicoidal, p ero
cam biante, si se hace g ira r la escultura.
A rf recu erd a a las Venus de B rassem poüy

planas a las redondeadas, p e ro q u e inci­
d e n en el espacio con tensión expresiva
in te rio r. L a e x tra o rd in a ria plasticidad de
A rp q u e d a tam bién resuelta en los b a ­
jorrelieves Constelación y Formas exp re ­
sivas. E n el prim ero el escaso resalto de
las p lan tilla s es suficiente p a ra p ro d u c ir
som bras como líneas, trazadas con el sen­
tim ien to de u n d ib u jo a p lu m a. Las c u r­
vas se relacionan e n tre sí p o r efectos de
tangenciabilidad y paralelism o y el total
de la com posición tiene u n escape hacia
el e x te rio r d el bajorrelieve.
V antongerloo consigue en E xtensión, por
m edio de rígidos cam inos verdes en cruz,
superficies q u e pro v ien en de la rep resen ­
tación gráfica de u n a fórm ula algebraica.
Este sistem a de d iv id ir u n a superficie p ro ­
p orcionalm ente h a sido resu elto en la
práctica p o r Le C orbusier con su invento
del M odulor. El p ro b lem a d el a rtista en
este caso consiste en elegir, de u n n úm ero

en la escultura Torso preadám ico. R esuel­
ve con form as po ten tes el volum en del
torso pesado y extrem adam ente sensual
—parecería m oldeado sin u n e sp íritu r a ­
cional— dejándose a rra stra r p o r el fondo
am oroso del h o m b re de N eanderthal. El
brillo m etálico exalta esta sensualidad
in stintiva q u e llega a la lu ju ria , y el torso,
q u e en sí sería p o r dem ás estático, se car­

in fin ito de superficies proporcionadas las
que tengan m ayor valor plástico. P ero en
esta com posición ta n racional existe la
incógnita del espacio: el color verde está
fileteado p o r u n a lín ea negra, con lo que
se o b tie n e u n a d istancia espacial en p ro ­
fu n d id ad de verde a blanco; pero como
o curre con la m edida de la lu n a a tra ­
vés de u n cristal o la distancia en tre dos
nubes, en este caso cada espectador debe
en co n trar su p ro p ia fórm ula o su a p re ­
ciación personal. E n Espirales el color
Illanco sigue usándose cómo la nada espa­
cial, la cual es a nim ada p o r curvas. V an ­
tongerloo h a elegido u n a de las form as
m ás dinám icas: la voluta, cuyo d ibujo,

ga de fuerza dinám ica, aligerando su
m asa, p ero al m ism o tiem po destruyendo
su volum en debido a los reflejos de su
superficie, q u e actúa como espejo para
los objetos que lo rodean. T am b ién en
B rincando se advierte la p u n z an te raíz
sensual; el torso con posiciones in te rca m ­
biables consiste en u n sistem a tetraédrico, p o r los espacios en sí encerrados como
volum en de aire. L as form as se c o n tin ú an
sin biseles n i ángulos, florecen sin estrangulam ientos; la m ateria h a sido acaricia­
da, pasando suavem ente de las superficies

31

�u n a in te n c ió n de conseguir m ovim iento
p o r la rep etició n de la m ism a form a en
d istin ta s posiciones, com o en el praxinoscopio de É m Ile R eynaud , el antecesor dél
cinem atógrafo, y p o r la re p etic ió n d e la
m ism a im agen e n distin to s tam años, lo
q u e hace q u e se acerque o aleje la fi­
gura, consiguiendo así u n a sensación de
p ro fu n d id ad . E n Planos, barras y lineas
hay u n a tendencia m ás p lan ista en el
m ovim iento; se d iría q u e hay pa rte s del
óleo q u e p erm anecen fijas m ie n tras otras,
com o el fondo blanco, escapan de su
posición.

e l ojo no cesa de recorrer como en u n
efecto de óptica de los pasatiem pos de n i­
ños. Gracias al cam bio de color se p ro d u ­
cen en la linea u n a p ro fu n d id ad y al
m ism o tiem po u n m ovim iento vibratorio.
Dos trozos de espacio lim itados p o r el
bastidor, son los óleos de So p h ie T a ueber
A r p como si h u b iera n sido captados p o r
u n a m irilla telescópica. Se advierte u n a
p u lc ritu d fem enina, líneas sin vacilación,
bordes tirados a regla, con colores planos
com binados con fondos blancos y oscu­
ros, todo lo cual den o ta u n a a c titu d m en ­
ta l q u e no se presta a e rro r n i a d uda.
E n Surgiendo, cayendo y volando hay

S a m u e l F . O l iv e r

32

�R

í

T R E S P IN T O R E S E X T R A N JE R O S d .
J osé C ú n e o es u n o de los m ás esforzados

artistas uruguayos, no po rq u e haya q u e ­
rid o h acer escuela o se haya m an ten id o
en u n a linea de conducta p a ra m a d u ra r
obstin ad am en te u n a idea, sino p o rq u e sabe
m antenerse joven. Se lo p u d o com probar
recientem ente en u n a exposición en la G a­
lería B erro de M ontevideo, en la q u e p re ­
sentó u n a serie de paisajes de P u n ta del
Este, pin tad o s en c u atro meses apenas:
fogosos, abiertos y elocuentes algunos; m ás
contenidos otros, m ás ricos en la in v en ­
ción de form as expresivas, m ás justos en
las entonaciones, como el que publicam os
en lám in a ap arte.

T
Si bien son éstos los m ás valiosos desde
el p u n to de vista de la calidad, aquéllos
son los q u e m ás pro m eten . Reacciona con­
tra el patetism o de raíz germ ánica de la
serie de sus L u n a s y contra cierto o rie n ta ­
lism o caligráfico de sus acuarelas del cam ­
p o uruguayo, alim en tan d o a hora u n a cons­
ciente a ctitu d de algún m odo an tirro m án tica, no sólo p o r la fuerza sensorial más
q u e sen tim en tal de sus tonos enteros, sino
tam bién p o r la violencia u n poco b árbara
con que los em plea; especialm ente p o r el
deseo noto rio de o b ten e r form as objetivas,
claras y definidas, el cual no lo a p arte e m ­
pero de su n atu ra lism o inicial. P o r el con­
trario , parece desdeñar, m ás q u e antes, las
ideas de avanzada del a rte europeo, con su

C ú n e o : C a m in o

�P ai. m e ir o : Barcas

tónica intelectual, prefirien d o la conexión
con m odos expresivos no exentos de vali­
dez tradicional en Am érica.
El público de la vecina orilla se descon­
certó y afluyeron los reproches. Pocos, la ­
m entablem ente, supieron ver q u e esa b ú s­
q u ed a sana y loable de u n a nueva espon­
taneidad es la p ru e b a de la p ro b id ad del
artista.
T ie m p o ten d rá C úneo de re p e tir su expe­
riencia, que alg u n a sim ilitud tiene con la
de G a u g u in , pero no deberá olvidar que
si hay algo p rim itivo, bárbaro, espontáneo,
en el paisaje de su tie rra, h a b rá de ser
expresado a través de u n m odo de ver
lim pio de influencias de otras barbaries.
V deberá pensar tam bién, como hom bre
q u e vive en este m ediodía del siglo XX,
sobre las posibilidades de la p in tu ra de
caballete, con sus inevitables exigencias de
expresión individualista, y sobre los tem as
q u e prefiere, cuando la ciudad bullen te,
acaso la tínica re alid a d viva, es la que
puede pro p o rcio n arle elem entos de em o­
ción y de juicio p a ra enderezar su activi­
dad creadora.
E stim o a J osé P a lm eiro p o r razones opues­
tas a las que m e p e rm iten elogiar la obra
ú ltim a de Cúneo. Lo estim o p o r la m ag­
nífica calidad de su arte, fru to de u n in ­
cesante deseo de perfección. Pues si algún
p in to r h á b il h a levantado su tien d a en
estos últim os años es él, qu ien asom bra
p o r el chisporroteo b rilla n te que logra con
el trazo indepen d ien te, hasta crear un

canevá riguroso p a ra sus form as, y con el
color que se extiende p o r debajo, con p in ­
celada certera, oscilando desde las gam as
bajas h asta las altas a tenor de las nece­
sidades expresivas de cada fragm ento y de
la to talid ad . Y digo de la to ta lid a d , p o r­
q u e tam bién si algo debe ser m encionado
especialm ente en alabanza de la m aestría
de este p in to r español del g ru p o de París,
es la q u e d em uestra en la com posición de
sus telas, en las q u e n ada está m edido, ni
responde a u n e q u ilib rio trivial p o r sim ­
ple o p o r m anoseado, p ero todo está p e r­
fectam ente ubicado, com o si el ojo m a ra ­
villoso b astara p a ra ordenarlo. L o estim o,
adem ás, p o rq u e posee esa vivacidad n a tu
ral q u e le p e rm ite in tro d u c ir su b re p tic ia ­
m ente la n o ta em otiva, la fantástica o la
ab su rd a, la cual está p o r encim a de la
sim ple a rtesanía y se llam a don artístico.
Pero no lo estim o ig ualm ente cuan d o con­
tem plo su arte desde el único p u n to de
enfoque legítim o, es decir, cuando juzgo
, la coherencia y la p ro fu n d id a d de sus
ideas y sentim ientos, la intención q u e le
dom ina; p o rq u e entonces ad v ierto q u e ju e
ga con el color y la línea, y q u e se apoya
en C ézanne o en U tr il l o , en P icasso o en
V l a m in c k , em pleando el lenguaje in v en ta ­
do p o r ellos, m ás p a ra e n ca n ta r los ojos
q u e p a ra c o n figurar una im agen viva del
m undo.
No le reprocho, p o r cierto, q u e siga siendo
figurativista cuando algunos artistas de
vanguardia se dirigen a m archa forzada
hacia las form as abstractas. Lo q u e le re ­
procho es q u e no se sienta en éstas sus
prim eras obras de la m adurez una b ú s­
queda inten cio n ad a y sostenida de la e x ­
presión, y q u e p re fie ra seguir p in ta n d o
así, con perfección p e ro como al garete,
im pulsado p o r vientos q u e de n in g ú n m o ­
do contribuye a p ro d u c ir o a d eten er. Y
es u n a lástim a, p o rq u e se tra ta de un
excelente p in to r, a todas luces. (G alería
W itcom b)
T a m b ié n A rif. A r och se a p o y a e n la expe­
rie n c ia a je n a , p e ro lo h a c e p a r a d o m in a r

�un alfabeto q u e le p e rm ita tra d u c ir su
m undo in te rio r y p o r ello es p ro fu n d o y
elocuente, coherente adem ás, en la perse­
cución de u n clim a poético de n o tab le e n ­
ju n d ia . C ierto es que, como tantos, n ada
p e rm ite su p o n er q u e le anim e al m ismo
tiem po u n afán de trascenderse hacia v a­
lores absolutos, y esto le resta vigencia
em ocional.
Aroch m an tien e u n a actitu d , en efecto,
tan paradójica como frecuente en nuestro
tiem po: la de quienes a n d an en pos de la
universalidad, pero son incapaces de h a ­
lla rla fu era de la personalidad, a veces la
m ás estrecha q u e im aginar se p u ed a, y
viven p o r eso encerrados en u n círculo
vicioso.
Paisajes con figuras o sin ellas, flores y
escenas de in te rio r o de costum bres: el
p a n o ram a del in terés parece am plio en
este p in to r. Los tem as, sin em bargo, son
pretextos, pues lo q u e crea son atm ósfe­
ras delicuescentes, tan cargadas como las
pensaron los fauves, sin atreverse jam ás a
realizarlas, unidos los tonos pesados como
si q uisiera d a r con ellos u n fondo de m o r­
bidez aterciopelada al trazo q u e p o r su
p a rte las agiliza y las ordena. U n ro m án ­
tico im p e n ite n te, p a ra q u ien la p in tu ra
sigue siendo u n m edio de sublim ación de
com plejos estados aním icos.
I.a línea es ru d a , v o lu n tariam en te torpe

pero segura en Sus acentuaciones del ca­
rácter; el color, rico, variado y cargado de
herm etism o em ocional; el claroscuro, m e­
d ido al conducir los bajos de esas e x tra ­
ñas sinfonías; y todo obedeciendo a una
concepción q u e p a rticip a de u n a cierta
in g en u id ad in fan til y folklórica, y de una
v o lu n ta d trágica que se resuelve en nos­
talgia som bría.
N o sé si su p in tu ra es ju d ía . P ero conven­
go en q u e la tendencia a la divagación
plástica, al d ram atism o sobrio y, sobre
todo, a la conservación de la nota p in to re s­
ca, como en C hagall , So u tin f . o L ip c h it z ,
p u e d a ser característica de aq u el pueblo
q u e acaba de reco n q u istar su lib e rta d en
la tie rra d e Israel. De todos m odos, es u n a
p in tu ra fu e rte y enérgica; adem ás, una
voz p u ra . (L ibrería Viau.)
J orge R o m e r o B rf.st

D O M IN G O CANDIA
La E xposición retrospectiva de D o m in g o
C andía realizada en V an R iel, nos p e rm i­
tió acercarnos y v alo rar a u n p in to r m u ­
chas veces excluido del g ru p o de los m e ­
jores artistas argentinos. L argas p e rm a n e n ­
cias en E uropa, especialm ente en Francia
y en Bélgica le llevaron a perfeccionar su
oficio y d e fin ir su estética. Desde u n co-

�A r ie A r o c h :

M u jer ju n to a
la mesa.

mienzo poseyó el sentido de la com posi­
ción, del espacio y del volum en y una
fina m anera de hacer v ib rar el color.
Trabajando
(1926), M odelo acostado
11930) y E l P u en te (1932) m arcan los
p u n to s de p a rtid a p a ra nuestra observa­
ción. C andía, sin salirse de u n a concep­
ción n a tu ra lista , construye la p rim e ra tela
con las diagonales de las casas, con el co­
lo r q u e se desplaza de los cálidos de l?.s
paredes laterales a los azules fríos del
fondo; m ueve la escena con las distintas
m anchas azuladas y con los ejes de las
pequeñas figuras que se q u ieb ra n indi
cando las acciones. En M odelo acostado
el espíritu constructivo se precisa, pero al
m ism o tiem po el color ad q u ie re jerarq u ía
en la cualidad esencial de su tran sp a re n ­
cia. Así la construcción se realiza no sola­
m ente p o r la disposición de las líneas p a ­
ralelas horizontales de la p ared , la cama,
la alfom bra; verticales q u e se ab ren de
a rrib a hacia abajo enm arcando la tela,
del c ortinado y del m arco de u n a venta

na, sino ta m ­
bién p o r el co
lor aju stad o a
ellas y p o r el
escorzo del to r­
so en contraste
con la vertica­
lidad audaz de
las dos piernas
en flexión. P or
fin, el paso h a ­
cia u n n a tu ra ­
lism o construc­
tivo parece d e ­
f in itiv a m e n te
d a d o en E l
P uente, d o n d e
a l o s grandes
p lan o s lim ita ­
dos p o r aristas
y al esquem a
del color sobre­
puesto a ellos,
se une u n fino
juego de luces
y de som bras. Al observar la com po­
sición e q u ilib rad a yenérgica de esta
obra, ¿quién presagiaría
el a bandono
de la construcción como elem ento f u n ­
d a m e n tal p o r la sola exploración del
color? P o r el c o ntrario todo hacia esp erar
q u e desde ese natu ralism o constructivo
el artista m arch aría con decisión hacia
las form as m ás p u ra s de u n cubism o
analítico.
H ay u n p e ríodo vacío para la observación,
q u e fue p a ra C andía de búsquedas a fa ­
nosas y nos obliga a d a r u n salto hasta
La reunión (1939) . A quí la cómposición
sigue siendo buscada y lograda a través
de la figura c en tral q u e m arca el eje
vertical, y p o r las figuras vestida de b la n ­
co de la derecha y la azul de la izquierda
que m arcan los ejes oblicuos; el color está
sensiblem ente am asado; p ero ya hay u n a
deform ación expresiva en la fig u ra del p r i ­
m er p lan o q u e se a granda a p a rtir de la
c in tu ra; u n cierto decora tivism o y el des­
p u n te de esa tendencia a h acer v ib ra r el

�color p o r la descom posición de la su p e rfi­
cie en pequeños planos. A p a rtir de este
m om ento, C andía e n tra en u n a nueva
m anera p ictórica q u e se prolonga acen
tu a n d o sus caracteres h asta el presente. Si
antes las líneas lím ites e ran usadas p a ta
a ce n tu a r las form as en sus contornos, hoy
se las explota en la búsqueda de arabes­
cos. Lo observam os fácilm ente en Las a m i­
gas (1946) donde en u n ritm o b lando se
confunde el brazo flexionado de la figura
de la izquierda con la p iern a extendida
de la derecha.
Si antes el color m odelaba las form as
—recordem os el R etrato de m u je r del año
1938 cuyas carnes, m anos y brazos están lo­
grados con sensibilidad de em ­
paste y m aestría de oficio—, a h o ­
ra n o contribuye a realzarlas
como volum en; en u n a expresión
superficial se conform a con in ­
sin u a r los rasgos.
Sin em bargo, si la construcción
se ab la n d a, la sensibilidad se e x ­
acerba en esa división de la su­
perficie en pequeños planos.
Paisaje de 1947 y Visión de la
sie n a del m ism o año son las
form as m ás acabadas de esta
tendencia: en am bas lo que b u s­
ca es q u e la p in tu ra sea sólo
color.
¿Por q u é a bandonó su an terio r
m anera, p o r q u é busca ex p re ­
sarse a través de u n solo ele­
m ento plástico? A p a rtir de La
reunión el a rtista debe haberse
descubierto a sí m ism o y su tem ­
p eram en to h a lla r la vía m ás có­
m oda para su expresión; hab la
m os de su tem p eram en to ro m á n ­
tico fren te al m undo, hipersensible p a ra trad u c irlo p o r el m e­
dio plástico color. Su ro m a n ti­
cismo consiste en esa p a rticu la r
disposicic i de volcarse en la re a ­
lid a d e x te rio r a fin de exaltarla
en su to ta lid a d o en alguno de
sus aspectos, en este caso en

A rie A r o c h :

G ente- en Saffad

el color. E n tre esa re alid a d y el artista
existe u n a ín tim a u n ió n expresada in te n ­
sam ente, p ero en cierta form a oculta bajo
ese parcelam ien to de la superficie a la
m an era de pequeños mosaicos irregulares,
q u e lejos de in te rp en e trarse al m odo cu ­
bista, no son o tra cosa q u e gam as tonales
sutilm ente diferenciadas. A hora bien, esa
cristalización en el m u n d o reducido del
cuadro puede teñirse de superficialidad
conform e la acepte como u n esquem a pre
vio a toda inspiración y creación. Si con
a trev im ien to decim os que el sentido p ic­
tórico que se desprende de la obra de
C andía es la de u n rom ántico no es para
em pequeñecer sus cualidades; solam ente

�querem os señalar a un artista contem po­
ráneo en qu ien u n a posición estética que
no es h ija de nuestro siglo, llega a tom ar
en su realización plástica u n a vaga reso­
nancia de m odernidad. Si a sim ple vista
su form a de decir nos llevaría a presagiar
u n posible cam ino hacia la p in tu ra des­
ligada de toda relación con lo anecdótico,
las cualidades sensibles del artista se dan
con ta n ta in d iv id u a lid a d en cada m ancha
de color, v ib ran de tal m odo en ellas, que
nos obligan an te todo a aceptarlo como
u n o de los m ás firm es representantes de
la estética neorrom ántica.
B lanca Stabile

OSCAR GA RCÍA R E IN O
H a b lar de O scar G arcía R e in o es h ab lar
de la p in tu ra que acepta lo n a tu ra l como
un sim ple p u n to de p a rtid a p a ra las e la ­
boraciones plásticas. D esde los prim eros
paisajes de 1944, La calle del silencio, P ai­
saje, fiesta las com posiciones con figuras
más recientes, se ve al artista q u e b ra r las
form as esquem áticas en planos, a b a n d o ­
nando al m ismo tiem po las arm onías g ri­
ses, con el propósito de alcanzar una ma-

A rriba: C an d ia : Las amigas, 1946.
Abajo: C an d ía : E l m odelo acostado, 1930.

yor dinam ización. En Máscaras y Flores
ésta trasciende les sim ples figuras; lo que
im p o rta en la apreciación es el desplaza­
m iento libre tras ellas de las zonas de co­
lo r que, en la sucesión de los lilas, ocres o
azules nos d a n el m ovim iento del espacio;
si antes el plan o se m ovía p a ra crea r una
form a, ah o ra lo hace p a ra crear la p ro ­
fu n d id ad del cuadro.
El cam ino de G arcía R eino es el de u n
cubism o analítico; si a ú n la descom posi­
ción de las form as no aparece rigurosa, si
no h a alcanzado u n ritm o m uy dinám ico
en la articu lació n de las líneas y de los
planos, es evidente que está ab an d o n an d o
las m odalidades q u e p u d iera n d e te rm in a r
u n a p in tu ra estática. B ueno es pensar si
la vía de G arcía R ein o es la q u e leg ítim a ­
m ente corresponde a su concepción p lás­
tica intelectualizada; si la experiencia c u ­
bista se rem oza com o contenido y form a
bajo su p aleta o si, como en casi todos los
cultores contem poráneos de ella, se tra ta
sim plem ente de recorrer u n a vez m ás u n
cam ino ya explorado. La m adurez defintiva
q u e se presiente en el a rtista lo d irá. (G a­
lería A ntú) .
B lanca Sta b ii .e

�I’AVEL T C H E L IC H E W
El In stitu to de A rte M oderno h a presen­
tad o después del A rte A bstracto francés,
una exposición de la obra de Pavel T chelichew.
Si la p rim e ra exposición era continuación
de la p in tu ra m o d ern a de este siglo y
cam ino hacia m ás grandes m uestras de
expresión, esta segunda es la m uestra de
un m ovim iento superrealista rom ántico ya
term in ad o y del cual no hay q u e esperar
nuevos brotes. P avel T c h e l ic h e w , re p re ­
sen tan te de la p in tu ra en boga en los
Estados U nidos, y u n a de las cum bres
com o escenógrafo, está m arcado con los
signos perecederos de la m oda.
Asom bro, h o rro r; son los calificativos para
u n cuento de Poe o p a ra u n a película
de m isterio. D ivertida po d ría llam arse a
la obra de T chelichew , pero éste no es
u n adjetivo aplicable a la p in tu ra , p o rq u e
la P in tu ra es algo m ás que u n acertijo,
más q u e el pasatiem po de en co n trar fig u ­
ras d e n tro de otras figuras. E n los cuadros
de T chelichew los a trib u to s plásticos de la
p in tu ra q u e d an olvidados p a ra recrearnos
con tem as literarios. P o rq u e es u n a p in ­
tu ra q u e especula con el asom bro y la
sorpresa p a ra esperar conm overnos; v a­
liéndose del tem a literario , como p rin cip al
elem ento plástico, cuando realm en te es u n
elem ento ajeno a la p in tu ra . E n realidad
se está frente a u n a p in tu ra que p odría
adjetivarse como fantástica, como h u b o en
el siglo pasado otras orientalistas, h istó ri­
cas y representativas de la ópera y el d ra ­
m a. Se p o d ría p e rd o n a r esta incursión en
el tem a p o r encim a de los a trib u to s plás­
ticos si éstos fuesen de alto valor pictórico,
¡tero se estaría an te el anacronism o de
re p re se n tar la fantasía p o r m edio de la
p in tu ra , cuando el cine puede pro p o rcio ­
n a rla con m il resortes diferentes, como
en las p elículas de la vida su bm arina o la
fantasía m ecánica construida sobre trucos
fotográficos.
En esta m uestra pictórica de T chelichew

■García R e in o : Com posición, 1948

se p u e d en ver todas las etapas de su p in ­
tu ra; desde la ingenua Canasta de frutillas
(1925) , pasando p o r las superficies paq uidérm icas del R etra to de hom bre (1927) ,
a la Corrida de toros (1934) , q u e está
en el terrib le filo de lo cursi; al su p e rrea ­
lista M uchacho leopardo, y al R etra to de
Lincoln K irstein que p a rticip a del affiche
p u b lic ita rio norteam ericano.
Desde 1939, T chelichew se o rien ta hacia
u n a p in tu ra de ilustración como en L a in ­
fancia de O nsen, a la m anera de R a c kh a m ,
el acuarelista inglés, o con u n sistema
anatóm ico radiográfico e n tre los q u e se
e n cu e n tra n La hoja dorada (1943) , su
o b ra m ejor lograda.
Sa m u e l F. O liver

�A

P

O

S

T

I

L

L

A

S

A ntonio S ibellino acaba de exp o n er u n con­
ju n to seleccionado de sus obras en la Sociedad
H ebraica A rg e n tin a . E scu ltu ra s y dibujos que
no hacen sino valorizarse cuanto m ás se los ve,
cada v ez que se tie n e la ocasión de cotejarlos
con lo que ha b itua lm en te se exp o n e ; se com ­
prueba entonces, lo que ya he dicho y escrito
m u ch a s veces, que es u n escultor de e xtra o r­
d in a ria g a rra y de u n a p robidad ejem plar.
N a d ie ha logrado en el relieve ta l p otencia
dram ática, n i en la escultura de bulto sim ilar
c o n ten ció n del m o v im ien to ■ e n tre p lanos firm es,
lo que le p e rm ite alcanzar la exp re sió n m o n u ­
m e n ta l m á s leg ítim a . P ero, ¿qué ha hecho
en los ú ltim o s años? Sobre todo, ¿ p o r qué no
ava n za h a sta v ig o riza r con los elem entos p lá s­
ticos que dom ina adm irablem ente, no sólo el
s en tim ien to que se aloja en las cosas, sino la
g ra n idea que las une, las exp lica y las
ju s tific a ?
T a m b ién H oracio I . B utler realizó u n a pe­
queña exp o sició n retro sp ec tiv a en la m ism a
sala. E l c o n ju n to no pudo ser m á s elocuente
en la dem o stra ció n del alto valor conquistado
po r él. S s v ió cóm o se ha ido tra n sfo rm a n d o
h a sta llegar a esa m a g n ífic a prom esa que es
L a p lay a de 1948. J . R. B.

Conocíam os a R oberto V iola como p in to r y
el año pasado sorprendió en el S a ló n N acional

con un a escultura Uena de in te n c ió n , v ibrante,
valiosa a pesa r de los errores que derivaban
seg u ram ente de u na técnica no bien aprendida
todavía. Y cuando era posible su p o n er que la
n u e va v ía no iba a ser abandonada, he aquí
su retorno a la p in tu r a en la reciente expo­
sició n de S in to n ía . R etorno a u n a p in tu r a de
e xtrem a d a riq u eza sensible, m ás asentada que
la a nterior, como s i la exp erien cia escultórica
lo h ubiera favorecido, pero por eso m ism o
encerrada y repetida. L os a rtista s inquietos
como él deberían com prender que no h a y m ás
cam ino posible que el de las ideas: les bastaría
a d v e rtir que ta n to en el plano de la p ro p a ­
ganda m a rx is ta o dem ocrática (e n los E .E .
U .U .) como en el de la p in tu r a abstracta, y
a u n en la fig u r a tiv a s i se tr a ta de los grandes,
Picasso p o r ejem plo, lo que p redom ina es la
te n ta tiv a de expresar u n a idea del m undo, la
cual debe s e r co n stru id a y no s en tid a a tra v é s
de los objetos que constitu y en la realidad
m a te ria l. J . R. B.

T re in ta obras de p in to res a rgentinos en el
S a ló n K r a ft. D estacam os tres. La n a tu ra le z a
m u e rta de Cogorno nos pareció ju s ta como
com posición y o ficio; con p a sta espesa dividió
la tela en tres zonas, verde, verde m u y oscuro
y ocre, y dispuso las cosas en ellas con ta l
ju s te za to nal que la arm onía lograda llega a
ser la e xp re sió n esencial del cuadro.
La
m a e stría dem ostrada por el a r tista no im pidió,
s in em bargo, que añoráram os o tras fo rm a s
e xp resionistas de su arte. C arlos U riarte , en
cam bio, se colocó fr e n te al pa isa je no para
volcarse en él, n i reproducirlo n a tu ra lística ­
m e n te, n i ordenarlo de acuerdo a esquem as
previos, sino p ara in fu n d irle sentido poético
con el m o v im ien to de las pinceladas. P or esto
la v isió n que nos da en sil P a is a je es esencial­
m e n te u n a v isió n lírica. A P edro B leuzet
a tra vé s de su J a r r ó n de b a rro lo hallam os
m u y apegado todavía a lo natural, pero lu­
chando p o r llevar su paleta a u n a recreación
de las fo r m a s; en este sentido el vaso, d efor­
m ado en el contorno, resu lta e xpresivo en la
tra n sp a re n cia lograda.
B . S.

S i b e l l in o : A m o r

�correspo ndencia

ESCRIBE DESDE M A D R ID ENRIQUE AZCOAGA
D u ra n te m ucho tiem po el escritor en fu n ­
ciones de crítico de arte, (que no hay
críticos de arte, cuando previam ente no
hay escritores, n i escritores que se consi­
d e ren cum plidos solam ente, con el e je r­
cicio de la crítica de arte) , com enzaba
las tem poradas lleno de confianza. E n el
m ercado co n ten d ían lo viejo y lo nuevo,
y ya se sabía, p o r conducta, p o r a ctitu d
y p o r p rin cip io , con lo q u e estaba el es­
c rito r. A estas a ltu ras del m u n d o , sin
em bargo, ocupados los hom bres en a lu m ­
b ra r u n a sociedad m ás ju sta y m ás a rm ó ­
nica, al escritor n o le parece m oral el
sectarism o artístico. Lo q u e tiene todavía
el atrev im ien to de resolverse con arreglo
a form as antiguas, le re p u g n a in stin tiv a­
m ente. Lo q u e sigue desde hace m u ch í­
simos años sin resolverse, a pesar de su
p lan te am ie n to con arreglo a form as n u e ­
vas, suscita en el escritor, q u e no h a su­
frid o en n in g ú n sentido accesos de reaccionarism o, u n a desconfianza p articu lar.
Es verdad, in d u d ab lem en te, q u e m ientras
los hom bres m erecem os a fuerza de sa­
crificio revolucionario, u n p la n o social
d onde el en te n d im ien to h u m an o sea su­
p e rio r a la disgregación presente, el arte
atraviesa ese p e ríodo de p e rp le jid a d que
se inicia en su h isto ria con la a parición de
los ismos. P ero es m ás verdad, desde
n uestro p u n to de vista, q u e u n a de las
cosas q u e tiene q u e reco n q u istar el arte,
si q u iere suponer la vérteb ra esencial de
u n sentido fu tu ro de problem as, es esa

facu ltad de com partir su v erdad con los
hom bres m ejores, sin q u e el a rte p ierd a
su razón de ser.
E videntem ente, u n h o m b re actual, se e n ­
c u en tra en p in tu ra , p o r ejem plo, con
q u e le resu ltan incom patibles todas a q u e ­
llas creaciones q u e p lanteándose con a rre ­
glo a form as antiguas, no sólo le re p u g ­
n a n p o r sus procedim ientos, sino q u e no
le en treg an u n caudal, u n a conquista,
esencialm ente beneficiosos. Pero, p o r otro
lado, los hom bres m ejores de nuestro
tiem po, los hom bres aurórales —en la sen­
cilla y m agnífica expresión de R oger
C aillois—, no p u e d en en te n d er, so p ena
de degradarse, de desactualizarse, a q u e ­
llas expresiones artísticas, q u e no p e r­
d ien d o ni p o r u n solo m om ento de vista
las form as nuevas, se p erm iten el lu jo de
no com partir lo q u e esas form as nuevas
expresan; puesto q u e p a ra eso, y para
q u e los críticos de a rte no nos volvam os
locos, son form as. A quéllas, las form as
antiguas, p o r procedim ientos ilegales e
inactuales, p re te n d ía n conm overnos con
u n a radical y no desarrollada m en tira.
P ero en éstas, en las form as nuevas, se
h a descubierto a lo largo de m uchas te n ­
tativas, u n vacio pavoroso al q u e en ú l­
tim a instancia significan, q u e tam poco
se puede com partir.
El escritor en funciones de crítico d e arte,
al prin cip io de la tem porada 1949-50, p ro ­
clam a tan ilícita la fu nción valoradora
de lo viejo, com o la q u e con u n a c o n tu ­

49

�m acia digna d e m ejor causa, e x alta lo
nuevo p o r encim a de todo. P o rq u e si
nunca estuvo con ese academ icism o p a ra
el q u e lo im p o rta n te resu lta “ ten e r m a ­
n o ”, n u n c a m ás estará, en ta n to anhele
u n m u n d o p o r v e n ir m ás peifecto, m ás
e n tra ñ a b le y m ás justo, con esos nuevos
de cincuenta o sesenta años, q u e llevan
este tiem po, afilando alfabetos, d e p u ran d o
form as d e dicción, cum p lien d o histó ric a ­
m ente con aquella higiene estética q u e
los ismos in au g u ra n , p ero sin cum plir,
a u n q u e sólo sea en form a a u ro ra l, esperanzadora y com o p ru e b a, con el com pro­
m iso básico del a rte : evidenciar u n a v e r­
dad.
N uestra disposición seguirá valiéndonos el
desprecio de los p o m p iers y desde este
m om ento e n el q u e resum im os lo que
desde hace algún tiem po venim os a d e la n ­
tan d o , las m aldiciones de esos m odernos
poseídos p o r la m ás consistente de las
contum acias, p a ra los q u e nu e stra a cti­
tu d supone u n regreso al norm alism o.
D espués de considerar los posibles fre n ­
tes, nosotros nos preguntam os p a ra e n te n ­
dernos e n tre todos u n poco, si las revolu­
ciones tienen otro sentido q u e el de e n ri­
quecer a la larga la norm alidad. Pues bien;
después de pensar, q u e no hay q u e p la n ­
te a r ni siquiera la respuesta, seguimos p re ­
guntándonos: ¿hasta cuándo va a estar el
arte m oderno en el terreno, dígase lo que
se qu iera, de los p rom etedores prolegóm e­
nos? ¿H asta cuándo, p o r u n a cobardía crea­
d ora e histórica q u e no es preciso concre­
ta r tam poco en exceso, los m odernos van
a seguir contentándose p o r lo general con
ser u n extrem ism o p e rm itid o de lo viejo,
y no u n a célula viva, revolucionaria y p o ­
sible, de aquellas criatu ras q u e en u n m u n ­
do p o r venir, p o r el q u e todos lucham os,
com partan la v erdad conquistada, con q u ie ­
nes p o r el in evitable proceso reconquistan
su h u m an a fertilidad?
Al comienzo de la tem porada q u e p e rió d i­
cam ente vam os a e n ju ic ia r, referirem os p o r
todo lo dicho los hechos artísticos q u e se

nos presenten, a dos coordenadas: a la de
lo positivo y a la de lo legitim o. Sintiendo
m ucho llevar dem asiado tiem po m ach a­
cando sobre estas cosas, n o es posible por
m ás tiem po valorizar lo nuevo, con exclu­
sión in evitable d e todo lo viejo, cuan d o lo
nuevo en a rte se lim ita a la novedad de
dicción, y e n el m ás c o rrien te de los casos,
a situarse a la page de todas las noveda­
des q u e se llevan p o r ahí. H ay u n a verdad
late n te , a p u n ta n d o en los hom bres a u ró ­
rales, q u e necesita d e la fecundación a r­
tística. Q uienes lo ún ico p a ra lo q u e en
d efinitiva vivim os es p a ra a n im a r con
n uestro entusiasm o u n a s veces, y con nues­
tro desencanto otras, ese rá p id o proceso
q u e nos lleve h a sta u n a sociedad donde
el e n te n d im ien to h u m a n o p e rm ita la con­
tin u ació n de la c u ltu ra , h a rto estancada,
no podem os seguir a te n d ien d o —puesto que
lo nuevo, com o hem os escrito recien tem en ­
te, se h a aburguesado de u n a m anera es­
pantosa— a las llam adas de u n supuesto
arte nuevo, q u e n o es positivo, ni epccalm ente legal. Sentim os m ucho a firm a r que
u n a rtista , q u e nos acerque m e d ia n te el
juego de form as viejas u n a v erd ad legal­
m en te alcanzada, nos interesa doblem ente
q u e aquellos m odernistas q u e valiéndose
d e nuestra consideración de hom bres ac­
tuales, nos estafan con originalidades, r e ­
tóricas m ás o m enos en boga, dicciones sin
contenido, etc., etc. Y q u e todo servidor
d el arte nuevo, conservador, reaccionario
m al q u e le pese, esclavo consciente o in ­
conscientem ente de u n a burguesía sin sen­
tido histórico, nos parece incapacitado p a ­
ra com partir con los hom bres aurórales, la
p o b re v erdad escasam ente expresiva, que
preocupándose de lo expresivo solam ente,
suele alcanzar.
Com o el escritor e n funciones d e critico
de arte tien e m ucho q u e ver con los re ­
descubridores de M editerráneos cuando se
aplica a u n a vida artística concreta, algo
tiene q u e a clara r p a ra siem pre: la abis­
m ática diferencia existente e n tre los valores
plásticos y los valores expresivos. U n c u a ­

50

�d ro no está legitim ado en u n a u n id a d de
valores plásticos, p o rq u e se en cu en tre lle­
n o de valores expresivos a la ú ltim a. El
alfabeto m oderno, la expresión d ep u rad o ra
de toda ganga lite raria, p o r ejem plo, no
garantiza estéticam ente si no se es u n sec­
tario , n in g u n a legitim idad. Con las jornias
viejas, se p o d ían sim u lar conquistas g ra n ­
diosas efectuadas p o r entendim ientos plás­
ticos m ediocres. Con las form as nuevas, des­
g raciadam ente p a ra el desarrollo necesa­
rio del a rte en el tiem po, se h a n sim ulado
h asta la locura, conquistas llam adas p lás­
ticas, q u e no h a n pasado en nuestro con­
cepto de conquistas de la expresión. Los
valores expresivos, son siem pre la piel —y
ya sabem os q u e las pieles deben estar sufi­
cien tem en te a la m oda— de los valores
plásticos. O su destello. Pero la obra, la
u n id ad artística, no se contrasta y legitim a
en sus valores plásticos, p o rq u e éstos se
p lan te en expresivam ente a la últim a, sino
p o rq u e los m ismos perennicen en la p le ­
n itu d estética correspondiente, u n a reve­
lad a verdad.
No hay norm alism o, regresión a conceptos
anticuados en nu estra actitu d , sino u n a
total intransigencia contra lo m ediocre, con­
tra la sim ulación sobre todo, llám ese vieja
o nueva. U na u n id ad artística se logra, no
p o rq u e sus valores expresivos se consigan
respecto a cánones antiguos o m odernos,
sino p o rq u e con arreglo a u n a solfa actual
n a tu ra lm e n te , u n hom bre an te el m ilagro
del m undo, o an te la dim ensión de un
d e term in ad o m u n d o subjetivo, p roponga al
espectador ideal al q u e dedica su obra,
c o m p a rtir determ in ad a verdad. Los m u n ­
dos plásticos expresados con arreglo a nor­
mas antiguas, ya dem ostram os —o dem os­
traro n p o r nosotros quienes se vieron o b li­
gados p o r el tu rn o — q u e e ran m en tira. Los
m undos plásticos —o poéticos p a ra n o ser
inexactos con la referencia— conseguidos en
v irtu d de form as nuevas, re su lta ro n m e n ­
tira desnuda, como tam bién se indicó. Pe­
ro la m en tira d esnuda en a rte , es la p u ­
reza. M entira desnuda en las artes plásticas

h a sido toda u n a serie de ten tativ as ex p re ­
sivas im p o rtan tes y dignísim as, p e ro m uy
poco fertilizadoras de la im p o rta n cia o de
la d ignidad de q u ien es las celebram os
ayer. Y en m om entos q u e la p ureza e x ­
presiva, no fecunda, dígase lo q u e se diga,
la esperanza de los hom bres, n o se p u e d e
seguir deseando u n m u n d o nuevo —como
no lo desean, claro está, surrealistas, v a n ­
guardistas, m odernistas, etc., etc., e n ta n to
vivan u n poco del m om io, incrustados e n
las burguesías económ icam ente d esarro lla­
das—, y al m ism o tiem po a p la u d ir se n ti­
dos y m aneras q u e no p o d rían n u n c a a l­
canzar vigencia trascendente, en u n m u n d o
m ás arm ónico, y p o r tan to m ejor.
¿Q ué vamos p o r lo ta n to a a p la u d ir e n el
desarrollo de la tem p o rad a 1949-1950? L o
positivo y lo legítim o. P lanteados a rrib a
u n a serie de p u n to s necesarios p a ra el
en te n d im ien to de nu e stra a c titu d nada
ecléctica p o r otro lado, ni n a d a sectaria,
¿cuándo podrem os decir q u e u n a o b ra d e
a rte está a la a ltu ra d el tiem po? C uando
apoyándonos, sin d a r a la cosa ta n ta im ­
p o rtan c ia , en la a ctu alid ad de unos d e te r­
m inados valores expresivos, valorem os la
dim ensión estética de la m ism a p o r su
g ra n contenido y p o r su trascendente v e r­
dad. La cursilería de los realistas como
m ensaje, no nos valió a los hom bres, cu an ­
do como protagonistas o espectadores, in i­
ciam os o seguim os el difícil destino del
arte m oderno. El vacío de tan tísim o nuevo
com o en el m u n d o subsiste, no nos vale
p o r o tro lado a quienes, protagonistas o
espectadores de u n tiem po en liquidación
y espera, necesitam os q u e los artistas, sin
in c u rrir en la to p iq u e ría de lo social d em a­
gógico, fecunden u n desarrollo vivo que
a n h ela nueva tie rra en q u e sem brarse p a ra
d a r sus frutos positiva y leg ítim am ente, con
u n a legal y positiva verdad. T odos sabe­
mos q u e con expresarse a la ú ltim a, hay
m uchos m edios artísticos en los q u e todo
vale. C on esto del a rte m oderno —como
decía aq u el am igo nuestro, u n poco cas­
tizo—, hay casi ta n to loco acreditado, co­

51

�m o tontos respetables y m edallados a rtísti­
cam ente, en el plan o del academ icism o ofi­
cial. L a disposición del escritor e n funcio­
nes d e crítico de arte al in ic iar la tem p o ­
ra d a , n o está a favor de las expresiones,
sin o de los valores plásticos. Y los valores
plásticos —grandes y m ediocres pintores
q u e a u n seguís viviendo del cuento de la
expresión enconadam ente m o d ern a—, no
serán cotizados hu m ild em en te p o r los q u e
querem os en la vida y en el arte, la recon­
q u ista del ángel p o r ejem plo, de lo legí­
tim o, d e lo positivo, y p o r ta n to de la
verdad.
R ecientem ente e n tre nosotros, u n hom bre
m uy in teligente, term in ab a u n a m onogra­
fía sobre Salvador D alí asegurando con la
firm eza q u e le pro p o rcio n ab an sus a rg u ­
m entaciones lógicas, q u e los artistas se d i­
vidían definitivam ente en dos clases: en
artistas con ángel, y en artistas sin él. P ara
n uestro p a rtic u la r am igo, Salvador D alí
era u n artista con ángel. Nosotros, con to ­
dos los respetos, a p arte creer q u e el a rtista
español es u n p in to r con masilla en todo

caso, quisiéram os ded icar u n largo ensayo
a d em ostrar q u e lo q u e h a desterrado d o ­
lorosam ente el realism o p rim ero, y el arte
m oderno m ás tard e —e x cep tu an d o claro
está el g ran Im presionism o—, h a sido p re ­
cisam ente el ángel.
P orque tantos cuadros realistas, n o eran
o tra cosa q u e teatrales escenarios, se in i­
ció la era de revisión q u e en re alid a d su ­
p onen los cincuenta años de arte nuevo.
P ero p o rq u e en todo el tiem p o q u e tra n s­
curre, desde el g rito del C ubism o p o r
ejem plo, hasta nuestros días, no se h a con­
seguido p len a m en te q u e los valores p lás­
ticos estén llenos de u n a v erdad beneficio­
sa, positiva y p o r ta n to dinam izados p o r
ese ángel, es preciso reconquistarlo.
N egando la sal y el agua a unidades viejas
y nuevas q u e no lo co m p artan con nosotros.
N ecesitados como estam os de u n a rte m ila ­
groso q u e actúe sobre la v o lu n ta d de ser
d el hom bre, com o siem pre actuó.
E n r iq u e A zcoaga

M adrid, setiem bre 1949.

ESCRIBE DESDE PA RIS D A M IA N CARLOS BAYÓN
E n el P etit-P alais, en las m ism as salas d e ­
dicadas hace poco a las obras m aestras de
la Pinacoteca de M unich, se expusieron
ú ltim am e n te centenares de grabados p ro ­
venientes de m uchos países de E uropa y
algunos de Am érica. E n el prólogo del
m agnífico catálogo, V allery-R adot, C onser­
vador del Museo de Estam pas, explica el
origen de dicha exposición y señala su
im p o rtan cia. A hora bien, el criterio con
q u e se eligieron las obras varió según los
países, p red o m in an d o en unos u n criterio
académ ico y en otros u n sentido m ás avan­
zado e interesante. H ablarem os sim ple­
m ente de la calidad de las obras; no sa­

52

bemos en térm inos absolutos lo q u e vale el
grabado contem poráneo de tal o cual otro
país.
E stados U nidos está m uy n u trid a m e n te re ­
presentado pero su con trib u ció n no es m a ­
yorm ente interesante. Los norteam ericanos
h e red a n de los ingleses u n a técnica im pe­
cable, pero en la m ayor p a rte de los casos
tienen poco q u e decir. N o inven tan form as
expresivas nuevas, en el colm o de la falta
de im aginación re cu rre n a esas fatigosas
com posiciones de “m o n ta je ” en q u e u n
trozo de ferrocarril elevado se inserta en
u n rascacielos y un as figuras como h o rm i­
gas se encargan de significar la crítica so­

�cial. H ay algún in g en u o q u e cree que eso
hace m oderno sin com prender q u e son
construcciones q u e no se sostienen, falsas
p o rq u e los au to res n o son espíritus re a l­
m ente originales —pensam os p o r ejem plo
en D e l a u n a y y sus visiones caóticas y a d ­
m irables de la T o rre Eiffel—, que copian
m ecánicam ente y hacen u n a academia d i­
sim ulada pero q u e n o puede en g añ ar a
nadie. C laro está q u e hay excepciones: a l­
gunos extranjeros radicados en E.E.U.U.
son m ás originales, llevando sus fuerzas de
origen y desarrollándolas sin q u e parezcan
te n e r m ayor influencia sobre el resto. Y
hay ese artesano acendrado, de poco vuelo
—pese a sus tem as u n poco g randilocuen­
tes— q u e es R ockw ell K en t , y hay ese
o tro e x tra o rd in a rio a rtista —p a ra nosotros
el m ás grande de aquel país— que es J oh n
M a r ín . E n unos grabados pequeños en que
el blanco pred o m in a y canta sobre la p la n ­
cha, M arín va g arab atean d o su incisión:
tem blorosa, indecisa, de trazo corto, y con
esa a p are n te inepcia (tan distinta de la
seguridad, el aplom o y la m ano de R ock­
well K ent) va creando sus veleros en el
m ar, sus g u irn ald as de caracoles, sus olea­
jes y sus cielos, q u e a veces no son más
q u e cesuras blancas, m uy vibrantes entre
dos líneas-lím ite sabiam ente dispuestas p a ­
ra sostener sin pesar.
M enos papistas a pesar de ser los Papas
del g rabado académ ico, los ingleses se re ­
nuevan, sobre todo en ciertos buenos a rtis­
tas. T a m b ién ellos g raban en colores y
a p o rta n u n a croraía d istinta: árid a e
inesperada. U n am arillo lim ón sucio de
verde, se u n e a u n celeste inocente y tu r ­
quesa y se codea con u n carm esí ardiente
y ex trañ o . Colores apenas frotados se com ­
b in a n en las m onocopias y casan m uy bien
cuan d o el a rtista es grande como G raliam
Su th erla nd . H ay siem pre u n resto, u n
fo ndo de grabadores a lo Brangw yn que
hacen m e d ita r en la pésim a influencia
q u e puede ejercer u n a m anera h o n ra d a y
cabal en sí.
P e ro hay q u e d ecir en descargo de los

53

ingleses, q u e estos ú ltim o s son los m enos,
q u e se nota allí y en todas las ram as del
a rte , u n a renovación y la afirm ación p a u ­
latin a de una concepción del m u n d o to ta l­
m ente original, que debe poco a la Escue­
la de París y q u e busca expresarse p o r sí
m ism a, inv en tan d o —como debe ser— sus
pro p ias form as gráficas y sus contenidos de
color. El balance general es el de u n a m e ­
sura, u n cierto aticism o q u e en el g rabado
inició, a nuestro m odo d e ver, ese notable
ilu stra d o r y g rabador que es E ric G il l .
E n las n u trid a s salas dedicadas a Francia,
aprendem os u n a lección bien in ú til y p e ­
rogrullesca: q u e los buenos artistas son e x ­
celentes y que los m alos no p u e d en d e ja r
de serlo. En efecto: cientos de nom bres
nos hacen dem o rar p o r las paredes-páram o
sin en co n trar u n a línea original, u n a con­
cepción total in teresan te a u n q u e fu era
equivocada o en em brión. N ad a. Y de
p ro n to —los ojos solos, antes q u e n u e stra
inteligencia— pegan u n salto: nos hem os
tropezado con u n B r a qu e , u n P icasso o
u n D u f y . T o d o s ellos, los grandes, e stán
aq u í representados a u n q u e sea con pocas
obras. A ndré M asson —q u e en algunas
ilustraciones de lib ro nos d ejab a apáticos—
com pone aquí con fuerza q u e hace recordar
la del a rte cristiano prim itiv o : fuerza u n
poco b á rb a ra pero llena de e sp iritu a lid ad
q u e busca deno d ad am en te expresarse. J ac q u e m in en el polo opuesto está re p re se n ­
tado con algún g rab ad o q u e ya vim os en
B uenos Aires. R ico de blancos, com po­
n iendo u n poco com o u n p in to r chino sus
cam pos de trig o y las arboledas q u e lo li­
m itan . E n o tro extrem o —y co m pletam en­
te suyo— G r o m a ir e construye sus círculos,
sus esferas, sus enrejados de líneas y con
ellos, sin geom etrizarse n u n ca d el todo
acierta a crear su re alid a d y a im p o n é r­
nosla con u n p o d e r de necesidad típico de
los grandes artistas. W a r oq u ier u n poco
vacío siem pre, coquetea con su d ib u jo
evidentem ente sabio en u n neoclasicism o un
poco decorativo y b a stan te frío. P ero en
cam bio allí cerca, sólido y ro tu n d o como

�siem pre, está R o u a u l t con sus litografías.
Pocas veces, salvo Goya quizá, el negro
litográfico h a sido m ás intenso, m ás negro
q u e en R o u a u lt. E n él la negación del co­
lor tom a verd ad era categoría de color. Es
el negro el q u e com pone sus adm irables
litografías, q u e canta p ro fu n d o p o r los
blancos y los hace valer. Sus juglares e te r­
nos, sus C ristos m ortificados, sus payasos,
están ya fijos p a ra siem pre en el cielo m a ­
yor del a rte verdadero. D u fy tam bién en
su m u n d o d e gracia, no tan frívolo como
algunos creen, nos alegra con sus maderas
com pactas, llenas de vida y vibrantes h a s­
ta en el ú ltim o rincón de la plancha. X ilo ­
g rafías en la m ejor tradición de la viñeta.
D erain en pocas litografías se m uestra el
p o n d erad o d ib u ja n te q u e ya conocemos;
n a d ie como él p a ra p erseguir d u ra m e n te
u n escorzo de rostro de m u je r; n ad ie co­
m o él tam poco p a ra dejarlo así, apenas in ­
sistido, en la e te rn id a d de lo sereno. A su
lado M arie L a urencin parece floja, am a­
nerada, ñoña. Los g randes ojos de gacela
de sus personajes d a n u n poco al vacío, no
a l m isterio como a firm an sus a d m irad o ­
res. G oerc —q u e acaba de g a n a r u n p re ­
m io m uy codiciado de p in tu ra — está a q u í
com o en sus m ejores grabados; oscuro, te ­
nebroso, construyendo selvas de árboles,
d e figuras am algam adas con luz y tiniebla.
D espués de tan ta prim acía del blanco de
sus com pañeros de sala, se agradecen sus
p e n u m b ra s im bricadas, su expresionism o
vegetal ilógico y an tilú cid o . C hagall g ra ­
cioso, incisivo, en u n a cualid ad ensoriana
q u e apenas le sospechábam os y, en cam bio,
M atisse —del q u e ta n to b u en o hay q u e
d e cir en su gloriosa exposición de estos
días en el M useo de A rte M oderno aquí
m ism o en París— no se halla en el grabado,
dem asiado frío p a ra el q u e recorta, goza,
pega papeles, se divierte en la m ate ria de
sus lápices grasos, sus tin ta s chinas o sus
óleos suntuosos de p asta y de color. El
g rab ad o exige dem asiado ascetism o, d em a­
siada abstracción p a ra este viejo genial.
E n cam bio P icasso y B raque tienen a ú n

q u e asom brarnos u n a vez m ás. El prim ero
con dos grabados, m uy conocidos, d e tem a
m itológico en q u e la lín ea oscura hace
som bras en u n trazo crespo com o u n a ca­
b ellera tu p id a o cierra sim plem ente un
lím ite d ejan d o blancos —¿sin term inar?—
q u e son lo ju sto necesario p a ra sugerir sin
d a r todo, ú ltim a lección de los verdaderos
grandes artistas. Y B raque, joven e n tre los
jóvenes, se atreve a la lito g rafía e n siete
y ocho colores y sobre papeles oscuros o b ­
tiene unas com posiciones de teteras, platos,
lim ones en q u e los am arillos v ib ran como
u n a carne de color ap licada sobre el p a ­
pel, en q u e los negros relucientes de la
loza b rilla n com o las alas d u ra s d e u n
coleóptero gigante.
D inam arca está re p resen tad a dignam ente;
la in fluencia de Z orn se sigue a d v irtie n ­
do en sus grabadores. Esa línea p a rd a , m uy
fina q u e raspa la p lan c h a y se expresa co­
m o la aguja de u n a p a ra to de física r a ­
yando apenas la superficie básica, está en
todos ellos usada con m ayor o m enor
fuerza com unicativa.
Suecia en cam bio d e fra u d a e n su a c a d e ­
m ism o recalcitrante. B ó r je V eslen es b u e ­
no, u n a especie de K athe Kollwitz e n su
expresionism o doloroso.
F in lan d ia tam bién como Suecia está e n
cam inos trillad o s y q u e no llevan a nada;
lo q u e dicen los grabadores finlandeses está
ya dicho —y m ejo r— p o r los m aestros q u e
vam os a e stu d ia r y a a d m ira r en los m u ­
seos.
N oruega, en cam bio, n o tien e aportes de
g ran valor, pero va p o r la b u e n a senda
del grabado, p ro b án d o lo todo, acertando
g eneralm ente en el color — nota do m i­
n a n te en toda la exposición. E n tre los
nom bres nos llam a la atención p o r lo ilu s ­
tre m ás q u e p o r m éritos propios: u n G a u g u in —descendiente quizá— q u e n o sig u e a
su antepasado sino q u e levanta u n g allo
picassiano (¡C uántos, Dios m ío, desde C la­
vé h asta N oruegal) y lo realza de c o lo r
atrevido.
H o la n d a ya es o tra cosa. E l país de los

54

�excelentes affiches, de la tipografía m o d er­
na m ás cuidada, de la com posición in d u s­
tria l m ás im pecable, de la decoración de
interiores m oderna m ás sana, es u n país
al tan to d e l g rabado en nuestros días.
E lernbaas tiene algunas obras notables en
su deform ación y en su sentido. P ero la
c o n trib u ció n general escasa, lo cual es la ­
m en ta b le p a ra el espectador ávido.
Bélgica en general d a u n a sensación aplas­
ta n te de pesadez, pero cuando nos acer­
cam os a las paredes nos alivia E nsor siem ­
p re delicado, doloroso, único y M asereei.
p o r lo contrario: su fuerza b ru ta, su d i­
b u jo hecho y restregado con sangre negra.
Eo dem ás, académ ico, p ero nunca tan to
v tan vacuo com o lo q u e nos envían de
G recia. Esa p a la b ra q u e tiene siem pre m a ­
gia p a ra nosotros suena a q u í a chato, fal­
so y lo q u e es p eor a m al grabado.
Suiza, sin o riginialidad, se defiende con
g a lla rd ía en E r n i q u e d ib u ja bien, con B a rraud q u e sabe siem pre u n poco a un
B érard provinciano pero noble.
Q u ed a Italia, copada esta vez p o r M o r an m y B a r t o l in i . Del prim ero nos gozamos
en sus m edias tintas, sus botellitas, c a n d i­
leros —sus objetos de siem pre— sim plem en­
te alineados sobre u n a mesa cualquiera.
Es u n g ran artista: fuera de los grandes
de Francia, el m ás com pleto de toda ¡a
exposición. B artolini a su lado es in te re ­
sante en sus composiciones de calidad su ­
cia deliberadam ente.
E l U ruguay m uy m al representado, en un
am ericanism o de indios y de color local
b a rato q u e n o sabemos de dónde puede
salirle.
L a A rg en tin a no está representada pero
en la sección de E.E.U .U. hay u n herm oso
g ra b ad o de L asansky : re tra to de su hijo.
D e M odigliani en su torsión de cuello y
cara, es original en lo p ro fu n d o con u n a
herm osa m ancha am arilla que d a luz en
la zona de los ojos. L iberándose poco a
poco d e la obsesión de Picasso y dándose
él en lo q u e tiene de m ejor.
Y D e l h ez —e n tr e los belgas— ta m b ié n d a

55

a q u í su lección de p ro b id ad , de g ra n ca­
pacidad en los m edios y poco vuelo e n la
invención. Ilu stra d o r n ato , sus macizas com ­
posiciones m uy e q u ilib rad a s de b lanco y
negro en trazos finos y p aralelos son uno
de los agradables descansos en este marem ag n u m de exposición m uy m erito ria p o r
las d ificultades m ateriales q u e im plica y
fracasada sin em bargo en la no consecu­
ción de su objeto: d a r u n a m uestra cabal
d el estado d el g rabado contem poráneo en
el m u n d o entero.
En el G rand Palais y contem poráneam ente
a la G ran Exposición de F ilatelia se ha
realizado este año el Salón de A rtistas D e­
coradores Franceses, tenien d o a H o la n d a
com o in vitado de h o n o r. Salones y salones
llenos de m uebles, tapices, alfom bras, lá m ­
paras, nos h a n dado la p a u ta d u ra n te u n
m es de las fluctuaciones del gusto, de lo
q u e se p u ed e esp erar del arte decorativo
francés, d e los p roblem as q u e im plica lo
m oderno com o concepción de vida. D iri­
gió la exposición J acques A dn et y su tem a
fue: L as edades d el hom bre. E m pezar a
e n sa rta r nom bres u n o de trá s de otro h aría
justicia m ás q u e cosa alguna, p ero pensa­
mos q u e p a ra el p úblico alejado de París,
esos n o serían precisam ente m ás q u e n o m ­
bres y preferim os h a b la r en térm inos ge­
nerales. Los artistas consagrados de F ra n ­
cia, los q u e tie n e n u n a fam a hecha y gene­
ra lm en te u n a casa d e decoración pro p ia
o q u e los respalda, son a q u í u n fiasco.
T errib le s p o r lo pesados y lo feos los
m uebles de L e l e u , q u e si so rp ren d ían en
la fam osa Exposición del año 1925, ahora
no sólo nos dejan im pávidos sino q u e nos
obligan a p ro te sta r a n te el e rro r. De una
a rtesanía a d m irab le insisten en la form a
m ás equivocada en u n concepto m era m e n ­
te decorativo del m ueble. L a cóm oda, o
el m ás tem ible a ú n bargueño sin uso ni
form a defin id o se yergue inhospitalario,
incóm odo, con bom bes inexpresivos, con
incrustaciones de m aderas preciosas que
son u n a lard e pero q u e si bien se ju stifi­
caban en el L u is XV p o r ejem plo, están

�com pletam ente fu e ra de lu g a r en n uestro
días. Com o fu n d ó n y com o e sp íritu . Y
adem ás llevan e n sí u n pecado peor: son
feos. U n poco m ás condescendiente se p u e ­
de ser con J ean R oy er e —q u e a veces
acertó— q u e sigue insistiendo en su h o ri­
zontalidad, p e ro q u e envía unos sillones
tan pesados como u n coloso egipcio y unas
lám p aras rebuscadas q u e se hacen insopor­
tables a los dos días de verles h acer p i ­
ru e ta s p o r el aire. J acques A dnet q u e es
u n conservador (en el p e o r sentido de la
palabra) d em uestra m ás gusto sin e m b a r­
go: sus m uebles de flejes forrados d e cue­
ro m uestran u n acabado im pecable y si
bien convencionales y u n poco traídos de
los cabellos, se ven con ag rad o y sirven
p a ra sentarse (lo q u e ya es m u ch o en
esta confusión de u ltra m o d ern o s y ultraatrasados) .
A lgunos de los dem ás, m ucho m ejor. H ay
u n c o n ju n to de excelentes m uebles p a ra
los A lbergues de Ju v e n tu d , q u e son lo que
deben ser: nobles, económ icos, dignos, ale­
gres, prácticos y juveniles. Su a u to r, G asc oin m erece recordarse. T a m b ié n H itier
estudia y resuelve con g ra n ingenio p u p i­
tres p a ra escuelas hechos en tubos p in ta ­
dos al duco y m adera. L as form as no son
agresivas sino redondeadas (sin inútiles
aerodinam ism os) y se sospechan a n ató m i­
cas y acogedoras. H ay algunos am ueblam ientos p a ra h o tel p o r D urussel y otros
tam bién en tubos p o r M o tt h ea u q u e son
u n alivio al lado de lo dem ás, pesado y
pretencioso. E n general en este renglón del
m ueble se n o ta, p o r el lado bueno, u n a
tendencia a in co rp o ra r form as q u e siem pre
em piezan a usarse prim ero en la técnica.
M um ford lo señala en los barcos, Le Corbusier lo ad m ira e n las m áquinas, G iedion
lo estudia en su ú ltim o lib ro con m ucha
sagacidad. A hora las curvas, las m aderas
m oldeadas de las carlingas d e avión, em ­
piezan a in v ad ir el d om inio d e la vida es­
tática. Y es u n enriq u ecim ien to p a ra el
estilo q u e busca denodadam ente ex p resar­
se. H ay sillones q u e son sim plem ente u n

56

esqueleto desm ontable q u e se re cu b re de
esponja d e gom a. Y son livianos siendo
sup rem am en te cómodos. N o nos engañe­
m os —no nos dejem os en g añ ar— p o r esas
form as q u e desde hace unos años nos tie n ­
ta n p o r avanzadas (prim ero sillas de
B reuer p a ra la B auhaus, después arm azo­
nes sim ples con u n a tela o u n cuero tenso
q u e re p ite n c u atro o cinco siglos después
las incom odidades de u n sillón de v aqueta,
sacrificando com odidad a lín e a ) ; b u sq u e ­
m os e n lo m oderno lo q u e el h o m b re con­
tem poráneo debe esp erar de sus m uebles
en esta era de técnica superavanzada: practicidad, com odidad, livian d ad , facilidad de
lim pieza, econom ía, d ib u jo y m ateriales de
calidad.
Com o ya hem os dicho la p a rte oficio es
a d m irab le en Francia: el cuero, el coco,
la m adera, el h ierro , la cerám ica, el cris­
tal, las alhajas, etc. todo está trab a ja d o p o r
m anos m aestras, ya sean p roductos a rte ­
sanos o standard. D e esa perfección hay el
derecho de exigir p u reza de inspiración y
a ltu ra de m iras.
O tro p roblem a q u e se le p la n te a a l arte
decorativo m oderno, p aralelo al de lo có­
m odo y lo incóm odo es el de lo lujoso y
lo sim ple. El p e o r e rro r a n u e stro juicio
de esos decoradores famosos de los q u e
ya hablam os, es el afán de crea r m uebles
de lujo en u n a época q u e n o los necesita.
Es irrita n te ver el tiem po y el d in ero p e r­
d ido en operaciones q u e n o lle n a n u n a
necesidad d e n u estro siglo. P o r eso los es­
candinavos y holandeses están a la cabeza
d el a rte decorativo de n u e stra época, p o r­
q u e h a n co m prendido q u e se tra ta de n o ­
bleza de m ateriales, de calidad de ejecu­
ción, de p ureza de concepción, d e alegría
en los colores y e n las form as leves. D ecir
m oderno y lujoso (en el sentido peyora­
tivo) es u n co n trasen tid o y u n e rro r. El
q u e no lo sabe ver n o saldrá n u n c a del
atolladero. Ese m ism o pro b lem a d el lu jo
se ve claram ente e n los otros rubros. La
cerám ica d e esta exposición es in teresan te
p o rq u e no se gasta en in ú tiles copias de

�Sévres o Saxe sino q u e se inspira en lo
p o p u lar, en el sim ple cacharro ya sea cre­
tense o picassiano, q u e en una sim plicidad
suprem a de línea y u n a gran elegancia
en las form as se integra al paisaje dom és­
tico sin u n a nota de lu jo y pretensión
d eto n an te. Lo m ism o puede decirse del
m im bre y sus tejidos. L a cestería, arte a n ­
tiguo, despreciado en m uchas épocas, re ­
nace hoy p a ra crear utensilios claros, li­
vianos, baratos y hermosos. E n estas tres
artesanías q u e hem os citado en ú ltim o
térm in o hay u n nom bre q u e se im pone:
el de T yra L undcren que es u n ejem plo
q u e viene de Suecia y q u e es digno de
im itar. Los pisos B ourdillon de M arsella,
pese a ser sim plem ente m ateria comercial
son dignos de todo elogio, de gran calidad
y belleza de form as, son u n a ayuda para
el q u e proyecta buscando nobleza y sim ­
plicidad.
E n las a lh a ja s h a y u n a a r tis ta q u e in n o ­
v a: L u c ien n e L ason ; e n las m a d e ra s u n
ta llis ta q u e se .goza e n la m a d e ra com o u n
v e rd a d e ro e sc u lto r: A lexandre N o l l , sus
p la to s, sus ja r r a s tie n e n fo rm a s ala rg a d a s
y e le g a n te s co m o g u ija rro s o tro n c o s e ro ­
sio n a d o s p o r el a g u a d u r a n te siglos.

U n cap ítu lo negro en la exposición es la
nefasta influencia de L ur ^at y sus tapices
sobre los dem ás decoradores. M agníficos
en cam bio los vitrales de L abouret . E l
d ib u jo sostiene p lenam ente el color y
el c o n ju n to no es ese desvaído y desganado
v itra l gotizante sino la concepción fu e rte
de u n p roblem a eterno.
Los holandeses bien como siem pre, dando
su lección de buena p ropaganda m u ral
en excelentes cartelones de color agrio y
diso n an te a propósito, u n affiche e xpre­
sionista q u e h a b ría que oponer al clásico

57

francés de C assandre o d e C o l ín . Estos
colores u n poco d e calcom anía existen ta m ­
bién en folletos, catálogos, etc. y son u n
nuevo enfoque del lla m ar la atención, que,
d u ra n te estos últim os tiem pos estuvo a
cargo p rin cip alm en te de los colores p r i ­
m arios, el negro y el blanco.
Los m uebles de H o lan d a son buenos, có­
m odos, p a ra gente feliz. H ay u n a cabina
de trasatlántico en q u e todo el lu jo está
en el confort, no e n la acum ulación de
m ateriales costosos p o r sí (y p o rq u é sí)
com pletam ente fu era de lu g a r en u n barco
de nuestros tiem pos. Q uizá se le p u d iera
o b jeta r a toda la c ontribución holandesa
como a la escandinava co ntem poránea en
general el hecho de q u e su sentido de
claridad, de lim pieza, de orden, es u n
poco sin alm a, pero lo q u e p u e d e parecer
frío en el stand de u n a exposición no tiene
p o rq u é serlo en la in tim id a d de la vida,
en que las flores, las p lan tas, los libros, la
m úsica y la gente m ism a —suprem o objeto
de todo este afán — le prestan calor, color
y u n a vida im posible de m o strar en u n
d ib u jo o u n a reconstrucción ocasional. Y
a u n q u e así fu era, este higienism o de la
decoración es saludable, es el b u e n cam i­
n o (au n q u e no sea la m eta ya alcanzada) ;
el m alo, el peligroso es el otro, el de
ponerse a in v e n ta r copiando lo q u e no
se puede ni se debe, copiar lo q u e a d m i­
ram os en m useos y ya está hecho, term i­
nado y q u e culm inó en form as y form as
de vida q u e no nos pertenecen y q u e se
resp etan m ás d ejándolas en su sitio q u e
q u e rie n d o revivir cadáveres venerables para
q u e ganen batallas después de m uertos
com o cu en ta la leyenda antigua.
D a m iá n C arlos B ayón

�miscelánea

• Hace pocos meses los aficionados americanos al arte moderno tuvieron
oportunidad de ver el enorme mural de J oan M iró que cubría casi 90
metros cuadrados en el vestíbulo del Museo de Arte Moderno en Man­
hattan, pero desde el pasado mes de junio, ese mismo mural se encuentra
decorando el bar del nuevo hotel Terrace-Plaza, en Cincinnati. El res­
ponsable de esta unión entre la cultura y el comercio es Mr. J ohn J.
E mery , al mismo tiempo presidente del Museo de Arte Moderno de Cin­
cinnati, y de la compañía propietaria de ese hotel. Además de la obra
de Miró se verán en el Terrace-Plaza un mural de Steinberg y un móvil
de C alder.
Mr. J. T. Soby, del Departamento de Pintura y Escultura del Museo de
Arte Moderno dice, acerca de Miró: “De los pintores pertenecientes a ge­
neraciones posteriores a Picasso, ninguno se adapta a la decoración en
gran escala tan bien como Miró. Sus cuadros de caballete se destacan
por la frescura del tema, colores provocativos, notable intuición espacial,
una rica fantasía lineal, tendiendo siempre a la alegría. Aunque todas
estas cualidades puedan verse en el panel del Terrace-Plaza hotel, no
queremos decir con esto que el artista simplemente agrandó uno de sus
cuadros de caballete; él ha meditado cuidadosamente sobre todos los pro­
blemas especiales impuestos por el tamaño del mural y su ubicación. No
necesitamos saber lo que ese panel representa o significa, ha sido creado
para estimular, no para preocupar, debe ser absorbido placenteramente
más que estudiado, como música que se escucha, a través de uua ventana
abierta.”
Hasta ahora, el arte moderno había sido tratado o con indiferencia o con
demasiado respeto, quedando escondido en museos; pero en el TerracePlaza Hotel, al parecer, está para que todos —artistas, propietarios, comen­
sales— disfruten de él.

58

�• Después de once años de trabajo y de paciencia el Metropolitan Museum
de Nueva York exhibe en su museo de los Cloisters a orillas del Hudson,
la famosa tapicería llamada de Los nueve héroes, que estaba muy deterio­
rada y acaba de ser reparada. Se trata nada menos que de una de las obras
maestras en su género y proviene del siglo X IV francés.
• El v isitante q u e llega al estudio de L e C orbusier , en plen o b a rrio existencialista
(desde hace casi trein ta años) se e n cu e n tra con u n largo friso de m aderas entrecruza- (jj
das q u e lim ita n zonas de diversos colores. N o es decoración —a u n q u e al m ism o tiem po
lo sea— sino la grille (la reja, a u n q u e no se traduce el térm ino), invención de Ascoral
(A sem blée des C onstructeurs p o u r u n e R en o v a tio n A rchitecturale) y del p ropio Le
C orbusier. Esta grille se utiliza p a ra el análisis y la dem ostración de los com plejos
problem as inherentes al urbanism o y con ciertas m odificaciones sirve tam bién p a ra la
a rq u itec tu ra. El m aestro y sus alum nos h a n p resen tad o a la grille con el proyecto de
urbanización de Buenos Aires en el Congreso de CIAM q u e se realizó en Bérgam o
recientem ente. Esperam os q u e ese tra b a jo tan im p o rta n te especialm ente p a ra los p o rte ­
ños tenga m ás ad elante divulgación aquí.
•
E n P a rís se realizó hace poco tiem p o u n a exposición dedicada a la ta p ic e r ía fran c e sa . P o r
d e sg rac ia no se rem o n tó ta n to como p a ra que p u d ie ra n s e r estudiados sus orígenes. A rra n c ó
del siglo X V II p a ra te rm in a r en n u estro s d ías con el a u ge — u n poco inexplicable— de L urqaT
y sus im itadores. E n el p lan o h istó ric o volvió a re p e tirs e el duelo e n tre las fá b ric a s de
S a v o n n erie y A ubusson. Al m ism o tiem p o se realizó u n a exposición de re lo je ría a n tig u a .
Como se ve, n in g u n a de las a rte s m enores queda a b an d o n a d a en esa ciudad, a le rta sobra lo
nuevo, p e ro sin descuidar su s siglos gloriosos n i sus a rte sa n ía s tradicionales.

• Uno de los grandes atractivos de la extraordinaria exposición de
G iovanni B ellini, que se acaba de realizar en el Palacio Ducal de Venecia,

es sin duda su mise-en-scéne y lo decimos asi, abusivamente, porque las
palabras arreglo o decoración nos parecen tibias e inexpresivas en este
caso. El responsable es el arquitecto veneciano C arlo Scarpa, quien ha
dado pruebas de gran originalidad, atrevimiento e ingenio para poder
hacer un trabajo tan interesante con medios muy precarios. Se trataba de
exponer las obras del pintor de manera atractiva y nueva, y para ello
Scarpa las puso sobre una tela rugosa pintada de un blanco inmaculado,
sin otro marco que una estrecha varilla de madera natural. El efecto
parece que fué inesperadamente feliz, no sólo por la mayor atracción, sino
por la mayor luminosidad que se logró. Tampoco la disposición de los
cuadros fué la corriente: el arreglo asimétrico, con tabiques oblicuos a
los muros, dió movilidad al conjunto transformándolo en una cosa viva.

59

�• N o fu é p e q u eñ a la conm oción creada p o r la decoración ultram oderna que g uió la
reconversión del barco A R G E N T IN A , de la M oore M ac Corm ack L ines, después de la
guerra. Para viajeros acostum brados a las tallas rococó, y a los m uebles de estilo, nada
p u d o ser más sorprendente q u e los m urales abstractos o las sillas anatóm icas. Pero
ahora q u e los ataques de los escandalizados ante este ro m p im ie n to de iconos se han
acallado, se p u e d e ver el enorm e significado de este suceso: p o r fin se abandona el
esfuerzo de agobiar a los pasajeros con interiores extravagantem ente lujosos, para
ofrecerles, en vez, u n cóm odo, herm oso y alegre fo n d o , para u n viaje transatlántico.
A l m ism o tie m p o , los artistas abstractos han conseguido una de sus escasas o p o rtu ­
nidades para trabajos comerciales im portantes. E l é xito m ás notable que ellos consi­
guieron fu é el hecho de que no tuvieran q u e atenerse a n in g ú n rígido p la n precon­
cebido, sino q u e tan sólo se les p id ió a los artistas que cooperaran con los decoradores;
a u n q u e esto no está m u y logrado, p o r lo m enos los resultados individuales son buenos
y refrescantes, después de tantos años de pesados decorados realistas.
De las obras que realizaron siete artistas abstractos, posiblem ente la m ás excitante para
el viajero com ún fu é el L u n a r, paisaje para ilum inación de la entrada a la cubierta
de paseos.
José de R ivera, cuya escultura de acero inoxidable dom in a el com edor de prim era clase
se refiere a los problem as que surgen de esta clase de trabajos, diciendo: “C uando
artistas cooperan con decoradores, todo se com plica tanto, que n o se debe criticar
dem asiado; pero a m i no m e preocuparon m ucho, pues yo aproveché q u e ellos estaban
destrozando el barco para reconvertirlo y elegi el lugar para m i escultura. Si hubiera
estado desproporcionada allí, la culpa seria exclusivam ente m ía, pero y o la puse donde
la gen te p udiera tocarla, y eso m e gusta." C ontando adem ás con los m urales de L oren
M agiver , E ric M o se , F red y D o rothy F arr , etc., se p u e d e decir que la decoración del
A rg en tin a es u n gran paso hacia adelante, y que cuando los artistas y decoradores se
fam iliaricen con trabajos de este tipo, los resultados in d u d a b lem en te serán m ás arm ó­
nicos.
• L a v ita lid a d de M atisse es sorprendente. A pesar de q u e tiene 80 años está trab a ja n d o
desde hace algún tiem po en la decoración de u n a p eq u eñ a iglesia de Vence, cerca de
Niza, asistido p o r el consejo del em in en te a rq u itec to francés A ucuste P er r et . Proyecta
vitrales y sobre los m uros d ib u ja rá grandes im ágenes de Santo D om ingo y de la Virgen,
adem ás de las catorce estaciones de u n C am ino de la C ruz, las q u e serán realizadas
en loza estañífera; p a ra el suelo, grandes losas de m árm ol blanco, en las q u e trazará
rosetones, cuyos contornos serán cavados de m an e ra q u e se p u e d a in cru sta r en esas
ra n u ra s ladrillos rojos. Parece q u e él h a declarado q u e esta obra será la conclusión
de todas sus búsquedas.

60

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS DE C RÍTICA A RTÍSTICA

ÍNDICE DEL VOLUMEN III
Abril a julio de 1949

TÍTULOS
A ngel F e rra n t y la in q u ie tu d actual. Jorge R om ero Brest.
A tilio Rossi (Critica). Blanca Stabile.
A rte y sociedad (B ibliografía). R odolfo G. B ru h l.
A rq u itectu ra peruana, p o r H éctor V elarde (B ibliografía). Isolina Grossi.
A ntonio C ogorno (Apostillas). B. H .
Bases p a ra u n a sociología del arte. Francisco Ayala.
C án d id o P o rtin a ri (Critica). José Pedro A rgüí.
Cecilia M árcovich (Critica). Jorge R om ero B rest.
C ernobori (Apostillas). B. S.
D el P rete (Apostillas). J. R . B.
D e M anet a nuestros días (H ojas de estudio): Im presionistas y po st­
im presionistas. B eatriz H u b e rm an .
Escuela de P arís y epígonos. B lanca Stábile.
Desde Paris escribe D am ián Carlos Bayón (Correspondencia).
Desde París escriben M a rth a T ra b a y D am ián C arlos B ayón (Corres­
pondencia).
Dos congresos. Dirección.
E l arte contem poráneo y la evolución de n u e stro tiem po. R en é H uyghe.
E l In stitu to de A rte M oderno. D irección.
El V III Salón de M ar d el P la ta (Critica). B lanca Stábile.
E m ilio P e to ru tti (Apostillas). J. R . B.
E ncuentro con la sociología del arte. Jorge R om ero Brest.
Escribe desde Lisboa Diogo de M acedo (Correspondencia).
Escribe Sebastián Gasch desde B arcelona (Correspondencia).
E squem a para una indagación estilística de la p in tu ra m oderna cubana,
p o r L uis de Soto y Sagarra (B ibliografía). B eatriz H u b e rm an ,
E stética y sociología (Bibliografía). A lfredo E. R oland.
G e rtru d is C hale (Apostillas). J. R . B.
G rabados antiguos y m odernos (C am ino de la observación). Sam uel F.
O liver.

X,
X,
IX ,
X,
X,
IX ,
IX ,
X,
X I-X II,
X I-X II,

63
35
51
50

X I-X II,
X I-X II,
X,

53
62
27

X I-X II,
X,
X I-X II
X I-X II,
IX ,
X,
IX ,
X I-X II,
IX ,

87

13
38
25
53
41

5

1
12
5
64
41
17
84
39

X,
IX ,
X I-X II,

57

X I-X II,

37

22
52

�H e n ri L aurens (M iscelánea). J . R . B.
H om enaje a A ngel F e rran t. G uillerm o de T o rre.
Jo a n M erli y la E dito rial Poseidón. Dirección.
Jo a q u ín T o rre s G arcía. H om enaje de V ER y E S T IM A R .
L o m ejicano en las artes plásticas, p o r J. M oreno V illa (B ibliografía).
A lfredo E. R oland.
La p in tu ra en C olom bia, p o r G abriel G. Ja ram illo (B ibliografía). R odolfo
G. B ruhl.
M ario D arío G ra n d i (Critica). R a q u el E delm an.
M ario C arreño (Critica). Jorge R om ero Brest.
M arcos T ig lio (Critica). B lanca Stábile.
M aurice V lam inck (Apostillas). J. R . B.
O p in a C am pigli (El artista fre n te al m undo).
O p in a F e rra n t (El artista fre n te al m undo).
O pina V antongerloo (El artista fre n te al m undo).
O rlan d o P ie rri (Apostillas). B. S.
Páginas de antología. A dolfo Loos.
P intores argentinos contem poráneos. (Crítica). B eatriz H u b erm an .
Pom peyo A udivert (M iscelánea). J. R . B.
P resentación de A dolf Loos (D ocum entos). A ngelina Camicia.
P rogram a. Dirección.
R a ú l Russo (Apostillas). B. S.
Sobre los Salones. Dirección.
T o rre s A güero (Apostillas). B. S.
T res exposiciones de arte ex tran jero . Dirección.
W alter de Navazio, V alentín T h ib o n de L ib ian y V íctor P isarro (Critica).
Jorge R om ero Brest.
X u l Solar (Apostillas). J. R. B.

IX, 69
x, 7
X I-X II,
10
1
X I-X II,
X, 45
x, 48
x, 36
X I-X II
X I-X II,
X,
IX ,

x,
x,

X I-X II,
IX ,
X I-X II,

x.

IX ,
IX ,
X I-X II,

x,
x,

46
49
40
37
24
81
40
53
44
61
45

3
4

51

X I-X II,

40
6

X I-X II,
X I-X II,

41
50

IX ,
IX ,
X I-X II,

68

25;

48
45
37

AUTORES
Arcul, José P.: C ándido P o rtin ari.
A yala, Francisco: Bases p a ra u n a sociología d el arte.
B ayón . D am ián C.: C orrespondencia desde París.
X , 27;
B ruhl , R odolfo G.: A rte y Sociedad; La p in tu r a en Colom bia,
p o r G abriel Ja ra m illo
XX,
C a m ic ia , A ngelina: Presentación de A dolfo Loos.
C a m p ig l i , Massimo: El artista tre n te al m undo.
D ir ec c ió n : Dos congresos (X, 1) ; El In stitu to de A rte M oderno
(X I-X II, 5) ; Jo a n M erli y la E d ito rial P oseidón (X I-X II, 10) ;
P rogram a (IX , 3) ; Sobre los salones (X, 4) ; y T re s exposiciones de
arte e x tran jero
E d elm an , R aquel: M ario G randi.
F errant, Angel: El artista fren te al m undo.
G asch , Sebastián: Escribe desde Barcelona.
G rossi. Isolina: A rq u itectu ra peruana, p o r H éctor V elarde.
H uyghe, R ené: El a rte contem poráneo y la evolución de n u estro tiempo,

X,
IX ,
IX ,

X I-X II,

x,
x,
IX ,
x,

X I-X II,

5
89

6
36
24
39
53

12

''
■

■

■

■

■

■

I
í

�H u b er m a n , B eatriz: A nto n io C ogorno (X, 4 1 ); D e M anet a nuestros dias:

Im presionistas (X I-X II, 53) ; E squem a para una indagación estilís­
tica de la p in tu ra m oderna cubana, p o r L uis de Soto y Sagarra
(X, 5 7); P intores A rgentinos contem poráneos
X I-X II,
44
M acedo , Diogo de: Escribe desde L isboa.
X I-X II, 84
O liver , Sam uel F.: G rabados antiguos y m odernos.
X I-X II, 37
R oland , A lfredo E.: E stética y sociología (IX , 2 2 ); L o m ejicano en las
artes plásticas, p o r J . M oreno V illa.
X , 43
R o m e r o B rest , Jorge: A ngel F e rra n t y la in q u ie tu d actu al (X, 13); Ce­
cilia M árcovich (X, 35) ; D el P re te (X I-X II, 50) ; E m ilio P e tto ru ti
(X, 41) ; E ncu en tro con la sociología d el a rte (IX , 17) ; G ertru d is
C hale (X I-X II, 5 2 ); H e n ri L au re n s (IX , 6 9 ); M ario C arreño
(X I-X II, 4 6 ); M aurice V lam inck (X, 40) ; Pom peyo A udivert
(X, 61) ; W alter de Navazio, V alen tín T h ib o n de L ib ia n y V íctor
P isarro (X I-X II, 41) ; X u l X olar.
X I-X II, 50
Stá b il e , B lanca: C ernobori (X I-X II), 5 1 ); D e M anet a nuestros días:
Escuela de París y epígonos (X I-X II, 62) ; El V III Salón de M a r del
P la ta (IX , 64) ; M arcos T ig lio (X I-X II, 49) ; O rlan d o P ie rri (X, 40) ;
R a ú l Russo (X I-X II, 51) ; T o rre s A güero (X, 40); A tilio Rossi
X , 38
T orre , G uillerm o: H om enaje a A ngel F e rran t.
X,
7
T raba , M artha: Escribe desde París.
X I-X II, 87
V antongerloo , Georges: E l a rtista fren te al m undo.
X I-X II, 81

ILUSTRACIONES EN NEGRO

x,
x,

56
A rq u itec tu ra actual. C aracteres peru an o s (San Isidro)
56
A rq u itec tu ra colonial. Balcón de héroes (Cuzco)
B raque , Georges: N aturaleza m u e rta ovalada (pint.) ; N atu raleza i luerX I-X II,
77
ta (pint.)
74
X I-X II,
Bo n nard , P ierre: Paisaje del C a n n et (pint.)
IX ,
46
B eh r en s , P eter: A rt N ouveau (arq .)
X I-X II,
79
B u f f e t , B ern ard : L a raya (pint.)
X I-X II,
45
B utler , H oracio: L a playa (pint.)
C a ll o t : L a tentación de San A nto n io (g ra b .); E l saqueo de u n a
X I-X II, 37 y 38
g ran ja (grab.)
IX , 35 y 36
C a m p ig l i , M assimo: L itografías
C arreño , M ario: P in tu ra ; F iguras en el p a lm a r ( p in t.) ; Serenata
X I-X II, 46, 47 y 48
(pint.)
X I-X II,
80
C er nob or i , José: R e tra to (pint.)
X I-X II,
73
C ézanne , P au l: A u to rre tra to (p in t.)
IX ,
49
C o tt a n c in , In g .: G a le rie s d es m a c h in e s (arq.)
X I-X II,
39
D elacroix , Eugéne: U n h e rre ro (grab.)
X I-X II,
51
D e l P r et e , J u a n : P in tu ra ; E lem entos (esc.)
X I-X II,
76
D e r a in , A ndré: E l arroyo (p in t.)
F errant , Angel: A q u a riu m (móvil) ; D esnudo; D iálogo; El Circo; E studio
estereotóm ico de co n y u n tu ras estatuarias; F igura
(esc.) ; F ra g ­
m en to de relieve p a ra la R á b id a ; F ragm ento de T a u ro m a q u ia (esc.);

�LÁMINAS
A udivert , Pom peyo: M ano en la tie rra (grab.)
C ézanne , P aul: R e tra to de Jo a q u ín G asquet. D etalle
L aurens , H e n ri: L a sirena (esc.)

(pint.)

X
IX

X I-X II

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRITICA

A RTÍSTICA

•

[£

Vv

'

Ocho núm eros en el año
de a b ril a noviem bre
64 a 80 páginas de texto
16 a 24 con ilustraciones
1 lám ina

\

•

SU SCRIPCIÓ N AN UAL
A rgentina: 15
Otros países: 25

peso s
peso s

n a c io n a l e s
n a c io n a l e s

T oda la correspondencia deberá ser d i­
rigida a nom bre del d irector o del jefe
de redacción, D a m i á n C a r l o s B a y ó n .
Las suscripciones, cheques, giros o bonos
postales, a nom bre de la adm inistradora
i
R a q u el Bianco de B rané
j
D irección, secretaría y adm inistración
T u c u m á n 1539. T . E. 35 - 9243
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO ONCE - DOCE
BUENOS AIRES

Ver y
Estimar

Este número contiene: Joa­
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menaje de Ver y Estimar.
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de arte extranjero - Joan
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�______ C A R T E L E R A --------------C A L E R ÍA
A I. C O R A
7-22 septiembre: A l e ja n d r o V ains tk in (óleos) .
22f&amp; ¡itiembre-15 octubre: M on a co (ó^cos) .
15-70 octubre: R a ú l So i .di (óleos) .
C A I /• R Í A
A N T Ü
19 septiembre - 11 octubre: M a r gen at (óleos) .
3-15 octubre: A n t o n io B e r m (¿Ileos) .
C A L E R Í A
A R C E N T I N A (Paraguay 1312 - T . L. -i 1 - 3870)
15-30 septiembre: F ranc is co L avf.cci iia (óleos) . 1
11-15 octubre: J a c i n t o M . C ast ill o ( ó l e o s ) ; J osé M o n t e r o T aoasa ( ó l e o s ) .
C A LE R 1 A M V I 1 E R
19 septiembre - /&lt;* octubre: Sala I: P edro C h a k p e v i Rer (acuarelas) . Salas II
y I I I : L o la L uz arreta (óleos) . Sala IV: R aya ( ó í &amp; s j v Sala V: O scar V áz
(óleos) . Sala V I: Luis A q u i n o (óleos) . Sala V I I : F ra ncisco R a m o n e d a (óleos) .
C A L E R í A V A A' R I E E
12 septiembre - l i octubre: Sala I: P aulo F ierre (óleos)-. Sal. II: P edro R icci”
(‘óleos) . Sala III: F er n an do L uis (óleos) . Sala IV: D avis F. H E y n e m a n n
(óleos) .
3- 22 octubre: Sala I: Salvador de A nc.Ei .is (óleos). Salas II y III: A ldo
R a i .m o n d i (acuarelas) . Sala IV: O t i l ia G. de S aravia (óleos) .
C A 1 li 11 t A i r / L 1) E X S T E 1 X
22 septiembre - 22oct ubre: C o n s i a n t i n G i

vs

(d ib u jo s y a c u a re la s).

S A L Ó X R E C S /• R
6-20 septiembre: J uan J orge Sa l z m a n n (óleos) ; G arcía L e m a (óleos) ; R afa el
U rsandivaras (óleos); M aría C ris t in a M o l i n a S alas ( e s c u l t u r a s ) .

22 septiembre

-

6 octubre: J u li o V an zo (óleos) ; R a f a e l C a y o i . (acuarelas) ;
(esculturas) ; G r u p u satinijs (óleos) .

P ablo FI a u n e m a n n

10-

25 octubre: S alón

de

A cu arelistas

y

G rabado res .

SOCIEDAD H E B R A I C A A R C E N T I X A
11- 50 septiembre: A lf red o G u t t f r o (óleos) .
4- 15 octubre: C a s i a g n i n o , P a l m e i r o , G i a m b i a g i . G ó m e z (¿&gt; r n k t . P a n t o j a .
P o u c a s t r o , So i .d i , S p i l im b f .r g o , V ic t o r ic a .

C E N T E DE A R T E DE A V E L L A N E D A
10- 24 septiembre: J orge L argo (acuarelas v óleos) .
11- 15 octubre: H o r ac io B uti kr (óleos) .

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS
DE C R I T I C A
ARTISTICA
D IRECTO R

JORGE ROMERO BREST
CO N

LA

COOPERACIÓN

DE SUS D ISC ÍPU LO S:

BAYÓN, Damián Carlos.
BERET, Angelia.
BRANÉ, Raquel B. de.
BRUHL, Rodolfo G.
CARREA, Lía.
CAMICIA, Angelina
DIAMENT, Clara.
EDELMAN, Raquel.
GROSSI, Isolina.
HUBERMAN, Beatriz.
JOB, Amalia.
OLIVER, Samuel F.
ROL AND, Alfredo E.
STABILE, Blanca.
TRABA, Martha.

V O L U M E N

III

NUMERO ONCE DOCE
JUNIO

DE

1949

�COLABORADORES
ALBERTI, Rafael (Bs. As.)
ARGUL, José Pedro (Montevideo)
AYALA, Francisco (Bs. As.)
BERENSON,Bernhard (Florencia)
BILL, Max (Zürich)
CAMÓN AZNAR, José (Madrid)
CORPORA, Antonio (Roma)
DEGAND, Léon (París)
DELEVOY, Robert I.. (Bruselas)
DORIVAL, Bernard (París)
GASCH, Sebastián (Barcelona)
GIEDION, Siegfrid (Zürich)
GIRCOURT, Geneviéve (París)
GOERITZ, Mathias (México)
HUYGHE, Rcné (París) '
LEYMARIE, Jean (París)
M ACEDO, Diogo de (Lisboa)
MURARO, Miclielangelo (Venecia
ROM, Franz (Munich)
ROMERA. Antonio (Sgo. Chile)
ROMERO, Francisco (Bs. As.)
ROMERO, José Luis (Bs. As.)
TORRE, Guillermo de (Bs. As.)
SARF VTTI, Margarita (Roma)
SEVERINI, Gino (París)
VENTURI, lionello (Roma)
ZEV1, Bruno (Roma)

�JOAQUÍN
TORRES - GARCÍA
1874

-

1949

HOMENAJE

DE

VER y E S T IM A R

Acaba de m o rir el gran m aestro de la ju v e n tu d uruguaya que
volvió a su patria, después de la vigilia aten ta q ue lo m aduró en
E uropa hasta los sesenta años, para en co n trar en ella las nuevas
energías que le p erm itirían ennoblecerse con la prédica y la
enseñanza denodadas.
Parecía sin edad, como si el tiem po en él se hubiese detenido.
T a l era la en ju n d ia de su palabra y de su gesto, la precisión de
su trazo y la riqueza de su paleta, p o rq u e su fortaleza no era físi­
ca: le dom inaba la trem enda fuerza m oral que se cum ple con
las cuatro virtudes señaladas por R enán: la pobreza, la m odestia,
la regla de las costum bres y la corLesía. Y p or eso parecía eterno.
Don Jo a q u ín era ojo, era piel y era gusto, era olfato y era oído,
tan fino como para in fu n d ir resonancias de todos los sentidos a
sus acordes de tonos; era u n a inteligencia lúcida que com ponía
con los daLos de la historia una gran sinfonía de planos e q u ili­
brados, en la que hallaba su desarrollo la gran idea q ue le obse­
sionaba; era un alm a generosa que se d erram aba sin regateos,
optim ista a pesar de los dolores del m u n d o que no dejaron de

�Italia. 1924 (arriba) .
Montevideo. 1935 (abajo) .

ensañarse con él; pero además
y sobre todo era u n esp íritu vi­
gilante de la vida —de la p ro p ia
y de la ajena, en su tie rra y en
la de nadie o en la de todos—
y p o r eso com pendió sus afanes
en la fó rm u la justa: Volver a
lo cósmico por encima de lo his­
tórico.
E.n su o b ra se h an identificado
felizm ente lo vital y lo abstrac­
to: lo q u e es exaltación de lo
sensible a través de lo perecede­
ro y lo q ue es conceptuación
racional de lo p erm an en te, lo
que le p e rm itió conservar la ca­
lidez de la adivinación in tu itiv a
y lo q u e le llevó a calar muy
hondo hasta la esencia in m ate­
rial de las cosas. T o d o se con­
densó en el sím bolo, que fué
figura y alegoría, pero tam bién
potencia in te rio r de la form a
que se significa a sí misma.
E q u ilib rio y sensatez, in te lig e n ­
cia e im aginación, el fuego de
lo q u e se intuye y la calm a de
lo que se sabe, la pasión del
am or y el rigor del cálculo, lo
instan tán eo y lo pasajero, esto es
J o a q u ín T orres-G arcía en las
inn u m erab les m uestras de su
Dostoievsky. 1944.

��talento sin par. Fauve 0 constructivo, figurativo o abstracto, hay
un hilo de em oción tensa que une sus formas más ap aren tem en te
dispares: la em oción de u n hom bre que jam ás se detuvo en el
in tento de crear a través de su m un d o in d iv id u al el m u n d o u n i­
versal.
N unca le agradecerán bastante en su p atria la generosidad de
que dió prueba. U n hom bre que se entregó herm anándose con
sus discípulos, aun a riesgo de debilitarse, y que supo ser conse­
cuente consigo mismo, em pero, sin p e rm itir q u e hubiese la m e­
nor brecha entre el estilo de su vida y el de su arte.
T iem p o habrá para juzgarlo, tan inexorablem ente como sólo exi­
gen los grandes creadores. H oy es día de gloria p o rq u e la m u erte
perm ite reconquistarlo en toda su pureza: T orres-G arcía hom bre
cede su puesto a T orres-G arcía espíritu, sím bolo del arte am eri­
cano.
Agosto 10 de 1949.

�EL INSTITUTO DE
ARTE MODERNO

Anunciamos la creación y la inauguración del Instituto de Arte Moderno
con el mayor de los regocijos. Tal vez nos fáseme particularmente el
nombre, por todo lo que anuncia: investigación seria y amplia, divulgación
de sanos principios, organización de los conocimientos y creación de los
ficheros nacionales, sobre todo pasión medida, el ideal equilibrio entre el
amor y el entusiasmo que rompen vallas (y es útil que lo hagan) y el es­
píritu que contempla, mide, pondera, calcula (lo que también es útil y
necesario). Y que tales esfuerzos se e?npleen generosamente, por obra de
un hombre generoso, para provocar la comprensión del arte moderno, lo
que significa en verdad, ayudar a que cada uno practique el Conócete a
ti mismo, ya que no será la historia la que permitirá a un hombre del
presente conocerse y comprenderse, sino las formas que otros hombres,
tal vez más vivos que los demás, están creando para nuestra edificación
espiritual. Confiamos, empero, en que por ser un Instituto y no una
asociación, lo moderno será cuidadosamente vinculado con lo pasado, pues
tal es la única actitud cultural legítima. Es menester pasión —estamos de
acuerdo— y hasta arbitrariedad para imponer ciertas formas del arte con­
temporáneo a los miopes o los reaccionarios, pero también es menester
sensatez para que nadie llegue a pensar que ellas implican una ruptura
en el desenvolvimiento de la actividad creadora del hombre.
No sabemos aún cómo estará constituido el Instituto. Las noticias publi­
cadas son vagas, pero sabemos que se hacen esfuerzos para que nazca viable
y fuerte. Por lo pronto, dispone de un buen local, arreglado con el gusto
sobrio que corresponde, sin lujos excesivos. Y se acaba de realizar una ex­
celente exposición, anunciándose otras no menos importantes; después de
la del pintor ruso P a v e l T c h e l ic h e w , patriarca de la pintura en los Esta­
dos Unidos, la del escultor italiano G ia c o m o M a n z ú y la del pintor español
B orés y una dedicada a los jóvenes pintores argentinos de vanguardia, para
quienes se ha instituido el Premio De Ridder.

5

�y E s t im a r no sólo se regocija, también se promete apoyar con su
vigilancia simpática a la flamante institución. Tan sólo espera que la
iniciativa de creación como Instituto y las exposiciones que se sucedan, así
como las conferencias que se pronuncien, después del feliz comienzo con
las del ilustre crítico belga L é o n D ég a n d , a quien aprovechamos para
saludar desde estas páginas con motivo de su partida, justifiquen las es­
peranzas que en ella cifra.

V er

TRES EXPO SICIO N ES
DE ARTE EXTRANJERO
En el Museo Nacional de Bellas Artes acaba de realizarse una exposición
de pintura francesa, De Manet a nuestros días, organizada bajo los auspi­
cios de un comité de honor argentino y otro francés. A l mismo tiempo,
sin alcanzar el tamaño de la otra, en el Instituto de Arte Moderno, a cuya
creación acabamos de referirnos, se expusieron obras de arte abstracto,
seleccionadas y presentadas por L é o n D éga n d , hasta hace poco tiempo
director del Museo de Arte Moderno de San Pablo, Brasil.
De tal modo, los aficionados porteños, luego los de Rosario, tuvieron la
oportunidad verdaderamente extraordinaria de seguir paso a paso las múl­
tiples evoluciones del arte francés, desde las postrimerías del naturalismo
hasta las tendencias más nuevas. Y quien dice francés, en nuestro siglo,
puede estar seguro de que se refiere a lo más importante del arte universal.
Todos hemos estado de parabienes. El público ha correspondido a los
esfuerzos. Millares de espectadores de toda condición social y cultural han
desfilado por las salas del piso alto del Museo Nacional, atraídos muchos
sólo por el prestigio de Francia, y centenares de visitantes, atónitos la'
mayoría, han sentido también la atracción del mismo prestigio, acaso con
signo diferente, en las salas del Instituto. En cuanto al grupo de V e r y
E s t im a r no ha desperdiciado la ocasión excepcional y se ha dedicado a

6

�estudiar cuidadosamente las obras, con el objeto de extraer la lección de
sabiduría y de orientación estética que de ellas se desprende. El resultado,
en síntesis, se presentará al lector en números sucesivos.
La importancia de ambas exposiciones y la cálida acogida obligan a en­
juiciarlas también desde el punto de vista de la organización, teniendo en
cuenta especialmente su eficacia y sin dejar de considerar las inmensas
dificultades que sabemos aparecen cuando se las prepara.
La exposición del Museo abarcó un lapso en extremo dilatado, desde
M a n e t , que murió en 1883, hasta B u f f e t , que nació en 1928, y a causa
de ello los organizadores se vieron obligados a incluir obras de todos los
movimientos ocurridos durante más de sesenta años. Y es mucho tiempo
para que ella pudiera ser completa. Así faltaron obras de G a u g u in , de los
superrealistas, de la mayoría de los abstractos, y algunos de los represen­
tados figuraron con telas manifiestamente inferiores —R e n o ir con Pari­
sienses disfrazadas de argelinas, que pertenece a un período de notoria in­
fluencia de D e l a c r o ix , o P icasso , a quien de ninguna manera puede
presentarse con unas pocas obras de diferentes épocas y de variada calidad—
o envejecidas, como es el caso de T a l C o a t , que en este momento tra­
baja de modo diferente, o de B e a u d in , quien difícilmente pudo ser esti­
mado, como se merece.
En el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires hay excelentes piezas de pin­
tores impresionistas y de algunos postimpresionistas —D egas , T o u l o u se L a u t r e c , V a n G o g h , G a u g u in — y no faltan tampoco en colecciones par­
ticulares —recuérdese la excelente exposición R e n o ir que se realizó el año
pasado en la Galería Wildenstein—; entonces, ¿para qué sobrecargar una
exposición, pretendiendo traer obras de los artistas más difíciles, cuando
era posible, en cambio, hacerla mucho más completa presentando las de
los artistas vivos, los cuales son además los más desconocidos? Lo que Bue­
nos Aires necesita, asi como las demás ciudades de América, es ver cuadros
de M a tisse , de P icasso , de R o u a u l t , etc., y todavía más de los jóvenes, a
los que muy difícilmente puede conocer, ya que ni siquiera las revistas
se ocupan de ellos.
Los organizadores de tales exposiciones deberían comprender que el valor
de ellas no se aprecia por la suma de los valores individuales de cada obra

7

�(no es una operación aritmética) sino por la forma que ellas tengan, vale
decir, por el orden que se les imprima, partiendo claro está de algunas
ideas claras. También deberían comprender que ese carácter unitario de
toda exposición útil es más necesario todavía cuando va dirigida a pueblos
de escasa formación artística. Es mucho más provechosa una exposición
de pocas piezas bien ordenadas que una extremadamente numerosa y sin
una idea que la construya. En la primera el espectador inquieto pero no
formado artísticamente descubre por si mismo, a poco que aguce la obser­
vación, la línea que va uniendo a las obras, sus semejanzas y sus diferencias,
y ese mismo descubrimiento le guía en su capacidad de emocionarse, pudiendo en consecuencia emitir juicios más seguros; en la segunda, en
cambio, los saltos son terribles, las desemejanzas abundantes y las posibles
similitudes quedan ahogadas ante él, limitándose a emitir meras opiniones
a tenor de sus impromptus sentimentales.
Ambas posibilidades pudieron ser apreciadas con motivo de las dos expo­
siciones que comentamos. En la del arte abstracto, aun no siendo perfecta,
pues faltaban algunos nombres importantes y otros artistas estuvieron mal
representados, el público se desconcertó, es cierto, pero gracias a las con­
ferencias de L éo n D égand y de todos los que se creyeron autorizados para
emitir pública opinión, fué fácil hacerle notar qué es lo que buscan tales
artistas y cuáles son los medios que emplean para el logro de sus propósitos.
Aun los más refractarios no dejaron de advertir una cierta unidad de
emoción y muchos, sin entender cabalmente, se dejaron arrastrar por ella.
En la del Museo, en cambio, todo fué confusión, como si exprofeso se la
hubiese preparado para exaltar a los grandes maestros, sobre todo los del
Impresionismo y Postimpresionismo, y a rebajar a los jóvenes. Lo que de *
ningún modo pensamos que haya sido intencional.
Queremos a Francia y a su arte por encima de todo y de todos. Ningún
hombre de cultura en América, especialmente en el Río de la Plata, deja
de alimentar hasta lo que podría denominarse una fanática admiración
por la cultura francesa. Precisamente por eso, nos parece oportuno for­
mular a las autoridades encargadas de la propaganda en el exterior del
gran país rector estas observaciones sobre el modo como organizan las
exposiciones. Lo que necesitamos y queremos por tanto es vibrar al uní­
sono con los espíritus nuevos, con los que abren caminos, aunque esta

8

�aspiración no significa que neguemos a los maestros del pasado. Somos
pueblos nuevos y como tal nos hacen falta raíces, bien es cierto, pero
también pretendemos que se nos ayude a brotar. No todo es semilla. Es
menester que se riegue la tierra y que veamos cómo son las flores y los
frutos en los países más adelantados que nos sirven de ejemplo.
Observaciones afines nos sugiere otra exposición realizada últimamente:
la de 29 pintores uruguayos, en el Salón de Amigos del Libro (Librería
Kraft), pues a pesar de la buena voluntad del Servicio de Arte y Cultura
Popular del Ministerio de Instrucción Pública del país vecino que la
organizó, y del celo del Jurado seleccionador, el resultado desde el punto
de vista de la propaganda no fué tan halagüeño como hubiera sido deseable
y como lo merecen los pintores uruguayos.
Ante todo, porque no se puede juzgar la obra de un artista, ni siquiera
cuando se trata de un maestro, a través de un solo envío. Se necesitan por
lo menos tres obras, e inteligentemente seleccionadas. En este caso, ¿como
estimar los valores de artistas de sólido prestigio como C a r m e l o d e A rza d u m , J o sé C ú n e o y E dua rd o A m éza g a después de ver una tela de cada
uno, máxime cuando ella no es de las mejores? Más difícil todavía de
artistas como W á sh in g t o n B a r c a la , M ig u e l C a r v a ja l V ic t o r ic a , M a n u e l
E s p in ó l a G ó m e z , O scar G a r c ía R e in o , M ig u e l P a r e j a P iñ e ir o , L in c o l n
P r esn o , para citar a los mejores, quienes por ser jóvenes no pueden con­

densar aún en una tela todas sus posibilidades, ni mostrar la rica proble­
mática que seguramente los impulsa; o de otros más evolucionados pero
en crisis como N o r b e r t o B er d ía y H é c t o r Sg a rbi , a los que sólo fué
posible adivinar. Dos casos son aleccionadores a este respecto: primero el
de G a r c ía R e in o , que pudo ser comprendido porque al mismo tiempo
hizo una exposición particlular en Antú, revelando allí condiciones que
fueron de difícil apreciación en La carta; segundo el de Juno V e r d ié ,
quien se destacó en un certamen realizado hace pocos meses en Montevi­
deo como uno de los espíritus más inquietos, pero fué imposible recono­
cerlo en la Naturaleza muerta que se expuso en Amigos del Libro.
La segunda razón, a nuestro juicio, se vincula con el modo de elección
de las piezas. A quí cada artista eligió su tela y se sabe que no es el proce­
dimiento más adecuado, no sólo porque a menudo elige mal, sino porque
de ese modo es imposible imprimir a la exposición un sentido, una forma

9

�como se ha dicho más arriba, transformándose en consecuencia en un
conjunto de obras dispares. Piénsese, en apoyo de lo que decimos, en la
satisfacción estética que produce siempre la visita a una buena colección
privada de obras de arte: ella deriva de la presencia de una idea —sensibi­
lidad e inteligencia— que las va uniendo y construyendo según un esquema
que no puede ser sino de su dueño.
Finalmente, porque la representación fué incompleta, faltando entre otros
los discípulos de T o rres G a r c ía , quienes sabemos que fueron invitados
sin embargo.
Aunque el titulo de la exposición no autorizaba a pensar en que estuvie­
ran todos los pintores del país hermano, nos parece oportuno advertir a
los lectores que la pintura uruguaya es mucho más valiosa e importante
de lo que pudo parecer, por obra y esfuerzo de los mismos que figuraron,
sin duda, pero también de los que desgraciadamente estuvieron ausentes.

J O A N MERLI Y LA
EDITORIAL POSEIDÓN
vino al país no hace muchos años, en busca de esa paz que
le negaba su patria convulsionada, trayendo algo que ahora vemos hasta
qué punto era apreciable: sus conocimientos y su sensibilidad de crítico
de arte, su experiencia de editor y de marchand en Barcelona, su fe en el
espíritu. Por eso, en lugar de recibir nada más, se puso a dar, como hacen
los buenos extranjeros, con el ánimo de llenar una laguna de nuestra
cultura, la de ediciones de libros de arte, y con tal intención fundó la
Editorial Poseidón.
J oan M erli

Pocos lo alentaron. Se esgrimían los argumentos fáciles de prever: que
no hay en América público que se interese por el arte, que la compe­
tencia con las ediciones extranjeras iba a ser ruinosa, que faltaban los
hombres que escribieran libros de calidad, etc. Merli no vaciló y en pocos

10

�años demostró la falacia de tales argumentos, dignificando la industria
editorial en esa rama hasta un punto que nadie hubiera podido soñar,
imponiendo artistas nacionales con sus libros, traduciendo obras de valor
fundamental, permitiendo que publicaran los críticos e historiadores
argentinos.
Muchas obras de alto valor editorial ha publicado en menos de una década,
entre ellas 22 pintores de J u l io E. P a y r ó , Museo Pictórico de A n t o n io
P a l o m in o , Rodin, de R a y n e r M a r ía R il k e y muchos otros, amén de
la excelente Biblioteca Argentina de Arte y de la colección de grandes
monografías.
Ninguna obra iguala desde el punto de vista editorial a la que acaba de
publicar: Picasso, grueso volumen de más de seiscientas páginas, con una
excelente monografía de la que es autor el propio Merli, setecientas cuatro
ilustraciones en negro, treinta y siete láminas en color, además de los
grabados y dibujos intercalados en el texto, a la cual acaba de premiar la
Cámara Argentina del Libro con toda justicia.
Los amigos de Merli se reunieron hace algunas semanas para testimoniarle
amistad y respeto. V e r y E s t im a r se hace presente en ese homenaje,
merecido no sólo por la calidad intelectual del festejado, sino también
por su integridad moral y su ejemplar modestia.
D ir e c c ió n

11

�EL M I E CONTEIPOIÁIIEO V LA
EVOLIÍCIÓN DE DIIIESTRO IIEIIPO
Para V e r

y

E s t im a r

R e n e H u y g h e , e l ilu s tr e conservador e n je fe d e p in tu r a del M useo
del L o u v re, a u to r de a lg unos libros que na d ie olvida, Lea C o n te m p o r a i n s e n tre ellos, es a lta m e n te e stim a d o en el R ío de la P la ta .
T a l es su fe rv o r , su seriedad y ¿ p o r qué no decirlo? su s im p a tía ,
que se h a tra n sfo r m a d o en la fig u r a m á s r e p r e s e n ta tiv a de la
F r a n c ia n u e v a en lo que se r e fie r e a las a r te s plá stica s. S e añ o ra n
su s c o n fe re n c ia s m a g istra le s, su s consejos, la claridad de su e sp ír itu
rec to r. P o r eso nos co m placem os en p u b lic a r este ensayo, que él nos
ha dedicado con e sp ecia l ca riñ o , po rq u e aprecia g en ero sa m e n te
n u e str a labor, com o tu v o oca sió n de exp resa rlo el año pasado,
después de a s istir a u n a de las clases que d ic ta n u e stro d irec to r.
V a y a ta m b ié n n u e stro a g r a d e c im ie n to p o r él apoyo que sig n ific a
c o n ta rlo com o colaborador.

La historia no podrá ignorar el arte moderno. El signo más inequívoco
es la violencia de los juicios provocados. Un arte al que adherimos con
entusiasmo, al que no nos oponemos sino con pasión, un arte que pro­
mueve universalmente tanto la atención como la discusión, no puede
dejar de ser uno de los aspectos esenciales reveladores de nuestro tiempo.
Que el porvenir le reconozca más calidades que las que le acuerdan sus
detractores, es cosa segura; que el porvenir aporte más reservas y más
selección en la admiración que la que le atribuyen sus partidarios, que no
conceda a ciertos movimientos más que un interés documental o experi­
mental, es cosa probable. Pero de todos modos, el arte habrá tenido en

72

�las preocupaciones de esta primera mitad del siglo XX un lugar de con­
sideración, habrá suscitado una de las búsquedas más avanzadas que el
hombre haya jamás emprendido para conocer la naturaleza y el fin, y
para siempre quedará unido a sus manifestaciones un interés en gran
parte estético y, en mayor parte aun, psicológico. Frente al arte moderno
la admiración debe ser dirigida y elegir; el interés y la curiosidad no
pueden rehusar ni aun titubear. En el arte moderno todo ha sido volun­
tariamente querido, todo ha sido tentado, conseguido o fracasado; rara
vez la creación ha mostrado tanta generosidad, tanta audacia, tanta
temeridad.
Es posible que sea demasiado pronto para juzgarlo; tratemos al menos de
atribuirle una explicación.
¿Señala el principio de una nueva era o bien no hace sino traducir la
última sobreexcitación de una cultura que se acaba? Quisiéramos poderlo
saber. “Yo soy un principio o un fin”, ha dicho Kafka. Tal audacia,
que a nuestros miopes ojos de contemporáneos toma forma de trastorno,
de revolución, ¿no se reducirá a la larga, cuando el tiempo haya pasado
y tengamos la perspectiva necesaria, a un papel meramente accidental?
Todo movimiento vivo contiene una parte de pasado y una parte de
porvenir, prolonga y cierra una evolución al mismo tiempo que abre otra.
Pero, ¿de cuál es más solidaria? Sólo el porvenir lo sabrá. Así ocurre sin
duda con el arte contemporáneo, pero ubicados —tal como estamos— en
el interior de una civilización como la nuestra, sentimos la tentación de
ver en este arte, sobre todo, lo que modifica, lo que suprime, lo que
reemplaza en el estado de cosas del que ha surgido; en la tradición. En
este sentido, está fuera de duda que concluye con una era, la era del
humanismo.
Antes, una obra comprometía la totalidad de la vida interior, tanto por
parte del artista creador como en la excitación del espectador que la
contemplaba. El hombre es puesto en juego, con sus conocimientos, su
cultura, sus reflexiones y sensaciones habituales, con la sensibilidad que
su tiempo le presta o también con la que expresa el fondo eterno del
hombre. El arte expresa al hombre entero, por eso podemos hablar de
humanismo. Y este humanismo es doble en cierto modo: interno y
externo. Interno, porque el artista obra con todas sus riquezas, sin

13

�distinguir entre ellas y sin prohibirse ninguna. Externo, porque hay
entre él y el público entendimiento y acuerdo espontáneos en la m ulti­
plicidad de vías de acceso que se le ofrecen. ¿Qué es un cuadro de antes,
una pintura de T ic ia n o , de R u b en s o de P o u ssin ? Una sinfonía donde
los recursos humanos tienen cada uno su parte y se subordinan al equi­
libro del conjunto. Se pretende que el ojo reconozca de inmediato las
imágenes de la naturaleza; el espectador está dispuesto entonces a recibir
sin desconfianza lo que el artista quiere hacer expresar a sus obras para
delectación del que las goza; los temas religiosos, mi­
E L F IN D E L tológicos o realistas ubican el espíritu frente a escenas
H U M A N IS M O que súbitamente evocan un mundo acostumbrado de
ideas y sentimientos. Así captado y predispuesto a
ciertas inclinaciones, encuentra en la composición, la cadencia y las infle­
xiones de las líneas, la aproximación de tonos y sus combinaciones de
color, tanto motivo de emoción como de placer en la contemplación de
lo inventado y lo perfecto.
De esta era del humanismo hemos pasado a la era de la técnica. Allí,
donde amábamos la serena plenitud, donde todas las facultades, asociadas
a los placeres armoniosos, encontraban oportunidad de satisfacerse y ha­
cerse reconocer, nos asignamos ahora con severa disciplina un objetivo
limitado y preciso, pero pretendemos perseguirlo hasta el límite posible,
aunque para ello tengamos que romper con las costumbres más consa­
gradas y pasar por sobre el cuerpo de un público reacio. Entre el arte
antiguo y el moderno hay la misma distancia que entre la guerra de
antes y la de ahora; en lugar de maniobras sabias y tradicionales como
figuras de ballet, en lugar del frente continuo que se desplaza progresiva­
mente en un solo bloque, hemos conocido esas puntas de lanza fulgurantes
que las fuerzas blindadas perforan en una dirección única y hasta el
agotamiento de su fuerza de penetración, desentendiéndose de lo que dejan
a los flancos de su eje de marcha, reservando a la infantería el trabajo
sin gloria de reducir los islotes de resistencia, de ocupar el resto del país
simplemente traspasado por una flecha aguda. El arte moderno tiene algo
de esta imagen. Impaciente por llegar, de un sólo golpe, hasta el extremo
de su potencia de exploración, que reside por entero en su fuerza de
perforación, no se preocupa más de responder a esa satisfacción mesurada

14

�y completa que el hombre de antes reclamaba de las obras que le pro­
ducían admiración.
Además de las razones internas que agitaban profundamente el espíritu
del artista precipitando su evolución, como veremos en seguida, el con­
trapeso, el freno que comporta el respeto del público y sus exigencias,
había desaparecido en el curso del siglo XIX. En algunos años, el acuerdo
inmemorial entre el artista y la sociedad se rompió, concluyendo así lo
que hemos llamado el humanismo exterior. La Revolución fué, al final
del siglo XVIII, la explosión del rayó en que estalla la electricidad larga­
mente acumulada; fué la ruptura irremediable entre dos mundos. En
adelante y por más de un siglo, comienza el reinado de la burguesía y
de la burguesía sola, pues la aristocracia queda excluida o es dócilmente
absorbida. Apenas restablecida la monarquía, trata de levantarse: se la
suprime. Viene entonces el rey burgués, Luis Felipe; después, más conso­
lidado, más industrial, el Segundo Imperio. ¿El pueblo? Ha constituido
la masa actuante, combatiente; entra a tomar posición. Primero será junio
del 48; después la Comuna. La burguesía reina.
Nunca se vió potencia más exclusiva; la monarquía misma, salvo en el
momento de su perdición, contaba mucho más con el pueblo. También
el artista tenía un auditorio más vasto y más variado; desde la Edad
Media su público era aristocrático, pero no por ello perdía el artista su
contacto con lo popular. ¿Quién miraba los cuadros de los altares, los
Mais de Notre Dame, y los juzgaba sino la multitud? Más libre era el
acceso para la plebe al Versalles de Luis XIV que a las Tullerías de
Napoleón III. ¿Y el Salón de la Jeunesse en el Pont-Neuf y la Feria de
Saint-Germain, no estaban abiertos a todos, al que pasaba? En el siglo
XIX no hay más público que el burgués.
¿Qué quiere decir burgués? La nueva clase dirigente había desempeñado
durante siglos el ingrato papel de intermediaria: por debajo de ella el
pueblo que produce, por encima de ella la aristocracia que dirige, que
asume los riesgos y goza del lujo; para ella quedan el negocio que exige
el sentido de lo real y la probidad, la observancia de las reglas sin las
cuales todo cambio quedaría comprometido. Que consiga apartarse un
ápice, que se eleve y ya la tenemos nobleza de toga: entonces ejerce el
derecho; es decir, que todavía le corresponde pesar los hechos y someterlos

15

�a la estricta observancia de la ley común. Todo le enseña la regularidad,
la disciplina, el respeto ciego de los usos y costumbres.
Y, bruscamente, es promovida al hecho social. Naturalmente, no puede
cambiar de golpe. La aristocracia sabía el precio del ser de excepción,
su papel precioso de fermento de la sociedad; era indulgente con las
extravagancias.
Para el burgués la regla es la regla y debe ser respetada. ¿Por qué el
artista tendría que ser exceptuado? Que observe también la regla, la suya,
la que la tradición ha hecho y el Instituto interpreta y promulga en
forma de edictos; y, sobre todo, que tenga el sentido de la realidad. Si no
sirve para otra cosa que para trastornar la sociedad, perturbar las ideas
establecidas, en una palabra, si no es más que un factor de anarquía, es
una amenaza para el orden. He aquí el drama, el germen del motín de
Hernani, donde se enfrentan a grandes voces las viejas rodillas y los
llameantes chalecos rojos (¡y a quién se le ocurre llevar un chaleco rojo!)
¡Mr. Prud’homme cara a cara con los Boussingault!
El artista, cuya función es la de innovar, la de mantener la visión en
una perpetua renovación de la sensibilidad, del pensamiento que opone
sin tregua la creación a la rutina, no es sólo negado sino vilipendiado,
proscrito en la medida exacta de su valer. No es el artista quien ha roto
con el público, en origen es el público el que ha roto con el artista: un
M il l e t , un R o u sse a u , que están alimentados de probidad realista y que
nuestra época acusaría más bien de conformismo, pasan entonces por
subversivos y ven cerrarse ante ellos las puertas del Salón, y así se les
prohíbe el contacto con el público que de este modo los castiga!
La ley de equilibrio ha sido rota; el público cesa de aportar su contra­
peso natural al impulso innovador, pero es él quien rompe el contrato al
proscribir la parte necesaria dentro de la creación. Sin ese lastre, el
artista se hunde de un salto en su independencia. Inmediatamente deja
de preocuparse del público y sus trabas. Después llega un día en que lo
provoca con rencor, se goza en acentuar lo que sabe que choca en lugar
de atenuarlo como antes.
Expulsado de su propio círculo, se encierra en él mismo con orgullo;
en adelante no trabaja más que para él y sus pares. El espectador debe

16

�hacer el esfuerzo de alcanzarlo. Su pintura no le sirve más que para
representar su yo o su arte, según que su temperamento, más sensible o
más intelectual, le predisponga a una u otra solución. La pintura se le
propondrá en términos de más en más individuales o en términos cada
vez más especializados y estéticos: en el primer caso, es la manera propia
de ver y de sentir del artista que se exalta, que se afirma con intransigencia
y con pasión aunque deba contradecir a los demás; en el segundo caso,
es una concepción y una teoría del arte que se demuestra en más altas
búsquedas técnicas que desconciertan al pueblo vano; el cuadro no entrega
su secreto más que al iniciado.
Mientras que las circunstancias históricas predisponen a este destino del
arte, la evolución interior de los espíritus lo precipita, hasta tal punto
es cierto que todo en una época converge hacia un fin ineluctable. En
el momento en que falta el humanismo exterior, el humanismo interno se
disuelve. En el momento en que el público limitado, inferior a su deber,
retira al artista el oportuno contrapeso de sus inclinaciones particulares,
el individualismo exacerbado lo entrega a todas las complacencias y todos
los vértigos del Yo y la especialización predicada por la era científica lo
incita a encerrarse en sus problemas particulares. Desde el fin del Me­
dioevo, en efecto, el hombre ve desplazarse su centro de gravedad, lenta­
mente desde lo colectivo hacia lo individual, su personalidad toma con­
ciencia cada vez más de sí misma, de sus derechos frente a lo social; se des­
arrolla, se alza por encima de su empresa, se le opone. Ve además su
autonomía y sus poderes consagrados por la Revolución, por esa Declara­
ción de los Derechos del Hombre, de la cual ha podido B arres decir con
justicia que constituían “la Carta del individualismo”; el siglo XIX hará
más, consagrando su triunfo y su culto.
Cara a cara con su arte, el artista, persiguiendo la verdad, encuentra sola­
mente la suya, y acentúa todavía más el carácter intransigente, rebelde a la
comunicación de su creación. Desdeñando toda concesión, toda base de
entendimiento, se limita —arisco— a sí mismo, a la expresión y a la pro­
yección de su yo. A veces no se preocupa ni de elaborar su obra, la
entrega en estado bruto, la reduce a temperamento que no conoce aún la
cultura. Al menos éste es uno de los aspectos del renunciamiento al
humanismo, en particular el que ha afirmado el fauvisme.

17

�Mas, cuando el artista trata de sobrepasarse, de abrirse al soplo de su
época, ¿qué lección aprende de ella? En todas partes encuentra una fuerza
nueva, una fuerza que crece sin tregua desde el siglo XVIII y que llega
a ser la divinidad de los nuevos tiempos: la ciencia. El individualismo
sugería al hombre encerrarse en sí mismo, separarse de la comunidad
humana y de sus convenciones; la ciencia le propone una disciplina
colectiva, ¿pero cuál? La especialización. También le enseña a reducir su
dominio y a ahondarlo sin límite. ¿Que otra cosa hace ella y en todos los
campos? Antes se abarcaban las cosas desde su cumbre, se partía de Dios
y de él todo se hacía proceder. De entonces en adelante, se busca en
la base, se circunscribe todo, se acumulan los pequeños hechos, pero de un
modo preciso, exacto. Y pacientemente, uniéndolos todos, se reconstruye
el Universo entero. Nadie tiene ya esos vastos pensamientos sobre la
“tenebrosa y profunda unidad” 1 sino una observación minuciosa, un
conocimiento avanzado y controlado que permite no dejarse engañar por
las apariencias; cuanto más limita el observador su campo de experiencias
y lo localiza, mejor ahonda su técnica y llega a dominarla. La especiali­
zación llega a ser la disciplina fundamental del sabio y, a la larga, de
toda la época.
El artista se pliega a la nueva regla, en él también la técnica suplanta al
humanismo. Cerca y define su objeto, lo aísla de toda mezcla, de toda
obediencia exterior, lleva el arte a sí mismo y lo constriñe a encontrar
su centro de gravedad. C é z a n n e lo afirma: “La pintura no tiene otro
objeto que sí misma”.
Antiguamente el arte estaba puesto al servicio de una creencia, de una
religión o simplemente del modo de vida de una sociedad; era apologético,
demostrativo o decorativo; pero siempre su razón de ser residía fuera de sí
mismo, lo mismo qu su destino o sus temas. Era un lenguaje, una forma
de elocuencia. Así lo concibieron la Edad Media y el siglo de Luis XIV.
El siglo XX se abrió con la fe en “el arte por el arte”; con una claridad
completamente nueva, concibió la idea de una “verdad artística” y quiso
definirla a la vez en sus caracteres permanentes y en aquellos que le
vienen de las condiciones propias de cada época; quiso encontrar el arte
1 C it a d e C orreapondences, u n p o e m a d e B a u d e l a ir e .

18

N . del T .

�y el arte moderno. Aburrido del arte del siglo XIX, arte oficial de imi­
tación y de la peor especie, que se fabricaba recogiendo los desechos de
los siglos que le habían precedido, tuvo según la expresión de H enri
F o c il l o n , la voluntad de un estilo: lo individual; en conjunto, la vo­
luntad de un estilo actual.
El artista asume entonces la responsabilidad de su arte, a partir de sus
principios. Le es necesario proponer y proponerse una definición rigu­
rosa y exacta de su objeto y de sus métodos. Cada tendencia, cada escuela,
cada grupo provee una que cree más estricta: restituir sobre la tela la
sensación misma que el ojo experimenta frente al universo; es el impre­
sionismo. Pero, ¿no es todavía darle demasiada importancia a la natu­
raleza que sirve de modelo en detrimento del artista que la transcribe?
Hay que traducir sus reacciones propias frente al espectáculo del mundo,
fijar la visión exclusivamente personal que él tiene: y entonces es el
fauvisme. Pero, ¿no es esto mezclar al arte una sensibilidad que le es
exterior? Hay que reducirse pues al modo de expresión de sí mismo,
hacer la combinación pura de líneas y de colores y despertar todos los
recursos que hay en ellos: y entonces es el cubismo. ¿Quién podrá decir
la parte de convención, de impureza que envenena nuestros sentimientos
y nuestras ideas? Reduzcámonos, pues, a volver a la conciencia esta parte
íntegra de nosotros mismos que se perfila sordamente en las tinieblas del
instinto: y finalmente es el superrealismo. ¡Vertiginosa exigencia!
Como el ingeniero que sobre el diseño de su máquina calcula la economía
para que todo contribuya únicamente a la función, el pintor quiere ignorar
todo lo que no es el blanco a que apunta, y aplica para ello todos sus
medios. La preocupación de hacerse escuchar por el público ha quedado
disipada, puede dedicarse por entero, recogerse, condensarse para entrar
en la vía estrecha que ha elegido y en adelante nada lo detendrá más
que el agotamiento de lo posible.
Obsesionado por encontrar en sí mismo su objeto y de definirse por la
conciencia exclusiva de sus medios, separado del público cuyas preocu­
paciones sólo exteriores no podían más que frenarlo en este ascetismo
fanático de un arte puro, ¿encontrará el artista en la tradición de la cual

19

�es el resultado algún temperamento con vocación similar? Esta amarra
también la ciencia la ha cortado. Sabe que todo debe ser verificado en
la base, no admitir nada como cierto si no se lo puede reconocer eviden­
temente como tal, en una palabra: hacer tabla rasa. Ella da el más
prodigioso y el más exaltante ejemplo de una revisión total de los
valores establecidos. Los mismos que fingen ignorarla acometen la em­
presa. Así este último aspecto del humanismo, la continuidad con las
generaciones pasadas, se encuentra a su vez recusado. Hay que reconsi­
derarlo todo, fundar todo sobre un suelo nuevo.
Todavía el siglo XIX moderaba esta convicción de su fe ingenua en un
progreso indefinido. Al capital inalienable de la civilización, cada año,
cada siglo, estaban obligados a aportar incansablemente el monto de sus
intereses. “La humanidad se levanta —proclamaba H u g o M a g e — y la
frente bañada de sombras, va hacia la aurora.” La catástrofe de 1870, el
cataclismo de 1914, debían desmentir cruelmente estas esperanzas. La
esperada aurora se transformaba en un amanecer pálido. Este último y
feroz hundimiento de las verdades admitidas había golpeado todos los
principios.
“La guerra, proclamaba V l a m in c k , ha sido para mí una gran lección,
me ha confirmado en lo que pensaba. ¡Toda mi confianza en la civili­
zación, la ciencia, el progreso, el socialismo, se desmoronaron...! No creo
más en nada y no tengo confianza más que en mí mismo.” Esta vez la
negación iba a ser llevada como un hierro al rojo purificador hasta de
las bases más inmutables y consagradas tanto del arte como del pensa­
miento. Los fundamentos mismos de la cultura occidental iban a ser
reconsiderados. El siglo XX no quería construir sino sobre bases íntegras
y feroces, costara lo que costara.
El voto de autenticidad es pronunciado con fervor. El artista no retro­
cederá ante ninguna consecuencia de su investigación, por inesperada y
perturbadora que pueda ser. Allí donde el público ha proclamado m ixti­
ficación, fumistería, no ha sido sino consecuente en exceso. Y es entre
este deseo de no ser engañado más por ninguna convención y el de aceptar
la verdad nueva, por anormal y agresiva que pueda parecer, que se ha
jugado el destino del arte contemporáneo. El siglo XX conmovía las

20

�columnas del templo; aceptaba y consagraba el hundim iento de las no­
ciones que servían de base a la civilización europea: la noción de lo real
y la noción de la razón. Con ellas iban a desaparecer las evidencias
generales donde se encontraban y se afirmaban los hombres, por distintos
que puedan ser; al renunciar a ellas, la obra de arte largaba las últimas
amarras que la retenían a la ribera común y se dejaba llevar por la
soledad y el hermetismo.
En el siglo XX se cumple en efecto esta evidencia, esta omnipotencia de
la realidad material y visible que el Occidente había establecido con
fervor hasta hacerlas sinónimas de su civilización misma. Confiados en
nuestros hábitos, no reflexionamos bastante que esta fe en el constante
progreso material de los sentidos, identificado como la única verdad, no
pertenece sino a ese corto espacio de siglos —cuatro o cinco— que Europa
acaba de vivir y que la caracteriza. La realidad positiva, concreta no ha
sido para las otras artes, para las otras civilizaciones, más que una
apariencia y a menudo un espejismo. Lo que se 11aLA Q U IE B R A maba la realidad no era como en nuestro occidente
DE L O R E A L moderno, el aspecto visible y controlable de las cosas,
sino al contrario, lo que está más allá de él, lo que
lo cubre y lo esconde. Para el primitivo, para el salvaje, la realidad es
mágica, un velo trivial que se agita, que descubre a veces el secreto del
mundo. En la antigüedad clásica lo real no era más que una máscara
sobre el verdadero rostro invisible pero concebible sobre la esencia más
oculta y más pura, la de la Idea para P l a t ó n , la del Número para P it á g oras . La India lo retoma bajo las formas de Maya y no quiere reconocer
más que ilusión y engaño “porque el retorno de lo absoluto que reside
en el corazón está allá y en ninguna otra parte”. La Edad Media en sus
primeros siglos, la Edad Media agustiniana, busca la verdad más allá
del mundo visible que es solamente su apariencia simbólica y no lo
encuentra sino en las esencias, en el Verbo, en Dios.
Es necesario el siglo X III y la llegada del pensamiento tomista para que
la materia, la realidad objetiva, fuesen dotadas de una existencia concreta
y universal. Desde ese día se extiende el gran espíritu que va a llegar a

21

�Occidente, siempre avanzando en el culto obsesionante, exclusivo, hasta
convertirse, con el cientificismo del siglo XIX en intolerante, de lo real
experimental. Entonces, real se transforma en sinónimo de evidencia. El
hombre no se quiere, no se concibe más que positivo; socialmente, con la
máquina y la industria; intelectualmente, con las disciplinas de la ciencia
y su subordinación al hecho controlable; estéticamente, con el realismo
y su superlativo el naturalismo. No se cree más que en la percepción de
los sentidos vigilados y dirigidos por la razón. “¿El alma? —dice ese gran
cirujano— yo no sé qué es porque jamás la he encontrado bajo mi escal­
pelo.” Y C o u r b e t proclama en un eco jovial: “No he pintado nunca
ángeles porque jamás los he visto.”
Envalentonado por la aspiración máxima de la burguesía, el arte no se
atreve a sobrepasar la imitación de lo real, es decir, la visión común a
todos. Es en ella que funda su unidad, desde la hoja de fresa que se dobla
sobre el capitel gótico hasta el m atk del reflejo que advierte sutilmente
el impresionismo. Porque el mismo impresionismo que en el siglo XIX
pasará en tal forma como subversivo, no excede en nada los límites del
realismo, no hace más que profundizarlos y no revoluciona sino en la
medida en que se atreve a renovar la veracidad óptica. Pero, ¡qué segu­
ridad de lo real, qué base de entendimiento y de comparación! Después
de cinco o seis siglos, el arte europeo adhiere siempre más estrechamente,
más hábilmente y absorbe su principio de cohesión.
Y he aquí que en el momento en que esta concepción triunfa, en que se
refuerza con toda la nueva autoridad que le confiere la ciencia, es ame­
nazada profunda y repentinamente en el seno de esa misma ciencia que
parece aportarle la confirmación suprema. Esa materia sólida, esa sus­
tancia positiva que se ha identificado con lo real, no existe más. La física
moderna, en algunos años, la reduce, la restituye al estado de espejismo;
nos muestra que las partículas de esa materia real, que se creía compacta,
están como perdidas en un vacío inmenso, tan diseminadas como los astros
en el infinito; nos muestra que estas últimas concentraciones tampoco
son sólidas; no son más que concentraciones de energía, de esta energía
que se le oponía antiguamente, y que se calificaba de inmaterial; en
seguida, y es el último golpe, esos granos de materia que no son tampoco

22

�de materia en el verdadero sentido de la palabra, cesan de ocupar lugar
en alguna parte, de ser situables a la vez en el tiempo y en el espacio.
Así se desvanece, derrotada por los golpes de esa ciencia que la había
cieado, esa concepción de la materia sobre la cual reposaba la civilización
positiva y burguesa, de la cual se creía que el siglo XX sería el corona­
miento.
Ahora, ciencia, arte, filosofía, no son más que diversos aspectos, encarna­
ciones simultáneas de una sola base que es el alma de la época. Existe
también entre ellos una oscura y profunda solidaridad. Es fácil seguir sus
huellas en la pintura; el impresionismo volatiliza la realidad material y la
trasmuta en impresiones luminosas hasta el momento en que la física
va a disolver todo en el análisis atómico; el arte abstracto la sustituye con
las construcciones mentales en el momento en que un E d d in g t o n , por
ejemplo, anuncia que en definitiva la única estructura del universo es
matemática y que la única realidad son los números y sus relaciones.
Así el arte moderno, ya bastante propenso a sacudir toda tradición, toda
obligación o convención, ve desaparecer bajo sus propios ojos la fe funda­
mental de nuestra civilización, la fe en la realidad visible. ¿Quién se
imaginará todavía que las libertades crecientes que le veremos tomarse a
su turno, el desdén y la hostilidad que lo señalará, son el fruto de una
fantasía coherente o ilícita? Es el pensamiento profundo de nuestro tiempo
que lo empuja a esta contradicción, que casi lo niega, sin que el artista
sospeche el origen de este empujón inconsciente que sufre y traduce. No
hace más que obedecer a los fatalismos de su época, ahora que algunos
lo acusan de extraviarse en innovaciones arbitrarias e injustificadas.
Pero, ¿si lo real se disipa y retorna a la inconsistencia de los mitos, la
Razón, ese segundo pilar del Occidente, sobrevivirá? ¿Esta razón que Richelieu y su siglo reclamaban del hombre que la hizo “soberanamente reinar”?
Un cataclismo análogo la devora e impulsa el arte a ese nuevo renegar, a
ese otro abandonar de posiciones consagradas por la tradición. Las dos
columnas sobre las cuales se apoyaban desde siglos las seguridades del
hombre occidental: la materia y la lógica, lo real y la razón, se han con­
vertido al mismo tiempo en engañosos espejismos. Este universo que
descubre la ciencia contemporánea, no tiene nada de común con lo acos­

23

�tumbrado por el pensamiento humano, es en su estructura tan irrepresentable en imágenes como en ideas y sólo la matemática puede po­
seerlo. Lo sólido y lo racional se disuelven bajo los ácidos repetidos a
los cuales son sometidos para el análisis: lo absoluto, ese refugio, deja
su lugar a lo relativo, ese abismo. La inteligencia desbordada por lo
que entrevé se une con lo irracional y lo absurdo y se extiende hasta
el límite de sus posibilidades. En este universo, donde todavía ayer
creía no tener que escuchar más que las propias leyes de su pensamiento,
donde creía aclarar todo progresivamente a la luz de sus propias reglas,
no entrevé más que vértigos y se dirige empíricamente, bajo el control
de la experiencia que le impone las nociones que antes se reputaban
las más impensables. Puede continuar horadando en todos los senti­
dos; no espera ya llegar a la evidencia universal, explora la noche, una
noche desconocida y sin relación con su propia naturaleza. Llevada
vertiginosamente sobre la trayectoria de la matemática, desemboca
siempre en lo irracional, en lo infinitamente grande o en lo infinita­
mente pequeño. La relatividad einsteniana sin espacio que todavía
ayer erizaba la comprensión, es de ahora en adelante verificada por los
hechos y necesaria a su explicación: ahora se apoya sobre principios que el
filósofo L e R oy debe calificar de “escandalosos para la razón de antaño”.
¿Cómo figurarse la curvatura del espacio-tiempo? ¿Cómo concebir las cua­
tro, cinco, n dimensiones que constituyen la geometría no-euclidiana?
¿Cómo superponer al infinito, ya fuera de nuestro alcance, el “más que el
infinito”? ¿Nos introduciremos en la estructura íntima de la materia? ¡Qué
lejos está el tiempo en que se podía creer que lo único que hacía falta para
satisfacer nuestra curiosidad de observar eran microscopios bastante po­
derosos!
A medida que descendemos en las estructuras íntimas de la materia, anun­
cia Louis d e B r o g l ie , más comprendemos que los conceptos forjados por
nuestro espíritu en el curso de la experiencia cotidiana, y muy particular­
mente aquéllos del espacio y del tiempo, se vuelven impotentes para des­
cribir los mundos nuevos donde penetra.
La inteligencia golpea el límite de sus posibilidades; no se mueve en las
nuevas zonas sino por medio de la matemática. ¿La razón, a la manera

24

t

�de la atmósfera terrestre, no rodeará al hombre con
una delgada capa respirable, fuera de la cual se asfixie
en seguida en lo ininteligible? Sin duda. ¿Encontrará
entonces refugio en sí? ¡Qué abismol Todavía la razón
se revela al examen contemporáneo tan delgada como la envoltura del
globo: de repente aparece, en cuanto nos hundimos en nosotros mismos,
el fuego interior del inconsciente, violento, imprevisible, donde se consume
y se vitaliza. El psicoanálisis, siguiendo a F r eu d , cava terribles pozos hacia
sus fuegos ardientes, donde fuerzas extrañas, imponderables, disponen en
bloque de nuestros pensamientos y de nuestros actos. El imperio de la
Razón que el hombre de antes extendía sobre toda su vida interior, es
arrancado, perseguido del centro de nosotros mismos; pero otra ofensiva
lo asedia desde el exterior: el materialismo dialéctico, equilibrando nuestro
libre albedrío, nos reduce a no ser más —aun en las más nobles manifesta­
ciones, las más desinteresadas de nuestro espíritu y de nuestra sensibilidad—
que el juego de leyes profundas que rigen el medio social, económico, del
que nosotros somos, de buen o mal grado, siempre parcela constituyente.
En ese vértigo donde todo vacila, donde no hay más punto fijo, en él o
fuera de él, donde apoyar sus creencias, mantener su puesto, ¿va el hombre
a oponer su voluntad, su poder de ser, de hacerse tal como se concibe? Es el
extranjero Ulises, que se destapa los oídos para escuchar mejor el canto de
las sirenas y que corta las lianas protectoras para deslizarse al abismo que
lo traga. Obedece a sus fatalidades, pacta con lo absurdo, ese satanismo de
la lógica, con lo irracional. El siglo xix ya estaba cargado de advertencias
de esta caída. Aun antes de que estallara, la Critica de la Razón Pura de
K a n t se inquietaba de que esta razón no correspondiera a la naturaleza
del mundo, que no ofreciera más que categorías y formas que permitían
representarlas, pero sin llegar a su principio inalcanzable. En el curso del
siglo, la latinidad clásica estremecida ve las raíces germánicas, anglosajo­
nas, después escandinavas, efectuar con sus artes y sus literaturas el levanta­
miento en masa de fuerzas oscuras, la toma por asalto de la Razón. El
romanticismo, debido a su influencia, hace salir del alma ese “mundo
ignorado que nace y muere en silencio”, evocado por M usset . El simbo­
lismo percibe ese mismo misterio, ese mismo incognoscible en el alma
de lo real y B a u d e l a ir e advierte su presencia universal:
LA Q U IE B R A
DE LA RAZÓN

25

�“La Naturaleza es un templo donde pilares vivientes
“dejan a veces escapar ciertas palabras confusas..
En e l u m b r a l d e l sig lo x x B ergson e je r c ita la in te lig e n c ia e n lib e r a r s e d e
l a d i c t a d u r a r a c io n a lis ta p a r a e x p lo r a r c ie r ta r e a lid a d v iv ie n te e in a lc a n ­
z a b le q u e , f lú id a , b r o ta a tra v é s d e sus re g la s y s o b r e p a s a su s lím ite s ; la
o b lig a a a b d ic a r d e u n a p a r te d e su s p o d e re s c o n s a g ra d o s e n t r e las m a n o s
d e la in tu ic ió n .
Nuestra época confiesa entonces un gusto revelador para los seres que no
acceden todavía a la Razón o para aquéllos que la han perdido: los niños,
los primitivos por una parte, los locos por la otra, llaman violentamente
la atención, y sus creaciones artísticas son apasionadamente observadas,
vorazmente imitadas. El dadaísmo proclama el reino de lo absurdo, el
superrealismo se aplica a codificarlo y organizarlo: siguiendo a R im b a u d
y L a u t r é a m o n t , celebra las misas negras de la razón y profana con exal­
tación todo lo que ella ha consagrado. “Yo fortificaré mi delirio”, dirá el
hombre moderno por boca del poeta P a u l E lu a r d .
Entretanto, alrededor de nosotros, de nuestras angustias y de nuestras
creaciones, el mundo desencadena en tempestades sus ecos; por dos veces
la humanidad se precipita en los horrores de la guerra, en destrucciones
y atrocidades sin precedente, con el pretexto de hacer reinar la ley de su
felicidad; las sociedades, incoherentes, pierden el control de su marcha,
queman en el fuego locomotoras o arrojan al mar materias cuya carencia
provoca el hambre, y en 1944, ciento cincuenta mil seres humanos son
volatilizados por una sola bomba a fin de asegurar la paz de los pueblos:
y esa paz no encuentra una tregua momentánea y relativa más que gracias
al debilitamiento de la guerra jadeante, tratando de recuperar sus fuer­
zas. De lo irracional, el hombre moderno ha pasado a lo absurdo “porque
el absurdo nace de la confrontación entre el llamado humano y el silencio
desconcertante del mundo”. ¿Quién lo dice?, C a m u s , uno de los espíritus
más representativos de esta filosofía existencialista que, después de un
lento desenvolvimiento desde K ie r k eg a a r d , hace estallar en nuestros días
la debilidad del racionalismo ayer todavía, a las horas del orgullo y de la
esperanza de Occidente, convencido de poder elucidar el misterio del

26

�mundo y ahora vencido por las fuerzas mismas que trataba de someter;
vencido y aniquilado.
Así, las bases de lo que constituía para la cultura europea la verdad y la
seguridad del espíritu son minadas: minada la confianza total que había
puesto en un universo que revela la observación de los sentidos, sometida
a las reglas racionales del pensamiento; minada la doble evidencia de la
materia y de la lógica, donde se apoyaba su buen sentido. ¿Falla y debi­
lidad de una tradición, o valiente ampliación de los límites que sus des­
cubrimientos hacían demasiado estrechos? No se puede todavía decidir.
No es por otra parte nuestro objeto.
Lo que queremos es simplemente mostrar que el arte moderno obedece a
a leyes ineluctables que registran la evolución de nuestro tiempo; se está
de tal manera predispuesto contra él, que porque ha puesto de mani­
fiesto a las miradas un sordo trabajo que escapa todavía a muchos espí­
ritus, se resienten los efectos de su evidencia.
Así se disloca el sostén secular de la civilización occidental mientras su
imperio sobre el resto del mundo acusa una regresión sistémática. De sus
restos que se acumulan se eleva una enorme hoguera. Faltaba una llama
para hacer un prodigioso brasero; esta llama también la aportaba la vida
moderna, era la intensidad, la fiebre de intensidd que es la característica
más inmediata.
La vida, desde hace alrededor de dos siglos, parece ser llevada por una
aceleración continua; con el Renacimiento se levantaba un sueño de per­
fección definitiva de estabilidad que el siglo x v i i llevó a su apogeo. Su
cumplimiento mismo precipita su perdición y después la vida es llevada
en un ritmo de imitaciones, siempre más jadeante, donde se quema. Para
tomar conciencia de la fuerza revolucionaria que se
LA
introduce así en el mundo, es suficiente pensar que
IN T E N S ID A D desde la prehistoria hasta la mitad del siglo x v i i i , la
humanidad no ha conocido otra base que la velocidad
de su marcha: las aceleraciones de la carrera, de la equitación, se elevan
difícilmente a unos treinta kilómetros por hora. En dos siglos, bruscamente,
esta velocidad mantenida en los límites normales, es llevada a sesenta kiló-

27

�metros con los ferrocarriles y la locomotora de St e p h e n s o n hacia 1830, a
cien kilómetros con el automóvil hacia 1900, hoy con el avión y los motores
a retroimpulsión acaba de alcanzar la velocidad de la propagación del
sonido: mil doscientos kilómetros por hora. Todavía es la obra de la cien­
cia y de su instrumento: la máquina. El poder del hombre cumple otros
saltos paralelos: el vapor, la electricidad, en último lugar la desintegración
de la energía atómica libera entre sus manos fuerzas que sobrepasan sus
sueños más desmesurados.
Así se cumple la ambición de Occidente de acrecentar los poderes del hom­
bre, es decir, la eficacia de su acción sobre el mundo exterior, a cuya
conquista se ha lanzado. Se le ofrecen dos posibilidades: la potencia que
aumenta el rendimiento en igual tiempo, o la velocidad que obtiene un
mismo rendimiento en un tiempo más corto. Como la duración de la vida
humana sigue siendo evidentemente la misma, hacía falta a todo precio
concentrar en una ejecución rápida lo que se estiraba en la duración, con­
densar la vida, intensificarla. El hombre debía responder al crecimiento
de sus medios exteriores por una adaptación de su ritmo interior, a fin de
quedar dueño de la materia que había espoleado y que lo arrastraba. La
ley del rendimiento era necesario aplicarla tanto a él mismo como a las
búsquedas del universo. Un llamado tal bastaría para explicar el eclipse
de la razón, instrumento de organización de lo definitivo en la exaltación
de la vida, fuente de la energía y del dinamismo, esa nueva palabra. Ya el
hombre del siglo xvm se interesa en sus nervios, los excita, los aguza, les
pide el secreto de un pensamiento más rápido, de un estilo más sincopado
y de sensaciones más vivas. En la construcción de la frase como en la eje­
cución de un cuadro se comienzan a separar los valores de choque en detri­
mento de las bases de estabilidad. La lengua se encoge, chispea, se enrosca;
el pincel se precipita, salpica.
El a r te d e l sig lo xix m u lt ip lic a lo s sig n o s re v e la d o r e s d e ese a r d o r s in cesar
m ás y m á s e x ig e n te : la im a g in a c ió n se v u e lv e h a c ia e l c a b a llo d e ra z a ,
veloz, q u e , d e G ros a D egas , p a s a n d o p o r D e l a c r o ix a tra v ie s a el sig lo
to m o u n a fle c h a , h a c ia la b e s tia te m b lo r o s a p o r la n z a rse ; la v io le n c ia , o
p a te tis m o , el te r r o r , e l d r a m a , a c u m u la n sus v e h e m e n c ia s: la e je c u c ió n
d e s e n c a d e n a sus fu lg o re s y sus te m p e s ta d e s ; el c r o q u is y e l b o c e to h a s ta
e n to n c e s d e s p re c ia d o s to m a n lu g a r p r e e m in e n te ; la r a p id e z d e im p r e s ió n

28

�de rendimiento desempeñan un papel primordial: D e l a c r o ix reclama
que se dibuje un hombre en el tiempo que pone en caer desde un techo.
En el paroxismo de la sensibilidad, en la exaltación de lo imaginario lle­
vada hasta la locura, en la llamarada del color, predominando el dibujo
donde se inmovilizará la forma, el romanticismo persigue la intensifica­
ción de la vida. Por opuesto que sea en apariencia, ¿se separará el impre­
sionismo de esta nueva fatalidad cuando trate de extraer de la sensación
toda su agudeza y su rapidez instantánea? Estas manifestaciones externas
no son más que remolinos y contragolpes de la potencia nueva que, con
todas sus compuertas abiertas, desencadena su torrente a través de las pro­
fundidades del siglo: estraga, arremete con todos los cuadros, todos los
obstáculos establecidos por el pasado y tiene un nombre: la energía.
y

Desde que Napoleón ha alzado su gigantesco espejismo, el siglo no sueña
más que en ella. Al lado de la “necesidad de tener la fiebre” que proclama
D e l a c r o ix , la obsesión de hacer dar al hombre el máximo de su potencia,
de amplificar su acción hasta lo desmesurado, embriaga la época. Desde
B a lza c , St e n d h a l hasta N ie t z s c h e , se desenvuelve la apología dél super­
hombre apoyado sobre la ambición impaciente de su alma.
Era fatal que una moral de la intensidad sustituyera poco a poco a una
moral de la regla. El gusto de usar de la vida para todas las sensaciones
que ella ofrece, multiplicadas por la avidez de ser que experimenta, corre
a través de nuestro tiempo como la sangre de sus arterias. I bsen lo anticipa
con sus seres impacientes de “vivir su vida” y que revolucionan a sus con­
temporáneos. B arres aporta el esfuerzo de su egotismo demasiado unido
al pasado para olvidar las cosas del alma y sus prestigios, les pide sobre
todo sensaciones fuertes y de sus propios pensamientos reclama “ideologías
apasionadas”. G id e , después de él, enseña en sus Nourritures Terrestres la
gloria individual de la vida, fuera de toda regla, y la alegría del instante,
que el miedo de su prolongación no traba a su nacimiento. Y, siguiéndolo,
aspira a hacer nacer de aquí la moral de la vida: “Yo no quiero enseñarte,
dice G id e , otra sabiduría que la vida”. He aquí la filosofía de la vida con
B e r g so n , quien desprende de los límites librados del racionalismo el espí­
ritu vital. Proyectemos esa fuerza en los cuadros que acabamos de definir:
el individualismo y la especialización; les da todo su alcance, arroja toda
su virulencia, su complicidad es fatal.

29

�No se aprehende con seguridad la vida, sino a través de la única experien­
cia que uno tiene en sí mismo. El arte retorna, predica el deber de sentir
y de sentir violentamente por sus propios medios, en lugar de confiarse a
la ilusión de alguna consecución. La vida se exalta a través del yo y el yo
llamea en la vida. Se vuelve a colocar en primer rango a los autónomos de
antes, los independientes enloquecidos: e l G r e c o , G o y a . . . El artista
cambia hasta sus apariencias externas; al carácter mimado por los tiempos
donde florecían las ideas generales se prefiere el temperamento y su culto
de la sensación exclusivo y poderoso; al pintor melenudo y pálido, distin­
guido como V a n D y ck y V e l á z q u e z , sucede la generación de los D e r a in ,
de los V l a m in c k , los colosos que fuman la pipa con vigor y que conducen
cuando es necesario un automóvil de carrera.
Estos aspectos diversos de una única realidad cuya forma y posición trata­
mos de determinar, puede ser que encuentren su clave última en la trans­
formación que ha sufrido el hombre occidental desde hace algunos siglos:
una evolución incesante, acelerada por la obligación de dar en su vida
mental una importante preponderancia a las sensaciones. Constatarlos es
al mismo tiempo tomar la ley del declinar ineluctable del humanismo,
minado más y más después del fin de la Edad Media por la cultura expe­
rimental que, suplantándolo, edifica la ciencia y toma su alimento y su
base en las sensaciones recibidas del mundo exterior y controladas por la
razón.
Al principio, durante algunos siglos, la religión y la fe medieval, a pesar
de los asaltos que les eran librados, oponían una potente resistencia; hasta
el umbral del siglo xvm B e r k e l e y podía aún construir una filosofía que
ponía en duda el valor íntegro del mundo exterior y
LAS
su existencia, a pesar de los testimonios que nos dan
SENSACIONES nuestros sentidos. Pero él estaba paradojalmente lle­
vado por el papel excesivo y demasiado exclusivo que
daba a las sensaciones; condimento desde H obbes y L o c k e de toda la filo­
sofía del siglo, son en adelante consideradas como el origen de todo cono­
cimiento. “N ihil est in intellectu quod non prius querit in sensu”. No hay
nada en el intelecto que no haya pasado primero por los sentidos h C o n 1 Condillae es igualm ente afirm ativ o : “ Todos nuestros conocimientos y todas nuestras facultades
vienen de los sentidos, o, hablando m ás exactam ente, de las sensaciones.”

30

�d il l a c y su Tratado de las sensaciones, H e l v e t iu s , los Enciclopedistas,
reinstalarán en la sociedad ese sensorialismo filosófico, que irá hasta rela­
cionar la moral con los mecanismos del placer y del dolor y que encuentra
su réplica en el sensualismo de las costumbres, ávidas de los refinamientos
y de los goces provenientes de las sensaciones. El racionalismo sensorial
arrastra todo en su triunfo y en ese sobresalto definitivo todas las supervi­
vencias del alma religiosa legadas por la Edad Media parecen disiparse.

Con vehemencia el siglo x i x y el Romanticismo, devolviendo significativa­
mente su puesto de honor a la Edad Media, pudieron tratar de escapar a
esta empresa disecante que se estrecha: parece que una caída ineluctable
lleva a la sociedad occidental hacia el abandono progresivo de los valores
o de las búsquedas espirituales y sensibles: va a reducirse al telón estrecho
y sin lazos de las sensaciones, del constante de los sentidos que sobrenada
solo sobre el misterio del mundo: cientificismo, materialismo, realismo,
naturalismo, lo llevan bien pronto. Ella no sabrá hacer de otra manera
pese a sus sobresaltos; es la ley misma de su evolución; la obligación inexo­
rable de la velocidad, bajo su presión que crece, pone en situación al
hombre moderno de tirar como un lastre, de sacrificar todas las zonas de
la vida interior que requieren lentitud y decantación; la meditación, la
madurez progresiva de las riquezas sensibles, nacidas de sí y desarrolladas
en sí, al nivel de la existencia profunda, todo eso es arrojado por las exi­
gencias de la civilización.
Pronto ha debido preferir las búsquedas abstractas que, fácilmente adqui­
ridas y trasmitidas, dispensan largas germinaciones personales: entre los
individuos de sensibilidades completamente diversas, esto permite el cam­
bio del mínimo común denominador, es cierto, pero a un ritmo que con­
viene mejor al acosamiento de la sociedad. De allá ha nacido, al fin del
Renacimiento y de la invención de la imprenta, esta civilización del libro,
que algunos a veces han llamado libresca, donde la idea y su vehículo la
palabra dispensan vías más inciertas y menos prematuras de la sensibilidad
auténtica.
Pero en el siglo xvm había aparecido el maquinismo que iba a comunicar
a la existencia una aceleración prodigiosa, desconocida aún por los hom­
bres. Es necesario ir más ligero, siempre más ligero. El pensamiento dis­
cursivo metódico es arrojado a su vez. La preponderancia de la sensación

31

�y sobre todo de la sensación visual, es entonces ineluctable; ella sola per­
mite tomar de golpe el conjunto de un fenómeno sin analizarlo y pasar de
la reflexión, demasiado metódica, al reflejo, casi instantáneo. El mundo
moderno encuentra el instrumento de su vida mental adaptado a sus exi­
gencias. Entonces se ve poco a poco la frase ceder al paso del slogan, la
palabra a la inicial y a la abreviatura, el texto a la imagen que persigue
a nuestros contemporáneos con la obsesión desencadenada del cuartel, la
iluminación, los letreros luminosos, el cine . . . El mismo museo por contra­
golpe se actualiza y entra en competencia en adelante con la biblioteca y
la cátedra como medio de enseñanza. Hace largo tiempo que el sabio por
su lado ha descubierto cómo el cumplimiento de una función es preferible
al desarrollo confuso de un texto. Y el hombre, perseguido por sus máqui­
nas se habitúa dócilmente a educar sus automatismos, relajados por señales
visuales o auditivas, dibujos esquematizados, ruidos, falsos amortiguamien­
tos, sirenas. . . ¡Qué lejos está el tiempo en que podía meditar y soñarl He
aquí que pasa el tiempo de reflexionar; es necesario educarse para reaccio­
nar infalible, instantáneamente, al estímulo de sensaciones que relajan los
actos humanos.
No todo se ha perdido, todo es necesario para el arte: éste se ha beneficiado
con esta mutación que incita al hombre a usar más y más exclusivamente
de sus sentidos y al primer golpe de vista. De allí, en su mayor parte, ha
venido la boga prodigiosa de la pintura, que hoy llega a competir con el
libro en el interés del público menos advertido. Pero ha sufrido el contra­
golpe: se ha retirado también del mundo de los ensueños, de la imagina­
ción, del pensamiento nutrido por referencias históricas o literarias, de la
cultura sensible e intelectual, para referirse a su don fundamental: la
sensación visual.
El Impresionismo ha sido el primero en resolverse a cortar las amarras que
aproximan la pintura a los otros dominios de la vida espiritual, para hacer,
con exclusión de toda noción, un registro puro y una elaboración pura de
percepciones ópticas. Naturalmente, el arte moderno ha comprendido
pronto lo que había de exclusivo y de restringido en una política tan ra­
dical. Ha tratado, entonces, de restablecer los contactos generales con la
vida sensible y la vida intelectual: de ahí su perpetua obsesión del expre­
sionismo y de las teorías plásticas, entre las que lo veremos alternar. Pero,

32

�¿quién no constata que, haciendo esto, respeta el postulado inicial, que se
resuelve a limitarse a abandonar los dones sensoriales, líneas y colores, y a
las sensaciones que ellos provocan y que él quiere tan íntegros como sea
posible, sin recurrir a las asociaciones de la memoria, del pensamiento, de
los sentimientos elaborados, de la cultura, en una palabra? De estas líneas
y estos colores, de su disposición sobre la tela, de su fuerza de acción, trata
solamente de retirar toda la repercusión emocional o estética.
Así toda la pintura moderna reposa sobre esta punta aguda, exclusiva: la
sensación, pero ensaya, partiendo de ella, de alargar las ramas del compás
que la toma por centro. También, encarnizadamente, trata de descubrir
todas las salidas posibles, desdobla audazmente el problema con el super­
realismo; trata de usar la sensación como modo de registro y de exploración
de la vida, ya no exterior sino interna, de nuestra más desconocida vida: la
del inconsciente recoge las imágenes, las sensaciones visuales que brotan
de él y trata de hacer la nueva materia del arte. El arte moderno permanece
fiel a su negación del humanismo, cultura total de las conquistas y de los
recursos del espíritu; él lo sustituye oponiéndole una definición lúcida, exi­
gente y un poco intransigente de un arte reducido a sus materiales senso­
riales, pero ensaya por ellos y sólo por ellos, por su choque emotivo o su
combinación reflexiva, de reconquistar las prolongaciones en la vida del
espíritu, sensible o intelectual; ya que ellos no tienen más lugar en nuestra
civilización, reducida por el culto invasor de un peligroso materialismo.
Ávido, a veces brutal, liberado de la sujeción a todo vano respeto, hosti­
gado por el derrumbamiento del pasado y por la borrachera de la inten­
sidad, jugando la partida de sus solas fuerzas, radical y entero, el pintor
siente la potencia y el deber de reconstruir el arte a
P A P E L DE
partir del arte, de hacer proceder sus finalidades y sus
LA T E O R I A
medios de sus modos de expresión. Pero, ¿cómo tomar
conciencia así de su objeto? La larga y dudosa y pasiva
experiencia no está más en la escala de estos tiempos rápidos y concentra­
dos: se prefiere la definición, ver la fórmula que permite aprehenderlo
todo y relacionarlo en una idea. ¡Una teoría que sea más fácil para ma­
nejar en las soluciones inmediatas y zanjadas! Su condensación, su radica­
lismo, tienen un carácter inmediato que resuelve los problemas a la manera

33

�de una fórmula matemática, y que suplanta a la acumulación del lento y
confuso trabajo de las generaciones.
También el arte moderno ha sufrido a menudo la tentación; al mismo
tiempo que quiere llevar a su punto extremo la fuerza de la vida sensible,
acepta para mejor dominarla de encerrarla en formas abstractas, con aristas
vivas. El culto de la vida intensa irá por lo tanto paralelo a un intelectualismo dogmático, que podrá parecer la negación no reconocida en él, una
nueva encarnación de la voluntad de choque y de eficacia.
Formulándose todo en adelante de manera más marcada, se trate tanto de
las personalidades como de las teorías, la rapidez de consumación se acrece.
La sensación, la idea, son tomadas desarrolladas, explotadas en cuanto
bosquejadas: la suposición se convierte en doctrina, hace escuela y se
encuentra en un instante vacía de sus últimas consecuencias, como un ca­
racol refugiado en su rincón. La doctrina, por el solo hecho que evoca su
contraria, le provoca a su vez doctrina, revestida de discípulos.
Esta embriaguez de ser, de afirmar su existencia, de apresurarla, excita a
cada uno a ir hasta el fin de sí mismo y a librar al público sus menores
parcelas: la más débil veleidad creadora se transforma en acto; un extraor­
dinario espíritu de aventura y de juventud ofrece cada sugestión como un
tobogán donde se precipita hasta el extremo.
Por una parte tanto de novedad, tanto de generosidad, tanto de entusiasmo
y audacia; por otra parte, tanto de voluntad de dirigirse, tanto de concien­
cia de sus fines, tanto de intransigencia; en total, un arte que tiene una
grandeza y defectos ciertos. ¿Sus defectos, sus lagunas, a qué conduciría
negarlos, ahora que hemos comprendido su necesidad? Por querer hacerse
radical, por no admitir nada que no parezca justificado, al arte moderno
le ha faltado sabiduría, es decir, un sentimiento matizado y completo de
las cosas: ha sido radical. De tanto especializarse, de tanto reducirse a sus
dones esenciales y demostrados, puede ser que se haya vuelto demasiado
técnico, menos ancha y delicadamente humano que el de sus predecesores.
Quedará alguna cosa de tierno y a veces de exagerado en sus convicciones
y en sus actividades. El heroísmo y el orgullo le pertenecen igualmente.

34

�No fiarse más que al temperamento y a los instintos o
al pensamiento teórico, es reducirse a mecanismos bien
simples. Al elegir demasiado sus elementos para escul­
pir su estatua, por no admitir sino aquéllos en que se
percibe la evidencia o en que se admite la razón, se arriesga a mostrar sólo
un autómata. ¿Es mejor aceptar todos sus azares interiores, saber crear un
equilibrio, dirigirlos según nuestra vocación?

B O C E T O DE
UN J U I C I O

Las obras de arte moderno van derecho a su finalidad por los medios más
francos, más evidentes, aportan una alegría viva, determinada, más depu­
rada y más intensa que muchas de las de antes, pero les falta a menudo
esta riqueza multiplicada, ese calor ilimitado de las más hermosas de entre
ellas. ¿No nos perdemos en ellas como en un bosque?
El reproche que se dirigirá a nuestro tiempo, posiblemente, es el de haber
puesto un rigor excesivo para rehacer o descartar lo que no se juzgaba
eficaz. La cultura, la humanidad, en su más amplio sentido, enseñan que
es peligroso negar todo aquello en que la razón y la oportunidad nos esca­
pan y que muchas cosas que juzgamos ficticias o inútiles tienen su secreta
razón de ser. Es a la vez atrevido y peligroso rechazar las posibilidades
imprevisibles, las riquezas involuntarias.
Arte sistemático, arte arbitrario, arte exclusivo, pues, todo esto es verda­
dero. Pero, ¿se podría de otra manera aportar tantas nuevas conquistas,
tantas inesperadas revelaciones, multiplicar así las dimensiones del uni­
verso pictórico? ¿Qué se hace, pues, en las ciencias contemporáneas, dán­
donos ellas también un mundo imprevisto, insospechado, al fin del tubo
estrecho de los microscopios o de los telescopios, ciego al resto, pero tras­
pasando los límites de lo conocido? ¿Rompen menos sus descubrimientos
con las nociones admitidas, con las concepciones milenarias o familiares?
¿No abren las mismas brechas vertiginosas en la muralla cerrada y apretada
sobre nosotros de lo acostumbrado? ¿Por qué negar al artista el derecho
de tentar, en la vida sensible, esas exploraciones reveladoras de novedad
que se admiten en el saber, en el universo físico? Las suyas, se dirá, son
verificables por los hechos; pero en las artes como en todo dominio sub­
jetivo e individual, es también una evidencia que toma lugar de prueba,
es la sinceridad. Es preciso solamente reconocerla. Y allá las fórmulas no
son más nada.

35

�No oponemos estérilmente el arte antiguo y el arte moderno. Cada uno ha
venido a su lugar y en su momento, cada uno responde a las condiciones
de su lugar y de su momento. Uno no sabría excluir el otro; se justifican
con la misma razón que el arte egipcio a las orillas del Nilo y el bizantino
en la ciudad de Constantinopla.
No buscamos y no discutimos sino la calidad, no las teorías o los métodos.
Sabemos bastante abstraemos de nuestros hábitos y de nuestras preferen­
cias para gustar el aporte nuevo y auténtico allí donde existe y no olvidar
ninguno de los enriquecimientos inesperados donde el hombre sabrá co­
rregir su limitación y su indigencia frente al campo infinito de lo posible.
No oponemos jamás a la creación una obligación de principios: somos
bastante generosos para juzgar con justicia su probidad, bastante sensibles
para percibir lo que en ella puede renovarnos, bastante vivos para recono­
cer la vida ahí donde surge imprevisible y fecunda.
Cierto es que el arte moderno ha tenido sus excesos; ha tenido sus lagunas.
Pero dejará seis o siete artistas verdaderamente grandes, el recuerdo de una
riqueza extrema de deseos, de tentativas, de innovaciones, y su parte es
hermosa porque ha merecido ser llamado el arte viviente.
trad. de m . t . y d . c . b .

R ene H

36

uy g u e

�C a l l o t . La tentación de San Antonio.

CAMINO

DE

LA

GRABADOS A N TIG U O S Y MODERNOS
La serie de grabados de Les miséres de
la guerre de C a l l o t , nos ilustran sobre el
sistema de im poner la voluntad p or la
la fuerza que im peró bajo el reinado
de L uis x i i i , y si por u n lado representa
a soldados y nobles engalanados y p lu m í­
feros dibujados con extrao rd in aria delec­

OBSERVACIÓN
tación en el detalle, utilizando las v en ta­
jas de las etapas sucesivas del grabado en
cobre en finas y precisas líneas, vamos
viendo aparecer la otra faz de la historia,
el hereje o el enem igo m artirizado y b e n ­
decido en últim a instancia. M uchos g ra ­
bados de esta serie representan a París
de día, con perspectivas del Sena de te­
nues horizontes que denotan una gran

�habilidad y sensibilidad p ara m anejar el
buril. Pero Callot tampoco desprecia la
luz interior, la violenta clramaticidad de
la llam arada, con fuertes contrastes en
blanco y negro, como en El pillaje de una
granja, casi un decorado p ara una obra
de Moliere, donde se despachan al cha­
carero, y su m ujer es violada por la sol­
dadesca, pero esta violencia tem ática es
contrarrestada p or las actitudes de baile
de los personajes. La forma escenográfica
de com poner se repite en casi todos sus
grabados: El mercado de esclavos cou una
grandiosa perspectiva espacial; La torre de
Nestle y el Louvre de composición coreo­
gráfica. Algunas veces el dccorativismo se
acentúa como en La marande. La tenta­
ción de Sati A ntonio es un grabado supcrrealista del siglo x v ii . El conjunto de p e r­
sonajes maléficos y pornográficos no for­
ma, con toda esa acum ulación de seres,
una composición con un determ inado sen­
tido. Callot se ha dejado llevar por lo
anecdótico y fantástico del tema, p refi­
riendo una actitud narrativa a una bús­
queda de elem entos plásticos.
La tendencia del dibujo es sem iabicrta, lo
(¡lie incorpora los personajes al medio am ­

Callot. El saqueo de un a g ran ja .

biente; el negro lo usa como enm arcando
las luces. Los sombreados en general son
hechos sin seguir las formas como con
una superposición de los diferentes en re­
jados propios del grabado a b uril, y a u n ­
que gana en riqueza de grises, le conserva
cierta dureza; en cambio, cuando se deja
llevar p o r el mismo dibujo adquiere el
grabado un trazo vibrante y dinám ico.

D f.i .a c r o ix : T odo un sistema de grabado
al servicio del tema. La rudeza del d ib u ­
jo, la distribución de la luz y la sombra
no hacen sino subrayar el espíritu d ra ­
mático rom ántico de la época. El proce­
dim iento del ag uatinta, tan usado en la
ilustración de libros en la prim era m itad
del siglo xix, por su apariencia realista al
desaparecer el trazado de rayas de las
otras formas de grabados, es em pleado por
Delacroix para representar a un personaje
que lejos de ser real responde a u n a idea
literaria: el ceño fruncido, la “camisa en ­
treabierta y la misma actitud teatral del
h errero ’’.
El aguatinta se presta p ara fu n d ir las
sombras y obtener una gama muy rica de

�grises; las formas se pierden en la p en u m ­
bra, cargando de sentim iento al conjunto;
el dibujo queda así reducido a los efectos
luminosos, sólo algunas pequeñas curvas
de trazo vibrante conmueven la figura de
por sí dinám ica en función del tema.

R enoir : El modo de grabado a la p u n ta
seca, tan severo y alejado de lo emotivo,
en manos de R enoir se transform a en un
m edio de expresión deliberadam ente sen­
sual. El arabesco acondiciona las figuras,
estas pierden su determ inación ante el
deleite con que estgn trazadas las líneas
curvas que se persiguen y ensam blan in ­
dicando el volum en con trazos significa­
tivos de la form a, y p or sombreados en las
partes más estáticas de las figuras. El d i­
bujo es abierto, no existe una línea lím ite,
por lo que las formas se estremecen lige­
ram ente al unirse con el fondo. Es in te ­
resante observar cómo se diferencian los
trazos entre sí, con la misma calidad de
la pincelada separada que usa R enoir en
sus cuadros de la últim a época.

Sisi .e y : Estam pa japonesa en blanco y n e­
gro, la litografía de Sisley proclam a la
enorme influencia de este arte oriental
en la apreciación de la naturaleza, en la
representación de la form a por signos y
en la misma im presión tenue y fugitiva
de la tinta. El dibujo se m antiene plano
a pesar de la indicación de perspectiva.

�Sis l e y . Paisaje.

No existen líneas continuas pero la com ­
posición se estabiliza gracias a un esque­
m a abstracto, interior, de puntos, líneas
verticales y horizontales, paralelas, que fo r­
ma una estructura lo suficientem ente fir­
me como p a ra no ser destruida por el
anhelo im presionista de conseguir atm ós­
fera ilum inada.

O dii .on R i ü o n : L ’ o t i c c u / a i r e .

En esta
litografía se acusa la tendencia mística
im aginativa de R edon. El rostro hindú
inscrito en la circunferencia, como un
signo cabalístico, ha sido trazado con un
núm ero considerable de pequeñas rayas
entrecruzadas que van m odelando el re ­
lieve en camafeo de la figura. La pastocidad del lápiz le perm ite el pasaje de lo
d ibujado a lo sugerido, ganando en sen­
tim iento y emoción psicológica.
La luz está usada como propia irradiación
in terio r del objeto y junto con la inven­
ción de formas y su com binación con
formas reales, añade lo misterioso a lo
expectral. Del potente blanco de la m e­
jilla la atención es atraíd a hacia la cla­
ridad de la parte superior del dibujo para
descansar finalm ente sobre el severo perfil
de la figura. (L ibrería Viau) .
S a m u e l L. O i .iver

O d ii .on R f.d o n . L'oricoulaire.

�CRÍTICA
W A LTER DE NAVAZIO, V ALENTIN
J HIBON DE LIBIAN Y V IC TO R
1TSARRO

U na vez más debemos agradecer a Luis
Eai.c im , inteligenle direclor de la Sala de
exposición de la Sociedad H ebraica Argénlina, las exposiciones ijue brinda, no sólo
porque ellas son de la más alta calidad que
es posible obtener en nuestro medio, sino
porque perm ite a m enudo la revaloración
de artistas olvidados y los hace conocer a
las generaciones jóvenes. En dos de esas
exposiciones retrospectivas pudieron con­
tem plarse de nuevo telas de W alter de
N avazio (1887-1921), Valentín T iiibon de.
L idian (1889-1931) y Víctor P isarro (1891 1937).
A pesar de que parecen de la misma gene­
ración. por las fechas de nacim iento, m u ­
cho difirieron entre sí, tanto como para
señalar tres etapas. Más im portante resul­
ta, pues, para ubicarlos la fecha de la
m uerte. Los diez años que m edian entre
el fallecim iento de Navazio y el de T h ib o n
son fundam entales en cuanto significaron
la introducción y triunfo en cierto modo de

N avazio. Paisaje de San Alberto.

las tendencias postim presionistas —por obra
de ¡Víaiharro prim ero, de Viau y Silva
después— y los siete que transcurren entre
la m uerte del segundo y la de Pisarro ta m ­
bién lo son, pues p o r entonces, en buena
p arte debido a los esfuerzos de G uttero,
triunfaron los principios de la estética p a ­
risiense, diversos sin duda pero con una
iónica esencial de fauvism e. Y no deja de
resultar curioso, en consecuencia, cómo se
quem aron las etapas después del C entena­
rio para actualizar la p in tu ra argentina,
gracias al esfuerzo de hom bres cpie casi
tenían la misma edad.
W alter Df. N avazio era un rom ántico pero
de una especie absolutam ente personal en
el Plata. N i natu ralista, ni folklorista, ni
patético, p orque en el fondo no practicaba
esa especie de religión que es todo p an teís­
mo; era u n lírico y p or tanto u n hom bre
en q uien la naturaleza resonaba con sub­
jetivos acentos p ara transform arse en una
m elodía de ricas tonalidades. (Digo m elo­
día, lo que significa secuencia de sonidos,
pues a diferencia de los impresionistas y a
semejanza de sus mayores en el ro m an ti­
cismo, siempre cultivó el lenguaje plástico
de las formas que se unen.) A veces se
dejaba llevar p or la desesperación, forzaba
los contrastes en claroscuro y en tibiaba la
emoción. Son las veces en que a m i juicio

N a v a zio . Paisaje.

�N a vazio . Retrato al carbón.

no p intaba bien. Pero otras, acaso no m u ­
chas porque la enferm edad lo m inó desde
tem prano, sabía tener arranques de euforia
cu el color, que se hacía cada vez más puro
sin llegar a dividirse, dando las notas más
felices de nuestro paisaje. Entonces no era
la sensible, serena y desvitalizada fluencia
de su alm a la que se expresaba, sino el
vigoroso, atorm entado y al mismo tiem po
contenido grito de su espíritu, cuando to­
davía luchaba y, claro está, vencía. A de­
más, como era un dibu jan te, no confundía
la nota de fina vibración del trazo y los
valores con la ausencia de construcción de
la forma. Y por todo esto, sin h aber rayado
a gran altura, ocupa un puesto que no
hará sino consolidarse con el tiempo.
P isarro tam bién era un rom ántico, a pesar
de su terror por todos los sentim entalism os
y hasta una cierta dureza que perm itía
considerarlo como un introvertido, firm e y
severo. Era un rom ántico controlado por
la razón, inteligente como pocos, amigo
de la cultura y lector tam bién como pocos,
austero pero con u n insobornable fondo
de ternura y de sensualidad. Además era
músico. Fué sobre todo el paisaje de F ran ­
cia, más precisam ente el de los alrededores
de París —M oret— con sus cielos m elancó­
licos, enriquecidos hasta lo increíble por la
variabilidad de la luz, el que le perm itió
m adurar en ese rom anticism o de los senti­
dos —vista y tacto m aravillosam ente u n i­
dos— que acusaba cierta formación perso­
nal en el fauvism e. Pero si otros fauves,
aun entre los grandes, pudieron derivar
hacia una concepción más o menos decora­
tiva de la p in tu ra, jam ás lo hizo Pisarlo,

quien siguió viendo, hasta los días tristes
de su m uerte prem atu ra, en el arte del co­
lor el modo de exteriorizar una música
rugosa, interior, casi sin enlaces, una espe­
cie de arm onía b árbara —valga la p arad o ­
ja — como sólo pueden concebirla los, espí­
ritu s más finos de nuestro tiempo. Frente
a los paisajes de Navazio, los de Pisarlo
son más vigorosos, más encerrados, menos
hechos, más melancólicos en cuanto la sus­
tancia misma es más triste y hasta acongo­
jada, pero tam bién p o r ello de una ternura
más infinita. Dió su nota, fina y p u ra, en
el sentido im puesto p or la tradición, sin el
brillo de u n a estrella de prim era m agnitud,
más bien como un astro que se apaga. Pero
eso fué mucho.
T iiibon de L iman fué menos paisajista que
figurista; sobre todo u n compositor de g ru ­
pos en interiores. Mezcla curiosa, bien
am ericana, de elem entos positivos y n eg ati­
vos, con la terrible in q u ietu d de un ro ­
m ántico tam bién, pero sin ese espíritu sis-

T

h ib o n .

El salón.

�T hibon . Circo de campaña.

lemálico que en todo tiem po lia podido
salvar a los rom ánticos de la disgregación.
Ni D egas, ni T oulouse-L autrec influyeron,
a pesar de que se hayan repetido esos nom ­
ines a propósito de su p in tu ra. Le faltaba
la precisión de la línea, la capacidad su­
prem a de la síntesis y la virtud para conte­
ner la emoción del prim ero, así como la
soltura elegante y el sentido de la defor­
mación sensible del segundo, lo mismo en
el trazo coloreado cpie en los empastes
gruesos. Él era un natu ralista como germ i­
naban en estas tierras p or entonces, que
reaccionó contra su propio am aneram iento
sentim ental de la p rim era hora y contra
ese otro am aneram iento que hizo presa de
muchos epígonos del im presionismo. Y a
base de p u ra intuición, sin pensarlo mucho,
dejándose llevar más bien por las acom eti­
das de su espíritu versátil, librando en cada
instante la tuerza ciega de su colorismo no
siempre feliz, un buen dia se vió represen­
tante del postim presionism o francés. C u an ­
do se escarba, em pero, tras la superficie de
color brillante, unido y homogéneo, tras
el dinam ism o de la composición delib era­
dam ente desm añada, tras la pobreza de su
dibujo, lo que se halla es siempre al n a tu ­
ralista pintoresco, enam orado de la vida
en sus aspectos pasajeros, pero con una tan
extraña como inm adura potencia de expre­
sión. Frente a los otros, la figura de T h ib o n
se achica, tal vez porque prom etió más y
cum plió menos.
N inguno de los tres pintores fallecidos
iguala la m aestría de otros que fueron sus
contem poráneos, pero cada uno filé au té n ­
tico en su tiem po y cada uno supo decir
su palabra feliz. El m om ento de auge de
las tendencias que siguieron ha pasado, sin
duda. Ya no se trata de ser un buen p in to r
rom ántico, postim presionista o jauve, pues
las circunstancias que dieron nacim iento a
tales direcciones m ucho h an cam biado en
los últim os veinte años. Pero la lección
que los jóvenes pueden aprovechar es bien
clara: a pesar de cpie fueron casi contem ­
poráneos y de que sus modos de creación

P isarro. E l jardín.

variaron enorm em ente, como se ha dicho,
tanto Navazio y T h ib o n como Pisarro su­
pieron sobrepasar el bajo nivel de lo que
es siem pre apetencia tem poraria —sin re­
h u irla tam poco— porque en n ingún m o­
m ento traicionaron el m andato de sus
conciencias.
J orge R omero Brest

�Seii .imiíERC.o . Figura.

PIN T O R E S A RG EN TIN O S
C O N T EM PO R 4NEOS

Para borrar el recuerdo del últim o Salón
de O toño que fuera tan pobre y m onótono
como m uestra de conjunto, fuimos al Sa­
lón K raft a ver las obras de trein ta artistas
argentinos; según el catálogo se trataba de
pintores contem poráneos, pero pocos p a re ­
cían serlo, tan anacrónicas resultaban sus
pinturas. Acaso los únicos que escapan son
H oracio B uti.er y J uan d il P rete.
El prim ero, con su tendencia a la rep re­
sentación planista del espacio, se acerca a
las corrientes nuevas de la p in tu ra , aunque
no llega a ser abstracto ni en la elección
del tem a ni en su ejecución. B utler que
compone su Playa com binando tonos p re ­
dom inantem ente fríos, m uestra su pasta de
hábil p in to r en la form a en que trae hacia
adelante las m ontañas del fondo, pero sin
chocar con los motivos del p rim er plano,
de colores algo más cálidos. Por su parte
Del Prete, alejándose de su pasado de
fauve emotivo y violentam ente sensual, se
lanza a descubrir los caminos del llam ado
arte abstracto. En la Composición que p re ­
senta quiere m ostrarse frío e intelectual,
pero su sensibilidad de colorista lo traicio­
na, haciéndole insertar, como una p u n ta
de lanza, un blanco cálido sobre un fondo
homogéneo tam bién blanco pero frío, con­
traste éste que, además ayudado por unas
m anchas de colores puros, dinam iza un
cuadro de apariencia tan estático.

Casas Boqueases de E ugenio D ani.ri descu­
bre, tanto como las figuras de ancianas que
él gusta p in ta r, su intelcctualism o ro m án ­
tico que brota a través de sus pinceladas.
Gomo confirm ando esta observación n o ta ­
mos ciertos loques cálidos de colores satu ­
rados, p u ra emoción, con que D aneri fo r­
talece los grises y ocres más fríos que suele
usar como color local. A rtista de gran sen­
sibilidad, R aúl Soldi construye su N a tu ra ­
leza M uerta con pinceladas cortas y ricas,
de ritm os paralelos que altern an con otras
alargadas, menos densas y de giros casi
concéntricos; los choques que se producen
acentúan la fuerza con que el motivo cen­
tral —trabajado en grises coloreados, rojos
y negros— se levanta de un fondo claro,
dinám ico y sensualm ente term inado. Más
rom ántico aun es E nrique Po i .icastro,
c u to paisaje Campo aparece como a b la n ­
dado p o r un rayo lum inoso que quiere
incorporarnos a esa atm ósfera tan senti­
m ental que lía invadido sus últim os Iraba-

Soun. N aturaleza muerta.

�jos, quitándoles algo de la fuerza instintiva
que era su m otor, y al mismo tiem po el
dique que lo contenía p a ra no caer en la
m onotonía que dom ina hoy su composición.
O tro p in to r que se supera en cada envío
es M arcos 1 io lio quien expone, ya sea
en sus naturalezas m uertas, paisajes u rb a ­
nos o en esta M arina, su tendencia a ale­
jarse de los objetos p ara llegar a la ex p re­
sión plástica p o r m edio de alusiones, siem­
pre m anteniéndose, p or su técnica, en un
plano de sensualidad m aterial. Sus cua­
dros no están nunca m inuciosam ente te r­
m inados porque el m undo que él crea no
emerge de los detalles: se presiente en to ­
das sus pinceladas que viven y, cargadas
de rom anticism o, se funden en arabescos
dinámicos. V ibra la Sandia de M ig u el
D io m e d e tanto por su naturalism o como
por el feliz m anejo de la substancia cro­
m ática q ue se espesa p or superposición en
el centro de la tela, en brillantes rojos y
am arillos y se hace cada vez más diáfana
al transform arse en espacio.
R am ón G ó m ez C o r n e t presenta N iña cuyo
tem a y colorido nos resultan fam iliares, no
así la expresión sentim ental m ucho menos
desgarradora que en otros cuadros suyos.
En la superficie u n id a de esta obra las
pinceladas no vibran con independencia, se
ju n ta n p ara entonar un acorde profundo
en tonos bajos. T am bién
hay dulzura aunqu e no
tanta fuerza subjetiva en
la Cabeza de N iña de A n ­
t o n io B e r n i , trabajo algo
blando y superficial re a ­
lizado en tonos vivos y
puros. L a concepción de
la figura en M ig u e l C.
V ic to r ic a es o tr a : e n el
R etrato de lilas M olina la
te r c e r a d im e n s ió n e s tá l o ­
g r a d a e n d o s fo rm a s ; e n
la f ig u r a la s u g ie re p o r la
y u x ta p o s ic ió n d e n u m e r o ­
sos p la n o s d e c o lo re s, e n
e l r e s to d e l c u a d r o la h a ­
ce s u r g ir d e u n f o n d o de

B u t i .e r . La playa.

suaves variaciones tonales en el que se des­
vanece en redondo la figura central, que
aislada parecería casi plana. N o hay d uda
de que la técnica usada, el pastel, no ofrece
dificultades a este h ábil p in to r, pero es en
los óleos donde más se destaca, porque de
los pomos, p o r su brillo y m aterialidad
obtiene m ucho más vigor y al mismo tiem ­
po más adhesión a las cosas, que él define
m ediante la deform ación. N inguno de es­
tos diez pintores ha necesitado temas re ­
buscados o grandes policrom ías p ara tras­
m itir su emoción; en cambio, cuántos ele­
m entos acum ula R a q u e l F o r ner p a ra dar
su mensaje en el cuadro Vanidad, que
m uestra a pesar de ese am ontonam iento
literario el oficio y talento suyos, no muy
aprovechados en esta o portunidad.
Es encom iable en el cuadro de J uan C ar ­
los C astag n ino la tendencia a lim p iar la
paleta que se observa en la figura, aunque
todavía no en los fondos. T am b ién están
representados L in o S p il im b e r c o con su fi­
gura de dureza de estatua y ojos de m irar
hum ano, trab ajad a más que con colores,
con u n juego de valores sabiam ente tra ta ­
dos dentro de una gama algo fría, y J uan
B á te le 1’lanas quien no logra, a nuestro
modo de ver, la expresión u ltraterren al que
parece buscar.
B ea t r iz H

uberm an

�M ARIO C.ARREÑO
A M ario G arrí - ñ o , tan ilustre como joven
p in to r cubano, profesor de la N ew School
de Nueva York, que acaba de exponer en
la G alería Sainos, se lo presenta como un
artista de m eteórica carrera, a través de
una obra sin vacilaciones y con una m ad u ­
rez ya conquistada. Viene precedido por el
juicio altam ente elogioso de m uchos c ríti­
cos del continente, quienes no vacilan en
em plear adjetivos de valoración su p erlati­
va y en señalar conquistas sustantivas como
p in to r universal y al mismo tiem po am e­
ricano.
Advierto estos antecedentes al lector que
no conoce, por ejem plo, las magníficas m o­
nografías de José G ómez Sicre (Cuadernos
de Plástica Cubana, n? 1, La H abana,
1943) y de A ntonio R omera (A ntillanas,
Santiago de Chile, 1949) , p o rq u e mi juicio
difiere del de ellos y no quiero inducirlo
falsam ente a que lo adm ita y hasta lo
adopte sin exam en. P ara mí C arreño es
un p in to r h áb il y b rillante, de fina sensi­
bilidad y de rica fantasía. Por ahora, nada
más.
Decimos de un hom bre que es hábil c u a n ­

do dom ina los secretos de la fabricación de
algo con perfección, lo mismo si se trata
de un objeto concreto o de la exposición de
una idea o de la creación de un cuento.
La h ab ilid ad im plica ante todo conocim ien­
to, luego destieza y finalm ente sensatez.
IJn p in to r h áb il conoce los recursos del
oficio, los m aneja con destreza p ara crear
la form a que desea y es siem pre lo sufi­
cientem ente sensato como p ara no p e rm i­
tirse nada que esté más allá de las posibi­
lidades que perm iten su conocim iento y
su destreza.
Un h om bre es brillante cuando logra en
el p lano del hacer o del pensar o del d e d i­
que las form as de expresión tengan fuerza
expansiva y se im pongan m erced a un
ritm o que arrebata, a u n q u e ellas no siem ­
p re sean portadoras de ideas o sen tim ien ­
tos, o simples adivinaciones, de verdadera
calidad. Y como en tal faena hay siem pre
algo de chisporroteo, de reflejo lum inoso,
el em pleo m etafórico de la paja lira b rilla n ­
te se justifica. Un p in to r es b rillan te c u a n ­
do sus formas tienen tales caracteres, em a­
nando de ellas el chisporroteo del color y
de la línea, de los planos y los volúm enes,
hasta, encandilar los ojos. C ierto es que
hay u n brillo que es exteriorizacióu de una
fuerza interior, pero entonces ya n o es
brillo sino luz.
Un h om bre es sensible cuando denuncia en
sus gestos y palabras, modos de ser y de
convivir, u n sistema de preferencias basado
en la rica variabilidad de las situaciones
y de las respuestas a ellas, como si su vista y
su oído, su olfato, su tacto y su gusto
jam ás se rep itieran y supieran h allar, en
cada caso, u n acento diferencial, un nuevo
m atiz. Así, u n p in to r de sensibilidad se e n ­
riquece con la variedad, tan to en el juego
de las líneas y planos con los que orga­
niza el ritm o de la comjiosición, como en
el juego del color, sean acordes de tonos o
contrastes de tintas.
Un h om bre dem uestra tener rica fantasía
cuando en fije diálogo que constituye su
p erp etu o devenir, no sólo registra con sen­
sibilidad superaguda la v ariabilidad a lu d i­

�da, sino tam bién inventa nuevas situado
nes, las cuales exigen a su vez inéditas
respuestas. Es un hom bre que sorprende
y a m enudo desconcierta, pues sus respues­
tas no son las habituales y todo cuanto
sugieren invita a penetrar en un mundo
de trascendencia emocional. Así, un p in ­
tor fantástico elige temas no previstos, los
trata m ediante formas no previstas y crea
un tipo de emoción no previsLo; por enci­
m a de cualquier otra posibilidad expresi­
va, sorprende y desconcierta, arrastra con
la fuerza de un mito o de un cuento, y
tan solo se detiene cuando el espectador ha
adm itido ya la validez del m undo nuevo
que presenta.
Y bien, tales son las notas positivas que
encuentro en la p in tu ra de Garreño. Para
muchos bastará. No para quien busca en
el arte otra cosa que no es el chisporroteo
de la brillantez, la melodía variable de las
reacciones sensibles o el arrastre hacia zo­
nas de invención fantástica, menos todavía
el simple m anejo h ábil de los elementos,
sino la respuesta a una sola pregunta, que
implica la existencia de una m editada acti­
tud estética del artista frente al m undo, es
decir, frente a la vida, en su dimensión
de pasado y en su dim ensión de futuro,

detenida en el fugaz m om ento que es todo
presen te.
Esas notas positivas lo serían realm ente en
la p in tu ra de Garreño si le sirvieran para
crear un m undo de raíces hondas en el
que apareciese construida la realidad con
acentos de existencia y fijeza de ideal. Pero
tal no ocurre en las obras expuestas. Por
el contrario, se ve que el p intor se ha
preocupado mucho por el perfeccionam ien­
to de su hacer y poco p or el enriqueci­
m iento de su mensaje espiritual. Por eso
denuncia una rara facultad de asimilación
y al mismo tiem po im potencia para tom ar
p artido v m adurarse en el estilo. No es un
rom ántico ni un folklorista, pero no des­
deña ninguno de los recursos que proceden
de tales actitudes estéticas; no es un cu­
bista o un constructivista o un purista,
menos todavía un cultor de formas abs­
tractas, pero se advierte que no ha sido
ajeno a tales experim entos; no es un pin
tor de cuadros de caballete, ya que re n u n ­
cia voluntariam ente sin duda a la confesión
emocional de la individualidad integrada
en los objetos que constituyen el m undo
de la tela, pero tampoco es un muralista
o un ilustrador pleno, no obstante que p a ­
rece tener especiales condiciones para serlo.

�C a r r e ñ o : Serenata.

Y en definitiva, es más bien un estilizador
y un rim ador de formas naturales, a las
que destruye es cierto, aplastándolas o d e­
form ándolas, pero a las que no otorga un
nuevo contenido de emoción. C uando lo
logra y en parte, se im pone algún recuerdo
de modo demasiado evidente, p or ejem plo
de P icasso .
Pero es tan hábil y es tan ta la energía que
em ana de su destreza, y es tan ponderado
y sutil, que cabe preguntarse si este joven
p in to r de apenas trein ta y seis años no está
necesitando tan sólo de una fuerte conm o­
ción interior para situarse de pleno d ere­

cho dentro del arte
que c u l t i v a ; para
descubrir que la p in ­
tu ra es u n magnífico
lenguaje con el cual
construyen a l g u n o s
h o m b r e s , especial­
m ente d o t a d o s , la
misma realidad m ó­
vil que i n c e s a n t e
m ente se d e s t r u y e
pero o t o r g á n d o l e
una n ota de esencialidad, de eternidad.
Y m e respondo a mí
mismo que tal hecho
puede o cu rrir cu an ­
do c o n t e m p l o sus
obras a n t e r i o r e s ,
cierto cpie a través
de re p r o d u c c io n e s ,
pues se im pone su
labor de depuración
y u n a v oluntad fra n ­
ca de h u ir de u n a
retórica form alística
y n a t u r a l í s t i c a al
mismo tiem po que
lo dom inó d u ran te
m uchos años.
T e n t a d o estoy de
afirm ar, en presen­
cia de su obra no
m ad u ra pero llena
de valores en agraz,
que C arreño podría ser u n extraordinario
creador de formas abstractas, si lograra
in fu n d ir a las que p in ta de la potencia
instintiva que es m enester en u n a direc­
ción o del rigor racional en otra, y si
com prendiera sobre todo que ellas deben
constituir u n todo con la arq u itectu ra de
nuestro tiem po, liberadora del espíritu en
cuanto moviliza el espacio, pero capaz de
sujetarlo en seguida en cuanto p erm ite
vislum brar una nueva arm onía de ritm os
esenciales.
J orge R o m e r o

B r i .st

�MARCOS T IG L IO
A través de las naturalezas m uertas y de
los paisajes de T iglio hemos descubierto
un tem peram ento poético y u n talento pic­
tórico. T iglio. poeta, recrea u n m undo que
nos gusta y vale p o r la potencia emotiva
con que restituye su apariencia exterior;
de las cosas no quedan las cualidades de
su m aterialidad —ni la b landura de la p u l­
pa, ni la dureza del objeto— y, sin em ­
bargo. ellas están allí, no con el sentido de
una simple evocación, sino como estru ctu ­
ras reconocibles; esto ocurre porque el
artista sabe darnos esa figuración por la
m ateria coloreada plena de sensibilidad.
Sus obras escapan al m ero naturalism o ya
que aun cuando traduce u n a fru ta con la
forma más aproxim ada de la realidad, d en ­
tro está el color dándole una vida nueva
en el m ovim iento de los trazos; es como si
prim ero entrara en el m undo de las formas
p ara deshacerlas y luego las recom pusiera
merced a un solo medio de expresión: la
dinam ización de la pincelada. Por esta dinamización naturalezas m uertas y paisajes
urbanos aparecen aunados en u n a misma
intención creadora; de nada sirve que te­
teras, jarrones, botellas se aproxim en hasta
comprim irse a veces dentro de una circu n ­
ferencia im aginaria; lo que im porta en la
contem plación, es ese m undo que se ex­
pande más allá de los lím ites de su con­
creción y constituye con el aire que lo
envuelve un todo unido y arm ónico.
En los paisajes urbanos es donde d efin iti­
vam ente aparece T iglio como el p in to r de
la atm ósfera hecha color. Recordemos cómo
los arm a, siem pre como u n conglom erado
de masas nunca demasiado determ inadas o
apenas lim itadas por trazos oscuros que
hallan sentido por la entonación general y
el loque sensible de algún color puro; sin
recurrir con frecuencia a las diagonales
para dar la profund id ad porque los dis­
tintos planos son dados p or la distribución
de las tintas y tratando siempre de recrear
ton pincel vivo y delicado cielo y aire, en
m últiples toques de color.

Sobre la tela se deslizan los colores en
trazos diversos creando su verdadero modo
personal, el cual se define más que p o r el
em pleo de arm onías determ inadas de g ri­
ses, azules pizarra, verdes, p o r la m anera
de hacer v ibrar las pinceladas. Ésta es la
fuerza de T iglio, la que se desprende de
una escritura que le p erm ite transcribir lo
que su tem peram ento siente frente a un
paisaje o a una naturaleza m uerta. Pero
esa escritura puede convertirse en un p e li­
gro si al explorar el m undo de las formas
no encuentra en cada caso las arm onías
necesarias que renueven su paleta prom isora. (Salón Peuser.)
B lan c a Sta b il e

M arcos 'l ici to. L u jin .

�A

P

O

S

T

I

L

L

A

S

D el P rete y a no es m á s el fa u v e de o tro s tie m ­
pos, n i el creador de fig u r a s p la n a s co n fu e r te s
c o n tra ste s cro m á tico s, u n poco a lo M a t is s e ,
que fu é d esp u és, o de aquella c u rio sa c a lig r a fía
d in á m ic a de tr a zo s in te n s o s de color que c u ltiv a ra
h a sta hace pocos a ños. S e halla enrolado e n el
g ru p o de los p in to r e s a b stra c to s m á s p u ro s, de
q u ien es red u c e n la crea ció n p ic tó r ic a a u n ju eg o
de ele m e n to s g eo m étrico s, s in e x c lu ir el color s in
e m b a rg o , sobre u n fo n d o blanco, p a r a lograr
u n a e x p r e s ió n e sc a sa m e n te em o cio n a l — e n el
o rd en de los s e n tim ie n to s — p ero rica de sen tid o
com o d in a m iz a c ió n del espacio. E s u n in q u ie to
y esto sólo lo hace acreedor a n u e str o resp e to .
P ero no b a sta s e r in q u ie to . T a n to e n las p in tu ­
ra s com o en la s co n stru c cio n es que acaba de

exp o n e r en la G alería C a va ü o tti, n o o b s ta n te el
v a lo r de a lg u n a s com o e x p r e s ió n de sensibilidad
y de ju e g o im a g in a tiv o , a d v ie rto u n a in s u fi­
cie n te fu n d a m e n ta c io n te ó rica . L a p o te n te f a n ­
t a s í a del p in to r sig u e d o m in a n d o , com o o trora
señ a lé a p r o p ó sito de o tro s cuadros, y la f a c i l i ­
d a d con que tr a b a ja le im p id e d e sc u b rir el
sec reto de la e x p r e s i ó n r i g u r o s a que es pa la b ra
de o rden e n tr e los que fo r m a n p a r te de la
escuela a que quiere p e rte n e c e r. — J . R . B.

X u l X olar en la G alería S a m o s: te m a s de im a ­
g in a c ió n lite r a ria realizados con e le m e n to s p lá s­
tico s que c o n se rva n u n a v a g a re la c ió n con fo r ­
m a s g e o m étric a s. L a e m p re sa de crea r esa “m is tic a de la p in tu r a de los que n o v e n con los
ojo s fís ic o s e n el á m b ito sa grado” — com o bella­
m e n te a p u n ta J orge L u is B orges en el catá lo ­

�go — es ardua y h a sta m e a tr e v e ría a decir
im p o sib le, e n tre o tra s ra zo n es p o rq u e la p in tu r a
no p ro ve e de e le m e n to s (pie fa c ilite n la em o tiva
tr a n su s ta n c ia c ió n a l m u n d o m e ta fís ic o im a g i n a ­
do. O tra cosa s e r ía el m u n d o m e ta fís ic o in v e n ­
ta d o r a c i o n a lm e n te y p o ten cia d o em o cio n a lm en ­
te. B a s ta r ía p e n sa r en el fra ca so de u n W illiam
B l a k b p a ra co m p ren d erlo . A s í X u l X o la r, e sp í­
r itu fin o y o rig in a l, em p eq u eñ ecid o en su m u n d o
a fu e r z a de q u erer am p lia rlo h a sta los lím ite s
del in fin ito , no s e n v ía u n m e n sa je s in a lie n to ,
com o s i el c o n ju n to de p eq u eñ a s acuarelas y
dib u jo s e stu v ie ra il u s t r a n d o u n p in to resco cuento
in fa n til, con in g e n u id a d de p elícu la e xp re sio n is­
ta s de p re g u e rra y algo de aurora boreal p o r la
ilu m in a c ió n . E x c u sa d o decir que s iem p re hay
calidad, p ero la p in tu r a fu e r te de n u e stro tie m ­
po, a m i m odo de ver, se o rien ta de o tro m o d o .—
J . R . B.

R a ú l R u s s o sabe m o d u la r las p a sta s cargándolas
de lu z o so m b ra p a ra d isp o n er u n p a isa je en
gra n d es m a sa s ; sabe endurecer las fig u r a s p a r a
que s e a n s in té tic a s e n la e x p r e sió n de su s fo r ­
m a s ; sabe ju g a r con la lín e a p a r a que ella
cobre en los lím ite s de u n a fig u r a o de u n a s
flo re s, la g ra cia u n poco blanda de a lgunos
r e p r e se n ta n te s de la E s c u e la d e P a r í s ; y , a
veces, h a sta sabe tra d u cir la calidad sen su a l de

la m a te ria m ism a . E s ta m o s a fir m a n d o dotes, s in
e n tr a r en el a n á lisis severo con el solo f i n de
c o n clu ir que a u n n o se p e r fila u n a exp re sió n
d e fin itiv a a tr a v é s de los m ed io s plá stico s e m ­
pleados.
S in em bargo, en las n a tu ra le za s m u e r ta s es do n ­
de la sensib ilid a d del a r tis ta n o s h a hablado m ás
d ir e c ta y sin c e ra m e n te . H a y e n ellas m á s que
co m p o sició n , g u sto por la d is trib u c ió n . L o s fo n ­
dos se m u e v e n , e n u n ju e g o de cálidos y fr ío s,
e vita n d o la m o n o to n ía . L a s cosas no e stá n abso­
lu ta m e n te recreadas pero tie n e n fu e r z a en la
e x p r e sió n de su m ateria lid a d . L a p a s ta se a m a l­
g a m a bien p a ra dar la concreción de las botellas,
o se p arcela en am arillos, rojos, v ioletas y u x ta ­
p u e sto s de los lim ones. L á s tim a que ob jeto s y
fr u ta s no te n g a n el m ism o v alor d e n tro de la
espacialidad, y a que se e x p a n d e n e n la búsqueda
de v o lu m en (choclos, g u in d a s, u v a s) o se encie­
r r a n en los tra zo s de los c o n to rn o s acen tu a n d o el
p la n ism o . (S a ló n P eu ser) — B. S.

C e r n o b o r i es u n p in to r que u n e a su s en sib ili­
dad sa b id u ría e n el o fic io : que conoce las rela­
ciones de los tonos, de los v erd es tie rn o s y los
ocres ásperos y que sabe d a r con ellos a sus
p a isa je s u n c a rá c te r ro m á n tico . S u calidad de
p in to r se v e sobre todo e n el m a n e jo de esos
verd es s u tilm e n te conjugados p a r a crea r u n a

�e sp e s u ra ; y su r o m a n tic ism o e n ese a d e n tra rse
en la n a tu r a le za p a r a tr a d u c irla en la m in u c ia
de los to n o s s in in s is tir n u n c a en la red u c c ió n
in te n c io n a d a de los planos. C ern o b c ri es el p a i­
sa je r o m á n tico . P ero el c o n sta ta r que s en sib ili­
dad y ofic io se a ú n a n con ju s te z a en la creación
de los cuadros n o n o s im p id e d ecir que fr e n te a
su e x p o s ic ió n n o s se n tim o s u n poco com o lle­
gan d o a los u m b ra les de u n m useo, con todo lo
que esta a fir m a c ió n in v o lu c ra e n fa v o r y en
c o n tra de u n a va lo ra ció n . S u a rte lo se n tim o s
y a s in p o sibilidades y con c ie rto aire de tie m p o
a n tig u o . (S a ló n P e u ser) — B . S .

J osé G ur .n o b o r i ,

Retrato.

G e r t r u d is C h a l e acaba de e x p o n e r en V ia u
una serie de p a is a je s, alg u n o s con fig u r a s , con
te m a s del a ltip la n o . S o r te a e n ellos el peligro
de la e x p r e s ió n fo lk ló r ic a y busca a fa n o sa ­
m e n te la e x p r e s ió n m o n u m e n ta l — g r a n d es p la ­
n o s de a r ista s a fila d a s e n el p a isa je , s ín te s is
a p r e ta d a del color h a s ta en los tr a je s — pero
n o a c ie rta ig u a lm e n te e n c u a n to al to n o e m o ­
tivo . E s tá presa , com o ta n to s o tro s p in to r e s,
de u n a in d e c isió n , ta l v e z no
c onsciente, que la p e rju d ic a . O sci­
la e n tre u n a te n d e n cia h a cia las
fo r m a s a b s tra c ta s y o tr a que la
a m a rra al pasado ro m á n tico .
T a m b ié n C a r y b é exp u so te la s con
te m a s parecidos. P ero su p ro b lem a
es d is tin to , p u e s él se halla preso
to d a v ía del d e slu m b ra m ie n to cos­
tu m b r is ta . S e a ñ o ra n aquellos di­
bujo s rá p id o s, esp o n tá n eo s, c e rte ­
ros, que p u b lic a b a en L a V a n g u a r ­
d ia y en A r g e n tin a L ib r e hace al­
g u n o s años. — J . R . B.

R aúl

R i/s s o .

Flores y figuro.

�hojas de estudio
DE

M A N E T

A

N U E S T R O S

IM PRESIONISTAS Y
PO STIM PRESION ISTAS

D I A S

turaleza, las hojas de u n árb o l no son
azules como las p in ta M onet p a ra ale­
jarlas de las ram as verdes. Él no cons­
truye volúm enes n i d ib u ja sus form as con
rigor, pero el dinam ism o de su p in tu ra
in q u ieta al espectador y le hace colabo­
rar, form ando él mism o las im ágenes que
le da disgregadas en m edio de su espacio
tan vibrante. A unque po d ría aparecer co­
mo aprisionado p o r sus experim entos no
se debe pensar que sus telas obedecían
sólo a u n deseo de satisfacer las teorías;
únicam ente los m alos pintores aplicaron
las leyes al pie de la letra, no M onet
cuyo espíritu sincero le hacía re c u rrir a
la variación tonal y a ab an d o n ar los co­
lores p uros cuando su sensibilidad se lo
exigía. Esto es evidente en el p rim er plano
de Las Parvas en Giverny donde el cés­
ped, p in tad o en variados verdes, y las p a r­
vas, en diferentes am arillos y ocres, su­
gieren u n volum en q u e no se percibe en
el p lan o superior, casi sin relieve. No hay
en estos cuadros perspectiva geométrica co­
mo usaron los italianos del R enacim iento,
las form as p alp ita n dentro de u n espa­
cio m uy dinám ico pero se m an tien en en
el mismo plano. Esto se observa tam bién

A unque no es M o n e t el más im p o rtan te de
los pintores representados en la p rim era
sala de la exposición D e M a n e t a n u e s ­
tros d ías , se inician estas hojas de estu­
dio con el análisis de sus cuadros ya que
fue él q uien dió form a y carácter de teo­
ría a las ideas acerca de la luz y el aire
lib re que unieron a los pintores de su
grupo. M adurando hallazgos anteriores
aparecen en los cuadros de M onet pequeños
toques coloreados que se ubican uno ju n ­
to al otro sin fundirse, en busca de la
atm ósfera del m om ento, p ara m ostrar los
cambios que la luz produce en los o b ­
jetos. P or eso encontram os en sus cua­
dros formas y colores que la experiencia
no siem pre denuncia: en Las P a n a s en
Giverny las sombras no se producen p o r
el efecto de negros y grises, como en la
p in tu ra tradicional, sino que coincidiendo
con leyes descubiertas p o r los físicos de su
tiem po acerca de los colores com plem en­
tarios, ju n to a u n verde M onet coloca un
rojo, o bien som brea u n tono cálido con
uno frío. Pero esto no ocurre en la n a ­

53

�en Vista de San Giorgio Maggiore (Venec ia ), p in tad a en 1908, que m uestra a d ó n ­
de quería llegar M onet cuando salió al
plein air en busca de la luz. En esta obra
las form as se adivinan como a través de
una gasa más translúcida que tran sp aren ­
te; es una atm ósfera tan densa que el
ojo apenas alcanza a p en etrarla. Ese es­
pesor que no q u ita dinam ism o a la com­
posición, la h aría m onótona si no fuera
p o r la vibración de u n a zona en sombras
violáceas que al irse hacia atrás rom pe la
u nidad del espacio.
En el cuadro En B arque, producido en
1887, ya aparecen m uchas de las carac­
terísticas que dieran la tónica a la p in tu ra
de fin de siglo; achicam iento e indivi­
dualización de las pinceladas; temas sim ­
ples, sin rebuscam ientos; colores puros,
claros, som breados generalm ente p o r la
proxim idad de los com plem entarios, a u n ­
que en este cuadro se ven todavía algunas
som bras obscuras en el bote y el agua
cercana a él; pérd id a del volum en —total
en las figuras, parcial en la representa­
ción del bote— en beneficio del dinam ism o
de la composición. En esta tela hay alg u ­
nas notas que dem uestran que es an terio r
al paisaje veneciano, cuyas formas están
destruidas, m ientras que acá el dib u jo
conserva su im portancia, lim itan d o las fi­
guras que no se funden n i en tre sí ni
con el espacio que las rodea. De todos
estos caracteres, posiblem ente el que más
diferencia a estos cuadros de la p in tu ra de
principios del siglo x ix y aun más de la
anterior es ese aclaram iento de tintas que

M onet recibe de otro g ran p in to r con­
tem poráneo suyo, E douard M a n e t , quien
a su vez incorpora a sus p in tu ras algunos
elem entos de la corriente im presionista.
En La servidora de cerveza notam os la cla­
rid ad que asoma tan to de las figuras co­
mo del fondo, pero no todo se debe a
la influencia del im presionism o. E n las
figuras la luz h a sido am asada con los co­
lores, p or eso la vemos surgir au n de los
planos de tonos puros, casi sin la variación
tonal con q u e construye sus formas. El
volum en está sugerido p o r los choques de
esos planos y sobre todo p o r las líneas
m uy plásticas de su dibujo. L a p in tu ra
no es m uy hom ogénea, p ero sus pincela­
das no se individualizan tan to como I2 S
de Monet. E n el fondo hay yuxtaposición
de tonos y tintas que se contrastan a u n ­
que no m uy violentam ente; esto hace que
ese fondo se adelante, ayudado p o r algunos
giros caligráficos que recuerdan a Matisse.
Este cuadro m uestra u n a alegría de colo­
res puros que apelan directam ente a los
sentidos; en el R etrato de Isabel L em onnier, casi totalm ente conjugado en neutros,
sólo hay u n toque más p u ro en los ojos,
que form an el centro de la composición.
A unque juega con los colores neutros, no
se lanza M onet a la búsqueda del volu­
m en p or la variación tonal, sino que acá
tam bién su figura está construida p o r lí- .
neas m uy plásticas, lím ite de grandes p la ­
nos de color, que sin ser absolutam ente
homogéneos, tam poco están finam ente de­
gradados. Se nota como u n a alusión a otro
m undo que no está encerrado en la tela

54

�sino que se eleva desde ella, resabios del
naturalism o rom ántico que M anet n o creía
tener.
Ésta es tam bién la concepción que dom ina
en su R etrato del A b a te H u rel; la p arte
más expresiva es el rostro, m ientras que
el resto de la figura, si b ien está construi­
do, está menos term inado y, a u n q u e no
se funde con el fondo, no hay m arcado
contraste con él. A penas esbozadas las m a­
nos liberan la fuerza que llevan, incorpo­
rada m ás a la m ateria q u e a las formas,
preanunciando el fauvism e, m ientras que
los detalles q u e afirm an la profesión del
personaje —som brero y cuello— están fir­
m em ente definidos.
U no de los artistas que más fielm ente a p li­
có las teorías fué P issarro, el m ás divisionista de todos, ya que hasta en M onet las
pinceladas se confunden a veces. En su
Campesina con cabra se aú n an diversas
tendencias: la división de pinceladas, y
uso de colores puros con sus com plem en­
tarios, típico de M onet, y al mismo tiem ­
po un suave cielo rom ántico como los de
Sisley. Pero el espesor de su m ateria q u ita
dinam ism o a su espacio, y le hace p erd er
tam bién ese carácter de lum inosidad aé­
rea, m eta de la p in tu ra im presionista.
Sin ser tan divisionista, y tal vez p or
esto con m ayor fuerza expresiva, p in tó
Sisley su tela La inundación. E n tre u n
cielo de expansión rom ántica, en suaves li­
las y rosados, y aguas moviéndose al com ­
pás de un ritm o im presionista que las hace
brillar, Sisley construye las form as de las
casas con dibujo cerrado, de firm e sínte­

55

sis, logrando, a u n q u e no m ucho, crear la
ilusión de volum en. Pero, debido a q u e
las form as están oscilando entre valores
m uy sem ejantes, la perspectiva disminuye
y todo tiende a extenderse en el mismo
plano. E n E l cam ino de Saint G erm ain,
p in tad o en 1872, el cam ino en fuga y la
curva q u e señala el b o rd e de los árboles
acrecientan la sensación de espacio. Pero
lo curioso es que en los paisajes ro m á n ­
ticos esa p a rte m ás alejada suele estar
sum ergida en u n a b ru m a envolvente, m ien ­
tras que en esta tela a u n las p artes más
distantes del p rim e r p lan o siguen conser­
vándose íntegras d en tro de u n a masa de
aire que deja p e n e tra r la luz p a ra in d i­
vidualizarlas.
E n La m u jer del som brero de R enoir a p a ­
recen los signos que d elatan la reacción
de este p in to r contra el im presionism o. Él
no m uestra form as disgregadas sino que
p in ta la carne con toda su vibración, con
todos sus reflejos, apelando no sólo a la
vista, sino tam bién al sentido táctil. Pese
a estar casi en el lím ite de lo dem asiado
dulce p o r su sensualidad, la m ateria m a n ­
tiene su solidez, ya que R en o ir opone a
los tonos m uy cálidos veladuras grises que
los enfrían, sin apagarlos del todo. No es
ésta u n a composición en el plano, ni tam ­
poco m uy volum étrico; la invención de
form as del som brero m uestra u n juego
m uy rico en movim ientos, p o rq u e de
acuerdo a las líneas tan plásticas q u e lo
com ponen, la ilusión de volum en sería lo
suficientem ente fuerte como p a ra q u e ese
som brero se viniera hacia adelante y q u e ­

�brara el equilibrio del conjunto; R enoir
rom pe ese volum en levantando con grises
cálidos los espacios q u e lógicam ente ten­
d ría n qu e verse más atrás. Al mismo tiem ­
po el fondo —trab ajad o en pliegues v erti­
cales sin dem asiada variación tonal y m a­
teria no m uy rica— p o r el valor de sus
tintas, se adelan ta y, en vez de fundirse
con la figura o con trastar con ella, le
sirve blandam en te de apoyo. Muy d iferen­
te es la concepción de su cuadro E n el
taller; en vez de la dulzura superficial,
afirm a con vigor profundo, en vez de trazos
qu e acarician, crea arabescos plenos de
energía qu e construyen. No es éste u n
cuadro típicam ente im presionista, a p e ­
sar de q ue hay todavía notas de apego
a esa tendencia: las pinceladas se in d iv i­
dualizan, pero se m an tien e el color local,
que p ara los verdaderos im presionistas
era algo sin existencia real; a u n q u e la
zona ilum inada está hecha en base a yux­
taposición de tonos puros, hay arabescos
de som bras que son verdaderos valores y
no ilusión debida a los colores com ple­
m entarios. Es u n a composición en tonos
menos vibrantes que la anterio r, pero
igualm ente m uestra la em oción sensual
del artista que se va deslizando ju n to con
los giros casi en espiral del arabesco en
som bra. Éste u ne form as y subform as, m a ­
terializando así la am istad que parece u n ir
a todos los personajes de esta tela. A unque
no es un cuadro m uy analítico, se ve cier­
to deseo de caracterizar a los modelos,
pues destaca en cada u n o algún detalle que
lo describe. I.a mism a emoción que está

concentrada en el p rim e r p lan o aparece
tam bién en el fondo, donde los trazos,
en vez de term in ar, se arrastran hasta
to m ar contacto —pero sin fundirse— con
los vecinos. Pocos de estos caracteres a p a ­
recen en el cuadro Parisienses disfrazadas
de argelinas, composición de tendencia
bastante n atu ralista en cuyos fondos n o ta ­
mos, más que en el p rim e r plano, la gran
sensibilidad p a ra el color de R enoir.
O tro tip o de im presionism o m uestra T oue o u s e -L a u t r e c , q u ien es p o r encim a de
todo, u n g ran d ib u jan te, y a u n q u e p in te,
tra ta el color como líneas que com ponen
su d ibujo; individualiza las pinceladas, p e­
ro no las achica, sino q u e las afina, esti­
rándolas y así usa de ellas como de una
escritura. Pocos p intores em plean el violeta
con tan extrem ada personalidad, pues
T oulouse-L autrec logra, con u n color que
generalm ente es frío, incitaciones sentim en­
tales cercanas al patetism o. En vez de es­
to, con su Berta la sorda en el jardín b u s­
ca expresar placidez. Esta figura de m ujer,
casi en el lím ite de lo grotesco, está mos­
tran d o su aislam iento ya q u e su in v ali­
dez no la deja fundirse con el cosmos; por
eso tan sólo contem pla, resignada, pero
p o r interm edio de ella T oulouse-L autrec
grita la q u eja de su p ro p ia carga al d e­
form ar los brazos del sillón, pintándolos
parecidos a dos m uletas. No hay m isterios
insinuados acá, n i claroscuros n i fuertes
contrastes. Sus pinceladas se m an tien en
d en tro de u n a gam a clara, sin m u ch a r i ­
queza de matices, pero le alcanzan p ara
expresar su m ensaje, que es casi b ru ta l.

56

�a pesar de ser un tem a tan estático. O tra
concepción im plica su cuadro La am azo­
na, en el qu e lo m ás im p o rtan te es el
ritm o de las pinceladas y el contraste de
colores, esta vez aplicando m ás las leyes
del im presionism o acerca del uso de los
com plem entarios. El centro de esta com ­
posición está dado p o r el arabesco que
construye las form as del cuello del caba­
llo y las u n e con las de la cabeza, ojo,
p ata y casco en u n solo trazo am arillo, m uy
vibrante, acom pañado en toda su longi­
tud p o r el contraste con diversos tonos de
su com plem entario, el azul, q u e va cam ­
biando desde el gris hasta el tono saturado
y, au nque se extiende p o r toda la super­
ficie del anim al con distintos valores, no
alcanza a adelantarse a ese borde am arillo
tan b rillan te q ue le da vida. El conjunto
está dinam izado no solam ente p o r la sín­
tesis con que están tratados el fondo y
los pocos personajes que describe, sino
tam bién p o r los continuos choques de ejes,
de cálidos y fríos, y p o r esa m ancha verde
que indica la luz del exterior y que está
enardecida p o r los rojos que la lim itan.
F o r a in está representado p o r tres cuadros
que m uestran su elasticidad. En dos de
ellos, Escena de trib u n a l y E l veredicto
su fuerza expresiva salta de la tela, m ien ­
tras que su A utorretrato señala su te n d e n ­
cia n atu ralista bastante cercana a la de
M anet. E n los prim eros se n o ta u n fu erte
contraste de zonas ilum inadas con otras
que se confunden en u n cálido claroscuro.
Las partes claras están enfáticam ente sub­
rayadas p o r trazos casi blancos de u n a

57

calidad aterciopelada, que traen hacia ade­
lan te las p artes q u e el tem a exige seña­
lar: las m anos desgarradoras del preso, su
cara, y las m anos im potentes del defensor,
m ientras confunde al público en una
masa de ritm os dinám icos. Además Forain
g rad ú a el valor no sólo p o r la precisión
del tono, sino tam bién p o r el espesor de
la m ateria, q u e concentra, en las partes
m ás ricas, el sentim iento de angustia que
q u iere expresar. E ncu en tro en estas telas
algo que m e recuerda a D aum ier, no sólo
en cuanto a la fuerza expresiva, sino tam ­
b ién p o r la form a de co n stru ir su com po­
sición m ediante el juego m isterioso de
grandes arabescos de claroscuros. Así, en
el A utorretrato, con u n gran sentido in ­
ventivo presenta u n arabesco que construye
todo el cuerpo y los brazos, los q u e sólo
se reconocen p o r el m anchón claro que,
al m ostrar los puños de la camisa, sugiere
su form a y volum en. L a cara —tra ta d a con
toques cortos— p o r la acum ulación del
^empaste y su búsqueda del parecido re ­
sulta algo estática en m edio de u n a com ­
posición q u e ta n to p o r el fondo —en va­
riados n eutros— como p o r las form as re ­
sulta bastante dinám ica.
El Paisaje de Auvers-sur-Oise de V a n G o c h
es el pro d u cto de su choque apasionado
con el am biente. Ese encuentro tan vio­
lento no solam ente dinam iza la escena,
sino tam bién la atm ósfera q u e la rodea,
apagando algo las tintas que no son acá
tan intensas como en otras telas suyas.
L a composición sigue el ritm o d e dos
corrientes oblicuas —no po d ría h a b la r acá

�de ejes— u na dada p o r los am arillos casi
puros que d ib u ja n las form as de una
parva y dos árboles, la o tra p o r el cam ­
po, construido con pinceladas alargadas
bien individualizadas, paralelas dentro de
su dirección oblicua, que vibran m ás p o r
la riqueza de la m ateria que p o r la v aria­
ción de los colores, ya que todo oscila
entre grises y ocres que están reflejando
el azul del cielo, el am arillo de la parva
y el rosado de las nubes teñidas p o r el
atardecer. Más violentos son los contras­
tes de tintas en su Efecto de N ieve en
Arles p ara destacar la blancura de ese
cam po que se extiende desde u n p rim er
p lano señalado p o r u n a carretilla —cons­
tru id a p o r pinceladas afiladas de tonos
puros— hasta detenerse en u n a horizontal
sugerida p o r pequeños elem entos —casitas
y árboles— que e q u ilib ran la composición.
Son tan vibrantes los colores de ese p ri­
m er plano, que parece q u e la carretilla
quisiera salir de la tela, pero esto Van
Gogh lo compensa dando a la nieve u n
tono cálido, con variación en la riqueza
de la sustancia, lo que da m ovim iento a
esa gran superficie blanca, y sobre todo
p o r los tonos saturados que adelantan el
fondo, obteniendo así u n conjunto su­
m am ente dinám ico. El cielo, p o r el con­
trario, en suave variación tonal y m ate­
ria poco densa, se ap lan a y cum ple con
su misión de fondo estático.
D egas está representado p o r el R etrato de
Pagan y A ugusto Degas que m uestra qué
sentim iento tan p ro fundo puede em anar
au n de u n cuadro que sólo preten d e ser

58

natu ralista. Sin ser p in tu ra de claroscuro,
la gam a es baja, lográndose el volum en
p o r la variación tonal en u n a valoración
de neutros, con pocos tonos puros. El em ­
paste no es grueso, la p in tu ra es bastante
hom ogénea, pero hay zonas donde el m a ­
yor b rillo de la m ateria anim a las formas
dándoles u n dinam ism o q u e el d ib u jo ce­
rrad o tra ta de contener.
En vez de la alegría crom ática que lo
caracterizó en otras obras, la N aturaleza
M uerta de G u il l a u m in denota la in flu e n ­
cia que tuvo en él la gam a de Cézanne,
aun q u e su m anera de construir es menos
rigurosa. Este p in to r divide los tonos, pero
tiende al acorde y no a los choques de
tintas, obteniendo así u n co n trap u n to de
colores casi neutros, con poca diferencia
en el valor. B e r t h e M o r iso t m uestra una
p aleta com pletam ente clara; a u n q u e su
concepción es más n atu ralista que im p re ­
sionista m antiene, em pero, la in d iv id u ali­
zación de pinceladas. Sus form as están
construidas con líneas m uy sensuales que
altern an con algunos elem entos gráficos —
finos toques en colores puros— q u e b u s­
cando afirm ar el parecido, tienden a insi­
n u a r u n m om ento de ensoñación. Esto se
nota tam bién en el brazo, en escorzo m uy
blando, sin apoyo, como si flotara en una
atm ósfera envolvente, creada p o r trazos
curvos que se prolongan, acariciando. No
hay en N iña de Blanco u n a gam a muy
rica, todo se conjuga con distintos valores
de rosados y azules, oscilando en tre cá­
lidos y fríos, levantados p o r algunos am a­

�rillos que deja entrever el ocre pálido del
cabello.
R a f f a é l l i esta en la línea de Sisley con
este Paisaje de Saint-C loud que m uestra
aguas ilum inadas p o r la división tonal y
de trazos; el cielo, de tendencia ro m án ­
tica se extiende uniform em ente, pero por
su calor, que lo hace adelantarse con tri­
buye a la im presión de planism o que da
el conjunto. H ay cierto dinam ism o lo ­
grado p o r la oposición de trazos, dentro
de una gam a de neutros, que está conte­
nido p o r un predom inio de horizontales
sugeridas p o r los árboles y casas que se
extienden en planos paralelos al agua, con
una sola vertical, la aguja de la iglesia.
C éz a n n e com pone intelectualm ente, pero
no niega ni se sale totalm ente del objeto
que representa. E n su A utorretrato y en
su Peras y tarro de tabaco q uiere que las
formas se levanten del fondo, dando la
ilusión de su volum en. Esto lo logra Cé­
zanne p o r dos diferentes caminos, p o r su
m anera de tra ta r la luz y p o r sus pincela­
das convertidas en pequeños planos de
color, bien individualizados. La luz, que
tiene gran im portancia en estas dos telas,
no resbala sobre las cosas ni p en etra en
ellas como se nota en algunos cuadros de
C h a r d in , sino que parece que directam en ­
te se originara adentro, y la calidad trans­
parente de la m ateria —que se acum ula
en capas m uy tenues— perm ite v islum brar­
la. Así, la sensación de que la luz vibra
en el interior de las formas, crea la tercera
dim ensión, ayudada p o r la idea de relieve
—no en redondo— producida p o r la y uxta­

59

posición de pequeñas pinceladas a p la n a ­
das que se van superponiendo unas a
otras, a p a rtir del centro lum inoso interior.
T am b ién en el arte de Cézanne encon­
tram os algunos trucos que au m en tan la
sensación de volum en, p o r ejem plo, el
vigoroso trazo que d ib u ja la nariz y la
separa de u n fondo más claro; lo mismo
las líneas plásticas que contornean la o re­
ja, y, en la naturaleza m u erta algunos to­
ques de colores puros estratégicam ente
colocados p a ra g u iar el ojo del espectador
hacia las partes que más pueden sugerir
el m odelado, como ser, el borde rojo del
tarro de tabaco. La composición en esta
tela es m uy dinám ica; las peras están si­
guiendo la dirección de una horizontal
que choca con la oblicua que originan el
tarro de tabaco y su som bra. Esto hace
em anar de la tela tal fuerza expansiva que
sus lím ites apenas alcanzan a detenerla.
El Paisaje de Cannet de B o n n a r d m uestra
toda su espontaneidad, su asom bro o p ti­
m ista, su adm iración ante el m aravilloso
espectáculo de la naturaleza. Al p in ta r, él
deja h a b la r a su juvenil im aginación, sin
cálculos inteligentes o grandes alardes de
técnica; liberando sus instintos, p erm ite
que su refinada sensibilidad goce con los
estím ulos que se le brin d an . H ay un con­
traste en tre los tonos cálidos que juegan
en el p rim er p lan o y los fríos del fondo;
p ero no es solam ente espacio lo que Bonn a rd q u iere indicar, sino que la frescura
del p rim er p lano habla de su apego a la
tierra, lo que lo m antiene a salvo de un
lirism o demasiado rom ántico. En este cua-

�dro se p u eden observar diferentes ten d en ­
cias: las horizontales del fondo y del cielo
V' algunos de los colores de ese últim o p la ­
no lo acercan a G auguin, pero la luz que
aclara el prim er p lan o procede de los im ­
presionistas. B onnard usa todos esos ele­
m entos y con ellos en to n a u n canto de
ensueño, de paz y de alegría q u e corporiza en el hom bre q u e descansa a la d e­
recha de la tela. L a riqueza crom ática de
B onnard hace que no use dos matices
iguales, o si lo son, les da diferente valor. ,
P or eso la composición se va levantando
hasta q ue con u n feliz hallazgo de color
la detiene en la horizontal de arriba, esa
nube tan cálida. Si bien su dinam ism o
sugiere el espacio, el volum en está atacado
en toda form a, p ara destruirlo. Por eso, el
hom bre y el anim alito de los extremos
están m ás adelantados que los árboles o
las m ontañas, pero cada u n a de estas sub­
form as está tratan d o de no m ostrar su re ­
lieve. A pesar de que parece u n a compoposición algo desordenada no lo es, p o r­
que los colores tan vivos del p rim er p lano
están equilibrados p o r tonos de m enos va­
lor que se repiten siguiendo la sugestión
de dos diagonales que se cruzan en el
centro de la tela en u n árbol de color
verde azulado, y luego se aplacan casi to­
talm ente en la horizontal del fondo. Más
dinám ica que la de T oulouse-Lautrec, la
Escena de Circo de B onnafd se caracteriza
por ser más descriptiva en cuanto a d e ta ­
lles que la identifiquen como circo, pero
m ucho menos analítica al tra ta r cada una
de las formas. En T oulouse-L autrec las

figuras h an sido tom adas en u n m om ento
del m ovim iento, acá se las enfoca al pasar;
es el m ovim iento en acción, q u e apenas
deja entrever las formas, construidas p o r
pinceladas que siguen u n ritm o m uy d in á ­
mico; éste se acentúa p or toques rojo vivo
que se rep iten en el fondo, m oviéndolo
aun más. En su naturaleza m u erta titu lad a
Fruías, al enfocar la mesa, m uestra B on­
n ard cierto desdén p o r la perspectiva geo­
m étrica, pero en la presentación de las
frutas hay u n n aturalism o que está más
cerca del equilib rio clásico q u e de la ex­
pansión rom ántica. L a luz que b rilla en
ellas se reduce a u n a acum ulación de tin ­
tas cada vez más claras, en planos q u e se
van em pequeñeciendo, sin ta p a r los bordes
del p lan o anterio r, y term ina en u n a m a n ­
cha casi blanca donde se concentra la luz.
El dib u jo no encierra to talm ente las fo r­
mas, pero los objetos no se encuentran
abandonados en la atm ósfera sino que es­
tán sostenidos p o r u n dinam ism o in terio r
de la composición. En estas tres obras de
B onnard no hay espacios de relleno, todo
está sentido, todo es im p o rtan te, todo está
p in tad o con igual frescura, con igual ins­
piración.
Esto mismo se n ota tam bién en V u il l a r d ,
p in to r sum am ente sensible cuyos sentidos
se solazan no en la natu raleza como B on­
nard, sino en la in tim id ad de jardines o
interiores. Así, en Bajo los árboles en el
pabellón rojo no se contenta con m ostrar
las personas y objetos que están allí sino
que tra ta de d a r la sensación de com odi­
dad, de reposo, y hasta parece in v itar a

60

�com partir su paz y su silencio. Lo p rin ­
cipal de esta composición está dado p o r
un arabesco violeta —un chal que envuelve
a la figura central— q u e se continúa hacia
adelante p o r o tro arabesco de rojos y
amarillos que sale de la silla, y hacia atrás
por un tercer arabesco de tonos neutros en
el que se confunden la som bra y la silla.
A unque se ve u na herencia im presionista,
la tendencia general es a concretar las fo r­
mas, con lo cual pierden dinam ism o. El
espacio, más tem ático que real, está en
lucha con el juego de valores que trae
hacia adelante, p o r su lum inosidad, a los
objetos que m aterialm ente están m ás ale­
jados; p o r eso es m enos n atu ralista que el
R etrato de M aillol, donde es clara su vo­
lu n tad de m ostrar; V uillard q uiere decir,
con su p in tu ra, cómo era M aillol, cómo era
el estudio donde trabajaba, d ando m ás im ­
portancia a la descripción del taller que a
los detalles que pued en identificar a su
dueño; lo mismo se nota en el R etrato de
B onnard, quien a pesar de estar ubicado
en el centro de la composición como una
vertical que la divide en dos zonas casi
iguales, no está ni dem asiado ilum inado,
ni cargado de detalles que lo destaquen.
En cambio, resalta p o r sus colores satu ra ­
dos el cuadro que B onnard contem pla,
m anchón de colores m uy vibrantes que se
equilibra, en el otro lado de la composi­
ción con los mismos colores, algo más ap a­
gados, que asom an de la caja de pin tu ras,
y los mismos tonos, todavía m ás débiles
que se reflejan en el m arco del espejo en
el fondo. E l R etrato de R o m á n Coolus,

den tro de la mism a concepción, tam bién
destaca más el am biente que el personaje
que da títu lo al cuadro. V uillard subraya
sobre todo los detalles que afirm an el con­
fo rt de ese in terio r tan cálido, y aunque
ilu m in a m uy bien u n a p arte de la tela,
parece in d icar que lo verdaderam ente aco­
gedor, lo más íntim o está en la zona en
sombras. Esta tela p in ta d a al óleo está
construida con pinceladas cortas, bien car­
gadas de m ateria, m ientras q u e Bajo los
árboles en el pabellón rojo está p in tad o en
form a m uy original: al parecer la base
del cuadro de factura bastante homogénea
está al gouache, y los detalles que levan­
tan el tono o identifican están form ados
p o r trazos de pastel que dinam izan la su­
perficie.
U na concepción m uy diferente de la p in ­
tu ra m uestra el cuadro de Ser u sie r , quien
sigue las líneas de G auguin hasta en los
m enores detalles. Im itándolo, tam bién él
d ib u ja con m ucha síntesis, pero tan to las
figuras como el paisaje carecen en absoluto
de la fuerza in terio r q u e hacía que, a p e ­
sar de su sim plicidad, el m aestro cargara
a su mensaje con u n a gran fuerza expresi­
va q u e no aparece en la tela del discípulo.

61

B ea t r iz H

uberm a n

�ESCUELA DE PARIS
Y EPIGONOS

La Escuela de París com prende dos g ra n ­
des movim ientos: el fauvism e y el cubismo.
M atisse se coloca en la iniciación del
prim ero. P ara su apreciación n¿s deten e­
mos intencionadam ente en su tela: N a tu ­
raleza m uerta con conchilla, p o r estar más
cerca de las expresiones del comienzo, a
pesar de ser posterior a la segunda que
hem os de analizar. En ella aparece como
u n verdadero m aestro en la composición;
la distribución de los objetos en dos líneas
paralelas, que p ara la com prensión h a b i­
tu a l significarían u n más atrás y más ade­
lante, no crean en este caso p a rtic u la r la
espacialidad debido a que el espectador las
está observando desde u n a m ism a distancia.
Lo im portante es el juego que se establece
en tre las cosas; tres m anzanas indican tres
vértices de un triángulo; cafetera, tetera y
taza los de otro; pero no están aislados sino
enlazados como en u n a prolongación, p o r
un a fantástica y esquem ática hoja. El planismo que existe en la distribución no
halla su equivalente en la construcción de
las formas. Los trazos negros que las ciñen
son usados p o r el artista con d istinto p ro ­
pósito, ya p ara acen tu ar u n arabesco —ca ­
fetera ro ja—, ya p ara aislar más u n a su p e r­
ficie coloreada acrecentando p or contraste
la sensación —peras—; otras, en cambio,
m arcan ciertas partes en som bra —bordes
de la ja rra —, y, p or ende, u n volum en en
el espacio. Pero, además, la calidad misma

62

de la pasta se transform a en sustancia e
intensidad cuando corresponde asegurar
u n a saliencia hacia la luz. En Matisse no
encontram os u n a u n id a d en cuanto al planism o se refiere; lo q u e busca ante todo
es trad u cir p o r colores la sensación q u e las
form as aisladam ente o en sus relaciones
producen en su retin a. E n su o tra tela:
Odalisca de pantalón rojo, encontram os
otro de sus medios expresivos fu n d am en ­
tales: la deform ación. L a figura de odalisca
reposa en u n diván colocado en la tela en
diagonal, pero esto no h u b ie ra sido sufi­
ciente p a ra asegurar la visión en p ro fu n ­
d id ad si n o h u b ie ra apelado a la d efo r­
m ación de las extrem idades inferiores en
el p rim er plano. Las bom bachas sensible­
m ente abultadas, acentuadas en su e x u ­
berancia p o r esos rayos ocres que en a b a ­
nico disparan de u n p u n to central hacia
los bordes superiores de las piernas flexionadas, em pequeñecen p o r contraste el torso
p rietam en te conform ado en u n m odelado
sutil; la oposición de los dos planos es la
q u e proyecta la figura en escorzo y da
sentido to tal a la composición. El otro
elem ento característico de la p in tu ra de
Matisse q u e observamos en este cuadro es
la incorporación de los trazos cursivos de
los tapices orientales como relleno decora­
tivo. No encontram os en él n ad a de la
furia, de la transposición violenta p o r los
colores q u e dió origen a la denom inación
de su escuela. T enem os que d irig ir la m i­
rad a a la o b ra de D e r a in , E l arroyo, y a
dos de L h o t e , L os pinos y Paisaje en Pro­
venza, p ara en co n trar la b ru ta lid a d del co­

�lor propio del fauvism e, a u n cuando en
ambos no se d an como elem entos definitorios únicos, ya q ue en el p rim ero debemos
reconocer su raigam bre gaugueniana y en
el segundo el ap o rte de la construcción
cubista.
D erain distribuye el paisaje en zonas su p er­
puestas de coloraciones bastante planas —en
esto sigue a G auguin— pero al mismo
tiem po le da p ro fu n d id ad al superponerle
un enrejado colorístico de ram as, verdade­
ram ente expresivo. Es aq u í donde la tras­
posición fauve se vuelca en azules, rojos y
verdes puros. ¿Por q u é se ve el paisaje
en profundidad, cuando la luz es uniform e
en todo el cuadro, cuando la disposición
de los planos apenas si indica u n a pequeña
inclinación en diagonal? P or la jerarq u ización lograda de los distintos elem entos
que la com ponen; p o rq u e los árboles re ­
creados más atrevidam ente en los trazos y
en los colores están puestos en ese p rim er
plano, con ta n ta fuerza, como p a ra q u e la
vista se detenga en ellos y el resto quede
alejado en la contem plación. ¿Q uién a fir­
m aría q ue la paleta que creó tal paroxis­
mo de colores es la m ism a q u e amasó la
m ateria en u n m odelado firm e y logró el
volum en de las form as de Figura de m u ­
jer?
T am b ién la transposición colorística del
fauve obliga a L hote a im ag in ar los pinos
de sus cuadros con troncos rojos o violados
y copas am arillas; pero donde se afirm a su
m anera es en la búsqueda de arabescos;
hay un ritm o en el desplazam iento circu­
lar de los colores, desde los ángulos in fe­

63

riores hacia la p a rte superior del cuadro
Paisaje de Provenza. ¿Por qué tan to L hote
como D erain usan colores tan absurdos en
sus árboles? ¿Q ué significan ellos d en tro
de u n a concepción general? Q ue la sensa­
ción recibida p o r el artista frente a esos
pinos bañados p o r el sol h a sido tan p o ­
derosa q u e p a ra recrear las form as y p ara
q u e ellas produzcan en el espectador u n
choque sem ejante al experim entado p o r sí
m ism o h a necesitado cargarlas con u n
color absolutam ente vivo y arb itra rio .
A l fauvism e en su prim igenia expresión
—transposición violenta del color, culto de
las tin tas p u ras en el paisaje, vibración
de las m ism as en las superficies planas, d e­
form aciones expresivas— no lo encontram os
en n in g ú n o tro de los representantes de la
Escuela de París. O t h o n F rif.z , el q u e más
próxim o estaría a serlo, es parco en las
transposiciones. E n los dos paisajes, M a­
rina y H o n fle u r y L a Fábrica en H o n fleu r,
los cielos son dem asiado azules, las nubes
ocres, los cam pos lejanos verdes, los techos
rojos; solam ente usa la transposición en
algunos elem entos, como ser, las velas rojas
de los barcos, y lib era la inspiración en la
acentuación de algún reflejo, tal el cielo
verde en u n ángulo de la tela. En el fondo
el artista está dem asiado apegado a las
cosas. Sus dos naturalezas m u ertas im p re ­
sionan p o r el volum en que cobran los o b je ­
tos bajo los efectos de la luz; p o r la pasta
densa y jugosa. Pero su lirism o no tiene
el em puje suficiente p a ra recrear las co­
sas; de aq u í q u e prive la corrección del

�oficio ya que es innegable la justeza con
que m aneja los tonos.
La otra gran corriente estética que invo­
lucra la Escuela de París, el cubismo, la
hallam os m agníficam ente ejem plificada en
la Naturaleza m uerta ovalada de B r a q u e .
El tem a característico del cubismo, el ins­
trum ento de música con el cual se p re te n ­
día volver a las formas y trab ajarlas m en­
talm ente olvidando las simples sensaciones
que podían despertar, es abordado p or su
autor. El objeto p enetrado p o r la luz se
disocia en planos; a través de la sucesión
sincopada de los mismos son reconocibles
las formas de un a g u ita rra y de u n a mesa;
pero la emoción plástica no está provocada
p o r esas determ inaciones naturalistas de
las formas, sino p o r la sucesión de los p la ­
nos geométricos llenos de ocres y grises,
más oscuros o más claros según los efectos
de la luz y de la sombra. Esa serie im agi­
nada de planos es la que unifica in stru ­
m ento y espacio en la superficie del cua­
dro. Al tra ta r a ambos de la mism a m a­
nera, el espacio adquiere p a ra la contem ­
plación la mism a categoría plástica del
objeto y al mismo tiem po aparece no como
representado en función de las cosas que
lo llenan, sino creado con independencia
de ellas.
R esulta interesante en este p u n to recordar
dos cuadros: el de G o n d o u in , A rm onía en
gris y azul y el de J a cques V i l i .o n , R etrato
de joven. El prim ero, casi llegando a lo
abstracto, expresa el dinam ism o p o r la su­
cesión y alternancia de los colores, p or el
juego superpuesto de las form as geomé­

tricas, p o r la diferente tex tu ra de la pasta.
En el segundo, los planos existen en la con­
form ación de la figura y el espacio, pero
el valor expresivo está dado p or las líneas
que los lim itan e individualizan. Volviendo
a B raque, en las naturalezas m uertas de la
colección H elft aparece abandonando la
concepción cubista y ligándose a Cézanne.
Como éste descompone y reconstruye las
form as en pequeños planos que no son
m ás que toques de color que conform an
los volúmenes. En tan to que ciertos ele­
m entos nos llevarían a clasificarlo como
u n fauve —fondo de u n a naturaleza m u er­
ta, arabescos, cierto planism o— no lo es
p o r las tonalidades elegidas, nunca violen­
tas sino graves, y p o rq u e preside la com­
posición el sentido del equilibrio. B raque
sabe salirse del planism o, tan to en la con­
cepción del volum en como en la del espa­
cio; n in g u n a de esas naturalezas m uertas
son en su concepción planas, ni sus ele­
m entos planistas; siem pre hay como un
juego buscado con lo volum étrico; p orque
en realidad, dando u n salto sobre el m o­
vim iento fauve, em plea como Cézanne la
vibración de las m anchas superpuestas,
a u n q u e sin su transparencia y sin la vo­
lu n ta d de reducir geom étricam ente las for­
mas que caracterizaron a éste. T am bién
está bien lejos esta in terpretación de la
realidad de la abstracción cubista, p o rq u e
predom ina en él la intuición sensible.
En la naturaleza m u erta de la época cu­
bista las gamas de ocres y grises tan in d i­
vidualizadas en cada p lano crean u n a a r­
m onía que lejos de parecer cerebralm ente

64

�trab ajad a infunde u n tono lírico al c o n ju n ­
to. Esta apreciación nos lleva a establecer
una diferenciación fu n d am en tal con el otro
m aestro de la escuela: Picasso, q u ien no
se vuelca en la pasta aprovechando las
posibilidades de expresión de la m ateria
misma, a diferencia de B raque, volcado
íntegram ente en cada p incelada q u e pone,
en cada vibración qu e produce la y u x tap o ­
sición de las tintas.
P icasso no está satisfaciendo n u estra nece­
sidad de él. A penas cu atro telas rep resen ­
tan algunos de sus lenguajes plásticos y de
ellos está ausente su verdadero cubismo;
p o rq u e no podem os acep tar como tal Torso
de joven de 1909 donde el juego escueto
de planos y de aristas crea la estru ctu ra
geom étrica del torso. Como ú ltim a etap a
de su expresión se nos ofrece u n a tela de
1942, M u jer sentada. En ella, si bien vuelve
a los conocidos acordes en grises y ocres
del cubism o, solam ente le q ueda como ele­
m ento esencial de la escuela lá sim u ltan ei­
d ad de los p u n to s de vista. Los detalles
observados en el tem a propuesto son dis­
puestos p o r su au to r, p rim ero en u n trozo
claro de m ejilla donde inscribe el rasgo
seco de u na m edia boca; segundo en u n
cu ad rilátero alargado q u e incluye dos ojos,
sintéticos al m áxim o, y que acepta la p e ­
g adura de un a p erd id a oreja; y p o r ú ltim o
en u n a espiral que en la p a rte superior
recuerda la petulancia de u n ru lo . El sen­
tido irónico y hasta caricaturesco con q u e
el a u to r agrupa los elem entos antedichos
alrededor de u na idea cen tral se desprende
del juego de los mismos. L a línea que

65

usa es segura en el trazo y la pasta se
aligera o se carga de acuerdo a la in te n ­
ción. En esta tela hay desintegración en
planos, pero lo q u e n o hay es in te rp e ­
netración de los mismos p a ra crear es­
pacio y volum en; en cam bio, las tres d i­
m ensiones se logran p o r la incorporación
de los tres elem entos anotados, tal cual
los vió el p in to r casi en u n a sim u ltan ei­
d ad de su visión.
E l c a rá c te r m o n u m en tal del período
neoclásico de Picasso lo observamos en la
tela de 1920 La lectora. Sobre u n fondo
hom ogéneo se desprende la figura sentada,
cuyo m odelado, reducido a lo esencial,
está fu ertem en te acusado. Hay u n a d e ­
form ación buscada q u e im p o rta destacar
p o rq u e con ella se m agnifica intenciona­
dam en te la a c titu d serena, contem plativa
y am an erad a de la figura. El pequeño
óleo, Un cuarto de B rie de la colección
H elft es u n a curiosa com posición donde se
incluyen dos concepciones bien distintas.
M ientras a la derecha de la tela las cosas
aparecen con sus form as propias, no p la ­
nas, a la izquierda sorprende la absoluta
recom posición de u n vaso p o r el arabesco
de las líneas blanca y negra y de los p la ­
nos gris, verde, negro y rojo. En el cua­
d ro de la m ism a época Jarrón blanco e n ­
contram os el uso de u n elem ento ajeno
a la p in tu ra ; las form as están aprisiona­
das p o r el arabesco q u eb rad o de u n a es­
pecie de p a p e l de lija: así introduce P i­
casso u n cierto pintoresquism o, al mism o
tiem po que enriquece la expresión.
D en tro de la Escuela de París, pero no

�absolutam ente en las corrientes analiza­
das, q uedan p a ra la contem plación fi­
guras estelares de la plástica m oderna.
U na de ellas es D u f y . U n cuadro de Dufy
es siem pre u n a fuente de optim ism o, con
sus fiestas m ulticolores, las carreras de ca­
ballos, las banderas y los barcos. No d i­
b u ja nunca u n a form a com pleta, m ás bien
se apoya en ella p a ra transcribirla con
la significación de u n trazo. Dufy es la
gracia del trazo. En Regatas en D eauville
se conjugan varios motivos: en la p arte
inferior se desarrolla rítm icam en te un des­
file; en la central ju n ta diversos motivos
del m ar. Si no creyéramos que la fuerza
de D ufy está en esos trazos llenos de g ra­
cia, no com prenderíam os su Venus. Posi­
blem ente lo que lo h a llevado a rehacer
la figura de B otticelli h a sido la suges­
tión del arabesco. E n la gracia fresca del
m ovim iento de la figura y en la tran s­
cripción de los cabellos en signos g ráfi­
cos radica la im portancia de la com posi­
ción; p o rq u e en cuanto a las form as resu l­
tan pobres p ara el análisis, que in te r­
p reta las deformacitines del dib u jo —pies y
m anos— no como elem entos buscados p ara
un a expresión sino como deficiencias de
estructuras no superadas.
Las seis piezas de R o u a u l t , cuatro de ellas
óleos, nos perm iten apreciar los elem en­
tos de su p in tu ra . Se tra te de decir la
piedad, el dolor, la dulzura, la ira, los
medios em pleados son los mismos. P ri­
m ero, el am plio contorno, negro u oscuro,
que aprisionando las figuras las inm ovi­
liza en u n instan te de su expresión; en

otros casos, el cerco lim ita los senos, el
abdom en, los muslos, las rodillas. Segun­
do, los relieves ásperos, gracias a pastas
duras, espesas, y de tonalidades cálidas;
p o r ellos la tela cobra el aspecto de u n a
m adera rugosa, apenas desbastada y sin
p u lir. P o r últim o , el juego de las luces
y de las som bras q u e contribuye a e x a lta r
la expresión p atética. A l ap ela r a los m is­
mos elem entos, p a ra lo g rar las distintas
expresiones, éstas p ierd en en h o n d u ra p si­
cológica.
de Seg o n za c está b ien rep resen ­
tado con u n a sola pieza, Baco. N o hay vo­
lu p tu o sid ad en el desnudo estirado h o ri­
zontalm ente, sólo expresión de la p a sta ,
de los arabescos y de los planos. El a ra ­
besco no lineal, sino de la sustancia

D unoyer

m ism a de los brazos y las piern as es tan
im p o rtan te que p o r él se divide la tela
en dos partes perfectas, la superior, recoge
los fríos —azul del agua—, la in ferior al­
berga los cálidos. L a luz tam bién se des­
plaza en arabescos sobre el cuerpo fo r­
m ando contrastes sugestivos.
U t r il l o , con m ira r poético, h a llegado a
recrear las cosas triviales. En Iglesia d e
Groslay y Calle Cortot en M o n tm a rtre son
exaltados los m otivos com unes de las ca­
llejas puebleras; su pasta, a pesar de e sta r
am asada con insistencia p a ra lograr su p er­
ficies unidas, se m an tien e p lan a y sorda.
D onde la sensibilidad se libera es en el
juego de las pinceladas sueltas; pero la
gracia de U trillo se h a agotado en la
repetición de los modelos. P o r eso, hoy su

66

�oficio parece cuajado en u n m olde que cu­
briera la inspiración.
M o d ig l ia n i es ante todo u n d ib u jan te que
con trazo seguro lleva la form a a una
síntesis expresiva. E n R etrato de Kisling,
ju n to a la geometrización de ojos, nariz,
cuello, se destaca el color azul de la b lu ­
sa de un m odulado apenas m arcado pero
m uy sensible.
En las generaciones jóvenes, y d en tro de
ellas, en la tendencia llam ada figurativa,
es posible distin g u ir en unos, u n a eviden­
te vuelta al naturalism o; en otros, p ro fu n ­
das influencias del fauvism e y del cubismo.
La diversidad de tem peram entos aparecen
relacionados cuando se descubren las fu e r­
zas com unes em anadas de aquellas escue­
las plásticas.
Para el exam en de los prim eros nos basta
centrar nuestra atención en D e s n o y e r . D e
él se h a dicho que resum iendo las dos te n ­
dencias fundam entales de nuestro siglo,
h a sabido extraer la fuerza expresiva de
sus elem entos. Sin em bargo, veremos que
ellos se dan excesivamente medidos. Si to ­
mam os como objeto de análisis la tela
mayor: La terraza: A rgel visto desde el
taller de M arquet, verem os que la frag­
m entación en planos es apenas visible
en la p arte central; todas las form as no
son som etidas al m ism o tratam ien to y h as­
ta se aceptan las naturales. En cuanto a
la fuerza de la transposición fauve ta m ­
bién es m edida; en este sentido, hay más
u na tendencia a acentuar la vivacidad de'
los colores posibles de las cosas: los á r­
boles son verdes, las carnes b ru ñ id as son

67

ocres bajos, los vestidos blancos, verdes y
azules. ¿Qué hay entonces en Desnoyer?
U na vuelta a las form as n aturales no p ara
tratarlas n atu ralísticam ente, ya que hay
síntesis en el color que crea con simples
m anchas sin incidir en m odelados n i en
detalles; lo que no hay es la recreación
lib re de u n fauve n i la búsqueda de fo r­
m as estricta de u n cubista. Con Desnoyer
el arte vuelve a h in car sus posibilidades
expresivas en las form as naturales.
Los pintores figurativos que, a diferencia
de D esnoyer no buscan expresar la n a tu ­
raleza en sus apariencias más próxim as,
tra ta n de transfigurarla, pero el m undo
plástico q u e de esto surge está p ro fu n d a ­
m ente relacionado con las experiencias
cubistas o fauves.
En esta vía se en cu en tra G r o m a ir e cuya
obra: Personaje en u n interior tiene r e ­
miniscencias cubistas en la estilización d e­
corativa de las formas. V en a r d q u e en
Paisaje de suburbio juega con los planos
verdes p a ra crear la p ro fu n d id ad . A l ix
cuyas formas geom étricas ad q u ieren en Pes­
cadores bretones la rigidez de los esque­
m as y el mismo A u j a m e som etiéndose en
El p u e n te de Saurier a la yuxtaposición
p ara crear formas con volum en. En q u ie ­
nes hemos encontrado u n a verdadera tra n s­
form ación de la realidad al influjo de
los colores y las líneas al p u n to de a l­
canzar la obra u n contenido y u n ritm o
propios, es en Buffet, en C alm ette y en
T ailleu x . B u f f e t rasga la tela R aya tan
sensiblem ente con líneas de color que aire
y cosas aparecen unificadas en la visión.

�C a l m e t t e s incide en el uso de la d efo r­
m ación como elem ento fu n d am en tal de la
expresión. H ay en su N aturaleza m uerta
hecha con gamas distin tas de ocres y
grises u n a exaltación de las cosas p or
obra de la deform ación. T a il l e u x , en cam ­
bio, se m antien e d en tro de u n decorativismo superficial. E n Mesa de Cocina, so­

bre u n fondo cuadrillado en azules la lí­
n ea central se deform a en busca de u n a
cierta perspectiva. D ebajo u n a serie de b o ­
tellas d ib u jad as en los contornos term inan
p o r acusar la gracia de q u e casi siem pre
hace alarde su autor.
B la n c a St a b il e

68

�M a net.

La servidora de cerveza

DE MANET A NUESTROS DIAS

��tTt r i l l o . Nuestra Señora de París,
A rriba izquierda: M ontt : Las parvas de Civerny.
A bajo izquierda: R enoir : En el taller.
A bajo izquierda: R tínoir: La m u jer del sombrero.

�T olouse-L autrec
Berta la sorda

F orain
Escena de tribunal

�Bjerthe M orisot
N iña de blanco

�B onnard: Paisaje del Cannet

S u za nn e V a i .a d o n : E l estuche del violín

�M atis .s k : Jm odalisca

�D e r a i n : El (irroyo.

Derecha arriba:
Derecha abajo:

Braquf.: N aturaleza m uerta ovalada.
Braque: Naturaleza m uerta.

��R o u a u i .t .

La pasión

�P icasso.
Un cuarto de brie

P icasso: M ujer sentada

�G oerg .

Los novios

�el artista frente a l mundo

O P I N A

V A N T O N G E R L O O

Por el hecho de haber nacido, el hombre se encuentra frente al problema
de su existencia. Es difícil, si no imposible, dar una definición de la
existencia. Los hechos son variables y dependientes de un momento
preciso que está compuesto en sí mismo de una infinidad de factores.
¿Cómo entonces dar una solución al problema (existencia) que debemos
resolver constantemente?
En cada caso (existencia) el individuo forma parte él mismo del problema
y la solución que le interesa no puede ser dada sino en relación consigo
mismo. La solución de otro individuo no será pues la misma, pues él se
encuentra en otro ángulo del polígono. Pero el ser humano se halla en
la obligación de encontrar SU solución, de la que dependerá su manera
de vivir.
Toda nuestra vida es así una sucesión de numerosas soluciones que el
individuo ha dado al problema de la existencia. No confundamos aquí
la palabra existencia con existencialismo, pues la probabilidad entra aquí
en la solución y, en el momento en que se considera la existencia, sufre
ya variaciones. La existencia está en un eterno devenir.
Las soluciones que un mismo individuo da a su problema serán siempre
variables en consecuencia. Pero tendrá sin embargo una línea de conducta
en la cual los errores son posibles pero él no es loco. Juzgamos a un
individuo según su manera de vivir. La manera que tiene de encarar la
vida. Estas soluciones van a ser encontradas en dos terrenos diferentes y
distintos, pero que es necesario conjugar alguna vez. Una elección ele­
gante (a tomar o a dejar) será pues necesaria en la solución y en la

81

�conjugación. Oigo decir: el individuo y la sociedad. La dificultad reside
precisamente en no confundir estas dos cosas y también conjugarlas.
Las diferentes soluciones dadas por el individuo y los individuos hacen
complicada a la sociedad. El resultado es lamentable. Tomemos por
ejemplo lo que se llama la carrera artística: está el arrivista, el ambicioso
el comerciante, el modesto, el pedante, el continuador, el picaro, el
ignorante, etc.
El artista arrivista está en medio de la sociedad. Tiene lo que se llama
el máximo de probabilidades, hasta el día en que se transforma en un
convencido.
El ambicioso no encuentra más que soluciones imaginarias y en relación
con su vicio. Se encuentra también en la sociedad, crea partidarios, pero
su éxito es limitado.
El comerciante ve una solución en la venta. Pone su talento en el mer­
cado. Es la mujer pública que vende su belleza. El modesto no encuentra
una solución en la sociedad. El arrivista, el comerciante, el picaro, el
pedante, el continuador, el ignorante, todos ponen al modesto a su
servicio. No hay más que un medio de salvación para él: dejar que se
derrumbe toda la banda. Así, todos los problemas se presentarán más
directamente en relación con su individuo y tendrá el máximo de proba­
bilidad de vivir su vida.
El picaro está en la sociedad pero él trampea.
El pedante, también en la sociedad, se equivoca. Es un ciego. El conti­
nuador es muy bien recibido por la sociedad y pasa entre los ignorantes
por ser un innovador. Esto dura el tiempo que dure aquello.
El ignorante, porque también hay ignorantes en arte, se presenta como
un convencido. Desempeña consigo mismo una pequeña comedia. Es
menester que él esconda su ignorancia. Es un pobre tipo que se encuentra
también en la sociedad. Ustedes ven con qué especie de semejantes hay
que tratar cuando se quiere solucionar el problema por la vía de la
sociedad. Pura pérdida. A menos de querer la misma moneda que la
sociedad, y allí encontrarán su cuenta.
Entre los artistas, ninguna solución es posible. Cada uno está muy alejado
del otro. Ustedes ven lo que ocurre cuando tratan de reunirse, sea para
formar una sociedad de arte, sea para una exposición. Noten que están
todos intoxicados, contaminados por la sociedad.

82

�La única solución es el aislamiento. Así se tiene el máximo de probabili­
dad de vivir la propia vida y de expresarse sin ser manchado. Los pro­
blemas se presentarán desde otro punto de vista y se verá que se encuentra
más fácilmente la solución satisfactoria, aun financieramente. Las difi­
cultades de la vida desaparecerán. Todo se simplifica. La vista sobre las
cosas será más exacta. Se tendrá el máximo de rendimiento en todo.
Pero, no olvidarse de seguir siendo sociable, honesto, simple, modesto,
justo, generoso, pues esas condiciones son necesarias para conservar una
buena vista, un buen juicio e, iba a olvidarlo, ser sobrio. Quiero decir:
no aumentar las necesidades. En cuanto al resto, vivir como a uno le
parece. Vuestro trabajo se resentirá de acuerdo a ellas. No hay que tener
principios. Por otra parte, si uno es simple, los principios lo abandonarán.
Otra dificultad es la edad. Un hombre de 30 años no puede actuar como
el de 50 ó 60 años. Es porque la hermosa organización social se ocupa
de él. Está demasiado metido en la danza. Sin embargo, le es posible
solucionar el problema. Todo depende de él, de su manera de obrar.
Propongo también no querer parecer hombre de otra edad. Todos tienen
sus alegrías y sus dificultades. Se agrava la situación queriendo parecer
lo que no se es. Esto no sería por otra parte ser simple.
Es necesario no olvidar la conservación del alma. Entiendo por alma una
sensibilidad, no una sensiblería.
Un modesto tiene más posibilidad de ser sensible. No veo grandeza de
alma en un artista arrivista, un comerciante, un ambicioso, un pedante,
un continuador, un picaro, un ignorante, etc. Ellos tienen una sensibi­
lidad egoísta. Es la sensiblería.
París, 1949.

83

�correspondencia

ES CRIBE

DESDE

L ISB O A

DIOGO

DE

MACEDO

toria del A rte tienen u n lím ite de tiem po
en la m odernidad de los tem as aceptados
p ara las comunicaciones, y u n a ilim itada
lib ertad retrospectiva p a ra los ensayos, que
pued en retroceder hasta la p reh isto ria y
confundirse con la arqueología. El últim o
de estos Congresos se efectuó en el mes de
ab ril pasado, en las ciudades de Lisboa y
O porto, en P ortugal. In au g u rad o p o r los
presidentes del Com ité intern acio n al y de
la Comisión organizadora, los profesores
M arcel A ubert, del In stitu to de Francia,
y R eynaldo Dos Santos, de la Academia
de P ortugal, sus trabajos se dividieron en
relaciones, comunicaciones, exposiciones y
excursiones, de acuerdo al previo p ro g ra­
m a oficial.
Los prim eros, de o rd en científico, a dis­
c u tir en cu atro sesiones plenarias, versaron
sobre arte prerrom ánico, con C amón Aznar
y M anuel M onteiro como relatores; sobre
los pintores prim itivo s portugueses, discu­
tidos p o r L eo van P uyvelde y R ene
H uyghe, p o r h a b e r faltado L afuente F e ­
rrari; sobre arte m anuelino, con el M ar­
qués de L ozoya y E lie L ambert q u e los
presentaron y defendieron; y sobre arte

P o r u na convencional resolución in te rn a ­
cional, la H istoria del arte parece no reco­
nocer categoría a los hechos y m éritos que
tengan m enos de u n siglo de edad. Y p or
lo mismo está establecido el p rincipio de
q ue el arte m oderno no puede tener his­
toria; no tiene los cabellos blancos que
d an respetabilidad a los hom bres y a los
m ensajes del arte. L a historia de éste se
ocupa, en consecuencia, sólo del a rte a n ti­
guo, el que es clasificado como histórico.
A los críticos sensibles les com pete el deber
de crear u na h istoria nueva, registrando
ideas y archivando docum entos de arte
m oderno, que serán m añ an a las credencia­
les de las verdades vividas p o r sus con­
tem poráneos, p a ra p e n e tra r en la crip ta
solemne del p an teó n de la gloria, o sea
en aquella otra H istoria del arte, precon­
cebidam ente definitiva a u n cuando sea
m aterial discutible p a ra alim ento de las
especulaciones intelectuales de los e ru d i­
tos e historiadores. ¿No serán las revistas
de arte m oderno, como Ver y E stimar,
excelentes archivos de inform ación y c rí­
tica, auxiliares de esa fu tu ra historia?
Así los Congresos Internacionales de H is­

84

�barroco en Portugal y Brasil, estim ado p o r
Germain B azin, E milio L avagnino y Robert Sm ith . Estas sesiones que revistieron
gran m agnitud, fueron precedidas p o r ex­
cursiones a lugares con m onum entos en
algunas ciudades portuguesas y p o r expo­
siciones de arte en museos, como la de
Restauraciones de pinturas, de Escultura
medieval, de Fotografías de m onum entos
y de A rtes decorativas, en la cual la sec­
ción de Orfebrería portuguesa, form ada
p o r piezas procedentes de Lisboa, Coimb ra y O porto, provocó p articu lar interés
de p arte de los congresales.
Las comunicaciones fueron num erosas y
variadísimas. Profesores y críticos de arte
de todo el m undo trajero n o enviaron sus
estudios, descubrim ientos, sugestiones y n o ­
vedades, cuyos resúm enes fueron d istrib u i­
dos anteriorm ente en provechoso volum en.
En estas sesiones de trabajo las in fo rm a­
ciones versaron sobre complejos e inespe­
rados temas, cerrándose el Congreso, que
d u ró diez días, con u n viaje a Santiago de
Compostela, en España, donde se reu n ie­
ron cerca de 400 congresales p ara despe­
dirse unos de otros.
T a l es el sum ario relato del X V I Congreso
Internacional de H istoria del A rte, que
transcurrió en perfecto orden y algún n e r­
vosismo de p arte de los más jóvenes adherentes, qu e lo consideraron concilio de
dioses.
El tem a A rquitectura prerromdnica en Por­
tugal fué presentado calurosam ente, exa­
m inándose y com parándose los misterios
de algunos m onum entos peninsulares con

85

copiosas afirmaciones y dudas en derredor
de los orígenes visigóticos, bizantinos y
mozárabes, llegando en p arte a esclarecer
la verdad sobre las construcciones de los
tem plos que dieron motivo a tan p ro fu n ­
das divagaciones. El secreto de los dioses
no fué develado.
En cuanto a la Pintura de los prim itivos
portugueses, se buscaron las influencias
italianas, catalanas y, sobre todo, flam en­
cas, pero no se llegó a ninguna conclusión,
especialm ente en lo que se refiere al célb re Poliptico de Ñ uño Gon^alves, obra
de un genio excepcional y original im po­
sible de in teg rar dentro de escuelas e x tran ­
jeras y a quien, aun dentro de Portugal,
se le desconocen los antecedentes y no tuvo
continuadores.
El genio es tantas veces u n caso aislado,
anorm al e intem pestivo de personalidad,
que, como m ilagro entre realidades, es una
especie de aceite en u n a tem pestad de ra ­
zón, inexplicable de inconform ism o en el
tiem po, en el espacio y en el ideal colec­
tivo. El genio es u n a aberración de p rivi­
legio que deslum bra y aplasta a los más
sabios investigadores, racionalistas incorre­
gibles, que no conciben el hecho en sí sin
conocim iento de las causas de esa bomba
atóm ica. El p in to r del cuatrocientos Ñ uño
G onqai.ves, de cuya obra portentosam ente
realista y sintética en las formas apenas
h a conservado el tiem po el poliptico A do­
ración de San Vicente (en Lisboa los te­
rrem otos de los siglos pasados destruyeron
palacios y tem plos llenos de obras de a rte ),
fué uno de esos casos aislados, sin afini­

�dades o proyecciones denunciadas p o r com­
paraciones de estudio y decretos en la his­
toria del arte. P o r eso, en este Congreso
q uedó intactam ente misterioso y p o rtu ­
gués, como hasta el m om ento de esos ú l­
tim os análisis. ¿Para q u é q u erer explicar
la aparición del genio?
De los restantes prim itivos poco se dijo,
fuera de elogios p o r el descubrim iento de
u n núm ero extrao rd in ario d e esas tablas
religiosas, enviando H uyche, desde lejos,
su mensaje literario, que L ozoya leyó, y
contentándose P uyvelde con evocar la p in ­
tu ra flam enca de incontestable parentesco
Con aquélla, sin tocar sin em bargo d eter­
m inados caracteres de emancipación que
im prim ieron independencia en algunos
m aestros portugueses del siglo XVI. Lo
q u e e ra flamenco, flamenco quedó; en
cuanto a lo portugués, se resolverá fuera
de los congresos, sensata y conscientemente.
Sobre el arte m anuelino, que en Europa
sólo P ortugal posee p o r lógica causa de im ­
portación, evocación y com binación esté­
tica en u na híb rid a aglom eración de m o ti­
vos decorativos, que E ugenio D ’O rs procla­
m a como profesía de Barroco peninsular,
ios cultos historiadores lo calificaron de
estilo portugués, localizado, sin expansión
más allá de las fronteras, diferente del es­
tilo Isabelino, de más contenida ex u b eran ­
cia, inventado en España casi al mismo
tiem po. Es incontestable que los estilos o
exóticas floraciones estilísticas de p redom i­
n an te concepción escultórica q u e se sobre­
ponen a las arquitecturas propias, góticas
o clásicas, se deben a las conquistas y

descubrim ientos allende los m ares de estos
dos pueblos, que fueron guerreros y nave­
gantes, sin que falte q u ien considere m e­
diterráneo al plateresco y atlántico al m a­
nuelino.
El arte barroco en Portugal, sobre todo en
el norte del país, tuvo causas de recipro­
cidad em parentadas con las del orientalizado m anuelino, a pesar de que obedeció
originalm ente a o tra inspiración. El b a ­
rroco italiano, jesuítico, fué natu ralm en te
y como consecuencia estím ulo de los flam í­
geros barrocos de la península ibérica, d i­
ferentes en España y en P ortugal, q u e se
proyectaron en fértilísim as recreaciones
plásticas en los nuevos países de la Amé­
rica del Sur, desde México hasta Brasil.
El barroco portugués, tallado en m ajes­
tuoso granito y esculpido y dorado con
policrom ías de tonos lujuriosos en las m a­
deras de los altares, podrá ser considerado
bajo la influencia franciscana, occidental,
que en Brasil tuvo reflejos de gloria, au n
en el popularism o de la arq u itectu ra y de
la im aginería, con gustosa fantasía en el
culto de la fe q u e sirvió.
Fué este problem a uno .de los m ejo r estu­
diados p o r los activos congresistas, q u e vol­
vieron fervientem ente docum entados des­
pués de las peregrinaciones p o r los lugares
donde frutificó ese barroquism o, y encan­
tados p o r la lib ertad de sus expresiones
formales.
Después del entusiasm o con que fueron
adm irados los m onasterios e iglesias de Alcobaga, B atalha, Evora, T h o m ar, C oim bra
y Lisboa, fué el a rte barroco de O porto,

�Braga, Aveiro y V iana el que más exaltó
a los sabios q ue concurrieron a este C on­
greso p ara comunicaciones de revelación.
P or su parte, nuestra orfebrería gótica,
m anuelina y barroca despertó sem ejante
entusiasm o en los historiadores del arte,
quienes tal vez poco la conocían. A unque
más no sea p o r este conocim iento y por
cuanto pueda servir a los estudiosos, debe­
mos estar agradecidos al XVI Congreso I n ­

DESDE

PARIS

ternacional de H istoria del Arte.
Éste es el relato extraoficial de aquel C on­
greso, que al term inar, tomó la resolución
de que se realizase el inm ediato en 1952
en A msterdam, y de que las actividades
respectivas sean integradas con las de la
U.N.E.S.C.O.
Lisboa, ju n io de 1949.
DlOCO DE ¡VÍACEDO

ESCRIB EN

DAM IÁN

MARERA

TRABA

Y

CA R L O S B A Y Ó N

P arís tiene en este m om ento dos exposi­
ciones de los dos más grandes pintores con­
tem poráneos: M atisse en el Museo de Arte
M oderno y P icasso en la Maison de la
Pensée. Cientos de personas desfilan d ia ­
riam ente y discuten con pasión la total
diferencia de am bas concepciones estéticas,
sin que se llegue al acuerdo. Pero la con­
troversia es apasionante y tal vez su p la n ­
teo renovado sea m ás vivo q u e toda so­
lución.
Matisse p in ta u n m u n d o feliz. E ntrando a
estas tres grandes salas del Museo de A rte
M oderno se com prende como nunca su
alegría p u ra de form a, su color regocijado,
su idea estética alim entada p o r u n a raíz
ín tim a y profunda de la m ás sim ple fe
en la belleza de cada cosa, y au n de cada
situación y de cada instante. ¿Esto es su­

87

perficialidad? El público de París se h a
dividido definitivam ente en dos bandos.
Uno, m ayoritario, que sostiene q u e la g u e ­
rra y la p en u ria m oral del ho m b re e u ro ­
peo tiene que d ejar en su obra artística
una huella de dolor q u e se traduzca de
algún modo en la p in tu ra , g ru p o q u e
acepta con entusiasm o la p in tu ra cruel,
desgarrada y deform ada que va desde las
form a angustiadas de Picasso hasta los
grises trágicos de B u f f e t , pasando p o r
centenares de paletas frías, form as dislo­
cadas y alusiones más o m enos felices a
la anécdota de la desesperación y la m i­
seria. El otro grupo, m in o ritario , acepta
la doble posibilidad de la p in tu ra trágica
y la p in tu ra feliz, sin calificar a esta ú l­
tim a de superficial sólo p o rq u e no tiene
u n determ inado (o evidente) propósito de

�reivindicaciones. Puesto que hay que em ­
banderarse, yo elijo decididam ente esta
liltim a actitud y frente a estas tres tres
salas excesivas de color p o r el color m is­
mo, sostengo q ue la p in tu ra de Matisse no
es superficial sino profunda. Los términos
superficial y profundo que parecen ser
hoy los adjetivos m adres p ara calificar la
obra de arte, se h an reducido al concepto
más simplista, al ser profundo sinónim o
de dram ático-anecdótico y, superficial, de
alegría p o r la sola belleza.
Es curioso que esta antinom ia se plantee
con tal rigidez en p in tu ra y no en lite ra ­
tura, por ejem plo. La mism a gente que
acepta a Valéry o a E luard, la poesía p u ra
y la belleza rítm ica, anatem atiza la supuesta
superficialidad de Matisse. No es justo,
Matisse no es superficial. H a construido
un m undo form al propio p o r encim a de
lo contingente. El hecho de que ese m u n ­
do se perfecciones, se com plete y se re ­
dondee a través de ochenta años ya
tendría que hacer pensar antes de con­
denarlo. Matisse cree en el color como
fuerza conductora y cree en la v irtud de
la forma, cuya fidelidad esencial respeta
por encima de todas las síntesis. N o es un
deform ador, es u n constructor que tiende
a la arm onía. N o es u n escéptico, es un
devoto feligrés de la vida. No es un des­
garrado, es un m eridional de la idea, un
hom bre cálido que sostiene en u n a obra
inmensa y perfectam ente arm ónica que
la vida —pese a todo— merece p lenam en­
te ser vivida. Ese pese a todo está en su
pin tu ra y es lo que contrabalancea la ale­

gría. ¿Dónde? Es m uy difícil p o n d erar o
señalar exactam ente los elem entos que d en ­
sifican y dan raíz a u n a p in tu ra . Pero ese
pese a todo, esa clara conciencia de que
la angustia existe, ese h ab erla pulsado y
superado, es tal vez el im ponderable que
hace que Matisse sea Matisse, diferente de
cientos de epígonos, y que sus telas sean
algo más que audaces combinaciones de
colores. P or otra p arte, detrás de sus d i­
bujos lineales, detrás de sus figuras p la ­
nas y de sus perspectivas caídas hacia
adelante, detrás de sus paneles decorativos
de algas y pescados, ¡qué sólida estructu­
ra de conocimientos se delata! U na an ato ­
m ía perfecta y u n dom inio absoluto de
todos los misterios de la form a sostienen
el hallazgo de cada línea aparentem ente
simple. D etrás de u n a h o ja y de u n d u ­
razno hay u n cam ino arduo, de toda una
vida, hacia la síntesis. Y el resultado es
perfecto.
La prim era sala es la p iedra de escándalo
de los profundos. G randes paneles de re ­
corte de colores, algas, peces, estrellas y
flores, y las maravillosas ilustraciones para
Jazz ilu m in an las paredes. Matisse, n a tu ­
ralm ente, no sobreestima estos e n tre te n i­
mientos. L a segunda sala presenta sólo
dibujos a tin ta china y agua, naturalezas
m uertas en su m ayoría, cuya técnica y re ­
sultados son verdaderam ente ex trao rd in a­
rios. L a frialdad del blanco y negro des­
aparece, y la m ateria se hace a tal p u n to
cálida que la riqueza de los grises se trans­
form a en color y en volúm enes com placi­
dos en la curva. L a tercera sala es de

88

-

�óleos, todos nuevos, donde aquel conoci­
m iento de form a, planos y perspectivas se
com bina con u n em paste tan prodigiosa­
m ente rico de colores q u e sólo puede con­
cebirse en este hom bre p u jan te. Violetas,
am arillos, verdes, azules y rojos violentos
escapan de toda ley de com plem entarios
y m odelan con complacido sensualismo la
form a. Es u na fiesta ardiente, v o lu n taria­
m ente desorganizada. Es M atisse.
E n las vitrinas de la exposición Matisse
expone tam bién las ilustraciones de los
libros realizados últim am ente, y éstas sola­
m ente exigirían páginas de análisis e n tu ­
siasta. Pocas veces p uede verse algo más
perfecto que el enorm e lib ro de poemas
de R onsard ilum inado —ya no cabe ilus­
trado— con dibujos maravillosos que se
integran con el texto, naciendo de las le­
tras y form ando con sus tipos de la im ­
p ren ta un todo unido y magnífico.
M artha T raba

Es muy ú til desde el p u n to de vista p e ­
dagógico histo riar un género o u n proce­
dim iento en un exposición. Ésta del Pas­
tel Francés viene a dem ostrar su evolución
—con un principio tím ido— y u n a eclo­
sión final en u n gran hom bre que desde
ya podemos anticipar: D egas. Empieza la
m uestra p o r dibujos de principios del si­
glo X VII. La concepción es la antigua,
más atrás se podría h a b er ido, hasta los
Clouet , hasta los F ouquet. El lápiz graso

(lo que hoy llam aríam os Conté) sobre el
papel rugoso va perfilando retratos. ¿El
color . . . ? Muy tím ido en su origen, sólo
se atreve, como en H olbein , a realzar u n
poco los labios y a d elatar el color de
unos ojos. D u M onstier, N anteuil son los
nombres.
C uatro grandes retratos de V ivien nos
parecen lam idos y sin vida, en cambio e n ­
tusiasm an dos excelentes L e B run, rápidos,
nerviosos, como sin term inar (¡qué p a r­
cialidad la nuestra, m odernos al fin, con
todo lo que parece fresco, espontáneo, no
reto cad o l). Y hacen pensar en R ubens
dibujante dos cabecitas de niño de A n toine C oypel , u n R ubens m enor, u n poco
lánguido y cortesano. Pero esta p rim era
p arte antigua triu n fa en el retrato, m ejor
dicho en el autorretrato. Acostum brados a
m ejorar el m odelo p o r im posición o r u ­
tina, los artistas que parecen mediocres o
am anerados se revelan psicólogos p ro fu n ­
dos cuando se m iran a u n espejo. Ya es­
tam os en el siglo xvm , el pastel se ha
hecho m ayor de edad, librado del lápiz
negro, en pleno dom inio del color, se
aplasta (demasiado fum ino, dem asiado d e­
do p ara nuestro gusto) tratan d o de copiar
tersuras de m ejillas y telas. D em uestran
lo que decimos J oseph Boze con su re tra ­
to tan superior a sus estudios de damas
cortesanas, huecos y posados, y J. B. P erroneau que no encuentra en el pastel más
p rofundidad que en sus óleos y tiene siem­
p re lo que le reprocham os (en el siglo
del b uen g u sto ), u n a incapacidad in n ata
p ara arm onizar colores. De él se p u ed e

�decir lo q ue de los otros d e su época,
ataca enorm es tem as de dim ensiones co­
losales y los tra ta al pastel, pero de un
m odo cuidado, frío, inexpresivo. A dos
m etros no se descubre el procedim iento,
parece u n óleo pálido, u n tem ple gigan­
tesco. La calidad v ibrante del procedim ien­
to se ha perdido. Claro que Chardin no
se equivoca, ésa es la característica de los
genios, sus obras cam pean p o r la sala su
indiscutible superioridad. Su re tra to con
visera verde, su o tro a u to rretrato , son p u ­
ras m aravillas del saber d ib u ja r y de p ro ­
fundidad psicológica. T am b ién se salva
Q uentin L atour que si bien en sus re tra ­
tos de Corte es de u n ab u rrim ien to y
una frivolidad insoportable, llega a ser
un gran artista cuando le posan u n p ar
de ojos inteligentes como los de D ’Alemb ert o los suyos propios reflejados en u n
espejo. N attier, B oucher, sin pena ni glo­
ria com ponen sus pasteles m uy al gusto de
la época; siem pre m ejor, p o r u n algo más
difícil de definir: M m e . V ig íe L ebrun .
Con alivio se pasa de sala y de siglo,
lo am able es lo q u e más p ro n to se hace
intolerable, se le llegan a p re fe rir la vio­
lencia y hasta la fealdad. En el xix, D e la croix nos deleita con sus apuntes —¡tan
rom ánticos!— de crepúsculos m ulticolores
con esa espontaneidad q u e no necesita ser
explicada, q ue se siente fren te a ciertas
obras. M uchos m ás de estos pequeños d i­
bujos en color hem os visto en la Exposi­
ción que se realiza en el que fué su
atelier, y confirm am os que a ú n como
apuntes son extraordinarios docum entos

90

q u e nos explican m uchos de los atrev i­
m ientos posteriores del im presionism o.
D elacroix m aneja la b a rra de pastel con
en tera lib ertad , la aplasta, la m odula, la
libera según su necesidad. A veces son
culebras o zig zags de u n herm oso color
sobre la h oja oscura, en u n a p alab ra como
todo verdadero artista: crea. A su lado
todo parece u n poco soso, a ú n u n hermoso
retrato firm ado p o r I sabey, de la m a rq u e ­
sa d ’O smond, q u e en la actitu d y la fac­
tu ra parece del siglo xvm inglés. D upré
tiene herm osas obras, con las calidades de
u n g ran cuadro y sin a b ju ra r p o r eso el
procedim iento que elige. M illet como
siem pre desconcierta. A l lado de aciertos
geniales, unas ch atu ras incom prensibles,
tristes de com probar. N i B oudin, ni Puvis
de C havannes n i F antin L atour agregan
nada a su fam a, al con trario hasta p odrían
rebajarla, en cam bio —no se acaban nunca
las sorpresas— P rud’hon , siem pre a u n
paso de la cursilería, flojo de color, se
revela u n excelente pastelista, creando so­
bre u n a superficie rugosa u n a m ateria es­
ponjosa, en treab ierta, viva y acierta en el
color, discreto y no pretencioso como en
sus óleos.
P o r no d eja r de p o n er u n gran n o m ­
bre, los organizadores h a n hecho pasar
gato p o r liebre con cuatro M anet, tres de
los cuales son evidentes óleos (muy p e ­
gados a la tela q u e es u n o de los modos
del maestro) apenas realzados de pastel,
el cu arto sí lo es plenam ente y m uy in te ­
resante. U n Sagrado Corazón del m isterio­
so O dilon R edon luce sus colores como

�una m ariposa de otro m undo y u n retrato
de T héodore de Banville p o r R enoir atrae
p o r la conjunción de sus dos nombres.
Pero este Banville se parece a su W agner
y a todas las m ujeres que pintó, el maes­
tro R enoir tiene u n tipo in m ente y lo
rep ite delante de cualquier rostro: con­
torno oval, boca carnosa con sonrisa a r­
caica. F altan aquí algunos maravillosos
pasteles de R enoir, es lam entable, no hay
q uien se oponga a la fuerza aplastante de
D ecas, muy bien representado. M irar sus
pasteles reunidos es estar de fiesta con los
ojos. Degas, al cabo de varios siglos de
pastel francés, es el único que encontró
un alma para ese procedim iento, u n alma
q ue lo justificara y lo hiciera am ar. El
grabado tuvo m uy pro n to su D urero y
después su R embrandt, el óleo empezó por
el revés: su más sublim e artista fué su
inventor: J an Van E yck (y que nos p er
done H u b e rto ), pero el pastel ha fluc­
tuado, titubeado en todas las manos m e­
diocres o sublimes, hasta que cayó en las
de Degas. ¡Q ué adm irables sus eternas
bailarinas, sus m ujeres desnudas, atareadas
en retorcer u na gran m ata de pelo rubio
veneciano o rojizo oscuro casi violetal Un
dibujo im pecable (no académico n i an a­
tóm icam ente hablando) las sustenta y so­
bre ellas el artista vuelca su color irisado,
tem bloroso, en una lluvia compacta que
puede ser cerrada o abierta, dejando ver
el cuerpo del papel ocre o siguiendo lu ­
ces y sombras en su arabesco que no cesa.
¡Cómo Degas sabe detenerse, no insistir
cuando lo que dice está ya entendido!

91

¿Qué más q u e d a . ..? Sería injusto no
hablar de varios Bonnard y V uillard de
u n a calidad extrao rd in aria (bien a p re n ­
dida la lección Degas de d ejar m ucho
papel y hacer vibrar su fo n d o ). M atisse
en cambio no está aquí en su juego, añ o ­
ramos sus óleos, sus dibujos a la plum a,
esta m ateria íe es extraña y reacia.
T am bién hemos visto u n excelente M ary
Cassat, u n Berthe Morissot, u n C hagall
y un P issarro y cuatro desconcertantes
Cottet al borde siempre del m al gusto,
del infantilism o, de la locura y sin em ­
bargo grandes p or su color de sueño, su
atm ósfera irrespirable, irreal, su p erp etu a
lejanía.

En el Cercle Volney se inauguró hace ya
u n tiem po u n a exposición dedicada a
D espiau y a sus amigos. P or las paredes,
dibujos del maestro, ilustraciones ad m ira­
bles p ara algunos libros; en la sala, curiosa­
m ente dispuestos en círculo, una herm osa
colección de retratos, especialm ente de m u ­
jer. T odo aquí habla de espiritualidad,
de afán de llegar más lejos en la ex p re­
sión de un m undo individual. Es curioso
observar la deformación de D espiau. Siem­
p re busca el volum en en redondo, la fo r­
ma que tiene en la m ente es siem pre la
de la esfera; en las cabezas, la del ovoide,
que es su pariente más cercano. Pero en
los cuerpos no une denodadam ente esferas
entre sí (como hace L éger en la p in tu r a ) ;
su invención es m uy fina y tiene m uchos
recursos p ara fu n d ir u n m odelado con el

�inm ediato, p ara soldar en u n a visión total
lo que en él se d a como pensam iento p re ­
vio. En las cabezas, todo lo q u e lo ap arte
del ovoide prim ario le m olesta y sin elu ­
dirlo (como hace P ompón en sus anim a­
les, uno de los cuales luce sus brillos en
la mism a sala) lo traduce en esquem a. Así
al cabello, que pu ed e crear u n a supestructu ra sobre el andam iaje del hueso, Despiau
no titubea en aplastarlo y sólo alude a él
cam biando la calidad del m odelado, e n ­
crespando la m ateria que sin em bargo no
osa hacerse libre n i independiente. Lo
mism o con los ojos. Esos agujeros de m is­
terio que son siem pre las cuencas de los
ojos (que lo diga si n o C arriére) son un
estorbo para la linea de D espiau. Los hace
aflorar sobre el póm ulo y como los quiere
expresivos, los agranda, los aplasta dulce­
m ente sobre las sienes con u n alm endrado
oriental, arcaico, que hace pensar en la
sonrisa de ojos y bocas de los kuros a n ti­
guos. ¿Parecidos formales con los modelos?
Sí, pero a través de u n a concepción previa.
Las cabezas de la gente de todos los días
se hacen testas m onum entales, indescifra­
bles, con u n poco de ironía y de m elan­
colía. El bronce es su vehículo predilecto
y a veces lo dora y otras lo oscurece, nunca
lo hace verde ni to talm ente liso. Su m ateria

tiene algo de esponjoso en q u e la espá­
tu la h a dejado espacios aplastados, tan
expresivos en su rugosidad. O tras veces, en
pruebas de artista, tiene unos vaciados en
estaño de u n color y de u n b rillo ap en as
insinuado, m ate, m uy rico, q u e segain
nuestra o pinión es el m edio perfecto p a ra
u n escultor de la expresión recogida. Los
pequeños estudios, las placas que hay en
las vitrinas, son otro m otivo de felicidad.
A llí en cera, dim in u to , de veinte centí­
m etros, está el esbozo de la adm irable es­
ta tu a de p ied ra blanca de los jardines de
nuestro Museo, esa joven replegada en sí
mism a que apenas se insinúa del bloque
cuadrado, en su p le n itu d compacta. H e r­
m ano de ella, u n A polo de dos palm os de
alto, en el q u e el M aestro trab ajó v ein ti­
siete años, nos asom bra con su hieratism o:
es u n dios que condesciende; tiene los b ra ­
zos abiertos, las palm as hacia el espectador
y sonríe enigm áticam ente. Es u n a obra
plena y llena al mismo tiem po de levedad,
como ocurre siem pre con D espiau. A los
años de m u erto el M aestro, esta exposición
de conjunto no hace más que subirlo en
ese m undo postrodiniano en q u e todos los
caminos de la escultura francesa parecían
agotados.
D amián C arlos Bayón

92

�miscelánea

• En un reciente artículo publicado en Studio, M a rg a r et W h in n e y da
cuenta sobre el carácter y el funcionamiento del Instituto de Arte Courtauld, fundado en Londres en 1932, “para el estudio seVio y la apreciación
de las obras de arte”, gracias a la energía y entusiasmo del finado Lord
I .ff . d e F a r e h a m y a la generosidad de S a m u e l C o u r t a u l d . E s un colegio
de la Universidad de Londres, dirigido por el Prof. A n t h o n y B l u n t , en el
que los estudiantes, después de tres años de estudio, pueden obtener títulos
en historia del arte. Además, el Instituto tiene una seccción especial de
Tecnología, en la que se estudian los múltiples problemas de análisis téc­
nico, conservación y limpieza de obras; una biblioteca de 28.000 volúmenes
a disposición de los estudiantes; la biblioteca Convey de reproducciones
(287.000 piezas) y la W itt de reproducciones de pinturas, amén de una
colección de más de 50.000 diapositivos para máquina de proyecciones lu­
minosas.
La autora justifica la creación con interesantes observaciones acerca del
juicio estético. Después de consignar los peligros del punto de vista com­
pletamente subjetivo (“debe ser embrutecedor, porque es estrecho y peli­
grosamente abierto al prejuicio”) escribe: “Si la fresca respuesta emocional
a una obra individual puede ser combinada con un análisis lógico de esa
obra como parte de una unidad mayor, entonces se puede formar un juicio
más seguro y más permanente. Un juicio de tal naturaleza puede estar
basado sólo en la comprensión de los propósitos del artista mismo, en un
esfuerzo por descubrir qué es lo que quiso expresar, cómo lo expresó y por
qué.” De tal modo, agrega, se puede “experimentar el profundo, complejo
y permanente goce de la comprensión de la mente de otro hombre (quizás
uno de los placeres intelectuales que más satisfacen) combinado con el
estímulo emocional producido por su método de expresión.”
Además, sostiene la necesidad de vincular las obras de arte con la sociedad,

93

�ya que los artistas, les guste o no, son miembros de ella. “El primer paso
para la completa comprensión de una obra de arte puede muy bien ser,
por lo tanto, el descubrir por qué y para quién fué creada, con qué pro­
pósito exacto, público o privado. Pero esto es sólo el primer paso. Para
llegar a una completa comprensión es necesario descubrir precisamente
cómo el artista, a través del uso de la forma, o la línea, o el color, refleja
las ideas del mundo del cual forma parte. Una comparación amplia y
simple es muy fácil. M ig u e l á n g e l , criado en la atmósfera intelectual de
Florencia, con su profundo interés por la filosofía neoplatónica, encontró
en el arte disciplinado de la escultura su vehículo elegido de expresión, y
al pintar sus contornos firmes, proclamó la calidad intelectual de su visión
en sus combinaciones de línea y masa. T ic ia n o , por el contrario, viviendo
en el lujo opulento de Venecia, donde los intelectuales discutieron más
bien literatura arcádica en vez de platónica, vió el mundo como una serie
de formas de brillantes colores, vibrantes de ambiente, desencadenadas de
sus contornos limitadores. Pero esto no basta. ¿Tenía Ticiano la misma
visión al pintar bacanales para el extravagante príncipe renacentista
Alfonso d’Este que cuando pintó más tarde casi el mismo tema para el
austero rey Felipe II, en un mundo donde ya maduraba la persecución
religiosa? ¿Nos sugiere el Juicio final de Miguel Ángel simplemente una
mano errante, o es la expresión consciente de alguna intranquilidad del
espíritu causado por acontecimientos del mundo de aquel momento? Por
cierto no basta decir que los hombres cambian al envejecer. Hay que des­
cubrir por qué cambian, si el mundo cambió con ellos. . . y si son artistas
qué medios usaron para expresar este cambio. ¿Desarrolló el artista una
nueva técnica para expresar sus ideas cambiadas o una nueva escala de
colores? ¿O se concentró sobre nuevos medios? ¿Sus patrones le pidieron
diferentes temas y por qué? O si no, ¿trató los mismos temas de una
manera nueva, subrayando diferentes aspectos de los mismos? ¿Qué aspectos
y otra vez por qué?” Para contestar tales preguntas —dice la autora— se
precisa tanto saber técnico como histórico, conocimiento de los medios, de
los materiales y de las maneras como han sido usados. Todo esto, que se
estudia en el Instituto Courtauld, no es por cierto para ser nada más que
un aficionado, sino para el mejor entendimiento del artista. ¿Se compren­
derá alguna vez aquí la necesidad de un centro de estudios como el Insti­
tuto de Arte Courtauld?

94

�• Clavé y B uffet exponen juntos, tal vez para dem ostrar p o r el absurdo hasta dónde
va la diferencia de sus concepciones y sus paletas. Las telas picassianas de Clavé, deco­
rativas, ricas de color, dinámicas, se neutralizan asi con las figuras cada vez más esque­
léticas de Buffet, dramáticas en su gris raspado, inm óviles y como detenidas d efinitiva­
m en te en un ham bre angustiada. Pero la coincidencia está en que am bos p in ta n y en
que sus calidades son positivas y de peso.

• Otra noticia sobre París, que se apresuró a dar finales espectaculares
a la saison antes de despoblarse. Las calles acaban de rivalizar en esta
fiebre artística. Estimuladas por el ejemplo de la rué Faubourg SaintHonoré, que compuso todas las vidrieras con motivos de fábulas de La
Fontaine, la rué Victor Hugo sugirió a sus negocios que hicieran sus vi­
drieras con algún cuadro famoso que tuviera relación con los artículos de
la casa: así salieron a relucir R e m b r a n d t , R e n o ir , T o l o u s e -L a u t r e c y
otros de colecciones particulares para gozo de los parisienses y admiración
de los extranjeros.
• También la idea se imitó aquí. La casa Harrod’s obtuvo del Instituto
de Arte Moderno el préstamo de algunos cuadros excelentes de pintores
abstractos, desde K a n d in sk y y L ég e r hasta M a g n e l l i y S c h n e id e r , entre
otros, que fueron exhibidos entre maniquíes que lucían las últimas modas.
Y no faltaron los puristas que se irritaron: se habló de falta de respeto por
el arte, de manoseo de las obras, de irreverencia y vaya a saber cuántas cosas
más se habrán dicho. La idea era excelente: ni el cuadro es una joya, ni el
pintor es un ser intocable; por el contrario, uno y otro ganan en el contacto
con las gentes, aunque éstas no siempre los respeten. Lo que si es criticable
es el modo como los emplearon y la falta de imaginación para componer
las vidrieras. Muchos cuadros en el fondo o entre dos vidrieras no pudie­
ron ser vistos y no faltó un torpe maniquí que tapara una creación genial. „
• Largas colas dobles de gente esperan pacientemente frente a L ’Orangerie, donde se
lleva a cabo la exposición Gauguin en París. Entretanto los vendedores de diarios vo­
cean A rts, el número dedicado al pintor, y la gente lee en voz alta y comenta episodios
de su vida, análisis críticos de sus obras o del sentido de su pintura. Las más diversas
gentes forman estas maravillosas colas, porque el arte alli forma parte de la vida
cotidiana y es una necesidad inmediata del hombre.

95

�• U n caso curioso acaba de o cu rrir en Rom a, con motivo de la exposición realizada
p o r el pin to r Corrado Cagli en la G allería del Secolo, de u n a serie de p in tu ra s y d ib u ­
jos a las q ue califica de cuadrim ensionales. El crítico de La fiera letteraria la comenta,
confesando que "es virgen en lo q u e se refiere a esta clase de problem as”, a pesar de
lo cual —he aq u í el hecho extraño— tra ta al p in to r con respeto y term ina con estas
palabras: “De cualquier modo Cagli, p o r la nitidez del dibujo, el b rillo y el gusto
p articu lar de la m ateria, p o r el intelecto espantadizo y el predom inio im aginativo, está
autorizado p ara absolver esta función, de la cual nosotros, m al habituados como esta­
mos a un arte opinable, n o podríam os exactam ente registrar los im pulsos n i reconocer
sus confínes”.

• El grabador argentino P o m p e y o A u d iv e r t , de cuyas andanzas dimos
cuenta en el número anterior, acaba de inaugurar una exposición en El
Mirador, Place Vendóme, París. Presenta trabajos de muy distinta técnica.
Una serie de la amistad, en linóleo, trabajado para obtener efectos de blan­
cos y negros; varios buriles y grabados en la forma de El beso (del Museo
Nacional) y con temas semejantes, ricos de composición y de evidente
inspiración superrealista; y otras planchas de muy diversa técnica. En
todos se advierte y evidencia la maestría y el conocimiento exhaustivo de
la técnica. Este artista está haciendo las últimas correcciones a un amplio
libro sobre la técnica del grabado, el primero de tal magnitud que se
publica en su género.
• L e Corbusier proyecta p ara París u n a inm ensa ciudad de artistas. El proyecto cuya
prim era noticia apareció en el Figaro, se llevará a cabo en la isla de la C ité, en pleno
corazón de París, flanqueado el edificio p o r el Sena y respaldado p o r N otre-Dam e. No
sólo se resolverá así el pavoroso problem a de los miles de artistas que viven en condi­
ciones precarias, sino q u e se h ará de París definitivam ente el centro del arte.

• La noticia es escueta: en una villa cerca de Soffiano, Italia, la Super­
intendencia de Bellas Artes de Florencia acaba de descubrir unos frescos
de A n d r e a d e l C a s t a g n o : dos figuras de Adán y Eva, de casi dos metros
de alto, y las figuras de la Virgen, el niño Jesús y ángeles en un pabellón,
todo en perfecto estado de conservación. ¿Modificarán estos frescos las
ideas bastante firmes que se tienen sobre el genial pintor del Cenacolo di
San Apollonia?

96

�VER Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R Í T I C A
ARTÍSTICA

Ocho números en el año
de abril a noviembre
64 a 80 páginas de texto
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Raquel Bianco de Brané
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Tucumán 1539- T. E. 35 9243
Buenos Aires

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�BOLETÍN DE SUSCRIPCIÓN

Señora administradora de
VER

Y ESTI MAR

Tucumán 1539. Buenos Aires.
Ruégole m e su s c rib a a V E R Y ESTIMAR p o r u n a ñ o , a p a r t i r d e l N9 ................... a cuyo
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2 Táchese lo que no corresponda. Si se desea el envió del cobrador, solicítese a 35 - 9243, de 16 y 30 a 18 y 30.

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LAVALLE 1853 - BUENOS AIRES

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Huygue, René&#13;
Oliver, Samuel F.&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Macego, Diogo de&#13;
Traba, Martha&#13;
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO DIEZ
BUENOS AIRES

Este número contiene: Dos
congresos - Sobre los Sa­
lones: DIRECCION - Ho­
menaje a Angel Ferrant:
GUILLERM O DE TORRE.
Angel Ferrant y la inquie­
tud actual: JORGE RO­
MERO BREST. - El artista
frente al mundo: Opina
F E R R A N T . - Correspon­
dencia: Escribe desde Pa­
rís D A M I A N C A R L O S
BAYON. - Crítica: Cecilia
Marcovich: JORGE ROME­
RO BREST; Mario Dar í o
Grandi: R A Q U E L EDELMAN; Atilio Rossi: BLAN­
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VI: E lvira H en rik sf .n (óleos) . Sala VII: I. D o eser (óleos) .
18-10 julio: Sala I: E lvira R ufino (óleos y dibujos). Sala II y III: J uan
H oiimann (dibujos a tinta china) . Sala IV: Luz de A lvear (óleos) . Sala
V: J uan S ol (óleos) . Sala VI: J osé R oig (óleos) . Sala VII: T apices de
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DE C R I T I C A
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DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON I.A COOPERACIÓN DE SO S DISCÍPULOS:

BAYÓN, Damián Carlos.
BERET, Angelia.
BRANÉ, Raquel B. de.
BRUHL, Rodolfo G.
CARREA, Lía.
CAMICIA, Angelina
DIAMENT, Clara.
EDELMAN, Raquel.
GROSSI, Isolina.
HUBERMAN, Beatriz.
JOB, Amalia.
OI.IVER, Samuel E.
ROI.AND, Alfredo E.
STABILE, Blanca.
TRABA, Martha.

VOLUMEN
NÚME R O
MAYO

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III
DIEZ
1949

�COLABORADORES
ALBERTI, Rafael
ARGUL, José Pedro (Montevideo)
AYALA, Francisco (Bs. As.)
BERENSON, Bernhard (Florencia)
BILL, Max (Zíirich)
CAMÓN AZNAR, José (Madrid)
CORPORA, Antonio (Róma)
DEGAND, Léon (París)
DELEVOY, Robert L. (Bruselas)
DORIVAL, Bernard (París)
GASCH, Sebastián (Barcelona)
GIEDION, Siegfrid (Zürich)
GIRCOURT, Geneviéve (París)
GOERITZ, Mathias (México)
HUYGHE, René (París)
LEYMARIE, Jean (París)
M ACEDO, Diogo de (Lisboa)
MURARO,Michelangelo (Venecia)
ROH, Franz (Munich)
ROMERA, Antonio (Sgo. Chile)
ROMERO, Francisco (Bs. As.)
ROMERO, José Luis (Bs. As.)
TORRE, Guiljermo de (Bs. As.)
SARFATTI, Margarita (Roma)
SEVERINI, Gino (París)
VENTURI, Lionello (Roma)
ZEVI, Bruno (Roma)

�D O S

C O N G R E S O S

Bien está que se reúnan los historiadores en Lisboa y los críticos en París 1
para cambiar ideas y considerar los problemas gremiales; pero, ¿no ad­
vierten unos y otros que se están esforzando, tal vez inútilmente, para
perpetuar un modo de convivencia intelectual nada afín al espíritu de
nuestro tiempo y que por tanto es necesario cuestionar, si no la existencia,
por lo menos el carácter de tales confesos?
No obstante la buena fe de los organizadores, ni siquiera en Europa gozan
de prestigio, pues todo el mundo sabe que en ellos se trabaja muy poco
y se habla mucho —aunque con baja tensión emocional— y que las reso­
luciones son casi siempre ineficaces: primero, porque a menudo no con­
templan las posibilidades reales, cuando se trata de ordenaciones teóricas,
0 las contemplan con exceso, si se trata de discusiones teóricas, para no
molestar la susceptibilidad de ningún miembro; segundo, porque no son
respaldadas por instituciones o personas que luchen de verdad por im­
ponerlas. De tal modo quedan reducidos los congresos a un manojo de dis­
cursos, los cuales podrían ser publicados con mayor provecho en el caso
de ser buenos, lo que no siempre ocurre. Acaso el único saldo positivo
sea el estrechamiento de vínculos entre hombres que se dedican a una
misma tarea, pero ellos mismos pueden ser bastante ilusorios si no se en­
tablan en un terreno de firme y sincera colaboración intelectual.
En el programa del reciente Congreso de Lisboa, por ejemplo, figuraban
cuatro sesiones plenarias para tratar los siguientes temas: arte prerrománico, manuelino y barroco, pintura de los primitivos portugueses, y otras
tantas de trabajo para las comunicaciones. ¿Alguien puede creer hones­
tamente que para tratar temas de esa envergadura pueden bastar cuatro
sesiones plenarias, durante las cuales apenas alcanza el tiempo para que
1 El XVI Congreso Internacional de Historia del Arte acaba de realizarse en Lisboa y Oporto,
restableciéndose así los lazos que fueron interrumpidos a causa de la guerra, y en estos días
sesiona en París el II Congreso Internacional de Críticos de Arte. Oportunamente daremos cuenta
de las resoluciones que se hayan tomado en ambos.

1

�los miembros relatores lean sus discursos y acaso para que se produzca
alguna réplica elegante?
Uno de los males que aquejan a la historia del arte es la divagación
impresionista y literaria. La persistencia en organizar congresos para ora­
dores no hace más que agravarlo, ya que acostumbra al historiador a con­
siderarlos como pretextos de descanso, sin que nadie tenga la menor idea
de que marcha hacia la ciudad en que se realiza con el ánimo de traba­
jar en común.
Urge, pues, a nuestro juicio, que por lo menos se dé a los congresos otra
estructura, limitando los temas, que no deben ser tan amplios, para que
sea posible la discusión fina, y multiplicando las sesiones de trabajo en
comisiones que deben afrontarlos con espíritu de verdadera colabora­
ción. Urge, además, la intensificación por todos los medios del carácter
científico de la investigación histórica y para ello, tratándose de congre­
sos, ha de exigirsele a todo concurrente el máximo de esfuerzo y de ren­
dimiento en el orden de la capacidad. (Se objetará, lo sabemos, que si
fueran planteados de tal manera, muchos no asistirían, y a la objeción
respondemos que es mejor realizar un congreso con pocos que quieran
trabajar que con muchos que quieran tan sólo pasear y descansar.) Amén
de que urge también, y de qué manera, un entendimiento sobre la fundamentación teórica de la historia del arte, para perfeccionar los métodos
y para impulsar a los más a que no se detengan en la miope descripción
de obras, o se agoten en las atribuciones, y busquen la verdadera meta
de la interpretación creadora.
Los problemas que debe plantearse el Congreso de Críticos de Arte son
más delicados todavía, no sólo porque la improvisación es frecuente, sino
también porque la critica muerde más hondamente en el cuerpo vivo de
la realidad. El Congreso del año pasado, que fué el primero, tuvo éxito
por la calidad de quienes asistieron —varios cientos de delegados pertene­
cientes a treinta y cuatro países— y porque se logró hacer el “ inventario de
ideas y personas” que se buscaba, según felices palabras de su principal
animador, Raymond Cogniat; porque se echaron las bases de la Asociación
Internacional de Críticos de Arte, que suponemos se constituirá definiti­
vamente ahora; y porque en los votos y mociones aprobados privó una
orientación sana y clara en lo que se refiere a la organización gremial
de los críticos, a las posibilidades educativas de su labor y a las vincula-

2

�dones de carácter internacional. Pero el éxito fue apenas relativo —lo
juzgamos de acuerdo a las actas— en lo que se refiere a soluciones de
fondo: los debates sobre el realismo y el arte abstracto (4* sesión), el na­
cionalismo en el arte (5‘ sesión), el arte y la sociedad (6* sesión), no
fueron más allá de un trivial cambio de ideas.
A pesar de la modestia de esta revista, conocida y apreciada sin embargo
por algunos de los eminentes críticos que se han reunido en París, y de
la desconfianza apuntada, apoyamos con fervor desde Buenos Aires a este
Congreso; y con ese sentido de colaboración que constituye la razón de
ser de nuestra existencia, nos atrevemos a presentar algunos puntos de
vista:
1. Nos parece necesario vigilar celosamente la selección de los compo­
nentes del Congreso, evitando a los que no han hecho de la critica una
verdadera profesión, pues del mismo modo que la publicación de algunos
artículos sobre matemática recreativa, por ejemplo, no entraña la invi­
tación de su autor a un congreso de matemáticos, tampoco deben ser invi­
tados a un congreso de críticos de arte quienes no pueden ostentar una la­
bor seria y sostenida desde el punto de vista de sus fundamentos teóricos.
2. Más que votos y mociones, que no pasan de ser expresiones de deseos
—legítimos casi siempre, pero a los cuales nadie escucha— el Congreso de­
biera fomentar el conocimiento y respeto reciproco de sus miembros, ha­
ciendo que superen las trabas inherentes a la nacionalidad y a los par­
tidos políticos, para estudiar en comunidad los temas esenciales de la
profesión.
3. Creemos peligrosa la tendencia a discutir temas como los que ocu­
paron las tres sesiones aludidas del congreso del año pasado en un plano
de opinión personal. No nos asusta la política y estamos convencidos de
la necesidad de vincular el juicio crítico con la concepción del mundo,
que no puede ser sino política, pero el análisis histórico y teórico de
todos los factores que condicionan esa vinculación ha de ser fino y des­
apasionado. En ese sentido nos parece conveniente que se cumpla sobre
todo el voto emitido en la sesión del 12 de agosto de 1948: “El ler. Con­
greso Internacional de Críticos de Arte emite el voto de que en cada
país se constituya una comisión encargada de estudiar sucinta pero me­

3

�tódicamente, y sobre todo en el plano local, las causas (históricas, so­
ciales, psicológicas, etc.) que desde hace cincuenta años se han reunido
para dar nacimiento a las diversas formas del arte abstracto.” De la
misma manera debiera recomendarse el estudio del llamado arte social.
4. Sería necesario que se consideraran con detenimiento los problemas
relativos al juicio, a sus posibilidades de existencia y a los modos de su
formulación, porque la jerarquía de la critica depende de la seriedad con
que se los resuelva. La terminología critica, por ejemplo, debiera ser
cuidadosamente estudiada, así como las posiciones espirituales que cada
modo de expresión implica.
5. Por no abundar demasiado nos permitimos señalar, finalmente, que
seria de provecho un examen a fondo del problema de la formación del
crítico. Convendría que el Congreso estableciera la necesidad de que po­
sea además de los conocimientos técnicos, una sólida formación filosófica,
histórica y sociológica, y que denunciara las formas espúreas.
Acaso fuera más eficaz la intensificación por otros medios del trabajo en
equipo de los críticos, de todo cuanto pueda significar la superación de
posiciones extremadamente individuales, las que predominan desgraciada­
mente hasta ahora, pero si el Congreso logra que se constituya la Asociación
Internacional y le da el mandato de que se dedique con preferencia
a favorecer los intercambios entre sus componentes, con el objeto de llegar
a una cierta unificación de los criterios estimativos, marcará sin duda un
jalón de decisiva importancia.

SOBRE

LOS

SALONES

Si los diferentes Salones de artes plásticas que se realizan en el país tu­
vieran verdadero interés, el ejercicio de la critica sobre las obras que se
exponen en ellos tendría sentido, no sólo por la oportunidad de desgajar
caracteres generales de la producción y particulares de cada artista, sino
también desde el punto de vista histórico, pues se podrían señalar pro-

4

�cesos de avance y de retroceso, tanteos y vacilaciones, impulsos firmes o
débiles, ideas nacientes, sentimientos abortados, a los que seria provechoso
explicar vinculándolos con los demás fenómenos de la cultura nacional
y universal.
Desde hace muchos años, empero, los Salones se repiten con tediosa uni­
formidad, lo mismo en lo que podría llamarse el nivel de la máxima ca­
lidad que en el de la mínima. De antemano podrían establecerse los
caracteres generales y particulares de cada uno con escaso margen de error,
pues los mejores artistas han dejado de enviar obras, sobre todo al Nacio­
nal, con pocas excepciones, y los jóvenes parecen decididos a no sorpren­
der (tal vez las obras de los más inquietos no son aceptadas), quedando
la masa de los que no ostentan otro mérito, aun en largos años de labor,
que el de haber concurrido a decenas de Salones nacionales y provinciales.
Podría ser muy poco valiosa la pintura o la escultura o el grabado que se
expusiera, pero tener en cambio un hálito de emoción, o un acento de
búsqueda, y entonces se justificaría, no obstante la baja calidad, que el
critico ensayara desbrozar el camino para entrar en franca colaboración
con los creadores; podría denotar sinceridad, y aunque ésta no redime a
los malos artistas, por lo menos permitir que se planteara exactamente
el problema de la existencia y del juzgamiento de tales obras.
Nada de esto ocurre. Se amontonan cuadros, esculturas y grabados, de
escasísimo valor la mayoría, y el critico debe hacer esfuerzos tremendos,
para dominar su tedio en primer lugar, para descubrir el pequeño es­
fuerzo luego, esterilizándose sin duda en esa labor. Ello explica el tono
habitual de las críticas sobre los Salones, que origina más de una mofa
merecida, pero que se explica por la simple razón de que no se puede
hacer otra cosa; apenas un adjetivo, en el mejor de los casos apropiado y
justo, porque de otra manera, o bien se cita a muy pocos y entonces co­
mienzan los disgustos, o bien se alarga la nota de manera inadmisible.
Hemos llegado a la conclusión de que es inútil hacer esfuerzos tales. ¿De
qué modo puede interesarle al lector —nos preguntamos— una de nuestras
criticas sobre cualquiera de los Salones, si fatalmente debemos repetir los
mismos argumentos de orden general; si apenas podemos señalar, en
actitud admonitora que disgusta pero que se debe exclusivamente a la
necesidad de ser breves, lo que nos parece valioso o no valioso, sin dar

5

�fundamentos valederos y convincentes? Excusado decir que después de
madura reflexión las respuestas han sido negativas y, por tal razón, tene­
mos el propósito, en adelante, de referirnos a un Salón sólo cuando se
advierta en él algo que merezca ser destacado, un problema o una obra.
En nuestro caso, además, pesan razones circunstanciales. Como bien se
sabe, la critica en esta revista está sobre todo a cargo de discípulos aven­
tajados, quienes la realizan bajo la dirección del que escribe estas lineas,
de modo que cada nota, muy trabajada en común, es el resultado de un
esfuerzo y un ensayo al mismo tiempo de carácter formativo. Tal es el ca­
rácter de toda la revista y, según se ha dicho repetidas veces, aquí y en el
extranjero, el mayor motivo de interés de la misma. Pero el ensayo no
adquiere sentido legítimo si él no implica, tan a fondo como sea posible,
la comprensión del mundo propio del artista en toda su complejidad, con
pleno conocimiento de sus antecedentes; y para quien todavía no ha ma­
durado en tal ejercicio no es fácil arrivar a ella partiendo de la contem­
plación de una escultura o de dos cuadros. En cuanto al director, con­
sidera que ha dicho muchas veces su opinión sobre los Salones y los pre­
mios, también sobre los artistas sobresalientes, que casi siempre son los
mismos; en consecuencia, que no seria conveniente repetirse.
Preferimos por eso, y porque es más serio y más útil, y porque indica ade­
más el mantenimiento de una política cultural que tiende a la supresión
de esos torneos —con su secuela peligrosa de los premios multiplicados a
granel— o por lo menos a su reestructuración, dedicar nuestros afanes al
estudio de los valores nuevos o de aquellos que constituyen sin duda la
piedra miliar del organismo artístico nacional.
D irección

6

�A ANGEL FERRANT

Para VER Y ESTIMAR

Hablar de Angel Ferrant equivale para mí a evocar días madrileños
poblados de fervores, tejidos de auroras; días calmos y ardientes a la vez,
mas sin violencias, ya que nuestros comunes afanes eran estéticos, civiles
y aún civilizadores en última instancia, pero rigurosamente antípodas del
energumenismo en que otros se ensayaban. . . El nombre, la obra, la
acción de este escultor se hallan enlazados a algunos de los intentos más
nobles y generosos hechos en España, durante más de una década, para
limpiar las telarañas visuales en los de arriba y los de abajo, a derecha y
a izquierda; para abrir brechas, quebrar conformismos y dar un rumbo
más nuevo y auténtico a las artes.
Digo: “Angel Ferrant”, y por mi imaginación desfilan los días esperanza­
dos del primer Salón de Artistas Ibéricos, en 1925 —donde él se reveló,
junto con Dalí, Bores, Palencia, entre otros—; las jornadas más ciertas de
nuestra “segunda salida”, a raíz de la República, en 1932; charlas inacaba­
bles en las terrazas de los cafés y bajo los árboles de Recoletos; citas de
conspiradores en figones pintorescos mientras preparábamos, más tarde,
la fundación de Adían (Amigos de las Artes Nuevas), con Manuel Abril,
Ricardo Gullón, Luis Blanco Soler, la presencia epistolar de Eduardo
Westerdahl y el estímulo de su Gaceta de Arte; visitas a la casa nueva del
escultor, rezumante de funcionalismo, en la colonia del Viso; aquellas
catacumbas del Salón de la Construcción en la Carrera de San Jerónimo,
donde organizamos la primera exposición Picasso, y de cuyas profundi­

7

�dades podrían haber salido radiantes epifanías, si todo no hubiera sido
arrasado por el turbión de la catástrofe; nuestra última entrevista en mi
departamento de Madrid (Velázquez 130: balcones de perspectivas guadarrameñas) donde ante el leal camarada afirmé mis discrepancias y
abominaciones plurales...
¿Poner en orden estas imágenes sincopadas? Siempre he rehuido la con­
fusión, siempre he gustado de la claridad expositiva, desconfiando del
deshilachamiento y el ilogismo, ya que precisamente cuando se manejan
visiones y conceptos poco sólitos, e interesa de veras hacerlos comunicables,
lo que importa es allanar y no oscurecer. (Porque la claridad —como muy
bien dice y practica Ortega—es no sólo “la cortesía del filósofo”, sino hasta
de quien no lo es, y se necesita mucha ingenuidad, mayor inexperiencia,
para equiparar lo oscuro con lo profundo y el engolamiento con la dig­
nidad) . Pero en este caso, al pedírseme que trace algunos recuerdos
personales de Angel Ferrant, prefiero no cuidar tanto de la ilación riguro­
sa como de la fluidez evocativa, del subrayado cordial.
Y en verdad que la figura de Angel Ferrant se presta a tales remembranzas.
Artista en quien la cualidad humana se halla siempre presente, hombre
que salta a nuestro encuentro con sus ojos de asombro, su verbo listo a
encenderse, profesor, maestro, mejor dicho, dispuesto a transmitir y en­
fervorizar. Pero todo esto, y mucho más, sin hipérboles ni pintoresquismos,
lejos de esas extravagancias personales, hasta de anécdotas y de esas acti­
tudes dogmáticas que encandilan a los sectarios. Lo prueba su constante
disconformidad consigo mismo, su inquietud en vigilia, que no se satisface
con logros fáciles, fijándose nuevas metas, negándose al amaneramiento y
la repetición, su ir y venir desde lo figurativo a lo abstracto, su búsqueda
expresiva en muy distintos planos. Y todo ello desenvuelto y conseguido
por sí solo, en pugna con lo oficial, frente a la indiferencia de los muchos,
la aquiescencia de unos cuantos. Cierto es que, en última instancia, estas
virtudes de Angel Ferrant no le son privativas ni únicas; las comparten
algunos otros artistas españoles; si bien los de esta laya prefirieron por
regla general expatriarse antes que luchar contra rémoras en el predio
nativo.
Y llegando a este punto convendrá recordar someramente que el arte
español válido —en general, el arte europeo— fué siempre insurgente,
vivió en perpetuo alzamiento contra el medio y los poderes. A diferencia

8

�de lo que sucede en los países americanos, el artista personal del viejo
mundo se mantuvo siempre al margen de lo oficial; ignoró las preferencias
estatales tanto como el Estado le ignoró a él; más aún, marchó siempre
contracorriente (salvo lugares y momentos muy señalados: la Rusia inme­
diatamente posterior a la revolución de 1917, la Alemania de Weimar y
algunos otros países centro y norte europeos, donde por el lado de la
arquitectura funcional y de las artes decorativas la modernidad abrió una
brecha de penetración más amplia) y no cejó en su actitud polémica.
Pero el saldo favorable de tal conducta había quedado registrado desde
años antes. Ya en 1920, por ejemplo, al hacerse un balance de la historia
de los salones de Independientes en P arís1 pudo establecerse un paralelo
elocuente entre los artistas revelados por tal agrupación y aquéllos que
durante el mismo lapso de tiempo, desde 1884, habían sido favoritos del
Estado, beneficiarios del prix de Rome y demás prebendas oficiales.
En el primer sector se agrupaba una media docena de nombres gloriosos,
y desde luego todos afamados; en el otro bando, un conjunto de solemnes
mediocridades, de nombres desconocidos, coleccionistas de medallas y
similar chatarra ornamental, sin la menor influencia ni reflejo en la
evolución del arte. Aquellos Independientes —aunque fatalmente, al pasar
del tiempo, ya no lo fueran tanto, aunque la sociedad de tal nombre
deviniera conformista, hecho que no impidió por lo demás que su primi­
tivo espíritu rebrotase en otras más jóvenes y renovadas— se forjaron por
sí mismos sus críticos, su público, sus marchantes. La lección es obvia:
resulta mucho más saludable, a la larga, para los artistas vivir a la intem­
perie de todo cobijo oficial que amparados en la mediatización supuesta,
al cabo, por cualquier proteccionismo. Y según se dijo muy bien —por
Jules Destrée, frente a las tesis fascistas de la absorción estatal, en un
Congreso de la Comisión de Cooperación Intelectual, celebrado en Venecia, en 1934—: “respecto al arte, el Estado no tiene derechos, solamente
tiene deberes” .
Pues bien, tornando a Angel Ferrant y a los demás artistas que como él
continuaron esta honrosa tradición de disconformismo: en ella está la
clave de su libertad, de su obra tan variada y siempre distinta. Por lo
demás esa actitud suya y de los afines no sufrió ninguna quiebra: ni
1 V.

Lea

lndépendant8, por

Gustave Coquiot

(Ollendorf,

9

París,

1920).

�siquiera —no hablemos del hoy calamitoso— cuando sobrevino la Repúbli­
ca en España. Los salones oficiales siguieron manejados por las gentes
beocias de siempre, aunque, siendo justos, debamos reconocer que no se
dió tiempo a aquel régimen para que la transformación llegara al plano
de las artes. La única novedad fué que el Estado ya no ignoró la existen­
cia de los minoritarios, y contribuyó en cierto modo a que se expresaran,
ayudando a la resurrección de los Ibéricos, mediante las exposiciones que
organizamos en Copenhague, Berlín y París, y gracias a la tenacidad de
Manuel Abril.
Justamente, por intermedio de este sutilísimo espíritu, tempranamente
desaparecido, trabamos los demás de tal grupo nuestros primeros contactos
con Angel Ferrant. El escultor vivía por entonces en Barcelona, profesaba
allí en una escuela de Bellas Artes, y empero su castellanismo indeclinable
había logrado adquirir crédito y ascendiente entre los artistas catalanes.
Algunos años después se instaló en Madrid. ¿Cuál era el panorama escul­
tórico que allí hubo de encontrar Ferrant? Más bien desolador; sólo la
excepción en su campo de una figura realmente singular: Alberto. Alberto
era un puro autodidacto (panadero de oficio, que descubrió Barradas el
uruguayo, dibujando sobre el mármol de una mesa en el café de Atocha),
pero dotado de una fuerza instintiva, de un brío primitivo extraordinario,
de un original sentido escultórico que le llevaba a plasmar en cemento fi­
guras de asombrosas anamorfosis. Arrastrado por el éxodo de casi todos
los mejores, terminada la guerra, Alberto marchó a la U.R.S.S. y nada
hemos vuelto a saber de él, si bien hay motivos para sospechar que el
“formalismo” vitando de su arte no encontró allí el clima más propicio.
Contrariamente, en Ferrant transparéntase desde el primer momento su
cultura, su espíritu tan disciplinado como buscador, su destreza en todas
las técnicas que le lleva a moverse con soltura y dominio tanto en lo
representativo como en lo irreal. Porque este escultor procede de un
medio cultivado: su padre era el pintor de historia Alejandro Ferrant,
uno de los pocos que en el siglo xix dieron dignidad a aquel género. Pero
el hijo comprendió que la mejor manera de honrarle sería tomar un
rumbo rigurosamente distinto y tratar de ser él mismo.
No me incumbe ahora trazar un cuadro de las evoluciones que ha expe­
rimentado, que sigue experimentando el arte de Ferrant, pues ya lo hice
en alguna otra ocasión. Sus fases más salientes, por lo demás, quedaron

10

�registradas en las monografías que le han dedicado Sebastián Gasch,
Mathías Goeritz y Ricardo Gullón. Este último, aludiendo a los tránsitos
de Ferrant, desde lo representativo a lo abstracto (si es que el segundo
estilo no debe más bien denominarse concreto, conforme Kandinsky 1 fué el
primero en rebautizarlo) escribe: “ Este fenómeno, esta actitud bivalente,
no es lo más peculiar en él; creo de superior significación su especial
manera de conciliar los contrarios, permaneciendo realista en sus construc­
ciones más imaginativas, e invencionero (como decía Guevara) hasta
cuando parece más estrictamente subordinado a la realidad” 12. Y agrega,
deshaciendo equívocos del calificativo "abstracto”, que referido a Ferrant
sólo conviene hablar de abstracción para señalar su voluntad de conseguir
una belleza ideal, extraída de las cosas mismas, esencia y compendio de las
imágenes con que manipula.
En cualquier caso, lo incuestionable es que si aceptamos la seriación del
desarrollo de la escultura, las cinco fases del desenvolvimiento de este arte
que fija Moholy-Nagy3, Angel Ferrant se encuentra en su momento
culminante. En efecto, el teórico de la Bauhaus señalaba como el punto
más evolucionado de la escultura lo cinético, las formas en movimiento.
Y algunas de las últimas obras más expresivas de Ferrant son esculturas
móviles. Ahora bien, sucede que tal estilo escultórico va adscrito en la
memoria de todos los conocedores al nombre de Alexander Calder, como
si el artista norteamericano lo hubiera creado o acotado intransmisible­
mente. Y no hay tal cosa. Sus orígenes, en todo caso, quizá hubiera que
ir a buscarlos en Archipenko, cuando no en Brancusi; si se me apura, en
los constructivistas rusos como Gabo y Pevsner; si retrocedemos aún más
en Boccioni; y, en último extremo, si quisiéramos remontar hasta las más
lejanas fuentes en el maestro de la escultura policromada española, en
Alonso Berruguete, genio del barroco quinientista. ¿Acaso éste, merced al
dinamismo místico de sus retablos, no supera el dualismo del éxtasis y
el movimiento? Se verá, por consiguiente, una vez más, cuán frondosa y
delicada es toda cuestión de orígenes. Como quiera que fuere, Ferrant no
deja de pagar su tributo al antecesor inmediato, dirigiéndole este mensaje
1 V. Art of this Century (New York, 1942).
2 R icardo Gullón : Angel Ferrant. ( Editorial Palma, Madrid, 1949).
3 L. Moholy-N agy : The New Vision. (Faber and Faber, Londres, 1939).

11

�en su móvil Barcos: “Dedico esta fiesta en el aire a mi admirado amigo
Alexander Calder que me estará escuchando. Soy Ferrant” .
El ingenuo lirismo yacente en esta dedicatoria no desdice en modo alguno
del que transmiten sus esculturas. Pues contra lo que pudiera imaginarse
ligeramente tal arte no puede considerarse en modo alguno como un
“seco producto cerebral” ; antes al contrario, hinca sus más finas raíces en
el sentimiento. Lo mental es la forma y lo sensible el fondo —si es que
todavía cabe seguir utilizando este desdoblamiento tan incierto.
Venciendo desánimos, retemplándose en la aspereza, ignorando el confor­
mismo o la fácil vuelta atrás que —como a lo demás— también quiso
imponerse al arte estos años últimos en España, rechazando igualmente
las concesiones pintorescas del nacionalismo con anteojeras, Angel Ferrant
continúa, hoy como ayer, solitario e íntegro, cual un islote insumiso de
un menudo archipiélago ejemplar. Por esto me es grato parafrasear su
dedicatoria a Calder y enviarle desde la otra orilla este mensaje: dedico
las anteriores evocaciones a un artista sin tacha, a una amistad sin mengua.
Abre las manos, Ferrant, soy tu amigo
G uillermo

12

de

T orre

�La inquietud no produce más que chispas. La define un afán de movi­
lidad que tan sólo sobrepone imagen tras imagen del mundo, y de ese
modo, aunque una tenga algo de raíz, anula todo esfuerzo de concentra­
ción para profundizar y extender las vivencias del presente. Y la crea­
ción en el arte —conviene no olvidarlo— es chispa pero también es llama;
más que relámpago es estrella.
Los inquietos suelen ser exploradores audaces de la realidad, o propagagadores de gérmenes aun desconocidos, o impulsores de ideas inmaduras;
difícilmente creadores en la buena acepción de la palabra. Son los que
pican aquí y allá con el aguijón preparado por el disconformismo para
libar los jugos más nutritivos; los que tienen finas antenas para intuir
formas nuevas de vivir, allí donde apenas está naciendo; los que de
todo dudan por temor a que se pierda por confianza la única posibili­
dad de avanzar, y sin embargo son crédulos, en cada instante. Y aun­
que por cierto no siempre les acicatea lo nuevo —también escarban en
la otra dimensión de la inquietud, buscando motivos de coincidencia
en el pasado— a esa balanza que presenta en un platillo un paraíso per­
dido y en el otro un paraíso a ganar, ambos por igual desdibujados, le
falta su fiel; que es como decir: le falta su razón de ser, el equilibrio.
No, mal puede ser creadora la inquietud. (En toda invención verdadera
priva la serenidad, la pasión sostenida, la intelección consecuente, la
compensación armónica, la dificultad vencida, la satisfacción del cum-

13

�plimiento. Nunca es producto de la emoción de un momento sino de un
enlace de emociones en el tiempo y hasta cierto punto en el espacio). Pero
puede anunciar la creación, cuando el inquieto trabaja con amor, fertili­
zando la idea en la posesión, es decir, cuando deja de serlo.
Todavía no ha llegado para nosotros el momento de la detención amo­
rosa, de la brillante cosecha que prometen tantas semillas como se siem­
bran. Y con mal disimulada envidia debemos confesar, aunque parezca
exagerado, que sólo llegamos a mirarnos en el espejo rápida pero por
fortuna renovadamente desvanecido que iluminan las chispas de la
inquietud. Aun debemos conformarnos con que el artista de nuestros
días indague e imagine, se lance por caminos paradójicos, parta como
adulto y regrese como niño, tome aliento para pensar y se hunda luego
en la orgía de los goces sensoriales, abomine de los sentimentalismos y
caiga preso inclusive de hechicerías, alardee y se avergüence de sus
alardes, buscando una poesía esencial que le es esquiva. ¿Puede hacer
legítimamente otra cosa? Inquieto, siempre inquieto, recomenzando
siempre, y sin dejar acaso más que un puñado de chispas. Lo único que
cuenta, empero, pues lo demás es polilla.
Cuando digo el artista de nuestros dias me refiero, desde luego, al
inquieto de Europa, a quien se lo suele suponer en posesión de esa
seguridad que produce la estimación recíproca en comunidades huma­
nas. Pero no es así. También allí germina en soledad, a menudo en la
soledad no menos melancólica del grupo minúsculo, con la diferencia de
que por lo menos se debate con la conciencia de que tiene conciencia
de la conciencia de los demás, y por eso acierta o acertará1.
El espectáculo es sombrío en Europa, pero se sublimiza merced a esas
chispas que lo rasgan, las cuales no pasan de ser, por ahora, más que
aproximaciones a lo que será la expresión de nuestro tiempo. Lo
importante es que no se detenga el alma y que el espíritu busque siem­
pre el modo de adecuarse a la vida, pues de lo contrario, se vacía de
contenido y se esteriliza. Y tal es lo que sucede en unos pocos que pro­
ducen las chispas y en otros pocos que las aventan, sin que pueda saber­
se dónde reside la mayor grandeza. Más todavía cuando alguno, soterra­
do en el corazón de España por ejemplo, de esa España donde todo esi
Véase E n cu en tro con la S o cio lo g ía
ESTIMAR, N« 9, págs. 17-21.

i

d el a r te ,

14

por J orge R omero B rest, en VER Y

�fantasmal y nada es cierto, sopla con fe, henchido de pasión, como este
A ngel F errant a quien quiero exaltar porque tiene el valor de extraer
de sí la energía que le permite no ser ajeno, allá en su soledad heroica,
a la maravillosa epifanía de nuestro tiempo.
Una corta nota autobiográfica que publicó F errant en 19341 cuando
ya tenía cuarenta y tres años, amigos, prestigio y una obra sólida, per­
mite relatar que es hijo de un pintor, que desde muy chico le gustó
dibujar, que fué alumno poco asiduo de las escuelas oficiales, que un
día se vió profesor y que vivió en La Coruña, Barcelona y Madrid, donde
le sorprendió la guerra civil. Allí sigue escondiendo su tormento tras
una cara que parece impasible, pero que sabe animarse cuando se trata
de la amistad o del arte; allí le conocí, en su casita de El Viso, tranquilo
y sonriente, con los mismos hábitos de burgués que los del ambiente en
que pasó su niñez y su adolescencia. ¿Burgués? Sí, como lo han sido y
lo son tantos artistas de nuestro tiempo, obligados a enmascarar sus
ilusiones transformando el apenas evitable escepticismo en potencia
interior, la anodina estupidez que fluye de los demás en virtud de puri­
ficación espiritual. Profesor, director de museo, escultor, dibujante y
pintor: todo esto ha sido F errant; para mí esencialmente un hombre
—y por eso me complazco en hablar de él—, un hombre hasta por sus
errores y por el modo de sufrirlos, con resignación pero con fe.
No sé si en la época en que F errant construyó sus objetos, antes de 1934,
no pudiendo reprimir el impulso de emplear los utensilios que cons­
tantemente nos rodean “ en lo inútil” —son sus palabras— influyeron
sobre él Pablo G argallo y J ulio González, sus mayores en el empeño
de despojar a la escultura de su carne muerta —el modelado— para
hacerla toda estructura y todo nervio, pero alguna coincidencia hay,
por lo menos en la voluntad de forma. G argallo es más figurativo y
sentimental, como si nunca hubiera podido superar una actitud que lo
ataba a la visión estática de las cosas; G onzález es más arquitectónico,
más adherido a un ímpetu de construcción que se resuelve en el contra­
balanceo de las masas y de los ritmos de planos y líneas. Lo que
caracteriza a F errant en esta época es, además de la noción de experien­
l A n g el F e rra n t, p o r S eba stiá n G a sh .

Ediciones

15

G aceta de A rte ,

Barcelona, 1934.

�cia que lo domina, su deseo de triturar la realidad concreta para hallar
en su meollo el permanente movimiento que la anima. El hidroavión o
el anfibio galopante, o la gitana, o la simple composición —tales son los
títulos— estimulan su fantasía para crear objetos en cierto modo des­
equilibrados, con los cuales puebla el espacio de entes que componen
un mundo mitológico de lo casi innominado. Y para ello se vale de todo
lo que cae en sus manos, la madera o el hierro, el hilo o el plano,
manteniendo a veces la forma funcional de un elemento: una especie de
punzón, un disco fonográfico o un fragmento de serrucho, pues la origi­
nalidad de su labor estriba en los ritmos.
¿Qué es lo que hace? Construcciones, en las que sin ajustarse a lo que
ve del hidroavión o del anfibio galopante, articula objetos entre sí para
producir una especie de mecanización expresiva, como si le moviera sólo
la intención de otorgar al mecanismo —reflejo sin duda de la máquina
industrial— una calidez que la transforme en un producto más humano.
Las dos razones que invoca Sebastián G asch para explicar el sentido de
tales creaciones —1) “porque los torsos y brazos de mujer han sido orde­
nados tanto y tan bien por los escultores de épocas pasadas” ; 2) “porque
a pesar de tanta perfección, los torsos y brazos de mujer son volúmenes
impuros”— no me parecen convincentes. Él mismo escribe la razón legí­
tima a mi juicio: “ Hay
queexpresar algo nuevo”, pero en función de
una realidad —agrego— que existe para el artista, no más como un
universo de tres dimensiones, sino como el que posee la perpetua cuarta
dimensión transformadora que es el movimiento. En aquella época de
primeras experiencias, empero, F errant no concibe ni realiza dicho movi­
miento más que en los objetos y por los objetos, y por ello su dinámica
no es plena, ni se equilibra con la estática de la materia que los compone.
La guerra. Silencio. En 1941 reaparece con una serie de cabezas, L a co­
media humana, en la
que“plasmó —escribe R icardo G ullón— la
angustia del artista, reflejo de la por él advertida en su dintorno” L
Antes y después le vemos en una peligrosa dirección sentimental, con
algún acento más peligroso aún de alegorismo y folklorismo, como en los
grandes muñecos que decoran la fachada del Teatro Albéniz de Madrid
0 en los relieves de La Rábida, pero F errant extrae pureza de sus errores,1
1 A n g el F e r ra n t y M a th ia s G oeritz,

Madrid, 1949.

por

R icardo

16

G ulló n .

Editorial Palma, S. A.,

�ANGEL FERRANT
escultor
castellano

Figura - 1947.

D esn u d o -

1947.

��Izquierda: Fragmento de unos relieves
para La Rábida (arriba) ; Vieja de Cas­
tilla la vieja, de la Serie ciclópea y El
Circo, maqueta en yeso (abajo) . Derecha:
Fragmento de Tauromaquia (arriba) ;
Lid y Aquarium, móviles (abajo) .

��y bien pronto le vemos volver al estudio fervoroso de la figura humana
(Estudio estereotómico, 1945). Su muñeco no es anatómico aunque lo
parezca, porque a él le sirve, con sus aceitadas articulaciones, para crear
ritmos imposibles; así como el Manequí de la Peletería Lobel de Madrid
(1946), para hallar ritmos viscerales.
Pero, decididamente, F errant es escultor y vuelve a cada momento al
volumen. Él mismo lo dijo hace años: “Me decidí a hacer escultura por­
que siempre me sedujo más un cuerpo que una lámina.” Sólo así se
explica su retorno a la figura unida, coherente y plástica, de las pequeñas
estatuas de madera de la Colección Víctor Imbert de Barcelona (1946-7),
en los que juega con planos pulidos que producen aristas afiladas para
crear reflejos luminosos no exentos de sensualidad. En la misma línea
incluyo la magnífica serie de relieves en terracota sobre el tema de la
Tauromaquia, finamente modeladas las formas con ajuste entre el sentido
plástico ornamental y el sentido de ironía punzante que las anima como
tema, y el Desnudo en yeso que expuso el año pasado en el Círculo de
Bellas Artes de Madrid. Aunque sintetizando, modela de nuevo, con la
seguridad y la precisión de un clásico, también con la jugosidad de un
naturalista, y sus formas son prietas y monumentales, tan valiosas como
para que un escultor no inquieto se conforme.
No F errant por cierto, tal vez porque comprende que siempre se halla
preso de una concepción de la escultura como cosa limitada. Y por ello
realiza en 1946 una experiencia más a fondo que las anteriores. Le apa­
sionan entonces la naturaleza informe, los cantos rodados y las primeras
figurillas de barro que fabricó el hombre, y para expresar ese universo
de lo primitivo hace la Serie ciclópea (Vieja de Castilla la vieja y Diá­
logo), sin las redondeces sensuales de la escultura de un H enry Moore,
áspera, violenta, con esa simplicidad armónica que suele ser característica
de los ceramistas. A la misma época deben pertenecer los espléndidos dibu­
jos que con el nombre de Figuras del mar acaba de publicar la Galería
Clan h en los cuales se comprende qué es lo que ha querido hacer F e ­
rrant con el barro o la madera: aludir a un movimiento elemental y
espontáneo, anterior a la civilización, que es como decir, anterior a la
retórica, único medio de reconquistar la capacidad de creación que per­
mita al escultor el logro de formas nuevas. “Eterno y adorable monigote
i

F ig u ra s d el m ar.

Galería Clan, Madrid, 1948.

21

�de los primarios, que andando el tiempo se hace estatua espléndida”
—escribe en febrero de 1948.
F errant sabe, sin embargo, que sus ejercicios de purificación no lo po­
drán conducir a la estatua y, por repugnancia a la figura humana en lo
que tiene de terminada, de recortada, se encamina hacia la forma diná­
mica al fabricar esa serie de juguetes que llama m óviles.
Una tarde me dijo, en Madrid: “ No quiero volver a la figura humana;
siento que el arte ya no se encierra en las cosas y tengo horror por los
monigotes.” Entonces comprendí que en esa exigencia de su espíritu se
halla el signo de su tragedia; quiere conformar el espacio y le oprime el
volumen, quiere escapar del hombre y vuelve a él por todos los caminos.
Pero de pronto descubre el ritmo puro que libera su fantasía, intuye al
fin que el destino de la escultura está en conformar el espacio sujetándola
a la arquitectura.
Esto no lo puedo asegurar. No recuerdo si alguna vez conversamos a
propósito del destino conjunto de la arquitectura y la escultura, pero
como no hallo otro modo de comprender sus creaciones de objetos sus­
pendidos de hilos casi impalpables, me aferró a esta idea como materia
de fe. ¿Qué son estos móviles? Grupos de discos que giran, o de bolas
en revolución, o de alambres en equilibrio, que recuerdan los toscos
muñecos subibajas que alucinaban nuestros ojos de niño, en los cuales
F errant prescinde de todo mecanismo, para que el movimiento se pro­
duzca “con una libertad que suscita la sensación de la vida, que imita
la vida, que es propiamente su vida misma”, según palabras de R i­
cardo Gullón.
Tampoco me satisfacen las razones que da éste para justificar los móviles
de F errant: un impulso de neta raíz lúdica y una reacción de protesta
contra la hinchada vulgaridad de las estatuas y decoraciones al uso. El
empeño por conformar el espacio con trozos de madera, alambre, corcho,
cuerdas de guitarra, hilo, hierro, pintados de colores variados, obedece
a una concepción metafísica más honda —la ampliación de la actitud
creadora hacia las esferas en que no rigen las leyes de la causalidad—
y a una concepción moral más valiosa que la del juego: la de contribuir
a que el espíritu se libere por la fantasía.
Cuando se sube la escalera principal del Museo de Arte Moderno de
Basilea el desprevenido visitante recibe una impresión imborrable de

22

�eufórica y alucinada sorpresa: una inmensa construcción de finos hilos
y pequeñas bolas de A lexander C alder, una araña agrandada en sentido
vertical, que se mueve al compás inmedible de una brisa que no se per­
cibe. Con las potencias de la intuición comprende, entonces, que el
arte vuelve afortunadamente a una especie de magia que no compromete
el alma pero le devuelve su primigenio candor.
Seguro estoy de que si hubiera visto los móviles de F errant colgados de
igual manera, hubiera sentido frente a los suyos idéntica sensación de
alivio, de felicidad y de emoción pura. Pero, ¿quién colgaría un objeto
que libera el espíritu allí donde él vive, ya que todo es opresión y tris­
teza, melancólico apretamiento del alma en la cárcel de un ambiente
que se estrecha más y más?
F errant prepara el camino. Es posible que el arte del futuro no siga
fielmente la línea por él indicada, ni por la de ningún otro; que la
escultura no termine en objetos absurdos, en móviles apenas palpables
o en piedras de cíclopes que se amontonan. Tampoco sé si su obra
llega realmente a la creación, por las razones expresadas al comienzo,
pero no dudo de que sus chispas no se extinguirán sin provecho.
J orge R omero B rest

23

�el artista frente al mundo
O P I N A

F E R R A N T

El sediento que por un fenómeno de amnesia hubiera perdido
toda noción de lo que es el agua se moriría de sed junto a un ma­
nantial. Esta es la impresión que me produce la mayoría de los
escultores y sus comentaristas en nuestros días. Que cayesen en
desuso estatuas y decoraciones; que el oficio, como tal, se extinga
(acaso porque el arte ya no desempeña el gran papel de servidum­
bre de antes) son, a mi juicio, transformaciones del follaje social
que no modifican la raíz del sentimiento.
Creo que persiste lo que fué causa de escultura: el espacio con las
tres dimensiones en que nos movemos, las leyes físicas y las mate­
rias telúricas que pueden concretarla, así como el motor hombre
que, ciertamente, no difiere del cavernario.
Creo en la Tradición. Pero vigilo mi amor a ella para no cegarme
abrazando su cola y olvidando su cabeza, que perdida en el tiem­
po, me hace imposible percibir los primeros eslabones de la ca­
dena en que se sucede la Escultura.
Creo que el proceso de la Tradición se refleja en mí. Y me veo
heredero de mí mismo. Reconozco que mis peculiaridades persis­
ten y que lo que hoy hago es sucesión de lo que hice ayer, hasta
el punto de que me parece vivir niñez y madurez al mismo tiem­
po. Me encuentro en un estado de conciencia en el que me pare­
cen más poderosas las convicciones de infancia que todas las ad­
quisiciones posteriores. El haber visto que al hacerme hombre

�empecé a equivocarme me ha enseñado mucho; por lo menos, que
algunas veces, la marcha atrás es ir hacia adelante. Además, eso
es lo que más ha fortalecido mi fe en la infancia.
Para mi gobierno no necesito grandes razonamientos y, desde lue­
go, jamás me los hice “a priori”. Es después de haber visto lo que
hice cuando, como si la obra me interrogara o me planteara cues­
tiones, quisiera explicármela. Pero estoy en que el arte no puede
explicarse como la contabilidad. Y, muchas veces lo que para otro
es un disparate para uno mismo es el evangelio. Por ejemplo:
L a ilusión es p ara m i la verdadera verdad. No lo dudo un mo­
mento. El cielo es cielo y es azul.
Al asomarme a lo que puede entenderse por tradición me encuen­
tro con baches enormes. Los primeros eslabones en que se sucede
la escultura no están al alcance de mi vista. Y son precisamente
aquellos que por su condición primaria tuvieron sin duda que ha­
llarse estrechamente unidos a principios, a creencias persistentes
y esencialmente fundamentales. En cambio, los que percibo, lo
que se conserva, es una mínima parte de lo que se hizo. No me
basta. De la escultura producida con materiales perecederos pue­
de decirse que no tenemos la menor noticia. E incluyo lo que no
fué otra cosa que escultura por el hecho de haberse situado en
el espacio con fines exclusivos de delectación. Desconfío de que
se me presente firme un terreno tan parcelado y lleno de lagunas
como es lo que se entiende por tradición, tanto más, cuanto que,
por otro lado, veo que lo que sobre él se edifica en mis días ca­
rece de esa expresión vital que es justamente lo que reconozco
válido, sorprendente y asombroso en las obras antiguas. Necesito
suplir lo que no hay con lo que me figuro habría y es únicamente
así como sé que podré encontrar en mí mismo lo que apetezca.
Por lo demás confieso que si el pasado se me presentara sin lagu-

25

�ñas sería lo mismo, porque me sería imposible utilizarlo como un
fichero.
Múltiples son los casos en que se me delata la ficción expresiva
en la escultura de mi tiempo; en la mía propia. La criba efectuada
por los siglos de la que, naturalmente, se conservan las piezas más
resistentes, engendró, entre otras, una idolatría dedicada a formas
inherentes a determinados materiales, llegando a condensarse con
categoría de precepto el carácter de perdurabilidad propio de las
configuraciones macizas en piedras duras, con el cual se ha que­
rido impregnar infinidad de obras modernas sin otro resultado
que el de la más evidente afectación y falsedad. Muy otra es la
impresión que me produce la robustez cuando la veo identifica­
da con el material y como idea inseparable del mismo, lo que su­
cede en tantos períodos primitivos que llevan consigo un denso
contenido abstracto aún dentro de las representaciones más natu­
ralistas.
Renuncio a extender mis reflexiones a otras idolatrías de origen
semejante y quiero, en resumen acabar estas confesiones declaran­
do que reconozco dos herencias: Una la traje al nacer y es aquella
por la que me siento dueño absoluto de todos los espacios a mi
alcance, de todos los recursos y de todos los materiales habidos y
por haber (desde el sílex al plexiglás). Del mismo modo que todo
mortal se siente dueño de su cuerpo o de su pellejo; del sol que
lo baña o del aire que respira. La otra herencia es la que encon­
tré al llegar al mundo; la que me fué transmitida por los ante­
pasados (obras ejecutadas en materiales duraderos, estatuaria grie­
ga, o romana, objetos, historia, leyendas, formularios, etc., etc...)
En aquella heredad me veo desnudo, con el lunar del tatarabuelo
y pensando que tal vez posea también su úlcera de estómago. En
la segunda heredad me siento confortablemente vestido, más o
menos a la moda. Y revestido de formalidades. Las dos me son
imprescindibles.

26

�CL

correspondencia
DESDE PARÍS ESCRIBE DAMIAN CARLOS BAYON

París, siempre alerta, ha utilizado el M u ­
después de la retros­
pectiva de J ongkind para instalar una par­
te de sus elementos de trabajo y algunas
obras muy valiosas para que el público
pueda darse cuenta de la ingerencia que
la ciencia tiene —y debe tener— en la mo­
derna investigación del arte.
seo d e L ’O ran g erie

La entrada ostenta las banderas entrela­
zadas de Francia y de la Argentina, pues
este laboratorio al que nos vamos a aso­
mar es obra y creación de dos argentinos:
los Dres. C. M a in in i y F. P é r ez . En el ves­
tíbulo de entrada, de acuerdo al excelente
sistema pedagógico francés, está debida­
mente explicado quiénes fueron esos estu­
diosos. Allí también se venden fotogra­
fías de algunos de los trabajos realizados
por el laboratorio y un catálogo, donde se
explica todo lo que se va a ver. Además
un día por semana la Jefe de los Servicios
del Laboratorio Madame Hours explica
personalmente al público de una manera

amena, seria, accesible, los problemas que
plantea un trabajo como el que ella dirige
y —buena francesa— salpica la conversa­
ción de anécdotas y sucedidos.
Es una tarde de primavera con un frío
todavía rebelde en el aire. Estamos al cos­
tado del Sena en la Plaza de la Concordia,
L ’O ran g erie es un pequeño edificio simé­
trico con el J e u d e P a u m e (donde ahora
se albergan los impresionistas) y ambos
enfrentan al nacimiento de los Campos
Elíseos. Afuera viento y cielo gris, adentro
somos unas cuarenta o cincuenta personas.
No parece mucho en un conglemerado de
cinco millones; pero estas cuarenta o cin­
cuenta personas van a renovarse continua­
mente mañana y tarde durante el mes que
dure la muestra. Si multiplicamos, ten­
dremos una cantidad asombrosa y recon­
fortante. En las exposiciones de París
siempre hay aglomeraciones. Todas las
razas y todas las edades; el público escu­
cha, toma notas, discute lo que ve o lo que

27

�le dicen, en una palabra, hace del arte una
cosa viva.
Sigamos a Mme. Hours en su visita expli­
cada y repitamos lo que ella nos cuenta.
Pero antes copiemos un gran cartel al
final del salón donde se aclaran las acti­
vidades del Laboratorio. Estas actividades
son de dos clases: las que dejan intacta la
obra y las que exigen algún análisis par­
cial. Dentro de las primeras tenemos: 19
Estudio visual o fotográfico bajo distintas
radiaciones: a) luz blan ca, iluminación
rasante; b) u ltra-v io le ta; c) in fra-ro jo.
29 m acro o m icro fo to g rafia (para esto se
utiliza el pinacoscopio inventado por el
Dr. Pérez) y 39 ra d io g r a fía (bajo distin­
tas tensiones) . En la otra categoría tene­
mos: 19 Análisis microquímico de los pig­
mentos, aglutinantes, enduídos. Análisis
espectrográfico de los pigmentos colorea­
dos, de las mezclas, etc. 29 Estudio físico
de los colores y barnices; 39 Examen metalográfico (sobre todo de los bronces) ;
49 Estudio mineralógico de las esculturas
y monumentos antiguos; 59 Cocción de la
cerámica o de las tierras antiguas; 69 L u ­
cha contra la oxidación de los bronces;
79 Estudio de las enfermedades de las
maderas o de ciertos metales y 89 Ensayos
de resinas sintéticas que consolidan el ma­
terial arqueológico.
Ahora que ya sabemos qué vamos a ver,
detengámonos en cada uno de estos aspec­
tos y juzguemos su utilización inmediata
o remota, su importancia absoluta o re­
lativa.

Pero no por eso dejemos de ver las obras
que son interesantes y de un inmenso
valor. Empecemos por el R e tr a to de n iño
con las m an o s ju n ta s del M aestro de
M o u l in s . Este retrato que se presume sea
el del Delfín Carlos, segundo hijo de
Carlos VIII de Francia, es uno de los más
hermosos cuadros infantiles del mundo.
Pero aquí no estamos solamente para
admirarlo como en un museo, nuestra
guía nos dirá que el estado de la pintura
sobre tabla es aquí excelente, que el em­
paste del pintor es liso como en general
el de los primitivos pero también nos se­
ñalará en una macrofotografía, que au­
menta enormemente el detalle, cómo el
artista ha atacado directamente su tema
sin titubeos ni desmayos, cómo la pince­
lada muestra una calidad que no es sino
la de los grandes en la pintura. La foto­
grafía en luz rasante (que puede ser ver­
tical u horizontal) nos indica que la tabla
no está mayormente alabeada o deformada
—cosa tan frecuente por desgracia en los
primitivos italianos que casi siempre se
tuercen como un escudo— y en fin nos
puede asegurar que no hay repintados ni
enfermedad de la madera. Al lado de éste
hay otro cuadro importante del mismo
pintor: una D o n ad o ra a r ro d illa d a y en
p le g a ria p re se n tad a p o r S a n ta M a r ía M a g ­
d a len a , un detalle de las manos figura
como carátula del catálogo y a fe que lo
merece. Nos adentramos en la gran foto­
grafía ampliada, nos sumergimos en ella
con un gran goce artístico j qué -fuerza

28
'i

�.L e M a ítre

de

M o u lin s . D onadora y Sta. M agdalena.

Macrofolografía con luz rasante.

�R embrandt . Retrato de Tito.
Radiografía en la que aparece una mujer pintada debajo del retrato.

�VER Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTISTICA

Ocho números en el año
de abril a noviembre
64 a 80 páginas de texto
16 con ilustraciones
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gida a nombre del director, o de la se­
cretaria de redacción, Raquel Edelman.
Las suscripciones, cheques, giros o bonos
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Dirección, secretaría y administración
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�en la economía de medios! . . . y al lado,
para discutirla, para hacer ver lo que va
de un au tén tico a un escu ela d e , tene­
mos un pseudo-Maestro de Moulins que
imita todo lo exterior pero no imita la
maestría, el im p ro m p tu genial, inigualable
por fortuna. ¿Hay alguien que no lo cree?
Aquí están las fotografías del Laboratorio
para probarlo. Y en seguida el caso con­
trario. Alguna vez se dijo que el Retrato
de su hijo Titus de R em bra n d t pertene­
ciente al Louvre no era de este pintor. Se
estudia el caso, se lo radiografía —por ru­
tina— y ¿qué aparece debajo? Una Virgen
inclinada sobre la cuna, y de un estilo tan
inconfundible que nadie la puede discutir.
Fijándose bien en la radiografía se pue­
de ver el marco de madera en que está
montado, en otras aparecen claramente
los clavos que sostienen la tela. La radio­
grafía sirve para descubrir los secretos
más profundos del cuadro. En algunos, se
ve cómo el pintor ha seguido desde el
principio el boceto que trazó a lápiz o al
carbón, en otros casos se ven las dudas,
los cambios, los repentismos. La luz ultra­
violeta descubre los repintados más viejos,
así ocurre con una tela (desprovista de
valor que representa una cabeza de mar­
qués del siglo XVIII), el Laboratorio se
ha ensañado con ella y le ha aplicado todos
los métodos y aparatos conocidos. Llevado
el pobre marqués frente a la lámpara ul­
travioleta vemos claramente unas manchas
oscuras que delatan el repintado oculto
bajo las antiguas capas de barniz. La luz

infra-roja no atraviesa en cambio más que
las capas más recientes de barniz y gra­
cias a ella se descubren los repintados
más nuevos. Pero a veces la sorpresa es
mayor aún: en un cuadrito atribuido en
un tiempo a Watteau se descubre por la
radiografía que la figura central (una
mujer de espaldas) está recortada y pe­
gada sobre otra tela, las microfotografías
de unas pinceladas de aquí y las de un
auténtico Watteau difieren, aunque el
cuadro en cuestión pueda tener un valor
relativo y sus diferentes partes ser obra
de diferentes manos.
También allí está el famoso tríptico lla­
mado de la F a m ilia B r a q u e de R o ger V a n
der W ey d en (que ya no podemos decir o
Roger de la Pasture porque parece que
fueron dos pintores diferentes según las
últimas investigaciones), una de las obras
mejor conservadas de todo el Museo del
Louvre. Sin embargo en las radiografías
se ven manchas oscuras y confusas. Lo que
ocurre es que, tríptico de cerrar, tenía los
postigos pintados de ambas caras. Los de
fuera —sin importancia— están terrible­
mente repintados. Los de dentro son un
verdadero ejemplo de buena pintura y de
excelente conservación.
En esa misma sala hay un gran círculo de
Ostwald, con su clasificación de los colo­
res y una interesante tabla cronológica
donde se aclaran las fechas desde las que
se empieza a conocer un color, mejor
dicho se empieza a conocer el vehículo que
permite fijarlo en el cuadro. Haciendo el

�análisis espectrográfico de una tela se ha
descubierto que cierto color es obra de
restauradores porque en la época que
se pintó no se conocía aún el blanco
de cinc, o el bario o el azul de Prusia.
Otro elemento para fijar atribuciones y
garantir autenticidad.

resquebrajaduras que los hacen muy frá­
giles, y se nos advierte que la oscuridad
excesiva del San J u a n es debida al ennegrecimiento del barniz pero que el Mu­
seo no se atreve a correr el riesgo de lim­
piar una tela tan preciosa, por temor de
que junto con el barniz pudiera perderse
también el color.

También allí hay unas tablas con estudios
sobre la dispersión y contraste de los colo­
res, y el investigador actual Dr. Polack
copia una frase de Miguel Ángel que dice:
“La pintura no es la obra de las manos
sino de los ojos del pintor”. Y es verdad,
allí lo comprobamos: un amarillo entre
barras negras parece mucho más exaltado
como color, más a m a rillo que entre barras
del mismo espesor pero de un azul claro.

Al lado del Leonardo un retrato atribuido
a V elá z q u ez : la In fa n ta M a ria -M a rg a rita
hija de Felipe IV. Realmente si miramos
el detalle de una manga, de una tela, ve­
mos ese trazo tan decidido, tan m od ern o
que nos recuerda a Manet, a Renoir.

Una cantidad de barras paralelas de gris,
cada una un tono degradado del anterior,
parecen bom b és y no lisas como en reali­
dad son. Y así algunos otros casos de ver­
dadera ilusión óptica. Los grandes pinto­
res han conocido estos efectos ya sea por
intuición o por experiencia. La ciencia los
estudia ahora con todo el rigor de que es
capaz.
Y ahora llegamos al S an Ju a n B a u tista de
que ha venido aquí en lugar
de la G iocon d a (la Gioconda no viaja ha
dicho con malicia nuestra guía) para ser
comparado con las macrofotografías de su
hermana mayor. No hay duda, la amplia­
ción gigantesca de las manos de uno y
otro revela el mismo pintor. Gracias a la
luz rasante descubrimos la delicada p ie l
de estos cuadros, la inmensa cantidad de

L eonardo

¿Quién sino el propio Velázquez podía
pintar así? Creemos que la atribución es
fundadamente cierta. L a N av e de los
locos de J eró n im o B o sch con la gran
T r in id a d de C o ly n d e P o te r nos dan una
misma lección, uno por pequeño otro por
grande, son cuadros nada llamativos y que
pasan desapercibidos al visitante de museo
siempre un poco apresurado, un poco ma­
reado de tanta maravilla y tanto nombre
ilustre. | Cuidado! Aquí estamos ante dos
grandes obras de arte. El incrédulo se
convence mirando los magníficos detalles
de una cabeza, de unas manos. ¡Qué atre­
vimiento en Bosch (que los españoles
llaman el Bosco) , qué ex p resio n ism o en
potencia, tan nórdico, tan de su raza!
Y qué hermoso dibujo en Colyn de
Poter. Si no hemos sabido ver, aquí
están para avergonzarnos y llamarnos al
orden las fotografías de ochenta centí­
metros por sesenta. ¿Qué nos queda para

32

P_

�el final? Un

R u b en s : P h ilo p e m e n recon o­

maravilloso y rápido
en el boceto de animales, frutas, flores e
incisivo, magistral en las figuras. Una
fotografía en luz rasante muestra una
mano como cinco golpes seguros de un
pincel muy fino . . . y allí está expresado
todo el asombro, la incredulidad, la duda.
Pero una experiencia curiosa con la luz
rasante es ver un cuadro de V a n G o g h .
Aquí está L a s carretas. (Qué montañas de
pintura, qué valles de color, qué fuerza
en la espátula, el dedo, el tubo aplicado
directamente sobre la tela! Y la mayor amplicación de todas. Una que aumenta en
sesenta diámetros una pincelada del maes­
tro. En ella sola, aislada, se reconocería a
Van Gogh. No es meramente un capricho,
el Laboratorio trabaja para dentro de dos­
cientos a trescientos años, cuando Van
Gogh sea un a n tig u o y se le discuta o atri­
buyan obras dudosas. Entonces servirán
estas pruebas que ahora se aportan.

cid o p o r u n a a n c ia n a ,

Una

de P a t e e y la M isa
de Goya cierran la exposi­
ción. El primero para mostrar repintados
de diversas épocas, el otro mostrando tam­
bién en la radiografía, bajo una solemne
ceremonia eclesiástica. . . un concierto
campestre. Eterna doble cara de Goya,
desconcertante y admirable.

micos, papiros egipcios), la limpieza de
bronces atacados y enfermos. La protec­
ción por medio de agentes invisibles y
barnices opacos de las piezas preciosas. La
cura en grandes cajas herméticas de ma­
deras atacadas de termitas, pollillas, en­
fermedades a veces milenarias, por la cá­
mara de gases. El estudio mineralógico de
las piedras y mármoles. Vistas de estudios
petrográficos de mármol de Paros, del
Pentélico, etc. Estudio microscópico de la
constitución de las maderas y telas: yute,
lino o mezclas. . . En fin todo.
Se sale un poco desconcertado. ¿A esto
puede reducirse el estudio del arte? Sf,
a esto también, pero antes, condición
previa e indispensable, hay que saber
emocionarse y poner pasión. Sin ninguna
de las dos cosas no hay goce posible del
arte, no hay ni puede haber transmisión
ninguna del artista al espectador.

L ecció n d e m ú sica

d e R e le v a ille s

Nos hemos asomado a un lugar de trabajo,
ya sabemos lo que es un Laboratorio de
un gran museo y falta lo menos especta­
cular. La lectura de documentos con rayos
infra-rojos (sobre todo ladrillos mesopotá-

33

En la Galería Edmond Guerin se mues­
tra en estos días una exposición de dibu­
jos de escultores que peca de excesiva. Hu­
biéramos preferido menos profusión en los
mediocres y en los académicos, pero de to­
dos modos compensan unos lápices y unas
tintas de R o d in , acuarelados apenas, unos
dibujos sobre cartón amarillo realzados de
pastel de M a il l o l , unos extraordinarios
estudios de L ip c h it z , manchados al temple
blanco y gris.
Mucho se ha hablado del

d ib u jo e scu ltó ­

�rico y su implicancia de volumen, pero es
curioso ver en esta exposición, cómo cada
gran artista lo resuelve de manera dia­
metralmente opuesta. R odin va creando
una línea que sólo fluctúa para mejor re­
solverse; hay una in d ecisión , un buscarse
a sí misma, que es como la línea de un
gráfico que un aparato hipersensible fue­
ra trazando sobre el papel. La masa que­
da así expresada, pero en su cambio, en su
devenir, como ameba siempre distinta y
siempre igual en su esencia. Para M a il l o l ,
en cambio, dibujo es concreción, pasa y
repasa su lápiz, abstrayéndolo cada vez
más. Las correcciones —que no ocúlta­
lo muestran preocupado por llegar a la
pura geometría llena de humanidad, a ese
friso en el que el arabesco de carne y hue­
so se estampa como un sello pleno, como
el de los camafeos romanos.

dibuja menos. Su mente al di­
bujar es más caótica, debe ayudarse con
la mancha de acuarela. El escultor ro tu n ­
do por excelencia, es al dibujar, titubean­
te y oscuro. Pero toda su fuerza está aquí
ya en potencia, en una anunciación viril
y profunda. D espia u dibuja con la sangui­
na, como queriendo que su trazo apenas
insida sobre la blancura del papel. El con­
torno de sus formas es tembloroso; parece
el trazo de alguien que no supiera dibujar;
pero, ¡qué lleno de nervios, de temblor
frente al modelol Esa línea titubeante y

B o u rd elle

amorosa que va envolviendo la forma, no
se equivoca nunca en la totalidad. Se cie­
rra sobre sí misma después de haber crea­
do el misterio de cantar el espacio en sólo
dos dimensiones.
En los más avanzados, G iaoometti nos sor­
prende con dibujos a lápiz común, rincones
de su taller, admirablemente vistos, con
una deformación un poco verticalizante,
afinando los objetos por sus extremos, en
una visión cón ica de la realidad. L ipchitz
es un gran dibujante; lo que traza sobre
el papel es su pista para reconstruir en el
espacio los abstrusos monstruos siempre
algo humanos, de su escultura. De perfi­
les muy fuertes, combina curvas con rec­
tas, enlazándolas en una visión cú b ica, de
aristas redondeadas, no muy distintas de
las de Moore algunas veces.
Y por último Za d k in e y su s planos que se
chocan, se intersectan. Toda su escultura
está aquí, y además realzada por un color
muy rico, muy sentido, difícil de sospe­
char en quien está obsesionado en tal me­
dida por la forma plástica. Su invención
no tiene límites y es una perpetua lección
a tanta abstracción como se ve en este
momento por salones y galerías. Abstrac­
ción muy sabia, hecha de renunciamientos,
de meditación, no de repentismos fáciles y
por afán de sorprender.
J u n io d e 1949.

34

�T
CECILIA MARCOVICH
Si te acercas a una pieza de escultura,
amigo lector, y sientes que la materia está
animada por una vibración que le permite
existir en el espacio sin artificialidad bus­
cada, siendo éste el que adquiere forma
por la vecindad de aquélla y no a la in­
versa; si ves que las diferentes partes están
ensambladas hasta constituir una unidad
indestructible, que todo está señalado con

I

C

A

franqueza y decisión: los planos en su si­
tio y las aristas para definirlos o los pasajes
para confundirlos, los perfiles cuidados
cuando giras en derredor, los golpes de
pulgar señalados en la pasta sin vacilación;
si comprendes que la forma no te refiere
nada, ni te obliga a pensar, pero sí pone en
marcha tus potencias intuitivas hacia una
armonía desconocida que al mismo tiem­
po te fija a los hombres, puedes estar se­
guro de que te hallas en presencia de un
artista de verdad.
T al es el caso de C ec ilia M a rco vich , que
acaba de exponer un pequeño conjunto de
obras pertenecientes a diversas épocas. De
pocos escultores sé, en el país, que tengan
tal fuerza para plantar una figura y para
hacerla vivir en el espacio. Y créeme, lec­
tor, no se trata sólo de una buena solución
técnica, que sin duda es capaz de lograr
nuestra escultora, sino de un don que po­
seen tan sólo quienes son capaces de vol­
car sus cósmicos sentimientos en formas
pie actúan como signos que los sustituyen.
Acaso bastara decir esto, pero debo agre­
gar algo más. Un artista de verdad no se
realiza plenamente si no logra que toda
su obra se organice e integre con el sen­
tido de un mensaje ininterrumpido, como

C e c il ia M a rco vich . Desnudo, 1930.

�piedras de 1940, no obstante su nobleza,
que señalé en su momento, se ve que esa
fuerza y ese carácter se debilitan, impo­
niéndose la idea de que entonces buscó lo
que antes se m an ifestó n atu ra lm e n te , y esto
es peligroso, porque es el camino de todas
las retóricas. ¿Ha logrado después, con la
forma de planos rígidos y de aristas defi­
nidas, con el volumen que no se expande
en el espacio sino que se concentra para
oponerse a él, aquella dulce emoción de
D esn u d o de 1930 o la más potente de
D esn u d o de 1931? ¿Ha logrado que una
emoción más épica tenga la misma cali­
dad expresiva?

si cada pieza fuera una palabra, honda y
pesada, o mejor dicho, como si cada pala­
bra, en aliento de madurez, fuese cada vez
más honda y más pesada. En cuanto a
esta exigencia. Cecilia Marcovich merece
algún reparo. Cuando se ven sus trabajos
de 1930 ó 1931, época en la que traba­
jaba con D esi’iau , se advierte una fuerza;
cuando se ve la F ig u ra d e co lo r de 1932
o la N iñ a de color de 1939 se advierte un
carácter; mas cuapdo se ven C abeza d e n i­
ñ a y C abeza de m u je r, dos monumentales

Acaso el error de Cecilia Marcovich sea
el haber confundido sus aguas, pues cuan­
do maneja los pinceles o hace co lo r en el
dibujo su actitud es más intelectual que
sentida y puede ella haber influido en su
creación escultórica. Queda, además, en pie
la posibilidad de discutir las razones —se­
guramente son sentimientos también— que
la han llevado a modificar sus modos ex­
presivos, pero no conviene tratar este pro­
blema a propósito de la obra de un artista;
será preferible hacerlo con respecto a la
de todos los que tienen una actitud simi­
lar. (Sociedad Hebraica Argentina) .

J orge R omero B rest
MARIO DARÍO GRANDI
Para M ario D arío G randi la pintura es
el medio que le permite expresar los sen­
timientos que despierta en él sobre todo

�el hombre por sus cualidades subjetivas.
Por eso trata generalmente la figura hu­
mana, aislada o en grupos. Cuando aborda
la naturaleza muerta, parece que más bien
tratara de ensayar una técnica que aun no
domina del todo, pero que ha elegido con
pasión: el pastel, tan estimado por algu­
nos retratistas del siglo XVIII y pintores
dibujantes del XIX.
Carente de estilo definido todavía —su ju ­
ventud lo justifica— se le ve titubear entre
una actitud clasicista, más equilibrada y
contenida, y aquélla en que el sentimiento
pugna por desbordarse; y va de una forma
a otra, luchando entre el volumen y el
plano, entre la forma sólidamente cons­
truida y la más aérea y espontánea en que
los trazos se abren para dejar lugar al mo­
vimiento. Se oponen así sus grandes com­
posiciones con figuras, rigurosamente cons­
truidas, con algunos desnudos en los que
la forma emerge apenas de una suave
melodía de colores irisados. Las primeras
señalan el momento en que ha recurrido
al pastel con actitud previa, censurable a
mi juicio: la de querer demostrar que ese
medio es de tan ricas e indénticas posibili­
dades como el óleo y que puede, como éste,
darlo todo, desde la más rica valorización
tonal hasta el color unido, homogéneo y
plano. Por eso en Concierto, Tarde de do­

causa de una deformación que sólo es su­
perficial, tal vez a causa de una inspiración
modiglianesca cpie no responde en él a nin­
guna concepción definida.
En los cartones más recientes, en cambio,
ha abandonado felizmente aquel prejuicio,
y ha dejado trabajar a su mano con mayor
libertad. En este sentido El pequeño violi­
nista es una de sus obras mejor logradas:
concentra toda la emotividad en la pe­
queña cabeza gacha y deja que el pastel
se extienda generosamente en el plano
amarillo de la blusa o en el azul del pan­
talón, muy bien contrastados, para mos­
trar la rica calidad pastosa y grasa del m a­
terial que emplea. En Mozo llega a destruir
casi la forma, sostenida apenas la figura
del muchacho con la pequeña mancha ne­
gra de su moño, pero atrae ésta de inme­
diato por su gracia expresiva. En Tocador
de armónica se descubre toda la riqueza
expresiva que es capaz de descargar en el
dibujo de trazos rápidos, llenos de vigor,
certeros, donde línea y color se comple­
mentan para transmitir su lirismo senti­
mental de lo humano.

mingo o Baile, sin que llegue a la exage­
ración de sus pasteles del 43 ó 44 que no
expone ahora, las imágenes se presentan
como forzadas en su forma y color, minu­
ciosamente trabajadas pero endurecidas a

M ario D. G randi.

Tocador de armónica.

�También es inmediata y directa la relación
&lt;[iie se entabla entre obra y espectador en
los dibujos a tiza roja; más dinámicos, más
espontáneos, construidas en parte las figu­
ras con grandes líneas expresivas en su
arabesco, pero al mismo tiempo destruida
con pequeños trazos abiertos que, si bien
aumentan su movimiento, se hacen monó­
tonos en su repetición sostenida. Pero don­
de evidentemente obtiene una expresión
más profunda es en los dibujos a carbón,
aunque aquí también puede hacérsele el
reproche de que fuerza el material al utili­
zar el carbón como si fuera punta de plata
cuando describe un desnudo o una cabeza
con línea pura y finísima. Merece citarse
muy especialmente el grupo Adolescentes,
en el que recurre apenas a un delicadísimo
juego de luz y sombra y a una línea de
síntesis emocional que va describiendo las

dos figuras abrazadas con profundo sentido
de intimidad. (Galería Müller.)
R a q u el E dei .m an

A TILIO ROSSI
A t il io Rossi lia vuelto a nosotros para de­

mostrarnos que la dignidad en el arte se
alcanza tras un trabajo reflexivo y conse­
cuente sobre la propia obra.
¿Cuáles son las cualidades de su pintura?
La primera sentir el problema de la forma
como exigencia permanente; se trate de
desnudos, de retratos, de naturalezas muer­
tas, busca construirla con la pasta y hasta
con el trazo límite que la ciñe a veces
dentro de una dureza innecesaria. Sin
embargo, erraríamos en esta apreciación si
no recordáramos que en su anterior pintura
también existió la preocupación por las
formas, pero con ser sólidas, no salían del
naturalismo que las empobrecía como es­
tructura general. Hoy, ni frío, ni demasiado
calculado, el arte de Rossi parece marchar
sin apresuramiento en la búsqueda de for­
mas más abstractas; pero no por rumbos
mecánicos, ya que por debajo de ellos está
el artista que vuelca su sensibilidad en el
color como pasta misma, de tal modo am a­
sada en esas naturalezas muertas que es
como si entre la tela y la mano que la apli­
ca no existiera intermediario alguno. Este
modo de sentir se advierte también en los
retratos, donde lo psicológico es dado en
su exterioridad, no como fuerza íntima,

G ra ndi . Adolescentes.

�sino como fuerza externa que lo representa
especialmente por el color.
Segunda cualidad de Rossi es su voluntad
de construcción; con placer se vuelve a en­
contrar en él la arquitectura del cuadro;
sabe (pie una tela ante todo debe soste­
nerse; de ahí que cosas y figuras tengan
el mismo valor, como simples elementos de
la composición. Basta recordar y confron­
tar Modelos con Naturaleza muerta (19)
para comprobar que, en el pequeño espa­
cio de un cuadro, existe todo un mundo
ordenado. En el primero, una figura plan­
tada a la derecha como una columna, halla
equivalencia en un bloque sólido a la iz­
quierda, mientras los colores rigen la dis­
tribución; y, en la segunda, los colores dan
sentido total, con la dinamización que im­
primen la disposición de los cálidos con
respecto a los fríos.

naturalezas muertas, desnudos, ni un paisa­
je—, nos está ayudando a reconstruir al
artista, porque, ni lírico ni romántico, no
le interesa su emoción frente a las cosas,
sino las cosas mismas. Examinando la casi
totalidad de sus óleos se percibe u n : uni­
dad espiritual conformada por el ejercicio
de una disciplina en la persecusión de un
fin. Esto es lo que vemos y lo decimos con
firmeza, porque nuestro aserto está respal­
dado por las propias palabras del artista
que nos dijeron de su voluntad empeñosa
en el trabajo, de condenación a la impro­
visación; y esto es mérito en una época en
la cual, confundiendo lo espontáneo con lo
fácil, la obra pictórica parece gestada por
simples impulsos sin que intervenga la me­
ditación previa. (Galería Antú.)
B lan ca S t a b il e

Por fin, detrás de las cosas y los cuerpos
están los fondos, adhiriéndolos íntimamen­
te al cuadro mismo, pero sin llegar, a la
manera de una atmósfera envolvente, a
penetrar en ellos para desintegrarlos.
Con una paleta sobria en armonías, donde
predominan los grises y los ocres, Atilio
Rossi va en camino de lograr un modo y
una técnica en el decir, lo (pie en arte
equivale a poseer un estilo. La solidez en
las formas, el rigor en la composición,
obligan a presentir un temperamento ver­
tebrado en una concepción racional del
arte. En efecto, Rossi quiere que su pin­
tura sea orgánica y pensada, y, el universo
mismo elegido para expresarla —figuras,

A tilio R ossi.

R e tra to .

�fauve

o de aquella otra, menos inventiva pero
no por eso menos seria, que fué la de su ena­
moramiento de Cézanne. J . R. B.

Durante el mes de mayo, en la Galería Antú,
T o r r e s A g ü e r o nos brindó cuanto su juvenil e
impetuosa paleta ha gestado, sin someterse al
examen prudente que aconseja decantación de
lo hecho, a fin de que la selección permita luego,
penetrar y rehacer el mundo del artista. Sin
embargo, aceptamos su apresuramiento porque
bajo el influjo diverso de quienes pesan en su
inspiración —y preferimos no señalarlos —, in­
tuimos un temperamento joven, un instinto pic­
tórico que trata de volcarse en las posibilidades
de expresión de la pasta misma. Y, porque
entrevemos sensibilidad en las gam as entonadas
de sus fondos y una persistencia en la búsqueda
de forma de las figuras, nos permitimos esperar
de su pintura que pase de sentida, a sentida y
realizada; de otro modo, que su individualidad
halle logro en la correspondencia definitiva de
forma y color. B. S.

A tilio R ossi.
A

P

O

S

T

N atu rale za m u erta.

I

L

L

A

S

Hay artistas que envejecen dignamente, tal vez
con menor fuerza creadora pero sin deponer la
actitud que conduce a la permanente invención
poética. Otros, en cambio, se adocenan y hasta
se comercializan, tratando de suplir con la
cantidad lo que ya no son capaces de producir
con calidad. Entre éstos figu ra M a u r i c e V l a m i n c k , que ha pintado tanto cuadro y cuadrito
como para inundar, tal es la palabra justa,
cuanta galería existe en Francia, no ya en
P arís solamente. Prueba de ello acabamos de
tener con la reciente exposición de acuarelas en
la Galería Wildenstein, tedioso conjunto de pai­
sajes fabricados en serie, en los que apenas
podía atisbarse, a través de una técnica segura
por cierto, algún resabio de la gran época

Casi exclusivamente con paisajes armó O r l a n d o
P i e r r i su prim era exposición al regresar de
Europa. S i tuviéramos que encerrarla en la de­
terminación de un título la llamaríamos, Posible
vuelta de un artista al realismo. Pues la crítica
advierte la lucha entre dos posiciones estéticas
bien definidas, cuyo saldo acaso no resulte des­
favorable para quien en un momento calmó
sus inquietudes abrevando en las corrientes superrealistas del arte. Hoy, P i e r r i es el pintor que
busca afanosamente una definición de su esen­
cia de a rtista ; pero al poner nuevamente en
contacto su inspiración con la realidad con­
creta ella no se proyecta con el mismo sentido.
De aquí la traducción múltiple de los p aisajes;
porque no es igual la que conforma las orillas
del Sena o la que da la visión de una plaza a
través de una ventana, que la que fija en la
pasta estirada la imagen de una playa o re­
curre al toque suelto para dinamizar un primer
plano. Sorprende por esto, por no hallar segu­
ridad en el camino elegido. ¿Defecto irrepara­
ble? Quizá no, porque se desprende de la obser-

�vación del conjunto que el artista ha salido a
la contemplación de otros mundos que el suyo
íntimo y, como deslumbrado ha aceptado la ins­
piración total que dicta tema y forma de decir.
Así se explican sus paisajes distintamente cons­
truidos en las diagonales que huyen y en el
contraste de los colores; la diferente intensidad
de la pasta en unos y otros y hasta la desigual
manera de aplicarla en la tela. P ara el balance
del crítico no queda manera clara y definitiva
de decir a quien se prefiere, si al pintor imagina­
tivo puro que se volcaba en las manifestaciones
de un superrealismo o a éste que alude a una
realidad exterior no siempre captada con la
misma sensibilidad.
É sta es nuestra observación presente; para
mañana queda el interrogante de saber si, por
debajo de la diversidad, hay ya un estilo que
apunta o el anuncio de una expresión sustan­
cial y acabada. (Galería Antú). B. S.

Acaba de ofrecerse en Sintonía un conjunto de
trabajos del joven pintor argentino, A n t o n i o
C o g o r n o , en los que se su marcada forma­
ción italiana, sobre todo en los dibujos, de esta­
tismo temático pero movidos por líneas abiertas,
vibrantes, choques de plano y ángulos, que en­
cierran su dinamismo interior, señalándolo.
E sta exposición se caracteriza por su unidad de
intención, voluntaria o no, que hace que tanto
sus temples, como naturalmente sus dibujos,
muestren a Cogorno como a un muy buen dibu­
jante. Pero sabe ser colorista (en sus temples),
y en la búsqueda de la tercera dimensión recurre
a los juegos de planos de diferentes tintas y
tonos y a algunos elementos gráficos que, ade­
m ás de ayudar a la creación de cierta perspec­
tiva ingenua, sugieren la limitación de formas.
También en los dibujos se advierte su sensibili­
dad para el color, pues en sus bordes la plas­
ticidad se aumenta por el claroscuro y la varia­
ción tonal.
Hay emoción y calor en la ambición con que
Cogorno se entrega al descubrimiento de lo in­
terior mediante las form as exteriores, como
observamos en muchos de sus temples, por ejem­
plo el de la mujer con un niño, o la figu ra de

A tilio R ossi.

Naturaleza muerta.

mujer en tonos rojos contrastada sobre un fondo
también rojo, en otra tinta.
No ha alcanzado aún Cogorno su madurez esp
ritual y artística, pero es un pintor vivo, de
excepcional sensibilidad, que lucha, trabaja y se
arriesga, sin importarle la tradición naturalista
y figurativa de la que tantos ejemplos acaba­
mos de ver en el Salón de Otoño. (B. H.).
Con una exposición de obras de E m i l i o P e t t o acaba de inaugurarse la Galería Samos,
seria y elegante ésta en su presentación, a la
que deseamos éxito y larga vida, sobre todo
porque parece indicar el planteamiento del ne­
gocio de cuadros con un sentido de mejor esco­
gimiento que el habitual.
RU TI

Junto a nueve obras conocidas,

P

etto ruti

expo-

�E milio P ettoruti.

La copa.

ne tres nuevas. El balcón e Interior con sol,
aunque más vigorosas responden a la misma con­
cepción que fué analizada en esta revista.1 Ver­
dadero interés presenta La copa, óleo de regular
tamaño (116 x 89) en el que vuelve por sus
fueros, podría decirse, e iguala la maestría de
otrora. Más aun, me atrevería a decir que sig­
nifica un paso hacia adelante, porque aparece
revitalizado en él, transformando la pintura de
potenciación finita —ordenado estatismo de un
mundo detenido— en una pintura de potencia­
ción infinita, donde se advierte el juego de ten­
siones que constituye la nota esencial de nues­
tro tiempo. E l espectador debe comparar esta
tela con las otras para comprender que lo va­

lioso reside en la fuerza y en la posibilidad
que plantea de llegar a una superación de la
pintura de caballete, justificable tan sólo en la
medida en que se realicen con él experiencias
tendientes al establecimiento de una nueva gran
decoración acorde con la arquitectura funcio­
nal. Una vez más, P e t t o r u t t i se pone a la ca­
beza, indicando con su obra honesta y valiosa,
no obstante los reparos que le formulé el año
pasado , el camino —por lo menos un camino—
a los jóvenes. J . R . B .
1J

orge

R

o m er o

B

r e st.

Pettoruti: ayer y hoy.

págs. 12/30.

L a pintura de Emilio
V

er

Y

E

s t im a r

,

N (-’

6,

�bibliografía
SOBRE

ARTE

AMERICANO

LO MEXICANO EN LAS ARTES
PLASTICAS

mexicano, que es apenas perceptible en la
escultura del siglo XVI y alcanza su ple­
nitud en la pintura contemporánea, de la
que podemos hablar ya como de un arte
nacional auténtico.

por /. Moreno Villa
Ez&gt;.

E l C o legio

de

M é x ic o ; M éx ic o ,

D. F.,

1948

En el siglo XVI todo el arte mexicano

No está del todo bien definido lo mexi­
cano en este libro de José Moreno Villa.
En un sentido estrictamente estilístico, pa­
recería ser lo nuevo, lo diferencial, sobre
todo en cuanto a la arquitectura. El eru­
dito rastreo históricoiconográfico funda­
menta la tesis del autor que puede sin­
tetizarse así: 1? el arte colonial mexicano
tributario (tequitqui) es de trasplante,
anacrónico y de mestizaje; 29 florece bi­
secularmente y por este orden: escultura,
arquitectura y pintura, correspondiendo
esos tres particulares florecimientos a los
siguientes siglos y estilos:

—tequitqui o tributario, típicamente colo­
nial— es anacrónico, pues en él se funden

Siglo XVI, escultura tequitqui; siglo XVIII,
arquitectura ultrabarroca; siglo XX, pin­
tura contemporánea. Con el agregado de
que, en cada uno de ellos, se advierte
más pronunciado el carácter propiamente

43

rasgos del gótico y del románico, junto
con algunos atisbos renacentistas. Esta in­
temporalidad estilística es lo que carac­
teriza las obras de arte de esa época, sien­
do particularmente notables las esculturas.
El fenómeno en la pintura no se produce
con igual intensidad, quizá por las mayo­
res aptitudes de la población indígena para
esculpir, por un lado —lo que probaría
que la pintura es arte más sutil y más
difícil—, y por otro, debido a la medio­
cridad de los pintores que mandaba la
península.
Ahora bien ¿a qué se debe esa imbrica­
ción de estilos en la escultura del siglo
XVI? Morelo Villa explica el fenómeno
por tratarse de un arte de aluvión, im­

�puesto por la Iglesia, conservadora de
todos los estilos. “El indio —dice— adoc­
trinado por los frailes o por los maestros
venidos de Europa recibía como modelos
estampas, dibujos, marfiles, ricas telas bor­
dadas, breviarios, cruces y mil objetos me­
nores. No todos ellos obedecían a un mis­
mo estilo ni a una misma época. “Es muy
probable que los frailes trajeran motivos
escultóricos o dibujísticos pasados de mo­
da. “Porque en las artes —agrega— lo
antiguo es a veces más estimado que lo
actual”. En escultura —en su período más
fecundo, el siglo XVI— vemos, pues, que
lo m exican o sólo puede señalarse por su
anacronismo, por su intemporalidad.
Veamos ahora la arquitectura, cuyo gran
florecimiento en México se produjo en el
siglo XVIII. Reconoce el autor que en los
siglos XVII y XIX se hicieron cosas ex­
celentes, pero tan apegadas a lo europeo
que carecen de interés para una caracteri­
zación de lo típicamente mexicano. Los
grandes, los más expresivos monumentos
arquitectónicos pertenecen al siglo XVIII
y se encuentran también, como mayoría de
las esculturas del XVI, en el estado de
Puebla.
Lo más notable de esta arquitectura colo­
nial mexicana es que en ella lo barroco
llega al paroxismo. Y al efecto señala dos
monumentos: el santuario de Guadalupe y
la llamada Casa del Alfeñique. "Ligereza,
alegría y levitación emanan de ellas”. Pa­
ra hallar un fenómeno similar tendríamos
que remontarnos al gótico. “¿Dónde está

44

el secreto? —se pregunta el autor—. Para
mí es evidente que en los materiales y
en el modo de manejarlos”. El colorido
del azulejo —factor sensual y popularcombinado con las líneas arquitectónicas
sabias, equilibradas, matemáticas. Pero el
azulejo, usado en España hasta el abuso,
produce en los monumentos mexicanos
una sensación de vida armoniosa, musical.
“Los azulejeros poblanos son muy supe­
riores en gusto a sus abuelos. Jamás son
estridentes, saben el secreto de las armo­
nías cálidas y reservadas”. La pasión del
barroco —pasión que rompe las líneas rec­
tas y quiebra los arcos del formalismo
clásico— combinada con la alegría sen­
sual y popular del azulejo, es el rasgo
destacado de la arquitectura colonial me­
xicana del siglo XVIII. “Todos los ele­
mentos son importados —anota el autor—,
pero el producto es mexicano”. Esa arqui­
tectura no existiría sin el barroco; pero
tampoco existiría sin el azulejo. Ahí está lo
diferencial. Y refiriéndose a otros monu­
mentos mexicanos que gozan de gran pre­
dicamento, cierra Moreno Villa su ensayo
sobre la arquitectura con esta observación:
“Esas piezas son mexicanas, nadie lo du­
da. El churriguerismo del Sagrario cam­
pea por todo el país y podrá ser tenido
por lo más mexicano; pero el churrigue­
rismo es un trasplante de España y no
llega a ser elaborado aquí con el acierto,
el exquisito tacto y la cortesía mexicana
de las creaciones poblanas”.
En cuanto a la pintura del siglo XX, re­

�presentada sobre todo por el doctor A t l
(seudónimo artístico de Gerardo Murillo) ,
S iqueiros , O rozco y R ivera , ‘‘es la más
importante y la única con carácter genuinamente mexicano que ha existido”. Este
fenómeno hay que relacionarlo con el de
la revolución antiporfirista. La inquietud
artística brota en México junto con la
Revolución y este brote se revela en la
huelga sostenida durante dos años por
los estudiantes de Bellas Artes en procura
de un cambio, contra lo rutinario y aca­
démico. Murii .l o (Dr. Atl), después de es­
tudiar en Europa y entusiasmarse con los
antiguos frescos de Italia, propugnó en su
país la pintura monumental, con vistas a
lo popular. Captó sus enseñanzas J o sé Cle­
m e n t e O rozco , revolucionario político y
luego revolucionario estético. “Jacobino e
iconoclasta”, su pintura fué polémica. D i e ­
go R ivera , único pintor mexicano de re­
nombre mundial, se incorporó al movi­
miento, renunciando a la estética cubista
para hacer muralismo en los edificios pú­
blicos. Ambos pintores se alejan de la mo­
da de París. Y por último, S iq u eiro s lanza
en Barcelona en 1922, antes de regresar
a su patria, un manifiesto que se tomó
como base del movimiento muralista me­
xicano. Personalidades tan distintas y po­
tentes, coincidieron en un propósito co­
mún, sacudiendo sus influencias europeas
o extrayendo de ellas lo vital para el mo­
vimiento renacentista, típicamente mexi­
cano, que surgiera paralelamente con la
revolución política. Y esa pintura se dis­
tingue netamente de la europea, como si la

revolución política hubiera estado aguar­
dando su gran lenguaje plástico. Todos los
ism os que lograron agradar a los refina­
dos burgueses “no interesaron ni a la bur­
guesía media ni al pueblo llano”. R ivera
y los pintores mexicanos de entonces "se
proponen interesar a las masas revolucio­
narias con una pintura figurativa, realis­
ta, que ponga ante los ojos todos los as­
pectos de la vida nacional, incluso la
historia”. Ahora bien, esa pintura que
volvía la espalda al arte colonial, ¿es me­
jor que todas las anteriores y puede con­
siderarse la primera realmente mexicana?
El balance que hace Moreno Villa de la
pintura mexicana actual, arrancando de
los revolucionarios ya mencionados, es afir­
mativo. De los mejores pintores colonia­
les dice: "pintan bien, pero no pasan de
ser maestros adocenados”. “Y su mundo
ideológico es el ecuménico cristiano, cató­
lico, donde es imposible que asomen ras­
gos típicamente mexicanos”. Y agrega: “si
aquellos pintores hubieran tenido verda­
dera hombría pictórica, hubieran pintado
vírgenes, ángeles y santos mestizos, propios
de México, como pintaron madonas italia­
nas, flamencas o españolas los grandes
maestros europeos. Cada gran pintor ha
visto a las figuras celestiales en las for­
mas y colores de sus conciudadanos”. Co­
mo corolario llega el autor a la conclusión
de que si la arquitectura del siglo XVIII
se distingue por su mestizaje inconsciente,
la pintura del sigle XX se distingue por
la conciencia del mestizaje. Hay, pues, un
fondo racial en lo diferencial mexicano,

45

�por lo menos en lo que se refiere a la
pintura, y que el autor puntualiza en es­
tos párrafos dedicados a uno de los pinto­
res que siguieron al grupo revolucionario
de la primera hora: “Tamayo no se dis­
tingue por poner el arte al servicio de
la política, y su técnica está más próxima
a la de los parisienses que a las de Orozco
V Rivera. Tanto por la caligrafía de su
dibujo, como por la selección de sus co­
lores y armonías. ¿Deja por eso de ser
mexicano?” Y agrega que la cuestión se
agrava por entender él que Tamayo ha
encontrado las notas mexicanas más cer­
teras hasta hoy con su lirismo. Con lo que
que se plantea de nuevo el problema:
“ ... no tenemos más remedio que lanzar
la terrible pregunta: “qué es lo mexicano?
Mejor dicho: ¿dónde está lo mexicano de
la pintura?”
“Para mí —continúa— en dos cosas perfec­
tamente enunciables; una de orden psicoló­
gico, tal vez moral; otra, de oren físico.
Por la primera se une este joven maestro
con Orozco, por la segunda con la tierra
en conjunto. La primera se apoya en la
visión dramática de la vida indígena; la
segunda en los tonos sordos de esta tie­
rra, en los colores más característicos de
ella: el del tezontle en función con el
verde sombrío del órgano y el gris ver­
doso del jade. No quiero decir que su
paleta se reduzca a estos tres colores sola­
mente, sino que en el manejo de ellos ha
encontrado armonías raras y explicables
únicamente delante del escenario de Mé­

46

xico. No quiero decir tampoco que Méxi­
co esté expresada totalmente con estos dos
factores tristes, figuras y tonos sombríos,
pero sí que esas notas patéticas, bien ex­
presadas, tocan más a lo profundo del país
que esas otras lujuriosas, de amarillos man­
gos, faldas blancas femeninas, pimpantes
rojos o azules eléctricos que vemos en las
calles y en los cromos de almanaques o
cartas de comidas en los hoteles”.
Además, en la pintura intervienen varios
factores: idea, composición, dibujo, color;
“cada uno de ellos puede determinar el
mexicanismo. En Tamayo, lo esencial me­
xicano está en el color”. Como vemos, al
hablar de la pintura el ensayista se esfuer­
za más seriamente en determinar los ras­
gos profundos, las verdaderas raíces de lo
m exican o. Pero no llega a concretarlas. "En
todos los pintores aludidos hay ese algo,
esa esencia diferencial y terrible que no
permite a sus obras ser halagadoras. Ni
siquiera en los que deliberadamente se
inspiran en cosas italianas, o picassianas, o
superrealistas. Ninguno ha llegado a ser
lo suficientemente aburguesado. Tal vez
no lleguen nunca, aunque se lo propon­
gan”.
“Dejemos también —agrega— el perseguir
las diferencias de técnica y vamos a bus­
car la solución en el origen de este mo­
vimiento. Ya dije que los iniciadores tu­
vieron con cien cia d e q u e con ello s e m p e ­
zab a la p in tu r a m e x ic a n a ". En este estado
de conciencia estaría la clave. "Los pri­
meros maestros consiguieron que los me­

�xicanos volvieran los ojos sobre sus propio
país, sobre su gente y sobre sí mismos”.

no su propio lenguaje plástico limitándolo
a la pintura?

Con su arqueología revalorizaron lo indíge­
na. “Y lo mestizo al fin fué reconocido no
como una tacha sino como lo esencial”.

El barroquismo arquitectónico podría con­
signarse como rasgo típico de lo m exican o.
Mas, ¿podemos afirmar que el actual muralismo mexicano se distingue por sus no­
tas formalmente barrocas? Si el barroco es
pasión y ruptura de la serenidad y el equi­
librio, socialmente podríamos afirmar que
el espíritu mexicano es barroco puesto
que se h a en co n trad o artísticamente en la
pintura justo en el momento de la eclo­
sión histórica revolucionaria. Pero esa pin­
tura mural, aunque preñada p o r su s te­
m a s de dolorosa pasión, formalmente es
hija de un movimiento estético universal
que busca la síntesis, la sobriedad, el es­
quematismo, el equilibrio... Es verdad
que ello resulta indispensable para el muralismo en que busca expresarse. En esa
monumentalidad que exige el muro quizá,
podría argüirse, se manifiesta el torrente
pasional, el barroquismo mexicano, que
busca por ese medio ensanchar el marco
de su expresión plástica. Pero esto ya se­
ría tema suficiente para otro estudio de
mayor aliento. Moreno Villa, que plantea
una hipótesis llena de interés y de suges­
tiones, lo deja apenas esbozado en el bre­
ve ensayo que comentamos.

Otros ensayos se agregan al libro: sobre
los ángeles, el tema de la trinidad y de
la muerte en las pinturas española y me­
xicana, siguiendo un derrotero de la gran
pintura española y señalando una carac­
terística de la herencia mexicana (la com­
binación barroca de ángeles y viejos), ensa­
yos sagaces y eruditos que sirven en parte
para reforzar la tesis del autor. Pero lo
interesante es conocer y discutir esa tesis;
lo primero hemos tratado de hacerlo sin­
téticamente, señalando sus rasgos funda­
mentales. Lo segundo puede prestarse a
largas discusiones, de modo que sólo indi­
caremos en forma somera las objeciones
que puedan plantearse.
en escultura tendría sólo la
nota común de su anacronismo por la fu­
sión de estilos (románico, gótico y algunas
formas renacentistas). ¿Hay algo típica­
mente mexicano en ello? ¿Puede serlo
esa aptitud para fundir estilos? No, pues­
to que el propio autor la toma como
producto del aluvión en el trasplante ar­
tístico colonial. Frente a la debilidad de
la pintura, podría señalarse como típica­
mente mexicano la mayor aptitud del indí­
gena para esculpir. Pero si así fuera, ¿por
qué la Revolución no ha provocado un
resurgimiento de la escultura? ¿Por qué
la Revolución ha dado al pueblo mexica­

L o m ex ican o

47

Por eso decimos al principio que en
este libro, a pesar del título, no está sufi­
cientemente definido y ahondado lo m e ­
x ic an o , falla que puede atribuirse —por
lo menos en cuanto a la escultura y a la
arquitectura— a su exclusiva orientación

�morfológica. Casi agotada la búsqueda en
este sentido, habría que completarla en
otros aspectos. Y en cuanto a la pintura, al
sostener una tesis artística tan apegada a
la realidad social, habría que establecer,
ante todo, en qué consiste fundamental­
mente lo m exican o , para ver luego cómo
se expresa en el arte. Y también informar
sobre el verdadero, el hondo sentido de
la revolución mexicana, a la que sólo se
alude muy superficialmente, señalando tan
sólo algunos de sus aspectos, y no preci­
samente los más significativos, sino aquéllos
que tienen casi un puro valor anecdótico.
A lfredo E . R o land

lo, la estructuración cronológica —difícil­
mente cabía otra— nos ilustra sobre cier­
tos aspectos particulares, supeditados casi
siempre a factores que tienden hacia la
generalización aplicable a todo el conti­
nente, de la evolución de la pintura co­
lombiana.
Los rasgos prototípicos de esta pintura
han sido condensados en un ordenamiento
de corte fielmente histórico:
a) Epoca colonial: desde los conquistado­
res hasta el movimiento libertador de 1810;
b) Era Republicana: Siglo XIX; c) Mo­
dernos: los pintores de las postrimerías del
siglo pasado y del comienzo del actual; d)
Contemporáneos, corto panorama de los
valores actuales.

LA PINTURA EN COLOMBIA
por

G a b riel G ira ld o Ja r a m illo

E dición F ondo
M éx ic o ,

1948.

de

C u lt u r a E conómica ,

C o lecció n T

ierra

F ir m e

Lo que es conocido en materia bibliográfi­
ca sobre las artes plásticas sudamericanas
es más bien pobre. Sin duda alguna esta
relativa falta de prodigalidad tiene su ori­
gen en el modesto florecimiento que en
especial la gran pintura acusa hasta aho­
ra, con pocas excepciones.
Si este claro bibliográfico se reduce en al­
go con el libro sistemático de G a br iel
G iraldo J a r a m illo , prestigioso crítico de
arte bogotano, tal empresa de por sí debe
considerarse meritoria. Aunque su autor
no abunda en juicios estéticos de alto vue­

48

De inmediato vemos que medio y hom­
bre de la época colonial son regidos fé­
rreamente por el transplante artificial del
rígido sistema cultural español. Los con­
quistadores arrasan con todo cuanto sig­
nificó cultura y espíritu indígena, esta­
bleciéndose una civilización foránea en
forzada transculturación. La ociocidad y
persecución de sólo necesidades elementa­
les crean un ambiente mediocre y completa­
mente desfavorable para toda eclosión ar­
tística y cultural. Resulta imposible desvin­
cular las consideraciones sobre la obra de
los artistas coloniales de este ambiente an­
tagónico, queriendo establecer parangones
con el arte europeo de la misma época.
Los artistas de la colonia americana son
historiadores y biógrafos, existiendo para

�ellos una falta completa de altas preocu­
paciones estéticas y una ausencia casi to­
tal de inquietudes espirituales. Hay en
cambio artesanos apegados a lo cotidiano
más que artistas de creación original. Pin­
taban ellos imágenes religiosas mediocres
por encargo, siendo éstos los únicos moti­
vos empleados, ya que la religión era cen­
tro de toda actividad y determinante de
todo sentimiento.
Sin embargo se encuentra en esta pintura
superficial y amanerada algunos caracteres
típicos de América, ya sea una fisonomía
indígena que servía de modelo o motivos
decorativos procedentes de la flora y fau­
na americana. Pero la corona española y
el ojo zahori de la inquisición se encar­
gaban de mantener la ignorancia y de su­
primir sistemáticamente toda actividad
cultural que pudiera encaminarse hacia
un arte propio. Conviene recordar tam­
bién que las personas de color quebrado
estaban al margen de toda posible vida
intelectual, instituyéndose un auténtico ra­
cismo colonial. Estas absurdas disposicio­
nes, que privaban a la cultura general del
valioso aporte del elemento indígena, sin
embargo no pudieron llevarse a cabo por
completo en algunos países —México, Ecua­
dor y Perú— donde el indio se impuso
por su vigorosa personalidad, dotando al
arte americano de obras de verdadera im­
portancia (M ig u el de S antiago , P edro P a ­
t in o I x t o l in q u e , los pintores del Cuzco y
los anónimos escultores y miniaturistas
quiteños) , que significan un aporte im­

49

portante y de amplias proyecciones para
el futuro.
Otro de los caracteres típicos de la pintu­
ra colonial es el anonimato de la gran
mayoría de los pintores de los siglos XVII
y XVIII. Su oficio no era respetado ni
formaban ellos una capa social que pudie­
se defender sus derechos. Los nombres in­
dividuales se funden en una denomina­
ción más amplia y genérica, generalmen­
te de tipo geográfico y regional: Escuela
de Cuzco, de Puebla y en Colombia: Es­
cuelas de Santa Fé y Tunja.
Desde fines del siglo XVI hasta la apari­
ción de Antonio Acero de la Cruz surgen
los maestros primitivos. Representan ellos
en Colombia lo que significan los maestros
catalanes del cuatrocientos para el arte
español. Deficiencias técnicas, titubeos y
penuria de motivos caracterizaron a am­
bos. Una de las características del llama­
do arte colonial americano es precisamen­
te su primitivismo, su ingenuidad y su
pobreza conceptual.
En las postrimerías de este mismo siglo
aparecen en Colombia dos pintores italia­
nos que trajeron consigo las inquietudes
del Renacimiento. Son ellos F ra ncesco d e l
Pozo y A n g elin o M edoro , Romano. Estas
influencias ítalorenacentistas son de gran
fecundidad, especialmente para el eximio
miniaturista F rancisco de P áram o , maes­
tro de la decoración e iluminación de li­
bros.
El primero de los maestros clásicos en
Colombia es A nto n io A cero de l a C ru z ,

�quien encarna los conflictos entre los cá­
nones medievales y el mundo ideológico
renacentista. Pero la pintura colonial co­
lombiana alcanza su plena madurez recién
con la vigorosa obra de dos pintores santafereños, G aspar de F igueroa y su hijo
B a ltasa r de V arcas F igueroa . Baltasar in­
troduce por primera vez retratos en sus
cuadros religiosos con un adelanto sensible
en su tentativa de apartarse de la extre­
mada rigidez de la pintura colonial. Otro
de los grandes aportes de los Figueroa fué
la constitución de una escuela-taller de
pintores, de la cual salió una de las figu­
ras de más alto encumbramiento de todo
el arte colonial hispano-americano: G r e ­
gorio V ásquez de A rce y C e b a l l o s , dibu­
jante prodigioso y admirable colorista. Es
él quien encarna la gran contradicción co­
lonial, la lucha entre lo humano y lo di­
vino, entre los cotidianos sentimientos in­
mediatos y las aspiraciones superhumanas,
lo apegado a la realidad material diaria y
el misticismo de alto vuelo. Este artista es
ante todo un hombre, cosa muy poco co­
mún para un pintor de su época. Según
Gillet "Vásquez ha encontrado el secreto
de Murillo y de Rembrandt, pues deja
hablar a su corazón y canta lo que ama.

más preciada gloria en el arte, y el con­
tinente entero uno de sus más claros va­
lores espirituales.
La muerte de Vásquez y el comienzo del
nuevo siglo señalan la iniciación de la de­
cadencia del arte neogranadino. El centro
de gravedad de la evolución cultural se
traslada a las actividades literarias y del
teatro, logrando mantenerse todavía en un
puesto de valor la arquitectura, en la que
los signos de decadencia siempre se per­
ciben con mayor lentitud que en la pin­
tura o escultura. Los europeos Lúea Giordano, Juan Bautista Tiepolo, Miguel An­
gel Houasse, Van Loo y Antonio Rafael
Mengs señalan los nuevos derroteros de
convencionalismo y de mediocridad del
neoclasicismo. De esta época quedan en
Colombia nombres de algunos pintores
que son más valiosos desde el punto de
vista histórico que del artístico. Muestra
interesante de la pintura bogotana de
esa época son las encantadoras miniaturas
que decoran los libros de profesiones reli­
giosas.

Es después de Echave el viejo, el pintor
más grande del Nuevo Mundo.” Dotado
de fantasía abstracta busca en sus mara­
villosos dibujos a pincel no lo anecdótico
sino lo esencial, lo estructural, lo eterno.
En Vázquez, Colombia tiene la figura se­
ñera de genio y maestro de la pintura, su

50

Recién en 1760 llega a Colombia J o sé
y B o sio , oriundo de Cá­
diz, gran cultivador de las ciencias natura­
les e intelectuales, que sabe dar un impul­
so enorme a toda la vida cultural colom­
biana. Aparecen con él en todo el conti­
nente americano una pléyade de grandes
sabios naturalistas, y su gran expedición
botánica fué el movimiento que renovó el
arte pictórico en Nueva Granada. Es Mutis
quien logra formar dos docenas de eximios

C e l e st in o M u t is

�dibujantes que dejaron la rica simiente de
un nuevo arte, y son ellos los creadores de
la magnífica F lo r a d e B o g o tá , un conjunto
de más de 6500 dibujos, que forman un
valioso tesoro tanto desde el punto de
vista artístico como científico, y que luego
fueron llevados a España, donde se con­
servan en el Jardín Botánico de Madrid.
A raíz de la Independencia política, la
cultura en todas sus formas sufrió un
cambio completo y en especial las artes
plásticas se emanciparon definitivamente.
A través del arte del siglo XIX ya no en­
contramos huella alguna de los principios
rectores del arte colonial neogranadino.
Este cambio de rumbo no puede atribuirse
tanto a un consciente anhelo de liberación
como al ímpetu renovador del nuevo
siglo, a la liquidación de muchas ideas
anticuadas y al nacimiento de principios
totalmente nuevos, basados primordial­
mente en la aniquilación de los regímenes
absolutistas, tormenta universal desencade­
nada por la revolución francesa. No fué la
era revolucionaria una época propicia pa­
ra la aparición de una cultura artística
íúen cimentada. Por esto la Guerra Magna
de América no tuvo —igual a la Revolu­
ción Francesa— ningún intérprete en las
bellas artes que dejara memorias de las
hazañas cumplidas. Tan sólo aparece un
pintor-soldado, el excelente miniaturista
y retratista J o sé M. E spin o sa .
Pero el arte americano del siglo XIX des­
cubre dos valores importantes: el paisaje
y los elementos plásticos de lo cotidiano,

hasta ahora completamente ignorados. No
hay ya ni un solo pintor místico, pero en
cambio florece la miniatura y la carica­
tura. La pintura republicana refleja el
medio ambiente y sus costumbres. Si el
arte colonial fué altamente convencional
e intervenido por el binomio estado-igle­
sia, que limitaron la libre expresión e in­
terpretación de las ideas y sentimientos, el
arte republicano es, aunque estéticamente
inferior, por lo menos sincero, espontáneo,
ingenuo y por ello profundamente huma­
no. Sin embargo nos parece esta valoración
en su formulación dialéctica bastante dis­
cutible. Los miles de cuadros religiosos
coloniales nada dicen del hombre y de su
tierra, no traducen sentimiento alguno
fuera del religioso-dogmático; no son vita­
les e ignoran al hombre, sus pasiones, sus
virtudes y vicios, el amor y el odio, el bien
y el mal; parecen salidos de un monaste­
rio en el que todas las fuerzas que ilu­
minan y oscurecen el corazón humano
hubieran sido desterradas. Pero en la me­
diocre pintura republicana encontramos
una tradición fiel de aquellos días tor­
mentosos y prometedores de una turbu­
lenta pubertad de una naciente naciona­
lidad.
La cualidad más saliente del arte repu­
blicano es su completa falta de tono
académico, de convencionalismo y artificialidad huecos, un tanto más admirable
si se lo mira a la luz del desesperante neo­
clasicismo que perturba en aquellas épo­
cas las artes en Europa, que buscaban una

�supuesta perfección formal a costa de su
verdadero contenido esencial. La tónica
de la pintura colombiana del siglo XIX
es su costumbrismo, que —no cabe la me­
nor duda— hace perder al arte su carácter
trascendental para convertirse en expre­
sión directa y elemental de la vida do­
méstica. Los artistas mediocres republica­
nos no aspiraban a la gran perfección,
pero tampoco se falsificaron para produ­
cir un arte intelectualista y de congelado
academismo. Dejaron estos artistas una
obra de reducido vuelo, es cierto, pero
ella contiene la más excelsa virtud, la
verdad.
Una de las más significativas manifesta­
ciones de la pintura colombiana del siglo
pasado la encontramos en el retrato-mi­
niatura, encuadrado dentro de los ideales
de la era romántica. Es difícil que país
americano alguno pueda presentar una
nómina más numerosa y variada de exce­
lentes miniaturistas que Colombia. En la
misma época Francia comenzó su tutelaje
intelectual y artístico en Europa con am­
plísima proyección sobre todo nuestro con­
tinente, y es significativo anotar que fué
ésta también la época en que triunfaba
en París Jean-Baptiste Isabey.
El que más define el arte pictórico colom­
biano del siglo pasado fué R amón T orres
M én d ez , dibujante, pintor costumbrista,
retratista y miniaturista que reúne el
ideario estético de su medio y de su hora.
Él busca en los elementos autóctonos de la
tierra y el hombre colombiano su inspira­

ción que decanta en sus excelentes cua­
dros costumbristas, que son los que abren
nuevos horizontes a la pintura en Colom­
bia. Esta orientación viene a alcanzar
caracteres nacionales con la obra admira­
ble de la Comisión Corográfica, la que se
organizó a principios del año 1850, signi­
ficando en la era republicana lo que ha­
bía significado la Expedición Botánica de
Mutis en las postrimerías del coloniaje,
ambas inspiradas en nuevas necesidades
económicas y culturales del país. Los pin­
tores de la Comisión Corográfica, C a r m e ­
lo F ernández , E nriq u e P rice y M a n u e l
M aría P az buscaron la naturaleza y en­
contraron el paisaje indómito, arisco y
rudo. Por los caminos de un fin científico
y didáctico alcanzaron las regiones del
arte, hallaron los elementos de la natura­
leza como parte integrante de su creación
artística. Desde entonces el paisaje se in­
corporó en forma definitiva a la pintura
colombiana.
Entre 1880 y 1920 esta pintura presenta
una serie de artistas, que en su hora su­
pieron mantenerse alertas, si bien su van­
guardismo de entonces hoy nos parecerá
carente de auténticos valores, y que no
lograron dejar muestras de un gran arte
permanente. Todos ellos tuvieron que
recurrir a lo ajeno, así F ray S a ntiag o Pá­
ra m o en el cuadro de contenido místico,
E p ifa n io G aray y R icardo A cevedo B e r n a l
en el retrato y A ndrés de S a n ta m a ría en
el cuadro impresionista. Nada significó

�para ellos la tierra propia ni la propia
tradición. Dos son las rutas que siguieron,
la principal la de Francia y la segunda,
con menor intensidad, la española. París
—nueva Atenas— se convirtió en centro
espiritual y artístico del mundo y hacia
París convergieron todas las inquietudes y
aspiraciones artísticas.
La pintura colombiana de las dos prime­
ras décadas de nuestro siglo como la de
nuestros días presenta, igual o similar a
la de todo nuestro continente, una ausen­
cia casi total de caracteres uniformes y de
orientaciones claramente definidas. La fal­
ta de un maestro de sobresaliente perso­
nalidad que diera un auténtico derro­
tero, contribuye al desbande total tan
característico de la pintura americana de
la presente época. Esto es síntoma gené­
rico, y por esto hablar hoy día de una
p in tu ra co lo m b ian a sería harto absurdo.
Es evidente que en Colombia no se ha
constituido ninguna excepción a la regla,
pues es Colombia, como tantos otros países
americanos, con excepción de México que
ofrece otros aspectos particulares y menos
heterogéneos, tierra de excelentes pinto­
res, pero no es tierra donde se haya des­
arrollado en permanente crecimiento una
auténtica y verdadera pintura propia, cu­
yos caracteres sobresalientes no sean los
del desarraigo general.
R odolfo

G.

B ruhl

ARQUITECTURA PERUANA
por
E d . F ondo

H é cto r V elard e

de

C ultura E conóm ica ,

M éx ic o ,

1946

A lo largo de siglos los monumentos jalo­
nan épocas y señalan concepciones, y aun­
que el tiempo los despoje de su función y
destruya su unidad estructural, no puede
privarlos de su sentido. América conserva
de pie, silenciosos y dramáticos, los restos
arquitectónicos de la cultura incaica, cuyas
enormes piedras inician el camino de la
arquitectura peruana. Partiendo de ellas
Velarde analiza las formas que sucesiva­
mente se le han incorporado, con e! pro­
pósito confesado de demostrar una línea
de continuidad desde las concepciones pri­
mitivas del espacio hasta las modernas,
que le permite afirmar el carácter original
de este arte en su patria, aun en las
líneas estéticas actuales.
Aunque confiese que no quiere hacer un
estudio histórico, ni un ensayo críticoestético o arqueológico, la naturaleza de
su propósito lo lleva a tocar todos estos
campos. A través de una historia de la
arquitectura del Perú se introducen las
descripciones arqueológicas y los juicios
críticos que llevan a la comprensión del
problema. Tal vez las descripciones de los
monumentos —sobre todo en la parte colo­
nial— tan abundantes en detalles que no
se refieren sólo a la estructura arquitectó­
nica en sí, sino también a los elementos
accesorios de adorno, si por una parte

�agregan colorido e interesan individual­
mente, destruyen la unidad que el autor
quiere conseguir.
Los tres períodos de la arquitectura pe­
ruana, el prehispánico, colonial y repu­
blicano, son estudiados a la luz de seis
factores: geológico, climático, geográfico,
religioso, social e histórico. Pero no rea­
liza, afortunadamente un análisis de las
relaciones de causa a efecto, sino en líneas
muy generales. Partiendo de esa base, ob­
serva como caracteres de toda la arqui­
tectura prehispánica el racionalismo, la
verdad constructiva, el sentido profundo
de la armonía con la naturaleza, que se
revela en sus ritmos pausados y la sere­
nidad de las líneas. Desde los primeros
muros de piedra aparejada, desde los pri­
meros vanos adintelados, aparece un sen­
tido arquitectónico definido que hace que
esta arquitectura, primitiva por sus me­
dios, no lo sea por la visión y el sentido
del espacio. La forma básica es la pirá­
mide escalonada y trunca; su belleza, la
unidad absoluta entre función, forma y
material.
Junto a la arquitectura pétrea de las ciu­
dades andinas, que culmina en Tiahuanaco, aparecen en la costa las construc­
ciones de adobe y de arcilla, con el talud
en las paredes y cierta influencia en la
ornamentación de los motivos del tejido.
“La arquitectura preincaica en sus dos
grandes épocas, arcaica y de completo
desarrollo, ha dejado formas básicas, rit­
mos de volumen inconfundibles, un sen­

54

tido particularísimo del color y la orna­
mentación superficial salidos de un arte
de tejedores y alfareros, y el sello de una
verdad plástica fundamental en relación
con el medio; sobriedad de masas y esta­
bilidad absoluta de líneas; formas deriva­
das directamente de la piedra andina y
de la arcilla costeña, es decir, del suelo
puro y adorado de donde surgía la vida
y bajo el cual estaba el reino de lo
eterno”.
Las formas variadas y libres de la arqui­
tectura preincaica se sintetizan en el
período siguiente para expresar la uni­
dad y grandeza del Imperio. Revelarán
entonces una mayor perfección técnica,
pero menos independencia y frescura. La
piedra desnuda será su elocuencia. Se
verán aparecer las primeras preocupacio­
nes urbanísticas en el Cuzco, Ollantaytambo, Machupichu. En esta arquitectura
imperial V ela rd e observa que no existen
distribuciones de plantas indicadoras de
un gran sentido de creación espacial in­
terior según grandes ejes directivos, pero
sí un gran genio para relacionar los edi­
ficios entre sí o con las posibilidades del
terreno.
La conquista señaló un salto desde lo está­
tico incaico a lo dinámico español. El cho­
que violento de este dinamismo que pene­
tró la base, la transformó en un gran
número de formas nuevas llenas de en­
canto. Los materiales, en su mayor parte
siguen siendo los mismos, aunque se le
agregan otros y nuevas técnicas. A través

�G regorio V ásq uez . Cabeza de estudio.

�É poca Colonial .

Balcón de héroes (Cuzco) .

É poca A ctual .

Caracteres peruanos (San Isidro) .

�En la lectura de la obra forma un vacío
la rapidez con que se hace referencia a
todo ese primer siglo independiente cuya
arquitectura es considerada como pura­
mente extraña. Aún los años que siguen
a 1920, en los cuales se quiere ver un
renacimiento de las formas propias, son
tratados someramente. Lo que priva es la
exaltación del pasado, incaico y colonial.

del análisis de palacios e iglesias de las
distintas zonas del Perú, vamos obser­
vando los elementos principales de la ar­
quitectura española de los siglos XVI a
XIX —renacentista, barroca, neoclásicaensamblados con esos materiales regionales
y ciertos elementos, como el vano adinte­
lado o la ornamentación escalonada, que
no desaparecen.
Cuando el movimiento independiente rom­
pe vínculos con España, hay un oscure­
cimiento de la arquitectura típicamente
peruana. Desde 1821 a 1920 se siguen mo­
delos franceses e italianos. Es una arqui­
tectura que carece de verdad, de relación
con el medio ambiente y con los materia­
les que usa. Recién después de 1914 vuelve
a nacer la inquietud por lo nacional que
se traduce al principio en un estilo lla­
mado neocolonial peruano, que en su afán
de copiar modelos antiguos y oponerse a las
lineas modernas del cemento armado ter­
minó en un p a stich e arqueológico pura­
mente decorativo. Frente a él, la arquitec­
tura moderna revivía formas incaicas. Des­
de 1920 se trató de fusionar las dos co­
rrientes nacionalista y española. La idea
fué del escultor español P iqueras C o to lí
que realizó el pabellón del Perú en la Ex­
posición Internacional de Sevilla y llamó
al estilo n eo p eru an o . En él vuelven a apa­
recer en una fusión armónica, el fondo de
la cultura incaica, los aportes de la con­
quista y la sobriedad y el funcionalismo
que caracterizan el movimiento estético ar­
quitectónico de nuestros días.

ISOLINA G rOSSI

ESQUEMA PARA UNA INDAGACIÓN
ESTILÍSTICA DE LA PINTURA
MODERNA CUBANA
por

L u is de Soto y S a g arra

P ublicació n

separada de

L a H a ba n a , N o s .

U niversidad

de

58-59-60, 1945

Los caminos que para la observación y
comprensión de la pintura moderna cuba­
na nos presenta el profesor Luís d e So t o y
S agarra están claramente determinados
por los esquemas que dan título a esta
obra. Comienza el autor proponiéndose
establecer el significado de algunos térmi­
nos que puedieran ser confusos y explica
en pocos párrafos qué es lo m odern o en su
acepción cualitativa, en contraposición a
su sentido temporal. No quiere hablar de
la edad moderna que no es la antigua ni
la contemporánea, sino que pretende dar,
dentro de la historia cubana lo más carac­
terístico, la tónica, la impronta debida a
la generación dominante en el momento,
es decir, lo moderno de cada época. Esto

57

�que para él constituye el estilo particular
de cada generación está gobernado por
una serie de factores que aparecen clasi­
ficados en temporales, individuales y na­
cionales, cada uno a su vez dividido en
diferentes tópicos.
Ya está insinuado en estos párrafos lo que
consideramos como el freno que detiene
a Soto y Sagarra, impidiéndole llegar al
verdadero fondo de su problema: excesivo
afán de generalización que le obliga a
veces a ser vago y superficial, y una posi­
ción determinista que le impele a desgajar
el estilo en numerosas ramas, cada una
con sus respectivos brotes, para así poder
estudiarlo, en lugar de tomarlo como una
totalidad propia del ente creador, a su
vez una unidad indivisible. Esto explica
por qué el libro aparece construido según
las líneas ampliadas de un cuadro sinóp­
tico, y si bien estamos de acuerdo con la
mesura con que Soto y Sagarra, siguiendo
su propósito de darnos un esquema, nos
habla de algunos de los factores del estilo,
por ejemplo los epocales o los geográficos,
su parquedad nos parece algo exagerada
cuando se refiere a los factores individua­
les que trata aún con menor detalle que
a los anteriormente nombrados; tal vez
esto ocurre porque los factores individua­
les son menos fáciles de ser comprendidos
por las vías de ese determinismo tan
científico que inspira al autor y al que
posiblemente hay que acudir también
para explicar por qué cuando en la se­
gunda parte del libro se mencionan los

58

pintores cubanos y sus mejores obras, se
nos enuncian con todo cuidado y con ex­
clusión de casi todos los otros, los elemen­
tos exteriores que sobre el artista actúan.
Pasa a estudiar más tarde la influencia de
los factores mesológicos (acción del mun­
do sobre el hombre) y mezclando un
poco los conceptos de mundividencia y
biografía nos habla del paisaje real o me­
dio físico y del paisaje espiritual o am­
biente, que para él es “el ámbito vital de
cada espíritu, que las condiciones religio­
sas, políticas, económicas, culturales de­
finen". Se refiere luego a los historiadores
que desde Hipólito Taine buscaron la
esencia del arte a través de un minucioso
análisis de los ya mencionados medio físi­
co y ambiente espiritual, es decir de quie­
nes quisieron determinar los caracteres que
modifican el estilo antes que dedicarse a
estudiar el estilo mismo. Estas ideas del
autor sobre los positivistas podrían ser con­
sideradas como la expresión de su propio
caso, pues él mismo adopta continuamente
el método que critica en su indagación
estilística, a pesar de que tiene conoci­
miento claro de otras tendencias filosó­
ficas que menciona y explica pero no apli­
ca. Parecería que no puede superar esta
actitud positivista, ya que sólo desde este
punto de vista plantea todos los problemas
del estilo, que se convierte para él en
algo sólido, material, pasible de riguroso
estudio y clasificación.
Contempla con interés los problemas que
ofrece la geografía humana; habla aun­

�que superficialmente de los factores socia­
les del estilo, pero no otorga toda su im­
portancia a los factores étnicos, principal­
mente a la influencia afro-cubana, a la
que menciona sólo de paso cuando se re­
fiere en forma peyorativa a lo que él
llama n egrism o. En cierto modo esto im­
plica una contradicción con la posición
adoptada en la segunda parte del libro,
porque en ella brinda sus elogios con mu­
cho más calor a los artistas que en vez de
ser eu ro peizan tes comienzan a hacer lo
que llama entonces cu b an ism o , vale decir
que recurren a lo autóctono en busca de
temas y modelos.
Tomando estos factores temporales, indi­
viduales y nacionales del estilo como base
para un estudio serio de la producción
artística local de estos últimos 40 años,
apreciando el aporte personal de cada
artista, y reconociendo que cada genera­
ción tiene su tónica particular, con fines
absolutamente metodológicos, Soto y Sa­
garra divide la segunda parte de su obra
en cuatro capítulos, cada uno de ellos des­
tinado a una determinada generación de
pintores, pero aclara con toda razón que
esta división no puede ni debe ser tomada
al pie de la letra, ya que en toda época
hay coexistencia de generaciones, contem­
poráneos que no son coevos.
Al comenzar el estudio de cada uno de
esos capítulos, con muy buen criterio el
autor trata de elevarse espiritualmente,
llevando consigo a sus lectores a un plano
desde donde se pueda obtener una mun-

59

dividencia semejante a la de los artistas
que a esas generaciones pertenecieron;
busca con esto una mayor comprensión de
los factores temporales, geográficos y so­
ciales del estilo, para lo cual también
menciona datos biográficos de los mejores
artistas. Reconoce al tratar cada una de
las generaciones, pero principalmente al
estudiar la actual, que la pintura cubana
es terreno propicio para recibir toda clase
de influencias extranjeras, lo que atribuye
a la insularidad de Cuba (factor geográ­
fico) y a la extrema juventud de su patria
como territorio independiente (factor his­
tórico) . Esto hace que no le sea posible
todavía hablar de un estilo cubano pro­
piamente dicho, sino que deba referirse
siempre a las diferentes huellas por donde
se encaminan los artistas. Considera que
los pintores que más cerca estuvieron de
lograr un estilo vernáculo propio fueron
los que con el paisajista A nto n io R odrí ­
guez M o rey buscaron reflejar la exhuberancia climática de Cuba, o los que junto
a H urtado de M endoza o V íctor M a n u e i .
G arcía eligieron sus modelos entre los
tipos más característicos de la baja Cuba.
Al hablar de las tres primeras generaciones,
lo que hace con suma benevolencia, pues
no es posible que haya tantos pintores
de valor en Cuba, se aleja un poco de su
propósito de dar un esquema para una
indagación y escribe algunos capítulos de
historia del arte, pero cuando entra a
tratar la generación actual, a la que con­
sidera como la más destacada sin lugar

�a duda, vuelve a hacerse esquemático y
conceptual y nos presenta una visión no
muy completa del arte moderno, ni muy
precisa, ubicando a los artistas cubanos
según ella. Nos da sus puntos de vista
sobre casi todas las direcciones del arte
abstracto y considera que un cuidadoso
estudio de la historia del arte de su país
revela que sólo pueden fructificar allí las
tendencias más realistas y figurativas; a
esto atribuye el hecho de que pocos artis­
tas cubanos hayan logrado destacarse, y
aún los mejores no cree que hayan en­
contrado su verdadero camino en el arte
abstracto. Piensa Soto y Sagarra que hay
muchos signos de que el verdadero estilo
cubano llegará a plasmar por el lado del
indo-americanismo, su pariente cercano,
mucho más que el cubismo o el neoexpresionismo.

Termina el autor este ensayo, como tal
muy ilustrativo de la pintura moderna
cubana, insistiendo que aún le queda mu­
cho sino todo por hacer a la generación
actual y expresando su esperanza de que
de ella brotará el estilo cubano como una
planta salvaje, indígena, a la que se in­
yecta savia de plantas viejas pero fuertes.
Es tan grande el entusiasmo del profesor
Seto y Sagarra al hablarnos de sus con­
temporáneos, de su capacidad y de su
porvenir que mientras nos llega el mo­
mento de ponernos en contacto con dichos
artistas y sus obras esperamos con con­
fianza lo que Cuba aún puede brindar al
arte de su país y al mundo.

B ea tr iz H uberm a n

�miscelánea
• Nadie ha olvidado con seguridad a Pompeyo A udivert, ese fino y
vigoroso grabador que salió de Buenos Aires a fines de 1943 para correr
la aventura en América con sus planchas a cuestas. Ahora está en París,
más optimista y más sereno que cuando vivía entre nosotros, dispuesto a
trabajar allí, y a triunfar, como ha triunfado en el continente americano,
a lo largo del Pacífico. Algún día veremos sus nuevos trabajos, los coteja­
remos con los muy valiosos que ha dejado aquí, y podremos ensayar un
juicio crítico; ahora sólo deseamos informar sobre sus andanzas y dar a
los lectores una muestra de su producción última con el grabado que
publicamos en lámina suelta.
En marzo de 1944 expuso en Valparaíso y en Viña del Mar; al mes
siguiente en Santiago de Chile. Excusado decir que tuvo éxito, tanto que
el gobierno de aquel país le solicitó que diera conferencias e hiciera de­
mostraciones de técnica del grabado a buril en las Academias de Bellas
Artes de Concepción y de Chillán. A su vuelta a Santiago, volvió a expo­
ner y dió un curso sobre grabado, para alumnos y profesores de la Aca­
demia Nacional.
De Chile pasó al Perú, donde se le nombró miembro de honor de la So­
ciedad de Bellas Artes de Lima, y de allí a Colombia, y finalmente a
México. Mucho parece haber trabajado en México durante los tres años
que allí quedó: exposición en la capital (octubre de 1944) y en Puebla
(enero de 1946); ilustraciones para Madame Bovary de Flaubert; dos
libros notables escribió: Gravat caíala, al boix (Biblioteca catalana) y
Técnica del grabado a buril (Editorial Centauro); carpeta 10 grabados,
con texto en castellano y en inglés, en tiraje limitado de 100 ejemplares;
nueva exposición en México capital, en compañía de los compatriotas
Sica y Moraña.
Actualmente se halla en París, como hemos dicho, donde acaba de realizar
una exposición en la Galería Mirador, y tiene perspectivas de ilustrar

61

�algunos libros. Luego piensa seguir viaje con destino a España e Italia,
pero como no se apura y gusta de la contemplación detenida de las cosas,
no es posible saber cuánto se decidirá a volver a vivir entre nosotros.
• San Pablo como París, y prácticamente todas las ciudades donde existe la preocu­
pación por el arte, se encuentra dividida en dos campos: los abstraccionistas y los
figurativos. Entre estos últimos figuran dos de los mejores pintores brasileños, C ándido
P o r tin a r i y Di C a v a lca n ti . El primero dice refiriéndose a los abstraccionistas, en un
comentario aparecido en el número 3 de la revista Artes Plásticas: L o s p in to re s
ab stracto s se d ivierten con p ed azo s de p io lín , en lu g a r d e v e r e l e stad o d e l m u n d o q u e
n os ro d ea.

Y por su parte, Di

C a va lca n ti

dice:

L a o b ra d e arte de p in to re s ab stracto s

com o K an d in sk y , K le e , A r p , y otros es u n a especialización e sté ril: no son sin o vision es
m on stru osas de re sid u o s am eb ian o s o ató m ico s rev elad o s a trav és d e los m icroscopios

Entre los pintores abstraccionistas encontramos a toda la
generación joven, decididos a todo, en su reacción contra la Escuela Moderna de 1924.
El Museo de Arte Moderno de San Pablo, fundado gracias a la generosidad de Francisco
Matarazzo, se inaugura con una exposición que se titula: D e l a r te fig u ra tiv o a l arte
a b stracto . El director del museo y animador de esta exposición es el critico L eón
D egan d ; su inteligencia y dedicación han hecho que aparezcan acá obras romo sólo se
han visto en la exposición D e l cu b ism o a la ab stracció n , organizada por el Museo de
Arte Moderno de Nueva York. Naturalmente que el señor Degand es admirador del
arte abstracto; es el comentario obligado de todos los que visitan el museo, cuyas piezas
maestras son cinco telas de K a n d i n s k y , otras tantas sólidamente pintadas por L é c e r , un
V illo n antiguo y un hermoso cuadro de un pintor abstracto muy poco conocido, pero
del que hubiéramos podido esperar mucho: P a trick B r u c e , artista americano, muerto
en 1933.
d e su s cereb ros en ferm os.

•

E n u n a exposición d e p in tu r a co n tem p o rán ea se v eia fre n te a u n c u ad ro d e P a u l

K l e e un esp ecta d o r, con u n a

m ano

d e trá s d e

la o r e ja , in c lin a d o

levem en te

hacia

ad e la n te y con u n a c ara qu e m o strab a la a g u d a con cen tración d e un h o m b re en pose
d e escu ch ar a lg o m uy aten tam en te.
C u a n d o a lg u ie n le p re g u n tó q u é sig n ific a b a este ex trañ o co m p o rtam ie n te fre n te a un
óleo, se lim itó a c o n te star: " ¡estoy escu ch an d o este h erm oso c u a d ro !” .
N o es sólo u n a b u en a an écd o ta, sin o u n e je m p lo de la reacción m o rfó fila —m e tafórica
se en tien d e— q u e com o ta l se ad m ite p a r a to d o s los gén ero s d e l a r te ; n o to riam en te p a ra
las a rte s p lá stic a s co n tem p orán eas.

62

�• Un hecho interesante ha podido ser observado por los aficionados que
visitaron recientemente la Phillips Gallery de Washington: era la exposi­
ción retrospectiva del célebre pintor austríaco O skar Kokoschka, mos­
trando con furia su pintura expresionista, al principio, y poco a poco un
aflojamiento hasta llegar a los caracteres actuales, tan particularmente su­
yos, que lo colocan en un lugar elegido dentro de la producción pictórica
de nuestro siglo.
Lejos de toda influencia extraña, su fuerte individualidad no acepta otra
ley que la que él mismo crea; sus sinfonías de colores tan desordenadas,
pero al mismo tiempo tan llenas de unidad interior, no emanan de nin­
guna escuela ni latina ni germánica de nuestro tiempo. Cierto es que bus­
cando se encuentra cierto toque germánico, pero que no es suficiente como
para permitirnos clasificarlo dentro de la escuela de Berlín, como tampoco
podemos encontrarle parentesco alguno con la escuela actual de París. Su
dinamismo alucinante y sus ritmos que se chocan afianzan su grandeza,
definen su poder.
• C lavé —que está buscando heredar el favor elegante del público de
París que tenía hasta su muerte Cristian Bérard— ha acertado plenamente
en los decorados y trajes del ballet Carmen, con el que triunfa Roland&gt;
Petit en este momento, en el Teatro Marigny. No se trata de hacer una
España española; basta aludir y el espectador refinado entiende. Mucho
de Picasso, un Picasso divulgado, frivolizado, asequible, del Picasso de la
serie de los toros, hay en los telones. Y en los trajes bastante de] la moda
actual: grandes escotes, un poco 1900, colores exquisitamente combinados
y mucho fondo negro. Pero la escenografía es sin duda tan original como
la coreografía. Sin abusar de los telones, Clavé se lanza a la búsqueda
en el espacio y no rehuye los objetos reales: camas, ruedas, sillas; al con-&gt;
trario los acepta y los utiliza muy sabiamente. El espectáculo es en estos
momentos el más original de los que se pueden ver en París, y eso ya es
mucho elogio.
• Nos llegan rumores de París referentes a la Sala de la Liberación del Hotel-deVille. Según parece se está tratando se conseguir que Henri Matisse componga la de­
coración mural de dicha sala.
Es fácil reconocer la importancia que tal pintura tendrá, a la vez como legado y como
muestra de lo que es la pintura francesa del siglo XX, pero, se nos ocurre preguntar
si todavía es M. Matisse representante de la pintura francesa actual. Esperamos confir­
mación de estas notas, a publicarse próximamente.

63

�• La nueva exposición del Museo de Arte Moderno de Nueva York, recoge uno de los
fenómenos arquitectónicos más notables de los últimos años: el extraordinario floreci­
miento de los dibujos, creaciones y teorías de un arquitecto suizo en la atmósfera tro­
pical del Brasil. La exposición que va de la casa de Savoya, construida por L e C o r bu sie r en 1929 a la casa de Tremaine, construida por N ie m e y e r en 1949, señala las se­
mejanzas y diferencias entre los trabajos del maestro y los de su mejor discípulo.
Las similitudes no pueden dejar de ser destacadas: el piso bajo sin construir, mostrando
las columnas, y el énfasis en el mantenimiento de las formas geométricas, etc. Las
diferencias entre estos dos arquitectos surgen de las distintas preferencias de ellos
en las otras ramas de las artes plásticas: la sujeción formal de Le Corbusier está estre­
chamente relacionada con sus estudios y trabajos sobre la pintura cubista, mientras
que Niemeyer y su colaborador, el arquitecto y paisajista B u r le M a rx están expresando
las formas más recientes de la escultura libre.

• En las afueras de París, una tarde de 1946, Mr. Reeves Lewenthal, fa­
moso anticuario norteamericano, detuvo su coche por casualidad delante
de un pequeño bistro. En la semioscuridad interior pudo ver que col­
gaban algunas viejas telas, muy mal conservadas. Con la llama de su en­
cendedor iluminó una de ellas, la que le llamó más la atención, y apenas
pudo creer lo que sus ojos veían: era un autorretrato de Van G ogh, que
había sido ignorado por espacio de casi sesenta años.
Según cartas de Theo Van Gogh, que autentificaron completamente el
cuadro, éste fué pintado en Arles el 7 de diciembre de 1888; tras una
noche de insomnio y obsesiones, Van Gogh dice que se sintió impulsado
irresistiblemente a pintar su retrato, a la luz de una vela. Trabajó furio­
samente durante tres horas y luego se detuvo; pasado el frenesí el cuadro
quedó sin terminar. En él se puede ver su huesuda cabeza, explotando
de energía, resplandeciente dentro de un halo de blanco color que se
oscurece hacia afuera en tonos amarillo y naranja.
Al día siguiente, perdido el interés por ese cuadro sin terminar, trató de
cambiarlo por unos grabados japoneses. Para interesar aún más al co­
merciante, Van Gogh reprodujo en la parte inferior de su Estudio a la
luz de una vela, la cara de uno de los grabados.
Este cuadro, valuado hoy en más de $ 2.000.000, acaba de ser expuesto
en las Galerías Lewenthal de Hollywood, saliendo así de su obscuridad
de 60 años.

64

��POMPEYO AUDIVERT
Mano en la tierra - 1947.

Hoja de Ver y Estimar.

�ARTES

GRAFICAS

BARTOLOME U. CHIESINO
Dedicado Exclusivamente
al Libro

AMEGHINO 832-38
T. E. 2 2 - 7 7 8 0
AVELLANEDA

�IGLESIAS Y MATERA
(.AVALLE 1053 • BUENOS AIRES

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Torre, Guillermo de&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Moreno Villa, J.&#13;
Giraldo Jaramillo, Gabriel&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Velarde, Héctor&#13;
Grossi, Isolina&#13;
Soto y Sagarra, Luis de&#13;
Huberman, Beatriz</text>
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                    <text>�VER Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTISTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST

CON LA COLABORACIÓN DI SUS DISCÍPULOS

SUMARIO
Programa
-

D irección

•

Bases para una sociología del arte.
F rancisco A yala
Encuentro con la sociología del arte.
J orge R omero Brest
Bibliografía:
Arte y Sociedad, por Roger Bastide
A lfredo E. R oland
Art and Society y Art and Industry,
por Hebert Read. R odolfo G. Bruhl
El artista frente al mundo:
Opina Campicli
Correspondencia:
Escribe Sebastián Gasch desde Bar­
celona
•

Documentos:
Presentación de Adolf Loos

A ngelina Camicia
Páginas de antología Adolf L oos

Critica:
Cándido Portinari.
J osé P edro Argul
El "viii Salón de Mar del Plata.
Blanca Stabile

Miscelánea:
Da Exposición Laurens en Bruselas —
Etc.•

Lámina suelta: La Sirena — Escultura
de

H enri L aurens

Volumen III, n&lt;? 9. Abril de 1949

��FRANCISCO DE GOYA Y LUCIENTES
El huracán

Colección Jockey Club, Buenos Aires

Hoja de VER Y ESTIM AR

�E ESTIMAR

JORGE

ROMERO

BREST

Número 9 - Abril de 1949

��P R O G R A M A
solidado al elaborar, penosa pero alegremente, los números
aparecidos desde abril a noviembre del año pasado. Se ha per­
feccionado, además, en el empleo de una técnica —la de razonar
tobre las cuestiones estéticas— y ha visto con satisfacción que sus
filas se engrosan. Quizá fuera suficiente decir, en el primer ani­
versario, que persistirá en el esfuerzo, no obstante las dificultades
que obligan a modificar a menudo los precios de suscripción y de
venta, pero también es necesario esbozar un programa. En lo
que se refiere a la labor en común, ampliar los horizontes y
hacer esfuerzos para llegar a comprender los movimientos pro­
gresistas del arte, sin abandonar por ello la juiciosa mesura para
juzgar los que pudieran parecer retardatarios.
En lo que se refiere a la colaboración extraña, publicar
ensayos magistrales, también de críticos e historiadores extran­
jeros, incorporar una sección de correspondencia, que irá siendo
cada vez más nutrida, y otra con las opiniones estrictamente
personales de valiosos artistas contemporáneos.
Anunciamos, finalmente, que este año se constituirá un gru­
po similar en Montevideo, el cual permitirá que esta revista
argentina se transforme en un órgano de expresión rioplatense.
D ir e c c ió n .

3

��BASES PARA UNA SOCIOLOGIA DEL ARTE

MI TRATADO DE SOCIOLOGÍA HE DEDICADO AL ARTE
SI unENespacio
mayor que a ningún otro objeto, fue por considerar que

constituye éste la sistematización cultural más caracterizada, más autóno­
ma, de más definido perfil. Con cierta amplitud he expuesto ahí los
sucesivos intentos que la historia de esa ciencia registra hasta el presente
con vistas a la construcción de una sociología del Arte, y los he compulsado
con el sistema propio. Mi propósito al hacerlo era mostrar, precisamente
sobre la base de un objeto cultural tan desligado de intereses sociales como
es el Arte, de qué modo y hasta qué punto la actividad artística se en­
cuentra conectada con la realidad social, cuáles son los puntos de inserción
del arte en la sociedad, y recíprocas influencias que pueden descubrirse.
Quiero reducir aquí a un simple esquema aquellas ideas, prescin­
diendo —es inevitable— de los ejemplos que la holgura del libro me per­
mitía acumular en el Tratado, así como de la discusión detallada de
algunas cuestiones particulares, que en él tenía su lugar oportuno y aquí
resultaría impertinente.
Para prestar mayor claridad a mi exposición, la descompondré en
apartados, cada uno de los cuales responde a un problema particular y,
todos juntos, dibujan el desarrollo completo de la sociología del arte,
según yo la concibo.
1. QUÉ ES, PARA LA SOCIOLOGÍA, EL OBJETO CULTURAL
DENOMINADO “ARTE”
Por de pronto, deberá afirmarse resueltamente la identidad del obje­
to: el Arte, para la Sociología, no es otra cosa, en sí mismo, que para la
Estética. La diferencia estriba en el modo de su relación con él; pues,
mientras que para esta última el Arte constituye su objeto propio, para la
Sociología, en cambio, no pasa de ser uno de tantos órdenes producidos

5

�por la Cultura, del que tiene que ocuparse por cuanto, concretado como
todas las demás objetivaciones espirituales sobre la realidad, encarna en
formas y estructuras sociales cuyo conocimiento le compete. Desde este
ángulo, es decir, como fenómeno social del espíritu y en su concreta mani­
festación, puede y debe ocuparse del Arte la Sociología. Si excediendo sus
legítimas posibilidades pretendiera, como tantas veces ha pretendido, al­
canzar su esencia y explicarlo exhaustivamente, el resultado único sería,
lejos de su pretensión, desvirtuarlo y disfrazarlo. Para conocer la esencia
del Arte no bastan ni sirven las categorías sociológicas; debe hacerse apli­
cación de las que nos ofrezca la Filosofía de la Cultura y, en particular,
la Estética.
Sin cansancio conviene insistir sobre este punto; hay que evitar el
común error de los que creen que un estudio sociológico del Arte es capaz
de descubrirnos su esencia, ni siquiera de explicarnos algo decisivo acerca
de él. Muy por el contrario, el punto de vista propio de la sociología im­
prime un sesgo forzado del que conviene tener conciencia, y que estare­
mos obligados a corregir siempre que interese considerar, no lo accesorio
del Arte, sino lo que concierne a su esencial sentido. El hecho curioso de
que para su enfoque sociológico sea indiferente el grado de logro o frus­
tración de la obra artística, y aun la malograda resulte a veces más ilus­
trativa, prueba de modo palmario la deformación a que esta ciencia so­
mete el objeto “Arte”.
Si no queremos incurrir por nuestra parte en tal yerro, tendremos
que comenzar imponiendo a la Sociología el reconocimiento de su inep­
titud para determinar la esencia de la obra de arte y, por lo tanto, para
atribuir a un objeto esa calidad, que viene establecida según criterios que
le son ajenos. En efecto: aceptará que es obra de arte todo producto de
cultura intencionalmente orientado hacia el valor estético, con el que la
Sociología no tiene nada que hacer. Ella sólo entra en funciones, una
vez circunscrito, definido, el campo artístico mediante dicha intencional
referencia al valor, para estudiar los aspectos generales y extrínsecos de
la actividad artística. Por lo tanto, el momento individual, decisivo, de
la creación, lo que es en ésta iniciativa única y viviente, se le escapa,
reteniendo tan sólo la organización, las formas, las relaciones, las estruc­

6

�turas, lo que es social y consiente por serlo una explicación a través de
referencias históricas. ¿Será acaso que la Sociología no capta del Arte sino
aquello que no es arte?
II. DESLINDE DEL ASPECTO SOCIOLÓGICO EN EL ARTE
1) Lo temporal y lo eterno.
Esta cuestión nos lleva a dilucidar la paradoja de que, siendo el Arte
un producto humano' y, como tal, eminentemente histórico, dado en el
tiempo y ligado al tiempo, se predique de él siempre la nota de eterni­
dad. Porque a su esencia pertenece la aspiración a realizar el valor de
Belleza, y ésta, en cuanto tal valor o principio de orientación espiritual,
se encuentra substraída a las determinaciones del tiempo, se dice que el
arte es eterno, no obstante que ninguna de sus obras, por alta que fuere,
puede reputarse perfecta e idéntica al valor, ya por la mera limitación
que le impone el hecho de manifestarse bajo una forma concreta cuya
determinación excluye otras infinitas formas de belleza. Pero no sería obra
de arte, por otra parte, la que renunciara a realizar el valor de Belleza
—problema distinto es el del grado en que lo consiga—; de manera que
aun la mínima obra artística, el más desdichado engendro, participa, por
esa esencial intención, de la eternidad que al valor le es propia. De ahí
la legitimidad de proclamar eterno el arte, contra la cotidiana y universal
experiencia que nos lo muestra perecedero, y hasta sometido a las alter­
nativas de la efímera moda.
Eterno, sí; pero, al mismo tiempo, ligado al decurso histórico, y li­
gado en modo tan íntimo y, a su vez, esencial que, en nuestra aprecia­
ción del logro estético, esto es: en nuestro juicio de valor, tomamos
siempre en cuenta, de modo consciente o inconsciente, el elemento de la
temporalidad. Si una obra artística no es de su tiempo , queda por ello
desvalorizada, cualesquiera sean sus demás cualidades; en el caso de má­
xima elasticidad, cuando es producto de un artista rezagado, la desvalo­
rización será relativa; más allá de ese límite, entra en la categoría de
pastiche, de falsificación, mientras que las obras valiosas del pasado, a

7

�las que tal vez imita con destreza, valen desde su tiempo, desde su tiempo
se dirigen a nuestra sensibilidad actual.
2) La historicidad del arte.
Si ninguna obra de arte, por subida que sea, puede lograr la eterni­
dad a que aspira; si toda obra se encuentra ligada ai su tiempo, y el hecho
de que así sea es condición para que aquella aspiración pueda estimarse
en alguna medida realizada, habrá que afirmar ya por principio lo que
sabemos por vías de experiencia: que el arte es un producto histórico,
manifestación concreta, relativizada, del espíritu, igual que todos los
demás productos de cultura, dependiendo por lo tanto para sus confi­
guraciones particulares de la realidad histórico-social en cuyo seno surge.
Partimos, pues, de la determinación según la cual el Arte se define
por la intención de realizar el valor absoluto de Belleza; pero esa inten­
ción reúne, caracterizándolos como obras de arte, los objetos más hetero­
géneos: un templo o un palacio, un retrato, una marcha militar, el relato
de un acontecimiento, real o fingido... A propósito del cine, se ha ha­
blado de arte nuevo; y nada impide, en verdad, que, así como en el pasa­
do se ha hecho arte —es decir, se ha aspirado a realizar la belleza—en los
objetos que conocemos como obras artísticas, otros diferentes vengan en
el futuro a agregárseles o a sustituirlos en su empeño.
Tal variedad, y cuantas variaciones puedan señalarse en el ámbito
del Arte, provienen de su condición histórica, como de ella procede tam­
bién el cambio sufrido a lo largo del tiempo por algunas artes: por ejem­
plo, la evolución de la pintura, o la evolución de la música. Pues bien,
al aspecto de la temporalidad en el Arte ha de ceñirse la consideración
sociológica; la Sociología sólo desde el punto de vista de su realización en
el tiempo, no desde el de la eternidad del valor, es capaz de aprehender
el Arte. Sobre la calidad estética no se pronuncia; limítase a averiguar y
poner de relieve los condicionamientos sociales a que está sometida su
producción, y las repercusiones de su presencia, de sus vigencias, de sus
frutos, sobre la sociedad misma de donde ha brotado.

8

�III. EL ARTE COMO SISTEMATIZACIÓN PARTICULAR
DENTRO DEL CAMPO DE LA CULTURA
Parando la atención en el conjunto de los objetos, heterogéneos en
extremo, que la intención estética califica como obras de arte, se observará
que en su mayor parte presentan otro sentido, distinto del que les con­
fiere dicha intención, y que por sí solo bastaría a justificarlos. Una igle­
sia, por mucho que su mérito artístico sea, es siempre y ante todo un
templo asignado al culto religioso; una composición musical puede tener
la finalidad de despertar emociones patrióticas o actitudes militares; un
relato literario puede perseguir la diversión del lector; una estatua, honrar
la memoria de un héroe; y ello, sin perjuicio, en ningún caso, de su valor
como obras de arte. A la vez, objetos análogos pueden darse, y se dan,
con plenitud de sentido, aparte de cualquier aspiración a la belleza: un
retrato que sólo aspira a fijar el parecido, una casa que sólo responde
a criterios de utilidad, etc.; y si, pese a ello, contienen alguna belleza,
será éste un resultado imprevisto, casual.
Pero, al mismo tiempo, se descubre también dentro del campo artís­
tico la existencia de objetos —cierto tipo de música, de poesía, de pinturatan predominantemente asignados a la finalidad estética que, sin ésta,
apenas tendrían sentido. Son puros objetos de arte; y respecto de ellos
nos será fácil obtener la convicción de que, en la historia del Arte, son
los menos abundantes y, por otro lado, resueltamente modernos: lo nor­
mal es que, junto a la finalidad estética, la obra de arte persiga o la utili­
dad, o el juego divertido, o la ostentación lujosa, o en definitiva el ser­
vicio de alguna otra finalidad ajena a la Belleza. Contemplemos, en suma,
los productos del llamado arte primitivo: obtendremos la impresión —que
la antropología confirma— de que sus creadores, artistas maravillosos a
veces, no se proponían hacer arte al fabricarlos, sino alguna otra cosa.
Más aún: lo que investiga en las culturas primitivas el antropólogo como
arte, religión, derecho, ciencia, instituciones, se le aparece en verdad for­
mando un todo indiscernible al que el hombre actual se esfuerza por
ajustar sus categorías propias, constituidas en una deliberada separación

�de los sectores culturales por virtud de la cual el derecho se distingue
bien de la moral, y ésta de la religión, y la religión del arte, y así suce­
sivamente; pero allí no hay tal separación: el arte primitivo yace, in­
distinto, con todas las demás manifestaciones de una cultura todavía no
diversificada, en el fondo del folklore. Mas, conforme el despliegue téc­
nico de la civilización hace evolucionar los contenidos primarios de una
cultura, ésta se despliega, por efecto de la diversificación interna, en sis­
tematizaciones independientes hasta cierto punto, o cuando menos dota­
das de una tendencia a independizarse; de tal manera que, por cuanto al
arte se refiere, aquella destreza manual que siempre fué prenda del artis­
ta, alfarero, imaginero, alarife, orífice, pintor, etc., y que dotaba de
belleza sus obras, destinadas a fines diversos, aquella perfección del ofi­
cial, pasa a convertirse en el verdadero y supremo fin de su actividad,
y el obrero, con ello, en un sacerdote de la Belleza al servicio cuasi di­
vino de un valor eterno.
Tal sustantivización de la actividad artística, que la aísla dentro del
ámbito de la cultura y le confiere, además, una particularísima dignidad,
no puede, sin embargo, como es comprensible, desconectarla de la reali­
dad social en cuyo seno se produce, por más que dé lugar a una concien­
cia muy aguzada del sentido estético como primordial momento de la
creación artística, y de la aspiración que le es esencial hacia el valor de
belleza, situado fuera del tiempo. En su determinación concreta, el arte
no puede dejar de ser histórico, y de estar perfectamente localizado en
el tiempo y en el espacio. Así, el llamado “arte puro” no es sino el arte
de una época de cultura avanzada, quizás decadente; y por mucha que
su pureza sea tendrá que estar repleto de referencias al mundo que lo
rodea, no menos que el arte mágico, el arte religioso o el arte suntuario
de otras épocas.
La sociología del arte cumple la misión de descubrir, apurar y orde­
nar esas referencias en su conjunto, situando el arte dentro de su marco
histórico, como fenómeno surgido de una realidad social, y susceptible de
repercutir sobre ella y de modificarla en alguna medida.

10

�IV. REPERTORIO DE PROBLEMAS PARA UNA SOCIOLOGÍA
DEL ARTE
1) Puesto del arte en la sociedad.
b
•y
Hemos señalado ya cómo, en fases tempranas de la cultura, el arte
aparece confundido con el resto de las manifestaciones objetivadas del
espíritu, a la manera de aspiración a la belleza vinculada sin particular
discriminación a las prácticas religiosas, al ejercicio lúdico, a las técnicas
industriales. Un aprecio especial del resultado bello en las creaciones hu­
manas está unido en su progreso a la interna diversificación de la socie­
dad por crecientes desdoblamientos funcionales; y sólo cuando la finali­
dad estética ha alcanzado así un cierto grado de autonomía y, con ella,
se ha desenvuelto la noción del Arte como algo sustantivo, es posible dis­
tinguir el papel que el arte cumple en la sociedad. Antes de haberse lle­
gado a ese punto, no podrá reconocérsele otro influjo específico que el
representado por la mayor estimación hacia el artesano más diestro y sus
rendimientos bellos. En cuanto al puesto que ese productor de arte ocupe
en la sociedad, no será otro que el reservado a aquella actividad con cuya
ocasión realiza su obra estética; y si se piensa en las distintas oportun!
dades de producir bellamente —ya en actividad industrial para la fabri­
cación de objetos útiles o de valor suntuario, ya en actividad ceremonial
como la que despliega el mago o sacerdote, ya en actividad de puro juego
para diversión de la clase alta— será fácil imaginar la posición del artista
oscilando entre los extremos de lo vil y de lo sagrado (tanto más, qué.
todas esas actividades pueden darse en una estrecha vinculación recípro­
ca) con característica ambivalencia de la que ahora no hemos de ocu­
parnos.
Pero tan pronto como empieza a reconocerse la sistematización cul­
tural llamada Arte y, con claridad mayor o menor, se atribuye sentido
al hecho de que ciertos hombres ejerciten una actividad cuyo principal
fin sea la realización del valor estético, surge la cuestión acerca del puesto
correspondiente a dicha sistematización dentro del orden social. Para fi­
jarlo, habrá que considerar el complejo de valores que en la sociedad

11

�prevalece. Resultará evidente por sí mismo que en una sociedad de tónica
militar merecerá una estimación mínima, quedando relegada a posicio­
nes ancilares como mero recreo afeminado o propio de gentes inferiores;
mientras que en una sociedad de tónica burguesa, comercial, encontrará
oportunidades honrosas y el sumo aprecio de factores cambiantes, estando
sometido a las oscilaciones que experimente su estructura por efecto del
movimiento histórico-social y, consiguientemente, el plexo de valores que
la dominen. Todo un cuadro de correlaciones podría establecerse, a par­
tir de datos históricos, entre el tipo de sociedad y el puesto reservado en
ella al Arte, mediante una investigación que hallaría cómodo centro en
el conocido contraste de Esparta y Atenas. Y claro está que para llevar
a cabo ese trabajo, el punto de orientación más firme sería el suminis­
trado por las posiciones sociales de los artistas mismos, fijadas con refe­
rencia a otras profesiones y sus respectivas posiciones sociales. Muy su­
gestiva resultaría la tarea de aportar algunos ejemplos, mostrando con
ellos cuán ilustrativos son ciertos hechos para esclarecer las situaciones
sociales y los fenómenos de transición; pero eso dilataría los estrictos már­
genes del presente esquema. Digamos, en términos generales, que el arte
sistematizado, al ser propio de una fase cultural muy madura con rica
diversificación social interna, ocupará un puesto elevado y disfrutará
de una consideración que será más o menos extensa según el peso re­
lativo del sector social que lo sostiene, pero que puede llegar, dentro
de ese sector al grado supremo.
2) El organismo del arte; su estructura.
Observábamos antes que el Arte se concreta históricamente en una
sistematización cultural que agrupa multitud de objetos heterogéneos.
Pero, no por serlo, se nos presentan éstos como un desordenado montón
de productos humanos coincidentes en el solo hecho de responder por
su factura a incitaciones estéticas. Lejos de ello, la sistematización cultu­
ral denominada Arte ofrece en su seno una ordenación precisa que dis­
tribuye sus elementos individuales y liga entre sí las obras artísticas, en­
cauzando su despliegue. El Arte —¿quién lo ignora?— está integrado por

12

�las varias artes que sendas Musas presiden, y que son otros tantos sistemas
aislados dentro de la gran sistematización cultural del Arte, cada uno de
ellos con sus técnicas propias, sus propias tradiciones y una evidente auto­
nomía de desarrollo, sin perjuicio de interferencias y recíprocos influjos.
Situadas dentro del proceso histórico, cada una de las artes posee su pro­
pia historia, de manera que hay, no sólo una Historia del Arte en general,
sino también, y quizás dotada de mayor trabazón, una historia de la
Pintura, una historia de la Música, de la Literatura, etc.
Constituye, pues, el Arte un organismo en el sentido de que, si bien
en principio carece de límites y es omnímoda la posibilidad que el hom­
bre tiene de objetivar su percepción de la belleza, de hecho realiza esa
operación dentro de técnicas rigurosas, que integran la aportación indi­
vidual a una común tradición, y dentro de las cuales hay un avance
gradual en la línea del proceso histórico, por cuyo efecto presenta el arte
esa nota de vinculación al tiempo de la que antes Hablábamos. El abi­
garrado conjunto de aquellos objetos heterogéneos unificados como obras
de arte por la intención estética que les es común, están, así, distribuidos
y ordenados —no artificialmente y desde fuera, sino por determinación
intrínseca—, de manera tal que, por ejemplo, el Orlando Furioso perte­
nece a la Literatura, y ahí se sitúa dentro de una tradición, responde a
unas técnicas, ocupa su lugar en una historia; la catedral de Reims per­
tenece a la Arquitectura, donde encuentra su puesto exacto; la Sinfonía
pastoral pertenece a la Música, y en su sistema debe encajar...
Se entiende, por supuesto, que la existencia de tales sistemas —las
diferentes musas— no cierra el camino a cualquier futuro desarrollo artís­
tico ajeno a sus tradicionales cauces, de igual manera que tampoco los
géneros dentro de cada uno de aquéllos tampoco impiden la renovación
e invención. Una nueva técnica material, como ha sido la aportada por
el cinematógrafo, puede dar ocasión a que se despliegue un nuevo sis­
tema, una nueva Musa, un arte dotado de verdadera autonomía y des­
prendido de las antes conocidas formas de figuración artística.
En relación con el organismo del arte, registrará la Sociología un
último rasgo lleno de significación: en cada punto del proceso histórico,
y cualquiera sea el puesto atribuido en la sociedad al Arte en general.

13

�alguna de las artes disfruta una primacía, cuyas causas deben averiguarse
en colaboración con la historia de la Cultura.
3) Cómo influye la realidad social sobre el contenido del arte.
Algún motivo de índole cultural-social ha de encontrarse detrás de
esa primacía histórica de un arte sobre las demás artes. En general, todos
los materiales, tanto como los motivos, con que el arte edifica sus obras
están extraídos del ambiente histórico-social a partir del cual el artista
crea. La originalidad de éste radica en la selección y combinación de tales
elementos con vistas a erigir un complejo dotado de eficacia estética, por
el que merecerá ser apreciado como creador. Pero los criterios de belleza,
los ideales estéticos establecidos mediante la obra, los módulos levanta­
dos en su operación, están condicionados de modo riguroso por el am­
biente social, a tal extremo que, según creo haber mostrado de modo
convincente en mi Tratado de Sociología, hasta la posición respectiva de
los grupos raciales en orden al poder político-social dentro de la comu­
nidad se reflejan en los ideales estéticos de ella, tanto como las confi­
guraciones del territorio físico sobre el que ha cuajado su cultura. A
partir de datos naturales tan primarios como son el tipo racial y el paisa­
je, ¡qué hecho de la realidad ambiente no marcará su impronta, actual
o potencialmente, sobre las creaciones artísticas! Por más que el Arte
aspire a lo absoluto, sólo en el terreno de la contingencia histórica puede
intentarlo; se produce dentro de una concreta realidad social, y se nutre
de los motivos, estímulos y materiales que éste le ofrece, adquiriendo por
su parte consistencia a través de formas y estructuras pertenecientes a los
comunes procesos de socialización. Descubrir las correlaciones entre esa
realidad y los contenidos del arte, sus tendencias y sus modalidades, es
una de las tareas más inmediatas del trabajo sociológico, y aquella en
que más ha abundado, como testimonian sobre todo los escritos de Taine.
4) Cómo influye el arte sobre la realidad social.
La misma actividad artística que en tan amplia escala de particulari­
dades refleja el ambiente social dentro del cual se produce, actúa, a la

14

�inversa, repercutiendo sobre la realidad social. Y ello, en primer término,
por cuanto dicha actividad es la que, mediante la objetivación artística
que produce, fija los criterios acerca del valor de belleza y los dota de
vigencia en la comunidad. El juicio que un objeto cualquiera, natural
o artificial, persona, paisaje u obra humana, merezca a la gente que
aprecia su belleza o fealdad, se encuentra respaldado siempre, haya o
no conciencia del hecho, en la educación del gusto mediante una tradi­
ción artística a través de cuyos módulos contempla la realidad el obser­
vador. En tal educación del gusto, como en todo proceso educativo, entra
en juego el principio de autoridad, el prestigio que sostiene unas normas
y rechaza otras hacia su abolición; y es evidente que la evolución del
gusto a lo largo de la historia está dirigida por los procesos creadores
que la historia del Arte registra.
Más, aun cuando ésta sea la principal, no es la única repercusión
del arte sobre la realidad social en torno. Desde siempre le han atribuido
los sociólogos dos funciones, que suelen apreciarse alternativamente, pero
que nada impide admitir en concurrencia: la de sublimar energías so­
brantes y la de prestar satisfacción simbólica a deseos o impulsos cuyo
efectivo cumplimiento carece de oportunidad en el mundo real. En ver­
dad, lejos de ser incompatibles ambas alegadas funciones, consienten ser
identificadas, puesto que la satisfacción simbólica o imaginativa de un
impulso equivale a la sublimación de la energía por su represión; meca­
nismo que la creación artística comparte con otras objetivaciones del
espíritu, asimilándola al juego en su múltiples manifestaciones, con sus
carácteres de gratuidad, de ficción y de diversión.
En modo también accesorio, se incorporan al ejercicio del arte, al­
canzando en él cumplimiento socializado, motivos de prestigio social, de
cortejo erótico, de lucro económico, y otros. Cada uno de tales motivos
presupone una determinada condición ambiental para hacerse efectivo
por esa vía: se comprende, por ejemplo, que la lucha de prestigio a través
del arte implica un cierto grado de consideración y respeto social para
el artista, sin lo cual esa lucha tendría poco sentido; que el cortejo eró­
tico implica una participación de la mujer en el culto de los valores esté­
ticos; el lucro, una cotización comercial del producto artístico, etc.

15

�5) La organización social del Arte.
Por último, y como estudio más propio y directo de la sociología
del arte, corresponde a esta ciencia investigar las formas y estructuras so­
ciales que su ejercicio asume o que de él derivan, tanto en el presente
como en el plano histórico, estableciendo su relación con las formaciones
sociológicas fundamentales.
Nos hallamos en presencia de una sistematización cultural demarca­
da en el seno de la sociedad. ¿Cómo se organiza? ¿Cuáles son sus sectores?
¿En qué estructuras sociológicas encaja? ¿Con qué instancias sociales se
relaciona, y cómo? Todas estas cuestiones, y otras por el orden, deben
constituir materia de investigación especializada hasta proporcionar un te­
mario de monografías del que pueden dar idea los epígrafes siguientes:
a) Desarrollo histórico-sociológico de las artes particulares. Las es­
cuelas; las generaciones artísticas.
b) Papel social reconocido al arte en la sociedad: industria, diver­
sión, adorno, lujo ...
c) Modo normal de su ejercicio: gremialismo, servicio privado, ser­
vicio público, libre iniciativa y competencia.
d) Jerarquización dentro de cada arte: espontánea (por obra de
la ley de oferta y demanda, de la opinión pública) ; oficial (bu­
rocracia artística, premios, academias).
e) Posición social del artista: profesional (libre, agremiado, a suel­
do, funcionario, esclavo) ; diletante, aficionado.
/) El destinatario del arte: magnates, particulares, público indeter­
minado, instituciones (Iglesia, Estado, municipio, club...).
g ) Arte mayoritario y minoritario; arte-espectáculo y arte para ar­
tistas: el esteta, el “connaisseur”, el “snob”.
h) Transfondo político y económico en las actividades artísticas.
Etcétera.
Para muchas de estas cuestiones existe apreciable bibliografía; otras
están prácticamente intactas.
F rancisco A vala

16

�ENCUENTRO
LA SOCIOLOGÍA

CON
DEL A R T E

yos de sociología del arte publicados hasta ahora; hecho bastante cu­
rioso por cierto cuando se piensa que la sociología tendrá que llegar a ser
fundamental ciencia del espíritu de nuestro tiempo, así como la historia
lo fué del pasado. Tal vez las razones sean muchas, desde la insuficiencia
de la sociología en general, en lo que a métodos se refiere hasta el tono
de improvisación que le han dado los literatos transformados en soció­
logos, la manía de comparar momentos históricos aparentemente pare­
cidos y la confusión de aquella ciencia con la política; pero no es mi
piopósito analizarlas en este artículo sino señalar tan sólo un fenómeno
que advierto en Europa y que favorecerá a mi juicio el desarrollo de tal
disciplina.
Quiero agregar, como prólogo, que hasta ahora la incipiente inda­
gación sociológica del arte se ha ejercido en el campo del que goza o
del que crea, sin que se haya advertido suficientemente que ella debe
reposar sobre una confrontación de ambas actitudes entre sí y con la
estructura económico-social, so pena de perderse el investigador, como

17

�ha sucedido más de una vez, en una confusa divagación politicista, en el
primer caso, o en una estéril divagación esteticista, en el segundo, ambas
ajenas por completo al problema mismo que se debe considerar. He de
confesar, no obstante, que las dificultades son múltiples porque no existe
en el plano del arte, o mejor dicho, no existía, ninguna claridad.
Si se contempla el panorama de la creación artística desde el último
cuarto del siglo pasado, se advierte que tanto los movimientos de grupo
que se produjeron hasta la liquidación del superrealismo, como los pura­
mente individuales que se han multiplicado en los últimos años, obede­
cen a una búsqueda de elementos expresivos de tal modo subjetiva, que
no llegan a configurar un lenguaje. El hecho, a mi juicio evidente, de
que la palabra misma haya caído en descrédito, favoreciendo todo los her­
metismos, no hace más que señalar ese tono individualista aludido, por
cierto muy diferente del que impusieron los románticos, para quienes
el arte fué ante todo y sobre todo un lenguaje. Los artistas contemporá­
neos empeñados por encontrar la palabra propia han desdeñado la comu­
nicación: se puede decir así porque no hay lenguaje posible sin un
mínimo de comprensión, por lo menos en determinados grupos sociales,
por pequeños que ellos sean. Quizá haya que señalar como excepciones
el futurismo y el superrealismo, pero los dos movimientos, por distintas
razones, abortaron rápidamente, dejando tan sólo un tesoro de experien­
cias que no podrá ser desdeñado por los artistas del futuro.
En contraste con esa actitud, lo que se advierte en la producción
artística europea de hoy —me refiero, claro está, a la de los jóvenes pro­
gresistas— es la búsqueda de formas que superen el plano de la mera
subjetividad, para llegar a constituir un verdadero lenguaje de nuestro
tiempo. Todos comprenden, aunque varíen los conceptos y los proce­
dimientos, que de nada valen las experiencias puramente personales y
que no se llega al arte de verdad sino en la medida en que las formas
se unlversalizan como lenguaje; en consecuencia las búsquedas están orien-

�tadas en un sentido radicalmente diferentes al de los mayores. Por esta
razón tal vez las disparidades estéticas se acentúan ahora y comienza a
desaparecer vertiginosamente aquella idea de que toda obra de arte puede
ser valiosa, cualquiera sea la orientación a que obedezca, con tal de que
tenga calidad. Se comprende de que la tan mentada calidad no es más
que el fruto de una invención sensible personal y los artistas jóvenes
saben que el problema no es el de inventar formas de acuerdo a vagas
resonancias en el espíritu de cada uno, sino el de contribuir a la formación
de una lengua, con la cual ha de ensayarse la construcción estética de
nuestra visión del mundo; comprenden la falacia del concepto de calidad,
basado en ciertos refinamientos de la sensibilidad creadora, y por tanto
piensan que la intuición sensible de cada uno debe ejercerse en el plano
de la intuición sensible de los demás.
¿Puede extrañar entonces que abunden las desestimas entre los gru­
pos como para que sea imposible alguna conciliación?
Los impresionistas pudieron admitir en su seno, y hasta venerarlo
como maestro, a un robusto naturalista como M anet, y en el grupo de
los jauves no faltaron representantes de una estética diferente; aún entre
los cubistas de la primera época, a pesar de que fué el de ellos un movi­
miento de mayor unidad, se advierte ahora que fueron muy diferentes
entre sí y las semejanzas bastante superficiales (Braque me ha confesado
que nunca se sintió cubista); y en lo que se refiere a los superrealistas,
¿cómo cohonestar el encendido pintoresquismo imaginativo de un M ax
E knst con el lirismo de un T anguy, el erotismo mediterráneo de un
D elvaux, el seudonaturalismo de un D aly y el decorativismo de un
M iró? Todos sin embargo pudieron considerarse componentes de un mis­
mo grupo, en su hora, porque bastaban las coincidencias estéticas y con­
servaban cada uno plena libertad para enviar su mensaje propio. Ahora,
en cambio, no sólo los grupos son pequeños, porque las coincidencias
deben ser totales, sino que se niegan entre sí de un modo casi absoluto,
sin violencias empero, como si la actitud dependiera de una convicción
pi ofundamente arraigada. Esto ocurre, a mi modo de ver, porque lo que

19

�se busca apasionadamente es la creación de una lengua expresiva de los
ideales de nuestro tiempo y accesible a los más, con lo que viene a com­
pletarse el esquema sociológico enunciado al comienzo. Porque desde el
momento en que un artista se propone crear con palabras dadas, renun­
ciando a ser personal de modo absoluto, supera toda posición esteticista
y entra en el dominio de la única estética legítima: la que procede de
actitudes vitales completas.
No es una coincidencia casual que la totalidad de los pintores y
escultores progresistas que he conocido en España, Italia, Bélgica, Ho­
landa, Suiza y Francia pertenezcan a los partidos de izquierda, la mayo­
ría de ellos comunistas. Y tampoco es casual que, entre éstos, muy pocos
obedezcan las equivocadas directivas del partido y luchen, en cambio,
por imponer las formas que crean, las únicas revolucionarias, es decir,
aquellas que implican una superación de todos los individualismos; que
luchen, además, por crear una pintura y una escultura que pueda con­
cillarse con la arquitectura, y que no sea la expresión del pequeño mundo
de las cosas, necesariamente limitado a causa de su fraccionamiento, sino
del gran mundo de los tensiones y fuerzas reciprocas.
Tal fenómeno, absolutamente nuevo, que no comprenden un Braque,
un Laurens, un Brancusi o un Carrá, ha forzado las actitudes estéticas
de los demás, y por tal razón se advierte que, por detrás de cada sistema
de signos —lo mismo en el cubista que en el abstractista, o en el superrealista, o en el fauve, o en cualquier otro— se agita una actitud vital, un
ideal político, una concepción social, porque cada uno sabe que el arte
que cultiva es la expresión de un mundo existente que aspira a perdurar
o de un mundo que se anuncia. Y de este modo el crítico se encuentra de
manos a boca con la sociología del arte, vale decir, con los elementos para
formularla y ahondarla; y comprende además que no es posible juzgar el
arte de acuerdo a principios estéticos pretendidamente autónomos, sino
que es necesario hallar razones para ellos que se encuentran en el fondo
abisal de la conciencia sociopolítica de la época.
En América no son fáciles de captar, en general, los fenómenos que

20

�pueden justificar una sociología del arte, pues los movimientos artísticos
de avanzada obedecen todavía a posiciones más bien esteticistas que
enmascaran las posiciones sociales, debilitando el pensamiento creador.
Pero en esta Europa de post guerra, en la que todos han debido hacer
una experiencia por demás dolorosa, ya no valen ciertos engaños y los
más inteligentes o los más sensibles calan hondo en búsqueda de la
verdad.
De manera deliberada, no quiero emitir juicio alguno en este artí­
culo sobre las obras, pues necesito de algún tiempo para que se decante
tanta experiencia. Tan sólo quiero señalar como anticipo a los ensayos
que escribiré en Buenos Aires, la urgencia que se siente aquí de una
indagación sociológica, la única que podrá vigorizar la crítica desmayada
y estéril que se viene haciendo.
J orge R omero B rest

París, abril 15 de 1949.

21

�hibliograf
E S T É T I C A

Y

S O C I O L O G Í A

T AS VINCULACIONES DEL ARTE CON LO SOCIAL SON MUÉ* chas y, en definitiva, la valoración de la obra de arte se efectúa en una
instancia sociológica. Que ella sea producto de una decantación a través
de élites especialmente capacitadas para dar fallos axiológicos o bien que
esos fallos sean de carácter universal, definitivos o transitorios, esa valo­
ración siempre ostentará —más o menos marcado— el signo de lo social.
La estética, pues, no puede prescindir del enfoque sociológico, aunque
él diste mucho de ser exclusivo. El problema estético ofrece múltiples
facetas y aun estudiando todas ellas en conjunto no se ha podido hasta
ahora lograr soluciones definitivas. Pero sin duda el factor social es uno
de los grandes puntos de apoyo, como en otro sentido lo es el psicológico.
Numerosos estudios se han realizado para aportar soluciones estéticas
desde el punto de vista sociológico, pero a la vez ellas difieren entre sí,
tanto como las distintas escuelas de sociología. Lo indudable es esto: que
la estética no puede dejar de lado el punto de vista sociológico y que la
sociología no puede menospreciar el problema artístico. Pero si la socio­
logía debe encarar el estudio de la obra de arte —un producto de la acti­
vidad humana susceptible de valorarse socialmente— ella es incapaz de
abarcar el problema estético en toda su magnitud, con sus implicaciones
psicológicas, filosóficas y las puramente históricas. Lo difícil para un
sociólogo es delimitar convenientemente su campo de investigación, apor­
tando luego a la Estética los resultados parciales que haya podido alcan­
zar. Esto exige una gran probidad científica y una plena conciencia de
la vastedad de ambos problemas en sí: del estético y del sociológico.
Roger Bastide es un ejemplo en tal sentido. En su libro Arte y
Sociedad 1, se propone un estudio científico, estrictamente positivo, del
problema sociológico del arte y para ello se esmera en circunscribir su &lt;
campo, desechando toda incursión en el terreno filosófico a fin de no
perderse en abstracciones metafísicas. No puede eludir una cuestión previa

22

1 R oger B astide, Arte y Sociedad, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1947.

�y la aborda con gallardía: el problema axiológico implícito en el pro­
blema estético. Admitida la imposibilidad de una estética no valorativa,
realiza un fino análisis de la axiología y su aplicación en lo social. Parte
de esta premisa: existen valores, existen sociedades; y apoyándose en las
conclusiones de la sociología norteamericana de Giddings y del francés
Richards, establece que “no es el régimen de producción, la infraestruc­
tura económica, lo que explica las ideologías estéticas, sino, al contrario,
la concepción estética de las cosas la que regula y dirige la vida econó­
mica”. El planteo es, pues, de un interés indudable. La ley de la sacie­
dad establecida por sociólogos y economistas partiendo de lo psicológico
—la ley de la utilidad última, basada en la decreciente valoración de las
necesidades a medida que las satisfacemos— no crea valores; al contrario,
los anula. La creación de valores sólo puede provenir de la subordinación
de lo económico a motivos ideales superiores.
He aquí aue el autor, sociólogo positivista, no teme plantear de en­
trada esta seria cuestión. Y al subordinar lo económico a motivos ideales
superiores, hace de la axiología sociológica el centro, el nudo de la socio­
logía general. ¿Cuáles pueden ser esos motivos ideales superiores a los
que se subordina lo económico? Para Bastide son motivos estéticos, cul­
turales. Aun admitiendo sólo estos últimos, en ellos está comprendido el
arte. Así, podríamos aceptar con él que la estética depende tanto de la
axiología como de la sociología, puesto que la evolución de la cultura
sólo puede explicarse sociológicamente. Pero al mismo tiempo vemos
que la sociología se supedita a una interpretación axiológica; y que por
la subordinación de lo económico a motivos ideales superiores, esa axio­
logía social depende a su vez de una concepción estético-cultural.
Estamos, pues, frente a un círculo vicioso de interdependencias contra
las que se estrella el particularismo científico, el prurito clasificatorio y
jerárquico del positivismo. No debe hablarse de dependencias o subordi­
naciones, sino simplemente de ligaduras y relaciones. Otra confusión se
produce por fallas del lenguaje al no hacerse un distingo entre estética
y arte, distingo indispensable como ya lo hemos señalado y según volve­
remos a verlo más adelante.
Después de un minucioso análisis de los distintos aspectos que ofrece
el problema del arte desde un punto de vista estrictamente sociológico
—Jos intentos realizados desde Comte hasta nuestros días para construir
una estética sociológica, los estudios hechos para establecer el origen de
las artes, el problema del productor de arte con relación a su medio y el
del arte y las instituciones sociales— llega Bastide a la conclusión de que

23

�es más patente el divorcio que la ligadura entre la infraestructura econó­
mico y la estructura ideológica. “Nuestro objeto ha sido ante todo -dicever cuáles eran las funciones formales de los diferentes grupos sociales,
si actuaban sobre el arte como instrumentos de división, de conservación,
de creación o de propagación.” Con ello limita considerablemente la esfera
de la sociología con relación a la estética. Limitación muy justa y opor­
tuna. Aquélla se reduce a una observación de hechos puramente formales,
que el autor reconoce es el solo terreno en que deben situarse las in­
vestigaciones de este tipo.
Al final plantea otro problema de fondo: si la estética y la sociología
son o no ciencias normativas. Se cierra así el libro con un interrogante
tan fundamental como el primero. Tiene esta obra, pues, el mérito de
afrontar los dos asuntos más riesgosos para el método positivo que se ha
impuesto: fijar las bases de una axiología social y establecer si el arte
y la propia sociología pueden ser normativos. En realidad, son dos as­
pectos del mismo grave problema; ambos interrogantes están estrecha­
mente vinculados. Y lo notable es que Bastide no teme llegar a la con­
clusión más desalentadora para un sociólogo. ¿Qué ideal —se preguntapuede recomendar una sociología positiva? Una serie de atinadas obje­
ciones interpone al empeño de Lalo en definir el ideal como “lo normal
futuro”, indefinible a su vez, por lo cual sus conclusiones no son sino
una escapatoria. Bastide, más prudente, se recoge dentro del campo estric­
to de su sociología positiva “abandonando la idea de una estética nor­
mativa, dejando la cuestión a los filósofos, los únicos competentes en la
materia”.
Al estudiar la estética fenomenológica de Geiger1, advertimos la
desesperación del filósofo al no hallar el camino seguro para constituir
la estética como ciencia autónoma. La estética seguirá “sacudiándose como
una veleta” ante cualquier racha filosófica, científica o cultural. Y resignadamente deberá volver a refugiarse en el regazo materno: en la filo­
sofía. Ahora vemos cómo un sociólogo, después de abordar científica­
mente el problema estético queriendo captarlo dentro de su especialización, en última instancia se remite también a la filosofía. Por dos ca­
minos distintos, los esfuerzos para dar una base científica a la estética
resultan vanos.
La estética no puede prescindir de la sociología —¿acaso algún aspecto
de la vida humana escapa enteramente a lo social?— y a su vez la socio1 Un panorama actual de la estética. Ver y Estimar, N? 4.

24

�logia no puede prescindir del arte. Estética y sociología se complementan,
pero las fuentes de la estética no se agotan en lo social.
Este es el balance positivo del libro de Bastide. Es, además, un nuevo
intento fallido para dar una base científica a la estética. Ésta podrá apli­
car parcialmente los métodos científicos. Escudriñar, por ejemplo, el ori­
gen de las artes; plantear, como Lalo, el problema de si el arte es o no el
reflejo de la sociedad. El origen de las artes ha sido objeto de serios
estudios y aunque las conclusiones son imprecisas —como resultado final
sólo puede hablarse de una preestética en los pueblos primitivos— los
datos aportados son suficientes para establecer que el elemento comuni­
tario o social es mayor a medida que nos alejamos en el tiempo, aunque
nunca desaparezca totalmente la parte de creación personal. Podrá com­
probarse por el método sociológico que en ninguna forma —directa o
indirectamente— el productor de arte escapa a la influencia de su medio.
Y que la función valorativa depende en última instancia de grupos so­
ciales, tales como, p. ej., los snobs, intermediarios entre el artista y el gran
público.
Muchas contribuciones como éstas puede aportar la sociología. Pero
toda su experimentación ha de realizarse concretamente frente al arte
—producto de la actividad humana susceptible de valorarse socialmente—
sin pretender sobre esa base fundamentar la estética, problema que rebasa
el de la obra de arte misma. Todo intento de esa índole no hará sino
empequeñecer el problema estético, que es mucho más vasto y más pro­
fundo. Las posibilidades de su autonomía —como ciencia— son todavía
muy remotas. Por lo tanto habrá que seguir considerándolo, fundamen­
talmente, un problema filosófico.
A lfredo E. R oland

ARTE

y

s o c i e d a d

T A PRESENTACIÓN DE UNA DE LAS OBRAS PRINCIPALES DEL EMINEN-

te critico de arte inglés, Herbert Read, se ha hecho ya en VER Y ESTIMAR J,
de manera que su modo de plantear sus problemas, su dialéctica aguda y cristalina,
y la ausencia de pensamientos sinuosos estarán en el recuerdo del lector.
1 Art. Now - N? 6, págs. 40-46.

25

�Otro de sus libros fundamentales, ART AND SOCIETY1, ha sido dedicado a
un estudio exhaustivo de las relaciones existentes entre la sociedad como ente socio­
lógico y los creadores de la obra de arte como entes individuales. Read se acerca al
tema no desde la ancha base de la sociología sino desde el enfoque parcial de las
artes plásticas. Innegablemente piensa y escribe mucho más en su carácter de crítico
e historiador de arte, que a su vez es capaz de escribir buena poesía, que como so­
ciólogo en el sentido científico más ceñido de esta rama de las ciencias especulativas.
El plantea, como buen inglés, sus problemas y puntos de vista bajo un aspecto emi­
nentemente práctico y positivista, yendo directamente a las cosas y a los ejemplos
materiales, más que partiendo de una base netamente sociológica. Es capaz de hacer
abstracción casi total de todo carácter sistemático y cerrado en sus enfoques y como
resultado logra que la lectura de este excelente libro suyo se haga no sólo placentera
sino amena, fuera de la gran riqueza de ideas originales que brinda al lector.
En sus consideraciones básicas Read distingue el arte como factor económico y
como factor ideológico. Arte no se crea, según él, para llenar necesidades económicas
ni para expresar ideas o credos religiosos o filosóficos, sino para conformar como
valor autónomo un mundo sintético y auto-existente, en un modo de encarar la
percepción de algunos aspectos de verdades y realidades universales por un individuo.
Necesariamente arte tiene relaciones con religión, política y todos los demás
modos de reacción del hombre hacia su destino. Pero como tal es diferente y contri­
buye en su propio fuero y derecho al proceso integrador de lo que convenimos en
liamar cultura. El arte comienza como actividad solitaria, y solamente a medida que
la sociedad lo reconoce y absorbe, se entrelaza con la urdimbre sociológica.
En un análisis cronológico de las vinculaciones entre el arte y ciertas sociedades
prototípicas a través de la historia, Read comienza por estudiar las relaciones entre
Arte y Magia. Según él, el significado mágico, en el sentido de ganar poder sobre el
animal u hombre dibujado, esculpido o pintado, del arte paleolítico está fuera de
toda duda, pero no hay por otro lado razones para presumir que ésta sea su única
raison d’étre. Hay amplia evidencia que este arte tiene sus valores estéticos exclusivos,
aun dentro de su carácter naturalista y representativo, que es tipico para toda socie­
dad mágica. El arte neolítico y eneolítico en cambio es totalmente distinto e inferior.
El origen de su ornamentación geométrica obedece sin duda principalmente al pro­
nunciado horror vacui de sus creadores, una necesidad psicológica que ha adquirido
carácter permanente en el hombre.
Luego Read entra a comparar el Arte y el Animismo. Contrario a la magia, que es
materialista en sus preocupaciones, el animismo, que en su época era fuente del sur-1
1 A rt end Society por H erbert R ead. William Heinemann Ltd., London - Toronto, 1937.

26

�gimiento del ídolo, de la máscara y del tótem, tiende a la búsqueda de una explica­
ción de los sucesos por agentes activos, invisibles y espirituales. Implica un mundo
dualista, de cuerpo y alma, casualmente conectados e imaginariamente concebidos. He
ahí la clave de todo arte animista que simboliza la espiritualidad detrás de las apa­
riencias fenomenológicas.
El contraste entre el arte bushman del siglo XIX y el arte negro en el resto del
continente africano refleja fielmente el contraste que existió entre el arte orgánico
paleolítico (mágico) y el arte geometrizado del período neolítico (animista). La
explicación para estos contrastes reside principalmente en diferentes modos de vivir
y, como consecuencia, en una diferente organización social.
En un tercer capítulo Read llega al planteo del problema de arte y religión.
Durante muchos siglos la interdependencia de arte y sociedad constituye un problema
de relación determinado primordialmente por la religión. El pensamiento lógico del
hombre, su logos, da a la obra de arte el carácter de intermediario entre el mundo
de los fenómenos naturales y el mundo de las presencias espirituales, ya sea siendo
símbolo, que expresa un estado mental o emocional, ya sea siendo representación o
imitación de un objeto natural.
Hasta el primer decantamiento del arte en el estado emotivo con fines rituales,
religión y arte son interdependientes. Pero para el credo ya evolucionado la obra
de arte sólo es benéfica para el iliterato, mientras que la ulterior racionalización
de la religión debe considerarla como antagonista al puro espíritu. De ahí se con­
cluye, que la religión en sus tardías manifestaciones históricas fué de decidida ani­
mosidad hacia el arte. La religión no es esencial para el arte, ni es el arte esencial para
la religión.
En un detenido y sumamente interesante estudio de las relaciones diversas exis­
tentes entre el arte y las distintas religiones —semítica, islámica, greco-romana y final­
mente la cristiana— Read define con prístina claridad las influencias que estas reli­
giones han tenido sobre el arte vinculado y perteneciente a sus respectivos entes so­
ciológicos. Dedicando su mayor atención al planteo de arte y cristianismo y al
devenir de sus influencias recíprocas, Read llega con el estudio del Renacimiento
a la conclusión que éste es más bien una secularización y paganización del arte que
se había vitalizado demasiado como para seguir subordinado al control religioso. Así
como la filosofía se libera del dogma supranatural, se emancipa también el arte de
su tutelaje eclesiástico. Con tal desarrollo, Occidente llega por primera vez a tener
un arte realmente secular.
Con el Renacimiento se produce además un desplazamiento de los valores colectivos
hacia los individuales. Para los comienzos de la humanidad pudo dudarse quizás de
la existencia de una noción colectiva del arte, pero durante el medioevo más que

27

�en otra época llegó a prevalecer claramente y en muchas fases un determinado as­
pecto colectivo del pensamiento, del sentimiento y del arte, controlados todos por
una iglesia universal. El Renacimiento no cambió profundamente el carácter del ar­
te, pero sí las condiciones de trabajo de los artistas, liberándolos de disciplinas e
inhibiciones eclesiásticas y costumbristas. Pero la libertad que ganan es harto relativa,
pues pronto descubren que habían cambiado de una dependencia vieja a una inhibi­
ción nueva: la del mercado, en el cual tienen que colocar sus obras, necesitadas de
un nuevo valor intrínseco. Esta forma de servidumbre económica se ha mantenido
con pocas variantes, hasta hoy día, siendo en sus consecuencias no menos perniciosa
y vil que la servidumbre espiritual de épocas pre-renacentistas. Este proceso implica,
además de un creciente auto-control y auto-afirmación de la personalidad individual
en sí, una nueva soledad del artista y su diferenciación y distanciamiento de la masa.
El artista, al pintar objetos inanimados, paisajes y naturalezas muertas, da un
paso de significativa importancia, pues para el espectador ya no existe el interés en
tal o cual incidente pintado o en la personalidad retratada, sino precisamente en
la manera habilidosa del pintor en sí, que sabe expresarse en armonías de color y
coherencia formal. Lógicamente al acentuarse esta nueva tendencia, el pintor queda
cada vez más distanciado del entendimiento y apreciación del pueblo. La demanda de
éste siempre irá en pos de un cuadro que cuente algo en forma naturalista y realista.
Por el otro lado el artista, miembro de una élite auténtica, quiere expresarse a si
mismo, a sus emociones y a sus pensamientos. Es ahí donde se produce la oposición
y se abre el abismo entre el artista y la sociedad, donde se define la contraposición
- del arte de la élite y el llamado arte popular. Querer exigir que el arte de una época
determinada sea a la fuerza también popular, sería un deplorable error. El arte arquetípico para cada época es el arte de su élite. El caso contrario, y tan solo en forma
de mera teoría, puede ser exigido para aquella sociedad que no tenga élite, la sociedad
sin clases. Incidentalmente el mismo Read observa que el estado sin clases, según
concepción de Marx y Engels, y explícitamente definido por Lenín en su Estado y Re­
volución, de ninguna manera incluye la abolición de las élites, las que admitidamente
son resultantes de una diferenciación natural de los talentos y habilidades del hombre.
No existiendo ya ninguna especie de representación colectiva, el artista para lograr
un medio de comunicación con esta élite aunque sea, desde el Renacimiento hasta
hoy trató de encontrar otro sustituto en distintas formas de idealismo, pasando por
un resucitado idealismo pagano helénico, por un nuevo moralismo del siglo XVIII
y por el romanticismo en sus más diversas formas, entre las cuales puede incluirse
hasta el más extremo individualismo contemporáneo.
A esta altura Read llega a un detenido estudio de las relaciones entre arte e
inconsciente y sostiene que para entender los problemas que surgen de la oposición

�de arte y sociedad es indispensable el estudio de los aspectos psicológicos tanto del
individuo como del grupo humano. Como punto de partida, Read adopta los prin­
cipios generales del psicoanálisis, aceptando a priori que las teorías de Freud están
hoy ya por encima de toda cuestión en cuanto a su validez. El psicoanálisis ya ha
dado la clave para numerosos problemas de la antropología y mitología y muy pro­
bablemente la dará también para infinitos problemas en el campo del arte.
Así expone Read que la obra de arte tiene su origen inmediato en la conscien­
cia del individuo, pero sólo adquiere significancia completa a medida que se integra
en una cultura general de un pueblo o período. Hay pues dos factores esenciales:
la voluntad de un individuo y los requerimientos de una sociedad.
El artista arranca por la senda de la fantasía y a su regreso al mundo real crea
arte. Vive una vida de fantasía debido a las exigencias de sus instintos reprimidos
que son característicos de un estado anormal y neurótico. Este mundo de fantasía está
completamente sancionado y todos tendemos hacia él para la satisfacción de nuestras
necesidades espirituales y emocionales, con la marcada distinción de que el artista por
sus mayores facultades captativas absorbe mayor goce de él que el no artista. Es él,
además, capaz de romper las barreras entre los egos individuales, uniéndolos en una
especie de ego colectivo —tolérese la aparente contradicción—, similar a la represen­
tación colectiva de la sociedad primitiva.
Ahora bien, Freud en fecha más reciente estableció tres escalas de consciencia
del individuo: el ego, el super-ego y el id. Sus diferenciaciones son de elásticas inter­
posiciones recíprocas. En cuanto a su aplicabilidad a la obra de arte, Read formula:
“la obra de arte deriva su energía, su irracionalidad y su poder misterioso del id, el
cual debe considerarse como la fuente de lo que comunmente se llama inspiración.
Se le da síntesis y unidad formal por el ego, y finalmente se la puede asimilar a
aquellas ideologías o aspiraciones espirituales que son creaciones particulares del
super-ego”. De esta formulación conceptual se comprueba además la absoluta univer­
salidad del carácter del arte a través de todos los tiempos, ya se trate de una pintura
rupestre del troglodita paleolítico, de un fetiche negro, de un mosaico bizantino, una
catedral gótica o un retrato renacentista. Sin explicación queda aún esa particular
sensibilidad del artista que le faculta a convertir sus fantasías en formas materiales
—el regreso a la realidad objetiva— el que para Freud constituye un misterio. Read
opina que probablemente se trata de una descolocación de los tres estratos psicológicos
citados, donde el ego entra en contacto directo con el id, y que como tal nos da una
clave hipotética para la inspiración lírica o intuitiva que en todas las edades ha sido
ese raro dominio de pocos individuos reconocidos como los verdaderos genios del arte.
Y ahí precisamente termina el arte de Goya, Cézanne, Picasso y de todo artista, ya
sea occidental u oriental, primitivo o contemporáneo.

29

�En un corto capítulo sobre Arte y Educación, Read sostiene que la apreciación
del arte no se logra por la vía puramente intelectual (facultades de mnemotécnica,
lógica y aplicación), sino por la vía de la sensibilidad estética. De ahí que la meta
principal de la correspondiente educación debe identificarse con el fomento y de­
san olio del impulso estético latente en todo hombre.
Para concluir, el autor quiere mirar hacia el futuro y considerando el arte con­
temporáneo como arte en transición, formula que todo arte debe ser considerado por
la sociedad humana como una necesidad elemental, y como tal debe ser aceptado,
formando parte integral de nuestra vida cotidiana, en un proceso de integración instin­
tiva. El arte crece inconscientemente, dice Read, y su racionalización lo extingue, y
a este punto peligroso y crucial ha llegado nuestra cultura contemporánea. Existen,
según el autor, fuera de algunos pocos artistas realmente independientes, tres grupos
o direciones principales en el arte contemporáneo: a) el arte académico-burgués;
b) el arte revolucionario y c) el arte funcional. El segundo grupo puede aún subdi­
vidirse en: expresionista-superrealista y abstracto o no-figurativo.
Para el arte académico, que siguió su tradición desde el Renacimiento, ya sea
como idealismo secular o religioso, ya sea como naturalismo popular, el invento de la
fotografía fué su golpe mortal. Desde mediados del siglo pasado la mayor corriente
del arte se desligó de todo academismo para lograr la expresión de auténticos valores
estéticos. Esta evolución, preciso es admitirlo, ha llegado a ser cada vez menos popular.
En cuanto al expresionismo 1, Read sugiere la posibilidad de considerarlo también
como un movimiento realista, ya que la realidad de un estado emotivo es tan admisible
como el realismo del intelecto.
Ahora si se busca un realismo completo, no solamente es lícito, sino será un
requerimiento lógico, incluir a todos los aspectos de la vida humana, y en tal caso
también sus sueños, alucinaciones, trances etc. Esta es la premisa básica del llamado
movimiento superrealista. El superrealismo es profundamente consciente de la falta de
conexión orgánica entre el artista y la sociedad contemporánea a causa de la estruc­
tura primordialmente económica de esta última. Basado en “la lógica de la totalidad’’
de Marx, sostiene que el sistema social constituye un ente total, y ninguna de sus
partes, economía, política, religión y arte, pueden ser entendidas debidamente en
forma aislada. El clamor por un dinámico modo de acción para todo artista resulta
por lo tanto perfectamente comprensible.
Opuesto al expresionismo se desarrolló un movimiento abstracto, constructivista
o no-figurativo, conforme a cuyos enunciados los artistas prefieren encontrar la realidad
subjetiva en sus conocimientos y sensaciones de los elementos más concretos del arte:1
1 He tratado de definir sus carácteres principales en VER Y ESTIM AR N? 7-8, págs. 62-67.

30

�forma, materia y color. Su exclusivo empleo como tales encerró desde un principio
el peligro de una mera decoración. Para desvirtuar tal posible descalificación como arte
auténtico, sus creadores proclamaron que sus obras encerraban, o por lo menos pretendian encerrar, fuera de su valor decorativo, el empleo de materiales apropiados,
ante todo en escalas y ritmos más adecuados e inherentes a la estructura del universo
mismo. Por el otro lado debe admitirse las positivas posibilidades que surgen para
este nuevo arte constructivista en el campo de las artes aplicadas y ante todo en la
arquitectura, y es allí donde encuentra inmediatamente su justificativo pleno como
función social.
Ya Hegel consideró más necesaria una ciencia del arte que el arte mismo. Si bien
esto hoy nos parecerá exagerado, todavía se supone que el arte tiene su función como
ayuda del pensamiento; más que como un modo de conocimiento per se. Su reinte­
gración como modo autónomo de expresión de experiencias parece ser el único ca­
mino para una reivindicación total del arte en el futuro. Por el sendero y la técnica
de la moderna psicología, por la liberación general de todo temor y reprensión dentro
del marco de la moderna y futura sociedad, sólo hallaremos el camino para una
regeneración y eclosión de un nuevo arte, que nos deparará el sublime placer y la
inmensurable alegría de seguir viviendo dentro de un mundo pleno de su realidad
imaginativa,
Al estudio de los problemas de las artes aplicadas, Herbert Read dedicó un libro
no muy voluminoso 1, cuya tónica es visiblemente más práctica, que la de su estudio
sobre las relaciones entre arte y sociedad. Este carácter, más materialista si se quiere,
no deriva solamente del tema en sí, sino del hecho qu no sólo se plantean problemas,
sino que se sugieren soluciones viables. Así la solución más importantd para el problema
que emana del evidente dualismo Arte e Industria se halla en la creación de un
standard estético nuevo que sea adaptable a los nuevos métodos de producción indus­
trial. La brecha abierta se cierra unificando los procesos de la producción con un
mayor entendimiento general del arte mediante un adecuado diseño industrial de un
potenciado valor estético. Para esto es preciso no solamente definir el arte en sus
elementos más universales sino en la adaptación de la capacidad de la máquina a una
producción de arte, elaborando materiales diversos en formas que tengan un definido
incentivo sensorial o intelectual. Los principios rectores serán armonía, proporción,
perceptividad y una metódica educación de la capacidad apreciativa. A primera vista
parecerá una herejía, para los apóstoles de viejas seudo reglas de una estética anticuada,1
1 A rt and Industry, The Principies of Industrial Design por H erbert R ead, Faber and
Faber, London, 1934.

31

�hablar de una producción de arte, pero las definiciones de Read no dejan lugar a
duda, que tal producción es, no tan sólo posible, sino perfectamente legítima.
Read considera necesario remontarse más allá de la época del llamado arte huma­
nista, yendo a los siglos XII, XIII y XV a. de J. C. para constatar que hubo, tanto
en la cuenca del Mediterráneo como en el Norte de Europa, fases de arquitectura y
diseños manufactureros nunca sobrepasados posteriormente. También el estudio de la
artesanía medieval revela una meta circunscripta por claridad, órden, armonía e inte­
gridad funcional. De estas comprobaciones se infiere no solamente la ubicuidad tem­
poral del problema de las artes aplicadas, sino que el diseño industrial de los objetos
utilitarios de ninguna manera significa una correlación con la era de la máquina. Es
verdad en cambio, que en la consideración del problema en sus aspectos históricotécnicos, la dualidad de arte e industria se plantea en una mucho mayor y más can­
dente inmediatez con la invención de la máquina como instrumento de producción
en masa, uniforme y carente de caracteres individuales. En este sentido el problema del
diseño industrial es un problema moderno.
Ya en el Renacimiento se perfiló una primera distinción entre Bellas Artes y
Artes Aplicadas. Aún anterior a él, y tomando como ejemplo las iluminaciones de
libros religiosos medievales, que estaban estrechamente vinculadas a su texto mismo,
perdiendo por sí solas su verdadero sentido, se encuentra ahí ya un principio de
artes aplicadas. Gradualmente la iluminación se agrandó en tamaño y a través de
la página ilustrada entera se llegó a la pintura independiente de los paneles aún
pertenecientes al medioevo. El Renacimiento, especialmente con Giorgione, llegó a la
separación total con el cuadro de caballete.
La declinación del significado cultural de la Iglesia y el nuevo humanismo cre­
ciente obligaron a los artistas a desarrollarse hacia esta nueva autonomía. La civi­
lización insistía en la especialización de la función artística. Del conocimiento de
estas nuevas obras de arte, producidas ya con fines utilitarios, se desarrolló entre
los diletantes el buen gusto, el que paulatinamente se ha convertido en standard de
medición para el nuevo arte industrial de la era de la máquina.
Desde que permanentemente está latente en el hombre la urgencia de dar ex­
presión plástica a sus sentimientos, el arte puede considerarse como una necesidad
biológica, admitiéndose que las intensidades y variedades de estas expresiones plásticas
llegan al infinito. Por consiguiente deben establecerse jerarquías, y esto conforme
a los elementos que componen toda obra de arte: elementos formales de dimensio­
nes y proporciones de efecto sensorial directo; elementos de expresión emocional
o intelectual que pueden combinarse con los elementos formales, y por último,
elementos intuitivos o subconscientes que no obedecen ni al raciocinio ni a los sen-

32

�timíentos. Es el arte humanista el que responde a los elementos del segundo grupo,
mientras que los demás conforman el arte abstracto, no-figurativo.
En cuanto al devenir histórico de la forma podrá observarse que ésta evolucionó
hacia una eficacia funcional cada vez mayor. Muy pronto se había descubierto las
proporciones de la naturaleza, sobre las que se edificaron los cánones de Pitágoras
y Platón. La divina proporción, la sección áurea, constituyen de ahí en adelante el orden
de composición y forma.
Ahora bien, para la contestación del interrogante: si la máquina de nuestra era
es capaz y apta para producir una obra de arte, es preciso una clara distinción entre
el arte humanista, que responde a la expresión en forma plástica de ideales o emo­
ciones humanos, y el arte abstracto o no-figurativo, que no tiene otra meta que la
creación de objetos, cuyas formas plásticas apelen a la sensibilidad estética del hombre.
Partiendo de esta premisa, Read considera a todo arte utilitario como correspondiendo
al arte no-figurativo, que responde a la sensibilidad estética, ya sea por motivos ra­
cionales o intuitivos.
Desde que la abstracción racional en el arte puede ser medida a base de leyes
y guarismos matemáticos, resulta obvio, según Read, que la máquina puede producir
tales obras de arte con precisión y en cantidades inigualadas. En tal posición, el
artista se desempeña como diseñador, quien decide y define las proporciones, ma­
teriales, formas y colores, a base de los cuales la máquina se pondrá a producir.
Asi el diseñador prototípico de nuestra era es el ingeniero que anticipa los principios
de la nueva estética en conformación. En cuanto él logre conciliar sus metas fun­
cionales con los ideales de simetría y proporción, tendrá jerarquía de artista abstracto.
Pero la forma más elevada del arte abstracto es la que se percibe por la via
intuitiva, no-medible. También estas formas pueden ser standardizadas. Perderán por
ello su valor de ser únicas, bien cierto, pero este valor en la era de la máquina obvia­
mente debe ser sacrificado. Además no se trata tampoco de un valor estético, sino de
una reflexión del impulso posesivo, éticamente desdeñable. En defensa de tal nueva
standardización debe alegarse además que ella no implica de ningún modo un sólo
standard, sino uno para cada función y diseño, de manera que la gama de valores
no queda restringido a una tipología de pobre alcance.
En uno de los capítulos principales, Read se dedica al estudio de la ornamenta­
ción (decoración), y sostiene que en el fondo de toda ornamentación hay una ne­
cesidad fisio-psicológica, determinada por el terror al vacío del hombre, su horror
vacui, que en él es tan viejo como su impulso estético. Luego el autor formula como
máxima que toda decoración debe tener como exclusiva función la de enaltecer la
belleza inherente a la forma. En su origen esta decoración puede ser estructural
o aplicada, pero en la mayoría de los casos se trata de una ornamentación posterior-

33

�mente aplicada. Es de ahí que se evolucionó, en una etimología equívoca, de ornamentación aplicada, que es lo correcto, a artes aplicadas, que responde a una termi­
nología falsa, pues arte no se aplica, decoración sí.
Para la decoración en general Read encuentra y enuncia dos leyes: por una parte,
la ornamentación apropiada surge natural e inevitablemente de las cualidades físicas
de la materia y de los procesos de trabajarla. Por otra parte la ornamentación tiende
hacia la abstracción, pues como tal llena las necesidades fisio-psicológicas del hombre
en su forma más adecuada y económica. Existen diversos tipos de ornamentación que
el autor define en un claro esquema:
1. la geométrica, sin significación pictórica ni simbólica;
2. la estilizada, basada en objetos naturalistas (plantas, animales, etc.) pero sin
dar una representación pictórica exacta, tendiendo hacia ritmos simplificados
de líneas y planos;
3. la orgánica o naturalista, pictórica en su intención (seres humanos, paisajes,
plantas, etc.);
4. la combinada de los tipos anteriores;
5. la plástica, no tanto aplicada como inherente a la forma misma por encima
de su carácter meramente funcional (cerámica antropo o zoomórfica).
Lógicamente todas estas ornamentaciones deben guardar sus proporciones en rela­
ción con las proporciones del objeto decorado mismo y de ello se concreta una tercera
ley: la ornamentación debe ser adecuada tanto a la forma como a la función.
Luego Read resume que la funcionalidad, los materiales y la tecnología empleados,
el ambiente y la psicología de los consumidores son factores decisivos para todo di­
seño moderno adecuado. Un error muy frecuente y fundamental es la creencia que
tal diseño tiene como principal propósito el de facilitar e incrementar ventas, y que
las ventas abultadas son la prueba concluyente para la excelencia de un diseño. La
primera consideración para un buen diseño invariablemente es y debe ser el uso o
función de un objeto, ya sea automóvil, cuchillo de mesa o rascacielo. Recién en segun­
do término vienen consideraciones de producción y de distribución, las que —¿para qué
negarlo?— para todas las artes aplicadas son de una importancia evidente.

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na
ca

��el artista frente al
O P I N A

C A M P I G L I
Campigli, el gran pintor italiano que se ha hecho
M assimo
conocer por sus figuras hieráticas, inspiradas en el arte

etrusco y en los retratos del Fayum, trabaja con fecunda
serenidad. Quizás su pintura sea menos pastosa, pero su
fuerza lírica es más pura. Hace justamente un año (N9 1,
pág. 39) dimos cuenta de sus ideas publicadas en la revista
DOMUS de Milán; ahora publicamos una rectificación que
ha escrito especialmente para VER Y E STIM A R .

DIRECCIÓN

P. Me pareció interesante su entrevista con el arquitecto Rogers,
aparecida en Domus.
R. Tal vez hoy no me habría expresado justamente con aquellas
palabras. A veces vale la pena escribir las propias ideas, aunque más no
sea por la emoción de encontrarse cambiado un poco más tarde con
respecto a ellas.
P. ¿Qué es lo que desaprueba de aquella entrevista?
R. La complacencia inmoderada en mi independencia y originalidad,
que sólo se explica con el espíritu polémico.
P. Polémico, ¿frente a qué?
R. Frente a la tendencia de los jóvenes a trabajar sobre el surco
de una de las fórmulas de Picasso.
P- Usted, entonces ¿no se siente ya tan seguro de su independencia?
R. Aunque todos los pintores modernos que puedan interesarnos

37

�traten de diferenciarse todo lo posible, ninguno sería concebible o com­
prensible fuera de nuestra época. Esto era lo que debía responderse a
la pregunta de cómo mi arte encuadra en nuestro tiempo. Y es una
comprobación que abarca las tendencias más diversas y aparentemente
inconciliables.
P. En efecto, usted decía que observa como común denominador
del arte moderno el espíritu de evasión.
R . Debía haber añadido el espíritu de muerte, en el sentido freudiano. Si consideramos en su conjunto a nuestro arte, podemos decir
que los superrealistas en un sentido, los abstractistas en otro, el infan­
tilismo, el arcaismo, el huevo de Brancusi, el hombre-alfiler de Giacometti,
todos tienden a la anulación, no ya sólo como casos psicológicos indivi­
duales, sino como señales de la voluntad de muerte en el cuerpo del arte
moderno. Añádase a eso la misteriosa ausencia de los jóvenes y la edad
de los grandes maestros sobre los cuales se va cristalizando en forma casi
exclusiva el interés de todos los aficionados.
P. ¿Con estas palabras no desacredita su arte y el de sus contem­
poráneos?
R. No creo. No lo quisiera. Considero que nuestro período artístico
es glorioso y maravilloso; el único intérprete de nuestro tiempo. A mi
parecer sólo hay esta novedad: mientras hace pocos años tratábamos de
ver en alguna obra nueva de un maestro un indicio de hacia dónde
iba el arte, hoy hay que resignarse a verlo moverse sin dirección alguna.
Es lo que es. Ahora ya todo el arte moderno es museo, en un sentido
que antes no dábamos a esta palabra. Antes se reprochaba al arte de éste
o de aquél (como al mío) de ser museo. ¡Estoy vengado!
P. ¿Y para qué pintar todavía?
P. Cada uno de nosotros tiene que completar su obra, decir mejor
lo que siempre ha pretendido decir.
P. ¿Y no le asalta la sospecha de que extiende a todo el arte su
estado de ánimo particular?
R. Ya he dicho que es bueno escribir de vez en cuando las opinio­
nes para reverlas y corregirlas más tarde.

�correspondencia
ESCRIBE SEBASTIÁN GASCH DESDE BARCELONA

EL ARTE EN BARCELONA
v ie r n o , la v id a a r t ís
E stticae inbarcelonesa
se ha centrado como

siempre en las exposiciones celebradas en
las galerías de arte.
Que el lector quiera disculpar la aridez
de las siguientes cifras, faltas de amenidad,
sí, pero que hablan por sí solas y con
elocuencia indestructible. En Barcelona
funcionan cuarenta salas de exposición, en
tanto que en Madrid sólo hay una veinte­
na. La temporada dura ocho meses, o sea
dieciséis quincenas, las cuales multiplica­
das por cuarenta galerías, dan como resul­
tado seiscientas cuarenta exposiciones. V,
considerando que en cada exposición fi­
guran una treintena de lienzos, llegamos

39

a la conclusión de que en la Ciudad Con­
dal se exhibe cada temporada la cantidad
fabulosa de 19.200 cuadros. Ni más ni
menos.
No es extraño, pues, que en casi toda
la actividad artística barcelonesa gire en
torno a esas exposiciones. Hay en ellas de
todo. Como en la viña del Señor. Bueno,
mediano y malo. Abunda por desgracia la
pintura que aún vive de los restos o de­
sechos del impresionismo. Aquellos paisa­
jes que han sido pintados sin un adarme
de imaginación ni pizca de espíritu crea­
dor. Y, para mayor desdicha, no se tras­
luce el más leve asomo de inquietud en
esas formas vagas y en esos colores desva­
necidos.
Es obvio decir que, de tarde en tarde,

�rasgando la rutina y el industrialismo que
envuelve a la pintura, brilla una clara luz
de esperanza. De vez en cuando dan seña­
les de vida algunos pintores que no pre­
tenden copiar con sumisión los episodios
del natural, que esto es lo más cómodo,
el arbitrio o pretexto para dar salida a las
dificultades, sino que crean. No son un
ojo que copia, sino una inteligencia que
elimina y ordena. Este invierno, los lien­
zos de algunos de esos pintores verdaderos
han colgado de las paredes de las Gale­
rías de arte barcelonesas. Los buenos afi­
cionados han podido deleitarse con su con­
templación.
Nuevamente ha expuesto M iguel V illa
en las Galerías Syra. Para expresar las
emociones recibidas del natural, Villá las
traslada atropelladamente al lienzo. Pin­
ta todo cuanto se le ofrece a la vista con
apasionada glotonería. Inscribe en la tela
rectangular todos los elementos que pue­
de. Hasta que queda extenuado... Los
momentos de emoción han pasado. Y,
aplazada ésta, interviene la inteligencia
que se horroriza ante aquella confusión.
La inteligencia que dá forma a lo informe,
que ordena el desorden, que organiza el
caos. No es pintor quien no organiza sus
sensaciones, suele decir Villá... Y él no
quiere desmentirse. Quiere seleccionar y
ordenar la confusión del premier jet. Y
empieza la lenta y paciente tarea de eli­
minación. Los accidentes dejan lentamen­
te paso a lo esencial. Los colores van pres­
cindiendo de las variaciones que les infli­

ge la luz y van acercándose paulatina­
mente al standard, al verdadero color de
las cosas, el color local. Las formas se
van despojando suavemente de su gan­
ga y, cual la piedra preciosa desprovista
de la parte terrosa, van apareciendo des­
nudas y descamadas, reducidas a lo esen­
cial. Hasta convertirse en aquellas masas
firmes, densas, recortadas en bloques com­
pactos de una intensidad expresiva escalo­
friante. Villá reconstruye el mundo que
el análisis impresionista disociara; reduce
a grandes planos coloreados el universo,
supedita el detalle al conjunto y descu­
bre, bajo las apariencias, la gran armonía
general.
M iguel V illá es la fuerza. G rau Sala
es la gracia. Temperamento hiperestésico
casi femenino, todo él es tremenda ner­
viosidad, pintor de los colores azul celeste
y rosa tierno, Grau Sala resucitó los mos­
tachos ensortijados y las mangas de ja­
món, introdujo en nuestro país aquel en­
tusiasmo exagerado por el 900 que Paul
Morand fué el primero en sentir. Pug­
nando luego incansablemente, por quitar­
se de encima aquel lastre que le hubiera
hecho caer en un decorativismo vacuo, este
artista ha conseguido expresarse con un
vocabulario mucho más pictórico. Su pa­
leta se ha enriquecido considerablemente
y la materia se ha vuelto más densa. El
aplomo técnico, empero, no ha amenguado
aquella frescura tan característica del ar­
tista. En París triunfó desde que allí llegó
Grau Sala, cuyo nombre suena en prime-

�PINTORES
CATALANES

M iguel V illá

Tucumdn

B enjamín F alencia

El trabajo y los dias

�G rau Sala

Seine - Po&lt;rt

J oaquín S un y i r

Interior

�rísima línea en la ilustración y ocupa se­
ñalado lugar en la pintura. La exposición
que en Barcelona ha celebrado ahora (Ga­
lerías Layetanas) significa la intensifica­
ción de Grau Sala pintor y al mismo tiem­
po la ratificación de sus envidiables fun­
ciones de ilustrador.
Equidistante de Villá y de Grau Sala,
a igual de la fuerza del primero y de la
gracia del segundo, J oaquín Sunyer nos
brinda una pintura en grado eminente
equilibrada. Después de quince años de
nieblas parisienses la atmósfera limpia de
la catalinísima Sitges, y aquella mar que,
de puro sosegada, parece sólida, dieron a
Sunyer un gusto por el orden y la clari­
dad que nunca jamás se ha separado de
su ánimo. El gran poeta Juan Maragall
fué el primero en descubrir la vida secreta
de la obra de Sunyer. A raíz de su expo­
sición en el Faianc Catala barcelonés, en
el 1911, el vate ya percibió en aquellos
lienzos el sentimiento mediterráneo de la
vida, y, al exclamar ante un Desnudo que
"el esfuerzo creador que había producido
las curvas de las montañas no podía de­
tenerse hasta producir las curvas del cuer­
po humano’, Maragall ya descubrió en
los mismos, la gran armonía general, la
armonía cósmica. Sentimientos mediterrá­
neos de la vida, armonía cósmica siempre
presentes en la obra de Sunyer, obra in­
teligente pero intuitiva, plástica pero poé­
tica, calculada pero espontánea, rigurosa­
mente formal pero delicadamente coloris­
ta, precisa pero humana, grave pero agu­

43

da, obra serena, llena de gracia y de me­
sura, obra total, completa, equilibrada, cíasicismo viviente... Su reciente exposición
en Galerías Syra, este ensanchamiento
sosegado del alcance de su lirismo, marca
esta etapa actual de lograda plenitud, de
espléndida madurez en que ya hace algu­
nos años Sunyer se desenvuelve.
También en Barcelona han sido expues­
tas últimamente las obras de algunos pin­
tores que no ignoran que el cuadro tiene
su significado propio, su realidad propia,
sus leyes propias. Y la organización del
cuadro es la capital preocupación de di­
chos pintores, que buscan la expresión por
medio de esa organización. No pintan lo
que ven sino que proceden a la organi­
zación del cuadro mediante una selección
de elementos sacados de la realidad obje­
tiva para hacerlos entrar en su universo
subjetivo. El más sobresaliente de esos pin­
tores es B enjamín P alencia, cuyas obras
expuestas en Galerías Layetanas sorpren­
den por su honda inquietud espiritual, y
su honda, imponente, vehemencia expre­
siva. Hemos visto la obra del pintor di­
versa, opulenta, deslumbrante, en virtud
de su empuje vital que se lleva por delan­
te prevenciones y compromisos, por obra
de una inspiración perpetuamente reno­
vada, estrenando, cada día al levantarse
un nuevo par de ojos para ver de dife­
rente modo el espectáculo del mundo,
un nuevo corazón con qué sentirlo y una
nueva sensibilidad gráfica con qué repre­
sentarlo.

�También en Galerías Layetanas ha re­
presentado sus obras recientes R amón R o cent uno de los pintores más inteligentes
y destacados de las nuevas promociones. Al
actuar ahora con una despreocupación de
la que antes de ahora carecía, su obra
ha ganado simplicidad, y al propio tiempo
intensidad. Rogent ha aprendido a decir
muchas cosas con pocas palabras. Con una
gran economía de medios de expresión,
con líneas breves y tonos enteros fuerte­
mente contrastados, nos transmite su men­
saje con una gracia expresiva de primer
orden, E duardo C astells (Sala Pictoria)
y M anuel Capdevilla (Argos) batallan con
ahinco por salir del callejón del ama­
neramiento y de la fabricación en serie en
el que se halla estancada la pintura bar­

celonesa y llevan a cabo una tarea de pura
creación.
Daré remate a esta correspondencia ha­
ciendo mención de dos importantes acon­
tecimientos: la estancia en Barcelona del
gran pintor francés R aoul D ufy que ha
sido nombrado socio honorario del Círcu­
lo Artístico, y la exhibición de cincuenta
litografías de P icasso, que después de ha­
ber sido presentadas en Nueva York, Lon­
dres, París y Madrid, han obtenido tam­
bién aquí un señalado éxito. Este ma­
ravilloso conjunto nos muestra a un Pi­
casso plural y siempre maestro, con sus
rasgos no superados cuya característica
principal es la suavidad mezclada de ro­
bustez.
Y esto es todo.
Sebastián G asch

�do cimientos
PRESENTACIÓN

DE

ADOLF

LOOS

« T U E DIRIJO SÓLO A LOS HOMBRES QUE SIENTAN LO MOderno, a los hombres que agradezcan al orden mundial que les
haya tocado vivir hoy y no en los siglos pasados”, escribía Adolfo Loos
a fines del 1800 poniendo en descubierto a los incapaces o a los cobardes
aferrados a una realidad sin valor de presente.
El hombre había cambiado sin duda. Su concepto del bienestar, su
modo de vestirse o de comer, y todos sus hábitos, respondían a un es­
quema original que buscaba su expresión propia, adecuada y valedera
en su momento, y tan auténtica como lo fueran las de otras culturas.
Como arquitecto, Loos sintió la crisis espiritual de su época que se
debatía por conservar el repertorio de formas de inspiración arqueológica,
incapaz o temerosa de encontrar las que respondiesen a las nuevas exi­
gencias vitales. Reducida la arquitectura a la copia servil de modelos
admitidos como irreemplazables, los estilos que cada época con mayor o
menor autenticidad había elaborado, perdió su función de arte rector,
resignándose a la provisión de fórmulas que el Renacimiento, la Edad
Media o la cultura oriental o cualquier otra, le suministraban. Ahí estaba
el catálogo para surtir las apariencias de cada edificio, según se tratase
45

�ART NOUVEAU
PETER BEHRENS
19 0 2

de un templo, o de un palacio o simplemente de una vivienda, depen­
diendo la elección de las afinidades del que lo hacía construir, olvidando
que cada época había creado conforme a su necesidad expresiva, a sus
posibilidades y medios, algunos más legítimos que otros pero sin duda
distintos de los que proporcionaba el siglo xix. Esas recetas, sobreestima­
das como arte verdadero encubrían las formas simples nacidas de la fun­
ción, o forzaban la honestidad de la técnica, invadiendo también los mue­
bles y los objetos de uso corriente.
La historia del movimiento moderno se sintetiza en la lucha contra
las convenciones por una parte, y en la incorporación de la máquina a la
producción por la otra, como medio capaz de renovar los sistemas cons-

46

�ADOLFO LOOS
19 0 4

tructivos proporcionando la vía de una creación totalmente original. La
aparición de la máquina, al plantear nuevas posibilidades técnicas, ame­
nazó destruir la rígida estructura fundada en la labor individual como
también la elaboración y los métodos de trabajo. Este acontecimiento
suscitó las más contradictorias opiniones, como invención benéfica pro­
piciatoria de la libertad del hombre, o como principio destructor de la
sensibilidad artística garantida por la manualidad.
Ya estaba iniciada la reacción contra el historicismo, primera fase del
movimiento moderno, cuando Loos tuvo conciencia del problema; el
fermento de nuevas teorías estéticas y la actitud crítica señalando la ver­
dadera tradición para separarla del mero formalismo, había organizado

47

�grupos de intelectuales y artistas cuya polémica se expresó en manifiestos,
publicaciones, conferencias y exposiciones, en la cátedra y en algunas
formas aisladas.
El clima del anticonvencionalismo tuvo sus precursores en los doctri­
narios del siglo xvm que señalaron el arte como un acto puro y original
del espíritu y en los románticos que postularon el individualismo.
En Inglaterra en el último cuarto del siglo xix, Morris había ini­
ciado la depuración al descubrir que “el arte no tiene ya raíz y los artistas
se fundan en modelos italianos o griegos, que no sienten” y “que es
estúpido hablar de inspiraciones donde sólo existe un problema de oficio”.
En el continente europeo, la antitradición se identificó con los nom­
bres de Art Noaveau, Liberty, Jugendstil o Sezession, nombres que co­
rrespondieron a un estilo sin antecedentes formales cuyo ideal simple
pretendió suplantar los otros estilos. Nació de la inspiración individual,
en la obra de Horta, en la de Van de Velde y en algunas otras; se divulgó
en los muebles y en los objetos y se organizó en talleres.
Cuando Loos regresó a Austria después de su viaje por Europa y
América, encontró a Otto Wagner cuyas ideas destruían toda actitud de
adhesión a lo que fuese un sistema ajeno al tiempo en que se vive: “la
creación artística puede tener como único punto de partida la vida mo­
derna”. Estas palabras de Wagner coincidían con el pensamiento de Loos,
por entonces joven y pleno de energía combativa, sustanciado con su
ideal y entregado a su logro. Encontró también ya organizado el grupo
de la Sezession cuya orientación era afín a la de Otto Wagner pero con
directivas propias. ¿Cómo explicar la crítica mordaz que sostuvo Loos
contra ellos, considerándolos tan peligrosos como los defensores del historicismo? “Vosotros, les dice, tenéis la fantasía de un sastre para señoras;
nuestro estilo está donde el artista de nuestro tiempo no ha metido la
nariz”, quejándose porque su producción sale de talleres provistos sola­
mente de mesas de dibujo y “velando para que la imaginación busque las
formas más audaces de expresarse”.
Loos condenó la fantasía abstracta o naturalista del nuevo estilo por­
que para él lo genuinamente moderno no admitía compromisos formales
y estaba originado tan sólo por la técnica. Los artistas aplicados, sus pro­
pulsores, encubrían la belleza desnuda de los objetos y de los edificios,
resultando tan convencionales como los que criticaban. “Sólo el producto
de los talleres representa el estilo de nuestro tiempo: carruajes, vasos, ins48

�GALERIES DES MACHINES

Ing. COTTANCIN

1881

trunientos ópticos. . . son modernos porque ningún intruso se hizo tutor
de ellos”. El taller tenía el secreto de las técnicas; no necesitaba inspira­
ción, contaba con conocimientos. Los artistas aplicados buscaban el disi­
mulo y el hombre moderno exigía la claridad. “El arte no debe adaptarse
a un fin. . . su misión es conducir al hombre cada vez más lejos, hasta
Dios”, porque “al artista no lo sostienen sus contemporáneos, su reino es
el futuro” —decía Loos. Por el contrario la obra que sirve para algo
satisface el presente y no debe pensarse en su perduración.
Loos hizo el distingo entre arte y arte aplicado; el arte libre por
naturaleza y el arte aplicado sometido y envilecido, envileciendo y some­

49

�tiendo las formas simplemente necesarias; el arte perdiendo su categoría
y lo útil, buscando el disimulo; el arte convertido en lo supérfluo.
Invitado en 1899 a exponer en una muestra de la Sezession. Loos
contesta: “Expondré cuando se admitan los baúles de Würzl y los trajes
de Frank”, es decir las cosas de nuestro tiempo cuya belleza no le preocupa
y que le satisfacen porque son simplemente correctas.
Con el tiempo, los mismos que promovieron el estilo neorromántico
de la Sezession o del Art Nouveau, fueron despojándose de sus inspira­
ciones floridas y creando formas racionales en correspondencia con la
producción mecánica. La máquina frenó su fantasía y canalizó su acción.
Pero su camino fué un gran rodeo; iniciado en la obra y en la teoría
individual de algunos arquitectos, adoleció de bases permanentes. Fué
una posición contra algo, las formas muertas de culturas muertas, y en
eso está su fuerza; pero le faltó coherencia, sentido de totalidad y llegó
a ser en los imitadores un instrumento falso empleado sin convicción;
fracasó porque reposaba en la condición creadora personal y no en prin­
cipios universales. Con el tiempo, fué languideciendo, confinándose por
último en la lista de estilos de algún fabricante de muebles. Terminaron
con él muchos de los propulsores del primer momento; sometidos a la
lección de los talleres, retomaron finalmente el punto de partida: la crea­
ción del estilo de nuestro tiempo, y esto cuando la máquina sustituyó a
la manualidad controlando las formas líricas incompatibles con la pro­
ducción en serie.
La labor constructiva de estos grupos está en los frentes que organizó,
frentes de eficacia combativa con un impulso común. En 1919, el Bauhaus
de Weimar .se fundó sobre la base de experiencias acumuladas por ellos
y llegó a ser el más completo y verdadero esfuerzo experimental en todos
los campos de la creación humana, logrando productos de verdadera vi­
gencia y de proyecciones insospechables.
Loos desvinculó también del dominio del arte a la arquitectura,
fundado en su carácter utilitario; condenó el arte espúreo que llegaba
hasta ella como un arte aplicado, agregado, como un disfraz, para llenar
sus apariencias ocultando su sentido orgánico, de totalidad, la auténtica
expresión arquitectónica.
En los Estados Unidos y en Inglaterra Loos había descubierto los
signos de la época en los edificios fabriles, en las obras de ingeniería, en
los puentes y en las bóvedas vidriadas de grandes luces donde el problema

�ADOLFO LOOS
CASA STEINER
VIENA 1 9 1 0

técnico se impone revelando una verdad necesaria, en la que no cabe
lo accesorio, tan dignos y honestos como los grandes ejemplos que la
humanidad había acumulado, desprovistos rL “exigencias ideales”, de
“tutores” convencionales, sobrios y contenidos, nacidos para una función
específica y conformados por ella, respetuosos de la verdad constructiva
manifiesta, evidente.
El pensamiento y la obra de Loos están en esta línea pura y austera

51

�de nombres olvidados que indicaron el camino más directo de una crea­
ción auténtica: los ingenieros del siglo pasado a quien Loos, llamó “nues­
tros helenos”. Ellos no discutieron el valor de la máquina, la emplearon
hasta imponerla evidenciando sus ventajas e incorporándola al orden
común. Su aprovechamiento futuro, sus consecuencias a largo plazo nos
incumben como depositarios de su obra.
Loos enseñó a desconfiar de la moda como enemigo de la economía
y de sus caprichos que desvalorizan el material y la mano de obra; de
su inestabilidad, de su trasgresión del sentido común apropiándose de lo
que no debe caer bajo su dominio, exigiendo la adaptación permanente
de lo que tiene un tiempo de madurez propio; la arquitectura, el mo­
biliario, por responder a razones de permanencia, superan los intereses
subalternos de la moda y deben escapar a sus imperativos transitorios.
También condenó Loos el escamoteo de los materiales; sostuvo que
el hombre moderno es sensible a la belleza del material desnudo y le
repugnan los sustitutos. Cada material tiene una ley que ordena su em­
pleo: el yesero no debe imitar la piedra. Además, cada material debe
usarse de acuerdo con la función señalada; no debe confundirse el ma­
terial que reviste con el que es revestido.
En 1907 ocupó el lugar de Otto Wagner en la enseñanza, creando
luego su escuela de construcción. Tuvo entonces oportunidad de desarro­
llar sus ideas, libre de las imposiciones que conoció en su vida profe
sional. Luchó contra los proyectos concebidos “como si fuesen pinturas”,
enseñando a pensar en las tres dimensiones, en el espacio interior, en el
amueblamiento y en los detalles técnicos. Formación racional y humana,
fundada en la verdadera tradición, excluyeme de normas preestablecidas.
Incorporó los roperos a la arquitectura según el ejemplo de los ingleses,
y de Francia hasta 1870. “El concepto de lo valioso ha cambiado, dijo;
cuanto más vulgar sea la familia tanto más rico y grande es el aparador.
En palacio no hay ninguno.” El ropero taraceado es un estuche para
guardar un traje lujoso, desarmoniza con nuestros trajes simples. El mo­
biliario como la habitación deben ser reflejo de la vida moderna.
Concreción de su doctrina es la obra de Adolfo Loos, plena de valores
simbólicos y efectivos, sustancia permanente que trasciende el límite his­
tórico. Su mística de visionario lo revela como uno de los grandes inicia­
dores de nuestra cultura. Actualizarla es un acto de justicia.
A ngelina C amicia
5?

�P A G I N A S DE A N T O L O G I A
LOS SUPERFLUOS (1908)
Han terminado definitivamente los bárbaros tiempos en que se mez­
claban las obras de arte con las cosas de uso diario. Y esto ha sido para
bien del arte, porque al arte del siglo diecinueve le será dedicado alguna
vez un gran capítulo en la historia de la humanidad: le debemos la magna
obra de haber llevado a cabo el divorcio absoluto entre el arte en sí y
la artesanía.
El adorno del utensilio es el comienzo del arte. El negro de Papuasia
cubre todo su ajuar con ornamentos. La historia de la humanidad nos
muestra cómo el arte busca liberarse de la profanación mediante su eman­
cipación del objeto de uso, del producto de artesanía. El bebedor del siglo
diecisiete podía beber tranquilamente en una jarra en la que se había ta­
llado una batalla de amazonas; el comensal tenía el coraje de cortar la
carne sobre el rapto de Proserpina. Nosotros no podemos hacerlo. Nos­
otros: los hombres modernos.
¿Somos acaso enemigos del arte porque lo queremos deslindar de la
artesanía? Que giman los pasatistas porque no se necesita su ayuda en la
fabricación de zapatos, mientras que —uno recuerda los tiempos pasados
con lágrimas en los ojos— hubo cortes de calzado hechos por Albrecht
Dürer. Pero el hombre moderno que se siente feliz de vivir hoy y no en
el siglo dieciséis, siente la profanación de lo artístico como una barbarie.
53

�Y esto es para bien de nuestra vida espiritual. Porque el hecho es que
la Crítica de la Razón Pura no pudo ser creada por un hombre con
cinco plumas de avestruz sobre su bonete; que la Novena no fué de alguien
que llevaba una rueda del tamaño de un plato alrededor del cuello; y la
pieza donde murió Goethe es más valiosa que la pieza del zapatero de
Hanz Sachs, aunque en ella cada cosa fuera dibujada por Dürer.
El siglo dieciocho libró a la ciencia del arte. Antes de él se dibujaban
atlas anatómicas cuyos grabados mostraban minuciosamente cómo son los
dioses griegos sin piel sobre el vientre. Y todavía se suministra ciencia a
los paletos bávaros en las verbenas mediante “la Venus anatómica”.
Nosotros nocesitamos una cultura de carpintero. La tendríamos si los
artistas aplicados se pusieran otra vez a pintar cuadros o a barrer las calles.
LOS MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN (1898)
Pero estoy predicando en el desierto. El público no quiere al artesa­
no arrogante. Cuanto mejor se sabe imitar, más se siente el apoyo del
público. El mejor signo del estado de nuevo rico en que se encuentra
nuestro pueblo es el respeto reverencioso frente a los materiales caros.
El nuevo rico encuentra vergonzoso no adornarse con brillantes, no car­
garse de pieles, no poder vivir en un palacio de piedra, desde que se
informó de que los brillantes, las pieles y las fachadas de piedra son muy
onerosas. Ignora que la falta de brillantes, de pieles y de fachada de
piedra no influye sobre la distinción. Pero como no tiene dinero Sufi­
ciente, echa mano de sustitutos. Ridicula empresa. Porque aquellos a
quienes quiere engañar, aquellos que pueden rodearse de brillantes,
pieles y fachadas de piedra, esos no pueden ser engañados. Por el contra­
rio, encuentran cómico el esfuerzo. Y para los que están por debajo de

54

�él, resulta innecesario, ya que, de todas maneras, él es consciente de su
superioridad.
En los últimos decenios la imitación ha dominado todo el ramo de
la construcción. El empapelado es de papel, pero por Dios ¡que nadie
se entere! Está por tanto, dibujado como damasco de seda, gobelino o
alfombra. Las puertas y ventanas de madera blanda deben pintarse como
si fueran de madera dura, porque éstas son más caras. El hierro debe
imitar el bronce o el cobre, por medio de pinturas. Pero frente a los
vaciados de hormigón, conquista de este siglo, se está completamente
inerme. A pesar de ser el hormigón como tal un material maravilloso,
se tiene, al usarlo, un solo pensamiento, pensamiento con el cual se va
al encuentro de cada nuevo material. ¿Qué puede imitarse con él? Lo em­
plean como sustituto de la piedra. Y como el hormigón es tan extraordi­
nariamente barato se hace —característica legítima del nuevo rico— un
gran derroche de él. Una verdadera peste de cemento se apodera del
siglo.
Actualmente se imitan con el cemento los trabajos de yesería. Es ca­
racterístico de nuestra actualidad vienesa que a mí, que me opongo enér­
gicamente a la violación del material y a la imitación, se me tilde de
materialista. Obsérvese el sofisma: es gente que confiere tanto valor al
material que no se detiene en nada y emplea sustitutos. Los ingleses nos
han traído sus empapelados. Lástima grande que no nos hayan podido
mandar casas enteras. Pero ya en los papeles vemos lo que los ingleses
quieren. Esos son empapelados, que no se avergüenzan de ser papel.
¿Y, por qué?
Hay ciertos revestimientos para muros que son más caros. Pero el
inglés no es un nuevo rico. A nadie, en su vivienda, se le ocurrirá que
no le alcanzó el dinero. También los géneros de sus trajes son de lana y
lo demuestran honestamente. Si se dejara a los vieneses dirigir la moda
del vestido, tejerían la lana de oveja como terciopelo o raso. Los géne­
ros ingleses —nuestros géneros, por consiguiente— no muestran nunca
el vienés “quiero y no puedo”.

55

�NO T O C A R ( 1917)
Adviértase que el material noble y la buena mano de obra no sólo
compensan la falta de ornamentación sino que, incluso, la superan con
mucho en su cualidad de valioso. Sí; excluyen la ornamentación porque
hasta el último de los hombres no se atrevería a adornar una noble su­
perficie lígnica con taraceas, grabar el extraño juego que la naturaleza
ha impreso en una chapa de mármol o cortar en pequeños cuadrados un
maravilloso zorro plateado para unirlo con otra piel en forma de damero.
Hubo épocas en las que no se estimaba el material de la manera como
lo sentimos nosotros. Entonces fué cuando se pudo fácilmente —y sin
remordimientos— ornamentar. Nosotros hemos trocado la ornamentación
de tiempos pasados por algo más maravilloso. El material noble es el
milagro de Dios.

En el año 1898 se entintaban las maderas de rojo, verde, azul o vio­
leta —pues el arquitecto tenía una caja de colores a su disposición— y
sólo cuando yo en mi café Museum, por primera vez, en un trabajo mo­
derno, usé madera de caoba, se dieron cuenta los vieneses de que no
sólo había formas y colores fantásticos, sino también distintos materiales.
Y mano de obra distinta también. Porque sabía esto y lo respetaba,
existen todavía en uso simples muebles que he hecho hace veinte años.
Los productos de fantasía del estilo Jugend y Sezeccion de aquel mismo
tiempo desaparecieron y se olvidaron.
El material y la mano de obra tienen derecho a no ser desvalorizados
todos los años por las nuevas corrientes de la moda.

56

�ORNAMENTO Y CRIMEN (1908)
El embrión humano pasa en el seno materno por todas las fases de
la evolución del reino animal. Al nacer, las percepciones sensoriales del
hombre son las mismas que las de un cachorro recién nacido. Su niñez
íecorre todas las mutaciones características de la historia de la humani­
dad. A los dos años ve como un papua; a los cuatro, como un germano;
a los seis, como Sócrates; a los ocho como Voltaire. Cuando llega a los
ocho años se hace consciente del violeta, ese color descubierto por el
siglo XVIII, ya que antes los violetas eran azules y las púrpuras rojas.
El niño es amoral; también el papúa lo es para nosotros. El papua
mata a sus enemigos y se los come; no es un criminal. En cambio, cuando
un hombre moderno mata a alguien y se lo come es o un criminal o
un degenerado. El papúa graba su piel y su bote, su remo y, en fin,
todo lo que está a su alcance; no es un criminal. El hombre moderno
que se tatúa es un criminal o un degenerado. Hay cárceles cuyo ochenta
por ciento de recluidos lucen tatuaje. Los tatuados en libertad son cri­
minales latentes o aristócratas degenerados. Si un hombre tatuado pe­
rece en libertad, es porque la muerte lo sorprendió algunos años antes
de cometer un asesinato.
El impulso a ornar su cara y todo lo accesible, explica el nacimiento
de las artes plásticas; es el balbuceo infantil de la pintura. Todo arte
es erótico; el primer ornamento nacido, la cruz, tuvo un origen erótico.
La primera obra de arte, el primer hecho artístico fué una mancha pin­
tada en la pared por el primer artista que tuvo necesidad de librarse
de su exceso emocional. Una raya horizontal: la mujer acostada; una
raya vertical: el hombre que la penetra. El hombre que creó esto sentía
el mismo impulso de Beethoven; estaba en el mismo ciclo en qu Beethoven compuso la Novena.

57

�Pero el hombre de nuestro tiempo que por impulso interior emba­
durna las paredes con símbolos eróticos es o un criminal o un degenerado.
Descubrí el siguiente apotegma y lo regalé al mundo: “La evolución
de la cultura es sinónimo de eliminación del ornamento en el objeto de
uso”. Creí traer con esto una nueva alegría al mundo, que no me lo

agradeció. Se entristecieron y abatieron las cabezas. Les dolía que no
pudiesen crearse nuevos ornamentos. ¡Cómo! ¿No somos capaces nosotros,
hombres del siglo diecinueve, de lo que puede cualquier negro, de lo
que pudieron todos los pueblos y todas las épocas anteriores a nosotros?
Los objetos sin ornato, de épocas pasadas, se tiraban sin cuidado y se
dejaban librados a la destrucción. No poseemos bancos de carpintero de
los carolingios; pero toda cosa baladí con algo de ornamento se colecta,
se limpia; y pomposos palacios se construyen para su albergue. La gente
marcha tristemente entre sus vitrinas y se avergüenza de su impotencia.
Toda época tiene su estilo. ¿Sólo a la nuestra le habrá sido vedado el
suyo? Al referirse a estilo se aludía al ornamento. Entonces yo dije: “Basta
de lamentos; el no ser capaz de crear un ornato nuevo, es lo que hace
la grandeza de nuestra época. Nosotros hemos superado el ornamento,
hemos alcanzado, fatigosamente, la prescindencia del ornamento. El tiem­
po se acerca; el ansiado fin nos aguarda. Pronto brillarán, como blancas
paredes, las calles de la ciudad. Cual Sion, la urbe santa, la capital ce­
leste. Entonces habrá llegado la hora”.
Pero hay espíritus aviesos que no lo admiten. La humanidad debe
seguir jadeando en la esclavitud del ornamento. Los hombres están bas­
tante adelantados para no sentir placer con el ornamento; bastante evo­
lucionados para alegrarse con una pitillera lisa, y desestimar otra deco­
rada que cueste lo mismo. Son felices con sus trajes y están contentos
de no tener que usar pantalones de terciopelo rojo con entorchados do­
rados como los monos de la feria. Y digo: “La pieza en que murió
Goethe es más hermosa que el rico aparato del Renacimiento, y un

�mueble liso, más bello que todas las piezas de museo taraceadas y esculturadas”.
El ritmo de la evolución cultural sufre por los rezagados. Yo vivo
posiblemente, en el año 1908, pero mi vecino está alrededor del 1900 y
aquel de más allá, en el año 1880. Es una desgracia para un país que
la cultura de sus habitantes se distribuya en un espacio tan grande de
tiempo. El campesino de Kala vive en el siglo XII. Y en el desfile del
Jubileo se vieron pueblos que hubieran sido retrógrados en la época de
las invasiones bárbaras. Feliz la tierra que no posee estos retrasados y
modernos. ¡Feliz América! Nosotros tenemos, hasta en las ciudades, za­
gueros de mentalidad siglo XVIII, que se horrorizan delante de un cuadro
con sombras moradas, porque son incapaces todavía de percibir los tonos
violados. Son aquellos a los que place más el faisán que obliga a trabajar
días y días al cocinero, los que prefieren la pitillera con adornos Rena­
cimiento a la lisa. ¿Y qué decir de provincia? Los trajes y los utensilios
domésticos pertenecen totalmente a los siglos pasados. El campesino no
es cristiano; es pagano aún.
La carencia de ornamentación implica abreviar el tiempo de elabo­
ración y aumentar el jornal obrero.
El ornato es mano de obra derrochada y, por tanto, derroche de
salud. Así fué siempre. Pero hoy significa también material malgastado;
o sea, en resumen, capital dilapidado.
Y puesto que la ornamentación no se halla unida orgánicamente a
nuestra cultura, ha dejado de ser expresión de nuestro tiempo. El orna­
mento que se crea en la actualidad no tiene nexo común con nosotros,
no tiene absolutamente ninguna relación humana, ninguna conexión con
el orden mundial.

59

�El hombre moderno que estima devotamente el ornamento de épo­
cas pasadas, como expresión de plenitud artística, reconocerá en seguida,
lo torturado, penoso, enfermizo y forzado del ornamento moderno. El
que vive a la escala actual de la cultura no puede crear ninguna clase de
ornamentación.
Adolfo L oos
Traducción de Enrique Pserhof
y Fernando García Esteban

60

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��Crítica
CANDIDO FORTINARI
Cándido Portinari ha venido a exponer
a nuestra ciudad tras una larga serie de
éxitos, tantos como exposiciones va des­
granando por Europa y América. Obtuvo
la atención investigadora de la alta crí­
tica artística de París, la más acostumbra­
da a discernir sobre lo nuevo; se le con­
sagró en Norteamérica, donde se le die­
ron muros de palacios para decorar; con­
citó los mayores comentarios de la última
temporada en Buenos Aires y ahora, antes
de regresar al Brasil, su patria, que lo re­
conoce como a su máximo pintor, expone
en el Salón de la Comisión Nacional de
Bellas Artes de Montevideo, donde sus
cuadros obtienen una inusitada curiosidad.
Por hoy, como corresponde a todo ar­
tista verdaderamente creador, el éxito hay
que apreciarlo en relación al vigor con que
enciende y extiende la polémica. Se le dis­
cute en su novedad y en la permanencia
de su mensaje; se aplaude su filiación mo­
dernista o se le niega autenticidad; se
objeta el desenfado de su libertad expre­
siva y se admira su desenvoltura mag
nífica y certera para cualquier empresa;
se rechaza su temática dolorosa o se le
estimula en su posición combativa de ar­
tista social. Portinari inquieta.

63

También por hoy Portinari es un des­
acomodado. No está pronto aún el casi­
llero que ha de rotularlo definitivamente
en la Historia del Arte y él mismo sigue
produciendo y exhibe lo que produce sin
preocuparse en aclaraciones que iluminen
su unidad. Descubrir la cifra de una
personalidad es obra de otros, parece pen­
sar el autor. Este hombre que no sabe
de límites lo muestra todo. En esta ex­
posición hay óleos, temples, dibujos y
grabados; incluso fotografías de grandes
realizaciones murales como las de la Bi­
blioteca del Congreso de Wáshington, Ra­
dio Tupí de San Pablo o el Ministerio de
Educación de Río de Janeiro. En esta
exposición hay figuras genéricas, retratos
sentimentales, cuadros de intención pura­
mente especulativa, bocetos o estudios de
decoraciones y vocinglería política, tal
Maternidad, cuya violencia de forma
excede lo admisible en el cuadro de ca­
ballete.
De por sí la grandeza manifiesta de su
obra presenta la complejidad epopéyica.
El pueblo representado es el Brasil natal,
el pueblo de los cafetales de Brodosqui,
de trabajadores campesinos miserables; la
época es la actual, que agita reivindica­
ciones; su expresión es la libertad y el
desborde. Todo esto irrita al público de­
masiado cercano a los disfrazados mendi­
gos, modelos de las aquietadas academias
romanas; admirando en éstos su pintores­
quismo banal no se resigna a aprobar la
labor de este pintor contemporáneo, que
como el bíblico relator de Job, toma en
serio el dolor de sus semejantes.

�Portinari expresa el dolor triunfando
sobre él. Lo sublimiza. Dicho en lengua­
je plástico, lo monumentaliza. Es claro y
luminoso y por encima de todo tiene su
luz. En esta luz clara de trópico radiante,
baña, —limpiándola—, la miseria humana,
motivo principal de su obra. Su expre­
sión valiente, como traducción de una
anímica sana, es preponderante al tema
desgarrador. Por aquí se puede hablar de
la alegría en la obra de Portinari que
bien lejos está de la melancolía expresio­
nista de los semitas germanos.
Su verue, su inspiración, no sabe de
vallas; tampoco tienen secretos ni dificul­
tades las más disímiles técnicas. Se diría
que carece de problemas de ejecución. Es
el artista que hace lo que quiere, sin que
nada entorpezca la total expresión de sus
intuiciones. Signa el dibujo y tritura el
color con discernimiento admirable. Ve
con claridad sus formas, sus propias for­
mas audaces de una morfología a volun­
tad, haciendo de un capricho una verdad
y con la misma dominante espontanei­
dad usa del lenguaje de sus contemporá­
neos. El dominio y entendimiento del
arte moderno en Portinari es total. Co­
mo Rafael Sanzio en el Renacimiento,
realiza su obra utilizando el panorama
ecuménico de la pintura de su tiempo.
Los signos y motivos del superrealismo y
cubismo se valoran en su obra con el ca­
rácter de la más pura autenticidad. Pero
estos signos de un esoterismo plástico por
los cuales un Ives Tanguy, Joan Miró o
Pablo Picasso se evaden de la realidad,
sólo le sirven a Portinari para dar a su
64

obra una mayor vibración de la hora; su
finalidad no es la abstracción sino la ad­
hesión humana: este artista busca deci­
didamente al hombre.
Abstracción y realismo se reúnen en sus
pinturas de una manera nueva. En esto
está el verdadero aporte personal de Por­
tinari. Entierro en la hamaca, la dra­
mática tela de Portinari que por su im­
portancia puede ejemplarizar, parecería
reunir a Picasso y Gutiérrez Solana; el
famoso creador del cubismo junto a su
compatriota el recio narrador de la Es­
paña Negra. ¿Quién hubiera osado pen­
sar una junción semejante? Sin embargo,
en éste como en tantos otros cuadros, la
realidad exaltada de la criatura humana
se describe o acompaña sin hacer dispa­
rate, con los elementos del lenguaje plás­
tico más nuevo. Trabajar con el arte nue­
vo más puro y reintegrarlo a un ejercicio
de potente humanismo, ha sido la gran
tarea que distingue a Cándido Portinari.
Montevideo
José P edro Argul.
EL VIII SALÓN DE MAR DEL PLATA
Al tomar bajo nuestra resopnsabilidad
la crítica del VIII Salón de Arte de Mar
del Plata, subrayamos lo dicho con moti­
vo del VII: características de la pintura,
escultura y grabado son la escasa imagi­
nación, el apego al modelo a la manera
naturalista, la pobreza en el empleo de
los elementos plásticos y la despreocu­
pación para componer. Sólo cabe por eso

�volver a las primeras figuras presentes,
para refirmar las valoraciones ya hechas
y señalar los esfuerzos nuevos.
Encontramos dos premios merecedores
de comentario, aún cuando estimemos no
ser ellos lo más expresivo de sus autores:
Balcón, de J uan Carlos Victorica y Mesa
Violeta, de R oberto Rossi. Victorica busca
expresar sensaciones visuales, pero no de
una manera naturalista, ya que modifica
la materia de la realidad con ayuda del
color. Su imaginación se solaza en tra­
ducir la luz, el espacio en ocres y grises
—que son como blancos—, en verdes y
azules. Esas notas vibrantes se encuentran
encerradas tal vez con excesiva simplicidad
por el marco de una puerta. La composi­
ción se empobrece aquí y en los fondos
repetidos, pero el ojo, llevado hacia el
ángulo superior derecho de la tela se en­
cuentra otra vez con el azul vivo de un
cielo audazmente recreado.
En Rossi hay composición y color en
función de ella. Dentro de una caracte­
rística general, los objetos no se recortan
sobre los fondos, se dispersan en pince­
ladas sueltas creando así, entre ellos y
la atmósfera, una verdadera penetración.
Esta modalidad le permite, por ejemplo,
pintar un ramo con fina maestría: el
ramo que tantos se empeñan en coformar
individualizando cada flor, se diluye ha­
cia los bordes en busca de luz.
En una misma sala, presidida por el
monumental óleo de R aquel Forner,
Símbolo, han sido agrupadas algunas de
nuestras primeras paletas. R aquel For­

ner , enraizada hoy en las manifestaciones
de un arte en cierto modo superrealista,
planta su figura colosal en el espacio, la
acompaña con la representación de objetos
varios, sugiriendo así en el espectador dis­
tintas emociones e ideas. Parecería que el
mismo color se ajustara con sus tonalida­
des ocres verdosas al mensaje total de su
obra, mensaje de angustia que se está adueñando en una peligrosa repetición del
rostro de todas sus criaturas.
El Retrato de la Sra. Elena Policastro
de R aúl Soldi nos ha parecido lo más ex­
quisito de toda la exposición. La belleza
plástica surge de ese personalísimo color
espectral que ya ha dejado de estar al ser­
vicio de la habitual estereotipación de las
figuras para servir a la expresión psicoló­
gica de los rostros; color amalgamado en
un empaste prieto, en el traje crea vo­
lúmenes y pasajes y con entera libertad
se abre en ágiles pinceladas para traducir
un detalle como los cabellos.
Frente a la Naturaleza muerta de Butler, volvemos a pensar como hace un
año que su arte es resultado de una
elaboración y afirmamos como funda­
mental su preocupación por componer, su
tendencia a la síntesis de la forma y
del color. Ciñe los objetos dentro de
trazos oscuros; los agrupa cuidadosamen­
te acentuando con la verticalidad de la
botella y el florero el máximo ordena­
miento; jerarquiza los colores, oponiendo
al rojo de las flores de la izquierda, el
azul de una compotera a la derecha. Pero
no da con el color la materialidad de

65

�cada cosa: el pan, la botella, las flores
están hechas con la misma intensidad de
pasta, como la mesa que las soporta y
el fondo, que en definitiva es aire que
circula.
Basaldúa construye la figura de Rincón
de estudio, la afirma con pleno volumen
en medio de la composición, por la mo­
vilidad de las masas cromáticas. Es la
pasta la que se mueve para crear un
arabesco de la forma; son las pinceladas
que se alargan en el sentido de la figura,
y, los pequeños toques de grises, los que
crean la fisonomía total.
Castagnino, lírico y colorista, en un
trabajo súbito y espontáneo, colorea su
figura con las tintas de su emoción. Tal
vez por esto es más expresivo cuando
traduce en pinceladas sueltas el color lo­
cal y los reflejos que cuando funde el
empaste. El traje de Doña Nati vale por
eso, aunque se repita en el matiz.
Policastro no ha necesitado para crear
su cuadro más que dar en su superficie
partes iguales a cielo y tierra, colocar en
el centro una tapera. Los grises, ocres y
azules del primero pesan sobre la pared,
que se ve blanca, dando con dramaticidad
la soledad y el abandono.
Aún encontramos en esta sala a T iglio
con Domingo en el puerto y a Mjraglia
con Viejo Molino. El primero tiene como
siempre la facultad de emocionarnos con
sus búsquedas de color, con el dinamismo
de las pinceladas; el segundo es expresivo
porque crea dentro de tonalidades bajas
un follaje con azules y ocres más que con
verdes.

66

Más allá de esta sala hemos apreciado
otros esfuerzos dignos de atención para
la crítica y la estimación del público.
Cogorno, con Atilio , pone en el Salón
atestado de naturalismo una auténtica
nota de arte renovado. La forma se bos­
queja en los grandes trazos de las pin­
celadas diferentemente cargadas de mate­
ria; el rostro halla su expresión en los ras­
gos apenas insinuados de unas manchas
pardas.
T orrallardona en Lavanderas, tradu­
ce con relaciones ópticas un paisaje; crea
con el color el movimiento de una esce­
na. No importa el modelo sino la sensa­
ción que un retazo de realidad le ha
producido. Con esto estamos definiendo
a un fauve, ante todo por el uso del
color como único medio de expresión, y
por su planismo, por la ausencia de tono
local. Las figuras inclinadas son expresi­
vas por las pinceladas dinámicas que las
traducen.
Barragán combina con acierto los ocres
y verdes suaves en Figuras, estáticas en
la actitud y en el juego vertical de los
brazos; expresivas en la dureza de los
rostros.
Diomede en Figura, aprovecha la poca
riqueza del empaste para modificar las
tintas superpuestas; equilibra el amarillo
de la blusa con los fondos verdes y ocres;
sabe oscurecer el ocre claro de las carnes
para acusar una sombra o insinuar un
volumen.
Presas en Desnudo, consigue una defor­
mación expresiva con la actitud de la
cabeza y el movimiento general de los

�brazos hacia abajo, lástima que ella se
malogre en el desdibujo burdo de las
piernas.
Violet S. de Carelli nos brinda en
Composición una cierta originalidad para
elegir objetos y distribuirlos, más sentida
que pensada; de aquí una primera im­
presión de abigarramiento que se pierde
cuando el análisis descubre finura en el
color que organiza; en las manchas rojas
—lápiz de labio, polvera y cisne—, y en
las gamas de los grises de un despojador
y del fondo.
Ernesto Fariña aplica el pincel desbor­
dante de aceitosa materia a su tela Natu­
raleza muerta con paño verde; entre el
azul del fondo y el gris de la mesa co­
loca un paño verde, dos manchas blan­
cas en una misma diagonal —el huevo y
la conchilla—; dos negras —la botella y
el racimo—. Simple en la habitación, pero
bien entonada en la gama general azul
y fría.
Mario Grandi con su pastel Homenaje
a Watteau demuestra virtudes de dibu­
jante maduro; la facilidad en el dibujo
le permite por sí sola animar sus figu­
ras; por ello el pastel resulta subordina­
do en su expresividad al primero y las
figuras no adquieren el dinamismo nece­
sario al tema, están detenidas en un mo­
mento del baile, fijadas contra los fondos.
No carecen de interes: el medio que
usa Corcostecui en Paisaje en Hudson
para traducir un follaje con pinceladas
irregulares de distintos verdes y azules
que llenan la totalidad del cuadro. El
esfuerzo por recordar la escuela impre­

61

sionista, que realiza Alberto Russo en

Estudio de paisaje. La organización de un

paisaje por obra del sol amalgamado dis­
tintamente con los colores que presente
el óleo de 1939 de March, La quebrada
de Humahuaca. El sintetismo de color y
forma del paisaje urbano de Pacenza, La
calle del Mirador. El juego decorativo de
ocres y grises, la conocida división en
planos a que somete las figuras Ciiiesa,
sin que llegue nunca a crear volúmenes.
Finalmente nos impresionaron bien: Ale­
jandro T omatis por la finura con que su­
po construir con ligeras pinceladas el traje,
el ambiente y las sombras de María Elisa
tejiendo. Centoira por la justeza con que
construye su cuadro Paisaje de la Reco­
leta volcando su sensibilidad en ciertos
elementos como son el cielo y unas pal­
meras. De la Fuente por la transparen­
cia y la distribución de los colores que
logra en su acuarela El Arroyo.
La escultura nos depara menos oportu­
nidades para complacernos en la contem­
plación de lo académico y naturalista. La
presencia de Alonso nos reconforta con
su habitual modo de expresión por el
volumen. Marina encuentra logro total en
la plenitud de formas; en el impulso
hacia abajo de la figura arrodillada que
al mismo tiempo, en un estiramiento ha­
cia atrás, lleva los brazos sobre la cabe­
za. Hay fuerza en la deformación de los
muslos redondos y fuertes; en los perfi­
les, especialmente en el posterior derecho
que en una línea ininterrumpida corre
desde la mano apoyada sobre la cabeza

�hasta la punta del pie; hay fuerza en el
modelado del torso y en la rusticidad del
rostro. El sentido total se ve acentuado
por el policromado descendente que como
agua surca la superficie.
Balduzzi en Busto de mujer, tendiendo
más a la síntesis de los planos que al detallismo, crea la cabeza con expresión psi­
cológica.
Profeta, de T roiani, importa por la
verticalidad de ciertos ritmos. Ermitaño,
de Devoto, por el modelado del torso,
que no es superficial, sino movimiento
de la masa misma, acaso ésta su única
virtud, ya que el resto se desenvuelve
dentro de un frío naturalismo. Y por
fin, Hipopótamo, de Labourdette, nos
pone otra vez en condiciones de valorar
una de sus formas de expresión por los
volúmenes pétreos, condensados en sín­
tesis.
La casi totalidad de nuestros grabado­
res nos han inducido a pensar que en
ellos rige la preocupación por el tema li­
terario, la anécdota, considerada en tal
forma que el espectador recoge la impre­
sión que el grabado no ha interesado al
artista más que como medio para ilus­
trar algún relato o leyenda. Abundan

68

las expresiones sentimentales, la compli­
cación y abigarramiento de las escenas,
de modo que, el sentido de las mismas,
se pierde al tratar de delimitar las figu­
ras humanas y los objetos. De ahí que
nuevamente deba señalarse como nota
destacada una xilografía de R ebuffo:
Nieve en el Aconquija, porque descarga
los personajes de su acento individual y
busca una expresión vigorosa en el con­
traste vibrante de grandes planos blancos
y negros y porque con tallas simples de
finas calidades llega al logro de distintos
planos creadores de profundidad.
Merecen recordarse; el aguafuerte de
Elgarte titulada Niños, trabajado fina­
mente con el buril y el dibujo a pluma
de Longarini, Venezia; la xilografía de
Zapata Gollán, Mar y la aguada de
Magda de Pamphils, Mercado de Naranjas.
Si en el ambular por las salas se ha
escapado a nuestros ojos ávidos de autén­
tica inquietud artística, alguna manifesta­
ción digna de estima, esperamos los pró­
ximos salones del año para evidenciarlas,
que para eso estamos: para refirmar va­
lores y para descubrir hasta el pequeño
destello de una posible promesa.
Blanca Stábile

��HENRI LAURENS
La sirena (19JS)

(Mármol)

Hoja de VER y ESTIMAR

�miscelánea
acaba de realizar una extraordinaria exposición re­
ospectiva de sus obras en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas. Tal
vez hubo que lamentar la ausencia de algunas esculturas de bulto im­
portantes que corresponden a su período cubista, pero el conjunto no
podía dejar de impresionar aún al espectador reaccionario y de justificar
el juicio de D. H. Kahnweiler, quien lo considera el escultor francés de
mayor valía en la actualidad.
Toda una vida de búsquedas y de lucha se reflejaba en dibujos,
esculturas y grabados de ilustración, a través de los cuales podía seguirse
de cerca la evolución de un pintor que ha sido moderno hasta hace al­
gunos años, pero que ahora se debate, casi se diría en la impotencia,
porque no ha sabido sacar todas las consecuencias, lo mismo que L ipchitz ,
de la legítima posición original.
Quienes lo conozcan y lo estimen, no dejarán de extrañarse por eso
al ver la fotografía de una de sus últimas obras, que publicamos en lá­
mina suelta: muy potente en sus ritmos, muy sabia en la composición
y no exenta de gracia, pero superficial en su expresión decorativa. Lo
que no deja de ser penoso en un artista que ha sabido encontrar más de
una vez ritmos de invención hondamente emotivos que procedían de
un amasamiento instintivo de la materia escultórica.
J. R. B.
• H enry L aurens
tí

• La fisonomía del mundo intelectual y artístico de París acaba de sufrir una sen­
sible transfiguración. Murió Christian “Bébé” Bérard y con él desaparece de los teatros,
ateliers, salones de la haute volé y de la haute couture, de las galerías de arte y del
cine su estampa tan familiar, caracterizada por su barba rojiza y su hermosa
perra Hyacinthe. En la reciente exposición del Museo Galliera Rostros Pari­
sienses pudieron verse varios retratos suyos, entre ellos de Raymond Radiguet, y

69

�entonces se recordó que Bérard, discípulo de Vuillard, era un dibujante de mara­
villosa pluma, de un lápiz casi etéreo, que pudo haber sido un eximio retratista,
si sus otras muchas actividades como metteur en scéne junto con Cocteau, Giraudoux
y Jouvet, para los decorados de Moliere, sus croquis para la creación de la moda le
hubieran dejado más tiempo. Ahora la muerte le arrancó el lápiz y el pincel cuando
sólo contaba 47 años; queda para la ligera vida de París un recuerdo cariñoso del
mimado, barbudo y genial “Bébé” Bérard.

• En un feroz auto de fe Georges Rouault quemó en la purgadora
llama de una inmensa hoguera 315 obras suyas, gouaches, acuarelas y di­
bujos, que habían sido objeto del ruidoso litigio judicial entre el artista
y los herederos del marchand Ambroise Vollard. Muy propio de él, afirmó
los inalienables derechos espirituales del artista sobre su obra, confirman­
do con esto el verdadero artista que es Rouault pues, aunque el fallo
del juez le diera satisfacción y razón, consideró el indigno juicio, en sí
mismo, como un estigma sobre los derechos de la creación artística. Pero
no deja de ser deplorable que este acto de soberana voluntad del hombre
y creador Rouault, el Sacrificio de Rouault como se llegó a llamarlo,
implica a su vez la desaparición y pérdida total de una importante y
valiosa parte de su obra temprana.
® El Museo Municipal de Amsterdam dió hace pocas semanas lugar a una expo­
sición de arte sudafricano en cuyo centro plástico se halla el hombre negro, su paisaje
y su ambiente. Para mencionar solamente algunos nombres, pintores como Kottler,
Mary Stainbank, de Sanderes-Hendrikz y Pierneff, muestran al negro en toda su
belleza física como expresión de la admirable entereza e ingenuidad de su alma.
Lo que en esta exposición llamó la atención del espectador europeo fue el hecho
de que, si bien los motivos —paisaje y figura— eran africanos, la forma plástica, el
concepto y la técnica eran tan europeoi —o si se quiere ya universales— como el arte
de Picasso o Marc Chagall, que parecen haber ejercido espécial influencia sobre los
■ pintores sudafricanos. Cierta excepción constituían los trabajos de Walter Batties quien
se muestra claramente influenciado por los dibujos prehistóricos del arte bushman.
En general pudo advertirse el curiosum que el arte sudafricano recibió su inspira­
ción y reflejo del arte primitivo africano no en forma directa, sino por la vía más
larga y más refinada del espíritu, europeo, y a través del crisol en el que se ha fundido
la aleación para una futura pintura verdaderamente y cada vez más universal, sin
menoscabo de rasgos y características propios de cada pueblo.

• Hace muchos años decía Camille Mauclair en “La Révue”: “En
cuanto al Señor Cézanne su nombre quedará incorporado a la broma
más memorable del arte de estos últimos quince años. No ha podido

�producir nada que merezca llamarse una obra”. ¿No será esta gaffe quizá
una advertencia sobre muchos juicios precipitados que hoy oímos sobre
nuestros artistas contemporáneos? ¿No convendría tomarla en considera­
ción en su justo valor aleccionador sobre lo relativo de una opinión ligada
al momento fugaz?
• En la Galería de Lutz y Meyer en Stuttgart se realizó en una exposición indi­
vidual los trabajos más recientes —55 óleos, acuarelas y dibujos— del joven y dotado
pintor superrealista alemán Heinz Trókes. Aparece en estos trabajos una nueva
visión cósmica, de un cosmos sideral cristalizado y abierto por la herida sangrante
de la era atómica. Supoder de abstracción y su eminente carácter gráfico refirman
una vez más esta característica del arte nórdico, que especialmente en la obra de
Trókes recuerda a ciertos grabados decorativos de los siglos xv - xvii en los que también
una especie de fantasía de sueños compuso con la lógica del sonambulismo, circuns­
cripta por la nada, cuadros que brotan de abigarradas formas parceladas de una nueva
realidad, que ha dejado de ser bonita y agradable para convertirse en una realidad
enérgica, agresiva y dinámica.
• Winston Churchill acaba de publicar un libro no político, sino sobre arte, inti­
tulado La Pintura como Pasatiempo. Este titulo indica a nuestro modo de ver una
evidente falta de comprensión de la pintura como manifestación de expresión y anhelo
de conformar plásticamente un mundo auto-existente de parte de un hombre que,
sin duda alguna, es un importante estadista, pero que parece estar muy lejos de la
posición de un auténtico artista. El arte jamás fue pasatiempo, y la verdadera pintura
lo es tan poco como lo puede ser la dirección de la nave de un estado.
• El Museum of Art de Cleveland, EE. UU., organizó hace poco una gran exposición
de la obra de Braque y ha podido reunir más de 110 obras abarcando todos los
periodos de su pintura. Georges Braque, que ahora alcanzó los 66 años, no pudo
revelarse como el gran pintor que es hasta que no entró en contacto y luego intima
amistad con Picasso. Esta influencia fructífero la obra de Braque sin que jamás haya
sido epígono de su amigo. No le gusta la naturaleza y es en su estudio, que se parece
más a un laboratorio que un atelier bohémien, donde elabora sus cuadros de concep­
ción mental, de acuerdo a leyes de valor solamente plástico. Dice Braque al respecto:
"Yo nunca visualizo un cuadro en mi mente antes de que lo comience a pintar. Por
el contrario, creo que un cuadro está concluido solamente cuando uno ha borrado
totalmente la idea que tenía al comenzarlo”.
R. G. B.

71

�VER Y ESTIMAR

CUADERNOS DE CRÍTICA ARTÍSTICA

ÍN DIC E DEL V O LUM EN II

Agosto a noviembre de 1948

TÍTULOS

72

�73

�74

�autores

A lberti, Rafael:

A Gauguin. (Para “Ver y Estimar”) .

B ayón , Damián C.:

Arte abstracto, concreto, no figurativo.
Arts y Architecture.
Batlle Planas.
Crónica persiguiendo un estilo.
Exposición de artistas franceses contemporáneos.
Flavio Rosende de Carvalho.
Gauguin: coincidencias (Gauguin-Van Gogh).
Jorge Larco.
La esencia del estilo gótico, por Wilhelm Worringer.
Modern french painters, por R. H. Wilenski.
Vision and Design, por Roger Fry.
B eret, Angelia:
Domingo Viau, Enrique Policastro y Horacio March.
Ernst Barlach.
Roberto Terracini.
Vida y obra de Paul Gauguin.
XXXVIII Salón de Artes Plásticas: la escultura.
B ruhl, Rodolfo G.:
Colección Rafael A. Crespo.
Felice Casorati.
Gauguin y el expresionismo.
Paul Gauguin nach eigenen und fremden zeugnissen.
B ruzzone, Pamela:
Art, por Clive Bell.
C amicia , Angelina:
Aquiles Badi.
C arrea, Lía:
Bob Gésinius.
Gauguin: coincidencias (Gauguin-Renoir).
Juan Carlos Castagnino.
Juan Corradini.
The modern movement in art, por R. H. Wilenski.
XXXVIII Salón de Artes Plásticas: la pintura.

VII-VIII,

5

VI,
VI
VII-VIII,
V,
VII-VIII,
VII-VIII,
VII-VIII,
VII-VIII,
V,
VI,
VI,

60
62
113
41
123
122
51
114
36
49
36

V,
VI,
VII-VIII,
VII-VIII,
VI,

51
3
119
17
67

VII-VIII,
V,
VII-VIII,
VII-VIII,

96
47
57
87

VI, 31
V, 54
VII-VIII,
VII-VIII,
TI,
VII-VIII,
TI,
TI,

118
42
53
118
46
63

�76

�ILUSTRACIONES EN NEGRO

77

�78

�79

�80

�81

�82

�P E U S E R S. A .
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COMBE, Jacques. Jheronimus Bosch. 1 volumen en 4? conteniendo 142 reproduc­
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CAHIERS D’ART. 23e année. 1948. N1? 1. Número dedicado a la Cerámica de
Picasso; contiene más de 400 reproducciones en negro. Impreso en París,
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MOSCHINI, Vittorio. Carpaccio. La leggenda di Sant’Orsola. 1 volumen en
gran folio, con 23 magníficas reproducciones en color y 12 en negro. Perte­
nece a la Colección de arte Silvana. Impresa en Milán por Amilcare Pizzi,
1945, encuadernado en cartoné .......................................................... $ 80.—
DORIVAL, Bernard. Cézanne. Toda la obra de Paúl Cézanne reunida en un solo
volumen. Contiene 166 reproducciones, 30 de las cuales son a todo color.
Lleva también reproducciones de las acuarelas, dibujos y las distintas firmas
de este pintor. Fué impresa para Ediciones Pierre Tisné en París, 1948. En­
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JEAN LURtJAT. H uit dessins a la plume reproduits en phototypie. Impreso por
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suscripciones, cheques, giros, bonos pos­
tales, a nombre de la administradora,
Raquel Bianco de Brané.
No se mantiene correspondencia sobre
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                <text>Ayala, Francisco&#13;
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CRÍTICA

ARTÍSTICA

DI R E C T OR : J O R G E R O M E R O B R E S T
Volumen II

Números 7 y 8

OCTUBRE - NOVIEMBRE

i

948

��HOMENAJE

GAUGUIN

A

EN EL C E N T E N A R I O DE SU N A C I M I E N T O

�£,o.£ofi5» tótac-Vi u lA. piftbCv

A

/o largo de sus poemas Alberti recrea la pintura. El enor­
me edificio queda construido desde la base a la cúpula,

con una sola emoción. Desde la base de la línea, el co­
lor, la composición, la tela, el pincel, la mano . . . que se
elevan en definiciones poéticas, hasta la cúpula, esférica y perfecta,
de la expresión de su sentido más íntimo en sus mayores manifes­
taciones. Fiesta del color que se encuentra a si mismo y se recono­
ce; del color que sabe hablar y canta en la naturaleza y en las telas.
Poemas al rojo, al blanco, al amarillo, al negro: son pinceladas
de color puro que recorre todos sus matices en todos los pinceles.
El amarillo suena, resuena y grita en van Gogh; el rojo es infier­
no en Brueghel, orgía en Rubens, baja al rosa en Renoir, alcanza
el púrpura en Giotto, dormita en Giorgione . . . Pinceladas que
se esculpen en sonido para traducir una sinfonía perdurable.
Y ya estamos en otra dimensión,
Cada elemento pictórico recibe su definición poética: la li­
nea “andamio y sostén”, “gloria y pasión” el color, la co?nposición “razón”, el movimiento “forma en vuelo”, la gracia “yo
no sé qué de la pintura” . ..
En fin, cuando su poesía se enfrenta con las obras, se satura
de la poesía que brota de ellas, y, sin mudar su calidad, también
del conocimiento emotivo y racional de su sentido. A la gran
sensibilidad se une la profundidad de comprensión. Cada autor
vive en sus poemas sintetizado y a la vez analizado en sus temas,
sus medios plásticos y su estructura. Giotto y Goya, El fíosco y
El Greco, Piero della Francesca “místico del diseño” y Picasso
oh monstruos, razón de la pintura, sueño de la poesía”.
Metáforas que penetran en la oscuridad de lo imponderable;
líneas y formas que generan las palabras. Y más allá que eso,
una adaptación de la forma poética al carácter de la obra que
expresa: transposición de elementos plásticos a elementos poé­
ticos que le hace agitar el ritmo siguiendo la pasión de Miguel
Ángel, descansar su metro en la gracia de Rafael, y cortarlo, des­
menuzándolo, en la “pincelada quemada” de van Gogh.
Isolina Grossi

�Para VER Y ESTIMAR

C.

G A

U G U I N

(Indice p a r a un p o e ma )

P

jL~sl color,

de viaje,
se hizo aroma de ilor,
perfume de paisaje,
isla, amor.
Mar, mar, mar,
poesía
misteriosa,
verde, amarillo, rosa.
Platanar.

�Melancolía *
quieta.
Alegoría
carmín, morado, violeta.
Esmeralda
palmar,
orilla gualda.
Dqsnudo ensimismado,
quemado.
Guirnalda,
viento inmóvil, dorado.
Siesta.
Y los jinetes por la fina,
enredada floresta,
azul araña serpentina.
Pintor:
pura,
al sol de mirada segura,
sueño real,
flor
irreal,
tu pintura.
RAFAEL ALBERTI

�SENTIDO DEL SÍMBOLO EN EL
A RT E DE P A UL G A U G U I N c
terrible confusión viene reinando desde los tiempos en
U NA
que Gauguin vivía, a propósito del sentido del símbolo en

su arte. Lo confundía él mismo con la alegoría —El simbolis­
mo no es más que la expresión disfrazada de un sentimiento
vital atrasado, decía a su amigo Schuffenecker— y lo desnatu­
ralizaban los poetas al identificarlo con la imagen subjetiva.
(Sobre todo con éstos, no obstante las muchas afinidades que
tuvo, la disidencia fué fundamental, ya que en lugar de buscar
el fantasma de las cosas en la música de las palabras, la imagina­
ción de Gauguin, demasiado concreta para comprender el aforis­
mo de Mallarmé: No nombrar sino sugerir, no se apartaba de
las cosas precisas, como Puvis de Chavannes, al que tanto admi­
raba.) Tampoco lo comprendían quienes se empeñaron en hacer
la teoría, a pesar de que en ellos se hizo patente el concepto de
sustitución, pues ninguno llegó a advertir que la calidad del sím­
bolo depende, además, de la vivencia interior con que se sepa
dotar la forma, la única que le permite satisfacerse a sí misma y
agotarse en sí misma. Entretanto, el verdadero sentido del sím­
bolo, ése que no se sabe decir o se dice malamente, surgía de la
práctica: Gauguin lo intuía con el corazón y lo creaba con las
manos, siempre más firmes que su inteligencia, a pesar de que
era lúcida como en pocos artistas de nuestro tiempo.
Se hablará aquí del símbolo, que es como decir: de la esté­
tica del solitario de Tahití. Mas no de la que pueda surgir sólo
de sus ideas escritas o trasmitidas por sus amigos, siempre enga­
ñosas, sino la que se pueda desgajar de sus obras. Se hablará aquí
7

�de una idea del símbolo que se descarga de acepciones históricoliterarias para dar nombre a la más universal de las expresiones
—la de la vida, ya que no hay símbolo en verdad sino de ella—
con el acento peculiar que supo darle; de una idea que el pintor
fue extrayendo desde lo más hondo de sus emociones y refinando
en el diario contacto con los hombres que a su juicio la enrique­
cían; de una idea que empieza por configurar su propio ser, pues
fué Gauguin ante todo artífice de sí mismo.
¿Qué quiere expresar Gauguin? Renuncia al naturalismo,
pero no deja de bucear en lo profundo de las cosas, sin apartarse
de ellas, manteniéndose en una pecrüiar actitud inmanentista.
Contemplo un pecho de mujer —escribe en Noa-Noa—, lo admiro
y en él encuentro graves enseñanzas, y lo escucho y obedezco dó­
cilmente si él lo manda. Renuncia igualmente al lirismo de sus
antecesores. Él busca otro lirismo, no tan musical y más objetivo
que el de los impresionistas; no tan sutil y más conceptual que el
de los románticos; no tan rígido y más emotivamente pensado que
el de los clásicos. Quiere expresar mediante la forma las cosas
comunes —el hombre, el animal y el paisaje— pero encerrando
en ellas una verdad trascendente y primaria que lo acongoja.
Porque sin duda lo acongoja el misterio, acaso no el misterio que
creyó discernir Mallarmé, el de éste era definición, pero sí el
misterio a que se llega por la fuerza del pensamiento. El signo
de los impresionistas y de los románticos era el de la expansión;
el de Gauguin es el de la compresión, mas no para agotarse en la
conceptuación de lo que ve, como en cierto modo fué el de los
clásicos, sino para concretar también lo que intuye con una po­
tencia que tiende en vez a destruir la forma.
Y si pretende volver el arte a su principio, al pensamiento,
para reencontrar la tradición alterada por la ciencia y por las
escuelas, no es porque lo anime una actitud primitivista y nega8

�dora de la cultura humana, sino porque comprende que le es
necesario entrar en contacto con el Espíritu en su entera libertad
inicial, como si esperara hallar en ese contacto el secreto que
otorga sentido a la existencia. Por lo mismo no fué Gauguin un
hombre seguro: no tuvo la firmeza emotiva de van Gogh —an­
clado en su individualismo de alucinado—, ni la firmeza intelec­
tual de Cézanne —guiado por su desconfianza de los sentidos—:
en él se mezclaron todas las actitudes: fué naturalista y abstracto,
romántico y clásico, y por encima de todo, un hombre que sintió,
adelantándose a nuestro siglo, el valor de una nueva épica del
instinto. Porque en ese remontarse a la idea primera, que es
como buscarla en el momento en que todavía no se ha desgajado
como tal y mantiene su original fuerza instintiva, ha de verse una
voluntad épica, no con el propósito de recordar formas de vida,
pero sí el afán de vivir. Y de este modo Gauguin anuncia Picasso,
aunque en aquél pesan ciertas trabas intelectualistas, sin duda
hijas de su tiempo, que éste ha roto y sigue rompiendo en nues­
tros días; lo anuncia además en cuanto siente, el primero y acaso
el único antes del genio hispánico, la necesidad de ser absoluta­
mente inédito.

Veamos ahora cómo quiere expresarse Gauguin. Rechaza la
alegoría porque le espantan los sentimientos hechos y no admite
que en sus obras se encarnen temas mitológicos o cristianos, como
en las de Puvis, ni tampoco se deja arrastrar por esa corriente
igualmente alegórica que implica toda vida pintoresca. Porque
la rechaza su arte es austero y sin anécdota, tan reducidos sus te­
mas y tan pobres sus alusiones existenciales. (Piénsese en la ma­
nera cómo Gauguin ha, explotado el tema tahitiano o marquesino
y se comprenderá su punto de partida: nunca representar la vida
de aquellos pueblos primitivos, siempre vigorizarla con su ánimo
de extraña potencia universalista). Pero tampoco la rechaza del
9

�todo. Negando por anticipado a los que habrán de postular las
teorías del purismo formalista, comprende que no hay arte sin
contenido alegórico, es decir, sin elementos alusivos a toda clase
de realidad, que sirvan de enlaces con el espíritu que se pretende
hacer vivir. El arte de Gauguin es literario en este sentido ahora
peyorativo de la palabra, que es como decir alusivo, porque los
contenidos literarios han desempeñado, lo mismo en su arte que
en el de todos los grandes creadores, el papel de sugeridores de
la realidad inmediata.
No se agota sin embargo en la alegoría y en esto reside su
grandeza, en una época en que no se comprendían sino las acti­
tudes extremas. Él trata de expresar, y lo logra en algunas obras
de manera cabal, la actitud espontánea y fresca, instintiva del
hombre, como algo inédito que no responde a una idea o un sen­
timiento hecho, como una creación. Y en la medida que consi­
gue que sus formas se potencien dé sentimiento, al mismo tiempo
que aluden a lo objetivo del existir y se hacen intérpretes de
ideas universales, se acerca al verdadero símbolo.
Se me reprocha algunas veces de ser incomprensible —dice
en carta a Monfreid—porque justamente se busca en mis cuadros
una faz explicativa que no tienen. Hay que convenir en que a
veces el reproche es justo, pues su mentalidad literaria no dejó
de traicionarlo, pero sólo a veces; en la etapa de plenitud, espe­
cialmente durante la segunda estancia en Tahití, las formas viven
como símbolos brutales, salvajes y descarnados, encerrando el pin­
tor en ellas la fuerza primigenia del vivir.
La forma es simplemente alegórica mientras está adherida
a la realidad inmediata de las cosas, comprendidos en ella los
sentimientos nominados; sólo alcanza la calidad de símbolo cuan­
do, sin desprenderse de esos elementos objetivos, es algo más que
alusión: vivencia de lo humano, de lo humano individual fun­
dido en lo humano universal, es decir, vivencia de lo permanente
10

�ya que la forma es simbólica cuando logra
expresar por medio de elementos artificiales de sustitución, por
eso permanentes, lo que sólo se da en la realidad como contin­
gencia. (Piense el lector en la poesía o en la música y compren­
derá que el arte de quienes la cultiven con éxito es el de trans­
formar todo lo que es significación y alusión en vivencia perma­
nente de emoción, lo qual implica superar toda reacción indivi­
dual; comprenderá igualmente que esa transformación se realiza
merced al poder creador del artista, que halla el modo de emplear
elementos artificiales otorgándoles un sentido expresivo proce­
dente de una dimensión humana pero con ciertos caracteres de
sobrehumanidad; y comprenderá también que el símbolo expre­
sa como viviente lo que existe nada más que como ideal de per­
fección, teniendo caracteres de tal cuando esa perfección no se
manifiesta sólo como forma pensada, sino igualmente como for­
ma sentida) . Gauguin lo sabe y por ello va a encontrar en cada
caso los equivalentes plásticos de sus ideas y sentimientos tra­
tando sin embargo que éstos vivan en aquéllos, no con perfección
terminal, sino en los primeros escalones de ella. Más tarde, Maurice Denis sistematizará el principio: La teoría de los equivalentes

y no de Io pasajero,

plásticos nos proveía de los medios necesarios, nosotros la había­
mos sacado de su imaginación expresiva, que nos daba derecho al
lirismo; y, por ejemplo, si estaba permitido pintar con bermellón
ese árbol que en un momento determinado nos había parecido
muy rojo, por qué no expresar, exagerándolas, esas impresiones
que justifican las metáforas de los poetas, y afirmar hasta la de­
formación la curvatura de una bella espalda, exaltar la blancura
nacarada de una carnación, dar un aspecto rígido a un ramaje
que no es agitado por ningún viento?

Gauguin es quien se anima, en las postrimerías del siglo, a
osarlo todo, como acostumbraba decir, empeñado por enriquecer
el lenguaje de la plástica, de modo que cada signo tuviera la pro11

�piedad de despertar, además de lá alusión alegórica, la vivencia
simbólica. Su rebeldía, y su disconformismo le llevan a superar
lo que ve y lo que siente, a fundir la visión en el sentimiento,
para extraer de esa fusión una forma completa, absoluta. Es erró­
nea, pues, la afirmación de Charles Morice, de que en el símbolo
gaugueniano hay alusión; Gauguin no alude sino presenta viva
la idea, mezclada con el sentimiento, y de este modo rejuvenece
el arte occidental.
Hay un símbolo de la trascendencia y un símbolo de la inma­
nencia 1. El de Gauguin pertenece a esta segunda categoría, ya que
no se propone hallar el sentido del mundo en un ente ajeno a él.
No hay en su pintura adivinación de un plano metafísico —como
en la de Rembrandt o Corot, por ejemplo—sino comprensión de
lo terrenal, y la lucha entre lo dinámico y lo estático —entre la
vida y la muerte—no se plantea ni se resuelve más que en el cam­
po de lo tangible. Podría haber dicho también él: Nada de lo
humano me es ajeno, aunque la humanidad que le interesó calara
más hondo, aun en el tiempo, que la de otros pintores.
Se comprenderá mejor esta idea del símbolo de la inmanen­
cia si se contrapone la concepción de Gauguin con la de natu­
ralistas y clásicos: el naturalista detiene su observación en las
cosas que representa y busca su médula en la diversidad, siendo
por ella analítico y detallista, como si creyera que la vida se alo­
ja con originalidad en cada minúscula parcela de materia; el
clásico se detiene igualmente en las cosas, pero las reduce a es­
quemas mentales y sólo a éstos representa, logrando así, por abs­
tracción y generalización, formas sintéticas de valor absoluto,
Véase La pintura de los primitivos y un cuadro de Gerardo Stharnina,

1
E stim ar , N ? 5.

12

V er

y

�como si creyera que tan sólo es original y por ende permanente
la vida en las grandes estructuras ordenadas. También Gauguin
reduce y simplifica, mas no a la manera del clásico, sino reco­
giendo además la vibración de lo individual, como si creyera que
lo más característico de la vida fluye de ese juego entre lo que
permanece y lo que cambia.
Tal posición intermedia tiene sus peligros. Sus formas no
tienen la riqueza de elementos que se advierte en los buenos na­
turalistas, desde Massaccio hasta Courbet —esa especie de fer­
mento que permite atesorar sus obras como si fuesen, y lo son
en verdad, documentos de vida perenne—, ni tampoco la otra
riqueza —Rafael o Poussin— que consigue crear la ilusión de lo
permanente haciendo imposible toda trasmutación. Ante un pai­
saje o una figura de Gauguin el espectador no siente el fluir de
la existencia como un río, tampoco la detención activa de la mon­
taña; sí el fluir y la detención, íntimamente fundidos. Hasta
parecería que sus formas responden a una imprecisa observación
de las cosas vivas y a una iñsuficiente actitud mental para gene­
ralizar. Es así, porque contempla la realidad concreta más bien
con los ojos de la intuición metafísica, voluntariamente endere­
zada hacia el pasado remoto de la humanidad, que con los ojos
de la intuición sensible, y porque se obliga a no reducir solamen­
te sino a captar con el máximo de intensidad emocional el men­
saje que procede de lo más hondo e impenetrable del mundo.
Puede decirse, desde este punto de vista, que el símbolo gaugueniano es símbolo de lo imperfecto, no de lo que se desgarra por
la acción deletérea del sentimiento, sino de lo que se anuncia
en fecunda primavera. Es el suyo un símbolo de epifanía, con
lo que otra vez se encuentra con Picasso.
Si Gauguin recurre a la síntesis, pues, y no trepida en en­
cerrar las formas con gruesos trazos y en construirlas valiéndose
de planos definidos; si la emplea porque tiene necesidad de una
13

�//
..
.
como dijera
Bernard Dorival;
si
ha llegado a ser hasta la nota que caracteriza su arte —lo que a
mi juicio no es falso pero sí impreciso e incompleto— no es por­
que se acerque a los clásicos, o a Cézanne, como tantas veces se
ha dicho, sino porque busca esa otra síntesis, menos mental que
intuitiva, que le permite alojar la potencia de la pasión que se
despierta en la potencia de la razón que construye. Por eso le
interesaban los egipcios —primitivos como él en este sentido—
y ese arte menor del esmalte cloisonné, porque en éste sobre todo,
más que en la incipiente y vacilante pintura medieval, podía en­
contrar algún modelo que lo alentara. La síntesis no era otra cosa
expresión elíptica y condénsetela,

que la simplificación voluntaria de las líneas, de las formas y
de los colores, simplijicación que tenía por fin dar a la expresión
su máximo de intensidad mediante la supresión de todo lo que
podía disminuir el efecto.

La definición de Jean de Rotonchamp
es justa sólo a medias, porque podría ser valedera también para
los clásicos y para los constructivistas del siglo actual; la síntesis
en Gauguin es algo más que síntesis mental, algo más que sim­
plificación voluntaria de las líneas, de las formas y de los colo­
res: es también síntesis sensorial, ya que la capacidad de reducir
y generalizar la ejerce igualmente en el plano de los sentidos,
cierto es que con una peculiar característica, la de deformar. La
síntesis actúa en el arte de Gauguin para crear un símbolo de
la pasión que no se agota en la forma y acude irrazonadamente
a la deformación.
A causa de este juego nunca definido entre la síntesis men­
tal y la emocional, entre lo universal y lo particular, el arte de
Gauguin ha podido ser tan fecundo. Constructivistas y expresio­
nistas de nuestro tiempo encuentran en él venero inagotable de
sugestión; quienes ven nada más que la poderosa razón ordenado­
ra en las obras de un artista que hizo de la composición un culto;
quienes sólo se dejan arrastrar por la pasión que desborda el trazo
14

�y el plano cromático, en las obras de un artista que hizo también
de los contrastes de color puro un culto.
Queda todavía la posibilidad de formularse una última pre­
gunta: ¿para qué quiere expresarse Gauguin?
Puesto que era un artífice de sí mismo, no puede extrañar
que se haya valido de diferentes modos de expresión, pero no hav
que engañarse: tanto la escultura, el grabado y el dibujo como
la literatura no fueron sino modos subsidiarios. Él es esencial­
mente piñtor. Y se explica, a mi juicio, porque persigue la forma
amplia quí^ supere todo individualismo y toda mezquindad ele lo
característico, sin endurecerla sin embargo, tratando de que el
hombre se integre en una gran unidad cósmica. Lo que él quiere
es construir monumentalmente el mundo de las emociones prima•rias, prestarle a la naturaleza la potencia decorativa del ritmo.
Si le guiara tan sólo la voluntad épica del monumento, la
escultura le satisfaría, pero su voluntad épica, hecha de instinto
y de razón, le lleva hacia grandes pluralidades —conjunto de
cielo, tierra y hombre en los que no cabe lo minúsculo— que
nada más que la pintura puede permitírselas. La escultura monumentaliza la idea o el sentimiento o el hecho a través del hom­
bre individual, y Gauguin trata de que sea el cosmos en su re­
lación primitiva, no por eso menos rigurosa, el que se eternice.
Por eso, cuando hace escultura, prefiere el relieve en madera, y
cuando cultiva el grabado, la xilografía, porque en estos géneros
halla el modo de expresar la tremenda fuerza de lo que aún no
se ha refinado. Más todavía, me atrevo a afirmar, no obstante su
vocación innegable de pintor, que se acerca más a su ideal al
tallar la madera que al manejar los pinceles. Parecería que cuan­
do pinta —esa fina tarea de distribuir el color con el pincel, que
enfría en cierto modo la emoción del artista— pierde la feroz fa­
cundia que sostiene al manejar el cuchillo.
15

�A. tal punto le domina esta exigencia de monumentalizar la
naturaleza primitiva que desdeña el espacio y el volumen, aplas­
tando todo contra un muro imaginario que nunca se le propor­
ciona para que lo pinte. En vano gritará su amigo Albert Aurier:
¡Muros, muros; dadle muros!; su voz no será escuchada.
En otros tiempos, con otras condiciones sociales y económi­
cas, y si hubiera tenido sentido de solidaridad con los hombres
de su época y hasta de su clase, Gauguin hubiera debido ser ar­
quitecto, pues el símbolo de su arte exige el espacio peculiar que
lo haga valer. Aquí es donde mejor se advierte su calidad de vi­
sionario y su incompleta fuerza constructiva: puede decirse que
durante toda su vida construyó un templo inespacial hecho sólo
de paredes pintadas, un castillo de naipes destinado a derrum­
barse. De él quedan ahora los cuadros que lo integraron en su
tiempo, cada uno como débil señal de una voluntad cósmica que
nunca llegó a realizai'se plenamente. No se captará por tal razón
todo el valor de su pintura si se piensa qiie él se volcó íntegra­
mente en cada tela; hay que imaginarse el conjunto, no en rápi­
da sucesión sino en yuxtaposición y contraposición de imágenes,
para tocar con los ojos y con la piel la vibración de su alma, ator­
mentada más por las exigencias del ideal universalista que por
las insuperables dificultades materiales.
Como ocurre a menudo, son muchos los escollos que han de
ser superados para llegar a comprender hondamente el mensaje
simbólico de este artista. Acaso sean más porque la única pala­
bra que de ningún modo puede ser pronunciada a propósito de
su obra, es la de perfección. Gauguin tuvo el valor de ser im­
perfecto, y de querer serlo, y la humanidad le está sin duda agra­
decida, ya que en esa genial imperfección palpita el alma de
nuestro tiempo.
J orge R om ero B rest

16

�La Casa de Pilatos — Sevilla,

��CAMINO DE LA OBSERVACION
VIDA

Y

OBRA

DE P A U L

LES BOROS DE LA SEINE AUX ENVIRONS DE
PARIS (1873). De 1873, pintura tonal, sentimental,
casi naturalista, poco comprometedora, a 1891, pin­
tura plana, decorativa, brutal y sabia: del burgués
al “juera de la ley”, al salvaje. El hombre de ne­
gocios Paul Gauguin, pintor aficionado, recibe la
herencia sin riesgos de Jongkincl y la escuela de
Barbizon: paisajes de cielo y agua, lirismo tonal,
efusión romántica consolidada por el dibujo que
construye y la pincelada que diferencia la calidad
material de los objetos.
BUSTO DE METTE GAUGUIN (1873). Emoción
epidérmica en los grises, predominio de lo anecdó­
tico. Estos primeros ensayos no se sustraen al aca­
demismo dulzón que vicia la escultura de la época.

ENTRÉE DE V1LLAGE (1879). Gauguin ha co­
nocido a Pissarro, y con él sufre la influencia
de los impresionistas, grupo díscolo y despreciado.
Y si bien la renovación no es tan radical como
parece, tiene el peligroso atractivo de lo que es
ruptura, lucha, polémica. Gauguin hace ahora
una pintura más dinámica y menos sentimental,
menos acabada y precisa, más espontánea; la pin­
celada vibra y se acorta.

GAUGUIN

�LTUDE DE NU (1S81). Contrastando con sus ensayos
impresionistas en el paisaje, Gauguin se muestra sólido
y constructivo en el desnudo. Huystnans alaba “la tajada
de vida”, verdad en la pose y el modelado, aceptación
del objeto con su carga de circunstancia, sentido de
equilibrio, firmeza de líneas.

PORTRAIT DE PAUL GAUGUIN DÉVANT LE CHEVALET (1883). En enero de 1883 el pintor de los do­
mingos abandona los negocios para volverse pintor de
todos los días. P6'r haber desdeñado el respaldo social
lia de vivir ahora en un medio hostil, lejos de su fami­
lia, conociendo el dolor extremo y ¡a extrema miseria.
Su autorretrato está caliente de subjetividad; el em­
paste es dinámico y tiende a unir la figura con el plano
del fondo. Sobre lo oscuro saltan las manchas claras
del rostro y la mano en subrayado emotivo. No obstan­
te el dibujo logra una deformación ya brutal.

LA MAISON, SAINT CLOUD (1885). Aun por bastante
tiempo Gauguin se considerará impresionista. Pero en el
impresionismo habrá siempre algo de disperso y de blan­
do que le repugnará secretamente. Aquí ya aparece un
anticipo ele la división en planos. El dibujo controla el
fervor dinámico del empaste.

�VILLAGE DE LA MARTIN1QUE (1887).
Después de una corta estada en Bretaña, sin
importancia pictórica, Gauguin parte a bus­
car fortuna a Panamá. Enfermo y defrau­
dado pasa a Martinica donde reside sólo
unos meses. Sus colores se hacen más fran­
cos y planos. Se afirma su tendencia a di­
vidir el cuadro en zonas de color y a de­
formar y abreviar el trazo. Se lo ve menos
sentimental, más objetivo, con algo de pin­
toresco.

BA1GNEUSES EN BRETAGNE (1S88). De nuevo en Francia, Gauguin retorna a Pont-Aven.
Bretaña tiene para Gauguin el encanto de su paisaje duro y apretado, el misticismo brutal
de sus calvarios, los pesados, graves rostros animales de sus gentes. Con su contacto el setimiento
se robustece de instinto. Aquí todavía la vibración de la pincelada divide el paisaje en pequeños
fragmentos. El trazo, descriptivo y hasta sensual en los desnudos, tiende a independizarse.

�PORTRAIT CHARGE DE *GAUGUIN (1889). Transfor­
mación radical. Se trata ya del luego llamado c l o i s o n n i s m e
y sintetismo —colores planos, trazos oscuros, firmes, abre­
viados. Un solo plano mitad oscuro y mitad claro, ador­
nos que lo dinarnizan sin crear espacio. El dibujo da
algún relieve a la cabeza terriblemente deformada. El
episodio de Arles, la locura de van Gogh, no han rozado
su seguridad vital.
SOYEZ AMOJTREUSES VOUS SEREZ HEUREIJSES (1889). Gauguin llega en el relieve a la má­
xima violencia expresiva. Su talla ruda, a golpes
de cuchillo, tortura el volumen, estremece y de­
forma el contorno. Sus pinturas más brutales pa­
recen controladas ante tal vehemencia, que em­
pero no excluye cierto orden. El símbolo se con­
funde con elementos alegóricos.

PORTRAIT DE PAUL GAUGUIN (1890). El trazo se
hace más pausado y severo, la deformación menos agria.
La expresión se concentra. Hay algo de equilibrado, de
jnaduro y definitivo.___________ __ ____________

�XIRVANA. PORTRAIT DE MEYER DE HAAN (1S90). El planismo se acentúa conser­
vando la vibración del empaste. Cada plano de color muy trabajado tiende a expandirse.
La deformación del trazo traduce lo interno. Pero ya hay una organización por líneas
curvas de sentido puramente rítmico. Se percibe un regusto literario que sobrepasa el tema.

�TROIS PE TI T S TAHITIENS DERRIÉRE UNE T A BLE (1891).
Composición rigurosa, dibujo pre­
ciso, deformación atemperada y aje­
na a lo emotivo, empaste plano,
tendencia estática. Se advierte una
voluntad de equilibrio y un espíritu
sin angustia. Tahiti comienza por
cercenar en las obras de Gauguin
todo temblor subjetivo.

PORTRAIT DE PAUL GAUGUIN
A UIDO LE (1893). Frente a la de­
formación violenta y al ardor ex­
presivo de los autorretratos de Bre­
taña, lineas sintéticas y serenas, ma­
yor objetividad en el enfoque.

ANNAH, LA JA VANAISE (1893). París, una
herencia, un taller artificialmente bárbaro, dispu­
ta en Bretaña, desengaño de lo Europeo, retorno
a Tahiti; colores fuertes y secos, elementos de­
corativos, modelado con alguna sugerencia de
volumen y un grano de sensualidad, ida al pla­
no, predominio estático, linea que se limita a
ceñir la forma todavía no monumental, indeci­
sión entre lo expresivo y lo decorativo: anécdota
y esencia de Ana, la javanesa.

�OV1RI (AUTORRETRATO). Por sobre todo,
la potencia emotiva de la expresión. Gauguin
escultor es ajeno al anhelo decorativo del pintor.

SCULPTURE. YERRE NON CUITE. Escultura
de libre irrupción del instinto de auténtica bar­
barie. Desaparece el freno intelectual siempre pre­
sente en su pintura. Síntesis que sirve al volu­
men prieto y a la vez de fuerte signo expansivo.

PAYSAGE DE BRETAGNE (1891). Bre­
taña ablanda de sentimiento la malla
monumental-decorativa labrada en Ta­
hiti. Pese a la fuerza del color, el em­
paste se carga de vibración emotiva y

�PORTRAIT DE PAUL GAUGUIN "A L’AMl DANIEL” (1896). Después de la fluctuantc
etapa europea, el segundo periodo taliitiano, de maduración, de afirmación definitiva. Tam­
bién de limitaciones que no habrá de superar: un planismo nunca total, una aspiración
monumental frenada por la tela, un decorativismo que a menudo se teñirá de sentimiento.
POÉMES BARBARES (1896). Los dos planos, figuras y fondo, tienden a unirse. La línea
que en las obras bretonas fuera nervio conductor de una expresión casi patética, se enfría,
se detiene y simplifica, subrayando el planismo de la forma cuyo modelado llega casi a
perder todo relieve. El misterio es temático, no plástico. Hay una clara voluntad formal.

�NEVER MORE (1897). Se precisa un concepto monumental del desnudo. La enorme defor­
mación del muslo y la cadera tiene carácter rítmico, sin ningún erotismo. Contraste del primer
plano claro sobre el fondo obscuro, animado por el ritmo estático de los elementos decorativos.

EAA IHEICHE (1898). Las figuras, alargadas y esquemáticas, vacías de contenido, se hun­
den en el fondo y adquieren un carácter esencialmente decorativo. Su papel puede casi equi­
pararse al de su marco vegetal. Se llega a la máxima despersonalización de las formas, su­
bordinadas al juego rítmico de colcr y línea.

�LE SE1NES AUX FLEURS ROUGES (1899). Por com­
paración con el anterior, las formas resultan mucho más
sólidas, más construidas, si bien el dibujo y el color
mantienen su carácter planista. Ritmos de líneas curvas
organizan las figuras, en las que despuntan atisbos de
subjetividad.
NATURE MORTE AUX POMMES (1901). Es aquí, más
que en la figura o aún en el paisaje, donde se nota la
influencia del empaste cálidamente amasado, y vibrante
de Cézanne, sin su emoción, con una cierta sequedad.
El dibujo pone diques a la tendencia expansiva del
color. Falta ese mínimo permanente de intimidad que
se advierte aún en las naturalezas muertas más rigu­
rosamente compuestas de Cézanne.

LES SOLEILS [1901). Su dibujo ¿e vuelve menos estricto
y ceñido al narrar las flores, mientras conserva su fir­
meza en la mitad inferior del cuadro. Comparados con
los de van Gogh estos mirasoles parecen mucho menos
duros, mucho menos salvajes, adorno sin peligro para un
interior cualquiera.
_____________________

�CONTES BARBARES (1902). Al pasar
ele Tahiti a las Marquesas la pintura
de Gauguin adquiere una tonalidad in­
tima y sentimental nueva, poco acorde
con su decorativismo, y crece en su as­
piración de misterio, por la incorpora­
ción de figuras y formas de sentido
confuso.

PORTRAIT DE GAUGUIN. El dibujo
se vuelve detector de lo interno, vibra,,
deforma, recorta, se ennegrece o aclara
a impulsos de su necesidad patética. Es
el último Gauguin, miserable, enfermo,
perseguido. Confesión terrible como la
de ese paisaje nevado de Bretaña, obra
final, que invalida el testimonio opti­
mista de algunas obras de ese período„

�MARQUISIENS A CHEVAL (1902). Este es un Gauguin inespera­
do: elegancia en las formas y en su disposición, elegancia en el
color, menos rico, más sensible, tendencia dinámica. Al mismo
tiempo la expresión se superficializa, la monumentalidad desapa­
rece. La obra de Martinica queda definida por C ontes barbares y
M arquisiens A chevals : sentimentalismo y refinamiento.
A ngelia B eret

�GAUGUIN:

I

coincidencias

ES EN EL 83. LOS DOS, PISSARRO Y GAUGUIN, PINTAN
la ruta de Pontoise a Osny. Es uno el paisaje, pero liay quien
evidencia la luz en imagen, sumerge los volúmenes en la atmós­
fera, acentúa la dimensión mentida y va hacia el sentimiento que
está en las cosas. . .
Una visión que lo desmenuza todo en sueltas pinceladas
de color. Aire libre, valores. Un espíritu que, seducido
por la sinfonía luminosa, desecha la línea y construye
con el color. Profundidad, volumen. Gama de verdes y
grises y una materia grasa, espesa que es su esencia pic­
tórica. El aire circula.

29

�.. .y quien en arquitecto construye todas las formas, succiona toda atmós­
fera, frena toda dinámica, y lo osa todo.
El suyo es arte de transposición. Ley de la lógica subjetivada. Deformación y color sentidos. A la visión frag­
mentada opone “su” síntesis formal. Tintas planas, rit­
mos. Búsqueda de un equilibrio lineal, una estilización
formal, una expresión por lo monumental para alcanzar
lo decorativo. De la luz coloreada al color puro.
Aclarar, ¿para qué? Gauguin dice: “Sobre senderos convergentes, rostros
campesinos buscan no se sabe qué. Esto podría ser de Pissarro.”
Es el pintor de la naturaleza agreste y la vida rústica.
Se identifica con un naturalismo que nada tiene de
anecdótico. Compone la realidad. Su visión y su liris­
mo están dados con un pigmento cromático exacerbado
en su substancia. Pero es un sensualismo objetivado.
“M anque a Corot —dice A. Tabarant— es a Poussin a
quien se evoca para definir el carácter y situar el sen­
timiento.” Aunque Théodore Duret objete que en Pis­
sarro no existe la sublimación de un Millet.
Mientras Pissarro —“yo... yo tengo el temperamento de un campesino,
melancólico, rústico y salvaje en mis obras; quien tenga prisa no se de­
tendrá ante mí”— anota en Gauguin un buscar del sentimiento, no como
estilo, sino hecho idea. . . Gauguin dibuja una, dos, tres caras que él
quiere llamar “rostros despojados de sentimiento”. Pero. . . “mi bárbaro
corazón: tan duro como am ante... Hay salvajes que se visten a veces”.
Gauguin es el pintor de las naturalezas primitivas, ama
y posee la simplicidad, el hieratismo sugestivo, la ino­
cencia algo torpe y angulosa. Luz tan intensamente des­
lumbradora. Sus figuras tienen la espontaneidad de las
floras vírgenes. Es sobrio, grandioso, imponente. (A.
Delaroche.)
Y cuando se esbozan, uno al otro... Pissarro siente que el pulso le
exige un vigor inusitado, rebelde... no es esa misma acallada, constre­
ñida potencia con que diez años antes dibuja y pinta a otro discípulo,
Cézanne. Y Gauguin, como con sorna, hace saltar los puntos, “el todo
de confetti”.
Mordaz alusión a la etapa puntillista, mientras Pissarro

30

�se agota en la duda: “¡Cómo aunar la pureza y simpli­
cidad del punto —pobre, diáfano, monótono— con la
suave, libre, espontánea y fresca impresión que es pos­
tulado impresionista!” Es la duda que lleva a los “pa­
sajes”. A disminuir las distancias tonales con interme­
diarios. A desechar la nota vibrante: yuxtaposición de
tonos distantes. Él que huye del contraste.
Con Cézanne lejos, Gauguin entregado a la abstracción, el misticismo. ..
Pissarro había abrazado la teoría de Seurat. Entre la pincelada endia­
blada y el orden neoimpresionista, el sentimiento pugna por estallar con
un furor insospechado. O del realismo, pasando por la división de to­
nos, a la armonía decorativa de los paisajes urbanos.
Y siempre esa rigurosa, inveterada construcción formal
que va a penetrar y enraizarse en Gauguin.

Antes —es en el 74— mis dos artistas se encuentran en un paisaje de Gau­
guin. Hasta la quinta exposición impresionista, primera para Gauguin,
Huys'mans podrá decir de sus telas: “una dilución de obras inciertas de
Pissarro”, pero al año siguiente: “la personalidad de Gauguin se recorta
netamente en un desnudo.. . apenas en el paisaje se adivina un vínculo
con Pissarro, su maestro”.
En las Meules, en la Barriere, pesa todavía el ojo ace­
chante de Pissarro. Luego hay las Nature Morte a la
manera de Cézanne. Y hay la etapa de transición de la
Belle Angele, formas individualizadas, agitadas por la
desazón que le impulsa hacia el misticismo. Y de allí a
las Tahitiennes assises.
Luego, ¿dónde hallar asidero para un paralelo entre mis dos pintores?
¿dónde, si acaso, se rozan sus planetas divergentes? ¿Influencia por el
verbo?. . . ¿por la paleta y el pincel? Veamos si la hay.
En tal paisaje, en tal rincón de villorrio, Gauguin va al
análisis de los tonos, la división del color, la oposición
de los complementarios.

31

�El origen de Pissarro se remonta a las Antillas, el de Gauguin al Perú.
Hay quien huye a Caracas, quien a Tahití: sumersión en ambos. ¿Eso
basta?
PISSARRO: —Dibuja siempre del natural. La naturaleza es nuestra sola
esperanza si queremos lograr un arte verdadero y decora­
tivo. Pero el deseo de interpretarla no debe destruir el
contacto íntimo y directo. Transcribirla.. .
Pero Gauguin sintetiza, quiere evitar el carácter, ir a la
sola construcción de forma. El eje es la transposición.
Ni Monet, ni Cézanne, ni Renoir, ni van Gogh tuvieron discípulos, pero
en Pissarro y en Gauguin hay más que algo de Rilke. Anhelo de difun­
dir lo alcanzado. Imperiosa voluntad de decir de lo artístico.
Pissarro dice: “Si la tela está lograda, es porque aparece
construida”. Gauguin sintetiza, Gauguin deforma, pero
Gauguin construye.

32

�PISSARRO:

—Siempre, siempre la impresión memorizada, para abatir
toda vulgaridad. Dejar los modos de la verdad percibida,
sentida. Nada más.
GAUGUIN: —Mejor es pintar de memoria. Entonces tu obra será tuya.
CÉZANNE: —Sólo yo sé poner un rojo. Porque pinto de memoria.
Concepción introspectiva. Formas que viven en la at­
mósfera misma de su acción. Luz que dibuja. Búsqueda
de una construcción abstracta por planos en contraste.
Materia preciosa, espesa, rústica, y la visión sintética.
Pincelada ligera: esto es Pissarro.
PISSARRO: —Volver siempre a los primitivos. Ingenuos y sabios, ellos
son nuestros maestros. Siempre a las fuentes: en pintura
a los primitivos, en escultura a los egipcios.
GAUGUIN: —La verdad está en el arte cerebral, en el arte primi­
tivo, el más sabio: Egipto. Allí está todo principio.

53

�Todos los elementos que entran en la impresión visual,
el color local, los reflejos de los colores vecinos y la sutil
influencia de los que por contraste se acallan o se exal­
tan —Georges Lecomte—, todos los tonos que añaden las
caricias de la luz y del sol, todas las tintas que cantan
desde la sombra, todo se descompone en la tela y se re­
compone en exultante armonía en el ojo del espectador.
Valores tan próximos como en los primitivos y en Corot, maestro de Pissarro.
Georges, hijo de Pissarro, con visión inquieta y sarcástica, cumple con
rara seducción de forma y color sus fantasías decorativas; son paneles
de una suntuosidad cálida, dedrimbrante, armoniosa. Pissarro es quien
guía hacia la pintura decorativa. Pissarro que pinta sus abanicos en
perfecta unidad de forma y motivo. Y entre los Marqueses anota Gau­
guin —¿por qué lo busca?— un instinto insospechado por la decoración.
Visión de lo monumental. Deformaciones expresivas,
yuxtaposición de grandes manchas, intensidad de los co­
lores en sus contrastes. Es el drama de los elementos
plásticos en la lucha de Jacobo y el ángel, las escenas del
Calvario, el Cristo amarillo —la etapa mística de la Bre­
taña— donde hay rastros de un realismo que no quiere
persistir. Desaparece toda perspectiva y el aire denso se
hace irrespirable. Esto es Gauguin.
En la Bretaña algo le dicta un “sonido sordo, mate, potente”. Porque
allí ama lo salvaje, lo primitivo. Pissarro es la armonía toda. Para
Gauguin la armonía está en el contraste de los colores, el acorde de la
luz plena, la abolición de la acción. Gauguin sintetiza, Gauguin cons­
truye, Gauguin ordena.
Pissarro admira las estampas japonesas donde nada es
forzado y hay una calma, una grandeza, una unidad,
una luminosidad subyacente, un equilibrio sorpren­
dentes.
En Gauguin, croquis japoneses, estampas de Hokusai, litografías de Daumier, crueles observaciones de Forain, agrupados en un álbum, no por
azar, sino por su voluntad completamente intencional. Les añade la
fotografía de una pintura del Giotto: “el Giotto es el fragmento capital”.
También Georges Lecomte evoca al Giotto cuando quie­

34

�re decir del color que contienen las formas abstractas
en Pissarro.
Y Gauguin añade también a Rafael, el discípulo de Perugino, que no
trata los valores, que no aleja los planos. “¿Qué pasaría si Rafael cono­
ciera los valores? Yo que adoro y respeto a Pvafael?”
“Que todo respire la calma y la paz del alma” ... ¿lo
quiere en verdad?

Después —es en el 88— Gauguin pinta Bretonnes sur l’herbe, Gardien de
porciers, afirmando una tendencia a la simplificación de los tonos, la

estilización de las formas, la disposición de líneas y manchas con afán
decorativo. Es su síntesis. Un año después hará uso exclusivo de sus
colores planos, de sus gruesos cercos azules que sostienen las formas. Es
su contraste.
Pissarro limita sin líneas, sus formas se alejan, se apar­
tan, se desprenden del fondo con plenitud de volumen;
la luz y el color los empujan. Pero los límites son
igualmente precisos, la construcción formal igualmente
lograda.
*■
Van al gran orden de la composición. La ruta que desemboca en la de­
coración.
PISSARRO: —No veo sino manchas. Lo primero que busco es el acorde.
El primer problema es la armonía de la composición.
GAUGUIN: —La imaginación transformará la observación. La razón
dispondrá del mundo exterior.
Ansias de expresarse, sea cual fuere el modo. Hay quien usa de los agua­
fuertes, las litografías, los abanicos pintados, las témperas con tal de dar
curso a su sed de ritmo y forma. Y quien de su dibujo, su pintura, su
grabado, su escultura, su cerámica, su prosa.
Pissarro admira los relieves sobre madera y las terracotas
de Gauguin. Escribe a Mirbeau: “Son tan extrañas, de
un gusto tan exótico y bárbaro, tan preñadas de estilo”.
Cuando Gauguin se apresta a partir para la Martinica, ya es él.

35

�PISSARRO: —Trabajo, observación y emoción son las únicas fuerzas ver­
daderas.
GAUGUIN: —Hay mucho trecho de la convención, de la intuición a la
comprensión.
Si yo he logrado un paralelo, paralelo bifurcado, el maestro niega al
artista que hay en Gauguin. Cuando la etapa mística en Bretaña “ha
tomado sus elementos de los japoneses y los bizantinos”, cuando vuelve
de Tahiti “siempre en terreno ajeno, ahora ha saqueado a los salvajes
de Oceanía”. Cuando el movimiento simbolista, le critica acerbamente
por no aplicar su sentido de la síntesis a la filosofía moderna absolu­
tamente social, libre y sobre todo antimística. Hallla que toda su pintu­
ra, su decoración carecen de convicción. Y le Enrostra su más cruel
acusación: “Su pintura no le pertenece, usted es un ser civilizado”.
Hasta aq u í... ¿el maestro? ¿el amigo?
Y Gauguin: “Si contemplamos la totalidad de las telas de Pissarro, a
pesar de tantas fluctuaciones, hallaremos no sólo una voluntad artística
que jamás miente sino, y lo que es más, un arte esencialmente intuitivo,
puro. £1 fué uno de mis maestros. Yo no le niego”.
Hay quien capta las imágenes con los ojos,
hay quien con el núcleo misterioso del pensamiento.
C lara D iament

16

�C.ON LA FUERZA ANCFIA Y OSCURA DE LA TIERRA Y
el esquema claro de la inteligencia, Gauguin construye su mun­
do. Impulso que se define y se limita para ahondarse. Su mundo
nutrido de materia húmeda como la vida, que se agiganta en
un esquema colosal, comunión de lo universal con lo íntimo.
Gauguin voluntario, sensual e inteligente, se entrega a la verdad que
lo posee, para escribir esa verdad sobre su siglo de naturalismo, de ro­
manticismo y de impresionismo. “La verdad es el arte cerebral puro, es
el arte primitivo —el más sabio de todos— es Egipto, dice. Allí está el
principio. En nuestra miseria actual no hay salvación posible más que
en el retorno razonado y franco al principio.”
La condición primera de su arte es el sello de su voluntad y de su
inteligencia; la que personaliza su obra y la inscribe en un nuevo ámbito.
En verdad, por la afirmación de los elementos racionales rompe el
cerco del impresionismo cuya influencia lo aprisiona. Desde su primera
exposición recorre diez años de búsquedas: la vida en Bretaña, el primer
contacto con van Gogh, el viaje a la Martinica que tanto enriqueció su
pensamiento. Cuando después de Pont-Aven comienza a considerársele
jefe de la nueva escuela de pintores, ya se ha hallado a sí mismo. En
esta definición —voluntad, sentimiento, razón— más allá del impresio­
nismo se vincula con Degas, y a través de él con Ingres y con los clá­
sicos. Porque la búsqueda de su propia manera la realiza a través de la
construcción rigurosa de la forma.

n

Grande y profunda lección la de Degas con su labor junto a los
impresionistas y a la vez lejos de ellos. Con su unión de raíz y tronco
al movimiento que significaba “autonomía de concepto”, y sus ramas
libres cargadas de frutos nuevos. Degas esencialmente moderno y esen­
cialmente solo, sometido a su rigor; entusiasta impulsor de los nuevos
pintores e ignorante consciente de sus técnicas y de sus temas. Frente a
ellos, que captan la realidad forzando los sentidos, construye rigurosa­
mente la suya esforzándose en la composición, y buscando en los mo-

37

�mentos fugitivos de su mundo la estabilidad, la concreción, la solidifi­
cación que otorga la síntesis del dibujo.
Gauguin encuentra en Degas el alimento de las mismas pasiones:
pasión del dibujo, de la composición, del ritmo, de la búsqueda del valor
decorativo; pasión de organizar la obra, de estructurarla por medio de la
razón, de crearla como una totalidad que no busca en la naturaleza sino el
punto de partida. Como Degas intenta concretar y estructurar las formas
diluidas por el impresionismo, en su tendencia agotadora a buscar; a bus­
car y definir. Raíz de una misma inquietud racional que se resolverá
en distintos caminos: en la construcción de dos mundos.

Entre los dos no hubo barreras. Degas oscuro y huraño, ordenado, aisla­
do, respetado y temido, explica a los jóvenes la obra de Gauguin narrando
con simpatía la fábula de El perro y el lobo: “Miren ustedes; Gauguin es
el lobo”. En tanto que en su refugio tahitiano Gauguin adorna sus paredes
con reproducciones de cuadros de Degas. “¿Quién conoce a Degas?”, se pre-

38

�gunta. “Decir nadie sería exagerado. Algunos solamente. ¿Le comprenden
bien?. . . Es muy bueno, pero como tiene talento pasa por ser arisco. . .
En el hombre como en el pintor todo es ejemplar. Degas es uno de
esos raros maestros que no teniendo más que agacharse para recogerlas,
ha desdeñado las palmas académicas, los honores y la fortuna, sin me­
lancolía ni rencor. ¡Pasa tan sencillamente entre la multitud!’’
Y la comprensión de su obra lo exalta. “ . . .no hay motivo ni tema:
solamente la vida de las líneas: líneas y otra vez líneas. Su estilo es él.
Porque firma. Nadie tiene menos necesidad que él. En estos últimos
tiempos ha hecho gran cantidad de desnudos. Los críticos en general
vieron la mujer. Degas ve la m ujer.. . Pero no se trata en modo alguno
de las mujeres de antaño, no se trata de bailarínas. . . ¿De qué se trata?
El dibujo estaba en el suelo. Hacía falta levantarlo, y ante estos desnudos
yo grito: Ahora está en pie.”
Pasión del dibujo que los une y los diferencia.

52

�El valor expresivo de la línea es fundamental en Degas. Cerrada,
vibrante, sintética, tenue unas veces y dura otras, se aísla del color para
tomar un alto valor por sí misma. Dentro de un mundo nunca muy gro­
tesco consigue apresar lo inestable, lo inefable, lo inasible: el movimien­
to que nace o que muere.
Si en Gauguin el valor del dibujo se impone, no es de la línea en sí
de donde surge la expresión. Es de la línea como límite de masas colo­
readas; es de la línea como arabesco decorativo.
En Degas la línea se-hace sutil y vibrante para aprisionar lo instan­
táneo; en Gauguin se endurece para traducir lo permanente. En uno el
dibujo dinaráiza las formas en el plano; en el otro es fundamento de su
ideal estátiqo.
Para Gauguin el dibujo y el color están unidos. Él confiesa no haber
sabido jamás “hacer un dibujo limpio, ni manejar un esfumino, ni una
miga de pan”. “Me parece que siempre le falta algo: el color”, dice. “La
línea es el color”.
Sus colores no se mueven. Evita la pose en movimiento para que todo
respire calma, como si su mundo hubiera llegado a la definición. El mun­
do de Degas, en cambio, es inestable y lleno de imprevistos: tal vez más
cerca del de la naturaleza.
Semejantes en el afán de construir por la síntesis del dibujo, estos dos
mundos distintos vuelven a unirse en su pasión del orden. En su ritmo,
traducción del sentido decorativo. Ritmo dinámico el de Degas, rico en
posibilidades, pero austero. Gauguin solidifica el ritmo: lo detiene. Lo
aplasta en sus figuras aplastadas, mientras Degas se complace acariciando
un volumen creado casi sólo con la línea.
Probablemente lo que más atrajo a Gauguin en Degas fué este senti­
do decorativo, expresión de un concepto racional del arte. De allí sur­
gen infinitos puntos de unión que van señalando diferencias. En la obra
de Degas el elemento decorativo se agota en la síntesis, en la construc­
ción rítmica, en la composición de nuevos enfoques, sin absorber el vo­
lumen, ni la variación tonal, ni el espacio. El mundo está creado en pro­
fundidad, sin subordinaciones.

40

�Pobladora de uno y otro universo es la enorme figura del hombre:
centro y recipiente de igual inquietud. Enorme figura creada a través de
pequeñas figuras: bailarínas, planchadoras, jockeys, o bretonas y tahitianas. En los dos, esquemas. Pero en el esquema de Degas cabe su sen­
timiento humano, profundo y cálido. El impulso de Gauguin, hecho de
tierra y vida, de sentimiento, de sensualidad, de alegría y dolor, choca
contra los límites, y al no poder romperlos, los agiganta. En este punto
se separa de Degas por la naturaleza de su mensaje: Degas es íntimo,
Gauguin monumental.
Si los dos tienen el propósito de expresar la vida interior de una
realidad creada, la realidad es distinta por su contenido y por su ex­
presión.
Más respetuoso de la naturaleza y más apasionado por la caracte­
rización, Degas transmite un estremecimiento interior a la forma, que
electriza la expresión más banal o el escorzo más atrevido, y traduce esa
expresión en misterio y poesía. Todo parece suavizarse por un aliento
cálido.
Gauguin nos presenta de golpe la realidad sentida y pensada, con
su misterio franco y rudo. Un misterio que parece no serlo a fuerza de
ser sincero. Y su poesía no es ya estremecimiento sino sustancia amasada
con el propio color y la línea; salta sobre el espectador con la fuerza
de lo doloroso.
Los dos desnudan a la realidad y la visten con su sentido: la realidad
primera ya no les interesa, sino ésta nueva rica de contenido. Pero Gau­
guin la inmoviliza en su vestidura y, liberada de lo accesorio, la libera
también del espacio que la aprisiona. La vuelve invariable por la línea
y el color y la compone según su ritmo. Sus mujeres estáticas y oscuras,
sus bretonas de alegres cofias, no nos hablan con sus rostros. No le in­
teresa lo psicológico. Su fuerza está en la precisión con que apresa y de­
tiene a sus personajes encerrando en sus límites seguros la expresión
uniforme de su existencia. Sin velos ni misterios; sin escorzos ni tonos:
planos y monumentales. Así son en su raíz primitiva. Así los quiere.
I s OLINA GROSSI

41

�I

TT T “¿Por qué no se crea un gran estilo?”... “¿Por qué en lugar
i 1 de una gran forina se crean tres pequeñas?” ... “Puro y amplio:
i | he ahí el dibujo, y he ahí el arte” ... “Las bellas formas son

sencillamente superficies y redondeces” ... “Debemos hacer pintu­
ra escultórica.”

Las ideas de Ingres incomprendidas en su época, se plasman, aunque
de manera harto diferente, en la obra de dos de los más grandes pintores
franceses de todos los tiempos.
Gauguiri y Renoir, dos hombres en busca de un ideal estético, dos
mundos divergentes. Sus destinos los llevaron por sendas que no habían
de cruzarse. No fueron creados para entenderse, no se entendieron jamás.
Renoir en busca de la expresión íntima, construye su pequeño mundo
y lo encierra dentro de un marco. Gauguin en cambio, no puede expresar­
se en una tela que lo ahoga y lo angustia; sus búsquedas se encaminan
hacia la creación de un “gran estilo” y de “una gran forma”. Sus cuadros
tienden a salir del caballete, responden más a la concepción de la pin­
tura mural.
En la influencia de Ingres y de la estampa japonesa, residen los
únicos puntos de contacto entre los dos artistas, unión y separación abso­
lutas, caminos opuestos. Mientras uno se deja arrastrar por sus sentidos,
río desbordante de sensualidad, el otro, se reprime y se vuelve autero
tratando de llegar a la raíz del concepto de lo monumental.
Una de las más frecuentes vías de expresión de ambos artistas, es el
desnudo femenino, pero ¡qué diferencia!, ¡qué oposición constante!. Re­
noir lo concibe como una “bella forma modelada esféricamente” y lo
colma de contornos flexibles y voluptuosos, de “superficies y redondeces”,
forma-fruto de un goce interior. Asimila la estampa japonesa como occi­
dental, ve en ella sobre todo la posibilidad de enriquecer su dibujo. En su
pintura no hay preconcepto, Renoir es un naturalista intimista al que le
interesan los objetos por sí mismos, y en cuyas proporciones quiere descu­
brir el secreto de una armonía universal. Su instinto lo lleva a acercarse
a las cosas y a reproducirlas mediante un empaste rico y un color lleno
de vigor en los que está implicado un profundo goce erótico, fuerza desa­
42

�tada que se desprende del desnudo, sensualidad palpitante que aflora
del fino modelado redondeado con ardor.
Frente a Renoir, Gauguin el constructivista apasionado que reprime
y sublima su erotismo primigenio, buscando siempre como intuición ra­
zonada, la teoría tras la forma. En el desnudo supera todo significado
sentimental, lo construye sin relieve, como una estatua a la que el plano
hubiere absorbido. El sentido de la monumentalidad está plenamente
logrado gracias a una concepción planista de los elementos, y a las formas
concebidas con un gran sentido de síntesis, secuela de la estampa japonesa.
Gauguin frena su sensualidad con su inteligencia que actúa como
muro de contención. Una fuerza bárbara está sin embargo latente en el
contraste y en la violencia del color, que infunden a sus cuadros un hálito
salvaje y primitivo. La búsqueda del sentido épico y de lo eterno lo lleva
a realizar figuras que permanecen dentro de un estatismo absoluto, hieráticos seres primitivos inmersos en una naturaleza que está en sus co­
mienzos, fuera de toda civilización, naturaleza a la que dominan y con­
templan encastillados en su yo.

Renoir hace “pintura escultórica” incorporando el desnudo al es­
pacio. El dibujo firme, construye formas plenas que se inscriben en
contornos netos de límites sinuosos vibrantes y sensibles. Hay una franca
búsqueda del arabesco en el trazo que limita la figura y que por no inte­
rrumpirse en ningún momento, hace que ésta cobre cierto carácter estático
que no se hace definitivo merced al entrecruzamiento de los ejes. La mate­
ria pulida que parece esmalte, pasta rica y sensual, se condensa en pince­
ladas audaces y nerviosas que dejan adivinar el pintor impresionista. Una
atmósfera de luz y color envuelve la forma al tiempo que la equilibra. Hay
una gran armonía en el color, en el brillo de los tonos puros, valorados
gracias a los ocres y grises que emplea en su unión.
Para conseguir dar a las formas objetivas lo que el modelo tiene de

43

�personal, de individual, Renoir deforma, afirmando siempre el volumen
con gran sentido de síntesis. A la inversa de Gauguin, busca la expresión
psicológica, el subrayado emotivo. Su voluptuosidad no reprimida —que se
traduce en la profusión de curvas— da origen al erotismo del desnudo cuya
carne, apenas contenida por la línea, parece desbordar. Renoir observa la
naturaleza, estudia el modelo, que con frecuencia es un personaje común,
una mujer cualquiera, y lo transfigura mediante su intuición plástica y su
sentido lírico. La figura trasluce tranquilidad, alegría de vivir, sana sen­
sualidad, pero es que a la inversa de Gauguin, no le interesa la gran expre­
sión o la búsqueda de lo mo­
numental, “su sentido de la

mesura le impedía todo empu­
je a lo extraordinario, descon­
fiaba de lo sublime que es in­
controlable”.

Gauguin en plena madura­
ción artística, logra plasmar su
ideal estético en esta obra, don­
de el sentido épico está plena­
mente logrado, donde consi­
gue reprimir su sensualidad sin
abrirle ninguna vía de escape.
El dibujo fuerte y vigoroso,
valor fundamental como límite,
estructura con rudeza la figu­
ra enérgica. La línea pierde en
parte su sentido significativo,
para tomar en cambio carácter
monumental. Ni fría, ni iner­
te, conserva una cierta vibra­
ción emotiva que se convierte
en tensión interior.

44

�El sentido decorativo lo lle­
va al empleo de ritmos salvajes
y austeros. Ritmos austeros los
que hay en el arabesco de la
línea límite, línea que se corta
en ángulos, donde las curvas
son escasas, línea que ciñe es­
trictamente la figura armoni­
zada por el fondo dentro de
una composición bien equili­
brada. Ritmos salvajes los que
hay en el color vibrante que
salta con sonoridad de la ma­
teria rica y pastosa que cons­
truye la tela. Con el tono uni­
do y homogéneo, hace carne
una fuerza centrífuga instinti­
va que empuja las formas hacia
afuera en busca de expansión.
La concepción es planista por
definición, aunque el volumen
esté aludido, no ya en su cor­
poreidad real y verdadera, pues
no está creado, sino idealizado.
Esta es la esencia del simbolis­
mo de Gauguin, en toda su ca­
pacidad de sugerencia. La bús­
queda del sentido épico lo lle­
va a superar todo detalle. No
mueve las formas, mantiene el
desnudo en un estatismo absoluto. No busca la expresión psicológica ni
individual, la figura carece de sentimientos. Para lograr plenamente su
objeto, la monumentalización del espíritu primitivo, condensa síntesis y
símbolo en una tela a la que restituye la esencia, el alma del mundo infla­

mado en el que vive.

L ía C arrea

45

�"'®" ~T EL PROBLEMA DE LA INFLUENCIA DE CÉZANNE
\ j sobre Gauguin ha sido planteado no solamente en casi todos
los ensayos sino también por sus mismos amigos y contem’
poráneos. Así, por ejemplo, mientras Lhote llama a Gauguin
“falso discípulo” del maestro de Aix, por ser su estética negación de la
cézanniana, Maurice Denis, por su lado, lo considera el verdadero conti­
nuador de sus teorías, ya que, con mayor rigor teórico pero con menor
sensibilidad llevó adelante la reconstrucción del arte iniciada con los
materiales del impresionismo.
Por eso, repetir este enfoque de la influencia directa o indirecta del
uno sobre el otro, nos ha parecido menos interesante que oponer las dos
figuras para llegar a determinar la coincidencia de ambos en los princi­
pios esenciales que contribuyeron, en los últimos veinte años del siglo XIX
a trasformar el concepto de la obra artística.

I

Partamos de una primera afirmación: Tanto Cézanne como Gauguin
arrancan de la observación de la naturaleza. De las numerosas cartas del
primero a Émile P-ernard recogemos su pensamiento: “El estudio real y
prodigioso a emprender es la diversidad del cuadro de la naturaleza”.
Esto no significa que traduzca la naturaleza tal cual es, sino tal cual la
siente; el pintor no debe reflejar la naturaleza, sino la emoción que ha
sentido en su presencia. “El método consiste en buscar la expresión de
lo que se siente, en organizar la sensación de una manera estética per­
sonal”. Primero está la sensación, luego el pensamiento que organiza.
Gauguin a su vez afirma: “No más reproducir la naturaleza y la vida
por más o menos o por trompe l’oeil improvisados, sino por el contrario,
representar nuestras sensaciones y nuestros sueños por formas y colores
armoniosos”. Para él la obra de arte es un espejo donde se refleja el
estado de alma del artista. Éste ha de buscar un equivalente que permita
expresar la sensación recibida sin reproducir el espectáculo inicial, re­
sultando de aquí que la obra de arte es una transposición. De modo que
para Cézanne como para Gauguin la naturaleza es un motivo, es la ma­
teria exterior que se da al artista; sobre ella reacciona el espíritu para
crear la verdadera obra de arte. El primero encierra su pensamiento en
la conocida frase: “Rehacer a Poussin según la naturaleza”, esto es, corn­

eó

�poner y racionalizar las sensaciones. El segundo, en carta a Monfreid,
concreta a su vez. “El artista, (si quiere realmente hacer obra creadora),
no debe copiar la naturaleza, sino los elementos de ella y crear un nuevo
elemento”. Esto es posible por la imaginación, la verdadera maestra del
cuadro.
Sentado este punto de partida de la estética de ambos pintores, se
nos plantea el problema de saber la manera cómo cada uno entiende que
ha de trasmitir el artista sus emociones.
Para Cézanne, lo primero ha de ser la búsqueda de la forma tradu­
cida por el color. La forma no está separada del color, ambos se condi­
cionan. Pero no se trata del color llevado a las variaciones tonales que
reproducen el modelado tradicional, sino del color considerado en sus
contrastes. Para Cézanne todo es color en la naturaleza, el objeto, la
sombra, la luz y el espacio. “No existe la línea, no existe el modelado,
no hay más que contrastes”. Existe el tono local de cada objeto, pero es
modificado por influjo del tono de la luz, por los reflejos de la atmósfera;
de tal manera que cada cambio se traduce en un pequeño plano y el
conjunto de éstos conforman el volumen. La forma es pues el volumen
expresado en una serie de gamas de distintos colores. Es lo que llama
modular. Por eso el dibujo en blanco y negro fué raramente usado por
Cézanne, porque el color tenía como expresión plástica un valor absoluto.
“El dibujo y el color no son cosas diferentes; a medida que se pinta se
dibuja; cuanto más se armoniza el color más se precisa el dibujo. Guando
el color alcanza la riqueza, la forma alcanza su plenitud”. “La luz y la
sombra son relaciones de color. El dibujo puro es una abstracción. La
forma y el contorno nos son dados por los contrastes y las oposiciones
que resultan de sus coloraciones particulares.”
¿Qué significa, en cambio, para Gauguin crear? Ante todo la susti­
tución de las imágenes objetivas por imágenes coloreadas que responden
a leyes totalmente subjetivas. Las cosas son evocadas por las manchas
planas de color, por la armonización y la disposición intencionada de
las mismas. El color puro es el principal vehículo para expresar la sensa­
ción recibida. Ésta es la teoría de la equivalencia o del símbolo, gestada
por Gauguin y tomada y desarrollada por Denis, Anquetin, Bernard, Ranson y otros.

47

�Resumiendo lo expuesto: Cé­
zanne crea por medio de las
estructuras logradas a base de
contrastes de colores. Gauguin
por las síntesis armoniosas de
tintas planas, equivalentes o
símbolos de la emoción expe­
rimentada. El arte es el resul­
tado de una sensación pero
comporta al mismo tiempo la
participación del yo, el orde­
namiento de esas sensaciones
por obra de la imaginación y
de la razón.
¿Cómo se traduce en definiti­
va esa participación? En Gau­
guin en las deformaciones ex­
presivas, en la intensidad de
los colores, en la distribución
de las manchas que equilibran
la superficie plana. Y todo esto
conforma a cierta leyes rítmi­
cas, lo que da a sus composiciones un aspecto decorativo. Efay además,
en él, simplificaciones en el dibujo, ritmos en la composición que eviden­
cian la elaboración mental a que sometía sus trabajos.
En Cézanne la participación del elemento ordenador halla su expre­
sión más acabada en la voluntad de construcción. Construir significa,
como aclara Dorival en su acabado estudio sobre Cézanne, “desprender
la naturaleza profunda de las cosas, someter lo accidental a lo esencial,
poner ese esencial en su valor”, lo cual es posible solamente por un control
absoluto de la razón. Esto es lo que llevó a D’Ors a calificar a Cé­
zanne de clásico, porque su guía son las ideas y su preferida la razón.
Analizaremos ahora las teorías de ambos artistas en el orden de las
realizaciones plásticas. Confrontaremos para ello dos obras de la madurez.
La primera de Cézanne: Madame Cézanne au fauteuil jaune (1890-94).

48

�Para él la figura —casi siempre retrato— es un pretexto para llevar a su
más alto desarrollo la búsqueda de la forma a través del volumen y del
color. En este ejemplo que proponemos, la figura emerge independizada
del espacio que la rodea; el volumen de la cara, de los brazos, apresado
en los trazos sintéticos de un dibujo cerrado, nos lleva a pensar en
verdaderas abstracciones geométricas. Pero el color no vive independiente
de ellas; si observamos el vestido, los brazos cubiertos, notamos que se
llega a la forma por la colocación en contraste de las tintas que marcan
las partes en luz y en sombra. Por momentos, el dibujo tiene su impor­
tancia en el bosquejo de las formas, pero la corporeidad de las mismas
no llegaría a producirse sino fuera por el contraste y la vibración del
color que se incluye en sus límites. La figura aparece envuelta en su parte
inferior por la atmósfera que también es color; pero al mismo tiempo
todo el aire que rodea a la primera parece recibir los reflejos de ella.
Para Gauguin, la figura tiene, en cambio, otra traducción plástica.
Analicemos su Nave-Nave Mahana (1896). Se nota ante todo que se trata
de una composición en la cual se ha buscado una distribución adecuada
de las figuras y de los colores para hacer del cuadro una composición
equilibrada. Hay
una intención lo­
grada y buscada
en la disposición
de las manchas
frías y cálidas; los
verdes fríos locali­
zados en las ropas
de las tres figuras
sentadas encierran
en un triángulo
las re sta n te s de
pie, las cuales se
ordenan a su vez
en otro triángulo
de cálidos violen­
tos y profundos,
49

�que apresa las dos figuras centrales, calculadamente portadoras de un azul
frío y de un verde cálido. Este acorde del azul y del verde está resaltado pol­
la proximidad de los rojos anaranjados. El aspecto decorativo se ve subra­
yado por la concepción de- las figuras como siluetas. Ellas se recortan
sobre los fondos y su nitidez es más significativa a causa de los con­
tornos espesados en trazos oscuros los que delimitan rigurosamente las
formas. Este procedimiento plástico —cloisonnisme— usado antes que por
Gauguin por Émile Bernard como procedimiento de grabador y de pin­
tor de vitraux, es incorjrorado por el primero al conjunto de los ele­
mentos pictóricos. Por su influjo, la pintura adquiere una mayor fuerza
expresiva, no como pintura naturalista, —leamos: empeñada en llevar a
las dos dimensiones de la tela las tres del espacio natural—, sino como
pintura eminentemente decorativa, donde la búsqueda de la perspectiva
y el volumen es sacrificada en beneficio de las posibilidades expresivas
de la pintura mural. En Gauguin no hay empeño por traducir el volumen
y el espacio. Observemos las figuras humanas en el cuadro propuesto
como ejemplo. A pesar del contraste de luz y sombra no se logra la cor­
poreidad, como tampoco la visión en perspectiva del paisaje. Paisaje ilu­
minado por igual, sin la atmófera envolvente, tan característica de Cé­
zanne, su emoción es producida por los ritmos plásticos que crean la
disposición de las manchas de colores.
La base de la creación artística de Gauguin está pues en la sensación,
pero por sobre ésta predomina la razón en la distribución armoniosa de
las masas y las líneas.
Esta participación en primer plano del elemento racional une a Gau­
guin con Cézanne, abriendo así la auténtica brecha por donde ha de surgir
toda la estética del arte moderno.
B lanca Stabile

50

�LOS CAMINOS DE GAUGUIN Y DE VAN GOGH -co ­
mo vidas y como arte— provienen de ámbitos diferentes,
se cruzan en un punto y vuelven a separarse para siempre
inscritos en dos esquemas que por antagónicos se complemen­
tan en el complejo mundo de la pintura moderna.
Gauguin era lo que la psicología actual llama un extravertido. Hom­
bre alto y fuerte, un poco fanfarrón de su físico, sanamente sensual y con
un ideal de arte clásico, aunque él hubiera renegado de este adjetivo o
no lo supiera advertir en sí.
Van Gogh era un introvertido que llegó a la locura.' Un hombre
deshecho en su juventud por las dudas religiosas. Predicador entre mi­
neros, fracasado en el amor, torpe, llega a la pintura con un caudal de
fuerza expresiva contenida que lo hace pasar por encima de una concep­
ción lúcida del arte para llegar a poner en sus telas toda la desesperación,
el desconcierto, la pasión brutal que lo incendiaba.
Como tipos humanos, pocos habrá más dispares. Pues bien, esos dos
mundos se llegan a conocer, a habitar bajo el mismo techo —la famosa
casita blanca de Arles— pero nunca sabremos hasta qué punto a apre­
ciarse, a sentir un verdadero afecto el uno por el otro. Gauguin posible­
mente ejerció su prepotencia sobre van Gogh en este período. Lo des­
lumbraba con su éxito entre las pupilas de alguna casa de tolerancia del
pueblo, las mismas-mujeres que se reían de aquel holandés chiflado que
pintaba un par de zuecos o una silla de paja en un cuarto vacío, irreco­
nocible en las pinceladas a mandoble, en los colores exacerbados hasta
lastimar los ojos. A una de esas mujeres que se mofaban de él, van Gogh
mandó —en un ataque de locura— el regalo sangriento de su oreja cor­
tada al ras.
Cuando después de este episodio Gauguin huye de Arles, la vincula­
ción de ambos hombres queda truncada. Posiblemente van Gogh en
los meandros de su mente confundida, le envidiara siempre a Gauguin la
seguridad para el dibujo, la campechanía en el trato de las gentes, la insul­
tante vitalidad de gigante, la destreza, la fuerza física. Quizá toda aquella
estadía no haya sido más que un afirmarse de Gauguin ante quien consi­
deraba inferior y el episodio de la persecución nocturna llevando van
Gogh un cuchillo para desfigurar o matar al otro nos dice con toda cla­
ridad el estado mental de los protagonistas. Fué una experiencia terri­
ble para ellos, jrero el arte del mundo ganó con toda aquella angustia,

V

51

�aquella zozobra, aquel miedo.
Veamos cómo, tratando de de­
sentrañar las posibles influen­
cias positivas y negativas del
uno sobre el otro.
Partamos del dibujo. Gau­
guin ha sido uno de los gran­
des dibujantes del siglo XIX.
Viene de una línea excelsa que
llega a culminar en Francia ha­
ce cien años en Ingres y algo
después en Degas, dos de las
mayores admiraciones de Gau­
guin. Pero entendámonos, la
línea de estos pintores es la
línea clásica, la que se pliega
a la concepción superior del
artista que busca un ideal de
forma equilibrado, infundien­
do en ella su vitalidad pero sin dejarse arrastrar por el instinto que,
aunque presente siempre, está imperceptiblemente corregido en cada
pulsación por una mente clara que concibe cerebralmente y va dejando
registrada en ella una idea junto con una pasión.
Van Gogh en ese sentido no sabía dibujar. La dureza de su línea,
la inseguridad, la fluctuación lo denuncian como un instintivo que lucha
por construir un esqueleto a sus cuadros y fracasa. Sus pequeños dibujos
de principiante son dolorosos, en ellos se ve a alguien que quiere dibujar
bien y no lo consigue 1.
En el douanier Rousseau por ejemplo no pasa nada de eso. Su defor­
mación es tan ingenua, se nota al artista tan feliz con lo que hace, que
ahí está ya precisamente su gran fuerza de afirmación. Van Gogh llegó
a copiar postales ilustradas, tanta era su necesidad de un andamio de
1 Decimos: b ien en bastardilla porque hay un concepto unánime y popular que
cree que lo clásico —y lo académico que es lo peor— es la única forma de arte correcta
y valedera. Eso es absolutamente falso pero no corresponde discutirlo aquí.

52

�dibujo sobre el que po­
der volcar a torrentes el
color desbordado que so­
ñaba. Sus notas posteriores
cuando ya se sentía pintor
no pueden considerarse di­
bujos, son trazos cortos, re­
lampagueantes, abiertos en
una explosión centrífuga
igual que las pinceladas de
sus cuadros. Son un simple
cañamazo sobre el que apli­
ca el color. En todos sus
dibujos, antiguos y madu­
ros, hay una fuerza, es la
fuerza que luego se ha lla­
mado expresionista, defor­
me, pero con una potencia
animal instintiva que la
salva; lo que no fué su lí­
nea, lo que no pudo ser
nunca, fué un registro neto y claro de la realidad objetiva.
De la composición puede decirse casi lo mismo que hemos dicho
con respecto a la línea. Gauguin tiene un sentido total del cuadro y
aunque lo vaya agrandando en esa tendencia instintiva por rebalsar el
cuadro de caballete para llegar al muro, siempre compone equilibrada­
mente, oponiendo masas a masas, color a color. Disponiendo primeros
planos que encajan con fondos muy dinámicos pero nunca tanto como
para distraer al espectador. Su claridad a ese respecto es ejemplar. Mu­
chas veces toma un punto de vista elevado que le hace ver las cosas un
poco de arriba para abajo huyendo del mucho fondo o mucho cielo
que le crean problemas de otra índole, pero sus arabescos se entrelazan,
se encadenan, se compensan hasta crear una sensación de plenitud feliz,
de realización plena. Van Gogh en cambio enfoca sus telas como puede.
Están cortadas en un sitio como pudieran estarlo en otro. Dentro del rec­
tángulo o el cuadrado que tiene para pintar pone todo lo que puede o lo
que quiere de un modo instintivo pero ni sabio ni ponderado. Nos hace

55

�recordar a esos malos fotógrafos aficionados a los que siempre les sobra o
les falta placa porque no tienen en absoluto la capacidad creadora de re­
ducirse a una forma geométrica elemental para encerrar su tema. Pero esa
misma incapacidad da un interés más a la pintura de van Gogh. La hace
menos hecha, más terriblemente improvisada como si el mundo todo re­
sultara pintado, registrado, en gamas feroces sin discriminación de bello o
jeo, de importante o nimio (sentido tan moderno este de van Gogh, tan
nuestro, de la realidad que nos rodea, nos alienta, nos ahoga).
El color de Gauguin es también pensado. Si él dice que “un metro
cuadrado de verde es más verde que un centímetro cuadrado del mismo
color’’, ello implica una actitud previa cerebral, como cuando después
Matisse decide pintar un muro con un color que se pasa de los límites
dibujados de ese mismo muro porque considera que la sensación cromá­
tica es tan fuerte en la realidad que para reconstruirla no basta exacerbar
el tono sino que hay que hacerlo desbordar de sus límites que hasta en­
tonces lo contuvieron. Pintores ambos reflexivos y de gran sabiduría tanto
Gauguin como Matisse ponen sus colores pensando el efecto que buscan
y alterándolos en la medida que entran dentro del esquema previo de
dibujo, composición, entonación que se han fijado como metas.
Es natural que Gauguin haya elaborado un color plano, casi homo­
géneamente extendido sobre la tela, llenando sus islas de dibujo con una
concepción cromática que —como lo dijimos a propósito de la composi­
ción— apunta al ideal de monumentalidad de los muralistas de genio.
Para van Gogh el color es el vehículo esencial de su romanticismo.
Maurice Denis en Teorías dice: “Es la deformación subjetiva la que da
a la pintura de van Gogh su carácter y su lirism o... es un romántico
exasperado: lo pintoresco y lo patético lo emocionan mucho antes que
la belleza plástica o el orden”.
Naturalmente que todo este patetismo tiene que expresarse por el
color. En él triunfa van Gogh como uno de los más grandes pintores de
su siglo. No tampoco por su entonación sino por la agudeza de sus con­
trastes, por la brutalidad de sus oposiciones, por esos ojos nuevos con que
sabía ver los paisajes tradicionales. Sus amarillos se queman sobre la tela,
sus rojos parecen arterias llenas de sangre, aplastadas y aún con vida,
por ellas circula un dolor y una ternura extremas que sólo saben ex­
presarse así. Todo lo que en sus cartas al hermano Theo es ponderación,
minuciosa observación de las costumbres de una raza, de la calidad pic-

54

�tórica de la luz, del sol del Mediodía que lo obsesionaba y que llegó a
pintar en un intento que es absurdo y vano en otro que no sea él, toda
esa moderación desaparece al ponerse a pintar. Entonces hay que ima­
ginarlo en estado febril, solo así saltan los azules zigzagueantes de un
cielo: eléctrico de tanta exaltación patética. Nunca cielos altos desvaídos,
cóncavos como una infinita redondez cada vez más alta, más aérea. No,
en él, un cielo detrás de un trigal con cuervos es una epilepsia de trazos
gruesos —pincel, espátula o dedo— grasos de materia cromática pura, im­
bricada con los acentos circunflejos de los cuervos negros, con- la frondosa
trama de ocres, de cadmios que son los trigos incendiados, doblegados por
un viento calcinante de fragua al rojo.
La pasta de Gauguin es unida, es lisa. No esmaltada como en los
antiguos pero vibrante por la trama muy gruesa de las telas que le gus­
taba utilizar, por los rebordes que acentúan la línea. Pero una pasta lle­
vada a la saturación, impregnada como un betún chato y denso, una
sustancia que no se quiebra ni se descascara tan tupida y firme es.
El empaste de van Gogh, ya lo hemos dicho, es casi color solamente
pegado, una escultura de bulto en que a veces se reconoce-hasta la forma
cilindrica del óleo tal como sale al apretar el pomo. Aquí no se trata de
impregnación sino de acumulación nerviosa, de paroxismo, para llegar
a trasponer en una tela toda la riqueza de un mundo llameante de gi­
rasoles, de estrellas que palpitan en lo azul de una noche con cipreses.
En cuanto al problema de la luz ocurre algo semejante. Gauguin
proviene en ese sentido de Cézanne. Para abarcar una luz total —antítesis
de las Catedrales a toda hora de Monet— una luz sin reloj ni estación
fija, Gauguin va iluminando sus cuadros con una claridad pareja que
está en todo y no está definidamente en nada. Se manifiesta por el cho­
que del color, por sus oposiciones siempre muy reflexionadas.
Van Gogh en cambio lucha por conseguir una iluminación irradian­
te, plena, absoluta. Pero en vez de átomos en suspensión como en los im­
presionistas, la luz en van Gogh se reconstruye psicológica más que físi­
camente.
Siempre un cuadro de Gauguin queda oscuro, con una luz cernida,
igual en toda la superficie de la tela si está al lado de uno de van Gogh.
En el holandés la luz es algo tangible, se ubica en un sitio, se concentra
en grandes manchas que irradian halos concéntricos de claridad. La luz
de van Gogh no es vibración sino violencia de color siguiendo un ritmo

55

�de espasmo incontenido. Hay dos cuadros: de Gauguin uno, de van Gogh
el otro, titulados ambos: L’Arlesienne; son ejemplos típicos para la com­
paración. Con las dos telas por delante se podrían ver los abismos que
separan a ambos maestros en sus concepciones pictóricas.
Si se influyeron no queda a la vista nada de ese influjo. Quizá po­
damos siempre sospechar que van Gogh aprendió algunas' técnicas de
dibujo más flúido (Gauguin dice que le dibujó algunos cuadros pero en
él podría ser fatuidad o brom a). Es probable que Gauguin se asombrara
del color de su extraño anfitrión de Arles y se inspirara alguna vez en él.
Creemos que ambos estaban demasiado formados y tenían una idea
ya muy cerrada de sus respectivas artes como para influirse mucho el
uno al otro.
Meditar en ellos apareados y distantes es un ejercicio de la máxima
utilidad cuando se piensa en las influencias que ambos han ejercido en
la pintura moderna. Pronunciarse por la primacía de uno o del otro es
pueril y es vano. Son muy grandes los dos sin estorbarse. Cada uno de
nosotros elegimos para nuestra predilección el que canta un idioma más
ideal a nuestro oído, el que más se parece a nosotros (quizá —¡oh afininidades electivas!— el que es más distinto a nuestros gustos, pasiones, fe.)
D amián C arlos B ayón

56

�G A U G U I N Y EL E X P R E S I O N I S M O
E l fu tu r o siem p re da la razón a Ifs crea­
dores, y ellos la d a n a su ve z a l fu tu r o ,
n u n c a a l p re se n te , el q u e p a ra ellos y a es
pasado.
1P ero ta m po co d e rru m b a n e l pasado con
m an o s sacrilegas sin o con solem nes obras
— y e l p re se n te ja m ás les da la razón.

F ranz M arü

LA PINTURA DE GAUGUIN Y SUS PUNTOS DE CON­
TACTO- CON EL E X P R E S IO N IS M O ALEMAN Y EL
F A U V I S M E FRANCÉS

. "

: :

I

Cuando Gcuguin empieza a pintar en el año 1880 reina todavía cierta tranquil:- •
dad feliz en el mundo espiritual de la humanidad, pero ya, se advierte claramente la
ausencia de valores éticos superiores. Gauguin sabe que la verdad no está en la cien­
cia positivista ni en la creciente mecanización de la vida del hombre, con las qué sola­
mente se logran verdades parceladas. Resueltamente se lanza a la búsqueda de los
elevados valores de la idea, y con esta posición renovadora comienza también el nuevo
arte de las minorías.
z
Precisamente en Gauguin cuaja por vez primera lo que es candente en esta nueva
tónica de lo irracional e instintivo, pero aún no con caracteres bien definidos. Gau­
guin es, pese a sus proyecciones hacia el futuro, nuestro presente, siempre hijo de su
siglo, y en él presenciamos el violento choque de esta irrupción de lo irracional e

57

�P aul G aucuin, xilografía.

individua^, como presagio de la nueva moda. lidad cultural en ciernes, con lo racional, for­
mal y (colectivo de su época. El hieratismo
, duro, áí veces absoluto, en sus formas contie­
ne ya visiblemente la violencia instintiva, bár­
bara y emotiva del virus que invadió a todo
nuestro arte contemporáneo. En este sentido
Gauguin en lina posición decididamente antirracionalista, nada clásica rii académica, es el
iniciador del doble plano desarrollado en el ex­
presionismo y fauvisme por un lado y el eubis
mo constructivo por el otro. lib arte para él
es el decan tamiento y expresión de su ser, sin
preceptos ni prejuicios. Asi toda su obra tiende
a instaurar los modos de una cultura por ha­
cerse, y es por esto también que él ve en los
fetiches de los pueblos primitivos una estrella
de te y fuente de un nuevo optimismo. El arte
cerebral, y - como tal, el arte egipcio conjunta­
mente con el arte primigenio de los llamados
pueblos bárbaros son para él puntos de» partida
En su reacción contra el frío y pseudonaturalista academismo ya lo habían precedido a
Gauguin otros pintores, entre ellos Gustave Moreau y ante todo Pttvis de Chavannes, que se
consideran como los iniciadores del llamado mo­
vimiento simbolista pictórico, al cual también
adhiere Gauguin, si bien con una concepción
bastante distinta. Puvis de ChavanneS creía po­
der escapar al avance de lo naturalista con te­
mas de sentido más alegórico y en su búsqueda
de una pintura decorativa y monumental tiene
con Gauguin un punto - de contacto fundamen­
tal. La tendencia hacia lo monumental se ma­
nifiesta sin embargo con mucha mayor eviden­
cia y logro en /a pintura de Gauguin, que en
la da Puvis, que indudablemente ya tenía la
58

�idea, pero no pabia realizarla en sus telas. Así las obras de Gauguin no solamente son
de gran tamaño, que sería lo menos decisivo para una pintura monumental, sino ante
todo por su concepto llegan a superar claramente los límites *de! hombre, respon­
diendo a un hondo sentimiento épico; el hombre se empequeñece frente a la auténtica
obla monumental,
Gustave Moreau es más alegórico aún que Puvis de Chavaanés, pero tuvo la gran
virtud de ser un excelentemaesuo, de cuyo taller salieron algunos de iop mí; grandes
pintores contemporáneos, entre ellos Henri Matisse. De todos modas, lo valioj^ del
aporte de ambos jSÜntores, tanto de Puvis como de Motean, era más que el logro pictó­
rico mismo el planteo de una idea nueva, un nuevo acento poético y renovador de
la pintura y la iniciación de una tendencia bacía 'tita pintura decididamente mon'.men­
tal y jeccr .,a. Tanto Puvis como Moreau letoman la pintura pianista, sabiendo que
toda pintura decoi ativo-uionumenud tiene que ser forzosamente pianista, batiendo
abstracción de volumen y espacio. Y Gauguin sigue esta tendencia hacia ia abstracción
formal luego con absoluta decisión.
Por otro ado,Ja pintura de van Gogh es otra prueba más ele esta reacción yio
lenta contra el desnutrido academismo del siglo pasado, si bien él, torna por un camino
distinto a! de Gauguin. Pero pese a sus diieteutr&gt; concepciones de ia pintura, se
considera generalmente a ambos como los verdaderos iniciadores dd llamado movi­
miento expresionista postetior,
1.a época en que Gauguin se acerca realmente má? a lo que luego el expresionis­
mo adopta como sus máximas y postulados, es sin duda alguna su segunda y breve es­
tada en el i’ouldu en 1S3Ó-9C. Son los paisanos y niños bretones, las sacras bretonas
y sobre tsdo los poros cuadros místicos de temas religiosos, - f e Christ . .une, Le Calva iré,
. Le Christ au- Jardín d a Oliviers y La Lv.itu de Jacob el de t’Ange— h'-s que llevan a
Gauguin a una mayor deformación y nna vioíenta ritmización de ios colores, opues­
tos en armonías y sentidos conirapumisticus, y a los que como elementos plásticos pue­
den considerarse como definúonos para ei expresionismo. En uta época Gauguin tam­
bién empieza a dibujar-pasa que sus granel»» planos de color queden encuadrados
deraro de una forma ceñida y cerrada.' Por esta vía de la utilización del trazo grueso demarcatorio de tales formas Gauguin llega a su corto periodo del llamado doisennisme,
En este esmalte tabicado, cuya grao importancia se píenle coa el final de la culturo
románica a fines del siglo xiu, tenemos oira raíz común que alimenta y nutre tanto
a Gauguin como al expresionismo. En este período, Gauguin en su pintura es más
sudo y primitivo que nunca, casi pinta en fotma brutal, dominando el cuadro con la

59

�\

"V.
1 ■

solidificación de una luz estática que no conoce ni admite juegos de luz y sombra. En los
cuadros de temas religiosos Gauguin llega casi al punto de exagerar la expresividad de
las líneas en lá representación de los calvarios de la vieja y semipagana tradición cél­
tica, que todavía posee su raigambre profunda én forma más definida en los dól­
menes y irtnhires del paisaje bretón y normando, cpie en las crucifixiones de su tem­
prana cristiandad. La pintura de Gauguin aquí se carga de potenciación místico-pri­
mitiva, aún siendo discutible su religiosidad. Pero esta ¿poca y su influencia sobre
el arte de Gauguin es solamente de coita duración, pues él es artista de rápido desa­
rrollo. Pronto de iegr’eso en Tahiti y luego en las Marquesas se desvía nuevamente
de esta violencia del mazo y color para tender cada vez más hacia lo que fe es más
propio en su busca: su monumentalidad estática.

DEFINICIÓN DEL, EXPRESIONISMO ALEMAN.
DESARROLLO HISTÓRICO Y CONTACTOS CON GAUGUIN.
■
'
i
,
.
.
' .
Remontándonos
al. comienzo
de la pintura
moderna advertimos
la Aimportancia
y
nitidez de las figuras de van Gogh y Gauguin en un punto crucial en lo que su arte
implica paia el comienzo de una gtatt era totalmente nueva en las artes plásticas,
para el crecimiento rápido y -vertiginoso dei expresionismo. Se habla iniciado la vuelta
hacia una nueva pintura monumental, vuelta en cuanto a contenido, forma y carácter.
En lugar de la trivialidad del naturalismo cotidiano, histórico y académico. 10 sobre­
humano en sd representación mitológica y heroica se hace objeto de la nueva pintura.
En la forma, puesto que la figura humana llega a dominar el cuadro en su gran pose
y. belleza corporal, recortándose del fondo como parte primordial del cuadro y acercán­
dose al espectador a la manera de los cuadres antiguos de ternas religiosos. La uni­
dad ioraámica del hombre y su ambiente, la natutaíeza que lo rodea se disuelve otra
vez en el viejo dualismo entre figura y fondo. En cuanto al carácter general se aclaran
los oscuros y apagados colores anteriores, adquiriendo nuevamente el perdido valor de
¡o decorativo como elemento esencial. EsU significado decoiativo del color conduce ló­
gicamente a-una nueva intensificación de los re no estes y a la subdivisión construciivista
de la superficie del cuadro en valores fot males, cúbicos, planos y de color.
Así en Gauguin se tunden fondo y figura con colores igualmente intensivos en una

60

�sentida armonía decorativa. No hay atmósfera que borronee los límites de los planos.
La luz no es un medio de disolución sino es transparente como en los vitrales góticos,
acentuando o amainando la intensidad de los colores. Gaugain eleva las figuras sobre
la esfera de lo humano, no .para acentuar io carnal-erótico como por ejemplo' Lovis
Corinth en Alemania, sino empleando elementos de una mitología, exótica de los
seres primitivos y de wn hieratismo formal de plástica arcaica, de rigurosos ejes at-quitectónicos con mateada acen­
tuación de la vertical y de la ho­
rizontal. Raros y exaltantes son
sus colores, curiosamente callados
donde aparecen abiertamente, can­
sados donde; brillan, valores to­
nales donde delimitan y colorean
el plano, r;¡ luz ni espacio, y de­
licados donde se dan con solem­
nidad.
A
Si ert Francia, pintores como
Pt’Vis de Chavátlues, ■Morcan y
Thomas Couture v principalmen­
te van*Gogh y Paul Gauguin son
los que echan con sus ideas y
obras la simiente y raíz para la
nueva concepción' pictórica, en
Alemania, con diferencias a veces
bastante acentuadas por razonas
de un distinto devenir histórico,
el planteo del período de transi­
ción en la linca general se da con
Max U n o l d , En el umbral, xilografía
caracteres similares en pintores'
como Anseim Feuerbach, Arnold Boecklin, Leibl, Tiloma y ante todo en Hans von
Marees. Grandeza, claridad y. rigor son Sus postulados. Especialmente en Maróes Se
define bien nítidamente la nueva independencia de la creación artística, y la libertad
creadora del artista frente al objeto, tanto come el valor de su invención como ele­
mento creador, autónomo y decidido. Estos factores en Marees se d .n con tanta fuerza,
que muchas veces ya-se lo ha incluido en el mismo movimiento expresionista, si bien
con caracteres todavía no tan violentamente deíormatorios como los que luego llegan
a definir al expi esionísmo en su evolución posterior.

61

�.Dentro de este grupo de pintores que preparan la brecha para la entrada y el
empuje que ha de cobrar la nueva pintura poco más tarde, corresponde recordar
a los suizos Max Buri y Feidinand Hodler. Especcialmente este último, proveniente to­
davía del Jugendstil (estilo de juventud), que encontró su expresión similar en Ingla­
terra en los pintores prerrafaelistas Dante Gabriel Rossetti, Ford Madox-Brown, Edward Burne-Jones. y que pronto cae en abigarrados y superficiales arabescos de deco­
radores como Aubrey y Beardsley, sabe plantear el pronlema de una nueva monumentah'dad de temas religiosos y heroicos. Pero Hodler no llega más allá del gran gesto
puramente decorativo y pronto cae en el movimiento estereotipado de las maiionelas y
de su oredó solamente queda un mero formulismo gritón carente de grandeza integral
e interior. Pero también Hodler significa otro paso más hacia el expresionismo.

CARACTERES GENERALES.
En Alemania la nueva pintura parte, más qué de otros, de Gauguin, diferencián­
dose del expresionismo francés, también llamado fauvisme, por sus mayores variaciones
individuales, incluyendo pintores tan extremadamente opuestos como Emil Nolde y
Paul Klee. El expresionismo alemán se da mucho más multiforme, más expansivo y
en la deformación más vinculado al objeto.
Según definición de Wilhelm Hausenstein, uno de los factores más decisivos en
la conformación del expresionismo alemán es lo quimérico. Este factor, que ya en el
arte cristiano de la temprana Edad Media conservaba marcados caracteres paganos,
es el mismo que volvemos a encontrar luego en Martin Schongauer de la Baja Edad
Media, tendiendo un largo puente hacia el expresionismo, por lo menos en este aspec­
to, de! comienzo de nuestro siglo? El planteo del gótico, «le una relación ílena de an­
gustia y temoi fíente a la existencia es, desde este punto de vista, el mismo que
determina la posición del expresionista. ¿No estaba acaso el gótico colmado de tortura,
dolor, muecas y pesadillas horrorosas? ¿Y no había además poderosos precedentes eñ
la jugosa substancia de lo barroco? ¿No es en este sentido el expresionismo una especie
&lt;Ie resumen moderno de estos antecedentes históricos? Así el gótico Beckmann, descen­
diente del mayor de los Holbein, nunca deja de ser un quimérico Beckmann, como
tampoco el barroco Kokoschka deja de ser un quimérico Kokoschka, También en
Georges Rctuault encontramos lo quimérico, igual como en los belgas'*James Ensor ¡y

52

�Frits van den Berghe, los que pintan bajo el impulso de tener que mirar a las cosas
y los seres como máscaras de espíritus peligrosos y demoníacos. Como expresión de lo
quimérico nos hemos familiarizado con las gárgolas de las catedrales góticas como con
todos los demonios góticos pintados, esculpidos, tallados y grabados. En este factor
quimérico desde siempre había una manifestación inequívoca de la fantasía germá­
nica, pues no cabe duda que el carácter germánico y en especial el alemán, son hijos de
este espíritu quiméi ico-fantástico.
En el expresionismo alemán se ha reafirmado esta particularidad, esta tendencia pe­
culiar y predestinada hacia la peladilla. En este sentido, sin embargo, también es ciert&lt;** que las pretensiones metafísicas del expresionismo en su tendencia hacia lo es­
piritual o lo demoníaco se afirman en el valor de una definición bien positiva.
* En cambio en los franceses hay dos valores firmemente cimentados y heredados,
que ellos pueden oponer a este factor de lo quimérico, valores provenientes del es­
píritu francés, afinado por el siglo xvm; un buen gusto inconmovible y un sentido
clasicista nunca perdido, siendo los dos valores inherentes a su carácter nacional y
determinados por su latinidad. Para el espíritu francés es imposible desbordar las
medidas de lo inverosímil y de sacrificar esta posición de mayor equilibrio a lo mera­
mente fantástico. Parece que esta afirmación queda bien claramente comprobada y co­
rroborada con la suerte que corrió el movimiento superrealista en Francia, fuera
de la consideración de que esta tendencia no se deja circunscribir en absoluto a un
movimiento auténticamente francés.
• Lo problemático y autotorturante, así como la cavilación morbosa pertenecen a la
masa genérica y hereditaria de los nórdicos y especialmente de los alemanes. Es esta
la razón principal por la cual en Francia lo que comúnmente se denomina expresio­
nismo se ha dado con caracteres mucho menos virulentos y violentos, también menos
duraderos que en Alemania.
Indudablemente por su vinculación espiritual con el mundo nórdico, Gauguin,
que toda su vida soñó poder pintar en los países escandinavos, donde aún hoy día más
se lo comprende y admirá, siente bullir en su interior la potencia grotesca de lo qui­
mérico. Pero, equilibrado como es en toda su vida y obra, y por, su mayor atracción
hacia la posición espiritual francesa, no da nunca rienda suelta a esta potencia fantas­
magórica, la que es inmanente en él, sin que él la deje brotar con el mismo libre albe­
drío que lo caracterizó en otros aspectos, salvo en este breve período suyo en el Fouldu.
Por esta inclinación latente pero no definida hacia lo quimérico, Gauguin se acerca
interiormente a las ideas y sentimientos que algo más tarde encuentran su exteriorización en el expresionismo, y precisamente por esta inclinación sutil y escondida hacia

63

�el mundo nórdico, gran parte de su obla resulta tan poco francesa y adquiere un
carácter tan marcadamente universal.
Fuera de todos estos caracteres qua definen el expresionismo alemás tampoco debe
olvidarse que éste ha creado un arte que está profundamente vinculado con la de irosa experiencia de la primera guerra mundial. Así el expresionismo alemán se da
como una especie de ideo­
logía perteneciente a un
período de guerra arla
cuando su temática no
siempre se oriente por este
lado, a una época de tre­
menda destrucción en to­
dos los sentidos y de to­
dos los valores, temporal­
mente adelantándose y ex­
cediéndose en algunos años
a la duración de Ja güeña
misma. En este aspecto es
sintomático observar cómo
después de la reciente con­
flagración se ha dado un
nuevo recrudecimiento del
movimiento expresionista
en Alemania, si bien con
caracteres no siempre igua­
les a los que caracteriza­
ron el movimiento inicial.
Se dirá en efecto que hu
H e in íu c h C a m p e n d o n k
bo las primeras manifes­
Desnudo con animales, xilografía. taciones de la pintura ex­
presionista. unos cuantos años antes del estallido de la guerra de 1914. Es o es correcto,
pero ¿no se ha dado siempre el caso donde el arte y. el artista han estado adelantados
a la realidad temporal, a la coetaneidad de los elementos políticosociales? ¿No es cierto
acaso que una de las características del arte es su capacidad visionaria de proyectarse
profélicamente hacia el futuro? Pues si esto no fuere realmente así, por más que
se quiera renegar de esta lapidaria verdad, ¿cómo hubiera podido llegarse a la
calificación de un Arte de Vanguardia?

64

�Hasía el año 1902 no hubo en Alemania una manfiestición organizada de la
nueva escuela del expresionismo. Es en este año en que se funda en Dresde el
grupo Die ¿ruecke, compuesto por la vanguardia de pintores, en su mayoría oriun­
dos del norte de Alemania. Sólo en 1908 cuaja en Munich este movimiento como
tal con la Neue Kuenstleroereiningung Muenchen. Esta fase inicial del primer expre­
sionismo alemán forma un cerrado fíente de reacción anJimpresionista. Pretende, me­
diante la. más vigorosa simpiicadón plástica y lineal, transfigurar la naturaleza real.
Pero el mundo de los objetos queda .intacto, la realidad espacial c\e un paisaje, por
ejemplo, subsiste, aunque resueltamente'deformada en pro de un nuevo orden siste­
mático. Se despierta el sentimiento de la inmensa fuerza expresiva de la deformación
e irrumpe la significación anímica- q‘ue encierra el color.
El expresionismo, tomado en conjunto, revela por su reacción antimpresíonista una
marcada preferencia per los objetos fantásticos, supvaterrestres y, dentro de Jo terrenal,
por lo exótico. Sin embargo no excluye lo cotidiano, al que para distanciarlo reviste
muchas veces de un exotismo chocante. Muy notable es el crecido número de los
temas religiosos que repentinamente fueron recogidos tanto en Alemania, como en
Bélgica, Escandinavia-y .-rancia; .allí Gauguin seguido en esta posición por Rouault.
Con súbita audacia se emplearon los últimos símbolos religiosos, .cuyo empleo pictó­
rico prácticamente estaba proscripto por la Iglesia.
Grandiosas torroehtas cromáticas se desencadenaron a través de todos lo? seres y
foirnas en' un ttrascendentalismo frenético, demoníaco, pn una precipitada fuga del ,
mundo objetivo. Estamos súbitamente frente a frente con una revolución artística que
descubre nuevas rutas con abstracciones c!e la estereométria y del color pufo y llamean­
te. El expresionismo considera harto evidente la existencia de los objetos y busca su
sentido en los ritmos poderosos y violentos de las formas. Su gran sistema abstracto
tiende hacia la pintura muralista —influencia gauguimana— para -llenar en libres
ritmos anchas superficies de pared que debieran actuar eficazmente desde lejos sobre
e! espectador. Piénsese, como puntó de comparación, en la derivación de este con­
cepto que fué recogido, si bien ya con otros caracteres, por los grandes muralistas
mexicanos Orozco, Rivera y Siqueiros. Se rechaza de antemano la imagen de ía natu­
raleza existente en favor de un mundo casi exclusivamente impulsivo y espiritual. Los
medios artísticos consisten solamente en la composición, en la disposición de grandes
masas y trazado de líneas .generalmente cJe grueso espesor, y les planos dinámicos de
color, pero nunca en ¡a captación más o menos fiel del oojeto,
Con el expresionismo cunde la opinión que la naturaleza de por sí no adquiere

0

�aún suficiente fuerza expresiva, incluyendo la sentimental sin haber pasado previa­
mente por la mente y representación conformista del hombre. Sjf compone, en diago­
nal, con formas en glandes bloques y figuras con grandes gestos. Se manifiesta un
anhelo de espacialidad donde el impresionismo había achatado y aplanado el espacio
con su velo de color fragmentado. La dimensión de profundidad es sentida coirio
expresión primordial, todas las
cosas son colocadas en sesgo; para
manifestar más vivamente la fuer­
za expresiva de los escorzos. El
cuadro se ahonda y se llena de
depresiones y elevaciones. Todos
los sesgos se ofrecen más bien
como movimiento hacia adelante
que como movimiento en retroce­
so, elemento directamente vincu­
lado con los cuadros de Gauguin.
De esta disposición pictórica se
nos viene encima el cuadro ex­
presionista ccn su marcado ca­
rácter de áspera agresividad. Los
paisajes caso Marees— pretenden
surgir de la efectividad del plano
y de la sensación continua de la
pared. También aquí se admite
el parangón con Gauguin, que a
sus telas tahitianas de grandes
dimensiones ni siquiera pone
marco, presamente para no pro­
vocar la cesura que el marco inGeorges R ouault, litografía,
variablemente significa entre cua­
dro y pared circundante.
El expresionismo toma de ¡a Baja Edad Media el esquema geométrico de ia com­
posición en grande. Aspira a un arte excitante, sorprendente y sugerente, que quiere
estimular en los hombres el empleo de su capacidad fantástica y las resonancias y
expresiones puramente personales y subjetivas. Místicos delirios, el concepto de lo
cósmico e irrupciones prometéicas de las masas caracterizan su vida profunda y funda­
mental. Ya en las postrimerías del siglo xix apuntaba un nuevo sentido de lo diná6&amp;

�mico que expande en poderoso crescendo la historia moderna del espíritu europeo,
llegando con Nietzsche, Bruckner, van Gogh y Gauguin al fortissimo, en cuya cima
está el movimiento expresionista. Él supuesto básico de ese dinamismo era la concep
ción de un mundo inabarcable e infinito, donde el impulso del ser penetra con em­
puje profundo, siendo éstas las últimas derivaciones, convertidas en nuevos arrebatos
de misticismo.
f
*
Expresionismo es color exuberante potenciado. Se reflejan en él tanto la aurora
bóreal, la mágica noche nórdica, como la candente vibración solar y el brillo meditet.áneo y de ámbitos tropicales. Pero lo que en él priva es sin duda el alma nórdica,
_jy en su salvaje y potente expresión, de este lirismo de contornos violentos, de éxtasis
cósmico y también de un romanticismo sui génesis, de pasmo pesimista frente a lo
demoníaco y angustioso que la vida tiene, la realidad está completamente sojuzgada
por la idea. En este conjunto de ideas que sirven de guía al expresionismo, figura
también la de que todo atte es expresión de un sistema de acción colectiva. El arte
vuelve a hacerse activista} agresivo,_desdeñando al hombre puramente contemplativo.
Con todo, la tónica general del expresionismo es de un frano; optimismo y sobre
toda la cavilación morbosa se eleva la idea ele que el hombre es bueno, y precisamente
esta tónica latente y esta fe optimista son también los caracteres profundos que deter­
minan a Gauguin como hombre y como artista.

t F xanz Ron en su libro R e a lism á M á g ic o (Revísta de Occidente, Madrid, 1937)» traza un
útil esquema de las componentes y caracteres principales ^1 expresionismo, nombrando entre otros:
muchos temas religiosos, supresión del objeto,. ritmo, exudación, extravagancia, dinamismo, grito.,
sumariedad, versión cercana (primeros planos) que se mueve hacia adelante, monumentalidad, cálido
en sus colores, materia cromática densa, aspereza, deja ver la mano (fa c tu r a ), deformación expresi­
va de la forma representativa, predominio de la diagonal (sesgo a menudo en ángulo agudo) y
oposición con los márgenes del cuadro (marco). ¡.Piénsese en cuántos de estos elementos se hallan
unidas las posiciones de Gauguin y del expresionismo!
2 Ecie F sure cree que el expresionismo no es sino la transposición de la pintura desde un
plano puramente 'plástico a un plano ’de .tónica, musical y que vendría a ser para los alemanes lo
que fué el impresionismo para los franceses. El impresionismo, al menos en su comienzo, preten­
día expresarse de cualquier manera, con tal que la impresión fuese justa. El expresionismo en
cambio, enseña que hay que expresar de cualquier manera, con tal de que la expresión sea personal,

67

�CARACTERES PARTICULARES DE LOS MAS DESTACADOS
PINTORES EXPRESIONISTAS.
Quienes influyeron decisivamente en la conformación del movimiento expresionista
son principalmente el noruego Edvard Munch, cuya obra y proyecciones se estudiarán
más a fondo en un ensayo futuro, y el alemán Emil Nolde. Es este último ur.o de los
pintores más importantes del expresionismo alemán. Luego de pertenecer brevemet. .e
al grupo Die Bmecke también Nolde se siente atraido ‘por Java y Borneo donde sin
embargo el mágico exotismo del trópico no pudo vencer su coucierícia nórdica que se
refirmó en la expresión gótica al producirse el contacto con los esplendores dei mundo
y el paisaje salvaje y primitivo. La feacción de Nolde es en este caso muy similar a
la de Gauguin, que nunca pintó cuadros maories ni jamás hizo arte folklórico e indí­
gena, sino que siempre se mantuvo dentro de sus conceptos europeos. En Emil Nolde
se comprueba que les valores del expresionismo no soít puramente estéticos, como no
son puramente estéticos los valores de Bréughel,. Memling, los van Eyck y otros grandes
artistas' del norte de Europa, que usaron la técnica de Ja pintura, no pafa crear un
objetq^de admiración y belleza pura, sino más bien como un medio de comunicar un
sentido idealista cte la vida verdadera.
La relación objetiva que hay entre las tradiciones de Gauguin y el expresionista
Nolde se basa primordialmente en lo que Gauguin llamó lo bárbaro. Idealmente, aun­
que no en lavteahzación^ráctica, el arte de Nolde significa, como el de Gauguin, una
renovación del espíritu artístico de los salvajes, la esencia de los instintos artísticos
primarios, cargados ,de una .fuerte tónica mágica;, ambos'llegan así a un arte que no
solamente compona el sentido supremo de lo artístico, sino un arte cuyo argumento
está en Ol misticismo del alma, henchida de emoción y religiosidad nada falseada, sino
pura e inmediata, del espíritu estremecido con atisbos metafísicos.
Fuera de Emil Nolde se advierte en la pintora alemana Paula Modersohn-Becker
un punto de contacto muy fuerte con Gauguin, y en especial con sus obras que perte­
necen al corto periodo de su cloisonnisiñe. Esta pintora aplasta el color, casi, siempre
opaco y lleno de cierto misterio, contra la tela en forma harfo similar a la de Gauguin.
Ella solidifica la misma luz estática y cierra sus formas plásticas en sus naturalezas
muertas igual que éste.
,
Si en la obra pictórica de pintores como Ernest Lltdwig Kirchner, que fué cofundador del grupo Die Bruecke, como Karl Hofer, cuya visión, demoníaca de la danza
inacabra y de los lémures fantasmagóricos de sus noches nórdicas de Walpurgis, lo accr68

�can al gran grabador belga Frans Masereel, como de los homares que forman el grupo
Der lilaue Rciter (El Jinete Azul) — Fratu Maro, August Macke, Paul Kiee, G. Jatv
lenski, Wassili Kandinsky et. al.) ya no podemos advertir a primer golpe de vista
los (rasgos típicos y personales de la pintura de Gauguin, no nos cabe tampoco nin­
guna duda sotJre la profunda influencia espiritual que éste- ha tenido en la formación
de estos artistas expresionistas prominentes. I.os mismos caracteres generales definítorios paia pintores expresionistas de prirnev orden, como Karl Schmidt-E.ottluff, Erith
Heckel, Max Pechstein, M«x Beckmann, Otío Alndltr, Willhelm Morgnev —éste ya más
bajo la influencia de van Gogh—, Oskar Kokosoika, Ch. stian Rohlfs, Georg Tappert
y otros,, son los que han conformado la integridad pictórica de su obra, arrancando
en la liberación y autovaioración de la pintara moderna que se debe, en tan gran
paite a la labor de Paul Gauguin.

EL FAUVIS.ME FRANCÉS.
En 1905, desatando una verdadera tormenta de críticas e insultos, se realizó en París
una exposición de "un grupo de pintores, cuyas obras representaban la violenta y com
bativa reacción dei instinto contra la tradición anémica impuesta por la Academia,
exposición q.ue incluyó una serie de cr.adfos de colores estridentes y dibujos defor­
mados y desgarrados, que proclamaba a voz en cuello el libre imperio dei tempera­
mento. En tal ambiente ro e’s dé extrañar que un crítico íradicionaiisía y académico,
como León Vauxcelles exclamara al ver en la misma sala una serena y ciasicista figura
del escultor Marque a la manera de Doiiatello: “Doratello aux milicux des fauves!" A
consecuencia de este incidente, y de ahí en adelante, los cultores de esta nueva manera
de pintar convinieron en llamarse ellos mismos íes fauves (las fieras).
Encontramos los orígenes de esta posición y pintura fiíuve, más circunstanciales
que bistói tos, er&gt; el talle: de Gustave Moreau: Encontráronse a su lade Henri Matisse,
Fierre Albert Marquet, Georges Rouault, Camoin, Manguin, y más tarde Raoul Rufy,
Georges Marque, Othon friesz, Kees van Dongen, Luden Adiiou, ÍW-cel Giomatre
y otros.
. Pero no solamente en el taller de Moreau y sus posteriores discípulos se gestaba
lt. rebelión fauve. Al mismo tiempo se lanzaban en Chatou sur Seine a las mismas
búsquedas «adates: Andró Derain y el flamenco Mautice VlawindC, quienes sé habían

6r&gt;

�interesado vivamente en las ttianifesteciones riel arte negro, que te había descubierto
en' Francia a fines del siglo pasado. Es ahí donde entronca también el joven pintor
italiano Auredeo Modiglidtii con el arte expresionista.
Tres corrientes pueden distinguirse más o menos nítidamente en la oteada de
las fieras. Una de ellas, renovación técnica más que nada, busca la alegoría pura y pri­
mitiva del color, basándose tanto en la discriminación inteligente y rajonada como en
la expresión intuitiva. Su inquie­
tud es ante todo de índole pura
mente pictórica y plástica y sus
representar,tes se .inspiran no sólo
en el ¡awe de los pueblos primi­
tivos, entre ellos especialmente
Matisse, sino también en el arte
decorativo oriental, Se simpiifica
el cuadro con grandes planos de
colores vigorosos, puros y sensua­
les, y el dibujo adquiere el ca­
rácter de puro arabesco rítmico
y decorativo. Junto con Matis­
se integran esta corriente RacuS
Dufy, • hábil pintor y decora­
dor, hierre Albeit Marque?, que
poco más tarde transforma su
pintura en busca de colores so­
brios y de gama baja, de or­
denación sencilla y con tenden­
cia hacia ¡a perfección en el paysage intime, y fices van Doiigcn,
estridente en las telas y mimado
Anduí Í)2rain, xilografía,
por un público superficial y snob.
El parangón admisible entre la pintura de Gauguin y la {tintura favve n i cuanto
a esta primera corriente^queda reás bien en la superficie. Es especialmente Matisse,
quien insiste en .1 plano de lo decorativo, que Gauguin había desarrollado en su' obra.
Pero si aniU,s pintores, Gauguin y Matisse, cultivan tr elemento decorativo, sus cami­
nos se separan totalmente frent-e a* sentido de lo monumental, ya que Matisse es pinto,'
íntimo y no peí sigue en absoluto 1." mouumentalidad de Gauguin.
t&gt;uienes tiacarou que la renovación pictórica fuer?, también una renovación de lo*

70

�valores humanos e instintivos, que la pintura se aproximara nuevatnente y más a la
verdad diaria y profunda a veces, componen la segunda corriente del movimiento fa u ve.
Surgidos de las capas proletarias en su mayor ¡jarte, gritaron en sus telas, aparte del
color estridente, su visión de la vida humilde y mísera de la gente de las clases socia­
les inferiores y de los cafetines y bprdeles de los arrabales. Georges Rcuault ante todo,
y en grado menor Maurice Vlaminck y Othon Friesz componen esta dirección del
fa u vism e. Es Georges Roualt el
único que no desvía su estilo y
su concepción pictórica, como lo
hace en cambio la mayoría de los
pintores que pasan i por el fa u ­
vism e y que pronto! se orientan
hacia el cubismo constructivo u
otras direcciones. Es tam bién
Rouault quien difiere de la ma­
yoría de los pintores fa u v e en
cuanto que su arte no queda re­
legado a la mera exquisitez de lo
puramente decorativo o especta­
cular. Su obra entera os una en­
trega apasionada a ebyllicientes
problemas sociales, empleando
símbolos y- no meras alegorías,
como saben hacerlo tantos pin­
tores de ¡os abusados tem as socia­
les. símbolos marcados de una
grotesca fealdad. Aquí Rouault
entronca prontamente ton la me­
H enri Matisse, grabado,
jor tradición de un arte de hondo
significado humano-social, que tantas veces y con tanta injusticia se ha pasado ligera­
mente por alto: la venerable obra de Ilonoré Baumier. Muchos de los trabajos de
Rouault son recuerdos vivos de los vitrales medievales, sus colores florecen con un brillo
vitreo, delimitados y definidos por un llameante trazado de gruesos contornos y líneas
negras. Vemos en sus C low ns, Jueces, C iistos. y C ru cifix io n e s como en sus D esnudos
brutales la misma distorción gótica y quimérica, en la que las figuras parecen indinarse
en sentido sometimiento a la ciucería de arcos, bóvedas y ojivas, en-rígida frontalidacl
y vertical composición, que parece seguir aquellos paneles centrales, alrededor de los

71

�«mies el vitral gótico se eleva en apretada verticalidad.
Para castigar la fealdad ramal, tanto Gauguin como Rouault, como los expresio­
nistas alemanes, que en esta, posición están unidos bs.jo signos que son propios del alma
nórdica, se valen temerariamente de úna inmediata fealdad plástica, de violento, lace­
rado y sangriento grito expresivo, impregnado de furor, disgusto y desdén, pero también
lleno de misericordia y honda comprensión henchida de fe y optimismo. ¿Y no encon­
tramos acaso en esta fealdad, que es símbolo de búsqueda angustiada y profunda del
hombre en su más hondo significado, la quiñi esencia de la belleza? ¿No había dicho
Gauguin que; “Lo féo puede ser bello — To lindo ¡jamásl”?
Y por último, y casi como representante único, Andró Derain, espíritu inquieto,
que trata de hacer una pintura arraigada en el primitivo clasicismo, que lo lleva por
senderos completamente distintos, define la tercera corriente del fauvisme. Derain es el
que más se aparta de la pintura e idea de Gauguin, que por cierto no tenia nada de
ciasícista.
■
'
Si la pintura y las conquistas de Cézai.ne fueron de un alcance e impacto inmediato
y amplísimo sobre la obra de casi todos los pinte res modernos, la obra de Raúl Gauguin
tardó no solamente más en imponerse y en ser. comprendida en su totalidad, cosa que
probablemente ni siquiera hoy día sea un hecho total y completo, sino que fué de
proyecciones más mediatas, casi diríase escondidas, debajo de la superficie de las apa­
riencias. Es que Gauguin ha creado una obra tan rica en matices, elementos plásticos
ó ideatlvos, que en muchos casos, éstos aparecen contradictorios, tan contradictoria como
la.misma personalidad de Gauguin, y por esta razón resulta'bastante más difícil y menos
obvio señalar parangones directos con la pinturg tontempoiánea. La influencia de Gau­
guin está implícita tanto en el expresionismo alemán como en el fauvisme francés,
mientras la influencia cézanniana está explícita en todo el arte moderno, pero no por
esto es de mayor alcance o valor una que la otra.
Gauguin pervive en el arte de nuestros días en muchos aspectos distintos, y es
esta perduración la que seguirá pesando durante muchos años, la que agranda al hom­
bre y su obra más allá de los límites temporales, que sobrepasan, a veces rebalsándolos
como Gauguin, solamente los grandes artistas.
*
R odolfo G. Brchl1
1 Rene Huyghe define el arte fa u v e como un despiadado auto de fe purificadcr de las' trabas
de la cultura burgués-naturalista, que en formas simplistas se había desarrollado a través del ri­
gió xix como consecuencia de las grandes revoluciones y evoluciones sociales. Es este arfe también
una rev'í’ución, nacida ce una necesidad histórica, que se fijó al precio de una actitud agresiva
y radical, mal interpretada pr.r el público, que veía solamente el aspecto exterior de este profundo
drama intelectual, como confesión de insania y mistificación*

72

�Inventario

GAUGUIN EN BUENOS AIRES

P

RECISAR ETAPAS EN GAUGUIN . .. ! YA EL EXTRAORDINArio paisaje de la Galería Witcomb (propiedad de la Sra. ToutainG rün), fechado en 1890, época de la Bretaña y del Pouldu, representa el
momento en que Gauguin se desprende de resabios románticos, se quita
las telarañas naturalistas y, liberado, va a descubrir su propia forma y
su propio mundo. En esta tela que es análisis y síntesis de su pintura,
se resume con asombrosa antelación toda su experiencia y toda su po­
tencia de pintor. AquE puede verse y sentirse esa condensación, esa con­
cepción monumental en que el guía es un instinto poderoso que la razón
ofusca, y cómo satura las formas de expresiva elaboración interior. Aquí
casi podría leerse su cronología de pintor: en primer término están las
matas, los matorrales dados con esas pinceladas febriles, sueltas, de co­
lores puros en que Gauguin se evade abiertamente de lo figurativo para
hallar ese ritmo de manchas cortas —su modo del impresionismo— con
que las formas, si no alcanzan a construirse llegan sí a expresarse; lue­
go en el pastizal recurre a la pincelada dirigida, a los verdes modulados
de Cézanne, cuya tradición y ejemplo le retienen aún en la última
etapa de las Marquesas; en los árboles la forma que lleva la impronta
de la estampa japonesa y que se recrea deliciosamente con esas manchas
rojas como frutos, se ciñe bien construida con intención de dar un volumen
tan aplastado que no necesite del límite para definirse, y el arabesco per­
manente de los cielos, las nubes, las ramas libres como plumas, las formas
agigantadas se detiene en esos árboles para crear —no el estatismo de los
guijarros y las piedras del primerísimo plano, el más tranquilo, con sus co­
lores puros, el trazo azul muy vibrante en que perdura la alusión al volu­
men— sino un ritmo muy propio; en las dos figuritas de campesinas breto­
nas, con sus enormes fardos sobre la espalda, la una plena, la otra perdida
entre los matorrales, la forma tan sintética que apenas se insinúa, se esta­
blece un ritmo por repetición, sonoro en la figura totalmente incorporada
al paisaje, disminuido en la que se oculta. Se podría objetar que los peque­
ños elementos fraccionan el paisaje, amenguan el sentido de lo monumen73

�tal; pero véase que la incorporación de la figura es tan acabada que en nada
se desdice. Aunque todavía no fuerza los contrastes de color, busca sabias
armonías de azules y verdes en una gama que si se nos ocurre tenebrosa,
deja jugar las largas pinceladas de una gama alta. El cielo con un ritmo
de azules y blancos tan planos que terminan por aplastarse del todo, con
su alto vuelo imaginativo impreso con fuerza en toda la composición, será
un presagio de lo que Gauguin trata de alcanzar como gran pintura deco­
rativa. Gauguin es siempre la precisión, la concreción formal, el gran sen­
tido de la gran composición, el arabesco, el ritmo y la arrasadora fuerza
imaginativa.
Nada similar a esta obra proporcionan los paisajes de la Bretaña: aún
su etapa del Pouldu —sin duda la más fructífera— tiene demasiado de los
impresionistas, demasiado de Cézanne, aunque ya en él se ha incubado el
sentimiento místico expresionista, sobre la base de temas religiosos. Sí, esta
tela es presagio de lo que vendrá después, como “Soyez am oureux.. . ” en
que también se nos crea una resistencia a aceptar la fecha.
Gauguin pinta la naturaleza porque la tiene en la retina, pero lo que
maneja su pincel es un concepto de lo inventivo, de lo imaginativo —aquí
es donde entra a tallar el simbolismo—, porque sus formas están compe­
netradas de una espiritualidad tan honda que hechiza al espectador. Mallarmé decía muy bien: “¡Qué pueda darse tanto misterio con tanta cla­
ridad!” Y Gauguin: “En el silencio de la naturaleza y de mí mismo, solo
frente a la inmensidad verde y azul —¡qué no te responderá, si tú la inte­
rrogas!— solo en un presente de eternidad, sin porvenir ni pasado, sin más
esperanza ni desesperación”.
La Galería Wildenstein posee una Naturaleza muerta de Gauguin, con
un pequeño paisaje representando un caserío que se atribuye también al
Pouldu, aunque Maurice Malingue 1 lo identifica como Nature marte a la
coupe de fruits (1900). Poco, sin embargo, dicen las fechas cuando se va a
las naturalezas muertas de Gauguin, pues el objeto aferra, impone el res­
peto por la forma, y el tema no permite mayor libertad. Cuando Gauguin
pinta naturalezas muertas, algo en él se apaga, pareciera indiferente, como
si pusiera poco de sí mismo. Pero sea antes o después de Tahiti y de la
Dominica, ¿cómo se nos imaginaría una naturaleza muerta pintada por él?i
i “Gauguin, le peintre et son oeuvre”, Ed. Les Presses de la Cité, París.
74

�Vahine no te mi ti.
c io n a l

Pastel,

de

M useo N a ­
B uenos A ires .

acuarela,

dibujo.

C o l . Sa n t a m a r l n

�Dibujo acuarelado. Col . Santamarina .
Nature morte. G al . YVildenstein .

�Todo lo que puede haber de propio, de único ya está dado —no hay lugar
a dudas— filtrando su potencia imaginativa por entre los elementos plás­
ticos.
Cuando Gauguin se disponía a pintar una naturaleza muerta, comen­
taba irónico: “Vamos a hacer un Cézanne”, pero obsérvese la flagrante y
feliz contradicción de que Gauguin como Cézanne no sostienen la plenitud
del color, lleno, sonoro, no extienden la materia homogénea y pianística­
mente, ambos rellenan con color modulado; pero en Gauguin se introduce
ese límite riguroso, duro, que parece exigir una substancia unida, y plana.
El mismo dibujo tiene una voluntad de expansión en tanto que el color,
de acentuación romántica, lleva el ojo hacia adentro; y mientras la fuerza
interior de la modulación re¡rele toda limitación de formas, Gauguin re­
chaza esta exigencia y hasta se atreve a otorgar al trazo duro y grueso,
valores muy expresivos. Gauguin precisa las formas construyéndolas por
fuera, en tanto que Cézanne las estructura por dentro dándoles profun­
didad con el valor cromático.
Véase cómo en esta naturaleza muerta el todo aparece tratado por
planos de color muy peculiares: no es como en muchas de sus composi­
ciones una construcción por oposición de colores planos, sino zonas deter­
minadas por la predominancia de un color local en cada fruta, en cada
trozo de mantel, siempre en planos endurecidos por el dibujo, ceñidos a
las formas por la línea que resume todos los detalles y emociones que las
cosas le proporcionan, individualizando las formas y las zonas de color.
Es cierto que no quiere sostener el color con plenitud, con sonoridad,
porque hasta en la composición busca por un lado la concentración de las
frutas en el cacharro, pero para disgregarlas luego. Quiere dar los tonos
más agudos con las frutas colocadas cerca de la ventana, como si fueran
notas sueltas de color libre, para dar los tonos más graves con las del
cacharro; allí pone el gran acorde, la forma más construida, más defi­
nida. Debilita el contraste de las manzanas “verde manzana” y las manza­
nas “rojo ciruela” recurriendo a los ocres y a los anaranjados intermedia­
rios. Así va creando un arabesco de color dado en la superficie que se
rompe en la jarra azul del primer plano, y en el cacharro construido con
toda precisión, y se sostiene en los techos del caserío con colores puros:
rojo, azul, verde, amarillo y otra vez el límite azul.
A la riqueza del color suma una riqueza de substancia que se afina
en el paisaje, pero que en las frutas aparece amasada capa sobre capa.

77

�La luz que penetra por la ventana parece perseguir una melodía, acen­
tuando las sombras a medida que avanza hacia el primer plano, buscando
la gran claridad del paisaje y la sombra del marco de la ventana.
La valiosa tela que posee el Museo Nacional de Bellas Artes, Vahiné
no te miti (1893) corresponde a sus experiencias de la primera época en
Tahiti, cuando todavía buscaba desentrañar los temas, aprehender el sen­
tido de sus figuras, sin atreverse a desposeerlas de sus caracteres indi­
viduales y sus acentos psicológicos. Queriendo desechar los elementos
contingentes que le impiden llegar a la forma monumental, planta esta
figura de espaldas, desindividualizada, buscando una expresión universal
en su vigor vital.
En esta tela se entabla una lucha entre el plano y el volumen, en
que la gran mancha de las arenas amarillo-doradas sobre la que se recor­
ta la figura tiene tal predominancia que da a toda la composición una
tónica planista apenas perturbada por el juego de luz y sombra; tal vez
pudieran anotarse dos concepciones distintas, la que corresponde al plano
inferior donde se busca el contraste sobre el violento plano amarillo,
y la del plano superior en que una armonía colorística funde la cabeza
con el fondo y va a romper toda posible monotonía. Su concepción de
las formas planas, su gran sentido de la síntesis, su dibujo como gran
elemento de expresión, su contraste de colores planos... esos son los ele­
mentos que le conducen a realizar su aspiración de lo monumental. El
mismo juego de los colores se basa en contrastes de gran violencia cro­
mática como aún no había alcanzado y sólo va a armonizar cuando trata
el azul violáceo del cabello que irradia su color sobre todo el fondo ma­
rino y ese juego de ocres y verdes y azules que va conformando el torso
con ayuda de dos golpes de luz que, constituyéndose en centro luminoso,
estructuran la forma toda.
El dibujo en el desnudo es un límite riguroso, geométrico, en que
la línea recta —la curva está casi totalmente excluida y así también todo
sensualismo de la forma— se endurece para condensar los elementos, ganar
en carácter monumental y evitar toda alusión a la sensibilidad. Donde
la línea y el color se ablandan consigue el juego más libre de ese caracol
y esa hoja seca y esa mancha roja inspirados seguramente por una volun­
tad decorativa.
Las olas solidificadas que se levantan como masas de un mar extraño
78

�y fantástico, aligerado con la espuma marítima que recuerda las telas
que envuelven a sus mujeres tahitianas, dicen claramente de esa bús­
queda de lo decorativo que se imprime en el juego rítmico de las olas tan
imaginativamente concebidas —único elemento casi dinámico en esta
composición de total estatismo— y que lo conducirá certeramente al do­
minio de uno de sus primordiales valores expresivos: la pintura deco­
rativa. La forma que aparece claramente expresada con líneas puras,
claras, de pintor que tiene la pasión compositiva, demuestra claramente
que Gauguin trataba siempre de dominar y sublimar su erotismo, de
neutralizar lo personal. En la búsqueda de lo primitivo por lo monu­
mental, el cuerpo vive con gran potencia interior, cargado de una ex­
presión simbólica un poco ruda. El tocio emana una quietud, un senti­
miento de eternidad, una atracción indescriptibles.
Lejos está ya de la muchachita indígena (perteneciente, como las
obras a analizar en seguida, a la colección de Antonio Santamarina)
que quizás en aquel primer viaje a la Martinica, Gauguin realizara al
pastel dando el rostro y el cuerpo en verdes y azules que ganan en som­
bras al llegar a la pierna, y la mata de cabellos de un amarillo pajizo;
la forma se impone con acentuación de volumen subrayado por la línea
significativa que sirve también para traducir el juego rítmico de brazos
y piernas.
El dibujo a lápiz, es posiblemente un estudio de formas para algún
óleo posterior difícilmente identificable, por cuanto ninguna de estas
obras tiene indicación de fecha u origen; la línea blanda, indecisa a veces,
el trazo que se abre, o se carga apenas de sombras para sugerir el volu­
men, la expresión francamente psicológica permitirían suponer, sin em­
bargo, que pertenece a su última época de las Marquesas.
El dibujo acuarelado correspondería a un friso posiblemente de la
época en que se lanza a hacer una pintura de franca decoración mural;
el gesto de las figuras, la inclusión de los ídolos denunciarían su segun­
da etapa tahitiana. En las formas planas, de expresiva deformación, el
trazo elimina todo detalle para perseguir un sentido rítmico que se repi­
te con sones de azul, rojo, naranja. Y al dorso de este dibujo, un raro
apunte de montañas tahitianas en azules, apenas una mancha de color, y
un trazo vibrante, sinuoso, expresivo como el que más.
R aquel E delman
79

�BIBLIOGRAFIA
La azarosa vida de Gauguin, su extraña personalidad y la potencia de
su arte, han tentado la pluma de muchos escritores, desde el crítico y el
historiador hasta el imaginativo novelista que, como Somerset Maugham
ha hecho llegar la vida del pintor al cinematógrafo. Copiosa bibliografía
que registra toda la gama de los valores.
No siendo posible una critica exhaustiva, juzgamos de interés una
suscinta referencia de aquellas obras más importantes y las de fácil acceso
por estar traducidas al castellano. La obra escrita de Gauguin —cartas,
panfletos y otros manuscritos— está reunida en unos quince títulos de edi­
ciones francesas e inglesas; los libros dedicados a él pasan de veinte, en
francés, inglés y castellano; los de arte con capítulos especiales para Gau­
guin llegan a cuarenta, en francés, inglés y alemán; y por último, los
artículos periodísticos de cierta categoría pasan del centenar, que sin duda
se habrá multiplicado este año con motivo de su centenario. Si la vida
de Gauguin ha sido atrayente para la literatura, su arte lo seguirá siendo
para la crítica. Y su personalidad de hombre y de artista plantea mi pro­
blema psicológico que será cada vez más objeto de profundos estudios
junto con el de otros grandes creadores —Leonardo, Miguel Angel—, los
grandes santos y los “malditos”.
NOA - NOA
La isla feliz.
E d. P oseidón , B s. A s., 1942.

por Paul Gauguin

LA OBRA LITERARIA DE GAUESguin,
escrita en colaboración con el

poeta Charles Morice. Son estampas de la
vida tahitiana directamente recogidas por
Gauguin y comentadas por Morice, en
prosa y en verso. Producto de la primera
estada del pintor en la isla, sus capítulos
reflejan, junto con su entusiasmo de la

primera hora, agudas observaciones sobre
las costumbres, las creencias y el alma del
pueblo maorí. En muchos pasajes está
presente el pintor, que capta los juegos
de color y el sintetismo constructivo que
configura su estética.
La colaboración de Morice da un carác­
ter híbrido al libro. Hay un contraste de
estilos y, pese a la unidad que supone
su carácter poemático, una marcada dife­
rencia se establece entre la esencia poética
de ambos textos. El estilo conciso y des­
criptivo del pintor resulta más cargado de
poesía que los versos y la prosa poética
80

�del poeta. Aquél nos da una poesía viva,
mientras el segundo nos da una poesía
de alfeñique elaborada en la cocina parisi­
na, una poesía de segunda mano para ser
ofrecida al público del boulevard.
ANTES Y DESPUÉS
por Paul Gauguin

E d. E l A teneo ; B s. A ires, 1945

Estelibro “no es un libro’’, según la
reiterada advertencia, ni el autor quiere
titular Memorias ni Confesiones —tan di­
fíciles después de Juan Jacobo—, por su
fecha —enero-febrero de 1903, o sea tres
meses antes de la muerte súbita de Gau­
guin— podemos considerarlo su testamento
artístico-literario, escrito “por necesidad de
charlar”. Es un desahogo postrero. Y el
estilo es de desahogo: recuerdos, anécdotas
grotesco - sentimentales, juicios, fantasías,
sueños, cartas de amigos, de todo hay allí;
mezclado, sin plan, sin lógica, sin orden,
dicho como le sale. Y ése es precisamente
su estilo. El hombre Gauguin está entero
en él; diríase que es un temperamento
que estalla en esas páginas algunas de las
cuales preanuncian el superrealismo y mu­
chas podrían cómodamente intercalarse en
el Ulises. Hasta el plan de la obra pare­
cería sugerido por Joyce.
¿No le bastó a Gauguin la pintura para
expresarse? Su polifacética personalidad no
deja de manifestar cierta armonía en tan­
to se mantiene dentro de la plástica —pin­
tor, tallista o escultor— pero ese afán de
expresarse “de viva voz” por la palabra
escrita ya resulta extraño, máxime cuando

lo hace en esa forma turbulenta y tan po­
co literaria. Ello demuestra una exube­
rancia espiritual, una inquietud cósmica
insaciable, para la cual resultan exiguos
los recursos plásticos y literarios. Ese es­
píritu desbordaba los límites de lo huma­
no; la vida del hombre fué una lucha
por salvar ese espíritu, alimentarlo y li­
berarlo: contra los prejuicios sociales, con­
tra la pedestre rutina, contra las propias
exigencias de su cuerpo. El mismo se
encarga de contarnos esa lucha con pala­
bras muy simples: “Gracias a esto, por
unas cuantas monedas de cobre mi carne
está satisfecha y mi espíritu permanece
tranquilo”.
Ahí tendríamos la clave de la "inmo­
ralidad” de Gauguin. Una inmoralidad
puramente carnal, que él menospreciaba
para salvar su espíritu.
Esta edición española, bien prologada
por el traductor, Javier Farías, contiene la
reproducción de los 27 dibujos del ma­
nuscrito original.
CARTAS DE PAUL GAUGUIN A
GEORGES DANIEL DE MONFREID
E d. E l A teneo , B s. A ires, 1943.
Dinero, dinero... y dinero. Estas “cartas
de un pintor a otro pintor, su amigo"
—según las palabras de Víctor Segalen en
el prólogo que. titula Homenaje a Paul
Gauguin— son algo así cómo la trastienda
de! Arte. Pocas, aisladas referencias al arte
mismo; muchas, constantes, al negocio ar­
tístico: giros, pagos, compras, deudas —di­
nero—; contratiempos, enfermedades, apre81

�mios de dinero... Es la lucha con la
miseria. Es —como lo anota el prologuista—
"el equilibrio sin cesar comprometido y
sin cesar restablecido entre las fuerzas
destructoras y las fuerzas creadoras; en­
tre la ferocidad del pan cotidiano y el im­
ponderable alimento; entre la previsión y
la dicha; el oficio, el trabajo y la obra".
Gauguin se lamenta de ello: "Cuándo
llegará el día en que no hablemos más
que de una sola cosa: de Arte”; “qué de
miserias por esta maldita moneda”; "si
yo me resigno a vivir pobremente es que
no quiero más que vivir para el Arte”.
Entré tal cúmulo de cifras y menuden­
cias, se entresacan algunos juicios de in­
terés, ciertas opiniones teóricas muy útiles
para una compilación de la estética gauguiniana. Pero más interesante resulta esta
correspondencia para perfilar psicológica­
mente al hombre y al artista. Y la con­
clusión, un poco amarga, se sintetiza en
esta cualidad dominante: egoísmo, uu fe­
roz egoísmo, tenaz, exigente, absorbente...
Pero, ¿qué egoísmo puede caber en ese
ser que ha renunciado a todo para con­
sagrarse al Arte? Es el egoísmo del ar­
tista, no del hombre. El hombre encuentra
justificado y natural que, así como él se
ha sacrificado confinándose lejos de la ci­
vilización para dedicarse por entero al
arte, sus amigos, sus allegados, su familia,
sus colegas, junto con los críticos, los
“marchands”, los “amateurs” y los millo­
narios, todo el mundo tenga que estar dis­
puesto a comprenderlo y a “servir su arte”.
De ahi los juicios despectivos para muchos
y el tono apremiante de sus demandas, ya
se trate de dinero como de encargues o de
82

“directivas” para la mejor difusión de su
obra y su “valoración” en el mercado.
Esa faceta del egoísmo del artista que
se consagra a su vocación como respon­
diendo a una exigencia del destino es
lástima que no la haya tocado Víctor Segalen en su Homenaje. Le hubiera pres­
tado mucho más interés —un interés más
épico— al prólogo y al libro.
PAUL GAUGUIN
por Charles Morice
En. H. I'loury , P arís 1919.
Es quizá la obra más importante y más
completa sobre Gauguin. El fiel Morice
renuncia aquí a su poesía para darnos un
libro documentado sobre la vida y la obra
del pintor. Es un estudio pleno de humana
cordialidad. Vemos en él retratado al hom­
bre, leemos su historia, nos compenetra­
mos de su credo estético, valoramos su
obra y su influencia en el arte contem­
poráneo. Hasta penetramos su tragedia ín­
tima y nos explicamos su vocación, sus
aparentes contradicciones. Seguimos el pro­
ceso de su maduración y admiramos en
definitiva esa fuerza irrevocable del hom­
bre y del artista, sin desmayos, ese triunfo
del espíritu que se muestra más exaltado
y definitivo en los años postreros, de
auténtica desintegración carnal, hasta la
muerte definitiva del cuerpo. Este libro,
escrito con una devoción admirativa que
no empaña la objetividad crítica, resulta
indispensable para estudiar el “caso” Gau­
guin en forma integral: el caso de un

�guin buscó en el "primitivismo” bretón
la fuente ingenua y natural de la expre­
sión artística, pero sin desmentir su clacisismo. Era un clásico de alma y de
ahí su admiración por Ingres. Esa línea
la mantuvo siempre y ni aun en Tahiti
pudo olvidarse de Bretaña.

hombre y una vida materialmente sacrifi­
cados en favor del arte.
La esmerada y fina edición de Floury,
con buenas reproducciones en negro y en
color de toda la obra de Gauguin —cua­
dros, dibujos, grabados y cerámicas— im­
plica ya de por si un valioso homenaje
que da la medida del artista en su ubi­
cación histórica.

PAUL GAUGUIN, MON PÉRE
por Pola Gauguin
E d. L es E ditions de F range , P arís 1938.
Pola Gauguin es un verdadero escritor
y, por lo tanto, un artista. Utilizando
los mismos elementos —cartas, manuscri­
tos de Gauguin y su anecdotario— ya
conocidos y explotados por otros autores,
ha escrito una sustanciosa biografía, una
historia de su padre con todo el sabor
de una novela. Posiblemente sin querer­
lo, nos brinda una biografía novelada,
densa, vigorosa y llena de interés.
Sin duda la vida de Gauguin ya es una
novela. Mas para hacer una buena nove­
la no bastan los datos, no basta el asunto,
por dramático que sea; hay que ser ar­
tista. Y el hijo menor de Gauguin, que
casi no conoció a su padre, educado al
lado de la madre que le confiesa no ha­
ber comprendido nunca el arte ni la
conducta de su marido, el hijo que, ade­
más de ser escritor, se ha familiarizado
con el movimiento pictórico de los úl­
timos años, se empeña en comprender
el enigma de su padre y en desentrañar
las raíces de ese conflicto familiar que
debe haberlo obsedido desde la niñez y
que no es sino uno de los aspectos del

GAUGUIN Y EL GRUPO DE
PONT-AVEN
Documentos inéditos, por Charles Chassé
E d . H. F l o u r y , P arís 1921
¿Existió realmente una “escuela de PontAven”? Éste es el problema que plantea es­
te ensayo, destinado en su mayor parte a
relatarnos la vida de Cauguin y su grupo
de Pont-Aven. Buenas reproducciones nos
ponen en contacto con la obra de los
discípulos, hoy ya casi olvidados.
El grupo de Pont-Aven no constituyó
formalmente una escuela, pero la acción
directriz de Gauguin sobre este núcleo de
pintores jóvenes, dió a la producción de
éstos todas las apariencias de una escuela.
Es interesante asimismo el estudio que
Chassé hace de la evolución artística de
Gauguin durante sus estadas en Bretaña,
estableciendo en definitiva que su pro­
ducción de ese período marca una etapa
de transición.
Si no puede hablarse de una "escuela”,
hay que admitir resueltamente la in­
fluencia de Gauguin sobre ese grupo, del
cual dice Chassé que si Gauguin fué el
Cristo, Sérusier fué su San Pablo, al
difundir las enseñanzas del maestro. Gau­

83

�conflicto entre el artista y su medio. To­
do está admirablemente trazado, con hon­
dura y probidad de artista genuino. El
amor filial es seguro que habrá guiado
su pluma, pero como buen creador lo
supera y nos ofrece una figura de dimen­
siones admirativas. Lo que viene a confir­
mar que toda obra de arte es, ante todo,
obra de amor.

tar la tormenta de una ruptura con los
suyos, que alimenta la esperanza de que
la separación no sea definitiva, luchando
intimamente contra lo inevitable y que
al final se entrega a “su destino”. Pero
queda la amargura en el hombre, aun­
que éste vea triunfar en él al artista, al
que conscientemente le sacrificó todo. Esa
amargura se evidencia en las cartas pos­
treras y en el “Gauguin polemista”, cu­
LA VIE SENTIMENTALE DE
yos panfletos, según Dorsenne, han sido
PAUL GAUGUIN
el “violín de Ingres” de Gauguin.
Vemos en ese contraste entre la ternu­
por Jean Dorsenne
ra inicial y la amargura final de estos
En. L ’artisan du L ivre, P arís, 1927
El alma de Gauguin a través de un documentos transcriptos y comentados, la
análisis epistolario familiar. Vemos así gran trasposición humana que fué la vida
un Gauguin enamorado y pasional es­ de Gauguin. Trasposición que en mayor
trellándose contra el alma fría, terri­ o menor grado debe existir en todo artis­
blemente razonable y “normal” de su mu­ ta y que importa la gesta dolorosa de to­
jer, enamorada sin duda de ese hombre da creación.
excepcional e incongruente, pero que en
su lucha por llegar a comprenderlo cede
TEORÍAS (1890-1910)
a la presión de su medio puritano y bur­
gués, implacable con las “genialidades” Del simbolismo y de Gauguin hacia un
nuevo orden clásico,
del artista, impermeable a lo que no fue­
por Maurice Denis
ra el orden, el aseo, el trabajo metódico,
E d . E l A teneo .
las convenciones sociales, la moral... pu­
ritano-burguesa. Y vemos a un Gauguin
Las teorías plásticas que analiza y des­
tierno y enamorada que, sin embargo, arrolla Denis en este libro, corresponden
empieza ya a odiar. Empieza a odiar ese al post-impresionismo, deteniéndose en los
medio y esos parientes políticos que ci­ umbrales del “fauvismo”, del cubismo y
mentan y fomentan su desgracia conyu­ otros “ismos”. Denis limita su estudio a
gal. “Tus daneses ...” —escribe despecti­ las teorías en auge en esos 20 años llama­
vamente en las cartas a su mujer.
dos la época feliz, finisecular y de pre­
Vemos a un Gauguin preocupado por guerra: sintetismo, cloisonnisme, simbo­
la suerte de sus hijos, consciente ya de la lismo ... todo lo cual se traduce y re­
tragedia sentimental que se avecina; un sume en un neo-clasicismo.
amante padre y marido que quiere evi­
Un estudio a fondo de este libro, tan
84

�y con el neto simbolismo de un Odilon
Redon. El neo-clasicismo que buscaban
éstos no era precisamente el preconizado
por Ingres. Gauguin, lo mismo que Re­
don y Cezanne, sabía que la línea del
clasicismo griego daba en la vía muerta
del naturalismo, con sólo dos posibilida­
des: la frialdad constructiva del acade­
mismo o bien el dinamismo desintegrador
impresionista. Gauguin, Cézanne y otros,
vieron a tiempo el peligro y lucharon su
vida entera para buscar otro camino.
El problema no era de “retorno”, sino
de fundar un clasicismo vivo. Y en eso
estamos todavía.

rico de contenido, no cabe en estas bre­
ves notas. Tendríamos que circunscribir­
nos a la parte dedicada especialmente a
la obra de Gauguin. Pero ello resulta di­
fícil, porque la presencia de Gauguin
es constante y un poco indirecta; es como
un mojón, un punto de referencia en la
delimitación de ese camino que, arran­
cando del impresionismo, tiene como me­
ta la fundamentación de un nuevo cla­
sicismo. Pero no se trata de una vuelta
al camino trillado que degeneró en el
naturalismo académico y contra el cual
el impresionismo no fué sino una reac­
ción frustrada, puesto que se limitó a
una revolución técnica con miras precisa­
mente a darnos un naturalismo más na­
tural, más verdadero.
La intención era fundar un clasicismo
vivo. Diríase que, más que con el clasi­
cismo renacentista —originariamente na­
turalista en su lucha por lograr la terce­
ra dimensión— esta reacción clasicista se
emparenta con los primitivos y con el ar­
te bizantino, en sus aspectos decorativo
y simbolista.
Denis hace partir esta reacción de In­
gres, cuya línea siguen Degas, Puvis de
Chavannes, Cézanne, Gauguin y van Gogh.
Llama a Gauguin “el más notorio de los
discípulos de Cézanne”; hablar de “in­
fluencias” nos hubiera parecido más apro­
piado. Y, si bien la influencia de Ingres
sobre Degas o su parentesco directo con
Puvis no puede discutirse con éxito, re­
sulta bastante aleatorio el contacto a dis­
tancia del maestro clasicista —en el sen­
tido griego— con el sintetismo de Gauguin

GAUGUIN - PEINTRE MAUDIT
por Charles Kunstler.
E d. F loury , P arís, 1947.

Aunque ameno, este es un libro que no
aporta mayores enseñanzas acerca de Gau­
guin. De un marcado sentido literario, re­
sulta una casi biografía novelada, sin
llegar a serlo por falta de vuelo lírico y
de garra en el dramatismo que hace su­
poner el título.
Como biografía seria resulta pobre y
construida con materiales de segunda ma­
no; como pura obra literaria le falta mu­
cho de aquello que precisamente le sobra
a la novela de Somerset Maugham.
Una nutrida selección de reproduccio­
nes —de factura mediocre— sirve para mos­
trarnos gráficamente la parábola del “es­
tilo” de Gauguin, desde su primera ma­
nera impresionista hasta la definitiva de
Tahiti y las Marquesas. Es seguramente
el aporte más valioso de este libro; y lo

55

�seria del todo si la calidad de los graba­
dos fuese mejor.
PAUL GAUGUIN
por Julio E. Payró
E d. P oseidón, B s. As., 1947.
Este breve estudio, biográfico y crí­
tico, tiene el mérito principal de la sín­
tesis, lo que no deja de ser un elocuente
homenaje al creador del "sintetismo” en
pintura. Concisa y penetrantemente, Pay­
ró nos muestra en esta obra casi esque­
mática las aristas más salientes del Gau­
guin hombre y pintor, sin excluir el jui­
cio crítico de la obra, ubicándola históri­
camente y caracterizándola con acierto.
Con la lista de las obras de Gauguin y un
regular número de reproducciones en ne­
gro y en color, este pequeño libro resulta
muy interesante y eficaz.

tor que no basta la pura documentación,
aunque ella se haga con un orden parti­
cular. Eso puede ser el esqueleto; y aun­
que esa estructura ya denuncie el “crite­
rio” con que la obra ha sido concebida,
ésta resulta incompleta. Ese tipo de his­
toriografía carece de valor literario. Ro­
tonchamp demuestra, en los primeros ca­
pítulos, poseer las cualidades intrínsecas
de un verdadero historiador de arte. Pero
luego descansa en la pura transcripción
y nos defrauda. Si la primera edición, a
los tres años de la muerte de Gauguin,
llenaba una necesidad inmediata, publi­
car la segunda después de haberse difun­
dido el “Noa-Noa” y la correspondencia
de Gauguin, exigía algo más. Hoy su lec­
tura nos deja la impresión de una "repe­
tición” de cosas ya leídas.
GAUGUIN
por Raymond. Cogniat.
E d . P ierre T isné ; P arís, 1947.
Es una biografía más de Gauguin, sin
nuevos aportes críticos ni documentales.
Aunque la brevedad del texto —menos de
cincuenta páginas— parecería prometer al­
go original y sustancioso, abundan las
transcripciones, imperdonables ya en tal
medida en una obra sobre Gauguin que
se publica en el año 1947. La buena pre­
sentación con numerosas reproducciones
en negro y en color —lo más valioso del
libro— hace pensar en una simple obra
de divulgación y de negocio editorial con
vistas al inmediato centenario de Gau­
guin.
El elogio, pues, debe reducirse al que

PAUL GAUGUIN
por Jean Rotonchamp
E d . G. C rés; P arís, 1925.
Con criterio minucioso y serio de his­
toriador, Rotonchamp ha escrito este li­
bro basándose sobre todo en los manus­
critos de Gauguin. Aparecida en 1900, esta
recopilación ordenada de documentos, con
sus atinados comentarios, ha servido a ca­
si todos los que posteriormente escribie­
ron sobre Gauguin. Resulta así una obra
capital, según lo reconoce Charles Morice
en su meduloso libro. Pero es lástima que
su apego al documento reduzca esta obra
casi enteramente a una simple recopila­
ción. Un concepto más amplio de la his­
toriografía debiera haber advertido al au­

86

�le corresponde como libro de divulgación.
En ese orden, llena cumplidamente su co­
metido.
GAUGUIN - LE PEINTRE ET
SON (EUVRE
por Maurice Malingue
E d . L es P resses de la C ité .
P arís, 1948.

en capítulo especial, el “clima” pictórico
de 1876 y con ello se nos da la clave de
la revolución impresionista. Luego, al ana­
lizar la manera impresionista, tenemos la
base de la formación de Gauguin como
pintor. Y así nos enfrentamos con la es­
cuela de Pont-Aven, cuyas proyecciones
Malingue profundiza y juzga de un mo­
do personal que, aunque acertado en su
mayor parte, quizá pueda encontrarse dis­
cutible en algunos aspectos —lo mismo
que el capítulo siguiente, dedicado al pe­
ríodo tahitiano—, pero siempre con autén­
tica envergadura de crítico y de histo­
riador.
Completan este estudio capítulos dedi­
cados a Gauguin como escultor y cera­
mista, grabador y escritor. Y uno parti­
cularmente interesante sobre los falsos
cuadros de Gauguin. Se trata, pues, de
un estudio completo en que se agregan
datos nuevos y, discretamente, no se in­
siste demasiado sobre los ya conocidos.
Es, lo repetimos, el homenaje que me­
recía Gauguin con motivo de su cente­
nario y nada mejor que cerrar con él esta
crítica sintética de la bibliografía gau­
guiniana.
A lfredo E. R oland

En lujosa edición, con 240 reproduc­
ciones en negro y 16 en color de cuadros
de Gauguin, 70 ilustraciones en el texto y,
como apéndice, una minuciosa bibliogra­
fía gauguiniana, este libro resulta un ver­
dadero homenaje al artista en el año de
su centenario. Que el prólogo se le haya
encomendado a su hijo, da mayor carácter
de homenaje a esta publicación, que co­
mo tal la ofrece Pola Gauguin en sus pa­
labras de introducción.
Es el libro que merecía el artista en
su centenario, ya valorada definitivamen­
te su obra. El texto de Malingue es lo que
debe ser ya hoy un nuevo libro sobré
Gauguin; apiecia a éste en su perspectiva
histórica y engarza su obra en el arte
de su tiempo. La vida del pintor, su
aprendizaje, la explicación de su vocación,
todo está sobriamente descripto y enfo­
cado con j usteza, prescindiendo del pin­
toresquismo biográfico y de las largas
PAUL GAUGUIN NACH EIGENEN
transcripciones de sus cartas y sus escritos
UND FREMDEN ZEUGNISSEN
para explicarnos su estética.
.No se desecha el aspecto biográfico, pe­ V erlag B enno &amp; Co B asilea, 2® edic. 1946
ro él está encarado con criterio de crítica
Gauguin cuenta él mismo en gran par­
histórica, dejando en lugar secundario la te de este compendio gauguiniano su vida
parte anecdótica y novelesca. Se estudia, hondamente trágica y especialmente los
87

�últimos dos decenios de su vida, la que
el lector convive de manera casi dolorosa
y de modo tal que se siente tentado de
perder la fe en los destinos buenos del
hombre, renegando de aquellos destinos
malditos que acumulan tanta miseria ma­
terial y sufrimiento moral sobre un ar­
tista como Gauguin, quien se queja en
una oportunidad con amargo sarcasmo:
“¡Tengo ahí arriba decididamente a un
enemigo, que no me deja tranquilo ni un
sólo minuto!”
Los. relatos propios son combinados y
completados con documentos y opiniones
de terceros sobre Gauguin, especialmente
de sus contemporáneos que mantenían re­
laciones con él, o de gente que se le
cruzó en su camino. A estas personalida­
des pertenecen escritores y poetas como
Mallarmó, Andró Gide, August Strindherg,
Octave Mirbeau, Henri de Régnier.
El lector encontrará muchos elementos
documéntanos y biográficos —contenido
principal de este libro— como mucho ma* terial anecdótico bien, digo bien, contado,
que en otras monografías sobre Gauguin
no se encuentra con facilidad ni con
frecuencia, o que está tan mal interpre­
tado que tapa la verdadera figura de Gau­
guin. Además se hallarán en este libro, se­
gún anuncio del editor, por primera vez
los nombres completos de aquellas perso­
nas, que han sido premeditadamente su­
primidos en las ediciones francesas de sus
cartas a Monfreid, de tanta importancia
para su biografía, o los que habían sido
88

suplantados con iniciales también preme­
ditadamente erróneas y falsas. Hallará el
lector también por primera vez el conjun­
to completo de las cartas gauguinianas a
su amigo de Monfreid en su cronología
correcta. Esta cronología correcta es de es­
pecial valor y en grado mayor lo es para
la correspondencia del artista con Emile
Bernard, con su mujer Mette Gaad, con
Schuffenecker y otros. Las tantas cartas
que no hablan sido fechadas por su mis­
mo autor, o que llevaban fechas apócrifas,
introducidas con fines fraudulentos por
varios editores, habían efectivamente cau­
sado confusión en la biografía de Paul
Gauguin. También en cuanto a otros datos
biográficos, que aún en el libro de su hijo
Pola, Paul Gauguin, mon pére, no siem­
pre eran de exacta mención e interpre­
tación, este libro de Graber implica co­
rrecciones y rectificaciones de importan­
cia. Fuera de las opiniones emitidas por
terceros sobre la personalidad y obra de
Gauguin este grueso volumen trae juicios
de valor propios del autor, los que sin du­
da alguna en muchos casos serán todavía
materia de discusión. Play además la trans­
cripción fiel de muchos trozos de los tan­
tos escritos y obras de carácter literario
de Gauguin a más de una numerosa serie
de excelentes reproducciones y grabados.
Tales son el fin que anuncia el editor y
el valor indiscutible de este libro, que
además se caracteriza por su impecable
presentación.
R. G. B.

�R ene M agritte :

Nostalgia.

E X P O S I C I Ó N DE A R T E
BELGA CONTEMPORÁNEO
C onstant P ermeke :

Amanecer.

J

am es

E

n sor:

Esqueletos en procura de calor.

�Gustave df. Smet : Pueblito ron campanario.

Adolescente, por­
tador de reliquias.

G eorge M in n e :

�Crítica
EXPOSICIÓN DE ARTE BELGA
CONTEMPORÁNEO
^
Inmerso en el drama de dar el espíritu
dentro de la materia y más allá de ella,
el artista belga en significativa inquietud
estética bucea todos los caminos de la ex­
presión plástica, desde la ingenuidad apa­
rente hasta el grotesco psicológico, pa­
sando de la sutileza sentimental a la po­
sible frialdad de la abstracción.
J am es E nsor , el genial pintor es junto
con el escultor George Minne, fundador
de la escuela de Laethem-Saint-Martin, de
la que proceden destacados artistas belgas
modernos, la mayoría expositores en esta
muestra. Ensor atrae al espectador con su
extraño sortilegio; las cuatro piezas son re­
tablo maravilloso de su historia que sale al
encuentro y muestra su lucha. Azaleas, su
amanecer que se expresa en suaves melo­
días, en quietudes de espera. Flores y
legumbres, es en cambio imagen de mo­
vimiento, de inquietud irrefrenable. For­
mas encerradas en la razón de la línea
que ondula con el color que desborda.
Hay doblegada en esta euforia una fuer­
za que lucha por salir y se revuelve por­
que el artista dueño de la atmósfera y
el fondo, las ha encerrado en una tela
en que no quieren estar contenidas. En

su fondo cálido está la liberación de la
pincelada, que en el triunfo de lo sensible
construye la atmósfera. Es naturaleza
muerta porque admitimos la rara ironía
de los géneros, ya que las formas viven
allí con un vigor que se hace violencia.
Cuando la rebeldía se aquieta, el color en
generoso y abigarrado empaste se enter­
nece con la línea sensible, realizando la
apariencia en equilibrio solidario; es éste
el mediodía de su entusiasmo plástico.
Cuando la luz se torna atardecer, Ja­
mes Ensor encuentra la melodía interior
de sus Porcelanas chinas. El tormento vi­
tal ha pasado, es hora de madurez espi­
ritual, por detrás de las cosas emerge la
sugestión de misterio que da la variación
tonal. Tazas, paños, planta, son pretex­
tos del artista para presentarse a sí mis­
mo. Es ésta la nota gris de su íntimo
retraimiento, pieza magnífica en que la
línea entrega a la pincelada la misión de
crear la atmósfera en juego de emoción
contenida; y se ven cosas de las que
uno está un poco ajeno a su realidad,
porque solo viven en la medida en que
Ensor mira a través de ellas.
En Esqueletos en procura de calor se
confirma lo que Margarita G. de Sarfatti ha dicho de él, al señalarlo “como
precursor unos cuarenta años antes del
superrealismo”. Aquí su noche, su pesadi
lia, en el tema una tragedia disfrazada;
con ridículos ropajes los esqueletos agru­
pados alrededor de una estufa muestran
el tormento más allá de lo consciente. Con
intención bufa una farsa grandiosa con la
que quiere convencer de que convive ami-

91

�gablemente con sus terrores. Entonces el
pincel se hace meticuloso, se enriquece
con tintas cuando goza en el detalle de
las cosas, y sorprende con notas de poten­
tes tonos puros casi en el plano. Hay
una diafanidad que unida a su calidad
plástica, le permite trasmitir sin reservas
la realidad y la fantasía de cada expre­
sión. Cuando la sustancia humana se de­
forma para integrarse en el espíritu divi­
no, las formas deshumanizadas se elevan,
no sólo por la fuerza de adentro, sino por
un requerimiento superior que obra co­
mo imperativo. Estamos frente a G eorge
M inne , frente al intuitivo de espíritu re­
gulador que disciplina y concreta la in­
tención exaltada. Adolescente portador de
reliquia y tres dibujos, de los cuales es
posible hacer un comentario simultáneo,
porque el sentimiento que los inspira es
el mismo. Su obra, en actitud mística
perfectamente lograda, lo revela como va­
lor plástico paralelo al anterior.
En su escultura hay una descarga de
la fuerza emocional en el bronce que se
agiliza en prieta curva. Madre e hijo,
otro‘dibujo, es desnudo de mujer que
atraviesa diagonalmente el papel, la figu­
ra en escorzo y hacia atrás; en el án­
gulo, la cabeza que se pierde en claros­
curo. A diferencia de sus otros dibujos,
engrosa la línea para subrayar la pleni­
tud sensual de la forma, haciéndose cur­
va, vigorosa y ceñida.
El artista entregado a una verdad es­
tética a la que permanece fiel, está en
camino de sintetizar la universalidad del
sentimiento. G ustavo de Sm et , en Pueblito

22

con campanario, no muestra cosas sino
una manera de vivir. Su naturalismo sen­
timental respira simplicidad campesina,
profundamente humana. Las formas se
aprisionan ayudadas por el cerco plástico
con que el artista, como recurso aparen­
temente pueril, da la nota de concreción
al conjunto. Envolviendo ese clima pa­
triarcal —arroyo, cielo y animales— atre­
vidas y graciosas alusiones cromáticas. El
color denso elude los contrastes que rom­
perían la armonía de la totalidad, del
amarillo al ocre rosado los volúmenes
están construidos en valores cromáticos
equivalenets. Hay en G. de Smet, una ten­
dencia poética a transformar la realidad
en un todo, para conseguir esa esencia de
la paz interior a que llega por la conceptuación al esgrimir la claridad de sus
formas idealizadas. Sombrero de paja, no
tiene menos valores que el anterior: es
retrato de mujer en que las formas se
vuelven imprecisas, nunca tímidas, para
dar la fusión emocional. La nota tan ca­
racterística de de Smet no podía dejar
de aparecer en un pequeño pájaro mul­
ticolor que naufraga en tintas irisadas,
destacando el acertado y expresivo ara­
besco del perfil. Parece que se afirma
en tonos ocres, para probar austeridad
consigo mismo, y con escasos elementos
en cuanto a tintas y detalles, dominando
o libertando el pincel, hace de su ritmo
plástico un panorama espiritual.
Lo inteligible es en C onstant P ermeke
un deseo de relación emotiva entre el cielo
y la tierra; para lograrlo contrapone cier-

�tas partes sólidas de sus cuadros con un
desfile de imágenes sin consistencia ma­
terial, transparentes y casi flotantes. Su
justificación en el plano sentimental no
salva lo arbitrario de la combinación.
Por este contraste que acaso repita, crea
en su óleo Amanecer una tensión entre
la actitud total y unas formas sugeridas
por elementos gráficos. Pródigo en gracia
y sutileza, realiza por ese contraste la
transformación interna de la realidad. El
pasaje cielo-tierra ofrecía en esta tela de
gran tamaño serias dificultades; se hace
posible con manchas compactas de pince­
ladas ocres —troncos de árboles, molinos—
que transforman lo concreto en armoniza­
ciones puramente externas. En Marina, el
mismo problema dificultosamente supera­
do: aquí no existe limitación de formas
ni diferenciación de materia, la super­
posición de ocres crea un movimiento su­
perficial bien obtenido, a pesar de lo
cual hay desvitalización evidente.
Rudeza campesina que oculta honda
ternura es Pudelador de C onstantin M eu nier ; sentimiento de la totalidad de su
obra en la unidad de expresión; una figu­
ra bien plantada, con arriesgados movi­
mientos en las vestiduras, que introducien­
do luz y sombra en el volumen acentúan
la fuerza expansiva. No claudica en sus
dos óleos Mina de carbón bajo la nieve
y Techos rojos: el contenido en el pri­
mero, siempre único e indivisible, desdeña
el pequeño matiz por exigencia directa de
la materia acaso en beneficio de la ex­
presión sensorial, la que no permite al
pincel detenerse en detalles y obliga a

93

que la forma se endurezca deliberada­
mente. Techos rojos es pintura de cincel,
es un bronce trabajado en una tela. As­
pereza interior en el tema y la intención;
es el escultor que se expresa en óleo sin­
tiendo el bronce.
Desde el expresionismo al superrealis­
mo, F rits van den B erghe, en el Hijo
de la luna. Instinto de fuga y evasión de
lo real para realizar plásticamente la idea
de la lucha, de allí la ficción teatral o
mejor, circense de su obra. Desde el im­
perio de lo onírico elude las formas vi­
vas, desplazando el fácil patetismo. En
sus dos obras (debemos agregar El poeta
asaltado) lo espantable se intuye en los
mascarones o animales desplazados' a la
periferia. Dentro de su extremismo pa­
rece que al despersonalizar quisiera de­
fender posiciones ideológicas. Construye
en óleo sobre tela, pero crea áspera ma­
dera en rechazo de blanduras sentimenta­
les. Sus personajes recortados parecen fi­
guras que nacen del exotismo salvaje que
vive en un espíritu lógico. Nobleza aco­
sada por la envidia, el peligro, la perse­
cución que intentan convertir su actitud
frente a la vida. Deliberadamente brusco,
brutal por momentos, rechaza los recur­
sos de fina mordacidad, porque presenta
anticipadamente en drama extratemporal
la batalla perdida del hombre frente a
las fuerzas que lo cercan.
Si el autosimbolismo de los sueños indi­
ca la satisfacción de un deseo, y nos
apoyamos en Bleuler que "ha mostrado
las grandes contradicciones que pueden
vivir juntas en el inconsciente”, el mundo

�de los sueños que P a u l D elvaux nos
trae con Cariátides y Paseantes, significa­
ría la transformación de figuras sujetas a
la fría materia marmórea en sustancia
humana, con prescindencia y negación de
lo intelectual a que están sometidas. For­
mas racionales que hasta entonces sos­
tenían arquitecturas, se adelantan colocán­
dose en primer plano, todo se torna ma­
teria en incitación sensorial, los detalles
del desnudo se refuerzan como contraste
con los elementos del fondo construido
en grises. El color se descarga en las figu­
ras, el fondo aparece delimitado por el
elemento lineal riguroso. Visitas es su ter­
cer óleo, una habitación desnuda y una
mujer que recibe a un niño que entra por
la puerta abierta al mundo exterior. Si­
gue ironizando en detalles: sobre las pa­
redes ángeles con vestiduras al viento
munidos de trompetas, araña con crista­
les. La anécdota es inevitable, pero la
calidad artística con respecto a los ante­
riores es superior. Los desnudos se enri­
quecen en variaciones tonales muy dignas
donde trasmite su poderosa carga afectiva.
Ya no aparece el erotismo de las figuras
anteriores, todo se ha contenido en la
reflexión y no existen aquí contradiccio­
nes en pugna.
Dentro de las manifestaciones superrealistas, en obras que revelan madurez plás­
tica, R ene M agritte, ex-estudiante de Hu­
manidades, trae fantasías de honda poe­
sía, en lirismo manifiesto. En Nostalgia
el contenido es muy claro, facilitando una
directa identificación con el tema. Un
puente en grises homogéneos, firmes; en

el cielo rosado formas concretas que se
desdibujan, en la balaustrada un hombre
con alas custodiado por un león. Mira ha­
cia el mar, la nostalgia pone alas a su
ansiedad que quiere remontarse en el cie­
lo cálido y acogedor que la transporta;
detrás de él, sólo ve lo que anhela, y
es capaz de borrar las formas materiales
que limiten el afán. La emoción nace de
la libertad imaginativa del espectador,
que advierte la contradicción entre el de­
seo de un hombre por volver y la im­
posibilidad de realizarlo. El león vigila,
es la fuerza que lo detiene; el personaje
respeta esa sujeción a la realidad y, sin
traicionarla, es capaz de ponerse de es­
paldas a ella y emprender el viaje desde
el puente custodiado.
Es evidente que Magritte es artista que
se rige por normas severas, hay un espí­
ritu clásico dentro de lo imaginativo. Sin
embargo su capacidad creadora no está
limitada, el vuelo de lo preconsciente se
intuye en comunión perfecta con la plás­
tica. Todo ello le agrega categoría, su
pintura es producto de una disciplina
mental respetada. En Razón pura sus va­
lores se imponen sobre la fácil atracción
del tema: adelante en un claro del bosque
la Razón pura, fuera de toda fuerza que
la reclame, espera (es figura de animal
con atributos humanos, en calideces de
color en que agranda su dimensión). En
el fondo un jinete que intenta atravesar
un bosque de frías hojas, cercado por
telones rojos en incitaciones sensibles, ha
de pasar por sobre el instinto y la frialdad
para llegar a la Razón pura. En toda su

94

�obra la misma manera de tratar el ma­
terial que se concreta en empastes uni­
dos, proporcionando una calma notable
al conjunto. La variedad pequeña en el
tono, obliga a la agudeza visual, mérito
del artista, porque sin disgregar la emo­
ción, logra una uniformidad que sin sus
recursos sería monótona. El simbolismo
en el color utilizado con acierto facilita
la comprensión de su lenguaje.
Frente al artista equilibrado, el que
intenta la difícil aventura del grotesco
psicológico apoyado en la deformación fí­
sica. J ean V aerten en Toro, agrega a la
expresión patética el contraste de rojos
y amarillos. Hay en su arte joven un
aspecto pequeño del dolor humano; están
las zonas crepusculares en que se angosta
su fuerza intuitiva, a la que dirige por
los signos del color y de la línea violenta
embutiendo la deformación en que se in­
cuban sus grotescos. Estamos frente a la
obra audaz pero inmadura, su intención
al presentar un toro triste y ridículo pa­
rece satírica, pero le falta refinamiento
en el terreno de la penetración psicoló­
gica y por eso tiene que forzar algunas
notas gráficas que son innecesarias. En
Cosecha persigue el ritmo en unión con
la fuerza del color, siempre rojos y ama­
rillos, sólo las formas las destaca con el
violeta lineal. En este juego de superficie
tiene aciertos destacables en la síntesis for­
mal, juego de curvas entrelazadas en el
plano en invención rítmica.
Artista inteligente, admirador de Cézan­
ne, R ik W outers, que desapareció prema­
turamente cuando su obra comenzaba a

ser aporte importantísimo para el arte
belga. Quizá su juventud es la razón más
poderosa para que su mensaje carezca de
hondura. Dominado aún por la técnica luminista, aparece sincero y finamente sen­
sible pero ingrávido. Se contentaba dema­
siado con el juego aparente del color.
Le faltó tiempo para agrandar la dimen­
sión desde la cual contemplaba la realidad
y endurecer así, el arraigo de las formas
con el espíritu.
En la misma línea H ippo lite D a e y e y
A ntoine M artsboom atraen la atención,
sus pinceles pierden sensualidad ganando
transparencia. Sería excesiva rigidez cen­
surar la superficialidad de su obra, pero
carecen de valor y trascendencia.
En la obra de un artista buscamos al
hombre que hay en él. I sidore O psomer
se expresa en virtud de su lenguaje plás­
tico, por oposición apasionada de elemen­
tos, pero que lo conducen a la justeza y
limitación interior; en Retrato de Jules
Destrée construye una personalidad de
aparentes contradicciones, pero impetuosa
y firme.
En autorretrato rodeado de figuras,
A uguste O l e f f e , es el intuitivo que no
traspone el plano de lo individual. Sus
pequeñas ideas son las pequeñas ideas del
mundo convencional en que se mueve.
Falta de constancia que nace y que se
pierde en un momento, porque la vincu­
lación de sus personajes es circunstancial,
vive cada uno un mundo egoísta y trivial,
donde el espíritu se pierde en sentimien­
tos fáciles y desarraigados. De allí su gra-

95

�cia y fragilidad que nacen de una raíz tanto valor
Desnudo de
débil.
A m a l ia J ob

COLECCIÓN RAFAEL A. CRESPO
Poder ver y vivir en Buenos Aires la
palpitante y candente actualidad de un
conjunto de arte moderno como la que
nos brinda —y verdaderamente cabe el
término brindar— la Colección de R a fae l
A. C respo, por cierto implica un elevado
y no muy frecuente goce estético.
Entrerriano, trasplantado a París en los
años de euforia creadora que conmovieron
la vida artística de la cité lu m ié re después
de la primera guerra mundial, Rafael
Crespo coleccionó con un sentido poco
común un conjunto de obras de arte mo­
derno que hoy nos revela genuina intui­
ción y acierto en más de un aspecto. Es
harto probable que este conjunto, legado
por Rafael Crespo, constituya hoy día una
de las más importantes colecciones pri­
vadas de arte de vanguardia en Sudamérica.
Por supuesto, tomarla como pars pro
to to y entrar a través de ella en disquisi­
ciones sobre los diversos movimientos de
la pintura contemporánea, no es éste el
lugar adecuado, ni tampoco podrá consi­
derársela base suficientemente amplia pa­
ra tal fin generalizador. El camino que
nos queda por tomar es pues el de inven­
tariar, y no por ser los fa u ves los numé­
ricamente mejor representados, sino por
haberse incluido tan sólo un cuadro de

plástico

como

el

pequeño

A ndré D erain , nos induce a

colocar a éste en prim erísim o lugar.

Los tres óleos de Derain señalan bien
claramente el camino recorrido por este
pintor. Si su R e tr a to d el p in to r V la m in c k
está concebido con toda la violencia cro­
mática, los empastes nutridos y la libre
deformación en el plano y el dibujo, que
caracterizan el comienzo del movimiento
fa u v e , su T o rso d esn u d o d e m u je r ya nos
revela cómo él muy pronto se aparta de
las estridencias sonoras y contrapuntísticas de la materia. Este T o rso muestra to­
davía una marcada acentuación de los ele­
mentos psicológicos, producto de la con­
cepción expresionista, pero en su valora­
ción de la línea como arabesco, recurso
sin duda, pero de una inventiva digna de
admiración, también vemos el desarrollo
que ha de tomar más tarde el fauvismo.
Forma, casi diríamos clásica, vigorosamen­
te construida, color sombrío bien balan­
ceado entre ocres, grises y rojos —ya de
por sí poco fa u ves— y el empleo de un
dibujo de contornos gruesos que parece
independizarse del color.
En cambio con el D esn u d o pequeño es­
tamos frente a un cuadro que es una ver­
dadera lección de cómo emplear, aún man­
teniendo todas las conquistas de la pintura
moderna, la rica variación tonal y un fi­
no juego de luz y sombra para crear la
sensación de volumen y de una forma que
se expande desde adentro hacia afuera.
El trato que Derain ha dado en esta obra
a los verdes transparentes del fondo es
simplemente magistral, lográndose con él

í&gt;6

�A i. U

t r i l i .o

:

La casa.
K.

van

D ongen :

El sendero de la virtud.

C O LE C C IÓ N

CRESPO

A.

D erain :

Torso de mujer.

�A. M odigm ani :

G. R o u au lt :

Sr. Héctor.

Retrato de mujer.

Cu. Soutine :

Paisaje.

�una acentuación de la plasticidad y vida
interior que a la vez de darnos un exce­
lente desnudo nos ofrece un auténtico re­
trato, cálido y vibrante, y un sentimiento
profundo expresado exclusivamente con
los elementos plásticos que se unen en
una gran armonía de forma y expresión.
El grupo de los fauves, fuera del pri­
mer cuadro de Derain, está representado
por M aurice V l a m in c k , pese a que su
Paisaje de tono algo literario también
ya nos muestra más bien otra desviación
posterior del fauvismo inicial. Retoma
aquí Vlaminck por la vía constructiva de
Cézanne, conservando en cuanto a color
violento y puro, lo que conquistó en sus
mejores épocas fauves, pero cayendo en
cambio en esta tela en una especie de
escenografía, por cierto muy sentida.
De M aurice U trillo hay dos paisajes
urbanos, uno y sin duda, el de más valor
plástico, de Montmartre, La casa de Berlioz, cerrado en su forma por un denso
cielo invernal y plomizo, que se contra­
pone a los alegres y rítmicos colores pu­
ros de las formas arquitectónicas, mien­
tras que el otro, La capilla de Ivry con
mucho menos empaste cromático nos da
una imagen dibujística y planista de un
trozo de arquitectura con colores grises
parcos y de escasa variación tonal.
G eorges R ou au lt , el más fauve, está
representado en la Colección Crespo con
dos gouaches, Señor Héctor y Clown, con­
cepción satíricaburlesca del bourgeois el
uno y el drama profundo de lo que la
clownerie encierra como una considerable
parte de la vida del hombre moderno el

otro, en la literatura contemporánea mag­
níficamente relatado y condensado por
Hcnry Miller. Colores puros y de gran
sonoridad, extendidos en el plano y dinamizado al máximo por el grueso enrejado
de las líneas divisorias de la forma, que
parecen el legado del vitral gótico y del
cloisonné románico. Más allá de estos
medios formal-expresivos una deformación
empleada con absoluta libertad para lo­
grar la máxima expresividad de lo instin­
tivo, de lo amargo, libertad justificada por
su honradez y sinceridad que no admiten
falsos retoques.
Dentro del movimiento fauve, aunque
bastante superficializado, de concepción
satíricaelegante, sin lo mordaz de un Os­
car Wilde, tenemos a K ees van D ongen
con su composición El sendero de la vir­
tud, un paisaje del bois pintado con vir­
tuosidad brillante y gracia snob en sus
tonos luminosos de grises verdosos y azu­
lados fríos. Más cuadro sin duda el pai­
saje de Venecia con una fina variación
tonal que van Dongen logró en el gran
plano de la laguna, aunque en ninguna de
las dos telas convence él con ese gran
mensaje que es conditio sine qua non de
todo arte.
Dentro de una similar pintura de gran
habilidad de oficio vemos las Flores de
J ean F autrier . Hay cierta monotonía pe­
sada en sus colores sombríos y en sus for­
mas deshechas que él trata de encauzar
con incisiones hechas a espátula en el em­
paste.
E douard J oseph G oerg, el excelente gra­
bador, tampoco nos da en sus óleos más

99

�que una paleta exquisitamente matizada.
Emplea tanto en su Vendedora de feli­
cidad, como en el Almuerzo de Vigilia
una técnica parecida a la de Fautrier, in­
sinuando el color y la forma mis que diciéndolos, si bien su mano es más liviana
que la de Fautrier.
De M arie L aurencin hay una nota de
finura exquisita en su Niña de la lira.
Grises, rosados y celestes, los colores que
invariablemente emplea con fina sensibi­
lidad femenina, pero también con insis­
tente monotomía, estancándose en un ca­
llejón que para esta clase de pintura no
tiene salida.
Ya muy otra cosa es la sensibilidad colorística del rumano J ules P ascin , en quien
hay que detenerse algo más para recordar
que viene del Simplicissimus, la revista
satírica de Munich, de la que salieron
dibujantes eximios como Georges Grosz y
Olaf Gulbransson. Y también en l’ascin
tiene neta primacía el dibujo sobre el
color que casi se pierde en esfumada am­
bigüedad. Su Joven recostada, cargada
de sensualismo interior que se mantiene
bien en la línea del erotismo refinado de
Renoir, está pintada con tonalidades iri­
sadas de grises verdosos, mostrando en
los sesgos de una muy difícil pero plena­
mente lograda composición un acentuado
sentido de la invención, que siempre ca­
racteriza al auténtico artista. Pero Pascin
es un pintor moderno solamente a me­
dias, con un sentimiento todavía muy fin
de siécle, concibiendo el desnudo y la fi­
gura en términos académicos y huyendo
en el color de todos los contrastes violen­

tos. Su Niña del moño rojo está conce­
bida en idéntica coloración pálida e in­
sinuada, que en algunos pasajes nos hace
recordar la finura de la estampa china
más que la japonesa.
En el excelente óleo de M arc C iiacall
del año 192S, Los enamorados, tenemos
una hermosa prueba del lirismo misterioso
de este expresionista ruso, y lirismo y ex­
presionismo, pese a su aparente antagonis­
mo, de ningún modo son valores opuestos.
Misteriosa y arbitraria la suave y fluida
pareja que flota entre arbustos e imagina­
rios follajes sobre una luna plateada y la
alegórica introducción de un colibrí como
elemento que acentúa el dinamismo de
la composición. Claro que Chagall no da
formas rigurosamente construidas, no hay
absolutamente nada del moderno clásico
que se nos reveló Derain en su Torso de
Mujer, pero sí hay en él un mundo de
ensueño y suave fantasía, de recogimiento
en valores que probablemente lindan más
con lo literario que con lo puramente
plástico, pero acaso no acertó Gauguin al
dogmatizar que no importaba que la
pintura sea “literaria”, con tal que sea
pintura?
Sin mayores diferencias cronológicas flo­
rece dentro de la llamada escuela de Pa­
rís otro movimiento de la pintura con­
temporánea, el cubismo, que tiene en
A ndré L i-iote su apóstol máximo en cuan­
to a su urdimbre intelectual-teórica.
Lhote es hombre de vasta cultura e
intelecto agudo, mucho más teórico que
pintor, con un profundo conocimiento del
oficio. Pero mientras que con sus teorías

100

�brilla y plantea los problemas más canden­
tes con una lógica y claridad convincen­
tes, con su pintura no logra conmovernos.
Oliverio Girondo define el arte de Lhote
muy bien cuando dice que "su lucidez,
que presupone tanta sabiduría, reseca su
temperamento y reprime su espontaneidad,
hasta el extremo de que en sus telas ape­
nas nos proporciona un deleite distinto
al que procura el desarrollo lógico de
una ecuación matemática”. Así en su Re­
trato de mujer, muy bien .construido con
pasajes de distintos verdes al rosa y car­
mín en planos entonados en finas armo­
nías, nos deja fríos y no hace vibrar en
el espectador una emoción íntima, fuera
de obligarlo al reconocimiento de su abso­
luta eficacia de oficio.
Cosa similar nos sucede con la composi­
ción abstracta de A ndré B eaudin , Reflejo
amarillo, que con fino ensamble de grises
obtiene una construcción de arabescos y
líneas curvas que expresan refinado sen­
sualismo en lo decorativo. También en
Beaudin vemos esa gran habilidad y sen­
sibilidad excpiisita que caracteriza a esa
legión de pintores parisinos de segundo y
hasta tercer orden, qué no son nada des­
deñables, como tampoco en el orden de
la estructura sociológica francesa es des­
deñable su ancha clase media. Ambas ca­
pas son caldo de cultivo y cimiento segu­
ro para los verdaderamente grandes en
Francia.
Dentro de la concepción cubista se mue­
ve M arie B lanciiard , española de origen,
de la que la Colección Crespo exhibe una
obra cubista, Niña dormida, con máxi­

ma destrucción de la forma y reestructu­
ración en pequeños planos de color como
■ resultado de la desintegración formal que
procede del anáiisis frío y agudo que el
cubismo hace de las cosas. El color se
mantiene en grises, amarillos y ocres sin
gran sonoridad para representar un tema
de orden sentimental que parece arbitra­
rio para la posición antiemocional adop­
tada por el cubismo. Su otra tela, Niña
enferma, en su composición hierática nos
parece algo monótona, sin mayor vida in­
terior de la forma, quedándose en el es­
quema.
De P ablo P icasso hay un pequeño pas­
tel. En el Moulin Rouge, que fué he­
cha en su tiempo de primer aprendizaje
en París en una concepción todavía muy
Toulouse-Lautrec. Si esta pequeña obra
no llevara la firma de Picasso resultaría
sin duda muy difícil atribuirla a este gi­
gante de la pintura contemporánea.
Volviendo otra vez a la posición expre­
sionista nos enfrentamos con el ruso
C harles Sou tine y en sus tres telas, muy
raras por cierto, pues no han sobrevivido
muchas de sus obras la acción devoradora
de su estufa, encontramos ese verdadero
mensaje del artista cuya existencia consi­
deramos como punto de partida para todo
arte. La tortura máxima en la vida' de
Soutine se traduce en sus telas, que vi­
bran de emoción en formas que violentamente se retuercen, en colores puros que
cantan y que dan el mismo grito que dió
van, Gogh. Tanto que en su Retrato de
mujer que es un cuadro magnífico en
toda su extensión, como en su Mucamo

101

�Soutine nos da una pintura de expansión
sin construcción lineal. Sin recurrir a un
dibujo definitorio deja que la misma subs­
tancia cromática vigorice y acentúe la ex­
presión violenta y dinamice la composi­
ción. Estos dos cuadros están pintados con
colores puros, empaste vigoroso y decidido,
con la primacía de azules sonoros en uno
y rojos vibrantes y llameantes en el otro.
En su maravilloso Paisaje hay una exube­
rancia de verdes en el gran árbol que re­
torciéndose violentamente ocupa casi toda
la extensión de la tela, dejando tan sólo
unos pedazos que el artista utiliza para la
introducción armónica de un fondo de
elementos arquitectónicos y de una ape­
nas esbozada figura humana en pleno mo­
vimiento. Todo en este cuadro es dina­
mismo, desde el ramaje del árbol castiga­
do por un viento imaginario hasta la hile­
ra de ventanas de las casas del fondo. Di­
ríamos que hay un profundo lirismo de
lo dinámico y encontramos otra vez que
la posición del pintor expresionista en ab­
soluto contradice o aniquila la emoción
lírica y vibrante que, en este caso, nos
puede brindar un paisaje urbano. Sola­
mente que esta lírica ya es otra que la
lírica estática, contemplativa de un LiTai-Pe o de un Fírdusy.
íntimo amigo de Soutine, el mediterrá­
neo A medeo M odigliani., sabe mantener­
se libre de toda influencia de los demás
pintores coetáneos. Tan sólo cuajan en
él las enseñanzas y la pureza estilística
de las máscaras y estatuas del arte ne­
gro, procedente de la Costa de Marfil.
Modigliani pone en su arte de vanguardia

una profunda nota de originalidad autén­
tica sin rebusques artificiosos. Quizás, co­
mo la gran mayoría de los pintores medi­
terráneos, Modigliani no sea un pintor
muy profundo. Angustiado y torturado al
máximo en su vida, en sus telas esta
angustia se mantiene alejada y sublimada.
Su pintura es clara y diáfana, transparen­
te muchas veces, caracterizada y regida
por el espíritu del hombre mediterráneo.
Es probable que debido a la primacía de
este espíritu de diafanidad y equilibrio no
se hayan dado en las regiones mediterrá­
neas las muestras angustiadas y torturadas
que nos dió el arte expresionista nórdico
y en cierto modo también el eslavo. Sola­
mente en el soberbio Retrato de niño
se traduce algo de esta angustia, que
su amigo Soutine nunca suprimió. Es
por este carácter tal vez también el
cuadro menos propio y semejante a lo
que Modigliani logró darnos en su retrato
llamado María. Ahí sí está todo el Mo­
digliani que conocemos y admiramos con
su ulterior transparencia de color armó­
nico y claro. La forma se expande por
encima de su ceñida construcción lineal
con la que el artista logra el máximo de
expresividad de lo humano. Y si Modi­
gliani alarga las formas humanas no lo
hace en una concepción gótica, cargada
de misterio metafísico, sino para acentuar
la síntesis formal muy propia de este espí­
ritu diáfano y mediterráneo que ya he­
mos destacado en él.
Si su hermosa y dramática Cabeza de
mujer (Nf 13) todavía nos muestra un
Modigliani no muy clarificado, si en este

102

�cuadro, que está más cerca de su Retrato
de niño, él aún no ha llegado a la lisura
que luego caracteriza su pincelada, ya eu
el Retrato de Mme. Zborowska y en el
melancólico pero firme Retrato de mu­
jer (N? 16) con su sillón que acompaña
el alargamiento dinámico de la forma fe­
menina sentada, Modigliani no llegó a la
cúspide de su arte eufórico y optimista.
Destacamos otra vez que sus obras son
cargadas de optimismo, no reducidas en
su euforia por una tónica general melan­
cólica, espíritu y sensación de lo carnal
que vemos ampliamente demostrados en
su gran Desnudo acostado. Aquí Modi­
gliani construye las formas del cuerpo hu­
mano, sin intervención alguna de juegos
de luz y sombra, con meditada deforma­
ción y una captación de la expresividad
de lo lineal que, nos atrevemos a decir,
sobrepasa y supera aún al gran maestro
contemporáneo de la línea y el arabesco,
Matisse. La forma está dibujada y conci­
samente delimitada con una marcada ten­
dencia a la detención formal con acentos
estáticos, sin que esto lo lleve jamás a la
inercia. Hay en este desnudo una enorme
y absoluta armonía lineal en un juego de
movimiento tranquilo, nada mecánico, na­
da violento, que nos dice de la fuerza y
del vigor que lo hacen tan grande a
Modigliani. No hay sensualismo ni erotis­
mo, pero sí exuberancia en los tonos cáli­
dos y opulentos con que pintó la carne
y piel de la mujer y el maravilloso fondo
de rojos y ocres, el que por si sólo ya da
la clara noción que se está frente a un
gran artista.

Y para completar todavía más la sober­
bia visión que nos dió la Colección Cres­
po de la obra de Modigliani, hay inclui­
dos en ella tres dibujos a lápiz, retratos
hechos en algún bistro y un aguafuerte,
en el que el artista creó muy sutiles y
reducidos campos sombreados para acen­
tuar la concepción altamente dibujística
que con sintéticos trazos de contorno da
una perfecta sensación de volumen y de
expresividad emotiva.
Para cerrar estas páginas creemos muy
justo agradecer a la viuda del señor Ra­
fael A. Crespo por habernos brindado la
espléndida oportunidad de palpar y sen­
tir la emoción que nos transmitieron las
obras de pintores que en su mayoría tu­
vieron marcada y profunda influencia so­
bre lo que hoy —ya a cierta distancia tem­
poral— llamamos todavía Arte de Van­
guardia. (Salón K r a f t .)
R odolfo G. B ruhl
XXVII SALÓN ANUAL DE ROSARIO
Con este Salón se cierra el año. Un
pequeño grupo de los artistas de siem­
pre y otro más pequeño aún de jóvenes
le otorgaron alguna dignidad, pero son
tan pocos que ni siquiera las obras de
ellos lograron evitar la impresión de te­
dio que el conjunto producía. La mayor
novedad se refiere a la disposición. ¿Cree­
rá alguien que se pueden ubicar dos
esculturas sobre un radiador de calefac­
ción; un conjunto de cabezas en pedesta­

103

�les de desigual altura, uno al lado del
otro, contra una pared; grandes y peque­
ñas figuras, cabezas, torsos, etc., todo mez­
clado en un pequeño recinto cuadrangular, hasta parecer el depósito de una
yesería? Pues bien, así fueron dispuestas
las esculturas en el Salón de Rosario.
Obras sobresalientes en pintura presen­
taron E ugenio D aneri, R aú l Soldi, M a r ­
cos T iglio , J uan C arlos C astagnino y
M iguel D iom ede . Destaco especialmente
la Naturaleza muerta (1948) del primero,
en la que muestra una vez más su ma­
nera potente de fundir el claroscuro en
la materia pictórica, como si la luz y la
sombra salieran de las entrañas del color;
la Naturaleza muerta de C astagnino , con
una fuerza lírica que hace mucho tiempo
no se advertía en sus trabajos; y Pescados
del último, excelente pieza no obstante
la tendencia a repetirse. Fuera de ellos,
Arenques de C arlos E nrique U riarte,
quien posee ahora una pasta más rica,
aunque perduran ciertos efectismos; Na­
turaleza muerta de L u cía C apdepont ; el
romántico Paisaje de J osé C ernobori.
Entre los jóvenes que prometen figura
L eopoldo P resas : envió un buen Desnudo
y una naturaleza muerta no exenta de
valores; tan sólo le falta definirse en
cuanto al estilo y un mayor control sobre
su sensibilidad, que le lleva a crear formas
a menudo superficiales.
Otro es B runo V enier , todavía exagera­
do y polémico, violento con una violencia
que no se justifica plásticamente del to­
do, pero ajustado en los tonos y con claro
sentido de la composición decorativa; ade­

más, con una personal nota de emotivi­
dad. Y el tercero es Sim ón F eldm an , de
quien se expusieron dos cuadros desigua­
les en cuanto a concepción: El sombrero
azul, construido con planos severos, un
tanto pobres de color, particularmente fe­
liz en la cabeza, y La torre, más ágil y
abierto que en el retrato. De algún inte­
rés los cuadros de L u m erm an n , C árrega
N úñez ,
n in i ,

G r e la ,

F iorini ,

G arcía
R ossi,

C arrera ,

C entoira ,

A r a y a , B leuzet , A rchidiácono

N IC H IN I.

y

P aga­
G randi ,
D om e-

Finalmente señalo las telas de R aqu el
y de A ntonio B erni, los cuales
buscan, por distintos caminos y con di­
ferentes medios, la pintura monumental.
Si la primera se decidiera a simplificar
las formas y los temas, y sobre todo a
desdeñar los contenidos alegóricos, acaso
podría llegar al logro que desea; si el
segundo comprendiera que no puede for­
zar el color y que su mayor posibilidad
de trasmitir emoción se halla en el trazo,
también alcanzaría la monumentalidad.
Obras conocidas de J osé A lonso y de
H oracio J uárez en la sección escultura.
Sobre la tendencia retórica del primero
ya se ha hablado suficientemente en estas
páginas; en cuanto al segundo, siempre
potente en el modelado de Los que se
van, no resuelve los problemas de la com­
posición, y deriva en las grandes cabezas
de El poeta Guillén y de El negro Cal­
derón hacia un gigantismo peligrosamen­
te superficial. Con todo se trata de las
obras más valiosas. Además, un bronce
frío de J uan C arlos L abourdette y una

F orner

104

�excelente Cabeza de L eo T a v ella , quien
parece ser una promesa: es muy expre­
sivo sobre todo en el plano sobresaliente
del cabello como una marquesina, en el
sentido pleno del volumen y en algunos
perfiles. Inexplicablemente a mi modo de
ver el Jurado otorgó el premio Manuel
Musto a una obra de José G erbino, Ado­
lescente, que responde a una concepción
torpemente naturalista y pintoresca, tre­
mendamente incorrecta, además, desde el
punto de vista naturalista en que se co­
loca. Y sería injusto no mencionar los
envíos de Soto A vendaño y D evoto, los
cuales presentan las características habi­
tuales.
Tampoco la sección grabados presenta
sorpresas. Allí sobresalieron las estampas,
ya comentadas en la revista, de J osé P l a ­
nas C asas , la xilografía de V íctor L. R e buffo y un díptico de A lberto N icasio ,
junto a los envíos de M iguel A. E lgarte
y E nrique F ernández C helo .
En resumen, un Salón más, en el que
sólo se advierten, agravadas, las mismas
características que hemos señalado a pro­
pósito de otros salones y en particular del
Nacional. Al comentar el de Santa Fé en
estas páginas escribí: “Ojalá pueda en
ellos (me refería a los salones próximos
de Rosario y de Córdoba) modificar o
atemperar estos juicios, necesariamente
provisionales en cuanto se refieren a obras
del momento; ojalá pueda verse un brote
de invención, aunque sea bárbaro, pero
que implique el corte de este nudo gor­

diano que nos apresa”. Debo declarar que
nada de esto ha ocurrido.
J orge R om ero B rest

PREMIO PALANZA
Cinco telas. Y en ellas ha de trasuntar
cada pintor los varios modos expresivos
de su actividad creadora. ¡Difícil empre­
sa! Pero lo cierto es que la muestra Palanza constituye el mejor exponente de lo
que es la pintura argentina. Sólo una ex­
posición local ha revestido mayor interés
en este año y para ello necesitó ser el
inventario retrospectivo de nuestro artista
máximo i.
El arabesco que nos acerca y nos arre­
bata las formas, el color que se enardece
y se apaga, la realidad objetiva y su som­
bra —el concepto— que se penetran de
espíritus nuevos: la invención, la abstrac­
ción. La luz que llena y vacía las formas
y el dibujo que las deforma son los dos
elementos casi abstractos que el artista
domeña y aprovecha para llenar los volú­
menes y vaciarlos. Y la estática entendida
como lo que es en arte: siempre movimien­
to. Así mi pretensión de definir a P ettoru ti con cinco estacas —arabesco, color, luz,
abstracción y estática— que puedan servir
al ojo menos avizor para ver mejor un
Pettoruti, para no perder nada. Su mues­
tra comprende obras desde 1944 hasta
aquí y entre ellas Mi florero es, sin du1 P e t t o r u t i e n la G a l e r í a P e n s a r : V
E s t i m a s N ? 6.

105

er

y

�da, la pieza más lograda. Con los menos
elementos, casi un solo objeto y casi un
solo color, el artista transmite sus formas
vitalizadas en un espacio disminuido y
una luz materializada.
El color que le dictan las paredes vie- ■
jas, las aguas turbias, los suelos andados
se rompe con la irrupción súbita de un
matiz osado. El empaste rico en sustan­
cia y en decir amasa las formas con ver­
dadero afán de pintor. Así es D aneri en
esas dos Naturalezas muertas (la 14 ¡tan
lograda!) y El libro de misa en que lo
que está gritando es ese sombrero de un
gris-azul que dice de cómo Daneri crece
en su pintura. Sesenta años ya, apenas ha­
ce cinco que trata la figura, y véase con
qué aciertos la construye, con qué poten­
cia la expresa, con qué fresca emoción
la entrega.
Quizá el único paisajista argentino. El
único que entrega el paisaje tamizado por
su visión y su sentir. Más que tamizado,
transformado. Más que construido, diluido
en una atmósfera lírica, romántica. Así
son los paisajes de P ronsato . Y, cada vez
más, su armonía de grises se exalta en el
contraste con manchas puras, vibrantes:
la luz verde y la luz naranja de La nave
en el crepúsculo... o se aclara y se ilu­
mina en ese cielo que retrocede para de­
linear El buey negro de 1938... o se
enciende, superando la experiencia im­
presionista, con toda la gama pura de
Las torres de Kerong, una de sus telas
más logradas y la mejor, sin duda, del
Salón Nacional del año pasado.
La paleta de Soldi deletrea u n ritm o

hecho gracia: gracia del color, gracia de
la forma, gracia de la materia. Tanto es
así que para quitar a sus telas todo atis­
bo de materialidad está haciendo más ro­
sas los rosas, más huidizas las formas, más
diáfana la materia. En Casas de América
(1939) la gracia y la composición —el otro
elemento— se traducían en formas tan só­
lidas como las de La escalera de 1937;
entonces era la suya una pintura vigo­
rosa, grande en la forma, de ricos em­
pastes, de colores exaltados al variar la
unidad del tono, de comunicativa expre­
sividad. Pero su intuición le ha alejado,
sin embargo, hacia las formas apenas aproximativas de Sarita, la materia mucho más
delgada y la armonía tonal sólo encendida
en la sandalia azul de la Niña mirando,
rosa y rubio.
En las antípodas, una paleta con colo­
res de tierra y humo, sin gracia y con
mucho por decir. Una paleta encarnizada
en proyectar lo suyo con pincelada po­
tente, con materia generosa, con nervio.
Expresionista, sabe infundir a la defor­
mación el gran sentido íntimo que al­
canza en 1945.
Aquí P olicastro , otro gran valor en su­
ba, ha tratado las figuras de la madre y el
niño en brazos con expresivo acierto y el
perro con irrenunciable espíritu inventivo.
Quizá sea Pampa la tela en que la fuerza
nueva de Policastro se manifieste con más
vigor, resolviendo de un modo muy pecu­
liar el problema de la monotonía pam­
peana, con ese color acre al que la materia
añade un sentido hondo, febril. Luego en
Descanso, como en todas sus figuras, hay

106

�un dramatismo activo, tan potente que le
lleva a veces a resumir la forma en el
paisaje romántico y naturalista que amal­
gama bien con su concepto expresionista.
Dos acuarelas aéreas, ligeras, en que al­
gunos acentos, algunos trazos libres com­
ponen la figura según un ritmo de blan­
cos, son parte de la muestra de L arco .
Acuarelas en que se respeta cierta ley de
¡a tonalidad para extraer un valor más
puro del color y de esa pincelada libre
y suelta. Sus tres óleos entrañan una
muestra bastante total de su hacer: el
Isleño durmiendo (1940-41) es de una pin­
celada sentida aunque monótona, un co­
lor bastante puro exacerbado en los con­
trastes, y un ritmo del trazo que alcanza
al campo, la figura y el follaje. En Leña­
dores isleños (1943) hay una introducción
del sol del mediodía que va a jugar con
el color sobre los rostros y las ropas. Se
anota una liberación de la pincelada, un
color menos violento, una menor suje­
ción al límite formal. Y ya en La siesta
(1945-48) se apaga m¿s el color en la fi­
gura, para oponerle esa ventana tan logra­
da de verdes y amarillos en que el trazo
hace alarde de idéntica libertad, idéntica
fuerza a la que esgrime en sus espléndidas
acuarelas.
De los fauves a la manera de Vlaminck,
con algún resabio de Mattise. Buscaba
problemas de luminosidad, oposiciones
cromáticas por la luz más que por el
color. Le importaba menos construir que
pronunciar con la materia. Hacía vibrar
los negros. Así compuso B asaldúa su tela
La noche (1939) en que las dos viejecitas

contienen emotividad y un profundo sen­
tido de la forma. Ahora, con una materia
y un color exacerbados, su obra carece de
la expresividad de entonces. Va hacia un
academismo sin fuerza y sin sentido.
Pareciera que G astón J arry se busca
por dos caminos: el de los colores inten­
sos que valen por oposición, con una ma­
teria grasa y brillante, como en La madre
del pintor, el Abanico, y una gama de
pasteles que se hace sentida cuando
trata ¡a espalda del Desnudo y esa otra
figura Amalia, mejor, en que el trazo azul
antes recurso, se torna ahora expresivo y
legítimo; aquí y allá saltan algunas man­
chas de color puro, no siempre emotivas.
Su Naturaleza muerta, por sus formas, su
color, sus sombras que se apartan del cu­
chillo para significarse más, podría ser
una de sus buenas telas, si ese fondo otra
vez graso, brillante y oscuro no existiera.
Demasiado ecléctico, Jarry no se perfila
con total definición.
U rruciiúa , aquí como en su exposición
en Van Riel, sigue construyendo con vo­
lúmenes geométricos y gestos estilizados,
traduciendo una luz mortecina que de­
saloja todo color para expresar ¿qué? B a llester P eña había logrado su mejor fi­
gura con Debita Nostra (1944) que tiene
sugestión, expresividad y está bellamente
construida, pero los fondos tan pobres y
su poca franqueza desdicen el valor de sus
telas. (G alería W itco m b .)

107

C lara D ia m e n t

�TRES ESCULTORES
Cuando en 1923 muere Lucio C orrea
después de setenta años de
fructuosa faena, ya se habían afirmado
algunos de los más eminentes escultores
argentinos, de modo que el cotejo a que
invita su obra, presentada recientemente
por la Academia Nacional de Bellas Ar­
tes, ha de hacerse en función de éstos,
no para señalar progresos o regresos, sino
para pulsar direcciones expresivas. La
ocasión sería propicia, porque también
acaban de exponer Luis F alcin i, en la
Sociedad Hebraica Argentina, y J osé F io r avanti , en la Galería Witcomb, quienes
figuran a justo título entre nuestros me­
jores artistas. Si la dejo pasar empero,
no es tanto por la desigualdad de las
exposiciones —la de C orrea M orales es
una nutrida muestra colectiva, la de F a l cini sólo incluye algunas pocas obras del
pasado y del presente y la de F ioravanti,
piezas aisladas en su mayor parte que
corresponden a monumentos en ejecu­
ción— cuanto por la necesidad de con­
servar más o menos intacto el tema, ya
que dedicaremos uno de los números de
V er y E stimar del año próximo a la es­
cultura argentina.
M orales ,

y

Es cierto

que a prim era vista sorprende

hasta molesta, en las obras de C orrea

M orales ,

su

eclecticismo, ya qu e n i el n a ­

turalism o anecdótico

y

pintoresco de p ie ­

zas como las m uy conocidas

ñores de Onaisin, ni la

Cautiva y Se­

blanda objetividad

de los retratos, con evidentes señales de
su paso por la Academia, ni los ritmos
elegantes que se advierten en El Paraná y
El Uruguay, ni la expresión desmañada a
fuerza de ser aproximativa de los bocetos,
permiten vibrar a un hombre de nues­
tros días en la dimensión de sus intere­
ses existenciales. Mas, por debajo de tan­
ta alegoría y no obstante su falta de
estilo, muy característico de casi todo el
siglo xix, se advierte no sólo al hombre
de oficio, que en algunas piezas llega a
la maestría —ahí está La Fe para probar­
lo, con su ajustada monumentalidad—,
sino también al artista pleno, para quien
la escultura nunca fué un somero juego
de planos que limitan un volumen, ni me­
nos aún el aderezo elegante o patético,
según los casos, de elementos gráficos.
C orrea M orales supo, además, compren­
der que la expresión artística no puede
surgir sino del ámbito en que se vive,
y a pesar de que se dejó arrastrar dema­
siado —no dejó de hacerlo el gran Rodin — por la corriente de las exigencias
de superficie, caló hondo en algunas oca­
siones. Otros lo superaron, sin duda —me
refiero a R ogelio Y rurtia , quien por otra
parte fué su discípulo dilecto, lo que
sería suficiente honra para tal maestro—,
pero en esas obras por demás modestas y
realizadas a conciencia que se acaban de
mostrar pervive todavía un hálito de mis­
terio, tras el cual palpita un momento
de nuestra vida más organizada; y ésta
supervivencia denota que fué algo más
que un precursor y un buen artesano.

IOS

�J o s é F io r a v á n t i:

Libertad de religión.

Luis F a l c in i :

Tor

�L

g e n io

D

a n e r i:

eo po ld o

P resas:

Naturaleza unióla.

Figura.

�Luis F alcin i pertenece a otra genera­
ción. Hombre probo como pocos y de
rara inteligencia, tuvo la intuición agobiadora para él desde los comienzos de
que la escultura, por ser un arte tridi­
mensional, no puede moverse en el plano
de las puras ideas, y obedece a exigencias
de la materia que obligan al creador a
ajustarse a las incitaciones del medio so­
cial. Toda su vida —bien se lo advierte
ahora— ha sido una tremenda lucha para
no apartarse de esa verdad de a puño y
para lograr la adecuación entre esos con­
tenidos sociales, que en él se manifiestan
a través de una potente sentimentalidad
subjetiva, y el afán de monumentalizar
la vida con inevitable sentido épico. No
hay otro caso entre nosotros de mayor
honradez consigo mismo, ni de lucha más
tesonera, ni de mantenimiento más vivo
en una convicción arraigada. Tan sólo
por esto F a l c in i merece respeto, pero es
mucho más. Tiene la virtud de potenciar
el volumen por dentro y de hacer que
esa potenciación manifieste íntimos senti­
mientos: esa virtud es la que le permitió,
siendo todavía muy joven, modelar Torso
(1913) —una verdadera obra maestra—,
Dolor (1920), los dos magníficos retra­
tos de los hermanos Laborde (1920) y
Racimos (1922) . Pero desde hace ya mu­
chos años se viene empeñando en culti­
var una escultura monumental, al mismo
tiempo épica y dramática, que violenta
a mi juicio su ser interior. A esa direc­
ción se debe Mujer del éxodo (1924) ,
bien plantada figura en cuyas aristas frías

muere no obstante el sentimiento que la
engendró. La escultura concebida con
grandes planos, cada uno de ellos inerte
en la dinámica superficial, es expresiva
cuando se compone con ellos un volumen
animado de ritmo total, cuando en éste
se condensa una emoción generalizadora
que hace caso omiso del detalle, y en
F alcin i la materia sólo se sublima cuan­
do la amasa con los dedos, como si necesi­
tara dejar en cada golpe de pulgar el
fragmentario signo de una forma que se
constituye por agregación. Finalmente, ex­
pone algunas obras últimas, entre ellas un
Estudio para retrato (1948), cuidadoso en
el análisis y sagaz en la síntesis, pero
que no hace olvidar las figuras de an­
taño.
Movido por impulsos distintos, algo si­
milar ocurre con J osé F ioravanti. Tam­
bién él se fuerza en el monumento, aun­
que lo componga con figuras que poseen
valor aislado. Pero tiempo habrá para juz­
gar los conjuntos cuando se inauguren.
Ahora sólo cabe señalar la virtud del ex­
celente retratista y del modelador de fi­
guras y torsos. Si por una parte el Re­
trato del arquitecto Alejandro Bastillo y
el Retrato de la Sra. M. A. Steverlynk son
piezas magistrales en el género —firmes en
su arquitectura, ricos en sus perfiles, hon­
dos en su expresividad psíquica— la gran
figura Libertad de religión y el torso que
alegoriza el Combate contra el mal revelan
la dignidad del escultor naturalista y la
potencia de quien sabe hallar en la fi­

111

�gura humana escondidos ritmos de pasión,
lástima que no intente renovarse: el me­
canismo de su creación obedece a un
sistema de alusiones asociativas —tal figura
debe producir cierto tipo de emoción, no
menos esperada, que la recuerda— y aun­
que realiza bien, lo que presta alto valor
a sus obras, el espectador en el que
bullen inquietudes, afanes, deseos, etc.,
siente la insatisfacción que produce el
hecho de hallarse frente a lo conocido.
Por eso me pregunto: ¿por qué F iora vanti , que conoce tan bien los secretos del
oficio, se detiene frente a lo que ve y no
deja que su imaginación le dicte formas
nuevas y suyas? ¿Por qué renuncia, sobre
todo, a la rica experiencia de los movi­
mientos de vanguardia? ¿No comprende
que el pulso de nuestro tiempo exige
elementos de sugestión, de adivinación
de la vida espiritualizada, más bien que
una representación a través de temas y
formas conocidas de la estática materia
humana?

toda la expresión que busca, está como
condensada en el grupo imperturbable,
permanente, invariable, de Rocas y mar,
que compone con tres elementos esen­
ciales de la naturaleza; aire, agua y tierra
—cielo, mar y roca— con los que se pro­
pone dar una entonación épica en su
canto a la lejana tierra española que
tanto parece añorar.
En la búsqueda de una expresión monu­
mental desdeña el detalle que caracteriza,
la nota de individualización y por eso sus
personajes deshumanizados no tienen edad
ni tiempo; ligados a un pasado legenda­
rio y con algo de actual al mismo tiem­
po, están como adheridos a la tierra
misma del rincón gallego que recuerda
Seoane. Así son sus Mujeres montañesas
donde crea arabescos barrocos con los
pliegues de las ropas; o Mujeres frente
al mar, dos desnudos femeninos donde
no cuaja toda su expresión, porque a pe­
sar de la rudeza'que pone en la materia,
la forma total no se mantiene. En El
secreto, de las mejores obras que expone,
J orge R omero B rest .
las dos mujeres descargadas de toda expre­
sión psicológica, muestran su gran sentido
de la deformación y de la síntesis. Estas
LUIS SEOANE
telas son de franca inspiración picassiana
Hermética, cerrada, difícil de penetrar, —no se entienda copia sino lección bien
la pintura de Seoane no es de las que se asimilada— y también lo es Figuras de
capten en el primer instante que se las leyenda, cuyo sentido legendario queda
mira, no es de las que incorporan de inme­ como intento y donde no alcanza toda
diato al espectador de mirada rápida la energía que quiere dar a los desnudos
y un poco superficial. Sin que aluda a un que fuerza cargándolos de sustancia.
mundo preñado de misterios o a un juego
En su afán por crear una imagen úni­
de lo fantástico y lo absurdo, podría de­ ca, total de su mundo, rechazando lo que
cirse que todo el sentido de sus óleos, particulariza y empequeñece, trata por

112

�igual cielo, mar y tierra, le da lo mismo
que sean hombres o rocas los que pinta:
su materia está siempre violentamente car­
gada, su pasta es siempre áspera, las
pinceladas gruesas, largas, se individuali­
zan dando un dinamismo a la sustancia
que contrasta con la expresión estática de
las imágenes. Sus colores son agrios, man­
teniéndose generalmente dentro de los gri­
ses y ocres, y cuando los carga de color,
como en Mujer vestida de rojo, no siem­
pre resultan tan limpios; aunque muestra
que sabe poner tonos saturados, un ver­
de, un rojo, o un amarillo, como los que
contrapone en las blusas de Pescadores.
En una línea general, su pintura respon­
de a una concepción planista; la perspec­
tiva, cuando la hay, es siempre ingenua,
por sucesión vertical de planos; las figu­
ras se recortan bien del fondo; pero
cuando entra a tratarlas, las corporiza, les
da volumen con el empaste cargado, pe­
sado y con el trazo grueso con que limita
algunas formas; en Pastor, especie de églo­
ga con vistas a ajustarse a lo mural, en
Mujer sola o Cabeza de mujer que aun­
que deshumanizada, descargada de todo
sentido psicológico, resulta profundamen­
te expresiva en sus ocres y grises pro­
fundos.
De los tres pequeños paisajes marinos,
Los botes tiene honda resonancia senti­
mental; más diluida la sustancia, va bus­
cando la oposición de colores comple­
mentarios, rojo y verde de las barcas, que
despiertan el recuerdo de van Gogh, más
por el tema que por los elementos plásti­
cos. En El vagabundo, evoca el mismo

personaje pintoresco con que ilustrara su
libro de narraciones; trabajada toda la fi­
gura y el paisaje en tonalidades de un
mismo verde que sabe mover muy bien y
que, lejos de resultar monótono, muestra
un mayor dominio de los medios técnicos
que en algunas telas parece descuidar;
pero la materia demasiado pesada y el
empaste recio impiden que alcance el
vuelo lírico de sus dibujos. (G alería
V iau .)

R.

E delm an

BATLLE PLANAS
Cada artista crea su mundo de lucidez
o de misterio. De misterio es el que ha
sabido inventar B atl l e P l an as . Y de un
extraño misterio sin elementos de trucu­
lencia. Un luminoso mundo, de una luz
sesgada y tangente en que la tierra se
hace planeta otra vez, llena de cosmos, en
que el aire flota y pesa como agua azul
transparente de un mar despoblado. En
que figuras, rocas, resuenan con un eco
desmesurado y de ultratumba. Esta pin­
tura tan hermosa de color, tan sabia de
formas es una pintura que puede escu­
charse, mejor dicho, cuyos silencios maravilosos se oyen como se oye el silencio en
un caracol: una espiral de raíz honda que
se nos va clavando en el cerebro. Un si­
lencio elemental que es la base sobre la
que se construye luego triunfante toda
música como un fuego fatuo.
Esa calidad y esa cualidad ha tenido
siempre la pintura de Batlle Planas. Fué

113

�uno de los superrealistas más dotados, más
lleno del gran saber pictórico unido a una
fabulosa imaginación sin límites. Ahora
aquellos lejanos personajes que poblaban
los grandes desiertos grises, ocres, se lian
acercado hasta nosotros y nos miran in­
crédulos desde sus marcos. Incrédulos de
nuestra pobre realidad. Y allí están en una
galería alucinadora. Profetas de religiones
no inventadas. Viejos-jóvenes de hirsutas
barbas que siempre tienen algo de Juan el
Bautista, con su piel de oveja sobre los
hombros y su cayado. Mujeres-pájaro con
unas extrañas plumas de colores que les
hacen halos concéntricos de colores purí­
simos y desmayados. Grandes ojos cuya
curva y cuya trasparencia se funden en
las sienes milagrosamente. Peplos nacara­
dos, carne irreal, azufrada, carne de ci­
licio y de luz. Esas extrañas momias
vueltas a la vida tienen algo de los retra­
tos fúnebres de Palmira, algo de muertos
con una gran curiosidad ingenua por mi­
rarnos. Son indescifrables y se enriquecen
de azules verdosos, de rojos que perduran
en la memoria, de gamas tiernas hechas
con casi nada.
Si Lord Dunsany hubiera soñado con
ilustraciones para sus maravillosos Cuentos
de un soñador, no los hubiera encontrado
mejores ni más hondos que los de este
gran pintor de silencios.
Una objeción sin embargo. Batlle Pla­
nas podría llegar a más. Por eso hay que
decírselo. Todas las últimas telas que
presenta en Müller nos dejan algo de insa­
tisfacción. Maneja el color como pocos. Ya
hemos dicho sus gamas admirables en los

tonos de acendrada palidez, tintados de
gris hasta la más rica exigencia del matiz.
Resonantes en los puros, glorioso color
que luce más aún en la opacidad del tem­
ple que en el óleo. Dibuja con una se­
guridad admirable. Sus líneas se enroscan,
se estiran como serpentinas, se someten a
la figura o la desmienten en los plumajes,
las barbas ariscas, los pliegues de pura in­
vención como los de los mosaicos bizan­
tinos. En una palabra es amo y señor de
sus medios. Pasa del óleo al temple y
—aunque lo prefiramos así— domina las
dos notas que quiere tocar... Y, sin em­
bargo, notamos que no está todo él en
lo que hace. Censurarle la facilidad, la
rapidez seria pueril y tonto. Los pintores
orientales de pluma y pincel han hecho
acuarelas maestras en contados minutos.
Pero han fijado un momento eterno en
toda su fugacidad. Eso le pedimos a Batlle
Planas, que se queme íntegro sobre sus
telas, que no se nos dé con regateos. Una
gran obra llena, en que se exprese todo el
hombre con todas sus potencias vivas, un
gran monumento que quede. Está en esa
deuda con quienes lo admiramos, Espere­
mos sin titubeos, seguros en la anunciación
que todos estos cuadros presagian.
D a m iá n C arlos B ayon

JORGE LARCO
de mirada rápida, incisiva y
penetrante. Una sensibilidad muy des­
pierta lo lleva a poder sentir los menores

J orge L arco

114

��B a t t i .k P l a n a s :

Luis

Se o a n l :

El

Pastor.

J a s 'm ecunism os clel n ú m e ro .

�accidentes del paisaje, los más mínimos
repliegues del carácter en un retrato, ins­
tantáneamente y a dejarlos reflejados como
color y como forma. De su pincel a su
sentir hay un camino ininterrumpido: la
emoción que ha penetrado por sus senti­
dos todos, se transmite como una descarga
eléctrica a lo largo del brazo y de la mano
y su vibración llega integra y con toda su
fuerza inicial hasta la punta misma del
pincel teñida con el color preciso. Y esta
punta —como la de un sismógrafo— deja
registrada sobre el papel o la tela la con­
moción interior que ha sentido el artista
frente a las cosas.
Cuando así ocurre —como en la última
manera— J orge L arco es un gran pintor.
Su riqueza interior se lleva bien con su
saber pictórico. Hay muchos artistas frus­
trados por esa falta trágica de adecuación
entre lo que se siente y lo que se expresa.
A algunos les sobra sensibilidad, a otros
técnica. En él ambas fuerzas se dan equili­
bradas. La sensibilidad inicial ha perse­
guido la obtención de medios que le per­
mitieran florecer plenamente. Creemos que
Larco la descubrió primero en la acua­
rela. En los óleos trataba de obtener una
construcción más sólida que lo encarcela­
ba. Ahora, sin perder el ostinato rigore
que impone siempre el óleo ha logrado
una soltura que antes no tenía. Esa li­
bertad del canon fué la que logró Soutine,
es la que ha logrado también, para su
fortuna, Jorge Larco.
Sus desnudos femeninos de hace pocos
años nos parecen fríos frente a esta nueva
expresión. En cada caso tiene la capacidad

de invención de la pincelada o el empaste
que va a utilizar. Y no llega a amane­
rarse en un descubrimiento feliz, sino que
sigue renovándose incesantemente.
Con esa tendencia instintiva que tene­
mos todos a echarnos de bruces sobre los
cuadros y que los soi-dissant entendidos
censuran (sin saber que en la pintura
como en el amor los rostros se deben
mirar de lejos y de muy cerca), con esa
buena mala costumbre descubrimos en los
óleos de Jorge Larco un verdadero cosmos
con sus distintos sistemas solares, sus es­
trellas errantes, sus cometas. De pronto el
empaste llega a aplastarse no queriendo ser
más que un color anegado, un extraño
malva, un gris, un rosa. Sólo un color, casi
sin brillo y sin materia. Y de pronto unas
pinceladas se erizan como víboras cargadas
de sustancia cromática plena y hermosa:
el carmín del traje de un torero, un vio­
leta en sombras dinámicas entreveradas de
otras pinceladas menores —ramas de? mis­
mo árbol— divergentes, aparentemente
contradictorias, que en el conjunto forman
un todo armónico y de una tremenda
lucidez.
Esto con respecto al óleo. En la acua­
rela no hay tanto goce de la materia
como materia en sí, el vehículo expresivo
es más aéreo pero queda la forma siem­
pre triunfalmente libre, queda el color,
modulado en todas las gamas desde lo
triste de un nublado a un sol detenido en
un cénit azul. Además en la acuarela,
Larco sabe como nadie utilizar los secretos
del papel mojado y seco. Primero mancha
con unas amplias difusiones que parecen

117

�casuales y son de gran sabiduría, y, luego,
con pinceles finos y ya seco el papel, di­
buja y construye. Superpone arabescos que
ligan perfectamente con las otras manchas
más dulces. Da arquitectura a lo que era
sensibilidad, ablanda y humaniza lo que
podría ser demasiado construido o riguro­
so. En el justo medio de lo firme y lo
sugerido puede pintar acuarelas como las
vistas del Golf de Madrid, de colores se­
cos: verdes y grises; o sierras peludas de
piquillines, con sus arbustos espinosos bajo
un azul vacío, con sus remansos de un
poquito de agua entre las piedras. Hay
sierras cuyo reborde se pasa al cielo, con
esa cualidad que solo puede dar la acuare­
la, hay sombras cortantes como un filo,
el quicio oscuro de una puerta, el ángulo
de una casa. Y hay otras formas —unas
gallinas blancas en un corralito— que son
y no son. Fantasmas de flores y pájaros
que ya se mueven de tan sugeridos. Mi­
ramos con avidez unos admirables gira­
soles, tememos que al darnos vuelta ya
hayan desaparecido, tan ciertos eran en
su irrealidad.
Pero las acuarelas que más admiramos
aquí son las que nos recuerdan los dibujos
a la aguada de los chinos. Larco nos
asombra con unas difíciles y abstractas
manchas de unos pajonales, unos pajona­
les casi informes, plenos de color agrisado,
de masa vegetal confusa en que todo está
casi dicho rehuyendo facilidades especta­
culares. Con agua, color y unos pocos
trazos construye su realidad individual,
la sostiene y le da coherencia.
óleos y acuarelas de España y de aquí.

Decir que unos y otros se reconocen a sim­
ple vista es su mejor elogio. Porque aquí
no hay folklorismos fáciles ni recetas. Hay
interpretación psicológica de un paisaje,
de una luz. Ni la españolada en la que
nunca podría caer Larco que es casi tan
español como argentino, ni el cordobesismo de affiche al que desgraciadamente es­
tamos acostumbrados en otros pintores de
las Sierras.
Desnudos, retratos, toreros, paisajes. Ca­
da uno en su órbita propia. Con su téc­
nica adecuándose al tema, con su nervio­
sidad, con su sazón justa en el color.
D a m iá n C arlos B ayon

JUAN CORRADINI Y BOB GÉSINUS
C orradini ve la naturaleza a través de
un lente de exquisita delicadeza que deja
traslucir al pin to r europeo y a l hombre
de espíritu refinado.

Sus acuarelas aunque tengan carácter
de bocetos —más acentuado en Las lagu­
nas, Miraflores, Pampa de Amanecer— su­
peran el apunte; hay en ellas un sentido
más universal, más perdurable, pues cap­
tan el verdadero significado del tema, ya
sea éste Casa de campo, Rocas, Sandias o
Lagunas.
Consigue mediante pocos trazos carac­
terizar el paisaje, convertirlo en algo ágil
y aéreo, prescindiendo de detalles y de
anécdotas que siempre van en detrimento
de la concepción formal.
El color parece salir de adentro de la

118

�forma como si estuviera enraizado en
ésta; la expresión más acabada se diría
que está en aquellas acuarelas en las que
ha refrenado una cierta pasión colorística,
manteniendo las pinceladas en esa línea de
finura que es la que da la tónica de
esta exposición.
Se anota una cierta influencia de Cé­
zanne, influencia al parecer ya superada,
pues su actitud frente al modelo, a dife­
rencia de la del maestro, no es tan inte­
lectual como sensible. Sabe dar a la forma
su expresión y al conjunto lo que otorga
a cada objeto en particular, haciendo de
la sensibilidad su medio expresivo.
El Caballo es verdaderamente una obra
notable desde todo punto de vista; la con­
cepción alejada de todo detalle se crista­
liza en formas fuertes y resueltas. Repre­
senta aquí lo esencial de una estructura
formal y hace de la síntesis un vehículo
más para conseguir captar el significado
íntimo del modelo. Sobre todo esto se
desprende de esta obra el refinado sen­
tido del color del que hace gala Corra­
dini y que está presente en todas sus
acuarelas como algo innato al artista, co­
mo algo que aflora desde muy adentro.

atrevimiento de los fauves, pero en la lí­
nea de éstos, aunque se mantiene siem­
pre dentro de una técnica fundamental­
mente impresionista. Se vuelve audaz con
el color —tema esencial— que se posesiona
de sus telas, y que salta vibrante y vio­
lento de las formas construidas con ma­
teria densa y nutrida, con empaste acei­
toso. Toda su fuerza emocional se vuelca
en la sustancia y en el color con los que
consigue acabadas armonías formales; con­
vierte así la representación en un juego,
de relaciones que hace pasar el tema a
un segundo plano.
En las flores es donde el artista se su­
pera, pues el tema de por sí justifica
el uso de los colores puros que en otros
casos es quizás un poco excesivo y que
aquí emplea con todo el acierto, con toda
la armonía de un buen colorista. Apoya
casi siempre las flores en fondos de extra­
ño sentido lírico en los que ventanas
abiertas hacia el infinito, invitan al es­
pectador a sumergirse y perderse en él.
(G alería V ia u .)

(G alería A n tú .)

L ía C arrea

ROBERTO TERRACINI

Sensibilidad medida, retina ágil, senti­
con agilidad los mentalismo cuidadoso del objeto, langui­
elementos plásticos que entran en la com­ dez desangustiada de tono lejanamente fi­
posición de sus telas y que en sus manos nisecular. De aquí la forma, fina, esbelta,
se vuelven flexibles, se ajustan a lo que temblorosa bajo su malla de grises, des­
quiere expresar.
envolviendo la vibración varia de sus per­
Deforma con gran sentido inventivo, files, quebrándose en ejes oblicuos que
con proporción y equilibrio sin llegar al irradian por ella su carga dinámica, sos­
B ob G ésinus m aneja

119

�tén de un momento cualquiera, efímero
—porque no puede ser sino un tramo de
la acción total—, inteligible y directa, sin
madejas ni laberintos su apenas melan­
colía. Pues pese a las ofensivas de van­
guardias que han ido diciendo su pala­
bra ansiosa en este primer medio siglo,
en Terracini el naturalismo mantiene sus
fueros. Y si hay una síntesis que huele
a moderno en un cabello que cae como
una masa única, en brazos y piernas que
recortan como ramas vivas el vivo espa­
cio actuante y acentuado, los botones de
una blusa, los pliegues desmayados de
un ropaje borran toda sospecha denun­
ciando su fidelidad al objeto y sus resa­
bios clasicistas. La Italia romana y rena­
centista pesa quizás demasiado sobre este
escultor que no llega a legitimizar su
ojo clásico sobrepasando la determinación
de tiempo. Alguna vez podría creerse que
la transposición queda en reproducción.
Alguna vez el sentir clásico parece helar­
se en lo externo y anecdótico. Pero nin­
gún reparo podría amenguar el encanto
de figuras como la suave Meditación, Canéfora o Muchacha peinándose. (G alería
M üller .)
A ngelia B eret

NUEVOS VALORES
Apenas traspuesta la entrada, estos cua­
dros de Nuevos valores de la pintura
actual dicen plenamente de una sangre jo­
ven, un color encendido, un mensaje irre­
primible. No son otra vez los mismos

caminos trillados; hay la inquieta bús­
queda de otras rutas, la fresca sed de
otros modos de expresión. Legítimo in­
tento, por cierto, puesto que extraña el
imperio de un mundo nuevo que ya a
nadie se le antoja desoír.
Una Figura rotunda y plena —que ex­
pone L eopoldo P resas— es el arabesco he­
cho mujer. Arabesco que persiste en el
color y ritmo que rompe el fingido esta­
tismo para violar la sustancia con la bri­
llante cadencia que recorre los brazos en
alto, el aro pajizo del sillón, la ojiva de
los muslos y penetra hasta las formas
abstractas. Presas ha pintado esta tela
con el fuego del talento.
La inexorable psicología revela sus ha­
llazgos en Cabeza de J ulio B arragán . En
su pintura, el color es acre, la materia es
áspera; pero por el camino de dos man­
chas blancas, apenas un cuello y un puño,
el ojo se adentra en la forma y retorna
conmovido. Y esto, mientras Barragán só­
lo tiene veinte años... Tampoco en Si­
món F eldm an el color —engañosa nota
detectora— grita su juventud, pero los pro­
blemas que dilucida y las formas que
somete denuncian un voluntad nueva.
Buscando la fragmentación en planos
traduce con viva intuición su Calle de los
cines— problema de composición—, y Fi­
gura con moño rojo —problema de forma y
color— con sugerente emotividad.
B runo V enier , el más osado, siente el
futurismo y el cubismo, y así se afana en
lograr los sustitutivos plásticos que con­
formen su modo de la realidad. En Estu­
dio puede gustarse sin misterios el juego

120

�de luces naranjas y amarillas con verdes
y rojos saturados, y unos cercos negros en
arabesco que limitan y construyen las for­
mas, en tanto que en Calavera, si bien
con luces y formas fragmentadas, se res­
petan los colores locales para refundirlos
en el espejo que volcará su luminosidad en
el libro abierto sobre el primer plano. En
Pan y jarra, violetas y amarillos sobre un
fondo uniforme aunque vibrante de ver­
des y rojos, logra con rara conjunción
otro difícil cometido.
Esgrime Luis L usnich una materia seca,
un dibujo de síntesis, un color frío para
potenciar sus figuras de un clima espiri­
tual que las proyecta con suma expresivi­
dad. Su Figura de chica —de factura unida,
color sobrio y sentido hasta, el verde oliva
de la cabellera, volumen apenas sugerido
bajo el delantal azul claro, y apuntes grá­
ficos que denuncian amor al plano— y su
Naturaleza muerta en que conduce las
formas en fuga de la incipiente sombra
de los primeros planos a la gran claridad
del fondo —con color más fresco, síntesis
más aguda— revelan en Lusnich a uno de
los valores más promisorios.
S im o n etta M orpurco y E olo P ons apor­
tan sus paisajes y escenas urbanas de color
fresco y materias expresiva. Y mientras la
define las formas sin precisar, construye
primera —su mejor tela: Ancona 1946—,
por franca oposición y en seguida por
modulación del color tan joven que los
mismos ocres se enardecen en súbitos
arranques, Pons —en sus Paisajes de Purmamarca— traza pulcramente sus masas de
color, geometriza las montañas, abunda

en detalles y varía las tintas planas, para
acusar un acierto cuando establece los ejes
de la composición mediantes ramas des­
nudas o postes verticales.
F elisa Z ir , audaz en el enfoque, atre­
vida en el color, anota con Niña su in­
tento más logrado, recurriendo a una pin­
celada jugosa, materia expresiva y color
osado como en la cabellera pelirroja de
Figuras. Luis C enturión elabora sus temas
atendiendo a la deformación, el dibujo
que sintetiza, la línea en arabesco que
acentúa las curvas pero sin imprimir un
movimiento que el trazo de sombra des­
echaría.
Si he analizado tan suscintamente las
obras, sin rozar con una alusión ese bra­
zo que avanza quebrado hacia la luz o
esa otra mano pronunciada con el recurso
fácil de una sombra ajena, el excesivo
apretujar de cosas o una construcción tem­
blequeante, una intención pictórica des­
provista de unidad o una deformación sin
valor expresivo, compréndase que no he
querido marchitar en mi crítica esta fresca
muestra de lo que pueden dar los pintores
jóvenes, con ese desmenuzar del análisis
y recomponer de la síntesis que, si es
muy cierto que puede madurar y hacer
perdurar la emoción, también la enfría.
(G alería Sintonía .)

121

C lar a D ia m e n t .

�F lavio R osende de C arvaliio expone
dibujos, acuarelas y óleos en la Galería
Otra vez Soldi, P olicastro y C astagni- Viau. Toda su obra en general es de gran
no , reunidos los tres en el Salón de Sin­
originalidad, y ésto, que no es un valor
tonía, oponiéndose en sus valores, desta­ de por sí, tiene importancia en una época
cándose en el contraste, al enfrentarse las de recetas y de ismos. Algún resabio pidistintas fuerzas que los guían.
cassiano puede quedar en los dibujos, pe­
R aú l Soldi crea siem pre un m undo
ro ¿quién se libra de imitar aunque sea
sonriente de ensueños, al dejarse llevar
sin querer al máximo inventor plástico
librem ente p or su im aginación. En Chica
de nuestro tiempo? Sus retratos, sus ros­
enhebrando la aguja m uestra toda la sol­ tros están como tironeados por unos hilos,
tura que es capaz de dar a sus formas,
por unas rayas negras que se desmadejan,
toda la gracia qu e pu ed e pon er en un
que se anudan en la boca y nos crean
pañuelo, en unos cabellos, o aún en una
una dinámica angustiosa. Los retratos de
fina hebra de hilo, toda la delicada e x ­
su madre moribunda nos parecen de los
quisitez de su color. Por esto apena que
más fuertes (aunque repudiemos esa falta
denote a veces cierto apresuram iento en
de pudor ante la intimidad y la muerte).
el acabado de sus telas.
Sus acuarelas, dejando secar cada mancha
P olicastro , al igu al que. Soldi , rom pe
y trabajadas sobre un papel muy liso y
sus form as sin recom ponerlas plásticam en­
poco poroso, son hermosas y muy atinadas
te; pero es distinto el prin cip io qu e lo
de color, como las dos vistas del Cuzco y
anim a, pues él persigue, más bien, una
algunas tropicales a la sombra de grandes
emoción dram ática, busca la expresión de
arboledas. Otras en que hay lápiz y man­
un sentim iento hondo, que dice con su
chas de acuarela ya son caóticas y pre­
materia cargada, con su color espeso, de
tenden mucho sin decir casi nada. Es el
tintas bajas, en los tonos de la misma tie­
peligro de toda esta pintura. Está al bor­
rra dolorida, tenebrosa, desgajada, que
de de la disociación total; por eso los óleos
pinta.
no son más que bravatas de color con
C astagnino lleva aún más lejos la des­
poca construcción, sin casi dibujo. Y un
trucción de las form as, y con esfuerzos
color para colmo amontonado en una
el espectador recom pone las imágenes.
pasta opaca que forma verdaderas cor­
Muchacha de barrio, de sentida expresión dilleras generalmente muy poco expresivas.
lírica, es la única figura que expone; a p a­
De los óleos apenas dos o tres podrían
rece más construida, m ejor estructurada,
salvarse, uno de ellos (sospechamos anti­
pero el resto, todos paisajes, resulta hasta
guo) impresión nocturna de una gran
caótico en la búsqueda por la exaltación
ciudad y algunas flores no tan exacerba­
dinámica del color.
das, más inventivas, a lo Odilon Redon.
Queda un dibujante y un acuarelista po­

A P O S T I L L A S

122

�tente y expresivo, de imaginación y fuer­ tro y que es ya un clásico de la propa­
tes acentos originales. No queda un pin­ ganda contemporánea. A su lado figuran:
tor completo con un idioma propio y R avo , con una graciosa esponja de goma,
algo que decir en ese idioma.
D eronet con un delicioso marroquí fu­
mando. D elpy con su aviso de una Expo­
D. C. B.
sición del Teatro. En todos ellos se ve
una intención de ironizar que no hay ca­
e
si en C assandre, el. lírico que supo inven­
tar ese Angleterre (a secas) con maravi­
En Kraft se realiza una Exposición de llosos prados verdes y dos caballitos pa­
originales de Affiches Franceses^ Contem­ ciendo.
poráneos. Más difusión debía tener una
K i f f e r es un retratista, un caricaturista
muestra tan interesante como la presente. al revés, que sabe dar a los ídolos (Edith
Nuestros dibujantes podrían aprender si Piaf, Maurice Chevalier) ese rostro de
no fórmulas al menos una actitud seria y simpatía que la gente ve en ellos. Savigsiempre original ante el problema de la nac ha compuesto un alegre cartel para
propaganda. Llamar la atención, sí, pero Ubu Roí la famosa obra de teatro que
poniendo además un fuerte sentido artís­ tanto revuelo causó en su tiempo. Y Loutico al servicio de lo que se quiere anun­ po t ha creado para Coty un affiche tan
ciar. En el campo de mejorar práctica­ entonado, tan sabio que una sola boca de
mente el standard estético del hombre de mujer y un color crean una sensación de
la calle se hace más con una cuchara o perfume que se expande... Pero también
una heladera bien diseñadas, con un exce­ hay tragedia en los avisos dé Francia, y
lente affiche que acaba por metérsenos entonces hay que citar el magnífico y
en los ojos de tanto verlo, que con con­ patético de P a u l C olín (el otro grande)
ferencias teóricas sobre lo que debe ser llamado: Varsovie acense que tanto con­
trasta con su alegre gallina de pascuas de
o no en arte.
El nombre máximo, el del pontífice de la Lotería Nacional. Citemos a Sepo : ex­
la propaganda, es el de C assandre ya cé­ celente, a R ene M ery cuyo L’echo de Nor­
lebre desde hace muchos años y de quien mandie es una de las mejores piezas ex­
se acaba de editar en Suiza un magnífico puestas y el sugeridor, el admirable affi­
volumen con reproducciones en colores che, de la playa, de Fix M assf.a u : dos
exactamente como si se tratara de un colores que se funden, la lejanía, un cara­
gran pintor más. Y lo es sin duda, pese a col... y nada más, pero todo está dicho.
que aquí no tenemos la suerte de ver su ¡Y cómo!
aviso del Normandie, o el del Étoile du
D. C. B.
Nord, pero en cambio está el hombrecito
de Dubonnet, tan célebre, tan amigo nues­
123

�miscelánea
• París es el centro del arte que era desde antes de las Guerras. En se­
tiembre se realizó una retrospectiva de Utrillo y el Salón de Otoño con
muchos concurrentes; para más adelante se anuncian; una exposición de
tres siglos de arte de Alsacia y Lorena, una gran muestra de Longkind y
dos de Gauguin recordando su centenario, una en la Orangerie, otra que
recorrió los países escandinavos con gran éxito, no se sabe todavía dónde.
Como si todo esto fuera poco para tentar al espectador el Museo de Arte
Moderno también anuncia una retrospectiva de Marquet y en el Petit Palais se disponen a exhibir las piezas importantes de la famosa Pinacoteca
de Munich.

c

• La hermosa revista suiza DU dedicó su número de octubre a Paul Klee. Es un
verdadero homenaje, respaldado por sus excelentes refnoducciones, muchas de ellas en
color, algunas poco conocidas, y más aún por las más variadas colaboraciones, que se
componen de muy logrados trabajos interpretativos de plumas tan destacadas como
las de Hausenstein, Zahn, Max Huggler, Ueberwasser, etc. Además enriquecen este numero de DU recuerdos personales de Félix Klee, hijo del artista, de compañeros de
escuela y del escultor alemán Alexander Zchokke, que cuenta la historia que rodea a
un busto que él hizo de Klee. Hay además una verdadera fuente de material biográfico
fresco, inmediato y tan desconocido como el mismo Klee. Muy interesantes interpreta­
ciones grafológicas de cartas escritas por Klee, un etéreo y hermoso poema de Paul
Eluard dedicado a él, y criticas, favorables y entusiastas las más, y negativas las tem­
pranas, que se escribieron durante sus 40 años de obra y creación artística complementan
este soberbio número.
e Ha sido emplazado en los jardines del Ministerio de Educación de Río de Janeiro
el grupo escultórico: Juventud Brasileña, obra del escultor Bruno Giorgi. El citado Mi­
nisterio es obra de los hermanos Robertos, tres de los más destacados arquitectos bra­
sileños, sobre una idea básica de Le Corbusier. Los jardines sen realización del proyecto
del paisajista Burle Marx cuya fama ha salvado ya la frontera americana. De este
grupo de granito gris, la revista Architeclural Review dice en su número de octubre:
“...ya sea vista esta obra como un elemento de unión entre las arquitecturas del

124

�siglo XVIII y la del XX; ya como un incidente dramático en un horizonte, ya de por
si dramático; como un brote orgánico en la rgularidad matemática de la arquitectura
moderna; o como motivo que da un énfasis de dirección a las curvas serpentinas de
Burle Marx; lo que principalmente simboliza es la vuelta de la escultura desde los
museos otra vez a las calles y jardines que es donde debe realmente estar”.
• El gran arquitecto francés Auguste Perret, primero en el mundo en usar el hormigón
armado para construir una casa de pisos (París, 1S92), acaba de recibir la Medalla de
Oro del Royal lnstitute of British Architects, medalla que le fué entregada en persona
por el rey Jorge VI.
• En el museo de Wiesbaden se expuso hace pocos meses la Colección Haubrich
que abarca las múltiples facetas de la pintura expresionista nórdica, incluyendo también
algunos de los pintores que figuran a la cabeza del posterior movimiento de la Nueva
Objetividad, entre ellos Otto Dix y Schrimpf.
Dr. Haubrich, abogado de renombre, coleccionó valiosas obras de pintores como
Nolde, Franz Marc, Schmidt-Rottluff, Pechstein, Kokoscrka, Jawlensky, Fcininger, Chagall, Ensor, Xaver Fuhr, Hofer, Beckmann y otros con una personalísima visión, y se
le considera y estima hoy como uno de los conocedores más profundos del arte moderno
en Alemania. Su colección creció a través de varios lustros bajo el signo de amorosa
comprensión y profundo entendimiento, alimentada por sus vínculos estrechos y amis­
tosos con la mayoría de los pintores en ella representados.

® Derain, el inolvidable autor de la escenografía de la Boutique Fantasque, vuelve otra vez con entusiasmo al ballet, presentando en París una

creación propia en la que realizó no sólo los decorados y trajes, sino tam­
bién el libreto y el baile.
La música es la de una antigua melodía.
• En un suplemento dominical del New York Times la Editora Asociada de Arte
Miss Aliñe B. Louchheim escribe un artículo sobre arte abstracto no muy profundo,
pero al nivel medio del lector norteamericano que —fuerza es confesarlo— se preocupa
mucho más que el lector medio argentino por la marcha del arte de su tiempo, ya sea
para ponerse en pro o en contra pero rehusando la pasividad, que es la que más ofende.
La autora califica al primer cubismo como variedad de jardín (dentro de la familia
abstracta) y al movimiento cuyo líder fué Pier Mondrian, como variedad de invernadero.
Opone este últim grupo de la Escuela Rígida o de la Regla T, al más flúido y flotante
de Kandinsky que vendría a ser la variedad Rítmica o Intuitiva. A Joan Miró que se
niega a caracterizar a su arte como abstracto propone llamarlo el Taquígrafo de la
Pintura, pues stis signos connotan realidades transpuestas sobre la tela de manera abre­
viada.

125

�En suma: una actitud respetuosa y simpática tratando de aclarar un término como
el de abstracto, esencialmente confuso y contradictorio.

• Copiamos de una carta que hemos recibido de España el siguente sa­
broso párrafo: “ ...nuestros arquitectos se están dando cuenta, un poco
tarde, de que estamos muy atrasados y que no podemos seguir copiando
indefinidamente a Herrera; que los que creían que la expresión de la
arquitectura nacional consistía en hacer cubiertas de pizarra con unas
bohardillitas, y muros de ladrillo con cercos de piedra en los huecos, ahora
dicen que es necesario seguir la marcha del tiempo, y, lo curioso es que
uno de los principales propulsores de esta virada en redondo es el autor
de los más triste y anticuados edificios: el del Ministerio del Aire, que
aquí por broma, llamamos: Monasterio del Aire”.

e Pese a las noticias alarmantes que vienen de Europa el Viejo Continente sigue dan­
do muestras —por suerte— de una recalcitrante juventud. La Bienal de Venecia ha sido
un tour de forcé admirable (matizado con las quejas, protestas, insultos de Giorgio de
Chirico). Del 25 al 28 de agosto se realizó en lo que hoy es territorio polaco en
Wroclaw (la Breslau de los alemanes) un Congreso al que asistieron artistas, críticos
y escritores de toda Europa, entre los cuales estaban Picasso, Huxley (la noticia no
dice si Julián que preside la Unesco o Aldous), Haldane, Vercors, etc. En Ginebra en
setiembre se reunieron cuarenta escritores para discutir el Arte Contemporáneo. Entre
los oradores figuraban: Jean Cassou, Thierry Maulnier, André Bretón, Charles Morgan,
Elio Vittorini y Gabriel Marcel. Para los derrotistas Europa está acabada, para los
que no lo somos sigue dando al mundo un ejemplo de entusiasmo y de fe.
® Sverige Nytt trae la noticia que el Museo Nacional de Suecia ha en­
cargado la impresión a todo color de las más representativas litografías
de once conocidos pintores suecos, por valor de más de 40.000 coronas
suecas. Estas reproducciones serán destinadas a todas las oficinas públicas
y especialmente a las legaciones y oficinas del servicio diplomático sueco
en el extranjero, entre ellas en Addis Abeba, Lisboa, Pretoria, Reykjavik,
Río de Janeiro etc. Es una nota simpática y una manera discreta y gentil
de difundir el conocimiento del arte de Suecia.

126

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GALERIA W1LDENSTE1N
15 noviembre - diciembre: Sala I: F. ZUCCARELLI, Italia 1702-1788: La fuite
en Egypte; Blain Fontenay, Francia 153-1715: Instruments de musique:
L. Ledoux, Francia 1786-1852: Eemme au chien\ M. Luce, Francia 18581943: Quai a Bercy: Antonio Esquivel, España 1806-1857: La bailarina
Josefa Vargas; sala II: G. BARBIERI, Italia 1591-1666: Retrato de Mons. Pío
Josefa Vargas; sala II: G. BARBIERI, Italia 1591-1666: Retrato de Mons. Pió
di Reggio; FrancOIS Boucher, Francia 1736-1799: La Gloria coronando la
Musa de la pintura: Antoine Coypel, Francia 1661- 1722: Neptune, Diane
et Nimphe: FRANgOls Clouet, Francia 1510-1572: Portrait d’homme: TA­
PICERÍA Francesa, siglo XVI; Juan Boldini, Italia 1845-1931: Place Pigalle: Charles D’Aubigny, Francia 1817-1878: Paisaje con patos.
G A L E R I A W 1 T C O MB
15-17 noviembre: Teresa Casadó de Gómez (pintora); Foto Club Ar­
gentino; Margarita Castro (encuademaciones).
SALÓN KRAFT
22-30 noviembre: EXPOSICIÓN DE PINTORES INGLESES organizada por la
Sociedad Británica.
1 -8 diciembre: AFFICHES ARGENTINOS.
S A L Ó N P EUS ER
1-15 diciembre: Salas 1 y 3: JOSÉ ALBERTO LE PERA (dibujante); Salas 2
y 4: Salón Tout Petit.
LIBRERIA I T AL I ANA SAN MARCO
24 noviembre-12 diciembre: N iño CAFFÉ (pintor).

�VER
Y ESTIM AR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTISTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST

CON LA COLABORACIÓN DE SUJ DISCÍPULO»

SUMARIO
Rafael Alberti y la pintura.

ISOLINA GROSSf

•

A Gauguin (Para Ver y Estimar)
R afael A lberti
Sentido del símbolo en el arte de Paul
Gauguin.
J o rg e R o m e r o B rest
Camino de la observación: Vida y obra
de Paul Gauguin.
A ncella B eret
Gauguin: coincidencias
I.
C l a r a D ia m e n t
II.
I s o l in a G r o s s i
III.
L ía C a r r e a
IV.
B l a n c a St á b il e
V.
D a m iá n C a r l o s B a y ó n
Paul Gauguin y el expresionismo.
R o d o l f o G. B r u h l
f* Inventario: Paul Gauguin en Buenos
Aires
R aquel E delm an
Bibliografía gauguiniana
A lfred o E . R oland
R. G. B.
•

Critica:
Arte belga contemporáneo.
A m a l ia J o b
3 Colección Crespo. R o d o l f o G. B r u h l
XXVIII Salón de Rosario
J o rg e R o m e r o B rest
Premio Palanza
C l a r a D ia m e n t
7 Tres escultores. J o r g e R o m e r o B r e s t
Luis Seoane.
R aquel E delm an
Juan Batlle Planas.
Jorge Larco D a m i á n C a r l o s B a y ó n
Juan Corradini y Bob Gésinus
L ía C a r r e a
Roberto Terracini
A n g e l ia B e r e t
Nuevos valores de la pintura actual.
C l a r a D ia m e n t
Apostillas:
Soldi, Policastro y Castagnino. R. E.
Flavio Rosende de Carvalho. D. C. B.
-- Exposición de affiches franceses con­
temporáneos.
D. C. B.
"

o

Miscelánea.
Tapa: Maruru - Grabado de
G

a u g u in

.

Paul

Volumen II, Nos. 7 y 8 - OctubreNoviembre de 1948.

��</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Grossi, Isolina&#13;
Alberti, Rafael&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Beret, Angelia&#13;
Diament, Clara&#13;
Carrea, Lía&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Roland, Afredo E.&#13;
Job, Amalia</text>
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                    <text>C U A D ER N O S D£ C R ÍT IC A

A R¿ T ÍS T, IC__A
- -

&gt;

�VER Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTÍSTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST

CON LA COLABORACIÓN D I SUS DISCÍPULOS

SUMARIO
Ernst Barlach.
A ngelia B eretJ ^

Bibliografía fundamental: Libros ingle­
ses sobre la pintura contemporánea:
Art, por Clive Bell. P amela Bruzzone
Vision and design, por Roger Fry.
D amián C arlos Bayón

Art Now, por Herbert Read.

/-\

R aquel E delma^ j ,

The Modern Movement in Art y Mó­
dem French Painters, por R. H. Wi ¿
lenski.
L ía C arrea y D. C. B. '■
La pintura de Emilio Pettoruti: ayer y
hoy.
J orge R omero Brest
Critica:
Mauricio Lasansky.

J orge R omero Brest O

Manuel Ángeles Ortiz. B lanca Stabile
Juan Carlos Castagnino. L ía Carrea
Horacio I. Butler. R aquel E delman
Víctor Lanza.
I solina Grossi Q
Arte abstracto, concreto, no figurativo a
D amián Carlos B ayón ^

XXXVIII Salón de Artes Plásticas.

L ía Carrea, M artha
T raba, A ngelia Beret
y Clara D iament

Miscelánea.
TAPA: XILOGRAFIA DE BARLACH
Volumen II, n? 6. Setiembre de 1948
B u e n o s Ai r e s

jr-TTA PUBLICACION HA SIDO
i c o st ilm e n t e donada
| POR

o é fii/
____

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRÍTICA

DIRECTOR:

JORGE

ARTISTICA

ROMERO

BREST

Volumen II - Número 6 - Setiembre de 1948

��ERNST BARLACH
i A OBRA DE BARLACH ES UNA COLUMNA; EL SACRIFICIO,
(base, fuste y capitel) son
partes inseparables de un todo que guarda aún la vibración áspera y hu­
milde del origen.
Sacrificio en el material: en lugar del mármol y la piedra, la madera,
con su color oscuro y su calidez de vivida, o la grave y pobre terracota,
hija del cántaro útil y del barro domesticado. Sacrificio en la factura: su­
presión de todo halago exterior y de todo detalle en pro de una superficie
lisa y fría, acuchillada de aristas y una síntesis severa. Sacrificio en el tema:
naufraga la multiplicidad de los objetos en la unidad del hombre. Sa­
crificio de la sensibilidad al sentimiento; sacrificio de la armonía a la
expresión patética. De este semillero de renunciamientos brota la obra
viva; suelo amargo que condicionará su impulso y su sentido.
Y su sentido es el que va de la horizontal a la vertical, de la llanura
al campanario. Las primeras figuras de Barlach son pesadas, espesas, re­
dondeadas, sin aristas, cosidas a la tierra por sus cuerpos de tierra y sus
almas de gruesa tierra caliente. Unen la expansión del sentimiento a la
concentración de la masa; lo expresivo reside en el contraste. Pero muy
pronto domina el eje oblicuo y aun el vertical; son perfiles quebrados,
gestos hipertensos. Los bordes se aguzan, los planos sustituyen a las su­
perficies curvas para dar volúmenes únicos con resabios de pirámide y
prisma, las aristas cumplen como canales rítmicos que propagan y sub­
rayan la expresión del rostro. El contenido adhiere a la forma y de su
cópula surge una plástica que se define como afirmación de volumen en
el movimiento. Hasta que la vertical se impone: un impulso de ascenso

J—&gt; la expresión y la realidad trascendente

�recorre las figuras, el vuelo de las aristas apunta hacia arriba, los rasgos se
acentúan, los gestos se concentran. El pathos se aquieta en angustia.
Barlach reúne lo contradictorio anulando la contradicción. Su volun­
tad de forma denuncia un control intelectual latente que no destruye la
descarga patética. Sus volúmenes cercanos a lo geométrico niegan la esen­
cia de lo geométrico: el orden, la serenidad, el equilibrio. A ellos opone
la tensión, el pathos, el movimiento, triángulo de lo dramático, aunque
a veces también de lo grotesco. En Barlach lo grotesco no queda como
ruptura superficial; es uno con la expresión y necesario a la expresión.
Recuerda a los viejos maestros góticos alemanes que en Bamberg y Rottweill, Nuremberg y Estrasburgo, calentaron de hombre y de sentimiento
el impulso extrahumano de las catedrales. Es el mismo espíritu, el mismo

4

��ERNST BARLACH

Cabeza del Monumento a la Guerra
Güstrow - 1927

Hoja de VER Y ESTIMAR

�Mujer sentada (1909)

El paseante (1912)

El fugitivo (1920)

El cantor (1912)

�Ü A R r .A c ir .

F.I seminarista leyendo. (1911)

M estrovic .

�vigor formal y el mismo sentido de síntesis, el mismo afán expresivo y la
misma deformación patética, el mismo estremecimiento y la misma irrup­
ción instintiva, ese “salto del tigre interior” de que habla en su auto­
análisis.
En verdad está mucho más cerca de estos remotos antecesores que de
Lehmbruck, el otro nombre del expresionismo escultórico alemán. Lehmbruck acuerda lo que Barlach plantea como sacrificio; conciba la sobrie­
dad, el sentimiento, el dinamismo, con el goce de los valores y la materia,
la sensibilidad, la ponderación. Barlach ve sus formas como bloques afi­
lados de aristas que tienden a un centro único, Lehmbruck ama la curva
sutil y el fraccionamiento rítmico. Barlach emplea la deformación disonan­
te y está teñido de angustia; Lehmbruck deforma armónicamente y ex­
presa la melancolía. Barlach rechaza el desnudo; su plástica exige la
austeridad de la figura cubierta. Lehmbruck se da en el desnudo al que
depura de lo voluptuoso buscando sólo sus posibilidades sensibles. Sus
formas de cirio y cala son esbeltas y suaves. Plantean lo inasible de su
complejo íntimo. A las formas de Barlach, potenciadas por un único y
simple estado de ánimo, les falta el misterio del matiz. Su misterio reside
en la exaltación con que este único estado de ánimo es trasmitido. La
desmesura es característica del expresionismo eslavo. Su paradigma, Mestrovic, enfrenta a la severidad nórdica y a sus volúmenes ceñidos el des­
borde dinámico que rompe y recrea la forma. Desnudos que retuerce y
cava a grandes golpes de blanco y negro, vírgenes bizantinas barbarizadas,
bajorrelieves de violencia rítmica y líneas geométricas; su plástica brutal
a la vez que refinada concentra sus múltiples acordes en la unidad de una
pasión ajena a lo patético. Pero en Mestrovic la tortura externa habla
más alto que lo interno emotivo. El movimiento termina por tragarse el
contenido y asumir el carácter de expresión; preso entre las compuertas
del ritmo y la síntesis desemboca en lo decorativo. Mestrovic acepta la
dualidad escultura-arquitectura como una subordinación. La escultura es

7

�la servidumbre del brazo en el candelabro, el remate del cirio en el
brazo. En Barlach la escultura es cirio y brazo, brazo y candelabro. Si
sus figuras se ajustan al nicho gótico conservan la perfección de lo aca­
bado. Aun los relieves tienen ese gesto de bastarse a sí mismos. Barlach
y Mestrovic monumentalizan, pero mientras que en éste domina el epos
formal, en Barlach se trata de talla interna, de amplitud patética. Podría
hablarse de un colosalismo expresivo independiente del tamaño.
La plástica de Barlach nace en Rusia. Tres signos presiden su naci­
miento: miseria, dolor y lucha. Rusia es el hombre ceñudo y la mujer
desolada, el mendigo y el caminante sin estrellas, el violinista rural y el
aldeano ebrio. Y Rusia es más que esto; es la tierra, chata y grave, rezu­
mante de podre y de semillas, el llamado paciente y pesado de la tierra,
el negro quejido horizontal de la tierra. La plástica de Barlach nace en
Rusia, pero madura en Gustrov. Pues la tierra es vientre y médula y
latido, la voz pegada a la sangre primera, pero está el cielo, que se une
a ella como el río al cauce, y hay cosas detrás de las cosas que no se
agotan en la medida social ni en la agonía de clase. Su hombre de ahora,
necesariamente indiferenciado en un ropaje sin tiempo, concibe el existir
como agonía metafísica. Hay un furor de trascendencia golpeando y mor­
diendo las envolturas tridimensionales. El volumen concreto en su nerva­
dura de aristas y su muralla de planos cruje por la excesiva tensión. Su
fuerza está en ese salto hacia una realidad que escapa a los sentidos. Así,
la realidad se daría en lo interno: lo real en la flauta no sería la caña,
sino el sonido; sólo que caña y sonido no pueden separarse. Barlach pos­
tula la asimilación de los contrarios, la unidad esencial de lo interno-exter­
no. Pero no lo resuelve: su plástica refleja esa problematización sin salida.
Ya que tal vez lo único verdadero entre las detenidas sutilezas racionales,
más allá de teorías, controversias, andamiajes y nombres, sea la fuerza
brutal y brutalmente viva, la voz de tierra y sexo del instinto.
A ngelia B eret

8

�NOTA biográfica :

Ernst Barlach nace el 2 de enero de 1870 en Wedel (Alemania del norte). A su
origen estrictamente germánico debe sus cualidades esenciales: sobriedad, rigor, efusión
emotiva, ansia metafísica. Tiene 18 años cuando empieza a estudiar en Hamburgo dibujo,
y luego, no obstante el juicio desfavorable de sus maestros, escultura. Pasa entonces
por un largo periodo de tanteos, experiencias, reflexiones sin rumbo sobre el arte
y sobre si mismo, como consta en su autobiografía. Va a París, donde "aprende harto
poco y no olvida nada”. Ya se plantea su impermeabilidad a lo latino y su apego a
la sustancia nórdica. En 1905 expone en Berlín un pequeño bronce que le resulta
decepcionante. Pesado de insatisfacción viaja a Rusia y encuentra manos nuevas y
nuevos ojos. Tiene 56 años. Vuelve a Alemania y se reconoce en lo nórdico, cuya
esencia está dada por el estilo gótico, del que refleja la fuerza expansiva y el afán
trascendente sin parcialismo religioso. Los Apóstoles y Profetas de la catedral de Bamberg y los Apóstoles de la Capilla de San Lorenzo en Rottuieil pueden decirse antepasa­
dos de sus obras. Un viaje a Italia consolida su visión germánica; de regreso, se enraiza
definitivamente en Güstrov (Mecklemburgo). Su plástica lleva desde un comienzo los
signos determinantes de síntesis, volumen, dinamismo interno y desindividualización.
Lo prueban Mendiga rusa (1906), Mujer sentada (1907), Pastor de las estepas senta­
do (1907), La libación (1909), Mujer preocupada (1909), Peregrino reposando (1910),
El solitario (1911). Gradualmente la obra de Barlach pierde su primitivo tono social y
se embebe de inquietud metafísica. A ello corresponde un mayor ajuste y dinamismo en
los volúmenes y el reemplazo de la superficie redondeada por el plano y la arista.
El que desenvaina la espada (1911), El paseante (1912), Susto pánico (1912), La vi­
sión (1912), El violinista de aldea (1913), Peregrinos (1913), Hambre (1914), testimo­
nian una transición que se cierra con El estático (1916), Muchacha tiritando de frió
(1917), Mujer bailando (1920) . Con El fugitivo (1920) , El vengador (1923), Reposo en
la huida (1924), El profeta (1925), se da el climax rítmico de las aristas y la máxima
exasperación del movimiento. De esta ¿poca datan también los bronces El beso (1913) ,
Los dos lectores (1923) , La muerte (1925), que significan una pérdida del volumen y de
la expresión junto con una tendencia a lo dinámico superficial. Casi al mismo tiempo
comienza a advertirse un proceso de apaciguamiento y de búsqueda de un rigor absoluto
en las fomas. Mujer llorando (1923), Mujer encinta (1924), El reencuentro (1926),
llevan a la madurez formal y expresiva de El hombre que canta (1932), Novicio leyen­
do (1931), las figuras para el Friso de los que escuchan (1931) , Novicio cantando (1932),
Cristo (1932), Mujer en el viento (1932), Monjes leyendo (1933), Anciana acurrucada

9
|

JL

�(1934). Las características plásticas de Barlach se pliegan a las exigencias de lo monu­
mental, como lo demuestran sus monumentos de homenaje a los muertos en la catedral
de Güstrov (1927), en la iglesia de la Universidad de Kiel (1928), en Magdeburgo
(9130) y Hamburgo (1931), el monumento funerario al principe heredero Reuss
(1931) y los proyectos del no realizado monumento a Beethoven, cuyo Friso de los que
escuchan (1931) fue fragmentado en figuras aisladas. Su raigambre gótica justifica el
pedido de una serie de figuras (1931), luego no utilizadas, para la iglesia de Santa Cata­
lina en Lübeck. También sus dibujos lo muestran monumental y dinámico con largos
trazos esquemáticos que sugieren el volumen.
Barlach, lector de Dostoievski, es dramaturgo y poeta en El expósito, El día muerto,
El primo pobre, Los verdaderos Sedemunds, El Diluvio, El buen tiempo, Boíl el azul,
que plantean la noción de libertad en la doble búsqueda del yo y de lo trascendente.
Por sus posibilidades de contraste utiliza la xilografía para ilustrar el Canto a la alegría
de Schiller, La noche del Walpurgis de Goethe, sus propias obras. Su sentido trascendente,
su afán expresivo, su carácter sintético, su violencia dinámica, lo ubican entre los cons­
tructores del movimiento expresionista.
Ernst Barlach muere el 24 de octubre de 1938 y sobre su obra cae el menosprecio
hostil del Tercer Reich.

10

�Pettoruti

�LA PINTURA DE

EMILIO P E T T O R U T I : AYER Y HOY
CUANDO PETTORUTI EXPONE EN UN SALÓN, DONDE
están colgados sus cuadros está la máxima calidad del conjunto,
la que a nadie escapa, como si ellos obraran a manera de conjuro
aun sobre el visitante frívolo. Pero cuando exhibe individual­
mente, como acaba de ocurrir en la Galería Peuser, hasta los más reacios
a comulgar con su credo estético se rinden. Es el pintor que triunfa y
se toma honesta revancha —contra la befa, el escarnio y la injusticia— al
ver que su conciencia se expande en la conciencia de los demás, sin alarde
y sin apresuramiento, nada más que con fe, y por eso de modo natural,
como un crecimiento inevitable. •
Por segunda vez en un lapso de ocho años nos invita a juzgar su obra.
¿Qué puede decirse de nuevo a propósito del pintor? Todo cuanto se
diga resultará ahora inútil y pálido elogio, porque Pettoruti, gran señor
de la pintura, supera ampliamente los problemas del hacer. Ante su obra,
columna dórica en el templo del arte contemporáneo, sólo cabe apuntar
hacia el artista. Mas no se puede intentar siquiera la comprensión del
mundo estético de Pettoruti, sin vincular todos sus cuadros y sin discri­
minar, tanto en los de antaño como en los de hogaño, la fina proble­
mática que plantean; sobre todo con motivo de la reciente exposición,
pues ella obliga a emplear un criterio evolutivo de apreciación. De modo
que este ensayo parte de los principios.

I

12

�U

LO PRIMERO QUE SORPRENDE, POR EL OBSTINADO Ri­
gor que revela, es su condición de autodidacto, pero cuando se
sabe que da sus primeros pasos en el campo del dibujo y la cari­
catura, objetivos y precisos desde el comienzo, la extrañeza se
disipa, pues permite suponer que gracias a esa disciplina del lápiz rehuye
la mancha y el boceto, y en Italia realiza su aprendizaje en los museos,
cara a cara con las obras del pasado, como si una segura intuición le hiciera
presentir que en ellos va a encontrar la salud de su arte, y su originalidad.
Pero el virus futurista se le infiltra y al volver al país declara, con
voz no exenta de énfasis, con esa dureza que caracteriza a los hombres
que escriben en Lacerba: “Yo deseo hablar siempre del presente; lo pasado
ha muerto, debemos enterrarlo; el hombre debe caminar sin volver la
vista, siempre con la mirada puesta en el porvenir”, probando que su
alma no se tuerce hacia un historicismo suicida.
He aquí, pues, las dos componentes de su alma y de su arte, una sola
y misma cosa en el despertar de este pintor excepcional.
AHORA BIEN, EL FUTURISMO NO FUÉ SOLO UN ESFUERZO
para captar el movimiento; por lo menos no es legítimo conformarse con
esa caracterización tan somera. Para lograr la síntesis de tiempo, lugar y
forma (dibujo y color), los futuristas trataron de resolver la antinomia
volumen-espacio, aplicando normas que emanaban de una concepción
peculiar del movimiento, según la cual los objetos corpóreos se hacen re­
lativamente incorpóreos, o pierden su corporeidad fija, por medio de la
interpenetración de planos, y se corporiza el espacio poblándolo de formas
materiales. Acaso el único modo como los italianos pueden concebir el
movimiento, en la materia y por la materia.
Consideraban al objeto como un núcleo del cual emanan ciertas fuer­
zas —líneas y formas-color— que lo relacionan con el ambiente y a éste
como algo animado de movimiento que modifica por su parte la estruc­
tura dibujística y colorística de aquél, y al resultado de esta relación lla­
maban objeto-ambiente, materialización de lo dinámico. Y Soffici dirá:
Operar la modificación de los elementos que constituyen los objetos y,
por tanto, de su ritmo, mediante planos y volúmenes, quiere decir hacer
entrar entre los planos y volúmenes del objeto, los planos y volúmenes de

IB

�los objetos circundantes, y recíprocamente. Con lo cual todas las defor­
maciones serán justificadas.
Muchos de los cuadros de la primera época de Pettoruti, acaso con
la única excepción de ciertos paisajes del norte italiano, indican la asimi­
lación de la manera de expresarse de los futuristas, no sólo por la técnica
del dinamismo plástico, el rechazo de todo arcaísmo y el desdén por las
formas superficiales, sino por el mantenimiento de una actitud materia­
lista. Porque si se ven cuidadosamente los cuadros del maestro argentino,
se observará que nunca se aparta de la materialidad de las cosas y que,
si bien las rehace a tenor de su fuerte voluntad expresiva, las respeta en
su existencia corporal, aun en aquéllos en que parece buscar más eviden­
temente el puro lirismo.
Otra característica de la pintura de Pettoruti en los primeros tiempos
es la pureza del color y el empleo de tintas complementarias, tanto desde
el punto de vista de aquél como del claroscuro, el relieve y las formas
mismas, todo lo cual denuncia su adhesión al movimiento futurista, fiel
en cierto modo al impresionismo. Pero mientras los italianos abandonan
progresivamente el color puro y unido, Pettoruti se opone a ellos y, si­
guiendo la lección que a diario le da la gran tradición, exaspera el color
plano hasta el máximo. ¿Plano? Casi nunca de manera total; siempre es­
tablece sensibles diferencias tonales entre las zonas de color como para
sobreponer a la estructura firme de los contrastes una más vacilante de los
valores en acorde. Tan sólo La gruta azul de Capri, entre las obras ex­
puestas, escapa a ese juego y se afirma en el plano.
Esta etapa futurista es fundamental, porque Pettoruti adquiere los
medios expresivos al par que una técnica solidísima, pero más todavía
por todo lo que de original manifiesta ya entonces. Los futuristas le en­
señan que el objeto no tiene una forma a priori y que la pintura sólo
puede definirlo marcando la relación entre lo que es como peso (cantidad)
y lo que es por su capacidad de expansión (calidad), pero es él mismo
quien hace del dinamismo plástico, demasiado mecánico en la mayoría,
una fuente de expresión lírica. El encanto irresistible de Pensierosa (1920),
por ejemplo, procede es cierto de la fina armonización dinámica de los
planos en contraste, mas también de la emoción que vuelca en esa cons­
trucción aparentemente fría: solidifica inclusive el sentimiento, al que
ordena según un ritmo tan inmaterial, no obstante la materialidad de las
formas, como para llamarlo lírico.

14

�Después no hará Pettoruti sino desarrollar, perfeccionándose, la se­
milla fructuosamente plantada en su alma por la tradición y la actualidad
italianas, no sin dejar alguna obra maestra insuperable.
CUANDO SE INTERPRETA EL CUBISMO COMO UN M ovi­
miento que comprende una gran diversidad de temperamentos, reducidos
a común denominador por el carácter de creación que impera en ellos,
por el alejamiento de toda intención trivialmente representativa y por la
voluntad de trascender, es difícil concebir que ningún pintor moderno
pueda escapar al enrolamiento en esa tendencia. Solamente así puede ex­
plicarse la inclusión de Pettoruti en ella, ya que los puntos de contacto,
por evidentes que parezcan, pierden importancia en cuanto se estudian se­
riamente sus obras.
Claro está que, por un momento, Pettoruti se rinde ante el uso de
ciertos expedientes que lo vinculan con el cubismo, cuando se empeña en
buscar calidades, antes de que descubra el modo propio de dar profun­
didad a las composiciones, y apela a los papeles pegados, imita la madera
e introduce letras o palabras, pero no sólo los abandona rápidamente,
sino que tampoco tienen en su pintura el valor recordatorio que los jus­
tifica en el cubismo. Además, la concreción y profundidad colorísticas de
aquél difiere del empleo sinfónico de las tintas en los cubistas, así como
el concepto acerca de la interpenetración de planos. En los cubistas, la
descomposición del objeto en planos y volúmenes obedece a la necesidad
de expresar la “concreción ponderable, medida y palpable” del mismo,
que lleva a la forma inalterable y absoluta, “independiente de cualquier
accidentalidad de iluminación y de condición ambiental”, mientras que
en Pettoruti predomina el dinamismo futurista.
Sin embargo, alguna influencia del cubismo se hace sentir en la pin­
tura de nuestro artista: a ella se debe, seguramente, la tendencia a atem­
perar el dinamismo excesivo de los planos interpenetrados y a buscar re­
laciones más estáticas entre ellos, que se advierte en los cuadros que pinta
al volver al país, así como un rebajamiento de la importancia dada al es­
pacio. Rincón de silencio (1926), puede ser considerado como un para­
digma de esta tendencia.

15

�TANTO SOBRE PETTORUTI COMO SOBRE LOS CUBISTAS
y futuristas pesa la tremenda acusación de que realizan un nuevo orden
geométrico, frío y científico y por tanto no artístico. No juzgar por las
apariencias es uno de los principios esenciales de la crítica. Esta afirma­
ción de la geometría de los pintores de vanguardia merecería ser profun­
dizada por quienes la sostienen; sería interesante que alguien aplicara el
jrrincipio desarrollando con símbolos matemáticos alguna obra cubista o
futurista. En cuanto a la falta de humanidad que se les achaca, ¿por qué
ha de ser humano tan sólo lo material y lo sentimental?
Se equivocan los que creen advertir en tales cuadros nada más que
una fría geometría; se equivocan sobre todo porque confunden la geome­
tría matemática con las formas que por abstracción emocional logra el
artista. Ni el cubismo ni el futurismo han pretendido jamás fundarse en
un orden geométrico —el cual exige precisión y rigor de lo demostrable—,
aunque trataron de que sus formas respondiesen a una lógica interior.
“A decir verdad —afirma Zervos— el cubismo no tiene ninguna relación
con los pintores que creen poder sacar partido de las figuras con que la
matemática explica sus problemas, y nunca ha ensayado resolver por puros
razonamientos el complejo y vivo problema de la pintura.” Lo que cu­
bistas y futuristas han querido crear, y por diversos caminos, es un clima
irreal, por odio a la trivial representación de lo material, capaz de dar
vida, mediando la fantasía, a nuevos objetos y nuevos ritmos, en los que
se encarnara una nueva realidad metafísica.
En términos similares se plantea la comprensión del esquematismo de
Pettoruti. Bastaría saber que odia la regla y la escuadra para que este ele­
mento anecdótico sirviera de probanza, pero el análisis de sus cuadros
es más eficiente y permite captar la vibración de su espíritu en el más
ligero trazo, así como en la relación de líneas,planos y volúmenes, que
no obedecen en modo alguno a postulados geométricos. Lo que él hace es
trasponer, hallar los sustitutivos plásticos que le permiten construir las
cosas naturales o fabricadas por el hombre —prefiere a éstas— según una
emoción cristalina y purificadora.

16

�DILUCIDADA LA POSICIÓN D í PETTORUTI FRENTE
al futurismo y al cubismo, es posible emprender la tarea de
caracterizar su pintura más original, la que realiza entre 1925
y 1938. Ya en la primera época se advierte el comienzo de una
idea barroca que le marca el camino para la obtención del arabesco como
elemento esencial de su expresión. En La gruta azul de Capri (1918) se
ve que lo busca tanto por el dibujo como por el color; en Carolita (1925)
se afirma con mayor autoridad y espontaneidad; pero es en las obras pos­
teriores, sobre todo a partir de Solista (1936) donde lo consigue plena­
mente, desgeometrizando las cosas, como dijera Atalaya. En lugar de
buscar entonces calidades materiales, o de especular con juegos decora­
tivos de líneas y puntos sobre fondos entonados —procedimientos que no
abandona del todo y reaparecen en cuadros posteriores—, obtiene la ca­
racterización plástica por ese modo propio, nutrido y sensual, del ara­
besco, que organiza las formas según un ritmo viril y enérgico, así como
por la justeza del tono y la incorporación del claroscuro.
Quien recuerde el amoroso y fiel objetivismo de Pettoruti, se expli­
cará hasta qué punto es exacto afirmar que nunca abandona el control
de la naturaleza o de las formas materiales: el paisaje de En la ventana
(1917), la botella de Lotion Petrole en La mesa del estudiante (1917), la
llave y el rascacielo en La casa del poeta (1925), la imagen en El retrato
de Maríarosa (1931); realismo objetivo que no abandona en las obras
que pinta después, por ejemplo, Tres cigarrillos (1934), Vino Rosso (1936),
El dominó (1935), El timbre (1938). La introducción de elementos obje­
tivos es mínima, empero, en esta época, prevaleciendo la deformación ex­
presiva que obtiene al quebrar la estructura de apariencia de las formas
y al rehacerlas merced a la intención que pone en el dibujo. Recuérdese la
variedad de recursos que le proporciona la guitarra [en El cantor (1934)
la rompe en planos para lograr la profundidad, en Solista (1936) la uti­
liza más como elemento decorativo que por el juego del arabesco, en Últi­
ma serenata (1937) y en Serenata romántica (1938) vuelve a emplearla
como elemento de profundidad constructiva] o la riqueza de ordenación
de planos en El hombre de la flor amarilla (1932) o la deformación de
la botella y la mesa que se hunde para alojar una copa en Peras y man­
zanas (1932), y se comprenderá el sentido vivo de creación, de dinamismo
interior de la materia, con que Pettoruti crea los objetos. Por eso es erró­
neo decir que es un pintor de abstracciones, salvo que se entienda por

m

I

17

�tales a las formas ideales de las cosas naturales o artificiales; pero aun así,
en esta época sus formas revelan una calidad más evidente de invención
imaginativa.
La descomposición que hace de los objetos en planos estáticos, vistos
desde un solo punto de enfoque, sin perder por ello la visión dinámica
circundante que caracteriza a sus obras primeras, es también plenamente
original. La construcción de las dos Copas verdegris (1933 y 1934) es
particularmente ilustrativa: desprende del objeto copa sus dos elementos
—continente y contenido— para encarnarlos en formas abstractas: la copa
en verdegris (tono plano) surge como una exteriorización de un volumen
de apariencia estereométrica que no coincide con él. Pero donde llega a
una extraordinaria precisión al descomponer en planos, donde consigue
especialmente que esa dinámica contenida de los planos se organice con
un sentido de voluntaria unidad lírica, es en las grandes telas de músicos,
arlequines y caminantes: hay en ellos una triple descomposición de la
figura: en sentido vertical, abriéndose en abanico; en sentido horizontal,
haciendo jugar la luz y el color en planos desde abajo hacia arriba; en
sentido profundo, multiplicando los planos hasta connaturalizar la figura
con el fondo. En esas telas supera definitivamente la bidimensión y al­
canza por una vía que le es propia la profundidad dinámica y estática del
volumen, que destaca su madurez. De una concepción relativamente
planista y muy dinámica llega entonces a una concepción peculiar de la
pintura de volumen, siendo éste, potencialmente movido por los planos,
y no el espacio, el verdadero ejecutor de sus intenciones plásticas.
EL COLOR ES IMPORTANTE EN LA PINTURA DE PETTOruti, pero no el elemento preponderante, como se afirma a menudo. “El
color nunca es fundamental en lo que pinto —dice a un periodista—. El
problema de la forma me preocupa mucho más, y mis cuadros tienen
un trabajo minuciososo de dibujo y construcción.” No era necesario que
lo dijera; sus obras lo prueban.
Hablar sobre la originalidad y potencialidad del color en su pintura
es insistir sobre lo que todo el mundo le reconoce. Importa, sin embargo,
destacar que él demuestra su sensibilidad y su saber en la manera como
pone un rojo o un blanco, conservándoles su pureza y su brillo e infun­
diéndoles una profundidad personal.

18

�PETTORUTI

1 'J I 7 - 19 2 5

I T A L I A

En La del abanico verde el pintor materializa
el movimiento, sobre la base de un centro lu­
minoso —las manos unidas— del que se des­
prenden planos en abanico, pero lo atempera
con planos más estáticos y de contraste menos
absoluto en la parte superior, y aunque no crea
todavía el volumen en el espacio (anotado con
un plano de baldosas) lo construye dinámica­
mente con admirable precisión y rigor mental.

Mi ventana en
Florencia.
1917.
l a g rilla a zu l
(le C a pí i.
1918.

La del abanico
verde ]92"&gt;

Pcusierosa
1920.

En Mi ventana en Florencia
Pettoruti realiza una descom­
posición en planos todavía no
muy inventiva desde el punto
de vista futurista. En La gruta
azul de Capri xa se lo ve
en plena invención, y en Pensicrosa, donde me sólo demues­
tra la potencia del colorista en
la riqueza tonal de los planos
Y del dibujante en la expresivi­
dad de los ritmos, sino la ca­
pacidad de concretar la emo­
ción en una fot nía absoluta.

�El postre: Una mesa
vista en perspectiva des­
de arriba en un am­
biente de severidad na­
turalista con p a redes
enfocadas desde abajo;
un punto de referenciaobjetiva con ¡a imagen
de ¡a paleta y los pin­
celes y una compotera
tn proyección barroca
de planos valorizados.
Parece que los objetos
te incorporaran a un
mundo misterioso, en el
que surge la emoción,
no del misterio sino de
todo lo contrario: de!
orden y la armonía.

BUENOS AIRES 1925 - 1938
No se juzgue por las apariencias. Compá­
rense estos arlequines con los de El improvi­
sador y se verá cómo el pintor no se repite.
Variaciones sobre un mismo tema que le per­
miten modular su sentimiento de la forma
sin hacer mayores concesiones al mismo en su
calidad de anécdota. Adviértase el juego di­
ferente de los planos en arabesco, en las pier­
nas —¡ah! esas piernas de Serenata romántica,
¡qué emoción encierran!— y la calidad de
invención de las formas que representan ins­
trumentos —la guitarra que se hunde y el
acordeón que avanza— y la fuerte expresión
de las caras —expresión solidificada pero vi­
va— que se adivina tras los antifaces. Y el
que pueda ver estas obras maestras que no
deje de hacerlo: los rosas de Hombre de mi
tiempo y los azules de Serenata romántica son
inolvidables. Ni un rasgo de sequedad men­
tal; ni un rasgo de vulgaridad sentimental:
lo que debe ser una verdadera obra de arle.

Hombre de mi tiempo

Kl postre. 1941.

Serenata romántica

�El hombre de la
flor amarilla.
1932.
La casa del
poeta. 1931.

El improvisador. 1937.
La calidad de retratista que
se anunciaba en l’ensierosa
culmina en Kl liombrc de la
flor amarilla. Pettoruti des­
compone la figura en planos
de color muy vibrante, armo­
nizados tonalmente en la gama
baja, y los ordena según un
ritmo muy claro y hondo de
emoción per medio del claros­
curo. I.a casa del poela, una
de sus primeras corporizaciones del rayo solar; sugestiva
creación de espacio que man­
tiene, aun en el misterio, su
diafanidad de cristal; y la ma­
teria siempre presente, genero­
sa en el color y el empaste.
Años más tarde logra Pettoruti en Kl improvisador uno
de sus más legítimos triunfos:
obsérvese el rico juego de los
¡danos, la potencia del color
v del claroscuro, la armonía
sensual del medido arabesco
barroco, la unidad volumen
espacio del conjunto y la in­
vención formal de las guita­
rras. Se diría un U'atteau
redivivo en un plano de cons­
trucción mental y de ritmo.

�19 4 0
19 4 8

Manzanas, una de las más bellas composiciones que Pettoruti ha
pintado en los últimos años, volviendo a una concepción menos
volumétrica y
planista: en ella se lo reconoce por el vigor
preciso del dibujo, que lleva y trae los objetos, como formas
puras, para producir en el espectador una emoción casi musi­
cal, si no fuera por esa jugosidad generosa de los empastes...
La estatua (Homenaje a Sibellino) y Kl mensaje corresponden
a la serie de rayos de sol r/ue entran por una puerta, una ven­
tana o un tragaluz, para incidir violentamente en una mesa.
Casi nada, como se verá; tan sólo el espacio berilo luz y hecho
penumbra, cristalino, pero peligrosamente helado. ¡Cuidado!
El pintor abandona
la interpenetración de
planos y reconstruye
los objetos con pasión
de geómetra, abstra­
yendo, seleccionando,
no para corpo) izarlos
como tales, sino Juna
hacerlos naufragar en
un espacio irrml, en
el que todo es luz y la
luz es color. ¿Verda­
dera solidificación del
imj¡resionismoí Acaso.
En verdad, una pin­
tura que se sentimenlaliza en el impercep­
tible acorde tonal y
se hace dura en la
consti arción lineal.
h u ís

Manzanas. 1941.
has peras. 194").

�Mientras perdura la concepción bidimensional opone las tintas puras
de modo semejante al del contrapunto musical, verdadero juego dialéc­
tico del color; pero desde 1920 se le ve abordar la valoración tonal, dosi­
ficando el claroscuro y buscando el modelado en profundidad, bien es
cierto que de modo personalísimo; podría decirse que, en el momento
en que se decide a animar sus objetos, abandona las formas contrapuntísticas en procura del acorde. En Un poeta (1925) se manifiestan los pri­
meros acordes tonales; en la serie de copas, naturalezas muertas y figuras
que pinta después, consigue que esa profundidad del color se realice por
medio de suaves contrastes entre las zonas en que divide cada forma, man­
teniendo la tinta local pero variando el tono en progresión armónica,,
sin descuidar la adecuación de sus gamas cromáticas al tema y a su es­
tado de espíritu correspondiente. Coparmónica (1937) es la obra en que
llega a la mayor sobriedad y pureza de acordes tonales.
Todo esto implica una sobreestima de la luz como elemento expre­
sivo. La emplea para la valoración tonal, pero también como factor pre­
ponderante de composición: como los clásicos, construye el cuadro sobre
la base de un núcleo luminoso, generalmente un blanco profundo. Entre
la guitarra de violento amarillo y el libro de música abierto —purísimo
blanco— una delicada zona de grises hunden la figura y la composición
toda, en Última serenata (1937) hacia el infinito. Y todavía falta des­
tacar el empleo que Pettoruti hace del fondo, siempre activo y nunca
inerte como en los cubistas, al cual descompone en planos profundos que
prestan a los primeros planos el complementario formal y colorístico, ade­
más del elemento de contraste o de armonización necesario para el logro
de la profundidad; así como la rica factura de la sustancia pictórica, nu­
trida y opulenta, vigorosa y brillante, sin grandilocuencia pero con fa­
cundia, que lo presenta como un heredero de los grandes venecianos del
siglo XVI.
DESDE EL COMIENZO MANIFIESTA PETTORUTI VERDADE­
ra simpatía por la figura humana. Es cierto que al trasponerla no aban­
dona la concepción esquemática, pero por debajo de ella se presiente su
madurez espiritual en la progresiva humanización sensible y hasta senti­
mental del dibujo y el color, los cuales le van llevando a expresar la psi­
cología profunda de los personajes.

23

�En ese intento de comunicar, valiéndose de los medios plásticos más
severos, las esencias psíquicas, han de establecerse dos líneas. La primera,
la más antigua, la señalan Pensierosa (1920), Carolita (1925) y especial­
mente El hombre de la flor amarilla (1932), cuadro en el que la expre­
sión de hondo vigor dramático, con adherencias de sentimiento y de idea,
se funde con la expresión plástica. Diría que es la línea de sugerencia del
sentimiento individual materializado, sumergido en la sustancia de fac­
tura generosa, enriquecido mediante ritmos colorísticos de excelsa sono­
ridad y construido con precisión de geómetra de la sensibilidad. No sé
si el mismo Pettoruti se da cuenta de la cima alcanzada con esta obra,
que lo sitúa entre los más grandes retratistas del siglo.
La otra línea va surgiendo con menos calor, pero con más rica com­
plejidad de movimiento. Todavía en Caminantes (1935) o en Ültima se­
renata (1937) el esquematismo de línea y color le alejan de la profun­
didad psicológica; pero en Hombre de mi tiempo y en Serenata román­
tica (1938) la abstracción se hace menos esquemática, permitiendo que
las figuras sean más accesibles a la comprensión emocional y sin perder
por eso —ahí está al mérito— su pureza plástica. Sobre todo en Serenata
romántica, a mi juicio otra de las obras plenamente logradas del maestro,
el juego de los planos en ritmos vibrantes que incluyen las curvas y la ri­
queza sensible del color —azules tan hermosos como los de cualquier gran
pintor del pasado— se cumple esa voluntad de forma cósmica, me atre­
vería a decir, porque se funde el individuo en el espacio.
La comparación entre los típicos antifaces que esconden en parte la
cara de sus arlequines, músicos y caminantes, demuestra también el pro­
ceso apuntado, desde la expresión secamente lírica a la psicológica, hu­
mana, sensible, hasta dramática. “Tal vez me baso en esto —escribí en
1940— para afirmar que con esta exposición acaso se cierre un ciclo de
la vida artística de este pintor, para que comience otro cuyos caracteres no
son previsibles.”
LA PROFECÍA SE HA CUMPLIDO EN PARTE. DESDE
I ■ / mil novecientos cuarenta y uno casi no ha pintado sino cuaW dros en los que corporiza el rayo de sol; composiciones en
que penetra éste por una puerta o una ventana chocando con
una mesa llena de objetos, o donde irrumpe misteriosa y horizontalmente
W \J

24

�en un espacio que no llenan los objetos pintados en primer plano, cuando
no son rayos que se vuelcan desde arriba como en una estilizada aurora
boreal.
El repetido tema es de procedencia futurista y fue tratado por él
mismo en épocas anteriores —Retrato de Mariarosa (1931), La casa del
poeta (1935) —, pero varía en los cuadros actuales en dos direcciones: en
los primeros —Mediodía, Concierto, Intimidad (1941-42) — el rayo de sol
incide sobre una mesa cargada de objetos que el artista descompone to­
davía en planos y contrasta con violencia cromática, lo que también ocu­
rre en Sol en el ángulo (1948), pintado con toda probabilidad sobre
un dibujo de 1922; en los segundos, el rayo o los rayos de sol cobran ma­
yor importancia, pierden corporeidad y se anuncian más bien como re­
flejos: parece que desalojaran las cosas, a pesar de que éstas tienen más
volumen que antes y no están descompuestas en planos, llenando el es­
pacio con una fuerza que destruye las tintas plenas y crea ricas variacio­
nes tonales. Entre ambas series se ubican Libro en blanco, El ramillete y
El mensaje, firmados entre 1946 y 1947, los cuales tienen algunos elemen­
tos que permitirían el acercamiento con los más antiguos, aunque priva
en ellos, a mi juicio, el concepto de los más nuevos.
La nueva pintura de Pettoruti señala cambios importantes. Por lo
pronto, se trata de una pintura de tendencia estática, de dinamismo sólo
potencial y de superficie, en la que se anula toda acción aunque fuere
plástica, y de una pintura del espacio, en el que naufragan los objetos
como simples referencias. Desaparecen en ella los elementos de vibración
barroca —las curvas, las deformaciones, los planos interpenetrados— y el
racionalismo se exacerba: es una pintura muy pensada, en la que el pintor
respeta las leyes de la perspectiva geométrica, emplea un dibujo preciso
y sin vacilaciones, y subordina el claroscuro a las formas objetivas. Además,
se advierte el paso de una pintura de contrastes de color o de tono, de
carácter moderado o violentamente contrapuntístico —la anterior— a una
pintura de acorde de tonos fundidos, lo que le permite, no obstante la
dureza del dibujo, sentimentalizar el tema al enriquecerlo con suaves va­
riaciones de valor. De igual modo debe consignarse que ya no luce la ri­
queza de sustancia cromática a que nos tenía acostumbrados y que la
composición varía en el sentido de una extremada sobriedad, casi un asce­
tismo, en la cantidad y calidad de los objetos que representa, en las re­
laciones que establece entre ellos, para dar, claro está, preeminencia al

25

�espacio. Todo lo cual permite suponer, hasta por la dura abstracción de
sus formas sólidas —recién ahora verdaderamente abstractas— y la dismi­
nuida fantasía inventiva, que persigue un nuevo clasicismo.
CUANDO Vf LOS PRIMEROS CUADROS CON RAYOS DE SOL,
hace seis años, anticipé esta evolución. Y escribí: “Lo grande de Pettoruti
es esa capacidad superior de trasposición, ese demiúrgico sentido creador
que le permite jugar con las jornias reales, sin trasgredirlas empero más
que en apariencia”.
Aunque ya debilitada la vibrante y agresiva potencia que durante lar­
go lapso le permitió madurar a Pettoruti —recién lo comprendo ahora, en
presencia de sus obras anteriores— en aquellos cuadros perduraba una
voluntad de forma viva, en cuanto respondía a una actitud vigilante. Pero
en los últimos, particularmente en las naturalezas muertas con rayo hori­
zontal o con rayos cenitales, paréceme que le faltara al artista la nerviosa
vibración emocional de otrora, como si la búsqueda de un reposo clásico
le hubiese enfriado.
No se interprete este reparo de fondo como una incapacidad para
estimar los valores plásticos que tales obras poseen. Las estimo en todo
lo que valen, sin hacer oído sordos al mensaje de fina espiritualidad que
trasmiten, sin cerrar los ojos a la impecable factura que lucen, sin ignorar
dificultades y hasta sin confesarme un goce personal al penetrar en el
mundo cerrado que crean. Mi posición es otra: me interesa plantear el
problema de la nueva pintura de Pettoruti como problema conceptual;
primero, porque me parece que es el máximo homenaje que se le puede
rendir; segundo, porque comprendo la necesidad de cohonestar la cali­
dad de emoción que ella me produce con arraigadas ideas sobre el arte
argentino, expuestas no ha mucho. Y por tanto lo planteo con dos inte­
rrogantes: ¿Puede evolucionar hacia el clasicismo un artista individual­
mente? ¿Se perciben en nuestra época síntomas de un nuevo clasicismo?
SIN EMBARCARME EN UNA TENDENCIA DETERMINISTA,
cualquiera que ella fuere, sería por lo menos incompleta, me parece legí­
timo contestar negativamente a la primera. Una actitud clásica implica
una fase de maduración espiritual que se debe siempre a una gran can­

26

i

�tidad de esfuerzos mancomunados, pues ella reposa sobre una idea del
hombre y no de lo humano, cuya vigencia no puede ser sino social, a la

inversa de toda actitud romántica, que se genera y nutre en el individuo,
aunque su emoción se vuelque fundiéndose en el universo. Piénsese en
el clasicismo de un Policleto, de un Rafael o de un Poussin y se compren­
derá que por debajo de las obras de cada uno vibra una sociedad orga­
nizada, siendo resumen de sucesivos esfuerzos de los antecesores.
Ha de entenderse que las formas clásicas son estáticas porque respon­
den a una concepción del mundo en la que imperan ideales absolutos, de­
finitivos. En los momentos en que son creadas se piensa en términos de
eternidad y se siente más con potencia reconcentrada que expansiva, pues
en ellos se afloja el estado de tensión metafísica y, con la certeza de que
algunas verdades son tales, el hombre eleva la cabeza y otea el porvenir
con mirada segura. El estatismo es sin embargo aparente —más bien se
diría que el movimiento se condensa y se ordena según un ritmo de emo­
ción tranquilo— y cuando no lo es se trata de un arte muerto.
Si en nuestra época se advirtieran síntomas de este estado de espí­
ritu, aunque fueran nada más que premonitorios, sería legítimo pensar
en un nuevo clasicismo; pero basta contemplar el panorama de la vida
entre las dos guerras mundiales y ante la preparación de la tercera, para
advertir que en ella no pueden justificarse sino las exploraciones. Lo más
vivo y fecundo, en efecto, que el siglo xx hasta aquí ha podido propor­
cionar es el producto de una investigación fragmentaria y en profundi­
dad que abre caminos, incorpora provincias de la realidad, hace lúcidas
las fuerzas subconscientes, reestima lo irracional, pone en duda las ideas
hechas, pero nada hay que unifique tales esfuerzos, nada que otorgue un
sentido a la vida, y por eso hasta la palabra sistema ha llegado a repugnar.
¿Quién puede pensar entonces en la maduración de formas clásicas, que
no pueden sino responder a un sistema de vida, so pena de esterilizarse?
¿Quién puede detenerse a descansar, con seguridad en algo, cuando se
está derrumbando nuestra fe en la inteligencia, la bondad y la justicia?
¿Qué idea del hombre puede poseer el artista contemporáneo, qué idea
unívoca sobre todo, en presencia de lo que lo aniquila, no obstante las
fiebres purificadoras que lo ennoblecen? ¿No es lógico pensar que el ar­
tista se suicida al detenerse, aunque crea haber descubierto una veta de
alimento sereno, aunque crea poseer una verdad? Cada vez que esto ha
ocurrido, al no comprender el artista que debe hundirse en la realidad

27

�equívoca y no tratar de construirla desde fuera, es decir en las etapas ro­
mánticas, como la del siglo xix, el clasicismo ha degenerado en academis­
mo, vale decir, en remedo de una concepción sistemática del universo.
Y si por alguna razón es legítimo combatir todos los academismos es por­
que engañan al presentar formas hechas, estáticas, con apariencia de de­
finitivas, escondiendo malamente la incapacidad de extraer de la realidad
un germen vivo de creación. Porque las obras de los clásicos verdaderos
—conviene no olvidarlo— encierran tanta pasión como las obras de los
románticos, diferenciándose tan sólo por el signo que las organiza: el de
la limitación y el de la expansión; pero no son obras de arte las prime­
ras si no se siente, tras la fijeza, una estremecida e inédita vibración del
alma, por profunda y sutil que ella sea.
No piense el lector ahora que mis reparos a los cuadros últimos de
Pettoruti proceden de una argumentación a priori. Mi método crítico es
inverso: empiezo por captar emocionalmente valores positivos o negati­
vos, luego trato de encontrar razones, de racionalizar mis emociones o
mis carencias emocionales.
Pettoruti alude en esos cuadros a un mundo sin angustia: de sereni­
dad ficticia porque no se siente la pasión constreñida —como en los ver­
daderos clásicos—sino vencida; de escasos alcances metafísicos, porque sus
espacios vibran, es cierto, gracias a la factura refinada del pintor, pero no
resuenan en el alma. Y aunque no creo que el artista deba reflejar —acto
mecánico— la angustia contemporánea, pienso que debe amasar con ella
sus formas, si aspira a que se carguen de esa electricidad psíquica, diría,
que las unlversaliza.
Lo que me permito señalar aquí, dando mis razones, es que su ca­
mino hacia las formas clásicas es peligroso, sobre todo porque parece crear
en soledad y, como bien dijera Valéry, “difícilmente el hombre es capaz
de estar solo”. Lo que quisiera advertir a sus admiradores —que es como
advertírmelo a mí mismo—es que no ha terminado la etapa de las explo­
raciones y que todo desfallecimiento ahora es más peligroso que si hu­
biera ocurrido hace veinte años, porque ahora estamos llegando al punto
máximo de la curva crítica del siglo.
Pettoruti se vuelve esencialista, más todavía, conceptualista, al repre­
sentar una naranja, una mesa o un rayo de sol, en el momento preciso en
que se acortan las distancias metafísicas con lo que no tiene otro signo
que el de la existencia. De la naranja, la mesa o el rayo de sol presenta

28

�imágenes duras porque son construidas y sensibles porque responden a
una vibración superficial de los sentidos, pero que aluden a una realidad
material que no conforma a quien siente la necesidad de penetrarla. Ni
siquiera el naturalista se conforma, ya que no se le escapa la voluntad
de trascender de la naranja, la mesa o el rayo hacia una instancia de crea­
ción absoluta. Y aunque creo que ninguna concepción del mundo cons­
tructiva puede dejar de ser esencialista, también creo que nuestro siglo
elabora sus esencias sobre nuevos contenidos de existencia, a las que el
hombre trata de purificar. Nadie ha de renunciar al pensamiento, pero
nadie que quiera sobrevivir ha de renunciar, en gesto de cansancio, a la
urgencia de pensar viviendo, porque “el hombre debe caminar sin volver
la vista, siempre con la mirada puesta en el porvenir”. Lo digo con las
palabras mismas del maestro para recordarle que lo que se ha debilitado
en él no es su saber, ni su capacidad de sentir, sino su combatividad, su
pujanza constructiva, la que le permitió crear, entre Pensierosa y Sere­
nata romántica, obras de valor permanente.
Acaso Pettoruti no pinte sino lo que puede pintar, y no sea justo
hacerle este reproche. Desde hace muchos años la realidad argentina no
hace sino empobrecerse espiritualmente. ¿Dónde hallar un refugio ante
la ola de grosero sensualismo que nos aprisiona? ¿Cómo no justificar el
encerramiento del artista en su añoranza de felicidad pasada? ¿Por qué
no admitir que esa misma desesperación lo impulse hacia la construcción
de un mundo artificioso? Todo eso es cierto, aunque de manera relativa,
pero, ¿no será Pettoruti culpable de no haber sabido encontrar en su medio
vital las fuerzas capaces de sostenerlo y potenciarlo? Entiéndase bien que
no le exijo que realice un arte nacionalista a base de gauchos, indios y
otras american curiosity, sino que halle el modo de hacer arte vivo en
cualquier parte donde viva, porque tengo la absoluta convicción de que
si encontrara ese modo aquí realizaría un arte nacional tal como lo en­
tiendo, es decir, universal en sus resonancias y particular en su alimento.
Los casos corrientes de extrañamientos suelen ser diferentes. Poussin
y Corot hicieron arte vivo y nacional trabajando en Italia, Holbein y
Van Dyck en Inglaterra, El Greco en España. Pettoruti empieza por ser
un pintor italiano y como tal se forma y madura, aun en tierra argen­
tina, mientras dura el impulso del arte peninsular —además, porque llega
a Buenos Aires en buen momento para el mantenimiento de su credo, en
el pujante despertar de las minorías a las nuevas corrientes, sintiéndose

29

�rápidamente acompañado por los artistas más valiosos— y es aquí, en su
propia tierra, donde no halla savia vivificante. De tal modo que lo que
necesitaba era encontrar en su medio vital los modos de acentuación que
Jo hubieran ido conduciendo, a mi juicio, hacia un arte más universal
por ser más vivo y nacional. A semejanza de Gauguin, quien aprovecha
del calor sentido en el medio social de Tahití o de la Dominica para in­
fundirle vida a sus formas esencialmente europeas, pienso que Pettoruti
hubiera podido hallar en nuestra incipiente sociedad espiritual su cami­
no de Damasco. En lugar de eso —admito que pueda ser una fatalidad
insuperable— se encierra en su pequeño mundo, armado con su fe, su
honradez y su formidable técnica, pero está visto que ellos no bastan.
TI PODRAN OPONÉRSELE A PETTORUTI TODA CLASE DE
* / reparos, como a cualquiera de los grandes creadores. Podrá dis* cutirse su punto de partida futurista, su aferramiento a una idea
inventiva racional, su actitud antisentimental de la primera hora
y su actitud tímidamente sentimental de los últimos tiempos, su concep­
ción de la pintura como movimiento en el plano o como detención en el
espacio, su factura gruesa y contrapuntística en oposición a su factura fina
y acordada; pero lo que nadie podrá discutir es que se trata de un pintor
sobrio y honesto como pocos, que emplea sus medios de expresión para
decir las cosas claramente, sin subterfugios y sin trucos, con una profun­
da convicción moral que lo sostiene y lo engrandece.
Nunca he escatimado los elogios que él se merece, como no se los es­
catimo ahora. En este nuevo alto de su camino, no obstante los reparos
que le opongo, este ensayo crítico quiere ser, y lo es a mi juicio, un
homenaje al gran maestro argentino de la pintura.
J orge R omero B rest

30

�Bibliografía fundamental
LIBROS INGLESES SOBRE LA

PINTURA

CONTEMPORÁNEA

OMO ES LAM ENTABLE QUE NO SE CONOZCAN DEBIDA­
CTIM
mente las ideas de algunos eminentes críticos ingleses, VER Y ES­
AR cumple con una de sus tareas fundamentales: la de informar. Y

lo hace aquí comentando una serie de libros que fueron escritos en un
lapso de veinticinco años: los de Clive Bell y Roger Fry —iniciadores del
movimiento modernista en su país al defender el arte de Francia— no
tratan sólo de la pintura contemporánea, pero a través de sus páginas el
lector encontrará rico venero de ideas; el de Herbert Read entrega elemen­
tos de juicio más que juicios, a la inversa de los de Wilenski, fogoso escri­
tor que sorprenderá por el atrevimiento de los suyos.
Difícil es reducir tales posiciones a un común denominador. Acaso
sólo tienen afinidad los autores a causa de la tendencia manifiesta por la
objetividad —el consabido ir al grano de los ingleses—, como si a todos los
uniera el mismo temor ante el juego de las ideas y huyeran por igual, hasta
Clive Bell, de una fundamentación metafísica. También los acerca el des­
dén que sienten por los componentes politicosociales y económicos. Limi­
taciones que empobrecen, claro está, el sentido problemático de cada uno.
D irección

ART

inglés sobre teoría de las artes visuales.
Por eso resultará sorprendente para mu­
por Clive Bell
chos enterarse de que ya en 1913, se pu­
blicó en Inglaterra un libro que sigue
i^O M O EL ARTE INGLÉS CUENTA siendo hoy una de las tentativas más va­
V J con pocos hombres de verdadera sig­ lientes y logradas para formular una hi­
nificación, es explicable que se ponga en pótesis estética capaz de orientar al lector
duda el valor de lo que pueda escribir un hacia una verdadera comprensión de las
Q

31

�artes plásticas, especialmente en sus mani­
festaciones más recientes.
En el prólogo de este libro, Art, su autor,
Clive Bell, señala con la agradable inmo­
destia que es una de sus características,
que la capacidad de escribir inteligente­
mente sobre el arte es bastante rara. “O
se siente, o se sabe” —dice—““pero es di­
fícil encontrar quien sepa sentir lo que
sabe, o saber lo que siente.” Así el hombre
dotado de un admirable equipo mental
tal vez lo emplee para formular una teoría
estética basada en su admiración por la
obra de Alma Tadema. Y el que se extasía
frente a un Van Gogh, sólo puede expre­
sar su sentir con frases vagas que adquie­
ren significado únicamente para los que lo
comparten.
Clive Bell ha sentido profundamente y
ha sabido expresar su sentir, sin palabras
superfluas ni retórica vacía. No es tam­
poco el filósofo que construye cuidadosa­
mente su castillo de naipes; cada palabra
vibra con la urgencia de un mensaje: su
concepto de la "forma significativa” como
esencia del arte y fuente de la emoción
estética.
En el primer capítulo, “La hipótesis es­
tética”, expone su teoría. El artista —se­
gún Bell— extrae del mundo que lo rodea
los elementos de forma y color con que
ha de reconstruir su propia realidad, infi­
nitamente más honda y vital que la que
percibe el hombre común. "Rehuyo la pa­
labra belleza, afirma, por las asociaciones
humanas y casi siempre sensuales que se
han adherido a ella.” Es que para muchas

32

personas el sumun de la belleza es una
linda mujer, concepto que trasladan al
arte. No es una emoción estética la que
sienten esos señores ubicados en las prime­
ras filas de los teatros de variedades; ni
la que sienten las esposas e hijas de di­
chos señores cuando admiran un niño ro­
llizo, un jardín florido, o una puesta de
sol. Esas cosas pueden ser motivo, claro
está, de emociones estéticas. Pregunta Cli­
ve Bell: "¿Quién no ha tenido, siquiera,
una vez en su vida, una visión del pai­
saje como forma pura? En ese momento lo
ha visto, no como campo y árbol, sino
como línea y color. Y en ese instante, ¿aca­
so no ha extraído de la belleza material,
una emoción semejante a la que propor­
ciona el arte? Es porque habiéndola visto
despojada de todo el interés adventicio
que puede haber derivado de su relación
con los seres humanos, de todo su signi­
ficado como medio, ha sentido por fin el
significado de eso que Kant ha llamado
"la cosa en sí”.
Aquí ya se interna el autor en su "hi­
pótesis metafísica”. Piensa, con Bergson,
que al artista se le concede el privilegio
de levantar por una de sus puntas el es­
peso velo con que nuestras necesidades hu­
manas, nuestros instintos y apetitos, han
cubierto la realidad esencial del mundo
en que vivimos. El hombre normal distin­
gue las cosas por la relación que tienen
con su propio ser animal; es por el ser­
vicio que le pueden prestar que reconoce
el sombrero, la manzana, la mujer. "Esta
silla es más cómoda; esta fruta más ma­

�dura; esta mujer más sana.” Y a esas cua­
lidades, que le placen porque favorecen
su vida, dará el nombre de belleza. Pero
el artista no cae en esta trampa del ins­
tinto. Su visión de las cosas y los seres
es de un desprendimiento casi suicida.
No los vé con la codicia que le harían
comprar el sombrero, comer la manzana,
abrazar a la mujer. Los vé puramente;
no lo contamina el deseo de la posesión,
pobre meta de las vidas sensatas. Él sabe
que detrás de todo eso hay algo más, algo
que nada tiene que ver con sus necesida­
des cotidianas y materiales, algo grandio
so, inmutable, eterno. Al renunciar a la
satisfacción de sus necesidades mezquinas,
el artista comete el acto que lo separa
definitivamente de sus congéneres. Ellos lo
mirarán con el mismo recelo que reservan
para el místico, el criminal y el loco. Cli­
ve Bell entiende muy bien lo que signi­
fica este ostracismo cuando dice: "La so­
ciedad hace del artista un paria, pues él
no es parte de la sociedad; es la sal dt La
tierra”.
De esa honda experiencia anímica nace,
pues, la forma significativa, esa armonía
plástica que nos conmueve con la misma
emoción fundamental y desprendida con
que la concibió su creador. Para sentirla
plenamente, eso sí, es necesario que nos
despojemos de nuestra arrogancia huma­
na. No es henchidos de la importancia de
nuestros pequeños afanes que podemos ii
hacia el descubrimento del ritmo misterio­
so del universo, que está en la raíz de todo
arte valedero, y que otros han llamado

33

verdad, o bien, o Dios, según el conduc­
to por donde lo han buscado.
Bell vé una gran similitud entre el arte
y la religión. Ambas, dice, se mueven en
el mundo de la realidad emocional y tanto
para el artista como para el místico, el
universo físico es sólo un camino hacia el
éxtasis. Señala que las grandes edades
la religión fueron por lo general gran
des edades del arte. Pero en el momento
en que el hombre se vuelve de nuevo ha­
cia lo material, arte y religión comienzan
a decaer. “A la imitación servil y a lo bo­
nito se les llama arte; a la política y al
sentimentalismo, religión.” Sigue este pa­
ralelo trazando una síntesis de la historia
del arte desde su resurgimiento de la “brutalización sistemática y científica del im­
perio romano”, en los primeros siglos de
la Era Cristiana, hasta la agonía del na­
turalismo en la segunda mitad del siglo xrx
—aquel naturalismo que se atisba ya en
Giotto, que exaltaron magníficamente los
pintores renacentistas y cuyo último sus­
piro dieron los impresionistas—. Pero apa­
rece Cézanne, "el Colón de un nuevo con­
tinente de la forma”, para dar vuelta la
hoja y marcar el comienzo de una nueva
etapa. ¿Hacia dónde? Para Clive Bell es
ésta una nueva religión en cuya revelación
podrá encontrar el hombre inspiración
para toda una vida. De ahí no es extraño
que hermane en un párrafo los nombres
de Jesús y Van Gogh, enviados ambos de
aquel reino que no es de este mundo.
Personal y polémico, Bell lleva su for­
malismo hasta el extremo de despreciar,

�aparentemente, esa realidad física que es el
camino hacia la otra, la espiritual, olvi­
dando que no es posible su divorcio ab­
soluto. La armonía de forma y color que
descubre el artista en cierto paisaje no la
hallará exactamente igual en una figura,
ni en un objeto, ni siquiera en otro pai­
saje. Y en su esfuerzo por purificarla, pa­
recería correr el peligro de despojarla de
aquellas cualidades que son también par­
tes integrantes de esa forma significativa
que pretende atrapar. Bell sostiene que “el
elemento representativo o cognoscitivo
puede ser útil como un medio hacia la
percepción de las relaciones formales y
de ninguna otra manera. Es de valor
para el espectador pero no para la obra
en sí.” Pero aquí cabe preguntar: ¿Puede el
artista menospreciar de tal manera la rea­
lidad en que basa su creación, sin caer
en un juego decorativo y estéril? Por este
camino se llega a un dogmatismo tan fu­
nesto para el arte como lo es para la re­
ligión. Es hundiéndose en la vida y no
elevándose por encima de ella que llegan
las revelaciones más hondas, aquellas ex­
presiones plenas donde, borradas las fron­
teras entre los sentidos y el espíritu, se
vé y se siente con los ojos y con las entra­
ñas, en otras palabras, amando.
Si sus razonamientos lo llevan a veces a
conclusiones discutibles, o contradictorias,
Clive Bell tiene siempre el valor de sus
convicciones y lo que es más importante
aún, la conciencia de sus limitaciones.
Cuando los hechos no coinciden con sus
teorías, es el primero en admitirlo. No

más bien es un viaje de exploración el de
este libro, con desviaciones inesperadas y
hasta desconcertantes. Así el paréntesis so­
bre "aquellos enemigos del arte”, el colec­
cionista y el experto; o el análisis que hace
de sus propias reacciones ante la música y
que propone como ejemplo de la aprecia­
ción imperfecta de una expresión artística.
Igualmente polémicos son los capítulos
finales sobre “El arte y la sociedad’. Es
lógico que el autor, considerando que el
arte está por encima de la vida, considere
también al artista por encima del estado,
“de cuya protección nada bueno puede re­
sultar”. Ni riquezas ni honores debe darle
—dice—, únicamente asegurarle un mínimo
para su subsistencia y dejarlo en paz. “No
hay lugar para él en un sistema social ba­
sado en la teoría de que lo que desean los
hombres es una existencia prolongada y
placentera. El artista y el santo hacen lo
que tienen que hacer, no para ganarse la
vida, sino obedeciendo a una misteriosa
necesidad interior. No producen para vivir
¡viven para producir!”
Señala tres enemigos del artista dentro de
la sociedad: la erudición, que tiende a fo
silizar al arte y ahuyentar al profano; la
cultura, que vé en el arte una amenidad
elegante y que aprende su idioma sin com­
prender su sentido; y lo que denomina “el
ideal burgués —ocho horas de producción
inteligente, ocho horas de sano esparcimien­
to, ocho horas de sueño reparador—. ¡Qué
visión tan tentadora! Pero si persigues el

34

�arte, debes renunciar a esta religión de
cómoda mediocridad”.
Aquí delata Clive Bell su nacionalidad.
Esta idea del artista como un bohemio irre­
dimible a quien no seducen los goces de la
vida es muy inglesa. (Aunque no del todo
corroborada por los hechos, si se recuerdan
la opulenta sensualidad de Rubens, la deli­
ciosa burguesía de Renoir y hasta aquella
Legión de Honor que tanto codiciara Cézanne) . También denuncia Bell su nacio­
nalidad en su desprecio por la cultura, pa­
labra ésta que los ingleses detestan tanto
como la reverencian los alemanes cuyo arte,
dicho sea de paso, Bell resume despectiva­
mente en un párrafo. (Quiero pensar que
ello se debe más bien a una idiosincracia
personal y no al hecho de que el libro fue­
ra escrito en 1913). Lo cierto es que ataca
a sus compatriotas con idéntica saña y
mayor elocuencia. De Turner dice: "...
allí cuelgan, en la National Gallery (los
cuadros de Claude) al lado de los Tur­
ner, para que todo el mundo vea la dife­
rencia entre un gran artista y un poeta de
sobremesa. Turner estaba tan excitado
por sus observaciones y sus sentimientos
que los ha reproducido todos, sin siquie­
ra tratar de coordinarlos en una obra
de arte; aunque lo cierto es que tampo­
co hubiera podido hacerlo”. Y, refirién­
dose a los malos artistas que se disfrazan
de modernos’. ". . . librados a sus propios
medios producirían aquella absurdidad
que en Inglaterra se conoce como un
cuadro de academia. Pero un pintor sin
originalidad no es necesariamente un ton­

35

to y no ignoran que el espectador culto
reconoce fácilmente el cuadro de acade­
mia y sabe que es malo. ¿Es justo conde­
narlo por querer disimular la mediocridad
de su mercancía bajo una apariencia visto­
sa? Después de todo un mal cuadro cu­
bista no es peor que cualquier otro mal
cuadro. Si a alguien debemos culpar es al
espectador incapaz de distinguir entre el
buen cubismo y el malo ... Las personas
sensibles comprenden que hay tanta dife­
rencia entre Picasso y un sensacionalista
de Montmartre como entre Ingres y el
presidente de la Royal Academy”.
¡Qué blasfemias para aquella Inglate­
rra eduardiana próspera y conservadora en
que fueron escritasl
Pero no es extraño que alguien se ha­
ya atrevido a hacerlo. Allí surgen de
tanto en tanto —más que en otras partes,
tal vez —, estas voces mordaces e iróni­
cas capaces de la autocrítica más virulen­
ta. Y lo curioso es que hasta son escu­
chadas —como puede atestiguarlo Bernard
Shaw— con cierta escandalizada compla­
cencia que no sé bien si es fruto de salu­
dable humildad o de inconcebible confor­
mismo. De todos modos, reconforta pensar
que hasta la mala pintura y sus adeptos
tienen alguna utilidad, cuando para reac­
cionar contra ellos se escriben libros como
éste que he comentado.
P amela B ruzzone

�—

VISION AND DESIGN
P enguin B ooks, L ondon , 1937
por Roger Fry

LIBROS HABRAN TENIDO
POCOS
una repercusión más trascendental

que la que tuvo Vision and Design cuan­
do se publicó en 1920. Sus distintos capí­
tulos abarcan una cantidad tal de temas
que puede decirse que casi no hay gran
escuela —desde Giotto hasta Picasso— que
no estén analizadas o referidas aunque sea
de paso en alguno de sus párrafos. Sin pro­
ponerse un estudio minucioso, exhaus­
tivo y sobre todo cronológico o formal,
llena sin embargo una cantidad de lagunas
y lo que es más importante que nada en
un libro de crítica, nos deja pensando.
No muchas veces ocurre que al tiempo
de haber leído un gran libro de interpre­
tación nos quede de él un recuerdo como
el que queda de esos libros entrañables,
novelas o poemas, de los que todos tene­
mos alguno favorito, sea por el libro en
sí, sea por la época de nuestra vida en que
nos tocó leerlo por primera vez. Del li­
bro capital de Berenson nos queda un
recuerdo así, del de Fry también. Y es
porque estos grandes críticos tienen, ade­
más de sus ideas que pueden ser profun­
das, agudas, acertadas o geniales, un arte
extraordinario y consumado con lo que
escriben y en cómo lo escriben. Nunca
dejaremos de recalcar bastante ese plus de
placer que se agrega a la satisfacción pu­
ramente científica del entender, si lo que

leemos cumple con esa misión de la letra
escrita cuando es grande: que es la de
emocionarnos.
Roger Fry afronta los grandes temas
y de cada uno tiene algo original y hondo
que decir. Inútil querer recorrer aquí el
itinerario de su pensamiento. Y menos ra­
zonable todavía querer resumir lo irresumible. Podemos darle esta alegría al lec­
tor que no lo conoce: el libro de Roger
Fry es para ser leído de cabo a rabo y
muchas veces, no para sacar de él mezqui­
namente unas cuantas fórmulas.
Veamos en cambio, tratemos de ver, el
rumbo general del pensamiento de este
gran crítico inglés. En un opúsculo que
se titula Art History as an Academic study,
Fry sostiene que así como el historiador
puede y debe de abrir juicio moral sobre
la conducta de los personajes que anali­
za, asi el historiador del arte está en su
derecho al abrir juicio estético. No cree
que pueda sostenerse una posición como
la que han tenido a veces ciertas escuelas
alemanas que han podido creer que con
un simple arreglo cronológico su misión
estaba cumplida. La arqueología misma
practicada con tanto rigor y tanta seque­
dad de alma no pasaría de ser una cien­
cia. El historiador del arte (y Fry odiaba
esta pobreza del inglés, y del castellano
agregamos nosotros, que le impedía nom­
brarse de otra manera) tiene que interve­
nir en lo que analiza e intervenir vital­
mente con todo su ser y su sensibilidad,
aplicando un esquema no solo mental, sino
también de una trascendencia mayor. Ro-

36

�ger Fry, muerto en 1934, fué católico, y
su versión, su interpretación del sentido
final de las formas, lleva siempre implí­
cita sus contenidos religiosos y filosóficos.
Pero inútil será buscar en él esas estre­
checes que en otras personas creyentes de
cualquier fe se traducen en un reaccionarismo superficial. Fry estaba a esa gran
altura en que todo el pensar forma un solo
cuerpo y todas las doctrinas una sola cla­
ridad.
En ese delicioso trabajo a que aludía­
mos antes y que es simplemente el dis­
curso inaugural de su cátedra de historia
del arte en Cambridge, de donde había
sido alumno, Roger Fry hace una declara­
ción de principios verdaderamente sinto­
mática de su manera de pensar. Allí va
apartando poco a poco lo que es espúreo
según él dentro de esa disciplina y lo
que es verdadero. De modo que dice de
entrada que hay que fomentar el espíritu
científico y desalentar en cambio los sen­
timentalismos. Claro que en seguida se em­
barca en el estudio de dónde están las di­
ferencias entre la ciencia pura, que siem­
pre puede demostrar algo incontrovertible,
y la crítica de arte que no puede probar
definitivamente nada. Del aparente des­
ánimo saca sin embargo fuerzas y cree —
se lo dice a sus alumnos— que desterran­
do el me gusta y el peor aun no me gusta
se puede llegar a dar un tipo de juicio
que tenga una validez universal, pues en
última instancia no es el valor de la obra
artística en sí lo que nos interesa sino

37

“la intensidad y el significado de su efec­
to en nosotros”.
En uno de los ensayos de Vision and
Design, el titulado: An essay in Esthetics
nos muestra claramente cuán separado está
de la concepción total y final que del
arte tiene Ruskin. Roger Fry ve en su
célebre antecesor un caso típico de juicio
estético teñido de sentimiento moral, que
necesariamente lo limita y lo estrecha. En
cambio —aunque él no lo diga explícita­
mente— tiene que reconocerse mucho más
en Walter Pater. Para Ruskin la natura­
leza tenía supremacía sobre el arte. Todo
Rousseau y los lakistas ingleses están de­
trás de esta actitud nada nueva por cierto
y que tiene la dificultad de todo el movi­
miento romántico cuando quiere explicar
la imaginación pura, la que se aparta de­
liberadamente de las formas de la natu­
raleza. Pero para Pater ya no es lo mismo.
El arte por el arte era su Evangelio. Un
arte sin mensaje especial, sin función so­
cial, persiguiendo solamente su propia per­
fección. Mario el epicúreo su novela y sus
otros libros quieren demostrar que el hom­
bre debe tratar de captar el mayor nú­
mero de pulsaciones haciendo un desespe­
rado esfuerzo por ver y tocar que es la
suprema verdad del arte. Pero, cuidado,
no se trata de un hedonismo fácil sino de
una “adoración ardua, ascética, que se con­
sume a sí misma”, Y lo que es más im­
portante para su paralelo con Fry, Pater
no sólo quiere artistas creativos, quiere
también críticos creativos.
Roger Fry lo es, pero ¡cuánto más ce­

�rebral que Paterl Fry tiene la concepción
que Lionello Venturi genialmente califica
en su Historia de la critica de arte como
de visualidad pura, y en ese capítulo está
junto con Woelfflin y Panofsky, pero ha
llegado, aunque por caminos diferentes, a
una definición muy similar a la de Walter Pater. Decía este gran escritor que:
“Todo arte aspira constantemtente a la
condición de la música” y refiriéndose a
Picasso, Fry llega a hablar de música vi­
sual. Pero si Pater era un poeta, Fry po­
demos decir que es un filósofo, y así por
distintos caminos ambos descubren que la
música es la forma de arte que presenta
la máxima cohesión con la materia que
utiliza.
También y aunque parezca raro a pri­
mera vista, Fry tiene otro gran antecesor
en su propia tierra, y ese antecesor es nada
menos que Oscar Wilde, quien ya dijo
en La decadencia de la mentira aquella
famosa paradoja de que “la naturaleza
imita al arte”, la cual tiene tantas impli­
cancias para Fry como las hubiera tenido
para Wilde, quien muchas veces escribía
sus genialidades y no les daba más trascen­
dencia que la de frases brillantes. Pero
Fry se separa de Pater y de Wilde en que
no cree en los estilos, ni quiere como ellos
solamente belleza estética.
Fry ve que hasta el impresionismo —y
desde fines del siglo XIII— el mundo oc­
cidental lucha por “acercarse a la repre­
sentación de la totalidad de las aparien­
cias” y ve en Cézanne, Gauguin y Van
Gogh los apóstoles de una liberación total

38

que está cuajando en la pintura de nues­
tros días.
Si resumimos, tendremos las dos ideas
capitales de Fry: primero, que el arte se
libera de la responsabilidad moral; y se­
gundo: que también está exento de tratar
de imitar a la realidad tal como se nos
da en la vida diaria. El artista puede
abandonar a la naturaleza y crear un “pu­
ro lenguaje abstracto de la forma”.
Esta actitud, como lo señala Venturi en
su libro ya citado, lleva a Fry a estimar
dentro de las escuelas modernas especial­
mente al cubismo. Las otras, ya sean los
fauves o los expresionistas o los que fue­
ren, tienen siempre para Fry un lastre
que puede ser literario o sentimental. No
son pintura pura.
Como él también fué pintor llegó más
lejos que la mayoría a calar en el secreto
íntimo de la creación pictórica. Así algu­
na vez explica cómo para el verdadero
pintor lo que tiene una fuerza avasallado­
ra es el énfasis y el ritmo que quiere dar
a su cuadro y no las formas naturales
que se le presentan en el modelo, ni si­
quiera en el campo de la pura imagina­
ción. En esta concepción las “líneas se
acentúan, los colores se definen . . . ” Los
objetos tienden a desaparecer y se impo­
ne en cambio la visión creadora.
La idea de belleza es para Fry de otro
plano que lo meramente sensual, de modo
que hasta lo feo es una forma de la belleza
si es apropiado para expresar un tipo de
emoción. Esta idea tan abstracta de la be­
lleza hubiera horrorizado posiblemente a

�Wilde y los estetas de su época. Tampoco
lo correcto o lo incorrecto son palabras
que tengan —en arte— sentido para Roger
Fry. Lo esencial del arte es para él, que
la cualidad de la forma y del diseño pri­
ven totalmente sobre todo parecido pura­
mente natural.
Fry quería “valores visuales puros”,
“realización plástica de la forma”. Hasta
el color —en sus últimos ensayos— se hace
tributario de la forma. No digamos lo
psicológico que circunscribe al dominio de
la literatura y la ilustración, en lo que
coincide en cierto modo con la famosa dis­
tinción de Berenson entre pintura ilus­
trativa y pintura decorativa.
Para Roger Fry la factura es la parte
científica de un cuadro, la parte artística
lo es la composición. Los grandes maes­
tros son excelentes en ambas, pero no se
puede afirmar de nadie que sea capaz de
salvarse solo por el dominio —aunque sea
maravilloso— del mero oficio.
Distingue dos modos de pintura: la pla­
na (o decorativa) y la espacial (o escul­
tural). Al final de su vida el gran crítico
inglés fué prefiriendo esta última sobre
todas las otras, aún las formas modernas
que tanto le apasionaban. Pero no deja de
chocarnos que al lado de Rafael, pueda
poner un nombre tan mediocre como el
de Piero di Cosimo, sólo porque sus fi­
guras cumplen con ese requisito previo de
parecer relieves coloreados.
Refiriéndose a la forma, Fry da uno
de sus conceptos más atrevidos y uno de
los que quizá más lo aparten de los jui­

39

cios valiosos de algunos otros críticos. En
efecto, dice Fry "que la forma corporal
del dibujo queda más —a lo largo del tiem­
po— que lo psicológico que se evapora”.
El ejemplo que a todos se nos viene a las
mientes es el de Rembrandt, y Fry lo su­
pera, diciendo que Rembrandt es un caso
—único en la pintura— de equilibrio entre
la psicología y el dibujo.
Todo lo que en pintura quiere ser dra­
mático o poético está fuera de lugar. La
espiritualidad que exige Roger Fry— como
Pater y como Wilde— no nace de una re­
velación psicológica sino de la “experien­
cia visual expresada en lenguaje de forma
plástica”. No en vano hacía suya aquella
definición extrema: “El arte de pintar es
el arte de imitar objetos sólidos sobre una
superficie plana por medio de pigmentos”.
De Vision and Design nos quedan cier­
tas ideas y ciertos modos de pensar inolvi­
dables. Por ejemplo lo que dice de la vida
real y la vida de la imaginación y nues­
tra manera activa y pasiva de actuar en
ellas (como cuando vemos acción en el ci­
nematógrafo pero no la vivimos). También
es interesante su observación de la falta
de correspondencia, de paralelismo obli­
gado entre arte y vida. Lo que dice de
los postimpresionistas franceses es extra­
ordinario y sobre todos los otros culmina
ese trabajo magistral que es el ensayo ti­
tulado simplemente: Giotto.
Vision and Design es una obra suprema­
mente madura. Lo que tenga de positivo
está allí claramente a la vista. Sus exage­
raciones o lo que pueda tener de discuti-

�ble, también. No hay tapujos y menos ti­ ciación del arte. £ste sería expresión de
tubeos. Dentro de la “visualidad pura” po­ estados de intuición, percepción, o emoción
cas veces se ha hecho un análisis tan cris­ propios del individuo, a través de los
talino, tan hasta las raíces mismas de lo sentidos, nunca de una actitud primaria­
que se discute.
mente intelectual, relacionada con la for­
D amián C arlos B ayón mulación de tipos absolutos e ideales. Con
esta afirmación rotunda establece su prin­
cipio básico de todo el arte contemporá­
neo.
ART NOW. AN INTRODUCTION
TO THE THEORY OF MODERN
Más que hacer una exposición del arte
PAINTING AND SCULPTURE
moderno,
este libro abre los caminos que
F aber and F aber , L ondon , 1938
a él conducen, muestra los precedentes de
los cuales surge, tanto en el terreno de la
por Herbert Read
pintura en cuanto a ejecución, como en el
S BIEN CONOCIDA LA FIGURA DE de la pura especulación teórica.
En un intento de historiar los cambios
Herbert Read en el campo de la teo­
ría de las artes plásticas, especialmente por graduales en la filosofía de la belleza, has­
sus planteos del problema del arte en sus ta llegar a lo que él llama la ciencia mo­
relaciones con los movimientos económico- derna del arte, pasa revista a las teorías
sociales.
desarrolladas a partir del siglo xvm. Hasta
Ya en el prefacio de su Art Now, escri­ entonces, según él, en los ideales del Re­
to en 1933, cita a Constable, Turner, Cé- nacimiento clásico, como antes, en los prin­
zanne, Matisse, Picasso, determinantes en cipios estéticos de Grecia, hay la búsqueda
gran parte del curso del arte moderno, co­ de una forma-tipo que “siendo supersenmo ejemplos de artistas que viven sola­ sible, debe satisfacer a la razón en su in­
mente en su propia visión y su pintura, tento de perfección”; es la característica
que siguen el curso dictado por su sensi­ dominante de toda tradición clásica. En
bilidad, sin participar en ninguna clase cambio, en el siglo xvm ese equilibrio se
de ideología. El artista expresaría así en rompe, y ve que el arte que “puede flo­
su obra, la calidad única, individual de recer de manera exhuberante y bárbara en
su personalidad.
su exceso de vitalidad animal, se marchita
Herbert Read, que se proyecta a través y muere con un árido predominio de la
de su obra como un espíritu cientificista, razón”. Al ideal clásico sostenido por Hoanalítico, positivista, se proclama cálido garth, Richardson y aún por Reynolds en
defensor de la intuición y del inconsciente 6u gran manera, contrapone el de Vico,
en el proceso de la creación y de la apre­ quien concibe el arte como un modo pre­

E

40

�lógico de expresión, no como un ideal ra­
cional, y para quien el “artista crea cuan­
do es capaz de suspender la función del
intelecto, para volver al modo irreflexivo
del pensamiento, característico de la in­
fancia de la raza”. Vico señala el naci­
miento del concepto genético en el arte,
al cual adhiere Read con gran entu­
siasmo. En cambio, al referirse a la es­
tética metafísica, niega toda importancia
a la concepción idealista desarrollada so­
bre la base de la estética de Kant, por
Schiller, Fichte y Schelling, basada en
"discusiones de categorías abstractas, no
relacionadas con las obras de arte ob­
jetivas”, llegando hasta ignorar valiente­
mente la estética del idealismo. En esta
conclusión exceptúa a Hegel, porque a
través de su Filosofía de las bellas artes,
demuestra fina sensibilidad hacia todas
las formas del arte; también a Herder y
von Humboldt porque, en conclusiones si­
milares a las de Vico, conceptúan el arte
(la poesía), como "el producto del es­
fuerzo por alcanzar la intuición de las co­
sas”.
En la actitud empírica subraya en espe­
cial los estudios de Fiedler —"el artista es
quien puede pasar inmediatamente de la
percepción a la expresión intuitiva”; "el
arte es la voluntad creadora en función
del material"— y los de Grosse, quien
aboga por los estudios genéticos y señala
el camino hacia el arte primitivo, en el
cual según Read, puede verse la calidad
expresiva directa de la visión del artista,
su objetivación en formas sólidas.

41

Establece luego una relación entre el ar­
te del niño y el arte primitivo (que es
intensificación de vida, modo necesario y
exigente de expresión en ambos) y su in­
fluencia directa en el arte moderno en su
intento por volver a la ingenuidad y "fres­
ca simplicidad" de la perspectiva infantil.
Analiza por último la corriente psicológica
en su aspecto receptivo y creativo.
Después del rápido análisis histórico de
las ideas pasadas, parece no hallar en el
presente más pensamiento fecundo que el
de Bergson. Si hoy por hoy no existe una
filosofía del arte organizada como sistema
—porque también rechaza injustamente a
Croce acusándole de excesivo idealismoencuentra diseminada en la obra de Berg­
son algunas ideas sobre arte con base cien­
tífica y objetivos filosóficos, conducentes a
lo que exageradamente califica de revolu­
ción en el pensamiento y revolución en el
arte contemporáneos. El pensamiento de
este filósofo, en cuanto a la intuición co­
mo motor de la creación de la obra de
arte existe, subyacente o no, en los estu­
dios de Read, sirviéndole de eje para el
desarrollo de su teoría.
Entra a caracterizar el arte contemporá­
neo en razón de su complejidad y diversi­
dad que coincide con la del espíritu hu­
mano, con la peculiaridad de que el arte
presenta ahora simultáneamente todas las
posibles variantes; no es ya el arte del
pasado, ni aun el del siglo xix, donde pue­
de encontrarse una evolución coherente
del estilo, cierta unidad en el desarrollo,

�a pesar de que también el hombre haya
expresado toda su diversidad en cada
época.
El arte contemporáneo señala, en este
sentido, una ruptura con todo el pasado
humanista que se mantiene hasta los pos­
impresionistas. El arte contemporáneo es
algo absolutamente nuevo, implica una
ruptura, una disolución, hasta una ca­
tástrofe. "¿Dónde, se pregunta Read, en­
contraremos en el pasado inmediato del
arte moderno los antecesores de Picasso,
Paul Klee, Max Ernst?” Niega así, exage­
radamente y acaso con inexactitud, el des­
arrollo histórico de toda facultad artís­
tica.
En la búsqueda por reproducir exac­
tamente la naturaleza, dos métodos fueron
utilizados en el arte académico: el empí­
rico, ejemplificado por los flamencos, es
el método imitativo e ingenuo que con­
duce al materialismo, y el científico, por
’-ios florentinos, es el que introduce el
¿análisis de lo visual, la perspectiva lineal,
:,luz y sombra, armonía y unidad de los va­
lores tonales, hasta llegar al empleo de
los colores frescos y brillantes de los im­
presionistas, negación misma del princi­
pio científico.
Se introduce entonces, por la influencia
de Oriente, una actitud distinta, a la que
no le interesa reproducir el mundo real
objetivo; actitud en la que el artista bus­
ca, por debajo de las apariencias, un sím­
bolo plástico, más significativo de la rea­
lidad. Es Gauguin quien marca este cam­
bio decisivo, punto de partida para el de­

42

sarrollo del arte contemporáneo. Y es Cézanne quien llevará más lejos aun la con­
cepción oriental y la teoría simbolista al
tratar de representar las cosas en sí mis­
mas, en su estructura interior, tal como se
presentan a su sensibilidad, tratando de
traducir sólo la sensación, independiente­
mente del intelecto, de toda idea, pasión
o credo. Pero el método que utilizara en
el examen de la estructura interna y de
los colores de un objeto, analítico y minu­
cioso, está en contradicción con su teoría
de la visión real, o interior, como la llama
Read, pues la instantaneidad de la visión
exige una espontaneidad de expresión. Es­
te método que para Read resuelve parte
la complejidad del arte contemporáneo,
fué utilizado en primera instancia por Ma­
tisse, quién tomando un foco central y
pintando velozmente, lo que el ojo percibe
en ese acto instantáneo, ordena las imá­
genes alrededor de aquel centro. Con esto
se llega a la unidad de visión focal, a la
visión integral, que es una visión preló­
gica —idea central en Read— similar a la
de los niños y de las sociedades primi­
tivas.
La idea central que explica este proce­
so plástico, tal como lo representa Matisse,
está tomada de De Sanctis en el análisis
que hace del proceso poético en su Histo­
ria de la literatura italiana, de donde
transcribe un trozo de gran profundidad
lírica, la página más hermosa, tal vez, del
libro de Herbert Read.
Implantados así los tres pilares —Gau­
guin, Cézanne, Matisse— que han de sos­

�tener su arquitectura del arte contemporá­
neo, entra a analizar sus distintos tipos.
Incluye aqui el expresionismo en sus
cualidades subjetivas y simbolistas, pero
todavía con algunos reparos porque se
mantiene ligado en parte a una visión
científica de la realidad. £1 expresionismo
que cobra sentido en razón de sus_c(im_
tenidos emocionales más que de sus ele­
mentos formales, afirma la búsqueda de
una unidad imaginativa, poética, como la
llamara Roger Fry, en oposición a la uni­
dad visual, unidad poética que ya fué
dada con el "sombrío misticismo de Van
der Goes, la severidad de Jeronimus Bosch,
el realismo de Brueghel”. La línea del
movimiento expresionista se origina con
Munch, con una sobrestima de la unidad
emocional, para ampliarse en el grupo Der
Brücke donde se amalgaman las fuerzas
del salvaje arte africano y polinesio, la
atrevida pincelada de Van Gogh y esa
"brutalidad alemana que no necesita es­
tímulos”, y se continúa en Emil Nolde
quien da libre curso a su “amarga sensi­
bilidad alemana”. Si en Munch hay una
búsqueda del movimiento por la línea y
una monumentalidad que expresa los va­
lores espirituales y psicológicos, en Nolde
una magia exótica —sus viajes a los mares
del Sud, Java, Burma— se rinde a la es­
piritualidad nórdica del artista, en un
proceso individual similar al del período
gótico. Y en cuanto a la nueva objetivi­
dad (Die Neue Sachlichkeit), que es expre­
sión de un realismo implacable, hasta de
un cinismo que es protesta social recru­

decida en la experiencia bélica, se mani­
fiesta en la obra de Max Beckman, Otto
Dix y George Grosz.
“Cada obra de arte es una ley en si
misma”. Con este postulado pisa por fin en
firme en el campo del arte moderno cuan­
do entra a desarrollar sus dos teorías: de la
iorjna
■ .irtí«rtü ,,mítí&gt; carác­
ter real del objeto para afirmar la natu­
raleza intelectual u objetiva de su acti­
vidad— y de la forma subjetiva —se aban­
dona el carácter fenoménico del objeto pa­
ra transmitir su calidad subjetiva.
Al referirse a la primera, establece que
de la pintura de Cézanne en su estructu­
ra formal construida con color, y del arte
bizantino y bárbaro en cuanto a su con­
tenido rítmico, se levanta la pintura cu­
bista contemporánea. En Platón encuentra
un anticipo a su teoría de la forma abs­
tracta, que señala en el trozo del Philebus
que transcribe: ... “No entiendo por be­
lleza la de las formas vivientes, sino la de
las líneas rectas, curvas, superficies o for­
mas sólidas que se obtienen de aquéllas” ...
palabras que se acercan mucho a las de
Cézanne: “La naturaleza puede ser resuel­
ta por el cilindro, la esfera y el cono”. El
pintor cubista, tomando el objeto como
punto de partida, abstrae formas de él,
"líneas rectas, curvas, superficies”... con
las cuales expresa toda su personalidad.
Establece dos escuelas de pintores cu­
bistas: “los tender-minded y los toughminded", de acuerdo a la terminología de
William James. Los primeros, Juan Gris,
Braque, conducen su abstracción hacia un

43

�fin decorativo y transmiten alguna suges­
tión del mundo orgánico; los segundos,
Léger, Metzinger, Feininger, suprimen
toda sensibilidad orgánica para dar un
mundo de sensibilidad inorgánica, mecá­
nica —el constructivismo— sin ninguna
concesión al sentimiento.
Basándose en las ideas que sostiene
Worringer para explicar el arte geomé­
trico en el hombre primitivo, considera
Read que el espíritu sensible del hombre
moderno busca una satisfacción espiritual
en las formas fijas, conceptuales del arte
abstracto mecánico, huyendo del caos po­
lítico, económico y espiritual: “transforma
lo viviente y arbitrario en símbolos inva­
riables, intuitivos y abstractos”. El arte
abstracto aparece así como un “arte de la
desesperación”.
Determina su significado social volvien­
do a su idea primera de que en el artista
no privan las condiciones sociales y eco­
nómicas, y anota que el arte de los últi­
mos 250 años es, en fin, producto indivi­
dual del artista, ya que desde el período
barroco no ha servido a ningún propósito
colectivo definido.
Para explicar su teoría del idealismo
subjetivo se refiere a Picasso en su méto­
do que él considera más típico, más denso,
dejando de lado sus incursiones en el cam­
po del arte reproductivo y cubista. Puede
justificarse el arte de Picasso, según Read,
si se acepta la existencia de un modo in­
tuitivo de aprehensión, similar a la natu­
raleza intuitiva de los procesos de reflexión
en los místicos. “Los momentos de crea­

44

ción en Picasso son dominados por la
angustia, que le permite romper con todo
y le abre las perspectivas de lo descono­
cido.” (Zervoz.)
La pintura subjetiva traduce una rup­
tura completa con el mundo objetivo; el
pintor se introduce en sí mismo, con todas
sus facultades de percepción, escudriña
sus ensueños e imágenes ’preconscíentes.
Hay un reemplazo de la observación por
la intuición, del análisis por la síntesis,
de la realidad por el simbolismo. Un sim­
bolismo que va al descubrimiento de una
forma objetiva, definida, para representar
un vago, vasto campo de subjetividad. Es­
tá implícita la referencia al simbolismo de
Picasso que arranca una adhesión inme­
diata por el sólo valor de la forma, una
forma que no halla equivalente en lo
visible y al simbolismo de Dalí —el surrea­
lismo— que recurriendo a imágenes visi­
bles las ordena de manera irracional. Hace
observar que en ambos casos lo que el
artista alude no se hace evidente al es­
pectador, porque no se trata del recurso
alegórico que se agota en los sentimientos
vinculados a las figuras por asociación de
ideas. El artista tiene, en resumen, la ca­
pacidad de proyectar símbolos desde su
subconsciente individual, pero dotados de
una validez universal: lo universal en el
plano del subconsciente. “Existe un mun­
do más real que el mundo normal, es el
mundo de lo inconsciente.” En Max Ernst,
Joan Miró, Salvador Dalí y André Masón
(hoy apartado del movimiento), el su­
rrealismo cobra expresión por el empleo

�de medios que introducen al artista en los
planos reprimidos del inconsciente, que a
veces mezcla libremente con imágenes más
conscientes y aun con elementos formales,
racionales. Lo intuitivo, lo irracional, lo
inconsciente —para Read—, es siempre el
mismo simbolismo subjetivo.
Aun le queda todavía por señalar una
faz del arte simbolista que no cabe en los
géneros mencionados; es el arte de la li­
bre fantasía y es Paul Klee su artista
máximo.
Fija por último, como elemento común
a todo artista la habilidad para trasponer
imágenes mentales en formas plásticas con
las cuales se expresa el hombre en su to­
talidad; habilidad que en el artista está
siempre guiada por la intuición.
En el epílogo agregado a la edición
de 1936, afirma Herbert Read que las ten­
dencias del arte moderno no han tomado
caminos muy distintos. Anota para Italia
un modo dinámico del cubismo mientras
en América cobra prevalencia el expresio­
nismo con Diego Rivera y Orozco. En ge­
neral se afianzan para divergir más aún,
dos caminos: el abstracto y el superrealista. De un Mondrian a un Dalí coloca a Pi­
casso y Henri Moore sin asignarles un
estilo determinado; la ausencia de una
actitud doctrinaria los mantiene en con­
tacto con las fuentes vitales de inspira­
ción. “No hay arte abstracto. Debemos co­
menzar siempre con algo. Después pode­
mos suprimir toda apariencia de la reali­
dad; no habrá peligro con esto porque la
idea del objeto ha dejado su marca inde­

45

leble. Es el objeto el que provoca al ar­
tista, el que excita sus ideas, el que mueve
sus emociones. Ideas y emociones han de
quedar aprisionadas en su obra” (Picasso).
Insiste Read, impulsado por las críti­
cas que se le hicieran a su primera edición,
en su idea de plantear las facetas del arte
moderno, sin añadir su propia conceptuación. Y se refirma en su “resuelta omi­
sión del trasfondo social” en la actitud del'
artista, porque su obra reside en la calidad
única, individual de su sensibilidad y de
su modo de expresión, no porque ignore
o deje de comprender el materialismo dia­
léctico, sino porque sostiene que las condi­
ciones históricas no han de guiar al artis­
ta. Éste es un factor precedente, natural;
las fuerzas económicas chocan con este
obstáculo, impidiéndole o impulsándole a
avanzar. “Pero la inspiración, el talento, el
genio de un artista, como quiera que se le
llame, es un acontecimiento individual.”
De clara mentalidad, Herbert Read es
poco problemático en la exposición de sus
ideas, a veces dogmático, el hecho de que
rechace en forma tan absoluta todo determinismo histórico lo testimonia; va dan­
do pruebas de una gran información, a
través de las páginas de su libro —cla­
ras, muy densas en cuanto a contenido,
pero sin sustancia emocional— en las que
presenta infinidad de hechos e ideas com­
plejas que no alcanza a desarrollar dema­
siado. Despierta así mil y un apetitos que
no siempre satisface. Más que un defecto,
se señala con esto una virtud, pues el

�lector estudioso se sentirá impulsado a
profundizar por sí mismo cada tema.
R aquel E delman

THE MODERN MOVEMENT IN ART
F aber a n d F aber , L o n d o n , 1938

y MODERN FRENCH PAINTERS
R eynal an d H itchcock , N ew York

por R. H. Wilenski
MOVEMENT IN
ENArt,THER. H.MODERN
Wilenski, crítico inglés jo­

ven y polemista, defiende el sentido del
arte contemporáneo con actitud firme
y decidida, quizás a veces un poco ar­
bitraria y hasta peligrosa. Wilenski tiene
ideas claras, usa un lenguaje resuelto,
simple y directo, por momentos un tanto
dogmático; pero una defensa efectiva de
las corrientes modernas del arte debe lu­
char todavía contra tantos prejuicios que
solamente puede emprenderse con una de­
finición concisa y clara, no solamente del
arte en general y del arte moderno en
particular, sino también del verdadero
sentido de la crítica de arte. En efecto,
no se puede captar el significado de una
obra analizando sólo las reacciones que
produce y olvidando la obra en sí: el
auténtico crítico de arte es, en realidad,
aquél que “trata de descubrir el carác­
ter y valor de las obras en sí mismas a
medida que se las compara y contrasta
con otra clase de arte plástico”. Buena

parte del público que juzga las obras
de arte acepta lo que le resulta bonito
o parecido, lo que estimula sus emociones
o su admiración por la destreza del artis­
ta o lo que halaga su vanidad del mo­
mento. Por otra parte un buen número de
críticos no van, en su oficio, más allá del
mero análisis de sus reacciones emociona­
les ante la obra de arte. Tal espectador
y tal crítico parecen de común acuerdo
al requerir del arte moderno que se ajus­
te a esquemas que creen universales y lo
juzgan con una idea preconcebida, frus­
trados al no experimentar una emoción
igual a la que logran ante una obra ro­
mántica o naturalista del siglo xix. Con­
tra tal público y tales críticos reacciona
Wilenski.
Con el objeto de aclarar las razones
ideológicas que condicionan el movimiento
moderno, y para que su defensa sea más
efectiva, abre la discusión con un ataque
al movimiento romántico del siglo xix.
Esta peligrosa actitud, destruir para cons­
truir, indicaría en cierto modo un no
querer comprender lo que cada movi
miento artístico significó en su momento.
El autor sostiene que el arte romántico
del siglo xix, lo que él llama la “herejía
romántica”, acabó por convertirse “en par­
te en una serie de álbumes de confesio­
nes escritos por hombres soberanamente
satisfechos con sus propias sensaciones fa­
miliares y en parte en una serie de atrac­
ciones venales a las sensaciones familiares
de otra gente”. Más razón tiene quizás al
atacar al “arte degenerado del siglo xix”

46

�cuyos representantes, que se llamaban clá­
sicos, creyeron que el solo hecho de vestir
a sus personajes con trajes grecorromanos
bastaba para justificar una idea clásica,
olvidando que la base de todo arte clá­
sico es la arquitectura. Ataca también
el naturalismo de fin de siglo influido por
la cámara fotográfica y especialmente por
el daguerrotipo.
Los ataques de Wilenski al arte del si­
glo xix están realizados un poco sobre la
base de prejuicios. Parecería que escati­
ma esfuerzos por comprender al artista
del siglo xix o, acaso, que hay en él una
actitud cultural insuficiente que no capta
el mecanismo interior de la formación de
estilos. En efecto, es necesario juzgar el
siglo xix en siglo xix y no desde el punto
de vista del artista moderno. Hoy día, una
actitud romántica o naturalista sería fal­
sa y atacable, pero la misma actitud se
justificó en su momento. Por otra parte,
Wilenski da prueba de una gran inde­
pendencia crítica al clasificar dentro de
las formas artísticas degeneradas todo el
movimiento prerrafaelista del siglo xix a
pesar de que se originó y desarrolló en
Inglaterra.
Para llegar a una más clara compren­
sión del arte moderno y a su ubicación
histórica usa de un esquema que aunque
un tanto rígido, presta excelentes sevicios
didácticos. Excluido el arte religioso, que
tiene carácter propio desde el momento
que el artista justifica su obra antes de
empezarla, al ponerla al servicio de una
idea religiosa, Wilenski clasifica al arte

en popular y original. El primero repro­
duce la experiencia familiar del artista, eí
segundo enriquece su experiencia.
El arte original puede ser romántico^.
descriptivo o arquitectónico. El artista ro­
mántico original usa como tema fragmen­
tos emotivos que aumentan su experien­
cia emocional, erótica, sentimental o senso­
rial (Rembrandt, Delacroix, Daumier, De­
gas, Gauguin, Van Gogh, Rodin, Epstein,.
Rouveyre, Augustus John). El artista des­
criptivo original, enriquece su experien­
cia científica, social, histórica o moral
(Leonardo). El artista arquitectónico ori­
ginal enriquece su experiencia formal,
siendo el tema de sus obras las relaciones
de colores, líneas y formas (Vermeer, Mi­
guel Ángel, cubistas).
El arte popular, en cambio, puede ser:
romántico, arte de sociedad subordinado
a la moda; derivado, producto de la imi­
tación de otras obras, y descriptivo, de
tendencia naturalista (sin simbolismo),
que establece contacto con la experiencia
familiar del espectador.
El artista moderno, al reaccionar contra­
ía idea romántica del arte, busca la ar­
monía y unidad universales simbolizadas
en la unidad y la armonía formales, vol­
viendo así a la idea clásica del arte. El
artista moderno considera que su función
es la misma del arquitecto que organiza
su experiencia y le da forma definida en
un edificio, basando su obra en una idea
de arte sostenida conscientemente. Es a
veces representativo aunque no naturalis­
ta, diferencia que hay que establecer cla­

47

�ramente, ya que existe cierta tendencia a
confundir las dos maneras: el pintor natu­
ralista registra mecánicamente sus sensa­
ciones visuales, el representativo expresa
simbólicamente sus percepciones. Esta ca­
pacidad de expresión simbólica es la mé­
dula del estilo, que brilla por su ausencia
en la obra naturalista.
Los artistas modernos, tratando de lle­
gar a la raíz del concepto arquitectónico,
en su comienzo, no representan los obje­
tos sino que construyen en el plano las
armonías y proporciones formales que los
simbolizan. Wilenski llama a este primer
ensayo "cubismo plano”, y al que le si­
gue, con la introducción de la tercera di­
mensión lograda con el uso del cubo, esfe­
ra, cono, cilindro, “cubismo montaña de
ladrillos”. Después de estos experimentos
los “postcubistas” vuelven a Cézanne y
Seurat, empleando elementos representa­
tivos según una técnica conscientemente
arquitectónica. En esta senda siguen los
artistas modernos, forzando su percepción
de relaciones formales, reales o imaginadas,
en un forma arquitectónica simbólica. Son
“arquitectos que representan”.
Del mismo modo que las formas, el
artista percibe los colores individuales y
los simboliza sin imitarlos, transformán­
dolos a veces. El "cubismo plano” hace
de las relaciones de color el tema domi­
nante. Los cubistas “montaña de ladri­
llos”, en cambio, trabajan en monocro­
mo. Los “postcubistas”, por último, usan
las relaciones de color como parte de un
“"terna forma” del que los hacen depender.

48

A veces el artista, con el fin de crear una
nueva forma arquitectónica, deforma deli­
beradamente su percepción. Esta deforma­
ción es menos obvia en los "postcubistas”
que en los “cubistas montaña de ladrillos”
y comparable a la de los cuadros religio­
sos de todos los tiempos. En cuanto al
“cubismo popular”, es una forma degene­
rada del original, sin relación alguna con
el proceso de percepción de la forma ar­
quitectónica: transforma las líneas y som­
bras de un dibujo fotográfico naturalista
en formas geométricas.
Wilenski construye una escala de valo­
res basada en una teoría según la cual la
obra de arte original tiene un valor intrín­
seco que no es en absoluto alterado por
las reacciones del espectador o del crítico
o por su supervivencia. En efecto, si el
artista logra enriquecer su experiencia con
una obra de arte y honestamente la aprue­
ba, tal obra cobra un valor intrínseco inmodificable. El valor adquirido de una
obra original, esto es, el que le otorga el
espectador en nada modifica su valor real
o intrínseco. En cambio la obra de arte
popular depende de este valor adquirido,
desde que ha sido producida en mayor o
menor grado para satisfacer a ese espec­
tador.
La técnica no tiene valor intrínseco, es
el lenguaje que usa el artista original
para comunicarse con el espectador, len­
guaje que éste debe aprender para cap­
tar el mensaje y juzgar la obra. La téc­
nica adecuada es indispensable, pero no

�tiene existencia propia, forma parte de
un proceso.
La supervivencia no constituye un va­
lor, ya que ciertas obras sobreviven por
su valor intrínseco, otras por su valor
adquirido y otras accidentalmente.
El nudo vital del libro está probable­
mente en la teoría de los valores relativos
de la obra de arte; Wilenski postula:
a) “que la obra de arte, de carácter ar­
quitectónico, romántico o descripti­
vo, tiene valor intrínseco implícito
en la actitud, motivos y procedimien­
to del hombre que la realizó y en
el perfecto cumplimiento del propóto inicial de este hombre de ampliar
su experiencia en la obra;
b) que el artista original produce su
obra sin pensar en su efecto sobre
los espectadores (que no sean él
mismo).
c) que los espectadores (salvo el artista)
que entran en escena cuando la obra
de arte original está concluida no
pueden modificar el valor intrínseco
de la obra por sus reacciones hacia
ella aunque pueden asignarle otra
clase de valor que puede ser llamado
valor adquirido.”
Según Wilenski esta teoría que podría
resultar paradojal para el espectador co­
rriente, es un truismo para el artista ori­
ginal, que jamás ha de admitir que su obra
pueda ser valorada por la relativa inci­
dencia de diversas reacciones por parte de
los espectadores.
Esta teoría del valor intrínseco de la

49

obra de arte, independiente de las reaccio­
nes del espectador es sin duda una invi­
tación al crítico y al espectador para tra­
tar de comprender los propósitos del ar­
tista y la medida en que estos propósitos
han sido cumplidos.
La misión del crítico reside en precisar
este valor y para ello es menester com­
prender la mentada actitud, motivos y
procedimiento del artista, así como la me­
dida en que él ha cumplido el propósito
de ampliar su experiencia en su obra. Para
lograr esta comprensión del valor intrín­
seco de la obra de arte es necesario, con
frecuencia, no solamente verla muchas ve­
ces sino también ayudarse con el conoci­
miento del credo artístico, la posición his­
tórica y la vida del artista. Sin duda es
también posible que el crítico fracase al
intentar la valoración de la obra de arte
“pero no podemos argüir como resultado
de ese fracaso que no se puede descubrir
ningún valor intrínseco en el arte origi­
nal; o que debido a que la tarea de descu­
brirlo es difícil, debemos abandonarla y
asumir que el valor de la obra reside úni­
camente en esa otra clase de valor que
adquiere como consecuencia de su contac­
to con nuestras propias reacciones hacia
ella”.
L ía C arrea

Y AQUÍ -E N MODERN FRENCH
Painters— la otra faz de R. H. Wilenski.
Una obra planeada de manera informal
(como dicen los ingleses), dividida en cua­
tro actos y con un nutrido reparto y toda

�suerte de personajes. Las estrellas y los
partiquinos. La primera parte de cada
uno de los cuatro actos —la entrada en
materia— se titula: Cómo sucedió; la otra,
la segunda: La vida de los maestros.
Es el libro más ameno que se pueda
imaginar. En un estilo llano, que a nos­
otros en castellano nos parecería excesiva­
mente familiar, Wilenski explica el fenó­
meno de la pintura francesa desde Manet
hasta nuestros días. Poniéndose siempre a
la altura del lector medio, pero sin por eso
tratar de hacer obra de divulgación. Es
una larguísima disquisición en donde todo
tiene cabida desde la historia hasta la
anécdota menos importante. Detalles, chis­
mes, canciones populares, todo queda allí
registrado, con una minucia que a algu­
nos parecerá excesiva. Desde lo que tara­
reaba el douanier Rousseau mientras pin­
taba sus leones y sus selvas (tan parisien­
ses) hasta los pormenores del affaire con
la lista de los que eran pro y los que
eran contra. Desde los poemas de Apollinaire o las bravatas de los superrealistas
hasta las hipocondrías de Degas. Todo. Y
quizá esa sea la única objeción seria. Un
libro, cualquier libro, no puede contener­
lo todo, porque termina por trivializar lo
que no es trivial, por tener un tono frívo­
lo que hasta puede ser la antítesis de la
idea del autor.
Pero Wilenski es buen psicólogo y ha
matado dos pájaros de un tiro. Se ha dado
el gusto del estudioso —lleno de fichas y
de bibliografía— de escribir in extenso so­
bre un tema que le apasiona, y, de paio.

50

complace esa curiosidad malsana del pú­
blico de nuestra época (el que esté libre
de pecado que arroje la primera piedra)
por conocer en pantuflas la vida de los
artistas que admira.
Dejando ahora de lado esa anécdota —
por esclarecedora que pueda resultar— hay
en el libro un fuerte fondo constructivo
de crítica, y de la mejor. Llena de ideas
y de valoraciones: discutibles y originales.
Es bastante duro con Van Gogh y limita
el número de las obras realmente valiosas
que sus ataques de locura y su suicidio
troncharon tan desgraciadamente. A su la­
do hace crecer a Gauguin como uno de
los profetas mayores de la modernidad. Se
ocupa —a nuestro parecer demasiado— de
la obra de Ozenfant y descuida a Bonnard
y a Vuillard. No da una idea muy clara
de Matisse pero su caracterización de Pi­
casso es lúcida y no el panegírico que pier­
de de vista el horizonte de la realidad con­
tingente.
Maravillosas por lo precisas y laboriosas
sus tablas cronológicas, sus índices de obras
y autores. Sin embargo en el texto tiene
al lector un poco desorientado con tantas
llamadas, citas a pie de página, bastardi­
llas, asteriscos. Su prosa tan flúida y tan
placentera, cumple quizá el propósito in­
confesado del autor. Conseguir que una
época entera con todas sus alternativas,
sus minucias, se nos meta dentro de la
piel y del alma. Si eso era lo que quería
Wilenski, fuerza es reconocer que lo ha
conseguido plenamente.
D am ián C arlos B ayón

�Crítica
MAURICIO LASANSKY
Había en Lasansky una semidormida
tendencia barroca que en las últimas plan­
chas grabadas en Buenos Aires se resolvió
en imágenes etéreas, excesivamente senti­
mentales algunas, con algo de superrealis­
mo otras, que la contradecían. La reciente
exhibición en la G alería Sintonía nos per­
mite comprobar que la visión del arte mo­
derno en los Estados Unidos, donde re­
side desde hace cinco años, especialmente
de Picasso, le ha permitido desarrollar
esa tendencia, afortunamente para él aho­
ra, como auténtica tendencia barroca de
acentuación instintiva.
Tal vez lo más característico de una ten­
dencia barroca sea la expresividad de todos
los elementos, en el sentido de una peli­
grosa dispersión a través de lo caracterís­
tico, en oposición al sentido unificador de
la tendencia clásica. Así, en las planchas
de Lasansky lo que más sorprende es la
fuerza expansiva de sus formas y la preocu­
pación pictórica, que no se agota más en
la búsqueda de finas calidades, como en
los grabados anteriores, sino en la violen­
cia dinámica, el contraste de líneas ne­
gras de distinto grosor y la incorporación
del claroscuro en formas espaciales.

51

Parece que la energía del excelente gra­
bador se acrecienta y ordena, lo mismo
cuando ejecuta la bestia en Doma, uno
de sus mejores trabajos, que cuando se
demora cruelmente en la factura de su
Autorretrato —una especie de Greco soli­
dificado o, mejor aún, una figura romá­
nica enriquecida en su dimensión psicoló­
gica—, o cuando intenta resolver el eter­
no problema de El tiempo en el espacio
entregándose orgiásticamente al juego de
líneas y planos, o todavía con más fa­
cundia cuando reinterpreta el bíblico tema
de Ojo por ojo. No es un grabador madu­
ro —bien se advierten las influencias en
el orden expresivo, de Picasso en particu­
lar, y en el orden técnico, de ese excelen­
te grabador inglés y según parece eximio
maestro que es Hayters— pero lo que esta
exposición ha venido a refirmar —lo sa­
bíamos nosotros desde hace tiempo— es
su potencia de grabador, presente en el
valor significativo y expresivo al mismo
tiempo del trazo, en la fecundidad de sus
incisiones, en la riqueza infinita de sus
claroscuros.
Se diría, además, que su alma se ha
entenebrecido. Quienes recuerden sus xilo­
grafías o sus puntasecas de vago acento
renacentista se hallarán desconcertados ante
estas obras de Lasansky, que no revelan
ni la ingenuidad de las primeras ni la
tierna seguridad de las segundas. Creo que
es prematuro expedirse sobre la voluntad
estética del grabador, pues las estampas ex­
puestas lo presentan en un momento de
cambio, de adquisición de modos expresi-

�vos, acaso con mucho virtuosismo. Persigue
ahora más bien formas vagas y a menudo
herméticas, que tienden a producir una
especie de estremecimiento innominado en
el espectador, no meramente sentimental a
pesar del predominio de la alegoría ni
siempre comprensible, sino un estremeci­
miento profundo, producto de elemental
metafísica ante el panorama de la vida.
[Cuán claro es todavía en Doma y en Au­
torretrato! Y sin embargo, son las otras ex­
periencias las que le van a permitir, sin
duda para mí, realizar un arte viviente de
concepción y factura personales. Lo que
ha de dársele es tiempo.
Un reproche debo formularle a causa de
su afán pictórico. En primer lugar porque
idéntico afán fué poco beneficioso para el
grabado en otros tiempos; luego, porque
no me parece que su veta más fecunda se
halle en la realización del espacio. Su ar­
ma es el dibujo, la fuerza expresiva del
trazo, y al buscar contrastes o armonías
de valor o de color sólo consigue ahogar­
lo, empobreciendo sus composiciones. En
lo que se refiere al color especialmente, no
me parecen afortunados sus ensayos —me­
nos todavía la multiplicación de plan­
chas— ni siquiera en la excelente Pietá —
excelente por otros motivos— que expone
en el Salón Nacional.
J orge R omero B rest

52

MANUEL ANGELES ORTIZ
La exposición de Manuel Ángeles Ortiz
que tuvo lugar en la G alería V iau resumió
todas las formas de su arte: construcciones,
litografías, dibujos, óleos. Con ser múlti­
ple la temática elegida para desarrollar es­
tos últimos, es en las naturalezas muertas
donde aparecen vertidas todas sus sensa­
ciones, emociones y pensamientos de ar­
tista. En efecto, podrá expresarse en la lí­
nea prieta y dura de un retrato; en los
trazos casi aéreos de un paisaje caligráfico,
pero los auténticos vehículos que nos per­
miten penetrar en su mundo son las bo­
tellas, el molinillo de café, el abanico car­
gado de estampas españolas, las barajas,
unas uvas.
¿Cuál es la actitud de Ángeles Ortiz fren­
te a ese mundo concreto? Su estética no
permanece fiel al naturalismo; aborda la
realidad de las cosas no para copiarlas tal
cual las ve, sino para inventar al influjo
de ellas, formas decorativas nuevas. La ima­
ginación, más poderosa que la sensación, lo
lleva a recrear las formas, como en el caso
de las botellas deformadas, esquematizadas
en el trazo grueso de los contornos; despo­
jadas de corporeidad en la transparencia de
los grises. Pero nunca esa imaginación bus­
ca expresarse en maneras impetuosas, sino
modestamente, sin alardes de técnica ni de
composición. Acaso por eso sentimos que
todo está dicho en el cuadro, en ese primer
plano del cuadro, donde cada objeto ha
perdido su materialidad propia para unifi­

�carse en la delicadeza de los ritmos y en la
frescura de un mismo empaste.
Al considerar ahora los elementos plásti­
cos advertimos todo el planismo como me­
dio expresivo fundamental de su pintura;
pero aclaramos que se trata de planismo en
cuanto a la distribución, pues no basta la
simple colocación de objetos pequeños en
un plano posterior para crear la ilusión de
profundidad. Es preciso jerarquizar los co­
lores y los valores, recurrir a otros medios,
como es la disposición en diagonales, para
obtener la verdadera perspectiva del espacio
y ésta no es perseguida por Angeles Ortiz;
cuando la busca, tampoco la logra, ni aun
en el caso de reunir en una masa tonal un
pepino con una compotera y una man­
zana.
Es porque el planismo está ligado a una
concepción decorativa de la pintura y asi
es la de Ángeles Ortiz. No de otra manera
puede encontrarse su auténtica escritura
personal, su verdadero estilo.
B lanca Stabile

JUAN CARLOS CASTAGNINO
Castagnino, buen pintor y buen dibu­
jante, nos tenia acostumbrados a un colo­
rido fino, de gran potencia individualizadora. En los últimos paisajes la búsque­
da de una nueva expresión lo lleva a in­
cluir tintas agrias en telas dominadas por
tonos cálidos, pero al destruir la jerar­
quía del color, la representación pier­

53

de la solidez que debe darle una estruc­
tura. Por lograr una espontaneidad no
muy justificable, sacrifica el dibujo, es­
quema previo intelectual requerido por
la pintura, y emplea una técnica desma­
ñada más propia de la mancha y del
apunte. El paisaje entonces no llega a sos­
tenerse, se desmorona desintegrándose en
parte.
Su actitud frente a la naturaleza es la
de un lírico cuyo inframundo romántico
lo empuja a representar momentos de pro­
yección sentimental, pero a quien domina
el goce sensual de la materia. ¡Lástima que
la excesiva preocupación por el empaste le
haga descuidar el tema y olvidar la ne­
cesaria elaboración de las formas!
En cambio las figuras —exceptuando
Mujer peinándose y Desnudo en las que
concentra todo el interés en la cabeza, ol­
vidando un poco el resto del cuadro, que
no se sostiene con igual firmeza—, las
contruye con un dibujo algo más cuida­
doso, pero se presiente el peligro de una
estereotipación. En estas figuras llega in­
dudablemente a captar la individualidad
del modelo sin copiarlo, reconstruyéndolo
de acuerdo con su percepción, y en esa
forma llega a la interpretación del alma
llena de patetismo y desesperanza de los
humildes.
En las monocopias es donde a nuestro
juicio, Castagnino logra una expresión más
acabada, donde aparece el dibujante. En
los Caballos piafantes y vigorosos que nos
hacen pensar en De Chirico, el dibujo ce­
ñido y sintético produce una impresión

�minos, algunos recorridos ya, que no le
conducen siempre al mismo punto.
En los dos paisajes del Tigre, de gran
tamaño, mantiene los viejos caracteres de
su pintura con fines decorativos: sus imá­
genes se aplastan contra el plano, hay una
búsqueda de expresión por el ritmo, un
predominio del arabesco lineal más que
de lo representativo, tal vez algo repetido
en cuanto al color en sus contrastes de ver­
des, azules y violados. Pero ahora le inte­
resan también los objetos en sí mismos,
concretos, en su calidad material, por lo
que su sustancia se hace más densa, su
color más potente, sus formas más corpora­
les, aunque no siempre alcanzan toda la
solidez deseada. Es por esto que parece
preferir la naturaleza muerta, en la que
logra la plenitud de esa expresión. La
Canasta es una de las mejores telas que
expone y donde mantiene vivo el recuer­
do de Derain; pintada con energía y con
profundidad, en ella domina la tendencia
a amontonar objetos que a veces muestra,
resolviendo con sobriedad el problema de
la composición que tanto le preocupa. En
otras obras se presiente, más que se ad­
vierte, a Cézanne, no tanto por la estruc­
tura interna de las formas —Butler no
llega a la potenciación íntima de la ma­
teria de aquél— pero sí por su construc­
ción formal; así en Flores, pintado en los
azules secos un poco apastelados de Cé­
zanne, o en Navidad, con algunos trozos
que son verdaderos aciertos, el florero por
ejemplo, bien incorporado al fondo, donde
con una oposición de planos verdes y azu-

p ro fu n d a de fuerza, im presión q u e re ap a­
rece en Cabeza p o r los elem entos de vigor
y firm eza q u e la construyen, con lo q ue
consigue caracterizar al h o m b re en toda
su m asculinidad, al h om b re u niversal, al
arq u e tip o . (G alería A ntú .)
L ía C arrea

HORACIO I. BUTLER
Horacio Butler pertenece a aquel grupo
■ de pintores que ha sabido liberar nuestra
pintura de lo meraente representativo, in­
fundiéndole acentos francos de modernidad.
Estudioso y trabajador incansable, es de
los que mejor han asimilado la lección de
los maestros de París y, lejos de olvidarla,
da pruebas de la nostalgia que por ellos
siente. Con todo, resulta difícil definir
su pintura a través de esta última expo­
sición. No es que se piense que la obra
de un artista pueda encerrarse entre los
cuatro términos de una definición, pero
sí que a través de aquélla, aún en los te­
mas más variados, debe surgir cierta cohe­
rencia interior, cierta unidad de pensa­
miento y emoción que hagan accesible su
mensaje.
Si por una parte evidencia tener una
gran seguridad en el uso de los elementos
pictóricos, una mayor solidez y sabiduría
en el empleo del color, buen gusto en la
elección de las armonías, y un equilibrio
en la composición, por la otra se notan en
•él una serie de búsquedas por distintos ca­

54

�Ojo por ojo

LASANSKY
Autorretrato

Doma

Sol y Luna

��R

a ú l

J. C . C
A

So

El chal T
: Hombre del rio

l u i:

a stao m n o

n t o n io

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l l i .n o

M ic i'L L ( . \

La madre -&gt;■

:

ic io k ic a :

El otfelntt

(a la vuelta)
H

o r a c :i o

Ita

lo

B

I.

B

o t t i:

u tler

:

Paisaje

Naturaleza muerta

��les crea un ambiente rico; lástima que en
el resto las formas se independicen, per­
diéndose así el sentido de la unidad.
Al tratar los fondos de sus cuadros mues­
tra su rica sensibilidad por el color; es
donde pone a prueba toda su potencia de
pintor. En este sentido merecen señalarse
La cafetera, de gran sobriedad —he ahí su
fuerza— o El Busto, aunque aquí mezcle
algunos elementos naturalistas con otros
que denotan cierta fuerza imaginativa en
la invención de formas. Casa de campo e
Iglesia, con acentos de un patetismo ro­
mántico, son dos pequeños paisajes que
responden a una concepción monumen­
tal, que se quiebra cuando intercala peque­
ñas figuras, animales o humanas.
Descargadas de todo acento erótico, de
toda expresión anímica, repite en el des­
nudo femenino o en la figura, el mismo
sentido decorativo de la composición, la
misma frialdad de los tonos de otras obras
similares.
Conocedor de todos los secretos de la
técnica, seguro en el manejo del color,
ofrece Butler con esta muestra, una de sus
expresiones más maduras y de más alta
dignidad. (G alería M üller .)
R aquel E delman

VICTOR LANZA
Por primera vez nos trae al país este
joven arquitecto italiano una muestra de
fino trabajo en madera, inspirado en la
escuela quattrocentista italiana; la tara­

59

cea o tarsía, que tanto desarrollo tuvo du­
rante el Renacimiento.
En esta manifestación artística de ri­
cas posibilidades, la expresión no trascien­
de sólo del dibujo y de la composición,
sino también de la sabia disposición de
los pequeños trozos de madera de distinta
coloración natural, que la convierten en
un verdadero mosaico, donde desempeña no
poco papel la materia misma, tan plena y
vital.
Utilizada en Francia casi exclusivamen­
te como ornamentación, la taracea usó allí
motivos lineales o tomados de la flora,
subordinándose al espacio que decoraba.
Italia, en cambio, sobre todo en el Rena­
cimiento, quiso hacer con ella algo aná­
logo a la pintura. En esta segunda línea
está Víctor Lanza.
Si no puede sino elogiarse su finura, su
delicadeza de ejecución que lo colocan en
el campo de la mejor artesanía, y su sen­
sibilidad, cabe observar que la tendencia
a independizar su obra, como un verda­
dero cuadro, buscando la espacialidad,
desmerecen su labor, lograda cuando se
mantiene en el plano y utiliza motivos
más ornamentales.
Por otra parte, la gran cantidad de ma­
deras empleadas, de las cuales ha sabido
indudablemente explotar el valor expresi­
vo, hacen inútil el uso del color, que
aparece en forma aislada como toque o
detalle. (L ibrería San M arco .)
ISOLINA GROSSI

�ARTE ABSTRACTO, CONCRETO,
NO FIGURATIVO
Nadie ha podido hablar nunca del
arte que le es contemporáneo con plena
ecuanimidad. De los antiguos sólo cono­
cemos los grandes nombres, los que han
conseguido pasar por la malla del juicio
de las distintas épocas. A los otros, a la
gran masa de los artistas mediocres los ig­
noramos y no nos plantean problemas de
crítica.
En cambio, hoy día, gracias —o no— a
la imprenta y a la reproducción fotográ­
fica, el mundo se ve invadido por mani­
festaciones de toda índole: desde inocen­
tes tentativas de automatismo hasta com­
plejas teorías que parecen casi científicas
en su fundamentación. La posteridad dirá
de ellas si fueron artísticas o extra-artís­
ticas (aunque puedan haber sido valio­
sas desde otros puntos de vista).
Habiendo perdido su antigua vigencia so­
cial, el arte de este último siglo ha bus­
cado refugio en pequeñas camarillas que
para comunicarse con el resto del mundo
envían sus manifiestos más o menos lú­
cidos y justificados. El crítico —por su
parte— no debe tomar partido, mantenién­
dose alejado del problema inmediato y
contingente para tratar de descubrir en el
complejo ovillo de escuelas, corrientes, in­
fluencias, los hilos de la continuidad his­
tórica y conceptual que, quiéranlo o no
los artistas, van guiando y explicando el
devenir de lo humano.
Por eso objetamos el manifiesto de este

60

grupo tal como ha aparecido en la re­
vista Contemporánea. Dice en su primer
párrafo: “Todo lo que se oponga, directa
o encubiertamente, a la revolución en el
arte, está asumiendo una actitud de reac­
ción negativa .. . ” Ésta es una posición
de artista que justificamos. Pero la nues­
tra, la crítica, es la de pedir discusión para
plantear el problema en el plano de las
ideas, lo que n o significa oponerse ni
adoptar una actitud reaccionaria. (Ante
todo deberíamos ponernos de acuerdo so­
bre la expresión: revolución en el arte,
tan zarandeada como vacía de sentido;
para los nazis lo suyo era también revo­
lución ...)
Este grupo heterogéneo que expone en
Van Riel presenta sus problemas particu­
lares. Nos parece indudable que el sector
denominado concreto-invención pertenece
.. a la línea clásica que, saliendo del
cubismo a través del futurismo va a des­
embocar en el arte abstracto, línea que es
en su mayor parte intelectual, disciplinada,
arquitectónica, objetiva, consciente.” i.
Hace treinta y cinco años que en Rusia
se inició este movimiento que culminó con
los arquitectos holandeses del grupo De
Stijl: Théo van Doesburg y J. J. P. Oud.
Al lado de ellos el pintor Piet Mondrian,
cuyo credo se fundamentó en la obser­
vancia de ciertas leyes básicas: 1*?) super­
ficie bidimensional plana (pintada de
blanco o negro absolutos); 2") dirección
horizontal y vertical en las líneas trazadas
1 Sidnet jANia, Abstract and Surrealist
Art. in America.

�sobre la superficie; 3®) uso exclusivo de
colores primarios puros.
Esta posición del neo-plasticismo puede
ser justificada como un ataque contra la
representación objetiva de la realidad,
pero lleva en sí una contradicción. Si es
pintura de caballete no puede renunciar
totalmente a la tercera dimensión —pata
eso necesitaría inscribirse directamente en
el muro —y si es pintura mural, de direc­
ción arquitectónica, le falta escala y le
sobra el marco, cuando lo tiene, o, de
todos modos no puede ser un elemento
para colgarse aislado en las paredes2.
Creemos que la actitud de Mondrian y
los suyos (continuada en parte por la
Bauhaus de Gropius) ha sido fundamen­
tal para el desarrollo de la arquitectura,
la tipografía y el diseño industrial con­
temporáneos. Para el de la pintura lo
consideramos un camino que sólo pudo
justificarse en el propio Mondrian, quien
ajustaba sus líneas en enrejados de su­
premo equilibrio que recuerdan los tra­
zados reguladores de una fachada bien
compuesta. Pero hay otras tendencias en
el arte concreto como las más libres y
menos geométricas de Hans Arp, las de
volumen y espacio de Vantongerloo, las
construcciones aéreas de Max Bill que des2 N. G abo , A bstraction, creation (1932)
d ice: "Nosotros nos llamamos constructivistas, porque nuestros cuadros no están pin­
tá is ni nuestras esculturas modeladas , sino
al contrario construidas en el espacio y con
ayuda del espacio. Así destruimos lo que
antes separaba la pintura de la escultura.
E l principio eonstructivista conduce a las
artes plásticas al dominio de la arquitectura” .

61

graciadamente están apenas representadas
aquí.
En los representantes del grupo concre­
to-invención vemos reminiscencias de todos
los precursores, pero no por cierto la misna actitud justificada.
Hay hombres interesantes como Maídodonado, que tiene sentido del color y ar­
ma sus composiciones con equilibrio y una
cierta gracia, notoria aún en procedimien­
to tan austero. Si es un auténtico pintor co­
mo creemos, saldrá de este camino para
probar otros, no menos verdaderos, en que
la esencia misma de la pintura, su materia,
se pueda manifestar más libremente. Debe­
mos recordar también a Hlito cuya contri­
bución tiene sentido y es apreciable. Espi­
nosa es el que más se conserva en la teoría
mondriana, pero su obra está en el límite
de la geometría y la falta total de emo­
ción. Las composiciones de Iommi son in­
teresantes, por lo que implican de búsque­
da en la concepción del espacio. Giróla tie­
ne a su favor una obra bien conseguida,
otras —en alambre— no pasan de meras
tentativas poco logradas.
En general este grupo revela inmadu­
rez, precipitación para presentar sus obras,
falta de autocrítica. La mera comparación
de sus obras con los trabajos de alumnos
de la Bauhaus dirigidos por Moholy-Nagy
(en Alemania y últimamente en Chicago
hasta la muerte de este artista) demues­
tra cuánto se puede hacer en este campo
con dedicación y entusiasmo. Faltan mu­
chos elementos espaciales que explorar,
muchos materiales y texturas. Esperemos

�que evolucionen hacia esa meta ideal.
El grupo Madi también es heterogéneo
como valor. Su posición estética se justi­
fica aún menos. Sin embargo creemos ver
un valor en Blaszko, sobre todo en sus
pinturas, que quizá a despecho del autor
tienen mucho del primer cubismo.
En cuanto a los independientes, hay vie­
jos nombres conocidos. Ninguno sale muy
favorecido de la prueba. Alberto Morera
crea unas manchas decorativas que repre­
sentan poco para alguien que se formó al
lado de Alfredo Guttero. Eugenia Crenovich (Yente) tampoco agrega nada con su
envío y en cuanto a Del Prete, a quien
mucho admiramos en lo suyo propio, nos
parece aquí desganado y frívolo y lo que
es peor en un pintor como él, tremenda­
mente desentonado. Skelton de Sarelli
se diluye en confusas abstracciones, y Ma­
ne Bernardo cae por su falta de fuerza
y de garra en el dibujo.

62

Dos arquitectos de calidad mandan obras.
Catalano una figura móvil bien realizada
y que arroja hermosas sombras sobre un
plano amarillo. Pensamos sin embargo que
el público no podrá sospechar en el autor
de ese juego inocente al arquitecto del
extraordinario Auditorium de la Ciudad
de Buenos Aires que esperamos ver pron­
to realizado. La silla de Jannello es cómo­
da y tiene mucho interés plástico, lamen­
tamos que no haya más contribución de
este tipo.
Creó un vacío la ausencia de la obra
de los arquitectos italianos Rogers - Belgiojoso - Peresutti que estaba anunciada
en el catálogo 3.
D am ián C arlos B ayón
3 E sta obra estuvo expuesta los últimos
días, ya en prensa este número de Ver y
E stim ar .

�XXXVIII SALÓN NACIONAL DE ARTES PLASTICAS
El Salón Nacional se ha convertido en un mito argentino. El público
acata la selección del jurado y orienta en ella su gusto artístico; pero cuan­
do esta selección como en el caso del actual salón delata una clara inten­
ción de ignorar las corrientes del arte moderno, el mito se vuelve peligroso
V es elemental deber denunciarlo. Nadie dice que otros salones más anó­
nimos (como el de Santa Fé), tienen un valor muy superior a éste. Nadie
repara en que los ya premiados no envían al Salón. Nadie sospecha que
entre los cientos de obras rechazadas pudo haber trabajos de verdadero ar­
te. Hay que enfrentar el mito y combatirlo. Hay que evitar la limitación
cada vez mayor de la retina del público, la educación en una pobreza es­
tética, la confusión de arte y moral, el prejuicio reaccionario. Hay que
salvar la libertad del color y de la forma.
LA PINTURA
Toda crítica se edifica sobre una premi­
sa; la nuestra es haber ubicado el juicio
de valor no en la fidelidad de la repre­
sentación; ni en el reflejo del impresio­
nismo, naturalismo o en el mayor o menor
virtuosismo de los cultores de Cézanne; ni
en el oficio de pintor destacado por la
perfección manual de una técnica, sino
en la creación honesta y libre de una
realidad propia. El Salón, así juzgado,
queda reducido a un grupo bien pequeño
de pintores.
El primer premio, adjudicado a Castagnino , por su tela Hombre de rio, tiene
una ejecución desigual: la parte inferior,
los muslos, el pantalón y la red, muestran
el buen pintor, pero la figura va perdiendo
energía en el torso y la cabeza, que está
trabajada con sustancia expresiva pero de

factura tan pequeña que los reflejos impi­
den apreciarla. La falta de energía y de
relieve en la construcción tienden a des­
truir la figura en su totalidad, empuján­
dola hacia adelante. Lo menos resuelto es
el fondo, donde se ve una aplicación ele­
mental del impresionismo, y empleo de
colores cálidos en exceso. A pesar de ser
una tela inferior a lo que el artista ha
probado que es capaz de hacer, al compa­
rarla con el resto del salón, se pone en evi­
dencia el pintor auténtico.
Soldi presenta dos obras valiosas; una
entonada con su delicadeza habitual, den­
tro de la línea a que nos tiene acostum­
brados, con un detalle —el sombrero— don­
de aparece el maestro. En cambio, El chal,
es uno de sus cuadros más felices no sólo
como resolución técnica sino como con­
cepción estética. La finura tonal no es su­
perficial sino auténtica, profunda, emerge

63

�del interior de las formas. Es visible la
diferente concepción de ambas figuras; la
de adelante, acabada y nítida, en la que
el volumen está resuelto con simplicidad
y fuerza, y la de atrás, bien envuelta, que
se inclina desde la sombra hacia la luz,
a pesar de lo cual la unidad subsiste.
En esta segunda figura, es donde Soldi se
supera. La línea oblicua del busto y el
movimiento del brazo sugieren un senti­
do rítmico que crea gran armonía dentro
de una composición perfectamente equili­
brada. Una nota original la da al incor­
porar elementos gráficos a la rica materia
pictórica. El uso de tintas diferentes en la
misma escala tonal, produce a primera
vista una impresión de monotonía cromá­
tica pero a medida que se observa, va
apareciendo un sinnúmero de pequeños
elementos individualizables, con lo que lo­
gra una extraordinaria riqueza de color.
Al lado de Castagnino, se destaca la es­
tructura firme de La inmigrante de Daneri, concebida con austeridad cromática
que se opone a la euforia de aquél. Dentro
de esta severidad, Daneri consigue dar un
carácter pleno de proyección sentimental
sobre el espectador. La nota más acabada
está dada por el cabello, realizado con un
gran sentido de síntesis, cuya factura, que
podría ser monótona, es interrumpida por
un trazo oblicuo —la hebilla— sabiamen
te ubicado.
La maravillosa naturaleza muerta de P e torutti, donde parecería que el maestro
ha logrado unir lo mejor de cada una de
sus distintas maneras, es sin duda alguna

64

la obra más importante del salón, a pesar
de la reticencia injustificable con que aun
se lo juzga. El fondo dinámico, dividido
en planos, balancea cierto estatismo del
resto de la composición, en la que incluye
elementos naturalistas habituales en sus
últimas naturalezas muertas. El rayo de
luz que caracteriza toda una época suya
también está incluido en esta tela, no ya
corporizado e independiente de los objetos,
sino vinculado y vibrando con ellos, y to­
mado como un elemento de equilibrio en
la composición. La gran fuerza de Petorutti está en su dibujo preciso, en la va­
riedad de ritmos intelectuales a los que
contrapone la sensualidad de las curvas;
en el color, excepcionalmente tratado en
el mantel, en la riqueza de la materia nu­
trida, en los acabados contrastes de tintas
que implican luz y sombra y en el espacio
construido con estricto concepto racional.
Como de costumbre, V ictorica da una
impresión de fuerza y de construcción sos­
tenida por un sentido íntimo de la forma,
aunque El orfebre no es una obra total­
mente conseguida como otras anteriores y
la unidad se resiente por algunos detalles.
La figura es lo más feliz; el modelado de
la cara es una verdadera lección, porque
no recurre a la solución naturalista y crea
ritmos con rasgos inventados —las cejasarbitrarios si se quiere, pero reveladores
de su pleno sentido plástico. El torso, el
antebrazo, las manos y los dedos trabaja­
dos con color quizás excesivo, completan
la sensación de vigor y firmeza que surge
de toda la figura. El fondo, en cambio, es

�lo más pobre; la luna del espejo no está
resuelta, y los distintos ejemplos con los
que intenta construirla no se justifican.
T iclio es un pintor cuyo sentido cons­
tructivo lo lleva a solucionar con gran
equilibrio el problema plástico de la re­
presentación: las nubes, la calle y las ca­
sas. Su Barrio de San Telmo es un mues­
trario de calidad de pasta y de color rico,
bien compuesta, dinámica, ágil y espiritual.
Una cierta tendencia al empaste excesivo
lo hace caer a veces —como en el caso del
humo— en pasajes un poco sucios e inde­
finidos, pero cuando mantiene la indepen­
dencia del color, consigue una gran fuerza
expresiva.
Flor de cardo, d e E strada B ello , segun­

En C ernobori hay una buena intención
y talento no plenamente desarrollados. La
construcción no se sostiene con igual in­
tensidad; esto, evidente en el desnudo, es
superado en su otra tela, entonada muy
sobriamente en grises expresivos, incorpo­
rándose así a la buena tradición del paisa­
je urbano.
Sin superar el paisaje de bambalinas,
lleno de pequeños efectos, en esta nueva
tela de Fray G uillermo B utler hay un
buen establecimiento de planos, dentro de
un tono romántico agradable pero no suficente para justificar una obra. En cam­
bio, el interior de la iglesia, de un elementalismo ingenuo, es inaceptable desde
todo punto de vista.

do p rem io del salón, represen ta u n a fi­
g u ra d e m u jer trata d a con detallism o ex a­
gerado y u n a cierta falta de síntesis, en
la q u e el sentim entalism o está sólo a lu d i­
do; n o llega a incorporarse del todo al
paisaje, u n poco desdibujado, de g ran sen­
tido lírico y fin u ra tonal, q u e es lo m ás
feliz como concepción y realización.
En el paisaje de P ronsato hay una gran

C odorno sabe hacer v ib rar la m ateria
en su Figura —p artic u la rm e n te en la b ata
azul— y la invención acertada de form as
lo conduce a construcciones p ro pias, de
p u ro sentido pictórico.
El Autorretrato, de J arry , infortunada­

B ern i .

q u e vincula los objetos en tre sí.

mente ubicado al lado de la de Victorica,
muestra una composición arbitraria, sin
justificación.
riqueza colorística. Falta un poco la solu­
La n atu raleza m u e rta d e D iomede , a
ción integral del problema que plantea pesar d e u n cierto desequilibrio en la
una tela; no se sostiene con igual fuerza com posición tiene positivos valores; u n a
en el centro más construido que en los in g en uidad m uy agradable, u n a acertada
extremos. Sin embargo la materia nutrida entonación d e colores p uros, n eu tra liz a­
tiene una evidente potencia expansiva, va­ dos p o r u n fondo gris, u n trab ajo detallad o
lentía y sugestión lírica.
de cada o bjeto individualizado, en tre los
Color sin vibración; fondo inerte, neu­ q u e se destaca el pescado, d on de d a p ru eb as
tro; detallismo excesivo; realismo sin ex­ de u n a in telig en te invención form al, todo
presión interna, sin vitalidad; Nostalgia de sostenido p o r u n a sen tid a línea in te rio r

65

�B arragán está representado por Figuras,
tela bien resuelta como ritmo, desacertada
en el color monótono, en la que soluciona
con gran capacidad el difícil compromiso
entre el volumen y el plano.
Hay una superación en el autorretrato
de B ruzzone , de dibujo sugerente. El fino
trabajo de la cara —en la cual, sin embar­
go, no están resueltos los pasajes de luz
a sombra— está en discordancia con el
resto de la figura, que no da la misma
impresión de acabado.
F ariña se desliza en La casa de la Ro­
saura por la vía fácil de lo superficial y
lo anecdótico, desvirtuando sus cualidades
de buen pintor, que lo hacían buscar re­
soluciones más universales y permanentes.
P acenza sacrifica a una búsqueda de falsa
originalidad, el sentimiento auténtico que
debe sostener una tela. Mayor concesión
aún a lo transitorio se advierte en L ópez
C laro que explota un tema social median­
te recursos teatrales. En cambio, C ertoira ,
siguiendo las huellas de T iglio , aunque
sin su pasión, trabaja con una actitud se­
ria y empeñosa. C outaret presenta un
pretencioso paisaje teosófico resuelto como
bambalinas por medio de trucos y efectos
de tornasol. En la misma sala está el
Atardecer de B otti, concebido como un
affiche, de color agrio y detonante. No
vemos una gran unidad en la factura del
cuadro de B orraro, Atardecer en la isla,
de valores positivos, aunque los verdes no
se sostengan con igual fuerza dentro de
una técnica de tendencia impresionista.
Al lado de Borraro, se advierte la vigo­

rosa resolución de un buen pintor; D ane que expone una Barca en reposo, con
un primer plano magníficamente resuelto.
B leuzet , muestra en un paisaje quizás ex­
cesivamente influido por Van Gogh y Chagall una intención honesta y promisoria.
Una misma sinceridad, más fructífera esta
vez, se advierte en el paisaje de V ento ,
sentido y entonado. El carnaval de E lba
V illafañe , es muy inferior a sus obras an­
teriores y lo mismo puede decirse del
Carnaval quebradeño de B o nom e .

ri ,

U n n atu ralism o m ezquino sin proyec­
ción trascendente, es el único juicio q u e
cabe fren te a la o b ra de T essandori.
En la cabeza de niña de A micarelli

vemos una buena técnica que no llega
a traducir un mensaje. El retrata natu­
ralista de C ochet , no agrega nada a sus
trabajos ya conocidos. Dentro de una
entonación no siempre acertada, G rela
trabaja su figura con personalidad, man­
teniéndose en una difícil concepción pla­
nista. M arina B engoechea , no se supera
en el retrato de niña. Tampoco la Figura
de I deal Sánchez , en la que subordina
la concepción pictórica al dibujo, sin
discriminación de color, significa un ade­
lanto en su obra. En G randi hay una bús­
queda empeñosa de formas originales re­
suelta de una manera quizá excesivamen­
te simplista. Es lamentable que un jurado
capaz y responsable haya incluido en el
Salón Nacional, una obra que, como la de
B uitrago , se halla al margen de toda crí­
tica.
En D omínguez N eira la preocupación

66

�por la búsqueda de volumen, lo lleva al
amontonamiento de cosas olvidando que
la tercera dimensión exige sobriedad en la
composición. También H omero P anazio tópolus combina felizmente los tonos, con­
centrando toda la luz del cuadro en dos
manchas blancas, que balancean la com­
posición. F aggioli no consigue un equili­
brio ni racional ni intuido, que sostenga
su naturaleza muerta en Bodegón y P e done , indiferente a toda nueva corriente
artística, sigue cultivando un mal natura­
lismo que sólo respondió a la moda de
fin de siglo. Buen gusto en el color pre­
domina en la Composición de V iolet Skel ton , desequilibrado por parches inexpli­
cables que rompen la armonía tonal.
Esto es lo individualizable del Salón:
lo demás no alcanza a tener nombre pro­
pio, no llega a la latitud del arte.
L ía C arrea y
M arta T raba

LA ESCULTURA
La escultura se caracteriza por una
franqueza intransigente que se burla del
truco, denuncia el grito vacío y la redun­
dancia, subraya la frialdad de la mano
que la modela y la trivialidad de la men­
te que concibe. Pero el análisis de sus
defectos lleva su contraparte afirmativa:
obras de valor desigual pueden ser igual­
mente aleccionadoras.
Sibellino p ru e b a q u e es posible decir
p alab ras trascendentes en to n o co n ten i­

do. En La madre, de perfiles vibrantes y
precisos, conmueve de sentimiento el vo­
lumen riguroso, ajusta la deformación a
lo expresivo, une la sobriedad y la mesu­
ra al sentido monumental. Gaucho aban­
derado de Soto A vendaño y Contempla­
ción de Sassone se diferencian en que su
monumentalidad no nace, como en La
madre, de lo interno, sino de la amplitud
de tamaño y de una grandilocuencia más
literaria que plástica. La cabeza de Soto
A vendaño conciba un fondo naturalista
con el forro de modernidad que le otorga
un modelado por ángulos, variado y muy
movido; la figura de Sassone , desarrolla­
da en un plano, agrega a su pobreza in­
ventiva la pérdida del volumen: su mo­
delado poliédrico resulta confuso e inex­
presivo. Igualmente ampulosa es Madre
tierra de T roiano T r o ia n i : un modelado
pretendidamente rico que sólo da im­
presión de blandura, abundancia de es
corzos que desintegran la forma en lugar
de dinamizarla, deformación arbitraria ni
rítmica ni expresiva. Frente a su máscara
de originalidad resalta la probidad técni­
ca de Rama florida de D evoto , lamenta­
blemente no potenciada por un impul
so creador vital. D evoto sabe erigir un
volumen, cuidar sus múltiples perfiles,
plantar una figura y enlazarla con otra,
pero su objetividad suena a fría prescindencia; sin esa vibración que se obtiene
al surgir de una necesidad interior, la
obra queda en anécdota.
No obstante sus muchas imperfecciones,
Madre humilde de R oberto V iola tiene
el fervor emotivo que a Rama florida le

67

�falta. Su potencia expresiva latente per­
dura a pesar de los perfiles no resueltos,
la unión defectuosa de la figura del niño
de pie con la de la madre —si bien es
acertada la unión de la figura de ésta
con la del niño que lleva en brazos—, los
detalles que contradicen su aspiración a la
síntesis, como los breteles en el traje del
niño y los pliegues en el vestido de la
madre, molestos para ver y perjudiciales
al volumen. Madre de D aulte une su in­
madurez —de formaciones inhábiles, per­
files pesados— a una fuerza expresiva casi
brutal. D aulte revela una peligrosa ca­
rencia de fantasía, casi podría decirse de
curiosidad; no busca renovar las formas
comúnmente aceptadas: se somete a ellas.
Muchos menos inquieto aun es P ablo Se ­
rrano , en Eva, de perfiles elegantes, ágil
y bien puesta, pero deficiente en su mo­
delado y pobre de contenido, C arlos B iscione , autor de Confidencia, a pesar de
sus errores —quiere sintetizar y cae en lo
supérfluo, infunde alguna emoción a ca­
bezas que coloca sobre torsos rígidos y
fríos— muestra capacidad expresiva al
modelar con grandes planos recios el ros­
tro de una de las niñas. También Puic
construye su Rene con grandes planos que
pretende animar por la acción de las ar­
tistas; pero la forma resulta trivial e iner­
te, sin vibración de contenido ni fuerza
como volumen, y el recurso del artista
queda en recurso. A lonso reedita en ta­
maño mayor su Durmiendo, agregándole
una nueva figura cuya inclusión entre
los brazos de la figura mayor no está re­
suelta, al mezclarse confusamente las for­

68

mas; el volumen pierde sentimiento y
gana en muerta pesadez y helado estatis­
mo; la fuerza intuitiva se aquieta en el
remanso sin horizontes de la repetición.
El grupo Los acróbatas de C uratella
M anes significa un cambio total, un nue­
vo (?) punto de partida para los ojos de
espectadores demasiado acostumbrados a
formas naturalistas teñidas de un moder­
nismo anodino. Ejemplifica una manera
distinta y legítima de expresión, la más
legítima quizás pues significa búsqueda,
lucha, invención. Su origen está dado por
el cubismo escultórico cuyos representan­
tes principales fueran Henri Laurens, Duchamp-Villon el precursor, el Lipchitz de
la primera época. Brazos, piernas y torsos
son reducidos a cuerpos geométricos para
liberar el volumen del parecido y la anéc­
dota y lograrlo en su plena concreción.
Una vez puro, hay que animarlo, hacerlo
vivir. Se da entonces la autodestrucción
de lo geométrico: ejes oblicuos que se en­
trecruzan y cortan, prismas, pirámides, co­
nos y esferas deformados, aristas activas.
C uratella M anes reúne estos caracteres
en una obra malograda. Exceptuando la
figura más pequeña, un poco inexpresiva
pero justa de volumen y tensa de movi­
miento, privan los caracteres negativos de
pesadez, frialdad y hasta mal gusto. No
obstante esto, y a pesar de las inútiles re­
valorizaciones de estéticas acaso difuntas,
este fracaso tiene el enorme mérito de
corresponder a una inquietud histórica.
A ngelia B eret

�EL GRABADO
R ebufe o, Z apata G ollán y C ecconi son
tres artistas cuya obra se p erfila claram en ­
te com o lo m ás interesante del Salón. Xilógrafos los tres, hay en ellos u n a visión,
u n actitu d estética, u n pulso —trad u cto r
aním ico— m uy distintos.

Lo que en Rebuffo es un esfuerzo plás­
tico, conceptual, por dar concreción a una
realidad dada —sus paisajes con figuras
del Salón de Mar del Plata, sus escenas
urbanas del Salón Peuser i, aquí dos pai­
sajes campestres con figuras— se cumple
en la madera con un trazo severo, rotundo
que va decidido a realizar la forma sin
sugerir más que lo expresado. No hay at­
mósfera, no hay espacio; es el suyo un
mundo cerrado, firme, plano, pero anima­
do de una potencia interior que se sirve
de esa rigidez deliberada para contener
el clima sentimental. En Mujer en el sen­
dero es la figura, son los cañaverales, es
el sendero que se anima con un ritmo
que hace vibrar los negros por el contacto
incesante con un trazo vivo, dinámico, que
ordena las tallas blancas. Quizá en Tor­
menta en la sierra pueda apreciarse mejor
la riqueza de calidades y la fuerza interior
con que Rebuffo potencia sus formas. Es
ésta una composición equilibrada, que nos
dice de una esquematización sensorial, in­
tuitiva, donde el artista juega con expre­
sividad certera las copas de los árboles,
las nubes, el camino, penetrando las for1 V er y E stimar N» 1, págs. 20 - 21;
N? 5, págs. 54 - 58.

mas negras de un aliento blanco dinámico,
ondulante. Se anota en los animales un
sentido patente de deformación que, hecho
síntesis en el tratamiento de las figuras,
las empuja fuera del plano del paisaje;
sorprende este extrañamiento entre la fi­
gura y el paisaje (tan frecuente en la obra
de Rebuffo) porque es un carácter que
no guarda contenido.
En Zapata Gollán la xilografía halla un
cultor respetuoso de sus características. El
Tríptico de la tierra abandonada vale por
su decir alegórico en cuanto consigue
la inmediata transmisión de su mensaje;
por la línea ruda que, a veces minuciosa,
va a insinuarse entre los negros para di­
bujar las formas y hasta llenarlas a veces;
por los elementos —línea viril y contrastede propósitos escuetos para entonar más
fuerte los negros y agilizar los blancos;
porque, en fin, toda la concepción se es­
tablece en el plano aunque ciertas man­
chas blancas creen una noción espacial
subrayada con las líneas de horizonte y de
perspectiva. Tensas las facciones en las
figuras del hombre y la mujer y agitadas
las líneas que trazan el caballo —la nota
más lograda del tríptico—, Zapata Gollán
consigue el acento dramático con la opo­
sición de los negros y un ritmo de blan­
cos que amengua el estatismo total. Es
un oscilar entre plano y espacio, estática
y dinámica, acento en las grandes zonas
negras para romperlo con elementos grá­
ficos como los pájaros sobre la línea del
horizonte.
Otro trazo, otras calidades, otra inten­

�ción contiene la obra de Cecconi. Es una
composición resuelta en dos esquemas su­
perpuestos —sujeción al plano— donde el
artista logra muy varias calidades con las
distintas frecuencias del corte en la ma­
dera, hasta lograr un ritmo detenido de las
tallas, en una actitud emotiva que impri­
me bien al paisaje.
El aguafuerte que va en busca de una
expresión menos ruda, más pictórica, halla
amenguada esta exigencia en la obra de
Elgarte, por esa geometrización capricho­
sa —que no es abstracción formal ni com­
posición por la luz y la sombra— enta­
blada por el aguafuertista con nutrida
modulación de calidades. La suya es una
actitud pictórica y sentimental. M aría C e ­
lia R aimondi da —otra vez en el Salón Na­
cional— un valor espontáneo y honesto con
su punta seca Éxtasis; otra vez imprime
un sello descriptivo, dinámico y fino a su
expresión sentimental.
Capítulo aparte: L asansky . Presenta Pie-

tá, un aguafuerte coloreado que señala un
regreso a su actitud primera: la búsqueda
con certero instinto de formas inventadas
en las que condensa el sentimiento. En una
concepción barroca de la Pietá desarrolla
su actitud: va a la invención formal y
crea un Cristo penetrado de tal angustia
que en él no cabe el espasmo, ni la agonía
clásica. El sentimiento es más duro, más
primario y los trazos esquemáticos se hun­
den en el papel, ahondan la expresión y
concluyen sus inventivas formales en las
tres figuras admirables que rodean al Cris­
to y esa otra cara en escorzo, rígida, que
es modelo de síntesis conceptual. El color
vigoroso y amargo, que se sobreagrega a la
estructura permeándola de cierta blandura
y robándole lo que hay de pureza expre­
siva en el grabado, se ordena según un
ritmo y un esquema poco asequibles.
C lara D iament

70

�miscelánea
• Enrique V, la formidable película de Lawrence Olivier, formida­
ble tanto por los aciertos de dirección como por el insuperable trabajo
del actor, ha conmovido al público sensible de Buenos Aires, por desgra­
cia escaso todavía, que la esperaba desde hace mucho tiempo. Ha de
confesarse que no defrauda y que algunas escenas quedarán, a no dudarlo,
como pasajes magistrales de interpretación shakesperiana,-sobre todo aqué­
llas en las que el ritmo de la acción se combina con el ritmo de la emoción
plástica, lográndose una ajustada unidad entre contenido y forma. Pero
no es nuestro propósito analizar aquí los valores cinematográficos que
la película encierra, sino señalar, teniendo en cuenta la especialidad de
estos cuadernos, los valores plásticos.
Se ve que Olivier ha tenido muy en cuenta la pintura, no solamente
•en la memorable escena de la batalla, que recuerda las de Uccello, sino en
las reconstrucciones de escenarios, similares a los de algunos libros mi­
niados y primitivos, y en los paisajes, algunos de los cuales se diría que
son firmados por maestros holandeses del siglo x v ii . El color se ha afi­
nado en los acordes tonales y se ha hecho vibrante en los contrastes de
tintas puras y a menudo casi planas, y ¡qué decir de los ritmos cambian­
tes, tan oportunos como expresivos, tan candentes en ocasiones como para
transformar, con pureza ejemplar, la simple anécdota en una fiesta de
los ojosl Sin embargo cabe hacerle un reproche al director: en primer
lugar, porque no siempre ha logrado hacer pintura dinámica y, de la
misma manera que en algunas escenas se resiente el ritmo cinematográ­
fico, en otras se resiente el ritmo de las formas plásticas, como si no
hubiere recordado que la pintura es un arte estático y el cinematógrafo
es dinámico; luego, porque no ha mantenido un estilo, desde el punto
de vista plástico, al incorporar modos expresivos que corresponden a
momentos históricos diferentes: las caballerías de Francia y de Inglaterra
no pueden actuar, vestidos con tanta sensualidad de la materia brillante,
enjaezados los caballos con gualdrapas de milagro, vestidos los caballeros
con trajes de imaginación oriental, en un escenario tan sedante y tan

71

�romántico como el que ha hecho vivir Lawrence Olivier. ¿Habrá olvi­
dado que el paisaje es la naturaleza vista a través de un temperamento?
Los reproches son fundamentales, pero no tienden de ningún modo
a desmerecer la película. A pesar de esas debilidades, llamémolas así,
ella hace creer a quienes no lo creían en las inmensas posibilidades del
cine en color. Como más de una vez dijera: ¿No se fijará allí el destino
de la pintura, arte al que le cuesta tanto sostenerse en este siglo de la
vertiginosidad?
j. R. b .
• Ha muerto en febrero último Tony Garnier, uno de los grandes arquitectos
de Francia. Habla nacido en Lyon en 1869 y como pensionario de la Academia Francesa
estudió en Roma en 1901 y desde entonces se puso a estudiar una ciudad moderna
ideal. El resultado fue la célebre Cité Industrielle de 1904 que arrasó con muchos pre­
juicios y contribuyó a la difusión del hormigón armado como forma constructiva
esencialmente moderna. Cuando Edouard Herriot fué intendente de Lyon, lo nombró
Arquitecto de la Ciudad y gracias a esa medida, Lyon cuenta hoy con alguna de las
construcciones más interesantes de nuestro tiempo, como ser: el Matadero, el Estadio,
la Escuela de Textiles y el Hospital Grange Blanche.
• En la Cámara de Diputados de Francia, Gastón Diehl hace un llamado para
ayudar a los artistas que deben desenvolver sus actividades en medios cada vez más
desfavorables. Un grupo de diputados reacciona, crea el grupo Amigos del Arte y
propone sugerencias. El asunto es bien insólito, ya que la palabra arte es tácita­
mente palabra muerta en todos los Parlamentos del mundo y es interesante ver de
qué manera creen los diputados que es posible auxiliar a los artistas. Sin duda,
la opinión más jugosa es la de Charles Petit, quien después de demostrar —analizando
las horribles o anodinas obras de arte del Congreso francés— que jamás (salvo Thiers
que dió carta blanca a Delacroix) ha habido ni siquiera una preocupación selectiva
en los hombres públicos, sugiere como soluciones prácticas: enseñanza por “dosis ma­
siva” del dibujo a los niños, de manera que se expresen por el dibujo con la misma
naturalidad que por el lenguaje oral o la escritura; eximición de impuestos a los
artistas, viajes gratuitos, etc. Robert Buron opina que el Estado debe restablecer
la noción digna del artista y contribuir a la formación del buen gusto del público,
equipando a los profesores de buenasreproducciones y considera que el nudo crucial
del problema está en que el pueblo francés comprenda el arte y que éste deje de
ser dominio de las minorías. Jan Binot plantea en forma muy distinta el problema;
piensa que el artista tiene una función gratuita y que su misma condición de inde-

72

�XXIV EXPOSICIÓN
INTERNACIONAL
DE VENECIA

M

a s s i .m u

C

a m p ig l i

Mujeres con ¡uíjun/s
C
es tan italianamente materialista como los demás, pero en lugar de abrevar en las fuentes
del Renacimiento, lo hace en las más vibrantes de los cíenseos y pompeyanos. Sin sombras y sin luces,
valiéndose de recias en el plano y de la rica pastosidad de sn color, tinos ocres fríos y otros cálidos,
crea formas arcaizantes que viven en la alucinación del ritmo. ¡ Q u é mundo tan distinto el de M
'
El lector acostumbrado a ver sus naturalezas muertas, tan vibrantes en el tono apenas modulado
y tan poco firmes en el dibujo, se sorprenderá con ésta que pintó hace veintinueve años; más todavía
porque se advierte el punto de partida común con C
. En cambio, el desnudo de éste, tan 1un­
cido en el espacio, tan sensual en la materia, nos aleja del pintor intelectual que conocemos. Un
C
romántico por la acentuación sensorial del sentimiento, pero que construye siempre con rigor.
a m p ig l i

o k a m ii

arra

arra

M

o r a m ii.

yuturaleza muerta

C

arra

.

Desnudo

�Arturo
M artini

Mujer que na­
da por deba­
jo del agua.

M arino M a r im . Pomona

Entre A rturo M artini y M arino M arini existe
la distancia que separa a un clásico puro, que
va en busca de la forma hasta transformar el vo­
lumen en tacto, y el clásico que voluntariamen­
te se hunde en el comienzo de las cosas, adherido
a la materia que amasa todavía con sentimiento.
Mujer que nada f&gt;or debajo del agua de M artini
es dura, brillante, pulida, animada por ritmos
claros y definitivos, tanto como para que parezca
un objeto. Quien haya leído nuestra noticia so­
bre su último libro (V tr y E stim ar , n? 5, pági­
na ó9) comprenderá por qué decía que la incapa­
cidad fatal del escultor es la de no poder hacer
una manzana; esta mujer nadando ha sido cons­
truida con la misma fría precisión con que CÉzannk construía una manzana. La Pomona do
M arini , en cambio, está respirando humanidad
material, en la turgencia de los volúmenes, en
la sensualidad de los perfiles, en la pastosidad
de la sustancia. Diríase que es un elrusco más
sabio, pero con la misma insolencia, similar ru­
deza e idéntico vigor. Plantada con firmeza, en­
hiesta como una columna, pero sin esa claridad
que a la columna le presta el espíritu de la ar­
quitectura, también es símbolo a pesar de ser
estatua, lo que M artini no hubiera comprendido.

�pendencia y libertad lo coloca fuera de la órbita de la ayuda estatal, de manera
que lo único aconsejable es la formación del grupo Amigos del Arte, que, a distancia,
dé impulso y forme un clima de comprensión para las artes plásticas. Éste es el
prólogo teórico de una acción que se hará o no se hará. Pero aunque el debate
quede archivado entre el inmenso fárrago de expedientes del Congreso, el sólo hecho
de que la palabra olvidada haya sido dicha y se hayan formado ecos a su alrededor,
habla muy en favor de los diputados de Francia.
• En el Congreso Mundial de los Intelectuales, realizado recientemente en Wroclaw (Polonia), Picasso presentó un proyecto de resolución “declarando la amistad y
admiración que los intelectuales sentían por el poeta chileno Pablo Neruda, que era
esperado en la asamblea y que no pudo concurrir. Agregó que Neruda tiene derecho
a vivir libremente y sin ocultarse y a residir en el lugar que desee".

• Renán decía muy bien: “Sólo el arte en que la forma es inseparable
del fondo, pasa enteramente a la posteridad”. Y el recuerdo lo hace
Ozenfant, el severo crítico del purismo, con lo que la cita de Renán cobra
fuerza de síntoma.
• La Dirección General de Cultura de la provincia de Buenos Aires acaba de
publicar un folleto titulado Vagón de Arte, en el que da cuenta de la construcción
de un vehículo que habrá de servir para difundir expresiones artísticas. Bajo el lema:
Ver-oir-leer, el vagón que resume tan plausibles propósitos llegará a todos los pueblos
y ciudades de la provincia, llevando obras de pintura, grabado, dibujo, amén de dis­
cos, libros y revistas, diapositivos sobre arquitectura, piezas de artesanía y reproduccio­
nes de obras maestras, y elementos desmontables que permitirán armar fácilmente
recintos para exposiciones y conferencias. Como se ve, la iniciativa es valiosa, pero
nos preguntamos, no sin amargura: ¿Qué sentirá y qué pensará el habitante de tierra
adentro, tan bien educado de ese modo, cuando se le ocurra visitar el Museo en su
viaje a la capital de la provincia, cuando se enfrente con tanta obra anodina comprada
en sucesivos malos salones provinciales? La Dirección de Cultura debería contemplar
esta situación, y remediarla, claro está.
• Copiamos de una revista norteamericana los nombres de varias publicaciones
de arte europeas que no conocemos en nuestro medio: Bouw se publica en Amsterdam
y trata especialmente temas de arquitectura; F orum también holandesa y con el
mismo objetivo; F orm principal revista sueca en lo que se refiere a muebles, decora­
75

�ción, textiles, cerámica, cristal; B ildende K unst es una publicación berlinesa más gene­
ral pues se ocupa de arte y de arquitectura; P risma de Munich en cambio abarca
arte y literatura; A rkkitehti se edita en Finlandia y es exclusivamente arquitectónica;
B lok checoslovaca y —según el comentario que copiamos— la mejor de Europa en
presentación, tipografía, recursos, es una revista cooperativa de arte; y por último
está A ussaat también de arte que se publica en Stuttgart. Es lamentable que toda
esta riqueza no llegue a Buenos Aires ni esté a la venta del público.

• Un nuevo libro del Profesor Siegfried Giedion ha aparecido en
las prensas de la Oxford University Press, New York. Se trata de Mechanization takes command y versa sobre la progresiva mecanización del mun­
do civilizado desde sus orígenes. Como su obra anterior de tanta reper­
cusión Space, time and architecture este nuevo libro del Secretario del
CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna) está admi­
rablemente diagramado e ilustrado. Las referencias a su texto las deja­
mos para un estudio posterior y extenso.
• En estos días ha cumplido 75 años el famoso arquitecto finlandés Eliel Saarinen. Hasta el año 1923 vivió en su patria vinculado a los grandes artistas de su
patria como Jan Sibelius y de los exilados como Gorki. Con motivo de un concurso
fué a los Estados Unidos y allí fijó su residencia después de convencer a un filán­
tropo de Detroit de la fundación de la Academia de Bellas Artes de Cranbrook, una
de las instituciones modelo en su género del mundo entero y de la que Saarinen ha
sido director perpetuo. De él ha llegado últimamente un libro: Search for form (Reinhold Publishing Corp. New York) y se anuncia otra sobre su vida, con prólogo de
su compatriota Alvar Aalto, uno de los más valiosos y equilibrados arquitectos de
nuestros días.

• Bajo los auspicios de la Dirección Provincial de Turismo de
Córdoba y con el objeto de estimular la labor de los mismos, se acaba
de inaugurar en la sede oficial de la delegación de dicho organismo,
sita en Avenida Roque Sáenz Peña 640, una exposición intitulada El
arte en Córdoba y de la cual participarán más de 60 miembros perte­
necientes a los centros culturales de la ciudad mediterránea.
La exposición comprende pintura, escultura, grabado y cerámica, y
participarán de ella tanto los altos valores ya consagrados por la crítica
nacional y extranjera como los nuevos representantes de una generación
que ha dado ya motivo para creer en su promisorio porvenir.

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Beret, Angelia&#13;
Bruzzone, Pámela&#13;
Bayón, Damián, C.&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Carrea, Lía&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
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                    <text>CUADERNOS D£ C R ÍT IC A A R T ÍS T IC A

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(Sala II y III) Laura Mulhall Girondo (pintora). (Sala IV) Pedro Roca y
Marsal (pintor). (Sala V ) Marcel Fredéric (pintor). (Sala VI) Battle
Plana (pintor). (Sala VII) Aguafuertes de Rembrandt.
G A L E R Í A V A N RI EL
30 agosto - 11 septiembre: Michele Cascella (pintora); Paul Klausmann (pin­
tor); Pintores de Italia; Francisco Guzmán (dibujos).
13-25 de septiembre: Del Prete (pintor); Gaurilof, Alejandro (pintor).
GALERÍA VIAU
31 agosto - 14 septiembre: Grabados ingleses y franceses de los siglos XVIII
y XIX.
GALERÍA SINTONÍA
1-15 septiembre: Horacio Juárez (escultor).
A G R U P A C I Ó N IMPULSO
28 agosto - 11 septiembre: Juan Carlos Miraglia (pintor).
SOCIEDAD HEBRAICA ARGENTINA (Sala de Exposiciones)
3-15 septiembre: Nuevos trabajos de D. Urruchúa.
17-30 septiembre: A. Calabrese - A. Piccoli y C. Torrallardona (pintores).
GALERÍA
W1LDENSTE1N
_
. .
Champaigne, Philippe de, Esc. F. 1602: Portrait d ’un gentilhomme\ Furini,
Francesco, Esc. It. 1604-1649: Portrait d’un peintre\ Cuyp, Aelbert, Esc.
Hol. 1620-1691: Charrette et Paysans: Lotto, Lorenzo, Esc. It. 1480-1556:
Portrait d ’Homme\ Lagrenee, Louis J. F., Esc. Fr. 1724-1805: L’oiseau
favori: Roll, Alfred, Esc. Fr. 1847-1919: Cavalier; Coypel, Antoine,
Esc. Fr. 1661-1722 -.Venus et Adonis.

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DIRECTOR:

DE

CRÍTICA

JORGE

ARTISTICA

ROMERO

BREST

Volumen II - Número 5 - Agosto de 1948

��-íWgiuu6e$ líneas

¿a la cultura tneídunal
R

e s u m i r e n u n a s p á g in a s l a s d i r e c c io n e s y l o s r a s ­

gos fundamentales de la cultura medieval supone no sólo un es­
fuerzo escasamente promisorio, sino también cierta audacia poco
justificable. A pesar de los largos y pacientes estudios realizados desde el
siglo x v ii sobre sus fuentes y a pesar de los intentos interpretativos que
aparecen desde principios del siglo xix, la fisonomía de la llamada Edad
Media sigue siendo para nosotros imprecisa, contradictoria a veces, y se
nos ofrece cuajada de sorpresas por la multiforme variedad de sus rasgos.
Acaso después de muchas investigaciones, de muchas y bien meditadas lec­
turas y de una larga contemplación de su obra gigantesca, nos sea dado des­
cubrir por nosotros mismos lo que en ella parece esencial: su profunda
y radical unidad manifestada a través de una riquísima variedad de for­
mas y matices. Porque sólo en términos de gran profundidad y de esencial
imprecisión puede pensarse en una larga edad de diez siglos susceptible
de ser designada con un solo nombre, en tanto que la observación directa
de sus testimonios parece forzarnos a señalar en su curso varias épocas de
muy diverso tono a través de las cuales se proyectan con aire muy diverso
también aquellas radicales identidades. No hallo, pues, otro método para
conciliar la exposición de lo que en la cultura medieval es unitario y de

3

�lo que es distinto que separarlo artificialmente, tan arbitrariamente como
procedería el que quisiera gustar por separado los primeros planos dramá­
ticos y el paisaje de fondo en los miniados de los libros de horas de fines
de la Edad Media.
.
Con todo, esta misma idea de la simultánea unidad y diversidad que
encierra la cultura medieval constituye ya un aporte valioso logrado en
los últimos tiempos. Y no es el único. También hemos aprendido, por
ejemplo, que la presencia constante y decisiva del trasmundo en el espí­
ritu del hombre medieval no lo conduce necesariamente a renunciar al
mundo de la realidad inmediata, tal como se lo revelan sus sentidos.
Hemos aprendido que no todo en ella es oscuridad ni es todo en ella
excelcitud. Y hemos aprendido con qué recaudos críticos es menester en­
frentarse con las fuentes para no reincidir en la aceptación de una ima­
gen inexacta de la cultura medieval —casi sofisticada a veces—que las fuen­
tes suelen ofrecernos, cuando parece evidente que el horizonte de aquellos
a quienes las debemos suele estar por encima de una buena parte de la
realidad.
Acaso convenga recordar en este punto que la expresión “Edad Me­
dia” no corresponde a ningún concepto morfológico que posea validez en
el campo de la historia, y que en consecuencia sería inútil inferir de ella
una caracterización de la cultura a que se refiere cuando la usamos para
designar cierta etapa en el desarrollo de la Europa occidental. Esa cultura,
es bien sabido, no es constitutivamente una etapa intermedia entre otras
dos de presunto valor positivo, sino que es decididamente original; más
aun, constituye la etapa de más activa creación, en su conjunto, de la
cultura occidental. Empero, la suya no fué una creación ex nihilo. Fué
una creación cultural, manifestada a través de ciertas formas, de ciertas
actitudes, de ciertas intenciones, de ciertos acentos impresos sobre mate­
riales ya seculares, porque la cultura es continuidad y busca denodada­
mente la continuidad aun cuando afirme su más apasionada originalidad.
Esos materiales reelaborados y reordenados según una nueva actitud se

4

�vieron enriquecidos con otros materiales y otras influencias que llegaron
a la Europa occidental desde dos ámbitos culturales que estuvieron en
estrecha relación con ella: el mundo bizantino y el mundo islámico, a tra­
vés de los cuales llegó al mundo cristiano un aura penetrante y portadora
de un mensaje que no era ni cristiano ni occidental.
Sólo teniendo en cuenta esta aportación secular y estas influencias
contemporáneas es posible entender la cultura del occidente de Europa
durante la Edad Media. De esa diversidad de elementos proviene acaso
la riqueza de sus formas históricas, como quizá provenga de la enérgica
y persistente intención con que fueron trabajados la unidad del paisaje
de fondo que le presta su sello inconfundible.
Para nosotros, la recta comprensión del mensaje medieval tiene, a mi
juicio, una importancia decisiva. Y no sólo porque la llamada Edad Media
constituye inequívocamente la etapa de la génesis de la cultura occiden­
tal propiamente dicha, sino también —y acaso más—porque encierra el se­
creto de una de las dimensiones posibles de nuestra cultura. Un estilo
de vida típico subsiste desde el Renacimiento, a pesar de la pérdida de su
antigua vigencia y de los embates de la modernidad, que puede ser lla­
mado resueltamente “medieval”, y esto sin el sentido peyorativo con que
la palabra se usó alguna vez y sigue usándose con manifiesta incompren­
sión de los contenidos que evoca. Contra él lucha otro estilo de vida que
la modernidad, sospecho, no ha llegado a diseñar todavía definitivamente,
pero cuya fisonomía nos esforzamos por precisar desde los tiempos —tan
próximos, repárese bien—de Leonardo y Giordano Bruno, de Maquiavelo y
Rabelais, de Galileo y Descartes. La mentalidad naturalística que entraña
ese tipo de vida no ha alcanzado todavía un triunfo comparable al que
conoció la mentalidad teística en cierto momento de la Edad Media, y
acaso por la persistencia con que ésta se mantiene a través de la moder­
nidad en cuanto configura un estilo de vida. Hay, pues, fuera de la mera
curiosidad histórica, un interés vital en el conocimiento de la cultura

5

�medieval, porque, tan alejados como creamos estar de sus supuestos, es ra­
dicalmente nuestra, constituye nuestro patrimonio y se nos insinúa con
el aliciente de su lograda —y ya extinguida— perfección.

LA ORIGINALIDAD

Geográficamente, el mundo occidental cu­
bre durante la Edad Media la superficie del
antiguo Imperio romano. Sobre los cimientos de la cultura antigua erige la
Edad Media sus construcciones: tanto sus edificios como sus sistemas polí­
ticos, sus creaciones literarias o plásticas como sus sistemas cognoscitivos.
Pero, en cambio, a aquella continuidad geográfica no corresponde una ab­
soluta continuidad social y étnica, y el hecho fundamental de las invasio­
nes ha planteado, desde el Renacimiento, un grave problema: el de si hay
entre la Antigüedad y la Edad Media una continuidad cultural o hay, por
el contrario, una ruptura. Germanistas y romanistas han discutido y aun
discuten alrededor de este problema, rico en consecuencias, partiendo del
análisis de muy diversos hechos: el estilo gótico, las instituciones feudales,
la poesía épica. A mi juicio, la tesis de la continuidad parece más ajusta­
da a la realidad histórica, sobre todo si no se olvida que la Antigüedad que
desemboca en la Edad Media no es la que evoca el recuerdo de la Atenas
de Pericles o la Roma de Augusto, sino esa otra muy distinta que se desig­
na con el nombre de Bajo imperio. Entre el Bajo imperio y la temprana
Edad Media —que no es tampoco el París de Abelardo, ni la Castilla de
Juan II ni la Florencia de Dante— no parece advertirse una ruptura de­
cidida e importante: acaso una serie de progresivas desconexiones que,
por lo demás, habían comenzado ya en los últimos siglos del imperio por
la acentuación de los caracteres locales en algunas zonas periféricas o
por influencia, sobre todo, del cristianismo. De todos modos, la vida de
los primeros siglos medievales perpetúa los esquemas romanos; los deli­
mitan y los defienden tanto un Isidoro de Sevilla como los monarcas de
los reinos romanogermánicos que se esfuerzan por hallar, casuísticamen­
te, las vías de una conciliación entre sus respectivos pueblos de invasores y

6

�las poblaciones sometidas. Nadie se atrevió hasta Carlomagno a ceñir la
diadema imperial debido al prestigio de la autoridad de Bizancio, ni hubo
estado que proscribiera la lengua latina en sus dominios. Lo que se man­
tenía de la empobrecida tradición clásica en el Bajo imperio subsistió,
pues, durante la temprana Edad Media, aunque empobreciéndose más aun,
eso sí, durante algún tiempo, por circunstancias que no tienen mucho que
ver con el hecho mismo de las invasiones germánicas.

LOS ELEMENTOS La tradición antigua constituye, pues, el pri­
mer elemento de la cultura medieval. Pero es
necesario no olvidarlo: la tradición antigua, tal como había llegado al Bajo
imperio. Esa tradición, es bien sabido, se empobrecía aceleradamente des­
de el siglo ni, y se fué tiñendo de elementos extraños y difícilmente asimislables dentro del cauce común a partir de la caída de los Antoninos. Desde
el siglo iv la influencia del cristianismo fué cada vez más poderosa, y es
notorio el antagonismo profundo entre la concepción cristiana del mundo
y la vieja tradición clásica; estúdiese la actitud del apologista Tertuliano
en el siglo m o la del emperador Juliano en el iv, y se podrá observar cómo
se advertía por entonces un contraste que luego fué disimulándose poco
a poco e intencionadamente. Al mismo tiempo obraba sobre el mundo ro­
mano la influencia de las poblaciones de las zonas periféricas, de uno y
otro lado de las fronteras. Esa influencia, y señaladamente la de los
pueblos de origen germánico, se hizo más notoria y adquirió mayor sig­
nificación a partir de las invasiones, cuando los no muy numerosos grupos
conquistadores se convirtieron en las minorías dominantes de los distri­
tos que ocuparon, acentuándose de manera decisiva algunas direcciones
políticas y culturales ya observadas en los últimos tiempos del imperio. La
jurisdicción que se reservaron esas minorías en cuanto a lo militar, lo po­
lítico y administrativo y parcialmente en cuanto a lo judicial, determinó
un área en la que sus influencias fueron decisivas; pero aun en otros
aspectos se hicieron notar, y especialmente en cierta concepción de la

7

�vida, en cierto tono introducido en las direcciones fundamentales de la
existencia individual y en algunas formas de convivencia: no podría ex­
plicarse de otro modo, por ejemplo, la aparición de la épica caballeresca
algunos siglos más tarde.
Pero aün con estos tres grupos de elementos —antiguos, cristianos y
germánicos— no poseemos la totalidad del conjunto de factores que han
intervenido en la génesis y en el desarrollo de la cultura medieval. D uran­
te los primeros siglos de elaboración de esos materiales, cuando se luchaba
denodadamente por hallar fórmulas de conciliación entre los grupos so­
ciales que representaban de manera eminente cada uno de esos elementos,
y en consecuencia las vías compromisorias para la coexistencia, ya forzosa,
de todos ellos, la Europa occidental sufrió la influencia del mundo bizan­
tino, que m antenía a los ojos de quienes luchaban en aquélla por delinear
su futuro perfil, la calidad de santuario de u n orden vernáculo que parecía
consustanciado con la esencia misma de la vida civilizada. Llegaron del
m undo bizantino libros e ideas que ejercieron una decidida influencia, em­
bajadores, monjes y artistas que apoyaron con su prestigio ciertas direc­
ciones en la vida social y cultural, y por múltiples caminos difundió desde
su lejanía un vago sentimiento de perfección que, aun con su escasa vi­
talidad, impresionaba fuertemente en u n mundo en el que se percibía la
imperfección propia de una etapa de creación y de búsqueda.
Por esos caminos llegaron —en esa prim era época y aun más ta rd e no sólo las típicas influencias bizantinas sino también otras resueltamente
orientales que Bizancio no había elaborado, limitándose a adoptarlas, es­
pecialmente las de origen sirio y persa. Y no fueron las únicas influencias
orientales. Los numerosos grupos judíos que existían en todas las nuevas
comunidades políticas que se constituyeron a partir del siglo v obraron
de alguna m anera en el mismo sentido. Pero las influencias orientales más
decisivas fueron las que se introdujeron en la Europa occidental como re­
sultado del contacto con los musulmanes, establecidos en algunas zonas de
ella y especialmente en las costas meridionales de España, Francia e Italia.

!

8

�Ese contacto de culturas fué de extraordinaria importancia para el Occi­
dente medieval, y cada día se descubren nuevos aspectos que ponen de
manifiesto su intensidad hasta el punto de que pueda afirmarse que no es
posible entender la cultura occidental de la Edad Media sin tener cons­
tantemente presente la influencia islámica.
Cultura original, sí, fué la de la Edad Media, pero original por el
acento y la intención con que se cargó el vasto y denso complejo de
materiales heterogéneos. Y lo que en ella es novedad, exige para ser des­
cubierto una constante vigilancia, un permanente examen de lo que en
ella no es sino el legado de otros tiempos y otras culturas.
U N ID A D Y D IV E R S ID A D

Ahora bien, ni aquellos elementos

tenían en todas partes el mismo vigor,
ni mantuvieron siempre el mismo relieve a lo largo de los diez siglos lla­
mados medievales, ni determinaron creaciones de caracteres uniformes, ni
obraron sobre estas últimas de la misma manera las diversas influencias
extrañas. Una variada gama de situaciones culturales se nos ofrecen cuan­
do nos lanzamos al análisis y es fácil advertir la riqueza con que se com­
binan las distintas fuerzas según el tiempo y el lugar. Empero, puede afir­
marse que existe cierta radical unidad en la concepción medieval del
mundo y de la vida que proviene de algunas notas predominantes, y del
trascendentalismo entre todas. Mas esa unidad no constituye sino un leja­
no paisaje que sirve de fondo —como en los miniados de los libros de
horas— a muy distinto género de escenas dramáticas en las que es posible
advertir acentuadas e irreductibles peculiaridades.
Hay, ante todo, una peculiaridad regional. Tómense, por ejemplo,
zonas periféricas —Hungría, la marca del Este, Sicilia, Castilla, Inglate­
rra— y se advertirá que predomina en ellas un aire singular, que aunque
no desmiente aquellos rasgos generales que hemos considerado como el
paisaje de fondo, atenúa o vigoriza ciertos tonos hasta lograr una armonía
en cada una distinta de las otras. Unas veces es la persistencia de la

9

�tradición antigua, otras la presencia vigorosa de las tradiciones vernácu­
las locales, otras el predom inio de las influencias germánicas, otras la
penetración de las influencias musulmanas o bizantinas. Apenas es posi­
ble comprender el tono de la vida de esas regiones periféricas si, como
acontece a menudo, seguimos rigiendo nuestra perspectiva con el canon
de la Edad Media francesa, tan bien estudiada y, sobre todo, tan bien
perfilada en su desarrollo. Pero las condiciones de la vida fueron muy
diversas en las distintas áreas geográficas durante la Edad Media, según
se estuviera o no sobre la cuenca mediterránea, por ejemplo, o según el
índice de seguridad que proporcionaran las fronteras, o según la eficacia
que conservaran las tradiciones imperiales. Hay, pues, rasgos que pueden
generalizarse y otros cuya significación debe ser delimitada, y si el fondo
que anim a la concepción de la catedral gótica parece ser el mismo en
todo el ám bito occidental, es bien sabido que el estilo mismo revela en
diversas regiones peculiaridades muy distintas, como acontece, por lo de­
más, en el pensamiento, en la poesía o en las costumbres.
Hay luego una peculiaridad temporal. Sólo su complejidad y su
riqueza, su variedad y su originalidad han sido las causas de que se omita
considerar las diversidades de los diez siglos medievales, para contentarse
con una agrupación a vuelo de pájaro en una sola edad de épocas que
parecen manifestarse como resueltamente diferentes: porque nada tan
arduo como reducir conceptualmente a esquema la gama difusa de lo que
en ella es variable. Pero puede admitirse que aquella agrupación está
justificada en función del paisaje que le sirve de fondo común a muy
diversos tiempos. Y sin embargo, la comprensión histórica, es bien sabido,
se hace de matices o no hay comprensión profunda y diferenciadora. Periodizar conceptualmente la llamada Edad M edia constituye una tarea
difícil, pero es una tarea imprescindible —tan precarios como puedan ser
su resultados—, para llegar a sorprender todos los perfiles de su fisonomía,
una fisonomía que sólo conocida en la totalidad de sus posibilidades
puede servirnos como referencia para llegar hasta el misterio que nos

10

�depara cada una de las creaciones que la Edad Media nos ha legado:
creaciones de arte y creaciones de vida estrechamente contundidas y ali­
mentadas por los mismos impulsos.
Se vive de un modo durante el período que transcurre dede las inva­
siones hasta la crisis del vasto edificio carolingio, de otro durante el esplen­
dor del orden feudal, de otro, en fin, durante la época preburguesa que
transcurre durante los siglos xxv y xv. Ese distinto modo de vivir no es
sino el reflejo de acentuados matices diversificadores que han obrado sobre
una inestable concepción genérica del mundo y de la vida a la luz de
nuevas experiencias vitales irreversibles o de profundas influencias que
han trastrocado algunas convicciones hasta entonces indiscutidas. Quien
talla el Beau Dieu de Chartres no podría tallar las figuras de la tumba
de Philippe Pot, senescal de Borgoña; quien escribe la Vida de Santo
Domingo de Silos, no podría escribir El Victorial, y quien renuncia a la
corona de Jerusalén no podría luchar por la expansión marítima de
Brujas. Hay una trascendencia que está saturando las expresiones del
Giovanni Arnolfini o del canciller Rollin de Jan van Eyck; pero en
algo ha variado esa noción si consideramos cómo se reflejaba en los
capiteles de Saint Trophime o en la Commedia. Acaso sea ocioso des­
tacar tales evidencias, pero es necesario tener presente que el prejuicio
de la homogeneidad de la Edad Media, sostenido a veces polémicamente
y por razones escasamente científicas, ha sido uno de los más eficaces
para malograr su recta comprensión,.

EL PAISAJE AL FONDO

Sobre todo en cuanto tiende a prestar­
le un carácter de sostenida perdurabili­
dad, de radical esencialidad a lo que no lo tiene, impidiendo de ese mo­
do descubrir y discriminar lo que efectivamente lo posee. Tan peligroso
como pueda ser el intento de resumir en pocas líneas esos rasgos que
componen el fondo de paisaje de la Edad Media “enorme y delicada”, pa­
rece inexcusable intentar una aproximación a lo que en él es claro cielo

11

�y a lo que en él es tierra oscura, con olivos, encinas y castaños, ciervos
y jabalíes, y también montañas encantadas, trasgos y misteriosos genios
de los ríos y los bosques.
En lo más profundo de la concepción medieval de la vida se advierte
una constante presencia de lo trascendente que imprime su sello incon­
fundible a cuanto le sirve de manifestación exterior. El trasmundo existe
con una fuerza incontrastable, y a él están referidos, en última instancia,
las obras y los días del hombre medieval. Muchas veces ese trasmundo ha
sido imaginado con una dramática precisión, como en Dante. Pero muchas
más veces parece diluirse' delicadamente como si no se quisiera cerrar del
todo la posibilidad de enriquecerlo indefinidamente con nuevas y más
ricas divagaciones. Porque lo trascendente vive en el hombre medieval
nutrido en parte por nociones dogmáticas, pero vive sobre todo como
una actitud radical que sobrepasa esas nociones e impregna la existencia
toda con su vago perfume de infinitud y de misterio.
La experiencia —la experiencia que, en la modernidad, conduce a
negarla— alienta y vivifica en el hombre medieval la noción de lo tras­
cendente. Porque la realidad inmediata parece ofrecerle sobrados testimo­
nios del misterio y sólo lo trascendente parece explicarla, eso sí, a costa
de entremezclarse con ella y saturarla en la más singular de las combinacio­
nes. Desde entonces, realidad e irrealidad no son sino aspectos diversos
de la misma cosa que se ofrecen a la experiencia sucesiva o simultánea­
mente, como en una visión prodigiosa.
Empero, una dirección del espíritu tiende a distinguir, en cierto
plano, lo real de lo irreal, porque advierte entre uno y otro —entre la
realidad perceptible y lo trascendente entrevisto— el mismo abismo que
separa el cuerpo y el alma, la ciudad terrestre y la ciudad celeste. Es
el riguroso dualismo que predomina en la concepción cristiana. Pero no
nos dejemos seducir demasiado por esa tendencia dualística, porque el
distingo sólo aparece preciso y declarado a la luz del análisis conceptual,
sin que la vida —verde, a diferencia de la doctrina gris— proporcione

12

�siempre al hombre medieval la experiencia de su forzosidad. Ni su expe­
riencia de la naturaleza, ni su experiencia de la vida social o individual
lo incitan a discriminar necesariamente lo real y lo irreal, sino por el con­
trario a sumirse en su íntimo entrecruzamiento, y el sueño o la aventura
parecen demostrarle que la realidad encierra ciertamente cuantos secretos
sospechara sin atreverse a dar crédito a sus sospechas. Así, todo lo que
el hombre medieval ignoraba del m undo y de su propia existencia con­
tribuía a señalarle las infinitas posibilidades que le aguardaban, en las
que cabía perfectamente un imprevisto diverso de lo conocido y revelador
de una instancia insospechada del m undo que, aunque irrealidad en el
fondo, participaba a sus ojos de la esencia misma de lo real.
Se reconoce en todos los aspectos de la vida medieval la presencia de
ese trasmundo hacia el que se evade la realidad inmediata, y la presencia
también de esta actitud contradictoria frente a las relaciones entre ambos:
una afirmación conceptual del dualismo y una afirmación vital de cierta
especie de monismo mágico. De esta últim a arranca la situación de cons­
tante aventura en que se siente el hombre medieval, a la espera de que
cada recodo del camino pueda depararle la más imprevista de las contin­
gencias: la posibilidad de la hazaña, la posibilidad del milagro, la posibi­
lidad de la revelación. Esa aventura —como el éxtasis o el pecado—, reco­
noce sin embargo la presencia de un límite tras el cual ingresa dentro de
un orden universal en el que el azar se explica revelando sus misteriosas
concatenaciones. El m undo trascendente hacia el que la realidad fluye la
circunscribe y la lim ita dentro de una forma rigurosa en la que el vago
azar humano se torna designio divino. La aventura no entraña, por eso,
inquietudes y angustias sino inmediatas, porque el hombre medieval sabe
a ciencia cierta cuáles son los lindes del azar. Así como lo exalta la con­
tingencia de lo inmediato, lo sostiene la inm utabilidad de lo eterno y ob­
tiene de esta certidumbre una seguridad últim a acerca de su sino. U na
aventura delimitada por la conciencia de una seguridad definitiva carac­
teriza de manera eminente la existencia del hombre medieval.

13

�No nos engañemos si, a pesar de todo, lo vemos caer en el pecado.
El pecado es propio de su naturaleza, y sobre todo es también aventura
porque inaugura el camino de la expiación lleno de tornasoladas esperan­
zas y de conflictos espantosos. Esa aventura está también limitada por la
seguridad. La vida imperfecta del valle de lágrimas conoce su propia im­
perfección, pero conoce también la perfección posible de su desenlace,
representado por una justicia incontestable. De allí el vibrante patetismo
del hombre medieval y la resignación eficaz. Pero pongámonos a cubierto
de todo equívoco y no extrememos el alcance de la idea del pecado para
el hombre medieval. La realidad inmediata fluye hacia el trasmundo y
configura en los lindes una zona equívoca y borrosa; pero hay más acá
una realidad palmaria en la que el hombre medieval quiere vivir, una
realidad que posee un valor. La realidad corresponde al cuerpo, a la ciu­
dad terrestre, al valle de lágrimas, sí, pero constituye la condición de la
existencia terrena, cuyos caminos son infinitos y en los que no se sabe si
está señalada la huella del bien o del mal. La vida es aventura y es nece­
sario recorrer los caminos que ofrece, escabrosos y polvorientos unos, dora­
dos y risueños otros. El hombre medieval vive intensa y denodadamente
sin que lo asalten las dudas a que después ha acostumbrado al hombre
occidental la reflexión sobre su fe, y recorre unos y otros riendo o sollo­
zando, inflamado unas veces por el más encendido patetismo y otras por
la más irrefrenable alegría. El pecado o la salvación se esconden en cual­
quiera de ellos: soberbia o codicia, vanidad o lujuria. A veces el llanto
desencadena la alegría y a veces la exaltación del gozo desemboca en la
desesperación. Todo es vida, intensa y denodada vida no coaccionada por
la reflexión, en la que se busca el riesgo o la gloria, porque en la cohe­
rencia del mundo que la acoge —real o irreal a un tiempo— se esconde la
definitiva seguridad que le permite ejercitar libremente las varias y con­
tradictorias aptitudes que anidan en su espíritu.
Un mundo coherente en su diversidad: he aquí la dimensión predo­
minante en la concepción del mundo y de la vida del hombre medieval.

14

�Pero obsérvese que esa coherencia no está hecha de mutilaciones sino, por
el contrario, de una transferencia hacia lo trascendente de la infinita y
contradictoria realidad inmediata. La vida es expiación y pecado, no ex­
piación solamente. La vida es imperfección y perfección, o mejor aún,
constante aspiración a la perfección desde el ejercicio de lo imperfecto.
Alguna vez, la ingente ordenación de la realidad bajo el signo del papado
o el signo del imperio proporcionó al hombre medieval la certidumbre
de que se aproximaba a la perfección; pero siguió esperándola y luchando
por ella depués que vió frustrarse el intento, sin que el descorazonamiento
lo alcanzara hasta los últimos siglos medievales. Y entonces, en la medida
en que comenzó a dudar de la coherencia de lo diverso, comenzó a aban­
donar la concepción medieval de la vida para ingresar en esa etapa de
crisis que prefigura la modernidad.
Pero entretanto, la idea de la coherencia nutrió el espíritu del hom­
bre medieval y presidió su constante ejercicio de las posibilidades de que
se sentía animado. Entre ellas la creación. Porque pocas veces la creación
estética ha estado tan estrechamente atada a la vida como entonces, pocas
ha expresado con más libertad sus direcciones contradictorias y pocas ha
respondido con tanta decisión a los reclamos de su espíritu dominado por
las cuestiones últimas. Por eso la creación medieval es a veces aparente­
mente contradictoria y es sin embargo siempre fiel a ese paisaje de fondo
que enlaza a la distancia las distintas fases en que se proyecta según el
tiempo y el lugar.
Pero no intentemos precisar más, porque acaso caigamos otra vez en
el antiguo error de perfilar con demasiada exactitud lo que es esencialmen­
te impreciso. Ese paisaje de fondo sólo se advierte mirando hacia la lejanía,
a través de realidades históricas que no proyectan siempre ni la totalidad
de sus elementos ni la misma gama de matices tonales. Como la realidad
inmediata y lo trascendente en la concepción del hombre medieval, hemos
de hallar en el análisis de su cultura una forma histórica y un paisaje de

15

�fondo sutilmente entrecruzados, cuyos límites aparecerán constantemente
a nuestros ojos desdibujados y esquivos.
LA S F O R M A S H IS T Ó R IC A S

Si dejamos de lado las variantes

regionales, cuyo análisis exigiría
un cuidadoso examen de diversos elementos en cada circunscripción, nos
es dado advertir que las grandes líneas de la cultura medieval se presen­
tan diversificadas en tres épocas.
La primera —la temprana Edad Media o época de los reinos romanogermánicos— abarca desde la época de las invasiones hasta la crisis del
Imperio carolingio en la primera mitad del siglo ix. Es el momento de
máxima heterogeneidad de la Europa occidental, en cuyo transcurso se
constituyen, por sobre la estructura más o menos uniforme del Bajo im­
perio, los nuevos reinos autónomos. Hay entonces un activo trabajo de
fusión entre las tradiciones del Bajo imperio y las que aportan los con­
quistadores germánicos, manifestado tanto en la constitución de un nuevo
orden económico, social y político como en la elaboración de un tipo de
cultura espiritual. Si en el primer aspecto la tarea correspondió a las nue­
vas aristocracias, en el segundo prevalecieron las minorías cultas, consti­
tuidas generalmente por gentes de origen romano; a este último grupo
pertenecieron Casiodoro, Gregorio de Tours, Isidoro de Sevilla, Beda,
Eghinardo, los estudiosos de las escuelas de York y Cantorbery y de la
academia carolingia del Palacio. De la labor de ambas ¿lites y de las
circunstancias de la realidad nacieron los códigos romanogermánicos que
reordenaron la vida colectiva y las obras filosóficas, históricas o literarias
que por entonces aparecieron, vasto conjunto de creaciones intelectuales
en el que es posible descubrir el apuntar de lo nuevo en medio de vetus­
tas estructuras. Estas últimas muestran, por ejemplo, la perduración de
la vieja concepción universalista que se reflejará en el imperio carolingio
y en la política del papado. En este terreno San Agustín había provisto
de una doctrina sólida, en relación con otras aportaciones teológicas y

16

�filosóficas; trató también temas análogos San Isidoro en diversas obras en
las que procuró sintetizar su vasto saber y especialmente en las Etim olo­
gías. Junto a todo ello, los bizantinos ofrecieron un caudal vivo de expe­
riencia que no se tradujo solamente en los monumentos de Italia sino
también en ciertas influencias sobre la vida política, la vida monástica y
la vida intelectual. Y no fueron los únicos que contribuyeron a modelar
la concepción de la vida, sin embargo, porque es necesario no olvidar en
este aspecto el decisivo aporte de los germanos que, con su naturalismo,
trajeron una imagen de la vida del hombre de élite que se opuso larga­
mente al triunfo profundo de la moral cristiana: porque no era propio
de un Sigfrido ofrecer la otra mejilla a quien le había abofeteado una
vez, y de la estirpe de Sigfrido quisieron ser los caballeros de la Edad
Media aun después de haber comenzado a sentir profundamente la in­
fluencia cristiana.
La segunda época —la alta Edad Media o época feudal propiamente
dicha— arranca de la disolución del imperio carolingio y coincide en sus
orígenes con el progresivo reordenamiento social que se origina en esa
crisis, en las invasiones normandas y musulmanas y en el desarrollo de la
economía cerrada hacia la que marchaba ya el Bajo imperio. Frustrado
el Imperio carolingio y manifiestamente impotente el Santo imperio romanogermánico, el papado encarnó el principio de universalidad frente
al creciente localismo feudal, y con ello proporcionó a la Iglesia una
intensa gravitación, que las cruzadas acrecentaron durante algún tiempo.
El cristianismo modificó los ideales del caballero germánico y perfiló las
figuras de Rolando y del Cid, con nuevos ideales que más tarde se mo­
dificarían aun más por obra de otras influencias hasta conformar el tipo
del caballero cortesano: el fiel Tristán, Lancelot, todos en fin los que
modelaron M aría de Francia, Cristián de Troyes o W olfram de Eschenbach. Esos ideales caballerescos serán, ciertamente, los que predominen,
pero no serán los únicos porque la m onarquía trabajará eficazmente por
acrecentar su poder y la naciente clase de los burgueses comenzará poco

17

�a poco a crear una economía destinada a quebrar los privilegios caba­
llerescos. Los cronistas exaltarán la figura de los reyes con desmedro de
los señores y los burgueses crearán con las ciudades los monumentos de
su gloria. La catedral —románica o gótica— con sus pórticos cuajados de
estatuas y el palacio comunal reflejarán en cada una de ellas el esfuerzo y
la riqueza de las nuevas clases que surgen. Serán estas nuevas clases tam­
bién las que provean de maestros y discípulos a las florecientes universi­
dades, porque ésta es la época de mayor desarrollo del saber teológico,
del que es símbolo la disputa de los universales. Y es también la época
que culmina con la Suma teológica, que con la Comedia de Dante cons­
tituyen los testimonios eminentes de una culminación que es al mismo
tiempo una crisis.
La tercera época —la baja Edad Media o época preburguesa— se
insinúa a partir de las postrimerías del siglo xm y se prolonga hasta el xv.
Si la Suma y la Comedia testimonian la presencia de una crisis, es porque
nos permiten descubrir que están movidas por el afán de contener un
creciente escepticismo acerca de las ideas más caras al hombre medieval y
especialmente la idea de la vigencia de un orden universal. Los viejos
ideales caballerescos se están tornando meros hábitos formales de menor
peso que las nuevas ambiciones de dinero y poder. Es la época en que
las ciudades poderosas imponen una nueva economía, desencadenada, por
cierto, como consecuencia de aquellas prodigiosas aventuras de los cruza­
dos que comenzaron por procurar la libertad del Santo sepulcro y con­
cluyeron tratando de asegurar el dominio de las rutas del comercio me­
diterráneo. El lujo, el ansia inmoderada de goce y las transformaciones
de las formas de vida que todo ello traía consigo hacen irrupción en las
cortes reales y señoriales tanto como en los poderosos centros burgueses.
Porque en Brujas se procura imitar a Dijon, cuyo fausto se alimenta, por
cierto, en buena parte con dinero de Brujas. El gótico florido, la narra­
ción realista, la poesía lírica, el teatro burgués y una naciente ciencia ex­
perimental acusan la presencia de cierta revolución latente en el campo

1S

�de las ideas y los gustos. Es la época de los libros de horas y de los calen­
darios miniados; de los retratos de van der Weiden y Fouquet; de las
Danzas macabras y de esos intensos contrastes que revelan Manrique y
Chaucer, Santa Catalina de Siena y Boccacio. Obsérvese que es también
la época del prerrenacimiento italiano, cuyo contenido señala todavía una
marcada coherencia con la tradición medieval; pero de la baja Edad Me­
dia sobre todo, en cuyo transcurso se opera una revolución decisiva que
apenas llega a manifestarse pero que podemos adivinar a través de múl­
tiples pálidos testimonios. Podría decirse que el siglo xiv es una especie
de ensayo general de la modernidad, con su revolución burguesa frustra­
da a pesar de los esfuerzos de los Artevelde en Brujas y de Etienne Marcel
en París; con la vaga insinuación de fractura que se insinúa en la bur­
guesía entre los pobres y los ricos, el popolo grasso y el popolo minuto, los
majores y los minores; con su descubrimiento de la naturaleza, visible en los
calendarios, los libros de horas y los retratos; con su mutación en la con­
cepción del poder político; con su mutación en la concepción del poder
papal frente al que se alzan los cardenales para defender las prerrogati­
vas de los concilios. La escolástica ha entrado en su ocaso y de sus som­
bras comenzará a emerger el pensamiento de un Nicolás de Cusa, reve­
lador de direcciones encontradas. Y en el afán científico que revelan un
Buridan o un Oresme parece descubrirse sin mucho esfuerzo la vía de
esa mutación que constituye el paso hacia la modernidad.
Así, sin una ruptura violenta pero con una energía irresistible, una
mutación en las condiciones sociales y económicas, en la concepción polí­
tica, en las ideas sobre el mundo y la vida, se acentúa en los últimos siglos
medievales. En Italia antes que en otras partes, esa mutación se hace visi­
ble y se manifiesta en una nueva sensibilidad frente a todos los problemas:
la vida cotidiana, el conocimiento de la naturaleza, la creación artística.
El resto de la Europa occidental seguirá sus huellas hasta que, en cada
lugar, las nuevas direcciones hayan creado sus propias fórmulas según

19

�los elementos que debían someter a la mutación deseada. La modernidad
comienza, pero sin que se pueda observar un sincronismo absoluto. Acaso
habría una pauta para reconocer su triunfo: el predominio más o menos
acusado de una concepción naturalística del mundo en desmedro de la
vieja concepción teística. Allí donde se manifiesta, triunfa la modernidad.
Pero es necesario tener presente aquella observación que justificaba nues­
tro interés por la cultura medieval: la concepción teística sobrevive, se
abroquela y lucha por su perduración, constituyendo una dimensión del
Occidente aun en plena Edad Moderna. Más que el predominio de la
concepción naturalística, la modernidad se nos presenta hasta ahora co­
mo una lucha entre ella y su adversaria. Este drama está, pues, incon­
cluso y quizá constituye el nudo de muchos problemas que nos sobre­
cogen hoy por su magnitud y su trascendencia. Acaso convenga releer a
Montaigne y a Pascal para saber a qué atenerse en cuanto a dos actitudes
inconciliables entre sí en el fondo y que se muestran escondidas tras todos
los dilemas que nos ofrece el mundo moderno.
J osé L u is R o m e r o

20

�Inventario
LA PINTURA DE LOS PRIMITIVOS
Y UN CUADRO DE GERARDO STHARNINA

�SE ADMITE QUE LA MADU­
SI ración
de un arte depende de su

1. Hay que establecer grados en la i n ­
dependencia de las artes. Puede llegar
a ser absoluta en algunas ■
—- l a poesía, la
danza, la música ■—- y relativa en otras
— la pintura, la escultura — , en tanta
que el teatro y la arquitectura son in­
dependientes en la medida en que se subor­
dinan a ellas las formas ajenas de que se
valen. Aun siendo relativa su indepen­
dencia, la pi nt ur a no puede ser ella mis­
ma sino cuando se aparta del plano.
2. Dehido al ficticio trasplante de las
cosas corporales a imágenes bidimensionales, la pintura florece en los momentos
en que el se ntimiento lihera al hambre de
sus preocupaciones materiales e intelectua­
les y deja en libertad a la fantasía. No
f a l tó ésta en la Edad Medía, pero ella
se ejercía por medio de figuras corpóreas
que servían de base a las alegorías, en las
que se encarnó principalm ente el ideal que
realizó la escultura,
3. Me atreva a decir que pocas veces
la pintura mural ha sida una man ifesta ­
ción lograda, y que ello se debe a la
imposibilidad de que se ciñan elásticamente
sus formas a los elementos de la cons­
trucción arquitectónica, lo que no ocurre
con la escultura. P o r esa, seguramente, los
bizantinos prefirieron el mosaico y los
góticos el vitral, demostrando que poseían
una idea m á s justa de la decoración que
los renacentistas.

grado de independencia *, se compren­
derá por qué la pintura maduró con
lentitud, o no maduró lisa y llanamen­
te, durante el Medioevo; no sólo porque
la cósmica concepción espiritual de esa
época halló cómodo expresarse en las
estructuras espaciales, al par que el na­
ciente individualismo materialista en las
pétreas figuras esculpidas, faltando ese
plus de libre imaginación que hubiese
podido legitimar su existencia2, sino
porque no pudo desprenderse de los
muros. Y por mucho que se admire la
pintura mural de entonces —sobre todo
cuando se descarta el interés documen­
tal que en esa admiración interviene de
manera solapada a menudo— habrá de
convenirse en que no es una manifesta­
ción absolutamente expresiva 3, caracte­
rizándose más bien por una nota de
provisionalidad y hasta de impotencia,
como si los pintores no hubieran podi­
do decir con el color lo que dijeron con
sus materiales propios los escultores, los
mosaiquistas y los vidrieristas.

22

�Fué la pintura de caballete la que
comenzó a desarrollarse en los siglos fi­
nales del Medioevo, cuando ya la arqui­
tectura y la escultura habían dicho su
palabra definitiva. Por eso puede admi­
tirse que se llame primitivos a los pri­
meros cultores de ese género específica­
mente pictórico, porque en él no hubo
una verdadera continuación del género
decorativo mural, sino el nacimiento de
una nueva concepción, que estaba des­
tinada a ser la del mundo moderno, y
por eso también las tablas que pintaron
aquéllos tienen enorme interés históri­
co, pues en ellas puede seguirse paso a
paso el proceso que condujo a la pin­
tura del plano al volumen, anticipo de
la futura fase: del volumen al espacio 4.
El gusto de los primitivos 5 —dice Lionello Venturi— “encuentra a Dios, no
en la naturaleza, sino en la fe del artis­
ta; él hace vivo el símbolo hasta dejar
de ser símbolo . . . ”6. Y tiene razón,
aunque confunde alegoría con símbolo,
pero parece no advertir que así como
hay un símbolo de la trascendencia, en
el cual da vida el artista mediante los

23

4. A mi juicio, la p in t u r a no llega a ser
p in tu ra has ta que no se consigue crear f i c ­
tic ia m en te el espacio, pues m ie ntr as se con ­
for ma n los pin to res con el v olu m en p e r ­
manece t r i b u ta r i a de la escultura. Si ella,
en consecuencia, comienza a tener e x p r e ­
si ó n a u t ó n o m a con Le on ard o y Rafael,
al can za su p le n itu d recién con los ve n e­
cianos y los pin to res del siglo XVII.
5 . Suele usarse el vocablo p r im itiv o s
para señalar simp le me nte el com ienz o de
una expre si ón , o para em it i r un jui ci o
de valor. La p rim er a ac epc ión es in o pe ­
rant e y la segunda es pobre de cont enid a
axi o ló g íc o, de modo que sería conveniente
ab a nd on arl o.
6. LlONEL LO V E N TU RI , l l g u sta dei
p r im itiu i, Z a n k h e l l í , Bologna, p ág . 2 9 1 .

�7. La misma contradicción se nota en
algunas direcciones de la pintura contem­
porán ea , en las obras de quienes huscan una
síntesis formal abstractoínventiva, sin d ar­
se cuenta de que el marco independiza esa
expresión e impide su ordenación en el r i t ­
mo arq uitectónico del espacio, la única que
podr ía justificarla.

objetos naturales a una realidad espi­
ritual, correspondiente a una instancia
superior, extrahumana, también hay un
símbolo de la inmanencia, sustitutivo
plástico con el que expresa un alma en­
cerrada en las cosas y no ajena a ellas.
De esa vacilante concepción del símbo­
lo derivan también los habituales pun­
tos de vista opuestos sobre la pintura
de los primitivos', unos ven solamente
la fuerza dura del trazo y de las oposi­
ciones de tintas planas, vitalizando imá­
genes que tienen aliento universal por
su fijeza y hieratismo, en tanto que
otros sólo ven la fuerza expansiva de la
línea que ya vibra y de los tonos que
fraccionan las formas; y por eso lo que
constituye para los primeros un mundo
de expresión propia, se trueca para los
segundos en una fase de preparación.
Éstos son los que aciertan, ya que la
concepción planista sólo es admisible en
la pintura mural 7.
La gran paradoja que implica la pin­
tura medieval nace de este hecho, pues
ella empezó a cuajar en formas que pu­
dieron parecer maduras cuando se inde­
pendizó de los muros, pero al mismo
tiempo se transformaron esas formas de­
bido a la inclusión de acentos que des­
truían el ideal de la época.

24

�/^ O M O NO ES FÁCIL SEGUIR EN
Buenos Aires ese proceso, debido a
la pobreza de esta clase de obras en el
Museo Nacional y aun de las coleccio­
nes privadas, cobra mayor importancia
el excelente cuadro de Gerardo Stharnina, Virgen con el niño 8, atribuido al
penúltimo decenio del siglo xiv, que po­
see la Galería Wildenstein.
Pertenece el cuadro a una época de
transición, de lucha entre la concepción
alegórica del Medioevo —transformada
la alegoría en símbolo gracias a la ri­
gurosa potenciación emocional de las
imágenes, que trascienden hacia una
realidad espiritual, siendo por eso pre­
cisas en sus formas y rítmicas en sus
modos de composición ornamental— y
la concepción naturalista del Quattrocento, tendiente a presentar las figuras
como formas corpóreas, de volumen ple­
no y de expresión inmanente.
Fruto de esa misma lucha es la nota
de oscilación que acusa desde el punto
de vista de su destino: ya no es una
pintura mural, ni siquiera una de esas
tablas, como las del Dugento, que ad­
herían a los muros, sino una pintura
de caballete, sin duda un cuadro de al­
tar, perfectamente individualizada en su
carácter material; pero tampoco esa au-

25

S. Se tr a ía de una p in t u r a sobre tahla,
de m. 1 . 8 7 p o r m. 0 . 8 0 , con marco
o ji val de la época, pin ta d o a la tem pera
p o r G er ar d o S th ar n in a ( 1 3 5 4 - 1 4 0 3 ) , u n
f lo r e n tin o que, después de h ab e r recibido
las prim eras lecciones de A n t o n i o Venez ia jio, t r a b a j ó b a j o la tu te la de Ag nolo G ad di, u n o de los m á s eminentes dis cípulos de
G io tt o . Según V a s a r í (Le vite degli urtis ti, Ed. Salani, Flo rencia, p á g s . 2 0 4 - 6 )
p i n t ó S th ar n in a los frescos de la Capilla
Ca ste lla ni ( S t a , Croce, F l o r e n c i a ) , pero
Cavalcaselle y Crowe ( Stocia I ta l., vol.
11, págs . 2 2 9 - 2 3 4 ) sostienen que fueron
em pez ado s p o r Ag nolo y te rm in ad o s por
aquél, y Bernh ard Rerenson ( P i r r a r e italiane del R in a sc im en to , Ed. Hoepli, M il á n ,
p ág . 1 8 3 ) que los ej ec u tó en gran pa rt e
el dis cípulo de G io tt o . T a m b i é n Va sa ri
cue nta que estuvo S tb ar n in a en Es paña
— hacia 2 3 80 y al servicio del rey J u an
I de Castilla según Emile B er ta u x ( H istoire de l'A r t, publicada b a j o la dire cción
de A n d té Micbel, tomo I I I , 2 1? p ar te , págs ,
7 5 2 - 4 ) - — y b a s ta se sospecha que haya
es ta d o en F ra n ci a p o r lo que dice un
com p ila d o r ant erior al b ió g r a f o f lo re nti no
( I d ., p á g 7 5 3 ) . A la vu elta a su ciudad
n at al p i n t ó la Capilla de S. G iro la mo ( E l
C a r m i n e ) y un S. D io n is io obispo en la
fachada del P a la zzc delta parte Guelfa.
Y el mi sm o V as ari consigna que entre los
discípulos de Sth arn in a f ig ur ó Maso lino da
P ani ra le. que luego fu é m a es tr o de Massaccio.

�9. VASARI, Ob. cit., pág. 2 0 5 . Cf.
CAVALCASELLE y CROWE (ob. cíe.&gt; quie­
nes afirman que Stharni na fué a España a
causa del éxito obtenido en Florencia.

tonomía es total, no sólo porque la
obra sigue siendo planista, como prin­
cipio general, sino porque la falta de
una expresión inmanente, también co­
mo principio general, le quita concre­
ción. Todas las timideces, en efecto,
que se observan, muy propias de la épo­
ca, son consecuencia de una idea no
bien madurada.
Sorprende, mas no sólo en este cua­
dro sino en la inmensa mayoría de las
obras de los gioltescos, que su autor no
haya asimilado la fuerza significativa del
trazo del gran maestro, ni la riqueza
emocional del color y el claroscuro. Re­
cuerda a un Giotto enfriado, como si la
incorporación del modelado y la mayor
sabiduría en la composición fueran sólo
conquistas de oficio. De modo que, si
bien no se observa ya la puerilidad, tan
a menudo tierna, de los pintores de ta­
blas del siglo anterior, tampoco se ob­
serva la robustez naturalista en que ha­
bría de desembocar este arte, en los
comienzos del siglo xv, con Massaccio
especialmente.
Vasari 9 dice de Stharnina que fué pin­
tor altamente estimado, capaz de “in­
venciones muy apropiadas y con abun­
dancia de modos e ideas en las actitudes
de las figuras”, y no cuesta creerlo, así

26

�como la afirmación de que lo expre­
saba todo con gracia y elegancia, como
“aquél que anduviera fantaseando en
torno de las cosas de la naturaleza”,
porque esta Virgen con el niño lo com­
prueba: todo lo que hay en ella de gra­
cia y elegancia, de sugestión de lo natu­
ral, se halla definido más por una acti­
tud todavía velada por la caprichosa
imaginación que por una actitud de ob­
servación cuidadosa, diría científica, de
las formas naturales.
Y, sin embargo, por debajo de las
convenciones, por demás evidentes, se
siente como un despertar interior, que
se manifiesta en la mirada melancólica
de la Virgen, en la actitud casi jugue­
tona del Niño, en la plegaria no exenta
de fervor de algunos ángeles. Un sen­
timiento que pugna por expresarse en
términos de volumen, pero al cual com­
prime el plano, y por ello se resuelve en
ciertos arabescos intencionados o en
pliegues de telas dinamizadas por den­
tro, con algún acento pintoresco acaso
importado de España10, todo envuelto
por reflejos de oro y color, ahora muy
apagados, que revelan la persistencia de
un ideal bizantino. Lo que no implica
negar las múltiples modificaciones que
éste ya había sufrido.

27

1 0. Es posible, p oiq ue ta m b ié n en las
frescos de la iglesia de El Carm ine, F lo ­
rencia, in t r o d u jo trajes a la española, y en
T o le do se han encontrado p in tu ra s g io tte scas que B et tau x supone hechas por Stharnína ( O ó . Cif,, págs , 7 5 3 - 4 ) .

�11. Es explicable la alusión a la T r i ­
nidad del grupo central, encarnado el Padre
en la figura de la Virgen ----la paloma en
la mano izquierda del N iñ o alegoriza el
E s p ír i tu Santo-—- porque según la concep­
ción tomista la Virgen fué considerada co­
mo la Reina del cielo. Es ilustrativo a ese
respecto al texto de la Sapiencia escrito
pOT de tr ás de la figura de la Virgen en el
P o líp tico de G ante, de los hermanos Van
Eyc: " És ta es más brillante que el sol y
que todo el ordenamiento de las estrellas;
comparada con la luz ella la sobrepasa, pues
es el brillo de la luz eterna, el espejo sin
mancha de la majestad divina."
12. La Virgen, que sigue siendo expre­
sión simbólica de lo divino — en lugar de
la d ivinidad — está en una actitud fría,
descargada de todo sentimiento íntimo in­
dividual pero responde a esa especie de
emotividad estereotipada que fué caracte­
rística de los p rim itivo s del T recento.
13. La mano izquierda de la Virgen
parece haber sido torpemente rehecha; las
manos de los ángeles que sostienen la ca­
pa carecen de energía.

p N EL CUADRO DE STHARNINA
“ privan todavía los rasgos de expre­
sión medieval: el corte en ojiva en co­
rrespondencia con el marco, que parece
innecesario por el planismo de la tabla;
el tema de la Virgen entronizada con
el Niño en brazos lx; la actitud un poco
teatral de los gestos, que recuerda la de
los personajes en los Misterios12 y la
perduración del arabesco lineal, sobre
todo en el juego planista del brazo de
la Virgen y el del Niño, así como el
mantenimiento de los halos con inscrip­
ciones góticas; la composición simétrica,
organizada sobre la base de dos diago­
nales (véase el esquema), la cual sub­
raya el alargamiento en ojiva de toda
la tabla y de la figura central en parti­
cular; las partes planas de color, sobre
todo en los fondos y en el traje de la
Virgen, incrustadas en oro, y la falta
de vigor expresivo en el modelado de
las caras y manos13, de escaso valor tác­
til.
Veamos ahora las notas de moderni­
dad. Ante todo, los brazos de la ojiva
caen sobre capiteles que ya no son gó­
ticos, sino corintios, obedientes a la
tendencia simplificadora y austera que
caracterizó luego al Quattrocento en
Italia. Luego, el tema mismo de la Vir-

/

�gen, que no ha de confundirse con el
de la Virgen del Consuelo o de la Mise­
ricordia 14, a causa de la gran capa abier­
ta como si fuese un baldaquino, ya en
ademán protector, que le sirve de fondo,
pues en ella puede verse cierta grandeza
no rítmica, como si hubiese aire entre
los pliegues, denunciando el espíritu
moderno. Más todavía se lo advierte en
los pliegues blandos que rodean la cara
de la Virgen, en las capas infladas de
los ángeles del plano inferior, en la tor­
sión graciosa del Niño 15 y, sobre todo,
el avance del hombro izquierdo de la
Madre, en osado escorzo, todo lo cual
no hace sino demostrar una búsqueda
franca del movimiento.
En procura de esa dinamización,
apunta en las figuras, especialmente en
los ángeles del plano inferior, un co­
mienzo de expresión psicológica —la
cara del niño revela interés; hasta pa­
rece que va a decir algo— con tendencia
a la individualización. Y en lugar de la
extensión planista del color, se observa
una clara aunque elemental valoriza­
ción —con blanco en los mantos verdes
y rosas, con oro en las partes rojizas,
sin gran riqueza— y aun el aprovecha­
miento de las sombras en el modelado.
En cuanto al manto de la Virgen pare-

29

14 El
fue caro a los franceses
en el siglo fina l del Medioevo, debido a
l a sobreestima que entonces se tu v o por l a
madre de Jesús. En la V irgen con el m a n ­
to, de Eng uerrand C h aro nt on ( C h a n t i l l y ) ,
posterior a S th ar ni n a, aparece la Virgen
pr otegiendo b aj o su ma nto a u n grupo de
fieles. Según Emilc Male ( L 'A c t religieux
de ¡a fin d a m a yen áge en France, Ed .
Colín, Pa rís . 1 9 3 1 , págs . 1 9 9 - 2 0 0 ) en el
comienzo s ólo p r ote gió a los monjes cistercienscs, luego a los de otras órdenes y
finalmente a toda la cristiandad, La V ir ­
gen con el n ii o de S tha rn in a toda vía acu­
sa suficiente equilibrio decorativo como
para n o suponerla vinculada con aquélla,
pero parece innegable que el principio de
la pr otección, sobria y con str uctivamente
desarrollado, a la italiana, es el que e x ­
plica el inv e n to del tema.
“
15. Supera la gravedad de las tablas flo­
rentinas del siglo XIII (véase La Virgen
con el niño de Cimabue, p ág . 1 9 ) , pero
tampoco llega a la gracia un poco excesiva
a veces de los sieneses, ni a las actitudes
forzadas de los alemanes.

�ce acertado suponer que ya pintaba
Stharnina con veladuras, las cuales han
desaparecido dejando inerte una gran
extensión de la tabla.
La composición, no obstante su apa­
rente simetría, presenta rasgos novedo­
sos. Se desequilibra en favor del lado
derecho a causa de la posición del niño,
pero éste no está tampoco puesto al aca­
so: en el esquema veráse que obedece
a líneas de construcción, todo lo cual
hace pensar en que Stharnina ordenaba
las figuras con un criterio más racional
que el predominante en otros primiti­
vos. Además, es interesante destacar la
mayor luminosidad de esa mitad dere­
cha, la cual otorga al cuadro un movi­
miento de torsión —las partes claras
avanzan y las oscuras retroceden— que
subraya la concepción tímida del volu­
men buscada. A primera vista, en efec­
to, y dejándose llevar por la costumbre
de mirar a los primitivos desde cerca, el
planismo de la tabla se impone, pero en
cuanto la mirada se ejerce desde lejos
se advierten todos los elementos, cauta­
mente empleados, que dan a las figuras
una curiosa corporeidad.
J orge R

30

omero

B r e st

�Guía de lecturas
S O B R E L A C U L T U R A Y EL A R T E M E D IE V A L E S

LA G R A N C L A R I D A D DE LA E D A D M E D I A
\ T O m á s e d a d m e d i a - i m p r e c i s a , o s c u r a , s il e n c i o s a -L ^ sino Primera Edad. Primera edad alta y sonora, madre indiscutida
de la arquitectura, creadora de una prodigiosa estatuaria dependiente del
muro pero cercada ya por tres flancos de espacio, obrera empeñosa de los
primeros gestos musicales, artífice de un fértilísimo teatro de Milagros y
Moralidades, primera voz romance dando el ritmo del poema, primeras
manos hábiles tejiendo el cañamazo duro de la prosa.
Edad planteadá sobre la paradoja; es decir, edad heroica como todas
las paradojales, donde el pensamiento debe fluctuar entre la certeza y la
angustia, separado de las líneas paralelas del equilibrio. Aquí la certeza
es la fe y la angustia es el racionalismo, donde el hombre ya hurga y levan­
ta la sencilla frente de la tierra para enfrentar algo a Dios. Y la paradoja
corre, se extingue y reaparece —vivido fantasma—, a través de cinco siglos
en los que un mapa de países indecisos toma forma, problemas y concien­
cia de sí y sufre —sin interrupción— todo lo arduo de la vocación humana.
Y en este nacer doloroso, cada siglo tiene un rostro doble: el siglo xi
mira hacia Inglaterra, hacia Germania, hacia el Oriente, recibiendo los
vientos que traen —lúcidos— los nombres del rey Arthur y la reina Morgana o la sombra espantable de Mesnie Heliequin, o la chantefable de
Aucassin et Nicolette, mientras que en su otro rostro nacen las grandes
canciones de gesta, el teatro religioso y la palabra íntima del lirismo.
El siglo xii levanta, sobre la ojiva y el vitral del xi, el himno inigua­
lado de la catedral, himno también dual, en que la poderosa resolución
de una técnica se abrasa en el fuego de una fe sencilla y ardiente. Y junto

31

�a esta epifanía de la planta, la nave y el espacio, la otra cara del siglo
canta, sin tregua, una melopea para la mujer, la pucelle desconsillée (don­
cella desgraciada), la dama intocable, el amor concebido como una con­
ciencia permanente.
Llega el siglo xm, el gran siglo, el de la busca del Santo Graal, epope­
ya donde aun los hombres se animan a caminar hacia Dios, sin interceso­
res; el de la “alegoría de la rosa”, tierno simbolismo enredado como la
hiedra al tronco cada vez más fuerte de la filosofía escolástica; el de la
Universidad, ceñida en la geometría inflexible del trivium y el cuadrivium.
Siglo xm. Gran siglo. Tan gran siglo, que es capaz de lanzarse desde
Santo Tomás al teatro cómico, realista y ruidoso que se mofa de los vicios
de los burgueses y de arrastrar por las calles sucias de la sátira escrita en
rudo romance, las faldas demasiado deshumanizadas de las damas de la
gesta. Y al lado de esto, las Sumas, las catedrales del pensamiento.
No hay grandes cosas en el xiv; la gran misa polifónica que procla­
ma el Ars Nova y la pequeña multitud anónima de traductores que está
abonando la tierra para el Renacimiento, no salvan el siglo, que corre
demasiado rápido —sin hallazgo de sí mismo— hacia el xv. Siglo éste que
abre pleito. El gran Huizinga lo llama otoño y lo marca con la señal de
la decadencia. Nuestro autor lo llama continuidad y no ruptura y ubica
en él las primeras voces renacentistas.
Lo cierto es que en esta larga provincia del tiempo medioeval, Van
Eyck difunde la pintura al óleo, Claus Sluter hace hombres, endriagos y
animales de piedra y los ubica victoriosamente en el espacio, el gótico se
vuelve flamígero y entre las llamas de la música nueva y los Misterios cada
vez más densos, el avocat Pathelin ríe, llora y engaña desde las tarimas de
todas las plazas de Francia. Y Erasmo, a su lado, hila cada vez más fino
el pensamiento humanista, Juana de Arco se suelta la cabellera del heroís­
mo y Francois Villon, desgarrado y cruel, adelanta en cuatro siglos los iti­
nerarios de Baudelaire.
Los cinco siglos salen del pensamiento de Gustave Cohén —el más

52

�eminente medievalista francés de nuestro tiempo— nítidamente diseñados.
Se diría que, después de una vida íntegra dedicada al estudio profundo y
exhaustivo de distintos problemas medievales, siente la necesidad y el pla­
cer de recorrer la gran época, sólo esta vez con su mirada aguda, desde
un plano de meditación apasionada. Francia sin voz y con herida —es
el año 1940— y la certeza de la gran injusticia secularmente cometida con­
tra la Edad Media, lo impulsan a escribir este libro en el que traza, como
corolario de todas sus obras anteriores, un gran esquema sintético. Y el
esquema es logrado como un cuento, en que un hombre que ha dicho
muchas cosas fundamentales puede darse el lujo de hacer un resumen.
Un cuento hermoso en su estilo, vibrante en la imagen, emocionado en
su empeño de rehabilitación y sabio en su verismo erudito: La gran cla­
ridad de la Edad Media, de Gustave Cohén 1.
M

LA

C A T H E D R A L E

artha

T

raba

V I V A N T E

LIBRO DESTINADO A EXPLICAR EL “MILAGRO” DE
E Nla UNcatedral
gótica 1, Louis Gillet hace una radiografía de la misma,
estudiándola en sus aspectos histórico y técnico, espiritual y humano.
Partiendo del aspecto formal y técnico, llega al trasfondo histórico que
dió vida al monumento arquitectónico típicamente medieval y así huma­
niza la catedral gótica, ofreciéndonos su verdadero espíritu.
Es interesante señalar la colaboración de la carpintería —muy culti­
vada entre los bárbaros— en las catedrales primitivas, ese período que
Gillet denomina “la prehistoria de las catedrales”. Por eso es que Coui L a gran claridad de la E dad Media, por Gustave Cohén. E ditorial Argos,
Buenos Aires, 1948.
i Louis G illet. L a Cathédrale vivante, Flam m arion, París, 1936.

33

�rajod 2 —que Gillet no menciona— atribuye a la carpintería una decisiva
influencia en la expresión definitiva del arte gótico.
Para Gillet el gótico es el “estilo francés” por excelencia, pero admi­
te la colaboración de Oriente por el aporte de la bóveda y la ojiva. Mas
se aparta del seco rigorismo matemático de Viollet-le-Duc que racionalizó
la catedral, reduciendo el estilo gótico a un sistema mecánico de fuerzas
y resistencias. El estilo, el carácter del estilo, ya existía en germen y
tuvo una línea propia de desarrollo histórico hasta que, a mediados del
siglo xn, se definió al reconstruirse Saint Denis bajo la inspiración de
Suger, y culminó en 1163 con Notre-Dame de París. El ejemplo cundió
y se formó una raza de catedrales: Noyon, Senlis, Chartres, Sens, Laon,
Soissons, Bourges. Éstas pertenecen a la que acertadamente designa
Gillet como la “edad dórica” de las catedrales francesas.
Mas no fué un estilo fijo; lo característico del gótico es su estado
permanente de movilidad, de transformación. Sus elementos son, más que
funcionales, el lenguaje plástico de un pueblo. Y la catedral traduce el
carácter de ese pueblo, sus costumbres, sus alternativas históricas. Es el
espíritu de Francia y el espíritu cristiano de las cruzadas, de las cuales
es hija directa la catedral gótica. Vendría a ser ella la materialización
de esa agitación mística colectiva y del auténtico espíritu francés. Com­
pendia la sociedad medieval, con sus formas de trabajo colectivo, su vida
saturada de evangelio, de humildad, de sacrificio, de exaltación mística,
de amorosa comprensión entre el pueblo y los grandes señores, todos
guiados espiritualmente —en sentido religioso y cultural— por sus obis­
pos, que utilizaban la catedral como libro de enseñanza, con sus imágenes
esculpidas. Tal era el cuadro de la época y ahí está el sentido vivo del
estilo gótico, que no puede traducirnos la lógica rigurosa y el lenguaje
técnico de Viollet-le-Duc. La esencia del estilo está en aquella vitalidad
animadora, en ese espíritu bullente y popular. La parte arquitectónica1
1

Cf. Louis Courajod, Los orígenes del arte gótico, edit. Argos, Buenos Aires, 1946.

34

�es sólo el esquema, la caparazón de la obra. En sus piedras esculpidas
está el condimento humano, vivo, cambiante y permanente a la vez.
En otro libro 3 Gillet completa este cuadro de la Edad Media. Am­
bas obras son la exaltación del espíritu cristiano medieval. Puede parecer
exagerado y parcial cuando añora esa edad de oro y, en vez de mostrar­
nos el reverso de la misma medalla, señala el de otras, la parte negativa
de las épocas posteriores: el Renacimiento, el Iluminismo, la Revolu­
ción . . .
Si la Edad Media tuvo su auténtica expresión en las cruzadas y su
más alta representación artística en la catedral gótica, las épocas poste­
riores se han particularizado por otros acontecimientos que necesitaron
distintas expresiones plásticas. Ni la historia ni el arte son reversibles.
Por más que Gillet cierre el panegírico de la catedral con el lamento de
Rodin por no haber conocido la unidad espiritual de la Edad Media y
haberse visto condenado a realizar un arte fragmentario, por más que
vea signos alentadores de un retorno en el “unanimismo” de Jules Romains, por más que Juana de Arco haya sido un arquetipo de la Francia
de su época —heroína de la Patria y santa de la Iglesia— y que la catedral
sea la síntesis del espíritu francés del Medioevo y del cristianismo de las
cruzadas, no podemos aspirar a reconstruir una época ya vivida y que ha
cumplido su ciclo.
Pero no hay duda de que el aporte de esta obra de Gillet a la plena
y exacta comprensión de una época, con su estilo de vida y su estilo
artístico, es sumamente valioso. Debemos reconocer que sin cierta dosis
de pasión no pueden comprenderse ni el arte ni la historia.
A lfredo

E.

R oland

3 Louis Gillet, El arte religioso de los siglos x m al xvii, Editorial Argos, Bs.
Aires, 1947.

35

�LA

ESENCIA

DEL

ESTILO

GOTICO

m e d ia , d e s d e l a d e s .

M pectiva gótica que le inventó Rafael hasta la que le descubrió
u c h a s caras t ie n e

la edad

Viollet-le-Duc, siguiendo esa revaloración que le debemos al Romanti­
cismo y por la que tan gallardamente combatió Víctor Hugo. Se le
siguen descubriendo matices, se la ubica en otras luces; hoy por hoy pen­
samos sobre el Medioevo casi lo contrario que hace un siglo. La historia
de lo que se piensa sobre una época es también historia. W orringer1
ha dado para la posteridad una caracterización inolvidable del gótico.
Claro que no se queda en la mera descripción ni en una tímida
comparación de monumentos, sino que arranca directamente, y él se
jacta de hacerlo, a la caracterización profunda del estilo, lo que llama
la “psicología de lo gótico”. Pero antes ha sentado ciertos presupuestos
indispensables, como ser que la Historia no pretende conocer cosas en si,
sino que ella también es creación; y, además que la Estética —como
investigación de la Belleza— no puede aplicarse al gótico cuyo ideal es
la expresividad. Desde este punto se puede empezar a discutir con
Worringer. ¿Para qué hacerse la violencia (de la cual parece no estar
muy convencido a lo largo del libro) de decir que lo gótico nada tiene
aue ver con la belleza, en vez de aclarar y declarar paladinamente que
puede haber modos diversos de realización de la belleza: una, la clásica,
que tiene por ideal la armonía y el equilibrio, y otra, la nórdica, cuyo fin
es la expresión, aun a riesgo del desequilibrio?
El hombre, ese ser cambiante en el tiempo y en el espacio, ese ente
no-absoluto, se da en ciertos tipos principales. Worringer analiza cuatro
de ellos; el quinto: el hombre moderno, es corolario de los anteriores.
El primitivo no es un Emilio a lo Rousseau, sino una pobre bestia
1 W ilhelm W orringer. La esencia del estilo gótico, Revista de Occidente argen­
tina, Buenos Aires, 1947.

36

�acorralada que recibe noticias contradictorias de un mundo despiadado
que le es hostil. Él no es anterior al mal, como quería creer el siglo xvm,
sino que está más allá del Bien y del Mal, al luchar y morir en una natu­
raleza impasible que no se deja conmover. Conseguir arrancar de ese caos
informe unas pocas imágenes representativas ya es para él un gran paso
adelante. El hombre oriental es su hermano. Un hermano que sabe y
está después del terror, pero sigue siendo un instintivo, de modo que si
tiene escasa conciencia personal, posee, en cambio, sumisión metafísica
considerable.
El hombre clásico en cambio ha superado su raíz primaria de otra
manera, el arte llega a ser para él una sublimación y no un conjuro.
Su equilibrio entre el intelecto y el instinto le hacen dar una nota de
“arrogancia antropocéntrica” que sin embargo pierde de vista el pro­
fundo dualismo ontológico. Si por una parte la vida se hace más bella
para él, podemos decir que por otra pierde en profundidad, grandeza y
dinamismo. El clásico se expresa mediante un material que maneja con
sensualidad, haciéndolo cantar; hay como un goce del concepto y de
la palabra que lo nombra. Ese ritmo es lo que Worringer llama: “el ritmo
venturoso de lo orgánico”.
El hombre gótico es casi el motivo del resto del libro. Abreviemos
su caracterización. Hay entre él y el oriental un cierto parentesco. Sólo
que en vez de serenidad ante lo desconocido el gótico tiene una natural
desazón que le hace expresarse luchando. Su ideal es la expresión
profunda, desgarradora. Como en él predomina el instinto sobre el
intelecto no se podrá pretender que sus manifestaciones sean otra cosa
que desequilibrios más o menos cargados de todas esas fuerzas oscuras y
caóticas que caracterizan lo más remoto de la condición del hombre.
Para lograr su objeto de ir circunscribiendo el carácter nórdico, Wor­
ringer empieza por analizar la línea y compararla con la línea clásica,
luego pasa al campo de la ornamentación y su análisis se hace cada vez
profundo y complejo para desembocar —objeto de todo el libro— en la

37

�manifestación gótica arquitectónica que hace contrastar otra vez con la
clásica. Este método dialéctico de Worringer puede ser apasionante pero
es muy peligroso. Le hace decir siempre extremos, lo que no es blanco
es negro, y se pierden irremediablemente los matices que son lo mejor
de la crítica de arte.
Worringer sostiene que la línea clásica se da como una solución
de compromiso entre lo instintivo y lo razonado, o sea lo que llama
“lo orgánico”. Hay que entender bien este concepto y el de “mecánico”
(que usa para lo gótico). Orgánico es la expresión profunda, casi
visceral, de lo que va produciendo un goce sensual —de la línea en sí,
en este caso— a medida que se desarrolla. Lo “mecánico” del gótico surge
de cierta expresión propia de la línea, como en esos dibujos que
hacemos distraídamente sobre un papel, en el que perseguimos incansa­
blemente, con una lucidez ajena a la inteligencia y al goce, como obsesos,
una curva o un complicado enrejado que no quieren decir nada claro y
son como rastros de una conciencia honda, oscura, desconocida.
Frente a la línea corporal del clásico, la línea gótica surge con su
potencia de excitación, de febrilidad, de espasmo. Esta línea nórdica
no agrada sino que nos fuerza a entregarnos sin voluntad, nos embriaga
con su enigma. Y además —observación aguda— todo este tipo de deco­
ración de pesadilla no tiene simetría, es vertiginosa porque carece
de centro 1.
Partiendo de lo dicho a propósito de la línea, Worringer generaliza
y pasa al campo de la arquitectura, afirmando que la escultura se subor­
dina a ella del mismo modo que la ornamentación animal se disolvía
en la movilidad sustantiva de la línea. Nos parece exagerada la com­
paración. Precisamente, la escultura gótica invade la superficie externa
1 “T odos los puntos son equivalentes dentro de esa infinita m ovilidad y todos
en conjunto carecen de valor ante la m ovilidad reproducida por ellos”. Parece un
m anifiesto del expresionism o y coincide con aquello de Matisse el fauve, cuando habla
del cuadro como de una superficie llena en que todos los lugares tienen la misma
im portancia pictórica, como en una alfombra persa por ejem plo.

38

�de la catedral en una forma tan peligrosa que llega casi a distraer de
la arquitectura misma, tan expresiva y preponderante es.
T am bién es discutible toda la posición del románico como antece­
dente inm ediato del gótico. No creemos que se pueda hablar de evolución.
En realidad se trata de dos estilos diferentes, nacidos en zonas diferentes
y con voluntades de forma tam bién diferentes. Las pruebas aportadas
no son muy convincentes. La acentuación enérgica de la verticalidad
m ediante las torres, en el románico, es algo que no nos convence. Poco
pueden en efecto las torres para contrarrestar el sentido de masa com­
pacta y con peso, agazapada como un enorme animal de piedra sobre
la superficie de la tierra. Para colmo, en las mismas torres siempre hay
una acentuación de la horizontal mediante molduras que marcan clara­
mente varios cuerpos superpuestos con una intención de no verticalizar.
Lo que dice de la bóveda de cañón y de la de arista tam bién parece
darnos la razón. Si la prim era es “masa inerte y uniform e” y la segunda
tiene “una articulación clara y visible”, ¿cómo es posible que una sea
consecuencia de la otra? El gótico no es u n progreso solamente en la
forma de construir, es un afán nórdico de dinamizar la piedra espiritua­
lizándola, contrario al otro camino m eridional —clá^co— de sensualizar
el material para gozarse en la forma y en el vehículo que la expresa.
O tra diferencia aun se acusa en la oposición espléndida que hace entre
columna redonda y pilar cuadrado, la cual no hace más que confirmal
que entre románico y gótico lo que salta a la vista son las diferencia!
más que los parecidos. W orringer ha sabido ver todo esto y lo ha p ro­
fundizado con sagacidad, pero luego obsesionado quizá con el esquema
ha caído en u n a exageración que ni siquiera favorece su tesis. Se explica
mejor el fenómeno nórdico del gótico si no se lo hace depender desde
sus orígenes del otro fenómeno románico que poco tiene que ver con él.
En dos capítulos sobre la estructura externa e interna de la catedral
W orringer avanza su tesis —que no es literaria como alguien podría su­
poner— de que la catedral gótica por dentro es una formación, u n a cris-

39

�talización mística, es decir que utiliza sus mismos elementos de éxtasis y
de anulación de la personalidad. Es sublime como había dicho Goethe,
o sea es opuesto a lo clásico cuyo afán de claridad y equilibrio nada tienen
que ver con las nieblas de lo místico.
Por fuera en cambio, es una construcción escolástica. Es decir pon­
derada y razonada hasta la consecución de un objeto. El interior es en
cierto modo la negación del exterior. Por dentro más que la lógica sen­
sual de los clásicos se siente una “embriaguez de los sentidos”, no una
embriaguez grosera y directa como la que produce el barroco sino una
embriaguez mística, que no es de este mundo. Por fuera todo es distinto,
se ven las bambalinas que sostienen el decorado interior. Afuera se razona
lo que por dentro sorprende y maravilla. Pero esa piedra exterior pa­
rece no pesar, pináculos, arbotantes, torres, se organizan como un surtidor
de piedra y si bien por lógica sabemos que el todo es un sistema estático
de fuerzas que van de arriba a abajo, la apariencia psicológica nos mues­
tra en cambio un material disparado hacia arriba, “como si del almacén
de energías que atesoran los contrafuertes surgieran las fuerzas en un
poderoso desarrollo mecánico para alcanzar la meta de la altura”.
Worringer ha estudiado el problema de lo nórdico en el gótico y lo
rastrea desde antes, en la decoración y ornamentación antiguas. Pero
—lo dice explícitamente— espera que alguien haga esa misma obra en
sentido inverso, es decir que se busque el goticismo infuso que hay en
el barroco. Y nosotros agregamos, el que hay también, y bien evidente,
en el moderno expresionismo, sobre todo en el alemán 1.
Su libro aunque caiga en exageraciones o pueda tener algún defecto
es una pura obra maestra; el que lo lee sabe que es esencial, que no pasará.
D a m i á n C ar lo s B a y ó n i

i Eug enio D ’ Ors lo dice al revés e inventa una categoría de Barocchus Gothicus,
tomando el elemento barroco como una constante del espíritu humano, en vez de
partir del goticismo como Worringer. Lo mismo casi, con otras palabras.

40

�CRÓNICA PERSIGUIENDO UN ESTILO
N LOS ÚLTIMOS
días de julio, el
público alerta ha
podido ver en p o­
cas cuadras de la
calle Florida toda
la historia de lo
que es esencial en
una faceta del arte
francés: la gracia.
D e s d e Largilliére
hasta un pañuelo
firmado por Matis­
se. U na larga y
compleja aventura de nombres y calidades.
En W ildenstein hay una colección de
pinturas francesas del siglo x v iii . En Largi­
lliére vemos un ideal brillante y cierta va­
cuidad. Y nos preguntamos: ¿esa falta de
expresión profunda es culpa del modelo
o culpa del pintor? Diríamos que quizá
de ambos y de ninguno. Se vivía para la
p o s e y —por ende— se pintaba la p o s e , sal­
vo cuando se caía en las manos de un p in ­
tor cruel, un Latour por ejemplo, que
veía más de la cuenta. El R e t r a t o d e l
C o n d e d e la l i r u y é r e es un cuadro exce­
lentemente pintado, con pincelada vigo­
rosa y buen empaste. Toda la tela se p r e ­
c i p i t a sobre el espectador con sus tercio­
pelos, su peluca, sus ojos brillantes.

La M u j e r d e b l a n c o de Nattier tiene
una elegante entonación agrisada, un p o­
co monótona quizá. Huye del colorinche
pero se queda en nada. En cierto modo hay
una mayor distinción que en Largilliére p e­
ro también mucha menos fuerza.
En Louis Michel Van Loo hay menos
todavía; no podemos creer que Jacques
Eran cois Blondel, arquitecto de Luis xv,
fuera nada más que un hombre de casaca
roja que hojea unos planos. Ese rostro es
un páramo y ¡qué pintura tan poco densa,
tan repetida en los fondos y en las telas! . . .
Pero allí cerca, como mojones en nues­
tro itinerario es­
tán Greuze y so­
bre todo Chardin.
Hay un m o­
mento, cuando se
ha leído mucho
sobre pintura, sin j
haber podido ver
concretamente las
obras, en que
uno desconfía y
se pierde. Se d i­
ce siglo xvm y
una caniidad de j
ideas parásitas lle­
nan la mente. Cuidado: también Chardin
es siglo x viii , pero qué diferencia con los
otros que hemos visto hasta ahora. Aquí
ya apunta un ideal burgués, apegado a los
objetos y exaltándolos. En sus naturalezas
muertas encontramos una pasta lisa pero
vibrante, entonada con mucho saber en cá­
lidos, moderados por los toques fríos. “T o ­
do el esplendor está en la voluptuosidad
de pintar, que nadie jamás, salvo, tal vez.
Vermecr de Delft, poseyó en grado seme­
jante’’ dice Elie Lame y es verdad, en
Chardin este misterio se cumple sin en­
grosar la pasta como lo hará la pintura
posterior, moviéndose siempre en el mejor
oficio-, dando un equivalente de la m a­
teria pero sin imitarla meramente, volvién­
dola a crear con infinita ternura. Xada

�está dormido en los cuadros de Chardin y
entre un objeto y otro se establecen unas
correspondencias (como decía Baudelaire en
su soneto) que no son sólo de composición
o de color, sino, algo más espiritual, los
vínculos de pureza sentimental con que
enlazamos las cosas que nos rodean y ama­
mos. Frutas, cacharros de metal respiran su
paz y su familiaridad delante de fondos de
tierras y grises modulados con una exquisi­
tez plebeya mucho más aristocrática que
la de los pintores de la Corte.
También Greuze es pintor, pese a sus
temas y su peligrosa morbidez que lo tie­
ne siempre en el lím ite de lo licencioso.
Su factura es lisa como un esmalte, y, de
pronto, se enriquece con el estremecimien­
to de unas pinceladas sueltas —que como
después en algunos cuadros no acabados
de David— presagian ya toda la manera m o­
derna de pintar. Su Retrato de niño hace
señas desde lejos a un dibujo de Renoir que
vamos a encontrar más adelante en esta tra­
yectoria, pero su antepasado es todavía un
ser de invernadero; los niños de Renoir
más traviesos, más sanos y más glotones lo
mirarían con un poco de lástima y de des­
concierto.
En su otro retrato de muchachita joven
también está Greuze, aunque disminuido;
entonando solamente un cabello y un ves­
tido con una carne
blanca y unos la­
bios húmedos y no
tan inocentes como
creen las ingenuas
compradoras de es­
te pintor, más mor­
boso que los más
atrevidos cultores
del desnudo y el
impudor. Drouais
no nos satisface en
su cuadro de aquí,
olvidémoslo. Y no
seamos demasiado
severos con Mosnier que pinta una dama
inglesa sin la seguridad con que lo hubie­
ran hedió Gainsborough o Reynolds.
Miremos de reojo un pequeño Hubcrl
R obcil, tampoco está aquí en esta pequeña

tela el decorador
de salones, el in
ventor de ruinas
románticas tan se­
renas y poéticas.
N i el Conteur de
i’ater tiene nada
([lie decirnos como
n- se a hacernos
suspirar por Watteau. Lancret y Pater tienen esta ven­
t a j a pedagógica:
son Watteau sin lo
grande de Watteau. Imitan temas, empas­
te, color y basta una cierta gracia. No
imitan —¡(pié suerte y qué justicial— su vi­
da interior, esa especie de abejeo (pie no
se oye pero se siente ante las telas del
M a e s t r o . N i esa
melancolía que no
está en nada y es­
tá en todo, de los
cuadros de W at­
teau, desde un l’ierrot a un boscaje
oscuro.
En un testero del
salón está Madame
Vigéc-Lcbvun. Es
más pintor que los
anteriores, pese a
sus retorcidas po­
ses tpte tanto le
gustan, pese a la frialdad o a la antipa­
tía de sus modelos. Sabe pintar una carne,
lucir una alhaja sobre la piel. Su pincel si
no es profundo al menos no e.¡ torpe, y
hace vibrar unos fondos animados grises o
verdosos que a veces son más expresivos
que sus rostros.
Caminemos ahora un poco, lo (pie va de
Wildcnstcin a Viau. Y en el camino me­
ditemos en la laguna (pie vamos a salvar
dentro de la historia de la pintura fran­
cesa. Por hoy no retemos David, ni Ingres,
ni Corot ni Daumier. Vamos a desembo­
car en Iloudin y en la Escuela de Baibizou.
Bottdin lia pintado playas y puertos.
Aquí hay uno, tiene efectivamente luz de
puerto, lo que de triste tiene un puerto,

�más aun cuando sólo había veleros en el
mundo. Boudin d e s c r i b e aquí con una p in ­
celada (¡lie se entrecruza, con una gama
gris-amarillenta muy sabia. Pero hemos d i­
cho d e s c r i b e y no nos arrepentimos de la
palabra. Su mundo es el mundo de la rea­
lidad. Sus veleros, el agua, el cielo no tie­
nen c l a n , son meramente: cesas. Esa es su
limitación. En Jongkind ya hay más. De
el veremos dibujos y óleos. Preferimos los
dibujos, son más nerviosos, más eternos en
su fugacidad. T iene aquí tres vistas de
puerto; una es a lápiz común con toques
de acuarela muy aguada, pero un bote
con gente remando, una banderita al vien­
to nos dicen de rachas frías, de penu­
rias, de alta mar. Otro es un maravilloso
dibujo a pluma de tal categoría (pie pa­
rece un aguafuerte. Sí miramos bien ve­
mos varias escenas sucesivas cu una sola.
Porque el dibujo, inquieto como un l i e va
reflejándolo todo. Es uno de esos dibujos
en tpic las cosas están o c u r r i e n d o mientras
uno las mira, y sabemos (pie al dejar de

mirarlas seguirán ocurriendo. En cambio
sus óleos están mucho más m u e r t o s . Ese
claro de luna en un canal holandés, no es
solo casi un almanaque ilustrado, está p in ­
tado con dureza, esforzándose. Buen óleo,
en cambio, de tema y color de mezzotinlo
inglés, es E l H a v r e . Parece de Bonington y hay caballos y figuras dignas de Daumier. El color de parva y un cielo lavado
y un misterioso rincón verde (pintado de
otra manera que el resto del cuadro y que
presagia el impresionismo) componen un
cuadro de excepción. Seguimos en la línea
de Ei anda, ahoia ya en la Escuela de Barbizon, la que pintó el Bosque de Eontainebleau en todas las luces y en todos los
climas bajo la tutela de M ilíct. A llí concu­
rrió también durante un tiempo Corot. De

los otros —salvo Daubigny— casi todos es­
tán representados.
Por ejemplo: Dupré. Su P a i s a j e está
pintado con exlnibcrancia de pasta, su cie­
lo parece sacado del horno de cerámica, tan
azul y tan persistente es en la retina. Lo
demás son tierras, riquísimo color que sin
embargo irradia una claridad que hace
más extraño todavía a este excelente cuadro.
En otra pared hay uno menor en tama­
ño, mayor en calidad: un Theodore R ous­
seau. Su C i e l o t o r m e n t o s o está pintado
con inspiración, con fervor. Todo apenas
sugerido y sin embargo ¡qué fuerza! El
fondo ocre del cartón aparece aquí y allá,
el pintor lo usa para vivificar el conjunto.
Los pardos del suelo son líquidos como em-

�paste, se nota que el color está estirado y
cada pelo del pincel lia dejado su surco
medio abierto. A la derecha, una veladu­
ra verde, de
un color in ol­
vidable pues­
ta c o m o la
sugerencia de
un sembrado
compone un
ritmo ascen­
dente y en

espiral de
gran dinamis­
mo. Y ¿qué
decir de los
árboles? Son pocos y se yerguen al viento
pero son árboles en todo el sentido pro
fundo de la palabra, no son modelos co­
mo en su vecino Díaz de la Peña. Pero si­
gamos. El cielo de Theodore Rousseau es
la obra de un gran pintor. Dramático, tre­
mendo, sólo con la fluctuación de la luz;
una luz que se vale de grises y blancos
exclusivamente para expresarse, y no con
esos manchones de pintura con que los
malos pintores dan los brillos. No; aquí
todo está dado con la pincelada y todo es­
tá conseguido con la maestría y con el
alma de uno de los grandes paisajistas de)
mundo, uno de los pocos que se pueden po
ner a la par de un Ruysdael por ejemplo,
¡Cómo nos acordamos de él ante el Díaz
de la Peña! Si Ruysdael es la naturaleza
en su devenir, en Díaz de la Peña es esce­
nario frío. Para comparar paisajistas hay
que comparar sus maneras de pintar los
árboles. Hagámoslo mentalmente y siga­
mos nuestro itinerario.
De Millet hay dos dibujos. Uno, a tinta,
es hermoso, pero también aquí añoramos a

otro holandés que pintó árboles y puentes.
Miramos a un Millet y pensamos en Rembrandt.
Lo que anunciaba Jongkind se cumple
aquí: hemos llegado al impresionismo, pero
lo vamos a ver por hoy solamente en dibu­
jos. Dos de Pissarro: magníficos, brutales y
provincianos, que nos hacen pensar en ese
otro torpe genial que fué Van Gogh. Pero
¡qué vigor hay en Pissarro! ¡Y qué absolu­
tamente opuesto a él es Odilon Redon!
T iene dos cuadros: unas flores pintadas
con pinceladas cortas, en todas direcciones,
como salpicaduras de un hermosísimo colot.
Opaca la pasta, el pincel ciñéndose a la
forma que pinta Y una R even e que
preferimos, no por
el arte con que es­
tán dichas las cosas,
sino por el arte con
el que muchas co­
sas están dejadas de
decir. Un prodigio
de la asimetría, de
la composición apa­
rentemente desequi­
librada.
Hay un dibujo de
Sisley en el que aún
faltando el color des­
cubrimos el esquele­
to del impresionismo.
Sus casas, y el pai­
saje, tienen algo de
luz cambiante, de inestabilidad, dados ex­
clusivamente con el gris del lápiz y el
blanco del papel. Eso lo hace sólo un gran
pintor.
Forain nos decepciona aquí un poco. Sus
escenas están bien vistas, con mucho de ca­
ricatura y poco de genialidad. Cerca de él
v aunque pobremente representado, Toulouse-Lautrec brilla con su hondura. Nos
entusiasma una hoja de su carnet que se
llama El cronometrista, pocas veces un
caballo ha sido mejor visto; y en la cola
v en los vasos del animal vemos esa imper­
ceptible influencia japonesa que sufrieron
todos los artistas de entonces y hasta los
posteriores.
I.as dos extrañas acuarelas de Bonnard

�también tienen algo de orientales, aun­
que sólo sea en el deliberado aplas­
tamiento que busca adherirse al vidrio
que las cubre y nada más. El ritmo
lineal y el cromático parecen casi aptos pa­
ra ser estampados en una tela.
Miremos ahora con detención los tres
dibujos de R odin. U no de ellos clásico que
parece de un maestro del Renacim iento.
Hecho con grandes y pequeños círculos, la
forma total nace de la unión de esos lazos
tan aparentem ente inconexos. Podría ser
un a n t i g u o ,

pero ni L eo­
nardo ni M i­
guel Á n g e l
tendrían e s e
desánimo, ese
f r i s s o n nouv e a u con que

una de las fi­
guras desfalle­
ce. En R odin
está todo nues­
tro dolor.
Sus otros d i­
bujos acuarelados son de esas obras —entre
Oriente y Occidente— que más descon­
ciertan por su perfección y su falta de
equivalencia con nada de lo que conoce­
mos. La linea sinuosa del lápiz dice una
cosa, la mancha llena de sensibilidad del
color carne, dice otra y sin embargo no se
contradicen, nos explican lo que para m u ­
chos críticos es lo más grande de Rodin: la
suprema expresividad de su dibujo.
V ahora encontramos a Renoir. A quí es­
tá el niño (pie come la papilla, algunos
muchachitos desnudándose, un óleo con
fintas, pero dejamos deliberadamente pa­
ra el final lo mejor: una “Campesina sen­
tada", a la sanguina, que tiene todas las
condiciones de un gran cuadro. Monumcntalidad en la concepción sim plificada, y,
sin embargo, nada duro o esquemático.
Gracia, color im plicado si no real. Y una
f u e r z a q u e b u s c a e x p a n d i r s e que sólo se
da cada tanto tiempo en el reino de la
pintura, y que la distingue y la separa de
Ja mediocridad con un abismo.
Pero también en este salón hay un con­

*

temporáneo que nos va a servir para en ­
lazar el siglo xix con el xx. Y es Derain.
El más c l á s i c o de los modernos tiene un
dibujo a la sanguina, un desnudo de m u ­
jer que merece
la extraordinaria
vecindad
en que está co­
locado.
T o d a esta
fuerza s e r e n a
de Derain se re­
conoce en otro
plano muy dis­
tinto en los pa­
ñuelos (pie fir­
ma y que se exhiben en Kraft. Entre trein­
ta ejemplares, puede decirse sin temor de
equivocación que los suyos son los m ejo­
res. Lo son porque ha entendido el pro­
blema (pie plantea una tela y una tela p a ­
ra ser doblada, mejor (pie todos los demás.
En efecto, un pañuelo no es un cuadro,
hay (pie pensar lo que van a ocultar los
pliegues y la deformación natural que se
producirá en el dibujo al ser usado como
un aditam ento del ropaje, en la función
de ser colocado en la cabeza o en el cue­
llo. Lo que en seguida se nos ocurre es
decir: el buen diseño de una tela, como el
de una alfombra, ha de moverse dentro
de un planism o que vibre por el arabesco
o por el color y no plantee problemas es­
paciales. Es precisamente lo que ha hecho
Derain con m a­
no maestra. T ie ­
ne una F i g u ­
ra
arcaizante,
un poco griega,
irónica, y pop u ­
lar de fondo
b l a n c o . Unas
U v a s verdes y
v i o l e t a , una
Naturaleza
m u e r t a en la
que se traicio­
na un poco y un maravilloso M o s a i c o
en ocres, negro y gris que parece venido
de la Polinesia con su rudo geoinetrismo,
tan lírico sin embargo.

�Hay

hermoso pañuelo de Bérarcl:
que aunque un poco perspectivo tiene una gracia infinita en el
dibujo de los rostros y las manos real­
zado el todo por una valiente guarda
aztd con grecas y lunares. Clavé dibuja
con gracia un poco mundana su C o m b a t e
d e g a l l o s , pero consigue hacer vibrar toda
la superficie de la tela.
Dom ínguez entiende m uy bien lo que
debe ser un pañuelo. En su J a u l a d e p á j a ­
r o s de aztd con negro, blanco y toques de
amarillo, la forma se hace dura y p u n tia­
guda pero sabe suavizarse en algunas p o ­
cas curvas e x ­
trañas que lo
animan.
Sa 1 i l.n d o nos de Francia,
tengam os un
p a r é n t e s i s de
el o g i o [jara
Henry M o o r c ,
el sabio d ib u ­
jante y pintor
de esas m on u ­
m entales figuras
a g u j e r e a d a s , lisas y pulidas como vértebras
de ballenas abandonadas en una playa fan ­
tástica.
A quí
también lo per­
siguen sus for­
mas familiares
en un G r u p o
y en unas F i ­
g u r a s que re­
sultan
clásicas
por la repeti­
ción del sello,
uno al lado del
otro, sólo va­
riando el color.
El todo sobre un marrón metálico, e x ­
traordinal io como telón de fondo. Aschcr,
el fabricante e impresor que tan buena
idea ha tenido en pedir colaboración a
.semejantes artistas, es tam bién él todo
un artista. Lo demuestra la perfección
técnica alcanzada. En los pañuelos de
Moorc de que acabamos de hablar, esto
se ve de manera palmaria. T oda esa
Pas

de

un

deux

textura de piedra pómez, porosa y llena
de color cambiante del escultor inglés es­
tá aquí dada con m ano maestra. Además
nos ha asombrado la habilidad para ele­
gir las clases de seda que más convienen
a cada mancha.
Hay algunos de
un f o u l a r d liso
que tienta al
tacto que lo
im agina flexible
y fr ío . H ay
otras sedas cres­
pas que se ad­
hieren más al
color y lo retie­
nen vibrando.
Y volvamos a
Francia para despedirnos del pasco. V olva­
mos con uno de sus nombres más pre­
claro": el de Matisse. Su pañuelo de aztd
plom o con una misteriosa alga cinc él ha
inventado, es un acierto total. Suprema­
mente elegante confirma la línea de Fran­
cia que liem os venido persiguiendo hoy
por la más elegante y la más francesa
de nuestras calles: la línea de la gracia.
Pero no vayamos a caer en el engaño
de las palabras. Gracioso no quiere de­
cir superficial, Francia en sus grandes
artistas nunca lo ha sido.
Si desde el siglo xviii venim os persi­
guiendo esa gracia —y m ucho antes p o ­
díam os haber empezado —y la encontra­
mos todavía en nuestros días con todas
las vicisitudes del pensam iento y del des­
tino de los hombres, tenemos derecho a
pensar que forma parte de una de sus
c o n s t a n t e s más repetidas.
Si en esta
caminata por I
tres
exposi­
ciones y tres
siglos lo lie ­
mos c o n s e ­
guido probar,
no h a li r á n
sido

vanos

nuestros p a ­
sos n i nues­
tro afán.
D. C. B.

�b u sca d e lo n u e v o u o rig in a l, sin o com o

Crítica

p ro d u c to d e u n a a u té n tic a a n sia c re a d o ­
ra . Se tr a ta p a r a él d e u n a c u e stió n m o ra l,
la q u e pese a l rig o r d e sus co n cep to s n o
excluye la p o é tic a a v e n tu r a a rtístic a .
L as estaciones d e F e lic e C a so ra ti d e r i­
v a n d e su á n im o . N o son m e ro s cam bios

FELICE CASORATI

d e técnica. H a y e n sus o b ra s c ie rto ilu F re n te a las o b ra s d e F elice C asorati

m in ism o é tic o a l m ism o tie m p o q u e u n a

se a d v ie rte q u e se e stá fr e n te a u n p in to r

su p re m a

que

d e m o s tra c ió n

u sa su

cabeza m á s q u e

el in s tin to

o

fa n tá stic o .

Él

c o n stru y e

—e n

e x p re s ió n .

Su

v ib ra n te s

y

m o d e r n id a d

ca rg a d a s
re sid e

d ía

d e sc rip c ió n
in te rio r.

No

y
le

el fo n d o d e su p ro p io u n iv e rso .

re a lid a d con rig u ro s a d is c ip lin a fo rm a l y
e s tru c tu ra s

com o

su

p o rq u e e x p re s a su se r e n te ro y e x p rim e

el

a u té n tic o se n tid o d e la c o n stru c c ió n — su
con

de

im p o rta h a c e r lo bello n i lo q u e g u sta ,

o la p u r a in s p ira c ió n d e o rd e n s e n tim e n ­
ta l

e le g a n c ia

A sí

vem os

Naturaleza

de

P a la n z a )

p r i n c i­

en

la

Muerta
—q u e

ya

ju g o s a

y

d e leito sa

(C olección
se e x p u so

A u g u sto
hace

dos

p a lm e n te e n sus te n d e n c ia s re n o v a d o ra s y

añ o s— u n a in te n s id a d y e x tre m a p u re z a

en

d e co n cep ció n p ic tó ric a y d e e m p le o de

el d e c id id o

e m p le o

el re s ta b le c im ie n to

de

d e su
un

a rte p a ra

o rd e n

color. S en tim o s el v ig o r d e

m o ra l.

en

la

c o n stru c c ió n

su

de

in q u ie ta

C a so ra ti, h o m b re d e 62 años, m a e stro de

v isión

la

T u r i n q u e eje rc ió y a u n e je rc e d e c id id a s

Sin e m p a s te n u tr id o p e ro con c o lo r d e n ­

fo rm a .

in flu e n c ia s so b re lo s jó v e n e s p in to re s i t a ­

so, firm e y d e c id id o , lo g ra u n ju e g o d e

lia n o s, sigue sie n d o u n a rtis ta n u e v o p o r ­

v alo res y c o n tra ste s d e to n o s p r e d o m in a n ­

la

te m e n te cálid o s y lu m in o so s, q u e tie n d e n

tra d ic ió n y p o rq u e sa b e in v e n ta r n u e v a ­

el p u e n te h a c ia cie rto s re sa b io s d e m e ta -

que

sa b e

su p erar

lo s

o b stá c u lo s

de

m e n te las fo rm a s p a r a si, h a c ie n d o a b s ­

físicos g e o m e trism o s, te ñ id o s sin d u d a de

tra c c ió n

sa b o r a D e C h iric o , q u e e n c o n tra m o s m ás

de

un

m é to d o

p a ra

o tro , ju z g a n d o la re a lid a d

im p o n e rse

a c e n tu a d a m e n te

con las leyes

en

a lg u n a s

de

sus li to ­

d e su p r o p ia im a g in a c ió n . S ie n te la n e c e ­

g ra fía s, p o r e je m p lo , e n Academia y Ca­

sid a d d e in t e r p r e ta r e n u n a fo rm a clásica

bezas de Yeso.
T a m b ié n e n u n o d e sus p a isa je s, Coli­

lo m o d e rn o . P e ro n o h a c e te o ría n i r e t ó ­
ric a d e n in g u n a especie. D e n tro d e lo q u e

nas

cum granum salís p u e d e a tin a rs e a lla m a r
expresionismo italiano, C a so ra ti es u n o

esta d o a n ím ic o d e la c o n stru c c ió n . C o n s­
tru y e

d e los v a n g u a rd ista s, p e ro n o h a c e v a n ­

des y ro sad o s, casi d iría m o s e n este caso

g u a rd is m o

con colores p esad o s, e l p a is a je , q u e está

com o

re s u lta d o

de

una

p u ra

47

Piemontesas,
con

colores

a d v e rtim o s

el

m ism o

calcinosos, grises, v e r­

�m uy

lejo s

de

se r

el

r e s u lta d o

de

M ANUEL

una

C O L M E IR O

e n tre g a sin p a r a la n a tu r a le z a , p o r m e ­
que

O tr a vez f r e n te a C o lm e iro i , y c o n la

é sta sea. N o h a y n a d a d e esa e n tr e g a al

m is m a in c e r ti d u m b r e p a r a ju z g a r su p i n ­

n o s e x u b e r a n te y p o r m á s rig u r o s a
p a is a je , n a d a

d e e s a , p e n e tr a c ió n

tis ta e n la n a tu r a le z a q u e

tu r a ;

del a r­

c a ra c te riz a

d e verismo n i s e n tim e n ta lid a d

ju s ti f ic a r la

hace

sie te

años

—la

2

so s p e c h a d e q u e su a c ti tu d v ita l m e era

p a is a jis ta par excellence, e l r o m á n tic o , n a ­
da

acaso m a y o r, y a q u e l a ra z ó n q u e

pudo

al

a je n a — h a d e s a p a re c id o , p o r lo m e n o s en

so b re­

p a r t e , c o n la fr e c u e n ta c ió n c o rd ia l d e sus

a g re g a d a , p e r o sí c o n s tru c c ió n .
Sus d ib u jo s y su s lito g r a fía s

o b ra s

se d e s ta ­

y

de

él m is m o ,

pues

no

lle g o

a

c o n d e n s a r la e n u n ju ic io d e fin itiv o .

(Y el

d o tra z o firm e , casi s ie m p re c e rr a d o , g raso

c rític o

le c to r

y c a rg a d o d e v ib r a c ió n . E l ju e g o d e c la ­

q u ie r e y n e c e s ita es q u e se le d ig a cóm o

ro s c u ro

c a n p o r la sín te sis d e la fo r m a , e m p l e a n ­

no

se

engaña:

lo

que

el

tra z a d o

es e l m u n d o

d e l p i n t o r , d e q u é m e d io s

d e u n e n r e ja d o d e m ú l ti p le s lín e a s p a r a ­

se v a le p a r a

e x p re s a rlo ,

lo

que

le la s y d ia g o n a le s q u e s o b re p o n e , c a r g a n ­

c o m u n ic a y c u á l es e l v a lo r d e su

p in ­

lo

c o n sig u e

m e d ia n te

el

es

d o la fo r m a y c re a n d o g ra n d e s p la n o s d e

t u r a , c o n e l o b je to

c la ro s c o n tr a p u e s to s a lo s so m b re a d o s , sin

p ro p io

p e rd e r n u n c a

q u e to d o c u a n to in c lu y a e n l a f a c tu r a del

a rm o n io s a .
in tr o d u c c ió n

e l s e n tid o

N os
y

p a re c e

de u n a
m uy

lo g r a d a

a p r o v e c h a m ie n to

q u e ñ o s d e sn iv e le s d e la

u n id a d
de

s u p e rfic ie d e

p ie d r a q u e m u e v e n y d in a m iz a n

o r ie n ta r s e

e s tim a tiv o ;

sa b e

en

su

ta m b ié n

la

ju ic io , d o ta n d o d e c a rn e c o n a lu s io n e s de

pe­

in t u i t i v a s e n s ib ilid a d a l f r ío e s q u e le to q u e
es la id e a p u r a , se le e sc a p a a a q u é l con

la

fre c u e n c ia ).

el co n ­

Me

h a ll o

en

e sta

d ific u lta d

p o r q u e C o lm e iro sólo o b e d e c e a lo s d ic ­

ju n t o .

ta d o s d e su s e n s ib ilid a d e in te le c tu a lid a d

Vigilia c re e m o s a d v e r t ir c ie rta s r e ­

En

p e c u lia re s , s in p e r te n e c e r a e sc u e la a lg u ­

m in is c e n c ia s d e la s c o m p o s ic io n e s ta h itia -

n a , y p o r q u e e n é l la p o te n c ia d e c reació n

n a s d e G a u g u in , q u e n o s o la m e n te e stá n

s u p e r a to d a v ía a lo c re a d o .

d a d a s p o r l a c o n s tru c c ió n y el t r a t o d e l
te m a

c r ite r io

de

qué

s in o

por

c ie rto

la z o

que

M a n u e l C o lm e iro es u n

p i n t o r g alleg o

conduce

q u e p i n t a , d e s d e B u e n o s A ire s, e l p a is a je

a a m b o s a l p la n o d e u n a r t e c a rg a d o d e

n a t u r a l y h u m a n o d e su tie r r a , a la q u e

s e n tid o é tic o y e x p re s ió n c a b a l, e n la q u e

am a

p e r d u r a r á su ju v e n t u d d o lo ro s a y p e r e n n e .

Un

sin

ra z o n a r

p in to r

p a ra

d e m a s ia d o
q u ie n

só lo

su

c a riñ o .

e x is te n

el

(E x p o sic ió n d e 3 ó le o s y 13 lito g r a fía s
1. E x p o s i c i ó n de p i n t u r a de M an u el Colm eir o. p a ­
tro ci n ad a p o r el C e n t r o Gallego de Buenos Aires.
G atería M ilile r, 5 - 1 7 ju li o 1 9 4 8.

y d ib u jo s o rg a n iz a d a p o r la G alería A l cora )

.

2- Véase La e x p o sic ió n
gentin a L ib re , j u l io 3 d e

R odolfo G. B ruhl

48

de M a n u el C o lm eiro , A r ­
1941.

�c a m p o y la a ld e a , p o b la d o s p o r su s h a b i ­

tr a ñ a s u g e s tió n m a t e r i a l— o c o n el n e o -

ta n te s

b a rro c o

p in to re s c o s

—a

n u e s tro s

o jo s,

no

a n te lo s su y o s— o p o r m u je re s d e s n u d a s
q u e , sin d e ja r d e se r g a lle g a s, tr a e n

P icasso ,

ta n

ric o

en

im p u ls o s

in s tin tiv o s co m o p a r a n o d e te n e rs e ja m á s.

re ­

C o lm e iro

no

se p a re c e

a

n in g u n o

de

so n a n c ia s d e la s o b r ia y e g ló g ic a m e lo d ía

ello s, ta m p o c o a lo s g r a n d e s d e l p a s a d o .

d e lo s clásicos, d e m o d o q u e e n su s telas

P o d rá

se f u n d e u n

r a , p o r la so lid e z y l a fu e rz a e x p a n s iv a ,

in n a t o fo lk lo ris m o

con

una

p are c e r

a n to ja d iz o , m a s su

p in tu ­

f o r m a lis ta te n d e n c ia a d q u ir id a . T o d o a n i ­

por

m a d o p o r u n tra z o v ig o ro so y u n c o lo rid o

que

sin d e sm a y o s —q u e a d m ite lo s g rise s m á s

Pórticos de la Gloria d e l m a e s tro M a te o ,

e l s e n tid o
p o se e ,

de

m ás

a rq u ite c tu ra
b ie n

me

im p líc ita

re c u e r d a

el

fin o s j u n t o a la tr u c u le n c ia d e l c o n tra s te

e n la C a te d r a l d e S a n tia g o d e C o m p o s te la ,

d e tin ta s p u r a s —, c o n lo s q u e tr a d u c e su

s o b re to d o p o r q u e v eo e n e lla la m is m a

c o n c e p c ió n

im p e r t u r b a b il id a d

a n im is ta ,

rig o re s excesivos,

sin

casi

e fu s io n e s y

co m o

un

sin

c o n te m ­

se re f ie re

p la d o r se re n o q u e se sa tisfa c e e n c o n tr a n d o

z a d o , a je n a

e l r i tm o

con

s im p le y p r im i ti v o

ín t im a m e n t e

lo

que

e s p a ñ o la q u e

g ó tic o

se

fo rm ó ;

la n a tu r a le z a m u e r ta , e n la q u e e s p e c ia l­

y e n el p i n t o r d e l x x se e n c o n tr a r a n los

m e n te

té r m in o s d e u n a lí n e a d e e x p re s ió n q u e

h a s ta

que

tr a d ic ió n
al

en

yo s u b je tiv i-

co m o si e n e l v ie jo im a g in e r o d e l sig lo x n

a d v ie r te

Y sin

a la

p o s t e r io r id a d

de un

fa lte

se

id e a liz a d a .

d e la v id a ,

e m o c io n a l,

a l v u e lc o

qué

p u n to

le

in te r e s a n la s cosas m a te ria le s y có m o sus

ta n

fo rm a s c a re c e n d e la f r a g ilid a d

c o n se rv a rse .

la s

s u e le n

c o n c e b ir

c ie rto s

con

que

e s p íritu s

ro ­

só lo

Por

m á n tic o s .

en

G a lic ia

s u p u e s to ,

a n a lo g ía

en

lo s

me

pudo

p r o d u c ir s e

p a re c e

m e jo re s

y

le g ítim a

la

m o m e n to s

de

P a r a c o m p r e n d e rlo h a y q u e p e n s a r en

C o lm e iro , c u a n d o e n G a lic ia p i n t a b a , h e n ­

té r m in o s d e E s p a ñ a , d e u n a E s p a ñ a l e j a ­

c h id o d e a lie n to é p ic o , d e s n u d o s f r e n te al

n a . E r r ó n e o s e ría v in c u la r lo c o n lo s d e m á s

m a r o la m o n t a ñ a , tr a b a ja d o r e s d e l c a m ­

p in t o r e s c o n te m p o rá n e o s d e la p e n ín s u la :

p o , e l m q n t e p e la d o o boscoso y l a a ld e a

c o n G u tié r re z S o la n a —ta n

su

a f ie b r a d a , c o n u n p in c e l c u a ja d o d e e m o ­

c u a n ta s

c ió n q u e se re g o d e a b a e n la p a s ta esp esa

n o ta s a f irm a tiv a s p u e d a n h a lla r s e e n sus

d e la s cosas n a tu r a le s y p u r a s , a u n q u e su

d o lo ro s o

p e sim ism o ,

a

se v e ro e n

pesar

de

e s tre m e c id a s fig u ra s —, o c o n ese g e ó m e tra

té c n ic a n o e ra d e l to d o

s u p e r fic ia l

que

a q u e lla s te la s p o d ía p a r e c e r q u e v e ía en

S u n y e r,

lo p re s e n te só lo lo s re s id u o s n u n c a d e f i­

p e ro

e x c e le n te

m u r a li s ta

es V á z q u e z D ía z , o c o n J o a q u í n

sa tis fa c to ria . E n

e n el q u e v ib r a la f o r m a c o n s tr u id a con

n itiv a m e n te

a u s te r id a d c a ta la n a ; m e n o s c o n e l ascético

e v o c a c ió n

Juan

v iv e n c ia , d e u n a v id a a d h e r i d a a la s cosas,

G ris

—u n

p o e ta

c a s te lla n o

de

las

cosas a b s tra c ta s , a la s q u e d o ta b a d e e x ­

al

49

v iv ir

m u e r to s d e l p a s a d o , m a s la

te n ía
sin

c a ra c te re s d e

p r e c o n c e p to s

y

a c tu a lís im a
con

re lig io ­

�s id a d

p a n te ís tic a .

Y

si

su

p in tu ra

e ra

que

él

m ism o

se

dé

c u e n ta ,

p ro b a b le ­

d in á m ic a , e l d in a m is m o te m á tic o y p lá s ­

m e n te , el a le ja m ie n to

tico

m u n d o g a lle g o se d e b ilite , ta l vez n o en

te n ía

una

n o ta

de

in c o n fu n d ib le

h a hecho q u e

su

q u ie tu d , com o si p a r a el p in t o r l a r e a li­

su

dad

y a los m e d io s p lá stic o s n o le re s p o n d e n

se h u b ie r a

c o m p u e sto d e u n a

serie

c o n te n id o

p e ro

sí

en

su

im a g e n , y

d e m o m e n to s, e n tr e los cu ale s su

a d iv i­

ta n

n a c ió n m e ta físic a n o

d e sc u ­

fr e n te a la re a lid a d m ism a q u e lo e m o ­

a lc a n z a b a a

b r i r los nexos. E n ese ju e g o d e sencillo
m o v im ie n to
te n c ió n

fo lk ló ric o

y de

fo rm a s

sim ples

en

ro b u s ta
re s id ía

s e g u ra m e n te

com o

cuando

p in ta b a

c io n ab a .

de­

E sto le o c u rre a C o lm e iro y n o a o tro s

el

p in to re s

que

han

v iv id o

o

v iv e n

fu e ra

secreto d e u n e n c a n to q u e en to n c e s p o d ía

de

a d iv in a rse , p u e s a u n e ra p ro m esa.

e je m p lo — p o rq u e él es d e los q u e n e c e ­

T e n ía

que

en

P o u ssin ,

por

s ita n el p o d e ro s o in c e n tiv o d e la m a te ria
h e c h a v id a , d e los q u e n o p u e d e n im a ­

su

tra n sfo rm a d o s

g in a r sin o a trav és y d e n tr o d e las cosas

e n re c u e rd o s ta n o b se sio n a n te s com o p a ra

q u e lo e m b a rg a n . Si acaso fu e se m ás in s ­

e n c o n tr a r solaz e n

tin tiv o , la fu e rz a d e l in s tin to , q u e es la

c o stu m b re s,

C o lm e iro

—p ie n s o

en

sus

a

p a tr ia

B u e n o s A ires: q u e n o o lv id a ra su tie rra ,
g e n te ,

o c u rr irle

su

cierto s acen to s, vivos

p a r a é l a fu e rz a d e ser re p e tid o s, d e u n a

m ás p e rd u r a b le , le fo rtific a ría , p e ro él n o

n a tu ra le z a n a tu r a l y h u m a n a q u e y a n o

es u n p rim itiv o , n i u n cam p e sin o , a u n q u e

lo ro d e a . Su clim a é p ic o se h a tra n s fo rm a ­

p u e d a p a re c e rlo ; m en o s to d a v ía u n

bár­
baro, com o G a u g u in . P osee u n a c o n c e n ­

d o e n clim a d e e n su e ñ o , y n o es lo m ism o,
e sp e c ia lm e n te c u a n d o e l e n su e ñ o n o está

tr a d a in fo rm a c ió n , p ro d u c to d e su avidez

rig u ro s a m e n te a p o y a d o p o r la o b serv ació n

c u ltu ra l, y le d o m in a u n a a c titu d ra z o n a ­

d e las cosas vivas sim ila re s a las evocadas.

d o ra ,

Ya

es

reacciones in s tin tiv a s y se n tim e n ta le s, e n ­

c ie rto , p e ro éste e ra a lim e n ta d o p o r to d o

friá n d o la s c u a n d o m ás cree q u e se s u b li­

lo q u e c o n s titu ía u n a p e rm a n e n te fu e n te

m an.

en

G a lic ia

p in t a b a

de

re c u e rd o ,

que

a c tú a n

com o

ta m iz

de

sus

d e in s p ira c ió n —el p a is a je b r illa n te y sin

¿ Q u ié n p u e d e v a tic in a r a p ro p ó s ito d e

so le m n id a d d e las ría s y d e las tie rra s d e

u n a rtista ? ¿ P o r q u é n o p e n sa r, com o lo

la b o r, el ca m p e sin o r u d o p e ro d e b o n d a d

h a g o , e n q u e C o lm e iro p o d r á c o rp o riz a r

n a tu r a l, la o b ra m u e r ta

su saudade en fo rm a s p lenas? ¿N o e x p o n e

y sie m p re viva

d e l a r te — q u e lo e n la z a b a con el p a sa d o .
P in t a r

d e re c u e rd o

a lg u n a s o b ra s

cu m p lid as? La blusa azul

tie n e sus p elig ro s,

so b re to d o , fig u ra d e c o n te x tu ra re c ia y

y C o lm e iro n o los so rte a . S o b re to d o en

de c u rio sa e x p re s iv id a d e m o c io n a l e n los

las fig u ra s v a fijá n d o lo e n e sq u e m a s r e ­

ritm o s

p e tid o s, q u e sólo p a r a el a u to r co n serv an

m e n te p ro f u n d a ; Mujeres y paisajes —ta n

e l im p u ls o in ic ia l q u e la s e n g e n d ró . Sin

a fin a d o

50

de

c o lo r y

el fo n d o

de

trazos, v e rd a d e r a ­

d e g rises com o

en

el

�m á s v ib r a n te p i n t o r to n a l is ta —; La hoja
seca, Paisaje de aldea, Aldea en otoño-,

c ia , y

to d a s so n o b r a s q u e p e r m i t e n a f i r m a r lo

del

que hay

im p o te n c i a p a r a d a r f o r m a a l a r e a l id a d .

en

él d e p in to r.

e sa a c t i t u d a li m e n t a u n a p e lig ro s a r e n u n ­
que

al

p r e s e n te

c e rr a rs e

a

c o n fie s a

to d a

su g e s tió n

im p lí c it a m e n t e

su

C re o q u e e ste fa c to r lo c a l, e n la m e d id a

N o se t r a t a d e q u e c a m b ie lo s te m a s, s i n o

e n q u e a c e n t ú a e l e x t r a ñ a m i e n t o a l v e rse

d e q u e e llo s c o b r e n v id a m e d i a n te f o r ­
m a s a d e c u a d a s a s u p r o p i o s e n t ir ; lo q u e

o b lig a d o
p o lita

a

v iv ir

en

una

c iu d a d

c o sm o ­

c o m o B u e n o s A ire s , es e l p r e p o n ­

d e ra n te , p e ro ,
c ir c u n s ta n c ia s

¿no
de

in f lu y e n

o rd e n

t a m b ié n

u n iv e rs a l?

las

H a s ta

e n lo s p a ís e s d e m á s s ó lid o s e n tid o c r e a ­
d o r —F r a n c ia

e Ita lia

en

n u e stro

n o s u c e d e r á si n o e n c a r a d e f r e n t e e l
d o lo ro s o p r o b l e m a d e su p r o p i a a c t i t u d
a n te l a v id a , c o m o p r e s e n te y c o m o d e s ­
tin o .

s ig lo —

Yo

e s tim o

p o s i ti v a m e n t e

su

p in tu ra ,

e l a lt o n iv e l se s o s tie n e c o n lo s h o m b r e s

q u iz á s m á s a h o r a q u e a n te s , p o r q u e s i e n to

q u e m a d u r a r o n a n te s d e l a ú l t i m a g u e r r a .

l a e n o r m e fu e r z a e m o c io n a l q u e e n c ie r r a ,

(L o m is m o su c e d e

p e ro n o p u e d o

n a c io n a le s ).

Los

a q u í c o n lo s p in t o r e s

jó v e n e s

se

s ie n te n

con­

a d v ie r to

m o v id o s p o r u n a r e a l i d a d q u e n o p u e d e n

a

y n o q u i e r e n d e s c o n o c e r, p e r o é s ta se h a c e

q u e soy
p le n itu d .

c a rn e
de

en

e llo s

m ás

d is g re g a c ió n ,

b ie n

p o r su s sig n o s

f a l tá n d o l e s

la

fe

en

d e j a r d e c o n fe s a rm e q u e

e lla

c o m u n ic a r
el

una

voz

que

lo

que

q u ie r e ,

to d o

c u lp a b l e

al

no

no

lle g a
o

o ír la

de
con

J orge R om ero B rest

p a ra

e n c o n t r a r a u n q u e fu e s e u n esb o zo d e u n i ­
d a d i , y p o r e llo

in v e n ­

D O M IN G O

c ió n , a m e n u d o d e s c a b e lla d a , o se re c o g e n

se la n z a n

a

la

TRO

V IA U , E N R I Q U E
Y H O R A C IO

P O L IC A S -

M ARCH

e n u n a i m p r o d u c t iv a m e la n c o lía . C o lm e i­
ro

ha

d e s e n tir

p ro b a b le m e n te
o tr o s a

e sa l u c h a

con

su

V ia u

a lm a ,

h a lla

en

la

c a r b o n i ll a

v e h íc u lo

que

p lá s tic o p a r a s u lir is m o d is c re to y e q u i l i ­

c a r á c te r r e t r a í d o , y

b ra d o , p o r l a s u g e s tió n casi m a t e r i a l d e l

m ayor

causa d e su

en

h o n d u ra

de

tra z o , la d e n s a v ib r a c ió n d e l c la ro s c u ro y

re c u e r d o s , p r e t e n d ie n d o v a n a m e n te , a m i

la s p o s ib ilid a d e s s e n s ib le s d e lo s g rise s
sedosos. E l p a is a je u r b a n o —a l q u e f a l ta

p o r e llo se a f e r r a a ese p a s a d o lle n o
ju i c io ,

c o n s e r v a rlo

con

c a r iñ o

e n te r n e c e -

d o r. P e r o é l d e b e r í a c o m p r e n d e r q u e c o n 1

la

a d h e s ió n

e m o tiv a

in c o n s c ie n te , p r o p i a
1. " H a y que p r e g n n t a t s e , q u i z á s con m e l a n c o l í a ,
ai n u e s t r a época, que liega a la d e s in t e g r a c i ó n del
á t o m o , no es tá hecha po r a h o r a m á s bien p a r esta
m i sm a di s g r e g a c ió n c o n s t r u c t i v a que p a t a la c o n s t r u c ­
c i ó n. Y el ar te no pue de ser a n á l i s i s , sin o c o m p o ­
sic ió n, s ín te sis , a r q u i t e c t u r a co n s tr u c ti v a , a difer enc ia
de la ciencia, que pu ed e a h o n d a r en el a n á l i s i s . "
M a r g a r i t a S a r f a t t i . V E R V ESTIMAR; N ? 3 . p. 5 6 .

51

e s p o n tá n e a

y h a s ta

d e l p a is a je n a t u r a l —

se p lie g a b ie n a e s te s e n tim e n ta lis m o

en

voz

de

b a ja ,

c e rc a n o

in te le c to , s i n

al

o b je to ,

a ris ta s d e

te ñ i d o

a n g u s t ia

ni

v é r­

tices d e e v a s ió n im a g in a tiv a . U n o s p o c o s
tra z o s

p a s to s o s

y

v ib r a n te s

dan

casas

y

�á rb o le s
un

en

o rd e n

sín te sis

d in á m ic a

a l m o v im ie n to

m u ltitu d ;

u n id o s , n o

e

im p o n e n

co n fu so

de

la

a

la

s u b o rd in a d o s

lín e a , lo s v a lo re s a rp e g ia n

e n tr e

la s so­

les v a lió m a d u ra c ió n

a p a s io n a d a e n u n a

m ism a e n tre g a , la c o m p a r tid a y p u n z a n te
búsqueda
fu e rz o

de

la

com ún

e x p re s ió n
c o n tra

d ifíc il, e l e s­

el

m e d io

h a rto

n o rid a d e s e x tre m a s d e l b la n c o y el n eg ro .

a d v erso , la

V ia u h a lla su v e rd a d e ra e x p re s ió n e n el

ex ig e n c ia s y lim ita c io n e s d e l oficio.

a c e p ta c ió n

v o lu n ta r ia

de

las

cau c e d e lic a d o d e l to n o ; y n o sólo e n los

La

d ib u jo s sin o ta m b ié n e n óleos com o Mer­

b ie n

cado de Abasto, q u e re v e la su p a re n te sc o

re d o n d e z fin a l d e lo fru c tific a d o y la s de

re c ie n te
las

e x p o sic ió n

o b ra s

de

de

am bos

P o lic a stro

—si

tie n e n

la

im p re sio n is ta . L os o b je to s, d e c u y a efec­

M a rc h lo a g rio d e l a p u n te — im p lic a dos

tiv a r e a lid a d y d isp o sic ió n ra c io n a l c u id a

p ro y eccio n es, se ñ a la d o s v ías e n la c a p ­

e l d ib u jo , tie n d e n

a e x p a n d irs e en p i n ­

ta c ió n d e l o b je to a trav és d e l se n tim ie n to .

celad as c o rta s d e g ris c a rg a d o d e c o lo r y

E l o jo fe rv o ro so e in g e n u o d e P o lic a stro

m a te ria . E n casi to d o s los re s ta n te s óleos,

ve su m u n d o co m o u n in te n s o h e rv o r de

V ia u a b a n d o n a las m e lo d ía s to n a le s p a ra

fo rm a s n o

b u sc a r la d is o n a n c ia d e los colores c ru d o s,

m e n te

v io le n to s e incisivos. P e ro e l color q u e d a

a tm ó sfe ra ta n espesa y c o rp ó re a com o el

e n e s trid e n c ia f r ía y triv ia l, sin p o te n c ia ­

m ism o

c ió n a n ím ic a , sin te m b lo r ex p resiv o . V ia u

ca lie n te s,

e stá

hecho

p a ra

grises, n o p a r a
y

la

e n tre g a

F a lse a su

e l re fin a m ie n to
la

e x a lta c ió n

fe rv o ro sa

in s tr u m e n to

del

de

los

a p a s io n a d a
c o lo r

su elo ,

y

con

s a tu ra d o s

de

sig n o

e x p a n siv o ,
una
de

gam a
r o jo

fu e r te ­
en

una

de

y

ocres

a m a rillo ,

q u e e s ta lla n a q u í y a llá a trav és d e su
capa

p u ro .

d e lim ita d a s ,

d in á m ic o

te rro sa , ju n t o

a l m o m e n tá n e o

d es­

canso d e u n a z o n a v e rd e o u n a m a n c h a

a l fo rz a rlo .

a z u la d a . E l o jo se re n o y líric o d e M arch
se c o m p la c e con el e q u ilib r io d e los o b je ­

P o lic a s tro y M a rc h h a n re c o rrid o ju n to s
la

so le d a d

p u e b le c ito s

filo sa

de

ce ñ u d o s,

los

s u b u rb io s ,

a p o ltro n a d o s

en

tos rig u ro s a m e n te p reciso s, d e fin itiv a m e n ­

los

te in m ó v ile s e n la in m o v ilid a d d e l e sp a ­

lo

cio,

lla n o , e l c a m p o p e sa d o y p a lp ita n te com o

d e sc o m p u e sto s

en

p la n o s

de

color

seco, a veces e s trid e n te , si b ie n lo co m ú n

u n a u b r e re p le ta , y se h a n d e te n id o a n te

es el p eso

e l f l u ir d e u n a c a lle y la so lic ita c ió n d e

m ano

una

e n g ru e sa s p in c e la d a s v ib ra n te s , a golpes

casa o u n

á rb o l. Y h a n

a p re n d id o

de

ig u a l d e
P o lic a stro

cálid o s y fríos.
d e fo rm a

y

La

sin tetiza

q u e c a d a cosa e n c ie rra u n a m u ltip lic id a d

de

d e im á g e n e s, u n

c o m p le jo d e p o s ib ilid a ­

d ib u ja casi, lle g a n d o a p a isa je s, co m o el

des, to d a s e llas v e rd a d , c o p a rtíc ip e s todas

n ? 17, en q u e a u s e n te e l a sid e ro d e l trazo

e llas d e su e sen cia, c a p ta d a s e n

d iv ersa

p a sió n ;

no

e n c ie rra

su s

fo rm a s,

no

to d o se v u e lv e u n a ú n ic a m a sa e n m o v i­

y

fo rm a se g ú n la r e tin a y e l te m p e ra m e n to ,

m ie n to . L a m a n o d e M a rc h g e o m e triz a

Su

co m p o n e ; e lig e la re c ta y e l á n g u lo , vuelca

a m ista d ,

que

escap a

a

la

a n é c d o ta ,

52

�la s casas e n el m o ld e d e l c u b o o e l p r i s ­

a ju e g o s d e p la n o s , s in c o m p a c id a d , a lg o

m a , b u s c a la p e rs p e c tiv a e n d ia g o n a l de

a sí co m o

la s ca lle s, co lo c a su s o b je to s se g ú n p la n o s

q u e n a d a o c u rre .

te lo n e s d e

un

e s c e n a rio

en

el

q u e c re a n e sp a c io y d a n la p r o f u n d id a d .

P o lic a s tro se e n tr e g a a su p a s ió n ; M a rc h

P o lic a s tro es u n s e n t im e n ta l y u n i n t u i ­

la d e c a n ta y c o m p o n e . P e r o su s d o s m u n ­

tiv o ; se lo
m á n tic o s
lo s

que

m undo

p o d ría

de

fin e s

tie n e

de

s e n s ib le ,

nada

del

uno

lle v a

d o s d iv e rso s c la v a n
v iv o d e l s e n tim ie n to .

sig lo

com ún
la

o b je to
en

a c e rc a r a a lg u n o s r o ­
del

pasado,

la

e n tr e g a

s u b je tiv a c ió n

—su e le

con

d e c ir

al

que

el cam po

(E x p o s ic io n e s e n la

Sociedad H ebraica A rgentina .)

a p a s io ­

A ngelia B erei

c ad a

su p a is a je —, si n o

sí

la ra íz e n

lo

s e p a r a r a d e e llo s, m o d e r n iz á n d o lo , su p a

ZOM A

B A IT L E R

te tis m o sin m ís tic a y sin r e f in a m ie n to , la
li b r e

a c c ió n

de

su

in s ti n to

p rim a rio

s ió n

p o r m e d io d e la m a t e r i a , u n a

te r ia

densa

e

in d if e r e n c ia d a ,

A c e p ta m o s la

y

v ig o ro so , su m a te r ia lis m o ; b u s c a la e x p r e ­
m a­

com ún

a

la

tr u c c ió n

es a l

e m p le a d a .

capaz

de

g r a c ia

y

e n re d a d a

m a d e ja

de

de

lo s

la

lu z , p o r

p a is a je s ,

por

la

la

tes n o a g re s te s, la s r i b e r a s d e u n

im p r e v is ta y s u g e s tiv a , h a c e r d e

fa ro l u n a

u n if o r m i d a d

c o n s­

f a c tu ra

E n e fe c to , el c a m p o c u ltiv a d o , lo s m o n ­

t e r n u r a , sa b e h a l l a r e l to q u e c u rio so ,

la n o ta
un

tie m p o

im p re ­

b id o la o b r a d e e ste p i n t o r u r u g u a y o . Es

to d a s la s fo rm a s , e n p e r p e t u a a g ita c ió n y
m is m o

de

im p r e s io n is ta p o r lo s te m a s e le g id o s, p o r

c a m b io . P e ro e ste v io le n to , e ste im p u ls iv o ,
de

d e n o m in a c ió n

s io n is ta c o n q u e l a c r ític a lo c a l h a re c i­

ria c h o

o la s o r illa s d e u n a p la y a , la s c a lle s m e n o s

a m a r illa ,

d e u n a e sc a le ra u n o s tra c ito s b la n c o s , de

p o p u lo s a s d e su

u n o s o jo s d e n i ñ o d o s lu n a r e s n e g ro s q u e

q u e in s p ir a n su p a l e t a s ie m p re u n if ic a d a

a n im a

el

a g u ij ó n

c la ro

e n u n a m is m a g a m a d e lu z.

M arch

es

ta m b ié n

un

de

un

p u n to ,

s e n tim e n ta l,

c iu d a d , s o n lo s m o tiv o s

L ila s y v io le ta s m a r c a n la s escasas s o m ­

p e ro

in te le c tu a liz a d o ; su liris m o c e ñ id o y c r i s ta ­

b ra s

lin o

a s fa lto , d e la v e g e ta c ió n p r o y e c ta d a e n el

g e o m e triz a

e s tá tic o .

La

en

a n g u s tia

la

d e s o la c ió n
de

su

vado

de

lo

de

agua.

te n so ,

una

P e ro

p a rv a ,
lo

de

una

p r e d o m in a n t e

c a sa
es

en
la

el
luz,

p ro v ie n e

s ie m p re a m a r il la , q u e se m e z c la s in f u n ­

d ir e c ta m e n te d e C a r r a , p e r o é s te b u s c a y

d ir s e c o n lo s o tr o s c o lo re s, p a rc e la d o s en

p a la d e a la c o r p o r e id a d d e la m a t e r i a , es

p in c e la d a s c a rg a d a s d e m a t e r i a .

p esad o ,

e s t r u c tu r a d o

con

r ig o r,

un

c re a d o r

d e só lid o s q u e

a c tú a n

lo s

o jo s

s o b re

y

y

el

ta c to ;

en

so b re

L o s c u a d ro s a p a r e c e n o rg a n iz a d o s d e n ­

M a rc h

tr o

de

un

p la n is m o

g e n e ra l.

E le m e n to s

n o f a l t a la m a t e r i a , p e r o ta m p o c o a d q u i e ­

s im p le s —e l re c u r s o d e la s d ia g o n a le s , o

r e v a lo r e x p re s iv o : su s o b je to s se re d u c e n

la

53

d iv is ió n

en

p la n o s

donde

p r e d o m in a

�u n a d e te rm in a d a tin ta — son los q u e cons­

y n o expresivo, apoyado en los tem as y

tru y e n

sostenido p o r ellos.

la

a rq u ite c tu ra

d el

p aisaje.

La

im ag in ació n n o es lo su ficien tem en te rica

Es p ro b a b le q u e B adi in te n ta ra la in s­

com o p a ra re c re a r el m odelo, d á n d o le u n a

p ira c ió n d irecta, la en tre g a in g e n u a al m o ­

fiso n o m ía to ta lm e n te nueva, p e ro h ay p o ­

delo re a l p a ra e x tra e r u n a sustancia n u e ­

tencia

que

va. Lo testim o n ia n sus tem ples Saltimban­

F re n te a la m u e s tra del p in to r Zoma

quis en Porta Venezia, Ensayo con pianis­
ta y algunos otros. P ero p ie rd e su vigor

y

frescu ra

en

el

color,

lo

d e m u e stra v ita lid a d artística.
B a itle r, pensam os en el a rtista q u e , a p e ­

im ag in ativ o , construcción m etafísica de la

gado a la observación de la natu raleza,

re a lid a d , d e m od u lacio n es arm ónicas, de

sabe sin em b arg o e x a lta r las form as en

p u ro ju eg o plástico.

fu n ció n d el color, sin lle g a r n u n c a a tra n s ­

E n los ú ltim o s óleos q u e p in tó antes de

fo rm a r esa in sp iració n en u n a verdadera

su viaje a Ita lia —Rehenes o Nocturno es­

flo ració n lírica.

(E xposición en N ordiska

pañol— B adi nos reveló u n a n u ev a d i­

Kompaniet ) .

m ensión de su p in tu ra , la v ib ració n in te ­

Blanca Stabile

rio r de las form as, v ía p ro fu n d a d e gran
a rte

que

p arece

(E xposición en

d e sd e ñ a r

ú ltim a m e n te .

G alería A lcora.)

A Q U IL E S BAD I

A ngelina C amicia

E l Banquete romano de B adi, así co­
mo

sus óleos Desfile de circo y Flores

nos

incluyen

form as

en

su

m a n e ra

frag m en tarias, m anchas

p ro p ia

GRABADORES

A R G E N T IN O S

'

de
Sin q u e los lig u e la b ú sq u e d a com ún

v ib ra n te s

y sólidas, sorpresivas de color, densas de

de un

m a te ria , co n stru cto ras de planos q u e in v a ­

de u n e sp íritu de g ru p o q u e señale una

id eal d e fo rm a, n i la

presencia

d e n el espacio; en su d ra m a te a tra l, y en

a c titu d d e te rm in a d a , se h a p re se n ta d o en

él, las figuras recogidas y distantes, e stá ti­

P euser u n c o n ju n to de a rtista s p a ra in te ­

cas o ap en as vivificadas.

g ra r el P rim e r Salón d e G rab ad o res Santa-

Las ú ltim a s obras d e B adi re c u e rd a n esa

fesinos. Es de ap ro v e c h a r la lección que

atm ósfera a u n q u e se resien te n p o r d e b ili­

nos llega d el in te rio r p o r la d ig n id a d con

ta m ien to . N o h ay m ay o r abstracción sino

q u e se m a n tie n e todo el c o n ju n to y por

m ay o r sim p licid ad ; sus form as siguen sien ­

la sinceridad, si n o en e l logro siem pre,

d o rep resen tativ as, q u izá m ás q u e antes,

en la in te n c ió n en todos los casos.

p e ro desprovistas d e fuerza expansiva; la n ­

E videntem ente,- se destaca e n tre

todos,

g u idecen tran sfo rm án d o se en bocetos a lu ­

José P la n a s Casas, n o sólo p o r la segu­

sivos de o tra re a lid a d . M u n d o d e p e n d ie n te

rid a d con q u e m a n e ja la

54

c u ch illa, sino

�p o r q u e se d e s c u b re e n

él alg o m á s q u e

p o n e , n o s p r e s e n ta

la

de

q u e ñ o m u n d o p o b la d o d e m is te rio , m is te ­

m era

r e p r e s e n ta c ió n

in m e d ia ta

vez

rio
sus

p lá s tic a

a lg u n a
que

f r ia ld a d

sin

n o s d e tie n e

in v i ta r

a

en

p e n e tr a rlo .

L ite r a r io e n casi to d o s sus te m a s, a veces

en

lo

su

u m b r a le s

pe­

c o n a c e n to s ro m á n tic o s , su s fig u ra s tie n e n

fo rm a , sev ero

y

que por

C asas u n

es

su

e x p re s ió n

a lc a n z a

P la n a s

te m a . A sí e n E l caballo herido, rig u ro s o
en

es

p o rq u e

re a lid a d

v e rd a d e ro s e sta d o s d e e q u il ib r io e n tr e lo
que

y

una

la s lin e a s, llega

a lg o

d e a lu c in a d a s

El pajon al o en

en

a e x p re s a r c o n los e le m e n to s p lá s tic o s u n

El caminante , e n

d ra m a tis m o c o n te n id o , n o d e m a s ia d o h o n ­

la s

d o ; p u e d e a firm a rs e sin re g a te o s, q u e es

E n lo s p a is a je s lle g a a se r m u y e x p re s iv o ,

la

m e jo r

de

la s

o b ra s

que

expone.

c a lid a d e s

la s

c re a

que

un

abusando

fo n d o

de

a rtific io s o .

m á s e n El camino q u e e n L a noche, el

La

f ig u r a d e l a n im a l d e sc o m p u e s ta e n p la n o s

p rim e ro d e g ra n

q u e se d e sta c a n , n o e n b ru s c o s c o n tra ste s

su s

d e n e g ro s y b la n c o s , s in o su a v iz a d o s p o r

la tie r r a , y m u y ric o s a m b o s e n la o b t e n ­

e l ju e g o

de

lo s

g rises,

e stá

c a rg a d a

ro b u s to s

fu e rz a c o n s tru c tiv a , c o n

á rb o le s

b ie n

a rr a ig a d o s

c ió n d e ritm o s v ig o ro so s; lá s tim a q u e se

de

e x p re s ió n p sic o ló g ic a , d e h u m a n i d a d , p e ro

d e b ilite ta n t o

sin q u e e l a r t is t a se h a y a p r o p u e s to v o l­

n iñ ita s q u e co lo ca e n ellos.

car

en

e lla

su

p ro p ia

s u b je tiv id a d .

en

No

A g u s tín

su fu e rz a e x p re s iv a e n las

Z a p a ta

G o llá n

p r e s e n ta

una

c o n fo rm e c o n el ju e g o d e los b la n c o s y

s e rie

n e g ro s ,

m o m e n to im p r e s io n a n co m o d e g r a n u n i ­

ni

con

la s

v a lo riz a c io n e s

to n a le s

de

x ilo g ra fía s

que

en

el

p rim e r

q u e o b tie n e v a r ia n d o r ic a m e n te la s c a li­

dad;

d a d e s, h a b u s c a d o d e e n r iq u e c e r a q u é lla s,

u n id a d

r e c u r r ie n d o a u n a té c n ic a c o n s id e ra d a co ­

de

mo

fo rm a s se d iv e rs ific a n e n b u s c a d e s o lu ­

no

del

to d o

el c a m a fe o

p u ra

en

la

o g ra b a d o

de

x ilo g ra fía :

p e ro

p ro n to ,

só lo

p o seer

es

un

se

de

d e s c u b re

té c n ic a , y

e s tilo

que

que
que

lo

ta l
le jo s

d e fin a ,

sus

c la ro sc u ro , de

c io n e s p a rc ia le s . A sí, e n a lg u n a s p la n c h a s

ta n t o é x ito e n tr e lo s ita lia n o s d e l sig lo xvi,

se n o ta u n a b ú s q u e d a d e lib e r a d a d e e le ­

E s c ie rto q u e c o n e sto g a n a c ie rto re lie v e

m e n to s

e n p r o f u n d id a d , p a r a lo c u a l d ifíc ilm e n te

n is ta

se p r e s ta la m a d e r a ; p e r o e n c a m b io , la

la s m ism a s, e n

e x p re s ió n

caer

d e lo s g rises r e s u lta

un

ta n to

m e c á n ic a o in e r te , p o r q u e a q u é llo s n o se
o b tie n e n

por

in c is ió n

d ir e c ta

s o b re

la

\r im itiv o s , e n la c o n c e p c ió n p l a ­

d e sus fig u ra s , e n
lo s

la

p lie g u e s

con

de

ro p a s ,

en

en

fo rm a

c o m p o s ic ió n

s im é tric a ,

com o

los

co lo c a

e l e s ta tis m o d e

rig id e z
sus
o

p e rs o n a je s ;

que
la

en

d e ja
la

Familia,

p la n c h a , s in o p o r e fe c to d e la d o b le i m ­

p o r e je m p lo , e l

p re s ió n

d o s p la n c h a s :

s o b re la f a ld a d e su m a d r e , re c u e r d a a l ­

p r im e r o la q u e lle v a la s fo rm a s esen ciales

g u n o s g r u p o s d e la V irg e n c o n e l N iñ o

en

p rim itiv o s ,

al

su p e rp o n e r

n e g ro , y

lu e g o

la

la s
de

lo s

b la n c o s

y

grises. E n e l re s to d e la s o b ra s q u e e x ­

p e ro

n iñ o

s in

s e n ta d o

aquel

de

fr e n te

a lie n to

de

tra s c e n d e n c ia e s p ir itu a l. El Calvario tie n e

55

�que

d em asiado h o n d o en su ex p resió n . N a tu ­

parece in sp ira d o en el gótico c u a n d o a la r­

ra lista , a veces con n o ta s d e ro m án tico ,

ga las m u je re s d e Chisme, ju n ta n d o sus

sabe u tiliz a r sa b ia m e n te el b u ril y el áci­

rem iniscencias

b iz a n tin a s,

en

ta n to

cabezas p a ra fo rm a r u n a ojiva. P ero en

do, con los q u e o b tie n e tallas de e n tre ­

todos los casos bu sca p a ra expresarse, y

cruzados finos, to n alid ad es d e l gris m uy

esto lo sabe h a c e r m u y b ien , el contraste

suaves y delicadas; y n o busca n u n c a los

de g randes superficies de negros p r o f u n ­

contrastes

dos con la ta lla b la n c a fin a h e n d id a en

fu n d o s envuelven sus form as. Así e n Poeta

violentos,

ni

los

negros

p ro ­

la m a d e ra , con la q u e va d ib u ja n d o sus

errante, m u y b ie n d escrita la cabeza, bien

im ágenes en lín eas d e síntesis b ie n lo g ra ­

tra b a ja d a s las tallas m e n u d a s, p e ro fr ía ­

das. E n este se n tid o re s u lta u n v erd ad ero

m e n te

a cie rto Siesta, con las dos fig u ras de viejo

p la n c h a s es, ta l vez, Barrio de Alto Verde,

d u rm ie n d o en u n b anco de plaza.

que

ex presada.

re c u e rd a

en

U na
la

de

sus

m ejores

descripción

de

sus

E n riq u e E stra d a B ello tien e el m é rito

barcas alg u n o s g rab ad o s ingleses d el si­

d e q u e h a tra ta d o d e d a r a sus x ilo g ra ­
v erd ad era

glo x ix . E n cam bio, en Poceros en una
charca, alcanza, con el trazo d e síntesis

ex p resió n : todas ellas son e m in e n te m e n te

de a lg u n a fig u ra d é b ilm e n te deform ada,

p o p u la re s,

acentos de m o d e rn id a d .

fías

el

tem a

v e rd a d e ro

y

sen tid o ,

fá c ilm e n te

su

fa c tu ra .

gando
calle,

accesibles
tem as n o

com plicación;

n iños, u n
vecinas

de

por

su

Sus perso n ajes

los d el p u e b lo , los
n in g u n a

la

un

tira d o

b a rrio

re s u lta

p re se n ta n

son m u je re s

m en d ig o

E l resto de los g rab ad o res q u e exponen

son

p resió n .

c a r­

en

un

p o co

im p e rso n a l

U n ificad o s

en

los

en

su

tem as

ex­
y

la

la

técnica, en el e m p leo d e los m ism os ele­

c u a lq u ie ra ,

m entos, se re d u c e n en casi todos los casos

q u e describe sin forzar las po sib ilid ad es

a p re s e n ta r so lam ente in te rio re s de choza,

q u e ofrece la m a d e ra de veta: con trazos

escenas rib e re ñ a s d o n d e n o fa lta el bote,

ru d o s va crean d o oposiciones sim ples de

la

blancos y negros, sin fra g m e n ta r las fo r­

p e rm ite re a liz a r el juego, m ás o m enos

m as, m a n te n ié n d o se d e n tro de u n a con­

fácil y m ecánico de lu z y som bra; pero

cepción

d é b ilm e n te

espacial,

lu n a ,

cuyos

reflejos

en

el

ag u a

les

m a n te n ié n d o se siem p re con cie rta a ltu ra

re c u rrie n d o

y seriedad.

a p en as a las calidades. B ien lo g rad o en
el g ru p o Del suburbio, en Manaco, en

Puede

a n o ta rse to d av ía el n o m b re de

R ic a rd o Supisiche, q u e u tiliz a la m ism a

el resto q u e d a sólo com o in ten ció n .

técnica d e P la n a s Casas:

D e G ustavo C ochet se e x p o n e u n a serie

el g ra b a d o

en

de a g u a fu e rte s —es d e los pocos q u e u t i ­

cam afeo. T r a ta de v olcar su em oción sen­

liza este m ed io — en la q u e d e n o ta como

tim e n ta l en

siem p re, su c a lid a d d e artesan o , de b u e n

tra b a ja la m a d e ra con tallas m u y finas,

conocedor d e la técnica; p e ro n u n c a

ap e n a s in c id id a s en e l taco, bu scan d o de

es

56

las estam pas, p a ra

lo

cual

�d o v a e n b u sc a d e fo rm a s n a tu r a lis ta s de

e x p re sa rse p o r el c la ro sc u ro y p o r la r i ­
este

c ie rto to n o ro m á n tic o . F re n te a Éxodo, el

se n tid o c ab e h a c e rle e l re p ro c h e d e q u e

e sp e c ta d o r se s ie n te in m e d ia ta m e n te c o n ­

la té c n ic a d e l a g u a fu e r te le h u b ie s e c o n ­

m o v id o p o r su p r o f u n d a su g e stió n d r a m á ­

queza

de

v e n id o

g ra d a c io n e s

m ás

p a ra

to n a le s.

lo g r a r

la

En

e x p re s ió n

tica.

Es

a g o ta

A u re lio S c a rp o n i, feliz e n a lg ú n p a is a ­
je , o b tie n e

efecto s m u y

cu rio so s

en

en

a l u tiliz a r e n la im ­

g ica,

p re s ió n

m uy

m ie n to

un

papel

el e n tin ta d o
que

fin o ,

d e la p la n c h a

o b te n ie n d o

g ris

de

su s

po cas

o b ra s, y

d is tin ta s

im p rim e n

ju e g a

con

con lo

cual

v a lo ra c io n e s

m o v im ie n to

a

la s fig u ra s h u m a n a

P e ro n o

sus

x ilo g ra fía s, p o rq u e

va

una

y

a n im a l.

las c a rg a d e e x p re s ió n

p sic o ló ­

no

la s
de

in d iv id u a liz a

d o lo r,

sin o

en

que,

su

s e n ti­

las

cabezas

a p e n a s in c lin a d a s , la b o lsa q u e p e n d e de

del

u n a m a n o e n gesto v e n c id o , o el b la n c o

las

v io le n to
m uy

im ág en es.

d e la m u je r d e l p r i m e r p la n o ,

b ie n

lo g ra d a

com o

v o lu m e n

to ta l,

la fu e rz a y m a n s e d u m b re d e l b u e y
de u n

e x p o n e n e n la Sociedad H ebraica A rgen ­
a lg u n a s

x ilo g ra fía s

de

V íc to r

tr a ­

ta d o e n c a lid a d e s m u y ju s ta s , nos h a b la n

I n d e p e n d ie n te m e n te d e esta m u e s tra , se
tina

la

ú n ic a e n la m u e s tra , e n q u e el te m a se

desead a.

d ra m a p ro f u n d o , d e se n tid o u n i ­

versal. L á s tim a q u e c u a n d o p r e te n d e d e s­

R ea

c rib ir, d ib u ja n d o los rasgos d e la cara, su

v e in te , p e rm ite n a p re c ia r d is tin to s m odos

e x p re s ió n p ie r d a a q u e lla fu e rz a d e re s ig ­

b u ffo . N o m u y

n u m e ro sa s, n o

lle g a n

d e su p ro d u c c ió n , p u e s n o m a n tie n e siem

n a c ió n

p re

c o n te n id a s.

el

m ism o

e x p re siv a .
cuando

n iv e l,

V igoroso

la

m ism a

cuando

d e fo rm a , c u a n d o

lín e a

tie m p o

d e v io len cia

E n La cortada, p a is a je u r b a n o d e 1938,

esq u e m a tiz a ,

c o n tra p o n e

y a l m ism o

te m a

ne­

ta n ta s

veces

tr a ta d o

por

R e b u ffo ,

g ro s y b la n c o s e n g ra n d e s p la n o s , c u a n d o

d e sc rib e com o sie m p re , el b a rr io h u m ild e ,

n o tr a ta d e fo rz a r sus fig u ra s en d e ta lle s

con

d esc rip tiv o s, sin o q u e las sin te tiz a e n fo r ­

m u y e x p re siv o e n su d e fo rm a c ió n , las t a ­

m as ro b u s ta s e n su so b rie d a d , su fuerza

llas ric a m e n te v a ria d a s, a ú n e n e l a d o q u i­

se d e b ilita , sus im á g e n e s se e m p e q u e ñ e c e n

nado

cuando,

m o n o to n ía .

d e já n d o s e

d e m a s ia d o
una

té c n ic a

se n tid o
y

sus

lle v a r

a leg ó rico s y

por

lo s

lite ra rio s , y

ta l vez m á s r e f in a d a

d e q u e su
c a lid a d e s

tem as
en

v a ria d a s,

e n tr a

casas

donde

e sq u e m a tiz a d a s,

es

ta n

H ay

en

fác il

un

caer

esta o b ra

carro

en

una

la
con­

por

tra p o sic ió n e n tr e la d in á m ic a c re a d a por

el

los m u ro s q u e se m o v iliz a n e n c o n tra ste s

ta lla es m e n o s ru d a

m ás

su s

v io le n to s

a

de

e n tre c h o c a n

b la n c o s
en

y

n e g ro s,

sus m ú ltip le s

que

se

in c lin a c io

d e s c rib ir m á s m in u c io s a m e n te , c o n m ayor

nes,

p re c isió n e n el d e ta lle , c u a n d o

de

sólidos, estático s, seg u ro s. E l m ism o te m a

c re a r espacio en p e rs p e c tiv a s aéreas, c u a n ­

d e l b a rr io o b re ro , d e la fá b ric a , d e l d e s­

tr a ta

57

y

al

m ism o

tie m p o

se

m a n tie n e n

�alojado, q u e tra ta en v arias p lan ch a s, nos

jes de n a tu ra le z a d o n d e to d av ía n o se ha

dice de su p re o c u p a c ió n p o r la re a lid a d

d ejad o d o m in a r p o r la b ú sq u e d a d e m a ­

social, q u e n o

yor v ero sim ilitu d .

tr a ta d e so lu cio n ar, sino

M uy

d in ám ico

en

el

q u e la p re se n ta en to d a su sordidez, con

ju e g o d e los ritm o s re p e tid o s q u e crea con

acentos y n o con gritos.

las v e rd u ra s y las ram as d e los árboles,

Caserío en Barracas, en Momento

en el de las p e q u e ñ a s superficies blancas

gris, re su lta m o n ó to n o y triv ia l, d em asia­

y negras q u e a l o p o n e r con justeza crea

En
do

im p e rso n a l

en

la

p resen tació n

del

valorizaciones tonales q u e son m edio de

p aisaje, re p itie n d o sie m p re el m ism o ju e ­

su

go

m u c h a c h a in c o rp o ra d a a l p aisaje, form a

de

m u erto s,

casa p a ra le la s, los
sin

vigor

a lg u n o ,

árboles

como

p e rd id a

su

e x p resió n

poética.

La

fig u ra

de

la

u n to d o con a q u é l, u n p e q u e ñ o m u n d o

rudeza.

de g ra n u n id a d .

Primavera en la huerta es d e los p a is a ­

R aquel E delman

58

�miscelánea,
• Breve, elegante y cuidado el volumen en que nos llega la confesión
de Arturo Martini, el más grande escultor de Italia, fallecido hace poco
más de un año. Prosa delicada y melódica, de segura invención, para ence­
rrar el pensamiento más cruel y despiadado: la escultura es una íengua
muerta.
Se ve que la inquietud y el dinamismo con que el autor realizó bús­
quedas esforzadas en el campo de la escultura, se estrellaron con ciertos
inconvenientes para la ruptura de moldes y convenciones, como en las
demás artes plásticas. Según Martini, para alcanzar lo universal, meta del
arte, la escultura debe dejar de tener por objeto la estatua, para aspirar
sólo a la construcción de formas. Mientras todas las artes se han liberado
de los temas tradicionales y han incorporado nuevos elementos, que apa­
rentemente son inanimados, la escultura se ha mantenido siempre en la
representación del hombre, es decir, de lo que tiene espíritu de por sí.
Con ello no sólo ha llegado a la repetición constante, sino también a con­
fundir la vida de la estatua con la verdadera vida de la escultura.
En la misma escultura existe la imposibilidad de evadirse de estos
límites. ¿Por qué —se pregunta— la escultura, que es capaz de hacer una
Venus, no puede hacer una manzana? Y es\a incapacidad propia, incapa­
cidad de otorgar expresión a lo inanimado, incapacidad de emplear la
metáfora, sustituida por el hecho no poético del atributo, incapacidad de
alcanzar lo anónimo o universal a través de la humanidad de la estatua,
condena a la escultura a un estancamiento en su antigua grandeza y a una
completa falta de adecuación de la vida. Por eso la llama lengua muerta;
porque a diferencia de las otras lenguas, que han encontrado su idioma

59

�romance y adhieren a la vida, ella continúa su sueño impasible en la
“suficiencia de su pedestal’’, y aun habla griego y latín. “La escultura
seguirá siendo lo que es: lengua muerta que no tiene su vulgar, ni podrá
ser nunca palabra espontánea entre los hombres. . . Para las fiestas cívi­
cas se recurre a los símbolos de la mitología pagana y la sabiduría siempre
es Atenea; se viste a los contemporáneos con peplos inverosímiles o se
hace del hombre ilustre, modernamente vestido y expuesto a la intempe­
rie, un espectáculo piadoso... Nada justifica la supervivencia de la escul­
tura en el mundo moderno. Pero se recurrirá siempre a ella en las cir­
cunstancias solemnes y en los casos conmemorativos, como para los epí­
grafes y la misa se recurre al latín.”
Estas ideas no implican pesimismo absoluto en la concepción de
Martini. Alentado por el profundo sentimiento de la forma que le hace
desdeñar la sensibilidad como expresión fundamental de la escultura, que
le hace dudar de algunos elementos como la sombra, siempre sujeta a la
casualidad, y que le hace concebir la obra como una totalidad construida
desde dentro hasta la superficie, anónima y universal, afirma que el au­
téntico escultor puede hacer escultura con sólo apretar el barro con sus
manos.
Su aspiración es hacer de la escultura el “arte de los ciegos”: devolver
al tacto toda su vigencia, en lugar de la importancia atribuida a la vista,
y transformar el volumen en forma táctil. Este pensamiento lo ilumina.
El descubrimiento de esta posibilidad le hizo aparecer —confiesa— “como
emergiendo del barro, las formas que la escultura había sepultado para
revelarlas el día en que, terminadas las restricciones prácticas, pudiera dis­
ponerlas para un libre canto”. Y basándose en la capacidad sensible del
tacto en todo su vigor, pide libertad para el escultor; libertad que con­
siste en darle la posibilidad de crear “formas puras y el alma que está
en cada lugar y cosa”.
Pero Arturo Martini murió poco después de dar a luz este breve y

60

�jugoso opúsculo de pensamientos, cuando preparaba otro que habría de
titular: La estatuaria está muerta, pero la escultura vive.
I. G.
• W alter de Navazio es un pintor de plein air; el vehículo princi­
pal de su emoción es la naturaleza, frente a la cual se coloca con ánimo
de encontrar una fuerza lírica que vuelca en las armonías de colores, en
la combinación de las pinceladas y de las manchas, en las relaciones de
tonos. El artista reproduce lo que ve, pero acentúa cuando su emoción
necesita expresarse; emoción fina y sensible, de la que deriva el predo­
minio en su paleta de los grises agradables, más que de acordes felices de
verdes y rosas.
Lo que no hallamos en el conjunto de sus obras es una gran varie­
dad en cuanto a la composición. Ésta aparece repetida, menos a causa
de los colores cuanto por la disposición de los árboles en el primer plano
y las sierras o cielos azulados en los fondos. Diferente es el óleo n1? 21 (de
la exposición que acaba de realizarse en la G a l e r ía A n t ú ), pues un follaje
de riqueza sensible en verdes y azules ocupa la casi totalidad de la tela,
imprimiéndole sentido vertical. Este cuadro, junto con el Retrato de Fer­
nán Félix de Amador, son acaso las piezas que permiten estimar más la
calidad de su paleta. Aquí el conjunto se impone por la armonía que
crea el azul del traje con los ocres nacarados y los lilas de las carnes y del
fondo. Nunca una extraordinaria variedad en los tonos, pero siempre
delicadeza en las armonías elegidas.
Digamos de W alter de Navazio, en horas ya lejanas de su muerte,
que su desaparición prematura privó a la pintura argentina de una sen­
sibilidad verdaderamente creadora, capaz de incorporar otros valores que
los que derivan de la mera reproducción de la naturaleza.
B. S.
• “Y de esa historia natural del país, la pintura es como la represen­
tativa ilustración.” Marañón cree que asi defiende la pintura y la pin­
tura de Elias Salaherría. Si así piensan en España los hombres a quienes
se los podría suponer con capacidad para pensar, ¿cómo extrañarnos
de que los pintores pinten como Salaberria? Pintores lacrimosos, no sen­
timentales, amigos del documento, no folklóricos^ torpes en la alusión
contingente, no pintorescos. No obstante la pobreza del ideal, tal vez fuera
\

61

�legitimo para un pintor el querer ser, y aun el serlo, sentimental, folklórico
y pintoresco.
Pero Salaberria no es ni siquiera eso. Ni siquiera pinta bien, como
suponen los ignorantes y los incautos. Para pintar bien se requiere, además
de conocimineto y finura, capacidad de vibración y de adivinación. Por
eso nadie que tenga una mediana sensibilidad, hasta los que no han
visto en su vida un cuadro de Zurbarán, de Velázquez o de Goya —esos
si son los que han construido en imagen a la verdadera España— podrá
pensar que en esas telas los pinceles de Salaberria hayan pintado "Historia
y Metafísica”, como afirma en otra página sin desperdicio José María
Pemán.
¡Qué vacio en el palabreo del catálogo y en el palabreo de los cua­
dros! Una honda melancolía hace pensar en la España peregrina. J. R. B.
® Una despiadada crítica a los museos mal organizados encabeza el
número de junio de este año de la revista californiana “Arts 8c Architecture” una de las mejores que se publican en los E.E.U.U. En esta opor­
tunidad se dirige especialmente a Boston, uno de los centros culturales
villosas no las luce ni utiliza en la medida que sería conveniente para
villosas no las l'uce ni utiliza en la medida que sería conveniente para
la labor educativa. Por ejemplo el Isabella Stuart Gardner Museum es
el legado de una millonaria caprichosa que gastó una herencia de seis
millones de dólares para amontonar (como en un remate mal organizado)
cuadros y objetos de arte en una casa de estilo pseudo gótico-veneciano.
Las disposiciones testamentarias de esta gran orgullosa son de una per­
fidia inconcebible. Impiden que se toque o se varíe la posición de uno
solo de los elementos que componen la fabulosa colección. Giottos pésinamente ubicados, Tintorettos arriba de los dinteles de las puertas, El
rapto de Europa de Tiziano a tres metros del suelo.. . y con vidrio, son
algunas de las delicias de este palacio maldito. Alegra ver que hay revis­
tas valientes que se animan con todo, hasta con el intocable coleccionista
proveedor de cultura para la comunidad (vanidad de vanidades y todo
vanidad).
jy. c. B.

62

�V E R Y ESTIM A R
C U A D E R N O S D E C R Í T I C A A R T ÍS T IC A

ÍN D IC E DEL V O L U M E N I

Abril a julio de 1948
T ÍT U L O S
A la b a n z a d e P o r t in a r i . J o r g e R o m e ro B rest.
A n g u lo E lu a rd -P ic a s so . M a r th a T r a b a .
A n to n io B e rn i (Critica). A n g e lia B e re t.
A r q u ite c tu r a d e c a rg a y so stén (Camino

IV ,
II ,

41
43

IV ,

53

de la observación). S. F. O . y

D . C. B .

I , 22

B o ld in i (Miscelánea). D . C. B .
C a m p ig li (Miscelánea). M a r th a T r a b a .
C a to rc e p in to r e s ch ecoslovacos (Critica).

I I I , 53
D a m iá n

C.

B ay ó n

IV ,

C e n n in o C e n n in i y la p i n t u r a d e l T re c ie n to s . A lfre d o E . R o la n d .

I , 39
49

I,

29

C u a tro c u a d ro s d e G o y a e n B u e n o s A ire s (Inventario). J o rg e R o m e ro B rest.
C u a tr o S alo n es (Critica). J o r g e R o m e ro B re st.

IV , 33
I I I , 30

D e C h iric o (Miscelánea). I. G .
D ib u ja r . J o r g e R o m e ro B re st.

IV , 57
III, 1

D ib u jo a b ie r to y c e rra d o (Camino de la observación). L ía C a rre a .
D ib u jo s d e a rtis ta s a rg e n titn o s (Critica). R a q u e l E d e lm a n .

I I I , 15
IV , 54

E l a r t e a rg e n tin o y el a r t e u n iv e rsa l. J o r g e R o m e ro B rest.
E l V II

S a ló n d e

M ar

d e l P la ta . (Critica). B la n c a

S ta b ile , A n g e lia

I,

4

B e re t

y R a q u e l E d e lm a n .

I , 17

Espejo de la pin tu ra actual , p o r M a r g a rita S a rf a tti (Bibliografía). D a m iá n
C. B a y ó n .
E s ta m p a s ja p o n e s a s e n V ia u (Critica). S a m u e l F . O liv e r
E u g e n io D ’O rs y P icasso. D a m iá n C. B ay ó n .
E x p o sic ió n c u a d rie n a l d e A rte e n R o m a

Miscelánea). M a r g a rita S a rfa tti.

I , 32

II, 61
II, 4 7
I I I , 55

�Goya y el mundo a su alrededor, p o r J. L ópez R ey (Bibliografía). M a rth a
T ra b a .
G rabados franceses (Critica). S am uel F. O liver.
Guernica-Pablo Picasso, p o r J u a n L a rre a (Bibliografía). A lfredo E. R o la n d

IV, 39
IV , 42
II, 57

H o ja y universo de R o d in y R ilke. M a rth a T ra b a .

II I, 46

José A lonso (Critica). A ngelia B eret.

II I, 28

J u a n C arlos L a b o u rd e tte y N oem í G erstein (Critica). B lanca Stabile.

IV , 51

L a base m etafísica d e la estética. M oritz G eiger.

IV , 16

L as ideas estéticas de R o d in . D a m iá n C. B ayón.

I I I , 37

L as m etam orfosis d e Picasso (Camino de la observación). J. R . B.
La vida y el arte de Auguste Rodin, p o r V íctor F risch y J. T . Shipley (Bi­
bliografía). R o d o lfo C. B ru h l.
M a lh a rro y Silva (Critica). L ia C arrea.
M oritz G eiger. F rancisco R o m ero .
O b ra s de a rtista s a rg e n tin o s co n tem p o rán eo s (Crónica). J. R . B.

II, 25
II I, 51
II, 62
IV ,

1

II, 66

P a u l K lee y sus ideas sobre el a rte m o d ern o . R o d o lfo G. B ru h l.

IV, 17

P a u l V aléry y el d ib u jo . Iso lin a G rossi.

III,

Picasso antes de Picasso, p o r A. C. P ellicer (Bibliografía). R a q u e l E d elm an .

II ,

8
53

Picasso, el in v e n to r. Jo rg e R o m ero B rest.

II ,

Picasso en B uenos A ires (Inventario). B lanca S tabile.

II , 37

1

Picasso et les chemins de la connaissance, p o r T ris ta n T z a ra (Bibliografía).
Iso lin a Grossi.

Picasso: Fifty years of his art, p o r A lfred H . B a rr (Bibliografía). L ia C arrea.
Picasso, portraits et souvenirs, p o r Ja im e Sabartés (Bibliografía). A ngelia
B eret.

II, 59
II,

52

II , 56

Picasso, the recent years, p o r H a rrie t y Sidney Ja n is (Bibliografía). C lara
D iam en t.
P u n to de p a rtid a . D irección.

II , 51
I,

1

R a m ó n Góm ez C o rn et (Critica). B lanca S tabile.

I I I , 19

R a ú l Soldi (Critica). R a q u e l E d elm an

I I I , 25

R e n o ir en B uenos A ires (Inventario). L ia C arrea.

Rodin, p o r J u d ith C ladel (Bibliografía). A ngelina C am icia.

I, 25
I I I , 50

�Sartre (Miscelánea). Martha Traba.

I,

37

U n p a n o r a m a a c tu a l d e la E sté tic a . A lfre d o E . R o la n d .

IV ,

9

V ic to ric a (Miscelánea). L ia C a rre a .
V id rie ra s e n la c a lle F lo r id a (Critica). D a m iá n C. B a y ó n .

III,
II,

54
64

I,

34

A r q u ite c tu r a d e c a rg a y so stén .
Espejo de la pintura actual, d e M a r g a rita S a rfa tti.
E u g e n io D ’O rs y P icasso.

I,
I,
II,

22
32
47

V id rie ra s e n la c a lle F lo r id a .
L a s id e a s e sté tic a s d e R o d in .
B o ld in i.

II,
III,
III,

64
37
53

C a to rc e p in to re s checoslovacos.

IV ,

49

I,
II,
IV ,

19
56
28
53

i,

34

m ,
IV ,

51
17

jjj

gq

j

25

W ilh e lm P in d e r y e l Problema de las Generaciones en la Historia del A rte
de Europa (Bibliografía). R o d o lfo G . B ru h l.
AUTORES

B ayón , D a m iá n C.:

B eret , A n g e lia :
E l V II S aló n d e M a r d e l P la ta : l a e s c u ltu ra .
Picasso, portraits et souvenirs, p o r J a im e S a b a rté s.
Jo s é A lo n so .
A n to n io B e rn i.
B ruhl , R o d o lfo G .:

II I,

W ilh e lm P in d e r y e l Problema de las generaciones en la Historia del

Arte de Europa.
La vida y el arte de Auguste Rodin, p o r V íc to r F ris c h y J o s e p h T .
S h ip le y .
P a u l K lee y su s id e a s s o b re el a r t e m o d e rn o .
C am icia , A n g e lin a :

Rodin, p o r J u d i t h C la d e l.
C arrea, L ía :
R e n o ir e n B u e n o s A ire s.

Picasso, fifty years of his art,
M a lh a rro y Silva.
D ib u jo a b ie r to y c e rra d o .
V ic to ric a .

p o r A lfre d H . B a rr.

II,

52

U
Uj
m

g2
15

g4

�D iament , Clara:
Picasso, the recent years, por Harrret y Sidney Janis.

II,

51

E delman, Raquel:
1,

20

Picasso antes de Picasso, p o r A. C irici P e llic e r.

E l V II S aló n d e M a r d e l P la ta : e l d ib u jo y el g ra b a d o .

II,

53

R a ú l S oldi.

D I . 25

D ib u jo s d e a rtista s a rg e n tin o s.

IV, 54

G eiger, M oritz:
L a b a se m e ta físic a d e la estética.

G rossi, Iso lin a :
Picasso et les chemins de la connaissance, p o r T r is ta n T z a ra .
P a u l V aléry y el d ib u jo .

IV , 16
I I , 59
III,

8

O liver S am u el F.:
E sta m p a s ja p o n e sa s en V ia u .
G ra b a d o s franceses.

II , 61
IV , 43

R oland, A lfre d o E.:
C e n n in o C e n n in i y la p in t u r a d el T re c ie n to s.

Guernica-Pablo Picasso, p o r J u a n L a rre a .
U n p a n o ra m a a c tu a l d e la estética.

I , 29
II , 57
IV ,

9

IV ,

1

R omero, F rancisco:
M o ritz G eig er.

R omero Brest, Jo rg e :
P u n to d e p a rtid a .

I,

1

E l a rte a rg e n tin o y el a r te u n iv e rsa l.

I,

4

Picasso, e l in v e n to r.

II,

I

L as m e ta m o rfo sis d e Picasso.

I I , 25
II,

66

D ib u ja r.

O b ra s d e a rtista s a rg e n tin o s c o n te m p o rá n e o s.

III,

1

C u a tro Salones.

ID , 30

C u a tro c u a d ro s d e G oya e n B u en o s A ires.

IV , 33

A la b a n z a d e P o rtin a ri.

IV , 41

Sarfatti, M a rg a rita :
E x p o sició n c u a d rie n a l d e R o m a .

I I I , 55

Stabile, B lanca:
E l V II S alón de M a r d el P la ta : la p in tu r a .
P icasso en B u en o s A ires.

I, 17
I I , 37

�R a m ó n G ó m e z C o rn e t.

III,

19

J u a n C a rlo s L a b o u r d e t t e y N o e m l G e rs te in ,

IV ,

51

I,
II,

37
43

H o ja y u n iv e r s o d e R o d i n y R ilk e .

III,

46

Goya y el m undo a su alrededor, p o r J . L A pez R e y .

IV ,

39

T raba , M a r th a :
S a rtre .
A n g u lo E lu a rd - P ic a s s o .

IL U S T R A C I O N E S

EN

NEGRO

A lonso , Jo s é :
D u rm ie n d o
F ig u r a

(esc.)

(esc.)

I,

19

III,

23

B asaldúa, H é c to r :
R e t r a t o d e l p i n t o r J o r g e L a rc o
V id r i e r a d e H a r r o d ’s

(p in t.)

I , 18
I I , 64

B onnard , P ie r r e :
L a c a r t a (g r.)

IV , 44

B uttler , H o r a c io :
V id r i e r a d e H a r r o d ’s

I I , 65

G ézanne , P a u l:
R e t r a t o (d ib .)
A u t o r r e t r a t o (g r.)

III, 4
IV , 43

C o lu m n a ta e g ip c ia

I , 22

C hagall , M a rc :
R e tra to

(d ib .)

D i b u j o e g ip c io

III,

18

III,

2

D iom ede , M ig u e l:
A m p a ro

(p in t.)

I I I , 23

D o lm e n n e o lític o

I , 22

D ufy , R a o u l:
E l B re a t

(g r.)

IV , 46

D unoyer de Segonzac , A n d ré :
C o rre d o r

(d ib .)

III,

3

D vorsky, B o h u m i r :
V e lk e P a v lo v ic e

(p in t.)

IV , 47

E r e c te io n d e A te n a s

(a rq .)

I , 23

�F ariña, E rn e sto :
N a tu ra le z a m u e r ta con p a ñ o v e rd e

(p in t.)

III,

22

F orner, R a q u e l:
II, 65
III, i

V id rie ra d e H a r r o d ’s
F o n t d e G a u m e (dib.)

G oerg, E d o u a rd :
P aseo c o n s o m b rilla (gr.)

IV ,

46

III,

21

G ómez Cornet, R a m ó n :
N iñ a (gr.)

G oya, F ran cisco de:
In c e n d io e n u n h o s p ita l (p in t.)

IV ,

33

E scen a d e c o m b a te

IV ,

37

IV ,

44

IV ,

48

IV ,

48

III,

17

(p in t.)

G romaire , M arcel:
E l a m a n te d e los lib ro s (gr.)

H aas, L ev:
C iegos d e l c a m p o d e T e re s in e (p in t.)

H oly, M iroslay:
M o tiv o d e C eska R y b n a (p in t.)

I ngres, J e a n D o m in iq u e :
L es soeurs M o n ta g u

(d ib .)

J acquemin , A.:
P a is a je d e in v ie rn o

(gr.)

IV , 45

J indra, J a r o m ir :
E n las a fu e ra s d e P ra g a

(p in t.)

IV , 48

K lee , P a u l:
D ib u jo s

IV ,

17, 21, 25, 28 y 30

K otik , P rav o slav :
L a m u je r d e lo s gansos

(p in t.)

IV , 47

L abourdette, J u a n C arlo s:
N iñ o

(esc.)

I I I , 22

L e C orbusier:
P a b e lló n S uizo d e la C iu d a d U n iv e rs ita ria d e P a rís

(a rq .)

I, 23

M atisse, H e n ri:
R e tr a to d e A n g é le L a m o tte (d ib .)

III,

C ab eza d e e stu d io (gr.)

IV , 44

15

M aillol , A ristid e :
M u je r d e E s p a ñ a (gr.)

IV , 44

�P icasso, P a b lo R u iz :
II,

D ib u jo s
M u je re s e n e l m o s tr a d o r (p in t.)
C a b e z a (p in t.)

3,

6,

11, 14, 16, 21 y 24
II,

25

II,

26

II,

26

A b s tra c c ió n (p in t.)

II,

27

L a s tre s b a ila r in a s (p in t.)
M u je r e sc rib ie n d o (p in t.)

II,

28

II,

29

M a d re e h ijo

(p in t.)

T o r o y c a b a llo
G u e rn ic a

II,

(p in t.)

(p in t.)

II,

E s tu d io , p a r a G u e rn ic a
E l g a llo

(p in t.)

(p in t.)

M u je r s e n ta d a

29
3 0 /1

II,

32

II,

33

(p in t.)

II,

33

D e s n u d o r e lle n o c o n su c a rn e (p in t.)

II,

34

C a la v e ra y j a r r o

II,

35

II,

36

(p in t.)

E l c re m a to r io h u m a n o

(p in t.)

T r e s m u je re s e n la f u e n t e
C abeza d e h o m b re

(p in t.)

(p in t.)

D e s n u d o d e m u j e r (d ib .)
E sc e n a s d e l a v id a b o h e m ia
P a ra d e

(p in t.)

(p in t.)

E l m o r fin ó m a n o

(p in t.)

E n e l M o u lin R o u g e

(p in t.)

H o m e n a je a L u c a s C ra n a c h

(gr.)

I I , ' 39
II,

39

II,

39

II,

39

II,

40

II,

40

II,

40

IV ,

46

IV ,

47

III,

22

III,

22

IV ,

42

IV ,

42

P locek , V ile m :
O r il la d e l r í o

(p in t.)

P lanas C asas, José:
E l c a m in o (gr.)

P olicastro, E n r iq u e :
M u je r d u r m ie n d o

(p in t.)

P ortinari, C á n d id o :
C o m p o sic ió n
O ro (d ib .)
C aucho
C acao

(m o n o tip o )

(d ib .)
(d ib .)

IV ,

42

IV ,

42

III,

16

R afael :
S an J o r g e y e l d ra g ó n (d ib .)

�R ebuffo, V ícto r:
L os a rg o n a u ta s (gr.)

I,

21

R embrandt:
A d o ra c ió n d e los p a sto re s (dib.)

III,

L a ceg u era d e T o b ía s (gr.)

I I I , 18

5

R enoir, P ie rre A u g u ste:
L ’a te lie r d e la r u é S a in t G eorges

(p in t.)

I , 24

J e u n e filie (p in t.)

I , 24

L a b a ig n e u se (p in t.)

I , 24

G a b rie lle e t C oco (p in t.)
D e sn u d o (dib.)

I, 24
III,

17

R ouault , G eorges:
T r í o (gr.)

IV , 45

Sánchez, Id e a l:
D e sn u d o (p in t.)

I I I , 23

Soldi, Raúl:
C asa e n B e rn a l (p in t.)
V id rie ra d e H a r r o d ’s

I,

17

II , 64

N a tu ra le z a m u e r ta (p in t.)

III,

24

Q u in ta ju n to a l río

III,

24

III,

23

(p in t.)

Spilimbergo , L ino:
A dolescente (p in t.)

T oulouse-L autrec, H e n ri de:
D ib u jo
V aso griego

III,

16

III,

15

IV ,

48

Z metak :
D esc e n d im ie n to (p in t.)
L A M IN A S E N C O L O R

R enoir, P ie rre A u g u ste: P o r tr a it d e p e tite filie.
P icasso, P a b lo R u iz : M u je r con cab ello n e g ro .
R odin, A u g u ste: D ib u jo .
G oya, F rancisco de: E l h u ra c á n .

I
II
III
IV

��VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRITICA

ARTISTICA

O cho n ú m ero s en el año
de a b ril a n o viem bre
50 a 60 p áginas de texto
8 a 12 con ilustraciones
1 lá m in a

SU SC R IPC IÓ N

Argentina'. 15
Uruguay: 7

ANUAL

pesos nacionales
pesos uruguayos

Otros países: 4

dólares u . s. a .

N U M E R O SU E L T O
$ 1,80 arg. ó 0,80 u ru g . ó 0,50 d ó lar

T o d a la correspondencia d e b e rá ser d ir i­
gid a a n o m b re del d irecto r, o de la se­
cre ta ria de redacción, M a rth a T ra b a . Las
suscripciones, cheques, giros, bonos pos­
tales, a n o m b re de la

a d m in istrad o ra,

R a q u e l B ianco de B rané.
No se m a n tie n e

correspondencia

sobre

o riginales esp o n tán eam en te enviados.

D irección, secretaría y adm in istració n
T ucum án

1539.

T . A. 35 -9243

R egistro N acional de la P ro p ied ad
In te le c tu a l N? 271821

�ARTES G R A F I C A S
BARTOLOME U. CH1ESIKO

Un peso ochenta

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Vol. 1, no. 5</text>
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                <text>Romero, José Luis&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Traba, Martha&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Beret, Angelia&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Camicia, Angelina&#13;
Edelman, Raquel</text>
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- = --------- —

—

—

—

—

.......... - - - - -

______________________________ —

#

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS
DE
CRITICA
ARTÍSTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COLABORACIÓN DE SUS DISCÍPULOS

S U M A R I O

Moritz Geiger.
F rancisco R omero (
Un panorama actual de la estética.
. ,
Alfredo E. R oland

La base metafísica de la estética. Una
página de
Moritz G eiger
Paul Klee y sus ideas sobre el arte
moderno.
R odolfo G. B ruhl

--

•

Inventario: Cuatro cuadros de Goya en
Buenos Aires.
J orge R omero Brest
Goya y el mundo a su alrededor.
M artha T raba

J orge R omero Brest

Grabados franceses. Samuel F. O liver
Critica:
Catorce pintores checoslovacos.
D amián C. Bayón
Juan Carlos Labourdette y Noemí
Gerstein
Blanca Stabile
Antonio Berni.
Angelia Beret
Dibujos de artistas argentinos.
R aquel E delman

Miscelánea.
Tapa: dibujo de P aul Klee.
Volumen I, n1? 4. Julio de 1948
Buenos Aires

n r )

Alabanza de Portinari.

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS DE CRÍTICA ARTÍSTICA

®

ENSAYOS SOBRE DIBUJO, ARQUITECTURA, PINTURA,
ESCULTURA Y ARTES DERIVADAS

©

NOTAS CRÍTICAS E INFORMATIVAS SOBRE LA ACTIVIDAD
ARTÍSTICA NACIONAL Y EXTRANJERA

•

INVENTARIO ARTÍSTICO DE ARGENTINA

©

INVENTARIO DE LIBROS DE APARICIÓN RECIENTE

•

BIBLIOGRAFÍA FUNDAMENTAL

•

GUÍA DE LECTURAS SOBRE TEMAS DE ESPECIALIZACIÓN

•

DOCUMENTOS

®

CAMINO DE LA OBSERVACIÓN

BUENOS

AIRES

�DIRECTOR

JORGE

ROMERO

BREST

CON LA COLABORACIÓN DE SUS DISCÍPULOS

Ocho números en el año
de abril a noviembre. De
50 a 60 páginas de texto,
8 a 12 con ilustraciones.
1 lámina en color.

SUSCRIPCIÓN ANUAL

Argentina-. 10
Uruguay. 5
Otros países: 3

peso s a r g e n t in o s
peso s u r u g u a y o s
dó la res

U. S. A.

NÚMERO SUELTO

1,50 $ arg. ó 0,70 uruguayo ó 0,50 dólar

�BOLETÍN DE SUSCRIPCIÓN
Señora Administradora de
VER Y E S T I M A R
Tucumán 1539, Buenos Aires
Ruégole me suscriba a la revista VER Y ESTIMAR por
un año, a partir del N 9

(J) a cuyo efecto envío el im­

por giro-cheque-bono postal -a l contado (2) .

porte de $
Fecha

Firma.................................................................................

Nombre completo
Domicilio
Localidad
(!)

El número 1 está agotado.

(2)

Táchese lo que no corresponda. (Los giros, cheques o bonos postales
a nombre de Raquel Bianco de Brané).

�SUMARIO DEL W 1

( a b r il )

P u n to de p a r tid a : D IR E C C IÓ N . E l a rte a rg e n tin o y el a r te u n iv e rs a l:
JO R G E RO M ERO B R E S T . E l V I I S a ló n de M ar del P la ta : B LA N CA
ST A B 1L E , A N G E L IA B E R E T y R A Q U E L E D E L M A N . C am ino de la
o b se rv a c ió n : A rq u ite c tu ra de c arg a y s o sté n : S. F . O. y D. C. B. I n v e n ­
ta rio : R en o ir en B u en o ”» A ire s : LÍA CA RR EA . C ennino C ennini y la
p in tu r a del tre c e n to : A L F R E D O E . R O LA N D . E sp e jo de la p in tu r a ac­
tu a l: D AM IÁN C. BAYÓN. W ilh elm P in d e r y el P ro b le m a de la s g e n e ­
ra c io n e s en la h is to ria d el a r te d e E u r o p a : R O D O L FO G. B R U H L . M is­
celán ea : M A R T H A TR A B A .

SUMARIO DEL N&lt;? 2

(m ayo)

P ic a sso el in v e n to r: JO R G E R O M E R O B R E S T . C am ino de la o b serv a ­
c ió n : L as m etam o rfo sis de P ic a sso . In v e n ta rio : P ic a sso en B uenos A ire s:
B LA N CA S T A B IL E . Ángulo E lu a r d -P ic a s s o : M A R TH A TR A B A , E ugenio
d ’O rs y P ic a ss o : D A M IÁ N C. BAYÓN. R ec ie n te b ib lio g ra fía p ic a s ia n a :
P ic a sso , th e re c e n ts y e a rs, p o r H a r r ie t y S id n e y H a r r is : CLARA D IA M E N T . P ic a sso , f if ty y e a rs o f h is a r t, p o r A lfred H . B a r r : LÍA C A RR EA .
P ic a sso a n te s de P ic a sso , p o r A. C irici P e llic e r: R A Q U E L ED E L M A N .
P ic a sso , p o r tr a its e t so u v en irs, p o r J a im e S a b a r té s : A N G ELIA B E R E T .
G u e rn ic a-P a b lo P ic a sso , p o r J u a n L a r r e a : A L F R E D O E. R O LA N D . P i ­
casso e t le s ch em in s de la c o n n aissan c e , p or T r is ta n T z a r a : IS O L IN A
G R O S S I. E sta m p a s ja p o n e sa s en V ia u : SA M U E L F.. O L IV E R . M albavro
v S ilv a : L ÍA C A R R EA . V id rie ra s en la calle F lo r id a : D A M IÁ N C. B A ­
YÓN. O b ra s de a rtis ta s a rg e n tin o s co n tem p o rán eo s, en la G a le ría V a n
R iel.

SUMARIO DEL N&lt;? 3

(ju n io )

D ib u ja r : JO R G E R O M E RO B R E S T . F a u l V a lé ry y el d ib u jo : IS O L IN A
G R O S SI. C am ino de la o b s e rv a c ió n : D ib u jo a b ie rto y c e r ra d o : L IA CA­
R R E A . R am ón Gómez C o rn e t: BLANCA S T A B IL E . R aúl S o ld i: R A Q U E L
E D E L M A N . J o sé A lo n so : A N G ELIA B E R E T . C u atro S a lo n e s: JO R G E
R O M E RO B R E S T . L a s id e a s e s té tic a s de R o d in : D A M IÁ N C. BAYÓN.
R o d in y R ilk e : M A R T H A T R A B A . B ib lio g ra fía ro d in ia n a re c ie n te : R odin,
de V íc to r F ris c h y J . T. S h ip le y : RO D O LFO G. B R U H L . R o d in , p o r
J u d itli C la d e l: A N G E L IN A C A M IC IA . M iscelánea.

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N? 144. ANTOLOJIA POETICA ................................................................
.. 209. PIEDRA Y CIELO .........................................................................
„ 212. DIARIO DE POETA Y MAR ......................................................
„ 130. ESTIO .................................................................................................
„ 142. ETERNIDADES ...............................................................................
„ 147. BELLEZA ...........................................................................................
., 174. POESIA ..............................................................................................

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10.—
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8 .-

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OMO ES FRECU ENTE Y AUN HABITUAL EN T R E
quienes se consagran a la filosofía, las preocupaciones de
Moritz Geiger 1 no se han ceñido a un único apartado filosófico,
si bien sus predilecciones denotan una vocación predominante,
y dentro del ámbito diseñado por ella es donde en especial ha
adquirido autoridad y renombre. Sus trabajos más importantes
y representativos pertenecen al campo de la estética, pero otros
asuntos han atraído su atención —los problemas del conocimiento
matemático y físico, la psicología— y sus escritos dedicados a
ellos suscitaron en todos los casos el vivo interés de los especialistas.
Su libro sobre la axiomática geométrica2 fué una contri­
bución notable a las discusiones en torno a la fundamentación
de las matemáticas que tuvieron lugar en el primer tercio del
siglo y que tan fecundos resultados aportaron para la renovación
de ese capítulo del saber científico. Geiger saca el debatido pro­
blema del estricto cercado matemático, y sostiene que los grupos
de axiomas no pueden fundarse satisfactoriamente dentro de las
correspondientes disciplinas, sino que deben ser considerados en
el complejo de todos los sistemas posibles de axiomas, convirtién­
dose así la axiomática en una rama de la todavía inexistente teoría
general de las relaciones; la inspiración husserliana está presente
i Nació en Frankfort en 18S0. Profesor en Munich y en Gotinga. Se trasladó a
Estados Unidos, donde ejerció la docencia y falleció en 1937.
- Systematische Axiomatik der Euhlidisclien Geometrie, 1924.

1

�en la concepción de los axiomas como esencias, en polémica
contra el formalismo logicista. Del mayor interés me parece el
reclamo de una teoría general de las relaciones, tema respecto
al cual es evidente un lamentable retraso y que dibuja un hueco
que la filosofía se halla en la perentoria obligación de llenar.
La discusión alrededor del libro fué abundante y por momentos
apasionada 34. De menor mole y alcance es su trabajo, algo anterior
en fecha, sobre la significación filosófica de la teoría de la relati­
vidad *, redactado para un ciclo colectivo de disertaciones orga­
nizado por la Universidad de Munich, en el cual, tras distinguir
y criticar las posturas de los positivistas, los empiristas y los
aprioristas frente a la relatividad, busca un camino propio, sen­
tando que existen dos tipos de legalidad natural: una para el
sujeto, fenoménica y válida a priori, y otra física y transfenomé­
nica, y destacando al final —como por cierto han hecho otros
filósofos— el sentido absolutista de la teoría de la relatividad, en
contra de lo que su nombre sugiere. En su extenso estudio Frag­
mento sobre el concepto de inconsciente y la realidad psíquica 5
recorre críticamente la aparición y sucesivo fortalecimiento de
la noción de inconsciente, sobre todo en la psicología alemana, y
destaca su significación en psicología y la necesidad de atribuirle
mayor alcance, porque una considerable masa de la realidad
psíquica permanece por debajo de la conciencia. Su revisión del
3 Entre otros documentos, nota crítica de Gerhard Stammler en Kant-Studien,
32 Bd., 1937, págs. 419-422; el art. de K. Reidemeister Exaktes Denken en Philosophischer Anzeiger, III, 1928-29, págs. 15-47, con réplica de Geiger y respuesta de Reide­
meister (Ibid., págs. 261-64 y 265-66 respectivamente), y el art. de A. Gurwitsch Ontologische Bemerkungen zur Axiomaiik der euklidischen Geometrie, en la misma re­
vista, IV, 1929-30, págs. 78-100.
4 Die philosophische Bedeutung der Relativitalstheorie (La significación filosófica
de la teoría de la relatividad) , 1921.
5 Fragment über den Begriff des Unbezuussten und die psychische Realitat, en
Jahrbuch fü r Philosophie und phünomenologische Forschung, IV, 1921, págs. 1-136.

2

�problema de la endopatía, introafección o proyección sentimen­
tal (Einfühlung) 6 es citado con frecuencia como un inaprecia­
ble resumen y “puesta a punto” para una cuestión de orden
psicológico que reviste su mayor importancia en las aplicaciones
a la estética.
En lo propiamente estético está el terreno propio de Geiger,
el de sus contribuciones más singulares; en él se ha recortado
un lugar marcado con el sello de su personalidad. Sus trabajos
no son muy numerosos ni de gran extensión, pero todos ellos
ofrecen una sustancia densa y comprimida que hubiera podido
llenar límites más vastos. Todos se caracterizan por la capacidad
clarificadora y organizadora, por una intensidad y austeridad de
pensamiento que acreditan en el autor las mejores calidades de
la filosofía contemporánea y lo ponen entre quienes abren nuevas
vías y descubren nuevas posibilidades. Adherente primero a los
puntos de vista de Theodor Lipps, se enroló después en el movi­
miento fenomenológico desde la iniciación de éste, y en él repre­
senta a la estética, juntamente con Emil Utitz. En la fenomeno­
logía Geiger encontró sin duda la dirección filosófica más acomo­
dada a su índole de pensador, la que le era congenial. No toma
el método fenomenológico a la manera de un Scheler o de un
Heidegger, como trampolín para saltar de la indagación de las
esencias a osadas construcciones metafísicas; mucho menos ambi­
cioso, se queda en las faenas de aclaración, de determinación y
de discriminación, para las que el método es tan apropiado,
aunque no carga en el error de afirmar que con eso todo está
terminado. Su sitio está, pues, entre los que, en el Jahrbuch de
Husserl y fuera de él, se contentaron con aplicar el nuevo ins« Ueber das Wesen der Einfühlung. Bericht über den IV. KongT. für experiment. Psychologie. (Sobre la esencia de la Einfühlung) , 1911.

3

�truniento metódico a la profundización de un puñado de ternas
que de ellos recibió inesperadas claridades, y en este grupo me­
ritorio de investigadores figura en las primeras líneas y se adueñó
de ciertos problemas por la consumada maestría de su examen.
La estética había empleado de preferencia dos métodos, el
deductivo, que a partir de principios sumos, establecidos especu­
lativamente, desciende y procura explicar los hechos estéticos,
y el inductivo, que, siguiendo la vía inversa, entendía llegar con
certidumbre a los principios por sucesiva generalización de com­
probaciones singulares, empíricas. Frente a esos dos procedimien
tos, metafísico el uno y psicológico el otro, propugna Geiger el
método fenomenológico, consistente, como es sabido, en buscar
lo universal en el caso singular, la esencia en lo concreto, me­
diante una especial aprehensión intuitiva favorecida por deter­
minados “experimentos” mentales 7; pero no pretende de ninguna
manera que el método valga para resolver cuanto problema se
presente en el dilatado plano de lo estético. Bajo la denominación
de “estética” se comprende, en su opinión, una ciencia espe­
cial, una disciplina filosófica que está respecto a ella en la misma
relación que la filosofía de la naturaleza con la ciencia natural,
y un terreno de aplicación de otras ciencias. La estética como
ciencia especial y autónoma, cuya firme constitución no se ha
logrado todavía, es la rama donde principalmente puede apli­
carse el método fenomenológico. El valor estético, único mc&gt;dulo capaz de determinar si un objeto posee o no significación
estética, no recae sino en los objetos en cuanto se nos dan como
fenómenos, no en lo tocante a su realidad en sí, a su ser ultrafenoménico’ de aquí la especial adecuación del método fenómeno" Sobre la intuición fenomenológica, ver Celms, El idealismo fenomenológico de
Husserl. Biblioteca de la Revista de Occidente, 1931.

4

�lógico al examen de estos hechos. En cuanto a la estética como dis­
ciplina filosófica, no cree Geiger que este método sea en ella ni
exclusivo ni capital, si bien resulta indispensable para resolver
ciertas cuestiones de indudable importancia 8. Por lo demás, debe
pedirse al método fenomenológico lo que puede dar, que es
mucho, aunque sus resultados se juzguen unas veces comproba­
ciones obvias y de sobra sabidas, y otras sutilezas de escasa
monta; sus análisis producirán de seguro un desengaño a quie­
nes están habituados a considerar los hechos estéticos desde
amplios puntos de vista filosóficos, y a los que esperan de las
indagaciones estéticas progresos de orden cultural o iluminacio­
nes que les muestren con coloraciones nuevas sus propias expe­
riencias estéticas 9.
El extraordinario don de síntesis y de ordenación de Geiger
se manifiesta en un trabajo cuya naturaleza aparentemente expo­
sitiva podría engañar sobre sus méritos al lector superficial. Me
refiero al que con el título Aesthetik publicó en la tercera
edición del volumen de Filosofía sistemática de la colección enci­
clopédica Cultura del presente10. Reemplazaba un escrito de
Lipps inserto en las ediciones anteriores; fallecido Lipps y por
la conveniencia de actualizar la exposición después de los varios
años transcurridos, se confió el asunto a Geiger, quien no dejó
8 Phrinomenologische Aesthetik, en Zeilschrift fü r Aesthetik uml allgemeine Kunstwissenschaft, J925. Traduc. española en el volumen Estética, Argos, Buenos Aires, 1916.
9 Beitráge zur Phanomenologie des iisthetischen Genusses (Contribuciones a la
fenomenología del goce estético), en Jahrb. f. Philos. und phiin. Forschung, I, 2, pági­
nas 568-684. La practicabilidad del método fenomenológico en estética ha sido negada
por W erner Ziegenfuss (Die phanomenologische Aesthetik, 1928) , quien aduce que los
mejores resultados los obtiene Geiger, no por el método de la intuición, sino gracias
a lo que hay de criticista y trascendental (en sentido kantiano) en la fenomenología.
30 Systematische Philosophie, 3. Auf., 1921. Die kultur der Gegenwart, Teil I, Abt.
VI. Traduc. esp. en el volumen Estética, ya citado.

5

�de rendir homenaje a su ilustre antecesor en una nota al co­
mienzo de la bibliografía. En ninguna otra parte se podrá
hallar una visión panorámica del pensamiento estético tan inte­
ligente y comprensiva, una distribución de las corrientes y de
los motivos dominantes tan instructiva y rigurosa. Este pano­
rama vale, desde luego, más que muchas obras de contenido
original, y aun resulta injustificado oponerlo, en cuanto expo­
sición de lo ajeno, a las obras de contenido propio, porque
supone una elaboración personalísima y una serie de síntesis
del más elevado precio. Para cualquier disciplina filosófica es
útil y conveniente disponer de un instrumento de orientación
de este tipo, al mismo tiempo carta geográfica y brújula. Pero
para la estética tal utilidad y tal conveniencia resultan super­
lativas, porque es el recinto filosófico más enrevesado y labe­
ríntico, como que en él no se ha acertado a discernir todavía
los principios supremos ni a descubrir una articulación o con­
vivencia satisfactoria entre los diversos principios propuestos.
El estudioso de estética tiene contraída una deuda con Geiger,
por haberle allanado el camino con este trabajo, que ha sido
calificado por Utitz el mejor en su género n .
Otro excelente estudio de Geiger era conocido de antiguo
entre nosotros por su publicación hace veinte años en la Revista
de Occidente: el titulado Acción superficial y acción profunda
del arte VJ, donde abundan sagaces distinciones entre los efectos
que ocurren en la contemplación estética, cuya justificación más12
11 Emil Utitz, Aesthetik und Philosophie der Kunst, en Die Philosophie in ihren
F.inzelgebieten (Lelirbuch der Philos., herausgeg. von Max Dessoir) , 1925, pág. 710;
“Die beste kurze Uebersicht über die gegenwártige Aesthetik lieferte Moritz Ceiger
in..
etc.
12 Oberflachen-und Tiefenwirkung der Kunst, en el libro Zugange zur Aesthetik
1928, donde recogió también el trabajo sobre la estética fenomenológica; la traduce, esp.,
en Revista de Occidente, tomo 22, año 1928, págs. 44-67.

6

�fundada debe buscarse en las Contribuciones a la fenomeno­
logía del goce estético. Hay dos clases de acciones producidas
por la obra de arte, una superficial y otra profunda. El efecto
superficial persigue el placer y con él se cumple. El efecto pro­
fundo no se busca a causa del placer que pueda proporcionar;
dicha, y no meramente placer, es lo que procura el efecto hondo
del arte. El placer es reacción de la esfera vital, mientras que
la dicha radica en una zona muy diferente, en un estado de la
persona. La obra que no produce sino acción superficial no es,
en rigor, obra de arte. Los valores propiamente estéticos pueden
ser a su vez superficiales o profundos, y producir correlativa­
mente reacciones superficiales o profundas, pero siempre en el
orden de lo profundo en la primera acepción, esto es, dentro
de la esfera personal. Este efecto profundo, en sus varios grados,
reconoce base objetiva y a ella responde: es la resonancia o
correlato en el sujeto de los valores estéticos existentes en el
objeto. Creo que hay una singular correspondencia y paralelismo
entre estas tesis de Geiger y las que, con tan fecundas conse­
cuencias para la ética y aun para toda la actual teoría de los
valores, desarrolló Brentano en su famosa investigación sobre
El origen del conocimiento m oral13.
El aporte más considerable de Geiger a la estética es sin
disputa su magistral estudio Contribuciones a la fenomenología
del goce estético. La delimitación y caracterización del goce esté­
tico las lleva a cabo dentro de la esfera total del goce, que es
previamente investigado a fondo, en una serie de sutiles análisis
destinados a aislar sus notas en confrontación con las de los mo­
vimientos emocionales afines (placer, felicidad), registrando su
intrínseca peculiaridad, sus relaciones con el sujeto y la índole
13 Hay edic. esp. en la Biblioteca de la Revista de Occidente, 1927.

7

�general de los objetos que lo originan; por ejemplo, se establece
que el goce tiene objeto pero no motivo, es decir, que es un
afecto cerrado en sí y sin ulterioridad, y que no todos los objetos
que se presentan a la conciencia son productores de goce, sino
que deben poseer para originarlo cierta plenitud o densidad,
siendo mayor el goce cuanto más intuitiva y viviente es la repre­
sentación. Las conclusiones de esta primera parte del trabajo
tienen notable importancia para la fenomenología de los afectos,
con independencia de las posteriores especificaciones del goce
estético. Sería indispensable seguir a Geiger en su fina y compli­
cada indagación del goce en general, para intentar una exposi­
ción, aun sumaria, de sus averiguaciones sobre el goce estético, y
ello me llevaría a traspasar con mucho los límites prefijados a
estas anotaciones informativas 14.
F r a n c is c o R

om ero

14
Los siguientes datos serán de utilidad para quien se interese por la actividad
científica de Geiger, autor sobre el cual no resulta muy fácil obtener información. El
trabajo Melhodische und experimentelle Beitráge zur Quantitatslehre (en Theodor
Lipps, Psychologische Untersuchungen, I, 1907) contiene los resultados de sus estudios
realizados con Lipps en Munich y con W undt en Leipzig. De sus cursos en la Univer­
sidad de Gotinga, he podido registrar los siguientes, que van de 1930 a 1933 (en el
segundo semestre de ese año ya no dictaba allí) : estética, filosofía del espacio y de la
geometría, valores, psicología sobre fundamento fenomenológico, relaciones entre las
ciencias y la metafísica, teoría del conocimiento, Kant, axiomática de la geometría eudidiana, filosofía moderna, Descartes, Hegel. filosofía de la matemática, filosofía po­
lítica, Scheler, Jaspers, psicología de la existencia humana, introducción a la filosofía,
la ciencia como problema. A su muerte dejó una Estética inconclusa (más o menos
la mitad) . Se sabe que proyectaba un libro sobre filosofía existencial; una recons­
trucción de sus apuntes sobre el asunto ha sido publicada, con nota introductiva, por
H. Spiegelberg, con el título An Inlroduction to Existential Philosophy, en la re­
vista Philosophy and Phenomenological Research, vol. III, 1943, págs. 255-278.

8

�UN PANORAMA ACTUAL DE LA ESTETICA

L PROBLEMA ESTÉTICO HA SIDO OBJETO, DURANTE LOS
últimos cincuenta años de una ardua elaboración filosófica. Las
más diversas posiciones se han analizado, enfrentado, criticado. Se ha
delimitado el campo de observación, aclarándose muchos puntos de mi­
ra y fijándose algunos conceptos. El vago y no muy escudriñado proble­
ma de la belleza, que desde Platón —implícita o explícitamente— casi
ningún filósofo había dejado de tocar o de rozar, ha llegado a ser hoy
un problema de fondo para la filosofía. La belleza y el arte constituyen
el motivo, la razón de ser de la estética como rama independiente —y no
de las menos importantes— de la filosofía. El fenómeno estético está li­
gado, en mayor o menor grado, a casi todos los aspectos particulares del
filosofar.
En consecuencia, la estética ha tenido que reunir y clasificar —como
los materiales con que se va a efectuar una construcción— todos aque­
llos aportes filosóficos. Y también elementos provenientes de fuera de
la filosofía; testimonios de artistas —juicios, confesiones, reflexiones— y
de escritores de todo orden, incluso de diletantes. Una tarea de inventa­
rio antes que de profundización. Y en este sentido resulta de un valor
inapreciable un pequeño y denso libro de Moritz Geiger.
Su Estética x, complementada con su ensayo sobre La estética feriomenológica, es una admirable síntesis histórica —más que en un sen­
tido cronológico, ajustada a los diversos enfoques del problema estético
— para llegar a establecer el grado de maduréz actual de ese problema.
Utilizaremos, pues, como guía dicho libro para trazar un panorama ge­
neral de la estética destacando sus aspectos más importantes.
Después de hacer una advertencia sobre los enemigos de la estética,
a saber: los propios artistas, los amantes de las obras de arte y, princi­
palmente, el irracionalismo filosófico, Geiger plantea la dificultad pro­
veniente de la imperfección metodológica de esa disciplina, lo que le
ha impedido constituirse como ciencia autónoma, yendo siempre a la
1 Moritz Geiger. Estética. Editorial Argos, Bs. As., 1947.

9

�zaga de Ja filosofía. “No hay ráfaga filosófica, —dice— cultural, científi­
ca, que no sacuda a la estética como una veleta.” Por eso, la historia de
la estética es una historia de simples tentativas para constituirla como
ciencia. Cada una de esas tentativas ha sido parcialmente provechosa y
Geiger se propone destacar lo que hay de positivo en esos intentos.
Señala dos métodos fundamentales: la estética absoluta, que trata de
determinar cuál es la esencia del valor estético, y la experimental o re­
lativa, que parte de la obra misma por considerar imposible superar des­
de afuera el relativismo estético. Métodos axiológicos (estimativos) y
métodos descriptivos (empíricos). Las vacilaciones que se advierten en
la historia de la estética —que hasta hoy no han podido ser remediadas—
proceden de esa antinomia.
Trazadas estas dos grandes líneas que agrupan los diversos siste­
mas, Geiger se dedica a recoger los hilos de esa red tantas veces tejida y
destejida, buscando un punto de partida para recomenzar la obra cuya
finalidad será atrapar ese concepto-fantasma de lo estético, constituyen­
do una ciencia general del arte.
Partiendo de la estética metafísica, para la cual el valor estético
entra en la arquitectura de un sistema admitiéndoselo como parte integrante de la realidad última (idealismos de Platón y Plotino; luego, en
el siglo xix, Schelling, Solger, Hegel, Vischer y H artm ann), clasifica
Geiger estas principales corrientes axiológico-normativas: racionalista (si­
glo xvm con Baumgarten, padre de la ciencia estética), moralista (Pla­
tón y, en el siglo xvm, Sulzer; sin ninguna influencia en el desarrollo
posterior de la estética científica), lógica (la belleza como forma de la
verdad y la experiencia estética como forma del conocimiento), para
llegar, con Kant, a la estética pura o autónoma.
Después de Kant, que distingue lo bello frente a lo bueno y le
agradable, Joñas Colín, al añadir la distinción de lo bello frente a lo
verdadero, aseguró teóricamente la autonomía de lo estético.
Y así nos acercamos a la investigación inmanente de lo bello. Con
lo que vuelve a cobrar fuerza la teoría naturalista de la imitación, co­
rriente que alcanza su máximo vigor a fines del siglo xix. Esto ocurre
—anota Geiger— “siempre que una dirección pseudoidealista del arte
pierde contacto con lo natural”. Pero la imitación pura no puede ser ar­
tística, como lo evidencia la frase de Goethe: “Suponed que la imitación
resulte perfecta; lo único que habremos ganado será tener dos ejempla-

10

�res en vez de uno.” Y aun cuando se acuda al rodeo de la “imitación
selectiva” (artistas del Renacimiento) o al del “placer de imitar” (Aris­
tóteles), la belleza natural escapa siempre de sus redes. Salvo que afir­
memos, con Solger, que la naturaleza es una obra de art-e creada por un
artista divino.
Emparentada con la de la imitación, pero más profunda, es la teo­
ría de la apariencia estética, históricamente enlazada con las ideas de
Schiller: en lo estético sentimos la plenitud de la vida con mayor rique­
za y profundidad que en la vida real; mediante lo estético ascendemos a
un mundo más leve y suelto (romanticismo).
La estética objetivo-normativa se impone, desde Kant, por tres ca­
minos: el formalista (la forma es todo; la belleza de un cuadro está en
las relaciones y proporciones con que un objeto está representado; bello
es lo que “agrada en general sin concepto”, por ejemplo, el arabesco);
la estética de las ideas que juzga el objeto según la idea corporizada en
él; y la estética orgánica, que se basa en el contenido vital de los objetos
(el placer estético reside en la vida que descubrimos en la materia).
Pero estas tres posiciones parten de la obra artística conclusa, olvi­
dando que ella es, ante todo, una creación del hombre, por lo cual Herder postula su teoría del genio creador, que ha seguido desarrollándose
hasta nuestros días. Mas para Geiger no ha logrado “revestirse de severa
y sistemática claridad”.
Y llegamos así a un punto en que vemos fracasados todos los inten­
tos de constituir una estética normativa de validez general. ¿Se debe ello
al empleo de métodos deficientes o a causas más profundas? Después de
Kant, que demostró cómo el juicio estético difiere del juicio de conoci­
miento, resulta imposible dar con esas leyes de validez general. El juicio
estético expresa que el objeto agrada a un sujeto; es reacción del sujeto,
no propiedad del objeto. Por lo tanto, el juicio estético es indemostrable.
Partiendo, pues, de este subjetivismo kantiano, la estética se fun­
damentó en las experiencias accidentales del individuo.
Nos enfrentamos así con la estética empírica y descriptiva. La se­
gunda mitad del siglo xix señaló una ruptura con la estética normati­
va. Fechner adopta el método desde abajo oponiéndolo al de la posición
espiritualista desde arriba. Se abandona el punto de vista absoluto por
otro relativo y subjetivo. Y para ordenar ese caos, surgen dos métodos:
el histórico y el psicológico.

11
)

�El primero, influido por el darwinismo (selección de la belleza na­
tural), estudia con Grosse la génesis del arte en los pueblos primitivos,
el origen de la música (Spencer, Wallascheckv, Büchner, Stumpf) y de
las artes plásticas (Lamprecht). Semper hace derivar las formas cíel arte
y del adorno de las propiedades del material, de la técnica de su elabo­
ración y del uso a que se destinan. Y la moda sociológica injerta en la
estética los valores sociales del arte. Hay tantas direcciones como inves­
tigadores, desde la teleológica, que estudia los fines sociales del arte,
hasta la opuesta, encabezada por Taine, que estudia sus orígenes so­
ciales.
Como reacción antimaterialista, se presenta la corriente psicológico-cultural (Schmarsow, Riegl, Worringer, Spengler), que encara el ar­
te como expresión de la cultura colectiva, o bien como evolución del
ver artístico (Wólfflin).
El método psicológico está representado, en primer término, por
Volkelt y Lipps, “el gran sistematizador de la estética psicológica”, fun­
dador de la Einfühlung, o sea la proyección sentimental, la simpatía:
el tono afectivo de los objetos es mi propio tono afectivo proyectado
en ellos; placer estético es placer de uno mismo.
Esta doctrina ha sido largamente elaborada. Meumann admite que
todo placer estético implica una re-creación de la obra por el espectador.
Pero el espectador y el artista están separados por un abismo. El aná­
lisis de la creación está erizado de dificultades y resulta imposible esta­
blecer leyes generales que lo rijan. Al estudiar la creación artística no
puede prescindirse del hombre creador.
Dentro del plano psicológico, podemos considerar el arte como pla­
cer, como contemplación (Schopenhauer, Bergson, Croce, Geiger), co­
mo expresión (Hirn, Kohustamm, Hausegger), como configuración
(Meumann y Utitz), como juego (Schiller, Spencer, Groos).
Pero el psicologismo no dió la solución, aunque su aporte fué va­
lioso. Sobre esta base y la del historicismo, Dessoir trazó el programa
de una ciencia general del arte que denominó objetivismo estético.
Mientras Lessing, en su Laocoonie, formula el primer análisis estructu­
ral del arte basado en la poesía, Fiedler, Hildebrand, Cornelius y otros,
intentan ios análisis científicos fundamentales y sistemáticos en el do­
minio de las artes plásticas.
Geiger considera que dentro del círculo de problemas de la ciencia

12

�del arte se hallan las figuras más prominentes de la estética contempo­
ránea. Habrá que emprender la reelaboración de los temas principales
de la estética psicológica, la experiencia estética y la creación artística,
de acuerdo con la nueva orientación de la psicología. H abrá que en­
carar nuevamente el problema de los valores que la estética empírica
echó por la borda. Nunca se ha escrito en realidad una estética libre de
valores. T anto la ciencia del arte como la estética psicológica chocan a
cada instante con problemas axiológicos que no es posible dejar de lado.
Hay dos cuestiones axiológicas fundamentales: 1? establecer qué es
arte y qué no lo es; 2? diferenciar la experiencia estética legítima e
ilegítima, arte bueno y arte malo. ¿Cómo alcanzar estas soluciones axio­
lógicas?
Hemos vuelto al punto de partida. Si la insuficiencia de la estética
filosófica llevó al empirismo, la insuficiencia de la estética empírica nos
vuelve a llevar a lo filosófico. La estética empírica no habrá sido inútil.
“Pero para llegar a los puntos de vista axiológicos —los únicos que pue­
dan hacer de la estética no un cajón de sastre, sino una disciplina siste
mática— no es el método empírico el indicado. Sólo de la filosofía pue­
de esperarse la salvación.” Hay que volver, según Geiger, a “anudar cau­
telosamente en la filosofía los hilos que con tanta arrogancia cortó
Fechner”.
Quizá puedan señalarse algunos claros en este panorama estético
de Geiger. Es preferentemente una síntesis de la estética germánica. Se
nota la ausencia del mundo latino y del anglosajón. Con excepción de
Croco y Bergson, nombrados sólo al pasar, no hay ninguna referencia
sobre el aporte de los italianos (Croce, Gentile, Tilger), ni de los fran­
ceses (Basch, Souriau, Lalo, Delacroix), ni de los investigadores de ha­
bla inglesa (Spencer, Grant Alien, Santayana). Aun cuando en algunos
casos pueda considerarse la de estos autores una estética de segunda ma­
no —tal como ocurre, &lt;por ejemplo, con la Einfühlung o simpatía— ese
aporte no es despreciable, aunque sólo fuera como interpretación; la
interpretación a través de diferentes sensibilidades puede enriquecer
considerablemente una idea básica. Ya se ha establecido, en filosofía, la
importancia que tienen los epígonos.
El cuadro de la estética psicológica resulta asimismo incompleto al
no mencionarse para nada el psicoanálisis, indispensable, a nuestro jui­
cio, por más discutible que se considere a esa teoría. Basta citar las con-

13

�clusiones psicoanalíticas a propósito de la influencia del mito y el pa­
rentesco entre sueño y juego, así como su concepto del símbolo, para
considerar lo valioso de su aporte de materiales para la construcción de
una estética científica.
Pero este compendio estético de Geiger se lee con interés apasio­
nante —en lo que respecta a la edición española no poco de ello se debe
a los traductores— por su brillante labor de síntesis y por su exactitud
al señalar lo esencial de cada posición.
Convencido de que la estética debe reiniciar la marcha por la ruta
filosófica, Geiger se pronuncia por el método fenomenológico. Se funda
para ello en que éste ya ha sufrido “su prueba de fuego” en el campo
de la estética.
El valor y el desvalor estéticos pueden atribuirse a los objetos sólo
en cuanto fenómenos. Por ejemplo, tomando los sonidos como fenóme­
nos y no como vibraciones del aire. Lo que importa es la apariencia, no
la realidad. La estética debe investigar los objetos estéticos en su con­
dición fenoménica, desechando la idea de apariencia ilusoria —reitera­
damente usada en la historia de la estética— que establece una oposición
entre una realidad dada y una irrealidad efectiva. “No bien se introdu­
ce en la estética la idea de ilusión —anota Geiger— se abandona el te­
rreno de lo fenoménico.” La estética psicológica, al hablar de complejo
de representaciones, de fusión de impresiones, etc., tampoco se guía por
los fenómenos. Lo dado no son sensaciones, sino objetos: paisajes, melo­
días, etc.
Así hallaremos los fundamentos del valor de la representación de
un paisaje en su tonalidad, colorido, etc., todos elementos que pueden
encontrarse directamente en los fenómenos.
La estética fenomenológica se apoya en el objetivismo de Dessoir.
Y al partir del objeto se encuentra con la ciencia del arte. Mas sólo al
tomar el fenómeno como punto de partida coinciden el estético y el
historiador del arte. Comúnmente, mientras este último se interesa por
lo particular, a aquél no le interesa tal cuadro de Botticelli, o tal sin­
fonía de Bruckner, sino la esencia del dibujo en general, de la sinfonía
en general, de la danza, etc.
¿Cómo avanzar desde el análisis de los objetos hacia las estructuras
y normas generales? El método desde arriba ya está abandonado. Se en-

14

�saya el inverso, desde abajo, procediendo por inducción. Así para esta­
blecer la esencia general de lo trágico, se busca lo trágico en Sófocles,
Racine, Shakespeare, Schiller. . . pero para señalar lo trágico en un solo
poeta hay que estar ya familiarizado con la esencia de lo trágico.
Hay que dar con ella, no por inducción, sino por intuición (tal
como el matemático, por ejemplo, al ver dos rectas que se cortan, ve
que no pueden cortarse sino en un solo punto).
Si se objeta que la intuición trata de resolver los problemas dema­
siado fácilmente, es por desconocimiento del arduo camino a recorrer
para alcanzarla. Hay que analizar los objetos y contemplar su evolución
histórica. Con sólo contemplarlos como un todo, no aprehendemos sus
esencias. Luego hay que cuidarse del peligro que surge de la ambigüe­
dad y de la imitación de las expresiones idiomáticas. Lo trágico para
nosotros puede no ser lo mismo que para los antiguos.
Pero la objeción más seria que se hace a este método es que con c]
no podemos demostrar (como sucede con las ciencias naturales) que los
análisis son justos. En efecto. Por lo tanto, será necesario un proceso
educativo para adoptar la actitud objetiva adecuada. El hecho de que
las ciencias naturales sean en este sentido más democráticas, no significa
que el método fenomenológico para instaurar una ciencia general del
arte carezca de validez. Esa accesibilidad tampoco alcanza a la ciencia
histórica (como a ninguna de las ciencias de la cultura).
No cree Geiger que en la solución de los problemas estético-filosó­
ficos tenga el método fenomenológico la última palabra, “pero es el
recurso necesario para determinadass cuestiones previas e ineludibles”.
Éstas son, en síntesis, las ideas fundamentales expuestas por Geiger
en favor de la estética fenomenológica. Su posición nos parece bastante
sólida y nos inclinamos a compartir su optimismo. Pero, por más que la
aplicación de la fenomenología a la estética, según lo vemos, se refiere
únicamente al método, no podemos dejar de recordar las palabras de
queja del mismo Geiger por el hecho de que la estética nunca ha co­
nocido la felicidad de un desarrollo autónomo. Quizá no haya en reali­
dad motivos para lamentarlo demasiado. Es muy posible que la felicidad
de la estética no dependa, precisamente, de su autonomía.
A

15

lfredo

E.

R oland.

�L A B A SE M E T A F ÍS IC A DE L A E ST É T IC A
Una página de Moritz, Geiger

Hay una serie de problemas que lleva aún más al interior de la filo­
sofía, y a los que el empirismo atendió con particular empeño, aunque no
pudo resolverlos por falta de instrumentos intelectuales adecuados. ¿Có­
mo acercarse, sin el apoyo de una filosofía, al problema de la educación
artística del pueblo, al de la cultura artística integral? ¿Cómo decidir si
la razón está con la tesis aristocrática de que el arte nunca puede ser
más que patrominio de unos pocos, o si es verdad, en cambio, que está
de más la educación artística del pueblo porque —como piensa Tolstoy—
todo arte que por sí mismo no hable ya directamente al pueblo es digno
de reprobación? ¿Cómo elaborar, sin filosofía, una doctrina de justifi­
cación del arte? ¿Cómo determinar si el arte proporciona una vía de
acceso al ser metafísico último, o no es más que juego ocioso; si debe
cumplir fines morales o si el principio de “el arte por el arte” es el
que está en lo cierto; si el arte nos libera del mundo mediante una bella,
ilusión, o es capaz de crear, por el contrario, de la vida real, una imagen
más verdadera que el propio modelo? ¿Cómo señalar, sin filosofía, las
relaciones del arte con la religión, con la moral, con la ciencia?
La estética empírica trató muchas veces de resolver, en su propio
terreno, esas cuestiones. No pudo ir más allá de las trivialidades, o pidió
—sin saberlo ella misma— préstamos a la metafísica. Y es que la meta­
física constituye, en efecto, el terreno en que ha de entablarse la discu­
sión de tales problemas. Imposible resolverlos cuando falta el soporte
metafísico, hoy más ausente que nunca.

16

���PAUL KLEE c
7 SUS

Ideas sobre el Arte Moderno

19

Q U IE N P IE N S A E N P A U L K L E E Y E N SU S O L E O S Y D IB U JO S V E S U R ­
G IR IN S T A N T A N E A M E N T E A N T E S I U N IN F E A M U N D O D E LO IM A G IN A R IO ,
D E LO F A N T A S T IC O Y D E Lt&gt; L IR IC O TR A D U C ID O A P IN T U R A .
O C U P A N D O S E M AS D E T E N ID A M E N T E D E 'S U O B R A , C U R IO SO E S O B­
S E R V A R COMO K L E E S E M U E V E E N U N A E S P E C IE D E D U A L IS M O E N T R E
E L M UN D O D E P E N S A M IE N T O S , Q U E L E S IR V E D E B A S E Y S O S T E N IN T E ­
LE C TU A L, Y E L DE LA S OBRAS QUE CREA. E N E L PL A N T EO PU R A M E N T E
DOG M A TICO D E L O S P R O B L E M A S Q U E SO N P R O P IO S D E TODO A R T IS T A
PL A S T IC O C O N T E M PO R A N E O . P A U L K L E E E S T A E N U N A D E F IN ID A P O S I­
C IO N D E IN T E L E C T U A L IS M O R A ZO N A D O , LO Q U E P A R E C E TA N T O M AS
E X T R A Ñ O P U E S T O Q U E PO C O D E E L L A S E T R A S L U C E E N SU S O B RA S.
P O R O TR O LA D O S E A D V IE R T E Q U E D E SU H O N D A P E N E T R A C IO N E N
E L M IC RO C O SM O S, K L E E SA B E E X T R A E R FO R M A S , Q U E E L IM P O N E — S IN
IM P O R T A R L E M U C H O E L E F E C T O Q U E P U E D A C A U S A R — ; FO R M A S Q U E
D E N IN G U N M ODO SO N L A S Q U E S E LO G R A N D E U N A E N T R E G A TO T A L
A L M U N D O D E L O S FE N O M E N O S , N I D E L A P U R A R A ZO N .
K L E E C R E A D E S U E Ñ O , IR O N IA Y PR O F U N D O SIM B O LISM O U N M UN D O
P R O P IO E N E L C U A L C R IA T U R A S R A R A S, A M EN U D O IN C O R P O R E A S ,
JU E G A N U N A V ID A IN F A N T IL - C R E Y E N T E O D O N D E M U C H A S V E C E S
V IV E N SU M ID A S E N U N JU E G O C O M PLIC A D O Y PR O F U N D O . A Q U I SE
P U E D E N IN V E R T IR L O S T E R M IN O S COMO A M U C H O S D E L O S M ISM O S
C U A D R O S D E K L E E , S IN D A R V U E L T A A SU SE N T ID O IN T IM O . NO H A Y
E N E L L O S P E R S P E C T IV A S . N U N C A COSA S C O R R EC T A M EN T A D IB U JA D A S
Y A M EN U D O M U C H O S D E L O S O B JE T O S E S T A N C O N L A C A B E ZA H A C IA
A B A JO . P A U L K L E E E S E L C R E A D O R D E LO Q U E ZE R V O S C O N TODO
A C IE R T O H A LLA M A D O “ L A L IR ÍC A D E LO S S IG N O S’’. E L R E P R E S E N T A
D E N T R O D E L M O V IM IE N T O D E L A R T E C O N T E M PO R A N E O L A P IN T U R A
S U P E R S E N S IB L E , L A P O E S IA S IN L IT E R A T U R A , LA F U E R Z A L IR IC A Q U E
S A B E R O M P E R C O N LO S P R E C E P T O S D E L A S V IE JA S R E G L A S Y L E Y E S .
E N S U D IS T A N C IA M IE N T O D E L A S C O SA S V IS IB L E S Y R E A L E S S E
P R E S IE N T E YA E L S U P E R R E A L IS M O , M O V IM IEN TO Q U E LU E G O S E A D JU ­
D IC A L A O B R A D E K L E E . E N TODA E S T A O B R A S E A D V IE R T E U N A
IN T E R D E P E N D E N C IA D E L O S E L E M E N T O S D E L A R E A L ID A D — LO M E R A ­
M E N T E N A T U R A L — , CO N LO C O TID IA N O — P IE N S E S E E N SU S D IB U JO S Y
CU A D R O D E N IÑ O S Q U E S IE M P R E SO N N IÑ O S A SE X U A D O S , S IN R A ZA Y
S IN L U G A R N I T IE M P O D E F IN ID O S — Y C O N L O S E L E M E N T O S P U R A M E N ­
T E IM A G IN A R IO S . S E F U N D E N , A H O R A YA E N SU O B R A Y N O E N SU
R A Z O N , SU C L A R IV ID E N T E IN T U IC IO N Y SU C O N C IE N C IA P R O F U N D A D E
E S T A V IS IO N . E L N O V E L A S COSAS E N SU A S P E C T O P U R A M E N T E E X T E -

�R IO R , E N SU E S E N C IA M U E R T A D IR IA M O S , SIN O S O B R E TODO E N SU
E S E N C IA V IT A L E N E L S E N T ID O D E U N P E R M A N E N T E D E V E N IR .
D E U N M A N Z A N O E N F L O R , K L E E N O R E T IE N E S O L A M E N T E E L A S ­
P E C T O D E L A R B O L , S IN O L A T E X T U R A D E S U S D IF E R E N T E S E S T A D O S
D E D E S A R R O L L O , SU S R A IC E S , L A S A V IA A S C E N D E N T E , E L T R O N C O , LA
C O PA Y SU S A S O S D E C R E C IM IE N T O , L A F L O R Y S U A N A T O M IA , SU S
F U N C IO N E S B IO L O G IC A S, L A S F R U T A S Y SU S S E M IL L A S . H A Y A H I U N
C O M P L E JO E STA D O D E C R E C IM IE N T O S . A S I T A M B IE N D E U N H O M B R E
SU M ID O E N S U E S O . E L N O P E R C IB E S O L A M E N T E S U A P A R IE N C IA , SIN O
A N T E TODO E L C O N JU N T O D E SU S F U N C IO N E S , D E C A N T A D A S E N E L
R E P O S O ; L A C IR C U L A C IO N D E S U SA N G R E , L A M E S U R A D A R E S P IR A C IO N
D E SU S P U L M O N E S , L A D E L IC A D A F U N C IO N D E SU S R IÑ O N E S , L A C A B E Z A
C O N SU M UN D O D E SU E Ñ O S Y S U S R E L A C IO N E S C O N L O S P O D E R E S D E L
D E S T IN O . H A Y A Q U I U N C O M P L E JO E STA D O D E F U N C IO N E S U N ID A S E N
E L R EPO SO.
SU S O L E O S , SU S A C U A R E L A S Y SU S D IB U JO S R E P R E S E N T A N M U N D O S
E N E STA D O D E N A C IM IE N T O , O B JE T O S E N C R E A C IO N P E R P E T U A E I L I ­
M ITA D A , IL IM IT A D A COMO L A M ISM A IM A G IN A C IO N D E K L E E . S E SA B E
M A N T E N E R L IB R E D E TO D O S L O S D E S P O T IS M O S H A B IT U A L E S D E L E S P I­
R IT U , M A S A L L A D E L O R E A L , M A S C E R C A D E L O S SIG N O S Q U E D E LO S
C O N O C IM IE N T O S Y E L P L A C E R V IO L E N T O D E L JU E G O L E H A C E P E N E ­
T R A R E N E L E S P A C IO D E L A V IS IO N Y E N L A P L E N IT U D D E L S E R . E N
L A S O B R A S D E P A U L K L E E E X IS T E B IE N C L A R A M E N T E L A T E N D E N C IA
A R E D U C IR E L U N IV E R S O A L SIG N O . U N O LO V E S U R G IR A B R U P T A M E N ­
T E , Y A H I E S T A L A P R U E B A D E SU G R A N U N IV E R S A L ID A D Y SU P R IS T IN A
S E N S IB IL ID A D . N O S V EM O S F R E N T E A SIG N O S F IG U R A T IV O S O N O F IG U ­
R A T IV O S , TO D O S E L L O S IN N O M IN A B L E S , COMO A Q U E L L O S D E T IE M P O S
P R E H IS T O R IC O S , Q U E S U R G E N E N SU P E N S A M IE N T O Y Q U E SU M A N O NO
LO G R A A B A R C A R E N TODO S U V A STO SIG N IF IC A D O . S U EM O C IO N SE
E X P R E S A E N JE R O G L IF IC O S ; L O S H O M B R E S, L O S O B JE T O S Y L A S P L A N ­
T A S C O N F U N D E N SU S SIG N O S Y E L E M E N T O S P A R A F O R M A R U N A E S C R I­
T U R A M A G ICA E IN D E S C IF R A B L E P A R A E L S E N T ID O C O M U N .
D E A H I SE C O M P R E N D E Q U E E L D IB U JO D E S E M P E Ñ E E N L A S O B R A S
D E K L E E E L P A P E L P R IN C IP A L , U N D IB U JO Q U E S E P R E S E N T A C A SI
S IE M P R E B A JO L A F O R M A D E B E L L A Y M A G ICA E S C R IT U R A O D E F R A G ­
M E N T O S D E P A R T IT U R A S M U S IC A L E S , Q U E S E L E E N A L M ISM O T IE M P O
Q U E S E L O S V E . H E A H I E L SIG N O E L E V A D O A L A C A T E G O R IA D E S IM ­
B O LO , Q U E E X IG E D E L A R T IS T A U N C O LO R Q U E P O D R IA C A L IF IC A R S E
D E IN M A T E R IA L , M ELO D IC O Y SU G E R ID O . L A U N IO N E N T R E LO L IN E A L
Y L A T O N A L ID A D C R IS T A L IN A E IM P A L P A B L E E S T A N P E R F E C T A E N
K L E E , C O N S E R V A N D O S U A C O R D E Y SU N O T A B L E C A R A C T E R M U S IC A L ,
Q U E CA DA V E Z Q U E E L Q U IE R E P IN T A R C O N C O L O R E S D E N S O S N O LO G R A
O B T E N E R , S A L V O R A R A S E X C E P C IO N E S , S U S E F E C T O S D E L IR IC O E N C A N ­
T A M IE N T O .
E L V A L O R Q U E E L D IB U JO T IE N E P A R A K L E E S E C O M P R E N D E C U A N ­
DO S E R E C U E R D A L A P A L A B R A D E L IE B E R M A N N , Q U E S O S T IE N E “ Q U E
E L D IB U JO E S E L A R T E D E L A O M IS IO N ” .
P A U L K L E E E S U N P IN T O R S E N S IB L E , M U S IC A L P O R A N T O N O M A S IA ,
D E U N R E F IN A M IE N T O E X Q U IS IT O Y D E U N A E X T R E M A D A D E L IC A D E Z A
D E S E N T IM IE N T O S . H A Y E N E L A C A SO U N SU S U R R O , U N S O L IL O Q U IO IN ­
TIM O Y L IR IC O , D ESCA R G A D O D E TO D A M A T E R IA R E A L Y P E S A D A . S IN

20

�21

D U D A A L G U N A ESTO S E D E B E A SU SA B IA A D H E S IO N A L A S D IM E N S IO N E S
D E LO S C U A D R O S R E D U C ID O S. S U S O B R A S R E S P IR A N P L E N A M E N T E E S E
M IS T E R IO Q U E A TO D O S N O S E N V U E L V E Y R O D E A . E S E N C IA L M E N T E
R E C E P T IV O , IN D IV ID U O D E A C T IV ID A D Y V O L U N T A D PR O N U N C IA D A A L
M ISM O T IE M P O Q U E R A Z O N A D O R Y P R O F U N D IZ A D O R , P A U L K L E E LO G R A
D E S T R U IR L A T R E M E N D A SO L E D A D D E L H O M B R E M O D ERN O Y E N CAM ­
B IO L A P U E B L A D E E N E R G IA S P O L IF O N IC A S .
E N SU E N S A Y O SO B R E E L A R T E M O D E R N O — R E S U L T A D O D E SU O B RA
D ID A C TIC A E N E L B A U H A U S — K L E E D E F IN E A Q U E L L O S F A C T O R E S D E L
PR O C E SO C RE A D O R , Q U E D U R A N T E L A G E S T A C IO N D E SU S T R A B A JO S S E
D E S A R R O L L A N P R IN C IP A L M E N T E E N E L S U B C O N S C IE N T E . S O L A M E N T E
P A R A A C L A R A R A Q U E L L O S , E L C R E E JU S T IF IC A D O Q U E U N A R T IS T A
PL A S T IC O C O M IE N C E A H A B L A R SO B R E SU A R T E . T R A T A D E T R A S L A D A R
E L PU N T O D E G R A V E D A D E N L A C O N T E M P L A C IO N D E L A O B R A D E A R T E
M E D IA N T E E L E M P L E O D E M ED IO S N U E V O S : A L IV IA N D O E L LA D O F O R ­
M A L D E M A SIA D O R EC A RG A D O D E C O N C E PT O S E IM P R IM IE N D O M A Y O R
IM P U L S O A LO S F A C T O R E S D E C O N T E N ID O . K L E E T R A T A D E L L E G A R A
U N A C E R C A M IE N T O E N T R E E L T A L L E R D E L P IN T O R Y E L E S T U D IO S O ,
E L N Ó -C R E A D O R , Y C R E E Q U E S O L A M E N T E M E D IA N T E T A L A C E R C A ­
M IE N T O A M BO S P O D R A N L L E G A R A U N M A Y O R E N T E N D IM IE N T O M U T U O ,
Q U E E L S IE N T E D E G R A N N E C E S ID A D .
Q U IE R E D E S V IR T U A R LO S
P R E J U IC IO S D E " L A T O R R E D E M A R F IL ” D E L A R T IS T A , Q U E TA N T O
C O N T R IB U Y E R O N A S U D E S V IN C U L A C IO N D E L P U E B L O E N G E N E R A L ,
E S P E C IA L M E N T E E N C U A N T O A L LL A M A D O A R T E M O D E R N O , Y N O C A BE
D U D A Q U E T A L E M P R E S A N O S O L A M E N T E J U S T IF IC A E L H E C H O D E Q U E
U N A R T IS T A S E PO N G A A H A B L A R , SIN O Q U E, V IS T O D E S D E S U P R O P IA
P O S IC IO N , L L E G A A S E R U N A N E C E S ID A D IM P E R IO S A .

�K L E E E X P L IC A L A E X IS T E N C IA D E L A R T IS T A COMO L A D E C U A L ­
Q U IE R O TRO S E R H U M A N O , Q U E H A SIDO P U E S T O D E N T R O D E U N M U N D O
M U L T IF O R M A L Y P L U R IL A T E R A L , E N E L C U A L D E B E D E S E N V O L V E R S E
COMO M E JO R P U E D A . S O L A M E N T E Q U E E L A R T IS T A E N L A M A Y O R IA
D E LO S CA SO S SA B E S O L U C IO N A R SU S P R O B L E M A S C O N E L E M P L E O DE
SU S M ED IO S E S P E C IF IC O S E N U N A FO R M A H A R T O M A S SA T IS F A C T O R IA
Q U E E L N O -C R E A D O R , A C E R C A N D O SE A S I CO N M A Y O R F A C IL ID A D A LA
“ D IC H A ” Q U E E L H O M B R E Q U E N O P U E D E O NO LO G R A L L E G A R A L A
C R E A C IO N R E D IM ID O R A Y A L D O LO R D E L A P A R IC IO N D E L A O B R A
DE ARTE.
E N ESTO K L E E L L E G A A U N P A R A N G O N M U Y A C E R T A D O : L A COM ­
P A R A C IO N D E L A R T IS T A CO N E L A R B O L . E L A R T IS T A S E D E S E N V U E L V E
E N E S T E M UN D O M U L T IL A T E R A L E N S IL E N C IO , ES T A N D O T A N B IE N O R ­
G A N IZA D O Q U E E L , D E S B A N D E D E L A S IM A G E N E S Y D E L A S E X P E R IE N ­
C IA S NO L L E G A A D E S T R U IR SU S C O N C E PT O S. E L S E N T ID O D E O R IE N T A ­
C IO N E N L A S COSA S D E L A N A T U R A L E Z A , E S E SIST E M A T A N R A M IF IC A D O
Y C O M PL IC A D O , E S C O M PA R A D O P O R K L E E CO N E L SIST E M A D E R A IC E S
D E L A R B O L . D E E S T A R A IG A M B R E E L A R T IS T A R E C IB E L A A F L U E N C IA
D E LA S A V IA V IT A L Q U E LO A T R A V IE S A P A R A L L E G A R A L F IN A L H A ST A
SU S O JO S . A S I E L A R T IS T A O C U P A E L L U G A R D E L TR O N C O . A P U R A D O
E IM PU L S A D O P O R E L P O D E R D E E S T A A F L U E N C IA T R A N S F O R M A LO
V IST O E N O B R A C R E A D A . N A D IE P R E T E N D E R A D E L A R B O L Q U E D E S ­
A R R O L L E S U C O PA C U A L R E F L E J O F I E L D E SU S R A IC E S . S E E N T E N D E R A
A P R IO R I Q U E NO PO D R A N U N C A E X IS T IR U N A R E L A C IO N D E E S P E J O
E N T R E L A S P A R T E S IN F E R IO R E S Y S U P E R IO R E S . S E E N T E N D E R A Q U E
F U N C IO N E S D IV E R S A S E N D IF E R E N T E S E S P A C IO S E L E M E N T A L E S T IE N E N
Q U E P R O D U C IR T A M B IE N D IS G R E S IO N E S Y D IV E R S IF IC A C IO N E S ¡H A S T A
L O S E X T R E M O S M A S V IO L E N T O S ! P E R O P R E C IS A M E N T E A L A R T IS T A SE
L E H A N N EG A D O M U C H A S V E C E S E S T A S D E S V IA C IO N E S D E L A N A T U R A ­
L E Z A , L A S Q U E S O L A M E N T E D E S D E E L PU N T O D E V IS T A M E R A M E N T E
PL A S T IC O SO N D E C A R A C T E R F U N D A M E N T A L Y P O R E N D E N E C E S A R IA S .
E N E S T E C O N D E N A B L E A F A N D E N E G A C IO N Y P R E S C R IP C IO N S E H A L L E ­
GADO H A ST A E L EX T R E M O D E T IL D A R A L A R T IS T A D E IN C A P A Z , D E D E ­
FR A U D A D O R Y D E F A L S IF IC A D O R P R E M E D IT A D O D E L A R E A L ID A D . Y E L ,
E N SU P O S IC IO N D E TR O N C O . Q U E C IE R T A M E N T E L E E S P R E D E S T IN A D A ,
NO H A C E O TR A COSA Q U E A C U M U L A R L A S F U E R Z A S Q U E S U R G E N H A C IA
E L D E L A S P R O F U N D ID A D E S Y T R A N S M IT IR L A S , E X T E R IO R IZ A R L A S . ¡N I
S E R V IR , N I D O M IN A R , SO L A M E N T E M E D IA R ! D E M A N E R A Q U E E L A R T IS T A
O C U P A R E A L M E N T E U N A P O S IC IO N B A S T A N T E M O D E STA , P U E S L A F R O N ­
D O SA B E L L E Z A D E L A C O PA D E L A R B O L NO E S E L M ISM O , S IN O S O L A ­
M E N T E LO Q U E H A PA SA D O A T R A V E S D E SU P E R S O N A L ID A D .
LO Q U E A L C A N Z A R O N L A S A R T E S E S P A C IA L E S , LO Q U E LO G RO TA M ­
B IE N E L A R T E T E M P O R A L D E L A M U SIC A CO N T O N A N T E P R E C IS IO N E N
L A P O L IF O N IA , E S E F E N O M E N O M U L T ID IM E N S IO N A L , E L Q U E A SU V E Z
A Y U D O A L D R A M A A A L C A N Z A R S U M A X IM A E X P R E S IO N , N O N O S E S
C ONOCIDO E N E L CAM PO D E L A P U R A D IC C IO N Y E N L A E X P R E S IO N
P R E C IS A D E L A P A L A B R A , L A Q U E D E TO D O S M ODOS S IE M P R E R E S U L T A
E S C U E T A E IN S U F IC IE N T E . D E A H I D E R IV A L A G R A N D IF IC U L T A D D E
E X P L IC A R E L A R T E Y SU C O N T E N ID O . E L CO NTA CTO D E SU S PR O Y E C ­
C IO N ES Y D IM E N S IO N E S D E B E P O R ESTO P R O D U C IR S E S IE M P R E E N LO

22

�95

P U R A M E N T E E X T E R IO R Y A N T E TODO P O S T E R IO R A SU M O M EN TO D E
C R E A C IO N .
E N C U A N T O A L O S E L E M E N T O S D E L C U A D R O , K L E E V U E L V E O TR A
V E Z A SU P A R A N G O N D E L A R T IS T A CO N E L A R B O L , E S P E C IA L M E N T E
A LA R E L A C IO N E N T R E C O PA Y R A IC E S , E N T R E O B RA Y N A T U R A L E Z A ,
E X P L IC A N D O L A D IF E R E N C IA E N T R E E L E S P A C IO T E R R E N A L Y E L
A E R E O , P O R L A S C O R R E S P O N D IE N T E S F U N C IO N E S D IF E R E N C IA L E S E N ­
T R E P R O F U N D ID A D Y A L T U R A . A L H A C E R L A O B R A D E A R T E , L A Q U E
S E C O M PA R O C O N L A C O PA D E L A R B O L , E L A R T IS T A S E V E E N L A
N E C E S ID A D D E D E F O R M A R , P O R Q U E E N T R A N E N JU E G O L O S V A L O R E S
P L A S T IC O S , T E R M IN A N D O A H I E L E M P L E O D E L O S E L E M E N T O S N A T U ­
RA LES.
¿ C U A L E S SO N A H O R A E S T O S C A R A C T E R E S E S P E C IF IC O S D E L O S V A ­
L O R E S P L A S T IC O S ? T E N E M O S E N P R IM E R L U G A R C O N C E PT O S F O R M A L E S
M AS O M E N O S L IM IT A D O S : L A L IN E A , E L C LA R O SC U R O Y. E L CO LO R .
E L M A S L IM IT A D O E S L A L IN E A , S O L A M E N T E COMO D E F IN IC IO N D E
M E D ID A . E N SU C O M PO R T A M IE N T O S E T R A T A D E T R E C H O S M A S L A R G O S
O M A S C O RTO S, D E A N G U L O S A G U D O S U O B T U SO S, D E L A R G O S D E R A D IO ,
D E D IS T A N C IA S , D E P E R S P E C T IV A S , S IE M P R E — E N F I N — D E COSA S
M E D IB L E S . L A M E D ID A E S LO C A R A C T E R IST IC O D E E S T E E L E M E N T O Y
D O N D E LA P O S IB IL ID A D D E M E D IC IO N S E H A C E P R O B L E M A T IC A Y C U E S ­
T IO N A B L E , NO S E H A PR O C E D ID O C O N L A L IN E A E N F O R M A A B S O L U ­
TA M EN TE PU R A .
D E IN D O L E A LG O D IS T IN T A SO N L A S T O N A L ID A D E S , LO S C L A R O SC U ­
R O S, L A S M U L T IP L E S V A R IA C IO N E S E N T R E B LA N C O Y N E G R O . E N E L
CASO D E E S T E SE G U N D O E L E M E N T O N O S H A L L A M O S F R E N T E A C U E S T IO ­
N E S D E P E S O . U N TO N O P U E D E S E R M AS D E N SO O M AS L IG E R O E N E N E R ­
G IA B L A N C A , M IE N T R A S Q U E O TR O E S M A S CARG A D O D E N E G R O . LO S
T O N O S E N T R E S t SO N C O M P A R A B L E S Y M E D IB L E S , A D E M A S LO S O N TA M ­
B IE N L O S V A L O R E S N E G R O S E N R E L A C IO N A SU FA C T O R B LA N C O (S O B R E
FO N D O B LA N C O P O R E J E M P L O ), Y L O S B L A N C O S E N R E L A C IO N A SU
N O R M A N E G R A (P O R E J E M P L O SO B R E U N P IZ A R R O N ), O A M B O S JU N T O S
E N R E L A C IO N A U N A N O R M A M E D IA N A D E G R IS.
E N T E R C E R L U G A R T E N E M O S L O S C O L O R E S, L O S Q U E C O R R IE N T E ­
M E N T E S E D IS T IN G U E N P O R O T R A S C A R A C T E R IS T IC A S . A E L L O S NO
S E LO S P U E D E JU Z G A R CO N P R E C IS IO N , CO N M E D IC IO N E S N I CO N COM ­
P A R A C IO N E S . A L L I CO N L A M ED ID A O CO N L A R E L A C IO N D E F A C T O R E S
NO S E P U E D E D E T E R M IN A R YA N IN G U N A D IF E R E N C IA . P O R E J E M P L O ,
T E N IE N D O F R E N T E A S I U N P L A N O D E A M A R IL L O P U R O Y U N P L A N O
D E R O JO PU R O D E E X T E N S IO N E S Y V A L O R E S D E T O N A L ID A D (C A L ID O ,
F R IO , L U M IN O SO U O PA C O , E T C .). ID E N T IC O S , S IE M P R E Q U E D A E N P I E
U N A D IF E R E N C IA D E E S E N C IA , Q U E N O SO T R O S D E T E R M IN A M O S COMO
A M A R IL L O Y R O JO . A S I COMO N O S E P U E D E C O M PA R A R L A S A L CO N
E L A Z U C A R E N C U A N T O A SU G U STO SA L A D O Y D U L C E . P O R E S T E
M O TIV O P U E D E C O N S ID E R A R S E A L O S C O L O R E S COMO C A L ID A D E S .
R E S U M IE N D O , N O S EN C O N TR A M O S CO N E S T O S C A R A C T E R E S D E L O S
M E D IO S F O R M A L E S : L A M E D IC IO N , E L P E S O Y L A C A L ID A D , L O S C U A L E S
G U A R D A N C IE R T A S R E L A C IO N E S E N T R E S I. E L C O L O R E N P R IM E R L U ­
G A R E S C A L ID A D , E N SE G U N D O E S P E S O , P U E S N O S O L A M E N T E T IE N E
V A L O R D E C O LO R , S IN O T A M B IE N U N V A L O R D E L U M IN O S ID A D , Y E N
T E R C E R O T A M B IE N E S M E D ID A , P U E S T IE N E , F U E R A D E E S T O S V A L O R E S , S U S L IM IT E S , SU S C O N T O R N O S, SU S E X T E N S IO N E S E N P L A N O S . E L

�C L A R O SC U R O E S P R IM E R A M E N T E P E S O Y E N C U A N TO A SU E X T E N S IO N
T A M B IE N E S M ED ID A . LA L IN E A , E N CA M BIO , E S S O L A M E N T E M ED ID A .
D E E S T A M A N E R A H EM O S L L E G A D O A D E T E R M IN A R Q U E L A S COM­
P O N E N T E S D IR E C T R IC E S S E C R U Z A N E N E L C A M PO D E L C O LO R P U R O ,
Q U E DOS SO L A M E N T E SE C R U Z A N E N E L C A M PO D E L C L A R O SC U R O P U R O ,
M IE N T R A S Q U E E N E L CAM PO D E L A L IN E A P U R A S O L A M E N T E E N C O N ­
TR A M OS U N A .
NO O B ST A N T E E S T A IN T E R R E L A C IO N , E S N E C E S A R IO C O N S E R V A R
C IE R T A P U R E Z A E N E L M A N IP U L E O D E ES T O S T R E S F A C T O R E S .
DE
C U A L Q U IE R MODO L A S P O S IB IL ID A D E S D E C O M B IN A C IO N SO N M AS Q U E
M U L T IP L E S . D E A H I S E A D V IE R T E Q U E L A N E C E S ID A D D E O P E R A R CON
E L E M E N T O S M EN O S P U R O S SE J U S T IF IC A R IA SO L A M E N T E P O R U N IM ­
PU L S O IN T E R IO R D E L A R T IS T A , Y COMO R E SU L T A D O D E T A L IM P U L S O
S E P O D R IA C O M P R E N D E R E L E M P L E O D E L IN E A S D E C O LO R O D E L IN E A S
M UY P A L ID A S , O D E O TR A S D IV E R S IF IC A C IO N E S , COMO P O R E JE M P L O
D E V A L O R E S G R IS E S Q U E P A S A R IA N L IG E R A M E N T E A T O N O S A M A R I­
L L E N T O S O A Z U L A D O S.
SA L IE N D O D E L C A M PO D E L O S E L E M E N T O S FO R M A L E S E L A R T IS T A
L L E G A A L A S P R IM E R A S C O N S T R U C C IO N E S CO N L O S T R E S E L E M E N T O S
N O M B R A D O S. H E A Q U I E L P U N T O D E G R A V E D A D D E TODA C R E A C IO N
A R T IS T IC A A U T E N T IC A . A Q U I S E C O N D E N SA E L T R A B A JO D E L A R T IS T A
Y A Q U I T A M B IE N C O M IE N ZA SU F A Z C R IT IC A . P A R T IE N D O D E A H I CON
L A N E C E S A R IA D O M IN A C IO N D E L O S M ED IO S T E N E M O S L A C E R T ID U M B R E
D E P O D E R F O R M A R Y T R A N S F O R M A R L A S C O SA S D E T A L M A N E R A PA R A
P O D E R T R A S P O N E R L A S A D IM E N S IO N E S Y R E G IO N E S Q U E Y A E S T A N M AS
A L L A D E LO P U R A M E N T E O B JE T IV O . P O R S U P U E S T O , E L M ISM O L IN E A M IE N T O C R IT IC O S E A P L IC A A L ESTA D O D E C R E A C IO N E N SE N T ID O
N E G A T IV O , P U E S A Q U I N O S H A L L A M O S T A M B IE N E N E L P U N T O D E
P A R T ID A D E S D E E L C U A L S E D E J A N D E A L C A N Z A R L O S C O N T E N ID O S
D E M AY O R P E S O Y V IB R A C IO N . D E A Q U I E N A D E L A N T E SE P U E D E F R A ­
C A SA R A P E S A R D E L A S P R E D IS P O S IC IO N E S A N IM IC A S M AS P R O M ISO R A S,
S E N C IL L A M E N T E P O R U N A G R A V E F A L T A D E O R IE N T A C IO N E N E L P L A N O
FO R M A L .
D E L A D IS P O S IC IO N M O M E N T A N E A D E L A R T IS T A D E P E N D E A H O R A
L A IN IC IA T IV A D E M O V ER A Q U E L L O S E L E M E N T O S , L IB R A N D O L O S D E SU
O R D E N A M IE N T O G E N E R A L Y SA C A N D O L O S D E SU U B IC A C IO N DIG A M OS
R U T IN A R IA , P A R A E L E V A R L O S F IN A L M E N T E E N C O N JU N T O A U N N U E V O
P L A N O D E C O N S T R U C C IO N , E S T R U C T U R A U O B R A , Q U E B IE N P U E D E
L L A M A R S E TA N T O IM A G E N COMO O B JE T O . L A S E L E C C IO N D E L O S E L E ­
M E N T O S FO R M A L E S Y E L C A R A C TE R D E SU IN T E R D E P E N D E N C IA Y
JU E G O D E R E L A C IO N E S R E C IP R O C A S E S , C O N L A S L IM IT A C IO N E S D E
R IG O R , U N CASO A N A LO G O A L P L A N T E A M IE N T O D E U N PR O B L E M A
M U S IC A L D E M O TIV O (M E L O D IA ) Y TE M A .
CU AN D O L A O B R A A S I C O N C E B ID A S E E X P A N D E A N T E N O SO TR O S,
M U Y F A C IL M E N T E E N T R A E N JU E G O U N A A S O C IA C IO N D E ID E A S Q U E
SE D U C E Y C O N D U C E H A C IA U N A IN T E R P R E T A C IO N O B JE T IV A Y C A SI
D IR IA S E T A N G IB L E . P U E S TO D A O B RA A U T E N T IC A M E N T E E S T R U C T U ­
R A D A S E P R E S T A C O N U N PO C O D E F A N T A S IA A S E R L L E V A D A A U N
P A R A N G O N C O N FO R M A S Y E S T R U C T U R A S D E L A M ISM A N A T U R A L E Z A .
Y P R E C IS A M E N T E E S T A S C U A L ID A D E S A S O C IA T IV A S SO N L A S Q U E H A N
CREADO E L PR O F U N D O D E S E N T E N D IM IE N T O E N T R E E L A R T IS T A Y E L
ESPECTAD O R E N G EN ERA L.
CUANDO E L A R T IS T A TO D A V IA S E B A T E C O N SIL A F A N D E A G R U P A R

X

24

��Y U N IR LO S E L E M E N T O S F O R M A L E S E N L A A R M O N IA M A S P U R A Y L O ­
GICA , P A R A Q U E N IN G U N O D E E L L O S E S T E E N U N A P O S IC IO N D E P R E ­
P O N D E R A N C IA SO B R E L O S D EM A S, E L A P R E S U R A D O E S P E C T A D O R YA S E
A C ER C A P O R A T R A S Y P O N E E L G R IT O E N E L C IE L O : “ ¡P E R O , S I E S T E
T IO M IO N O E S M I T IO , N O E S N I S IQ U IE R A P A R E C ID O !” . E L P IN T O R — SI
T IE N E B U E N O S N E R V IO S — P IE N S A PO C O E N E L TIO Y S IG U E B U SC A N D O
E L E Q U IL IB R IO D E LO S E L E M E N T O S FO R M A L E S . E L E S T A R A B A S T A N T E
SA T IS F E C H O S I LO G R A H A C E R V IB R A R LA C O N S T R U C C IO N D E U N O S
C U A N T O S E L E M E N T O S B U E N O S Y P U R O S , M A N T E N IE N D O LA IN T R O D U C ­
C IO N D E C O N T R A D IC C IO N E S Y C O N T R A S T E S E N U N A E S T R U C T U R A L L E N A
D E V ID A A U T E N T IC A , E N L A JU S T A M E D ID A Q U E COMO T A L L A E X IG E .
P E R O , T A R D E O T E M P R A N O T A M B IE N E N E L A R T IS T A , A U N S IN L A
IN O P O R T U N A IR R U P C IO N D E L E S P E C T A D O R P R E C IP IT A D O , P U E D E P R O ­
D U C IR S E E S A A S O C IA C IO N Y N A D A L E IM P ID E A C E P T A R L A .
E S T A A SO C IA C IO N , S IN D U D A A L G U N A L E G IT IM A , P U E D E A D EM A S
A C A R R E A R U N A IN IC IA T IV A D E T A L O C U A L A G R EG A D O , E L Q U E F O R ­
M A R A C O N LA O B RA YA E S T R U C T U R A D A U N A R E L A C IO N O B L IG A T O R IA .
P O R E JE M P L O D E A G R E G A D O S D E A T R IB U T O S U O B JE T O S Q U E — S I E L
A R T IS T A T IE N E S U E R T E — LO G R A U B IC A R E N A Q U E L L O S P L A N O S Q U E
FO R M A L M E N T E H A S T A E N T O N C E S M O S T R A B A N C IE R T A D E B IL ID A D , Y
Q U E L U E G O A P A R E C E N COMO S I H U B IE R A N P E R T E N E C ID O A L A O B RA
D E S D E SU C O M IE N ZO . D E M A N E R A Q U E L A D IS C U S IO N G IR A M EN O S
A L R E D E D O R D E LA C U E S T IO N D E E X IS T E N C IA O D E L D E R E C H O A E X IS T IR
D E L O B JE T O M ISM O , Q U E A L R E D E D O R D E SU S A P A R IE N C IA S Y D E SU
E S E N C IA .
L O S C U A D R O S D E C O N T E N ID O N O S M IR A N , A L E G R E S O S E V E R O S , CO N
M AY O R O M E N O R T E N S IO N , L L E N O S D E C O N SU ELO O IN S P IR A N D O TEM O R ,
S U F R IE N D O O SO N R IE N D O ; N O S M IR A N CO N TO D O S L O S C O N T R A S T E S D E
L A D IM E N S IO N P S IQ U IC O -F IS O N O M IC A , L A Q U E A B A R C A L A V A ST A GAMA
D E L A S E M O C IO N ES, D E S D E LO TR A G IC O H A ST A LO COM ICO. P O R LO
V IST O D E B E A D M IT IR S E T A M B IE N L A JU S T IF IC A C IO N D E L O S C O N T E ­
N ID O S — E N C U A N T O A SU C A R A C TE R ES T A T IC O O D IN A M IC O — E N U N
CU A D R O , Y CO N ESTO O B T E N E M O S U N A N U E V A D IM E N S IO N .
E L E M P L E O D E L O S E L E M E N T O S FO R M A L E S , SU P R E S E N T A C IO N E N
G R U P O S Y SU C O R R E L A C IO N E N E L D E S A R R O L L O D E L A E S T R U C T U R A
D E U N A O B R A , N O S C O N D U C E A C R E A C IO N E S Q U E B IE N P U E D E N D E N O ­
M IN A R S E “ C O N S T R U C C IO N E S A B S T R A C T A S ” o 'B I E N — C O N F O R M E A L A S
A S O C IA C IO N E S B U SC A D A S — E S T R E L L A , V A SO , P L A N T A , A N IM A L , C A B E ZA
U H O M B R E. ESTO R E S P O N D E P R IM E R A M E N T E A L C A R A C T E R D E LO S
E L E M E N T O S P L A S T IC O S B A SIC O S, COMO L IN E A , C LA R O SC U R O Y C O LO R,
Y E N SE G U N D O L U G A R A L A A C C IO N C O N JU N T A C O N S T R U C T IV A D E
A Q U E L L O S M E D IO S D E L A IM A G E N , A L O S C U A L E S S E A C O P L A N A H O R A
L A S C U E S T IO N E S D E C O N T E N ID O .
C IE R T A S R E L A C IO N E S D E M E D ID A D E L A S L IN E A S , L A C O M PO S IC IO N
D E D E T E R M IN A D O S T O N O S D E L A E S C A L A D E L C L A R O SC U R O , C IE R T A S
A R M O N IA S D E C O L O R E S, TODO E S T O P R O D U C E D IF E R E N T E S Y P O R S U ­
P U E S T O T A M B IE N D E T E R M IN A D A S E X P R E S IO N E S . L A S R E L A C IO N E S D E
M ED ID A S E N E L C A M PO D E L A L IN E A P U E D E N E S T A R V IN C U L A D A S P O R
E JE M P L O A L O S A N G U L O S P R O D U C ID O S : M O V IM IE N T O S Z IG Z A G U E A N T E S
D E A N G U L O S A G U D O S E N SU C O N T R A P O S IC IO N A U N A L IN E A M A S B IE N
H O R IZ O N T A L PR O D U C E N A S U V E Z L A S R E S O N A N C IA S Y V IB R A C IO N E S
E X P R E S IV A S C O N T R A R IA S Y C O R R E S P O N D IE N T E S . D E IG U A L M ODO E N
FO R M A D IS T IN T A S E C O M PO R TA N L O S DOS CASO S D E L A C O N S T R U C C IO N

26

�27

L IN E A L , D O N D E P O R U N LADO S E C O N T E M P L A U N A U N IO N Y D E T E R ­
M IN A C IO N F IR M E D E L A L IN E A Y P O R E L O TRO S E V E S O L A M E N T E U N
ESBO ZO S U E L T O E IN T E R R U M P ID O D E E L L A .
CA SO S C O N T R A R IO S D E L A E X P R E S IO N E N E L C A M PO D E L C L A R O S­
CU RO S O N L O S S IG U IE N T E S : U N A M P L IO E M P L E O D E TO D O S L O S TO N O S
D E N EG R O Y B LA N C O , LO Q U E E S M U E ST R A D E V IG O R Y D E C IS IO N , O U N
E M P L E O LIM IT A D O D E L A E S C A L A S U P E R IO R C L A R A , O D E L A M ITA D
IN F E R IO R O SC U R A , O D E L O S T O N O S A L R E D E D O R D E LO S G R IS E S , LO
Q U E D E M O ST R A R IA D E B IL ID A D M E D IA N T E U N EX C ESO O E S C A S E Z D E
L U Z , O T A M B IE N U N A P E N U M B R A V A C IL A N T E E N E L CAM PO M E D IA N O .
TODO ESTO C O M PO N E O TR A V E Z U N G R U PO D E C O N T R A S T E S D E C O N T E ­
N ID O M U Y G R A N D E S. Y P IE N S E S E A H O R A , ¡Q U E R IC A S C O M B IN A C IO N ES
EN V A R IA C IO N E S D E C O N T E N ID O D E R IV A R IA N TO D A V IA D E L A C O O R ­
D IN A C IO N Y M EZC L A D E C O LO R ES ! C O LO R E M PL E A D O COMO C L A R O SC U ­
RO , P O R E JE M P L O R O JO E N R O JO , O CON O T R A S P A L A B R A S TODA L A
A N C H A E S C A L A D E L A E S C A S E Z D E R O JO H A S T A SU A B U N D A N C IA — O
LO M ISM O E N A M A R IL L O (¡A L G O C O M P L E T A M E N T E D IS T IN T O !) O E N
A Z U L — ¡C U A N T O S C O N T R A S T E S V EM O S A H I O E N O TR A S P O L IF O N IA S
Y P A S A JE S D E C O L O R !
A H O R A P O D R IA C O N S ID E R A R S E TO D A V IA E L L U G A R Q U E C O R R E S ­
P O N D E A CADA U N A D E L A S T O N A L ID A D E S S U R T ID A S Y CO M B IN A D A S.
S E SA B E Q U E CADA SU R T ID O T IE N E SU S M A S O M EN O S G R A N D E S P O S I­
B IL ID A D E S D E C O M B IN A C IO N E S, Y CA DA C O M B IN A C IO N T E N D R IA E N T O N ­
C ES SU E X P R E S IO N C O N S T R U C T IV A E S P E C IF IC A , SU CA RA Y SU F IS O ­
N O M IA .
T A L E S G ESTO S CARG A D O S D E U R G E N T E V IB R A C IO N D E F IN E N E L
E S T IL O . E S A Q U I D O N D E C O M IE N ZA Y D E S P IE R T A LO R O M A N TIC O E N
SU F A S E M AS E S P E C IF IC A Y P A T E T IC A M E N T E D E F IN ID A . E S T O S G ESTO S
Q U IE R E N A P A R T A R S E D E LA T IE R R A C A SI A G O L P E S , Y E L PR O X IM O
GESTO E N L A R E A L ID A D YA S E E L E V A M AS A L L A D E SU S A L T U R A S TA N
L IM IT A D A S. S E E L E V A , B A JO E L D IC TA D O D E L A S F U E R Z A S IM P U L S O R A S
Y T R IU N F A N T E S , SO B R E LA F U E R Z A D E G R A V ED A D Y A TR A C C IO N . SI
E S T A S F U E R Z A S H O S T IL E S A LO T E R R E N A L E M P R E N D E N U N M O V IM IE N ­
TO E S P E C IA L M E N T E IM P U L S IV O H A C IA LO D IS T A N T E , H A C IA A Q U E L L A
C IR C U L A C IO N IN M E N S A , E N T O N C E S E L A R T IS T A LO G R A S O B R E P O N E R S E
A L E S T IL O PA T E T IC O Y V IB R A N T E , L L E G A N D O H A C IA A Q U E L R O M A N T I­
CISM O Q U E S E F U N D E Y SE P IE R D E E N E L COSMOS. D E M A N E R A Q U E
L A S P A R T E S E S T A T IC A S Y D IN A M IC A S D E L M EC A N ISM O PL A S T IC O SE
C U B R E N M UY B IE N CO N E L A N TA G O N ISM O D E LO CLA SICO Y D E LO
R O M A N TIC O .
N U E S T R A E S T R U C T U R A U O B RA E N L A M A N E R A D E S C R IT A H A T R A S ­
PA SA D O A H O R A T A N T A S Y T A N IM P O R T A N T E S D IM E N S IO N E S , Q U E YA
N O S E R IA JU S T IF IC A D O L L A M A R L A SE C A M E N T E C O N S T R U C C IO N . D E ­
M O S L E A H O R A P U E S , T R A N Q U IL A M E N T E E L N O M B R E D E C O M PO S IC IO N .
TO D A V IA C A B E C O N T E M P L A R L A D IM E N S IO N D E LO O B JE T IV O E N
U N S E N T ID O N U E V O P A R A P O D E R M O STR A R E L P O R Q U E D E L A S D E F O R ­
M A C IO N E S IM P U E S T A S A P A R E N T E M E N T E SA N S FA Q O N P O R E L A R T IS T A .
E N P R IM E R L U G A R E S T E NO A SIG N A A E S T A S FO R M A S N A T U R A L E S LA ,
S IG N IF IC A C IO N O B L IG A T O R IA , Q U E T A N T O S R E A L IS T A S C R IT IC O S S U P O ­
N E N V E R . N O S E S IE N T E T A N A TA D O A E L L A S , E N SE G U N D O LU G A R ,
P U E S NO V E E N E S T A S FO R M A S F IN A L E S Y D E F IN ID A S L A V E R D A D E R A
R A ZO N D E L PR O C E SO N A T U R A L D E L A C R E A C IO N . E N L A P A L A B R A PR O -

�28

�,

29

C ESO E V ID E N T E M E N T E H A L L A M O S L A C L A V E P A R A E S T A P R O F U N D A
D IF E R E N C IA D E O P IN IO N E S T A N A G R IA M E N T E D IS C U T ID A S , P U E S P A R A
E L A R T IS T A SO N M U C H O M A S IM P O R T A N T E S L A S F U E R Z A S F O R M A T IV A S
Q U E L A S F O R M A S E N S I M ISM A S, Q U E L A S FO R M A S F IN A L E S .
P R O B A B L E M E N T E S E A E L A R T IS T A — A U N S IN Q U E R E R S E R L O — U N
F IL O S O F O , Y S I E L N O Q U IE R E — A L A M A N E R A D E L O S O P T IM IS T A S —
A F IR M A R Q U E E S T E M U N D O Q U E N O S R O D E A E S E L M E J O R D E L O S
M U N D O S, Y S I P O R O TR O LA D O TA M PO C O Q U IE R E D E C IR Q U E E S T E
N U E S T R O M U N D O S E A D E M A SIA D O M IS E R A B L E P A R A T O M A R L O COMO
E J E M P L O , S IE M P R E S E D IR A A S I M ISM O Q U E E N SU S FO R M A S A P A R E N ­
T E M E N T E F IN A L E S Y D E F IN IT IV A S H A Y A LG O M A S. N O Q U E D A IM P L I­
CADO E N E L L A S Q U E R E A L M E N T E S E A N L A S U N IC A S V A L E D E R A S Y
P O S IB L E S . C U A N T O M A S H O N D O C A L E , T A N T O M A S F A C IL L E R E S U L T A R A
A U N A R P U N T O S D E V IS T A D E L H O Y Y D E L A Y E R , T A N T O M A S S E L E
IM P O N D R A E N L U G A R D E L A IM A G E N F IN A L D E L A N A T U R A L E Z A , LA
U N IC A IM A G E N V A L E D E R A , L A D E L A C R E A C IO N Y D E L A G E N E S IS . S E
P E R M IT E E L A R T IS T A P O R E N D E L A P R E M IS A D E Q U E L A C R E A C IO N A U N
N O H A L L E G A D O A SU F A Z D E F IN IT IV A Y F IN A L , Y C O N E S T A A F IR M A ­
C IO N A U D A Z E X P A N D E L A C R E A C IO N D E L U N IV E R S O D E L P A S A D O H A C IA
D IM E N S IO N E S F U T U R A S . S O L A M E N T E A S I E L A R T IS T A DA L A U N IC A
D U R A B IL ID A D V E R D A D E R A A L A G E N E S IS — L A C O M P R E N D E P O R SU
P E N E T R A C IO N E N E L L A E N SU E S E N C IA V IT A L . Y E L A R T IS T A V A M AS
L E JO S A U N , P U E S P IE N S A Q U E N U E S T R O M U N D O E N E L PA S A D O T E N IA
M U Y O TR O A S P E C T O , Y E N E L F U T U R O T A M B IE N LO T E N D R A , Y T E N D IE N D O H A C IA E L M A S A L L A D E L E S P A C IO , O P IN A Q U E E N O TR O S
C U E R P O S S ID E R A L E S B IE N P U E D E N H A B E R S E D E S A R R O L L A D O FO R M A S
C O M P L E T A M E N T E D IF E R E N T E S A L A S E M P IR IC A M E N T E C O N O C ID A S P O R
N O SO T R O S. S E M E JA N T E D IN A M IS M O E N L O S C A M IN O S N A T U R A L E S D E
L A C R E A C IO N D E S D E L U E G O C O N S T IT U Y E U N A E S C U E L A F O R M A L E X C E ­
L E N T E , Y A Q U E E L L A P U E D E M O V E R Y C O N M O V E R A L A R T IS T A P L A S ­
TICO E N SU YO M A S P R O F U N D O , Y S IE N D O E L D E SU Y O D IN A M IC O , P O R
S I SO LO S E P R E O C U P A R A P O R L A L IB E R T A D D E L D E V E N IR E N L O S
C A M IN O S Q U E L E SO N P R O P IO S .
D E S D E E S T E P U N T O D E E N F O Q U E D E B E J U S T IF IC A R S E L E C U A N D O
ET, C O N S ID E R A Y D E C L A R A E L E S T A D O A C T U A L D E S U M U N D O F E N O M E ­
N IC O COMO TR A B A D O O R E T A R D A D O , Y A S E A C A S U A L M E N T E O P O R
R A Z O N E S D E L U G A R O D E T IE M P O . S I LO V E D E M A SIA D O L IM IT A D O E N
C O M P A R A C IO N C O N LO V IS T O Y SE N T ID O E N E L FO N D O D E S U S E M O ­
C IO N E S .
, ¿A C A S O N O E S C IE R T O Q U E E L P A S O R E L A T IV A M E N T E P E Q U E Ñ O D E
L A M IR A D A A T R A V E S D E U N M IC R O S C O P IO N O S H A C E V E R F O R M A S Y
E S T R U C T U R A S A L A S Q U E TO D O S N O S O T R O S L L A M A R IA M O S G R O T E S C A S ,
A B E R R A D A S Y D E M E R A F A N T A S IA , S I L A S E N C O N T R A S E M O S E N N U E S T R A
R U T A C O T ID IA N A Y E L S E Ñ O R X, Q U E A N T E S N O E N C O N T R A B A E L P A R E ­
CID O D E L A O B R A A R T IS T IC A C O N S U T IO , ¿ N O G R IT A R A N U E V A M E N T E :
Y E S T A S S O N F O R M A S N A T U R A L E S ? ¡E S T O E S M A L A A R T E S A N IA !
¿ E S A C A SO T A R E A D E L A R T IS T A P L A S T IC O D E S E M P E Ñ A R S E C O N E L
M IC R O S C O P IO , A C T U A R COMO H IS T O R IA D O R , COMO ZO O LOG O O COMO
P A L E O N T O L O G O ? C IE R T A M E N T E Q U E N O , P E R O IG U A L LO H A C E , A U N ­
Q U E S O L A M E N T E E N F O R M A C O M P A R A T IV A , E N E L S E N T ID O D E L A
D IN A M IC A , N U N C A E N E L SE N T ID O D E U N C O N T R O L C IE N T IF IC O D E L
P A R E C ID O C O N L A N A T U R A L E Z A . S O L A M E N T E LO H A C E P O R L A L I-

�30

�B E R T A D , P O R U N A L IB E R T A D Q U E N O S C O N D U C E A E T A P A S D E L D E ­
V E N IR D E FO R M A S , Q U E E N LA N A T U R A L E Z A F U E R O N U N A V E Z , O
S E R IA N U N A V E Z , ID E N T IC A S A E S T A M ISM A , O Q U E E N O T R O S A M B IE N ­
T E S C O SM ICO S (¡Q U IZ A S A L G U N D IA C O M P R O B A B L E S !) P O D R IA N SE R
IG U A L E S , E N E L S E N T ID O D E U N A L IB E R T A D Q U E E X IG E S U D E R E C H O
D E S E R T A N A M P L IA Y D IN A M IC A COMO LO E S L A G R A N N A T U R A L E Z A .
¡D E LO E J E M P L A R A LO P R O T O T IP IC O !
P R E T E N C IO S O S E R A A Q U E L A R T IS T A Q U E S E Q U E D E E N L A M ITA D
D E L C A M IN O , P E R O V E R D A D E R A V O C A C IO N T E N D R A A Q U E L Q U E L O G R E
P R O G R E S A R H A S T A A Q U E L L A S R E G IO N E S R A Y A N A S A L FO N D O M IS T E ­
R IO SO D O N D E L A L E Y D E L S E R S E N U T R E P A R A SU D E S A R R O L L O , A L L A ,
D O N D E E L O R G A N O C E N T R A L D E TODO D IN A M ISM O E S P A C IA L O T E R R E ­
N A L — L L A M E S E L O C E R E B R O O C O R A Z O N D E L A C R E A C IO N — M Ü E V E
E IN IC IA TO D A F U N C IO N . ¿ C U A L E S E L V E R D A D E R O A R T IS T A Q U E NO
Q U IS IE R A L L E G A R A E S T A S R E G IO N E S ? ¡A L R EG A ZO M ISM O D E LA N A T U ­
R A L E Z A , NO Q U E D A N D O SE E N S U S U P E R F IC IE V IS IB L E Y T A N G IB L E ,
SIN O A L A C E L U L A P R IM E R A D E L A C R E A C IO N , D O N D E E S T A G U A RD A D A
LA C L A V É D E TODA N U E S T R A V ID A ! P E R O NO TO D O S P U E D E N Y N I
S IQ U IE R A D E B E N A M B IC IO N A R L A L L E G A D A A E S T E E P IC E N T R O . Q U E
CA DA U N O S E M U E V A E N A Q U E L L A S R E G IO N E S , H A C IA L A S Q U E SU
P R O P IO S E R Y S E N T IR , E L L A T ID O D E S U P R O P IO C O R A Z O N , L E IM P U L ­
S E N . LO Q U E C R E ZC A D E E S T E IM P U L S O , L L A M E M O L O COMO Q U E R A M O S :
S U E Ñ O , ID E A O A C ASO P U R A F A N T A S IA , PO D R A T O M A R S E E N SE R IO
R E C IE N CU A N D O S E L E H A Y A DADO U N A F O R M A Q U E S E C U B R A E N T E ­
R A M E N T E C O N L O S M ED IO S P L A S T IC O S A D E C U A D O S . P O R E S T O S M ED IO S
P L A S T IC O S D E F IN IM O S E L C A R A C T E R D E E S T O S C U A D R O S. N U E S T R O S
T IE M P O S E X C IT A D O S H A B R A N P R O D U C ID O M U C H O S E M B R O L L O S Y C O N ­
F U S IO N E S — SI N O E S T E M P R A N O P A R A T A L J U IC IO , P O R E S T A R A U N
D E M A SIA D O L IG A D O S A E L L O S — P E R O A T O D A S L U C E S S E E V ID E N C IA
Y S E E X T IE N D E E N T R E L O S A R T IS T A S P L A S T IC O S , A U N E N T R E L O S M AS
J O V E N E S , E L A N H E L O D E C U L T IV A R E S T O S M ED IO S P L A S T IC O S , Y D E
E M P L E A R L O S E N SU S A P L IC A C IO N E S M AS D E P U R A D A S .
LA O B R A A R T IS T IC A N O R E P R E S E N T A — Y E S T O E S IM P O R T A N T E
R E C O R D A R L O — LO Q U E N O S M U E S T R A L A N A T U R A L E Z A , S IN O “ LO Q U E
E L L A T A M B IE N P O D R IA S E R ” . A S I S E P U E D E L O G R A R U N A C O M B IN A C IO N
F E L IZ D E C O N C E PT O S D E L M UN D O Y S U S F E N O M E N O S C O N U N E J E R ­
C IC IO Y U N A D IS C IP L IN A A R T IS T IC A C O M P L E T A M E N T E P U R O S . Y A S I
SU C E D E C O N TO D O S L O S E M P L E O S D E L O S M E D IO S Y E L E M E N T O S F O R ­
M A L E S ; E N TO D O S E L L O S , Y P O R S U P U E S T O T A M B IE N C O N L O S C O LO R ES
P U E D E E V IT A R S E TODO P O S IB L E E N T U R B A M IE N T O , CO SA Q U E L U E G O E L
G R A N P U B L IC O L L E G A A L L A M A R “ L O S C O L O R E S T E R G IV E R S A D O S ” D E L
A R T E M O D ERN O .
P A U L K L E E E S E L A R T IS T A Q U E SOÑO C O N U N A O B R A P IC T O R IC A
D E G R A N V U E L O , U N A P IN T U R A Q U E A B A R Q U E TODO E L A M P L IO CAM PO
D E L O S E L E M E N T O S P U R O S , LA P IN T U R A O B JE T IV A , D E C O N T E N ID O
Y D E E S T IL O , P E R O T A M B IE N SA B IA Q U E ESTO Q U E D A R IA COMO S U E Ñ O
E N N U E S T R O S D IA S , P U E S N A D A P U E D E P R E C IP IT A R S E .
TODO D E B E
C R E C E R O R G A N IC A M E N T E , C R E C E R Y E X P A N D IR S E , Y S I A L G U N D IA SE
P R O D U C E É S A G R A N O BRA SO Ñ A D A P O R K L E E , L A S A R T E S P L A S T IC A S
H A B R A N L L E G A D O A SU G R A N C O N Q U ISTA .

31

R O D O L FO G. B R U H L

�NOTA BIOGRAFICA:
P A U L K L E E N A CIO A F IN E S D E 1879 E N M U E N C H E N B U C H S E E , C ER C A
D E B E R N A . L A C U L T U R A M U S IC A L D E L O S P A D R E S T U V O P R O F U N D A
IN F L U E N C IA E N SU FO R M A C IO N D E A R T IS T A . D E S P U E S D E M UCH O S
D E B A T E S — SE P E N S O PA R A E L E N L A C A R R E R A D E M U SIC O — S E F U E
A M U N IC H P A R A E S T U D IA R P IN T U R A C O N F R A N Z V O N ST U C K , P A R A IR S E
E N 1901 A IT A L IA , D O N D E CREO U N A M A G N IF IC A S E R IE D E G R A B A D O S.
D E S P U E S D E U N A N U E V A E S T A D A E N B E R N A LO E N C O N T R A M O S E N
P A R IS Y E N B E R L IN , Y E N 1906 O TR A V E Z E N M U N IC H , D O N D E S E PL E G O
A L G R U PO E L J IN E T E A Z U L CO N F R A N Z M ARC, A U G U S T M ACK, W A S S IL Y
K A N D IN S K Y Y O TR O S. E N 1912 O TR A V E Z V IS IT O A P A R IS D O N D E LL E G O
A T E N E R A M ISTA D P E R S O N A L CON P IC A S S O , D E L A U N A Y Y A P O L L IN A IR E ,
R E C IB IE N D O D E E L L O S IM P O R T A N T E S IM P U L S O S N U E V O S . U N V IA J E A
K A IR U A N (T U N E Z ) E N 1914 E S IG U A L M E N T E IM P O R T A N T E P A R A E L
D E S C U B R IM IE N T O D E S I M ISM O . D E S P U E S D E L A G U E R R A , L A Q U E PA SO
COMO SO LDA D O , E N 1920 W A L T E R G R O P IU S LO LLA M O A L B A U H A U S E N
W E IM A R , A L Q U E SIG U IO L U E G O A D E S S A U E N D E S E M P E Ñ O D E SU O B RA
D ID A C T IC O -PE D A G O G IC A . E N E L B A U H A U S , K L E E R E A L IZ O P R O B A B L E ­
M E N T E SU S O B R A S M AS IM P O R T A N T E S . E N 1928 V IA JO A E G IP T O Y A L
R E G R E S A R A A L E M A N IA A C E PT O U N CARGO D E P R O F E S O R E N L A A C A ­
D E M IA D E B E L L A S A R T E S D E D U E S S E L D O R F , P U E S T O Q U E A B A N D O N O
P O R R A Z O N E S P O L IT IC A S E N 1933, C U A N D O V O L V IO A V IV IR E N B E R N A .
V IV IO TO D A V IA S IE T E A Ñ O S E N SU P A IS N A T A L , Y M U R IO E N L U G A N O
E L 29 D E J U N IO D E 1940, A L O S 61 A Ñ O S.
NOTA

B IB L IO G R A F IC A :

a) P A U L K L E E . U e b er die M o d ern e K u n st, Ed. B euteli, B ern -B u em p liz, 1945.
b ) M useum o f M odern A rt. A r t in o u r tim e , N ew Y ork, 1939.
c) R E N E H U Y G H E E T G E R M A IN B A Z IN . H is to ire de l’A r t c o n te m p o ra in ,
Ed. C ah iers D ’A rt, P a rís , 1935.
d) K lee, Ed. H olbein, B asilea 1940.
e) C H R IS T IA N Z E R V O S . H is to ire de l’A r t c o n te m p o ra in , E d. C ah iers D ’A rt,
P a rís , 1938.
f ) H E R B E R T B A Y E R , W A L T E R G R O P IU S , IS E G R O P IU S . B au h a u s 1919-1928,
Ed. M useum o f M odern A rt, N ew Y ork, 1938.
g ) E U G E N IO D ’O R S. A rte de E n tre g u e r ra s 1920-1936, E d. M. A g u ila r, M adrid.
h ) W IL H E L M P IN D E R . E l p ro b le m a de la s g en erac io n e s en la h is to ria del
a r te de E u ro p a, E d . L o sad a, B uenos A ire s, 1946.
i ) M useum o f M odern A rt. P a u l K lee, N ew Y o rk , 1947.
j ) S ta a tlic h e s B au h a u s in W eim ar. N eue E u ro p ae isc h e G ra fik , 1921, W eim ar.
k ) P A U L K L E E . P aed ag o g isch es Sk izzen b u ch , Ed. Idem , 1925, W eim ar.
1 ) R O B E R T G O L D W A T E R . P rim itiv is m in m o d ern p a in iin g , H a r p e r B ros,
N ew Y ork, 1938.
m ) W IL L G R O H M A N N . K lee a t B ern e, 1935.
n ) W IL H E L M H A U S E N S T E IN . K a iru a n , oder ein e g e schichte vom m a le r Klee,
u n d von d e r K u n st dieses Z e ita lte rs , M u n ich , 1921.
o) L U D W IG J U S T I. V on C o rin th bis K lee, J u liu s B ard V e rla g , B e rlín , 1931.
p ) H E R M A N K L U M P P . A b stra k tio n in d e r M a le re i; K an d isn k y , F e in in g e r K lee,
D e u tsc h e r K u n stv e rla g , B e rlín , 1932.
q) H E R B E R T R E A D . K le e: Im a g in a tio n an d P h a n ta s y , X X iém e Siécle, L ond res, 1938.
r ) L E O P O L D ZA H N . P a u l K lee, leben, w e rk , g e ist, K ip e n h e u e r V e rla g , P o tsd am . 1920.
s) E C K A R T V O N SY D O W . D ie D eutsche E x p ressio n istisc h e K u ltu r un d M alerei,
1920.
t ) P A U L E L U A R D . C ap itale de la d o u le u r.

&lt;

\

„
3 ¿

�Inventario
CU A TR O C U A D R O S DE C O Y A EN BU EN O S AIRES
1.
Aureliano de Beruete y Moret se refiere en uno de sus libros1
a cuatro cuadros de Goya, que pertenecieron a D. Luis de Madrazo,
autenticados en 1868 con motivo de un pleito por Javier Goya, hijo
del pintor, dos de los cuales se hallan con seguridad en Buenos Aires:
Una procesión interrumpida por la lluvia2 (Jockey Club) y Una es-

33

�cena bajo un arco de p u en te3 (Museo Nacional de Bellas Artes), pues
figuran también en el catálogo de Augusto Mayer4, bajo el N9 538 el
primero y el N? 589 el segundo 5.
Hasta no hace mucho tiempo se ignoraba el paradero de los otros
dos cuadros, pero ahora es tal vez posible reconocerlos en las telas que
pertenecen a la familia Ugarte: Escena de combate e Incendio de un
hospital, a pesar de que no hay rastros que puedan orientar sobre el
poseedor o los poseedores anteriores, y de que no figuran ni en los
catálogos ni en los libros publicados por Aureliano de Beruete y Moret,
Albert Calvert, Augusto Mayer, Ramón Gómez de la Serna °, Juan de
la Encina y Eugenio D’Ors, lo que se explica porque se trata de obras
que han salido seguramente de España hace muchos años.
Es verosímil que Escena de combate sea el cuadro a que alude Be­
ruete —“uno podría ser una escena de bandoleros”— y que Mayer in­
cluye bajo el N9 650 de su catálogo con el título de Escena de contra­
bandistas, pues, aunque lo da como propiedad particular en Madrid y
tampoco las medidas concuerdan absolutamente, agrega la palabra Ar­
gentina con interrogante y anota que “va con el N? 538”, es decir, con
el cuadro del Jockey Club. Se refuerza esta posibilidad al saber que las
escenas de guerra, de bandoleros o de contrabandistas se confunden en la
obra de Goya inspirada en la Guerra de la Independencia 7. Y, ¿no podría
ser Incendio de un hospital el otro cuadro citado por Beruete, sobre todo
si se considera la extraordinaria similitud con el anterior y con El huracán?
No es improbable, en consecuencia, que los cuatro cuadros que per­
tenecieron a D. Luis de Madrazo, y no dos como afirmara Beruete, ha­
yan venido a Buenos Aires, distribuyéndose entre el Museo Nacional,
el Jockey Club y un particular
2.
Más importantes que estos datos documentales son los que de­
rivan del cotejo entre las obras. En las cuatro desarrolló Goya los temas
de masas que fueron tan de su agrado en la etapa de m adurez8, sin
diferenciar los individuos más que en la medida necesaria para la com­
prensión de aquéllos y sin darle a la anécdota otro valor que el de un
simple pretexto. En ellos mantiene también una pronunciada isocefalia
en grupos que se extienden en primer plano y en sentido horizontal, y
deja amplios espacios para los cielos.
Si en lugar de ser pintadas esas telas por Goya, lo hubieran sido por

34

�alguno de sus discípulos o epígonos, Leonardo Alenza por ejemplo, que
copió al maestro en retratos o cuadros de género, o cualquiera de los
dos Lucas, padre e hijo, que lo imitaron posteriormente, se advertiría de
inmediato la importancia dada a la anécdota en su aspecto pintoresco.
Desde este punto de vísta, ni las dos telas de la Colección Ugarte, ni la
del Jockey Club, presentan dudas, pero sí la del Museo, no sólo por la
preeminencia del tema, sino por ese fondo de arcada, que fué empleado
por Goya con bastante frecuencia para repartir de modo dramático la
luz y la sombra, pero que en este caso adquiere un sentido de definición
romántica, sobre todo por el abierto ángulo derecho a través del cual se
ve una choza, no del todo acorde con su concepción.
3.
Tanto en Escena de combate y en Incendio de un hospital, como en El huracán, las tres obras del lote que tienen unidad, se manifies­
ta esa enérgica pincelada con la que Goya no lograba una pasta com­
pacta y espesa sino fina y transparente, vigorosa pero no dura y plena­
mente fluida, así como la manufactura a espátula, sobre todo en los
cielos, que le permitía obtener brillantez donde otros pintores goyescos
sólo conseguían una sustancia espesa y muerta, carente de vibración.
Ya sea con el pincel, ya con la espátula, lo más notable es el brío
con que pintaba Goya, ese tan incontenido como indefinible movimien­
to que el pintor sabía infundir a las figuras y demás elementos del cua­
dro, sin atenerse a esquemas lineales. Basta observar cualquiera de las
figuras de estos cuadros, o el cielo casi uniforme de uno, o los grandes
lamparones del otro, o la violencia de la lluvia que cae en el tercero,
para comprender que sólo Goya ha podido pintarlos con esa seguridad
y esa valentía, sin que se advierta la menor traza de preciosismo.
“Esa simplificación de procedimientos tan marcada en su técnica
—dice Beruete, refiriéndose a los cuadros pintados después de la In ­
vasión francesa en 1808— va acompañada de una simplificación no me­
nor de su paleta” 9. En efecto, el colorido de la primera época es vi­
brante, cálido y suntuoso, siendo frecuente el cromatismo exacerbado y
los contrastes; después busca los grises áureos y rosados, y hacia 1810,
ya en plena madurez y dominio de sus medios expresivos, la pintura
por valores, ajustando la entonación del cuadro en gamas bajas, prefe­
rentemente frías, pero nunca apagadas.
Los grises de Goya son inconfundibles, sobre todo por su fluidez y

35

�su riqueza: son grises ligeros, logrados con capas sutiles de color, que se
enardecen mediante manchas cálidas de rojos, amarillos y verdes, o se
enfrían en superficies más amplias de un azul característico, puestos
sobre la tela a menudo con técnica similar a la de la acuarela.
Tales caracteres de su coloración se encuentran preferentemente en
estos cuadros. Tanto en el cielo magníficamente límpido y transparente
en su entonación grisáceonegruzca de Escena de combate, como en el
cielo incendiado —llamas rojas y blancas— de Incendio de un hospital,
o en el estremecido cielo lluvioso de El huracán, se advierte esa calidad
propia de los grises de Goya, al mismo tiempo diáfanos y brillantes. La
misma riqueza, con empaste más grueso, se observa en las dinámicas
figuras de las tres telas, donde los grises alternan con los ocres en bro­
chazos de gran personalidad. La economía de los tonos puros, que sal­
tan aquí y allá, no deja de ser una característica de este pintor en su
época de plenitud. Con ser tan hábiles, ni Eugenio Lucas ni Fortuny,
goyesco también éste en cierto modo, nunca lograron esa diafanidad de
los grises y ocres, ni consiguieron infundir a la materia el vigoroso dina­
mismo que tipifica a los cuadros de Goya.
También desde su crisis a fines del siglo xvm, Goya renuncia a
toda clase de sombras destinadas a redondear las formas, y busca afano­
samente, y con éxito, el claroscuro que corresponde a la factura del
color. Para subrayar el dinamismo de las formas utiliza las oposiciones
de claroscuro, pero no a la manera de Rembrandt, es decir, hundiendo
los objetos en esa atmósfera de contraste, sino manteniendo el valor
significativo y táctil de las mismas. Así lograba no sólo una más eleva­
da tensión, sino también una monumentalidad más vigorosa, como apun­
ta Mayer, apelando a menudo “a la exageración, a la acentuación de lo
grotesco y de lo fantástico” n .
En estos cuadros se ve cómo el artista, impulsado por esa violencia
dinámica que le fuera propia, alterna las luces con las sombras, y cómo
fragmenta a éstas dejando que también se exprese el color. Aunque en
ellos parece diluirse el tema —menos en El huracán que en los otros—
las zonas en sombra son tan transparentes y luminosas como para que
el espectador adivine lo que el pintor quería que adivinase, vale decir,
el movimiento.
Desde el punto de vista de la composición, Goya no se asemeja ni
recuerda en ningún momento a los pintores clásicos, sobre todo en te-

36

�mas como éstos, razón por la cual sus cuadros no tienen el rigor geo­
métrico que pudiera corresponder a una concepción mental. Todavía
en Los desastres de la guerra o en los Fusilamientos se advierte alguna
preocupación por componer, pero en general su composición es repen­
tista, no obstante lo cual predomina una línea baja horizontal que deja
gran parte de la tela para desarrollar su fogosidad de colorista, ya sea
un muro o una arcada, ya un cielo. Los cuadros estudiados aquí se ajus­
tan perfectamente a estos caracteres de la composición goyesca, lograda
en ellos la unidad más que por líneas de fuerza, por el envolvente em­
paste del claroscuro. “No se trata de ofrecer una continuidad de masa
en que una de las partes no pueda vivir independientemente de las

37

�otras, sino que se propugna la subordinación de cada uno de los elemen­
tos integrales a la idea de conjunto. En otras palabras: en las grandes
composiciones no existe ningún protagonista, ningún héroe guiador,
todos son súbditos de igual categoría en el conjunto del cuadro” 12.
Tales palabras de Augusto Mayer definen con absoluta precisión el ca­
rácter de la composición en estos cuadros, y señalan lo que más difícil
sería copiar por cualquier epígono del maestro.
4. Caracteres en cierto modo similares presenta Fiesta popular,
pero además de la individualización anecdótica ya señalada, sorprende
el empaste grueso de las figuras, menos dinamizadas interiormente y no
tan unidas entre sí como en otros cuadros de Goya, así como la falta
de vibración de los grises del fondo y cierto dramatismo superficial,
más bien naturalista. Parecería ser de época anterior a los otros tres
cuadros, cuando todavía conservaba el pintor el brillo de la materia y el
color, aun no sublimados por esa dolorosa melancolía que le permitió
realizar, en los años de vejez, sus obras más punzantes y profundas.
J orge R o m e r o B rest
1 A ureliano de B eruete y Moret. Goya, composiciones y figuras. Blass. y Cía.,
Madrid, 1917, pág. 97.
2 Aquí se lo llama El huracán o La tormenta.
3 Aquí se lo llama Fiesta popular.
4 Augusto M ayer. Goya. Editorial Labor, Barcelona, 1925.
5 R amón G ómez de la Serna, en su Goya, Edición La Nave, Madrid, pág. 288,
dice también que esos cuadros vinieron a América.
6 En su libro Don Francisco de Goya y I.ucientes, Editorial Poseidón, Buenos Ai­
res, R amón G ómez de la Serna no habla de ellos, pero incluye fotografías de los mis­
mos, lo que permite suponer que los considera auténticos.
7 E ucenio D ’O rs. La vie de Goya. Nouvelle Revue Franjóse, París, 1929, páginas
216/218.
8 Tanto por ese carácter como por la técnica empleada, los cuadros parecen co­
rresponder al período 1815-1818, como afirma Mayer. En contra se ha pronunciado
Beruete, que los ubica en el período anterior a 1808, pero basta compararlos con los
Fusilamientos, ya posteriores, para darse cuenta de cómo se acentuó en ellos el ca
rácter inmaterial de la pintura, propio de los últimos años del artista.
9 B eruete, ob. cit., p. 116.
10 Cf. J uan de la E ncina, Goya en zig-zag, Espasa-Calpe, 1928, p. 181; E ugenio
D'O rs, ob. cit., p. 194; M ayer ob. cit., p . 145.
11 M ayer, ob. cit., p. 135/6.
12

M ayer, ob. cit., p. 142.

38

�G O YA Y EL M U N D O A SU ALREDEDOR

. L
de posibilidades, nos abre un indudable horizonte, ancho y claro.
E
Ubicamos en él las pasiones de un hombre, organizamos sus impulsos y
l t ít u l o d e e s t e l ib r o d e j

ópez rey

ta n pleno

sus ideas, levantamos sus estructuras, tendemos un gran hilado que lo ate
o lo vincule a las cosas inanimadas, al paisaje y al hombre que transcurren
a su alrededor. Por todos estos caminos nos lleva el título y con estas viven­
cias a priori entramos en el primer ensayo. Y aquí sobreviene la pequeña
defraudación porque el autor no ha creado un cosmos armónico en torno
de Goya, sino que nos da, sin solución de continuidad, aspectos fragmen­
tarios, independientes y discordantes unos de los otros. Vincula un Goya
unilateral, sin mayor discriminación, con Mengs y Jovellanos, saltando de
ahí a Palomino y al análisis de sus ideas estético-prácticas, derivando a un
episodio pintoresco y particular como el de Zaragoza y ensamblando lo
anecdótico con el estudio del racionalismo de Goya en relación con los
Caprichos, que suponen un nexo del pintor con las ideas de la época.
Y de acá se salta a la consideración detenida de algunos retratos. Y a la
evolución del pintor desde la concepción rococó a la concepción román­
tica. Y de acá al influjo de la idea de violencia sobre ciertas obras. Nos
acercamos al fin de Goya. Descansamos, una tregua, en un Goya octoge­
nario que acaba blandamente en una anécdota de sus días de Francia.
Comienzo, desarrollo y fin que no justifican el título, porque ni levantar
el edificio vivo de un hombre es hacer pasos de danza sobre superficies
incompletas y circunstanciales, ni es posible cerrar el ciclo sin un intento
definitorio de un ideal o una realización de vida, cuando se ha vivido
dura y virilmente, con pasión y con fuerza. Porque si es perfectamente
factible la objeción de que todo mundo implica un caos, también es
perfectamente lógica la exigencia al crítico —creador de estructuras idea­
les— de que descubra o presienta las infinitas armonías de un mundo,
cuando elige títulos con pretensión de totalidad.
En cambio, este primer ensayo tiene fragmentos —como la parte
en que se refiere a la pugna de Goya entre su concepto fuertemente

39

�racionalista y el atisbo romántico que sugieren los Caprichos y otros
dibujos tardíos, y especialmente la ubicación del pintor como precursor
y adivinador del romanticismo— en los que se constata la seriedad con
que el autor trabaja. Seriedad que se ahonda en el segundo ensayo —Los
frescos de San Antonio de la Florida— en que el lector se encuentra, por
contraposición con el primero, con un estudioso que organiza sus ele­
mentos de trabajo y crea con ellos una estructura completa.
En la primera parte examina algunos juicios de españoles sobre
la obra; en la segunda hace un detenido análisis de los materiales
utilizados por el pintor, para fijar sus conexiones con Palomino, cuya
Práctica de la pintura parece haber sido, de acuerdo con esta confron­
tación, el libro de cabecera de Goya; en la tercera analiza bien los ele­
mentos formales de los frescos, destruyendo en parte la filiación evidente­
mente improbable pero sostenida con frecuencia, de Goya con Mantegna,
Correggio y Tiepolo.
Los tres últimos ensayos son aspe:tos cada vez más fragmentados de
aquel primer mundo que “quiso existir’’ alrededor de Goya: el tercero se
refiere al tan conocido No comas célebre Torrigiano, con la excusa
del cual el crítico sostiene la idea de que Goya —por su conocimiento
libresco del asunto Torrigiano— era un erudito y no u&gt; iletrado como
otros críticos han pretendido. El cuarto habla del grupo de cinco dibu­
jos de exclaustrados y analiza uno por uno con finalidad descriptiva
más que estética. En el último —que estudia cinco autorretratos de Goya—
el interés se reanima por la vinculación establecida entre el concepto
retratístico de Goya y el ensayo de Palomino sobre el retrato, en el que
aconseja dar una visión de los hombres sujetándose tan sólo a los con­
tornos y a la mancha general del claroscuro, y prescindiendo de las “in­
jurias de la edad”.
Y con esto, se cierra el mundo supuestamente extendido alrededor
de Goya. Mundo que, en última instancia, entrega sólo elementos aislados
—aunque siempre valiosos— de juicio y de análisis, para que otros dis­
criminen qué relaciones condicionan estos elementos a una idea rectora,
que siempre es raíz, arteria y fin de un hombre y que es la única capaz
de dar la clave de su mundo.
M
i

J.

L ópez R ey .

artha

T

raba

Goya y el mundo a su alrededor. Ed. Sudamericana, Bs. As., 1947.

40

�ALABANZA DE PORTINARI e
En presencia de obras nuevas, alabo sin regateos la actitud
del artista, con esa serenidad que sólo incluye la pasión pro­
pia, no la ajena que por los poros penetra para oscurecer.

Lo alabo porque se afana en la búsqueda de una expre­
sión que encierre el relámpago de lo contingente en la perenne
forma necesaria, sabiendo que aquél es ímpetu y ésta prudencia.
Y porque no refleja sino construye, con el equilibrio de quien
no se agita en la turbia atmósfera del sueño, ni se aquieta en
la jactanciosa vigilia de la razón.
Lo alabo porque pinta y dibuja lo que en su mundo vive
y muere —aunque lo amplíe hacia el mundo de los otros— y
lo que duele con esc dolor que no se extingue en la herida
siempre abierta de la angustia, su cuaresma y su salvación.
Y porque no se agota en la viril protesta y hacia el futuro dispara
en lírico canto de esperanza.
Lo alabo por la probidad de la línea, que expresa con
resonancia de universo —comprime y difunde, aleja y atrae, sal­
tando del plano al espacio— y también es camino de fiebre.
Y por la fuerza de su pintura, cuando el pincel no se exaspera
en el grito y se demora en sostenida cadencia de grises y ocres,
o cuando libremente juega con el color hecho trazo.
Lo alabo por la segura energía de su trasposición poética,
al crear símbolos en los que se funde la oscura tensión emocional
con la noción verdadera: formas casi geométricas a fuerza de setduras, que se estremecen en la dimensión del sentimiento. Y por­
que la subjetividad se objetiva en una imagen plena del mundo,
que es idea y es adivinación.
J o rg e R o m e r o B rest

�H B 8H M

�F R A N C E S E S
Cézanne: A utorretrato.

o
o
&lt;

es
&lt;
ai

O

Resaltan en eí conjunto expuesto
en Vían las litografías, el sistema más
alejado de !o que puede llamarse gra­
bado. Tam bién es notable ver que
los pintores son los que presentan el
mejor conjunto, superior a los gra­
badores propiamente dichos.
R ouaui.t aprovecha la pastosidad
de la litografía para descargar sobre
ella toda su sentimentalidad instinti­
va. Los negros profundos cantan aquí
más que en sus óleos, sea por la
ausencia de color o por la franca opo­
sición del blanco. Y con este contraste
pone de manifiesto el patetismo de
sus temas para exaltar el chama de la
crucifixión o para caracterizar moral­
mente la terrible condición de Ja
personalidad humana, y con líneas
profundamente dinámicas capta en
ella fragmentarios aspectos: un par­
padear de ojos, una mirada de sos­
layo.
D ufy reproduce en sus litografías
el sistema de signos de sus pinturas.
Ls claro que con la ausencia del co­
lor, la yuxtaposición de los trazos se
hace confusa y algo pesada, lo que
ocurre más en Juegos ele la playa cpie
en El Breat, imagen alegórica de
puerto de mar, que recuerda las de­
coraciones de los mapas descriptivos
del siglo xv, de perspectivas chatas y
por superposición. Usa un trazo ancho de todo el grosor de la mina para los volúmenes
densos, reservando los blancos para los brillos y las cosas que se alejan en el cuadro, y las
líneas finas y decisivas para los contornos. Así determina las olas por ondas en punta
con rutilantes blancos, los barcos por blancas formas geométricas y la figura femenina
por curvas abultadas.
Bonnard se entrega a la materia. La sensualidad está medida hasta el límite de lo
concupiscente, sobre todo cuando desarrolla el tema de los baños, al que es tan afecto,
seguramente, por la diversidad de luces y reflejos que se producen en los mosaicos por
el centelleo del agua en las caras de ese enorme poliedro con luminosidad de golpe y con­
tragolpe. (Es notable en El baño —figura sedente— la transparencia e irisación cpie logra
con un dibujo dinámico) . Todo esto que en los óleos de Bonnard es color, en las lito­
grafías se traduce por un sistema de valores en grises y negros. En La caria juega con
la luz directa y, a pesar del contraste del blanco y negro, los niños están modelados con
gran ternura. El muro empapelado que actúa de fondo está tratado con pequeños toques
que recuerdan su forma impresionista y el intimismo de sus escenas familiares. En los pai­
sajes vuela su imaginación y con ello su tendencia a la destrucción de la forma se acusa
más. Tienen el carácter de apuntes rápidos para una ilustración periodística; aunque refle­
jan extremada fineza y un gran proceso de síntesis, no dejan de señalar formas, cpie hasta se
relacionan vagamente con hechos.

�Rembrandt). En cambio, la composición es segura, til tez demasiado rígida y brutal, per­
turbando los blancos demasiado crudos del marco vi de algunos libros del fondo.
J acquemin demuestra su amor a la naturaleza, 'al paisaje tle Francia que representa
objetivamente. No desprecia todo lo tpie pueda caracterizarlo, los pequeños objetos natu­
rales con que tropieza el caminante en los senderos,' ondulantes de su patria. Atado a la
tierra, la descubre con sus espigas de trigo, sus ramas, las huellas en la nieve, sus charcos
y sus malezas; y si sus cielos son a veces faltos de emoción, grises y un poco chatos, es
para hacer resaltar con limpias líneas sobre blancos matizados, el suelo francés y la riqueza
de su tierra.
En las litografías de M aillol se advierte el escultor. .Sus figuras son plenas, contenida;
dentro de un volumen único; las curvas se amalgaman formando un circuito continuo. Jó ­
venes, verdaderas “flores de la pradera”, macizas y de sana provocación sensual, delatan
a Maillol en su raíz catalana. La Leda está magníficamente construida; su dibujo, aunque
un poco frío, no tiene vacilación. Es curioso observar cuán diferentemente está concebida
la escultura de la Leda (1902) , pues en aquélla se atiene más a la concepción renacentista.
Cézanne nos lega en su Autorretrato la imagen de un viejito atento y suspicaz en el que

El
amante de los
libios.

G r o m a ir e :

Mujer
de España.,

Maillol:

Cabeza
de estudio.

Matisse:

Pai­
saje de invier­
no.

J acquemin :

todo es inamovible, estanco, reforzado
óor la fuerza vigorosa de su dibujo.
Matisse nos retrotrae al sentido eterno
Ce la línea, a las pinturas rupestres, has­
tia por la m ordedura del ácido que acen­
túa el carácter de la incisión primitiva.

Goerg emplea la punía seca para crear la misteriosa estampa de El paseo, combinando los elementos del paisaje de tal manera que nos da
Ja imagen de lo no ocurrido pero de lo tpie puede ocurrir. Y produciendo un sentimiento desconcertante, como esas plantas de crecimiento
tapido que se desarrollan sin poder dar crédito a nuestros ojos. El procedimiento dé la punta seca le permite obtener negros aterciopelados v
líneas que no tienen la sequedad del grabado al buril. Los trazos a menudo en pequeños círculos, degradando los oscuros, nos recuerdan a Daunuer. Otras veces usa un trazo delicado y tenue que in­
cluye dentro de las luces, las
cuales adquieren una pastosi­
dad especial y unifican toda
la lámina.
En Gromaire ocurre lo con­
trario en cuanto a técnica se
refiere.
Cada manifestación
plástica tiene su medio expre­
sivo correspondiente: el graba­
do, aparte de la medida ma­
terial de las planchas, requie­
re un concepto intrínseco de
lo representado y un trato es­
pecial. Al Amante de los li­
bros se le puede hacer ei re­
proche de que está tratado en
su totalidad en grandes V deci­
sivos trazos, propios de un
fresco o un mosaico. La ca­
lidad de la mordedura es de­
masiado uniforme, dando la
impresión de un dibujo a tin­
ta, como si Gromaire hubiese
olvidado lo que para el agua­
fuerte es una de sus más pre­
ciosas cualidades: el sistema de
las veladuras sucesivas (no po­
demos menos de recordar a

Sobre el cuadro de Cranach Encueni ro de lietsabé y David, de figuras en­
vueltas en los recargados trajes de la
época y de sorprendente composición,
P icasso crea un dibujo plano de arabes­
co infinito con festones de arquitectura,
de chapeados y de plantas cine suben y
bajan, cruzan y se enroscan, con un
ritmo continuo como el de un cantado
«limo bíblico. Los negros entorchados
¿íel aguafuerte son los que valorizan este
Mego de líneas y 1c dan sentido aunque
iin drama, a toda la composición.
Samuel F. O live*

Home­
naje a Lucas
Cranach.

1’icasso:

G o k r g : Paseo
Bonnard: La caita.

R ouault: I 'rio.

con sombrilla.

�P locek.

H aas.

E X P O S I C 1 O N
C H E C O S L O V A C A
Ha ocupado Praga en la Europa Central un papel muy interesante y
de equilibrio y oposición, en cierto modo, al de París en el Occidente
europeo. Viene a ser así su contrapolo y compartía con Munich hasta
hace pocos años ese papel rector de las letras y las artes en su zona de
influencia. El grupo J. E. Purkyné es a su vez dentro del movimiento

JjVORSKY.

K o IIK .

�JlNDRA.

pictórico centroeuropeo un equivalente de la llamada Escuela de París,
de la cual estos pintores checoslovacos han tornado precisamente gran
cantidad de elementos, sobre todo de técnica y de manera de encarar
el tema, pero, afortunadamente, no para calcarla sino tratando de asi­
milarse la universalidad de los maestros dentro de su modo peculiar
de sentir el arte, dando asi una nota de valor verdaderamente original.

Zm l i .'.k

I lo L Y

�Crítica
CATORCE PINTORES CHECOS­
LOVACOS
£
Un mundo diferente. Un mundo pobla­
do de líneas como nervios que recorren
el cuadro, nervios llenos de color imbri
cado, entrecruzados los tonos para llegar
a una exasperación cromática. Otra sensi­
bilidad, la eslava, con un ideal de forma
también extraño: el expresionismo centroeuropeo. Tratemos de caracterizar, aun­
que unilateral y provisoriamente por no
haber óleos en la reciente Exposición del
grupo ]. E. Purkyné, en la Asociación
Estímulo de Bellas Artes.
SYCHRA tiene curiosas oposiciones de
color, agrio y provocativo. En sus lito­
grafías hay un algo mundano que denun
cia sus cincuenta años y quizá otra
concepción del arte, pero que no llega
a encontrarse plenamente.
ISTLER, en cambio, encierra su armo­
nía en unas jaulas de líneas muy expre­
sivas, anchas y cargadas de materia o
adelgazadas hasta neutralizarse, buscándose
y huyéndose: negras y blancas sobre un
fondo gris.
URBAN tiene algo de francés, entre
Braque y Bonnard. Su dibujo es rico de
sombra y deliberadamente nebuloso. En
él hay una gran sensualidad de materia

49

y su universo se expresa a través del
negro y la sanguina —no importan tanto
las formas sino lo que pueden sugerirnos—
en una calidad pastosa que en ningún
punto del papel deja de ser expresiva.
ROSNAR divide las zonas de color por
un grueso trazo negro, lleno de dinamis
mo. Por él, como por un sistema de
arterias, corre la misma inquietud eslava
remansándose en las lagunas de color que
la línea negra limita. Color transparente
de azules daros y ocres que se llevan
muy bien con el subrayado oscuro que
no llega a ser tan inerte como el plomo
del vitral.
ZMETAK demuestra la comprensión to­
tal del medio expresivo. Sus xilografías
parecen arcaicas; sus curvas que envuel­
ven la forma tienen el perfil del embrión
dentro de la semilla. Presentimos que ese
nudo apretado va a desdoblarse, a germi­
nar y a crecer con una incontenible fuerza
expansiva. Cada obra suya —como en
Gauguin— es un sistema cerrado, las
curvas que lo limitan lo separan del resto
del mundo; es un sello en que el negro
y el blanco se persiguen, se encuentran,
se matizan y se complementan sabiamente.
HAAS ve más crudamente la realidad,
no la sublima, la refleja con un lápiz
común. Su naturalismo deforma poco, pero
busca implacablemente dejar en toda la
superficie del papel la constancia de lo
que su visión rápida y segura ha sabido
ver. Casi un croquis obstinado en captar
lo más vivo de la actitud, sin altibajos,
sin lirismo tampoco.

�HUDECEK, es una explosión de líneas
hacia la periferia, abstractas y firmes, con
una gran seguridad de mano. A veces las
entreteje para construir figuras caladas de
tinta negra sobre lo blanco del fondo. Es
cuando lo preferimos. Su interpretación
de la realidad es extraña, dura, pero tiene
el mérito de sostenerse como un compli­
cado sistema de coordenadas.
REJCEK es el más sentimental. Cons
truye las formas moderadamente pero deja
escapar su riqueza interior. Y hace cantar
sus parvas, sus casas aplastadas y super­
puestas —un poco como lo hace Arturo
T osí— con la materia noble de sus sepias.
Pero se controla; el trazo está apenas des
flecado; hay cierta pastosidad pero no se
llega al desenfreno de la luz y de la
sombra.
PLOCEK es un término medio. Casi
como un neoimpresionista pinta con pin­
celada corta y horizontal, con mucho fon­
do neutro entre una y otra. Lo cual es
muy distinto de las comas de color muy
próximas de Seurat.
Le dan levedad la preponderancia del
fondo y también su gama de color, extra­
ña para nuestra sensibilidad: verdes ama­
rillentos, rosas sucios, negros, celestes ver­
dosos, colores todos un poco desteñidos
pero con los que construye la forma
reciamente.
DVORSKY es un ICokoschka más crudo
de color. El signo que traza su pincel va
cargado de sustancia cromática y de sen­
sualidad. En general lo mismo puede
decirse de todos los demás. Ninguno opone

50

masas de color a masas de color, ni tiene
un pigmento rico, lleno de capas o de
consistencia plená. Prefieren seguir un
arabesco de color brillante pero no pon­
derado como en Matisse sino más expre
sionista, más desesperado. En Dvorsky el
trazo es relampagueante y da la forma
con el color subido de los amarillos, car
mesíes, violetas. Le preocupa el problema
de la luz, pero no lo resuelve a la manera
impresionista sino que sus temples son
una especie de lum brarada, de horno al
rojoblanco visto por dentro.
KOTIK también es violento pese a su?
armonías más apagadas de ocres, narau
jas, celestes y grises. Su pincel va trazando
una deformación original, con un sentido
de humorismo irónico, aun quizá a pesar
suyo. La línea se amolda a lo que va
narrando y siempre es eficiente y cáus
tica.
HOLY casi parecería un Cézanne si
tuviera esa búsqueda incesante de los pía
nos que obsesionó al Maestro. En él no;
todo sucede de una manera más fácil. Su
temperamento es más sereno, sabe ver y
discriminar. En él hay un principio de
ordenación de formas que en cierto modo
desmienten los colores siempre agresivos.
La armonía de azules, verdes y amarillos
limón se desenvuelve limpia en una acua
reía que rehuye las manchas fáciles y 13
improvisación.
JANECEK: color que se insinúa, ape­
nas regido por líneas negras y gruesas.
Involuntariam ente pensamos en Rouault
pero no hay que confundir, aquí no hay

�ese patetismo tan profundo, es solamente
un desnudo bien visto. No se lo puede
juzgar cabalmente con tan poca contribu­
ción.
JINDRA por último. Quizá el más a r ­
tista de todos. Tiene una factura vecina
de la de Dufy, con pinceladas semi­
transparentes que dejan ver un fondo de
gris pálido. Esa levedad del trazo crea
automáticamente una impresión de gracia
que puede ser muy superficial, muy frí­
vola. Aquí por suerte no ocurre eso. Y
hay elegancia en el color, inesperado y
por eso más efectivo. Rojo minio combi­
nado con malvas, azules lavanda, ocres
rosas, verdes pálidos.
Una gama muy fina que no nos llega
a fatigar.
ENVÍO: Un mundo diferente. Con pro­
blemas diferentes resueltos de modos dife­
rentes. Pero un mundo completo y cerrado
en sí mismo. Su expresión más íntima: la
sensual interpretación de un clima, de una
raza, de un paisaje. Nada de construcción
clásica a la manera italiana. Nada del
equilibrio entre leve y profundo de Fran­
cia. Los parecidos son de superficie, de
técnica, no de fondo expresivo. En cam­
bio aquí: desborde en el trazo, signo tenso
y vibrante de materia cromática mezclada,
distinto del surco ancho de Van Gogh
cargado de color puro, abismado en su
esencia.
Sin embargo pasión y fuerza. Lo más
indispensable de un arte maduro y grande.
D amián Carlos Bayón

51

JUAN CARLOS LABOURDETTE
Y NOEMÍ GERSTEIN
Si admitimos como exigencias genera­
les de la escultura moderna el abandono
de la mera reproducción naturalista, la
simplificación de las formas, la búsqueda
de su expresión como totalidad, el juego
de los volúmenes, la obra de Labourdette
ha de ser incluida bajo esa denomina­
ción. Su exposición l nos brindó la opor­
tunidad de seguir su trayectoria desde
las formas esencialmente plásticas —cabe­
zas en bronce—, hasta las más modernas,
donde la síntesis trata de imponerse a
través de las grandes masas de piedra.
Labourdette construye y sintetiza; crea las
formas sin abundar en los detalles, rela­
cionando los elementos de acuerdo a cier­
tos ritmos, y por ello las imágenes de sus
obras se recomponen con unidad. Ariadna
—en la que no se deja de advertir la
influencia de Maillol en cuanto al tema­
se organiza con sentido de totalidad gra­
cias al juego de los tres espacios trian­
gulares creados por la cabeza apoyada en
el brazo flexionado, y éste sostenido por
la pierna en idéntica actitud. Las terra­
cotas también reflejan este modo de su
arte; en ellas elude el modelado de las
caras y de los detalles, limitándose a las
simples actitudes de la cabeza, brazos y
piernas, para imprimir a la materia sen­
sibilidad, sin recurrir a la vibración de
lo pequeño.
La preocupación por la síntesis halla
i

Galería Peuser,

�expresiones más rotundas en las escultu­
ras de volúmenes plenos de superficies
curvas a veces pulimentadas. Estas figu­
ras de piedra, las más alejadas de una
inspiración naturalista, actúan sobre el
espectador por la expresión de la masa
como un todo unido y homogéneo. Niño
ofrece la expresión más acabada, pues hay
en ella fuerza en los volúmenes redondos
que se articulan entre sí por las superfi­
cies curvas.
La síntesis ha llevado a Labourdette a
una últim a forma de expresión; a sus fi­
guras estiradas, descarnadas, en las cuales
parece buscar también una espiritualiza­
ción de la forma misma. En sus yesos:
Adolescente, M ujer de pie, Figura de hom­
bre, sin abundar en los golpes de pulgar
para conseguir el modelado, sin marcar
demasiado los planos esenciales, diríamos
bosquejando más que estructurando, logra
cargar a sus figuras de sentiroentalidad; con
la asimetria de las caras y con ciertas de­
formaciones como el alargamiento de las
manos, consigue al mismo tiempo sub­
rayar con justeza la actitud general.
Hemos destacado la búsqueda de la
síntesis como el elemento vital que lleva
a Labourdette a crear nuevas formas con
materiales de posibilidades distintas. No
se nos escapa, sin embargo, que esa mis­
ma búsqueda, inquieta y afanosa, no ha
llegado a una madurez plástica. Los vo­
lúmenes pétreos conservan resabios de sus
primeras concepciones en los ritmos ex­
teriores y monótonos; en los planos de
pasajes sin solución de continuidad. Re

52

cordemos Niké Hipopótamo, inscritos sus
volúmenes en el juego de las líneas de un
paralelepípedo, pero inertes como forma,
sin esa dinamización que ha de provenir
de la tensión íntim a de la materia más
que del gesto que traduce el movimiento
mismo. Puede presumirse que la decanta­
ción lenta y deliberada que se adivina
en los esfuerzos del artista por expresarse,
lo llevarán a la adquisición de un estilo
que se desprenda de las distintas formas
con solidez y que al desbordarlas será
como el pensamiento vivo de su arte.
Noemí Gerstein expuso en la misma
sala con anterioridad a Labourdette, un
conjunto de obras, múltiple en cuanto al
material usado para extraer las formas
plásticas, unificado en cuanto a la con­
cepción.
La personalidad de la artista se ha
afirmado en su preocupación por expre­
sarse en síntesis constantes, las cuales no
llegan, sin embargo, nunca a la abstrae
ción. El modelo natural guía la búsqueda
de líneas y volúmenes, pero al ordenarlo
dentro de esquemas simples, las formas
resultan endurecidas y estáticas. El esta­
tismo es así el denominador común de su
producción. En Figura con túnica, una
de las más antiguas, el estatismo está
dado por el ritm o fundamental de la
túnica que cae en rígidos pliegues. Su
cabeza es pequeña con respecto a la monumentalidad de la forma; están excesiva­
mente marcados los bordes de la túnica,
boca y ojos, resultando así construida más
que por el juego de los planos, por el

�empleo de los elementos gráficos. En el
bronce Nausicaa hallamos en cambio un
mayor movimiento de la materia, en los
surcos que se deslizan longitudinalmente
creando la sugestión del esfuerzo necesa­
rio para mantener la posición inclinada
de la figura.
Más felices son las cabezas en bronce,
lal vez porque en ellas la artista expresa
con mayor franqueza lo que en un prin­
cipio pareció sentir más auténticamente:
la naturalidad de las formas. Claro que
sin abundar en los detalles, reduciéndo­
los, siempre dentro de una tendencia
geometrizante, al juego de pequeños pla­
nos, dispuestos con marcada simetría y sin
que nunca el carácter psicológico del mo­
delo llegue a trascender de la obra misma.
Hay en conjunto más realismo de la forma
que realismo psicológico.
B lanca Stabile

ANTONIO BERNI

(

Tras un período fauve de escasa bar­
barie y una etapa cautelosamente superrealista, aplicóse Berni a revalorizar el
objeto en sí mismo sobre la base de una
teoría de netos alcances sociales. Entre
verdad y belleza, una relación de todo a
parte, de subordinante a subordinada. Lo
verdadero, ámbito y por qué de lo bello,
reside en el objeto, en la directa adhesión
de su materia. El arte debe plegarse a
esta supremacía del objeto; lo enfrentará.

libre de la censura del artista, con el
espectador, a quien le será dable apre­
hender inmediatamente su lenguaje, ex
plícito para todos. Los 24 óleos de Berni
expuestos i bastan para ejemplificar, por
lo menos en parte, los resultados prácti­
cos de esta doctrina. El pequeño óleo
n? 20, Cabeza, muestra a Berni, hace unos
quince años, rozando su punto de equili­
brio; aúna la estructura firme y volunta
riamente seca del dibujo con la tónica
cálida del color y la abundancia y bri
llantez de la materia. Pero la búsqueda
del objeto “tal cual es” puede muy bien
llevar al objeto “tal cual se lo percibe".
En lugar de la esencia, que es siempre
proyección hacia adentro —médula, raíz,
núcleo— lo puramente superficial, la ap a­
riencia. Berni no ha podido escapar a la
celada de lo externo. Sus obras recientes
lo denuncian cada vez con mayor claridad.
La línea deja de ser tirante y precisa para
tornarse rígida e inerte, hasta inhábil a
veces. El color pierde su pulpa y queda
en lo epidérmico; la pincelada se disocia
del dibujo y la materia se empobrece y
empaña: amengua la rotundidad de la
forma. Del objeto, trasmitido directamen­
te, quedan sólo las notas sensoriales. Este
enfoque estrecho impide a Berni la con
creción de la realidad; su plástica se
vuelve corteza sin tronco.

53

Angelia Beret

1 Sociedad Hebraica Argentina.

�DIBUJOS DE ARTISTAS
ARGENTINOS

menos abundante, pero de nivel muy dig­
no.

r

José Arcidiacono y Juan Carlos M¡raglia son de los que gustan del croquis
rápido, del esquema apenas bosquejado.
Basaldúa, Butler, March, Pacenza, tratan
sus temas como pintores. Basaldúa eli­
ge generalmente la intimidad de un rin ­
cón de hogar. Con trazo largo y apretado
va describiendo libros, sillones, biblioteca,
sus objetos preferidos; va conformando las
imágenes con grises que valoriza como si
trabajara con pincel. En igual forma mo­
dela un desnudo de mujer, que parece
más riguroso porque queda como conte­
nido en el trazo que lo limita y porque
el uso del lápiz duro le obliga a insistir en
la línea.
Los tres paisajes de Butler recuerdan
exactamente sus óleos, por el tratamiento,
por la composición, por su manera. T am ­
poco aquí la línea es elemento rector de
la expresión. Con trazo abierto, menudo,
dinámico, transformado a veces en signo,
resuelve sus paisajes, donde nunca faltan
elementos pintorescos: un bote, un puen
tecito, un haz de leños apilados junto al
río. No es una descripción naturalista la
que intenta; crea un mundo de lo sensi­
ble, pero frío, donde no vuelca sino con­
tenidamente su emoción individual.
Los dibujos de Torrallardona, tanto en
Kraft como en la carpeta que acaba de
publicar i, son visiones rápidas o fugaces

Queda replanteado una vez más el pro­
blema de lo que el dibujo significa para
el artista argentino y puede casi afir­
marse, pues son muy contados los que se
exceptúan, que nuestros artistas recurren
al dibujo más a modo de descanso, de des­
ahogo, o en busca de esquemas previos
a sus formas pictóricas, que como medio
de expresión autónomo e independiente.
Así es como se hace más evidente la
ausencia de ideas estéticas, pues el dibujo
tiene exigencias de concepción, de preci­
sión, de rigor mental que no tiene la pin­
tura. Mientras aquél, límite o sostén de
la forma, cuenta con la línea como ele­
mento esencial de su expresión, la pintu­
ra tiene el recurso del color, que es por
excelencia medio de trasposición sensible.
No quiera entenderse con esto que el
dibujo es línea solamente; también es
superficie y volumen, luz y sombra. Se
trata de que cuando nuestros artistas recu­
rren a éstos, lo hacen como si estuvieran
empleando color, y el espectador va reem­
plazando las degradaciones tonales obteni­
das con un procedimiento por las del otro,
de modo que la obra alude a una ex­
presión que no es la propia.
Así ha podido verse en simultáneas
exposiciones: una muy numerosa, Ja del
Salón Kraft, donde llegaron a ochenta
las obras; la otra, organizada por Alcora,

1 20 Dibujos de Torrallardona. Edición
Botella al Mar, 1948.

54

�de escenas callejeras de algún rincón del
norte argentino, de muchachas lavando en
un riacho, de algún paisaje apenas esbo­
zado con menos elementos de los indispen­
sables. Con trazo abierto, rápido, esque­
mático, a veces ágil, resulta más feliz
cuando presenta imágenes de feria por­
que busca sobre todo movimiento, a pesar
de lo cual no llega a ser demasiado ex­
presivo en los ritmos que crea.
En las dos obras Jardín de vieja quin­
ta realizados a tinta, en rojo una, a tres
colores la otra, Manuel Angeles Ortíz, da
prueba una vez más de su fantasía crea­
dora. Con trazos que son verdaderos sig­
nos aéreos va entretejiendo una red muy
fina, en la que quedan las imágenes co­
mo aligeradas, llegando a una desmateria­
lización sensible, no racional, de las for­
mas. Sensible no como expresión de lo
particular, de lo individual, vibrante o
sentimental, sino simplemente como una
caligrafía de ritmos y armonías.
Spilimbergo es uno de los contados ar­
tistas que dan la nota destacada en las dos
exposiciones. Con él enfrentamos al dibu­
jante auténtico. Pudo apreciarse su capa­
cidad dibujística a través de tres obras, las
tres de distinta manera, pero unidas por
la búsqueda común de un ideal que sea
expresión de lo inmutable, de lo per­
manente a través de los elementos plás­
ticos. En Cabeza (Kraft) alcanza un equi­
librio casi perfecto de lo emocional con
lo racional. Con trazo firme y riguroso, al
mismo tiempo vibrante y significativo

construye formas claras y precisas de gran
reciedumbre, con las que ofrece un arque­
tipo de mujer, en el que toda expresión
está como condensada, concentrada. Y co­
mo rechaza todo lo pasajero, lo indefinido
y superficial, rechaza el juego fácil de la
luz y sombra, o si hace uso de ellas no
cede en su expresión, sino que bien de­
finidas y firmes las extiende con tal pre­
cisión y firmeza, que sus formas lejos
de ablandarse, adquieren mayor vigor,
cierta virilidad podría decirse, y conmue­
ven íntima y profundamente. Retrato
aunque tiene expresión psicológica, au n ­
que el trazo parece ablandarse a veces
(está realizado a pincel), responde tam­
bién al ideal clásico de lo infrahumano,
a una actitud que parece dominada por
la inteligencia. Mucho más aun en su gru­
po de tres cabezas de mujer que apare­
cen como imbricadas por los hombros y
parte del torso insinuado; tres cabezas des­
carnadas, donde se describen sus elemen­
tos esenciales con trazo duro, cerrado, ri­
guroso y donde se revela su capacidad de
síntesis. Busca al mismo tiempo una ex­
presión rítmica, manteniéndose en una
concepción plana de la forma.
Pettoruti da una verdadera lección. Su
dibujo es un estudio minucioso y pro­
fundo del óleo Los improvisadores. Pero
sabe dar tal fuerza expresiva a su recia
línea de síntesis, producto de una abstrac­
ción geométrica, a sus figuras de gran
dinamismo plástico, desdobladas en pla­
nos donde el espectador no busca la sus-

55

�til ución por color en el juego de los gri­
ses y los blancos bien definidos, que el
dibujo conquista toda su autonomía y es
una expresión en sí mismo.
Seoane encuentra en la línea desnuda el
medio necesario y suficiente para exprepresar su fantasía lírica; juega con ella
libremente, sin ataduras conceptuales que
lo limiten o que lo fuercen. El dibujo
Chesterton, rápido, ágil con cierto senti­
do irónico, con tendencia a la deforma­
ción, se acerca a la caricatura, pero no lle­
ga a serlo porque sus formas no son nunca
superficiales. Aparentemente abierto, lo
que hay es un trazo fundamental cerrado,
al que se sobreagregan otros cortos, re­
petidos, que aum entan el dinamismo de
su figura. Así son también los que des­
criben al vagabundo con que ilustra su
libro de narraciones i, ya esté aquél en
mitad de su camino a orillas del mar, ya
lo sorprendamos cargando su pesada bol­
sa llena de conchillas y de recuerdos, o
relatando alguna de aquellas historias vie­
jas de milagros y castigos, que nada tienen
que ver con la figurilla del viejo de m i­
rada ingenua, algo así como la evocación
de un pasado gallego. La mujer y el pá­
jaro (K raft), más rigurosa y firme en su
tiazo de síntesis, también es prueba de su
1 Luis Seoane. Tres hojas de ruda y un
ajo verde o Las narraciones de un vagabun­
do. Edición Botella al mar, 1948.

imaginación. La figura dinamizada por el
arabesco del traje tiene algo de m onu­
mental y primitivo al mismo tiempo.
Recuerda al “trovador que canta en amo­
rosas líneas” de su Homenaje a la Torre
de Hércules.
Los temas adquieren gran importancia
para Ramón Gómez Cornet, a quien ha
preocupado siempre la gente de su pue­
blo, pero no desde un punto de vista po­
lémico, y sin echar mano tampoco a la
expresión patética; es contenido en su
forma y expresión. Llega a un estado casi
de equilibrio entre lo construido y lo
sentimental y por eso sabe dónde endu­
recer el trazo para contener la forma,
dónde hacerlo vibrante o tortuoso y dis­
tribuir sabiamente las sombras, dejando
aflorar en todos los casos un sentimiento
hondo, que llega a ser a veces dram áti­
co. Frente a otros dibujos de carácter h í­
brido, podría citarse todavía Los Molles
de Alfredo Guido, valioso por la autenti­
cidad con que vuelca su propia subjetivi­
dad, los de Atilio Rossi y Jorge Larco,
vigoroso y dinámico éste en un retrato
al acuarela, y de Gertrudis Chale, que
sabe dar volumen y expresión con trazo
grueso en las figuras de sus indios, recor­
dando por el arabesco de sus ropajes a
las estampas chinas.
R

56

aquel

E

delm an

�miscelánea
s~ • Atacado de furia exhibicionista, otra vez De Chirico quiere conmovef la opinión pública con su diatribas y sus violencias de expresión. Su
Discorso utile, recientemente publicado en la Fiera Letteraria, parece
bastante inútil, aunque no todo lo que afirma es falso y algunas verdades
de a puño son dichas. Ataca a la Biennale de Venecia, al Museo de Arte
Moderno de Nueva York —al que llama Museo de los horrores de la
decadencia—, a la Villa Lumiére y a la Escuela de París, a los críticos
de arte, a Picasso, a Cézanne, en quien ve “un pintor menos que medio­
cre, profundamente incapaz, y cuya incapacidad ha sido hábilmente apro­
vechada por Ambroise Vollard con fines comerciales y para confundir las
ideas y subvertir los valores y los- cánones del verdadero arte”. Ataca a
todo y a todos, y aunque no lo diga parece que lo único que no ataca
es su propia pintura. Ni siquiera olvida adherirse a Jung en aquella
idea, infelizmente expuesta por el gran psicólogo, de que lo más carac­
terístico del arte moderno es su faz patológica. Y por ello quizás divide
a los artistas modernos en dos categorías: los espíritus decadentes aunque
cultos, privados de talento y de capacidad creadora, que buscan con el
cerebralismo sustituir los dones que les faltan, y los espíritus simples
que aceptan esos esquemas y fórmulas, pues se arriesga menos “siendo
pintor modernista que usando todas las propias fuerzas y el propio in­
telecto en un trabajo tenaz y serio”.
• La revista inglesa Architectural Review que editan entre otros
J. M. Richards y Nikolaus Pevsner es sin duda la mejor del mundo en
cuanto a contenido. En sus páginas escriben habitualmente los autores
ya citados y Siegfried Giedion y su repertorio abarca todos los temas
imaginables, antiguos y modernos y de todas las latitudes. A través de
ella nos enteramos en qué anda la arquitectura sueca, o qué es el Modulor,
invento de Le Corbusier que quizá revolucione la manera de proyectar,
o qué características tiene el nuevo transatlántico Kronprins Frederik
de la marina danesa.

57

�En ese mismo afán de comunicar, en mayo de 1947 la revista publicó
una nota con fotografías referente a la arquitectura de estos últimos
años en Rusia de la que tan poco se sabe en el resto del mundo. El
comentario británico parece que ofendió a tres de los arquitectos rusos
a los que se hacía referencia, quienes enviaron una carta que se publica
en el número de marzo de este año. Las fotografías cantan y resulta
curiosísimo observar el apego por las formas neoclásicas e italianizantes
tan caras a la arquitectura rusa del siglo xix, en obras como inmensos
ministerios, grandes centros deportivos o lo que es más asombroso en
construcciones puramente utilitarias como diques y represas.
• Y ya que hablamos de arquitectura, vaya este párrafo de Unamuno:
. . . H e oído también contar de un arquitecto arqueológico que pretendía
derribar una basílica del siglo x y no restaurarla, sino hacerla de nuevo
como debió haber sido hecha, y no como se hizo, conforme a un plano
de aquella época, que pretendía haber encontrado; conforme al proyecto
del arquitecto del siglo x. ¿Plano? Desconocía que las basílicas se han
hecho a sí mismas, saltando por encima de los planos, llevando las manos
de los edificadores. También de una novela o de un drama se hace un
plano, pero luego la obra se impone al que se cree su autor. ..
• En Assy, frente al Monte Blanco, se acaba de term inar una iglesia excepcional,
no tanto por sus valores arquitectónicos cuanto por las obras de arte que encierra.
En una pared exterior que sirve de fondo a una columnata de piedra, Fernand Léger
ha hecho una decoración en mosaicos siguiendo el tema de las Letanías de la Virgen;
Braque ha esculpido un bajorrelieve en la puerta de bronce del tabernáculo; Rouault
—un verdadero creyente— pintó los cartones para dos vitrales, en tanto que Bonnard,
a pesar de su paganismo, hizo un cuadro de altar, un San Francisco de Sales; Lur^at
es autor de una inmensa tapicería que sirve de fondo al altar mayor y cuyo tema
es la Virgen del Apocalipsis, y Derain también va a contribuir con un cuadro.
Esta actitud liberal de la gente de iglesia europea contrasta con el triste destino
de la iglesia de Pam pulha (Brasil), obra de Niemeyer, con grandes composiciones
azulejadas —según la tradición barroca de aquel país— de Cándido Portinari. Iglesia
que no ha sido consagrada todavía y es objeto de desprecio y de burla por parte de
los feligreses.

58

�• Bernhard Berenson, el inolvidable autor de Los pintores del Renacimiento,
sigue escribiendo y preparando libros pese a sus ochenta y tres años. Uno de ellos
sabemos que es el Diario que llevó durante la guerra mientras vivió en Italia, otro
según anuncia La Fiera Letteraria se titula: Estética, ética e historia en las artes de
la representación visiva y ha sido publicada en Florencia. En las entretenidas pági­
nas de su diario, que publica parcialmente la revista A rt News leemos comentarios
sobre los gasómetros y la torre Eiffel, las que no satisfacen estéticamente a Berenson —y
da sus muy buenas razones—, sobre la destrucción de Monte Cassino y muchas notas
relativas a la arquitectura. Esperemos ansiosamente la palabra que tenga que decir­
nos el más anciano de los grandes críticos; u n retrato reciente de él que hemos visto,
nos muestra un rostro parecido en cierto modo al de Matisse —aunque no tan lleno
de picardía— y pleno de salud y vivacidad.

• La revista American Artist comunica en su número de abril de este año que el
llamado Boston’s Institute of Modern Arts se ha rebelado contra lo “espurio en el arte
moderno’’. Con tal propósito ha dado un manifiesto en el que no se cita un solo
nombre de pintor o de escuela concretamente. Todo esto nos puede llevar a dos
conclusiones bastante lógicas: o el citado Instituto ha querido volverse contra un
grupo de artistas innominados que se escudan en la palabra moderno para hacer lo
primero que se les viene en gana, con valor o sin él; o lo que seria más grave, la
institución ha tomado una actitud reaccionaria contra los nombres y los grupos de
indiscutible vigencia y autoridad en el arte de nuestros días. Como todoel tiempo
se habla en general, pueden quedar contentos los pro
y los contra.
En cuanto al
Instituto se conforma con cambiarse de nombre y llamarse Contemporáneo en vez
de Moderno.

• El Museo de Arte Moderno de Nueva York acaba de editar es­
pléndidamente —como acostumbra a hacerlo— una monografía sobre
Mies van der Rohe. Este gran arquitecto alemán nació en Aachen en 1886
y pudo vivir en Alemania hasta que comenzó el auge del nazismo. Desde
1939 reside en los Estados Unidos y ahora proyecta y construye los edifi­
cios de la nueva Universidad de Chicago, de la cual ya hay unos cuantos
pabellones listos. Esta obra viene a llenar una laguna peligrosa. Al lado
de la obra tan divulgada de Le Corbusier y la no menos conocida de
Frank Lloyd Wright; junto a la dispersa pero asequible de Perret y de
Gropius, el talento de Mies van der Rohe debe hacerse claramente noto­

59

�rio para que no sea olvidado injustamente en el pequeño grupo de los
arquitectos verdaderamente importantes de nuestra época.
Tan talentoso como cualquiera de ellos, creemos ver en él, al más
fino, al más exacto, al más antirretórico y al más espiritual de todos.
Esperemos que se divulgue mucho su obra y que dé su fruto bene­
ficioso de madurez, de seriedad, de equilibrio impecables.
• Acaba de cumplirse el segundo centenario del nacimiento de David, aquel
pintor que pareció destinado “a quebrar un brazo y una pierna con gracia”, y fué
en cambio el severo teórico del neoclasicismo del siglo xviii, al par que el iniciador
del romanticismo; el que según dijera Casimire Delavigne hizo que ‘ su siglo volviera
a la naturaleza”.
• Provoca nuestra envidia lo que se relata sobre la Biennale de Venecia. No sólo
concurren los más grandes pintores y escultores de Italia, lo que es ya mucho, sino
exponen Henry Moore, Chagall, Kokoschka, Picasso, Braque, Rouault, Klee, Permeke,
Aubejornois, los alemanes Cari Hofer, Max Pechtein y Otto Dix. Y por si fuera poco
se regalan los ojos quienes han ido a la vieja ciudad de los Dux, con una sala de
cien cuadros impresionistas y otra retrospectiva de Turner, amén de la que contiene
la colección de Peggy Gugenlieim, de Nueva York.

• Para el archivo de palabras sensatas: “En cada artista se hallan,
cuando es grande, las constantes que la observación desprende poco a
poco de las obras, si ella sabe dirigirse a través de la diversidad de apa­
riencias que primero confunden: constantes en la inspiración tanto como
en la ejecución, en la elección de los temas lo mismo que en las armo­
nías coloreadas... Es cierto que ellas pueden evolucionar y modularse
—lo hacen fatalmente—, pero en el fondo de esos avatares se entrega una
invariable misteriosa, que subsiste a pesar de las transformaciones más
sorprendentes, y a la que se reconoce en todos los aspectos, sensibles y
materiales de la creación del artista. Ya se opere —si se puede decir así—
un corte transversal entre todas las manifestaciones de su personalidad,
o un corte longitudinal de su carrera, el mismo indice subsiste; él presen­
ta el sentido indefinible y sin embargo manifiesto, a veces hasta obsesivo,
de su obra y de su alma. Allí yace la llave de su genio y sin duda de su
razón de ser”. (René Huyghe.)

60

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C A R T E L E R A ____

CA LERI A PEUSER
2-21 agosto: Lorenzo Gigli (pintor) .
21 agosto - 11 septiembre: Emilio Pettoruti (pintor)
SOCIEDAD HEBRAICA A R G E N TIN A (Sala de exposiciones)
3 agosto: Víctor Rebuffo (grabador); Jara Cobrezman (escullera).
ASOCIACIÓN ESTIMULO DE BELLAS ARTES
2-17 agosto: Salón Anual de la Asociación.
GENTE DE A R T E DE AVELLANEDA
31 julio - 14 agosto: Exposición González Lazara.
21 agosto - 4 septiembre: 9° Salón Anual de Artistas de Avellaneda.
AGRUPACIÓN IMPULSO
17-31 julio: Exposición Carlos Sitoula (pintor).
GALERÍA VIAU
15-30 julio: Exposición de obras de artistas moder nos (siglo xix y xx) .
10-27 agosto: Manuel Angeles Ortiz (óleos, acuarelas y construcciones) .
GALERÍA W ILDENSTEIN
Julio-agosto: Pinturas francesas del siglo xvm. Largilliére — Chardin — Nattier
— Greuze — Van Loo — Vigée Lebrttn — Drouais — Mosnier — Robert —
Loir — De la Hyre — Pater.
GALERÍA VAN RIEL
19-31 julio: Demetrio Lubavsky, Paisajes del sur; Dominique A. Heuberger,
Motivos varios; 8&lt;? Salón de pintura al pastel y carbones de la Asociación de
Artistas Argentinos.
2-14 agosto: Cario Vuotto, Pedro Ricci, Ursula von Zenmen, Pettigiani.
GALERÍA MULLER
19 julio-7 agosto: (Sala I, II, III y IV) Estampas antiguas, deporte hípico,
siglo xtx, y medias tintas antiguas inglesas, siglo xvm (blanco y negro y color) .
Sala V, VI, VII y VIII) Jozo Kljakovic (pintor) .
9-21 agosto: (Sala I)
(escultor) . (Sala II y I I I ) : Julia Peyrou (pintora) . Sala IV) : Planas Casas (grabador) . (Sala V; Luis V. Somoza
(escultor). (Sala VI) : Adolfo W internitz (p in to r). (Sala VII) : Fernández Na­
varro (pintor) .
GALERÍA WITCOMB
20 julio - 9 agosto: Elias Salaberría (pintor) ; Andrés Martínez de León (pintor).
9 - 21 agosto: José Arcidiácono (pintor) ; Mario Ariganuzzi (pintor) ; Exposición
retrospectiva de Joles Grum.
GALERÍA ALCOR A
Julio-agosto: Exposición Felice Casorati.

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS
DE
CRITICA
ARTÍSTICA

Ocho números en el año
de abril a noviembre
50 a 60 páginas de texto
8 a 12 con ilustraciones
1 lámina

SUSCRIPCIÓN ANUAL
Argentina: 10

pesos nacionales

Uruguay: 5

pesos uruguayos

Otros países: 3

dólares u . s. a .

NÚMERO SUELTO
|

1,80 arg. ó 0,70 urug. ó 0,50 dólar

Toda la correspondencia deberá ser diri­
gida a nombre del director, o de la se­
cretaria de redacción, Martha Traba. Las
suscripciones, cheques, giros, bonos pos­
tales, a nombre de la administradora,
Raquel Bianco de Brané.
No se mantiene correspondencia sobre
originales espontáneamente enviados.

Dirección, secretaría y administración
Tucumán 1539. T . A. 35-9243
Registro Nacional de la Propiedad
Intelectual N? 271821

�ARTES G R A F I C A S
BARTOLOME U. CHIES1HO

Un peso ochenta

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Romero, Francisco&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Geiger, Moritz&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Traba, Martha&#13;
Oliver, Samuel F.&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Beret, Angelia&#13;
Edelman, Raquel</text>
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                    <text>CUADERNOS D6 C R IT IC A A R T IS T IC A

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS
DE
CRITICA
ARTÍSTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COLABORACIÓN DE SUS DISCÍPULOS

S U MA R I O
D ib u jar.

J orge R omero B rest

P aul Valéry y el dibujo.

I solina G rossi

(;amino de la observación: D ib u jo cerra­
do y abierto.

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de la muerte, pero acaba de brotar la chispa del fuego
que rasgará las tinieblas y, al sorprenderse con la marca de sus
pies en la tierra húmeda o la de sus manos sucias en la piedra,
inventa otro lenguaje: el de las formas dibujadas.
Lenguaje de imantación, de mágicos poderes atribuidos a la
imagen, en la que va germinando, nítida, recortada, potente, por
debajo de la mera representación, la idea envuelta por líneas inde­
pendientes que construyen la realidad con firme voluntad de ser.
Desde entonces —tosco buril de piedra, austero lápiz de mina,

/i

1

�carbonilla sensual o pincel pintoresco— el hombre ve y conoce
las cosas en cuanto las dibuja. No sólo con el ojo y la mano;
también con la mente.
En el comienzo fué el dibujo, que es como decir: en el co­
mienzo fue el pensar.
A l decir Alain que nada en el dibujo habla a los sentidos,
a la manera de los colores y los sonidos y que sólo habla la dife­
rencia abstracta, alude a la calidad intelectual de la línea, que
no existe en la naturaleza.
Alude a la línea dura, comprensiva de totalidad, que no
registra contingencia alguna; a la que crea formas definitivas a
fuerza de ser límite; a la que se carga de un valor expresivo tan
singular como para suponerla independiente.
Sin embargo, hay líneas blandas que recogen los efluvios del
alma o los sacudimientos de la sensualidad; líneas que se rompen,
se entrechocan, se superponen, se repelen, para expresar en la fu ­
tileza de un instante el espíritu que se expande; líneas que satisfa-

2

�cen por el ritmo de las necesida­
des gregarias del instinto. Y están
las sombras, que modelan en re­
dondo y contrastan con las luces,
y los arabescos sonrientes, amén
del trazo que se espesa hasta pa­
recer un plano o se adelgaza has­
ta no ser más que un hilo.
Si no fuera así, dejaría de ser
un arte. Mas por debajo de tan­
ta sugestión y de tantos caminos
que se abren, en todo dibujo hay
un esquema de conocimiento.
Y de este modo Alain viene
habla al juicio.
Son peligrosas las metáforas, esas muletas del pensamiento
estético que apenas esconden una parcela de verdad. N o puede
ser juicio el dibujo, porque el juicio es un objeto ideal y toda
forma artística, aunque también aspire a ser universalmente
válida, es un objeto real; pero sí puede serlo el dibujar, cuando
se lo considera como un medio y no como un fin.
El que mira con intención de ver realiza un juicio silencioso.
Detalla los objetos y al recomponerlos los deja desnudos, esquemas
rigu osos como los conceptos, al tiempo que desentraña relaciones
ideales que no residen en ellos, sino que son formas del pensar.
Y como nadie vive sin apoyarse en los conceptos de las cosas,
sin tener de ellas algo más que representaciones —imágenes menta­
les— y sin convertir las puras relaciones en formas que las expre­
sen, nadie vive sin dibujar constantemente, con el ojo y la mente,
no con la mano.
3

�De este modo, el dibujar es un medio, y como medio es un
juicio, indagación de la verdad. Lo es tanto para el hombre común
como para el artista, aunque sea también un fin para éste.

Cuando el que ve dibuja, afirma la existencia de lo que ve,
nunca niega, pero hay grados, como en el juicio: hay trazos cate­
góricos, que excluyen toda duda, o hipotéticos, proyectos de
verdad más que la verdad misma, cuando no disyuntivos merced
al movimiento que los anima.
Y hay formas dibujadas que son aserciones —las naturalistas—,
y formas problemáticas —las románticas— que se abren como in­
cógnitas, y formas apodicticas —las clásicas— con grado convin­
cente de necesidad.
El que dibuja afirma, pero varía
el sentido: universal a veces, como si
estampara en una forma definitiva el
concepto; particular otras, involu­
crando notas de carácter genérico, o
individual, lo eternamente efímero.
Predomina, sin embargo, la aspi­
ración a crear formas de validez uni­
versal, lo que parecería dar la razón
otra vez a Alain. Con la diferencia
de que el buscador de la verdad que
aplica los principios de la lógica pre­
tende hallarla en el plano incorpóreo
de la mente; el dibujante, en el pla­
no concreto de la materia dinamizada por los sentimientos y potenciada
por la forma.

4

�Se aleja el dibujo del juicio en cuanto es su expresión con­
creta, de la misma manera que el órgano gramatical de la propo­
sición, en cuyo seno se alojan referencias e incitaciones ajenas al
escueto sentido conceptual.
La palabra, no obstante, es más precisa; tiene un significado
menos variable que el trazo. Éste es austero, sobre todo cuando no
se carga de vibraciones, ni se deja empañar por las sombras o em ­
baucar por ritmos sensuales, pero ya es la mano que produce —no
la mente— sin encontrar hecha la forma significativa en cada caso,
y por ello influyen más las situaciones subjetivas que cuando se

5

�trata de la palabra. ¿Acaso hay un diccionario de las formas dibu­
jadas?
Pero más se aleja cuando es fin y no medio; cuando es modo
expresivo de una realidad que' se construye con emoción, pues en­
tonces se universaliza en la dimensión metafísica, y la solidez del
juicio se resiente al incorporársele adivinaciones fantásticas, mo­
dos sensoriales e imaginativos, escondidos impulsos de pasión.
De este modo Alain viene a no tener razón. Más bien que ha­
blar al juicio, como juicio, el dibujo habla a la intuición sensible;
antes que verdad es belleza, pero siempre es una belleza que en
su desnudez se acerca a la verdad, y por ello perdura, aunque mal­
trecho a veces, subyacente otras, el límpido esquema del pensa­
miento.

En la pintura y la escultura presionan la materia y el claros­
curo para rellenar las formas; el dibujo es una forma sin relle­
no —contorno o esqueleto— en la que todo se condensa, por virtud
propia de la línea, de modo simbólico.
El plano y el volumen, la luz y el espacio, la compleja diná­
mica del cuerpo y de los sentimientos, el tiempo detenido en un
gesto o ampliado en un impulso, el detalle y el conjunto, todo
encuentra en la línea un modo de expresión que sustituye y no
representa.
Por eso el dibujo es puro, cuando se agota en el trazo, como
el pensamiento, que sólo enuncia la presencia del ser de las cosas;
más puro que la música y la arquitectura, artes hermanas, en las
que de algún modo se filtra la materia gruesa,
Pero no es puro porque se descargue de materia —sería po­
breza y no pureza— pues alude a ella cuando quiere, sino porque
la transforma en signo que se significa a sí mismo.
6

�Y hasta purifica el m ovim iento, deleznable y fugaz, hacién­
dolo ritmo: suave o violento contrapunto en el plano, demorado
acorde en la atmósfera.
Lleva, sin embargo, el dibujante su béte noir dentro de si,
que lo arrastra por fragosas sendas: la sombra que corporiza la li­
nea y la carga de impulsos dionisíacos, trocándola en signo de vo­
lum en, o que la hace polvo en la bruma del espacio bajo el signo
del m ovim iento indefinido; y la sensualidad del tono, que la re­
duce a sierva de la pintura, soberana en su espléndida impureza.

Los académicos de siglos pasados llamaban a la arquitectura,
la pintura y la escultura, artes que tienen por base el dibujo.
Y les sobraba razón, porque solamente el dibujo les perm ite dar
forma a la realidad sub-specie-asternitatis; porque en su pureza
conceptual se halla, como repetía Ingres, la probidad del arte.
J orge R om ero B rest

7

�PAUL VALERY
í/

el d i b u j o c

/^V U IE N SE INTRODUCE EN EL MUNDO DE VALER Y, POR EL
camino de su poesía o de su prosa, se introduce en un ambiente
sutil poblado por finas relaciones de la sensibilidad y la inteligen­
cia, donde las cuestiones filosóficas se proyectan a través de un lente poé­
tico. Allí, la inquietud secular del hombre brota de la materia viva de
la vida, y aspira a cristalizar no en sistemas racionales, sino en emociones
transmisibles. Allí el arte alcanza su sentido en la capacidad de elevar
el espíritu por encima de sí mismo, para ponerlo en contacto con lo inde­
finible. Poesía y filosofía; pero en la filosofía poesía también. Hav indu­
dablemente en Valéry una concepción filosófica, que no roba nada a su
condición de poeta, como no le roba nada la calificación de intelectual
que se le ha aplicado, cuando se precisan esos términos. Filósofo es por
su inquietud, e intelectual porque el drama del intelecto se le impone
con más fuerza que cualquier otro. £1 lo declara: “Las cosas del mundo
sólo me interesan en su relación con el intelecto: todo en relación con
el intelecto. Bacon diría que ese intelecto es un ídolo. Convengo en ello,
pero no he encontrado otro mejor”. Y ese ídolo ordenador, que hace
universales las experiencias, es el que permite en el arte dar vida objetiva
a las emociones indefinibles e inestables, captadoras de la naturaleza y
de los destinos del hombre.
A pesar de sus escasos medios —“unas gotas de tinta y una hoja de
papel, materias que permiten la adición y la coordinación de instantes
y de actos”— el dibujo, como todas las artes, posee la capacidad de expre­
sar las leyes generales del universo al entregarnos la estructura de los
objetos, sean reales o no. Arte intelectual, el más intelectual de todos
para Valéry, ocupa según él un lugar de sin igual importancia en el intento
de alcanzar la aspiración máxima del artista: la poesía.

8

�Pues, ¿cuál puede ser el sentido del arte sino el intento de fijar y
hacer estable el continuo cambio y transformación de la realidad? ¿Trans­
formar la vida fugaz, la eterna metamorfosis, que es su impulso, en algo
firme? Y, ¿cómo puede el hombre comunicar esa cristalización abstracta
de un instante sino con la poesía? El carácter fundamental de la poesía
es ser percepción e intuición de universo. Es la tendencia a percibir un
mundo en el cual las cosas, si bien se parecen a las del mundo que nos
rodea, están en una relación indefinible con las leyes de nuestra sensi­
bilidad general. El hombre se esfuerza por fijar esta percepción tan
sutil, y las obras de arte son sus medios; en el horizonte, como fin, como
meta, este ámbito inalcanzable de la poesía en el cual no es posible esta­
blecerse. “Atravesamos solamente la idea de la perfección como la mano
corta impunemente la llama; pero la llama es inhabitable, y las moradas
de la más eterna serenidad están necesariamente desiertas.” La esencia
de la poesía es la búsqueda, y en ella intervienen, tanto como la sensibi­
lidad, la voluntad y la inteligencia del hombre.
Para Valéry toda construcción realizada con los objetos debe respon­
der a una ley única o a un solo principio, ya se trate del campo de la
ciencia o del arte. Los trabajos de ambos que parecen tan distintos,
tienen en formación una estructura semejante. Antes de ser fijados, se
presentan movedizos, titubeantes, como toda obra del espíritu, interior­
mente hay un drama. Cuando el hombre llega a la obra, después de
haber pensado, relacionado y enlazado sus visiones, no realiza más que
un acto definido.
A sus ojos Leonardo se presenta como artista y hombre de ciencia
excepcional, porque “señor de sus medios”, “poseedor del dibujo, de las
imágenes, del cálculo”, había encontrado una actitud única y central, des­
de la cual eran posibles todas las empresas del conocimiento y del arte.
Ese método, que obtuvo desechando todos los desórdenes y fijando ante
su mirada el ostinato vigore (objeto de admiración para Valéry, como
toda acción de la voluntad), se desprendería del descubrimiento de líneas
rectas y radiantes entre los objetos, semejantes a las líneas de fuerza que
atraviesan el espacio de que habla Faraday, y que constituyen la “forma
de su razón”. “Puede ser que Leonardo —piensa— viera en las obras un ■
medio, o más bien una forma de especular por medio de los actos, espe­
cie de filosofía necesariamente superior a aquélla que se limita a combi­
naciones de términos no definidos y desprovistos de sanciones positivas.”

9

�Del mismo modo que admira a Leonardo, poseedor del dibujo y
sometido al rigor obstinado, admira entre los artistas de su tiempo a
Degas, hecho también de rigor, de voluntad y lucha, en cuya obra ve la
tentativa de captar y hacer eterna la inestabilidad del instante. Admira
en Degas su construcción y reconstrucción paciente de las formas, en esos
momentos en que el mundo de las telas se ponía a vibrar y aquéllas des­
aparecían tragadas por la luz. Porque Degas, que conoció el impresio­
nismo, que adoptó en parte su técnica, no le sacrificó jamás el culto de
la forma en sí; y en sus búsquedas, esencialmente dibujante, trató de
encerrar en el rigor de la línea la variabilidad sensible del color.
Ahora bien, en el dibujo, en la construcción por la línea, más que
en todo arte, es donde se observa la participación de la inteligencia en
la búsqueda de la poesía o de la belleza.
El hecho poético se da excepcionalmente en el desorden del mundo.
Es necesario desentrañarlo y darle forma. La poesía quiere producir la
impresión de que entre una forma sensible y su valor de cambio en ideas
hay unión, una armonía que hace participar al hombre de un mundo
completamente distinto. El artista, por una especie de energía individual
que le es propia, alcanza en algunos instantes esa revelación. Es en el
estado que llamamos inspiración, y que Valéry compara al mundo creado
por la danza; estado que no se puede prolongar, que pone al hombre
fuera de sí y lo sostiene por lo inestable. Pero las revelaciones obtenidas
en esos instantes, no son siempre comunicables, y nunca son puras; es
■ necesario enlazar por medio de la voluntad y la inteligencia los datos
obtenidos en instantes irregulares e inconexos, y despojarlos de todo aque­
llo que no tenga un valor universal.
La emoción instantánea, la clarividencia fugaz, no es aún arte; para
llegar a ser creación el artista debe organizarías por medio de su razón.
El soneto, por ejemplo, es para Valéry una prueba de la unión en­
trañable del fondo y la forma. El soneto no sólo opone “la voluntad a la
veleidad”, los “impulsos a la obra acabada”, sino que también “nos enseña
a descubrir que una forma es fecunda en ideas”.
En las artes plásticas, la forma está dada por el dibujo, captación
de la estructura íntima que supone una síntesis, o sea una labor intelec­
tual. Esta forma adquiere su contenido desde el momento que es creación,
es decir desde el momento que en lugar de representar, se carga con los
elementos expresivos de una personalidad.

10

�Partiendo de la realidad concreta, el dibujo se basa en una visión
voluntaria; hay un control o gobierno que la inteligencia aplica a la
vista por medio de la voluntad. Este gobierno tiene por fin mantener
coordinadas las distintas facultades que el hombre emplea (la vista y el
aparato muscular principalmente) y la atención. Valéry destaca la im­
portancia de esta visión voluntaria en el conocimiento de los objetos; la
diferencia que existe entre ver simplemente y ver para dibujar. El dibujo
se transforma así en un medio que enriquece y hace real la percepción,
naturalmente incompleta y muchas veces falsa. Algunas experiencias foto­
gráficas han permitido comprobar que la percepción elabora, en lugar
de entregar simplemente los datos registrados, porque en el acto de mirar,
más que el dato, se impone una especie de construcción dada por la cos­
tumbre, por la educación, por moldes abstractos asimilados a nuestro espí­
ritu, que nos hacen adivinar las particularidades, en lugar de individua­
lizarlas. Para observar la acción del espíritu en el acto de dibujar, el
valor de éste como medio de conocimiento, aconseja tratar de dibujar
una cosa informe, es decir, algo que tenga una forma individual, abso­
lutamente nueva, como ser un trozo de tela arrugada y dispuesta al azar.
Cuando dibujamos esos objetos informes, lo que tratamos de hacer es
volver inteligible la estructura de un objeto. Pero esa estructura no
existe ya en nuestro espíritu en forma de esquema o recuerdo, como sucede
con la estructura del hombre o del árbol. Aquí actúa poderosamente la
inteligencia para que el lápiz sobre el papel siga el movimiento del ojo
sobre el objeto. “El artista —dice Valéry— puede por el estudio de las
cosas informes tratar de hallar su propia singularidad y el estado primi­
tivo y original de la coordinación de su vista, de su mano, de los objetos
y de su voluntad.”
En el intento de hacer inteligible una estructura, que es el objeto
del dibujo, el recuerdo es elemento fundamental. Los datos particulares
que obtenemos por la vista dirigida por la voluntad, se transforman en
líneas, y estas líneas en nuestro espíritu, son “elementos instantáneos del
recuerdo”; con estos elementos la mano busca el camino que debe seguir.
Entre el trazo visual y el trazo manual puede haber alteraciones. De allí
que la memoria, la atención y la voluntad estén tensas en el acto de
dibujar y adquieran una fundamental importancia para la exactitud de
la representación.
Pero eso no es todo. Más que la exactitud de cada elemento de la

11

�forma, interesa la forma en sí. Por sobre todas las cosas actúa la inteli­
gencia sintetizadora, que proporciona el conocimiento de la estructura
del objeto y organiza en función de ella los datos parciales del análisis.
Si el dibujo no es representativo, es inventivo; en ese caso, lo que
trata de hacer inteligible es una estructura creada por el espíritu del
hombre. También aquí, el acto de dibujar, más que traducir enriquece,
no ya la visión sino la idea.
Valéry encuentra que en ambos tipos de dibujo hallan empleo todos
los dones del espíritu, y aparecen fuertemente todos los caracteres del
hombre, cuando éste los tiene.
El dibujo de Degas se le presenta como fiel reflejo de la personali­
dad del artista; es un modo de expresión que lo hace ubicar entre Beyle
y Mérimée. “Su dibujo —dice— trata los cuerpos tan amorosa y dura­
mente como Stendhal hace los caracteres y los móviles de la gente.” Y
se pregunta en otro lugar: “¿Quién no mide la inteligencia y la voluntad
de Leonardo o de Rembrandt por un examen de sus dibujos? ¿Quién
no ve que uno se sitúa entre los más grandes filósofos; el otro entre los
moralistas y místicos más interiores?”
Finalmente hace suya la definición del dibujo que solía expresar
Degas: “la manera de ver la forma”, en la cual encuentra el carácter fun­
damental que debe acompañar al dibujo para que sea un arte: la creación.
En efecto, si el dibujo fuera la forma, no sería sino la representación de
los objetos. Esa “manera de ver” Valéry la refiere a la alteración que la
manera particular de cada artista le impone, especie de “error personal”
que lo convierte en un arte. “El valor del artista está en ciertas des­
igualdades del mismo sentido o de la misma tendencia, que revelan a la
vez, con motivo de una figura, de una escena o de un paisaje, la facilidad,
las voluntades, las exigencias, el poder de transposición y de reconstruc­
ción de alguien. Nada de todo esto se encuentra en las cosas; y no se
encuentra jamás lo mismo en dos individuos distintos. La manera de
ver de que habla Degas, debe entenderse ampliamente, e incluir manera
de ser, poder, saber, querer. . . ”
En la pintura el dibujo es un elemento necesario como el color. No
puede prescindirse de él por cuanto es la estructuración de la forma, y el
color como elemento predominante convierte al cuadro en algo pura­
mente sensible. Valéry no siente el valor o el lenguaje del color como
color, ni en su pureza, ni en su variedad tonal, ni en su riqueza como

12

�materia. Por eso, aun reconociendo valores particulares, no tiene palabras
de aliento para el impresionismo, y de los pintores de su tiempo admira
a Degas, en el cual ve un verdadero baluarte de la inteligencia frente al
arte sensorial que domina. En su concepción estética profunda y filosó­
fica, el dato sensorial no tiene sentido sino en cuanto forma parte del
hombre y permite captar su esencia.
Valéry aspira a que la inteligencia ordene todo lo que nace en el
devenir de la vida y lo fije en esquemas capaces de adquirir nueva exis­
tencia en el espíritu de los demás. Quiere ir más allá de los accidentes
del ser. Es una concepción racionalista en cuanto reconoce el poder de
síntesis y ordenación de la razón, pero una concepción que no desdeña
en modo alguno el valor de la sensibilidad. La razón ordena, pero el
material se extrae de la vida y del hombre. Ni en su poesía, que revela
una fina sensibilidad, ni en sus especulaciones, deja de lado la realidad
y las reacciones sensibles y sentimentales del hombre ante ella. Pero
no se entrega ni se detiene allí. No es romántico. Critica al romanticismo
por haber querido liberar al yo de la continuidad de las ideas.
Es así porque para él el arte tiene sentido en cuanto es búsqueda de
la poesía, y la poesía es percepción de un orden. La poesía quiere hacer
salir al hombre de sí, para que se sienta partícipe de las leyes generales
del universo. Y toda manifestación artística estará en ese camino, en tanto
se aleje de la realidad cambiante para expresar estructuras inmutables.
Por eso para Valéry las artes más puras son las más abstractas, las que
en la creación de la forma exigen menos a la naturaleza: la arquitectura,
la música, la danza, el dibujo. En las dos primeras, sobre todo, es donde
hallamos menos materia, para expresar en lo transitorio, piedra y aire,
las formas de un orden eterno. Casi se identifican en la creación del espa­
cio inteligible una, del tiempo inteligible otra, y se disuelven en un ritmo.
Eupalinos puede decir: “¿Dime, puesto que tú eres sensible a los efectos
de la arquitectura, no has observado al pasearte por la ciudad, que entre
los edificios con los que ella está poblada, unos son mudos, otros hablan,
y otros, por fin, que son los más raros, cantan?”. Porque una estatua
hace pensar en otra cosa que no es ella misma; pero una construcción
jamás recuerda nada, a no ser la construcción de la música.
Y qué decir de su emoción ante la danza, en cuyos movimientos, en
cuyo mundo de inestabilidad, se encuentra la creación de un orden. Cuan­
do en el Diálogo del alma y la danza, se le pregunta a Sócrates qué sig-

13

�niñea, éste responde: “Nada, querido Fedro. Pero todo, Eurixímaco. T an ­
to el amor como el mar, y la vida misma y los pensamientos. . . ¿No
sentís que ella es el acto puro de las metamorfosis?”. No nos asombre
entonces su concepción de la pintura. No nos asombren sus críticas al
impresionismo, ni que el cargo fundamental que le hace sea el olvido del
dibujo.
Valéry considera que desde la aparición del paisaje como tema, que
equivale a la descripción en literatura, la nota que se destaca en la pin­
tura es el relajamiento, puesto que el paisaje, como la descripción, intro­
duce lo arbitrario, y con lo arbitrario la facilidad. Es un abandono de la
estructuración de las formas, que ha sustituido la labor del espíritu por
la diversión momentánea del ojo. Es un abandono de la invención y de
la creación.
El paisaje, o sea la facilidad del dibujo, con la introducción de for­
mas menos familiares; el impresionismo, dominio de la materia y de la
luz; el nuevo trato que se da a la figura humana, de la cual interesan no
tanto la forma cuanto el brillo o la claridad de la piel; son para Valéry
modos de crear legítimos en principio, y a los cuales debemos obras her­
mosas, pero que conducen "a la disminución de la parte intelectual del
arte”.
El arte de su tiempo, del nuestro, corresponde a un ablandamiento
de la sensibilidad en el hombre, a una necesidad creciente de agentes
físicos intensos para sentir la vida. Y aunque esto no quiere decir que
sólo el elemento intelectual constituya el arte, responde a los que no le
dan importancia: “Yo creo que importa bastante que la obra de arte
sea el acto de un hombre completo”. Por eso, frente a ese arte con­
temporáneo, coloca, en una actitud combativa, lo que llama el Gran arte.
Con ese nombre define Valéry el arte que exige el empleo de todas las
facultades del hombre, y cuyas obras son tales que todas las facultades de
otro hombre son invocadas y deben interesarse para comprenderlas.
Sensibilidad, inteligencia, voluntad, por una parte. Y en el otro ex­
tremo la poesía. Intento de definir lo indefinible y de estructurar lo que
se da en el desorden; de expresar en cada obra un modo de infinito.
Voluntad de encerrar en un trozo el esquema de la ley suprema.
I s o l in a G r o s s i

14

�CAMINO DE LA OBSERVACIÓN
Dibujo

Abi erto

Vaso Griego. E n este vaso griego el dib u jo
plano acusa cierta tendencia descriptivo-dinámica. La linea lím ite end u recid a n o sugiere
volumen; sin em bargo algunos trazos más
gruesos o m ultiplicados —siempre tendientes a
la destrucción del p la n o — acen tú an la des­
cripción. Ésta, p o r supuesto, n o es total, des­
de que al ser el d ib u jo esencialm ente p lan is­
ta es de p o r sí el resultado de u n proceso de
abstracción. E n contraposición con los ejes
verticales q ue estatizan el conjunto, el tema y
los ejes oblicuos marcados p or el bastón y la
figura reclinada otorgan d in am ism o a la r e ­
presentación. P o r o tra p arte el hieratism o esta
contrabalanceado p or el g ra n sentido rítm ico
logrado con las líneas del frontón, columnas
} pliegues de las vestiduras.

y

C

e

r

r

a

d

o

MATISSE: R etrato de Angele L a m o le. Por
vía im aginativa obtiene Matisse en este R e ­
trato u n a gran síntesis. El dib u jo es plano
y abstracto. N o existen sombras, ya q u e éstas
p ro d u c iría n contraste y todo contraste crea
ilusión de espacio. Sin em bargo Matisse r o m ­
pe el planism o demasiado absoluto al usar el
lápiz graso q u e le perm ite u n a fina variación
en el grisado del trazo. El estatismo del d i b u ­
jo está equ ilibrad o p o r la línea en arabesco,
sinuosa y vib ran te del contorno y p o r la nota
de sensualidad d a d a con las curvas q u e i n d i­
can el lím ite de los labios. El artista r e p r e ­
senta a q u í lo esencial de la estructura formal
de u n a cara de m u jer, otorgándole a las fo r­
mas objetivas la ind iv id u alid ad del modelo,
hasta justificar la designación de retrato.

�R AFA EL. San Jorge y el dragón. En d ib u jo
el m ovim iento p u ed e expresarse fu n d a m e n ta l­
m ente de dos maneras: p o r m edio del tem a y
m erced al tipo, orientación y organización de
la línea. A q u í el d in am ism o es sobre todo te­
mático: el caballo con las p atas en el aire su ­
giere inestab ilidad, la posición del brazo d e re ­
cho tle San Jo rge carga sobre sí el m áx im o
vigor, al re p re se n ta r la etap a in m e d ia ta m e n te
previa al m o vim iento epte constituye el tema
prin cip al de la acción. L a organización de los
ejes q u e p a rte n de las p atas del caballo y de
la cola del d rag ó n convergiendo en el San
Jorge, al crear u n a ilusión de tensión y f u e r ­
za irrad ia n te, a c en tú an el d in am ism o temátimo. Mas aun , el arabesco q u e u n e las figuras,
p o r estar organizado sobre líneas curvas, las
coordina d in ám icam en te oponiéndose al esta­
tismo del d ib u jo cerrado cuya línea lím ite i n ­
in t e rru m p id a construye p lásticam ente las fo r­
mas sin registrar variaciones subjetivas. En
efecto, R afael p o r ser u n clásico su b o rd in a el
arabesco —m o d o de expresión s en tim en tal— a
las formas q u e m a n tie n e en toda su in divi­
d ualidad.
T O U L O U S E - L A U T R E C . D ib ujo .
Catando
la línea lím ite se abre, el d ib u jo p ierd e en
volum en lo q u e g a n a en fuerza d in á m ic a y
expansiva. A q u í T o ulo u se-L a u trec, al a b r i r el
con torno del d ib u jo y n o en cerrar la forma
con la línea, prescinde del trazo largo q u e o r ­
ganiza el volum en. E n efecto la lín ea q u e se­
ñala el cuerpo del personaje es apen as sim ­
ple esquem a ap ro x im a d o de u n a estructura
ideal. El d in am ism o está d ado p or el trazo
nervioso y o n d u la d o del perfil, q u e construve la forma, y p or la m u ltiplicación, y el entrechocam icnto de las líneas. E n la cabeza, el
ttazo sugiere el v olu m en contenido, m ien tras
q u e en el cuerpo, al desaparecer los límites, fi­
g u ra y espacio se f u n d e n en u n a tendencia ex ­
pansiva. T o d a la o b ra de este artista como
la de sus con tem po ráneo s F o ra in y D a u m ie r,
se caracteriza p o r ser la crítica m ordaz de
la sociedad q u e lo rod ea y tuvo q u e valerse
como m edio de expresión, de u n d ib u jo semiabierto, pues el cerrado d e tendencia clásica
no se presta a la ironía. El d in am ism o está
a cen tu ado p o r la d eform ación q u e acerca
este d ib u jo a la caricatura; T o u lo u se-L a u trec
no cae en ella fra n c a m e n te p o r su r e f in a ­
m ien to y su calidad de artista.

�IN G R E S . L e s Serurs M o n i a g n . In g le s lisa a q u í
p a ra d e f in ir la s fo rm a s u n trazo c e rra d o , se n ­
sib le y v ib r a n te , p o r m o m e n to s sin u o so , a la
\e z q u e u n a lín e a lím ite p re c isa , q u e su g ie re
el v o lu m e n , c a ra c te rístic a s éstas d el d ib u jo
p lá stic o d e sc rip tiv o . E n la e stric ta c o n s tru c ­
ció n d e las fig u ra s, lo g ra la re p re s e n ta c ió n del
v o lu m e n d e los c u e rp o s y n o d el esp a c io de
p o r si. E n esta c o n c e p c ió n p lá s tic a así com o
en la b ú s q u e d a d e e le m e n to s estático s, e n las
fig u ra s a la rg a d a s y u n p o co h ie rá tic a s (ya q u e
en d i b u j o ¡as f o r m a s son p la n o s rectos con r e ­
d o n d e c e s c o m o en los ba jorrelieves egipcios),
a p a re c e la a c titu d fo r m a lm e n te clásica d e l a r ­
tista , m ie n tr a s q u e su fo n d o ro m á n tic o a flo ra
en la d e sc rip c ió n m in u c io s a , q u e ro m p e la
u n id a d c o n c e p tu a l d e l tra z o , a la q u e se su m a
c ie rta fa lta d e je r a r q u ía e n el d ib u jo , p u es
son los d e ta lle s d e las te la s o la s c in ta s d e los
so m b re ro s los q u e , al c o b ra r c ie rta fu e rz a se n ­
tim e n ta l, a tr a e n el o jo d el e sp e c ta d o r. In g re s
es u n d ib u j a n te e x tr a o r d in a r io p u e s e n él
—caso q u iz á ú n ic o e n la h is to ria d e l á l t e ­
se d a u n d ib u jo d e m á x im a p re c isió n en el
d e ta lle q u e sin e m b a rg o n o d is tra e d e la
u n id a d d e l c o n ju n to p u e s e stá sie m p re s u b o r ­
d in a d o a la e s tr u c tu r a g e n e ra l d el to d o .
R E N O IR . D e s n u d o . E n e ste d e s n u d o las f o r ­
m as e stá n c o n s tru id a s con d i b u j o c u id a d o so
en el q u e se a d iv in a la in flu e n c ia d e In g re s.
L a lín e a lím ite se n sib le a p a re c e co m o e n v o l­
tu r a d e u n re lie v e , m o d e la u n v o lu m e n q u e
el esp a c io p re s io n a , a l tie m p o q u e el trazo,
p o r ser c e rra d o , o to rg a a la fig u ra u n a e s tru c ­
tu r a só lid a y, p o r lo m ism o , e stá tic a . E l d e s­
n u d o fe m e n in o es p a r a R e n o ir m o tiv o d e e x ­
p re s ió n fu e r te m e n te se n su a l, s u b r a y a d a p o r el
uso d e las c u rv as; d e a h í q u e el v o lu m e n , m ás
co n se g u id o q u e e n el caso d e In g re s, se d é
con to d a su p le n itu d fo rm a l. P o r o tr a p a rte ,
al r e d u c ir los d e ta lle s y d e s a p a re c e r la te n d e n ­
cia d e sc rip tiv a , la lín e a n o se in te r r u m p e , el
tia z o c o n serv a su u n id a d y el d e s n u d o se c o n ­
v ie rte e n u n a esp ecie d e s u m a rio d e fo rm a s.
H a y a d e m á s u n a c o n c ie n z u d a in te n c ió n a r tís ­
tica p a r a p o d e r lle g a r m e d ia n te la su p re sió n
d e lo acceso rio , a s u b r a y a r la e x p re s ió n s e n ­
su a l cu y a tó n ic a la d a el trazo q u e m o d e la la
e s p a ld a y el m u n d o . Se d ir ía q u e se tr a ta d e
u n d ib u jo d e e sc u lto r, y R e n o ir lo fu é ta m ­
b ié n , al v e r la fu e rz a p lá s tic a d e los trazo s en
la su g e stió n d e l v o lu m e n .

�C H A G A L L . D ib u jo . A) p e rd e r casi su carácter r e p r e ­
sentativo este d ib u j o se convierte en u n ju ego rítm ic o
de líneas convergentes y, p o r ser ab ierto , p arece h a ­
llarse en estado de construcción. Sus varias p o sib ilid a ­
des de u n ió n de líneas, de in te rp re ta c ió n , q u e d a n li­
b ra d a s al observador. P o r o tr a p a r t e la organización de
la fo rm a descansa en los trazos m ás m arcados, los c u a ­
les, al n o ten er valo r como límites, a c tú a n como es­
tr u c t u r a ideal. H a y u n a cierta b ú s q u e d a del arabesco
en la línea cu rva cpie p a rt e del an te b ra z o c o n t i n u á n ­
dose en la m a n o , el violín y la cabeza, p a r a a c a b a r en
el r i tm o m u y d in á m ic o del cabello. L a posición de p e r ­
fil es característica de los dib u jo s p lan o s no d e sc r ip ti­
vos, a u n q u e p o d r í a decirse q u e en el contraste p r o d u ­
cido p o r los trazos m ás gruesos existe u n a m u y ligera
in s in u ació n de v olu m en. C u a n d o el d ib u j o se convier­
te en u n a b ú sq u e d a de la a i m o n í a de líneas, es más
pensado, se aleja del m o delo p r e d o m in a n d o entonces
lo in telectu al sobre lo sensible, a u n q u e en este caso
p a rtic u la r, la im ag in ació n del d i b u j a n t e es tan rica
y fec u n d a en su cap acid ad d e e x p res ió n lírica, q u e
se so b re p o n e a la p u r a m e n t e razonado.
R E M B R A N D T . L a ceguera de Tobías. R e m b r a n d t ro m p e la c o n ti n u id a d de la lín e a lím ite
c o n stru y e n d o la fo rm a casi a fuerza d e signos. L o gra así u n g ra n sentido d in á m ic o ac e n ­
tu a d o p o r el en tr e c h o c a m ie n to c o n stan te d e los trazos y p o r el p re d o m in i o de las curvas; la
diferencia de in te n sid a d en las líneas su b ra y a el d in a m is m o al tiem p o q u e insiste en la
e n to n a c ió n s e n tim en tal. De la p é r d i d a de los límites resu lta la e x p an sió n de las form as
q u e g a n a n en m o v im ie n to lo q u e p ie r d e n en plasticidad. El vo lu m en de los cuerpos casi,
desaparece y la m u l ti p li c id a d d e los trazos h ace q u e q u e d e n lib rad as a la imaginación?
del espectad or las v ariad as p o sibilidades de in te rp re ta c ió n . Esta ten d en c ia descriptiva e s p a r ­
cía! del d ib u j o abierto,
p r o p i a de u n a a c titu d
r o m á n tic a , es estím ulo
de emociones. Se ve,
pues en este d ib u j o de
R e m b r a n d t , a la in v e r ­
sa del d e R afael, el i n ­
terés del artista p o r la
im p re sió n fu gitiv a de
u n m o m e n to , q u e p e r ­
m anece registrado sin
em b arg o con caracteres
de necesidad, a n u la d a
to da co n tin g en cia g r a ­
cias al m a n t e n i m i e n t o
de ciertas g ra n d e s líneas
de composición y a la
su p eració n
de
to da
anécdota.

I

i t

( Alt K I

V

�RAMÓN

GÓMEZ

CORNET

Gó m e z c o r n e t e n
Amigos del libro nos ha permitido recomponer la personalidad del
artista a través de los últimos años de un trabajo fecundo.
Cultor de una actitud sentimental frente a la realidad, ha sabido
condensar, ayer como hoy, en la criatura hum ana toda su emoción.
Para Gómez Cornet la figura lo es todo; por eso se desprenden nítidas
de las telas, ajenas a todo fondo circunstancial, como sería el paisaje.
Solamente están relacionadas con el color de esos- fondos, para crear las
armonías necesarias. Así cobran mayor grandeza: ellas solas son todo el
cuadro, bastan para conformarlo.
Las figuras están compuestas dentro de una forma cerrada y sintética;
esa síntesis de la forma está conseguida por el dibujo como estructura,
pero también por la síntesis del color que se ajusta al mismo. El volumen
lo obtiene sin claroscuro, por un empaste largamente trabajado. No hay
luces ni sombras, siempre hay color que en los últimos cuadros —Retrato,
Teresa, Pilucho— se hace más audaz para marcar un relieve o una su­
perficie en profundidad. Pero la técnica elegida por Gómez Cornet es
iempre sobria, porque es la que más conviene a sus criaturas; si hiciera
alarde de otra factura sería darle más importancia a la forma que al fondo
de su pintura, y esto no lo quiere el artista, que al trasladar las imágenes
a la tela, trata ante todo de conservar de ellas su potente expresión hum a­
na. Ésta irradia inmaterializada de adentro de sus personajes: la boca es
expresiva, la mirada es honda. Es lo que distingue sus figuras de los sim­
ples retratos naturalistas. En la medida en que sus formas están animadas
por el sentimiento es que su arte deja de ser expresión de ciertos tipos
humanos locales para alcanzar los límites de lo universal.
Hoy su sensibilidad parece querer expresarse bajo una nueva forma,
ya que hay una mayor adhesión a la materia. La pasta deja de ser aquella
uniformemente estirada; el color se independiza en pequeñas pinceladas
moviendo la superficie de las carnes, las ropas y los fondos. Así en Retrato
(1947), la blusa verde está dada en pinceladas independientes de distintas
direcciones y matices, y el fondo por un azul de diferente pastosidad al

L

a r e c ie n t e e x p o s ic ió n d e r a m ó n

19

�cual ha agregado cuatro o cinco manchas de verde, que son como reflejos
en el conjunto. En Teresa y Pilucho las caras están conformadas parce­
lando el color en ocres, verdes, rojos.
Pero donde ese nuevo aspecto de su sensibilidad irrum pe con mayor
libertad es en las monocopias. A quí vemos al p in to r entregarse espontánea­
m ente a la sentim entalidad q u e se adivina en sus pinturas. Quizá el móvil
que lo em puja a buscar u n nuevo campo para sus expresiones de artista
provenga de que, ligado a las formas clasicistas de sus óleos, siente lim ita­
das las posibilidades de su creación. La monocopia le perm ite ablandar las
formas, acentuar el patetismo, jugar sensiblemente con las gamas de un
mismo color. En ellas no sólo em plea el contraste de colores —tal su N e­
grita, donde a las carnes ocres opone u n a blusa am arilla y u n cuello rojo—,
sino tam bién los valores tonales para conform ar las figuras.
En los dibujos, en cambio, no hallamos una m anera renovada de su
arte. Acaso porque el dibujo como prim era operación m ental que presta
estructura básica a toda m anifestación del arte, sea la más difícil de m odi­
ficar sin que peligre la personalidad conform ada del artista. De ahí que
en los dibujos volvamos a encontrar con caracteres perm anentes a Gómez
Cornet. U na línea sensible y significativa encierra las formas. V ibran los
contornos, se espesan intencionadam ente para acentuar por sí solos el
volumen. Las sombras ligeras con las cuales se cargan para m arcar u n
pliegue de la ropa o una m ejilla desnutrida, son u n elem ento expresivo
secundario; lo fundam ental es la línea siempre plástica, porque sabe
precisarse y atenuarse en u n a sugestión de m ovim iento y espacialidad.
Frente a la exposición de Gómez C ornet nos planteam os u n in terro ­
gante: ¿seguirá el artista cultivando la nueva m anera que hemos tratado
de caracterizar o volverá a su anterior estilo —formas prietas, color logra­
do en síntesis laboriosa, emoción contenida—, al que ha hecho de él
una de las figuras más acabadas y menos discutidas del arte argentino?
B lanca

20

St a b il e

�R am ón Gómez Cornet. Aína

(monocopia)

�ícsto l a r i n a .

Xa!uraleza tunería cotí ¡taño verde

G. Labourclette

ño

J. Planas Casas
i'A camino

l'.nri()iie l’olicastro
M u je r du rm ien d o

�J. Alonso.

Figura

I.ino ]r

Spilimhergo.

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�Raúl

Solcli.

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Soldi.

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m uertas

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y p a is a j e s

L

es l o

D I
que

le

ha

interesado presentar a Raúl Soldi en su última exposición, recien­
temente clausurada 1.
Naturalezas muertas y paisajes, esta vez no sólo urbanos, sino también
de naturaleza, que, como toda exposición individual, tienen la importan­
cia de que permiten juzgar la obra de un artista, apreciar su evolución.
Lástima que la visión que se recoja no pueda ser completa ya que faltan
sus figuras, género no digamos el más importante, pero sí el que le ha
llevado tal vez, a su expresión más honda.
Naturalezas muertas y paisajes explican también el entusiasmo que
ha despertado, hasta la exaltación a veces, porque son los que mejor le
permiten ese juego fino de la sensibilidad a base de empastes exquisitos
y de formas graciosas que tanto ama y de que tanto gustan los espíritus
sensibles.
Espontáneo y rápido, no profundiza demasiado las formas, no se pre­
ocupa demasiado por la estructura de sus objetos. Ni razón ni inteligencia
son fuerzas directrices de su creación. Va disponiendo las cosas que se le
presentan como al azar, podría decirse, para construir con ellas un peque­
ño mundo de lo sensible, amable y pasajero, así sean cebollas con capas
de mil colores o pescados de escamas irisadas que le permiten el uso del
color por el color mismo.
El objeto del cual parte es perfectamente reconocible; pero luego,
llevado por sus ensueños y fantasías lo va deformando o conformando
de manera muy particular. En algún caso parece un naturalista, no a la
manera de Courbet, por supuesto, pero se lo ve aferrado a la realidad
visible de las cosas; en el grupo de apios, por ejemplo, donde hay una
riqueza tal de materia que hasta podría decirse una verdadera sensualidad
por ella. Riqueza de materia que une a su riqueza de color.
Siempre con un fondo de ironía, une en sus cuadros lo contradictorio
y lo absurdo, lo arbitrario y repentino. Pero ¡con qué gracia, finura y
elegancia! Así son sus pescados, que se dan cita alrededor de una pequeña
fuente, formando un delicioso arabesco; mucho más aéreos que los de su
Aire de mar de 1938; más desdibujados, menos materiales, más llenos de
1

Salón de la Sociedad H ebraica Argentina.

25

�elementos gráficos que dinamizan el color, pero al mismo tiempo más
superficiales, triviales y circunstanciados. Así son sus porros, organizados
en un ritmo gracioso, que aparecen como tirados en una playa, producto
de su fantasía, y donde llega, como siempre que trata grandes superficies,
a una delicadeza particular en las tonalidades y en las armonías.
Más que composición, hay disposición en sus cuadros, y, valiéndose
de lo pintoresco, encuentra siempre un elemento ordenador: una ristra
de ajos, formando un ritmo en arabesco en sus típicos y originales blan­
cos, le sirve para organizar sus formas. Es en el color donde se reconoce
al pintor intuitivo y sensible que es; hasta sus fondos, algunas veces
medio desvaídos y neutros, adquieren aquí mayor riqueza en sus modu­
lados de tonos exquisitos e inconfundibles, alternados con pequeños golpes
violentos de color, con los que crea la dinámica del cuadro.
Problemas distintos le plantean sus paisajes suburbanos; allí la pre­
sencia de los elementos arquitectónicos le obliga a una forma más rigurosa
e intelectual, a mantener la estructura de los muros. Pero con todo, sabe
bien cómo evadirse de lo que significaría una traición a su espíritu inge­
nuo y sensible, amante de las cosas no perdurables. Así lo vemos, especial­
mente, en sus obras de los últimos años. En La calle, de 1945, enfrenta a
un grupo de casas humildes, un edificio pompier (y aquí otra vez su
elemento contradictorio) que le permite entonces, jugar con las verjas,
la cúpula, los balcones, y donde coloca encantadores faroles, que más que
tales parecen graciosas corolas de aljaba; o también se llena de gracia
La noche con aquella pequeña manchita, apenas diferenciada, en la que
se adivina una m u je r ... ¡arbitrariamente colocada delante del balcón!,
y donde hay también cierta reminiscencia con la pintura metafísica en ese
cielo de azul profundo.
No son estáticos estos paisajes, pero el movimiento no surge de la
materia misma, ni de la forma aún, sino de aquellos mismos elementos
gráficos y pintorescos que están como sobreagregados; la dinamización es
entonces, superficial también. Hasta ahora no le habían interesado las
plantas, los cielos, el agua, la naturaleza, en fin. Pero ahora parece que sí.
Lo prueban sus tres paisajes del 48.
¿Qué es lo que lo lleva a tratar este tema? No es un romántico que se
hunde y se pierde en los misterios de la naturaleza, sino que la con­
templa desde afuera, sin fundirse con ella. Creo que lo guía sólo un inten­
to de buscar nuevas formas graciosas, cada vez más superficiales, más li-

26

�geras, más refinadas, si se quiere, pero menos permanentes y menos uni­
versales. Así su Quinta junto al río, donde juega con un encantador con­
junto de estaquitas que dinamizan un campo de una tonalidad rosada muy
suya, donde río y tierra se confunden en una fiesta del más fino color;
en la curiosa concepción de Campo sembrado, tomada la visión del campo
como desde el tren que coloca luego, arbitrariamente, en un segundo pla­
no, pero con una gracia ‘tal, que el espectador siente su adhesión inme­
diata.
Debe anotarse todavía que se descubre un adelgazamiento de la mate­
ria, una pérdida de rotundez, a medida que su pintura se va dejando
dominar por el principio de la gracia; con lo cual va perdiendo los
caracteres que la unían con la tradición italiana, debilitándose los víncu­
los con la pintura mediterránea. Pero no porque en sus obras de años
anteriores haya dibujado más, o construido más la forma, sino porque
creaba entonces una solidez dada por la fuerza misma de la materia.
A Soldi no le ha interesado nunca, y ahora menos todavía, llegar al
fondo de sus objetos, descubrir las esencias de las cosas y construir con
ellas una realidad total. Toda su pintura es simplemente, una pintura
que hace sonreír, que trasunta una alegría sana y simple, que hasta con­
tagia su alegría de vivir. Pero una vez traspuestas las puertas del Salón,
ese mundo feliz queda atrás; el espectador percibe que su goce ha sido
superficial, que no ha sido conmovido íntimamente, que no lleva consigo
nada más que esa fiesta de los ojos dada por la juventud del color y que
tampoco ha entregado nada de sí, más que ese mismo gozar de las cosas
del momento.
¿Por qué caminos puede llevarlo tal pintura? ¿Qué conclusiones pue­
den sacarse de sus últimos cuadros? Es muy difícil deducirlas o, aun
imprudente para quien realiza los primeros tanteos en el campo de la
crítica, heroicos casi por el esfuerzo que entrañan. Pero tal vez pueda
afirmarse que sigue latente aquel mismo peligro que se señalara ya en
un profundo y exhaustivo análisis de su obra, escrito no hace mucho: el
peligro de estereotiparse, sin que se signifique con esto que llegue a com­
poner repitiéndose siempre dentro de un mismo molde, ya que para evi­
tarlo cuenta con su gran capacidad imaginativa, con su lirismo espiritual;
pero sí, que llevado por su afán de graciosismo, se superficialice del todo.
R

27

aquel

E delm an

�J O S E

A L O N S O

P

OR SOBRE LA FORMA REPRESENTADA, CIÑÉNDOLA Y CON­
dicionándola, un ideal de forma que hace caber en el molde unificador de un tipo invariable las características de raza y las diferencias
individuales. Pero el ideal de forma debe ser médula y carne de la forma
misma, aunarse con ella sin intersticios ni grietas, cumplirse y justificarse
a través de ella. En Alonso se trata de un ideal de forma previo, a priori,
impuesto a la forma, forro que la envuelve y encierra sin fundirse, sin
borrar del todo esa nota de superposición y exterioridad. Así llega a difi­
cultarse la trasmisión directa y plena del ideal del artista al espectador. Su
unión incompleta y un poco artificial con la forma enturbia su captación.
Nos encontramos con seguridad, frente a un momento de tanteo y de bús­
queda, en que el esfuerzo por una maduración apresurada y la red de
preconceptos desorientan a este recio escultor de volúmenes macizos y
bien plantados, cuya fuerza actúa directamente, sin concesiones. Tal se
lo veía en sus dos Maternidades de 1940 y 1942 y en las obras primeras
de vigoroso sabor arcaico. Le caben dos posibilidades: o momificarse en
el seno de una abstracción helada, o animar la forma con la savia viva del
ideal transustanciado. Y lo segundo no significa nada menos que inte­
grarse en su dimensión cabal de escultor.
De lo expuesto en Miiller, las cabezas presentan un tratamiento simi­
lar y un fuerte parecido expresivo. Por una parte las acerca la búsqueda
de la impresión de volumen, el modelado en grandes planos y por ende
la falta de acentuación sensible, el carácter sintético, la semejanza de los
rasgos. La frente huye hacia atrás, el ojo pequeño y oblicuo muestra el
globo muy marcado, el pómulo resalta bajo la piel tirante, las aletas de
la nariz se ensanchan y redondean, el mentón corto, curvado, y los labios
salientes y carnosos ablandan la dureza del rostro. De perfil, salvo excep­
ciones como Ninfa, todo el peso está dirigido hacia abajo y se desliza
desplomándose a lo largo de la oblicua que forman la frente y la nariz.
El cabello a veces se dispone en trenzas que caen sobre la espalda o
rodean la cabeza acentuando su volumen, como en Retrato, que presenta
una masa prieta y firme, tendiente a lo esférico, movida hacia adelante

28

�por la inclinación del cuello; otras veces forma un rodete detrás de la
nuca o en la parte superior, dándole reminiscencias de huso. En un ejem­
plo, la cabeza aparece cubierta por un pañuelo rígido, pesado, que no da
la impresión del material. De frente, en cambio, describe un óvalo alar­
gado que atempera la frialdad del rostro.
Éstas son características secundarias, sin embargo. Muy otro es lo
esencial: la absoluta semejanza de expresión que hace de cada cabeza un
resumen de las demás, un paradigma común a todas. Una inmovilidad
que no es concentración; una gravedad vacía de sentimiento; una sereni­
dad que no encierra secreto. No se trata de una superficie petrificada
bajo la cual late un sentido oculto y por descubrir. Estas cabezas resultan
frías por falta de contenido, no por disimularlo y reprimirlo. La única
excepción es la Cabeza N? 2, en donde Alonso imprime una nota patética
que no vence lo superficial, patetismo estático, inmovilizado en su mo­
mento. Así, no deja de resultar extraño y hasta sorprendente que la
cabeza, sostén de la carga emotiva y racional, luego en extremo móvil
y cambiante, se convierta en un volumen impermeable a toda alteración
humana, sin implicaciones. Del mismo modo impresiona la enorme saliencia del globo ocular, por el predominio dado a un elemento que
alberga el máximo de la expresión subjetiva, en este caso horro de todo
contenido. La desindividualización llega al grado de que nada importan
los nombres: Negrito, Retrato, Portorriqueña, Ninfa, se ajustan un poco
forzadamente a un tipo preestablecido, donde se confunden rasgos indí­
genas y notas orientales.
También en los desnudos se advierte la observancia de un ideal de
forma estricto que unifica y esquematiza la innúmera variedad de lo na­
tural. Volumen, volumen estático, volumen sintético, volumen redondo,
en que lucha el impulso disgregante de la curva con el peso casi material
de la forma y su apretada concentración. Alonso busca las posiciones que
subrayan este carácter de bloque compacto. Acurruca o sienta a sus figu­
ras con los brazos pegados al torso y las piernas recogidas. Rechaza la
posición de pie, pues en ella la figura se integra en un segmento de eje
vertical cuya prolongación ideal se percibe un poco oscuramente como
impulso que desborda los límites materiales. Esto también rige para la
posición horizontal. Alonso la evita colocando a su figura recostada, Ola,
según una línea quebrada que dobla y enlaza las piernas y semiincorpora
el torso sobre un brazo de flexión no resuelta.

29

�Por ser una sola la intención y fijada de antemano, uno es el tipo
formal común a todos los desnudos. Brazos y piernas cortos y espesos,
de curvas tensas y esquemáticas, con muñecas y tobillos que apenas dis­
minuyen su grosor; muslos amplios sosteniendo la turgencia del vientre
y las caderas rotundas, pero sin sensualidad. El cuello es siempre corto,
pues un cuello largo impulsa la cabeza hacia arriba y aligera el peso de
la forma. Los hombros breves y hasta débiles y lo pequeño de los pechos
introducen un elemento de desequilibrio en la plenitud compacta y pe­
sada del conjunto. Este defecto se advierte, ante todo, en la Figura NC 9:
pecho y vientre se aúnan en masa amorfa y sin consistencia, cortada por
un brazo a medias fundido con ella. Distinto es en Durmiendo, el mejor
exponente de esta concepción del desnudo. Aquí la intención linda con
el logro.
No al azar las figuras de Alonso están vaciadas en cemento. El ma­
terial guarda resabios de su peso inerte y su extrahumana intemporalidad.
Estos cuerpos voluntariamente rudos y compactos no fueron hechos para
la acción, ni para la vida, si vida es movimiento. Permanecen eternizados
en su posición inmutable, sin escapatoria.
A

C U A T R O

n g e l ia

B eret

S A L O N E S

es u n h o m b r e -CONVIENE n o o l v i d a r l o ,
para justificar sus errores y comprender sus aciertos— a quien se lo
supone con una capacidad no común de penetración que le permite
juzgar. Pero, como juzgar no es decir solamente si una obra es valiosa o
no, sino aclarar la conciencia del espectador señalándole las escondidas
potencias de creación, ni puede conformarse con lo que ve o siente, ni
tampoco puede desdeñar sus percepciones y emociones, aunque las domi­
ne, pues ellas vitalizan sus imágenes y sus ideas. ¿No tiene la obligación
de escudriñar a fondo, llegando hasta las zonas íntimas del creador y de

E

l c r it ic o

30

�la sociedad como cuerpo colectivo, a fin de encontrar allí los motivos
desencadenantes del hacer artístico, a pesar del riesgo que implica tal in­
dagación? Si no cumpliera con esa obligación sería un mero cronista o un
jactancioso Papa.
Fiel a ella he visto y estudiado varios cientos de obras en las últi­
mas semanas1. sin dejarme llevar por ningún prurito pedagógico, pues
no me interesa comprobar si los artistas saben o no trabajar la materia,
si poseen o no un gran bagaje de conocimientos, o una rica o pobre sen­
sibilidad, todo lo cual es para mí accesorio, con el objeto de recomendar
soluciones. He tratado, en cambio, de comprender el mensaje implícito
en la visión del mundo de cada uno —la razón de ser verdadera de su
actividad espiritual en el modo de comprender la vida— y me hallo des­
concertado, una vez más, no porque expongan en los cuatro salones pin­
tores, escultores, dibujantes y grabajadores de toda laya, lo que es corriente
y en cierto modo inevitable, sino por la pobreza anímica que los aflige.
Desconcierto y desolación. Muchas obras me parecen tan mezquinas por
dentro como por fuera, productos de una tediosa faena en la que de nin­
gún modo se compromete el ser (¿para qué ocuparse de ellas?); otras
son como esos nuevos ricos, emperifollados y alhajados, que esconden
malamente su miseria espiritual (¿se ganaría algo con desenmascarar a sus
autores?); amén de que unas y otras revelan tal penuria de oficio, inclu­
sive en el manejo elemental de los medios expresivos, como para dudar
de toda posibilidad de progreso. Pocas, muy pocas, son comunicativas de
una verdadera inquietud; ocupémonos de éstas, entonces, pero no sin
señalar antes los caracteres generales de cada Salón.
El único que escapa a una calificación severa es el de Santa Fe:
su tono fué todo lo elevado que se puede exigir en estos momentos.
No así el Salón de Otoño de la Sociedad Argentina de Artistas Plás­
ticos, en el que se reúnen anualmente los artistas más valiosos; pri­
mero, porque las obras no justificaron ese juicio anticipado, susceptible de
revisión; luego, porque junto a las que son dignas de positiva estimación
se agruparon las más vulgares y adocenadas, seguramente debido a su
carácter peculiar de salón de una sociedad, pero que debería ser corre1
Salón de O toño (Sociedad A rgentina de A rtistas Plásticos) ; X VI Salón de
A rte de La P lata; XXV Salón A n u al de Santa Fe; Salón M unicipal de O toño de
A rtes Plásticas.

31

�gido de algún modo. En cuanto al Salón de La Plata y el Salón Munici­
pal de Otoño, todo cuanto pueda decir sería pálido, a menos que deci­
diera emplear palabras amargas de invectiva, ya que en ellos ni siquiera se
abren los oasis que levantan el nivel de los otros.
Varían los temas y las concepciones, casi nunca justificados por pro­
fundas voluntades de forma, olvidando la mayoría de los expositores que
deben mostrar, con fuerza de intimidad y al mismo tiempo de expansión,
un esquema total de la vida. Pues el artista es como el místico y el metafísico: un creador de totalidades. Si no anida en su intimidad esa potencia
comprensiva de la totalidad del mundo, condensada en la totalidad de
su ser, jamás podrá ser artista. Mi desconcierto, pues, se debe principal­
mente a lo que intuyo, al no advertir en las obras ni palpitación emocio­
nada, ni comprensión inteligente, ni esa sublimación, diré poética, que
permite transformar las imágenes de representación en formas llenas de
sentido.
Acaso sea necesario explicar. Si al detenerme frente a un cuadro, un
grabado o una escultura, sólo mis ojos ven la imagen representativa y tal
vez siento algún cosquilleo de la sensibilidad que me produce agrado, sea
por la vibración de los elementos, o por el contraste, o por la entonación,
etc., no puedo considerarlo como valioso. El valor de una obra de arte
—intemporal e inespacial— afecta a la totalidad del espectador, quien se
siente por eso transportado hacia un mundo, que conserva sus relaciones
con éste en que vivimos, pero que posee una coherencia que le es propia
Si las formas no trascienden de los objetos hacia ese mundo, si no sugie­
ren una ordenación universal de los elementos, si no se animan con una
potencia, reconocidamente humana pero perfeccionada, ellas aparecen
como detenidas en el tiempo y en el espacio, contingentes y ocasionales,
como las cosas inertes, y por tanto no son formas artísticas. Tenga en
cuenta el lector estas aclaraciones para comprender el criterio que me
ha guiado al hacer estos juicios.
Apenas una docena de pintores sobresalientes, entre ellos Lino Spilimbergo, con dos temples de otrora, sobre motivos alegóricos, de cuando
se dejó inflamar por la llamarada del fauvisme (Otoño), y otro firmado en

32

�1947 de la más alta calidad, uno de esos adolescentes (S. F .), menos rígido
pero más profundo ahora, en los que sabe expresar su comprensión épica
del suburbio porteño. Opuesto a él, Miguel Carlos Victorica, quien no sólo
sigue haciendo buena pintura, sin altibajos determinados por la moda y
fiel a su intimidad, de muchacho afortunadamente, sino creando con admi­
rable impulso lírico en su Balcón boquense (S. F.). Eugenio Daneri, en
cambio, no ha estado feliz en su Obrera descansando, premiada en Santa
Fe, desequilibrada en la relación entre el contenido sentimental y el dibu­
jo, duro y frío cuando no incorrecto; mejor en Tarde en el Riachuelo
(S. F.) y en Plato de verduras (Municipal), ejemplo éste de naturalismo
expresivo.
En cuanto a Horacio I. Butler, que acaba de exponer otra obra
reciente en la Galería Van Riel, aunque se mantiene en una línea de
gran dignidad, lo hallo desvitalizado: sus obras parecen conservar en
esquema la sustancia viva de las del pasado. Y Héctor Basaldúa, en este
nuevo Retrato de Jorge Larco (O toño), menos logrado que el de Mar de]
Plata, se muestra peligrosamente enamorado de las fragmentarias intuicio­
nes sensibles del color, sin construir las formas con energía, ni componer
con sobriedad. Es de lamentarlo, porque tanto uno como otro se cuentan
entre los mejores pintores. Algo similar ocurre con Juan Carlos Castagnino, en quien se acentúa la tendencia a disgregar las formas en un caos
cromático (Naturaleza en el campo, del Salón de Otoño) con frecuencia
sin la sobriedad que tenía antes, pero se rehabilita, a mi juicio, en Flor
de arrabal (S. F.), especialmente en la honda expresión humana del per­
sonaje, no bien incorporada al fondo. Jorge Larco, en cambio, sabe man­
tenerse en un plano de ajustado equilibrio: lo prueba su acuarela Coliflor
y cebollas (Otoño), aun no siendo de las mejores.
De dos pintores quiero ocuparme en especial: de Raúl Soldi y de
Enrique Policastro. Buena parte de los cuadros del primero, expuestos
en la Sociedad Hebraica A rgentina2, una figura de la Exposición de
Van Riel y las cuatro telas que figuran en tres de los salones que comento,
permiten una referencia al Soldi de hoy, que ha ganado en virtuosismo
de oficio y acaso en riqueza de sensibilidad cromática, llegando a obtener
efectos de gran pureza y gracia aérea como en Las tres viejas (S. F.), fina
evocación goyesca, pero ha perdido en reciedumbre y en capacidad de
2

Véase R a ú l Soldi, p o r R a q u e l E d elm an , pág. 25.

35

�condensar la emoción en la materia hecha forma. El fracaso de su Retrato
de la Madre (Otoño), y digo fracaso a pesar de que no soy insensible a]
fino modelado de la cara, se debe a que el género requiere una sólida
arquitectura de las formas y el respeto relativo por lo menos de ciertos
principios de composición de la figura, como el de la unidad de luz. Soldi
juega con las cosas que transforma en imágenes sonrientes, con una leve­
dad de ritmo apenas insinuado y bien pronto controvertido que le asegura
el éxito, con una seguridad de gusto que denuncia al gran pintor, y en
verdad lo es hasta un punto que tal vez él mismo no sospecha; pero, ¿no
tiene el deber de exigirse más, mucho más, hasta dominar los meros im­
pulsos y penetrar en la esencia de las cosas? Y, ¿no tenemos derecho quie­
nes lo estimamos de veras de señalarle el peligro de superficialización que
lo acecha? Acentos goyescos se advierten ahora más que antes en su pin­
tura; pues bien, que la influencia del gigante hispánico sea completa y
por su intermedio que halle Soldi el modo de emplear sus espléndidas
facultades de pintor en obras que no sólo gusten sino que también con­
muevan. También Enrique Policastro ha de luchar, y lucha cada vez con
más provecho, contra sí mismo. Desde hace años se ve que hay un ideal
de forma inmaduro que pugna por constituirse; cuatro obras recientes nos
permiten afirmar que está muy cerca de lograrlo: Paisaje y Chicos (Van
Riel), Paisaje (Otoño) y Mujer durmiendo (S. F.). Va escapando en ellos
de esas pastas excesivamente sucias, de color indiferenciado, que emplea­
ba antes, y obteniendo, al par que una clarificación de las mismas, formas
más plenas en las que se funde plásticamente su hondo sentimiento de
la vida. Pero todavía es más feliz en el paisaje que en la figura, que
se desprende en Mujer durmiendo del fondo y de ningún modo se sos­
tiene, lo que debe ser objeto de sus preocupaciones. Además, me place
decirlo, pinta con todo el ser, con las manos, el alma y el espíritu.
También Marcos Tiglio asciende pintando naturalezas muertas y pai­
sajes, jugosos como los de Victorica, a quien tanto sigue ahora, y de con­
tenida emoción. ¡Ah, si se decidiera a dibujar! Si comprendiera que su
falla no está en la materia, sino en la construcción formal de la misma,
¡qué pintor podría llegar a ser! A Miguel Diomede, en vez, hay que
recomendarle una revitalización, pues a este paso sus figuras sobre todo
van a perderse en adivinaciones de formas; tiene que madurar con ener­
gía, no con languidez; sus Duraznos y su Cabeza (Otoño), más que
Amparo, premiada en Santa Fe, permiten augurarlo.

34

�Medardo Pantoja, con Chica de Titeara, e Ideal Sánchez, con un
Desnudo, proporcionan goces auténticos en el Salón de Santa Fe; lástima
grande que el segundo se repita en el Desnudo del Salón Municipal, y
que en ambos se olvide de que un pintor es ante todo y sobre todo un
colorista. La mayor satisfacción la proporciona Ernesto Fariña, con Na­
turaleza muerta con paño verde (S. F.), simple y profunda en su conden­
sación del sentimiento, y Paisaje de Córdoba (S. F.), no sólo porque revela
tener algo que decir, sino porque además comprende que sabrá decirlo
imponiéndose una severa disciplina.
Que hay otros cuadros merecedores de una mención es indudable
—de Lucía Capdepont, Violeta S. de Carelli, Manuel Coutaret, César Ló­
pez Claro, Alberto Trabucco, Florado March, Manuel Colmeiro, Demetrio
Urruchúa, Alberto Russo, Carlos Giambiagi— pero prefiero referirme en
último término a los jóvenes que apuntan. A Julio Barragán y Mario
Grandi, desgraciadamente amanerados todavía; a Oscar Capristo, que
puede caer en una nueva retórica; a Luis Corcostegui, rico en los empas­
tes nada más; a Juan Grela, que comienza a aprender; a Roberto López
Carnelli, que debe combatir su tendencia a la frivolidad elegante; a Alicia
Pérez Peñalba, Elsa Conti y Raquel Kohan, fina paisajista ésta; a Felipe
de la Fuente, Edward Levin, Osvaldo Centoira, José Cernobori, Arístides
Nodari y Mario Párducci. Ninguno de ellos endereza rectamente a mi
juicio, perdiéndose por las ramas o endureciéndose en maneras, pero
por lo menos hay emoción e intento sano de expresarla, y esto es ya mucho.
Flabía cierta espectativa por conocer las obras de José Alonso, des­
pués de su viaje a Estados Unidos. Tanto las que expuso recientemente
en la galería M üller3, como las que envió a los Salones, señalan un mo­
mento de desconcierto. En lugar de encauzar la fuerza instintiva que
tenía antes, la destruye sobreponiéndole frías esquemas formales. La gran
Figura en piedra, premiada en Santa Fe, presenta en efecto monumentalidad de la materia, no de la forma, con partes inertes y pobres articu­
laciones de volúmenes entre sí. Ya que se inspira en la vieja escultura
oriental, convendría que estudiara los modos de potenciación íntima de
la materia en que fueron maestros los sumerios y los egipcios; aprendería
3

Véase José Alonso, p or A ngelia Beret, pág. 28.

35

�a no recurrir a efectos gráficos y a robustecer los perfiles en sus contras­
tes, ya que a causa de la concepción cúbica no caben planos de pasaje.
Con todo, sigue habiendo en él una gran potencia de escultor, que sin
duda habrá de perfeccionarse en la madurez.
Fuera de él, se destacó un relieve de Luis Falcini en el Salón de Otoño
—Abanderado— y Viento en Catamarca de Lucio Fontana, deshecha esta
obra por el deseo de dinamizar la escultura más allá de sus posibilidades,
así como los envíos de Juan Carlos Labourdette y de Roberto Ju an Viola.
Niño (Otoño), del primero, tallado en piedra, es trabajo de noble factura
y de sólida concepción monumental; si acaso son monótonas las super­
ficies y los ritmos, no por ello deja de merecer u n amplio elogio. En
cuanto a Interrogante (S. F.), del segundo, aunque le falta a la figura
dinamismo interior y los perfiles no han sido cuidados, se destaca en esa
necrópolis que constituyen las esculturas en los salones como una nota
viva e intensa, plena de interés poético.
Ausentes casi todos los buenos grabadores, esta sección es casi igual­
mente pobre en todos los salones. Apenas se anotan aquí o allá algunas
notas que se señalan por una factura más lim pia o una intención más
noble. Solamente José Planas Casas, en Santa Fe, muestra obras de ver­
dadero mérito; Caballo herido, de gran potencia dramática en la defor­
mación construida, con complejos ritmos de planos y líneas, y El camino,
en el que funde magistralmente la sensibilidad con el afán constructivo.
No carecen de interés los grabados de Aschero, Cecconi, Nicasio y
Sánchez, en Santa Fe; de Moncalvo y Polo en el Salón M unicipal; de
Otero Lamas y Elgarte en La Plata. La fórmula es de compromiso y no
se me escapa: se trata de buenos cultores del oficio que desgraciadamente
se repiten.
Bien pronto se inaugurarán los salones de Rosario y de Córdoba que
preludian todos los años el Salón Nacional. Ojalá pueda en ellos m odi­
ficar o atem perar estos juicios, necesariamente provisionales en cuanto se
refieren a obras del momento; ojalá pueda verse u n brote de invención,
aunque sea bárbaro, pero que im plique el corte de este nudo gordiano
que nos apresa.
J orge R omero B rest

36

�LAS IDEAS ESTETICAS DE RODIN

R

o d in p e r t e n e c e a esa l ín e a d e a r t is t a s f r a n c e s e s

que escriben sobre el arte en general, con un interés muy profundo
y además con una gran perfección literaria. Pensamos en un Fromentin, un Odilon Redon, un Delacroix. De él nos queda su único libro
Las catedrales de Francia, el llamado Testamento, algunas prosas como
La bourrée o A la Venus de Milo y una cantidad de pensamientos dis­
persos. Mucho se escribió y se sigue escribiendo sobre Rodin pero entre
los libros fundamentales mencionaremos El Arte de Paul Gsell, que tiene el
interés de ser casi todo él la opinión sobre temas de arte dada de palabra ai
autor por Rodin, dos libros de principios de siglo, de Judith Cladel, tam­
bién siguiendo palabra por palabra las opiniones del escultor y un prólogo
muy reciente de la misma escritora en que propone un esquema mucho
más interesante desde el punto de vista de la crítica, pues aquí hay opi­
nión, no siempre favorable del todo, pero con una observación muy aguda,
que no es solo el entusiasmo irreflexivo de la extrema juventud.
También Octave Mirbeau —que fué gran amigo de Rodin— se ocupó
de él pero su opinión es más literaria; en cambio Rainer María Rilke en
sus conferencias y en sus cartas al maestro, da nociones que son indis­
pensables por lo sagaces y lo finas para la total comprensión de esta obra
monumental.
Si bien Las catedrales de Francia es un libro digno de compararse con
Las siete lámparas de la arquitectura, no se piense que Rodin es tan lúcido
como Ruskin para abordar la interpretación de la obra artística ajena. Su
actitud no es la del crítico que se emociona a través del pensar sobre las
cosas sino la del verdadero artista que vive las realidades directamente y
en ellas se agota.
Las ideas religiosas de un artista nos interesan en la medida que expli­
can el alcance de su obra. Lo mismo ocurre con las ideas morales. A
ese respecto Rodin se consideraba a sí mismo como un creyente pero no
un religioso.
En cuanto al otro problema, Rodin creía que en el arte no hay

37

�inmoralidad. Para él “la medida era lo que los antiguos llamaban la Vir­
tud. La temperancia no es la abstinencia y el amor verdadero es la justa
proporción entre las fuerzas del hombre y el grado de placer que puede
soportar”. Los transportes del amor, por ejemplo, no pueden ser nunca
inmorales para Rodin. A pesar de la libertad con que trataba estos temas,
había en él una especie de castidad inicial: “Los grandes voluptuosos son
siempre castos” había escrito Flaubert y es una verdad absoluta en el caso
de Rodin.
Casi lo mismo puede decirse del problema —tan apasionante para el
arte contemporáneo —de lo feo. Para él no existía tal cosa, por lo menos
de acuerdo al concepto habitual. En arte sólo es malo y feo, lo que no
tiene carácter, no una vieja decrépita como la que se gozó en representar
en La vieille heaidmiére. El arte está más allá de conceptos tan estrechos.
¿Qué explicación tienen si no esa terrible Santa Magdalena de Donatello
en el Bautisterio de Florencia, ruina espantosa de lo que fué una hermosa
mujer? ¿Qué sentido los deformes enanos de Velázquez? Rodin sabía todo
esto y tenía la valentía de decirlo y de desafiar la opinión corriente de su
tiempo. Esa labor de limpieza que él hizo contra prejuicios y lugares co­
munes del arte no se la agradeceremos nunca bastante.
Desconfía de la inspiración y la cree una invención romántica. Él
que había tenido que trabajar siempre, sabía que la firmeza v la constan­
cia son las bases de la creación artística. “Los jóvenes no aman el trabajo
porque no saben trabajar”. Pero él sabía que no es el trabajo mecánico
el que rinde, sino el que se hace con amor, luchando. “Cuando trabaja­
mos siempre estamos un poco extraviados, no sabemos con certeza adonde
vamos. El progreso es tan lento, tan incierto; después —de pronto— se
revela el camino. Avanzamos pero luego de años de tanteos.”
A sus modelos, no los obligaba a conservar por largo rato esas poses
acalambradas que él sabía que no son el arte, sino que los dejaba evolu­
cionar desnudos por el aielier, para empaparse de la forma. Quería com­
pensar la desventaja en que estaba con respecto a los antiguos que en las
termas o en la palestra tenían perpetuamente delante de los ojos el mo­
delo humano. Además su miopía y su afán de perfección en el modelado
le hacían llegar hasta a palpar la forma directamente. Y sus manos hipersensibles conservaban entonces una huella que ya no se borraba más. Era
tal su preocupación por la forma que afirma Judith Cladel pensaba en
términos escultóricos la realidad física y la moral.

38

�Entendamos que siempre que Rodin habla de copiar a la naturaleza
no se refiere a una copia mecánica, pues ni el vaciado ni la mera foto­
grafía son arte. Bien hace Judith Cladel en recordarnos que nadie hubo
más naturista (digamos así para no confundir con naturalista) que Rodin
y nadie menos realista. El hombre que todo lo deformaba con sensibili­
dad, desconfiaba de las abstracciones y seguía insistiendo perpetuamente
en las formas de la naturaleza como modelo, pero no para copiar sin
alma, sino más bien como fuente en qué beber, para re-crear el mundo.
El puro razonar le parecía absurdo en el arte, quería llegar a lo más alto
a través de la verdadera base terrenal del hombre. Él lo consiguió a pesar
de la contradicción aparente entre lo que decía y lo que hizo.
Otra cosa que le gustaba afirmar —y en él no puede sospecharse la
boutade— es que era un geómetra, un científico de la forma. Esto que
puede parecer absurdo, un desconocerse total, no lo es si pensamos que
valoraba en mucho lo racional. Y además que de esa manera no hacía
más que reflejar el afán cientificista de la época en que le tocó vivir.
"El genio viene sólo al que comprende, no solamente con el ojo sino
también con la inteligencia.”
Creía que el artista sólo era grande cuando imitaba los procedimien­
tos de la naturaleza, no cuando la copiaba. Hay que exagerar, decía,
los griegos supieron a la perfección cuánto —la proporción justa— de la
exageración. Sino la idea queda confusa, y no se revela de un solo
golpe al que la observa por primera vez. Hay que sacrificarlo todo a la
idea.
Sabía que el concepto de profundidad era el principal para el escul­
tor. Hacer que las formas avancen como una punta hacia las ojos del
espectador, que se “conciba toda superficie como el extremo de un volu­
men que la empujara desde atrás”. Explicaba con maravillosa claridad
cómo la escultura debe representar el movimiento como lo que es: “transi­
ción de una actitud a otra”. Y decía que en una misma escultura hay
que dar mediante la deformación sensible, la sensación del moverse que
no da una fotografía instantánea, por ejemplo, que es siempre estática,
de actitud detenida, helada, como lo es también un vaciado sobre el
modelo vivo. De la manera que Rodin explica, el estatuario obliga al
espectador a recomponer el desarrollo de un acto a través del personaje.
Él practicó siempre ese principio que se ve claramente en el Hombre
que camina, en el San Juan Bautista y en la Edad del bronce. “I.o que

39

�permite al artista dar al espectador la ilusión del desplazamiento de los
músculos, es no representar todas las partes de sus personajes en el mismo
momento de la duración . . . ”
Sobre el modelado también dió conceptos fundamentales. Decía que
había relieves primarios y secundarios dentro del modelado y como “los
griegos estaban enamorados de los ritmos lentos, atenuaron involuntaria­
mente los relieves secundarios que podían romper la serenidad del movi­
miento; pero se guardaron muy bien de borrarlos por completo”. El mo­
delado es “pasar sin choque de una dureza a otra”. “Lo que en pintura
son los valores, en la escultura es el juego de la luz y de la sombra”, es
“el modelado el que une los planos y los armoniza” dice Judith Cladel
en su último libro sobre Rodin. Tam bién Rilke ha dicho cosas im por­
tantes sobre el modelado de Rodin como la idea de que “las formas se
adhieren unas a las otras por una íntima necesidad. Una mano que se
posa sobre la espalda de otro cuerpo no pertenece ya completamente a
aquel cuerpo de que proviene . .. ”. “Los lugares donde el contacto es
más estrecho son los puntos culminantes de la obra.”
Rodin conocía bien todas las artes y las amó como él sabía amar: la
naturaleza, el cuerpo humano, la forma, el modelado; con un amor que
integraba y amalgamaba, panteísta y total. Había en él una capacidad
extraordinaria de recepción y una resonancia admirable para todo lo que
significara vida. Por la arquitectura tenía veneración y al escribir propo­
nía a la escultura como una subespecie del otro arte mayor y más general.
Se quejaba de no tener la formación arquitectónica —saber técnico y de
perspectiva— de los maestros del Renacimiento y comprendía que su dife­
rencia esencial con Miguel Angel era que éste había sido capaz de mayor
abstracción en los grandes planos que él. Esa falta de capacidad tectónica
para la escala monumental se pone de manifiesto —a nuestro modo de
ver— claramente en la Puerta del Infierno. No creemos que esta obra se
sostenga, como se dice en la jerga, y casi diríamos con Maillol que es
agujereada. Nosotros la encontramos demasiado preciosamente cincelada
para ser una pieza de más de seis metros de altura.
Una observación parecida puede hacerse con respecto al Sarmiento
de nuestro parque de Palermo; cada una de las partes que lo componen,
figura de Sarmiento, Apolo de la base y el escudo argentino de la parte
posterior, son magníficas en sí. Pero el ensamble de las tres, la diferencia

40

�desafortunada de los materiales y la pobre arquitectura del conjunto da
un perfil nada feliz que le quita escala y atractivo.
Pero nada de esto es objeción. Lo decimos solamente para caracte­
rizarlo, como podría decirse también que sus temas en general son dema­
siado alegóricos, siguiendo también en eso una costumbre de su época.
Él protestaba de los falsos límites entre la literatura y las artes plásticas.
Para él, la inspiración alegórica ejercía el papel que las religiones anti­
guas y sus mitos habían tenido siempre para el artista.
Sus palabras a propósito de otros maestros son las más justicieras para
serle aplicadas a él mismo: “ . . . el arte no es evitar los defectos. Es tener
una calidad que arrase con todo. Cuando contemplo la obra de los Maes­
tros, veo que está lejos de ser perfecta, percibo defectos o —más bien­
ios constato sin criticarlos”.
A Rodin le gustaba la pátina que da el aire libre pero Judith Cladel
dice muy sagazmente que a pesar de ese amor, las esculturas del Maestro
no son para la intemperie. Quizá haya demasiada finura en los pasajes
de un plano al otro, o que el modelado sea excesivamente fino (cosa
atribuíble en parte a la miopía de Rodin") para el contraste un poco brutal
del sol y la sombra; lo cierto es que preferimos considerar a la obra de
este escultor como algo demasiado exquisito para el aire libre, algo que
realmente entrega todos sus secretos en la media luz de una habitación
que se enriquece con penumbra o se aclara al dejar entrar un rayo de sol.
Tenía una sólida cultura pictórica y literaria. Rembrandt, Tiziano,
Poussin, eran nombres que se le escuchaban continuamente. Él conside­
raba que había llegado a ser escultor casi como una circunstancia fortuita
en su vida. Y tenía esa ansia inmensa de expresarse abarcando todas las
formas del arte y muchas veces lamentaba no haber sido escritor. Admiró
con exceso —junto con todos los críticos franceses— a Puvis de Chavannes
y a Carriére, pero debemos perdonarle esa sobreestimación como otro
error de época.
Conocía bien a los clásicos y Shakespeare, y sus lecturas favoritas —Dan­
te y Baudelaire— se reflejan en su obra dándole temas. Admiraba a Rous­
seau y Judith Cladel sabe hacer un paralelo entre ambos no menos inte­
resante que sorpresivo a primera vista. Tenían en efecto algunos puntos
de contacto como “el amor a la naturaleza, el odio de lo artificial y tran­
sitorio, la timidez de modales, la ingenuidad en la alegría, la convicción
autoritaria y luminosa que se expresa con lucidez. . . ”.

41

�Y ya que hablamos del carácter digamos que todos los que le cono­
cieron íntimamente coinciden en decir que su testarudez y su bonhomía
eran de campesino y él se jactaba en decirlo. En sociedad era retraído,
prefería callar cuando los otros hablaban y sólo entre pocos gustaba expla­
yarse. En Les paysans Balzac dice: “No hay como los hombres de genio
para tener ese parti-pris de confianza, esa generosidad por la debilidad,
ese amor sin celos, esa campechanía con la mujer”.
Para Rodin no existía la originalidad buscada, como un valor. Creía
que no se trataba para el artista ni de crear ni de improvisar sino sim­
plemente de comprender. Concebía el arte como lentitud y paciencia.
En el arte como en la naturaleza no hay esfuerzo brusco —solía decir.
Todo para él era metier. Y de él es la frase original, como las de los
grandes artistas, original aún sin proponérselo: “La conciencia es la plo­
mada del artista”. Nada más contrario a él que la improvisación, el repentismo.
Ni en sus dibujos, en que según sus biógrafos solía tardar menos de
cuatro minutos, hay nada librado al azar o al momento. Esta actividad
favorita de sus últimos años, era práctica, perpetuo aprendizaje, y en él
ponía todo lo que no cabía en su escultura, lo que retenía de una pose
en que había captado miles de matices de los cuales sólo unos pocos —por
espíritu de sacrificio artístico— había querido dejar en el barro o en la
piedra. Solía coleccionar las hojas de croquis y con ellas hacía álbumes
o las colgaba por las paredes. De esos admirables dibujos decía a menudo
que eran “arte japonés realizado con medios occidentales”.
En la escultura sus amores más imperecederos fueron: los griegos,
Miguel Ángel, los góticos y el siglo xvm francés. Citémoslo una vez más:
“El principio sobre el que gira la escultura antigua, su eje, es el Equili­
brio, es decir la posición respectiva de los volúmenes exactamente repro­
ducidos y ubicados, pero en las transposiciones del movimiento. O mejor:
son las oposiciones de estos volúmenes los que producen el movimiento”.
Él comprendía que las estatuas griegas no posan ante el espectador, no
exhiben su amaneramiento como las academias modernas. En su Edad
del bronce luchó por conseguir esa cualidad positiva. Ya en la madurez
fué a Italia y descubrió a Miguel Ángel. También vió a Donatello y a
Bernini (“Roma es una ciudad —dijo— que no se comprendería sin
Bernini”). Pero es con Miguel Ángel que se siente vibrar y transfigurar.
El gran florentino le enseña el secreto de componer en un nudo apretado

42

�la figura (“Las únicas esculturas realmente buenas —había dicho Miguel
Ángel— son las que se podrían hacer rodar desde lo alto de una montaña
sin que se rompieran”).
Para Rodin desde entonces, en escultura hay dos maneras de com­
poner: la griega, la de Fidias y la otra, la que saliendo de los imagineros
de la Edad Media llega a culminar en Miguel Ángel. Lo que Rodin llama
la composición en consola en oposición al juego de ejes y al cuerpo
como una proa de los antiguos.
Otra de sus grandes admiraciones son los góticos. Sobre ellos tiene
páginas inolvidables. Pero a pesar de todo, Rodin se equivocó en su
libro. Él vió siempre la catedral como el sostén de la maravillosa escultura
medieval, no supo ver lo que había allí de edificio puro. Él se sentía en
cierto modo mucho más hermano de los canteros y picapedreros que de
los maestros de obra que habían concebido el conjunto.
La otra gran preferencia es el siglo xvm francés del cual se conside­
raba hijo. No olvidemos que Rodin estudió con Barve y Carpeaux y
trabajó en Bélgica con Carrier-Belleuse y luego en la manufactura de
Sévres de la que este artista fué director. Allí Rodin se ganaba la vida
componiendo pequeñas figuras llenas de gracia y animación. Según el gran
escultor la Escuela Francesa siempre ha sabido traducir el movimiento.
“Los griegos supieron representar el reposo en el equilibrio, el arte fran­
cés es menos sereno* no és más vivo que el antiguo, es más actuante, y
deja transparentar por la acción el sentimiento de sus personajes.”
¿Cómo es posible que Rodin haya amado estas cuatro tendencias
tan disímiles? Por una razón profunda. Estos cuatro caminos que pare­
cen antagónicos, se integran en una realidad fundamental para Rodin:
la vida. A pesar de que en las obras de juventud nos parece estar cerca
del canon griego, no nos engañemos por la apariencia de la forma, el
contenido tiene ya una actitud de lucha que es de nuestro tiempo. Él
mejor que nadie sabía el abismo que había entre la serenidad antigua
y su angustia.
Rodin admiraba la escultura egipcia y la calificaba de austera y la
oponía a la griega a la que llamaba de buena salud. Y al final de su
vida —completando quizá un ciclo evolutivo— trató de acercarse al ideal
egipcio de masa piramidal compacta. En su Balzac por ejemplo quiso
simplificar las masas para lograr más fuerza expresiva en la unidad.
Rodin tenía terror de los trajes y de las modas en su escultura. Sabía

43

�que esos elementos mezquinos y perecederos ensucian la verdadera obra
de arte y por eso los rehuía. Su solución no pudo ser más clásica: adoptó
como los antiguos el desnudo, y en una época de levitas, de botones y
arrugas de bronce se atrevió a representar a los grandes hombres desnudos
frente a la inmortalidad. Cuando no podía hacerlo como en Los burgueses
de Calais o en el Balzac estudiaba primero la forma haciendo un desnudo
y vistiéndolo luego. De este modo estaba seguro que sus estatuas eran
cuerpos debajo de las túnicas o la capa que les inventaba.
Ante la crítica y la arqueología tenía una actitud de artista, no des­
pectiva pero con restricciones. No le importaba equivocarse al atribuir
una copia como obra antigua, pero en cambio estaba seguro de su gusto.
Un arqueólogo puede dar certeza sobre la época o el autor pero no percibe
la belleza. “Si la obra es bella no me importa que sea falsa, lo que im ­
porta no es eso”. Iba mucho a conciertos y a museos. Sabemos que Beethoven, Mozart, Glück eran sus mayores admiraciones. Cierta vez le dijo
a Judith Cladel: “Los museos son como los conciertos, inspiran pero pro­
ducen una borrachera que no se lleva bien con el trabajo que debe
ser siempre calmo y reflexivo”. Y ya que hablamos de museos digamos
que él tenía el suvo particular que llenaba las salas y jardines del Hotel
Biron en París y los de su casa de Meudon. Rodin fué un gran coleccio­
nista. T odo lo acaparaba comprándolo a cualquier precio. Le bastó una
vez ver la espalda de un Hércules que estaban desembalando para que lo
quisiera para sí. Luego lo exhibía orgulloso como uno de los tesoros de
su colección. Estatuas egipcias, vasos y figuras cretenses, tanagras, capi­
teles góticos y mármoles y bronces griegos y romanos formaban su colec­
ción. Acariciándolos y gozándolos pasó los últimos años de su vida. Jus­
tificaba una mano o un fragmento cualquiera diciendo que “en un trozo
de belleza, está toda la Belleza”. Pero no era un fabricante de ruinas
como algunos artistas que para eludir lo más difícil: manos o cabeza,
m andan y siguen mandando torsos inexpresivos a los salones. El ejemplo
de Rodin no es bueno para seguir, pero él lo justificaba plenamente.
Creyó, como Sócrates, que “lo útil, lo bien adaptado a las necesidades
que debe servir es ya de por sí bello”, exageración en que han caído otros
grandes artistas de nuestra época, entre ellos Le Corbusier que parece su
extremo antagónico en la concepción del arte.
Ya hemos dicho que la vida fué el signo principal del camino de
Rodin. Complejo, lleno de dudas, de aparentes contradicciones, enamo-

44

�rado de los distintos materiales, supo dar a cada uno, la forma que recla­
ma. Con el bronce fué más dúctil pues la arcilla lo implica, sin llegar
a ese modelado abollado o arrugado, de algunos escultores contemporá­
neos. Con el mármol —en cambio— acentuó la dureza natural de la
piedra y apenas esbozaba solamente la forma pujando por salir de la
masa del material y luego aprendió a dejar partes del bloque en bruto
tal como ocurrió con algunas de las obras inacabadas de Miguel Ángel.
Eso les daba más fuerza tectónica y hay una gran emoción en ver salir
del mármol la forma apenas insinuada de una mano o una cabeza.
Lleno de luz y sombra profunda en los bronces; diáfano y pulido en
los mármoles dió aquí también a este respecto una lección suprema en
el arte. Esa misma dualidad está en sus temas. Fué un gran generalizador de pasiones y entonces sus figuras son universales y al mismo tiempo
fué un retratista de gran hondura, tanto como los romanos aunque en
él hay todavía un sesgo más moderno de agudeza y caracterización psi­
cológica.
Rodin heredó la tradición escultórica francesa, la unificó y en cierto
modo la superó. Tuvo la penetración para revelar el carácter de Houdon, el movimiento extraordinario de Rude, la fuerza animal escondida
de Barye y la alegría exultante de Carpeaux. Pero él los sobrepasó porque
consiguió darnos una obra libre de todos los amaneramientos de una
época que ahogaba con sus salones y sus encargos oficiales.
Rodin se equivocó en algunos juicios pero no se equivocó con Rodin
como artista. Estuvo siempre seguro de él y lo llevó adelante: contradic­
torio y apasionado, pobre y rico, desconocido y célebre. Y nos dejó un
modelo y una figura única. Una obra universal, parienta de los pocos
genios que en la escultura han sido y al mismo tiempo particularista y
francesa, francesa hasta la médula, con ese mismo espíritu que él tanto
admiraba en todas las épocas gloriosas de Francia.
Último imaginero de su tierra, agotador de la materia que trató.
Después de él quedan caminos distintos por seguir: o Bourdelle o Maillol
o Despiau. Pero él: solo. Como siempre las grandes figuras del arte. Sin
antecedentes que lo expliquen del todo, sin consecuentes posibles tampoco
como Wagner o como Goya.
D

45

a m iá n

C arlos B

ayón

�Hoja y universo

RODIN Y RILKE
N A H O JA ES U N M U N D O . VIVA, U N ID A A LA R A ­
ma y a la tierra, la savia la recorre dándole una plenitud
tierna y brillante. Si la arrancamos, su verde perdura en
la palma de la mano como una mancha intacta: la vida prolonga­
da sigue sosteniendo sus nervaduras, canalizando sus planos, cons­
truyendo sus formas. Tendríam os que tenerla mucho tiempo
hasta que se fuera dorando totalmente, despojada de su verde
triunfal, torcida sobre sí como una llama, infinitam ente bella en
su muerte.
Esto, vida y muerte, síntesis, color y forma, totalidad y frag­
mento, m ovim iento y estatismo, ciclo y misterio, tibieza y frío, es
una hoja en la palma de la mano. Que bien pudiera ser la palma
de la mano de Rodin, áspera, trabajada, potente, y la delicada
palma de la mano de Rilke. Y tal vez una hoja del rosal que
trepa la columna del jardín de M eudon, exactamente la colum ­
na de entrada al hall-museo.
Es sólo una hoja sobre la palma abierta: desde aquí, sin em ­
bargo, parte la gran filosofía. Porque el camino de Rilke y Rodin
es de la tierra al universo, fecundando el centro de la órbita con
el umschlag, la revolución interior, la entrega de la totalidad.
Ciertamente, es R odin quien hace ver la hoja a Rainer María
Rilke. La tarde en M eudon, con su aire claro y detenido, su na­
turaleza firme y nítida y ese oleaje increíble —pero potente, con­
creto— de una humanidad de mármol y piedra, es propicia al
descubrimiento. Rilke, llevado por la magia de la mano de Rodin,

U

46

�descubre la hoja y su universo íntegro, de nervadura y muerte.
Para el poeta de la bruma total, que ha creado hasta ahora seres
de sueño y niebla, el descubrimiento de las cosas le abre la raíz
del mundo. Exactamente la raíz. Hasta entonces, hasta Rodin,
Rilke tenía la copa del mundo: maravillosa copa frondosa de
misterio y de propia muerte, de miedo y recuerdo, de angustia
y renovada recreación. Copa lúcida de una filosofía casi mística,
demasiado desarraigada, puro espacio y aire y universo. Las Dos
historias praguesast lo testimonian. Ahondando, sin mucho es­
fuerzo detrás de sus débiles líneas concretas, hay una niebla pro­
funda, informe, llena de silencio, que trepa por las venas de la
acción, destruyéndola y transformándola nada más que en suge­
rencia, maravillosa pero desvitalizada.
Rodin le entrega la virtud de las cosas: los caminos de la
hoja, su ubicación exacta en el espacio, su necesidad en el tiempo,
la presencia de su borde sensual, el hallazgo de su materia, la
eternidad de ser cosa con existencia, con gesto y movimiento.
Siente que los objetos no se equivocan: saca de ellos las leyes en
su estado puro. Oye los movimientos de la vida en cada cosa.
Acecha el misterio y los estados previos para apresar la vida así,
casi violándola en el supremo esfuerzo de tomarla viva y dejarla
viva, despreciando la acción realizada que es ya una forma de la
muerte. Siente la potencia y la totalidad de una hoja y la escu­
driña con tenacidad ininterrumpida e implacable. Trabaja in­
clinado casi brutalmente sobre la materia: plantado como un
hombre nuevo en la naturaleza: espiándola, buscando su yuxta­
posición y su sexo, transformando todo en planos y superficies
traspasados —no rodeados— por la luz y el espacio. Ha encontrado
que el principio de la vida es una creación constante, que tiene
zonas infranqueadas de maravilla y de misterio. Toda su escultu­
ra quiere alcanzar ese instante del nacimiento. En todo tiempo

77

�nace algo, nace algo permanentemente: la luz, el movimiento, el
dolor, el gesto, la idea, el amor. La piedra o el mármol deben
recibir y captar este gigantesco y constante alumbramiento que
hace Hombre al hombre que lo siente. Y este poder, extraño e
intangible, Rodin lo extrae de las cosas, hora tras hora, jornada
tras jornada, duro y poderoso como un dios pagano.
Rilke comienza, al lado del Maestro, a ver. Ver incesante­
mente, todo lo no visto, absolutamente todo, con intacto asombro:
segundo día del Génesis. Comienzan a separarse el mar y la tierra,
a separarse cotidianamente, con la misma frescura milagrosa no
repetida en el mundo literario. El planteo filosófico que le da
Rodin a Rilke, (más exactamente que un Rilke fervoroso extrae
de un Rodin vuelto ya solo hacia Rodin), es descubrir la reali­
dad primera viviendo abierto, como una quieta playa. Aceptando
todos los datos de la realidad, —fecundas, desiguales mareas—, y
aun más, buscándolos y afrontándolos.
La hoja va muriendo en la palma abierta: el borde terso se
contrae como una ola breve —temblorosa ola final—, mientras el
centro vive por la ilusión de la gran arteria de su nervadura. En
este instante no hay una posición Rodin-Rilke, sino una actitud
de Rodin y una filosofía de Rilke, individuales y distintas. El
maestro y el feligrés (ni discípulo, ni secretario, ni alumno, ni
todavía amigo) se separan. Rodin retuerce en sus manos la onda
de la hoja agonizante. Entusiasmado, vibrante ante la transfor­
mación de la materia. Pero Rilke ve el misterio y el miedo y la
muerte, y se hunde hacia sí mismo aplicando en la búsqueda los
métodos del descubrimiento material: “Deja que todo te acon­
tezca, lo bello y lo terrible . . . ” Avanzar hacia la propia muerte
con miedo helado y azorado sueño. La hoja en el espacio, la
hoja como una pequeña partícula dorada, la hoja arrancada del
corazón de Dios, la hoja viviendo su propia muerte, la hoja anu-

48

�dando sobre sí su misterio calladamente, intemporal, eterna. Es el
tiempo en que escribe Los cuadernos de Malte, que son el análisis
detallado y exacto de sensaciones, ideas y miedos de un hombre,
construyéndose totalmente detrás de un aparente desvaímiento.
Los Cuadernos son el fruto de un Rilke subyugado por Rodin—
zona del descubrimiento de las cosas —fundido con el Rilke libe­
rado de Rodin— zona de la búsqueda interna, solitaria, misteriosa
y helada. El mundo existe y se une victoriosamente la metafísica
sensible con la piel caliente y verídica de la tierra.
La hoja en la palma ya está dorada y crujiente, muerta. Aho­
ra, sin embargo, cuando se pulveriza entre los dedos y se arroja
al aire, y es ya aire o tarde incorporada al crepúsculo, Rilke y
Rodin vuelven a unirse y ambos pasan al universo. La lámina
concreta y verde, lo particular, el dato sensible, ha desaparecido.
Rodin ha tomado de ella, forma y movimiento. Rilke ha tomado
presencia, muerte y misterio. Ambos la unlversalizan y hacen de
la hoja de Meudon, una hoja sin tiempo y sin espacio.
Rodin le ha ayudado a Rilke a tener la hoja sobre su palma
cálida horas, noches y días. Le ha dado nuevos ojos para mirarla.
Le ha hecho formar, una a una, las palabras para descubrirla,
hasta hallar la palabra exacta, la palabra universal. Infinita pa­
ciencia, trabajo infinito. Construir la idea como una catedral,
sin nombre, sin ambición, sin socorro, desde los andamios, con
la sola conciencia. Esta —tal vez— fué la gran lección. No fué
recíproca. Rodin era demasiado definitivamente Rodin cuando
Rilke entró en el jardín de Meudon. Rilke, en cambio, iba hu­
mildemente, iluminado y descalzo como un peregrino, de las H is­
torias Praguesas a Los Cuadernos de Malte. Su abnegada e increí­
ble feligresía rodiniana fecundó su playa excesivamente desolada.
De allí nació su realidad, infrahumana y tangible, trazando una
órbita vital desde la hoja al universo.
,.
J

M artha T raba

49

�RECIENTE

BIBLIOGRAFIA

R O D IN
Por Ju d ith Cladel.
Ediciones Aimery Somogv, París
En un libro anterior (Auguste R odin
pris sur la vie, Ediciones La Plume, P a­
rís) , Ju d ith Cladel se inicia en la com­
prensión de la obra de arte, guiada por
el propio Rodin; en éste dueña ya del co­
nocimiento que la capacita para la críti­
ca, su juicio m aduro afronta la responsa
bilidad de revelar la obra de un genio.
Su apasionada admiración por la escultu­
ra del maestro de Meudon, que no menos­
caba la severidad de su juicio, nos incluye
en el ám bito de su creación por una vía
emocional más efectiva que la del mero
pensamiento.
A los veinte años de la m uerte del a r­
tista, y sin temor de equivocarse, Ju d ith
Cladel nos dice que R odin h a dotado a
su siglo de la obra de u n gigante y ha
devuelto a la escultura la categoría al­
canzada y perdida en el siglo xvin y, lo
que es más, ha promovido la audacia.
Agrega a esto su convicción, en corres­
pondencia con la de otros críticos, de que
la joven escultura m oderna, a pesar de es­
capar a las efusiones de su romanticismo,
quedó desde entonces liberada de la fal­
sedad por una vía honesta y segura.

RODINIANA

Las ideas estéticas de Rodin, recogidas
por la autora en el intercam bio amistoso,
y las suyas propias, dan estructura firme
y viva a este libro. H a trazado aquí un
esquema comprensivo de vida y obra, que
va jalonando los momentos fundamentales
de su evolución: el encuentro del d ibujan­
te Rodin, discípulo de Barye, Carpeaux y
R ude (herederos de la verdadera tradición
Francesa), con aquella m ateria en que esta­
ban im plícitas todas sus posibilidades de
expresión, con aquella sustancia reveladora,
el barro; el dominio del oficio que le su­
giere las primeras ideas revolucionarias,
convirtiéndolo en peligroso enemigo del
academismo Louis Philippe, alejándolo de
los premios Roma y del romanticismo tea­
tral de estructura tambaleante; y, por ú l­
timo, el descubrimiento de su original m a­
nera expresiva por el hueco y el relieve, la
complejidad misma del modelado, el juego
de sombras y luces que sobrepasa, inclu­
yéndolos, al dominio del plano y del vo­
lumen. Revelación que tuvo prim ero de los
griegos y después de los renacentistas ita ­
lianos, especialmente de Miguel Ángel, des­
cubriéndola más tarde en toda la creación
como m otor de la naturaleza. Después de
este acontecimiento, que lo libró del aca­
demismo de Ingres según su propia con­
fesión, adquiere conciencia clara del sen­
tido que daría a su obra.

5/9

�Ju d ith C ladel acierta al establecer el n e­
xo e n tre la o b ra y el m o m en to al q u e
corresponde en la evolución cread o ra del
escultor: el San J u a n B a u tista le revela el
m ovim iento como la tran sició n de u n a ac­
titu d a o tra; la P uerta del In fie rn o , o rq u es­
tación de elem entos plásticos de fu e rte sen­
tid o em ocional, de intenso d ram atism o , le
p la n te a el p ro b lem a de la g ra n com posi­
ción; en los bustos y estudios su p era el
m ero realism o, buscando la raíz m ás p ro ­
fu n d a de lo vital; L os B urgueses de Ca­
lais, d onde se lib era de la concepción p i ­
ram id al

del

m o n u m en to ,

resolviendo

la

com posición en u n espacio cúbico; los b a ­
jorrelieves, q u e son su v u e lta a lo griego,
al pasaje velado, a la fo rm a e n v u elta que
h a b ía ab an d o n ad o en su ad m iració n p o r
M iguel Ángel. “II ne fa u t pas to u t dem and e r au m ém e”. P o r ú ltim o , el Balzac, que
p a ra J u d ith C ladel es el p u n to m ás alto
al q u e llegó la escu ltu ra de R o d in c u a n ­
do, lib erad o ya del d etalle y en p len o d o ­
m in io de la síntesis, logra superarse y d ar
su expresión definitiva.
A grega al esquem a general la serie de
d ibujos, obras q u e revelan u n a disciplina
q u e n u n ca ab an d o n ó , y el estu d io sobre
m o n u m en to s góticos y rom ánticos, re v a ­
lorizando sus contenidos.
U na lab o r como la de J u d ith C ladel
nos reconcilia con la crítica cuan d o es r e ­
veladora sensible e in telig en te, como en
este caso, y conm ueve p en sa r q u e u n a r­
tista como R o d in haya po d id o en tre g a r su
p en sam ien to y su am istad a u n alm a con
la cual se identificó.
A nge lin a C amicia

51

I.A VID A V E L A R T E D E
A U G U S T E R O D IN
P o r V íctor F risch y Jo sep h

T . Shipltry'.

E d ito ria l Poscidón, 1945.
H e a q u í u n lib ro ap arecid o en N o rte
A m érica, com pilado p o r Shipley a base de
los m an u scrito s y ap u n te s de Frisch, un
escultor alem án q u e d u ra n te varios años
fu e ra a lu m n o y ay u d a n te de R o d in en sus
talleres de M eu d o n y París. La n o m uy
lo g rad a trad u cció n del o rig in al q u ed a a m ­
p lia m e n te com pensada p o r u n a extensa lis­
ta cronológica de las esculturas de R odin,
hacien d o desde luego abstracción de los
m iles d e sus d ib u jo s, grabados, acuarelas y
cerám icas, p ero in cluyendo m ás de 100 re ­
p roducciones de sus esculturas, algunas en
d etalle, u nos pocos d ib u jo s acuarelados y
fotos de R o d in .
D e n in g ú n m odo constituye m a te ria l su ­
ficiente p a ra u n a am p lia valoración crítica
y an a lític a d e la o b ra de R o d in . N o es u n
lib ro de ideas, sino u n a com pilación de
esbozos anecdóticos de la v id a de R o d in ,
y considerado así es de in d u d a b le interés
p a ra co m p letar este aspecto p a rtic u la r de
la ex tensa b io g rafía del artista.
Los au to res tran scrib en en m uchas p a r ­
tes citas de las o piniones del m aestro, d e ­
finiciones agudas y certeras de su a rte p ro ­
p io y de las artes plásticas en general. Se
e n c u e n tra n relatos extensos sobre las am is­
tades de R o d in , su fam ilia, sus pasiones,
el desarrollo de sus obras y las incidencias
q u e las ro d ean , su lu c h a con la A cadem ia

�I'i ancesa, su triu n fo , y fin a lm e n te los p o r­
m en o res de su m u e rte —en fin , u n c ú m u ­
lo d e d etalles ín tim o s q u e h a n te n id o in ­
flu en cias decisivas e n la o b ra d e este “ M i­
g u e l Á ngel d e n u e stro s tiem p o s, con tres
siglos m ás d e a n g u stia q u e el m ism o M i­
g u e l Á n g el”.

te n to d e lib e ra d o d e in te r p r e ta r se defot
m a la n a tu ra le z a .
H ay en la e sc u ltu ra de R o d in dos lín eas
generales: su e n tre g a a la v o lu p té , d e l d o ­
lo r y el gozo —e n c a rn a c ió n d e l p a g an ism o
griego b asad o en el p rin c ip io d e la belleza
y d e l e q u ilib rio fre n te a l e sp le n d o r de
las fo rm as h u m a n a s —, y p o r o tra p a rte , es
el g ra n e sc u lto r d el alm a , el psicólogo del
m á rm o l, el m ístico d e l a rte g ó tico y el
asceta cristian o . N o es d e so rp re n d e r­
se, p u es, q u e d e este tre m e n d o d u a lism o
su rg ie ra n ta n acerbas co n tro v ersias en to r­
n o d e su o b ra .

E n g e n eral, el e stilo d e este lib ro es f á ­
cil, a lg u n as veces ra y a n d o e n u n a p o p u la r
friv o lid a d , esp e c ia lm e n te e n los p rim e ro s
c ap ítu lo s, q u e re la ta n la a m a rg a ju v e n ­
tu d de R o d in e n u n a re c o n stru c c ió n de
los h echos a veces b a sta n te im a g in a ria .
L a a rm o n ía d e las o b ra s d e R o d in es

R o d in e sta b a e n tre los pocos h o m b re s
q u e h a b ita n d o n d e la a ltu ra d e la e u fo ria
y la p ro f u n d id a d d e la a n g u stia se c o n fu n ­
d e n . Los p sico an alistas h a b la r ía n d e u n a
“co m p u lsió n re p e titiv a ” . L a q u in ta e se n c ia

e n riq u e c id a p o r osados a ju stes de d e sp la ­
zam ien to s d e énfasis, a c en tu acio n es, e x a ­
geraciones y d efo rm acio n es; lo q u e él d es­
d e ñ a b a , e ra la lis u ra su p e rfic ia l q u e a tra e
in s ta n tá n e a m e n te la vista. N o d a b a u n a r ­
d ite p o r la sim e tría d e la fo rm a . E l a rte
p a ra él, n o e ra u n a m e ra co p ia d e la n a t u ­
raleza. P o r el o tro la d o —seg ú n él— so la ­
m e n te los necios p e n s a ría n q u e son c a p a ­
ces d e c re a r alg o n u e v o . E l v e rd a d e ro a r ­
tista, e n cam b io , in te rp re ta la n a tu ra le z a ,
seg ú n
No

su

h ay

p r o p ia
p a ra

p e rs o n a lid a d

R o d in

y

in m o v ilid a d

estilo.
en

el

m u n d o , n i siq u ie ra en el su eñ o , n i a u n

d e la v id a p a ra R o d in e ra el a m o r, en
to d as sus fo rm as y se n tim ie n to s. E l a m o r,
la p asió n , es lo q u e d a v id a al a rte y al
p e n sa m ie n to . E n todos los p e río d o s v en
to d as las edades h a lla m o s las m ás b ellas
o b ra s d e a rte u n id a s p o r u n lazo d e am o r.
R o d in h a re c o rrid o to d as las g am as de
la em o ció n , d e la n u e v a a le g ría al d o lo r
m ás viejo y h a rev elad o la b elleza ilim ita ­
d a d e todos los actos del h o m b re , d el fre s­
co, e sp o n tá n e o in s tin to d el Beso a l tr a b a ­
joso im p u lso p rim itiv o d e l h o m b re h acia
la razó n en E l P ensador. Y si n o nos h u ­
b ie ra d e ja d o m ás q u e L o s burgueses de
Calais, B alzac y E va, el m u n d o e n te ro
d e b e ría v e n e ra r su m e m o ria .

en la m u e rte m ism a. L a d escom posición de
u n cu e rp o m u e rto es m o v im ie n to , y así la
m a te ria está su je ta a la vida. U n ro stro , u n a
m an o , u n p ie, está sie m p re y en cad a in s­
ta n te en m o v im ie n to . U n a leve e x a g e ra ­
ción de este m o v im ie n to in te rio r y m a te ria l
es la esencia d e su esc u lp ir —in te rp re ta r
sin p re m e d ita c ió n —, p u e s con c u a lq u ie r i n ­

R o d o lfo

52

G .

B r u iil

�miscelánea
• Es muy difícil escribir sobre B oldini1 sin hacer literatura. Y difícil
también no caer con él en alguna exageración, ya sea sobrevalorándolo o
por el contrario subestimándolo. Pues está en ese límite engañador en
que el oficio se sobrepone de tal manera a todos los otros elementos que
no nos deja juzgar con claridad.
De Boldini se exponen: dibujos, acuarelas y óleos. De los dibujos di­
gamos que es una gran fortuna para nosotros poder ver aparearlos un
retrato del pintor por Degas, junto a uno de Degas por Boldini. Es una
experiencia para convencer incrédulos. Lo que en Degas es figura plan­
tada e ironizada sólo con una línea continua pero llena de sensibilidad
y vibración, es en el otro mera facilidad del lápiz y, en cierto modo, chatura espiritual y falta de discriminación de jerarquías.
Y esto que decimos de los dibujos puede aplicarse también a los
cuadros. Boldini dibuja y pinta con mano suelta, pero sus obras están
llenas de líneas parásitas —que no son ese trazo nervioso siempre expre­
sivo de algunos grandes maestros— sino simplemente decoración casi
mecánica de la mano que hace círculos inútiles o relámpagos automáti­
cos como un tic, que engañan solamente al incauto.
Del color puede decirse algo equivalente. Entona con finura en ga­
mas que siempre se llevan bien con los retratos mundanos que pinta, pe­
ro ese color es —como todo él— algo fácil, y sólo en algunas incursiones
más construidas se advierte un colorista de mayor garra.
El triunfo de que gozó hasta su muerte, fué, posiblemente la ruina
de su otra carrera, la que podía haber hecho a fuerza de estudio y de dis­
ciplina. Muchos de sus contemporáneos tuvieron infinitamente menos fa­
cilidad que él —pensamos en Van Gogh por ejemplo— y se torturaron
toda una vida por superarse.
Boldini prometía y en algún óleo de color vibrante a la manera im­
presionista de pincelada corta, vemos lo que hubiera podido dar si hu­
biera sabido rehuir ese trazo grande y aplastado con la espátula, que es
1

E xposición Boldini en G alería W ildenstein.

53

�muy sensible y suelto, tanto, que va por sí solo camino de su propia des­
integración.
La historia de Boldini es la historia de Fausto en la pintura. Se ven­
dió a una moda y hoy —muerta esa moda— lo olvidamos con justicia,
aunque no esté mal recordarlo cada tanto tiempo como una advertencia
del peligro en que es fácil caer cuando se está demasiado bien dotado.
D. C. B.
• Victorica 2 es un artista cuya variada gama sensible aparece tanto en
un desnudo, como en una naturaleza muerta, o un paisaje. Sin embargo
es ante todo pintor de figuras. Infortunadamente el desnudo, su manera
de expresión fundamental, no estuvo representado en la somera muestra
de las obras del artista realizada en la Galería Argentina. A pesar de esto
pudimos admirar dos retratos: el de R. Ituarte, de tendencia naturalista,
en el que la expresión proviene del modelo mismo, y Estudio, donde se
anota un cambio de concepción, una búsqueda del simbolismo post-impresionista en el que prevalece el trazo, el color y la exhuberancia de la
materia, sobre el modelo representado. En otras dos Cabezas, (un carbón
y un lápiz), persigue la expresión psicológica que logra con el claroscuro
y con la infinidad de matices provenientes del grisado del trazo.
Entre los paisajes exhibidos se destacaban Vista de París, en el que
unido a la asimilación de la pintura al aire libre de fin de siglo, aparece
el fondo romántico y sentimental del artista, y algunas Vistas de Córdoba,
de colorido excepcional, alejados del objetivismo de primera hora, con
una gran sensibilidad en la oposición y contraste de los tonos y un ape­
gamiento por la materia rica y sensual cuya pasta jugosa parece deleitarlo.
L. C.
• Con motivo de la Biennale de Venecia, Georges Rouault ha visita­
do Italia por primera vez. “Desde Padua, su hija ha escrito que el
Giotto de los Scrovegni ha conquistado su admiración, y desde Ravena,
que si hubiese visto hace veintisiete años los mosaicos bizantinos, acaso
su ^pintura se hubiese orientado de otra manera”.
2

E xposición V ictorica en la G a lería A rgentina.

�•"^N os escribe Margarita Sarfatti desde Roma, comentando la exposición
cuadrienal de arte, que acaba de realizarse en la Galería de Arte Moderno
de Valle Giulia. Después de referirse a las obras expuestas de los escuitores —de Arturo M artini, Lucio Fontana, Marino Marini, Conte, Messina
y Gerardi— dice: “En lo que se refiere a los pintores, la mayoría parece
dudar en una encrucijada entre dos caminos: uno corto y obvio, otro
largo y tortuoso que parecen ir por distintas direcciones hacia atrás:
hacia 1850 el primero, hacia 1910 y 1920 el segundo. Por un lado la lla­
mada escuela de la Nueva realidad, copia de manera burda de los viejos
y malos provincianos de antaño, con una feísima fidelidad a la fotografía.
Atrás no se puede volver, y menos aún hacia la pintura objetiva de los
mezquinos artistas de segundo y tercer orden.” Cita entre los mejores
a Sciltian, los hermanos Buenos y Anizoni, y agrega: “Por otro lado,
se va hacia la abstracción total y más bien totalitaria, la cual no es
a menudo más que un falso atajo de pereza y un truco para simular
el gran arte, ahorrándose la fatiga para conquistar sus ásperas cumbres.
Es muy fácil cruzar rejas de rectas verticales y horizontales, y diagonales,
y paralelepípedos, y cosas por el estilo, con colores más bien crudos que
violentos, o irisar un lienzo con mil facetas de prisma entre las cuales
juegan a esconderse formas vagas de arco de violín alargado y redondeces
de míticas manzanas. ¡Pero si estamos hartos de violines! Y desde la de
Eva que nos costó el Edén hasta la de los secuaces de Cézanne que nos
echan a perder el Edén de la buena pintura, ¡ay! ¿quién dirá todas
las culpas de las manzanas? Por supuesto hay también algunos pintores
buenos, más o menos jóvenes, como Mafai, Monachesi y muchos otros
que no caen ni en el abstractismo, ni en el realismo desenfrenados.”
Entre los veteranos destaca los envíos de Arturo T o s í , Carrá, Sironi
y Morandi. Presenta éste —agrega— “unos paisajes y un pequeño lienzo,
por supuesto de Botellas, admirable. Pero un pintor de su jerarquía de­
bería retirar el ojo del microscosmo de las lámparas polvorientas y
opalinas y de las botellas añejas y de sus esmaltes preciosos, para mirar
por fin allende el mundo amplio y multiforme.”
“La gran sensación es la retrospectiva de los futuristas de antaño.
Boccioni, muerto en 1916, con la firme monumentalidad y la deforma­
ción expresiva de su Antigracioso, equilibrado en los planos y matices
brillantes y verdosos como un antiguo mosaico. Y la estatua del mismo

55

�Boccioni, Músculos en velocidad, es una verdadera sinopsis de formas
quintaesenciadas que se despliegan con amplia envergadura en el espacio.
El desarrollo de Carra se manifiesta en germen en su Retrato de Marinetti, de 1912; Soffici tiene una armoniosa y hermosa Composición. Prampolini una Figura; Sironi y Funi se lucen con sus centauros mecánicos,
El ciclista de uno y El motociclista del otro, fusión de fuerzas mecánicas
y humanas en un único símbolo plástico y estático que sintetiza el dina­
mismo. Severini tiene un amplio Bodegón, muy bien construido, y otros
pintores menores son interesantes. No hay que olvidar a Romolo Romani,
extraordinario autodidacto, quien nos dejó de su cortísima vida unos
dibujos fechados entre 1904 y 1914, hasta que se enfermó terminando
su vida en un manicomio. No existía el cubismo, ni el futurismo, ni
siquiera el expresionismo, en 1906, y mucho menos el superrealismo,
y Romani se adelantó con su genialidad dibujando enormes cabezas de­
formadas en símbolos como las de los tallistas medievales en piedra:
La lujuria, La locura, El miedo, La avaricia.”
“Entre los cultores del arte abstracto de hoy, Guttuso, Carpí, Basaldella, Scialoja y otros prueban indudable talento. De muchos más no
puede decirse sino que son cultores del caos y de la nada. Hay que
preguntarse quizás con melancolía si nuestra época, que llega a la des­
integración del átomo, no está hecha por ahora más bien por esta misma
disgregación destructiva que para la construcción. Y el arte no puede
ser análisis, sino composición, síntesis, arquitectura constructiva, a dife­
rencia de la ciencia, que puede ahondar en el análisis.”
Se refiere finalmente a la próxima Exposición Internacional de
Venecia. “Esperemos que entonces —dice— Venecia nos ofrezca un espec­
táculo más alentador y promisorio; esperemos que en el porvenir los
valores espirituales de construcción y síntesis y de equilibrio entre el
estudio de la naturaleza, maestra a la postre inmejorable, y las sofisti­
cadas construcciones del intelecto humano, vuelvan a lucirse y a brillar
como el arco iris sobre un mundo menos amenazado por el caos y la
disgregación.”

56

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15-30 de ju n io \ H ans B reinlinger (p in to r) ; José C ernoboii (p in to r) ; Ju an C.
Labourdette (esc u lto r); Oscar Luis Peña (acu arelista); V ictoiina D u rá n (d a n z a s).
1- 15 de ju lio : Conde O rlando di C ollalto ( p in to r) ; 1er. Salón de G rabadores
Santafecinos.
SO C IE D A D H E B R A IC A A R G E N T I N A (Sala de exposiciones)
17-30 de julio-. Oleos, m onotipos y dibujos de C ándido Portinari.
215 de junio-. Pinturas y dibujos de D om ingo Viau.
A S O C IA C IÓ N E ST ÍM U L O D E B ELLA S A R T E S
10-30 de ju n io : A rtistas checoeslovacos del círculo "J. E. Purkyne” de Praga.
1-15 de ju lio -. Exposición postum a de R aúl Mazza.
G ENTE DE A R T E DE A VE LLA N ED A
19 junio - 3 julio: D e Fertaris - Faggioli - A. G uido - Bikandi - Larrañaga - Rossi
(p in to re s ).
1 0 - 2 4 de julio: Jerónim o M artignoni (p in to r) .
G A L E R ÍA W 1 L D E N S T E IN
15 j u n i o -1 5 julio: Francisco de Goya y Lucientes (1 7 4 6 -1 8 2 8 ) Etude pour le
Portratt du Cardinal de B ourbon. Escuela Inglesa (siglo XIX) Une Cathedrale. Sa­
lom ón Ruysdael (1 6 2 6 -1 6 8 2 ) Paysage. Jan M ienze M olenaer (1 6 0 5 -1 6 6 8 ) La Vue.
M ichel N icolás B ernard Lepicie (1 7 3 5 -1 7 8 4 ) M ere et ses Filies. M arie Victoire
Lem oine (1 7 5 4 -1 8 5 0 ) Jeune Frascatane Ecoutant u n ]eune H o m m e q u i ]o u e de
la Guitarre. M aurice Q uentin de La T o u r (1 7 0 4 -1 7 8 8 ) F em m e au M anchón. D on
V icente López y P ortana (1 7 7 2 -1 8 5 0 ) Fortrait d ’H o m m e. Q uiryn B rekelenkam (o
B rekelenk) (ca. 1620-1658) Interieur. Jean C harles Cazin (1 8 4 1 -1 9 0 1 ) Arc-enciel. G iovanni Boldini (1 8 4 2 -1 9 3 1 ) La Prom enade au Bois. Etienne A zam bre
(siglo x i x ) Le Studio.
G A L E R ÍA V A N RIEL
21 junio - 3 julio: A ugusto Roche, Paisajes del N o rte ; Carlos G am p, M otivos de
M isiones; Celina Mascias de M éndez, T ipos Regionales y Paisajes de la Serranía
Cordobesa; O bras del 800.
5-17 julio: A rm ando Rakier, M otivos del Campo; G onzález Figueroa, M otivos
Portuarios; León G uillar, Paisajes de los Lagos del Sur; Lola Luque de Aliaga, Pai­
sajes de Córdoba,
GALERÍA MÜLLER
21 junio - 3 julio: (Sala I ) : R am ón Subirats: Paisajes de M endoza. (I I y I I I ) :
Eleodoro M arenco: T ip o s y Costum bres de la Campaña. (IV ) : C onstantino Popoff (art. ruso) : Pintura.
(V ) : H en ri C allot (art. francés) : Paisajes de
Francia. ( V I ) : Fernando B erreta: P intura, ( V I I ) : Palm ira Scrosoppi: Pintura.
5 y 7 julio: (Sala I ) : Silvio O livo (art. italiano) : Escultura. (II y III) : F.
M odotto (art. italiano) : Pintura. (IV ) : Luis F errini: Pintura. (V ) : Tom ás D i­
taranto: P intura. (V I) : R enato C ataldi (art. brasileño) : Flores y Pájaros. (V II) :
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Ver y Estimar : cuadernos de crítica artística</text>
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                <text>Vol. 1, no. 3</text>
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                <text>Ver y Estimar S.R.L. </text>
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                <text>Buenos Aires, junio 1948</text>
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              <elementText elementTextId="1977">
                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Grossi, Isolina&#13;
Carrea, Lía&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Beret, Angelia&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Traba, Martha&#13;
Camicia, Angelina&#13;
Bruhl, Rodolfo G.</text>
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                    <text>' CUADERNOS D£ CRÍTICA ARTÍSTICA

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS
DE
CRITICA
ARTISTICA
DIRECTOR

JO R G E ROM ERO BR EST
CON LA COLABORACIÓN DE SUS DISCÍPULOS

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fosis de Picasso.

Inventario: Picasso

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nombre de Raquel Bianco de Brané.

�P I C A S S O
EL

INVENTOR

g S C R IB O SOBRE PICASSO AQUÍ, EN BUENOS AIRES, A CIENTOS
y cientos de kilómetros de todas las ciudades que lo cobijan; aquí, donde
vive una comunidad que no bebe en las fuentes primordiales de la exis­
tencia —la tierra y el hombre— sino en otras aguas que se enturbian al
ser miradas con narcisista pretensión, y por eso le cuesta trabajo compren­
der la limpia postura del pintor español. Diez años han transcurrido, ade­
más, desde la última vez que enfrenté sus cuadros, en los que recién
apuntaba la verdadera expresión picassiana, en una Europa ya doliente
y desvitalizada. Y me asaltan dudas sobre la legitimidad de mi ensayo. Pero
lo hago con resuelta pasión, justificándome al pensar que el mensaje
de un gran artista supera las limitaciones de tiempo y espacio, y se hace
patente hasta en la más humilde imagen fotográfica.
No hay reproducción que pueda transmitir el aliento de ternura de
un Andrea del Sarto, o el envolvente lirismo sentimental de un Corot,
o la sensual vibración cromática de un Matisse, pero unas pobres estam­
pas bastan para que se comprenda la grandeza épica de un Rafael, el
patetismo sin gestos de un Rembrandt o la impersonalidad barroca de un
Picasso. Aunque es mucho lo que se pierde —la fina emanación de lo
sensible a través de la materia— se conservan en aquéllas las estructuras
formales, definidas y actuantes, potenciadas de modo universal como para
que parezcan liberadas de la miserable condición material, acaso porque
son productos de una íntima armonía de cuerpo, alma y espíritu.
Me animo a escribir sobre Picasso, temerosa la conciencia, porque
su obra plantea problemas que afectan la totalidad del ser, y por ello

i

�puede ser contemplada desde un ángulo más absoluto que el de la esti­
mación artística; porque es un fenómeno vivo de cultura que se expande
por doquier, para nadie ajeno.

I
DESCUBRIR E INVENTAR
V f{I O BJETO AL PIN TA R ES M OSTRAR LO QUE HE ENCON­
A trado, no lo que estoy buscando”. Picasso se considera un descubri­
dor y tal vez lo sea, en cuanto pone de manifiesto algo que estaba ignorado
o escondido. Para Cicerón descubrir era “poner en claro la verdad”. Sus
formas, sin embargo, no tienen aún la coherencia necesaria, ni la vigencia
universal, como para que se las considere verdaderas —se comprende que se
habla aquí de verdades emocionales—, de modo que todavía están afecta­
das por una nota de provisionalidad. Inventa, más que descubre. Pero
el lector tiene derecho a exigir mayores precisiones a propósito del des­
cubrir y el inventar en la creación artística.
Por diferentes que hayan sido los modos de creación durante la
edad moderna, desde Giotto todos los artistas de Occidente han coinci­
dido en el deseo de recomponer la realidad concreta por medio del
análisis y la síntesis; todos se han ajustado al juego lógico, inventando
formas que parecieron verdaderas, sea por el ejercicio de la experiencia
sensible o la emotiva, sea por la construcción racional, o por el equili­
brio de unas y otras, porque respondían a un concepto se diría científiconatural de la verdad. El mismo Picasso respetó ese juego durante las
primeras etapas de su vida, pero desde que es Picasso, a mi juicio,
se ha lanzado abiertamente a la invención de formas que responden a
un nuevo juego, ilógico y dinámico; sin haber traspuesto, claro está,
la dilatada pausa del desconcierto que toda invención produce.

�¿Puede un jugador actuar a sil
antojo, sin respetar las reglas del
juego? ¿Puede el hombre, en
cuanto juega a vivir, violar las
leyes? No, mientras estén en el
juego y acuerden respetarlas; pero,
¿no será posible que al no acatar­
las inventen otros juegos, otros
modos de sentir y de vivir, otros
caminos del saber? Y el que vio­
lenta las leyes, hasta que no ins­
taure otras, se mueve en un terre­
no desconocido y resbaladizo, en
el que todo ha de ser inventado.
Inventar es hacer una cosa nueva
a fuerza de ingenio, o de saber,
o de intuición, cuando no por
obra del acaso.
Pero tampoco el inventor crea el nuevo juego, de la nada; inventa
basándose en conocimientos fragmentarios y mediante hipótesis que, al
ser comprobadas, se transforman en descubrimientos, en nuevas verda­
des. No hay entre el invento y el descubrimiento más que una dife­
rencia de grado, si se quiere de eficiencia: el primero es un proyecto
de verdad; el segundo, la verdad misma. Y es menester que el invento
se incorpore como necesidad para que se trueque en verdad descubierta.
¿No hay invenciones y descubrimientos en el plano del arte? Puede
decirse que toda su historia se compone de un sinnúmero de invenciones
que lentamente se han transformado en verdades, aparentemente descu­
biertas. Grandes artistas han sido inventores de formas que fueron mi­
radas al comienzo como cosas curiosas y en cierto modo ajenas; acaso
hayan sido más grandes los que perfeccionaron esas formas y las incor-

3

�poraron al torrente de la vida, haciendo que ellas se cargaran de ese
sentido de verdad que les otorga la vigencia emocional sostenida. Segu­
ramente alude Margarita Sarfatti a la creencia del espectador de que
está frente a la verdad, cuando dice que el patrón básico para saber
si en el arte hay descubrimiento o no está en el hecho de que se diga
ante un cuadro: “ ¡Es tan sencillo! Me parece que lo sabía de ante­
mano” . Pero nadie lo dice, ni lo piensa, cuando se está frente a la
forma recién inventada, porque ella es nueva y no halla clima propicio
para resonar; sólo parecerá bella cuando sea tan natural como un des­
cubrimiento.
“El que crea una cosa está obligado a hacerla fea, pues el es­
fuerzo y la lucha por crear producen cierta fealdad. Quienes siguen al
creador pueden hacer cosas bellas, porque ya conocen la cosa dada, si
la cosa ha sido bien inventada; pero el inventor, puesto que no la conoce
todavía, para inventarla debe inevitablemente hacerla fea.” Idea de
Picasso que proporciona uno de los puntos de vista esenciales de este
ensayo. Él es un inventor todavía porque crea cosas feas —feas porque
no son coherentes, ni responden a una absoluta unidad emocional— que
aun no se han incorporado a la corriente de la vida. Rafael no hacía
cosas feas, mas pudo hacerlas bellas, y que parecieran descubrimientos
definitivos, porque durante cien años muchos pintores italianos se dedi­
caron a explotar el invento de Giotto, que también hizo cosas feas.
No puede ser comprendido Picasso, que vive en un tiempo de
invenciones, si se lo juzga según principios tan sólo valederos para los
momentos de maduración. Lo que él encuentra, sin duda más nuestro
que todo lo que amamos del pasado, tiene imperfecciones de infancia
apenas sobrevenida, grita todavía en vez de hablar, de ningún modo mu­
sita. Él es un hombre que no ha querido jugar dei' mismo modo que
sus antecesores, y aun que la mayoría de sus contemporáneos; que ha
entrevisto las nuevas maneras de vivir, estremecidas y contradictorias, y
pretende darles forma plástica; que está creando el alfabeto de nuestro

4

�tiempo, dinámico y fáustico, basado en el ritmo y en el carácter, en
la pasión de un ansia, tal vez desmedida, de ser universal.
A pesar de sus cambios hay una voluntad de forma que existe desde
el comienzo. Para advertirla es necesario que se consideren todos los
momentos de su vida, aun los más disímiles, aquellos en los que pareció
no ser Picasso, a la luz de esta idea conductora; entonces resplandecerá
su nueva conciencia de inventor.

II
LO QUE PICASSO ES Y NO ES
p ICASSO ES UN A R TISTA APEGADO A LAS COSAS, A LA M ATE­
ria de las cosas, por lo que tiene de plástica y en cuanto le permite
componer sus objetos sin partir de la idea, como acto previo, sino de su
instinto de la forma. Sus obras son estudios de realidades observadas, como
lo revelan sus títulos, siempre descriptivos y nada sentimentales, también
sin aliento metafísico. Y si varía sus técnicas de modo sorprendente, es por­
que le importan más las cosas que las ideas, o, de otro modo, porque no
concibe las ideas sino en función de las cosas. Incluirlo entre los culto­
res del mal llamado arte abstracto es no conocerlo, ya que su arte no
está hecho de relaciones conceptuales, sino de formas concretas, al mismo
tiempo reales y virtuales.
Pero tener apego a las cosas no quiere decir que sea, ni haya sido,
un naturalista, y ya se sabe lo que quiere decir esta palabra, con sentido
ochocentista. “Hablan de naturalismo en oposición a la pintura moderna
—ha escrito—. Me gustaría saber si alguien ha visto jamás una obra de
arte natural. La naturaleza y el arte, por ser cosas diferentes, nunca
podrán ser lo mismo. Con el arte expresamos nuestro concepto de lo que
no es naturaleza.” Verdad eterna, sin duda, llevada por él hasta sus últi­
mos extremos, que no debe ser entendida como un intento de crear una
5

�sobrenaturaleza espiritual, sino como una infranaturaleza escondida ,y
esencial, en la que subyace lo espiritual como potencia.
Tampoco es un sentimental, salvo en los comienzos' y de modo sui
generis, porque el sentimiento disgrega las cosas y obliga a tomar partido.
Por lo menos no es un sentimental subjetivista, como los románticos y
los impresionistas, ya que desdeña todo lo que es clima o sugestión; si
hay sentimiento en sus obras, tiene los caracteres de universalidad que
éste suele adoptar en la inmediata adhesión a las cosas, como en los
primitivos. Ni es un sensorialista, como los fauves y los expresionistas,
que reducen el papel de la inteligencia y permiten que prive el sentido,
un poco impreciso siempre, de la deformación emocional. La línea puede
ser rígida o flexible o vibrante, pero nunca registra esas finas fluctua­
ciones que llamamos de la sensibilidad; el color admite todas las varia­
ciones, desde el violento contraste planista hasta las delicadas armonías
espaciales, pero nunca se carga de emoción subjetiva y siempre es rotundo

6

�y definitivo. "Ninguna pasión, ninguna voluptuosidad del color, en esta
sensibilidad tan absolutamente desprovista de temperamento” —ha escri­
to Eugenio D’Ors.
Muchas veces se ha dicho que Picasso es un racionalista, pensando
en sus cuadros cubistas, como si en ellos hubiera pretendido reducir el
espectáculo del mundo a un esquema de fuerzas controladas. El error de
los que afirman tal cosa, a mi modo de ver, procede de la consideración
superficial del cubismo como un movimiento que hubiera tendido a
instaurar un orden geométrico, en vez de advertir todo lo que hay de
irracional en él, volcado en rítmicos moldes que de ningún modo son
precisos, sino de pura invención fantástica. Acaso Juan Gris, ascético,
pueda parecer más racional, pero no Picasso, con sus violentas contradic­
ciones y su materialismo nunca desmentido, menos todavía Braque, de
finísima sensibilidad en el arabesco y la variación tonal. Por otra parte,
un principio latente de racionalismo peculiar que se halla en el cubismo,
fué desarrollado por los puristas y los constructivistas, saltando hacia
atrás, por encima de Picasso, hacia esa figura inmensa que constituye
hasta ahora, junto con Piero della Francesca, uno de los dos polos de
la inteligencia en la creación plástica: Paul Cézanne.
Sin embargo, Picasso ha parecido ser naturalista, sentimental, fauve
y clásico, hasta el punto de que quienes escribieron sobre él hace veinte
años pudieron pensar que su meta era la última posición. Ramón Gómez
de la Serna decía en 1929: “En 1906, el período .carne llega a su cúspide.
Picasso ya ha pintado tantas obras que va a comenzar a arquitecturizar,
a sacar de sí la columna que lleva cuajada en sí” . Si entonces pudieron
equivocarse, ahora resulta evidente que él no extrae nada de sí, sino de
las cosas, y por eso sus arquitecturas no son racionales. Sus últimas trans­
formaciones no pueden engañarnos: no es un clásico, a pesar de su con­
cepción inmanentista, porque en lugar de presentar la naturaleza inteligida, como Cézanne, la siente como algo que no obedece a orden alguno
y que está en permanente metamorfosis.
Este principio de la metamorfosis, el que justifica su camaleonismo,

7

�constituye el hilo conductor para entender la voluntad de forma de Pi­
casso. “¿Recuerda usted esa cabeza de toro que exhibí recientemente? —le
dijo a un periodista no ha mucho tiempo—. Además del manubrio y del
asiento de bicicleta, hice una cabeza de toro que cualquiera reconocía
como tal. Así fué completada una metamorfosis. Y ahora yo querría ver
que se produjera otra metamorfosis en el sentido opuesto. Supóngase que
mi cabeza es tirada con un montón de hierro viejo. T al vez algún día
un camarada vendrá con ella diciendo: He aquí algo que servirá para
el manubrio de mi bicicleta... Así una doble metamorfosis se habría
realizado.” La metamorfosis implica transformación de una cosa en otra;
tal es su modo de expresión metafórica: sus monstruos, sus figuras nor­
males, sus combinaciones caprichosas de líneas y planos, sus jeroglíficos,
no son sino señales de cosas que se transforman, en absoluta inestabilidad,
las cuales denuncian a su vez una concepción materialista dinámica que
no admite ningún género de trascendencia.
Si en Picasso hay una inteligencia lúcida y una sensibilidad visual
y táctil muy desarrollada, no son esas las fuerzas determinantes de su
hacer: esa fuerza es su instinto para descubrir en las cosas aspectos inédi­
tos, puntos de vista sorprendentes, y para inventar con esas notas formas
que muestran la apariencia y la otra cara de la apariencia. “El arte no
consiste en aplicar un canon de belleza —ha dicho— sino en lo que el
instinto y el cerebro sean capaces de concebir más allá de cualquier
canon.” Se explica entonces, que algunos hayan recurrido a la magia,
otros al milagro mediúmnico o a los fascinantes enigmas para hallar el
sentido que anima a las obras del maestro; en verdad es un Courbet que
no se conforma con lo que el ojo ve en la superficie de las cosas y
va penetrando en ellas hasta descubrir las esencias, sin satisfacerse jamás.
Y para que ese instinto de la forma se ejerza con libertad, él permanece
neutral e imperturbable, sin poner nada de sí. “ Picasso no es el hombre
de un paisaje o de una figura —decía Jean Cassou—; no transporta con
él nada de concreto, sino el desierto, en el seno mudo del cual todo
es posible.” Alguna vez ha dicho que su pintura es asunto suyo, y acaso

8

�sea cierto, pero es asunto de un yo impasible que tan sólo registra
e inventa, sin proyectarse para nada en su obra. Por eso resulta tan
hermética —nada confesional, por cierto— sobre todo para quienes, por
razones de temperamento, buscan en las formas artísticas una amplia­
ción del yo hacia un mundo de trascendencia espiritual o sentimental.
¿Se dirá, entonces, que Picasso es un imaginativo? No, en la medida
y la acepción corrientes. Los monstruos que crea no son hijos de una
fantasía absoluta —de ningún modo es un alucinado— sino de una ca­
pacidad de descubrirlos en las cosas; hasta se diría que ellos están in­
mersos en las cosas. Lo fantástico aparece en sus obras como expresión
de una infrarrealidad, como en Cervantes y en Goya, otros genios his­
pánicos con los cuales conviene comparar a Picasso, pues en los tres
las notas expresivas se manifiestan como señales de inframundo. “El
realismo superior de Picasso —decía Jean Cocteau— no deberá jamás ser
confundido con la geometría armoniosa por la cual otro pájaro, Paolo
Uccello, pretendía reemplazar la representación del mundo visible.” Y
no le faltaba razón, salvo en que lejos de ser un realismo superior, es un
realismo inferior el suyo, el que le permite mantenerse frente a la reali­
dad total como si no hubiera ocurrido ese complejo fenómeno de
discriminación entre las fuerzas creadoras del hombre, que constituye la
diferenciada cultura de Occidente. Picasso es un primitivo, un bárbaro,
para quien no existen ni los refinados sentimientos del alma, ni las com­
plejas explicaciones conceptuales del mundo, ni la misteriosa emanación
de una superrealidad onírica: él crea con los ojos bien abiertos de la
vigilia, adhiriéndose a la realidad bárbara en que sólo imperan los ins­
tintos, bien es cierto que gobernados por la inteligencia. Precisamente
porque crea en ese estado, cuando el mundo occidental está resquebra­
jado, es que puede lanzarse con tanto atrevimiento a la invención y
a plantear nuevas bases para el futuro equilibrio del hombre. Pero
nadie espere encontrar en su obra ingente la instauración de un orden
inteligible; él es un destructor y un liberador de las fuerzas contenidas por
el exagerado intelectualismo de la edad moderna, pero no un inventor

9

�de demonios, a la manera medieval, sino de monstruos materializados
que pugnan por independizarse de su carcaza de ilusiones. Se compren­
de, pues, que nada conceda a lo agradable y placentero, y que huya
de todo lo que puede ser decoración. “Yo no puedo usar una manera
ordinaria, precisamente para causar placer a los seres que no entienden”
—ha dicho. Su posición es demasiado austera para que le preocupen
los superficiales sentimientos y los goces de la carne.

III
DEL NATURALISM O AL CLASICISMO
J^ E C IÉ N AHORA, LA R ETIN A LLENA DE ESE CO N JU N TO ABI­
garrado de formas disímiles que Picasso ha creado en los últimos
tiempos, se comprende que aun en sus etapas primeras estaba latente
la voluntad de engendrar un nuevo barroquismo; recién ahora se ve cómo
ha ido jalonando sus experiencias, realizando sus conquistas en el orden
de los contenidos emocionales y de las formas plásticas, más que incorpo­
rando elementos expresivos, limpiándose de los que le ofrecía la tradición
y eligiendo, cuanto más, entre ellos, los que le permitirían ser él mismo.
Si se piensa en términos de clasificación y se comparan las obras
de los períodos sucesivos hasta 1925, parecen formas tan extrañas entre
sí como para sorprenderse. Pero si se ahonda, no diré en el análisis, que
para esta faena no es fecundo, sino en la síntesis, a menudo tan aleccio­
nadora, se advierte que cada una de esas etapas encaja en el cuadro que
su obra actual plantea:
1.
De aquel naturalismo sombrío, a lo Zurbarán, que lo arrastró
en su época de La Coruña y Barcelona, antes de que comenzara el
siglo, se curó gracias al descubrimiento del románico y el gótico catala­
nes, así como de El Greco, produciéndose la primera canalización de su
apasionado individualismo; y en lugar de imponer sentimientos a la

10

�forma, empezó a encontrar en ésta los sustitutivos plásticos de aquéllos.
2. Los modelos no podían satisfacerlo; seguramente le repugnó la
impudicia de aquellos brotes barrocos y él aspiraba a una potenciación
más honda de la materia, para lo cual necesitaba dominar la forma
sin caer en las abstracciones. Tolouse-Lautrec y Steinlen, pero segura­
mente con más fuerza Isidro Nonell, le permitieron realizar esa prime­
ra contención de su fuerza instintiva, cuyo resultado fué la admirable
serie de figuras azules, pintadas entre 1901 y 1904.
3. Todavía había mucho sentimiento, aunque ya amasado en una
pasta tan generosa como personal que pugnaba por revolverse contra el
tema. Antes de que ello ocurriera, necesitó Picasso eliminarlo e influido
por Watteau, los grabados del siglo xvm, la Commedia dell’ Arte y
el ballet, formas diversas de un mismo intento de ritmización de la
materia, produjo las telas de la época carne, con más de un resabio
patético en ocasiones. Primer período de calma y de sosiego que pre­
ludió el momento clásico.
4. Hacia 1906, sea porque descubrió la escultura ibérica de Gosol,

11

I

�sea porque Cézanne iluminó su conciencia, acaso también Puvis y Gauguin, la disciplina de la forma se hizo carne en él, produciendo algunas
obras aún más clásicas; pero ya estaba a punto de realizar el primero
de los grandes hallazgos de su vida: el cubismo, que fué para él, como
para tantos otros, el impulso que rompe un fuerte estado de tensión.
“Es la etapa más lírica y subjetiva de Picasso —ha escrito Christian
Zervos— de la que prontamente se apartó, en cuanto comprendió que
quedaban muchas posibilidades de explotación.” T al vez sea cierto, mien­
tras duró el período del cubismo analítico (1909-12); más cierto es, a
mi juicio, que esa reducción de las cosas a un juego de planos nutridos
de materia le permitió descubrir el secreto del dinamismo plástico, inde­
pendizado del movimiento anímico, en cuya búsqueda andaba.
5. Luego vinieron las traiciones a la teoría cubista, que nunca tuvo
carácter de tal para él: el collage, el trompe l’oeilj el color vibrante, el
arabesco, cuando ya el cubismo era nada más que un juego. Mucho antes,
el arte negro africano le había revelado el vasto mundo de la deformación
dinamizada de la materia por la potencia mágica de la misma, y Les
demoiselles d’Avignon (1907) marcó una senda que no se decidió a seguir
sino años más tarde.
6. Dinamización formal /con cierta apariencia de abstracta precisión,
la del cubismo; dinamización material con pujanza irracional, la del
fauvisme negro: he ahí los dos grandes componentes del curioso barro­
quismo primitivo del Picasso actual.
Pero, ¿cómo no intentar su fusión en formas que tuvieran la severa
majestad del espíritu mediterráneo, aunque movidas por una contenida
pasión demoledora? El resultado fueron retratos y figuras, grandes grupos
de desnudos en la playa y dibujos de ballet que, entre 1917 y 1925, con­
figuraron su período clásico. Primer instante de resumen, que pudo en­
gañar a D’Ors y hacerle afirmar el italianismo de Picasso, porque no
supo o no pudo ver que la suave temperancia de algunas formas apenas
lograba esconder una salvaje potencia de expresión barroca, plenamente
hispánica.

12

�El verdadero Picasso, aunque ya había pintado como para que su
gloria no sufriera regateos, no había nacido aún: hasta entonces había
sido un talentoso pintor ochocentista, heredero de los más grandes del
pasado, que se mantenía en el plano de los descubrimientos consagrados
como verdades. Pero ya se quejaba amargamente de que no lo dejaran,
quienes lo proclamaban tan grande dibujante como Rafael, escoger su
camino; de seguro porque apuntaba el inventor.

IV
LA LUCHA POR LA INVENCIÓN
E N T O N C E S COMENZÓ LA LUCEIA POR LA INVENCIÓN DE
objetos concretos, en los que debían resumirse sus emociones indife­
renciadas ante el espectáculo de la vida, una fiesta brillante a la que no
pretendía reconstruir mediante síntesis ordenadoras, sino mostrar en sus
aspectos más acendrados de inconstancia visual.
Con frecuencia suele decirse que el artista sublima, es decir que
volatiliza las cosas para condensar luego los vapores a tenor de sus
sentimientos o de sus ideas. La metáfora es justa cuando se trata de
los románticos o de los clásicos, no para aplicársela a Picasso, quien,
lejos de sublimar, organiza simplemente la materia, trabaja con ella
para otorgarle una forma dinamizada por dentro, la más inesperada
y atrevida. Puede hasta decirse que esta larga etapa de la aventura
picassiana se realiza bajo el signo de la desubjetivización: es posible
advertir ahora que los mayores esfuerzos se han ejercido para indepen­
dizar los elementos plásticos de los contenidos emotivos individuales,
para crear una lengua nueva que exprese los contenidos emotivos más
generales y universales. T al parece haber sido su meta.
Ejemplos hay, desde los comienzos del siglo, en su variadísima obra de

13

�dibujante, pintor y escultor, de esa
irrupción de la fuerza instintiva desubjetivizada, capaz de cegar de modo defi­
nitivo el manantial romántico, sobre
todo en las formas cortantes y estreme­
cidas por un aliento épico del período
azul y en las convulsivas de la época
negra; pero se los encuentra también en
las telas cubistas, y en las clásicas, en
cuadros donde la deformación grotesca,
mediante la cual pretendía ya expresar
cierto simultaneísmo plástico, base de su inestable temporalidad, con­
trasta con la severa serenidad intemporal de otras formas normales.
Alfred H. Barr señala Las tres bailarinas (1925) como la obra en
que el pintor se introduce en el inframundo de lo primitivo y lo
instintivo, tardía maduración de su proceso africano. T al vez esté en
lo justo, pero en ella también se advierte un intento lírico, en el planismo exacerbado y en el juego del arabesco —la irrupción del instinto
y la reacción del sentimiento propio; el acercamiento a las cosas y el
despuntar del formalismo—, contra el cual lucha prontamente en una
serie de figuras de mujer, en las que se encuentran los elementos ante­
riores, pero ya solidificados, hechos materia. En las figuras de 1925 el
movimiento se aparta de la materia; en las de 1927, se afirma en la
materia. Importante conquista, que se acentúa en el juego de volúmenes,
plenamente tridimensionales, de dibujos que luego traslada a la escul­
tura, y que se problematiza en las curiosas escenas de Dinard (1928).
¡Incomprensibles y acaso fracasadas experiencias de Dinard! ¡Cuán
importantes son, sin embargo, en la configuración del destino de Pi­
casso! Son monigotes informes, junto a cabinas de baño crípticas, en
los que parece haber hallado el secreto de la dislocación, pero tan inma­
duros todavía que sólo se explican por las obras posteriores, en las que

14

�se impone su primitivismo y se ordena el arabesco que responde a una
fuerza rítmica formal y material al mismo tiempo, en nada similar
al arabesco sensual de Matisse o al arabesco cargado de sentido épico
de Rouault, tan frío como su imperturbable actitud de espectador. Se
trata de una serie de mujeres y bañistas sentadas (1929-30), armadas
como muñecos algunas, de naturalezas muertas (1931-32), y de un con­
junto de figuras femeninas sentadas o acostadas, que culmina en Mujeres
ante un espejo (1932), una de las obras más cumplidas de ese tiempo.
Im que en las figuras anteriores era dinamismo contenido, se trueca
en dinamismo violento y desatado, pero sin contenido emotivo en el
color y la línea. También en esta tela hay rojos, verdes y amarillosj
como los de Van Gogh, pero ¡qué diferencia con los rojos, verdes y
amarillos de Picasso! ¡Cómo se siente que tras el primero está su en­
cendida pasión y tras el segundo sólo su imperturbabilidad! Frente al
romántico, un inventor de formas sin más contenido que la materia.
Se acerca el pintor malagueño a la cúspide de su experiencia, al final
de su etapa de disciplina, y bien pronto podrá entregarse a la verdadera
invención.
Picasso da un paso más y la fuerza expresiva de la materia comien­
za a ordenarse según impulsos del hasta entonces dormido sentimiento:
son figuras leyendo, dibujando o escribiendo, que pinta entre 1934
y 1935, en las cuales entreteje, con gran seguridad, las conquistas del
planismo cubista y del expresionismo espacial, dando la mayor impor­
tancia a la sensualidad de las curvas, a la pastosidad de las sustancias, al
mordiente expresivo de los trazos, como si hubiese sentido el señuelo
de las emociones superindividuales.
Es posible que haya sido la etapa más trágica de su vida. Ensaya
diversos modos de expresión: pasa de la pintura a la escultura y el
dibujo, y de éstos a aquélla, alterna entre el cubismo, el naturalismo
clasicista y el monigotismo, todo con una potencia que sólo espera el
momento propicio para hacer eclosión. ¿Qué camino seguir? Desde el
fondo de su pintura, que es como decir desde el fondo mismo de su ser,

15

�comienza a configurarse su nuevo modo de expresión, su verdadero invento,
el que corresponde a esas formas materiales vibrando por el enriqueci­
miento de inéditos contenidos emocionales.
Se conocía un Picasso imperturbable que había ido ganando paso
a paso las formas plásticas desnudas; luego, comienza a inyectar con­
tenido a sus formas, y éste es el instante verdaderamente genial de su
vida. Su pintura se hace alegórica y simbólica al mismo tiempo, como
ha seguido siéndolo; las formas, aunque siempre materiales, ya no esta­
rán desnudas, sino que van a aludir a ciertos modos espirituales perfec­
cionados en el símbolo. Como buen español, Picasso hallará en el toro
y en la corrida, en el minotauro y en el caballo, los temas que le permi­
tirán expresar una realidad que lo urge desde enero de 1930. El toro
será el símbolo del poder y la brutalidad, el agresor, en tanto que el
caballo será la víctima, el elemento popular, lo bueno, el que sufre todas
las transformaciones y metamorfosis h Su pintura recibe una nueva carga
de emoción, profunda y ancestral, popular, vulgar. El caballo herido,
de 1923, en el que Picasso comienza a descubrir el sustitutivo plástico de
la emoción —estremecimiento dinámico de la materia, violencia en el
choque de las líneas y de las zonas de
claroscuro, frescura de las pastas—; La
muerte del toro, de 1934, con formas aun
más violentas y expresivas de su barro­
quismo; Minotauro y caballo, de 1935,
ya en proceso de purificación; tales son
los jalones que conducen a las obras en
que culmina su españolismo universalista:
Sueño y mentira de Franco y Guernica,
de 1937. Porque si del arte español, con­
siderado en su totalidad, puede decirse
que ha sido el medio más expresivo de
l Véase la nota al pie del grabado Guernica
en el Camino de la Observación.

16

�lo individual, conviene no olvidar que tiene su nota de universalidad en
la virtud de transformar las pasiones individuales en pasiones arquetípicas. Y ésta es la gloria de Picasso.

V
LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA
T A LUCHA ESPAÑOLA ES LA LUCHA DE LA REACCIÓN
contra el pueblo y la libertad. Toda mi vida como artista no ha
sido sino una continua lucha contra la reacción y la muerte. ¿Cómo alguien
pudo pensar por un momento que estaría de acuerdo con la reacción y
la muerte?” . Picasso siente el tremendo sacudón que implica la felonía
de la casta militar —“que ha sumido a España en un océano de dolor y
de muerte”— y se vuelve contra ella, en el momento oportuno en que sus
formas ya exigían, con perentoriedad, contenidos de vibración emotiva
universal.
Alguna vez habrá de escribirse la historia del arte desde el punto de
vista de las coincidencias afortunadas o desafortunadas, para presentar
el factor álea, de tanta importancia en el desarrollo de las personalidades
creadoras especialmente, y explicar la maduración repentina de algunas
y el fracaso de otras. El instante de Picasso figurará entre los más afor­
tunados de esa historia: hasta entonces su severa disciplina le había
hecho abominar de todo sentimiento individualista, conduciéndolo hacia
un primitivismo que enderezaba hacia la expresión de las formas pri­
mordiales de vida, con notas de evidente zoomorfismo, reveladoras a
su vez de una actitud alegórica. Los contenidos eran pobres: la innomi­
nada expresión de la materia dinamizada por el instinto superaba toda
posible proyección de la misma en el plano de las emociones colectivas.
Y toda obra de arte, por primitiva que sea, ha de abrir el alma y el

17

�espíritu haciá un mundo de perfección; ninguna obra de arte alcanza
a ser verdadera, a mi modo de ver, sino cuando en ella se funden los
contenidos con las formas, cerrándose el ciclo que va desde la expe­
riencia hasta la idea.
Picasso debió tener la intuición de que llegaría el momento en que
su maravilloso instrumento, afilado para rechazar todo lo que fuera
decadente tentación del individualismo finisecular, pudiera entrar en
juego para exaltar un contenido que lo apasionara con limpieza. Pri­
mero fué la indignación contra el tirano, luego la bárbara destrucción
de Guernica. Y entonces, lejos de expresar sus sentimientos por los me­
dios habituales de la representación, dotando a los objetos de una carga
emocional, como hubiera sido la actitud de un Goya o de un Manet,
aprovechó sus formas desnudas para que ellas aludieran a los hechos,
por medios alegóricos —el toro y el caballo, la lámpara, la madre y el
hijo—; pero tampoco se conformó con ellos, en lo que se diferencia esen­
cialmente de un David, por ejemplo, en sus alusiones políticas anteriores
a la Revolución Francesa, e hizo que tales medios, excluido el color
seguramente para evitar todo sensualismo, se potenciaran de modo sim­
bólico en la fuerza expresiva del trazo y el claroscuro, como una cali­
grafía plena de sentido que encerrara las esenvas emotivas en las esen­
cias formales, sin más apoyo material que el imprescindible.
La mujer de fauces abiertas, el caballo echado y el minotauro, así
como esa figura en extremo torpe, también de mujer, que lleva su busto
como un viento hacia adelante, en Sueño y mentira de Franco, ya no
son alusiones a hechos españoles —algún periodista norteamericano instó
al pintor para que confesara si el toro era el tirano o el fascisno, y él
contestó: “He dicho que el toro era el signo de la brutalidad”— sino
la expresión paradigmática de un horror frente a la muerte y la des­
trucción que se hunde hasta la capa primera de las emociones humanas,
por eso mismo capa de la universalidad. Simultaneísmo y multiplicación
de puntos de enfoque, deformación, fuerza de los contrastes, composi­
ción dinámica, no constituyen modos expresivos de un horror individual,

18

�pero tampoco de una actitud imperturbable: el espectador siente que
está frente a una arquitectura sólida de emociones arquetípicas, libre
de toda trivialización en el ademán o el gesto.
Todas las formas inventadas en Sueño y mentira de Franco, feas
y torpes todavía desde el punto de vista del nuevo contenido universal,
recibieron una primera purificación en el gran mural de la Exposición
de París de 1937: Guernica. Basta comparar a unas con otras para com­
prender que en el segundo ganaron en fuerza simbólica —pero sin trans­
formarse en signos, como pretende Juan Larrea—, conservándose como
formas concretas y al mismo tiempo como esquemas de un nuevo modo
de sentir colectivo. Por eso son inventos la cara impasible del toro, la
lastimera del caballo, la mujer presa de indignación, porque habrán de
quedar, lo mismo que el efebo helénico o la virgen rafaelesca, como mo­
delos, a través de los cuales se expresará el dolor del mundo en cuanto
fuerza primigenia de adhesión a la tierra y al hombre. Prueba de esa
capacidad normativa del invento picassiano, la que permite augurarle
su transformación en descubrimiento, así como las más inesperadas me­
tamorfosis, es el empleo de esas formas por parte de grandes pintores
contemporáneos, Portinari por ejemplo, los cuales no enajenan de ese
modo su personalidad, sino confiesan tácitamente que aquéllas constituyen
el lenguaje de nuestro tiempo.
El invento no surgió al acaso, como tantas veces. Curioso es observar
cómo vinieron a fundirse en Guernica todas las conquistas de Picasso.
Basta comparar sus formas con las del período azul para comprender hasta
qué punto el sentimiento se ha universalizado; o con las de la etapa
negra, para advertir cómo el movimiento se ha hecho más consciente y
menos instintivo a causa del contenido que lo determina; o con las
cubistas, y entonces se descubre de qué modo la interpenetración de
planos de luz y sombra colabora en la creación del ritmo formal de la
obra, adquiriendo un sentido nuevo; o con las clásicas, en las que sub­
yacen como proyectos casi todas las figuras.
En estas dos obras de 1937 se define, a mi juicio, su inédito barro-

19

�quismo, tan peculiar como para manifestarse al mismo tiempo con carac­
teres de limitación. Si por una parte es la resolución del dinamismo metamorfósico, por otra ese dinamismo se agota en una fijeza intemporal;
si por una parte esa quintaesencia del dolor y de la mansedumbre parece
referirse a una capacidad de sufrimiento o de resignación que trascienden
de lo humano, por otra encalla tan en lo hondo del hombre de carne y
hueso como para que se los considere atributos exclusivos del ser. También
la inestabilidad y la transformación caracterizan al barroquismo del siglo
x v ii , sobre todo el español, pero las formas que en éste son expansivas
a fuerza de ser movidas por sentimientos exacerbadamente individualistas,
se comprimen en esquemas definitivos en el arte de Picasso, genial mala­
barista de nuestro tiempo que trata de fundir inasibles y libres elementos
de irracionalidad en firmes estructuras que resuelven, por la vía del instin­
to, el valor inmanente de la vida.

VI
FORMA Y CONTENIDO
E N T R E LAS FORMAS INVENTADAS POR ENTONCES APARE­
cen algunas figuras de mujer, similares a las de Sueño y mentira de
Franco y de Guernica, grotescas porque responden al doble punto de vista
que le permite a Picasso dar la síntesis de la forma —frente y perfil—, ex­
tremadamente violentas de color muchas, y animadas de hondo patetismo,
aunque el tema nunca parezca justificarlo. Si en la potencia puramente
plástica ha podido llegar, por medio de la síntesis, a provocar simbólica­
mente tal fuerza de emoción, es porque ya no permanece ajeno a las cosas,
sino dentro de ellas. Después de Guernica, al volver a la figura humana
o animal, lo hace ya con otra fuerza emotiva. Y, sin embargo, no vuelve
a tentar una composición semejante a aquélla: tan sólo Pájaros nocturnos

20

�en Antibes (1934), óleo en el que se advierte algún resabio, a pesar de que
la composición es más tupida y menos tensa, y el Crematorio humano
(1944), aun no terminado, pero ya expuesto en París, también pintado en
blanco, negro y gris, en el que parece querer presentar la “humanidad
inmolada en una pira funeraria” .
Se diría que Picasso, después de esa violenta experiencia que debió
significar Guernica, ha vuelto a reencontrarse en su intimidad y que la
ha volcado en temas de aparente sentido individualista: en las figuras de
cestería —jeroglíficos absurdos que las componen como si constituyesen
una compleja caligrafía cromática—, en cabezas y retratos de mujeres, en
figuras femeninas sentadas o de pie, en desnudos reclinados y en natu­
ralezas muertas, sin que falten algunas escenas de interior y la serie de
los gallos, con el agregado, absolutamente nuevo,
de paisajes urbanos que pintó en Royan prime­
ro (1940) y en París después (1943 - 45).
No es el momento de entrar en el detalle,
sino de mostrar una línea general de expresión.
Son diferentes los modos, ahora quizás más que
antes porque en su momento de madurez reapa­
recen en él a cada instante procedimientos olvi­
dados, todos ellos fundidos sin embargo como
para afirmar claramente que recién en estos años
se advierte un estilo Picasso, producto de una
íntima compenetración entre forma y contenido.
Si el pintor viviera en una época que no le
exigiese inventar, habría podido tal vez partir
de estas formas expresivas para refinarlas a lo
largo de su vida, pero debió empezar por crearse
el instrumento y en ello se le han ido cincuenta
años de tanteos, de esfuerzos y de logros.
f ,
La revolución española no fué sino el preludio
*' * ' del desastre, ya que inmediatamente estalló la

21

�guerra mundial. De esta última catástrofe no hay versión en la obra
de Picasso, a pesar de que siguió viviendo en París durante la ocupación
alemana. “No he pintado la guerra —dijo en 1944— porque no pertenezco
al género de pintores que salen como un fotógrafo a pintar algo; pero
no hay duda de que la guerra está en estas pinturas que he hecho” , y
agregó: “Acaso después los historiadores querrán. . . encontrar que mi
estilo ha cambiado debido a la influencia de la guerra. Yo no lo sé”.
De igual modo ha negado que su posición política hubiese influido en
su pintura, a pesar de haber dicho que “la pintura no está hecha para
decorar departamentos” y que “ es un instrumento de guerra para atacar
y defenderse de los enemigos” .
Conviene atenerse más a las obras que a las declaraciones, sobre
todo porque en los últimos tiempos, tal vez a causa de su prolongada
estancia parisiense, sus declaraciones son menos frescas y parece cultivar
la boutade. Es claro que la guerra y la afiliación política han influido
poderosamente en el arte de Picasso. ¿Cómo hubiera podido ocurrir lo
contrario? Pero no es hombre de actuar por reflejo, sino por creación,
de modo que esa influencia se manifiesta preponderantemente en ciertos
acentos de su barroquismo, ahora más instintivo que nunca.
Ya se consideren sus admirables series de mujeres sentadas, o de
desnudos reclinados, o de naturalezas muertas, los tres grandes temas de
los últimos años, se advierte una idéntica aguzación del ilogismo instin­
tivo. Por atrevidas que puedan parecer algunas telas cubistas o clásicas
o del período negro, cuando se las compara con estas últimas, revelan
obedecer, aunque debilitadamente, a un proceso de ordenación que en
definitiva no es sino racional; ahora, en cambio, más maduro y más
suelto, menos apegado también a modos paradigmáticos, a pesar de que
hubieran sido inventados por él, la materia ha triunfado de todo forma­
lismo abstracto, y en su dinamismo instintivo e impersonal se halla la
razón de ser de sus obras. Como si el derrumbe de las ideas y conceptos,
de escuelas y posturas —¿cómo podría justificarse la pretendida inclusión

22

�de Picasso entre los superrealistas?— le hubiesen permitido dar mayor
libertad todavía a su capacidad de invención.
Podrían señalarse, a lo largo de la historia del hombre artista, mo­
mentos similares, de profunda desilusión y de catástrofe, que han deter­
minado la eclosión de formas estremecidas —pienso sobre todo en los
grabados que adornaban el Ars moriendi del expirante Medioevo, o en
el anuncio tenebroso que fuó el Altar de Isenheim pintado por Grünewald— pero no conozco un documento de tanta fuerza como el que pro­
porciona Picasso, quien es capaz de hacer vivir en una calavera, o en
una mujer ante un espejo, o en un desnudo apenas reconocible, o en
un vaso de gladiolos, la inmensa desesperanza de nuestro tiempo, sin
alusiones literarias o filosóficas o políticas, sin esteticismo alguno, tan
sólo por la capacidad de influir una potencia de inframundo a la ma­
teria, dócil en sus manos.
Frente a la farsa de querer que perduren las formas de una concep­
ción del mundo definitivamente liquidada; frente a la farsa de querer
instaurar un orden, cuando las ideas han perdido su vigencia y el hombre
el tino para comprenderlas y perfeccionarlas; frente a la farsa de una
lucha suicida entre regímenes que coartan la libertad humana; frente a
tales farsas, Picasso se eleva como el bárbaro que se hunde en la exis­
tencia, dispuesto a extraer de ella verdades elementales. Lo que ha de
estimarse en él, por tanto, es su capacidad para inventar formas que
revelan las rudimentarias bases de nuestra verdadera existencia, cuerpo
a cuerpo del hombre con el hombre y con la naturaleza, como si ame­
nazara desplomarse el edificio construido pacientemente durante cinco
siglos. Tenga el lector por seguro de que si en la obra de Picasso no se
advierten las serenas armonías de las épocas clásicas, producto de la
confianza en ciertas esencias formales, ni tampoco las turbulencias del
alma romántica, bastante menos subversivas de lo que parecieron otrora,
es porque nada en la vida contemporánea, juego de tensiones desatadas,
inquieta realidad en la que sucumben los débiles, podría justificarlas.

23

�Demasiadas pruebas ha dado Picasso de su capacidad de inventor co­
mo para que nadie pueda imaginarlo detenido. ¿No estará cuajando en él
alguna nueva invención? Entre tanto, ánimo para escapar del falso idilio
que implica añorar una vida cerrada y completa; existe la obligación de
comprender a Picasso, porque es como entenderse a uno mismo en limpia
postura, y para ello es menester que se considere toda su obra como
una permanente revolución. Picasso problematiza el hacer plástico, para
construir la realidad a imagen y semejanza de sus angustias, basándose
en lo único que parece sostenerse: la fuerza instintiva del vivir. Su arte
no puede ser agradable, ni bello en el sentido del logro de una forma
final: tiene que tener los flancos desgarrados, y junto a ellos los brotes
de iniciación, como tienen unos y otros los hombres que viven alerta.
J orge R o m ero B r est

24

��PABLO RUIZ PICASSO
Mujer con cabello negro

Hoja de VER Y ESTIM AR

�CAMINO DE LA OBSERVACION
Las

M ctamorfosis

Ae

Picasso

Mujeres en el mostrador (1902) . Barcelona. Colección Walicv 1'. Chrysler, Jr. — Período azul.

Las formas comienzan a perder carácter representativo —por lo menos desaparecen las notas
que pueden aludir a sentimientos superficiales, los rasgos de la cara especialmente—
y ganan en fuerza de expresión plástica. La emoción se concentra en la densidad y elasti­
cidad de los volúmenes, que revelan en su fuerza expansiva la distensión moral de los per­
sonajes, acentuada por los trazos firmes en arabesco barroco; en los contrastes tonales y
de claroscuro, en una materia generosa: patetismo sin gestos; en el recorte preciso y cruel
de las figuras contra el fondo casi planista, tan sólo interrumpido por el raso. De tal modo
se unlversaliza la expresión, sentimental empero, sin perder sus raíces humanas individuales.

�Cabeza (1907) . K1 ejemplo de

los fetiches negros hace que
irrumpa el instinto salvajemen­
te; el sentimiento es más vigo­
roso porque presenta menos
signos exteriores, y se unlver­
saliza al confundirse, en cuan­
to contenido, con las formas.
Líneas rígidas pero de conte­
nida vibración; contrastes vio­
lentos de claroscuro; desestima
de todos los recursos de la
sensibilidad; búsqueda de un
ritmo más que de una expre­
sión e m o c i o n a l nominada.

■ &lt;-

-&gt;
Abstracción (1910). Colección

Walter P. Chrysler, Jr., Nue­
va York. Cubismo analítico. El
conjunto de cosas que consti­
tuye el tema se transforma en
un juego de planos que se ar­
monizan, se repelen o se inter­
penetran. Picasso descubre así
el secreto
del dinamismo
plástico. independizado del
movimiento anímico, cerrán­
dose su ciclo de desubjetivizarión. Mas no analiza y des­
compone
para
recomponer
las cosas /&gt;or dentro, sino para
inventar algo totalmente nuevo.

Madre e hijo (1921) . Se habla de

un período clásico de Picasso, al
que corresponde este cuadro. Bas­
tará compararlo con Mujeres en
el mostrador, para comprender
que vuelve a crear figuras ba­
rrocas, más sólidamenie cons­
truidas merced a la experiencia
cubista, y de mayor fuerza ex­
presiva como resultado de la
experiencia negra: ellas revelan,
en su inestable estatismo v en
su deformado gigantismo. un
ansia de lo explosivo —una sal­
vaje potencia sensualista pero des­
personalizada y sin eros— del
que derivaron sus imágenes poste­
riores, así como la p o d id a de
resabios sentimentales al volver a
crear volúmenes con plenitud.

���Mujer escribiendo (1934),
Colección de Peter Watson.
El movimiento se afirma
en la materia y reaparece el
dormido sentimiento indivi­
dual, no para manifestarse
en encendida pasión, sino de
modo
contenido.
Picasso
combina las conquistas del
planismo cubista y del ex.
presionismo espacial: sensua.
lidad de las curvas; pastosi­
dad de las sustancias, mor.
diente expresivo de los tra­
zos, serenidad estática de los
planos de color y claroscuro.

-&gt;

-fLas tres bailarinas

(1925) .
Manteniéndose en la con­
cepción planista, Picasso ha­
lla el modo de exaltar los
instintos de infiamundo sin
aludir a sentimientos huma­
nos. Potente expresión sinté­
tica y sensual al mismo tiem­
po en los trazos que limitan
las figuras, las cuales se
cargan de una emoción no
subjet'wa (en la bailarina
de la izquierda se advier­
ten las primeras señales de
su monstruisnw psicológico) .
Contraste lírico y dinámico
de planos de colores puros.

Toro x caballo (1935).
Boisgeloup. Una nue­
va fuerza dramática
conduce al pintor que
rechaza las alusiones
naturalistas a la ale­
goría: el toro y el ca­
ballo le sirven para
trasponer, de acuerdo
con la tradición his­
pánica. una realidad
emocional
mediante
formas concretas. Pero
la alegoría adopta ca­
racteres de simholo al
cobrar nn valor expre­
sivo por sí, que tiende
a imponerse por en­
cima de lo represen­
tado. consolidándose su
pujante barroquismo.

�i,.«111*11 l»M
l¡¡( l l t t i H "

Guernica (1937) - Gran pintura mural para el Pabellón español de la Exposición Internacional
de París de 1937, inspirada en la bárbara destrucción del santuario vasco Guernica por aviones
alemanes. Son formas alegóricas, que aluden de manera enigmática a una realidad de ningún
modo presente, pero con tal fuerza de expresión, a pesar de que no se las entienda, como para
afirmar su sentido simbólico. Sobre el carácter alegórico de Guernica se discute, sin que
Picasso intervenga en la contienda. Según la supuesta declaración de éste a Jerome Seckler
en 1945, el toro representaría la brutalidad y el caballo, el pueblo. Muy recientemente, Juan
Larrea ha tratado de probar que el caballo representa el nacionalismo español, en tanto que
el toro representa el pueblo, protegiendo a la madre (Madrid) de la brutalidad franquista;

�así como que el personaje despedazado por las palas del caballo es el miliciano; la voluminosa
cabeza que empuña la lámpara, la República; la mujer en llamas de la derecha, la imagen
del infierno a que ha sido precipitada España por el falangismo, y la otra que huye a grandes
zancadas, un sentimiento “ tan poco delicado como concreto" en su acercamiento al trasero
del caballo. Simultaneísmo y multiplicación de puntos de enfoque, deformación, fuerza de
los contrastes, composición dinámica, no constituyen modos expresaos de un horror individual,
pero tampoco de una actitud imperturbable: el espectador siente que está frente a una
arquitectura sólida de emociones arquetípicas, libre de toda trivialización en el ademán o el
gesto. Con gran energía Picasso halla el punto de fusión entre el contenido y la forma

�Estudio ¡xira Guernica (1937). Picasso exacerba y deforma, especialmente con el trazo, al que

otorga la mayor potencia expresiva, pero respeta la solidez de la forma total —impersonales
trazos de la nariz, cráneo y cuello— y la descarga de sus contenidos materiales. El sentimiento
no se manifiesta como vibración superficial sino como forma; no es emanación sino estructura.
El pintor pretende y logra presentar más bien la imagen del dolor que la de una mujer dolorida.

�El gallo (1938) . Gallo y veleta. Otra
muestra del alegorismo zoomórfico de
Picasso, quien hace del gallo una ima­
gen-símbolo del estremecimiento doloroso,
del grito en paroxismo. Siguiendo un mé­
todo parecido al de Estudio pata Gueniica, carga a la figura del gallo de senti­
mientos humanos despersonalizados. Y aca­
so sea en estas figuras de gallos, dibujos
y pasteles, donde más se humaniza, com­
binando ritmos brutales de líneas y de
claroscuro —cabeza y cuerpo del animal—
con el ritmo sutil, aéreo casi, de la cola.

Mujer sctitada (1938) . Nunca ha dejado
de ser Picasso un pintor gráfico. En
estas figuras que parecen hechas con ca­
ñas de mimbre —se las ha llamado figuras
de cestería— vuelve a imponerse su senti­
miento caligráfico de las formas. Mujeres
sentadas o de pie las más, retoza libre­
mente el pintor y se goza en la combina­
ción de líneas y planos que limitan for­
mas aparentemente inconexas, porque res­
ponden a diferentes puntos de enfoque.
Y aunque parecen muñecos descoyunta­
dos, se adivina un proyecto de armonía.

��Calavera y jarro (1943) . Se advierte, no sólo la integración de ciertas concepciones anteriores,

cada una de las cuales fue excluyeme, sino una nueva riqueza en lo que se refiere al dina­
mismo interior de las formas. Lejos de todo sintetismo abstracto, la invención aparece como
lesultado de un modo inédito cíe contemplar la materia de las cosas. Y tamo en estas
naturalezas muertas como en los retratos, desnudos y paisajes, se impone de manera madura
el impersonal barroquismo del maestro español, acaso ton mayor fuerza que en C.uernica.

-4r
Desnudo relleno con su carne (1940) . Royan. Figura de mujer en la que Picasso alterna ciertas

formas de volumen pleno, limitadas por luces y sombras, con otras planas, obteniendo de ese
modo un curioso ritmo interior (pie no rompe el estatismo del conjunto (ver la manera cómo
ha solucionado la inclusión de la pierna izquierda del modelo, en escorzo y reducida a un
contraste plano de luz y sombra) . I’or otra parte, el descoyuntamiento aparente, desde el
punto de vista naturalista, se explica por la posición del cuerpo en dos perfiles diferentes,
como en Mujer con cabello negro (lámina suelta) . Ln ambas obras es sorprendente la
capacidad de potenciación de la materia, para expresar una angustia existencia! que para
nada se vincula con las circunstancias exteriores que la producen, según un proceso de legí­
tima universalización, incidiendo sobre todo en sus más profundos contenidos instintivos.

�lil crematorio humanot Desde 10-14 trabaja Picasso en esta pintura al óleo, de menor tamaño
que Guemica, pero de concepción en cierto modo similar, sin haberla terminado aún. No
vuelve a emplear la alegoría, como en aquélla, sino que presenta con alusiones menos
enigmáticas el espectáculo de la muerte provocada por la barbarie de la guerra, mediante las
figuras arquetípicas de la mujer, el hombre y el niño; "humanidad inmolada como en una
pira funeraria”, según han escrito Harriet y Sidney Janis. Se diría que en esta pintura
mural Picasso crea ritmos más complejos, que predominan sobre el valor expresivo de
cada forma, no obstante la potencia de sugestión de las caras y pies, como si la experiencia
anterior le hubiera hecho comprender mejor las leyes de la composición pictórica mural.
( Cl i s és

c e d i d o s

g c n t i 1m e n t e p o r

la

E d i t o r i a l

P o s e i c l ó n )

�Inventarío
PICASSO EN BUENOS AIRES
T OS CUADROS E X ISTEN TES EN BUENOS AIRES QUE NOS HA
•*-' sido posible observar, permiten destacar algunos de los elementos
característicos de la obra de Picasso en dos períodos de su producción: el
anterior a 1901, cuando aun está sujeto al arte representativo, a los temas
extraídos de la contemplación de la realidad, fueran escenas de la calle,
interiores, paisajes o figuras; y el llamado período neoclásico de los años
1920 a 1922, donde apela a los volúmenes llenos, a las deformaciones, para
expresar sus modelos escultóricos. El cubismo, en cambio, no lo hemos
podido localizar más que a través de un pequeño óleo de la señora Victoria
Ocampo. Pintura no imitativa de la realidad, apenas si se reconoce en
ella el motivo de una cabeza; la emoción es provocada por la simple
disposición de áreas coloreadas, negra, ocre y celeste; y por el juego
incluido en ellas de una línea, también negra en forma de arabesco.

La mujer de pie, en actitud de peinarse de Escenas de la vida
bohemia, (Col. de la señora de Aguirre), revela un acentuado planismo;
los perfiles se espesan y subdividen en fuertes trazos, acusando una bús­
queda del volumen; pero, la expresión surge de la forma aplanada y
recortada como silueta contra el fondo azul y ocre. El color, dentro del
arabesco quebrado de la figura, aparece como un relleno que no contri­
buye a acentuar la corporeidad. Así presentada, la figura contrasta con
la concepción del espacio que la rodea. No son las cosas puestas en pers­
pectivas las que indican la profundidad, sino el color sensiblemente mo­
dulado en las tintas azules de la pared o en las tierras ocres de la manta.
Cuadro cuidadosamente organizado, cada elemento robustece la com­
posición. Así, mientras en el primer plano, la figura y el toilette parecen
imprimir a simple vista un sentido vertical al conjunto, las dos zonas
de azul y ocre que se desplazan horizontalmente y los ocres claros de la

37

�Carne, almohadón y falda están colocados con intención para salvar una
posible monotonía. Estamos lejos del futuro período azul, en el cual, las
figuras aparecerán desconectadas de los fondos abstractos y simplificados,
a la manera de telones.
A la misma época debemos atribuir El morfinómano, (Col. Antonio
Santamarina), donde tres figuras se recortan sobre un fondo ocre ver­
doso de distinta intensidad. Aquí el color adquiere mayor significado, al
punto de desaparecer la expresión por el contorno. Es cierto que en de­
terminadas partes los perfiles se acentúan en gruesas pinceladas de azul,
pero la estructura de los brazos, las formas en general, están dadas por
la materialidad de la pasta. Su empleo no es uniforme, pues tanto recu­
rre a las pinceladas sueltas y alargadas como a las manchas de color. Tam ­
bién ahora debemos señalar la distancia que separa a Picasso de la pro­
ducción de futuros períodos, pero no por lo que se refiere a la conexión
con los fondos, sino por la exagerada movilidad de las figuras. En efecto,
Picasso casi siempre ha preferido las actitudes estáticas y cuando ha
querido expresar el movimiento, lo ha dado siempre como constreñido,
sin desbordarse más allá del límite de las figuras. En El morfinómano el
movimiento está realizado con blandura y hasta con exuberancia.
Idéntica característica presenta En el Moulin Rouge, (Col. Rafael
A. Crespo). Conjunto nada estático, no tanto por el tema mismo, cuanto
por el juego de los elementos plásticos. Son los trazos del pastel, colo­
cados con absoluta libertad en distintas direcciones, los contornos que
se abren espontáneamente, las piernas dislocadas de una bailarina, los
que imprimen vertiginoso ritmo al cuadro. Ése es su fondo. Contrastando
con él, surge en primer plano una figura femenina en actitud estática.
El conjunto tiene así, ciertos puntos de contacto con el estilo de Toulouse - Lautrec.
Alrededor de 1901 ubicamos también Cabeza de hombre (Col. Augusto
Palanza). El artista hunde el cuerpo azul grisáceo profundo en el fondo
oscuro de la tela, para hacer resaltar la cabeza plena de expresión de su

38

�Ti es mujeres en ¡a f nenie (arriba)
Cabeza de hombre (izquierda)

Desnudo de mujer (ai riba)
J'.seenas de la vida bohemia (izqnu*rda)

�Pararte

i.l nwi¡itu'nnano

F.n el Moulin Rnna;e

�personaje. El traje resulta pobre en cuanto al modelado sin relieve; hay
demasiada uniformidad en las tintas, a pesar del azul verdoso de la cami­
sa que solamente tiñe con sus reflejos el rostro, contribuyendo a acentuar
la expresión lánguida y patética. A ellos se agregan las sombras negras
que marcan las mejillas desnutridas. Todo el interés pictórico del cuadro
está concentrado en ese rostro presentado en medio de cierta nebulosi­
dad, a la manera de Carriére. Pero hay otra reminiscencia posible de
localizar: la de El Greco, por la estructura alargada de la cara que se logra,
justamente, con el auxilio de las sombras.
En Tres mujeres en la fuente (Col. Mercedes Saavedra Celaya) el
pintor desarrolla uno de sus temas preferidos durante el período que
se inicia en 1920. Sobre un fondo generalizado —cielo celeste, nubes
grises y ocres—, se destacan inmutables las tres figuras. Anotamos una
doble expresión: por el dibujo, donde el contorno preciso, a ratos vigo­
roso, limita las formas; y por el color, donde el ocre rojizo, fuertemente
extendido en las carnes, acusa el volumen pleno de la figura de la izquier­
da. Tanto en los elementos planistas como en los espaciales se mani­
fiesta una fuerte tendencia a la síntesis; así, la referencia a lo geomé­
trico, la hallamos en los cuellos vistos de perfil y en el poderoso volumen
esférico del cuello de la derecha. Como un contraste con lo señalado en
último término los brazos y piernas se desdibujan en una deficiente
estructura orgánica. Más que de una deformación es preciso hablar de
una carencia de rigor formal para destacarse como volúmenes llenos de
sugestión. Si agregamos a estas observaciones que la materia pictórica se
extiende libremente como manchas, dentro de una calidad flúida, ten­
dremos anotadas las principales características de la obra de Picasso en
este período.
Aun hemos de referirnos a dos facetas de su vasta producción: sus
dibujos y su decoración teatral.
La línea sintética y casi uniforme de los primeros, las estiradas curvas
de los contornos, las deformaciones usadas para acentuar un movimiento,
las hallamos en el Desnudo de mujer, (Col. Antonio Santamarina) el
que atribuimos a la misma época del cuadro en último término comentado.

41

�A Picasso, decorador teatral, conocemos directamente por el famoso
telón firmado y ejecutado en 1917 para el ballet Parade, con música de
Satie y tema de Cocteau. Traído a Buenos Aires con motivo de la Expo­
sición de Pintura Francesa del Museo Nacional de Bellas Artes en 1940,
fué adquirido posteriormente por el señor Arturo Jacinto Alvarez, su
actual poseedor.
El telón ha sido concebido como un gran cuadro, en el cual se ha
incorporado la tercera dimensión, teniendo en cuenta una composición
rigurosa. El centro lo da la figura del mandolinista y la columna de
una ruina arquitectónica; simétricamente a ambos lados, acentuando la
verticalidad, una escalera y un grueso tronco; cerrando el cuadro se plie­
gan dos cortinas laterales. Dentro de este marco están ubicadas las figuras
formando dos masas que se compensan por las áreas ocupadas. Es intere­
sante notar con Barr (Picasso, The Museum of Modern Art), que a pesar
de volver a los temas de arlequines, acróbatas y guitarristas de 1905, la
forma de tratarlos ha variado, ya que abandona la melancolía caracterís­
tica de entonces, por una homogénea falta de expresividad sentimental.
B l a n c a S t a b il e

42

�Angulo Eluard - Picasso
E N C U E N T R O DE ELUARD CON PICASSO. ELUARD,
llegando desde sus elefantes, sus cerezas, sus esqueletos, sus
sueños sin estrellas, sus hombres ciegos, sus cadáveres, su mapa
sensual y redondo, sus máscaras, sus pesadillas, sus revelaciones,
sus instintos, sus espejos multiplicadores. Desde su vida que es
como un agua turbia que lo baña sin cesar, lo refresca y lo estre­
mece, libera su frente, lava su mirada, se hunde como una onda
diáfana en su boca y sale de su boca como una espesa marea,
sensibiliza su piel, modela sus lágrimas, draga sus manos, abre sus
poros, gime bajo sus plantas: agua turbulenta, que lo ciñe y
lo impulsa, vivificándolo en su temblor huidizo. Desde sus dos
ojos fértiles con la obsesión de la fertilidad, que trepan por los
racimos de las horas yendo al encuentro de otros ojos sin rencor,
de ojos justos sin esperanza y desentrañando, con urgencia impla­
cable, las pequeñas miradas vegetales.
Llegando desde esta zona desamparada, desde esta tierra
austera.
Desde su universo, Eluard.
Hacia él, Picasso alzándose desde sus descubrimientos mara­
villosos, cayendo desde la rueda luminosa de sus propias sorpre­
sas, asombrado de sí, creador sin teoría, gigante sin dimensiones,
genio sin posturas. Llegando desde el misterio de los instantes,
desde el fondo del color y el fondo de la forma como un buzo
apresurado y ardiente, descubridor de un expresivo y descono­
cido océano. Desde la destrucción y la construcción de la realidad,
la destrucción y construcción de la línea, la destrucción y cons­
45

�trucción del objeto, la destrucción y construcción del ojo: y
desde esa realidad, esa línea, ese objeto, ese ojo aniquilados y
reconstruidos, célula a célula, átomo a átomo, con un maravi­
llado y angustioso encarnizamiento. Abrazado a la realidad como
a un cuerpo de mujer; luchando con ella, fundiéndose. Arrojado
de sí mismo, por voluntad propia. Recuperado con furor. Vi­
viendo con horarios exactos y totales, sin tregua, sin oasis sobre
ía arena caliginosa.
Desde esa arena, ardiendo, Picasso.
He aquí el encuentro de Eluard con Picasso.
El libro de Eluard a Piccaso es un apretado nudo vital. Ni
Eluard ni Picasso aprobarían que se juzgara como libro, o que
se analizara literariamente, o que se colocaran bajo el escalpelo
frío de la crítica sus ideas.
Eluard lo escribe viviendo. Picasso lo recibe viviendo. Si
dejáramos de vivir al leerlo, se deshacerla en nuestras manos
como una ceniza mágica, porque no puede existir fuera del
pulso encendido del lector. No hay datos, ni cronología, ni anéc­
dota, ni juicio concreto: tal vez lo único concreto, en este plano
paradojal, sea la convergencia sensible de Eluard con Picasso o
el ansioso deseo de que esa convergencia entre en el molde de
cada palabra y la transforme en un signo vivo, inteligible, o en
un canto sonoro, sólo canto.
Descartando voluntariamente la alternativa del juicio literario-estético —normalmente halagadora por lo que tiene de re­
curso, de asidero tangible— queda aún intacta la otra zona, más
árida, es cierto, pero fecunda como un terrón impuro y grávido.
El umbral de esta zona es una gran pregunta: ¿Se ha encontrado
realmente Eluard con Picasso?
Porque Picasso es un hombre difícil, elude las entrevistas,
desmiente las declaraciones, huye de las teorías. Crea sin cesar,
44

�casi sin gestaciones, desconcierta, destruye y contradice su obra,
no le interesa que lo comprendan, no pide que lo sientan, de­
testa que lo expliquen. No se pueden separar sus emociones,
para analizarlas, como se desgrana limpiamente una espiga. Para
colmo, Eluard es poeta, y sus constelaciones pudieran muy bien
no ser la astronomía de Picasso.
Pero sí, se han encontrado. Se han encontrado, no obstante
todo, y sus angustias viven al unísono en cien grandes hojas,
llenas de versos de Eluard y cuadros de Picasso, que se suceden
como un sumario candente de búsquedas. El encuentro de Eluard
con Picasso está en la prosa y en el verso. Eluard va hacia Pi­
casso buscándose a sí mismo: “Yo no soy de aquellos que buscan
olvidar, no amando nada, reduciendo sus necesidades, sus gustos,
sus deseos, conduciendo la vida a la repugnante condición de su
muerte” . Buscándose, se pierde por momentos a sí mismo y
dibuja un hombre, el hombre, arquetipo en el vasto universo.
Hora de definiciones: “El hombre no puede existir más que en
su propia realidad. Los artistas pintores se limitan a reproducir
un mundo. Lo que importa verdaderamente es comprender,
participar” . Luego casi en grito, o tal vez en imperativo, con
épica violencia: “ Hay que vivir haciéndose uno con el universo,
con el universo en movimiento” .
Uno con el universo, componiendo y deshaciendo en el
objeto más simple el universo.
La frase resuena, en miles y miles de ecos y al fin de cada
uno está Picasso, está ya Picasso. Lo ha encontrado, se libera
nombrándolo: “Picasso tiene en sus manos la llave frágil de la
realidad. Se trata de ver lo que se ve. De liberar, al fin, la
visión”.
El poeta se hunde en el genio, abriéndolo como una espada
de luz. Comienza entonces la onda del canto, ya en pleno en­
45

�cuentro, reverdecidas las palabras en el júbilo del Hallazgo. Si
Picasso ha sido encontrado por el razonamiento intelectual, será
vivificado en las arterias cálidas, fantásticas, desatadas, del poeta.
Se ha comenzado a tocar el horizonte y las estrellas, como cosa
natural. En ese instante, Paul Eluard es verdaderamente Paul
Eluard. El poeta se sumerge en el color y la línea, caos fructífero,
orden del desequilibrio, belleza de la deformidad, estructura
tenaz y gigantesca del sentimiento y halla una síntesis, sencilla
como el pan y el agua, extraordinaria.
Tocamos todo lo que vemos
Tanto el cielo como la mujer
Unimos nuestras manos a nuestros ojos
La fiesta es nueva.
Todo es posible. Se es amigo del hombre y la bestia
a la manera del arco iris.
Si el lector, a esta altura, está ya en Eluard y Picasso, o si
los roza ya, debería leer esto con pausas, hondamente, sintiendo
que cada palabra tiene un significado total, propio y único y
que todas, armónicas, son Picasso.
Y aun más —¡hay más aún!— en su abrazo prolongado:
Se te exhortaba el alma y el cuerpo
T ú has colocado la cabeza sobre el cuerpo
Has horadado la lengua del hombre harto
Has quemado el pan bendito de la belleza
También, en otras páginas, está el fervor casi azorado frente
a los desnudos durmiendo, a los retratos, a los colores, a los
papier-collé, a los hallazgos de toda materia.
Pero esto sería descender del encuentro hacia la visión li­
teraria. Y el universo de la coincidencia vital retiene, como una
gran mano masculina. Nos quedamos en él, sumergidos en su
áspera potencia.
M arth a T raba

46

�E U G E N I O D’ ORS Y P I C A S S O
T TAY UNA MANERA DE T IT U L A R QUE ES ENGAÑADORA Y EN
* ese pecado cae frecuentemente Eugenio D’Ors, pues los nombres de sus
libros prometen mucho a la esperanza del lector, pero luego —en generalestán hechos de retazos de artículos publicados a lo largo de cuarenta años
de su vida, intensa pero desigual, y las más de las veces contradictoria. Y es
una gran desilusión no encontrarnos en todos estos casos con libros pen­
sados o repensados de cabo a rabo sino con una especie de olla podrida
que refleja muchas maneras diferentes de pensar y sentir pero que
naturalmente, no presenta un cuerpo de opinión sólido y definido.
En Tres horas en el Museo del Prado, D’Ors dió una de sus notas
más felices. Todo el caudal de su gran saber estaba reflejado allí. Y
aclaremos que no es un saber en profundidad, a veces lo es en exten­
sión, pues D’Ors sabe muchas cosas y las sabe en muchos idiomas. Em­
pezando por los dos que le son nativos: el catalán que es el suyo propio
y el español en que escribe desde hace años.
Parafraseando el decir filosófico: “ Nada de lo que es europeo le
es ajeno” y esto —extraordinario en un español, si exceptuamos a Ortega
y Gasset con quien tiene más de un punto de contacto o al olvidado
Ganivet— puede llegar a ser un defecto si la pluralidad se transforma
en un internacionalismo fácil. Pensemos en Unamuno y tendremos el
más claro, el más flagrante contraste con D’Ors.
Esa cultura enciclopédica de salón de D’Ors le da una gran agilidad,
una elasticidad para emprender ciertos tours de forcé a los que es muy
afecto. Y así, pasa de la filosofía a la historia, de la historia a la crítica
y en todas —fuerza es reconocerlo— se luce. Este hombre que lo sabe
todo, tiene a veces ideas geniales. Atisbos que dejan sorprendido por la
originalidad. Generalizaciones atrevidas como la de comparar la idea de
imperio con la de la cúpula como forma expresiva, que si bien deslum­
bran con la fuerza de un gran intento de aclarar la cultura en un
esquema transparente, racional, previsible, pecan —desgraciadamente—
muchas veces por superficiales y generalizadoras.
D’Ors escribe en un idioma barroco muy español pero más catalán

47

�todavía. Lleno de palabras llanas y, por otra parte, en contraste, de
latines y giros filosóficos. Su tono general es de suficiencia, siempre
el pensar un poco engolado y satisfecho de sí mismo. Pero ¡qué gracia
en los giros! ¡qué repertorio de cuentos, sucedidos y anécdotas! Todo
el temperamento español, “forrado de catalán”, se da continuamente en
cada una de sus páginas.
En Picasso, en tres revisiones hay una cantidad de ideas, todas
ellas interesantes, de las cuales algunas nos parecen en cierto modo falsas
y otras —en cambio— muy originales y acertadas.
A lo largo de todo el libro hay un leit-motiv que es: Picasso es un
pintor italiano. Para llegar a esa afirmación se apoya en la serie MálagaBarcelona-Mediterráneo-Italia-Ulises, o sea que por afinidad se lleva a
Picasso a Italia para dibujar un esquema que lo enamora. Pero más ade­
lante despotrica contra el nacionalismo a lo Taine y demuestra que no
existe tal cosa, y un poco después quiere convencer de que Delacroix,
Daumier, Cézanne y Ensor son pintores españoles. Una de dos: o el
sistema es bueno o es malo, pero no para usarlo o dejarlo de usar según
le convenga al crítico.
Nos parece en cambio que acierta cuando no inventa teorías tan
llamativas y dice que Picasso es el pintor de la pureza y la sutilidad, dice
de él “ que no ha usado sorpresa” , que es espiritual como la arquitectura
y más que la música “ con todos sus sentimientos” y que la poesía “con
todos sus argumentos” . Se empeña luego en demostrar que Picasso no
es un primitivo ni el suyo un estado de inocencia. “ Su Dios no es un
Jehová barbudo . . . sino un triángulo que lleva, cuando más, un ojo
en el centro” .
Al hablar de la moda en el arte saca a colación a Constantin Guys
(que él llama Constantino por afán de españolizar) y lo compara con la
no-moda de Picasso que “ha eliminado todo lo histórico al eliminar el
tiempo” . No hay en Picasso la belleza moderna de Baudelaire ni nada
que tenga que ver con el novecientos y tantos. El pintor “ha encontrado
para los cuerpos una situación más elemental, más grosera —más espiritual
por consiguiente— que la desnudez misma” .
Sigue acertando cuando dice que Picasso no es un barroco, sus formas
son arquitectónicas, “ permanecen en pie”, no son “formas que vuelan”
como las formas musicales del barroco. Una idea atrevida lo hace dis­
tinguir entre la pintura compuesta en fuga, es decir obedeciendo a un

48

�ritmo que, a su vez, obedece a un centro ordenador situado fuera del
cuadro (caso de Goya por ejem plo); y la pintura compuesta en contra­
punto y de la que Picasso es el exponente típico.
Define una de las veces a la pintura como un referir el objeto a una
superficie general que el cuadro o el muro limitan convencionalmente.
La escultura —agrega— no tiene esa limitación, y en cuanto a la arquitec­
tura puede decirse de ella que sus formas colonizan una porción del
espacio.
Creemos —en cambio— que se equivoca cuando dice que Picasso tiene
una indiferencia al color como Leonardo. D ’Ors lo dice en el sentido
de que ambos pintores han sido antagónicos del impresionismo —en lo
que tiene razón— pero ¿sólo los impresionistas son los grandes maestros
del color? ¿Y los venecianos? ¿Y los fauves?
No quiere hablar de épocas y en cierto modo nos parece bien, pues
el propio Picasso las ha mezclado siempre, aunque no deliberadamente
como creen los críticos desconfiados, y en cambio propone cuatro grandes
modos (los que él llama “los cuatro órdenes de la arquitectura picassiana”)
que no implican idea de evolución como las épocas sino de bloque.
Creemos que este sistema no ofrece mayores ventajas que otros. Se
habla de épocas sabiendo que se hace una violencia como en todos los
casilleros que inventa el hombre para entenderse con más facilidad. Pero
por qué es mejor el sistema de ios modos que otro cualquiera no alcan­
zamos a comprender. No podrá negar D ’Ors que en cierto tiempo Picasso
pintó preferentemente con la dominante azul o rosa, que luego fué subista, que tuvo influencia negra, o que dibujó con una calidad vecina
de la de Ingres.
Hay algo, sigue diciendo el autor, una fuerza subconsciente en la
vocación de los hombres más unitaria que su conciencia racional, más
inteligente, que es la que conduce a Picasso por un camino inalterable
a pesar de sus variaciones.
Una de las mejores ideas a nuestro juicio es la de que “ el juego
de los ritmos gráficos más durables” en la obra picassiana es su oposición
formidable al impresionismo, que es “un estilo porque es una metafísica” .
A continuación contrapone como términos extremos de una serie, al
impresionismo por una parte, y por otra a los vasos griegos de figuras
recortadas, o sea la predominancia del ambiente sobre las cosas o vice­

49

�versa. La primera posición es la del panteísmo, la segunda —la de
Picasso— es la de la razón. “Las cosas han constituido para él lo más
importante y lo más santo: el ambiente lo que hay de más bajo, de mal­
dito . . . ” Y ha llegado a fabricar paisajes con los cuerpos —al revés de
los impresionistas— que fabricaban un cuerpo con un paisaje.
No nos parece justo, para extremar la tesis hacer salir a Picasso, no
de Cézanne sino de Hodler, ¿será que D ’Ors no comprende lo de impon­
derable español que hay siempre en toda la obra de Picasso?
Hay dos caminos —dice— en las matemáticas: el del álgebra que
utiliza signos y el de la geometría que se expresa por figuras, esos dos
modos son los que ha utilizado indistintamente Picasso para pintar, y
piensa D’Ors que ambos medios son válidos para el artista.
Notamos que favorablemente el pensamiento del autor se manifiesta
en las antítesis y en los juegos de dos elementos opuestos. Siguiendo con
esa obsesión termina la primera parte de su libro diciendo que hay pin­
tores que son un ejemplo y otros que son un modelo. Así El Greco y
Poussin respectivamente. Otros, los menos, son al mismo tiempo un ejem­
plo y un modelo, su arquetipo: Rafael. Y Picasso “quizá algún día le
haga compañía” .
Lo que dice en Cinco años después y Quince años después desmerece
del resto que hemos analizado. En estos apéndices se propone D ’Ors la
destrucción de la última obra de Picasso, por el simple motivo de que
Picasso no ha seguido la línea hipotética y teórica que le trazara veinte
años antes su ex amigo y compañero de bohemia en Barcelona. A simple
vista parecería la ceguera de un hombre inteligente, pero desgraciada­
mente creemos ver en ese entusiasmo arrepentido que se transforma en
acritud reaccionaria, un síntoma del mismo origen del que hizo que el
actual gobierno español olvidara la nacionalidad de Picasso en la última
Exposición Española en nuestro Museo de Bellas Artes.
Lástima grande porque D’Ors sigue siendo un crítico de genialidades
y de un idioma y una gracia siempre cautivantes. Y este libro —como
todos los suyos— un conglomerado extraño que deleitará a los amigos
de las cosas complejas, un poco desordenadas pero escritas de un modo
impecable y pensadas siempre hasta la violencia de la imagen o la metá­
fora, aunque llevando siempre el sello de lo propio, de la más tremenda
y peligrosa originalidad.
D a m iá n C a r l o s B a y ó n

50

�RECIENTE BIBLIOGRAFIA PICASSIANA
PICASSO, T H E R EC EN T YEARS, 1939
1946, por Harriet y Sidney Janis. Edi­
torial Doubleday &amp; Co., Nueva York,
1946.
“ Para el artista revolucionario —habría
dicho Picasso— el tema es apenas un punto
de partida.” De allí que la expresión crea­
dora del artista moderno no pueda desen­
trañarse legítimamente sino del juego de
sus elementos plásticos. Harriet y Sidney
Janis en su Picasso, the recents years, lle­
nan su cometido analizando lo que han
dado en llamar la “estética picassiana” en
los elementos plásticos, psicológicos, humo­
ristas, macabros, simbólicos o fantásticos,
con que el artista penetra el conocimiento
del mundo y de los hombres.
Pasan así a estudiar los elementos de
variación con que Picasso multiplica un
tema en sus innúmeras potencialidades
expresivas, recurriendo unas veces a la
distorsión para reconciliar la visión exte­
rior e interior, otras a un punto de vista
circulante o simultáneo de ambos escorzos
y del frente para dar una caracterización
formal o psicológica más rotunda; o a
una luz o una sombra dinamizadas en sus
efectos sobre la línea, la forma y el color;
o un equilibrio precario que agita —no
estatiza— los elementos en oposición hasta
interpenetrarlos; o invirtiendo los términos

51

plásticos en procesos metamorfósicos que
ocurren en el plano físico y en el con­
ceptual . . . sirviéndose en fin de todos los
medios que su plástica y su inventiva
arbitran para lograr esa expresión tortuo­
sa, torturada, agónica, rebelde y violenta
que tiene el efecto de un impacto sobre
el espectador y que los autores han lo­
grado explicar mediante un análisis que
agudiza nuestro sentido estético y una
síntesis recurrente que acompaña las tran­
siciones plásticas desde un naturalismo —
relativo— a la invención más abstracta o
superrealista. Ese realismo subterráneo y
esa superestructura imaginativa que com­
ponen el espíritu y el carácter de la obra
picassiana.
Cada una de las más de 100 obras re­
producidas en el volumen es objeto de
un análisis por los elementos y la expre­
sión plásticos, descubriendo en las natu­
ralezas muertas, las escenas urbanas, los
factores mágicos o fantásticos, el trata­
miento de las figuras distorsionadas, gro­
tescas, angustiadas, alegres o pensativas,
los términos que Picasso por su instinto
y su visión ha volcado en coordinación
de “ojo-mente-mano-sentimiento” buscan­
do y logrando un nuevo realismo que in­
cluye hasta la realidad interior del hom­
bre.
The Chame! House —el crematorio hu­

�ta introducción. Estudia objetivamente ca­
da uno de los períodos del artista, a tra­
vés de un análisis cuidadoso de casi todas
sus obras; pinturas, grabados, dibujos, es­
culturas, telones, etc., deteniéndose en
aquellas que por marcar un cambio en
la manera del artista, adquieren a juicio
de Barr mayor importancia como La Coif-

mano—, una pintura en blanco, gris y
negro en que el artista está trabajando
desde 1944, será resumen espiritual y plás­
tico de las experiencias que para su genio
inventivo significaron los cruentos años
de la guerra.
C l a r a

D ia m e n t

fure, Les Demoiselles d’Avignon, Les Trois
Musiciens, Guernica, etc., Las reproduc­
ciones en blanco y negro son correctas, ex­
celentes las siete láminas en color, todas
ellas magníficamente compuestas en pági­
nas de ritmo ágil.

PICASSO: FIFTY YEARS OF HIS ART
por Alfred H. Barr, Jr. The Museum of
Modern Art, Nueva York, 1946.
Este libro de Barr es una generosa am­
pliación del catálogo de la exposición Pi­
casso, Forty Years of His Art, organizada
en 1939 por el Museo de Arte Moderno
de Nueva York, y extendido por una par­
te hacia las primeras obras del artista y
por otra, hacia las más recientes.
El autor define bien claramente, en la
introducción, los objetivos y el alcance de
su obra, en la que “ no se propone una
interpretación ni deduce conclusiones, pe­
ro realmente intenta un resumen equili­
brado y condensado del arte de Picasso,
primero por medio de reproducciones, se­
gundo por un comentario al pie de las
mismas que está estrechamente ligado a
las ilustraciones, página por página, y
sustentado por medio de notas; por últi­
mo, por una serie de apéndices que inclu­
yen cronologías, listas y reproducciones de
las propias declaraciones de Picasso”. Barr
cumple estrictamente lo prometido en es­

52

Quizá la posición detalladamente obje­
tiva de la que el autor hace gala, contri­
buya a que el libro resulte a veces un po­
co tedioso. Es innegable, sin embargo, que
el lector puede obtener una idea clara y
sin parti-pris de la obra de Picasso hasta
1945, de sus cambios y de los factores que
influyeron sobre ella.
Como bien dice Barr en la introducción,
Picasso es posiblemente uno de los pinto­
res sobre quien más se ha escrito; en la
bibliografía del libro, que está lejos de ser
exhaustiva, se enumeran más de 550 tra­
bajos incluyendo 46 monografías, los que
generalmente han tratado de probar una
tesis sobre el artista, tesis a veces apresu­
radas que la misma obra ulterior se en­
cargó de desmentir.
Si algo puede aseverarse es el carácter
proteiforme de su trabajo. ¿Hasta qué
punto es posible hacer critica de arte so-

�bre una obra aún viva y cambiante? Pro­
bablemente el libro sobre Picasso no ha
sido escrito y no se pueda escribir toda­
vía, ya que a pesar de los 67 años del ar­
tista, no puede saberse qué nuevos vuelcos
ha de dar en su obra.
El libro de Barr es sin duda pobre de
ideas, acaso frío y descarnado, disección
meticulosa y objetiva de cada una de las
obras que están reproducidas, suerte de
archivo ricamente documentado. Queremos
cieer que no le faltaron ideas al autor,
asi como tampoco una posible tesis sobre
Picasso, pero probablemente ha sabido re­
frenarse y guardarla para su coleto. Sin
embargo, para cuando llegue el momento,
quizá sea éste uno de los pocos trabajos
que por su carácter netamente objetivo y
analítico no sea impugnable. Para cuando
podamos comprender desapasionadamen­
te la obra del maestro, el libro de Barr
será sin duda una buena guía para refe­
rirse a Picasso y a lo dicho sobre él
hasta 1945.
Si mucho de lo escrito sobre el artista
podría ser tachado de literario, este libro
es exactamente lo contrario. Si acaso pue­
de aducirse que ni una ni otra posición
son sensu estricto crítica de arte, proba­
blemente el tipo de trabajo de Barr está
mucho más cerca de serlo desde que es
documento preliminar a la verdadera crí­
tica de arte, la de comprender al artis­
ta como un símbolo de su época a través
del mensaje que su obra significa.
L ía

C a r r e a

53

PICASSO ANTES DE PICASSO, por A.
Cirici Pellicer. Edición Joaquín Gil,
Barcelona, 1946.
La lectura del título de este libro su­
giere de inmediato una pregunta. ¿Picasso
antes de Picasso? ¿Puede decirse, acaso,
a través de su obra en constante trans­
formación, en qué momento Picasso es ya
Picasso? Para su autor no lo es segura­
mente, durante los diez primeros años de
la vida pictórica del artista, los que van
de 1895 a 1904, mientras fué hijo del arte
catalán y antes de ser “padre del arte uni­
versal"; mientras desarrolló la recia per­
sonalidad que le dió su “estirpe mallor­
quína” en la atmósfera intelectual de
Barcelona de fin de siglo y se nutrió en
su ambiente bohemio y “ modernista”, sa­
turado de Nietzsche, Tolstoi, Ibsen, Maeterlink y Ruskin. Así pues, no se propone
escribir, como dice, “más que el Antiguo
Testamento de Pablo, la historia verídica
de Pablo 1?”.
Para darnos una “imagen global” de su
origen y desenvolvimiento, y con un espí­
ritu extremadamente teórico, oscuro y re­
buscado, va presentando en casi todos los
capítulos, que llegan a cuarenta, otras
tantas teorías, algunas verdaderas leyes, en
donde no se encuentran las más de las
veces relaciones entre unas y otras, o si
las hay, son relaciones absurdas entre aqué­
llas y las obras que va citando para ejem­
plificarlas.
Así se enfrenta el lector de entrada, y
con bastante sorpresa y susto, con la teoría

�del cerebro-buril, más absurda que origi­
nal, que viene a ser algo así como su
leit-motiv, su teoría-eje, una fórmula que
ayudará a comprender a Picasso, un ver­
dadero “símbolo”. Nos ofrece allí un pañorama confuso e incompleto de la huma­
nidad dividida en tres grandes grupos: el
citado cerebro-buril, introvertido y especu­
lativo; el hombre-caballo, que es el hombre
de acción; y el de la calle, hombre medio
sensible y contemplativo. Se comprende
que ha de colocar a Picasso en la primera
categoría, la del intelectualismo puro.
Teoriza con la circunstancia de que des­
ciende de orfebres mallorquinos, y hasta
con la raíz y declinación de su apellido
materno. Y antes de hablar de Picasso
mismo y de su arte, enuncia todavía la
llamada ley biogenética de Haekel, a la
que quiere someter la obra picassiana,
pues encuentra que el artista realizó por
si mismo la síntesis sucesiva de toda la
historia del arte, durante esos primeros
diez años. Así nos habla de una fase hele­
nística entre los 15 y 17 años del artista.
Lo ve como pintor gótico cuando, en 1898
ilustra una minuta para Els Quatre Gats,
en el pastel Madre e hijo o en un autorre­
trato, donde encuentra la misma subordi­
nación a un esquema geométrico "que
contornea y fija los planos como la raya
de plomo de un vitral”
Más adelante nos presenta un Picasso
barroco muy relacionado con su maestro
y compañero Isidro Nonell, refiriéndolo
a una Bailarina, pastel de 1900, La dama
del sofá, y toda una serie de dibujos pu ­

54

blicados en periódicos. Continúa enuncian­
do leyes cuando trata de definir sus pin­
turas como románicas con la ley del m áxi­
mo de contactos, formulada por Focillon;
cita entonces cinco óleos de 1902: El bock,

La mujer en el café, La sopa, Maternidad
y La comida del ciego. Los mismos ejem­
plos le vienen bien para ilustrar otra ley:
la del movimiento encadenado. Y ya esta­
mos aquí en plena época azul y terminada
su "carrera biogenética”; época que consi­
dera como una manifestación del ambiente
intelectual catalán y no como una inven­
ción de Picasso, “determinada por la
evolución de su psicología personal”. Atri­
buye a Whistler el origen directo del
azulismo pictórico catalán, que califica
como “ descenso a los infiernos cromáti­
cos”. Con tres formas típicas define y
sistematiza la época azul picassiana: “ las
manos cariñosas, los pliegues en guirnaldas
y las facciones estalactíticas”, caracteres
que va encontrando en las obras que des­
cribe.
A través de todo el libro se ve a Pellicer
obsesionado por descubrir influencias, pro­
cedimiento crítico éste, abandonado por su
superficialidad. Sin embargo puede com­
prenderse que busque tantas relaciones ya
que da como verdadera clave para descifrar
la obra del artista la opinión de Joaquín
Mir, de que “ no veía nada del natural,
sino sólo a través de las representaciones
de objetos hechos por otros artistas”, opi­
nión que le sirve también para comprobar
su visión de Picasso como cerebro-buril.
A veces, ve más que influencias, verdade-

�ios mimetismos, sin que con esto llegue
a acusarlo de plagio.
Ya en sus primerísimos óleos le va en­
contrando puntos de contacto con Zurbarán, o sabor a Mas y Fontdevil. La cara
de Hombre con gorra le recuerda algún
Velázquez, mientras su claroscuro a R ibe­
ra. Relaciona su Interior de taberna de
1897 con Caravaggio o Tenier, con Pieter
de Hoch y Velázquez, con Le Nain y aun
con Delacroix. ¿Es posible suponer que
Picasso los recordara a todos mientras rea­
lizaba esta "pequeña nota sabrosísima”?
Señala como muy importante la presencia
del estilo de Casas que durará mientras
use el carbón y el pastel; la de Nonell,
sobre todo, con quien tuvo contactos bien
visibles y cuyo dibujo L ’ultim somni da
la clave de centenares de figuras picassiañas; la de Junyent, con cuyas ideas comul­
garía. Cita todavía a Toulouse-Lautrec,
M. Denis, Ingres, Degas, Carriére, Manet,
Renoir, Gaudí a través de Cario Mani
R o ig . . . y, para finalizar, afirma que el
espíritu de El Greco triunfa en nuestro
artista influyendo directamente en la de­
formación de sus figuras en la tonalidad
y en las luces, en los dedos cariñosos y
en las "luengas piernas”. El ciego y El
viejo guitarrista son sus ejemplos.
Podemos agregar todavía que son pési­
mos los dibujos intercalados en el texto:
en ninguno de ellos puede reconocerse el
trazo de síntesis y vibrante de los grupos
de Metamorfosis, por ejemplo, o el diná­
mico arabesco plástico de su Escena de
ballet. Finaliza el texto con una larga

55

serie de reproducciones de aquella época,
en blanco y negro, interesantes porque
permiten conocer muchas de sus obras re­
producidas con poca frecuencia, o aun
inéditas.
"Picasso antes de Picasso” queda así de­
finido por dos circunstancias geográficas,
por dos hechos cronológicos: Barcelona
1896 y París 1904, criterio bien estrecho
de que se ha valido nuestro autor en la
concepción de su libro. Es cierto que los
años de Barcelona han sido decisivos y
muy importantes las influencias de Casas
y Nonell sufridas entonces; pero no puede
aceptarse que corte tan arbitrariamente ese
momento de la vida y obra de Picasso,
ya que lo deja a las puertas de París en
el momento mismo en que culmina su
época azul, aunque para Pellicer haya
terminado ya.
Quedaría justificado el título del libro
y satisfecho el lector, si estudiara en pro­
fundidad la gestación del verdadero Pi­
casso, si tratara de descubrir el motor
íntimo que impulsara al artista; en cam­
bio nos ofrece una visión atropellada,
superficial y sistematizada con sus inter­
minables teorías y leyes, con las relaciones
aparentes y artificiales que trata de enta­
blar, con las minuciosas descripciones de
las obras citadas, excesivamente detalladas
y abrumadoras por su forma y estilo, y
que muestran al autor muy apegado a la
obra misma. Algo puede anotarse en favor
del libro, sobre todo para aquel espíritu
que se recrea en el detalle minucioso de
fechas, lugares y circunstancias, versos, ci­

�tas y nombres, pues se tiene la impresión
de que no ha olvidado a ninguno de
aquellos con quienes estuviera ligado o
ninguna de las obras realizadas entonces.
Pero aquel que busque en sus páginas
una guía para penetrar en el mensaje de
“l’homme qui fut”, como lo llamara Andrc
Salmón, se verá defraudado.
R a q u e l

E d e i .m a n

PICASSO, PORTRAITS E T SOUVENIRS.
Por Jaim e Sabartés. Louis Carré,
editores, París, 1946.
Ya lo aclara el subtítulo. No se deten­
ga aquí quien busque un análisis de las
obras, una caracterización de los perío­
dos, una teoría interpretativa, una va­
loración. Hallará, en cambio, dentro de
un esquema poco respetado de división
cronológica, el gesto momentáneo, la ob­
servación curiosa, la frase aguda o im­
prevista, la anécdota condimentada de so­
breentendidos y digresiones, la charla tri­
vial o reveladora, el enfoque amable de
lo cotidiano y aun de lo prosaico. Y todo
esto con un tono ameno, sin cuidados li­
terarios, familiar, vulgar a veces.
Salta de un tema a otro, de un paseo
a una carta, de una broma compartida
a un impulso de mal humor, de una dis­
cusión sobre un par de zapatos a una teo­
rización con respecto al arte y la belleza,
de un escrito a un ataque de ciática, mez­
clando lo fútil con lo importante, así

56

como le viene a la memoria, sin otro ot
den que el del acaso. Pues todo es un
poco casual en este libro, hasta su propio
nacimiento, método de cura propuesto
por Picasso contra los males del ocio, co­
mo se narra al comienzo en una especie
de prólogo, que es también un anécdota.
El hilo de enlace entre tantos trozos
dispares lo da la serie de retratos de)
autor hechos por Picasso en el transcurso
de cuarenta años. Pero estos retratos só­
lo son referidos a las circunstancias ín­
timas; ni se los estudia en cuanto a su
técnica y su estilo, ni se los juzga esté­
ticamente. Pues otra cosa es lo que im­
porta consignar, lo mínimo y lo extra­
ordinario madurado en el momento, lo
que se retarda y se aterra a la memoria
con su peso de vivido y su pulpa jugosa
de subjetividad.
Ahora bien, la multiplicidad de los re­
cuerdos lleva a la multiplicidad de los
enfoques, y ésta, a su vez, permite arti­
cular sobre su base heterogénea la ima­
gen total. Y, en efecto, lo tenemos en ca­
si todos sus perfiles: Picasso escolar y
aprendiz de pintor, Picasso en Barcelona
y París, Picasso conversando con amigos
por la calle o en un café, Picasso de via­
je, Picasso de entrecasa, Picasso enfermo,
Picasso trabajando, Picasso expositor. El
que a la postre resulta escamoteado es
Picasso en su obra. No hay ni un re­
cuerdo de las lavanderas o de los músi­
cos, ni una huella de los monstruos, ni
una resonancia de Guernica. Todo Picas­
so no está en este libro, pero todo el

�libro es Picasso; lo demás, la descrip­
ción de ambiente, el análisis del medio,
es apenas un fondo para su figura. En
cuanto a los compañeros de sus distintas
épocas —aunque figuren nombres como
los de Braque, Manolo Huguet, Max J a ­
cob, Paul Eluard, André Bretón— no so­
brepasan la mera anotación circunstan­
cial e incolora; Sabartés mismo justifica
su permanencia en escena limitándose a
comentar los sucesos y a convertir en
diálogo el monólogo.
Cabe un reparo. A la rápida mutación
de tema y de tiempo debe corresponder
un dinamismo igual en el relato. Pero
no siempre sucede así; por el contrario,
a menudo la narración se vuelve demo­
rada y detallista. El autor nunca se ol­
vida de consignar las direcciones, los nom­
bres de las calles que atraviesan, el ho­
rario de los trenes en que viajan, las
bebidas tomadas en el café, hasta las
fechas, a pesar de sus repetidas trasgresiones al orden temporal. Pero este detallismo tiene una ventaja: la de facilitar­
nos el acceso a la intimidad de Picasso,
al Picasso cotidiano. Y hay que recono­
cerlo, para quienes padecemos de admi­
ración atónita por su desmesurado por­
tento, resulta hasta reconfortante saber
que sus bolsillos suelen romperse con el
peso de mil variadísimas e inútiles chu­
cherías, o contemplarlo cuando pasea a
su perro por las calles de París, bajo las
noches densas de astros y cornisas.
A n g e l ia

B e r e t

57

GUERNICA - PABLO PICASSO, por Juan
Larrea. Curt Valentín, editor, Nueva
York, 1947.
Para Juan Larrea, Picasso vive —como
los matemáticos— en un mundo de sím­
bolos y ha compuesto en Guernica una
alegoría apocalíptica del drama que está
viviendo el mundo. El tercer drama ver­
daderamente apocalíptico —fin de un
mundo y nacimiento de otro— de la cul­
tura occidental. En ésta se presentan tres
momentos que han originado otras tantas
obras pictóricas de carácter universal: el
primero, después de la Reforma, fué la
época de transición del Renacimiento al
Barroco y está reflejado en el Juicio final
de Miguel Ángel; el segundo fué, después
del colapso napoleónico, la época de tran­
sición entre la Revolución francesa y el
nuevo mundo burgués, y lo reflejó Géricault en un cuadro cuyo tema no es pre­
cisamente el gran drama revolucionario
sino un hecho histórico más reducido
aunque no menos dramático, posterior a
aquélla: Le Radeau de la Méduse; y el
tercero, época de transición entre dos gue­
rras que hemos vivido en lo que va del
siglo, lo ha fijado Picasso en la destruc­
ción de Guernica, centrando así el nudo
dramático de nuestra época en la guerra
de España. Y como aquellos dos primeros
momentos coincidieron con el descubri­
miento de América y con las guerras de
independencia americana, Larrea —que no
puede negar su condición de poeta— prevé
que el futuro del mundo occidental se des-

�arrollará en América, definitivamente con­
quistada por el nuevo concepto universa­
lista, para cuyo logro los dramas anteriores
no fueron sino dos etapas previas de un
mismo proceso.
Para desentrañar el simbolismo de Guerr.ica, recurre el autor a sutiles razona­
mientos —algunos convincentes, discutibles
otros— con acopio de antecedentes históri­
cos y míticos, a las distintas visiones apo­
calípticas y al psicoanálisis. Así, la enig­
mática figura del toro, en el que en
definitiva ve simbolizado al Padre (Logos
espermáticos) , al Super-Ego, al Alfa y el
Omega (principio y fin) , a España; como
en el caballo herido ve representado el Id
(la animalidad) , la fuerza bruta desen­
cadenada (Franco, el fascismo y su infier­
no destructivo), el verdadero Anticristo.
Da suma importancia a la luz del cuadro,
oue sería la luz de una nueva conciencia,
del Nuevo Mundo que surge del desastre.
Todas, como vemos, razones no estricta­
mente pictóricas. Podríamos decir que este
análisis es extraestético. Y así clasificaría­
mos a Guernica de una manera especial,
fuera del arte. Porque nuestro concepto
del arte resulta estrecho para comprender
en él a una cosa puramente mental como
sería Guernica según la interpretación de
Juan Larrea. Y menos aun comprenderlo
dentro de los límites de un arte particular
como la pintura, desde que Picasso re­
nuncia en él a los factores hasta ahora
determinantes de la obra pictórica, empe­
zando por el color. ¿Podemos estudiar co­

58

mo pintura una pura alegoría, un puro
juego mental de símbolos?
Pero Larrea va más allá. Llega en defi.
nitiva a la conclusión de que, en conso­
nancia con los adelantos alcanzados por '
otras ramas de la ciencia —entre ellas la
física, con la estructura y la desintegra­
ción del átomo— Guernica es el punto de
partida de una nueva concepción pictóri­
ca, al abandonar todos los recursos utili­
zados por ese arte en el mundo que
finaliza. El carácter de universalidad de
ese mundo que nace exige expresiones pluridimensionales. Así será el nuevo Realis
mo, que nada tendrá de común con el
chato realismo del pasado siglo. El nuevo
Realismo deberá ofrecernos los distintos
aspectos de la vida en un prisma, pero
sin recurrir al limitado mundo subjetivo
del superrealismo. El arte es una visión
total de la realidad; la forma ^física y su
contenido psíquico, usando un sistema de
símbolos que permita penetrar en la esen­
cia de las cosas y de la imaginación del
hombre. El nuevo Realismo será el fin
del “lastimoso concepto del arte de pintar
y el nacimiento de una nueva era pictó­
rica”. Habría, pues, que revisar toda la
estética, modificar fundamentalmente to­
dos sus enfoques. Hablaremos un nuevo
lenguaje, un lenguaje “ cifrado”, de sím­
bolos puros, de alegorías. Pero ¿cómo esa
nueva pintura esotérica podrá considerarse
un lenguaje universal? Tendría la uni­
versalidad de todas las claves. . . una vez
descifradas.
Completan este estudio numerosas re­

�producciones de los distintos "estados” de
Guernica, previos al logro de la obra de­
finitiva, muy útiles para mostrarnos el
génesis de la misma, así como otras obras
de Picasso —apuntes, dibujos, grabados y
óleos— que permiten captar gráficamente
su proceso creador.
A
E. R
l f r e d o

o l a n d

PICASSO ET LES CHEMINS DE LA
CONNAISSANCE, Por Tristan Tzara.
Editions D ’Art Albert Skira, Ginebra, 1948.
Pocas páginas de hermosa prosa. Tzara
habla de Picasso y de los caminos del
conocimiento. Esperábamos más en este
sentido, o más explícitamente. Pero el
comienzo y el fin de este ensayo, donde
se dibujan esos caminos, no deja de ningún
modo de encuadrar los fundamentos de la
concepción estética y vital (móvil, inquieta,
oscilante, pero sin duda valiente) de nues­
tro torturado siglo. Su exposición, ahora
serena, recuerda jornadas juveniles de Sui­
za y Cabaret Voltaire, cuando las firmas
de Tzara y Picasso aparecían juntas, colo­
cándose “frente a todos los sistemas”.
Conocimiento por el arte. Conocimiento
que es acción; que es forma de vida en
cuanto absorbe y ocupa todas las facul­
tades. Y que en cada producto, en cada
resultado de sus agotadoras búsquedas de
lo universal, presenta íntegro a su autor;
el conjunto de su vida. Pero también cono­
cimiento que se aleja de la realidad cir­
cundante para crear su realidad y estruc­
turarla. En este sentido Picasso es presen­

59

tado como reinventor de la pintura.
Niega todo lo anterior para recomenzar.
Y recomienza y termina cada vez. Descubre
y agota infinitos caminos, para darnos en
su obra diversificada y multiforme, tanto
el conocimiento particular del mundo de
las formas, como el general del hombre
y su destino.
En la visión de Tzara —cuyo propósito
no es explicar la obra de Picasso— se
tienen en cuenta los aportes técnicos o
puramente pictóricos, y el sentido funda­
mental de la obra del pintor. Sentido fun­
damental en el orden de la pintura y en
el orden de la vida. Profunda y precisa
en los dos aspectos, alcanza el deseo expre­
sado de encadenar esta manifestación al
conjunto de relaciones que conforman el
espíritu de su tiempo. Tzara considera que
la verdadera comprensión de la pintura
sólo se consigue "en la medida en que el
espectador experimenta la conciencia de
un camino del pensamiento”, y quiere
evidenciar ese camino seguido por Picasso
ensamblándolo con los anteriores. Camino
arriesgado y revolucionario que lo lleva
a una nueva concepción de la pintura y
a una nueva teoría de la visión. A pesar
de los distintos métodos empleados, obser­
va que todos ellos pueden ligarse a una
necesidad de expresión persiguiendo un
objeto: profundizar la estructura de la vi­
sión objetiva por medio de la vista y del
tacto. El tacto visualizado. Estas dos sen­
saciones hacen perceptible el espacio y
los cuerpos que se mueven en él, cuya
razón constitutiva, cuya definición, es el

�volumen. La preocupación fundamental de
Picasso está dirigida al problema de las
estructuras, y se manifiesta en su inquietud
por unir los problemas de las superficies
planas y los volúmenes. En este punto co­
mienza su “ camino”, que, ya iniciado por
perfeccionamientos anteriores (entre ellos
la reacción de Cézanne al impresionismo) ,
lo conduce a la teoría cubista.
A lo largo de la marcha, Tzara tiene
en cuenta dos aportes básicos: la expe­
riencia de los papiers-collés y la de su
época negra. Con ellas introduce en la
pintura el poder de señalación de los obje­
tos, el análisis de la densidad de la m a­
teria pictórica en oposición al análisis es­
pectral y la distribución de las fuerzas de
peso y atracción. Estos nuevos elementos
le permitirán ubicar en forma inmutable
el objeto en el espacio, a su vez objeto
definido en los límites de la tela.
Punto de partida y punto de llegada.
(Añoramos la omisión, en este análisis un
poco histórico, de la producción última de
Picasso) . Camino de pensamiento que
arranca en una negación de todo lo ante­
rior: esquemas de representación y objeto
de la representación; que utiliza los re­
cursos de un mundo maravilloso, hecho
de axiomas, e imaginación, y que se sus­
tenta, en su formación de una naturaleza
pensada y reobjetivada, en el instinto de
invención, la facultad de observación y
el saber siempre renovado de quien lo
recorre.
Pero no todo es esto. El sentido pro­
fundo de la obra de Picasso se desprende

de su conexión con los problemas del des­
tino del hombre, que Tzara observa como
una de las directivas originales de nuestro
tiempo. Su reacción a la pintura anterior
tuvo una base vinculada a lo puramente
humano: crítica al arte que no considera­
ba más que la verdad de la naturaleza
exterior al hombre, menospreciando la
expresión de la vida concreta, en lo que
tiene de único y emocionante. Picasso se
basaba en la certidumbre de que la ex­
presión de lo humano no podía detenerse
en sus caracteres exteriores. "Era necesario
sumergirse en la profundidad para expre­
sar la realidad, y ésta al precio de largas
tentativas. La pintura no debe expresar­
la realidad del mundo exterior. Ella mis­
ma es una realidad. Se expresa a sí misma
en un lenguaje apropiado.”
Por medio de su pintura, Picasso nos
invita —dice Tzara— a descubrir un enca­
denamiento que es una forma de vida; en
ella se unen el sentimiento trágico de la
pi esencia del ser, con la expansión libre
de los impulsos de violencia y de ter­
nura. Si bien es un universo particular,
el conjunto de esta obra toma carácter
universal, por moverse en ése mundo de
lo inestable a que el hombre se adhiere
para liberarse de los moldes creados por
la realidad exterior. Poderosa palanca pa.
ra el logro de ulteriores aspiraciones.
Esfuerzo por devolver a los valores reales
de la civilización, absorbidos por la so­
ciedad, toda su plenitud, acercándolos a
la naturaleza del hombre.

60

I s o l in a

G rossi

�ESTAMPAS JAPONESAS EN VIAU
LA GALERÍA VIAU SE REALIZA UNA EXPOSICIÓN DE ESlampas japonesas de los artistas: Uta-gawa Kuni-sada (1786 - 1865) y
Uta-gawa Kuni-yoshi (1797 - 1861). El lenguaje de la estampa japonesa es
de signos y alegorías. Su concepción poética del paisaje, el análisis rigu­
roso de la naturaleza y su reconstrucción en un esquema inestable son
los que nos transportan y nos dejan pensativos frente a esta actitud
contemplativa del universo. En los ejemplos que podemos apreciar en
esta exposición muchas veces la estampa se hace pesada y densa cuando
el dibujo queda oculto por la impresión de las manchas de color. Si
bien llegan a ser más llamativas, pierden en cambio en calidad de detalles.
Otras veces la línea desaparece en parte por la acumulación de elementos
decorativos. Las actitudes de las figuras son más dinámicas en función
del tema que por la expresión del trazo. Representar a los actores es
uno de los temas preferidos, actores encarnando personajes de leyenda
que se mueven sobre fondos sencillos de bambalinas de teatro que su­
gieren el panorama de la antigua epopeya.
Por diversos conceptos, sin embargo, no deja de ser atractiva esta
exposición que nos permite conocer en Buenos Aires a dos de los mejores
discípulos de ese gran maestro que fué Toyo-kuni 19 y que los espe­
cialistas no titubean en comparar a Haronobu, Utamaro y Hokusai.
De Kuni-sada podemos apreciar veintiocho estampas, en las cuales
se nota la tendencia hacia las figuras de curvas suaves como las de su
maestro. Aunque a veces como en la estampa de los actores Kikujiro
Onoe en el papel femenino de Shinobu y Eisaburo Onoe en el de su
hermana Miyagino, aprovecha un fondo estático y geométrico para hacer
resaltar el movimiento de la futura lucha expresada por las curvas entre­
lazadas de las figuras. Las composiciones de Kuni-sada son variadas y no
carentes de imaginación, inventando una actitud nueva para cada sujeto,
aunque tanto en uno como en otro de estos pintores veamos ciertas pos­
turas, como las de los pies o los ojos, repetidas constantemente, que a
nosotros —con otra sensibilidad— pueden parecemos monótonas, pero
no olvidemos que se trata de cánones adoptados e inviolables. El color
en Kuni-sada e« en general de entonación suave, de tonos agrisados lle­
e n

61

�gando a veces a los azules más profundos como en la estampa del actor
Eizaburo.
Kuni-yoshi es más intelectualizado. Crea sus figuras con ropajes am­
pulosos y plegados con sus correspondientes motivos decorativos. Todo
este laberinto de líneas y de figuras geométricas se aclara por medio de
la impresión del color en finas entonaciones y en audaces contrastes
como en la estampa del actor Tamizo Onoe en la danza del shak-hyo.
En ella el bailarín de obsesionante cabellera rosa contrasta con un fondo
verde de naturaleza. El dibujo de Kuni-yoshi tiene fuerza y sus angulo­
sidades —casi siempre en el sentido radial— adquieren fuerte dinamismo
expresivo.
Dice un proverbio japonés: “ Un poema es un cuadro con una voz,
un cuadro es un poema sin voz“ . Pero en las estampas de estos dos
pintores la voz se hace algo trivial y repetida. Estamos bien lejos de los
paisajes que sugieren sensaciones como los de Hiroshige o de los tiernos
ademanes de Utamaro.
Sa m u el

F.

O

l iv e r

MALHARRO Y SILVA
E N LA SOCIEDAD HEBRAICA ARGENTINA ACABA DE REALIL ' zarse una exposición de obras de Martín Malharro y de Ramón
Silva. Sólo se expusieron tres óleos de Malharro, el resto son acuarelas,
lo que no basta para que el espectador pueda formarse una idea clara
sobre la producción del artista; sin embargo, en este reducido número
figuran El Sueño de los Arboles, Crepúsculo y La Argentina, una de sus
telas más importantes. En Malharro hay un verdadero impresionista
formado en la escuela francesa, pero creador de un arte nacional, ya que
aprende a mirar nuestros paisajes y a comprenderlos (paisajes 5-6-8),
reproduciéndolos con toda la pasión de un romántico; el espíritu de un

62

�hombre que admira la naturaleza vibra en sus obras; los árboles, la
luna, el cielo, el mar, son su tema favorito. En definitiva es un impre­
sionista de forma —usa la pincelada corta y los colores puros— pero no
de fondo; la diferencia fundamental con el resto del movimiento está
en que si bien la luz inunda sus cuadros, la pone al servicio del tema,
ya que el objeto de su representación no es la atmósfera misma sino la
naturaleza en todo su esplendor. Aplica la técnica impresionista para
lograr una mayor vibración natural pero, aquí está su grandeza, la hace
depender de su manera de ver y de sentir.
Las obras expuestas de Ramón Silva, siete óleos y cinco acuarelas,
si no son lo mejor de la vena del pintor, constituyen un conjunto suficien­
temente significativo, como para que el espectador pueda comprender a
este artista que quizás por haber desaparecido demasiado pronto, no llegó
a realizar todo lo que su obra parecía prometer.
Hay en sus telas reminiscencias de algunos impresionistas (Meudon,
Boulevard Raspail) y postimpresionistas (Suburbios de París, Casa Roja,
Bosque de París); introduce la fuerza, la potencia de Gauguin y Van Gogh
(Alrededores de París), pero se observan en la riqueza de la materia y en
los colores vibrantes y apasionados, destellos de una actitud faiwe. Esta­
mos en el reino de lo sensorial.
Silva es ante todo un colorista —a veces un poco desequilibrado— de
ahí que no encontremos siempre un dibujo estricto o cuidadoso. Es el
pintor que se deja arrastrar por su actitud panteísta frente a una natu­
raleza en la que se halla inmerso, para convertirla en manchas de color
rico y profundo.
En Paisaje de Córdoba, Sousbois, Rincón de parque, abandona esta
manera para tratar de llegar más íntimamente al fondo de esta naturaleza,
para lograr una comunión espiritual con ella; se desprende entonces de
Ja euforia colorística perdiendo así su materia en sensualidad y ganando
en cambio en riqueza expresiva. Se ha impuesto a la naturaleza que lo
dominaba refinándose a la vez espiritualmente. Su actitud se acerca al
romanticismo y a la melancolía, sus tonos se enriquecen equilibrándose,
deja entonces de ser el hombre extrovertido para replegarse en sí mismo
al tiempo que se humaniza.
L

ó3

ía

C a rrea

�V ID R IE R A S E N LA C A L L E L L O R ID A
La vidriera, tomo todo medio de pro­
paganda es una forma de arte urgida por
las necesidades modernas. Tan exacta­
mente como un tapiz lo era en la Edad
Media o un ánfora para los griegos. Es
decir, una intención de arte dirigida a
cumplir una función utilitaria.

Casi nadie entre los pintores invitados
a componer vidrieras para la casa Harrod's
este año cumplió con el lema que las
justificaba: “La nueva apariencia 1948”.
La mayoría se dejó llevar, simplemente,
por su imaginación pictórica.

Berni sigue acudiendo al superrealismo,
l’ero que no se engañe, el papel retorcido
y pintado se sublima en un escenario por
el juego do las luces y de la distancia

64

(¡ue separa al espectador. En una vidriera
la tramoya sigue siendo nada más que
tramoya.

Encontramos desvaída la vidriera de
Larco. Cuesta creer que el acuarelista de
los colores vivos y las manchas pura sen­
sibilidad, haya caído en la crisálida de
quillango, amortajando un maniquí y en
esc ángel-mariposa de alas de celofán.

El objeto más hermoso de todo el con­
junto filé, sin duda, la mujer hueca que
armó Raquel Eorner para su evocación
griega. Siempre es ella la más inquieta,
la que busca referencias en el espacio y
en el tiempo para componer con origi­
nalidad. Lástima que su vidriera se re­
sienta de amontonamiento. Su mujer color

�terracota vestida de blanco hubiera gana­
do en dramatismo más sola, contra un
fondo más neutro que la destacara. Aun
así es uno de los valores más altos.

saber muchas cosas antes. ¿Las sabe el
público de Florida aunque sea al ocho­
cientos? (V, entre nosotros, ¿dónde está
la moda de 1948 en las dos preciosas
muñecas y esa encantadora empalizada
azul que tan bien ha sabido hacer Soldi?)

La vidriera de Butler era elegante y
estaba bien acabada, pero tanto él como
Basaldúa salen del paso a puro buen gus­
to. No es mucho en quienes tienen tanto
talento, pero es algo en un conjunto en
que la mitad ni siquiera lo demuestra.
Otra objeción a ambos: la vidriera no
puede ser nunca un telón de fondo por
bien pintado que esté. Hay que componer
tridimensionalmente.

De Caslagnino y Nina Haeberle poco
puede decirse. Tienen la excusa de que
sus vidrieras eran muy pequeñas. La
auriga de Castagnino con su terciopelo
y su tela escocesa, su palidez y su fle­
quillo de lana era una creación realmente
deliciosa. De lo más agradable que recor­
damos en todo el conjunto.

O
si no, escamotear el problema vi­
niéndose sobre el espectador como ha
Las vidrieras de Harrod's no están
hecho con mucha habilidad Soldi. Su
equipadas
para esos iours de forcé; ya que
vidriera sería quizá la mejor si no fuera
esta
casa
tiene
la excelente idea de orga­
tan literaria, con tanta referencia a Tounizar
todos
los
años una exhibición, ¿por
’ louse-Lautrec y los avisos —que hoy nos
qué
no
instala
sus
vidrieras con todos los
parecen ridículos— del siglo pasado. Para
elementos de la iluminación moderna?
entender la vidriera de Soldi hay que

65

�En el dominio de lo leal o lo irreal
de una vidriera es factor importantísimo
la perfección del acabado y del detalle.
No valen brazos que no encajan, algodón
de relleno que se escapa y quiere taparse
a último momento con una pulsera o una
tiara de brillantes. No quiero decir nom­
bres, a buen entendedor . ..

La de Carybé es más vidriera que cua­
dro, pero a pesar de algunos efectos inte­
resantes en alambre retorcido el conjunto
es desordenado y un poco pobre. Lo con­
trario puede decirse de Domínguez Neira,
le sobra a Pettoruti.

siado color de repostería. Pero tiene algu­
nos trajes de verdad y eso ya es algo.

Parabién Pettóruti muestra dos trajes
en maniquíes convencionales. La hermosa
entonación azul de su vidriera no se podía
apreciar de día por el reflejo del cristal.
La idea de achicar la embocadura de la
enorme vidriera con un marco nos parece
excelente, pero creemos que en este caso
no fué bien realizada. Estamos seguros
que la vidriera del maestro no pudo ser
terminada del todo. Le faltaba algo que
le sobra a Pettorutti.
D a m iá n

C a i u .o s

B a y ó n

OBRAS DE ARTISTAS ARGENTINOS
CONTEMPORANEOS
T A GALERÍA VAN R IE L 1 ACABA DE INAUGURAR SUS ACTIVItlades con una exposición de obras de artistas argentinos contempo­
ráneos —pintores, grabadores y escultores— y con tal motivo Jorge Romero
Brest, que actuó como asesor, pronunció una conferencia sobre Camino
de una exposición.
“Cuando se camina entre cuadros, esculturas y grabados - d ijo si en ellos habita un alma que se traduce en mensaje, se va creando
un susurro interior, una íntima melodía del sentimiento y la idea rundi­
dos en la emoción que nos embarga. Más allá de la simple visión, se
despiertan las potencias del ser, que son las que nos adhieren a la tela
cíe los cuadros, al papel de las estampas, al bronce o la piedra de las
esculturas, para revelarnos, en esa suprema intimidad, una emoción cjue

66

�nos ensancha y nos ahonda. Porque la obra de arte sólo tiene categoría
de tal cuando, al penetrar en el alma y el espíritu del espectador, es
capaz de ahondar por una parte y de ensanchar por otra: ha de ser su
goce tan profundo y subjetivo como el del amor, pero tan extenso y
objetivo como el de la teoría.”
“No creo poder marcar por eso el camino de esta exposición sino
presentando las ideas envueltas por los efluvios íntimos que las obras
me despiertan: será mi camino, pues, abrupto y serpenteante, con subidas
y bajadas, con acentos de emoción lírica o de reciedumbre dramática,
con la frialdad de una idea preconcebida o la calidez de un sentimiento
aun no depurado. Será mi camino —agregó— porque no me parece apro­
piado el momento para hacer crítica, por lo menos crítica de las cosas,
de las obras, como si en ellas se agotara el arte; acaso será más crítica,
pues mi camino quiere ser una reconstrucción anímica, que infunda a
las obras —objetivas y eternas— los inesperados matices que puede impo­
nerle una personalidad viva y actuante.”
Se refirió luego al artículo publicado en VER Y ESTIM AR reciente­
mente-, y al respecto dijo: “ Ojalá haya sido bien comprendido. Es tanto
lo que amo y espero de esta tierra mía y de los hombres que trabajan
en ella, que no puedo conformarme ni siquiera con los productos que
hacen gozar a mi propio espíritu de desarraigado. Debo confesar aquí
que en el país hay muchos artistas que me satisfacen plenamente, a los
que sigo en fraternal vibración; pero he aprendido a dudar de mí mismo,
porque sé que también a mí me arrastra la marea de vida inauténtica.
Si acicateo a los mejores, a quienes son mis amigos, es porque también
me exijo; es porque creo que todos debemos hacer el esfuerzo por mirar
hacia dentro de nosotros mismos, en busca de raíces que afirmen la
autenticidad de nuestro destino.”
“Efe dicho que Argentina es tierra de buenos pintores, grabadores
y escultores, pero no de auténticos artistas. Lo he dicho y lo refirmo,
no para culpar a quienes se esfuerzan por perfeccionar el espíritu y afinar
el alma según los únicos modelos posibles, los de Europa, sino para exi­
girles más aun, es decir, para que asimilen sus conquistas a la tierra y
el hombre, para que se hundan en la sustancia caótica de nuestras ilu­
siones, hincando en ella el corazón y elevando el espíritu para darle
forma.”

61

�"Pero, cuando debo señalar —dijo más adelante— quiénes son los
únicos que pueden realizar esa faena de hacer que los argentinos nos en­
contremos a nosotros mismos, no puedo sino decir: son éstos que están
aquí, buenos, excelentes artistas, a los que sólo falta, a mi modo de ver, ese
sacudón existencial que les permita descubrir, por debajo de las formas
que aman, propias o ajenas, la sustancia viva de un apetecer colectivo.”
“No soy tan pesimista como algunos han creído —agregó—. Soy duro
y severo y lo que propongo es una austera autodisciplina del alma, pues
no tenemos el derecho de desfallecer, antes de haber intentado la aven­
tura de reconocernos, con el único afán de construirnos por dentro.”
“Entremos ahora por mi camino —fueron sus palabras siguientes—,
erizado de espinas; por éste mi camino de pobres emociones acaso. Sólo
lamento que falten algunos artistas. No están con sus obras, pero los
tengo demasiado en el corazón como para que no sienta sus presencias
esta tarde”. A continuación fué ubicando a los artistas presentes y ausen­
tes según los distintos caminos que él advertía en la exposición, señalando
en cada caso las notas que a su juicio alejan a sus obras de la viva realidad
nacional. “No me tuerce mi camino, por subjetivo que sea, de una
correcta estimación de valores; no me impide pesarlos, compararlos, jerar­
quizarlos y reducirlos a conceptos críticos, como he hecho tantas veces,
pero advierto ahora —¿será la madurez?— que esas icfeas no están envueltas
en la calidez debida de pasión, y me revuelvo contra mí mismo, y dudo.”
“ Recién ahora me doy cuenta —terminó diciendo— que mi camino
ha sido una confesión. Ojalá sea bien entendido y no se trueque una
actitud de amor en otra de destructor nihilismo o de odio. Sería no
comprender hasta qué punto el amor, cuando se sublima, es capaz de
superar los meros apetitos de la carne, para transformarlos en afanes
de progreso espiritual.”
1 C on cu rriero n a la exposición J o s é Alonso, H éctor B a s a ld ú a , Ju a n B a t lle P la n a s,
A dolfo B elloeq, A n tonio B e rn i, H o rac io B u tle r , J u a n C a rlo s C a sta g n in o , E u g e n io D a n e ri,
V íctor D elh ez, J u a n D el P re te , L oren zo D o m ín guez, R a q u e l F o rn e r, R am ón G óm ez C ornet,
H o ra c io Ju á r e z , Jo r g e L a rc o , H o rac io M arch , C lem en t M oreau , A lb erto N ie a sio , Jo s é P la n a s
C a sa s , E n riq u e P o lic a str o , D om ingo P ro n sato , V íc to r R e b u ffo , A g u stín R ig a n e lli, Antonio
S asso n e, A n tonio S ibellin o , R a ú l Soldi, D em etrio U r r u c h ú a , R a ú l V eroni y M ig u el C a rlo s
V ic to ric a . S e e x cu saro n Ju a n A ntonio, A lfredo B ig a t t i, E m ilio C en tu rión , L u is F a lc in i, Jo s é
F io ra v a n ti, L ía C o rrea M o ra le s de Y r u r tia , R o g elio Y r u r tia , R icard o J , M u sso, E m ilio Fettoru ti y S e rg io S erg i.
2 E l a r t e a rg en tin o y e l a r t e u n iv er sa l. V E R Y E S T I M A R , n? 1 (ab ril 1 9 4 8 ) .

68

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS
DE
CRITICA
ARTÍSTICA

Ocho números en el año
de abril a noviembre
50 páginas de texto
12 con ilustraciones
1 lámina en color

SUSCRIPCIÓN ANUAL

Argentina: 10

p e s o s

n a c io n a l e s

Uruguay: 5

p es o s

u r u g u a y o s

Otros países: 3

d ó l a r e s

u

. s. a .

NUMERO SU ELTO
$ 1,50 arg. ó 0,70 urug. ó 0,50 dólar

Toda la correspondencia deberá ser diri­
gida a nombre del director, o de la se­
cretaria de redacción, Martha Traba. Las
suscripciones, cheques, giros, bonos pos­
tales, a nombre de la administradora,
Raquel Bianco de Brané.
No se mantiene correspondencia sobre
originales espontáneamente enviados.

Dirección, secretaria y administración
Tucumán 1539.

T . A. 35 - 9243

�ARTES G R A F I C A S
BARTOLOME U. CHIESINO

Un peso cincuenta

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                    <text>AD&amp;RNOS DE C R IT IC A

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a sí mismo. Tal vez la tarea sea vana, y fuera preferible dejar
en libertad al lector; pero, ¿no es legítima esta voluntad de autodefinición en una época regida por lo imprevisto?
Nacen estos cuadernos de manera natural, para que un con­
junto de estudiosos vuelque en sus páginas —ejerciendo una labor
modesta pero firme y ambiciosa en el intento de incluir la esti­
mación estética en los universales cuadros del espíritu— más que
el producto sin elaborar de la enseñanza recibida, el que resulte
de la aplicación de un método asimilado; con lo cual, no obstan­
te la unidad a lograrse en el orden de los principios, quedará
amplio margen para la libre manifestación de los temperamentos.
Entendemos que la crítica, sin olvidar las reacciones sensi­
bles y el juego de la imaginación, debe enriquecerse por sus
fundamentos teóricos y por su modo inteligente de explorar la

�realidad; lo que no significa en modo alguno que la- concibamos
como una fría estructura de ideas. La dimensión de lo sensible
y lo sentimental se ha de integrar en la dimensión del pensa­
miento, so pena de que el juicio se desvanezca en una caótica
sucesión de imágenes verbales.
Por tal razón, no admitimos que la crítica se reduzca al
análisis de las formas y contenidos, ni a la caracterización psico­
lógica de los artistas. Es menester que, al sugerir posiciones,
aclarar ideas, destruir prejuicios —en una palabra, al preparar
la vía de los sentimientos por una mejor afinación de la em oti­
vidad—, haga resplandecer la significación espiritual de la obra
de arte; y, cuando se trata del creador, que llegue a una tipología
en que lo subjetivo se explique por lo objetivo y no a la inversa.
Se trata, para nosotros, de ver y estimar: de dominar el com­
plejo de reacciones sensibles que conducen al conocimiento y
de comprender la proyección hacia el mundo de lo absoluto,
pues una obra de arte, además de existir en el plano físico, vale
en el plano del espíritu. Y este valer no se aprecia solamente
con el sentimiento, sino con todas las potencias del ser, puestas
en tensión para descubrirlo en el sentido que anima las estruc­
turas objetivas.
N o desdeñamos los determinismos, pero tenemos fe en la
libertad creadora del hombre, el cual se eleva por encima de las
circunstancias, anhelando la perfección, para construir la siem­
pre fragmentaria realidad. Por eso sostenemos que la crítica,
yendo más allá de la mera discriminación de los factores desen­
cadenantes, debe descubrir en el ideal que presta coherencia a

�la obra de cada artista todo cuanto haya de personal creación
metafísica, racional o intuida.
Pero tan falso es, a juicio nuestro, reducir el acto creador
a un juego mecánico de factores exógenos, como afirmar la omni­
potencia inventiva del artista. ¿Qué sería de él, si no sublimara
el barro de la vida, si no disparara sus flechas desde una firme
posición en la tierra? N o hay audacia en la historia del arte,
aunque parezca individual desvarío, que se justifique por una
adivinación genial: siempre se descubren en su napa de germi­
nación las inconexas fuerzas colectivas que la originaron.
Consideramos a la teoría, la historia y la estética de las artes
como formas de la crítica, cuya función es estimar valores. No
hay una teoría o una técnica fuera del campo de los valores espi­
rituales creados por el artista, ni hay una diferencia sustancial
entre la crítica de lo pasado y lo presente, ni existe el pensamien­
to estético como algo que se pueda desprender del constante fluir
y refluir de las realizaciones prácticas. Así justificamos el subtí­
tulo de estos cuadernos.
Una revista debe ser el resultado de un diálogo ininterrum­
pido entre quienes la hacen y quienes la leen. Pretendemos que
la nuestra asuma carácter de tal en su permanente problematismo,
y por ello nos dirigimos a los que pueden dialogar, es decir, a
los que sienten que mal se pueden recrear las formas pretéritas,
sin estar lo suficientemente vivo como para reconocerse vivo en
las obras vivas de su tiempo. Con lo que no hacemos profesión de
sectarios, sino de fe en nuestras posibilidades.
D

3

ir e c c ió n

�ARTE ARGENTINO
y el arte universal
LA CRISIS

Hay una nota de alteración en el desarrollo de las artes
plásticas en el país, tan profunda y acaso tan grave como
para atreverse a decir que revela una adolescencia en trance de frustra­
ción. No debemos engañarnos: los síntomas que pueden denunciar aquí
a un pueblo en plena lozanía juvenil esconden, nada más, una crisis que
adquiere caracteres de mayor evidencia cuando de las artes se trata; de
seguro porque ella se debe, a mi juicio, a la falta de autenticidad en
el sentido de la vida, fijado por un repertorio de falsos ideales, y tal
carencia tiene que acusarse más enérgicamente en el campo de la intui­
ción creadora que en el de la praxis o el de la especulación mental.
No es cuestión de echar culpas, como suele ser costumbre de algunos
historiadores doblados de moralistas, sino de señalar las fuerzas pertur­
badoras con firmeza, como quien realiza una salvadora catarsis del espíri­
tu. Si no fuéramos capaces de hacerla, si no fuéramos capaces de problernatizar nuestra existencia ahondando en sus contenidos y cuestionando
sus formas, jamás madurará el modo de creación nacional. Y entonces
mereceremos el amargo juicio de Ezequiel Martínez Estrada: “Lo nuestro
no nos interesa porque aún guardamos rencor a lo que somos de verdad”.
Puede señalarse con relativa precisión el momento en que la creación
plástica entra en crisis: hacia la época del Centenario, cuando se comien­
zan a vislumbrar los movimientos independientes europeos. Pero el choque
de fuerzas que la origina se remonta más lejos, de modo que no basta
señalar aquella influencia y es menester que se fije su calidad y su
intensidad, así como los agentes concomitantes, algunos de los cuales son
del resorte de la nacionalidad. Es erróneo creer que esta crisis se ha

�debido únicamente a los contactos con el arte de Europa: por una parte,
ellos determinaron reacciones positivas o negativas según la oportunidad
de los momentos históricos y la calidad de los hombres; por otra, depen­
dieron principalmente de la metamorfosis del arte europeo en arte
universal.

LA COLONIA

Me pregunto frente a las pobres iglesias porteñas,
a las groseras tallas de madera jesuíticas o las muy
cuidadas que imitan el estofado español, a las pocas telas de valor pro­
cedentes del norte, a las toscas platerías, si con la visión de tales obras
podía desarrollarse la intuición sensible de las formas en la Colonia,
y la contestación no puede ser afirmativa.
¿Por qué no se trajeron buenas piezas de la Península? ¿Por qué
no se proveyó al nativo de los medios instrumentales para que se expre­
sara él mismo, no obstante su rudimentaria concepción de la vida, ya
que era la única manera de perfeccionarla? ¿Por qué no se le abrieron
anchos surcos en el espíritu y se le hicieron entrever horizontes? No
quiero enjuiciar aquí a los españoles, quienes vieron quizás algo más
que posibilidades de enriquecimiento en esta colonia sureña, pero no
puedo dejar de señalar que la acción de los mismos fué casi nula en
el orden del espíritu, amén de que importaron una cultura gastada y
encallecida, en la que ya no resonaban los ecos doloridos de El Greco
o los sones líricos de Velázquez, ni se anunciaban los rabiosos rugidos
de Goya.
Tampoco había existido una civilización anterior en el Plata que
permitiese la continuación de un modo expresivo abonado por el tiempo.
La diaguitocalchaquí sólo tuvo alguna originalidad en la decoración,
como el arte jesuítico más tarde: hecho probatorio de que ya entonces
privaron los impulsos sensuales sobre los que hubieran podido determinar
el nacimiento de una verdadera voluntad de forma. Es lógico, por tanto,
que en aquella sociedad entregada a un vivir vegetativo, materialista y
pragmático; en una sociedad cuyos ocios sensuales se manifestaban pre­
ferentemente en el adorno, quedara descartada toda oportunidad de
redención por la búsqueda de la verdad y por el cultivo de la imagina­

5

�ción, y admitiera dócilmente la incorporación de sistemas expresivos, sin
poner la menor impronta sobre ellos, al contrario de lo que ocurrió
en México y Perú.
Nunca se comprenderá bien el carácter de nuestras artes plásticas,
si no se contempla esta fase de iniciación de un proceso que pudo acele­
rarse en la incorporación de muy variadas experiencias, pero que ignoró
la medieval, asentada en el milagro. Por eso el argentino es de imagi­
nación indigente y se muestra perplejo ante las obras' del Medioevo,
sin que su rudo materialismo le permita descubrir, llave que abre y
eleva el espíritu, la nota de misticismo trascendente que las legitima;
a la inversa del europeo, que conserva siempre, cualquiera sea su cosmovisión actual, ese trasfondo de alucinación mítica ante lo maravilloso del
milagro —del milagro, que es venero de sugestiones e inquietudes para él,
entre las cuales suele naufragar la vana y pedante pretensión racionalista.
También en Argentina, y en todo el extremo sur del continente,
señoreó el milagro durante la época colonial. Desde el pulpito y la
cátedra se extendió sobre las atontadas almas nativas el fantasma de lo
milagroso, por obra de los jesuítas. Pero aquí no fué expansión del alma
transida por la fe, no fué transustanciación de lo humano en lo divino,
no fué lirismo puro que se perfecciona en el no-ser; aquí fué corporizado en el animal y el hombre, fué transformado en signo ritual de
ornamental sentido, fría imagen de terror, y en lugar de ampliar las
visiones, pareció que cambiaba de signo, sumergido en la materia sensual
de los fetiches, sin favorecer aquella identificación entre fantasía y reali­
dad, que es el secreto del arte medieval.
Todavía era lejana, pues, la posibilidad de que surgiera un artista
argentino y ya en el primer contacto con las expresiones europeas se
impuso la adhesión a formas cuyos contenidos no podían ser más que
letra muerta. Ni se comprendieron entonces las formas barrocas en su
vigorosa potenciación del sentimiento, ni las neoclásicas luego en su rigu­
roso sentido de la síntesis constructiva: de unas y otras sólo se apreció
el aspecto exterior, como si ellas no hubiesen invitado más que al goce
sensorial de las cosas naturales que representaban. En algunas tallas
jesuíticas, hay que confesarlo, se dió la versión americana, anárquica,

6

�ruda y simplista, de la actitud barroca, lo que hubiera sido tal vez un
camino, pero hasta ese sentimiento conformado con autenticidad tenía
que disolverse, como ocurrió, en una sociedad incapaz desde entonces
de hallar la raíz de su destino.

LA COSMOVISIÓN CRIOLLA

Muchos años después de la Revo­
lución todavía gritaba Echeve­
rría: “Los lazos de España no nos oprimen, pero sus tradiciones nos
abruman”, lo que siguieron sintiendo hombres de generaciones posteriores,
Sarmiento entre ellos. No se referían seguramente a las formas superio­
res de la cultura hispánica, sino a esa sugestiva envoltura que crean las
costumbres, las leyes, los sentimientos y pensamientos ingobernables e
imponderables, es decir, todo cuanto constituye el tono de la vida.
Ese tono castizo se fué enriqueciendo a lo largo del siglo con los
modos de expresión románticos, los más auténticos porque América era
romántica sin saberlo. La poesía de los neoclásicos no debe despistarnos:
si la sociedad porteña la aceptó, no fué porque sintiera el obstinado
rigor de la forma que surge por una contracción racional de sus ele­
mentos —cuando más había una complacencia en cierto amaneramiento
' retórico que respondía a la tradición conservadora— sino porque también
en ella vibraba el aliento del romanticismo nuestro, hecho de inquietudes
políticas y sin resabios de emoción católica, el cual desembocó en la
exaltación de lo natural y lo humano en sus aspectos positivos. De
toda la ebullición romántica, en efecto, en la que se mezclaron la vida
y los ideales para determinar una nueva concepción del mundo —más
vibrante en la adhesión a lo instantáneo, en cuanto fuese más libre;
más profunda en la adhesión a lo permanente, en cuanto fuese infinitoquedó como saldo el modo de concebir al hombre como libérrimo indi­
viduo en su naturaleza circundante.
Por entonces comenzaron a llegar artistas europeos, trashumantes
viajeros que aportaban una habilidad de aficionados (Emeric Essex Vidal,
Adolphe D’Hastrel, Cario Enrico Pellegrini) u hombres formados en
las severas disciplinas del academismo (Raymond Monvoisin, Jean-Léon
Palliére, Johan Moritz Rugendas); pero, en lugar de imponer ellos su

7

�visión de las cosas, el medio los absorbió y, olvidando la mitología, los
principios de composición y colorido, la fijeza dibujística a lo Ingres,
se ciñeron a las posibilidades de tema y estilo que determinaba aquél:
el retrato y la escena de costumbres, expresados de modo naturalista. Lo
que también hicieron los primeros pintores argentinos, Carlos Morel y
Prilidiano Paz Pueyrredón, al cultivar un arte honesto y limitado, sin
acentos de expansión lírica o de potenciación dramática, pero pleno de
sentido.
Puede argüirse, lo sé, que ya esas formas de sociabilidad y de expre­
sión marcaban una división en la realidad argentina; que ellas implicaban
una concepción de clase, sin recoger las inquietudes bárbaras de tierra
adentro. Pero tampoco ha de pensarse que las formas culturales nacen
de la nada; era necesario que se constituyera la estructura social y que
en ella se resumieran los contenidos anárquicos, sin desnaturalizarse, y
tal fué lo que ocurrió entre 1830 y 1860: la cohesión social castiza y
la inquietud romántica construyeron el país, que comenzaba recién su
verdadera infancia, bajo el signo del naturalismo materialista.
“Un estilo cuidado —decía Sarmiento en 1842— sólo puede existir
como la flor de una completa y bien desarrollada civilización.” Los
pioneers de la pintura en Argentina tuvieron esa certera intuición y, en
lugar de cuidar el estilo, que siempre es peligroso cuando él no surge
de una formación que pudiera decirse cristalográfica, volcaron el pobre,
pero hondamente sincero contenido de sus visiones, como Echeverría y
Mármol, tan ceñidos a los modelos naturales.
Si la influencia del arte europeo sobre el nacional fué entonces
benéfica, se debió, ante todo, a una coincidencia feliz. Europa estaba
viviendo el final de una cultura nacida en los albores del quattrocento,
y, como débía suceder, aquella madurez y esta infancia pudieron enten­
derse, mas no hubo entrega: basta estudiar los dos procesos del arte para
que se adviertan diferencias claras en la voluntad de creación, a pesar
de que, tanto allá como acá, privó el naturalismo, preñado de sobreen­
tendidos y acusando una noble prosapia formalista en las tierras de mile­
naria cultura, con toda la lozanía y la ingenuidad debida en las comarcas
que despertaban.

8

�EL IDEAL DE PERFECCIÓN Y
LA A V A LA N C H A IN M IG R A T O R IA

Pasada la tiranía, el país
cambió de forma, merced
a los esfuerzos de Mitre,
Sarmiento y Avellaneda, quienes le dieron una estructura nueva de orden,
guiados por un ideal de perfección que fué desgastando lentamente la
tradición romántica, hasta suplantarla por una concepción utilitaria.
Cambió su forma, pero no su contenido. “Se tapaba con estiércol el
almácigo de la barbarie —ha escrito Martínez Estrada—, sin advertir que
los pueblos no pueden vivir de utopías y que la civilización es una
excoriación natural, o no es nada’’. Acaso el juicio sea excesivo, pero
tampoco puede pensarse que el país había llegado a un estado de madu­
rez, la que no habría alcanzado en el mejor de los casos más que a
Buenos Aires. Por el contrario, la creación plástica se esterilizó en el
remedo torpe de formas anteriores. ¿Pueden compararse las telas de García
del Molino, de Verazzi, de Aguyari, con las de Pellegrini, Rugendas,
Pueyrredón, Morel o Monvoisin? Me parece evidente que en aquellos
años de fiebre por un ideal de perfección comenzó a cegarse la única
fuente viva —la del naturalismo románticopositivista— y a constituirse
esa mentalidad pragmática y ávida de placeres, todavía contenida por
un formularismo social de viejo cuño castizo, que luego habría de im­
ponerse.
El aluvión inmigratorio, el sentido de la educación practicista impues­
ta por Sarmiento, la llegada de grandes capitales, la formación de una
clase media como conglomerado amorfo, todo conspiró para que se que­
braran, después del 70, los viejos moldes —valga el testimonio inapreciable
del M artín Fierro— y junto a la anarquía económica se impusiera la
anarquía del espíritu, vagamente sostenida por el deseo de un “destino
peraltado”, de un “futuro soberbio” —son expresiones de José Ortega y
Gasset, que sagazmente lo observó— para cuya obtención no importaba
"el aplastamiento de la espontaneidad social por un estado desproporcio­
nadamente perfecto”.
Abundan los testimonios sobre el bajo nivel cultural del país a lo
largo del siglo, pero en la época anterior al 80, por lo menos existían
minorías cultas, enraizadas en la tierra, que lograron crear formas expre-

9

�sivas de una infancia viable. Hasta entonces, sin que pueda decirse que
la pintura ocupara un lugar en el espíritu público, ningún hombre
culto dejaba de tener algunos cuadros, con retratos de familia o escenas
pintorescas. Luego, y a medida que la avalancha inmigratoria crecía, al
propio tiempo que nuestros artistas comenzaban a mirar más insistente­
mente hacia Europa, su vigencia social fué disminuyendo, y comenzó la
etapa obstinada y heroica de los esfuerzos por dotar a una sociedad ma­
terialista de nuevos ideales. “Las fortunas se improvisaban hora por hora,
pero las artes estaban al margen de la sensualidad reinante; fuera del
coche, el palco en la ópera, los atavíos suntuosos, las pedrerías, las mu­
jeres elegantes, los placeres de la mesa, la atracción del juego, las com­
binaciones políticas, nada existía”. Piense el lector si tales palabras de
Eduardo Schiaffino no serían igualmente aplicables a la época actual.
La generación del 80, escéptica y burlona —generación de especta­
dores más que de protagonistas, ha dicho Julio Caillet-Bois— afrancesada
no sólo por el empleo de instrumentos de expresión sino en su alma
mundana, acentuó ese estado de espíritu, a pesar de que no pudo des­
truir de cuajo el simple sentimentalismo naturalista. “Si yo fuera pintor
—decía Eduardo Wilde— y quisiera pintar un cuadro que representara
la fórmula de todas las aflicciones humanas, pintaría a una madre en
camisa, con una vela en la mano, observando el sueño de su hijo cuando
teme que le sobrevenga una enfermedad”. ¿Dónde quedaba el humour,
la gracia gálica y el escepticismo elegante? Bien se advierte en tales
palabras una simple adhesión a las cosas humanas, sin otro sentido tras­
cendente que el sentimental. Lo mismo ocurrió con los pintores —Eduar­
do Sívori, Reynaldo Giudici, Eduardo Schiaffino, Severo Rodríguez
Etchart— y con los escultores —Lucio Correa Morales—, cercanos al natu­
ralismo francés o al italiano, quienes asimilaron el aporte de una Europa
que fenecía, sin atisbar siquiera la otra Europa que amanecía.
Realizaron, sin embargo, obra fecunda, porque supieron no forzar
la coincidencia de sus concepciones con las europeas más allá del natuíalismo positivista que sentían, y porque practicaron, como los escritores
contemporáneos, el estilo de la sencillez, que, según decía Miguel Cañé,
“es la vida y es la verdad”. Durante mucho tiempo he seguido la co-

10

�riiente de quienes afirman la miopía de tales artistas, por haber ignorado
el impresionismo; hoy me parece que fueron clarividentes, pues de ese
modo lograron fortalecerse en el oficio sin abjurar de sus más hondas
convicciones; y si bien incorporaron formas ficticias —las académicas—
no desnaturalizaron demasiado los contenidos anímicos de la nación,

LA CONCIENCIA UNIVERSALISTA

Europa estaba enveje­
ciendo hacia fines del
siglo xix; el impresionismo fué un síntoma de vejez, no obstante su
frescura de inspiración. Pero los símiles organicistas son falsos, porque
las culturas no mueren como los seres vivos. Así de ese impresionismo
decadente fué naciendo, a la zaga de Cézanne, Van Gogh y Gauguin,
una salvaje potencia, y la maravillosa epifanía se transformó en una
nueva infancia tumultuosa. Hasta el hecho mismo de que la palabra
experiencia se haya transformado en la palabra de orden de los artistas
lo demuestra. Todos, quien más quien menos, sienten en lo vivo que
no es tiempo de realizaciones finitas, sino de búsquedas, o de hallazgos,
como dice Picasso, aunque él mismo se encarga de denunciar la preca­
riedad de los suyos al transformarse de continuo.
Por muchos que sean los caminos, puede afirmarse que la creación
artística europea ha cambiado de signo, buscándose ahora la expresión
universal. Ningún artista del pasado se detenía en las lindes de un
país o de su raza o de su círculo cultural, mas la aspiración universal
no lo llevaba a desdeñar las determinantes circunstanciales; ni siquiera
los italianos del Renacimiento, o Rembrandt, o Poussin, pretendieron
negar su filiación nacional o racial. Los artistas contemporáneos, en
cambio, tratan de expresar una realidad que se extiende más allá de
toda frontera, disparados hacia un infinito metafísico apenas entrevisto.
El arte europeo, en nuestro siglo, se ha transformado en arte universal;
y si París ha ejercido el más alto magisterio que le haya sido asignado
a ciudad alguna en la historia de la humanidad, es porque durante
cincuenta años ha sido el crisol de las teorías estéticas universalistas.
¿Qué ocurría entretanto en Argentina? Rotos los cuadros en forma

11

�definitiva por la formación de una clase media de origen aluvial, cuyos
caracteres han sido magistralmente analizados por José Luis Romero,
entró en choque esa concepción anárquica y caótica con los resabios de
la mentalidad criolla y la constitución de minorías ilustradas, de con­
ciencia universal europeizante.
La mentalidad aluvial se había ido constituyendo lentamente, desde
los comienzos del tercer cuarto del siglo pasado, más no trajo en el
primer momento contratiempos demasiado graves, entre otras razones
porque los inmigrantes procedían de Italia y España, con las que había
más de un punto común en lo que a exaltación del naturalismo costum­
brista se refiere. La introducción del gran capital extranjero después
del Centenario sí favoreció, seguramente más que la condición sin patria
de los inmigrantes, la formación de aquella mentalidad, ávida de placeres
sensuales para la cual no podían cobrar jerarquía alguna las expresiones
artísticas. Y aunque ciertamente la mentalidad criolla se mantuvo, y se
mantiene, en minorías tan equivocadas como que han desembocado en
un nacionalismo político de la peor ley y en un folklorismo suicida, la
aluvial ha ido llenando los moldes, como una marea persistente que
aplanara los campos y borrara todo cuanto pueda significar la obra
caracterizadora del hombre anterior.
Entre ambas fuerzas, muy lentamente, se ha ido engrosando la mi­
noría intelectual, la de los mejores, es decir, la de quienes estudian y
trabajan por perfeccionarse, cada vez más desenraizados de la realidad,
empero, porque el horror que ella les produce, a causa de su barbarie
y falta de sentido, los lleva a mirar con exclusividad hacia las fuentes
del pensamiento universalista. Entre éstos se hallan los pintores, graba­
dores, escultores, arquitectos, que han podido realizar, en los últimos
treinta años, alguna tarea fecunda, ya que sólo se les opone la cohorte
infinita de los mediocres.
Después de Malharro, un precursor, se fueron descubriendo sucesi­
vamente los movimientos nuevos del arte universalista: el impresionismo
y el postimpresionismo, el fauvisme y el expresionismo, el cubismo y el
futurismo, el superrealismo. Para nuestros jóvenes artistas, que a dife­
rencia de los viejos rechazaban de plano el aprendizaje en las academias

12

�naturalistas de Francia e Italia, aquellos movimientos resultaron sor­
prendentes y se alucinaron, creyendo ingenuamente que podrían asimi­
larlos y realizar obras parejas. La desilusión comenzó al regreso, porque
aquí no encontraron eco, ni en las esferas oficiales, dominadas por prin­
cipios retrógrados, ni en el reducidísimo público de aficionados.
Era difícil que hombres con el bagaje de formas nuevas se confesaran
a sí mismos sus errores o pusieran en duda la verdad de los apotegmas
en que se fundaban; más fácil era achacar su falta de éxito a la incapa­
cidad del país, a la falta de refinamiento de sus habitantes. Y, como
siempre se prefiere lo fácil a lo difícil, cerraron sus inteligencias a todo
análisis y discriminación, para tratar de conservar celosamente el tesoro
de sensibilidad adquirida. El fenómeno de formación de una minoría
escogida, con su secuela de elegante escepticismo, obedece, a mi juicio,
a ese encontronazo que se produjo entre 1920 y 1930, en Buenos Aires,
entre los que aportaban las experiencias universalistas de Europa y los
que debían lógicamente recibirlas.
En Europa se habían justificado tales movimientos, que se imponían
a) anunciar una nueva infancia después de una espléndida vejez; pero,
¿existían tales antecedentes en Argentina? En menos de un siglo, por
potente que haya sido el despertar, no pudieron quemarse tan rápidamente
las etapas, de modo que nuestros artistas estaban dando sus primeros
vagidos, trabando contacto con una cultura que pudo parecerles de ela­
boración inmediata, aunque en verdad era resultado de cinco siglos de
maduración, cuando nos sorprendió la nueva infancia europea, la cual
nacía tambaleante pero vigorosa, en tanto que nuestra adolescencia era
amenazada por un infantilismo pernicioso. Este desgraciado proceso, hijo
más de las circunstancias que de las voluntades —probablemente inevi­
table— trajo como consecuencia el estado de anarquía actual, el que se
caracteriza por ese empeño de nuestros pintores y escultores de ser niños
otra vez —acaso nada defina mejor el movimiento europeo que el estado
de ingenuidad frente al mundo— antes de haber sido adultos.
Se dirá que es arbitraria esta exigencia de la madurez para legitimar
el rejuvenecimiento. No lo es, porque no hay rejuvenecimiento para el
arte sino sobre un fondo de oficio y de sentimiento claramente asentado.

13

�Es necesario saber pintar como los naturalistas para poder innovar como
los modernos; pero saber pintar como los naturalistas no es sólo aprender
el oficio de tales, sino aprenderlo en función de necesidades vivas que
lo justifiquen, para que sea un modo de expresión y no un mero rece­
tario. Esto es lo que no se ha comprendido aquí.
Lo más grave en este desequilibrio es que ni siquiera las minorías
han evolucionado a tenor de los artistas, como para apoyarlos. N o hay
mayor diferencia, cuando se trata de juzgar el arte contemporáneo de
vanguardia, entre el profesor universitario, el estanciero, el obrero, el
industrial y el empleado: todos añoran el fácil arte del verismo natu­
ralista, sin los atributos de creación, claro está, que lo hicieron legítimo
en Europa. El país entero sigue siendo materialista y formularista —no
formalista—, sensual en todos los grados de la comodidad y sin raíz meta­
física; el país entero sigue siendo pragmático y superficial, animado por
un complejo de solemnidad que nos será difícil sublimar. ¡Y el pequeño
grupo de artistas más escogidos quiere imponerle formas que sólo se
justifican en comarcas donde los hombres tienen inquietudes que no
conocemos!

A R T E Y D E ST IN O

Así hemos llegado a la crisis actual, provo­
cada a mi juicio por un inconsciente espíritu
de fraude —el de querer ser siempre más de lo que se es; el de vivir
siempre en estado de promesa, como ya lo señaló Ortega y Gasset—,
agravada por el extraordinario florecimiento económico y, en el plano
del arte, por la alucinación que producen las formas universalistas de
Europa. Unos falsean la realidad porque son pueriles y anodinos, porque
son sensuales y utilitarios; otros, porque pretenden expresar, mediante
fórmulas, una espiritualidad instintiva o racionalizada que de ninguna
manera es carne de sus carnes. Y nadie pretende, como debiera, construir
la realidad de acuerdo a un ideal propio.
Lo peor es la carencia de una emoción colectiva, de una verdadera
intimidad consigo mismos, en los artistas, que pudiera llevarlos al descu­
brimiento del ser nacional a través del ser individual, y de aquél al ser
universal. No sólo no hay intimidad en la pintura y la escultura, con

14

�mayor razón en la arquitectura, sino que, cuando parece haberla, se
trata de una intimidad anastomosada por los prejuicios y las ideas previas„
sin calor de humanidad.
Para los argentinos la intimidad es también un sistema —como la
moral, la religión, la política o el amor— en el que terminan de morir
los impulsos espontáneos, las violentas reacciones del alma, las apeten­
cias del espíritu. Y porque no poseen esa actitud problemática acerca
de su propia vida, carecen de vocación. ¿Puede acaso nutrirse el arte
en una realidad en la que nadie parece sentir una palpitación de angustia
por el destino del ser colectivo? Diré más, que no sienten el destino
como repertorio de posibilidades a realizarse en función de sus potencias
anímicas, sino como posibilidades que deben realizarse en el plano prác­
tico y materialista, de donde deriva nuestra falta de alcances espirituales,
nuestra frialdad y nuestra menguada fantasía. Si el argentino no tuviese
tanta seguridad en los altos destinos del país, si vacilara y contara más
con las fuerzas del alma que con las del capital, hallaría la raíz metafísica
de su existir, esto es, el meollo de su destino.
Siendo así nuestro pueblo, ¿cómo puede enderezarse el arte hacia
formas de valor universal? Lo característico de los grandes pueblos
creadores es la tenencia de una viva inquietud por su destino; y si logran
construirlo —paradoja irrecusable a mi modo de ver— es precisamente
porque lo sienten como algo móvil, sujeto a transformaciones, y no como
algo fijo y estático, de desarrollo vegetativo. Se universalizan por eso
a medida que ahondan en el propio ser nacional, pues al llegar a las
napas primordiales se generalizan las ideas y se uniforman los senti­
mientos. En Argentina, en cambio, todo el mundo cree en unas cuantas
supuestas verdades elementales, cuando no pueriles, impulsadas por un
quimérico motor de autosuficiencia, pero sólo unos pocos, muy pocos,
dudan de ellas y sienten la necesidad de cultivar las únicas potencias
creadoras: las del espíritu y no las de la mano. De modo que no ha
de resultar extraño que el arte formal universalista tenga algo de postizo
entre nosotros, al no responder a una modalidad nacional, sino a una
estructura ficticia e inerte de ideales ajenos.

15

�Las formas del arte denuncian una sed, un apetito, una urgencia
de conocimiento, porque la curiosidad priva sobre cualquier otro aspecto
del obrar; pero lo que no manifiestan es el deseo, de parte de los artistas,
de una incorporación a fondo de las formas traídas desde lejanos países,
para realizar con ellas su verdadera personalidad. Se conforman aquéllos
con una refinada exaltación de la sensibilidad superficial y no intentan
una construcción inteligente y apasionada del organismo plástico. Por
eso es tierra de buenos pintores, grabadores y escultores Argentina, pero
no de auténticos artistas.
No quiero ser pesimista y no lo soy. Tan sólo quiero mostrar al
desnudo, tal como lo pienso y siento, las causas que han conducido a
esta fase de adolescencia en trance de frustración que aqueja a la creación
plástica; así como afirmar que el destino del arte en una comunidad, si
bien depende de las condiciones económicas, sociales y políticas, tiene
que ser elaborado por el hombre, al elevar su cabeza y hundir su corazón.
Acaso el remedio esté en querer la vuelta a lo que somos, y la
verdadera espiritualidad a que podamos aspirar sea la que se obtendría,
por añadidura, mediante una justa apreciación de nuestro ser moral y
una honrada incorporación de los medios técnicos para expresarlo; acaso
esté en partir de las formas y temas que tienen arraigo natural en la
mayoría de los nuestros, para refinarlos y ennoblecerlos lentamente.
N o tienen razón, a mi juicio, los torpes que subestiman el magnífico
esfuerzo de los artistas de vanguardia, pero tampoco parecen estar en lo
justo éstos al ignorar sistemáticamente las potencias de la tierra y el
hombre. Por ahora hemos llegado a un impasse, en el que actúan nega­
tivamente el desinterés de las masas y el esnobismo de ciertas minorías.
Ejemplos hay en América de pueblos que han ensayado o ensayan la
solución del problema; la nota de mayor culpabilidad que nos oprime
es que nada se haga aquí para superar los términos de una crisis angus­
tiante. ¿Será en verdad angustiante para muchos?
J org e R o m e r o B r e st

16

�EL VII SALON DE MAR DEL PLATA
L A

P I N

T

U R A

L a tónica del V il Salón de M ar del
P la ta la d a u n c o n ju n to d e artistas
cuyas o b ras im p re sio n a n p o r la esca­
sa im ag in ació n , el apego al m odelo a la
m an e ra n a tu ra lis ta , la pobreza en el em ­
pleo de los elem entos plásticos y la des­
preo cu p ació n p a ra com poner. El p aisajista
no construye, n i
se sie n te d e n tro
de la n a tu ra le z a
o d el escenario
u rb a n o —se l i ­
m ita a copiar
e stru c tu ra s d a ­
das— y el figurista escasam en­
te busca el ca­
rá c te r p o r la
a ce n tu a c ió n de
lo s
elem entos
p l á s t i c o s . La
ausencia de m u ­
chas de n u e stras
p rim e ra s f i g u ras c o n trib u y e a
e videnciar e s a
R aúl S oldi .
característica g e ­
neral.
Soldi es el a rtista qu e, con u n a e x tra ­
o rd in a ria fin u ra crom ática, consigue hacer
v ib ra r e n cada caso u n a em oción evoca­
dora adecu ad a. Ya p in te paisajes, n a tu r a ­
lezas m u e rta s, figuras, su p rim e ra c ara cte ­
rística es la de sab er m a n te n e r la u n id a d
ton al. Éste es su estilo. Así, en Casa en
B ernal, se le ve p a sa r de la som bra azul
verdosa y ocre a la luz, clarifican d o el

tono en el cielo, c am b ian d o el color del
suelo y de la casa, p e ro sin violencia v
d e n tro de u n a m ism a fa ctu ra. Y a u n q u e
a ra to s sus a rm o n ías son m on ó to n as, es
posible e n c o n tra r siem pre al colorista sen­
sible: a h í están los n abos de su X a tu ra leza
m u erta , con u n a riq u ez a de verdes y ocres
p a ra a te stig u arlo . Esa sensibilidad es la
q u e lo lleva a in c lu ir p eq u eñ o s arabescos,
elem entos gráficos q u e lle n a n de gracia a
sus obras.
B asaldúa es
tam b ién u n co­
lo rista —el d i ­
bujo
como
lím ite casi des­
aparece e n l a
c onstitución de
la fo rm a, q u e
o b tie n e p o r la
p ro x im id a d de
las m asas c ro ­
m áticas— p ero
es m ás denso en
su em paste q u e
Soldi, m enos su­
jeto a tra d u c ir
la m a te ria lid a d
de cada cosa.
Así en el acer­
Casa en B ernal.
tado R e tra to del
pintor
Jorge
Larco, salvo el m a n to a m a rillo q u e se
d e sp ren d e con fuerza, y el ro stro y las
m anos q u e a d q u ie re n carácter p o r el e m ­
pleo ta n sólo d el color, el resto aparece
realizado casi en el p lan o .
D e acuerdo a u n a m o d a lid a d q u e com ­
p re n d e sus ú ltim a s telas, el color resu lta
en d eb le p a ra C astagnino. Las fig u ras im ­
p re sio n an p o rq u e se d e sd ib u ja n , n o en una

17

�búsqueda de pasajes, sino p o r obra de la
atm ósfera q u e parece avanzar sobre ellas,
deshaciéndolas. Lo mismo no nos sugería
su M u jer norteña, bien estru ctu rad a y
con vigor plástico. En ésta existía fuerza
en el color y en la form a; en la q u e expone
a q u í tan to la form a como la com posición
parecen libradas a la inspiración, y hasta
se d iría a la im provisación. Posiblem ente
se defina de ese m odo su posición lírica y
a ratos épica; el episodio es u n pretexto
p a ra trasm itirnos su em oción por los p e r­
sonajes, q u e son como sím bolos de la tierra.
Con H oracio B utlcr estam os en la a n tí­
poda. E ncontram os a n te todo una p reo cu ­
pación p o r com poner y una tendencia a
la síntesis de la form a y el color. P or eso
divide su Desnudo en partes casi simé-

tricas y m arca los contornos, en u n a bús­
q u e d a insistida del d ib u jo . N ad a deja li
bracio a la im provisación, sabe o rd en ar su?
im presiones d e n tro de u n esquem a —tal
vez dem asiado frío—, el cual parece tener
vida indepen d ien te, pues se repite, ya sea
u n rincón del T ig re , u n paisaje urbano,
o éste su Arrabal.
Jorge L aico es u n lírico. Su acuarela El
invernáculo es u n cabal ejem plo: allí los
fondos viven con ex altada emoción, el azul
del cielo se diluye en grises expresivos,
se m u ltip lic an los verdes, alternados con
pinceladas rojas y azules, en tan to los vio­
letas se d esp arram an en las som bras; cua­
dro com puesto, en él hay p ro fu n d id ad y
hasta luz do rad a p re n d id a a los verdes,
sin q u e falten los elem entos descriptivos.
Sarah, su óleo, es m enos feliz, p o rq u e a
ratos sus pinceladas son dem asiado ligeras
y sueltas, pero la expresión ín tim a del
rostro, y el d ib u jo de m anos y brazos,
destaca al p in to r expresivo q u e es.
E n T ig lio encontram os la pretensión de
trad u c ir la to ta lid a d del cuadro, el aire
y las cosas, en color. Así en Paisaje, sin
llegar a lo caótico, con pinceladas r á ­
pidas com pone el p rim e r plano, las
ru in as y el cielo. Y en N aturaleza m uerta
y paisaje, a pesar de (pie m antiene el to­
no p a rtic u la r de cada cosa, son las d ife ­
rentes tintas incorporadas o p o rtu n a m e n ­
te p a ra m arcar un contorno o u n a som ­
b ra las q u e dan carácter al cuadro.
Al cerrar esta crónica, no podem os d e ja r
de m encionar otros esfuerzos serios: a
E ugenio D aneri, q u e expresa su candorosa
em oción en T arde en. el R iachuelo; a Miragiia. con su óleo Invierno en la isla;
a Bruzzonc, en cuya M u jer sentada, el
sensualism o de la m ateria parece c o n tra ­
decir su posición sentim ental fren te al
tem a; a Italo B otti, siem pre expresivo en
sus paisajes del R iachuelo.

B asaldr a . R etrato del pintor J. I mito .

Blanca Stabile

18

�LA

ESCUL T URA

T res características se advierten en la
sección escultura: el uso p referente del
yeso y el bronce, el p redom inio de las ca­
bezas y los bustos, y la objetividad; y las
ti es reflejan u n a posición sim ilar del es­
cultor, de donde cabe buscar m otivos co­
m unes y ex traer consecuencias.
Con respecto al em pleo de los m ateriales,
hay q u e a n o ta r la p ro p ied ad del yeso y
el bronce p a ra plegarse a los modos de
tratam ien to escultórico preferidos: escul­
tu ra por valores y escultura lum inista.
T am b ién cuenta la relativ a facilidad con
q u e se tra b a ja el yeso, y a u n el bronce,
cuyas dificultades son m ás bien de orden
técnico en el vaciado. Ig u alm en te explica­
ble es la predilección p o r las cabezas y
los bustos, q u e son p u n to s de apoyo del
re tra to . Y éste favorece la tendencia n a tu ­
ralista, la a ctitu d receptiva fren te a lo
representado. E n efecto, casi todas las
obras llevan el signo de lo objetivo. La
m ayor p a rte de los expositores se d etie­
ne en la observación. A cepta las suge­
rencias del m odelo, en vez de proyectarse
en él y recrearlo. N o deja lugar a la fa n ­
tasía, a lo sorp ren d en te e inesperado.
Apego a lo n a tu ra l, con tendencia al
d etalle y a veces a lo anecdótico, expresión
d ada por la superficie antes q u e p o r el
volum en, gusto p o r la nota sensible de los
valores, éstos son los rasgos a consignar
en cuanto al tratam ien to del desnudo. Un
ejem plo lo da A lba, de E d u ard o D aulte,
otro José Líense en Chico del rio, otro
López Seoane con su D esnudo. M ayor fu e r­
za y solidez hay en el E studio de T id o n e
Sepuccio, a pesar de que representa la
figura como en u n p lano, en perjuicio de
la tercera dim ensión, y la estudia casi
exclusivam ente desde el p u n to de vista
frontal. Como él, A ntonio Sassone em plea

el cem ento p a ra su E studio, donde la e n er­
gía linda con el efectismo: el m odelado
es vigoroso y el m ovim iento acentuado,
pero la form a carece de consistencia y se
desm orona, no sólo p o r la violencia de la
posición, sino tam bién plásticam ente.
H ay u n notable cam bio de actitu d fre n ­
te al desnudo en D urm iendo de José A lon­
so. Busca la expresión en el volum en,
sentido como redondez; huye de las aristas
trazando curvas plenas y am plias en los
perfiles; y, como no persigue la emoción
de superficie, tiende a la síntesis. T odo
concurre a legrar la sensación de m asa
única, p rieta, sólida. C ierra los intersticios,
pega los brazos al cuerpo, ensancha y acor­
ta los brazos y piernas. El cem ento favo­
rece esta expresión de estatism o, de pesa-

JosÉ A lonso . D urm iendo.

19

�dez buscada. Sin em bargo, lo redondo
nunca es totalm ente estático, m enos aun
con el agregado dinam izante de la su p e r­
ficie rugosa y el choque de las oblicuas,
piernas y brazos flexionados. N ada in te ­
lectual, in tu itiv o , q u ieb ra el tono general
de esquem atización con el detalle de las
uñas y los nudillos. No hay retrato . T al
tez una nota de gravedad. En Preciosas
cargas, en cam bio, e n tra n en conflicto el
carácter sintético y la consignación de
detalles accesorios; pesa dem asiado el ele­
m ento literario del tema.
En las cabezas se consigna lo externo
del m odelo, llegándose en ocasiones a un
detallism o que queda en lo circu n stan ­
cial, sin inscribirse el carácter. Se trazan
los cabellos, se c uentan las arrugas y se
im ita la ropa, pero la fuerza de la e x ­
presión queda ahogada p o r el afán de
lo pintoresco o por u n a dulzona sensi­
bilidad. al m ism o tiem po que la form a
pierde consistencia y tensión. T a n sólo
Adriana, de Noenrí G erstein, en la que
íeh u y e todo detallism o, se destaca, así
como D avid y Cabeza de E m ilio Casas
O cam po, a pesar de que a éstas les falta
carácter.

Dos tendencias se advierten en el pe­
queño n úm ero de relieves presentados;
una, descriptiva, q u e se caracteriza por
la riqueza de valores, el em pleo p refe­
rente de las curvas y la objetividad; otra,
decorativa, con inclinación al estatism o y
la frialdad de superficie. C abe situ ar en
ésta al relieve de N oem í G erstein, E n el
mar, el único q u e tiene algún valor.
De la revisión del conju n to se des
pren d e la a ctitu d prescindente del a rtis­
ta, la falta de im aginación y curiosidad.
Y como corolario, el desinterés p o r lo
o riginal y el escaso contacto con las fo r­
mas nuevas de la escultura. N o sólo se
m antienen los escultores alejados de las
corrientes m odernas, sino q u e tam poco
llegan a expresar alguna nota de re a li­
dad argentina. H ay ejem plos, sí, de
in q u ie tu d renovadora, emoción en el m o ­
delado, acierto en la expresión, justeza
en el análisis, posibilidad de síntesis. Pero
la a ctitu d m ás frecuente es colocarse an te
el objeto y transcribirlo sin o tra p re ­
ocupación. Carecen de m ensaje.

EL GRABADO Y EL DIBUJO

individualizada o circunstanciada, según
una concepción planista, con form as es­
tru ctu rad a s y definidas, de gran precisión
form al. Se ha valido a q u í el xilógrafo
de los dos elem entos de expresión legí­
tim os en el grabado sobre m adera de
veta: el trazo esquem ático y franco, y los
contrastes de blancos y negros, q u e no
llegan a ser tan sonoros unos y p ro fu n ­
dos los otros, como en sim ilares trabajos
suyos. Con u n a alegoría ta n sim ple como
lo es la de L a hechicera, busca y lo logra
sólo a m edias u n a gracia y espontaneidad
poco frecuentes en las xilografías. Se
descubre en su figura, no in cluida sino

Parece q u e el ag u afu erte sigue siendo
el procedim iento preferido por nuestros
grabadores; sin em bargo, debo referirm e
en p rim e r térm ino a los trabajos en re ­
lieve, no p o rq u e lo sea el prim er prem io,
sino po rq u e a m i juicio las dos estam pas
que alcanzan m ayor je ra rq u ía están re a li­
zadas sobre m adera.
V íctor R ebuffo es el a u to r de las dos
planchas. E n I.os argonautas nos presen­
ta. u n a vez más. el tem a p o rtu ario , b u s­
cando una expresión perm anente, poco

20

A ncelia B eret

�sobrepuesta al paisaje del fondo, cierta
rem iniscencia poética, cierto lirism o se n ­
tim ental que surge, tal vez, de la actitud
m ism a de la m uchacha arro d illad a a o ri­
llas de u n río. El trazo que la lim ita,
flexible o rico en el ju eg o de las curvas,
y sensible, como el q u e describe esque­
m áticam ente los cabellos, se hace a veces
trivial e inexpresivo. Hay allí una bús­
q u e d a evidente del arabesco y con ese
juego de oblicuas en
diferentes sentidos de
los cañaverales e n tre ­
cruzados del f o n d o ,
o con las hojas de r i t ­
mos repetidos, llega
a dinam izar el co n ju n ­
to y a d arle m ayor
expresividad.
Dolor, de Díaz Arduino, sobre linóleo,
es el p rim e r prem io.
Es un dolor patético,
superficial, el q u e su r­
ge de ese g rupo tan
abigarrado de gente de
pueblo, que se tra d u ­
ce no por los elem en­
tos plásticos en form a
contenida, sino por el
gesto e x a g e r a d o de
unos puños que se
levantan, de u n cu er­
po que se retuerce u
otro que cae vencido.
V íctor R ebuffo .
T a m b ién Cecconi p re ­
senta u n trab ajo sobre linóleo, pero aquí
se puede descubrir u n a em oción ín tim a a
través de sus esquem as u n poco inge­
nuos.
El otro gran procedim iento, el buril,
está representado por u n solo trabajo. A su
au to ra, A na M aría M oncalvo, le ha in te ­
resado sobre todo el problem a de la com ­
posición y del ritm o, q u e resuelve bien.

21

a u n q u e es u n poco m onótona.
En los aguafuertes predom ina una m e­
d ian ía desconcertante. El m ás honesto me
parece ser E lgarte, qu ien presenta un
paisaje serrano que va conform ando con el
juego de pequeños planos en todas las gamas
del gris, obtenidos por diferentes entrecruza­
m ientos de tallas sum am ente finas. Pero le
q u ita fuerza expresiva al conjunto esa exce­
siva desm enuzación. T am poco explota to­
das las posibilidades
del aguafuerte, ya que
no va en busca de
una expresión em otiva,
sino de u n ritm o fo r­
m al. Con todo, denota
una gran h ab ilid ad en
la m anera con que ha
controlado su p ropia
labor y la del ácido.
B astante inferior es
T ríptico de barrio, el
tercer prem io. Q uiero
n o m b rar t o d a v í a a
A braham Vigo, con su
aguafuerte A m igos de
sugestión sentim ental,
obten id a m ás p o r el
tem a q u e p o r los ele­
m entos plásticos.
Poca cosa p u e d e
decirse de l o s d i bujos. Casi todos son
r e t r a t o s naturalistas,
triviales en su e x ­
L os argonautas.
presión sentirn e n t a 1,
en los que la línea, elem ento de expresión
fu n d am en tal, queda excluida casi por
com pleto. Cabe destacar, sin em bargo, el
de E lb a V illafañe, en el q u e con trazo
rá p id o sem iabierto, bosqueja apenas la
figura de u n indio que sostiene dos
cirios.
R aquel E delman

�C A M I N O

DE

LA

OBS

E G IP T O :

C onstructivam ente el sistema
es el m ism o q u e el an terio r
pero ya hay a q u í u n g ra n ad elanto científico

que se traduce en la perfección del tra b a jo
de la piedra y en el cálculo de los esfuerzos
que se producen en la estru ctu ra, lo d o res­
ponde a u n a idea preconcebida sin q u e haya
ningún elem ento casual. La n aturaleza está
usada como u n m edio y geom etrizada siguien­
do esquem as m entales p u ra m e n te abstractos.
En esta sala hip ó stila se crea un espacio ce­

DO L M E N :

hom bre neolítico descu­
b re u n procedim iento cons­
tructivo: un elem ento q u e carga y varios ele­
m entos sustentantes. U n paso m ás y estarem os
en el sistema ti i 1ítico en que dos piedras v erti­
cales llam adas jam bas sostienen una h orizon­
tal: el dintel.

rrad o que no cuenta como concepción a rq u i­
tectónica sino sim plem ente como protección,
som bra o necesidad religiosa. Pero si bien el
h o m b re dom ina ya el m aterial, en cam bio
plásticam ente no acierta a trad u c ir el juego
expresivo de la carga y el sostén. El d e m e n to
sustentante —u n a selva de gi tiesas c o lu m n a srecibe el peso de un techo relativam ente li­
viano y toda esta relación no se inscribe a r­
q u itectónicam ente en el edificio.
Em oción de tipo evolucionado
m ente racional.

y

sensible­

Ua solución técnica es precaria y no está
totalm ente conseguida, el m aterial dom ina to­
davía al hom bre. P ero ya hay u n a v o luntad
de com posición, y esta volu n tad es la de un
m onum ento. Sea cual sea el origen de los d ó l­
m enes no hay d u d a de que ellos son la p r i­
m era expresión de u n afán de p e rd u ra r, de un
a m ia m etafísica en el hom bre.
1.a potencia de este esquem a surge de la
p ropia rudeza del m aterial en b ru to con toda
la expresividad de un accidente n a tu ra l al que
ya preside u n p rin cip io rector de lógica y de
ordenación. El hom bre h a hecho la m ita d del
trabajo: la elección de las piedras y el hecho
de erigirlas; la naturaleza, en cam bio, les dió
su form a sensible. E m oción de tipo p rim ario
como la (pie produce el tam -tam .

99
I

�R VACIÓN
GRECIA :

La colum na ya no es un m e­
ro cilindro, tiene su form a in ­
ventada con un capitel y una basa q u e son
p u ra creación. Adem ás el fuste lleva estrías,
elem ento q u e hace cuerpo con la colum na y
sensibiliza a la m ateria perm itien d o u n juego
de v ariedad tonal de luz y som bra.
El dualism o carga-sostén, techo-columna,, se
revela claram ente y es aprovechado al m áxim o

p a ra la expresión arquitectónica. La techum ­
bre se tran sp are n ta en el esquem a como e n ta ­
blam ento y su dim ensión y líneas horizontales
no sólo lo acusan sino q u e lo im plican como
carga y contrabalancean el verticalism o de las
colum nas y estrías.
El sentido es espacial, a u n q u e no se haya
conseguido todavía —h asta la época de los r o ­
m anos— la solución del g ran problem a a rq u i­
tectónico de occidente: la creación y es tru c tu
ración del espacio in te rio r cerrado.
E m oción de tip o e quilibrado, h u m an a y sen
sible sin de ja r de ser racional.

MODERNO

'

Gracias al adelanto cien
tífico el hom bre h a in ­

ventado una técnica constructiva: el horm igón
arm ado y un procedim iento de cálculo q u e es su
fu n d am en to indispensable. Las form as pueden
no siem pre parecer originales pero es que la
realidad es m ás p ro fu n d a. Este sistem a ya no
es triU tico sino m onolítico, es decir q u e no
existe claram ente la a n tig u a oposición de c a r­
ga y sostén, sino cpie hay u n c o njunto de fu e r­
zas q u e actúan al unísono y se e q u ilib ran e n ­
tre sí; pilotes sustituyendo a las colum nas, lo­
sas en lu g ar de dinteles y un elem ento total
m ente nuevo: el voladizo.
Hem os vuelto

o tra vez a u n geom etrism o

abstracto, pero no olvidem os q u e estam os vi­
viendo las p rim eras experiencias de u n a in v en ­
ción

revolucionaria

cuyas

ú ltim as

consecuen­

cias no podem os prever.
E m oción de tipo in telectual: p o ten te y audaz.
s. r . o. y i), c.

b.

23

�RENOIR

L ’alelier de la rué S. Georges (arrib a izquier­
da.) • Jeune filie (arrib a derecha.) • La
baigneuse (abajo izquierda.) • G abrielle el
Coco (abajo derecha.) •

24

�Inventario

RENOIR EN BUENOS AIRES
A GALERÍA WILDENSTEIN EXPUSO EL AÑO PASADO LA
mayoría de los cuadros de Renoir que existen en Buenos Aires; si
a ellos se suman los del Museo Nacional y de la Galería Saint- Honoré es posible estudiar casi todas sus maneras. La primera, todavía natu­
ralista, en el camino que le trazaron Coubert y Manet; luego, la que corres­
ponde al período que va de 1868 a 1883, en que debido a la influencia im­
presionista su paleta se llena de colores puros y se vuelve audaz, utilizando
la pincelada corta característica de la nueva escuela. Pero hay una tercera
manera, que surgió al preocuparse por el aspecto frívolo de sus obras: es
entonces cuando se deshace del impresionismo para volver a la enseñanza
de los museos, e influido por Rafael, Tiziano, Veronés y Carpaccio, se dedi­
ca a la búsqueda del volumen, adquiriendo así sus telas la estructura que
parecía faltarles, y perdiendo en cambio el elemento sensual y la alegría
de sus colores vibrantes. Después y como última manera, en su esfuerzo
por superarse, se vuelve menos rígido, las formas conservan una estructura
firme, pero vuelven a ser voluptuosas y blandas, ocupando su lugar en el
espacio. Ésta es la manera final, que ya no abandonará hasta su muerte.
En L ’Atelier de la R ué St. Georges (Colección Antonio Santamarina)
puede apreciarse un Renoir que acaba de abandonar su naturalismo de
primera hora para formar parte del movimiento impresionista. Vemos
rastros de esta actitud en la fidelidad con que encara el retrato de los
distintos personajes de la reunión. La manera impresionista se pone de
manifiesto, en cambio, en la calidad de la pincelada corta y entrecruzada
que forma una trama y en la tendencia planista, que no es definitiva, ya
que existe juego de luces y sombras, claros y oscuros. Utiliza aquí colores
impuros, que no son los preconizados por la nueva escuela: todo el cua­
dro está pintado en ocres, tierras, marfiles y verdes que le dan una

25

�entonación total mucho más apagada que la de su manera verdadera­
mente impresionista.
Un paso más y encontramos un Renoir definitivamente influido por
el impresionismo, a quien el pastel permite diluir la forma para obtener
mayor luminosidad con el color puro y los poros blancos del papel: La
Femme au Col de Fourrure, de la misma colección, en el cual Renoir
usa esta técnica en todas sus posibilidades y consigue un color vibrante
y al mismo tiempo modulado. Apartándose de la manera naturalista
definitivamente, sintetiza el dibujo, sobre todo en el cabello. La figura se
desarrolla en el plano y el fondo tiene interés de por sí, ya que está
tratado en grises y rosas que vibran al entonarse con los oros del cabello
y los verdes del sombrero y del cuello, haciendo que la mirada no se
detenga en la figura, sino que pase de ésta al fondo y viceversa, convir­
tiendo así a los dos elementos en el tema del cuadro.
En el Paysage (Colección Segismundo Edelstein), Renoir es neta­
mente impresionista; su objetivo ha sido la búsqueda de la atmósfera, y
los árboles, una masa que se diluye sin llegar a materializarse, constituyen
el soporte para lograrla. Las sombras obtenidas con el color aumentan la
fuerza cromática, disminuyendo la sentimentalidad, mejor dicho, logrando
una sentimentalidad diferente. En el dibujo no hay estructura racional
aparente, existe un debilitamiento de lo sensual producido por la materia
menos rica, lo que conduce a un refinamiento del color.
El Profil de Jeune Femme (Colección Mercedes Santamarina), pin­
tado al aire libre, con toda la alegría de un día resplandeciente de luz
y color, pertenece al mismo período, aunque sin embargo hay una dife­
rencia fundamental con el paisaje anterior y con las obras de los compa­
ñeros del movimiento: el objetivo del pintor no ha sido aquí la búsqueda
de la atmósfera, sino la figura misma. La cabeza está modelada con una
fina variación de tonos que le da fuerza expresiva, pero dentro de una
concepción planista acentuada por la posición de perfil. Este planismo es
dinámico, ya que cada pincelada actúa como un plano de color puro.
La materia es sensible aunque no tan rica como en obras posteriores;
la luz destruye la forma al amasarse con el color y da la impresión de
que entrara y volviera a salir produciendo la desintegración de la misma
y la pérdida de sus límites.
Impresionista todavía pero ya en franca búsqueda del volumen, Re-

26

�noir pinta La jeune filie aux fleurs (Galería St. Honoré), donde el
dibujo estructura la cabeza, consiguiendo un relieve subrayado por la
línea curva del sombrero que avanza hacia el espectador como si saliera
del cuadro. El busto en cambio ha perdido corporeidad; aparece sumer­
gido en el fondo, unificado con éste podría decirse, por medio de casi
pasajes logrados con pinceladas cortas que se funden en los límites. El
fondo resuelto a la manera impresionista nos deja adivinar el aire libre;
las pinceladas de color puro dinamizan el plano en contraposición con
la figura que por su eje vertical bien marcado es de tendencia estática.
Los verdes de este fondo y los azules del vestido se unen hasta formar
una masa que se desintegra en el plano.
El Portrait de Mme. Heimendahl (Colección Magdalena Ocampo de
Casares Lumb), fué pintado en 1880, casi al final de su período impre­
sionista, en una época de transición, cuando todavía no había llegado
a dibujar cuidadosamente como en su manera posterior, influida por
Ingres. En la cabeza de este retrato la línea sugiere el relieve, en tanto
que en el busto el modelado no le interesa, lo que se nota en las pince­
ladas cortas y luminosas. En él Renoir pone algo de su primera manera
naturalista, logrando la expresión por el modelo mismo. En el modo
de fundir el negro espléndido, rico y transparente del encaje, con los
ocres y en los brillantes que resplandecen, vemos la influencia de los
pintores españoles, de Velázquez y especialmente de Goya, a quien Renoir
admiraba tanto como para decir que el Retrato de la Familia Real valía
por sí solo el viaje a Madrid. Se ha vuelto más sobrio, la materia se ha
espesado —es brillante hasta el punto de parecer esmalte— el centro
expresivo son los ojos y la boca que brillan llenos de luz.
Una vez liberado de la escuela impresionista y en plena época ácida
o agria, Renoir hace el pastel de La Baigneuse (Colección Alberto W olf),
en el cual se aprecia claramente la influencia de Ingres, en el dibujo
firme, de volúmenes amplios. La línea sugiere el relieve con un trazo
neto que define las formas y el predominio absoluto de la curva le otorga
su carácter de sensualidad. Hay una intención de arabesco en la línea
continuada y vibrante que no se interrumpe en ningún momento; el
dibujo, al ser cerrado y espacial, produce la ilusión de menor dinamismo,
las formas se simplifican y desaparecen los detalles para lograr una expre­
sión más fuerte.

27

�Probablemente un poco más tarde, en plena evolución hacia su últi­
ma manera, Renoir haya pintado Tete de Jeune Filie (Galería Wildenstein), en la cual la línea de trazo firme parece ceñir un volumen; la
materia se ha enriquecido. La mejilla modelada con una gran variedad
de rosas, que conservan el color local, parece sobresalir del cuadro; en
la nuca hay una pequeña sombra que subraya el volumen. El fondo
está logrado con planos de colores yuxtapuestos: azules, rosas y amarillos
vibrantes que mueven cada plano con pinceladas cortas y luminosas.
En Gabrielle et Coco (Museo Nacional de Bellas Artes), Renoir
vuelve a la forma blanda de sus primeros tiempos, abandonando la seque­
dad del dibujo de su período ingresco, pero conservando la estructura
conseguida con este dibujo. La línea límite es sensible y bien marcada;
hay una gran armonía en los volúmenes logrados con las redondeces de
las mejillas y de las cabezas. La luz uniforme elimina las sombras, las
figuras se recortan con una línea clara, una sobre la otra y ésta sobre el
fondo, insistiendo así por la superposición de planos en la creación del
espacio. La materia es espesa, lisa, pulida y brillante, aunque no alcanza
todavía la riqueza de sus últimas telas. El eje oblicuo crea cierto sentido
dinámico.
Coco Dessinant (Colección Torcuato Di T elia), nos muestra a Renoir
en su último período, en plena madurez, seguro de sí mismo; el volumen
está obtenido con la pincelada corta y llena de color y con el dibujo
cuidadoso. Sensualista por naturaleza, Renoir ve en el niño la reencar­
nación de la mujer y, como a ésta, lo construye con una materia rica y
sensual, con formas plenas y voluptuosas que cantan el triunfo de la
curva sobre el ángulo.
Entre las telas de que hemos hablado no se encuentra ninguna de
esas vastas composiciones llenas de figuras que tanto complacían al maes­
tro, no son tampoco de grandes dimensiones, ni tratan su tema favorito:
el desnudo, a pesar de lo cual el conjunto es bastante completo 1.
L

ía

C arrea

1 A d em ás, se e x p u sie ro n la s s ig u ie n te s o b ra s de R e n o i r : Les Roses (C ol. A lb e rto
M a r tin ) ; Paysage (C o l. J o rg e P e re d a ) ; Femme au corsage bleu (C o l. D iego L ez ic a A lv e a r) ;
L’été (C o l. A lb e rto W o lf) ; Portrait d’enfant (C o l. M arce lo D iego S c h lim o v ic h ) ; Ohamp
de blé (C o l. A rtu r o J a c in to A l v a r e z ) ; L'allée couverte (C o l. C a rlo s Z u b i z a r r e t a ) , D e s g r a ­
c ia d a m e n te no se ex p u so la Ba/igneuse de la C o lección L lo b et, p ie z a m a g is tr a l del m a e stro .

28

�CENNINO CENNINI
Y LA PINTURA DEL TRECIENTOS
ÁS EXACTAMENTE QUE EL LIB R O DEL A R T E ESTE TRA­
tado de Cennino Cennini debiera llamarse El libro del oficio, el
libro del oficio del pintor. Porque en él hay apenas una que otra
ligera referencia al problema esencialmente artístico. En el capítulo I
leemos: “Y así Adán, reconociendo la falta por él cometida, y habiéndole
dado Dios tan nobles dones, como que era raíz, principio y padre de todos
nosotros, halló de propia ciencia que era menester encontrar una manera
de vivir manualmente. Así, pues, empezó a trabajar con la zapa, y Eva a
hilar. Luego siguió muchos oficios conformes a las necesidades, diferencia­
dos unos de otros. Algunos oficios eran —y son— de mayor ciencia que otros,
pues no todos podían ser iguales; y era la ciencia el más digno. Después
de ella siguió algunos oficios derivados de aquel arte cuyo fundamento
se encuentra de necesidad en ella, con obra de mano. Y es ésta el arte
que se llama el pintar y que precisa de fantasía y obra de mano; hallar
cosas no vistas, penetrando en la sombra de lo natural, y fijarlas con la
mano, mostrando todo aquello que no es. Merece ésta, con razón, que
se la siente en segundo lugar después de la ciencia y se la corone de
poesía. La razón es ésta: que el poeta, con la ciencia primaria que
tiene, tórnase digno y libre de componer y establecer vínculos o no, como
le plazca, según su voluntad. De modo semejante, el pintor tiene libertad
de componer una figura de pie, sentada, mitad hombre y mitad caballo,
como quiera, según su fantasía”.
En estas líneas está resumido todo el credo estético de Cennini. Y
no va más allá, en lo que a teoría artística respecta, en el resto del
libro. Después de esta breve introducción teórica, se presenta “como
humilde miembro que cultiva el arte de la pintura”, haciendo referencia1

M

1

C e n n in o C e n n in i ,

El libro del arte, A rg o s, B s, A s. 1947.

29

�sus maestros, y nada más. No aprovecha la circunstancia para ilus­
trarnos acerca de lo que realmente significó esa mudanza de “el arte
de pintar de griego a latino”, atribuida por él mismo a Giotto. Quedamos
ante el hecho consumado de una mudanza estilística realizada por Giotto
y, ya que éste “alcanzó un arte acabado como nadie jamás lo tuvo”, no
se plantea otro problema que el de seguir sus huellas humildemente y,
con “amor, temor, obediencia y perseverancia”, tratar de alcanzar su
maestría. El resto de la obra está íntegramente destinado a explicar y
enseñar la artesanía de la pintura: preparar carbones para el dibujo y pre­
parar los colores; triturar, encolar, pegar telas, enyesar, relevar en yeso,
dorar, bruñir, preparar témperas, barnizar, hacer pinceles, etc.
Libro de pura artesanía, típicamente medieval, no trasunta la esencia
de aquel dolce stil nuovo de Giotto que lo inspirara y que fué un paso
tan decisivo para salir estilísticamente del hieratismo convencional del
período bizantino. Pero en su concepción limitada de simple libro del
oficio, sin ahondar el problema teórico del estilo, está ya hecho en
función de aquél. Es un paso más en el camino ya emprendido, largo
camino en el cual Leonardo da Vinci, un siglo más tarde, plantaría otro
jalón importante y decisivo, y del cual es testimonio su Tratado de la
pintura, obra de más vuelo, de mayores pretensiones teóricas y, por lo
mismo, con lunares visibles, de que carece este sencillo tratado de Cennini.
Concepción laboriosa la de ese estilo latino, estilo-madre, que en Leonardo
no aparece aún del todo depurado de los prejuicios del arte griego cuyas
ligaduras tan resueltamente rompiera Giotto. Leonardo, teóricamente,
se afirma en el naturalismo (aunque en la práctica no se mantuviera
tan fiel a la teoría y aun teóricamente se contradijera); Cennini también
se pronuncia por la naturaleza: “Ten presente que el guía más perfecto
y el mejor timón es la puerta de triunfo del copiar del natural. Éste
supera todos los demás modelos, y puedes confiar en él sin temor. . . ”
Aconseja esto después de recomendar que se copie a los más grandes
maestros y, de ser posible, a uno solo para adquirir su estilo. En este
punto, Cennini se nos muestra, sin embargo, más desembarazado que
Leonardo, cuando agrega: “Luego te sucederá que, si la naturaleza te
dotó de alguna imaginación, acabarás por adquirir una manera propia”.
0

30

/

�Como buen artesano, Cennini se nos presenta muy simple, sin conflictos
de auténtico creador. Lo que en Leonardo resulta una contradicción,
en Cennini es sólo un cambio de recursos para el honesto aprendizaje
de un oficio.
Pero este aprendizaje ¡qué lleno de heroísmo, qué emocionante como
vocación! “Tu vida debe ser siempre ordenada como si tuvieras que
estudiar teología o filosofía u otras ciencias” —dice en el capítulo xxix.
Y entre los consejos están los de beber y comer con moderación y no
usar demasiado de la mujer. Y luego, esa minuciosa descripción del duro
y largo aprendizaje, desde moler los colores, fabricar los pinceles y pre­
parar las tablas, las témperas y barnices, y trabajar en el dorado, en
mosaico, en vidrio y en tela, “que cada arte por su naturaleza es habi­
lidad y placer”. . . “Y, caso que no fueras bien pagado, Dios y Nuestra
Señora recompensarán tu alma y tu cuerpo”.
Estamos en plena Edad Media, en que el arte es un oficio que im­
porta sacrificios y que se ejerce con conciencia y con placer, como un
sacerdocio, para mayor gloria de Dios. Seguimos por ese camino aunque
entremos en una senda que lleva derechamente al Renacimiento; la direc­
ción está tomada, pero el espíritu sigue siendo medieval. Esa dirección
hacia el Renacimiento parecería estar dada tan sólo por los recursos de
la técnica.
¿Son acaso únicamente éstos los que imponen en definitiva los cam­
bios en los estilos? Leyendo a Cennini no se vislumbra que un estilo
pueda responder a directivas previas impuestas por una concepción esté­
tica determinada, por una verdadera creación teórica, y que más tarde
se adquiera una técnica que responda a las exigencias de dicha con­
cepción. Todo lo contrario; el estilo parece ser un derivado de la mayor
c menor habilidad en el oficio y de los recursos materiales más simples
o más complejos, en una palabra, de los puros recursos técnicos. . .
Con todo, resulta este libro de Cennini un estímulo y un ejemplo,
una admirable lección para las generaciones actuales, tan olvidadas y
tan distantes de las virtudes de la artesanía. Y quizá también alejadas,
en igual medida, del verdadero arte.
A

31

lfred o

E.

R

o l and

�ESPEJO DE LA PINTURA ACTUAL
d e M A R G A R IT A G. de S A R F A T T I

L P R IM E R H E C H O D IG N O DE
m ención d e este lib ro i tan o p o rtu n o
es el d e estar escrito directam en te en
n u e stro idiom a, y n o sólo correctam ente
sino con u n tono, u n a vivacidad y u n a g ra ­
cia q u e n o son frecuentes en obras de esta
clase. C laro q u e hay u n aire de o tra
c u ltu ra, m ás q u e ita lia n a nos a tre v ería ­
m os a decir europea, a lo largo de todas
sus páginas, p e ro esa circunstancia no es
m ás q u e u n a v en taja, pues las im ágenes
o m etáforas q u e d an teñidas d e u n a o rig i­
n a lid a d m uy sim pática.
Si acierta M arg arita S arfatti con las p a ­
lab ra s q u iere decir q u e acierta con las
ideas y adem ás las piensa p ro fu n d am e n te
y las sabe tra d u c ir en el texto. P ero
aclarem os en seguida que no se tra ta de
u n a o b ra p u ra m e n te de tip o conceptual.
Al con trario , éste es el lib ro de alguien
con u n a gran sensibilidad, e xquisita p a ra
los detalles, q u e escribe como qu ien con­
versa, dejándose llevar p o r la fuerza del
tem a y d el entusiasm o. C ualidad negativa
p a ra algunos, n o lo es p a ra nosotros q u e
com partim os m uchas de las preferencias
de la au to ra . P e ro n o venga n a d ie a q u í
buscar u n a exposición sistem ática de
ideas, n i u n m étodo de investigación.
H ay otras ventajas e n cam bio: soltura,
elegancia, in tu ic ió n de m u je r y de cono­
cedor.
T ie n e siem pre la a u to ra u n a g ra n ri­
queza p a ra caracterizar m atices ta n n u m e ­
rosos como los q u e se p re sen ta n en u n 1
1

M a r g a r it a G . de S a r f a t t i ,

libro q u e tra ta de p in tu ra , y siem pre sus
frases son gráficas o cortantes o irónicas
o llenas de la expresividad de los sentidos
del gusto y el tacto, los m ás próxim os
a la m a te ria y al cuerpo.
Em pieza el lib ro p o r u n a o p o rtu n a
revisión de los conceptos fun d am en tales
como p a ra evitar —ella n o lo dice— u lte ­
riores m alen ten d id o s con el lector, y e n ­
tonces, d id ácticam ente p ero disfrazándolo
de conversación lla n a , explica q u é cosa
son las artes plásticas, las categoriza, las
ubica. L uego e n tra en m ate ria y siguien­
do u n ord en sui generis q u e no es n i
cronológico n i geográfico, sino de interés
h u m an o y de o p o rtu n id a d , em pieza a p a ­
sar revista a la p in tu ra actual, n o sin
h a b la r antes —y extensam ente— de la
del siglo pasado.
A pesar de q u e acierta siem pre en las
caracterizaciones, no es ta n im parcial q u e
no deje ver claram ente sus preferencias,
pero no p o r eso cae en generalizaciones
poco fundadas, sino q u e tra ta de ser lo
m ás rigurosa y objetiva posible.
T ie n e com o pocos u n sentido especial
p a ra la o p o rtu n id a d y entonces n o titu b e a
en dedicarle u n a re p rim en d a a D alí; a b o r­
dar el discutido tem a del a rte polém ico;
reivindicar a E nsor como el p recu rso r del
superrealism o o contar divertidas anécdo­
tas de la “ R u c h e ”, el gigantesco conven­
tillo en q u e vivieron M odigliani y Soutine.
T o d o sabroso, irónico y lleno de viva­
cidad.

Espejo de la pintura actual, A rgos, B s. A s. 1947.

32

�D espués d e desm ayados com entarios —
listas de nom bres m ás q u e o tra cosa— sobre
la p in tu ra del C anadá o de A ustralia,
a b u rrid o s (porque se siente q u e le a b u ­
rren a la au to ra) , llegam os a los esplén­
didos capítulos sobre la escuela de París
o los p in to re s italianos. C laro q u e no
dedica m ás q u e unos pocos renglones a
u nos y varias páginas a otros, pero, ¿quién
se lib ra de ser u n poco p a rcial en cues­
tiones de arte? H ay tem as q u e evidente­
m ente prefiere; la p in tu ra española p o r
ejem plo n o le interesa y no llega a carac­
terizarla con p ro fu n d id ad . Lo q u e dice
de Picasso nos parece d e lo m ás flojo del
libro.
Más adelante, en u n cap ítu lo q u e se
llam a: “ ¿Vecinos de tiem po o de espa­
cio?” desarrolla la tesis poco nacionalista
pero m uy exacta de q u e el hecho de ser
contem poráneos u n e —y m ucho m ás— q u e
la circunstancia fo rtu ita de h a b e r nacido
en la m ism a ciudad o región. Y aprove­
cha a renglón seguido, p a ra desconfiar de
aparentes folklorism os y explicar q u e las
form as populares son siem pre "m igajas
del b a n q u ete d e los dioses” o sea del
esp íritu creador en su m ás a lta acepción.
E n o tro cap ítu lo —el titu la d o “L as siete
lám paras de tinieblas d e la p in tu ra con­
tem p o rán e a ”— M arg arita S arfatti estudia
el origen y las posibles causas del actu al
divorcio e n tre p in to r y p úblico y lo a tr i­
buye a esas lám paras, contrarias a las de
R uskin, q u e en vez de ilu m in a r sum en
en tinieblas a n uestro a rte actual. Ellas
son: a) la fa lta de élites fijas, o sea u n a
aristocracia con estabilidad y contin u id ad ;
b) el hecho de n o e xistir m ás el m ecenatism o; c) la ausencia de ideales unánim es;
d) la falta, en el cam po artístico, d e u n a
elaboración y colaboración colectivas; e) el
inexistente e sp íritu de síntesis (que debe­
rá ap arecer fa ta lm e n te ya q u e el siglo

33

pasado fu é a n a lític o ); f) la p re p o n d e ­
rancia de la ciencia y g) la in flu en cia de
la fotografía. D e todas estas razones a lg u ­
nas nos parecen ciertas como las dos p r i ­
m eras y las otras discutibles.
D e las ú ltim as dos, pensam os q u e ta m ­
bién el siglo x ix fué científico y p ro d u jo
—a veces apoyándose en los pro p io s des­
c ubrim ientos científicos como el im presio­
nism o— u n o d e los m om entos m ás glo rio ­
sos de la p in tu ra de todos los tiem pos.
Nos parece q u e acierta p len a m en te en
cam bio cuando le señala a la fotografía
su puesto y su alcance. Y las teorías que
a v en tu ra sobre el d ib u jo anim ado y otras
flam antes form as de expresión, son acer­
tadas y apasionantes.
T e rm in a la o b ra con u n A péndice sobre
la p in tu ra rioplatense, en q u e la a u to ra
se re tro tra e h asta los hum ildes y prim eros
ilustradores viajeros p a ra llegar, a través
de anécdotas y sucedidos, h a sta la época
actual, e n la q u e analiza con sim patía y
sagacidad a nuestros representantes m ás
conocidos. A veces p a ra lam e n ta r la m ala
suerte q u e tuv iero n al caer en P a rís o
en Ita lia en m anos de m alos profesores,
académ icos sin trascendencia q u e les lega­
ron u n oficio sin alm a.
O tra ú ltim a objeción. M arg arita S arfatti
no nos da soluciones. N o cree en el a rte
como tem a social y nos parece q u e ta m ­
poco en el arte p o r el arte. D e su libro
no nos q u e d a la afirm ación de su actitu d
a n te ese p ro b lem a ta n debatido, y quizá
ese escam oteo sea la p ru e b a m ás evidente
de su posición hecha de u n a g ra n sensi­
bilid ad q u e no q u iere p lan tearse la cues­
tió n y la e lu d e con la vehem encia de su
pasión, con el excelente conocim iento del
tem a y las personas, con la sutileza de
la apreciación.
D a m iá n C arlos B ayón

�W1LHELM PINDER
Y EL

Problema de las generaciones en
la H istoria del Arte de Europa
\

NTRE LOS HISTORIADORES DEL ARTE CONTEMPORÁneo ocupa un lugar distinguido Wilhelm Pinder, nacido en Kassel
—en el corazón de Alemania— en 1878, no sólo por su larga y fecun­
da actuación de pedagogo e investigador, sino porque planteó los proble­
mas de la historia del arte con miras hacia soluciones nuevas, a menudo
debatidas, pero sin duda de gran valor científico y sociológico. Basta
pensar en que a los 27 años fué habilitado como docente en la Universidad
de Wuerzburgo y a los 32 ocupó su primera cátedra de ordinarius en la de
Darmstadt, para seguir su carrera por casi todas las demás universidades
alemanas (Breslau, Estrasburgo, Heidelberg, Leipzig, Munich y Berlín),
y se tendrá idea de lo movido de su empeñosa actividad.
Su pequeña figura, que rebosa agilidad, es foco de atracción para
muchos miles de estudiantes. Su erudición encuentra digna exteriorización
en una oratoria cristalina y penetrante; pero no por tener profundos cono­
cimientos se convierte en un hombre de ciencia alejado de los demás
y falto de buen humor. Al contrario, atrae personalmente y cautiva a
sus oyentes como historiador que no ha perdido la noción y el contacto
íntimo con el presente y el futuro. Prueba cabal de este vínculo estrecho
que Pinder supo mantener con la juventud estudiantil, se tenía en el
aula magna y en los seminarios de la Universidad de Berlín, colmados
en su capacidad de estudiantes y estudiosos que acudían de los cuatro
vientos a escuchar su palabra 1.
1 S u b ib lio g r a f ía es e x te n sa y fr u c tíf e r a , siendo a u to r de la s s ig u ie n te s o b r a s : El
ritn o de espacios interiores románicos en la Nonnandia (1 9 0 4 ) ; Catedrales alemanas
(1 9 0 7 ) : La escultura medieval en Wuerzburgo (1 9 1 1 ) ; El barroco alemán ( 1 9 1 2 ) : La
escultura alemana desde el final del Medioevo hasta el final del Renacimiento (1 9 1 4 ) ; La

34

�No ha mucho se ha editado en castellano uno de sus trabajos
más importantes como investigación histórica y como tesis personal2.
Estamos con este libro, complementado con ilustraciones de valor de­
mostrativo, frente a una obra que ha provocado muchas discusiones
y aplausos, y que plantea el concepto biológico de la generación como
base élemental para juzgar y conocer la verdadera posición histórica,
la cual encontró simultáneamente en José Ortega y Gasset un adepto y
un defensor3. Esta idea básica de Pinder ha sido recogida y aplicada
también por otros a los demás campos de la investigación histórico-artística, de manera que actualmente se ha convertido en una verdadera
conquista para el esclarecimiento del devenir histórico.
Pinder propugna una historia en su parte no-anónima, según “estra­
tos de generaciones”, imaginada por lo pronto como una posibilidad más
de la visión histórica —sin excluir las demás— y presentada como suges­
tión; y fundamenta su tesis con un esbozo completo de tal ordenamiento
e interpretación de los hechos históricos, arrancando de Fra Angélico y
de Stephan Lochner para concluir con los maestros contemporáneos,
puntos extremos que bastan para señalar el camino que recorre.
Con su tesis destaca principalmente lo inconscientemente innato en
los hombres de un “estrato generacional”, correlacionados estrechamente
por su “unidad de problemas” —pero no siempre de las soluciones— lo
que ofrece en su totalidad aspectos nuevos, no solamente seductores sino
convincentes, en su intento de percibir las manifestaciones artísticas del
hombre europeo como una polifonía multidimensional, y no como una
mera y esquemática sucesión de estilos o escuelas por un lado, o como
la obra individual de los grandes creadores en biografías aisladas y des­
vinculadas por el otro.
En el resumen que inserta al final de su libro, esquematiza nueva­
mente su teoría, mencionando brevemente los hechos irrefutables y ya de
carácter axiomático, destacando luego su propia interpretación y distinPietá de Naumburgo y sus esculturas (1 9 2 4 , en c o la b o ra c ió n con H e g e ) ; Las artes plás­
ticas del siglo X IV en Alemania (1 9 2 5 ) ; La catedral de Bamberg y sus esculturas (1 9 2 7 ) :
Burgos alemanes y castillos fortificados.
2 El problema de las generaciones en la Historia del Arte de Europa, E d ito ria l L o sad a
B ib lio te c a S o cio ló g ica, B u en o s A ires, 1946.
3 J o s é O r t eg a y G a s s e t , E l terna

de nuestro tiempo, C a lp e , M a d rid , 1923.

35

�guiendo entre los factores constantes y relativamente permanentes (espacio
cultural, nación, tribu, tipo e individualidad) y los factores temporales
susceptibles de mutación. Entre éstos son de influencia decisiva diversas
clases de entelequias —puntos o más bien trechos cúspides, diríamoscorno ser: la entelequia de las artes mismas (en la sucesión cronológica:
arquitectura, escultura, pintura y música, que ocupan el lugar de lenguaje
de primer plano, predominando sobre los demás); la entelequia de lo
idiomático (religión, filosofía, poesía y ciencia, que a su vez se hallan
íntimamente ligadas a las manifestaciones artísticas de carácter predomi­
nante) ; la entelequia de los estilos (que guarda diversas relaciones con
los valores generacionales); la entelequia de las generaciones mismas (la
predominancia de los seres reales que son autores de la creación artística
en un momento histórico dado); y, finalmente, las entelequias de las
naciones y de los individuos. Sólo del entrecruzamiento y la disposición
en estratos generacionales de estas entelequias surge como resultante lo que
comúnmente se denominan épocas y estilos en la Historia del Arte.
Cierra Pinder su obra con una determinación y estudio de la “Ley
del ritmo”, que rige los acontecimientos en la Historia del Arte, y con la
afirmación del propósito que lo guía, según el cual “su contemplación
basada en la historia de las generaciones intenta aproximarse, con vene­
ración, a las fuentes vivas del devenir”. No parte ella de la “explicabilidad”, sino de la evidencia (posición empírica y determinista); advier­
te el peligro de considerar en primer término los estilos como seres
vivos —pues de ningún modo coinciden ellos con las generaciones de
artistas— y se dedican más bien a la contemplación de seres vivos reales.
Se propone fijar matices que realmente existen y que suelen ser
tapados por una mera “historia de los estilos”; distingue entre la pers­
pectiva subjetiva y la biología objetiva; halla en las biografías de las
generaciones el elemento de un ritmo integral, que redime a los efectos
disgregadores de la mera “historia de los artistas” tanto como del orden
aparente, excesivamente claro, de la simple sucesión de los estilos. Final­
mente, aclara que su interés por comprender la parte no-anónima en la
historia del arte es para iluminar con mayor claridad la anónima, según
aspectos cada vez más precisos y libres de todo ocultismo científico y
místico.
R o d o l f o G. B r u h l

36

�También aquí cabe Sartre. Y es lógico. Su palabra existencial anda
por todos los sitios donde se suscita algo: existencia, vida. Es difícil
saber qué piensa de una exposición de pintura un escritor, un novelista,
tal vez porque al iniciar el juicio se ubica inconscientemente en el sitio
del crítico de arte y desvirtúa su posición primera. La narración emocio­
nal o literaria no ha tenido hasta ahora, con demasiado frecuencia, jerar­
quía de postura definida frente al cuadro. Hasta que Jean Paul Sartre
describe en La Náusea 1, el museo de Bouville, la sala de retratos de
un museo de provincia. A Sartre no le importa la técnica, ni la factura,
ni la resolución del cuadro: se hunde con pasión en el “clima humano”
que sale del retrato y en el placer de recrear, por la obra de arte, la
vida de cada personaje. Comparándolo, siempre, con el propio protago­
nista, Antoine Roquentin.
El retrato cobra jerarquía, se eleva, se construye, adquiere defini­
ción: “Este hombre —dice Roquentin— tenía la simplicidad de una idea.
Sólo le quedaban huesos, carne muerta y derecho puro”. Pero no es po­
sible detenerse en la construcción de definiciones: hay que hundirse,
hurgar en todas las posibilidades, tratar de ver, tratar de no perder
ningún movimiento ideal o sensible; típica angustia existencial. Se llega
a la radiografía, implacable^ del retrato. “Sabía —cuenta— por haber
contemplado mucho tiempo en la Biblioteca del Escorial cierto retrato de
Felipe II, que cuando se mira a la cara un rostro resplandeciente de
derecho, al cabo de un momento el brillo se apaga y queda un residuo
ceniciento; ese residuo era el que me interesaba”. La radiografía va
acercando a la esencia del retrato. Antoine Roquentin llega —aparente­
mente sin advertirlo, lo que también entra en la posición existencial—,
a la reconstrucción del mismo instante creador. Incorpora la naturaleza
X

J ean P a u l Sartre,

La Náusea, E d i to r ia l L o sa d a, B s. A s.

37

�a la composición artística: los dos pintores habían construido los retratos
sumando a ellos “los dragados, las perforaciones, las irrigaciones”, de la
naturaleza. Y alcanza al pequeño momento, a la esencia misma: “Lo que
estas telas ofrecían era el hombre repensado por el h om b re... Admiré
sin reservas al género humano”.
Es simplemente un hombre que ha entrado a un museo. Una sala
inmóvil, con. esa luz especial, impalpable y silenciosa de los museos. Y
de pronto, cincuenta retratos: todos los ilustres personajes de provin­
cia, que dinamizan fantasmagóricamente su estatismo, un célibe que vive
por un color verde, un gris que da la clave de la muerte en los ojos,
un rostro que se llena de historias burguesas y otro que comienza a ser
cruel debajo de las líneas de la pintura, unas manos que señalan la vida
de un hombre y el súbito descubrimiento de la treta del pintor para
encubrir una estatura ridiculamente exigua. Cuerpos, caras, manos. Acti­
tudes, gestos. Realidad, inmortalidad y época, mentira y descubrimiento
del retrato. Antoine Roquentin atraviesa nuevamente la sala. Se aleja
mirando los retratos. Lo han inquietado, turbado, hasta conmovido. Pero
no se deja engañar. Él es Roquentin, existe, tiene el valor de existir y
de angustiarse. Y algo le repugna de estos hombres definitivamente
célebres por los retratos. Y es Sartre, el escandaloso y genial Sartre, el
que resuelve la pugna íntima de su personaje: “Adiós hermosos lirios,
pura fineza en nuestros pequeños santuarios pintados, adfós hermosos
lirios, orgullo nuestro y nuestra razón de ser, adiós. Cochinos.” La puerta
se cierra detrás de Roquentin. Sala vacía de museo de provincia. Absoluta­
mente vacía.
• Cien obras de Paul Klee, óleos y acuarelas, se exponen desde mediados de
febrero, en el Museo de Arte Moderno, a la crítica violenta y activa del público
de París.
• Si en la E xposición de H isto ria y A rte R eligiosos, q u e acaba de realizarse,
h a h a b id o u n deseo de g u iar al v isitante, o rien tán d o lo en u n a com prensión relativ a
del asunto, el in te n to n o se cum ple p o r la desorganización con q u e están presentadas
las piezas. E n u n a exposición d e este carácter, —erizada de dificultades, p o r la in flu e n ­
cia va ria d a de la p in tu ra española sobre la am ericana—, debió hacerse u n d etenido
estudio previo p a ra la ubicación de las obras p o r épocas, influencias y nacionalidades.

38

�E sto, u n id o a fallas técnicas im p o rta n te s —la luz im p o sib ilita la apreciación de la
m ayoría de los cuadros— q u ita valor a u n a exposición q u e p u d o ser d e jera rq u ía .
E l m ovim iento barroco español del siglo

xviii

está expresivam ente ubicado en la

Inmaculada, de la colección de D aniel G arcía M ansilla, rica d e color, audaz de form a,
con todo lo p o ten te y áspero y angustiado de lo barroco. C ontraponiéndose, el m ag n i­
fico Señor de la Paciencia y Humildad, de las m isiones guaran iticas, señala el a rte
de A m érica, d istin to y p ro p io , prim itiv o y genial en su expresividad. U n m aravilloso
b u sto en m adera policrom ada de la Doloroso, p ro p ied a d del Sr. M iguel P an d o , indica
la transición hacia la línea im p u ra del barroco, la v irtu d d e la form a en el triá n ­
gulo, la m aestría e x tra o rd in a ria del color. La exposición se com pleta con orfebrería,
p la te ría , tejidos, m uebles, im presos y m anuscritos.

• Escorialito: novísimo estilo arquitectónico —inspirado en las líneas del Escorialson el cual los españoles de hoy están construyendo, naturalmente, conventos y casas de
ejercicios. España da a cada instante señales de su muerte.

• Entrevista con Campigli2. Entrevista con un hombre inteligente,
un artista insatisfecho, en permanente búsqueda, no una entrevista
cualquiera. Toda la conversación tiene un clima verdadero y aleccionador.
Campigli explica su pintura: resultado de sus nostalgias de épocas pasadas
y felices; de sus influencias próximas —Picasso y Leger— y sus remotos
hilos invisibles que lo unen a las mujeres etruscas y cretenses; de las
influencias involuntarias del ambiente exterior, de sus muebles, sus
objetos simples, que mira “largos ratos, beatamente”, su tapiz de Karamani, su mujer Giuditta esculpiendo a su lado, obstinadamente, gravi­
tando en silencio. Se le pregunta cómo ubica sus cuadros en la época
actual, abriéndole las posibilidades de múltiples definiciones. No las
rehuye. Contesta que todo el arte actual es de evasión, arte en el cual
los bajos fondos del alma dirigen fundamentalmente el sentido misterioso
de la creación. Descarta que la crítica de arte pueda tener algún valor
sobre la obra, aunque admite una influencia muy sutil, y también rnuy
insignificante, del público en el artista. No le da a sus actuales pinturas
murales un sentido social y defiende su posición de creador individual,
no aislado con indiferencia, sino para construir una realidad propia, más
2

R e v is ta

Domus, N « 2 2 3 /2 2 4 /2 2 5 . M ilá n , I ta lia .

�feliz y esperanzada que un mundo real de desolación cierta. El cronista
le hace una pregunta al margen. ¿Caracteres de una “pintura italiana”?
Tiene una respuesta exacta y de totalidad expresiva; “nuestra evolución
lenta, la resistencia a la moda, el sentido de lo eterno y algo de nobleza
que encontramos en los mejores”. Necesariamente, se toca el tema del
superrealismo. Es conciso, como en todo. “La pintura superrealista es
una literatura transcripta en bella caligrafía”. En cambio elogia sin
reservas al psicoanálisis, que da sentido “a Ja más oscura creación” y
lo admite como una forma que “ayuda a ver claro intelectualmente”.
Respuestas apretadas y densas, de un hombre que trabaja y piensa,
con definitiva actitud de artista, con un trazado ideal que emociona por­
que su pulso vital es sencillamente evidente.
• El pintor italiano Filippo de Pisis, trabaja con fervor. Ha reencontrado París,
donde, según sus palabras “hay un ansioso sobrevivir, un espíritu nuevo y distinto".
• C on m otivo de los actos de la tom a de posesión d e R ó m u lo Gallegos, p resi­
den te d e V enezuela, el Museo de Bellas A rtes d e C aracas organizó u n a am plia e x p o ­
sición d e p in tu ra venezolana, colonial y m o d e rn a s . E l catálogo de la Exposición
presen ta 95 reproducciones precedidas p o r u n estudio crítico de E n riq u e P la n c h a n .
L a p in tu ra venezolana, como toda la p in tu ra de A m érica, debe estudiarse in tim a ­
m en te u n id a a E u ro p a, desarraigada de sus vitales necesidades y reflejando sólo u n a
m ayor o m en o r h a b ilid a d técnica.
P la n c h a n n o in te n ta realizar u n a crítica d irig id a a la esencia y sentido filosófico
d e la p in tu ra . Se lim ita a p re sen ta r los p in to res anecdóticam ente y los cuadros com o
descripción arg u m en tal. D esfilan T o v a r y T o v a r, R ojas, M iclielena, Boggio, Salas,
Valdés, Sánchez, B ra n d t, C abré, R everón y m uchos otros. N ad a m ás que desfilan. El
lib ro , e n tre estos pequeños lím ites, tom a ú n icam en te el valor docum ental y aclaratorio
q u e h a in te n tad o alcanzar.

M arth a T

3

Tres siglos de pintura venezolana. M u se o d e B e lla s A rte s , C a ra c a s, 1948.

40

raba 3

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS
DE C R Í T I C A
ARTÍSTICA

Ocho números en el año
de abril a noviembre
40 páginas de texto
8 con ilustraciones
1 lámina en color

-j

SUSCRIPCIÓN ANUAL
Argentina: 8
Uruguay: 4
Otros países: 3

pesos nacionales
pesos

uruguayos

dólares u . s . a .

NÚMERO SUELTO
1,20 $ arg. ó 0,60 urug. ó 0,50 dólar

Toda la correspondencia deberá ser diri­
gida a nombre del director, o de la se­
cretaria de redacción y administradora,
Martha Traba.
No se mantiene correspondencia sobre
originales espontáneamente enviados.
Dirección, secretaría y administración
Tucumán 1539. T. A. 35 -9243

'

�ARTE!

GRAFICAS

BARTOLOME U. CHIESIHO

�</text>
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                <text>Título posterior Ver y Estimar : revista de crítica artística </text>
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Stábile, Blanca&#13;
Beret, Angelia&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Carrea, Lía&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Traba, Martha</text>
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FICCIONES	METROPOLITANAS	
Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	
VANGUARDIAS ARTÍSTICAS Y VANGUARDIAS PEDAGÓGICAS. ANÁLISIS
DE LA REVISTA QUID NOVI? (ROSARIO, 1932 – 1934)
María del Carmen Fernández
UNR‐ FHyA – Rosario
Gabriela D’Ascanio
UNR ‐ FHyA/CONICET – Rosario
Elisa Welti
UNR‐ FHyA – Rosario
Resumen
En este trabajo indagamos la singular articulación producida entre expresiones de
vanguardia artísticas y pedagógicas evidenciadas en la serie de revistas Quid Novi?
Estas revistas fueron publicadas entre 1932 y 1934 por asociaciones vinculadas a la
Escuela Normal Superior N° 2 de la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe,
Argentina). La publicación se anunciada como revista de “pedagogía, literatura, ciencia
y arte”, ofreciendo escritos de intelectuales y pedagogos reconocidos así como
reproducciones de dibujos y grabados de artistas de la ciudad. Quid Novi? presentaba,
además, una cuidada estética de corte modernista y una calidad de impresión en colores
que se destaca entre las producciones de la época.
Este estudio se enfoca en la revista en tanto objeto poseedor de una “materialidad y
visualidad propia” (Artundo, 2008: 10) en el que se evidencian las marcas reconocibles
de un proyecto intelectual potente, capaz de articular ideas e iniciativas provenientes del
movimiento pedagógico escolanovista con manifestaciones estéticas innovadoras del
campo artístico local.
Palabras clave: arte, pedagogía, vanguardia, revista, ilustraciones.
Abstract
In this work we propose to investigate the unique articulation produced between avantgarde artistic and pedagogical expressions evidenced in the series of Quid Novi
magazines, published between 1932 and 1934 by the Associations of Parents and Exstudents of the Escuela Normal Superior N °2 of the city of Rosario (Santa Fe,
Argentina). The publication, advertised as a journal of "pedagogy, literature, science
and art," offered writings by renowned intellectuals and pedagogues as well as
reproductions of drawings and engravings by artists of the city. Quid Novi? It also had a
careful aesthetic of modernist court and a quality of color printing that stands out among
the productions of the time.
Our study focuses on the magazine as an object possessor of “own materiality and
visuality" (Artundo, 2008: 10) in which the recognizable marks of a powerful
intellectual project are perceived capable of articulating ideas and initiatives coming
from the pedagogical movement Escolanovista with innovative aesthetic manifestations
of the local artistic field.
Keywords: art, pedagogy, avant-garde, Rosario, magazine, images.
1

�I	Jornadas	Internacionales	de	Estudios	sobre	Revistas	Culturales	Latinoamericanas	

FICCIONES	METROPOLITANAS	
Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	
Modernización cultural y renovación pedagógica1
En las décadas del veinte y del treinta del siglo XX se produce en la Argentina un
proceso de modernización cultural cuyo mayor impacto se observa en las ciudades. Este
proceso se caracteriza, entre otras cosas, por el surgimiento y consolidación de las
vanguardias estéticas, el creciente desarrollo del mercado editorial, la consolidación de
las agencias de regulación y legitimación del arte y la cultura (Sarlo, 1988; Schwartz,
1993).
En la ciudad de Rosario –urbe del interior del país de gran desarrollo económico y
cultural- se crearon y afianzaron durante esos años buena parte de las instituciones
vinculadas al arte y la cultura2. Se desarrollaron, asimismo, experiencias educativas que
plasmaron ideas pedagógicas renovadoras vinculadas al movimiento escolanovista3.
Algunas de estas experiencias lograron articular de modo singular los campos de la
cultura, el arte y la pedagogía. Son ejemplos de esta conjunción, las propuestas
inspiradas en el ideario escolanovista impulsadas por Dolores Dabat en la Escuela
Normal N° 2 y por Olga Cossettini en la Escuela N° 69 “Dr. Gabriel Carrasco”, ambas
instituciones educativas de la ciudad de Rosario. En dichas experiencias se puede
observar que, junto a las innovaciones pedagógicas, ocuparon lugares centrales las
manifestaciones culturales y las expresiones estéticas de vanguardia4.
En el marco de una de estas experiencias, acontecida en la escuela normal dirigida por
Dabat, comenzó a publicarse la revista Quid Novi? que analizamos en este estudio.
La revista Quid Novi?
En 1932 las Asociaciones de Padres y de Ex–alumnas de la Escuela Normal N° 2
iniciaron la publicación de la revista Quid Novi? La dirección general le correspondió a
1

El trabajo es parte de las investigaciones “Campo pedagógico y modernización cultural en la ciudad de
Rosario (1920 – 1940)”, desarrollada entre 2013 y 2016, y “Arte, pedagogía y cultura en ciudad de
rosario (1930 - 1950)”, radicadas en la Secretaría de Ciencia y Tecnología, Facultad de Humanidades y
artes, Universidad Nacional de Rosario.
2
En estas décadas en la ciudad de Rosario se formalizaron los espacios públicos de difusión artística,
entre los que se destaca el Museo “Juan B. Castagnino”, que empieza a funcionar en 1937 bajo la
dirección del reconocido arquitecto Hilarión Hernández Larguía con el artista Julio Vanzo como
secretario. Poco antes, en 1918, había iniciado su labor la sede local de la galería de arte Witcomb, filial
de la galería porteña del mismo nombre, en 1913 se crea la Biblioteca Argentina, dirigida en sus primeros
años por Juan Álvarez. También comenzaron a circular numerosas publicaciones periodísticas, artísticas y
políticas entre las que destacamos, como ejemplos, la revista “Monos y Monadas” y la revista “El
Círculo” (Álvarez, 1998; Mikielevich, 1972; Fernández, 2010).
3
El movimiento escolanovista, si bien tenían su origen en Europa y Norteamérica, asumió en la
Argentina una fisonomía propia, insertándose en una trama histórica particular delineada por el modelo
pedagógico normalista y estableciendo, al mismo tiempo, posiciones disidentes y alternativas (Puiggrós,
1992; Carli, 1992). Los principios de la escuela activa comienzan a difundirse en el país a través de
revistas de educación (El Monitor de la Educación Común, La Obra, Nueva Era).
4
Las iniciativas pedagógicas innovadoras que se desarrollaron en la provincia de Santa Fe en la década
del 30 fueron impulsadas, entre otros factores, por la sanción de la Ley provincial de “Educación Común,
Normal y Especial” N° 2364 en 1934 que avaló y respaldó legalmente ‘una enseñanza conforme a
métodos activos’, contemplando actividades recreativas y estéticas, juegos, deportes, cantos, música y
declamación.
2

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FICCIONES	METROPOLITANAS	
Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
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Dolores Dabat, quien por esos años era, además, directora del establecimiento
educacional5. A cargo de la dirección artística se encontraba el pintor Julio Vanzo. Con
él colaboraron otros artistas plásticos locales como Ricardo Warecki y Lelia
Echezarreta.
El nombre elegido por los editores para la revista indica que dar cabida a la novedad -al
presente, a lo actual- era la clave de la publicación. La apertura de criterios y el
antidogmatismo se enunciaban como principios, la expansión de la cultura era el
propósito que se esperaba alcanzar. El primer número explicaba a los lectores las
razones de esta elección del siguiente modo:
Iniciamos nuestra labor con el saludo común entre los camaradas latinos. “¿Qué
hay de nuevo?” es la frase con que se abordaban los amigos de la antigua Roma.
Expresión de amistad, lo es también de inquietud, de curiosidad, de deseo de
aprender (…) No enunciamos programas; nuestra labor comprenderá todo aquello
que esté a nuestro alcance, significando un aporte hacia la difusión y afianzamiento
de la cultura general. Sin dogmas, sin preconceptos, con los ojos del espíritu
plenamente abiertos a esta realidad maravillosa que es el panorama de la actualidad
(Quid Novi?, 1932a).

Paradójicamente, la invocación de los editores de la revista a lo nuevo se efectúa en una
lengua clásica, apelando, de este modo, al resguardo de la tradición y la historia frente a
la novedad del presente y al futuro.
Según Dabat (1935) la edición de Quid Novi? implicó la acción concurrente del “pueblo
y la escuela” y estaba orientada a satisfacer las necesidades y las exigencias de la
comunidad rosarina que merecía una obra cultural capaz de incrementar la erudición de
sus habitantes. El examen atento de las páginas de Quid Novi? permite comprobar que
el comité editorial obró en favor de alcanzar este propósito. La revista reprodujo obras
gráficas de diverso tipo, poesías y otros textos literarios; también albergó escritos de
medicina, literatura, biología, antropología, paleontología, física, derecho e historia,
entre otros.
La serie de Quid Novi? analizada consta de seis números: el primero y el segundo,
publicados en abril y julio de 1932 respectivamente; el tercero y el cuarto, publicados de
forma conjunta en diciembre de 1932; el quinto, correspondiente a julio de 1933; y el
sexto, que data de abril de 1934. Si bien en diversas fuentes se afirma que la publicación
de la revista se mantuvo hasta 1936, año en el que por razones económicas dejó de
editarse, no hemos hallado en nuestra investigación rastros de ningún número publicado
con posterioridad al sexto, de abril de 1934 (Dabat, 1935).
Se trata de una revista de formato rectangular, de 30 cm. de altura por 22 cm. de ancho,
con una encuadernación cosida y una cuidada edición gráfica, las tapas son de cartulina
flexible, las páginas interiores son de textura satinada. Cada número tiene
aproximadamente entre sesenta y setenta páginas.

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Dolores Dabat, maestra egresada de la Escuela Normal de Paraná, asume la dirección de esta escuela en
1924 y permanece en ella hasta 1940, año de su fallecimiento.
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La portada está impresa a dos tintas y posee con un grabado que, si bien asume
características de estilo similares, es diferente en cada número: un libro abierto, una
lechuza, una garza, una imagen de Ícaro, una hoja de muérdago. En la parte inferior de
la portada se especifican los datos de la publicación (fecha, número, año) y se anuncian
los tópicos de los que la publicación se ocupa: “Pedagogía – Literatura – Ciencia – Arte
– Notas varias”.

Portada de Quid Novi? correspondiente al número doble 3 y 4 (1932).

Cada número cuenta con un índice sumario que presenta el contenido. El cuerpo del
texto de estos índices se encuentra rodeado por un grabado de corte futurista que,
alternando planos oscuros con otros planos claros inclinados de modo oblicuo,
representa edificaciones de una ciudad. La misma diagramación del índice sumario se
replica en todos los números variando el color de la tinta de impresión.

Sumario del número 2, Quid Novi? (1932)

En todas las páginas interiores de la publicación se destaca el minucioso cuidado
estético. Grabados monocromos y a dos tintas, fotografías y dibujos se intercalan entre
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los textos. Casi todas las páginas de los números de la revista cuentan con alguna
imagen; aquellas que carecen de dibujos, grabados o fotografías poseen una guarda –en
general de carácter geométrico- en la parte inferior o superior de la página haciéndola
visualmente más atractiva. El texto se encuentra organizado en dos, tres o cuatro
columnas y el tamaño de la letra varía, aunque la tipografía, con excepción de los
títulos, es casi siempre la misma.
Por otra parte, numerosas publicidades comerciales ocupan las páginas de Quid Novi?,
dando cuenta de los vínculos de la institución con diversos sectores económicos de la
ciudad. Los ramos presentes en las propagandas son diversos: joyerías, cigarrillos,
vinos, librerías, etc. Se destaca la publicidad de la casa Witcomb –negocio de fotografías
y sala de arte, filial de la casa del mismo nombre de la ciudad de Buenos Aires- que era
por entonces un espacio artístico de importancia en la ciudad.

Una de las páginas de publicidades del primer número de la revista Quid Novi? (1932).
Se destaca la propaganda de la Casa Witcomb, filial de la casa del mismo nombre
de la ciudad de Buenos Aires, en la que usualmente se realizaban exposiciones artísticas

Acompañando a estos números de la revista, fueron publicados numerosos
“suplementos” durante la década del 30. Estos tenían un formato distinto, similar al de
un libro, con tapas duras, hojas en papel obra, sin imágenes ni colores, de un tamaño
aproximado de 15 cm. x 20 cm. En estas publicaciones complementarias circularon
escritos provenientes, en su gran mayoría, de conferencias dictadas en la institución por
intelectuales, pedagogos o artistas que la visitaron en esos años.
El proyecto estético de Quid Novi?
Hemos anticipado que la revista mostraba un cuidado y homogéneo diseño gráfico de
estilo modernista: las tapas de los diferentes números componen, tal como ya
mencionamos, una serie con idéntica diagramación en la que sólo cambian el color y los
motivos; la imagen que acompaña el sumario de todos los números tiene, como también
se dijo, una clara impronta futurista, seguramente diseñada por Julio Vanzo, responsable
de la dirección artística; además, en cada página de la revista, intercalada entre artículos,
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cuentos o poesías, aparece alguna ilustración, una fotografía o, al menos, una guarda
geométrica.
Esta articulación entre texto e imagen constituyó, sin dudas, una opción editorial y una
elección estética que requieren particular atención en nuestro estudio. El conjunto de
ilustraciones elaboradas especialmente para la revista por diferentes artistas de la ciudad
formaba parte de un programa artístico y cultural más extenso que, como veremos en el
siguiente apartado, implicó numerosas acciones tendientes a favorecer el desarrollo
cultural de la ciudad.
En ese contexto, la revista funcionó como una “galería” impresa de obras de artistas
locales, sentando una posición definida en el campo del arte, contribuyendo a la
difusión y legitimación de nuevos paradigmas artísticos. Las ilustraciones proponían un
nuevo registro de gusto artístico, desplazando otros más tradicionales y conservadores,
desarrollando un itinerario para la educación de la mirada del público lector.
Obviamente, la dirección artística de la revista a cargo de Julio Vanzo fue clave para
definir el programa estético-editorial de Quid Novi? Al respecto, cabe señalar que
Vanzo no era solamente un ilustrador gráfico, era un reconocido artista plástico de la
ciudad. Sus primeras producciones en la década del veinte se caracterizaron por su
impronta modernista, acrecentada en contacto con las vanguardias locales en los treinta.
Según afirma Córdova Iturburu (1978: 110), “Julio Vanzo es el introductor en la
plástica rosarina, en la década de los años veinte, de la problemática y de las soluciones
de los movimientos renovadores del primer cuarto de siglo”. Por otra parte, el mismo
Vanzo ilustró otras publicaciones de circulación local, entre las que se destaca la
segunda etapa de “Monos y Monadas”, editada entre 1934 y 1936 (Mouguelar, 2013).
En Quid Novi? las ilustraciones realizadas por Vanzo presentan formas estilizadas y
geometrizadas, con fuertes contrastes de color y de valor, abundantes planos
segmentados y yuxtapuestos con escasos efectos de volumen. Son imágenes que asumen
una función estética, introduciendo sentidos que no se encuentran presentes en el texto
escrito; imágenes que no tienen por finalidad acompañar mansamente la escritura, sino
que pretenden avanzar más allá de ella.

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Página interior de Quid Novi?: Ilustración de la obra de teatro “La Delfina de Ramírez”
de la autora entrerriana Argentina Martínez Soler, realizada por Julio Vanzo para el número doble (3 y 4)
de la revista Quid Novi? (1932). Figuras geometrizadas en magenta y negro, logradas con planos
homogéneos de color.
Ilustración de la poesía “Los siete reyes del mundo” de Ricardo Rojas, realizada por Julio Vanzo
para el número 5 de la revista Quid Novi? (1933).
En esta obra de Vanzo se aprecian la estilización de las formas y el movimiento de las líneas que
componen las figuras. Los tintes predominantes son el azul y el negro, con matices de grises.

Asimismo, podemos decir que los artistas que ilustraban la revista tenían un estrecho
contacto con la institución escolar y con las ideas pedagógicas que circulaban por
entonces en ella, auspiciadas y difundidas desde la revista. El propio Vanzo, además de
dirigir artísticamente la revista, diseñó el emblema de la escuela: un círculo que posee
en la base un libro abierto y detrás de este, elevándose hacia arriba, un árbol.
Otro de los artistas locales que se desempeñó como ilustrador en Quid Novi? fue
Ricardo Warecki, quien en la imagen que realiza para el artículo “La escuela activa y
los practicantes de la escuela normal” demuestra su conocimiento de las debates
pedagógicos de la época: una escena de enseñanza debajo de la cual aparecen
desmoronándose un ábaco y un reloj de arena, aludiendo a las transformaciones que se
están produciendo en la educación (Quid Novi?, 1932a). Otras ilustraciones de Warecki
-grabador, periodista y crítico de arte- en la revista son más complejas, con mayor
número de elementos visuales, con un predominio de la línea curva.

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Página interior de Quid Novi?: artículo “La escuela activa y los practicantes de la Escuela Normal” de A.
F. Astiz de Koegel, con ilustración realizada por Ricardo Warecki (Quid Novi?, núm. 1, 1932).
La imagen de Warecki sintetiza el debate pedagógico vigente entre los enfoques conservadores y las
nuevas pedagogías: el haz de luz que emana de la figura femenina ilumina al joven, generando la caída de
objetos asociados a la enseñanza tradicional.

Las ilustraciones de Lelia Echezarreta son de corte naturalista y figurativo: plantas con
hojas y flores en las que se observan nítidamente todos los detalles, insectos, animales
de diversa índole, etc. Estas imágenes acompañan, en general, los escritos científicos,
complementándolos con minuciosas representaciones. Se trata de ilustraciones de valor
documental y pedagógico, que se encuentran subordinadas al texto, lo amplían,
extienden su alcance descriptivo.
Lelia Echezarreta fue una de las pocas mujeres artistas que alcanzó alguna visibilidad en
la ciudad de Rosario en este período. Llegó a escuela en la década del veinte para dictar
un curso de dibujo, fue docente del Instituto Social de la UNL que funcionó allí y, más
tarde, del Profesorado de Dibujo creado en la institución en 19356. Echezarreta se
especializaba, como puede observarse en numerosas ilustraciones, en “dibujo botánico”;
dibujo acerca del que señala lúcidamente Dabat fue “algo más, fue un documento”:
[…] las imágenes confiadas al recuerdo y la estructura de los vegetales a ojo
desnudo o a través de lupas o del microscopio se fueron aclarando y “rectificando”
y se trasladaron al papel en rasgos o en colores como expresión de una verdad
científica a la que –por añadidura– acompañaba una belleza de ejecución
inesperada (Dabat, 1935: 321).

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La figura de Echezarreta se asocia a la del Arq. Ángel Guido, hermano de Alfredo Guido, puesto que
este estuvo al frente del profesorado de Dibujo, creado en la Escuela Normal 2 de la ciudad de Rosario en
1935, desde sus inicios, impulsando su traslado al nivel universitario a fines de la década del 40. Allí
Echezarreta se desempeñó como docente. Vale decir que, además, Echezarreta participó de exposiciones
realizadas en la ciudad de Rosario por el Grupo Nexus en 1926 y 1927 y de salones organizados por la
agrupación Refugio durante la década del 30 (Armando, 2011).
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Echezarreta fue también ilustradora de publicaciones especializadas del naturalista
francés Jean Henry Fabre, una de ellas exhibida en 1927 en el IV Salón del Museo Rosa
Galisteo de Rodríguez de la ciudad de Santa Fe.

Ilustración del artículo “El aguaribay” de Dolores Dabat, efectuada por Lelia Echezarreta para el número
1 de la revista Quid Novi? (1932). De carácter naturalista, en colores variados. La imagen es acompañada
por números ubicados junto a las diferentes partes de la planta para facilitar la localización de las
referencias que se encuentran debajo.

Además de ilustraciones realizadas por artistas y dibujantes, la revista ofrece numerosas
fotografías. Algunas de ellas son retratos de los autores de los textos que se publican, o
de personas a las que se hace referencia. Otras son instantáneas de la vida escolar –del
Normal N° 2 o de otras experiencias educativas- que informan sobre modos no
tradicionales de organización del espacio y de las actividades educacionales.
En general, estas fotografías enriquecen gráficamente los textos escritos, tornando más
convincente su contenido, aunque en ciertos casos ponen en evidencia contradicciones,
produciendo bifurcaciones de sentido (Szir, 2009). A propósito de esto último, llama la
atención en particular una fotografía publicada en el primer número, en la que se
muestra un grupo de niñas pequeñas con guardapolvo blanco formando hileras en el
patio escolar, cuyo pie de foto dice: “no aprenderán todas lo mismo ni de la misma
manera” (Quid Novi?, 1932a). Paradójicamente, la escena escolar representada resulta
esquemática y tradicional: un grupo homogéneo, en idéntica postura y vestimenta
similar. En este caso, el discurso visual contradice o, al menos, interroga aquello que el
pie de foto intenta sostener como principio proveniente de la Nueva Escuela.

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Los tópicos en Quid Novi?: un proyecto intelectual y pedagógico
La variedad de los temas presentes en la revista revela la estrecha articulación entre los
campos cultural, científico, estético y pedagógico que hemos anticipado, así como la
heterogeneidad de autores y producciones que ella comprendía.
Uno de los asuntos recurrentes en los artículos publicados en Quid Novi? es el
conformado por las nuevas pedagogías escolanovistas, a las que adscribía
explícitamente el proyecto escolar liderado por Dabat. El primer número de Quid Novi?
presenta un artículo titulado “La escuela activa y los practicantes de la Escuela
Normal”, verdadero alegato en favor de la incorporación de experiencias originadas en
las ideas de la escuela activa en las prácticas de la formación del magisterio: “A nuestro
criterio la Escuela Normal no puede permanecer estática viendo pasar a su lado esas
fuerzas incontenibles ya del espíritu nuevo en la educación” (Quid Novi?, 1932a). En el
segundo número se publica una experiencia innovadora local “Ensayos en la Escuela N°
56 Almafuerte” y un homenaje a Clotilde Guillén de Rezzano –impulsora del
escolanovismo en el país- con motivo de su jubilación. Los números tercero y cuarto se
inician con el texto “Nuestro tributo al maestro Decroly”, en alusión al pedagogo belga
perteneciente al movimiento europeo de la Educación Nueva. El quinto número presenta
un trabajo denominado “La escuela del hacer”, ilustrado con fotografías de niños
realizando actividades escolares al aire libre, remitidas por Ángel Guido especialmente
para la revista. El último número de nuestra serie incluye el artículo “El ensayo de
Escuela Serena de la Escuela Normal de Rafaela”, firmado por la pedagoga Celia Ortiz
de Montoya y referido a la primera experiencia escolanovista desarrollada por Olga
Cossettini, junto a Amanda Arias, en la provincia de Santa Fe.
La revista incluye además escritos pedagógicos de figuras locales relevantes, aunque
ajenas a las ideas de la Escuela Nueva, tales como Antonio Sagarna, quien estuvo a
cargo de la cartera educativa en el ámbito nacional, y el pedagogo normalista Víctor
Mercante, entre otros.
En algunos artículos se hacen visibles las claves de la modernización de la sociedad y la
cultura que se consolidan por esos años: a modo de ejemplo, mencionamos un escrito de
Julio Alizón, “Importancia de la cinematografía educativa”, aparecido en el primer
número de 1932. En ese texto el autor aboga firmemente por la inclusión de las
proyecciones fílmicas en la enseñanza y por la formación de los maestros en actividades
de este tipo que, según expresa, acercarían la realidad a la escuela, tal como postula el
escolanovismo: “La técnica (...) hizo del cinematógrafo la maravilla que admiramos (...)
ensanchando al infinito nuestras posibilidades de saber” (Quid Novi?, 1932a). En
sintonía con esta afirmación, un collage futurista de fotografías en blanco y negro
completa la página de la revista.
Otro tópico que se reitera en los artículos de Quid Novi? es el de la enseñanza de las
artes en general y del dibujo en particular, evidenciando la importancia otorgada por la
revista a la educación estética. En el primer número, la propia Dolores Dabat aparece
como autora del escrito “La enseñanza del dibujo en las escuelas primarias de Chile” en
el que analiza las obras infantiles pertenecientes a una exposición de trabajos de niños
de ese país que pasó por la Escuela Normal. Guido Buffo, original arquitecto, docente y
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artista, es autor de dos artículos publicados en números posteriores: “El dibujo en
relación con los temperamentos” (Quid Novi?, 1932c) y “El valor de la enseñanza del
dibujo” (Quid Novi?, 1933). El número seis incluye “El arte deshumanizado”, de Hugo
Calzetti, en el que se analiza el progresivo alejamiento entre lo humano y las artes
plásticas, asociado a la deshumanización de la vida moderna en general.
Una buena parte de los artículos se inscribe en el terreno de las ciencias, dando cuenta
de otro tema de interés central para los editores de la revista: “El problema de la
población” (Quid Novi?, 1932a); “Los estrigiformes” (Quid Novi?, 1932b); “La raza
sudamericana de Lagoa Santa y las migraciones malayo-polinesias”, “Material
arqueológico del Departamento San Cristóbal”, “Telescopios refractarios y reflectores
astrográficos” (Quid Novi?, 1932c); “El poder de las alas”, “Las dos fundaciones de
Buenos Aires”, “Las arenas del antiguo río Paraná y la perforación de Villa Ballester”
(Quid Novi?, 1933); “Material arqueológico del Neuquén” (Quid Novi?, 1934). Son
textos descriptivos, destinados a la divulgación de contenidos científicos, algunos tienen
como autora a la propia Dolores Dabat, otros han sido escritos por especialistas locales,
como Alfredo Castellanos o Antonio Serranos.
Los artículos científicos o pedagógicos se alternan entre las páginas de la revista con
poesías o cuentos de diversos escritores: Ricardo Rojas, Álvaro Yunque, Juan Álvarez,
César Tiempo, José Pedroni, son algunos de ellos.
Un proyecto cultural para la ciudad
Ahora bien, ¿por qué organismos asociados a una escuela normal de maestras editan una
revista de tales características? La escuela en cuestión se distinguía por algunos rasgos
singulares que permiten comprender la trama institucional, social y cultural que da
origen a esta publicación.
La Escuela Normal N° 2, fundada en 1910, fue la segunda de su tipo en la ciudad y
estaba destinada a la preparación de maestras para la educación primaria. Ocupó desde
su creación un edificio situado en el centro geográfico y comercial de Rosario. En pocos
años, la tarea educativa y cultural desarrollada desde la escuela comenzó a destacarse en
el panorama de la ciudad. ¿Cómo logró la institución esta relevancia? Según las
investigaciones histórico-educativas, la escuela fue reconocida fundamentalmente por
las experiencias escolanovistas que en ella –y a partir de ella– se realizaron;
experiencias que, sin dudas, lograron instalarla en un lugar relevante en el escenario
pedagógico de la época. De la misma manera, son reconocidas como figuras claves
dentro del movimiento de la Escuela Nueva vernácula sus primeros directores: Martín
Herrera y Dolores Dabat (Carli, 2002). Por otra parte, la visibilidad de la institución en
la ciudad y, específicamente, en el campo de la cultura local se vinculó también con la
fundación de la Universidad Popular de Rosario en 1918, cuya primera y principal sede
física se radicó en la escuela (más tarde la Universidad Popular se incorpora al Instituto
Social de la Universidad Nacional del Litoral). Esta proximidad dio origen a una
colaboración que se extendió en el tiempo, articulando a la escuela con el desarrollo de
la ciudad y su cultura.
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En la década del 30 se destaca la profusa cantidad de eventos desarrollados en la escuela
–la mayor parte organizados desde la Asociación de Ex–alumnas– que convocaron a
artistas, intelectuales y pedagogos reconocidos, tales como, Aníbal Ponce, el crítico de
arte Jorge Romero Brest, el especialista en historia del arte José León Pagano, las
poetisas Alfonsina Storni y Gabriela Mistral, los escritores Eduardo Mallea, Ramón
Gómez de la Serna, Rafael Alberti y Enrique González Tuñón, la actriz Lola
Membrives, los pedagogos Adolfo Ferriere, Ernesto Nelson, Lorenzo Luzuriaga, Juan
Mantovani y Olga Cossettini (Dabat, 1935).
Estas visitas dan cuenta de las redes que se tejían en torno a esta escuela normal entre
educadores, intelectuales y artistas, conformando un marco propicio para el desarrollo
de una publicación con las cualidades de la revista que analizamos. Es también evidente
que los responsables de la institución en esos años tenían clara conciencia del lugar
central que la escuela ocupaba en el conjunto cultural de la ciudad:
Traducir en números los actos culturales sería caer en la transcripción de cifras y
más cifras. Tómese el programa de trabajo de la ‘Asociación cultural’ o del
‘Instituto Social’, por ejemplo, y el nombre de nuestra casa aparecerá como sede de
la labor que realizan. Hojéese “La Capital” y se verá, a diario, el anuncio del acto
que se desarrollará por la tarde en nuestra casa (Dabat, 1935: 139).

En esta misma institución, y probablemente como consecuencia del intenso movimiento
cultural y artístico, en 1935 se crearon los Profesorados de Dibujo y Música, que a
mediados del siglo XX pasarían a integrar el conjunto de carreras universitarias de la
ciudad de Rosario.

Vanguardias artísticas y vanguardias pedagógicas
El lenguaje visual y el contenido de la revista la ubican fuera del estereotipo de la
publicación “típicamente escolar”: no es una revista infantil ni está destinada a un
público estrictamente vinculado a la educación, no aparecen tampoco los alumnos-niños
como protagonistas en la revista, esto es, no hay dibujos ni escritos de niños; por el
contrario, las ilustraciones son realizadas por artistas, los textos son escritos por
especialistas. Los destinatarios -el público lector de Quid Novi?- excedían el ámbito de
la escuela. La revista, sin dudas, aspiraba a impactar en el escenario cultural de la
ciudad de Rosario y, tal vez, del país.
En este sentido, resulta pertinente transcribir algunos de los comentarios y críticas,
provenientes de destacados medios gráficos, obtenidos por el primer número de la
revista y publicados en el segundo, que dan cuenta del efecto producido por la revista en
la ciudad y en el país. El diario La Capital, de la ciudad de Rosario, afirmaba:
Una presentación esmeradísima, que habla muy alto de las dotes artísticas de la
dirección, ilustraciones y decoraciones de un refinado buen gusto, material inédito
seleccionado con excelente criterio y distribuido en forma harto inteligente, hacen
de este número que comentamos toda una revelación para la ciudad (Diario La
Capital, Rosario, 21 de junio de 1932, en Quid Novi?, 1932b).
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El diario La Prensa expresaba:
El primer número llama la atención por su orientación educadora, por el caudal de
buena lectura y por su artística y lujosa presentación, en la cual han colaborado artistas
rosarinos de prestigio tales como Lelia Echezarreta, Miller, Warecki y Julio Vanzo
(Diario La prensa, 27 de junio de 1932, en Quid Novi?, 1932b).

La revista Nosotros manifestaba al respecto lo siguiente:
No es un periódico “escolar” de tantos, sino una revista muy amplia de pedagogía,
literatura y actualidades, elegantemente presentada, ilustrada con arte e impresa
nítidamente en papel satinado, quizás demasiado bueno para los días que corren
(Revista Nosotros, Junio 1932, en Quid Novi?, 1932b).

De este modo, Quid Novi? constituye una publicación acorde al conjunto de la prensa
escrita de la época, reflejando las intensas transformaciones de la sociedad y de la
cultura de la ciudad y del país. Las opciones estéticas y conceptuales que la revista
evidencia son muy definidas, precisas, sin ambigüedades: se inscribe en el terreno del
modernismo estético y de las innovaciones pedagógicas. La elaborada producción
gráfica pretende –y logra- establecer vínculos explícitos entre las producciones del
campo artístico y las tensiones de la cultura escolar. La revista desarrolla un discurso
visual consecuente con las últimas expresiones del arte local, al tiempo que se inscribe
en el debate del campo pedagógico de la época tomando partido por la escuela activa.
Finalmente, es posible afirmar que la revista Quid Novi? conjugó intereses pedagógicos,
científicos y artísticos y convocó a referentes de estos campos a participar de sus
páginas, configurando un territorio singular de intersecciones entre la educación, el arte
y la cultura y desplegando en sus páginas un proyecto intelectual, pedagógico y artístico
de vanguardia.

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�I	Jornadas	Internacionales	de	Estudios	sobre	Revistas	Culturales	Latinoamericanas	

FICCIONES	METROPOLITANAS	
Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>VANGUARDIAS ARTÍSTICAS Y VANGUARDIAS PEDAGÓGICAS. ANÁLISIS DE LA REVISTA QUID NOVI? (ROSARIO, 1932 – 1934)</text>
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                <text>El objeto revista. Escuelas y espacios de formación</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Arte – pedagogía – vanguardia – revista - ilustraciones</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Art – pedagogy - avant-garde – Rosario – magazine – images</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este trabajo indagamos la singular articulación producida entre expresiones de vanguardia artísticas y pedagógicas evidenciadas en la serie de revistas Quid Novi? Estas revistas fueron publicadas entre 1932 y 1934 por asociaciones vinculadas a la Escuela Normal Superior N° 2 de la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe, Argentina). La publicación se anunciada como revista de “pedagogía, literatura, ciencia y arte”, ofreciendo escritos de intelectuales y pedagogos reconocidos así como reproducciones de dibujos y grabados de artistas de la ciudad. Quid Novi? presentaba, además, una cuidada estética de corte modernista y una calidad de impresión en colores que se destaca entre las producciones de la época.&amp;nbsp; Este estudio se enfoca en la revista en tanto objeto poseedor de una “materialidad y visualidad propia” (Artundo, 2008: 10) en el que se evidencian las marcas reconocibles de un proyecto intelectual potente, capaz de articular ideas e iniciativas provenientes del movimiento pedagógico escolanovista con manifestaciones estéticas innovadoras del campo artístico local.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;In this work we propose to investigate the unique articulation produced between avantgarde artistic and pedagogical expressions evidenced in the series of Quid Novi magazines, published between 1932 and 1934 by the Associations of Parents and Exstudents of the Escuela Normal Superior N °2 of the city of Rosario (Santa Fe, Argentina). The publication, advertised as a journal of "pedagogy, literature, science and art," offered writings by renowned intellectuals and pedagogues as well as reproductions of drawings and engravings by artists of the city. Quid Novi? It also had a careful aesthetic of modernist court and a quality of color printing that stands out among the productions of the time.&amp;nbsp; Our study focuses on the magazine as an object possessor of “own materiality and visuality" (Artundo, 2008: 10) in which the recognizable marks of a powerful intellectual project are perceived capable of articulating ideas and initiatives coming from the pedagogical movement Escolanovista with innovative aesthetic manifestations of the local artistic field.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;María del Carmen Fernández&amp;nbsp;&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNR‐ FHyA – Rosario</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Gabriela D’Ascanio&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNR ‐ FHyA/CONICET – Rosario</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Elisa Welti&amp;nbsp;&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNR‐ FHyA – Rosario</text>
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FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

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REVISTAS E INSTITUCIONES ARTÍSTICAS EN LAS PROVINCIAS. Los casos
de Ángulo (Salta) y Calíbar (La Rioja)
Dr. Pablo Fasce
(CONICET/IIPC TAREA-UNSAM/UBA)

Resumen:
En el siguiente trabajo analizaremos dos revistas culturales que circularon en dos
provincias argentinas entre las décadas de 1940 y 1950: Ángulo, de Salta, y Calíbar, de
La Rioja. Ambas fueron creadas por agrupaciones de artistas plásticos y escritores con
la intención de establecer redes por dentro y fuera de sus provincias y consolidar sus
campos artísticos. A lo largo del texto reconstruiremos sus contextos de creación,
analizaremos el contenido de sus páginas e identificaremos sus principales ideas
estéticas. Tanto Ángulo como Calíbar funcionaron como plataformas que posibilitaron
el acceso de ambos grupos a posiciones centrales del campo de cada provincia, lo que a
su vez les permitió concretar dos ansiados proyectos institucionales: la creación de la
Escuela de Bellas Artes “Tomás Cabrera” en Salta y la apertura del Museo Municipal de
Bellas Artes “Octavio de la Colina” en La Rioja.
Palabras clave: Instituciones, modernidad, provincias, arte argentino.
Abstract:
In this text we will analyze two cultural magazines created in two Argentinian
provinces during the 1940 and 1950 decades: Ángulo, from Salta, and Calíbar, from La
Rioja. Both of them were created by groups of artists and writers that intended to
establish networks and bonds inside and out of their provinces and to consolidate their
artistic fields. Throughout the text we will reconstruct their contexts of creation, we will
analyze the content of their pages and recognize their main aesthetic ideas. Both Ángulo
and Calíbar functioned as platforms that enabled the access of both groups to central
positions on their artistic fields, wich also allowed them to carry out two long-sought
institutional projects: the creation of the Fine Arts School “Tomás Cabrera” in Salta and
the opening of the Municipal Museum of Fine Arts “Octavio de la Colina” in La Rioja.
Keywords: Institutions, modernity, provinces, Argentinian art.

Las revistas culturales forman parte de tramas que exceden sus límites materiales. Los
discursos e imágenes que portan establecen relaciones dialógicas con el contexto
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inmediato y las tradiciones que las anteceden, reproduciendo la hegemonía o
construyendo una posición disruptiva que busca reconfigurar las posiciones de los
agentes en la disputa por el capital simbólico. Si esto es así en los grandes centros
metropolitanos, en las revistas de circulación provincial esta premisa resulta central a la
hora de analizarlas: en muchas ocasiones estos proyectos editoriales funcionaron como
plataformas de visibilidad para agrupaciones que construyeron vínculos y espacios de
poder a través de ellas. Para poder comprenderlas es necesario realizar una lectura entre
líneas que devele las redes que se tejen alrededor de sus páginas.
En esta ponencia indagaré dos revistas de artes y letras producidas en provincias del
noroeste argentino: Ángulo, publicada en la ciudad de Salta, y Calíbar, oriunda de La
Rioja. Ambas tienen varios aspectos en común. Una existencia breve y la materialidad
austera son las características más evidentes; pero además, ambas fueron utilizadas
como instancias propositivas por parte de agrupaciones cuyos objetivos giraban en torno
a la modernización del campo artístico 1 en espacios en donde los proyectos
institucionales habían demostrado debilidades que impedían su consolidación. Así,
varias preguntas guiarán mi mirada a la hora de aproximarme a ellas: ¿Cuál era su
mirada de la situación del campo local? ¿Qué posición construyeron y de qué modo se
distanciaron de sus antecesores? ¿Qué lugar ocupan las tradiciones y las instituciones en
sus proyectos estéticos?

Ángulo y la renovación de la escena plástica salteña
La revista Ángulo hizo su primera aparición en junio de 1945 en la ciudad de Salta.
Dirigida por el escritor Manuel Castilla y los artistas plásticos Carlos García Bes y Raúl
Brie, tuvo un total de dieciocho números, cuya frecuencia de aparición comenzó siendo
mensual aproximadamente hasta la entrega 15, en la que la fecha de edición dejó de
salir impresa 2; la última aparición de la revista fue en 1947 (posiblemente en diciembre,
dada la temática navideña del contenido). La materialidad de Ángulo coincide con su
autodefinición como “boletín”: de formato pequeño y sobrio, cada uno de sus números
tiene cuatro folios (puesto se trata de una sola hoja con un pliegue). La mayor
proporción de sus páginas está dominada por textos de tipografías sencillas y sin
ornamentos ni elementos decorativos. Salvo algunas excepciones la revista no contiene
imágenes; la única marca gráfica que siempre se repite es el nombre de la publicación,
en color y con una tipografía de curvas y aristas pronunciadas, encabezando cada uno de
los números (Fig. 1).

1

Me refiero aquí al clásico concepto de Pierre Bourdieu, definido como una porción del entramado
simbólico total (al que denomina “espacio social”) en el que un grupo de actores asumen posiciones de
disputa alrededor de un capital específico (Bourdieu, 1992).
2
La biblioteca J. Armando Caro, ubicada en la localidad salteña de Cerrillos, es el único repositorio en el
que pude encontrar una colección de la revista. Si bien está casi completa, desafortunadamente no posee
los números 7 y 14.
2

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Portada de la revista Ángulo, nº1, Salta, Junio de 1945. Biblioteca Armando J. Caro.

Si bien se presentaba como un boletín de literatura, música y pintura, también incluyó al
teatro y la estética filosófica.
Ángulo se presentó como una plataforma de discusión y difusión de las propuestas que
en ese momento estaban renovando la escena artística de Salta y el noroeste, desde una
perspectiva asociable a la de los lenguajes e ideas de vanguardia que habían comenzado
a expandirse por el país a partir de la década de 1920 pero que aún no habían logrado
irrumpir en esa provincia. El primer número de la revista abre con un texto de retórica
próxima al género del manifiesto, donde los miembros del grupo realizan una suerte de
declaración de intenciones:
ÁNGULO, sencilla pero no humildemente, trasunta la inquietud del artista
nuevo. Será una ventana abierta a los cuatro vientos del arte (…) ÁNGULO no
hará cuestión de círculos, pero sí de calidades. Estará con la belleza sea ella de
hoy o de ayer, porque la belleza no tiene tiempo. Tiene sí, una ubicación en la
sensibilidad de la época. 3

De este modo, al proponer a la calidad como el criterio más relevante, los editores
plantean tácitamente la ruptura con la situación de un campo artístico al que vienen a
dinamizar. Aunque el manifestarse a favor de la belleza “de hoy o de ayer” los pone en
un plano de indefinición, esta situación queda atrás rápidamente en cuanto identifican a
sus contrincantes:
ÁNGULO combatirá lo fácil, lo intrascendente y lo pintoresco dentro del campo
artístico (…) Para nosotros el arte no tiene fronteras y el hombre nos interesa no
por lo que tiene de folklórico, sino por lo que significa artísticamente como
producto de la naturaleza, como hombre en sí (…) Estamos con la época, porque
somos su producto inmediato, su pulso. 4

3
4

Ángulo, Salta, nº1, junio de 1945.
Ibid.
3

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De este modo, la revista se distancia de las definiciones regionalistas de lo estético que
la antecedieron. En el terreno de la plástica, esto implicaba contraponerse a un tipo de
pintura y escultura a la que los estudios han denominado en ocasiones como
“nativismo”: con un alto grado de visibilidad a lo largo de todo el siglo XX, estas obras
se centraban en la representación del paisaje y los tipos regionales, que eran vistos como
los temas centrales de un “arte nacional” por construir 5. En Salta esta tendencia había
estado representada por artistas como Guillermo Usandivaras, Agustín Hoyos y
Mariano Coll, activos en la provincia desde al menos dos décadas antes de la llegada de
la revista y que, de acuerdo a Luna de la Cruz, eran ejemplos de un tipo de artista
“notable”, que ejercía la actividad de manera pasatista (De la Cruz, 2011). Lejos de lo
“pintoresco” y lo “folklórico”, Ángulo asume al presente como lugar de enunciación al
reconocerse como su producto: una posición que, en términos de Frederic Jameson,
forma parte de la modernidad en tanto categoría narrativa (Jameson, 2002). La primera
página del número cuatro reproduce un dibujo de Raúl Brie al que podemos entender
como una suerte de traducción visual de la propuesta (Fig. 2).

Fig. 2: Dibujo de Raúl Brie reproducido en la portada de la revista Ángulo,
nº4, Salta, octubre de 1945. Biblitoeca Armando J. Caro

Un plano inclinado que asemeja una mesa y un marco que podría indicar una ventana
enmarcan un conjunto de líneas y formas tanto geométricas como orgánicas que se
suceden en distintos planos de profundidad, a modo de paisaje abstracto; al pie de la
imagen, la inscripción “Cafayate, septiembre de 1945” es la única referencia que ancla
al dibujo a un lugar y un momento.
Si bien el universo de manifestaciones artísticas que abarca Ángulo es amplio, pueden
reconocerse ciertas regularidades en el tipo de contribuciones que publicó. La literatura
(y más específicamente, la poesía) fue la disciplina que ocupó más espacio, lo que
resulta llamativo considerando que dos de sus directores eran pintores, aunque esto
5

Si bien el fenómeno de la pintura nativista es muy complejo como para poder ofrecer una síntesis aquí,
la investigación de Roberto Amigo puede ofrecer un panorama abarcador del tema en su multiplicidad de
variantes. Ver: (Amigo, 2014).
4

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posiblemente se explique por el hecho de que seguramente sería más sencillo imprimir
textos originales antes que incluir dibujos o reproducciones de obras. La revista no solo
publicó a autores salteños, sino que también incluyó nombres del resto del noroeste, de
Buenos Aires y de Bolivia, lo que puede ser tomado como evidencia de la intención del
grupo de trascender las fronteras provinciales y regionales para construir una
comunidad artística de mayor escala 6. No obstante, Ángulo también logró congregar a
algunas de las voces más legitimadas de las letras norteñas, visibles en las
contribuciones de Jaime Dávalos y Juan Alfonso Carrizo 7. En una segunda instancia
pueden contarse los ensayos de estética, que abordan temas de crítica literaria 8,
musicología 9 y reflexiones sobre el teatro 10; todos estos textos plantean el problema de
la modernización de los lenguajes de sus disciplinas artísticas, lo cual demuestra la
concordancia entre los autores y los lineamientos del texto que abre el primer número.
Si bien las artes plásticas ocupan un lugar relativamente menor, sus apariciones son
significativas. Los primeros dos números contienen una serie de notas y reseñas sobre
exposiciones organizadas por la asociación Amigos del Arte, una institución creada en
1936 por varios de los artistas y gestores activos desde la década anterior que se habían
congregado para suplir la carencia de apoyo estatal en el ámbito de la cultura 11. Las
notas destacan especialmente a las exposiciones de Gertrudis Chale, Héctor Julio Párido
Bernabó (conocido como Carybé), Victor Rebuffo, Juan Carlos Castagnino y Clement
Moreau, artistas vinculados a las experiencias de vanguardia que irrumpieron en el país
a partir de la década de 1920; el lugar de privilegio que Ángulo les otorgó no solo
resaltó su pasaje por la provincia, sino que también construyó desde el discurso una
comunidad de sensibilidades. Chale y Carybé son los que recibieron mayor atención,
dado que las reseñas de sus exposiciones fueron los artículos centrales de los dos
primeros números de la revista 12. Esto no es casual: ambos se habían conocido con Brie
en Buenos Aires y viajaron con él a Salta, donde confluyeron con el resto de los artistas
del grupo y junto con ellos recorrieron la zona del Chaco salteño en varias ocasiones
(De la Cruz, 2011). Además, Chale y Carybé también contribuyeron con Ángulo: un
6

Además de los poetas y escritores salteños, Ángulo recibió contribuciones de Marcos Silva Sangines (La
Paz), Libertad Demitropulos (Ledesma), Joaquín Giannuzi (Buenos Aires), Nicandro Pereyra (Tucumán),
Raúl Araoz Anzotaegui (Buenos Aires), Antonio Ávila Jimenez (La Paz), Octavio Campero Echazú
(Tarija), María Elvira Juárez (Tucumán), Otero Pizarro (Córdoba), Clementina Rosa Quenel (Santiago del
Estero), Joaquín Guianuzzi (La Plata).
7
El número 15 de la revista contiene tres poemas de Dávalos, que eran presentados como adelanto del
libro que el grupo Ángulo le publicaría. En el mismo número también se encuentra un poema anónimo
recogido por Carrizo.
8
Libertad Demitrópulos, “Presencia de la poesía moderna”, Ángulo, Salta, nº9, marzo de 1946. “Sentido
de la nueva poesía del Norte”, Ángulo, Salta, nº11, mayo de 1946. José María Mirau, “De mística y
poesía”, Ángulo, Salta, nº16, 1947.
9
Rodrigo Montero, “La música moderna y su desconocimiento”, Ángulo, Salta, nº3, septiembre de 1945.
Oscar Camisaca, “El compositor moderno y el público”, Ángulo, Salta, nº5, noviembre de 1945. Rodrigo
Montero, “Paralelo entre la obra de Franz Kafka y el Objetivismo en la Música”, Ángulo, Salta, nº13,
julio de 1946.
10
Julio A. Pérez, “Degradación del arte”, Ángulo, Salta, nº6, diciembre de 1945.
11
Entre sus miembros se encontraba el folclorista Guillermo “pajarito” Velarde, el político y gestor
cultural Rafael P. Sosa y los artistas Guillermo Usandivaras, Mariano Coll, Dagoberto Papi y Agustín
Hoyos. Ver: (De la Cruz, 2011).
12
“La exposición de Carybé”, Ángulo, Salta, nº1, julio de 1945. Raúl Brie, “Un mundo y su pintura”,
Ángulo, Salta, nº2, agosto de 1945.
5

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dibujo de la primera fue reproducido en el número diecisiete (Fig. 3), mientas que el
otro aportó dos fragmentos de su traducción al español del libro Macunaíma del escritor
brasileño Mario de Andrade para el número diez.

Fig. 3: Dibujo de Gertrudis Chale reproducido en la portada de la revista Ángulo,
nº 17, 1947. Biblioteca Armando J. Caro

Un artículo dedicado a las artes plásticas aborda un problema que merece atención
particular. Titulado “La plástica en Salta. Los ‘prestamos’ a nuestro museo”, el texto
realiza un análisis de la situación del campo artístico de la provincia y su institución de
mayor relevancia simbólica. La posición de Ángulo respecto del desempeño de los
artistas y gestores que los precedieron es sumamente crítica:
Es que no hubo, en ningún momento, un verdadero sentido de comprensión de la
importancia del arte plástico. Tampoco existió por parte de quienes estaban
obligados a trabajar por la cultura artística, el más mínimo interés. Hoy sabemos
que no podían enseñar mucho, pero si algo. Pero es que ni ese “algo” ha sido
vertido, sobre el espíritu virgen de las nuevas generaciones. 13

La distancia con la generación de los pintores nativistas se replica en este punto en
relación a su responsabilidad en la gestación de un campo artístico para la provincia y se
extiende también a los funcionarios públicos encargados de fomentar la actividad. No
obstante, la mirada más severa no está dirigida a los agentes locales, sino a los de la
capital del país:
La culpa no puede recaer sobre los de aquí. Ellos tienen una parte de esa culpa,
pero, son los “otros” los que tienen que cargar el peso de sus desatinos. Esos
“otros” son las cabezas salientes, los dirigentes del arte en el país que tenían en
sus manos la dirección del Museo Nacional. 14

El responsable local de la creación del Museo Provincial de Bellas Artes de Salta fue
Rafael Sosa, que había sido funcionario público durante la gestión del gobernador
13
14

“La plástica en Salta. Los ‘prestamos’ a nuestro museo”, Ángulo, Salta, nº3, septiembre de 1945.
Ibid.
6

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radical Julio Cornejo y gracias a gestiones personales logró fundar la institución en
1930, aunque la intervención federal a la provincia suscitada por el golpe de Estado de
ese mismo año dejó al museo prácticamente clausurado 15. En ese momento Sosa
formaba parte de la asociación Amigos del Arte mencionada anteriormente, por lo que
resulta coherente que las críticas hacia él fueran ponderadas en esta ocasión. Los artistas
de Ángulo apuntaron a las autoridades del Museo Nacional de Bellas Artes y al sistema
de préstamo de obras que idearon en la década de 1910 como una vía de distribución del
patrimonio artístico que permitiría dar inicio a las colecciones provinciales 16:
Nuestro museo provincial, ahora resucitado, y en plena integración, se ha
formado por “prestamos” provenientes del museo Madre. La palabra
“préstamo”, escondía en su fondo un temeroso respeto. Creaba, implícitamente
la idea de que la obra “era muy valiosa” e involucraba un favor que debía
reconocerse eternamente, generando, de paso, una aureola que iluminaba a los
directores de arte de todo el país y les hacía ganar la posteridad etc.
Pero hete aquí que el Museo Nacional, a pesar de sus “arriesgados prestamos”,
no ha hecho sino zafarse de obras que -¡Vaya uno a saber por qué fueron
adquiridas!- artísticamente no poseían valor alguno. 17

De esta manera, los miembros de Ángulo no solo cuestionaban las jerarquías del campo
local, sino que también impugnaban las relaciones entre los centros metropolitanos y las
relaciones de dependencia que habían establecido con las periferias. La agrupación
señaló la necesidad de que los artistas locales tomaran las riendas en la construcción del
campo y sus instituciones; la oportunidad de participar en esta tarea se les presentaría
muy pronto.
En el año 1946 accedió a la gobernación Lucio Cornejo, hijo de Julio Cornejo y primer
mandatario peronista de la provincia. Dos años más tarde el Ministerio de Gobierno,
Justicia e Instrucción Pública presentó un plan de organización de la educación artística
sintetizado en un documento en el que se contempla la creación de una Comisión
Provincial de Cultura y un Instituto Provincial de Extensión Artística Popular, en el que
estaría nucleada la enseñanza de las distintas disciplinas y la difusión y estudio de todas
las manifestaciones estéticas 18. Entre los suplementos, el documento contiene un
proyecto elaborado por el grupo Ángulo con una serie de sugerencias para la
organización de las distintas tareas y programas de la sub comisión de Bellas Artes a
crearse, tales como la adquisición de obras para el museo, el otorgamiento de becas para
formación en la Academia Superior de Bellas Artes de la Nación y la organización de
salones y concursos de todas las disciplinas, entre otras. Desconocemos si existieron
vínculos políticos entre la agrupación y los funcionarios que facilitaran la llegada del
proyecto a la esfera del ministerio; aun así, no es arriesgado interpretar que la posición
que habían construido desde la revista les había otorgado la suficiente visibilidad para
ser considerados por parte de una gestión decidida a apoyar proyectos para la
consolidación del campo cultural y sus instituciones.
15

He abordado en un trabajo previo la gestión de Rafael Sosa en la creación del museo provincial entre
los años 1928 y 1930: (Fasce, 21016).
16
Sobre el sistema de préstamos y la creación de colecciones fundadoras, ver: (Herrera, 2012).
17
“La plástica en Salta. Los ‘prestamos’ a nuestro museo”, Ángulo, Salta, nº3, septiembre de 1945.
18
Organización de la educación artística, Ministerio de Gobierno, Justicia e Instrucción Pública, Salta,
1948.
7

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El capital específico construido por Ángulo daría su fruto un tiempo después. En 1950
se creó la ley 1191 que creó la Escuela de Bellas Artes de la Provincia; tras su
reglamentación en 1951 se designó formalmente como director a Carlos García Bes. El
llamamiento a los artistas locales que había realizado desde la revista le permitió tener
un lugar protagónico en la gestación de una institución orientada a la profesionalización
de la actividad artística; quizás por este motivo la escuela fue bautizada con el nombre
de Tomás Cabrera, pintor del período colonial residente en Salta con el que podía
comenzar una genealogía del arte local.

La revista Calíbar y la consolidación del Museo Municipal de La Rioja
El primer y único número de la revista Calíbar se publicó en la ciudad de La Rioja en
septiembre de 1954. Fue la plataforma de presentación de la agrupación homónima, que
había comenzado a formarse dos años atrás a partir de las reuniones de un grupo de
poetas y artistas plásticos, entre los que se encontraban Ariel Ferraro, Pedro Herrera,
Eloy López, Carlos Lanzilloto y Mario Aciar, entre otros. Según Luis Orecchia, la
elección del nombre tuvo lugar en 1953: de acuerdo a Sarmiento, “Calíbar” era el
nombre de uno de los hombres de Facundo Quiroga que cumplía el oficio de rastreador,
capaz de reconocer pisadas de animales y otros signos naturales en el campo para poder
ubicar y guiar a las tropas. (Orecchia, 2088: 41). La idea del guía que conoce
profundamente a su tierra fue central en el imaginario que el grupo articuló como marca
identitaria.
A primera vista la revista se parece más a un diario. Está compuesta por solo seis
páginas de papel de bajo gramaje y en formato tabloide, sin encuadernación ni tapas y
con una gran proporción de texto, distribuido en recuadros o columnas. Dos elementos
de la primera página se constituyen como cartas de presentación: el nombre Calíbar
pintado en expresivas pinceladas rojas y acompañado por la pajarita de papel (símbolo
del grupo) a modo de encabezado (Fig. 4) y el escrito titulado “Justificación y
presencia”, a medio camino entre el manifiesto y la declaración de intenciones.

Fig. 4: Encabezado de la revista Calíbar, nº1, La Rioja, septiembre de 1954.
Archivo Museo Octavio de la Colina, La Rioja
8

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En sus primeras líneas los miembros de Calíbar se sitúan en relación a su contexto,
especulando con la recepción que tendrá su propuesta:
Quizás los oráculos del Arte y del intelecto digan que somos unos osados
aventureros porque no creemos en los pedestales hechos con terrones de
elogios cambiados. A lo mejor digan que nuestra excesiva juventud nos empuja
a insolentarnos con los artistas consagrados por la opinión pública. Muchas
serán las voces de protesta y muchos los enojos. «Cabalgamos Sancho» 19

Estas afirmaciones resultan llamativas, dado que no existen registros de una agrupación
o revista dedicada a las artes que precediera a Calíbar en La Rioja. Con la excepción de
algunos artistas que se radicaron temporalmente en la provincia (como Mario Anganussi
y Víctor Cúnsolo, que la visitaron en las décadas de 1930 y 1940) y algunos nombres
locales, sabemos poco de la actividad artística en esta zona del noroeste. Más allá de las
dudas sobre el interlocutor que imaginaban, la imagen del conflicto entre “jóvenes” y
“consagrados” ya formaba parte de una estrategia típica de los escritos de vanguardia a
la hora de plantear una redefinición de las posiciones dentro del campo. En ese mismo
sentido, el texto cierra planteando la necesidad de crear un arte con identidad propia,
que pueda situar a La Rioja en un mapa cultural más amplio:
Estamos muy lejos de Buenos Aires para ser tangueros, más aún del siglo 19
para ser llorones, pero si estamos muy cerca de nuestra tierra y en pleno siglo
XX. El problema y el anhelo son los mismos en cualquier aspecto de la creación
estética. Nos ahogan los ismos y anhelamos una plenitud de autenticidad, eso es
todo. 20

Estas palabras parecerían señalar una inclinación de Calíbar hacia temas relacionados a
lo telúrico, pero esto no fue necesariamente cierto. Como mencioné antes, en la revista
predomina el texto y particularmente la poesía; posiblemente se deba a la presencia
mayoritaria de escritores en el grupo, aunque seguramente puede haber incidido el
mayor costo y complejidad de la impresión de imágenes (solamente se incluyen tres
xilografías de Mario Aciar, de espíritu próximo a la figuración del Retorno al Orden)
(Figs. 5 a 7).

Figs. 5 a 7: Xilografías de Mario Aciar reproducidas en Calíbar, nº 1, La Rioja, septiembre de 1954.
Archivo Museo Octavio de la Colina, La Rioja.

19
20

“Justificación y presencia”, Calíbar, La Rioja, año 1, nº1, septiembre de 1954, p. 1.
Ibid.
9

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Sin embargo, la posición más clara alrededor de la cuestión plástica está en la breve
pero significativa sección de crítica de exposiciones. Dos reseñas firmadas con el
seudónimo “Cirano” se encuentran agrupadas en la quinta página, como dos ejemplos
contrapuestos de lo que el grupo reprueba y lo que defiende. La primera está dedicada a
una exposición de Lidoro Barrionuevo, pintor de la generación que precedía a la de los
miembros de Calíbar y cuya pintura nativista recibe una crítica lapidaria de parte de los
jóvenes:
Nada tienen que ver esos óleos de postal con el paisaje de La Rioja. La vivencia
y la sugerencia están por encima de lo bonito y lo oficioso. Los tiempos que
corren nos enseñado [sic] que eso nada tiene que ver repetimos con la plástica de
ley, porque aquí, en La Rioja, también hay librerías donde se venden tarjetitas
coloreadas y ya lo sabemos que no hay quien pueda discutir la fidelidad
maquinística. Y todo esto viene después de apretar un botón. ¿No es así?… 21

A través de esta argumentación el grupo estableció una distancia con la tradición
nativista de la pintura de paisajes y tipos regionales que se emparentaba con el
regionalismo español y que había tenido al noroeste como uno de sus objetos
predilectos desde la época del Centenario. En contraposición, la segunda crítica se
centra en un artista plástico que será un modelo ejemplar para Calíbar. Se trata de
Miguel Dávila, en ese entonces un joven riojano que tras pasar por la experiencia del
Instituto Superior de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán (donde estudió con
Lino Enea Spilimbergo y Pompeyo Audivert) se radicó en Buenos Aires para continuar
con su carrera. La nota de Calíbar se refiere a su primera exposición individual,
realizada en 1953 en la galería Viau y en la que se pudo ver “(…) una serie de pinturas
y monocopias en las cuales campea una concepción razonada y genuina” 22. Dávila
había iniciado una vía de indagación plástica que lo llevaría a vincularse con el grupo de
la Nueva Figuración, con quienes compartiría su estancia en París a partir de la beca que
le otorgaría el Fondo Nacional de las Artes en 1961. Si bien en 1954 la carrera del
pintor recién comenzaba, el gesto de señalarlo como una joven promesa mientras se
criticaba a Barrionuevo da cuenta de la intención de Calíbar de asociarse a la renovación
de la escena de la vanguardia que estaba en pleno desarrollo a mediados de la década
del cincuenta.
El acercamiento a las posiciones modernizadoras del campo tiene su correlato en otras
facetas de la acción cultural del grupo. La ausencia de información acerca de la
actividad artística en La Rioja no solo se traduce en la falta de nombres propios, sino
también de instituciones y plataformas específicas que permitieran definir un campo. En
este sentido, en uno de los textos publicados en la revista podemos leer un indicio de la
actitud que adoptaría Calíbar en la dinámica cultural de la provincia. Titulado “363 años
de continuo trabajar”, plantea una reflexión acerca de las condiciones de la ciudad de La
Rioja a más de tres siglos de su fundación e invita a repensarla de cara al futuro:
(…) si queremos concretizar las fuerzas económicas con lo que hoy llamamos
Planificación, debe vivirse el espacio donde la técnica se confunda con el Pueblo,
con la Tierra y el Paisaje, pues consideramos, en esta hora de madurez histórica,
21

“Lidoro Barrionuevo realizó una muestra poco afortunada”, Calibar, La Rioja, año 1, nº1, septiembre
de 1954, p. 5.
22
“Miguel Dávila hizo una buena exposición en la Metrópolis”, Calibar, La Rioja, año 1, nº1, septiembre
de 1954, p. 5.
10

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que la conquista del espacio tiene que hacerla el Pueblo desde su ámbito físico,
estético e histórico, para que ese afán de poderse realizar tenga trascendencia
histórica, tenga responsabilidad cultural.
Ya no creemos en la Planificación que termina en el dibujo y en el expediente.Ya no creemos en las perspectivas dibujadas a regla y escuadra ni en la
propaganda colorística de sensaciones, pero si creemos en la perspectiva aérea o
espacial en la que el mensaje del artista es penetrado y definitivamente
dimensionado por la realidad social y telúrica del medio en que actúa, para
concretar una realidad cultural.- De lo contrario, todo lo que hagamos seguirá
teniendo sabor a cosa copiada, de revista o biblioteca o de alguna necesidad de
baja política. 23

El artículo hace un llamamiento a volver a concebir la ciudad desde una perspectiva
sensible, en la que la cultura y el arte serían elementos centrales para construir una
identidad auténtica. Es posible pensar que este proyecto de comunidad futura tenía sus
antecedentes en uno de los poetas que se había sumado a Calíbar y participaba en la
revista con un texto: Ángel María Vargas. Además de su vocación literaria, ejerció el
periodismo y la militancia política: en 1933 fundó el diario La Rioja (que se
autoproclamaba como el más leído de la provincia) y por los mismos años integró la
rama local del partido radical 24. Vargas fue un activo partícipe de la formación del
peronismo riojano. En diciembre de 1945, durante la visita de Perón a la provincia en el
marco de su campaña electoral, fue uno de los oradores que abrieron el acto en el que el
candidato se dirigió al pueblo riojano; al año siguiente asumió el rol de Ministro de
Gobierno e Instrucción de la gestión del justicialista José Francisco de la Vega, aunque
al poco tiempo dimitió del cargo por diferencias con su mandatario (Rojo, 1991).
Vargas regresó a la gestión pública en 1949, año en el que fue designado intendente de
la ciudad de La Rioja; a partir de ese momento desarrolló una serie de políticas
culturales orientadas, entre otros fines, a la gestación de un conjunto de instituciones
que consolidarían el campo de las artes plásticas. A finales del año en el que asumió el
cargo, el intendente proyectó una Galería Municipal de Arte para albergar una media
docena de pinturas que el gobierno provincial había adquirido en el Primer Salón de
Verano de Artes Plásticas que se había realizado pocos días antes 25. Al año siguiente
Vargas inició los preparativos para un nuevo salón bautizado con el nombre de Joaquín
V. González, que tendría un carácter anual y estaría abierto a artistas de todo el país y el
exterior 26; el evento se inauguró el 12 de octubre de 1950, en el marco de los festejos de
la semana de la lealtad peronista, tuvo entre el jurado y los premiados a artistas
argentinos consagrados y atrajo la atención de medios de circulación nacional 27. A
23

“363 años de continuo trabajar”, Calibar, La Rioja, año 1, nº1, septiembre de 1954, p. 6.
En la primera plana de La Rioja del día 13 de julio de 1935 aparece el retrato de Vargas, designado
como vocal del partido en la provincia, junto con el resto de sus directivos. Desconozco el momento
exacto de su enrolamiento, así como cuando se dio su salida.
25
“Fue creada la Galería Municipal de Arte”, La Rioja, 30 de diciembre de 1949.
26
“Se trabaja activamente en la organización del Primer Salón Anual de Arte, “Joaquín V. González”, La
Rioja, 14 de julio de 1950. La nota consigna que se había convocado al pintor Raúl Schurjin (mendocino
radicado en Santa Fe) para sumarse a la organización del salón.
27
El diario La Rioja realizó un seguimiento detallado de todos los sucesos vinculados al salón entre julio
y noviembre de 1950. Vargas consiguió el apoyo del Ministerio de Transportes de la Nación, que eximió
del costo de flete a todas las obras enviadas al certamen, y de la comisión de cultura del gobierno de
Santiago del Estero, que aportó una suma para un premio adquisición. El jurado de la sección pintura fue
24

11

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inicios de 1951 Vargas creó por decreto el Museo Municipal de Bellas Artes, que
tendría como colección inicial a las obras adquiridas en el salón del año anterior 28; sin
embargo, poco tiempo después el escritor renunció al cargo de intendente por motivos
que desconocemos 29. De este modo, la existencia del museo no pasó de los papeles.
Los miembros de Calíbar demostraron desde el primer momento cierta predisposición
para asumir el rol de gestores culturales. Entre 1954 y 1955 crearon una editorial y una
galería con el nombre de la agrupación que sirvieron como plataformas de visibilidad de
sus obras (Orecchia, 2008:58 y 59). En este sentido, el retorno de Miguel Dávila a la
provincia y su integración a Calíbar fue significativo. En julio de 1958 Dávila fue
designado director del museo que había fundado Vargas 30; al año siguiente el nuevo
responsable de la institución consiguió un préstamo de cuarenta y ocho obras
provenientes del Museo Nacional de Bellas Artes para inaugurar su primera sede, que
abrió las puertas en marzo de 1960 (Estrada, 2013). Dávila partió de la provincia a fines
de ese año, dejando a cargo del museo a Alfredo Portillos.
Así, por más que la revista solo vivió un número, fue el puntapié inicial para que el
grupo se adueñara de la escena artística local y lograra consolidar el anhelado museo.
Existe una diferencia fundamental entre la iniciativa de Vargas y el discurso de Calíbar:
mientras que el proyecto cultural del intendente era inescindible de la política, los textos
de la revista se inclinan por la búsqueda de una identidad estética autónoma. Quizás esta
diferencia haya sido la causa del alejamiento de Vargas del grupo en el año 1958;
también es posible que el enfoque de Calíbar haya estado tras la decisión de 1961 de
bautizar al museo con el nombre de Octavio de la Colina, que dos años más tarde sería
señalado como el iniciador de la pintura riojana en el primer texto historiográfico que
buscó establecer una tradición y un canon local (García Martínez, 1963).
Conclusiones
La indagación alrededor de Ángulo y Calíbar dio cuenta de una serie de puntos en
común entre ambos proyectos. Las agrupaciones que sostuvieron las dos revistas
coincidieron en la idea de que las iniciativas de modernización del campo artístico de
sus provincias debían estar aparejadas con la necesidad de consolidar las instituciones
existentes o crear las faltantes. Si bien en nuestro país los imaginarios modernizadores
estuvieron frecuentemente asociados a la institucionalización de las artes al menos
desde finales del siglo XIX, ya en el siglo XX este vínculo adquirió matices inusuales
en contextos donde las plataformas oficiales eran débiles o inexistentes: en ambos casos
pudimos ver elementos de la retórica disruptiva e iconoclasta de las vanguardias en
conjunción con el deseo de construir bases sólidas que permitieran profesionalizar el
integrado por Segundo Ávila, Raúl Soldi, Wladimiro Mejgarejo Muñoz, Demetrio Urruchúa y Horacio
Butler, mientras que el de escultura estaba compuesto por Nicolás de San Luis y Antonio Sibellino;
participaron 420 artistas con 500 obras y se premiaron trabajos de Ramón Gómez Cornet, Miguel Carlos
Victorica y Enrique Policastro, entre otros. En los días posteriores a la exposición se convocó a Córdova
Iturburu a la provincia para dar un ciclo de conferencias y la revista Continente dedicó por completo su
número de enero de 1951 al salón.
28
Decreto municipal nº4803, La Rioja, 10 de marzo de 1951.
29
“Renunció el Intendente Municipal”, La Rioja, 30 de octubre de 1951.
30
Decreto municipal nº94, La Rioja, 16 de julio de 1958.
12

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trabajo artístico y transformarlo en un objeto de interés social. Por otra parte, las dos
revistas presentan una inflexión con sus pasados inmediatos: si bien ambas
agrupaciones establecieron lazos políticos que les permitieron acceder a la dirección de
instituciones centrales de sus campos artísticos, lo que las diferenció de las gestiones de
Sosa y Vargas fue el mayor énfasis en la retórica modernizadora de las artes.
Posiblemente su independencia partidaria y su acercamiento a la idea de la autonomía
de lo estético hayan sido condiciones que permitieron la supervivencia de sus
instituciones, en contextos donde la finalización abrupta de los proyectos políticos
implicaba la clausura de todos sus aspectos.

Bibliografía
AMIGO, Roberto (2014), “La hora americana 1910-1950. El americanismo del
indianismo al indigenismo”, en La hora american 1910-1950 (catálogo de
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13

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                  <text>8 y 9 de mayo 2017</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>REVISTAS E INSTITUCIONES ARTÍSTICAS EN LAS PROVINCIAS. Los casos de Ángulo (Salta) y Calíbar (La Rioja)</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el siguiente trabajo analizaremos dos revistas culturales que circularon en dos provincias argentinas entre las décadas de 1940 y 1950: Ángulo, de Salta, y Calíbar, de La Rioja. Ambas fueron creadas por agrupaciones de artistas plásticos y escritores con la intención de establecer redes por dentro y fuera de sus provincias y consolidar sus campos artísticos. A lo largo del texto reconstruiremos sus contextos de creación, analizaremos el contenido de sus páginas e identificaremos sus principales ideas estéticas. Tanto Ángulo como Calíbar funcionaron como plataformas que posibilitaron el acceso de ambos grupos a posiciones centrales del campo de cada provincia, lo que a su vez les permitió concretar dos ansiados proyectos institucionales: la creación de la Escuela de Bellas Artes “Tomás Cabrera” en Salta y la apertura del Museo Municipal de Bellas Artes “Octavio de la Colina” en La Rioja.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;In this text we will analyze two cultural magazines created in two Argentinian provinces during the 1940 and 1950 decades: Ángulo, from Salta, and Calíbar, from La Rioja. Both of them were created by groups of artists and writers that intended to establish networks and bonds inside and out of their provinces and to consolidate their artistic fields. Throughout the text we will reconstruct their contexts of creation, we will analyze the content of their pages and recognize their main aesthetic ideas. Both Ángulo and Calíbar functioned as platforms that enabled the access of both groups to central positions on their artistic fields, wich also allowed them to carry out two long-sought institutional projects: the creation of the Fine Arts School “Tomás Cabrera” in Salta and the opening of the Municipal Museum of Fine Arts “Octavio de la Colina” in La Rioja.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Dr. Pablo Fasce&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(CONICET/IIPC TAREA-UNSAM/UBA)</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas
FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017

REVISTAS DE VANGUARDIA. El discurso fundacional de la arquitectura
moderna chilena.

Pablo Fuentes Hernández
Universidad del Bío-Bío
Concepción, Chile*
Resumen
Este trabajo muestra los primeros contactos de los artistas y arquitectos chilenos con la
vanguardia arquitectónica de la modernidad. Asimismo, examina la divulgación escrita
de sus textos así como la primera propagación del ideario CIAM en Chile. En particular,
acentúa la difusión y aplicación de los nuevos conceptos urbanísticos modernos de la
ciudad funcional muchos de ellos aplicables a la generación de los colectivos
residenciales, que caracterizan la producción habitacional del siglo XX.
Palabras clave:
Arquitectura moderna, revistas de arquitectura, conjuntos habitacionales.
Abstract
The present research identifies the first contacts of the Chilean artists and architects
with the architectural modernist avant-garde.At the same time, we analyze the
dissemination of their texts, as well as the spreading of the CIAM ideology in Chile. In
particular, we enhance the propagation and application of the new urban concepts of the
functional city as they were applied to the construction of residencial complexes, which
characterize the residential production in the 20th century.
Keywords:
Modern architecture, Architecture magazines, Residencial complexes.

* Resultado del Proyecto FONDECYT: La cultura arquitectónica regional. Lecturas críticas y perspectivas
comparadas entre las revistas de arquitectura chilenas y argentinas de la segunda mitad del siglo XX, nº 3150013; y
del Grupo de Investigación en Patrimonio de la Universidad del Bío-Bío nº 171804/VC y del Proyecto PÍA-Anillos
de Investigación SOC 1403 Patrimonio industrial: Formas de habitar colectivo en el sur de Chile. Aportes para su
puesta en valor y recuperación integrada.

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El debate sobre el ideario de la arquitectura moderna en Chile se inició
tempranamente, cuando en le década de los 20 se publicaron las primeras referencias a
la nueva arquitectura. Las 3 intervenciones del poeta chileno Vicente Huidobro en la
revista de vanguardia L´Esprit Nouveau, dirigida por Paul Dermée, donde Charles
Edouard Jeanneret -Le Corbusier- y Amédée Ozenfat tuvieron una participación
fundamental, alentó la atención de artistas chilenos sobre los fundamentos de una nueva
arquitectura que en ese espacio editorial se debatía 1. El contacto de Vicente Huidobro
con Le Corbusier, quien había publicado 4 artículos en L`Esprit Nouveau, abrió la
oportunidad para que ese conocimiento se extendiera a otros vanguardistas como Juan
Emar que incluso por entonces llegó a residir en París.
De ese modo, en Chile, los artistas de vanguardia tuvieron la posibilidad de
desarrollar ese debate nacional en la revista Notas de Arte (1923-1927) -suplemento del
Diario La Nación- dirigida precisamente por Juan Emar, pseudónimo de Álvaro Yáñez
Bianchi, hijo del director del diario Eliodoro Yáñez. Así, esta publicación fue el medio
difusor de los preceptos de la vanguardia artística europea de comienzos del siglo XX
en Chile y el medio por el que la vanguardia chilena pudo expresarse con ideas propias.
A Emar se debe la divulgación en Chile de artistas como Cézanne, Matisse, Juan Gris,
Picasso, Van Dongen, etc. Asimismo, la presentación de connacionales como, Arturo
Valdés Alfonso, Totila Albert, Camilo Mori, Magallenes Moure, Vicente Huidobro y
del grupo Montparnasse, que incluía a Manuel Ortiz, Julio Ortíz de Zárate, Henriette
Petit, José Perotti y Luis Vargas Rosas, entre otros.
Para el caso comparecieron en Notas de Arte análisis y comentarios sobre
música, danza, literatura, cine, diseño industrial, que actualizaban sus fundamentos y
renovaban el debate nacional (Fig. 1). Específicamente, la arquitectura moderna se abrió
un espacio con la divulgación de varios textos que introducían las nuevas ideas y
algunos de los principales arquitectos europeos que dirigían ese debate.

Fig.1.Detalle de la portada de La Nación, miércoles 30 de julio, 1924
1

Huidobro publicó en L´Esprit Nouveau “La littérature de langue espagnole d`aujourd`hui. Lettre
ouverte à Paul Dermée” “La littérature de langue espagnole d`aujourd`hui. Lettre ouverte à Paul
Dermée” (1920,1: 111); “Époque de Création”(1922, 15:1820-1821); “La Création Pure. Propos
D´Esthétique” (1921, 7: 769-776) y “Espagne” (1923,18:s/p).
2

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A Notas de Arte se debe la divulgación pionera de uno de los arquitectos más
emblemáticos del Movimiento Moderno: de Charles Eduoard Jeanneret -Le Corbusier
Saugnier-, se tradujeron con prontitud algunos de sus primeros textos, entre ellos cabe
destacar: “El camino de los asnos el camino de los hombres” (1 de octubre de 1924). A
la postre, Le Corbusier se transformó en un personaje citado y comentado innumerables
veces adscribiendo a su pensamiento, llegándose incluso a publicar algunos de sus
dibujos y fotografías. Especial mención revisten los comentarios a su libro Vers une
Architecture (1923), -compilación de muchos de sus artículos escritos en L`Esprit
Nouveau- de gran impacto e influencia internacional, que llegó a transformarse en texto
predilecto para la discusión y divulgación de los preceptos. 2 Sus reflexiones sobre la
ciudad, que sentaron las bases del ideario CIAM tuvieron de esta manera una primera
divulgación en Chile. Notas de Arte también recibió comentarios la obra de otros
arquitectos como André Lurçat Mallet Stevens, Tony Garnier, etc.
El propio Emar se transformó en un entusiasta admirador de los derroteros por
los que avanzaba la nueva arquitectura, como se aprecia en “Ideas sueltas sobre
arquitectura” (18 de junio de 1924) (Fig. 2) y crítico de la contingencia arquitectónica
nacional en “Ilusiones santiaguinas. Tango triste, con acompañamiento de serrucho” 3 (1
de octubre de 1924).

Fig. 2.Detalle de la portada de La Nación, 18 de junio de 1924

2

FUENTES, Pablo. “Vanguardia artística y arquitectura moderna en Chile. De Charles-Édouard
Jeanneret a Le Corbusier, trama y escritos para un hilo conductor”. Revista 180, 2015, nº 36, pp. 4855.
3
EMAR, Jean. Ilusiones santiaguinas. Tango triste, con acompañamiento de serrucho”3, La Nación, 1
de octubre de 1924, p. 5.
3

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De esta forma, se puede entender a Notas de Arte no solo como el primer órgano
difusor de la vanguardia artística nacional, sino como el primer medio en exponer las
innovaciones de la arquitectura moderna en Chile. En ese marco, el papel de Le
Corbusier aparece perfilado no solo como un creador innovador, sino como el incipiente
ideólogo del ideario CIAM en general y de las supuestas ventajas de la ciudad funcional
en particular. La aparición de Le Corbusier en Notas de Arte hasta 1927 constituye el
primer antecedente de una divulgación más sistematizada de los conceptos
arquitecturales contemporáneos que van a aparecer en la prensa especializada de la
arquitectura en los años posteriores en Chile.

Difusión para un nuevo urbanismo. Los CIAM en Chile
El ambiente autoritario del primer gobierno de Carlos Ibáñez del Campo (19271931) desencadenó, contrariamente a su opresión social, aires nuevos en algunos artistas
y arquitectos que, conocedores del arte de vanguardia, apreciaron en su desarrollo en
Chile un espacio de creación y libertad. Para entonces, en 1928, la revista Atenea,
órgano de divulgación cultural de la Universidad de Concepción publicó tempranamente
en el artículo firmado por J. M. Rojas “En torno a la nueva arquitectura” las primeras
noticias de la primera reunión CIAM de La Sarraz, (Sánchez, 1928: 402). Esta mención
en septiembre de 1928 se hizo apenas unos tres meses después del encuentro en La
Sarraz de junio de ese año, instalando en el debate nacional las nuevas ideas sobre
arquitectura, allí emanadas. De este texto se pueden inferir al menos tres cuestiones. El
primero es que se trata del primer documento que expone en Chile el nuevo lenguaje de
la arquitectura como una expresión autónoma y abstracta, en consecuencia lejana a
imitaciones, ornamentaciones y estandarizaciones estilísticas inaugurando un debate
formal rara vez tratado en Chile; el segundo, es que induce a la adhesión universal de
sus preceptos ratificando que su ámbito es internacional, y en consecuencia rupturista
frente a cualquier tipo de tradición artística local, incluida la académica; y la tercera, es
que su ámbito traspasa el problema formal de la arquitectura para decantarlo sobre la
contingencia social y por ende, política en función de describirlo como un problema
contemporáneo, en manos de un especialista técnico más que un artista.
Resumiendo, podemos decir que la arquitectura, al ajustarse a sus elementos propios y a sus
medios prácticos, se ha encontrado a si misma, ha llegado a ser sólo arquitectura; que el
nuevo hecho arquitectónico obedece a dos factores principales: uno de orden material, que
se refiere tanto a la renovación de los medios como a la cumplida satisfacción de las
necesidades sociales, y otro de orden cultural que reside en la evolución de los conceptos
estéticos, ambos cointervienen y se complementan; que la nueva arquitectura toma una
apariencia netamente geométrica, y que, teniendo puntos de contacto con ciertos órdenes de
la antigüedad, aparece como un estilo clásico frente a los híbridos antiestéticos que le han
precedido; que con ser la arquitectura actual unan forma evolucionada hacia fines
utilitarios, tiene una indudable belleza emanada de la misma lozanía y sobriedad de sus
elementos, y, finalmente, que la arquitectura se define como un arte de condición
esencialmente racionalista o puramente &lt;deshumanizado&gt;; ella no necesita imitar nada; es
el arte puro por excelencia como es por excelencia el arte práctico. 4
4

ROJAS, J.M. “En torno a la nueva arquitectura”. Atenea, Universidad de Concepción, 1928, pp. 407408. En el texto se introducen, además de Le Corbusier los nombres de Perret, Oud y Wagner.
4

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Las acciones del grupo los Decembristas, que asombraron al medio nacional,
hizo coincidir allí en 1934 a dos prometedores estudiantes de arquitectura de la
Universidad de Chile: Jaime Dvor (Jaime Dvoresky) y Waldo Parraguez, quienes
experimentaron con aparatajes plásticos tridimensionales las posibilidades abstractas del
nuevo arte (Fig. 3).

Fig. 3. Visión optimista de Santiago, en La Nación, 1 de octubre de 1924

Poco más tarde, asumiendo que al arte de vanguardia tenía un trasfondo político,
y evidentemente social, la revista chilena ARQuitectura (1935-1936, 6 nºs), dirigida por
Enrique Gebhard, Waldo Parraguez y Mario Antonioletti, -los dos primeros estudiantes
de arquitectura de la Universidad de Chile- entrelazó activamente los problemas de la
vanguardia artística chilena con la arquitectónica; para el caso citaba especialmente
trabajos y textos de Le Corbusier para justificar sus argumentos; prueba de ello que ya
en su primer número ilustró su portada con uno de sus bocetos de la Granja Cooperativa
(1934) (f. 5), correspondiente al estudio de Réorganization agraire, ferme et village
radieux (Reorganización Agraria, granja y ciudad radiante) 5 que luego, en 1937, Le
Corbusier habría de usar en el Pabellón de los Tiempos Nuevos en la Exposición de
5

La idea y el boceto original se debe a Norbert Berzard, pero Le Corbusier lo hizo suyo, actualizó,
mejoró y publicó en el capítulo 7 de La Ville Radieuse donde aparece publicado en 1935. Le
Corbusier. Ville Radieuse. 7ème Partie: Réorganisation rurale. Éditions de l'Architecture
d'Aujourd'hui, Collection de l'équipement de la civilisation machiniste, Boulogne-sur-Seine, 1935.
Fue publicado posteriormente en Le Corbusier. «Réorganisation rurale». En La Ville Radieuse, 31936. Paris: Vincent Fréal and Cie., 1964, p. 324. El documento original pertenece a la Fundación Le
Corbusier, Reorganisation Agricole. FLC. 28624. “Réorganisation agraire, ferme et village radieux,
Sans lieu”, Disponible en:
&lt;http://www.fondationlecorbusier.fr/corbuweb/morpheus.aspx?sysId=13&amp;IrisObjectId=5725&amp;sysLan
guage=fr-fr&amp;itemPos=3&amp;itemSort=frfr_sort_string1%20&amp;itemCount=4&amp;sysParentName=Home&amp;sysParentId=65&gt;.
Le Corbusier usó este boceto en 1937 en un panel del Pabellón de los Tiempos Nuevos en la
Exposición de París. Esta información ha sido recabada por el Dr. David Arredondo de quien se puede
“Le Corbusier y la Reorganización del hábitat rural”, Le Corbusier, 50 years later International
Congress, Valencia, 2015. Disponible en
&lt;http://ocs.editorial.upv.es/index.php/LC2015/LC2015/paper/viewFile/713/1259&gt;.
5

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París (f. X). 6 El uso de esta imagen en la portada de ARQuitectura no es explícito,
aunque como se advierte las argumentaciones de esta revista aspiraban a una completa
renovación de la ciudad chilena, el entorno rural, presente en los procesos migratorios
campo-ciudad chilenos era también de necesaria renovación contemporánea, tema que
también atiende la redacción. Las referencias al urbanismo desarrollado por Le
Corbusier tuvo una nueva oportunidad gráfica en la portada del nº 3 (nov., 1935) de
ARQuitectura, donde fueron publicadas dos fotos con el plan de Obus para Argel (1931)
(Fig. 4).

Fig. 4. Portada revista ARQuitectura, nº 3, 1935. Imágenes del Plan Obus de Le Corbusier

La revista respaldó sus contenidos con la publicación de varios artículos de
arquitectos precursores en la difusión de la arquitectura moderna. De W. Gropius
publicó tres textos: “Los fundamentos sociológicos de la Habitación mínima” 7 (nº 1,
1935: 8-10), “Casa baja, casa mediana, casa alta?” 8 (nº 2, 1935: 10-13 y 23). Se trataba
de un trabajo presentado en el III CIAM (Bruselas en 1930), en él se estudiaba las
relaciones optimas entre la altura de los edificios, sus respectivas densidades y los
espacios entre ellos, es decir, “como, en condiciones análogas de insolación, la casa alta
permite, por medio de una máxima ocupación en volumen y un mínimo porcentaje de
suelo, la creación de zonas verdes” 9. Gropius barajó factores técnicos y económicos
inclinándose por la edificación en altura considerando las posibilidades que la técnica
otorgaba, pero con la comprensión que era necesaria la integración de servicios
colectivos a modo de potenciar la vida comunitaria y las nuevas organizaciones
sociales. 10 Este texto, fundamental en la historiografía de la modernidad, asentaba la
6

Precisamente en este número de ARQuitectura se publicaba “El anexo de «la Habitación» en la
Exposición Internacional de París de 1937, en París”, ARQquitectura, nº 1, 1935, p. 4.
7
GROPIUS, Walter. Traducción de “Die Soziologischen Grundlagen der Minimalwohnung für die
städtische Industriebevölkerung”, Die Wohnung für das Existenzminimun, Englert &amp; Schlosser,
Frankfurt a. M.-Stuttgart, 1930, pp. 17-19.
8
GROPIUS, Walter. Traducción de “Flach-Mittel-, oder Hochbau?”, Rattionelle Bebauungswesein,
Frankfurt a. M.- Stuttgart, relación del III congreso CIAM “Das Neue Frankfurt”, V, 1931.
9
BERDINI, Paolo. Walter Gropius. Edic. Gustavo Gili, Barcelona, 1994, p., 114.
10
Ver GIMÉNEZ, Emilio. “Arquitectura Escolar de Entreguerras” en CASANOVA, María et. al.,
Infancia y Arte Moderno, catálogo de la exposición en el IVAM (Institut Valencià d`Art Modern)
6

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idea de construir bloques en altura media y alta, lo que sería una cuestión fundamental y
decisiva para la propagación del lenguaje moderno asociado a la nueva imagen de la
vivienda colectiva.
De Gropius también se publicó “Arquitectura funcional” (nº 3, 1935: 12-24). De Theo
van Doesburg: “Espíritu Fundamental de la Arquitectura Contemporánea” (nº 3, 1935:
25-27) (Fig. 5). Se trata de una conferencia dictada en la Residencia de Estudiantes de
Madrid en mayo de 1930 y posteriormente en Barcelona el mismo año. Fue publicada
en la revista española Arquitectura, año XII, nº 137, septiembre, 1930.

Fig. 5. Detalle de Theo van Doesburg en artículo “Espíritu Fundamental de la Arquitectura”, Revista
ARQuitectura nº 3, 1935, p. 25

De Sigfried Giedion se presentó “Los Congresos Internacionales para las nuevas
Construcciones” 11 (nº 3, 1935: 30), eran las actas del II CIAM de Frankfurt de 1929, un
texto sobre la dinámica de trabajo CIAM que propiciaba su ideario en Chile, y “Le
Corbusier y la Arquitectura Contemporánea” 12 (nº 4, 1936: 15-17) texto que revelaba su
trabajo.
También se presentó en la revista el texto “Extracto de los Estatutos que
sirvieron de base al Congreso de Francfort-sur-le-Main, el 26 de Octubre de 1929”, que
mostraba de forma completa la estructura organizacional de los CIAM y un resumen de
los cuatro primeros congresos entre 1928 y 1933 (Fig. 6). Esta síntesis comenzó con la
presentación de la Declaración de la Sarraz del 28 de julio de 1928 y concluyó con la
publicación del programa de análisis para la Ciudad Funcional. 13

Centre Julio González 17 diciembre 1998/ marzo 1999, editado por el IVAM y la Generalitat
Valenciana. Valencia, 1998, p., 330.
11
Traducción de “Die Internationalen Kongresse für Neues Bauen”, en Die Wohnung für das
Existenzminimun. Verlag Englert &amp;Schlosser. Frankfurt am Main, 1930.
12
Traducción de GIEDION, Sigfried. “Le Corbusier et l`architecture contemporaine”, Cahiers d`art,
V. París, 1930, pp. 205-215.
13
“Extracto de los Estatutos que sirvieron de base al Congreso de Francfort-sur-le-Main, el 26 de
Octubre de 1929”, ARQuitectura, Nº 3, noviembre, 1935, pp. 31-32.
7

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Fig. 6.- Diagrama CIAM, ARQuitectura n 3, nov. 1935, p. 31

Cabe mencionar que en el nº 1 de agosto de 1935, el artículo “El anexo de «la
habitación» en la Exposición Internacional de 1937, en París” informó de la gestión de
Le Corbusier para la construcción de “una obra de construcción modelo” y las labores
de los CIAM en el proyecto de exposición y construcción del mismo. El texto concluyó
manifestando que “la exposición de 1937 es el lugar donde polarizarán las fuerzas
creadoras”. 14 En el mismo número se publicó un artículo de E. Gebhard “La evolución
de la ciudad y su caos actual” donde analizaba las relaciones de las funciones de
habitación, trabajo y circulación en el contexto de la ciudad de Santiago, un texto crítico
con el desarrollo urbano de la ciudad que repasaba entre otros temas los graves
problemas del déficit habitacional. 15 El texto incorporaba un fotomontaje con el título
“Los nuevos Problemas Sociales. Es necesario organizar el reposo de las masas” que
correspondía al Folleto publicitario de La Ciutat de Repos i de Vacances (1932) para el
Pla Macià reproducido desde la revista A.C. Documentos de Actividad Contemporánea,
de Barcelona, y que había servido de portada al nº 7, año II, y que Gebhard mencionaba
como “revista del formidable GATEPAC”. 16
Finalmente, hay que decir que los acuerdos de los Congresos europeos de La
Sarraz (1928), Francfort (1929), Bruselas (1930), Atenas (1933) y Amsterdam (1935)
fueron presentados en el Congreso Nacional de Urbanismo realizado en Valparaíso en
1938; al parecer el éxito de su exposición fue relativo; un comentario sobre estos
encuentros revelaba ciertas reticencias locales al ideario, al decir que: “no logran

14

“El anexo de «la habitación» en la Exposición Internacional de 1937, en París”, ARQuitectura, nº 1,
agosto, 1935, p. 4.
15
GEBHARD, Enrique. “La evolución de la ciudad y su caos actual”. Revista ARQuitectura, nº 1,
agosto, 1935, pp. 21-28.
16
“Los nuevos problemas sociales.” Fotomontaje reproducido de la revista A.C. Documentos de
Actividad Contemporánea, nº 7, Barcelona, revista del GATEPAC, ARQuitectura, nº 1, agosto, 1935,
p. 28.
8

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vincular sus claras directivas en el espíritu de los miembros de este congreso criollo del
urbanismo.” 17
Sobre Le Corbusier existieron además otros documentos que se refirieron a él o
a algunos de sus libros indirectamente, dando cuenta de su marcada influencia sobre la
difusión de la arquitectura moderna en Chile. Le Corbusier, de este modo, fue el
arquitecto más considerado por los articulistas nacionales, y aún más, en algunos casos
venerado. Al respecto corresponde mencionar al artículo “Le Corbusier”, del médico y
profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile José Garciatello. 18
Es leyendo a este hombre maravilloso que van cristalizándose en mí las ideas cada vez más
hondas y más grandes de estudiar en doctrina, como si fuera urbanismo, el saneamiento de
mi país, a fin de tener agotados los debates en el momento supremo de la acción.
Es por esto que siendo médico y cirujano, escribo sobre Le Corbusier.
Porque amo a Le Corbusier, como amo a Lenin.
(Garcíatello, 1936, 6: 12)

Garciatello, cirujano y seguidor de la arquitectura y al arte de vanguardia, realizó
una amplia labor divulgativa de los principios de la arquitectura moderna en Chile,
especialmente de las consideraciones biológicas, colectivas y funcionales. Trabó
amistad con Le Corbusier y fue un gran admirador de su pensamiento. Llegó a ser
profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile, allí dictó el curso
Bio-Arquitectura, fruto de la Reforma a la Enseñanza de la Arquitectura acaecida en
1946. Entre sus textos destacan: “¿Por qué yo habría sido arquitecto?”, “Le Corbusier”,
“Vida y Arquitectura”, “Una nueva concepción de la Cirugía en relación con la
Psicología”. 19
Así, la revista ARQuitectura arremetió la divulgación de la modernidad
arquitectónica y con el entusiasmo de Parraguez y Gebhard publicó varios artículos de
Le Corbusier, para entonces, un personaje fascinante de la escena arquitectónica
internacional cuyos textos y obras representaban el espíritu nuevo de la disciplina. En el
nº 1, (ago., 1935), presentó el apartado llamado “Dos Cartas”, polémica en la que una de
ellas recogía el fragmento de la “Carta de Le Corbusier a Ginsburg” y la
correspondiente respuesta “De Ginsburg a Le Corbusier”. 20 En su nº 2, (oct., 1935),
publicó el artículo del Dr. Garciatello “Porqué yo habría sido Arquitecto” que incluyó
una foto extraída del libro La Ville Radieuse de Le Corbusier. 21 Igualmente, el artículo
“Urbanismo y Habitación” (nº 2: 15-19, oct., 1935), de Enrique Gebhard, donde incluyó
dos fotos del mismo libro (p. 129 y 149). También publicó, aparentemente por primera

17

CHARLIN OJEDA, Carlos. “Se ha celebrado en Valparaíso un Congreso Nacional de Urbanismo”,
Zig-Zag, nº 1718, 25 de febrero de 1938, p. 41.
18
GARCIATELLO, José. “Le Corbusier”, ARQuitectura, nº 6, abril, 1936. pp. 12-13, 24.
19
Cfr. GARCIATELLO, José (1950). Programa del Curso de Bio-Arquitectura. Escuela de
Arquitectura Universidad de Chile. Imprenta y Litografía Universo S. A., Valparaíso, Chile, 1950.
20
“Dos Cartas”. ARQuitectura, nº 1, agosto, 1935, p. 9.
21
GARCIATELLO, José. “Porqué yo habría sido Arquitecto”, ARQuitectura, nº 2, octubre, 1935, pp.
8-9. La foto fue tomada del libro de Le Corbusier La Ville Radieuse, Editions de “L`Architecture
d`Aujourd`hui”, Bolougne-sur-Seine, París, 1933, p. 155.
9

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vez en español, el texto “La división del Terreno de las ciudades” (nº 2, parte I, nov.,
1935: 33-36). 22
También se publicó el artículo “La Ville Radieuse” 23 (nº 2, oct., 1935:20-23)
extracto libre del libro homónimo (1935) de Le Corbusier que, como se ha visto, era un
texto fundamental y predilecto para los redactores de ARQuitectura que ya habían usado
en la portada del nº 1 un boceto para la Granja Cooperativa publicado allí. 24 En el nº 3,
(nov., parte II, 1935: 33-36), se publicó “La división del terreno de las ciudades.
Ciudades-Jardines versus concentración de la Ciudad”. El nº 4, (ene., 1936: 34-35),
publicó nuevamente otro artículo de Le Corbusier llamado “Las llamadas Artes
Primitivas en la Casa Moderna”. 25

22

Se trata del artículo “Rapport sur le parcellement du sol des villes” presentado al III CIAM,
Bruselas, 1930. Fue publicado por primera vez en el libro recopilatorio de las actas del III Congreso
de Arquitectos Modernos Rationelle Bebauungsweisen, de la Editorial Julius Hoffman, 1931.
23
Se trató de un extracto libre del libro de Le Corbusier “La Ville Radieuse”, Editions de
“L`Architecture d`Aujourd`hui”, Bolougne-sur-Seine, París, 1933. El traductor anónimo eligió
párrafos alternados del libro y los dispuso en continuidad. La investigación ha determinado que los
párrafos corresponden consecutivamente a las páginas, 136, 139, 140, 93, 94, 121, 122, 126, 128, 129
del original. También algunas imágenes fueron tomadas del libro de Le Corbusier en este orden desde
las páginas 141, 139, 167, 207, 131, 126. Otras fotos corresponden a la que ilustró el artículo “La
ciudad de mañana”, revista Arquitectura, Revista Oficial de la Sociedad Central de Arquitectos,
Madrid, a. XIII, nº 114, abril, 1931, pp. 115 y 117.
24
Ver Ut infra N. al P. 27.
25
LE CORBUSIER. “Les Arts Primitifs dans la Maison D`Aujourd`hui”, L`Architecture
D`Aujurd`hui, a. 5, nº 7, julio, 1935, pp. 83-85.
10

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12

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                  <text>8 y 9 de mayo 2017</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>REVISTAS DE VANGUARDIA. El discurso fundacional de la arquitectura moderna chilena</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este trabajo muestra los primeros contactos de los artistas y arquitectos chilenos con la vanguardia arquitectónica de la modernidad. Asimismo, examina la divulgación escrita de sus textos, así como la primera propagación del ideario CIAM en Chile. En particular, acentúa la difusión y aplicación de los nuevos conceptos urbanísticos modernos de la ciudad funcional muchos de ellos aplicables a la generación de los colectivos residenciales, que caracterizan la producción habitacional del siglo XX.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The present research identifies the first contacts of the Chilean artists and architects with the architectural modernist avant-garde.&amp;nbsp; At the same time, we analyze the dissemination of their texts, as well as the spreading of the CIAM ideology in Chile. In particular, we enhance the propagation and application of the new urban concepts of the functional city as they were applied to the construction of residencial complexes, which characterize the residential production in the XXth century.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Pablo Fuentes Hernández&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad del Bío-Bío&amp;nbsp; &lt;br /&gt;Concepción, Chile</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas
FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017

REVISTAS DE ARQUITECTURA ARGENTINAS Y CHILENAS DE LA
SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX: perspectivas comparadas en la cultura
regional
Dra. Patricia Méndez
Arquitecta - Universidad de Buenos Aires
Master en Gestión Cultural - Universidad de Barcelona
Doctora en Ciencias Sociales - FLACSO

Resumen
En los últimos años, la historiografía de la arquitectura latinoamericana creció
exponencialmente gracias a la categorización adquirida por las revistas especializadas como
herramienta de investigación. Esta presentación ofrece adelanta resultados de una
investigación cuya hipótesis aventura que, durante la segunda mitad del siglo XX existió
una alianza arquitectónica intelectual entre Argentina y Chile. Las evidencias surgen al
analizar este tipo de publicaciones, cuyas páginas exhibieron los avances culturales
regionales y que, confirmaron, a posteriori, el reconocimiento arquitectónico de la
“modernidad apropiada” latinoamericana. La metodología desarrollada se concentró en un
análisis comparativo de doble vía, distinguiendo los trayectos y las relaciones de sus actores
(editores y profesionales), el contexto geográfico en el que se desempeñaron y las obras y
publicaciones que los instalaron en el medio arquitectónico. De esta manera, la
investigación considera cuatro planos de estudio: el temporal (1950-2000), el geográfico
(Chile y Argentina), el tema (la arquitectura) y los medios informativos que los reflejaron.
Los resultados, aún incipientes, surgen de la catalogación y digitalización de algunas de las
colecciones observadas en ambos países para los cuales se consideró la frecuencia, las
temáticas, la ideología de sus promotores, las categorías de sus orígenes (comerciales,
institucionales, estudiantiles, por ejemplo), la estructura y el perfil de sus discursos (análisis
del poder, de las estrategias, de los protagonistas, entre varios más).
Palabras claves:
revistas de arquitectura; cultura regional; Argentina; Chile; siglo XX
Abstract
In recent years, the historiography of Latin American architecture has grown exponentially
thanks to the categorization of specialized journals as a research tool. This presentation
offers advances of an investigation whose hypothesis adventure that, during the second half
of the 20th century, there was an intellectual architectural alliance between Argentina and
Chile. The evidence emerges from the specialized publications, in which pages the regional
cultural advances were exhibited and which, a posteriori, confirmed the architectural
recognition of Latin American "appropriate modernity". The methodology developed
focused on a comparative two-way analysis, distinguishing the paths and relationships of its
actors (editors and professionals), the geographical context in which they performed and the
works and publications that installed them in the architectural medium. In this way, the
research considers four levels of study: temporal (1950-2000); geographical (Chile and
Argentina); theme (architecture) and the media that reflected them. The results, still
incipient, arise from the cataloging and digitization of some of the observed collections of
both countries in which the frequency, the themes, the ideology of their promoters, the
categories of their origins (commercial, institutional, student, etc.), the structure and profile
of their speeches (analysis of power, strategies, protagonists, etc.).
Keywords:
architecture magazines; regional culture; Argentina; Chile; twentieth century
1

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En la última década y con un crecimiento exponencial en los circuitos académicos más
próximos, el campo de investigación en Arquitectura se vio favorecido gracias a la
profundización de análisis adquirida por las publicaciones periódicas de arquitectura en
tanto fuente primaria de investigación. Si bien, para dar cuenta del devenir
arquitectónico, los programas universitarios se concentran en exhibir obras
paradigmáticas, por otro camino numerosos investigadores (Gutiérrez, 1994; Gutiérrez
y Méndez, 2001; Colomina, 2010; Mondragón, 2010; De Ambrosis, 2011; Méndez,
2011; Aguirre, 2012 y Portal, 2015, entre otros) entienden que les cabe a las revistas sin distingo de fronteras, ni de temporalidad- indicar el pulso sincrónico de su época, así
como también señalar -desde la teoría y los debates-, todo aquello que la arquitectura
edificada esconde entre sus muros y visibiliza a través de sus páginas. Al respecto,
Horacio Torrent (2013:7) equipara a las revistas de arquitectura con los tratados
renacentistas considerando que, además de la capacidad de difusión que conllevan por
su raíz periodística, el rol que de ellas surge fue fundamental en el campo disciplinar,
tanto por el pregón de sus discursos como por los impactos que suscitaron.

Ediciones cuyo objeto de estudio fueron las revistas especializadas

Considerando estas ideas previas, este texto ofrece resultados iniciales de
investigaciones 1 más amplias que se han planteado analizar la prensa arquitectónica,
producida en Argentina y en Chile durante la segunda mitad del siglo pasado
presumiendo que, entre ellos, exisitó un tránsito editorial cuyos contenidos alentaron la
conformación de una cultura arquitectónica regional. El problema de investigación
postula así que, en ambos países, a posteriori de la industrialización de los medios de
comunicación surgidos en las décadas previas a 1950, la correspondencia entre
profesionales y editores aceleró el camino hacia una arquitectura más propia a sus
contextos 2 y derivó, con el correr del tiempo, en el establecimiento de la “modernidad
regional”.
Una lectura arquitectónica regional pendiente
Un repaso veloz del contexto que se estudia indica que en Chile, luego de la segunda
posguerra, la accesibilidad a materiales hemerográficos y ediciones de libros provenía
habitualmente de Argentina, aunque también era frecuente el cruce de intereses y la
1

PICT 2014-0700 y FONDECYT 3150013; en ambos proyectos se agradece la colaboración de los
Licenciados Andrés Saavedra Araneda y Julieta Pestarino.
2
Coincidían, para entonces, que el Movimiento Moderno iniciaba su decadencia internacional y, en estas
latitudes, la profesión se afianzaba en términos académicos con la formalización de la carrera de
Arquitectura en las Universidades públicas (en Chile en 1944 y en Argentina en 1947).
2

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participación de corresponsales simultáneos en la arquitectura de uno y otro lado de los
Andes. Por citar algunos casos, al staff de Tecné 3 se había integrado el chileno Enrique
Gebhard, quien publicaba en el semanario ProArte de su país y difundía en sus páginas
algunos proyectos para la provincia de Buenos Aires; situaciones similares se observan
en la revista AUCA 4 que brindaba su espacio a los argentinos Marcos Winograd y
Antonio Díaz, como también el caso del arquitecto Mario Buschiazzo -a cargo del
Instituto de Arte Americano de la UBA-, quien contactaba directamente al equipo
chileno “Bresciani-Valdés-Castillo-Huidobro” para editar el libro 5 que promocionaría
sus obras.
Sobre estas líneas radican los colectivos de interés que motivaron esta propuesta y que
se concentraron en la observación de las coincidencias del surgimiento editorial
arquitectónico en ambos países pues, ya fuese como consecuencia de dificultades
económicas, de catástrofes naturales o de crisis sociales, sus intereses atendieron la
resolución de ejes comunes a la arquitectura en las dos naciones y, desde ese estrado,
alentaron temáticas con desarrollo novedoso como la vivienda social, los museos, los
centros deportivos, distintos planes urbanos o la preservación del patrimonio, entre
otros. Considerando que estamos frente un sistema periodístico, en el cual la
información es traducida a conocimientos, tanto en sus formas como en las maneras de
interpretar la novedad arquitectónica (aunque en estas editoriales no existiera una
estrategia de prensa explícita inicialmente), la información vertida en estas
publicaciones nos permite enlazarla a los planos de estudio propuestos de tal manera
que, el hacer-saber se convierte en un saber-hacer (Santa Cruz A., 2014:15). Estos
atributos se perciben rápidamente en las revistas de arquitectura de este período y
permiten la reconstrucción de un discurso sincrónico a la vez que consolidan a las
revistas en un modo hegemónico y único dentro del campo disciplinar (Méndez, 2012).
Inicialmente y, en forma estimativa, el corpus de análisis seleccionado detectó que,
entre ambos países y durante la segunda mitad del siglo XX, se publicaron poco más de
un centenar de nuevos títulos dedicados a la arquitectura 6 y, en su trayectoria,
subrayaron propuestas espaciales mucho más cercanas a sus realidades geográficas que
las contempladas en décadas previas. Ciertamente, en la observación de la mayoría de
sus páginas, aun de distinta vigencia en el tiempo, se detectan causas comunes tanto en
su origen como en su éxito, también revelan que varios promotores surgieron desde
grupos profesionales desprendidos de sus núcleos académicos, a través de equipos
innovadores e, incluso, desde movimientos estudiantiles que alentaron propuestas
vanguardistas tanto en diseño como en gobierno universitario. Sin embargo, ninguna de
estas publicaciones excluye, en su germen editorial, el desafiar al futuro con teorías
mucho más acordes a la cultura local que las impuestas desde Europa o USA.
Se trató de una cultura con fuerte impronta, un sistema que jalonó el siglo y zambulló en
ella a sus promotores, tal como expresara la arquitecta argentina Marina Waisman en
3

Editada en Buenos Aires, Argentina, entre 1942 y 1944.
Editada en Santiago de Chile, entre 1965 y 1986.
5
Cfr. Braun Menéndez, 1962.
6
Este estudio no ha considerado aquellas publicaciones cuya temática central fuera dedicada a las artes,
ni a la decoración, tampoco aquellas provenientes de organismos estatales, editadas habitualmente con
formato de Boletín ni tampoco las provenientes de Ministerios o reparticiones oficiales dedicadas a la
acción gubernamental en arquitectura y sus disciplinas.
4

3

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una editorial de la revista que ella misma conducía, Summarios:
[…] al ser esta una época esencialmente crítica de la arquitectura, proliferan
los escritos –tanto de formulación de teorías como de crítica y de historiaque exigen un verdadero esfuerzo […] en estos tiempos, el libro es solo un
aspecto casi subsidiario entre los productos culturales: las revistas y las
exposiciones han pasado a primer plano como vehículo de ideas; el número y
la calidad de las revistas nos asombra día a día […] (Waisman, 1980: 210).

Por supuesto, estas intenciones también se promocionaron desde las páginas chilenas de
AUCA o de ARS y desde las argentinas Summa o DANA 7, además de las acuñadas a
partir de emprendimientos comerciales, centros gremiales o estudiantiles. Si se revisa
cualquiera de estos ejemplos a lo largo de estos cincuenta años de estudio, es posible
percibir la instalación de un discurso inter-regional en los modos de pensar y, por sobre
todo, en el de “hacer” arquitectura. Fueron reflexiones incipientes, tal vez espontáneas,
emanadas de encuentros internacionales (como el de la UIA, Buenos Aires, 1961) y
reforzadas años después en los debates de los Seminarios de Arquitectura
Latinoamericana 8 (SAL). Así lo expresaban los arquitectos y editores 9 chilenos Eliash y
Moreno en las páginas de Summa, convencidos que: “[…] Nos encontramos en un
momento en que, más que relevante, parece urgente suturar ciertos episodios de nuestra
historia reciente como latinoamericanos (1986:54).
Estas opiniones, sumadas a múltiples textos contemporáneos, han respaldado las
vertientes comunes en ambos países, reforzaron los lazos editoriales y culturales e
incrementaron las razones que, a través de una visión panorámica, hoy nos permite
aclarar el tránsito de la cultura arquitectónica que avanzó sobre los desafíos pendientes,
aquellos mismos que demarcaron los valores de nuestra “modernidad apropiada” (Eliash
y Moreno, 1989 y Fernández Cox, 1990: 50,55-56;) y confirmarían, desde el plano
editorial, la preexistencia de una relación intelectual.
Aun contando con estos precedentes, la literatura académica que se ha nutrido de las
revistas especializadas como fuente de investigación, salvo casos excepcionales, señala
la carencia de un análisis interdisciplinario que merece este tipo de ediciones. Este fue
el motor que justifica esta investigación que traspasa los límites temporales
habitualmente estudiados y los analiza desde una alianza geográfico-histórico-cultural
concentrada en la arquitectura de Argentina y de Chile (Bloch, citado por Aróstegui,
2001:357) y, así, intenta comprender aquellos factores que motivaron e impulsaron
nuestra profesión y las peculiaridades que la distinguen, fuera por sus éxitos o por sus
fracasos, pero siempre ajustada a la arquitectura latinoamericana a través de los medios
de difusión especializados.
La investigación asumió así el desafío de aclarar distintos interrogantes, tales como:
¿qué proyecto editorial animó a las revistas en la construcción de sus lectores?, en esa
época ¿coexistieron otros canales de promoción profesional?, ¿cuáles fueron y cómo
actuaron?; las revistas ¿durante cuánto tiempo se mantuvieron vigentes?, ¿qué sinergia
regional tuvieron y por qué sobresalieron?, ¿cuánto influyeron en la formación
7

Exceptuando AUCA, Marina Waisman mantuvo participación directa.
Encuentros que desde entonces hasta hoy son promovidos y auspiciados desde diversas editoriales de
arquitectura.
9
Promotores de las revistas chilenas CEDLA y ARS.
8

4

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profesional? Y, por supuesto, ¿cuánta incidencia tuvieron los hechos políticos para
favorecer o acallar una determinada promoción editorial?
El ámbito temporal escogido escapa a los plazos habitualmente seleccionados y
coincide con momentos de agitación y de renovación sociocultural tanto en Chile como
en Argentina, a la vez que encierra un lapso -gracias a la renovación alcanzada por las
Facultades de Arquitectura, la afirmación de los Consejos Profesionales y la vigencia de
las normas edificatorias- en el que convergieron publicaciones que trascendieron sus
objetivos iniciales, que postularon nuevas teorías y, consecuentemente, exhibieron en
sus páginas un modo diferente de hacer, de definir y de entender nuestra arquitectura.
Lecturas paralelas: métodos de análisis
En atención al ámbito latinoamericano que esta propuesta persigue, se consideró la
teoría elaborada por Marina Waisman en La estructura histórica del entorno (1972), allí
la autora observaba a la arquitectura inserta en una red de unidades culturales con
múltiples interrelaciones. Siguiendo esta vía, las revistas de arquitectura fueron
consideradas como unidades culturales autónomas en las cuales pueden leerse las
relaciones entre los núcleos –profesionales e individuales- que las llevaron adelante;
consecuentemente, intenta revelar los programas ideológicos que las sustentaron,
corroborando y/o contrastando las transformaciones y consolidación de la cultura
arquitectónica.
La metodología aplicada en este proyecto responde a un sistema analítico de doble vía:
considera las relaciones entre los actores (editores y profesionales), el contexto regional
en el que se desempeñaron y permite, asimismo, articular los acontecimientos relevantes
durante el lapso considerado. En tanto investigación histórica, adoptó cuatro planos de
estudio: el temporal (1950-2000); el geográfico (Argentina y Chile); el tema (la
arquitectura) y los fenómenos sociohistóricos desde los cuales se reflejaron (la prensa).
El corpus documental fue tamizado bajo una óptica cualitativa y cuantitativa con el fin
de rescatar las recurrencias de sus contenidos, también se atendió su frecuencia, el
campo que abarcaron (temáticas proyectuales), las categorías (textual y gráfica), la
estructura, el perfil de sus discursos (análisis del poder, de las estrategias, de los
protagonistas, entre otros), las causas y consecuencias surgidas de sus enunciados, de
sus propuestas, opiniones o debates y que fueron visibles en cada uno de los programas
editoriales.
Considerando aquella publicaciones surgidas a partir de 1950, se detectó un volumen
editorial que ofrece, a modo de ejemplo, estos títulos 10:
Para el caso argentino: Canon (Buenos Aires, 1951-1952); Boletín del CEA (2º época,
Buenos Aires, 1961); Línea. Publicaciones de la Arquitectura y el Planeamiento
(Córdoba, 1961-1961); Obrador. Revista de Arquitectura (Buenos Aires, 1963-1965);
Summa (Buenos Aires, 1963-1993); Tarea. Revista Universitaria de Arquitectura (La
Plata, 1964-1965); Noticiero de los talleres FAU. Servicio Auxiliar de la Docencia y la
Investigación (Buenos Aires, 1969); Revista SCA (Buenos Aires, 1970); Andamio. Una
Revista de Arquitectura (La Plata; 1971); DANA. Documentos de Arquitectura Nacional
10

Los títulos se presentan cronológicamente según fecha de inicio; entre paréntesis se indica la ciudad de
edición, el año de inicio y el de cierre de cada publicación.
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y Americana (Resistencia; 1973); Summarios (Buenos Aires, 1977-1990); Entrega
(Luego Entrega de Arquitectura, Rosario; 1981); AyC. Arquitectura y Construcción
(Tucumán; 1982-1986); CH. Cuadernos de Historia y Arquitectura (Buenos Aires,
1982-1998); Replanteo ( Buenos Aires,; 1982-1990); Revista del Taller (Rosario; 19821987); Summa Colección Temática (Buenos Aires, 1983-1990); Arquitectura y
Comunidad Nacional ( Buenos Aires,; 1984-1987); Cuadernos A+A. Revista de temas
de la arquitectura y el medio (Mar del Plata; 1984); Trama. Revista de Arquitectura
(Buenos Aires, 1985-1994); Summa Universitaria (Buenos Aires, 1986); Taller de
arquitectura (La Plata; 1986-1993); Topos. Revista de Arquitectura, Urbanismo y
Diseño (Santa Fe; 1990-1995); Tikal (Buenos Aires, 1991-1997); Obras-Proyectos
(Córdoba; 1993-1996); Revista 3. Teoría, historia y crítica de la arquitectura (Buenos
Aires, 1993-1998); Arquis (Buenos Aires, 1994-1999); Cuadernos del Sur (Córdoba;
1997-1999) y Block (Buenos Aires, 1997), entre muchas otras.

Portadas de algunas de las ediciones argentinas de arquitectura analizadas

Para el caso chileno: La vivienda (Santiago, 1954); Técnica y creación (Santiago, 19601967); Revista de la Facultad de Arquitectura (Santiago, 1961-1962); Revista de
Planificación. Vivienda, ciudad región (Santiago, 1964-1973); AUCA. Arquitectura
Urbanismo Construcción Arte (1965-1986); CA (Santiago, 1968-2011); CEDLA
(Santiago, 1977); ARS (Santiago, 1978-1991); ARQ. Arquitectura, diseño, urbanismo
(Santiago, 1980-2007); Arquitecturas del Sur (Concepción; 1983); Ágora (Santiago,
1986-1987); Cuadernos de la Facultad de Arquitectura (Valparaíso; 1989); Revista de
Arquitectura (Santiago, 1990); Cuadernos de arquitectura (Antofagasta; 1992-1998) y
Revista de la Facultad de Arquitectura (Valparaíso; 1997-2000), entre otras.

Portadas de algunas de las ediciones chilenas de arquitectura analizadas

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Lecturas sincrónicas: resultados preliminares
En coincidencia con las teorías que nutren el ámbito periodístico, es lógico que frente a
productos informativos similares, sus estrategias de prensa no resulten exactamente
idénticas. Interesa, en este sentido, apelar a las categorías de las que se nutre cualquier
medio periodístico, de tal manera que el conjunto a observar resulte mejor organizado.
Para este aspecto, Santa Cruz establece tres principios que son intrínsecos a todo
sistema de prensa: el ideológico, el periodístico y el comercial; de entre ellos resultará –
con la primacía de uno por sobre los otros- la esencia que definirá el perfil adoptado por
la publicación a lo largo de sus ediciones (2014:14).
A partir de estas líneas, un primer acercamiento al conjunto editorial de ambos países
ofreció un centenar de títulos 11 -cifra que superó ampliamente la prevista inicialmente-,
y con el fin de catalogar el conjunto, cada revista fue clasificada según el origen de sus
promotores editoriales. Se detectaron entonces cuatro tipos básicos según su origen y
que fueron rotuladas como “Universitarias” (provenientes de instituciones académicas),
“Estudiantiles” (generadas por centros de estudiantes o grupos de ellos),
“Institucionales” (surgidas de institutos privados, asociaciones gremiales u
organizaciones no gubernamentales, por ejemplo) y “Privadas” (fundadas con espíritu
independiente en el seno de instituciones autónomas de aquellas universitarias, siendo
individuales o grupales y, habitualmente, con la existencia de un capital comercial).
Si el estudio fuera cronológico (sin distingo de origen), resaltan cuatro fases que pueden
encerrarse en períodos de quince años cada una. Estos lapsos se resumen bajo los
siguientes argumentos: el tramo que va de 1950 a 1965 se corresponde con la formación
de una nueva generación de profesionales y coincide con el establecimiento de las
facultades de Arquitectura que se independizan de otras carreras o renuevan
radicalmente sus programas de estudio; el período entre 1965 y 1980 muestra un
quiebre en virtud de los hechos políticos que señalarán, aún más, la siguiente etapa: por
un lado se inicia la difusión arquitectónica de la mano de aquellos profesionales
egresados en las escuelas independientes, surgen las revistas estandartes de uno y otro
país y, consecuentemente con ello, asoma la arquitectura con sesgos ad-hoc a cada
contexto y, por otra parte, la década del 70 exhibe un corte radical con la instalación de
las dictaduras militares en sendos países y su consecuente retraimiento en las acciones
profesionales. El intervalo que va entre 1980 y 1995 incluye el ocaso de las revistas de
mayor trascendencia regional (AUCA, en Chile y Summa, en Argentina), pero también
exhibe el éxito discursivo de la “modernidad apropiada” a través de revistas
independientes, algunas de relevante opinión (como ARS en Chile y Summarios en
Argentina) junto con otras de breve vida editorial. Finalmente, el último lapso, a partir
de 1995 y de cara al siglo XXI, el periodismo especializado encontrará nuevos formatos
de prensa gracias a los modos de difusión informáticos que, desde ese entonces, ofreció
internet.

11

El volumen de las publicaciones que se han revisado en físico son las que se conservan en el
CEDODAL (Argentina); en la Sociedad Central de Arquitectos (Buenos Aires); en la Biblioteca Nacional
de Chile, en la Biblioteca Central "Luis David Cruz Ocampo" de la Universidad de Concepción,
Biblioteca “Hilario Hernández Gurruchaga” de la Universidad del Bio-Bío, Biblioteca “Lo Contador”,
Pontificia Universidad Católica (Santiago) y también en colecciones particulares.
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Como se anticipara, del conjunto editorial pesquisado pueden realizarse múltiples
lecturas. Inicialmente, el resultado cuantitativo muestra un volumen argentino
mayormente originado en producciones del ámbito privado (40%) y complementado
con cifras similares para las que provienen tanto de instituciones como de
universidades; asimismo, en cantidades absolutas, el conjunto supera en un 20% al total
producido en Chile.

Estadísticas cuantitativas de publicaciones de arquitectura editadas en la Argentina

En el país trasandino, el panorama se revela diferente: poco más de la mitad del total de
publicaciones se ha originado en entidades académicas universitarias 12, en tanto el
volumen restante comprende las provenientes de instituciones, las estudiantiles y
alcanzan el porcentaje mayor las de sesgo comercial (23%) superando las dos últimas
categorías citadas. Una perspectiva que permite entender estos resultados es considerar
el factor gubernamental dictatorial que reprimió las acciones democráticas –ergo,
dificultó la libertad de difusión- durante casi dos décadas (1973-1990).

Estadísticas cuantitativas de publicaciones de arquitectura editadas en Chile
12

Esta cifra, probablemente, quede avalada gracias a una numerosa cantidad de revistas emitidas desde
los distintos centros de investigación que componían autárquicamente las Escuelas de Arquitectura y,
además, se incrementa al considerar iniciativas editoriales de los estudiantes que, aun siendo de corta
vida, se manifestaron en varias de las Universidades chilenas.
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Si el análisis del comportamiento editorial se efectuara por décadas y se ajustara a cada
una de las categorías, el crecimiento que exhiben los tipos de revistas, lejos de mostrar
resultados lineales y previsibles, por el contrario, se manifiesta alterado y con franca
coincidencia de cara a las circunstancias históricas de cada país. Por ejemplo, tanto en
Argentina como en Chile, el mayor pico de revistas de origen estudiantil coincide con la
instalación de los gobiernos democráticos y, por contraste, las académicas son las que
mantienen regularidad constante (disminuyendo apenas en Chile con el derrocamiento
del Presidente Allende) y retomarán fuerza con la reinstalación democrática.

Argentina: estadística por décadas, según origen de revistas (1950-2000)
Chile: estadística por décadas, según origen de revistas (1950-2000)

En el total de las categorías propuestas, la década de 1970 revela un incremento parejo
en las cuatro con origen argentino, y exponencialmente fuerte en las revistas
universitarias chilenas. Puntualmente, y dentro de la jerarquía universitaria, la
producción de revistas mantiene diferencias entre ambos países. Mientras que en
Argentina el crecimiento se muestra sostenido en el transcurso del tiempo y con un
crecimiento coincidente con la llegada del gobierno democrático (1983), en Chile se
intensifica abruptamente a partir de la misma década. Asimismo, la situación económica
general de cada país también concuerda con las estadísticas antes citadas: en tanto en
Argentina se alcanzan picos inflacionarios a partir de 1987, en Chile fue en torno de
1990 y, efectivamente, para ambos casos estos hechos repercuten negativamente en este
mercado editorial específico y debilita su producción, sobre todo en aquellas iniciativas
privadas o en las estudiantiles (sostenidas por alumnos, con mayores esfuerzos
personales que dinero).

Chile: estadística por décadas, según origen de revistas (1950-2000)

Como en todo trabajo de investigación en proceso, estas cifras apenas alcanzan a trazar
un panorama inicial, ofreciendo valores preliminares pero en el cual se delimitaron los
perfiles de cada uno de los medios analizados. Las categorizaciones realizadas insertan
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a las revistas de este conjunto dentro de un contexto sociocultural particular, dando una
identidad al núcleo editor como al público al que iban dirigidas.
Todas estas estrategias, que alcanzaron mayor o menor amplitud de discusión en su
momento, confirman la generación de un modelo discursivo de la arquitectura. También
permiten confirmar que las revistas de arquitectura son un instrumento de información,
de afirmación y de debate y que, efectivamente, a través de sus páginas, consolidan la
espina dorsal en la producción intelectual y profesional de la arquitectura regional.
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>REVISTAS DE ARQUITECTURA ARGENTINAS Y CHILENAS DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX: perspectivas comparadas en la cultura regional</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras claves&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; revistas de arquitectura - cultura regional - Argentina - Chile - siglo XX</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;architecture magazines - regional culture - Argentina - Chile - twentieth century</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los últimos años, la historiografía de la arquitectura latinoamericana creció exponencialmente gracias a la categorización adquirida por las revistas especializadas como herramienta de investigación. Esta presentación ofrece adelanta resultados de una investigación cuya hipótesis aventura que, durante la segunda mitad del siglo XX existió una alianza arquitectónica intelectual entre Argentina y Chile. Las evidencias surgen al analizar este tipo de publicaciones, cuyas páginas exhibieron los avances culturales regionales y que, confirmaron, a posteriori, el reconocimiento arquitectónico de la “modernidad apropiada” latinoamericana. La metodología desarrollada se concentró en un análisis comparativo de doble vía, distinguiendo los trayectos y las relaciones de sus actores (editores y profesionales), el contexto geográfico en el que se desempeñaron y las obras y publicaciones que los instalaron en el medio arquitectónico. De esta manera, la investigación considera cuatro planos de estudio: el temporal (1950-2000), el geográfico (Chile y Argentina), el tema (la arquitectura) y los medios informativos que los reflejaron. Los resultados, aún incipientes, surgen de la catalogación y digitalización de algunas de las colecciones observadas en ambos países para los cuales se consideró la frecuencia, las temáticas, la ideología de sus promotores, las categorías de sus orígenes (comerciales, institucionales, estudiantiles, por ejemplo), la estructura y el perfil de sus discursos (análisis del poder, de las estrategias, de los protagonistas, entre varios más).</text>
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              <elementText elementTextId="773">
                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;In recent years, the historiography of Latin American architecture has grown exponentially thanks to the categorization of specialized journals as a research tool. This presentation offers advances of an investigation whose hypothesis adventure that, during the second half of the 20th century, there was an intellectual architectural alliance between Argentina and Chile. The evidence emerges from the specialized publications, in which pages the regional cultural advances were exhibited and which, a posteriori, confirmed the architectural recognition of Latin American "appropriate modernity". The methodology developed focused on a comparative two-way analysis, distinguishing the paths and relationships of its actors (editors and professionals), the geographical context in which they performed and the works and publications that installed them in the architectural medium. In this way, the research considers four levels of study: temporal (1950-2000); geographical (Chile and Argentina); theme (architecture) and the media that reflected them. The results, still incipient, arise from the cataloging and digitization of some of the observed collections of both countries in which the frequency, the themes, the ideology of their promoters, the categories of their origins (commercial, institutional, student, etc.), the structure and profile of their speeches (analysis of power, strategies, protagonists, etc.).</text>
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            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
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              <elementText elementTextId="774">
                <text>&lt;strong&gt;Dra. Patricia Méndez&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arquitecta - Universidad de Buenos Aires&amp;nbsp; &lt;br /&gt;Master en Gestión Cultural - Universidad de Barcelona &lt;br /&gt;Doctora en Ciencias Sociales - FLACSO</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

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Representaciones del arte y otras formas culturales
en la intermedialidad de Caras y Caretas

Dra. Sandra M. Szir
UNSAM-UBA
Resumen
El semanario popular Caras y Caretas (1898-1939) constituyó el primer periódico ilustrado que
alcanzó un público masivo y resultó innovador en términos comunicativos ya que en sus páginas
convergieron una miscelánea de contenidos y géneros textuales junto con variadas modalidades
gráficas de comunicación visual. Las noticias, intervenciones o posicionamientos acerca del arte
eran frecuentes y si su intención era ubicarse como formadora de gusto o valores estéticos, éstos
debían negociarse con las competencias e intereses de los distintos sectores sociales que
consumían la revista.
Como periódico ilustrado contribuyó a extender y diseminar una cultura gráfica, promoviendo
tecnologías y una difusión de imágenes en una proporción inédita. Caras y Caretas configuró
entonces tanto en sus formas textuales como visuales, ideas de lo artístico que articulaban las
bellas artes con otras modalidades, entre ellas, las formas gráficas y múltiples de la cultura
visual.
Este trabajo se propone entonces relevar en el contexto discursivo y visual del semanario
ilustrado Caras y Caretas en sus primeros años, las representaciones de los artistas y de sus
producciones, del arte y del campo artístico en formación y articularlos con la atención al propio
dispositivo de la revista y su particular intermedialidad con las herramientas que provee la
historia cultural.
Palabras clave
Revistas ilustradas, Cultura masiva, 1900, Argentina, multiplicación de imágenes.
Abstract
The popular weekly Caras y Caretas (1898-1939) was the first illustrated magazine that reached
a mass audience and was innovative in communicative terms as in its pages converged a
miscellany of content and textual genres along with various graphic forms of visual
communication. News, interventions or positioning related to art were frequent, and if it was the
editors’ intention to set themselves up as shapers of taste or aesthetic values, this had to be
negotiated with the tools and interests of the various social sectors that consumed the magazine.
As illustrated journal, it contributed to extend and spread a graphic culture, promoting
technologies and dissemination of images in an unprecedented proportion. Caras y Caretas set
then, both in their textual and visual forms, artistic ideas that articulated the arts with other
modalities, including the graphics and multiple forms of visual culture.
This work intends then, to relieve the representations of artists and their productions, the art and
the artistic field conformation in the discursive and visual context of the early years of Caras y
Caretas. This perspective is articulated with the regard of the magazine as a device and its
particular intermediality with the tools that are provided by the cultural history discipline.
Key words
Illustrated magazines, Massive culture, 1900, Argentina, images multiplication.

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Introducción
En sus primeros años, Caras y Caretas, surgida en 1898, ofrecía una sección
“Páginas Artísticas”, con escenas reproducidas a página entera que desplegaban
iconografías de la cotidianidad, hábitos y aspectos de la sociabilidad de Buenos Aires.
“Amateurs” 1 [fig. 1], firmada por Cándido Villalobos, representa una exposición de
cuadros y sus visitantes. Dos mujeres dominan el primer plano y se observa que una de
ellas consulta una guía o catálogo. El arte, sus prácticas de exhibición y consumo
aparecen aquí junto con paseos por el parque, el teatro, la iglesia, las tiendas o el trabajo
como una de las escenas o personajes urbanos del entorno porteño que caracterizaban la
sección [figs. 2 y 3]. El arte, además, forma parte de una práctica y de un discurso
inserto en otros discursos generales de promesas y logros nacionales. Pero el título de la
imagen indica la emergencia de un nuevo público que accedía a un consumo artístico y
un orden cultural en esos espacios que se multiplicaban hacia fines del siglo XIX y
comienzos del XX, el consumo artístico amplio era una práctica emergente y existían
nuevos públicos que accedían a ese orden cultural. El catálogo resultaba un elemento
necesario para la educación de esos espectadores “amateurs” cuyos gustos y
sensibilidades pretendían acomodarse a los códigos que imponía el consumo de las
“bellas artes”. De modo que Caras y Caretas, desde su lugar de enunciación como
impulsora de una cultura impresa masiva problematiza las tensiones entre los diversos
registros culturales y sus vínculos. En efecto, Caras y Caretas fue el primer periódico
ilustrado que a pocos años de publicación alcanzó una circulación amplia entre un
público diverso y heterogéneo. 2 Por consiguiente, al igual que otras formas culturales de
comienzos del siglo XX, debía negociar gustos y valores con los distintos sectores
sociales que consumían la revista, habilitando una convergencia de los modos y hábitos
del centro y de los barrios, de los registros de las sociabilidades burguesa y de la clase
trabajadora, de las voces de criollos e inmigrantes 3.

1

C. Villalobos, “Amateurs”, Caras y Caretas, a. IV, n. 195, Buenos Aires, 28 de junio de 1902.
En 1904 la revista alcanzó una tirada promedio de 80.760 ejemplares, en 1907 la cifra había ascendido a
106.000, y en 1910 llegó a 109.700. Pero ese mismo año, celebrando el centenario del 25 de mayo,
publicó un número especial compuesto de 400 páginas profusamente ilustradas del cual se tiraron 201.150
ejemplares de los cuales la mitad fue vendida en el interior del país. De modo que la cifra aproximada de
100.000 ejemplares vendidos en Buenos Aires para una población de 1.306.000 habitantes señala que
Caras y Caretas había alcanzado una popularidad inédita en el mercado local para una publicación
periódica.

2

3

Para un reciente análisis de formas culturales masivas como el tango y el circo a fines del siglo XIX y
comienzos del XX véase Graciela Montaldo, Museos del consumo. Archivos de la cultura de masas en
Argentina, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2016.
2

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Fig. 1. “Páginas Artísticas. Amateurs”, por Villalobos,
Caras y Caretas, a. IV, n. 195, Buenos Aires, 28 de junio de 1902

Pero además, Caras y Caretas se configuró como una organización comercial
innovadora dentro del campo de las artes gráficas ya que presentó un rol significativo en
las operaciones de implementación de novedades tecnológica que condujeron a
disminuir los costos y optimizar la calidad de impresión y reproducción de imágenes. Es
decir, Caras y Caretas se inscribe en los desarrollos de una cultura gráfica a la cual el
semanario contribuyó indudablemente a extender y diseminar, promoviendo una
difusión de imágenes en una proporción inédita. Por lo tanto, el semanario popular
ilustrado presentó tanto en sus formas textuales y visuales ideas de lo artístico que
articulaban las bellas artes con otras modalidades, entre ellas, las formas gráficas y
múltiples de la cultura visual.

Fig. 2. “Páginas Artísticas. En busca de pichinchas”, por Sanuy

3

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Este trabajo se propone entonces relevar en el contexto discursivo y visual del
semanario ilustrado Caras y Caretas en sus primeros años, las representaciones de los
artistas y de sus producciones, del arte y del campo artístico en formación y articularlos
con la atención al propio dispositivo de la revista y su particular intermedialidad con las
herramientas que provee la disciplina de la historia cultural 4 para abordar los objetos
impresos de publicación periódica y reflexionar acerca de las metodologías de análisis
de revistas como objetos autónomos.

Fig. 3. “Páginas Artísticas. Bellas Artes”, por Eusevi.

4

Nos referimos a una perspectiva trazada por una amplia lista de autores que ha teorizado acerca del
abordaje de los impresos en tanto artefactos culturales, pero también gráficos y visuales con los efectos
metodológicos que eso implica. Véase como ejemplos Donald McKenzie, Bibliografía y sociología de los
textos, Madrid, Akal, 2005 [1986]; Roger Chartier, El orden de los libros, Barcelona, Gedisa, 1992; El
mundo como representación: historia cultural. Entre la práctica y la representación, Barcelona, Gedisa,
1994; Roger Chartier y Guglielmo Cavallo (dir.), Historia de la lectura en el mundo occidental, Madrid,
Taurus, 1997; Armando Petrucci, Alfabetismo, escritura y sociedad, Barcelona, Gedisa, 1999.
4

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Institucionalización del campo artístico nacional
A partir de su origen, el 8 de octubre de 1898 en Buenos Aires, Caras y Caretas
se erigió como un periódico innovador con respecto a las publicaciones periódicas
decimonónicas precedentes, tanto en sus contenidos como en sus rasgos materiales y sus
modos de producción. 5 Desde la perspectiva de los estudios literarios, por lo general se
consideró que la originalidad de la publicación consistía en una presentación tipológica
que reunía como rasgo principal la combinación miscelánea de contenidos y géneros
discursivos junto a imágenes de distintas modalidades visuales. Caras y Caretas
convocaba así en sus páginas artículos de información general, ficción, humor, poesía,
notas técnicas o científicas, noticias sobre el extranjero, actualidad política, cultural y
social, publicidad.
Entre las notas de actualidad cultural de carácter local, el arte ocupa un lugar
significativo en términos cuantitativos. 6 Más que reseñas de exposiciones o críticas de
obras, se trata de noticias que registran la actividad de los artistas y de las instituciones
públicas recientemente fundadas. Del mismo modo que los literatos o los hombres de
ciencias, los artistas reciben en el discurso de la revista la asignación de cumplir
importantes funciones públicas, la de simbolización pedagógica, y la de propaganda
sobre todo en el exterior, tareas imprescindibles en el proceso político de organización
nacional.
Exposiciones, viajes y encargos eran las marcas del tránsito hacia la
consagración, a la que el artista aportaba su obra “fina”, “elegante”, “notable”, “bella”,
tal las categorías aplicadas a la descripción de pinturas y esculturas. Pero por sobre todo,
los artistas y sus producciones demostraban a los ojos de los cronistas que el “arte
nacional” era o un augurio cercano o una realidad innegable. Los trabajos expuestos en
los concursos de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes en 1904 son celebrados como
“un conjunto digno de elogio y una hermosa promesa para el naciente arte nacional.” 7
Pero no solamente invitación a futuro, también verdad presente en “el movimiento
intelectual digno de toda clase de estímulo y aplauso” en la producción de libros, en las
obras pictóricas y en los monumentos “que forman un conjunto honroso para el arte
nacional”. Sin embargo, a menudo las autoridades desoían esas voces emergentes como
al momento de erigir una estatua al general Mitre, la comisión designada para la
ejecución había decidido encargarla en Europa porque afirmaba, “la Argentina no tiene
artistas.” La nota, sin firma, continuaba

5

Hemos estudiado estos desarrollos en varios trabajos anteriores. Véase al respecto, por ejemplo, Sandra
M. Szir, “De la cultura impresa a la cultura de lo visible. Las publicaciones periódicas ilustradas en
Buenos Aires en el siglo XIX. Colección Biblioteca Nacional”, en Marcelo H. Garabedian, Sandra M.
Szir y Miranda Lida, Prensa Argentina siglo XIX. Imágenes, textos y contextos, Buenos Aires, TeseoBiblioteca Nacional, Argentina, 2009 y Sandra M. Szir, “Entre el arte y la cultura masiva. Las
ilustraciones de la ficción literaria en Caras y Caretas (1898-1908)”, en Laura Malosetti Costa y Marcela
Gené (comps.) Impresiones porteñas. Imagen y palabra en la historia cultural de Buenos Aires, Buenos
Aires, Edhasa, 2009.
6
La frecuencia de este tipo de contenido es variable, pero el número de notas sobre arte es altamente
representativo.
7
“Sociedad Estímulo de Bellas Artes. El último concurso”, Caras y Caretas, a. VII, n. 307, Buenos Aires,
20 de agosto de 1904.
5

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No entraremos a discutir la mayor o menor verdad que exista en tal afirmación, pero
consecuentes con nuestro propósito de ser imparciales presentamos esta nota de escultura
para los que dudan de nuestro arte, sino para aquellos que niegan de su existencia.
Con este propósito hemos pedido y conseguido de nuestros buenos artistas, una fotografía
de su obra maestra, aquella que fue trabajada con más cariño y dedicación, y hoy la
presentamos al público para que este se de cuenta clara y precisa de la importancia que el
“arte nacional” reviste entre nosotros. 8

Así, las fotografías presentan la “Cautiva” y el “Abel” de Lucio Correa Morales,
el busto “La ira” y el monumento a Nicasio Oroño, de Torcuato Tasso, el proyecto de
monumento a Alcorta y una fuente de Arturo Dresco, “La Armonía” de Mateo Alonso,
“Las Pecadoras” de Rogelio Irurtia, entre otros que se mencionan para exhibir con la
palabra, pero, sobre todo, con la fuerza de las imágenes “toda la importancia del ‘arte
nacional’”.

Fig. 4. “Artistas argentinos en Italia. Dresco y Collivadino”,
Caras y Caretas, a. VI, n. 228, Buenos Aires, 14 de febrero de 1903

Si los editores de Caras y Caretas tenían una idea de ‘arte nacional’ que
resultaba coincidente con alguna de las posturas de los debates en la literatura crítica de
la época, el despliegue de imágenes en la propia publicación presenta una
heterogeneidad discursiva más amplia. Uno de los problemas presentes en las
discusiones de críticos, artistas e intelectuales refería a los temas más representativos
para un arte propio. 9 Si la pampa u otros paisajes rurales, las escenas de costumbres y
los tipos tradicionales eran las propuestas más frecuentes, el semanario responde
añadiendo a esas representaciones gran cantidad de temas urbanos en ilustraciones y
fotografías. Pero resulta altamente plausible la idea de que, con la afirmación de la
8

“Las obras favoritas”, Caras y Caretas,
Para los debates en torno al arte nacional véase, entre otros, los análisis de Laura Malosetti Costa, Los
primeros modernos. Arte y sociedad en Buenos Aires a fones del siglo XIX, Buenos Aires, Fondo de
Cultura Económica, 2001; Miguel Ángel Muñoz, “El arte ‘nacional’: un modelo para armar”, en AAVV.,
El arte entre lo público y lo privado, Centro Argentino de Investigadores de Arte (CAIA), 1995; “Un
campo para el arte argentino. Modernidad artística y nacionalismo en torno al Centenario”, en Diana
Wechsler (ed.), Desde la otra vereda, Archivos del CAIA 1, Buenos Aires, Ediciones del Jilguero, 1998.
9

6

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existencia de un arte nacional, Caras y Caretas no esté dando cuenta de los motivos o
temas pictóricos más adecuados para manifestarlo si no de un impulso institucional y de
la constitución de un campo, así como de multiplicación de artistas y exhibiciones que,
con mayor apoyo estatal, lograban encauzar al arte como una herramienta más del
progreso civilizatorio moderno e identitario.
Las páginas de la revista confirman esta vía institucionalizadora que habían
emprendido las artes, y relevan las actividades del Museo de Bellas Artes 10, las entregas
de premios de concursos anuales para optar por una beca del gobierno que realizaba la
Sociedad Estímulo de Bellas Artes, 11 pero también reseña exposiciones, 12 publica las
actividades de los artistas argentinos que se estaban formando en Europa, 13 así como
concreciones materiales ligadas a inauguraciones de monumentos, o aquellos que aún
estaban en proyecto. 14 [figs. 5 y 6]

Fig. 5. “La exposición de Bellas Artes”, Caras y Caretas, a. V, n. 194, Buenos Aires, 21 de junio de 1902

10

“Regreso del Sr. Schiaffino. Las adquisiciones para el Museo de Bellas Artes”, Caras y Caretas, a.
VIII, n. 344, Buenos Aires, 6 de mayo de 1905.
11
“El concurso de pensionados”, Caras y Caretas, a. II, n. 60, Buenos Aires, 25 de noviembre de 1899;
“Estímulo de Bellas Artes. La distribución de premios”, Caras y Caretas, a. V, n. 194, Buenos Aires, 21
de junio de 1902, entre muchas otras.
12
”Rosario. Exposición artística”, Caras y Caretas, a. VII, n. 309, Buenos Aires, 3 de septiembre de 1904;
”Las obras del escultor Cafferata”, Caras y Caretas, a. VII, n. 310, Buenos Aires, 10 de septiembre de
1904, entre muchas otras.
13
“Artistas argentinos en Italia. Dresco y Collivadino”, Caras y Caretas, a. VI, n. 228, Buenos Aires, 14
de febrero de 1903; ”Artistas argentinos en Roma”, Caras y Caretas, a. V, n. 201, Buenos Aires, 9 de
agosto de 1902; ”Pintores argentinos en Paris”, Caras y Caretas, a. V., n. 29, Buenos Aires, 13 de
diciembre de 1902.
14
”El monumento a Garibaldi para Buenos Aires. Una visita al escultor Maccagnani”, Caras y Caretas, a.
VI, n. 248, Buenos Aires, 4 de julio de 1903; ”Arte y artistas. La fuente de Lola Mora”, Caras y Caretas,
a. VI, n. 225, Buenos Aires, 24 de enero de 1903; ”Arte y artistas. La placa para Humberto I. El
monumento á Alberdi”, Caras y Caretas, a. III, n. 104, Buenos Aires, 29 de septiembre de 1900.
7

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Fig. 6. “La exposición argentina en el Salón Freitas y Castillo”
y “La exposición italiana en el salón Witcomb”

En un artículo de extensión inusual para Caras y Caretas, ocho páginas firmadas
por Figarillo, seudónimo de José S. Álvarez, más conocido como Fray Mocho, “La
Academia de Bellas Artes. Su origen y estado actual”, 15 traza la historia de la fundación
de la Sociedad Estímulo “a la cual se deben en el país los actuales progresos en el orden
artístico.” Celebra los esfuerzos de los artistas por la profesionalización del oficio, y
afirma que quienes hasta hace pocos años no encontraban estímulo alguno y debían
ejercer otras tareas, ya podían vivir de su arte. El cambio había sucedido a partir de
1880, época en la cual el movimiento de los pintores, “aficionados” aún, reunidos por
José Agujari, establecieron un taller “que fue pronto una especie de cenáculo.” La
página reproduce la carta dirigida por Eduardo Sívori y Alfredo Paris a Agujari, en una
suerte de crónica ilustrada en la que se atribuye, con humor, el rol fundador de la
Sociedad a Braulio Berrotarán, un comerciante conocido como Braulio “el de la
puntilla”, que hacía de modelo a los pintores [fig. 7].

15

Figarillo, “La Academia de Bellas Artes. Su origen y estado actual”, Caras y Caretas, a. IV, n. 137,
Buenos Aires, 18 de mayo de 1901.
8

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Fig. 7. Figarillo, “La Academia de Bellas Artes. Su origen y estado actual”,
Caras y Caretas, a. IV, n. 137, Buenos Aires, 18 de mayo de 1901.

En una semblanza de la historia de la institución, pero más extensamente del
presente de la misma, reseña a la Academia de Bellas Arte, “a cuyas clases de estudio se
refieren las ilustraciones que aquí presentamos”, sus talleres de dibujo, pintura,
escultura, plástica ornamental, dibujo lineal, perspectiva, anatomía e historia del arte
instalados en la calle Florida 783, en “pleno barrio aristocrático”. Menciona a los
fundadores, así como a su Comisión Directiva y profesores, que con el apoyo del
gobierno nacional junto con recursos propios les permitía brindar a sus 536 alumnos y
87 alumnas comodidades, modelos y materiales necesarios para sus estudios. Señala el
carácter de centro de cultura intelectual con que se identifica a la Academia, la
concurrencia de “distinguidas señoritas” así como de jóvenes de todas las clases sociales
que adquieren conocimientos, algunos para hacer arte y otros para aplicarlos a la
industria. [fig. 8]

9

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Fig. 8. Figarillo, “La Academia de Bellas Artes. Su origen y estado actual”,
Caras y Caretas, a. IV, n. 137, Buenos Aires, 18 de mayo de 1901

Pero el foco del artículo indica que la hazaña de la Academia ha sido formarse
“una atmósfera para poder vivir”, y contribuyó también a que muchos artistas que se
han educado en ella copiando los tipos porteños populares hoy desaparecidos,
reproducen esas imágenes como documentos históricos del pasado local y además, las
difunden en el exterior, llevando “el nombre de su patria en órbitas que escapan a la
acción de los propagandistas oficiales.” Este discurso que reproduce palabras conocidas
y reiteradas en la crítica de arte de la época por Eduardo Schiaffino entre otros, se
encuentra acompañado de doce fotografías atribuidas a los fotógrafos de la revista, de
los talleres y sus alumnos, los profesores. El destino de esas imágenes es el amplio
público de Buenos Aires y de numerosas ciudades del país.

Contexto discursivo y visual de Caras y Caretas
En el prospecto de presentación previo al nacimiento de la revista, Caras y
Caretas niega tener un programa preconcebido, pero señala que en los apelativos de
“festiva, literaria, artística y de actualidades” se condensa lo que podría decirse de las
características de su proyecto editorial. Indagar la noción de lo “artístico” para los
editores de la revista implica considerar un ámbito complejo de un amplio campo que
tiene a las artes gráficas como centro, al dibujo como cruce de caminos entre las bellas
artes y otras manifestaciones visuales y a la reproducción de imágenes como condición
de posibilidad pública.
En un sentido empírico Caras y Caretas se constituyó como el primer periódico
que utilizó en forma sostenida los procesos de reproducción tecnológica que autorizaron
una disponibilidad masiva de imágenes para un público amplio imponiendo una mayor
10

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presencia visual en el contexto material de la cultura urbana de entresiglos. La puesta en
página fragmentada por una profusión de imágenes insertas junto a lo escrito se
complementa con una diversidad de formas gráficas que se manifiesta en una cubierta
policromada en papel ilustración, viñetas, fotografías, caricaturas y publicidad ilustrada,
reproducidas mediante técnicas diversas.
Se ha vinculado este despliegue visual de las publicaciones periódicas 16 de la
modernidad con otras formas culturales y tecnologías de exhibición como el museo, las
exposiciones universales, 17 los dioramas, panoramas y otras, y se las ha leído con los
conceptos e impulsos de “espectacularización” 18 y “complejo exhibicionario”, 19
favorecidos por las tecnologías visuales, los desarrollos disciplinares de la historia,
antropología, biología, higienismo y sus formaciones discursivas, articuladas con las
relaciones de saber y poder desarrolladas en el capitalismo analizadas por M. Foucault.
Lejos de considerar a Caras y Caretas como operaria en el disciplinamiento de la
mirada y como dispositivo panóptico, debemos especular acerca de su lugar de
enunciación como medio de comunicación masiva que pretendía dotar de sentido a las
miradas de una multitud de lectores, y que a su vez se encuentra con sensibilidades y
competencias diversas.
El profuso despliegue visual que se asemeja al de otras formas de exhibición de
carácter comercial como la vidriera, es convocado en la revista con las recurrentes
noticias sobre las exposiciones universales reforzado con las imágenes y con el énfasis
que se hace de los envíos “argentinos”. Se describe con particular énfasis el espacio
donde se desarrolla la exhibición, y se habla de la concurrencia. El público está aludido
frecuentemente en este tipo de notas, en los que “familias de la sociedad” o
“distinguidas señoritas” se encuentra con una “concurrida multitud” o un “crecido
número” de espectadores que desfilaban por las exposiciones. 20 La información gráfica
acompaña invariablemente esta idea de multitudes anónimas que señalan el éxito de los
eventos artísticos pero también se vincula con una entidad nueva para el siglo XIX, la
masa, que tenía a su vez, un protagonismo político en otras notas del semanario
referidas a cuestiones sociales. [fig. 9]

16

Algo de esto hemos analizado en: Sandra Szir, “Discursos, prácticas y formas culturales de lo visual.
Buenos Aires, 1880-1910”, en María Isabel Baldasarre y Silvia Dolinko (eds.), Travesías de la imagen.
Historias de las Artes Visuales en la Argentina, vol. I, Buenos Aires, Ed. CAIA/EDUNTREF, 2011, pp.
65-93
17
Donald Preziosi, entre otros, analiza estos procesos en Brain of the Earth’s Body. Art, Museums, and
the Phantasms of Modernity, Minneapolis-London, University of Minnesota Press, 2003.
18
Guy Débord lo ha propuesto en La sociedad del espectáculo, Santiago de Chile, Ediciones Náufrago,
1995 [1967]
19
Tony Bennett, The Birth of the Museum: History, Theory, Politics, London-New York, Routledge,
1995 y del mismo autor, Past Beyond Memory. Evolution, Museums, Colonialism, London-New York,
Routledge, 2004. Véase para una perspectiva panorámica sobre este tema Bettina Messias Carbonell (ed.),
Museum Studies. An Anthology of Contexts, Malden-Oxford, Blackwell Publishing, 2004.
20
Por ejemplo en ”Los artistas argentinos premiados en la exposición de San Luis”, Caras y Caretas, a.
VII, n. 314, Buenos Aires, 8 de octubre de 1904.
11

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Fig. 9. En la Sociedad Estímulo de Bellas Artes. La distribución de premios”,
Caras y Caretas, a. V, n. 194, Buenos Aires, 21 de junio de 1902”

Si bien no se trata del mismo público que asiste a las exhibiciones y aquel que se
organizaba en el movimiento obrero 21 [fig. 10] o protagonizó la huelga de inquilinos de
1907, 22 hay un nuevo sujeto en términos sociales, objeto de preocupación política por
parte de los dirigentes y de estudio para la naciente sociología representada por Gustave
Le Bon y Gabriel Tarde, y en el ámbito local por José María Ramos Mejía. 23

21

Alberto Ghiraldo, “Movimiento obrero”, Caras y Caretas, a. VII, n. 276, Buenos Aires, 16 de enero de
1904.
22
“La guerra de los inquilinatos”, Caras y Caretas, a. X, n. 468, Buenos Aires, 21 de septiembre de 1907;
“Sigue la huelga y principia el desalojo”, Caras y Caretas, a. X, n. 470, Buenos Aires, 5 de octubre de
1907.
23
Gustave Le Bon, Psicología de las masas, Madrid, Morata, 2014 [1895]; Gabriel Tarde, La opinión y la
multitud, Buenos Aires, Urbanita, 2013 [1901]; José María Ramos Mejía, Las multitudes argentinas,
Buenos Aires, Secretaría de Cultura de la Nación-Editorial Marymar, s/f. [1899]
12

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Fig. 10. Fotografía de muchedumbre en Caras y Caretas

En lo que concierne a Caras y Caretas a comienzos del siglo XX hay un nuevo
público que accede a la cultura impresa y esto es un fenómeno verificable, así como una
problemática social y política que implicó decisiones y suscitó una gran variedad de
representaciones y discursos. Las visiones optimistas acerca de las posibilidades de la
instrucción pública y la expansión de la lectura como factores decisivos del progreso,
provenientes de la ideología iluminista e impulsados en la Argentina, entre otros, por el
proyecto educativo de Domingo F. Sarmiento, fue seguido por un sentimiento de
inquietud frente a resultados no deseados de esa expansión, la preferencia por las
novelas por sobre otro tipo de lecturas o la diseminación de folletines criollistas. La idea
de acompañamiento en la lectura popular fue abonada entonces por las elites letradas
que se consideraban a sí mismas con los criterios y las condiciones morales para operar
como guías. 24 La prensa por lo general asumió el proyecto cultural de ilustrar al pueblo
y ya desde El Museo Americano de C. H. Bacle en 1835 hasta La Ilustración
Sudamericana de fines del siglo XIX, diversas periódicos ilustrados hicieron explícita
esa pretensión de intervenir en ese sentido con textos y con imágenes.
Al respecto de esa intervención puede percibirse en Caras y Caretas una
posición inestable y ambivalente, proponiéndose en una situación de acompañamiento,
como “educadora” en materia de arte, ciencia, y otras cuestiones, pero a menudo
también impugnando a las elites y sus espacios consagrados a las prácticas culturales
eruditas. Por otra parte, resulta claro que para la propia elite, Caras y Caretas representa
24

Este proceso es presentado también en el contexto de algunos países europeos. Véase Jean Hébrard
“Les nouveaux lecteurs”, en Roger Chartier y Henri-Jean Martin (dir.), Histoire de l’édition française. Le
temps des éditeurs. Du romantisme à la Belle Époque, Paris, Fayard- Promodis, 1990, pp. 526-567. En la
Argentina diversas voces se alzan en ese sentido como V. Quesada.
13

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uno de esos productos vulgarizadores del gusto para consumo de un público popular.
Schiaffino comparaba una mala obra pictórica con una oleografía y Ramos Mejía había
afirmado que “la imitación que es más chillona y alegre, halaga mucho más el sentido
amortecido de la muchedumbre que la realidad discreta, y la oleografía triunfa sobre el
cuadro al óleo: Watteau y Rembrandt son derrotados por Caras y Caretas.” 25
Ciertamente el semanario a la vez que impugnaba las imitaciones y el mal gusto
de los sectores medios, 26 promovía en parte la cultura de la copia. Publicitaba desde sus
páginas la comercialización de reproducciones de fotografías que habían sido
publicadas, y desplegaba amplia información acerca de otras formas visuales que
conformaban los márgenes de las bellas artes como exposiciones humorísticas, de
afiches o de bordados. 27 Asimismo daba cuenta de la circulación de tarjetas postales y
todo tipo de estampas comerciales. Puede citarse la exposición de dibujos que Caras y
Caretas realiza en 1905 en el Salón Castillo, el registro correspondiente indica que
Por eso mismo, los amantes del dibujo comprenden desde luego, que las obras
que hoy presentamos cuando fueron hechas, lo fueron sin pretensiones de ser
expuestas algún día. Son dibujos de ocasión, trazados al correr del lápiz la
mayor parte –casi todos- para someterlos al grabado inmediatamente, sin pérdida
de tiempo, cuando ya las máquinas de imprimir están prontas para recibirlos y
dárselos al público en miles y millares de reproducciones. 28
En ese mismo sentido, la diversidad de imágenes que Caras y Caretas exhibe en
cada ejemplar se produce con escasa jerarquización y también con yuxtaposición de
registros que indica tensiones e intercambios entre la culturas popular y letrada, oral y
escrita, rural y urbana, textual y visual, tradicional y moderna, atravesados por las
características de los modos de producción y del propio objeto gráfico, que sirvió de
soporte a esos múltiples y variados cruzamientos culturales. [fig. 11]

25

José María Ramos Mejía, Los simuladores del talento en las luchas por la personalidad y la vida,
Buenos Aires, Félix Lejouane &amp; Cía., 1904, p. 35
26
Para el consumo artístico véase María Isabel Baldasarre, Los dueños del arte. Coleccionismo y
consumo cultural en Buenos Aires, Buenos Aires, Edhasa, 2006.
27
”La exposición humorística. Su inauguración en el Círculo Italiano”, Caras y Caretas, a. V, n. 220,
Buenos Aires, 20 de diciembre de 1902; ”Exposición arte humorístico”, Caras y Caretas, a. V, n. 216,
Buenos Aires, 22 de noviembre de 1902; ”Bellas Artes. Exposición de estampas”, Caras y Caretas, a. IV,
n. 148, Buenos Aires, 28 de julio de 1901; “Arte y artistas. La exposición de ‘affiches’ del concurso
universal”, Caras y Caretas, a. IV, n. 158, Buenos Aires, 12 de octubre de 1901; ”El concurso universal
de ‘affiches’. Los tres primeros premios”, Caras y Caretas, a. IV, n. 161, Buenos Aires, 2 de noviembre
de 1901.
28
“La exposición de CARAS Y CARETAS”, Caras y Caretas, a. VIII, n. 339, Buenos Aires, 1º de abril
de 1905.
14

�I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017

Fig. 11. “La exposición de ‘affiches’ del concurso universal”,
Caras y Caretas, a. IV, n. 158, Buenos Aires, 12 de octubre de 1901

Fig. 12. Concurso de carteles de Coñac Domecq

15

�I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
El concepto de cultura masiva viene en auxilio, pero cabe aclarar que no es
considerado -utilizando un término de Grignon y Passeron- como un concepto
‘bulldozer’ tales como ‘urbanización’, ‘industrialización’, ‘cultura de masas’,
‘sociedad de consumo’, etc., que despejan de modo tan enérgico el terreno, que no podemos
distinguir nada más después de su paso. Por el contrario, hay que procurarse los medios
empíricos para estudiar la relación entre los consumos y los gustos, para tratar de reconstruir
la lógica, diferente según los grupos y según las épocas, de los préstamos y de las
retraducciones, para examinar en qué medida las diferentes capas de las clases populares
llegan a apropiarse, no sólo materialmente, sino también simbólicamente, de los bienes de
gran consumo. 29

Es decir, esta homogeneización del concepto debe ser desplegada para dar lugar
en el caso de Caras y Caretas a lo que los historiadores culturales proponen para
comprender las dinámicas de la cultura de cruces, y los modos como se enlazan las
formas impuestas y las identidades salvaguardadas, más o menos alteradas. 30 La cultura
masiva resulta entonces un espacio poroso en el cual formas de la cultura letrada y de la
cultura popular se entrelazan de maneras variadas y complejas.
Consideraciones finales
Se han mostrado algunos de los contenidos que Caras y Caretas presentó con
respecto al arte, los artistas y sus obras, y hemos indicado que más que desplegar
argumentos y reflexiones acerca de esos temas, el semanario registraba noticias y
movimientos en el campo artístico. Sin embargo, a su manera Caras y Caretas intervino
en los debates del momento acerca de la consideración del arte y la conformación de un
arte nacional. Los modos cómo lo hizo se vinculan con la utilización por parte del
semanario popular ilustrado de las herramientas discursivas y gráficas que conformaban
el modo de comunicación que alcanzó públicos masivos. Con sus palabras, sus
imágenes, y sus innumerables entrecruzamientos de contenidos, registros y medios,
brindaba al lector una suerte de orientación acerca de todos los temas posibles. Caras y
Caretas encauzó a partir de las formas discursivas breves y géneros diversos, una forma
de ver y concebir los sucesos de actualidad política nacional e internacional, eventos
sociales, crónica urbana, ciencias o bellas artes, en clave nacional. Esto interpeló a un
público masivo que se identificaba con sus modos de representación y que hicieron
posible la convergencia entre intelectuales formadores del gusto, intermediarios y
público.

29

Claude Grignon y Jean-Claude Passeron, Lo culto y lo popular. Miserabilismo y populismo en
sociología y en literatura, Buenos Aires, Nueva Visión, 1991, p. 20.
30
Roger Chartier, “¿Existe una nueva historia cultural?”, en Sandra Gayol y Marta Madero (eds.),
Formas de historia cultural, Buenos Aires, Universidad Nacional de Gral. Sarmiento/Prometeo, 2007, p.
39.
16

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>REPRESENTACIONES DEL ARTE Y OTRAS FORMAS CULTURALES EN LA INTERMEDIALIDAD DE CARAS Y CARETAS</text>
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                <text>Las revistas como casos específicos. Circulación de la imagen</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; Revistas ilustradas- Cultura masiva- comunicación gráfica- Argentina- multiplicación de imágenes</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; Illustrated magazines - Massive culture - Graphic communication - Argentina - images multiplication</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&amp;nbsp;&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El semanario popular Caras y Caretas (1898-1939) constituyó el primer periódico ilustrado que alcanzó un público masivo y resultó innovador en términos comunicativos ya que en sus páginas convergieron una miscelánea de contenidos y géneros textuales junto con variadas modalidades gráficas de comunicación visual. Las noticias, intervenciones o posicionamientos acerca del arte eran frecuentes y si su intención era ubicarse como formadora de gusto o valores estéticos, éstos debían negociarse con los distintos sectores sociales que consumían la revista.&amp;nbsp; Como periódico ilustrado contribuyó a extender y diseminar una cultura gráfica, promoviendo tecnologías y una difusión de imágenes en una proporción inédita. Caras y Caretas configuró entonces tanto en sus formas textuales como visuales, ideas de lo artístico que articulaban las bellas artes con otras modalidades, entre ellas, las formas gráficas y múltiples de la cultura visual. Este trabajo se propone entonces relevar en el contexto discursivo y visual del semanario ilustrado Caras y Caretas en sus primeros años, las representaciones de los artistas y de sus producciones, del arte y del campo artístico en formación y articularlos con la atención al propio dispositivo de la revista y su particular intermedialidad con las herramientas que provee la historia cultural.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The popular weekly Caras y Caretas (1898-1939) was the first illustrated magazine that reached a mass audience and was innovative in communicative terms as in its pages converged a miscellany of content and textual genres along with various graphic forms of visual communication. News, interventions or positioning related to art were frequent, and if it was the editors’ intention to set themselves up as shapers of taste or aesthetic values, this had to be negotiated with the various social sectors that consumed the magazine. As illustrated journal, it contributed to extend and spread a graphic culture, promoting technologies and dissemination of images in an unprecedented proportion. Caras y Caretas set then, both in their textual and visual forms,&amp;nbsp; artistic ideas that articulated the arts with other modalities, including the graphics and multiple forms of visual culture. This work intends then, to relieve the representations of artists and their productions, the art and the artistic field conformation in the discursive and visual context of the early years of&amp;nbsp; Caras y Caretas. This perspective is articulated with the regard of the magazine as a device and its particular intermediality with the tools that are provided by the cultural history discipline.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Dra. Sandra M. Szir&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad de Buenos Aires &lt;br /&gt;Universidad Nacional de General San Martín</text>
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-

�FUNDACION ESPIGAS 1
Buenos Aires - A rge ntin a j

D ERIV A C IO N ES DE LA EN SEÑ A N ZA
DEL M AESTRO
Desde la v e n tu ro s a ve n id a de T o rre s
a M o n te vid e o — de esta v e n tu ra

m ira d o s s e ria m e n te por los am igos sen­
satos, ga nadores de pre m ios, ca n d id a to s

habla

con elocu e n cia el c lim a a r tís tic o que
creó, el In flu jo que p ro d u jo , aún en los
que lo c o m b a tía n ,— m uchos fu e ro n los

seguros a la o fic ia lid a d en a rte .
Este fu é el p rim e r co n ta c to que tu v o
T o rre s con los p in to re s de a q u í; pero
sabem os ta m b ié n de a q u e llo s que le h i­

que más o m enos cu rio so s, lle g a ro n has­
ta £1 para que les enseñara a p in ta r. Si,

c ie ro n una g u e rra sorda, tira n d o la p ie ­
d ra y o c u lta n d o la m a n o ; y en sus es­
c rito s de ese tie m p o se re fle ja la a m a r­
g u ra que le dejaba tod o esto.

n i más ni m enos; y sabem os los n o m ­
bres de los que a tra v é s de los años
fu e ro n s in tie n d o esa c u rio s id a d : a p re n ­
d e r a p in ta r. Porque a n te s de que él v i­
n ie ra , ¿qué e x is tía aquí? Sólo se podía
p re te n d e r el a p re n d iz a je de la p in tu ra .

El h a b e r pasado pues por la A so cia ­
ció n de A rte C o n s tru c tiv o o p o r el T a ­
lle r T o rre s -G a rc ía , no s ig n ific a nada
— óigase bien,— m ie n tra s no haya h a b i­
do de p a rte del In te g ra n te una adhesión

Se ensayó en tonce s p in tu ra en la luz,
p in tu ra m edida, c o n s tru c tiv is m o c o n
m a y o r o m e n o r desgano y fo rtu n a . Y

e s p iritu a l

co m p le ta .

Porque

an te

tod o,

es que ta l s o m e tim ie n to a una d is c ip li­
na fu é to ta lm e n te e x te rio r, del cere bro
para a fu e ra , y no una necesidad v ita l.
M ás bien com o una especie de tu ris m o
p ic tó ric o , com o buenos tu ris ta s todo lo

lo que im p o rta es esa a c titu d c o n d ic io ­

to c a ro n ; to c a ro n cosas m u y s e rla s con
una in d ife re n c ia In fa n til y luego, pasa­
da la novedad, v o lv ie ro n a sus andanzas
p e rson ale s ¿ V o lv ie ro n ? 81 ja m á s habían

e n tra r de m anera fís ic a sin o v iv ir en
una tra d ic ió n u n iv e rs a lis ta , s in tie n d o las

na nte. Im p o rta más, seguro, que p in ta r
a is la d a m e n te un cu a d ro . P or esto no to ­
dos los que han e n tra d o al T .T . G . , han
e n tra d o re a lm e n te . E n tr a r en él no es

reg las com o algo n u e s tro desde sie m pre.
Y a q uí está la resp ue sta a p o r qué el
T a lle r ha poseído de m anera c o n tin u a ­
da una po bla ció n flo ta n te de curiosos,
de d is c íp u lo s p e rifé ric o s y un n ú cleo es-

s a lid o de ellos, de sus to rp e s In d iv id u a ­
lid ad es. Im p o s ib le p e d irle s un poco de
h u m ild a d : eran los p in to re s fu la n o s , ad-

N O TIC IA
En La
A lc a ld ía —
lio

Paz, (B o liv ia ) — lo ca l de la
se in a u g u ró en el mes de J u ­

p ró x im o

pasado

una

e xp o sició n

gu sto

de

p in tu ra s c o n s tru c tiv a s de los p in to re s
b o liv ia n o s C a rlo s Itu rra ld e V a ld é s y Au-

N“ 28

M u rillo

R. F a lta de espacio

nos

im p id e o cu p a rn o s hoy en fo rm a debida
de ta l a a o n te c im le n to , lo que harem os
en el p ró x im o nú m ero .

REMOVEDOR

icosró °ml

REDACTOR RESPONSABLE: GUIDO CASTILLO

ORGANO REDACTADO Y EDITADO EXCLUSIVAMENTE POR INTEGRANTES
DEL TALLER TORRES - GARCIA
RONDEAU 1388

-

MONTEVIDEO, URUGUAY

-

0 .5 0 el ejemplar

Las obras que so reproducen en esto número de "Removodor" fuoros expuestas en la
63P Exposición del Taller Torres-García, inaugurada el 28 do Julio en homenaje al Maestro
Joaquín Torres-Garda.

—

3

—

�ta b le que se ha Ido a firm a n d o cada vez
más. En este se n tid o esperam os que no

ra

se s e n tirá n m olestos los que condenan
la o rto d o x ia del T a lle r : 19 porque los c i­
tados elem en tos flo ta n te s pe rte ne cen por
n a tu ra le za al gru po de los tib io s , y 2?

tip o de lib e rta d que no es más que in ­
d iv id u a lis m o a todo tra p o : la procesión
más a b ig a rra d a de tru c u le n c ia s , unas
grises, o tra s rab iosa s de co lo r, y hasta
algun os se han q u e rid o re v e s tir de una

porque en la m a y o ría de los casos se
a le ja ro n de las enseñanzas del m ae stro
para e n v ia r a los salones y c u id a r su
pe rso n a lid a d de supuestas coerciones.
Porque m uchos han ido al T T G a a p re n ­
d e r un o fic io m an ua l para p o n e rlo lue­
go al s e rv ic io de sus personas; pero he
a q uí que ta l o fic io depende ín tim a m e n te
de una s itu a c ió n

e s p iritu a l no fo rza d a .

A s í que de v e r la re s u lta n te com o p rin ­
c ip io y
c e r en
ba. ¿Y
te ñ id a ,

fin , pasaron a c re e r que era ha­
d e te rm in a d a m an era y ya esta ­
qué re su ltó ? Pues una o b ra des­
sin a lie n to e xp re sivo aunque con

el

que

las

to m a

académ icam ente.

Véase luego lo que se ha hecho con ese

a p a re n te a u s te rid a d re p itie n d o fr ia ld a ­
des p u ris ta s y g e o m e triza cio n e s fo rz a ­
das y d e co ra tiva s.
La enseñanza ha de ser a la vez f o r ­
ma de co n o c im ie n to de una re a lid a d in ­
m e d ia ta y fo rm a de d e s c u b rim ie n to de
lo in te rn o . Y enseñanza que así no sea
es e s té ril acopio de datos in cone xos y f í ­
sicos. E vid é n cia se lo In te rn o en tod a su
p le n itu d en la m edida en que, o lv id a d o
de todo se aboca el a rtis ta a o rg a n iz a r
una e s tru c tu ra . Es en tonce s la reg la, la
sup rem a In s p ira d o ra .

a lgun as reg las respetadas. Un puro aca­
dem ism o, que ésta es la fo rm a de la
academ ia en todas las épocas. Es que

El c o n s tru c tiv is m o ta l com o lo p la n ­
te a ra el m a e stro tie n d e a se r una a c ti­

se Iba a a p re n d e r “ cosas” con T o rre s ,
recetas, no a poseer un con cep to de es­
tru c tu ra , no a s e n tir en lo p ro fu n d o la

tu d de v id a re a liz a b le en ob ras que te s­
tim o n ie n una fe u n iv e rs a lis ta . Com o es­
cuela hunde sus ra íce s en el a rte anó­

p in tu ra com o algo sagrado, no a v iv ir
la fu n c ió n a rm ó n ic a de los planos. E ra
m u y o tra cosa lo que se buscaba. Se
buscaba una fó rm u la para ha cer cua­

ció n e m o tiv a del In d iv id u o que lo re a li­
za : m u y al c o n tra rio , posee un le n g u a ­

dro s y no f a lla r iy cóm o fa lla b a n !

Bus­

caban en el m a e stro tru c o s y secre to s
de o fic io , y cóm o fa lla b a n . Cuán grande
su aso m bro cuando no taba n que la té c ­
nica era In se p a ra b le del con cep to to ta l,
que era éste qu ien la m o tiv a b a y que,
para poseerla en tod a su a m p litu d era
ne cesa rio, Junto a la v ía del ra zo n a m ie n ­

nim o y com o éste no niega la p a rtic ip a ­

je

de una elocu e n cia a n c e s tra l, tra d u c ­

t o r v iv o de una c o n s ta n te a n ím ic a . Ne­
g a r la p a rtic ip a c ió n In d iv id u a l en el a rte
a n ó n im o es ne g a r la p o s ib ilid a d c re a ti­
va del ho m bre en sí. El im p u lso e sté tico
es algo c o n g é n ito al ho m bre , y cuando
no lle n a rítm ic a m e n te de in c is io n e s sus
p rim e ra s arm a s, c o n s tru y e una tra d ic ió n

in tu ic ió n .

o ra l m a ra v illo s a m e n te carg ad a de m ito s,
crea los sig nos de su a lfa b e to , o ela b o ­
ra el co m p lic a d o le n g u a je s lm b ó lic o -ri-

La ta n cacareada fa lta de lib e rta d de las

tu a l de su re lig ió n . O bras to d a s e lla s que
obedecen en g ra n p a rte a esa necesidad

to,

el co n d u cto

o c u lto

y

d iv in o

de

la

no rm as del T a lle r, pensam os que tom a
o rig e n en un fa ls o con cep to de lib e rta d ,
p o r una p a rte , y p o r o tra en la m io p ía

In n a ta . A to d o s los g ra n d e s in te rro g a n ­
tes que le p la n te a la v id a obedece o
re a ccio n a sie m p re el h o m b re con obras

de los ele m e n to s in d iv id u a lis ta s . Pensa­
mos que la lib e rta d se da en su m a y o r
In te n s id a d cuando las re g la s pasan a ser
ele m e n to s c a n a liz a n te s de la In s p ira c ió n ,

crea da s para p e rp e tu a r un esta do d e te r­
m in ado , in f lu ir o d o m in a r m á g ica m e n te ,

que acontecen con la n a tu ra lid a d de
sie m p re a p a re ce r nuevas en sí, com o
d e s c u b ie rta s con un a lie n to p rim ig e n io .
Son o b stá cu lo las re g la s sólo para el

d ifiq u e n la p rim e ra . O bedece o re a c c io ­

que las p ra c tic a sin fe y sin a m o r o pa­

de un com ienzo un c re a d o r en acto. Y

c o n s tru ir o tro tip o de re a lid a d de re la ­
cio nes más s u tile s y b e né ficas, que m o­
na co n d ic io n a n d o sus resp ue sta s a una
necesidad a n ím ic a que se im p o n e a to ­
das esas In te rro g a n te s . Es ya pues des­

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Manu»l Poi/oi

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la p u rific a c ió n de este le n g u a je sin pa­

dose p a u la tin a m e n te . Este fra ca so se de­
b ió : al in d iv id u a lis m o de sus com p on en­

la b ra s no c o n tin u a rá el proceso h is tó r i­
co de la hu m a n id a d sin o que d e ca n ta rá

tes, a la fa lta de una p re p a ra ció n u n i­

su c o n te n id o c o n tin e n te , en la m edida
que el m en saje que tra s m ita (en su le n­
gu aje sin pa lab ras, se e n tie n d e ), sea vá­

v e rs a lis ta y a que m uchos to m a ro n aque­
llo más com o un tra b a jo de t a lle r nece­
s a rio o ú til para ha cer luego o tra s cosas

lid o e te rn a m e n te .

que com o una a c tu a n te necesidad de rea­
liz a r a rm ó n ic a m e n te .

T e n d ría el c o n s tru c tiv is m o m ucho de
a rte a n ó n im o y c o le c tiv o con las v a ­

Todos los esfu erzas para m a n te n e r
este gru p o re s u lta ro n vanos y sus in ­
te g ra n te s se d isp e rsa ro n poco a poco.

ria n te s supuestas que e n tra ñ a ría un es­
tilo de a rte na cido en una época su
esencia in d iv id u a lis ta , p ro d u cto de una
m in o ría de ho m bre s con ven cido s de una
fe com ún, re a liz a b le co n c re ta m e n te en

P o r estas razones fa lló la A . A . C . Sólo
en a lgun os In te g ra n te s del a c tu a l T.T .G .
parece e n c o n tra rs e el p rin c ip io ge rm in a -

una a rm o n ía . De esta a rm o n ía que t ie ­
ne su p rin c ip io en el c ic lo que se cu m ­
ple en la re g la de oro, h a bla n las obras

d o r del c o n s tru c tiv is m o com o escuela.
Como m a n ife s ta c ió n i n d i v i d u a l e l
c o n s tru c tiv is m o es una m an era de la

y la n a tu ra le z a , la m a te ria y el e s p íritu .
Los re ite ra d o s in te n to s del m a e stro pa­

p in tu ra en que lo a n ím ic o se d e pu ra por
la o rd e n a ció n a que se lo som ete. La pu­
reza de esta m a n ife s ta c ió n in d iv id u a l

ra fo rm a r un gru p o c o n s tru c tiv o en nues­
tr o a m b ie n te caye ron a tra v é s de los
años en el v a cío . La A s o c ia c ió n de A rte
C o n s tru c tiv o

que com enzó con un

depende del m undo que posea el a rtis ta ,
su ord en y e v o lu c ió n e s p iritu a l, y su ca­

g ru ­

lid a d de la m a d u ra ció n pro pia .

po e n tu s ia s ta que re a liz ó una se rie de
exp o sicio n e s de c o n ju n to , fu é anem izán-

—

Justo M. A g u ia r.
5

—

�N U ESTRO TALLER Y EL SILEN C IO
A M E D IA S DE LA CRITICA
Ya han pasado para no sotros, y quizá
d e fin itiv a m e n te , a q ue llo s años de lucha
en que nu e stro T a lle r no sólo peleaba

a rro s tra m o s la co m p a ra c ió n — que, acos­
tu m b ra d o s a re sp o n d e r con m ord iscos a
los palos c o tid ia n o s , reciben con desconfianz.a la c a ric ia inesperada.

con la p in tu ra sino ta m b ié n p o r la p in ­
tu ra . Y, aunque sie m p re serán m ejores
la c o rd ia lid a d y la m an sed um bre que la

Pero esos elogios son del p ú b lic o y de
a lg u n o s a m igos ilu s tre s , pues la c rític a
p e rio d ís tic a g u ard a un s ile n c io e n ig m á ­
tic o de h o n o ra b le e sfin g e , o se expresa

in to le ra n c ia y la v io le n c ia , no podemos
m enos que re c o rd a r con c ie rta n o sta lg ia
aq ue llo s días m alos, horas de s u frim ie n ­

e sp o rá d ica m e n te con una re tic e n c ia y
am b igü ed ad
v e rd a d e ra m e n te
s ib ilin a s .
L e jo s de n u e s tra in te n c ió n el tu r b a r un
reposo y una c o m p o s tu ra ta n e d ific a n te s

to, de in d ig n a c ió n ante la In ju s tic ia , de
o b lig a d a soledad, de in ca n sa b le re s is tir,
de p o lém icas a rd o ro s a s ... Porque nada
une ta n to com o el p e lig ro c o m p a rtid o , co­
mo la c o m p lic id a d en el d o lo r; y a nues­

y a le c c io n a d o re s ! Sin e m b arg o h a ría m o s
una exce pció n con el se ñ o r G arcía Es­

tro s enem igos, que so lía n d is fra z a rs e con
las áureas y platea das galas del o fic ia ­

teb an, pues este c r ític o

lism o , les debem os una buena p a rte de
n u e stro fe rv o r y de n u e stra s c o n v ic c io ­
nes. L u chá ba m o s porque cre ía m o s, pero
c re ía m o s más, to d a v ía , porque e stá ba­

la p in tu ra y de las a rte s p lá stica s, y es
poseedor de un c o n o c im ie n to ta n vasto
com o su pre o cu p a ció n que se d e m u e stra

re v e la una en-

co m la b le d e d ica ció n a los p ro b le m a s de

en sus a rtíc u lo s sem a na les en el p e rió ­
d ico “ M a rc h a ” . Lo que nos e x tra ñ a , ade­

mos lu chan do . Y la enseñanza lu m in o sa
y a p a cib le del m a e stro T o rre s , bro ta b a

más, es que en esa m u ltitu d de a r tíc u ­
los hay unas pocas y m u y escuetas re ­
fe re n c ia s sobre la o b ra del T a lle r T o rre G arcía . E sta a c titu d no nos h u b ie ra m o­
v id o a p e d ir una a c la ra c ió n , pues no nos

más Inten sa de sus h e rid a s, y p e ne tra ba
más hondo p o r las n u e stra s. V e n tu ro s o s
tie m p o s , cuando cada cu a d ro era re c ib i­
do con la más ca lu ro sa in c o m p re n s ió n ,
cuando te n ía m o s que d e fe n d e r a cada
in s ta n te lo que am á ba m os! T a n ta cos­

con sid e ra m o s ta n im p o rta n te s com o pa­

tu m b re

de un c rític o , sie m p re que ese c r ític o se

te n ía m o s

del

a d v e rs a rlo ,

ra in co m o d a rn o s an te la exp resa o m isió n

que

hasta lle gá ba m o s a t ir a r le de las o re ja s

c o n te n te con e m itir ju ic io s

cuando p a re cía d o r m ir el sueño de los

no hechos. Y n u e s tro T a lle r es un he­
cho, y n u e s tra s sesenta y ta n ta s e x p o s i­

ju s to s . La necesidad de u n irn o s para re ­

de v a lo r y

s is t ir m e jo r la in te m p e rie in c le m e n te de
la o p in ió n , nos re ve ló v ín c u lo s más po­
derosos que las d ife re n c ia s h u m o ra le s y

cio nes y n u e stra s de co ra cio n e s m u ra le s

la in c o m p a tib ilid a d de c a ra cte re s.

sob re to d o cuando se ha p ro m e tid o

H oy, en cam b io, re in a la paz y la bue­
na ve cin d a d , y no som os n o so tro s q u ie ­
nes vam os a p e rtu rb a r la se re n id a d a m ­

c o n tra rio . E ste es el caso del se ñ o r G a r­
cía E steb an, q u ien , en sus “ R e fle xio n e s

son o tro s ta n to s hechos que, buenos o
m alos, no son para p re s c in d ir de ellos,
lo

so b re la p lá s tic a n a c io n a l” — " M a rc h a ”
26 de d ic ie m b re de 1952 — después de

b ie n te . E lo g ia r los cua dro s de n u e stro
T a lle r es, hoy, sig n o de buen gusto, de

re fe rirs e e lo g io sa m e n te a la p in tu ra del

c u ltu ra y de ra ra s e n s ib ilid a d . Y com o

m a e s tro T o rre s -G a rc ía y con m enos en­
tu s ia s m o a “ la gruesa e in co n e xa fo r m u ­
la ció n de su te o ría e s té tic a ” , d ic e : “ Si

casi to d o el m undo q u ie re poseer una ra ­
ra s e n s ib ilid a d , el e lo g io es poco menos
que u n á n im e . N o so tro s p o r supuesto, es­

fu é in ju s to o no, si su enseñanza d ire c ta
lo g ró o no e fic a c ia , eso es h a rin a de o tro
co sta l y que de be rá d is c u tirs e d e sp a cio ” .

ta m o s m u y a gusto, aunque un poco re ­
celosos, com o esos p e rro s in fe lic e s —
6

—

�Gastón O lalde

H e m os esperado, con la ansied ad que es
de sup on er, y d u ra n te seis meses, que

A dem ás, com o a lg u n o s m al pensados
han c re íd o que el se ñ o r G a rcía E steban

esa despaciosa d is c u s ió n se re a liz a ra .
P o r o tra p a rte , si el se ñ o r G a rcía Es­

ya ha bia in ic ia d o esa d iscu sió n no sólo

te b a n

m ente,

a c o s tu m b ra

a d is c u tir con in te r ­

despaciosa sin o e n tre
d e c ir

lín e a s y a lu s iv a ­

las cosas con

c la rid a d

y

lo c u to re s , esta m o s d isp u e sto s a p re s ta r­

p o r de sa g ra d a b le s que sean, e v ita rá en

le to d a la c o la b o ra c ió n que se re q u ie ra

lo suce sivo m ezq uin as su sp ica cia s y sos-

y a f a c ilita r le to d o s los in fo rm e s que ne­
cesite .

(Sigue en ¡&gt;úg. 12)

�C O R R E S P O N D E N C IA DESDE
EGIPTO de G O N Z A L O F O N S E C A al A r q .
ERNESTO LEBORGNE

Luxor, 5 de Marzo de 1952. Querido amigo Leborgne:
A quí nos tiene en el Alto E gipto ; que le podría decir de como es el país
entre el Cairo y Tebas, casi 800 km., — con lo de A lejandría es casi 1000—,
sino que es tan uniform e como esas grandes estelas con figuritas, donde todo
parece igual basta que uno se acerca y descubre un mundo de form as y ac­
titudes, con escenas de labranza, de cerám ica, de carpinterías, de bailes, todo,
y que dan como una idea de la pequenez del hombre como individuo; así en
el Valle del Nilo se ve invariablem ente la misma escena; hombrecitos traba­
jan do una tierra muy negra, dividida por infinitos canales, todo muy bien
hecho; y qué prim itivo es todo! usan el mismo arado y los mismos bueyes
de los relieves, y esos bueyes y cebúes que no tienen pelo, brillan al sol co­
mo si fueran de basalto negro. Me acordaba de aquella descripción de Home­
ro, cuando Menelao, creo, pasó por Egipto de vuelta de Troya que quedó ad­
m irado de cómo trabajaban la tierra, de lo bien que arreglaban los campos
y del ingenio con que hacían esos canales. Para trab ajar usan ropa corta, una
falda blanca o naranja y me imagino que esta escena no habrá cam biado mu­
cho desde el antiguo Im perio. Me explico que haya durado tantos siglos esta
cultura, y que todavían sean muy conservadores; para ellos sólo cuenta la
creciente del N ilo y sus tres cosechas. Ilay entre estos fellali tipos de gran be­
lleza y algunas m ujeres, en lugar de la cara, muestran un dibujo, es decir
que en lugar del velo negro corriente, han bordado sobre él con m ostacillas
y monedas, una especie de decoración que im presiona pues el resto es todo
negro. Las m ujeres coptas, que son m inoría no usan velo y hablan con cual­
quiera en el camino.
La m iseria en que viven es espantosa, pues trabajan para el pashá due­
ño del campo a 25 piastras de sol a sol, los m ejor pagados, — los hay sólo de
5 piastras— , más o menos $ 1.30 uruguayos, con lo cual no puede com prar
m uchas cosas, (el paquete de cigarrilos más barato es de 5 p ia stras). E l as­
pecto de las gentes es bien distinto al del árabe más puro como el de Transjordan ia, y a excepción de la lengua, la religión y las ropas, el tipo egipcio
absorbió completamente al árabe, que nunca fueron muchos, y hasta en las
casas de los paisanos, muy a menudo decoradas, se vé más A frica que A rabia.
(¡C óm o le gustarían a Ud. esas casas de adobe, en que cada una es una in­
vención !) .
Cuando uno b a ja en A lejandría, hay algo que a uno lo sacude y no sabe
bien que es, al m irar la cara de las gentes; después uno cae en la cuenta de
que muchas de esas caras son las m ismas de las estatuas, y eso en el Alto E gip ­
to es mucho más. Los burros los afeitan, haciendo dibujos sobre la piel, y
queda algo m acanudo, y la cerám ica la decoran con rayados.
—

8

—

�E l T em plo (le K arn ak es tan inmenso que nos ha llevado dos días para
verlo con algún cuidado, porque es un conglom erado de templos de distintas
épocas y estilos, desde
ese que llam an protodórico muy usado en
el antiguo Im perio, (y
que recuerda tanto al
griego) y que es de una
.
.
_
sim plicidad muy granc e, pues no tiene capitel sino sólo un abaco cuadrado y un basam ento
igual, hasta las otras form as m ás u sadas; no quiero describirle algo que Ud.
debe conocer por los libros m ejor que yo, pero entre las cosas que más me
interesaron de K arnak, bahía un tem plito, algo alejado del grande, en el cual
una vez entrado uno y cerrado la puerta se hallaba en la oscuridad, salvo
un layo de luz que tenía un disco so lar; ¡que egipcio era todo eso! dicen que
en cierto día de Diciem bre, a las 12 de la noche, la luna ilum ina el disco de
piedra pu lida y proyecta hacia fuera esa luz.
Y luego Luxor e infinidad de tem plos m ás; hay en el Kam csscum unos
iclicves con escenas de combates, con carros y caballos, que creo que los de­
ben haber estudiado muy de cerca aquellos viajeros griegos que venían a
estudiar a Egipto. ¡A lgunos relieves tienen basta 15 ctms. de hondo!, — en los
pilones de E d fú algunos relieves tienen más de 20 ctms.— , en cam bio otros
son de una delicadeza increíble, el relieve es im perceptible, y si el sol no es
lasan te, cuesta trab ajo ver que está cubierta de d ib u jo s ... y luego las pintuia s de las tu m b as!!
una paleta de colores puros (tierras p u ras)— muchas
veces sólo grafism o; otras las figuras sobre el fondo blanco, y tam bién hay,
que cada escena tiene un fondo, lo que hace algo muy bueno en el conjunto,
y lo m ejor es cuando se ven a veces 5 ó 6 piezas de unas a otras en las gran­
des tum bas. Creo m ás que nunca en la pintura m ural plana. ¡Q ué visión la
de fo rre s para esto! B asta ver algunas tumbas que se han conservado por
fuera, para pensar que gentes que sentían esos planos geom étricos de la ar­
quitectura no podían concebir deform ar los muros con una tercera dimensión.
L a cám ara es un cubo con un pequeño nicho frente a la puerta, por afuera
arrib a llevan una pirám ide pequ eñ a; y en éstas es form idable poder ver el
conjunto de lo que hacían, arquitectura y pintura.
Abydos, 10 de Marzo de 1952.
. . . A l arte egipcio lo encuentro ca­
da vez m ás com plejo, pienso que uno
al an alizar esto desde el lado ¡jura­
mente plástico, olvida el sentido que
se le quiso dar, el sím bolo que es
cada form a, que uno percibe sólo en
form a de intuiciones, porque eso es
un mundo muy herm ético), no se si
me explico b ien ; últim am ente hay
una gran pelea entre algunos arqueó­
logos de aquí, que toca de cerca esto;
los partidarios del sentido esotérico en todo el arte egipcio lo consideran
no como arte, sino absolutam ente como una escritu ra; eso muy bien, queda­
rían las que son escrituras plásticas, hechas por artistas, y las que, con un
gran oficio, se lim itaron a expresar conceptos filosóficos por m edio del de­
sarrollo de temas ya establecidos.
En 'le b a s estuvim os con uno que nos d ía : “ El arte egipcio, consistió en
la com prensión de la vida . ¡Y o pensaba en Torres y vi que esa era la m anera
—

9

—

�como este hom bre después de toda una vida entre las pinturas de las tum­
bas, vió al final ese universalism o. Torres tam bién decía de algunos cuadros
constructivos, que eso ya no era lo que llam an arte, sino como una escritura plás­
tica — (quizás este arqueólogo no fuera hasta com prender que el sentido de
una form a es el aním ico, lo que expresa sin describir. En el caso egipcio es
más com plejo esto porque no eran propiam ente prim itivos, como el au stralia­
no o el negro de ahora, ni tam poco tuvieron a la base ese fondo de arte greco
rom ano que tuvieron los bizantinos y los rom ánicos. De cualquier manera
aplicaban reglas muy estrictas y se ceñían a un estudio trem endo de la na­
turaleza; y es fácil ver como ya más allá de la X X dinastía había desapareci­
do aquel espíritu y aquella observación de la naturaleza y sólo se observaban
las reglas a la m anera de esos cultos que cumplen algunas religiones ahora,
sin saber qué sentido tuvieron.
De ese mismo arqueólogo le transcribo la traducción de un inventario
grabado en el tem plo de E d fií; dice así: . . . “ E n el segundo cofre estaba con­
tenido. . . el libro de prescripciones tocantes a la pin tura m ural y las pro­
porciones que se le deben dar a las figu ras ” . Y otras sobre ese estudio que
hacían de la N aturaleza, es de una estela del Louvre, en que un escultor
de la X I dinastía cuenta que él conocía entre otras cosas: “ La postura del
brazo del cazador de hipopótam os, la posición del hom bre que c o m e . .. ” y
que él lia com unicado esta ciencia a su lujo. E s decir, pienso yo, le lia ense­
ñado al h ijo a ver la naturaleza.
Com paro una pintura griega (p ara el caso pienso en unos mosaicos grie­
gos de época rom ana que están en D am asco) con un relieve egipcio de es­
cenas religio sas: en los dos, si se los m ira del lado plástico son obras de arte
acabados, — y saliéndose del orden puram ente plástico a la griega se le agrega
una poesía de las figuras con sus adem anes tan arm ónicos y m esurados, y la
escena m ism a y la naturaleza (no n atu ralidad) que hay ah í; en la egipcia se
le agrega la expresión de esos sím bolos, cada figura hum ana m ism a es un
sím bolo y está tratado como tal, como un sol o una cruz. E l m osaico griego
eran tres figuras de m ujer, al lado de cada cual había un letrero que decía,
en una La F ilo sofía, en otra la Educación, y la Poesía, pero la obra la cons­
tituían las tres figuras, con sus pliegues y adem anes — nada de expresionis­
m o: una p in tu ra; en el relieve egipcio, una figura tenía la carne pintada de
verde y algunos atributos, la otra figura era igual pero de otro color y con
otros atributos, y según la proporción de unas con relación a otra y el color
que llevaban, significaban tal o cual cosa; todas eran como esquem as de hom ­
bres, sím bolos. En la egipcia liabía m ás una estructura, m ás ortogonal, más
su jeto a m edidas, y al fin de cuentas parece que eso va m ejor para una p ared ;
lo otro, en una pequeña cerám ica lo veo m ejor que en un m uro, porque ven­
dría a ser con toda esa libertad de expresión, el equivalente de la pintura de
caballete. T odo esto es muy delicado y merece estudiarlo muy bien, lam en­
to no tener a m ano el libro grande de T orres, hay unas conferencias en que
habla del sím bolo y de cuanto la expresión de ellos dom ina sobre lo plástico,
que habrá que leer muy a fondo en M ontevideo.
H abía en D enderah un túnel que descendía en escalera, muy largo, y
alum brándolo con velas se veían figu ras y soles, form as de toda especie; tu­
ve una sensación parecida a la del vértigo cuando uno está en una altura, y
fué que se me ocurrió que a m edida que b a ja b a y seguía el subterráneo, me
iba m etiendo m ás en ese mundo, y que eso no era el arte, eran iniciaciones a
ciertos conocim ientos; de cualqu ier m anera es un m undo terrible el del
egipcio.
A bydos, 11 de M arzo de 1952. Créam e que este país tiene un encanto
especial, que no se com para a nada de lo que he visto; una llanura, pero nada
—

10

—

�más lejos «le la pam pa, en lugar «le alam brados hay eanalcs de agua entre
los cam pos verdes del algodón y del trigo, y aunque en los pueblos, las rasas
son de adobe, está lleno el cam po «le esas casas que hacen con cañas y «pie
consisten en una em palizada dentro de la cual hay una o «los cabañas tam bién
«le caña y un horno de b arro ; a la puerta tienen como una colección de for­
m as de barro m ezclado con una ceniza y secados al sol, con las form as más
extrañas y enormes, pues hay de más de dos metros, —no tengo la menor i«lea
para qué pueden servir. Cerca de T ebas, había pueblos enteros en que las
casas tenían un segundo piso, más alto que el p r im e r o ... dedicado a las p a­
lom as! parecían esos pilones de los tem plos. A veces me be escondido entre
unas cañas para verlos tra b aja r, parece «juc no existiera el tiem po, una m u­
je r sigue al buey que gira alrededor «le la noria, muy despacio, pasan m uchas
horas así, y el que ara o hace canalitos lo mismo, nadie se apura, todo está
ordenado muy b ien ; para pastorear los bueyes, los atan de m anera que no
pasen cierta línea, y cada día les corren la estaca un poco más, a veces se
ve una hilera de 7 u 8 bueyes en línea recta; atrás de ellos, donde el cam po
que«ló pelado ya están preparan do de nuevo la tierra. H ay muchas palm eras
«le las altas, sicóm oros, y un árbol parecido al espinillo nuestro pero gigante;
tam bién hay tam arises, pero esos árboles nunca hacen bosque sino que están
tan disem inados que lo que predom ina siem pre es una gran horizontal, un
cam po verde que llegado a una línea bien nítida se vuelve am arilla, — el de­
sierto— , y así 2000 k m .!
Assuan, 17 de M arzo de 1952. . . .A q u í en el sur ha cam biado mucho to«lo,
no solam ente que el «lesierto llega hasta el N ilo, y en la gente hay m ayoría
negra, sino que el poco de árahe con «pie yo me defendía en Siria y Jo rd an ia,
aq u í no lo entiende nadie, y la p alab ra que no es distinta del todo, tiene otra
pron unciación; para m ás com plicación la población la form an adem ás de los
árabes, los B ich aris y los A babdehs que hablan todos una lengua distin ta; y
me han dicho que en N ubia, b asta bien pasado A bu-Sim bel, no hablan el
árab e sino el Quensi y el N auba. En el m ercado «le Assuan hay una cestería
con dib u jos de prim era, tam bién m ucha cosa traíd a del Sudán, y en la calle
lo asaltan a uno para venderle pieles de venado, de tigre o «le gacela.
Antes de cerrar esta carta, quisiera contarle la im presión que me hacen
estos tem plos egipcios, ahora «pie ya
'im he v'sto unos cuantos; en prim er lu'"y gar el grafism o en todas las pare«les,
',B, y otra cosa que no por ser conocifla
.5 d eja «le ser im portante para comprenderlos, es que a diferencia del
^ g rie g o (que es ex terior), el pórtico a
? columnas, (salvo que yo sepa, dos
'? excepciones), es siem pre por den. tro, dejan do afuera las paredes lisas
J para poder escribir y hacer dibujos.
En el griego parecería que el tem plo
es com o un hom enaje al dios, nada m ás; el egipcio es como un archivo en
cuyas paredes se escriben todos los conocim ientos de la época, desde fór­
m ulas quím icas para hacer perfum es, recetas de m edicam entos, poe­
m as, y libros históricos, m apas, listas de m inerales. En la capilla de
estos tem plos guardaban papiros con referencia a todos los conocim ien­
tos de esa época, vinculados o no directam ente al cu lto; en esto, co­
m o en lo del claustro interno, es en el convento cristiano, copto, bizan(Pasa a Ui pág. 14)

11

—

�(Continuación (le ¡lág. 7)

poco que el tre c h o que hay e n tre el d i­
cho y el hecho lo ha re c o rrid o n u e stro
T a lle r hace m ucho tie m p o .

pechas tu rb a d o ra s . Q u e rría m o s saber,
ta m b ié n , p o r qué el se ñ o r G a rcía E ste­
ban cada vez que se re fie re a las re la ­

P o r ú ltim o , de se ría m o s que el se ñ o r
G a rcía E steb an d is tin g u ie ra con más
c la rid a d la d ife re n c ia que e x is te e n tre
una d e co ra ció n que re a liz a un d is c íp u lo

cio nes e n tre la a rq u ite c tu ra y la p in tu ra
p re scin d e de la o b ra de T o rre s -G a rc ía ,
de la e s c rita y de la p in ta d a , pues no
sólo h a y un buen n ú m e ro de p u b lic a c io ­

del m a e s tro T o rre s y las e je cu ta d a s po r

nes del m a e s tro T o rre s sobre ese p ro ­
b lem a sin o la d e co ra ció n del h o s p ita l

T a lle r, que es el n u e stro , com o S a in t
R o m ain y P resno, p o r e je m p lo , que ha­
cen un t r is t e rem e do del a rte c o n s tru c ­

ge ntes que han estado de paso p o r su

S a in t-B o is , que el g ra n p in to r e je c u ta ra
ju n to con sus d is c íp u lo s y que yo creo

tiv o .

una de las o b ra s m ás im p o rta n te s en su
género de to d o el a rte m o d e rn o . En este

c o n s tru c tiv o sólo lo puedan e je c u ta r los
in te g ra n te s del T a lle r T o rre s -G a rc ía , pe­

la m e n ta b le

d e c ir que el a rte

el

ro sí que no lo pueden q u ien es q u ie re n
e s ta r a la m oda y no en la v e rd a d e ra

b ie n d o sob re ese m ism o te m a en el m is ­

c o m p re n s ió n e in te lig e n c ia de las cosas.

L e o p o ld o

ha ca íd o ta m b ié n

no q u ie re

e s c ri­

señor

o lv id o

E sto

C a rlo s

A rtu c io ,

m o s e m a n a rio . No debe o lv id a rs e ta m ­

—

12

G uido C a s tillo

—

�EL

COMENTARIO DEL SR. GARCIA
ESTEBAN
SOBRE NUESTRA 65 EXPOSICION

A d e la n tá n d o se a n u e stro s deseos, el
se ñ o r G arcfa E steban p u b lica un co­

d iscíp u lo s del T a lle r padecen de una
“ in h ib ic ió n a d m ira tiv a ” hacia su m aes­
tro . Suponem os que el c rític o qu iso de­
c ir :
a d m ira c ió n in h ib ito ria . N o sotros

m e n ta rlo sobre la ú ltim a e xp o sició n de
n u e s tro T a lle r, cuando este nú m e ro de
R e m ove dor ya estaba en prensa. La

c re ía m o s que la a d m ira c ió n , fo rm a In ­
te lig e n te del am o r, era la co n d ició n In ­
dispensable para toda c o m p re n sió n fu n ­

fa lta de espacio y de tie m p o nos o b li­
ga a no exce de r los lim ite s de una b re ­
ve nota, en la que agradecem os la preo­
cu p a ció n del se ñ o r G a rcía E steban y

d a m e n ta l y para toda acción fecu nda .
El señor G arcía Esteban, dice ta m b ié n ,

la m e n ta m o s la p risa que lo o b lig ó a pre s­
c in d ir de algun os d is c íp u lo s " v ie jo s ”

que la enseñanza del m ae stro T o rre s G a rcía es c o n tra d ic to ria , p o r lo menos

— com o Elsa A n d ra d a , p o r e je m p lo , que
expuso una de las m e jo re s ob ras de es­

en su aspecto te ó ric o . Lo que o c u rre es
que el señ or G arcía Esteban o lv id a que
T orres&lt;G arcía te n ía una p in tu ra antes

ta ú ltim a m u e s tra — y de a lgun os "n u e ­
vos” — com o M a ría A n g é lic a Dessent,
A n g e lin a de la Q u in ta n a , Celeste N úñez

de te n e r una te o ría ; y que esa te o ría ,
p o r t r a t a r de a rte , de poesía, debe ser

A lr a ld l, G u ille rm o F ernández, quienes,
a pesar del poco tie m p o de a p re n d iz a ­

c o n tra d ic to ria para po de r ser v e rd a d e ­
ra. C o n tra d ic to ria es la te o ría de P la tó n,

je ,

y

y la de L e on ardo , c o n tra d ic to ria es la
e sté tica de H egel, y no sólo d ia lé c tic a ­

El se ñ o r G a rcía E steban dice que los

to s o, m e jo r, d e s c u b rim ie n to s de Helde-

re v e la n

poseer

za no o to rg a
o rie n ta .

pero

lo

que la

a c tu a liz a ,

enseñan­
re v e la

m ente, c o n tra d ic to rio son los pe nsa m ien­

M n r ía
—

13

—

CorUú

�LA OBRA DEL TIEMPO

(Cont. (le piift. anterior)
oger, sobre los o ríg e n e s de la obra de
a rte . Este ú ltim o filó s o fo d ic e : "L a s
co n sid e ra cio n e s an teced en te s van a pa­
ra r al en igm a del a rte , en igm a que es
el a rte m ism o. La p re te n sió n está lejos
de re s o lv e r el enigm a. El tem a es v e r
el e n ig m a ." Y Los que han v is to el
e n ig m a por fu e ra y de d e n tro , h a cié n ­
dolo, com o T o rre s-G a rcía , saben que no
se puede p in ta r de ve ra s sin c u m p lir,
e n tre o tra s, con estas dos c o n d icio n e s:
su je ta rs e rig u ro s a m e n te a reg las rig u ­
rosas, y pro ced er, a la v e r con la más
a b so lu ta lib e rta d .
No es lo que más im p o rta , por ahora,

T odo a rte ve rd a d e ro tie n e que v e r con
la e te rn id a d , pero n in g ú n a rte puede ser
e te rn o . Y el a rtis ta que crea que el m e­
jo r d e stin o para sus ob ras es el lle g a r
a se r in d e s tru c tib le s , no sabe lo que es
el tie m p o ni lo que es la e te rn id a d .
A cep tada la te m p o ra lid a d del a rte , de­
ben aceptarse, ta m b ié n , com o n a tu ra le s
ag en te s d e s tru c tiv o s , los procesos fís ic o q u ím ic o s de la m a te ria y los psíqulcosfis io ló g ic o s de la in c o m p re n s ió n . Las
ob ras de n u e stro ta lle r, p o r dem asiado
jó vene s, han re s is tid o , p o r ah ora , la ac­

que en n u e s tro T a lle r se p in te n m uy
buenos cua dro s o m u y m alos — en re a ­
lid ad , y com o es n a tu ra l, se p in ta n bue­
nos y m alos— lo que in te re sa es la ve ­
ra c id a d y p ro fu n d id a d de su o rie n ta c ió n ,
el v a lo r de su a c titu d fre n te al a rte y,
p o r ende, a la v id a .

ció n c o rro s iv a de los elem en tos, pero, a
causa de esa m ism a Juve ntud han pade­
cid o ya tod as las in c le m e n c ia s de la to n ­
te ría , que puede d e s tru ir en una hora lo
que el v ie n to y la llu v ia en v e in te siglos.
Los m u ra le s p in ta d o s en el C lub D e fe n.
so r y en el lo cal de la Pan A u to m a tic ,
uno p o r Jo n io M o n tie l y el o tro p o r Ju­

En s ín te s is : le p re g u n ta m o s al se ñ o r
G arcía E steban si está o no está de
acu erd o con no sotros, y si cree que en

lio U ru g u a y A lp u y , tu v ie ro n la m ism a
su e rte de c o rre r una m u e rte rá p id a a
m anos de fu tb o lis ta s y panaderos, en vez

el U ru g u a y se hace a c tu a lm e n te una
p in tu ra más s ig n ific a tiv a y ve rd a d e ra
que la de n u e s tro T a lle r.

de te n e r que s o p o rta r una le n ta d e c re p i­
tu d . Los que co m e rcia n con el pan y con
los ca p ric h o s de una p e lota nos han da­

G uido Castillo

do una am a rg a le cción , p o r ha b e r c re íd o
que unos y o tro s podían e n te n d e r de
o tra cosa que de sus re s p e ctivo s o fic io s .
D ejem os a los panaderos con su h a rin a
cocida y a los fu tb o lis ta s con sus gomas

H A N D E JA D O DE P E R T E N E C E R
AL
LAS

TALLER

T O R R E S - G A R C IA ,

S IG U IE N T E S

NELSA

SO LAN O

in fla d a s . Y fre n te a los m ise ra b le s mon-

PERSONAS:
GORGA,

to n c ito s de po lvo que re sta n de aquellos
m u ra le s, sólo

DAY-

nos queda e x c la m a r con

el po eta:
MAN A N TU N E Z Y A N H E LO

"E s to s ,

HERNANDEZ

F ablo,

ia y

d o lo r!,

que

vez

a h o ra ” . . .
G uido C a s tillo

CORRESPONDENCIA

DESDE

EGIPTO

tino o gótico que encuentra su parentesco «le espíritu,
griego, donde nadie podría concebir que guardaran libros
como se pinta la cerám ica; no tenían ese sentido de bacer
de conocim ientos. Y sin em bargo, es G recia la que tomó y
to del E g i p t o ... para bacer al fin al una cosa tan distinta.

no en el templo
«le Sófocles o de
del tem plo sum a
se influenció tan­

Gonzalo Fonseca

—

14

—

�* .

•

.

.

.

�TuUicaaorues leí

Taller Torree-Carite

Tloi^evi c¡Po(Urugudy
&gt;

73

Talleres la bu
C e T r i- io . 7 4 - 0 -

Tlonfevicieo.

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                    <text>I MI TAR

Y PI NTAR

Se cuenta que Manet descubrió un día, que
el boceto que se solía bacer como estudio de
los grandes cuadros, era mejor que éstos. Desde
entonces, concibió la idea de pintar como si
fueran bocetos. Así nació un nuevo arte; y, sin
este descubrimiento, el Impresionismo no ha­
bría existido.
Antes de Manet, ya muchos pintores habían
observado eso. Y la exposición realizada aquí
de Juan Manuel Blanes, se prestó a hacer tal
observación: hubo quien prefirió alguno de los
bocetos expuestos, al cuadro definitivo.
Como el hecho es cierto, hay que preguntar:
¿de qué viene esa superioridad, en muchos ca­
sos, del boceto sobre la obra luego llevada a
término?
Hay más de una razón para que así sea. De­
jando aparte de que, en la obra definitiva, el
control que ejerce nuestra parte conciente no
deja lugar a que otras facultades esenciales a
la creación, tales como la emoción e intuición,
queden inhibidas, vamos a otro hecho tanto o
más importante.
Para explicarlo hay que remontarse a otras
consideraciones. Tengo que hacer referencia,
aquí, a algo que he venido explicando: me re­
fiero a lo que he llamado realidad de la pintura.
¿Qué sería tal realidad? Simplemente: un he­
cho plástico, paralelo a la visión de cuanto ve*
mos con nuestros ojos. Pues bien: ese hecho
plástico, es, para el pintor, una segunda reali­
dad; es la realidad de la pintura a que he hecho
referencia. Y es por esto, que, aun sin referen­
cia al mundo real, el hecho plástico pintura,
puede producirse. Es lo que últimamente se ha
denominado (a mi juicio impropiamente) arte
abstracto; arte que se le ha llamado así porque
no se apoyaba en ninguna forma real, valién­
dose sólo de recursos picturiales absolutos, y,
en la mayor parte de los casos, en visiones in­
ternas incontroladas. De ahí surgió el superrea­
lismo. Pero ese arte, precisamente, justifica el
hecho de que puede haber pintura sin imita­
ción de nada del mundo real. Prueba, pues, la
existencia del hecho plástico con independencia
total de la visión física.
La realidad de la pintura, es pues, un hecho
tan evidente, como la realidad de las cosas que
nos rodean.
Pues bien: con referencia a lo que decíamos
sobre la superioridad del boceto sobre la obra
definitiva, ahora no hay más que añadir, que,
en el boceto, por ser obra menos conciente (más
plástica y menos imitativa) se manifiesta más
lo que es en sí la pintura; o dicho en otros tér­
minos su realidad. El artista, pensando que lue­
go perfeccionará lo que sólo esboza, da rienda
suelta a su emoción; crea, entonces; pinta, ha­
ce pintura. Y, con lo dicho, se manifiesta que,
cuando se imita, no se pinta. El pintor, imi­
tando, no está en la realidad de la pintura. El

arte naturalista imitativo queda, pues, condena­
do, es un arte inferior. Por esto también, cuan­
do el tema prima en la obra, el cual conduce
derechamente a la imitación y la descripción, es
un mal punto de partida del artista. Pues, aun
que éste pueda servir de pretexto (y así ocurre

por J. T O R R E S GARCIA
nuevamente se ha vuelto al concepto profundo y
por esto verdadero, de la pintura. Y con esto,
ya se dice que no es nada nuevo; que es lo que
fué la verdadera pintura desde su origen (en el
segundo Renacimiento) y que, por esto, para
bien interpretar a los maestros de aquel tiempo,

GONZALO
FO N S ECA

en el caso del buen pintor) éste no ignora que,
el verdadero tema, en pintura, es ésta misma. Y
con este criterio, ya logra la unidad absoluta (o
sea la armonía) aspiración suprema del pintor,
pues entonces, ya no hay fondo y forma, como
en las obras imitativas a base temática.
Tales han sido los principios sobre los que se
ha fundamentado el arte moderno, y, por este,

es menester contemplarlos con tal criterio.
De adoptarse éste, por parte nuestra, quiero
decir aquí, en nuestro país, y ya abandonando
la vulgaridad del tema y el falso concepto del
naturalismo imitativo, se operaría tal cambio en
la producción pictórica que, entonces, podría­
mos decir con verdad, que ya poseíamos pintura
y pintores. Pues sólo en mínima parte, hay, en­

�tre estos últimos de nuestro país, quienes ya
columbran tan elevada visión pictural y van de­
jando el concepto primario que hoy ya no tie­
ne razón de ser. Quiere decir, que, aunque muy
lentamente, se inicia ya una nueva tendencia en
tal sentido, y que también, por parte del pú­
blico, se evoluciona en igual forma.
Sé que muchos, sea por incapacidad, sea por
intereses creados, sea por amor propio, o lo que
fuere, no querrán entrar en nuestras buenas ra­
zones, o se mofarán de ellas con el propósito
de desvirtuarlas o las combatirán desde su fal­
so punto de vista. Pero, aparte de tal mediocri­
dad debe siempre existir (y prueba de ello, es
de que siempre lia existido, y aun en los medios
más intensos de arte), aparte de eso — digo—
lo que contar, en este caso, es de que haya quie­
nes, por haber entrado en la comprensión de
lo que debe ser la pintura, afirmen, con sus
obras, los principios de su esencialidad; es de­
cir, que estén en la realidad de la pintura.
Hoy, por las circunstancias que todos sa­
bemos, sufre el arte, en Europa, un eclipse total.
Y aun más que eso, quizás; pues, de sobreve­
nir la paz, ya no se reanudaría en la forma que
existió últimamente. Hoy, — digo— por tal cir­
cunstancia, todos sabemos, que todo se espera
de América; es decir, de nosotros. Y ¿qué ofre­
cemos al mundo, que dé esperanzas, de que no
es vano el crédito que se nos otorga? ¿Una po­
bre cosa, reflejo de lo que ya se hizo ahí, en
Europa? ¿Una pintura de aficionado? ¡Porque
hay que ver, en qué profunda ignorancia, en
qué chata vulgaridad están ciertos pintores de
nuestro medio artístico; y, lo peor, cómo aun se
cotizan sus 'firmas, y se premian sus obras en
los concursos públicos! A toda marcha, pues,
hay que reaccionar. Y, los que ya vean claro,
los que ya, dignamente, puedan ostentar el
nombre de pintores (si es que los hay), debe­
rán redoblar su esfuerzo. Trabajar y luchar sin
descanso, y ya con mayor fe en el arte, con ma­
yor desinterés, y, más aún, con mayor patriotis­
mo.
Por parte nuestra, la fe nunca ha decaído
(siempre teniendo en cuenta que podrán haber
unos pocos pintores para mantener la pintura
a la altura debida) y, apoyados en ella, ya diji­
mos de tiempo, que el Uruguay, si quería, po­
dría marcar rumbo para todo el arte del conti­
nente. Y esto es tan cierto como dicho sin petu­
lancia. Sería un hecho. Pero entonces, no por
ese arte imitativo — a base de tema, sino por
nuevos valores—- estos ya verdaderamente de
pintura auténtica) que se levantasen. Una pa­
leta nueva ,una nueva estructura, un criterio
más concreto de la finalidad pictural. Nueva
generación (generación joven) del todo inte­
grada por jóvenes propiamente dichos; con vo­
luntad de entrar en la buena senda. Y esto lo
saben todos los que, atentamente, siguen paso
a paso, los cambios que se producen en nuestro
medio artístico por parte de esa juventud. Hay,
pues, esperanza. Pero volvamos a nuestro tema.
El estar en la realidad da la pintura, y como
ya he hecho ver en alguna otra lección, condu­
ce derechamente a los más altos fines a que pue­
da aspirar el arte. Vamos a destacarlos.
En primer término hay que considerar esto,
y para que se comprenda de una vez por todas:
que tal hecho plástico, tal verdad de tal reali­
dad incuestionable, a fuerza de ser cierta, lleva
a otras realidades. A fuerza de ser verídico un
pintor; a fuerza de ser pintor hasta los tuéta­
nos; a fuerza de tomar tal arte con toda reli­
giosidad y exclusividad de todo; a fuerza de no
pensar ya en otra cosa; en tal alucinación y con­
centración, llega, entonces, y en tal profundi­
dad, a descubrir en primer término, una reali­
dad de las cosas, que ya no es la que ven los

ojos; es la substancialidad de cuanto de real
existe; y entonces, lo real descrito o figurado
en sus obras, se nos aparece transfigurado. V emos, entonces, que, sin ser algo imitado, es,
substancialmente real. Real, con toda la comple­
jidad de la vida. ¿Será entonces, que en la con­
ciencia profunda, se identifican, esa realidad
plástica y la esencialidad de lo real? ¿Es decir,
que ambas llenan por completo la conciencia en
una sola y única visión? ¿Será lo que propia­
mente podría llamarse reflexión; esto es: la
conciencia, vuelta sobre sí misma; la autoconciencia? En efecto, cuando el pintor quiere
aprehender el objeto; hacérselo suyo, diríase
que reflexiona. Siente, se dice. Y es eso: sentir,
intuir. Y que siempre ha sido y es la vía del
arte. Da, por esto, entonces, el artista, toda su
personalidad. Y de ahí la modalidad de su arte
que tendrá que diferir de la de otro artista:
modalidad dentro de la común realidad de la
pintura. Por esto, siendo (por ejemplo) Velázquez y el Greco, dos máximos pintores, si la
realidad de la pintura los junta, se separan ra­
dicalmente, por una modalidad distinta en ca­
da uno. El uno — Velázquez— nos da el mundo

REMOVEDOR
O rg a n o re d a c ta d o y e d ita d o

exclusivam e nte

por

Torres

in te g ra n te s

de l

T a lle r

RONDEAU 1388

G a rc ía

MONTEVIDEO

AÑO 6

No. 26
Redactor Responsoble
G I U D O

MAYO

CA ST IL LO

1950

real, y, con tal profundo sentido, que le hizo
decir: “ antes que la pintura, la verdad” ; esa
verdad específica del objeto, que él vió insepa­
rablemente a través de la realidad de la pintu­
ra. En cambio en el Greco (tanto o más pintor
que el primero), su visión es otra; y entonces,
a fuerza de ser pintor es místico. La pintura,
en el Greco, es mística. Por esto, no son religio­
sas sus obras por el tema; sino por el misticis­
mo de su pintura. Y Beethoven, a fuerza de ser
músico, es profundamente humano. — Porque
Beethoven, tampoco describe con su música,
pues está en la realidad musical. Y así podría­
mos decir lo mismo del poeta, que, por la reali­
dad literaria llega a lo profundo de la vida. Y
escritores tipo Zola, con sus descripciones, no
llegan jamás a tal absoluta realidad. El arte
naturalista descriptivo, a base de tema, es, pues,
un pseudo arte o un arte inferior.
Si después de lo dicho queremos reflexionar
un poco, y ver, lo que tenemos aquí en nuestro
país, y lo que nos falta o debemos hacer, se
comprenderá, que es necesario despertar al fin
y ponerse a la obra inmediatamente. Ser patrio­
ta en ese sentido altruista y aparte de cualquier
política. Y dejar de lado a los que se sirvan
del arte para hacer política; y dejar de lado a
los que atiendan a sus fines personales y a sus
vanidades. E ir rectamente abriéndose paso a
través de la incomprensión y de la gritería de
los ignorantes. Día a día mejorar su obra; día
a día recogiéndose en su propia visión; día a
día dejando trás de sí lo que fué vano engaño.
¡Y sí, por la pintura! ¡Y por este Uruguay! Y
no ya por nosotros. Y no seremos dignos, no­
sotros los pintores, de recibir en nuestras pupi­
las la luz del día, si esto no hacemos. La luz
de este claro Uruguay.
Debiéramos pensar, que liemos terminado con
una etapa de aprendizaje, para entrar, ahora,
en terreno propio, y cultivar esta tierra que se
nos dió. Pero, con el entendimiento de que, si
no entramos con este nuevo concepto de arte,
al fin, no ya de aprendices, sino de pintores de

verdad, nada liaremos. Hay que cortar con algo;
esto es evidente. Cortar radicalmente; dejar la
vieja piel; ser hombres nuevos; nuevos para la
pintura. Y lo seremos, si al fin entramos en su
realidad. No hay otro camino.
Párese ahora, quien quiera que sea, y refle­
xione: ¿fué pintura la que tomamos por tai
hasta hoy? ¿Dirá verdad este hombre que así
nos exhorta? ¿Será esa otra cosa que ahora de­
bemos buscar? ¿Y dónde hallarla? Responderé
yo, y a falta de mejor cosa: váyase a la fuente.
Y eso es, y ya con este nuevo concepto de la
pintura, estudiar a los maestros: Tintoretto, Tiziano, Velázquez, el Greco. Y si se les estudia
seriamente, podrá verse, cómo, a través de sus
obras, van de más en más dejando el aspecto que
podríamos llamar fotográfico, para entrar en va­
lores plásticos ya bien destacados: manchones,
rayas, golpes de pincel, borrones, pasajes de to­
nos; en fin, toda una complicada técnica ner­
viosa e individual, lo menos imitativa que puede
pensarse. Para este fin, hay que ver buenas re­
producciones en las que haya detalles agranda­
dos de las obras.
Confrontando, pues, las obras primeras con
las ya maduras, podrá verse bien claro esto que
digo. El Greco (por ejemplo) en el retrato de
Clovio, hecho en Roma, y en su autorretrato de
la misma época y en la misma ciudad, es de
factura bastante imitativa. Y entonces, si es
comparan esas obras con las de un período más
avanzado, y sobre todo con las de su última ma­
nera (el Bautismo, Pentecostés, o varias Anun­
ciaciones y Ascensiones de la Virgen) se verá
eso que digo. Y lo mismo en Velázquez, compa­
rando la Mujer friendo huevos, con las Hilan­
deras o Las Meninas. Tiziano y Tintoretto nos
revelarán lo mismo.
Delante de tales obras, estamos, pues, en pre­
sencia de la realidad de la pintura. Pero, tales
valores ya absolutos, los bailaríamos en muchos
de los pintores modernos. Porque modernamen­
te se hizo también pintura. Se tuvo conciencia
de que, de nuevo se había dado con esa reali­
dad. Y soij muchas obras de Cézanne, de Braque o de Picasso, de Utrillo o de Renoir, y tan­
tos otros. Pintura al fin. ¿No fué, pues, pintura,
la de Carolus-Durán, o de Bouguereau; o la
Meissonier o de Gros; o la de un Kisling o de
un Blanclie? N o; no lo fué. Fué arte imitativo
a base de tema y para regocijo de los no enten­
didos. Y eran gente que tenían oficio; que sa­
bían dibujar muy bien; pero ¿qué importa eso?
Eso es sólo oficio. Les faltaba el quid - divinum,
esa rara facultad del espíritu para comprender.
Pues bien; el mediocre se escuda con el oficio.
Pero, sepa, que si no comprendió eso — eso que
está más allá del oficio— nada sabe; nada sabe
de la pintura. Y, al público hay que decirle lo
mismo :que si no va más allá, en su compren­
sión de aquello que le da el oficio de imitar
(que esto es lo que creen muchos que es la pin­
tura) sepa también, que nada vió de pintura.
Y que lo prolijo bien torneado y esfumado; y
que los cielos con nubes de algodón; y que los
reflejos de aguas, y luces, y sombras de con­
traste, es cosa que no trae ningún misterio, y
que, por esto, carece de interés. ¡Hay que ahon­
dar más! El que mucho pensó para realizar
una obra de pintura, mucho cernió; mucho me­
tió en ella que hay que ir descubriendo. Y no
se crea entendido quien no penó un poco, e hizo
trabajar su mente para separar el grano de la
paja. Y es pretensión ridicula creer saber sin
aprender. Pues todo ha de cultivarse.
Estamos en tiempo de preocupación y de gue­
rra, y parece que traer esos problemas de arte
a la atención de todos, es cosa como fuera de
lugar. Es que miramos al porvenir. Pues un día
( Termina en la Pág. 4)

�FUNDACION

ESPIGAS

Buenos A r.® - Arcantína

VELAZQUEZ EN EL PRADO
En “ Musaraña de la Pintura” , José Bergainín, nos dice, al comienzo de este estudio: “ Y
ninguna historia, ni filosofía del arte, ninguna
historia de las ideas estéticas —verdadera His­
toria de las Musarañas, como la magistral que
nos dejó el maestro Menéndez y Pelayo— , pue­
den sustituir, por lo que a la Pintura y a sus
musarañas se refiere, una breve visita a cual­
quier Museo, unas cuantas horas pasadas en El
Louvre, en El Prado en la National Gallery;
“ Nosotros, no sólo compartiendo el pensamien­
to de Bergamín, sino que respaldándonos en él,
y habiendo pasado “ unas cuantas horas” en el
Museo del Prado, procuraremos simplemente
recordarlas.
Debemos destacar, por lo tanto, que no pre­
tenderemos abarcar todo el mundo plástico de
este gigantesco artista, que se llamó Velázquez,
sino que procuraremos intuirlo, o sencillamen­
te asomarnos a ese mundo creado por él, a tra­
vés de unos pocos, pero grandes cuadros, que
nos produjeron una profunda y viva impresión
estética.
Contemplando algunas obras de Velázquez,
anteriores en el tiempo a las Meninas, en el
Museo del Prado, evocábamos al Virgilio de las
Geórgicas, cuando nos dice: “ Yo necesito ha­
llar un camino gracias al cual pueda “ elevarme
de la tierra y ver mi nombre victorioso voltijear en los labios de los hombres” . Velázquez,
como Virgilio, como todo artista verdaderamen­
te grande, encontró su camino, y creó las Me­
ninas. Sólo por las Meninas se habría perpetua­
do su nombre como pintor, esto parece casi
una verdad de Perogrullo, pero sin embargo
conviene decirla, para situar nuevamente la
obra, que vamos a estudiar; por otra parte, te­
niendo siempre presente, que obras como la
Rendición de Breda, y un sin número de re­
tratos, son obras de Pintura, obra de arte, en el
más alto grado.

LA

Nos resulta muy difícil traducir con un len­
guaje verdaderamente plástico, la impresión vi­
sual y al mismo tiempo emocional de la con­
templación de varios cuadros de este pintor.
Hemos tomado algunas notas, cuatro o cinco
apuntes frente a las Meninas, como también de
otras obras, que procuraremos transcribir, pero

M. PAILOS
siempre nos quedará la duda, que eso quede sin
vida, como simple esquema técnico, incompren­
sible para muchos, cuando precisamente las Me­
ninas, como la mayoría de las pinturas de Ve­
lázquez, son obras de una vida plástica tre­
menda, de una realidad francamente abruma­

INTELIGENCIA
por

El señor arquitecto Florio Parpagnoli, crítico
de arte, publicó, hace algunas semanas, en
“ Marcha” , un artículo muy elogioso sobre la
perfecta organización de nuestro “ Taller” . El
agudo crítico comienza por señalar las causas
que provocan el mal humor de la casi totalidad
de los artistas, observando que los “ grandes y
auténticos” son verdaderos oportunistas de la
ira que utilizan una cólera altamente inofensi­
va, pues sólo se salen de sus casillas cuando se
está mejor a la intemperie que al abrigo, y no
pierden la cabeza si no la pueden recuperar in­
tacta.
El señor Parpagnoli agrega que existe una
falsa tradición sobre el permanente mal genio
de los genios seguida por los “ pseudo-artistas” ,
los cuales además de no limpiarse las uñas tie­
nen el desagradable prurito de enemistarse con
el mundo entero.
Estimamos en lo que vale la sugestión de que
las integrantes del “ Taller” debemos adquirir
los útiles de tocador indispensables para el aseo
personal y ejercitarnos en las suertes más difí­
ciles de la urbanidad y de la cortesía. El señor
Parpagnoli tiene toda la razón del mundo al
pensar que una uña bien manchada es algo mu­
cho más desolador que una tela sin manchar, y
que las buenas maneras del trato social son,
por lo menos, tan apreciables como las de la
pintura. Nosotros nos apresuramos a reconocer

GUIDO

DE

LA

por ROBERTO SAPRIZA
dora; son un verdadero concierto en el momen­
to culminante, cuando todos los instrumentos
entran en lucha y al mismo tiempo en perfec­
ta armonía.
Antes de llegar al cuarto que encierra a las
Meninas, como en una caja de sorpresas, se de­
be pasar casi forzosamente, por la gran galería
de Velázquez, donde se encuentran colgadas,
nada menos que la Rendición de Breda, los
Enanos como El bobo de Coria, El vizcaíno, y
el Bufón don Sebastián de Morra, luego “ los
Borrachos” y Las Hilanderas, el Menipo y mu­
chos retratos, como la infanta Margarita y Do­
ña Mariana de Austria. Evocaremos unos cuan­
tos recuerdos vividos o simples detalles aparen­
temente insignificantes, rompiendo tal vez por
momentos la armonía total de los cuadros, pe­
ro procurando dar algo de su verdadera esen­
cia plástica. Así por ejemplo: El pañuelo blan­
co, obtenido por pinceladas de grises muy fi­
nos, sobre el amplísimo ropaje negro de Doña
Mariana de Austria, a quien nombramos al so­
lo efecto de ubicar debidamente la obra, tiene
aquel pañuelo una vida y un movimiento casi
diría humano y que parece disputarle al rostro
de la retratada, la supremacía del cuadro. Si
nos acercamos, el pañuelo se pierde en pince­
ladas geniales y misteriosas, si por el contrario,
nos alejamos, el pañuelo se agita en su drapea­
do, en sus sombras, en materialidad plástica, en
su perfecta y pura realidad. Lo mismo observa­
mos en el MENIPO, en cuanto al detalle que
destacaremos, y paradójicamente al revés en
cuanto a la técnica pictórica empleada. Vemos
en este cuadro, el Menipo, un cacharro burdo,
sin rastro académico, una simple forma plana
en el lienzo, y un poco más abajo un libro y
un pliego. El cacharro está sobre un banco ba­
jo de patas extrañas, casi un banco de piedra
pre-histórico. Todo esto parece un poco dema­
siado descriptivo, queremos solamente recordar

CRITICA

CASTILLO

estas importantes precisiones y le aseguramos
que si hasta el presente no habíamos conside­
rado como hechos dignos de mención el que
un pintor tenga las uñas muy sucias o muy lim­
pias, ni si en su vestir hay excesivo desaliño o
exagerado esmero, ha sido de puro olvidadizos,
distraídos o —si se quiere— atontados por la
pintura.
En cuanto a la actividad de gruñir, puede es­
tar seguro el señor Parpagnoli de que la practi­
camos sin mala intención. El señor Parpagno­
li sabrá lo que significa estar trabajando en al­
go, por humilde que sea, y que alguien, sin sa­
ber de qué se trata, venga y opine que ese ca­
jón para transportar elefantes está muy bien
hecho pero que le falta el agujero por donde el
pobre animal pueda sacar la trompa para res­
pirar, aunque, por otra parte, todo debe ser muy
sólido pues, según las manifestaciones de los
dadaístas, los elefantes son contagiosos.
El señor Parpagnoli observa que la perfecta
organización de nuestro “ Taller” permite que
unos trabajen mientras otros pelean contra los
que los molestan, calumniándolos por ejemplo.
Reconozco que sobre mí ha caído esa ingrata
y oscura misión. El señor Parpagnoli no pondrá
reparos en creerme si le digo que la cumplo
porque no sé hacer otra cosa de mayor impor­
tancia. Y puede estar seguro de que si la hicie­
ran los pintores la falta de tiempo los obliga­

ría a decir lo que tienen que decir sin los cir­
cunloquios y envolturas convenientes que son
mi único entretenimiento.
El señor Parpagnoli pudo pensar que en el
artículo pasado yo lo trataba de calumniador;
lo que sucede es que al hombre el idioma se le
aclúca en ciertos momentos de la vida, y ello
da lugar a desconsoladoras confusiones. Lo que
en realidad quise decir es que, al referirse a la
actividad del “ Taller” , el señor Parpagnoli in­
currió en un error muy explicable en persona de
tantos afanes. Estos mismos afanes le han impe­
dido enmendarse. Cuando quiera hacerlo, puede
pedirnos toda la información que necesite.
Por último el señor Parpagnoli dice que nos­
otros no entendemos que la imparcialidad es
condición imprescindible para la crítica. Nueva­
mente tiene razón el señor Parpagnoli; los ar­
tistas nunca han entendido la imparcialidad del
crítico. Basta recordar que Baudelaire, Wilde,
Eliot, Malraux, Picasso, Chesterton, etc., han
sostenido, de una u otra manera, que toda bue­
na crítica ha de ser necesariamente parcial. In­
dudablemente el artista piensa paradójicamen­
te que para ser objetivo hay que ser parcial,
porque no tiene esa complejidad de visión y
agilidad de alma que le permite al crítico elo­
giar lo bueno y lo malo y estar de acuerdo con
siete u ocho posiciones a la vez y no tener nin­
guna o por no tener ninguna.

�este trozo, un tanto olvidado en un rincón del
cuadro. Velázquez no se preocupó de la jarra
objeto que tuvo delante de los ojos, o mejor
se preocupó de realizar con ella una verdadera
síntesis para crear en el lienzo su forma plás­
tica cacharro; ocurre algo parecido con la for­
ma libro, hecha con una frescura especial, ob­
tenida ésta por el tono blanco muy sobrio, que
es el libro, que sobre el pliego realizado sobre
tonos aún más puros y rematado por contraste
con los negros de las sombras y del fondo, crean
esos tonos en su conjunto y en su armonía, un
trozo de pintura extraordinario y que por otra
parte es una naturaleza abstracta y universal.
En general este trozo está pintado con una fac­
tura más uniforme, sin ese pincelar libre que
en muchos cuadros se vuelve característico del
.»
pintor.
El Bufón Sebastián de Morra, es otro acierto
de Velázquez. En este cuadro, le sucede a nues­
tro pintor, lo que a Goya con las pinturas ne­
gras, usa de una libertad mayor y la tela suda
Pintura, en su sentido eterno, por todos los po­
ros. El enano es un pretexto demasiado insig­
nificante para Velázquez, que nosotros pensa­
mos que podía lo mismo haberse fijado en
unos objetos, como lo hacía Cezanne, para rea­
lizar esta obra, pues a pesar de expresionismo
lógico del rostro del enano, la pintura está en
todo su esplendor vital. De nuevo nos deten­
dremos en un detalle o en dos, o simplemente
en los zapatos del enano y vemos que son dos
formas apenas diferenciadas. En ese trozo, un
tono gris-ocroso, con un verde y un negro, en
armonía triangular perfecta. Úñ~poco más arri­
ba, apreciamos la música sutil de los tonos, que
se van sucediendo en un ritmo plástico acom­
pasado, primero la carnación del muñón, lue­
go el gris del encaje, después el negro verdoso
de la manga, siguen aún un rojo encamado más
bien apagado el sobretodo, avanza en verde el
coleto o capa, finalmente el tono sordo del fon­
do termina serenando la sinfonía.
Frente a la Rendición de Breda habría que
hacer un largo y sensible estudio, pues por
ejemplo está lo histórico dominado por lo plás­
tico de tal manera, que pasa a ser lo histórico
un simple motivo para el artista realizar una
verdadera obra de arte grande. Nosotros la he­
mos contemplado con respeto y admiración, y
hemos apreciado, la perfección de la composi­
ción, (en la cual siempre se destaca Velázquez),
así como también la sobriedad del colorido, la
audacia de los contrastes y la sencillez de los
detalles. Pero por el contrario, Salvador Dalí,
en uno de esos arranques propios de su extra­
ño humorismo surrealista ,o mejor de su afán
de publicidad, pudo decir en un reportaje pa­
ra la revista “ Mundo Hispánico” , hace más de
un año, que en “ Las Lanzas existe una distri­
bución falsa, una estrechez de espacio fastidio­
sísima entre Spínola y el caballo del primer
plano. Y luego destaca la picardía de un bas­
toncillo (tal vez por la semejanza con el suyo
propio) y la famosa llave en el espacio. En
cuanto a esa supuesta “ estrechez de espacio” en
Velázquez, nosotros creemos, siempre buscando
la posible explicación de lo absurdo, que pudo
Dalí decirlo, pensando solamente, en sus famo­
sos cuadros, donde el espacio infinito y su in­
genio de primitivo flamenco, dominan fácil­
mente a su fría pintura académica.
Dejando de lado esta disgresión, destacare­
mos de este cuadro maravilloso, que es Las
Lanzas, siempre evocando las cosas más humil­
des, un par de piedras realizadas, como sólo
Velázquez sabe hacerlo, donde se revela más
pintor que nunca. Habíamos anotado esto: puso
Velázquez un gris, luego otro más oscuro, dió
la sombra, e hizo una piedra. Y hoy agregare­

mos, hizo una forma piedra perfecta.
Tenemos que abandonar con pena, la gran
galería, y pasaremos de largo, por la sala que
contiene los paisajes de la Villa de Médicis en
Roma de Velázquez, otros cuadros, otros retra­
tos, y todavía hemos dejado atrás, en una sala
vecina a la del Greco, olvidado al Cristo de Ve­
lázquez, creación única, que inspiró aquel su­
blime poema a Don Miguel de Inamuno. El
cual nos dice: “ Vara mágica nos fué el pincel
de Don Diego Rodríguez de Silva Velázquez” .
Y más adelante nos agrega exclamando:
regio aposentador don Diego, intrépido,
de corazón al paso de andadura
por la común rodera de Castilla,
Te vió como si a Apolo, con el alma
sólo atenta mirando a abastecerse
con la clara visión; que es la del arte
la escuela de la eterna endiosadora.
Estamos ya frente a las Meninas, nos senti­
mos empequeñecidos como los primitivos ante
la presencia de un ídolo milenario. Esta obra
es uno de los pilares en los que se asienta la
Pintura del Universo. Empezaremos a hablar
de cosas aparentemente sin importancia, para
ir serenandoc nuestro espíritu.
Las Meninas de Velázquez, es una obra rea­
lizada sobre tela, y recordaremos como detalle
que se puede apreciar a simple vista, que no es
una tela única, sino son tres trozos de tela bien
cocidos en dos costuras perpendiculares a la po­
sición normal del cuadro; pensamos que tal vez,
el pintor no pudo encontrar una tela de la me­
dida deseada, que era más de tres metros de
alto por algo menos de tres de ancho.
Pretender abarcar con una sola mirada el gi­
gantesco cuadro de las Meninas, es poco me­
nos que imposible, sería casi lo mismo que que­
rer conocer el mundo del Quijote a través de
una simple lectura indiferente y rápida. Para
ir conociendo o mejor, viviendo las Meninas,
hay que detenerse largo rato en su contempla­
ción. Así, lentamente, se van descubriendo los
detalles, por ejemplo: Ese negro que ha pues­
to el pintor, para terminar el vestido de la in­
fanta, en el cuello, es un negro sencillo, sin
ninguna clase de rebuscamientos, que sobre los
hombros de la niña, está velado apenas por sus
cabellos de oro. Vuelve a repetir, o mejor, a
crear de nuevo, Velázquez, en esa armonía de
tonos incomparable su mundo plástico, y así
contemplamos el tono rosado del hombro iz­
quierdo de la Infanta, que continúa y que vi­
bra con el oro del cabello, y luego rima en la
manga, con un tono negro, otro gris, otro oro
y un ocre oscuro, para estallar en la perfecta
carnación de la mano.
La enorme profundidad del cuadro, se alcan­
za en parte, por el juego de perpendiculares y
horizontales, pero sobre todo por contraste del
tono blanco, que surge del fondo, detrás de la
puerta abierta, con los tonos negros y muy sor­
dos que se alejan en los cuadros y en el techo.
Si bien en todas las figuras de primer pla­
no, aún en su autorretrato, el pintor utiliza la
técnica de pintura directa, por el contrario en

IMITAR

Y

la figura del ?acerdote o como lo llamaban en­
tonces guardadamas, está como raspado. Si se­
guimos mirando esta figura, comprobaremos
que el manto es algo completamente plano, sin
pliegues, casi sin cuerpo, está realizado en un
negro puro y que el rostro parece estuviera gra­
bado en un trozo de piedra, como la gris pie­
dra del muro. Las manos unidas de esta figu­
ra. son manchas ocres rojizas sobre el negro,
nada más. ¿Acaso Velázquez no sabía pintar
manos perfectas? ¿Es que no surgen manos de
niñas, que son formas puras y trágicamente in­
fantiles? Pero, no se preocupó de perfeccionar
un detalle, pues ante todo era pintor, y busca­
ba siempre la armonía total, puso la mancha,
creó la forma manos, y quedó perfecto en el
conjunto.
El ámbito plástico de la obra, es decir, ese
salón creado por Velázquez, en todo su sobrio
señorío, con sus cuadros, con su espejo y su
gran tela, está lleno de luz y lleno de aire, pic­
tóricamente hablando. Estos trozos, en general,
están pintados con factura uniforme, no se pre­
senta la pincelada, pero por ejemplo, se da el
muro en todo su vigor plástico, en toda su sen­
cilla realidad. Y hasta se puede apreciar, la
trama de la tela, dando por sí sola, una traba­
zón plástica formidable en ciertos lugares del
cuadro. Una línea negra sobre el muro, por el
ángulo de la luz, está hecha con el pincel suel­
to, sin la preocupación de hacer una línea per­
fecta, sino solamente una línea, sobre un gris
sobrio en la luz. Hemos dicho, que la tela su­
bía tomando posición plástica en el cuadro y
que la línea está en él, en su verdadero senti­
do estético. ¡Qué lecciones magníficas, éstas de
Velázquez, para todo vulgar academismo ex­
clusivamente realista e imitativo en sumo
grado!
Gozamos al contemplar o mejor al descubrir
detrás de la representación simulada de las
Meninas, o de la apariencia de su figuración,
la vida realmente plástica de la obra. Parece,
que de pronto, vivimos momento a momento,
la creación del cuadro, pincelada por pincela­
da, mancha por mancha. Vemos surgir prime­
ro un perro, realizado como con cariño, luego
la figura y los retratos, después el ambiente to­
do de la obra. Y sentimos o palpamos toda la
pintura de Velázquez, encerrada en ella, toda
su técnica y todo su genio. No hay trozo que
no haya sido logrado en plenitud. Oponiéndo­
nos aparentemente a una de los mayores acier­
tos estéticos del maestro Torres García, que fué
el comparar de una manera sublime a Veláz­
quez con Beethoven, nosotros diremos que aquí,
en las Meninas, sólo por un momento al me­
nos, Velázquez es Bach, por la serenidad y por
el equilibrio perfecto que encierra esta obra.
Pero además, hemos tenido las mismas sensa­
ciones, la misma emoción estética, frente a es­
ta obra, que cuando nos introducimos por pri­
mera vez en el mundo misterioso de una cate­
dral gótica. Pues, como la catedral, la creación
de Velázquez, nos domina y aplasta en su mag­
nificencia y su grandeza.

PINTAR

u otro vendrá la paz. Y entonces, será el lugar
de este momento de hoy; tendremos quizás un
arte que admirar; un arte cierto, fuerte, verda­
dero; y nuestro. Pues así como la naturaleza, sin
parar mientes en las contiendas de los hombres,
sigue su concorde y majestuoso ritmo, así tam­
bién el artista y a su compás deja lo acciden­
tal (pues por descomunal que sea, lo es) y va
con la lenta y solemne marcha de los siglos:
sigue la ininterrumpida tradición de esa cosa

(Conclusión)

divina que se llama pintura. Y es porque él está
en el espíritu (o sea en la verdad) y no en el
ajetreo de la realidad de las cosas. Y con esto
y para terminar, voy a decir lo mejor: que el
arte lleva a la religiosidad. Y entiendo por tal
&lt;y sólo eso) el vivir en la universalidad del es­
píritu. Donde ya todo es uno; donde no hay
tiempo; y que es el ambiente en que nos ponen
las verdaderas obras de arte.
Junio del 41.
Impresora L.I.G.U. - Cerrito 740

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                    <text>�FUNDACION ESPIGAS
Buenos Aires - Argentina (

LA GRAN LECCION DEL MAESTRO TORRES GARCIA
(CONFERENCIA
-'v/

)

Torres García decía una vez de un cuadro su­
yo: “ Este cuadro vale no sólo por lo que tiene
sino también por lo que le falta". He aquí una
verdadera síntesis de la actitud espiritual que
siempre tuvo el maestro Torres, y que nos sirve
para caracterizar a toda su obra y a su perso­
na entera.
Cada una de las pinturas de Torres García só­
lo tiene a la pintura y todo lo demás le falta;
le falta la imitación de la naturaleza, la suje­
ción al tema descriptivo o literario de lo huma­
no, la emoción desenfrenada y la expresión dra­
mática. Pero, todas estas cosas no están simple­
mente ausentes, sino que brillan por su ausen­
cia. Y en ese lucir brillante de la ausencia cum­
plen con su verdadera función poética, como si
hubieran quemado toda su materialidad para
lograr esta pura luz de la pintura.
Podríamos decir que la naturaleza es tanto
más brillante en la pintura cuanto más ausen­
te, porque su ausencia sólo depende de la natu­
ralidad o naturaleza del arte, el cual natural­
mente la excluye a medida que la comprende
y toma conciencia de sí.
No sucede lo mismo en las obras de un Kandinsky, un Leger o un Piet Mondrian —por
ejemplo— , quienes manejan razones carentes de
verdades y una estética vacía de metafísica. Y
es así que se apartan de la naturaleza en sus
obras sólo por un propósito mental, por una
desnaturalización del arte.
Con Torres García ocurre precisamente lo con­
trario: el pintor cuando pinta pone manos a la
obra, entrega la realidad de su sueño al rigor de
sus manos, que trabajan absortas en su materia
y como olvidadas de que están inventando.
Torres García no sólo lia visto la pintura en
sí, sino mejor, a la pintura ensimismada, y des­
cubierto que ia naturaleza no está fuera, sino
en el fondo de ese ensimismamiento luminoso.
Por eso cuando habla la pintura habl% la natu­
raleza, pero cuando se quiere hacer hablar a la
naturaleza, la naturaleza calla v la pintura tam­
bién.
Si en un paisaje, un retrato o una naturaleza
muerta del maestro Torres García nos sorpren­
de la invención de la realidad, que convierte en
música la observación exacta de la misma, mu­
cho más nos sorprende la natural verdad de sus
composiciones constructivas. En síntesis: Torres
García inventa en el mundo de lo real de la
misma manera que ve en el mundo de la in­
vención.
Oigamos sus palabras: "El que nos apoyemos
sobre elementos abstractos no quiere decir que
la obra tenga que ser sin figuración; la obra
puede ser figurativa. Al contrario, lo no figura­
tivo (lo veremos más adelante en el neoplasticismo), si se limita sólo a las figuras de la geo­
metría, sin llegar a la forma y a la expresión,
debe ser excluido así como debemos excluir lo
antitético a eso, o sea la imitación fotográfica.
Además, en el fondo de todo ordenamiento plás­
tico debemos exigir que esté la naturaleza, que
ha de ser el punto de partida (la idea de algo
real), así como el punto de arribo debe ser el
ordenamiento plástico. Y hay (pie fijarse que
he dicho la idea de algo real ( idea plástica I \
no la copia de algo real. Porque si bien la idea
de un objeto cualquiera debe estar en la mente
del artista y por eso ser el punto de partida, en
realidad la forma del objeto debe surgir de la

EN

LEIDA

"AMIGOS

DEL

geometría. Puede decirse pues: de la geometría
a la naturaleza, y no a la inversa. La inversa pro­
duce lo decorativo, que es detestable. Es la na­
turaleza obligada o forzada a ser geométrica,
mientras que en el otro caso es lo geométrico
que, a la manera de un signo y sin dejar de
ser geométrico, trasunta algo real \
Es imposible hablar de manera más concreta,
con un lenguaje tan de artista, de obrero, refi­
riéndose a cosas que atañen a lo más profundo
del alma de lo humano y del papel del hombre
en su enfrentamiento con el mundo. Es que To­
rres García, en vez de convertir el oficio en
esencia de la pintura, ha convertido la esencia
en oficio. Por eso, no sólo es uno de los gran­
des pintores con que cuepta el arte de todos los
tiempos, sino que fué y sigue siendo un maes­
tro sin precedentes en esta época moderna, que
enseñaba no sólo una técnica y una estética, si­
no un estilo para la vida en total, sin el cual
no hay estilo poético posible. Para él, cualquier
aspecto fundamental de la pintura era una sín­
tesis de elementos plásticos y de la persona del
pintor, de ahí la profunda humanidad de su
arte.

REMOVEDOR
O rg a n o re d a c ta d o y ed itad o exclu sivam ente
por

in te g ran te s

del

T a lle r

Torres

AÑO 6

G a r c ía

N°. 2 5
R edactor Responsable
GUIDO

CASTILLO

FEBRERO

1950

El maestro Torres García, como se ha dicho
en otra oportunidad, nunca fué un teórico, sino
un artista que contaba su experiencia, un maes­
tro que quería mostrar la evidencia de su sue­
ño. \ porque era un maestro se planteó a sí mis­
mo el deber de creer en sí mismo, en su pintu­
ra y en sus discípulos, no permitiéndose imagi­
nar ni inventar otra cosa que la verdad. De es­
ta manera hizo que el misterio del arte sea un
misterio que se cae de maduro, pero que sólo
puede ser arrancado intacto si al instinto del
pintor se le agregan la fe, la gravedad de espí­
ritu y la integridad moral.
Indudablemente esta moral no es la que ?e
apoya en moralejas; es la que, cuando jugamo?
al arte, nos permite jugarnos entero?.
La gran aspiración del maestro Torres García
es que todo lo que el artista haga -ea a la vez
espiritual y concreto, exigiéndole “ que el oficio,
la técnica, sea la expresión de una forma pro­
funda que él al fin halla; es decir que la técni­
ca misma al fin sea espíritu; y todavía dicho de
manera más concisa: que sea pintura; algo in­
definible que se expresa por este -imple tér­
mino” .
\ si él. Torres García, no imita a la natura­
leza porque la comprende, es original —-como
podría decir un gran poeta español— porque
está en la tradición. Así dice el pintor: “ Las
dos fuentes de inspiración del artista son la rea­
lidad y los museos” .

ARTE”)

Una de las cosas que no hay que olvidar es
(jue, si bien Torres García era un filósofo, un
escritor y un religioso, era con todo y a pesar
de todo un pintor; y un pintor que pintaba con
el rigor de sus teorías y al mismo tiempo con
absoluta libertad, olvidado de todo lo que no
fuera la realización de una pintura.
Si intentáramos hablar de su religiosidad pres­
cindiendo de su labor de artista o dejándola en
segundo lugar, sería como hablar de una reli­
gión sin voz y sin espíritu. Recordemos lo que
él dice: “ Aquí, ya no entran teorías, conceptos
filosóficos o de estética, pretensiones de orien­
tar en tal o cual sentido, modos y maneras de
arte, que siempre tendrán que inducir al artis­
ta a hacer algo determinado; aquí se plantea la
simple cuestión del artista frente a las cosas” .
En otro lugar escribe: “ En todo caso ese hom­
bre que afirma, se ve que no quiere complica­
ciones; es simplista, y para no aprender arit­
mética cuenta con los dedos. Uno dijo: “ es un
doctrinario . Otro dijo: “ es un pitagórico” . Otro
dijo: “ es un místico” . Otro dijo: “ es un carte­
siano . Otro dijo: “ es un francmasón” . Otro di­
jo : "es un fascista . Otro dijo: “ es un evangéli­
co . Nadie dijo lo que realmente era: un artis­
ta. Cuando pinta, cuando habla, cuando va por
la calle, cuando escribe. Porque esto resulta in­
ofensivo. \ por esto, también, pueden estar tran­
quilos los hombres serios: no va a hacer caer
ninguna torre, ni a suplantarles, ni a usurpar­
les ningún título, ni a querer formar en sus fi­
las, como un intruso; ni a llamarse filósofo, ni
teorizador, ni profesor, ni etc. Es un artista que
sueña y nada más. No hay que ser pues, en de­
masía severos con él. ¡Si no pretende... nada!” .
Esto es fundamentalmente Torres García: un
artista, alguien que cuenta con los dedos, sueña
y no pretende nada.
La última lección que el maestro, pocos días
antes de su muerte, dió a sus discípulos que ya
poseían las reglas, fué precisamente esta: que
no pretendieran nada, que contaran con los de­
dos, que tomaran un lápiz y un papel y que se
buscaran. \a nos había dicho el 5 de Febrero
de 1947: “ No habrá una sola pintura ni un so­
lo arte, sino tantas pinturas y artes como artis­
tas y pintores” . Y entonces, el maestro, tras de
haber enseñado las reglas, .corregirá sólo de
acuerdo con el sentir y ver personal de cada
uno. Porque cada artista tratará de construirse
su templo o su cabaña, su lugar escondido, su
cripta y su altar, de singular estructura. Su ta­
ller será también eso, animado por su espíritu.
Pero también cada cuadro será morada de ese
espíritu suyo” .
El maestro con estas maravillosas palabras
entregaba la responsabilidad a sus discípulos, a
los que pintan y a los que escribimos. Pero
nuestro sentir personal y nuestras personales
búsquedas terminan siempre donde él señalaba.
Por e-o le seguiremos entregando nuestras obrapara que las corrija, para que nos diga con su
voz perenne si en ellas se ha cumplido lo que
él quería ,en donde terminaban todas sus leccio­
nes empezaran por donde empezaran: “ El artis­
ta al ir a su obra dehe olvidarlo todo y propo­
nerse una sola cosa: realizar una estructura. Lo
demás saldrá sin que el se dé cuenta, que es
como deber ser” .
•
Guido Castillo

�HOMENAJE DEL "TALLER TORRES GARCIA" A LA MEMORIA DEL MAESTRO

��FACULTAD DE HUMANIDADES
MAYO 30 DE 1949 - LECCION IV

En el transcurso que media entre lo? sigio»
XI y XV, la pintura experimenta tales cambio».
y estos se entremezclan en tal forma, que e»
muy difícil establecer delimitaciones precisas.
Insesiblemente se pasa de un estilo a otro, con­
servado el nuevo, algo del anterior. Pero, en el
siglo X lll, época que podríamos llamar de Giotto, algo se define puede decirse definitivamen­
te ya que va a persistir por siglos en la futura
pintura. Y esto que deja atrás, para entrar en
una concepción nueva, es el abandono del hieratismo bizantino.
Asi como Dante deja el latín para servirse del
romance así también Diotto, su contemporáneo,
deja las formas estilizadas del arte bizantino,
para tomar las de la realidad. Se ve que en su
arte ya hay una libertad y una luz; una mane­
ra de componer propia y de solucionar proble­
mas de espacio y de visualidad, manera de \estir a sus personajes, y también una acción, a
veces muy movida, que no había existido basta
entonces. Pero a través de eso tan nuevo, per­
sisten aún la ley frontal, la línea geométrica, y
multitud de otros detalles, lodos ellos ya modi­
ficados, pero que delatan su origen. Y así, con
tal base se irá desarrollando toda una nueva
pintura que llenará todo el siglo XIV. Son los
llamados cuatrocentistas.
El arte de todos estos pintores, es convencio­
nal, pero hay que decir en que forma. Es con­
vencional desde un punto de vista naturalista,
porque el pintor naturalista imita la realidad;
pero no con respecto a la naturaleza. Toma de
ésta aquello que le conviene, y con eso recons­
truye la realidad según la idea de lo que se pro­
pone. Y esta manera de comprender el arte,
es algo que persistirá en todo el arte del Rena­
cimiento. Porque, ni aún en esa época el pin
tor imita: observa y luego pinta libremente. La
pintura directa no existirá, y sólo en parte, has­
ta Goya. Y ni aún cuando pinta ante el mode­
lo procede de otra manera.
Pues bien, tiene que venir el derrumbe total
de la pintura, para que aparezca el pintor imi­
tativo: puede decirse que este gran “ honor” le
cabe al siglo XIX. Y entonces si que puede de­
cirse que la pintura lia muerto.
La buena pintura, pues, es siempre mental. In­

terviene la idea, la elaboración en el espíritu.
Salvo muy pocos, todos los pintores del Taller
están dentro de esta comprensión. ¿Por qué,
pues, no seguir así, puesto que está bien? Pues
por varias razones.
Así como de la pintura imitativa a la ya cons­
truida en el pensamiento, media un gran paso,
así también de ésta a la pintura abstracta, me­
dia otro igualmente grande. Y como sea, el en­
contrarla, ha sido la enorme labor de estas ul­
timas décadas, es decir el abandono completo
del naturalismo; si esto marcó un nivel ¿es qué
ahora hemos de ponernos por debajo de él? Es­
to no me parece ni digno ni lógico.
La naturaleza como una perversa sirena, pa­
rece como si se afanara en presentar ante el pin­
tor naturalista, todas las joyas de brillos ) co­
lores para tentarlo. ¡Pero pobre del pintor que
se deje seducir! Deja lo fuerte, la idea, la con­
cepción plástica abstracta. Pero este pintor de
vanos fuegos de artificio, que cuenta en el gre­
mio con un 99 % de seducidos; o mejor, de vul­
gares a los que su miopía no les permite ver más
allá de sus narices. V el público, en general, se
pone de su lado porque es tan vulgar como él.
Meter, pues, los pies en esa charca del natura­
lismo imitativo, me parece de lo más abyecto.
\ como eso se ve a las claras, me parece que
es supéríluo insistir. Porque el pintor que allí
se pone, él mismo ya se clasifica.
No es extraño, pues, que los modernos reac­
cionaran tan violentamente. Y de ahí esa famosa
evasión de la realidad. Quisieron estar bien le­
jos de esa charca mefítica. Por esto quien aun­
que sólo dé la apariencia ya parece que se sitúa
en un plano inferior.
Ahora mismo, al tratar de abordar, siguiendo
nuestra línea, el cuadro de composición; es de­
cir, el desarrollo en lo humano en un aspecto de
la vida, naturalmente tuve que pensar en lo que
se había hecho en todas las pinturas. Y poco
hubiera costado meter el pié allí y buscar algo
equivalente. Pero había obstáculos invencibles
que por todos lados cortaban ese camino; tal
obstáculo era lo abstracto; es decir toda la es­
tructura ideal de nuestra pintura. Y con ello
quedó demostrada su unidad.
Un encadenamiento lógico de todas sus partes,

no permitía ni añadir ni quitar: lo geométrico,
la ley frontal, el ritmo, la idea de la cosa en
vez de la cosa, el tono en vez del color, etc. i
asi, vi, que había quu resolver la dificultad sin
apartarse ni en un ápice de tal teoría; es decir,
nubla que resolver dentro de ella misma. Pero
¿cómo ? i al solución me ha llevado tiempo, pe­
ro, al fin, creo que la cósa está resuelta. ¿Có­
mo, aun? Pues, sencillamente, siguiendo el mis­
mo procedimiento de nuestras pinturas últimas,
sólo que, a la lista de objetos debíamos añadir
la figura humana que, así como en esos cuadros
de objetos, más o menos, ios agrupábamos por
su afinidad, allí, las figuras debia agruparlas al­
go humano. Esta me pareció que era la única
solución, y también la más sencilla.
Pues bien: de esa solución tiene que salir al­
go de completamente inédito. ¿Habrá quien du­
de? l o do lo creo, y pienso que la pintura que
hacíamos hasta antes de este último verano, ya
pertenece al pasado. El paso, pues, se ha dado.
Un pintor en la abstracción, bien fortalecido
por las reglas que dimanen de tal concepto, aho­
ra ya puede afrontar lo que podríamos llamar
un tema para su obra; lo que el otro día dije:
la idea; porque, estando en lo abstracto, ya no
hará ni pintura imitativa ni descriptiva; hará
sólo pintura, pues es el objeto de crear su obra.
Ahora, pues, abordará la figura humana, y
querrá mostrarnos un aspecto de la vida: el
hombre y lo que le rodea, como ser el paisaje,
los objetos que crea y usa ;y además, ese hom­
bre en acción, sea en lo que sea. Pero, véase de
que manera están construidas esas figuras y ob­
jetos: no ha copiado nada, con el conocimiento
que tienen de esas cosas él las ha reconstruido,
y entonces podrá decirse que realmente habrá
creado algo. ¿No es esto lo que tiene que ser la
pintura? Hemos llegado, pues, a lo que ha sido
siempre la pintura, pero dentro de una nueva
estructura. \ , ni deberá nada al arte antiguo, en
cuando a eso, ni a las escuelas modernas.
Más o menos, casi todos los de este Taller, ya
están capacitados para hacer esta pintura que
he dicho. Pero hay algo en ella; es decir, dos
cosas principales, que serán difíciles de vencer,
pero que con trabajo y tiempo, no dudo de que
(Pasa a la Pág. 6)

PRESENCIA DE DON JO AQ UIN TO R R ES GARCIA
V ivir para la muerte es hoy uno de los lugares
comunes en que caen la mayor parte de las obras
pertenecientes a ese género híbrido que no se
sabe si es filosofía literaria o literatura filosófi­
ca. Morir para la vida, vivir para sobrevivirse,
para sobreponerse a la muerte, es la aventura de
todo hombre que quiere aventurarse sin cambiar
en soberbia el don de gloria de su existencia.
Nadie se sobrepone a la muerte si no se sobre­
vivió durante su vida. V ivo ejemplo de esto es
Don Joaquín Torres García muerto. Han pasado
seis meses desde que acabó de vivir; tanto val­
drá decir: ya ha transcurrido un segundo o sólo
han pasado mil años, porque ha muerto para
siempre y porque vive lo que lo sobrevivió mien­
tras vivía. Y este vivir que, se sobrepone a la
muerte porque se sobrevivió a sí mismo, no es
sólo el “ harto consuelo" de la memoria, es el
relámpago sostenido del espíritu, es la perma­
nencia de Dios, que abriga a la persona ensimis-

mándosela, que la mantiene endiosada, habiendo
anonadado al ser.
El maestro Torres creía, con toda la particu­
laridad de su alma, en una realidad superior,
universal, misteriosa y evidente, y dedicó cada
minuto de su ser en conservar la presencia de
esa realidad en los actos del hombre. El arte
para él, debía inscribirse sin disimulos en aquel
espíritu supremo que, para expresarse, no nece­
sita de complicadas sealizaciones, ni de magní­
ficos escenarios, sino de cuatro líneas justas y
verdaderas. Actitud de maravillosa responsabi­
lidad y gravedad de espíritu la de quien, dueño
de un oficio extraordinario, se desnuda de to­
das las mañas y artimañas del arte, para mos­
trar sin velos el cuerpo de alma de lo plástico.
Su pintura es un hecho complejo que nace de
un acto simple del espíritu, un rayo que cae de
un cielo sereno de profunda claridad.
Don Joaquín Torres García supera la figura­
ción, el arte naturalista, maneja elementos pu­

ramente estéticos, vive en el hecho plástico; es
un pintor de nuestro tiempo. Pero, el tiempo
pasado no es para él tiempo perdido, y en la
arrebatada humildad de su voz ------ que nunca
se podrá confundir con el orgullo — vive la tra­
dición del hombre. La pintura, entonces, sobre­
pasa la estética, pues sólo se purificó para que­
marse y dejar casi de ser arte en su momento
supremo, para convertirse en lenguaje, en donde
la línea y el tono son la escritura del alma, a la
vez libre y absolutamente rigurosa.
El maestro Torres no se conformó con vivir
absorto en esta antigua luz milagrosa, se esforzó,
además, en transmitirla, en enseñarla; para lo
cual era necesario compartir una poesía, una
moral y una metafísica.
Por eso, aquel de los depositarios de esta en­
señanza que se aparte de lo fundamental de élla,
no se desviará de un sendero estético, estará a
un paso de traicionar su alma.
Guido Castillo.

�FACULTAD DE HUMANIDADES
LECCION IV

serán vencidas. Se relacionan a la parte podría­
mos decir, volátil de ella , y son el tono de la
obra, en cuanto al color, y el tono, en cuanto a
la expresión humana universal. Quiero decir, el
ambiente de ella, su tono elevado, que nos pon­
ga en un plano ideal (sentido, no pensado) o,
dicho de otro modo; eterno. Pero, a todo puede
llegarse con perseverancia; y más, si por el vi­
vir, nos ponemos al abrigo de la frivolidad.
Directamente esto que acabamos de decir so­
bre el tono de la obra, afecta al humanismo: de­
be de estar como enclavado en sus más puras
esencias.
El ambiente de una obra así no debe darnos
al hombre pre civilizado: el hombre podríamos
decir en el “ paraíso” ; ni al hombre primitivo;
ni al hombre civilizado. No; nada de todo eso.
No, tampoco aquel hombre, individuo de una
humanidad superior: según se ha dicho, lo que
el hombre tendría que ser y no el que es. Tam­
poco el hombre alma, el hombre espíritu, del
arte mágico. El ambiente debe ser: partir, el ar­
tista, de la idea de casa cosa; o si se quiere, de
su esencia, que él concibe en su espíritu. Cada
objeto, cada forma que ponga, debe ser creada.
Parte, pues de lo abstracto, que es la idea y él
debe transmutarla en forma. Tomando de la
idea, él crea una estructura; va a la forma en sí,
porque .más se fija en lo que es cada forma y
como pura forma, que no en lo que representa.
Y tal manera de estructurar, parecerá al profa­
no (sea o no artista) una cosa disparatada, por­
que ese estará, no en el plano de la forma en
sí, sino en el plano real. Tal singular obra, trans­
porta al espectador, verdaderamente a un plano
estético, puro: un mundo que se podrá renovar,
pero que siempre será inédito. Y yo no creo que
pueda encontrarse una expresión más alta para
la pintura.
Al decir, que tal pintura, tendría que directa­
mente ser afectada por el humanismo, quise de­
cir esto: que la idea o el tema de cada compo­
sición debía tomar del tono o ambiente del hu­
manismo, cuyo origen podríamos encontrar en
la Grecia antigua; el tono de los rapsodas y trá­
gicos, como Homero o Esquilo; de la poesía he­
roica de Píndaro o Tirteo; o de la idílica de
Anacreonte; cuya transposición vemos luego en
la plástica, en su estatuaria y en las pinturas de
vasos. Pero, aunque levemente tome de ese to­
no, luego vemos, que la estructura de tales obras
nos lleva a un mundo completamente inédito
que ya nada tiene que ver con ello. Porque ta­
les obras son algo estructurado dentro de la uni­
dad. con su tono y música propia, donde no ca­
be quitar ni poner nada.
Antes hablamos del tono de la obra, como va­
lor humano universal, y también del tono de
ella en cuanto al color. Vamos a tratar de esto
último.
La pintura naturalista, copia la luz de la rea­
lidad: pero esta obra que ahora hacemos, la
crea por sus propios elementos. Por que, en ta­
les obras, no hay día ni noche: es pintura abs­
tracta. Pero, dentro de la abstracción, puede ha­
ber diferentes tonos dominantes los cuales ema­
nan del grado de elevación de la abra, y siem­
pre apartándose de más en más del aspecto real.
Porque al tono, más o menos universal v puro,
corresponde, dentro del color, una tonalidad co­
rrespondiente. \ esto es de una gran importan­
cia, de manera que no debe pasar por alto al
pintor.
Con todo esto que se ha dicho, ya hemos co­
locado a la pintura en su jerarquía propia. De

manera que la teoría ya la tenemos; ahora toca
realizarla. Y, por difícil que sea, si tenemos la
idea, no hay duda de que le realizaremos. ¡Y
cuántas cosas barreremos, que ahora nos son in­
dispensables! Y en cambio, ¡cómo se ensancha­
rá el horizonte! Teníamos que llegar a esto, y
a pesar de que parecía que era un imposible,
hoy vemos que ya no hay obstáculos; que el
camino será llano y que lo andaremos sin tro­
piezo alguno. Esto lo digo porque lo sé bien
cierto.
Todo este largo trabajo, ha sido para salvar a
la pintura (la pintura de cuadro chico) porque
el arte constructivo ya hace años que ha resuel­
to su problema: Será, esta, pues La Pintura Cons­
tructiva.
La vinculación de las dos pinturas con el hu­
manismo es ahora más estrecha: ambas ya, to­
talmente, están en un plano universal; lo tem­
poral ha perdido todo su prestigio real: lo hu­
mano reaparece, pues vuelve el hombre al pri­
mer plano. Están, pues en consonancia, con el
mundo ideal de los grandes poetas, filósofos, ar­
quitectos, estatuarios y pintores de vasos. Todo
particularismo ha sido barrido. Nuevamente las
reglas de arte vuelven a establecerse. El equili­
brio clásico torna a ser la base.
Se presenta, pues, ante nosotros, el más am­
plio horizonte. Todo depende, ahora de noso­
tros mismos.
Si se quisiese encontrar una pintura que tu­
viese relación con el humanismo, ni aun par­
tiendo desde un siglo atrás, se hallaría. Mal o
bien, en la pintura del Renacimiento, a través
de la forma, del tono de la obra y su composi­
ción, o de su estructura formal, serían muchos
los ejemplos que se hallarían. Y esto entonces
quiere decir, que, desde que decayó para caer
en la banalidad, en el academismo, o en la anéc­
dota, perdió toda la virutd que la había hecho
grande. Y ya, siguiendo por ese mal camino,
agrava sus defectos, pues de más en más es de­
vorada por el naturalismo descriptivo, que, a
pesar del impresionismo y luego el cubismo, no
logra desembarazarse de él y volver a hallar la
senda en lo universal. Parecería que, tal concep­
to, se hubiese perdido irremisiblemente.
Si con toda buena fe, un humanista, quisiese
hallar, en la pintura contemporánea, algún

ejemplo ilustrativo en tal sentido humanista,
quizás, dentro de una pintura literaria, lo halla­
ría. No sería completo, porque no lo hay, pero
sería lo menos grave. Lo que tendría que serlo,
de verdad, sería que la tal pintura, plásticamen­
te, por no ser abstracta ni construida sería un
pésimo ejemplo. Es decir, que una pintura hu­
manista en cualquier sentido; o si se quiere,
imbuida por el sentido humanista, contemporá­
neamente, no existe. Porque es más importante
que una pintura, esté dentro del sentido univer­
sal humanista por sus valores abstractos cons­
tructivos, que no por la representación. Porque
la pintura abstracta y hasta construida que se
hizo modernamente, precisamente por no estar
imbuida) del espíritu humanista, se fundamentó
en lo anecdótico. De ahí lo chica de concepto:
jamás pudo llegar a lo universal.
Para un espectador que no profundice, la pin­
tura que dimos ahora mismo en el Salón del
Ateneo, como ejemplo, dirá que está en lo mis­
mo que estamos atacando. Y no es así, porque
aunque basadas en objetos comunes, no es par­
ticularista, pues, tales objetos, sólo fueron to­
mados como forma y tono, en una pintura libre
de compromisos con la realidad. Por esto que­
daba en lo universal, a pesar de haber partido
de lo real.
En todas sus piezas, pues, nuestro problema
de la pintura, hoy, y en nuestro país está com­
pletamente resuelto; todo, ahora es cuestión de
tiempo y trabajo. Y un trabajo que creo indis­
pensable, es volver a leer y meditar el texto
de estas lecciones: cada uno pues, tendría que
rehacer, no sólo su proceso y desarrollo, sino
además, estudiar minuciosamente cada eslabón
de esta larga cadena. Pues, sin este previo estu­
dio, a fondo, sólo podrá hacerse algo desma­
yado o débil, por falta de total comprensión.
Y piensen todos, que a no aprovechar este mo­
mento, quizás pierdan la oportunidad de ser, no
sólo buenos pintores, sino aun buenos pintores
en un plano muy elevado. Todos, pues, han de
hacer un esfuerzo, y no dejarse vencer por la
inercia.
A través de tantas teorías, hay que pensar que
la pintura, ni por un momento, ha dejado de
estar en primer término. Se la ha salvado, sin
dejar de atender a elevarla: es decir a jerarqui­
zarla a su debida altura, dotándola de lo más
importante: la estructura.
J. Torres García

LA NUEVA VERDURA DE LA CRITICA
Después de algunos años de silencio, y a un
tiempo prudencial de la muerte de Don Joaquín
Torres García, los críticos reverdecen.
Removedor les agradece y aprovecha la cir­
cunstancia para, en homenaje a su maestro, vol­
ver a su modesta razón de origen mostrando lo
amarillo de la crítica verde o reverdecida.
Esta crítica utiliza los viejos métodos, pero
aprovechando una circunstancia nueva: la muer­
te del maestro Torres García. El gran pintor
uruguayo que fuera blanco de sus disparos, es
boy escudo paradójico. Con el se defienden con­
tra el mismo, invocando su nombre para atacar
todo lo que el sostuvo.
Con todo, no creo que en ellos exista malevo­
lencia, si es cierto que la ignorancia es un an­
tídoto preventivo contra toda maldad. Admiten
hoy que Torres García es un gran pintor porque
así lo cree mucha gente entre la que hay nom­
bres famosos. Pero, la vana credulidad infantil
que los lleva a admitir lo que la fama admite,

choca con aquellas cosas que, cuando niños,
aprendieron en la escuela, corroboradas por sus
papás y por sus tíos y por la opinión general,
la cual es fama que no es ni opinión siquiera.
Tomemos, por ejemplo, a Luis Eduardo Poníbo. Este joven crítico publica seis o siete artícu­
los de diversos temas e idéntica fortuna en una
revista bien presentada que se denomina Alfar
y que dirige un señor llamado Julio J. Casal.
El joven crítico comienza por encantarse ante
los dignos representantes de la mediocridad
francesa, Alix, Desnover y Walch. Es compren­
sible que algunas personas, sean comerciantes o
críticos de arte, se sientan cultos y refinados
pudiendo entender esta confitura burguesa dis­
frazada de arte moderno.
Luis Eduardo Pombo tiene, además, el loable
propósito de defender a “ la ahora tan vilipen­
diada madre Naturaleza” , como el, tan original­
mente dice, enojándose muy en serio con el ar­
te no figurativo.

(Pasa a la Pág. 8)

�J O A Q U I N TORRES G A R C I A (187 4
UN

ARTISTA

Muchas veces a «Ion Joaquín Torres García le
oí hablar de la gran Tradición del Arte, y re­
cién después de haber recorrido Europa, com­
prendí el sentido profundo y tremendo de esas
palabras. Torres García bahía vivido, había es­
tudiado, había amado intensamente todo el arte
anterior al Renacimiento, en especial el arte
egipcio y el greco-romano. Pero, no debemos en­
cerrarlo en esto sólo, pues también supo amar
al Renacimiento, como tal, si bien sostuvo que
gran parte de los males de la Pintura, se debía
a él: no olvidó jamás al Greco, sobre todo al
Greco, que fué un pintor que sintió con pasión
y amó con fe. Y ya empezaremos a bacer hablar
al Maestro Torres: “ Pongamos al Greco: justa
relación de tonos; grandes líneas que constru­
yen el cuadro; un punto central donde todo con­
verge; dominio de la forma; invención de ro­
pajes y actitudes; caracterización de persona­
jes; y . . . , vida del Greco, y el Greco mismo. Y
él debía de saber muchas cosa s..., y debía de
tener muchos secretos” . Sí, también Torres, tú
debías saber muchas cosas que no pudiste ense­
ñarnos, y muchos secretos que se fueron conti­
go, porque nosotros no pudimos descubrirlos.
La base primordial de su arte, fué la verda­
dera tradición de la Pintura, pero nunca aban­
donó lo personal suyo, lo original, lo intrínse­
camente suyo. Eso que fué descubriendo a través
de muchos ensayos y muchas experiencias. Esa
lucha constante la trasmitió a sus discípulos.
Frente a cada tela, a cada cartón de Torres
García, se sienten esa “ emoción plástica” , que
junto con lo inédito, nos dará lo más grande de
la pintura. Eso mismo, es lo que siente frente
a cualquier gran obra maestra del pasado, un
Velázquez, así como también frente a las Pintu­
ras románicas del Museo de Montjuich en Bar­
celona, por ejemplo. Pinturas éstas, donde lo esquemático-geométrico predomina, donde las for­
mas crean con el color (en especial las tierras)
algo imposible de expresar con palabras, pero
que se siente, que se vive en lo profundo el al­
ma; como la pintura de Torres García.
Hay ideas, que para precisarlas mejor, es ne­
cesario recurrir a las mismas palabras del Maes­
tro. Para aquellos que ven arte en lo aparatoso,
en lo histórico, en lo mediocre, en lo chillón,
son estas palabras. “ Por esto no se percibe el son
dulce de la armonía: el Gris. ¡El gris caro a los
grandes! Y el blanco y el negro, y las tierras.. .
y el tono. . . y las calidades; ¡valores todos abso­
lutos, esenciales, pues sin ellos no hay pintura!"
Con estas ideas, con estas palabras sencillas, pre­
cisas y serias, tenemos que trabajar. Tono. Ca­
lidades. Armonía. Frente a la pintura de Veláz­
quez, se puede palpar esas esencias, además el
gris V el negro. Hay sí, la apariencia de lo real,
en la Meninas, pero la Pintura se adueña tanto
de la enorme tela, que las figuras humanas, se
convierten en formas puramente plásticas y el
tono nos da esa vibración única, que sólo con
el sentir musical es comparable.
Torres García está en ese plano, está en esa
altura. Para algunos esto será una novedad, pa­
ra otros casi una profanación, pero para los que
viven la Pintura como Verdad, esto es nada más
que un reconocimiento justo, una valoración ne­
cesaria. Y como diría un pintor nuestro, sería
un honor para el Museo del Prado, tener una
salita con telas de Torres.
Se leen en libros y en revistas de Arte, se oyen
voces conocidas o no, que lanzan alabanzas de
Pieasso, de Matisse, de Miro, y hasta del cínico

UNICO

V UN

PINTOR

UNIVERSAL

Dalí, un estrambólico pintor romántico. Muy
pocas para el gigantesco espíritu de Torres Gar­
cía. Solitario en su vida, solitaria de muchedum­
bres fué su muerte, pero acompañada de discí­
pulos y pintores. Pintores que él había creado,
pintores que él había sostenido, pintores que él
había ayudado. Y por sobre todo su pintura, su
pintura constructiva, sus series de retratos, sus
últimos ensayos de revalorización de la figura
humana, y sus ideas estéticas, seguirán enseñan­
do caminos, sosteniendo y alentando a nuestros
verdaderos pintores.
jugando con aquel verso del inmenso creador
Lope de Vega, que dice: “ que suele dar gritos la
verdad en libros mudos” tan recordado José Bergamin, diremos nosotros, que la verdad de Torres
García seguirá dando gritos en sus libros mudos,
v mejor, sordos para la mentira, para lo medio­
cre, para lo malo, pero si libros habladores de
la Verdad y de la Vida, como el Universalismo
Constructivo” , como “ Lo Aparente y lo Concre­
to en el Arte” , como “ La Tradición del Hombre
Abstracto” . En esta maravillosa obrita. tan plás­
tica como ideológica, tan fuerte como vibrante,
en la cual donde el Maestro Torres vuelca lo
mejor de sí mismo, como artista pleno y crea
su universo cósmico; afirmaba uno de sus dis­
cípulos que debía trasladarse todo él, al már­
mol, grabar todo ese universo plástico en már­
mol: con esos grandes bloques grabados formar
una gigantesca avenida: se crearía así la prime­
ra obra de Arte Grande de América, que sería
digna sucesora o mejor continuadora de Tiahuanaco, Machupichu, Sacsahuman y Cuzco incai­
co. Torres García decía, y aquí cabe bien,
lo de escrito con su puño y letra, pues

La "Tradición del
Hombre Abstracto"
por J. TORRES GARCIA - 1938
(FR A G M E N TO S )
Todo cuanto el Arte ha producido, no
im porta en que época, oscila entre dos
extremos de un lado lo que viene de la
¡dea, del otro lo que toma su origen en
la impresión real. O en otros términos,
arte geom étrico y arte im itativo.

La razón es la llove del conocim iento
Nos lleva a conocer al H O M B R E . Todo
está en él, no en pequeño, sino en su
dimensión real. Aqui no hay dimensión.
La Tradición de la civilización es la
tradición del HOMBRE ABSTRACTO. El
bárbaro solo vive en el hombre concreto,
real.

-

1949)

es litografiado el manuscrito, aquello de:
“ En el buen pintor la luz es insepa­
rable del tono Ila luz no es el claroscuro,
" así como el tono no es el color) y el tono del
color y el color de la forma; todo se funde
"e n rápida síntesis: la creación. Y' la verdade'' ra luz del cuadro, no es la que habrá imitado
en él, sino otra muy distinta que emana de
la profunda visión del tono v de su armoniza“ ción, y que será la vida de la obra. Aparte de
la preparación por otros, Velázquez es el pri" mero que realiza esto plenamente” . Y más
adelante pregunta ¿qué se prevee para el por­
venir? Nada nuevo debe traerse, Rectificar el
error. Volver a lo Universal. Restablecer la idea
clásica de Lnidad. Y termina como gritando
VOLVER A LO COSMICO POR ENCIMA DE
LO HISTORICO. “ Torres García cumplió en su
obra ésto, y creó su mundo plástico. Un mundo
nuevo y actual, un mundo inmensamente viejo,
un mundo primitivo, grandioso y cósmico. Pero
por sobre todo suyo, suyo en propiedad espiri­
tual, pero dado con largueza, con amor a sus dis­
cípulos, a sus oyentes, a cualquiera que con in­
terés quisiera oirlo, sentirlo y verlo.
I no busca encerrarlo, aprisionarlo, como pin­
tor, pero Torres García trasciende, se eleva, se
transforma en Maestro de Pintores y sigue en­
grandeciéndose en sus libros, que al leerlos con
detención, se encuentran siempre cosas inéditas,
ideas enormes, que no habíamos captado, que
no habíamos aún intuido.
Debemos tomar un solo cuadro y resignarnos
al deleite único de su música. Un autorretrato,
o una estructura, o una simple Naturaleza Muer­
ta o aquel genial retrato del Greco, un verdade­
ro Greco moderno, actual. Su última exposi­
ción en vida y que prolongó su vivir de pintor
después de muerto, fué la más pura manifesta­
ción de Arte Grande, que se ha hecho en Amé­
rica y acaso de las más grandes del universo.
Allí, se vivía un mundo puramente plástico, rico
como no fué para mí la gran exposición (por el
número de telas y pintores) del Salón de Otoño
de París en 1948, ni aún el importante v^tal vez
único en el mundo, Museo de Picasso, o Mu­
seo de Antibes, en la Costa Azul de Francia.
Torres García fué un solitario, lo hemos di­
cho ya y lo repetimos. El mismo nos lo dice:
“ Con facilidad yo olvido la calle y quisiera que
“ los otros (sus eternos discípulos) también la
“ olvidasen: es la única manera de existir real“ mente. Y luego recalca. Por esto, Miguel An“ gel y Leonardo eran unos solitarios, v lo mis“ mo Beetboven. Sabían que, en la medida en
“ que se abrían los ojos hacia afuera, se cerra“ ba la luz de adentro. Sabían que la luz física
“ es nada; que luz es saber, conocer, y que sa“ ber o conocer es ser, existir” . No es empresa
de poco más o menos el ser artista. “ Tan serio
se tomó eso de ser artista, que lo sacrificó todo
por eso. Su vivir en lucha sin cuartel siempre
dentro de los problemas plásticos, contra todo y
contra todos los que no querían comprenderlo.
Su línea de conducta como artista que quiso des­
de sus primeros pasos como tal. hacerse un Es­
tilo. Estilo que creó para sí mismo, y luego de­
seó ampliarlo para el L niverso.

EL ARTE es una tradición.
lA P IN T U R A no es el arte, es solo
una rama de él, y fuera de la tradición:
de Venecia hasta hoy.

Torres García estuvo creando siempre, reno­
vándose siempre. Y con una sencillez, nos decía,
después de las conferencias, traigo aquí unos en­
sayos, unos cartones para concretar, para acla­
rar lo dicho. Esto no es definitivo, hay que se-

�i

JOAQUIN TORRES GARCIA 1874-1949
(Viene de la Pág. 7)
guir enrayando. Casi parecía que eso no tuviera
importancia. Aquellos cartones, son creaciones
definitivas para el Arte de América.
Le decía yo no hace mucho a un artista ca­
talán: Europa, dejando en su lugar de privilegio
a los Museos y a las Grandes Creaciones del
pasado, en el terreno de la Pintura actual,
hoy no nos tiene nada que enseñar. Claro, que
lo decía pensando en Torres García, qua era un
auténtico creador americano y europeo a la vez,
europeo por la universalidad de su cultura.
Hace poco, leyendo “ U n A d o l e s c e n t e "
de Dostoieswsky, el cual por boca del joven Dolgoruby dice: “ Y a he dicho que las ideas más
sencillas son las más difíciles de comprender.
Añadiré que son también las más difíciles de ex­
plicar; y más adelante recalca: “ La ley de la
idea es también recíproca; la idea superficial
y vulgar es fácilmente comprensible, sobre todo
para la multitud, que la eleva a las nubes en­
seguida, pero sólo durante un momento. La
rápida comprensibilidad es una prueba de la su­
perficialidad de una idea” . La pintura de Torres,
es una pintura muy sencilla, muy sutil, muy sin­
tética, y muy pura. Pintura de pintor, sostenida

siempre por una idea y por un artista. Precisa­
mente por ésto, será muy difícil de comprender,
de apreciar por la multitud. Si la pintura de
Torres García, para vivirla plásticamente habrá
siempre que tener una seria cultura visual
del Arte, de la Pintura, de la verdadera Pintura,
como se necesita para vivir intensamente el
mundo espiritual de Quijote, una cultura no li­
brera, sino literariamente sólida. No es posible
que un analfabeto aprenda a leer en el Quijote.
No es posible sentir y amar a Torres García, no
sólo siendo analfabeto en Pintura, sino algo
peor, creyéndose sabio por poseer una falsa cul­
tura estética.
Don Miguel de Unamuno en su obra “ Del Sen­
timiento Trágico de la Vida” , divide en dos el
grupo humano pensante, unos que piensan sólo
con cerebro y otros que lo hacen de muy distinta
manera. DON JOAQUIN, era uno de estos últi­
mos, que obraba, creaba y sobre todo pensaba,
como quería Unamuno “ con todo el cuerpo y
toda el alma, con la sangre, con el tuétano de los
huesos, con el corazón, con los pulmones, con el
vientre, con la vida.
Roberto Sapriza

LA VERDURA DE LA CRITICA
(Viene de la Pág. 6)
El delicado temperamento de Luis E. Pombo
se escandaliza ante la grosería de un “ dibujo
que se recorta de negro” . Y el joven cita fra­
ses de ese precioso ejemplo de tonterías que se
llama Mauricio Denis y sueña con “ el armonio­
so criterio” y la “ amplitud de espíritu de París” .
Nosotros creemos que, en muchos casos, el ar­
monioso criterio de París — o como se le lla­
me— coincide peligrosamente con su amplitud
de espíritu, la cual, por desgracia, permite otros
ejercicios que el del pensamiento a que alude
nuestro amigo.
En otro artículo ,el Sr. Pombo sale briosamen­
te a defender los colores de Emilio Pettoruti,
“ porque en romper lanzas, queda siempre en
quien las rompe, girón de honor. ¡Y si n o. . . el
Quijote!” .

Guido Castillo

NOTICIA
EXPOSICION HOMENAJE
A J TORRES GARCIA
EN BARCELONA

Hace pocos días, el Sr. crítico, a través de in­
sinuantes velos, mostró las formas de sus in­
tenciones para con nosotros, nombrándonos, “ un
grupo de sistemáticos austeros misántropos que
vive alejado de nuestro mundo al que trata con
extraña agresividad (grupo que por oponerse al
gremio, llegó a apoyar un intendente que pro­
vocó una huelga en los salones municipales)” .
El Sr. crítico parece olvidar que nuestro grupo
ha estado siempre contra el gremio, al cual ha­
ce cinco años que le dejó el campo libre para
el reparto de premios, V que nunca entraron en
sus cálculos las tribulaciones de los intendentes,
llegando a rechazar reiteradas invitaciones pa
ra enviar a los salones oficiales con seguridades
de pago.
Aseguramos al Sr. Florio Parpagnoli que siem­
pre tendremos agresividad. — nada extraña, por
otra parte— contra todo mundo que le permi­
ta florecer cómodamente.
Otro caso interesante como síntoma lo consti-'
tuve el Sr. Cipriano Y itureira, que acaba de
publicar un libro con dos estudios, una confe­
rencia v tres sonetos sobre Cándido Portirari.

I

En las "Galerías Layetanas” de la
Ciudad Condal, dondé a principios
de siglo inició sus primeras luchas e
impuso después normas de vanguar­
dia al arte catalán de la época,
acaba de clausurarse una importante
exposición postuma de homenaje al
Maestro.
Según el catálogo que obra en nues­
tro poder, integraban la muestra 45
obras de Torres García, pertenecien­
tes museos e importantes colecciones
de Barcelona También se exponían
en vitrinas, libros, folletos y recuerdos
del Maestro, cuya actividad en esa
ciudad fué tan intensa y constructiva.
Impresora L .I.G .U . - Cerrito 740

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX REMOVEDOR

Estamos seguros quq el Sr. Pombo haría una
hermosa figura subido en Rocinante. El bien
montado crítico parece pedirle cuentas a Don
Joaquín Torres García, por no haber hecho un
nuevo comentario de Pettoruti tan benévolo co­
mo el que él cita, olvidándose en su denuedo
que el maestro Torres está de espaldas para
siempre y no puede responderle. Nosotros le ha­
cemos notar que lo único que Don Joaquín Fo­
rres García le reconoce a Pettoruti es el haber
sido el primero que, en América, intentó reali­
zar un arte no figurativo. Traducido: cuando la
generalidad de los pintores hacen malas imitamiones de los post-impresionistas, Pettoruti tiene
la virtud de hacer malas imitaciones de Picasso.
Y nos parece que el preguntarse como sería Pe­
ttoruti en mármol o en piedra, es la mánera más
delicada que encontró el maestro Torres para
decir que Pettoruti no es un pintor. Por lo tan­
to, cuando el Sr. Pombo, asegurando que el fran­
cés es su otro idioma, pide permiso para excla­
mar ¡líelas! por su frustada esperanza de que
el maestro Torres hubiera roto “ una nueva lan­
za” por Emilio Pettoruti, sin investigar lo que
pueda hacer con su otro idioma, le aseguramos
que la defensa de ciertas causas perdida» que­

da para caballeros tan corteses y cumplidos co­
mo él. El maestro Torres tenía suficiente tra­
bajo en luchar por un arte grande contra “ tan
atrevidos críticos de arte” , entre los que el Sr.
Pombo cree, posiblemente, no encontrarse.
Un alma gemela de Luis E. Pombo, el Sr.
Arq. Florio Parpagnoli, que desde hace algunos
meses es crítico de arte del periódico Marcha,
parece considerar que su labor consiste, princi­
palmente, en congraciarse con el mayor núme­
ro de gente posible. El Sr. Parpagnoli tiene una
rara habilidad para hacer medios elogios y me­
dios reparos; es un verdadero artífice del equí­
voco. Al destacado crítico le es cómodo adherir­
se a la enseñanza de Don Joaquín Torres Gar­
cía, pero no vacila en elogiar los trabajos de
Adolfo Halty. al cual sólo le faltaría ser pintor
para realizar una pintura totalmente antagóni­
ca al propósito que el maestro Torres perseguía.

El Sr. C. Vitureira ha encontrado la origina!
fórmula de utilizar los lugares comunes de la
poesía erótica de Pablo Neruda para hacer crí­
tica de arte. Y desde este ángulo de visión los
colores de Portinari son “ animalillos en fiesta
que ayudan a la descomposición de la forma” :
un cuadro es un “ pozo de ondas submarinas de­
licadas” o una “ roca ocre de luz podrida y rec­
ta” . Indudablemente, en estas obras “ las man­
chas que van a volar no vuelan porque perte­
necen a mariposa total” . Y* ante ellas, como es
lógico, las “ facultades frontales de pensar y de
sentir y hasta la carne” no pueden menos que
dolerle al conferenciante ” en forma cubista, en
planos verticales, tajantes y difíciles” .
Todo esto sucede porque, según Y'itureira.
Portinari crea “ mascullando como una bestia” .
No queremos polemizar sobre si Portinari es o
no un resto de aquella época feliz en que lo»
animales hablaban o, por lo menos, masculla­
ban. A no ser que el Sr. Vitureira haya querido
decir “ masticando como una bestia” , con lo cual
ubicaría a Portinari en una época mucho me­
nos feliz.
Es muyr significativo que el Sr. Vitureira ha­
ga, en una pequeña nota, el elogio de las deco­
raciones de los Sres. Mazev y González, y diga
no participar de el “ entusiasmo idolátrico” que
por los murales de Torres García en el SaintBois sienten algunas personas. Estamos seguro6
que únicamente un imaginativo de la índole del
Sr. Vitureira puede hacer comparaciones tan in­
esperadas y mostrar preferencias tan partícula
res. Comprendemos que no participe de nuestro
entusiasmo, pues el arte del maestro Torres no
es campo propicio para que florezcan los adje­
tivos.
En realidad, llámese Pombo. Parpagnoli, Vi­
tureira, el señor — o señora— crítico de el País.
Herrera Mac Lean o Vernazza, yo me he refe­
rido a una misma persona, o mejor, a una mis­
ma actitud mental, o mejor todavía a una mis­
ma corriente, o más precisamente, a una misma
agua químicamente pura.

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GRABADO

ANHELO HERNANDEZ

N°. 23
ABRIL

DE

1949

ORGANO REDACTADO Y EDITADO
EXCLUSIVAMENTE POR INTEGRAN­
TES DEL TALLER TORRES GARCIA

0.10
EL

EJEMPLAR

�LECCION PRIMERA DEL
TALLER TORRES GARCIA
La revolución en el arte, toma su origen en
Cimabue; es decir, que entonces se origina un
cambio de plano, o sea, que pasa del orden a
la libertad. Esto tuvo lugar a mediados del si­
glo XIII.
Parece que siendo aún joven Cimabue, (y así
lo relata Vasari) fueron llamados a Florencia
algunos pintores griegos, para hacer obras de
importancia; y viéndoles trabajar e imitándo­
les, pronto adquirió mucha destreza; y, a tal
punto, que, según dice el referido autor, los
superó; pues empleó mejor dibujo y colorido,
por su observación en la naturaleza; es decir,
que comenzó a imitarla y así, dice, acabó con
todas aquellas antiguallas. Las cuales, no debían
de ser otra cosa que las reglas del arte bizan­
tino; pues decía que tales pintores no podían
mejorar, porque, no hacían nada por estudio,
sino que unos enseñaban a los otros cómo de­
bían proceder. Dice Vasari, que Cimabue ya
en esas primeras' obras suyas, hizo los paños, y
no de la manera grosera de los mencionados
griegos, con líneas y perfiles, en los mosaicos y
en las pinturas: áspera manera, grosera y ordi­
naria, que seguían por tradición.
Pues bien, por esa brecha que abrió Cima­
bue, que fué el abandonar el plano de lo abs­
tracto para entrar en el naturalismo, pasó, si­
glo, tras siglo, y hasta hoy, tal tendencia. Pero,
a compás de eso, y en progresión cada vez ma­
yor, igualmente todo cambió en el mundo, y
también hasta hoy; y fué el desentenderse de
un mundo abstracto superior para vivir, de más
en más, en un mundo físico.
De más de veintiséis siglos puede contarse que
dura esta virada del mundo y parece que, a
menos que casi se destruya por completo (cosa
que podría acontecer) no cambiará de rumbo.
Locura, pues,- parece el querer vivir en él con­
tradiciendo la marcha que lleva, pero, para
aquel que haya vuelto a encontrar a la Verdad,
es forzoso que lo haga. Y tendrá que hacerlo,
soslayando todas las innumerables dificultades
que se le presentarán. Pero sabe, que si deja tal
camino que es el de la construcción y el ritmo,
estará perdido.

Platón quiere darnos a entender lo que para
él era la belleza. Y nos desengaña haciéndonos
ver que no es la belleza que vemos en las co­
sas. Porque la belleza, lo es, no por referirse
a cosa alguna, pues es igual a sí misma, y no
puede salirse de su base. Tiene que estar, pues,
en algo que ya no es cosa, como por ejemplo en
la proporción, en una relación de valores, en
un acorde perfecto, y entonces, si nos esforzamos
por descubrirla, no será copiando las obras de
la naturaleza, sino por el camino de lo abs­
tracto.
Tal belleza no suele interesar a la generali­
dad, pues ésta sólo se interesa por la belleza ele

REMOVEDOR
Redactor Responsable

AÑO 5

«

N°. 23
GUIDO

CASTILLO

las cosas. No puede llegar a un plano estético
porque está en un plano real.

Esto, ahora, va a explicarnos el por qué del
materialismo en que viven nuestros contempo­
ráneos.
Si en su esencia, el mundo es una unidad,
también lo es físicamente. Todo en él se des­
truye y construye siguiendo leyes inmutables, y
unos seres tienen que servir de pasto a otros.
De ahí que rija sólo la ley del más fuerte, ya
por la astucia, ya por la fuerza; que es decir
la ley de la selva. Y el que vive en tal ley, re­
trograda de su condición de hombre.
La ley ésta, es la opuesta a la ley abstracta
objetiva, que podría llamarse la ley del hombre,
puesto que sólo él puede conocerla: es la ley
justa de unidad: la que dice “ todos” en vez de
“yo”. Y esto no se refiere sólo a lo humano, si­
no a cuanto tiene vida autónoma en la natura­
leza.
El hombre, como ser consciente, tiene dere­
cho (si él cumple con la ley objetiva) a erigirse
en juez y custodio, de esa ley. Y entonces, ni
bicho, ni animal, ni niño ni hombre ni mujer,
deben escapar a su juicio. Y dice: cualquiera
puede gozar de libertad para hacer lo que quie­
ra, mientras no coarte la de los demás; si quiere
tener derecho a ser respetado, debe de respetar
a los otros. Está, pues, fuera de la ley, el que
se crea una unidad separada. Y es el caso del
romántico.

Y bien; considerando todo esto, ahora pode­
mos encontrar la raíz del materialismo.
Dejando aparte que, por el estudio de la na­
El arte clásico quiere permanecer en ese pla­ turaleza se tenía que llegar fatalmente al descu­
no estético. De ahí que tenga menos adeptos brimiento de sus leyes, y, por ahí, explicarse
que el otro que se afirma en la realidad. El arte lo que era, materialmente, el universo y el mun­
clásico es siempre constructivo, pues opera ob­ do, y, entonces, que cayeran para siempre su­
jetivamente; le interesa más la construcción que persticiones, mitos, leyendas fabulosas, y en fin,
no la representación. Sería el polo opuesto al toda suerte de conceptos erróneos; y que tras
arte romántico, a base de subjetivismo.
esa búsqueda, creyese el hombre que al fin to­
Cuando se constata que, en una obra de arte, do llegaría a explicarse físicamente, sin necesi­
hay un orden establecido, y que, en viéndola, dad de apelar a lo sobrenatural y divino; de­
se advierte en una sola mirada, su unidad ¡qué jando aparte todo eso, fué, sobre todo, el deseo
serenidad y perfecta paz nos comunica! ¿Por de dominación y de posesión, lo que determinó
qué, entonces como un furioso o un loco, quie­ una lucha en el plano material, y, como conse­
ren, otros artistas, meternos en su mundo sub­ cuencia de eso, el considerar a todo bajo ese
jetivo y atormentarnos con sus quimeras, sacu­ solo plano. Y entonces, y para que, dentro de
diéndonos en todos sentidos Ciertamente, que esa lucha, fuese posible el entenderse, tuvieron
Podríamos ver, que si el gran movimiento en parte, algo de la gran ley objetiva pasa a que dictarse leyes parciales, cuyo conjunto, hoy,
moderno del arte, llegó a la altura que le vi­ sus concepciones, pues, de lo contrario, no ha­ es casi infinito; leyes que chocando entre sí,
mos, fué porque, a su base, estuvo siempre una bría en sus obras belleza alguna, que es decir eran otro género de lucha, y entonces de tierra
teoría, es decir, lo abstracto. Por esto es doble­ armonías, pero, es a través de un montón de a tierra, y\ dentro de cada tierra. Sólo la obser­
mente imperdonable que, gran parte de los cosas que la contradicen. No hacen, pues, obra vancia de la ley universal abstracta, podía ha­
maestros que lo sostuvieron, se dejasen' arras­ pura, pero en cambio la vanidad de su yo que­ ber evitado todo eso.
trar por el superrealismo; es decir por lo opues­ da satisfecha.
to.
Bien; si ahora, considerando a todo eso, que­
Ni los gobiernos, ni las agrupaciones que se remos referirnos al arte, tendremos que ver,
Las ideas estéticas que se desarrollaron en hacen de hombres, bajo distintas banderas, ni que, si público y artistas, están en tal ambiente,
torno al Cubismo, puede afirmarse que apun­ el artista en sus obras, ni los individuos para poco pueden interesarse por el arte clásico, ba­
taban muy alto. Ejemplo es, ese querer evadir­ su conducta, jamás se rigen por la ley abstracta. sado en la ley objetiva. Además, no anhela la
se de la realidad, el querer dar valores por equi­ Proceden, por el contrario, siempre subjetiva­ paz, el hombre, sino esa lucha, y, por consi­
valencia, el llamado arte abstracto, que mues­ mente, y de ahí su obrar torcido e injusto. Pues, guiente, quiere que el arte les muestre eso. De
tran a las claras, que se perseguía algo que es­ tal obrar, sólo atiende al beneficio personal o ahí el tema, la anécdota y la representación vetaba mucho más allá de la pintura corriente y de una colectividad egoísta que sólo quiere su rista (el naturalismo) o cualquier otro arte, que,
aunque fuese una buena pintura. Evidentemen­ propio bien. Y a esto llaman la normalidad del sin ser una imitación de la realidad, mueva la
te, el plano del arte cambiaba. Y puede asegu­ mundo. Por esto la generalidad, está más en la voluntad humana. Y cualquier arte, con tal ba­
rarse, que era en el sentido del ideal de Platón: animalidad que en el espíritu y todos tienen se humana real, será considerado un arte nor­
es decir, de dar con la belleza absoluta. Sínte­ horror a lo abstracto, pues los condena, querien­ mal, pues a nadie saca del plano del mundo
do forzarles a obrar rectamente.
material en que está. Y de ahí, el escaso o ninsis y símbolo de todo.
t

�I FUNDACION

L fr sc o a Airea -

gún interés por el arte que sobrepase ese lími­
te y se funde en lo puro, que es decir en lo
abstracto.

En este tiempo de guerras en todas partes, se
lia podido observar un fenómeno muy curioso.
Tal pueblo era invadido por una facción cual­
quiera, y entonces, al formarse dos ejércitos
contrarios, el invasor llamaba rebelde o faccio­
so al que defendía aquel país. Análogamente, y
por todas partes, llamará rebelde al que quie­
ra estar en la regla universal, siendo, como es
evidente lo contrario, puesto que es el cumpli­
dor de ella. Pero, como no es ley que plazca a
la generalidad, no es jamás reconocida, y, no
siéndolo, de ahí que se tenga por rebelde al que
la hace suya; cosa que debiera ser al revés, co­
mo ya se ha dicho, puesto que él cumple una
ley inmanente. Por esto, todo constructivo, fren­
te a los artistas que no lo son, y a pesar de apo­
yarse en reglas,tan antiguas como el mundo, es
tildado de revolucionario o loco. En fin, que el
constructivo no tendrá paz en ninguna parte que
vaya y siempre habrá gente dispuesta a juntar­
se para arremeter contra él.

Puede decirse, que la fé del constructivo, se
apoya toda en su tono moral. De manera, que,
contra lo que se cree, su arte no viene del inte­
lecto, sino de todo su ser. Y por tal disposición,
es que pudo acercarse, desechando lo subjetivo,
a la verdad de la geometría y el ritmo. Y si es
fuerte, es por que cree a su arte indestructible.
Y aquí no se quiere decir arte suyo, personal, si­
no el arte que hace en tal disciplina.

Va gran diferencia, de llevar el arte al plano
real humano, o por el contrario, de llevarlo a
la pureza de lo abstracto. Experimentalmente,
cualquiera puede darse cuenta de ésto, colgan­
do en la pared dos cuadros en esos dos distin­
tos planos. ¿Cuál va a resistir más su contem­
plación? Indudablemente el abstracto, y vere­
mos por qué.
Para tal experiencia, supondremos que se tra­
ta de un cuadro naturalista, en el cual no ha­
brá entrado para nada la ordenación plástica.
Y por no haber juego alguno de planos, ni me­
dida no nos podremos fijar en eso, pues ahí no
existe; y, entonces, la atención se concentrará
en la representación y en el halago de los colo­
res y destreza en ser pintado. Y entonces, lo re­
presentado tiene que quedar como algo petri­
ficado o congelado, en la inmovilidad de la
muerte. Porque en tal cuadro, no hay funcio­
nalismo alguno, si se exceptúa la vibración del
color. Y además, sempiternamente tendrá que
verse el mismo personaje, o tal paisaje, o los
mismos objetos. Y esto, por fuerza tiene que
fatigar.
Imaginamos ahora un cuadro constructivo.
Pasamos, de súbito, a los valores abstractos, los
cuales, estarán dentro de un orden armónico.
Quiere decir, que en tal cuadro, hay funciona­
lismo, que es decir vida o movimiento, y, aún
dentro del ritmo. Los tonos estarán asimismo
dentro de un equilibrio. Aquí el tema es cosa
muy secundaria; será nomás un punto de par­
tida, y, por esto, no nos estorbará para la con­
templación de lo que es puramente plástico. No
estamos, ante tal obra, en un plano real; nos si­
túa en un plano estético, donde todo es paz y
ritmo, lejos de lo agitado del mundo. Yo creo
que a tal belleza debió referirse Platón. Por
esto creo que éste es el buen camino. Me refie­

ESP, Ga c

ro aquí a toda pintura que sea construida sea
intuitivamente o por la medida.

yo haya sentido, al contemplar una obra de
arte.

Si nosotros hemos rechazado el tema, es por­
que, al supeditarse la pintura a éste, no sólo
pierde su libertad, sino que, y por esto mismo,
es desplazada por él, y entonces, tiene que es­
tar a su servicio. Y no es esto lo peor, porque
cayendo entonces en lo humano real, tendrá fa­
talmente que caer en la expresión subjetiva.
Habrá dejado el plano de lo abstracto, por lo
figurativo y descriptivo; no será ya más una
pintura constructiva.
Pero todo esto no quiere decir que debamos
rechazar en absoluto el tema; sería como cortar
con la naturaleza, y esto, al menos para nos­
otros, no es posible. Veamos cómo se resuelve
tal dificultad.
Lo que hay que rechazar por completo es
servir a un tema, y entonces introducir en la
pintura imágenes de cosas tal cual las vemos
en la realidad. Pero si esto no ha de ser así, en
cambio estarán en perfecta armonía con una
pintura constructiva, formas que serán a mane­
ra de símbolos; es decir, que sin dejar de ser
formas y valer solamente por ellas mismas, nos
traigan un recuerdo o reminiscencia de la rea­
lidad. Y aún, podemos ir todavía más allá, y
representar figuras en composiciones, pero, en­
tonces, dentro de la ley frontal y reduciéndolas
a esquemas geométricos. Un ejemplo de eso nos
lo dá, sobre todo, el arte bizantino, aquel arte
que disgustó tanto al Vasari, al ir aquellos
griegos a practicarlo en Italia. En tal arte el
problema está resuelto. Pero, aunque podamos
considerarlo, no olvidamos que estamos en el si­
glo XX.

En esta pintura a que acabo de referirme,
no hay que decir, que lo subjetivo está ausente
completamente. Y tenía que ser así, ya que,
aquellos pintores, no hacían otra cosa que se­
guir la tradición de su arte, que es decir que,
ante todo, cumplían con las reglas. Y por esto
decía el Vasari, que no hacían nada por estu­
dio, y que por tal razón no podían progresar.
Pero, aparte de la poca importancia que tiene
aquí el progresar, tal como quería Vasari, hay
que decir, que sí, que era posible un progreso,
y que aún podía ser ilimitado. Pero el progre­
so que hubo, fué el abandonar las sabias reglas,
para caer en el impulso subjetivo que tenia que
acabar con lo verdaderamente clásico o estéti­
co, y caer en el naturalismo.

Hay que pensar, lo que va de una pintura de
Tiziano o Giorgione, a una esquemática compo­
sición bizantina. En los primeros todo es ri­
queza de tonos, bellos rostros serenos y bellos
cuerpos como de dioses; paisajes maravillosos,
y la tuda de todo ello. Y entonces ¿quién no
dirá que esas pinturas venecianas, son muy su­
periores a las bizantinas? Pues bien; yo al me­
nos no lo diría. Y añado que tales pinturas es­
tán en lo aparente y no en lo abstracto, y que,
por esto, son un puro artificio. Y recuérdese
como todos los antiguos, fuesen egipcios o grie­
gos, menospreciaban la apariencia de lo real,
porque comprendían que no era la verdad. Pues
de igual modo, sabe, el verdadero artista, que,
la verdad de la pintura no está en eso tan pom­
poso, sin o ... (¿cómo lo diré yo ahora?) en la
geometría en el orden, en lo estético, en algo
Aquí podría recordar lo que ya otras veces que ya no es cosa ni representa a cosa alguna.
he referido, y es que yendo impensadamente a
Bien; en eso estamos, y si alguno cediera
visitar una pequeña iglesia de un camposanto, ese lugar (cosa que no creo) sería bien insen­
de Italia, di con una pintura bizantina de muy sato. Y cuando bien se considera lo que repre­
buen estilo; la que representaba a Cristo ben­ senta el estar donde estamos, bien poca cosa es,
diciendo con un libro abierto sobre las rodi­ por ello, pasar las dificultades que pasamos y
llas, en el que se leía: yo soy el camino, la ver­ el desprecio que nos tienen.
dad, y la vida. Pues bien, he visto muchas gran­
des pinturas y esculturas, y, queriéndolas ahora
J. T orres - G arcía.
recordar, tengo que decir, que esa pintura bi­
zantina, me causó la emoción más grande que
Noviembre 5, 1948.

L E C C I O N E S S E MA NA L E S DE
TORRES - GARCIA SOBRE PINTURA
Desde 1947, cuando Torres-García
dictó un curso en la Facultad de Hu'
inanidades de Montevideo, que fué
reunido en volumen con el título de
“ Lo aparente y lo concreto en el arte*’,
ha venido desarrollando el maestro,
una cadena de lecciones semanales en
el local del Taller.
Así es que, a aquel curso siguieron
16 lecciones por encargo de la Facul­
tad. y a ellas, hasta la fecha, otras 17
a pedido de sus discípulos, que se com­
pletarán con tres más hasta llegar a 20.
luego tle las cuales, iniciará Torres
otro nuevo ciclo de lecciones, por en­
cargo de la Facultad de Humanidades.
En estas lecciones, el maestro To­

rres, desarrollará los temas que surjan
del movimiento del taller, y ellas esta­
rán siempre referidas a los trabajos de
los discípulos, a la vez que ligadas con
aquellos de la manera más amplia po'
sible, dado que, para Torres-García,
como lo saben quienes le oyen, hablar
de pinturas significa hablar de la “ pin­
tura" y por allí marchar al camino del
aite, hacia los grandes ciclos, y su dia­
léctica propia.
Estas lecciones encargadas por la
Facultad de Humanidades, tendrán lu­
gar en la sede del taller Torres-García
(subsuelo del Ateneo de Montevideo)
todos los lunes a la hora habitual.
S. C.

�EL MAESTRO JOAQUIN TORRES-GARCIA
Y a DESAPRENDIZAIE DE LA PINTURA
Por
Es verdad popular y verdad para algunas fi­
losofías que “ nadie nace sabiendo”. Pero ¿será
lícito decir que nadie muere ignorando? ¿Po­
ne algo la vida en esa primordial vaciedad? ¿Le
sobreviene el mundo al alma como saber?
Es otro decir en España que “ lo que natura
non da Salamanca non presta” .
Si verdad es que nada sabemos al nacer y
también que ni prestado obtenemos lo que no
nos dio naturaleza, se concluye que nadie mue­
re sabiendo.
Sin embargo existe la posibilidad socrática de
que la vida sea un aprendizaje de la ignoran­
cia, un saber que tiene como fin una concien­
cia del no-saber, un sólo saber no saber nada
(muchos filósofos de boy se sentirían tentados
a decir un sólo saber la nada) que, más que
conocimiento es vértigo de vacío.
Por lo tanto si Salamanca no nos presta nos
quita lo que natura nos da: confianza velado­
ra que oculta a medias lo que en verdad nos
dió: ¿vacío, ceguera y nonada?
Torres - García es hoy día una Salamanca de
la pintura que nos quita lo que natura nos da
y lo que la pintura nos dió para que entre tan­
tas dádivas no perdamos lo que veladamente
nos muestran.
Como resultado primero de esta enseñanza
nos sentimos ciegos, incrédulos, desilusionados
y verdaderos aprendices de la ignorancia. Se
nos destruye la ilusión de la naturaleza, la ilu­
sión de la vida y hasta la ilusión del arte. Pe­

GUIDO

CASTILLO

ro, en esa oscuridad, surge otra dimensión, otra
luz donde se ve que si el arte es un aconteci­
miento natural en la naturaleza, ésta es- un he­
cho sobrenatural en él.
Si alguien quisiera sintetizar en pocas pala­
bras las lecciones de Torres - García, tendría
que formular, poco más o menos, este aparente
absurdo: Haz lo particular y concreto de ma­
nera que sea lo universal y abstracto. Y para
hacerlo no debes partir de la realidad, sino ir
hacia ella vacío y hambriento, con apetito de
tonos y de formas, con voluntad de poesía, con
ganas de música.
Nada más exacto y evidente que este princi­
pio que, gracias a Torres - García, ya es entre
nosotros algo así como la perogrullada del ar­
te, un milagro que se cae de maduro y que de­
be estar implícito en cualquier acto del pintor.

Pero la pintura de Torres - García es un cla­
ro ejemplo de que tradición y originalidad no
son conceptos absolutos, ya que es imposible
lograr lo tradicional puro pues la tradición en
arte es tradición de originalidades, y es impo­
sible alcanzar la originalidad pura porque el ar­
tista es original por tradición. Vemos, entonces,
que originalidad y tradición se requieren mu­
tuamente en el momento en que se excluyen,
siendo ambos substantivos y adjetivos en una
misma unidad de pensamiento. Por eso es que
para Torres - García la apetencia de construir
no es el plano actual de la pintura sino la ma­
nera de estar actualmente en su plano eterno.

Posiblemente en ninguna parte del mundo se
estudie el naturalismo en todas sus formas na­
turales al arte como se lo ha estudiado en el
Taller Torres - García, y se lo ha estudiado de
“ Tradición y originalidad en la poesía de Jor­ esta manera para extremar la contradicción
basta superarla, para apurar el pecado hasta
ge Manrique” es el título de un admirable li­
salvarse de él y por él, y así aprehendido, po­
bro de Pedro Salinas, tradición y originalidad
son palabras rituales en la enseñanza de Torres- der desaprenderlo y desprenderlo del espíritu
hasta llegar a ignorarlo. ¿Acaso todo saber no
García, y en torno a ellas lian girado la mayo­
se funda en una ignorancia y todo recuerdo en
ría de los artículos de Removedor. Es que el
un esencial olvido? Es en este sentido que To­
artista de hoy conoce tantas tradiciones porque
rres - García dice que el valor de una obra de
ha extraviado la suya, porque ha perdido uni­
arte no se mide sólo por lo que tiene sino tam­
dad espiritual. Y si Dios castigó a los construc­
bién por lo que le falta.
tores de la torre de Babel confundiendo sus
lenguas porque querían .tocar el cielo, hoy, por­
Y a las obras que ahora se hacen en el Ta­
que no quieren tocarlo, los condena a expresar­ ller les falta el naturalismo, la ilusión ilusionis­
se en una misma lengua muerta que ellos creen ta, la que quiere dar la ilusión de que no es
extraña y viva.
ilusión.

EXPOSICION
DEL T A L L E R

TORRES - GARCIA
\

PINTURA

CONST RUCT I V A

PINTURA

ATENEO
ABIERTA

DE

MONTEVIDEO.

DESDE

EL 22

DE

A

3

DIMENSIONES

ENTRADA

ABRIL

PLANISTA

POR

DE 1949

RONDEAU

A LAS 16 HS.
Im presora L .I.G .Ü . - Cerrlto 740

�</text>
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Torres García, Joaquín</text>
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                    <text>JOAQUIN

TO RRES

NUMERO
DEDICADO

A

SU

- GARCIA:

ESPECIAL
74.°

ANIVERSARIO

Año 4 -N° 22
ORGANO REDACTADO Y EDITADO EXC LU SI VA M EN T E
POR I N T E G R A N T E S D E L T A L L E R T O R R E S G A R C I A

S E T I E M B R E 1948 - El ejemplar: 0.10

�R EM O ) E D O R . que por diversas razones,

REMOVEDOR
AÑO A

A IN ^

4

Kedactor Responsable

G U | DO

CASTILLO

* i0

IN '

no pudo asociarse al homenaje hecho a T o­
rres García, con motivo de su 749 aniversa­
rio. en ocasión de la 4 5 9 Ex¡)os¡icióti de este
Taller, llevada a cabo en Julio pasado, lo
hace ahora con este 'SUMERO ESPECIAL.

TORRES

GARCIA Y LA TRADICION

El verbo ensímismar es, para mí, la palabra más
hermosa que vive en el mundo del hombre. De una pre­
posición, un pronombre y un adjetivo, se ha inventado
una acción que realiza una quietud que es la realiza­
ción de todas las acciones.
Cuando el hombre se ensimisma, es que el mundo
y el alma se han convertido en dos espejos que se en­
frentan repitiendo hasta el infinito la mera po ibilidad, cada vez más compleja y siempre vacía, de refle­
jar una imagen. Sólo así, ensimismándonos, convirtiéndonos en espejo y convertidos en espejo del mundo,
podemos vernos reflejados como reflejos de un reflejo.
\ recién entonces no¿ damos cuenta que nuestro es­
píritu y lo real están siempre separados y que, sin
embargo, cada uno de ellos encuentra al otro en su
propio fondo.
Por algo es que la gramática de la vida, saltándose
la lógica gramatical, y a pesar de Juan Ramón Jiménez,
no dice: \o me enmimismo. Tu te entimismas, sino que
siempre es El, quien se ensimisma cuando nos ensimis­
mamos.
Este El no sólo es de mí y de tí; es también el
El de él. ¿Y quién es El?
Esta pregunta exige una pregunta por respuesta:
¿Puede un espejo ante un espejo distinguir su pro­
pio rostro del rostro del otro?
Somos por naturaleza fanáticos cristaleros, y tene­
mos la loca esperanza de alcanzar la idea y el s;ntimiento de cristal, pretendiendo que ese vidrio ideo­
lógico y sentimental sea completamente transparente
para que su invisibilidad baga visible el cuerpo de lo
real. Pero, castigo divino, todo lo que obtenemos es
que el mundo y el alma se nos conviertan en superfi­
cies brillantes, tan rudamente visibles, que devuelven
los ojos que las miran.
Cuando las dos superficies se enfrentan, cuando
nos ensimismamos es el momento en que se puede ha­
cer el arte, la Poesía: y la Poesía se hace, si se logra
dejar pasar el azogue del mundo y del espíritu como
si no fuera azogue, como si el reflejo que pasa de un
cristal al otro, cada vez más cargado del otro, pudie­
ra ser una luz azogada.

He intentado expresar como entiendo el verbo en­
simismar. porque ello me permitirá señalar algunos
aspectos del arte de Torres García y relacionarlos con
el espíritu moderno.
Sov consciente de que al realizar este propósito

DE O C C ID E N T E

me meto en camisa de once varas. Pero la dificultad
no está en el tamaño de la camisa sino en la manera
de usarla; y si una camisa de once varas es una prenda
incómoda y ridicula como camisa, puede ser muy ele­
gante como capa.
El afán del hombre moderno, desde el romanti­
cismo hasta nuestros días, es conocerse la cara. Por eso
gesticula, pone cara fea e intenta verse los ojos. La
imagen también gesticula allá enfrente. Entonces él sal­
ta de contento, y ya funda una estética pura como ha­
bla de liberar ese inconciente tan suyo, sin cansarse
de decir: Yo me enmimismo.
Pero pronto la plenitud de si mismo se trueca en
vacío v su contento en desesperación, pues la imagen
también está alegre v también salta de gozo, con saltos
tan reales que hacen pensar que ella a su vez está
muy satisfecha de si misma.
La pregunta surge terrible: ¿quién es el otro? ¿de
quién es la mueca?
Las gesticulaciones se repiten, se automatizan y,
olvidadas ya del impulso que las originara, se hacen
cosa natural, la cara se acostumbra a la mueca y la
persona se convierte en personaje. Eso es nuestro arte
grande o chico: artimaña de personaje, actividad dra­
mática sin naturalidad poética.
Hemos perdido la religiosidad y somos gente des­
ligada. Hemos perdido el encanto y somos gente des­
encantada. Hemos perdido la gracia y somos unos des­
graciados.
La pintura de Torres García es uno de los poquí­
simos ejemplos de recuperación de la persona espiri­
tual, v la persona espiritual es siempre tercera persona,
es siempre ensimismación poética.
Todo el arte de Torres García v toda su enseñan­
za se pueden señalar como un titánico esfuerzo para
rescatar a Occidente del ocaso.
Occidente quiere decir el que cae, el que está ca­
yendo. Ese es nuestro de-tino occidental: estarnos ca­
yendo siempre, ser el destino del sol. Pero, cuando el
sol cumpla su destino, cuando llegue al ocaso, a lo
caíclo, puede nacer desde allí.
Torres García, emplea todas las energías de su
alma v de su amor para hacer que el sol salga por oc­
cidente, para convertir el crepúsculo en el amanecer
de la vida.
Tenemos la garantía de que esta revolución astral
puede realizarse en el hecho de que — según nuestras
averiguaciones— el sol nació como sol por occidente.

�FUN D ACIO N ES P IG A S
Buenos Aires - Argentina

Por eso vive en nosotros la esperanza, de que su caída
sea el regreso del liijo pródigo. f la casa paterna está
allá, en la vieja Grecia siempre doncella de los tiem­
pos anteriores a Pericles.
Tenemos que emprender el regreso. Esa es quizás
la única forma de madurar lo que nos haya ensenado
nuestra aventura por el mundo, la única manera de
conservar lo viviente de nuestra romántica salida.
En un artículo que escribí a principios del año
pasado, sobre la exposición retrospectiva de forres
García, decía, entre otras cosas, que "ante las obras de
este pintor parecería que el espíritu de Grecia hubiera
resucitado de pronto, con una nueva fuerza y una nue­
va vibración milagrosas' . f refiriéndome a la pintura
del año 28, la de aspecto menos clásico: '‘ aun en esta
época dionysíaca, Torres García hace clasicismo, pues
es un Dionysos metafísco que se emborracha de pintu­
ra en un bosque de ideas y de m úsica..."’ “ ...cuando
Torres García deforma las cosas reales, sacrifica ritualmente el objeto; y el mundo real, por él sacrificado,
resucita sustancia inmaterial, creatura de otro mundo".
Ese acento clásico que siempre tiene la pintura de
Torres García, aunque el pintor no se lo proponga, y
aunque haya intentado a veces, realizar lo contrario,
adquiere hov conciencia de sí misma, ensimismación
en la historia del espíritu.
Sería muy propio del hombre moderno responder
que no interesa repetir lo hecho, que toda historia es
ya historia vieja y que, de acuerdo con las modernas
filosofías, todo es novedad incesante.
Nosotros pensamos, sin embargo, que el arte es
esencialmente repetible y que su novedad eterna es po­
der repetirse frente a lo que no se repite.
Toda creación artística, es, quizás, nada más que
un plagio fundamental. Pero, hay quien sabe plagiar,
y quien no lo sabe. El buen plagiario plagia la repeti­
ción misma, la fuente viva del espíritu, lo que hay de
lago en todo río; el torpe, enamorado de maneras y en­
redado en su propio yo, no puede vencer su natural
originalidad de todos los días.
En el verdadero artista, lo inédito, lo personal, es
simplemente aquello que no pudo evitar, y que, por
eso, sólo se da. en el momento de la inercia, cuando
la tradición, el movimiento antiguo de la Poesía, lo
suelta de pronto, abandonándolo a su propia suerte.
Torres García dice que la palabra que vale no es
la que se hace sino la que viene hecha. Nosotros nos
atrevemos a continuar el pensamiento agregando que la
novedad está en poderla pronunciar con nuestra voz y
en nuestro tiempo sin traicionarla.
Ahora bien ¿por qué Torres García cree que, para
no traicionar esa palabra, tenemos que volvernos hacia
Grecia y, en especial a la Grecia anterior al siglo V?
Para responder a esta pregunta habría que hacer
un estudio muy detenido del arte de Torres García y
de sus relaciones con la tradición de Occidente.
Nos contentaremos con señalar los aspectos más
nítidos del problema.

La pintura de Torres García es —digámoslo con sus
palabras— “ una recuperación del objeto . Esta sería
para él la salvación del arte occidental. \ para salvar
al arte es quizás necesario salvar a la naturaleza. Pero,
¿qué naturaleza es necesario salvar? Han existido tan­
tas naturalezas y, por lo mismo, tantas estéticas, como
estilo-, metafísicos de vida. Nosotros esperamos que la
naturaleza pueda volver a ser aquella antigua amiga,
que no nos incita a muecas desesperadas, que nos deja
hacer, prestándonos el apoyo de su cuerpo distante y
misterioso.
Torres García sabe perfectamente, como lo demues­
tra cualquiera de sus obras, que el arte es esencialmen­
te distinto al mundo real, mas también sabe que esta
distinción, cuando es verdadera, se realiza naturalmen­
te. sin piruetas de volatinero.
La Poesía es pariente del mundo porque es partu­
rienta de mundos; por eso acoge a la realidad, la co­
bija en su seno y, quitándole su aspereza de cosa, la
proteje de si misma con las leves del espíritu.

Sancho le dice a Don Quijote que “ la sin par Dul­
cinea del Toboso" es una aldeana “ ...q u e tira tan
bien la barra como el más forzudo zagal de todo el
p u eb lo... moza de chapa y de pelo en pecho” que
“ ...p u ed e sacar la barba del lodo a cualquier caballe­
ro andante o por andar que la tuviere por señora” y
que “ . . . l o mejor que tiene es que no es nada melin­
drosa, porque tiene mucho de cortesana, con todos se
burla y de todos hace mueca y donaire” . Don Quijote
le responde entre otras cosas: “ . . .por lo que yo quiero
a Dulcinea del Toboso tanto vale como la más alta
princesa de la tierra ... y para concluir con todo, yo
imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni
falte nada y pintóla en mi imaginación como la deseo,
así en la belleza como en la principalidad...”
Torres García podría decir que Sancho tiene ra­
zón, la realidad entera es “ una moza de chapa hecha
y derecha" que puede sacarnos la barba del lodo en
cualquier momento. Y si Sancho tiene la razón, Don
Quijote, el artista, tiene el procedimiento, la manera,
el oficio de tratar a la realidad como ella se merece.
Por eso, cuando nos ensimismamos, cuando hacemos
arte y se nos realiza la Poesía sin visajes, va no sabe­
mos cuál es Aldonza y cuál Dulcinea.
Muchos artistas de hoy, y no de los menores, ne­
cesitarían un Sancho que les hiciera saber que la natu­
raleza es una buena moza nada gazmoña ni desprecia­
ble como ellos parecen considerarla.

Torres García no echa en saco roto todo lo que
el arte moderno realizara sino que “ a lo hecho pecho”
como dice el pueblo. 'Y esta vuelta a los orígenes es un
golpe de pecho, un pechazo contra el hueso de la
muerte. Y él puede dar esa vuelta y partir esa valla
de hueso porque es un hombre sin “ ismos” pero con
“ istmos” , o sea con cuello, garganta y desfiladero. El

�AFORISTICA

DE

TORRES

- GARCIA

Con absoluta naturalidad, partiendo de la emo­
ción, demos forma a la idea plástica que nos venga a
la mente, y luego de trazado ese plan acudamos a las
reglas, y ya no pensemos en otra eosa que en hacerlas
bien evidentes.

Partiendo de la idea del Hombre, y estudiando
íntima naturaleza, podemos encontrar un equilibrio.
si entonces queremos hallar ese mismo equilibrio
el arte, tenemos que ver reunidos, en cada obra,
poeta, al sabio y al arquitecto.

El hombre que ve los signos está más allá de las
fronteras de la materialidad. Es el plano universal, por
eso también puede interpretar las formas de vida, que
ya no son cosas sino signos. \ ese es el artista.

El que sabe realmente, nos lleva a la claridad v
a la simplicidad, éste es el fuerte. El débil se esconde
detrás de lo indeterminado, porque teme que se llegue
al conocimiento de su pobreza.
El fuerte es normal por naturaleza: es artista pa­
dre, hace cosas que pone ante sí como el panadero sus
panes.
Cosas definidas, no sueños de espíritu enfermo, no
arte contorsionado y tuerto, sino obra llana, como la
del hombre humilde del oficio, y obra que ya no es
compleja por exceso de depuración.
Insistente en lo mismo, se pone sólo un problemita
y a este le saca tono y vibración por ajuste y maestría.
Maestro de hacer ollas, maestro talabartero o car­
pintero, nos maravillan. Maestro de arte, escultor o
pintor, arquitecto, lo es sólo porque sabe; sabe cuales
son los problemas de estas artes; y, lo demás. . ., le
será dado por añadidura.

No se trata de bacer obras maestras. Se trata de
ajustar tres líneas, con conocimiento, para hacernos so­
lidarios de la Armonía total.
Ciertamente, una obra bien estructurada es bella.
Si en ella es bien evidente el ritmo y la proporción,
será una bella obra. Pero, ni el artista, ni los otros, de­
ben apuntar a la belleza. \ esto, ni para realizarla ni
para comprenderla. En ningún caso debemos buscar ese
placer que nos causa la belleza; ni en nosotros artis­
tas, el provocarlo. La belleza tiene que ser un resulta­
do, no una finalidad.
arte de Torres García está edificado en la garganta, en
el maravilloso desfiladero donde la voz del alma se
hace música audible. Su pintura no pertenece al mo­
dernismo, sino que es modernismo y también clasicis­
mo, porque es un intento de ponerle cuello a nuestra
cabeza para entroncarla con el cuerpo olvidado.
Esta es la estética que hay implícita en la obra de
Torres García: actividad de “ istmo” de un mundo fren­
te al mundo.
Las clases de José Bergamín. que constituyen uno
de los más maravillosos poemas que yo he escuchado
en mi vida, nos muestran claramente los delicadísimos
vínculos que existen entre la picaresca y la mística es­
pañolas. señalándonos cómo la “ aventura del mundo" v
la “ aventura de Dios” se relacionan por la aventura
poética.
Nosotros podríamos decir de Torres García, que su
aventura del mundo, que es la de estar condenado a
vivir el presente, v su aventura del espíritu, que es la

su
Y
en
al

del regreso sobre sí mismo, se relacionan, hasta confun­
dirse, por la aventura plástica.
En una de sus últimas clases de la Facultad de Hu­
manidades, Torres García nos dice que la realización
de su pintura abstracta fué a costa de muchos sufri­
mientos y que, por el contrario, cuando pintaba aquellas
obras “ mediterráneas” de su juventud era el hombre
más feliz del mundo.
¿Qué significación tiene para nosotros el hecho de
que un hombre, que representa uno de los más gran­
des estilos de arte y de vida de nuestra época, nos diga
que ese estilo le dolió en el alma?
Es él, nuestro Maestro, quien puede darnos, como
siempre, la respuesta, el sentido esencial de esta invita­
ción a ensimismarnos hasta el olvido de nosotros mis­
mos, para que la Poesía se nos baga cosa natural.
Cuido Castillo
Setiembre 1948.

PROXIMAMENTE:

EDUARDO YEPES
OLIMPIA TORRES
Impresora L.I.G.U. - Cerrito 740

ESCULTURAS
ATENEO DE
DIBUJOS
EN

EN

EL

MONTEVIDEO

Y

AMIGOS

ACUARELAS
DEL

ARTE

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX REMOVEDOR

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Torres García, Joaquín</text>
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A

VICENTE
HUIDOBRO

VICENTE
DIBUJO

N°. 21
ENERO - FEBR. - 1948

HUIDOBRO
DE

HANS

ARP

O R G A NO R E D A C T A D O Y EDITADO
EXCLUSI VAMENTE POR I NTEGRAN­
TES DEL T AL LER TORRES GARCIA

0.10
EL

E J EM P L A R

�VICENTE

HUIDO

Y LA TRAVESURA COMO GRAVEDAD
por GUIDO CASTILLO
Este no es un estudio sobre, ni en torno tif­
ia poesía de Huidobro. Es el intento de estn char vínculos con un muerto, de avisarle que
todavía se le recuerda; «es tan corto.-el amor
y es tan largo el olvido».
Pero, para que el muerto se sienta cómo­
do y pueda respirar en el recuerdo, es nece­
sario recordar también el aire de su tiempo.
Huidobro murió al costado de nuestra vida:
es casi un poeta de boy. Sin embargo, lio/,
menos que nunca, el hoy de ahora, en la
mañana, es el mismo de ayer, a las últimas
horas de la tarde. Muestra inteligencia se ha
humedecido los labios en la fuente del es­
píritu y la bebida, apenas saboreada, la ha
enardecido, y ya no anda con su antiguo
paso señorial. Ahora se mueve rapidísima,
en una danza extrañamente lúcida y a la vez
desconcertada. Deteniendo a la danzarina
en uno de sus pasos, podemos decir que el
arte moderno es esencialment picaresco, o sea
que se ejercita en la travesura como medio
de vida espiritual. En otras épocas prevaleció
el hombre religioso o el preceptista o el eró­
tico y sentimental. . . Hoy prevalece el pica­
ro, el que se toma la vida como un juego del
que hay que expulsar el azar, porque en
cada carta se está jugando el propio juego de
la existencia, contra los dineros de la deses­
peración y de la muerte.
Y lo que el picaro hace, en realidad, es
obligar al azar a que retroceda un paso,
pues siempre será azaroso encontrar la mone­
da que salga cara o cruz cuando uno quiera.

nido que piensa y que, si no se olvida de
lo real, hace liviano el peso de las cosas.
Pero esta travesura no es superficial sino
picaresca, pues la picardía es la que le otor­
ga gravedad a la sutileza revoltosa del in­
genio. Huidobro es un poeta que repite in­
cesante y siempre originalmente su travesura
original, y en esto radica la gravedad de su

REMOVEDOR
R edactor

R esponsable

AÑO 4

N°. 21
GUIDO

CASTILLO

es la gravedad de la existencia y que en cam­
bio no forma parte de la gravedad de la vida
ser caballerizo del rey, aunque los caballe­
rizos, cuantas veces monten a caballo, lo
hagan con toda la gravedad posible».
Vicente Huidobro juega a la poesía, pero
no con la despi oocupación del hombre hecho
y derecho, sino con la gravedad del niño
(fue persigue en el juego la conciencia del
poder de su alma y la imagen de su destino.
Por eso, por la gravedad de su travesura
c piritual, Vicente Huidobro, a pesar de los
múltiples aspectos de su literatura, y a pe­
sar de sus poemas buenos y malos, es una
persona poética, que es a lo que debe lle­
gar todo poeta, ya que la persona artística es
lo más profundo del estilo, el verdadero es­
tilo, el único que tiene importancia en el
arte.
Hace muy poco tiempo que murió Huido­
bro, con una muerte rodeada de silencio
como debe ser la muerte de un poeta.

poesía, si aceptamos lo que Kierkegaard se­
ñala sobre la gravedad en «El concepto de la
angustia»: «El hombre grave es grave —di­
ce— por la originalidad con que repite en
la repetición» y aclara «que la repetición

La poesía, el arte, es lo verdaderamente
real, lo que realmente existe, de ahí la leve­
dad de su influjo en el resto de las cosas.
Gl IDO CASTILLO

de V I C E N T E H U I D O B R O

Ahora tendrá cierto sentido decir que Hui­
dobro es el picaro de la literatura americana.
Para mayor claridad agregaré que para
ser un picaro se necesitan tres cosas: 1?, es­
tar desamparado; 2?, tener conciencia del
propio desamparo: 3?, afilar el ingenio y no
echarse a llorar.
No es difícil comprender que la picardía
no es la razón de ser del picaro sino la so­
lución al problema del desamparo de su ser.
Las dos primeras exigencias sirven tam­
bién para el hombre religioso, sólo que éste,
en vez de aguzar el ingenio, se para encima
de él y desde allí descubre los castillos es­
condidos en las ventas.
Todo aitista y todo filósofo es hoy un
hombre vulgar, es decir: un desamparado, y
su arte o su filosofía le sirve para tener con­
ciencia de la desolada vulgaridad de su ser
en el mundo. Lo prepara para seguir uno
de los dos caminos legítimos: el de la picar­
día y el de la religiosidad.
Si a Martín Heidegger — por ejemplo— el
espectáculo del mundo lo convierte en picaro
trágico, en profundo y duro lazarillo de la
muerte ciega, a Max Scheler lo incita a vol­
ver los ojos hacia los ojos de Dios. Si Pablo
Picasso vive el arte como truhanería del es­
píritu que se regocija con lo inesperado de
su propio fondo, Torres García lo vive como
acto místico, como invasión de otro mundo
en este mundo.
Vicente Huidobro entiende la poesía como
una travesura, como la artimaña de un so­

Un poema es un poema, como una navaja es una navaja y no es una
manzana.
ó’

El poeta no imitará más a la naturaleza, pues él no se cree con derecho

de plagiar a Dios.
Encontraréis allí lo que no habéis visto en ninguna parte: el poema.
Una creación del hombre.
Y de todas las fuerzas humanas, la que nos interesa más, es la fuerza
creadora.
H

Nunca el hombre ha estado mas cerca de la naturaleza, que ahora que

no trata de imitarla en sus apariencias, sino de hacer como ella, imitándola en lo
profundo de sus leyes constructivas, en la realización de un todo dentro del
mecanismo de la producción de formas nuevas.

RETORNO
Hace pocos días que llegó a Montevideo el
escultor español Eduardo Díaz Yepes, quien,
años atrás, ya estuvo entre nosotros.
Es Yepes un artista íntegro, que lia sa­
bido — cosa difícil— asimilar el espíritu de
las más importantes escuelas del arte mo­
derno sin confundirse con ellas, salvándose
de su actual decadencia y desconcierto.
Yepes, en sus últimas obras, lia recuperado
la visión normal de las cosas sin perder ñir­

DE Y E P E S
guno de los valores puramente estéticos.
Su escultura es vigorosa, sintética y ca­
balmente objetiva. Pero, todos estos, pro­
blemas los trataremos como es debido cuando
Yepes realice •la exposición que tiene pro­
yectada.
Mientras tanto sólo nos queda formular el
deseo de que este artista permanezca entre
nosotro , para que en el L ruguay también
exista la escultura.

�El Hombre, el Año y la Eternidad
por J. TORRES-GARCIA
Quisiera, como el cirujano, meter el bis­
turí entre ijjp- tejidos, para encontrar el es­
condido quiste; penetrar lia-ta allí, sin miedo
ni consideración al dolor, para extirpar esa
bolsa infecta, que puede dañar el resto; bus­
car, sin cuidarse de la sangre que se vierta,
la carne enferma para separarla de la sana.
Pero, sería en vano: tanto como cortase, se
haría de nuevo y aún más. Por esto, a ve­
ces, el cirujano, vuelve a cerrar el corte que
hizo, y trata de adormecer el mal del enfer­
mo, hasta su fin. Porque sería más lo que
habría que cortar y separar, que lo que ten­
dría que dejarse. La ciencia y habilidad del
cirujano aquí es impotente.
Sembrada así, por esa podredumbre, está
Ja sociedad en que vivimos bajo la aparien­
cia de la normalidad. Y, para quien descu­
bra, en el más leve síntoma, ese oculto mal
que trabaja en lo liQndo de cada ser que
encuentre en cualquier esquina, será un mar­
tirio ver como esa corrupción es ya la nor­
malidad del mundo. 0 si no ¿qué sabemos,
si eso no supiésemos, ni de donde venimos?
Sí; esa es la realidad del mundo, el engra­
naje de todas sus piezas; ese es el juego que
se juega y no otro. Y muchos dirán, hablando.
«sí, así es la gente»; sin pensar que él tam­
bién es gente. Quién tal diga es un ingenuo.
Pero después, hay el perfecto canalla: éste
no 'admitirá eso, porque él, y otros como él
—su clase— todos son gente honorable.
Bien: de esos tumores y lacras, el mundo
está lleno, y merced a su labor, el mal y la
mentira ^ prosperan; la injusticia engorda y
el crimen se hace cuatrocientas mil veces por
día; pero, a mí, todo eso no* me atañe; no
es mi especialidad. A mí, lo que me intere­
saría, sería descubrir a la sabandija viva, que
con su infecta baba mancha la pureza' del
arte y el buen propósito del verdadero artis­
ta. A ese, para quebrarle la boca con una
piedra, y con eso privarle de decir más fal­
sedades; a ese para hundirle hierro al rojo
en las cuencas de sus ojos cruelmente, a fin
de que ya no viese más ninguna pintura, y
perdiese la oportunidad de lucir su falsa
autoridad. ¡Cuánta ignorancia y vileza hay
en esos vendidos; en cada uno de esos cuer­
pos corrompidos!
Y con esto ya dije quienes era, pues todos
lo saben.
Así pues, Removedor, es poco. Es poco:
porque aunque por el líquido destruyamos la
mala pintura, quedarán detrás los malos pin­
tores y los apologistas de los tales, que laimponen. Y así, con todo honor, las obras
irán a los palacios y a las casas de gente
adinerada &lt;"de esa que sólo compra lo que
ya ha sido admitido por la sensatez) y a los
salones oficiales, en lugar preferente. Sí; to­
do eso es lo normal, pues esa es la realidad
del mundo. Y así, viene a ser individuo
anormal, el que no esté en eso, y viva en
eso, y vea las cosas así. Pues lo que cuenta
es el número y aquello que está establecido.
Pero ese ser, el verdadero artista, que parece
que ño se hubiese enterado, hay que pensar
que para los otros, tiene que ser inofensivo,
pues, ¿quién tomará en serio cuanto diga y
haga?
¡Quién sabe! Puede que no, estos del mo­
mento. o muy pocos, pero ¿si hubiese verdad

en lo que afirma? En todo caso sería en la
proporción de uno contra diez mil. Pero, ¿no
decía Ibsen que sólo las minorías tenían ra­
zón? Además, las ideas, si lo son de verdad,
hacen un trabajo silencioso que nadie puede
detener.

No, Removedor no es poco. Es mucho lo
que ha removido y no hay que forzarlo a
que remueva más. ¡Viva la polilla, mal que
nos pese! Pero, las ideas, el constante es­
fuerzo y trabajo, ya dan su fruto. La opinión
cambia. ¿Y qué podrán pesar en el platillo
de la balanza, la obstrucción, el vacío que se
nos hace, la crítica ruin, contra tantas y tan­
tas sinceras adhesiones de todo el mundo?
Por eso ya no hay que luchar. ¿Es que va­
mos a matar a un muerto? \ hay que pen­
sar, que en el tiempo que hemos hecho tanto,
y sin medios ¿qué han hecho otros, y con
medios? Vergüenza para el país. Y aún piden
más dinero, como si con él se hiciese nada.
El arte no se hace con dinero; la fé y el
ardor para el trabajo no se hace con dinero:
un profesor que tenga un cerebro de corcho,
no lo tendrá mejor si se le triplica el suel­
do. En viejos moldes se quiere hacer algo
nuevo, y eso ¿podrá ser otra cosa que ruti­
na? Están muertos, dénse cuenta. Pero po­
drán decir: usted es un bobo; nuestro obje­
tivo no era e?e que usted piensa; siga nomás
así, que aún tendremos que hacerle limosna
\ a sus discípulos. Pero, ni aún en esto acer­
tarían. porque en lugar de achicarnos cre­
cemos. Y no sólo materialmente y por fuera,
sino más aún por dentro.
¿Qué publicaciones han hecho esos (to­
dos) nue honren al país, como las nuestras?
Porque atín dejando el contenido ¿podrán,
ni con mucho, rivalizar estéticamente? Dis­
ciplina filosófica, disciplina moral, disciplina
estética, eso es nuestro Taller. Y aunque sdiga que hacemos acrobacias cerebrales, yo
diré que es natural, pues para eso tenemocerebro. Por esto se nos critica que llevamos
a estudio — dicen— cuestiones estéticas que
hoy ni en los medios más avanzados se las
propondrían.
Aún si no fuese verdad, aquello de que más
vale fracasar que dejar de intentar, cabe de­
cir, que todo problema de arte, lo resuelva
0 no, es del que se lo plantea. El tiempo
pasa y trae cuestiones nuevas, y el trabajo
asiduo descubre siempre otras posibilidades.
¡ A h! justamente, creo que la generación pa­
sada pecó de demasiada prudencia, de dema­
siada sensatez. Y hubo dos razones para obrar
así, pero no las diré. Diré sólo, que la gene1 ación presente no se interesa más por lo
que se hizo. El por qué es fácil encontrarlo.

Lo importante (y lo serio) es: crear una
institución artístico-burocrática, bien organi­
zada y con todos los perfiles que haya de
’ ener, v luego, mantenerla por todos los
medios posibles, pues mientras ruede, habrá
sueldos que cobrar. Este es el objetivo. Y
por esto, siendo ese y no el que se dice, todo
tiene que ser falso. Pero, como está dentro
de la normalidad del inundo, la cosa se aguan­
ta, y aunque pueda parecer inverosímil.
Lo importante es crear gremios, sindicatos,

agrupaciones de arte; porque e*a masa, que
son votos, en cualquier momento podrá im­
ponerse. Y lo demás es vivir en el Limbo.
— ¡Ah! de veras— ¿usted se toma en serio
el arte? ¡Pero si no es más que un medio,
como cualquier otro, para vivir! Y la llave
está en saber adaptarse. ¡Déjese de idealis­
mos y sea positivo! — Así hablarían muchos,
si se quitaran la careta... pero ¡guarda!
Bueno; que en resumidas cuentas, sólo se
toman en serio el arte muy pocos, y esto,
además, porque tienen una base moral. Es­
tos rompen contra toda esa organización men­
tirosa, pero, naturalmente, tienen que que­
darse al margen de todo. Pero, a pesar de
ello: (que será: dificultad, miseria y toda
suerte de males), el arte se mantiene y evo­
luciona. Reirán de él los otros, pero, ¿qué
puede importarle?
Cualquier cosa sirve para realizar un acto
político-artístico, que podrá convenir en un
momento dado. Entonces, cualquier infeliz
pintor, cualquier pintura hecha de cartón
piedra u hojalata, servirá para el caso: ¡se
tiene a un héroe, se tiene una obra maestra!
Y así la mediocridad sube. Pero es lo nor­
mal. Ante cosas así. me decía un músico ame­
ricano, en su mal francés: «C’est horrible
! jórribl. . . ) , mais c’est bien». Era que le
mostraba todo un mundo absurdo y loco que
había pintado, y que era tan cierto y tan
real como la ciudad en que estábamos. Aún
río al recordarlo. ¡Y qué buenas cosas pue­
de inspirar la decepción y el dolor!

Si a esos que van organizando grupos, es­
cuelas, sindicatos, salones, se les preguntase
lo que han realizado —se entiende, en arte,
en obra— tendrían que responder que nada
aún, pues lo que piden no lo lian obtenido
todavía —dinero— pero, que en cambio están
bien organizados y prontos. Y prontos hasta
cierto punto; porque, por ejemplo, con res­
pecto a la decoración mural, hay aún, según
ellos, que fundar una escuela con todo lo
necesario. Que se han hecho ensayos... que
se han ganado algunos concursos... ¿Eso es
todo? ¡Bien poca cosa!
No hay peligro: por ese lado y con tales
normas, jamás se hará arte. Porque, falta
para que se haga, el ingrediente principal:
el artista. El que tiene que decir algo, porque
siente y tiene ideas. Y entonces, en un rincón
cualquiera, sin medios, pero con ardor y en­
tusiasmo. él, y otros como él. juntos o dis­
persos, harán obras con vida y armonía'. ¿Por­
qué? Porque, el hacer arte, ha sido para
ellos una necesidad.

Lo he dicho mil veces, y lo diré otras tan­
tas y más — pues es mi convicción profun­
da— que, donde no hay estructuro, no hay
arte. Me dirán, está claro, que por muchos
caminos se va a Roma; y que yo sólo veo
una sola manera de construir; pero que hay
muchas. Hay, habrá... ¡qué sé yo! Pero
una sola es la auténtica: aquella que se
muestra en primer plano en la obra, y que,
por ser así y no andar como encubierta o
disfrazada, opera con elementos puros, abs­
tractos y no ya imitativos. Es decir, que de
la realidad, liabrá tomado el artista sólo lo

�El Hombre, el Año
y la Et e r n i d a d
que era línea o tono; elementos concretos,
y por esto homogéneos.
En este punto radica todo el nudo de la
cuestión. Porque los objetos todos (las co­
sas i lo mismo que sus apariencias, por tener
un carácter propio y diverso, jamás se jun­
tarán para realizar una unidad, que es decir
una armonía, que es lo que desea realizar
el artista. Entonces éste, por un medio u
otro, sea por el claroscuro o el color, por un
tono dominante o pr ciertos ritmos o carác­
ter que les dará, logrará en parte la unifi­
cación que busca; pero será bastarda; y aún
esto cuando la logra. Pues la mayoría de
los pintores no buscan éso, sino lo contra­
rio: exaltar el carácter y la apariencia de
cada cosa. Pero, cuando el artista, ante todo,
busca de dar unidad a su obra, y quiere
de-tacar, antes que nada, su estructura; que
quiere decir la relación armónica de las
partes con respecto al conjunto y así llegar
a la perfecta unidad, sabe que para llegar
a tal unificación, los objetos deben perder
&gt;u valor individual como cosas, para conver­
tirse en elementos plásticos, porque así, den­
tro de su homogeneidad, pueden fundirse los
unos en los otros y entrar en el ritmo. De
modo, que toda obra imitativa, está en el polo
opuesto de tal propósito: por el contrario
lo que desea dar, no es el verdadero arte,
que es la armonía, sino una simulación de
la realidad. No es, pues, más que un arte de
imitación, pues parte de un tema. Pero el
arte de verdad, no es eso: se mantiene sobre
su base que es el ritmo. Y así fue el arte en
las grandes épocas prerrenacentistas. Por esto
creo que el arte ha de volver a tal tradición,
si bien con el aspecto que corresponda a
nuestra época. \ ya no hay que decir, que
tanto en las chicas obras de la pintura de
caballete, y basta en el dibujo, como en
la gran pintura mural, todo debe de ser
construido.
•
Sentado esto,
que pueda, que
ce artístico del
demasiado fácil
yo lo haga.

que es bien cierto, ahora, el
haga 'por sí mismo el balan­
año que pasó, que por ser
de hacer, no hay para qué

La mayor parte de los artistas van ha­
ciendo, año tras año. sus obras, como las hi­
cieron en otros pasados; y así también, y sin
variación, se convocan concursos, se arman
salones, se hacen exposiciones; porque, no
es el caso de-inventar ni crear, de resolver
nuevas cuestiones de arte; pues el caso es,
justamente, una cosa al revés: no salirse del
mo'.de establecido. Ahí está el secreto y el
de-co de todos. Porque lo que esa gente
juzga arte nacional (y salvo excepción) e*
lo que aquí cristalizó ya hace bastantes años,
y que ya. una vez así definido y formado
no hay para que tocarlo ni retocarlo: sería
como querer retocar el grandioso edificio del
Parlamento o del Banco de la República,
que lian de quedar así para siempre. Y esa
es la cara que debe mostrar nuestro arte en
el extranjero. Eso yo pienso que es lo que
piensan, pero también podría equivocarme. . .
Se comprenderá —dado que eso fuese así—
(¡ue todo otro arte que no se amolde a ese.
deba mirársele con recelo. ¿A qué se sale
ese de la línea? Y el que va al extranjero
a estudiar, ya sabe que al volver aquí, ten­
drá que ponerse en esa línea. Además, elo que han hecho todos, salvo algún ligero
atrevimiento que siempre cae bien.

En todo esto la sensatez no pierde nada,
pero -i el arte. Ese estaticisino es un delito.
¿Por qué, si en otros terrenos todo aquí
avanza, no lia de avanzar el arte? ¿Por
q u é ...? ¿Será porque lo dice tal o cual
(persona encumbrada) es decir, dice que todo
\a muy bien, y que podemos estar orgullosos, y tiene loas para todos? Para mí eso
no es cierto, sino todo lo contrario. Pero
dado que lo fuese ¿es que no hay que avanzai
aún más. buscar de solucionar problemas
de magnitud que se nos han presentado, orien­
tarnos mejor, dar, si posible fuese, con nues­
tra personalidad, ponernos al diapasón del
siglo en que estamos Ipiénsese a qué nivel
llegó el arte en Europa y lo lejos que están
de alcanzarlo! y en fin ... que si hay quien
ve más allá, es decir, la posibilidad de des­
cubrir nuevos horizontes y de remontarnos,
¿qué mal habría en que apoyáramos tan ge­
neroso esfuerzo? ¿Es que no lo hacemos en
otros terrenos?.
Un individuo con autoridad puede hacer
mucho bien o mucho mal a un país. Hablo,
es claro, pensando en el arte verdadero; pero
quizás no deha plantearse tal cuestión, que
desde otro punto de vista, resulta ingenua.
En todo esto hay un pleito, que no es po­
sible resolver, por aquella imposibilidad de
explicar lo que son los colores a un ciego de
nacimiento. Si no fuese así, bastaría con una
confrontación de obras. ¡Qué lástima que
las balanzas no nos puedan dar la medida
exacta de su respectivo valor!

Hay algo escrito para el hombre, en el
hombre mismo.
Si entremedio del trazado de millones de
líneas que se entrecruzan y superponen, pue­
de cada uno hallar por fin ese sagrado documento, va no tendrá que hacer más que
seguirlo. Y ahí. verdaderamente, comenzará
su obra.
De uno a otro hombre, tal documento no
difiere en lo esencial: todos, con más o
menos complicación o simplicidad, dicen lo
mismo. Por esto, lo.- que, desechando el res­
to, se atienen a él, pueden perfectamente
armonizar, y pueden también comprenderse
perfectamente. De seguir, los hombres, tal
ley escrita, vendría la mayor paz y armonía:
la vida de todos, sería toda aquella posible
de felicidad, que cabe a los humanos.
Toda obra, chica o grande, debería ini­
ciarse en tal ley que llevamos grabada en
la conciencia. Y no otra cosa son (es decir.
sus proyecciones) las grandes obras del Arte,
sean de poesía o de música, de pintura o
de arquitectura: las grandes construcciones
filosóficas, las religiones, los mitos y leyen­
das, y aún las grandes realizaciones huma­
nas, heroicas o santas. Todo eso toma su
origen allí, v por esto, cuando el arte excede
el simple oficio, ly por sabio que sea), ya
es más que arte; y más realiza, lo que es
su misma esencia: porque esa. también toma
su origen y fundamento en aquella sagrada
ley. Ya es más que arte, y es entonces lo
que tendría que ser siempre el arte.. Es
decir, un arte verdaderamente religio-o o sa­
grado. Y entonces tendríamos: arte religioso
o místico, y arte profano; sin que ninguno
de ellos se saliese de la base única del arte:
lo constructivo concreto. Pero entonces uno
de ellos, de la frontera de lo real para aquí,
y otro de esa frontera para allá; que sería
el arte en lo temporal v el arte en lo eterno.
La Dra. Montessori, que como todos saben
fué una genial innovadora en pedagoría, la
tuvimos en Barcelona después de la primera
Guerra Mundial. Era mujer de extraordina­
ria intuición y de no menos extraordinario

talento. Esta última cualidad resaltaba bri­
llantemente sobre dones y visiones más pro­
fundos (tal como debía ser en Teresa de‘ Jesús. en la que. la discreción y desenvoltura,
y aún su sentido práctico casi realista, que­
daban frenados por la equilibrada perfección
suya); digo, que la Dra. Montessori, que aho­
ra parece que reside en la India, fué interiogada acerca de cual era su religión; de
si era católica, budista, o teósofa; y ella res­
pondió que era rnontessoriana.
El sentido profundo de tal respuesta, se
comprende luego: ¿qué es más una religión,
que — por ejemplo— el concepto claro de
’o que lia de ser la educación y enseñanza del
niño, los métodos empleados, y la fe y ar­
dor en llevarlos a término, dando en ello
toda su vida? No más que eso. fué la pre­
dicación y ejemplo de tantos instructores de
la humanidad, ya fuese dentro de conceptos
mí ticos o puramente racionales; ni más la
fe y sinceridad (¡ue pusieron. Y tras ellos,
y como cristalización de lo que dijeron e hi­
cieron. quedaron tratados, religiones, sec­
tas. . . Y entonces, de igual modo los poetas,
los artistas, los músicos y los arquitectos,
dejando tras de sí poemas, obras admirables
de escultura y pintura y grandiosas composi­
ciones musicales y no menos grandiosos tem­
plos. Proyección, todo, de su espíritu, que
tomó pie en lo que encontraron escrito en
lo profundo de su conciencia: lo que estaba
escrito para el hombre, en el hombre mismo.
Claro, que el hombre, al venir al mundo,
ignora que posea tal oculto tesoro: que con
afán, lia de descubrirlo día tras día, cerrán­
dose a todo lo demás; claro, que le será difí­
cil comprender, que sólo para eso vino a la
vida, y que es misión que ha de cumplir sea
grande o chica; y además, que tal diamante,
tendrá que pulirlo a fin de que saque bri­
llo, y que por esto, para tal menester, ha
de ilustrarse y aprender un oficio adecuado.
Y otro objeto que ese no veo en la vida;
y dichoso el hombre que lo descubre. Y otro
asidero no tiene para sostenerse, y aunque crea
el ignorante que lo es la fuerza y el poder
y la posesión de bienes materiales; los cuales,
en menos de un soplo pueden desaparecer,
y que aunque así no fuera, suelen sólo dejar
un rastro de miseria y dolor, para los otros,
como legado; pues sólo lo que está en la
ley es armonía y canto y gozo para todos.
Hay que dar, pues, a toda costa, con esa
ley grabada en lo hondo del ser que somos.

Lo que se llama civilización, y sea en
grande o pequeña escala, no es más que la
proyección del hombre. La cual, o bien pue­
de encaminarse a lo espiritual, tal como en
Egipto o en Grecia, o bien hacia lo mate­
rial como en Londres o Nueva York. Por
esto, es asombroso pensar en la obra huma­
na. que va desde lo misterioso y oculto del
misticismo o los problemas científicos y ma­
teriales del átomo; desde los problemas es­
téticos. basta la creación de ingenios mecá­
nicos; o desde los delicados y complejos
problemas de la psiquis, hasta las descomu­
nales obras de la ingeniería. Todo eso es
proyección del hombre. Pero, entre todo eso.
que constituye lo que llamamos civilización,
conviene, no sólo establecer jerarquías, sino,
y por eso mismo, separar lo que sea de orden
superior de lo que es de orden inferior.
La facultad creativa sólo pertenece al hom­
bre: es lo que le distingue esencialmente de
los brutos. De manera, que cuanto más se
i leve en tal sentido, más hombre será. Y así,
y por esto, en llegando a cierto grado de
elevación, en el cual ya parece que deja to­
do lo terreno, diríase que el hombre ha

�vencido a la animalidad para ser realmente
lo que debe ser. Realiza, quizás, el arque­
tipo; lo que en el plan cósmico sería la fi­
gura del hombre; y que, las especies infe­
riores, aunque cronológicamente se anticipa­
ron, no hicieron más que prefigurarle de mil
modos diver.-os. Y así, podemos ver, que los
hombres que han superado la animalidad,
se esfuerzan por llegar al arquetipo ese, que
no puede ser más que la idea. Por esto, su
espiritualidad es mayor; y de ahí también,
que las proyecciones de su espíritu, deban
colocarse por encima de las realizaciones y
deseos del hombre que sólo mira a lo físico.
Yerra, pues, el hombre que retrograda y
vive en y para lo material, pues no es esa
la vía del hombre.
Antes que de religión, y para hace* más
concreto el lenguaje, debería hablarse de fi­
guras de religión; de verdaderas construccio­
nes espirituales hechas así de espíritu, sin
querer que sean más que eso o. entonces,
materializándolas; haciéndolas reales como
las cosas entre que andamos en el mundo.
Es decir, y dicho en una palabra: dentro de
un verdadero simbolismo. Y entonces, el con­
cepto de toda figura religiosa, sería mucho
más grande y profundo, ya no achicado por
el concepto vulgar de realidad; sería casi
infinito, podríamos decir, sin bordes ni lími­
tes y en un ámbito que no sería sitio alguno.
Pero, no es ese el concepto humano que de
la religión se ha tenido y se tiene. Es más:
otro concepto religioso que no sea realista,
no es considerado como tal. Sería la piedra
de toque de todo creyente. Ora a un dios real
(en cierto sentido) todo lo espera de esc
dios, y aún las cosas más particulares. Y fue­
ra de ese dios o dioses suyos, los otros son
falsos. Y hasta dentro del concepto de un
Dios Unico, universal, hay infinidad de con­
ceptos diversos o maneras de adorarlo o con­
cebirlo.
Por todo esto, pues, podemos, contemplar
el sentimiento religioso, desde dos puntos de
mira diferentes: uno simbólico y otro real.
pero, ambos, tomando su origen en lo pro­
fundo de la conciencia humana. Y el hom­
bre, entonces, verdaderamente no sabe, si lo
que intuye procede de sí mismo, de lo que
él podrá llamar su ser propio, y entonces pro­
yección suya lo que manifieste, o si, a la in­
versa, tiene, en tal caso, una revelación, ya
que es el Ser mismo, en singular, quien le
inspira. Sería, en tal caso, el hombre, un
verdadero médium. Pero, uno y otro caso
para en lo mismo; puesto que es igual que,
por ser la única voz o intérprete de la vida,
el hombre, tanto dá que en él esa vida se
haga consciente y nos lo manifieste, como
que sea el único ser capaz de captar las vi­
braciones de un mundo superior.
Todo esto, reconozco que es demasiado
complicado y conjetural, y es porque viene
más del pensar que no del sentir e intuir.
Mala vía para entrar
en lo
profundo de
tales problemas.
Sólo la palabra queviene
hecha es la
cierta, y por esto sin controversia. Pero el
mal está, que no viene cuando se la llama:
viene cuando le place; v nadie podría saber
de donde viene, porque no ha sido fruto de
ningún trabajo. Y si no es con tales pala­
bras, más vale no escribir. Por esto, sólo
pueden escribir a plazo fijo los profesionales
literarios: basta abrir la canilla y ya sale
el chorro. Pero volvamos a lo que decíamos.
Tal escritura que habría en cada uno de
nosotros, será siempre, %en
realidad, tu
voz del hombre. Es decir, la voz del hombre
que habría superado la animalidad. Y en­
tonces, esto, se podría decir de otra manera:
la voz del hombre, pero no la del individuo

que la emite. Por lo tanto, voz universal,
puesto que desligada de todo interés perso­
nal y por encima de todo lugar y tiempo.
Por esto, al decir que todo es proyección del
hombre, a ese hombre universal se refiere.
Voces de esas, fueron las de los antiguos
profetas y sabios, y siempre la de los ver­
daderos poetas. Y de tales voces se formaron
mitos y religiones, creaciones formidables
en lo universal; mas ciertas que la verdad
real. Pero ciertas, por esto, simbólicamente.
Por esto, hay que así interpretarlas y no de
manera realista. Pues así, las aniquilaríamos;
las reduciríamos a polvo. Más, aún: haría­
mos de su sublimidad, o una vana fantasía
sin contenido alguno, o una monstruosidad.
Xo puedo meno- que insistir aquí, que no
sólo el arte imitativo realista es el que se
ha de combatir, sino, tal realismo, aún en
esas otras esferas. Pues en uno u otro caso,
la posición del hombre es la misma: o está
en lo_ universal, o en lo particular, que es la
verdad real. Y por esto, ya pueden ver, lo
importante que es sacar al artista de la mala
tendencia subjetivista o imitativa.
La más alta escuela, será siempre la que
se base sobie los principios universales. Pero
no dentro de un intelectualismo racionalista,
sino intuyéndo’ o y viviéndolo. He dicho prin­
cipios universales, sólo para entendernos. Y
en todo caso, tales' principios, podrán servir
sólo para ordenar nuestra mente y así librar­
nos de caer en confusiones.
La palabra viva, así como la obra viva,
nada tiene que ver con la verdad real, y, por
otro lado, tampoco viene de donde viene esta
última. Viene de lo desconocido y •no es fru­
to de! trabajo; no podemos, induciendo, lle­
gar a su origen. Y con esto ya estamos en
el misterio. Cada obra de arte guarda su se­
creto como la Esfinge. ¡Y pensar que hay
gente que piensa que el arte puede apren­
derse en una academia! Porque esos no sa­
ben, que lo mejor que puede enseñar un
maestro, es comunicado al discípulo por mo­
do que nadie podría explicar. Y también
esto está en el misterio; siendo, al mismo
tiempo, algo de muy franco, natural y sen­
cillo, pero impenetrable. Y así, si fuésemos
observando, veríamos que lo mismo ocurre
con todo: hechos que constatamos pero que
son inexplicables. Damos, entonces, aquí, con
eso universal que decíamos, pero en un pla­
no viviente y no intelectual; magnético, casi
podría decirse. Y que sería la realidad ver­
dadera, tras el velo de la realidad material.
La manera, pues, simbólica, de operar el
artista v el poeta y el místico, se compren­
de: no están en la realidad material, sino en
la realidad verdadera. Xo destruyamos, pues,
su buen propósito, invirtiendo los términos,
y haciendo grosera realidad, del espíritu. Pero
en cambio podemos hacer esto otro: hacer de
la realidad espíritu. Es decir, yendo a la
esencia de las cosas.
El concepto naturalista y material, que es
casi el común sentir de todos (y ahí su agra­
do por la pintura imitativa) es, en verdad,
una barrera que se interpone entre la verdad
real y la verdad profunda.
Ya Platón, al hablar de la belleza, dice
que no es aquella que contemplamos, por
ejemplo, en los bellos adolescentes; y que
cuando realmente la conozcamos, veremos que
no será aquel’ a, ni aún su reflejo. Y da a
entender, que sólo en lo abstracto está la
belleza y no en las cosas. Y es así. Y por
esto yo digo: ¿por qué, entonces divagamos
en otros aspectos del arte, naturalistas y fi­
gurativos, y no nos concentramos y centramos
en el arte abstracto sin figuración? ¿Por qué?
Aquí yo lloraría de pena o de rabia. Pero
ahí se quede, que yo rae entiendo y Dios

me entiende. Y aquí podría terminar. Pero
ya se ve que esto aquí no termina; pues, en­
tonces, ¿qué consecuencias sacaríamos de to­
do ello? Y, ¿no sería una traición a la ver­
dad, y a ustedes que me escuchan, el dejar­
les en suspen-o? ¿X o sería cobardía, el no
afrontar la situación que se plantea, para
resolverla según el más recto sentido? Bien:
¡sea!, voy a decir lo que pienso y sin re­
serva alguna.
El camino hubiera sido llano, de no me­
diar dos circunstancias: por ejemplo, si se
hubiese tratado solamente de mí; pero se
trata de ustedes. Sé la responsabilidad que
tengo; sé las consecuencias que pueda pro­
vocar. Pero, ¿es que la verdad no ha de
pasar delante de todo? Es así.
Lo segundo sería esto otro: tengo que de­
cir, por ejemplo, que debido a este medio
artístico e intelectual en que estamos, pudo
decir que, hasta el presente, no me ha salido
cosa derecha. Dos fuerzas han debido luchar
siempre: lo que debía hacer y decir, libre­
mente, y la fuerza del ambiente, no prepa­
rado y hostil, que quería que yo fuese e
hiciese otra cosa; y de ahí que ella saliese
como dije, torcida. Y aquí, y ahora ¿debía,
en esa circunstancia que se plantea, defor­
mar la cosa, secuestrarla... y seguir; o cor­
tar con toda consideración y decir la verdad
de todo, simplemente? Olviden por esto, cual­
quier falseamiento que haya habido, cual­
quier postergamiento o ambigüedad, cualquier
acomodo, cualquier tibieza o indecisión. Ol­
viden algo que fuese como actitud demasia­
do benevolente o provisionalmente acepta­
da; pues ya dije, que nada o muy poco me
salió derecho hasta el presente.
Y* ahora pensarán ustedes ¿qué irá a de­
cir este hombre que así toma tantas precau­
ciones? Pues casi nada, y presto podrán
verlo. Además, que entredientes lo dije más
de una vez, y que debió oirlo quien tuvo
oídos. Pero suele pasar con las ideas, que a
veces se quedan en la antecámara y no pa­
san de allí, y que hay que darles un empu­
jón para que acaben de entrar, y al fin
hagan cuerpo con nosotros; o sea, que a ve­
ces se dice lo que no debe hacerse para que
se dé con lo que debe hacerse; y ésta es una
manera personal, quizás poco franca o de­
masiado suave, de decir las cosas, y que se
encamina a que cada cual resuelva por sí
mismo el problema y el sentido que quiera,
pero que puede acarrear confusión. Se oiría,
pues, tal cosa así dicha, pero no se consi­
deró en aquel momento oportuna, o se dejó
para pensarla mejor ¿qué sé yo? Pero ahora
me esforzaré por no caer en esta viciosa ten­
dencia mía y quitar toda nebulosidad.
Tomemos el número 14 de «Removedor»,
y en la cara interna de las tapas o última
página del texto, puede leerse esto, en grue­
sos caracteres: «En un futuro cercano, el
ARTE ABSTRACTO habrá suplantado com­
pletamente el arte imitativo; EL ESQUEMA
GEOMETRICO Y LOS COLORES PRIMA­
RIOS, a la persepectiva y a los colores com­
puestos. Tal arte correspondería al Hombre
Xuevo del Nuevo Mundo». Es el Arte Cons­
tructivo.
Aquí como puede verse, estamos de acuer­
do con Platón: la belleza, que es algo abso­
luto, no está sino como reflejo en las cosas,
y entonces ¿para qué dar ese rodeo pudiendo ir derechamente hacia ella? Eso siempre
es lo que vi, y tuve que andar torcido du­
rante más de diez años, por lo que antes
dije, y por ende, enseñar lo que no debía;
y hasta ahora mismo: la Pintura en la me­
jor Tradición.
¡Divina Proporción!, ahí está el secreto
(Sigue atrás.)

�EL HOMBRE, EL ANO, Y LA ETERNIDAD
Para terminar, resta ahora tratar de dos
puntos, uno de los cuales es de capital im­
portancia, como se verá luego.
Es, el primero, que hay que aclarar, que lo
que nosotros entendemos por arte abstracto
no figurativo, nada tiene que ver con ese
arte, que bajo la misma denominación hizo
su aparición en Europa, pongamos a partir
de 1918 (aunque algo se había ensayado an­
tes) y que se originó en Rusia y Holanda,
por los suprematistas y neoplasticistas, y que
después de difundirse en Alemania y Francia
luego hizo camino por todo el mundo. Tal
arte, más teórico y filosófico, que artístico
propiamente dicho (pues era rabiosamente
intelectualista), aunque secretamente tuviese
por punto de partida el cubismo, repudió
toda la visión intuitiva de éste y aun lo for­
mal, para quedar escuetamente un proble­
ma solo aparentemente científico o matemáti­
co; es decir, algo deducido racionalmente.
Jamás hubiera podido ser tal arte el nues­
tro, y de ahí, frecuentes y enconadas peleas
que tuvimos con ellos, ya que, tal vacuidad,
querían erigirla en algo supremo, a que sólo
podían llegar — decían— mentes tan evolu­
cionadas como las de ellos.

resto; practicarlo cotidianamente tan a la
perfección como sea posible; concentrar to­
das nuestras energías y pensamientos en él:
en una palabra: poner toda nuestra esperan­
za y fe en él.
La religiosidad del vivir, puede venir de
la práctica humilde del oficio, de una entre­
ga absoluta a él, en un ambiente de recogi­
miento y austeridad. Poco a poco, y por su
influencia, todo pasa del plano de lo tem­
poral a lo universal y, entnces, todo tiene
significado y trascendencia. Ya nada es ma­
terial: todo tiene sentido moral. Y las rela­
ciones de las cosas son en un infinito; y
todo se corresponde.
Llegar, pues, a la consciencia de lo que se
está haciendo; es decir, pensar, que, lo que
estamos haciendo, n« es una obra, es un acto.
Este solo pensamiento, podrá hacernos com­
prender la gravedad de la cosa, y hará que
pongamos empeño en llegar a lo perfecto, lo
cual estará tanto y más ajustado al espíritu,
cuanto •habremos puesto más esfuerzo en la
práctica seria del oficio. El cual, en toda
circunstancia, es el que siempre tendrá que
salvarnos.

Dije al principio: cuando el arte excede el
siemple oficio (y por sabio que sea) ya es
más que arte y más realiza lo que es su
misma esencia (lo constructivo concreto) por­
que esa, también toma su origen y funda­
mento en aquella sagrada ley. Y se añade,
que siempre el arte tendría que ser así; es
decir: religioso. Pero ahora digo esto otro:
que es por la práctica humilde y sincera del
oficio desentendiéndose de todo, que puede
llegarse a esa universal religiosidad, por cuan­
to entonces se toma al oficio como acto, como
afirmación de nuestra fe puesta en él. Ya
algo de muy profundo. Y' es lo que acontece
que sabemos que va prendido o ligado a
con lo religioso propiamente dicho, que, si
bien toda figura de religión debe ser toma­
da como símbolo, sólo por el acto religioso
ya material e invocando a una imagen corres­
pondiente, cumplimos con aquello escrito para
el hombre, en el hombre mismo. Por eso dije
también, que para todo creyente era la pie­
dra de toque. Y entonces se comprende que
se
haya dicho que el Arte era una religión.
El otro punto a tratar es el siguiente, y •
Y
bien
se ve que lo es.
que yo pretendo que ha de darles la clave
Hay, pues, dos artes (y con esto volvemos
para encontrar la ruta que ha de llevarles,
a la clasificación de siempre) el arte en lo
no ya a la comprensión total de tan grande
temporal, la Pintura, y el arte en lo univer­
y trascendental problema (el cual ya se ha
sal,
el Arte Constructivo. El primero en un
explicado sobradamente y ustedes ya lo han
aspecto normal, pero construido y concreto:
comprendido) sino, podríamos decir (y aún
es decir, en el ritmo —y el segundo, arqui­
que así esté mal dicho) la manera práctica
tectónico y plano (excluida la tercera di­
de llegar a él, de estar en él, de existir y
mensión) esquemático y geométrico, no ad­
obrar en él, y no unilateral mente, sino den­
mitiendo más que símbolos universales o
tro del conjunto de la vida, que es como
yendo a la abstracción total. Y así, cada uno,
se debe existir y estar en él. Y así, natural­
puede realizar el doble aspecto del hombre,
mente, sin complicaciones ni mayores cavi­
o sea en lo temporal y en lo eterno.
laciones ni rodeos, el toque de la cosa está,
simple y llanamente, en aferrarse al oficio.
J. TORRES GARCA 4
Consagrarse a él por entero, barriendo el
No; no podía ser tal arte el nuestro; po­
díamos, en cambio, entroncar poco o mucho
con el Cubismo, porque éste, verdaderamente,
era un movimiento de arte y sostenido por
artistas; pero tampoco podía serlo del todo,
por otra razón: por su particularismo a ve­
ces muy anecdótico; por lo estrecho y limi­
tado de su teoría, más traída por el azar
que no por la visión universal en todo el
problema, pues a esto debía llegarse. En tal
punto, di mi voz, pero nadie podía inter­
pretarla, falto de resonancia interior, ya que,
para que así fuese, tenían que olvidar sus
pequeños problemas que se traían y el pru­
rito de modernidad de que estaban presas,
para ir más allá del tiempo y las cosas y en­
trar en el cauce grande del arte universal
de todos los tiempos. El cual, fué el objetivo
que siempre perseguí. Y con esto me parece
que queda explicado, cual es el género de
abstracción y no figuración nuestro, que na­
da tiene que ver con aquello.

Lo A p are n te y lo
Concreto en el A rte
POR J. TORRES-GARCIA
C on el texto de sus lecciones del
añ o 1947 en la

F a cu lta d

de

H u­

m anidades, y 38 pá g in a s de re p ro ­
ducciones fu e ra del tecto.

EN TODAS LAS LIBRERIAS

Impresora L.I.G.U.

Cerrlto 740

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX: REMOVEDOR

de todo; y eso de divina no es una metáfora.
En eso debemos estar, y dejar el resto. Fuer­
te cosa es, ¿no es cierto? Pero, estamos en
el mundo; y, de considerar esto, nacen las
cosas torcidas, ¿Es que se puede vivir del
aire?
Ahí tenemos nuestro compás, que es tam­
bién nuestro signo; y el pez, ese esquema
simbólico; y esto quiere decir que estamos
en esa fe. Saben ustedes, que yo digo, que
todo arte que no sea construido, no es nada.
Por esto yo, ante todo, les he enseñado eso.
Y aún ahora, queremos introducir esa cons­
trucción en el naturalismo. Salvamos así a
la Pintura. Y esa ya puedo enseñarla.
Todo ha de ser una estructura, sea lo que
sea; y los elementos han de ser abstractos
para ser medidos y ordenados geométrica­
mente; y todo ha de ser plano. De ahí el
dibujo que hacemos ahora; olvido del ob­
jeto real, que será creado por los elementos
plásticos (rayas y planos) enlaces, no de
formas representativas del objeto, sino de
sus accidentes secundarios; y así enlaces de
todos los accidentes que se representen en
el campo visual, sin discriminación de los
objetos. Puede decirse que aquí ya todo
es abstracto: una estructura dentro de un
aspecto naturalista; y es el máximo esfuerzo
para conciliar lo que todos quieren, con lo
que queremos nosotros (la abstracción).
En la estructuración, podríamos decir na­
turalista, no es posible percibir claramente
el ritmo o música de la composición, que
viene de la proporción. Y por eso debe ha­
cerse una pintura construida. Es la que ha­
cemos ahora, y para el arte universal cons­
tructivo, sólo admitir los esquemas geométri­
cos, símbolos de ideas universales.
Y bien ¿qué nos retiene y no nos deja
llegar hasta esa meta? Ya lo he dicho antes,
y de ahí que las cosas no salgan derecha­
mente. Y no es el caso de querer cambiar,
pues no es posible: si así estamos, es por que
la realidad de las cosas no consiente otra
que esa. Pero, que entre en nuestra conscien­
cia, entonces que no hacemos lo que debié­
ramos hacer, y que, en cambio, hacemos lo
que no debiéramos.
Ahora, en este recorrido de cien días o
más, vamos a estudiar nuevamente todas las
etapas de nuestra pintura hasta el presente:
es decir, desde el aspecto naturalista hasta
la abstracción total. Será el mejor experi­
mento, porque, en terminando, podremos ver,
con toda claridad muchas de las cosas que
integran tal problema, y también, por la
confrontación de las obras, las que deben
prevalecer. Podrá experimentar cada uno, su
grado de preparación, o su natural tenden­
cia, y luego, en el público, las reacciones que
se produzcan. Por esto, hay que llevar heroi­
camente y con toda fe y entusiasmo, todo el
plan completo hasta su terminación.
Decía al principio: Todo eso toma su ori­
gen allí —en eso escrito para el hombre, en
el hombre— y por esto, cuando el arte ex­
cede el simple oficio (y por sabio que sea)
ya es más que arte; y más realiza lo que
es su misma esencia; porque esa; también
toma su origen y fundamento en aquella sa­
grada ley. Ya es más que arte, y es enton­
ces, lo que tendría que ser siempre el arte.
Es decir un arte verdaderamente religioso.
He ahí, pues, expuesto de manera bien ob­
jetiva, lo que tendría que hacerse, y lo que
hacemos; es decir, lo que hace y lo que as­
pira hacer cada uno. Y en esto nadie debe
meterse: es problema personal. Mida cada
cual sus fuerzas, estudie sus tendencias, co­
nózcase a sí mismo.

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EL MAESTRO JOAQUIN TORRES-GARCIA Y SUS DISCIPULOS EN EL TALLER

N°. 2 0
OCTUBRE - NOV. - 1947

O R G A N O R E D A C T A D O Y EDITADO
EXCLUSI VAMENTE POR I NTEGRAN­
TES DEL TALLER TORRES GARCIA

0.10

�LEON - FELIPE EL POETA
por J. TORRES-GARCIA
La manía clasificadora de la gente, quie­
re, a tuertas o a derechas, meter a León
Felipe in el casillero: ¿qué será este hom­
bre, comunista, anarquista, francmasón, so­
c ia lis ta .... Y no vale a decirles, que él
es lo que es EL SOLO; o si no ¿qué ha­
brán comprendido de ¡o que habrán leído
u oído? ¿Puede, quien está en lo univer­
sal, andar &lt;ntre cosas de orden /xirticularísimo, como ser todas o las más de las
que constituyen la actividad de los parti­
dos? Hay eso, y hay además, esto otro:
que León Felipe es inclasificable como to­
do lo que viene del espíritu.

en todas partes, en todos los rincones; y presto
saltó las fronteras de España. ¡Qué formidable
reacción! Yo creo que Cervantes debió asus­
tarse de tamaño deslumbramiento. Y ya no se
ocupó nadie de él; ¿para qué?, si aquello fué
solo como algo que pasó a través suyo? ¡Qué
suerte al poeta que esto le pasa! Y puede pa­
sarle a otro poeta si se olvida de él: de su lite­
ratura. de su arte y del ambiente en que sue­
len vivir esas cosas, y de sus autores y libros, y
va no piensa más en sí mismo, sino en otra co­
sa que le mueve y levanta, y que está por enci­
ma. Y ¡oh paradoja! — sólo aquel que se olvi-

León Felipe d ijo: a Cervantes se le escapó
Don Quijote. Es verdad. Pudo pensar Cervan­
tes a su Don Quijote, demoledor de los libros
de caballería. Fué todo. Pero ¿después? Se
cortó el cordón umbilical: Don Quijote se bizo
una persona independiente, tan real v casi po­
dría decirse tan de carne y hueso como cual­
quier hombre de los que andaban por el mun­
do; pero, de naturaleza gigante; mejor: sin di­
mensión, pues ya fué grande como el universo.
Y entonces, Cervantes siguió a Don Quijote;
como ahora León Felipe, que va tras de su Poe­
ma, que se ha hecho también gigante. Y en­
tonces. si luego Cervantes adquiere proporción
enorme, de igual modo este verdadero hombre
que es León Felipe.
Ese Poema de ahora, ya no se acabará sino
con él. ¿Y quién lo dicta, quién lo hace? Dió
consigo mismo; antes no. Y por ahí estamos
delante de lo infinito. Y, de no mediar el mar­
tirio de España, quizás jamás hubiéramos te­
nido esa revelación. Fué eso, para León Feli­
pe, lo que los libros de caballería para Cer­
vantes.
Este, hasta antes del Quijote, fué uno de los
mejores literatos o poetas de España, pero ¿des­
pués? Ya no hay medida. Y de ello la da, al
aparecer la primera edición del Quijote, la reac­
ción incontenible de las gentes: se leía y releía

REMOVEDOR
Redactor Responsable

AÑO 3

N°. 20
GUIDO

CASTILLO

da. porque se lia dado por entero a otra cosa,
es el que al fin se encuentra; es decir, al Hom­
bre (pues no existe más que uno bajo la apa­
riencia de la chica criatura: León Felipe.
Es el caso de Santa Teresa, según nos lo ha­
cía ver, hace poco, otro español: Bergantín que
sin darse cuenta, escribiendo no ya para hacer
literatura o poesía, dió al fin forma definitiva
a la lengua castellana.
Clamando por la justicia, levantando su voz
por todos los mártires de España, ahora, León
Felipe, sin pensar en él, abrió la ventana a un
mundo asombroso, que. por grande que sea
aquello que lo motivó, está tan por encima que
ya no hay ni por qué compararlo. Allí está en
lo eterno y con decir esto basta.
En este esquema que le debo, yo ahora no
haré mención a ninguna de sus partes o figu­
ras. Ahí si que no me siento con fuerzas para
tal empresa, que, además, no estará bien que

LEON - FELIPE

EN

nadie la cumpla. Quédese aquello intacto, pues
a nadie pertenece; ni a León Felipe.
Decía que le debía, al menos ahora esto que
escribo ¿p or qué?
Soy y quiero ser pintor a secas, en la univer­
salidad de la pintura. Y me avergüenza y quie­
ro esconderme cuando me hablan en otro sen­
tido, de lo que escribo, porque mis pretensio­
nes no van por ese lado. Pero como también
tengo que meterme por entre los follones y ma­
landrines del arte, y aún, si puedo, matar algún
estrafalario gigante, debo escribir. Porque ade­
más, y porque soy maestro; es decir, que en­
seño, y enseño para todos mi arte; y además,
para defender a mi sin par Dulcinea — mi alta
y soberana señora, la Pintura— que tantos ma­
lignos encantadores defiguran, escribo. Y escri­
bo, aún sabiendo del desdén de los que preten­
den saber escribir — caballeros de la andante
literatura; y de los que saben.
Con este riesgo escribo; pero la culpa no es
mía si me toman por lo que no soy ni quiero
ser. como lo advierto siempre.
Y bien: si ahora escribo sobre León Felipe
— y él que me perdone, y después diré por qué
- es a causa de que, lo que yo he venido di­
ciendo pobremente, sostenido por la lógica y
con escasos recursos, él ahora lo ha dicho cor.
la voz del Poeta: que por encima del hombre
individuo está el hombre universal, y que en­
tonces ya no hay más que la verdad, y que ya
tal cosa no admite controversia ni reparo de nin­
guna clase. Me ha parecido pues, que por haber
querido yo estar en tal verdad, ahora yo me
haga solidario y lo diga, pues me atañe; es de­
cir, que es un deber que lo proclame.
Y ahora diré por qué he dicho que él me
perdone: porque para escribir de tal Poeta, es
justo que no se escriba sin cierto temor, pues
sólo podrán escribir tranquilamente, los que ja­
más le comprendieron o los que sean de su
talla.
J. TORRES-GARCIA
Octubre 1947.

EL

TEATRO

por GL IDO CASTILLO
Alguien me dijo, en cierta ocasión, que León
Felipe no llegaba a convencerlo porque “ hacía
demasiado teatro” .
Y así es. El hombre sensato, con su terrible
eficacia, ha encontrado, sin esfuerzo alguno, el
juicio certero: León Felipe no convence porque
hace teatro.
Y tan poderosa es su capacidad para no con­
vencer y para crear ficciones que, leyendo a
León Felipe o esuchándolo hablar, perdemos
la convicción en las cosas más evidentes, y la
realidad familiar, la domesticidad de lo real,
se nos convierte en farandúlica serie de ánge­
les trágicos.
También Don Quijote le dió una lanzada en
el ojo a la virtud convincente de los molinos de
viento y, desde entonces, ningún cumplido ca­
ballero se deja engañar por la molinicidad de
los gigantes.
Todo lo que dice León Felipe es humo que
se lo lleva el viento, pero el humo es hijo del
fuego compañero del aire, y donde hay humo

hay fuego y donde hay fuego hav aire y en el
aire se respira.
León Felipe ha montado su escenario en la
chispa que salta del choque dramático del me­
tal y la piedra.
“ Por hoy y para mí, la poesía no es más que
un sistema luminoso de señales. Hogueras que
encendemos aquí abajo, entre tinieblas encon­
tradas, para que alguien nos vea, para que no
nos olviden. ¡Aquí estamos Señor!”
Así hablan al gran fuego de lo alto las pala­
bras de León Felipe, mientras danzan sobre la
escena en llamas.
“ Hoy más que nunca es para mí la poesía
fuego organizado, llamada y llamarada de nau­
fragio” .
También León Felipe es un barco que se in­
cendia en la noche de las aguas como se incen­
dia y naufraga nuestra realidad en el infinito
mar nocturno, en el ojo de Dios, hasta dejar
de ser barco para convertirse en estrella encen­
dida “ bajo las estrellas impasibles” .

^ el personaje León Felipe se borra la clownesca mueca hasta mostrar su ardiente másca­
ra trágica. Y grita entre las risas del público:
“ ¡T o no soy un payaso! ¡Y o soy Prometeo!
\ engo de la casta de los viejos redentores del
mundo y he dado mi sangre, no para hacer reir
a los dioses y a los hombres, sino para fecun­
dar el yermo” .
El eco de sus palabras canta, convertido en
coro -de mil voces que avanza y retrocede fren­
te al altar de Dionysos:
“ Estrellas
sólo estrellas,
estrellas dictadoras nos gobiernan” .
León Felipe, él mismo lo ha dado a enten­
der. es un profeta fracasado, un profeta de Es­
paña y del mundo, que no tiene nada tangible
que anunciar; más aún, que nada anuncia, por­
que sólo lia venido para que las ciudades y las
miserias humanas se quemen en su boca. Y
(s ig u e en la últim a pág.)

�[

FUNDACION ESPIGAS
Buenos Air¿s - Argentina

Incursión Apofántica
P latschek en Torno
por GUIDO CASTILLO
Hans Platschek se ha lanzado a la aventura
asaz peligrosa de relacionar las repelencias
que condicionan las alergias recíprocas entre
la pintura de Torres-García y la pintura uru­
guaya. Pero, no hay aventura sin riesgo, y,
quien arriesga el riesgo, peligra perder por
siempre la debida peligrosidad intrínseca, que
es
el tributo exigido en proporción directa
con lo venturoso del logro, por lo cual, el
que cayera en la flaqueza apuntada sólo rea­
lizaría una aventura de segundo orden que, co­
mo es evidente, no vale lo que la primera, por
ser un barroquismo de la conducta tangen­
cial al valor, que es la forma más huidiza
de la cobardía.
Señor Platschek, reconozco que no son en
usted tales debilidades, y de su artículo se
pudiera decir con el poeta:

en la ilimitada valorización de la verosimilidud aparencial».
Indudablemente en esta diferenciación de lo
instrumentalmente aplicativo con relación a
lo concreto vivencial, que sería la explicitación de lo inmanente que tiende a trascen­
derse sin cesar recobrando lo subjetivo en el
plano objetal, usted se muestra partidario de
las ideas expuestas por Trebolini en su polé­
mica con Cassou.

.querida mía» después de haberte llamado
«mariposa aburrida por el mar de triángulos
equiláteros» o «mujer atravesada por el sue­
ño afilado de los peces». Pero tu sabes que
en mí la sencillez es la originalidad última y
substancial, la definitiva paradoja demoniaca­
mente delicada en que agoniza mi vida que,
entre tiernos aceros, muere atada al tobillo
de lo invisible .
Unido a ti por la simetría discordante de las

EL PUBLICO EN LA EXPOSICION
(LA

« . . . y con airoso ■vuelo
pisó del viento lo que del ejido
tres veces ocupar pudiera undardo.»

HISTORIA

SE

REPITE)

DIBUJO DE DAUMIER

Usted no se arredra frente a nada, y de lo
que es presente en Torres-García vinculado a
lo que el Uruguay tiene de carencia, infiere
conclusiones realmente insospechadas como,
por ejemplo, que para identificar el uno con
el otro tendría que cambiar sólo uno de los
elementos de la combinación, pues si ambos
cambiaran resultaría que, como los dos se
habrían ganado de mano mutuamente, el Uru­
guay vendría a ser Torres-García y Torres-García el Uruguay, y estaríamos lo mismo que al
principio.
Yo me atrevería a sintetizar su erudita ex­
posición en esta fórmula:
Si es cierto que tomando un agujero y re­
vistiéndolo de hierro obtenemos un cañón,
se sigue, con toda evidencia, que tomando la
pintura uruguaya y revistiéndola con la de
Torres-García una y otra pintura ya no serían
sino una y la misma.
Según usted los integrantes del «Taller T o­
rres-García», sólo asintóticamente se acercan al
instrumento de su maestro, por no poder evi­
tar el agujero innato que los anula y que
apenas disimulan con un sub-impresionismo
o «aman-jeanismo» desvinculado pero simpá­
tico a nuestra idiosincracia. Con lo cual sólo
se logra una armonía difusa, pues, como lo
homogéneo es lo que no tiene ninguna carac­
terística distintiva, resulta que todo homogé­
neo no se diferencia de cualquier homogenei­
dad, ya que si se diferenciara sería heterogé­
neo respecto a otra cosa, y caeríamos en el ab­
surdo de lo homogéneamente heterogéneo.
Para que esto sea más claro todavía, trans­
cribo una frase de su artículo:
«El punto de arranque para toda la pintura
uruguaya es, brevemente dicho, una especie
de sub-impresionismo o aman-jeanismo si se
quiere con tendencia notable hacia una apli­
cación emocional del instrumento pictórico;
cosa bien distinta de la concreción emocional
de una expresión— que, no obstante, encuen­
tra su constante dirección hacia la naturaleza

— ¿Qué es para tí lo mejor del Salón de este año?
— La cerveza.

Pero, sin tener que referirme a Trebolini,
que quizá es el crítico que ha ejercido una
influencia más sutil en la última década del
arte europeo, puntualizando sus más importan­
tes hitos, en usted hay una intención más generalizadora inspirada, seguramente, en las
últimas cartas que Hernando de Campoñato
dirigiera a su esposa en destierro.
Especialmente aquella que empieza así:
«Querida mía: No te extrañes que te diga

distancias que el amor desata, se me ha reve­
lado como reina y señora de los sueños que,
cual lenta teoría de muchachas melancólicas,
me visitan, la idea que lo emotivamente apli­
cable carcome lo concretamente emotivo vivencial en expresiones que golpean o rebasan
su objeto intencional. Y claramente se ve
que esta es la más sutil de las traiciones, por­
que en ella el Yo se aparta de si mismo como
(s ig u e en la últim a pág.)

�AIAPE, LA VIBORA Y NADIE
por SARANDY CABRERA
El crítico puede argumentar, puede rechazar,
aceptar, explicar y ejercitar de muchas otras
maneras su oficio, pero lo que no le resulta
decoroso ni elegante es embestir.
Ahora bien; en el número 1° de la tercera
época de la revista de AIAPE, un crítico ( ? ) o
meramente un articulista, embiste de la manera
menos elegante y más vulnerable contra el Ta­
ller Torres - García.
Y a la vez que embiste, oculta su pequeñez
hasta hacerla desaparecer en el anónimo.
Si nosotros quisiésemos zaherir al autor del
artículo embestidor que nos ocupa, le diríamos
por lo pronto que es redundancia escribir, por
ejemplo, como él lo ha hecho. “ El T. T. G.
expuso una Exposición” , y lo mortificaríamos
con armas que él mi»mo nos ha puesto en las
manos.
Tal vez sea más conveniente y edificante que
rebatamos fríamente — o todo lo fríamente que
sea posible— las equivocadas aseveraciones del
desconocido escriba.
El Sr. Nadie, diremos para darle un nombre,
afirma la no variación de la pintura del Taller
Torres - García.
Y si sostenemos que se equivoca, lo hacemos
evocando rápidamente la evolución del Taller
en estos últimos tiempos en los cuales ha hecho:
l 9 Naturalismo sintético con paleta de grises.
29 Naturalismo con colores primarios. 39 Cons­
tructivismo con una y otra paleta. 49 Naturalis­

mo con la paleta restringida a 7 colores o tonos.
59 Naturalismo planista con perspectiva, — y
aún es posible que hayamos olvidado algo.—
¿Qué infamante com plejo de inferioridad le
roe al Sr. Nadie como una oculta víbora la
entraña, cuando dice que en el Taller TorresGarcía se plantean a los discípulos, problemas
que ni aún en los medios más cultos se plan­
tean?
Es que no advierte el Sr. Nadie que el pro­
blema del pintor tiene un solo nombre y un
solo valor en calidad en todo el planeta, y ese
problema es la pintura misma.
El que quiera hacer pintura en cualquier
medio que sea debe conseguir una realidad es­
pecíficamente siempre la misma.
Y es lamentable para este articulista y sus
propósitos que, cuando quiera anatemizar o
condenar al Taller Torres - García, lo ensalce.
Si la pintura no fuera un truco, como el Sr.
Nadie parece ignorarlo, no sería nada. Si no
fuese una hábil manera de trastocar mágica­
mente la realidad y cambiarla mágicamente no
sería sino una pura disciplina manual.
Allí está el truco de la pintura, y allí el truco
que el maestro aspira a enseñar a sus discípulos:
que el maestro quisiera poder enseñar a sus
discípulos, dado que, como él mismo lo dice,
no trata de enseñar a pintar cuadros sino de
enseñar “ la pintura” , ese sutil “ truco” inex­
plicable.

LO
APARENTE
Y LO C ONCR E T O
EN
EL
A R T E
Por JOAQUIN TORRES-GARCIA

APARECIO YA EL 49 DE ESTOS FASCICULOS QUE REUNIRAN EL TEXTO
DE SUS LECCIONES DICTADAS EN LA

FA C U LTA D DE H U M A N ID A D E S Y CIENCIAS DE M O N TE VID EO

INCURSION APOFANTICA
P L A T S C H E K EN TORNO
(viene de la pág. 3)

tal, relegándose a una falsa unidad mas ex­
terna que objetiva».
Las relaciones que existen entre las ideas
de Campoñato con el pensamiento platschekiano son indudables.
Esto no lo menciono en son de crítica, pues

quien no toma no da y, como dice el sabio:
«Bebed si queréis que os beban».
El sur de Platschek es demostrar que todo
pintor uruguayo está condenado desde la cu­
na al Aman-jeanismo. ¡Pensar que eramos
amanjeanistas sin saberlo! Siempre ocurre lo
mismo: los indios de América no sabían que
eran americanos hasta que fueron descubier­
tos. De esta manera Hans Platschek viene a ser
el Cristóbal Colón de la pintura uruguaya,

Ahora bien, con complacencia morbosa, este
embestidor articulista del periódico AIAPE, re­
lata cómo un integrante del Taller Torres-G ar­
cía recorrió la República pintando retratos de
Comisarios e intendentes a veinte pesos cada
uno.
Aquí no interesa averiguar la veracidad del
hecho, y solamente hacer las siguientes pregun­
tas que se contestan por sí solas.
¿El valor de un cuadro, su pintura de cuerpo
presente, depende del objeto representado?
¿Importa que el objeto de un retrato sea un
príncipe, un rey (caso Ticiano, caso Velázquez)
o un médico de locos (caso Van G ogh)?
¿Interesará que un cuadro sea vendido por
su autor en veinte o doscientos pesos, cuando
el “ valor” de una pintura no es una magnitud
medible con la unidad peso papel moneda.
No olvidemos al respecto la copla de Antonio
Machado:
Todo necio
confunde valor y precio.
De todo esto no podemos sino concluir, que
este articulista de oculta víbora, debe ser uno
de esos individuos temerariamente inclinados
hacia el oficio del payaso o de esos lamenta­
bles habladores, propagandistas callejeros de
abrelatas o hojitas de afeitar.
SARANDY CABRERA

LEON FELIPE EN EL TEATRO
(viene de la pág. 2.)

todo se quema en la amorosa hoguera de su
teatro.
“ Y apedrearme, si queréis,
maldecirme y gritar:
¡Muera ese falso augur
que ve mejor la grupa de la noche
que la frente de la m añ an a!...
Pero aquí en nuestras manos
sólo hay polvo y rencor” .
El primero que se quema en el teatro de León
Felipe es el sentido común, y se quema en la
locura, v la locura se quema, y se quema en la
idea luminosa, y la idea se quema, y se quema
en la fe encendida, y la fe se quema en la poe­
sía que es el fuego original.
En el último acto se quema el propio León
Felipe, y se levanta una cortina de humo que
hace toser la sensatez del espectador.
Y el humo se disuelve en el aire. Y sólo que­
da el aire compañero del fuego.
Y sólo queda el aire claro, vivo y puro como
una llama cristalizada.
GUIDO CASTILLO
que por el ha entrado a formar parte del
mundo hasta ahora conocido.
Sería interesante hacer un paralelo entre
el navegante genovés y el descubridor del
continente Aman-jeano del cual somos incon­
cientes habitantes.
Quede esto como anticipo para otra ocasión,
y como este artículo se puede continuar in­
definidamente, por lo mismo, se lo puede
dar por terminado en cualquier punto de lo»
infinitos que potencialmente tiene.
Guido Castillo~
AR-FUNDACION ESPlG f S-KARDEX REMOV.-^ )R

Imp. L.I.G.U. - Cerrito 740

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CONSTRUCTI VI SMO

Or g a n o

J.

TORRES - GARCI A.

redactado y editado

NY19

exclusivamente por integrantes del

S E T IE M B R E - 1947

TALLER

T O R R E S - GAR CI A

0.10
el

e j e m p l a r
w

�NO

HUBO
Por

JOAQUIN

REMEDI O...
TORRES

GARCIA

H ay dos ritm o s ; com o h ay el d ía y la no­
che. Y m uchos creen e sta r d e n tro de la cin ­
d a d e la , y están f u tr a . Y e sta r en el ritm o de
a fu e ra , es e sta r en u n s im u la c ro ; es c o n stru ir
com o con aire. P o rq u e só!o el ritm o de a d e n ­
tro es el q u e cu en ta. Y cu e n ta , p o rq u e va
com o p re n d id o al h o m b re ese n c ial: no al
h o m b re del d ía sino al h o m b re de la n o ch e;
al h o m b re q u e existió an tes q u e todo tiem po,
p u esto q u e antes de q u e h u b ie ra tiem po.

y así todos satisfechos. Y no p o d rá n sa lir j a ­
m ás de su ceg u era; n i los unos n i los otros.
¡P o b res!
P e ro hay otros que ya no h acen eso; no es
q u e sean m ejo res n i p eo res que estos que
d ecía; son d istin to s, es un género a p a rte ; es­
tán t n las ten d en cias m o d ern as.
\ b ie n ; a q u í pasa lo m ism o q u e en el
o tro cam po, ^pues no p u e d e n m e d ir lo que va
del d isp a ra te a la g en ialid ad . P e ro ellos m ar-

U na o b ra de a rte , com o ta n ta s veces he d i­
cho, viene d e te rm in a d a p o r su b a se ; y su base
es el a rtista . Y entonces, haga éste lo que
hag a, ad o p te la te o ría q u e q u ie ra , siem pre
e sta rá en la a rm o n ía , sie m p re será o b ra viva,
la suya, sie m p re será o b ra a ju sta d a y lógica, y
sie m p re se rá o rig in a l; p o r q u e v iene de él,
de esa p erso n a única, y llám ese C ervantes o
el G reco, Bacli o P la tó n ; o un anónim o
c u a lq u ie ra , o u n p rim itiv o . La vem os, a esa
o b ra , ta l com o vem os a u n c a c h a rro de b a ­
rro,' a u n a m esa o a u n a silla, a u n a casuca
h e c h a de te rró n y tech o de p a ja , sim ple en su
to ta l u n id a d , q u e se sostiene sobre su p ro p io
fu n d a m e n to ; y q u e com o la escoba, que está
a rrim a d a al án g u lo de la p a re d , p u ed e d e c ir:
a q u í estoy y o . . . ¡soy u n a escoba!

REMOVEDOR

P e ro h ay unos d esgraciados, q u e se creen
m úsicos o po etas, p in to re s o escultores, que
ja m á s h a n p en sad o en ta l cosa. \ a , desde el
tie m p o q u e fu e ro n ap ren d ices, crey ero n que
e l a rte e ra i r h a c ie n d o oomo todos (algo a
la m a n e ra com o se a d q u ie re n las costum bres)
y p la g ia r a todos, y así fo rm a rse p o r añadidos.
P o r ta l razó n , en sus o b ras, no p u ed e h a b e r
n in g u n a u n id a d , n i e stru c tu ra n i tra b a z ó n n in ­
g u n a ; y es p o r esto, q u e p o r a llí no co rre
n in g u n a v id a, n i tie n e gesto la o b ra , n i alm a,
n i p e rs o n a lid a d ; pues si es o b ra viva, debe
te n e r eso com o todo lo q u e vive, y fisionom ía
p ro p ia ; n o se sitú a, tra n q u ila m e n te an te nos­
otros, b ie n a firm a d a ta l com o u n pan o una
b o tella, sino c o n tra h e c h a y rid ic u la en su tra je
de a rle q u ín , falsa y grotesca. T b ien , aún. si es
o b ra de u n académ ico q u e h a b rá hecho tr a ­
b a jo com o de z a p a te ro o e b a n ista, h o n ra d a ­
m en te, p ra c tic a n d o u n oficio, sin p reten sio n es
de q u e re r asu star a n ad ie.

C onviene d e slin d a r estos dos terren o s del
arte . J
P resto se ve lo que se m a n tie n e firm e en
su u n id a d , ta l u n a p la n ta , q u e p a rtie n d o de su
ra íz , to d o después se g enera lógicam i nte. ^
esto ja m á s lo verem os en u n a o b ra h ech a de
retazo s, h e c h a de cosas p re sta d a s, de cosas
q u e h an v enido de todas p a rte s y que ni por
azar p u ed en ju n ta rs e , p ues no h ay razón p ara
q u e se ju n te n y, lo q u e d e la ta m ás lo falso
«le tales o b ras, es su v acu id ad . Es el com posi­
to r d e slu m b ra n te , de q u e ta n to gusta el p ú b li­
co m e d io ; el o ra d o r g á rru lo , d el o ro p el y la
p e d re ría b a r a ta ; el p in to r p o m p ie r (y p o r
algo se le llam a a s í), p u es en él todo es b ri­
llo, a veces com o de la ta o a veces com o de
c a rtó n p in ta d o . Y d e n tro de eso, ¡el vacío!
P o rq u e , h ay q u e te n e r ideas, v e rd a d e ras ideas,
y sean lite ra ria s o plásticas, m usicales o de
a rq u ite c tu ra . Y ta l p in tu ra o m úsica, se p a ­
rece a o tra , p o r su técn ica, p e ro , ¿ q u e le falta,
q u é no tien e ese fo n d o que va a lo p ro fu n d o ?
¡P u es casi n a d a : to d o ! P u es, si no se llega
a eso ¿ q u é im p o rta lo d em ás?
B u e n o ; q u e v ayan fa b ric a n d o todos esos,
con su c a rtó n y h o ja de la ta , q u e no le fa lta ­
rá n aplausos d el p ú b lico , n i b u en as crític a s;

Redactor

Responsable

AÑO 3

N°. 19
GUIDO

CASTILLO

ch an im pávidos, crey en d o que en g a ñ a rá n a
to d o el m u n d o . Y o saben, q u e esa a p a re n te
lo cu ra d el a rtista genial, viene del o tro lado
de lo v u lg ar y falso, pues, ese, p o r don de la
n a tu ra le z a , toca a lo p ro fim d o , y q u e e n to n ­
ces, p o r lle g a r a lo o rig in al, descubre un
m u n d o nuevo.
La m o n ed a d el que está en el ritm o de la
n oche, no está en v ig en cia; p o r esto no se
cotiza en n in g u n a bolsa. Sólo el tiem p o a rre ­
gla eso, y entonces, el oro de ley, es re stitu id o
a su valor.
E l a rtista que está en el ritm o de la noche,
no está en n in g u n a d im e n sió n ; a q u í no hay
chico n i g ra n d e ; sólo la c a lid a d cu en ta . P o r­
que a q u í no se p u ed e m e d ir n a d a , n i d escrib ir
n a d a ; está o no está, y es todo. P u es no es
n ad a fab ric a d o , es cosa n a tu r a l; y se posee o
no. Y ta l lo p o seerá h a sta sin sab erlo, pues
no h ay co n tro l p a ra lo in éd ito . P u es in éd ito
ha de s e r; agua de la que m an a en la fu en te.
Yo de segunda m ano. A q u í no vale eso.
E l a rtista que vive en el día, todo p u ede
m e d irlo y cla sific a rlo ; a d a p ta rlo a lo que con­
ven g a; do cu m en tarse, p la g ia r, etc. Y como
que es cosa que p u ed e ex p licarse, los otros
p o d rá n co m p ren d erlo . Y e l crítico e n c o n tra rá
m a te ria l a b u n d a n te p a ra h acer sus críticas. Y’
si es co n serv ad o r h a rá o b ra sensata, y si es
rev o lu cio n ario se p o n d rá a la m oda. Y sea de
un lad o o de o tro , te n d rá siem p re su p ú b lico
i n el g ran p ú b lico. Lo que no te n d rá n unca,
será el tono del a rtista de la noche, pero,
¿es q u e eso existe? — d irá n .
Lo que el a rtista haga, poco im p o r ta ; lo im ­
p o rta n te es lo q u e se diga y escriba de él, y
p o r p ren sa y gente seria; p o r los que h a n lle ­
gado y están catalo g ad o s; p o r lo que digan
de él, artista s con m ed allas, ya oficializados.
T odo esto es lo im p o rta n te ; y no lo qive él
sea, aparte de eso que representa.
S í; esa es la v erd ad , la re a lid a d de las co­
sas, pues estam os en el tiem p o y en e l día.
¿Se cotiza b ien , esto? E ntonces v a le ; y tan to
si es g en ialm en te d isp a ra ta d o , com o si es sen­
satam en te a b u rrid o y conservador. Y los que
en todo esto están, ig n o ran tes y falsos, se e n ­
tie n d e n b ie n e n tre si, y siguen v ilm en te la
p o lítica que convenga. Y p arecen d u rm ien tes,
pues a veces se d iría que no ven n i oyen.
¡M aravillosa sa b id u ría la de los gatos!
A l co n te m p la r u n a p in tu ra , al o ír m úsica,
al le e r u n poem a, al seguir u n d ram a en el

te a tro , no h a y que c o n fu n d ir n i o lv id a r aq u e­
llos dos ritm o s y no d e ja rse d e slu m b ra r p o r
lo sensual y lo ap arato so . P o r el c o n tra rio , d e­
bem os de ir al fondo, a la e n tra ñ a de la o b ra,
a su e stru c tu ra y a su calid a d , y v er si ella
nos lleva al ru id o d el día o a la callad a sere­
n id a d , m ás allá del tiem p o . A ver, y p o r h u ­
m ild e q u e sea y de p o b re m a te ria ; a ver,
digo, si nos da algo- del sonido y del ritm o
que bu scam o s; la c a lid a d ,q u e buscam os y que
no h allarem o s jam ás en las o tras o b ra s ; a q u e­
llas pocas p ala b ra s sa b iam en te a lin ead as y a
co m p ás; y el to n o , y la lín e a en c o n tra p u n to ;
cosas todas que p u ed en , n a tu ra l y sen cilla­
m ente, sin gritos n i v io len cia, (lejo s de lo su­
b lim e y de la agitación h u m a n a ) p o n e m o s en
la v erd ad d el hech o m isterio so del arte , y que
un h o m b re h a rá , p o r la v irtu d que tie n e (y
o tro no p o d rá h acerlo ja m á s) así com o se
m ueve, h a b la y cam ina. Y vuelvo a re p e tir:
a q u í ya no h a y dim en sió n , p o rq u e no p u ed e
h a b e rla ; pues es cuestión de tono, de d a r con
el ritm o , de estar a m ed io d ía en la n oche, y
así ver, d o n d e no h a y cosa. P o rq u e es n a tu ra l
fa c u lta d de ta l a rtis ta ; v er esto y no aq u allo
y h a c e r sin pen sar. Y no se sabe en donde,
p o rq u e a llí no es sitio alguno.

Es im p o sib le h a c e r co m p re n d e r que existen
estos dos ritm o s; no valen n i las razones ni
los eje m p lo s; su fre la gente u n a especie de
dalto n ism o , que le im p id e v er esos m atic e s;
y la cosá no tie n e rem ed io . E n las salas de
concierto, en las exposiciones de arte , la gen­
te, en g eneral, co n fu n d e la m e n ta b le m e n te ; y
así condena o a p la u d e a ra b ia r, según de d o n ­
de sople el viepto. Y este v ien to — y no p u e­
de ser m ás que eso— p u ed e v e n ir de diversas
esq uinas, según los bu en o s oficios de la p re n ­
sa — p o rq u e lo que a llí se estam pa es in fa li­
b le— y de los m en to res c a rn e ro cabeza del
re b a ñ o de Panurgc»—- pues do n d e endereza
ese, p o r a llí p asan los dem ás. Cosa que en
p a rte se re m e d ia ría , si al fre n te de la c ríti­
ca h u b ie re gente que estuviese en ese secreto,
y, adem ás, se les p erm tiese d ecir la v erd ad . P e ­
ro, ¿a q u é h a b la r de cosas que no existen ni
p u ed en ex istir?
Da pena, v er cóm o se ed ita tan to lib ro que,
de pies a cabeza, es u n a equivocación, y que
así afirm a en el p ú b lico lo falso, h in c h a la
re p u ta c ió n m al a d q u irid a , o con d en a lo que
d eb ie ra elogiarse. Y hay que v er p asar eso y
callar. Y tam b ié n el in v ero sím il m o n u m en to
p u b lico , y la in v ero sím il a rq u ite c tu ra , de gen­
te que no se sa b e ; de gente que no nació p a ­
ra eso, y que no sospecha que existe la m u lti­
form e visión de los plan o s de la escu ltu ra, ni
la rítm ic a o rd en ació n arq u ite c tó n ic a, y hace
todo eso de oídas, com o h a ría o tra cosa. Y ya
lo d ijim o s antes, todo eso debe v e n ir d e te r­
m inado p o r su b ase: e l escultor, el arq u itecto ;
que n aciero n p a ra eso, así, de u n a p ie z a ; y
q u ien así no n aciere, al m enos que se acoja
a las reglas, y haga las cosas con co n o cim ien to ;
no p ro d u c irá el m ilagro, pero h a rá u n a o b ra
e q u ilib ra d a y ju sta .

T rá s de la im itació n , el a rtista p ierd e la
ru ta p a ra h a lla r el ritm o p ro fu n d o . H ace co­
sas, p ero no arte. La in tu ic ió n que p u d ie ra
te n e r de él, y que es el ra s tre a r esa calid ad
que le m o stra ría q u e h a dad o con la p is ta ;
el gusto p o r la m a te ria en u n sen tid o b ie n
c o n creto ; el o rd e n a m ie n to geom étrico, y co­
sas así que le p o n d ría n en el p lan o de la p in ­
tu ra v erd ad era — la p in tu ra p u ra — lo p ie rd e
Pasa a la pág. siguiente

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c u ij u s B-'v

| SVDIdS3

Por

APOLLINAIRE

NO

HUBO

R E M E D I O . ..

Viene de la pág. anterior
tra s lo im ita tiv o y lo d escrip tiv o , y entonces
ya está p e rd id o . P e ro ¿ q u é im p o rta ? T e n d rá
críticos q u e lo e lo g ia rá n , p e rso n a je s im p o rta n ­
tes que le p re s ta rá n su apoyo, y el re sp e ta b le
p ú b lico q u e le a p l a u d i r á . . . salvo u n a m in o ­
ría , es claro , de ch iflad o s. P e ro , ¡c u id a d o !;
esa m in o ría p u e d e c re c e r; p u e d e q u e, poco a
poco, ta m b ié n d escu b ra lo q u e es la p in tu ra ;
y en to n c e s; no sólo q u e se r ía de esos « p la­
giarios de D ios», com o los lla m ó el p o eta H uid o b ro , sino q u e, se dé p risa en d escolgar los
cu ad ro s m alos, q u e ya los b u en o s los van des­
p lazan d o , y los lleve a u n ca m b a la ch e cu a l­
q u ie ra .
¿Y si yo a h o ra d ije ra , q u e esto y a está pa-&gt;
sando en alg ú n lu g a r d el p l a n e t a . . . ?
J. T O R R E S G A R C IA .
S etiem b re de 1947.

G U 1D 0

CASTILLO

se ha pu esto a c o rre r d e la n te de sus ojos, co­
m o todo p o eta c o rre r d e la n te de sus p a la b ra s,
pues solo in v isib lem en te nos podem os ap o d e­
r a r de lo invisible.
P o r eso, cu an d o A ugusto T o rre s m ira la re a ­
lid a d d etrás de sus ojos h ay u n a h isto ria que
co n tar. P e ro no es u n a h isto ria de anécdotas,
recogidas pasiv am en te de lo re a l y a lo real
devueltas. Es la h isto ria siem p re ^repetida d tl
e sp íritu que re p ite novedades, q u e es estilis­
ta en m isterio s, especialista en asom bros y vie­
jo h aced o r de m ilagros.
Es así q u e A ugusto T o rres, está en am o rad o
de la re a lid a d y d efen d id o y arm ad o co n tra
ella, p o r la viviente p in tu ra , que resid e en su
alm a com o categ o ría ideo-vital, que lo salva
de caer d o m in ad o p o r el m u n d o de las cosas.
E n relació n con esto podem os d a r razó n a
los q u e d icen que A ugusto T o rres es u n p in ­
to r rea lista . Sin em b arg o , p a ra que esta a fir­
m ación sea ju sta , tenem os que so lta r las a m a­
rra s c^el p en sam ien to y d e ja r lib re to d a la fu e r­
za de la p a la b ra re a lista y de la p a la b ra p in ­
to r.
R ealista no q u ie re d ecir descriptivo, n i a to n ­
tad o p o r lo re a l, sino b e b e d o r de sólidos, b u s­
cad o r de la v e rd a d y gozador d e lo q u e la
rea id ad posee de universo, de m ilag ro y de co­
in cid en cia con el e sp íritu que vive. Y A ugusto
T o rre s es re a lista p o rq u e m ira el m u n d o de
las cosas en lo q u e este tie n e de m u n d o y no
de cosa.
P in to r no significa cab allero p a ro d ista de
p a le ta y p in cel, sino c o n stru cto r, h a c e d o r de
tonos, re a liz a d o r de o tro m u n d o en este m u n ­
do.

SEGUN
Por

E n este lib ro de G u ille rm o de T o rre , p u b li­
cado ya hace u n añ o larg o , vengo a h o ra a
e n c o n tra r p a ra G u illa u m e A p o ilin a ire u n a ju s­
ticia q u e desde h ace m u ch o tie m p o se viene
m erecien d o fre n te a l p ú b lic o de h a b la esp a­
ñ ola. Es conocida de tie m p o ya, la d edicación
d e G u ille rm o de T o rre a l cubism o y a los
h o m b res q u e m ás a rrim a ro n el h o m b ro a
a q u e lla em p re sa , d e d ic a c ió n q u e re m o n ta
al tiem p o h ero ico , en q u e cubism o e ra ca­
si u n a m a la p a la b ra . T iem p o s de p rim e ra ju ­
v en tu d de de T o rre y com ienzos d el m ovi­
m ien to c u b ista y q u e p o r h a h e rlo s vivido de

NQiOVQNfid

EN
E 1M A G 1N A C I I O N
DE A U G U S T O T O R R E S

RE;¡VLISMO
L A P IN T U R A
T o d o a rtis ta es u n tra id o r. Y ta n to m ás p ro ­
fu n d o es su a rte cu an to m ás esencial es su
traició n .
E l avezado le c to r se d ir á : «E ste b u en o de
G uido C astillo ju e g a , a h o ra , con la p a la b ra
tra ic ió n ; veam os si su m a la b a rism o sabe ser
eleg an te y com o se las co m pone p a ra h acer
p iru e te a r al tra id o r, c o n v in ié n d o lo en un
sa n to varón».
P e ro , el le c to r se d e fra u d a rá , pues no p ie n ­
so e x h ib ir n in g u n a h a b ilid a d , sino c a n ta r lla ­
no y d e c ir lo q u e es cierto .
T ra id o r es to d o a q u é l q u e, a sab iendas, ac­
tú a en p e rju ic io de la especie, sociedad o ins­
titu c ió n a q u e p e rten ece.
E l a rtis ta p e rte n e c e a la especie h u m an a,
q u e h a tra ic io n a d o a la a n im a lid a d , a su vez
tra id o ra de la p u ra m a te ria , c u lp a b le de q u ien
sab e q u e traicio n es.
Y en esta .escala in fa m a n te en q u e todo lo
q u e n o es N ad a es tra id o r, el a rtista no se
co n fo rm a y realiza la tra ic ió n d e fin itiv a : des­
tru y e la p a la b ra , la fo rm a, el color, el so n i­
do, el p e n sa m ie n to q u e le d ie ro n a g u a rd a r.
Y con estos desp o jo s in v e n ta u n a to rre y, sin
s u b ir en e lla, — q u e no es to rre p a ra ser p isa­
d a — , d e ja q u e la to rre h a b le con su d io s: E l
E s p íritu q u e C rea, e l M agnífico S eñor de to ­
das las traicio n es.
¿Q u e ha h ech o A ugusto T o rre s con sus
ojos h u m a n o s? , con los ojos q u e le d iero n p a ­
ra q u e su p ie ra e v ita r los o b stácu lo s y e le jir
ios cam inos m ás cóm odos, p a ra q u e no a n d u ­
v iera com o u n ciego p a lp a n d o la lu z, m ira n ­
do lo n eg ro y e sto rb a n d o el a n d a r de los
h o m b res, sus h e rm a n o s?
A ugusto T o rre s, com o to d o p ro fu n d o p in to r,

s- - . ■

A hora podem os d ecir con su cabal sen tid o :
A ugusto T o rres es u n p in to r realista.
P ero , obsérvese que, m ien tras el realism o v u l­
gar es el resu ltad o de la a c titu d m ás in m e­
d ia ta , esp o n tan ea y cóm oda, el de este p in to r
es la m ás arriesg ad a de todas las aventuras.
P a re c e ría q u e en cada cu ad ro A ugusto T o ­
rres se d ecid iera a re a liz a r lo im p o sib le: d a r
ín teg ro s el h ech o de lo re a l y el hecho de la
p in tu ra .
P e rm itié n d o m e u n a m etáfo ra sin m ayores
consecuencias, yo d iría q u e la p in tu ra de A u­
gusto T o rres es trág ica, con to d a la tra n s­
p a re n te g rav ed ad y e q u ilib rio en tensión q u i­
llay en lo trág ico b ie # vivido. Q ue la v e rd a ­
dera tra g e d ia no es lo p a tético , n i el d erro ch e
p asio n al, sino lo ete rn o , la e stru c tu ra calien te,
la an siedad de lo estático codeándose, a su p e­
sar, con el ir y v e n ir de las cosas.
A ugusto T o rre s es, adem ás, ta n im aginativo
com o rea lista , p ero su im ag in ació n no está
v u elta h acia la anécd o ta m ás o m enos des­
c o n certan te, sino h acia el o ficio d e l pintor.; y
p o r eso posee u n oficio único y co m p letam en ­
te p erso n al, p o rq u e su o ficio es su p in tu ra , y
p o rq u e su im ag in ació n no está lan zad a p o r
encim a del arte , sino h acia los p ro p io s ele­
m entos estéticos, en sus o b ras no h ay lu g ar
p a ra el h echo re a l o co tid ian o , n i p a ra el h e­
cho a rtific ia l, sino p a ra su realism o de p in to r,
su oficio de p in to r, y p a ra su inv en tiv a de a r­
tista que in v en ta la o b je tiv id a d : el h echo es­
p iritu a l, la v id a m ism a q u e vive en la vida
de la p in tu ra .
G U ID O C A STILLO .

GUILLERMO

S A R A N D Y

DE

TORRE

CABRERA

cerca en m uchos casos, G u illerm o de T o rre
conoce p erfe c tam e n te b ien . Y que si en cierta
m an era sob reestim a en el m o m en to actu al,
no p o r ello su testim o n io es m enos fidedigno.
A sí es com o a un A p o ilin a ire de segundo
o rd en , que es la im agen p o r m ay o ría te n id a
e n el p ú b lico m ed ia n a m e n te in fo rm a d o , G ui­
lle rm o de T o rre opone su A p o ilin a ire — d ig a­
mos— com o fig u ra p rim o rd ia l p o rq u e , el des­
lu m b ra n te h allazgo de los p rim ero s cubistas
vió luz, gracia a aq u el do n de ad iv in ació n de
A p o ilin aire.
Y ta n fu é así que de no m e d ia r la p réd ica
y el apo sto lad o de a q u e l ren o v ad o r, los p in ­
to res cu b istas ta l vez (co n sid eran d o la fra g ili­
d ad de este ta l vez) no h u b iesen ad v ertid o la
m a g n itu d de su invención.
E l cubism o del p rim e r tiem p o , y en esto
casi no cabe d u d a, se p racticó en ese estado
de e n tre b ro m a y seried ad , con esa a c titu d
e n tre solem ne y risib le que llev an im p lícitas
las m ás desco n certan tes invenciones.
T odo a p a ra to recién in v en tad o , to d a form a
recién e n trev ista, llev an en su germ en de re ­
volución y en su p resen cia no to ta lm n te des­
a rro lla d a , u n germ en de fra g ilid a d .
C o n tra ese germ en de fra g ilid a d co m batió
A p o ilin a ire , d e ste rrá n d o lo p o r o b ra de su in fa ­
tig ab le te m p e ra m e n to , co n tin u a m e n te p re d is­
pu esto a la o b ra de a rte , y p red icó A pollinaire , a ú n en casa de los p in to re s cubistas. P o r­
q u e A p o ilin a ire — era com o dice de T o rre —
el em b lem a de lo nuevo — y A p o ilin a ire lo
sab ía y se lo p ro p o n ía y de a llí a rra n c a b a n
su in v en ció n y su irra d ia c ió n .
H o y cu an d o m iram o s luego de largos años
el cubism o, sus p ro p ó sito s v sus realizaciones,

vem os sus e rro re s, sus in g en u id ad es y su lim i­
tación.
E l m ism o T o rres-G arcía en su ú ltim o lib ro
en p re p a ra ció n «Lo a p a re n te y lo concreto en
el arte» esclarece su ficien tem en te al respecto,
en lo que tie n e relació n con la d estru cció n del
o b je to aco m etid a p o r P icasso, B ra q u e , L egcr
y o tro s, con la ru p tu ra d el a rq u e tip o h u ­
m ano, etc.
D e m a n e ra q u e el cubism o ya no es p a ra
nosotros la m ism a cosa viva y n ecesaria —
fu n d a m e n ta lm e n te eso, necesaria— q u e vivía
A p o ilin aire.
La poesía de v an g u ard ia q u e te n ía im p lícito
el cubism o no tie n e vigencia p a ra nosotros
ah o ra desde el p u n to de vista teórico.
E l p ro b lem a del a rtista se ren u ev a con
asom brosa ra p id e z , o m e jo r d ic h o : el án gulo
de e n fo q u e d el p ro b lem a d el a rtista cam b ia
c o n tin u am en te, de allí que p a ra nosotros el
cu ad ro sea o tro que el d el cubism o. La asp i­
ración del a rtista a c tu a l p arece ser re c o n stru ir
el o rd en n a tu ra l p e rd id o . P e ro p a ra c u m p lir
con su p ro p ó sito co n sid era y vé las e x p e rie n ­
cias an terio res, y a ú n sin sab erlo , sus a n tece­
sores lo in d u cen en d e te rm in a d o sen tid o . De
m odo q u e la cadena d el a rte no se ro m p e
p e ro cus eslabones se d ife re n c ian esp ecífica­
m ente e n tre sí.
D e c u a lq u ie r m an era, n i el cubism o n i su
teo rizació n re su lta n a lim en to al a rtis ta actu al,
p ero aq u ello no im p id e a d v e rtir, cuán rev o lu ­
cionarios y necesarios fu e ro n en su m om ento.
G u illerm o de T o rre , pues, es ju sto al d escri­
b ir y a n a liz a r el clim a q u e favorece el adve­
n im ie n to del cubism o y de los escritos sobre
Sigue a la vuelta

�CANDIDO
NO

ES

UN

CREADOR

E l h o m b re re p ite in cesan tem en te las m is­
m as h erm osas p a la b ra s p a ra d isfrazar, de
ig u al m a n e ra hoy que ayer, la m e n tira o rig i­
n a l de cada m o m en to h istó rico .
Y, al revés, el e sp íritu viviente, la vida en
son de e sp íritu , no se cansa de in v e n ta r ex­
p resiones siem p re nuevas p a ra la ete rn a v er­
dad , con la q u e A y er y M añ an a se v istieron
p a ra H o id ía de todos los días.
A sí llegó C án d id o P o r tin a r i: ro d ead o de b e ­
llas p a la b ra s y voceado p o r n o m b res de la r ­
gas reso n an cias — A ragón, C a s s o u ...— . Y las
b ellas p a la b ra s y los bellos nom bres, y la

T A C U A R E M B O

40.a EXPOSICION
DEL

TALLER TORRES GARCIA
C ON P IN T U R A S

ANHELO

DE

HERNANDEZ

Patrocinada por el Liceo departamen­
tal y el Club Tacuarembó

Del 10 al 20 de Setiembre
Con m o t i v o de esta e x p o s i c ió n
S A R A N D Y C A B R E R A dijo una con­
ferencia sobre el Taller Torres García
y su orientación estética.

APOLLINAIRE SEGUN
GUILLERMO de TORREi

PORTINARI
Por

p in tu ra de P o rtin a ri, pagan trib u to a la m en ­
tira de su tiem po que es m ás fu e rte que ellos.
Los elogios c ircu n d an tes de P o rtin a ri, y la
p in tu ra de P o rtin a ri, h a b la n de lib e rta d , ju s­
ticia social y de to d as las te rrib le s andanzas
y m alan d an zas que le suceden al h o m b re. Y
se vé que P o rtin a ri es un h o m b re en am o rad o
del h o m b re, y do lo rid o p o r los dolores som ­
b río s, y p o r los som bríos placeres regocijados.
T odo esto es m uy im p o rta n te e in ap lazab le,
p ero , es la m ism a p a la b ra de siem pre que d i­
sim u la n u e stra m e n tira , m ás peligrosa e ile­
gítim a p o r la le g itim id ad precio sa de su en ­
vo ltu ra.
P o rtin a ri, sean estas o aq u ellas sus ideas,
no es un gran p in to r. E n sus cuadros se ve
u n a intelig en cia p o d erosa que sabe p la n te a r
p ro b lem as y u n a exq u isita sen sib ilid ad h a b ili­
dosa en resolverlos. P e ro , fa lta la creación, y
cu an d o la creación fa lta , n a d a se hace de ve­
ra s y todo q u ed a en m agníficos proyectos no
realizados.
A P o rtin a ri se lo elogia o se lo ataca p o r.
que es co m u n ista; nosotros no tom am os en
cu en ta sus ideas p a ra d ecir que m uqhas de
las telas de P o rtin a ri están b ien ejecu tad as,
careciendo de re a lid a d ín tim a ; p a ra d ecir que
P o rtin a ri posee cuadros y le fa lta estilo ; para
d ecir que la p in tu ra de P o rtin a ri es la m ala
p in tu ra m o d ern a de F ra n c ia , e x ten d id a boy
p o r to d o el m u n d o , y de la cual repugnam os
no p o r m o d ern a sino p o r m a la ; p a ra decir, en
fin , que si h ay artistas que exp resan u n a ép o ­
ca, los h ay dom inados p o r ella.
J u a n R am ó n Jim én ez decía que todo se
p u ed e im ita r de u n p o eta m enos su acento.
E ste es el caso de P o rtin a ri, que, poseyendo
v irtu d es innegables, im ita el acento de alg u ­
nos m aestros de los bienes y m ales del m o­
m ento, n o to ria m n te Picasso, cuyo a rte era re ­
chazado ay er p o r p eq u eñ o b u rg u és y es hoy,
p o r com unista, levantado.
N osotros, riesgosos de h e re jía , y esp eran d o
la ex com unión de los g u ard ian es d el dogm a,
afirm am o s que to d a b u e n a p in tu ra es social,
p o r ser im p ereced era o b jetiv ació n del e sp íritu
h u m an o . P o r lo cual se p u ed e sosten er que
c u a lq u ie r p aisaje de M onet, p o r ejem p lo , tie ­
ne m ay o r significación social que to d a la p in ­
tu ra de P o rtin a ri. M onet, com o b u en im p re ­
sionista, solo se in te re sa b a p o r la luz, y en

GUIDO

CASTILLO

sus cuadros no h ay lu g a r ap aren te p ara los
p roblem as hum anos, pero era un gran m atstro de la p in tu ra . P o rtin a ri no lo es y lo de­
m u estra con in ad m isib les co n trad iccio n es: en
algunas ob ras a lard ea de u n a viva so ltura de
form a y de u n color rico en calidades, sin em ­
bargo no sabe ver en lo real. E jem p lo : el
re tra to de N icolás G uillén, académ ico, des­
en to n ad o y to rp e de d ib u jo .
Si h ay razón en lo que dice un filósofo, que
el a rtista es el ser capaz de ver en las cosas
lo que nosotros solo podem os ver en la o b ra
de arte , se co n firm aría n u e stra opinión.
Y term in o expresando a b iertam en te que
desdeñam os todos los elogios, ataques y ren ci­
llas tejid o s en to rn o de P o rtin a ri, o, m ejo r,
de sus ideas p o líticas; y condenam os todos los
pasos, tanteos y bregas que se den o hagan
p a ra conceder a P o rtin a ri la decoración de
un edificio pú b lico , p o r con sid erarlo in cap a­
citado p a ra re a liz a r u n a o b ra de ta l n a tu ra ­
leza.
No necesitam os d a r m ayores explicaciones,
pues nu estras ideas son bien conocidas, y
P o rtin a ri perten ece a la ten d en cia que lia tra i­
cionado al gran e sp íritu que surgía en n u estro
tiem p o , p ara lanzarse en p ro cu ra del m ás des­
e n fren ad o rom anticism o.
GUID O CA STILLO .

15/9/47.

DE

P L AT ON

...aquellos que fuera de la caverna,
contemplaron el sol directamente y vie­
ron las cosas como son, no pueden ver
en la caverna, porque sus ojos no están
acostumbrados a la oscuridad, por lo que
no reconocen las sombras y en su des­
concierto son objeto de rechifla por par­
te de los otros que no salieron nunca
de la oscuridad de la cueva ni vieron
otra cosa que sus fantasmas.
(de Rep. 7)

( on clu ye

P ie d a d p a ra noso tro s q u e co m b atim os siem pre
en las fro n te ra s de lo lim ita d o y de lo
[p o rv e n ir
P ie d a d p a ra n u e stro s e rro re s, p ie d a d p ara
[n u e stro s pecados.
Y q u e d e pues, la certeza de su vigencia te ­
m á tic a y p o ética.

LO
APARENTE
Y LO CONCR E T O
EN
EL
ART E
Por JOAQUIN
APARECIÓ

YA

reunirán

texto

el

el

°

de

estos

fascículos

que

de sus lecciones dictadas en

F A C U L T A D
Y

2

TORRES-GARCIA

C I E N C I A S

DE
DE

la

HUMANI DADES.
M O N T E V I D E O

SA R A N D Y C A B R E R A .
IMPRESORA L.I.G.U.

iCION E S P IG A S -K A R D E X R E M O V E D O R

los p in to re s cu b istas de A p o llin a ire y no ol­
v id a entonces co lo car al te o riz a d o r A p o llin aire
y al p o eta en su exacto sitio , n i colocar al
p o eta en el p la n o de a c tu a lid a d q ue su poesía
m o d e rn ísim a — pese a todo— m erece.
Los escrito res teó rico s de G u iilau m e A p o lli­
n a ire p u e d e n si se q u ie re o lv id arse, p ero n u n ­
ca desestim arse su o b ra de p o eta y literato,
esto en el b u e n sen tid o de la p a la b ra .
V ayan ento n ces aq u ello s d e fin ito rio s versos
de A p o llin a ire com o lem a de p io n ero del
arte .
N o som os v uestros enem igos
q u erem o s d aros vastos y ex trañ o s dom inios
d o n d e el m iste rio en flor se ofrece a q u ien
[q u ie re cogerlo.
H ay a llí nuevos fuegos colores n u n c a vistos
m il fan tasm as im p o n d e ra b le s
a los cuales fa lta d a r re a lid a d .

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Cabrera, Sarandy&#13;
Torres García, Joaquín</text>
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                    <text>N°. 18
JUNIO-JULIO-AGOSTO-1947

Or g a n o

redactado y editado

exclusivamente por integrantes del
T A L L E R T O R R E S - GAR CIA

0.10
EL EJEMPLAR

�¡NO
SEAN MAJADEROS!...
i
Sí, lo son; porque ya apuran la paciencia
dándole al mismo solfeo; pretendiendo probar
lo que no se sostiene. Y no vale argumenta'
con ellos; pues es perder el tiempo, ya que
no están dispuestos a dejarse convencer.
Uno entra en la liza, creyendo que se va a
discutir de arte, y luego al fin se da cuenta de
que no se trata de eso: es cuestión más mezqui­
na; cuestión de dinero, o de algo equivalente:
cuestión de acomodo, o de prestigio que re •
dunde en lo mismo.
Bien: ¿quién son ellos? Si se eceptúa el don
de la palabra, para urdir discursos vanos, pía.
gados de lugares comunes, pero cuajados de pe­
drería barata; y luego la traza para armar ar­
tificiosamente falsas teorís, con que aturdir al
adversario, simulando un saber que no tienen,
pues todo es prestádo; y además, si se quiere
pasar por alto la estrategia, la astucia y mala fe
— ya que carecen de solvencia moral; si se
liace caso omiso de todo eso negativo, ¿que
queda en ellos de positivo y bueno? Pues nada,
el vacío.
Pero tales sujetos están siempre en primera
línea — pues la adulación y la mentira han he­
cho su oficio— y no dejan pasar a los que
tienen derecho, y que así tienen que quedar
anulados.
Pero su majadería a que aquí se alude, no
está en todo eso; está, y pese a todo, en que
siempre salen con la misma música enojosa;
pues es su única luz, y lo demás son tinieblas;
y lo pasado y lo presente, y salvo esa isla, no
cuenta para ellos: Grecia, el Renacimiento.
Así los forjaron a todos, y en tal suerte así
quedarán para siempre.
¡Pero, qué Grecia V qué Renacimiento! Lo
que vieron en los libros de texto, en letra y en
estampa; algo oficializado, y que por ser tal
es detestable; el naturalismo estilizado de grie­
gos y renacentistas; pues en el fondo siempre
es eso lo que adoran. Y esto para esa gnete, es
el equilibrio griego: no lo abstracto, sino lo
aparente; no lo estético puro, sino lo humano
real; no lo plástico, sino lo literario. Y así
prefieren de 'todo, la anédocta y lo imitativo, \
detestan la abstracción y el ritmo; prefieren el
símile natura, a la estructura y la proporción:
elementos abstractos que son el fundamento del
arte. Pero ellos también dirán cosas así. pero
es pura palabrería: sant? palabrería que da
plata.
Cansan, sí, esos, por tanta simulación y em­
buste. Estamos frente a hombres disfrazados,
pues aparentan lo que no son. Y, cual es su fe
y su creencia, en vano se buscaría. Pintor fal­
so, arquitecto falso, crítico de arte falso, poeta

Pintura Constructiva Bizantina

o músico falso; pues sabemos que detrás hay
otra cosa. Y esa, sería la que son en realidad.
Pero eso, peor es menea! lo.
Están en su castillo greco renacista: nada,
pues, de cuanto se diga, para probar que lo
blanco es blanco y lo negro es negro, valdrá.
Y aquí uno piensa: ¿es ignorancia, estrechez de
mente o . . . ; hay eso. sí, pero ante todo, está
lo que antes dijimos: puro interés personal;
por esto no hay enigma que descifrar.
Por tales razones, ningún artista de buena fe
deberá discutir con esos, pero, en cambio, hay
que decir a las gentes, lo que son; y también

REMOVEDOR
Redactor

Responsable

AÑO 3

N \ 18
GUIDO

CASTILLO

protestar por lo que dicen y hacen: y sean
cuadros o poesías, sean estátuas o músicas.
Esos majaderos ya nos pudren, como diría
Cervantes; nos pudren y nos repudren; porque
como lo inerte, como lo muerto, se están firmes
en su roca, sin ceder un ápice. Se están todos
allí, en un bloque apretado. Pero, ¿que no
ven que estorban? Eso queremos, dirán; somos
los guardianes del tesoro. Y es cierto.
A todos esos majaderos se les ha dicho cien
veces: nadie va a negar genialidad a los colo­
sos del Renacimiento, pues sería necedad: pe­
ro, no se les puede perdonar que hayan trans­
gredido una regla milenaria que tenía su razón
de ser, y que, con respecto a la decoración mu­
ral, debe subsistir. En efecto: no sólo la de­
coración mural es aun arquitectura, sino qui­
la pintura que se haga sobre el muro, es aun
algo el muro. De aquí que la decoración mural
deba ser no sólo planista, sino también, hasta
cierto punto, geométrica.
El carácter de perennidad de un muro, debe
conservarlo la pintura, ya que entra en íntimo
maridaje con él. Y, por esto, su acento debe
ser más bien grave y sereno, y no grotesco, ex­
presionista, o dinámico, con abuso de curvas
y de relieves. Pero, contra estas razones, nos
salen con Tiépolo o Tintoretto, con Rafael o
Miguel Angel. ¿Y porqué, esos? Por una sola
razón: porque todos esos, golpean al especta­
dor, en un sentido humano realista, única fi­
bra que puede vibrar de esas gentes; y, ade­
más . . . porque así se lo enseñaron en la infan­
cia. Timeo hominem unios libri. Temo al hom­
bre de un solo libro; que yo no quiero tomar
en el sentido que quiso darle el Santo de Aqui­
no, sino éste otro: que hay que temer al hom­
bre cerrado en un solo pensamiento, terco o
intransigente, pues su cabeza no tiene puertas
ni ventanas ni otro agujero por el que pueda
entrar una razón.
Tratando de esos ejemplos que ponen, dije:
¿porqué esos y no otros? Pues al tratar de dar­
los, creo que deben darse los mejores. ¿TSTo se
habla de pintura de muro? Pues sacar los que
más lo respeten. ¿Y una pintura mural, ha de
estar de acuerdo con la arquitectura del edifi­
cio que se decora, o no? Yo creo, que sin ver
el recinto que se ha de decorar nada debe de
hacer el pintor, por que una decoración no ha
de ser nada añadido sino, por el contrario, al­
go que emana de él. Pero, tales perfiles no son

para esa gente. Ya sabemos para que van y se
mueven. Además, no saben.
Un renacentista y por coloso que sea. no es
un hombre de norma, puesto que la rompe.
Pero estos del solo libro, dicen: «¡Libertad, li­
bertad, Orientales!!». Bien; estamos de acuer­
do. ¿Pero, si no se (espeta la de los demás. . . ?
He ahí la norma. Sólo la regla abstracta pone
las cosas en su punto.
Y ahora, para finalizar, a cierto público:
que no haga coro con todos esos; que no se cie­
rre, que escuche, que piense, y que mire, antes
de juzgar. Pues ya molesta su intransigencia.
Más, en contrapeso de tal numerosísima fa­
milia, y para suerte, hay la escepción; la cual,
de día en día es más numerosa. Escepción en
el público y en los artistas; y esto es lo mejor.
Y se‘ comprende que así sea; porque, no me­
diando ningún interés, y sí sólo el del arte, al
enunciar nuevas ideas, si estas son ajustadas a
la verdad de las cosas, a menos qué sea por in­
capacidad, han de aceptarse. Y si el artista ele­
va su tono, también el público que le sigue.
Y esto no sólo en las artes plásticas, pues no
sube el nivel de la cultura unilateralmente. Y
esto enterrará a lo otro. Y así, por querer ser
más listos, los que quisieron mantener una p o­
sición tardía, por cobardía o interés mezquino,
tendrán que ser forzosamente ahogados por
los otros.
Esto es tan cierto, que puede, que en previ­
sión de lo que pueda ocurrir, haya quienes to­
men nuevas posiciones. Más no les valdrá la
treta: tienen un historial artístico demasiado
pobre, para que convenzan a nadie. Ya de mo­
mento tienen que inspirar compasión.
Las divinas ideas trabajan. Y si en la mente
de las gentes ya hay otros conceptos ¿quien va
a detener esta evolución? Y hay indicios aun
de- cosas mejores: que, si bastantes artistas,
—los más jóvenes sobre todo— , no trabajan
más que para su arte, sin interés alguno por el
resto, por otra parte, el público, ya no es pla­
tónico; no se satisface sólo con visitar las ex­
posiciones interesantes, sino que, llevado de su
verdadera afición, adquiere obras y va forman­
do su colección. Y esto tenía que venir; es ló ­
gico; porque en realidad, no existía aun una
verdadera cultura artística. Y a no tardar, ten­
drá que venir una revisión de valores: despla­
zamiento de obras mediocres, por otras de ca­
lidad. Y ya no se verá la incongruencia de ver
entremezcladas, obras de creación, jóvenes y
fuertes y estéticamente bien entendidas, con
otras de baja calidad, en mísera rutina.
J. Torres-García.
Julio 28 de 1947.

Pintura Constructiva Bizantina ’

�Dos aspectos del
GARCIA
Salón del Ateneo
de Montevideo

EL HOMBRE

TOM ES

El hombre, en lo profundo, siempre inventa;
y la historia es la gran leyenda que la huma­
nidad realiza a través del tiempo.

Y los hombres de ciencia, los negociantes,
los aventureros, los artistas, los guerreros, los
filósofos, los obreros, los campesinos y los re.
ligiosos, el Héroe y el Desconocido de la Casa
Vecina, todos ellos son personajes de la mag­
nífica tragedia que, cuando llegue la noche, ha­
brá cumplido perfectamente con las reglas del
arte: todo habrá sucedido en un lugar y con
una sola acción aguda atravesando un momento
redondo del tiempo.
Ahora sigamos los pasos con que el hombre
Torres-García se mueve en la escena.
El hombre Torres-García, es el personaje de
la obra sin autor, del gesto incarnal, de la pa­
labra sin lengua.
Es así que una mano del hombre TorresGarcía, no es mano, sino serie de innumera­
bles gestos que dejan dibujos eternos en el aire.
Es así que la lengua del hombre TorresGarcía, se convirtió en palabra que vive, y, su
propia inteligencia, en edificio en llamas de
ideas.
Es así que el hombre Torres-García, no es
un hombre, sino poesía que anda, estructura
que siente.
Torres-García, tiene al hombre como tiene a
un cuadro, y su vida es una de sus construccio­
nes más puras y más llenas de misterio.
El hombre Torres-García, tiene muchos pun­
tos de contacto con otro personaje, Sócrates,
que, hace mucho tiempo, abandonó la escepa
mirándose en un espejo de cicuta.
Uno y otro, atraerán por siempre las encen­
didas sombras de la juventud, y provocarán los
odios de la vejez envejecida, malintencionada,
sórdida e ignorante.
•

,

Uno y otro, son paradójicos solitarios, siem­
pre ansiosos de hacer sonar el alma de cuantos
se ponen al alcance de su inflexible tiranía
amorosa por la verdad, y siempre guardándose
la última ruta, por donde llega el Dios que
les cuenta la leyenda de la realidad distante
del teatro, con palabras irrespirables para la
razón. ,
Uno y otro, poseen una milagrosa continui­
dad entre la obra y la vida, hasta tal punto,
que entre tantos hechos, no podemos descubrir
el que hace y no es hecho.
La vida del hombre Torres-García, está en­
tonada con el espíritu de su obra, como la vida
de Sócrates, está eslabonada a la cadena de sus
razones.
Este es sólo un mínimo aspecto del magnífi­
co papel que el hombre Torres-García, realiza
en la gran tragedia del Hombre.
Tragedia de la que no me inquietan princi­
pio ni fin, y ni siquiera el autor, sino tan sólo
el más terrible de sus personajes, el que pesa
por la presencia de su falta, el solitario y mis­
terioso espectador, que invicible en la sombra,
sigue sin emociones las maravillosas alternati­
vas de la acción.
Quizá es su nombre lo que guardaba Sócra­
tes, lo que guarda Torres-García y aquellos
pocos héroes con los que el Dios camina y habla.
Guido Castillo.

en la 38a. Expo­
sición del Taller
Torres García

�SOBRE
DE

LA

MISTICA

de Juan de Mairena

PINTURA

Reproducimos con agrado Vi juicio que ha merecido
•al critico literario del diario «El Plata» (A B L .) por
creer que desborda los límites de la crítica elogiosa y
vana a que estamos habituados en nuestro medio lite­
rario - artstico, y sin negar que existan otras excepcio­
nes, aunque todavía raras. La brega por ganar altura,
es ya bastante apasionada, aunque, por desgracia, los
que van quedando atrás, persistan en su estupidez
suicida.

Creemos que no estamos usando de expresio­
nes excesivas, mientras sostenemos que, con J.
Torres García, el L ruguay ha llegado a signifi­
car algo así como una nueva capital del Arte.
El maestro uruguayo marca rumbos que se­
ñalan un gran período, el que reclama para si
la categoría de una etapa nueva del Arte, dicho
esto, en toda su mejor extensión. Así, mientras
meditamos sobre la materia que se abarca en
este breve cuaderno, volvemos a saber que la
sinceridad de su palabra está apoyada por una
muy seria concepción de las cosas del Arte, y
concretamente, en cuanto atañe a la Pintura.
El objeto de su enseñanza, cobra para cada
nuevo momento, ese tono de vida, que está
siempre en devenir.
Porque Torres García está en una invariable
posición ética donde se encuentran las máximas
posibilidades de renovación; y todo lo que él
nos entrega es ya posibilidad en si; y sus adver­
tencias son claras, irreductibles, rotundas.
Es palabra que clama a lo etetno, en nombre
de una totalidad con su misterio, y en un orden
de la belleza. Exposición esta última que en
él, logra un sentido y un valor; sentido y valor
que no. tienen por que coincidir con los que la
sensibilidad o los criterios movedizos le han
asignado, a través de las distintas etapas tam­
bién movedizas, de la Historia del Arte, y con
respecto de los mismos, nosotros tenemos que
respetar sus reservas, ya que son producto de
una experiencia, profundamente cumplida, a
lo largo de la cual, Joaquín Torres García ha
tenido que sacrificar muchas cosas: lia tenido
que aventar prejuicios; y se ha jugado solo, aún
sabiendo que podría perder la simpatía de los
grandes públicos. Y en esa actitud renovada y
vigilante lo encontramos en cualquier momento
de ese tránsito luminoso, que es su vida, y desde
ahí propone términos nuevos pero de tal mo­
do, que abarcan las cosas, en su faz innomina,
da: desde ahí se le ofrecen esos modos de an­
dar sobre las definiciones, que la autorizan a
revisarlas, restaurarlas o desaprobarlas. Y la
pintura vuelve a ser cosa que sólo se explica
por sí misma, porque es en sí algo que solo se
representa a sí mismo; porque desconoce la
sumisión a otro destino que no sea el suyo, en
el que estarían, realidad, esencia y en fin, con
propósitos de eternidad,* verdad musical y
honda, porque es eso, y no otra cosa: verdad
que no requiere ser demostrada: habita en el
espíritu. Para J. García Torres, entrar a cual­
quiera cuestión de arte, es ya discutir en tér­
minos de eternidad. Hay una facultad que or­
dena, fiscaliza y somete todo el caudal de su
experiencia exactamente original, que lo so­
mete todo, repetimos, a un destino de perdu­
rabilidad, como es e^' que reclama todo lo
suyo y ya sabemos que no es con frases consa­
gradas por una vana literatura, como se ha de
lograr derecho y razón para abordar cosa tan
seria como significa la enseñanza de Torres
García. Enseñanza que se prolonga, se enri­
quece y se agiganta, partiendo de sus obras
escritas, y se sostiene de modo inigualado en
una cualquiera de sus disertaciones de clase.
Es ya palabra demasiado respetable; de largo
alcance. Por su vocabulario anda todo ese
viejo misterio, que nos trasmiten, de modo
siempre nuevo, los grandes creadores, de todos
los tiempos, y que nosotros, sólo pedimos oir,
si nos colocamos en posición de amistad in­
terna, de muy cuidadoso reconocimiento, ante
la majestad de un mundo que queremos re­
cuperar.

KANT Y V E L A Z Q U E Z
Es evidente, decía mi maestro — Mairena en­
dosaba siempre a su maestro la responsabilidad
de toda evidencia— que si Kant hubiera sido
pintor, habría pintado algo muy semejante a
Las Meninas, y que una reflexión juiciosa sobre
el famoso cuadro del gran sevillano nos lleva a
la Crítica de la pura razón, la obra clásica y
luminosa del maestro de Konigsberg. Cuando
los franceses — añadía— tuvieron a Descartes,
tuvimos nosotros — y aun se dirá que no entra­
mos con pie firme en la edad moderna— nada
menos que un pintor kantiano, sin la menor
desmesura romántica. Esto es mucho decir. No
nos estrepitemos, sin embargo, que otras compa­
raciones más extravagantes se han hecho — Marx
y el Cristo, etc.— que a nadie asombran. Ade­
más, y por fortuna para nuestro posible mentir
de las estrellas, ni Kant fué pintor ni Velázquez
filósofo.
Convengamos en que, efectivamente, nuestro
Velázquez, tan poco enamorado de las formas
sensibles, a juzgar por su indiferencia ante la
belleza de los modelos, apenas si tiene otra esté­
tica que la estética trascendental kantiana. Bus­
cadle otra y segurmente no la encontrareis. Su
realismo, nada naturalista quiero decir nada

propenso a revolcarse alegremente en el ester
colero de lo real, es el de un hombre que se
tragó la metafísica y que, con ella en el vientre,
«nos dice: la pintura existe, como decía Kant:
allí está la ciencia fisicomatemática, un hecho
ingente que no admite duda. De boy más, la
pintura es llevar al lienzo esos cuerpos tales
como los construye el espíritu, con la materia
cromática y lumínica en la jaula encantada del
espacio y del tiempo. Y todo eso — claro está—
lo dice con el pincel.
He aquí el' secreto de la serena grandeza de
Yelázquez. El pinta por todos y para todos;
sus cuadros no solo son pinturas, sino la pin­
tura. Cuando se habla de él, no siempre con el
asombro que merece, se le reprocha más o me­
nos embozadamente su impasible objetividad.
Y hasta se alude con esta palabra — ¡qué gra
cioso!— al objetivo de la máquina fotográfica.
Se olvida — decía mi maestro— que la objetivi­
dad, en cualquier sentido que se tome, es' el
milagro- que obra el espíritu humano, y que
aunque de ella gocemos todos, el tomarla en
vilo para dejarla en un lienzo o en una piedra
es siempre hazaña de gigantes.
Antonio Machado.

ya apareció el fascículo 1o de
Lo Aparente y lo Concreto en
el Arte
de

J. TORRES GARCIA
Estos fascículos reunirán el texto de las
lecciones dictadas por J. Torres García en
la Facultad de Humanidades y Ciencias
de Montevideo, durant e el año 1947.
Impresora L.I.G.U. —

C errito 740

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEXREMOVEDOR

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J. TORRES GARCIA — Filosofía X? Musa. Fresco.

N°. 17
MARZO-ABRIL-MAYO
1947

Or gano

redactado

y editado

exclusivamente por integrantes del

0.10

TALLER

EL EJEMPLAR

T O R R E S - GAR CIA

�TONE#:

TP*’T ^ '

M I S T I C A DE
EXPOSICION
Torres-G arcía habla de pintura de la m is­
ma m anera que los antiguos místicos hablaban
de Dios. M ejor dicho, Torres-García jam ás ha­
bla de la pintura, sino que a ella sólo le habla.
Sus palabras llevan en el m isterio de su cuer­
po sonoro un alm a inaudible, hecha para ser
vista por el divino oído de la pintura.
Los místicos no am aban a Dios, am aban en
Dios. P or eso Torres-G arcía cuando realiza ac­
tos de am or, cuando pinta, está (endiosado,
lleno de Dios, repleto de la incorporeidad de
la pintura.
Este diálogo de Torres-G arcía y el arte ha
llegado a su más inm inente cercanía en «Mís­
tica de la pintura», y digo inm inente porque,
como nunca, sus palabras rebasan la fortaleza
de la verdad que vive de evidencias, para apro­
xim arnos, sin cesar, a la inm ediatez de la úl­
tim a franja de luz real que nos separa de la
verdad que se alim enta de m isterio.
Y en esa situación privilegiada, en esa pro­
xim idad agotadora, cuando sólo faltaría la in­
sinuación de un gesto, el movim iento im per­
ceptible de un ojo en el aire, Torres-García
nos abandona para siem pre a la soledad incu­
rable de nuestro propio fondo, para la cual no
hay ayuda posible, ni debe haberla, pues de
haberla, se nos quitaría el placer som brío de
sentir nuestro espíritu venciendo sus propios
obstáculos.
Yo me atrevería a decir, que así como todo
el complicado edificio de la filosofía de Plotino se reduce a una invitación a realizar un
acto sim ple: toparse con Dios —y toparse tan
fuerte que el golpe nos acarree el olvido de
nuestro ser— así las palabras de Torres-García
se reducirían a una invitación para el más sim­
ple de todos los actos: abrir los ojos y qué los
ojos vean, tener el arte delante y que el arte
se nos entre en el alma.
«Mística de la pintura» no es simplemente
un libro de estética ni de doctrina pictórica ni
de análisis crítico. «Mística de la pintura» es,
en el fondo, la iniciación de los misterios de
un culto en que el prem io se identifica con el
rito.
Atendiendo a estos hechos, no faltará quien
rebosante de sensatez, encuentre contradiccio­
nes que señalar. Yo estaré de acuerdo con él,
y sólo le pediré que reconozca que «Mística de
la pintura» no se contenta con contradiccio­
nes, sino que es todo un m agnífico absurdo.
Aceptado esto nos separaremos como buenos
enemigos.
Un hecho tan o más im portante que la pu­
blicación de «Mística de la pintura» es la ex­
posición de 222 obras retrospectivas que 1 orresGarcía realiza en el Ateneo de esta capital.
Esto me crea un serio problem a: yo be di­
cho muchas cosas sobre Torres-G arcía, be pu­
blicado gran núm ero de artículos sobre di­
versos aspectos de su personalidad artística,
y, sin em bargo, soy perfectam ente consciente
de que no be contribuido con nada fundam en­
tal para la com prensión de su arte y que de
todo ese esfuerzo soy yo el único que lia queda­
do ganancioso.
Por lo tanto, en este momento en que la
labor estética de Torres-García lia llegado a su
plenitud, mi condición de escritor me crea la
2

LA
DE

P I N T U R A EN LA
TORRES-GARCIA

responsabilidad de renegar de la adjetivación
inútil y, flaco de ingenio, señalar, desde lejos,
una pequeña parcela de la realidad sustantiva
de ese gran arte que, hoy más que nunca, me
quema el alma.
Para esta labor decisiva me valdré de una
últim a artim aña: no seré yo quien bable de la
exposición de Torres-García, sino que «Mística
de la pintura», convertida de voz en ojo que
habla, será quien m ire en palabras lo que haya
que m irar.
Mis ganas de ello, mi voluntad más bien que
mi inteligencia, será el puente por el que la
voz de Torres-García dará pasos sobrecarnales
basta enfrentarse con lo visible de su alma.
Lo prim ero que sorprende en esta exposición
es la pluralidad extraordinaria de hechos, de
maneras y problem as que, sin embargo, pare­
cen hacer resaltar la presencia de un gran es-

REMOVEDOR
Redactor

AÑO

3

GUIDO

Responable

CASTILLO

N°. 17

tilo que lo abarca todo.
«Lo que yo quiero expresar por el térm ino
de arte constructivo, abarca todo el arte. Todo
verdadero arte es constructivo».
«Lo que yo quiera expresar por el térm ino
de arte abstracto, abarca todo arte. Todo ver­
dadero arte es abstracto».
. . . «Cada artista, en su arte, puede cons­
truir de muchas maneras».
indudablem ente Torres-García ha construido
de muchas m aneras, pero siempre ha construi­
do. Los diversos hechos han salido de su es­
píritu convertidos en música de color y lorrua.
Esta música m aravilla en sus composiciones
abstractas, pero en ios Objetos de Cocina, en
los Autorretratos, en los Cartuchos, en la Ca­
lle de t lorencia. . . no sólo m aravilla sino que
desconcierta, pues lo que se representa no ha
sido traicionado ni falsificado y, a pesar de
todo, no se lo representa. Quien llegue a ex­
plicar cómo pueden coincidir y exigirse en
una sola obra la mayor fidelidad al objeto con
la más absoluta libertad que pueda imaginarse,
habrá explicado la pintura de Torres-García y
lo más profundo y puro del arte.
«Considere que él tiene que dar lo inédito;
algo que ni él mismo salle qué es, su alma, su
música. Que lo que dé no puede tener nom ­
bre: que ha de operar entre cosas sin nom bre.
Porque si partió del m undo ya no está más
en él.»»
Pero, si es grande el desconcierto que nos
acarrea encontrar invención donde parece h a ­
ber realidad, no es m enor el que nos provoca
encontrar realidad donde hay invención.
Lo cierto es que esas composiciones cons­
tructivas, nos dicen algo tan real que la reali­
dad del m undo parece ficción, frente a ellas se
apodera de nuestro ser la convicción de que
son más ser que nosotros, de que no son un
producto de un propósito meram ente intelec­
tual o estético, sino que no podrían ser de otra
m anera de como son, pues son inevitables por­

que son verdad. Yo diría que en estas obras
es donde más podemos encontrar algo visto
por el pintor.
Llegaríamos entonces a este absurdo: en las
composiciones menos figurativas, Torres-García
es un realista, porque hace palpable lo invisi­
ble que él lia visto, y en las obras más repre­
sentativas oficia de taum aturgo — que con­
vierte en increíble lo frecuente y en m undo de
milagro el más común alimento de los ojos.
«El artista es un individuo que siempre pro­
cede intuitivam ente; o m ejor, m irando con ese
ojo interno que ya descubrieron los antiguos
y que ve donde no hay cosa, o ya con sus ojos
naturales. El vive en perpetua combinación
geométrica y m anipulando lo que no es cosa;
y si son tonos y colores, tampoco son eso pues
sólo son medios para construir; porque aquello
que él construye no puede tener nom bre, por­
que, siendo algo, no es cosa alguna.»
Esto nos puede ayudar a explicarnos la uni­
dad esencial, del arte de Torres-García, tan
m últiple en aspectos no sólo distintos, sino
en apariencia, antagónicos. Torres-García es
un gran ojo estético-metafísico que mira don­
de no hay cosa, y ve allí sus cosas, las que sólo
a él se entregan como reales.
1 así pueden reunirse en una misma pared,
uno junto a otro —y más juntos de lo que
puede el espacio— el Cristo, un gralisino, y un
paisaje.
No obstante dentro de esta unidad funda­
m ental, hay un aspecto que domina a los de­
más ilum inándolos: la esencia de lo clásico.
Es decir no lo clásico, como lo ya hecho por
el pasado, sino lo clásico como lo siemprevivo,
siempre el mismo, sí, en lo que tiene de siem­
pre inédito. En síntesis la pintura de TorresGarcía es clásica en el espíritu y no en lo ex­
terno.
Este clasicismo suyo ha ido profundizándose
y depurándose incesantemente, y, siendo muy
arbitrarios, podemos dividir su aparición, bien
definida, en cuatro etapas:
1^ — La que comienza a principios de siglo
y se continúa hasta el año 17. Podemos ver en
la exposición algunos ejemplos de ella: Filosoiía X.4 Musa, Ezequiel, P o m o n a...
En estas obras encontramos el más puro cli­
ma m editerráneo. Parecería que el grandioso
espíritu de Grecia hubiera resucitado entre
nosotros, con una nueva fuerza y una nueva
vibración milagrosas.
¡Qué distinto es esto al pretendido neo-cla­
sicismo de Picasso!
Picasso m iró muy frecuente, lo aparente y
literario de lo clásico y se solazó con él como
un gran pintor excesivamente acostumbrado a
las travesuras; lorres-G arcía se reconoció eu
lo clásico y a su influjo se le actualizaron las
potencias del alma.
Después de este período hay un paréntesis;
son las pinturas del 28.
Estas constituyen un momento único en el
arte de lorres-G arcía, pero, ¡qué m om ento!:
a pesar de la libertad que caracteriza a esta
pintura, hay en ella un ritm o, un ajuste, una
calidad verdaderam ente inigualables. Aquí es
donde parecería, a prim era vista, que TorresGarcía se aleja menos de los lugares comunes
Sigue en la pág. 5

�ESPAÑOLA

J. Torres - García

J. Torres - García

FIGURA

J. Torres - García

UN PUERTO

O bras de la actual Exposición T o rre s -G a rc ía en el Salón del Ateneo de M ontevideo

��UN

NUEVO

Me pregunto cuál parece ser el porvenir in­
mediato de la pintura; qué dirección parece
querer tom ar.
Miro entonces a quienes han sido los pio­
neros de la nueva pintura. ¿Qué ocurre en P a ­
rís por ejem plo? Picasso, Braque, Matisse, y
otros, han envejecido en lo suyo, en una acti­
tud pertinaz. Picasso en particular, usando del
prestigio enorm e que le socorre, im pide hoy a
la pintura dar un paso adelante. Todos lo que
de la nueva generación de París, se vé, está
m arcado por Picasso.
¿Sería entonces esto, un punto m uerto?
Creo que no; en París dehe estar producién­
dose la reacción, aunque tal vez pasen años,
antes que nueva gente consiga desplazar a to­
dos los que se mueven, prim ero en el gusto

NATURALISMO

del público, y segundo, en el enorm e aparato
de las editoriales, las galerías, los comercios,
que viven de este arte que parece querer ser
desplazado por otro.
Por otro lado se vé, en la literatura una
reacción relativam ente clara contra los movi­
mientos de pre-guerra.
He leído las últim as obras de Aragón, B re­
tón, Soupault, Eluard y otros, y todos ellos veladam ente o de m anera m anifiesta, aspiran a
un nuevo naturalism o. A un naturalism o, que
desde luego nada tendría que ver con la poe­
sía de argum ento, ni con la poesía m oralizan­
te y didáctica.
Un naturalism o cargado de surrealism o, de
escritura autom ática, de todo lo que lo prece­
dió, y que evidentem ente, sería todo menos un
retroceso, como lo proclam an ciertos rezagados

MI STI CA DE LA PI NTURA EN LA
EXPOSICION DE T ORRES- GARCI A
Viene de la pag. 2

del arte m oderno, pero si se m ira m ejor, se
verá que en esas obras no hay la m enor con­
cesión a lo anecdótico ni espectacular. En ella
se rechaza la expresión por sí misma. Aun en
esta época dionisíaca, Torres-García hace cla­
sicismo, pues es un Dionysos m etaiisico, que
se em borracha de pintura en un bosque de
ideas y de música.
Ao se requiere una gran sensibilidad esté­
tica para darse cuenta que Torres-García no
deiorm a las cosas reales en procura del dram a
rom ántico áe destrozar a golpes carnales todo
lo hecho, sea lo físico o la opinión vulgar. i\o,
lorres-G arcía sacrifica ritualm ente al objeto,
y el m undo real, por el sacrificado resucita
sustancia inm aterial, creatura de otro mundo.
2“ — Después de esta pintura, llegamos al
gran arte que se venía anunciando en diversos
aspectos de su obra: el arte planista construc­
tivo. En esta etapa, Torres-García crea la sín­
tesis de lo clásico. El arte prim itivo, Grecia,
Bizancio, y ciertos aspectos del arte moderno
son en sus manos, otros tantos elementos, como
el color y el Compás de Oro o sea que no son
cosas para hacer sino desde las cuales hacer.
Y por eso Torres-García, estando como nadie
en el espíritu de la gran tradición, hace un
arte sin precedentes, el más original de nues­
tro tiempo.
Todo, en este momento, se convierte en es­
tructura, en arm onía, en símbolo y, en el fon­
do, lo inédito que fulgura en él místico como
un relám pago sostenido.
« ...A lg o más allá de lo inteligible y que
sólo la intuición puede captar. El tono de la
obra, su música, su fisonomía. Algo eterno y
universal.»
«Y bien, si ahora nos preguntam os nueva­
mente qué puede despertar la emoción y el
sentim iento de un artista, yo diría que es el
descubrim iento de ese divino hallazgo, la per­
fecta fusión en su obra, del m undo visible e
invisible. Y esto es la creación.»
3? — Esta no es una etapa verdaderam ente
distinta de la anterior, pues se da en su m is­
mo tiempo y en su mismo espíritu. Si la separo
es sim plem ente porque no pertenece al arte
m onum ental que ha dado las decoraciones del

Hospital Saint Bois y el «M onumento al Sol»
del Parque Rodó. Me refiero a los retratos,
de los cuales podemos ver en la exposición,
\ eláquez, M ozart y esa Venus tan m ilagrosa
y sagrada como el Cristo.
A este período yo lo llam aría el momento
intocable de Torres-García. Me explico: la
m ayor parte de su obra, si bien inim itable,
puede servir y sirve de base para una gran es­
cuela pictórica. Pero esos retratos y esa Venus
en el que los hizo se quedan desde los pies has­
ta el alma, a pesar que están vistos en el pano­
ram a universal hacia donde su autor no lia
cesado de m irar, Si el arte es lo inédito, la
m enor partícula de ellos lo es.
4'-‘ — Adora nos encontram os con la pintura
de cuyo nacim iento nació «Mística de la p in ­
tura», las onras de esta etapa no alcanzan pues
a cuatro meses de existencia m aterial.
Son, em pero, el vértice donde se reúnen las
luces más hondas de todo el arte de iorresLrarcia. El clasicismo de que venimos tratan ­
do llega aquí a lo im previsible, pues está vi­
viendo ahí, delante de los ojos, expresado a
través de lo más puro: por la pura pintura.
Ahí, delante de los ojos, tenemos el jlisterio
mismo y la Lucidez misma, conviviendo juntos
como si tai cosa. Ahí, delante de los ojos, te­
nemos todo lo profundo, lo verdadero y lo m i­
lagroso que se pueda decir dicho en tonos: la
vida, la real vida del arte.
«Ver, sentir, com prender: he allí el terreno
del artista, pero viendo en lo visible y en lo
invisible a la vez. Porque ver, es sentir y com­
prender; sentir es ver y- com prender; y com ­
prender es sentir y ver. Y es sentir la m ateria
plástica; y es sentir la geom etría y el ritm o;
y es ver y sentir abstractam ente las cosas del
mundo, y no como realidad; y es com prender
lo que es un tono.»
¿Se requiere algo más para hacer ver que
el arte de Torres-García es el gran arte, el
gran estilo plástico de nuestra época?
«Conclusión final: el artista al ir a su obra
debe olvidarlo todo, y proponerse una cosa:
realizar una estructura. Lo demás saldrá sin
que él se dé cuenta, que es como debe ser.»
GUIDO CASTILLO
14 de mayo de 1947.

que recién llegan al lo que se va.
La reacción en el terreno de la plástica, pues,
aunque no es aparente pue^e tenerse por muy
posible y a falta de form a m anifiesta podría
tomarse como válida, la referida reacción en
el campo de la poesía. Ahora bien; ¿signi­
fica todo esto, o significa este naturalism o «sui
géneris», que el surrealism o, que el dadaísm o,
el cubismo no estaban en la verdad? Signifi­
ca que aquello no era arte, que no era la poe­
sía presente? No, de ninguna m anera, aquello,
es tan verdad, como esto; todo lo que es arte
se puede creer porque siem pre es verdad, po r­
que se le puede conceder crédito estético.
Aquello no está bien ni está mal, sim plem ente
está, como este nuevo naturalism o de la poe­
sía y si es que tiene lugar, de la plástica, está
tam bién y reclam a su lugar hoy.
Su única verdad consiste en coincidir con lo
que nosotros creemos, con lo que nosotros que­
remos, entendiéndose por nosotros el hom bre
de la época, del mes, del día, en que ese arte
se produce, y en el que vé su espejo más fiel,
su form ulación más ajustada.
Por otra parte esto que parece no estar fo r­
m ulado en los artistas de post-guerra france­
ses, es lo que de m anera explícita reclam a Julien Benda, en su llam ado a la juventud esté­
tica, con argumentos más o menos convincente*
y con ataques menos convincentes.
Este nuevo naturalism o que parece quiere
hacerse lugar, no podrá olvidar, aunque lo
quiera, al cubismo, al surrealism o, al arte
abstracto, porque el resultado de aquellos m o­
vimientos fué replantear los problem as de la
plástica, hacerlos valederos, en la m edida en
que habían sido casi abolidos, u olvidados,
m ejor.
Las aparentes soluciones del cubismo fueron
siempre la reorganización del planteam iento
de los problem as, y su aparente juicio sobre
la pintura, fué la pintura misma. Resultado
realm ente capital, y el único a que todo em ­
peño estético puede aspirar. Lo mismo dire­
mos del surrealism o, del arte concreto, del ar­
te abstracto, etc. Fueron entonces verdad, pero
ya no se les necesita en cuanto verdad teórica,
sino en cuanto arte.
De todo esto; ¿qué guía, qué posición nos
puede resultar ejem plarizante?
En verdad, toda aquella posición que coinci­
da con la nuestra, todo aquello que nos em ­
puje en el sentido que llevamos.
Aquí en M ontevideo, en el Uruguay, el T a­
ller Torres-G arcía ha hecho la experiencia de
las artes de la pre-guerra, sea dicho así de una
m anera concisa. Ahora cum ple con su evolu­
ción. Se encam ina de acuerdo con su necesi­
dad, y como está al unísono con su tiem po
desemboca en su nuevo naturalism o. Toda su
otra obra anterior, como antes quedó dicho,
perm anece.
Y su nuevo naturalism o, hoy, es un paso ade­
lante; pero no pertenece, ni puede convivir
con aquellos que habiendo perm anecido en el
«viejo naturalism o», pretendan ponerse al día
de un salto. La evolución ha tenido lugar.
Quienes no han cum plido la cadena, no tienen
derecho a aspirar a la vanguardia, dado que
ésta no les pertenece, y si ahora creen estar
de vuelta, en verdad, no están ni siquiera de
ida, ya que perm anecen en su cero.
SARANDY CABRERA
5

�EL

ARTE

MODERNO

EN

PARIS:

Forma y Materia en la Obra de
EDUARDO YEPES
por

Correspondencia

de

JOSE

PALAU

París

En este París acribillado por mil puntas de hoy día para designar una clase de objetos que
alfiler, que nos llegan a em botar la sensibi­ se parecen a la escultura, como un huevo de
lidad y nos impiden ver las cosas en su con madera se parece a un huevo de verdad. E n­
junto; donde sólo los nombres, como puñeta­ gañan a la gallina. Engañan al público. ¡No
zos, consiguen destacarse en medio del tu­ es paradoja! Un huevo de m adera es lo más
m ulto; liemos podido seguir algunos hombres distante que hay de un huevo de verdad, p re­
que, por el esfuerzo singular de su obra, pare­ cisamente por ser su apariencia, por ser el en­
cen los destinados a sobrevivir al terrible ano­ gaño. Y una escultura ha de tener su vida in­
nim ato de ser llamados artistas, para poderse terna —intangible pero magnética en la su­
designar con su nom bre propio. Ya no hay perficie— como la tiene un huevo. La escul­
más artistas. París está saturado, sobresaturado tura es un arte interior mucho más que un
de esta clase de entes. Sobran urtistas. París arte exterior.
Pero aquí, quizás incluso adm itiendo que la
agoniza bajo su peso, como una m uchacha bo­
palabra
escultura fuera usada y considerada
nita bajo el de sus admiradores. Falta el bra­
debidamente,
y aun a pesar de haber precisado
zo fuerte que se convierta en liberador. París
su
concepto,
tendríam os que hacer un paso
quiere liberarse de su belleza. Ahí están esos
intrépidos Davides, que con su piedra en la atrás y preguntarnos de nuevo ¿qué es escultu­
honda pretenden darle en la frente al gigante. ra? Porque esto es lo que se ha preguntado
Fijémonos boy en el escultor español Eduardo Eduardo Yepes. Y la respuesta no ha sido siem­
Yepes, cuya contribución a las recientes expo­ pre la misma. A veces ha contestado una cosa,
a veces otra.' A veces se ha pronunciado en
siciones de «Artistas Ibéricos» y la de «Amies favor
de la materia" y a veces se ha pronuncia­
d e’ l'A rt Cataiá» y «Les súrindependents», ha
do
a
favor
de la forma. En estas dos direccio­
venido a llam ar nuestra atención.
nes capitales, no parece que se' pueden agru­
Un escultor. La palabra tendría que ser su­ par todas sus respuestas. Yepes sabe contem ­
ficiente para desvelar la curiosidad. Pero tam ­ plar un huevo, un tronco de árbol, una raíz,
poco estas grandes palabras —pintor, escultor, como formas que no im itan nada, sino que son
poeta— justifican nada por sí mismas. La pa­ de por sí. Ser de por sí es, pues —-puede ser,
labra escultor tendría que ser una excusa para por el lado de la form a— una escultura. Yepes
ahorrarnos muchas palabras, muchos comenta­ se cree entonces con derecho a partir de ese
rios — que lleva implícitos. Quizás esto h u ­ muñón esencial y crear formas que sean de
biera sido posible en el Renacimiento o eu por sí, que tengan su ser en tanto que formas,
otra época más estable que la nuestra. Pero re­ en lugar de im itar. Y ya tenemos su escultura
sulta que con demasiada frecuencia, es usada abstracta.

Pero tam bién sabe m irar del lado opuesto,
un pedazo de coleita o de m adera, el hollín de
una verja, como expresiones profundas de la
m ateria —no máscaras, sino rostros— de la n a­
turaleza misma. Estas expresiones se concretizan: crean mundos. Y ya tenemos establecido
el im perio de la m ateria.
Pero sus grandes momentos son, cuando, ol­
vidando esta antinom ia, se convierte en síntesis
y nos da una respuesta conjugada de estos ele­
mentos. Es en este punto donde han de situar­
se sus mejores retratos. Retratos donde la for­
ma del rostro hum ano es su m ateria; la ar­
cilla, el humus original. La mayoría de los es­
cultores pretenden reducir el barro a carne
hum ana, darle calidad de epiderm is, y, n a­
turalm ente, se estrellan. Yepes busca, por el
contrario, hacernos ver lo cercano que está la
carne a la arcilla.
Decirnos que las distintas cualidades expresi­
vas que adquiere un rostro (retina, párpados,
m ejillas) ya están todas en potencia en el
fango. A causa de esta visión trem enda de lo
que es un rostro, su obra se convierte en tras­
cendente y esencial. Y al mismo tiempo en
elemental. Porque su recorrido no es. el de ir
progresando a través de la cultura escultórica
para darnos un producto artístico más avanza­
do, más alambicado, sino para bailarse a fin
de cuentas, con su vieja raíz ibérica, desnuda
y tajante. En este punto está Yepes.
JOSE PALAU

Salón del ATENEO de Montevideo

222 obras
RETROSPECTIVAS Y RECIENTES
de

J. TORRES-GARCIA

SE EXPONEN DURANTE EL MES DE MAYO DESDE
LAS 18 A LAS 21 HOR AS . - E NTRA DA POR RONDEAU
FR-F'JNDACION ESPIGAS-KARDEX REMOV50^&gt;R

6

mp. L.I.G.U. - Cerrito 740

�</text>
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Cabrera, Sarandy&#13;
Palau, José</text>
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|&gt;£L TAUEKT0RPE56ARC/A - A&amp;AYUSA ¿781 -UTE2S42) MONTEVIDEO

ARTICULO

INEDITO

DE

THEO

VAN

DOESBURG:

EL PLANISMO DE TORRES - GARCIA
El sufimiento espiritual ha sido siempre la
marca del genio. «Cuanto más sabiduría más
hastío», dijo el poeta alemán Goethe y ese pro­
verbio. contiene toda la verdad de la lucha del
espíritu contra la naturaleza.
Porque es ella quien im pide el desenvolvi­
miento hacia la perfección absoluta; es ella la
enemiga de todo lo que es puro, sereno, inm a­
culado. sagrado.
Estamos en un error, si aceptamos la idea
que reina actualmente en todos los dominios
de la actividad estética', la idea de una unión
equilibrada entre «ella» y «nosotros», entre lo
físico y el espíritu.
Este equilibrio clásico, afirm ado por el neo­
clasicismo, no es más que un compromiso, y
creará en consecuencia nuevos compromisos ya
sea en la pintura, la poesía, la escultura. Pero
nos preguntamos si debemos aceptarlos.
No. Por el contrario es necesario que m on­
temos el caballo imaginario y corramos por
todos los cielos abstractos para encontrar allí
lo verdadero, lo real.
V para eso hacen falta buenos músculos. La
bestia que nos mueva, debe ser fuerte, muscu­
losa, ágil, Es necesario que estemos en lo un i­
versal. como dice el pintor Torres García.
Estamos en un error —y ese es el principal
error de nuestros días— al pensar que el des­
envolvimiento de la vida mecánica y de la vi­
da práctica, puede reemplazar, a la vida inte­
rior, espiritual. La idolatría en todas sus espe­
cies, lia creado una verdadera cacería en pos
de lo «más nuevo» (das niedagewesene!) en pos
de la perfección m aterial. El nuevo Dios es í*l
confort. El todopoderoso, la utilidad. Nuestros
movimiento son calculados, taylorizados, auto­
matizados. y según las pequeñas almas perfo­
radas que, impulsadas por una ambición do­
méstica. se ocupan de electrificar los water, el
hombre de mañana será tan mecánico como
una m áquina de coser.
Contra ese espíritu, o m ejor dicho, contra
esa falta de espíritu, es que tomamos posición.

N'. 16

E N E R O - FEB. 1947

Pero nuestra protesta no puede identificarse
con un retorno al carruaje de alquiler o con
una huida hacia el sueño, válvula de escape de
los débiles m asturbadores, que crean alrededor
de ellos un am biente oriniento.
¡No, gracias! Nosotros somos, sobre todo,
realistas desinteresados, realistas del otro lado,
si ustedes quieren, pero realistas y realizadores.
Nosotros no somos ni «pasadistas» ni «futu­
ristas», porque nuestro reloj está detenido en
la hora cero. 0 como dice Torres Gareía: «No
hay tiempo ni espacio ni m ateria, no hay re ­
laciones entre cosas, no hay separaciones. Fue­
ra de toda patria está lo universal, lugar donde
hay una sola cosa «arte, ciencia, religión».
Estamos contra lo «moderno» como estamos
contra lo «antiguo». Porque nos liemos encon­
trado en el calvario espiritual; simplemente,
en lo universal.
He allí la paleta de la cual se sirve Torres
García.
La pintura es una nueva epidem ia, una pla­
ga cruel, que trata rudam ente a las grandes
ciudades de Europa, y en especial a París, don­
de los pintores form an una masa compacta,
compuesta de m ediocridades, bandidos, arri­
bistas y sonámbulos. Es por puro esnobismo
que se ponen a rem ate ciertas ambiciones m al­
sanas o algunos escamoteos pasajeros. Una vez
que se ha caído en este pestilente fango del
mercantilismo no se sale jamás.
\ los aprovechadores de tantas nobles am ­
biciones, de tantas grandes personalidades co­
mo Cézanne, Van Gogh, M odigliani, etc. que
han arriesgado todo sin ganar nada, que han
sacrificado sus vidas para poner sus almas blan­
cas y desnudas sobre algunos centím etros de
tela, aplastan ahora a los cinco o seis hum il­
des pintores que crean por una necesidad in ­
terior.
Y evidentem ente, hay muchos pintores y po­
cos creadores. Torres García es uno de estos,
un creador y un hom bre.
Pintor de gran envergadura, inscribe sus vi­

siones pictóricas en la m ateria. Una m ateria
ligera, casi transparente, propia; una m ateria
simple y delicada. Su factura no tiene nada
de esa sensualidad irritante que se encuentra
en los falsos fauves en los semi-cubistas
El arte de Torres García se compone de ele­
mentos puros; allí no hay ni complicaciones,
ni trucos, ni confusiones. Es el plano, sobre­
todo, quien reina: el plano, sostenido por la
línea, la cual por yuxtaposiciones confiere a
la superficie plana una inscripción rítmica.
Es índice en los pintores de raza rechazar
no im porta que descripción, no im porta qué
tendencia literaria o simbólica. Por eso el arte
de Torres García escapa felizm ente a esta atrac­
ción cerebral o sonám bula, que uno encuentra
tan pronunciada en los soñadores a la moda.
En la pintura verdadera como la de Torre*
García todo se hace traducir y com prender so­
lam ente por la composición, y los medios p u ­
ramente pictóricos. Esta concepción, propia de
los verdaderos pintores de no im porta que si­
glo, llevará por fin a una pintura constructiva,
una pintura científica. En el futuro un cuadro
tendrá leyes inm utables; será construido con
certeza, como un puente, un rascacielos o un
barco. Gracias al desenvolvimiento de nuestra
intuición y de la ciencia, el artista conocerá
nuevas dimensiones, y sostenido por una nu e­
va óptica, podrá hacer perceptible una vasta
visión de nuestro inconciente. Este peligroso
salto en una nueva dimensión no está exento
de riesgos. Es necesario que nos desem barace­
mos, de antem ano, de todo el inventario de
la antigüedad; la lám para de petróleo no pue­
de servir en nuestro interior lim pio y blanco,
el caballo ha sido m uerto por el m otor a ex­
plosión. A la pintura m arrón y bitum inosa del
Renacim iento, ha sucedido la pintura azul del
período lum inista; y la tercera fase del des­
envolvimiento pictórico, será dado por la pin­
tura blanca, que ya ha visto la luz. con los pin(Concluye en la últim a página)

O rg an o r e d a c t a d o y e d i t a d o
exclusivamente por integrantes del
T A L L E R T O R R E S - GAR CI A

0.10
EL E J E M P L A R

«
&lt;

¡A

&gt;
&gt;

�En Defensa de la Pi ntura, de
un Artista y del Arte Moderno
C O N MO T I V O DE UN A R T I C U L O A P A R E C I D O EN LA REVI STA «ARTE C O N C R E T O I NVE NCI ON» B. A.
He visto a Tomás M aldonado, puesto por un
Y hace entrar en juego el consabidísimo
par de artículos casi con el rabo al aire, im ­ Taine, a quien nadie había pensado en llam ar,
buido de largos prejuicios m odernistas, ges­ y se contorsiona y pretende echar por tierra
ticular sin esconder su desnudez en calzonci­ el Constructivismo de Torres que se diferen­
llos, iracundo contra quien (a la m anera de cia de su Constructivismo propio (m al dona­
los sueños) lo dejaba tan m elodram áticam en­ do, o m alhabido) en que, el del maestro pro­
te y tan desparadam ente parado, entre un viene de su vida, m ientras el suyo proviene
profuso público, esta vez estético, que no se exclusivamente de su cabeza.
im portaba un pito ni de su desnudez ni de su
Mal puede entonces entender M aldonado a
vestim enta, ni de sus gritos histéricos, ni de su Torres al practicar su constructivismo y en
desaforado afán de «modernismo» que no es particular sus estructuras, porque no siente ni
lo mismo que «m odernidad», porque aquello la pintura ni la m edida.
significa gustillo adolescente por reem plazar
Ni tampoco entender que la aparente dua­
conceptos conocidos exteriorm ente y no soste­ lidad de la obrá de Torres, (tópico sobre el
nidos por vivencias, por otros en apariencia
más totales y sin duda más brillantes, levanta­
dos por un espectacular atuendo retórico y
teórico - filosófico, m ientras que «m oderni­
dad» es la am bientación con los más fuertes
Redactor Responable
im pulsos de una época, condicionados por su
verdad histórica y por los aportes del pasado AÑO 3
N°. 16
salvado por el m ilagro del arte, atendido, no
GUIDO CASTILLO
en su form a accesoria, sino en su verdad p ro­
funda.
Lo he visto tristem ente desesperado, por su que hemos abundado), no es sino el producto
juego con tram pas evidentes, sus tentadores so­ de la práctica de dos disciplinas distintas: la
fismas, por su prejuicio de niño de liceo, a pintura, y el arte geométrico constructivo, que
quien pretenden im poner una «aritm ética p ri­ com prende a la decoración m ural. Y de la p ri­
mera, tener en cuenta que arte figurativo,
maria».
no
quiere decir ejercicio im itativo, como parece
Lo he visto provincianam ente bíblico, enor­
creer
M aldonado, desde las exigencias que se
me, lapidario y b ru tal; lo he visto al descui­
impone
en su teoría.
do, personalm ente, por sus desaforados inten­
Las relaciones de los elementos plásticos en­
tos de hacer oír sus más groseros ruidos.
Lo he visto insultando a Torres-García a tre sí, no pueden sino ser considerados, desde
quien no entiende, porque Tomás M aldonado el estricto sentido de su apariencia, sino en
no entiende la pintura con su libresca, sabidu­ tanto adición o sustracción de partes, y si dos
ría recién aprendida, su erudición a la violeta, segmentos en el cuadro determ inan relación o
y se regodea con una seminosa m asturbación razón, solamente la proporción puede formarse
cuando ella se iguala a otra razón numérica.
de seudo arte.
Y uno de-los más violentos reproches que La proporción áurea por referirse exclusiva­
hace a Torres-G arcía es su aparente eclecticis­ mente a los dos elementos que la integran, se
mo, el no haberse plegado a ningún m ovim ien­ desenvuelve en sí misma, siendo por esa causa
to de los que vip en Europa nacer y desapa­ la proporción por antonomasia.
La razón del núm ero de oro, no es cuestión
recer. el no haberse encasillado teóricam ente y
de antigüedad o de m odernidad, es razón evi­
haber pretendido hacer lo suyo.
Y como M aldonado en su ejercicio estético, dentem ente de fondo, y su aparición continua­
no concibe actividad, fuera de los programas, da en casi todas las culturas de todos los tiem ­
las teorías y los manifiestos de los jefes de pos da la certeza, estadística, si se quiere, de
grupo, no entiende que justam ente el no com ­ su validez actual.
El arte m oderno y su enorm e, apreciable', y
plicarse con ninguna escuela, sino con el es­
píritu m oderno trasm utado al suyo, es la más seguible bagaje de arte, no pueden ser deshe­
sólida virtud de Torres-G arcía, así como su in­ chos, ni desechados ni ignorados ni desam a­
sobornable posición personal, que no podía dos, porque igual que en todos los tiempos, el
sino im pedirse la propia imposición de un pa­ «hom bre moderno» vive en cada paso su an­
drastro. Aquello no fué estar por encima de la gustia de tiempo, la angustia de su tiempo y
lucha, sino en la lucha común del artista; pe­ el artista dotado de la más fina percepción,
ro no como lustrado segundón sino como hom ­ toma con el oscuro río de pasiones, inteligen­
cia y amores de su hora, un contacto más pre­
bre. en lo suyo más personal.
Desde este prim er error en la apreciación m aturo que nadie y por lo mismo más virginal
de la actitud de Torres García, M aldonado in­ y más intenso y se acerca a una esencia in ti­
vade otros aspectos de la obra y teorías del mísima, que luego los manoseadores de 20
años después, pretenden revivir, ordenar y ex­
maestro, sumándose errores im placablem ente.
Así es como confundido, disparata al leer plotar.
Pero la diferencia entre la frecuentación del
las palabras «pintura de tono local», porque
espíritu
que hace el artista y la que tiene lu ­
parece no saber a qué se alude con aquello, que
gar
con
los
que, a tantos años, pretenden con­
sin duda no es a r e g io n a lis m o , aunque Tomás
seguirle,
consiste
en que aquél, urgido por una
M aldonado lo ignore.

REMOVEDOR

2

necesidad de crear esa form a, produjo una
obra viva, m ientras que los otros, teorizando
y razonando, vigilantes de sus menores movi­
mientos plásticos, producen lo que lia dado en
llamarse una obra fría.
A la tal frialdad proviene de la posición teó­
rica del artista, es decir de su posición mental
previa, más que de su propia condición per­
sonal.
Por arte frío se entiende, entonces, y aun­
que sea infantil aclararlo parece resultar ne­
cesario, un arte o pretendido arte, en el que
las formas concitadas, no responden a una in­
tuición total por parte del creador, sino a un
convencimiento teórico de ciertas reglas im ­
puestas al acto de la creación.
De m anera que si el artista es un intuitivo,
lo que no quiere decir un ignorante con des­
plantes de genialidad, su intuición o refugio
mom entáneo e inexplicable en determ inada
asociación de elementos, está cim entada por su
sabiduría, su teoría y su razonam iento alre­
dedor de su problem a, pero ejercitados éstos,
en momentos distintos al momento de la crea­
ción.
De m anera que la única exigencia que pue­
de hacerse a un artista, es una identificación
entre su intuición y el objeto expresado, den­
tro de las norm as formativas del arte que as­
pira a practicar.
Exigencia ésta que se lia hecho a los Madí y
a los integrantes de Arte Concreto y a todos
los pintores en general y que ha determ inado
tan clara reacción en Tomás Maldonado, que
se ha sentido culpable de tontería, vanidad y
torpeza, y que, sin acierto para justificarse o
simplemente explicarse, ha dado en arrem eter
vacunam ente contra la puerta tras de la cual
salía la voz. Y ha intentado quebrar al pin­
tor y al hom bre Torres-G arcía, y a quienes te­
nemos el regocijo de luchar junto a él, en co­
m unidad de ideales estéticos por el mero he­
cho de que no hubiésemos alabado su traba­
jo y el de los suyos, suponiendo en Torres
- García y sus discípulos, la incondicionalidad
de que M aldonado parece hacer gala para con
todo lo que lleve el sencillo cartel de «moder­
no», sin preguntarse si en aquel no pueden ca­
ber puntos en discusión.
En cuanto a que la teoría de Mondrian es la
m uerte de la pintura, es tan evidente, como
que M ondrian no bacía pintura, si nos atene­
mos al sentido que Torres-García asigna a tal
vocablo, y que si Maldonado hubiese tenido
la preocupación de leer los innumerables li­
bros y artículos de Torres al respecto, hubiese
podido saber.
Y en lo que se refiere a la «maravillosa» vi­
da de M ondrian, lo que hay en esta ocasión
es que Tomás M aldonado, parece no poseer in­
formes suficientes, tal vez ni de sus teorías po­
líticas, ni de sus problemas fisiológicos, ni de
lo que él supone la falta de claudicaciones de
aquel pintor, así como el origen de su arte.
Puntos todos ellos que no interesa poner en
claro, porque nada im porta hurgar en la per( Sigue en la pág. 51

�\ istas de la 35" Exposición del Taller 1 OKRES - GARCIA con la cual se
inauguró el nuevo salón ( Exposiciones del Ateneo de Montevideo
REMOVEDOR V 16
3

��H IS T O R IA DE UN ER R O R
En un artículo anterior, propuse una serie
de preguntas que intentaban convertir al arte
en un problema. Y a estas preguntas las titu ­
lé: «Planteo ingenuo de una cuestión difícil».
El lector inteligente y avezado en las arti­
mañas y dobleces del escritor vulgar, se habrá
dado cuenta de lo hipócrita y solapado de mis
intenciones; habrá comprendido que el llam ar­
me ingenuo no encerraba ninguna ingenuidad,
sino propósitos vanidosos e histriónicos de de­
cir una lindeza.
Pero, lie aquí que cuando me dispuse a corporizar las respuestas, que tenía más o me­
nos esbozadas en la imaginación, estas se re­
sistieron a ser otra cosa que vanos fantasmas
imaginarios. Y entonces no tuve más remedio
que doblegarme ante la evidencia de que había
sido verdaderam ente ingenuo, doblemente in­
genuo, por creer que no lo era siéndolo y por­
que vi simulación en la más mísera desnudez,
hasta tal punto que la careta me salió cara v
la m entira verdad.
Sucede, pues, que no puedo contestar las
preguntas en las que había comprometido la
respuesta. Y no puedo contestarlas por la sim­
ple razón de que las tales preguntas son com­
pletam ente ilegítimas y absurdas.
En este artículo intentaré dem ostrar la ile­
gitimidad de lo preguntado, procurando, al
mismo tiempo, para sacar algún provecho de
tanta pérdida, evidenciar la invalidez de todas
las posibles preguntas de esa índole.
Todas mis dolencias tuvieron por causa una
frase de Torres García: «El artista se caracte­
riza por la necesidad de construir».
La verdad es una semilla tan poderosa que

canza al arte mismo, sino a una técnica y,
cuando más, a una actitud. Esto lo podemos
com prender, con toda claridad, si pensamos
que el romanticismo, por ejem plo, si bien con
sus maneras hiere directam ente a la «Poética»
de Aristóteles, no le hace mella a la obra de
Esquilo, Sófocles o Eurípides.
Más aún, se da la paradoja que si es cierto
que cuanto más grande es un artista m ejor re­
presenta a una época o a una escuela, no es
menos cierto que lo que en el hay de verda­
deram ente grande hace repugnar el encasillar­
lo dentro de tal o cual tendencia. Así Beethoven, que si en un aspecto es un rom ántico m u­
cho más representativo que todos sus conti­
nuadores, en lo que interesa se evade com ple­
tam ente del calificativo de rom ántico, para ser
solitariam ente el artista, el músico, aborigen de
ese país milagroso e intem poral — ajeno a las
andanzas de este planeta sem i-helado— cuya
lengua resuena tanto en Debussy como en Palestrina.
Todo esto quiere señalar que el arte es esen­
cialm ente indeterm inable e indefinible; que su
realidad es un m undo inaprencible)1 para la
razón; que es una luz últim a que se ve o no
se ve, que no quema ni alum bra, ajena al cálcu­
lo y a la medida.
Otra de las preguntas era: ¿Qué es lo que
construye el artista, si es que construye algo?
Nueva ingenuidad carente de sentido, por­
que toda obra de arte es im previsible. \ si la
Poesía, la Pintura, la M ú sica... son lo que
tienen de común todas las pinturas, las poeías, y las m úsicas; la Poesía, la Pintura, la M ú­
s ic a ... solo son alcanzables por las poesía:-,
las pinturas o las músicas, siendo invisible p a­
ra toda otra m irada, aunque sea la de la in ­
teligencia.
Así se une lo común a lo imprevisible. Ecomo si una misma voz misteriosa le dijera al
que el autor sea lo que es. De otro modo, la artista palabras siem pre nuevas
novela no es una obra de arte.
Esta dura experiencia me ha enseñado que
Lo que el arte nos revela es la falta de todo la razón frente al arte —como frente al Uno
propósito en la naturaleza, su singulares cru­ plotiniano —solo puede hacer determ inaciones
dezas, su extraordinaria m onotonía y su condi­ negativas, dem ostrar todo lo que el arte no es.
ción absolutam ente inconclusa. La naturaleza
Ahora la frase de Torres García — «El a r­
tiene buenas intenciones, desde luego, pero,
tista
se caracteriza por la necesidad de cons­
como dijo hace tiempo Aristóteles, no pudo
truir»—
puede tener en nosotros más largas
llevarlas a cabo. Cada vez que m iro un paisa­
resonancias.
je, no puedo menos de advertir todos sus de­
Podemos entender tam bién que cuando T o­
fectos. Claro está que es una suerte para nos­
rres
García preconiza una form a de arte no
otros que la naturaleza sea tan im perfecta,
es
porque
crea que únicam ente en ella se da
pues de otro modo no habría arte alguno. El
arte es nuestra ardida protesta, nuestra vale­ el arte, sino que, como toda form a artística
rosa tentativa para enseñarle a la naturaleza el implica una form a de espíritu, una actitud es­
puesto que le corresponde. En cuanto a la in ­ pecial frente a todas las cosas, el gran arte de
finita variedad de la naturaleza, un puro m i­ Torres García envuelve un gran espíritu, una
to. En todo caso, esa variedad no se encuentra hondísim a m anera de pararse frente al m undo
en la naturaleza misma, sino que que reside de las cosas.
Por eso Torres García es un fran maestro
en la imaginación, la fantasía o la ceguera
que no solo enseña una técnica, sino toda una
cultivada del hom bre que la contempla.
. . . . e l obrero más torpe de Morris podria envoltura espiritual que si no garantiza la apa­
confecionarte un asiento más confortable que rición del arte dentro de ella, quita todo lo
la naturaleza entera. La naturaleza palidece superfluo y afina las cercanías.
Y ante este espíritu no cabe hablar de ver­
ante el m obiliario de «la calle que de Oxford
dad
o error, sino pelear por él o contra él.
ha tomado su nombre»», como tan torpem en­
te parafraseó el poeta que tanto amas. No es
Para eso está Torres García y estamos nos­
que yo me queje, no. Si la naturaleza hubiese otros, sus discípulos y amigos, no para conven­
sido cómoda, la hum anidad no habría inven­ cer con razones, que, como ya he dicho, no
tado la arquitectura, y la verdad es que prefiero son estos asuntos racionales, sino para pelear
la casa, al aire libre. En una casa, todos nos por lo que es nuestra vida y por lo que son
sentimos proporcionados, en proporción ade- nuestros amores.

germina en cualquier terreno, y así germinó
en el mío. Pero, la tierra de mi alma estaba
tan abogada de malas yerbas, que la irresisti­
ble semilla de luz dió un fruto monstruoso y
sombrío.
Se me pasaron los días y yo contaba, medía,
calculaba sobre si construye esto o construye
aquello. Al final estaba tan dolido y aporrea­
do que la alucinación vino en ayuda de la fa­
tiga y la desesperanza.
Alucinado escribí aquel artículo, y alucina­
do pensé en responder a las preguntas en él
planteadas.
Ahora solo me queda destruir lo hecho.
Voy a em pezar por la últim a pregunta: ¿Qué
le' queda al arte si le quitamos el tem a y la
imitación del m undo real?
Aquí se comete la torpeza de suponer que
al arte debe quedarle algo, cuando no necesita
que nada quede y solo él se queda.
Aceptado esto, se podría preguntar ¿qué es
arte? y, como tantas veces, se intentaría defi­
nir, determ inar, dem ostrar, delim itar el ser del
arte, dejando todo bien legalizado y codi­
ficado para siempre. Apenas se ha hecho es­
to viene un nuevo artista y barre con todas las
definiciones y demostraciones, dejando en su
arte alimento para nuevos críticos y teóricos
que harán nuevas definiciones y dem ostracio­
nes destinadas a ser barridas.
Sin embargo, la ineficacia de las teorías, no
radica en el hecho de que son destruidas, pues
lo que en verdad las destruye no es el arte
mismo, sino las m aneras siempre nuevas de
arte, las nuevas concepciones del m undo y de
la vida. La teoría es ineficaz porque jam ás al-

DE OSCAR W I L D E
La única gente real es la que nunca existió,
y si un novelista es lo suficientemente burdo co­
mo para buscar en la vida sus personajes, por lo
menos deberá pretender que son creación su­
ya, en vez de vanagloriarse de la copia servil.
La justificación de un carácter en la novela
no es que otras personas sean lo que son. sino
D e fe n sa

de

la

P in tu ra etc.

(Viene de la pág.' 2)

sena de .Mondrian que ha dejado una ohra que
es, y la obra solamente im porta, con lo que to­
do queda dicho.
Por otra parte: el marco irregular, que tiene
ya su mayoría de edad, no puede por tal ra ­
zón ser un producto de Maldonado ni tam po­
co la descomunal panacea que él supone; es
una irregularidad como su nom bre lo indica,
que contradice la supuesta voluntad m atem á­
tica y regularizadora de M aldonado, y que no
parece justificar una «regularidad más profun­
da» que Maldonado ha tenido el descuido, la
habilidad, o la previsión de no enunciar.
Flaco favor le hace entonces Maldonado al
arte moderno al pretender asum ir su defensa,
y al circunscribirlo a la «Batalla por la inven­
ción», porque no se encamina el arte m oder­
no, a tan limitados propósitos y compendia
otros fines más perm anentes que un ejercicio
parcial de la inteligencia.
SARANDY O B R E R A

(Sigue en la pág. 6)

GUIDO CASTILLO
a

�THEO VAN DOESBURG / EL PLANISMO DE TORRES - GARCIA
(Viene de la pág. 1)
lores elementaristas; y no es por azar que las
dos más grandes culturas pictóricas del mundo
(la de España y la de Holanda) han introdu­
cido las nuevas tendencias de la pintura con­
temporánea. Es probablemente a causa del des­
envolvimiento lógico en los pintores de raza,
que puede verificarse cómo ellos se aproximan
a pesar de las diferencias de gamas y facturas.
A la inversa de la reconstrucción de los ob­
jetos según la intuición pictórica (el cubismo i.

pintura cuando dijo: «El arte encuentra »u
propia perfección solamente en sí m ism o ...
cuanto más es abstracto, más descubre el esta­
llo profundo de su tiempo».
Crear sin otro interm ediario que los medios
propios de la pintura significa una libertad
que solamente es digna del espíritu universal.
En este estado de la expresión plástica estamos
más allá de las cosas medibles y pesables.
I aí que sostiene el cuadro es la estructura,
v nada más que eso. Y solamente son los aris­
tócratas del espíritu que suben a esas cumbres
La supresió n de la s c la s e s e le m e n tale s de dibujo
donde el aire es claro y puro.
Torres García es uno de los que se atreven
y pin tu ra, a sí com o la del lo ca l en que e lla s se
a pintar sin prejuicio, sin tendencia, sim ple­
d icta b a n , no ha sid o de ningún m odo la d iso lu ció n
mente como yo fumo mi pipa.
Vive en la creación, rodeado de un ambiente
del T A L L E R T O R R E S - G A R C IA , com o ha p o d id o
casi metálico. Observando a este pintor en su
m ale n te n d erse .
taller de M ontmartre. se descubre al creador.
Toca las cosas muertas, los m ateriales ordina­
rios y ellos se vuelven animados. Coloca delan­
(Viene de la pág. 5)
te de uno un pequeño objeto plástico de m a­
euada. Todo nos está en ella subordinado, h e­ dido nuestro derecho de prim ogenitura por un dera pintada o un simple juguete creado por
él, y a uno le parece que esas cosas respiran de
cho a nuestro uso y satisfacción. Hasta el ego­ plato de hechos.
una manera m ilagrosa; combina esos pequeños
El
arte
comienza
con
la
decoración
abstrac­
tismo que tan indispensable es para el justo
objetos
plásticos, objetos en tres dimensiones,
sentimiento de la dignidad humana, es entera­ ta, con la obra puram ente imaginativa y p la­ con cuadros
planos, y se abre un nuevo m un­
mente el resultado de la vida casera. Al aire centera que trata de lo irreal e inexistente. Es­ do. un m undo íntim o de creación humana. Se
libre se vuelve uno abstracto e impersonal. te es el prim er estadio. Luego, la vida queda está en la intim idad de una envoltura espiri­
por la nueva maravilla y pide que
Nuestra individualidad nos abandona en abso­ lefascinada
den acceso al círculo encantado. El arte to­ tual donde todo respira esa atmósfera prom orluto. Además, la naturaleza !es tan indiferente, ma la vida como parte de su m aterial bruto, fa de la creación.
tan desdeñosa! Cada vez que doy una vuelta la vuelve a crear y la modela de nuevo en for­
Mirad tam bién los dibujos de su hijo, esa»
por el parque, comprendo que soy para ella mas inéditas; es absolutam ente indiferente a figuras de batallas de cow boys; ¿no son más
exactamente lo mismo que el ganado que pace los hechos, inventa, imagina, sueña y conserva bellas, más estudiadas, más grandes y sobre
en la pradera o el cadillo que florece junto a entre sí misma y la realidad la barrera infran­ todo más fantásticas que los dibujos de un
la zanja.
queable del estilo y del procedim iento decora­ Guys, o de un G éricault? Mirad las acuarelas
tivo o ideal. La tercera fase llega cuando la de sus hijas esas caras de m ujeres con los ojos
Las únicas cosas bellas, como dijo alguien, Vida
acaba por imponerse ahuyentando el arte m aquillados: ¿no las encontráis más vivas,
son las cosas que en nada nos conciernen. M ien­ al desierto.
Esta es la verdadera decadencia, y más profundas, y basta diría más refinadas, y
tras una cosa nos sea útil o necesaria, o nos de ella estamos
por lo tanto más ingenuas que los m ejores-di­
sufriendo en la actualidad.
afecte de un modo cualquiera, bien sea en bien
Shakespeare no es, ni mucho menos, un ar­ bujos de un Van Dongen, un Jawlenskv. o un
o en mal, o excite vivamente nuestra simpatía,
Matisse? Evidentem ente no siempre los pinto­
o constituya una parte vital del medio en que tista sin mácula. Le gusta demasiado acudir di­ res de oficio poseen el monopolio del a rte :
vivimos, es indudable que se halla fuera de la rectam ente a la vida y em plear su modo natu ­ los niños y los locos a menudo son más «crea­
esfera propia del arte. El tema o asunto del ral de expresión. Olvida a veces que, para el dores» que todos vuestros adm irables maes­
arte el renunciar a sus medios imaginativos
arte debería sernos más o menos indiferente.
equivale a una rendición incondicional. Goethe tros del Louvre.
PARIS 1929
Creeme mi querido Cyril, la modernidad de dice en alguna parte «trabajando dentro de
la forma y la modernidad del tema son un unos límites es como el maestro se revela a sí
error completo y absoluto. Hemos tomado la propio». Ahora bien, la limitación, la condi­
vulgar librea de la época por la vestidura de ción prim ordial de todo arte es el estilo.
las Musas, y malgastamos nuestros días en las
Cuanto más abstracto, cuando más ideal es
sórdidas calles y los repugnantes suburbios de un arte, más nos revela el carácter de su época.
nuestras viles ciudades cuando debiéramos es­ Si deseamos com prender a un pueblo por me­
tar en la montaña con Apolo. No cabe duda que diación de su arte, acudamos a su arquitectura
A las ya numerosas obras de decoración mural, rea­
lizadas por los integrantes de nuestro Taller, dentro de
somos una raza degenerada, y que hemos ven­ o a su música.

DE O S C A R

Torres Garría expresa su intuición plástica in­
mediata y espontáneamente por medio de pla­
nos, colores y líneas elementales.
Pintar los objetos más o menos deformados
y transformados (según el grado de la poten­
cia creadora I cosa boy adm itida por los aficio­
nados y críticos de arte, es perm anecer en la
gravitación del mundo enelidiano.
El cuadro no sirve nada más que al espíritu.
Ya Oscar \A ilde comprendía el sentido de la

WILDE

UNA NUEVA DECO­
RACION MURAL

ACABA DE APARECER EL LIBRO DE
J. TORRES-GARCIA

“MISTICA DE LA PINTURA”
Todo creador está condenado a crear ince­
santemente y, por lo tanto a desconcertar a sus
propios amigos, quienes, frecuentemente, no
consiguen adaptarse a la movilidad de su es­
píritu y a la riqueza de su visión.
Atendiendo a estos hechos, prevenimos al
futuro lector de «Mística de la pintura», para
que frente a la capacidad desconcertante de To­
rres García, sobrelleve con serenidad su tenden­
cia al desconcierto.
Para ello hacemos notar que en el artista y
especialmente en Torres García, la pluralidad
de hechos no excluye la unidad de espíritu.

En «Mística de la pintura» Torres García di­
ce cosas nuevas o, mejor, las inventa. Pero,
esas novedades no invalidan lo antiguo, sino
que lo enriquecen con una nueva voz y con
una más apretada síntesis.
El que note contradicciones en las palabras
de Torres García, que dé un pasito más, y en­
tonces sabrá que en arte es necesario contra­
decirse mucha; veces para decir lo mismo: que
con mucha frecuencia, lo que parece incons­
tancia ajena no es otra cosa que ceguera propia.
GUIDO CASTILLO

las normas constructivas, hay que añadir ahora otra, no­
tablemente acertada, en el Parador del Faro, de Punta
Colorada (Piriápolis).
Tanto por su adecuación, dado el ambiente marítimo
(pues dentro de su simbolismo, parecería una justa
transposición de lo que puede verse allí) cuanto por su
sobria y clara coloración y ritmo de la pintura, es uno
de los mejores aciertos. Y debemos felicitar al propie­
tario del establecimiento, el Sr. Angel Pérez, por ha­
ber encargado esta obra al pintor Héctor Ragni. que tan
felizmente la ha realizado.
Y así deben hacerse esas cosas. Sin jurado ni con­
curso.
Otra obra también dentro del Constructivismo, es el
conjunto de cinco vitraux. que Luis San Vicente, basándose en los cinco colores fundamentales y el dibujo
geométrico y planista propio de nuestra escuela, ha
realizado en una rasa habitación, particular, en la ciu­
dad de San Carlos.
También el aciefto de esta obra, llevada a cabo den­
tro de la más estricta ortodoxia constructiva, merece no
sólo aplausos por la obra en sí mismo, sino también por
ser entre nosotros la primera que se realiza en tal téc­
nica. Y nuestra felicitación también a los que sin ju­
rado ni concurso, tuvieron el acierto de encargarla di­
rectamente al artista.
J. T. G.

¡ AP-r’JNDAClON ESPIGAS-KARDEX REMOVEDOR

i

Imp. L.I.G.U. - Cerrito 740

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Cabrera, Sarandy&#13;
Torres García, Joaquín</text>
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Or ga no r e d a c t a d o y e di t a do
exclusivamente por integrantes del
T A L L E R T O R R E S - GA R C I A

0.10
EL E J E M P L A R

�J

Discurso pronunciado por el Doctor Luis Giordano con motivo de la inauguración del Salón de Exposiciones del Ateneo y de la

3 5 2 Exposición del Taller
La Comisión de Exposiciones, de quien asu­
mo la representación frente a ustedes y a la
que el Ateneo ha confiado la organización de
las muestras de arte a realizarse en este remo­
zado salón, pensó inaugurarlo con una «retros­
pectiva» de algunos de nuestros ilustres plás­
ticos desaparecidos. Tal designio estaba infor­
mado por un sentimiento, en cierto modo con­
movedor. puesto que esta Sala guarda el recuer­
do de algunas actividades artísticas como, los
Conciertos de la Becthoven, las muestras de
Otoño, los Salones de Primavera y las Exposi­
ciones de Arquitectura que hicieron época pa­
ra los montevideanos amantes de las bellas
artes.
Causas materiales impidieron realizar este
propósito.
En vez de ello, he aquí una muestra de Arte
Nuevo, perfectamente en consonancia con nues­
tra época y la renovada inquietud que es hoy
signo capital del Arte.
Debo expresar que esta 35? Exposición del
Taller Torres García marcará una etapa en ia
historia del arte uruguayo, mejor dicho es una
de las Etapas del Arte. No quiero que se piense
que exagero a¡ respecto por simpatía al ilustre
maestro que orienta esta pléyade de jóvenes,
dados en alma y cuerpo a la religión del arte
— que aparentan tener el árdor del sectario, pe­
ro que en realidad poseen la fe del apóstol, sin
la cual nada grande puede cumplirse ni en la
vida de los hombres, ni en la historia de los
pueblos. No quiero que se piense que exagero
por exclusivismo o por falsa oposición, puesto
que se conoce ( por quienes me conocen) mi
amplitud para el juicio en materia de arte y
mi gusto, en cierto modo ecléctico por las obras
plásticas. No quiero que se piense que exagero

cuando he afirmado que esta exposición es una
de jas Etapas del Arte.
Frente a tanta incapacidad pretensiosa que
circula por ahí; frente a mucha buena inten­
ción incumplida; frente a la estratificación ano­
dina y frente a tantos atentados al buen gusto,
hechos en nombre de una tradición mal enten­
dida tjuc nos hemos acostumbrado desgraciada­
mente a soportar, he aquí, ahora, esta alegría
radiante de la creación; esta inquieta generosi­
dad fecunda: este empuje juvenil; esta sracia
y .'&lt;te ardor incontenidos.
La Fainada E-cuela tic Torres García ha me­
recido acerbas críticas v una de las más agudas
consiste en -os encr que esta enseñanza ahoga
la personalidad, que la poderosa influencia del
Maestro incide demasiado sobre las individua­
lidades &gt; que la «Escuela» se convierte en una

REMOVEDOR
Redactor

Responable

AÑO 2

N°. 15
GUIDO

CASTILLO

dogmática del Arte. No quiero argumentar con
palabras sobre esta crítica: he ahí los hechos en
esas paredes. Pocas veces hemos visto una ma\or variedad de personalidades, de jóvenes pe­
ro verdaderas personalidades; ceñidas, eso sí y
esto no es negativo, a ciertas fecundas fórmu­
las jamás erradas, por otra parte, como ocurre
en la vida y en la naturaleza en que las líneas
generales no impiden, por cierto, la variedad y
la transformación evolutiva. A si tal cosa ocu­
rre, permitiendo desenvolverse libremente las

mejores dotes plásticas de que cada ser dispone,
la Escuela vale de por sí y vale, además, por
cada uno de sus componentes.
Repito que esta muestra es un acontecimien­
to del arte por cuanto en ella se percibe la im­
portancia del movimiento que va del construc­
tivismo a la síntesis y de ésta al nuevo natu­
ralismo de los cinco tonos. Razón lian tenido
Pavró v Romero Brest, los primeros críticos riop atenses en rendir homenaje a Torres García
v a su Escuela; razón han tenido porque no hay
en l'ruguay ni en las dos Américas, ni siquiera,
en esta hora, en ningún otro continente tal vez,
un movimiento — en el mundo de la plástica
más trascendente, ni más organizado ni más fe­
cundo que el del Taller Torres García.
Y los individualismos confusos, a los intentos
fracasados de algunas escuelas de pasajera vi­
gencia. y a las mórbidas manifestaciones de un
arte degenerado que más participa de la pato­
logía que de la plástica; el movimiento uru­
guayo opone una solidaria capacidad de soste­
nim iento; una persistencia prolongada llena de
promesas y realizaciones y un puro profundizar
en las más nobles inclinaciones de la inteli­
gencia y de la espiritualidad.
Es por todo ello — y por lo que callamos, en
beneficio de lo que sentimos y de lo que com­
prendemos, que afirmamos— , otra vez, nuestro
orgullo patriótico por esta Exposición, sabiendo
que — al fin— al sustituirla por una «retrospec­
tiva» hemos cumplido con la misión de atender
los derechos del porvenir y afirmar nuestra es­
peranza en esta renovada juventud, que se agru­
pa en torno de Joaquín Torres García, — Maes­
tro— de iluminada palabra y de ardiente fe
en los destinos del Arte, entendido como verda­
dera expresión del estilo de nuestro tiempo.
LUIS GIORDANO

EL X .o SALON NACIONAL

El espíritu y las pretendidas actividades ar­
tísticas oficializadas, se excluyen.
Es normal, entonces, que el décimo Salón Na­
cional no exista para el diferente mundo del
arte.
Su existencia, sólo puede comprobarse para
ojos distraídos y mentes cómodas, que al fin de
la semana divierten sus ocios y se instruyen, en
el vulgar sentido del vocablo, y cuyos posee­
dores, fortuitamente concurridos al salón, son
tan inexistentes, para el espíritu, cuanto lo es
el décimo salón nacional de Bellas Artes.

El Espíritu salta por la ventana, apenas ha­
cen su aparición en el salón, yesos y cuadros, en
manos de artistas y jurados, para recogerse dis­
cretamente, porque entre tanta fanfarronería,
en tanto alarde de genialidad, el arte no admite
ser considerado.
En tanto corte por el atajo de la facilidad,
en tanta desgraciada gracia festejada socialmen­
te y premiada constante y sonantemente por un
complejo clan de curiosísimas jerarquías estéti­
co-sociales, en tanta frivolidad, el arte siente
que no tiene nada que ver.
Lo mismo en tanta ingenuidad v en tanta in­
cultura.
Para la menguada inexistencia de los Salones
Nacionales, y quizá para justificarlos, existe una
categoría de personas primarias v simples que

pintan cuadros, hacen esculturas v escriben ver­
sos y discursos.
A ellos corresponden aquel flotante público,
que posee los mismos atributos y fragilidades.
Los primeros son los pintores oficiales, los au­
tores de los llamados cuadros históricos, los poe­
tas nacionales, los jurados normales de exposi­
ciones V los ministros de instrucción pública que
patrocinan exposiciones.
Los segundos son los ingenuos que no quieren
estridencias, que suponen al arte escondido a la
vuelta de la esquina y que suponen que basta
experimentar sensaciones para poder aproxi­
marse a sus esencias.
Son ingenuos tan molestos y desagradables
como los anteriores y que durante su vida, junto
con los artistas que producen para ellos, los ju­
rados y los ministros, se dedican a repartirse el
rubro que se destine a los efectos artísticos.
Claro que luego de muertos, siempre se mue­
ren.
De todos ellos salen los décimos salones na­
cionales de todo el mundo cuya única razón de
ser, es que del primero al décimo van los diez
que ya se han hecho por la coincidencia de un
enorme aparato de convenciones y del décimo
en adelante seguirán otros tantos por inercia.
Estos senores son los aguerres, los espinóla gómez, los mazzey, los alzaga, los giandrone. los
gonzález. los siniscalchi. etc. (sigue la lista)

que pretenden emular a la pintura con sus manualidades, y los moller de berg, los fernández
tudurí, los germán cabrera, los furest inuñoz,
etc., que aspiran demasiado cómodamente a en­
contrar (si es que sospechan su existencia) el
secreto que permita sacar espíritu del barro,
cosa que no logran, de manera que su barro
sigue siendo barro, con el agregado de cosas más
lamentables todavía. Porque en las obras de
unos y otros, al faltar el espíritu aparece el cor­
tejo de la tontería la vanidad, la pornografía,
la ingenuidad y el mal gusto, y ellos se pudren
de buena gana en eso, sin poder escapar a su
destino, al que llevan a cuestas, sin sentir nunca
la tentación del demonio, la insensatez, el des­
interés, la aventura, el espíritu y la inteligencia.
Se quedan pues, con los retratos de indus­
triales gordos, de frívolas señoras elegantes,
autores de esculturas para las plazas indepen­
dencias, pintores de estampitas para libros de
misa, junto con los herrera mac lean, los michelena, los prevosti, mostrando los dientes posti­
zos. la ictericia, el vientre, las manos peludas,
las risas, el rouge y las colillas de los cigarri­
llos, mientras el cerebro se les pudre sin can­
darse de genuflexiones, v las rodillas les cra­
quean, mientras guardan en un rincón del es­
critorio el lujoso catálogo del décimo salón na­
cional.
SARANDY CABRERA

�[

F U N D A C IO N ESPIGAS '•
Buenos Aires - Argentina j

Planteo Ingenuo de una Cuestión Difícil
¿Qué le sucede al hombre cuando quiere
realizar actos artísticos? Podemos estar seguros
de que buscará combinar cosas, elementos na­
turales, o que se han hecho naturales por lo
ordinario de su uso, de cierta manera especial
a la que esos objetos — palabras, colores, for­
mas, sonidos. . .— no están acostumbrados.
Y, así mismo, podemos afirmar también, que
esto es lo que le sucede a cualquiera que busca
hacer arte, por más disparatadas o ingenuas que
sean sus ideas y por más torpe que sea su labor
artística.
Esto plantea una serie de preguntas muy
graves:
Si todos los que procuran hacer arte, procu­
ran encontrar una combinación irreal de ele­
mentos reales ¿cuál es la combinación que ca­
racteriza al arte? ¿existe una sola o tantas co­
mo artistas?
Si cada artista es poseedor de una peculiar
combinación, completamente distinta de toda
otra, ¿en qué nos apoyamos para reconocer al
artista, para distinguirlo de todos aquellos que
no lo son? Si, por el contrario, existe una forma
universal de combinar estéticamente los obje­
tos no estéticos de que siempre se sirve el arte
¿por qué hay artistas v escuelas de arte, que
presentan tan fundamentales diferencias, que
llevan al más tirante antagonismo? ¿qué valor
estético tienen estas diferencias?
Para mayor seriedad y limpidez de estas cues­
tiones, procuraremos eliminar aquellas combi­
naciones que, a nuestro entender nunca han al­
canzado, ni alcanzarán jamás a ser arte.
La primera es la que pertenece al llamado
(irte imitativo.
Sin lugar a la menor duda, el que intenta
imitar el mundo real utiliza los elementos que
le han de servir para la copia de una manera
completamente irreal que, a no ser por una ex­
traordinaria casualidad, esos elementos están in­
capacitados de realizar por sí mismos, o sea en
el orden natural en que se disponen las cosas
del universo sensible. Y es así que en el re­
trato más parecido al modelo, todo lo que en
verdad lo constituya — líneas y colores— está
ordenado en una forma completamente artifi­
cial, pues a nadie se le ocurrirá que el retrato
de tal o cual señor es la manera habitual en
que los colores y las líneas se presentan.
Sin embargo, a pesar de su irrealidad, nin­
guna imitación llega a ser arte. En primer lugar
porque todo su ser irreal se reduce a un ser
para una realidad, a un puro servilismo perfec­
tamente reemplazable por otros métodos más
eficaces y menos fatigosos.
Toda copia es, además, completamente falsa,
porque su falsedad es demasiado minúscula pa­
ra llegar a verdad, porque carece de la sufi­
ciente irrealidad que se requiere para encontrar
lo real. Todo en ella es una triste ilusión, un
torpe fantasma de una apariencia. En una imi­
tación no hay nada más que imitación. En una
rosa imitada faltan la rosa y el arte. Y ahora
tendríamos que hablar del tema, pero, además
de ser el asunto más aburrido del mundo, el
arte temático es nada más que una especie de
arte imitativo malamente disfrazado algunas
veces.
Estas preguntas, que no poseen ningún propó­
sito literario, se me han ocurrido en torno a
una frase que Torres García dijera en una cla­
se de la Facultad de Humanidades: «El ar­

tista se caracteriza por la necesidad de cons­
truir».
Sobre esta frase trataré en un próximo ar­
ticulo, procurando al mismo tiempo responder
-a las cuestiones planteadas v a una más angus­
tiosa que todas:

¿Qué es lo que construye el artista, si es que
construye algo? ¿Qué le queda al arte si le
quitamos el tema y la imitación del mundo
real?
GUIDO CASTILLO

SOBRE EL ARTE SOCIAL
Por si alguien todavía se plantea el problema del arte social, transcribimos unas palabras
de «El poeta y el pueblo» de Antonio Machado:
Cuando a Juan de Mairena se le preguntó si
el poeta, y en general, el escritor, debía escribir
para las masas, contestó: Cuidado, amigos míos.
Existe un hombre del pueblo, que, es, en Espa­
ña al menos, el hombre elemental y fundamen­
tal, y el que está más cerca del hombre uni­
versal v eterno. El hombre masa no existe; las
masas humanas son una invención de la bur­
guesía, una degradación de las muchedumbres
de hombres, basada en una descualificación del
hombre que pretende dejarle reducido a aque­
llo que el hombre tiene de común con los ob­
jetos del mundo físico: la propiedad de poder
ser medio con relación a unidad de volumen.
Desconfiad del tópico «masas humanas». Mu­
chas gentes de buena fe, nuestros mejores ami­
gos, lo emplean hoy, sin reparar en que el tó­
pico proviene del campo enemigo: de la bur­
guesía capitalista que explota al hombre, y ne­
cesita degradarlo; algo también de la iglesia,
órgano de poder, que más de una vez se ha
proclamado instituto supremo para la salvación
de las masas. Mucho cuidado: a las masas no

las salva nadie; en cambio, siempre se podrá
disparar sobre ellas. ¡O jo!
Muchos de los problemás de más difícil solu­
ción que plantea la poesía futura — la consti­
tución de un arte eterno en nuevas circunstan­
cias ile lugar y de tiempo—- y el fracaso de
algunas tentativas bien intencionadas provienen,
en parte, de esto: escribir para las masas no es
escribir para nadie, menos que nada para el
hombre actual, para esos millones de concien­
cias humanas, esparcidas por el mundo entero,
y que luchan — como en España— heroica y de­
nodadamente por destruir cuantos obstáculos se
oponen a su hombría integral, por conquistar
los medios que les permita incorporarse a ella.
Si os dirigís a las masas, el hombre, el cada
hombre que os escuche no se sentirá aludido y
necesariamente os volverá la espalda.
He aquí la malicia que lleva implícita la fal­
sedad de un tópico que nosotros, demófilos in­
corregibles y enemigos de todo señoritismo cul­
tural, no emplearemos nunca de buen grado,
por un respeto y un amor al pueblo que nues­
tros adversarios no sentirán jamás.
Valencia, agosto.

Decoración de las Escuelas
De un tiempo acá se ha pretendido abordar
el problema de la decoración mural en las es­
cuelas, asunto sobre el cual ya se habló mucho
y mal. No sólo porque quienes lo hicieron ca­
recían de conocimientos serios en la materia,
sino, porque en general, primó un concepto noño acerca de aquello que debe presentarse a los
niños, como viva y permanente lección de es­
tética.
Generalmente vemos anticuadas expresiones
tipo bazar, o reproducciones también sin ningún
sentido plástico, de los dibujos de Disney, a
quien creemos, sí, un maestro en el dibujo ani­
mado. pero que, por esa misma razón, aquellos
están lejos de ser aptos para la superficie plana
de los muros.
Es de reconocer que, quien realmente estu­
dió y sentó las bases de la decoración mural,
es el pintor nacional, don Joaquín Torres Gar­
cía, quien, junto a un grupo de jóvenes discí­
pulos de su taller, vienen luchando por dar al
muro su realidad plástica: esto es, trabajar con
la realidad del plano, bidimensional, descartar
la tercera dimensión, crear formas no represen­
tativas, dentro de un orden geométrico cons­
tructivo.
Formas y colores, ritmo y proporción, he ahí
la más pura lección de belleza que podemos dar
al niño, haciendo así verdadera obra educativa
en el sentido de desarrollar su conciencia es­
tética.
Pero, esto, por ahora, sólo ha podido plasmar­
se en la obra monumental realizada por estos
pintores, en la Colonia Saint Bois. Es de espe-

rar que el Consejo N. de Enseñanza Primaria y
Normal, al llamar a concurso a los artistas na­
cionales para decorar las escuelas, sepa abordar
el problem con exacta visión en cuanto a las
auténticas manifestaciones plásticas, lo cual re­
dundará en beneficio del niño y del pueblo.
Así lo creemos, no puede ser de otro modo,
por integrar dicho Consejo, personas como el
Arq. Pérez Montero y el Dr. Oribe.
Veamos ahora, con espíritu libre de prejui­
cios, qué se ha hecho. En la Esc. de Portones
de Carrasco, lo indeseable al grado máximo.
Frente a esto pensamos que son desde todo
punto de vista preferibles las auténticas realiza­
ciones de los niños, por ejemplo el comedor de
la Escuela Experimental de Malvín.
Los locales decorados por las Srtas. Antelo y
Clavelli. llenos de ingenuo naturalismo, se ca­
racterizan por la ausencia de sentido plástico.
En el «Jardín de Infantes», encontramos dos
murales constructivos, realizados por la Sra.
Esther Barrios de Martín. Al punto se descu­
bre porqué se les asignó, por parte de alguna
autoridad, tan pésimo lugar; están casi escondi­
dos, mientras profusión de dibujos tipo bazar,
inundan los corredores.
Los otros dos murales, obra de esta misma
educacionista, lo constituyen «La sinfonía de las
hojas» y «Los Ceibos». Resumiendo, se debe de­
cir que, recién aquí, en los murales constructi­
vos, y no en los otros, encontramos que se ha
hecho algo, con cierto conocimiento.
En cuanto a la obra de Urruchúa. en la Sec(sigue a la vuelta)

�35 EXPOSICION
del Taller

Torres-García

[ NUEVO
1) PINTURA EN EL PLANO, NATURALISTA SINTETICA
2) PINTURA
DE LOS

CON BASE NATURALISTA DENTRO
C I N C O COLORES P R I M A R I O S

3) P I N T U R A

CONSTRUCTIVA

UNIVERSAL

ATENEO DE MONTEVIDEO - 28 de NOV.
Y DIAS SIGUIENTES, DE 18 a 21 HORAS. ENTRADA por AVENIDA RONDEAU

DEL

DIARIO

PARISIEN, «LA BATAILLE»

(Casa de la América

máticas, de cortesía convencional, o como expo­

Latina).
Hay diversas maneras de organizar exposicio­
nes de artistas extranjeros.

siciones de arte. Muy a menudo ambas maneras
coinciden, pero no siempre.

Pueden hacerse como manifestaciones diplo-

te diplomática invadía a la otra demasiado vi-

ARS. AM ERICANA

DECORACION MURAL...

(Continuación)

ción Femenina de Secundaria, debemos decla­
rar que tampoco aquí se ha hecho decoración
mural, en el verdadero sentido.
Grandes figuras de acusado volumen, pesa­
dísimas, ostentan deformaciones arbitrarias, ter­
cera dimensión. Puro expresionismo, lamenta­
ble monotonía en cuanto al color. Aquí la for-

En esta exposición de arte americano, la par­

ma representa, está sirviendo a los temas (que
hasta aparecen escritos en serpentinas, en me­
dio de las figuras).
En síntesis: la forma nada dice como tal, no
se ha deformado para construir; se lia hecho
literatura. Luego, todo está fuera de la plás­
tica.
v
W ILDA BELURA

siLlemente, con todo lo que significa de com ­
placencias e ignorancias irritantes.
A pesar de eso se exponían piezas de verda­
dero interés: objetos populares chilenos, impre­
sionantes fotografías del sur argentino, y sobre
todo dos obras, del gran pintor uruguayo T o­
rres García en quien las reminiscencias indias
encuentran una moderna encarnación. Pero es­
tas obras explosivas se hallaban prudentemente
escondidas por una puerta o bajo una chimenea.
Felizmente la galería Pierre, nos anuncia una
próxima exposición de Torres García y su gru­
po, de la cual con seguridad se puede esperar
mucho.
Verifiquemos una vez más, esperándola, la
vanidad de las manifestaciones de la propagan­
da oficial, equivocadas, costosas e infieles.
AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEXREMOVEDOR

Tall. L.I.G.U.

Cerrito "40

0

IIII II II 11

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0

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5

7

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7

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                    <text>WLY^TA PELTAUÜKTORPES6ARC/A -A6AYÜSA 2763.-UTE 2S42J MonTEVIPEO

N\ 14
A G O . - SET. - O C T . 1946

Or gano r e d a c t a d o y e d i t a d o
exclusivamente por integrantes del
T. ALLER T O R R E S - G A R C I A

0.25
EL E J E M P L A R

�REMOVEDOR
REVISTA DEL TALLER TORRES-GARCIA.

AÑO 2.

N9 14

Redactor Responsable: GUIDO CASTILLO

S U M A R I O

Pág.
..............................................................................

1
1

J. T O R R ES G A R C IA . Nuestro Problema de arte en A m é r ic a .....................

2

G U ID O C A STIL LO . Torres - García y el arte Moderno....................................
EX PO SIC IO N E S DEL T A L L E R
PIE R R E LO EB . Carta de París

...............................................................................

S A R A N D Y C A B R E R A . Edgardo Ribeiro

............................................................

7
7

J. T O R R ES G A R C IA , de Murales Norteamericanos .....................................

7

S A R A N D Y C A B R E R A . Originalidad e invención

8

.........................................

ILUSTRACIONES

Horacio

Torres

...................................................................................................................

Pág.
2

Francisco Matto Vilaró ....................................................................................................

3

Gonzalo F o n s e c a ...............................................................................

3
3
4
4
4
5
5
5
6
6
6

J. Uruguay Alpuy ...............................................................................................................
J. Uruguay A l p u y .................................................................................................................
Elsa Andrada ....................................................................
Gonzalo Fonseca

.................................................................................................................

Augusto Torres ......................................................................................................................
Jonio Montiel ...................................................................................- ..................................
Francisco Matto V i l a r ó ......... ...........................................................................................
Horacio T o r r e s ......................................................................................................................
Jonio Montiel .......................................................................................................................
Augusto T o r r e s .....................................................................................................................

NUMERO ESP EC IA L • Ago. - Set. - Oct. 1946
T o d a s la s p in tu ra s que a p a re c e n re p ro d u cid a s en e ste núm ero e sp e cia l de R EM O V ED O R ,
se rá n

e x p u e sta s

en la g a le ría

de

P ie rre

Loeb

en la

Rué Seine de

P arís.

Se

envían

a cce d ie n d o a l pedido hecho por dicho m arch an d de a rte en su c a rta , que tam bién se
in se rta en e ste núm ero.

�T o r r e s - G a r c ía y el Arre M oderno
espíritu con que Torres-García enfrenta al arte

Podemos, un tanto arbitrariamente, dividir

no solo no es asimilable al espíritu contemporá­

de

neo sino que es antagónico a él.

conceptos y de procedimientos, de particulari­

en dos especies el género de los hombres ex­

El arte moderno tiene mucho de puro esteti

traordinarios:

los artistas

modernos?

dades susceptibles

Lina cantidad

de

de regocijarse con ellas.

cismo, de valoración estrictamente formal, pa

¿Qué le dió la tradición a Torres-García? Le

se da la segunda, es la de aquellos que per­

radójicamente unidas al ansia de dar el espec­

dió la esencia misma del espíritu, la concien­

siguen y obtienen cierto orden de cosas ajenas

táculo de la más concreta individualidad. Estos

cia de que hay una manera, de tratarse eon

al orden común y a esos vulgares sistemas de

caracteres cuando se exageran

lo eterno que se llama arte.

persecución como son el dinero, las Socieda­

significación artística, y es así que el neo-plas-

des Anónimas, las Academias, Jas técnicas, la

ticismo no

erudición y la propia inteligencia.

creación porque es casi una pura técnica, una

tad con el tiempo le ha enseñado un sinnú­
mero de útiles artimañas entre ellas el reeo-

La más común y primaria, y sin la cual no

•

¿Qué le dió la tradición a la gran mayoría

Torres-García es un hombre extraordinario.

dejan de tener

es arte, porque no es verdadera

El hombre es un animal que además de ha­
cer historia, sabe historia; y su vieja enemis­

A esta especie de seres extraordinarios la be

manera, un método dirigido a eliminar del ar­

llamado, paradójicamente, común, porque sus

te todo aquello que por definición no pertene­

írer minuciosamente los campos de batalla de

individuos, si bien extraños con relación al fa­

ce al arte y, como todo método eliminativo con­

sus múltiples derrotas: Esto complica mucho

moso hombre vulgar — extrañeza que se agu­

vertido en sistema, lo ha eliminado todo sin ob­

la comprensión de las cosas, pues si bien el

diza si comparamos, no ya los integrantes de

tener nada mas que la pulcritud de una casi na­

tiempo presente del hombre — el que él gus­

uno y otro orden, sino los objetos de uno y

da. El superrealismo, que se ha convertido en

ta y calcula como todo su presente— no varía,

otro mundo— son bastante comprensibles para

una especie de Academia de tenues y lógicos

es por el contrario, cada vez más intensa su

una mente culta y un espíritu profundo que

absurdos, ha introducido la fórmula de la ori­

memoria y mas minuciosas su sabiduría y uti­

puede asimilarlos, por ejemplo, a la peculiar

ginalidad y la oportunidad para que el Gran

lización del tiempo pasado: Y si desde un mul­

manera con que una época siente y piensa el

Bobo mezcle la estética con el psico-análisis e

to de vista, se puede juzgar el presente de un

universo. Desde este punto de vista, podemos

intente reconstruir, por el indicio de un cuadro

ser por el espíritu con que se sirve del pasa­

comprender al pintor Holbein, al músico Co-

o de un poema, todas las incidencias del com­

do con que ese «ser que es» convive con lo

relli y al poeta Ronsard dentro de sus respec­

bate entre el inconsciente y el super-yo. Los

que ha sido, veremos

tivos pueblos y tiempos.

que

poquísimos

artis­

mismos superrealistas confiesan que el arte na­

tas han tenido una tan clara y profunda vi­

Tenemos después la especie de los extraor­

da les importa, por lo tanto no nos importemos

sión del arte pretérito como Toires-García, vi­

dinarios en todo trance, aún en el trance de

nosotros de ellos y dejemos para los curiosos

sión que no es gustillo por alguna amable pe­

ser sometidos a análisis extraordinarios. A ella

de cuitas ajenas las confidencias de sus super
realidades.

to adulto con lo eterno, ambientación con el

pertenecen aquellos cuya historia verídica se

culiaridad o procedimiento delicado sino tra
clima de lo universal.

resiste a las historias, y frente a los cuales

No intento negar que el arte moderno es uno

nuestra imaginación elige, más gustosa y efi­

de los acontecimientos fundamentales de la his­

Antes de terminar con la fijación de estas

cazmente, el camino de la leyenda que el del

toria de la cultura sino señalar su falta de ver­

ideas, que por lo inconexas son — como po­

dadero espíritu creador, su frecuente superfi­

dría decir Platón—

cialidad, su desprecio por el saber, por el esca­

quiero dejar bien claro que en esta crítica,

análisis científico.
Mi razón, mi amor y mis ganas de ello, me
lian llevado a creer y a intentar demostrar que
Torres-García pertenece a esta segunda y má­
xima clase de hombres extraordinarios.
Lo frecuente es que se trate lo extraordina­

nada más que opiniones,

lamiento trabajoso hacia el objeto perseguido

absolutamente parcial, contra la modernidad,

y. en síntesis, su prejuicio de modernismo, su

no hay alusión a ésta o aquélla individuali­

r.o darse cuenta de que si la originalidad es bien

dad, sino a ciertos aspectos del espíritu mo­

rara, la rareza no es nada original.

derno y, en lo que se refiere al neo-plasticis-

rio con un método común, lo adecuado es que

Torres-García, es uno de los artistas más re­

mo y al superrealismo, no condeno a éste o

se trate lo extraordinario con un método ex­

presentativos del arte moderno, pero es tam­

aquél neo-plasticista o superrealista ni niego

traordinario;

lo extraordinario es que se lo

bién uno de los más formidables adversarios

su importancia — especialmente la del prime­

trate, a sabiendas, con un método en aparien­

del temperamento de la modernidad. Cuando

cias ordinario. Por eso yo voy a procurar se­

Torres-García pronuncia las palabras arte mo­

ro— como m o v im ien to s estéticos, sino que re­
chazo sus p o sicio n es teóricas.

ñalar, con simples indicaciones, lo valiosamen­

derno, hay otras palabras que se apresuran en

Hasta aquí solo he querido indicar que To­

te extraños que son algunos actos del hombre
Torres-García.

su lengua y que triunfan en ella. Palabras que

rres-García es un hombre extraordinario den­

atraviesan

tro del ambiente de la modernidad. Este es

El hombre Torres-García, hace pintura, hace
arte; su vida, por ende, es arrebatada por una
serie de hechos, que no pagan nada en moneda
material reluciente y beneficiosa.
Si por un momento pensamos concienzuda
y saludablemente, en la significación de una
vida que vive entre colores y formas en vez
de vivir entre cosas sólidas y útiles, entre soni­
dos que sólo saben sonar en vez de decirnos co­
sas provechosas, entre palabras arrancadas de
su función natural, entre personajes y no entre
personas, trabajando, en fin, para ideas que no
trabajan para nada tangible, llegamos a la con­

el

tiempo,

que

luchan

contra

el

tiempo sedientas de quemarse en llamas in­

un hecho en el que creo con todas mis fuer­

mortales. Arte moderno sí, pero arte eterno.
Arte de hoy sí, pero arte de siempre, o para

zas. Pero, este hecho me plantea un serio pro­
blema :

decirlo con palabras de Unamuno «N o moder­
nismo sino eternismo».

casi todas las épocas el poseer hombres extra­

Torres-García sabe muy bien que todas las

ordinarios, frente a los cuales toda norma es

¿Cuál es la raíz « t a l de que sea norma de

pinturas, todas las poesías, todas las músicas

inadecuada,

particulares, deben ser coeternos con el arte

una extraña realidad, escondida e inaccesible,

convencional

y

torpe?

¿Existe

mismo, por eso su pintura es tínica dentro la

que se goza introduciéndose en nuestra reali­

pintura contemporánea, siendo su soledad una

dad para desbaratarnos la cómoda ordenación

persecución constante

de la universalidad, y

del mundo? Y si es así, ¿qué travesura cós­

un constante mirar con los ojos del alma el

mica ha traído a Torres-García a esta tranqui­

mundo de las formas, el universo inventado
por la hombría del hombre.

la villa del mundo para endemoniarnos el al­

clusión de que no hay manera más absurda y

ma?

G U ID O CASTILLO.

ofensiva de agredir los fueros de la animalidad.
Pero esta clase de seres extraños están a su
manera entonados en el conjunto de una época —

historia, como un buen cuadro, se ha

ce por medio de tonos y no de colores— y el
arte de cada individuo es una inmersión más o
menos profunda, en el aire espiritual de cada
momento histórico.

E x p o s i c i o n e s del T a l l e r
Se realizó (Agosto) en la galería V IA U en

lón. El local del centro está situado en Plaza

gusto Torres, Julio

\ idiella 5616. Puede visitarse de 16 y 30 a
22 horas.

Uruguay

Alpuv,

Gonzalo

Fonseca y Horacio Torres.

1 así las obras de la mayoría de los artistas

Se anunciarán en breve dos Exposiciones en

modernos poseen características bastante comu­

Acaba de clausurarse (Setiembre) en Amigos

nes que constituyen lo que llamamos arte mo­
derno.

del Arte, la exposición Augusto Torres-Alceo
Ribeiro.

son esenciales y : lo que es más importante el

gran escala, del Taller Torres-García.
Una de los integrantes del grupo, en un lo­
cal a indicarse, que agrupará pintura y arte

La pintura de Torres-García posee mucha; de
esas características pero muv pocas de ellas le

Cultural y Biblioteca Popular Artigas de Co­

Buenos Aires, una exposición de obras de A u ­

constructivo.
Actualmente puede visitarse Ja 34? Exposi­
ción del Taller Torres-García

en

el

Centro

Otra, retrospectiva del maestro Torres, que
abarcará todas las épocas de su actividad.

i

�al pintor verdadero. Finalmente, hay los snobs.
Y

de éstos podría decirse

! ya que a pintor

snob, corresponde un público semejante)

que

centre bobos anda el juego’. Y entre ellos to­
do es engaño y simulación. Y' todos hablan de
arte. ¿Cómo entenderse en esta Babel? Pero
entre el público, por suerte, ya hay quien ve
claro.
Es, pues (y eso en todos los terrenos), cues­
tión primordial, estar en lo a bstra cto. Y si se
mira a la pintura, será: ser o n o ser p in tor.
Tal concepto, sobre el que nos hemos exten­
dido tanto, por ser fundamental, quizás a v e ­
ces, es co m p ren d id o en la letra ; pero, ¿cuántos lo habrán asimilado en su verd a d real, y
entonces haciéndoselo suyo? Y esto nada quie­
re decir, con respecto a ser más o menos inte­
ligente; pues lo que hay es que, sin una ela b o­
ra ción in tern a , que, paulatina y calladamente
debe verificarse, no es posible llegar a tal com­
prensión. Pero, afórrense todos a esta idea: q u e
la p in tu ra p ico ta

toda ella en

los elem en to s

a bstra ctos y no en la imitación; que, con la
observación de un lado, con la práctica de otro,
por fin, con el estudio de las obras de los
maestros, sin duda llegarán a la deseada com­
prensión y claridad. Y

dejen de lado a los

que aún n o v e n ; dejen que vivan de sus ilu­
siones; no quieran sacarles del engaño en que
están, pues son gente incurable, y lo son por
su mucha petulancia. Además, muchos de esos
ciegos han ejercido la crítica más de una vez,
o han presidido jurados, o han sido premiados
en concursos, ¿y ahora podrán pensar que to­
do aquello fué pura falsedad?) Además, todo
aquello es a su ta m a ñ o; y, la pintura, la divi­
H O R A C IO TO RR ES

na pintura, jam ás sus o jo s la verán, y aunque
la tengan a un palmo de sus narices.

NUESTRO PROBLEMA
DE ARTE EN AMERICA
LECCION VI DEL CICLO DE CONFERENCIAS DICTADO EN LA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE MONTEVIDEO

por J O A Q U I N

Toda esa familia constituye un reino, que
no es el nuestro; se premian, se alaban, se fe­
licitan, se admiran. Son gente toda de peso.
No vayamos nunca a esa ciudad, vivamos en
nuestra modesta aldea.
Fijado ese concepto de a bstra cción , que nun­
ca se sentirá y sabrá bastante, recordemos otro,
tan básico y fundamental como ese; o sea el
de la separación de la pintura de caballete (en
nuestro éaso la pintura pura)
la gran decoración mural

del otro arte,

(y en este caso el

a rte con stru ctiv o, por ser la teoría más avan­

TORRES - G ARCI A

zada en tal pintura y más de acuerdo con el

zaron llegar nunca los pintores mediocres. De

tiempo presente), cosas todas que estudiamos

Puede, un pintor, suscitar la vida en una tela

ahí que piensen que toda pintura n o

en las lecciones precedentes. Me parece, pues,

o en una pared, lite r a r ia m e n te : es el lugar c o ­

así c o m o la d e e llo s

Todo tiende a la vida; también la pintura.

h ech a

(vulgar y literaria), sea

que no debemos volver sobre todo ello. En

m ún d e la p in tu r a ; y es el punto de arribo, ha­

ex tra va g a n te. Pero ya lo dijo el filósofo: «N a­

cambio, algo tanto o más importante que eso,

biéndolo sido de partida, de la innumerable

die puede ver por encima de sí mismo».

tratam os en la última lección: me refiero al
arte de América.

familia de pintores de todos los tiempos.
Pues bien, el avance moderno, consistió, an­

Tal c o n c e p to im ita tiv o de la pintura, es el
concepto g en era l del público. Por esto, le otor­

te todo, en salir de ese estado primario, des­

gará todos sus sufragios. Porque el público,

criptivo e

en cualquier terreno, tie n e

Quedó eso sólo esbozado. Ahora vamos a
ampliarlo y profundizarlo.

h o r r o r a lo abs­

Me referiré, para hallar fundamento, a co­

para elevarse a lo a b stra cto. Y ustedes ya sa­

tra cto. De ahí, que cuanto más se eleve un ar­

sas en sí vulgares, pero que tienen significa­

ben lo que yo entiendo por tal.

tista

ción y que van a servirme para desarrollar mi

imitativo — llamémosle

literario—

Pues bien: la vid a sim ulada en la pintura

(siempre en el sentido

de ir hacia lo

a b s tr a c to ) , menos público tendrá.

tesis.

A veces he oído quejarse a buenos artistas,

En los tiempos en que el mundo estaba en

de un

diciendo que el público n o se in teresa p o r e l

paz, antes de 1900, es decir, antes de las dos

campo o del mar. de una figura o de una es­

arte. Aquí hay un mal entendido: no se in­

grandes catástrofes que luego lo han sacudido

cena, es r e f l e jo d e vida, que es m u erte. Por­

teresa, si el arte que se le da no es litera rio

— todo— , todo con respecto a lo de ahora, se

que la única vida posible en una obra plásti­

d e s c r ip tiv o ;

es decir, si es un arte que pre­

hacía p rim itiv a m en te; es decir, que había una

ca, es la que se suscita por los e le m e n to s abs­

tenda desplazarlo de la realidad en que está;

m ora l p rim itiva

tractos, los cuales por su in trín seca v irtu d p r o ­

porque él quiere que la vida que vive, se pro­

o honradez);

pia, entran en ju ego; y, tal juego (que es vida

longue en la m ism a fo rm a , desde el marco del

(quiere decir d e verd a d y no de m entira), y

efectiva), es el que crea la m u sicalidad d e la

cuadro para adentro; o bien que despierte en

así hasta la política; y como los demás, oficios

o b ra (la arm onía), y, al mismo tiempo, la lu z

él sentimientos y emociones, c o m o las q u e e x ­

y pequeñas industrias domésticas, y también la

p ro p ia d e l cu a d ro, que ya no es la luz simu­

p erim en ta en co n ta c to co n sus sem eja n tes. Pe­

gran

entonces, lo rep resen ta d o , por

ro, cierta gente que se pica d e te n e r cu ltu ra,

Alemania, que, ya entonces, podríamos decir

virtud de esos elementos, que lian creado esa

quiere otro juego: in telectu a lism o , p oesía . Y

que falsificaba

se deleita con cualquier invención, producto de

industria q u e apuntaba.

corriente, la apariencia de luces y sombras, de
profundidad,

lada en él. Y

así

como

la

apariencia

música en la obra, adquieren una singular vi­

(quiere decir más honestidad

más, todo como debía hacerse

industria,

excepción

hecha,

sus productos:

era

quizás,

de

la fu tu ra

tenido en una obra

una teoría ingenua o de una seudo creación

Pues bien; debido a eso ,el vino, el pan, las

imitativa. Pero, está claro, ya éste, es un con­

poética, que suele ser una vulgaridad imagi­

telas, el papel, el chocolate o el queso, eran

cepto superior de la pintura al que no alcan­

nativa. Y así, unos y otros, miran con desdén

p ro d u cio s naturales. Sabían a lo que eran; se

da que jamás hubieran

2

i

�estaba en una verdad. Y así supe yo. &gt; ahora
me felicito, lo que era todo aquello \ que ya
no es más.
La "ente venida aquí de sus pueblos, aún lo
recuerda, lo comenta y añora la patria. Y di­
ce: ¡qu é aceite, qué vino, qué jam ón ! Y com ­
parado con lo que aquí tenemos, dice no va­
ler nada.
Esto obedece a muchas causas: pero, indu­
dablemente. lo d o (iq u e llo a q u í tra sp la n ta d o, \ a
no es ni sombra de lo que era allí. Y al decira q u í, cjuiero decir en tod a A m é r ic a .
Recuerdo que en Nueva York. por todas par­
tes se podían comprar m anzanas gig a n tes d e
pero, todo era apariencia:

C a lifo r n ia :

bor ni olor tenían.

En

cambio,

en

ni sa­
España,

manzanas basta chiquitas y sin apariencia, te­
nían un sabor exquisito; y tal era su perfume,
(¡lie basta las amas de casa las ponían en el
i opero, para perfumar la ropa.

(Y

perdonen

si entro en detalles tales).
Pues b ien : cuando se oye h a b la r a qu í, e n tr e
n o so tro s, a un español, y sea andaluz o caste­
llan o; o a un italiano, sea piamontés o napo­
litano, puede notarse como pa la d ea y p r o n u n ­
cia las p a la bra s, como las gu sta, podría decirse.
Que es lo mismo que encontráramos, al beber
un buen vaso de vino natural, o al abrir un
melón valenciano; todo era g e n u in o y no im­
portado.

Y

del

mismo

modo, un neoyorkino

oirá a un inglés. Confieso que me avergüenza
tratar, en esta cátedra, de semejantes cosas;
pero hay que hacerlo).
Ahora

b ien:

¿hay

algo, en

que no baya sido im p o r ta d o ?

toda América,
Muy pocas co­

sas. Y los h o m b r e s ta m b ié n . T r a s p la n te : todo
aquí es eso. Y no vale ya el origen de cada
uno. sea francés, italiano, ruso, español, inglés,
etc.; a la p rim era g en e r a c ió n ya es otra cosa .
Y.

¿es genuino de aquí, entonce. N o :

io ge­

nuino es el in d io . Y esto, en toda América es
lo mismo.
Pues bien: no siendo, el descendiente de los
países d e l I i e j o

M undo, un europeo: ni sien­

do, tampoco, por otro lado, de la raza autóc­
tona. ¿qué es? Es un c r io l lo ;

que puede ser

latino, anglo sajón, asiático o africano. Somos
el b r o n c e , como se nos lia definido: es decir,
un m eta l d e a le a c ió n . I na mezcla de todas las
razas. Somos, pues, b io ló g ic a m e n te in te r n a c io ­
n a les. Por esto, cuando estábamos en

Nueva

Y ork. se me ocurrió y escribí, que aquello era
un barco

internacional,

con

bandera

G O N Z A L O FONSECA

ameri­

cana. Y nosotros seríamos lo mismo, con ban­
dera uruguaya. Sobre lo genuino de América,
sobre lo autóctono, se lia formado una civili­
zación « siií g é n e r is » , que es la nuestra, la d e
esta n u ev a raza c rio lla . Y en todo se ve que
somos esa fu sió n d e razas, despegados de añe­
jas tradiciones, con más amplitud de criterio.
&gt; ya. ahora, con c o s tu m b r e s p ro p ia s bien de­
finidas. S om os los in te m a c io n a lis ta s p o r a n to ­
n om asia.
No tenemos, ¡mes. el lastre de antiguas tra­
diciones ni de costumbres: y si cualquier pue­
blo americano se lia forjado una pequeña tra­
dición. esa.

sin

e n v e je c e r ,

desapareciendo. L o
s o en

el m undo

que

ya vemos que va

c o n s titu y e e l p r o g r e ­

va b a r r ie n d o co n

to d o e s o :

' pese a n ativistas y fo lk lo r is ta s . Y eso en to­
do orden de cosas.
Viene

lo

internacional,

y

decimos

«¡b ie n

i enid o !» Es que estamos en ese espíritu. Por
naturaleza cornos p rog resista s y no rutinarios.
Tero, hay en esto una fa lla , y vamos a verlo.
Algo que se nutre con las esencias de la tie­
rra. n os fa lta . Pusimos lo im p o r ta d o

encima

de la tierra, como encima de un pavimento de
horm igón; y

al

hombre

también.

Nos

falta

la raíz. Después, por eso. faltará el sabor. Qui-

J. I RUGI YY ALPi Y

3

�m

f

zás con siglos se consiga. Tenemos que confe­
sar que. en cuanto a verdadera substancia es­
tamos en

la famosa manzana

de

California.

Estamos en lo aparencial, en la costra. ¿Podrá
por eso. tener substancia el arte? No la tiene
aún nada. Será

inútil

buscarlo

en

cualquier

orden de cosas. ¿Entonces]
La solución del problema, a mi entender,
está en partir tic lo q u e som os, v no en emular
lo que se hizo y se hace en los pueblos del
A iejo Mundo. ¿Somos por esencia intemacio­
nalistas? Pues, hagamos eso. Quizás, Walt \\ itman, fue el primero en adoptar tal actitud; e
hizo bien. A o. por el momento, no veo mejor
ejemplo.
¿Qué debemos hacer frente al arte de Euro­
pa? No imitarlo; no quererlo copiar, pero, en
cambio, estu d ia rlo. ¿Y

para (pié?

Seamos ahora bien concretos. No digamos,
el a rte m o d ern o de Europa, por ejem plo; di­
gamos tal o cual pintor o pintura; tal o cual
movimiento. Estudiemos a los maestros impre­
sionistas;

lleguemos a la esencia de su arte.

Hagamos lo mismo con los cubistas. Pero o lv i­
d em os sus ¡tinturas. Es decir: al revés de lo
i . U R U G U A Y ALPUY

que se ha hecho: que ha sido imitar la obra
sin comprender su esencia y su estructura. Y
en posesión de la teoría, trabajemos, en todo
caso, frente a lo real.

Porque,

hasta ahora,

sólo se han hecho manzanas de California, y
aún no muy lozanas.
Podrá hacerse eso que digo: estudiar lo que
propiamente sea arte, o fic io , la teoría . Porque,
así como en todas las épocas se han estudia­
do otros artistas más antiguos, con el fin de
saber cosas d e a rte, cosas d el o fic io , procedi­
mientos y hasta trucos, ahora también debe­
mos y podemos hacerlo, pero entonces, para
hacer otra
cu estión .

cosa.

Y a qu í está e l n u d o d e

la

Sea el que fuere, ningún arte, si n o v ien e
d eterm in a d o

p o r su

base, no será jamás un

arte fuerte; pues esa base, lo ha de determi­
nar. Y

bien:

nosotros, p rogresistas,

in tem a cion a lista s,

¿qué

debemos

nosotros

hacer?

La

respuesta está dada: to d o lo d e l m u n do, q u e
venga en tal sen tid o. ¡L o n u e v o !

A entonces,

con las reglas (pie habremos aprendido, con—
truvamos, configuremos una obra también nue­
va; nueva c o m o to d o lo n u ev o q u e llega has­
ta n osotros.
Y ahora, invito a que cada cual piense, si
ELSA A A D R A D A

es pintor, en la obra que haya hecho, y vea
si consuena

con

eso

nuevo, sin

acabo de señalar. Y verá

patria, que

(y de esto no hay

duda), cuánto plagio (voluntario o n o ), cuán­
ta cosa vieja; y. en cambio, ¡qué pocas obras
n uevas, limpias de imitación y de vejez! Po­
cas, pero, por suerte, ¡y a las h a y !
Han

creído

muchos, locura

lo

del

«Saint

B ois»; y no han visto que allí está, a no dudar,
e l p u n to d e partida. Las reglas constructivas,
los colores fuertes, la sonoridad y el espíritu
de hoy. Y o. desde aquí, felicito a los jóvenes
que siguieron mis consejos, y también a los
(pie permitieron tal realización, y a los ami­
gos que nos sostuvieron y animaron.
Pero si no tenemos que hacer el arte mi­
rando a Europa

I puesto que no somos euro­

p eos), tampoco debemos

hacer el arte indí­

gena l puesto que no somos indios) ; pero, en
cambio, como el otro arte, el de Europa, estu ­
d ia rlo. Lo que en él aprendamos, aún puede
llevarnos más lejos que el arte moderno: pue­
de llevarnos al a rte u n iv ersa l; pero entonces,
con colores de hoy, sabor y vida de hoy, pe­
ro va en lo cósm ico. Tomando de su sabia y
profunda teogonia: Sol, Tierra, Hombre. Y con
ese espíritu fué hecho el Monumento del Par­
G O N Z A L O FONSECA

4

que Rodó.

�zás con siglos se consiga. Tenemos que confe­
sar que. en cuanto a verdadera substancia es­
tamos en

la famosa

manzana

de California.

Estamos en lo aparencial, en la costra. ¿Podrá
por eso. tener substancia el arte? No la tiene
aún nada. Será

inútil

buscarlo

en

cualquier

orden de cosas. ¿Entonces]
La solución del problema, a mi entender,
está en partir d e lo q u e som os, y no en emular
lo que se hizo \ se hace en los pueblos del
\ iejo Mundo. ¿Somos por esencia intemacio­
nalistas? Pue:. hagamos eso. Quizás, Walt \\ itman, fue el primero en adoptar tal actitud; e
hizo bien. ^ o. por el momento, no veo mejor
ejemplo.
¿Qué debemos hacer frente al arte de Euro­
pa? No imitarlo: no quererlo copiar, pero, en
cambio, estu d ia rlo. ¿^

para qué?

Seamos ahora bien concretos.

No

digamos,

el a rte m o d ern o de Europa, por ejem plo; di­
gamos tal o cual pintor o pintura; tal o cual
movimiento. Estudiemos a los maestros impre­
sionistas; lleguemos a la esencia de su arte.
Hagamos lo mismo con los cubistas. Pero o lv i­
d em os sus ¡unturas. Es decir: al revés de lo
J. U R U G U A Y ALPUY

que se lia hecho: que ha sido imitar la obra
sin comprender su esencia y su estructura. Y
en posesión de la teoría, trabajemos, en todo
caso, frente a lo real. Porque,

hasta ahora,

sólo se han hecho manzanas de California, y
aún no muy lozanas.
Podrá hacerse eso que digo: estudiar lo que
propiamente sea arte, o fic io , la teoría . Porque,
así como en todas las épocas se han estudia­
do otros artistas más antiguos, con el fin de
saber cosas d e arte, cosas d el o fic io , procedi­
mientos y hasta trucos, ahora también debemos y podemos hacerlo, pero entonces, para
hacer otra
cu estión .

cosa.

Y a qu í está e l n u d o d e

la

Sea el que fuere, ningún arte, si n o vien e
d eterm in a d o p o r su

base, no será jamás un

arte fuerte; pues esa base, lo ha de determi­
nar.

Y

bien:

nosotros, p rogresistas,

in tem a cion a lista s,

¿qué

debemos

nosotros

hacer?

La

respuesta está dada: to d o lo d el m undo, t/ue
venga en tal sen tid o. ¡L o n u e v o ! Y entonces,
con las reglas que habremos aprendido, cons­
truyamos, configuremos una obra también nue­
va; nueva co m o to d o lo n u ev o q u e llega has­
ta n osotros.
ELSA

\AD RAD A

N ahora, invito a que cada cual piense, si
es pintor, en la obra que haya hecho, y vea
si consuena

con

eso

nuevo, sin

patria, que

acabo de señalar. Y verá (y de esto no hay
duda), cuánto plagio (voluntario o n o ), cuán­
ta cosa vieja; y. en cambio, ¡qué pocas obras
n uevas, limpias de imitación y de vejez! Po­
cas, pero, por suerte, ¡y a las h a y!
Han

creído muchos, locura

lo

del

«Saint

B ois»; y no han visto que allí está, a no dudar,
e l p u n to d e partida. Las reglas constructivas,
los colores fuertes, la sonoridad y el espíritu
de hoy. ^ o. desde aquí, felicito a los jóvenes
que siguieron mis consejos, y también a los
que permitieron tal realización, y a los ami­
gos que nos sostuvieron y animaron.
Pero si no tenemos que hacer el arte mi­
rando a Europa

Ipuesto que no somos euro­

peos), tampoco debemos

hacer el arte indí­

gena (puesto que no somos indios) ; pero, en
cambio, como el otro arte, el de Europa, estu ­
d iarlo. Lo que en él aprendamos, aún puede
llevarnos más lejos que el arte moderno: pue­
de llevarnos al a rte u n iversa l; pero entonces,
con colores de hoy, sabor y vida de hoy, pe­
ro ya en lo cósm ico. Tomando de su sabia y
profunda teogonia: Sol, Tierra, Hombre. Y con
ese espíritu fue hecho el Monumento del Par­
G O N Z A L O FO ASECA

4

que Rodó.

�Se tendió a una gran simplicidad: se eliminó
el adorno: se bajó el tono de los colores, sus­
tituyéndolos casi por el gris y el negro. Y la
arquitectura \ la pintura mural, quedó triste,
\ en general toda decoración. En tal sentido,
hay que guardarse de la influencia nórdica.
Moderno, sí. pero no modernista. Moderno,
pero no con la rigidez de lo mecánico ni la
desafinación en el color.
v ie n e d e la falta

Porque

d e sen tim ien to

la frialdad
o

em o ció n .

Ao es posible hacer arte sólo pensando v com­
binando: es decir, de una manera racion alista.
tal arte nórdico, fue eso. Y ahora, el a rte

}

q u e se inspirará, si se q u ie r e , en lo m ecá n ico,
no deberá ser dominado

por eso en ningún

momento. T odo lo nuevo que se habrá creado
en el mundo, deberá ser sólo la materia pri­
ma del artista, pues él tiene que hacer música,
vida, color: un n u ev o p la sticism o m od ern o, in é­
d ito. Nueva perspectiva estética: crea ció n . En
sin cron ism o con e l m u n d o d e h o y .
Hasta ahora, los muertos nos lian mandado.
Los maestros clásicos lian inferiorizado a las
H O R A C IO TO RR ES

obras nuevas. Eso no puede ser. Debe ser lo
contrario.

I na obra

nueva debe hacer enve­

jecer a la vieja, pues lo es. ¿N o ocurre así
ton todo?

Si una obra nueva no se impone

ante la vieja, es sencillamente porque no es
una obra buena. Hagámosla buena, y se sos­
tendrá.
Lo que ahora habría que pedir, es esto: que
podamos decir de una obra: «esto es n u e v o ».
Pero entonces, n u ev o d e verd ad, y no apoyán­
dose en algún primitivo, de hoy o de muchos
siglos atrás; en el arte oceánico o negro, en
el incaico o en el Renacimiento; o en Rafael,
para hacer un nuevo clasicismo. Es decir, cual­
quier

cosa

remozada,

modernizada,

plagiada

hábilmente, queriendo hacerla pasar por obra
original. Pero, n u estro origin a l lia de ser. no
un leve cambio o ligero correrse a la derecha
o a la izquierda, sino a gran distancia de todo,
por ser n u ev o.
Por nuestra parte, yo creo que liemos he­
cho mucho en tal sentido: y para eso, mis es­
tudios en Europa, me lian servido ahora. Voy
a decir cómo.
V i aparecer y extinguirse las principales es­
cuelas y tendencias sin em b a rca rm e en n in g u ­
na d e ellas. En cambio, estudié lo esencial: sus
teoría s.
Llegando a lo que más me interesó, e l cu ­
b ism o y e l n e o p la sticism o, hice lo mismo. Mi
afán de siempre por llegar a una estructura
universal, hizo fijarme en el cubismo, pero le
huí. Me bastó saber que era un arte estructu­
rado; que era un arte abstracto; y seguí en
mis rebuscas, que se confirmaron en aquello.
Lo mismo pasó con el neoplasticismo: de la
estéril teoría de Mondrian. que era el fin del
arte y de la pintura, saqué confirmación para
mi obstinado sentido ortogonal y nueva luz en
los tonos enteros.
V i en el cubismo un arte fragmentado, in­
completo. con resabios naturalistas y anecdó­
ticos, y no era aquello el arte nuevo. V i en
los holandeses, una gran pureza, pero por ser
por eliminación de todo, no era ninguna so­
lución. Quiero decir que, estudiando toda esa
gran

evolución

moderna, podía

yo

no

sólo

afirmar lo que bullía también en mí, por ser
y o d e a q u el m o m en to , sino enseñanza en mu­
chos hallazgos de tantos creadores modernos.
^ . a pesar de eso, aún no veía lo n u ev o que
creí que yo debía buscar, como otro cualquie­
ra, porque aún n o se había en co n tra d o .
qué

sentía eso?

arte, con

Porque

confrontando

¿por
aquel

to d o lo q u e d e n u ev o surgía en

la

vida, lo veía anacrónico; no estaba al día; poAU GUSTO TORRES

6

( S igu e en la Pág. 7 ).

�Carta de Pierre Loeb de París
Transí r•ib im os esta carta d e l rnarchand
d el e¡&gt;iteto, P ie r r e L o eb , q u e tie n e una d e

cliacun des artistes qui sont representes dans

A com p a ñ a una carta d e Al. G uthm ann

Envíeme al menos un cuadro de cada uno de

m en te en Francia, q u e p r e c e d ió a aquella

Mi querido Torres García.

en su llegada y

Muclias gracias por el hermoso libro que la

m o v im ien to constructivista.

Srta. Guthmann me ha

l'eau ]¡vre qui m'a remis de votre part Mlle.

¡os artistas que figuran en el libro «Nueva es­

entregado

de

parte

mis felicitaciones por la admirable pre­

sentación de esta obra, que está a la altura de

Et tous mes compliments pour l’admirahle
presentation de cet ouvrage qui est á l’hauteur de ce qu’il contient.

lia sabido agrupar a su alrededor una selección
de artistas con los cuales se honraría más de
un gran país, y en esto que digo, no tiene nada

Vous avez fait un effort merveilleux et su
dont s’honererait plus d un grand pays, ceci

Si le fuera

Querido maestro: be visto a Pierre Uoeb esta
tarde y le di el libro. *

posible

hay nada en Francia como eso, que la pintura
mural en la mejor que ha visto. Sin compara­
ción con los mejicanos, e t c .. .

Que es pintura

mural, niuralísima.........
Hasta pronto, maestro, muy aífma.

que ver la horrible palabra «nacionalismo».

grouper prés de vous une seleetion d7art»stes

Muy afectuosamente: Pierre.

El está encantado con aquello. Dice que no

lo que contiene.
Usted ha hecho un maravilloso esfuerzo y

Gutlimann.

cuela de Arte del U ruguav».

suya.
\

Mon cher Torres García, Merci pour votre

definitiva

Fonseca.

in teg ra n te d el T a ller T orres-G arcía actual­

otras im p resion es d e P ie r r e L o e b so b r e el

opinión

ted, lo que más me atrae es lo de A lpuy y

P ie r r e .

q u e p o n e d e m a n ifiesto

formarse una

ginales. De todos modos después de lo de us­

Bien Affe ctuesement.

las galerías más vanguardistas d e París.

Es difícil

por las fotografías, no habiendo visto los ori­

&gt; Nueva Escuela de Arte del L ruguav».

M o n e tte G u thm an n .

mandarme un rollo de

unas quince telas y bordados, yo podría expo­

* El libro «Nueva Escuela de Arte del Uru­
guay» recientemente editado en Montevideo.

nerlos.

dit sans que cet horrible mol «nationalisme»
n ait affaire dans cette question.
Si cela était

possible,

faites - moi

parvenir

un rouleau d'une quinzaine de toiles et «bor­
dados» que je pourrait exposer.

EDGARDO

RIBEIRO

Un articulista de «El País» bajo el título de

haberse enterado que ese pintor, Edgardo R i­

II est difficile de se faire une opinión defi-

«Ancap motivo de artísticas disputas», dando

beiro, es suficientemente conocido y reconoci­

nitive d'aprés des photos surtout quand on n’a

rienda suelta a su frivolidad y mezclando al

do, a tal punto de habérsele otorgado un se­

jamais vu les originaux. Pourtant, aprés vous,

arte cosas que le son absolutamente ajenas, pre­

gundo premio de Pintura del Salón Nacional,

ce sont Alpuy et Fonseca qui m’attirent le plus.

tende golpear con el menosprecio y desconocer

y un Gran Premio Anual de Amigos del Arte,

al pintor Edgardo Ribeiro, con motivo de una

así como otros de menor nombradía, pero igual­

decoración mural que dicho pintor realizara

mente importantes. A la vez que desde su car­

en una estación Ancap de Punta del Este.

go de Profesor de Dibujo de Enseñanza Secun­

Mais envoyez-moi au moins

un

íableau

de

Sepa el articulista de «E l País», que tan bien

(V ie n e d e la Pág. 6 ).

se arrellana en el anónimo, que ese «mucha­

día haber un arte más joven, tenía que encon­
trarse. Y debía encontrarse, además, en lo uni­
versal.

cho» como lo llama,

ese

«Quien no conocemos»

«joven

(v.g.)

pintor»,

es

un

a

pintor,

que ya ha quemado muchas etapas de su evo­
lución y está, como artista, muy por encima

Tal pretensión de querer encontrar eso, te ­
nía q u e ser así; hoy lo veo claro. T en ía q u e ser,
por uno de esos individuos «su i-gén eris» del
nuevo mundo: e l in tem a cion a lista de que ha­
blé; único hoy, que podía pensar en un arte

de muchos que el articulista puede conocer.
Y sepa también que si no tomase la activi­
dad estética en lo que le queda bien, con tan­
ta tontería, escudándose en no ser entendido

daria y así fuera de él, realiza una labor pe­
dagógica

ya

siderable de jóvenes artistas a los cuales orien­
ta de la manera como fué orientado.
Así también, entérese que para sus peque­
ños comadreos y escaso entender, hay campos,
que no son del dominio estético, en donde po­
dría ejercitar su tontería, sin riesgo de hacer
el ridículo, ni fastidiar a los que están dema­
siado lejos de su pequeñez.

(aunque habla de una «obra neoclásica, indu­
SARANDY CABRERA.

dablemente hermosa» de P en a), tendría a bien

( S igue en la Pág. 8 ).

de especiales relieves, habiendo

conseguido agrupar en su torno un grupo con­

DE LOS MURALES NORTEAMERICANOS
Fuera de aquellas personas que, por razones
personales (y entre ellas

más

de

un

crítico

de arte) tuvieron frases de elogio para dichas
pinturas, la condenación, por parte del públi­
co en general y en particular por los que tie
ten criterio formado con respecto al arte mu­
ral y la buena pintura, ha sido unánime. Y
es que, no sólo por faltar a las reglas más ele­
mentales del arte decorativo mural, sino ade­
más por ser en sí malas pinturas, dichas obras
¡bocetos — según reza en el catálogo— si bien
algo grandes para serlo)

no tienen levante.

Por esto hay que felicitar a nuestro público
que no se dejó engañar.

está hecho con conocimiento y verdadera sen­

cho maridaje con él, por tal razón ha de ser

sibilidad de artista.

planista; 39 no debe de olvidar la época en

Ahora, por ejemplo, se habrá puesto bien
de manifiesto, que no puede llevarse al muro
cualquier pintura, como lo venimos diciendo y
demostrando

hace

bastantes

años.

Dije

ade

más, en mas de una ocasión, que nuestros ar­
tistas no estaban suficientemente
para realizar la pintura

mural

preparados
(excepto los

que yo formé dentro del Constructivismo)

y

que, de no tener en cuenta esto, se correría el
riesgo de dotar a nuestros edificios públicos,
de obras manifiestamente equivocadas bajo el
punto de vista del arte mural. Que es lo que

Los organizadores de algunas de las gran­

nos demuestra, que ya ha ocurrido en los Es­

des exposiciones que han venido sucediéndose,

tados Unidos, la Exposición que comentamos.

han sido poco afortunados en la elección de

E l pintor mural no debe de olvidar siete co­

los expositores, queriendo imponer a toda eos-,

sas indispensables a su arte: 1 " que la pintu­

ta, lo que el público en general tiene que re*

ra mural ha de ser, en cierto modo una ar­

chazar, por

quitectura ligada a la arquitectura propiamen

mejor

ilustrado.

Pero

nada

se

pierde con ello, ya que así se afirma lo que

te dicha; 29 evidenciando al muro, en estre­

que vivimos, y por esto, ir a lo concreto de
los materiales y de los colores y formas, por
íesponder esto a la mentalidad del hombre de
hoy, francamente realista; 4 9 aliado de lo me­
cánico y de cuanto significa progreso; 5 9 de­
jar lo analítico descriptivo para ir a la sínte­
sis; 69 llevar lo particular al plano de lo uni\ersal; 79 no olvidar, por fin, que el gran pa­
so del arte moderno, ha consistido en pasar de
lo real a lo abstracto.
No pretendemos que sirva para nada esto
que ahora decimos, que es solo para dar cons­
tancia.
Quede la responsabilidad de lo que se hará
y se está haciendo, para quienes hayan interc enido en tales cuestiones, que otro día, con
mas tiempo y la documentación necesaria, se­
ñalaremos, para ilustración del público.
J. T O R R E S - G A R C IA

7

J

�ORIGINALIDA
Si en muchas ocasiones se ha pretendido ca­

%

I \ 1I

V rm
aew

a ser únicamente invencionista, carga su apa

T a Madi, en definitiva eso le asfixia y lo

racterizar al arte moderno señalando sus acen

riencia en lo geométrico aunque generalmente

que reclama es la pura libertad en la pura

tos más particulares, y si en esa larca se lia

lo baga sin función plástica visible, y sin el

invención arremetiendo contra la función or

llegado a conclusiones en muchas ocasiones di­

control ile la medida armónica. D-‘ esta ma­

togonal que es la esencia del plano, y colocán­

ferentes en lo que dice relación con la impor­

nera se pierde a menudo en lo decorativo fá­

dose en el plano inclinado de la ausencia de

tancia de este nuevo arte;

cil, menospreciando toda dificultad, sin aten

control hacia una nada que equivale a la nada

un tópico, en el que se ha estado casi unáni­

der que justamente aquello

que le da origen.

memente de acuerdo.
De tal manera ha llegado

condicionan a la plástica significando por ello

Esa asfixia que experimenta Madí frente al

la oposición y por consecuencia el motor del

marco normal, es un claro síntoma de angus­

artista.

tia, de limitación, de falta de acomodo con

hay sin embargo

a determinarse

que uno de los padecimientos medulares del
arte que hoy se practica, y que justamente ha
influido hasta subvertir en muchas oportuni­
dades los valores mismos
expresión
ra)

adoptadas,

de las formas

(música,

de

poesía, pintu­

ha sido la desesperada busca de la origi­

nalidad.

En

demasiado

ocasiones,

el

artista

moderno ha subordinado todos los problemas
de su oficio, así como las reales dificultades
del mismo, a la intención de crear la «cosa
distinta» por la mera razón de que lo fuera,
sin atender si en verdad, había una razón de
fondo o de peso, para ello.
Esta búsqueda de lo original que en cierta
manera es sana y depurativa, no debe contun­

(orden, m edida),

La pintura Madí, apariencia de una posición
universal Madí. invade también
artes:

poesía, danza, etc. Y

a

las

en pintura, pr¡;

lende, teóricamente la paternidad
cosa

sin tener

un

derecho

otras

muy

de mucha
claro

para

ello. Así, negando su origen, se vincula ínti­
mamente por esa poligonización o reducción a
formas simples de

que

se hablaba

anterior­

mente, con el Constructivismo ruso, indudable­
mente escalón menor de neoplasticismo, que
los Madí se proponen superar.
Y pretenden «Fundar un arte frío dinámico,
de espíritu matemático, cerebral, etc.». Sin te­

la realidad, con el rectángulo tipo; esa asfixia
que siente es secuela de un romanticismo eme
se actualiza y que revienta, si no por el sur­
realismo, por esta forma que repito, se etn
parenta con él.
De manera que aún cuando los Madi pien­
san estar en contra de lo romántico, en lic i­
ta manera, están en aquello, por acusar cier­
tos caracteres que le son esenciales.
Y eso sería justamente lo que los aparta de
un arte plástico universal, regido por esc con­
cepto y el de la medida, la reducción a los
colores primarios

y la estructura

funciona!-

mente plástica.

dirse con la actitud conflictual del artista que

ner en cuenta que además de no corresponder

por necesidades viscerales se siente fatalmente

eso

Piet Mondvian

ga con atraso. Su conmoción ha sido realiza­

empujado hacia sus acentos personales, nece

hombre de quien me dijo Torres García — que

da y la simiente de la desintegración, que pro­

sidades que son su propio eje de vida.

bahía cultivado con él. una especial am istad--

viene de la Escuela de París, así como de Ale­

Esta búsqueda de lo original por lo original,

se hizo con un molde único, ya io intentó, lle­

actitud previa, es sin duda alguna, el primer

gando al callejón sin salida al que llegó, y

mania y Rusia, ha dado su significante ejem­
plo.

elemento que debe desaparecer del acto pre­

al

espíritu

de

la época.

que si pudo satisfacerlo, a estar por su aparen­
te insistencia de veinte años, se debió a su es-

vio a la creación.
Y si bien el artista no es arrastrado como
un ente inerte por el influjo de su creación, y

pecialísimo temperamento.

Es entonces que la revolución inádica lle­

Ahora, entendemos nosotros, debe proceder­
se a la construcción del arte, a la reintegra
ción del concepto de lo clásico absoluto, de

Mondrian, Vantongerloo, Van

Doesbuig, y

es indudablemente un ser «Inteligente» y «Sen­

otros también

sible», antes que todo, aquella misma inteli­

ion no hacer concesiones a la realidad que los

embarcándose sin freno en un trabajo princi­

no úebe

rodeaba, buscaron no transigir, no hacer con­

palmente y para su mal, mental, que a la pos­

anteponerse sino acoplarse a los demás resor­

cesiones a lo sensual. Los Madí se lo propo­

tre no servirá sino como pasatiempo.

tes de la creación.

nen ahora y aparentemente desconocen a aque

gencia — pecado original del siglo—

En Arte

hay y ha habido, originales ver­

daderos, originales que aún con talento han

buscaron la invención. Busca-

la búsqueda del equilibrio de, razón, intuición

Mallarmé, y de aquel primero, su mudez, co­

Y los Madi en esa búsqueda de la invención

con

buscar, desembocan en el mar o irregular.

pensaron

inventar obras de arte.
Los ha habido en París y los hay ahora por

Los madí, deben reaccionar de esa aparente

en ese problema.

que se opone a lo matemático que manifiestan

despierta

el madismo.

higiene de ideas,

últimos que con menguado acento creador y
inteligencia

que menosprecia

líos que desde hace muchos años estuvieron

tarado su obra, de habilidad y finalmente los
excesiva

y sensualidad,

y

recordar

a

Valery y a

mo consecuencia de su pureza.
Es necesario actuar

desde

programas

más

impuros en tanto contengan una angustia hu­

El marco irregular es una forma de roman­

mana y desde necesidades más urgentes, para

ticismo, es muy pariente, aunque sus practi-

poder configurar un arte que pretenda ser au­
téntico.

su influjo en New York y en Buenos -Aires,

cadores madíes no lo admitan, del superrealis­

por América y los habrá sin duda tantos y

mo, forma con la que se colocan en conflicto.

Y así, para refirmarnos, está el ejemplo de

más, por donde no llegamos ni nos llega in­

Y lo es porque proviene de la incomodidad de

todo el arte clásico y de los artistas que lo di­

forme.

admitir lo regular, la incomodidad de admitir

rigieron y lo conformaron.

De Buenos Aires nos llega ahora la teoría

S A R A N D Y C A B R ER A.

las dificultades.

de la pintura M A D I, (M adí, naturalmente no
quiero

decir nada, ni debe pedírsele que lo

(V ie n e d e la Pág. 7 ).

Pero, en vez de eso, se dejó seducir por los

quiera, aunque recuerde particularmente a Da­

universal y moderno a la vez. \ si no, véase

superrealistas, y dando rienda suelta a su ins­

da, y se le aproxime en esencial cuyos postu­

si ha surgido algún otro con tal idea.

tinto, cayó del lado del animismo y la defor­

lados que preceden a las obras mismas, se en­

bien, en eso estamos todos; y nada me

mación, y, tal sugestión, ha llevado al arte a

caminan al elogio de la invención como motor

parece más bello, que el tener ancho campo

una de las peores decadencias .Pero, de esto

único de ese arte. En arte, es necesario valo­

en esta tierra virgen, para la crea ció n d e una

trataremos en la próxima lección.

rar la dificultad, caminar entre obstáculos. Si

n u ev a e x p r e s ió n estética .

no es así. toda obra, quedará tarada de faci­

Y

Y bien: la síntesis de lo dicho es la siguien­

Hoy, en Europa, los artistas todos, están ha­

te: puestos en lo que acabamos de explicar,

lidad y de sin razón. La invención es induda­

ciendo

crear algo

nosotros, ¿qué debemos buscar, ante todo, en

blemente L Y O de los elementos del Arte, pe­
to no el U N IC O .

nuevo. No llevan por ahora camino. El mez­

rna pintura? Ante todo, vida. Vida en lo co n ­

clar. como en una Babel moderna, todos los

c r e to de la plástica; vida en lo cla ro y vibra n ­

^

un

esfuerzo enorme

para

todo arte si bien se diferencia aparente­

estilos a que lógicamente habían llegado, no

te d el c o lo r ; una furiosa vida, y no esa vida

mente de las formas que le preceden n . lo

es ninguna solución. Creo más bien, que es un

crepuscular de una pintura cubista, o helada,
como en un

hace de manera específica, ya que el artista,

suicidio. Echarse en brazos de tal locura, co­

creador de igual material humano a través del

mo disimular la impotencia y aturdirse, es ya

tiempo, actualiza en él, su problema

la desesperación. Tienen conciencia de que, los

que in­

dudablemente no tiene solución: el de su an­

que ayer fueron grandes, se hunden. Pero, es

gustia

que los ele­

natural; no se resignan a morir. Si en 1930 Pi­

mentos de las artes permanezcan siempre los

casso, con su gran autoridad, hubiese hecho lo

mismos, y de allí que ninguno de ellos pueda

que debía (y entonces lo dije ) , es decir, dar

por permanecer.

De allí

primar de manera e x c lu y e n te sobre los demás
La importancia que los teorizadores madis-

todavía un paso más. y c o n lo conseguido lle­
gar a un arte universal, hoy no se habría pro-

tas confieren a su cosa es nada menos qu-' to­

ducido el desconcierto total del arte, que, por

tal. Sin embargo la pintura M adí que asoira

desgracia, ya ha influido en todo el mundo.

8

cuadro elemdntarista.

Segundo,

que, al lado de cualquier obra, en cualquiera
de las manera o estilos últimos, tengamos que
decir:

¡esto es nuevo! Y sin entrar en deta­

lles ni consideraciones. Algo que se imponga
decididamente. Y

tercero, que consuene con

todo lo verdaderamente nuevo de hoy, en to­
dos los terrenos, pero, mayormente, con las
construcciones materiales y objetos.
J. T O R R E S -G A R C IA

�^
&gt;

En un futuro cercano el ARTE ABSTRACTO
habrá suplantado completamente al arte
im itativo; el E S Q U E M A G E O M E T R IC O
y los CO LO RES PRIMARIOS
a la perspectiva y los
colores com puestos
Tal arte correspondería al Hombre Nuevo
de los pueblos del Nuevo Mundo
J. T. G. 1946

Próximas Exposiciones
PARIS
Y
DEL TAL L E R
TORRES GARCIA EN

M E X I C O

y una retrospectiva de J. T O R R E S - G A R C I A

en

MONTEVIDEO
Fechas y Locales a Anunciarse

�Publicaciones 3? la
Uíttvo.

Tionievid^oQJru^uay,

TalPresLlG U .
C e T T Í -^ o .7 4 -0 .
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o r ^ e v i d e o .

Poto¿raba3o3

Ber-tazz otúv L or10
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                    <text>N ‘ 1C
E

n e r o

F

e b r e r o

1946

Organo

redactado

y

editado

exclusivamente por i ntegrantes del

€•05

TALLER

EL

TORRES

GARCIA

EJEMPLAR

�El pueblo ya tiene el arte que desea
He dicho muchas veces, que en cuanto a cul­ moderno. ¿De veras? Xo; ningún burgués
tura artística, tan pueblo era el amo como el cuelga de tales cuadros en sus casas (salvo ex­
criado. Es decir, que generalm ente, ni el uno cepción I ni gusta de oir tales músicas que no
ni el otro entienden de eso, y que les gusta lo entiende, Todo eso, además, le irrita: no
vulgar. Xo vale, pues, en este caso, el separar creen con derecho a tales artistas, de hacer lo
que les dé la gana, En todo caso, perdonarían
a las clases burguesas de las proletarias.
a
artistas, si se hiciesen ric o s... Pero no
Los metidos en cuestiones sociales, cuando es esos
el
caso,
salvo tam bién excepciones.
piden un arte para el pueblo ¿qué piden? Du­
Contra esa irritación de toda esa gente que
do que nadie sepa de que se trata, ni aun ellos.
¿H a existido tal arte; existe? Yo jam ás lo be no se cansa de apedrearnos, allí está Picasso
que nos venga.
visto.
Hace unos días vi, así de paso, una revista
Rectifico: be visto, raram ente, algo que pre­
tende serlo. Algo que no creo que divierta a local, que reproducía algunas de las últimas
ningún proletario, y que. sin entrar en un
plano revolucionario, ya existe hace muchísi­
mos años. . . Quiéranse recordar los llamados
cuadros de género, los obreros en el trabajo,
la miseria en la casa, la m uerte de un acci­
dente, las trágicas escenas del m ar, la m endi­
Redactor Responsable
cidad. las huelgas, el m itin, los motines, etc..
N? 10
etc. Tam bién las duras críticas contra la »ocie- ' Año 2
dad de los ricos. Pero, todo eso ¿no sería la
G uido C astillo
historia de la hum anidad?
Xo pretendo, con esto que digo, ir contra
ningtín arte ni 'artista que de buena fe pre­ obras de ese grande y famoso pintor, expues­
tenda hacer un arte proletario revolucionario. tas en Londres. Llevó allí, en el Victoria and
A lo que voy, es a decir que. el pueblo, ya Albert, una terrible bomba de gran calibre.
Eso de «épater le bourgeois», quedó tamañito.
tiene el arte que desea.
Pero allá fué la indignación, y sobre todo por
¿Acaso un arte anecdótico, im itativo, no le parte de los grandes profesores - pintores, los
satisface? Es evidente. Se encanta ante los pai­ cuales protestaron violentam ente por haber ce­
sajes «al vivo» (y más si son de sitios conoci­ dido el museo «para aquella loca ridiculizados) los buenos retratos que semejen a sus ción de la hum anidad». ¡Bien, Picasso! Se re­
m odelos: los episodios patrio»; los cuadros pitió lo mismo que cuando Manet exhibió sus
costum bristas, las naturalezas m uertas con flo­ obras en París, que sofocó tanto a sus colegas
res y objetos brillantes y finos; el «detalle» lo académicos. ¿Y V agner. cuando estrenó su
sea el trabajo del artista) ; lo expresivo, lo sen­ «Tanhauser» en la Opera, tam bién de París?
tim ental, lo tie rn o ... Todo esto, si el color Esta es vieja historia. Pero hay que aclarar:
está bien unido y el sombreado es perfecto, le no creo que Picasso hiciese esas obras con tal
encanta. ¿Que más, entonces, podrá dársele, propósito, ni las expusiera para producir un
que le emocione, que le baga sentir, que le di­ escándalo. Ningún artista quiere tal cosa. Al
vierta ?
contrario, él las hace pensando que otro las
Y con la m úsica pasa lo mismo: ¿Xo tiene interpretará debidamente.
la música folklórica, en mil variedad de dan­
Recuerdo, que cuando en Barcelona se es­
zas? Las hay cadenciosamente lascivas, senti­ trenó
«Parade», del mismo Picasso y de Setie.
m entales, grotescas, picaras, distinguidas, t«das el público
de la platea (gente toda archiburde ritm o fácil y agradable? ¿Y las óperas (me guesa) al ver
lo que se desarrollaba en el es­
refiero a las clásicas óperas italianas) ¿no cenario, comenzó
a ponerse de pié, y oí a mis
constituyen, para el pueblo, un gran arte?
vecinos que decían: «¡Que tom adura de pe­
Y así. después de la pintura y de la música, lo!» — y estaban indignados. En cambio, allá
encontraríam os lo mismo en la escultura, en arriba, en el quinto piso del teatro, parte del
la literatura, en el cine, y en las artes suntua­ público aplaudía a rabiar.
rias. que son para él, motivo de éxtasis.
£1 arte ni está con los burgueses ni con los
No; dígase lo que se quiera, el pueblo ya proletarios, porque viene del espíritu. Y es en
tiene su arte y sus artistas predilectos, y es tal sentido que se dice que es una creación.
gran tontería quererle fabricar otro exprofeso. Por eso. el mismo Picasso, ante el escándalo
sus obras habían provocado y ante el ju i­
Así pues, ¿a qué pleitos? ¿A qué condenar •que
cio de los pintores - profesores, parece que di­
a los pobres artistas que no gustan al pueblo? jo: «está equivocado el que pretenda explicar
¿X o tienen ya sobrado castigo con esto?
una pintura». Y es cierto. Porque como acaba
Tolstoi mismo, en su famoso alegato. «¿Qué de decirse, ésta siempre se refiere al espíritu,
es el Arte?», dijo, entre otras mil cosas des­ a lo interno, y eso ¿quién podría explicarlo?
acertadas. que el arte tenía que ser, sobre to­
Xo es m irando afuera, que el artista opera,
do, al alcance de la comprensión de las ma­ sino m irando adentro. Los ojos sólo recojen
sas. ¿Es que no quiso ver que. todo esto que datos, con los que el artista, luego, crea su
hemos dicho y tanto y más ya en su tiempo,
Es decir, algo viviente. Pues la vida, en
era aplaudido y celebrado por la generalidad? obra.
la obra de arte, sólo puede venir de allí. Por
Yo no me explico semejante ceguera. Y pienso eso. el a r t e naturalista imitativo, quedará
que los ejemplos que dió. para norma de lo
m uerto. Y después hay el arte falso
que debiera ser el arte verdadero, liarían dor­ siempre
(que
pretende
im itar al arte de creación) y
m ir al pueblo.
que es una ilusión del pintor vulgar, una fan­
Arte burgués, llaman, en cambio, al arte tasía hueca.

REMOVEDOR

En fin: que en el mundo bav arte para to­
dos, y que por tal razón nadie tiene derecho a
quejarse, ni nadie tiene derecho a querer en­
cerrarlo en una única fórmula, ni a orientarlo
en un sentido determ inado. í l ). Pero hay
arte bueno y arte malo. Y de ahí viene la pe­
lea. Porque cada bando defenderá el grado de
verdad que alcanzó.
Apesar de todo c s q , no conviene olvidar lo
que decían los antiguos: «Yox populi, vox
Dci». En el fondo del fondo, tiene razón el ig­
naro. el que no entiende de arte, según sole­
mos decir. Es aquello que reprochaba Marga­
rita a Fausto, cuando pretendía, con sus cap­
ciosos razonamientos, justificarse: «Hablas
cojo, porque no eres cristiano». Habla cojo
Picasso, «nialgré tout».
Primero, porque en su obra últim a, hay alijo
que repugna, por contravenir al arquetipo hu­
mano que todos, más o menos, llevamos en la
m ente; y segundo, porque, apesar de su enor­
me fuerza, manifiesta evidente debilidad, al
recurrir a tal expresionismo para obtener una
libertad que le es necesaria, substrayéndose
así a la responsabilidad, ante un intento de
perfección plástica, de hacer un juego limpio
dentro de un equilibrio lógico, fuese o no geo­
métrico o esquemático (tal. por ejemplo, el
arte negro I ; pues, creo que no existe unidad
en sus creaciones, justam ente a causa de una
falta de identidad entre la forma esa plástica y
el espíritu que la anima. Dentro de la plástica,
no ha creado un ser viviente, viable, autóno­
mo. Y eso puede reprochársele, por ya no to­
m ar el modelo como un mero pretexto (como
debía ser) sino que se mete con él para tritu­
rarlo y atorm entarlo. Pero, si él es eso ¿que
reproche puede hacérsele? ¿Xo nos revela al­
go de muy profundo e inédito? Basta, pues.
Pero, eso no quita fuerza ni valor, a algo uni­
versal, que está por encima de todo, y que su­
fre ante tan desaforada expresión. (2).
Decía Goya: «El sueño de la razón produce
monstruos». Mundo incontrolado, éste de P i­
casso. nos m uestra, por eso, y m ejor que en
ninguno' de sus innum erables modos dentro de
la pintura, el fondo de su personalidad, lo que
él es, y más ampliamente. Picasso en pleno.
Por esto y basta el presente, yo no vacilaría
en decir, que tales expresiones plásticas, son lo
máximo de su creación. Es lo que ya no puede
form ar escuela (como por ejem plo, el Cubis­
mo) pues es algo que emerge de lo más pro­
fundo de su ser. Es una genuina expresión del
moderno romanticismo (por oposición al arte
clásico) y fruto de la exaltación de lo perso­
nal, del superhom bre, del hombre - Dios. Y
que se me perdone si estas consideraciones lian
desbordado el tema que me había impuesto.
J. Torres Garría.
-

Febrero 8 de 1946.

(1) Se dice aquí e-to, en el sentido de que, aparte
del arte bien orientado, deben existir m últiples for­
mas de arte, para dar satisfacción al abigarrado con­
junto social.
(2) En general el público rechaza toda innovación,
pero no m e refiero aqui a ese rechazo que debe de­
plorarse, sino a su repudio por lo contra - natura, por
lo m onstruoso, y que es en donde puede tener razón.

�í FUNDACION ESPIGAS
1 Buenos Aires • /Argentina

platonismo en el arte moderno
Platón dice, en el Filebo, que el bien so
identifica con tres ideas, a su vez entlPe si iden­
tificadas: idea de belleza, idea de medida, e
idea de verdad. Y en El Banquete, expresa
que el amor, que eleva al hombre a la ciencia
suprema entre todas, la ciencia de lo bello, no
tiene como objetivo la belleza misma, sino
crear en la belleza. Y el amor anta engendrar
porque — flaco e indigente, pero «. . . gran
cazad o r... — filosofando incesantemente, en­
cantador. mago y sofista» anda siempre ena­
morado, angustiado y ham briento de inm orta­
lidad. Esta fobia inmortal, hum ana, a la muer­
te. se traduce, en el hombre común, en ganas
carnales que producen hijos de la carne, a su
vez fobiosos. cadavéricos y arrecidos en sus
hambres. En cambio, «los que son fecundos
por el espíritu», vagan «ausentes y presentes»,
absortos en lo amado, hasta que llegan al tér­
mino de sus ansias: el encuentro con la «be­
lleza eterna, increada e im perecedera, exenta
de aumento y de disminución».
¿Qué actitud más propia del artista, que esa
platónica buida de si mismo, a través de la
propia alma, en busca de sus más recónditos
orígenes confundidos con un bien, una ver­
dad y una belleza inmortales e imponderables?
¿Qué más propio del arte que m irar la rea­
lidad como si se la recordara: como si del en­

¿ADONDE

frentam iento con el duro, incoloro, e insí­
pido objeto de todos los días, de todo tiempo y
espacio, -altara, desde el fondo de la reali­
dad. y a través de nuestro propio fondo, un
vivísimo objeto, increado y definitivo?
Es propio, sí. en el artista de todos los tiem­
pos. este particular enfrentarse con la reali­
dad. pues no valen «Las Meninas» por el pa­
rentesco que pudieron tener con las meninas
reales, sino como representación del universo%
estético hacia rl cual Y elazquez estaba pro­
yectado. la hiperurania región de lo suprasen­
sible que sólo el arte puede sensibilizar. Pero
si bien es esta una condición necesaria a todo
hombre de arte sólo en el moderno creador se
convierte, además, en una actitud consciente y
reflexiva. Y de esta conciencia surge la pre­
ocupación por ella misma y sola desechando
los elementos que la disimulan.
De ahí que el artista de hoy expresa su
mundo sin concesiones a la envoltura imperso­
nal de las cosas: de allí tam bién que hoy, más
que en todo tiempo, el hombre de las cosas,
el que es, sin un pesar, una cosa más, se sien­
ta atónito y ofendido como nunca de que lo
obliguen a chocar con elementos en los que
no puede reflejarse y de los cuales le es im­
posible participar.
Y basta ' el propio superrealismo siente en

VA

carne viva las ansias de esta evasión, sólo que
en vez de evadirse de los objetos reales, se
evade de los cotidianos por via de la defor­
mación que es aquí un fin y no una consecuen­
cia de la búsqueda de una armonía escondida.
Y es que el arte busca esa armonía de ob­
jetos. deformados sólo a los ojos de aquel que
quiere encontrar a toda costa, donde no los
hay. sus objetos, los de su vida, los que son él.
Pero lo que hace que el arte choque con la
vida y el m undo de siempre, es que m ientras
la filosofía, el pensamiento, asciende desde lo
cósico a lo entitativo. el arte invade la reali­
dad con el mundo del espíritu: y este irrum ­
pir de lo artístico en lo real es hoy más vio­
lento que nunca, pues en vez de eso artístico
traslucirse en las cosas se opone a ellas, apar­
tado y consigo mismo para siempre.
En la plástica, es indudablem ente en el
constructivismo donde este platonismo, del
que habíamos pensado hablar, se presenta con
mayor nitidez, problema que será el asunto de
un próximo artículo en el que procuraré re­
dim irm e de las oscuridades y lagunas que en
estos inconexos párrafos apresurados — que
deberían ser despaciosos — no he podido evi­
tar.
Guido Castillo.

LA P I N T U R A ?

C o n te sta ció n d el m aestro Jo a q u ín T o rres - G a r c ía a esa p re g u n ta ,
q u e fo rm u la se la R evista " C o n tra p u n to " de
re sp u e sta a p a re c ió en el n ú m ero 6
Aunque baya millones de seres que ven y
distinguen los objetos por sus colores y luz que
ellos toman, los ciegos podrán afirm ar que no
hay tal cosa, sino ese abismo negro y uniforme
en que viven. Porque, en efecto, como decía el
viejo Schopenhauer, nadie puede ver por en­
cima de si mismo. Quieren, por esto, y con­
tra toda evidencia y razón, que el arte vaya
hacia lo tem ático: que esa es la flecha que
marca la debida orientación actualm ente; y
de ahí seguir que el arte deba de ponerse al
servicio de cualquier movimiento revolucio­
nario (los hombres sí, no el arte) y así llevar­
lo a servidumbre. No, y mil veces no: el arte
se afirma en su propia base o deja de ser arte.
Naturalm ente, todo esto tendría que pro­
barlo, pero no dispongo de tiempo para ha­
cerlo y sería interm inable. Doy, pues, sólo mi
opinión, y quien no esté conforme, allá él.
Después de todo, siempre eso es lo m ejor, y
no el discutir, ya que a nada conduce. Y tam ­
poco bav que dar el gusto a la gente que gus­
ta de eso.
No creo que el arte evolucione les decir,
que pase de la vulgaridad en que se encharca,
para llegar a la música y la verdad de lo pro­

(oct. 1945)

B u en o s A ire s. Esta

d e d ic h a p u b lic a c ió n .

fundo) merced a las teorías de filósofos y crí­
ticos, sino sólo únicamente, por la existencia,
en un momento del tiempo, de hombres do­
tados para la creación. Creo que este es el
único pilar sobre el que se sostiene el arte. Pero
a veces un artista escribe —se dirá— y es cier­
to. pero será, o bien para poner en orden sus
propias ideas, o para revolverse indignado
contra falsos artistas y teorizadores que pre­
tenden ser tenidos por creadores o maestros.
Pero dejemos eso.
¿Adonde va la Pintura?
La Pintura, en prim er lugar, no va; viene
en todo caso: viene de la tradición de la bue­
na pintura, de las obras; pero m ejor será de­
cir, que no va ni viene, que se está queda;
firme en su propia base, que es ella misma, y
que existe por la existencia de verdaderos pin­
tores. Los cuales, toman de todo lo que ven, y
por esto, en cada momento, da expresiones dis­
tintas; es decir, que varía en lo externo, pero
no en lo profundo. Y' además, que como el ar­
tista tam bién es un hom bre, da, a través de
ella, v como al descuido (no intencionadam en­
te i sentimientos, emociones y pensamientos,
de hombre. Pero estos llegan a ese ámbito,

donde no hay día ni noche, ni tiempo ni cosa,
muy filtrados, sin que logren turbar la paz
soberana de lo eterno.
Llegar a com prender lo que es la verdadera
pintura, es todo: después, que el artista haga
lo que quiera, pues su norte es él mismo. Pero,
a cierto nivel, todos coinciden (y tiene que ser
lógicamente así ya que contem plan una mis­
ma verdad) y de ahí los movimientos que se
originan. Y así. variando, la Tradición persis­
te. Y" esos movimientos se pretenderán expli­
car (en vanol y catalogar, sin que, tal clasifi­
cación, sirva de gran cosa; al revés, creo que
sirve para enturbiar las cuestiones.
La Pintura, existe y existirá siempre, por­
que siempre habrá espíritus alertas que si un
día ven un cuadro, despiertan y se sienten pin­
tores. Porque, como escribió m uy justam ente
M alraux (y así vale escribir de pintura) vie­
ne la visión y el deseo de pintar, de la vista
de una verdadera pintura; y que el poeta, an­
tes de escribir un verso, pensó en otro verso.
Por esto, es seguro que más aprenderem os en
las obras de Leonardo de Yinci. que en sus
escritos, que dudo que, salvo muy poca cosa
aprovechable, puedan servim os de nada.

�Sobre ciertas inexach'hjdes de Eugenio D’Ors,
con respecto a la obra de Torres - García
En uno de sus últimos l¡l&gt;ros, titulado «Mis
Salones» (Madrid 1945!, Eugenio D’Ors, se
ocupa en apartado especial, de Torres - García.
Y lo hace anotando una circunstancia, en la
ohra del maestro, que no deja de ser en cierta
manera sorprendente, desconcertante V más
que eso, discutible. Así como en Picasso, Eu­
genio D'Ors dio en ver un italianismo, o por
lo menos una lejana raíz italiana, que en ver­
dad no era. según el consenso de los entendi­
dos, sino su más decantado andalucismo, su
auténtico modo gitano; en el caso de la obra
de Torres - García, posterior a sus murales y
pinturas» «neoclásicas», D'Ors dice ver exceso
de orientalismo.
El texto exacto de Engenio D’Ors es el que
sigue: «La juventud de J. Torres - García, buscó
m ejor oriente en Cataluña, para desembocar
algo tardía y marchitamente, en excesos de
orientalismo, que, si bien captados viajeram en­
te en París o en Italia, asiáticos eran por lo es­
casamente figurativo y por lo sobradamente
deshumanizado de su inspiración. Llegó un
día en que la persona cerró la anécdota del
círculo regresando a Montevideo: desde enton­
ces poco supimos de su a r te ... e tc .... (1).
La parrafada tiene, a cada paso conceptos
absolutamente discutibles si no francamente
errados, y lo que en p r i m e r térm ino sor­
prende es la adjetivación (tardía y m archita)
que usa para calificar una época que es tal vez,
dentro de una obra de sorprendente unidad de
espíritu y estilo nada menos que el comienzo
de lo más brillante de la experiencia de To­
rres-G arcía, pintor: su constructivismo.
Quizá la pose paternal con las ideas neoclá­
sicas, adoptada por Eugenio D’Ors con respec­
to al movimiento catalán, el cual en verdad no
se debía a él, porque él era un producto del
movimiento más exactamente, haya determ i­
nado, por una de esas razones regionales o
pueblerinas, la excomunión intelectual de
aquel disidente —que no fué tal— que se lla­
mó Torres - García. Ese prurito, o tal vez re­
flejo, desde luego inconsciente, de los que
quedan, m ientras ven que sus vecinos crecen,
es quizá la razón más próxima del «tardía y
marchitamente» de Eugenio D'Ors.
Si el « tard ía» ... etc., puede explicarse por
las razones antedichas, ver carga de orienta­
lismo i no ya matiz, lo que sería más aceptable,
desde que no es posible regular las asociacio­
nes de ideas de los espectadores de una misma
obra de arte), se me aparece como un error
de perspectiva del escritor catalán. Porque no
creo que sea discutible, la íntima participa­
ción de la obra de Torres - García, en el mo­
vimiento que significaba «Cercle et Carré» de
la prim era época, al cual se referían de ma­
nera inequívoca, 1 o s occidentalísimos Mondrian, Klee y otros que no lo fueron menos.
De tal manera que si la obra de T orres-G ar­
cía está ligada profundamente al espíritu de
la plástica post - cubista, toda de tendencia
francamente apolínea y constructiva, preten­
der ver «orientalismo» en ella, es suponer un
apartam iento exótico de Torres, que aún li­
brado a su personalidad no tuvo lugar, por esa

activa participación del maestro en el arte oc­
cidental y europeo que practicaba.
Y si en alguna corriente tradicional o arcai­
ca podía hacer pensar la obra constructiva de
Torres - García, creo que esa podría ser como
ya se ha dicho mucho y por muchos,— jus­
tam ente la que constituyeron las viejas cultu­
ras americanas.
Y nunca, claro está, en el «orientalismo» de
que habla D’Ors que trae im plícito un concep­
to de sensualidad del cual está lejos la obra
de Torres - García, no por m ayor o menos mé­
rito. sino sencillamente, porque es todo lo con­
trario a lo sensual.
Y en cuanto a lo «escasamente figurativo»
sólo cabe agregar que ese fué. y sigue siendo,
uno de los caracteres más representativos del
arte occidental moderno, y que por la vastedad
de su aparición no debe tomarse, so pena de
pecar de inexactitud como una condición im­
portada o ajena, sino, (todo así lo señala),
como la resultante lógica del proceso de ma­
duración y experiencia que cumplió el arte
del occidente.
Todavía D'Ors a renglón seguido erra más
gravemente, cuando supone, (además de los
orientalismos que señala un tanto despectiva­
mente, porque involucran, para él, parecería
un estado de decadencia), cuando supone di­
go, que Torres, venido a Montevideo, cierra
su círculo.
Torres, en Montevideo se identifica aún
más con sí mismo, y además de producir al­
gunas de sus obras más im portantes, realiza
dos empresas que no tienen igual en toda
América.
Una, es la renovación de un am biente que
no diferirá en mucho con otros tal vez de

más nombre, por medio de- la creación de su
escuela y taller cuya actividad de pintura y
publicaciones determ inarán a plazo no muy
largo, generaciones regidas por un concepto
más claro fie la plástica y con entronque más
vivo, con las culturas de América y la tradición
universal de la pintura, y que no tendría el
interés que tiene, si no estuviese basada en su
obra propia de pintor, que es quizá la más
im portante de América y por lo tanto reflejo
de ella misma.
Y la otra, que aún debiendo estar com pren­
dida en la anterior, escapa por sus especialísimas cualidades a una enum eración total y me­
rece mención separada.
Nos referim os a las decoraciones murales de
la Colonia de Saint - Bois, en Montevideo, que,
aún siendo tan diferentes a las que D’Ors co­
nociese y tantos otros, eir el Salón de San Jor­
ge. o el Ayuntamiento en Barcelona, están
sostenidas por el mismo espíritu de proporción
estructura y pureza, pero liberadas de todo
lastre figurativo y que, referidas solamente a
sí mismas, se gozan en su soledad de cosa pura
No sé si Eugenio D’Ors, que dice saber ac­
tualm ente poco de Torres - García, habrá te ­
nido ya ocasión de ver las reproducciones dr­
ía decoración a que aludíam os y que circulan
en libros recientem ente editados.
Creemos que para arrogarse el derecho de
criticar desde tan alta fama, cuanta es la que
Eugenio D’Ors ha conseguido, es m enester
com plem entar, o cim entar tal libertad, en la
inexcusable obligación de llegar más cautelo­
samente a obras de tan fino espíritu y tan de­
cantada presencia, cual son las obras del maes­
tro Torres.
Sarandy Cabrera.

(1) El subrayado es mío.
TALLERES L.I.G.U.
AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX:REMOVEDOR

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N1 9
D

i c i e m b r e

1945

Organo

redactado

y editado

exclusivamente por i nt e gr a nt e s del
TALLER

TORRES

-

GARCI A

el ejem plar

�Razón de ser del arle conslruclívo
En la era prehistórica, y tras el primer bal­
buceo del hombre — niño, que tuvo que hacer,
por espacio de millares de años, sus experien­
cias físicas, tuvo que venir un segundo momen­
to. en el que, ya más conciente, se comenzó a
dar cuenta de la relación que existía entre él
y las cosas. Pero, al hacerlo, luego desbordó es­
te propósito (quiero decir, de esa relación con
lo material inmediato I y quiso considerar, más
bien, la relación objetiva de las cosas entre sí y,
sobre todo, dentro del orden cósmico. Puede de­
cirse que, desde este momento, entra en una
verdadera metafísica. Se destaca, entonces, un
sentido moral: ya es un ser vinculado a un or­
den superior. Y este primer hecho, será la pie­
dra angular sobre el que se basará todo el sen­
tido religioso del futuro, en el desarrollo de las
mayores culturas. Y, tal posición, será ya la nor­
mal en el hombre, cada vez que éste desee en­
contrar un equilibrio, que yo llamaría clásico,
y que es fundamental.
Ésta posición del hombre en el mundo (es de­
cir, dentro de una concepción metafísica) es la
que perduró hasta el albor del Renacimiento.
Existía, para ese hombre, un mundo ideal, y
todo lo del bajo mundo físico, debía de rela­
cionarlo con aquel. Existe en el todo, no en la
parte. Por esto, cuanto haga, es, en mayor o
menor escala, transcendental. Está en lo uni­
versal y no en lo particular, en lo eterno y no
en lo temporal, en lo fijo y no en lo pasajero,
en el espíritu y no en la materia. Y' en tal ac­
titud y criterio, pudo crear las mayores obras:
las más elevadas, las más armónicas, las más
profundas, y las más duraderas y bellas.
Yo, pai'ticularmente, no puedo admitir para
el hombre, más que esta posición metafísica,
que, como he dicho, es la clásica y normal, y
que podría'sintetizarse en una sola frase: equili­
brio humano.
Pero, tras esa concepción, tuvo que venir
ot^a, que si bien puede explicarse históricamen­
te, no así en su esencia, o sea en cuanto a su
origen profundo. Y^ entonces, la antigua concep­
ción metafísica, tuvo que ser substituida por
otra totalmente física.

El I r i u n f o
Si señores, el constructivismo ha triunfado.
Pero no os asustéis, la Cámara de Diputados no
decretó que el arte constructivo se constituyera
en arte nacional; la crítica entrada en años si­
gue bucólicamente uncida a su antiguo carga­
mento; y las últimas investigaciones han reve­
lado que ni siquiera el menor de los ministros
se detuvo jamás dos veces frente a un cuadro
de Torres - García.
No señores, el triunfo a que me refiero es
de una índole triunfal que trasciende de vos­
otros y que vosotros no podéis entender, ya que
todo el que la entiende deja de ser quien era,
antes de este supremo entendimiento que im­
plica igualación del entendedor con la cosa
entendida, que significa acción de él en ella y
por ella.
La victoria de que yo hahlo sucedió, en esen­
cia hace ya muchos años; se remonta al primer
cuadro constructivo pintado por Torres - Gar­
cía. Este acto del maestro Torres representó el
triunfo del espíritu sobre la materia o, mejor,
el secuestro de la materia por el espíritu, que
la arrastró hasta sus dominios, que le enseñó su
lengua, y que, uniéndose a ella, la preñó de sig­
nificación.
Vosotros pensaréis que todo esto es divagar
sobre cosas sin importancia y, además, pasadas.
Y o os digo que las tales cosas que no os impor­
tan no tienen, ni pueden tener conjugaciones
pretéritas, pues el artista crea de su lucha con
el tiempo, una objetivación intemporal de su
propia temporalidad trágica, que por su misma
fuerza creadora construye elementos extradra­
máticos que vivirán por siempre como lúcidos
presentes, como resultados de haber asido en
un momento al ser, al propio ser inmomentáneo
y presentísimo.

Desde este momento, ya el hombre no mira
hacia su mundo interno, que es la ruta o cami­
no para encontrar lo universal, sino que quiere
mirar solamente hacia fuera, hacia lo particular:
entonces, pesa, mide, cuenta, analiza, experi­
menta, etc. A la Verdad opone las verdades, a
lo uno lo múltiple, a lo abstracto lo concreto.
Nueva senda que debía conducirle al mundo po­
sitivista de hoy. Es decir, a una subversión to­
tal de valores. Podría decirse que opone al
hombre abstracto, el hombre real. Y por esto,
lo que antes fuera colectividad tórnase indivi­
dualismo.
Con relación al arte, esto determina dos gé­
neros absolutamente distintos: el arte universal,
y el arte particularista, el arte abstracto y el
arte naturalista, el arte del Hombre y el arte
de Pedro o Juan. Entonces: pintura monumen-

REMOVEDOR
Año 1

Redactor Responsable

N° 9

tal planista y pintura de caballete a tres di­
mensiones.
Como he dicho otras veces, ambas pinturas
pueden coexistir en un mismo pintor, según
quiera considerar el universo, o el mundo real
en que habita. Y* está bien que así sea, pues
él mismo está en esas dos plataformas. Además,
que la obra se determina, según el destino que
pretenda dársele: será abstracta, real, bidimensional (planista) simbólica, geométrica, univer­
sal, ordenada, si se la consagra al muro en edi­
ficios públicos, porque tendrá que ser el arte
para todos; y por el contrario, tendrá que ser

naturalista, a base de las tres dimensiones, de
expresión personal y particularista, (si bien ni
descriptiva ni imitativa, sino sintética y cons­
truida con elementos plásticos, y por esto pin­
tura pura, ya que su finalidad se afirmará so­
bre su propia base) y será la pintura para la
casa particular del hombre.
Pero aun hay otra razón para que existan esas
dos pinturas, y hasta que coexistan en cualquier
pintor: y es que. hasta antes de la segunda mitad
del Renacimiento, lo que podemos entender por
pintura a tres dimensiones, dentro del fenóme­
no luminoso con todo el particularismo que es­
to impuso, no existía; nació, podemos decir, en­
tonces, y hoy ¿es que podemos y debemos igno­
rarla? No, por cierto, y más siendo lógico que
exista. Pero, aun así considerando las cosas, a
nosotros artistas de este momento, se nos plan­
tea un problema que no debiéramos eludir: el
de dirigir la conciencia humana hacia los valo­
res universales, por entender que el hombre, y
pese a la moderna y gigantesca concepción fí­
sica del mundo, debe volver al antiguo equili­
brio metafísico.
Lo que acaba de decirse, no supone que tal
arte universalista, tenga que ser descriptivo ni
aun simbólico, y aunque' pretenda mantenerse
en ese equilibrio metafísico; le bastará que, por
su estrdetura, realice esa síntesis; que sea, plás­
ticamente, dentro de sus valores propios, una
equivalencia; es decir, operando, con total in­
dependencia, dentro del plano abstracto del rit­
mo y la geometría. Y aquí debo repetir lo que
ya he dicho otras veces: que tal arte, ha de ir
de la geometría a la naturaleza, y jamás a la
inversa. Por esto, no será nunca descriptivo ni
imitativo, pero tendrá que ser siempre univer­
sal. Emana todo de lo puro, y esto lo Salvaguar­
da de caer en lo anecdótico. Será la obra en su
totalidad, real y objetiva, la que, con su exis­
tencia, afirmará, en su pura finalidad construc­
tiva, la adecuada posición del hombre en el
Universo. Y esto, para todo artista, puede cons­
tituir una nueva fe.
J. Torres - García
Noviembre de 1945.

d el co n stru ctiv ism o
Si he hablado de este triunfo sustancial de
Torres - García, es para que quede bien claro
que cuando me refiera a cualquier otra gloria
será con la conciencia de su índole relativa, apariencial y perecedera. Y’ es así que la estructu­
ración de un cuadro, la composición de una
página musical o la realización de un poema,
traen consigo la infinitud, pues el artista en
ese momento ve la eternidad, y ver la eterni­
dad, tocarla, significa estar ya con toda el alma
clavada en. lo eterno. Esta es la única forma de
inmortalidad, y poco ha de agregarle el durar
en la memoria humana, que el hombre ha de
morirse, que la humanidad ha de morirse y
que la Tierra y sus mundos hermanos morirán,
para vagar por el espacio como duros cadáveres
movidos por fuerzas heladas, sin rastro de arte
ni de vida, sino sólo la pura materia en su per­
fecta soledad. Al artista no ha de importarle
que como dice Lucrecio «la muerte inmortal
arrebate la vida mortal» que es imposible qui­
tar con ella nada de lo que se logró: el acto
inmortal, el «infinito intensivo».
Mas he aquí que esta única forma de inmor­
talidad que se logra en el instante humano — la
vida de la humanidad— y que lo sobrepasa,
mientras dura en el tiempo, todos aquellos que
emplean la exigencia de Empédocles de «divi­
dir bien el Logos, distribuyéndolo bien por las
entrañas», frente a la obra inmortal se inmorta­
lizan también de esta manera.
Considerando además que si bien el momento
del hombre es el que permite la realización del
acto artístico 5- el que regula las condiciones pre­
vias a su aparición, determinando sus caracte­
rísticas externas, el mundo del espíritu a su vez
establece inusitados recodos en el sendero rigu­
roso de nuestro patético animal.

Y es precisamente a los recodos con que To­
rres - García ha dificultado la comodidad de
nuestro camino que va dirigido este artículo.
Es un hecho innegable que el constructivismo
significa un acontecimiento decisivo en el ámbito
espiritual de América y, especialmente, de nues­
tro suelo. Pero, en este respecto, es necesario
aclarar muchas oscuridades y corregir muchas
equivocaciones.
La importancia del constructivismo no radi­
ca en el hecho de que «ésta corrupción de la
plástica» sea, como muchos creen, uno de los
tantos representantes de las últimas etapas evo­
lutivas del arte europeo. No, la posición estética
de Torres - García, no es hija ni tributaria de
Europa, sino que, por el contrario señala una
dirección completamente distinta a las que mar­
can las diversas escuelas del Viejo Mundo. No
pretendemos con esto negar el parentesco que
tiene la obra del maestro Torres, con la mayor
parte de las corrientes estéticas que han cam­
biado el panorama intelectual del mundo, y de
Jas que él es uno de sus más destacados repre­
sentantes. Mas, he aquí que con el constructi­
vismo se plantea una situación completamente
inusitada que proyecta al hombre hacia lo uni­
versal, en un supremo afán de purificación y
de reintegración a los eternos recintos rejuve­
necidos del gran arte colectivo.
Extraordinaria y magnífica paradoja la de
este hombre Torres - García, pues en una época
en que todos los grandes artistas buscan indi­
vidualizarse por el arte, dar lo inédito, lo origi­
nal, lo único, lo propio, él, siguiendo ese mismo
camino individualista que caracteriza nuestro
siglo, y por el sortilegio de una poderosísima
personalidad, arriba a un mundo que desdeña
( Pana

a

la

p á gin a

s ig u ien te)

�"Primitivismo", d e c o r a c ió n m ural
Así como la revalorización de Góngora, jus­
tísimo homenaje al «Cisne cordobés», dio ori­
gen a un neogongorismo, o «pastiche» de lo gongorino. i esto -i enormemente artístico y estéti­
co). la revalorización de la? formas del arte pri­
mitivo y el consiguiente gusto, o boga de lo
primitivo, ha dado lugar a lo que con propie­
dad se ha llamado «primitivismo».
^ ese «Primitivismo», justamente, ha caído
en todos los vicios en que su condición de na­
cimiento le aportaba.
Ha resultado la figuración de las formas ex­
teriores primitivas, y uo, una forma debajo de
la cual se halla como sostén, un proceso de as­
censión. o problema de técnica y desenvolvi­
miento. idéntico al que determinaba a aquella
forma que hoy pretende darse, Icircunstancia
ésta imposible de concitar). Ha sido el aparato
exterior de un organismo desconocido, y ha des­
figurado. como quien copia un sistema de sig­
nos convencionales que no conoce, los caracteres
mas expresivos o auténticos del mismo.
Tal vez la acogedora pendiente del exterior
primitivo ( la nunca bien ponderada «dureza»
del Giotto. la finísima plástica de lo «grotes­
co» africano) hayan sido los cebos más urgen­
tes, para los que tentaron o tientan camino tan
engañoso.
De allí, que de ese difícil simplismo, infor­
mado sin duda por un proceso y una urgente
angustia vitales, no hayan sacado quienes bus­
caron esa referida manera primitiva, sino la du­
reza verdadera y lo grotesco absoluto.

Porque a lo primitivo o arcaico lo define, en
última instancia su lucha con el material, di­
ríamos precisamente el ’ gusto (no meramente
estético o frívolo, sino artesano) del artista por
arrancar al material los acordes que éste con­
cede gratuitamente.
Tan sería así. que en este proceso y. cuando
el material da su última nota propia equipara su
participación en la obra con la del artista que la
produce, se tiene el arte clásico y con él y si­
multáneamente el camino para lo barroco queda
establecido y el material, obligado a dar todas
las posibilidades que prometía, sin poder mostrar
su calidad particular, se encuentra dominado,
si no pervertido.
Así mismo, lo que se define como primitivis­
mo. no sería sino una forma de lo barroco, fal­
sa, no por barroca, sino en tanto en cuanto,
pretende producir artificial, o conscientemente,
formas que no tienen vigencia y a las cuales no
corresponde una realidad.
Porque si Giotto, Ciinabúe, Piero della Francesca, etc., producen una forma auténtica de lo
primitivo, desde que se oponen a un problema
porque enfrentan la dificultad real de la deco­
ración mural, quien quiera reeditarlos o produ­
cir su clima de ellos no produce, seguramente,
sino el traje de un hombre ausente.
De la misma manera, la pintura mural que
se llamó de escuela Mexicana, auténtica en lo
que tenía de artesanado, y equivocada en lo
que no tenía de arquitectura y en lo que tenía
también de cierto primitivismo tiene su expli-

En el mundo hav actores y espectadores. Los primeros son machos; los
segundos son hembras. A éstos se les llama críticos en arte o conductores en
electricidad;

a aquéllos se les llama

en

la

sangre

o

manéenlas

CESAR VALLEJO

e n e l r e l o J -

El t r i u n f o

héroes

de l

consírucíivismo
(V ien e

los particulari?mo? en bien de leyes eternas
que rigen el espíritu y a las que sólo se llega
actuando el sentimiento individual a través de
la suprema razón.
Todas estas aparentes contradicciones se acla­
ran si consideramos que. como él mismo lo afir­
ma y como lo vió bien claro Juan Larrea, To­
rres - García es un místico paradógico de pura
vida, como todo místico, que busca, por el im­
pulso de si mismo, salirse de sí para disolverse
a si propio en una luz impersonal y eterna.
N desde este neo-platonismo pitagórico, per­
seguidor del símbolo vivo, alcanza una forma
plástica que nos personifica frente a Europa, y
que nos salva de su erudita decadencia.
No se piense que yo creo que el arte de To­
rres - García es consecuencia de una determina­
da posición filosófica; opino precisamente lo
contrario: que su filosofía — si es que tiene al­
guna en el riguroso sentido que se le da hoy a
la palabra— ha sido provocada por el universo
artístico por él creado. Es así que toda esa gen­
te que dice que los cuadros del maestro Torres
son magníficos, pero que en tal o cual conside­
ración científica se equivoca, poseen una com­
prensión más que mediocre, ya que es tan pue­
ril exigir de un confrontamiento artístico con
el mundo, resultados racionales, como pedirle a
un místico una explicación de la existencia di­
vina. Así como el místico no tiene una razón
de Dios, sino una vivencia en Dios, el artista no
le pide al mundo razones, sino elementos exis­
tentes para una nueva creación cósmica, trans­
formadora de la realidad.
¿Comprendéis ahora cual es el segundo triun­
fo de Torres - García? Vamos a sintetizarlo en
pocas palabras:
El Torres - García ido a Europa, aprende en
ella, como pocos, toda la sabiduría, los miste­
rios y los virtuosismos de la pintura clásica:
muy joven, aun. busca ya nuevos caminos, en
los que produce obras definitivas. Siente, como
algunos otros artistas la necesidad de arribar a
otro mundo del arte ya anunciado por Cézaane.
Es entonces que Torres-García, se empieza a di-

de

ln

páiriun

a n terior)

ferenciar, poco a poco, del denominador co­
mún de las escuelas europeas que habían des­
arrollado la larva cezanniana con injertos de ar­
te negro. El artista ve ya un panorama genuinamente nuevo, y con ese mundo inédito se vuelve
al Nuevo Mundo, su tierra natal, comprendien­
do que sólo América, puede darle la fuerza ne­
cesaria. a esta maravilla espiritual salvadora
de la plástica.
Y tenemos que el constructivismo, inevitable­
mente afianzado en América, es cada vez más
poderoso, pese a todas las resistencias de los
consabidos y eternos desheredados. Ejemplos de
este triunfo son los elogios de los mejores crí­
ticos americanos y europeos, la admiración de
artistas como Vicente Huidobro, Juan Larrea,
Jules Supervielle, etc., y, sobre todo, el núcleo
de pintores formado por Torres r García, que
pese a la rivalidad de los jurados — Augusto To­
rres, por ejemplo, no ha sido premiado en casi
ninguno de los salones anteriores, y en este úl­
timo es rechazado— es del dominio público que
representan lo mejor de la pintura uruguaya.
Torres - García, además de discípulos, posee
aquí apasionados defensores, entre los cuales
tengo el orgullo de contarme.
Y con respecto a esto de la pasión, que parece
ser un hecho afectivo desdeñado por nuestros
tibios v modositos intelectuales, hasta una per­
sona que creo inteligente, me dijo, cierta vez,
que yo pecaba por exceso de apasionamiento,
atribuyéndole este defecto a mi juventud.
Tal es la condición de la mayor parte de los
individuos cultos de nuestra tierra: falta de
identificación vital con sus creencias, carencia
de amor y de angustia.
Y ésta es una nueva fase del triunfo de To­
rres - García — más apasionado que ninguno—
que supo alentar no la pasión de la juventud,
que es cosa de glándulas, sino la juventud de
la pasión, que es cosa de espíritu.
El L'ruguav le debe y le deberá siempre a
Torres - García, el haber orientado a individuos
que viven el arte y que aman sus amores.
Guido Castillo

cación. ^ es válido para el pintor de hoy, tener
presente, todas las dilatadas experiencias que
lo preceden al producir su obra, pero no le es
lícito, pretender conformar con exterioridades
o apariencias de toda esas vivencias, una obra
duradera v real. Justamente, nuestros improvi­
sado? pintores murales han pretendido tal empresa. Por esa razón hemos visto los proyectos
para las decoraciones murales de la Biblioteca
Nacional, \ verificado que todos ellos son «pri­
mitivistas» y falsos, desposeídos de esencia, aun­
que les reste solamente la trLste virtud que sus
autores no pudieron prever) de encajar con el
proyecto ¡le la Biblioteca, también falso, sin
honradez, ni salud arquitectónica.
Lo? provectos en cuestión, son un producto
fal so barroco, que pretende hacerse pasar por
primitivo v a los cuales no salva ni el conoci­
miento del oficio de sus autores porque éstos
no pueden evidenciarlo.
Lo barroco auténtico se da, así como lo neo­
clásico. como resultado de una exacerbación, o
paroxismo de la tradición técnica; pero cuando
ésta o la línea da evolución fallan, lo que se
produce lio es ni barroco ni neoclásico sino ca­
ricatura.
Tres han sido las direcciones que tomaron
nuestros pintores. Una inclinada hacia la pin­
tura &lt;le fresco italiana: otra hacia la mural, de
apariencia Escuela Mexicana, y la tercera,
que por resultar una mezcla de cosas disími­
les. no tiene ni procedencia determinada — lo
que no importaría— ni dirección ninguna —
(circunstancia ya grave) — y aue permanece
determinada en su monstruosidad.
Y en este caso lamentable, está el proyecto
distinguido con el primer premio, que se sin­
dica por su puerilidad, su descomposición, v
su decorativismo, en medio de otros tantos pro­
yectos no menos tontos, ni menos adbsurdos.
En consecuencia, y vistas estas improvisacio­
nes que demuestran a sus autores confundiendo
el mural con la pintura de caballete, o la deco­
ración fácil o el nunca bastante olvidado «cua­
dro histórico», y que son exactamente lo que
corresponde al estudio de las circunstancias que
las rodean, las cuales hemos tratado de deter­
minar, el problema de la decoración mural, y
sus relaciones con la arquitectura permanece
desconocido para nuestros improvisados pinto­
res murales.
En todos los momentos de la historia del ar­
te, ha sido necesario enfrentar una realidad,
actuar sobre una materia, un problema, y la
pretensión de resolverlo con un contacto apa­
sionado. ha dado esa sutil y divina presencia que
es el arte. De ese contacto, hoy, aquí, es nece­
sario sacar la tónica americana, el entronque
vivo — no la reedición pueril— con la frontalidad y la geometría de las culturas de es­
plendor, todo esto sin olvidar la formidable
experiencia de la desintegración de las formas
cumplidas por el Occidente en crisis, pero que
es quizá la razón más próxima de esta integra­
ción que los pintores deben proponerse. Y que
Torres García y los integrantes del taller han
intentado pintando los murales de la Colonia
Saint Bois, sanísimo entronque con savias del
viejo continente v de este nuevo, y presencias
exactas y definidas, cuya aureola de escándalo
(normal siémpre que el arte, reservado a una
inmensa minoría, se manifiesta masculinamente,
contra o sobre las gentes de por sí estáticas y
pasivas) cuya aureola de escándalo, digo, me
recuerda' ciertas palabras de Valéry.
«Debe reducirse el a rte ... a la diversión de
nuestros semejantes y al manejo de sus almas
sin participación de sus resistencias? La res­
puesta es fá cil.. . Dejadnos caer de entre vues­
tras manos.
Pero algunos no se conforman y se quejan y
tampoco les basta con quejarse... Muy respe­
table es la impaciencia que impulsa a las gentes
a despreciar, a señalar con burlas todo lo que
no comprendan. Defienden como pueden su ho­
nor intelectual; protegen el rostro de sus inte­
ligencias. Me parece notable y casi hermoso que
algunos hombres no sean capaces de imputarse
esa especie de derrota de su espíritu, ni de so­
portarla a solas; tienen que referirla a sus se­
mejantes, como si la abundancia de espejos.. . »
Sarandy Cabrera

�DEL LIBRO " U N I V E R S A L I S M O

CONSTRUCTIVO"

'Tono y Color"
Ordinariamente, hablando de pintura, se ha­
bla. indistintamente, de tonos y de colores: y
aun con más frecuencia de estas últimos. Es que
vale emplear tal lenguaje? Indudablemente no.
Al contrario: conviene muchísimo señalar la
diferencia que va del color al tono. Y tan esen­
cial es, que de ello puede venir el tener o no
concepto verdadero de lo que es la pintura.
Pero ahora no nos vamos a ocupar de eso,
pues ya queda estudiado en otra parte de este
volumen. Pero hay algo con respecto a estos
dos conceptos, que conviene poner en claro, y
es lo que motiva esta lección.
Repitamos aquí lo que hemos dicho otras ve­
ces; el verdadero pintor opera con tonos y no
con colores. Por esto, tratándose de pintura, el
lenguaje correcto sería solamente hablar de
tonos.
Como puede pensarse, no nos mueve a con­
siderar esto, sólo lo que pueda referirse al len­
guaje. Esto nos importa poco. Vamos al concep­
to, que es para nosotros de la mayor importan­
cia. Sobre todo, porque dicha cuestión va liga­
da a un problema de los más interesantes.
Si recorremos el ciclo entero de la pintura:
esto es. yendo desde la copia de la realidad y
tras mil distintos aspectos, hasta la que puede
constituir su última etapa, lógica y normal, po­
dremos ver, que remonta la curva en el sentido
de escapar a la imitación, y, de más en más,
se hace sintética y absoluta. Y que, por este ca­
mino, al fin llega a la abstracción total, y en­
tonces, corta, diríase, con toda representación, y
no queda más que con sus valores esenciales:
el plano de color y la línea. Y' adviértase que
ahora digo el plano de color y que aquí no ha­
blo de tonos.
Llegada la pintura a ese estado de pureza
absoluta (y de esto ya se habla en otro lugar)
cercenando todo aquello que pueda ligarnos al
mundo, tenemos que sentir la angustia de ese
vacío total, y de ahí vendrá el deseo de reinte­
grarse nuevamente a la vida. Pero, al volver a
ella lo haremos en la misma forma que cuan­
do partimos? En modo alguno. Vamos muni­
dos, ahora, de sabias reglas constructivas, de
un concepto abstracto de los valores formales y
de tono. De manera, que si ahora volvemos a
la realidad, es para contemplarla dentro de un
•orden estético. Por esto, desde este momento, ya
no la imitamos. Partiremos de ella o la tomare­
mos por base, pero será para hacer un ordena­
miento. Y así, si volvemos al mundo, es ya en
forma bien distinta v con otro propósito que el
que nos ligó a él cuando partimos.
Pues bien: modernamente, tras esa pureza a
que quiso llevar la pintura, se cometió la enor­
me equivocación de emplear el color en vez del
tono (1). En la más intransigente ortodoxia, se
repudió toda mezcla de colores para darlos ab­
solutamente puros; por esto no se admitieron
más que los tres primarios: el rojo, el amarillo
y el azul — y el negro y el blanco— , Y esta
nueva paleta, que ya no era a base de tonos, se
dijo que era la que correspondía a nuestro tiem­
po (y que toda otra pintura era color sucio del
Renacimiento) y que marcaba un proceso muy
avanzado de evolución. Vemos, en cambio, que
fué un error, pues sin tono no hay pintura.
Debemos confesar, que más de una vez. al
configurar nuestras teorías, llevándolas luego a
la práctica, caímos en ese error, por falta de
(1)

Sería un atonalismo pictórico. (N. del A.).

claro discernimiento en ver, donde había dos
cosas (tono y color), una sola, que se nos pre­
sentaba . en lamentable confusión. Si estuvo
bien, pues (y tratándose de llegar a una nueva
pintura) de desterrar la paleta (esto es, de
mezclar los colores) tenía que pensarse que,
para lograr la armonía, éstos tenían que em­
plearse de acuerdo con una regla bien precisa:
que, en toda composición (y ya procediéndose
por tonos) debía irse, del tono bajo al claro, por
un tono intermedio; y que por tal motivo, si
los colores no debían mezclarse, en cambio de­
bían ponerse a tono: hacerse más claros o más
obscuros, por la sola adición de blanco o de
negro. Así, por ejemplo: rojo fuerte, azul a me­
dio tono, y amarillo claro; azul muy obscuro,
rojo natural, y negro atenuado; blanco agrisado,
negro natural y azul claro. Siempre tres tonos.
Pero hay un punto, en la pintura, que es di­
ficilísimo de deslindar: aquel en el que, de lo
imitativo se pasa a lo plástico, y viceversa. Di­
ríase un matiz, un medio tono, una nada. . . Y
sin embargo, lo es todo. De ahí el que tanta gen­
te se confunda, sean o no pintores, y de ahí
que se valoricen obras, falsamente. Y agrava ese
estado de cosas, el que sea también dificilísimo
explicar eso, sino imposible. Por esto, hay quien
se cree entendido, y está en una ilusión. Y como,
el que sea pintura clara u obscura, nada tiene
que ver con eso; ni el que sea uno u otro es­
tilo (pues dentro de todos es lo mismo) de ahí,
aún, la mayor dificultad para discernir. Pero
en suma, en qué consistiría esa diferencia esen­
cial, que, de tal manera, luego establece esa pro­
funda diferencia en las obras?
He dicho antes, lo imitativo y lo plástico.
Pues bien: si el artista parte de su paleta para
buscar luego la naturaleza, puede ir camino rec­
to para encontrar lo plástico. Pero, si hace el
camino a la inversa, dará con la naturaleza, pe­
ro no con lo plástico, o sea la pintura. Porque,
en el primer caso, pintará, en el segundo imi­
tará. Y esto yo puedo asegurar que es la verdad
más cierta.
De seguirse uno u otro proceso, las obras que
se determinarán serán muv distintas: unas se­
rán naturalista imitativas, las otras, obras de
creación, plásticas; o más corto: de pintura.
Ahora bien: cómo reconoceremos esas obras?

Pues sencillamente: cuando en ellas aparezca en»
primer término la realidad, será una obra infe­
rior, imitativa: y cuando, por el contrario, aparczca la realidad de la pintura ( que es otra rea­
lidad ) la obra será plástica y por esa razón,
buena. Casi una perogrullada...
Pero no lo e?- tanto como a primera vista pue­
da parecer.
Si el pintor no pensó más que en objetos, o en
un paisaje, o en una figura, presto eso se verá
en la obra. Pero, si deja eso aparte, y va a cier­
to sintetismo (y esto no quiere decir una simpli­
ficación sistemática) si ya. lo que se llama ar­
monía, aparece en el cuadro, es porque el pin­
tor procedió por tonos y no por colores, y por
esto, va está en los valores plásticos absolutos.
Tal obra será una obra de pintura.
Con esto nos hemos acercado un poco a lo
que pretendemos explicar. Porque el hecho de
hacer pintura, recae por entero en el pintor; y
el hecho de comprenderla en un individuo que
posea esa intuición. Y esto es algo fatal y por
esto inmodificable. Porque, el pintor, casi sin
darse cuenta, traduce ios aspi'ctos de la realidad
en valores plásticos. Y en vano sería el que­
rer hacer comprender esto a quien no lo sienta.
Por tal razón, ha de haber una mala pintura
para todos los que estén privados de tan mara­
villosa visión. Y es ocioso el disputar.. .
Puso rojo, puso amarillo, puso n e g ro ... pe­
ro, a pesar de que puso lo mismo que otro, la
música no se produce. Suerte de que ese pobre
pintor, no sabe que existe esa música, pues se
desesperaría. Yr esa música es la pintura.
Y esa música, no son las innobles mezclas de
tonos verdosos y violetas, de azules chillones y
amarillos claros, ni los grises de una paleta su­
cia, ni los grises artificiales producidos por gra­
daciones en gamas diversas... Y los que tal
hacen son la gente más equivocada. (1)
J. T. G.
Junio de 1942
(1) Podría aún decirse del tono, y quizá seria lo
más justo, que éste aparece sobre el lienzo, cuando el
pintor siente profundamente (y entonces como tono) un
color junto al otro en singular equilibrio; es decir,
cuando la conciencia llega a la contemplación pura y
ya no es más que el objeto percibido. Es lo que he­
mos llamado abstracto; algo en sí, fuera de lugar y
tiempo. Por esto puede darse cualquier género de pin­
tura. (N. del A.).

Sobre el último Salón Nacional de Pintura
El público conoce ya nuestra opinión sobre

to hacemos extensivas a este Salón las conside­

lo que puede dar la pintura uruguaya si con­

raciones que sobre jurados v expositores emitié­

tinúa por el camino en que va!

ramos en otras oportunidades.

Nunca fuimos críticos de arte, sino actores

Antes de terminar hemos de recalcar dos

en arte; nunca fuimos repartidores de gracias,

hechos. 1° La actitud de los jurados frente a

consejos o culpabilidades, sino atacantes desde

Augusto Torres, que es sin lugar a dudas, el más

el arte y del arte defensores. Se nos retribuyó

destacado representante del «Taller Torres -

con lo que esperábamos y merecíamos: el ánimo

García», arribó a su justo término: antes no lo

ofendido de la mayor parte de nuestros lec­

premiaban, ahora lo rechazaron.

tores.

2® ¡ En el Salón Nacional se expusieron dos de

Por todas estas razones y por que además,

los más puros ejemplos de la obra constructiva

descontando los discípulos del «Taller Torres -

de Torres García! Posiblemente en muv pocas

García», las características diferenciales del res­

partes del mundo incidirán hechos tan paradó-

to

para

gicos, risibles y trágicos como éste. Que el lec­

abajo, nos ahorramos la monotonía de repetir

tor inteligente deduzca cual es esta paradoja, su

las mismas cosas para cada pintor. Por lo tan-

comicidad y su tragedia.

sólo

cuentan

de

TALLERES

la mala

L .I.G .U .

pintura

�</text>
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Torres García, Joaquín&#13;
Cabrera, Sarandy</text>
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G R A B A D O

C O N S T R U C T I V O

J U A N

N.o 8

O C T . - NOV. 1949

ORGANO

REDACTADO

Y

P A R D O

EDITADO

0.05

E X C L U S I V A M E N T E POR IN T E G R A N T E S DEL

TALLER TORRES - GARCIA

EL

EJEMPLAR

�DECORO DE U P I D 1 U I 1
poi

J U A N
*

Que América sea tierra abocada al más alto
porvenir artístico es cosa ya de común consenso
entre sus moradores. Lo es de modo irreflexivo
para quienes se dejan pensar por sus querencias
íntimas; reflexivamente para quienes saben
que el arte, como actividad del espíritu, es, aún
más que fruto, agente de libertad. Y tierra de
libertad es América, hoy por hoy la más carac­
terizada y casi única tierra de verdadera liber­
tad en el mundo.
Que el cataclismo de nuestros días entraña
fundamentales transformaciones del mapa cul­
tural es cosa que ni a los ciegos, ni en los infi­
nitos ciegos del mundo, puede ocultarse. Si la
toma de Constantinopla por los turcos, con las
emigraciones que ocasionó en las vísperas de la
imprenta, fue fecha decisiva en la historia hu­
mana, cómo no lo serán la toma de Berlín por
los rusos, la conquista de Roma por América,
con las dispersiones de técnicos e intelectuales
que se avecinan, cuando la televisión empieza a
despertarnos los ojos y se ha consumado la de­
vastación del solar de nuestra cultura?
Cerebro tan alambicado como el de Paul Valéry se atrevía a manifestar antes de la guerra:
«Cada vez que mi pensamiento se ennegrece y
que dejo de esperar en Europa, sólo recobro
alguna esperanza al pensar en el Nuevo Con­
tin en te... Si Europa ha de ver perecer o de­
caer su cultura; si nuestras ciudades, nuestros
museos, nuestros monumentos y nuestras uni­
versidades han de ser destruidos por el furor
de la guerra conducida científicamente; si la
existencia de los hombres de pensamiento y de
los creadores se vuelve imposible o atroz por
circunstancias brutales políticas o económicas,
cierto consuelo, cierta esperanza caben en la
idea de que nuestras obras, el recuerdo de nues­
tros trabajos y los nombres de nuestros más
grandes hombres no habrán existido en vano,
y que subsistirán, dispersos en el Nuevo Mundo,
espíritus en los que vivirán una vida nueva, al­
gunas de las maravillosas creaciones de los des­
dichados europeos». Y también decía: «No me
sorprendería, por ejemplo, que pudieran resul­
tar afortunadas combinaciones de la acción de
nuestras ideas estéticas insertas en la potente
naturaleza del arte autóctono mexicano» (1).
Palabras de espantosa angustia lúcida en vís­
peras de la catástrofe. Mas he aquí que después
de esa catástrofe y conocidas ya sus limitacio­
nes, en el mensaje que el mismo Valérv ha di­
rigido a los intelectuales de América Latina a
través de la Misión Cultural Francesa y que en
México fué leído el 18 de Abril último, ha vuel­
to testamentariamente (2) a la carga: «Pensad
en nosotros que en la Europa en ruinas, entre­
gada al fuego, a la miseria, a la devastación,
tratamos de preservar algunos restos de los bie­
nes más preciosos, una parte pequeña de nues­
tro tesoro intelectual de pensamientos y de
energía creadora. Tened presente que vemos en
vosotros los testimonios de lo que fuimos y los
depositarios de nuestras tradiciones de arte, de
poesía, de cultura superior y noble. Vosotros
sois nuestra esperanza, amigos de América la­
tina». En el supuesto de que el cerebro de Paul
\ aléry represente algo vivo en el com plejo oc­
cidental, tan graves palabras equivalen, inequí­
vocamente, a una investidura.
El caso es que, como respondiendo a ese lla­
mamiento, se registra por doquier en América
el desperezo de las savias creadoras. En lo que
atañe a la pintura, materia que aquí se enfoca
particularmente, los síntomas son muchos y
persuasivos. El movimiento que tr^jo consigo
la revolución mexicana ha entrado en vías de
proliferación y diseminado su virtud en un am­
plio vivero de jóvenes artistas. En Colombia y
Cuba, en Uruguay, Chile, Brasil. . . cunde la
agitación en que se traduce la plétora de aqueí l ) PAUL VA LERY: América, proyección óel espi­
rito europeo, en «Síntesis», vol. XIV. N.° 81. México,
mayo 1938.

(2) La muerte del ilustre escritor francés, ocurrida
mes y medio después de redactada la presente nota, ha
reñido a subrayar el alcance de esta palabra: testamen­
tariamente.

2

L A R R E A

líos ambientes. Aquí y allá circulan manifiestos,
se entablan discusiones. Muralistas y caballetistas, indigenistas y europeizantes se acaloran en
defensa de sus particulares símbolos, creando
ese clima emocional necesario para el fraguado
de las sustancias estéticas. Los europeos esta­
blecidos en estos países no dejan, llegado el
caso de atizar con su leña el fuego. El fenómeno
merecería por su complejidad y significación
un examen más detenido que el que tiene aquí
cabida.
Reina al mismo tiempo, preciso es confesarlo,
la más caótica confusión en lo que respecta a
los ideales, motivaciones y propósitos artísticos,
una especie de río revoltísimo favorable a los
verdaderos temperamentos creadores pues que

REM O VED O R
R ED A C T O R R E S P O N S A B L E

Año I

N.o 8
GU IDO C A S T IL L O

"Removedor", se honra transcribiendo
de la Revista "Cuadernos Americanos" (N.
5 Setiembre - Octubre 1945) el presente
articulo de Juan Larrea.
Este poeta bilbaíno, nacido en 1895, es­
tudió Filosofía y Letras en la Universidad de
Deusto, en su ciudad natal y se licenció en
Letras en Salamanca. Viajó por Francia, Pe­
rú, Italia y México y actualmente reside en
ese país, donde actúa como secretario de la
Revista arriba citada.
Su obra inicial de poesía, se vinculaba
con el creacionismo que impulsaban en Es­
paña Gerardo Diego, Vicente Huidobro y
otros.
Posteriormente en su natural evolución
se apartó de los creacionistas, ejercitando
una poesía personal y más vinculada con los
románticos aunque con marcado acento mo­
derno.
Ha colaborado intensamente en las Re­
vistas GRECIA, CARMEN y dirigió con César
Vallejo, FAVORABLE PARIS POEMA.
Ultimamente publicó, RENDICION DE
ESPIRITU y EL SURREALISMO ENTRE EL
NUEVO Y VIEJO MUNDO.
EditoricN Séneca tiene ofrecido su libro
de poemas, ORBE.
_____
implicita una claridad y un orden nuevos. Se
barajan conceptos variados, muchos de ellos de
escasa validez directa; se desechan en cambio,
sin saber demasiado por qué, aquellos que lian:
dado tan generoso vuelo a los movimientos ar­
tístico de un siglo a esta parte. Se habla de pre­
ferencia en términos sociales, raciales, locales
si no lugareños, u otros que poco tienen que ver
con los contenidos estrictamente pictóricos. Lo
que se pretende, en realidad, es reenfocar la
cuestión desde un nuevo ángulo y lo que se
busca es ese ángulo. No deja de admirar la grá­
vida confianza que. en tan precarias condicio­
nes, depositan los jóvenes creadores en sí mis­
mos V en los destinos continentales, seguridad
que escandaliza a los timoratos y a cierto tipo
de intelectual europeo aposentado furtivamen­
te en estas tierras, para quien lo ya heeho es
por lo visto más importante que lo que queda
por hacer. Como si la juventud no necesitara,
ante todo, creer en sí misma, en su potenciali­
dad que es vida, y negar de alguna manera,
aunque sea haciendo los más rotundos novillos,
a las escuelas progeni toras. ¿O acaso cabe cosa
más natural que. si ha de superarse la última
etapa del arte europeo, como éste mismo lo
pretende. América niegue a Europa embarcán­
dose alegremente en su propio destino, para
continuar así el desarrollo humano que al Oc­
cidente le cupo en suerte realizar durante siglos

numerosos? Y si América, como se proclama y
por mi parte tengo proclamado, fuera clave de
universalidad ¿no habría de diferenciarse en
sus realizaciones del occidentalismo que, como
es obvio, no pasa de .-er lugarteniente tempo­
rero de dicha universalidad anunciada pero aún
no producida?
Conforme a estas vehemencias, ha crecido
aquí a ojos vistas la producción libresca en
materia pictórica. Buenos Aires y México están
inundando el mercado continental con traduc­
ciones mejor o peor escogidas y con no pocas
obras originales dedicada- al estudio de los pin­
tores clásicos y modernos y a los artistas sobre­
salientes de América. Pero en esa producción
no faltan tampoco los trabajos de creación que
recogen las inquietudes generales y pretenden
perforar horizontes, señalar derroteros, cuando
no rejuvenecer situaciones logradas. Los hay de
toda índole, mejor o peor orientados, más o me­
nos valiosos. Descuellan unos por su sinceridad,
conteniendo afirmaciones que ayudarán positi­
vamente a resolver los problemas cruciales que
hoy plantea el arte de la pintura, se distinguen
otros por su demagogia, llamados a hacer reac­
cionar contra tesis parciales, erróneas a todas
luces o insuficientes. Los actuales rumbos de la
política ejercen su natural influencia sobre al­
gunas actividades no tan desinteresadas como
el libre ejercicio artístico exigiría. Y queda el
afán de notoriedad a ultranza. En México, Alfaro Siqueiros (3) sigue arremetiendo — sin
comprenderla en lo que tiene de profundamen­
te revolucionario— contra la pintura europea
de caballete con argumentos e invectivas de in­
genuidad conmovedora, mientras reclama para
su maestría una buena gruesa de paredes que
le permitan inocular sus declamatorias com po­
siciones, ya que la masa es lo que cuenta, a la
mayor cantidad posible de resistentes patriotas.
Se diría que en balde. Porque si el muralismo
conoció en México auténticos días de esplen­
dor — cuando la pintura acompañaba a la revo­
lución cojno una soldadera, sin saber demasia­
do, ni importarle, a dónde iba, pero estando
ahí, en acto de presencia, calificando a esa re­
volución, ganándola para su entraña creadora — ,
hoy la joven pintura mexieana discurre dialéc­
ticamente por otras vías. Fenómeno compara­
ble. por cierto, al ocurrido después de la revo­
lución francesa.
Entre estos libros, hay dos que por su tipismo
nos requieren de modo particular en estos mo­
mentos en que parece sumamente apetecible
poner el dedo en la llaga de la pintura (4).
Todo desinterés y sacro frenesí, poseído por
el destino artístico de América y entregado as­
céticamente a su apostolado, el pintor uruguayo
Torres-García recoge en las mil páginas de su
Lniversalismo Constructivo (5 ' las campañas
por él realizadas en pro de lo que constituye la
razón esencial de su vida. Luego de renunciar
a todo linaje de vanas pompas pictóricas y en
su afán de diferenciación, sostiene Torres-Gar­
cía la necesidad de crear un arcaísmo o estado
de rigurosa incipiencia que, partiendo de la
desintegración fundamental llevada a cabo por
la pintura europea de este siglo, vaya dando
pasos geométricos hacia la construcción de un
arte distinto, de «algo nuevo que no ha sido
aún« y que ayude a realizar el «hombre uni­
versal» propio de este Nuevo Mundo. Su posi­
ción, bien se ve. es íntegramente humanista,
porque «lo ideal es el hombre» «bajo ese aspec­
to universal». En algún pasaje de su voluminosa
obra recomienda Torres-García a los artistas

D W TD ALF \RO SrQrEIROS: No hay m is ruta
que la nuestra. México. 1915.
(4) A pe«ar de su carácter entrecortado y de su»
graves omisiones no es posible dejar de mencionar la
obra monumental de Angel Guido: Redescubrimiento
de América en el Arte. Buenos Aires, El Ateneo, 1944.
Entre lo» artistas extranjeros ninguno lia planteado
en un plano tan elevado de discusión los problemas pfc*
tonco*, aunque »in referirlos a América, como Wolfgang
Paalen en su revista Dyn publicada en México.
Í5) Torres-García: lniversalismo constructivo. Con­
tribución a la unificación del arte y de la cultura de
América. Buenos Aires, Edit. Poseidón. 1944.

�FUNDACION ESPIGAS |
Jiueno^Aireí^Afgentinai

N U E S T R A

LU C H A
PO R
LA
por J. TORRES - GARCIA

Quién actúa en público, tiene que resignarse
a sufrir todo género de críticas. Por esto, en
estos once años largos que llevo de actuar en
diferentes formas frente a la opinión, éstas lian
llovido sobre mí, copiosamente, sin darme tre­
gua. Y como era lógico esperar, mis, discípulos
no han podido librarse de ellas. No voy a ocu­
parme ahora, de los muchos que nos defienden
y nos sostienen, pues no hace al caso para decir
lo que voy a decir.
Como consecuencia de tales críticas, tenía (pie
venir, por parte nuestra, una reacción. En pri­
mer término para defendernos, y después por­
que estábamos en lucha por un ideal de arte.
Y hien, a esto quería llegar: a que por parte
nuestra, no intervenía ni interviene otro factor.
Lucha pura por el ideal de la pintura.
No voy a hacer historia para probar esto que,
si se quiere ser justo, se tendrá que recono­
cer que es cierto. Conferencias de arte, enseñan­
za, exposiciones, trabajos de decoración mural,
publicaciones, todo esto se ha hecho sin que
para nada entrase en juego el í(iuero. Por tal
causa, vivimos a precario en todos sentidos.
Poro, comprendiendo que así debe de ser, no
nos quejamos. No es posible tenerlo todo.
Sí; luchamos por el ideal de la pintura. Otros
pintores quizás se crean con derecho a decir
otro tanto, pero que reflexionen y verán que
no están en lo justo. Porque, si luchamos ¿de
qué viene tal lucha?
Eliminando el interés y también la vanaglo­
ria, la ludia viene de que, teniendo un criterio
diamctralmente opuesto, con respecto al arte,
al de la generalidad, (y tanto con referencia a
los pintores como al público i tal criterio, al pre­
tender imponerse, no sólo levanta resistencias,
sino además ataques, crítica, censura, y de ahí
la lucha.
Y ahora, aquí, no vamos a decir tampoco, en
qué nos diferenciamos. Ni en cuanto al arte ni
en otras muchas cosas. Es algo que es demasia­
do sabido de todos y sería ocioso repetirlo.
Esa diferencia que acabamos de señalar, que
determina la lucha, no existiendo para los de­
más pintores, hace que, al menos por este lado,
estén en paz. Podrán tener sus guerras por otras
cosas, pero no ñor la pintura. En tal terreno
no puede haberla entre ellos.
Se nos mira, aquí, como a unos advenedizos,
que vienen a turbar un orden establecido en el
campo del arte, en el que todo era buen enten­
dimiento y armonía. Y entonces, es posible que
se pregunten: ¿con qué derecho vienen aquí
esos intrusos a provocar un cisma? ¿N o estába­
mos aquí todos en paz? ¡Hay que cerrarles el
paso!
Y por razón de esa maravillosa paz. ni la
crítica existía. Todo eran loas y entusiasmos.
Pero ahora tiene que haber crítica. Y la hay.
En eso estamos y de ello tenemos que habí.ir
luego. Porque conviene poner las cosas en claro.
Por causa de la pintura pura (diría plástica
absoluta) y del arte constructivo (que he lla­
mado universal, pues a eso ha de tender ! se ha

establecido el antagonismo de que acabamos de
hablar y, consecuencia de ello, la lucha: la agre­
sión y la defensa, por ambos lados, que ha en­
gendrado, para hien de todos, la crítica.
Justa o injusta, según los casos, interesada o
no, ya existe. Pero ¿quién está con independen­
cia en tal terreno?
Aquí nos sale al paso una cuestión en extre­
mo difícil de aclarar: eso que se suele llamar
incomprensión. Pues en efecto ¿como deslin­
dar la real incomprensión del que critica por
incapacidad, de la crítica tendenciosa, que no
quiere comprender y que es fingida? Por esto,
en ciertos casos, el que criticar es un incapaz o
im vivo. Pero creo que no hay que averiguar
eso, pues sea en cualquiera de esos dos casos,
es nuestro enemigo y debemos arremeter contra
él. ¿N o trabajábamos por la causa de la pin­
tura?
En cualquier momento y lugar, el choque se
produce. Entonces, cualquiera que sea de los
nuestros, debe comportarse según él crea. Por
esto, la crítica escrita, debe ser también libre,
y el que la suscribe ser el solo responsable.
Así entendimos las cosas al fundar «Rem o­
vedor», y con el mismo espíritu autonómo, se
fundó el «Taller» que lleva mi nombre. Por
esto, en cuanto a la revista, yo no soy más que
un colaborador, y en cuanto al Taller, un sim­
ple profesor que corrige y orienta los trabajos.
Y digo esto, por ciertas suposiciones que se han
hecho.
Y aunque sea redundancia, permítasenos re­
petir, que, de una vez por todas, quisiéramos
que quedase bien sentado que no nos mueve
otro interés que la pintura (la pintura y el arte
tal cual lo entendemos) y que cuanto digamos
y hagamos, es sólo para su defensa. En conse­
cuencia, que somos enemigos declarados de la
que juzgamos mala pintura.
La gloria de la pintura la proclaman las ad­
mirables obras de los maestros: una sinfonía,
una música. T esto es lo que se ve al primer
momento. Después, poco a poco, van aparecien­
do loé detalles de tal maravilla: los tonos, los
contrastes, la luz que se distribuye en el cuadro,
los pasajes, las calidades, la pincelada segura,
la mancha justa. Y todo en armonía: una sín­
tesis. \ luego, aun . . . algo que ya no se puede
nombrar, ni se sabe que es, ni donde está: una
visión sobrenatural. Y todavía, junto a todo eso,
algo que tampoco se comprende, que hermana a
todas las grandes obras: la mano de un maes­
tro, que lo es, puede bien decirse, por la más
misteriosa de todas las causas.
Y bien: todo esto ¡de qué manera vulgar ha
sido y es tratado por tantos mediocres, pintores
V no pintores! Y ven lo que no está allí, y eso
no ven. O ven, simplemente, sólo lo represen­
tado.
En el mal cuadro imitativo, la naturaleza
está ausente; hay sólo una apariencia. En el
buen cuadro, la pintura está siempre en primer
término. Pero, por esta razón, la naturaleza re­
presentada está también, de otra manera, y por

D EC O R O DE LA PINTURA

combina en actos mágicos de los que parece
esperar a la postre, revelaciones concluyentes,
no hay duda que lo hace, prolongando la tra­
yectoria del arte europeo pero con una volun­
tad mucho más explícita, bajo el ansia de fun­
dar un lenguaje para dialogar con el contenido
psíquico de ese Hombre. Ignoramos hasta qué
punto no lo ha conseguido aún. Pero sí sabemos
que dentro de la serie de funciones complejas
y de variado orden que puede desempeñar el
arte de la pintura, Torres-García ha especiali­
zado su vida en las más ambiciosas y trascen­
dentes, esto es, en aquellas que derivan de su
esencia creadora, y le hacen apto para estable­
cer. por fin. más allá del monopolio religioso
y del absolutismo social, un contacto íntimo en­
tre el subconsciente universal o contenido psí­
quico del cosmos y nuestra conciencia de seres
vivos. Es decir, se ha instalado en el centro
mismo del problema.

esquemática e irreal que sea la pintura. Pues,
cuando ésta vive, vive lo otro, la naturaleza.
Por esto: si nosotros esto Vemos y compren­
demos, y por ello no podemos estar de acuerdo
con otra pintura ¿porqué no liemos de poder
decirlo?
Si miramos en derredor nuestro, estemos don­
de se quiera, veremos que todo está dentro de
una tonalidad, salvo excepciones. Es decir, que
no hay estridencias, pues el aire y la luz todo
lo armonizan. Si vemos, pues, una pintura de
colores afectados, chillones, falsos, ¿cóm o va­
mos a decir que es buena? ¿Y porqué no hemos
de decir que es mala? ¿Y por que razón ten­
dríamos que callar?
Sí; desgraciadamente tenemos que estar en
pugna, porque, de esa pintura que d ecim os...
¡hay tanta! Y si escribimos ¿es que tenemos que
falsearnos? Creo que a quien nos lea, le debe­
mos nuestra opinión sincera.
Además: que tal pintura nos ofende, porque
estamos en una verdad que no permite transac­
ción alguna. Pues nada tiene que causar más
irritación, que ver la verdad (la verdad de la
pintura y de la naturaleza) calumniada. Y, en­
tonces ¿tendrá que causar extrañeza, que tal
irritación se manifieste? Pero adviértase, que
el pleito, es-siempre por la pintura y por nada
personal. Por tal razón, cuando la crítica es así
desinteresada, no debiera ofender a nadie. Y
'aunque, naturalmente, no sea nada que agrade.
La crítica, situada así en un plano noble, debe
aceptarse.
Ahora, lo que hay de malo, es esto otro: que
el adversario, para hundir a este buen crítico,
se sitúe en el mal terreno de la ofensa personal,
del insulto, de la baja fraseología vulgar. En
tal caso, el buen crítico debe abandonar el te­
rreno.
Hay quien se lia quejado de que «Remove­
dor», en ciertas ocasiones, había sido injusto
o demasiado severo. Los que dicen esto, si tal
dicen, es porque no han conocido jamás lo que
es la verdadera pintura. Y ante esto ¿qué puede
hacerse? Si hay algo invencible en ellos, que les
veda poder tener la fortuna de llegar a tal co­
nocimiento, y por añadidura, van tras de un
concepto descarriado ¿es que puede hacerse
nada para hacerles ver y comprender, lo que
ya no por malevolencia, sino por incapacid; i.
no les estará nunca permitido conocer? Son, sin
duda, ciegos a nativitate. Y si se enojan ante
lo que no comprenden, y más ante la crítica de
quien comprende, será cosa lamentable, pero no
tiene remedio.
Otra cosa es la crítica malévola. Que en reali­
dad, quien la ejerce, seguro que comprende a
medias. Pero, sea como sea, es indigna. Y en­
tonces, frente a tales críticos ¿cabe otra cosa
que arremeter sin piedad? Por esto, si algunos
han encontrado demasiado fuerte las críticas de
«Removedor», y hasta injustas, otros, en cam­
bio, las hubieran querido más contundentes.
J. Torres-García.
Octubre de 1945.
■

viene de la pág. 2
que se desentiendan de los hechos sociales para
engolfarse en las categorías estéticas. ¿Torre de
marfil? No es ese su sentido. Torres-García es
un verdadera místico que después de muchos
años de ardorosa y difícil experiencia por los
vcricuentos del arte, alcanzó la identificación
con su sustancia universal, volviéndose más tar­
de, como buen místico, hacia el mundo con ob­
jeto de ganarlo para esc Hombre de ,us desve­
los, cuya casa debe a su juicio y por lo pronto
construirse en América. El arte no ha sido para
él oficio lucrativo con que subvenir a sus nece­
sidades corpóreas o familiares, ni medio para
ganar puestos en el graderío o en la estimación
social, sino una vivencia íntima, un camino para
adentrarse por la renunciación, la geometría v
la cromática en la constitución orgánica del
cosmos. De allí ha nacido su «realismo ah-oluto», su «reintegración a lo estético» y su afán
obsesivo de construcción. Si su- propios cuadrorepresentan una especie de juego solitario de
naipes en el que su repertorio de símbolos se

Conviene advertir, si se ha de comprender
cabalmente el sentido y alcance de su posición
distinguiéndola de la de otros artistas que aho­
gan también por un arte propio de este hemis-

P IN T U R A

. .

■

-

ferio, que el americanismo en cualquiera de sus
actividades permite hoy día dos actitudes dife­
renciadas: una pretende realizarse sustituyendo,
americanizando las representaciones y demás
elementos accesorios, pero conservándose, por
lo que atañe a las substancias, en el nivel acos­
tumbrado. La originalidad representada por esta
tendencia se define como exclusivamente do
matiz. Representa una prolongación horizontal
o analítica del arte conocido y sigue siendo una
estribación de la mente occidental aplicada a
otros territorios donde cultiva, con su color lo­
cal, un colonialismo pintoresco. La asumida por
Torres-García es, en cambio, una posición radi­
cal que pretende no sustituir los efectos sino in­
corporarse las causas creadoras para realizar
aquí, superando el fenómeno artístico de Occi­
dente. aquella exaltación que bien quisiera pero
que hoy por hoy no es capaz de realizar el Viejo
Mundo: la universalidad a cuyas playas nos
arroja. En esta posibilidad de mutación sinté­
tica radica el porqué de su Universalismo Cons-

continua en la pág. 4

3

�DECORO

DE LA P I N T U R A
viene de la pág. 3

tructivo claramente orientado hacia un tiempo
futuro, mientras que la otra actitud alarga una
duración centrada en el pretérito. \ he aquí
por qué toma Torres-García el problema de la
pintura en aquel punto extremo de la destruc­
ción que permite, partiendo de la nada, un im­
pulso creador hacia un nuevo ámbito.
Podrían tener apariencia de razón contra al­
gunas de las tesis de su tremendo alegato quie­
nes se negaron a admitirlas afirmando que la
conciencia universal no pasará de ser un sueño
mientras no se labore al par por el estableci­
miento de la entidad o cuerpo social que la
baga materialmente posible. Mas podría argüir
Torres-García que él en modo alguno se opone
al establecimiento de dicha entidad, sino que,
al contrario, su Universalismo Constructivo, co­
mo Contribución a la Unificación del Arte y de
la Cultura de América, la reclama. Lo que re­
cusa es esa subversión de valores predicada por
cierto totalitarismo sociológico que pretende su­
peditar a sus necesidades visiblemente no-uni­
versales las categorías estéticas y cuyo preten­
dido realismo de medio pelo dista de ser ese
«realismo absoluto» necesario para que el ser
humano alcance la plenitud por la que TorresGarcía pugna. Pues ¿cóm o podría realizarse
ese ser humano si se suprimen las potencias que
lo sustantivan, tan necesarias para el psiquismo
de la especie como pueden serlo para el cuerpo
sus visceras capitales? Nadie negará que el ar­
tista en cuanto ser consciente ha de contar con
la realidad social y laborar por su perfección
con sus propios medios, pues de lo contrario
dejaría de ser consciente. Mejor que los demás,
sabe que su personalidad rebasa la supuesta del
individuo, siendo en cierta manera — ¿no se
mueve acaso en los terrenos del ser?— , una en­
carnación específica. Mas precisamente a causa
de esta conciencia, lejos de plegarse a dictados
ajenos, debe operar con enteras libertad y res­
ponsabilidad en la estimación de lo que su pro­
pia experiencia y juicio le inspiran como nece­
sario en su campo, para el óptimo común de
hoy y de mañana, cosa que depende de las di­
versas situaciones. En su cerebro y en su sensi­
bilidad radican las branquias espirituales de la
especie, merced a las cuales, así como el místi­
co dentro de las teocracias vivificaba el cuerpo
de dogmas, las experiencias poéticas del arte
han de vivificar dentro de un orden universal
la conciencia genérica. Siempre será el artista
un factor dinámico, un renovador, basta cierto
punto subversivo. Ateniéndose a estos determi­
nantes se produjo en su día el muralismo mexi­
cano, grávido de significación pero cuyas for­
mas pertenecen ya al pretérito. El arte es, más
que ningún otro, un fenómeno biocéntrico, y en
ello estriban su dignidad y su potencialidad
extremas, infinitamente superiores a lo que la
casi totalidad de los artistas, acostumbrados a
estimar las posibilidades del presente en fun­
ción del pasado, se imagina.

Libro de polo opuesto es el titulado La Re­
belión de los Pintores, de F. Cossío del Po­
mar (6), aunque una vez abierto no se acabe
de ver en quq consiste dicha rebeldía. Gracias
en cambio a su manera socioeéntrica de enfocar
estos asuntos candentes, parece existir en él una
sumisión a ciertos lugares boy comunes deriva­
dos de una concepción romamente materialista
de la vida, en cuyo sistema el arte, domesti­
cado, incomprendido, tiene asignado oficio de
Cenicienta. Es innegable el valor social del fe­
nómeno artístico asociado desde sus orígenes
mágicos a &gt;ia existencia colectiva. Mas ¿en qué
consiste su función dentro de las sociedades?
¿Es lenguaje, más o menos rudimentario, me­
diante el cual, desde la noche de las cavernas
basta el presente, se lia establecido o tratado
de establecer contacto imaginario, no de los
hombres para sí, para lo que disponen de otros
sistemas más adecuados, sino del grupo humano
con ciertas realidades psíquicas del universo &gt;
dar respuesta concreta a las ansiedades de su
conciencia metafísica, o es una pura facultad
representativa sin mayor utilidad que servir anQlarmente en forma de pasquín a la transfor(6) FELIPE COSSIO DEL POMAR: La Rebelión de
los Pintores. Ensayo para una sociología del arte. Mé­
xico, Edit. Leyenda. 19-45.

4

mación económica del mundo? Una discusión
sobre estos temas llevaría a revisar los funda­
mentos mismos de la sociología y, sin duda, a
concluir que frente al fenómeno social caben
diversas posiciones, como son: la positivista o
materialista que vino a sustituir a la meramen­
te espiritual, y una tercera derivada de una
concepción del mundo menos parcial e inme­
diatamente interesada que no es transacción
sino síntesis de las anteriores, o sea la sociocéntrica, la teocéntrica y la biocéntrica. Porque si
bien es evidente que cierto concreto esplritua­
lismo ha perdido ya su vigencia, dista ello de de­
mostrar que sólo lo material, comprendido a la
manera como boy se comprende, posee realidad
efectiva. Es más, la realidad así castrada de su
intrínseca potencia creadora, no pasará nunca
de ser una sub-realidad. Preguntémonos: la fuer­
za de convicción con que boy lo material soli­
cita la mente humana ¿no provendrá de que nos
encontramos en un período agudo de transfor­
mación de los valores-espirituales, de tránsito
de algo que ha dejado de ser a algo que no es
efectivamente todavía, y no será la misión del
arte, una vez dominada la atracción deforma­
dora ejercida sobre la mente por lo económicosocial, inventar los nuevos valores que vengan
a colmar el vacío dejado por la prescripción de
los antiguos? Desde luego no es ésta la opinión
de Cossío, cuyo estudio confuso y no exento de
graves contradicciones, hace hincapié en las te­
sis materialistas sin reconocer ningún valor de
orden psíquico. Lo grave de esa posición es que
no se afirma como una de las circunstancial­
mente posibles, sino como la única legítima, to­
talitaria. En consecuencia, el arte profunda­
mente rebelde, aquel que abre ventanas a la
imaginación creadora y cuya corriente transmu­
tativa vino en nuestra época a desembocar en
el cubismo y el surrealismo, es tachado por Cos­
sío, con todas sus letras, de arte reaccionario.
¿Y por qué serían reaccionarios el cubismo y el
surrealismo? Porque según las tesis de super­
ficie, tan en boga en ciertos sectores racionalis­
tas, son movimientos que traducen la descom­
posición de una sociedad y, aún mejor, de una
clase, la burguesía.
Ahora bien, discurriré por mi cuenta, ¿y por
qué sería menos cierto lo contrario? ¿No nos
asisten idénticas razones lógicas para sostener
el absurdo de que la decadencia de la burguesía
no es sino un reflejo de la desintegración de la
pintura, según la célebre paradoja de Oscar Wilde, de que la naturaleza imita al arte? Porque
resulta que la descomposición pictórica es an­
terior en el tiempo a la social, al grado de que
en pleno «mundo de la seguridad», años antes
de la guerra del 14, se lanzaron los pintores al
fauvismo y al cubismo. Claro es que para llegar
a las llamadas conclusiones «sociológicas» es
preciso pasar por alto que la moderna pintura
occidental a partir de David y sobre todo de Géricault, es cuando realmente merece el nombre
de arte, actividad heroica en pro de la libera­
ción material y- sobre todo espiritual del ser hu­
mano, agente de libertad. Lo que no quita para
que los pintores mediocres, los que toman .su
oficio como un modus prosperandi, se amolden,
éstos sí materialmente, a los gustos de sus financiadores. Pero, ¿y los otros, los verdaderos ar­
tistas, aquéllos para quienes el arte es una vi­
vencia creadora por la que desdeñan cuantas
ventajas tales ofrece la sociedad para no admi­
tir sino las que libremente ellos mismos se con­
quistan? Los llamados «pintores malditos» ¿lo
eran así porque la burguesía los subvencionaba
para que lo fuesen o por su insumisión a los gus­
tos y a la estructura misma de la sociedad bur­
guesa, al extremo de renunciar, como Gauguin,
a toda sombra de occidentalismo? Y si Goya es
un pintor revolucionario por haber pintado a
la munificente familia real española con descar­
nados pinceles ¿quién más descarnadamente
que Picasso? El Picasso anterior y posterior al
Guernica, ha radiografiado desde 1907 el horror
de los tiempos modernos, quien ha denunciado
más brutalmente sus monstruosidades y ese es­
tado latente de contradicción y guerra civil, a
caballo entre dos mundos, característico del al­
ma contemporánea, que se revela en el feroz
desdoblamiento de sus personajes? ¿No es él
quien, entre otras muchas cosas, ha conquistado
para la pintura la plena libertad de que hoy
disfruta, requisito previo para todas las ulterio­
res creaciones? ¿O será tal vez reaccionaria la
conquista de la libertad, según el desdichado

aforismo: «la libertad es un prejuicio burgués»?
(Lenín). Posiblemente he pronunciado la pala­
bra clave: alma, contenido psíquico, no indivi­
dual sino universal. De eso es lo que en la actua­
lidad, bajo el peso de supersticiones anacróni­
cas, poco o nada se entiende y por ello poco en
verdad entendemos todavía en pintura, arte co­
nectado por sus vías intuitivas con el psiquismo
funcional del mundo.
Por otra parte, ¿habrá que admitir que la
transformación experimentada en nuestro siglo
por la ciencia físico-matemática 6e debe a la
descomposición de la clase o sociedad que sos­
tiene a los sabios investigadores? Porque sucede
que esas transformaciones revelan, cuando se
baja al fondo de las cosas, un estrecho parale­
lismo, que desgraciadamente no cabe explayar
aquí, con las sufridas por la pintura, así como
con las que acusan todos los otros campos de
actividad y conocimiento humanos. ¿Quiénes
dependen o imitan a quienes? La verdad es que
si algún derrumbe traduce simbólicamente la
pintura moderna, no es éste el de una clase, ni
el de una etapa social, sino, afortunadamente,
el de algo mucho más hondo y sustancioso. Hayuna imagen del hombre, una concepción del
mundo, un sistema de relaciones aparenciales
entre la conciencia humana y la esencia del
cosmos, y una entidad social — esa imagen, esa
concepción del mundo, ese sistema de relacio­
nes y esa entidad social que reflejaban y refle­
jan las pinturas realistas— que dicen adiós a
la historia. En las representaciones de la pin­
tura occidental puede verse cómo esas «realida­
des» van desapareciendo poco a poco bajo el
disolvente de la luz, hasta dejar el sitio a las
esencias, preparando así el camino para el ad­
venimiento de ese universalismo que reclama
una transformación general del mundo y del
ente humano que lo encarna. Al grado que la
pintura que pudiera llamarse «antirracista», de
1906 en adelante, puesto que asimila el arte de
las gentes de color, negros oceánicos y amerin­
dios, anuncia en cierto modo la disolución del
mundo contemporáneo en la universalidad. Es­
tas son cosas que evidentemente repugnan a esa
concepción del mundo estrechamente sociológico-inaterialista, para quien ya no va existien­
do más verdad que el pragmatismo de la propa­
ganda, gracias a lo cual nada, por cierto, tiene
que echar en cara a la más atrevida y descom­
puesta pintura moderna puesto que como ella,
— ¿reflejando tal vez la descomposición de la
burguesía?— , ha descompuesto todos los valo­
res, hasta llegar al absoluto tflatus toéis», a la
nada. Al caos de semejante propaganda se ha
pretendido, embruteciéndolo, uncir el arteMás fuerza es reconocer que el pintor realista
o verista, a remolque de los sucesos, que hoy
puede complacerse pintando la bárbara inhu­
manidad de los campos de concentración y las
llamadas fábricas de muerte, así como las rui­
nas de que se encuentra plagada Europa y que
constituyen magníficos temas para la cámara os­
cura, lleva un retraso de varias décadas tras el
artista creador y abstracto, quien, por haberse
adentrado en los problemas orgánicos del arte
de la luz, pudo entre otras cosas prever — si se
quiere hablar así— , prever y pintar las actua­
les antropoclastias. e incluso su significado pro­
fundo y otras muchas cosas al pintar sus equi­
valencias en el proceso transformativo de las
estructuras en que radica la conciencia del hom­
bre. Porque ¿qué sentido no arroja hoy la tan
decantada «deshumanización del arte» cuando
se la coteja con la espantosa deshumanización,
con la exterminación apocalíptica a que se' ha
llegado en amplias zonas europeas? ¿Era o no
realista la pintura desintegrada y abstracta, re­
flejaba o no el «absoluto de su época», según
la expresión de Mariátegui, compatriota de Cos­
sío? Y una vez más ¿quién había previsto,
quién imita a quién? ¿O no será, cortando por
lo sano, que la crisis transformativa agudizada
en nuestros siglos XIX y X X alcanza al hombre
en su integridad orgánica, lo mismo a su mente
científica que a la artística, así como a sus es­
tructuras colectivas exteriores e interiores, físi­
cas y metafísicas o psíquicas, e incluso a su ser
histórico? No será, como por mi parte he creído
comprender por varios otros caminos, que nos
encontramos en el vórtice de una crisis mutacional del ente humano, que, por su carácter
universal, lleva aparejada no sólo el derrumbe,
la «deshumanización» de la entidad antigua, si­
no también el desplazamiento del foco creador
hacia el nuevo continente, según parece estar

�FIGAR1 como inspirador de la Literatura nacional
por H E C T O R R A G N I
Creemos que la Comisión Nacional lie Bellas
Artes, para cumplir del todo con su cometido,
editará en un volumen —o en varios— todas
las conferencias que en ocasión a la exposición
Figari se lian dado en homenaje y enalteci­
miento de dicho pintor; con las cuales, si los
valores del pintor no lian aumentado como tal,
no se podrá poner en duda — con los escritos a
la lista— que su ohra lia quedado consagrada
cómo exuberante manantial de inspiración lite­
raria.
Literatos, literatas, arquitectos nacionales
unos, e importados otros y lia.-ta algún escultor,
todos, lian mojado su pluma en los negros de
Figari, hasta desteñirlos easi. ¡Cuánta literatu­
ra! Recorremos in mente todo lo oído y queda­
mos abrumados. Cada uno lia buscado el con­
sonante que más cuadraba a su soneto, como
quien tira de la punta de una manta para su
1

-------------- ------------------ - r

viene de la pág. 4
dispuesto a aceptarlo, testigo de excepción, Paul
Vaíéry? Ojalá que, en el peor de los casos, el
arte americano «le la pintura, heredando el es­
píritu creador del más avanzado arte occidental
e identificándose, según propone Torres-García,
con su verdadera y constructiva esencia, llegue
a prefigurar el mundo y el hombre nuevos con
. tanta fidelidad como, entre otras muchas cosas,
el arte dislocado «le Europa lia reflejado una
' situación «le fin de mundo que explica con preí cisión la involuntaria semejanza que existe, y
que Cossío ,ha descubierto — valor por cierto no
material sino espiritual—, entre el Guernica de
. Picasso y los Apocalipsis medievales. Nada en
efecto define mejor el exacto sentido de nues­
tros días.
Los prejuicios de que arranca, han llevado a
Cossío a concebir su obra con criterio, más que
de pintor, de político que estima necesario fun­
damentar un totalitarismo de Estado, cortando
todos los posibles escapes. Tal vez por ello ha
dedicado la parte final de su libro a la más mo­
desta pintura rusa que, si existió en tiempos,
hoy brilla, como él mismo reconoce, por su
eclipse. Más, los que hubieran sido sus más emi­
nentes valores, Chagall, Kandinsky, Soutine,
B u rliok ... así como los escultores Lipchitz, Archipenko, etc., salieron para siempre de aquel
territorio. Lna sociología no exclusivamente ma­
terialista se vería obligada a parar mientes a
este propósito en la «casualidad» de que las re­
voluciones francesas y mexicana — americana—
se hayan calificado por la presencia y prospe­
ridad del arte de la luz, mientras «pie la sovié­
tica, pese a la protección oficial otorgada a los
pintores, se caracteriza por el fenómeno con­
trario. ¿No se deberá acaso a que esta última
revolución, en situación de antítesis, carece de
la dimensión imaginaria, universal, significada
por el lenguaje de ese arte que, cosa archisabida, no admite direcciones sino que es galar­
dón — y agente— de la libertad? ¿No 6erá por­
que en la transformación compleja del mundo
le lia tocado a la U .R .S .S . realizar ciertas ta­
rcas, importantísimas sí, pero exclusivamente
materiales, parciales por tanto y limitadas, que
excluyen las floraciones del espíritu? Si se tra­
ta de hacer distingos adviértase que únicamente
prosperan hoy en Rusia las artes de representa­
ción. Ni supliera el drama sino su escenografía.
En resumen, de lo expuesto se infiere una vez
más, a mi juicio, «pie sobre la realidad estrecha­
mente social, no negándola sino envolviéndola
complejamente, transfigurándola, se expande la
Realidad cósmica propia de la era a cuya puer­
ta nos encontramos, siendo el arte «le la pintura
uno de los conductos intuitivos por los que la
conciencia humana ha de tener acceso a la ar­
monía orgánica de su propia Naturaleza. En lo
cual el arte americano, recogiendo las enseñan­
zas últimas, ha de distinguirse, por su trascen, dencia, en provecho del hombre universal y de
su sociedad aun no creada, de las artes predecesoras.
JUAN LARREA

lado, pero como eran tantos a tirar, al final ter­
minaron por dejar el muerto al descubierto. La
cuestión estribaba, por lo visto, en demostrar
que la pintura de Figari — más exactamente—
lo representado en los cuadros de Figari, les
había inspirado largos párrafos literarios, lle­
nos de figuras retóricas y citas a los negros, a
los pericones, a los cielos con luna o sin ella, a
los ombúes secos o con hojas, a los caballos o
a los perros. Así todos y cada uno de los confe­
renciante;?, dentro de su mentalidad y 6u tenden­
cia, desde el arquitecto que no construye hasta
el que más valía que nunca hubiera construido,
v de éste al escultor charlatán, con sus inaudi­
tas comparaciones y parentescos de Figari con
ciertos pintores extranjeros; pasando por el poe­
ta gaucho — de tablado— autor (creemos) de
todos los versitos para reclame de yerba mate;
y la escritora ecléctica en demasía.
Hay quien lee libros yr libros y no aprovecha
nada. Pero hay otros, que apenas les cae en las
manos algo bueno, con qué facilidad lo utili­
zan, y qué bien se lo hacen venir en verso!
Versos que al oído parece que suenan bien, pe­
ro si los analizamos en su íntimo sentido— ve­
mos que eso no se aguanta— , pues si es puro
localismo y anécdota la esencia de la obra de
Figari, mal le cuadra lo de universal, por esto
o por aquellos, y a pesar de que el vocablo se
les haya pegado al oído con las últimas lecturas.
¡Lo qué es la literatura! Nunca podremos ter­
minar de comprenderla. Por ella, es dado ha­
blar hoy de los negros de Figari, como fué po­
sible ayer hablar de las lunas de Cúneo y a lo
mejor otro día se podrá hablar de la pintura
verdadera de algún verdadero pintor; por eso
no terminaremos nunca de comprender la lite­
ratura.
De todo se ha llegado a decir en el afán de
hacerlo venir en verso. Véase si no lo que dijo
uno de los conferenciantes: «Figari nunca hubie­
ra sido un pintor de naturalezas muertas, por­
que era un pintor de naturalezas vivas». ¿Sabe
este señor lo que dijo? ¿No lo sabe? 0 sabién­
dolo. no titubeó en decirlo, sólo por hacer la
frase —LA FRASE—- a la que cada uno supe­
ditó todo lo que dijo. Demás está destacar el
inconveniente de proceder en esa forma, pues
con ello se resienten las bases mismas de los que
se desea levantar. En sólo diez segundos se dió
por tierra con todas las alabanzas posibles, al
negarle a Figari toda capacidad para hacer una
naturaleza muerta.
Nosotros — REMOVEDOR— hablamos sólo

de pintura, no hacemos frases. Por eso, aunque
no nos comprendan los literatos — o nos lapi­
den— no nos interesa. Hablamos y escuchamos
sólo el lenguaje de pintor. Los conceptos plás­
ticos nunca podrán ser vaguedades literarias,
pues dejarían de ser tales. Cuando se habla de
una naturaleza muerta, todos los pintores sabe­
mos de que se trata. Pero 6¡ se nos habla de
una naturaleza viva, estamos seguros de que no
se nos habla de pintura. Una sola naturaleza
muerta puede consagrar un pintor. Decir que
Figari nunca la hubiera pintado, es negarle el
título de pintor, PINTOR, sin literatura.
Y . . . ya que hablamos de pintores, ¿dónde
estaban las figuras representativas de la pintura
nacional — léase oficial— en el homenaje a Fi­
gari? ¿Son todos mudos o analfabetos? ¿O es
que sólo encuentran quien les escriba algo, que
hacen pasar como escrito por ellos, para arre­
meter contra Torres-García? ¿O es sencilla­
mente que no están de acuerdo con el homenaje
o no se tenían fe en salir airosos? Ahora habrán
visto que fácil era: Los negros, los gauchos, los
cielos, el perro, etc., etc., etc. S í . .. p e r o .. . ¿y
la pintura? ¡La pintura que la parta un rayo!
¿Es que los conferenciantes hubieran sido tan­
tos si había que hablar de pintura? Uno que
intentó hacerlo comparó a Figari con Anglada
Camarasa! Nosotros discrepamos tanto de una
como de la otra pintura; sólo deseamos aquí
ser objetivos y poner las cosas en su lugar.
Anglada fué un pintor exuberante de mate­
ria, cuidadoso de la entonación en el conjunto
del cuadro, así como de la composición del mis­
mo, dentro de su tendencia. En cambio Figari,
ya lo ven Uds., ahí está colgado en el Salón Na­
cional y se puede ver si alguna de las condicio­
nes de Anglada Camarasa se hallan en las obras
expuestas, es decir, en la obra total de Figari,
pues allí está todo, tod o!! Desde lo que verda­
deramente lo representa, hasta lo que lo deja
realmente mal parado.
Ese criterio de mostrarlo ',odo, o la falta de
él, es lo que llevó a la misma Comisión Nacio­
nal de Bellas Artes a exponer hasta la última
miseria de J. M. Blancs, lo cual parecería más
aviesa intención que verdadero deseo de home­
naje. Pero, esto ya nos llevarla fuera de lo que
nos hemos propuesto, o sea agradecer en nom­
bre de Pedro Figari — ya que él no puede ha­
cerlo— toda la literatura que han hecho sobre
sus cuadros.
HECTOR RAGNI.

26 § EXPOSICION
DEL

‘TALLER Torres - BARCIA"
EN SU SALON PERMANENTE
Sub - Suelo de la
LIBRERIA SALAMANCA
Bartolomé Mitre y Policía Vieja
I NAUGURACI ON:
Martes, 6 de Noviembre a las 18 horas
S

�PRESENCIA DEL ESPIRITU
%

La Exposición de “Dioses, Hombres y Monstruos"
del Maestro J O A Q U IN T O R R E S - G A R C IA
La frase de Ben#detto Croce: «el arte es in­
tuición» puede enmendarse, o perfeccionarse,
mejor, con el agregado, de «sometida en parte
a un proceso consciente de elaboración y des­
carte. Porque si la materia prima del Arte es
ese golpe de espíritu sobre los objetos, esa pro­
yección súbita de las asociaciones, ese matiz no
visto hasta entonces, esa intuición, no menos
cierto es que, el freno y el saber lo que se busca,
determinan también el fenómeno Arte.
Y es curioso —y cierto— determinar que si
bien la crítica del arte puede encaminarse —
así como todo aprendizaje— al estudio y dis­
criminación de los valores absolutamente for­
males, el análisis final no puede ser sino la ca­
rrera en busca de la presencia del Espíritu.
Porque cuando el plano en que el artista des­
envuelve su actividad es — su nivel— de cota
más o menos normal, el espectador busca la faz
meramente técnica o analítica del objeto artís­
tico, mientras que cuando las elementales de­
terminaciones han sido superadas, solamente
cuenta el espíritu y su emanación, quedando lo
formal como un paso final o el regusto de "un
fuerte gusto que le antecede.
Pero lo envuelto y difícil del misterio del
arte, hace que justamente este espíritu por el
que brega el espectador, y que quiere buscar
como meta en su actitud entre pasiva y activa,
aparece como una resultancia del ajuste y per­
fección de lo formal.
De manera que en ese equilibrio e interde­
pendencia radica el quid de la presencia absor­
bente de la obra, y su calidad y condición de
duración.
Allí es donde yo encaminaba precisamente mi
intención: a la concreción y puesta en rigor del
aserto de Croce — indudablemente visto con la
justeza de quien está muy próximo del fenó­
meno del arte— pero incompleto en cuanto no
considera el acto mismo de la creación, el trán­
sito de la intuición a la forma misma. Croce
queda en la visión previa al objeto artístico
y no pretende explicar o circunscribir el acto de
la formulación y ordenamiento de la intuición,
pero de cualquier manera abriendo la puerta
de visión a ese 6util material primario del arte.
Las exposiciones sucesivas de Torres-García,
en el salón permanente del Taller, habían pues­
to al público en la posibilidad de verificar di­
rectamente la pintura.
Tanto sus exposiciones constructivas, como
las de paisajes, o simplemente de abstractos,
habían determinado, para los olvidadizos, la tó­
nica misteriosa y clásica del arte de Torres; y
el nexo que informaba a todas las exposicio­
nes anteriores, cordón umbilical o vena de trán­
sito entre todas las obras — su calidad particu­
lar— tuvo en la actual exposición de TorresGarcía, una culminación.
Porque en estos cincuenta y tantos retratos,
Torres-García evidencia, antes que nada su espí­
ritu, el espíritu universal del arte y de su arte,
y por el equilibrio de intuición y formalidad
que señalábamos, en el comienzo, manifiesta su
verdadero sentido clásico. Por esto nunca mejor
que ahora esta exposición de Tdrres-García,
cuando lo clásico, hecho lugar común de la
equivocación, se ve defenestrado por quienes,
atenidos a cánones, o menor diclió a las apa­
riencias más externas del arte clásico, pretenden
dar por eso simplemente exterior un espíritu,
del que se hallan absolutamente lejos.
\ quien hace una academia, copia un des­
nudo en barro con penoso servilismo, o pincha
a Viñola entre punto y punto para reproducir
los torcidos acantos, y cree estar en lo clásico,
no comprende que solamente podrá estarlo,
cuando logre concitar aquel equilibrio que tan
misteriosamente Torres-García concita en cada
cuadro, colocando al espectador abstraído, por

obra de esa circunstancia, de frente con lo uni­
versal.
Porque tan universal, por este hecho resulta
uno de esos retratos como una obra construc­
tiva, aunque si bien aquellas además de conte­
ner a Torres-García determinan un sentido, una
dirección en el arte americano, circunstancia
que apunta Juan Larrea en su artículo «Decoro
de la Pintura».
Y aún siendo obra cerrada en sí mismos,
estos retratos, que a mi modo de ver y de sentir,
son trasmutación a lo plástico del personaje y
las circunstancias adyacentes al mismo, hasta el
lenguaje de la pintura, por tocar la armonía,
tocan directamente a lo universal.
A esta altura, contesto para quienes pudie­
ran encontrar literaria o demasiado libre mi
posición, subjetiva en extremo, frente a un
hecho que — como se ha dicho de la pintura—
debe considerarse solamente en cuanto a pin­
tura, contesto digo, que la gustación del objeto

artístico, una vez que este «s ha dado como una
presencia, sencillamente, no tiene más límite
que el espíritu que de este emana, el cual, re­
sulta obvio decirlo, no admite acotación dle
ninguna naturaleza.
Entendiendo entonces claramente que a toda %
mi — diré— ensoñación contemplativa, precede
la alegría que produce la presencia del arte,
manifestándose e imponiéndose subyugantemente, de consuno.
De manera que si algo puede dar la tónica
de esta exposición de «Dioses, hombres y mons­
truos» de Torres-García es su control clásico,
su sentido apolíneo, su milenaria raíz universal.
^ paralelamente, si algo puede resumir mi
actitud personal, o mejor dicho, si algo puede
enunciar mi experiencia frente a la exposición
de Torres-García, es mi certeza de haber estado
en presencia del espíritu.
Sarandy Cabrera.

Integrantes Del
TALLER "TORRES-BARCIA”
Rechazados
Total o parcialmente del

IX Sal ón Nacional
EXPONEN
SUS OBRAS AL

JUICIO DEL PUBLICO
EN LA ASOCIACION OE EMPLEADOS
BE COBREOS Y TELEGRAFOS

JUNCAL 1315.1er. piso
Abierto desde NOV. 5
de las 18 a 20 y 30 horas

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Castillo, Guido&#13;
Torres García, Joaquín&#13;
Ragni, Héctor&#13;
Cabrera, Sarandy</text>
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J. TORRES - GARCIA

DIBUJO CONSTRUCTIVO

N: 7
S «ti«m b re

19%5

KO

EDITADO

EL E JEM PLAR

EXCLUSIVAMENTE POR INTEGRANTES DEL

0.05

ORGANO

REDACTADO

TALLER TORRES

Y

-

GARCIA

�REVALORIZACION
Del

por

DEL
Libro

“ Universalismo

Joaquín

Hablemos bien concretamente de pintura.
Hay dos pintores: el bueno y el malo.
El mal pintor es como el charlatán, que habla
mucho y nada dice justo. Por el contrario, el
buen pintor no dice más que lo imprescindi­
ble, pero ese poco decir nos muestra su sabia
comprensión del hecho plástico. Porque en el
buen pintor, se puede decir, actúa su ciencia de
pintar. Diríase que ahorra sus medios técnicos.
Por esto podrían casi contarse las pinceladas
que puso sobre un lienzo; darse perfecta cuenta
de los pasajes; de la superposición segura de
sus toques; es decir, piedra a piedra, toda la
admirable arquitectura de su obra. \ de no lle­
gar a tal claridad, más vale emplear el tiempo
en otra cosa. Sí; hay que llegar a eso o renun­
ciar.
Pero, ¿qué sería en sí todo eso? Hay que ex­
plicarlo bien, no sea que alguien se crea ya
estar en lo que no está, ya que, por lo que se
acostumbra a ver en las exposiciones de pin­
tura, se advierte a las claras que muchos sufren
de esta ilusión. Y tal ilusión ¿de qué les viene?
Pues, pura y simplemente, de que no son pinto­
res.
De lo que se posee, a lo aprendido, va la
misma distancia que de ser a no ser y no es
chica cosa.
Por un lado o por otro, podemos encontrar
al pintor, en los mil modos de pintura. Y esto
es lo único (y digo lo único sin atenuantes), lo
único que ha de interesarnos. Sin piedad, pues,
condenemos al que pinta y no es pintor.
Conatos, intentos, alardes y desfachateces; es­
camoteo de la verdad en un juego habilidoso.
. . .Todo eso de nada sirve con nosotros: quere­
mos la divina música de la pintura.
Bien: por parte de la generalidad de los pin­
tores hay poco respeto por la pintura y también
por la naturaleza. Manoseo de ambas cosas. \
no es eso. Pero, eso, ¿de qué viene? Nada más
que de la mucha petulancia de quienes pintan.
Esos piensan más en ellos que en el arte y en
las cosas. Las cosas, que todas son bellas si bien
se las mira: el borde de-una vasija, la blancura
de una taza, lo limpio y maravillosamente colo­
reado de un fruto. ¿Y qué diremos de un rostro
humano, de un niño, de una muchacha? ¿Y
qué de las flores? ¿Y también de lo bien tor­
neado o escuadrado de un objeto? El pintor
debe amar y respetar esas cosas. Pero hay que
advertir: no para copiarlas; es decir, np para
imitarlas; sino para encontrar en ellas a la pin­
tura.
Deseo proceder con toda sencillez. Por esto
trataré de deslindar lo que es esencial de lo
ajeno al hecho plástico: ese acorde entre lo que
el pintor habrá abstraído de la realidad, ya co­
mo elemento estético o plástico, y los medios
de su orquesta, que es su paleta. Y entonces:
la suva. Porque cada pintor debe tener la suya
propia. Si llegó ahí es como decir que compren­
dió al fin. ¿quién de allí ya podrá sacarlo? . .
Ahora el pintor está ante su caballete y su
modelo: sea un paisaje, sean unos cacharros o
unas flores, sea una persona. El pintor ante esos
modelos, concentrado; ignorando el tiempo y
donde está. Entonces ve lo inmensamente difícil
que es lograr la vida (la pintura) en el más
insignificante objeto; o sea una realidad que
pasa a orquestarse en su paleta: y entonces todo
será viviente. No está ya en el reflejo de vida
de eso que se llama un cuadro, sino en la vida
efectiva de lo plástico. Pero ¿cómo se llega a
eso?
___.
¿Qué es ese trozo de pan y ese botijo encima
de la mesa? ¡Nada! Y sin embargo el trasla­
darlos a la pintura (no el copiarlos! es la obra
de un gigante.
Años de academia ¿para qué sirven ahora?
¿Y a qué tanta teoría, a qué tantos sistemas de
pintura, a qué tanta literatura?
Hay que limpiar el ambiente, hablar claro,
ponernos al fin de acuerdo.
Dime, pintor: ¿para qué ese empaste inútil?
Y tú ¿no ves que el fondo de la pared es liso?

2

CONCEPTO

Torres-García

Sí; la pintura es un hecho real. ¿Me han oído
los pintores? Tan real y verdadero como un la­
drillo o un pan; es decir, cosas. La pintura es
una cosa que se forma, y entonces, con toda su
singularidad: quiere decir, que así como tene­
mos el agua o el carbón, que son cosas singu­
lares y se distinguen de todas las demás cosas
del mundo, así la pintura. Y entonces tanto está

REMOVEDOR
Responsable

Año 1

h°
GUI DO

P I NT URA

Constructivo".

Entonces ¿para qué ese trabajo de pincel que
has hecho?
Acude el pintor a esa falsedad porque no pin­
ta lo que podría ver: él está pintando esa cosa
horrible que se llama un cuadro. Y se puede
pintar un cuadro sin dar con la pintura, que es
un hecho real.

Redactor

DE

7

CASTILLO

en Giotto como en Velázquez; porque los dos
fueron pintores. Sólo por eso. ¿Me han oído
bien todos? Sí; sólo por eso, y no hay otra es­
tética (¿oyen bien esto?) ni vale ya ninguna
ciencia. Por esto puede decirse: lo primero,
dar con el pintor y la pintura. Y, «obre eso,
todo lo demás; sea lo que sea. Por esto yo me
atrevería a decir que el hombre pintor se dife­
rencia de todo otro ser humano. Por esto son
de la misma raza Piero della Francesca y Greco.
El pintor, pues, puede dar gracias a Dios de
que lo hiciera tal. Y ya no hay que decir que
los hombres músicos y los hombres poetas per­
tenecen también a otra raza. Y por esto, son
divinos Bach y Fray Luis de León, Tiziano y
Beetboven.
Hay quien toma el final por el principio. Voy
a decir lo que quiero significar con esto.
Se plagia, por ejemplo, a Matisse o a Cézanne. Ahora estos maestros pagan la fiesta. Y en­
tonces se toma de ellos lo que les costó una vida
entera de observación y de estudio. Se toma
eso, que es un resultado, y se imitg. ¿Y qué tie­
ne que suceder? Primeramente, no tendrá el
soporte de toda una interminable serie de estu­
dios y ensayos, y por esto se tendrá que quedar
sin la debida comprensión; y luego, que, si se
comienza por donde acabó el otro y fué síntesis
de todo lo que tenía que decir ¿qué le quedará
a éste otro para seguir adelante?
Este ya se ve que es camino extraviado. Pero
¿a cuántos no vemos en él? El camino recto
y verdadero es este otro: partir de lo que se
observe directamente y, sea lo que sea y sin
valerse de ningún artificio darlo honradamente.
Pero esto, a muchos les parecerá que es aven­
turarse a solas, y sentirán gran temor. Y sin em­
bargo ésta es la única puerta para entrar en la
pintura.
Aparte de otras cosas, sobre ese asunto, debe­
mos considerar esto en primer término: quien
se vale de la personalidad de otro, abdica de la
suya propia (verdad de Perogrullo I y entonces,
aparte de otros, se expone a dos males: es el
primero, que ya no dirá lo que él tendría que
decir, algo inédito, que sería lo más interesante;
segundo, que dirá mal lo que otro dijo, pues
él ¿qué sabe del otro? Pero hay más, mucho
más: que no tomando directamente de lo real
(pues con los anteojos de otro es imposible que
vea lo que él tenga que ver!, sucederá que, a
su obra, le faltará esa autenticidad de visión;
pero no aún sólo eso, sino que, ese hecho plás­
tico de la pintura, que debe producirse necesa­
ria y normalmente, no se producirá, y entonces,
no será algo que se lia creado, sino una simula­
ción de eso. En fin. un mal negocio.
Hay pues* una sola verdad: la que cada cual
descubre. Y sin ese descubrimiento no hay pin­
tura. (Ahora piense bien el pintor: no hay pin­
tura. Pues la pintura es algo de inédito que

cada cual lleva — si es pintor— y hay que des­
cubrir). Y por todas estas razones, aconsejaría
a muchos desandar el camino. Y entonces ¿qué
se encuentra? Pues simplemente: esos simples
objetos encima de una mesa: ese trapo, ese trozo
de pan, ese cacharro. Nada más. Y tú, pintor,
allí solo.
Y ahora otra cosa: ¿cóm o se aprende a pin­
tar? Pues, pintando. No hay tampoco otro ca­
mino. Pero entendámonos. No pintando de cual­
quier manera.
Modernamente, si se prefiere pintar lo que
ahora se llama una naturaleza muerta o un tro­
zo de paisaje, no se crea que es porque muchos
pintores estén faltos de agallas para emprender
motivos de más teatralidad. No es por eso. Es
porque esos pintores, se han dejado de lado el
tema; es porque éste, no puede ser otro que
la pintura en sí misma; no hay para ellos otro
tema. Y entonces, cualquier cosa les sirve de
pretexto. Y es claro que en tal caso, busquen
el motivo más sencillo, pues lo que va a consti­
tuir lo grande, será el hecho plástico que sus­
citarán unos simples objetos.
Quien se ponga pues, a pintar libre de in­
fluencias y de otras fantasías, debe encarar la
realidad en esa forma. Por eso, no imitando,
sino abstrayendo de esa realidad algo que él
pueda traducir en manchas concretas de color,
que él pondrá sobre el lienzo, una junto a la
otra, como inventariando aquello que está con­
templando. Y entonces, sin otro artificio, verá
cóm o el milagro se produce: la realidad en el
plano de la pintura. La realidad, entonces, no
será más que la inspiradora de los sonidos que
él arranca de su paleta. Y para eso se pinta
— para esa música— y no debe pintarse para
nada más. Y lo que entonces dirá el pintor, ya
no podrá explicarse, porque ya no será litera­
rio, sino plástico absoluto.
Ante todo tenemos que hallar el camino por
el cual podamos descubrirnos como pintores.
Hay sólo una palabra que pueda ser verdadera:
la propia. \ así ha de ser la verdad en pintura:
por esto viviente. En pintura se ve o no se ve.
Y lo demás es sin autenticidad. Ante una obra
del Greco o de Giotto, podemos decir: éste vió.
Al pensar en lo que se suele ver por todas
partes como pintura, yo siento la mayor angus­
tia. ¡Qué grandes cuadros se proponen los pin­
tores! Y siempre: el tema. ¡Dichoso tema! Este
es el primer paso que conduce al abismo. Por­
que tema quiere decir: imitación, realismo.
Aquí el pintor olvida que el único tema es la
pintura que descubre al mirar un objeto. Ese
hecho plástico de que hablé antes.
\ engan ahora aquí los que dicen y sostienen
que la pintura debe servir a algo de lucha so­
cial, y contesten: cuando van a ver, suponga­
mos, el Campo Santo de Pisa: quiero decir, las
admirables pinturas que bav allí; o el Entierro
del Conde de Orgaz, del Greco, en Toledo ¿qué
van a ver, la pintura o un episodio? ¡Pobre el
que mire todo eso como simple anécdota! En
cambio me pregunto a mí mismo: ¿qué voy a
ver en-la Capilla Sixtina? Yo no lo sé, y sé
que lo que veré allí no se podrá luego expli­
car: una cosa enorme. Y si me pregunto: ¿qué
dió nacimiento a eso? ¿La fe religiosa de Mi­
guel Angel? Cualquiera que piense un poco ve­
rá que no. ¿Qué elevó pues tal monumento?
Simplemente: su fe en el arte.
Lo que no puede explicarse de la pintura es
lo que nos hace hacer leguas de camino para
contemplarla. El artista pues es un hombre de
fe, de fe en la pintura. El artista, además, está
en la verdad, por la pintura; por esto está en
toda la verdad. Estará pues en lo justo, y lo
humano y lo hará en ese lenguaje inefable.
Dejen pues tranquila a la pintura. Pero ¿de
dónde viene ese pensar torcido? Pues simple­
mente: de que no son pintores Allí está la ra­
zón de tales divagaciones.
El hecho real y el hecho plástico se funden
Pasa a pég. t

�EL

ARTISTA

Y

Es ésta una trágica época del hom bre; época
del hombre desplazado de sus territorios huma­
nos por los mismos elementos creados por el
hombre; época de ciencia y de técnica, de co­
mercio y de máquina; época que quizá en un
futuro sirva para bien, pero que hoy sirve para
mal en este presente inevitable en que soy y en
que somos. «A y ! señor ministro de salud, nun­
ca fué la salud más mortal».

la pintura, la música, el hombre, etc.

Y el arte — ¡el pobre arte!— ¿cuál es su des­
tino: llenarse de ciencia, de cerebro, valorizarse
y venderse al mejor — que siempre es el peor—
de los postores, desvirtuándose; o si no, conser­
var sus valores, su espíritu, y permanecer olvi­
dado y extraño, com o cosa exótica e inservible,
en algún lugar vulnerable e incóm odo; pues ya
no hay «escondidas sendas» a donde no llegue
el motor, el hilo telefónico y todos los adelan­
tos de la técnica moderna, que acortan las dis­
tancias, aumentan las posibilidades de comuni­
carnos con los seres más distantes de la tierra
y que, en el fondo, nos separan — ¡quién sabe
hasta cuándo!— del oído más cercano y de la
forma más propicia.

Y enfrentado a ellos — profesores, presidentes
de comisiones culturales, críticos de arte, direc­
tores de revistas, etc.— , el hombre vivo y des­
vivido por su condición mortal; el artista, el
creador, el solo y desolado, que ha trasplan­
tado todos sus apetitos, sus instintos, sus egoís­
mos, sus virtudes, sus ideas, hacia otro mundo
de formas y de música, desde el cual ha de pro­
curar, agónico, herir al tiempo, con un trazo
inusitado y una palabra imposible.

Todo esto constituye la tragedia, con todas
las dignidades de lo trágico. Pero, luego tene­
mos la tragicomedia, más trágica, si se quiere,
por lo que tiene de cómicamente indigno, de
inmediata risa y tardío amargor. Pues toda co­
media se nos aparece como duramente trágica,
si en vez de tomarla com o un relato realizado
por personajes, en el que nos fijamos únicamen­
te en lo que a ellos les sucede, nos enfrentamos
con la comedia misma y la tomamos a ella como
personaje del drama universal.
Y esta terrible tragicomedia es, entre otros,
la de los histriones no profesionales, la de los
«pobres de espíritu» adornados con riquezas y
cintajos materiales. Es, eminentemente, la de
aquéllos que, quien sabe por qué remota nece­
sidad del mundo, pretenden, con toda su estupi­
dez a cuestas trepar los más altos promontorios
del espíritu. Y ahí los vemos, con sus bocas de
paradójicos bufones serios, ensuciar la poesía,

Ellos son los intelectuales reunidos en clan
no por una actitud espiritual, sino por míseros
intereses. Ellos son la gente cómoda que dedica
sus ocios a las artes. Ellos son los fracasados en
cualquier cosa menor que se desquitan con las
mayores. Ellos son, en fin, los que estarían en
cualquier parte mejor que en la que están.

momento en que comienzan a hablar en pú­
blico.
La prosa melindrosa, llena de torpezas y de
segundas intenciones de este señor arquitecto
me hizo recordar, asociación inconsciente, aquel
soneto de Francisco de Quevedo, «descompuesto
descomponedor de coplas», que está dirigido a
una vieja verde, en el que hay un verso brillan­
te. brutal, exacto como él solía, que dice: «no
vistas al gusano de confites». Esto es para
los buenos entendedores suficiente comenta­
rio. Mas, para seguir ejemplarizando, insista­
mos con este pulido y repulido espadachín, mal
que lo quiera, que es un representante de esa
eterna muchedumbre asustada por aquel in­
quieto que de tiempo en tiempo vuelve a cam­
biar las cosas en el justo momento en que la
buena gente se había acostumbrado a lo que
otro inquieto como él había instituido.

¡Quien sabe qué escondida exigencia univer­
sal, qué recóndita armonía, es la que instituye
este claroscuro de la más baja ceguera proyec­
tada constantemente contra la más alta lumi­
nosidad !

Sin lugar a dudas el que hoy ha venido a
perturbar este tranquilo Montevideo, es don Joa­
quín Torres García, portador y visionario de
problemas que aquí hasta ahora no se habían
entrevisto.

Y los individuos que constituyen el desdi­
chado gremio de payasos tétricos a que me he
referido, además de su carencia absoluta de lu­
ces naturales, no poseen la suficiente erudición
ni la más elemental habilidad que les permita
disimular sus huecos. Son mediocres que han
afilado sus armas lo necesario más evidente y
hecho agresiva su mediocridad.

Y sin embargo este señor Herrera insiste en
dignificar el tema y otras cosas por el estilo
para evitar las consecuencias y utiliza el disimu­
lo como método y la ambigüedad como sistema.

Para utilizar un ejemplo concreto, tome­
mos — a falta de otros menos flacos y misé­
rrimos— el caso de C. A. Herrera Mac Lean,
arquitecto sin historia que, tardíamente, procu­
ra galonearse en la crítica de arte donde nos
muestra a manos llenas todas sus carencias. Pe­
ro limitémonos a la última pirueta de este hé­
roe de comedia: la supuesta apología de Figari,
pretendida necrología de todo lo bueno que nos
ha dado el arte moderno, en verdad al apologizarse esta clase de gente se necrologiza, desde el

ACLARACION
AL
TITULADO E L FALSO

ARTICULO
DIOS RODIN

En el artículo a que hace mención el título
que usara en tantas ocasiones el escultor Rodin.
del presente, se hacen una serie de observacio­
Y que la clásica escultura en bronce, planteada
nes y críticas a la obra de Rodín, así como al­
en barro, con intención de hacerse en bronce,
gunas observaciones de carácter general sobre
y acabada luego del moldeado no está compren­
escultura, que han dado lugar a discusiones en­
dida como puede verse, en el terreno que pre­
tre autor y personas que más o menos directa­
tende abarcar el adjetivo innoble.
mente le rodean. Y como le es fácil suponer al
Y’ si cierta gran cantidad de las obras de R o­
autor de dicho escrito, que objeciones similares
din
permanecen en bronce siendo un fascímile
pueden darse en lectores, más distanciados, a
de lo que fueran en tierra, el Auriga de Delfos,
los cuales no pueda aclarar directamente ciertos
por ejemplo, o tantas otras esculturas griegas,
puntos oscuros o anfibológicos, se ve en la obli­
pompeyanas,
etc. modernas asimismo, no tienen
gación de puntualizar lo siguiente:
1.
° que el artículo de marras no tiene comoen su estado definitivo su carácter de barro sino
que evidencian la dureza del material de que
objetivo negar a Rodín, sino hacer crítica desde
están
constituidas.
un punto de vista perfectamente establecido —
tal como lo es el criterio clásico V apolíneo que
Sarandy Cabrera.
tomo como patrón de comparación.
Y que la personalidad del escultor Rodín no
pretende desmerecerse, asi su autenticidad, por­
REYALORIZACION DEL CONCEPTO
que al pie del tal artículo se aclara suficiente­
DE PINTURA
mente el punto, de la misma manera que la
trascendencia de la obra del mencionado artista,
(V iene de la pág. 2)
pretende ser situada en el restringido sitio que
en las obras duraderas en otro hecho: el hecho
le corresponde en el arte actual y sus derivacio­
pintura. Y si esto es cierto puede fijar un nuevo
nes próximas.
punto de vista. Voy a explicarme.
Y que. si bien Rodín no encaja en la precep­
Hizo piel nueva la pintura, en estos últimos
tiva clásica que adopto, o mejor dicho que adop­
cincuenta años, si bien yo creo, en un sentido
ta el arte moderno en su gran parte, tiene su
unilateral. Se admitió no más, como tal, un arte
explicación desde un punto de vista dionisíaco,
a tres dimensiones y teniendo por fundamento
que no comparto pero que pudo justificarse
la luz. Cosa bien cierta, pero, ¿es que no había
com o reacción al marasmo que significaban las
otra
pintura?
fórmulas, de un fosilizado clasicismo, o resuel­
No; la pintura abarca más ancho cam po: una
tamente academia, que tal era el carácter de la
pintura planista y sin el problema de la luz,
escultura que precedió a Rodin.
2.
° que cuando hago referencia al innoblepuede afirmarse categóricamente, que también
puede ser pintura. Por tal razón, hay que bus­
método del «pasado a bronce», de ninguna ma­
car la esencialidad de la pintura en algo mucho
nera pretendo condenar como equivocada toda
más profundo. Por esto pueden alinearse dentro
escultura en bronce, lo cual sería gravísimo
de tal concepto Giotto y Velázquez, al parecer
error, sino el «pasado — bronce símil barro»—

Podríamos continuar el análisis de este de­
fensor de ■vulgaridades, pero su caso no da para
más. Así que tornemos a la generalidad de
nuestro asunto, sólo para decir que el artista,
el verdadero artista vivirá siempre absorto en
su mundo de misterio, que las vejaciones, las
burlas y las estupideces mancomunadas le ser­
virán también de asunto, ya que sublimado su
egoísmo natural, sabrá verlas como entidades
y fuerzas universales y, por lo tanto, objetivas,
trágicas y saludables. Y así transfiguradas, to­
das esas miserias vivirán como elementos del
espíritu.
Guido Castillo.
antagónicos. Pues el hecho plástico que hemos
señalado está en ambos. Sólo que parten de dos
maneras de enfocar lo real: una partiendo de
la visión física; la otra de una visión intelectiva
o mental. Por «sto, la primera dentro de las
tres dimensiones del espacio, y la otra bidimensional. La una no queriendo ver en el objeto
más que un mero accidente en la luz; la otra
considerando el objeto en sí mismo y con inde­
pendencia del fenómeno físico.
Paso por alto lo que determinan estas dos
visiones y que fácilmente cualquiera puede ex­
plicarse, para ir a esto otro: que la pintura a
tres dimensiones, sería la pintura romántica,
todo libertad y contingencia: lo dionisíaco; y
que la otra sería la pintura clásica, dentro del
ritmo: lo apolíneo, y que en vez de darnos lo
cotidiano nos daría lo universal, y aún en el
caso de tomar de lo contemporáneo. He dicho
pintura en el ritmo, pues por ser planista, es
la más adecuada a entrar en la medida armó­
nica. que es lo que aquí puede significarse por
ritmo.
En cualquiera de estos dos casos está el hecho
pintura: no depende de estos opuestos medios
de manifestarse. ¿Qué es en sí la pintura?
Por el momento tenemos esto: la pintura no
es imitación, es creación. No es pintura pues,
aquella que se limita a copiar la realidad.
El concepto pintura, a mi juicio, tiene que
referirse al concepto general del arte, y éste es:
construcción. El pintor es un constructor en la
modalidad pintura. Y porque el pintor debe ser
un constructor, que manipula valores abstrac­
tos (valores plásticos absolutos) es por lo que
el que imita, ya no es pintor. Sin llegar pues,
a lo abstracto, y a construir con eso, no hay arte
ni hay pintura. Y lo mismo podría decirse de
la música y de la poesía. La antítesis del arte,
es lo imitativo y lo descriptivo; porque el pla­
no real y el plano del arte son distintos (dos
mundos diversos i y no deben interferirse.
J. Torres García.
Setiembre de 1942.

j

�m

Cada uno
Desgraciadamente, la frase de Degas, de que
«nos fusilan, pero después nos meten las manos
en nuestros bolsillos», está en vigencia. Paso a
paso, por estos fusiladores, puede seguirse cuan­
to se ha plagiado de lo que vengo diciendo con
respecto a la esencialidad de la pintura, desde
mis primeras conferencias aquí, y que pueden
leerse en «Universalismo Constructivo». Pero
como esto está en contradicción con dar prefe­
rencia al tema, ahí se arma el lío. Se quiere
estar en la verdad esa, pero, al mismo tiempo,
en lo que conviene decir ahora con respecto al
tema. Y eso no puede ser. Se dice: tal pintor,
ante todo, quiere apoyarse y levantar el tema,
y se siente halagado cuando se le elogia en tal
sentido, y escucha como quien oye llover, cuan­
do se le señalan valores plásticos en su pintura.
Y realmente, ese tal pintor, debió proponerse
eso: ser un historiador de la anécdota, fuese del
tiempo que fuese. Pero resulta después, que, si
un pintor ha de valer, no ha de ser por eso, sino
por los valores absolutos plásticos. Y entonces,
¿quién puede entender semejante entrevero?
Y luego esto otro: se habla en ese o parecido
caso, de un pintor que, bajo el punto de vista
color, ha superado a todas las escuelas moder­
nas. Y bien, ¿qué pasa aquí? Que ese tal pin­
tor, no pinta con valores (para poner un ejem­
plo, nada más) sino con colores, y que si no
hay valorización, es decir, tono, no hay pintura.
Pero — pongamos otro ejem plo— supóngase,
que entre los pintores de aquel país, nadie se
propuso jamás eso, porque no se sabía que exis­
tía tal hecho plástico —*jue es fundamental en
pintura— y que por esto, y por pintar sólo con
colores, no daban en el clavo, y que entonces,
para hacer vivir a su pintura, se recurriese a
una carga mayor de color (cada vez más), pero,
es claro, sin resultado. Pero ¿si no se veía más?
Entonces, lo que se juzgaba armonía, era estri­
dencia; pero, ¿quién vió esto? ¡Si alguien hu­
biese visto!. . .
Y otra cosa tan entreverada como esas otras,
y también por falta de conocimiento auténtico.
Se dirá, en otro caso, que ahora también pon­
dremos como nuevo ejem plo: ¿qué nos importa
la anécdota que pudo sugerir tal o cual obra
antigua, puesto que ya no somos creyentes ni
hasta iniciados en tal o cual dogma religioso?
Y es verdad, pero entonces ¿cóm o levantar al
tema, que se cae?
¡D ifícil cosa, pero hay que hacerlo! ¡Ah, sí!
Cada gran época tuvo su tema: funerario, gue­
rrero, mitológico (pero, ¿es que tratándose del
arte antiguo o primitivo, todo no fué mitoló­
gico), el misticismo panteísta, etc., es decir, te­
mas diversos. Pero el hecho es que no fué así:
esa diversidad, fué sólo cosa aparente, puesto
que todas las leyendas, mitos, religiones, mito­
logías, etc., etc., tenían un solo tronco o raíz,
PREHISTORICO (el Cristianismo inclusive! y
que el tema, siempre es el mismo (para el que
no se queda en la apariencia) y que es la tra­
dición de la Verdad, como tantas veces he di­
cho, y que es la médula del arte grande (el Arte
Universal) y entonces, trascendente. Y a tal
arte puede llamársele así, y no al arte anec­
dótico, porque eso no podría ser. Y si fuera
éste el lugar y momento de decir la mayor ver­
dad, diría que, en el siglo X X , hay que estar
en la prehistoria, ya que, el aluvión de tantas
falsedades y mentiras, hijas de la ignorancia y
egoísmo humano, pasarán como río entre las
enormes peñas (el hecho primordial prehistó­
rico) que emergen en la superficie del suelo y
que son la osatura de la Tierra, pues la pre­
historia, como una esfinge, guarda la verdad
fundamental en su seno.
Además, siempre el lenguaje del arte es her­
mético, por esto directo, pues la forma habla
un lenguaje inefable. Y así habló siempre el
gran arte; y entonces, ¿qué pudo ser el tema.
sino un mero punto de partida o pretexto? Y
el arte más chico (no ya universal) cuando es
de buena cepa, también habla así. Por esto ye­
rra el que, por vía de la anécdota, quiere hacer
(por ejem plo) arte nacionalista o arte proleta-

en

LA
D E C O R A C I O N
DE
LA
N U E V A
BIBLIOTECA NACIONAL

su Ley

rio. Y justamente creo que algo se ha dicho a
ese respecto, y que, el futuro arte de América
(y del mundo, pues el último arte europeo di­
cen que ya está enterrado) será ese arte comu­
nista. Y los que no estamos con eso, ya somos
artistas fósiles — precisamente por eso sólo— ,
pues tendríamos que estar en ese tema.
J. Torres García.
Setiembre de 1945.

EXP O S IC IO N E S
TALLER
Y

A

DEL

REALIZADAS

REALIZARSE

Después de la exposición de sus últimas obras
(19451 de aspecto naturalista, y de la retrospec­
tiva (obras a partir de 1928), ya en el número
anterior de REMOVEDOR, se anunciaba una
tercera exposición Constructiva, de carácter uni­
versal (ya realizada) y a ésta sucedió otra de
obras recientes, del maestro, naturalistas, (rea­
lizada), para finalizar con otra exposición Cons­
tructiva, la actual y quinta de la serie, con obras
a partir de 1928.
Durante estas exposiciones tuvo lugar un re­
cital por la orquesta infantil que dirige el maes­
tro C .Canel, y otro de poesías modernas, por la
señorita Berna Canavesse.
Colectivamente, con más de 90 obras, el Ta­
ller concurrió a la exposición que los artistas
uruguayos realizaron en el Salón Municipal
(Subte), organizada por la J.U.N.E.U.
Para en breve se anuncia una exposición co­
lectiva por los integrantes del Taller, en la ciu­
dad de Artigas, y otra de Retratos, por el
maestro Torres García, en «Amigos del Arte»,
la cual se titulará: «Héroes, hombres y Mons­
truos» y será inaugurada alrededor del 20 de
octubre.
También próximamente, un recital de poesía
negra por el poeta Denis Molina.

Se va a decorar la nueva Biblioteca Nacional.
Eso es, únicamente decorar. Se comenzó ha­
blando de «la más amplia libertad en el arte»,
y se terminó fijando el motivo y los personajes
de cada muro. ¡Hombres de gran patriotismo!:
aquello más que una biblioteca, donde el saber
universal tiende su mano milenaria, va a pare­
cer un archivo histórico, un postrer recuerdo
del pasado que no se resignan a olvidar. ¡Y ya
veremos esas fragorosas descripciones literarias
de batallas y entreveros, sobre las cuchillas ro­
mas y ensangrentadas! ¡Ya veremos —o mejor,
volveremos a ver— los caballos encabritados, los
bustos erguidos, el sable con su molinete infer­
nal, en fin, los Meissonier, los Gros y el tamiz
y la adaptación de ellos, los Blanes.
Pero han preferido dar los muros de la Bi­
blioteca a los «Artistas Plásticos del Uruguay».
Están hablando de gente que nunca ha existido.
¿N o será al Sindicato de Fotógrafos S. A., a
quién le otorgarán el alto honor de pelear con
tales muros? El arte en nuestro país nace con
el maestro Torres García. Él es el primero que
comprende que para engrandecer una nación
no es necesaria la expansión de un regionalismo
exclusivista, y propende a lo universal, con mi­
ras hacia lo eterno e inmutable. Él hubiera
sido el único capaz de eternizar en el muro, las
ideas y concepciones de nuestro siglo, con ese
reposo confiado con que vive todo lo suyo. P o r
eso, porque es demasiado grande, no se verá
presentar su boceto. Sólo queda un camino, y
es el de ofrecerle los muros limpios, como tributo a su valer.
Poco he de decir de las esculturas (¡tan poca
m erecerán!): parece ser que estamos condena­
dos a continuar viendo los equívocos perfiles de
la mitología griega, con algún dejado toque rodineano.
Y los siglos venideros, ¿qué pensarán de nues­
tra é p oca ?. . .
. . . A veces el silencio es la mejor contesta­
ción.
J. M. Aguiar Barrios.

SALON PERMANENTE DEL

Taller TORRES-GARCIA
Exposición de obras del Maestro

J.

TORRES
Muestra

- GARCIA

Constructiva

Bartolomé Mitre esq. Policía Vieja
Sub-Suelo de la Librería de SALAMANCA

HORARIO DE:

18 A 20

4

■

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Cabrera, Sarandy&#13;
Castillo, Guido&#13;
Aguiar Barrios, J. M.</text>
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DIBUJO

N- 6
J u lio - A g o s t o 1 9 4 5

GONZALO FONSECA

EDITADO

EL E JE M P L A R

EXCLUSIVAMENTE POR INTEGRANTES DEL

0.05

ORGANO

REDACTADO

TALLER TORRES

Y

-

GARCIA

�REFLEXIO NES

SO BRE

POR
De tanto en tanto, siento la necesidad de ad­
vertir, a los que se dignan leerme, que no tengo
pretensiones literarias; que no soy ni quiero
ser más que pintor, y que si escribo, es para
hablar de mi arte, y de cuanto directa o indi­
rectamente se relacione con él; y por fin. que
me guardo de poner una palabra erudita, como
de quemarme, y que sólo aspiro a que se me
entienda de la manera más inequívoca posible.
También he de decir, que tampoco planeo
mis artículos o conferencias, y que en comen­
zando, una razón trae a la otra, y así termino,
sin que antes supiese de ese final o conclusión.
Y escribo como puedo, con muy pocos mate­
riales y aún me sobran. Pues si las palabras son
las más usuales, las ideas suelen ser de lo más
sencillo.
Ahora pido hospitalidad a «Rcmovedor» para
decir algo que debe decirse.
Tanto es errar el. número de la lotería pol­
lina cifra como por todas. Por esto, si no se
está donde debe estarse, cuanto bagamos será
inútil. En un conjunto social existen muchos
círculos que giran sobre su pivote, pero, si no
es en el que debe ser ¿de qué valdrá tanto gi­
rar? Aleo debe de darnos la medida de todo,
pero, si esto no hallamos, ¿habrá medida para
alao? Por esto, es posible que estemos en un
caos.
La controversia es inútil, puesto que todos
tienen razón. Y porque nadie sabe, todo tiene
que ser gritería.
Yo creo que así estamos.
Recorrimos un inmenso palacio, pero olvi­
damos una mísera estancia, de puerta estrecha,
donde quizás hubiéramos hallado la revelación
de todo. Por esto continuamos en lo falso.
De dar con esa clave, hubiéramos visto en la
ilusión en que estábamos. Hubiéramos visto que
todo era vana apariencia: algo falso, de cartón
y trapo, en lugar de una realidad; papel mo­
neda en vez de Oro. Pero moneda corriente, en
vigencia, dentro de la ilusión común.
Tiene Gova un capricho, representando ele­
gantes damas .y caballeros con antifaz, en ani­
mado coloquio. Y pone abajo: «Nadie se co­
noce». En efecto, nadie se conoce. T eso es
terrible.
Al pensar tal cosa dan ganas de llorar. Al
pensar tal cosa, es para entrar en desesperación,
porque ¿dónde hallar la verdad, al fin? La ver­
dad sencilla, como que tres y dos hacen cinco.
Una cosa es la vana arrogancia y otra el ca­
rácter. Una cosa es aparentar y otra ser. Ser en
cualquier terreno; es decir, saber, estar en posesió nde una cosa verdadera. ¿Y cómo puede
ser que alguien se pase todo el año fingiendo,
mintiendo; y eso caminando, hablando, en cual­
quier función u oficio? Pues bien, para ese, no
hay otra realidad. Y ahora me acude otro ca­
pricho de Goya: dos tontitos, ella y él, diciendo
necedades. Y pone: «Tal para cual». Es así:
para el otro, toda aquella mentira es verdad,
pues hace él lo mismo. Tal mentira es la única
realidad.
Para ver esto claro, basta pensar que. con
poner un letrero y organizar una junta direc­
tiva. se crea una institución. Y allí se enseñará,
se seguirán carreras y se otorgarán títulos...
Las cosas no se nombran por su nombre, se
inventa otro que es el que. oficialmente, dentro
de cualquier materia, puede dar categoría. Por
otra parte, ¿es sobre alguna realidad que hay
que trabajar? No. eso nunca; es sobre algo con­
vencional que todos admiten.
Así se está.
¿Quién es el que se toma en serio las cosas?
Un ingénito cualquiera; dirán que pierde el
tiempo.
¿Ser justo y ordenado? Vaya una tontería.
Lo que justifica y ordena toda clase de co.-as
es la propia conveniencia. Y quien no sabe eso.
ni vive ni aprovecha las oportunidades...
Se está en eso.

2

EL

JOAQUIN

ARTE

REMOVEDOR
R esponsable

Año 1

N° 6
GUI DO

EL

ARTISTA

TORRES - GARCIA

Tal prepara telas y colores. Ya a pintar. Y
entonces ¿sabe él algo de la verdad profunda
de lo real — del fenómeno visual de acuerdo
con una verdad plástica? ¿Sabe él que esos dos
aspectos son inseparables? Pero, ¿que le im­
porta? El sabe otra cosa que no sabe el buen
pintor; sabe que no hay otra verdad digna de
tenerse en cuenta que el adaptarse —porque a
él le es imposible ver otra cosa— y pinta como
todos.
Se está en ese realismo. Y digo realismo, por­
que, el servir a la pintura o a cualquier arte, ya
no es estar en el realismo sino en lo abstracto,
en lo absoluto. Bien: la actitud primera perte­
nece al mundo, la otra a lo eterno. Y sólo podrá
llamarse artista de verdad el que esté en esta
última. Y así también lo demás de que liemos
tratado: la actitud del hombre en la verdad y
no en el orgullo, la bellaquería o la fantasía. Y
así las instituciones. Y así la enseñanza toda.
Y sólo los que están en tal plano de verdad son
los que saben. Pueden hacer en la verdad y
enseñar en la verdad. Y vivir como hombres en
lo justo, porque están en tal verdad. La cual,
es actitud muy sencilla.
Ahora, aparte de todo, podemos preguntar:
¿porqué, el obrar de unos y otros, de tan dife-

R edactor

Y

CASTILLO

rente modo? Pues porque así son; y esto, quie­
ran o no quieran. Quien nace hombre no nace
mujer, y uii caballo jamás será un buey. Todo
viene hecho. El uno trabaja en lo material, el
otro en una fe que tiene. Éso es todo.
Esos dos bandos lian de existir — es la ley
profunda. Y si sobre eso podemos ordenar una
justa teoría, sería en cambio necedad, querer
saber por qué eso es así y no de otro modo.
Es, eso basta.
Parece muy sensata la actitud del que tra­
baja para sí; y, dentro de lo material lo es. Y
locura — a lo Don Quijote— el trabajar para
el espíritu. Pero si bien se mira, todo ser hu­
mano, trabaja para ambas cosas, ya que afirma
sus pies en esos dos terrenos. Lo que varía, pues,
es únicamente la proporción. Y esto es lo que
los separa. Yo aquí, sólo trato de deslindar esos
dos terrenos.
Desde miles de años atrás se han señalado
esos dos terrenos: los que propenden a trabajar
en lo temporal, o los que se sienten para traba­
jar y vivir con lo eterno. Y a tales hombres,
tales actos y tales pinturas. Y no hay- que bus­
car más. Ricos unos en una cosa o en otra. Es
una verdad por demás vulgar.
Pero hay otra cosa que considerar: ¿ascien­
de el hombre yendo hacia lo material o animal,
o por el contrario, su superación es en sentido
inverso? La respuesta está dada. No llevan por
esto razón, los que están en un arte imitativo
inferior, sino aquellos que quieren crear en el
espíritu. Quiérase o no, pues, en los planos esté­
ticos hay- categoría.
El artista arma su obra en lo abstracto. Por
este hecho, los elementos formales que toma
de la realidad, al ser incorporados en esa cons­
trucción, toman sentido de eternidad. Y así, si
en la realidad vivieron como cosas, en la obra
pueden vivir en la armonía. Que su pintura ten­
ga dos dimensiones o tres dimensiones, poco im­
portará; que sea o no figurativa, tampoco; por­
que él opera con formas y planos de color, y
no con cosas (objetos); él opera en lo abstracto,
y por este hecho, ya está en lo universal, donde
todo anecdotismo y materialidad quedan ex­
cluidos.
Pero, ¿su pintura habrá ido más lejos que
él? Estará en tal plano de la verdad, que por
serlo es eterna, o en lo temporal, en lo mate­
rial. en las cosas del mundo? Una de estas docosas tiene que ser: o al nivel de su arte o por
bajo de él. En el primer caso, creará dentro de
la convicción de su fe; en el segundo hará de

oídas. Y digo que trabaja en su fe y no me arre­
piento. Porque tal artista, sabe, que si da eso
que ya no es cosa, su universalidad no viene de
la inteligencia ni de lo geométrico de la razón,
-ino del sentimiento. Está, pues, en su fe. y'
más obedece, entonces, a los impulsos que vie­
nen de ese lado, que a su prqpia voluntad y
pensar. Diríase que él se aparta para dejar pasar
a eso otro: que calla para que eso otro hable;
que obedece en vez de mandar. En realidad él
ya no existe más, pero en cambio existe en él
otra cosa. Entonces, sólo entonces, puede dar
algo de un mundo inédito.
Su compás para medir, sus pinceles y pa­
leta, sus colores y tela, él los quiere por encima
de todo. Con esas herramientas materiales en­
tró en el mundo del sentimiento de su arte. Y
si comenzó como todos, en la baja imitación,
ahora le parecería profanar su arte haciendo
una tela imitativa.
Hay quien pensará que un cuadro naturalis­
ta en las tres dimensiones, es ese cuadro imita­
tivo de que acabo de hablar. Nada de eso. Tan
abstracto puede ser un cuadro naturalista como
una composición sin figuración alguna. Porque
si los elementos de un cuadro naturalista, son
abstractos, el cuadro lo es igualmente, y pese a
la figuración y a sus tres dimensiones. Hay que
comprender bien esto. Hay que comprender,
que en esc plano abstracto, el artista opera, co­
mo se lia dicho ya, con planos de color y for­
mas. y no con objetos. Entresaca el artista, de
la realidad, lo que le lia interesado de acuerdo
con una realidad estética, y con eso compone
libremente. Es el camino de la creación.
La mayor parte de los que pretenden ser ar­
tistas, son devorados por la vulgaridad. Son los
innumerables desgraciados que empuñan pale­
ta y pinceles. Y están llenos de cuidados y de
ambiciones. Por esto la guerra entre ellos es
Perpetua. Es toda una clase. Pero, entonces,
¿cuál debe ser la actitud del artista verdadero?
Antes se dijo: trabajar sólo para su fe. Por esto,
toda ambición cae, todo cuidado en sentido ma­
terial, toda apariencia sea cual fuere, toda en­
vidia. porque está en una subyugante concen­
tración en torno a lo que estudia, v en un senti­
miento de tal universalidad y tan por encima
de todo, que le tiene que hacer desdeñar lo
demás. Sabe, además, en ese sentimiento uniíersa!. que ya no es profesional en el teatro del
mundo, sino humilde artesano contemplativo,
en lo abstracto.
Ahora su fe es firme como roca. Por esto está
en paz._ Y espera tranquilo.
¡Qué inmenso amor el suyo a la pintura! ¿Có­
mo podría traicionarla? Para él, una tela es
cosa sagrada. \ sus útiles, también, gastados al
contacto de su mano. Pero ¡cuánta será su pena
al ver la profanación del arte! ¡Qué tristeza,
al oír a tantos habladores!
De lo que se ha dicho se desprende aleo, que
ahora, con más relieve, tiene que aparecer cla­
ro. que no se quiera hacer más que una estruc­
tura. que el resto nos será dado por añadidura.
R1 íesto. lo que es ininteligible pero que el sentido comprende, algo inédito que viene de lo
desconocido, y que so lia llamado en todo tiem­
po una inspiración, ''l al decir una estructura,
diré tanto si es hecha con el pincel pintado,
haciendo un retrato o un paisaje, como en un
conjunto geométrico, planista, con el compás
y la regla.
Digo estructura: partes que se refieren a un
todo y por esto en la unidad. Y que tanto val­
dría llamar arte. Pues toda obra que no sea con­
cebida con tal propósito, será una obra inferior
sin sentido alguno.
L n artista que sólo se propone hacer una es­
tructura, ya está en el plano de abstracto. Por
esto, sean elementos geométricos, sean manchas
de^ color las que ponga, tendrán que ser tam­
bién abstractos: y abstractos será también lo
qiR la obra exprese de eso inédito, desconocido,
lo más prol undo, y -erá su música. Todo, pues,
una unidad.
(Pasa a la plg. 6

�Crítica
por

GUIDO

EXPOSICION:

ARZADUM, PREVOSTI, PAREJA
(Amigos del Arte)
La educación estética consiste primordialmente, en la preparación del individuo para expe­
rimentar la alegría que surge del enfrentamien­
to con una obra de arte.
Por esto, el análisis es siempre posterior y
complementario, a este esencial asombro. De
la misma manera, este análisis, y aunque pa­
rezca paradójico, es la manera del aprendizaje
tendiente a ese asombro y ese goce, que, no se
refieren, —entiéndase bien— a una situación
primaria y sensual sino directamente al espí­
ritu que se goza en el ámbito de lo universal.
Pues bien, la exposición de Arzadum, Prcvosti y Pareja, no da lugar a ese especial placer
que produce la obra cuando está informada por
el espíritu del Arte.
Y si los tres pintores son distintos y de dis­
tintos valores, se unifican por la circunstancia
de estar en un territorio ajeno al Arte. En una
palabra, faltando las virtudes pictóricas cuales­
quiera sean los méritos de otro orden, el espí­
ritu está ausente.
En referencia particular a los tres pintores
diremos:
de Arzadum:
Este pintor en el terreno naturalista ha con­
seguido un nivel que sostiene, nivel, que indu­
dablemente sobrepasó la época en que tentase
el arte abstracto. La pintura de hoy es una pin­
tura sin detonancias, circunscrita rigurosamente
a los modelos, pero de la misma manera sin
virtudes fundamentales. Arzadum sigue a su
modelo en forma absolutamente descriptiva, sin
solucionar problemas pictóricos, en un análisis,
concienzudo pero sin llegar a dar la síntesis de
todos los valores de la composición, hecho vital
al objeto de arte.
Por esas circunstancias hay momentos en que
se hace penoso seguir a Arzadum, en la espera
de alguna obra que pueda captar totalmente al
espectador.
de Prevosti:
Por lo que se desprende de sus obras, no
extraña que Prevosti fuese a buscar en Lothe lo
que él no poseía.
(Es suficientemente aceptado que André Lo­
the es un segundón, tibio continuador y adapta­
dor para el gran público de las experiencias
cubistas).
A lo que baila Prevosti no es sino un efec­
tismo que sólo puede encontrar asidero en la
morbosidad visual de algún hipotético y fre­
cuente espectador.
Por esa circunstancia en la obra de Prevosti
no se manifiestan vivencias plásticas, y aún en
el efectismo queda en un terreno de lo más res­
tringido.
El total de la obra es artificial, sin ninguna
vida propia que la anime, y sobre todo absolu­
tamente convencional, supuesta íntegramente
de antemano.
Y lo más lamentable de todo este truco de
preparación previa, de imitación y convencio­
nalismo, es que, el citado pintor ni siquiera,
— como hacen otros no menos pobres que él, en
esencia— consigue disimular en parte con ha­
bilidad e inteligencia, la trampa con que pre­
tende suplir su insuficiencia estética.
Estas circunstancias generales ya conocidas
en la obra de Prevosti, sufren un recrudecimien­
to que se hace ya insoportable.
de Pareja:
Ya nos hemos ocupado del pintor Pareja, y
anotado que se trataba de una mezcla de mal­
tratado Rarradas y maltratado cubismo.
Pareja sigue absolutamente en lo mismo.
Así como Zoma Baitler se dedica al impre­
sionismo, Pareja se dedica al Cubismo, aún
cuando ambas cosas son absolutamente fuera
de lugar. Las experiencias impresionista y cu­
bista, han sido superadas y explotadas en lo
que pudiese servir al desarrollo del arte, y en
sí actualmente no interesan como movimientos
y solamente las obras producidas en dichos mo­
vimientos, pueden gustarse en cuanto son obras

de
C ASTILLO

Lxposici o nes
Y

SARANDY

de arte u objetos fuera de los programas o ma­
nifiesto formativos. Por esas causas, ya no exis­
ten el impresionismo o el cubismo, sino los Renoir, los Monet, los Picasso o los Braque.
Además del desenfoque que hemos indicado,
Pareja no manifiesta dotes de pintor, por su
falta de entonación, carencia de composición y
por su medianía.
El pintor Pareja debe tener en cuenta que la
vanguardia no puede formarse tomando lo apa­
rente de los movimientos que ya han cumplido
su trayectoria, y si se interesa verdaderamente
por el arte moderno, debe estudiar los movi­
mientos post-cubistas, con todo esmero, y man­
tenerse sin exponer hasta haber dado obras de
más alto destino.

EXPOSICION CUNEO, C. A. CASTELLANOS,
PREVOSTI Y PESCE CASTRO (Galería Alfar)
CUNEO
De este señor no puede decirse es un imita­
tivo, pero tampoco que es un pintor. Su activi­
dad es la de mantenerse en una deformación
que no responde a finalidades estéticas sino a
su capricho.
El deformismo de la realidad es únicamente
lícito, cuando lleva en sí la búsqueda de una
construcción estética, en la cual el artista en vez
de destruir, construye una armonía de orden
superior.
Aclarado esto, la obra de Cúneo aparece como
un encarnizamiento contra la naturaleza, reali­
zado por medio de colores máximamente des­
entonados y un dibujo absolutamente torpe, am­
bas cosas al servicio de la más cursi literatura.
Con esto queda dicho que los valores abstrac­
tos quedan más ultrajados en la obra de Cúneo
que la propia naturaleza.
Toda su obra está informada por un colosal
efectismo, y la intención de dar el espectáculo
de la genialidad, contrariando todo lo que el
arte de la pintura tiene como fundamento esta­
ble e indiscutible.
Para muestra de perversión estética, podemos
citar el intencionado error de perspecitva en
que incurre en el dibujo de una casa, donde las
aristas extremas fugan hacia abajo del espec­
tador, encima del cual se halla la casa en cues­
tión.
CASTELLANOS
La pintura de Castellanos se desarrolla, antes
que nada, en lo decorativo. Decorativismo qué
si hubiese salido de la búsqueda de lo plástico,
tendría explicación, pero habiéndose fundado
en lo temático y literario, queda en el plano de
la más hueca ignorancia de la pintura.
PREVOSTI
Los juicios que emitimos sobre Prevosti en el
comentario de su exposición en Amigos del Ar­
te, pueden hacerse extensivos, ya que se ajusta
perfectamente a la exposición que nos ocupa.
PESCE CASTRO
Cuando hace un cierto tiempo Pesce Castro
expuso algunas de sus obras en el Salón Moretti,
por considerar nosotros que el lugar en que este
pintor se hacía presente decía de por sí la in­
tención del citado, de mantenerse fuera del Ar­
te, no quisimos ocuparnos de él. Pero hoy, que
busca por compañía la de otros pintores que
hacen alarde de maestría y genialidad, nos es
preciso determinar para el público, el lugar en
que debe ponerse a Pesce Castro como pintor.
Si bien Pesce Castro no quiere disfrazarse co­
mo sus vecinos de exposición, por lo cual se
ubica en un plano superior a ellos, permanece
fuera de la pintura, pero manifiesta honrada­
mente su incapacidad estética.
Pesce Castro es un pintor absolutamente imi­
tativo, al cual el modelo lo obliga a desentonar
y a cometer los mayores desatinos de compo­
sición. Hay un par de cuadros en que. desde la
sombra, se ven campos a plena luz. Los estri­
dentes verdes con que pretende representarlos,
quedan como manchas recortadas sobre el resto
de la tela.

CABRERA
EXPOSICION ZOMA BAITLER
(Salón Caviglia)
En el catálogo de pinturas del pintor Zoma
Baitler figuran diversos juicios sobre su obra.
Esta actitud implica el deseo de preparar al
espectador para una apreciación benévola. Si
los mencionados juicios reuniesen las cualida­
des de ser realmente elogiosos y de pertenecer
a personas evidentemente capacitadas para emi­
tirlos, hasta cierto punto podrían justificarse
como preparación para el espectador displicen­
te o incapacitado.
Pero sucede que de esas circunstancias sola­
mente se da la segunda, o sea que de las opi­
niones reunidas sólo valen, por gracia de quien
las emite, las del maestro Torres-García.
Pese a la intención del Sr. Zoma Baitler, de
escudarse, no tras el juicio, sino tras la firma
de Torres-García, el efecto de esa intención se
anula por dos sencillas razones:
1.
" Porque el tal juicio carece de actualidad
y por lo tanto de vigencia.
2.
” Porque el tal juicio no es todo lo elo­
gioso que el. Sr. Baitler supone.
Lo primero se prueba con el simple hecho
de verificar la fecha del escrito.
Desde aquel entonces, hasta aquí, han pasado
5 años, en el transcurso de los cuales, el Sr.
Zoma Baitler, apremiado por su público, des­
cendió con rapidez del mediano lugar a que
había llegado.
Lo segundo porque, decir de un pintor, que
hace actualmente impresionismo, es poner en
evidencia que se trata de un individuo menos
rezagado, en un ambiente totalmente rezagado.
A con referencia al aserto de que Zoma Bait­
ler era un honrado y estudioso pintor, deseoso
de superarse cada día, hay que aclarar que esto
pertenece al campo de la benevolencia y el estí­
mulo que no 'debe negarse a un joven que aun­
que desviado, pueda evidenciar ciertos indicios
de habilidad pictórica.
Concretándonos a la presente exposición, he­
mos de decir que del primer vistazo el espec­
tador comprende que el Sr. Zoma Baitler prac-,
tica un trasnochado y trasplantado impresionis­
mo. Y que, mirando las obras en detalle, vé que
el pintor Zoma Baitler, es un prejuicio deno­
minado Zoma Baitler, porque la búsqueda del
grado de existencia del autor — que es precisa­
mente el punto al cual se dirige la compresión
del espectador— se convierte en un ejercicio
inútil ya que Baitler no aparece más que como
un vínculo deformante entre los maestros im­
presionistas y estas telas.
Si la trasmutación a que se aboca Baitler fue­
ra la del espíritu impresionista como compen­
dio del sentido de aquel movimiento, había po­
sibilidad de disculpar el anacronismo del
pintor.
Pero como cada cuadro es una unidad incon­
mensurable con los otros, y avasallada a una
paternidad evidente (Monet, Pissarro, Renoir,
etc) el conjunto, no merece sino la denomina­
ción de mala pintura. Como ejemplo citaremos
el cuadro «Paisaje entre las Ramas», que llega
a los lindes del plagio, o por lo menos a una
más que sospechosa aproximación a la tela de
Camilo Pissarro denominada «Techos Rojos»,
que puede verse reproducido en el libro «Mo­
dero Masters» de Jerome Klein, edición Grosset et Dunlap. N. Y.
Lo único particular del Sr. Zoma Baitler,
sería un cierto virtuosismo o habilidad manual
que le permite tomar la manera de los impre­
sionistas ya citados, así como lograr ciertos efec­
tos de soltura tendientes a encubrir faltas ma­
yores y a asombrar al boquiabierto burgués.
Se realizó en la Asociación Cristiana de Jó­
venes la 22.* Exposición del Taller TorresGarcía, con obras de los integrantes Pedro y
Cristy Cava.
En el próximo número comentaremos esta
exposición.

�Conferencia del Arq. Ramón Menchaca, en
la Exposición del Maestro Torres-García
A Don Joaquín Torres García se pretende
ignorarlo, abrumarlo de desprecio y de silencio.
Se supone, por la torpeza general que apre­
tando el silencio alrededor del maestro, se aho­
gará su voz, se paralizarán su mano y sus pin­
celes o se detendrá su enseñanza.
Se equivocan quienes le han cerrado a Torres
las puertas de la prensa para anunciar su ex­
posición.
Se cree que Torres y sus más allegados discí­
pulos son gentes comunes que tienen «ideales
normales» como la casi totalidad de nuestros
compatriotas: hacerse un nombre, ganar dine­
ro, ganar dignidades y ocupar cargos oficiales.
¡Qué error!
Se piensa que al hacer el vacío a su «propa­
ganda» se le perjudica.
¡Qué error!
No es para menos.
La confusión tiene su explicación perfecta­
mente clara. Nos atrevemos a afirmar que To­
rres no sólo no ha sido comprendido en su país
natal, sino que ni siquiera se ha sospechado por
la inmensa mayoría de sus compatriotas, la je­
rarquía moral y artística de este uruguayo, que
con generoso patriotismo ha regresado a su país
a fundar en él su escuela y a difundir su sabia
enseñanza.
«
Tal gesto no ha tenido mejor fuerte para la
comprensión general de sus conciudadanos, que
sus mismas ideas estéticas o que su vida heroica
y generosa.
Como prueba de la incomprensión casi total
en que ha caído Torres, basta citar un hecho.
Mejor dicho, dos hechos: Las dos obras «ofi­
ciales »que ha realizado el maestro en su país,
han sido posibles sólo por la total falta de infor­
mación en materia de arte de que padecían los
dos hombres de gobierno que lo autorizaron a
ejecutarlas, desde luego que sin la más mínima
compensación material por ellas. Me refiero al
monumento del Parque Rodó y a los murales
de Saint-Bois.
Creo tener derecho a afirmar que si en esos
puestos de gobierno hubieran estado, en las
oportunidades mencionadas, personas de las qué
en nuestro medio se tienen por «cultas y de buen
gusto», tales obras no se hubieran realizado
jamás.
Nadie entiende el desinterés de Torres por
las cosas materiales. ¿Cómo puede pintar y tra­
bajar gratis? ¿Cómo puede enseñar gratis? Es
que no se comprende que el arte es un fin en
sí mismo. Un fin y una pasión. Una pasión fuer­
te y apremiante, que exige ser satisfecha sin
admitir que se la condicione a compensaciones
de ningún género.
Por eso el artista auténtico ha sido siempre
un inapto para administrar sus propios intere­
ses, y recorriendo la historia de los más gran­
des, se suele encontrar ejemplos de pobreza y
miseria tremendos.
Queda, pues, esa generalidad de la regla, co­
mo descargo para nuestro país y sus hombres,
por el abandono y el olvido en que se tiene al
mejor de sus hijos.
Para que ese panorama de incomprensión se
acentúe, los grandes, los mejores, como en el
caso de Torres, han tenido siempre una palabra
nueva que decir distinta de las ya dichas. Que
ha chocado por consiguiente con todos los mo­
lidos anteriores. Que ha constituido un idioma
diferente a los conocidos y admitidos. Que ha
herido y vulnerado, escuelas, academias y ense­
ñanzas ya afianzadas. Que ha sido siempre re­
volucionaria en el medio en que ha sido dicha.
1 a la sombra de la incomprensión general,
proliferan toda clase de malas pasiones, envidia,
egoísmo, vanidad., intereses.

4

Que no se comparta el punto de vista de To­
rres, que no se comprendan sus obras, es fácil
admitirlo. Quienes tienen sus preocupaciones di­
rigidas en otra dirección, o aquellos que tenien­
do las mismas o parecidas preocupaciones, par­
ten de otra base, pueden no entender o no gus­
tar su arte.
Lo que no puede admitirse es que sañuda­
mente se prentenda hundirlo, ignorarlo, des­
prestigiarlo.
Que se pretenda ignorarlo o tratarlo de loco.
Que se quiera desacreditar su obra de maestro,
de creador indiscutible de la única escuela de
arte que ha existido en el país. Y tal cosa es
posible afirmarla, sin temor a ser contradicho,
ya que no creo que nadie se atreva a afirmar lo
contrario. Y no sólo única, sino magnífica es­
cuela de arte, ya que tal maestro, no sé si por
irradiación de su prodigiosa personalidad o por
mediación de un azar maravilloso, se vé rodeado
de un coro de discípulos de su misma cepa mo­
ral y de su misma alta estirpe de artista.
La batalla por el arte empezó hace siglos y
dura aún, y no debemos esperar rápidas victo­
rias decisivas, ni el aplastamiento definitivo de
los enemigos. Alegrémonos de que al menos esa
batalla haya comenzado en nuestro medio.
Cuando el arte de Torres - García se haya im­
puesto de un modo total, existirá, sin duda, al­
gún otro artista que sufrirá y luchará y al que
tal vez los académicos oficializados de la época
le cierren el paso invocando, quizás, la memo­
ria de Torres - García.
Así ha sucedido y siempre así sucederá.
Por otra parte, a pesar del abandono por par­
te del oficialismo en que viven Torres y su es­
cuela, y de la falta de comprensión y de apoyo
que han demostrado los órganos de nuestra pren­
sa, al no publicar, con rara unanimidad, los
anuncios de esta exposición, no debemos consi­
derar la situación de Torres y su escuela en
nuestro medio, absolutamente desamparada.
El hecho de abrirse esta sala con el carácter
de exposición permanente del Taller, el número
siempre en aumento de alumnos del mismo y
los progresos evidentes y visibles que realizan
sus mejores adeptos, demuestran de manera in­
dudable que la enseñanza y los esfuerzos de
Torres - García por levantar el nivel de nuestra
pintura no han sido vanos.
El amor y la lealtad que merece de sus alum­
nos y amigos asegura además la defensa y la per­
duración de su prédica. Puede tener Torres •
García la seguridad de que no ha sembrado sus
semillas en surcos estériles.
Duele, sin embargo, ver como a tal maestro
se le niega, se le discute y se le zahiere. Se se­
ñalan las contradicciones en que incurre en sus
libros y en sus obras y se trata de despresti­
giarle por mil medios. A alguien que en cierta
oportunidad se acercó al maestro con ánimo de
discutir sus escritos sometiéndolos a un análisis
lógico y señalando avanzadas contradicciones,
Torres lo detuvo diciéndole más o menos: «No
soy un filósofo ni un lógico, soy un artista,
soy un pintor. No produzco por lo tanto con la
razón como fuente, sino con la intuición y el
sentimiento en primer lugar. Escribo como pin­
to. Tome mis escritos y considérelos como un
cuadro. Si le gustan, bien, y si no, lea usted
otra cosa».
Con lo que la discusión quedó terminada an­
tes de comenzar.
Y así es en efecto Torres - García. LTn hom­
bre cuya vida es como llama bravia. Lleno de
pasión y de brío. Vive su vida entera en pintor
absorto en su obra y en su enseñanza. Sin tre­
gua para tomar otra actitud.
¿Se ha de exigir que además tenga una lógica

inflexible en sus propósitos?
¿Que no cambie jamás un rumbo en su pin­
tura? Siendo como es un explorador y un in­
vestigador nato que lia ensayado (y sigue ha­
ciéndolo) mil caminos distintos en su arte, sin
perder nunca sin embargo la unidad de su es­
tilo? ¿Se hubiera deseado que por mantenerse
inflexiblemente dentro de la manera construc­
tiva que le sirvió para realizar sus admirables
telas estructuradas en tonalidades bajas en los
años 32 y 33, no hubiera realizado la serie ma­
ravillosa de esas síntesis humanas que son sus
retratos? ¿ 0 por seguir haciendo retratos, no
hubiera vuelto a la pintura constructiva que rea­
lizó en los años 42 y 43, que tendremos la opor­
tunidad de ver dentro de poco y cuya culmi­
nación, después de modificar totalmente la pa­
leta, fueron los maravillosos murales de «SaintBois»? ¿O que por mantenerse dentro de esa
paleta estricta y detenido por la ortodoxia cons­
tructiva, no hubiera pintado este año los pai­
sajes que tenemos a la vista?
Realmente, plantear tales preguntas, es con­
testarlas. Hay quienes, sin embargo, abominan
de parte de la obra del maestro y lamentan que
no se mantenga exclusivamente dentro de la
manera por ellos preferida, sin advertir la for­
midable unidad que, a pesar de tales diferen­
cias, campea en toda su obra.
En todas sus pinturas, paisajes, retratos, arte
constructivo, prima el criterio estrictamente bidimensional. Y aun en las obras más aparente­
mente naturalistas, la división geometrizada y
estructurada del cuadro, imprime a éste un va­
lor plástico indudable.
Esto es lo que no es visto por la generalidad,
y me refiero sólo a aquellos que miran con bue­
na fe; y se mantienen firmemente apegados al
tema y a la representación, ignorando o no sin­
tiendo los auténticos valores de la pintura, y
demostrando de esa manera no haber pene­
trado hasta lo profundo, aún en aquellas obras
por las que sienten admiración.
La pintura abstracta es, con respecto a la
pintura representativa, lo que la música pura,
sin programa, es a la canción, a la ópera, al ora­
torio. A la música refiriéndose a algo que le es
ajeno: la letra, el asunto.
La pintura abstracta es oposición y equilibrio
de colores y de formas, como la música pura es
armonía y juego de sonidos.
La pintura representativa es también eso,
cuando es pintura, pero además se sujeta a algo
ajeno a ella: la representación.
La música de programa es también armonía
y juego de sonidos (cuando es música), pero
además intervienen en ella sentimientos, emo­
ciones, descripciones ajenos a la música.
Nadie puede negar la posibilidad de realizar
obra de arte sujetando la música al encadena­
miento de una letra o de un programa, o la pin­
tura a la obligación y fidelidad de una repre­
sentación.
Nadie puede negar tampoco la excelencia de
infinidad de obras musicales hechas sin ninguna
letra ni programa.
A la pintura, en cambio, se pretende negarle
la posibilidad de realizar obra de arte sin so­
meterse a la obligación de representar. Se pre­
tende negarle el derecho de manejar libremente
sus materiales esenciales, formas y colores.
Se olvida que lo que constituye el equilibrio
y la armonía maravillosa de una «naturaleza
muerta» de Cézanne o de Cbardin no se obtiene
por la oposición y equilibrio de los panes, las
manzanas, los potes o vasijas representados, si­
no por el juego de las manchas de color y el
gusto de sus formas.
Pasa a pág. 7

�GRABADOS

EN

MADERA

de MANUEL PAILOS

COMPOSICION

CONSTRUCTIVA
#

COMPOSICION

CONSTRUCTIVA

�EL

FA LSO

Es muy frecuente aquí, en nuestro medio, oír
ponderar a Rodín con tanto entusiasmo, como
el que ponen en seguirlo (a él y sus seguidores
más o menos directos) una gran parte de nues­
tros escultores. Una vez pasada la influencia de­
terminativa’ que ejerciesen en todas nuestras
Artes los artistas italianos del siglo pasado, se
registró la influencia decisiva de Rodín, en el
terreno de la escultura y del movimiento im­
presionista, — ¡a buena hora!— bastante tras­
nochado en la pintura.
De la manada de arquitectos, pintores, escul­
tores, músicos, etc. de la Academia italiana, mu­
cha mala cosa quedó entre nosotros. El Palacio
Legislativo, absolutamente fuera de todo espí­
ritu y con más razón que ninguno, del clásico.
El Salvo, modernismo barato y revolucionario».
El monumento a Artigas, burdo, convencional,
sin espíritu, etc., y todavía nos queda un pintor
en producción —Rafael Borella—- que no se
despega en nada de ese espíritu finisecular, o
mejor dicho, del diecinueve decadente e igno­
rante de la dificultad real del arte, dado a la
imitación, al ejercicio manual y a la receta.
Si esos fueron los frutos de aquellos emba­
jadores de un falso arte italiano, y sus produc­
tos están allí y todos más o menos los recono­
cen como engendros que no tienen relación con
el Arte, la influencia de Rodín sigue todavía
dando frutos. Claro que detrás de ésto, o sea de
la influencia de Rodín, siempre hay tercerones,
o segundones, que a los efectos son la misma
cosa, los cuales sustentan un ideal que dan, equi­
vocadamente, en llamar clásico. Algunos de
ellos, hasta llegan a manifestar que con trabajo
continuado cualquiera puede llegar a ser es­
cultor. Basta con mirar, dibujar, modelar y de
esa manera se podrá repetir fielmente' la figura
humana, dicen, como si esa pudiese ser la fina­
lidad de la escultura. Es obvio insistir en que
la escultura no es precisamente tal cosa, sino
— sin carácter de definición— lo que la arqui­
tectura vaciada de su carácter funcional: juego
de volúmenes en la luz.
Y volviendo a nuestro tema, o sea Rodín, pre­
tenderemos poner en evidencia por qué la in­
fluencia del mencionado puede estimarse como
perniciosa. Para eso, más que enumerar las in­
fluencias y sus desviaciones, trataremos de de­
terminar los caracteres de la producción de
Rodín.
De esa manera marcaremos, no Iq que se ha
recogido o deformado, sino lo que dicha obra
daba de por sí.
La obra total de Rodín carece del sentido apo-

REFLEXIONES

DI OS

lineo que caracteriza todo arte clásico y por
ende grande.
En efecto, una de las preocupaciones funda­
mentales de Rodín es el movimiento, circuns­
tancia que lo coloca fuera del propio sentido
estético a que aspiran las artes plásticas y en
especial la escultura, dado que ella se opera
sobre una masa equilibrada y sin movimiento.
(Hay nn sentido del material, absolutamente
determinante, que es — por otra parte— el más
sano escalón diferenciador entre las artes I. Un
arte es el que se hace con tal cosa. Otro el que
se hace con tal otra).
T a ese respecto debe recordarse que Rodín
emplea el innoble método del «pasado a bron­
ce», a mi modo de ver, índice muy aclaratorio.
Nunca una escultura es tal, que pueda ser tras­
mitida del barro al bronce sin perder sus cali­
dades intrínsecas. O se hace directamente en
metal —tal el caso de la extraordinaria escul­
tura de los Gallés del Congo, en que el metal
conserva su carácter—- o se produce en barro y
en barro queda con toda su calidad o sus incon­
venientes. Pero de ninguna manera se procede
a la trasmutación del espíritu del Arte, que se
desvanece en ese trueque o se diluye en casi
demasiado.
La escultura de Rodín, además, no se pre­
senta, sino que gira y se desenvuelve mediante
una serie de ejes.
Por esa razón se aparta de lo ortogonal, que
si puede discutirse en pintura, no se duda en la
escultura por ser el espíritu mismo del prisma
tipo, y por ende de la arquitectura y escultura.
En esa busca de movimiento, presentación y
desenvolvimiento, Rodín pierde el bloque es­
cultórico, y saca del volumen principal deriva­
ciones que no hacen sino romper la unidad del
mismo. ¿Cuáles son las causas que fundamental­
mente lo llevan a esto? En principio, la imita­
ción de los accidentes reales, lo que se llama,
el criterio imitativo. En segunda instancia, la
temática, punto también crítico en las predilec­
ciones rodinianas.
Punto crítico por ser, en muchas ocasiones,
el verdadero y único motivo de las esculturas
de Rodín.
Si.se quiere cosa insoportable, véase «La mano
de Dios». Simbolismo pueril, montonera de ma­
terial, falta absoluta de forma.
Si se quiere grandielocuencia, teatralidad, li­
teratura, al servicio de nada, «Los burgueses de
Calais» pueden darlo.
Y así toda la obra de Rodín está plabada de
ese lirismo barato, de ese sobrecargamiento de­

SOBRE

EL

ARTE

RODIN
cadente, de esa temática alegórica que no puede
menos que resultar insufrible. Sin embargo, por
el germen de reacción y el empuje romántico
que lo informaba, se ha hecho de Rodín alta
gloria, sumo prestigio y se lo ha puesto, sin ra­
zones, como un Dios de las artes plásticas. Pero
lo que verdaderamente le conviene como defi­
nición, es la que Juan Ramón Jiménez le en­
dilga con toda propiedad: «falso Dios Rodín,
vulgar, fotográfico, burdo». Adjetivación abso­
lutamente exacta y verifieable, si miramos su
obra y el total de la escultura con un sentido
clásico —clásico no quiere decir perfil griego—
sacando del medio la afección romántica que
signifique y ateniéndonos a cánones estableci­
dos, negados y vueltos a encontrar.
De esta manera Rodín no resulta nada más
que una manifestación de lo romántico, pri­
mando sobre el sentido inteligente, que la sen­
sualidad, y casi diría la sexualidad, imponién­
dose al espíritu. Ahora bien, esos caracteres le
hicieron poder comunicarse más fácilmente
con el gran público y por consecuencia con
la fama. Pero esos caracteres mismos son los
que lo apartan del sentido clásico que aspira a
lo universal y lo abstracto. Rodín no operó con
formas sino con objetos, y allí está —como lo
aclarara Torres - García— el quid por el que se
pasa del arte a lo imitativo o viceversa. Por ello
Rodín se quedó con lo restringido de lo imita­
tivo y con lo ilimitado y perecedero del público.
Y si la Escultura en evolución pronto lo sacó
del camino y por ella dió en la escultura abs­
tracta, que si no ha dado su obra de culmina­
ción por lo menos ha determinado la ruta sana,
nuestros escultores continúan, en gran parte en
aquéllo (Rodín), desconociendo las estructuras
de la esculttíra no figurativa, justo sitio donde
debieran incidir en busca de espíritu.
Pese a todos los pesares, lo que resulta inne­
gable en la obra de Rodín, es Rodín mismo, o
mejor dicho, el hecho Rodín. Su personalidad
y su autenticidad. Porque, no hemos de come­
ter la injusticia y la inexactitud de suponer que
Rodín pudo haber hecho cosa distinta de la
que hizo. No olvidemos la sabias palabras de
Juan de Mairena, donde apunta que bueno o
malo en cada época se hace lo único que puede
hacerse.
^ si no negamos la autenticidad de ese hecho,
sí negamos toda vitalidad y valor actual a la
experiencia de Rodín. así como su vigencia di­
dáctica, ajena al ejemplo de trabajo y dedica­
ción de Rodín, el cual interesa con un carácter
absolutamente general.
SARAXDY CABRERA

Y

EL

ARTISTA

(Viene de la pág. 2)

Y ahora ya no hay que decir, que tal artista,
en tal concentración y fuera de lo temporal, en
ese estado de pureza ahsoluta, y presa de una
viva fe, sea otra cosa en su conducta con respec­
to al resto.
Y para acabar diré: que lo mejor que puede
pensar el artista es que, lo más virgen, lo más
profundo, lo más elevado y original de su obra,
no es obra suya — que mientras él trabajaba,
alguien le ayudaba a su espalda — y que así
algo nuevo pasó al mundo. Y piense también,
que si lo conocido es grande, lo desconocido es
infinito. Y que todo viene del misterio para
tornar a él. Y que las inspiraciones que reciba,
no es porque nada se mueva para él, sino por­
que él se habrá puesto en condiciones de re­
cibirlas.
Pero aún quiero afirmar ahora algo que creo
que hasta el presente no se ha puesto en claro:
cuando el arte es religioso y cuando profano.
Y para comenzar, voy a hacer una separa­
ción, entre el arte que se basa en el sentimiento

6

y el que se basa en la sensación. El primero será
universal, el segundo particularista. Y entonces,
si descartamos el concepto vulgar de lo que se
suele entender por religioso, y nos atenemos al
verdadero sentido de la palabra, esto es, al sen­
timiento que nos junta én lo más puro y ele­
vado, tendremos que religioso será el arte cuan­
do logra tal finalidad. Y aún a esto podemos
añadir, que sólo se llega a lo profundo después
de haber roto con lo temporal, y que sólo en­
tonces ,también, por tal sentimiento, no sólo
captaremos lo esencial, sino, además, el ritmo
dentro del cual se ordena todo en perfecta ar­
monía. Y profano será el arte naturalista, ba­
sado en el concepto realista de las cosas —
físico, podría decirse—, y en la sensación y ya
no en el sentimiento; y por esto individualista,
basado en lo múltiple, en lo que separa no en
lo que junta, y por tal razón profano.
Vivir profano, en la realidad de las cosas, en
lo múltiple, o vivir religioso, aferrado a una
idea, en concentración, y en lo universal.
Se pinta, entonces, para la pintura y para

nada más, o si no se hace servir a la pintura
para lo que convenga en un momento dado.
La actitud del verdadero artista, es religiosa,
aunque laica; pero no es profana.
Además, dentro de su actitud religiosa y en
la universalidad del sentimiento, considera que
toda actitud similar, aún dentro de un dogma
es idéntica a la suya. Al fin, religiones, leyen­
das y mitos, encierran una verdad profunda,
son creaciones del espíritu, como lo son las
grandes sinfonías, poemas y templos: algo que
viene de lo desconocido, de lo infinito del mis­
terio, y que toma cuerpo por virtud del arte
de un hombre. No así las ideologías sociales, las
utopías, las diferentes políticas, porque están
basadas, no en el sentimiento, sino en la inteli­
gencia y la razón. Por esto todo eso es ya profa­
no. Pero hasta estas ideologías, pueden transfor­
marse y se transforman a veces, en grandes sen­
timientos universales. Entonces ya dejan de ser
profanas para revestir carácter religioso.
J. Torres-García.
18 de Julio de 1945.

�Interpretación Literaria de la Pintura
POR
Se sabe o no se sabe de una cosa; sea una
ciencia, uu arte o lo que fuere.
aunque se
haya estudiado, a veces no se sabe. Para llegar
hasta el fondo de toda cuestión, siempre se nece­
sitará otra facultad, y que se tiene o no se tiene
que llega hasta el cabo de las cosas. I n saber
tiene llega hasta el cabo de las cosas. I n saber
no aprendido, y que es el único que vale. Y esto
lo saben todos. Un ejemplo: no por escribir lite­
rariamente o en pedantesco lenguaje abstruso,
ni tampoco citando muchos autores, se dice na­
da propio y que valga. \ ano juego de palabras
y vanidad de autor, que quiere pasmarnos con
su erudición y . .. altura literaria. Pero todo eso
es harina y no semilla, y excusado es decir que
no aprovechará a nadie. Pero se hace un grueso
volumen, que se regalará a los amigos, y todo
va bien. Esa liteartura, es lo que el arte deco­
rativo es a la pintura, que es decir una cosa
detestable.
El escribir es patrimonio de todos, porque
es prolongación del lenguaje. Pero, como todos
saben, después está el arte de escribir. Y más
allá, algo que está por encima de todo eso y
que viene de aquella otra facultad a que ahora
hace poco me refería. Y esto es cosa rara. Y no
se confunda eso, que siempre es terriblemente
claro y concreto, porque es viviente, con el com­
plicado subjetivismo de ciertos escritores y poe­
tas, hoy muy a la moda, cuyo prurito de singularización y falso refinamiento, los lleva a la
imagen forzadamente incomprensible y que es
vacua por carecer en absoluto de plasticidad,
es decir, de consistencia real, o mejor suprareal. Pero quédese eso ahí, pues no es de mi
competencia hablar de literatura. Y si ahora
hablo del escribir, es sólo para declarar que si
escribo, no es con pretensiones literarias, sino,
simplemente, para explicar las cosas como lo
haría en una conversación. \ con esta salvedad,
voy al objeto de este artículo.
Lo que voy a decir, fué sugerido por algunas
palabras de Giselda Zani, en su reciente libro
sobre el Giotto, cosa que le ha permitido dar
algunas opiniones sobre arte. Según mi criterio,
la autora hace allí ciertas afirmaciones equivo­
cadas con respecto al arte y su orientación. Y
a mí esto me parece como un llamado al cum­
plimiento de mi deber, pues, aunque repetidas
veces he pretendido hacer comprender lo erró­
neo que es el juicio que de ordinario se ejerce
con respecto a la pintura, como de nuevo se
insiste en mantenerlo en ese sentido, a mí me

JOAQUIN

TORRES -

parece que nuevamente yo debo insistir, y aun­
que sea por milésima vez. Por esto hoy, y aun­
que tenga que repetirme, voy a tratar de des­
arrollar el tema que encabeza estas líne'as y que
a mi me parece del mayor interés.
Comienzo por afirmar esto: que la Pintura
comienza a existir desde la anécdota para allá.
Y esto otro que debe completar esa idea: que
el lenguaje de la pintura no es traducible en
conceptos de ninguna clase y que no se podría
dar idea de lo que expresa, ni aun usando de
comparaciones, por sutiles e ingeniosas que fue­
sen. Que la representación es sólo un pretexto,
y que mal van los que pretenden juzgar de la
pintura si pretenden explicarla por ella.
Y aquí, si no fuera por no meterme en cam­
pos que no son de mi jurisdicción, diría que
lo mismo acontece con la música y la poesía, y
aun con la literatura. Lo que solemos llamar
tono o calidad, y que es muy difícil de explicar,
y, por esto, difícil en ello, de saber si es la mis­
ma cosa y si se está de acuerdo; tales cualidades
indispensables en la obra de arte, las veo lo
mismo en un cuarteto de Beethoven que en cier­
tos cuadros de Yelázquez o Goya. Y no hay tra­
tado de música o de arte que pueda explicar
lo que es en sí tal cosa. Se siente, se intuye, y
es todo. Pues bien, eso que está más allá de
la representación, y que es lo profundo del arte,
es su razón de ser. Y entonces, ¿para qué ha­
blar de lo demás y, sobre todo, para qué urdir
toda una construcción artificial sobre el verda­
dero hecho de la pintura? Tiene razón la joven
autora de La Cárcel de A ire: hay que denun­
ciar ciertas cosas, a fin de que no se adentren
en la conciencia de todos y acaben por crear el
más deplorable confusionismo.
No hace mucho, dije que el Greco no había
pintado más que un solo cuadro. Pues pinte lo
que quiera, siempre tendremos lo mismo: el
Greco. Y con decir esto, ya basta, pues de ahí
no puede pasarse. Y por esto, si luego analiza­
mos, por ejemplo, el Entierro del Conde de Orgaz, téngase entendido que ya no hablamos de
pintura, pues el «hecho pintura» en el Greco,
es lo que nos dice por ese lenguaje intraducibie
de su pintura, y que fija el espectro del Greco.
Pues bien, a tal percepción llegan muy pocos.
Por esto suelen decir los pintores que lo son
de verdad que, la pintura, sólo es para' ellos.
^ esto dicen a causa de la incomprensión por
parte del público y críticos de arte.

E X P O S I C I O N CONFERENCIA
TORRES - GARCIA
La exposición del maestro Torres - García en
D
R A M O N
el Salón Permanente del Taller, ha cumplido
su primera parte. Se han retirado ya las obras
recientes, y una muestra retrospectiva de la
obra del maestro compone la actual segunda
parte de la exposición. Luego de un plazo apro­
ximado de 10 días, se procederá a la inaugu­
ración de otra etapa de esta exposición de
obras del maestro, con un salón exclusivamente
•constructivo.
Nuestros pintores tienen actualmente una
magnífica oportunidad de ver pintura: oportu­
nidad que no se repite con frecuencia y que
nuestros pobres museos no pueden ofrecer.
El hecho de dar Torres - García sus obras re­
cientes, pasadas y constructivas, a la vista del
público es un hecho de singular trascendencia,
va que se trata del mayor pintor del continente.
La grandeza de las obras expuesta- y el fervor
admirativo que profesamos al maestro, nos im­
pide toda información crítica y solamente nos
permite el detenido continente de la admira­
ción.
Cuando el espíritu juega, no son palabras aje­
nas las que pueden explicar el arte, sino éste ex­
plicarse a sí mismo. De las obras de Torres García podemos hablar subjetivamente, por la
asociación, el goce, etc., nunca por la enumera­
ción objetiva de sus virtudes esenciales y pre­
sentes.

GARCIA
Los diversos géneros de pintura y aun mani­
festaciones plásticas ya un tanto alejadas de
ella, no influyen para que esto sea también va­
ledero. Pero, hay obras plásticas en las cuales,
después de la anécdota o representación, no
hay nada. Por esto pudo el Greco decir desde­
ñosamente de Rafael, que no era un pintor. Y
tuvo razón. En cambio Pacheco, desde que el
Greco comienza a subrayar con lo que él llama­
ba «crueles borrones», a su pintura (y que es
la que poco a poco va fijando su personalidad
hasta el final), dice ser esto incomprensible. Y
es que Pacheco no era un pintor. Y cuando de­
forma para expresar lo que él veía en sus vi­
siones de pintor, achacan tal deformación, pri­
mero, a una especie de locura y, más tarde, a
su astigmatismo. Y lo mismo pasa con Velázquez, el cual, en su trayectoria pasa de lo imi­
tativo a lo sintético. Es la distancia que va des­
de la Mujer friendo huevos y Los borrachos a
Las Meninas.
Siempre, el pintor, estará más allá de la anéc­
dota. Pero pocos, muy pocos, son los pintores
que franquean esa frontera.
Por fortuna, hoy son ya muchos que entien­
den así la Pintura. Críticos de arte que, por ha­
ber convivido con los artistas, se han identifi­
cado con su arte; y pintores que, despreciando
la representación, apuntan principalmente a es­
te objetivo. \ esto es la gloria de una parte de
la pintura moderna.
Vuelvo a decir, que no importa qué manifes­
tación de arte plástico puede darnos eso pro­
fundo. Bien poca cosa serían, de no ser así, pon­
gamos por ejemplo, un mosaico bizantino, o una
pintura de Orcagna ó de Gozzoli, incorrectas
todas, ingenuas de composición, sin el sentido
profundo del color (eso que hemos llamado to­
no y calidad) y que nos lleva a un mundo más
allá del mundo, y que es el país de la Pintura,
país en el cual no habitaron jamás ni el coloso
Miguel Angel, ni Rafael, ni Leonardo. Y todos,
o parte de los cuatrocentistas, a partir de Cimabue, debieran ser interpretados así y no lite­
rariamente como lo acusan las montañas de li­
bros que se. han escrito con ese fin. Y creo que
con dar noiteias del pintor y de sus obras bas­
taría; pues todo lo demás es perder tiempo.
Llamo, pues! la atención sobre las interpreta­
ciones literarias del arte. Y digo que se des­
confíe de ellas, pues de dárseles beligerancia eso
podría privarnos para siempre de la verdadera
y única interpretación de la Pintura.

DEL

ARQUITECTO

M EE N C H A C A
(CONCLUSION)

Se olvida que los valores más altos de cual­
quier pintura, considerada desde el punto de
vista de la pintura, son siempre abstractos.
Tengamos fe. Ningún gran artista ha perma­
necido ignorado mucho tiempo. Y más cuando
entre sus contemporáneos hay quienes lo valo­
ran y han de luchar por obtener su reconoci­
miento universal.
Es probable que el proceso de asimilación del
arte de Torres - García sea lento, pero no du­
damos de que se realizará.
Para terminar, recordemos lo que dice Proust
a propósito de Renoir: «Las gentes de gusto, di­
cen hoy que Renoir es un gran pintor del siglo
XIX. Pero al decirlo, olvidan el tiempo, y que
ha sido preciso mucho, aún en pleno siglo XX,
para que Renoir fuese saludado como un gran
arti-ta. Pa&gt;a lograr ser reconocido tal. el pintor
original, el artista original, proceden a la ma­
nera de los oculistas. El tratamiento por su pin-

tura o su prosa no es siempre agradable. Cuan­
do ha terminado, el médico dice: ¡Ahora mirad!
Y he aquí que el mundo (que no ha sido creado
de una vez, sino en muchas veces, siempre que
ha sobrevenido un artista original ) nos aparece
completamente diverso del antiguo, pero perfec­
tamente claro». «Pasan mujeres por las calles,
distintas de las de otros tiempos, puesto que
éstas son de Renoir, aquellas mismas que Renoir
en las que antes nos rehusábamos a ver muje­
res. Los coches también son de Renoir, el agua,
el cielo».
Día vendrá en que las esencias de cosas que
pinta Torres - García, sus poderosos signos que
hoy son tratados de ravitas y cuadraditos infan­
tiles, serán reconocidos por todos en su verda­
dero valor y significación.
Habrá, para la mayoría, tina operación en el
ojo que le permitirá el acceso a ese mundo de
maravilla que es el mundo de Torres - García.

7

�PROLOGO A LA EXPOSICION FIGARI
Se anuncia una exposición del pintor Figari,
a la que ha de seguir, posiblemente, otra del
pintor Barradas.
El caso Figari, pintor costumbrista, es un
ejemplo del virtuosismo que tiene nuestro pú­
blico intelectual o, mejor, el público de nues­
tro intelecto, para pasar por las más variadas
opiniones logrando, a pesar de todo, conservar
en cada una de las oportunidades una capaci­
dad para el error de igual magnitud y jerarquía.
A Pedro Figari se le consideró durante un
tiempo como un pintor loco que inventaba co­
sas absurdas con procedimientos más absurdos
aún. Hoy se le juzga maestro, gloria de nuestro
país y pintor internacional.
No soy yo quien ha de restar a la obra de
Figari los méritos que personas superiores a
mí, cuantitativamente en años y cualitativamen­
te en dotes, le lian atribuido. Y más aún, cuan­
do muchas de esas personas son figuras de las
más arcaicas y venerables de nuestro intelecto.
Las pretensiones de estos párrafos se redu­
cen a determinar donde están los méritos de
Figari y en qué consiste su gloria, procurando,
al mismo tiempo, marcar sus límites sin mengua
de su grandeza.
He de procurar, primero, desarrollar lo que
es Pedro Figari, para después aclarar lo que
no es, con lo que, aquella parte de nuestro pú­
blico que no posee experiencia de las cuestio­
nes estéticas, tendrá una discreta guía para
apreciar sus obras.
Pedro Figari es esencialmente un pintor te­
mático, lo que significa que es más un literato
que un pintor; y por esta causa los valores que
podemos encontrar en su obra pertenecen más
a la literatura que a la plástica.
En sus cuadros más representativos Figari se
nos muestra como un verdadero narrador de
ciertos aspectos típicos de nuestra realidad na­
cional, de indudable valor para la historia de

can inarmónicos y desentonados. Esta falta de
valorización lo lleva, por ejemplo, a cometer la
estridencia de pintar una pared de un blanco
casi puro junto a un cielo de un azul pronun­
ciado. Además en toda obra pictórica lia de
haber una unidad indisoluble, nacida de la
composición y de la íntima visión abstracta de
los elementos que la constituyen; en cambio la
unidad de los cuadros de Figari reside en la
anécdota y no en la fusión de los colores y las
formas, con lo cual se reafirma nuestro juicio
que lo ubica en el campo de la literatura más
que en el de la plástica.
Estos defectos se agudizan por la edad avan­
zada en que este artista empezó a pintar, ya
que esta circunstancia le restó la experiencia
pictórica de la realidad, que es primordial a
todo pintor.
Figari, a través de su vida, cosechó anécdotas,
observó las costumbres de los negros, de los
gauchos, etc.; y esto fué lo que contribuyó a
enriquecer su obra de literatura y a empobre­
cerla de elementos pictóricos. Todo lo cual se
agrava, por las malas influencias, que tuvo este
artista, que no bebió en lo más firme del arte
moderno, sino en figuras un poco dudosas, des­
de el punto de vista de la pintura pura: Bonnard, Vuillard, Anglada Camarasa, etc.
Esto no pretende ser un análisis de la obra
de Pedro Figari, sino una simple introducción,
que prestará servicio a quienes no tengan un
concepto claro de la plástica.
Por lo demás, la Comisión Nacional, que hizo
muy bien, en presentarnos la obra de Juan Ma­
nuel Blanes, hace muy bien presentándonos
ahora la de Figari, hará muy bien en presen­
tarnos después la de Barradas y liaría muy bien
si nos presentara la de Blanes Viale, pues todos
estos artistas de poca o nula importancia pictó­
rica, lian contribuido a enriquecer el cuadro
histórico de nuestro país.
Guido Castillo.

nuestras costumbres.
Y ahora encaremos el no ser de Figari; y
para ello tenemos que ubicarnos de lleno en el
plano estricto de la pintura, porque este pintor
no es un pintor, si nos atenemos al sentido re­
cóndito de la palabra, o sea el que se refiere
al arte de la pintura.
Y las razones de por qué Figari no puede ser
considerado como un verdadero artista de la
plástica son de las más simples y evidentes, pe­
se a que pasaron desapercibidas para la casi
totalidad de nuestro público y de nuestros crí­
ticos.
Estas razones se reducen a que en pintura,
como en cualquier otra forma de arte, hay cier­
tas leyes o comportamientos básicos que no se
transformarán en esencia a pesar de las distintas
concepciones estéticas que se tengan; y estos
comportamientos son precisamente los que ha­
cen que un pintor, un poeta o un músico de
cualquier época, siga durando a través del tiem-po en virtud de haber alcanzado la realidad
inmutable de la pintura, de la poesía o de la
música.
Una de estas realidades fundamentales es la
de que ninguna obra de arte ha de ser imita­
tiva; y si bien la obra de Figari no lo es, se
queda en el plano, negativo, apariencial, de la
ley, pues no cumple con su realidad positiva,
ya que se ha de evitar la imitación, no simple­
mente por no imitar — el‘ arte expresa sólo afir­
maciones— sino para construir, ya sea con la
forma o con el color. De esto se desprende que
la ley dice, más exactamente, que en arte siem­
pre se construye, se crea, con lo que ya queda
excluido todo valor imitativo, por la vigencia
de este otro valor de índole estética, creativa.
Y ahora tenemos que si bien Figari no imita,
cae en la misma falta que provoca la imitación:
no valoriza, ni observa los valores que están
dentro de la luz, de ahí que sus cuadros aparez­

SALON PERMANENTE DEL

Taller TORRES - GARCIA
Exposición de obras del Maestro
J.

TORRES
M uestra

BARTOLOME
S U B -S U E LO

MITRE
DE

LA

GARCIA

C o n stru ctiva

esquina
LIBRERIA

POLICIA
DE

VIEJA

SALAMANCA

HORARIO: DE 18 A 20.
8

Imp. B0IAN 0VER - Teléf. 8 46 97

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Cabrera, Sarandy&#13;
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                    <text>WE1Y tsTA
&lt;—■■■•

DIBUJO

N! 5
J U N IO

i

1945

TAllXa TORRES 6AROA - A£AY¿J 8A

2.76 i -U T E 2 ¿4¿1 M o N T £ V IP £ £ &gt;

----- --— ■— f

CONSTRUCTIVO

Organo

HORACIO TORRES

redactado

y

editado

EL

E J E M P L A R

exclusivam ente por i n t e g r a n t e s del
TALLER

TORRES

-

GARCIA

€

• 0

5

�espigas
AS*1
_ Aropntí

1Z J

DE

"LA
o

C I U D A D
Por

Joaquín

En terminando de leer aquellas cuartillas,
aquel profesor, (y que las había escrito hacien­
do suyas aquellas palabras de Hostes — el por­
torriqueño -—- y que por azar halló aquella ma­
ñana en un diario local)— y cuyas palabras
son: «Si tengo que decir mal de los hombres,
no lo digo para mal de ellos, sino para bien de
la verdad y experiencia de los buenos» — en
terminando de leer, decía, ante el acostumbra­
do auditorio, sintió ( y él no supo por qué)
una desagradable angustia, y tal como si hubie­
se hecho algo que no debiese. .. Y así, marchó
perplejo a su casa. Y en yendo de este modo, to­
pó con un amigo (el personaje n° 1) el cual,
deseando interrogarle sobre al$o que otro día
había quedado confuso entre ellos, le pidió si
le permitía acompañarle. Y en llegando a su ca­
sa, y después de instalarse en el reducido cuartito que el profesor tenía para su trabajo, enta­
blaron más o menos esta conversación:
— Usted, querido profesor, dice que esta ciu­
dad es una Ciudad como cualquier otra; pero
en otras no ocurre lo que aquí.
— ¿Y qué sería eso que no ocurre en to­
das partes?
— Pues, por ejemplo, la desaparición casi
instantánea de un enorme edificio como ocurrió
ayer; o el temblequeo continuo de una estatua
de bronce. - .
— Ocurre, sí; y tanto y más. ¿Cree usted, que
puede sostenerse un edificio que no esté den­
tro de las normas arquitectónicas? lia de caer
forzosamente, y cae. ¿Cree usted, que si una es­
cultura no está dentro de la armonía, podrá
mantenerse su estatismo? Cae igualmente. Y
todo así, si quiere simbólicamente; pero cae. Y
caído está el tal palacio, y tan caído que ya
más no podrá levantarse. Y caídos están (y sin
que haya .fuerza humana que pueda levantarlos)
otros tales edificios, hechos de yeso y cartón
(com o usted sabe) y tantas esculturas de gesto
congelado: tal hombre que quiere andar y no
halla espacio; tal jinete que no osa dar un salto
de su pedestal y echarse a andar calle arriba; tal
orador incansable en su adem án... y así cien­
tos, en calles y plazas de todo el mundo. Por
que repito: esto no es de aquí sólo. Al contra­
rio: tales escultores, los de aquí, se han puesto
en el «estilo»; V lo mismos ocurre con los ar­
quitectos.
Que quiere el propietario, llámese
éste municipio, gobierno, o señor particular?
Pues quiere ostentación, riqueza. Y entonces,
para lograr tal fin, el arquitecto ¿ qué hace?
Un derroche arquitectónico. Es decir, vengan o
no a cuento, emplea todos los elementos de que
dispone la arquitectura: cornisas, ménsulas, ca­
riátides, etc. Y esto da categoría a la ciudadY por esto, tal arquitecto ( que es un hombre
serio) tendrá trabajo del que podrán hacerle
sus aprendices; pues él. no hay para que lo ha­
ga; y se verá colmado de honores y de dinero.
Pero esto no ocurré, como se sabe, en este solo
ramo. Porque, si tiene lugar en todas partes,
también en todo orden de cosas. Y esto obedece
a una ley universal e impuesta por la estructura
del mundo. En efecto, ¿hay algo sin su opuesto?
Así lo quiere ésa ley. que es base de la vida:
lo más opuesto es lo eternamente inseparable.
Y así, en el cuadro social, hay, junto a los que
están en la ley, los que la contradicen; y junto,
así, a cada cosa, su opuesta. Y «cría tarca inter­
minable nombrar tal número de cosas y posi­
ciones. Pero, para entendernos ahora — diga­
mos que, al campo social, lo divide en dos una
línea, y que agrupa a sus lados, y sin que jamás
se confundan los individuos que agrupa, dos cla­
ses de hombres, únicas, y aunque parezca que
hay más: la de los hombres serios y la de los
pobre gatos- Y para ilustrar esto, voy a poner
los ejemplos. Sería un pobre gato Homero, que
fué un bohemio empedernido y que andaba di­
virtiendo a los otros en los banquetes y que ja­
más tuvo un real; y Sócrates y Cristo, el pri­
mero, un vago perturbador, y el segundo un
hombre que ni casa tenía y no menos pertur­
bador, sino más aún que el otro, y que hicie­
ron bien de eliminarlos para bien de los pue­

SIN
Torres

blos que debieron soportales. Pero lo que hu­
bo, fué que dejaron mala simiente y aún se su­
fre en el mundo por ellos. Y pobre gato fué
Beethoven, borracho y sucio, sujeto hosco y por
eso intratable; y lo minino Miguel Angel, en­
fermo de seis enfermedades y que, con su arte
melancólico, trajo mayor tristeza al mundo.
Y así a miles de miles. Y de estos, desgracia­
damente, se conserva la memoria (y aún tiene
trazas de perdurar por siglos), mientras que de
los otros, de los hombres serios, nada se sabe;
de manera que sólo puede «suponerse» que
existieron. Y si alguno se salvó del olvido, fué
porque de él escribió algún pobre gato.

REMOVEDOR
Redactor Responsable
Año 1

N?5
G

u id o

c a s t i l l o

Pues bien; esos (ios bandos se han declarado
guerra a muerte y se desprecian mutuamente;
claro está que los hombres serios, con razón- Y
en tales dos bandos, hay hombres empleados u
ocupados en toda clase de actividades, y por
esto también en las artes. Y de éstos sólo quiero
ocuparme. T así, hay artistas serios y otros que
no lo son. T los serios, si son pintores o escul­
tores, son a los que los asesores del estado (que
ya son la cosa más seria que hay), les confían
retratos también de hombres serios; o de los
otros que, tras unos años o unos siglos, pasan
(y no se sabe por qué) también al bando de lá
sensatez. Tal. por ejemplo, el G t c c o , con razón
tenido por loco en su tiempo (y con esto, Fe­
lipe II demostró ser hombre a quien no le da­
ban gato por liebre, porque indudablemente,
el Greco era un gato) y se atuvo al italiano
que mandara a buscar, pintor serio. Pero, no se
sabe por qué inescrutable designio del azar (o
10 que sea) tras unos años, los papeles se true­
can. Y entonces pasa el pintor italiano a la vil
categoría de los cazadores de ratas, y el otro a
la de los grandes dioses del arte; y con, esto,
el rey queda, ante la Historia (y esto también
es cosa seria), como uno de los mayores anal­
fabetos en materia de arte. Y con este ejemplo
bastaLa liga de los hombres sensatos, en materia
de arte, para distinguir a sus componentes y
basta para jerarquizarlos, ha inventado una in­
terminable serie de títulos e insignias. Y así,
yendo de un país a otro, un individuo de esos
no pierde jerarquía, porque por tales señas se
dan a conocer como miembros de esa liga. Y
así se ha formado una verdadera clasificación.
Por esto, en ella entrará, por ejemplo, el filó­
sofo sensato (que siempre podrá aspirar a un
alto cargo), pero no el filósofo bobo (que es
el que la practica, sin querer saber de los tér­
minos del o ficio ); y así en las artes, y en las
letras, y en cualesquiera ciencia o en cualquier
técnica. La cual técnica, siempre podrá ser
considerada, en sí, como una finalidad 0 bien
como un m edio; y que es como la considera
el hombre sensato.
— Pero, dígame, profesor, ¿en qué se basa­
rían tales clasificaciones?
— Pues, simplemente, en esto último que aca­
bo de decir, y que es, no tomar como finalidad
un arte o una ciencia, sino como un medio.
— Pero, medio, ¿de qué?
— ¡Qué bendito es usted! Pues, de hacer di­
nero ,de ser poderoso, de satisfacer la vanidad
que procura el encumbramiento. Porque los
hombres sensatos, si_lo son, lo son por eso;
porque van a la obtención, de algo real- Sí,
por esto son sensatos. Y por esto desprecian a
los otros. Y, sin entrar en más averiguaciones,
dicen que si los otros no han llegado a tal ran­
go, es por falta de talento; y nadie les sacará
de tal idea. Hombre sin poder o dinero, es hom­

N O M B R E "
G a r c í a

Y

bre fracasado.
hombre que no ha querido en­
trar en el rango de la sensatez, hombre chiflado
o loco. Una vez, un amigo, hablando con un
archisensato (se trataba de un millonario) salió
a mi defensa. Se extrañaba, ese, de que yo es­
cribiese cosas ( a su juicio) tan disparatadasentonces el otro le dijo (muy oportunamente)
«e3 que se las pagan muy bien». ¡A h ... si es
así, ya es otra cosa! Pero no se crea que el que
es hombre sensato o serio, lo es por voluntad:
es su destino; viene así hecho. Tal como los
del otro bando.
podríamos dividirlos en aspi­
rantes y en individuos que gozan de tal jerar­
quía. Los primeros son numerosísimos, y respe­
tan y admiran a los segundos. Y estos con ser
menos, mandan o gobiernan a los demás. Hay
pues, una clase. Clase formada por individuos
a partir de cierto tono académico (y sea en el
comercio o en la ciencia, ch el gobierno o en
el arte) y que despreciando al resto, se creen
con derecho a proclamarse la tínica realidad del
mundolo son porque imponen
voluntad.
nada medra sino a su sombra.
La liga de los hombres serios, cierra el paso
a cualquiera que no pertenezca a ella, y sea en
la música, en la literatura, en el arte plástico,
o en la arquitectura y en las ciencias. Los ton­
tos, que no están en el secreto de la consigna,
pretenden, a veces, o combatir los principios
de la liga, o quieren hacer valer otros dere­
chos; pero es en v a n o ... con decir que nada
ha descuidado la liga (Argos de millones de
ojos) y que por esto, sea en cualquier terreno,
allí tiene sus agentes celo.-os, que po dejarán
violar tal consigna en lo más mínimo. Y tal
liga es un cuerpo, el cual no será jamás des­
honrado por ninguno de sus miembros. Y cual­
quiera de ellos debe de estar dispuesto a todo;
es decir, lo está, pues por naturaleza es el in­
dividuo a quien no asusta nada y por' descomu­
nal que sea y fuera de lo concebible. Pues, la
medida de tales hombres, es el abismo. Y ya
puede el tonto cambiar de país para escapar a
la acción de tal liga: es en vano; y ni aún en
el desierto se libraría de ella. Así pues, (y
pá.-eme la expresión) hay que ser de la liga
o reventar-

Y

Y

Y

Y

su

LOS INTEGRANTES DEL TALLER
EN EL VI SALON DE OTOÑO
.r- .

•

.

r

,r.\-

Todo el público sabe que en el Uruguay exis­
ten dos clases de pintura: la del Taller TorresGarcía y la otra. Como pesé a todo en la del
Taller pueden darse, y, se lian dado, obras de
menor calidad (las cuales fueron juzgadas según
su real valor I. adjuntamos una lista de los in­
tegrantes del Taller que figuraban en el VI
Salón de Otoño, para que el público no entien­
da que son integrantes del Taller Torres-García
únicamente aquellos de quienes se ha hecho
elogio.
Los mencionados pintores son:
1) Julio Uruguay Alpuy2) Gonzalo Fonseca.
3) Cristy Gava.
4) Pedro Gava.
5) Luis A. Gentieu.
6) José Gurvich.
7) Vicente Martín.
8) Jonio Monticl.
9) Amalia Nieto.
10) María Olga Piria.
11) Alceu Ribeiro.
12) Edgardo Ribeiro.
13) José A. Saint Romain.
14) Daniel de los Santos.
15) Nelsa Solano Gorga.
16) Augusto Torres17) Joaquín Torres-García.
18) Horacio Torres.
Es de hacer notar que el 33 % de los pintores
del Salón de Otoño, pertenecen al Taller TorresGarcía.

�A

R

T

B I Z A N T I N O

E

DECORACION MURAL DE
SANTA M A R IA D E M LR

A R T E

MOSAICO DE
SAN VITAL DE RAVENA

C O N S T R U C T I V O

COMPOSICION CONSTRUCTIVA
Montevideo 1943

COMPOSICION CONSTRUCTIVA
Madrid 1933

A r le Bizantino y C o n s tr u c tiv is m o
La exposición Koenisberg, nos da la oportu­
nidad de insistir sobre una verdad que el maes­
tro Torres-García, repitiera incesantemente en­
tre nosotros v a la cual la multitud de pinto­
res, más fieles a su idiosincracia de multitud
que a su índole de artistas, prestara oídos sor­
dos. Esta verdad es:
El hombre posee dos actitudes frente al
mundo, la apolinea y la dionisíaca; de este do­
ble enfrentamiento surgen dos artes, el clá­
sico, que puede ir de la más baja a la más
alta expresión constructiva, y el naturalista
que fluctúa entre un mínimo y un máximo ro­
manticismo. De ahí que existan dos pinturas
que no pueden interferirse: una constructiva,
geométrica, planista y sintética, propia para la
decoración mural, hermana de la arquitectura.
Otra naturalista, descriptiva, analítica, porta­
dora de atmósfera y de luz propia del caba­
llete, del cuadro que se cuelga, indi-tintamen­
te, en esta o en aquella pared.

La exposición Koenisberg, sería, en este res­
pecto, una eficaz lección de pintura para todo
aquel que supiera ver estos dos universos del
arte. Hay en esta colección, junto a una serie
de obras naturalistas buenas, mediocres y ma­
las, varias muestras del arte bizantino que si no
son de las mejores nos informan -uficientemente del purísimo sentido geométrico, planista
y simbólico de aquella gran época, donde la
decoración mural encontró su más fuerte y de­
purada expresión.
Y si el público y los artistas se interesan por
el arte medieval y lo juzgan grande, es que sa­
brán deslindar el terreno en que tiene su ra­
zón de ser el arte a tres dimensiones v el que
pertenece exclusivamente a la decoración pla­
nista; esto es: la arquitectura.
A si el público y los artistas tienen tan cla­
ra visión de estas cuestiones estéticas: ¿que
es lo que no ven o no entienden del construc­
tivismo de Torres-García y su escuela que. pres­

cindiendo de las características de modernidad
y de visión propia que acompañan siempre a
todo creador, cumple con las leyes inherentes
a toda decoración mural y por ende, a la bi­
zantina?
¿Qué pueden condt nnr en la obra de TorresGarcía. que no pudieran asi mismo condenar en
el arte bizantino egipcio, inca, etc.? No faltará
el eterno que juzgue que las figuras geométricas
del constructivismo no tienen nada que ver con
las bizantinas. En lo apariencial y personal no,
pero en el concepto plástico si.
Y los que no lo sepan o no lo crean, que se
fijen en los murales del maestro Torres y do su
escuela, realizados en la colonia Saint Bois. Y
si han sabido mirar los iconos bizantinos sabrán
ver que estas composiciones constructivas son
las primeras decoraciones murales, desde el Re­
nacimiento hasta nuestros días, con verdadero
sentido de lo que a este arte se refiere.
GUIDO C \STILLO

��CUBISMO, SURREALISM 0 Y POESIA
Es indudable que tanto el cubismo como el
surrealismo (éste, escalón final del movimien­
to Dada — donde militaran en primera ins­
tancia sus más conspicuos componentes poste­
riores) fueron sacudones de importancia para
los artistas de todos los órdenes. Y es induda­
ble, de la misma manera que el arte que si­
guió a toda aquella magnífica y esfervescente
época, llevó de manera peculiar las huellas de
ambos movimientos. El cubismo dejó concreta­
mente y en. análisis final, una tendencia hacia
lo formal, tendencia que a mi modo de ver.
da esqueleto a todas las manifestaciones pos­
teriores ,de las artes. \ el Surrealismo, influyó
por su parte, en la determinación previa y asímismo contemporánea del acto creador.
Su mediación entre el artista inconciente, y
la obra, estableció un precioso vínculo sobre
el que se basan obras de todos los órdenes del
arte moderno.
Pero si el cubismo (dejando de lado la in­
fluencia en las artes como la música o la poe­
sía, influencias que se debieron a la proximidad
amistosa de los autores, y que dan antes que
nada un clima de época) encontró su campo
ún.ico en la pintura, porque mal puede ser cu­
bista una palabra o una literatura; el surrealis­
mo, por su carácter mismo halló su terreno
perfectamente, ideal en la literatura, o más
concretamente en la poesía.
Y este hecho se dehe, como resulta claro de
ver, a que, mientras los pintores cubistas esta­
blecieron de una manera más o menos teóricopráctica, ciertas reglas a mantener en el trata­
miento de las formas, o sea de la pintura, los
surrealistas no se indicaron camino plástico a
seguir, permitiendo la convivencia de los más
disímiles artistas sobre su denominador común
de surrealistas.
Tan es así que pinturas tan diferentes como
las de Miró o Dalí habitualmente viven pareda­
ñas sin carácter ofensivo para los actuantes
surrealistasTanto como la de M iró es pintura planista,

A

ccptiva. Y si es cierto que hubo en los cubista»
una homogeneidad temática, hoy aguitarrada, o
mañana de cabezales de diarios, ésto se debió
al azar o a la proximidad de los «cabeza de
grupo.»
De esta manera, las obras cubistas de Pica­
sso, de Braque y de Gris, tienen de común que
son pintura cubista, modo pictórico cubista, di­
bujo cubista. t\itonación y composición cubista.
Nada de esQ podríamos decir de las pinturas
de Dalí, Miró, Ernst, Chagall, etc., porque lo
que ellas tienen de común solamente es: temá­
tica surrealista, efecto surrealista.
Porque es concebible a un pintor impresio­
nista y Surrealista a la vez. Chagall por su
parto, en .-u desdibujo y su color puede empar atarse con los impresionistas y referirse a
ellos sin dejar por eso do interesar el terreno
de los surrealistas aunque siempre conser­
vando un cierto clima de aquellos —los surrea­
listas— que no reside justamente en la pintura,
y separándose de los impresionistas en lo que
sería lo más importante, o sea la presencia del
autor frente a la naturaleza y a la luz. De cual­
quier manera, para los fines explicativos que
persigo en abstracto, la concepción pura de
un pintor que gozara de ambas calidades, pue­
de conseguirse sin mayor dificultad porque
mientras el impresionismo determinaría una
manera de hacer, lo que equivale a decir una
manera de hacer pintura, el surrealismo pondría
condiciones en el exclusivo campo de lo te­
mático, y ambas cosas podrían convivir y casar,
en el imaginario artista que, en última instan­
cia no sería dable.
Pero si por otra parte, buscásemos o imagi­
násemos un cubista impresionista, la búsqueda
resultaría infructuosa y el ejercicio de abstrac­
ción inútil porque no se podría dar imagen al
concepto. Uno porque, si el impresionismo se
asentó radicalmente en la impresión sin otro
control que ella misma y en e] tratamiento de
la luz, el cubismo exigió antes que nada, estruc­
tura plástica, de manera que una obra que go-

P E D I D O

DE L

Maestro J oaquín Torres-García
aclaramos nuevamente que el mencionado no interviene
DIRECTA

NI INDIRECTAMENTE en

la

redacción

de

"R E M O V E D O R", limitándose a corregir y orientar
la obra

plástica

de los integrantes de este taller

imbuida de innegable sentido pictórico, pese a
todos los peses (su desorden, sus caídas temático-literarias) en concordancia hasta cierto
punto con la pintura Moderna, la obra de Da­
lí no puede emparentarse, indudablemente con
la vanguardia de la pintura. La pulcra factura
del «catalancito terrible» — como lo epitetara
Juan Ramón Jiménez— su tratamiento de la
profundidad como efecto fundamental, son un
paso atrás en las conquistas de la pintura del
siglo. Y sin embargo, hay quien pudo decir que
constituye, la pintura del afamado Salvador
Dalí, el último escalón del Arte Moderno.
Error. Dalí como pintor está muy atrás de
las conquistas del arte moderno, porque su
«formalidad» no concuerda con éstas y el eje
de su creación no son ellas sin0 la búsqueda de
cierto efecto truculento, muy imitado a posteriori, que radica en lo aparencial y externo de
la obra.
El cubismo por su parte por hacer exigencias
a la geometrizacióii o a la estilización consti­
tuyó cripta para los que se ciñiesen a su pre-

zasc de ambos caracteres es prácticamente in­
concebible y solicitarla es pretender el blanconegro.
Las exigencias cubistas e impresionistas se
excluyen totalmente- O una o la otra. No es po­
sible suponerlas unidas porque ambas piden
métodos de pintura, porque ambas son tenden­
cias, ismos o escuelas exclusivamente pictóricas.
Una pide libertad de color y dibujo para dar la
«impresión» o ausencia de ambas cosas si es
necesario. Otro se asienta en la búsqueda de las
formas, de las relaciones de dibujo, en. la abs­
tracción en cierta manera.
Abora bien, como creo que no puede discu­
tirse que el campo específico del cubismo fué
la' pintura, digo que en la poesía está el abono
indicado a la semilla de lo surrealista, porque
a las vagas asociaciones de los sueños, las pre­
dicciones, las sutiles relaciones de asociación,
etc., únicamente la palabra poética puede dar­
les sustancia.
Así como a los fantasmas o los seres de fic­
ción — Don Quijote, Hamlet— les conviene no

aparecer nunca de carne y hueso o en repre­
sentación, para poder seguir siendo lo que son,
todas aquellas vagas asociaciones, sueños, etc.,
visto?, mirados y explicados no son sino inise1 ables fantasmas de cartón, apariencias absolu­
tamente ridiculas.
Por eso —y establezco el juicio fuera de los
valores de la pintura— la pintura surrealista
al pretender penetrar ese difícil y vedado cam­
po de lo inconciente no hace sino crear obje­
tos, que en última instancia no responden a lo
evocado y mueven antes que nada a la risaMientras que la poesía, cuando penetra en lo
subconciente, llama al lector a una imagen,
pero dándole todo su margen de imaginación,
no concretando sino aludiendo a aquellas re­
laciones y fenómenos.
Por eso hay excelentes libros de poemas
surrealistas — (excelentes, no por surrealistas,
sino por el genio poético de sus autores) y en
español entre algunos otros, uno de García Lorca: Poeta en Nueva York. Y si no puedo, aun­
que quiera, explicar porqué el surrealismo se de­
leita con lo poético o vice-versa, puedo dar
ejemplos donde ambas cosas se funden y donde
el fenómeno del arte cobra vigencia se produce.
Se dirá y con razón que son obras hechas
más allá de las estéticas y los planes, y es po­
sible; pero sin duda están arrastradas e infor­
madas por corrientes más o menos claras. No
trascribo versos surrealistas del primer libro
citado por ser suficientemente conocido, pero
quiero dar el ejemplo de un magnífico poema
surrealista de André Bretón, suscribiendo la
opinión de Ramón Gómez de la Serna a ese
respecto, quien dijo, que el poema «Unión Li­
bre» era una obra maestra:
Mi mujer con la cabellera de fuego de los
[bosques
con pensamientos de relámpago de calor
con su talle de reloj de arena.
Mi mujer con §u talle de nutria en los dientes
[del tigreMi mujer con la boca de escarapela y de ra[millete
de estrellas de ínfimo tamaño.
Con dientes de huellas de ratones blancos en
[la tierra blanca.
Con la lengua de ambar y vidrio frotado
Mi mujer con la lengua de hostia apuñalada.
Mi mujer con pestañas de palotes de escritura
[de niño.
Con sus dedos de heno cortado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
de alheña
con sus brazos de espuma de mar y de esclusa
Mi mujer con pantorrillas de médula de sálico
Mi mujer con sus pies de iniciales
con pies de manojos de llaves con pies de cana­
r io s blancos que beben
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de
[tierra y de fuego.

Así como el surrealismo siendo un movimien­
to de raíces literarias quiso abarcar el terreno
de la pintura en ese afán mesiánico y de pana­
cea de lo nuevo, el cubismo se ramificó también
bacía la literatura.
No faltaron los poemas cubistas, que fueron
también abundantes pero puede verse que lo
poético — o cualquier cosa que no sea pintu­
ra— no puede darse bajo el signo de cubismo.
Para eso voy a transcribir un poema de Guiller­
mo de Torre donde se pretende dar un equiva­
lente poético del cubismo y donde la poesía se
retira discretamente para que una cruda des( Sigue a la vuelta)

�Aclaración
P u bl i c a

con r e s p e c í o a una c a r t a
en
la
Revista
" Latitud

//

Con referencia a la carta publicada en la
revista «Latitud» de Buenos Aires, dirigida al
Sr. Antonio Berni y firmada por los Sres. Car­
los González, Luis Mazzev, Bernabé Michelena
y Ricardo Aguerre, aclaramos:
l 9 Que el Taller no tuvo intervención para
organizar la exposición referida. Pero que si
su organizadora, la Sra. Gizelda Zani, dió pre­
ferencia en número y ubicación a la obra del
Maestro Torres-García y sus discípulos, lo hizo
con perfecto sentido de la realidad pictórica de
nuestro medio.
29 Que es una cuestión de mera lógica, que
mal se puede prestigiar una escuela con pinto­
res que no tienen prestigio. Que pretender los
firmados tener prestigio estético, involucra una
flagrante pedantería, más detdnante, tratándose,
como se trata de artistas que nunca han sa­
lido de la mediocridad, si es que aún no siguen
regodeándose con lo inferior del arte.
39 Que en el taller Torres-García no se pre­

tende hacer «Arte Nacional» sino simplemente
Arte, entendiéndose que los caracteres particu­
lares de lo nacional se darán como un agregado
circun.-tancial y nunca esencial.
Que estamos de acuerdo con los firmantes de
dicha carta en que, si el Arte constructivo repre­
sentara la realidad física, étnica, económica o
político-social, movería realmente a risa, porque
no sería lo que es, y dejaría el terreno de la
estética para entrar en esa temática risible a que
hacen mención indirecta los citados señores.
49 Que la representación del «Hombre» no
se hace por la realidad de las apariencias del
hombre, tino por la creación de la dimensión
espiritual del mundo que es en primer término
la tínica «Obra» del «Hombre».
Y justamente el Arte se encamina a perma­
necer en ese «Mundo» y no a trasmitir lo acci­
dental de la realidad fugaz y cuotidiana.
Que todo lo conmovedor y terrible de la gue­
rra no determina esencialmente al Arte, ni de­

Salón Permanente del

TALLER TORRES-GARCIA
E x p o s ic ió n

de O b r a s del

Maestro J. Torres García
Abierto desde el 28 de Junio
BARTOLOME MITRE, ESQUINA POLICIA VIEJA
Sub-Suelo de la Librería de Salamanca

Horario: de 17 a 20
CUBISMO, SURREALISMO . . .
(Viene de la pág. anterior)
cripción tie lo aparente cubista campee en el
escrito:
Un segmento de luna
sobre la bandeja
El corazón de la granada
es un abanico del iris
La guitarra, la pipa y el periódico
disecados como loros
Palpando entre el mosaico
el vidrio canta sus reflejosA través de la ventana bastidor del sol
el viento afina sus cordajes.
Desconsolada una guitarra
con las clavijas sueltas
enmaraña su testa.
Con lo que antecede de este artículo no se
pretende detractar al surrealismo y hacer la
apología del movimiento cubista, éste induda­
blemente superado por el constructivismo por
sus especiales condiciones de universalidad y
orden.
Se pretende antes que nada valorar y justi­
preciar las influencias de ambos movimientos.
Del cubismo en la presencia de las obras. Del
Surrealismo en la actitud del creador.
Del mismo modo se aspira a delimitar el
campo natural y apropiado de cada uno, en el
sentido que queda explicado.
SARANDY CABRERA.

be hacerlo, sino que lo influye en medida de
su proximidad pero de manera secundaria.
Que el artista no es relator de desgracias o
bienandanzas sino fundamentalmente un crea­
dor.

Como acotación a la carta de los menciona­
dos Sres., nos preguntamos:
¿Qué realidad física, étnica, económica o po­
lítico-social, representan los frescos de Piero
della Francesca. Botticelli o Miguel Angel?, aún
sabiendo que si la temática fuese tal o cual, eso
nada diría para la valorización de las obras,"
Asimismo nos preguntamos si los Sres- firman­
tes de la carta en cuestión, suponen que el valor
de un retrato de Felipe II de Velazquez, vale
por representar a tal rey contemporáneo del pin­
tor, y cabeza del régimen social imperante, o por
sus valores exclusivamente plásticos.

De Jacques Maritain
Sobre las Escuelas
de Bel l as A r t e s
Por lo mismo que el arte es una virtud del
entendimiento práctico, el modo de enseñanza
que por naturaleza le conviene es la educaciónaprendizaje, el noviciado operativo bajo un
maestro y frente a lo real, no las lecciones dis­
tribuidas por profesores; y a decir verdad, la
misma noción de una Escuela de Bellas Artes,
sobre todo en. el sentido en que el Estado mo­
derno entiende esta palabra, revela tan profun­
da ininteligencia de las cosas como la noción
de un curso superior de virtud, por ejemplo.
De ahí las rebeliones de un Cezanne contra la
Escuela y contra los profesores, rebeliones que,
en realidad, se dirigen principalmente contra
una concepción bárbara de la educación artís­
tica.

La Verdad y la Expresión de la Verdad
El artículo aparecido en el Num. 4 de Removedor sobre el V I Salón de Otoño ha provocado,
así lo manifiestan rumores lejanos y explosiones
cercanas, los más duros comentarios con res­
pecto a la eficiencia con que representamos
nuestro enojoso papel de críticos.
Entre otras voces condenatorias, hay algunas
que nos enorgullecen hasta la arteria más os­
cura y vergonzante de nuestra vanidad, otras
que no nos interesan, y ciertas que nos mueven
a la intención aclaratoria dé este artículo, i
Entre las primeras nos halagan sobre manera
aquellas que juzgan que no somos críticos, sino
simple seres apasionados. Nada más cierto y na­
da más agradable de sentir, que saber que hav,
quienes no engañados por nuestro falso título
de críticos reconocen, en nosotros, a través de
la tesitura almidonada de la profesión que in­
útilmente procuramos simular, algunas partícu­
las de «polvo enamorado».
Las segundas, que provienen de aquellos que
se han sentido directamente heridos por nues­
tros juicios sobre sus obras, son previsibles y
explicables reacciones biológicas que, como ya
hemo3 dicho, no nos interesan por juzgarlas re­
gidas por leyes naturales, que no solo acepta­
mos, sino que consideramos saludables.
Impresora L I G U

— Paysandú 1011 — Montevideo

En cuanto a las terceras, que son las que di­
cen que están de acuerdo con las líneas genera­
les de nuestra opinión y en desacuerdo con, nues­
tra manera de expresarla, cabe responderles de
dos formas distintas, según las posibles causas
de su desagrado:
1 — Aquellos que llevados por un deseo de
perfección o por una necesidad de pulcritud
consideren que las cosas no solo deben estar
bien en el espíritu sino también en la forma
en que ese espíritu se manifiesta, son merece­
dores de nuestra consideración hacia su recla­
mo. Y reconociendo que no dejan de tener ra­
zón en lo que se refiere a ciertos aspectos for­
males de nuestro artículo, les pedimos perdón
por estos yerros motivados por el apresuramien­
to y el deseo de evidenciar la verdad hasta su
más excesiva y desagradable desnudez.
2 — En cuanto a los que atemorizados por
nuestra directa manera de encarar el asunto,
consideren más adecuado y menos riesgoso el
uso continuo de la tibieza y el disimulo, a esos,
nada más adecuado que la sentencia del Apo­
calipsis de San Juan:
«Por que no eres frío ni caliente, porque erea
tibio, te comenzaré a vomitar de mi boca».
Guido Castillo y Sarandy Cabrera

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Castillo, Guido&#13;
Torres García, Joaquín</text>
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DIBUJO CONSTRUCTIVO

N' 4
A B R I L - M A Y O 1945

URUGUAY J. ALPUY

exclusivamente por i nt e g r a nt e s del

C-C5

TALLER

EL

Organo

redactado

TORRES

y e di t ado

-

GARCI A

u

EJEMPLAR

�SOBRE
POR

EL V I

GUIDO

P R E A M B U L O
Se ha dicho, con toda justeza, que al hombre
se le conoce por sus obras, y extremando aún
más cite juicio, diremos que la vida de hombre
es una ¡.ucesión de obras en el tiempo que in­
tentan objetivarse en el espacio. — A i que la
única manera de conocer a este o aquel indivi­
duo es a través de lo que hace; ¡y este conoci­
miento se torna aún más universal, cuando el
acto a que nos enfrentamos, es, o pretende ser
de orden estético, por ser el arte la actuación
que, en el bien y en el mal, suele centralizar
con más frecuencia, toda., las fuerzas /itales del
que es, o pretende ser, un artista.
Ya sea esta fuerza centralizadora, ángel o de­
monio, es decir, sirviendo para hundir en la os­
curidad y en la confusión al que ha caído bajo
ella, arrastrado por intereses ajenes a la ’ abor
estética, o para elevar a la más alta luminosi­
dad, al que la posea y es por ella —y por nada
má-— alucinado, su acción dominadora no
pierde su poderío.
Por estas realidades, es que en el VI Salón
de Otono, se nos desnudan, tres planos funda­
mentales de la estructura humana.
I9 El plano del e-píritu de lo absoluto, del
«infinito intensivo», de la música, representa­
do por el maestro Torres - García. La obra es
tan alta y musical que en ella, el dibujo, la
calidad, la materia, el color, etc., son cesas me­
nores que sólo bordean su centro iluminado.
2° El plano de la buena pintura, integrado
por aquellos que sienten al arte como un
fin en sí mismo; que saben, que la actividad
estética no es servidora de nada, sino todo de
e'la esclavo.
Entre estos pintores hay pequeñas y grandes
diferencias, en cuanto al of eio y a la capacidad
pero, todos están encaminados y ubicados en. el
verdadero ángulo de visión.
No faltará el lector que piense, que en este
segundo plano pretendemos situar a los dis­
cípulos del taller Torre3 - García.
Pues sí; nosotros pensamos que, aún en el
terreno de la mayor condescendencia, a'uunos
discípulos del Taller Torres-García, ton los
únicos entre todos los integrantes del salón, a
quienes corresponde el predicado de pintores.
39 Ahora Legamos al plano de la llanura v
las profundidades, que posee una gradación
comprendida entre la mediocridad e inexisten­
cia, y la torpeza, lo grotesco y la grosería.
Es en él, donde se sitúan desde las buenas
intenciones fracasadas, basta la perversión e
innobleza estética.
Es en él. donde habitan, la ignorancia y la
vanidad; la tibieza y e’ snobismo.
Antes de terminar este preámbulo liemos de
aclarar dos cosas:
l 9 que el plano superior y los últimos pel­
daños del inferior, están más al1^ .......acá
de toda crítica; uno por la sustancialidad
misma de su altura, y por ser lo primordial en
él. la visión de una realidad inconmensurable
que es indivisible de la obra y por lo tanto tras
cendente a todo comentario; otro por estar tan
increíblemente alejado del menor atisbo de lo
que puede ser el arte y del vulgar sentido común
que no existen palabras bastante intensas como
para enjuiciarlo.
29 que siendo el tercer plano la abrumado­
ra mayoría del Salón, al comentarlos a todos,
nos es imposible, pese a nuestros efuerzos y s
la riqueza de nuestra lengua, evitar mo'estas r e ­
peticiones, pues es mayor el número de ¡os ma­
los pintores que el de las maneras de decirlo,
v más aún cuando hemos evitado toda acroba­
cia lingüística para ser perfectamente objetivos
y concretos.

II
P I N T U R A
AGUERRE RICARDO
Pintura efectista. Entonación como para una
tapa de revista de modas. Dibujo duro equi­
vocado. El de los ojos es incorrecto.

SALON

CASTILLO

Y

SARANDY

ALPUY, JULIO URUGUAY
Se advierte que tras eso hav un pintor. En­
tonación justa. Composición un tanto decorati­
va, a pesar de estar estructurada.
AMEZAGA EDUARDO
Confitura. Tota’inent- de cript:vo y anecdó­
tico; por lo tanto desentonado. No se casan el
ro'o de la vaca, el verde del follaje y el ama­
rillo del pasto. Insiste en una pa’ cta clara s;n
observar los objetos de la luz, y recurre a la
torpeza de solucionar la ¡ombra con un negro
absolutamente sucio, en este caso.

REMOVEDOR
Redactor Responsable

Año 1

DE O T O Ñ O

NM

BADETTO, EMMA S. I)E
Imitativo y torpe. Desconoce absolutamente
la pintura. Parecería hubiesen frustrados inten­
tos de tomar la manera de Horacio Torres.
BAITLER ZOMA
Persiste en su incomprensión de la pintura
impresionista. Mezcla procedimientos, empas­
tando excesivamente a veces y manchando
con una materia muy líquida. Uno de sus cua­
dros queda dividido rn dos partes por un enor­
me borrón violeta. Detaliismo pueril vecino del
de Laroche. Convierte en n.o existenc:a del au­
tor la objetividad de los maestros impresionis­
tas (Renoir y Monet) entreteniéndose en mal­
tratarlos.
BARCALA WASHINGTON
Dos obras totalmente distintas, que en el fon­
do son una misma mala calidad. Absoluta falta
de entonación. (Todo un, paisaje del mismo co­
lor, no asegura la entonación). A un verde pla­
no, en el autorretrato, sucede una superficie
mode'ada. Narcisi mo afectado y efectista.
BERDIA NORBERTO
Evidentemente se trata de un indirecto hijo
de Rivera. No siente el color ni el dibujo y no
hace sino tomar la manera exterior de aquelSe ve claramente ésto, por cuanto el paisaje
expuesto no tiene absolutamente nada que ver
con el retrato del niño. En este paisaje, un fe­
roz techo colorado puede dar una pauta de su
falta del más elemental sentido de la pintura.
Obras del más deshauciado convencionalismo,
contrarias no ya a la estética, sino al mínimo
buen gusto.
BERKIIAHN GÜNTHER
Obra infantil.
Imposible de criticar, porque su autor de­
muestra desconocer absolutamente la pintura.
BORELLA RAFAEL
Academi mo literario, con tímidas inclina­
ciones hacia la superficie del más inofensivo
modernismo. Pintura lamida en contradición
con un contorno marcado en negro. Desento­
nado. El rojo del corpiño, es una nota procaz
e imitativa, totalmente inexplicable en el te­
rreno de la pintura.
BUSTAMANTE GUERRERO, ALFREDO
Una obra sin pretensiones que tiene la vir­
tud de mantenerse en superficie. No obstante
está en el terreno de lo imilativo.
CAN TU SIENRA, LEONARDO
Desconoce absolutamente la pintura. Sus
brochazos carecen de sentido. Pinta sin saber
qué, con intención de alcanzar por el azar, lo
que es producto de la actividad concierne.
CARVAJAL VICTORICA, MANUEL
Imposible de criticar. Falto de las condicio­
nes mínimas exigibles. No puede entrever el
Pienor atisbo de la pintura. No obstante esto, es
una perfecta síntesis del panorama de nuestro
intelecto oficializado. En la fusión de temática
y pintura, se traen a co'ación: el representante
del más cursi romanticismo poético, el decora­
dor oficial de nuestras plazas y jardines, y

CABRERA

Carvajal Victorica. Interprete e la calidad en
escala descendente.
CASTELLANOS CARLOS ALBERTO
La tendencia de Castellanos nacía ¡a decora­
ción de Pietromarchi, alcanza uno de sus pun­
tos culminantes. Decorativo, literario. Fallo de
valores. Amasijo informe del colorido. Solo
hay dos calidades, un oscuro fijo y un claro
fijo. Monótono. Con eriore¿ de perspectiva.
Las figuras volátiles no se apoyan. Amanerado.
COLMEIRO MANUEL
Pequeñas cositas mal hechas. Pretensión de
pintura clara a base de un amarillo feroz in­
controlado y no por medio de valores. Bu can­
do limpiar el color llega a una crudeza carente
de entonación. Ausencia t o t a l del dibujo.
Constancia en cierta temática de debilidad
sentimental, V'CZIFFERY, JOSE
Con pretendida soltura, por dar el aspecto
de modernidad, cae cu lo grotesco. Lo que en
pintores como Dufy o Mati sé es sensibilidad
y expresividad, manoseado por Cziffery es ca­
ricatura.
DORR1ES, FEDERICO ■'
Obras elementales; demuestran que su autor
está todavía, muy fuera del círculo de lo plás­
tico. Su mayor preten ión parece ser, dar una
obra «bonita»'.
DORRIES, HILDEGARD
Los misinos comentarios que el anterior.
FERRARI, MARIA ROSA DE
Dibujo r mal. Color: mal. Todo mal. El
amarillo naranja del vestido cs un agujero en
medio de la tela. Una serie de tonos, tales co­
mo el verde del florero, las uñas pintadas, las
flore?, etc., constituyen ejemplos de disonancia
t infantilismo. Todo el cuadro es de una ma­
teria sucia, en que las carnes parecen lata y la
tela papel.
FONSECA GONZALO
Pintura seria. En especial la marina, donde
se consigue una entonación justa y un dibujo
sólido y estructurado. La obra respira cierta
espiritualidad y cierta visión inédita de las
cosas. El retrato frente a esta obra queda un
tanto frío pero se mantiene dentro de un ni­
vel pictórico con idcrab'e.
GARCIA REINO. OSCAR
Pintura Snob. Bajo una amanerada aparien­
cia de modernidad se trasunta la pintura con­
siderada como un aparato d?corativc. Falta to­
tal de valores. Da una superficie monótona y
lamida con tonos sucios e innobles. Busca la
más mala manera de André Lothé, en lo ex­
tranjero. En lo nacional puede empar maree
con la pobreza de Prevósti. Su pretendida es­
tructuración a base de la Sección Aurea, demue. fra que el compás de oro no e3 la p ma­
p a pictórica, sino una relación universal que
toma vigencia, cuando e3 ejercida por un pin­
tor en la exacta acepción del vocab'o.
GAVA, CRISTY
No obstante utilizar un ganm hasta cierto
[■unto noble, producto del Taller Torres-Gar­
cía, da una calidad fría al servicio de la temá­
tica realizada con equivocado sentido del di­
bujo sintético.
PEDRO CAVA
De sus dos obras, pueden apuntarse virtudes
en el Paisaje. Una obra fina de color, bien en­
tonada y con una disposición acertada. En
cuanto al «Retrato» pueden hacérsele las mis­
mas observaciones que a Cristy Gava.
GENTIEU, LUIS A.
Falta de aprecio por la materia. Oleo trata­
do como acuare'a. Convencional, sin intuición
directa de lo pintado y sin estima por la ca­
lidad.
Evidentes caídas hacia Dufy. A la derecha
de la tela, hay una mancha marrón que no
tiene explicación, por cuanto ella se adscribe
al marco. El árbol de la izquierda se extiende
de marco a marc°- sin nexo ninguno con los
demás elementos.
GUIDOBONO VICENTE
Imposible de criticar. Absurdo que haya si­
do admitido, aún considerando la escasa visión
de la mayoría del jurado.

�FUNDACION ESPIG A S
Buenos Aires - Argentina

GURVICH, JOSE

PEREYRA, RAMON

Pintura limpia. El tono puesto con preci­
sión, no obstante fallar en la manera de tratar
el agua de primer plano. La arista más no­
table del cuadro Paisaje del Buceo, es el di­
bujo muy sensible de las casas que aparecen
en último plano.

Pretende ser un continuador temático de
Figari. Torpe, con un decconocimiento total
de la pintura, produce una obra infantilmente
pueril. Empastes excesivos junto a detalles irri­
sorios, sin ninguna fina idad estética.

HALTY, ADOLFO

Obra de un aprendiz bien dotado y bien en­
caminado. Buena entonación. Un poco falta de
estructura pero, de todos modos no exenta de
delicadeza.

«Rcmovedor» ya se ha ocupado del pintor
Ilalty. Su estado actual re ponde a la trayecto­
ria conocida. Pintura literaria que manifiesta a
Halty como a un «no pintor». Carece de tono.
Laj veces que pone un blanco, éste no se 'iga
con el resto. Su intención de estilizar o compo­
ner lo llevan a lo decorativo. El trazo negro
que bordea fríamente a las figuras, es posible,
tenga su orig;n en una equivocada observación
de ciertos cuadr03 de Picasso.
LIMA, MANUEL V.

Pintura un tanto anémica. Apenas está valoiizada la zona de la cara y la mano de la ni­
na. El resto te torna confuso y inonótrno. De­
be insistir en un dibujo más sistemático.
LISSARDY, BREN DA

Presenta dos obras totalmente distintas lo
que hace sospechosa la sinceridad de cu au­
tora. En el cuadro «Parvas» imita francamen­
te a Colmeiro, incurriendo en los mismos vi­
cios que el mencionado. En el otro paisaje
donde parece dar una cosa más personal, in­
curre en lo imitativo.
La mala valorización hace que se produzcan
movimientos de modelado que no responden
al asunto.
MARCHAND, WILLY

Desconoce comp'etamente la pintura. No po­
ne directamente el tono, sino que luego de
colorear uniformemente, ensucia de o.curo o
claro según las conveniencias imitativas. El di­
bujo de los «pescados» no existe. La mesa que
los sostiene, cae vertiginosamente hacia el
espectador. Reina tal desorden en el cuadro,
que éste resulta pobre, aún d.T punto de vista
temático. En el cuadro del «mate» ciertos pun­
tos de amarillo que pretenden ser luz dentro
de la sombra re ultan agujeritos al azar sobre
la tela. Asimismo esas pretendidas luces, no
casan con la poca luminosidad de1 primer pla­
no supuesto también en luz
Resumen: cosa
grotesca y fuera de lugar.
MARTIN, VICENTE

En este pintor pesa más la imfluencia del
medio ambiente que la enseñanza que pudo
sacar del taller Torres-García. Su acuarela
pretende ser un alarde de desenvo tura que
sólo puede justificarse con un perfecto conocimiento del oficio que se tiene entre manos.
Martín da una coloración estridente y efectis­
ta. En «Naturaleza Muerta» da un dibujo in­
deciso, sin una determinac’ ón clara, inseguro,
y una entonación que quiere ser semejante a
alguna obra vista en el taller. El empaste más
que excesivo con que pretende dar la luz, nos
demuestra que la calidad y el espesor de la
materia no son lo mismo.
ME ISSNER HERMANN

Al igual que la de Guidobono o Carvajal
Victorica, la obra de este pintor no da asidero
a la menor critica, por su pobreza.
MONTIEL JONIO

Pintura ascética y fuerte. Pone el tono justo
sin ninguna otra concesión. De esa manera
consigue una sólida estructuración tonal, re­
forzada por un dibujo muy expresivo y sin­
tético.
NIETO AMALIA

Pintura fría y superficial. Pobreza de color
Calidad desteñida de tapiz intrascendente. Pe­
se a sus esfuerzos de modernidad, permanece
en lo imitativo y trasunta la influencia deci­
siva del Círculo de Bellas Artes.
PA LA 1 ECINO, BENJA MIN

Grotesco. Impo3Íble de criticar.
PAREJA PINEYRO, MIGUEL A.

Mezcla de un maltratado Barradas y un
tna'tratado Cubismo. Sin sentido ninguno del
valor. En la obra «Trabajo de Campo» pre­
senta un aglomeramicnto, una confusión inau­
dita de cosa?, asi como una total monotonía
de elementos informes.
Otro ejemplo de los que, queriendo hacer
obra en consonancia con el arte moderno, se
dedican a malcopiar lo externo de las escue­
las o los individuos que han cimentado la pin­
tura de vanguardia.

PIRIA MARIA OLGA

mientos manuales tramposos. Por esas razones,
una obra despreciable.
PERDIE, JULIO

Imposible de criticar; no tiene la más leve
noción de la pintura.
VIEYTES, JUAN F.

Falto de valorización. Frío, monótono, duro
y convencional. La repetición de los mismos re­
cursos, son la única manera con que trata de
solucionar los diferentes problemas del cuadro.

III

RIBEIRO ALCEU

Demuestra conocer el oficio. Da una obra de
cierta espiritualidad. Sin embargo se nota un
cierto artificio para conseguir un clima «agra­
dable». Esta circunstancia restringe el vuelo de
la obra que no obstante eso, es de valor con­
siderable.
RIBEIRO EDGARDO

En «Retrato» pretende abordar una compo­
sición de gran tamaño, demostrando no estar
capacitado aún para ello. Por esa circunstancia
le sobra tela, la figura central se bambolea y la
mesa cae. Fa ta una estructuración sólida. El
dibujo es discreto, y la pintura, por lo general
bien entonada. No obstante por momentos las
grandes manchas de color se tornan frías y sin
vida, en contradicción con zonas en que se ha
cuidado el deta.le.
En «Paisaje», la falta de una valorización, co­
rrecta, produce movimientos en la superficie
que no responden al dibujo.
SAENGER ROBERTO

Le falta madurez pictórica. La obra queda
desentonada y un tanto efectista.
SAINT ROMAIN, JOSE A.

Pintura que ha tomado lo superficial del
Taller Torres García, pero que trasunta caren­
cia de intuición plástica. Pobreza de co.or. Di­
bujo convencional.
SANTOS. DANIEL DE LOS

Obra discreta. Sin detonancias pero un tanto
sucia de color. Dibujo correcto aunque por mo­
mentos frío.
SCAGLIOLA, RICARDO

Obra salida, evidentemente, de la de Berdia
y Urruchúa, con restos de ¡a enseñanza de Laborde.
Como puede suponerse, un dibujo durísimo,
y la busca artificial de un c.ima truculento. Co­
lor frío y maquinal.

DIBUJO Y ARTES APLICADAS
La falta de orientación que se manifiesta en
la sección de pintura, hace crisis en la corres­
pondiente a' Dibujo y Artes Aplicadas. Trata­
remos de comentar algunas obras, no por tu
mayor calidad sino porque han sido adquiri­
da . Como el visitante al salón supondrá que
esta distinción se debe a algún mérito escondi­
do, no otros nos creemos en. la obligación de
informarlo al respecto:
GONZALEZ, CARLOS

Caricaturesco, grotesco. Abigarrada confusión
de pequeñas cosas y calidades de materia. Te­
mático y torpe.
ORLANDO, ROBERTO

Duro, forzado, mala composición. No están
bien distribuidas las tintas. Cada superficie
queda muerta y recortada.
SANTIAGO DE DOMINGO

Procedimiento noble tratado con vulgaridad.
Dibujo lamido. En conjunto: una cosa innoble.
SENEZ, CARLOS ALBERTO

El paroxismo de lo grotesco.
VERNAZZA, EDUARDO

Dibujo disculpaba en un, niño de escuela.
Monótono, sin finalidad explicable. Los dibu­
jos de Vernazza son tolerables para ilustrar las
crónicas de las domas de potros o los comenta­
rios obre Ballet, pero no tienen nada que hacer
en el terreno de lo plástico.
Este dibujo pone en evidencia que Vernazza
no posee las mínimas condiciones.

IV
ESCULTURA

Imitativo. Absolutamente desentonado. Em­
parentado con el desenfreno disonante del co­
lorido de Bianes Víale.

Como preámbulo al comentario de la Sección
Escultura, puede servir e* mi mo que precede a
la crítica de la Sección Dibujo. Los escultores,
no van más al á del naturali-mo. Nadie parece
tener en cuenta a la E-cultura Moderna.

SIN ISCA LCIII FR A NCISCO

FERNANDEZ TUDURI, RUBENS

La mala valorización produce un achatamiento cu la izquierda y una elevación en la dere­
cha.
Los primeros planos son una masa amorfa.
Hay confusión de maneras; partes tratadas a
pequeñas manchas, y otras donde se persigue
una uniformidad mediante una materia muy
chirle. Errores de perspectiva. No se sabe si las
casas se ven de abajo o arriba. Lo imitativo lo
lleva a desentonar. La chimenea rosada aparece
aislada de los elementos que la rodean, y como
superpuesta.

Es extraño que Bais, todavía tenga influen­
cia sobre los e cultores nacionales, pero es cier­
to. Tanto como es simil Piedra, es simil Es­
cultura. Caída hacia lo sentimental.

SCHENONE PUIG DOLCEY

SOLANO GORGA NELSA

Pintura bastante bien entonada, donde se
advierte la huella del Taller Torres - García.
Se trata de un aprendiz bien encaminado.
TORRES AUGUSTO

Excluyendo la obra de Torres - García; es la
de este pintor la de mayor ca idad. Además está
situada en un plano muy superior a las restan­
tes. Se trata de un maestro del oficio que ya
discierne con claridad el terreno de la pintura.
Dentro del má- grande rigor realista, posee
una concreción abstracta de los elementos que
constituyen la plástica.
TORRES, DENRY

Imposible de criticar. Desconoce absoluta­
mente la pintura.
TORRES-GARCIA JOAQUIN

ARTE.
TORRES HORACIO

Pintura seria. Muy buen dibujo. Fineza de
color. Gran conocimiento de' oficio. Respira
gracia y delicadeza. Los dos retratos están bien
observados. Sin embargo el «Bodegón» está un
p'ano superior de pintura.
VALLARINO EDUARDO

Desconociendo la plástica, pretende dar una
obra «bonita» para adorno.
VENTAYOL JUAN

La más inferior «cocina» pictórica. La inca­
pacidad para poner el tono lo lleva a procedi­

MARTIN, JUAN

Una obra imitativa. Toma de Rodín. la ma­
nera de tratar 'a superficie. De Maillol la acti­
tud y una pretendida solidez. De esa mezcla resu ta una obra bastante pobre.
MONCALVE JUAN

No existe. Imitativo. Frío.

V
UBICACION DE ALGUNOS
MIEMBROS DEL JURADO
El Sr. Domingo Bazzurro, pre. ¡dente del Ju­
rado del mencionado salón, es antes que nada,
un pintor fracasado, o más claramente, un no­
nato.
Juntamente con Laborde, Bazzurro carga con
la responsabilidad de haber estropeado año
tras año, a los jóvenes que concurrieron al
círculo de Bellas Artes, donde ambos dictaban
cátedra.
Su actividad negativa no se ha detenido en
í-so, sino que ahora se opone desde su privile­
giado sitial de Presidente de jurado, a todo
cuanto pueda tener real valor.
Consideramos que el Sr. Domingo Bazzurro
no actúa en la referida manera, por perversa
inclinación.
Sabemos que la explicación de estos hechos
debe buscarse en su completa ignorancia de las
artes plásticas y su total carencia de sensibili­
dad para ¡a captación de la más elemental ma­
nifestación artística.
El Sr. Orestes Baroffio, vocal del jurado, ce
un arquetipo de fosilización mental para las
(Sigue en la pág. 4)

/

�“MODERNISMO”
Libro

"Universalismo

Se suele confundir en. un mismo vocablo,
«modernismo» y «moderno». Se confunde la
ridicula expres ón modernista, y la realidad de
un arte que tiene una razón de ser.
No habría que perder tiempo en definir la
primera de estas eos expresiones, buscando en
que puede consistir; pero es conveniente, a fin
de deslindar los terrenos.
E.a expre ión modernista, es a go sin base,
que sigue una moda que no tiene más trascen­
dencia que otra moda cualquiera. Genialidad
al revés, de un pobre espíritu que quiere de ­
collar por encima de lo corriente, con el pro­
pósito de singularizarse. También suele ser, a
veces, cursi o desdichada interpretación, con
prurito de ref namiento, de una seria tendencia
de arte. Tenemos un ejemplo con lo que suele
1 amar.e «decorativo», que no es más que mala
interpretación del ritmo y ordenamiento que
puede encontrarse en obras hechas con. conoci­
miento. Hay obras hechas con independencia y
sin sucesión a ias leyes Visuales de la perspec­
tiva, por esto planas e irreaies, que por un or­
denamiento sabio son del más bello efecto de­
corativo. Pero viene luego el im-’tador, y pre­
tende hacer lo mi mo, bien eea subrayando los
perfiles, bien marcando unos planos arbitra­
rios, y así sale el engendro, obra del que no
%abe, pero que quiere simu.arlo con propósito
de originalidad.
No es más que esto el modernismo, y por
esto no vale ei ocuparse de él.
Otra cosa es lo moderno.
Lo moderno, lo es- tal, porque cumple un
fin evolutivo. Llegadas a madurez cierta.- for­
ma.', ciertos conceptos de arte, tienen que plas­
mar en nuevos aspectos. Pero en tales realiza­
ciones puede hal arse fundamento, base. Tal el
Cubismo y el Neoplasticismo, que tuvieron su
razón de ser y que, a su vez, darán lugar a
nueva forma de arte.
Pero el público, no bien iniciado a veces,
suele confundir lamentablemente. Y e= porque

VI

SALON

DE

Y

“MODERNO

Constructivo"

de

condena sin pararse a reflexionar ant.e las
obras, sin querer penetrarlas, llevado de un
criterio hecho que no admite cambio en n'ngún sentido. Y, sin embargo, debiera ver que,
en otros terrenos ya ha aceptado un sinnúmero
de cosas de que ahora no podría privarse.
Porqué, pues, este empeño suyo de que el arte
deba de estar en eterna inmovilidad?
Difícil es explicar tal co a, y só o vemos que
es reacio en aceptar lo nuevo. Lo nuevo, que
justamente tendría que armonizar con todo
lo demás que lo rodea. Hay, pues, aquí, una
evidente falta de- lógica.
Pero hay más que e.o, y que debemos deplo­
rar: que obras hechas dentro de las más puras
normas de arte, pero revistiendo un aspecto
nuevo, provocan su risa; del mismo modo que
si se tratara de obras muy mediocre., o simple­
mente ma as, de artistas simuladores de esos
nuevos aspectos del arte plástico. Así se ha
condenado ligeramente, y se condena, confun­
diendo injustamente las cosa . Y así ha progre­
sado todo un seudo arte moderno, en pintura
y en escultura, y esto ocurre también en arqui­
tectura, verdadero modernismo, que así des­
acredita, al otro arte, al moderno, ya que el
público en general no quiere distinguir de ma­
tices. Es más; ese falso moderno, más cercano
al concepto vu gar del arte, a veces da mayor
satisfacción al público y e to no sólo.es en. per­
juicio de la evolución, sino que además lesio­
na los intereses del verdadero artista, moral y
materialmente. T aun hay que añadir, que ese
modernismo, es ocasión de mucho confusionis­
mo en el campo del arte, terreno ya de sí comp ejo, en que no todos saben distinguir lo fal­
so de lo verdadero.
Debido a todo eso y a esa incompren ión por
parte del público, por no prestar la debida
atención a la labor del artista y estudiarla de­
bidamente, re le juzga mal confundiendo las
cosas, y, además, por esa misma falta de cri­
terio justo, de ignorancia a veces total de lo

J. Torres - García

que debe proponerse el arte plástico, confun­
dido ante una manifestación nueva, no expli­
cándosela, cree que es falta de lógica o prurito
de extravagancia aquello que no comprende y,
o lo rechaza ind gnado o lo comenta desfavo­
rablemente, tachando de loco al artista o de
chusco que quiere divertirle a costa del públi­
co, y en esto último, sobre todo, va errado. No
•y artista, por poca cora que sea, o bien por
anidoso, que pretenda jamás tai cosa. No hay
ningún artista que encuentre placer en des­
orientar así al espectador. Al contrario, lo que
él trata, es de que le comprendan, que acep­
ten su obra. Y só o puede hacer excepción a
eso lo practicado alguna vez por los cubistas,
de dar título erróneo, intencionalmente, a sus
obras — pero esto ha sido una táctica con el
fin de desviar al espectador de lo anecdódito e
inducirle a que su atención se concentre en lo
concretamente p.ástico, que es lo que da, au­
ténticamente, valor al arte. E3 como decirle
entonces: «no busque por ese lado, porque
aunque se rompa la cabeza, nada hadará: no
hay tal personaje, hombre o mujer, como el
título reza, ni tal paisaje; aquí no hay más
que lo que es serio en pintura, esto es, valores
plásticos». Y así, poco a poco, el público se va
adiestrando y entra en la vía de comprensión
que le hará evolucionar. Así pasará, de un
estado primario de concepto vulgar de arte, a
lo que puede formar la base de un individuo
realmente cu to. De manera, que aun en este
caso, el intento del artista es generoso, y ya
no sería artista si a.í no fuese.
No se abalance, pues, el público, a criticar
ligeramente: estudie antes, deje que la obra le
diga algo, sea pasivo. Que redundará en bien
de él y del artista. De éste, porque le compren­
derán al fin, y de él porque en la nueva plás­
tica. quizás halle a’go que no sospecha y que
puede ser fuente de goce de' las más puras
emociones.
Abril de 1939.

OTOÑO

( Continuación de la pág. 3)

cuestiones estéticas. Su múltiple actuación ofi­
cial en toda la sociabilidad del intelecto eviden­
cia su adaptabilidad perfecta a ser el vacío
floripondio académico.
Por lo tanto, lo consideramos no apto para
la menor discriminación en el terreno del Arte.
El Sr. Carlos Prevosti, es una persona que
tentó el campo de la pintura con un rebultado
completamente negativo. Actualmente en una
evolución explicable, pasa de su¿ fracasos a
jurado de los salones de Pintura.
Ei Sr. Bernabé Miehelena, vocal del Jurado,
puede considerarse como un censor de muy li­
mitados alcances.
Se trata del artista de condiciones que ido a
Europa, sólo vió en el terreno plástico, la muy
escasa rama del naturalismo romántico de
Kodín.

VI
El Cuadro del Maestro Torres-García
Ta hemos expresado en el artícu'o que trata
la generalidad del Salón, la imposibilidad de
comentar esta obra maestra. Y no porque no
sea posible el menor comentario, sino por la
inutilidad del mismo frente a la grandeza sus­
tancial de esta revelación purísima del Arle, en
que todo lo comentable y enjuiciable es sólo
la puerta que se abre al infinito.
Su indudable modernidad está sustancializada de ese fundamental clasicismo que aparece
en un preludio de Bach, o en una oda de Fray
Luis, y que está más en la calidad del alma,
que en el sentido de una época, aunque haya
tendencias y tiempos que faciliten, o dificulten
su aparición.
Es comprensible que nuestro jurado y nues­
tro público no alcancen a ver su verdad intan­
gible y misteriosa, a salvo de todo aquel que
no sienta a cada paso la presencia de lo uni­
versal. El que juzgue contradictoria esta rela­

A S O C I A C I O N

CRISTIANA

DE

J O V E N E S

21: E X P O S I C I O N
dei Taller Torres-García
a iiim n o

^-

Gonzalo Fonseca, Augusto Torres,
Julio Uruguay Alpuy y Horacio Torres

A b ie rta d e s d e el 10 d e M a y o d e 18 y 3 0 a 2 0 h o ra s.

ción de la verdad y el misterio, es que no en­
tiende nada de Arte, y es, por lo tanto, incapaz
de alucinarse y ver el existir de la obra estética
en un plano trascendente a toda explicación
racional.
Y este cuadro genial en el que no hay la más
mínima concesión a nada externo exige eso:
lu fascinación, la relación alucinado de dos es­
píritus, en el que uno — el de la obra — es
dominador e inexpugnable, y el otro — el del
espectador— es dominado, perturbado y angu.tiado por una infinitud serena y avasalla­
dora.
La incomprensión de nuestros «congéneres» y
compatriotas es tan ilimitada, que no falta quien
vea en esta obra una «¡simple imitación del
Ticiano!» Con lo que se demuestra desconocer
abso'utamente la pintura y no haber «visto»
jamás al gran pintor italiano, maestro de la
luz, del aire, de lo carnal; lleno de un formi­
dable sensualismo por el color y la forma, que
si bien en lo fundamental, donde todo lo gran­
de se reúne, se hermana con el cuadro de To­
rres, salvando el tema circunstancial es casi
Impresora L. I. G. U. • Pajsandó 1011

antagónico a él; pues donde el veneciano es
materia, el uruguayo es imaterial, donde aquél
es voluptuoso, éste es puro y, en fin, donde el
Ticiano es renacentista, Torres-García es clási­
co, entendiendo por clásico, no lo definido por
las épocas sino por un espíritu antinaturalista.

V II
CONCLUSION
El VI Salón Nacional, no pretende ser críti­
co, sino exclusivamente de compra y estímulo.
No obstante las compras realizadas implican
una intención selectiva. Consecuentemente con el
espíritu que anima esa intención, la única obra
de Arte en toda la intensidad del vocable, que­
da fuera del grupo que constituyen las obras
compradas.
Entre tantas diversas calidades la obra del
maestro Torres-García, no hubiese tenido su
justo lugar. Quede pues, en, su soledad, que la
determina en toda su verdadera grandeza.

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FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017

‹‹QUATTRO ANNI DI VITA BUTTATI VIA››. Enrico Sacchetti en Buenos Aires
(1908-1911)
Giulia Murace
IIPC-TAREA/Universidad Nacional
de General San Martín - CONICET

Resumen:
En este trabajo se aborda una pequeña pieza de la enorme red internacional de la que
participaron los periódicos argentinos de comienzos del siglo XX, poniendo en foco la
obra de Enrico Sacchetti (1877-1967) en el país. Artista italiano, desarrolló su actividad
principalmente como dibujante en diarios y revistas y como ilustrador de libros. Entre
1908 y 1911 se encontró en Buenos Aires, contratado por El Diario de Manuel Laínez,
donde no solamente se desempeñó como dibujante en la revista La Vida Moderna, sino
también en otros medios, involucrándose activamente en la vida cultural porteña.
Palabras clave: Enrico Sacchetti, Revistas ilustradas argentinas, Caricatura, Principios
del siglo XX.

Abstract:
This paper attempts to give an account of a small piece of the enormous international
network to which the Argentine newspapers participated in the early twentieth century,
highlighting the work of Enrico Sacchetti (1877-1967) in the country. Sacchetti was an
Italian artist that developed his activity mainly as an illustrator in newspapers,
magazines and books. Between 1908 and 1911 he was in Buenos Aires, hired by El
Diario, where he not only work as an illustrator in the magazine La Vida Moderna but
also in other media, participating in the cultural life of the city.
Keywords: Enrico Sacchetti, Argentine illustrated magazines, Caricature, Early
twentieth century.

1

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In America rimasi quattro anni e
ringrazio Iddio di non esserci stato di
più. Quattro anni di vita buttati via
(Sacchetti 1935, p. 118)

Fue tal vez esta seca y definitiva descripción de su vida en Argentina 1 la que hizo
prevalecer en los escritos sobre Enrico Sacchetti 2 un silencio general acerca de su
actividad entre los años 1908 y 1911. Pero, ¿fueron realmente cuatro años tirados?
Durante su permanencia en Buenos Aires, el lápiz de Sacchetti ilustró múltiples
publicaciones periódicas argentinas y, no obstante hacia el final de su estadía escribiera
a Ugo Ojetti que en aquella ciudad vivía “malvolentieri” 3, se podría afirmar que fue
aquél el comienzo de su verdadera fortuna internacional. Es difícil juzgar a distancia de
tanto tiempo estas sensaciones personales, como así también las poco felices
afirmaciones que algunos años después de su regreso a Europa el artículo de G.
Fanciulli en Emporium (1919) reservó a la paréntesis bonaerense de Sacchetti:
Gli anni di vita americana costituiscono una curiosa parentesi nella memoria di
Sacchetti. ‘Mi ricordo soltanto – vi dice – di aver dormito immensamente’. Nelle
prime ventiquattr’ore intese che in Argentina non c’era nulla da fare; eccessivo
era lo squilibrio fra la sua anima di fiorentino antico e quella civiltà piantata nel
terriccio appena smosso, variopinta e monotona, frenetica e infantile; eccessivo lo
squilibrio fra la sua arte originale, pensosa, e le imitazioni, le improvvisazioni che
lì erano apprezzate. Pensò di tornar via col medesimo piroscafo che l’aveva
portato; poi si distrasse un momento... e ripartì solamente quattro anni dopo
(p.22). 4

En este trabajo, se intenta rescatar la labor de Enrico Sacchetti en Buenos Aires y darle
nueva luz, considerado el hecho de que en las biografías del artista, los años pasados en
la ciudad platense se resuelven casi siempre en un renglón o dos de simples datos, como
1

La cita original se encuentra en.
Nacido en Roma de familia florentina en 1877, su educación artística fue mérito del padre, pintor
aficionado quien nunca renunció a su trabajo administrativo. Sacchetti, después de haber terminado la
escuela secundaria decidió irse a Florencia, donde transcurrió algunos años de juventud errabunda, no del
todo convencido que el arte sería su trabajo para toda la vida. Empezó a trabajar por el periódico
Bruscolo, luego se mudó a Milán, alcanzando Libero Andreotti su amigo fraterno. Ahí comenzó a
construirse una cierta fama gracias a la colaboración con algunos periódicos ilustrados: Verde e Azzurro y
Teatro Illustrato entre otros. En 1905 realizó los dibujos para Le roi bombance de Filippo Marinetti. Otra
colaboración importante antes de zarpar para la Argentina fue con la revista romana L’Avanti!della
Domenica. A su regreso a Europa, en 1911, después de un brevísimo periodo en Italia se mudó a París
donde operó con gran éxito desde 1912 a 1914, cuando con el estallido de la primera guerra mundial
volvió a Italia. A partir de estos años Sacchetti a la profesión de artista unió la de escritor que mantuvo
hasta su muerte en 1967. Cfr. Bibolotti, Calotti 2003. Para una historia de la ilustración en Italia se vea
Pallottino (2010).
3
Carta de Enrico Sacchetti a Ugo Ojetti, 15 de junio de 1911, Roma, Archivos de la Galleria Nazionale
d’Arte Moderna e Contemporanea, Fondo Ojetti, Correspondencia Sacchetti, fasc. 1907-1929
4
Este mismo texto, ha sido traducido y publicado en el mismo año a distancia de seis meses en Augusta.
Revista de arte, vol. 2, n.13, junio 1919, Buenos Aires, pp.264-268 omitiendo naturalmente este párrafo.
La dificultad de analizar estas palabras surge del hecho que en la primera mitad del siglo XX, muchos de
los testimonios de viajeros italianos al Plata, tuvieron sentimientos contrastantes y a veces pronunciaron
duras palabras sobre la Argentina – movidos por la constatación de la forma en que venían considerados y
de la vida que tenían los italianos en la República. Algunos ejemplos se encuentran investigados por
Gallinari, 2009.
2

2

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para rellenar un vacío cronológico inexplicable de otros modos. Por un lado, intentando
suplir esta falencia en la literatura artística italiana dedicada al tema, se quiere
evidenciar la importancia de estudiar la historia en manera conectada para que los
acontecimientos histórico-artísticos de un lado y del otro del Atlántico no se
desvanezcan en cerradas historias locales. Por el otro, la breve presencia de Sacchetti en
el país se presenta como una pieza más de la amplísima red de relaciones
internacionales tejidas en el paso de los siglos XIX al XX por la República Argentina.
Las circunstancias que llevaron a Sacchetti a atravesar el océano no se conocen con
exactitud. Las biografías italianas remiten el dato de que en 1908 le llegó una propuesta
de colaboración a El Diario, incluido un buen estipendio y el pasaje en barco para
Buenos Aires. 5 El director y fundador de El Diario, Manuel Laínez, era un personaje
ligado por vínculos familiares a Miguel Cané, había viajado por Europa y estaba
perfectamente informado de los acontecimientos mundiales. Su diario empezó a editar,
a partir de principios del siglo XX, algunas revistas que por distintos motivos fueron de
gran relevancia para la historia de la cultura impresa en Argentina. 6 Una de ellas fue La
Vida Moderna. Semanario – magazine argentino, iniciativa de Arturo y Aurelio
Giménez Pastor. Escritor y crítico uno, artista el otro, la dirigieron desde su nacimiento
en 1907 hasta la muerte de Aurelio, en 1910. 7
Es probable que en realidad la oferta de trabajo transoceánica viniera efectivamente de
la editorial de El Diario pero para colaborar a la recién nacida revista ilustrada, ya que
es ahí que aparecen en forma más seguida caricaturas con su firma. 8 Sacchetti llegaba a
Buenos Aires con una fama de caricaturista consolidada gracias a las importantes
colaboraciones con Verde e Azzurro y, sobre todo, Il Teatro Illustrato, dos revistas

5

Sacchetti mismo, en una de las piezas autobiográficas que intercala en su libro sobre el escultor y amigo
Libero Andreotti, cuenta de haber recibido la propuesta desde Buenos Aires: “Un giorno mi arrivò da
Buenos Aires una lettera con la proposta d’andare laggiù a far caricature per una rivista argentina. Se
accettavo, mi avrebbero mandato mille lire e il passaggio in seconda su di un piroscafo. Risposi di sì e,
quando ebbi le mille lire e il passaggio, partii. […] Senza nessun programma. Sarei rimasto laggiù? Sarei
tornato? Queste domande non me le feci.” (Sacchetti, 1935, p.117). La biografía escrita por Roberto Pace
en Di Castro (1980, p.49) menciona el dato que la propuesta llegaba desde El Diario de Buenos Aires.
Sacchetti en una carta que envía a Ugo Ojetti en los primeros meses de estadía argentina, deja como
dirección de contacto la redacción de El Diario (Carta de Enrico Sacchetti a Ugo Ojetti, s.f., Roma,
Archivos de la Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea, Fondo Ojetti, Correspondencia
Sacchetti, fasc. 1907-1929)
6
No hay muchas noticias bibliográficas sobre la Editorial Lainez. Seguramente la revista Tit-bits que
salió en 1909 fue una de las primeras en ser publicadas, aunque a lo largo de la primera mitad del siglo
XX fueron publicadas por esta editorial un número creciente de periódicos dedicados a la historieta. En
Que es la caricatura, Ramón Columba (1959) afirma que La vida moderna se editaba por El Diario de
Manuel Laínez.
7
Acompañaban el título de la revista los nombres de Arturo y Aurelio Giménez Pastor en cualidad de
directores desde el primer número, 18 de abril 1907, hasta el mes de marzo de 1910. A partir de abril de
1910 hubo probablemente un cambio en la redacción, sin embargo la revista se publicó sin mencionar
ningún director hasta el 8 de noviembre de 1910, cuando aparecen Rodolfo de Puga como director y
Pedro de Rojas como director artístico. Este directorio se mantendrá muy poco, hasta el cambio – también
en el formato, que se reduce de la mitad – el 12 de julio de 1911, cuando aparece el nombre de J. Pérez
Carmena como director-gerente.
8
El Diario como la mayoría de las publicaciones diarias, contenía raramente ilustraciones – y la mayoría
de ellas se reducían a pequeñas viñetas.
3

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culturales milanesas cuya amplia difusión suscitó los primeros imitadores de su peculiar
estilo gráfico (Fanciulli, 1919, p.22). 9
Sacchetti años más tarde, consciente y orgulloso de sus éxitos, explicaba la filosofía que
subyacía a sus obras:
È opinione corrente (l’opinione di chi pensa con economia) che per fare la
caricatura di un individuo basti rappresentarlo esagerando i suoi difetti fisici o
tutt’al più esasperandone certi caratteri fisionomici. Così un naso lungo diventa
chilometrico, d’una bocca un po’ larga se ne fa un forno e via di seguito. Ma la
caricatura intesa a questo modo non è che uno scherzo innocente e spesso
arbitrario. E se si limitasse davvero a questo gioco leggero dovrebbe rinunciare ad
attaccare la bellezza. […] Un vero umorista del disegno, quando fa la caricatura
d’una persona, non si interessa che mediocremente al ridicolo fisico giacché il suo
vero compito non è di commentare e rappresentare il ridicolo quando è evidente
ma di scoprirlo e rivelarlo anche e soprattutto quando meno appare. Per questo,
intesa ed esercitata così, la caricatura è un’arte (Sacchetti, 1942 en Bibolotti,
Calotti, 2003, p.46).

El arte del caricaturista según él, era entonces aquel de describir hurgando más allá de la
superficie, de indagar la personalidad, de observar, pese a la importancia del sujeto
retratado. Y a la Caricatura le atribuía una noble tarea: hermana menor de las grandes
artes figurativas era l’enfant terrible de la familia, quien decía cándidamente lo que los
grandes retratistas contemporáneos ya no osaban o no sabían decir. Por este motivo la
caricatura personal “o per lo meno la sua funzione sociale” nació cuando los retratistas
“perduta la bella libertà e spregiudicatezza degli antichi, si son ridotti tutti o quasi tutti a
far opera cortigianesca e lusinghiera” (Sacchetti, 1942 en Bibolotti, Calotti, 2003, p.45).
El caricaturizado podía ser un rey o un santo, pero no por eso el artista había de corregir
o esconder las desarmonías de su modelo, dado que “il caricaturista capisce un uomo, e
aiuta gli altri a capirlo, perché riesce a rubargli il suo più geloso segreto: la dissonanza,
appunto” (Sacchetti, 1942 en Bibolotti, Calotti, 2003, p.47).
Así, directas y sutiles, aparecieron también sus caricaturas en La Vida Moderna, casi
siempre retratos de personajes que protagonizaban la escena cultural de la capital
argentina. En el fondo, su carrera se había construido sobre la búsqueda de l’uomo
celebre (Sacchetti, 1942 en Bibolotti, Calotti, 2003, p.46). La Vida Moderna era un
magazine de un número de páginas relevante (en promedio alrededor de cuarenta), que
desde su primera aparición denotaba una gran similitud con la más popular Caras y
Caretas, en la cual los hermanos Giménez Pastor trabajaron muchos años. 10 Las
publicaciones eran muy heterogéneas y configuraban una revista de interés general,
reuniendo firmas muy variadas. 11 En los reportajes se abordaban noticias de todo el
9

Es aquí importante destacar que la revista milanés Il teatro illustrato fue el órgano de la Sociedad
Teatral Italo-Argentina, fundada por el empresario teatral Walter Mocchi en Buenos Aires en 1907 –
financiador de la misma revista y un personaje muy importantes en los vínculos culturales entre Italia y
Argentina.
10

También el precio, de 10 centavos los primeros tres años y de 15 a partir de 1910, emulaba el de Caras
y Caretas.
11
Entre otras aparecen las firmas de: Vicente Rossi, uruguayo, con el seudónimo de William Wilson
escribió algunos cuentos policiales; de Máximo Torres (Carlos Máximo Maeso Torres), otro uruguayo;
José de Maturana, poeta y dramaturgo argentino; se publicaron algunos cuentos de Maude Mason Austin
escritora estadounidense; algunos poemas de Leopoldo Lugones; Los gauchos judíos de Alberto
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mundo, con un uso extenso de la fotografía y probablemente se hacían fuertes las
relaciones de correspondencia que tenía El Diario mismo para poder llegar a cubrir un
espacio geográfico muy vasto. Cabe destacar la gran apertura de la revista desde sus
comienzos, además de ofrecer traducciones de cuentos extranjeros y crónica del mundo,
fue la primera en publicar historietas norteamericanas en la Argentina, como es
señalado por José María Gutiérrez en un reciente artículo (2014). Fue, además, una
publicación atenta a la situación política, la mayoría de las veces objeto de ataques
satíricos sobre todo en las ilustraciones de tapa, debidas a los lápices del mismo Aurelio
Giménez y de Juan Carlos Alonso en los primeros números, a los cuales se fueron
agregando Pedro de Rojas, Pedro Navarrete, Federico Ribas y el mismo Sacchetti.

Enrico Sacchetti y las revistas porteñas
Examinando los años 1908-1911, se evidencia una suerte de altibajo de la presencia de
Sacchetti en la revista. En el primer trimestre de 1908, el italiano caricaturizó sobre todo
personajes políticos [Fig. 1] llegando incluso a dibujar alegorías satíricas de la patria
argentina, en un momento en el cual la misma revista parecía debatir en formas
explícitas – más de lo que hizo sucesivamente – la situación política del país. El 13 de
febrero de 1908 (La Vida Moderna, 1908, a. II n.44) Sacchetti firmaba la tapa
representante una Medusa con gorro friso que se convierte en el modelo de cuño de las
monedas para pagar el nuevo presupuesto [Fig. 2].

Fig. 1: Victor Emanuel III, La Vida Moderna, 9 de enero de 1908, a. II n. 39
Fig. 2: Tapa de La Vida Moderna, 13 de febrero de 1908, a. II n. 44

Gerchunoff. Además se publicaron muchos policiales extranjeros, como los célebres de Arthur Conan
Doyle y las aventuras de Nick Carter por John Coryell.
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Mientras que en una página del número 46 (La Vida Moderna, 1908, a. II, n.46) del
mismo año ironizaba sobre las capacidades de Figueroa Alcorta de sostener la
presidencia [Fig. 3].

Fig. 3: La Vida Moderna, 27 de febrero de 1908, a. II n. 46

Los primeros dibujos de temática teatral que Sacchetti realizó para el semanario
aparecieron en 1909. Florencio Sánchez, el dramaturgo que renovó el teatro rioplatense,
es representado en su silouette esquelética (La Vida Moderna, 1909, a. III, n.100), con
sus particulares rasgos faciales anticipando en lápiz lo que diría de él Roberto Giusti en
1920: “Alto, flaco, encorvado, con aquella cara mansa y algo aindiada a la que los ojos
saltones y encapotados, el labio inferior caído y la mandíbula larga daban cierto aire de
bobería” (p.60) [Fig. 4].

Fig. 4: Florencio Sánchez, La Vida Moderna, 10 de marzo de 1909, a. III, n.100
Fig. 5: Lida Borrelli, La Vida Moderna, 8 de septiembre de 1909, a. III n. 126

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La caricatura de la melancólica Lida Borrelli es acompañada por el texto “La Borrelli y
su belleza” (La Vida Moderna, 1909, a.III n.126), que es casi una ekphrasis de la
misma: “La Borelli tiene, sin duda, su belleza propia; […] La casi enjuta figura, el perfil
bastante acentuado en las depresiones y la tensión doliente y por demás lánguida de los
ojos no dan la sensación de armoniosa y estable plenitud que corresponde a aquel
concepto” [Fig. 5]. Pero también el hoy casi olvidado barítono Eugenio Giraldosi,
inventor del célebre personaje del barón Scarpia de la Tosca de Puccini, mereció una
caricatura (La Vida Moderna,1908, a. II, n.56, p. 17); como Eugenia Burzio, corpulenta
soprano de voz potente (La Vida Moderna, 1908, a. II, n.56, p. 16).
Estos son solo algunos ejemplos, pero bien muestran la capacidad del artista en capturar
la psicología del personaje retratado, y explican el valor de la Caricatura por el mismo
Sacchetti. En 1910, su presencia en las páginas del periódico fue más continuada y
adquirió mayor importancia visual, gracias a la realización de algunas tapas e
ilustraciones en página doble. En este momento, volvió a incursionar en la temática de
la política y de la economía argentina. Aparecen, por ejemplo, tres tapas consecutivas en
el mes de abril con la caricatura a toda página de personalidades ligadas al mundo de los
bancos. Los dos gerentes del Banco de Italia y Río de la Plata, Ezio Bertelli y José
Bernasconi (La Vida Moderna, 1910, a. IV, n.157 y n.159) están dibujados con una
técnica que Sacchetti supo explotar exitosamente, la del carboncillo, que tanta
intensidad psicológica daba a las figuras, desde el mofletudo Bertelli dibujado como un
hombre risueño y bonachón al rostro puntiagudo de un temible Bernasconi, de mirada
decidida y fulminante [Fig. 6-7].

Fig. 6: Gente conocida. Ezio Bertelli, La Vida Moderna, 13 de abril de 1910, a. IV, n.157
Fig. 7: Gente conocida. José Bernasconi, La Vida Moderna, 27 de abril de 1910, a. IV, n.159

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Trazado a pluma, a figura entera, en cambio, el señor Lorenzo Pellerano está
representado en su cargo de director del Banco de la Provincia (La Vida Moderna, a. IV,
n.158), pero con los atributos que le eran más acordes, los del coleccionista de arte [Fig.
8]. Algunos meses más tarde, la última caricatura que Sacchetti realizó para la revista
durante su estadía bonaerense fue la de Manuel de Iriondo, nombrado aquel año director
del Banco de la Nación, cuya leyenda recitaba “Manuel de Iriondo ministro de las
finanzas alegres” (La Vida Moderna, a. IV, n.182).

Fig. 8 : Gente conocida. Lorenzo Pellerano, La Vida Moderna, 20 de abril 1910, a. IV, n.158

El magazine de Arturo y Aurelio Giménez Pastor fue muy atento a todos los
acontecimientos culturales, por lo tanto una gran relevancia tuvieron los festejos del
primer Centenario de la Revolución de Mayo y entre ellos primó la Exposición
Internacional de Arte. 12 A lo largo de 1910 hubo reportajes fotográficos de los diversos
certámenes y se reprodujeron dibujos de Federico Ribas – joven artista español llegado
a Buenos Aires el año anterior y de inmediato colaborador de varias revistas porteñas –
que ironizaban sobre la proliferación de monumentos y de conferencias eruditas;
caricaturas de los conferencistas ilustres por Alonso y de las obras de arte
internacionales por Ortiga. Sacchetti eligió representar tanto la presencia de Italia en las

12

El número 172 del 27 de julio de 1910 aparece con una ilustración de tapa de Pedro de Rojas
representante el público de la exposición de arte. Sin embargo todos los números de este año contienen
una alusión a los festejos para el Centenario, ya sea en una nota, en un dibujo o en las palabras satíricas de
la sección “Mirando Pasar”.
8

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celebraciones a través de los retratos de políticos en visita oficial, 13 como el arte
argentino, encarnado en la figura soberbia y ostentosa de Cesáreo Bernaldo de Quirós
(La Vida Moderna, 1910, a. IV, n.181), que en aquel certamen acababa de tener su
consagración. 14
Sin embargo, el teatro siguió siendo el ámbito que mayormente exploró en los años
bonaerenses y en el que tan eficaz resultó en sus ilustraciones. En 1910 aparecieron dos
preciosas caricaturas grupales a doble página. La primera, donde se despliegan a figura
entera seis empresarios teatrales 15, está acompañada por un texto irónico que de nuevo
funciona como representación verbal de los personajes dibujados, en sus
particularidades y en sus extravagancias (La Vida Moderna, 1910, a. IV, n.160). En la
segunda figuran los críticos teatrales, los cuales ocupan de margen a margen la doble
página en una suerte de instantánea: Arturo Giménez Pastor, Angelo di Napoli Vita,
Barrenechea, la Señora Baroffio, Joaquín de Vedia, Romaniello, Pachierotti, Gismondi
y Mastrojani, están ahí todos juntos, casi como en un casual encuentro por las calles de
Buenos Aires, cada uno con la actitud que lo distingue (La Vida Moderna, 1910, a. IV,
n.170).
Sacchetti fue también activo participante de aquella movida cultural que fue sujeto
predilecto de sus obras. Al poco tiempo de haber desembarcado en Buenos Aires,
tomaba parte en la segunda exposición del Blanco y Negro organizada por el grupo
Nexus en las salas de la galería Witcomb en abril de 1908. En una polémica nota
dedicada a la muestra La Nación recordaba (16/04/1908):
Sachetti, el notable caricaturista italiano que desde hace algunos meses reside
entre nosotros, ha presentado catorce dibujos. Algunos son inéditos, otros son los
originales de las caricaturas publicadas en distintos periódicos. Todas afirman un
talento vigoroso y personalísimo, admirablemente dotado para sorprender y fijar
los rasgos sintéticos de la personalidad física. Desde luego llama la atención la
sencillez de recursos empleados en su arte. Allí, ante sus originales, se aprecia
mejor el simplicismo que tanto preocupa en las reproducciones. 16

Es muy plausible que Sacchetti hubiese estado en contacto con algunos de los
integrantes del grupo Nexus desde sus años de colaboración con el periódico romano
L’Avanti! della Domenica (1904-1905). En estos mismos años en el semanario dirigido
por Vittorio Piva colaboró también Alberto María Rossi y a la misma altura cronológica
en la ciudad eterna estaban activos numerosos artistas sudamericanos, entre los cuales
13

Fueron estos el diputado Ferdinando Martini, enviado especial en representación del rey Vittorio
Emanuele III (La Vida Moderna, 1910, a. IV, n.163) y el conde Vincenzo Macchi di Cellere,embajador
italiano en la Argentina (La Vida Moderna, 1910, a. IV, n.175)
14
Quirós fue el artista argentino mejor representado en la exhibición donde una sala entera fue destinada
a sus 26 pinturas, obteniendo también una medalla de oro. El año anterior Sacchetti había hecho la
caricatura del escultor Victor de Pol, italiano argentinizado en un artículo que presentaba su labor en la
ciudad platense (La Vida Moderna, 1909, a. III, n.126). Otras caricaturas argentinas del mundo de la
cultura son la de Ricardo Rojas, otra de las tapas aparecidas en los meses de los festejos del Centenario
(La Vida Moderna, 1910, a. IV, n. 170).
15
Son estos Nino Barnabei, Ducci, Faustino da Rosa, Ambrosini de Milán, Paradossi y Longinotti.
16
“Los dibujos de Sachetti constituyen sin duda una de las notas más interesantes de este conjunto”,
continuaba el diario, después de haber polemizado contra la organización de la exposición ya que no se
había logrado el objetivo de la llamada de libre participación: no solo muchos artistas de renombre habían
sido rechazados, sino que además no se encontraba variedad de técnicas como debería ser en una
exposición de blanco y negro. Solo se exhibían dibujos, excepción una litografía de Alberto María Rossi.
9

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los argentinos Pio Collivadino, pintor que había ya alcanzado un cierto renombre en el
ambiente romano, Carlos Ripamonte, Arturo Dresco y Cesareo Bernaldo de Quirós. 17
La colaboración de Sacchetti con L’Avanti! della Domenica, suplemento dominical del
diario socialista L’Avanti!, dirigido por Vittorio Piva (Bolpagni, 2009) interesa aquí
sobre todo porque permite un acercamiento a la ideología del artista toscano. En la
revista de Piva, dejando de lado el espectáculo en sus formas más mundanas, publicó
algunas de sus caricaturas más comprometidas. 18 El semanario tenía una política
estética no combativa ni explícitamente partidaria, no obstante no fuera indiferente a la
ideología del diario padre, dando largo espacio a obras gráficas del llamado arte social a
veces de abierta denuncia. Vittorio Piva mismo afirmaba en las páginas de la revista que
el arte tenía una función social, alineándose con las recientes teorías de l’art au point de
vue sociologique de Jean Marie Guyau, que circulaban ampliamente en la península
gracias a los escritos de Vittore Grubicy y Ugo Ojetti entre otros (Damigella, 1981 y De
Lorenzi, 2004).
En este sentido pueden leerse también las breves colaboraciones de Sacchetti con las
revistas porteñas Ideas y Figuras y Libre Palabra. Esta última, dirigida por Tito Livio
Foppa y Rodolfo González Pacheco, revista de lucha de muy corta vida – se publicaron
solamente cuatro números entre diciembre de 1911 y enero de 1912 – eligió la
caricatura de Maksim Gor’kij firmada por Enrico Sacchetti para ilustrar la tapa de su
primer número. No inédito, ya que se había publicado en la tapa de L’Avanti! della
Domenica del 19 de febrero de 1905, declaraba una cercanía cultural e ideológica de la
neonata revista platense con el escritor ruso y la causa revolucionaria. Libre Palabra era
un “periódico de ideas” como recita su subtítulo, de salida semanal que abarcaba tanto
el ámbito político como del literario y artístico, tenía una reseña teatral de página entera
y aparecían otras ilustraciones a lo largo del número, algunas aisladas otras de
acompañamiento visual al texto. Una revista de pocas páginas, con una difusión de
textos y dibujos variados donde la ideología anarquista era el común denominador.
Más sofisticada y con un programa estético bien definido resultó ser, en cambio, la
revista Ideas y Figuras, dirigida por Alberto Ghiraldo, que apareció el primero de mayo
de 1909, de larga duración, aunque no siempre de constante salida, cesó su publicación
en 1916. 19 Los estudios que ya largamente investigaron sobre la revista (Rey, 2007;
Minguzzi, 2014) y su director (Malosetti Costa, Plante 2009) pusieron en relieve como
Ghiraldo tenía claro el proyecto de hacer dialogar imagen y texto poniendo en práctica
los enunciados de Guyau sobre la función social del arte. “Ideas y Figuras, desde sus
primeros números propone el desarrollo de un problema social, ético o moral a través de
imágenes. […] No importa cuál fue el contexto de producción de la obra o si ella fue
creada con las mismas motivaciones que movió a la publicación, el conjunto se
resignifica” explica Rey (2007, p.8).
17

Estos artistas fueron los que, en Roma, fundaron el grupo Nexus. Cfr. Malosetti Costa, 2006, pp.69-86
Siempre con sutileza caricatural, como es su estilo, Enrico Sacchetti retrató a hombres de grande
relevancia, como los millonarios norteamericanos, polemizando con el momento de crisis que estaba
atravesando claramente Italia o el rey de España. También dedica una ilustración a Maxim Gorky gran
símbolo de pensamiento libre e igualitario, a Ada Negri, poeta y socialista en esos años (más tarde adhirió
al fascismo), símbolo de emancipación de la mujer. (Bolpagni, 2008, Regesto)
19
Hay que precisar que desde 1909 a 1916 se publicaron 136 números de Ideas y Figuras en Buenos
Aires, mientras que a partir de 1918 y hasta 1919, salieron en Madrid 11 números. Minguzzi, 2014, p. 9
18

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Es sintomático que Enrico Sacchetti fuera el autor del dibujo que apareció en el número
de lanzamiento de la revista de Ghiraldo (Ideas y figuras, a.1 n.0). 20 Este número
funcionó como una pieza fundamental de la performance que el director de la revista
puso en escena durante la manifestación anarquista del primero de mayo de 1909. 21 Era
un folleto de seis páginas, sin ninguna declaración de principios ni un manifiesto
inaugural, que introducía el nuevo emprendimiento editorial. El dibujo de Sacchetti
ocupaba la doble página central, enmarcando la composición poética de Ghiraldo.
Este dibujo es muy singular y distinto de la producción contemporánea de Sacchetti, y
casi con seguridad fue delineado bajo la guía de Ghiraldo mismo, como ilustración de
su escrito. “Las horcas florecidas” es el título que engloba tanto la representación
gráfica como aquella textual. Por un lado una imagen estilizada, de pocos elementos,
pero con mucha carga simbólica y emotiva: un cuerpo de hombre decapitado yace al
lado de una horca que cuelga como si fuera una rama de un árbol lleno de hojas y de
vida. Brota sangre de su cuello y como una cascada cae hacia los pies del árbol donde
un putto arrodillado con alas casi diabólicas la recoge en un cuenco. En la lejanía una
guillotina. Por el otro, el texto, titulado simplemente “1º de mayo” explica en poesía su
significado, haciendo explicita la correspondencia entre los mártires cristianos y
aquellos de Chicago, analogía visual inmediatamente resaltada por el dibujo. 22 Aquí
Sacchetti mostró toda su habilidad con el carboncillo y con la composición, sin
renunciar a aquel matiz caricatural que le era tan propio.
Entre los números que el folleto de lanzamiento anunciaba, el número 4 tenía como
tema “las profesiones ridículas”, y debía ser editado por Enrico Sacchetti y Joaquín de
Vedia. A la hora de salir, ese número se transformó en “Patriotas de hoy” por José
María Cao. Mientras que la firma de Sacchetti apareció nuevamente en el número 15 del
28 de septiembre de 1909, dedicado a los “Tipos de teatro”. 23 Una emblemática tapa
reproducía las caricaturas de Eleonora Duse y Gabriele D’Annunzio como dos máscaras
atadas y colgadas a la pared. La Diva y el Vate, están perfectamente capturados en su
relación de amor y odio, de acercamiento y desprecio a la vez, con una fineza
psicológica del trato que es el sello del arte de Sacchetti. Las caricaturas en forma de
máscaras son casi la enseña de su pensamiento artístico, de su mayor inquietud: la de
capire. 24 Ya anciano, declaraba: “l’artista non si può contentare di copiare quella
maschera che gli uomini si mettono sul viso per recitare la commedia della loro vita. È
così trasparente per lui quella maschera che, qualche volta, non la vede neppure. Invece
20

La revista Ideas y Figuras se encuentra digitalizada en la página:
http://americalee.cedinci.org/portfolio-items/ideas-y-figuras/
21
Rey (2007, p.1) cuenta que “en Plaza Lorea […] Ghiraldo y algunos de sus compañeros volantearon un
folleto anunciando la publicación de la revista, donde se detalla el contenido de los cinco primeros
números”. Sacchetti en una carta sin fecha enviada a Ugo Ojetti quien probablemente en un escrito había
recordado sus pasadas simpatías anarquistas, responde que: “Tu parli poi d’una mia crisi d’anarchismo e
mezzo romanticismo ecc ecc da me sofferto in America tra il 1907 e il 1911. Ma no! Quello stato d’animo
di cui parli è fondamentale e irriducibile!”. (Roma, Archivos de la Galleria Nazionale d’Arte Moderna e
Contemporanea, Fondo Ojetti, Correspondencia Sacchetti, fasc. 1907-1929).
22
“La sangre de los mártires, ardiente, / Regando ideas [re]voleó en la entraña / De una tierra
[incomprensible] que tenía/ El aspecto de [falta] y de bárbara. … En la noche social que nos circunda /
Ello sellaron la virtual palabra / Con un gesto más grande que el de Cristo: / ¡Sembraron más, la mano fue
más larga!
23
Los textos de este número de Luigi Rasi – crítico teatral quien escribe un texto sobre Sacchetti; y otros
de Enrique Banchs, José de Maturana, Fernando Márquez, Vicente Medina, A. O. Olivetti, Evar Méndez,
Marino Brais. Todos conciernen el tema teatral.
24
Que será también el título de un libro editado en 1947. Cfr. Sacchetti 1947
11

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vuol proprio sapere come è fatto dentro e fuori quell’uomo che gli posa davanti”
(Sacchetti, 1947 citado por Pallottino en Bibolotti, Calotti 2003).
Conclusión
La producción gráfica de Enrico Sacchetti fruto de la constante colaboración con el
semanario ilustrado de El Diario, y de las otras esporádicas colaboraciones con revistas
argentinas, declara, sin necesidad de intermediarios, las relaciones internacionales que
tanto la prensa como el mundo de la cultura en general vivía en este comienzo de siglo.
Las caricaturas del artista italiano lo muestran cada vez más involucrado en la vida
porteña y al mismo tiempo muestran una gran variedad de personajes extranjeros que se
movían alrededor de la cultura teatral y artística de la ciudad.
Se podría decir, parafraseando las palabras de Stefan Zweig, que probablemente nada
contribuyó tanto a la movilidad intelectual y a la orientación internacional sea del
austriaco, del francés o del argentino, como la facilidad que éstos tenían para estar
informados sobre los acontecimientos mundiales desde las mesas de un cualquier café
de la ciudad (citado por Charle 2006, p.4). Sin embargo, esta “unificación cultural”
(Charle 2006, p.4) se volvió también visual gracias a la publicación masiva de la prensa
ilustrada a partir de finales del siglo XIX. Enrico Sacchetti llegó a Buenos Aires en el
momento en que la publicación de revistas culturales empezaba a crecer en forma
exponencial por cantidad y calidad tanto de información como de imagen. La caricatura
y el dibujo satírico iban perfeccionándose y se puede afirmar que Sacchetti tiene
derecho a un pequeño lugar en la historia de la ilustración argentina 25.

25

Algunas dudas todavía no han sido resueltas y seguramente fueron muchas más las colaboraciones de
Sacchetti con la prensa ilustrada argentina. Existen algunos dibujos en la colección de familia, por
ejemplo, fechados 1908 y que muy de cerca recuerdan algunas de las ilustraciones publicadas en La Vida
Moderna, de las cuales sin embargo no se conoce el destino final. Cfr. Bibolotti, Calotti 2003, pp. 28, 29,
54, 58. Además, este trabajo abrió nuevas puertas a la investigación sobre la presencia de otros críticos y
artistas italianos en la prensa contemporánea argentina. Se citan en forma de ejemplos: Vittorio Pica,
crítico de arte y amigo de Ruben Darío; Gabriele D’Annunzio; Ettore Ximenes, escultor y dibujante,
quien vivió en Buenos Aires durante algunos años; Carlo Montani, dibujante romano amigo de Pio
Collivadino. Por lo que concierne las publicaciones periódicas pertenecientes a la comunidad italiana
instalada en la Argentina, las recientes investigaciones de Ignacio Weber (2014) resultan muy interesantes
y un indispensable punto de partida.
12

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Bibliografía de referencia
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Aires
Bibolotti, C., Calotti, F. A. (2003) (comp.), Enrico Sacchetti. Il volto del Novecento.
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Fierro” en Malosetti Costa, L., Gené, M. (comp.), Impresiones porteñas: imagen
y palabra en la historia cultural de Buenos Aires, Buenos Aires: Edhasa
Pallottino, P. (2010), Storia dell’illustrazione italiana. Cinque secoli di immagini
riprodotte, Lucca: Casa Usher
Rey, A. L. (2007), “Apuntes para pensar el arte anarquista a través de la revista Ideas y
Figuras” en Entrepasados, n. 32, año XVI
Sacchetti, E. (1935), Vita d’artista. Libero Andreotti, Milán: Treves
-------. (1942), “La caricatura” en Arte Lunga, Florencia: Vallecchi
-------. (1947), Capire, Florencia: L’Arco
13

�</text>
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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Ficciones metropolitanas. Revistas y Redes Internacionales en la modernidad artística latinoamericana</text>
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                  <text>8 y 9 de mayo 2017</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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              <name>Creator</name>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>QUATTRO ANNI DI VITA BUTTATI VIA. Enrico Sacchetti en Buenos Aires (1908-1911)</text>
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                <text>Las revistas como casos específicos. Circulación de la imagen</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Enrico Sacchetti - Revistas ilustradas argentinas - Caricatura - Principios del siglo XX</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Enrico Sacchetti - Argentine illustrated magazines - Caricature - Early twentieth century</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este trabajo se aborda una pequeña pieza de la enorme red internacional de la que participaron los periódicos argentinos de comienzos del siglo XX, poniendo en foco la obra de Enrico Sacchetti (1877-1967) en el país. Artista italiano, desarrolló su actividad principalmente como dibujante en diarios y revistas y como ilustrador de libros. Entre 1908 y 1911 se encontró en Buenos Aires, contratado por El Diario de Manuel Laínez, donde no solamente se desempeñó como dibujante en la revista La Vida Moderna, sino también en otros medios, involucrándose activamente en la vida cultural porteña.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;This paper attempts to give an account of a small piece of the enormous international network to which the Argentine newspapers participated in the early twentieth century, highlighting the work of Enrico Sacchetti (1877-1967) in the country. Sacchetti was an Italian artist that developed his activity mainly as an illustrator in newspapers, magazines and books. Between 1908 and 1911 he was in Buenos Aires, hired by El Diario, where he not only work as an illustrator in the magazine La Vida Moderna but also in other media, participating in the cultural life of the city.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Giulia Murace&amp;nbsp;&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IIPC-TAREA/Universidad&amp;nbsp; Nacional&amp;nbsp; de General San Martín - CONICET</text>
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                <text>8 de mayo 2017</text>
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                    <text>iaimiiii»aaw&#13;
la vanguardia del arte&#13;
&#13;
concreto&#13;
&#13;
teórico y polémico&#13;
D irección&#13;
&#13;
y red acció n :&#13;
&#13;
C a n g a llo 1 2 1 9 , T . E . 3 5 - 8 2 7 8&#13;
Buenos A ire s - A rg en tin a&#13;
Precio $ 3 .0 0 el ejem p.&#13;
&#13;
n&#13;
&#13;
I&#13;
&#13;
Ol&#13;
&#13;
los continuadores y los “seguidores”&#13;
&#13;
La p in tu ra, como cu a lq u ie r otra activid ad del hom bre, tien e su evolu ció n: un m ovi­&#13;
m iento que la lleva a in teg rar la verdad de nuestro m undo. Su desarrollo ha sido&#13;
M ° , POr| “ .Creoc,on- Por eso a q u e lla s obras que repiten lo ya cread o sólo tienen&#13;
im p o r ta „ c 1 r Ud e 0|o0creadoU&#13;
&#13;
" " ' ' Cam Ín° ÚnÍcom ente com °&#13;
&#13;
q ue au m en tan la&#13;
&#13;
Siem pre hubo " S E G U ID O R E S " y C O N T IN U A D O R E S . C o n tin u ad o r es el que recibe&#13;
a h eren cia de la historia y la desenvuelve e im p u lsa. Seguidor, aq u él que devuelve&#13;
que recib e, m u ch as veces reb ajado y ach a ta d o . Los " S E G U ID O R E S " del R e n a c i­&#13;
m iento d e svitalizaro n los form as a rtística s " p u rific á n d o la s" m ed iante la adap tación&#13;
al gusto de as ca ra cte rística s m ás notables del m om ento, cayend o en un a m a n e ra ­&#13;
m iento su p e rfic ia l. M A N IE R IS T A S " hay en todas los ép ocas, y ésta del arte llam ado&#13;
ab stracto es q u iza la que m ás tien e.&#13;
H ay otros pintores que no son " S E G U ID O R E S " ni C O N T IN U A D O R E S . Son in d ivid u á­&#13;
is os y ap ro vechen las form as de la creación para m an ife starse a sí m ism os. Su arte ,&#13;
m as que o rig in al, es cap richo so, y si bien este individ uolism o dió en el posado obras&#13;
V a n Doesburg.&#13;
&#13;
Contracom posición sim u ltá n ea.&#13;
&#13;
* n n n nST&#13;
IC.aCIOn V ^ °- *“ ,C al'dad ' ho&gt;' es ¡«ad ecu ad o , pues el in d ivid u alism o no&#13;
es propio de esta época racio n alm en te h u m an a y cie n tífica m e n te p rogresista. A d em ás,&#13;
el estado a ctu a l de las form as p lásticos es reacio a ad m itir contenidos&#13;
" in tim is ta s "&#13;
que por su propia n a tu ra le za vuelven a recre ar form as trad icio n ales.&#13;
Posiblem ente d e fp a so ^ o&#13;
&#13;
qUe VU&#13;
&#13;
°&#13;
&#13;
reap° recer en ,a Pintura ab stracta todas las escu elas&#13;
&#13;
-&#13;
&#13;
Ól&#13;
&#13;
'O&#13;
&#13;
f n d iv id u a le s '^ r t e m n 1! . dÍVersÍd.ad de ' ° S tem as p erm itia cierto sim i,itu d ^ '&lt;* estilos&#13;
a Z ir í&#13;
° “ I e l! m e n ,° « “ e ¡" " a d u c ía lo varied ad , asi como lim itab a&#13;
la creac'on y la in ven ció n. La d esap arición del tem a obligó al artista o e n fren tar el&#13;
p oblem a de la creació n p ura, y asi se produjo el fenóm eno de la ace leració n en los&#13;
os y escu elas p lástico s, cu ya duració n fu é p au la tin a m e n te aco rtán d o se en el tiem po&#13;
poro ofrecer el va n a d o espectáculo del siglo X X con su sucesión de " ism o s" . Hoy no&#13;
solo una generación desenvuelve un estilo, sino que se presentan casos como l í de&#13;
V antong erloo.&#13;
&#13;
C u rva s - líneas - intervalos.&#13;
&#13;
ro&#13;
&#13;
IA&#13;
&#13;
M ax&#13;
&#13;
O&#13;
&#13;
Bill&#13;
&#13;
U nidad&#13;
&#13;
0&#13;
*3&#13;
1&#13;
&#13;
trip a rtita .&#13;
&#13;
en este número&#13;
escribim os sobre&#13;
&#13;
N&#13;
&#13;
O&#13;
0.&#13;
o&#13;
k.&#13;
&#13;
o&#13;
a&#13;
o&#13;
N&#13;
1.&#13;
&lt;U&#13;
&#13;
psicología de la&#13;
&#13;
form a y fenom enología&#13;
&#13;
los co n tin uad ores y los "se g u id o re s"&#13;
&#13;
3&#13;
&#13;
cu atro libros&#13;
&#13;
**-&#13;
&#13;
V)&#13;
&#13;
"5&#13;
&#13;
7I&#13;
0&#13;
&#13;
D era in , retrato de V la m in c k .&#13;
&#13;
£&#13;
&#13;
e l problem a de las form as y del fondo&#13;
el proceso pictórico del "p e rce p tism o "&#13;
la c rítica&#13;
&#13;
d e sfavo rab le&#13;
&#13;
R aú l L o zza pintor&#13;
Co m en tario s&#13;
&#13;
o&#13;
~&#13;
£&#13;
&#13;
S&#13;
I&#13;
&amp;&#13;
&#13;
�1&#13;
&#13;
psicología de la forma y fenomenología&#13;
&#13;
D el Piom bo, d e talle de la m uerte de A donis&#13;
(S e m e jan za r ítm ic a en la s dos&#13;
fig u ra s de los extre m o s)&#13;
&#13;
2&#13;
El G reco , L a A g o nía&#13;
&#13;
en el H uerto&#13;
&#13;
crítica a través de un planteo estético&#13;
&#13;
(Ejem p lo de las leyes de se m e jan za&#13;
q ue a c e n tú a n les ritm o s a b stracto s)&#13;
3&#13;
&#13;
D eg as, B a ila rin a&#13;
(L a&#13;
&#13;
poniéndose la blusa&#13;
&#13;
posición de los b razo s a firm a un ritm o&#13;
a b stra cto m ed ian te la ley de p re g n an cia)&#13;
&#13;
" S í los síntom as no nos engañan se está form ando ahora una psicología d istin ta , que atiende&#13;
más a las estru ctu ia s com plejas y co ncretas que a su descomposición en elem entos. U na psi­&#13;
cología que prefiero poner los fenómenos p articu la re s en relación con la totalidad del hombre&#13;
a ordenarlos en serie de exp erien cia. Pocas ram as del saber son tan aptas como el estudio de&#13;
la exp erien cia y la creación a rtística s para se rv ir de piedra de toque a la fe rtilid a d de ese modo&#13;
de investigación ya que pocas exp erien cias se h allan tan arraig ad as en la totalidad de la p si­&#13;
que hum ana como la exp erien cia e sté tica ".&#13;
Esta psicología está ya en plena vig en cia, es la psicología de la forma, pero, en contra de lo que&#13;
a firm a b a Geiger, todavía no dió los resultados esperados por la estética.&#13;
Para la teoría del arte lo más im portante de la nueva orientación psicológica rad icaría en el estudio&#13;
de los sentim ientos en sus reloclones con las form as.&#13;
A ce rca de esto, la nueva psicología a firm a :&#13;
&#13;
Escribe&#13;
&#13;
_________________ab rah am&#13;
esta publicaron ha sido&#13;
haber&#13;
GENTILMENTE DONADA&#13;
POR&#13;
&#13;
fíéW U&#13;
&#13;
�In g r e s , O dalisca y esclava&#13;
(En e sta obra dom ina la com posición&#13;
la ley de la m ejor d irección )&#13;
&#13;
Husserl llegamos a conclusiones opuestas. La interpretación de Kohler sobre experiencias hechas en&#13;
anim ales nos hablar, de que aún antes de tener un sentido para la conciencia perceptiva común cons­&#13;
tituyen objetos “ que em o cio nan", “ que provocan espanto" (ver Guillaume, pág. 2 0 4 ). Recordemos&#13;
que adem ás ciertas com binaciones de colores y form as poseían por sí m ism as un carácter emotivo.&#13;
Se concluye de todo esto que hay una clase de objetos llamados emotivos, que se ofrecen directam ente&#13;
a la conciencia "e m o tiv a ", que resulta así sim ple y no fundada como quiere Husserl. Adem ás ese&#13;
objeto em otivo, que no es el objeto físico com ún, está compuesto por colores y form as.&#13;
¿C u ál es el lugar de estos objetos emotivos? ¿ V a n del brazo con los objetos físicos, con sig n ific a ­&#13;
ción para la conciencia perceptiva? ¿Coincide con ellos?&#13;
La psicología de la forma está m uy desorientada en este sentido, como para a tin a r a dar una solución.&#13;
Sin embargo se han recogido elementos para hacerlo. Vam os a aprovechar sus datos sobre la percep­&#13;
ción. La psicología de la forma ha elaborado supuestas leyes de organización sensorial para la per­&#13;
cepción, que pasamos a enu m erar:&#13;
Ley de proximidad: M ientras más cerca estén situ aad as las partes, mejor se constituirá el objeto o&#13;
totalidad.&#13;
Ley de sem ejanza: La totalidad tiende a organizarse entre elementos sem ejantes.&#13;
Ley de cierre: Favorece a ios contornos cerrados.&#13;
Ley de la mejor dirección: Los elementos tienden a prolongarse sin interrupción y cam bios bruscos.&#13;
Ley de la buena forma: Entre va ria s form as posibles se impone la que satisfaga más a la regularidad,&#13;
sim plicidad, sim etría y concisión.&#13;
A h ora bien; negamos estas leyes y decimos que sirven para la desorganización y r.o para la organi­&#13;
zació n de la percepción de los objetos reales. El mundo o las cosas del mundo se perciben como son (').&#13;
No hay ley sensorial que pueda imponer una condición al mundo para que pueda ser percibido.&#13;
En cam bio afirm am os que esas son las leyes por la s cuales el hombre se ilusiona o es ilusionado,&#13;
construyendo objetos ficticio s y desplazando a los reales. Veo un objeto. Si alguna ilusión óptica me&#13;
lo acu ita y me destaca otra cosa el engaño está apoyado sobre las leyes antedichas. La perdiz se con­&#13;
funde con el fo lla je por la "se m e ja n za del color y de la constitución su p e rficia l. Este objeto que&#13;
a va n za por la carretera y se desprende de un fondo estuvo confundido con él g racias al efecto de&#13;
las leyes de la mejor dirección y de la buena fo rm a . ¿ Y todos los ejemplos que sobre el papel nos&#13;
ofrecen los psicólogos de la form a? Obsérvese que la visión en un plano, tal como figu ra en dichos&#13;
ejem plos es un momento abstracto de la visión y que los objetos que construyen son objetos fic t i­&#13;
cios sin un apoyo, im ag inario tampoco, en la realidad físic a . D ichas leyes construyen objetos ficti­&#13;
cios, pero nunca condicionan la percepción de objetos reales.&#13;
Cuando estamos en disposición afectiva (Husserl hubiera dicho intención a fe c tiv a ), cuando nos des­&#13;
interesam os de la realidad y nuestra experiencia en ella, m ediante las leyes m encionadas recorramos&#13;
objetos "em o tivo s". Pero esta vez el objeto real no desaparece sino que permanece y sirve de fon­&#13;
do. Podríamos intentar el enunciado de una le y: L a s form as o fig u ras de una psique centrada a fe c ­&#13;
tivam ente se destacan sobre un fondo constituido por el campo perceptivo práctico. Es decir, la emo­&#13;
ción seguirá viendo y reconociendo las cosas tal como la exp eriencia las conoce pero sobre esa visión&#13;
cotidiana de fig u ra y fondos se elevaran form as contorneadas por la disposición a fectiva. El campo&#13;
perceptivo práctico constituido por fig u ras y fondos pasa íntegram ente así a la calidad de fondo&#13;
para la percepción afectiva que recorta sobre ellos sus form as. A veces, estas form as están co nstitu i­&#13;
das por los huecos que dejan las cosas de la percepción p ráctica, a veces coinciden con las cosas y&#13;
casi siem pre son fig uras form adas por la com binación de elementos tomados de los huecos y de las&#13;
cosas. N aturalm ente, los colores tam bién form an conjuntos. Las fig u ras de la emoción no desintegran&#13;
las form as de la experiencia p ráctica y es casi inconciente para el sujeto el visión de las prim eras&#13;
y el hecho que se destaquen sobre las segundas. Q uizá esto haya sido entrevisto por N ietzehe cuando&#13;
&#13;
F e in in g e r , Puente, 1 9 1 3&#13;
(D isg reg ación d in á m ica del&#13;
(objeto representado)&#13;
&#13;
�Braq ue,&#13;
(Ju eg o din ám ico de&#13;
&#13;
R a ú l L o z z a , pintura perceptista&#13;
&#13;
pintura&#13;
&#13;
1918&#13;
&#13;
form as débiles)&#13;
&#13;
escrib ió : "observo que todos los paisajes que me agradan de una m anera durable contienen en su&#13;
diversidad una sim pie figu ra de líneas geo m étricas".&#13;
Si estoy en disposición afectiva se form a ese objeto " a fe c tiv o " por efecto de las leyes antedichas,&#13;
pero el conjunto perceptivo práctico que sirve de fondo es el que da los elementos para form arlo, de&#13;
m anera que no vuelco yo una emoción o las form as de una emoción sino que mi disposición afectiva&#13;
destaca sobre los objetos físicos las form as abstracto-em otivas condicionadas por los elementos del fo n­&#13;
do práctico, aquellos elementos que puedan adaptarse a las leyes de organización em otiva. Los ele­&#13;
mentos están pre-dados. ¿Estas form as expresan una emoción por su carácter propio? M uchas veces&#13;
las form as destacadas de esta m anera son pobres en contenido afectivo. A veces nos conmueven pro­&#13;
fundam ente, otras apenas rozan la disposición a fe ctiva que las reveló. Obsérvese que el trabajo de un&#13;
pintor clásico ha sido el de acomodar o sus personajes para que den ocasión de surgir un objeto&#13;
emotivo rico en e xp re sa n . El pintor no " h a c e " las form as de los personajes. Las toma de la n aturale­&#13;
za tal como son. Lo que hace el pintor es ese objeto em otivo-abstracto que se recorta sobre el fondo&#13;
dado por la n atu raleza. Desde este punto de vista el escorzo y la perspectiva se u tiliza n para m anejar&#13;
los personajes y perm itir que sus form as ofrezcan más elementos y condiciones para que su rja el obje­&#13;
to em otivo-abstracto. Llega un momento en la historia de la pintura en que dichas condiciones e x i­&#13;
gen la deform ación del objeto de la n atu raleza, que finalm ente desaparece.&#13;
En estas páginas ilustram os con algunos ejemplos el uso de objetos abstractos construidos de acuerdo&#13;
a las leyes investigadas por la psicología de la forma y destacados sobre el fondo.&#13;
En lo que se refiere directam ente a la fenom enología son m uchas las objeciones que podemos hacer&#13;
a su planteo estét'co.&#13;
Cuando Sartre quiere estudiar con el método fenomenológico la vida im aginaria dice:&#13;
&#13;
167 (año ] 9 4 9 )&#13;
&#13;
(El objeto re a l supera las relacio n e s a s o c ia tiva s)&#13;
&#13;
M ax Bill&#13;
&#13;
Construcción en dos portes.&#13;
&#13;
(1 ) K o eh le r a firm a que h ay una correspondencia estricta entre unidad físic a y percep­&#13;
tiv a . C onstituyen una excepción los objetos físico s absorbidos por el contorno. M erleau&#13;
Ponty dice que prim ero percibim os un conjunto como cosa y luego la actitud a n a lític a&#13;
discierne las leyes de la percepción.&#13;
&#13;
�La&#13;
&#13;
f ig u r e&#13;
&#13;
T h e A m b assad o r Editions. Londres&#13;
Editado por Lo u is C a rré . P arís.&#13;
&#13;
dans l'oeuvre de Fernand Leger&#13;
&#13;
Graham Shuterland&#13;
&#13;
Estética&#13;
&#13;
de F r¡edrich K a in z&#13;
Editado por el Fondo de C u ltu ra Económ ica&#13;
&#13;
CUATRO&#13;
&#13;
LIBROS&#13;
&#13;
Como lo dice el au to r en el prólogo, el libro es la versión de un curso&#13;
acad ém ico. R ealizad o con p ro lijid ad , da una in fcrm ació h d e tallad a del&#13;
pensam iento estético. Enfoca el problem a de todos los puntos de vista&#13;
posibles y recorre su histo ria deteniéndose especialm ente en las teorías&#13;
m odernas. H ay acum ulació n de datos, pero el auto r no logra entregarnos&#13;
en conceptos qué es la c ie n cia del arte . Se estudian las accio nes y las&#13;
reacciones, los datos objetivos y los datos subjetivos pero la síntesis de&#13;
todos ellos no integran los fenóm enos del arte . El defecto es g e n e ral; los&#13;
filósofos del arte no han podido tod avía acercarse a su objeto. Planean&#13;
por la psicología, la fisio lo g ía , la m e ta física , la antropología, la histo ria,&#13;
etc. . . . pero no a te rriz a n en el campo del arte . Los cie n cias a u x ilia re s&#13;
no han m adurado to d avía como para d ar resultados sa tisfacto rio s. La&#13;
teoría de la em oción ha sido em pantanada por M ax S ch eler en el campo&#13;
de los valores y la p sicología de la form o no dará su p a la b ra d e fin itiva&#13;
hasta librarse de sus últim os resabios m e tafísicas. La estética sigue siendo&#13;
el terreno para la ave n tu ra del pensam iento.&#13;
K a in z sa lv a con dignidad su com etido de in fo rm ar. Se acerca m ás que&#13;
otros a la ta re a del a rtis ta . L a anotam os como un m érito porque resulta&#13;
evidente que a lo lorgo de la histo ria el pensam iento del filósofo ha&#13;
tenido m uy pocos contactos con la labor del a rtista .&#13;
Queda in clu id a en esta c rític a la llam ad a "e s té tic a desde a b a jo " qué&#13;
p a rtía de datos psicológicos pero que no d iscrim in ab a entre los estím ulos&#13;
cu ales eran a rtístico s y cu ales no. K a in z tra ta de e le va r a una exp licació n&#13;
estética ciertos principios que guían al a rtista en su p rá c tic a . Esta es la&#13;
parte p ositiva. Pero no es m ás que un com ienzo.&#13;
&#13;
o&#13;
&#13;
13&#13;
&#13;
Gabo - Persner&#13;
Edición del M useo de A rte M oderno de N u eva Y o rk&#13;
&#13;
Fotos de los trab ajo s de N au m G abo y A n to in e Pevsner con un trab ajo&#13;
p re lim in a r de H erbert R ead y estudios b io g ráfico s a cargo de Ruth O lson&#13;
yA b rah am C h a n in .&#13;
&#13;
D estacam os la sig uiente afirm ació n de R ead : " L a p a rticu la r visió n de&#13;
la realid a d , común al co nstructivism o de Pevsner y G abo y al neoplasticism o de M o n drián d eriva de la estructura del universo físico revelado&#13;
por la cie n c ia m o d ern a."&#13;
Si el lector observa las fotos es d ifíc il que capte la estru ctu ra m entada.&#13;
Lo que está a la v ista es el dinam ism o y el ritm o. Y nada m ás. Repe­&#13;
tim os que es in ú til tr a ta r de representar o sim b o liza r el universo según&#13;
lo concibe la cien cia m oderna, que u tiliz a conceptos h asta ahora irrepresentables.&#13;
El constructivism o de G ab o, de Pevsner y de T a t lin ha dejado rastros en&#13;
todas las direcciones de la escu ltura m oderna, especialm ente en C a ld e r&#13;
y M ax Bill.&#13;
L a preocupación de G abo y Pevsner co nsistía en estab lecer las bases de&#13;
un arte nuevo sobre el tiem po y el espacio. Si éstos eran los dos ele­&#13;
mentos fu n d am en tales, la m asa, la m a te ria , no era m ás que un medio&#13;
para exp resar el espacio y el tiem po. El princip al problem a consistía en&#13;
h a lla r una estru ctu ra e sp acial, un método de componer en el espacio.&#13;
La evolución ulterio r nos m uestra cu ál ha sido la solución.&#13;
Los conceptos de la cien cia m oderna han sido "tra n sp u e sto s" a la escu l­&#13;
tu ra . H erbert R ead dice que han sido reducidos a un sím bolo plástico.&#13;
El espacio está dado en la obra, el tiempo lo pone el espectador al&#13;
recorrer con la vista el cam ino indicado por el auto r. M a x Bill em plea&#13;
casi siem pre v a ria cio n e s sobre el fo lio de M o eb ius, que consiste en una&#13;
cin ta retorcida cuyos extrem os se han soldado. T ie n e propiedades muy&#13;
e xtra ñ a s. Si se corta long itud inalm ente queda una sola cin ta con dos&#13;
retorcidos. L a s a rista s que constituyen el borde no son dos, como parece&#13;
a prim era v is ta , sino que se co n tin ú an , form ando en re alid ad un solo&#13;
borde. Lo hem os visto en ciertos libros de físic a que lo u tiliz a n para&#13;
ilu stra r en dos dim ensiones lo que sería la c u rv a tu ra del espacio de cuatro&#13;
dim ensiones.&#13;
M ax Bill exp lota estas propiedades para co nstru ir un ritm o continuo. La&#13;
m irad a hace juegos dinám icos. Recorre la escu ltu ra, vuelve al punto de&#13;
p a rtid a, se escinde en tres partes (escultura trip a rtita ) vu e lve a unirse.&#13;
En el punto de unión tiene v a ria s posibilidades para re in ic ia r el cam ino&#13;
y así ind efinidam ente.&#13;
Creen hab er reem plazado la representación de la n a tu ra le za por la repre­&#13;
sentación del universo físico -m atem ático . Pero el arte del a rte represen­&#13;
ta tivo estuvo siem pre en la m anera de representar y nunca en el con­&#13;
tenido.&#13;
En las escu ltu ras de M a x B ill siem pre encontrarem os los eternos principios&#13;
del a rte de todos los tiem pos; "U n id a d en la v a rie d a d " : L a c in ta m etá­&#13;
lica se ra m ific a 1 de m anera que el cam ino no sea confuso pero tampoco&#13;
monótono. Interviene en el efecto estético el ancho de la cin ta y el&#13;
tam año de las ram ificacio n es. Reconocem os sin em bargo que la índole&#13;
del contenido&#13;
que quieren representar ha forzado a ab andonar ciertos&#13;
procedim ientos y té cn icas del arte anterio r.&#13;
Todo esto, que ha sido elevado por M ax Bill a sus ú ltim as co nsecuencias,&#13;
está en plena evolución en los trab ajo s de Pevsner y G ab o, que tam bién&#13;
han tanteado en o tras direccio nes, ensayando en el cam po del m ovi­&#13;
m iento, resuelto aparentem ente por C a ld e r, y en el cam po espacial de&#13;
profundidad investigado por M o ho ly-N agy.&#13;
El libro inform a tam bién de las disputas que tuviero n lu g ar en R u sia ,&#13;
patria1 de Pevsner y de G ab o, en torno a la fu n ció n social del arte.&#13;
&#13;
�el problema&#13;
de las formas y del fondo&#13;
" T o d a s las épocas en tran ce de retroceso y desintegración&#13;
son su b je tiv a s; en cam bio las épocas progresivas&#13;
tienen siem pre una tendencia o b je tiv a "&#13;
(Goethe)&#13;
&#13;
En un trabajo publicado recientem ente ( Perceptismo N ° 6 ) me he referido en general al problema de&#13;
las formas y del contenido en la p intura. Es necesario, a modo de continuación, tra ta r hoy el desarro­&#13;
llo histórico de las formas p lásticas y del fondo. A l a firm a r nuestro concepto sobre una unidad concre­&#13;
ta de los factores disociados en el arte, he tratado de evitar toda definición a b stia cta . La doctrina&#13;
del perceptismo no es una definición m ás, agregada al ya enm arañado campo de las especulaciones&#13;
estéticas; ella es el producto de una exp eriencia creadora, rica en contenidos vitale s y sociales. Es por&#13;
eso que el perceptismo no es un arte " fo rm a lis ta " , denom inación que he rechazado con toda energía&#13;
por anto jad iza y absurda. Sin embargo hemos de a firm a r que la pintura representativa o fig u ra tiva es,&#13;
sí, un arte " fo rm a lis ta ", hecho reconocido incondicionalm ente hasta por sus propios cultores, pues,&#13;
a l decir de Ruskin, lo que se pinta en el arte n atu ralista no es el objeto ni algo parecido a é l, sino su&#13;
propia forma. Evidentem ente, el pintor representativo se vale de las formas del mundo exterio r; sola­&#13;
mente extrae formas del mundo objetivo, cuyos contenidos están librados subjetivam ente a nuestra&#13;
vida a n ím ica que llega a deform ar y a a lte ra r las ap arien cias del mundo sensible que nos rodea.&#13;
El problema de las formas y del fondo, decisivo para determ inar la visión en p intura, tiene igualm en­&#13;
te una estrecha e histórica relación con el grado de desarrollo so cial, cuya técnica no sólo condiciona&#13;
un estilo form al en el arte, sino que a firm a tam bién un contenido. Podremos e xtra e r fácilm en te esas&#13;
conclusiones del propio arte p rim it'vo , donde una forma, por abstracta y geom étrica que nos p arezca,&#13;
no deja de ser un símbolo o un signo. Es así como la supervivencia de los viejos conceptos artísticos&#13;
crea las formas convencionales, pues el contenido mismo es el que se ha desarrollado en toda la&#13;
historia del arte, hasta lograr su propia forma concreta. Si encaram os el problema desde el punto de&#13;
vista del conocim iento, sin m enospreciar los factores visu ales y sociales en el desarrollo de la cu ltu ra,&#13;
comprobaremos que no hay un arte fo rm alista y otro de contenido, sino que hay una m ayor o menor&#13;
relación entre forma y contenido, un m ayor o m enor alcan ce de la forma concreta.&#13;
Expresar cómo vemos o cómo conocemos el mundo que nos rodea ha sido un dilem a en todo el arte&#13;
dei pasado. Y hasta cuando el pintor "s ie n te " un objeto, no escapa éste a su problema de dim en­&#13;
sión espacial, a la imposición de las leyes de la realidad objetiva, exterio r; sin embargo, en ninguno&#13;
de estos casos la pintura ha constituido un medio de conocim iento, sino una pálida y deform ada&#13;
m anifestación de lo "Onocido. En las etapas del a rte representativo, ni el área visu al circunscripto al&#13;
propio objeto, ni el punto de v'sta fijo del objeto en un fondo, ni la visión sim ultánea de m últiples&#13;
facetas de las cosas con su trastocado desplazam iento esp acial, han logrado conquistar la realidad&#13;
concreta del mundo que nos rodea. Pero, no obstante, esta transform ació n en la concepción visual en&#13;
la pintura es la que señala su desarrollo histórico, aunque desde los pueblos prim itivos hasta la p rá c­&#13;
tica artística actual "n o -o b je tiva", incluyendo las nuevas tendencias basadas en las diversas dim en­&#13;
siones espacio-tem porales, la pintura haya perm anecido dentro de los lím ites de le representativo o&#13;
figurativo, ya sea m ediante un realism o verista o un realism o intelectual.&#13;
El problema fundam ental que se presenta en el desai rollo histórico de la p intura, el que dictam ina&#13;
su trascendencia y sus propiedades reales y concretos, el que nos p erm itirá consignar con claridad&#13;
m eridiana la relación de su proceso técnico y conceptual en la totalidad de los hechos sociales, es el&#13;
que se desprende de su fenómeno espacial de forma y de fondo. Basta rem itirnos al arte rupestre&#13;
para comprobar que la concepción visual sim ple, circu n scrip ta a las necesidades más inm ediatas, im ­&#13;
pone a la relación de la forma las leyes necesarias para la integridad del objeto que demanda la aten­&#13;
ción de! autor. En estas prim eras m anifestaciones p lásticas muy rara vez hallam os una proporción&#13;
" ló g ic a " , n atu ral, entre objeto y objeto, y jam ás una relación esp acial, una estru ctu ra, entre ambos.&#13;
Sin embargo, el hecho mismo de proyectarse lo trid im en sion al sobre dos dim ensiones, con la consi-&#13;
&#13;
Giotto, San Ju a n y ios pastores.&#13;
Ed gar P illet, p intura.&#13;
&#13;
guíente imposición de un punto de m ira espacial fijo , pone de m anifiesto, desde ya, el problema la ­&#13;
tente del fondo. El hombre de algunos pueblos p rim itivos, y luego el egipcio con más propiedad, sin ­&#13;
tieron tam bién la necesidad de expresarse de acuerdo a un conocim iento del mundo m ás am plio que&#13;
el simplemente visu a l; pero, para eso, les faltó el dominio expansivo del espacio debido a la fa lta de&#13;
los recursos de las ciencias física s y naturales El advenim iento de una nueva clase, floreciente y pu­&#13;
jan te, orientó en el renacim iento a la conquista de espacios aparentes m ediante un retorno a| natu­&#13;
ralism o idealista. Estos retornos a las form as clá sica s del naturalism o se repiten en la historia cada&#13;
vez que las clases dominantes reciben un soplo de vida, pero sus aportes positivos al progreso de la&#13;
plástica son cada vez menores, pues la in iciativa inventiva ha pasado a ser patrim onio de los sectores&#13;
más disconformes.&#13;
N uestra concepción dialéctica del arte, cuyos fundam entos sociales transform an la estética tra d i­&#13;
cional y especulativa, resolviendo una serie de problem as contradictorios y llevando a fe liz término&#13;
la búsqueda de una esencia funcional y hum ana del arte, se atiene a estos procesos espaciales de las&#13;
fot mas a rtísticas considerándolas como vivas m anifestaciones de la cu ltu ra. No aceptamos la opinión&#13;
&#13;
�que considera m ecánicam ente como determ inante de los estilos artísticos solam ente los desarrollos de&#13;
las form as de producción, sino que en ello intervienen tam bién los com plejos y contradictorios fa cto ­&#13;
res sociales de relación entre producción y consumo. De esta m anera, no nos planteam os el fenó­&#13;
meno aislado, de la adaptación técnica del m aterial al medio, sino la adaptación del material al&#13;
hombre, a su trascendencia social. Esa adaptación, como facto r revolucionario por un lado, y nuestro&#13;
dominio técnico de la n atu raleza por otro, influ yen p articularm ente, en las form as del arte, y en&#13;
las m anifestaciones de la cuitura en general.&#13;
Nos han acostum brado a considerar al renacim iento del siglo X V como la más elevada m anifestación&#13;
•del a rte ; y algunos sostienen que se trata de un período histórico en que se han dado obras inalcansaoles ya por el poder creador del hombre. ¿Es exacto el ju icio que a firm a la existen cia, en el ren aci­&#13;
m iento, de ciertas condiciones sociales propicias para condicionar un arte de valores estables, que&#13;
constituya un ejemplo para el porvenir? En todas las épocas el pintor pudo ser un creador, pero esta&#13;
■facultad solo fué ejercida cuando las condiciones sociales en general propiciaron el planteo de funda­&#13;
m entales problemas espaciales en su arte. Si bien en los siglos X I V y X V se dan estas condiciones&#13;
progresistas, y la pintura entra en el dominio de los espacios aparentes tras los atisbos de Uccelio&#13;
por la ventana del mundo, y tras los sólidos ritmos espaciales en las estructuras del Giotto, la noción&#13;
de espacio en la p intura, de forma y de fondo, no se detiene en ese verism o n atu ralista del cinquecento, sino que adquiere caracteres sobrenaturales en el barroco, y su últim a expresión dinám ica fig u ­&#13;
rativa en el rom anticism o, constituyendo en todas estas etapas la única m anifestación del progreso&#13;
so cial, el más positivo reflejo del grado de su desarrollo.&#13;
-Cuando Cézonne retoma e¡ muro como realidad in ic ia l, e! fondo deja de ser una escenografía encon­&#13;
tra d a en los lím ites de las ap arien cias n atu ralistas. A l reencontrar el plano, intenta plasm ar en él ese&#13;
geom étrico volum en de las cosas tridim ensionales, que sólo pudo lograr en la medida en que el con­&#13;
cepto clásico de la percepción visual fué disgregado, dando paso al nacim iento de lo que llam arem os&#13;
fondo abstracto. Toda la im portancia de Cézanne como precursor se basa directam ente en esa nueva&#13;
concepción visu a l, en esa sabia concesión otorgada a la realidad exterior (plano del muro y espa­&#13;
cios fís ic o s ). El problema de este pintor, como el de los cubistas, no consistía ya en a firm a r una&#13;
forma representativa de las cosas que nos rodean con la perennidad de objeto ideal, sino en relacio­&#13;
n a r estos objetos m ediante un nuevo orden espacial plástico, condicionando forma y fondo a una&#13;
latente realidad bidim ensional impuesta por el muro o la tela. Es así como las formas visuales del&#13;
mundo que nos rodea pudieron desintegrarse en formas afirmativas de un conocim iento menos estre­&#13;
cho del universo, transform ando y am pliando fundam entalm ente el campo de las posibilidades espa­&#13;
ciale s.&#13;
Es un juicio erróneo, producto del pensamiento idealista el que deduce que el arte surge en estilos&#13;
oislados, sin un encadenam iento progresivo. Por el contrario, las artes gozan igualm ente de un des-arrollo constante hacia una m eta, y este proceso experim entado en la experiencia creadora del hom­&#13;
bre deja el saldo de una constante m ayor unidad de las formas y los espacios h acia el objetivo con­&#13;
creto como fin alid ad o etapa superior. Los ritm osunificadores en el arte del Giotto, el dominio d é la s&#13;
estru ctu ras espaciales del renacim iento, el ajuste del plano en Cézanne y en los cubistas, y el propó­&#13;
sito expansivo en la ap arien cia d inám ica de los pintores fu tu ristas, es el reflejo más cabal de ciertas&#13;
condiciones sociales derivadas de sus propias contradicciones y sus progresos. La universalidad del&#13;
a rte , conquistada en el campo de la visu alid ad , es un reflejo de conquistas sim ilares en los órdenes&#13;
de la vida social. En este sentido, lejos de e x a lta r el localism o propio de los pueblos prim itivos, la&#13;
doctrina del perceptismo sostiene que el fenómeno de la u n iversalizació n del arte es sim ila r al expe­&#13;
rimentado por la religión, denominado por el m aterialism o dialéctico como de "proceso n o rm al".&#13;
L a s m ism as in flu en cias del medio que orientaron la pintura h acía sus formas objetivas no-represen­&#13;
ta tiv a s, son las que encausaron el arte por las etapas inevitables de las experiencias abstractas. Y a&#13;
las formas geom étricas y exDresivas de Kandinsky se relacionan sobre un fondo abstracto, introdu­&#13;
ciendo la pintura en la órbita en que ha nacido y se ha desarrollado el arte m usical. Es sig n ificativo&#13;
el hecho de que las prim eras m anifestaciones de la pintura abstracta se hayan basado en formas&#13;
p lá stica s sobre un fondo uniform e, o neutro, pero propicio a la penetración espacial de los planos co­&#13;
loreados (un fondo abstracto, y no co n creto ). La relación de los sonidos m usicales se producen sobre&#13;
un fondo sim ilar. Ejem plos de esta pintura son alg u n as obras de Kandinsky, las compos'ciones suprem atistas de Malevitch, de 1914, "p lano s v e rtic a le s" de Kupka, la "com posición" de 1915 de Arp,&#13;
num erosas pinturas de Mondrian y de Moholy-Nagy de 1915 y 1922 y le casi totalidad de las obras&#13;
ele Magnelli. Ha existido una m arcada d iferen cia en cuanto a| grado de abstracción en que se han&#13;
desarrollado la m úsica y la p intura, y sin embargo am bas han obedecido a las m ism as influ en cias&#13;
sociales. La prim era, por ejem plo, por ser un arte de tiem po, jam ás se ha basado en formas figura­&#13;
tivas naturales, o copia de sonidos de la percepción cotidiana, cualidad que ha permitido poner más&#13;
de m anifiesto y más al alcan ce del oyente e' fa cto r creativo e inventivo. Aunque sus formas se han&#13;
&#13;
M a le v ic h , composición su prem atista.&#13;
&#13;
M o ho ly-N ag y (1 9 3 0 )&#13;
C é z a n n e , B añ ista s.&#13;
&#13;
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&#13;
�M o nd rian, pintura neop lasticista.&#13;
&#13;
P in tu ra p rim itiva, cueva de " L a V ie ja " .&#13;
&#13;
Y v e s T a n g u y , pintura su rre alista.&#13;
&#13;
proyectado sobre un fondo, no existió mayor contradicción en eso. El contenido expresivo pasional,&#13;
sentim ental, de toda la m úsica no la relega de su plano abstracto en cuanto a percepción de form as&#13;
natu ralistas.&#13;
Es Mondrian y sus continuadores los que se esfu erzan en superar los obstáculos que dividen in e vita­&#13;
blemente la pintura en formas y fondo. No obstante, ni la tela fraccionada y equilibrada por lo color&#13;
y lo no-color en Mondrian, ni las formas yuxtap uestas en la totalidad del plano, de los más recen tes&#13;
neoplasticistas, logran el fin perseguido. A ctu alm en te algunos creen resolver el problema del fondo&#13;
fraccionando el plano en zonas crom áticas equilibradas, pero no logran sa lvar el cerco de la a b strac­&#13;
ción y de las ap arien cias representativas de espacios, pues carecen de un método objetivo y concreto&#13;
de dominio de| color.&#13;
En el desarrollo de las formas p lásticas representativos y expresivas hacia una realidad concreta, h a ­&#13;
cia los dominios del mundo objetivo en que el hombre a ctú a, los estetas de todos los tiempos no v ie ­&#13;
ron más que lo ideal y lo absoluto, y crearon así un dogma de belleza pura y abstracta. Las propor­&#13;
ciones pre-establecidas y los recursos rítm icos como determ inación de las formes abstractas sa tisfi­&#13;
cieron las exigencias de los más cie n tificista s creadores e investigadores del arte. (A ctualm ente no&#13;
pocos pintores no-figurativos se valen de esos viejos métodos convencionales de e stru ctu ra ). Con la&#13;
crisis de las teorías exp licativas clásicas los psicólogos tam bién penetraron con entusiasm o en los&#13;
fenómenos de la percepción de las formas a rtística s, desde sus respectivos ángulos deductivos o e x ­&#13;
perim entales, creando así un mundo propio de la obra de a rte, el mundo ideal de las form as sensi­&#13;
bles y emotivas. La "psicología de la fo rm a ", que ha tratado especialm ente estos problemas de la&#13;
percepción del mundo que nos rodea, al pretender superar el dualism o de las antiguas teorías del&#13;
conocim iento, creó otro dualism o, como el de la existen cia de formas psicológicas estrictas. Estas for­&#13;
mas, de valores universales abstractos, están proyectadas sobre un fondo, pero el propósito de consi­&#13;
derar dicho fondo, o el medio, como parte activa en ia determ inación de las formas em otivas, no tie ­&#13;
ne el alcan ce necesario como para condicionar la forma concreta. ¿Sobre qué fondo se proyectan las&#13;
formas em otivas, según esta psicología? Sobre el fondo incom patible y variab le de los sucesos p rác­&#13;
ticos; de lo que se deduce que la relación entre forma y fondo está entorpecida por ese dualism o de&#13;
nuevo cuño. (V e r a rtícu lo de Haber en este n ú m e ro '.&#13;
Las doctrinas de los psicólogos idealistas, que nosotros no hemos dejado de a n a liz a r poniendo en&#13;
claro sus errores y sus lagunas, pretenden dar por descontada la existencia de formas estéticas sig n i­&#13;
fic a tiv a s, estructuradas " a p rio ri", al margen de las experiencias p lásticas y sus problemas co tid ia­&#13;
nos. Esas teorías han atraído sensiblem ente a m uchos pintores no-figurativos y crítico s de arte, que&#13;
se basan en esa cómoda afirm ació n de la p reexistencia de formas con propiedades inherentes, bellas&#13;
y agradables, frente a las cuales la p ráctica creadora sólo tiene la misión de acondicionarlas a la&#13;
percepc¡ón visual de acuerdo a un estilo determ inado, o e n ca ja rla s en una determ inada forma repre­&#13;
sentativa o abstracta.&#13;
Las formas p lásticas del perceptismo surgen única y exclusivam ente de una p ráctica creadora a firmnHva de una realidad objetiva. El objeto de y para la sensibilidad está condicionado por un facto r&#13;
real exterio r: el muro plano y el espacio físico. El muro arquitectónico, destruido por un proceso substractivo , recobra así no solo su independencia como ta l, sino que impone sus leyes al objeto esté­&#13;
tico. Esto ha sido posible, no por el cam ino trad icio n al de retrotraer la realidad objetiva del plano&#13;
hacia las ap arien cias del "m undo p lá stico ", sino m ediante una orientación de las formas plásticas&#13;
hacia nuestro mundo de las realidades objetivas; esto es, crear en el espacio y el tiempo físico experim entable cotidianam ente por el propio espectador.&#13;
Un hecho fundam ental cabe se ñ alar como activid ad propulsora de las formas artísticas h acia una&#13;
verdad indiscutible. Si bien los actos del hombre p rim itivo no son prelógicos, como sostuvieron algu­&#13;
nos investigadores, y tam bién en la técnica a rtístic a guardaron una estrecha relación entre produc­&#13;
ción y necesidad, existe evidentem ente un facto r histórico progresista que debemos señalar muy es­&#13;
pecialm ente, y que ha influenciado e| desarrollo posterior de las formas artísticas. Me refiero a 1 pro­&#13;
ceso aceleratiyo en el crecim iento de la fa cu ltad inventiva del hombre frente a la resistencia y a la&#13;
imposición ejercida por la n atu rcle za . Este proceso, cuanto más avanzado más acelerado, es ¡o que&#13;
perm itirá que el hombre del futuro pase, de esclavo a ser dueño de la n atu rale za, y que su actividad,&#13;
circu n scrip ta sólo a sa tisfa ce r necesidades, pase a ser tam bién parte creadora de necesidades nuevas.&#13;
En la p intura, ese proceso se m anifiesta en el hecho comprobado de que los signos, las form as sim ­&#13;
bólicas, idealistas, m ísticas y aním icas de todas las etapas del proceso re-presentativo sean histórica­&#13;
mente reemplazadas por formas concretas y objetivas. Aquellos que encuentran parentesco entre el&#13;
arte no-representativo y el arte ornam ental abstracto y geométrico de algunas tribus de pueblos p ri­&#13;
m itivos, no tienen en cuenta esos factores activos y progresistas del pensam iento y los actos del&#13;
hombre.&#13;
Tan to desde el punto de vista doctrinario como p ráctico, el perceptismo ha afrontodo la terea de diluc dar todos los resortes que condicionan la relación entre la d ialéctica de los procesos técnicos y&#13;
contenidos del arte, y el desarrollo histórico de los hechos sociales. Esto es lo que no lograron deter­&#13;
m inar con clarid ad los investigadores que se han abocado a esa tarea, ya sea por em plear un métoao idealista o por pretender imponer una ley a p rio rística basada en la consideración, como única&#13;
objetividad de la pintura o como medio indiscutib le, el hecho representativo y anecdótico, el reflejo&#13;
formal de las cosas del mundo exterior. Sin em bargo, poniendo en tela de juicio todo concepto que&#13;
a firm a como realidad a rtística social cierta p ráctica representativa o expresiva, podremos compro­&#13;
bar fácilm en te que, en sus form as generales, el retorno a las formas tem áticas y n atu ralista s se pro­&#13;
duce cuando la burguesía se a firm a en el poder y treta de imponer su precaria facu ltad de organi­&#13;
zación y estructura. Cuando la decadencia de las clases dom inantes perm ite tom ar la in iciativa a&#13;
otras fu erza s progresistas, o cuando las prim eras carecen del poder u nificador de todos los fenóm e­&#13;
nos de la actividad social, entonces las m anifestaciones a rtística s, atreídas y condicionadas por ese&#13;
medio de vanguardia, adquieren su verdadero ca rá cte r inventivo y creador. Tengam os en cuenta que&#13;
en el siglo X V la que impuso ese arte, entonces avanzado, ha sido una clase aún progresista; pero la&#13;
burguesía se m uestra cada vez más impotente para crear, y el afian za m ien to de sus instituciones&#13;
trae aparejada en el arte una pálida afirm ació n de las escuelas im itativas, del academ ism o clásico y&#13;
de! retomo al pasado.&#13;
T a le s son para nosotros los factores que condicionan las formas a rtísticas. Ellos han perm itido, m e­&#13;
diante nuestro concepto del "c u a n to " plástico, sup erar las contradicciones entre formas y fondo,&#13;
acentuadas aún más en el arte abstracto. Por otra parte no puede lograrse una relación funcional&#13;
entre las formas creadas, propias del arte, y un fondo natural y va ria b le como podría postu:ar la&#13;
p ráctica de planos coloreados suspendidos en el espacio tridim ensional. La diferencia entre fondo en&#13;
la pintura y fondo en la percepción de las cosas que nos rodean ha de ser la m ism a que la existente&#13;
entre objeto estético concreto y objeto práctico y cotidiano: en los dos casos el mismo grado de rea­&#13;
lidad objetiva.&#13;
El perceptismo ha relacionado sensiblem ente efecto visual y forma compleja. El acto de percibir v¡suGimente ha dejado así de ser estático, y, sin el recurso de una aparien cia d inám ica, pone en juego&#13;
toda nuestra facu ltad cognoscitiva. Esto co nfirm a y a firm a un estado superior de la conciencia&#13;
hum ana.&#13;
N uestra doctrina no es la afirm ació n de un m aterialism o m ecánico o abstracto. Se tra ta , en prim er&#13;
lugar, del encuentro con el hombre social. La fun ción de la pintura perceptista es, entonces, la de&#13;
co ntribu:r a ub icar al hombre en el mundo objetivo y real, y no arran carlo de él M ediante nuestra&#13;
or entación del proceso creador hacia el espacio y el tiempo en que el hombre actú a cotidianam ente,&#13;
de acuerdo al medio, la pintura cum ple esa im portante misión social.&#13;
&#13;
�c oment ar&#13;
N u m ero sas obras exp uestas bajo la dirección de Ju a n Z o cch i en el M useo de&#13;
B e lla s A rtes con el rótulo de "Ex p o sició n de la pintura y la escu ltu ra a rg e n tin as de&#13;
este sig lo " , han sido se le ccio n a d a s y en v ia d a s por el gobierno argentino para ser&#13;
p resen tad as en C h ile . A tra v és de esta expresión del in tercam b io c u ltu ra l, el&#13;
pueblo chileno pudo a p re cia r nuestro a rte en la casi to talid ad de sus ten d en cias,&#13;
esp ecialm en te del a rte a b stracto qu e, dada su im p o rtan cia, co m ien za ya a ser&#13;
in clu ido en las diversas exposiciones p riv a d a s y o ficiale s.&#13;
La exp osición, re a liza d a por in vitación y en h o m en aje de la Sociedad N acio n al de&#13;
B ellas A lt e s de C h ile a los A rtista s A rg en tin o s con motivo de las fie sta s p atrias&#13;
del 2 5 de M a y o , estuvo a carg o del escu lto r argentino Pablo C u ra te lla M an es.&#13;
Este a cto , " d e herm and ad esp iritu al e in tercam bio c u lt u r a l" , como reza el c a t á ­&#13;
logo, fué aco m p añ ad o por num erosas co n fe re n cias y conciertos m u sicales.&#13;
&#13;
En un artícu lo plagado de concep ciones m ísticas, publicado h a ce un tiem po en&#13;
cierto m atu tin o , M a rc C h a g a ll com bate " lo fo rm a l" y " lo cie n tífico " del a rte&#13;
a c tu a l y se co m p lace en d iv ag ar alrededor de una probable p intura ex p resivam en te&#13;
h u m a n a , de un " a r te del c o ra z ó n " . T am b ién él, encerrado en una concepción&#13;
p lástica y filo só fica in d ivid u alista y su b je tiv ista, se da el lu jo de co m b atir el a rte&#13;
n o -represen tativo , afirm an d o que " e l alm a se tran sform ó en una concepción&#13;
lite r a r ia " y recurriendo al argum ento en pro de una pintura popular y p ara las&#13;
m a sa s. Sin em bargo, a p esar de ese esfu erzo de M a rc C h a g a ll por " e s ta r a to n o ",&#13;
los mism os n eo -realistas rep resen tativo s se han m ofado en v a ria s op ortunidades&#13;
de su " a n o rm a lid a d p síq u ica " que le in d u jera a p intar " u n a va ca junto a un&#13;
v io lin " .&#13;
Lo m ás notorio es que posteriorm ente C h a g a ll, que ex p re sa ra que 'term inó el tiem po&#13;
del arte a puertas c e rra d a s " , h aya encontrado su "m u nd o id e a l" perdido, de remota&#13;
e sp iritu alid ad , de m isticism o b íblico, de p rofética e sp e ra n za , en la an tig u a T ie rra&#13;
S a n ta . . . .&#13;
&#13;
�el proceso pictórico del “perceptism o”&#13;
&#13;
a rt d'aujo urd'hui&#13;
n9 2 , serie 4, d irig id a por andré bloc (p arís)&#13;
&#13;
número&#13;
d irig id a por fiam m a vigo y Alberto Sartoris (F iren ze)&#13;
&#13;
(Vanguardia del arte concreto)&#13;
&#13;
pevsner-gabo&#13;
con te xto de herbert read, editad o&#13;
de nueva york.&#13;
&#13;
El hacer concreto presenta el desarrollo de lo verdadera creación.&#13;
El hecho, a d iferen cia del a rte tra d icio n a lista , se va generando sim ultáneam ente en todas&#13;
sus partes de m anera que sus relaciones van creando las leyes que independizan el&#13;
objeto de su creador a m edida que a v a n za la producción.&#13;
L a obra nace de la m ente y de las m anos del hom bre, pero m ientras m adura y evoluciona&#13;
se va liberando y haciendo su propia realid a d , de modo que la m ente y las m anos dejen&#13;
de g u ia r para seguir el dictado del objeto. L a p intura tom a v id a propia, regida por sus&#13;
leyes internas.&#13;
Esto h a sido posible m ediante el h alla zg o de R aú l L o z z a sobre una com posición de proceso&#13;
sim ultáneo.&#13;
Según d e cla ra , su proceso " lle v a al fin m ismo a p a rtir de la prim era recta y del prim er&#13;
cálcu lo m ediante todo un proceso d ia lé c tic o ".&#13;
D ice: " En ese proceso de e xa lta c ió n creadora llego a co ncretar, de dos ab stracciones&#13;
(como son para la estética una form a y un color considerados aisla d am e n te ), un elem ento&#13;
concreto para las relaciones p lá stic a s como lo es lo form a-colo r.&#13;
El todo deja de constituirse m ediante la sum a de partes. Es el m ismo todo, presente desde&#13;
el princip io , en estado am orfo, que se define y tom a cuerpo, m orcando las lín eas y co­&#13;
lores, hasta realizarse y e n tra r en el universo como uno cosa nueva y desconocida.&#13;
L a nebulosa deviene mundo.&#13;
El pintor co m ien za señalando en el plan o tontas p artes (form a-color) como ha de tener la&#13;
p in tu ra y en cad a una de e lla s coloca lo que podríam os lla m a r " u n esbozo de c o lo r". En&#13;
ta n to se cierran y se aju stan la s fo rm as, se constituye la intensidad del color, y el espacio&#13;
se d efine en función de las form as.&#13;
Los prim eros pasos dan c ie rta libertad al autor, pero las ú ltim as líneas y el tono d e fin itivo&#13;
están señalados por el peso fa ta l del desarrollo.&#13;
L a sim ultaneid ad y la correlación de los elem entos se hace tan In tim a que a una form a&#13;
determ inada sólo puede corresponderle determ inada intensidad de color y viceversa.&#13;
Por eso L o zza llam a form a-colo r a esa unidad que no se puede sep arar sin romper la arm o ­&#13;
nía de la estru ctu ra.&#13;
L a m edida del color y de la form a son traspuestas a una c ifra común que perm ite eq uipa­&#13;
rarlo s (y entiénd ase que, cuando hablam os de m edida de color, nos referim os a su c u a ­&#13;
lidad perceptiva y no a su vib ració n fís ic a , que en ciertos caso coinciden y en otros se&#13;
co n trad ice n )......................................................................................................................................................................................................&#13;
&#13;
por el museo de arte moderno&#13;
&#13;
form&#13;
de max bilí, edición en inglés, ilu strad a&#13;
&#13;
graham&#13;
&#13;
shuterland&#13;
libro de g ran fo rm ato , pro fu sam en te ilu strad o , con te x to de robert&#13;
melvHIe. th e ambassador editions (londres)&#13;
&#13;
discurso del gran poder&#13;
poem as, de braulio arenas, edición de g ran fo rm ato , de le grabuge&#13;
(ch ile ).&#13;
&#13;
la gran vida&#13;
poem as, de braul.o arenas, edición le grabuge (ch ile)&#13;
&#13;
X X e . siécle&#13;
n u eva serie, n9 2 especial, d ed icad a a la s nuevas concepciones&#13;
del espacio en el erte. T ra e reproducciones y co labo racion es de los&#13;
m ás renom brados p intores y crítico s.&#13;
&#13;
liep zig er messe&#13;
p u b licació n ilu strad a y en c a ste lla n o de la&#13;
dem ocrática alem ana (lie p zig )&#13;
&#13;
feria&#13;
&#13;
de la&#13;
&#13;
república&#13;
&#13;
estética&#13;
de friedrich kainz, editad o por el fondo de cultura económica&#13;
&#13;
cu aderno s de arte d ram ático&#13;
nos. 4-5, conteniendo&#13;
(buenos aires)&#13;
&#13;
" a n á lis is&#13;
&#13;
e sce n o g rá fic o "&#13;
&#13;
de&#13;
&#13;
gastón&#13;
&#13;
breyer&#13;
&#13;
les cah iers du sud&#13;
&#13;
rev ista fra n c e s a , n9 3 1 6 , d irig id a por jean bollard (m a rse lla )&#13;
&#13;
A s í como la obra co ncreta percep tista surge como objeto p a rtic u la r de un proceso evolu­&#13;
tivo , tam bién co nstituye como ente general la sín tesis d ia lé ctica , superadora de los m o­&#13;
m entos p lástico s que la histo ria de la p in tu ra registra como etapas.&#13;
El desarrollo de la pintura que representa objetos concretos o rig ina la p in tu ra que representa&#13;
objetos abstractos. El paso que elim in a la representación hace que lo ab stracto devengo&#13;
concreto.&#13;
El m ovim iento d ialé ctico es el sig uiente:&#13;
T e s is : representación de objetos concretos.&#13;
A n títe sis: representación de objetos abstractos.&#13;
S ín tesis: concreción de lo ab stracto . P erceptism o............................................................................................&#13;
&#13;
Si bien los pintores ab stracto s h ab rían escapado a la representación de objetos concretos,&#13;
heredaron de la v ie ja p intura un sistem a de estructuració n destinado precisam ente a ese&#13;
fin , de m anera que su em pleo recreaba au to m áticam en te la ilusión de volum en, destacando&#13;
fo rm as sobre un fondo. El problem a era, entonces, e lim in a r el fondo que el m ismo pintor&#13;
hab ía creado.&#13;
M ondrián intentó sin éxito una solución eq uilibrando el fondo con v a lo r de fo rm as y&#13;
colores.&#13;
E| nuevo sistem a de estructuración de L o z z a perm ite a la p in tu ra concreta su p rim ir el&#13;
fondo representado, de modo que las form as quedan en el espacio, sobre un fondo real,&#13;
el muro.&#13;
A n te s , los cuad ros eran objetos dentro del cu al se representaban objetos, o anécdotas. El&#13;
objeto representado estaba colocado sobre un fondo representado, y el objeto re a l, la te la ,&#13;
sobre un fondo re a l, el m uro. Borrado el fondo representado se pretende e lim in a r el fondo&#13;
re a l. Esta es la co nfusión.&#13;
El pintor debe o brar en un plano, pero eso no quiere d e cir que debe su p rim ir todos l,os&#13;
dem ás. C o n cretar un objeto plano no es su p rim ir la realidad vo lu m é trica, sino ub icarlo&#13;
en esa realidad. Hemos dicho que la p intura era la visión de una visió n , la percepción de&#13;
u n a percepción. A h o ra es sim plem ente una percepción, una percepción de un objeto re a l, de&#13;
dos dim ensiones sobre un fodo re a l, el m uro.&#13;
Pretender q u itar el fondo real sería vo lver a representarlo, puesto que eso lleva nuevam ente&#13;
a una estructuración destinada a resolver el supuesto problem a. Precisam en te, como ese&#13;
procedim iento no puede solu cionarlo, puesto que no existe, vuelve a cre arlo , reconstruye lo&#13;
que ya se ha superado. La p in tu ra cam in a h acia atrá s.&#13;
&#13;
A s í, la obra cread a es un suceso sobre el m uro; de lo contrario co n stitu iría una anécdota&#13;
sobre un fondo.&#13;
El muro debe ser nada m ás que el m uro. P a ra log rar que p e rm anezca ajeno a la estru c­&#13;
tu ra , que se atenga a su re alid ad de fondo, L o z z a obtiene colores que se oponen a l color&#13;
del m uro para no romper su neu tralid ad . Si el proceso pictórico lo lleva a m o d ifica r la&#13;
intensidad de un color tomado como bose, de ta l modo que pueda ser obsorbido por el&#13;
m uro y d e seq u ilib rar la arm o n ía, le devuelve esa pérdida m ediante un aum ento de inten­&#13;
sid ad, especificado exa ctam en te en el proceso de la composición.&#13;
(A. Haber, p á rra fo s del libro&#13;
"R aú l Lozza y el perceptismo")&#13;
&#13;
A. Haber y R. Lo"za, foto C h a v re (1 9 48 )&#13;
&#13;
la crítica desfavorable&#13;
Entre las num erosas c rític a s que se han hecho sobre exposiciones de pintura p e rceptista, o&#13;
sobre pu blicaciones que se refieren a e lla , reproducim os aho ra aq u e llas que han sido des­&#13;
favo rab les.&#13;
T o d as coinciden en a firm a r que el perceptism o no es un arte o que no tiene fund am ento s.&#13;
V é a se :&#13;
&#13;
�Raúl Lozza pintor&#13;
&#13;
Abraham Haber&#13;
&#13;
R A U L L O Z Z A nació en A lb e rti, provincia de Buenos A ire s. Desde ch ico respiró p intura.&#13;
Su padre era pintor, y tam bién sus herm anos. La prim era exposición de los tres herm anos&#13;
se realizó en su pueblo n a ta l, cuando R A U L , el m ayor, ten ía d iez y siete años. Luego de&#13;
una gira por las ciu dad es ve cin as se lan zaro n a co n qu istar Buenos A ire s, con el propósito&#13;
ele v is.ta r posteriorm ente Europa y sus m useos, con el apoyo de in stitu cion es y pueblo que&#13;
los vió n acer.&#13;
El estudio, la b ohem ia, la s lu ch as so ciales, las p ersecuciones y hasta el ham bre jalo n an&#13;
etap as de sus prim eros años en la ca p ita l. Luego R A U L se dedica de lleno al dibujo político&#13;
du rante algunos añ o s, h asta que n uevam en te se sien te atraíd o por la inquietud e sté tica .&#13;
P articip a entonces en la fun d ación de v a ria s revistas y periódicos de arte . Sus trab ajo s de&#13;
esa época son de lín eas sin té ticas con m arcad a ap ro xim ación ai su rrealism o. A p en as tomó&#13;
contacto con la pintura de van g u ard ia se plegó a los pocos que p racticab an en el país el&#13;
arte ab stracto , siendo in tegrante de! grupo fund ador de la aso ciació n " A r t e concreto in v e n ció n " . Luego continuó sus propias investig aciones sobre la form a y el color, en co n ­&#13;
tran do la solución objetiva que co nstituye la base de la pintura p ercep tista.&#13;
L O Z Z A tra b a ja lab oriosam ente sus p inturas. Su p roducción, netam ente in v e n tiv a , se&#13;
desarro lla p reviam en te como boceto, donde se plasm an las form as y colores que han de&#13;
co n stituir la futu ra p intura. El traslad o de los planos al muro correspondiente es luego una&#13;
cuestión de p rocedim iento. U ltim am en te ha estado dedicado a esta fa ce ta de la p in tu ra ,&#13;
tratand o de darle a sus colores la u niform idad y o p acid ad n ece sarias a la ob jetivid ad del&#13;
P E R C E P T IS M O . Com o sus p inturas están h ech as para la pared, u na determ inad a pared,&#13;
para h acerlas conocer al público ha debido en m arcar "tro zo s de p are d " con su correspon­&#13;
diente p in tu ra. Ese es el motivo a ccid e n ta l porque sus p inturas parecen lle v a r m arco rectan ­&#13;
g u lar. La que lleva m arco no es su p in tu ra, sino " e l trozo de p a re d ".&#13;
C u an d o term ina una p intura se coloca fren te a ella como un mero espectador. L a obra ya&#13;
ha pasado como creació n por vario s ta m ice s. La té cn ica del P E R C E P T IS M O está b asad a&#13;
sobre p rincipios que la co n d icio n an ; pero las co n dicio nes p ara obtener calid ad no constituyen&#13;
la ca lid a d . L O Z Z A m ira sus obras y las som ete a su ju icio de espectad or ave zad o . En la b ase&#13;
de todos los cálcu lo s , el ojo co n tin ú a siendo, por a h o ra , el medio m ás e fic a z de v e rific a r&#13;
la realid ad del p lano. M u ch as veces ha destruido sus obras an tes de d a rla s a co n o cer;&#13;
otras, m uy p ocas, después de hab erlas expuesto.&#13;
T ie n e una posición filosó fica dete rm in ad a. Sus aportes a la pintura están fun d am en tad os en&#13;
los datos de las c ie n c ia s y de la in vestig ación d ia lé ctica . Siem pre ha rech azad o las ex p li­&#13;
cacio n es que se han pretendido d a r, de su p in tu ra, ap o yad as en co n sid eracio n es ideolistas&#13;
o m etafísicas La tare a de R A U L L O Z Z A en la p lástica ha sido la de co n stru ir una reolidod&#13;
n ueva y ve rd ad e ra, b asada en leyes o b jetivas. Pero no es esto so lam en te. Esa n ueva rea­&#13;
lidad ha sido in sertad a en nuestra realidad de todos los d ía s, crean d o el O R G A N IS M O&#13;
P A R E D - P IN T U R A . H a encontrado la relación d ia lé ctica entre el arte y el am b ien te.&#13;
A u n q u e en estas p ág in as él ha escrito ab un d am entem ente sobre la té cn ica y el sig n ificad o&#13;
del P E R C E P T IS M O , le hacem os cu atro p reguntas con el propósito de h acerle exponer sus&#13;
ideas en form a rápida y glo b al:&#13;
YO. —&#13;
R. Lo zza, p in tu ra 111 (año 1948)&#13;
&#13;
¿Q ué piensa de sus trab ajo s an terio res al P E R C E P T IS M O ?&#13;
&#13;
L O Z Z A . — Considero m¡ obra p asada como una etapa en mi traye cto ria como pintor.&#13;
Pero, au nq ue esta etapa no fué cu m p lid a to talm en te , tam poco fué indisp ensab le com o expe­&#13;
rien cia. Consid ero ig u alm en te su p e rad as, desde el punto de vista de mi vo lu ntad o b jetivisto ,&#13;
m is p inturas a b stra cta s, y h asta he destruido alg u n as obras p ercep tistas que no lograron&#13;
a lc a n z a r el grado de p erfección deseado, como las Nos. 1 1 7 , 1 5 9 , 1 6 8 , 1 7 8 y 1 9 7 del&#13;
año 1 9 4 9 , ya conocidas por el público.&#13;
YO. —&#13;
&#13;
¿ C u á l es su p rin cip al&#13;
&#13;
aporte a la p intura?&#13;
&#13;
L O Z Z A . — M i p rin cip al aporte a la pintura es la conquista del planism o to tal, ab solu to ,&#13;
m ed iante la unidad fu n cio n al de F O R M A y C O L O R . Esta realid ad o b jetiva ha sido lograda&#13;
a través de la co n sideració n del C A M P O E S T R U C T U R A L , eso que V d . mismo ha dado&#13;
en lla m a r C U A N T O P L A S T IC O .&#13;
YO. —&#13;
&#13;
¿ C u á l cre e usted que es el destino de la p intura?&#13;
&#13;
L O Z Z A . — No es posible d ilu cid a r con precisión el porvenir de la p intura en sus form as&#13;
pro piam ente dicho. Pero en su ca rá c te r general sostengo que deberá orien tarse y desarro­&#13;
llarse dentro de la n ueva doctrina de la realid ad p lástica sostenida por el P E R C E P T IS M O . En&#13;
este asp ecto , au nq ue mi obra sea el fruto de mi exp erien cia estética y se ad ap te revolucio­&#13;
n ariam e n te al medio y al m om ento a ctu a l por ser U N A P IN T U R Á D E H O Y y N O D E&#13;
M A Ñ A N A , n uestras in vestig acio n es han abierto en la p ráctica cread ora un am p lio c a ­&#13;
mino para las relacio n e s entre lo plástico y lo so cial para los tiem pos venid eros. N uestra&#13;
d o ctrin a, com o lo sostuve en otra ocasió n , está im pregnada de R E S E R V A S T E O R IC A S&#13;
P A R A EL F U T U R O .&#13;
Y O . — ¿Q ué co n sideracio n es lo llevaron a ado p tar la pintura ab stracta y luego a cre a r el&#13;
P E R C E P T IS M O ?&#13;
L O Z Z A . — ¿Q ué indujo a U C E L L O a in vestig ar fas nuevas posibilidades e sp aciale s y a&#13;
D E L A C R O IX a a firm a r el ro m an ticism o ? Ello no obedece a hecho ca s u a l ni accid e n te algu n o.&#13;
La co m p enetració n de la s a sp iracio n es realistas y c ie n tífica s del hombre en los mom entos&#13;
a ctu a le s y, esp ecialm en te , mi convicción do ctrinaria so cial, me han estim ulado en el&#13;
esfu erzo por revolu cion ar tam bién los viejos métodos intuitivos de creació n a rtístic a , para&#13;
a lc a n z a r , ú n icam en te a tra v é s de un método revolu cion ario, el dom inio de lo real en la s&#13;
form as p lásticas.&#13;
&#13;
Fotos S'igal&#13;
&#13;
�Lo the, Partido de Rugby.&#13;
&#13;
La esen cia de la invención p lástica ha sido puesta al descubierto, y ya no hay a lte rn a ­&#13;
tiva posible para la im itación en cu b ierta por ningún tem a. El artista que pretenda&#13;
" S E G U IR " las ú ltim as so luciones de la p lástica está desam p arad o fren te al público.&#13;
No podrá o cu lta r su " S E G U ID IS M O " . Sólo colocándose an te la p lástica como C O N ­&#13;
T IN U A D O R y no como " S E G U ID O R " tendrá abierto los cam in os de la creació n .&#13;
El P E R C E P T IS M O a firm a la ob jetivid ad de la pintura rech azán d o la como refugio del&#13;
hom bre angustiad o y desorientado, e im pulsa las form as como testim onio de su co n ­&#13;
fia n z a en el poder cread or y tran sfo rm ad o r, operando en la co rriente viva de las&#13;
form as p lá stica s n utridas por el ente so cia l. Este im p u lsar las form as h a cia una f in a ­&#13;
lidad objetiva perm itió al P E R C E P T IS M O situ arse en la van g u ard ia del arte concreto,&#13;
tom ando y tran sform an do como C O N T IN U A D O R las re a liza cio n e s m ás genu in as del&#13;
siglo X X . El " S E G U ID IS M O " por lo co n trario , im p lica un estan cam ien to y un retroceso.&#13;
La s ilu stracio nes que aco m p añ an este texto p ertenecen a los pintores m ás " S E G U ID O S " ,&#13;
directa o in d irectam en te, en nuestro medio.&#13;
Un " S E G U ID IS T A " sólo puede fu n d a m en ta r su obra apoyado en el p ensam iento ajen o.&#13;
Pero todo tra b a jo cread or estuvo siem pre en raizad o en el p ensam iento de su ép oca,&#13;
que se m an ifie sta lozano y vigoroso como concreción de form a p lástica. En la obra&#13;
del " S E G U ID IS T A " aso m a, en cam b io, el m ecanism o de la form a, que no es m ás que un&#13;
espejo de la vag u edad de su doctrina.&#13;
El " S E G U ID O R " circu n scrip to a v a ria r eí tem a de las obras orig in ales, es in ca p a z de&#13;
p la n tea r problem as plásticos e sen cia les, no solam ente dentro de un estilo, sino tam bién&#13;
en ca d a una de sus ob ras; por lo tanto es in ca p a z de h a lla r nuevas soluciones.&#13;
&#13;
T a lle re s "Optim us". D iag ram a&#13;
&#13;
El " S E G U ID IS M O " proliferó en todas las épocas y en todos los países, y si hoy re c a l­&#13;
cam os su existen cia se debe a que ha crecido co n siderab lem en te su g rav itació n como&#13;
plaga que entorpece el verdadero esfuerzo cread or, que desorienta al espectad or y&#13;
co arta el desarrollo vivo de la cu ltu ra .&#13;
&#13;
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Donación Raúl Lozza</text>
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Homenaje al esfuerzo por la paz</text>
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Haber, Abraham</text>
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                    <text>PERCEPTISMO&#13;
teórico y polémico&#13;
&#13;
D irección y red acció n: CangÓiU? 1 2 1 9 , T .&#13;
Buenos A ire s - A rg e n tin a&#13;
Precio $ 2 .5 0 el ejem p.&#13;
&#13;
Paul Klee&#13;
V e r artícu lo&#13;
en las págs. 6 y 7&#13;
&#13;
2&#13;
&#13;
Raúl Lozza&#13;
P in tu ra 2 3 3&#13;
(V e r a rt. pág. 2 y 3)&#13;
&#13;
U n a concepción racio n al de v iv ie n d a ,&#13;
c u y a s v e n ta ja s es la asp iració n de m uchos&#13;
pueblos del viejo y del nuevo m undo.&#13;
4&#13;
J u a n C . C a sta g n in o&#13;
&#13;
P a isa je con m irasol (año 19 40 )&#13;
&#13;
sociedad y arte&#13;
en este numero&#13;
Lo que su ele d eno m in arse "p in to re sco " es m u ch as veces el efecto de un d eseq uilib rio&#13;
so cia l. T a i es el caso de la v iv ie n d a , ese p recario a lo jam ie n to de que " g o z a n " alg u n o s&#13;
pueblos centro y su d am e rican o s, v íc tim a s de la presión del im p erialism o económ ico. No&#13;
o b stan te, e sta p rim itiva con dició n de vid a e s u tiliz a d a com o b ase d e co rativa por pintores&#13;
y a rtista s p ara a firm a r un n acio n alism o ab stracto y su p e rfic ia l. T a m b ié n es p arte te m á tic a&#13;
p a ra una lite ratu ra y p intura de ca rá c te r so cial m ás profundo y de un sentido m ás&#13;
hu m an o de lo n a cio n a l.&#13;
Pero ese a rte rep resen tativo o ex p re sivo , ¿en qué m edida puede cre a r o im p u lsar la&#13;
co n cie n cia so cial y n acio n al de la s m ás am p lias c a p a s del pueblo? En su esen cia p ro pia­&#13;
m en te d ic h a , este a rte de form as tra d icio n a le s a p e n as si es, en el caso m ás re a lista , un&#13;
reflejo P A S IV O de una e x isten te y a rra ig a d a co n cie n cia so cial A C T I V A ; este a rte su rge&#13;
en ton ces, cu an d o ya los pueblos han m ad urado su posición a n tiim p e ria lista ; ni los des­&#13;
p ierta ni los o rien ta.&#13;
En cu a n to a l problem a de la v iv ie n d a , se su e le p en sar que la arq u ite ctu ra fu n c io n a lista o&#13;
m oderna puede o frecer sus recu rso s p ara ex te rm in a r la s " t a p e ra s " con la s c a s a s co le c tiv as&#13;
y n uevos sistem as ad ap tad o s a l cam p o ; pero, si los p lan es de u rb a n iza ció n a p e n a s se a p lic a n&#13;
en a lg u n a s ciu d ad es im p ortan tes, m ucho m ás reducido y p rivileg iad o es el sector que&#13;
a p ro vech a la s v e n ta ja s de la n ueva a rq u ite ctu ra . N osotros sabem os que la solución so cial&#13;
a l problem a del racio n alism o de la viv ien d a tie n e que se r el resu ltad o de la so lución eco­&#13;
n ó m ica , y que un arq u ite cto enrolado en la s n u e v a s te n d e n cia s e sté tica s ha de m an te n e r&#13;
en los p aíses la tin o am erican o s, u na firm e posición a n tiim p e ria lista .&#13;
Pero el problem a que in teresa tra t a r ah o ra es si esa a ctitu d so cial le im pone a l a r-&#13;
&#13;
(continúa en la pág ina 12)&#13;
&#13;
Sociedad y arte&#13;
r&#13;
&#13;
Forma y contenido&#13;
Nuestra estética&#13;
La nueva estructura&#13;
Nuestra posición crítica y teórica&#13;
Qué dijo y qué no dijo Picasso&#13;
Comentarios&#13;
Carta a Guillermo de Torre&#13;
Cuatro libros&#13;
Qué dicen los pintores&#13;
&#13;
�FORMA Y CONTENIDO&#13;
Ta n to la exp erien cia como la especulación estéticas se han enfrentado con un problem a sin p osibilida­&#13;
des de solución dentro del terreno id ealista, a pesar del esfuerzo tendiente a lograr u.na síntesis objetiva&#13;
entre forma y contenido en el arte. Los propósitos de superar esa ano rm alidad d u alística de los fo r­&#13;
m alism os abstracto s y los contenidos idealistas, orientaron la Dintura a la co nquista, con el "perceptismo", de su esencia objetiva no representativa.&#13;
¿B u sca r la unidad y la síntesis de forma y contenido fu era de los lím ites sensorios propios de cada arte,&#13;
o del arte mismo? La trayecto ria de la pintura h acia la no-representación nos ha fa cilita d o nuevos&#13;
métodos de orientación estética, ya que la separación de categorías en fo rm a listas y de contenidos es&#13;
propia del arte fig u ra tivo y expresivo. La anécdota y la expresión, la introm isión su b jetiva, impiden&#13;
toda síntesis esencial entre forma y contenido, pues ésta síntesis sólo es patrim onio del objeto y su&#13;
propia n atu rale za esp acial. En num erosas oportunidades hemos señalado cómo en la n a tu ra le za orgá­&#13;
nica la formo y el contenido se dan inseparablem ente. La d ialéctica nos m uestra que " la d ife re n cia ­&#13;
ción de la forma determ ina la d iferen ciació n de la su b stan cia, y a su vez la d iferen ciació n de las&#13;
su b stan cias determ ina la d iferen cia de forma".. La pin tu ra debió a lc a n z a r esta m agnitud objetiva en&#13;
el desarrollo histórico para que, tanto la forma como el contenido, signifiquen relación y no co n tra ­&#13;
dicción con el m edio; para que sean ellos una sola y m ism a cosa en el espacio, una realidad objetiva&#13;
por su estru ctu ra fu n cio n al orgánica (o rg án ica en el sentido en que no hay parte o cosa separada del&#13;
medio por conceptos espaciales de distintos c a ra c te re s ).&#13;
Nosotros podemos sostener hoy qua la forma y el contenido en el arte se relacionan entre sí de acuer­&#13;
do al mayor o menor grado de representación o expresión. El cam ino seguido por el perceptismo, ad e­&#13;
m ás del a n á lisis, ha sido el de la síntesis. A un arte individuo hemos preferido el arte h isto ria ; y si&#13;
tenemos en cuenta el concepto d ialéctico de que " la cp a rie n cia y la esencia no fueron puntos fijo s sino&#13;
co ntradiccio nes p ro g re sivas", com prenderem os que la representación, en oposición al medio real — p la ­&#13;
no bidim ensional y espacio objetivo— , solam ente constituye fa cto r d ialéctico en la medida cap az de&#13;
d esarro llar h istóricam ente el arte h acia su sín tesis n o -fig u rativa ; en sí mismo, como valo r estético con­&#13;
siderado erróneam ente inm utable, esas contradicciones serían in ju stifica b le s en el arte del pasado, ta n ­&#13;
to como son inadm isibles en la actu alid a d y lo será en el futuro.&#13;
La investigación y el a n á lisis de las form as p rim itiva s del arte hasta la a ctu alid a d , su historia m ism a&#13;
y su relación al medio social cam b ian te, no nos m uestra, precisam ente, una a firm a ció n de los conteni­&#13;
dos representativos. Es categóricam ente cierto que el perfeccionam iento de la representación — pintu­&#13;
ra fig u ra tiv a , prim ero en form as casi p lanas y luego en volum en y en profundidad esp acial— , creó las&#13;
nuevas condiciones para el arte no-representativo. La d ialéctica nos perm ite a p reciar en todo su alcan ce&#13;
ese desarrollo del arte h acia las formas objetivas no-representativas, h acia la superación progresiva de&#13;
toda apariencia. Sería entonces un error co nsiderar el contenido y ia forma como opuestos esenciales,&#13;
insuperables y m ecánicos, en la p in tu ra. Ellos no son fu e rza s co n tra rias fa ctib le s de equilib rarse con&#13;
un térm ino medio, pues una síntesis de tal n atu rale za solo será posible en el terreno de la realidad&#13;
objetiva.&#13;
N uestro nuevo concepto del arte en trañ a la unidad de contenido y forma, y no, precisam ente, la sim ­&#13;
ple relación de ese contenido y esa forma, como sotuvo el idealism o de Croce. Conquistada la realidad&#13;
y objetividad del plano esen cial, el desarrollo futuro y progresivo del arte no se producirá de acuerdo&#13;
a co ntradicciones antagón icas, sino a un enlace directo con las condiciones so ciales, esto es, de acuer­&#13;
do a la relación entre la cap acidad creadora e inventiva del hombre y el medio fu n cio n a l.&#13;
Los distintos grados de relación entre contenido y forma pueden ser comprobados en la historia m ism a&#13;
de la p in tu ra, en cuanto a su desarrollo de las fo rm as n atu rales — representación, expresión— a las&#13;
fo rm as fu n cio n ales — creació n , invención. Por esa ca u sa, contenido y forma no constituyen dos fenó­&#13;
menos que puedan ser a n alizad o s en sí m ism os, ni separadam ente ni en conjunto, y tam poco la re la ­&#13;
ción de ambos facto res, en esas condiciones, puede co n stitu ir esencia de a rte , lo que sig n ific a ría una&#13;
total abstracción de la propia m ateria a rtística .&#13;
C o n trariam en te a lo que muchos creen, es en la representación por medios m ecánicos, la fo to g rafía&#13;
por ejem plo, donde la división entre forma y contenido se da en grado m enor; pero es tam bién cierto&#13;
que ese pequeño m argen de contradicción escapa a todo proceso de desarrollo y es adem ás, insalvab le.&#13;
La "o b je tiv id a d " de la fo to g rafía nos ha fa cilita d o un arm a d efin itiva para la apreciació n del grado de&#13;
necesidad social de la copia anecdótica por parte dsl pintor. Pero, sólo el pensam iento hum ano, el hom­&#13;
bre so cial, creador de im ágenes representadas, de ap a rien cias y fan tasm as, será ca p az de superar sus&#13;
propias desviaciones y re ch azar tc-do fenómeno ilusorio insidente sobre el conocim iento de la realidad&#13;
objetiva. Es así como, partiendo de una p intura representativa n atu ralista o " r e a lis ta " basada más o&#13;
menos en la copia de las form as del mundo que nos rodea — el "e sp e jo " form al de nuestro mundo— ,&#13;
hacia la deform cción exp resiva o su b jetiva, vemos asentarse o ahondarse ese dualism o de forma y con­&#13;
tenido. Las tendencias p lásticas progresivas, desde el punto de vista histórico, han debido acen tu ar en&#13;
m uchas épocas la contradicción entre a p a rien cia y realidad — form as espaciales ilu so rias, profundida­&#13;
des y dinam ism os representados— para crear las verdaderas condiciones para una posterior interacció n&#13;
de forma y contenido.&#13;
Hemos aprendido que no podremos imponer una ley d ialéctica de la p in tu ra, si esta ley no es e xtra íd a&#13;
de su propio desarrollo histórico. U na doctrina del arte elaborada en el pensam iento abstracto , aún sus­&#13;
tentada por "co n ten id o s" fig u rativo s hum anísticos o sociales, será impotente para o rien tar la pin tu ra&#13;
h acia su m eta funcional y concreta. La orientación del arte al servicio del hombre debe traer apare­&#13;
jada su condición objetiva. Como en la investigación c ie n tífic a , aún puesta al servicio del hombre y de&#13;
la sociedad, la m ateria tiene un com portam iento de acuerdo a leyes que actú an fu era del hombre y&#13;
que constituyen su realidad. En m ateria de conocim iento, no existe contradicción alguna en el hecho&#13;
de considerar al mundo objetivo de acuerdo a sus propias leyes; por el co ntrario, caem os en co n tra­&#13;
dicción si pretendemos imponerle nuestras leyes su b jetivas y nuestras desviaciones. " N o existe, ni pue­&#13;
de e x istir de ningún modo, d iferen cia alguna de principio entre el fenóm eno y la cosa en sí. Sim ple­&#13;
m ente, existe d iferen cia entre lo que es conocido y lo que todavía no es conocido" ( L . ) . Dem ás está&#13;
decir que el arte basado en ap arien cias fo rm ales o contenidos representativos está en relación con las&#13;
filo so fías id ealistas que niegan posibilidad al hombre de conocer la "co sa en s í" , que niega la e x is­&#13;
ten cia de la m ateria y los objetos fu era del hombre. La doctrina perceptista tiende, en la exp eriencia&#13;
estética, a transformar la "cosa en sí" en cosa para el hombre, y no las cosas del hombre, subjetivas,&#13;
en "cosa en sí". Esa es la d iferen cia que nos separa del arte del pasado y de las escuelas ind ivid u a­&#13;
listas.&#13;
P ara el perceptismo, decir objetividad en la exp erien cia estética es como decir negación de aquello&#13;
que de a p arien cia y engaño tuvo el arte a nterio r, y a firm a ció n de lo que éste tuvo de realidad p lás­&#13;
tic a , relación social e invención creadora. Hemos com enzado por considerar y a p re ciar en toda su im ­&#13;
portancia los medios o elementos insustituib les, y nuestra consideración m a te ria lista de esos elem en­&#13;
tos sensorios de las diversas artes es, precisam ente, lo que nos ap arta del idealism o de H erbart y sus&#13;
continuadores fo rm alistas. Si he llam ado al color, por ejem plo, elemento de la p in tu ra, no es p recisa­&#13;
m ente considerándolo como un fenómeno psíquico o aním ico, como dependiente de viven cias interio-&#13;
&#13;
�LOZZA&#13;
&#13;
res y re fle ja s, como ''id e a '' de cosas o símbolo de pasiones, sino como materia, como objeto físico.&#13;
No he considerado como elem ento de la p intura nada de aquello que es sólo ap a rien cia, como las fo r­&#13;
m as representadas, los espacios ilusorios o los dinam ism os aparen tes; ninguna exaltació n de las ilu ­&#13;
siones ópticas, sino una relación ajustada entre percepción óptica y realidad.&#13;
Si la pintura trad icio n al o representativa no ha logrado que la forma y el contenido signifiquen una&#13;
m ism a cosa, es porque siem pre el arte se ha basado en form as ideales cuyos contenidos abstractos se&#13;
han m antenido en evidente contradicción con la p ráctica de los medios m ateriales. En este caso, la&#13;
propia consideración de " e s e n c ia " estaba en contradicción con la síntesis creadora objetiva. Forma contenido no pueden, en la p ráctica rep resentativa, constituirse en síntesis, pues no pueden u n ifica rse&#13;
objetivamente en el mundo de las ap arien cias sensibles.&#13;
El ataq ue, ju stific a b le únicam ente desde nuestro punto de vista , a H erbart y su escuela sólo sirvió en&#13;
num erosas oportunidades para terg iversar y confundir una probable orientación h acia una verdad a r­&#13;
tís tic a . Es mucho m ás cómodo para los conform istas determ inar como m ateria del arte elementos&#13;
a b stracto s y generales, como lo son lo vita l, lo e sp iritu a l, los ritm os, los números y otros muchos (el&#13;
pitagorism o, si bien no niega, tam poco a firm a la realidad objetiva de la p in tu ra ). Sin embargo, co­&#13;
m o prim er paso a lo p a rticu la r y concreto, tenem os, indiscutiblem ente, como categorías d efin id as, el&#13;
grupo de las artes visu ales. Y si continuam os ahondando nuestra investigación relativa a la conexión&#13;
entre dichas artes visu ales, comprobaremos que por el cam ino de la sojuzgación y a nu lació n de la m a­&#13;
te ria sólo existe una unidad su p erficia l y aparente, y una unidad funcional y efe ctiva por el conducto&#13;
de la realidad objetiva. De esta m anera, los extremos de las artes se relacionan y se tocan en la me­&#13;
&#13;
(continúa en fa póg. 10)&#13;
&#13;
El Greco, La resurrección&#13;
&#13;
ha llegado así a dar por descontado un hecho insólito, presentarlo como una verdad: la unidad " a&#13;
p rio ri" de forma y contenido. ¿Por qué sostuvo Croce que forma y contenido se han dado siem pre u n i­&#13;
dos en el a rte ?, porque considera el arte como intuición pura, como cosa exclu siva de la ¡dea, como&#13;
sentim iento figurado cuya síntesis " a p rio ri" se efectúa al m argen de toda form a espacial dinám ica&#13;
im puesta por la realidad o la m aterialid ad de sus propios elementos sensorios. Tam b ién Baudelaire ha&#13;
sostenido que " la idea y la form a son dos seres en uno so lo ", pero la pintura propiam ente dicha no&#13;
había evolucionado m ayorm ente en ese sentido, desde que Winckelmonn afirm a b a el dualism o de un&#13;
contenido como sentim iento, expresado en su envoltura exterio r — form a y color— , como continente.&#13;
Croce ha pretendido a n u la r ese dualism o al sostener que "to ta lid ad y form a a rtístic a no son m ás que&#13;
una sola c o s a "; pero se basa igualm ente en un contenido emocional sentim en tal, y en una forma glo­&#13;
bal a rtística que lo contiene o le da nueva realidad para los sentidos y el entendim iento. Con estos&#13;
conceptos, el problema idealista y contradictorio de contenido y la forma perm anece en pie, con n u e­&#13;
vos recursos ju stifica tivo s pero con m ayor potencia. Para este autor, el arte es un puro sentim iento he­&#13;
ch o im agen " a p rio ri" de las im posiciones de nuestra exp eriencia estética frente a los distintos ele ­&#13;
mentos m a teria les empleados y a la técn ica m ism a, ya sean sonidos, colores, palabras o espacios y&#13;
tiem pos reales. " U n a p intura — dice— es tan distinta de otra pintura como de la p o esía".&#13;
P a ra Lipp el contenido ideal del objeto estético es su objetividad. ¿C u ál es su tram pa " o b je tiv a "? La&#13;
v id a de la obra de arte, como proyección sentim ental, será su realidad. La "o b je tivid a d " y la " r e a li­&#13;
d a d " de la p intura está entonces en su contenido, que "e s insep arable" de las form as, pero que de to&#13;
•das m aneras es contenido. D ice en " L o s fundam entos de la e sté tica " que "contenido de la obra de&#13;
a rte en tal sentido es lo figurado o representado en ella , determ inada, y sólo en cuanto recibe dicha&#13;
fo rm a o co n fig u ra ció n ". Con el a fá n de superar eldualism o entre contenido y forma, los idealistas só­&#13;
lo lograron una conexión acorde con ese método filosófico.&#13;
P a ra los fo rm a listas, la b elleza reside en las form as y no tiene otro sig n ificad o ni exp licació n que sus&#13;
propias y m a n ifiestas cualidades. A l reducir al m ínim o los elementos del arte y pretender superar la&#13;
m e ta físic a , llegaron a acep tar el "objeto en s í" como va lo r indivisible, suprim iendo todo fa cto r d ia­&#13;
léctico y todo concepto m a teria l, cayendo en un nuevo idealism o de ca rá cte r c ie n tificista . Pero desde&#13;
el punto de vista id ealista, tam bién Lessing fija los lím ites de la poesía con los de la pintura o artes&#13;
fig u rativo s.&#13;
E l solo hecho de que una obra de arte ca re zca de una visib le anécdota m oral, p olítica o social fig u ­&#13;
ra tiva , no nos au to riza a h ab lar aisladam ente de una existen cia o una ausencia de contenidos. Pero,&#13;
1a posibilidad de llevar al extrem o del arte abstracto estas m ism as consideraciones, prueban cla ra m e n ­&#13;
te la medida en que los contenidos se han dado en el arte como categorías extra ñ as a la materia. En&#13;
el mundo objetivo no hay forma sin m a teria , porlo tanto, no hay forma sin contenido. Sin embargo,&#13;
todo el idealism o estético ha considerado siem pre los "v a lo re s " artístico s como forma sin materia. El&#13;
m ism o Hegel hace notar, sobre las teorías de Aristóteles, que "e l espíritu rechaza de sí la m ateria y&#13;
se defiende de ella entrando en relación únicamente con la forma". Aristóteles divide igualm ente la&#13;
n a tu ra le z a ; dice que "tie n e dos sentidos, el de forma y el de materia". En cuanto al arte se refiere,&#13;
esta substitución de la materia por medio de la forma, aún subsiste a través de toda representación o&#13;
exp resió n. Sin embargo, tanto el concepto actu al de la percepción como la psicología concreta se basan&#13;
en el hecho de que no hay forma sin materia, ni materia sin forma.&#13;
E l idealism o de Hegel, considerando los contenidos como esencia absoluta, ubica el arte en la esfera&#13;
de lo ideal rom ántico m ediante ap arien cias sensorias cuyas form as son sim ples c a lifica tivo s de be­&#13;
lle z a . El co nflicto entre forma y contenido es afirm ad o por la esencia idealista de su d ialé ctica, sin&#13;
a lc a n z a r su síntesis ob jetiva; im posible, por otra p arte, en los siglos X V I I I y X I X , aunque el a rte, li­&#13;
brándose ya del cuerpo hum ano como modelo de perfección y b elleza suprem a, fué conquistando su&#13;
propia forma espacial. El antagonism o entre forma m aterial y contenido subsiste en los conceptos de&#13;
Hegel sobre el arte en la medida que existen tales contradicciones en la p intura representativa y e x ­&#13;
p resiva. Pero, si bien el Greco, Velázquez o Rembrandt a ctu a liz a n con posterioridad al renacim iento&#13;
lo sentim ental cristiano del a rte, lo hacen apartándose del ideal perfecto de la fig u ra hum ana como&#13;
a p arien cia y planteando un nuevo problema de forma y color h acia una, para ellos ignorada, fu tu ra o&#13;
remota m a terializació n de lo plástico.&#13;
Es una verdad indiscutible que en el arte representativo el contenido perm anece "oculto detrás del ob­&#13;
je to " ; la forma y el contenido se contradicen debido a un obstáculo tra d icio n a l: la expresión o la&#13;
ap a rie n cia. La m ateria a rtístic a , que es igualm ente contenido en tanto que es forma por imposición&#13;
de la exp eriencia estética, ha servido a los fines expresivos. Pero los defensores actu ales del hum anis­&#13;
mo burgués no tienen m ejor argum ento para sostener la pintura fig u ra tiva que a firm a r el hecho de&#13;
que las artes como "e l dram a, la epopeya, la p in tu ra, la escu ltu ra, sólo expresan el mundo interior&#13;
sirviéndose de una im agen, esto es, de una representación del mundo externo" (W aidlé).&#13;
Es fá c il com probar cómo en el desarrollo de la pintura h acia lo no-representativo se cum ple la ley de&#13;
aceleració n de la evolución de los organismos y de la sociedad: "cu an to m ás elevados tanto más rá ­&#13;
pidam ente m a rch a n ". La aceptación de ciertas form as p lásticas del pasado para exp resar con ellas&#13;
&#13;
V a sa re ly , pintura&#13;
&#13;
dida que se delimitan sus elementos materiales hasta alcanzar su relación directa con la dinámica es­&#13;
pacial de nuestro medio.&#13;
El ataque del idealista Croce al idealism o fo rm alista de Herbart no entraña un propósito objetivo; él&#13;
&#13;
�coment ar i os&#13;
En los sa la s del M u seo N a cio n a l de B e lla s A rte s, se re a liza la p rim era exposición de lo&#13;
p intura y la e scu ltu ra a rg e n tin a de este sig lo. L o que m ás c a ra c te riz a esta m uestra es el&#13;
criterio am p lio con que Ha sido o rg a n iz a d a , perm itiendo al espectad or a p re c ia r to d as las&#13;
te n d e n cia s de nuestro a rte , desde la s fo rm a s a ca d é m ic a s a los ú ltim a s exp resion es de&#13;
v a n g u a rd ia . Es a si com o, a l lado del n a tu ra lism o , del u ltraísm o y del tard ío im presionism o&#13;
de las p rim eras d é ca d a s, a p re cia m o s la obra dei lla m a d o "g ru p o de P a r ís " y sus sim ila re s;&#13;
y, p a ra le la m e n te en el tiem p o, la s p in tu ra s m ás sig n ific a tiv a s del nuevo realism o de&#13;
contenido so cial rep resen tativo , y el a rte fig u ra tiv o de las te n d e n cia s cu b ista , se m ifu tu rista&#13;
y o tra s exp resion es ya su p e rad a s.&#13;
En lo que se refiere al a rte " n o -o b je tiv o " , " a b s tr a c to " y " c o n c r e t o " , está p resente con un&#13;
co n ju n to heterogéneo de ob ras, en una so la esp ecia l donde tam b ién se Han filtra d o , ló g ica ­&#13;
m ente, a lg u n a s m a n ife sta cio n es p lá stic a s de te n d e n cia s a n im ica s.&#13;
El perceptism o está p resen te a llí con dos obras d e fin id a s, p articip an d o a sí en esta m uestra&#13;
co lectiv a de p intura a rg e n tin a .&#13;
&#13;
L a d ecad encia a c tu a l del arte de la representación — o la decadencia de la representación&#13;
dentro del arte— es un reflejo tam b ién de su fa lta de do ctrina y de la im p o sibilidad por&#13;
p arte de pintores e investig ado res, de elab o ra r nuevas teo rías sobre v ie ja s bases e xp re sivas&#13;
o su b je tiva s. Sin em bargo, la filo so fía a c tu a l cuenta con el im pulso de una nueva etapa&#13;
de su d e sarrollo , que es el m ate rialism o d ia lé ctico . ¿N o b a sta eso para fu n d a m e n ta r d e fi­&#13;
n itiv a m e n te , y sin lu g ar a dudas, la su p erviven cia del arte fig u ra tiv o ? Parece que no;&#13;
pues, para defender y fu n d a m e n ta r un arte ya superado, es su fic ie n te c u a lq u ie r filo so fía&#13;
id e a lista ; no es necesario re c u rrir al m aterialism o .&#13;
L a verdad es que el arte del pasado está im pregnado de valo res sig n ifica tiv o s, pues h a&#13;
sabido contener todos los m omentos progresistas y renovadores en la h isto ria ; pero el arte&#13;
confo rm ista y conservador de entonces, como el de hoy, nos es desconocido como m an ifes­&#13;
tació n v iv a del espíritu creado r del hom bre. E sa es la cau sa por la cual las d o ctrin a s del&#13;
gran arte del pasado no pueden su ste n ta r ni ju s tific a r un arte representativo fu e ra de su&#13;
tiem po, como el a c tu a l.&#13;
H oy, alg unos pintores " a b s tra c to s " han recurrido al m aterialism o para fu n d a m e n ta r ese&#13;
a rte , llam ado tam b ién "n o -o b je tiv o ", Pero a p lic a n la teo ría d ia lé ctica " a p o sterio ri" del&#13;
proceso creador. ¿ P a ra lle g a r a donde, a qué fin e s, con qué resultad o s, han recurrido a&#13;
e lla ? O lv id a n , evid entem ente, el contenido d in ám ico de esa filo so fía , y que e lla , ap licad a&#13;
a la e xp e rie n cia e stética , no sólo ju s tific a , sino que tra n sfo rm a y crie n ta h acia una realid ad&#13;
o b je tiv a . A s í, en una co n feren cia sobre " E l m aterialism o d ia lé ctico y el a rte a b stra c to ",&#13;
pronun ciad a en P a rís por el p into r J e a n D ew asn e y resum ida para la revista " A r t d 'au jo u rd '&#13;
H u í " , se sostiene que " la obra es el lu g ar de unión entre dos co n trario s, el m a te ria l pleno&#13;
de posibilidades latentes pero p asivo , y el creador a c t iv o " , y tam b ién que el se r co nciente&#13;
" e s hab er ex traíd o los elem entos del mundo e xte rio r p ara ser fin a lm e n te objetos concretos&#13;
de nuestra vid a p s íq u ic a " (lo subrayado es nuestro ). Estas son deducciones y afirm a cio n e s&#13;
netam ente su b jetiva s.&#13;
Si tenem os en cuenta la d iversid ad del arte " a b s tr a c to " , que ab a rc a igualm ente cie rta s&#13;
tenri, n c ia s su rre a lis ta s , com probarem os que la a p lica ció n que se hace del concepto m ate­&#13;
ria lis ta es m uy general y poco c la ra , dándose cabid a dentro de d icha do ctrina a tendencias&#13;
a rtís tic a s que, si b ien hacen ab stracció n de las fo rm as del m undo que nos rodea, son&#13;
b a sta n te dispares y opuestas entre sí.&#13;
Si b ien lo d in á m ic a de la d ia lé ctica no congenia con el arte representativo -exp resivo ,&#13;
tam poco puede esta do ctrina filo só fica relacio narse a una p rá c tic a estética que no rebasa&#13;
los lím ite s de un sim p le m odernism o evo lu cio n ista. Sólo se ju s tific a en el proceso histórico&#13;
h a c ia una sín tesis real o b jetiva.&#13;
&#13;
Qué dijo&#13;
y qué no dijo Picasso&#13;
&#13;
Picasso, Naturaleza muerta.&#13;
&#13;
N o ho ce m ucho tiem p o, la ap arició n de un nuevo libro de G io van n i P a p in i, esta v e z&#13;
con el títu lo de " E l libro n eg ro ", dió m ucho que h ab lar o la prenso del vie jo y del nuevo&#13;
co n tin en te , llen and o de alborozo a co m en taristas rad iales y a los pseudos crítico s de&#13;
arte . El m otivo de la aten ció n p úb lica no ha sido, por su pu esto , el va lo r de este libro&#13;
in trasce n d en te del " r e n e g a d o " P a p in i, sino los conceptos q u e, según éste, le h ab ria&#13;
exp resado P icasso en un rep ortaje, sin cerán d o se sobre su propio arte .&#13;
El&#13;
desm entido , in n e cesario si la critico y el periodism o in tencion ado hubiesen a ctu a d o&#13;
con honestidad y escrú p u lo ,&#13;
no se hizo esp e ra r; pero lo c iz a ñ a recorrió el m undo c iv i­&#13;
lizad o aleg ran d o los co razo n es de todos los enem igos d e clarad o s y ocultos del arte m oder­&#13;
no. Pero lo verdad es que el libro citad o es una n ueva pirueta de P a p in i, y los re­&#13;
p ortajes que lo com ponen son todos, com o lo dice el prólogo, im ag in ario s. En to n ces, la s&#13;
su pu estas d e cla ra cio n e s de P icasso co n tra su propia p intura no son m ás que las&#13;
op iniones p erson ales que el señor P ap in i m an tiene de ese a rte , y que n ad a tienen&#13;
que ver con lo qu e, tanto la c ritica honesta com o el propio P icasso p ien san.&#13;
A&#13;
ra íz de este hecho, León&#13;
D egand escribe en la revista " A r t d 'A u jo u rd -h u i" que « n&#13;
ir&#13;
d irectam en te al libro de P apin i se h ab ria com probado el error, pero como es " ta n&#13;
fá c il e c h a r agua en el m olino de la reacció n p ictó rica , de en co n trar una ju stifica c ió n&#13;
tan cóm oda a la incom prensión del p úblico, que se dejaro n de lodo la s m ás ele m en tales&#13;
p re ca u cio n e s"' T a m b ié n afirm a D egand que ciertos crítico s se han dejado sorprender&#13;
creyend o m ás en " l a c h a n z a de P icasso y en la confesión de esa c h a n z a " que en la&#13;
p intura m ism a, ya que " u n exam en previo de las obras del artista les h ab ría dem ostrado&#13;
su e rro r". " E llo s son m enos sensib les a la sig n ifica ció n de la s obras que a los ch ism e s&#13;
ridículo s con los cu a le s se las ro d e a ".&#13;
Para nosotros, este hecho tien e oún m ayor tra sc e n d e n c ia , debido a que no estab a en&#13;
juego el valo r de la pintura de P icasso , sino su ética y h asta su m oral com o pintor&#13;
y como hom bre, cu a lid a d e s, com o lo hem os com probado, in v u ln e ra b le s ol a taq u e del&#13;
c h a rla ta n ism o in teresado .&#13;
Esto, en cu an to o lo que no dijo Picasso.&#13;
Pero in teresa ohora se ñ a la r qué dijo y dice P icasso, para d ilu cid a r su posición dentro&#13;
del arte m oderno. A ra íz de este hecho, toda la pléyade re a ccio n a ria se ha ch a n ce a d o del&#13;
a rte nuevo en g e n e ral, in vo lu cran do como sim ilo res a la obra de este p intor la s ten d en ­&#13;
c ia s m ás a v a n z a d a s del arte n o-fig u rativo . Si bien Picasso ha sido en un tiem po cread o r&#13;
y sostenedor de un concepto v a n g u ard ista de la p intura (allá por el 19 11 y no m ucho&#13;
desp ués), pronto co m en zó sus in cu rsion es reform istas aleján d o se cad a v e z m ás de los&#13;
m ovim ientos llam ad o s " a b stra c to " o "n o -o b je tiv o " que se d e sarro llab an ya ca si p a ra ­&#13;
le la m e n te a l cu b ism o. P icasso ha desechado siem pre toda búsqueda de una realid ad&#13;
o b je tiv a ; el exp resionism o intuitivo y el predom inio de cie rta s fu e rza s a n im ic a s son el&#13;
resu ltad o que c a ra c te riz a la m ayoría de su ob ra. P ara é l, es el in stin to el fa cto r de­&#13;
cisivo de toda cre a ció n , por eso llega a sostener que lo que vale es " e l dram a del hom ­&#13;
b re, el resto es f a ls o " .&#13;
" Y a sabem os que el arte no es re a lid a d , el arte no es la v e rd a d " , se co m p lace en e x ­&#13;
p re sar, ag reg an d o : " Y o no busco n a d a , yo e n cu e n tro ". Estos co ncep to s, y su propia&#13;
p in tu ra, an te la cu al el au to r "co n te m p la con asom bro los resu ltad o s in esp erado s, im ­&#13;
p re visto s", lo a p artan evidentem ente del a n á lisis y de la sin te sis qu e, p ara nosotros,&#13;
debe ser patrim on io del arte no rep resen tativo . El propósito de P icasso no es el de su p e rar&#13;
a rep resen tación o la a p a rie n c ia , ni siq u ie ra a lc a n z a r la etapa del llam ad o arte " a b stra c to " ,,&#13;
del c u a l ha escrito que era " u n o de los errores m ás g raves en que ha in cu rrid o el arte&#13;
m oderno. Su obra p ertenece al sector del exp resionism o d e fo rm an te, y sería m ás lógico&#13;
relacio n arlo al su rrealism o que a las ten d en cias co n stru ctivistas, no ya del arte " n o o b je tiv o " , sino h asta el cubism o de sus propios contem poráneos.&#13;
&#13;
�CUATRO&#13;
&#13;
LIBROS&#13;
&#13;
Témoignage pour l'art abstrait&#13;
Editado por A n d re B lo c, P a rís&#13;
T a m b ié n h an llegado a nuestro p a ís unos ejem p lares del libro " T é m o ig n a g e pour l'a rt&#13;
a b s t r a it " y que h a sido editado en P a rís por A n d re Bloc.&#13;
El libro está integrad o por d e cla ra c io n e s em itid a s por los cread o res del a rte no-represen­&#13;
ta tiv o . B a jo el denom inador com ún de a rte ab stracto d e sfila n perso nalid ad es y obras&#13;
h etero g én eas, ín d ice del inm enso cam po ab arcad o por el nuevo a rte . El libro nos pone&#13;
en co n tacto con la s te o rías que d irig e n la acció n de los pintores a b stra c to s y por&#13;
otro lado nos m uestra la s o b ras re a liz a d a s por interm ed io de num erosas reproducciones&#13;
en negro y en color. Se observa que no h ay una correspond encia entre el pensam iento&#13;
y la re a liz a c ió n . V a el prologu ista a d v ie rte al lector que no se asom bre si no e n cu e n tra&#13;
un p a rale lo entre las in ten cio n es del pinto r y su ob ra. H a y tam b ién una pequeña s u ­&#13;
gestió n que pretende e x p lic a r el caso pero que a nosotros no nos co nvence.&#13;
C re e m o s que esta fa lta de c o in c id e n c ia se debe a alg o que se escapa al control del&#13;
a r tis ta . Y ese alg o puede se r m uy b ie n la fa lta de un conocim iento a fondo de los e le ­&#13;
m ento s p lástico s o la ig n o ra n cia m ism a de alg ú n fa c to r que in terv ie n e en la o rg a n iza ció n&#13;
de la obra y que por lo ta n to escapo a la vo lu n tad del p intor.&#13;
E l m a te ria l de la obra proviene de interro g ato rio s o de búsquedas h ech a s en p u b lica cio n e s&#13;
y m an u scrito s, labor m uy bien re a liz a d a por J u liá n A lv a rd y R . V . G in d e rta e l.&#13;
L a p u b lica ció n tie n e el m érito de p resentarn os junto a los precursores del arte a b stra c to ,&#13;
u n a nueva g eneració n de pintores que m an tie n en con su c a lid a d los posiciones d e la&#13;
n u e v a p in tu ra . L a b a ta lla ha sido g a n a d a , ah o ra es preciso a v a n z a r y e xp lo ra r todos&#13;
Jos terreno s que la v ic to ria ha conquistado.&#13;
&#13;
¿Qué es la literatura?&#13;
(Situations, II)&#13;
De Je a n P au l S a rtre&#13;
E d ito rial L o sa d a , Buenos A ire s&#13;
H a c e dos año s que ap are ció en nuestro m edio este libro de J e a n P a u l S a rtre . A pesar&#13;
&lt;Jel tiem po tra n sc u rrid o consig nam os este hecho en nue stra re vista puesto que S artre&#13;
em ite opinio nes y te o ría s fu n d a m e n ta le s sobre el a rte que m erecen una respuesta e la ­&#13;
borada con los fu n d am en to s teóricos del p ercep tism o.&#13;
S a r tr e dice que la obra de a rte es un lla m a m ie n to a la lib erta d del lecto r o espectad or&#13;
p a ra que co labore a la producción de la o b ra. El a u to r no "p ro d u c e " la o b ra de a rte .&#13;
" E l acto cre ad o r no es m ás que un m om ento incom pleto y ab stracto de la producción de&#13;
u n a o b r a ." El que h ace un " o b je to " de la obra de a rte es el lector. El a u to r se proyecta&#13;
« n la obra pero no la percibe com o objeto ni au n después de te rm in a d a . N o se puede&#13;
despegar de su su b je tivid a d proyectora del m undo del a rte .&#13;
N o o lvidem o s que p ara S a rtre " e l m undo, ta l como lo vem os, nos d evuelve la im agen&#13;
de lo que nosotros so m o s". De esta m an era si el a u to r percibe como objeto la obra de&#13;
a r te que produjo se co n vierte en objeto an te sí m ism o. Se ve a sí m ism o siendo " o t r o " .&#13;
Y esto es im p osible. Según " E l S e r y L a N a d a " somos conducidos in d efin id am en te de&#13;
" o tro o b je to " a " y o s u je to " y v ic e v e rsa , pero n u n ca podremos e s ta r a l m ism o tiem po&#13;
e n los dos.&#13;
S i tran scu rrie n d o el tiem po me hago o tro, puedo ver m i obra como objeto, pero ese objeto&#13;
y a no tie n e co n ta cto con m i persna. " E l a u to r y a ha olvidado lo escrito , no tie n e en e llo&#13;
a rte ni p a rte y no se ría y a ind ud ab lem ente c a p a z de e s crib irlo . T a l es el caso de R ou sseau&#13;
vo lviend o a leer " E l C o n tra to s o c ia l" a l fin a l de su v id a .&#13;
E l a u to r no debe tr a t a r de c o m u n ica r o de a fe c ta r al lecto r con em ociones y posiones.&#13;
El a u to r no debe p ed ir que el lector sie n ta com o é l. Eso s ig n ific a ab sorber y e s c la v iz a r al&#13;
le c to r. El lecto r debe poner su p ersonalidad en la o b ra , debe d a rle su s pasiones, sus&#13;
s im p a tía s, su tem p eram en to s e x u a l. Y esto es lo que da sentido a la o b ra. " N o es la co n ­&#13;
d u c ta de R a sc o ln ic o ff la que p rovoca m i in d ig n ació n o m i estim a sino que son estas las&#13;
q u e p ro curan co n siste n cia y o b je tivid a d a esa c o n d u c ta " . El a u to r es un g u ía . " L a lectu ra&#13;
es cre ació n d ir ig id a " .&#13;
¿Q ué persigue S a rtre con esta te o ría?&#13;
Sjartre q u iere d e ja r sentado que ta n to el a u to r com o el lecto r o espectad or ejercen su&#13;
lib e rta d . El lector " o b je t iv a " la obra de arte con su persona, con su lib erta d y el au to r&#13;
a su v e z e je rc e su lib erta d p a ra g u ia r y co n stru ir el lla m a m ie n to a la lib erta d del lector.&#13;
¿D e acuerdo a esto, cómo debe un a u to r o rg a n iz a r su obra de arte ?&#13;
N o debe " a f e c t a r " a l lecto r con em ociones y pasiones p a ra d e ja rlo en lib e rta d de c re a r&#13;
e l objeto. A s í los p ersonajes deben se r v a c ío s y an im ad o s por el lector.&#13;
Pero S a rtre propone y la e xp e rie n c ia dispone. Le a usted una o b ra de S a rtre o de sus&#13;
d iscíp u lo s. U sted no podrá h a c e r personas a sus perso najes. S artre los entrega " v a c ío s "&#13;
c o n fia d o en que la lib e rta d del lecto r ha de lle n a rlo s. Pero la n a tu ra le z a de la obra de&#13;
a rte es t a l, que se im pone como ha sido te rm in ad a por el a u to r, sin que el lecto r dé nada&#13;
de su p erso nalid ad o de su lib e rta d . L a o b ra dom ina a l lector.&#13;
H e aq u í el te stim o n io de un lecto r:&#13;
" L o s num erosos p ersonajes de sus n o ve las (de S artre) son lo m enos personas p o sib le s. . .&#13;
Su s héroes tienen el c a rá c te r " c h a t o " desesperante de las cosas que no tie n en in te rio r. . .&#13;
V ié n d o lo a g ita rse (ah o ra h a b la de los p ersonajes de Sim one de B ea u vo ir) se tie n e Iq&#13;
m ism a im p resión que en las p ie z a s del te atro g u ig n o l: m a rio n e ta s que v a n y vie n e n ,&#13;
h a b la n y g e stic u la n sin que se llegue a se n tirla s con v id a . . . En el m ism o sentid o, S artre&#13;
p re se n ta de continuo los acto s hum anos como desprovistos de todo sentid o, ab so lutam ente&#13;
v a c ío s de intención r a c io n a l" t1).&#13;
S a r tr e q u iere s a lv a r al a rte . Q uiere re sp e tar la persona del espectad or dándole la " c o n ­&#13;
c e s ió n " de la c re a ció n . " P e ro la e stru c tu ra de la obra de a rte es ta l que n e cesariam e n te&#13;
el espectad o r desem peña un papel p asivo de receptor y a n u la su p ersonalidad para ser&#13;
dom inad o y re co n stitu ir la personalidad del a u to r " (2). Y a lo hem os visto . S a rtre cre a per­&#13;
so n ajes v a c ío s p ara que el lecto r los llen e, pero lo único que logra es im poner esa&#13;
v a c u id a d . H a y que lib e ra r a l espectad or. P a ra lograrlo no se debe in v e n ta r una teoría&#13;
que no te n g a raíce s en la re a lid a d . Lo lógico es tra n sfo rm a r la e stru c tu ra ín tim a del&#13;
a r te y c re a r uno nuevo.&#13;
A tra v é s de las p á g in as de esta revista hem os insistid o m u ch as veces que el perceptism o&#13;
h a tenido en cu e n ta siem pre este aspecto. L a nueva e stru c tu ra p lá stic a del percep tism o&#13;
es la que perm ite resp etar la prsona del espectad or y no c o a rta r su lib erta d .&#13;
V o lv ie n d o a l lib ro de S a rtre , direm os que a p e sar de su e rro r logra d e sp e rtar un interés&#13;
p ro fund o . S a rtre se ha dado c u e n ta del m al que roe las e n tra ñ a s del a rte de estirp e re­&#13;
p re s e n ta tiv a y ha querid o c u b rirlo . Por lo m enos ha visto un problem a que la m ayo ría&#13;
&lt;de los teó rico s desconocen o quieren ign orar.&#13;
&lt;1) Regís Jolivert. Las doctrinas existencialistas.&#13;
¿2) Véose mi artículo en el N? 1 de Perceptismo.&#13;
&#13;
Le Corbussier y P. Jearmeret, 1934-1938&#13;
Edición de la casa G irsb erg e r, Z u ric h&#13;
E d ita d o por la c a sa G IR S B E R G E R de Z u ric h nos lleg a este libro p reparado y prologado&#13;
por M A X B I L L , con ex p lica cio n e s del m ism o L E C O R B U S IE R . L a obra a b a rc a p lan o s y&#13;
fo to s de la la b o r re a liz a d a por este arq u ite cto en el período que v a de 1 9 3 4 a 1 9 3 8 ,&#13;
q u iz á los a ñ o s m á s sig n ifica tiv o s p ara el a rte de la a rq u ite c tu ra , e n riq u e cid a por la&#13;
a p a ric ió n d e la C A R T A D E A T E N A S . A tra v é s de su s h o jas se resp ira la im p o rtan te&#13;
fu n c ió n so cia l que r e a liz a la a rq u ite ctu ra fu n c io n a lis ta . El libro nos h a c e p en sar&#13;
se ria m e n te en el lu g a r p rep o nd eran te que debe o cu p ar el a rte de e d ific a r en toda p o lítica&#13;
q u e pretend e o cu p a rse por el bien de la h u m a n id a d . P e n sa r en la so lución de los m a le s&#13;
d e la h u m a n id a d sin p en sar en u na a rq u ite ctu ra fu n c io n a lis ta e s u n a a b stra c c ió n . Sea&#13;
este el m ejo r elo gio p a ra el libro y p a ra la ob ra d e L E C O R B U S IE R .&#13;
&#13;
J. P. Sortre&#13;
&#13;
L e C o rb u ssie r&#13;
&#13;
Dc c - D°m elo&#13;
&#13;
De M oholy-Nogy (1925)&#13;
&#13;
Bauhaus, 1919-1928&#13;
Ed itado por H . B a y e r, W . G ro p iu s e I. G ro p iu s, Boston&#13;
C irc u la n en Buenos A íre s unos ejem p lares de este lib ro , editado en Boston por H erb e r B a y e r,&#13;
W a lt e r G ro p iu s e Ise G ro p iu s.&#13;
&#13;
L a le ctu ra del m ism o nos pone en c o n ta cto con ese m o vim ien to e xtra o rd in a rio ta n d e­&#13;
c isiv o p a ra la s a rte s de la a c tu a lid a d .&#13;
El lib ro está d ivid ido en dos p a rte s que re fle ja n la s dos e ta p a s que a tra v e só el B a u h a u s,&#13;
en W e im a r y en D e ssa u , de 1 9 1 9 a 1 9 2 5 , y de 1 9 2 5 a 1 9 2 8 resp ectivam en te. F a lt a la&#13;
reseña y el m a te ria l fo to g rá fic o correspo nd iente al período 1 9 2 8 - 1 9 3 2 por razo nes que&#13;
se e x p lic a n en el m ism o vo lu m en .&#13;
L a ed ición c u e n ta con n um ero sas fo to g ra fía s m ostrando los productos y exp erim en to s&#13;
de la escu ela y de su s ta lle re s, y con a rtíc u lo s que e x p lic a n los m étodos y el a lc a n c e&#13;
de la e n se ñ a n za en el B a u h a u s.&#13;
L a in fo rm ació n es co m p le ta, pues a d em á s nos en teram o s del radio de sus a c tiv id a d e s,&#13;
de su o rg a n iza c ió n , de sus pro g ram as de en se ñ a n za y de su sig n ifica ció n dentro del arte&#13;
y de la in d u stria de nuestro tiem p o . To d o esto exp licad o en a rtíc u lo s breves y co nciso s,&#13;
pues la m ayo r p a rte del libro está co n stitu id a por el m a te ria l fo to g rá fico .&#13;
La m e n ta m o s que no e x is ta un tra b a jo s im ila r que dé a conocer a los países de h ab la&#13;
c a s te lla n a la labo r del B a u h a u s, ta n im p o rtante p a ra los estudiosos del arte contem po ráneo.&#13;
El B a u h a u s tuvo la v irtu d de re u n ir en u n a sola a c tiv id a d el tra b a jo del a rtis ta y del&#13;
a rte sa n o , de s in te tiz a r en un solo o bjeto la s fo rm a s e sté tica s y el producto de la fa b r i­&#13;
cació n en se rie , ta n to tiem po d iv o rc ia d a s y c u y a sín te sis es el encuentro de nuestro tie m ­&#13;
po con una de sus exp resio nes c u ltu ra le s m á s s ig n ific a tiv a s .&#13;
El B a u h a u s y su s ta lle re s de c a rp in te ría , e s c u ltu ra , p in tu ra m u ra l, o rfe b re ría , te x til y de&#13;
" v i t r a u x " , sus e n se ñ a n za s de a rq u ite c tu ra y el lu g a r señero que a ésta le corresponde&#13;
com o u n ifico d o ra de tod as e sta s a c tiv id a d e s están m uy bien re fle ja d a s a tra v é s de las&#13;
p á g in as del libro .&#13;
T a m b ié n vem o s re fle ja d a s, a tra v é s del lib ro , e n el B a u h a u s, la sín te sis de co rrien tes&#13;
filo só fic a s y c ie n tífic a s de nuestro tiem p o , ab so rb id as por los m étodos de exp erim en tació n&#13;
o por los id e ales de su e n se ñ a n za .&#13;
Pero sin q u ita rle n ad a d e su im p o rta n c ia observam o s que sus m étodos de e xp e rim e n ta ­&#13;
ció n en el co lo r y en la fo rm a e sta b a n basad os en tra b a jo s re a liza d o s por la escuela&#13;
de p sicolog ía e xp e rim e n ta l de F e c h n e r, m uy fru c tífe ra en el sig lo p asad o , pero in cap a z&#13;
de resu ltad o s p ro du ctivo s en el n uestro . Esto tra jo como co nsecuencia la deso rientació n&#13;
en el cam po de la p in tu ra . Sabem os que el B a u h a u s q u ería red e scu b rir la pared , pero el&#13;
m étodo p a ra h acerlo no está a la a ltu ra de las dem ás m a n ife sta c io n e s de la escu ela.&#13;
L a p in tu ra del B a u h a u s es la p in tu ra de sus m aestro s, de K a d in s k y , de F e in in g e r, de&#13;
M o b o ly N o g y , de J o s e f A lb e r s , de K le e , pero está desco nectada del fu n c io n a lism o de&#13;
los d em ás aspecto s de la in stitu ció n .&#13;
Q u iz á fa lta b a el concepto de lo que es fu n ció n en p in tu ra , re fle ja d o e n el hecho que&#13;
alg uno s e x tre m is ta s p red icab an " l a c a sa sin p in tu ra s " y ta m b ié n un m étodo de in v e sti­&#13;
g ació n que no co n sid erara los co lo res y las fo rm a s en a b stra cto , fu e ra del organism o que&#13;
les daba v id a .&#13;
Pero, repetim os, el B a u h a u s tuvo una im p o rtan cia fu n d a m e n ta l en la c u ltu ra de nuestro&#13;
tiem po y no se puede desconocerlo . Po r eso vo lvem o s a c la m a r por un lib ro que nos&#13;
su m in istre la in fo rm ació n que su m in istró el que com entam os a los países de h a b la in g le sa.&#13;
&#13;
ABRAHAM HABER&#13;
&#13;
CA R TA A&#13;
&#13;
GUILLERMO&#13;
&#13;
DE&#13;
&#13;
TORRE&#13;
&#13;
A usted nos d irig im o s, señor G u ille rm o d e T o rre .&#13;
&#13;
En a rtíc u lo s p u blicado s en " L a N a c ió n " del 31 de agosto y del 21 de setiem b re, usted&#13;
condena el realism o so c ia lista y a t a c a a la p in tu ra no -rep resen tativa. U sted a firm a que&#13;
la n o -fig u ra ció n ab so lu ta es una irre a lid a d e scrita en un len g u aje c ifra d o y casi in tra n s­&#13;
m isib le . U sted qu iere ig n o ra r que el p ercep tism o , a rte que e lim in a por com pleto la&#13;
rep rese n ta ció n , no es un le n g u a je ni tie n e c la v e . Es una p in tu ra que se v e con los&#13;
ojos y que h a elim in ad o la rep rese n ta ció n , precisam ente porque era una in te rm e d ia ria&#13;
entre los valo re s p lástico s y el espectad o r.&#13;
Lo s pintores fig u ra tiv o s encub ren los valo re s p lástico s bajo la a p a rie n c ia del m undo&#13;
n a t u r a l; el p ú b lico , desco ncertad o , ab ando n a la percepción de las c u a lid a d e s p ictó ricas&#13;
y se d e ja a r r a s t ra r por la s co sas que está aco stum b rad o a v e r en su m undo co tid ian o .&#13;
E nto nces, surge c ie rta cla se de c rítico s q u e, victo rio so s y d e sp reciativo s, e x p lic a n lo que&#13;
el p into r ha o cultad o . Se co m p lacen en d e sc ifra r la c rip to g ra fía .&#13;
Pero usted d esp recia ta m b ié n el realism o fo to g rá fico . Q uiere un a rte donde la realid ad&#13;
esté se m irre p resen tad a, d espedazada en los v a lo re s p lástico s que la en v u elven como&#13;
u n a a rg a m a s a . Lo s c rític o s susodichos se fro ta rá n las m anos porque así el pú blico se&#13;
desorienta tratan d o de re co n stru ir el objeto sem irrep resen tad o . In terven d rá n y aso m ­&#13;
b ra rá n con su dom inio de la c la v e . D irá n que " e s tá n e leva n d o el n iv e l c u ltu ra l de&#13;
la s m a s a s " .&#13;
Ese a rte que usted p red ica, señor G u ille rm o de T o rre , es el a rte de las dos p rim e ras&#13;
d é ca d as de nuestro sig lo . En ese tiem po defenderlo era se r v a n g u a rd ista s, pero a h o ra ,&#13;
h acerlo es a fe rra rse a l pasado.&#13;
Por otra p a rte , se ñ o r de T o rre , no h ace fa lta ed u car a las m a sa s p ara que gusten los&#13;
engendros que usted d e fie n d e. L a s m asas, a fo rtu n a d a m e n te , tie n en el esp íritu lim pio&#13;
y sa b rán a p re c ia r aq u ello que se le entrega a sus ojos sin la co nfusió n y la n eb lin a de la&#13;
rep rese n tació n o se m irre p resen tació n . Y si no lo h a ce n , es porque están h u n d id a s en&#13;
sig los de p in tu ra re p re se n ta tiv a . Lo que h ace fa lta es aco stu m b rarla s a no b u scar en la&#13;
p in tu ra n o -rep resen tativa aq uello que no está, y aco stu m b rarla s a no d e sp reciarlo porque&#13;
no tie n e a q u e llo que están h ab itu ad o s a v e r. Lo que hace fa lta no es una ed ucació n de&#13;
las m asas p a ra que penetren en " e l reducto de su b je tiv id a d p u rq " que es el a rte que&#13;
usted p re d ica , sino una sa cu d id a para desprenderse de la la rg a costum bre de la p in tu ra&#13;
re p re se n ta tiv a , que h a em pañado la p u reza de su s ojos.&#13;
P a ra te rm in a r, q u ería m o s a d v e rtirle alg o que usted sabe pero que qu iere ig n o rar.&#13;
N osotros somos p e rce p tista s, somos no -representativo s, pero no somos su b je tiv ista s ni&#13;
irre a lista s. Som os o b je tív ista s y re a liza d o re s.&#13;
A b ra h a m&#13;
&#13;
H ab er.&#13;
&#13;
�Escu ltu ra eg ip cia, IV d in astía (H egel pensó que el&#13;
sim bolism o egipcio tuvo un propósito no alcan zad o )&#13;
&#13;
NUESTRA&#13;
&#13;
ESTETICA&#13;
&#13;
Queremos destacar cu ales son los fundam entos im plícitos en nuestra teoría del perceptismo, porque&#13;
sentimos la necesidad de a c la ra r nuestra posición dentro del arte llam ado abstracto y delim itar las c a ­&#13;
racterísticas que nos d iferen cian de otros movimientos.&#13;
La perspectiva teórica del arte no figurativo se presenta confusa.&#13;
Hemos oído defender una pintura con argum entos com pletam ente opuestos y tam bién sabemos que de&#13;
una m ism a posición teórica resultan obras m arcadam ente distintas.&#13;
A lgo de lo que diremos ya es del dom inio público y ha sido decantado por largas investigaciones teó­&#13;
ricas, pero lo repetimos porque hay quienes pretenden ignorarlo y englobar todo el arte no figurativo&#13;
bajo un denom inador que no le corresponde.&#13;
Las form as del arte actual son un resultado de un proceso histórico, cuya ley de evolución está regida&#13;
por el desarrollo de sus factores intrínsecos y que se desenvuelve im pulsada o no por el intento conciente del a rtista . M uchas conquistas del arte nuevo han sido preparadas m ientras el pintor m anejaba sus&#13;
elementos para re a liz a r otros propósitos. Los futuristas llevaron hasta el extrem o los recursos para re­&#13;
presentar el m ovim iento, pero al disolver las form as de la n atu rale za bajo la oscilación que les daba&#13;
a p arien cia m óvil, se estaba dando un paso más h acia el arte abstracto. T rata n d o de conseguir la inten­&#13;
sidad de la luz n atural los impresionistas llegaron al uso del color puro y prepararon el advenim iento de&#13;
la pintura plana.&#13;
Existen declaraciones de Picasso que apoyan nuestra a firm a ció n : "C u an d o cream os el cubismo no tu ­&#13;
vim os la intención de crearlo, sino que tratam os solam ente de exp resar qué pasaba en nosotros m is­&#13;
m o s". La historia del arte abunda en estos ejem plos, que han sido posibles porque siem pre ha habidoen la pintura algún elem ento fu era de control. En una totalidad como es una p in tu ra, nada que la in­&#13;
tegre puede ser descuidado, ignorado o unido a cosas que le sea incom patible.&#13;
Piense el lector en una síntesis qu ím ica, resultado de los elementos que la componen, donde la intro­&#13;
misión de un cuerpo extraño puede dar c-rigen a un producto com pletam ente distinto.&#13;
El pintor del renacimiento debía preocuparse por la form a, el color, la estru ctu ra, la perspectiva, el&#13;
equilibrio de m asas y la representación. Se supone que todas debían e n ca ja r perfectam ente en una&#13;
unidad. H ablando de una obra de Durero, Wolfflin dice que es un caso típico de coincidencia entre et&#13;
asunto y fenómeno plástico. Nosotros nos preguntamos qué relación puede haber entre las form as de­&#13;
una estructura geom étrica, de la perspectiva y de la representación entre si y de todas ellas con el co­&#13;
lor. Si las hay no han sido investigadas y han quedado fuera de un conocim iento que pudiera p rever&#13;
sus efectos. Si bien existían procedim ientos para m anejar cada uno de estos factores no existía n inguna&#13;
que los sin te tiza ra en una unidad y por el mero hecho de su presencia conjunta en un plano entraban&#13;
en una relación creadora de efectos im previstos o inexplicables. Pero aquello que el autor no preve, el&#13;
espectador lo cap ta. El pintor se convertía entonces en espectador de su propia obra para hacer sobre&#13;
la obra ya reali zada el retoque que su sensibilidad le aconsejaba. Por un lado tenemos construcción&#13;
conciente y m etódica, por el otro un toque intuitivo guiado por factores psíquicos emotivos, mágicos&#13;
o prelógicos, destinado a llenar la grieta dejada por las relaciones incontroladas de los elementos&#13;
constructivos y creador a su vez de otro efecto. Entre casos variados, recordamos al lector la correc­&#13;
ción que el pintor hacía de la sección aurea.&#13;
Un pintor puede hacer luego de una larga experiencia una co dificación de sus intervenciones in tu iti­&#13;
vas, que sus discípulos a p licarán , que han de crear efectos previstos, pero que escapan a la base con­&#13;
ceptual de lo que quiere el pintor que sea su obra y de la que provienen los recursos constructivos. No&#13;
olvidemos que en esta base conceptual yace todo lo que una época es y lo que piensa de si m ism a.&#13;
Llegam os a la conclusión que la obra de arte no ha sido lo que quería la voluntad del a rtista.&#13;
A les motivos ya explicados debe agregarse el hecho que m uchas veces fa lta b a el conocim iento a fondo&#13;
de los elementos que se m anejan en la construccción. La n atu raleza del color ha perm anecido desco­&#13;
nocida durante largo tiempo de la historia de la p lástica.&#13;
&#13;
H en ri M atisse&#13;
&#13;
O dalisca&#13;
&#13;
Term in ad a la obra de arte caen sobre ella literatu ras y crítica s que pretenden exp licarla.&#13;
U na de las ideas más directas de lo que era el renacim iento se obtiene analizan d o la inclusión de ún­&#13;
tenla dentro de una estructura geom étrica, poligonal o c ircu la r, siguiendo secciones determ inadas por&#13;
el número de oro. Existe un tipo de crítica cie n tífica que investiga los recursos constructivos depen­&#13;
dientes de la voluntad del a rtista , que nos acerca a la época y a los procedimientos de la obra peroque no nos entrega la obra en sí porque ésta está envuelta en los efectos incontrolados de los elementos&#13;
cuya organización autónoma escapa a lo previsto. Sobre este hecho incide una crítica literaria que des­&#13;
conoce el resorte íntim o de su producción, como lo desconoció el a rtista , y que se detendrá en una&#13;
m era descripción envuelta en conceptos abstractos, con superabundancia de adjetivos y escasez de sus­&#13;
tantivos, destinada a com unicar reacciones subjetivas e individuales. Leemos en Oscar Wilde: "D e se a ­&#13;
mos saber qué hubiera contestado Leonardo si alguien le hubiera dicho de este cuadro (L a Gioconda)&#13;
que "todos los pensamientos y sabiduría del mundo dibujaron y dieron form a en él a todo lo que podía&#13;
" re fin a r y dar expresión; el anim alism o de G re cia , la sensualidad de Rom a, el ensueño de la Edad Me"d ia con su aspiración espiritual y am ores im aginativos, el retorno del mundo pagano, los pecados de&#13;
"lo s B o rg ias" (Wilde cita a un crítico muy co n o cid o ). Probablemente contestaría que no pensó en&#13;
ninguna de esas cosas sino que se lim itó sim plem ente a ciertas com binaciones de líneas y m asas y a&#13;
nuevas y curiosas arm onías de verde y a z u l" .&#13;
¿Cómo aprehender entonces una pintura? ¿qué es una pintura? Se hizo m ucha p in tu ra, se habla mu­&#13;
cho de p intura, pero no existe un concepto de lo que era la p intura. Con la com binación de colores y&#13;
form as se puede hacer m uchas cosas distintas.&#13;
A sí como la hemos descripto, la pintura registra una contradicción entre sus procedimientos y técn icas&#13;
por un lado y las relaciones de les productos de estas técnicas y procedimientos por otro. En efecto.&#13;
U na técn ica c ie n tífica , volu n taria y conciente producía relaciones fu era de control, en contradicción&#13;
con su origen.&#13;
&#13;
�ABRAHAM HABER&#13;
&#13;
Pero esta contradicción no ha existido siem pre en la historia de la p in tu ra. En cie rta s etap as, como a l­&#13;
gunos momentos de la Edad Media, hay acuerdo entre la técn ica y las relaciones de sus productos. Pero&#13;
en la Edad Media la pin tu ra era una cosa y otra en el Renacimiento. T am b ién ten ía otra técn ica cuyos&#13;
productos se relacionaban casi p erfectam ente en el medio creado por el tem a. H ab ía una técn ica para&#13;
una representación. En el Renacimiento se producen nuevas técn icas, pero se conserva la representa­&#13;
ción en cuyo seno debían relacionarse los productos de la técn ica de la Edad Media. H ab ía que adop­&#13;
ta r un nuevo sistem a de relaciones. Y este es un proceso que llega hasta nuestros días. El germen del&#13;
arte abstracto com ienza en el Renacimiento, etapa cu lm in an te de la representación. Y es en el seno del&#13;
arte abstracto donde com enzó a incubarse nuevas té cn icas y concepciones que dieron origen al per­&#13;
ceptismo, que no es pintura abstracta sino concreta.&#13;
¿Qué queremos los perceptistas? Querem os que una p in tu ra sea enteram ente controlable y dirigida&#13;
por la voluntad del pintor. Y esto no ha sido logrado por el arte abstracto, que en caja bien con las&#13;
técn icas del Renacimiento, pero que ha dado origen a co ntradicciones de otra índole liquidadas por el&#13;
perceptismo y su nueva técn ica.&#13;
T a m b ién la p in tu ra de Mondrian y de Malevitch ha cobrado un sig n ificad o independiente del que han&#13;
querido darle su s autores.&#13;
&#13;
Mondrian representa para nosotros ej deseo de e lim in a r de la pin tu ra todo lo que no sea co ntrolable.&#13;
De esta lim p ieza quedaron unicam e.nte los tres colores prim arios, los fondos grises, negros y blancos y&#13;
las lín eas rectas ve rtica le s y h orizon tales form ando ángulos rectos. A u n así no se pisaba terreno firm e&#13;
puesto que fa lta b a elim in ar la form a rectan g u lar de la tela que corta la vo ’untad del a rtista al ob lig ar­&#13;
lo a cu b rir toda esa su p erficie y que origina problem as que ya hemos discutido en otra oportunidad.&#13;
El perceptismo fué elim inando todas las co ntradiccio nes existentes en el seno del arte abstracto. Por&#13;
eso afirm am o s que es im posible que exista para el perceptismo una c rític a que separe la obra de la téc­&#13;
n ica y de la voluntad del auto r y se ponga a d ivag ar. Las divagaciones no tienen asidero en el percep­&#13;
tismo. El público ve y el crítico tendrá como asidero únicam ente la com prensión del proceso que ha&#13;
engendrado la obra de arte perceptista.&#13;
Hem os escuchado que " u n pintor es genial cuando p in ta, pero cuando habla de su obra dice estupide­&#13;
c e s " . De esta m anera el crític o queda libre para d ivag ar y crear por fu era del autor la p in tu ra que e n ­&#13;
treg a al público.&#13;
Eso era posible antes, pero no ohora cuando la obra de arte es lo que quiere el autor.&#13;
Por otra p arte, nada impide que! el perceptismo, siendo pintura no representativa, refleje su época que&#13;
tam bién quiere co ntro lar y d irig ir las relaciones de producción y am o ld arlas a las exig en cias de la té c ­&#13;
n ica de la época.&#13;
1&#13;
H ab rá observado tam bién el lector que nuestra teoría no es solam ente e x p lic a tiv a sino que, adem ás,&#13;
reform adora. Debido a eso la pintura p erceptista es un trab ajo m ancom unado del pintor y del teórico.&#13;
Y a no es posible que el pintor pinte y después caig an los teóricos con sus exp licacio n es e interp reta­&#13;
ciones.&#13;
Querem os agregar ahora una protesta contra las teo rías d esn atu ralizad o ras&#13;
siglo X X .&#13;
&#13;
del&#13;
&#13;
sentido&#13;
&#13;
del a rte del&#13;
&#13;
En su obra " L o im a g in a rio " Jean Paul Sarte a firm a que " L a obra de arte es un ir r e a l. . . El pintor pue­&#13;
de en efecto p a rtir de una im agen m ental que es como tal in co m u n icab le ". La p in tu ra será entonces&#13;
p ara este autor el objeto que hace el pintor para que su im agen pueda posarse en la realidad y ser co­&#13;
m u n ic a d a ". El cuadro debe ser concebido como una cosa m aterial que es visita d a de vez en cuando&#13;
(cad a vez que el espectador adopta la actitu d im ag in an te) por un irreal que es p recisam ente el ob­&#13;
jeto p in ta d o ". T a m b ién el arte abstracto es para Sartre una im agen producida en la co ncien cia del&#13;
pintor y sugerida en la tela por les recursos plásticos.&#13;
L a historia de la pintura del siglo X X nos está d ic ie id o lo co ntrario. No son los efectos plásticos los que&#13;
sirven a un tem a sino que se han escogido aquellos tem as que concordaran m ejor con los efectos p lá s­&#13;
ticos. Los impresionistas p re fe riría n el aire libre para m a n ife sta r sus juegos de lu z. Los fauvistas pre­&#13;
fe riría n em papelados y cortinados para soportar sus co ntrastes violentos de color. Y a los recursos p lá s­&#13;
ticos del perceptismo no pueden ser encarnados en alguna representación porque existe inco m p atib ili­&#13;
dad entre am bos facto res. Y con esto tam bién contestam os a aquellos que a firm a n que el a rte no&#13;
figurativo es una especie de eje rcicio o de estudio para abo rdar después el a rte representativo con&#13;
m ás im plem entos técnicos.&#13;
&#13;
S ev erin i&#13;
&#13;
A p o lo g ía del paso de Dos&#13;
Raúl&#13;
&#13;
Lo zza&#13;
&#13;
P in tu ra 2 7 8&#13;
(P ercep tism o 1 9 5 0 )&#13;
&#13;
�NUESTRA POSICION CRITICA Y TEORICA&#13;
la finalidad&#13;
histórica&#13;
&#13;
la linea&#13;
y la forma&#13;
&#13;
conocimiento&#13;
y re-presentación&#13;
&#13;
El PERCEPTISMO actúa en el frente del arte abstracto; su misión allí es la de llevar hasta sus úl­&#13;
timas consecuencias la no-representación. Nuestra experiencia estética supera las lagunas expresivas&#13;
e idealistas de las apariencias espaciales del arte abstracto, y transforma su práctica "no-objetiva" ha­&#13;
cia una finalidad objetiva.&#13;
Históricamente, el afianzamiento social de la burguesía tuvo su manifestación artística constructiva en&#13;
el renacimiento, afirmando su contenido humanista con fundamentales referencias al naturalismo&#13;
clásico greco-romano. No olvidemos que en esos períodos sociales, no ha sido el hombre en abstracto&#13;
y universal, sino una clase, la que ha dado origen a esas manifestaciones de superestructura cultural&#13;
y espiritual, y que si el arte, como la ciencia, ha legado a la humanidad sus conquistas históricas y&#13;
perdurables, éstas no son otras que ciertas perticuiaridades inventivas de los contenidos y las técnicas.&#13;
Comprobamos así que el "retornismo", o retorno a las formas clásicas del pasado, carecen de ese po­&#13;
der creador, y que ellas han sido actualizadas en la historia cada vez con más superficialidad y falta&#13;
de vitalidad, siempre que la burguesía experimentó un nuevo soplo de vida (neo-clasicismo en el si­&#13;
glo X V III y naturalismo en algunos países en elsiglo X IX ) . El naturalismo representativo fué nor­&#13;
ma de arte exclusivo de la burguesía en sus períodos de prosperidad, y el expresionismo subjetivo las&#13;
formas plásticas de su decadencia. Las Winckelman •, Walter Pater o Lessing, retroceden en la historia&#13;
del arte no para extraer su esencia, sino para trasplantar mecánicamente sus formas ideales. Los teó­&#13;
ricos del expresionismo, por su parte, exaltan el contenido erróneamente social de ciertas deformacio­&#13;
nes subjetivas e individualistas de los objetos.&#13;
¡&#13;
Cualquiera sea el carácter y los "contenidos" del arte tradicional y expresivo, su proceso creador sig­&#13;
nifica una adaptación intuitiva del objeto de la naturaleza a una idea. En oposición a esto, las formas&#13;
concretas del PERCEPTISMO son un todo verdadero, real y objetivo. Mientras la representación es&#13;
un producto de la IN TU IC IO N , lo objetivo no-representativo de nuestra obra es una EXPERIEN CIA&#13;
estética. Así, la intuición y la imaginación es retrospectiva, no histórica, y su expresión más avan­&#13;
zada es una deformación de lo conocido; mientras las formas del PERCEPTISMO son históricas y no&#13;
retrospectivas, y su razón de ser obedece a una práctica creadora e inventiva y su resultado final&#13;
es el conocimiento de un hecho nuevo.&#13;
Para el PERCEPTISMO, las mismas necesidades históricas que impulsan el desarrollo de la sociedad&#13;
transforman el arte. Por eso nuestra doctrina niega la posibilidad de extraer de la historia una mues­&#13;
tra ejemplar de arte racional y objetivo. Ella se basa en una esencia medular renovadora y orien­&#13;
tada hacia un mayor acercamiento a la realidad objetiva. A lo absoluto y perdurable de las for­&#13;
mas y las técnicas artísticas, anteponemos lo relativo por imperio de la dinámica social y colectiva del&#13;
hombre. Por eso, las actitudes adoptadas por el hombre frente a los problemas sociales, los actos de&#13;
su conciencia, fueron los mismos que hemos adoptado nosotros en el campo de las experiencias es­&#13;
téticas.&#13;
&#13;
Decimos, y mis obras lo justifican en la práctica, que la línea no es, propiamente dicho, un elemento&#13;
plástico. Ella es sólo un medio; sugiere, pero no muestra. Como la geometría y la matemática, en lo&#13;
que a la pintura se refiere, la línea no constituye realidad objetiva ni es cualidad de relaciones y&#13;
unidad no-representativas, pues, aquello que por medio de la línea se invente o se estructure, ha de&#13;
contribuir precisamente a la anulación de la línea como tal, ya que la supervivencia de la misma a&#13;
travez del proceso creador hacia el resultado final se referirá más a la psicología que a la visión con­&#13;
creta, afirmará más un ilusíonismo idealista que una objetividad material. La línea actúa dentro de los&#13;
límites de las apariencias.&#13;
Es significativo el hecho que Worringer haya dicho que la línea es "sentida como algo sustantivo&#13;
independiente de nosotros", como algo que "tiene una expresión propia". Nosotros sostenemos que la&#13;
línea, por simple y abstracta, inadaptable como tal, no se integra jamás al medio; determina formas&#13;
sin dejar de ser línea; crea dualismos apenas se la proyecte en el plano del lienzo o del muro. A través&#13;
de la línea, "el ojo sigue la senda preparada por él para la creación", sostuvo Paul Klee; ¿y qué es&#13;
eso que queda fuera de ese concepto funcional y expresivo de la línea?, aquella que la pintura tiene&#13;
de real objetivo, ya que la línea propiamente dicha,si predomina erróneamente como elemento visual&#13;
plástico, siempre re-presenta y expresa.&#13;
Los pintores ya estaban en lo cierto, intuían una verdad, cuando dijeron que "no existe la línea ni el&#13;
modelado; no hay más que contrastes", y la crítica en boca de Baudelaire, cuando dejó sentado que&#13;
"las líneas no son nunca, como en el arco iris, más que la fusión íntima de dos colores". No obs­&#13;
tante, en las obras de Mondrian aún se evidencia fundamentalmente la línea como un elemento plás­&#13;
tico y expresivo. Los trabajos de Vantongerloo dentro de lo más racional, y los de Paul Klee como for­&#13;
mas intuitivas, expresan bien todo lo que puede lograrse en el mundo de las re-presentaciones y las&#13;
apariencias artísticas mediante lo lineal. Para señalar el valor puramente abstracto de la línea, recor­&#13;
demos que para la física ésta no es más que la proyección de un rayo de luz a travez de un medio&#13;
ISOTROPO homogéneo y sin fuerza gravitatoria. En pintura es sólo un medio; cuando pretende per­&#13;
durar como finalidad elemental, siempre determina expresión o apariencias.&#13;
&#13;
El único proceso de conocimiento objetivo en que se basa la doctrina del PERCEPTISM O es el que&#13;
emana de una relación equilibrada entre objeto exterior y su reflejo en el cerebro del hombre. Pero&#13;
los que han considerado al arte re-presentativo y expresivo como un medio de conocimiento del mun­&#13;
do material y real han hecho extensivo hasta nuestros días un error inicial, como lo es el de consi­&#13;
derar la traducción puramente visual de las interpretaciones artísticas con iguales propiedades que&#13;
las imágenes reflejas de las cosas en nuestro cerebro. Del idealismo de Fiedler a la teoría de la vi­&#13;
sualidad pura de Roger Fry, existe toda una trayectoria de subestimaciones de la objetividad en la&#13;
consideración de las imágenes cognoscitivas del mundo que nos rodea. La percepción visual directa&#13;
como conocimiento del mundo, planteado por los teóricos de la pintura, mediante la "purificación" de&#13;
sus elementos propios, es un formalismo naturalista y metafísico. Para el PERCEPTISMO, toda forma&#13;
que re-presente o exprese algo deja de ser una imagen de conocimiento objetivo; porque toda forma&#13;
expresiva o anecdótica es en cierta medida un símbolo y no una imagen, debido a su aislacionismo&#13;
espacial; son formas semejantes pero irreales. Con el propósito de hacer comprensible mediante la&#13;
sola percepción visual toda la universal trascendencia de las cosas, el pintor intuye esas formas en&#13;
un mundo de espacios y tiempos aparentes.&#13;
&#13;
�RAUL LO ZZA&#13;
&#13;
Para elaborar una doctrina de los procesos de creación artística, los psicólogos y los filósofos han de­&#13;
bido recurrir a un fenómeno antitético al de la dinámica del conocimiento objetivo. El artista, crean­&#13;
do, sería como el demente, cuyo "complejo psíquico" o anímico actuaría sobre las cosas y las su­&#13;
cesos del mundo exterior, deformándolos y proyectándolos como un producto de su vida interior. Esas&#13;
afirmaciones son aceptables, sin embargo, para la pintura re-presentativa o expresiva, pues ellas están&#13;
elaboradas en base a los hechos evidentes e indiscutibles de su proceso substractivo; el error consiste&#13;
en pretender aplicar este sistema psíquico al arte no-representativo y a la dinámica de nuestro cono­&#13;
cimiento del mundo objetivo.&#13;
Ningún sistema filosófico podrá justificar y explicar el proceso que da lugar a la re-presentación en la&#13;
obra de arte sin recurrir al idealismo de los fenómenos dudosos, o a referencias de la vida anímica&#13;
y de los "complejos psicológicos" deformantes. Esta pintura tradicional es hoy el punto neurálgico&#13;
donde hace crisis el dualismo insólito de conocimiento objetivo y "conocimiento subjetivo". El sello&#13;
característico de tales formas artísticas, logradas a través de procesos deformantes o fruto de viven­&#13;
cias antropomorfas, es la substracción de toda dinámica cognoscitiva.&#13;
Para rechazar tales misticismos, no hemos pretendido elaborar con el PERCEPTISMO una nueva filoso­&#13;
fía, sino hacer extensivo a la experiencia estética el método dialéctico que niega, como un hecho de&#13;
carácter anormal, la insidencia de los "complejos psíquicos" individuales sobre el objeto de nuestra&#13;
percepción. Para lograr esa finalidad, no nos hemos limitado a justificar con una nueva doctrina es­&#13;
tética las desviaciones del pasado. Hemos transformado la misma práctica creadora.&#13;
&#13;
La ciencia confirma, cada día, la dialéctica de la naturaleza, especialmente con la comprobación de&#13;
la existencia de relaciones allí donde, durante mucho tiempo, el hombre creyó hallar solamente dua­&#13;
lismos y fuerzas irreconciliables. En este aspecto, el resultado más sobresaliente de la física ha sido&#13;
la teoría electromagnética de Maxwel con la fusión de los fenómenos luz y óptica, y recientemente,&#13;
la conciliación de las teorías ondulatoria y cospuscular de la luz. En lo que se refiere a las artes ¿en&#13;
qué medida los investigadores y los cientificistas han comprobado las contradicciones y los dualismos&#13;
y han llevado a feliz término los propósitos de síntesis?&#13;
La unidad de las artes visuales parece ser lo que demanda mayor esfuerzo y atención a los pintores,&#13;
arquitectos y escultores de vanguardia. Pero, en esta unidad de las diversas artes no está la solución&#13;
del problema, sino que ella sería su resultado lógico. La unidad funcional de cada una de ellas trae­&#13;
rá como consecuencia la unidad entre sí. Nunca podría lograrse una relación profunda y orgánica en­&#13;
tre ellas, sino una relación epidérmica de estilos, mientras cada arte visual mantenga su mundo es­&#13;
pacial y temporal propio. Esto ocurre, por ejem., entre la pintura y la arquitectura, aún en sus mani­&#13;
festaciones actuales más avanzadas ¿qué logramos en materia de síntesis de las artes visuales si so­&#13;
lamente es el diseño formal el que las relacione superficialmente entre sí, mientras en la práctica sus&#13;
espacios se destruyen mutuamente?&#13;
Considerando que la pintura, arte espacial bidimensional, no puede ser considerada al margen de la&#13;
realidad del muro arquitectónico, el PERCEPTISMO ha aportado su conquista más efectiva, al lograr&#13;
una conexión esencial entre espacios arquitectónico y pictórico, confirmando con este hecho prác­&#13;
tico y fundamental toda nuestra doctrina sobre la realidad objetiva del arte no-representativo. Para&#13;
condicionar el plano plástico en el medio arquitectónico y evitar toda ilusión espacial, el color ha&#13;
debido abandonar su "independencia" subjetiva y anímica, pasando a ser parte activa en la estructu­&#13;
ra de la forma plana. Es asi como color y forma, hasta ahora elementos para las más diversas emocio­&#13;
nes o expresiones en el seno de la obra artística, se sintetizan por primera vez en la historia de la&#13;
pintura, para un único fin objetivo y funcional.&#13;
En el dominio de la naturaleza del color, fué preciso comprobar lo inadecuado de todas las teorías&#13;
clásicas de los valores y relaciones, y superar también los viejos sistemas de medición. La conquista&#13;
del color concreto ha sido siempre dificultada por el afán de aplicar un sistema absoluto y abstracto&#13;
a las determinaciones cromáticas. Nada hay más inexacto y metafísico que pretender fijar una rea­&#13;
lidad objetiva con métodos parciales, subestimando con el absolutismo la importancia de lo que des­&#13;
de hace tanto tiempo es lugar común: que el comportamiento de un color de acuerdo a la visión de­&#13;
pende del medio, del campo y de su cualidad extensiva. Esta consideración relativa no niega la ob­&#13;
jetividad de un color, sino que la confirma y es además el instrumento que nos ha permitido determinar&#13;
su realidad concreta.&#13;
Si bien ha sido fácil superar históricamente todo el contenido anímico y simbólico del color, no lo ha&#13;
sido librarlo de ese pretendido carácter científico, imbuido igualmente de contenidos representativos y&#13;
expresivos. Tanto la vieja teoría abstracta de los "valores" complementarios como las "escalos ópticas"&#13;
de la perspectiva cromática, han sido los últimos valuartes representativos del color. Esta última ha&#13;
substituido a la profundidad descriptiva del arte naturalista, y ha sido utilizada por Cézanne en su&#13;
técnica del plano (luego propuesta por Polak como materia de enseñanza en las academias de arte).&#13;
Todas las teorías científicas del color son completamente abstractas, y sirven a los fines expresivos&#13;
y representativos cuando los utiliza el pintor. El PERCEPTISMO ha considerado como inadecuado todo&#13;
sistema que pretende determinar aisladamente una objetividad del color. Dos colores abstractos ca­&#13;
recen de relaciones estructurales, y sólo la forma condiciona su unidad en el plano funcional, o lo que&#13;
es lo mismo, en su medio circundante o campo. Desde el punto de vista de las sensaciones coloridas&#13;
no hay colores equivalentes; dos colores pueden tener el mismo grado de luminosidad, pero para la&#13;
percepción del plano jamás serán equivalentes. Sólo hay formas coloreadas planas equivalentes, y no&#13;
colores abstractos equivalentes.&#13;
j&#13;
&#13;
El concepto espacial de la pintura ha variado sensiblemente en todas las épocas, con un mayor o me­&#13;
nor grado de apariencia, pero partiendo siempre desde una realidad: la objetividad táctil del muro. La&#13;
diferencia de nuestra pintura con las prácticas artísticas del pasado lejano e inmediato, su aporte más&#13;
valioso en el desarrollo técnico y conceptual del arte, es la afirmación realista del espacio, la conexión&#13;
lograda a través del proceso creador entre categorías espaciales estéticas y físicas. Por eso hemos&#13;
dicho que nuestras formas artísticas no crean espacios subjetivos, sino que condicionan espacios reales.&#13;
Las ''realidades" táctiles y las "realidades" visuales han actuado en el arte como fuerzas contradicto­&#13;
rias porque jamás estas últimas han servido paro afirmar las primeras, sino para destruirlas. Nosotros&#13;
sostenemos que no puede haber un concepto objetivo del espacio sin una estrecha relación entre lo&#13;
&#13;
el color y&#13;
el plano&#13;
&#13;
espacio y&#13;
tiempo&#13;
&#13;
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Donación Raúl Lozza</text>
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Número especial aniversario</text>
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Haber, Abraham</text>
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                    <text>TEORICO

Y

POLEMICO

Buenos Aires, Julio-Agosto de 1952
Dirección y red a c c ió n : C angallo 1219
T. E. 35-8278 — % 1.50 el ejem .
1
V . D. Lozxa
( Perceptismo )
P in tu ra 39, año 1952
2
Delacroix
Caballo espantado
(V er artícu lo
en p ág in as 2 y 3)
3
Raúl Lozza
Pintara N 204
(V e r artícu lo
en p ág in as 4 y 5)
4
Baumeister
Cósmico
(V er a rtícu lo
en p ág in as 6 y 7)

Los pseudo-estetas que atacan nuestro a rte tild á n d o lo de re a ccionario o lvid a n cubrirse la
re ta g u a rd ia y de e x p lic a r c ie n tífic a m e n te porqué en el a rte representativo tie n e cabida la
posición reaccionaria tanto com o la progresista. D irá n que eso depende del tem a esco.
gido. Abogarem os entonces por nuestro a rte , d icie n d o que no tie n e tem a. Pués, entonces,
nos responderán que no te n e r tema es apoyar a las ideas reaccionarias.
H ay o tra va ria n te . Podrán decir que la " d e fo rm a c ió n " p ic tó ric a de las form as de la re a li­
dad indica la decadencia de la p in tu ra . Sucede, sin em bargo, que en el perceptismo no
hay d e fo rm a ció n puesto que, com o fo rm a inventada, no parte de n in g ú n o rig in a l para
d e fo rm ar.
Es necesario decir que d e ntro de la p in tu ra llam ada abstracto ta m b ié n hay posiciones pro­
gresistas y reaccionarias y que en el tra nscurso de su vida, re la tiva m e n te co rta , se han
repetido casi todas las variaciones que la p in tu ra representativa ha s u frid o en sus siglos de
vida, adem ás de las que corresponden a la índole p ropia del arte no-representativo.
Es necesario volver a re p e tir que la co n dición reaccionaria o progresista del tema es una
cuestión que debe ser resuelta por la h isto ria de la h u m a n id a d y que el progreso y la re­
acción de una p in tu ra está señalado por la h is to ria del arte. R eaccionar es volver para
atrás, y de n in g u n a m anera el a rtis ta no-figurativo caerá en una reacción retrocedente si
p ra c tic a un a rte que no tie n e s im ila r en la h isto ria .
Reacciona el que vuelve a la representación.
Y la representación es reaccionaria por su v u e lta al ayer y por su escamoteo de los valores
estét eos fre n te a las masas. El a rte representativo se esconde en una d u a lid a d d e sorie n ta ­
dora; el tema (no decimos contenido, concepto co m p le ta m e n te d is tin to ) y los valores plás­
ticos.
Si bien el pueblo reconoce su m undo h a b itu a l en el tema que se le ofrece, c o n tin u a rá ign o ­
rando en qué consiste su arte, que solo llegará a la a risto cra cia del saber c o n stitu id a por
los entendidos. Yeso es un pecado com ún que engloba en un a b razo fra te rn a l al realismo
c ritic o o social y al llam ado a rte burgués, que se d ife re n c ia n ú n ica m e n te en lo extra e sté ­
tico.
El perceptismo, e lim in a n d o el tema, ofrece lim p ia m e n te los valores plásticos reclam ando
la a tención del espectador p ro fa n o que antes se perdía en la anécdota representativa. Este
c¡te nuevo es el a rte al desnudo, sin trabas y sin m isticism os, m ostrando su verdad m ate­
rial a los ojos del mundo.
Tc-da la preocupación por el progreso de los pseudos-estetcs incide sobre el tema. Sin e m ­
bargo, no hay todavía un co n ocim ien to to ta l de los hilos conductores del a rte que p e rm ita
decir, si hay co m p at b ilid a d entre los medios expresivos del arte representativo y las ¡deas
progresistas que se quieren dar a conocer. La p in tu ra representativa sólo puede mostrar y
no a rg u m e n ta r y e xp lica r. Y el tema que se m uestra, espacialm ente, sin d e senvolvim ien­
to te m p o ral, puede ser in te rp re ta d o según el p a la d a r de cada uno. A firm a m o s que una de
estas p in tu ra s puede ser in clu id a ta n to en una in te rp re ta rá n reaccionaria como en una
progresista. Si bien hay lite ra tu ra s que sí, pueden ser incluidas y juzgadas p o lítica m e n te y
ética m en te , la p in tu ra es n e utra y no hay un solo caso en la h isto ria de la p in tu ra que
se ofre zca a d ich o ju icio . Temas hubo m uchos v muchos fu e ro n repetidos por un gran n ú ­
m ero de pintores, pero sólo pueden ser juzgados por las form as estéticas con que han sido
revestidos, que son las únicas que nos pueden d e cir si una p in tu ra es reaccionaria o no.
A ú n más. El progreso social de una época no se re fle ja en la p in tu ra a través de un tem a,
sino que se expresa a través de nuevas técnicas. Santos y santas se p in ta b a n ta n to en la
Edad M edia como en el Renacimiento, pero el gran im pulso hum ano y c ie n tífic o del Rena­
cimiento se re fle ja en la p in tu ra a través de la conquista c ie n tífic a de una técnica ra cio ­
n a liz a d a opuesta a los símbolos y convenciones de la Edad M edia. La poderosa renovación
que a nuestra época tra jo la consideración dialéctica de la realidad y de la m ateria sólo
puede re fle ja rse en técnicas y p ro ced im ie n to s que, al inco rp o rar dicho concepto a la con­
sideración m a te ria l de la p in tu ra , tenía fo rzo sa m en te que re p e rcu tir en la e lim in a ció n del
fa c to r enajenante y paralizador del avance de los medios pictóricos, es decir, la reprc sentación.

�1
Raúl Lozza
Pintura N v 296
( E s tr u c tu r a de su
proceso de tra n sfo rm ac ió n
dinámica realizad a
como experiencia
de m ovim iento real
en la p in tu ra bidim ensional)

V. D.
L O Z Z A

ESPACIO Y TIEMPO
"El espacio y el tiempo son propiedades
inherentes de la realidad objetiva"

2

Albers
D irecciones equívocas
ten d ien tes a c re a r
confusión visual.
3

Boccioni
Materia
(M ultiplicidad de
sensaciones p a ra lo g ra r
u n a apariencia dinám ica)

La percepción del espacio y el tiempo ha s u frid o en las experiencias a rtístico -e sté tica s una co n tinu a
tra n s m u ta c ió n . Lo que se presenta visible, ta n g ib le , d e lim ita d o como realidad plástica plana, suscep­
tib le de ser captada com o o b je to y no como im agen de un objeto, una d u p lica ció n o una alusión
sim b ó lica , fué subordinado y transpuesto a un arden ideal. El espacio p lá stico de la p in tu ra repre­
sentativa es un e q uiva le n te de la re a lid ad , y los elementes materiales que co n stitu ye n su esencia se
tru e ca n en signos, sin correspondencia d ire cta con la dim ensión hum ana objetiva. Es la expresión de
una s itu a ció n hum ana en el m undo. Fiedler dice
q u e ela rte com ienza donde te rm in a la percepción,
pues para los idealistas, la realidad m aterial no c u e n ta sino en la m edida en que esta pueda servirle
para fin e s trascendentes y expresivos.
Los elementos espaciales, al ser despojados de su naturaleza objetiva, sufren una tra n sfo rm a ció n p a ­
ra convertirse en fu e n te de emociones e xtra p lá stica s. El vuelco de la realidad concreta a una reali­
dad abstracta, aparente, crea una e stru ctu ra de tip o a fe c tiv a o in te le ctivo . Ya sostuvo Dewey que "e l
goce del espacio no nace de la percepción del m ism o, sino de lo que nos re cu e rd a ". Las categorías
espacio-tiempo reales d e ntro de esta e n vo ltu ra ide a l provocan un c o n flic to perm anente que se h ac^
cada vez más ostensible en la h is to ria de la p in tu ra . El espacio - tiempo s'rvió para lo c a liz a r en la
p in tu ra objetos e im ágenes d e ntro de un área e stip u la d a como m arco continente; y dentro de esa
re a lid ad bid im e nsio n al se representaron toda clase de temas, los más heterogéneos, m ediante una tr a ­
ma forma-color. El p in to r se ha e n fre n ta d o con u n dilem a al cual no podrá substraerse, si p a rte d |
un concepto de e stru ctu ra representativo. El
p in to r representativo parte de un espac ¡o plano,
m u ro o tela, y un espacio real y concreto: el del
m u n d o trid im e n sio n a l. El p in to r se siente entre estas
dos realidades com o una especie de médium, es un in te rm e d ia rio entre la m ateria y la vida: tiene que
plasm ar un organism o p lástico, pero con los a trib u to s que le presta el e sp íritu .
La creación queda
som etida al im pe rio de una a c tiv id a d subjetiva, negando los elementos objetivos de la visión e inven­
ción p lástica. A l tra z a r una línea, o c o n s tru ir una forma d e ntro de esa zona re cta n g u la r, está recu­
rrien d o a un p ro ce d im ie n to ilu sio nista .
El re su ltad o de este juego artificioso redundará en la subs­
titución de un objeto por su imagen o el símbolo de una imagen. "T o d a obra de arte es un c o n tra ­
p u n to entre una e stru ctu ra m ental y una e stru ctu ra técnica, una s u p e r-e s tru c tu ra ", dice Loló.
Paro el perceptismo no existen super-estructuras porque el fa c to r ideal en la p in tu ra está e lim in a d o ;
solo existe una e stru ctu ra que otorga una relación objetiva, y esta e stru ctu ra , de ca rá cte r sincrónico,
une los elem entos espaciales forma-color con el m ecanism o perceptivo, sin salirse del nexo hombremundo real. Para el perceptismo el espacio y el tiem po son propiedades de la realidad objetiva. Los
que indagaron si los sentidos podían d e te rm in a r un arte, tom aron, para e xp lica r la p in tu ra , el ojo como
un m edio, sin interesarle qué es lo que este o jo p o d ía ver.
El perceptismo, si bien es consecuente con ese realism o de los elem entos visuales, entiende, sin em-'
bargo, que no es la pura sensación lo que c o n fig u ra el o b jeto estético. Respeta el m ecanism o visual
con el fin de a ju s ta r v c o n tra rre sta r los c o n flic to ^ que se generan entre los elementos plásticos y la
visión. En la percepción están involucrados en ín tim a u nidad los procesos inte le ctivo s y em ocionales
que es la fa c u lta d p rim o rd ia l de toda creación e inve n ción con los elementos materiales. El m anejo y
el co n ocim ien to de estos medios nos conducen un m ayor d o m in io y lib e rta d de nuestra capacidad
creadora.
El espacio y el tiempo, desem barazado de los contenidos expresivos, devienen un dato fu n d a m e n ta l
para el co n ocim ien to de la realidad plástica. Pero en toda la h isto ria de la p in tu ra que nos ha prece­
dido, el espacio y el tiempo son contenidos de una experiencia y no experienc as inherentes al espacio
y al tiempo real de la p lástica. Solo la ciencia y el hom bre en su acción y en su reacción fre n te al
m undo e x te rio r pueden conocer el espacio objetivo
La p in tu ra sólo ha re fle ja d o estas categorías co­
mo sím bolos ideales; así, podemos re ferirnos, según los períodos históricos, c espacios caracterizados
por una concepción del m undo.
Se pueden d e n o m in a r espacio arcáico, pagano, teológico, místico;
espacio moderno, espacio puro. Todos estos tipos de espacios llevan im p lícito s en su seno los ele­
mentos materiales que el p in to r fué sojuzgando y que co n stituyen su p ro ble m ática .
Pero en este
ca rá c te r c o n tra d ic to rio ' la realidad plástica pugnó por m a n :festársele al p in to r a m edida que éste se
fué a le ja nd o de la representación y aproxim ándose a la verdad esencial.
A ctu a lm e n te , esta verdad
plástica está agud iza da , y entró en una crisis d e fin itiv a , rec biendo d istin ta s soluciones; pero el
espacio y el tiempo, como representación, quedó in a lte ra b le . A ú n juega en la p in tu ra no-figurativa
com o elem ento subordinado, puesto que el d u alism o entre e stru ctu ra y forma-color está en pie, no
ha sido consubstanciado como proceso unívoco, to ta lita rio , objetivo. Esta a lte rn a tiv a , esta lucha fre n te
a una resistencia a vaces prevista pero invencible, que co n stitu ye una tensión d ra m á tica , d ib u ja una
v a ria c 'ó n to p o g rá fica en los tipos de representación espacial, con la que m uchas in te n ta n fu n d a r una
d ia lé c tic a constante del proceso creador.
Esto encuentra su ú ltim a síntesis en la p in tu ra perceptista.
Siempre tenem os que a trib u ir al fa c to r representativo el hecho que la p in tu ra no haya podido a brogar
las leyes extrañas a su esencia estética. Se han establecido paralelos en la m anera de se n tir el m u n ­
do, entre la ciencia, la filo s o fía y el a rte ; pero, m ien tra s la ciencia trabaja para dominarlo, la estética
y el a rte son simples subsidiarios de este esfuerzo cognoscitivo. El hom bre ha necesitado e( ° r te como

�un m edio a u x ilia r en su lucha por la vida. Esta es la fu n c ió n que cum ple en las cu ltu ra s p rim itiv a s ;
hoy creemos que esas funciones se cum plen e fic a z m e n te con otros medios más adecuados a nuestra
época c ie n tífic a y técnica. El espacio, para el p rim itiv o , no tiene una fu n ció n p lá stica ; es un sim ple
m edio físico exento de s ig n ific a d o sim bólico. El espacio está co n centrado en los objetos pintados, y
estos elem entos carecen de coherencia y orden; están som etidos a la "fa n ta s ía sin lím ite s " de la m e n ­
ta lid a d p rim itiv a . Del espacio c u a n tita tiv o al espacio cualitativo del p in to r ya en pleno desarrollo de
la c iv iliz a c ió n existe un lapso que no se ha podido llenar. Pero la o rg a n iza ció n del espacio histó rico
ya se presenta com o un nexo entre fondo y forma con todos los re q uerim ientos de una té cn ica co m ­
pleja.
En las experiencias egipcias el espacio aparece com o representación en sus dos direcciones fu n d a ­
m entales, y la im agen se superpone en disposición fro n ta l para sugerir la d istancia. En esta p in tu ra
la fa n ta sía se restringe por la exigencia que le im pone la o rg a n iza ció n de un espacio lim ita d o , p ro ­
du cto de una p rá c tic a racional del arte. Cuando los griegos aparecen, com ienza a desarrollarse la concepc'ón m im é tic a del objeto, y |a ó p tica de la p ro fu n d 'd a d será su resultado in e vita b le . La Edad M e ­
dia sentirá un espacio que será un espejo del espacio d ivin o , quintaesenciado, a d q u irie n d o éste una
categoría sim bólica. A l negar esta p in tu ra la p e rcep ció n o b je tiva aparente, obedeció a una cons­
tru cció n b id im e nsio n al. M erece considerarse este fenóm eno com o p e c u lia r de una ciencia de lo d i­
vino, aunque no podrem os d e du cir de este hecho una b id im e n s ic n a lid a d com o prepósito o verdad
p lá stica . Lo que nosotros querem os señalar es que existe una realidad bidimensional que se m a n i­
fie sta a pesar de la in d ife re n c ia del p in to r hacia e lla com o o b je tiv o a rtístico . Hoy, la b id im e n s io n a lidad, se considera com o una finalidad plástica esencial en la p in tu ra no-figurativa. En el Giotto, com o
en m uchos otros pintores pre-renacentistas, se vuelve a recuperar la visión del escenario hum ano, y el
espacio se im pregna de un s e n tim ie n to v ita l. Los ritm os plásticos adquieren m ayor lib e rta d expresiva,
pero com o la p in tu ra se somete al rig o r te c tó n ic o de la a rq u ite c tu ra , busca un e q u ilib rio entre lo inter­
no y lo externo. Dice Ritenlen que en el Giotto " la representación de la acción conduce a fo rm a r el
e spacio". En el R e n a cim ie n to se siste m a tiza el espacio ó p tico trid im e n s io n a l con una ciencia y un vig o r
inusitados La a p a rie n cia se convierte en un a .x io m a y se confecciona un código para g a ra n tiz a rla .
Escribe Vinci en su tra ta d o "q u e la p in tu ra tie n e u n lado plano, la p in tu ra esi in ta n g ib le ; hasta lo que
parece redondo y p ro m in e nte no se puede retener en las m a n os".
Los "re a lis ta s " actuales señalan
com o m odelo estas norm as idealistas; consideran que ese es el m o m en to á lg id o de la p in tu ra como
posición de los medios para c o n s tru ir una re a lid a d . El cubo que se co n vie rte , en el R enacim iento,
en un rom bo deformado por la perspectiva lin e a l, no es más le g ítim o que ese m ism o rom bo in ve rtid o
de la perspectiva usada por los chinos; ellos son ta n válidos com o puede p e rm itirlo s la concepción
ilusoria del espacio. N o disputam os por la va lid e z de una ilu sió n sobre o tra sino por la va lid e z de lo
real co n tra lo aparente.
Frente al p u n to de vista ideal, re su ltad o de una perspectiva deduc'da m a te m á tica m e n te , se va desple­
gando una p in tu ra en concordancia con los m ecanism os em píricos de la visión.
Lo que se llam ó
"e sp a cio que se d e s tru y e " es la preponderancia de la visión aérea que c u lm in a con el im presionism o.
En esta nueva óptica la masa de color c o n trib u y e , por degradación c ro m á tica , a sugerir la p ro fu n d i­
dad. Las form as ilusorias se subordinan al p ro ble m a de representar la luz.
Croce in te n tó fu n d a r
una estética del espacio puro basado en la d in á m ic a de este espacio-color. Los elem entos color-forma
se han tom ado com o experiencia separada, obedeciendo a conceptos u n ila te ra le s de la p in tu ra . Pero
Cézanne se p la n te a de nuevo el problem a p ic tó ric o en sus dos té rm inos esenciales: forma-color, a u n ­
que sin log ra r una síntesis concreta. E videntem ente, la obra de estos pintores ju s tific a el concepto^
de A lain, de que " la fo rm a aparente y la p e rsp e ctiva no pertenece al objeto, sino que es una re la ­
ción entre el o b je to y el y o ". A n te el espacio c a ó tic o del im presionism o, Cézanne busca una nueva
relación entre la fo rm a de ver los objetos y un concepto del espacio plástico: el espacio como masa
de color, o aéreo, destruye el plano. En este p in to r, los elem entos form a-color adquieren una im p o r­
ta n c ia co n s tru c tiv a ; se con dicion a n a una ley in te rn a im puesta por las dos direcciones del espacio
plano. Este ú ltim o se levanta ve rtic a lm e n te , cu b riendo sólidam ente la su p erficie , m ie n tra s el volum en
es logrado m ediante los equivalentes crom áticos. En Seurat ta m b ié n se siste m a tiza la fo rm a de repre­
sentar el espacio; pero en este p in to r, la p ro fu n d id a d d e scrip tiva está co n tra rre sta d a por la oposición
de luz y sombra; el color y la forma a ctú a n para e v ita r el a h ue ca m ien to de la perspectiva tra d ic io n a l.
El espacio de Matisse y de los expresionistas, que es esencialm ente rítm ic o y expresivo, adquiere la
e stru ctu ra geom étrica que le im pone la anécdota. En ca m b io el cubism o puro suprim e el volum en por
el pla n o y construye un espacio evocado, superponiendo planos y yu xta p o n endo colores y "to n o s ".
Pero es evidente que cuando se ha rebasada las leyes prescriptas por los clásicos, se ha navegado en
una vaguedad com pleta en m a te ria de com posición
Esto sucede ta n to con las experiencias expresio­
nistas y surrealistas, com o con las tendencias que construyeron objetos espaciales m óviles. En los más
racionalistas, los neo-plasticistas, que basaron sus cuadros en los s:stemas de com posición " a p rio ri" ,
el espacio y el tiempo em ergen de la tra m a color-form a, com o rem iniscencias de un vacío o comofondo continente de una fo rm a . En esta co y u n tu ra del proceso c rític o por superar las lagunas que
una lógica fo rm a l de la com posición p lá stica dejaba en vige n cia, se produce un cam b o en el co n ­
cepto de¡ espacio y del tiempo. El p in to r tom a el p a rtid o que cree más via b le y se lanza a la con.
qu sta del espacio y del movimiento real. Para o btener esto abandona el espacio que le ofrece el rec­
tá n g u lo , por considerarlo re string id o para sus proyectos, lim ita c ió n esta que ya habían e xperim entado
Kandinsky y los fu tu ris ta s . Estos pintores d e sarro lla ro n un suceso en movimientos por m edio de pla­
nos inmóviles, d in á m ica que en re a lid ad sólo se reconstruye por asociación en la psiquis del especta­
dor. La sim u lta n e id a d de sensaciones que provocan, en las p in tu ra s fu tu ris ta s , los planos en sucesión,
re fle ja n la visión dinámica de las cosas. Ellos escriben en un m a n ifie s to que " lo e x te rio r concreto
e n tra ría en relación con lo in te rio r a b s tra c to ", re lación que, en realidad, no e x:ste. Por o tra parte, los
designios de Kandinsky y de Bauer, de pretender id e n tific a r los elem entos plásticos con una relación
de tiempo sonoro, invaden un cam po in co m p a tib le con la p in tu ra . La d in á m ica en la p lá stica ha exis­
tid o com o fenóm eno asociativo representativo; ha plasm ado una dim ensión de tiempo aparente o m e­
cánico.
Desde el barroco, pasando por el ro m anticism o, im presionism o y expresionism o hasta Vantongerloo,
M a x Bill, Pewsner, Mohoby-Nagy y otros, el propósito de lograr el m o vim ie n to tom ó d istin ta s ca ra c­
te rística s; pero ninguna de estas experiencias lograron crear una e stru ctu ra p lá stica del m o vim ie n to
como n e u tra liz a c ió n y superación de la representación de espacio-tiempo. (La secuencia de la im a ­
gen logra su perfección en el cine, com o sensación o representación de espacio y tie m p o ). El percep(Continúa en la pág. 8)

4
Rudolf Bauer
Sinfonía en tres tiempos
(R epresentación p lástic a de
tiem po m usical)

1
M a x Bill
R epresentación del
continuo espacio-tiem po.
(No es m ás que una ab stracció n
de esa rea lid a d física )
2

Calder
Objeto móvil.
(M ovim iento de traslació n .
Imitación del concepto
m ecánico de la
física c lá sica ).
3

V. D. Lozza
P in tu ra N v 12 (1951)
(S uperación de toda
a p a rien c ia e sp ac ial).

�R

A

U

LA N U E V A E S T R U C T U R A

L

LOZZA

D E

Espectro solar
Ubicación sucesiva
de! color en su
■argor de onda.

Perceptismo
N ueva “e scala” crom ática
d eterm in ad a p or una
objetividad visual.
Campo de extensión p la n a .
en su degradación.

Delounay
O rfism o.
C rom atism o luminoso
usando el c o n traste
sim ultáneo.
(R epresentación basada
en el “ valor-luz” ).
4

Raúl Lozza
P erceptism o
(N9 142, añe 1948)
(U nidad de color-forma
como sín tesis c u a lita tiv a
de la p rá c tic a cread o ra)

"C onvertirnos en dueños y
poseedores de la n a tu ra le z a ”

( Continuación)

(Descartes)

El aislam iento e n tre el O BJETIV O E STETIC O y la R E A L I­
DAD es la esencia y razón de ser del a rte re p resen tativ o , a u n ­
que é ste —o por esa m ism a cau sa— m antiene como medios
de expresión los objetos y a conocidos y experim entados. Las
relaciones que su b ste n ta la práctica re p re se n ta tiv a y e x p re ­
siv a de la p in tu ra con el medio social y el hom bre, es p a tr i­
monio de un idealism o absoluto que tiene por principio la des­
m aterialización y d esn atu ralizació n de todo lo que tiene ca­
bida dentro de los m arcos del “mundo a p a rte ” del arte.
Las doctrin as filosóficas sobre la p in tu ra se fundan precisa­
m ente en ese dualism o o en esa contradicción. P a ra Hegel,
todo lo que no es ap arien cia en el a rte será la negación de
la belleza; y es significativ o el hecho de que lo único que en
sí mism o no es ap arien cia, cuando se lo proyecta sobre lo
bidim ensional. es el color, considerado siem pre como "ag en te
d e stru c to r” de las fo rm as (Plinio, el clérigo Teófilo, V itrubio, H egel, W inckelm ann, Severini y o tro s). Un com entario
de H. K uhn asig n a al pensam iento hegeliano que eso “que
la p in tu ra pierde en realidad m aterial, gana, a tra v é s de
la fluidez de su medio, en fu erza de rep resen tació n ”. P or eso
la música es el a rte principal, rom ántico por excelencia; no
se vale de la “ pesada m a te ria ”. P a ra Lipps, las negaciones es­
té tic a s de la p in tu ra están “im p u estas por la realidad m is­
m a” ; ella es el "m edio objetivo” de la negación artístic a ,
negación que “está im plicada tam b ién en la técnica exigida
por el m a te ria l”.
La p in tu ra fig u ra tiv a y la llam ada p in tu ra a b stra c ta no han
conquistado la U N ID AD CONCRETA como esencia y como
función. Sus relaciones e stá n d eterm in ad as en un mundo
id ealista y expresivo, aislado del mundo de la realidad coti­
diana. La p in tu ra n o -fig u rativ a ha heredado del a rte tra d i­
cional todas sus contradicciones e sp íritu -m a te ria . La escuela
de K andinsky, y este mismo pin to r, a su m anera, se a p a rta
de ser dom inado ‘por lo m a te ria l” , y todo en sus obras, de un
expresionism o “a b stra c to ” , es e sp íritu , estad o de alm a re g i­
do por el intelecto y la intuición. La colaboración e n tre el
yo inconsciente y la razón le perm ite, con los tre s elem entos
esenciales “de fo rm as g eom étricas sim ples, E X PR E SA R un
dinam ism o v ital. El ORDEN COSMICO en la e stru c tu ra de
las o bras de K andinsky es n etam en te rep resen tativ o , y los
elem entos geom étricos, como en o tra s tendencias a b stra c ­
tas, adquieren sonoridades exp resiv as p a rtic u la re s, pese a los
que opinan que esas fo rm as — trián g u lo , cu a d rilá te ro y c ir­
cunferencia— no provocan sensación que recuerde suceso a l­
guno. T am bién los p intores actu a les de las tendencias nofig u ra tiv a s nos hablan g en eralm en te de un a rte que es “to ­
do e sp íritu ”, y que su m ateria — p a ra nosotros lo indiscuti­
blem ente visual— es solam ente un medio p a ra ap rehender un
universo espacial y tem poral forjado por la idea, m ediante
cuyo proceso de substracción de lo m aterial, LO IN F IN IT O
es circu n scrip to en LO F IN IT O con los recursos de las nu e­
vas m atem áticas y g eo m etrías noeuclidianas. E sta s e stru c ­
tu ra s, g eom étricas o in tu itiv as, d efrau d an todo propósito ob­
jetivo y concreto, ya que sólo en el mundo de las ap a rie n ­
cias la percepción visual podrá c a p ta r ta le s dim ensiones p ro ­
yectad as en el plano o en el espacio. El mundo “lim itado” de
la bidim ensionalidad ha sido ya puesto en crisis por las nue­
vas psicologías, v sólo una nueva m ística rec u rre al a rg u ­
m ento de LO F IN IT O Q U E ES LLEVADO A UNA R E A L I­
DAD U N IV E R SA L por la terc e ra , c u a rta y n dim ensiones.
La propiedad m ás c a ra c te rístic a del PE R C E PT ISM O está d a ­
da por su e stru c tu ra , EN CUA NTO A FIRM A UNA R E A L I­
DAD O BJETIV A M E D IA N T E LA CON CILIACIO N Y U N I­
FICA CION I)E ELE M E N TO S M A T ER IA L ES EN EL PRO
PIO E SPA C IO FISIC O Y M A TER IA L. P a ra su p e ra r toda
dualism o y toda CON TRADICCION, se ha optado por la ex­
periencia plástica precisam ente allí donde ha fracasado el
pensam iento geom étrico y m atem ático puro. La práctica m is­
ma nos ha dicho en e ste caso que no existen p a ra la p in tu ra
tales opuestos dialécticos, n a tu ra le s y esenciales p ara la
sín tesis creadora, en los desem ejantes FORM A Y CON TE­
NIDO, FORM A Y M A TERIA , FORM A Y COLOR O D IN A ­
MISMO Y E STA TISM O ; que no puede h ab er reconciliación
CU A LITA TIV A e n tre estos elem entos d isp ares m ediante el
hacer rep re se n ta tiv o o expresivo, o sea que estos elem entos
solo adquieren c a rá c te r de “opuestos” D ENTRO DE LOS
LIM ITE S E S P A C IA L E S PR O PIO S DE LA OBRA DE A R ­
T E, ex trañ o s a n u e stra n atu ra le z a y a n u estro mundo coti­
diano. E se es uno de los fa cto res por los cuales las re la ­
ciones y FO RM AS PL A STIC A S del P E R C E PT ISM O no pro­
vienen de una e stru c tu ra basada en PU N TO S DE R E F E ­
R EN C IA S pentagonales ni determ inados por o tra s fig u ras
g eom étricas co n tin en tes; estos se fijan en el espacio de
acuerdo a leyes funcionales orgánicas y concretas. En mis
p in tu ra s, los PU N TO S DE R E F E R E N C IA que determ inan
las fo rm as no son el asiento de L IN E A S DE FU G A ; éstos
condicionan el plano, y no profundidad espacial. En este p ro ­
blem a e stru c tu ra l, toda la p in tu ra an terio r, sin excluir fu tu ­
rism o, cubismo y a b stracto s o n o -figurativos, se ha basado
en el método de las p aralelas y puntos in scrip to s en una
form a ap rio rístic a o determ inada.
La m edida previa que ado p ta la e stru c tu ra tradicional es la de
se p a ra r, aislar, de n u estro ESPA C IO Y TIE M PO REA L,
UN E SPA C IO Y T IE M PO A RBITRARIO donde se d esarro ­
lla la VIDA PR O PIA del a rte . El PE R C E PT ISM O , recha­
zando todo sistem a de e stru c tu ra basado en FORM AS IN S ­
CRIPTA S Y C IR CU N SCR IPTA S, ha superado esta d uali­
dad espacial.
He mencionado algunas contradicciones de la p in tu ra fig u ­
rativ a y n o -fig u rativ a, las que, no siendo patrim onio de la
propia n a tu raleza, tam poco alcanzan la c ate g o ría de opuestos
suceptibles de relacionarse en un proceso creador objetivo
e inventivo. O tros O PU ESTO S hay que, con serlo tam bién
de la n atu raleza visible, no constituyen elem entos m a te ria ­

L A

PINTURA

les p ara el a rte ; me refiero, e n tre otros, al fenóm eno LUZ
Y SOMBRA, del que hablarem os m ás adelante.
En form a general, todos estos problem as están estrech a­
m ente vinculados en tre si; son el resultado de un fenómeno
general co n tradictorio de la p in tu ra : LO A PA R E N T E Y LO
S U B JE T IV O IM PU E ST O COMO REA LID A D O BJETIV A ;
el tra sp la n te de lo m aterial a un espacio ideal.
C onsiderar lo R E P R E SE N T A D O o la A PA R IE N C IA de las
cosas como realidad, no es m ás que UN RESA BIO DE LAS
FORM AS PR IM ITIV A S Y M ISTICA S DE CONOCIM IEN­
TO. P ara el prim itivo, tan to los sueños como las ilusiones
contitiuían H ECHOS R EA L ES, eran continuaciones de las
realidades cotidianas, e n tre las que no hallaba diferencia al­
guna.
La supervivencia de estos hechos fo rtu ito s, acentuados con
la m ística de la Edad Media, im puso sus leyes inauditas a
la estru c tu ra del a rte. La subordinación de ésta a una ex­
presión “dinám ica” o la hom ogeneidad de los medios construc­
tivos en función “e s tá tic a ” , son desviaciones suficientes, en
la p in tu ra ab stra c ta , como p ara q u eb rar la unidad objetiva
con un dualism o de C O N TEN ID O y FORM A.
La doctrina PE R C E P T IS T A no opta por la FORM A PURA
o por el CO N TEN ID O nuevo, no especula sobre la unifi-ación idealista de am bos factores, pues no existen, en este
caso, elem entos m ateriales subordinados. EL PROBLEM A
HA SIDO R ESU E LT O CON UNA S IN T E SIS, pues como
sostiene la nueva filosofía, “ la n atu raleza e n tera es una
prueba ininterrum pida de la identidad o inseparabilidad de
FORMA y C O N T EN ID O ”, y “los fenóm enos morfológicos
y fisiológicos, la FORMA y LA FU N C IO N , se condicionan
m utuam ente en tre sí” (F . E .).
P a ra la superación de los últim os reductos del idealismo ex­
presivo, fué necesaria la elaboración de un sistem a de iden­
tificación e n tre COLOR y FORM A (FO R M A S PLASTICAS,
PLANO, como sín tesis opuesta al dualism o de FORM AS R E ­
PR E SE N T A D A S o FO RM AS
S U B JE T IV A S ). Hemos de
reconocer que si los pintores no hubieran superado, aun por
medio de la intuición, el em pirism o de las teorías del color.

E xperiencia del perceptism o
Color c u an titativ o en el espar

E x ten sió n cu alitativ a (estética)
del color-plano. - P in tu ra 204
de R. Lozza.

entonces la pin tu ra del pasado inm ediato nada significaría
p ara nosotros. T anto en los dominios del COLOR como de la
FORM A, los llam ados “gran d es m aestros” han actuado in­
tuitivam ente, pero obedeciendo tam bién a ciertas leyes im ­
puestas por el elem ento m aterial visual. El poco uso de los
medios racionales y de las teo rías basadas en las ciencias
físicas, que encuentra clara expresión en K andinsky cuando
dice que la salvación de los V ALORES E S P IR IT U A L E S es­
tá en ese m árgen que aún no se deja controlar, se debe
a que, si bien en la historia del a rte jam ás ha existido re ­
lación alguna en tre el conocim ento del color como elem ento
cbjelivo y la práctica creadora, tam poco existían las coniiciones, ni técnicas, ni científicas, ni sociales, que p er­
m itiera ta l invención.
M ediante esos recursos intuitivos, el hom bre ha agotado las
posibilidades expresivas, sim bólicas y sentim entales del co­
lo r; y p ara esta conquista del COLOR SU BJETIV O , en na4a pudieron beneficiarlo los sistem as de medidas de la cien­
cia física, ni como colorim etría plástica ni como determ ina­
ción cu an titativ a para la llam ada “arm o n ía” a b stracta. N ues­
tro ap o rte a la h isto ria del a rte es hoy la conquista del
COLOR O BJETIV O y concreto, eso que podemos llam ar
U NID AD DE COLOR.
El hecho que el espectador perciba con m ás facilidad esas
torm as D IFE R E N C IA D A S POR UNA IN T EN SID A D D IS­
TINTA DE LUZ, que aquellas que acusan UNA D IF E R E N ­
T E PR O PIE D A D COLORIDA, pero con IG UA L PO T E N ­
CIA LUM INO SA, nos pone de m anifiesto la existencia de
cierto desacuerdo e n tre PO TEN C IA lum inosa y SE N SA ­
CION colorida. E s lógico, dadas esas condiciones cu a lita ti­
vas del color, que los pintores fracasen en su empeño por
alcanzar un propósito objetivo planista, evitando las ap a ­
riencias de profundidades espaciales sobre el m uro bidim en­
sional, ya que los medios m ás avanzados y científicos con
que cuentan son solam ente los de la física de los colores.
Con una teoría de la relatividad del color, el PE R C E PT ISMO ha logrado condicionar UNA REA LID AD O BJETIV A
CROMATICA EN UNA FORM A Y E N UN M EDIO IN VA ­
RIABLES.
ín el campo científico, el PE R C E PT ISM O reconoce esa re a ­
ldad c.ae em ana de la relación e n tre COLOR y LUZ, un
*'n v tfcnlco fenóm eno m aterial. Pero ese color “que no se
ve sin luz” , como ya lo decía A ristóteles, crea un fenómeno
p ara la percepción fisiológica que to rn a perniciosa toda me­
dida física de larg o r de onda o energía, cuando con ella se
pretende co ncertar una relación estética del color. Si en una
luz am biente y sobre un “fondo” o pantalla blanca, un
AM ARILLO es menos visible por ser “m ás lum inoso”, y un

1

P resen tació n de los 4 colores en
exte n sió n espacial c u a n tita tiv a
de acuerdo al perceptism o.
a ) Sobre fondo negro
b ) Sobre fondo g ris n e u tro
e) Sobre fondo p ied ra

P E R C E P T I S T A

A ZUL o un RO JO , “m enos lum inoso” será m ás sa tu ra d o y
m ás visible, la c o n sta n te v ariación de esto s fenóm enos vi­
suales no podrá co n tro la rse si nos aten em o s a m edios ab s­
tra c to s y m ecánicos de dom inio de la n a tu ra le z a colorida.
LAS R E L A C IO N E S E N T R E IN T E N S ID A D L U M IN O SA Y
SA TU R A C IO N D E L COLOR V A R IA S E N S IB L E M E N T E
PA R A E L E S P E C T A D O R SI U BICA M O S LA B A N D A E S ­
PE C T R A L SO BR E U N A P A N T A L L A N E G R A L as se n sa ­
ciones lum inosas y las sensaciones coloridas se producen si­
m u ltán eam en te; pero la in ten sid ad de un ra y o lum inoso lo­
g ra a n u la r la sensación de color. En e sta ex p erien cia sobre
N EG RO, como en la p rim era sobre BLA N CO , el fo tó m etro
señ a la rá una m ism a in ten sid ad lu m in o sa; E L OJO, E N
CAM BIO, P E R C IB IR A U N A V A R IA C IO N E N LA S R E L A ­
C IO N E S D E COLOR. C om probam os aáí que p ara la m edida
de relación e n tre sensación e in ten sid ad , e n tre O B JET O LUZ y S U JE T O , C U E N T A E L COLOR COMO FA C T O R
IM PO R T A N T E . E s p recisam en te este fenóm eno el centro
neurálgico de la nueva te o ría P E R C E P T IS T A del color.
La IN T E N S ID A D e x acta e n tre dos colores d is tin to s con­
tro lad a por el fo tó m etro , no dem anda en n u e s tra s e x p e rie n ­
cias p lásticas DOS FO R M A S IG U A L E S ; pues es la C U A ­
LID AD del color, la d iferen cia de tin te y no de in ten sid ad
(L U Z y SO M B RA ) lo que dem anda u na d is tin ta fo rm a p la ­
na. Si bien no se pusde h acer v a ria r la luz sin m o d ificar el
color, el proceso de C A N T ID A D y C U A L ID A D no se p ro ­
duce aislad am en te con un a m ay o r in ten sid ad de luz. E n una
p alab ra, las v ariaciones fisiológicas y las v ariacio n es fís i­
cas de la rg o r de onda no se corresponden. E n el esp ectro
solar, una coincidencia e n tre PO D E R y COLOR sólo se da
en el A M A R IL L O (onda 5 5 5 ); un térm in o m edio de color
y lum inosidad, sólo acep tab le en el cam po de la física, pues
el fa c to r visibilidad v a ría si la s in v estig acio n es esp e c tra le s
dejan de re a liz a rse en el aco stu m b rad o fondo N EG R O . U N
COLOR LAVADO D E BLA N CO T IE N E M AS L U M IN O ­
SID A D PE R O M EN O S PU R E Z A , Y U N COLOR P P R O F U N DO ES MAS SA TU R A D O Y M EN O S L U M IN O SO . La di­
ferencia e n tre in ten sid ad y sensación en las relacio n es en­
tre esp ectad o r y luz se a cen tú a a m edida que el color se
in tensifica. La ley de c au sa y efecto es, por esos m otivos
señalados m enos in ex ac ta en la sensación blanca. N o es ca­
su al en p in tu ra n o -fig u ra tiv a el hecho que los p in to res h a ­
yan considerado el BLA N CO como lo m ás p u ro ; coinciden­
cia sig n ific a tiv a con el concepto que se ñ a la a la circ u n fe ­
rencia como la fo rm a m ás p u ra. P ero, e s tá el inconveniente
que e n tre lo “ p u ro ” BLA N CO y la circu n feren cia como fo r­
ma “p u ra ’ no puede lo g ra rse la unidad.
En la designación de los colores p a ra un orden visual, el
P E R C E PT ISM O ha actu ad o desde un punto de v ista p ro ­
pio, co m p letam en te d is tin to al que señ ala, ta n to el espec­
tro de la luz como las “e sc a la s” p rá c tic a s confeccionadas
p ara el a rte . Los tr e s colores P R IM A R IO S no tienen razón
de ser p ara n u e stro concepto del color. E sto s colores, RO ­
JO, A ZU L y A M A R IL L O (seg ú n M axw el onda 630, onda
475 y onda 528), dejan cien tíficam en te de se r p rim o rd iales
o in su b stitu ib les p a ra la confección de o tro s colores y de
la luz m ism a, c rite rio que tam poco concuerda con el p ro ­
pósito funcional de plano esp acial pictórico. E S U N E R R O R
VER E N E L V E R D E U N A ZU L Y A M A R ILLO . Como sos­
tienen los nuevos físicos, la condición del N A R A N JA como
COLOR C O M PU E ST O es un hecho orig in ad o por los h á ­
bitos sociales y la ex p erien cia im p u esta por el m a te ria l co­
lo ran te. U N RAYO D E LUZ A N A R A N JA D O D E L E S P E C ­
TRO NO P U E D E SE R D IV ID ID O B A JO N IN G U N A C IR ­
C U N ST A N C IA . P o r e s ta s cau sas, el P E R C E P T IS M O h a f i ­
jado la ubicación de los colores de acuerdo a un nuevo o r­
den basado en el que M AS SE VE. N u e stro p rim e r color
no es el ROJO m enos sa tu ra d o del esp ectro , sino el que m ás
se percibe en un m edio o m uro de color d eterm in ad o , y sobre
e sta base se suceden los colores y m atices re s ta n te s . E l o r­
den del esp ectro en los colores re la tiv a m e n te “ p u ro s” es
el que se inicia, del m enor al m ay o r la rg o r de onda, con el
V IO L E T A , y co n tin ú a con el IN D IG O , el A ZU L , el V E R D E ,
el A M A R ILLO , el N A R A N JA , el R O JO y el P U R P U R A
(si bien N ew ton sólo encontró en el esp ectro seis colores y
ag reg ó a rb itra ria m e n te un séptim o im pulsado quién sabe
por qué prejuicio religioso o teológico (la s ac tu a le s te o ría s
acep tan ocho colores como fu n d a m e n ta le s del e sp e c tro so ­
la r ). L a ubicación de los colores de acuerdo a la te o ría “ a r ­
m ónica” de O stw ald e stá b asad a en u na e x altació n del c o n ­
cepto de C O M PU E ST O S y S IM P L E S , con c ie rta d e te rm i­
nación p a rtic u la r de los ocho colores fu n d a m e n ta le s del
esp ectro so la r que m ás se a d a p ta n a las m ezclas de los p ig ­
m entos coloreados u tilizad o s por el p in to r. P o r n u e s tra p a r ­
te, la ubicación de esos ocho colores e s tá indicada con un
orden y una c ifra que g u a rd a relación con la c ifra inicial
de COLOR - M U R O : si e ste es el 635,9 (u n a d eg rad ació n h a ­
cia el G RIS, de un A M A R IL L O - A N A R A N JA D O ), e n to n ­
ces h ay un R O JO 50,1 &gt;un A ZU L 61,3, un V IO L E T A 62,7,
o tro A ZU L 67,1, un V E R D E (in g lé s) 79,5, un A N A R A N JA ­
DO R O JIZO 96,2, „ tro V E R D E 112,9 y un A M A R IL L O
CROMO 325,5. E s ta ordenación cro m ática no obedece, como
el lector com prenderá, a un propósito “ arm ónico” de los
opuestos co m p lem en tario s; ES F U N C IO N A L PA R A LA
FO RM A PL A ST IC A .
El ideal clásico del C LA R O SC U RO ha ten id o sus teóricos y
defensores, los que o to rg a ro n una cualidad v ita l y sim ­
bólica, esp ecialm ente dialéctica en el a rte , a los opuestos
LUZ y SOMBRA de la n a tu ra le z a . N os dice H egel que “la
base m ás sencilla de todo color es el CLA RO y el O SCU R O ” ,
y que “el A ZU L corresponde a la d u lzu ra, a la ex p resió n
llena de sentido y de tra n q u ilid a d del alm a, a la asp iració n
sen tim en tal, en cuanto Q U E T IE N E PO R P R IN C IP IO E L
OSCURO ( ? ) . A ndré L othe, aun sabiendo del “color re d u ­
cido al m ínim o cada vez que el ju eg o de V A L O R E S alcanza
el m áxim o de in te n sid a d ” , no deja de re to rn a r a las n o rm as
trad icio n ales y so sten er que “el g ris es el so p o rte, la ju s ­
tificación de toda arm o n ía cro m á tic a ” .
T odas las exp erien cias de la p in tu ra en su d esarro llo h asta

2

Espacio del color

el a rte a ctu a l n o -fig u rativ o , nos h an enseñado que SOLO
E L COLOR H A C E V A R IA B L E S Y RICOS esos clasicos
o puestos de LU Z y de SO M BRA . Moholey - N ag y , cuando
h a p racticad o un a r te m ed ian te p a n ta lla s y proyecciones lu­
m inosas, ha utilizad o ig u alm en te luces de color. E l d esarro lo de los ciencias físicas, fisio ló g icas y psicológicas ha p e r­
m itido a los p in to res e x p lo ra r un nuevo y v a sto cam po co­
lorido y lum inoso. P o r eso, citando dos e x trem o s en el a rte
re p re se n ta tiv o , si el R enacim iento in v estig ó el fenóm eno óp­
tico m ed ian te las fo rm as, el neoim presionism o lo ha hecho
con el COLOR y la LUZ. P ero la nuev a e s tru c tu r a del I EKC E PT ISM O p erm ite al color m a n ife sta rs e en to d a su p o te n ­
cia c u a lita tiv a , en su p ro p ia fo rm a bidim ensional.
A fin es del siglo p asado es V an Gogh quien e x tre m a la r e ­
lación de los colores con la fo rm a ex p resiv a. Su cro m atism o es
p a rte m ism a del dinam ism o cencéntrico o expansivo de sus
tra z o s en un p ro p ó sito u n ificad o r que se acentuó en su s u l­
tim a s o b ra s (v e r “ E l cam ino de los « p re c e s ” y su u ltim a
p in tu ra “ C am po de trig o de los c u e r v o s , am b as de 1890U
P o r su p a rte , C ézanne in te n ta d a r por te rm in a d a la e ra del
“ v alo r” con u na nueva disposición del color. A p a r tir de
tilo s com ienza en la p in tu ra el período de la co n q u ista de
la s T IN T A S P L A N A S y del COLOR LUZ. Sin em bargo,
ta n to en esto s p in to res como en to d as las te n d en c ias Posterio res, el viejo concepto de “ v alo r” perm anece como fin a li­
d a d ; sólo cam bia la técnica, la “ p a le ta ”, pero no la o b ra.
E l procedim iento óptico lo g ra , por ejem plo, en los neoim p re sio n ista s, los “ v alo res” y los g rise s excluidos de la p a ­
le ta ”. E n las su cesiv as ten d en c ias a b s tra c ta s , son m uchos
los p in to res que co n tin u aro n o rien tan d o la s relacio n es colo­
rid a s de acuerdo a rep re se n ta c io n e s lum inosas, e n tre ellos
D elau n ay , cuva ciencia p ictó rica del color tam poco alcanza
a s u p e ra r los’ “ v alo res” trad icio n ales. E n re a lid a d , podem os
íe d u c ir las “arm o n ía s” óp ticas o in tu itiv a s del color, a p li­
cad as en la p in tu ra del p asad o y de la actu a lid ad , al con­
cepto trad icio n al de los “ v alo res” m edidos con el ^ « " g i ­
ra to rio en base a toda la gam a de g rise s desde e&gt;T
al BLANCO. LUZ y SO M BRA , ‘“ v a lo r” , o SE N SA C IO N
O PT IC A L U M IN O SA , sólo son conceptos del lO L U lt D E S ­
V IR TU A D O O D E S M A T E R IA L IZ A B O . E stre c h a relación
con esto s fenóm enos tien e ig u alm en te el problem a psicoló­
gico que o to rg a a los colores una “cualidad m usical. A quí
el color es, a p e sa r de la opinión de alg u n o s críticos, e x p re ­
sivo por excelencia. La psicología suple, en este caso, con
el color, la fa lta de u n a “ d efo rm ació n ” e x p resiv a del objeto.
E l P E R C E P T IS M O lleg a a s u p e ra r e s ta coincidencia del co­
lo r en base a su “ v alo r” de a p a rie n c ia lum inosa, de LO
CLA RO O LO O BSCU RO . P o r esa cau sa, es la com a m u l­
ticolor, la técnica S E P A R A T IS T A y no el fenóm eno luz, lo
m ás positivo de la o b ra de S ignac y S e u ra t. E s un e rro r
p e n sa r que la tra y e c to ria n o rm al del a rte
"D a­
ta r s e D E LA R E P R E S E N T A C IO N D E LA N A T U R A L E Z A
A LA C O PIA M E C A N IC A D E SU S M E D IO S. P a ra el
P E R C E P T IS M O , el a r te m arch a A LA C O N Q U IST A DE
SU P R O P IA N A T U R A L E Z A , SU PR O P IA E S T R U C T U R A
O R G A N IC A Y F U N C IO N A L . P o r eso la h is to ria de la m e­
cánica del a rte , aun reconociendo su s a p o rte s nuevos al a r­
te n o -re p re se n ta tiv o , se v erific a con el d esarro llo de Jo ‘ d i ­
nám ico” en su doble asp ecto p ictó rico : FO R M A y CO LO l..
E n el d esarro llo p aralelo de e s ta s dos tendencias, podem os
in d icar (en el problem a de la luz) a p in to res com o C orreglo,

D ia g ra m a (d ) :
1 = R ojo (onda 640)
2 = A zul (onda 475)
3 = V erde (onda 510)
4 - —A m arillo (onda 570)

Van Gogh
L a cosecha
(E l color aním ico alcan za
u n a fu sió n exp resiva
con la fo r m a ).

(C o n tin ú a en la pág. 8)

Signac
B o te sobre el M ease
( A p e s a r de la n u ev a técn ica
en p ro c u ra de u n a sensación
lum inosa, nos h a in teresa d o
el sep a ra tism o del color,
a su “v a lo r” ó p tico ).
5
D isco g ira to rio
E spacio c u a n tita tiv o
de los colores
p a ra m e d ir los “ arm ó n ico s ’
de a cu erd o al “ v a lo r”
de un g ris d eterm in ad o .

Kandinsky
C om posición N f 8
(E l color sim bólico
o to rg a un contenido a
las fo rm a s g eo m étricas “ p u r a s ” ) .

�LO MAGICO
Y LA
EXPRESION

Siempre ha sido fu n d a m e n ta l el problem a de la conexión fu n cio n a l de la obra entre el creador y el
público. La obra puede ser cons:derada como un medio de expresión o descarga del a rtista , posición
que o bliga al p ú b lico a seguir y recrear lo expresado. La dirección inversa obliga al creador a estu­
d ia r los medios par c o n s tru ir el o b jeto que procure el goce estético del espectador. Encara la cre a ­
ción para el goce y no el goce por la creación.
El arte como expresión a lcanza su pu nto c u lm in a n te en el surrealismo. Andró Bretón lo d e fin ía d ic ie n ­
do que era " u n a u to m a tism o psíquico puro por el que uno se propone expresar, ya sea ve rb alm e nte o
por escrito, o de c u a lq u ie r otra m anera, el fu n c io n a m ie n to real del p e n sa m ie n to ". ¿Pero, hasta qué
pu nto puede re co nstruir el espectador a través de la p in tu ra a u to m á tica el estado de á n im o que le dió
origen?
Los "sm o ke p ic fu re s " de Paalen, consistían en ech ar un chorro de color sobre un papel y e xtenderlo
sobre la su p erficie haciéndola g ira r como un abanico.
El a u fo r podrá in c lu ir en las m anchas así obtenidas los sentim ientos que proyecte.
Pero en este caso cada persona proyecta los suyos en lug a r de descubrir los del autor.
(Rem arcam os
que parecidos p rin cip io s a n im a n el psicodiagnóstico de Roschard).
Podrá el p in to r surrealista o b je tiv a r sus se n tim ie n to s "re to c a n d o " su " p in tu r a " , destacando las líneas
y planos que su estado em otivo le vaya señalando sobre la m ancha p rim itiv a . Q uizá así podrá el es­
pectador tener n o ticia de lo que pasa d e ntro del a u to r.
La m ism a objeción ponemos fre n te a los " fr o tta g e s " de M ax Ernst y a las calcom anías de Domínguez.
T a m b ié n puede realizarse un d ib u jo surrealista dejando vagar m a q u in a lm e n te la m ano que em puña el
lá p :z. O btener de estas líneas así trazadas el estado in te rn o del a u to r es lo m ism o que d e du cir de
la fo rm a de una n a ra n ja las cara cte rística s de la p la n ta que la produjo. El d ib u jo mecánico no tie n e
n in g ú n va lo r expresivo, y para ju s tific a rlo Bretón a firm a que en el a u to m a tism o g rá fic o se consigne
una unidad rítmica que satisface al ojo y al oído.
Pintura prehistórica
Los ritmos dan una base estética, y así Bretón co n tra d ice su a firm a c ió n que el surrealismo es un " d ic ­
Signos mágicos
para provocar la lluvia.
tado del pensam iento, ajeno a toda fis c a liz a c ió n de la razón, fu e ra de toda preocupación estética o
m o ra l".
El expresionismo, como su nom bre lo indica, ta m b ié n pretende "e x p re s a r", pero construye consciente­
m ente sus medios de expres'ón.
A cla ra m o s que esta escuela no "e x p re s a " el estado in te rn o de su autor, sino que "e x p re s a " el estado
de los personajes del tem a, sean seres vivientes o inanim ados. Así, para Edward Munch el verde e xp re ­
sa los celos de su personaje.
Existe ya todo un lenguaje convencional de los colores y las form as.
M uchas convenciones son ya
LEON DEGAND denomina ingeniosam ente “metáfora
tra
d
icio
n
a
le
s
y
de
propiedad
general,
m
ien
tra
s
que
otras
son
propias
de
cada
p in to r. Así, el rojo sim ­
psicológica” a la ilusión de profundidad que producen
b
o
liza
la
cólera
y
lo
erótico,
el
verde
la
calm
a
y
la
in
d
ife
re
n
cia
,
el
azul
la
devoción
y los sentim ientos
dos ‘tonos de desigual valor” sobre el plano. Este fenó­
meno cromático, anormal para el PERCEPTISMO, es
reí¡g osos, el am arillo el in te le cto y la luz. Para poder a p recia r lo que se quiere expresar, el especta­
una de las tantas lagunas que subsisten en la pintura
dor debe estai enterado p rim e ro de dichas convenciones.
De lo c o n tra rio lo más posible es que el
abstracto-concreta, y que ante la incapacidad de solucio­
p
ú
b
lico
sienta
dichas
form
as
o
colores
según
la
resonancia
que
tengan de acuerdo a sus asociaciones
nar estas contradicciones por carecer de una estructura
personales, o sim plem ente que reciba de una m a n e ra pasiva dichos elementos, sin re co n stru ir la
plástica adecuada, lo justifican como un problema nor­
mal.
in te rp re ta c ió n pre te nd id a por el autor. M uchos autores resisten la evidencia que el simbolismo de los
colores es una convención y a rg u m e n ta n que ve rd aderam ente desp e rtan en el p ú b lico dichos se n ti­
m ientos.
Dice CIRLOT que “el color no es nunca, en MIRO,
elemento subordinado”. Sin embargo afirma que el co
Kandinsky a firm a que "h a b la n d o en general el c o lo r in flu y e d ire cta m e n te sobre el alm a. El co lo r es
lor goza allí de “autonomía expresiva". Esta expresi­ un teclado, los ojos son los m a rtillo s de las teclas, el alm a es el piano con m uchas cuerdas. El a rtis ta
vidad M USICAL, como vivencias subjetivas, interiores, es la m ano que ejecuta, to cando una tecla u o tra in te n cio n a 'm e n te para causar vibraciones en el a l­
¿no significa un sojuzgamiento o una subordinación?
m a ". Es evidente entonces que la armonía del c o lo r debe basarse fu n d a m e n ta lm e n te sobre una re ­
Cuando dice que “el color alcanza su máxima capad
lación d ;rig id a al alm a.
dad expresiva cuando más liberado se halla respecto
de las objetividades”, no hace más que otorgar al co­ De una asociación psicológica que produce en el plano p ictó rico el a le ja m ie n to del azul y el acerca­
lor una capacidad propia, independiente, de expresión, m ie n to del am arillo, saca la conclusión que el am arillo, por su tendencia a agrandarse, es el colorí
lo cual no lo libra de ser un medio de representación.
típ ico de lo m aterial y que el azul, por su tendencia a empequeñecerse y a anularse es el co lo r típ ic o de
lo espiritual.
En un libro sobre la teo ría del color, Pérez-Dolz es­
Kandinsky tiende un puente asociativo entre la aniquilación de la m ateria y la presencia del espíritu.
cribe que el idealism o en los medios crom áticos, que
En la base de estas convenciones se debate una concepción mágica de la realidad, que de una m anera
vemos “ frecuentem ente en la p in tu ra p rim itiv a y aún
inconsciente obra en m uchas etapas de la h isto ria del arte, a lca n za n do su in flu e n c ia hasta la a c tu a ­
en el R enacim iento, es allanado al ad v en ir el n a tu r a ­
lidad.
lism o”. Nos habla entonces, seguidam ente, de Velázq u e z.. .
Debemos ontes ponernos de acuerdo sobre lo que entendem os como pensamiento mágico.
N uestra
¿Cómo es posible? ¿Acaso el naturalismo idealista pue­
fu ente de in fo rm a c ió n será James Frazer, el genial a u to r de la Rama Dorada.
de g e s ta r ese — como él mismo dice— “ concepto reoFrazer c la s ific a b a los ritos mágicos en magia im itativa y magia contaminente. H ay un ejem plo t í ­
lista del color?”
pico m uy conocido de la magia im itativa. Un m uñeco que represente a una dete rm in a d a persona, si
es atravesado por un a lfile r, causará la m uerte de la persona que im ita .
“ La expresión rom pe las b a rre ra s que re p a ra a los
De muchos ejem plos parecidos extrae Frazer la ley general que la im ita c ió n de un hecho provoca la
seres hum anos”, escribe John Dewey. P a ra este au
re a liza ció n de éste. De esta m enera la magia es el in stru m e n to con el cual el hom bre p rim itiv o pre­
to r, el a rte es la extensión del poder de los ritos y
ceremonias. E n la asociación e n tre los hom bres no
tendía dominar a la naturaleza. Los toros p 'n ta d o s en las cavernas tenían entonces la función mágica
influye, p a ra este filósofo id ealista, los facto res eco­ de provocar ¡a presencia de d chos anim ales, y así m ism o las escenas de caza del a rte p rim itiv o ta m ­
nómicos y ¡as necesidades que surgen de la vida de
bién te n d ía n a la re p etició n de ese hecho, que aseguraba la subsistencia de la trib u .
relación práctica.
El tótem tiene ta m b ié n un origen mágico, y el a rte abstracto de los p rim itiv o s proviene de la magia
N osotros, por el co n trario , sostenem os que la causa
que origina la expresión en el arte es la misma que contam inante. Según ésta, dos cosas que hayan estado en contacto, aunque se separen, co rrerá n la
aquélla que provoca la separación entre los hombres.
m ism a suerte.
R itos, religiones, m itos, a rte expresivo y re p re s e n ta ti­ Así los p rim itiv o s o cu lta b a n sus ropas, sus uñas, sus pelos y sus excrem entos, porque su destrucción
vo, nacen de una fuente común.
s ig n ific a ría la destrucción de la persona que h u bie ra sido su poseedor. Para p roteger al tótem , repre­
sentación del a n im a l o vegetal que de a lg u n a m anera estaba ligado a la su b sisten ca del clan, se lo
“El pintor que imita la pintura de los otros hará pintu­
o cu ltab a de las m iradas de supuestos brujos para que no o braran co ntra ellos u tiliz a n d o la magia
ra mediocre”, como “los pintores que suceden a los ro­
im itativa o contaminante.
manos, los que, imitándose siempre los unos a los otros
Los rasgos del a n im a l representado eran estilizados y ocultos en una especie de abstracción. "E n tre
y de edad en edad, hicieron que el arte declinase.” (Leo­
nardo de Vinci).
los p rim itiv o s a u stra lia n os hallam os repeticiones rítm ica s de signos geom étricos que sim b o liza n a los
m urciélagos, lagartos y otros anim ales. Entre los aborígenes del Brasil, dos rombos unidos sim b o liza n
Nos ha llegado (librería “Concentra ” ) un im p o rtan te
un m u rc ié la g o ".
volumen sobre la Bauhaua de los años 1919-1928, e d ita ­
De alguna m anera u otra los conceptos mágicos aparecen en otras épocas de la h isto ria del arte. Re­
da en inglés por Herbert Bayer, TE. Gropius e Ise
cordem os que entre los griegos, las m ujeres em barazadas se rodeaban de objetos bellos para dar a
Gropius. La edición es del corriente año y tra e una
sus hijos belleza por la influencia mágica, diríam os, de esos objetos.
num erosa docum entadación g ráfica .

coment ar i os

�ABRAHAM
HABER

Edad M edia
(A n ó n im o - D etalle)
Sim bolism o m ágico
de fo rm a y de núm ero.
(V éase la repetición del tr e s )

D u ra n te la Edad M edia el a rte e m in e n te m e n te religio so apela a una serie de convenciones y p a tro ­
nes a lta m e n te sim bólicos y alegóricos, cuya presencia induce a pensar en las categorías mágicas en
las cuales se sostienen.
Los em peradores y p ro fe ta s del a rte bizantino eran representados con halos dorados, sím bolo de su
m o rta lid a d , y las fig u ra s d ivin a s o que enca rn ab an hechos sagrados o e s p iritu a le s eran rodeadas por
un halo celeste. El co lo r del c ie lo prestaba a dichas fig u ra s su c a rá c te r c e le stia l. Por in te rm e d io del
co lo r se establecía un contacto contam inante e ntre la representación p ic tó ric a y lo d ivino.
Las a bundantes alegorías numéricas de d ich a época tie ne un orige n parecido.
Pero, ¿este p ro ce d im ie n to mágico era consciente? ¿Cómo es que el p en sam ien to mágico aparece en
épocas en que p re do m in a el p ensam iento científico? In du d a b le m e n te , hay m ucho de inconsciente
que siem pre aparece donde por c u a lq u ie r razón se desprecia la técnica científica.
Las leyes que esboza James Frazer son categorías de p ensam iento mágico. Superadas las diversas f a ­
ses de esta etapa, el h om bre se rige por el p en sam ien to que hoy llam am os científico. H ay m om entos
en que el h om bre lim p ia de su m ente, por e lim in a c ió n consciente o inconsciente, las categorías ra ­
cionales. Fuerza es entonces que de su cerebro se apoderen los ancestrales conceptos mágicos. Si de
una escalera e lim in a m o s el p e ld a ñ o superior fu e rz a es que volvam os al in te rio r. La m e jo r prueba la
e ncontram os en los sueños. El hom bre que duerm e descansa su m ente de todo el m ecanism o cons­
cie n te y racion a l que su a te n ció n reclam a para sus problem as d iarios. Surgen entonces a su cerebro
las categorías mágicas ancestrales que d is fra z a n los problem os de su inconsciencia. T odo el simbo­
lismo de los sueños, e x p lx a d o por la psicoanálisis, se a c la ra si u tiliz a m o s conceptos de ¡a magia im i­
tativa o co n ta m in a n te . El órg an o sexual del h om bre m uchas veces está s im b o liz a d o oor objetos cuya
d im ensión p re d o m in a n te es el largo, com o lin te rn a s , lápices, c u c h illo s , espadas, palos, puñales, v í­
boras, etc., etc.
El largo del fa lo y el largo de dichos objetos c o n s titu y e el concepto por el cual un o b je to im ita a otro,
id e n tificá n d o se entonces y co n stitu ye n d o el sueño la im ita c ió n de un hecho inco nscie nte m en te desea­
do. El h om bre a ctu a l en el sueño, com o el p rim itiv o en la realidad, vuelve a a pe la r a la im ita c ió n
para que un d e te rm in a d o hecho se realice.
T a m b ié n vemos que las personas ignorantes y las enem igas de la c ie n c ia son las que más fá c ilm e n te
caen en las superticiones y ritos mágicos.
V olvem os a re p e tir entonces que donde cesa el pensamiento científico se impone el pensamiento m á­
gico. H ay p in to re s que p re fie re n la té cnica intuitiva a la té cn ica científica. Por lo ta n to se produce
la p rim e ra co n d ició n para la a p a ric ió n de las categcrías mágicas: se e lim in a el ra c io c in io c ie n tífx o .
Y luego nos cabe p re g u n ta r: ¿Cómo procede la intuición? ¿O la emoción? ¿O la inspiración? ¿Cómo
p re fie re n un co lo r a o tro o d irig e n una forma? ¿Acaso la em oción e m ite ju d o s , com o lo es el p re fe ­
r ir un co lo r a otro?
La vida afectiva es incapaz de e m itir ju ic io s ; lo que pasa es que al d o m in a r un estado afectivo se
d e b ilita el p ensam iento c ie n tífic o e inco n scie n te m e n te , com o si fu e ra un p ro c e d im ie n to mecánico, s u r­
gen, com o en el sueño, las categorías mágicas.
De esta m anera nos explicam os, pués, va ria s té cnica s p lá sticas que se d e cla ra n intuitivas y que en el
fo n d o son mágicas.
Veam os a lg u n a s:
Cálido es el rojo por im ita r la lla m a , y frío el azul porque recuerda el m ar. H ay una id e n tific a c ió n
m ágica; por m edio del rojo, co lo r que tie n e c o n ta c to con el fuego, los objetos así p 'n ta d o s e m itirá n
calor com o la llam a. H ay una m ezcla de magia im tativa y contam inante. La d iv is ió n de los colores
en cálidos y fríos de n in g u n a m anera tie ne bases c ie n tífic a s .
Paul Signac a firm a b a que las líneas ascendentes e g re s a b a n la alegría, les descendentes la tristeza
y las h o rizo n ta le s la calm a. ¿Cuál es la id e n tific a c ió n mágica inconsciente? Lo que asciende va al
cielo m ie n tra s lo que desciende se d irig e al infierno. En esto va im p líc ita o tra id e n tific a c ió n mágica
p ro ven ien te de la re lig ió n , por la cual se u bica el paraíso arriba y el in fie rn o abajo.
T a m b ié n dice Signac que los tin te s fríos (ya habíam os visto que era un concepto fa lso ) expresan tris­
teza y los cálidos alegría.
H ay id e n tific a c ió n e ntre el frío y la muerte, y e nt e el calor y la vida. La vida provoca alegría y la
muerte tristeza.
De paso notam os la c o n tra d ic c ió n que existe entre esta té cnica mágica y la base científica de divisionismo que el m ism o Signac u tiliz a b a .
Ejem plos com o este hay muchos.
Incluso en la p in tu ra abstracta, hay quienes basan su composición en planos interpenetrados, p re te n ­
d ie n d o así lo g ra r una u n id a d , insp ira da en la que tie n e el muro c o n stru id o con la d rillo s ta m b ié n
interpenetrados.
Recordemos ta m b ié n la simbología cromática de Kandisky: el am arillo es el cuerpo y el azul el espí-

5

Raúl Lozza
P in tu r a p e rc e p tista 308
L a e s tru c tu r a co n creta
re c h a z a todo sig n ificado,
sim bólico o m ágico.

2

Chirico
P laza pública
(R eto rn o a la
re p re se n ta c ió n p o r sus
v alo res m á g ic o s).
3

M iró
M u je r escuchando m úsica.
(P ro ced im ien to de ocu ltam ien to
s im ila r a la s
técn icas m á g ic a s).

�LA N U E V A E ST R U C T U R A
C aravagio, S e u ra t y M oholy - N ag y (lu z física d ire c ta ),
y en la o tra tenden c ia (fo rm a s ) a T in to re tto , R ubens, Boccione y C alder (m ovim iento m ecánico)
O tra consideración re p re s e n ta tiv a del color es la que em a­
na del fenóm eno asociativo, el cual, sin b ase cien tífic a a l­
g u n a (a u n q u e p a ra C irlo t es cie n c ia ), divide los colores en
C A LID O S y F R IO S . Los azu les, que e s tá n en el secto r
de las ondas m ás c o rta s del e sp ectro so lar, son fa lsa m e n te
considerados com o m enos lum inosos y m ás fr ío s debido a que
esto s se perciben con u n a m enor lu m inosidad am b ien te. Con
u na m ayor luz, los azules p arecen d e te n e r su p ro g re siv a i n ­
tensidad. m ie n tra s los am a rillo s y ro jo s p ro g re sa n aún m u ­
cho m ás (E l fenóm eno de P u rk in je sólo se ju s tific a desde el
p u n to de v ista su b je tiv o ). S abem os que la física h a e x tra íd o
del A ZU L , p recisam e n te , la luz m ás in te n sa , a p e sa r de que
la luz m edia p a ra d is tin g u ir los colores v a ria de p otencia
p a ra cada uno de ellos (C h a rp e n tie r h a e x tra íd o conclusio
nes sobre e s ta s relaciones, c u y a s c ifra s v a ría n e n tre 625
p a ra el A ZU L y 3 p a ra el R O JO ).
L a consideración de C A LID O S y F R IO S a p licad a al color
¿tie n e , acaso, relación con el p ro b lem a de la lu z ? F ís ic a ­
m ente, en absoluto . E lla es el p ro d u cto de u n a p u ra e x p e ­
rien cia que o to rg a c ie rta “ cu a lid a d ” por an a lo g ía con
o tro s fenóm enos de orden d istin to . La ciencia d e sb a ra ta este
le n g u aje asociativo, pues, a sí como h a sido lo g ra d a la luz
con esp ectro s de d is tin ta com posición (ex p e rie n c ia s de Moon
en 1946 sobre te o ría s de G ra ssm a n n ), ta m b ié n se lo ha hecho
con un solo color, por ejem plo, con el A ZU L (tu n g ta to de
calcio) o con el R O JO (b o ra to de calc io ). E s ta te o ría a so c ia ­
tiv a de los C A L ID O S y F R IO S en el color no solo no tie n e
b áse cien tífica, sino que se c o n trad ice con la re a lid a d de la
física, pues la luz A ZU L es la M A S P O T E N T E , y la que
e n cie rra M AS CALOR.
E sto s p roblem as ex p u esto s nos m u e s tra n que no h a y r e la ­
ción a lg u n a e n tre la física de la luz y lo em otivo del color.
N osotros no p reten d em o s in te rv e n ir so b re la s cien cias fís i­
cas y sus m étodos de conocim iento objetivo, pero ¿cóm o es
posible p re te n d e r e la b o ra r una co lo rim e tría sin te n e r en cuen­
ta la FO RM A P L A N A , o el esp acio colorido y el m edio c ir­
c u n d an te ? La unificació n de COLOR - FO R M A no es un
problem a físico ni n a tu r a lis ta ; es un fenóm eno e sté tic o ob­
jetiv o , lo g rad o por el P E R C E P T IS M O . Y a hem os señ alad o
en o tra s o p o rtu n id a d e s que en la n a tu ra le z a , esa unidad de
COLOR y FO R M A , de la que tam b ién nos h a b la B au d elaire,
no es un fenóm eno p u ra m e n te visu al. De allí el concepto de
la p rep o n d eran cia de la s fo rm a s so b re el color (G in d erto el
lleva e rró n e a m e n te e ste fenóm eno al te rre n o p ictó ric o ). S a ­
bem os que no hay un COLOR A RB O L, pero sí u n a FORM A
A R B O L : pero e s ta au sen cia sólo V IS IB L E de id e n tid a d co­
lo rid a y fo rm al, no debe a c tu a r como co n trad icció n en la
p in tu ra , pues nada tien en de com ún el O B JE T O N A T U R A L
en su asp ecto visible con el O B JE T O ' E S T E T IC O . H ay una
d iferen cia esencial, fu n d a m e n ta l, e n tr e la s F O R M A S
NA­
T U R A L E S y las F O R M A S P L A S T IC A S , aun q u e e s ta s ú l­
tim a s sean re p re s e n ta tiv a s o e x p resiv as.
Los fenóm enos del color en la p in tu ra h an hecho decir a
R u sk in que “el color p e rm itirá sie m p re d is tin g u ir la fo rm a ,
m ie n tra s que el e stu d io de fo rm a m ás d etallad o no p e rm i­
ti r á sa b e r del color” . E s ta s son su tile s a p a rie n c ia s que ocui-

Herbin
F o rm a s g eo m étricas
c a ra c te riz a d a s por
su color puro.
T o tal divorcio e n tre
fo r m a y color.

t'smo se abstiene de hacer incursiones y explorar el espacio y el tiempo en otros compos que no sean
les privativos de la pintura. El perceptismo no su giere ni representa espacios, s'no que "condiciona
espacies reales"; pero las tendencias que p a rtie ro n del c o n s tru c tiv is m o y d e sa rro lla ro n una p lá stica
con elem entos móviles, sólo nos dan sím iles m ecánicos.
(Son los llam ados "o b je to s in ú tile s " ) , con­
ce p to ya superado en los d om inios del co n o c im ie n to de la e s tru c tu ra de la m a te ria por la fís c a a ctu a l.
Las constelaciones m óviles de Calder, por e j., son planos b id im e nsio na les estáticos que se tra s la d a n
a u to m á tic a m e n te en el espacio trid im e n s io n a l. En estas e xperiencias, que trascie nd en lo p ic tó ric o , ya
es im posible re la c io n a r el color y la form a y o b te n e r un c o n tro l para la visión. T a m b ié n se d ieron,
para estos problem as, soluciones desventuradas, que m uchos in te n ta ro n ju s tfic a r la s con un concepto
c ie n tífic o -filo s ó fic o e x tra íd o de las teorías de la nueva fís :ca y de las geom etrías n o -e u clid ia n a s, la co o r­
d in ad a c u a trid im e n s io n a l y el tie m p o im a g in a rio . F a ta lm e n te , todo esto, desde el p u n to de vista real,
está co nd en ad o al fracaso, porque los elem entos p lá stico s son trid im e n s io n a le s (e s cu ltu ra u objeto
m onocrom o) y b id im e n sio n a le s (p in tu ra o p lano -co lor), y no pueden inscribirse las dim ensiones a lu d i­
das d e n tro de nuestra re a lid a d sin caer en un sím bo lo lite ra rio .El perceptismo com bate la represen­
ta c ió n hasta en su ú ltim o reducto. Ha creado una nueva e s tru c tu ra fu n c :o na l, cuyo sistem a puede h a ­
cerse e xtensivo a los fenóm enos del espacio y del tiem po plástico objetivo. Com o lo han probado a l­
gunas nuevas e xperiencias, reciente, esta e s tru c tu ra p e rm itirá co nsu stan ciar en un sólo proceso real
las dim ensiones espacio-tiempo inherentes a los elementos esenciales de la p in tu ra .
Si el a rte , en el período fig u ra tiv o , aun con los recursos de la c ie n cia , no nos ha dado un c o n o c im ie n ­
to de lo real, la p in tu ra n o -fig u ra tiv a , por su p a rte , es ig u a lm e n te im p o te n te para lo g ra rlo con los
m edios aportados por la c ie n c ia a c tu a l.
El perceptismo se d irig e al c o n o c im ie n to de lo p lá s tic o com o m a te ria lid a d estética.
En la síntesis
d ia lé c tic a del perceptismo, el espacio-tiempo in m a n e n te del proceso p lá s tic o deviene real y concreto si
p ra c tic a m o s el color-forma e s tá tic o en un m o v im ie n to de tra n s fo rm a c ió n recóproca.
Por eso la tra m a color-form a del perceptismo ya no separa al h om bre del m un do ni lo coloca a n te el
d ile m a c o n tra d ic to rio de optar entre dos realidades: la objetiva y la subjetiva.

LO M A G IC O Y LA EXPRESION
ritu; el negro es la m uerte y el blanco el nacim iento.
A dem ás, cada c o lo r tie n e su sonida propio.
Este sonido in te rn o "e s s im ila r al sonido de una tro m p e ta o de un in s tru m e n to que uno puede im a g i­
narse que oye cu an do la p a la b ra tro m p e ta es p ro n u n c ia d a ". . . "E n m úsica un azul luminoso es co ­
m o una fla u ta , un azul oscuro un ce llo , m ás oscuro a ún , el m a ra v illo s o c o n tra b a jo y el azul más ne­
gro de todos, un ó rg a n o " . . . "E l verde a bso lu to está representado per las plá cida s notas m edias de
un v :olín.
Este es un caso e x tra o rd in a rio de sinestesia. La e s tru c tu ra c ió n del co lo r queda así lib ra d a al sonido
que le corresponde, s u b o rd in a n d o entonces su ve rd a d e ra n a tu ra le z a por una ajena.
La enajenación de la realidad es uno de los resabios que nos ha dejad o el p en sam ien to mágico, c o ­
m o ta m b ié n es un resabio el p en sam ien to por analogía. Kandinsky ta m b ié n agregaba la analogía en­
tre formas y perfumes: " U n triá n g u lo es una e n tid d a d en sí con su p a rtic u la r p e rfu m e e s p iritu a l" . Es­
tas enajenaciones y analogías te rm in a n por e scam ote a r la re a lid a d de las cosas.
Los colores son explicad os por su sonido, y su c o m b in a c ió n por su "a rm o n ía m u s ic a l", y las notas
m usicales se e x p lic a n p o r su color. Se ha lle g a d o a la cre a ció n de una escala de doce colores, s im ila r
a la de doce notas. Los p in to re s h a b la n de colores musicales y los m úsicos del colorido de su com po­
sición. A veces el c írc u lo se a gran da e in te rv ie n e n cualidades del olfato y del tacto.
Esto me hace re co rd ar aquel d ic c io n a rio adonde Ud. va a buscar la p a la b ra hermosa y lo re m ite n a la
p a la b ra benito, de bonito a bello, de bello a lindo y de lindo ru e v a m e n te a hermoso, c e rra n d o el
círculo vicioso. La ve rd ad se hecha a un lado.
T a m b ié n Paul Klee h a b la b a de p o lifo n ía s . La p a la b ra magia tie n e hoy o tro s ig n ific a d o , que co rre s­
ponde al de m undos so b ren aturale s o e xtra te rre n o s.
Ives Tanguy es un c o n s tru c to r de mundos fantásticos, que se suelen p a ra n g o n a r "c o n las p ro fu n d i­
dades del m a r o paisajes de o tro p la n e ta ".
En c a m b io Paul Klee nos h a b la de lo que la n a tu ra le z a podría ser, y de las p osib ilid a d e s que e n cie ­
rra d e n tro de sus fo rm a s actuales.
Lo mágico ta m b ié n subsiste en cie rto s p ro c e d im ie n to s por los cuales el a n im a l to té m ic o era red ucid o
a una abstracción p ara ser o c u lta d o de sus enem igos.
Si bien )oan M iró no tie n e enem igos, por tra n s fo rm a c io n e s sucesivas ha creado representaciones t í ­
picas de m ujeres estrellas, p ája ro s y otros a n im a le s , consistentes en jeroglíficos que en m uy poco re ­
cu erda n a su m odelo.
O tros en c a m b io a d a p ta n com o contenido de sus p in tu ra s símbolos mágicos o religiosos, cuya presen­
cia se e x p lx a en su o rig e n por el papel a c tiv o que desem peñaban en el m un do del h om bre p rim itiv o ,
p ero que hoy c o n s titu y e n una supervivencia hueca y sin sentido, (peces, soles, conos, círculo s, e tc .).
Herbin, en ca m b io , com pone te xto s ocultistas y espiritistas, u tiliz a n d o siem pre el m ism o a lfa b e to
simbólico de signos g eo m é trico s de neta estirp e m ágica.
R esum iendo, direm os que d e n tro de la p in tu ra m od erna hay una plaga de té cnica s y mundos m ági­
cos que o b lig a n al espectador para c a p ta r su m ensaje a colocarse en una s itu a c ió n m e n ta l prim aria
e invelutiva.
Las cateqorías mágicas son las que c o n fu n d e n la m ente de las masas y las que el demagogo usa p a ­
ra in tro d u c irla s en rea lid ad es inexistentes.
C ateqorías mágicas son las que d o m in a n el e s p íritu del supersticioso y del ig n o ra n te . M ie n tra s la
c ie n c ia lucha por a rra n c a r al h om bre de las som bras que lo a ta b a n a un m un do m ise rab le , el a rte ,
que debe ser su salvador, lo sume en su prehistoria, lo a m a rra y lo a costu m b ra a un c lim a de reac­
ción m ental, que c o n s titu y e to d o un lastre para el e sfue rzo que hace la c ie n c ia y la filo s o fía para
sacar al h om bre de su atraso.
Por eso querem os que el a rte sea para el h om bre un e le m e n to que no lo saque de su realidad actual
y que c o n s titu y a para él un te s tim o n io vivo de su real poder in v e n tiv o y tra n s fo rm a d o r, basado en
un c o no cirrven to c ie n tífic o y no un te s tim o n io de su poder ilu so rio basado en procesos m entales ya
superados. Por eso somos perceptistas.
Y ya que hablam os de m agia, una p a la b ra más p a ra el realismo mágico.
" L a p in tu ra había rechazado — dice Franz Roh— en el tran scurso del expresionismo su se ntid o rep re ­
s e n ta tiv o , im ita tiv o , c u a n to le fu é posible. En c a m b io el post-expresionismo p retende re in te g ra r la re a li­
dad en el nexo de la v is ib ilid a d . La a le g ría e le m e n ta l de v o lve r a ver, de reconocer la cosa e n tra
n uevam ente en ju e g o . . . A h o ra bien, es preciso reco n o ce r que sólo después de haberse hecho abs­
tra c to el a rte pudo re flo re c e r el s e n tim ie n to del o b je to " .
Para que co rrerá la h is to ria del arte? ¿Acaso para ser d e te nid a y llevada de las orejas por los realis­
tas mágicos al rincc-ncito donde com enzó su e x is te n c ia ? ¿Por qué ha a van zad o la h is to ria del m undo?
A v a n z a p o r el d e s e n vo lvim ie n to de sus leyes intrín seca s, que a p la s ta n c u a lq u ie r in te n to de d e te ­
n erla , y que desconocerá a los p in to re c illo s que h ic ie ro n realismo mágico, e le m e n to espurio p a ra el
s ig n ific a d o y el d e se n vo lvim ie n to de la h is to ria del a rte y del m un do . AR-FUNDACION e s p ig a s - k a r d e x .p e r c e p t i SMO

T a lle re s O P T IM U S S. R. L. — D ia g ra m a R,

ta n contradicciones mucho m ás p ro fu n d as, y tien en su ra íz
en la consideración del m undo colorido COMO S E N S A C IO ­
N E S A ISL A D A S D E LA FO RM A . Vinci h a e sc rito que la
p in tu ra “divídese en dos p a r te s ; la p rim e ra es la fig u ra de
los cuerp o s y su s p a rte s, y la se g u n d a es el colorida que
es halla d en tro de los ta le s té rm in o s: “ y a sí, es en la p in ­
tu r a clásica donde el color fu é d e g ra d a d o al m áxim o como
medio re p re se n ta tiv o de volum en en el CLA R O SC U RO . E!
llam ad o “ v alo r” tie n e u n a ra íz h istó ric a de so ju z g a m ie n to
del color. E L PR E D O M IN IO D E L A S FO R M A S E N LA
E ST R U C T U R A I)E LA P IN T U R A E S P R O P IO D E LOS
P E R IO D O S C L A S IC O S ; E L COLOR E S D E L P U E B L O . El
color ese “a g e n te de m a 'e ria lism o ” . E N T R A Ñ A U N A B E ­
L LE Z A P O P U L A R Y C O L E C T IV A .
La relació n de los colores en la h is to ria de la p in tu ra h a v a ­
riado, desde lo s c o n tra s te s b asad o s en los “ v a lo re s” del
C LA R O SC U R O , a los enlaces sim bólicos y m ístic o s; desde
los co m p lem en tario s de la físic a y de la fisio lo g ía, a la s
relaciones de “to n o ”, de “ peso” o de “d in am ism o y e s ta tis ­
m o” . H oy, p a ra el P E R C E P T IS M O , SOLO LA FO RM A Y
SU C A R A C T E R E S E L V E H IC U L O D E LA R E L A C IO N
CRO M A TICA.
(C o n tin u a rá )

ESPACIO Y T IE M P O

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Donación Raúl Lozza</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 7 de la revista Perceptismo: teórico y polémico, publicados entre 1950 y 1953.</text>
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                <text>Lozza, Raúl&#13;
Haber, Abraham</text>
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                    <text>TEORICO

Y POLEMICO

4

H a sta p rin cip io s del siglo ve in te , eran so lam en te los filó so fo s los que p re ten d ían de­
te rm in a r teó ricam e n te una esencia del a rte , con el m ism o a fá n con que buscaban c
elaboraban esp e cu lativam e n te una esencia del universo , una esen cia del ser.
H oy, es el propio p into r el que se p la n te a y d ifu n d e d o ctrin a ria m e n te un supuesto
esencialism o de su a rte . Y es que la p in tu ra llam ad a "n o re p re se n tativa , al o rie n ­
tarse h acia una o b jetivid ad propia, tra sc ie n d e los dom inios del in d ivid u alism o , del
“ m undo a p a rte " en que vive el arte tra d ic io n a l, invade los dom inios de la vid a c iu ­
dadana y tiende a co n ectarse con el m undo de la realid ad o b jetiva (E l perceptismo
ya ha logrado una re la ció n entre arte y re a lid a d c o tid ia n a ). Todo esto obliga al p in ­
tor actu al a co n stitu irse tam bién en c rític o y en te ó rico ; a intro d u cirse incluso en el
cam po de la filo so fía .
C o n stan te m e n te , a d ia rio , oím os hablar de esencias del arte o de arte esencial, p ara
a firm a r, en ese solo concepto abstracto y g e n e ra l, una sup uesta "v e rd a d objetiva
en cada te n d e n cia d isp ar del arte llam ado “ no re p re se n ta tiv o ". Pero desde este p u n ­
to de v ista , en que la p alabra “ esencia" se p e rfila so lam ente como un recurso " e s p i­
rit u a l" y sa lva d o r de valo res in d iv id u a le s, recordarem os que tam b ién p ara M atisse,
por ejem plo, su arte es estricta m e n te esencial y nada de e xtrañ o e in ú til hay en él.
Sin em bargo, para nosotros, ese concepto de "esen cia" está basado en algo inútil y
aje n o a una o rien tació n objetiva.
N osotros sabem os que ha sido la h isto ria , so lam ente e lla , la que nos fu é d e lim itand o
en la p in tu ra una esen cia no representativa. Un arte esencial sólo puede c o n q u ista r­
se sobre la base de su m a te ria lid a d , no al m argen de e lla . Toda ap ariencia, cualquie­
ra sea su carácter, atentará contra esta esencialidad objetiva.
El hecho m ism o de que lo esencial guarde un c a rá c te r relativo, y se h a ya c o n s titu i­
do tam b ié n en una tram pa m e ta física em p lead a por la filo so fía e sp e cu lativa , no nos
a u to riz a a d ar por descontada una esen cialid ad a b s tra cta , c o n fu sa , " im p a lp a b le " en
el cam po estético. Debió d e cir Hegel que " e n la esencia todo es re la tiv o " , para que
la nueva filo so fía agregue que lo esencial puede ser, por ejem p lo, dos fu e rz a s opues­
tas que "so lo tie n e n sentido en su re la ció n , y no cad a cual por si m is m a " (F. E ).
Por esa causa tam bién la esencia del m o vim iento " e s la de ser la unidad inmediata
de esp acio y tie m p o " (H eg el). Esta verd ad d ia lé ctic a es desconocida por aq uello s
que, basándose en un concepto re la tivo del m undo que nos rodea, buscan una rea­
lidad esencial en lo ap a re n te o en lo absoluto.
Para el perceptismo, su sín te sis esencial es el plano-color funcional, es la unidad de
sus elem entos m a te ria le s o visu ale s en el espacio.
Nosotros no hem os incu rrid o en el erro r de d e te rm in a r como esencia de la p in tu ra uno,
dos o m ás "e le m e n to s ", sino todo el proceso de unidad creadora de esta m ateria
sensible en fu n ció n de una realidad objetiva. No lo entienden a s í los p into res ab s­
tracto s en general y, en p a rtic u la r, los que dan en llam arse "esen cialistas". Sus doc­
trin a s flu ctú a n en generalid ad es y u tiliz a n un confuso leng u aje y un pensam iento
teosófico cuando inte n tan e xp re sa r sus conceptos sobre esencia de las artes, re la c io ­
nada a los propios y p a rtic u la re s medios de percepción y fu n ció n .
Pero, si la esencia no está en “ la cosa m is m a " , en el m ism o objeto p ictó rico , en su
propia m a te ria visu a l a firm a d a en unidad orgánica funcional con el m edio — a rq u i­
te c tu ra , hom bre, m om ento a c tu a l— , en su propia realidad concreta, entonces ¿cu ál es
la esencia de esa p in tu ra ? ¿A ca so lo esencial sea aún para ellos lo ap a re n te , sino lo
exp resivo o lo anecdótico? (Se continú a pensando que la an écdo ta es el h o m b re ).
En el arte representativo o exp re sivo , sea fig u ra tiv o o " a b s tra c to " (no objetivo), lo
esencial será siempre lo ideal. En el perceptismo (arte objetivo), el acto creado r se
lib era de toda fu e rza co e rcitiva e x tra ñ a a la to talid ad del m ism o proceso inventivo , y
por esa cau sa, tanto la forma como el color, e stru ctu ra y esp acio , están en fun ció n
de una esencia objetiva, que es la relación de su propia m aterialidad con el mundo cir.
cúndante, el medio social y el hombre.

2

1
Cézanne

El tocador
(Ver artículo en
las págs. 2 y 3 sobre
la nueva estructura)

2

Raúl Lo zza

Pintura Np 163 (año 1949)
Estructura plana en función
con la arquitectura.

�LA N U E V A E S T R U C T U R A

DE
(

R

A

U

L

LOZZ A

1
M antegna

La perspectiva descriptiva
ha unificado formas y
espacio en el
mundo de las apariencias
2

A ltam ira

Jabalí corriendo
(Pintura rupestre,
según Cartailhac y Breuil)
3
Kandinsky
Composición
(Transposición del color
en la equivalencia
de las formas)
6

Raúl Lczza

Objeto - pintura 296 (1951)
(Formas creadas para
un fin plástico)

Continuación)

LA

PINTURA

PERCEPTISTA

“Hay que conocer el material
y no inventarlo”.

Nos hemos referido extensamente a los problemas de la
matemática como relación de formas y proporciones artís­
ticas, denunciando lo unilateral del absolutismo aritmético
y geométrico como factor directo de creación o como ele­
mento propio en la pintura. Corresponde ahora expresar
nuestro propio concepto sobre el problema de las formas, o
el proceso que determina su invención.
Si hemos condenado la matemática COMO METODO
CREADOR para la pintura, ha sido porque ella no propor­
ciona ningún DATO CONCRETO para la conquista y per­
cepción de planos reales, y en ningún caso deja de ser un
simple MEDIO AUXILIAR. Afirmando un concepto idea­
lista, escribe Eddington que “la estructura, ABSTRAIDA
DE CUALQUIER COSA QUE LA POSEA, puede ser des­
cripta exactamente por medio de una fórmula matemática”,
y que “el conocimiento estructural PUEDE SER SEPARA­
DO del conocimiento de los entes que forman la estructura”.
¿Acaso esta abstracción, que separa la estructura de los
entes, no puede ser comparada a la estructura de la pintura
representativa o expresiva?
Si el absolutismo mecánico de las proporciones aritméticas
no pudo unificar esos llamados ELEMENTOS DESEME­
JANTES (forma y color), tampoco lo han logrado en arte,
la física experimental y los sistemas fisiológicos y psicoló­
gicos de la percepción. Sin prever siquiera una solución
concreta para el problema de forma y color. Venturi escribe
que el arte clásico “inventó un canon de proporciones de la
forma humana pero no un canon de las armonías de los co­
lores”. Pero cuando esta ley de “armonía de los colores”
llegó a confeccionarse, tampoco ha valido para unificar obje­
tivamente forma y color.
Al hablar del contenido representativo de ciertas estructu­
ras rítmicas, nos hemos ocupado de la similitud entre pro­
porciones extraídas de la geometría y las proporciones an­
tropométricas, conocidas matemáticamente por los griegos y
utilizadas aún mucho antes. Sobre las relaciones entre su­
puestas ‘formas estéticas” existentes en la naturaleza y la
fisiología de la percepción, son numerosos los hombres de
ciencia que han manifestado sus dudas. Helmholtz, investi­
gando los problemas musicales, señalaba que las relaciones
de los sonidos no descansan solo en leyes naturales de los
órganos perceptivos, sino que son parte también del resul­
tado “de principios estéticos que ya han sido cambiados, y
lo serán más aún con el progresivo desarrollo de la huma­
nidad”.
El proceso creador de un arte concreto no puede descansar en
simples fórmulas abstractas o mecánicas. Si la matemática o
la geometría, la fisiología de la percepción o la psicología no
constituyen por sí mismo un método de afirmación objetiva
para las formas pictóricas ¿cuál es la estructura que permita
conquistar esa realidad en el terreno de la creación o inven­
ción artísticas? Aceptando que un fenómeno se sucede den­
tro de otro fenómeno, era necesario un método de ESTRUC­
TURA ORGANICA capaz de relacionar OBJETO y MEDIO,
afirmando ese “desarrollo de la humanidad”, visible también
en toda la historia del arte, no como anécdota descriptiva, sino
como esencia no-representativa.
La belleza en el arte no es un problema individual, pero es la
vida del hombre que la determina de acuerdo a ciertas condi­
ciones.
LA REALIDAD TRANSFORMA EL CONCEPTO DE LO
BELLO. Frente a los elementos materiales que han de cons­
tituir el plano, el PERCEPTISMO ha considerado que el ob­
servador no es un ser pensante aislado, sino que, por el con­
trario, actúa sobre los mismos, igual que sobre los sucesos,
como ser experimentado. Esta debió ser una condición indis­
pensable para alcanzar nuestro objetivo. La esencia material
del arte no podía lograrse con especulativas frases literarias
ni con el cálculo abstracto de geometrías y matemáticas pu­
ras. Tuvimos que CONOCER el material pictórico, no inven­
tarlo ni extraerlo “a priori” del bagaje subjetivo y sentimen­
tal. Por eso hemos comprendido lo esencial COMO UNA UNI­
DAD; no lo hemos comprendido como lo “primero”, sino como
una RELACION; no como lo material aislado en sí, sino como
la FUNCION. UNIDAD, RELACION, FUNCION.
La perfección clásica del naturalismo descriptivo ha alcanzado
en el Renacimiento su carácter científico. “La ciencia de pin­
tar”, el racionalismo idealista, ha dotado al arte de numerosas
reglas, atribuidas erróneamente a una supuesta nueva ma­
nera de VER. En realidad, las nuevas formas de pensar del
siglo XIV se han traducido en el arte, con cierto retraso, en
nuevas formas plásticas, y el impulso inventivo, aún en el
cascarón de las más inmediatas necesidades técnicas, solo ha
servido a los fines de penetración e idealización del mundo
circundante. Con la perspectiva COMO MEDIO DE EXPAN­
SION DE LA VIDA EN LA NATURALEZA VISIBLE, se
cumple lo que el moderno concepto señala como punto visual,
en que el espectador es “el eje latente del fondo, y las dife­
rencias ópticas son interpretadas sobre tal fondo”. (Fig. 1).
Con la perspectiva se produce entonces un fenómeno visual
lógico pero no verdadero, pues con ella un espectador estático
IMPONE a un espectador dinámico su visión instantánea, fijo
y determinado de las cosas. Debemoo agregar, una vez más,
que las psicologías han permanecido al margen de estas expe­
riencias plásticas, para cuya investigación necesitamos de una
ciencia estética materialista. Si bien en las formas de la pintu­
ra representativa existe un problema creado por nuestra “vida
anímica”, en cuanto fluye e invade también nuestra dinámica
de la percepción cotidiana, éste no llega a transformar efecti­
vamente el mundo objetivo. Zervos olvida un factor importan­
te impuesto a las formas pictóricas por ciertas leyes objetivas

de estructura cuando, al hablar de Ozenfant y Jeanneret, dice
que el intelecto “rige sobre la sensación óptica, la enriquece
o la deforma”. También el irracionalismo de Dilthey sostiene
que el COMPLEJO ANIMICO ADQUIRIDO “Modifica y con­
figura las percepciones” ; pero el perceptismo rechaza como
absurda la suposición de que la evolución de las formas plás­
ticas, en su desarrollo histórico, obedezca a un problema sub­
jetivo individual, aunque otorgue a ciertas “deformaciones”
un carácter expresivo o sentimental. El desarrollo de las for­
mas pictóricas hacia lo abstracto o constructivo ha comen-

5— R. Lozza. pintura N? 98
4— R. Lozza. pintura amarilla
(1947)
82 (1946).
Prim er intento de m edir el color de acuerdo a la forma.

zado por “deformar” el objeto representado, y LA CONFIR­
MACION DE LAS FORMAS PLASTICAS' SE REALIZA
COMPLETAMENTE AL MARGEN DEL MOTIVO I)E SU
ORIGEN. En todos los casos, sean por causas de una volun­
tad constructiva (Cézanne. fig. de la portada), o por impul­
sos expresivos (Rouault) esas “deformaciones”, que puede
exaltar la vida individual y ser abolidas por la experiencia
colectiva, son ajenas al mecanismo de la percepción directa.
Los fines concretos del PERCEPTISMO han logrado que el
objeto estético, configurado por un proceso creador de afir­
mación materialista de sus elementos propios, permanezca al
margen de ese “complejo anímico”. Uno de los factores ope­
rantes en el proceso de las formas concretas, como es el co­
lor, cargado por tantos siglos de contenido expresivo y sim­
bólico, mereció nuestra mayor atención.
Las posibilidades estructurantes del calor no han podido ser
valoradas exclusivamente mediante las leyes físicas, ya que,
en pintura, la función de éste es la DE SER VISTO EN UNA
RELACION DE FORMAS PLANAS. En nuestro caso, subes­
timar la importancia de la SENSACION y aislar el color en
OBJETO EN SI, es separarlo del medio y encuadrarlo en el
marco idealista de los “valores absolutos”, contradictorios
desde el punto de vista de la percepción. Aunque las colorimetrías elaboradas sobre la base de potencia luminosa, calor y
onda, sean un factor de conocimiento objetivo en el campo
científico, NUESTRA MAYOR SATISFACCION ES LA DE
HABER LOGRADO UNA RELACION ENTRE NUESTRA
SENSACION CROMATICA Y EL OBJETIVO PLANO.
Así, el color se transforma, de mera sensación variable que es
en nuestro mundo cotidiano, y de elemento expresivo y aní­
mico que fué en el arte, en UNA REALIDAD' CONCRETA,
EN LA FORMA MISMA.
Si hacemos historia sobre la última etapa del desarrollo de
las formas plásticas hacia el PLANO-COLOR del PERCEPTISMO, debemos comenzar par reconocer que mis primeras
experiencias en el arte abstracto se resistían a superar las
formas geométricas y matemáticas como sistema empírico de

�N. Di Salvatore

Del grupo concreto italiano)
La anécdota sobre el “ fondo”
contradicción de la vieja pintura

9

II - Arp

Miró

Los planos separados
son tan expresivos
como los yuxtapuestos

Relieve construcción - 1930
(Forma aním ica en el espacio)

10

R. Lozza

Form as - espacio
(Prim era época
Sin la nueva estructura)

11
R. Lo zza

Pintura abstracta N9 15
con estructura clásica (1945)
estructura. En mis pinturas de los años 1916 y 1947 llamadas
entonces “concretas” (Fig. 11 y 12), y aún en aquellas pri­
meras formas espaciales (Fig. 10), el propósito no represen­
tativo está desvirtuado por la falta de una estructura capaz
de relacionar forma, color y medio espacial en función de una
realidad objetiva. Solo un viejo y arraigado prejuicio me im­
pedía abandonar los métodos clásicos, que son aún hoy día
considerados como infalibles también por los pintores “no-figuralivos”.
A partir de entonces, para superar totalmente la apariencia y
ACTUAR SOBRE LOS FENOMENOS VISUALES, he expe­
rimentado directamente sobre la realidad, frente a formas
movibles bidimen.sionales y tridimensionales de distintos colo­
res y en un medio también variable. Como nosotros sabemos,
el punto central, u objeto de nuestra atención, se altera cons­
tantemente a medida que sus relaciones recíprocas varían,

13— Equilibrio y desequilibrio debido a la posición de forma
y color.

14— Experiencia del perceptismo
anulando la ley mecánica de
gravedad.

porque LA ACTITUD DEL ESPECTADOR TRANSFORMA
LAS PERCEPCIONES VISUALES. Este fenómeno natural,
que no experimenta el espectador frente a la pintura, pero sí
en su vida cotidiana frente al mundo que lo rodea, nos ha
enseñado que el color en el espacio DESTRUYE LA OBJE­
TIVIDAD DE ESTE, creando igualmente un espacio aparen­
te y nos ha orientado hacia una realidad bidimensional, ya que
nuestra pintura debía penetrar necesariamente en el espacio
como un objeto funcional más.
Esas relaciones desiguales dependientes de determinados án
gulos visuales, productos del ojo móvil y del ojo inmóvil, cuya
acción es, según Ilelmholtz, obra de la experiencia, transfor­
maba totalmente las relaciones de los objetos coloridos de
nuestro escenario experimental, pues el fenómeno visual que
se produce frente al mundo que nos rodea es de constante
transformación de los objetos EN LA RETINA, “deformacio­
nes” de objetos que, en realidad, son inalterables. Desde el
punto de vista de la estructura, los psicólogos de la forma
sostienen que sería caótico para nosotros si las formas de
los objetos cambiaran EN REALIDAD como cambian al pro­
yectarse en la retina a cada movimiento de la mirada.
LA ESTRUCTURA DE UNA PINTURA SERIA IGUAL
MENTE CAOTICA SI SE MODIFICARA CONSTANTE­
MENTE AL MEDIRSE CON LA MIRADA DEL OJO MO­
VIBLE.
Crear un objeto artístico real, estático, inmutable desde el
punto de vista de la percepción visual, sin la alteración de
su estructura plana ocasionada por la dinámica del especta­
dor, CUYA OBJETIVIDAD SEA CAPTADA TOTALMEN-

-P in tu ra 161. año 1948 (R. Lozza), cuya structura funcional supera
la ley del “ peso” y de “ posición” .

a reglas físicas. Yo he comprobado que, CUALQUIERA SEA
LA GRADACION DE LOS LLAMADOS “TONOS”, NO
HAY DOS COLORES QUE PUEDAN CORRESPONDER A
DOS FORMAS IDENTICAS.
Las experiencias para condicionar una realidad plana a la
percepción visual ha puesto al desnudo los resortes de nu­
merosos fenómenos espaciales creados por la superposición y
por la yuxtaposición.
Destaquemos que la Bauhaus ha afrontado hechos similares
en las experiencias sobre el color, pero con resultados total­
mente opuestos a los nuestros. Al trasladar el color “al pro­
blema de la forma”, Moholv-Nagy ha exaltado en aquél esa
potencia espacial aislada, “transformado en una fuerza car­
gada con espacio potencial articulado y lleno de cualidades
sensoriales”. Sin embargo, una forma coloreada escapará
al control de toda medida y estructura clásica, si con ella
pretendemos conquistar el plano objetivo (para M. Nagy y
otros pintores las relaciones de DIMENSIONES están cir­
cunscriptas en la SECCION DORADA y otras proporciones,
y la relación de POSICION en la medida de ángulos). Las
relaciones basadas en las leyes clásicas no han logrado con­
dicionar una forma plana, pues el propio carácter de esta, y
especialmente su color, las destruye inevitablemente. Algunos
han dicho que el color “es un elemento destructivo”, llegando
a sojuzgarlo y anularlo, pero el problema ha permanecido
sin solución. Las nuevas geometrías tampoco nos proporcio­
nan dato alguno sobre las formas concretas. Para ello, he­
mos debido recurrir a un nuevo sistema de relaciones, elabo­
rado sobre la misma experiencia plástica, con los datos que
nos suministran los hechos pictóricos inmediatos.
Las tendencias llamadas no-representativas no han logrado
superar el último reducto de representación, debido a la ca­
rencia de ese proceso de estructura funcional. En ellos, el
espacio aparente determina un fondo, sobre el cual se su­
cede un hecho, se expresa una anécdota o se desarrolla una
idea o un concepto (Fig. 7). La masa estructurante y la su­
perficie plana se contradicen aún, existiendo allí una “figura
y fondo”, como existe una “figura y fondo” en el arte figura­
tivo.
i ' l? ’ virj
La proximidad del color entre si y con el espectador, su “pro­
fundidad” y su enlace, solo podrá controlarse de acuerdo a
su extensión y a su medio circundante. Las teorías cromáti­
cas elaboradas hasta hoy, sobre la base del aislamiento del
mundo colorido de los demás fenómenos y del carácter de
la forma, han sido inadecuadas en nuestro afan por conquis­
tar el plano. Hoy, las consideraciones previas donde ha de
germinar el suceso plástico, han excedido con el PERCEPTISMO los límites estrechos del muro como fondo o del clá­
sico lienzo rectangular, y fundan las bases mismas de la
creación EN EL ESPACIO REAL DONDE SE DESARRO­
LLA LA VIDA MISMA DEL HOMBRE. Por eso, al hablar
de estructura pictórica, nuestras primeras consideraciones
serán:
1) La dimensión total del muro arquitectónico;
La distancia media entre éste y el espectador;
El campo visual pictórico o el ángulo de percepción
simultánea;
El color REAL del muro y la intensidad cromática
APARENTE de acuerdo a la luz y al espacio distancial, y
El campo estructural o el espacio circunscripto por los
puntos de referencia.
Tendremos así las bases para desarrollar una estructura
FUNCIONAL, ORGANICA, una UNIDAD entre los medios
plásticos y los propósitos no-representativos.
Desde el punto de vista de la objetividad, ese orden y esa
UNIDAD sólo ha sido alcanzado por el PERCEPTISMO,
pues solamente este ha penetrado victoriosamente en nuestro
mundo cotidiano como un objeto funcional más. Tengamos pre­
sente que, si bien es la expresión y la apariencia la causa
por la cual “cualquier unidad visible puesta sobre un plano
pictórico desarrolla una vida propia” (AISLADA, diremos
nosotros), nada se ha hecho por superar esta contradicción
permaneciendo con el viejo orden plástico, aun recurriendo
al más estricto racionalismo numérico. El resultado de un
cálculo matemático deducido de las leyes clásicas de relacio­
nes será UNILATERAL, aunque estas involucren la totali­
dad de los elementos plásticos; este resultado SOLO SE RE­
FERIRA A LA FORMA, Y DE ESTA SOLAMENTE A SUS
DIMENSIONES Y A SU POSICION.
Hemos dicho que el problema de las formas ha sido encarado
por el PERCEPTISMO desde un punto de vista nuevo y es­
trictamente funcional. Las formas planas de una obra per-

TE POR LA SOLA SENSACION, ha sido nuestro fin perse­
guido. Nosotros sabemos también que e! simple cambio de
color en los objetos crea igualmente ante nuestros ojos una
transformación y un movimiento, no solo de alteración en sus
relaciones y en sus formas, de su estructura frontal de con­
junto, sino también un fenómeno de acercamiento y aleja­
miento de los cuerpos, UNA APARIENCIA DE ESPACIO,
una profundidad cromática. Los diversos colores crean espa­ ¡
cios que en realidad no existe, y esta diferencia espacial se
mantiene a pesar de nuestra simplificación de ios cuerpos ha­ !
cia las formas planas y de nuestro ajuste del color de acuerdo

12
R. Lozza

Pintura N9 27 (1945)
de estructura clásica

�LO OBJETIVO
Y L O ------------------N O - O B J E T I V O EN EL ARTE
1
Objetos de la naturaleza

Fotografía de
A. I. Vallmitjana

2

V lam inck
Paisaje

(Objetos de la naturaleza
y del hombre utilizados
como objeto de expresión) g

1

¿A rte o bjetivo? ¿a rte no ob jetivo? ¿La s p in tu ra s ab stra cta s son objetos? ¿O se evaden de él? ¿ Y
el perceptismo p in ta objetos o sus p in tu ras son objetos? En a lg u n a s de las pocas revistas de arte de
Buenos A ire s se v e n tila una p o lém ica sobre la deno m in ación de las n o vísim a s te n d e n cias de la p intura.
C reem os m uy ne ce sario , antes de te rc ia r en e lla , re visa r el concepto de " o b je to " , ta re a e riz a d a de d i­
fic u lta d e s , e vid e n cia d a s en el hecho que adem ás de ser d iscu tid a sú esencia h a y filo so fía s que niegan
su e x iste n cia .
¿Qué es un objeto? N o pretendem os d e fin irlo pero nos asirem o s de uno de sus a trib u to s : el objeto
e x iste indep end ientem ente de nu estra co n cie n cia. El " h a c e r " del p in to r, como toda p rá c tic a im p lica
el recono cim iento tá c ito de su e x iste n c ia , puesto que si toda la re alid ad está in c lu id a en nuestra
m ente no tiene sentido que el a rtis ta m a te ria lice lo que co n cib a, dado que, re alizad o o no re alizad o
siem p re e x is tiría ú n ica m e n te en su co n cie n cia.
U n a ve z ase n ta d a esta co n fia n z a del a rtista en el m undo o b jetivo, conviene se p a ra r los objetos de la
n a tu ra le z a y los objetos inventados por el hom bre, que son q uienes so lic ita n n u e stra atenció n.
El d e senvo lvim iento de la especie h um an a ha creado necesidad es que ésta ha resuelto creando objetos
que las s a tis fa c e n y que una de las c la s ific a c io n e s m ás acep tad as en las cie n cia s de la c u ltu ra divide
en cin co grupos.
I 9 C re acio n e s (T e o ría s , relig io nes, a r t e ) .
2 ° U tiie s.
'*•
"
7
3 9 Signos (L e n g u a je ).
4 9 Fo rm as so ciale s.
59 Educació n.
Estos son objetos que no e x is tía n an tes del ad ve n im ie n to del hom bre, que no h ab rían e xistid o sin él
y que no e x is tirá n cuand o él se e xtin g a . Una v e z b arrid o él de la su p e rficie de la tie rra , una p alab ra
e sc rita sólo se rá m ancha de tin ta y una e statua de bronce un trozo de m etal.
En estos objetos se distin g u en dos asp ecto s:
l 9 Los objetos o elem entos m a te ria le s de la n a tu ra le z a (sonido, m e ta l, p ie d ra, m a d e ra ) que han p e r­
m itido la o b je tivació n de las creacio n es h u m an as.
2 9 El objeto c u ltu ra l que se concreta en d icha m ateria.
Pero, ¿cóm o se in serta ese objeto cu ltu ra l en el objeto m a te ria l? ¿C u á l es el ve h ícu lo que introduce
el e sp íritu en la m a te ria ?
In d ud ab lem ente ese ve h ícu lo es la fo rm a , com prendida en su .sentido m ás am p lio . L a s illa llega a ser
tal cuand o el hom bre le da d eterm inad a fo rm a a la m adera.
L a e se n cia de los objetos creado s por el hom bre está dada por la invención de la fo rm a .
Estos dos aspectos que hem os a n a liza d o se a p lica n a los cin co grupos de la c la s ific a c ió n a n te rio r pero
debemos h a ce r una sa lve d a d que nos interesa sobre todo en lo que atañe a los objetos artístico s. En
e fe cto , el concepto de objeto podemos a p lic a rlo a una obra de arte en tres planos d ife re n te s (nos re­
fe rim o s e sp ecialm en te a la p in t u r a ).
I 9 El objeto " n a t u r a l" : hilo p a ra la te la y las su sta n cia s colo rantes.
2 9 El objeto ú til o p rá c tic o : la tela p lana re c ta n g u la r, cre ad a por las " fo r m a s " que el hom bre ha in ­
sertado en los objetos an te rio re s y cu ya u tilid a d consiste en se rv ir de m a te ria para que o tra ve z el hom ­
bre inserte en él las fo rm a s p ara c re a r el objeto de arte.
39 El objeto a rtís tic o , que, volvem os a rep etir, está constituid o por las fo rm as ase n ta d as en el objeto
ú til tela form ado a su v e z en un objeto de la n a tu ra le z a .
Pero au n nos olvidam os de a lg o ; adem ás de seda, la n a, lino o m a d e ra , el hom bre tom a de la n a tu ra ­
leza las " fo r m a s " de sus objetos (p a is a je , hom bre, etc.
) que ta m b ié n , siguiendo el proceso descripto, reciben una fo rm a que las concretan com o objeto ú til, p ara re c ib ir a su ve z las fo rm as esté ticas.

�ABRAHAM
H

A

B

E

R

La fo rm a , que las hace objeto ú til es la p ersp ectiva o el reb atim ien to o el eclip se o cu a lq u ie r o tra té c ­
nica de su g e rir el volum en en un plano.
R ecién sobre ésto el pintor ap lica las fo rm as e sté tic a s, propias de su id io sin cra cia , pero que a veces,
tom ando alg u n a s c a ra c te rístic a s com unes, se ag rup an en e scu e las (im p re sio n ism o , realism o , fa u vism o, cubism o , su rre a lism o , fu tu rism o , e tc ., que en d e fin itiv a son " fo rm a s " de ve r las fo rm as de la n a ­
t u r a le z a ).
1
El objeto a rtístic o es entonces las " fo r m a s " , el estilo o m an era de cada pintor.
U na ve z aislad o el objeto estético, cab e interro g arn o s por su sentido o por su com prensión. C o m p re n ­
demos el sentido de un sím bolo o de un signo o de la te o ría de la relativid ad , y sabem os p ara que sirve
un u te n silio . Las c ie n c ia s de la c u ltu ra nos dicen que el sentido de los objetos se puede c a p ta r por
"co m p re n sió n " (u n a te o ría c ie n tífic a , un sím bolo religioso) y por vive n cia o ca p ta ció n p rá ctica (u sa r
un m a rtillo , p ra ctica r una c o stu m b re ).
La p in tu ra llam ad a re p re se n tativa es un objeto cuyo sentido se obtiene por am b as v ía s . "C o m p re n d e "
el arte el sujeto que lo c ritic a , lo va lo ra y lo ubica y " v iv e " el a rte aquel que es llevado por las em o­
ciones que éste le proporciona. Se tra ta de la fam o sa "e m o c ió n " e sté tica que el p into r " h a fo rm a ­
d o " en la tela y que es su e sp íritu , su em oción, su m an era de se n tir, la de su época. N os encontram os
en un terreno id e a lista, la fo rm a, e se n cia del o bjeto, co rp o riza al e sp íritu .
La filo s o fía , cre ació n del hom bre, presenta en su h isto ria una m arcad a p rep on deran cia del id ealism o.
El a rte rep resentativo, tam b ié n su cre ació n , lo lleva im p lícito en su base.
Pero, sigam os a d e lan te investigand o el curso del ssn tid o del a rte .
La em oción su b je tiv a que el p into r proyecta en las form as son cap tad as por el espectador que la recrea
y a su vez las vu elve a p ro ye ctar sobre la n a tu ra le z a y la vid a. Y a d ecía O sc a r W ild e :
" L a s cosas son porque las vem os y lo que vem os y el cómo lo vem os depende las a rte s que sobre nos­
otros hayan eje rcid o in flu e n c ia . . .
El arte presenta de continuo los m oldes vario s en que la exp resió n puede ser lo grad a; la V id a se apo­
dera de ellos y los usa, aun en su propio daño. Jóvenes hubo que se su icid aro n porque R o lla se s u i­
cidó, que m u riero n por su m ano porque por su m ano W e rth e r m u rió . P iensa en lo que debem os a la
im ita ció n de C risto , en lo que debemos a la im ita ció n de C é s a r . .
L a m anera de se n tir se e xtie n d e . El e sp íritu su b je tiv o se to m a e sp íritu o b jetivo por interm edio del
arte . Si nos ap o yáram os en H egel d iríam o s que el a rtis ta es el hom bre rep resen tativo m ed iante e l cu al
La Idea se objetiva en la h isto ria .
T o ca ah o ra, por oposición, re fe rirn o s a l perceptismo.
El perceptismo tom a el objeto n a tu ra l, m ad era o m etal y su sta n cia s co lo ra n te s, y d irectam en te con
ellos construye el o b jeto -crte. L a s fo rm as e sté tic a s se p lasm an sin el in te rm e d iario de otro objeto
" ú t i l" sobre los m a te ria le s de la n a tu ra le z a . La p in tu ra p e rce p tista es re alizad a com o se re a liz a una
s illa , una ca m a o un dique. El concepto de objeto, sólo se da en dos planos.
A h o ra tam bién cabe preg untarno s por su com prensión o sentido.
El perceptismo se preocupa por la " fo r m a " (en su sentido m ás a m p lio ), que ya hab íam os visto e ra la
esencia de los objetos creado s por el hom bre. Todo el pensam iento y la acció n del p into r p e rce p tis­
ta está so licita d a por las fo rm a s, los colo res, el plano, cu ya co n stitu ció n en un objeto, que no re p re ­
sente ni sug iera lo que no es, im p lica una m aravillosa conjunción de verdad con belleza.
Recordem os ah o ra que el p in to r re p re se n tativo , sobre las fo rm as de la n a tu ra le z a in clu ye fo rm as que
introducen su m an era de se n tir. Se o fre ce entonces al esp ectador fo rm as ya " s e n t id a s " , ya "g u s ta d a s "
que vienen h a sta él carg a d as ya con los sen tim ien to s del a rtis ta . Estam os fre n te a algo ya " d ig e rid o " .
N ada m ás y nada m enos que un bolo estético que choca con la persona co n cre ta del esp ectador v lo
obliga a h a ce r ab stra cció n de su re alid ad para " a s im ila r s e " y a co n d icio n arse a la carga e m o tiva. Esta
p in tu ra desconoce al hom bre concreto , con " s u s " pro b lem as, con " s u " dram a. V a d irig id o al H om bre
ab stra cto y con m a yú scu la .
El p into r p erce p tista no p in ta con " in s p ira c ió n " o con ca rg a em otiva. P in ta en frío . C re a un objeto
bello. Y el hom bre concreto , re a l, con su d ra m a y sus pro b lem as reacciona em o tivam ente, con su em o­
ción propia, eng ranad a en, condicio nada por y co n d icio nante de los dem ás aspectos de su psique.
Esto no sig n ific a que la p in tu ra p erce p tista no tenga un v a lo r o b jetivo , siem p re el m ism o, cu a lq u ie ra
sea el objeto que la co ntem ple, sino que la percepción de ese va lo r entra en juego con la in d iv id u a li­
dad de cad a uno.
A tenién don os a esto a firm a m o s que la p in tu ra p erce p tista es o b je tiv a . N o p in ta objetos sino que es
un objeto. Es co n cre ta , tanto por su co n stitu ció n o b je tiva com o por su a lca n ce hum ano. A b stra cta y
su b je tiv a es la p intura rep re se n tativa y sus prolongaciones dentro de la p in tu ra llam ada a b s tra cta .
Es in ú til tender una lín ea separado ra a llí donde te rm in a la reproducción y c o m ie n za la p in tu ra a b s­
tra c ta , que cu e n ta con te n d e n cias donde las c a ra c te rís tic a s de la p in tu ra re p re se n tativa se e x a lta n y
se vig o riza n . D esaparece la reproducción de la n a tu ra le z a pero es re e m p la za d a por la reproducción
de fo rm as puras y sim ples y he a q u í que nos enco ntram o s con un fenóm eno de in versió n . En e fe c ­
to, las fo rm as no repro ducto ras, instrum ento cre ad o r del hom bre, insertad as en una m a teria, en un
objeto n a tu ra l, nos dan un objeto inventad o , un objeto c u ltu ra l. En este caso sucede a la in ve rsa.
El m a te ria l son las fo rm a s p uras, no rep ro d ucto ras, donde se in serta n las " fo r m a s " e sté ticas p ara
c re a r el objeto de arte.
Las fo rm as e stéticas (o las que c re a n un objeto) responden a una ley (carg a em o tiva, p ro ce d im ie n ­
tos co n stru ctivo s) pero estas fo rm as p uras no rep ro d u ctivas donde éstas se in c lu y e n , a que ley re s­
ponden? C u á l es la razó n de su ser? No es una razó n e sté tica puesto que esté ticas sólo son las fo r­
mas que se in sertan sobre e lla s, a quienes sirv e n de base. Q u iz á el cap rich o o la casu a lid a d . Esta sí,
es p in tu ra fo rm a lista . Y sin em bargo c a rg a , q u iz á h a sta la e xa g e ra ció n , la su b je tiv id a d em otiva de
la p in tu ra re p re se n tativa.
No puede o c u rrir esto con el perceptismo, donde las fo rm as cre ad o ras son ap lica d a s d irectam en te so­
bre los elem entos de la n a tu ra le za .
Debem os a c la ra r que dentro de la p in tu ra ab stra cta y aú n dentro de la p in tu ra re p re se n ta tiv a e x is ­
ten d ireccio n es que, por sus procedim ientos co n stru ctivo s, buscan lib e ra rse de los lazos su b jetivo s y
aisla n te s que hem os expuesto.
El perceptismo lo ha logrado.

Toeuber - Arp

Composición vertical
a rectángulo, círculos y barras
M agnelli

Imagen de un deseo (1950)
(Formas abstractas determinadas
por una voluntad expresiva)
V . D. Lo zza

Estructura funcional N" 37

�&lt;
N
N

O
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O

Arp - Magnelli - Taeuber - Arp

Litografía
(Estilos individuales en
una realización colectiva)

Un

libro

“La pintura abstracta”
Juan Eduardo Cirlot
Ediciones Omega. - Barcelona
Ante la escasa existencia de libros que difunden en
castellano la cuantiosa producción de la pintura abs­
tracta, la aparición del libro “La pintura abstracta”,
de Juan E. Cirlot, vino a llenar una necesidad im­
prescindible. Libro accesible al lector común, aunque
con ciertas prevenciones en materia filosófica, trae un
nutrido material documental sobre obras y doctrinas,
como también apreciaciones estético-psicológicas.
Su cronología del desarrollo histórico es didáctica y
útil. En esa síntesis pone de manifiesto el autor al­
gunos factores históricos sociales que coadyuvaron a la
renovación de la pintura frente a la tradición aca­
démica. En el prefacio, que es la parte más breve
pero substanciosa, justifica su trascendencia y sus
valores. Pero, no obstante su decidido apoyo a la mis­
ma, elude el compromiso de pronunciar un juicio acer­
ca del cual sería la meta objetiva en su decurso ul­
terior. Ejemplo de esta limitación es la referencia que
hace de la psicología de la forma (“Una parte en
un todo, es algo distinto a esa misma aislada o en
otro todo”), sin investigar luego si es que en el arte
se ha llegado a cumplir ese postulado, o sea en qué
medida se pasó de lo obstracto a lo concreto.
El perceptismo, sin rechazar el planteo de la psicología
de la forma como apreciación general, cumplió ese
cometido.
También en el apéndice, que ocupa gran parte del
libro, trata el autor los problemas concernientes a la
estructura y a la percepción, descubriendo una ana­
logía entre las formas primitivas y esas de las pin­
turas abstractas. Pero, al basar históricamente las
formas “abstractas” del arte moderno en esas relacio­
nes y principios teosóficos, refirma su concepción idea­
lista en el planteamiento de los problemas del cono­
cimiento de la ciencia del arte.
V . D. Lozza

EL

P E R C E P T I S MO

Hemos visto en el artículo anterior titulado "De la abstracción al perceptismo", cómo la p intura, al
abandonar la exp eriencia fig u rativa — objetos naturales— , crea formas ideales, entes que no pueden
definirse como concretos, porque, para e x istir, absorben contenidos extra-p lástico s, provenientes de
va ria s fuentes. Estos son elementos condicionados, y no condiciones para co nstruir una pintura fun cio ­
n a l, cuya prim er exigencia consiste en aunarse con la arquitectura, sin an ular el espacio-muro.
Estos contenidos son de natu raleza distinta a los signos de la pintura fig u ra tiv a : adquieren para e x ­
presarse una porción de realidad sim bólica.
Sim bolizan leyes o representan ideas y sentim ientos del hombre o del mundo. Sin embargo se teoriza
con frecuencia sobre tem as que aluden a las funciones plásticas y se le dá a estos enunciados un a l­
cance esencial. Creem os necesario poner de m anifiesto que los teorizadores de vanguardia, enrolados
en estas tendencias, incurren como de costum bre en contradicciones, al considerar estos problemas.
En u n ciar que la "fu n c ió n determ ina la fo rm a " es un concepto obstracto y que nada aclara sobre las
particularidades de una función esp ecíficam ente pictórica.
El perceptismo no quiere sentar una tesis m ás de c a rá cte r especulativo, sobre el arte como fun ció n,
tem as m uy en boga y que in citan a frecuentes controversias y debates, con resultados casi siem pre
estériles o académ icos. N uestra concepción es la expresión de una " p r á x is " , en que se conjuga la
teoría y la realizació n en un todo indisociable. Para el perceptismo, lo funcional posee una acepción
distinta a los sím iles u tilizad o s por la m ecánica o la m atem ática; tiene más analogía con el com porta­
m iento orgánico, aunque es indispensable hacerle correcciones a este tipo de acción.
La p lástica,
lleva im plícita una dim ensión histó rica d ia lé ctica , un concepto del mundo objetivo que se eleva por en­
cim a de la actividad elem ental y estim ula la fa cu lta d inventiva.
Para el hecho artístico , el medio posee tam bién una historia y un desarrollo que es el resultado de
la actividad sensible, vo litiva y racional del hombre.- A esta activid ad superior, el idealism o la consi­
dera como un resultado autónomo del espíritu creador del a rtis ta ; no sufre ni está sujeta a determ ina­
ciones m ateriales y técnicas. El perceptismo liga la actividad esp iritual directam ente a la realidad, y
conoce su esencia objetiva. La creación del instrum ental y el éxito p ráctico del mismo al operar en
el medio, prueba suficientem ente la conexión lógica entre el hombre y el mundo exterior, en una re­
lación de dominio y no de subordinación.
Si la relación de un medio a un fin fra ca sa, lo funcional no se cum p le; pero en este caso es la especie
la que pone en peligro su e xiste n cia. Esta relación de conocim iento debe establecerse en el orden del
arte, porque en la pintura perceptista no es la im aginación g ra tu ita la que lleva la parte a ctiva , sino
que es la razón la que rige y gobierna en la gestación y disposición del proceso plástico. Y si estas
funciones no se cum plen entre los elementos esenciales, el destino de esta pintura no tiene razón ya
de ser. Y a no constituye un privilegio para el hombre la creación de obras que no se adecúan a las
nuevas m anifestacio nes de la vida colectiva.
A c tu a r o p intar al margen de lo que el espíritu nece­
sita, es colocarse fu e ra de la m archa de la historia. La pintura tiene que atender esta función social
tam bién con p reem inencia.
¿Cómo se determ ina en la órbita de la pintura la fun ció n, para que el objeto estético, como proceso
de "ad ecuació n de un medio a un f in " , obre como categoría de lo ú til, reaccione contra las leyes esta­
blecidas, y devenga una fin a lid a d social educadora sin re cu rrir a los medios representativos, que es lo
propio de una pintura no-funcional y que actúa de " re fle jo " ?
E! perceptismo se presenta atacando a
fondo los problemas que la p intura de vang uard ia no-figurativa no pudo resolver. Lo funcional no to ­
lera la representación que contiene la ab stracció n en un grado m ás u n ive rsal, ia apariencia, la suge­
rencia de espacio y de form a o todo remedo que provenga de las leyes internas de la n a tu rale za y su
estructura. Elim in arse la representación m ediante una estructura que sea propia, que el color y el
plano esté controlado por una m ensura óptica-estética y no m atem ática, que exista una relación
entre lo interno y lo externo-am biente tridim ensio nal. El orden arquitectónico debe de respetarse; ni
e x a lta r sus m iem bros, ni deform arlos ni ahuecarlo s. Los arquitectos tampoco han sabido defender estas
leyes, y es com ún oirles predicar el retorno de la pintura al muro, sin tener la noción de lo esencial
en m ateria de interdependencia y de lím ites entre las artes. El perceptismo no hizo concepciones en
este terreno; renunció a continuar los métodos tradicionales de la p intura m u ral, no pensó restituir el
cuadro al muro, o sim plem ente decorarlo.
Partió de la p intura libre, pero previam ente la llevó hasta el lím ite crítico de su co n trad icció n : el
problema del fondo y de la forma. A n a liz ó los m ateriale s, especificó sus elementos esenciales: planocolor, y creó una estructura que supera los órdenes preestablecidos de com posición.
Esta concepción nueva operó un cam bio en los modos de percib ir el suceso p lástico en relación a la
arq u ite ctu ra , com plem entándose recíprocam ente con sus propios medios, sin an u lar las funciones de
ser vistas y de convivencia. Estas e xp eriencias no son hechos sim ples, sino que estas formas de ver
son resultados de verdades m ás profundas, de un conocim iento m ás com plejo del mundo, y que está
potencializado por una fu e rza histórica y colectiva. Nosotros interpretam os esa esencia colectiva a
través de la estructura mism a. Si las artes p lásticas se fundan en las facu ltad e s " v is iv a s " , por medio
de la cual se percibe la m ateria propia, ninguna p intura logró hacer co in cid ir la percepción de esas
m aterias sin transformarla en signos representativos.
El perceptismo, dirigiéndose a la emoción estética, respeta la verdad objetiva. A s í, lo funcional lleva
a la verdad, al aju star estrictam ente a las necesidades los medios estéticos en una interacción con
lo social. Por que no se lim ita a satisfacer neces:dades de em ergencia, sino que la activid ad p ráctica
del hombre se am p lia al incorporar lo em ocional a lo am anual. Esta acción com ún de la técnica y de
la p lástica se to ta liza en un trabajo de c a rá cte r social inédito y abre el cam ino h acia la invención de
un arte a la medida del hombre real. Los medios técnicos utilizados p ara la creación del objeto están
en relación m ediata, y no pueden ser aislados en el sentido de que la m ateria a rtís tic a niega a la m a­
teria n atu ral. O m ejor dicho, que la forma sea independiente de la materia, como en la p intura f i ­
gurativa y ab stracta. No existe contradicción entre lo que se quiere y lo que se h a ce ; es un proceso
de ejecución sim ultáneo en com pleta identidad. Se elimina así el drama que se establece entre la
forma y la materia, de que tanto gustan los agonistas de la representación. Hemos superado la an ­
gustia rom ántica de que "todo lo que e xistía ya no ex ste y lo que e xistirá no llegó todavía '. El per­
ceptismo abarca los dos momentos, y el tránsito es una realidad concreta que une el pasado con el
futuro inm ediato.
Cada vez se vé m ás claro en el proceso histórico y artístico , y este progreso hace que se am plíen las
perspectivas. En la antigüedad hubo períodos en que las artes plásticas cum plieron una función ne­
cesaria, aunque con otra fin alid ad filo só fica y estética. Lo que postula el perceptismo lo intentó la
Bauhaus y el grupo Stijl neoplasticista en un ensayo que fracasó. La Bauhaus concibió la necesidad
de au nar las artes indu striales en un plano de igualdad con la p lá stica . Es evidente que un trab ajo de
equipo se impone, dado el desarrollo colectivo de la producción m oderna, pero no tuvo en cuenta el
problema fundam ental de cómo se debe superar el estilo individual en una estructura co lectiva, antes
de fo rm ular una idea de trabajo social. Lo colectivo no se resuelve por el mero hecho de una o rg an iza­
ción de la activid ad colectiva, sino que lo colectivo lo puede practicar uno solo pero con una substan­
cia colectiva.
M ientras exista el facto r subjetivo no se puede hablar de un arte so cial. Un ejem plo de lo que acabo
de se ñ alar lo dá la pintura compuesta por tres pintores y en que se observan las caracte rísticas del
estilo personal de cada pintor. Incongruencias de estas abundan en la pintura ab stracta. L a línea

Y LO F U N C I O N A L
de influencia que dió un tenor estilístico a los objetos útiles provenientes de la plástica demuestra
tam bién que la función de cada una de estas form as no fueron m uy p recisas; lo funcional de un
objeto es intransferible a otro.
La forma del perceptismo no puede ser im itada por otra clase de objetos: sólo puede ser reproducida
por sí m ism a; no puede inspirar las líneas o las fo rm as de ninguna producción in d u strial, m ecánica,
o a ffic h e s com erciales, sin desvirtu ar el sentido de las m ism as. Es la prueba m ás term inante de que
las form as están determ inadas por una estructura o rig in al, y que funciona para ese fin e x ­
clusivo. El avión, por e j., posee una form a y un diseño que le confiere el uso a que está destinado;
¿cómo la pintura puede inspirarse en esa estructura, como ha ocurrido? Y si no se partió de una fo r­
ma m ecánica — M alevitch, constructivismo, futurismo, etc.— , se recurre a menudo a la geom etría o
a la nueva fís ica .
Con esta concepción de la pintura no se puede com prender profundam ente lo que necesita la arq u ite c­
tura. Siem pre es el pintor el que se coloca m irando el mundo desde la obra. La pintura mural funcion alista (el perceptismo), actúa desde el espacio exterior y objetivo, con sus leyes propias inalienables.
La p lástica n o -fig urativa se convierte, en la actualidad, en un pasatism o m ás; no hay que buscarle un
futuro ; se ha cerrado su ciclo en una academ ia, que cuenta con sus pontífices m áxim os y sus adictos
y epígonos.
Charles Estienne, crítico sagaz, pronunció un ju icio m uy acertado que la define cab alm ente; dijo que
"co nstituye una nueva g ra m á tica, donde cada pintor puede proyectar su estilo personal en una v a ­
riedad in fin ita ". El perceptismo nació como fracaso de la pintura no -fig u rativa en su propósito de
lograr la unidad p lástica. Lo hizo sin regresar a form as del pasado y haciéndose intérprete del se n ti­
miento de nuestra época.
Desde el prim er momento la pintura comprendió que su destino estaba vinculado a la arq uitectura,
que es el medio real en que el hombre actúa y cum ple sus funciones de v iv ir. Colaboradora de la a r­
quitectura en los períodos avanzados de la civiliz a c ió n , m antuvo una esencia social y colectiva, hasta
el advenim iento de la sociedad cap italista en el renacimiento. En este hito histórico la pintura pasa
a manos de una clase privada y se desglosa del muro para transform arse en pintura de cab allete. Este
sería el com ienzo de la pintura que pierde gradualmente su función en relación al medio social. Bu s­
có desde entonces una solución aislada de lo tectónico, para volver a la pared como cuadro..
Esta
separación colocó a la pintura en la situació n del espectador que ve el mundo a tra v e z de una ve n ­
ta n a ". El espacio simbólico de la pintura m ural se transform a en la noción de espacio en profundi­
dad; la tridim ensionalidad se instaura con toda su apariencia fís ic a . Las reglas de la perspectiva que se
com ienzan a usar concurren, no como au xilia re s para lograr la visión real, sino que le sirven adem ás
como vehículos de relación entre las form as en el espacio. El punto de vista, dice Vinci, "pertenece al
espectador". La ap ariencia de la verdad llegará a un m áxim o grado de ficción con el procedim iento
ilusionista del barroco. A l orientarse el arte hacia la visión n a tu ra lista , se separó de lo funcional. Lo
prueba tam bién el hecho que durante el renacimiento la arq u itectu ra, arte que según Hegel es el p ri­
mero en reaccionar ante los estím ulos sociales y económicos, puesto que es el arte que está sum ergido
en el medio, no logró su fu n ció n ; sigue el crite rio de la escultura.
La pintura rom ánica de mosaico y ornam ental, adoptó una técnica bidim ensional por interm edio del
color plano e intenso, elim inando los tonos interm edios.
Un tratadista, refiriéndose a esta p intura,
sostiene que "e stá sujeta y se expresa en dos dim ensiones porque le está vedado al hombre p ro fun­
d iza r el espacio que le ro dea". Esta pintura es la expresión m ás elevada de la antigüedad como p in ­
tura m u ral, por el nexo funcional con la pared, los fines sociales y la ejecución de una sensibilidad co­
lectiva y anónim a. Pero a esta p lan im etría espacio! em pírica en que se adosa la fig u ra o el o rna­
mento le fa lta una función estructural con el objeto p lástico ; el color ejerce la m isión de enlace entre
imagen y fondo. El cubismo y la p intura abstracta retom ará este concepto de lo b idim ensio nal; fondo
y forma aparente, en un ordenam iento orgánico. Es en !° único que la pintura no -figurativa ha supera­
do estas contradicciones de la im agen ideal por una form a arb itra ria . No solam ente desde Giotto, que
comenzó a revelar el volum en m ediante las leyes ópf'cas, y Üevó la pintura h a cia la realidad aparente,
sino que toda la p intura, desde la prehistórica en úue el espacio no jugaba como medio plástico, hasta
las m odernas escuelas en que se concibe como c u a c a d pictó rica, el muro y el espacio fué in tercep ta­
do, subestim ado, ahuecado y deform ado, siguiendo la voluntad d ire ctriz de la representación artística.
El perceptismo, a quien no le está vedado co nvivir c ° n e lespacio real cotidiano, y que adem ás conoce
una nueva dim ensión espacial por e xten sió n: la del universo, y que no se evade del mundo exterio r en
su deseo de adaptarlo a nuestros fin es y hacerlo v a 'er concretam ente, concibe el planism o y la pintura
objetiva como liberación de las tendencias que crean e* m't° de las formas ideales, que enajenan el
conocim iento de la verdadera realidad p lá stica .
La exp licació n que da Herbert Read del proceso de abstracción en general aplicado al arte n o -fig ura­
tivo, de que "e s el producto del caos político, como lo fué antig uam ente del sentim iento irracio nal

frente a la natu raleza , no alca n za al perceptismo, que se funda en el espacio exterior y transform a
la p lástica en una realidad ob jetiva.
«
Cézanne y el cubismo, que expresan el paso de una apariencia fenom énica a la ap ariencia de una
realidad conceptual g enérica, intuyen un nuevo orden dentro de una sociedad que buscaba el orden
por un cam ino p ráctico , nada estético por cierto. El "cuadro objeto" ya buscaba una ubicación y una
solución dentro de la arq u ite ctu ra, y así lo entendieron muchos pintores, entre ellos Léger, que no
se cansó de predicar el retorno de la pintura al muro, como su única razón de ser, aunque siguen
aislando el fenómeno plástico dentro del m uro, como un organism o independiente. Ta n to la visión
múltiple como el punto de visto único o sucesivo, la percepción de la ho rizo ntalidad y ve rtica lid a d , d i­
recciones hacia adentro o tangenciales, d esn atu ralizan el orden arquitectónico y crean la dim ensión
de espacio-ficción. Com parem os para ilu stra r este pensam iento una obra de Bo tticelli (fig. 4 ) , una
decoración o riental, una pintura de Doesburg (fig . 3) y una de la actual pintura muralista mejicana

1
Raúl Lozza

Mural perceptista 211
(Formas funcionales
en el espacio arquitectónico)

2

Siqueiros

Decoración de una biblioteca
Pintura “realista”
destruyendo la realidad

3
Van Doesburg
Hall de una universidad.
(Alteración de las formas
cúbicas de la arquitectura
por medios abstractos)
4
Botticelli

Tres milagros de San Zenobrio
(Detalle)
(Prolongación ilusoria de
la dimensión real)

�ceptista no son el producto de la intuición ni de la imagi­
nación pura, sino de una voluntad objetiva, y surgen, como
es ya del conocimiento de los lectores, del proceso mismo de
estructura orgánica total.
En el arte primitivo la expansión de las formas estaba de­
terminada por leyes que emanaban exclusivamente del ob­
jeto o símbolo representado o expresado. El hombre primi­
tivo concentraba toda su atención en el motivo directo y pri­
mordial que determinaba su propósito, de modo que el campo
visual se reducía a los límites de la figura o signo (Fig. 2).
Cuando el hombre amplió el campo visual del arte, el diseño
se desarrolló en un MUNDO DE FORMAS CONTINENTES
Y FORMAS CONTENIDAS mediante los ritmos espaciales y
los espacios representados (Giotto, primer gran constructor
de estas formas). El dominio de la perspectiva lineal y cro­
mática trajo, a partir de los siglos XIV v XV, cierto ACER­
CAMIENTO ESPACIAL entre FIGURA’ Y FONDO; pero
fueron los impresionistas, no obstante, los que intentaron su­
perar la limitación del contorno mediante una nueva técnica
representativa de la luz, a lo cual Cézanne, sobre nuevas ba
ses, da solidez plástica (Fig. de la portada).
En el arte abstracto, el “contorno” vuelve a definirse, ce­
rrando formas geométricas o formas anímicas. Sin embargo,
en estas pinturas de hoy, lo que define las formas no es el
mismo proceso creador; ellas están determinadas por una vo­
luntad expresiva. Cuando Kandinsky decía que las formas a
utilizar estaban dentro de sí y no tenía más que copiarlas,
expresaba una verdad que podremos hacer extensiva al mé­
todo creador de no pocos pintores abstractos y concretos. De­
finir las formas objetivas en el espacio ha reclamado una es­
tructura capaz de relacionar la totalidad de los elementos
materiales o visuales de la pintura.
La PSICOLOGIA DE LA FORMA nos dice que “la subor­
dinación de los elementos al todo es suceptible de grados:
hay formas fuertes y formas débiles” (Guillaume); lo mismo
nos hablo de ciertas direcciones predominantes y privilegia­
das en el espacio. Pero, si hablamos de un CAMPO VISUAL
¿por qué tal o cual posición de formas planas ha de variar
en el arte la potencia del color y la unidad total?
La LEY DEL PESO determina ciertas sensaciones y des­
truye el equilibrio porque, precisamente, el concepto clásico
de ritmo y de unidad está basado en esa ley de gravedad
(Fig. 13), y ella misma es punto de referencia para la re­
representación dinámica. Si bien la vieja psicología sostiene
que el “peso” otorgado a ciertas formas con determinado co­
lor y posición es de efecto asociativo, la psicología de la
forma, en cambio, involucra al acto visual directo todas es­
tas leyes del peso, posición o gravedad. Pero para el PER-

CEPTISMO estas variaciones de posición dan al color y a la
forma un “valor” relativo solamente cuando el conjunto
ADOLECE I)E UNA RELACION FUNCIONAL CON EL
MEDIO. La diagonal confiere al suceso plástico una expre­
sión dinámica porque dicha línea o plano, en su función, está
destinada a ello; no es dinámica en sí misma, sino que lo es­
tablecen sus relaciones.
La ley mecánica de gravedad es superada por la nueva es­
tructura orgánica, que permite a las formas UNA BERMA
NENCIA INMUTABLE Y CORRECTA EN NUESTRA
APRECIACION VISUAL, aunque el conjunto sea colocado,
como unidad, de diversas maneras (Fig. 14 y 15). EL CO­
LOR Y LA FORMA “PESAN” EN CONDICIONES ABS­
TRACTAS, PERO NO EN CONDICIONES CONCRETAS.
Es en el arte llamado “no-representativo” donde el problema
de las EQUIVALENCIAS se ha manifestado acentuadamente.
Cuanto más abstracta es la pintura, con más desnudez se
presentan los “valores” equivalentes asociativos o represen­
tativos, debido a que estas equivalencias aún son, en la ma­
yoría de los casos, subjetivas o expresivas (Fig. 3 y 8). Este
obstáculo tampoco está superado en mis primeras pinturas
de planos yuxtapuestos (Fig. 11 y 12), ni en equellas don­
de está visible el primer intento de unificar forma y color
(Fig. 4) o de separar el plano mediante las estructuras clá­
sicas (Fig. 5). La verdadera equivalencia funcional o for­
mas concretas, solo fué lograda mucho después de la separa­
ción total de los planos en el espacio, y cuando el esfuerzo
por unir en un solo proceso gestativo forma y color se vió
coronado por el éxito (Fig. 6).
El solo hecho de separar las formas en el espacio no encieíra determinaciones no-expresivas ni no-representativas. Son
numerosos las pintores “abstractos” que han creado con for­
mas espaciales (Fig. 8 y 9). Pero el objetivo hacia el plano
real no fué el fin perseguido, y la solución al problema de la
apariencia, en sus múltiples aspectos, es olvidado también
boy por todos los pintores “no-representativos” y concretos.
Nosotros afirmamos con la práctica que la verdadera realioad de la pintura se da en el plano; SU UNICA REALIDAD
OBJETIVA. Toda sugerencia extraña, toda desviación en lo
funcional o elemental, toda intromisión en campos literarios,
musicales o escultóricos, toda expresión, será lograda a ex­
pensas de una sola realidad esencial, de una sola verdad obje­
tiva. Por eso, actualmente, la estructura espacial del PERCEPTISMO significa la práctica de una concepción moderna
y dinámica del espacio. Ella permite a la pintura participar
plenamente del espacio real.
(Continuará)

comentarios

Apareció el N° 27 de “VER Y ESTIMAR”
que dirije JORGE ROMERO BREST. Reco­
mendamos la lectura de la carta abierta con
que este infatigable crítico de arte contesta
a MARGARITA SERFATTI sus conceptas
contra el arte abstracto.
Es plausible en ROMERO BREST el entu­
siasmo y lo enjundioso de la substanciación
filosófico-estética, al defender una vez más
el arte no-figurativo en general. Apoyamos su
actitud combativa, aunque no aceptemos el
sesgo idealista en que fundamenta su juicio.
Los pintores concretos italianos sostienen en
un manifiesto que la tarea primordial de ese
movimiento es la de franquear el límite de la
pintura figurativa y la no-figurativa, y que
han superado a los suizos y americanos en el
terreno de la depuración de los medios plás­
ticos. Pero esa distinción un tanto sutil ¿a
qué conclusiones teóricas y prácticas los lle­
va? La distinción que efectúan entre lo abs­
tracto y lo concreto no habla muy a favor de
una pintura objetiva creada por esos medios,
sino de una mayor subjetividad del proceso
creador.
Lo concreto para ellos es la exteriorización
de un concepto espiritual traducido por las
formas y los colores ¿Qué es lo que se concre­
ta, entonces? ¿Ideas, sensaciones? La puridad
es precisamente la forma abstracta por an­
tonomasia, porque el espíritu puro, en este
caso es el que elabora sus materiales. Se tra­
ta, como vemos de la imposición de lo inte­
rior configurando los elementos materiales ex­
teriores; de un nuevo dualismo, menos gro­
sero, nada más.
El perceptismo entiende lo concreto no como
una depuración de lo abstracto, sino como la
creación de una estructura objetiva, con un
concepto objetivo del proceso estético. Lo que
no entienden los pintores no-figurativos, y
que los hace caer en redundancias (a pesar
de sus distinciones un tanto sofísticas), es
que el arte, para ser concreto, debe neutrali­
zar el lenguaje representativo, sea “abstrac­
to” (percepción de las cosas y abstracción
de las mismas, o deformaciones para un fin
expresivo), o sea como lo llamado errónea­
mente “concreto” (apercepción, en este caso,
de ideas o sentimientos por medio de formas
que carecen de identidad con los objetos y ex­
presan la visión interior del espíritu). Esta
concepción concuerda con la posición esteticista del idealista Croce, que asegura que no
puede existir un arte de la sensación de lo
concreto, que todo arte es expresión pura.
Afirmamos este juicio de similitud aunque
les disgusten a ambos, ya que Croce no fué
adepto al arte no-figurativo.
En la revista A rt D’Aujourd’hui del N9 co­
rrespondiente a Diciembre de 1951, R. V. Gindertael plantea, en un artículo titulado “Evidence de la forme”, el problema del color y de
la forma, en el arte. Este autor, como lo han
hecho numerosos críticos y lo ha establecido
la psicología de la forma, da por reconocida
la “supremacía de la forma en el sistema de
relaciones que se establece por intermedio de
la obra, entre el creador y el espectador”,
agregando como ejemplo el hecho de que “co­
loreado de verde o de azul el esquema más
elemental de un rostro es admitido sin dema­
siada objeción”.
Ante todo, si aceptamos un rostro pintado de
azul, será porque lo consideramos ya como
“forma plástica”, nunca como objeto natu­
ral, el cual, en esas condiciones, nos causa­
ría repulsión. Y en el campo ya de la pintu­
ra, sostener que la forma puede existir por
ella misma en tanto que el color no puede
existir sin ésta, es plantear un problema com­
pletamente abstracto, es trasladar a la pintu­
ra un fenómeno de naturaleza distinta, que se
produce al margen de aquélla. En un artículo
sobre color aparecido en Perceptismo, N9 1,
dejamos establecido que en la naturaleza el
funcionalismo de los colores no obedece a for­
mas visibles. En el terreno plástico, por el
contrario, el color cumple una función en re­
lación a formas visuales; quiere decir que en
la pintura el color tiene una forma; históri­
camente siempre la tuvo. Sostener lo contra­
rio es confundir formas plásticas, con formas
naturales.
Es verdad que el color se da en una exten­
sión, pero, pictóricamente hablando, ésta ex­
tensión jamás será antojadiza o caprichosa, y
tendrá una estrecha relación con el color,
tanto como con el propósito o el objetivo plás­
tico. Todo esto constituye una forma plástica
y, aunque en ellas se exprese una idea o un
sentimiento, sus componentes nada tienen de
común con la naturaleza en cuanto a función
se refiere.
Hoy el perceptismo ha logrado identificar el
color en la forma, logrando una nueva rela­
ción, en el terreno objetivo y concreto, así
como lo fué antes en el terreno expresivo y
abstracto.

J
Talleres Optimus S. R. L. - Diagrama

de Siqueiros en C h illa n (fig . 2 ) . N in g u n a deja ve r la a rq u ite c tu ra , su fo rm a . L a sucesión de im ág e ­
nes desp lazad as desbordan los lím ite s e stru ctu ra le s del m uro en las p in tu ra s de Siq ueiro s y en las de
Doesburg, superponiendo y n e u tra liz a n d o ap arentem ente les re lac ones e se n c ia le s y te ctó n ica s, y c u ­
briendo el espacio in te rio r o b jetivo. ¿Es que le fa ltó , a ca so , espacio al arq uitecto ? L a decoració n que
fu é la fo rm a p ictó rica que m ás se siñó a los m iem bros del m uro co n stitu ye un adorno su p e rflu o , a d e ­
m ás de c re a r una ilu sió n . Si el fu n cio n a lism o no ed m ite el adorno e scu ltó rico , m enos aú n to le ra rá un
ad itam en to pintado.
La p ersp e ctiva de Botticelli (fig . 4 ) da la sensación de fu g a hacia el in fin ito ,
m ás a llá de los lím ites re ale s. El p into r m ás e stricta m e n te ra c io n a l, Mondrion, no resuelve el problem a a
pesar de respetar las d ire ccio n e s m o trices del e d ific io ; las ortogonales trasto ca n una e stru ctu ra fu n c io ­
nal a rq u ite ctó n ica por o tra in n e c e sa ria y a p a re n te , haciendo ju g a r "e s p a c io s " y " lle n o s " sin lograr una
sín te sis in te g ra l. La in teg ració n solo se lo grará entre dos e s tru ctu ra s que, en sus fu n cio n e s, actú e n
dentro del cam po ú n ico , sin a n u la r sus elem ento s .e se n ciale s. L a p in tu ra p la n a b id im ensio nal in v o lu ­
cra el m uro real com o m edio, sin que éste se co n vie rta en fondo.
Le Corbussier elabora una filo so fía m e ta físic a del esp acio p ara ju s tific a r una p in tu ra m u ra l que es
un e cle cticism o p ictó rico , co n trad icién d o se con su purism o n ud ista a rq u ite ctó n ico . N o es necesario de
n u n cia r su aporte nocivo com o p in to r-m u ra lista . D elM arle, el m ás ra d ica l de todos en esta c ru z a d a v in ­
d ica d o ra , co n sid era la unidad e sp acio -co lo r, fo rm a -a rq u 'te c tu ra , color de su p e rfic ie , con c rite rio p si­
coló gico, para o btener un resultado fís ic o ap a re n te . Para él el colo r posee una fu e rz a centrípeta y las
fo rm a s una fu e rz a centrífuga. Esta fu n ció n tra sc ie n d e toda e stru c tu ra p lá s tic a . O torga una c u alid ad
energ é tica a l colo r en cam b io de o b je tiv a rlo dentro de una fo rm a -e s tru c tu ra en su v a lo r cro m ático .
D entro de ese co n tra ste se lle g a ría al e q u ilib rio , la sín te sis, según este pintor.
Giedion, tan confuso com o todos los otros teórico s, ap ela a la u n id ad , a una a p ro x im a c ió n de las a r­
tes p lá stic a s, por interm ed io de un p rin cip io tan su b je tivo com o una nueva em o ción. A lg u n o s ita lia n o s
h an aplicado planos e sp a c ia le s superpuestos a una fo rm a p in tad a sobre el m ism o que le sirv e de g u ía ,
pero produce el e fecto óptico de un plano sa lie n te del fo ndo ; se estab lece una p e rsp e ctiva fa ls a , co n ­
trib u ye n d o a a le ja r m ás el m uro del nivel re a l, ad o leciend o com o todos ellos de una e stru ctu ra pro p ia.
O tros p ro p icia ro n la in g e re n cia del tiem po en la p lá s tic a , in flu e n c ia d o s, com o d ije , en la m e c á n ica
de la ve lo cid ad o en las concepcio nes esp acio -tiem p o de la nueva tís ic a .
M oholy-N agy sostuvo que la fu n ció n del arte se ría la re a liz a c ió n del m o vim iento p ara una época que
se c a ra c te riz a por lo cin é tico . Pero el m o vim iento de ro tación o tra n s la c ió n que rep ite un rep ertorio
fijo , sin una e stru ctu ra que fa c ilite la in ve n ció n de fo rm a s co n tro lad as y la tra n s fo rm a c ió n del color
en un proceso sim u ltá n e o , ya re su lta p u e ril fre n te a las re a liz a c io n e s de la m e c á n ic a . Es la imitación
de formas funcionales sin la función. El perceptismo respondió con un ensayo plástico-dinám ico, para
d e m o strar, siguiendo una ley d ia lé c tic a del m o vim ien to , c u a l se ría su e stru c tu ra v a ria b le .
V o lv ie n d o al concepto de fu n ció n , m ie n tra s los elem ento s no se e stru ctu re n teniéndo se en cu en ta el
esp acio re a l, este esp acio se rá un fondo continente,-un suced án eo del cuadro. La fu n ció n es la p e r­
cepció n de p arte s entre m uro y e stru c tu ra p ic tó ric a aco p lad a al m ism o y a b ie rta al am b ie n te trid im e n ­
sio n a l; toda p in tu ra que no in vo lu cre estos asp ecto s, c o n tin u a rá por un ca m in o p ernicio so e irra cio n a l.
El p ro blem a e se n c ia l que tie n e n que re so lve r p a ra lo grar la sín te sis, es la de e v ita r que tan to el plano
com o el colo r actú e n lib rad o s a una d in á m ica a b s tra c ta , provocando la ilu sió n de p ro fu n d id a d , m o vié n ­
dose h a cia ad e lan te o h a cia a trá s , deform ando el m uro.
R esu m ien d o , lo colectivo se im pone como forma, como estructura y como visión. El ser so cial es la
m edida de todas las co sa s; el hom bre sa le de su aca n to n a m ie n to su b je tiv o p ara c o n q u ista r el espacio
y el tiem po real. El a rte d eviene, p arale la m e n te a este fenó m eno h istó ric o , una fu n ció n c o le c tiv a y
o b je tiva. Hausenstein sostuvo con c la riv id e n c ia que " e l a rte de la sociedad del fu tu ro será c o le ctivo
o no s e r á " . El progreso se da en el m ayo r cau d a l de experiencia y conocim iento, y este progreso ap u nta
hacia la verdad. P a ra el perceptismo, el arte es fu n ció n de la ve rd ad y de la b e lle z a cuando se
sup era el contenido id e a lista y se llega h a sta la base m ism a del e rro r, a co m b atirlo en sus leyes, sus
conceptos y su e stru ctu ra e se n c ia l. L a o rg a n iz a c ió n d eterm ina la fu n ció n y la fo rm a , y éstas in flu y e n
sobre la p rim e ra .
•

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Donación Raúl Lozza</text>
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Haber, Abraham</text>
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                    <text>TEORICO

Y POLEMICO

Bu e n o s
Aires,
N o v i e m b r e
de
1 9 5 1
R edacción: C a n g a llo 1219, T. E. 3 5 -8 2 7 8 - $ 1.50 el ejem .
A lg o que no pod rá n c o n c e b ir a lgunos lectores interesados será nuestra a c titu d c rític a fre n te
a todas las dem ás te nd en cias p lá stica s, sean fig u ra tiv a s o n o -fig u ra tiv a s . A lg u ie n ha in s i­
nua do que, con el ró tu lo de la libertad de expresió n, debem os a c e p ta r todas las nuevas m a ­
n ife sta cio n e s, c o le ctiva s o in d iv id u a le s , del a rte .
Sin em bargo, ta m b ié n sobre la libertad de creación tenem os nosotros un co nce pto d e fin id o ,
ta n to sobre su v a lo r social en el cam po de la p in tu ra com o sobre su im p o rta n c ia en relació n
al lla m a d o " lib e r a lis m o " . Si no aceptam os nada que se c o n tra d ig a con nuestros postulados
te ó rico s y p rá c tic o s no s ig n ific a que estem os en fra n c a d iv e rg e n c ia con la p in tu ra del pasa­
do, le ja n o o in m e d ia to . S olam ente no a cep tam o s eso que consideram os com o una tra n s fo r­
m a c ió n e p id é rm ic a de los viejos p la n te a m ie n to s estéticos.
N in g u n a concesión otorga m os a las fo rm a s superadas de la p in tu ra , porque p ara el a rte
no existen s u b te rfu g io s , a c titu d e s tá c tic a s ni o po rtu n ism os. La fin a lid a d o b je tiv a (decim os
objetiva y no n o -o b je tiv a ), la c o n q u ista de u n a verdad real y no a p a re n te , es la c o n d ic ió n
im p re s c in d ib le que reclam a m o s de to da c o n c ie n c ia creadora. Y com o a firm a c ió n de esto,
llevarem os hasta sus ú ltim a s consecuencias el co nce pto de que " la libertad no consiste en
el ensueño de una acción independiente de las leyes de la n atu ra leza ".
La libertad de creación es te rg iv e rs a d a p o r m uchos en su ve rd ad ero c o n te n id o . Y a no se
sabrá c la ra m e n te qué re la ció n g u a rd a e lla co n la lib e rta d social ni con el d e s a rro llo o b je ­
tiv o del a rte . ¿Es en la p in tu ra , acaso, el lib e ra rs e de una re a lid a d " e x te r io r " ,y fu e rz a
que coacciona el f lu ir a n ím ic o sobre el a cto gesta tivo? ¿Es, por el c o n tra rio , la im p osició n
En n in g u n o
de una tem ática d e te rm in a d a , de sucesos o soluciones sociales y filo s ó fic a s ?
de estos casos com p ro ba rem os en la p rá c tic a crea do ra una libertad en función hacia un
o b je tiv o co ncreto , una libertad fu e ra del "e n s u e ñ o " que s ig n ific a la m ística del engaño y de
la a p a rie n c ia .
En la edad m edia, la libertad crea do ra ha sido e n te n d id a com o libertad de volición. Pero
esas co nq uista s e s p iritu a le s im pulsadas por la v o lu n ta d co nsistía n en una id e a liz a c ió n y l i ­
b e ració n de la m a te ria , un acercarse a Dios ta n to p o r m ed io de la ic o n o g ra fía com o p o r los
m edios a bstractos de e s tru c tu ra : núm eros, ritm o s , proporciones y relaciones geo m é trica s.
El surrealismo llevó a la m á x im a expresión a rtís tic a el concepto de libertad com o una li­
beración de los deseos. Este a cto, s im ila r al sueño, que p e rm ite fra n q u e a r in d iv id u a lm e n te
todos los "o b s tá c u lo s " n o rm a tiv o s y m eto do lóg icos, no es en sum a m ás que un libe ra rse , no
del yo, sino hacia el yo; una in te ra c c ió n , a lo real c o tid ia n o , de lo a n ím ic o , del m u n d o sub1
‘ c o n d e n te y hasta de la p aran oia .
Ma x Bill
Objeto espacial,
E nte nd ien do en la p in tu ra la libertad de creación com o una co n q u ista de la re a lid a d p lá s ­
año 1948
tic a y no com o una su bstracció n id e a lis ta de su m a te ria lid a d , el perceptismo sostiene que
(V er artículo en
este proceso solo se c u m p lirá p le n a m e n te con una co n cie n cia a rtís tic a no representativa ni
pág. 6 y 7 sobre
im itativa.
tísica y p in tu ra)
Por su p a rte , el a rq u ite c to fu n c io n a lis ta Uoyd W rig h t ha e n te n d id o la libertad en el a rte
2
com o " la elim inación de lo insignificante y lo falso".
Vinei
Y una c rític a de O zen fan t y Jéanneret al " fa u v is m o " dice que " la s libe rta d es casi to ta le s
Virgen de las rocas a pa rta d a s por el " fa u v is m o " no eran en sum a sino lib e rta d e s d e n tro de un código usua l;
(V er artículo sobre
alg un os se p re ocu pa ro n de ver si ese có digo m ism o te n ía razones de ser, e in firie ro n que
nueva estru ctu ra
en pág. 3, 4 y 8) fa lta b a aún una lib e rta d c a p ita l, la de elim in ar el asunto exterior y hacer verdaderam ente
cuadros y no ya figuraciones im ita tiva s". Esta libertad no fu é p ra c tic a d a ta m p oco p o r el
cubismo, n i, ín te g ra m e n te , p o r los m o v im ie n to s n o -fig u ra tiv o s .
El perceptismo p ostu la una co n cie n cia a rtís tic a que se cu m p le , no en el " lib e r a lis m o " que
ju s tifiq u e el e rror, sino en la libertad para u n a fin a lid a d objetiva de la p in tu ra .
Creem os que en el a rte , com o en la c ie n cia , no ha de haber libertad sino para a firm a r una
realidad.

1
3
3
Kandinsky

Improvisación N ‘&gt; 7

año 1910
(V er artículos sobre
abstracción y perceptism o
en pág. 4 y 5)
4
Raúl Lozza

P in tu ra No 184
(Perceptismo,
año 1948)

4

�color de las faginas y del medio (problema Fig. 6). Son éstas
las causas por las cuales este sistem a de relaciones ha po­
dido con toda libertad ser aplicad» arbitrariam ente, tanto a
la pintura de una madona, como a un paisaje o a una obra
no-objetiva. Pintando la Virgen de las rocas (Fig. de la por­
temáticos en su carácter de simples medios condicionales du­ tada), Leonardo dice que “ninguna seguridad existe donde no
rante el desarrollo del arte, de lo representativo a lo abstrac­ se puede aplicar una de las ciencias m atem áticas”. Los cu­
to, lejos de im pulsar a los pintores hacia nuevos métodos de bistas han utilizado el mismo sistem a simétrico (Fig. 7); y
estructura objetiva, ha perm itido que el arle asimile esos Torres - Gagcía, constructivista simbólico (Fig. 8), expresa
nuevos medios geométricos como símbolos o ideas. La con­ que es una “cifra maravillosa, punto de coincidencia en lo
secuencia de esa desviación es palpable en los resultados, infinito, fuera del cual ya no es posible hallar la unidad”.
donde no nos será posible hallar una pintura que haya su­ Retomando para la pintura una estructura geométrica, los
perado el idealismo de la apariencia. Pero, no obstante, si neoimpresionistas recurrieron igualm ente a esa medida (Fig.
algo positivo aporta el arte abstracto para una verdad ob­ 9), utilizada igualm ente para la dinámica barroca (Fig. 19).
jetiva, es el golpe asestado al dualismo de la representación Pero es desde este punto de vista de la unidad, dijimos,
figurativa con ese avance hacia la unidad entre Ies medios donde comprobamos la unilateralidad de estas leyes clási­
m atemáticos de estructura y el concepto de pintura. El error cas de estructura. Es curioso observar que, si bien los expe­
consiste en que dicho concepto es el producto de una prác- rim entos preparados y observados por Fechner sobre diver­
sas form as han arrojado un m argen favorable sobre aque­
llas que acusaban una proporción aproximada de 21/34, es
debido a que dichas experiencias han sido realizadas con for­
mas de un solo color y en un medio invariable.
En la música, cuya estructura no cuenta con medios visuales
espaciales, la proporción armónica 1,618 no es satisfactoria
y da “una sexta neutra, no mayor ni menor (3/5 = 1,6667;
5/8 = 1,6).” (Lalo)
En nuestra pintura perceptista el “control” de las form as
se efectúa por medio de las m atem áticas, pero el número no
engloba determinaciones rítm icas de ninguna especie; es el
producto de una experiencia o de un conocimiento práctico
y esencial del arte.
fig. 12
Comprobamos aquí la diferencia entre la estructura de la forma espa­ De acuerdo a nuestra estructura, si nos propusiéram os medir
cial perceptista y la forma clásica cerrada en si misma.
o verificar “a pnsteriori” la cualidad plana de (esas form as
tica que continúa con el canon del arte como apariencia.
de las Fig. 5 a y 5 b, obtendríamos estos resultados:
Las relaciones abstractas de las m atem áticas y geom etrías
plano B = 194,4
, plano B = 191,0
no involucran como estructura la totalidad de los elementos
a plano C =: 238,4
plano C = 238.9
m ateriales plásticos en un solo proceso creador. Ya hemos di­ Pero debemos agregar que estos resultados de a se ajusta­
cho que los números no afirm an realidades, sino que sólo rán estrictam ente solo a la Fig. 6, porque si B = 194,4 y C =
señalan posibilidades, y que la objetividad de una pintura de­ 238,4, lo serán de acuerdo a A (el medio colorido). Tenemos ya
bió conquistarse en el terreno del conocimiento práctico de
su m ateria visual. Esto es, llevar al arte una concepción
orgánica y no aritm ética de la estructura.
Como en los ritm os relacionados m atem áticam ente cabe cual­
quier representación, ya que el orden numérico es im potente
para superar los contenidos anecdóticos o expresivos, y la
aritm ética se eleva muy fácilm ente a la categoría de ciencia
mística, y como tenemos el ejemplo en el racionalismo pita­
górico, que nada nos dice de objetividad o subjetividad del
fig. 17
arte, hemos tenido que cambiar radicalm ente de método.
color demandando nuestra atención como elemento estructu­
El problema fundam ental que se plantea en la pintura desde elrante.
como si B se relaciona a C de acuerdo a A
el punto de vista de su estructura ya no se refiere a las (punto Esde así
hacia toda objetividad plana espacial), es
proporciones y al ritm o abstracta, sino a la compensación porque en partida
ningún caso mantendremos un concepto abstracto
exigida por el espectador entre ciertas form as y colores en general y absoluto
las relaciones en el arte.
función de un propósito objetivo. En nuestro caso esta ob­ P ara la medida deldeplano
y sus relaciones, el perceptismo
jetividad será el plano mismo, fundam ento del perceptismo. parte igualm ente de la consideración
de sus bordes, pero no
El plano real nunca será una consecuencia de las relaciones se detiene en ellos, ni tampoco en el área
rítm icas. M enospreciar el planismo por el ritm o es camo sos­ penetra en su carácter espacial. (Fig. 12) del plano, sino que
tener en filosofía que la m ateria es consecuencia del espí­ E stá en un error quien cree que solamente hemos logrado con­
ritu, y no a la inversa. '
en la nueva estructura, la pequeña alteración produ­
La pintura jam ás ha conquistado su realidad bidimensional trolar,
por el color en el área de la forma.
Cuando Max Bill considera el concepto de plano en la pin­ cida
El problema más arduo ha1 sido el de reducir al plano el fe­
tura como algo superada, lo hace sin tener en cuenta su nómeno
del “acercam iento” y “alejam iento” de las form as
realidad o su apariencia, f'ero Max Bill, ya como pintor, no causado por
el efecto óptico y asociativo del color.
puede dar solución alguna a esto último, y opta entonces N uestro método,
que se refiere a datos que em anan del ca­
por la apariencia.
de las form as en sus más mínimas variaciones, tiene
El color es una m ateria que ninguno de los sistem a conoci­ rácter
recurso aritm ético la medida y multiplicación de lados
dos de proporción y relaciones ha podido estructurar, pese a ycomo
radianes (Fig. 10 a), de cuya suma total obtendremos la
que la sección de c&lt;ro, por ej., se halla tam bién en el espec­ cifra
forma¡ o su cualidad plana. Así
tro solar. Aunque esta medida determine la relación más
completa, solo lo será m ientras se la aplique solamente a y para la form aA + B X r para el ángulo,
H
form as abstractas no funcionales. Esa es la causa per la
DV+ E + F -f G + H = plano color (Fig. 11)
cual el estilo clásico relega a segundo plano el elemento cro­ E ste método
tan perfecto, que no:/ perm itirá especificar,
mático. Y hasta para San A gustín la belleza, del arte es “la sin repetición,será
mínima variante de una forma.
proporción de las partes”, para cuyo fin será suficiente que Por prim era vezla elmás
carácter de ella es controlado, partiendo
esas partes solo contengan un cierto “color agradable”.
partición del rectángulo hacia las infinitas posi­
La unidad entre form a y color ha sido en el perceptismo el de la simple
inventivas (Fig. 13), acusando todas en su carácter
paso fundam ental en la conquista del plano espacial. P ara bilidades
cifra distinta, aunque el área sea el mismo. Vemos en la
estas nuevas form as, debieron crearse nuevas relaciones. una
Fig. 13 que si el total del área en en todos los casos 2, sus
mitades nunca serán 1 y 1.
\
Agreguemos que la medida de oro, aplicada a los bordes o,
líneas, tendría para la Fig. 10 a el mismo resultado que para
10 b: A es para B como esta para la totalidad, y para a y b
cabría la misma proporción.
0,6180
1
P ara explicar lo contradictorio de las form as abstractas de
relaciones en las estructuras clásicas, basta con recurrir a
1
1,6180
ejemplos de los más sencillos y comunes en la pintura. Si
logrando así fijar el carácter visual que acusen las infi­
tomamos un plano rectangular (Fig. 5 a) dividido en dos par­ no
form as inventadas. La variación más Ínfima de éstas
tes de acuerdo a las proporciones de la sección de oro (1,6180), nitas
una compensación colorida (nuestras gam as cromá­
obtendremos esa relación de partes, perfecta, cuya escala demanda
ascendente parte del 0 y 1/1 (sim etría prim itiva), desarro­ ticas m antienen una relación num érica sim ilar a las form as),
llándose de acuerdo a una progresión constituida por una ci­
fra, suma de las dos anteriores: C = A B (1/2/3/5 /8/13
etc.). E sta serie “armónica” fibonaciana alcanza aproxim a­
damente la proporción m ás usual en el arte, con la relación
21/34, utilizada en pintura como sim etría compleja y rítm i­
ca (A es para B lo que B es para C, planteada ya por Euclides), cuya identidad A /B = B / (A -j- B) es hallada en toda
íig. 18
la naturaleza, con sensibles y lógicas alteraciones.
En la variante planteada con la Fig. 5 b, cuya división no si ésta no es otorgada obtendríamos en el objeto artístico
es rectangular, comprobamos la misma relación m atem ática y apariencias espaciales.
el mismo concepto absoluto de proporciones aplicado a un Ya en los apogeos del Renacimiento dice Paolo Pino que “es
fenómeno Eistinto; la superficie.Este área es idéntico al de raro que un pintor pueda observar las proporciones, puesto
la Fig. 5 a. pero se nos presenta con un csoácter de form a
toda imágen debe ser pintada en movimiento, y el movi­
distinto, el que no logra ser condicionado ni controlado por que
miento
destruye toda proporción abstracta”.
dicho orden aritm ético.
El
“movimiento”
de que nos habla Pino es el dinamismo apa­
E ste método de relaciones encierra para la pintura una doble rente asentado luego
en el barroco; pero la medida y la
contradicción: deja fuera de control las variaciones de las for­ proporción rítm ica aplicada
mas en cuanto a su carácter visual total y no solamente de recen un estudio especial. a objetos en movimiento se me­
bordes, superficie o ángulo, y no aporta dato alguno sobre
(Continúa en la pág. 8)

P E R

fig. 9

Seurat

E l desfile
(Diagram ado por A. Lhote
de acuerdo a la sec. dorada)

En mi trabajo sobre fundamentos del perceptismo (número
anterior), señala que el ejemplo que el pintor debe extraer
de la naturaleza no es la copia de sus proporciones rítm i­
cas ni de sus figuras, sino un concepto de estructura basa­
do en la esencia de su unidad para la función. Sobre esos pro­
blemas no hemos hablado aun con detenimiento, a pesar
de que su solución no ha sido encarada por ninguna de las
tendencias no-objetivas de la' pintura actual, ni por aquellas
circunscriptas a los postulados de la nueva visión. Veremos
cómo todas ellas conservan aún las mismas leyes contradic­
torias de estructura del arte representativo, aplicadas arb itra­
riam ente a las nuevas form as de la pintura.
El perceptismo ha enfrentado la tarea de superar la con­
tradicción que hoy día encierran esos métodos parásitos para
el arte, de composición basada en la proporción rítm ica abs­
tracta o en la apariencia de fuerzas y movimientos. Sin em­
bargo, la nueva pintura no representativa de nuestro país y
de todos los países donde se practica, desconoce las leyes
objetivas y dialécticas que orientan el proceso creador del
perceptismo, porque esta nueva estructura funcional y orgá­
nica no se basa en métodos apriorísticos aplicables arb itra­
riam ente a cualquier tendencia del arte.
La pintura, cuya naturaleza y m aterialidad es el plano de dos

fig. 1
Decoración simétrica con espiral,
(le los primitivos de Nueva Ir­
landa.

fig. 2
Vasija de Sesklo. de la Edad de
Piedra, con ajedresado en blan­
co, negro y amarillo.

dimensiones, jam ás pudo m antener esa verdad luego del pro­
ceso creador representativo.
Si la pintura “abstracta” ha superado la representación de
form as dadas en el mundo que nos rodea, debimos ir aun
mucho más allá para alcanzar el sencillo mundo objetivo
de la plástica y evitar ese proceso creador substractivo de
su m aterialidad.
Ya en nuestras prim eras pinturas perceptistas no es la ley
de sim etría y del ritm o, basadas isiempre en equivalencias
abstractas, el punto de partida para la conquis'.a del “orden”
y de la unidad, pese a que esa ley haya sido extraída de la
naturaleza misma. Esto que Severini llama “centros de sime­
tría ” y “pesos” contienen para la pintura propiedades neta­
mente representativas, aunque estos “centros de sim etría” y
“pesos” hayan sido el eje para historiar, con una progresión
aritm ética cualitativa, el desarrollo de la estructura plástica
en su doble proceso histórico y gestativo, partiendo de la
equivalencia simple de 1 : 1 como principio numérico de
equilibro.
Si en los trazos decorativos de los prehistóricos domina la
sim etría simple de las form as y de los colores (Fig. 1, 2 y
15), podría ser este propósito simétrico el que ha determinado
el espíritu de abstracción en aquella época, ya que las for­
m as que nos parecen estrictam ente “geom étricas” en los pri­
mitivos son, para muchos investigadores, una estilización de
particularidades de la naturaleza llevadas al máxmo de abs­
tracción. Algunos pueblos primitivos tam bién han ordenado el
color de acuerdo a leyes sim étricas y rítm icas simples, como
lo prueban algunos adornos cuyo orden colorido, con algunas
variantes, es de
1234 - 212 - 3 - 212 - 4321
manteniendo generalm ente el negro y el rojo alejados entre sí.
En el desarrollo posterior del arte la sim etría prim itiva se
torna compleja en form as torturadas y contenidos subjetivos,
pero el concepto de estructura ha permanecido invariable

fig. 8
Torres-García

Simbolismo constructivo
basado en la
composición de oro.

tes metafíisicos en que las relaciones proporcionales y rítm i­
cas en el arte no son más que el resultado de la! aplicación
de moldes extraídos de fenómenos extraños al proceso
creador.
La verdad es que desde mucho antes que los griegos (las
pirámides y los templos egipcios), el sistem a más racional
de ordenación y proporción artísticas se ha basado en las
geom etrías y las números. Estos han sido igualm ente un
auxiliar valioso en la conquista actual de los “valores” abs­
tractos y no representativos. P ara Platón, como para muchos
de los pintores de la actualidad, “la medida y la proporción
son identificadas en todas partes como belleza”. Entonces,
las form as en el arte serían las form as geométricas, y en­
tre ellas, será la circunferencia la más perfecta; pero en esa
circunferencia perfecta en si misma se inscribe el pentágono
y el decágono de Platón, que dan la proporción aritm ética del
núm ero de oro.
El hecho de que el número, además de ser cuantitativo encie­
rre posibilidades cualitativas, le ha perm itido constituirse en
muchos casos en modelo de estructura artística y de relacio­
nes absolutas en, la creación de “form as bellas”. P ara las ar­
tes plásticas, la más im portante de estas proporciones ha
vencido el tiempo y se utiliza actualm ente; se trata de la lla­
mada sección de oro (relación 1 -}- 1,6180) que ya hemos men­
cionado y que, aunque tiene sus fuentes en toda la naturaleza
orgánica e inorgánica, con algunas sensibles variantes, constíiuye igualm ente para el arte un método empírico. Aunque
esta medida ha sido utilizada por antiguos y renacentistas,
es en el año 1853 que Zeising la “redescubre” y la estudia
racionalmente, cuando el idealismo form alista pretendía en­
contrar normas estéticas al m argen dd una práctica esencial.
Es en esa época que Fechner la lleva al campo experim ental
psicológico de las formas.
E stas proporciones o medida de oro son, no obstante, tan con­
vencionales para la form a como las arm ónicas para el color
o el sonido, cuyos grupos se presentan constantem ente con
una sensible variedad. En la pintura abstracta, ellas consti­
tuyen igualm ente una copia de la naturaleza, es la copia de
su perfección funcional trasplantada a un medio abstracto
donde no puede cumplir su función. Es solo el esquema de una

estructura objetiva dinámica. Desde el punto de vista de la
belleza, ya Plotino pone en duda su im portancia cuando con­
sidera la sim etría no como belleza, sino como fealdad porque
para él el arte es form a, y las proporciones sim étricas no
son form as. También las nuevas geom etrías y matem áticas
se convierten en el arte no representativo, en una pura abs­
tracción simbólica. El “contenido” cualitativo del número no
es suficiente para que constituya de por si una ley de relacio­
nes en el arte (caso de la m úsica). Es verdad que la arit­
mética tiende, en pintura, a superar la representación del ob­
jeto natural; pero lo hace para erigirse ella misma en otro
objeto igualm ente representado; el arte toma, en este caso,
como punto de partida, sino las form as visibles de la natu­
raleza, un objeto del pensamiento m atem ático sobre el uni­
verso. La m ateria visual o los elementos m ateriales plásticos,
esíán igualm ente relegados a un simple medio de represen­
tación o descripción.
El arte representativo, por ser form a y contenido, mantiene
ese característico dualismo en su estructura. Su contenido
subjeiivo escapa a las norm as de la estructura “form alista”,
y son inútiles los esfuerzos tendientes a suprim ir esa duali­
dad mediante consideraciones y juicios filosóficos “a posteriori”. El propio contenido expresivo del arte representativo
delimita esta estructura “form al”, que solo tiene allí la fun­
ción de acondicionar el mundo ideal y sensible al mundo ob­
jetivo visual,
E sta universalidad numérica en las artes a costa de su
m ateria específica, la comprobamos igualm ente en la m úsi­
ca. La antigua teoría aritm ética pitagórica musical consiste
en una progresión triple (3/2), con la cual pretendían me­
dirse todos los intervalos musicales. La subestimación del so­
nido a tiempo sonoro ha continuado aun con la intromisión
posterior, en¡ la música, de la m atem ática pura. La gama de
ero que las proporciones geométricas introducen en la rela­
ción de los sonidos (fa / / y sol b) y otras progresiones que
concuerdan con los números rítmicos del teorema de Gaus

en sus leyes y en su esencia. Los resabios de estas compo­
siciones rudim entarias subsisten, racional o intuitivam ente
hasta hoy a través de los buscados! equilibrios de la sim etría
rítmica lineal, de la “ley del peso”, o en el ritmo: dinámico y
el gran ritm o clásico (Fig. 3 y 4 )). Y si bien el rítimo es una
ley de la naturaleza, su expresión aritm ético aplicado se torna
hoy paraj el arte, como el mismo Meumann lo ha comprendi­
do, en un fenómeno puram ente intelectual. Nosotros sosten­
dremos que, cualquiera sea su carácter, este constituye una
expresión. Las proporciones espaciales rítm icas no son en
realidad más que divisinoes de tiempo que, trasladadas ma­
tem áticam ente a un arte espacial estático, significa una re­
presentación. En la naturaleza y en el arte ellas obedecen exs
trictam ente a funciones y a sugestiones temporales, más que
a realidades espaciales. El nuevo concepto de espacio-tiempo
fig. 10, b
no justifica que estos ritmos sean empleados en una plás­ sobre la inscripción de polígonos en un círculo (1, 2, 3, 5,
tica de dimensiones objetivas solamente espaciales.
17), han adoptado un camino distinto al de una estructura
Ciertas proporciones (Fi 1.6180 pc,r ej.) que se encuentran musical concreta. Por eso son loables algunas investigacio­
en la naturaleza, obedecen allí a una ley de desarrollo, de nes y esfuerzos de Schónberg y sus continuadores.
crecimiento en el espacio y en el tiem po; son activas, son Funciones sim ilares abstractas fueron (ambién las cumpli­
funcionales. En el arte estático nada realm ente hay que sos­ das por ciertas relaciones aritm éticas elaboradas por el hom­
tener, nada crece ni se desarrolla, nada acontece en el tiem ­ bre y “aplicadas” al mundo exterior y sensible. El número
po como no sea en apariencia, nada pesa. Las proporciones senario llamado “perfecto” en la edad media y utilizado co­
rítm icas serán allí una representación.
mo fundamento para la armonía y la belleza,¡ constituyó por
La cosmología pitagórica, como base para una m atem ática mucho tiempo un concepto “a priori” de la relación y las
de la música, se extiende pronto a todas las artes, constituyen­ leyes del universo.
do por si misma una imitación. Son numerosos los preceden­ La crisis experim entada por los sistemas geométricos y ma-

C E P T I S T A

fig. 4
Alberto Magnelli

P intu ra compuesta
con equivalencias
rítm icas

fig. 22
Raúl Lozza

P intu ra 285 (año 1950
(E structu ra perceptista)

�V. D.
LOZZA

DE

LA

ABSTRACCI

AL

PERCEPTISMO

“ No debemos com batir la ilusión sino las cau­
sas que la provocan”.

(1936)

H . M atisse

Desnudo de los
ojos azules

El proceso de a b s tra c c ió n de los o bjetos reales, c o n d u jo a la p in tu ra a una m a y o r co n cre ció n de los
e lem entos esenciales, pero este sim p le m e ca n ism o e lim in a to rio del e nte n a tu ra lis ta , no fu é s u fi­
c ie n te p ara a b o lir la rep re sen ta ció n en sus ú ltim o s aspectos e le m e n tale s. Los e lem entos plá sticos
liberados, plano-colar, e xig e n una e s tru c tu ra que p e rm ita in v e n ta r fo rm a s nuevas y que s im u ltá ­
n ea m ente los ponga en re la c ió n ó p tic a con el c o lo r en un m edio, el muro.
U na nueva e s tru c tu ra ya no puede concebirse co m o co m p o s ic ió n ; en la p in tu ra fig u r a tiv a lo m is ­
m o que en la a b s tra c ta -c o n c re to , p re d o m in ó el uso de sistem as de relacio ne s a b s tra cta s a je n o a
las fu n c io n e s p lá s tic a s específicas.
Per esta razó n to d a e le cción de un sistem a " a p r í o r i" de co m p osición im p lic a un co n te n id o , pues­
to que son leyes generales e x tra íd a s de procesos o rg á n ico s o físicos, y c ris ta liz a d o s m a te m á ti­
ca m e nte . Sección dorada, series a ritm é tic a s , e spira les lo g a rítm ic a s , s im e tría s e stereo d in ám icas, e q u i­
lib rio s basados en la g ra ved ad , etc.
Estas c o n tra d ic c io n e s no han p o d id o ser superadas p o r la p in tu ra lla m a d a c o n c re ta y es uno de los
p rin c ip a le s fa c to re s que e x tra v ía e im p id e que la p in tu ra de v a n g u a rd ia c o n q u iste d e fin itiv a m e n te el
ve rd a d e ro realismo ednereto.
M a te ria y form a, plano y color, fondo y form a, composición plástica y sistemas reguladores, están
en a b ie rta c o n tra d ic c ió n , c o m p ro m e tie n d o la síntesis y la u n id a d o b je tiv a de los e lem entos para la
visión , base esencial del p e rce p tism o p lá s tic o . Este d u a lis m o que a fe c ta a to d a p in tu ra bien puede
ju s tific a rs e con la conce pción id e a lis ta que Bergson tie n e sobre la c re a c ió n a rtís tic a , sosteniendo que
es u na "a d a p ta c ió n recíproca e n tre m a te ria y fo r m a " y que los "e le m e n to s son a n te rio re s a la in ­
v e n c ió n ", etc. El perceptismo, que es un re a lis m o d ia lé c tic o de la p ercep ción , ha logrado, a través de
su p rá c tic a c rea do ra , su p e ra r estas lag un as id e a lis ta s e lim in a n d o del c a m p o de la p lá s tic a c o n c re ­
ta , los ú ltim o s ve stigios de la re p re sen ta ció n , en v ig e n c ia y em boscados en la m ism a.
Es M a x Bill, te ó ric o m u y escuchado e n tre los p in to re s concretos, q u ie n p o stu la un nuevo c o n te n id o
p ara el a rte n o -fig u ra tiv o , d ic ie n d o que lo que im p o rta no es ya la fo rm a sino qué contenido d a rle
a la p in tu ra . Pero p ara poder a p re c ia r la tra s c e n d e n c ia del a p o rte hecho p o r el perceptismo, es nece­
sa rio h is to ria r los p ro ble m a s que se p la n te a ro n los m o v im ie n to s de la p in tu ra de v a n g u a rd ia a n te rio r
a| m ism o y en qué m ed id a fu e ro n consecuentes con sus propósitos, com o ta m b ié n v a lo ra r sus aportes.
El a n te c e d e n te m ás im p o rta n te en la p in tu ra m oderna nace con el impresionismo que lib e ra al color,
y luego con C ézanne, que in tro d u c e la v isió n p lá s tic a fre n te a la v is ió n fís ic a hered ad a del renaci­
miento. Cézartne h abía d ic h o que " la p in tu ra es una ó p tic a " , y p re d o m in ó en todas sus c o n s tru c c io ­
nes una e vid e n te v o lu n ta d de e x a lta r los vo lú m e n es y el espacio m e d ia n te los planos y el color. Con
el cubismo, m ás ta rd e se opera la p rim e ra re v o lu c ió n p lá s tic a que va a d e lim ita r los valores esen­
c ia lm e n te p ic tó ric o s , fre n te a la re p re sen ta ció n fig u r a tiv a . Pero a pesar de lo g ra r una m a yo r a u to ­
nom ía en la in v e n c ió n , subsiste en el cubismo m u ch o del v ie jo e s p íritu c lá sico en su p ro c e d im ie n to
p ic tó ric o .
A l re c h a z a r el c o lo r a fa v o r del to n o lo ca l, que h a b ía n desechado los im p re sio n ista s, y h a ce rlo p a r­
tic ip a r en el o b je to , evoca un resabio n a tu ra lis ta . T a m b ié n co nside raron el to n o m ás c o m p a tib le con
lo c o n s tru c tiv o . Este co nce pto e s p iritu a l o in te le c tu a lis ta lo e n c o n tra re m o s en m uchos p in to re s abs­
tra cto s.
Existe un dualismo e v id e n te e n tre form a y color, e n c u a n to d e sp la zan el to n o del o b je to por razones
té cnica s, cre a n d o c o m b in a cio n e s c ro m á tic a s ind ep e n d ie n te s de la fo rm a local. El p la n o y el co lo r son
su bo rd ina do s a una fu n c ió n p lá s tic a de superposición y de co ntrastes cre a n d o ritm o s plá sticos, re­
p e ticio n e s, ana lo gías, juegos expresivos.
Pero ya pensaron ellos que e| d estin o de la p in tu ra te n ía que resolverse en la a rq u ite c tu ra , y tu v ie ­
ron una v is ió n o b je tiv a del "c u a d ro com o o b je to p ro p io ". Su sistem a de co m p osición p a rtió g e n e ra l­
m en te del in te rio r h a cia la p e rife ria , p on ie nd o en crisis, p o r inn ece sario, el ra c tá n g u lo . M á s ta rd e
Peri rom pe rá con esta tra d ic ió n secular. Con el collaje y la in c o rp o ra c ió n de nuevos m a te ria le s p lá s ­
tico s, el plano co bra p rim a c ía sobre el espacio. El cubismo te rm in a su c ic lo c re a d o r p ara d a r lu g a r
a nuevas e xpe rie ncias.
M atisse ya buscaba in s tin tiv a m e n te la re la c ió n cu alitativa del color con la form a y en una extensión
espacial d e te rm in a d a , pero esta e x p e rie n c ia la re a liz a b a te n ie n d o en c u e n ta la m a y o r sensación de
lu z y de a rm o n ía c ro m á tic a ; a lo sum o, e stab lecía un e q u ilib rio expresivo.
Charles Heinry h abía observado que " la sensación de c o lo r precede a la fo rm a " . Este d ile m a no será
superado p o r n in g u n a e x p e rie n c ia si no son u n ific a d a s m e d ia n te una m ensura óptica-estética. Los
p in to re s a b s tra cto s-co n cre to s adolecen de un siste m a ra c io n a l que los c o n tro le y s in te tic e para la
percep ción v isu a l s im u ltá n e a . El c o lo r puede a fro n ta r el p la n o sin d e s tru irlo , recién cu an do in te rv ie ­
ne com o v e h íc u lo de e s tru c tu ra con el carácter de la form a y el m ed io c irc u n d a n te com o base c ro ­
m á tic a : c o lo r de m u ro e in te n s id a d de luz a m b ie n te .
Kanditnsky, in ic ia d o r de la p in tu ra a b s tra c ta , a p e s a r de su ra íz e x p re sio n ista , h abía conce bido lo
" c o n c r e to " com o fin de la p in tu ra ; pero ya sabemos cóm o ha quedado d e s v irtu a d a esta fin a lid a d en
sus obras y en la de todos a qu ellos que s ig u ie ro n te o riz a n d o en a rte con este ró tu lo . Si bien es
c ie rto que p ara Kandisky los e lem entos p lá sticos se c o n v ie rte n en signos m usicales y en asociaciones
a ním icas, co m p re n d ió una serie de p ro ble m a s de sum a im p o rta n c ia : la re la c ió n del color y la form a.
Pero, a pesar del e sfu e rzo co n c ie n te p o r s o lu c io n a r esta c o n tra d ic c ió n , llegó a la co nclusió n desalen­
ta d o ra de que era im p o sib le m e d ir el color en una form a "h a s ta en sus ú ltim o s d e ta lle s ". A dem ás,
en Kandinsky, el orden p lá s tic o está fu n d a d o m ás en la in tu ic ió n que en la razón.
Los elem entos racionales en m uchos p in to re s a b s tra cto s-co n cre to s co existe n con ve stigios de orige n
m ís tic o e id e a lista .
Las fo rm a s g e o m é trica s están im p reg na da s de sim b olism os estéticos y c o n s titu ­
yen una g ra m á tic a . Es la concepción de un nuevo "c o s m o s " p ic tó ric o , c o n tra los viejo s m odos de re p re ­
se nta ción . En M alevitch ta m b ié n está la te n te una s e n s ib ilid a d m ística . Lle gó a d e c ir que "lo s c u a d ra ­
dos de los su p re m a tis ta s pueden ser com parados con los signos de los p rim itiv o s " . Pero a pesar de
estas a p recia cio ne s equívocas o de los títu lo s con que ilu s tra b a sus obras, es e vid e n te el deseo de re­
d u c ir al m ín im o los ele m e n tos fo rm a le s g e o m é tric o s : cuadrados, rectá n g u lo s, e tc., fig u ra s geom é­
tric a s con las cuales se pro po nía e x a lta r la suprem acía de la p ercep ción sensible. Llegó a rech aza r
el c o lo r e le m e n ta l, por co n s id e ra rlo a ge nte d e s tru c tiv o del espacio y p in ta r en un período con " b la n ­
co sobre fondos b la n c o s ". La n eg ación d ia lé c tic a del color le puso de m a n ifie s to el v a lo r del plano,
sobre lo cu al él no sacará n in g u n a consecuencia. Su co m p osición basada en ritm o s contrapuestos, e q u i­
lib rio s e n tre lo e s tá tic o y lo d in á m ic o , es una lu ch a e n tre fu e rz a s que se com pensan o rig in a n d o una
te m á tic a expresiva. Nicholson y otros lleg an a m a te ria liz a r el plano s u b stitu ye n d o el color por el re­
lieve, pero este tip o de e je cu ció n p lá s tic a pasa la fro n te ra de la p in tu ra , es relieve e scu ltó rico , es
una so lu ción fa ls a y p ro viso ria . (Los c o n s tru c tiv is ta s cayeron en desviaciones parecidas en c u a n to
q u is ie ro n su pe ra r a la p in tu ra por este c a m in o ) .
Lisinky llega a p in ta rlo s representando la te rc e ra d im en sión . Todos ellos se in s p ira ro n en fo rm a s geo­
m é trica s, c ilin d ro s , espirales, elipses, proyecciones c e n trífu g a s , re p e rto rio nada in v e n tiv o por cierto .

Los nuevos m ate ria le s que in co rp o ra n a la com posición p lá stica no d e te rm in a n una m ayor o b je tiv i­
dad ni son s u fic ie n te s para n e u tra liz a r las in flu e n c ia s psicológicas.
La nueva c a lid a d tie n e que e m a na r de la nueva e s tru ctu ra , te n ie n d o en cu en ta el e le m ento m a te ria l
de la p in tu ra o la e scultu ra (de esta ú ltim a se h a b la rá en un a rtíc u lo p ró x im o ) .
Toda com posición basada en el e q u ilib rio , sea de c a rá c te r in tu itiv o com o ra cio n a l, esconde una sim e ­
tría rota por el m o v im ie n to , es una com posición de grupos equivalentes.
Puede a firm a rs e que toda la cie n cia de las fo rm a s se ha fu n d a d o sobre los ritm o s y los e q u ilib rio s.
El perceptismo ha e lu d id o todo e lem ento lin e a l y de d ire cció n ; la e s tru c tu ra tie n e en cu en ta el plano,
que co nstitu ye un elemento esencial y no co n tin g e n te en el proceso in ve n tivo . M ondrian, que p ro p u g ­
na una p in tu ra p la na en el p la no , seccionando el re ctá n g u lo m ed ia n te direcciones ortogonales, sim ­
b o liz a una ¡dea de e q u ilib rio . Persiste en el m ism o error. Las barras diviso ria s cie rra n espacios f ic ­
ticios.
En el uso del color y no color, de espacio y de llenos, a ctú a un concepto ide alista y no concreto. A l
re d u c ir el color al sistem a de los tres p rim a rio s se cae en un p re ju ic io d o g m á tico y se restring e la
percepción c ro m á tic a . Su deseo de p ureza lo lim ita b a . Su sistem a de com posición es im ita tiv o , por
inspirarse en las leyes co n stru ctiva s de la a rq u ite c tu ra . Por esta razón la de M ondrian es la p in tu ra
que más se a d a p ta a a q u é lla , pero no logra e fe c tu a r una verdadera síntesis in te g ra l. Su creencia ra­
c io n a lis ta descansa en el uso de la sección de oro y los cuadrados inscripto s y circu n scrip to s de pro­
cedencia rom ana.
Una v a ria n te de esta clase de com posición, puede verse en m uchos cuadros puestos sobre sus vértices
y desplazados del in te rio r a la ta n g e n te . Los co n tin u a d o re s Gorin, Loshe, Del M a rle y otros buscan
com o los c o n tru c tiv is ta s soluciones que no pueden d e fin irs e com o p in tu ra ni com o e scultu ra , caresen de las fu ncio ne s respectivas de cada una de estas artes. En un p royecto de Doesburg, puede verse
el esquema de una e s tru c tu ra a rq u ite c tó n ic a , en que los planos espaciales se co n ju g a n en sus fu n c io ­
nes exactas, com penetrándose. Estos p in to re s im ita n estas e stru ctu ra s a rq u ite c tó n ic a s d ejan do el color
al m argen de la e s tru c tu ra p ic tó ric a . Es una suerte de neo-barroquismo ra c io n a liza d o . Del M a rle p ro ­
pone una so lución de la p in tu ra com o co m p le m e n to de la a rq u ite c tu ra , llegando inclu so a sostener
que sería " la verdadera p in tu ra re a lista s o c ia l". T am poco es una novedad la a rq u ite c tu ra p o lic ro m a ­
da, puesto que to da la a n tig ü e d a d se sirvió del color para e x a lta rla , aunque éste tu v o a veces un
c o n te n id o sim b ólico . Doesburg, que p erteneció al neo-plasticismo, rom pió con los cánones dogm áticos
de esta escuela, para buscar una nueva fo rm a de com posición que le p e rm itie ra una m ayo r lib e rta d
rítm ic a expresiva. El tra z a d o en dia go na l posee un s ig n ific a d o de fu g a c id a d , pero el uso que éste h a ­
ce de las barras diviso ria s deja de c u m p lir su fu n c c ió n e s tric ta que te n ía en M ondrian, para tra n s fo r­
m arse en un m o tiv o que se co ntrap o ne con la d ire c c ió n de los planos que se a rtic u la n sobre el fo n ­
do. El plano sigue siendo una a p a rie n cia y no seresuelve el p ro ble m a del fondo.
Con Vantongerlo, el a rte a b s tra cto va a to m a r o tro curso. Y a el plano va d ejan do de te n e r una im ­
p o rta n c ia esencial. La línea que u tiliz a en casi todos sus cuadros sugiere g rá fic a m e n te la secuencia
te m p o ra l. Nos h ab la ta m b ié n de una c u a rta y q u in ta d im e n sió n : el m o v im ie n to y la ve lo cida d. Y a
co m ien za a in tro d u c irs e en la p lá stica , insp ira do en la nueva física re la tiv is ta , el concepto espaciotiempo com o te m á tic a . H ay que reco rd ar que Vantongerlo fu é m a te m á tic o , o rg a n iza n d o sus com po­
siciones con expresiones g e o m é tric o -m a te m á tic a s : sección dorada, series de Fibonachi, cuadrados ins­
crip to s y circu n scrip to s, etc. Pero a pesar de este r ig or lógico, lo p lá stico c o n tin u ó siendo para él
de n a tu ra le z a in tu itiv a sensible. Buscó un c o e fic ie n te que re la cio n a ra el v a lo r del color con la
su­
p e rfic ie de la fo rm a " , operación a rb itra ria e im posible de log ra r, porque el color e sté tico es de esen­
cia ó p tic a , y sólo puede relacionarse con el carácter de la form a. N in g u n a re la ció n e xclu siva m e n te m a ­
te m á tic a puede c o n s u sta n cia rlo a una síntesis p ara la visión. Desde entonces hasta M a x Bill, la p in
tu ra n o -o b je tiv a , pondrá en vig e n cia un nuevo co n te n id o rep re se n ta tivo que negará la crea ció n de la
p in tu ra co ncreta , tra ic io n a n d o sus postulados básicos. Existe una ro ta ció n te m á tic a que se rechaza
y se vuelve a re to m a r con d is tin ta s ca ra cte rística s, d e la ta n d o la im p o te n cia de la p in tu ra de v a n g u a r­
dia por s a lir del c írc u lo vicioso de la representación. Es q u izá s lo que quiso in s in u a r Paul Klée cuando
d ijo que " la p in tu ra m oderno no ha llegado al p u e b lo por no conocer sus elem entos to ta le s . Es fá c il
im p u g n a r estas m is tific a c io n e s estéticas p seu do -c¡en tíficas, sabiendo que no pueden tra d u c irs e a
nuestra e s tru c tu ra re a l-trid im e n c io n a l, la e s tru c tu ra co m p le ja del espacio-tiempo re la tiv is ta . Estas d i­
m ensiones son ¡rrepresentables, y si p udiéram os h a ce rlo te nd ríam os que e star dotados de otros ó rg a ­
nos sensorios. Pero estam os lim ita d o s a p e rc ib ir tres dim ensiones, y poseemos en consecuencia tres
grados de lib e rta d para a c tu a r en el m undo e x te rio r. Esta o rie n ta c ió n c o n tra d ice la re a lid a d b id im e n sional del plano, com o o b je to de la p in tu ra , d e s v irtu a n d o su esencia co ncreta e im p id ie n d o el tr á n ­
s ito d ia lé c tic o h acia la o b je tiv id a d . La cie n cia posee una esfera p ro p ia de acción y de c o n o cim ie n to ,
y si el a rte quiere a d q u irir ca teg oría de cie n cia e sté tica debe a te n d e r sus p ropias leyes. La cie n cia
descubre, com prueba, e x p lic a lo que existe, el a rte in ve n ta lo que no existe. T a n to para K ant, com o
para Sartre, el ente estético, para que posea un v a lo r, no es indispensable que sea real, porque lo
estético vive en una ó rb ita id e a l; com o dice Sartre, es " ir r e a l" por n a tu ra le z a .
Esta concepción a n tic ie n tífic a e id e a lista del a rte podrá hacerse e xtensiva a to da la p in tu ra abstractaconcreto en ta n to no supere esa c o n tra d ic c ió n que aísla a la p in tu ra del m un do real, creando un
m undo a p a rte e ilusorio. M oh o ly-N ag y, in te g ra n te de la "B a u h a u s ", in s titu c ió n que a gru p ó lo más evo­
lucionado de la p in tu ra de v a n g u a rd ia , chocó ta m b ié n con el escollo de la form a y el fondo. C om ­
pre nd ió que el más m ín im o color sobre el plano produce un a h u e ca m ie n to y sugiere la p ro fu n d id a d .
Sortea esta d ific u lta d re c u rrie n d o a las luces proyectadas, pero el m a n e jo de una nueva té cn ica no
m o d ific a el problem a. Cayó en un im presionism o, en que la representación de la lu z fu é su s titu id a
por la luz m ism a. Ensayó ta m b ié n un sistem a de "p a tro n e s ", co n stru cció n de fo rm a s " a p r io r i" , que
a nte po n ía e ntre la luz y una p a n ta lla o fondo. U na nueva te cno log ía no es s u fic ie n te para tra n s fo r­
m a r d ia lé c tic a m e n te el a rte : la inve nció n té cn ica no es la inve nció n p lá stica . Esto co rrob ora lo que
sostiene el perceptismo, que sin una e stru c tu ra p ic tó ric a no se superarán estas lagunas. Lo que hay
que c o m b a tir son las causas que producen la ilusión y la representación, y no sus efectos. H asta aquí
los aportes y soluciones u n ila te ra le s de las te nd en cias más progresistas y racionales de la p in tu ra no
o b je tiv a . O m ito la m ención de otros m o vim ie n to s, porque son el re fle jo de a ctitu d e s personales sub­
je tiv a s o de fin a lid a d e x tra p lá stica .
En la A rg e n tin a se progresó en el sentido de esclarecer a lgunos problem as, pero en la p rá c tic a crea ­
dora fué Raúl Lozza q úien logró d a r so lución a todas estas co n tra d iccio n e s en que se a g o ta ro n las
tendencias no fig u ra tiv a s . La p in tu ra co ncreta se co n vie rte en una re a lid a d con el a d v e n im ie n to del
perceptismo, que logró o rie n ta r la p in tu ra h acia la verdadera fu n c ió n estética en co nexión con la di­
námica social. Todos los problem as que se a fro n ta b a n en fo rm a a isla da , color-form a, e stru c tu ra
p lá stica y a rq u ite c tu ra , se in te g ra n y se s in te tiz a n en un cam po ú n ico para la visión o b je tiva . Lo real
es la síntesis, la unidad; lo o b stra cto se hace co ncreto , y el o b je to e stético vive com o un ente real
en su plena b id im e n s io n a lid a d . La form a, libe ra da en el espacio, reclam aba una e stru c tu ra que le
o to rg a ra su existen cia . El color, a| e stru ctu ra rse con el carácter de la form a, por p rim e ra vez juega
un papel a c tiv o con la m ism a.

1
1
A lbert Gleizes

P in tu ra cubista
(año 1914)
2

N . Lerner

Proyección lum inosa
con patrones.
(Del “B auhaus” )
3
Van Doesburg

Estudio espacial

(Proyecto arquitectónico)
4

M oholy-N agy

G ran p in tu ra
sobre alum inio
(año 1926)

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M A T E M A T I C A Y FISICA

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En estos tiem pos de la p in tu ra a bstra cta las m a te m á tic a s y la física han sido o b je to de m uchos m a n i­
fiestos y declaraciones y hay m uy pocos plásticos m odernos que osen desdeñarla.
Sin em bargo la
m ayoría se d eclara p a rtid a ria del e sp íritu y de los se ntim ie n tos subjetivos que quedan fu e ra de la
m ensura m a te m á tic a .
»
Así Kandinsky p in ta para m a n ife s ta r su fondo a n ím ic o e in fu n d e a sus form as y colores una d e te r­
m in ad a propiedad de p ro d u c ir cierta s resonancias a fectivas. Klee nos h ab la de d a r m ayor fu e rz a a
los fa cto re s de co nte nid o y para Vantongerloo una obra de a rte revela el estado de a lm a del p in to r.
M ondrian apela al fo nd o u niversal del hom bre y M a x Bill nos dice que el a rte necesita al m ism o tie m ­
po del s e n tim ie n to y del pensam iento. Los c rític o s en general encaran su lab or com o si descubrieran el
tra s fo n d o ín tim o del p in to r.
¿Qué papel juega entonces la m a te m á tic a y la fís ic a para los plásticos abstractos? E insistim os en
la p re g u n ta porque se ha apelado a los progresos de estas ciencias para ju s tific a r cada uno su p lá s ­
tic a . La respuesta nos d e fra u d a , dado el énfasis con que se a firm a n las nuevas conquistas del a rte en
el cam po de la cien cia. Se vuelven a re p e tir en el a rte no fig u ra tiv o los m ism os usos que le daba el
a rte representativo. En d e fin itiv a , abstracció n y representación, según las declaraciones de los p in to ­
res y del m anejo que hacen de las m a te m á tic a s no d ifie re n en un solo punto.
El g rito de ¡frío s y
m a te m á tic o s ! que se a p lic a a los a bstractos queda entonces sin razón de ser.
El em pleo más ingenuo de las m a te m á tic a s es el a le g ó rico , recurso usado en el a rte de la edad m edia
y que en nuestros tiem pos va a p reocupar a Kandinsky, quien al u tiliz a r cinco fo rm a s en una obra
pretende representar al m a trim o n io , re su lta n te del 2 fe m e n in o y del 3 m asculino, sim bolism o que nos
re tro tra e al tie m p o de Pitágoras. Por o tra p arte, este a legorism o no in flu y e para nada en la ca lid a d
de la obra.
O tro uso consiste en to m a r las m a te m á tic a s com o un re g ula do r o b je tiv o o c o n tro l de los elem entos
p ictórico s. Las ciencias ta m b ié n tie n d e n a expresar con relaciones m a te m á tica s el c o m p o rta m ie n to del
o b je to que e studian. Así una relació n c ie n tífic a p ara la p lá s tic a sería a q u e lla que expresara el c o m ­
p o rta m ie n to de los colores y fo rm a s para a lc a n z a r un estado de e q u ilib rio visual. D esdichadam ente en
la p in tu ra a bu nd an relaciones y proporciones que nada tie n e n que ve r con las leyes internas del color
y de la fo rm a y que sin em bargo pretenden ser aplicad as para a lc a n z a r la ta n m en tad a belleza.
La sección áurea, cuyo uso q u iz á pueda ser ju s tific a d o por los p intores del re n a c im ie n to , fu é reno­
vada en e| siglo pasado y hoy está en boga para cie rto s p in to re s abstractos. D icha relació n no tie ne
n in g ú n fu n d a m e n to p lá stico puesto que no descansa en las leyes interna s de los elem entos p ictórico s.
Nos ha sido legada por los a ntig uo s que ya la h a b ía n observado en la n a tu ra le z a . Pero las form as
y c o lo r de la n a tu ra le z a responden a una fu n c ió n o rg á n ic a y no al hecho de a lc a n z a r un e q u ilib rio
para la vista del h om bre ( 1 ) . La seccióln áurea es pues un tra s p la n te m ecánico e im ita tiv o de la na­
tu ra le z a , inca pa z por lo ta n to , de " o b lig a r " a una fo rm a a expresar un estado de e q u ilib rio , puesto
que no responde a un proceso interno . El a rte a b s tra c to que considera una obra com o una cosa en sí
debe pues desechar esta fó rm u la , resabio de la p in tu ra rep re sen ta tiva, que lo hace un re fle jo de la
n a tu ra le z a . Por o tro lado, Fechner e ncu en tra m e d ia n te experiencias y tests que la sección áurea sola­
m ente en el re c tá n g u lo podía d a r una sensación de a rm onía, probando que no tie n e n in g ú n asidero
en la visión hum ana.
^

la revista Sur
.. .publica en su núm ero 202 de agosto de 1951 un
cordial cambio de opiniones entre Guillermo de Torre y
Julio E. Payró, quienes, en sendas cartas abiertas, di­
lucidan conceptos sobre la denominación que correspon­
dería al arte no-figurativo.
E n n uestra revista ya hemos señalado hechos sim i­
lares. E n esas oportunidades hemos sostenido en ge­
neral que el problem a no reside en las denominaciones
m ás o menos ju stas, pues no será posible englobar doc­
trin as tan dispares con un térm ino o una palabra que,,
por o tra parte, ha perdido ya su verdadero sentido,
como lo de “abstracto”, “no-objetivo” o “no-representativ o”.
Hoy adoptam os una actitud m ás decidida sobre el p ar­
ticular, ante el hecho de que tam bién el perceptismo
se ve, erróneam ente, involucrado p o r' los mencionados
críticos en el conjunto de las demás tendencias nofigurativas, no-objetivas o abstractas (concretos y mo­
distas están comprendidos en estas tendencias). Nos
ex traña el hecho de que se nos confunda con orien ta­
ciones plásticas de dudosa base teórica, de doctrinas
m etafísicas o que carecen en absoluto de ellas. Por
otra parte, es del dominio público la form a en que
siem pre hemos expuesto, claram ente, la nueva teoría del
perceptismo y su diferencia fundam ental con todo el
a rte anterior.
Es por eso que “ perceptismo” no es una denominación
“confusa”, ni siquiera una denominación más, sino que
implica un suceso nuevo en la p intu ra. Nosotros ja ­
m ás hemos dicho que sonos “ab stractos” o que somos
“no-objetivos” ; por el contrario, proclam am os continua­
m ente nu estra práctica creadora de una objetividad en
el arte. El perceptismo cancela en la p in tu ra las
doctrinas y métodos representativos, subjetivos o “abs-,
tracto s”.
Como podemos probar estos enunciados en cualquier
oportunidad y ante quienes lo dem anden, y como esta­
mos especialm ente interesados en discutir públicam ente
los problem as que teniendo como principio una denomi­
nación de arte han de trascender y poner al alcance de
la opinión pública cuáles son los fundam entos objetivos
del perceptismo y cuáles las doctrinas de las demás
tendencias, nos parece plausible y aceptam os la suge­
rencia de Guillermo de Torre a la revista SUR, para
que ésta organice una encuesta entre los pintores que
practican en A rgentina las tendencias mencionadas.
R. L.

Estas relaciones extrínsecas a la obra de a rte suelen ta m b ié n te n e r o tra fu e n te . M ondrian e s tru c tu ­
raba sus áng ulos rectos con relaciones in tu itiv a s co ne ctad a s con su estado ín tim o , y Vantongerloo
apela a las m a te m á tic a s para que éstas expresen su co nte nid o a n ím ico , y esto está ta n lejos del
c o m p o rta m ie n to o b je tiv o de la m a te ria p lá s tic a com o lo estaba la sección áurea. L lam arem os m etafísico a este uso fa lso de las m ate m ática s.
La fu e n te de las relaciones m a te m á tic a s es m o tiv o de o tra discusión puesto que es necesario escoger
e n tre una m ensura física , una fis io ló g ic a y o tra psicológica.
Psicológica es la c o lo rim e tría de Kandinsky q u ie n nos d ice ; "a n ím ic a m e n te 1-1 es ig u a l a 2, así com o
un p u n to de co lo r, al ensanchar su ta m a ñ o pierde in te n sid a d y por co nsigu ien te v ig o r e x p re s iv o ". Fi­
sioló gica es la te oría de los colores co m p le m e n ta rio s y física es la c o lo rim e tría basada en la lo n g itu d
de onda.
M a x Bill nos o b lig a a c a m b ia r nuestro p u n to de v is ta puesto que ya no se tra ta del uso de las m a te ­
m á tic a s y de la fís ic a sino que nos h a b la de la "n u e v a v is ió n ", las nuevas conquistas, los nuevos
contenidos de las ciencias m odernas, que la p in tu ra debe representar.
" L a m a te m á tic a — dice—
adem ás de ser uno de los reguladores p rin c ip a le s del s e n tim ie n to p rim a rio . . . es al m ism o tie m p o
c ie n c ia de relaciones, de c o m p o rta m ie n to s de cosa a cosa, de g ru po a gru po , de m o v im ie n to a m o vi­
m ie nto. Y ya que e lla co ntie ne estos p rin c ip io s fu n d a m e n ta le s y los relacio na e ntre sí es n a tu ra l que
ta les a c o n te cim ie n to s puedan ser representados, esto es, tra n s fo rm a d o s en re a lid a d v is u a l". Nos está
pro po nie nd o la nueva m a te m á tic a com o tem a. N os hab la de las geom etrías no e u clid ia n a s y de los
conceptos que nos tra e la física de la re la tiv id a d . Nos hab la de " lo in d e cla ra b le del espacio, la leja nía
o cercanía de la in fin itu d , la sorpresa de un espacio que em pieza y te rm in a en d ife re n te fo rm a , la
lim ita c ió n sin lím ite s exactos, la m u ltip lic id a d que a pesar de todo fo rm a una u n id a d , la ig u a ld a d de
fo rm a que va ría con la a p a ric ió n de un solo a ce n to , el cam po de fu e rz a s com puesto de v a ria b le s , las
p arale la s que se c o rta n , y la in fin itu d que vuelve a sí m ism o com o presencia, y al lado, n uevam ente el
cu ad ra do con todos sus fu n d a m e n to s, la recta que n o es tu rb a d a por n in g u n a re la tiv id a d y la cu rva que
en cada uno de sus puntos fo rm a una re c ta " ( 2 ) .
i
N o com prendem os com o M a x Bill nos tra n s fo rm a e sto en re a lid a d visua l. Nos hab la "d e la ¡dea p ri­
m a ria de la e s tru c tu ra del m undo, de c o m p o rta m ie n to de acuerdo a la im agen u niversal que hoy nos
proponem os re a liz a r".
Pero dejem os h a b la r a James Jeans. "T o d o s estos conceptos parecen a m i in te lig e n c ia ser e stru ctu ra s
de p uro pensam iento, incapaces de re a liz a c ió n en n in g ú n sentido, que con p ropiedad p u d ie ra desig­
narse com o m a te ria l (visu al, le agregam os nosotros) . . . Los c rític o s del s ig lo X X que hacen estos co­
m e n ta rio s están to da vía en el estado m e n ta l de los d e n tis ta s del siglo X I X ; dan por aceptado que el
universo debe a d m itir representación m a te ria l. . . El universo no la puede a d m itir y creo que la razón
es que se ha co n v e rtid o en un m ero concepto m e n ta l" ( 3) .
Filósofos y físicos d iscuten la p o s ib ilid a d de la rep re sen ta ció n del universo, pero ya M a x Bill cree
hab erla rea liza do .
j
Por o tro lado nuestra v ie ja m a te m á tic a de Euclides, hoy llam ad a g eo m e tría de lo p ró x im o nos sirve
excelen te m e nte para c a ra c te riz a r o m e d ir las relaciones de una p in tu ra en una te la "a rc h ic e rc a n ís im a "
(la a p lic a c ió n de las nuevas m a te m á tic a s nos d aría el m ism o resultado que la e u c lid ia n a ) .
Casi todos los conceptos que nos tra e la física e in s te n ia n a están e strecham ente ligados a la c u a rta d i­
m en sió n : el tie m p o. M ie n tra s la p in tu ra va hacia la supresión de la te rce ra dim en sión M a x Bill nos
quiere e n d ilg a r la representación de la cu a rta .
j
Las p in tu ra s de M a x Bill, rea liza da s en dos d im ensiones y sus esculturas que abarcan la te rce ra se
quedan en este m undo trid im e n s io n a l y en n in g ú n m om ento hacen sospechar que pueda e x is tir un
universo con los efectos que describe en su a rtíc u lo .
Era necesario in s is tir en este p u n to debido al m anoseo que hacen cierto s plásticos con la nueva física
para a m p a ra r sus p in tu ra s , aún expresivas y representativas.

�EN

LA

N U E V A

PI NTURA

T am b ié n se in te n ta re p ro d u cir la física m icroscópi ca y así se producen pretendidos cuadros abstractos
con la representación del m undo atóm ico.
Pero por encim a de todos estos errores tie n e n estos plásticos "re la tiv is ta s " una enorm e co nfu sión
acerca del apo rte que pueda dar la nueva visión c ie n tífic a .
Perm ítasem e e je m p lific a r:
La nueva física sería un a n te o jo que p e rm ite ver m e jo r la realidad. El a rtis ta debe usarlos para p in ta r
m ejor. Pero d ecir que la física apo rta una nueva te m á tic a s ig n ific a que el p in to r en lu g a r de c o lo c á r­
selos para p in ta r los pone de m odelo y p in ta con la m iopía que esos cristales debían co rre g irle . Se con­
vie rte n así pin to re s y escultores en a rtista s, que con técnicas viejas, de un a rte representativo, ta m b ié n
viejo , quiere n representar lo irrepresentable.
Pero tratem os nosotros de a p lic a r las enseñanzas de la física en el cam po estético. Coloquém osnos los
anteojos. C item os a Ortega y Gasset: " . . .p o rq u e los espíritus han tom ado espontáneam ente d e te rm i­
nada ruta ha podido nacer y tr iu n fa r la te oría de la re la tiv id a d . Las ideas c u an to más sutiles y té c n i­
cas, cu an to más rem otas parezcan de los a fectos hum anos, son síntom as más a u té n tico s de las v a ria ­
ciones p ro fu n d a s que se producen en el a lm a h is tó ric a ". "B a s ta con su braya r un poco las tendencias
generales que han a ctuado en la inve nció n de esta te oría , basta con p ro lo n g a r brevem ente sus líneas
más a llá del recinto de la física , para que a p a re z c a a nuestros ojos el d ib u jo de una sensibilida d nue­
va, a n ta g ó n ica de la reina n te en los ú ltim o s s ig lo s " ( 4) . T ra te m o s pu.ís de a p lic a r al a rte las te n ­
dencias o conceptos que descubre Ortega y Gasset, pero aclarem os p rim e ra m e n te que solo el percep­
tismo ha llevado a la p rá ctica las conclusiones que hemos deriva d o de una aplicación estética de la
te oría de la re la tiv id a d , y que estamos en d isid e n cia con el pensam iento ide alista de Ortega sobre eso.
Absolutismo:
"C o n vie n e ante todo destacar com o una de las fa ccion es más g enuinas de la nueva te oría su te n d e n ­
cia a b so lu tista en e l.o rd e n del c o n o c im ie n to ". El hom bre puede conocer y conoce la realidad ta l co ­
mo es.
A p lic a c ió n e sté tica :
El a rtis ta — decim os nosotros— debe d o m in a r y conocer a bso lu ta m e nte los elem entos plásticos. K an­
dinsky a firm a b a en ca m b io que al p in to r se le escapan en ú ltim a instan cia el c o n tro l m a te m á tic o o
c ie n tífic o del co lo r y de la fo rm a que quedaban Horados a la in tu ic ió n .
Relativismo:
"H a b rá una sola rea lid ad . Esta rea lid ad es la que el observador percibe desde el lu g a r que ocupa, por
lo ta n to una rea lid ad rela tiva . Pero com o esta re a lid a d re la tiv a , en el supuesto que hemos tom ado, es
la única que hay, resu ltará, a la vez que re la tiv a , la re a lid a d verdadera, o lo que es ig u a l, la rea lid ad
a b s o lu ta ".
A p lic a c ió n e sté tica :
La p in tu ra debe ser o rg a n iza d a para " u n p u n to de v is ta " que im p lic a el a m b ie n te y el m uro. Esto se

1
Kupka

“ Discos de N ew ton”
2

Delaunay

“A legría de v iv ir”
3
M oholy-Nagy

“ Espacio nuclear”
4
G. Bolla

“ Líneas progresivas
m ás secuencias dinám icas”
5
Vantogerloo

“Núcleo”
6

V . D. Lozza

p in tu ra perceptista N'.' 29
(1950)

6

opone al m undo absoluto que aislaba e| m arco de la p in tu ra rep re sen ta tiva. Esta te nd en cia concuerda
ta m b ié n con los conceptos de perspectivism o y a n tiu to p is m o , que se desprenden de la teoría de Einstein.
A n ti-m e ta física :
Erróneam ente Ortega la denom ina a n tira c io n a lis m o , aunque sólo es un a taque al racio n a lism o m e ta físico. La teoría de Einstein es de un racio n a lism o co ncreto . "L a d ive rg e ncia e ntre las cosas y las ideas
puras es ta l que no puede evitarse el c o n flic to . Pero el racion a lism o (m e ta fís ic o , agregam os nos­
otros) no duda que le corresponde ceder a lo re a i" .
El vie jo racion a lism o m e ta físico para salvar los p rin c ip io s puros de espacio y tie m p o y los postulados
de la geom etría e u clid ia n a , d efo rm a b a y to rtu ra b a la re a lid ad para e n g lo b a rla d e n tro de ellos. En la
te oría de Einstein ceden fre n te a la realidad.
A p lic a c ió n estética :
Sostenemos que la p in tu ra no puede p e rm itir p rin c ip io s a p rio ri, fu e ra de las leyes interna s de los
elem entos. T a n to la representación en sí, com o sus proced im ien to s (sección áurea y pro ced im ien to s in ­
tu itiv o s , e tc.) provienen de fuentes ajenas a su n a tu ra le z a .
Ya hemos señalado eso al h a b la r de
los usos de las m atem áticas.
Finitismo:
Por todas partes en el sistem a de Einstein se persigue al in fin ito . A sí por ejem plo, queda su p rim id a
la p o sib ilid a d de velocidades in f in ita s " . . . "e l m un do de Einstevn tie ne c u rv a tu ra y por lo ta n to es
cerrado y fin it o " .
A p lic a c ió n estética :
La tercera dim ensión, la perspectiva, a bría la representación h acia lo in fin ito de la p ro fu n d id a d .
S u prim ida por el perceptismo la te rce ra d im ensión y la perspectiva, logrado el plano, la p in tu ra es un
ente fin ito y real.
Discontinuismo:
Estos cuantos elem entales son los pasos in d ivisib le s, m ínim os de la m a g n itu d en c u e s tió n " (Einste in -ln fe ld ).

(1)
(2)
(3)
(4)

V er mi artículo en el N? 1 de Perceptismo.
De “V er y E stim ar” N 9 7, artículo de Max Bill.
James Jeans “E l U niverso M isterioso”.
Ortega y Gasset-. “ El Tem a de N uestro Tiem po”.

�fig .' 21
Raúl Lozza

P in tu ra abstracta N IJ 91
Año 1946.

fig. 20
Georges Braque

P in tu ra 1918

propia esencia o í'azón de, ser. Hemos de tener en cuenta que
los caracteres dom inantes libres de la form a crean el ritm o
dinámico y expresivo (Fig. 17 y 18). E sta exaltación de los
factores asociativos y psicológicos empieza por otorgar al cua­
drado cierta categoría de m asa pasiva, de form a en reposo.
La composición clásica y el ritm o barroco (F ig. 19), dan
ejemplos del valor cualitativo aparente otorgado a las for­
m as de acuerdo a una ley m ecánica de gravedad. El “movi­
m iento” expresivo y la “estabilidad” parten de un concepto
de representación rítm ica. E sto es lo que la psicología de
la form a ha denominado,'como movimiento sin finalidad, cuya
raíz está en la consideración de la vertical como dinám ica
y la horizontal como estática.'E videntem ente, aunque esta psi­
cología lo niegue, esas son ideas asociativas que la invención
debe co ntrarrestar. La ley del destino común, con que se es­
tructuran los grupos desde el punto de vista abstracto, ha
influido igualm ente sobre la relación de los contrarios, que
ha estado sujeta en la pintura a las ritm os o fuerzas p ara­
lelas (Fig. 4 y 15); y la ley de continuidad ha sido el recurso
em pleado en los casos de m ayor simplicidad. Cuando los me­
dios de estructura están en crisis, se recurre igualm ente a ella.
Todas estas pequeñas desviaciones o fenóm enos de las fo r­
mas, cuando no podemos superarlas, constituyen las grietas
por donde se filtra en el arte todo lo subjetivo y lo contradic­
torio. Un autor ha escrito sobre las propiedades objetivas

fig. 19

El Greco

fig. 15 - Ejemplos de decorafig. 14. - Elementos de la “ Bauhaus” .

ción primitiva de la alfarería
de Nazca.

de las cosas, señalando que “la identidad de un ente con­
sigo mismo requiere como complem ento la diferencia con todo
lo dem ás”. E sta diferencia de una cosa con todas las demás,
esta independencia como sim ilitud, expresión o símbolo, es el
fin que hemos perseguido en la práctica de la pintura como
objeto concreto.
&gt;
La verdadera estructura radica entonces, no en las nuevas
referencias. Sino en todo ese proceso que hace de la obra
creada una cosa independiente, y por eso mismo, una unidad.
En la pintura representativa el proceso creador se verifica
m ediante una imposición que anula totalm ente la obra como
objeto, y por esa causa la estructura sim étrica y rítm ica cum­
plen la sim ple función de acondicionar sucesos apriorísticos
(Fig. 19). En los cubistas y algunas tendencias abstractas
estas leyes clásicas han sido solam ente alteradas, en el sen­
tido de que, para lograr una buscada independencia del cua­
dro como objeto, ellos se plantean el problem a de la creación
“de adentro hacia afu era”, en oposición al naturalism o clá­
sico, que parte del objeto exterior como form a.
Ese sistem a de los cubistas, que Gleizes considera igualm ente
como inoperante y que solo acepta m ientras no se “plantee
valientem ente de otro modo”, se refiere a una m ayor inde­
pendencia de lo representativo, a un alejam iento de la n a ­
turaleza exterior como punto de partida para la creación,
para buscar, en cambio, su orden y su esencia propias. Al
penetrar los cubistas en los objetos que aun m antenían como
referencia al mundo circundante, y al no detenerse en las for­
m as exteriores de las cosas, debieron insidir sobre las fo r­
m as exteriores del “cuadro” y conmover en muchos casos su
sistem a rectangular. Al no considerar ellos, como luego los
abctractos, el espacio en profundidad, descriptivo, com proba­
mos cómo en m uchas ocasiones el “sobrante” que resulta de
la “m asa” central no alcanza su fuerza estructurante, y ape­
nas si cumple la función de determ inar el rectángulo (Fig. 20).
E stos han sido los prim eros pasos dados por el pintor para
tran sfo rm ar los espacios aparentes en espacios reales, acti­
tud desarrollada hace /*nos años por el grupo abstracto con­
creto en la A rgentina (F ig. 21).
E s indudable que tan to el arte representativo como el arte
actual no-objetivo no ha logrado rom per el cascarón que lo
m antiene en su “mundo aparte. Perm aneciendo la pintura en
ese “mundo ap arte” no podrá lograr su realidad objetiva, ya
que, como cree Simmel, esa “obra de a rte se coloca fuera del
lugar donde es posible que unas cosas se lim iten con otras” .
Como el perceptism o no pretende objetivar nada extraño a
sus elem entos m ateriales, su estructura, como factor inven­
tivo, condiciona la relación constante entre objeto y media.
(F ig. 22) E lla no es geom étrica ni m atem ática, sino orgánica.
Al lograr una igualdad de realidades entre el mundo que nos
rodea y el objeto estético, abandona este su “mundo ap arte”
para reintegrarse a las realidades del hombre.
(C ontinuará)

El entierro del
Conde de Orgaz

comentarios

Para aquéllos que, despectivamente, concep­
túan como “decorativa” la pintura no repre­
sentativa, transcribimos estas tres opiniones
de crítica general. Dijo Oscar W ilde: “¿Cuál
es la diferencia entre el arte esencialmente
decorativo y la pintura? El arte decorativo
destaca su material, el arte imaginativo lo
anula.. . Un cuadro no tiene otro significado
que su belleza, ni otro mensaje que su ale­
gría. Esto es la verdad primordial en el arte,
verdad que nunca debería perderse de vista.
Un cuadro es una cosa puramente decora­
tiva”.
Este mismo autor agrega que “aun los que
ven en el arte un exponente de la época, sitio
y raza, tienen que aceptar que mientras más
imitativa sea, menos representará el espíritu
de la época”.
Por su parte, Andró M asson escribe: “La
complacencia infinita de la crítica actual con­
funde fácilmente lo “decorativo" con lo or­
namental. Decorativos son los grandes pinto­
res. El mismo R em brandt es decorativo en
comparación con P eter de Hog”.
Y señala también E nrique W olfflin que “es
indudablemente cierto que el arte pudo siem­
pre lo que se propuso y que no retrocedió ja­
más ante ningún, tema por “no poder” con él,
sino que se dejó siempre aparte lo que no
emocionaba sugestivamente como plástico. De
aquí que la historia de la pintura sea tam­
bién, no de manera secundaria, sino fundamentalmente, historia de la decoración”.
Hemos recibido de Martín Blaszko la siguien­

te c a rta :
Mi estim ado R aúl Lozza:
V ayan estas líneas p a ra discutir un poco
su concepto sobre el plano pictórico del nú­
mero anterior. A nte todo noto en su artículo
una sobreestim ación de la im portancia del
plano en detrim ento del ritm o. El plano, se­
gún mi modo de ver, es plano en relación al
control del ritm o. La conquista m áxim a de la
plástica actual según creo yo es la liberación
o separación del ritm o de la presentación del
objeto y no la realización del plano que es
una de sus consecuencias en la pintura. Ahora, hablar tam bién de una separación entre
ritm o plástico y contenido filosófico o psico­
lógico es no in te rp re ta r los diferentes carac­
teres del ritm o y la correspondencia de estos
caracteres a construcciones filosóficas o mo­
vim ientos aním icos. Los estilos habidos hasta
hoy nos enseñan mucho de este contenido. El
problem a que nosotros enfrentam os y que
tenemos que resolver es a ju sta r la rítm ica
al espíritu de nu estra época. E sta solución
tra e rá el estilo del siglo veinte que, por otra
parte, ya tiene en algunos arquitectos an ti­
cipos. Soluciones parciales no caben. H ay que
buscar el denom inador común p ara la pintu ra,
escultura y arq u itectu ra que traduce nues­
tra visión del mundo. E ste denom inador co­
m ún es el ritm o organizado de acuerdo a un
cierto esquema. E n o tra le expondré la ca­
racterística del ritm o que sería p ara m í la
correspondencia a nuestro concepto sobre el
universo.
Lo saluda
M artín Blaszko.

Nos anticipamos a la contestación reco­
mendando al lector algunos párrafos del ar­
tículo de R aúl Lozza sobre La nueva es­
tru ctu ra (pág. 2, 3 y 8). Allí se sostiene
que lo plano minea será una consecuencia
del ritmo, y que menospreciarlo por éste “es
como sostener en .filosofía que la materia es
consecuencia del espíritu, y no a la inversa”.

Talleres “ O ptim us” - D iagram a

(Viene de la pág. 3)
Tam bién las nuevas geom etrías se transform an en contenido
cuando se las transporta a una im ágen plástica. Cuando
Max Bill nos habla de la geom etría como “relación de posi­
ciones sobre el plano y en el espacio”, no hace m ás que pre­
sentar acontecimientos m atem áticos “transform ados en reali­
dad visual”. E sa “realidad visual” deja de ser la m ateria
plástica para ser un contenido conceptual del universo cuya
expresión solam ente es posible m ediante la apariencia. Mu­
chos han aceptado como subjetivos los problem as de la cuar­
ta o quinta dimensión en el arte estático (Le C orbussier),
y el mismo León Degand acaba de escribir que cualquier di­
mensión que supere la de los medios espaciales o tem pora­
les con que se realice en el arte, plantea una apariencia.
Es ya muy general en el arte, como lo hemos visto, a te ­
nerse estrictam ente a leyes m atem áticas y goem étricas en la
estructura y sostener que lo que constituye ¡“valor” artístico
no se puede m edir. E ste dualism o entre medios de estructura y
lo otboi lo acusa tanto el a rte del pasado como la pintura no
figurativa. Hace ya mucho tiempo que Vantogei'.loo ha fijado
para el neoplastieismo) las relaciones plásticas con la igual­
dad m atem ática de S = L 2, V = L 3, sosteniendo él tam ­
bién que td núm ero no es el arte, y que este últim o obedece
a factores que no están al alcance de la determ inación a rit­
m ética. Por su parte, K andinsky plantea deducciones nada
concretas cuando dice que la relación entre coloí’ y form a se
produce por un desarorllo cualitativo como resultado da una
reducción cuantitativa. Pero lo expresivo será la m eta en el
arte de K andinsky, y esto, según su propia opinión, “no se
puede m edir”.
Desde el punto de vista de la realidad, tanto las leyes de
estructura clásica como las inspiradas en el continuo espaciotiem po, y a sean aplicadas al plano o a objetos estéticos es­
paciales tridim ensionales, expresados a la m anera del folio de
Moebius, quedan superados por el perceptism o. E n su estruc­
tu ra m atem ática no impone ley “apriorística” alguna al arte.
Pero tam poco da lugar a un dualism o al aplicársela como
“control” parcial sobre los fenómenos propios de la pintura,
para sostener paralelam ente que el “valor” o lo que consti­
tuye arte “no se sabe qué es” o “no se puede m edir”.
A los paralelism os arbitrarios sucedieron, con el perceptism o,
las equivalencias funcionales. El color no pudo ser condicio­
nado a la visión m ediante proporciones rítm icas abstractas
o antropom étricas. P ara que la m atem ática llegue a ser de
pof: si un medio directo objetivo en la creación de obras de
arte, deberá referirse cualitativam ente a las posibilidades de
relación estructural de todos los elem entos m ateriales y fun­
cionales de la pintura, y poseer la propiedad de superar todo
lo que en ella constituya representación o apariencia............
Por últim o, quiero referirm e al problem a de las form as in­
ventadas. La llam ada composición, en el arte, ha perm itido
ordenar, dentro de una ley rítm ica preestablecida, ciertas fo r­
mas representativas. E sto ha ocurrido en el arte del pasado;
pero tam bién en la pintu ra ab stracta de hoy se relacionan,
de acuerdo a las. dem andas sim étricas y a una imposición
subjetiva, esas m ism as form as. Las form as del perceptism o,
si bien no tienen como punto de partida aquellas conocidas en
la naturaleza, tam poco son el producto de la pura im agina­
ción intuitiva: ellas se delim itan de acuerdo a una ley im ­
puesta por la estructura funcional.
Las form as “a priori”, aun las ab stractas geom étricas, que
luego serán alteradas o desarrolladas de acuerdo a una com­
posición “objetiva” o a un 'tem peram ento anímico, son ya co­
m unes en la vida cotidiana y en la historia del arte. Muchas
de ellas son aconsejadas por la Bauhaus como elem entos plástcos universales (Fig. 14), y podemos hallarlos ya en las
decoraciones de muchos pueblos prim itivos. (Fig. 1)
La .llam ada composición ha podido, al m argen de la verda­
dera estructura, condicionar todas estas form as conocidas, de
acuerdo a una proporción, a un ritm o o a un equilibrio __
leyes del peso, de continuidad o de posición— todo tan ex­
plotado por muchos pintores no representativos (Fig. 16). El
perceptism o señala, frente a estos problem as que e f compor­
tam iento de las form as hacia la función plana es parte de su

^

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                    <text>B u e n o s
Ai res,
A g o s t o
de
1951
Dirección y redacción: Cangallo 1219 — $ 1.50 el ejem plar

Tintoretto

Subestimación del plano.
Profundidad descriptiva.

Juan Gris

Apariencia de figura
en el plano.

Moholy-Nagy

Representación o
apariencia del plano.
Raúl Lozza

Perceptismo.
Realidad del plano.
La pintura como mentira. — He aquí un tem a apasionante, que muchos han conceptuado como
un hallazgo fe liz en la solución de todas las disquisiciones subjetivas sobre la belleza.
Pero,
naturalm ente, la palabra "m e n tira " ha sido substituida por la palabra "a p a rie n c ia " o "en g añ o ".
El mismo Picasso dice que "e l arte no es una ve rd a d ", aunque "e l pintor ha de buscar la m a­
nera de hacer creer al público que su m entira es una verd ad ". Con esto a firm a él tam bién su
adhesión al arte como expresión y representación.
Pero, aquellos que piensan como este pintor, que "e l arte es una m entira que nos permite acer­
carnos a la verd ad ", se aventuran, no obstante, a proclam ar que la pintura misma es una verdad,
así como es. Entonces hemos de entender que la pintura representativa es una verdad dentro
de un engaño, es una verdad porque es una m entira. Aunque, para m antener este concepto
tendremos que hacer abstracción del objeto real que la obra represente o exprese, figuras y
form as del mundo que nos rodea, signos o sím bolos; del mundo visible de los objetos o del
mundo interior que ese arte m antiene aún como punto de partida.
Sin embargo, la verdad del arte no ha de estar aislada de la verdad del objeto del cual se nu­
tre. A sí, el arte representativo, por ser un engaño, no puede lograr la relación entre el medio
y el objeto estético; no puede constituir una verdad.
La pintura como mentira no es, a pesar de todo, una mera frase abstracta o teórica. Tien e su
raíz en lo negativo de toda la pintura representativa y contradictoria. Esto pone en evidencia
cómo los "pensadores" han pretendido fundar una teoría estética exclu siva sobre la base de
aquello que la historia ha ido rechazando en el arte por superfluo e inú til. Y a lo dijo Ruskin:
la función del arte es el engaño. Y otros: la emoción a rtística consiste en el hecho aparente de
ver una cosa sabiendo que no es ella. Consecuente con esto, el concepto no se queda en lo
teórico; tam bién es aplicado a la sagrada misión de la enseñanza. Y a de niños nos enseñan
a m entir; y tam bién los "g en io s" antiacadém icos nos hablan con soltura de "esencias dinám icas"
(movim ientos y ritmos del a rt e ), de "fu e rz a s y resisten cias" (equilibrios de m a s a ), de "espacios
tonales" y m uchas otras cosas, como "valo res ab stra cto s", todo tan aparente y engañoso desde el
punto de vista plástico como las clásicas figuras representadas.
Este engaño en el arte sig n ifica una plaga u n iv e rsa l; está por sobre los estilos y las razas; en
todos los pueblos y en todos los am bientes. Es tan perjudicial para el espíritu del hombre como
lo son los bacilos para su organism o: el clim a por sí mismo no lo am edrenta ni lo anula.
La pintura como mentira. . . ¿Qué relación íntim a y profunda m antiene con el propio ser? O b­
jetivam ente, ninguna relación constante y norm al. Es por eso que dicho arte es, actualm ente,
la más atrasada de las m anifestaciones del hombre; ya que eso que ayer era una verdad, dada las
circunstancias, hoy no lo es; lo que ayer era necesario o im prescindible, hoy no lo es; lo que
ayer existía como fenómeno norm al, hoy subsiste o perdura por imposición.
La pintura como mentira no está separada de la m ística y de los privilegios. Por su contenido
individual, expresivo e interpretativo de los fenómenos y las cosas, y por la su tileza con que
oculta sus "va lo re s" mediante la anécdota o el símbolo, continúa siendo un arte para unos po­
cos, esos que saben descubrir la " m ir illa " , muy estrecha por cierto, que el "a rtista descuida"
para que el espectador capaz penetre en el "m undo a p a rte ". El idealista Croce lo expresa muy
bien. De lo contrario escuchemos el clam or de toda la " e lite " de los "esp íritu s refinados" por
boca de Cansinos de Assens: "m e gusta un arte que tenga muy oculto sus intenciones y cuya tra ­
ma formada en el secreto con hebras muy sutiles no llegue a verse n u n ca".
Eso sí, la pintura como mentira no es obra del individuo, del pintor, sino del medio. Pero tam ­
bién es el medio el que pervierte al hombre, y, no obstante, la sociedad hum ana está colmada
de seres no pervertidos. . .
¿Qué esperan los jóvenes pintores, aquellos que están por sobre las actitudes m ezquinas de los
intereses creados?

�PINTURA y ARQUITECTURA

Gorin

Arquitectura, escultura, pintura.
Neo-barroquismo constructivo
donde las funciones específicas
impiden la síntesis.

Piet Mondrian,

Pintura creando espacios
artificiales, que destruyen
las relaciones arquitectónicas.

un
Las teorías de la
arquitectura, de Miloutine
Borissavlievitch.
Ed. “El Ateneo”, Bs. As.
Se sirve Borissavlievitch de la crítica de las teorías estéticas
aparecidas hasta el siglo pasado para defender y explicar
su propia estética.
La arquitectura sería un arte de tiempo destinado a satisfa­
cer el ojo.
Lo bello consistiría en las formas que exigen ser vistas me­
diante movimientos suaves y naturales de los músculos ocu­
lares. Bello es lo que concuerda con la naturaleza del ojo.
El arquitecto debe preocuparse entonces de que las formas
arquitectónicas aparezcan en esas condiciones para la vista.
Lo principal sería conocer la fisiología del ojo. Más que el
edificio, debe importarle cómo “aparece”. La función no tiene
importancia.
La estética sería una ciencia objetiva de lo subjetivo. Esa
construcción de las condiciones para la visión ocular lleva a
subestimar la función de un edificio y las leyes intrínsecas
de sus materiales. Parece, por otro lado, postular una esté­
tica que más convendría a la pintura que a la arquitectura,
que es convertida en un arte para el ojo exclusivamente.
Quizá haya que recordarle estas palabras de W olfflin: “Se
ha dicho con razón que el efecto de un aposento de bellas
proporciones debe percibirse aun cuando se transite por él
con los ojos vendados. El espacio como cosa física no puede
ser captado más que con los órganos físicos. Este efecto es­
pecial es propio de toda arquitectura.. . Siempre que haya
que contar, pues con perspectivas nos hallamos en terreno
pictórico”.
Borissavlievitch aplica la perspectiva óptica que consiste en
hacer aparecer un edificio como si sus líneas estuvieran or­
denadas según las leyes de la perspectiva que exigen las cosas
para ser pintadas en un plano.
La perspectiva que sirvió para representar una cosa real, sir­
ve ahora a Borissavlievitch para construir una cosa real, y
construir con las leyes de la apariencia y no de la realidad
significa borrar el mundo y reducirlo a un contenido sub­
jetivo.
El libro tiene partes que pudieran, en otro tiempo, cons­
tituir un aporte. Pero llega tarde, como siempre. Ahora sólo
se destacan sus partes retrógradas.
. ■* 31 • St ói
A. Haber

Las ultim as tendencias de la plástica parecen delatar una influ en cia ejercida por la arquitectu­
ra sobre la pintura y la escultura. Sea o no sea este hecho una realidad, lo cierto es que los
líderes de la pintura moderna investigan con gran afá n los problemas de la arquitectura.
A sí, para Piet Mondrian el problema base de la arquitectura es la ciudad, cuyos principios de
construcción m aterial deben regir tam bién en el interior espiritual del hombre. A su vez el hom­
bre ya no e xistiría más como ente cuyo desenvolvim iento se desgarra entre un hogar que exi­
ge una vida íntim a, aislada de la vida de los demás hogares y una vida pública realizada en
común con la vida pública de los integrantes de los demás hogares. No e xistiría tampoco el
concepto de calle como una cosa que está en la ciudad, pero que no es escenario ni condición
de la vida interior del hombre. Mondrian h ab la de una unidad entre el hombre, la calle y la
ciudad, síntesis que constituye el núcleo central del pensamiento mondriano y que nosotros lla ­
maremos antrópolis por comodidad de expresión.
La antrópolis, ciudad del futuro, engloba todo un sistem a sociológico, al cual M ondrian no
aporta ninguna solución estética. Nos habla de la horizontal y la vertical que si bien son las
relaciones exigidas para la construcción de edificio s aparecen en una fa lsa relación estética
con los valores sociales de la antrópolis.
Aunque las ¡deas de Mondrian no desemboquen en una solución p ráctica la arquitectura a c ­
tual parece cam in ar a la realizació n de la antrópolis, que enunciada por los arquitectos y
plásticos como una adaptación de la construcción a las necesidades física s y espirituales del
hombre, no es más que uno de los elementos de una nueva visión p olítica, social y económica,
que trae tam bién como consecuencia la transform ación íntim a del hombre. Los ambiciosos
proyectos de los arquitectos, la ciudad jard ín vertical o la ciudad jard ín horizontal, son res­
puestas arquitectónicas a los problemas suscitados por la visión de la antrópolis. La organiza­
ción de la vida fu tu ra dispersará ciertos menesteres domésticos y funciones de cada hogar y
los concentrará en "le s prolongements du logis" (Le Corbusier) : jardín de infantes, can tin as
m aternales, talleres para la juventud, comedores, lavaderos, escuelas, hospitales, p iscinas, cam ­
pos para deportes y edificios para las nuevas form as de vida que pudieren surgir de la nueva
organización social.
Con esto desaparece tam bién la repercusión íntim a de ciertas funciones hogareñas. Y a dijo un
psicólogo que la vida interior del hombre es o va a ser un mito. No nos atrevem os a a firm a r
tanto pero sí decimos que va a su frir una g ran transform ación. Mondrian d ice: La ¡dea de
"h o g ar, dulce hogar" debe perderse. Tam b ién d ice : "yo he combatido siempre lo que es in d ivi­
dual en el hombre y he tratado de demostrar el valo r de ver universalm ente. A ctu alm en te el
hombre está dominado por su individualidad fu g itiva en lugar de cu ltiva r su verdadero ser que
es universal. El no busca ni puede encontrar m ás que su propia persona. El hombre deviene el
lugar donde se cu ltiva esta fugaz individualidad y la expresión p lástica del hombre es el re­
flejo de esta m ezquina preocupación". La antrópolis debe ser estéticam ente la expresión
p lástica del hombre cuya vida interior se ha transform ado y ha abandonado esta ind ivid u ali­
dad y conquistado la universalidad. La belleza de la antrópolis no puede depender de la fu n ­
ción que está cum pliendo (en este sentido Mondrian es an tifu n cio n a lista ) sino que debe repre­
sentar esa interioridad universalista de la persona hum ana. Pero esta concepción p lástica em a­
nada del interior del hombre y concretada en el ángulo recto co in cid iría con las exigencias p rác­
ticas. Este representar el interior del hombre por el ángulo recto no es más que una convención
o alegoría. Nosotros pensamos que el símbolo podría ser tam bién una esfera o cualquier otra
figu ra geom étrica, sin menoscabo ninguno de la integridad de la teoría. El ángulo recto, así
explicado, es pura literatu ra que nada tiene que ver como elemento de una estética cie n tífica .
Hombre, ca lle, ciudad, no es la única síntesis que apunta Mondrian. A rq u itectu ra, pintura y es­
cultura m archan a una unidad. Es así que p intura y arquitectura al converger encuentran prin­
cipios estéticos comunes, que deben ser, como ya hemos explicado, la expresión de un espíritu
universalista cuya representación p lástica debe estar dada por los medios plásticos puros, "co m ­
puestos de tal suerte que ellos pierden su individualidad, formando por una oposición n eu trali­
zan te y aniquilante una unidad insep arable". Esta oposición está dada por el cruce de la ver­
tical por la horizontal "que expresan el m ovim iento de la vida m adurada por un ritm o pro­
fundizado que no es otro que la palpitación de| equilibrio u n iv e rsal". El neopfasticismo pictó­
rico de Mondrian m archaba a toda carrera a esa oposición. Por otro lado los cánones de la a r ­
quitectura moderna señalaban el cubo como ideal.
La síntesis estética de arquitectura y pintura se re alizaría en la fachada del edificio. Imagínese
el lector un rascacielo cuyas vigas de cemento o de hierro, horizontales y verticales, form an la
oposición requerida. Por otro lado, las ventanas, o paredes de vidrio serían espacios vacíos o de
no-color (negro, blanco o gris para la pintura m ondriana) y habría tam bién un espacio rec­
tang u lar sin ventanas, pintado con un color prim ario. Los cuadros de Mondrian servirían como
planos para la fachada de un edificio.
Pero no olvidemos que el edificio, además de una fachada tiene un interior formado por pa­
redes que son susceptibles de ostentar una p intura.
A cá se hace más d ifícil concebir cuál
sería la síntesis entre arquitectura y pintura. El interior solo ofrece paredes lisas; pintar sobre
ellas no re a liza ría la síntesis entre las dos artes y además aten taría contra la expresión arqui­
tectónica.
No puede Mondrian adaptar las ca ra cte rística s de los interiores a las estructuras
de su pintura. Las horizontales y verticales, que en la fachada eran realidades constituidas por
las vigas, tienen ahora que ser sim uladas sobre las paredes interiores m ediante la representa­
ción y los espacios vacíos de las ventanas reem plazados por superficies de no-color.
No hay
síntesis puesto que la arquitectura no aporta nada. A l contrario; la pared-arquitectura desapa­
rece aniquilada por la pintura que la cubre. Se desnatu raliza. Y no empleamos esta palabra
por nuestra cuenta. Pertenece a Mondrian, quien tiene que recu rrir a la desnaturalización para
ju stific a r la muerte de la pared m aterial bajo su p in tu ra: "Siendo la desnatu ralización uno de
los puntos esenciales del progreso humano, e lla es entonces de prim era im portancia en el arte
neo-plástico. El poder de la pintura neoplasticista consiste en haber demostrado plásticam ente
la necesidad de la d esnatu ralizació n "
" E lla ha desnaturalizado ya los elementos constructivos, ya la composición de aq uéllos". Con
esto tam bién queda ju stificad a la desnaturalización o desm aterialización de la arquitectura por
la pintura. Mondrian yerra al no considerar la arquitectura como creadora de espacios y verla
solamente como una composición de planos. La arquitectura no es la fachada ni tampoco las
paredes interiores. Mondian subestima la función creadora de la arquitectura en aras de su
pintura.
Tam bién nosotros creemos en una síntesis p lástica entre la arquitectura y la p intura, pero no
en el ámbito del plano, donde la 3er. dim ensión, creadora de los espacios arquitectónicos es­
ta ría ignorada, sino en el ámbito tridim ensional, donde el plano es un componente real.
Por
eso, ya una vez afirm am os que pintar en un plano no sig n ifica an u lar la tercera dimensión, y
sí ubicar ese plano dentro de ella.
Podríamos encontrar una ju stificació n al error de Mondrian en el hecho que su acción como ar­
quitecto era poca. Y a es más d ifícil adm itirlo en un arquitecto de la ta lla de Le Corbusier.
Le Corbusier pintor aniquila lo que hace Le Corbusier arquitecto. Sus pinturas que ni siquiera

�ABRAHAM
HABER
han superado el cubismo, deform an el espado pictórico.
El hombre se mueve y "fu n c io n a "
en el espacio creado para "a lg o " y no puede penetrar el espacio pictórico que no sirve para
"a lg o " y que cum ple mal su función estética porque rompe como tal la unidad del hombre al
transportarlo de un espacio a otro para ubicarlo en la belleza. Para entrar en ella le es ne­
cesario sa lir de la realidad. No podría el hombre construir su antrópolis si todavía no ha fu n ­
dido la belleza con la verdad.
Los enunciados de Mondrian fueron recogidos y am pliados a pesar de haber vaticinado que el
advenim iento del hombre fe liz sería la muerte del arte.
Como punto de partida para el desarrollo ulterior al encuentro de la pintura y de la arquitec­
tura en la fachada se presentan dos vías de evolución.
1° La fachada m ondriana es sólo el cruce de dos cam inos, concepto que h aría nuevamente dos
artes distintos de la pintura y de la arquitectura.
2 ° La fachada une definitivam ente la pintura con la arquitectura en un solo arte, concepto
que obliga a un arte a torturarse para adaptarse a las exigencias del otro.
Este últim o cam ino parece haber seguido Gorin quien dice en un m anifiesto de agosto de 1949:
"Lo s neoplasticistas consideran la arquitectura contemporánea como el más poderoso medio de
expresión, donde la síntesis de las artes mayores puede realizarse en una real unidad construc­
tiva , donde la vida moderna, individual y colee tiva encontrará su plena exp ansión. .
y sigue

luego hablando de un proyecto suyo donde uno "puede hacerse claram ente una ¡dea exacta de
la aplicación espacial de esos principios. La síntesis arq uitectura-escultura-p intura se encuentra
realizad a en la unidad plástica y espacial de la construcción".
En ese proyecto que encontramos reproducido junto a| m anifiesto Gorin cree a p lica r algo que
no estaba en Mondrian. Y a no se trata de la síntesis p lástica realizad a en un plano.
Ahora
habla que "lo s valores puram ente plásticos de esta construcción participan del espacio-tiempo.
Las leyes de la frontalidad son abolidas en todas las construcciones espaciales neoplasticistas y
el equilibrio de la dualidad individual-universal se encuentra realizado en la u n id ad ". Se trata de
"u n a construcción monumental que puede tener 20 ó 30 metros de a ltu ra , que está destinada a
ser erigida en una p laza pública de una ciudad m oderna". Del arte arquitectónico carece de lo
p rin cip a l: la función.
Sólo como escultura podría hacer valer su función estética.
De pintura, considerando que juegan las diversas caras del monumento, no solamente se puede
decir que tales caras no realizan una síntesis sino que tampoco son diversas pinturas puesto
que cada plano pintado con un solo color carece del juego de relaciones, esencial para la pin­
tura.
i
Ahora bien; quizá interpretemos mejor a Gorindiciendo que esa síntesis no tiene nada de sus
elementos comoonentes sino que es un arte nuevo, que no es p intura, ni arqu itectu ra, ni escultu­
ra puesto que "el hombre desplazándose siente estéticam ente todo el contenido del espacio p lás­
tico que lo impregna. La composición debe provocar un efecto sinóptico de esas tres m anifesta­
ciones cre atrice s".
|
Pero, ¿qué pasa con las tres artes plásticas? ¿Desaparecen? ¿Conviven con el resultado de su
síntesis? Gorin nada dice. Pero dejando de lado estas cuestiones discutirem os un concepto
de Gorin que nos parece im portantísim o. "Lo s valores puram ente plásticos de esta construc­
ción — dice— participan del espacio-tiem po. . . La circu lació n del hombre en este espacio tiempo
arquitectural da al color plástico puro una im portancia capital para la arquitectura.
No es
más la imagen estática que ligaba al hombre a un punto determinado del espacio, como en el
rol decorativo de la pintura antigua. Hoy con el empleo de esos nuevos principios plásticos de
espacio-tiempo la composición arquitectural se ha vuelto c in é tic a ". ¿Qué significa para Gorin
" lig a r al hombre a un punto determ inado del espacio"? Precisam ente si la arquitectura realiza
una función es ligar al hombre al luqar donde re aliza algo. Si es por eso tam bién fa lla la analoqía de Gorin con la física einsteniana puesto que el espacio-tiempo fija un punto en el espa­
cio.
Entendemos aue Gorin quiere sig n ificar que su obra de arte tiene efectos distintos según sea el
punto de vista del espectador o que el efecto es continuo y cam biante a medida que éste se
desplaza. Esto im plicaría toda una nueva cien cia del color y de la form a, cuyas bases recién
han sMo dadas por el perceptismo. Los colores aue pierden intensidad y extensión para la vista que
se a le ja , entran en una nueva composición con los colores aue se acercan, relación que era inversa
en el punto de partida. T a m b :én el juego de colores m odifica para la vista las dimensiones de
1os planos que componen la arau itectu ra. No especifica ni siquiera Gorin alguna ley o prin­
cipio que qarantice el efecto estético de estas m utaciones y siempre nos deja sin resolver el pro­
blema de los interiores.
Hemos v'Sto tam bién fotos, planos y explicaciones de una obra de Max Bill, la sección su iza de
"a exposición trienal de M ilán , aue nos tienta hacer un an álisis. El com entario habla de "u n
contraste de colores puros cuyos tonos están repartidos según ciertos puntos de vista determ i­
nados sobre los diversos elementos espaciales".
Nuestras objeciones principales son:
l 9 El contraste de colores puros está basado en experiencias tradicionales.
2° El iuego de colores aue no iueaa con las form as no a lca n za la categoría de pintura y sólo pue­
de ser considerado como empleo de color en la arquitectura.
Entendemos que ciertas relacio­
nes de colores exigen cierto iueqo de form as y viceversa. En la pintura ambos deben determ i­
narse m utuamente. S irv :endo las form as arquitectónicas a una función pretender sin tetizarlas
con la pintura sería arrastrar los colores y d esn atu ralizar las posibilidades que sólo pueden alnxcrr- con form as pictóricas.
Para el perceptismo la arauitectura no ofrece sus form as a la pintura sino que da el plano
sobre el cual se destacan las form as pictóricas. La síntesis entre la arquitectura y la pintura se
realiza para el perceptismo considerando la pared plano como lím ite determ inante del espacio
arquitectónico que no desaparece ni es incompatible con el plano pictórico sino que le sirve de
fondo. Se trata, volvemos a repetir, de ubicar un plano en un volumen.

1
Le Corbussier

El pintor Le Corbussier destruye
el muro de Le Corbussier arquitecto.
2

Del Marle

Color espacial aplicado a la
estructura arquitectónica.
Esto es ajeno al problema
pictórico.
3
Raúl Lozza

Pintura perceptiva N9 167, año 1949
estructura plana funcional sobre
muro real y espacio arquitectónico.
4

Tajiri

Estructuras similares a estas
se han utilizado en edificios,
creando un desacuerdo entre el espacio
arquitectónico y su forma exterior plástica.

�A L G O

Paul Klee

El signo plástico
como lenguaje literario.
Vasily Kandinsky

Medios pictóricos utilizados
para expresar estados
anímicos musicales.

Ben Nicholson

Intento de m aterializar el plano
substituyendo el color por el relieve.

MAS

En todo el período histórico de la pintura representativa, el concepto de su esencia no ha variado
m ayormente. Recordemos que para Aristóteles esta esencia es la im itación, m ientras que para los ú l­
timos sostenedores del arte figurativo está dada por el contenido (Max Raphael).
Podemos señalar
igualm ente que algunos cie n tificista s sostienen una esencia de la pintura basada en la té cn ica; pero
tanto esto como lo de im itación y de contenido, están relacionados directam ente a un solo principio
m etafísico del arte, el de la representación.
N uestra concepción estética es el resultado de una investigación orientada de acuerdo a un método, que
ha permitido d efin ir sobre la m ism a p ráctica la esencia de la pintura. Por eso estos resultados se dis­
tinguen de aquellos resultados obtenidos en las doctrinas del cientificismo idealista o del positivismo,
especialm ente en el hecho de que nos hemos orientado en base a una dialéctica del desarrollo histórico
del arte, para h allar una realidad en relación a otras realidades; en que no nos hemos preocupado
en imponer una esencia obstracta y aisla d a, sino en h a lla r una verdad, considerando el arte como fa c ­
tor condicionado y tam bién activo en el desarrollo social del hombre y su medio. A sí, nos ha guiado
un im perativo, el de ser objetivos tanto en la p ráctica creadora como en la fundam entación de la
doctrina.
1
¿Por qué, entonces, no extraer una esencia de la pintura de las m ism as leyes de este desarrollo? Ella
no es la pura idealidad basada en la representación y el mito, ni está constituida abstractam ente por
líneas y colores, modelado y otras salsas denom inadas como "elem entos perpetuos o co nstan tes", sino
que está constituida por aquello delim itado sólo a través de la superación de sus contradicciones
(1 ) : el plano, la gran síntesis de forma y color.
Las form as a rtísticas, las desprovistas de todo resabio representativo, subjetivo o sim bólico, no pudie­
ron ser conquistadas hasta el advenim iento del perceptismo. Sin embargo, esta realidad esencial de
la pintura está latente en toda la obra del pasado; es el punto neurálgico, tanto para las tendencias
progresistas que se aproxim aron, como para los conservadores que pretendieron alejarse de ella ( 2 ) .
Y las luchas que, por influ en cia exterio r, se operan dentro de los lím ites del arte, entre elementos po­
sitivos y negativos, entre lo físico y lo m etafísico de la p intura, entre su m aterialidad y su contenido
como aparien cia e idealidad, esta lucha es, en sum a, encausada por una natural reacción del hom­
bre contra ciertas fu erza s que entorpecen su p ráctica creadora.
Las más acabadas teorías de las form as del arte como in flu en cia del medio corresponden al positi­
vismo y a algunos filósofos m ecanicistas, cuyos buenos propósitos no lograron el resultado esperado
cuando se debió considerar de qué m anera se proyectan en la pintura los estím ulos sociales.
Las
relaciones entre el desarrollo del arte y el desarrollo social no han sido dilucidadas en form a precisa
por ninguna de esas estéticas idealistas y determ inistas.
Nosotros, hoy, hemos buscado lo esencial rechazando lo superfluo y lo inútil en el arte.
Tam poco ha sido nuestro propósito pretender que alguna de las tendencias existentes de la estética
se adaptara a las demandas teóricas del perceptismo. N inguna de todas ellas se han planteado la
posibilidad de p ráctica de una pintura que no sea ap arien cia o engaño.
Las estéticas no han hecho, literalm ente, más que buscar un objeto donde colocar un pensamiento.
H an investigado sobre la base de que aquello que constituye belleza es un algo ajeno a la m ateria
a rtística.
Y los llamados cie n tificista s, o la doctrina sensualista de la b elleza, o el machismo en el
arte, no han logrado una relación entre el concepto objetivo de la form a y un contenido netamente
subjetivo como significado de la b elleza..
Otorgando un carácter subjetivo al "v a lo r' artístico y
llevando esta clásica dualidad a los extrem os de la prntura abstracto-geom étrica/ niegan para el arte
propiamente dicho toda cualidad y categoría m aterial.
Los métodos basados en la fisiología pura de la percepción, aparentem ente objetivos, están destina­
dos a sostener una estética netam ente subjetiva.
i
El carácter cien tífico disim ula en este caso una tram pa idealista. Es un método que, al pretender in ­
vestigar un fenómeno artístico sin a isla r del m ism o al hombre, está aislando el hombre fisiológico
del hombre social, y el arte de la historia.
)
Para el perceptismo, lo objetivo en la pintura es algo más que el objeto "en s í" ( 3 ) .
En los pro­
blemas de la nueva visión no iuega el sim ple m ecanismo aislado. Tam b ién el "en ten dim ien to" es
parte activa en la percepción. Para esto ¿en qué medida nos ha interesado la influ en cia del medio y
la constante experiencia cotidiana en el campo de la percepción visu al? Ni hemos subestimado ni
anulado esos fenómenos. Los reconocemos como facto r determ inante, porque los problemas de la v i­
sión no son tratados por el perceptismo en form a especulativa. Les otorga la m ism a categoría que al
espacio volum étrico, frente a la concepción plana del objeto artístico.
No " im ita r " los resultados de la percepción cotidiana de espacio, color y form a, las asociaciones e
ilusiones ópticas, sino reconocerlos como factor que condiciona esta otra realidad, la bidim ensional, es
uno de vuestros postulados. Los medios m atem áticos sólo serán un recurso para a ju sta r la práctica
creadora a esta concepción.
La técnica de la pintura se ha desarrollado de acuerdo a la anulación pau latin a de las form as y del
contenido representativo, impulsando el arte a la conquista de esas nuevas m anifestaciones que de­
manda el concepto actual de la realidad objetiva. Buscando soluciones a los últimos problemas p lás­
ticos contradictorios, hemos conquistado la form a plana. Si comprendemos el pasado, vemos que esta
ley del plano ha sido la que ha ordenado interiorm ente, como objetividad prim era e indiscutible del
muro, la frontalidad de las figuras egipcias, y los rtm o s espaciales en la obra, por ej., del Giotto..
Ella es igualm ente fu erza contradictoria en esas salientes y profundidades de los espacios figurados
que ca ra cte riza al período barroco. Y siempre este problema para el pintor de antaño y precursores
actuales del perceptismo: el lienzo como realidad plana y los espacios figurados impuestos por un
precario dominio de la natu raleza (4 ) por parte del hombre, cuyo resultado será la técnica de repre­
sentación y el reducido campo de creación e invención. Es así como pintores de la ta lla de Cézanne
y algunos cubistas constructivos, fueron los primeros que decididamente y dentro de sus nuevas po­
sibilidades, se lanzaron a la conquista de la pintura plana.
Sin embargo, es de señalar que si bien nuestros fundamentos están determinados por el mismo de­
ven ir histórico del arte, nada hemos logrado extraer de la historia de las estéticas en sí mismas.
Ellas han fracasado en su empeño de elaborar un método de juicio, debido al error inicial de actuar
sobre la base de un concepto abstracto y " a p rio ri" de los elementos visuales. Por esa misma causa
no es posible elaborar una doctrina del arte en base a la historia de los juicios estéticos. Tam poco
podemos aceptar un dualism o entre un método de juicio y un método de creación.
N unca ha sido la práctica misma la que ha llegado a fundam entar en la pintura representativa y
expresiva una teoría estética objetivo, ni ésta jam ás se ha nutrido en las enseñanzas aportadas por
el desarrollo progresivo del arte hacia un grado superior de realidades. Para la filo so fía, una cosa es
la especulación del "po r qué" del arte, en que trata de d ilucidar supuestos enigmas sobre la belleza,
" a posteriori" de la práctica creadora, y otra cosa será una estética fundam entada en la práctica
m ism a, como doctrina que se nutre y nutre la propia invención a rtística. Hemos considerado absur­
da la existencia de una estética especulativa, aunque se vea justificad a por una pintura que falsea
en la práctica su propia m aterialidad.

(1) Las notas en la pág. 6.

�SOBRE F U N D A ME N T O S
DEL P E R C E P T I S M O
Para sostener todo ese mundo espiritual en bancarrota, mucho se ha hablado del arte representativo
como factor que nos acerca a los objetos y fenómenos del mundo exterior. En numerosas oportu­
nidades hemos señalado la medida en que dicha pintura nos ha sido impuesta como un medio de co­
nocimiento. Pero, para nosotros, este conocimiento basado en la representación del mundo y sus
fenómenos, es un conocer a la m anera de lo que sería una "cie n cia reducida a simples a p a rien cias".
Es verdad que con un arte objetivo integral basado en la no representación podría existir igual­
mente una estética especulativa; pero ésta cada vez se a le ja ría más de los hechos, así como la filoso­
fía m etafísica se aísla tam bién de los resultados de la investigación cie n tífica .
La pintura llam ada abstracta, concreta o no-objetiva lleva igualm ente im plícita, aunque en un grado
más elevado de su desarrollo, las contradicciones propias del arte figurativo. Ella aún guarda una
profunda relación con el concepto de " a p a rie n c ia " ; en su aspecto general, permanece dentro de
los lím ites del pensamiento idealista, pues no se ha operado en ella el salto hacia la realidad con­
creta, y, aunque a simple vista no lo demuestre, conserva aún en la n atu raleza exterior su "punto
de p a rtid a ". A sí, lo que distancia fundam entalm ente al perceptismo de toda la pintura anterior es
el grado de objetividad alcanzado con la síntesis plana sobre la base de su propia natu raleza ( 5 ) .
U nicam ente orientándonos en esta ley natural que ella impone hemos vencido los inconvenientes con
que tropieza el arte abstracto: dualism os entre apariencia y realidad o entre contenido y forma, ju s­
tificados por los consiguientes y lógicos resabios de estructuras antropom étricas o deform aciones a n ­
tropom orfas, perm itidas por la fa lta de una estructura acorde con las exigencias de la nueva visión.
Y desde el punto de vista del "cu a d ro " como "m undo a p a rte " podremos hacer extensivo el concepto
de "fig u ra y fondo" a toda la pintura anterior a la perceptista.
Los ulteriores desarrollos de la in ­
vención en la pintura dem andarán la asim ilación de nuestra doctrina, y nuestro método deberá ser
tenido en cuenta para el progreso de todas las demás artes ( 6 ) .
Esos resabios que aun conserva la pintura, aunque sea en su grado mínimo, nos permite involucrar
en una sola etapa que llam am os primitiva, a todo el arte, hasta el perceptismo. En el transcurso de
ella el pintor siempre ha buscado lo expresivo, recurriendo tanto a la natu raleza como a las m ate­
m áticas y a las geom etrías, para otorgar con esas form as categoría visual a un pensamiento o a una
idea. El novísimo arte abstracto y constructivo es pasible de critica en ese mismo aspecto, ya que no
ha logrado librarse de aquello que se ha dado en llam ar "el arte como form a sensible de la idea"
(H egel). Lo que constituye su " v a lo r" y su esencia no em ana de su propia m aterialidad, sino que
están constituidos por un pensam iento " a p rio ri" de su p ráctica, por un nuevo concepto del espaciotiempo aplicado literalm ente; contiene una a p a rie n cia; es una pintura de contenido.
El neo-plasticismo (M ondrian), relaciona el color al no-color, el prisma rectangular denominado "m a ­
te ria " y el "fo n d o " neutro, que sig n ifica un espacio aparente, inm aterial ( 8 ) .
Pero, en uno u otro

aspecto, casi toda la escuela abstracto-concreto (M. Nagy, Vantogerloo, Max Bill, Ben Nicholson,
Malevitch y sus correspondientes continuadores e im itadores) m antienen el problema en las mismas
condiciones de solución.
Menos consideración merece el llamado planism o pictórico de ciertas
escuelas abstractas m etafísicas, basado en la equivalencia crom ática del "to n o ", degradaciones pro­
porcionales de cada color, que m antiene, no obstante, los "v a lo re s " académ icos y solo expresan, en
ocasiones felices, una sensibilidad determ inante, o un problema individual.
Este planism o no logra
evitar, ni se lo propone, la profundidad espacial v la destrucción del mismo plano que constituye el
lema que los ca ra cte riza .
Evidentem ente, también es una pintura de contenido.
El perceptismo no se ha interesado en rech azar directam ente un contenido en el arte, pues esto equi­
vald ría a aceptar una form a sin contenido, recu rrir a un planteam iento equivocado.
Pasar de un
extrem o a otro no es precisam ente resolver el problema de la pintura en la form a cualitativa que
nos hemos propuesto. Por eso decimos que hemos superado el dualismo con una síntesis, que hemos
anulado el concepto de "fo rm a y co n te n g o " m ediante una transform ación total ( 9 ) .
¿Cómo pretender a n u lar esas contradicciones de la p intura, sin transform arlo todo? ¿H a sido acaso
la geom etría o la m atem ática un recurso, un medio, de transform ación? De continuar aferrados al
concepto platónico de la belleza o de la estructura nos hubiera sido imposible superar la ap arien cia.
Sobre el p articu lar dice Max Bill, entusiasta sostenedor de las nuevas geom etrías como elemento de
la p in tu ra: "D e e llas, como de los principios m atem áticos de que provienen, dim ana un cautivante
sentido estético. Estos casos extrem os en que la m atem ática se m anifiesta plást'cam ente, o ap are­
ce como color y forma sobre un plano, sig n ifica, en la búsqueda de nuevas formas de expresión lo
que en su época el descubrim iento de las esculturas negras para los cubistas" ( 1 0 ) .
Esto es pre­
cisam ente lo que hemos querido evitar, llegando a la conclusión de que tanto las m atem áticas co­
mo las geom etrías no constituyen base alguna para superar el engaño en la pintura. Ellas solo e x ­
presan posibilidades.
Nuestro objetivo estético estuvo orientado por el propósito de relacionar el arte al hombre; re la c:ón
directa entre el objeto físico , real, y el desarrollo em ocional, sensible, del espectador. Las geometrías
y las m atem áticas considerados como elementos, otorgan a las form as p lásticas un margen de apa­
rien cia, representación e idealidad suficiente como para destruir este funcionalism o, ya que la obra
ha de estar concebida dentro de los lím ites objetivos de las relaciones normales entre "e l ser y el ser
visto " (H aber).
No nos hemos interesado por nada extraño a esta relación y a esta conclusión.
La función es el lazo de unión entre objeto y sujeto. Es tam bién lo social, lo universal y lo hum a­
no de todo arte.
Lo funcional ju stific a , s :n mayor esfuerzo, toda la transform ación de la pintura hacia las nuevas for­
mas. Tomemos como ejemplo la arquitectura como arte. Es a llí la función la orientadora hacia una
esencia no im itativa, a pesar de que en épocas pasadas aquello que constituyó la parte a rtística de
la arquitectura haya sido estilizaciones de la n atu raleza.
H ay ejemplos curiosos en varios libros

Raúi Lozza

Pintura perceptista N9 171.
Estructura funcional plana.

1
Lohse

Continuación del
neoplasticismo, asentuando
la obstrucción del plano.
2

Max Bill

Detalle de una
composición simétrica
con espacios sugeridos.

3
J. Arp

Materialización de
signos anímicos.

R A U L
LOZZA

�A LG O MAS
SOBRE LOS
FUN D AM EN TOS DEL PERCEPTISM O

Notas
(1) Estas contradicciones han hecho decir a Hausenstein
que “el colorido y la pintura son dos cosas distintas”. “El
color es un hecho estático y, a lo más, símbolo de senti­
mientos”.
(2) Leonhard Adam sostiene en su libro “Arte primitivo”
que “la religión y el conservadorismo son responsables de la
preponderancia de las copias entre las creaciones nuevas”.
(3) En el fondo, este objeto “en sí” no es en el arte más
que un ente subjetivo que se adapta tanto al sistema fisio­
lógico como psicológico de la estética. El método experimen­
tal psicológico de Fechner trata igualmente de descubrir un
“valor en sí” del objeto estético de acuerdo a una medida
matemática.
(4) Este problema ha hecho decir a Lipps que sólo es pin­
tura “ese arte que reproduce el espacio en las superficies”.
(5) Piet Mondrian pensó que una realidad artística podría
ser lograda únicamente por la forma y el color. Pero al plan­
tearse justam ente el problema de lo estático equilibrado so­
bre la base de los contrastes “dinámicos” tuvo que recurrir
a lo expresivo y reconocer lo aparente. Al no solucionar de
raíz en el terreno de la realidad esa cuestión “dinámica”,
nada pudo tampoco contra los espacios aparentes.
(6) El perceptismo se ha orientado hacia una esencia obje­
tiva del arte, encarando los problemas no desde el punto de
vista general, sino particular de cada arte. La esencia de la
pintura, la de la arquitectura o la música, por ejemplo, no
puede ser la misma. Sólo la función universaliza todas las
artes desde el punto de vista social.
Por eso hemos evitado todo mecanicismo, aplicando dialéctica­
mente el método de investigación del desarrollo de las artes,
cuyos resultados en poesía, literatura, teatro y música, serán
dados a conocer en próximas publicaciones nuestras.
(7) La cuarta y la quinta dimensión contenidas en el arte
concreto de la actualidad revive sin mayores variantes ese
concepto subjetivo de la estética.
(8) Ha escrito Mondrian: “Los medios plásticos deben ser
el plano o el prisma rectangular en colores primarios (rojo,
azul, amarillo) y en no-color (blanco, negro o gris). En la
arquitectura el espacio vacío se toma para el no-color; la
materia puede contarse para el color”.
(9) Croce ha pretendido solucionar ese problema con una
pura teoría, desde el punto de vista idealista. Opina que
“contenido y forma deben distinguirse perfectamente en el
arte, pero no pueden calificarse separadamente como artís­
ticos, precisamente por ser artística solamente su relación,
es decir, su unidad entendida no como unidad abstracta y
muerta, sino como la concreta y viva de la síntesis “a priori”.
(10) Max Bill, “E l pensamiento matemático en el arte de
nuestro tiempo”. De la Revista “Ver y Estim ar”. (Lo subrrayado es nuestro).
(11) “La arquitectura es, en este sentido, superior a todas
las otras artes; es el arte creador por excelencia y no un
arte de imitación como son los otros”. “La arquitectura es
una realidad y no una apariencia”. Borissavlievitch, “Las
teorías de la arquitectura". Ed. Ateneo. (Este autor no logra
extraer de este fenómeno conclusiones claras).
(12) La dialéctica de mi pintura perceptiva no puede ser
considerada en un aspecto parcial —una dialectiva para los
fenómenos “internos” del arte, y otra para su relación con
el mundo exterior—, donde una forma o un color se influyen
entre sí. Aquí, todos los planos que constituyen las partes del
objeto, y el medio mismo se influyen mutuamente; todo fluye
sobre todo. La estructura funcional ha quebrado las barreras
que mantenían al arte en un “mundo aparte”.
(13) Hegel lo considera m aterial y sólo lo acepta en la
medida que acepta la realidad material, pero su espíritu será
eso que de él em anará como luz y sombra. La luz si es un
elemento de la pintura un medio de belleza. También para
Winckelman el color entorpece la apreciación de la belleza
en el arte. Y sabemos cómo lo ha despreciado Severini, con­
siderándolo agente material y disolvente.
(14) Baudelaire se refiere a una unidad de forma y color
en la naturaleza, pero para él ese concepto de forma no es
lo específicamente visual. Dice que “las afinidades químicas
son la razón por la cual la naturaleza no puede cometer
faltas en el ordenamiento de sus tonos; pues para ella, forma
y color son una misma cosa”.
(15) Aquí se cae en el error de considerar a la pintura so­
lamente como color, o por lo menos adoptar sólo parte de
ella, subestimando su propia estructura. Al margen de lo que
es propiamente arte plástico, la arquitectura siempre se ha
valido del color, y estas últimas experiencias significan úni­
camente una aplicación, más científica y más adaptadas, de
las posibilidades del color a la vivienda del hombre.

La pntura perceptista será presentada
en Sao Poulo, Río de Janeiro, Sgo. de
Chile, Francia e Italia.
También se realizarán varias conferen­
cias en nuestro pais y en esas ciudades
mencionadas.

sobre arquitectura, considerando a ésta como arte superior desde el punto de vista creador, pues ella
no representa, sino que "presenta, c re a " ( 1 1 ) . Pero muy poco se ha dicho sobre las leyes esencia­
les que hacen de la arquitectura un arte no im itativo, y menos aun para tra ta r de investigar sobre
esas bases la esencia no representativa de la pintura. Sus relaciones funcionales no pudieron ser
descubiertas por aquellos idealistas absolutos, ni por aquellos que aplicaron una dialéctica m ecánica
para ju s tific a r un contenido en el arte ( 1 2 ) .
¿Cómo ha sido lograda por el perceptismo esta síntesis que determ ina el plano funcional?
Em ancipar el color, como representación, de su contenido expresivo y aním ico, no ha sido tarea
aislada o ajena a los demás problemas de la pintura. Por eso hemos fundado una teoría del color
que ya puede ser considerada como estética, basada en un " v a lo r" visual relativo. Esto ha dem an­
dado la necesidad de a ju sta r el color a la form a, a su variació n o a su ca rá cte r, fundando para el
mismo una medida de especificación extensiva y compleja. Con esto hemos superado por prim era
ves los métodos clásicos o intuitivos de estructura del arte.
El color em ancipado es el color funcional, y no un elemento deshum anizado.
Los intentos de relacionar un color a una form a datan de tiempo atrás. Leonardo insinúa esta nece­
sidad, pero nada puede hacer por ella. Luego de toda una trayectoria de altib ajos en la considera­
ción p ráctica de los medios crom áticos, donde se ha llegado incluso a despreciarlo ( 1 3 ) , los pinto­
res constructivos abstractos se enfrentan resueltam ente con este problema. Las relaciones propues­
tas por ellos, sin embargo, tienen ya como base la aceptación de una apariencia en las form as. La "p o si­
ció n " de los planos basada en la " le y del peso", el tam año o el "d in am ism o " fueron las soluciones epidér­
m icas postuladas por la m ayoría de los nuevos pintores no representativos. Cuando Kandinsky señala
un principio cualitativa del color, afirm ando quel — 1 = 2 es lo más adecuado para el "v a lo r"
crom ático, otorga al color una cualidad X aislada y " a p rio ri", y a la form a un ca rá cte r cuantita­
tivo basado en las dimensiones. Aunque este pintor ha dicho que ni el color ni la form a se pueden
medir "h a sta en sus menores d e ta lle s", se plantea un problema cualitativo por una dism inución cuan­
titativa basada en un campo extenso y abstracto. Esto pone de m anifiesto que para él un color tiene
potencia expresiva. Su pintura es expresionista, y m ediante su sistem a no es posible a lca n za r el
objetivo plano.
Moholy-Nagy, en " L a nueva v isió n ", nos dice que el color "es trasladado a una form a, la cual debe
ser absorbida por el espectador". Otorga un "esp acio p o ten cial" al color; pero esa potencia cro­
m ática visual no ha podido ser estructurada por ninguna de las escuelas o tendencias de la pintura.
Las relaciones que propusieron todas las nuevas doctrinas del arte para los colores y las form as
continuaron siendo aquellas u tiliza d as por los pintores del pasado. Cuando se ha querido aban­
donar las leyes estrictas y form ales de las estructuras clásica s, ha sido en demanda de un propó­
sito netam ente expresivo y subjetivo.
La relación entre color y form a está comprendida en los lím ites de la creación y no de la im itación;
es la últim a gran conquista del
poder inventivo del hombre en la p ráctica del arte.
En la n atu raleza visib le y en la m ateria m ism a del universo, esta relación de color y form a obe­
dece a leyes ajen as a la de una estructura estética para ser vista. La única ley que podemos e x ­
traer de la n atu raleza se reduce a una palabra, que es la fundam ental para nosotros: la unidad ( 1 4 ) .
Esta relación de unidad entre color y form a no existe tampoco en el mundo que nos rodea, de los ob­
jetos creados por el hombre. En todos estos objetos de utilidad cotidiana el predominio de la fo r­
ma es absoluto. Un autom óvil, una casa, un utensilio cu alq u iera, pueden acusar form as diversas
adaptadas a su función respectiva, pero al margen del color. A s í, observamos que un complemento
m obiliario es de un color dado de acuerdo a una buscada arm onía con el medio am biente, pero ja ­
más en relación a su form a, ya que esta obedece a otras funciones. En estas cosas, el color obedece a
factores o bien impuestos por el
m a teria l, por el gusto, o psicológicos y sim bólicos. Lo mismo ocu­
rre con la aplicació n del color ala arqu itectu ra am biente, orientada por el deseo de fusionar la
pintura a esta últim a como un problema de espacio-tiempo en las sensaciones crom áticas (M ax
B ill), lo cual es en la p ráctica la continuación del concepto abstracto del color y sus rudim entarias y
p rim itivas relaciones ( 1 5 ) .
El hecho de que con el perceptismo se haya logrado m edir el grado de sensación de un color en una
fo rm a, asestando un golpe de muerte al intuicionism o lírico y rom ántico, ha probado que, aun en el
campo cien tífico , no será posible elaborar una co lo rim etría justa sin tener en cuenta la form a plana.
El enfoque experim ental ha creado constantem ente nuevas condiciones que entorpecen los resulta­
dos de la cien cia m ecanicista. Es por eso que el congreso de la luz realizado en 1937 tuvo que
aceptar un sistem a colorim étrico bastante convencional, y este mismo problema hace actualm ente
decir a muchos investigadores, de la inseguridad de que el espacio de los colores sea medido (Ives
Le G rand). Es que el medio circundante en el estudio de las sensaciones crom áticas, por parte de
las cien cias física s y psicológicas, ha tenido la base de claridad fija o igual, objetos aislados iguales y
fondos rigurosamente negros. Los resultados abstractos de una investigación encarada con ese c ri­
terio no puede ser aceptada por una pintura que busca su realidad en el plano.
La relación entre intensidad luminosa y cualidad colorida no es independiente de un problema de
extensión o forma plana. Como color y luz son una sola cosa, hemos superado esos planteam ien­
tos que otorgan a ambos valores independientes, evitando u tiliz a r los medios crom áticos como re­
presentación lum inosa.
H ay form as que "se ven m á s" que otras. Para e sp e c ifica r cuándo la acum ulación o cantidad de
color se transform a en sensación colorida, no podremos de ninguna m anera a is la r el rayo luminoso
en una experiencia de laboratorio. La cualidad sensorial colorida, el problema de la visión, se m e­
rece la m ism a consideración otorgada al conocim iento del objeto: una relación ajustada entre cómo
lo vemos y cómo es en sí. Por eso en una oportunidad hemos dicho que la " a n a lo g ía " en las leyes
visuales del color carecen de todo fundam ento por ser principio de una doctrina que considera al
mundo colorido como sensaciones aislad as de la form a.
Como la relación entre ¡nterísidad y sensación no se produce totalm ente sino en una etapa cualita­
tiva y compleja, pues percibim os un fenómeno inverso del color, se ha sembrado una confusión al
mnraen va de la cie n c:a, cuyo resultado fu é 'e l de otorgar m ayor o menor luminosidad a ciertos co­
lores aislados. Sin embargo, desde el momento que la sensación crece con más pausa que el e x c i­
tante y nos impide crear una ley que condicione estas sensaciones al margen de las medidas de intenoiuua, tendremos que orientarnos, no hacia una ley psico-física de sensación d iferen cial, sino hacia
una colorim etría específica espacial, del color en el espacio, y una ley del proceso cualitativo visu al.
Para esto, ha sido indispensable la consideración activa del medio.
El plano, que para la física más avan zad a es un continuo bidim ensional, se transform a d ialéctica ­
mente para el perceptismo, por sus lím ites y el medio que condicionan su carácter — form a y color—
en campo para la creación y la invención. Por eso la intensidad exacta entre dos colores distintos
(equilibrio de " to n o " ), controlada por el fotómetro, no dem andará en nuestro caso dos form as
e xa cta s; pues es la d iferen cia de tinte, su cualidad colorida, y no el poder intensivo — luz y som­
bra o saturación— la que demanda una determ inada estructura plana.
La propiedad de la doctrina artística perceptista es la de haber superado estas contradicciones, y
haber indicado como esencia de la pintura las propiedades del plano, la unidad cualitativa del color
y form a. El hombre actúa sobre elementos m ateriales plásticos, y el resultado no es el fruto de una
práctica que desvirtúa esa m aterialidad, sino su síntesis creadora inventiva. Ese proceso desarrolla­
do de lo sim ple a lo complejo fundam enta la propia esencia de la p intura, como objeto funcional
inventado por el hombre y para el hombre.

�Humanismo - Perceptismo

Para el perceptismo, humanismo, racionalismo, universalismo y realismo, emanan de su esencia intrínseca y
de su finalidad funcional. E sta función estética es el resultado de nuevas formas de relaciones entre el
subjeto —el ser social y el objeto— exterioridad real.
Estos dos aspectos constituyen para el perceptismo una sola verdad; convergen hacia un solo objetivo: hacer
del arte un factor activo y dinámico en el desarrollo de la evolución histórica en las formas de ver y conocer.
El arte tiene que ser un modo de relación entre el hombre y el mundo, pero este modo de relacionarse tiene
que establecerse sobre una base distinta de la que existía en la especulación idealista de la plástica. Debe
operar una acción liberadora de la conciencia humana, de manera que lo que aun exista de contradictorio en
el hombre esté dado entre lo conocido y lo desconocido y no entre el fenómeno y la cosa en sí.
En el perceptismo queda superada esta dualidad, y la conciencia es transform ada en un instrumento de po­
der que facilita apoderarse de nuevas parcelas de la realidad y construir objetos que sirvan para impulsar
y desarrollar su propia naturaleza ejerciendo un dominio práctico y real sobre el mundo circundante. El
nuevo humanismo en el arte está determinado por la exaltación de esta capacidad inventiva y creadora y so­
lamente por esta actividad real y práctica cobra validez universal el objeto estético y se torna necesario para
el hombre. El arte deviene social y colectivo a medida que sus elementos esenciales —su estructura— se
concreta materializándose por intermedio del plano-color sobre un muro arquitectura. La pintura va reali­
zando su propia revolución en una sociedad que revoluciona y cambia sus modos de convivencia, creando un
orden equivalente en el campo del arte. Dos técnicas que se van complementando y sintetizando en una di­
mensión colectiva y universalista; la producción económica y la actividad estética. No existe gratuidad allí
donde la razón se convierte en intérprete de éstas necesidades sociales y se eleva por encima de la subjetivi­
dad individual, afirmando su índole y su grado de conexión con la responsabilidad histórica y con su tiempo.
Muchos sostienen el equívoco de que la pintura es la forma de lo vivo, donde muere todo otro contenido
temporal y aleatorio.
Este concepto idealista que elude responsabilidades de orden social es sustentado por la mayoría de los es­
téticos y pintores en cuanto tratan de definir la naturaleza del arte con respecto a las demás actividades.
Es muy sutil este nexo que guarda el arte con la vida, pero es suficientemente patente para ver en ello un
humanismo pasivo y negativo, una actitud complaciente con todo lo sentimental y caduco, un formalismo
huero.
La pintura no puede ser un sucedáneo de hechos vividos, sino que debe vivir con los sucesos, colaborando con
la obra progresista que empuja a la humanidad adelante. Debe de afirm ar ese sentido de progreso que se
pone de manifiesto desde su origen y que los idealistas niegan como continuidad histórico-dialéctica.
El perceptismo rechaza el mundo de los sueños y de lo vago que es el desiderátum de los vacilantes que no
combaten ni crean.
No tiene miedo a la realidad objetiva, sino que la afirm a al reaccionar sobre ella para transform arla y adap­
tarla a nuestros fines y necesidades. Es optimista porque cree en la capacidad de un conocimiento cada vez
mayor y cierto del mundo. Los espíritus rezagados que niegan este papel revolucionario y cognoscitivo al arte,
pueden subscribir unánimemente el juicio de un escritor que es la antítesis de nuestra concepción humanista,
que dice: “El signo de nuestro poder es no descubrirnos. El que ha descifrado su misterio ya no tiene que re­
solver el drama proyectándolo en su obra con esa fuerza heroica que embriaga al espectador. Para una hu­
manidad conciente de su destino, el mundo espiritual se helaría en la m uerte” £1). Así se expresan los ideó­
logos de hoy, filisteos y restauradores del oscurantismo y de la ignorancia en m ateria estética y crítica, en
tanto que los líderes de la humanidad se convierten en nuevos prometeos que luchan por la emancipación y
por el esclarecimiento de todos los problemas que someten al hombre a la esclavitud y al fatalismo ciego.
Así las causas que impulsan a la acción son frenadas y se convierten en el arte en una renuncia contempla­
tiva.
El hombre es negado en su realidad y poder y transpuesto a un mundo ideal de cualidades espirituales, y
seccionado de la vida cotidiana para sentirse otro, un ser extraño a sí mismo. En el arte representativo el
espectador experimenta un estado emocional y psicológico de evasión del mundo real. Pero hay que acla­
ra r que no solamente el arte es idealista por sus contenidos, sino que el contenido idealista es el factor que
lleva a una concepción idealista de su técnica, y esta técnica perdura en la plástica de contenido aparente­
mente realista.
El idealismo del proceso creador, por el cual se plasma un mundo aparente e ilusorio, para expresar un senti­
miento, configura un arte cuya técnica en vez de servir a la invención, valiéndose de los elementos pictóri­
cos materiales, los somete a un ejercicio mecánico de reproducción negando su realidad para la visión.
La identidad entre el parecer y el ser, se va resolviendo en la pintura al cobrar vigencia el proceso de estruc­
turación del objeto estético en la dimensión real.
Dijo Lipps que “cuanto menos representación posee la obra de arte más se anexa al mundo real”. El huma­
nismo del contenido realista no ha podido eliminar el carácter irracional entre el mundo y el hombre; toda­
vía lo encadena subjetivamente. ¿Cómo se produce la génesis de esta técnica mágica y fetichista? ¿Procede
del ojo humano en la forma de ver y conocer o de un instinto de imitación? Es una experiencia más com­
pleja y profunda de carácter social. El ojo fisiológico no puede condicionar una estructura y un arte ni una
técnica específicamente estética. E ntre la sensibilidad plástica del hombre y el mundo del contenido represen­
tativo actúa en el arte un factor de naturaleza distinta al meramente mecánico y fisiológico.
Todo el idealismo ha tergiversado la causalidad de estas motivaciones, y también el empirismo subjetivo
ha reducido a un esquema puramente mecánico estas explicaciones pseudo-científicas.
El hecho que exista y se sostenga en la actualidad la pintura representativa no expresa su validez ni su
necesidad, sino que significa la aceptación de una form a de arte sancionada por una crítica que ha eludido
—por prejuicio demasiado arraigado en la mente hum ana—- la importancia condicionante de los elementos
esenciales de la pintura. Para esta crítica, el único desiderátum del arte es la representación colectiva o in­
dividual. El proceso dialéctico de negación entre la realidad representada, proyectada, y la verdad plástica
hay que buscarlo en la raíz de los acontecimientos sociales; en los conflictos provocados por las actividades
contradictorias de los hombres debido a una estructura irracional de la organización social y su reflejo
espiritual, entre el hombre que necesita conocer “cosas” para llegar al dominio del medio y de la naturaleza,
y la super estructura ideal que niega este conocimiento del mundo exterior.
Esta antinomia está latente en toda la pintura representativa, desde las primeras manifestaciones del arte,
en que este proceso posee un carácter inconciente, hasta las más altas racionalizaciones del mismo.
La técnica representativa nace en etapas atrasadas de la evolución, y se elabora y desarrolla a medida que el
trabajo social se especializa y jerarquiza dentro de categorías diferenciadas.
El pintor como ser social se va divorciando del trabajo práctico, se separa del productor y se extraña de su
medio; así idealiza sus necesidades y espiritualiza la materia. Menospreciando la actividad técnica, la subor­
dina a fines que reflejan un mundo fantástico.
Esta situación social ha originado, indiscutiblemente, con sus antagonismos y jerarquías, contenidos espiri­
tuales correlativos.
El hombre en su esencia humana fué seccionado en dos aspectos irreconciliables: cuerpo y espíritu. Y en el
orden de las actividades sociales, en trabajo técnico, y especulación pura. El arte recibe el influjo de esta
concepción, sojuzgando sus elementos materiales a una finalidad espiritual representada, contribuyendo, al
adoptar esta categoría ideal, a mantener un divorcio del arte con el mundo objetivo. La conciencia del pin­
tor se desdobla y surge una nueva contradicción entre su ciencia inventiva, su facultad creadora, y la desva­
lorización de lo que constituye la materia pictórica. En cambio de especializarla manteniéndola en el plano
real, la envuelve y metamorfosea en una apariencia. Hegel llama a este proceso espiritualización por el
contenido de esa estructura natural, la extensión.
El arte lleva el vestigio de esta actividad enajenada; la substancia plástica por un lado y la proyección sub­
jetiva en la obra de arte por otro.
,
Al interpolar una estructura dentro de otra estructura que la rechaza, se hace imposible toda unidad en el
proceso creador. En toda la producción que corresponde a este tipo de sistema social anti-científico, como a
su creación artística, el producto se separa del productor y actúa con una dinámica propia de carácter aná­
logo al fetichismo. Aquí la necesidad no se transform a en libertad, es mera participación en un contenido
ideal en que la conciencia queda desplazada como energía creadora. El hombre en esta situación está desin­
tegrado de la vida y busca totalizarse en un mundo trascendente, fuera del mundo real. La reintegración
de la conciencia del hombre a la realidad, se produce mediante el conocimiento de la misma, comprendida co­
mo unidad de acción y pensamiento, asimilando a la técnica y a la producción material como parte integrante
y esencial para crear un mundo sin divisiones violentas, de manera que las manifestaciones espirituales sean
la expresión directa de la síntesis entre la base m aterial de la vida y la práctica creadora de esencias ma­
teriales y objetivas.
El hombre mecanizado por la técnica, el hombre máquina, aherrojado por una espiritualización del mundo,
que desvaloriza su trabajo práctico, ha de erigirse en inventor en virtud de su dominio sobre la realidad por
medio de la técnica. La historia de la pintura nos m uestra que la realidad de su materia plástica ha condi­
cionado el valor del objeto estético y lo ha impulsado a su desarrollo, actuando como factor decisivo para lo­
grar su verdad esencial.

R. V. D. Lozza

comentarios
Dicen los sensualistas que “el placer estético es un
fenómeno puramente subjetivo” y que “lo bello obje­
tivo no existe”. De esto a negar la existencia del mun­
do material exterior hay solo un paso.
Sobre el arte en la época bizantina y sus m anifestado.
nes no figurativas, recuerda Antoine Bon que, a pesar
de la imposición de la religión cristiana “no desapare­
ció nunca completamente el sentimiento de repugnancia
hacia esa decoración figurada, y hasta llegó a mani­
festarse por medio de actos violentos . . . ” “La tradi­
ción antigua — continúa — era demasiado fuerte en esas
regiones para que pudiera desarrollarse un arte abso­
lutamente desprovisto de imágenes”. “Resulta curioso
comprobar que el primer movimiento iconoclasta que
tuvo éxito — la Reforma — sea contemporáneo de la di­
fusión del libro impreso, es decir, de aquel momento en
que la representación figurada puede ser reemplazada
por el texto escrito” (Introducción general a la historia
del arte. Ed. Hachette S. A.)
Estas comprobaciones, y muy especialmente la últi­
ma, no necesita comentarios.
“La perversión del instinto histórico de Picasso alcan­
zaría su punto culminante en el curso de su fase su­
rrealista”, dice Max Raphael, afirmando que hasta en­
tonces este pintor había sido “activo y revoluciona­
rio”.
Este crítico está con el arte representativo. ¿Cómo
explica entonces su propio concepto de “revoluciona­
rio”, el que otorga al período más racional y menos ex­
presivo de un pintor? (En aquella época Picasso era
cubista).
Lionello Venturi, adepto tardío, con muchas reservas, a
cierto arte “abstracto” ha dicho: “La pintura abstracta
y la escultura abstracta, que causan estragos desde ha­
ce treinta años, no han producido una obra de arte que
nos convenza y nos exalte. La razón de ello es que esa
pintura y esa escultura abstractas son juegos intelec­
tuales compuestos en frío”.
Pero, si Venturi espera del arte nuevo también aquello
de que “el pintor se expresa a sí mismo mediante fo r­
mas y colores”, y basa sobre esa vieja ley subjetiva sus
juicios críticos frente a la nueva pintura, es lógico que
no halle “valores” individuales en el arte no expresivo
o no representativo.

La evolución va de la ignorancia al conocimiento de la
ilusión a la realidad, de la apariencia al ser. La cien­
cia nos otorga los medios para superar nuestras limita­
ciones y am pliar el radio de acción en el universo.
“Cuando la ciencia arranca un nuevo conocimiento al
mundo, el arte tiembla” decía Hegel. O la pintura
abandona su esencia intuitiva y sus técnicas y formas
ideales y se convierte en un proceso estético cognosci­
tivo científico, o no tiene nada que esperar el hombre
de ella; queda al margen del progreso.
El perceptismo no ha eludido ningún problema que ten­
ga atingencia con el arte y el hombre “como parte
integrante de una humanidad concreta que busca su
desarrollo hacia el futuro”. Al ayudar a descubrir en
el hombre sus más legítimas facultades, su verdadero
ser, el perceptismo humaniza al arte y al hombre, cris­
talizando uno de los más puros deseos que llevaba
dormido: conocer su poder y su libertad. Lo ético y
lo estético están indisolublemente unidos en ese acto
creador que abre nuevas posibilidades para el porvenir.
(1) Elie Faure , “El espíritu de las formas”. Ed. Poseidón, Bs. Aires.
R. V. D. L O Z Z A

�Color

145,4
90,8
229,0

Raúl Lozza

LA D I N A MI C A DEL P E R C E P T I S M O

Talleres “Optimus” - Diagrama

Según Fechner, el arte se divide en dos géneros, el de quietud y el de movimiento. Nosotros diremos, con más
exactitud, arte de espacio y arte de tiempo.
Sin embargo, ciertas artes han pretendido unificarse, como por ej. la pintura con la escultura y la arquitectura,
en una sola manifestación espacio-temporal. Pero la pintura, por si misma, mientras permanezca dentro de la
órbita de las apariencias no podrá lograr esa unidad objetiva entre tiempo y espacio. El tiempo expresado en una
pintura estática no es más que una apariencia contradictoria, un concepto intelectual aplicado a una determinada
estructura plástica.
Una opinión al azar nos enseña —la de Simmel, por ej.— en qué medida es metafísico el tiempo y el espacio re­
presentado en una pintura. Este escribe que “el tiempo y el espacio que aparece en una obra de arte no están
limitados por otros tiempos y otros espacios, sino que cada uno de ellos forma su mundo para sí solo: el mundo
de la obra de arte. Por eso, desde el punto de vista de la realidad, la obra de arte sigue viviendo fuera del
tiempo y del espacio aunque encierre determinaciones temporales y espaciales, las cuales no viven más que en
la espera de la idea y no en la de la realidad”.

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Donación Raúl Lozza</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 7 de la revista Perceptismo: teórico y polémico, publicados entre 1950 y 1953.</text>
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Lozza, Raúl</text>
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                    <text>TEORICO

Y POLEMICO

B u e n o s
A i r e s ,
O c t u b r e
de
1 9 5 0
Año
del
Libertador
General
San
Martín
Correspondencia: C angallo -1219 — $ 1.50 el ejem plar
H ablar en general contra el arte representativo es lugar común para aquellos que
han superado esta etapa prim itiva de la pintura.
Supone, además, cerrar los ojos
a los problemas concretos y pasar por alto dentro del mismo campo del arte ab s­
tracto, la demagogia de muchos imitadores de las escuelas neoplasticistas y constru ctivistas. El academ ism o y la propia representación en la pintura actual no son,
por sus visibles propósitos conservadores, más peligrosos que la actual adaptación
al "buen gusto" de m uchas tendencias concretas de la pintura. Con esto, muchos
pintores, conciente o inconcientemente pero culpables en todos los casos de super­
ficia lid a d , han detenido el desarrollo de la pintura hacia una realidad m aterial, y
han afirm ado un nuevo idealismo y un concepto del arte, sino ya como expresión,
igualm ente como apariencia. Demás está decir que esta obra conquista, sin mayor
esfuerzo, el aplauso unánim e de los pseudos críticos llamados independientes, de
los desertores y de los "sno b s".
N uestra revista nace, entonces, con la doble función de difundir y com batir, de e x ­
poner polém icam ente todos los problemas de la pintura, afrontados con anterioridad
por el perceptismo, y rebatir las soluciones, superficiales pero aparentem ente verd a­
deras, que transform an las nuevas realidades y los problemas de la nuevo visión en
una pura especulación literaria.
Dejemos la controversia sobre las denominaciones y la mayor o menor exactitud en
los conceptos generales, y comprobemos cómo ninguna de las débiles doctrinas que
acom pañan las numerosas tendencias actuales resiste un análisis objetivo y circu n s­
cripto a los problemas reales de la pintura. Las generalidades y las divagaciones
literarias serán igualm ente las normas crítica s de los q u e pretenden difundir la
nueva pintura valorada con el prisma de su mundo subjetivo e individualista. Ellos,
los críticos, enarbolan el estandarte de la "lib ertad de expresión", que no es más
que la puerta de escape para los que temen abandonar el mundo de los "privilegios
esp iritu ales" y afro n tar la nueva realidad.
Perceptismo, como denom inación, solo será un térm ino d iferenciativo m ás; pero en
la doctrina y en la obra, el perceptismo es un acontecim iento nuevo cuyas c a ric te rísticas y razón de ser pueden explicarse histórica y teóricam ente hasta en sus me­
nores detalles. A sí, si las doctrinas del arte del pasado inmediato, orientado hacia
una nueva realidad concreta, han carecido en todos los casos de una base teórica,
sólida y cla ra , es el perceptismo el que ha alcanzado la m áxim a relación entre la teo­
ría objetiva y la práctica, en el campo de las nuevas form as artísticas.
Lo que interesa al espectador, y lo que espanta a los "snobs" del buen gusto' , a
los "observadores privilegiados" y a los críticos buscadores de "v a lo re s" rutinarios,
es precisam ente una teoría clara y objetiva.
Ellos, todos, solo pueden acusarnos de excesos de teorías y de procesos t é c n i c o s .
A sí, nos hacen recordar ciertas palabras leídas en una oportunidad, donde se a c la ­
ra que nuestra época, por la abundancia de m aterial teórico, no está en la senec­
tud sino en la pubertad ( 1). Efectivam ente, el perceptismo no sign ifica una deca­
dencia del arte; sino su total transform ación. Los medios técnicos han impulsado el
desarrollo de las nuevas form as, y uno de los propósitos de la presente publicación
será difundir este "e xce so " de nuevo m aterial teórico acum ulado en la nueva p rá c­
tica creadora.

(1) “La propulsión teorizante de ella (nuestra época) es debida a un rebosamiento de poten­
cialidad, a una abundancia de poderosas fuerzas creacionales” — M. Arconada. “En torno
a Debussy”.

“Yo no tengo libertad sino para elegir los
medios de contribuir a la perfección de esta
grande obra, porque tiempo ha que no me
pertenezco a mí mismo. ..
JOSE DE SAN MARTIN.
(Dado en el Palacio Protectoral de Lima a
19 d eEnero de 1822).

Exposición de pinturas de Raúl Lozza.
La primera muestra
de arte perceptista
realizóse en la galería de arte Van Riel,
en Octubre de 1949
con obras del mismo autor.

�EL ARTE Y EL HOM BRE
Los investigadores de la estética y los teóricos del arte en la actualidad, no Han logrado una e x p lic a ­
ción exautiva y coherente de las diversas m anifestaciones de la plástica de vanguardia, por sustentar
un sistema idealista y unilateral que se inspira en una concepción subjetiva del arte. Esta concepción
ha sido superada por la práctica creadora, y por una nueva apreciación de los fenómenos estéticos
en relación con el medio social. Pero no solamente se hacen pasibles de crítica los idealistas de todos
los m atices, sino que son im putables de errores y lim itaciones los que pregonan una estética cie n tífica
y realista.
Estos arguyen una estética gnoseológica fundada en la percepción del mundo exterior y de la vida social
por medio del arte; pero la pintura representativa jam ás ha constituido una form a de conocimiento de
los objetos que nos rodea, porque plantea una visión ilusoria de los mismos. Nos da imágenes ap aren ­
tes proyectadas en tres dimensiones sobre un fondo de dos dimensiones. No conocemos realidad n in ­
guna sino ficciones de las cosas, habituando al hombre a "p a rtic ip a r" en un mundo mágico y e x tra ­
ñándolo del medio en que actúa m aterialm ente.
Si el realismo m aterialista se ca ra cte riza por una concepción que sostiene como fundam ento primero
y esencial el progreso en todos los órdenes m ateriales y espirituales, el arte que está más afin con estas
prem isas es la pintura perceptista, que sigue y se asim ila a esta ley del progreso, constituyendo la c u l­
m inación y la síntesis de todas las contradicciones que preexistían entre la pintura y el hombre. Exalta
los elementos m ateriales de la percepción visual de la plástica, plano-color, y crea una verdadera re la­
ción del espectador con la pintura en el orden práctico.
El postulado realista y dialéctico del arte solo adm ite, para ju stificarse como principio valedero, esta
ley, que expresa la m archa que se inicia con la etapa prim itiva de la representación "m á g ic a " a la
concepción cie n tífica y realista del arte perceptista.
/
De la abstracción del objeto representado, a la invención de un objeto estético con propiedades reales.
Hegel sostiene que el ser es un llegar a ser, pero este desenvolvimiento tiene que ir determinándose
en la práctica de los fenómenos m ateriales y nutriéndose profundam ente de los mismos para lograr
nuevas experiencias y descubrir nuevas propiedades reales, hasta a b ra za r su esencia a travez del
conocimiento en su totalidad. Pero para el idealista Hegel que no adm itía el m aterialism o en la pin
tu ra, la esencia de ésta la constituía la apariencia sensible. Para los "nuevos re alista s" la pintura s i­
gue siendo una apariencia sensible y no una realidad m aterial. Para los abstractos representativos se­
rá la visión sensible de una idea intelectual, puesta de m anifiesto por una anécdota plástica a travez
de elementos geom étricos-m atem áticas. En la pintura fig u ra tiva , tanto el valo r humano como
el valor plástico quedan anulado por ser inconciliab les con el proceso creador, y es impotente

Raúl Lozza,
pintura perceptista 163.

R. V. D. LOZZA

para establecer un nexo real y práctico entre el objeto pictórico y el medio vital del hombre.
La pintura abstracta representativa y concreta, si bien pone a descubierto la esencia m aterial de los
elementos de la pintura de una m anera vaga y parcial, no logra tampoco resolver el problema cru cial
entre la estructura objetiva del suceso plástico y el espacio físico del muro arq uitectura, en un todo
integral y homogéneo con el am biente.
La pintura no puede perm anecer ajena a los cam bios y trasm utaciones que se operan en la base real
de la sociedad, y que, progresivam ente, va liberando al hombre de los viejos errores y prejuicios del
pasado, aproxim ándose mediante nuevas experiencias cie n tífica s al conocimiento de la verdad. El
hombre entra en el dominio de la realidad exterior e interior y la explica por un proceso de in terac­
ción, adecuándose racionalm ente a las diversas funciones sociales. Por lo tanto no se puede h a ­
blar con el lenguaje conservador e idealista del humanismo clásico, que se fundaba en el individuo
egocéntrico y "d istin g u id o ", menospreciando al resto de los humanos. Un renacim iento del arte y del
hombre no puede fundarse ya en prem isas m etafísicas, que exalten los valores espirituales en d etri­
mento de los valores vitales, y en que unos pocos tengan derecho a d isfru tar de los bienes de la c u l­
tura.
Nosotros queremos un arte vivo, actu al, y que constituya un factor de transform ación para el hombre,
y no que sea una form a de evasión o un acto de desprendimiento en que éste desata los lazos que
lo unen a las necesidades cotidianas.
En el arte ya no tiene razón de ser la mera actitud contem plativa, hoy que el hombre sale de la somnoliencia pasiva para volcarse dinám icam ente en los acontecim ientos del mundo que lo afectan perento­
riam ente, y que está en perpetuo cambio.
El espectador abstraído de la realidad am biente, y cultivando su pequeño mundo individual y estático,
es un anacronism o, un absurdo. La pintura representativa ha desvirtuado los fines de la vida, ha sido
un medio para substituir, en la práctica, los anhelos de superación real y efectiva, por una categoría
estética e ideal del mundo: catarsis, ilusión. En su etapa inicial la pintura se m anifiesta como la e x ­
presión de un estado de cosas en que el hombre no era el árbitro de su destino, dado el escaso desarro­
llo de su m entalidad como consecuencia de una organización precaria. No posee autonomía para in ­
ventar objetos estéticos.
El arte tiene que ser necesariam ente representativo en este grado prim ario de la evolución histórica,
como resultado del sojuzgam iento de la conciencia y de su capacidad creadora a los im perativos de las
fuerzas que lo coaccionan.
Lo que es desconocido en las relaciones prácticas con los objetos (causalid ad, propiedades re a le s), se
re fleja en la conciencia como un poder esp iritu al; desdoblamiento: m agia, fetichism o, religión, m eta­
física arte representativo. Y este desdoblamiento enajena al hombre y lo determ ina a crear y repre­
sentarse realidades que niegan la e fica cia de su acción cognoscitiva en el mundo. La pintura re­
presentativa es una continuación, más com pleja y enriquecida, de esta categoría m ágica.
Se ha pretendido establecer un equilibrio del hombre por intermedio de la emoción estética, pero este
equilibrio es eminentemente provisorio.
El hombre vuelve, de la realidad ilusoria (paraísos a rtific ia le s) a la realidad cotidiana, a enfrentarse
con el drama de su existencia que lo desgarra y angustia. El arte no debe adormecer ni describir los
cuadros de su m iseria. Invocar una concepción falsa y ju stifica rla por una finalid ad social, es restrin­
gir la capacidad de invención y de progreso. Existen otros medios más eficaces, para propagar la
enseñanza y la educación del pueblo: prensa, radio, cinem atógrafo, dibujo aplicado, etc. El arte repre­
sentativo está en crisis y ninguna causa lo puede salvar o ju stific a r; no corresponde a nuestra época.
El arte representativo, figurativo o abstracto, es impotente para resolver radicalm ente los problemas
entre el hombre que cada día conquista el mundo social y se extrovierte, y la pintura que afirm a una
relación fuera de esa estructura social práctica y la escamotea.
El perceptismo tuvo que superar las contradicciones que detenían el avance de la pintura no-figurativa,
para acercar la plástica al hombre y reintegrarla a su verdadera función social, el muro arquitectura,
logrando con esta conquista una síntesis definitiva entre los valores eminentemente pictóricos y la sen­
sibilidad estética del hombre actu al. En este medio concreto, en que convive el hombre, la pintura in­
gresa como una categoría real y colectiva, y deja de ser el resultado de una interpretación individualista
del mundo circundante.
El perceptismo es el proceso dinámico de percibir esta totalidad de un suceso plástico inventado, en
sus relaciones propias y con el medio real y físico del hombre.

�R A U L
LOZZA

EL COLOR EN EL ARTE

Resumen y fragmentos de un libro en prensa (1)
FRA GM EN TO DEL C A P IT U LO I
Resumen del capítulo I
La miopía intelectual de aquellos teóricos que constituyen el conjunto de los e q u ili­
bristas del pensamiento actu al, que flu ctú an entre la trivialid ad del ser y no ser del
modernismo, tratan de extraer y adaptar al presente no la propiedad revolucionaria
de toda la pintura del pasado inmediato, sino solamente sus "aportes técnicos" que
consideran cosa independiente a los valores y a la fin alid ad estética misma.
La técnica m odifica el arte. Y al referirnos al nuevo problema del color, no pode­
mos apartarnos de los problemas generales de la pintura, ya que todos ellos son parte
misma del proceso práctico creador, el mismo que experim entan los elementos m ate­
riales visuales. Unicam ente así superaremos el conflicto en que se debaten los defen­
sores y promotores de una cultura arcaica.
La estética no obedece a ningún fenómeno m etafísico, pues los elementos de la be­
lleza solo son facilitados por la naturaleza objetiva, cualquiera sea el carácter de los
mismos. Pero en la práctica creadora estos han sido desplazados por una finalidad
contradictoria. No puede ya concebirse un arte realista cuya estructura no guarde
homogeneidad con sus elementos m ateriales.
Las modernas estéticas, en su concepción elem ental teórica y práctica — igualmente
las que se orientan hacia los llamados nueos realismos— no han abandonado la ó r­
bita filosófica de las tendencias positivistas, al e xa lta r en el arte esa p ráctica que
transform a su m ateria en meras representaciones.
En su afán por investigar los problemas em ocionales del arte, el positivismo y las
tendencias posteriores no han superado el puro idealismo. Ellos sostienen esa clásica
división entre la forma p u ram ente objetiva y el contenido o la belleza, lo que en
pintura constituye esa dualidad difícilm ente conciliable en una realidad orgánica
concreta, la dualidad entre contenido y forma.
Aún pensando que la form a "no es algo independiente que subsista por sí, y cosa
distinta del contenido", se supone igualmente la existencia de una forma y un conte­
nido como cosa distinta. Y si Croce y otros abordaron el problema tratando de con­
certar de m anera decisiva una identidad de ambos relacionados a un fin emotivo, no
lo han logrado debido a que los fundam entos empleados no han sido otros que los
fundamentos caóticos de las contradicciones idealistas.
Es Croce quien escribe que el fin del arte está dado por un contenido, y, adem ás,
que este es anecdótico. H an slick solo se atreve a negar superficialm ente, con mayor
referencia a la m úsica, que la forma sea algo distinto al contenido. En esos círculos
viciosos se han agotado los esfuerzos de la estética form alista de Zinm erm ann y otros
muchos experim entalistas v cie n tificista s, sin tener en cuenta que para el arte re­
presentativo contenido y forma no es materia y forma. A sí, las últim as tendencias
form alistas de la estética han golpeado m uy débilmente contra el idealismo y el ¡ntuicionism o de Schelling y sus continuadores, permaneciendo en el terreno de las
especulaciones m etafísicas.
El intento de establecer en base a los sentidos cuáles son los elementos de las diver­
sas artes, no ha superado la mera fórm ula. A l margen de las definiciones prácticas
funcionales, no puede transform arse el arte de la m úsica, por e j., si decimos que su
elemento es el sonido, o la pintura si hablamos del color, lisa y llanam ente. Los he­
chos históricos del arte prueban la veracidad de nuestras palabras. Es necesario agre­
gar algo más a esa fórm ula abstracta.
FRAGM EN TO DEL C A P IT U LO II
El problema del color en su aspecto visual, tratado por la física y la fisiología, con
sus pares de opuestos llam ados m usicalm ente armónicos, encierran una complejidad
contradictoria tanto para la ciencia como para el arte. Acabam os de señalar cómo
cada color del espectro solar es inm utable m ientras no varié el estado o la condición
de la m ateria. Sobre los compuestos y simples en los colores, Boíl y Dourgnon han
dicho con certeza que son "hechos fortuitos originados por la educación y los h áb i­
tos so ciales", debidos a las propiedades de ciertas m aterias colorantes empleadas por
el hombre.
Teniendo ya las bases objetivas del color corno color, indivisible desde el punto de
vista de la visión, éste no constituirá aún más que una sensación abstracta de valo ­
res relativos, ya que es variable hasta en el mismo espectro según la intensidad del
rayo luminoso, del clim a y de la hora en que se produce. Si el espectro de Newton
no pudo ser norm al, tampoco lo son los actuales conceptos que se basan en los sim­
ples y compuestos para llenar convencionalm ente los vacíos que impiden determ inar
científicam ente los grados de sensación y emoción del universo crom ático. Rebasan­
do los lím ites de la física y planteando ya un problema estético, las llam adas armo­
nías de los colores en sus relaciones expuestas, o son relativas o convencionales.
Las llam adas analogías en las leyes visuales del color carecen de fundam ento sólido,
como principio de una doctrina que considera al mundo colorido como sensaciones
aisladas de la form a.
Es una ley extraña al arte perceptista basarse en una cualidad aislada para extraer
una ley general del color; pues en el campo crom ático de la pintura será necesario
actu ar por deducción e inducción. A quella fué la causa por la cual no ha sido posi­
ble librar el color de las normas intuitivas solamente con las bases de una calorim e­
tría sentada en el principio de diferencias entre intensidad del rayo luminoso y cu a ­
lidad de sensación colorida. Solamente con nuestro nuevo concepto de estructura se
ha logrado concertar estrictam ente en una relación práctica esa variabilid ad de
sensaciones crom áticas que el medio otorga a cada color.
Con los cálculos infinitesim ales, Fechner ha pretendido a firm a r esa ley que relaciona
sensación con causa física, y sostuvo que " la sensación luminosa crece en proyección
aritm ética solamente cuando la intensidad luminosa crece en proyección geom étrica".
Pero nosotros vemos que entre sensación luminosa e intensidad luminosa existe un
problema de color.
En cuanto a la luz y al color, en d efinitiva una sola cosa, vemos que éste, lavado de

El desarrollo histórico de la pintura prueba su transformación, de
las apariencias a la realidad objetiva. Sin embargo, en toda su
transformación hasta hoy día, se ha teorizado y practicado el color
como un medio, sustentando una estética donde los valores cro­
máticos están justificados en base a un animismo psicológico, a
la fisiología y hasta a la física, pero jamás a un concepto de es­
tructura para la visión. Una estética objetiva del color no ha
sido elaborada, ya que ésta debió ser necesariamente la supera­
ción del concepto idealista y metafísico en que se manifestó el arte
hasta nuestros días.
La teoría positivista del medio, tan utilizada por los defensores
tardíos de la pintura representativa, también puede justificar
plenamente la existencia del arte abstracto en general, si esta es
aplicada dialécticamente, rechazando su idealismo y su mecanicismo.
Entonces, al mito social del arte habrá que oponer la naturaleza
social del arte.
Para considerar la relación entre la pintura y el medio social, así
como su grado de objetividad, habrá que tener en cuenta tres fac­
tores fundamentales:
1) Que el arte no es un producto de la naturaleza, sino del hom­
bre;
2) Que no puede existir, como ciertas filosofías especulativas, sin
la práctica de elementos materiales, lo que coloca a la estética, pese
a los idealistas, en el mismo plano real que las ciencias, y
3) Que la técnica transforma al arte como transforma a la socie­
dad, y el paulatino dominio de la naturaleza por el hombre pro­
fundiza igualmente las contradicciones en la pintura basada en el
ilusionismo y el expresionismo. La técnica libera al hombre y
amplía sus facultades inventivas.
El color, que es materia en la pintura, ha sido en el período figu­
rativo un factor popular y transformador. El ideal clásico ha des­
preciado su preponderancia por considerarlo agente disolvente y
materialista, y este materialismo del color reside precisamente eri
que destruye las apariencias y tiende siempre a la bidimentonali­
dad. al plano. Pese al simbolismo, al expresionismo y a todos los
medios representativos a que el color fué sometido en el desarrollo
de las formas artísticas, este ha hecho sentir su existencia objetiva.
Resumen del capítulo II

El dualismo entre color y luz, que predominó en la^ filosofía de la
estética y en algunos períodos pasados de la ciencia, es el patri­
monio de la pintura clásica basada en el claroscuro, cuyos resabios
se prolongan hasta mucho después. Hegel como idealista ha sos­
tengo que es una “opinión torcida y falsa la de figurarse la luz
como compuesta de diversos colores”, afirmando así la espirituali­
dad de la luz y la materialidad del color.
Las investigaciones físicas, que han operado en el terreno de la
luz y del color, han tendido a dilucidar el enigma de éstos, y la
pintura, siempre apartada de la plena conciencia sobre sus elemen­
tos materiales, ha tomado literalmente los medios de la ciencia para
superar el claroscuro, ampliar el dominio de su luminosidad y sus
relaciones cromáticas, pero nunca para superarse de la represen­
tación y la expresión, cuyo problema no atañen a esos medios.
El perceptismo entiende la relación entre color-luz dentro de los
límites de una sola cosa, y sostiene que el primero no es la repre­
sentación de la luz, sino la luz misma. Como ésta no es una cua­
lidad de las cosas, puesto que tal pensamiento aristoteliano quitaría
toda materialidad a la misma, es en cambio el color una cualidad
de la materia luminosa, solo visible en la medida de variabilidad
de su dinámica.
Para la pintura o para una estética del color, solo ha de interesar­
nos éste en cuanto a su grado de visibilidad como sensación colo­
rida, superando el concepto clásico representativo de los extremos,
amarillo como luz, y azul como sombra, en la gama de los colores.
Desde los tratados de óptica y color de Alhazen y Witelo, hasta las
recientes investigaciones de Ives Le Grand que sostuvo que “no se
está seguro de que el espacio de los colors sea métrico”, han sido
confeccionadas numerosas colorimetrías, todas ellas científicamente
abstractas, y totalmente nulas para especificar las formas colo­
readas. Por ello, para nuestras sensaciones de color y forma he­
mos rechazado toda medición en base a la onda o energía luminosa,
ya que con ello permaneceremos dentro de la contradicción que
acusa la variedad del espectro cuando en algunas ondas se pro­
duce el fenómeno de más luz, menos color. Sin estas bases cientí­
ficas, el color en la pintura ha quedado librado a la intuición pura,
en un campo variable y abstracto.
Pero la realidad del color dependerá únicamente de, los datos de la
visión. Las llamadas sensaciones puras de los colores planos ais­
lados son problemáticos en cuanto al grado de pureza tanto como
al grado de aislamiento. El color aislado de un medio cotidiano no
puede en cambio ser separado de ese medio que crea el enfoaue
experimental. Nuestro problema ha consistido en no abstraer el color
del hombre, sino condicionarlo mediante una nueva relación a la
forma plana y al medio en que se estructura. Así, el color es ob­
jetivo y verdadero solamente en un determinado medio, y relativo
en cuanto a la variabilidad de forma y medio.
La psicología de la forma, al sostener que “todo objeto sensible
existe solo en relación con un cierto fondo”, olvida igualmente el
dicho fondo en sus deducciones sobre planos coloridos. ¿Cómo es
posible pretender elaborar una medida y una teoría objetiva del
color sin tener en cuenta el carácter de la forma plana y el medio
variable en que ésta se produce? El sistema empleado y creado
por el perceptismo logra que el color, la forma y el medio coincidan
en la conquista del plano real.
ESTA PUBLICACON HA SIDO
GENTILMENTE DONADA ¿l¡%
POR Qa o l . L o é
’ rZb

(Continúa en la pág. 6)

�ABRAHAM
HABER

PINTURA yPERCEPCION
El advenim iento de la no representación sig n ifica para la pintura un acontecim iento ca p i­
ta l, en tanto que abandonado el tema son rechazadas tam bién características de este arte
que centurias de práctica habían consolidado. Pero antes de entrar en el problema haremos
un breve esquema del proceso que desemboca en la abstracción y que nos servirá para en­
focar con más precisión determ inadas cuestiones.
La evolución de la práctica a rtística nos permite seguir un hilo que va del impresionismo h as­
ta nuestros días y en el cual se trenzan la representación de las form as naturales y el he­
cho plástico constituido por la estructuración de form as y colores. A través de una serie de
"¡sm o s" el objeto representado se va deformando, disgregando y pulverizando hasta des­
aparecer. Pero sim ultáneam ente va tomando cada vez más fu e rza el hecho estrictam ente
plástico; m ientras va desapareciendo el objeto representado se va concretando el objeto
pictórico. Las form as del segundo van elim inando las del primero. No pueden convivir ju n ­
tas. En efecto, las form as y colores de la n aturaleza responden a las condiciones del a m ­
biente, de la tem peratura, de la presión y de las funciones que desempeñan.
Las form as
de la n aturaleza no responden al hecho de ser vistas por el hombre, m ientras sí responden a
ésto las form as plásticas. Obedecen, pues, a principios distintos; unas a su desempeño or­
gánico, las otras al hecho de ser vistas. Se establece así una incom patibilidad entre las
form as naturales y las form as pictóricas. La historia de la pintura desde el impresionismo
hasta nuestros días es así la historia de la desaparición progresiva de la representación para
dejar paso a la verdadera m anifestación plástica.

Piet Mondrian, pintura neoplasticista

Es dable observar que dentro de los hitos de este cam ino, junto al cubismo — una vuelta a
los fueros clásicos— se encuentran el expresionismo y el surrealism o, escuelas de corte b a­
rroco cuya preocupación consiste en la expresión de estados interiores. Tanto lo barroco
como lo clásico contribuyen al advenim iento de la no representación. Sin embargo, diremos
que esta meta se escinde en dos puntas, quedando en evidencia que no solam ente la belle­
za construida para la visión hum ana había de e lim in ar la representación, sino tam bién que
las emociones subjetivas exigían para su mejor expresión form as no im itadas de la realidad
n atu ral, tal como ha quedado patente en las pinturas de Vasily Kandinsky y Paul Klee.
A sí como el mero progreso de la estructuración pictórica en un equilibrio de colores y fo r­
mas rechazaba la representación, las nuevas vivencias subjetivas avasallan las form as de la
n atu rale za y con vigor extraordinario las retuercen y las m atan. De esta m anera el arte
abstracto cum plía los mismos fines subjetivos del arte representativo, que vió así d esarro lla­
dos hasta el m áxim o los gérmenes que ocultaba en su seno. Vasily Kandinsky, el exponente
más logrado de los artistas que integran esta línea, decía que “ una vertical asociada a una
horizo ntal, produce un sonido casi dram ático. El contacto del ángulo agudo de un triángulo
con un círculo , no tiene efecto menor que aquél del dedo de Dios hacia el de A dán en M i­
guel A n g e l". En este sentido, el arte abstracto no es algo que se oponga al arte representa­
tivo, sino que es el punto donde culm ina su trayectoria.
A l h ab lar de acontecim ientos capitales nos referíamos a la línea que obedece a una voluntad
de estructuración, cuyo representante más típico es Piet Mondrian y que llam arem os arte
concreto. Según se desprende de lo expuesto, la brecha entre n atu raleza y arte parece de­
fin itiv a , pero en el fonde estos dos térm inos se compenetran más íntim am ente. Y a no se tra ­
ta de im itar la n aturaleza en sus ap ariencias exteriores, sino de seguirla en su proceso de
creación. Esta afirm ació n supone una concepción cie n tífica de la n aturaleza y tam bién del
arte. Las leyes que el pintor debe m an ejar son las leyes del color y de la form a, m aterias
de la visión y que deben concretar el objeto pictórico. Esto, además de rech azar la represen­
tación de la n atu raleza, elim ina los contenidos subjetivos. La organización de form as y co­
lores según sus leyes intrínsecas, impide que la subjetividad del pintor se filtre en la com ­
posición.

Del Marle, volumen - color, 1949

Debemos a c la ra r que estas dos cosas, ciencia y objetividad, m uchas veces fueron menospre­
ciadas por los mismos pintores de la línea concreta, que quizá impulsados por una tradición
de siglos, ponían su creación bajo la sombra de m anifiestos y declaraciones que ocultan ta ­
les caracte rísticas. A sí, Piet Mondrian, creador del Neoplasticismo, en cuya pintura vemos
una organización cie n tífica de los elementos plásticos, afirm ab a que la vertical y la horizon­
tal, fundam entos de su composición, sim bolizaban las fu erzas antagónicas de la vida, cayen ­
do de esta m anera en la representación o alegoría.
Es ¡nterevante observar que Piet Mondrian quedó detenido en su proceso de investigación.
Si bien sus pinturas pueden ser clasificad as dentro de seis o siete etapas diferentes, alg u ­
nas logradas y otras no, la producción de sus últimos quince años está construida únicam en­
te sobre el ángulo recto, cuya insistente repetición lo condujo a una vía m uerta. A nuestro
juicio, esta parálisis se debe a la fa lta de una base conceptual para sus investigaciones.
Escapando de la tela que imponía el rectángulo como facto r previo a la estructura, los
concretos argentinos hicieron figuras geométricas yuxtapuestas, que si bien rompían con la
antiquísim a tradición de la tela rectangular, no respetaban las exigencias de una realidad
plana, porque los colores al convivir en yuxtaposición, creaban sensaciones de relieve y de
profundidad y conservaban la estructuración creada por la pintura fig u rativa para lograr
sus efectos. Luego de varias e inútiles tentativas para n e u tralizra esa impresión, separan
las form as en el espacio, de modo que entre una y otra se ve el muro sobre el cual se
destacan.
Raúl Lozza, consigue posteriormente que los colores, las form as y el espacio que las separa,
se obtengan mediante un proceso evolutivo y dinám ico cuyo detalle no interesa ahora.
Lozza logró, además, un proced miento que le permitió medir la formG como tal. Es decir,
las líneas de una form a tienen distinto valor según sea su relación con las demás (Gestalttheorie: el valor de una línea depende de su posición en la totalidad de la form a) ( 1) .
A claram os que Lozza nunca considera las líneas, sino las formas.
El perceptismo, que así fué llam ada esta nueva pintura, podía ahora enriquecerse con un
enorme número de form as, en contraste con la pobreza de otros pintores concretos o neiplasticistas, para quienes fué una audacia abandonar el rectángulo, que quizá sea la única fo r­
ma cuya estructuración plástica es com patible con la sección áurea, control estético here­
dado de la pintura fig u rativa. La fa lta de un método que dejara m anejar la in fin ita v a rie ­
dad de form as susceptibles de ser creadas, fué uno de los motivos que impulsaron a muchos

Raúl Lozza, mural perceptista 211.

�pintores concretos a dejar la pintura espacial, que sólo podía ser intentada con éxito por
aquel que tuviera una medida perceptiva de la forma. Muchos optaron por refugiarse en una
literatura geométrica, vía de regreso a la representación.
Habiendo logrado también la medida perceptiva del color, Lozza equiparó su valor con e! de
la form a, de modo que en el equilibrio de una forma con otra intervienen los colores que con­
tienen. Es imposible separar un color de su form a sin romper la estructura. Había sido h a ­
llado el color-forma, elemento fundam ental para una nueva plástica y única solución para
una dualidad tradicional.
No hay color sin forma ni hay forma sin color; esta es la voz de la realidad. La voz de
la realidad como belleza pictórica, nos dice: dadas las formas A y B, si el color de A es C,
el color de B sólo puede ser X . Creadas las condiciones, es decir la estructura, una forma
sólo puede llevar un color determinado, en relación con las demás formas-colores. Y esto no
debe entenderse como un mecanismo de creación, sino como un nuevo instrumento técnico.
Trae también el perceptismo una renovación fundam ental en la teoría del arte. Nos refe­
rimos al concepto de insularidad, que también nosotros tratarem os de explicar ahora, a p li­
cando la Gestalttheorie.
Entre una pintura y su espectador se produce el siguiente planteo: por un lado tenemos una
psique situada en un ambiente, dentro de cuya estructura óptica hay ún elemento consti­
tuido por una tela coloreada. Por otro, los colores de esa tela configuran una estructura
que quiere ser impuesta a esos mismos ojos que elaboran la estructura anterior. Se enfren­
tan entonces dos estructuras para las que es imposible convivir, por ser la unidad uno de sus
Gtributos esenciales. Si el individuo no logra identificarse con la pintura, ésta dejará de ser
un objeto estético y pasará a ser como el objeto práctico, un elemento más en la totalidad
óptica que constituye el mundo cotidiano del espectador. Si los elementos pictóricos logran
imponerse como estructura, desaparece el mundo circundante, borrado por fa lta de corres­
pondencia en la psique del espectador. Pero si se da este último caso, el espectador no so­
lamente se desprende del estado psíquico correlacionado con la estructura que desaparece,
sino que tiene que reconstruir un estado psíquico compatible con la estructura que la tela
impone a sus ojos. Las estructuras ópticas sólo tienen sentido dentro de la totalidad psíqui­
ca que las ha originado. Es necesario, entonces, que el espectador configure los elementos
de su psique, de manera que experim ente la emoción del autor que ha dado vida a las fo r­
mas de la tela.

V
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Alexander Calder

Este sometimiento de nuestros elementos psíquicos a la estructuración impuesta por el a r ­
tista a través de su obra, constituye un estado paralelo al de la hipnosis. Bergson así lo sos­
tenía: "E l objeto del arte consiste en adormecer los poderes activos o más bien resistentes
de nuestra personalidad y colocarla así en un estado de perfecta irresponsabilidad, en la cual
realizam os la idea que nos es sugerida y sim patizam os con el sentimiento que nos es expresa­
do. . . en los procesos del arte encontramos en forma débil, una versión refinada y esp iritu a­
lizada en cierto grado, de los procesos empleados comúnmente para producir el estado de
hipnosis" (Ensayo sobre los datos inmediatos de la co n cie n cia ).
La pintura perceptista rompe con este proceso psicológico, puesto que consta de "fo rm a s"
que se insertan en el "fo n d o " aportado por el ambiente. De esta m anera el campo percep­
tivo está integrado por el mismo mundo circundante, del cual se aislaba el espectador
para penetrar en el mundo de la pintura representativa. El proceso psicológico del goce
estético se hace diferente. Sus efectos son otros.

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Moholy - Nagy

Term inarem os estas palabras refutando uno de los argumentos más comunes usados contra
la no representación. Se dice que es su arte deshum anizado porque suprime la representa­
ción de lo humano. Esto no es más que un sofism a, puesto que pregona lo humano del hom­
bre. Nosotros luchamos por la humanidad del arte.

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(1) Si bien aceptamos el planteo de la teoría de la forma, creemos que sus soluciones son obstractas,
y que han de ser superadas por una nueva psicología concreta.

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Max Bill

Estructura perceptista de Raúl Lozza
Mural Ny 150 del año 1948.

�Resumen del capítulo III

Lo que se ha dada en llamar “el gran ritmo” ha permitido igual­
mente la expansión del color en el sentimentalismo y el expresionis­
mo, aun dentro de las normas geométricas y matemáticas, porque la
materia visual artística en ningún caso ha sido practicada hacia un
fin funcional objetivo.
El color, con ser una propiedad de la materia, pasa en la estética
a ser materia misma para la visión.
Baudelaire ha señalado que “la existencia de un dominante no
tiene legítimamente lugar si no es en detrimento del resto”. Y este
detrimento ha constituido una ley indiscutida en todas las épocas
del arte, tanto para la armonía basada en la distribución de la
luz y los colores, como para* una estructura en base a formas colo­
readas y fondos neutros.
Ls relaciones complementarias, que la física y la fisiología asientan
en la lógica infantil de la determinación de la luz blanca (esta se
logra por varios conductos, como lo han probado las últimas inves­
tigaciones), ha variado considerablemente desde Newton a Maxwel
y la física atómica; pero la pintura, no obstante la deficiencia de
los físicos (caso Chevreul), ha mantenido su estructura colorida.
Para una estética del color, no hemos aceptado entonces ninguna
ley absoluta de los opuestos cromáticos, como no es tampoco abso­
luta la oposición, según la dialéctica, entre luz y sombra.
Hemos comprobado que en la pintura hasta hoy en día el color no ha
sido el objeto, no ha estado identificado con la cosa. Superadas
las normas naturalistas, el invariable cromático ha sido destruido.
Esa transformación ha constituido un hecho revolucionario dentro
de la lenta evolución de las formas. Fué la forma que ha pre­
dominado en el arte primitivo, y es ella que ha predominado más
o menos hasta nuestros días. Por esa causa el color, destructor de
apariencias, ha participado siempre solamente como auxiliar en
la estructura, especialmente en los períodos clásicos y neoclásicos.
En los primitivos, el color adquiere un s'gnificado independiente
y simbólico. En sus decoraciones será utilizado el tono más inme­
diato de aquellos que le expresan un hecho cotidiano, pero nada
deja entrever una relación de este con la forma. Cuando el arte
románico da supremacía al color como valor primordial y espiri­
tual en la pintura, adolece de las m'smas desviaciones, que per­
durarán igualmente en la edad media cuando el color toma po­
sesión como tal solamente para expresar un simbolismo místico
en el nuevo concepto de las formas artísticas. Para los antiguos
y para el medioevo, así como para los modernos ¿en qué medida el
color fué forma? Una forma coloreada de acuerdo a una mayor
o menor condición de ser vista, se presentará como una mayor o
menor dimensión; y la simetría de los opuestos equivalentes, sean
complementarios en luz y sombra, sean complementarios en colorluz, cons’derados todos desde el punto de vista y práctica de la es­
tructura clásica idealista, escapará entonces a toda norma posible
de belleza funcional objetiva.

El Color. . . (Viene de pág. 3)
blanco, tiene más luminosidad y menos pureza, y que un color profundo es más puro
menos luminoso. La saturación de los colores, en su orden, m antienen un resulta­
do opuesto al de luminosidad, y esto ha sembrado la confusión considerándose al
amarillo como luminoso por excelencia. En el terreno de las emociones estéticas han
sido bastantes infructuosos los esfuerzos tendientes a condicionar las sensaciones co­
loridas con las luminosas. Las d iferencias cu a lita tiva s visuales de la luz serían en
cierto aspecto el color; pues la relación entre intensidad y sensación no se produce
íntegram ente debido a que percibimos un fenómeno inverso, a más luz, menos color.
Si la psicología de la form a ha deducido que un objeto se distingue más en su campo
luminoso que colorido, ha sido en base a experiencias realizadas solamente anulando
el color por medio de la intensidad luminosa.

y

La
un
lla
en

sensación de luz y de color se producen sim ultáneam ente; pero la intensidad de
rayo luminoso llega a a n u la r el color de un plano. Sabemos que sobre una panta­
de varios colores la luz uniform e proyectada no actúa con las mism as propiedades
todos los colores.

El perceptismo es una pintura de color y no de luz, pero no separa el color de la luz.
Solo se basa en otro sistem a de medida y estructura, señalando la imposibilidad de
basarse en una medida física de intensidad luminosa para controlar las sensaciones
coloridas.
FRAGM EN TO DEL C A P IT U LO III
Cuando el Giotto, sin apartarse del simbolismo de la edad m edia, inaugura un nuevo
cam ino a las posibilidades del color, lo hace sobre las bases de una nueva relación
de form as. Sus estructuras crom áticas descansan generalm ente en lo que se ha dado
en llam ar desaciertos o relaciones inarmónicas de color. Pero ellos no dejan por eso
de ser partícipes de un gran arte.
Si el prim itivo ha substituido la fa lta de m ateriales y leyes lógicas para el enlace del
color, con una sim etría de las form as, muchos ejemplos sim ilares pueden ser se ñ ala­
dos en toda la historia de la pintura. Pero si M ondrian reduce nuevam ente sus m e­
dios crom áticos, ninguna relación tendrá por eso con un retorno a lo prim itivo, ya
que presenta una nueva fa z en el desarrollo de las relaciones y la estructura. Hoy
día los pintores no representativos, como conducta, no tienen porqué desoír la voz de
las últim as investigaciones cie n tífic a s, cuando ellos mismos ponen en tela de juicio
las armonías subjetivas y relaciones com plem entarias abstractas.

Resumen del capítulo IV

Cuando el arte del claroscuro pasa a ser, aun superficialmente, el
arte del color, se conmueven todas las leyes y proporciones en la
estructura clásica y en la geometría aplicada a la representación.
El dinamismo cromático del romanticismo trae como consecuencia
el aprovechamiento de las invest’gaciones científicas sobre el color,
permitiendo posteriormente la culminación de éste en un mayor so­
juzgamiento, no ya como representación de objetos, sino de la luz.
Pero el color como representación es igualmente puesto en crisis
por el neoimpresionismo, que agota sus posibilidades representati­
vas. Sin embargo, el problema de la luz ha continuado interesando
hasta en la misma pintura abstracta, especialmente en algunas ex­
periencias del Bauhaus”, cuando Moholy-nagy retoma el desarrollo
de la pintura a partir del neoimpresionismo y practica ya como
elemento sensible el color-luz utilizando proyecciones luminosas.
La liberación del color de las leyes clásicas permitió igualmente
su expansión hacia un nuevo simbolismo y un mundo subjetivo
anímico. Es así como la proyección sentimental de los colores fué
estudiada por la filosofía con el afán de adaptar al molde metafísico las nuevas situaciones planteadas a la estética por el arte
moderno. No costó mucho a la filosofía del arte basada en la be­
lleza clásica adaptarse a la nueva época, aprovechando las lagunas
y las deficiencias de la estética experimental, del positivismo y de
los cientificistas. Los formalistas y los mecanicistas, trataron inútil­
mente, contra la estética mística, de superar los “estados afectivos”
como parte contenida en la pintura, especialmente en el color.
En todos estos casos, el color ha actuado siempre en el arte como
instrumento de representación, sea para expresar sentimientos o
dar mediante una u otra técnica la apariencia luminosa. A esa
necesidad obedecen las más diversas escalas convencionales cromá­
ticas creadas hasta la fecha en base a valores subjetivos o cientí­
ficos abstractos.
Unicamente con la conquista del plano real se logra la llamada
conciliación de los opuestos cromáticos, base que superará los úl­
timos reductos del arte como apariencia y afianzará la realidad
del planismo absoluto. Esto es, en cuanto al color, pasar de su
identidad abstracta y relativa a su identidad concreta.
Entre cantidad de color y cualidad de color existe en el arte un pro­
blema de forma y no de luz.
Resumen del capítulo V

La relación del color y su identificación en la realidad plana ha
encontrado el inconveniente de una concepción abstracta y no ma­
terialista, de un desconocimiento práctico de su propia naturaleza
objetiva de ser visto.
En los primeros expresionistas el color obedece a un nuevo simbo­
lismo, fundamental en muchos casos para el desarrollo de las nuevas
formas artísticas. La llamada técnica de la deformación se puede
generalmente denominar como nuevas reglas de la construcción, y
ese mundo a simple vista subjetivo e ideal transforma la raíz
misma de la pintura. Si Van Gogh trata de expresar mediante el
color el más allá de los objetos, su “irracionalidad” no nos muestra
por fortuna más que una estructura colorida. Su misticismo alcansa una meta revolucionaria en el arte porque exalta en nuevas
formas los elementos visuales fundamentales de la pintura.
La metafísica del positivismo estético ya no pudo comprender la
importancia de este horizonte abierto a la pintura y concretado por
Cézanne, donde comienza a germinar la objetividad del color
plano.
Estas experiencias permitieron a Matisse desarrollar el símbolo de

El contraste luminoso de Chevreul, denominado posteriorm ente c o n t r a s t e simul­
táneo, ha planteado teóricam ente en las leyes del color un fenómeno que los físicos
siem pre, con anterioridad, han tratado de e xp licar y que los pintores han experim en­
tado directam ente desde el siglo X V . Las imágenes accidentales negativas que cons­
tituyen los colores creados por la retina, como color exigido por un color estim ulante,
ha servido para concertar una estética del color exaltando ese aspecto fisiológico, y
erróneam ente físico de la luz. Los fisiólogos han relacionado este fenómeno a las
d iferencias cu a lita tiva s de sensaciones cuya crom atopsia es imposible de f ija r en ese
terreno específico. Y a para Newton, los colores com plem entarios ilusorios solo eran
sensaciones im aginarias de la retina, y Helm holtz habla de falsos juicios sobre estas
imágenes negativas, en la que se ha basado la tan m entada armonía de los colo­
res.
En 1925 W eve ha confeccionado una tabla de los colores estim ulantes y los resulta­
dos de las sensaciones im ag in arias; y en 1937 Robertson y Fry han estudiado a m p lia ­
mente el fenómeno de las secuencias coloreadas, no más que para que el problema
perm anezca en esa negación sostenida por los am ericanos Spencer y Moon, los que,
experim entando sobre planos estáticos y no sobre discos rotativos las leyes de esa
supuesta armonía de los colores, deciden que "dos colores yustapuestos parecen ar­
mónicos cuando entre ellos no e x !ste am bigüedad".
En los colores hay siempre correspondencia cuando estos participan de la estructura.
Y , como lo prueba la historia del arte, es la form a el vehículo de sus relaciones.

FRA GM EN TO DEL C A P IT U LO IV
Si Hegel ha visto el ideal artístico dado en ese desarrollo del período religioso c ris ­
tiano, hacia una perfección lograda por la m áxim a expresión sentim ental, nos será
fá cil continuar y hacer extensivo este ciclo rom ántico y m ístico de la pintura hasta
tanto ella exprese sentim ientos ajenos a los estéticos. Pero ocurre con la d ialéctica
idealista precisam ente un hecho curioso: va especificando y delim itando, con el a fá n
de anu larlo o sojuzgarlo, el elemento m aterial de la pintura. A pesar del concepto
idealista absoluto, de la pintura como ilusión y ap arien cia, no todo en ella tenderá a
la representación y se em ancipará de la m ateria. Para Hegel el color llega a ser un
elemento m aterial por cuanto es e x te n s o — diremos bidim ensional y plano— Esta po­
tencia m aterial no logra ser destruida por el idealism o, como perm anencia planista
y realidad física , ni mediante la luz y la sombra ni la expresión de un mundo in te­
rior. A sí, m ientras la naturaleza es representada, m ientras lo luminoso es igualmente
representado, m ientras el espacio es representado, el color como color perm anecerá
siempre como tal, como realidad plana. En esas condiciones no podrá representarse.
La verdad es que el color en la pintura siempre impone el plano, tiende a destruir
una gran parte de lo representativo volum étrico, y busca su realidad bidim ensional
m anifestándose como un vehículo de transform ación de las leyes clásicas de la pin­
tura.
•
Si el idealismo no hubiera impuesto a la filosofía del arte las normas sentim entales o
m etafísicas, Hegel habría previsto el desarrollo de la pintura de acuerdo a un menor
grado sentim ental, y una afirm ació n de su verdad objetiva en relación a lg pnmgcíg
de su m aterialidad y no al desprecio de ella.

�FRAGM EN TO DEL C A P IT U LO

V

El problema "d in ám ico " en la pintura futurista no es una cuestión inaudita, pero sí un
planteam iento que conmueve el campo visual del espectador, afirm ando de hecho un
nuevo elemento abstracto a la pintura, como lo será la pura ilusión dinám ica. Y si te ­
nemos en cuenta que esto sólo será logrado mediante los clásicos elementos m ateriales
de colores y form as, cabe preguntarnos qué nueva experim entación objetiva o de lo con­
trario qué metamósfosis han recibido éstos en la práctica creadora. "N uestro creciente
anhelo de verdad no puede satisfacerse con la forma y el color tal como ellos fueron
concebidos hasta h o y", han escrito los pintores futuristas en 1910, al reproducir en el
lienzo, con esas formas y esos colores, la sensación dinám ica. En sum a, colores y formas
desvirtuados en la práctica igualm ente hacia un fin aparente.
Los problemas del color, tema del presente libro, no superan en el futurismo algunas
experiencias anteriores, especialm ente neoimpresionistas. Como éstos, han repetido que
"la s sombras que nosotros pintemos serán más luminosas que las luces de nuestros
antecesores", y que "h oy no puede e xistir pintura sin divisionism o. El divisionism o para
al pintor moderno debe ser un complementarismo innato". Esto se asocia a una cons­
tante crítica de los métodos "p rim itivo s" del color plano, o contra el tono local.
Este com plem entarism o está condicionado por una composición dinám ica muy al margen
de una identificación con las zonas coloridas. Si es verdad que el futurismo, en cuanto
al problema de las form as, conmueve el viejo edificio del naturalism o subjetivo, sería
interesante investigar a fondo — lo hacemos en el libro sobre la estructura— el valor de
las etapas de superación y deform ación de los objetos representados, y su intención en
la historia del arte.
Han escrito los futuristas que "u n caballo corriendo no tiene cuatro patas, sino veinte,
y sus movimientos son trian g u la re s". En realidad, éstas serán cuatro, pero en m ovim ien­
to. Para nuestro punto de vista, si apuramos el caballo, éste no tendrá ninguna pata.
La cám ara fotog ráfica, en casos sim ilares, al registrar el movimiento registra una com ­
pensación, y la visión actúa con las mism as propiedades. A sí, un plano de color, que se
desplace en el espacio real, crea las m ism as condiciones visu ale s: un color en m ovi­
miento no es el mismo color, pero ese desplazam iento no puede representarse me­
diante una m ultiplicación.
La dinám ica no consiste en una m ultiplicidad del objeto, en su transform ación de c u a li­
dad a cantidad, sino a la inversa. Es así como las contradicciones del arte, que pueden
dilucidarse a la luz de una estética objetiva, están igualm ente contenidas en el futu­
rismo.
FRAGM EN TO DEL C A P IT U LO VI
Los propósitos para superar definitivam ente los viejos problemas de la visión, me han
impuesto la necesidad de experim entar directam ente sobre la realidad, para compro­
bar que no es suficiente la abstracción de los objetos volum étricos o representados pa­
ra conquistar una realidad plana. El color m erecía nuestra fundam ental atención en
los problemas de las dim en*iones y del llamado fondo. Igualm ente debía aquel cons­
titu ir un todo con la form a plana y ser en la práctica una m ateria de estructura con­
creta.
En nuestras experiencias para condicionar la nueva visión en la pintura plana, hemos
comprobado que no hay colores de valores visuales análogos en form as invariables o
iguales. El ajusto del plano nos ha puesto al desnudo los resortes de numerosos fenó­
menos ilusorios creados por la superposición y la yuxtaposición. La penetración del
color en el plano creando espacios frontales es uno de los más característico s.
La claridad de los medios y los fines en el arte abstracto, no ha sido, precisam ente, el
resultado de estas búsquedas y prácticas no representativas. Cuando los cubistas em ­
plean diversos m ateriales para sus composiciones, no aportan a la pintura nada e fe c ti­
vam ente concreto, pues sólo introducen con ello un sentim iento asociativo, poético y e x ­
presivo. El mismo inconveniente se presentará luego a los pintores del "B a u h a u s" y con­
tinuadores hoy en día, los que, como veremos más adelante, con sus elementos uni­
versales no han hecho posible el equilibrio plano. Con esto vemos que no es suficiente
plantearse la no representación para lograr ya un arte no expresivo y no representati­
vo, y que una pintura bien puede dejar de ser una representación del mundo objetivo
sin lograr por eso ser ella misma un objeto.
La conquista de la nueva realidad está, en la pintura, circunscripta a la conquista del
plano. Toda sugerencia, toda espiritualidad, toda expresividad m usical, o signo, o ilu ­
sión espacial, será logrado en menoscabo de una sola realidad, de una sola verdad ob­
je tiv a : el plano. Con las m ism as propiedades con que la pintura se introduce en la
m úsica, lo hace en la escu ltu ra; pues, trotándose de la u tilizació n del color en obje­
tos tridim ensionales, éste será tan variable y tan incontrolable como variab le será el ob­
jeto debido a la m ultiplicidad de puntos de vista. El color no es un elemento que pueda
juzgarse m aterial en form as tridim ensionales espaciales. La pintura-escultura a ca b a ­
ría por invadir y degenerar la propia arquitectura y sus medios específicos funcionales.

Presentamos en el diagrama cuatro colores en su valor visual plano. Lo apreciamos pri­
meramente en su cantidad, por la dimensión de la forma, y luego en su cualidad, por el carác­
ter de las formas.

los colores, “las formas que éstos representan”, como dijo Apollinaire. Estas formas que los colores representan, lógicamente no po­
dían obedecer: a una estructura de valores exclusivamente visuales,
sino anímicos. Y este animismo y espiritualismo cromático ha sido
desarrollado por Kandinsky, uno de los primeros pintores abstractos,
en un orden cósmico y musical de expresión plástica, postulando
una escala mística de los valores cromaticos no muy alejada del
símbolo de la edad media. Así, el planteamiento óptico de Kan­
dinsky continúa encerrando una contradicción. El concepto psico­
lógico y asociativo del color inaugura, con este pintor y teórico del
arte abstracto-concreto, una nueva faz, siempre dentro de los lími­
tes de “la forma sobre la tela”.
El aporte más valioso del cubismo al color consistirá en la reinte­
gración del tono local, y en la importancia que para ello significa
su alcance logrado en la estructura racional no representativa
orientada a la conquista del cuadro objeto. Por el contrario, el fu­
turismo significa un problema netamente de formas, que se mani­
fiesta por una dinámica de éstas con las mismas caracterís­
ticas con que el neoimpresionismo desarrolla la dinámica de la luz.
En cuanto al color, el futurismo irracional no logra hacer más que
repetir viejos conceptos.
Así, esta pintura se aparta, como movimiento, intuitivo y subjetivo,
apoyándose en Nielzsche y luego en Bergson, de todo progreso
tendiente a superar el dualismo y unificar forma y color.
Hoy, los retornistas desarrollan la teoría de la profundidad cro­
mática, aérea o plástica, de la profundidad física o espiritual. Pero
en los dominios del color se debió, necesariamente, responder con
un desarrollo al materialismo, dado el grado de superación alcan­
zado por las formas propiamente dichas.
Resumen del capítulo VI

La historia de la pintura no es más que la historia del desarrollo de
nuevas y sucesivas condiciones para la visión. El factor primordial
de este proceso estará dado por la necesidad de superar la contra­
dicción entre la visión real del muro arquitectura, del plano, y el
mundo ficticio de la profundidad tridimensional aparente del arte.
La psicología ha permanecido al margen de esta experiencia plás­
tica objetiva, aunque las desviaciones en los resultados y medios de
la pintura han permitido su intromisión. Solo una nueva orienta­
ción de la estética práctica puede superar los problemas del ángulo
visual y el fondo latente en la pintura representativa, la contra­
dicción entre el ojo inmóvil y el ojo móvil.
La psicología de la forma y la percepción y síntesis en las investi­
gaciones actuales no plantean para el arte ninguna solución, y po­
dremos pensar que solamente el advenimiento de una psicología con­
creta, que involucre ya al hombre y al medio y no detenga sus con­
sideraciones científicas en el solo mecanismo de las sensaciones ais­
ladas, podría condicionar objetivamente la sensación colorida come
materia estructurante.
Si la actitud del espectador transforma las percepciones visuales,
la experiencia del perceptismo en el campo de la nueva visión ha
orientado una relación entre el hombre y el objeto artístico, entre
lo estático bidimen-’ional de la obra y lo dinámico tridimensional
del espectador. No ha interesado al perceptismo como pintura la
“visión interior” y refleja, ni el objeto estético como fruto del ins­
tinto representativo o imaginativo.
La pintura abstracta y concreta no ha logrado aún condicionar una
realidad plana, porque en todos los casos, sin excepción, donde ha
existido color han subsistido los viejos problemas del mismo. Así
vemos el problema latente de las estructuras neoplasticistas de
Mondian, a pesar de sus esfuerzos en superarlos mediante los
planos en color y en no-color; perduran en el sincronismo basado en
los puros colores del espectro y hasta en los finos brazos coloreados
»de Vantogerloo y los trabajos de Max Bill (sus pinturas) que con
su postulado espiritual del arte como incursión a lo infinito da un
nuevo carácter, y no precisamente materialista, al concepto hegeliano de la pintura como “forma sensible de la idea”, como apa­
riencia.
La pintura tiene un límite, el visual. Pese a los idealistas, que
especularon con la abstracción de la belleza, alií termina toda su
realidad, y por eso, toda su belleza, toda su razón de ser. De la
estructura y creación de una realidad coplanaria emana su función
con el hombre y el medio, y no por procesos de otra índole.
El color ha merecido para el perceptismo una investigación en su
existencia plana y bidimen donal. Aquel debió constituir un todo
con el carácter de las formas visibles y ser en la práctica Un
elemento de estructura concreta. Para este fin ha sido desechado
todo concepto platónico y socrático que otorga a ciertas formas geo­
métricas y a ciertos colores belleza en si mismos.
Se comprende que, socialmente, el arte no es un fenómeno sino una
función. No es pasivo sino activo.
Resumen del capítulo V il

Una de las lagunas fundamentales en la crítica subjetiva y las es­
téticas idealistas consiste en el concepto metafísico sobre los ele­
mentos de la pintura. Algunos cientificistas que dan por descon­
tada toda posibilidad de que éstos no sean otros que los colores y
formas, lo desvirtúan en la crítica reconociendo una práctica del
arte extraña a toda materialidad de color y forma.
Preguntemos a los viejos y nuevos idealistas del arte cuál es el
material y cuál el elemento de la pintura, si el lienzo o el muro,
los objetos representados o las formas abstractas, los contenidos
subjetivos o los contrastes anecdóticos, el color o las proyecciones
sentimentales, y sostendrá que “con elementos determinados se
llega a un fin indeterminado”. La materia y los medios visuales
son entonces nada más que un medio determinado cuyo fin práctico
indeterminado obedecerá a la pura intuición. Es así como Worringer sostiene erróneamente que “en lo moderno sólo hay un nuevo
material”, el fin es el mismo. La belleza, la llamada esencia del arte,
está separada entonces del sus elementos materiales.
Muchos fijan elementos de la pintura en los objetos representados:
casas, árboles, hombres, animales (elementos sólidos), nubes, hu­
mo, niebla (elementos menos sólidos). Para los defensores del arte
figurativo actual, los retornistas, el elemento de la pintura y del
arte en general es la vida misma expresada en toda su amplitud
(Kemenov), cosa que Lipp ya había señalado otorgando cualidad
ideal simbólica al elemento vital de la pintura, mientras “el material
implica visiblemente una detei-minada negación estética”. Fechner
ha llegado a especificar para el arte elementos psicológicos.
Severini dice que el elemento del arte es el sujeto. Para muchos
es la línea y para otros el diseño. El “Bauhaus” ha fijado varios
“elementos universales” para las artes visuales, consistentes en for­
mas ya conocidas y algunas primitivas, la circunferencia, la barra,

�Diagrama de los colores, elaborado por Kandinsky.- Con estas ar­
monías, a simple vista comunes y semejantes a las de muchos fí­
sicos, este pintor sostiene un simbolismo místico del color no muy
alejado del concepto de la edad media.

FRA GM EN TO DEL C A P IT U LO

V il

Las leyes de construcción pueden en muchos casos no depender directam ente de su
m aterial propiam ente dicho. Este puede va ria r, podemos prescindir de parte del
mismo y substituirlo, pero no podemos substituir en la pintura un elemento material
visual sin que el todo se m odifique. En la ciencia, este fenómeno es probado por el
hecho físico. En el elemento material está el concepto, la realidad.
El color no ha de v a ria r en su form a aunque las dimensiones varíen en su totalidad,
pero sí lo hará si va ría el carácter de la forma o el color que la circund a, o si este ú l­
timo perm anece inalterable m ientras la totalidad va ría . Tam bién en la física , la de­
form ación de un cuerpo m odifica la distribución de una corriente e lé ctrica ; y la v a ­
riabilidad del color en el plano es perfectam ente controlada y relacionada, en el per­
ceptismo, por el enlace que la nueva estructura otorga a las form as.
Se podría objetar el fenómeno producido por la radiación del color, hacia el exterior
del borde que lim ita el plano; pero esto, en nuestro caso, no solo está perfectam ente
controlado, sino que es parte funcional en las relaciones.
Estas verdaderas aureolas
coloreadas, que se presentan como fenómeno visible y sobre las que tanto se ocupó
Goethe en su Teoría, influyen sensiblem ente en las form as abstractas hasta el extrem o
de a lte ra r sus dimensiones y originar su desplazam iento. Pero será nuestra considera­
ción del medio, superando en la p ráctica las lagunas de la psicología de la forma, la
que logre el plano concreto, absoluto.
Es así como, entre un azul 1 16,3 ya experim entado en su form a, está exp lícita esa a l­
teración del contraste, porque dicha form a no es aislad a, no es ella misma y separada
del medio, y lleva, adem ás, en la composición de su ca rácte r, la demanda precisa de
sus partes com plem entarias.
La psicología de la forma no ha abarcado estos problema en su totalidad al considerar
que una relación de color o de sonido m usical continúa siendo el mismo al ser tra n s­
portado a otro tono. Para nosotros, el todo, en estas condiciones, es una verdad re la ­
tiva. El todo es una percepción de relaciones que varían de acuerdo al medio. Y es
por esta causa que los estudios realizados sobre el color, tanto por los pintores preocu­
pados por su conocim iento físico, como por los investigadores del mismo en el campo
estético, no han alcanzado la debida solidez como para considerarlos positivam ente
objetivos.
Si nosotros queremos hab lar de un plano-color determ inado, lo haremos solamente
sobre la base de la totalidad de la obra como objeto. No podemos considerar las fo r­
mas a priori para exponer un color; de lo cual se deduce que el plano mencionado de
azul 1 16,3 es una parte aislada que para el lector nada dice de la objetividad de fo r­
ma y color. Si el objeto estético no es completo, los ejemplos presentados no dejarán
de ser em píricos para el valor crom ático. Si el color es parte activa y directa en la es­
tru ctura, este solo hecho supera toda ¡dea apriorística sobre sus medios de relaciones.
FRAGM EN TO S DEL C A P IT U LO V III
D elacro ix se ha aventurado a señ alar que "e l genio es el arte de coordinar las re la­
cio n es". Coordinar las relaciones es, verdaderam ente, la piedra ang ular de toda c re a ­
ción a rtística . Esta técnica, siempre renovada, que es la estructura misma y razón
de ser de la pintura, es lo que en todas las épocas ha constituido su factor inventivo,la medida de su belleza funcio nal.
¡
La creación, o la invención, en nuestro concepto, llega a plasm arse en planos colores
como valores no representativos ni expresivos, y dentro de los lím ites de la puram ente
plástico. A sí, llevamos a fe liz térm ino las palabras de Luppol cuando dice que " la s
verdaderas relaciones radican en el objeto mismo.
Las relaciones que se descubren
fuera de las cosas o las que ponemos en ellas no pueden crear b e lle za ".
Una form a, más que un hecho psíquico, es un hecho físico, un organismo. Una form a
es, al mismo tiempo, una parte y un todo compuesto, aunque no absoluto, sin una de
cuyas propiedades d ejaría de e xistir como parte o como entidad en los dominios del
arte. N uestra delim itación entre la im aginación pura y la invención se basa, lógica­
mente, en estos principios. Sí alguien ha dicho que "toda form a de la cual es im posi­
ble e xp licar la razón, no sería b e lla ", el perceptismo basa este racionalism o en el
hecho práctico y no en la especulación m etafísica.
Sabemos que el vuelo de lo im aginativo sólo actúa dentro de los lím ites del reconoci­
miento; sus elementos son netam ente abstractos y poéticamente subjetivos.
La in ­
vención será lograda, por el contrario, sobre el dominio de la técnica m aterial, del
método teórico-práctico para la conquista objetiva de los medios visuales de la pintura.
Es lógico que los defensores del arte como intuición del hombre, que circunscriben
los problemas estéticos al mundo subjetivo y al hum anism o in divid ualista, se
m anifiesten constantem ente enemigos de las técnicas y de las teorías demasiado es­
trictas. Sin embargo, en el perceptismo, la técnica logra su mayor relación con los
valores y los fines mismos del a rte ; y, para nosotros, son los medios técnicos los únicos
capaces de h um an izar la pintura.
M ediante numerosos procesos técnicos en la elaboración de objetos prácticos, supieron
los pueblos prim itivos deducir conceptos sobre la vida y el universo enteram ente opues­
tos al poder divino de la creación. A ctualm ente, lamentándose. Andre M a lra u x ha
expresado en un discurso que " la técnica moderna lleva fatalmente el arte hacia el
pueblo". Lle va r el arte al pueblo, no en su contenido representativo sino en su misma
esencia colectiva y universal, es la función otorgada por el perceptismo a los llamados
"excesos de teo rías" y a la técnica del arte.

(1) “El color en la pintura. Su investigación es tética objetiva".- Por Raúl Lozza. Editorial Diá­
logo (de próxima aparición).

Talleres “Optimus” - Diagrama

el triángulo, la espiral y otros. Max Bill ha escrito que “el elemento
de toda obra plástica es la geometría’’, y Mondrian los ha especi­
ficado en las horizontales y verticales, como signos representativos
de las fuerzas opuestas de la naturaleza. Hemos visto cómo para
Moholy-Nagy fué durante un tiempo la luz física (se apartó de ello
comprendiendo que podrían confundirse los medios con el fin) ; y
Del Marle y Gorin utilizan como elementos los rayos solares y el
espacio.
De todo esto, se deduce erróneamente que no existe un elemento
material, porque este y el fin del arte son cosas distintas; que
sólo existen elementos abstractos que no constituyen una realidad
material en el proceso creador e inventivo, sino un med'o cuyo fin
será su propia abstracción, una expresión.
Pero el perceptismo no selecciona elementos “a priori”, sino que
éstos son conquistados en la práctica misma, teniendo plena con­
ciencia de la finalidad como objeto para ser visto. Por ello, ni
siquiera el color puede ser considerado un elemento material de la
pintura mientras éste no sea experimentado en su correspondiente
forma plana, cuya invención surgirá del nuevo concepto de estruc­
tura. Así, no existen elementos universales para todas las artes, si­
no elementos materiales propios de cada una de ellas.
Las propiedades de los planos, su color y su forma, crean las re­
laciones del perceptismo como objeto independiente y funcional.
Resumen del capítulo V III
La estructura del perceptismo, por primera vez en la historia del
arte, crea relaciones aun para aquellos colores que, comúnmente,
no se relacionan entre sí; porque jamás se plantea aisladamente
un problema de color, de forma o de composición. Si V. le Duc ha
dicho que “toda forma de la cual es imposible explicar la razón,
no sería bella”, el perceptismo sostiene que toda forma que no es
funcional en su color no es concreta.
Carácter de forma y color local solo se conciban mediante una
estructura que no es agena al proceso mismo creador. La simetría
clásica es transformada por la nueva estructura perceptista en
equivalencias no de formas entre sí y colores entre sí, sino en re­
laciones de planos-color.
La acción deformante del color sobre la forma plana ha puesto en
crisis todos los viejos sistemas de estructuras geométricas y mate­
máticas, ya que el orden matemático de la geometría no se adapta
al carácter visual de las formas coloreadas. Con las matemáticas
podremos lograr una estructura abstracta de los grupos o los pla­
nos, de las partes y el todo; jamás una estructura funcional per­
ceptista. El símbolo matemático, del cual abusa hoy día gran parte
de la pintura concreta, deja igualmente fuera de control un su­
puesto contenido que afirma el nuevo dualismo del arte.
El espíritu de abstracción ha impulsado a los antiguos a inventar
la geometría, pero su aplicación al arte no ha evitado que trans­
curran desde entonces seis mil años para que la pintura se libre
de los restos representativos. Es que el arte se transforma sola­
mente con experiencias de un mundo vivido, y no de un mundo pen­
sado.
Antiguamente, antes de la era actual, sólo fué considerado como
gran arte aquello que podía regirse estrictamente por leyes ma­
temáticas. Este concepto platónico sobre el espíritu del arte ha per­
durado igualmente en la edad media, donde las estructuras basadas
en la geometría sirve a una función mística de la belleza. No costó
mucho a los renacentistas aplicar y desarrollar esas leyes geomé­
tricas y matemáticas a la nueva pintura humanista, como igual­
mente fué adaptada al neoimpresionismo 1 llamada “sección de oro”
perfeccionada matemáticamente por Zeising a mediados del siglo
pasado.
La “sección dorada” y otras proporciones son completamente inade­
cuadas y nocivas para la pintura no figurativa; y lo son igualmen­
te las nuevas geometrías noenclideanas cuando se las considera me­
cánicamente como elementos de la nueva pintura. Ellas no pueden
evitar, en el concepto general del arte, la metafísica de lo dscriptivo, como ocurre cuando el universo mental, infinito, pretende plas­
marse en un mundo visual, finito.
Para el perceptismo la geometría propiamente dicha será un
instrumento y no la expresión de imágenes; un instrumento para
condicionar a las leyes de la visión un objeto estético cuyos valores
serán concretamente visuales en sus medios y en sus funciones.
Todas las artes han especulado con el problema del espacio-tiempo;
no obstante, la pintura es un ai’te de espacio y no de tiempo, aun­
que la amplitud y libertad otorgada al espiritu por las nuevas
geometrías y matemáticas hayan entusiasmado a muchos pintores
abstractos que ven en ella, erróneamente, un elemento expresivo
para captar el espacio infinito; la cuarta y quinta dimensión para
la percepción real plana.
En la pintura, el espacio como tal sólo ha sido representado, aunque
el proceso técnico haya experimentado tres transformaciones fun­
damentales: el espacio aparente del Giotto sobre superficies rítmi­
cas, la profundidad lineal y aérea de la perspectiva, y el espacio
artificial de Mondriau, Nicholson y otros.
El perceptismo no representa ni cubre espacios, sino condiciona
espacios reales. Al superarse, con la nueva estructura, esa for­
mación primitiva de la totalidad que ha perdurado hasta hoy, el
color ha debido responder a leyes de valores cualitativos, conquis­
tar su naturaleza extensiva bidimensional indiscutible, su materia­
lidad como visión frontal plana.
Con el perceptismo la pintura no sólo es un objeto independiente,
en cuanto a representación, de los mismos objetos, sino que éste ha
sido transformado de objeto en sí mismo en objeto para el hombre.

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Haber, Abraham</text>
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FICCIONES	METROPOLITANAS	
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Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	
	
PAUL WESTHEIM Y MÉXICO EN LA CULTURA: Circuitos críticos, teóricos y
editoriales entre México y Alemania (1941-1961)
	
Natalia de la Rosa
Duke	University	
	Carolina	del	Norte
Resumen
Paul Westheim (1886-1963) fue uno de los críticos de arte más relevantes del siglo XX,
tanto de México, su segunda patria, como de Alemania, donde fue importante voz del
expresionismo y de las vanguardias artísticas entre las dos guerras mundiales. Este
trabajo ofrece un retrato de su pensamiento estético a través de su participación en el
semanario México en la cultura (1948-1961). Se parte de una selección de escritos tanto
de su periodo alemán, al frente de la revista Das Kunstblatt, como de su etapa mexicana,
en la que publicó sus principales libros y fue asiduo colaborador del suplemento cultural
dirigido por Fernando Benítez. Sus antecedentes como editor de las vanguardias le
permitieron establecer puentes conceptuales transhistóricos y transculturales; así, en
México pudo retomar temas de trabajo como la muerte y el grabado en madera, lo
mismo que sentar los fundamentos estéticos del arte prehispánico, y asimismo seguir
con atención el efervescente medio de la pintura mexicana del momento.
Palabras clave: Paul Westheim, Vicente Rojo, México en la cultura, arte moderno
mexicano, vanguardia.
This essay offers a research on Paul Westheim aesthetic thought through his
collaboration in the publication México en la cultura (1948-1961). Paul Westheim
(1886-1963) is one of the most important art critics of the XX Century, for Mexican Art
History, and for German art criticism, where he was an important voice of
expressionism and artistic avant-gardes, between the two World Wars. This text present
an analysis on a selection of his writings from both his German period, leading the Das
Kunstblatt magazine, and his Mexican stage, in which he published his main books and
was a regular contributor to this cultural supplement directed by Fernando Benítez. His
background as editor of the avant-garde allowed him to establish trans-historical and
transcultural conceptual connections. Thus, in Mexico he was able to rework themes
such as death and wood engraving, as well as laying the aesthetic foundations of preHispanic art, as well as carefully following the effervescent medium of Mexican
painting of the time.
Keywords: Paul Westheim, Vicente Rojo, México en la cultura, Mexican Modern Art,
Latin American Avant-garde.

	

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Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	

	
Introducción

El suplemento cultural México en la Cultura presentó en junio de 1953 el artículo
“Wilhelm Worringer. Abstracción y naturaleza”, firmado por el crítico de arte y asiduo
colaborador de este semanario del periódico Novedades, Paul Westheim, con motivo de
la traducción del libro al español realizada por la hispanista Mariana Frenk. En el texto,
el autor alemán descifró la teoría y el legado de Worringer para los estudios del arte: el
libro modificaba radicalmente las jerarquías de los valores estéticos y asumía este valor
no en el objeto, sino en la respuesta del espectador, “sólo hasta donde existe esta
proyección sentimental son bellas las formas”. (Westheim, 1953, p.1).
Esta reseña es significativa por varias razones. Una de ellas porque remite
directamente a la cercanía que existió entre Worringer y el personaje. En Berlín, durante
las primeras décadas del siglo XX, Paul Westheim fue alumno directo del autor de La
esencia del estilo gótico. Nadie mejor que su discípulo para reiterar la importancia de
Worringer al contexto mexicano. Además, esta breve reflexión daba cuenta de la
adaptación que el propio Westheim había hecho a los conceptos de su maestro en el
exilio, ya que recuperaba en el artículo las tesis del historiador del arte para explicar la
producción artística del México antiguo: “¿habrá acaso algún lector mexicano a quien el
pasaje siguiente con que Worringer ilustra su tesis, no evoque a Teotihuacán; a quien no
le recuerde la voluntad de arte manifiesta en la grandeza del arte teotihuacano?”
(Westheim, 1953, p.1). Con este tipo de acciones, Westheim anunciaba la radicalización
a dicho modelo por medio de una apertura geográfica y temporal.
Esta investigación analiza el trabajo de Paul Westheim como editor de la revista
vanguardista de la República de Weimar, Das Kunstblatt (Revista de arte, 1917-1933),
y como colaborador del semanario cultural, México en la cultura (1949-1961). Al tomar
a Westheim como el eje del argumento, se busca entender cómo este personaje llevó y
reactivó conceptos y metodologías desarrollados en la revista europea, a las páginas de
la publicación mexicana durante las primeras décadas de la posguerra, mientras escribió
para este suplemento, entre 1948 y 1961.
Al dar seguimiento a esta línea editorial, es posible mostrar un modelo
explicativo del arte moderno mexicano alternativo, alejado del relato canónico de la
historia del arte local, establecido por personajes como Justino Fernández.1 Dicho
modelo fue propuesto por Westheim al reinterpretar la teoría del arte alemán en este
otro contexto durante los años que vivió y trabajó en México (1941-1963). Es decir, se
trata de evidenciar la existencia de un relato, como señala José Emilio Burucúa (2016),
neo-nietzscheano, contra-historicista y psicológico-antropológico por la escuela a la que
remite, puesto en marcha por uno de sus protagonistas. Los conceptos y estructuras de
análisis que Westheim exhibió, permiten establecer nuevas consideraciones sobre
																																																								
1	 Claudia Garay Molina ha trabajado los debates entre Paul Westheim y Justino Fernández. Garay
demuestra la forma en que los estudios formalistas dedicados al arte prehispánico, en específico sobre la
figura de Coatlicue, o a pintores modernos como José Clemente Orozco, disienten de lo propuesto por
Westheim. Este enfrentamiento intelectual tuvo como resultado un alejamiento del crítico alemán de la
academia mexicana. Por ejemplo, a pesar de que sus escritos sobre arte antiguo son reeditados y
bibliografía obligada, en el caso de sus estudios sobre arte moderno, no existe un estudio o compilación
de sus textos críticos. Cfr. Claudia Garay Molina, “Paul Westheim y Justino Fernández. Dos visiones del
arte mexicano” en Paul Westheim. El sentido de la forma, México: Museo de Arte Moderno, 2016.

	

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producciones de imágenes pero, en mayor medida, ofrecen la posibilidad de asumirlas
como símbolos abiertos y como objetos con estructuras espacio-temporales activas.

	

En Alemania, el trabajo intelectual de Paul Westheim, además de mostrar la
impronta de los trabajos de Worringer, funcionó como receptor directo de la Escuela de
Viena, a través de la figura de Alois Riegl (1858-1905), de su texto Problemas de la
forma, y de sus disertaciones sobre el estilo, la forma, y el barroco, como puede notarse
en el párrafo anterior al hacer uso del término “voluntad de forma” (Kunstwollen)
Asimismo, Westheim fue un historiador paralelo a la Escuela de Hamburgo, compuesta
por Ernst Cassirer, Aby Warburg y Erwin Panofsky. (Levine, 2013). Sobre este segundo
caso, Westheim, judío ortodoxo, coincidió en un acercamiento neo-kantiano en el
estudio de la cultura. En el caso de Cassirer, durante el exilio en México, la categoría de
“forma simbólica” de corte filosófico-antropológico (Burucúa, 2016) fue fundamental
para que Westheim desarrollara un estudio sobre el arte antiguo en este nuevo contexto.
Uno de los referentes neo-kantianos que le permitieron realizar esta
transposición del arte antiguo al contemporáneo, vinculado al Kunstwollen, fue el
Vorstellung. Cassirer explica este concepto: “Kant hizo uso del concepto de Vorstellung
y Darstellung típicamente para traducirlos como ‘representación’ y ‘presentación’,
respectivamente. Ambas palabras son construidas por medio del verbo stellen (tomar
lugar y hacer que algo esté en pie) [...] Vor-Stellung, por tanto, significa colocarse
‘antes’ o ‘delante’ (Vor-). [...] La forma reflexiva del verbo, sich vorstellen, significa
representar o imaginar algo”. (S.G. Lofts y A. Calcagno, 2013). Con ello, se enfatiza la
acción de la mirada como la idea sólo en conexión con el ojo, y como Kant señaló en la
Crítica de la razón pura, la representación siempre está ligada a una posible
experiencia, donde el objeto existe sólo después de ser pensado. (S.G. Lofts y A.
Calcagno, 2013).
En el caso de Warburg, Lina Báez plantea también un acercamiento directo con
los postulados de la Bildwissenschaft (ciencia o conocimiento de la imagen).2 En este
sentido, Westheim y Warburg hicieron uso de las imágenes como parte de su
metodología de trabajo, y también como parte de su vida cotidiana, siendo ambos
grandes coleccionistas de ellas. Esto queda claro en el trabajo de montaje que realizó
Westheim durante sus años de trabajo en México en la cultura, como se verá más
adelante, ya que, ante la imposibilidad del coleccionismo que ejerció en Alemania, al
perder sus más de 4,000 obras de pintura y gráfica en manos del gobierno nazi, las
fotografías que rescató y sumó en México, funcionaron como un “Atlas” que le permitió
poner en marcha una yuxtaposición, elaborada para relacionar temas y hacer evidente
sus vínculos, con el fin de que, como en el caso de Warburg, dieran “cuenta de su
gestación, transmisión y transformación.” (Báez, 2010, p.175). Ambos autores se
preguntarán constantemente sobre el nacimiento de la forma, a la que verán como una
necesidad de expresión. Por tanto, coinciden en cuestionar, en términos de la
psicofisiología, cuál es el proceso de la generación de la imagen en el hombre. (Báez,
2010). Este punto es fundamental para entender porqué Westheim fue uno de los
																																																								
2	Esta

relación fue descrita por la autora en las mesas de reflexión llevadas a cabo en el Museo de Arte
Moderno de México en el marco de la exposición Paul Westheim. El sentido de la forma, llevadas a cabo
el 20 de agosto de 2016.

	

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ideólogos del expresionismo.

Existen estudios que han enfatizado la relación el proceso de trabajo de
Westheim en Europa y la adaptación de sus escritos hacia los casos mexicanos.3 No
obstante, esta investigación se concentra en su trabajo como crítico en una publicación
concreta. El objetivo de este trabajo es presentar una forma de reactivación de estos
referentes teóricos a partir de la serie de artículos que Paul Westheim presentó para
México en la cultura, los cuales son vistos como extensiones de un programa estético.
El argumento central del ensayo busca exhibir cómo fue en este semanario, y debido a
su colaboración con el equipo de Fernando Benítez, en el que se encontraba el joven
pintor y diseñador Vicente Rojo, que Westheim logró construir un complejo narrativo
alterno por medio del montaje de fotografías, el cual tradujo de manera visual los
conceptos descritos en el texto. Este entramado generaba una reacción inmediata en el
lector, ofreciendo una síntesis icónica que remite al contenido del escrito. Por medio de
este análisis, se presenta un comentario específico sobre la relación entre crítica y teoría
a partir de un ejercicio narrativo-visual.

Das Kunstblatt: El pensamiento crítico de la vanguardia
Paul Westheim nació en Eschwege, Alemania en 1886. A pesar de la importancia que
tuvo tanto para el desarrollo del arte moderno alemán y de la teoría del arte mexicano,
su figura no forma parte del discurso historiográfico hegemónico, y pocos historiadores
han dedicado trabajos a su pensamiento.4 Juan Adolfo Vázquez fue de los primeros
historiadores en realizar un recuento biográfico sobre el autor, ya que dedicó un texto al
autor tras su muerte, ocurrida en Berlín en 1963.5 Vázquez destacó el sentido de sus
escritos sobre arte precolombino en México y reiteró que representaban la unión de dos
modelos de estudio, uno que comenzaba a desarrollarse en torno al arte antiguo, y otro
modelo teórico estético representado por la escuela formalista alemana. El autor explica
cómo Westheim estableció un aspecto que no se había planteado en textos anteriores
sobre dicha problemática, como lo representaban el estudio de Eulalia Guzmán
																																																								
3	 Destaca

el estudio de Peter Chametzky que refiere al problema del intelectual en el exilio: Peter
Chametzky, “Paul Westheim in Mexico: A Cosmopolitan Man Contemplating the Heavens”. Oxford Art
Journal, Vol. 24, No. 1 (2001), pp. 25-43.		
4	 Destaca el trabajo realizado en Alemania: Lutz Windhöfel, Paul Westheim und Das Kunstblatt. Eine
Zeitschrift und ihr Herausgeber in der Weimar Republik, Colonia-Weimar, Ed. Böh-lau, 1995. En el caso
mexicano dos ensayos dan cuenta de su impacto en el estudio del arte mexicano: Durdica Segota, Paul
Westheim (1886-1963). Expresionismo, un potencial universal” en Rita Eder (coord.), El arte en México:
autores, temas, problemas, México: Fondo de Cultura Económica/Consejo Nacional para la Cultura y las
Artes, 2001, pp.321-422 (Colección Biblioteca Mexicana) y Rita Eder, “Benjamin Péret y Paul
Westheim: Surrealism and other Genealogies in the Land of the Aztecs”. Surrealism in Latin America:
Vivísimo muerto, Los Angeles: The Getty Research Institute, 2012. En el 2016, el Museo de Arte
Moderno de México presentó la muestra Paul Westheim. El sentido de la forma con curaduría de Natalia
de la Rosa y Gonzalo Vélez.
5 Paul Westheim se encontraba de regreso en su país natal, a donde regresó después de dos décadas de
estar fuera de Europa.

	

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“Caracteres esenciales del arte antiguo mexicano” de 1933, o los acercamientos de
Salvador Toscano, con “La estética indígena” de 1944 y el “Arte antiguo” de 1946, al
plantear la condición estética de estos objetos. A pesar de utilizar los trabajos de
Guzmán y Toscano como fuente y referencia, Westheim indicó en su primer libro, El
arte del México antiguo (1950), que su proyecto buscaba “captar fenómenos artísticos
desde sus fundamentos espirituales y psíquicos”. (Vázquez, 1964, p.617). De esta
forma, Vázquez introduce la línea teórica de Westheim, iniciada con sus estudios en
Historia del arte en la Escuela Superior de Darmstadt, y que continuaría después como
alumno de Heinrich Wölfflin y Wilhelm Worringer en la Universidad de Berlín. Esta
línea de estudio y pensamiento fue aplicada por Westheim a través de la dirección de las
revistas Das Kunstblatt, Die Schaffenden (1917-1932, Los creadores), y de la serie
Orbis Pictus. Weltkunst-Bücherei, relevante por la presentacion de monografias de
artistas y temas universales del arte, con la cual abrió el panorama a casos como al arte
oriental, africano y americano.6 (Vázquez, 1964)
Sin duda, una de las características de Paul Westheim desde sus años de labor en
la República de Weimar radica en que, las indagaciones que el historiador del arte
realizó al método de Worringer, se centraron en pensar la contemporaneidad desde la
vinculación y promoción de la vanguardia alemana, centrada en el expresionismo y la
bauhaus, siendo este punto el aporte fundamental de Westheim a dicha teoría. Es decir,
el autor describió la aparición de formas nuevas en la pintura, la escultura y la
arquitectura, en relación directa con otras manifestaciones culturales, tomando en cuenta
los casos del pasado artístico europeo, en especial alemán, pero también refirió a
culturas y prácticas de expresión no-occidentales o populares. Si bien Worringer
mantuvo cercanía a las vanguardias, debido en gran parte al interés que sus propios
actores mostraron al acercarse a él, como fue el caso de Vasili Kandinsky, Paul
Westheim abrazó desde el expresionismo una postura crítica que buscó en el pasado la
explicación, significación y respuesta al presente. Su actitud como intérprete de
prácticas culturales vigentes y de la renovación formal a partir del quiebre de las
jerarquías artísticas que propuso su maestro, abrió el camino a que Westheim
entremezclara distintos campos de conocimiento, entre ellos: la arqueología, el arte
popular, la antropología y el arte moderno, disciplinas que son pensadas por Westheim
como prácticas vivas y como respuestas de actores dinámicos. Un ejercicio reflexivo
elaborado bajo estos términos fue el libro Architektonik des Plastischen (Plástica
arquitectónica, 1923), en el que Westheim yuxtapuso imágenes de construcciones
clásicas y ejemplos de tecnología científica, con la escultura y arquitectura moderna
alemana. No obstante, fue la revista Das Kunstblatt, hecha en colaboración con Carl
Einstein, en paralelo a la organización de Europa! Europa?-Almanach (1925), también
realizada en colaboración con Einstein, donde Westheim pudo desarrollar un programa
de producción más amplio y con mayor impacto. La aportación de Einstein a la teoría de
la vanguardia se aprecia en la publicación de Negerplastik (Plástica negra, 1915), libro
que subraya la importancia de la escultura negra para el desarrollo del cubismo, y en el
																																																								
6	Sobre

este aspecto, Vázquez remite como antecedente el escrito sobre arte de la India presentado por
Paul Westheim para esta colección, debido a que fue la primera vez que su análisis era basado en la
relación entre religión y arte. Además, recordó que en esta misma Orbis Pictus, Westheim había dirigido
la edición del caso mexicano, a cargo de Walter Lehman.	

	

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caso de Westheim, este diálogo logró consolidar su método de explicación del arte
moderno en términos de la psicología-antropológica. Por tanto, el aporte de Westheim a
la teoría alemana desde su incorporación a la vanguardia, fue el uso del concepto
Vorstellung, el cual enfatizó el sentido psicológico en la constitución de la forma, y
cuyo argumento fue puesto en marcha de manera gradual en esta revista y por medio de
ejemplos contemporáneos del arte alemán.
La fundación de Das Kunstblatt inaugura una apertura crítica sobre la
vanguardia. El expresionismo visto desde la mirada de Westheim era ante nada una
propuesta teórica sobre el presente. En este proyecto, Westheim se dedicó a exponer
continuamente y de forma inmediata, el desarrollo artístico de personajes como
Wilhelm Lehmbruck, Oskar Kokoschka, George Grosz, Paul Klee, Marc Chagall,
Edvard Munch, Max Pechstein, Otto Dix, Bruno Taut, Walter Gropius y Hans Poelzing.
El estudio presentado en estos espacios se encargó de referir varios aspectos: la
alternativa de la forma dinámica (alejada de la línea clásica albertiana) en el
impresionismo, el postimpresionismo, el cubismo y el expresionismo; la actualización
temática, formal y material en las obras expresionistas de otras producciones icónicas
del pasado, como lo eran el grabado medieval o la escultura gótica; y el desarrollo
simbólico de la forma a través de su relación con contextos culturales.
El exilio en México y la radicalización del método
Los trabajos críticos de Paul Westheim en México fueron concebidos como respuestas
ante el ataque que los nazis llevaron a cabo en contra de la vanguardia desde 1933, año
en que el intelectual huyó de Alemania hacia Francia después de la llegada del nazismo
al poder. Fueron justamente los artistas que defendió y este recurso de transposición
teórica para explicar el arte, lo que fue llamado en el Tercer Reich “arte degenerado”
(Entartete Kunst). La continuidad y la reestructuración del modelo iniciado en Europa
dieron la oportunidad a que Westheim tuviera un nuevo comienzo en México y, sobre
todo, que construyera un nuevo bastión que le permitiera reconstruir lo perdido por
medio de una reformulación crítica.
Además de ser un propagador del expresionismo en México, como lo llamó Ida
Rodríguez Prampolini, (Dúrdica Ségota, 2001) este autor representó la lucha por la
defensa y la libertad del arte. En el primer momento de censura, persecusión y
allanamiento a su biblioteca y colección, Westheim respondió con la denuncia, como lo
exhiben sus trabajos referentes al arte denigrado, pero también los relatos de sátira al
nazismo que hizo como refugiado en Francia, Heil Kaddslatz (1936) y Rassenschande
(1935), término aplicado por los nazis para referir las relaciones amorosas entre un judío
y un ario, acto que era penado severamente. (Von Hanffstengel y Tercero Vasconcelos,
1995). En palabras de su traductora y compañera Mariana Frenk, “criticó
implacablemente, como muy pocos, la ideología artística del régimen nacionalsocialista,
cuya política cultural había impuesto el anatema del ‘arte degenerado’ a las
producciones de muchos de los artistas que él había apoyado.” (Mariana FrenkWestheim, 2005). Es posible encontrar una continuidad de estas mismas imputaciones
en muchas de sus críticas presentadas desde México, como la que presenta en el texto
“La pintura perseguida”, de 1960, dedicada a su colección perdida, la cual contaba con
obras de Oskar Kokoschka, Otto Dix, George Grosz, Max Pechstein y Alexander
	

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Calder. Por tanto, su crítica siempre un arma de denuncia, tanto de los actos vividos en
la Alemania del Tercer Reich, como de las consecuencias del ocaso de la Modernidad
tras las dos guerras.
Al llegar a México, después de la segunda expoliación a Paul Westheim
organizada por la Gestapo en París, presentó como primer obra El pensamiento artístico
moderno (1945). Es muy conocida la anécdota que Westheim contaba sobre su primera
visita al Museo Nacional en 1941. En esta misma ocasión exploró el edificio de la
Preparatoria Nacional y apreció los murales de José Clemente Orozco. El encuentro
entre dos manifestaciones artísticas distintas, pero características del arte local,
anunciaron el interés y vuelco que tendría Westheim en los siguientes años, en los que
analizaría ambos casos, el arte precolombino y el arte moderno, no de forma separada,
sino como manifestaciones entrecruzadas. Con ello, demostró que el método de
Westheim permitía pensar estas manifestaciones, no como derivativas de un modelo
hegemónico, sino paralelas y complementarias.
El crítico interpretó a los artistas contemporáneos bajo las nociones del arte
imaginativo, el movimiento, la abstracción, el arte popular, los estudios cromáticos y,
por supuesto, la forma expresiva, todas ellas asumidas como contrapuntos, alternativas y
extensiones del proceso vanguardista del que fue partícipe. De forma paralela, Paul
Westheim se acercó al arte precolombino poco después de su llegada a México. Escribió
el ensayo “El textil del arte antiguo” (1948) y de inmediato presentó Arte antiguo de
México (1950), al que le siguieron varios títulos más. Para llevar a cabo dichas
investigaciones, el autor se sirvió de material visual diverso y de colecciones
específicas. Además de las visitas a los emplazamientos más significativos, recurrió a la
colección de lo que era el Museo Nacional de México y a acervos privados, entre los
que destacan los de Kurt Stavenhagen, Diego Rivera y Mathias Goeritz. Asimismo,
estos estudios le permitieron colaborar de nueva cuenta con Ernst Rathenau, otro
importante editor de las vanguardias alemanas que emigró.
Este primer libro publicado en México resultó un compendio de pequeños
artículos dedicados a artistas europeos, sin embargo, funcionó también como un primer
esbozo en la nueva etapa de labor intelectual de Westheim, ya que el nombre de Orozco
hizo aparición en el texto. La mención hecha al muralista fue realizada dentro del
apartado dedicado al expresionismo, donde equiparó el mural de San Ildefonso con la
obra del alemán Franz Marc:
Cuando Franz Marc pinta el cuadro Lobos, lo importante, en cambio, para él es
evitar ese rodeo, es expresar directamente el sentimiento y arrebatar al espectador
(como Orozco en el fresco de la Escuela Nacional Preparatoria, cuando trata de
expresar la idea de “juventud”, caracteriza con unas cuantas líneas lo revoltoso, el
espíritu conquistador de los cielos; el impulso de la juventud, que traspone
montañas). El carácter del lobo, para Marc, se reduce a un empuje, a una avidez, a
un enseñar los dientes; y queda comprimido (lo mismo que en el fresco de
Orozco) en unas cuantas líneas que encierran en sí justamente este enseñar los
dientes del lobo. (Westheim, 1945, p.15)

A partir de este paralelismo, Westheim inauguró una segunda alternativa al modelo
crítico que llevaría a cabo en el contexto mexicano, tendiente a reconocer en la pintura
moderna local las semejanzas, pero también particularidades, con respecto a la

	

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vanguardia europea. Para Westheim, México era un espacio de desarrollo vanguardista
y pensó en todo momento, en las vinculaciones y particularidades, y jamás realizó estas
relaciones entre artistas europeos y mexicanos como desde una mirada derivativa.
En el prólogo de su primer obra al castellano, el crítico refirió a su situación
política y explicó que la publicación de la pequeña monografía era sumamente
relevante. Después de servir como voluntario del ejército francés, Westheim perdió un
ojo y en México pudo reparar el daño con una intervención quirúrgica, que de no
realizarse a tiempo habría tenido consecuencias fatales para un historiador del arte. Era
la primera vez en diez años que al crítico se le permitió presentar un trabajo en forma.
Había participado en ediciones apoyadas por la Unión de Artistas Alemanes en París,
pero sólo hasta la llegada a México pudo poner en marcha toda su maquinaria creativa y
dar un giro a sus intereses. De modo paralelo, Westheim recuperó parte de su biblioteca
y buscó noticias sobre su colección extraviada, otro acto que demuestra su interés por
ejercer justicia desde su nuevo hogar.
En 1976, una década después de la muerte de Paul Westheim, Mariana Frenk se
encargó de ampliar esta versión de El pensamiento artístico moderno y de distribuir el
libro, ya que la primera edición de 1945 no la tuvo. Frenk logró transmitir de modo
inigualable la consolidación del modelo de Westheim para el análisis del arte moderno
mexicano. Tal y como hizo a lo largo de dos décadas en sus artículos de Hoy!, La
cultura en México, la Revista de la Universidad y, en mayor medida, México en la
cultura, los textos combinaron reflexiones que describen diversos tópicos del arte bajo
una explicación que incluye al mismo tiempo artistas europeos y mexicanos. Este modo
de argumentación tenía dos virtudes, ya que por una parte permitió mantener viva la
crítica que se vio interrumpida por el exilio y, por otra, mantuvo la condición funcional
de esa crítica, al dar cuenta de la creación artística más inmediata. De este modo, se
evidenció de forma absoluta el modo en que Westheim dio cuenta del arte mexicano y
los nombres que le fueron fundamentales: José Clemente Orozco, Carlos Mérida,
Rufino Tamayo, Gunther Gerzso, Chucho Reyes, Pedro Coronel, Alberto Gironella,
Lilia Carrillo, Juan Soriano, Vicente Rojo y Alvar Carrillo Gil.
Para llevar a cabo esta reformulación, Westheim revivió también el diálogo que
mantuvo en sus años de juventud con Carl Einstein, sumando además las referencias a
Rudolph Otto, Ernst Cassirer y Adolf Riegl, señaladas anteriormente, determinantes
para que Westheim aprehendiera el arte prehispánico en México y lo estudiara a partir
del mito, la religión, la concepción de la naturaleza y las estructuras sociales. Además,
la aplicación de la escuela alemana dio la pauta para que realizara un análisis que
extendió estas manifestaciones culturales al arte moderno mexicano. Los trabajos que
Westheim elaboró en México son análisis sobre las variaciones formales del arte local
en los que encuentra alternativas y una transversalidad con las artes de distintas épocas
y contextos.
En cuatro artistas –Carlos Mérida, Henry Moore, Mathias Goertiz y Gunther Gerzso– el
autor observó el juego de una actualización formal dependiente del pasado. Esta
dinámica artística significó la presentación de símbolos pretéritos (la greca, la serpiente,
la muerte) bajo fórmulas del arte moderno.
Los trabajos que Westheim elaboró en México son análisis sobre las variaciones
formales del arte local que demuestran alternativas y una conexión formal y simbólica
	

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con las artes de distintas épocas y contextos. Debido a su condición de intelectual
cosmopolita,7 Westheim concibe un mundo sin fronteras, y no duda en establecer
vínculos que combinan nacionalidades y etnicidad, especialmente para el arte
contemporáneo mexicano. (Peter Chamezky, 2001). Ejemplo de estas conexiones son
las que señala entre la escultura de Henry Moore y la figura de Chac-Mool, la pintura de
Rufino Tamayo y Xipe Totec y más sorprendente aún, entre el mural de La Piedad
(1942) de Manuel Rodríguez Lozano y el Xiuhtecuhtli. La obra de José Clemente
Orozco mantuvo este mismo sentido de interconexión con el pasado y, a decir de
Westheim, con artistas como El Greco, Rubens, Goya y Picasso, por medio de su
correspondencia a la pintura dinámica, ya que para Westheim, el muralista tuvo la
cualidad de inventar formas expresivas como estos otros autores. Por medio de la greca,
símbolo fundamental de la cultura mexicana, Orozco creó una plástica monumental y en
movimiento.
El muralista jalisciense fue el artista mexicano al que Westheim prestó mayor
atención, al lado de Carlos Mérida y Rufino Tamayo. Además de encontrar en Orozco
una cualidad de creación de un artística, Westheim se apropió de una frase que el pintor
enunció en los Estados Unidos, tras la realización del Dive Bomber (1940) para el
MoMA: “La pintura es un poema y nada más”. Esta máxima de Orozco le permitió a
Westheim explicar la generación del arte en concordancia con sus intereses teóricos: “se
debía inventar una forma de expresión que corresponda a una idea.”
Otro de los artículos publicados en México en la cultura refleja el sentido que
Westheim observó en la crítica. Al hablar del expresionismo refirió al mismo tiempo a
su postura frente a la escritura: “Expresionismo. ¿Qué quiere expresar? No los
acontecimientos de la vida exterior, sino las vivencias internas en que se refleja el
encuentro del individuo frente al mundo. Su sentimiento hacia la realidad es el
sufrimiento.” (Westheim, 1954, p.2) De esta definición, Westheim asumió que su
práctica crítica partía de la necesidad de crear como respuesta a los acontecimientos
presentes. En palabras del autor, el arte es creación de formas y el artista debe descifrar
y explicar estas invenciones con las cuales pueda transmitir sus vivencias al espectador.
El crítico es el encargado de leer este nuevo código, de modo que, como la expresión de
emociones modifica el mundo, la crítica en tanto lenguaje y creación también participa
de este proceso. Se trata de una forma de postura frente a la realidad, ya que la crítica es
una labor que busca revelar la esencia de las cosas y no su apariencia. Esta
espiritualidad de una época fue la que Westheim buscó exponer constantemente hasta el
día de su muerte, durante un viaje a Berlín, cuando preparaba justamente una
monografía sobre Orozco. En el Cristo destruyendo su cruz (1943) de este mismo
artista, el crítico encontró la referencia a su escritura, ya que para Westheim, la imagen
traduce la añoranza del retorno al alma, los valores humanos y espirituales, y
comprende las amenazas, pero también los aportes de una época.
El expresionismo es un arte que está cargado de ideas trascendentes, casi
religiosas. Fueron estas formas expresivas de la arquitectura moderna mexicana las que
más causaron impacto en Paul Westheim. En México en la cultura resaltó la obra de
																																																								
7	Peter

Chamezky explica que esta condición de intelectual cosmopolita radica en su origen judío. El
autor recupera las consideraciones de Henrich Heine sobre este tema.

	

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José Villagrán, Vladimir Kaspé y Max Cetto, pero fueron los diseños de Enrique de la
Mora, debido a la espiritualidad que manifiesta, los que mayor fortuna crítica tuvieron
en los escritos de Westheim, ya que dedicó artículos a cada uno de sus proyectos más
importantes: La Bolsa de Valores, El Fondo de Cultura Económica, La Purísima y El
Altillo, en colaboración con Félix Candela. En el caso de la arquitectura religiosa,
Westheim resaltó la participación de los artistas Herbert Hoffman-Ysenbourg, antiguo
colaborador de la bauhaus, y Kitzia Hoffman, cuyas esculturas y vitrales
complementaron el sentido místico de la construcción.
En términos del estudio del arte moderno, la heterodoxia de Westheim, permite
una apertura metodológica en el estudio de estas manifestaciones. Por medio de este
acercamiento, es posible quebrar las separaciones realizadas por los estudios
historiográficos. Por ejemplo, una división común en el relato del arte de la mitad del
siglo XX en México es entre la Escuela Mexicana de Pintura y el movimiento de la
Ruptura. En el caso de Westheim, al estar alejado de los enfrentamientos ideológicos
entre estos dos grupos o de las disputas por la representación hegemónica cultural, pudo
trabajar al mismo tiempo a Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro
Siqueiros que a Pedro Coronel, Vicente Rojo o Lilia Carrillo.

México en la Cultura: Paul Westheim, Vicente Rojo, y el montaje simbólico
Sin duda, las páginas de México en la cultura, semanario cultural del periódico
Novedades, eran distintas a otras publicaciones mexicanas de la época. México en la
cultura fue fundada por el editor y promotor cultural, Fernando Benítez.8 No obstante,
el diseño, así como el contenido de la publicación, establecieron una diferencia
sustancial con otras producciones paralelas. Aunque en ciertas ediciones algunos
autores colaboraban al mismo tiempo para la Revista de la Universidad o para Hoy!,
México en la cultura mantuvo, por lo menos hasta 1961, año en que Benítez deja la
dirección, una línea o estructura editorial que consolidó un programa intelectual
particular en la época.9 Por una parte, representó la consolidación de un acercamiento
crítico consistente sobre la producción cultural de esos años, por gente como José
Moreno Villa, Ceferino Palencia, Raquel Tibol, por otra, el paso hacia otra generación,
de la que formaron parte Ida Rodríguez Prampolini o Juan García Ponce. En sus páginas
se habló de la introducción de Merleau Ponty al contexto mexicano, de los formatos
más experimentales en el cine o de las adaptaciones de teatro más radicales. En el
equipo estuvieron acompañando a Benítez Pablo y Henríquez González Casanova,
																																																								
8	 Fernando Benítez (1912-2000) fue un periodista, escritor, editor e historiador mexicano. Comenzó su
carrera en Revista de Revistas en 1934, y posteriormente fue corresponsal, editor, y director de el
periódico oficialista El Nacional para posteriormente transformar el semanario del periódico Novedades
en el suplemento cultural México en la cultura. Como escritor estuvo vinculado a la política y la
antropología. Destaca el libro Los indios de México de 1969.
9	 La

salida de Fernando Benítez sucedió después de varios enfrentamientos con el director del diario
Novedades, el político e ideólogo del PRI, Ramón Beteta. Las tensiones existían, debido a que el diario
tenía un corte conservador, no obstante, en el contexto de la Revolución cubana, las negociaciones con el
suplemento progresista se volvieron imposibles.

	

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Leopoldo Zea, Gastón García Cantú, y otros personajes relevantes de la siguiente
generación intelectual, entre ellos, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Juan Vicente
Mello, Emilio García Riera, Jorge Ibargüengoitia y José Emilio Pacheco.
Al abrir las páginas del suplemento, la primera página introducía a una síntesis de los
temas más importantes, una mezcla de tres o cuatro artículos. Pero, la mayoría de las
veces, la primera plana estaba dedicada a un autor: Paul Westheim. El armado de texto e
imagen estaba dedicado a generar un impacto en el lector. Se trataban de los temas que
no narraban, a manera de periodismo cultural, noticias sobre exhibiciones o
acontecimientos culturales, sino que eran disertaciones concentradas en el arte
precolombino, el arte moderno europeo y el desarrollo de la vanguardia mexicana.
Además, el diseño de la página estaba concebido de una forma distinta a las demás
páginas, en gran medida por el material fotográfico que la componía, y por el diálogo
existente entre autor y diseñador.

Artículos de Paul Westheim para México en la cultura suplemento de Novedades (1948-1961), con la
dirección artística de Vicente Rojo. Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, Secretaría de Relaciones
Exteriores, México.

	

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Paul Westheim, “Maestros del arte moderno”, México en la cultura suplemento de Novedades, México,
24 de abril de 1955, p.1. Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, Secretaría de Relaciones Exteriores, México.

Fernando Benítez llevó a las imprentas de México en la cultura al artista español Miguel
Prieto, exiliado en México desde 1939, después de trabajar con él en el diario El
Nacional. Así como el papel de Benítez fue fundamental para contener e impulsar un
proyecto cultural local, el caso de Prieto revela la importancia de su trabajo para el
desarrollo del diseño gráfico en México.
En 1956, Vicente Rojo comenzó a hacerse cargo del semanario México en la
cultura, tras una larga enfermedad de Miguel Prieto: “Quienes más me atraían eran Paul
Westheim y José Moreno Villa, quizá porque escribían sobre arte. Dada mi timidez, me
costaba mucho relacionarme con ellos, sin embargo; con oirlos hablar y discutir me
daba por satisfecho.” (Vicente Rojo, 2017, p.1) En la reciente muestra realizada al
artista Vicente Rojo en el Museo Universitario Arte Contemporáneo, se enfatizó la
relevancia de su trabajo diseñístico paralelo a la producción plástica: “Ayudado por su
rigor personal y su fabulosa productividad, Rojo contribuyó como casi nadie más a dar
forma y fondo a la producción cultural de la segunda mitad del siglo XX.” (Medida y
De la Garza, 2015). La experiencia de Rojo en estos años fue determinante, y su diálogo
con Westheim significó para el joven pintor, la introducción a los temas que trató el
crítico alemán, además de impactar el desenvolvimiento de la función comunicativa de
su producción que le caracterizan. Prueba de ello es la obra homenaje que Rojo dedica a
este personaje, Carta a Westheim (2008), en la que el artista reactiva no sólo la teoría
visual del crítico, al combinar referencias a reproducciones de obras que remiten al arte
prehispánico, al arte medieval, renacentista, o al cubismo, sino que señala directamente
a la forma de trabajo en sus años de colaboración.

	

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Vicente Rojo, Carta a Paul Westheim, técnica mixta sobre tela, 2008, 180x180, díptico,
colección particular.
Según relata Vicente Rojo, la colaboración con Paul Westheim era distinta a la que
realizaba con otros contribuidores del semanario, quienes entregaban el texto y las
ilustraciones corrían a cargo del equipo editorial. En cambio, Westheim llevaba su
propio material visual. El teórico alemán incluía fotografías específicas para activar el
texto que le acompañaban, y después de la sesión de trabajo con Rojo, pedía de vuelta
sus imágenes.10 Estas fotografías representaban su nueva colección, las cuales llevaba
consigo desde su exilio o fue consiguiendo de alguna forma con otros colegas
refugiados en países como los Estados Unidos. Este acto da sentido al resultado tan
peculiar de las páginas de México en la Cultura. ¿Qué imágenes eran llevadas por
Westheim y cómo fueron utilizadas por Rojo? Podemos referir brevemente a tres
ejemplos y, por tanto, dos líneas de montaje distintas: uno vinculado al desarrollo de la
fotografía antropológica, y uno más, mucho más sofisticado, que activa la combinación
de referentes para la activación simbólica.
Para el primer caso, es indispensable retomar las intervenciones de Ernst
Rathenau en los textos de su colega y amigo. Rathenau, a quien Paul Westheim conoció
en Alemania, donde trabajaron juntos en el mundo editorial, viajó una temporada a
México proveniente desde desde Nueva York, donde se vivió permanentemente tras el
exilio. Durante estos años, no ejerció la labor de editor, que tanto renombre le dio en
Europa y los Estados Unidos, sino que realizó una labor como fotógrafo, centrado en los
temas de arqueología, los cuales a la par estaba estudiando Westheim. Este
acercamiento a la fotografía funcionó para que el crítico dedicara un texto al trabajo de
Rathenau, “Un fotógrafo que ve a México”, aparecido el 29 de julio de 1949. En el
artículo, Westheim explica: “Ernst Rathenau, nacido en Alemania, reside en Nueva
York y hace años que es ciudadano de los Estados Unidos. Su tío fue aquel Walter
Rathenau, director de la AEG-una de las más importantes compañías de electricidad en
																																																								
10	(Vicente

	

Rojo, comunicación personal. Ciudad de México, diciembre de 2015).
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Europa-, culto escritor y finalmente ministro de Relaciones Exteriores de la República
de Weimar, hasta que los nazis lo mandaron a asesinar por unos muchachos jóvenes,
pues los estorbaba en su camino hacia el poder.” (Westheim, 1949, p.1). En seguida, el
crítico refirió a su formación como editor y coleccionista, relatando cómo fue
conocedor, promotor y editor de las obras de Kaethe Kollwitz, Lovis Corinth, Wilhelm
Lehmbruck, Oskar Kokoschka, George Grosz, como fundador de la editorial
Euphorion-Verlag, “expresamente para difundir grabados y libros ilustrados de artistas
jóvenes”. Fue de esta forma, y a través de la revista trimestral Die Schaffenden (Los
creadores), que ambos trabajaron juntos, al ser Westheim director de la publicación
fundada por Rathenau. Como fotógrafo, este personaje viajó por India, Malasia, China,
cuyas imágenes fueron presentadas en el libro Oriente de la editorial J.J. de Nueva
York. Westheim advierte en su nota que, más allá de un “exotismo” o de retratar lo
“pintoresco”, las imágenes de Rathenau fueron realizadas desde una mirada que
representa “las auténticas manifestaciones de la vida popular”, la cual resulta particular,
no por los temas elegidos y conjuntados (pirámides, iglesias barracas o el México
contemporáneo), sino por el enfoque de este registro debido, indica Westheim, a que el
acercamiento que hace un realizador de libros y revistas, a quien nombra como un
Humboldt contemporáneo.
Si recordamos el aporte de Paul Westheim a la crítica de la vanguardia, queda
claro que su postura retomó las consideraciones que Charles Baudelaire presentó en el
Pintor de la vida moderna sobre la escritura en la Modernidad. Si los grabados de
Honoré Daumier eran la manifestación visual equivalente a la crítica de Baudelaire, la
caricatura y los fotomontajes de George Grosz representan el paralelo icónico al trabajo
crítico de Westheim. El carácter dinámico de su escritura es equiparable al fotomontaje
político de Grosz. A través del montaje, Westheim, de la mano de Rojo, reactivó dicha
alternativa. Cuenta Grosz que al inventar el fotomontaje con John Heartfield, buscó
utilizar las imágenes para expresar ideas que los censores nunca les hubieran permitido
presentar por medio de la palabra. En el momento de su radicalización teórica, el crítico
e historiador del arte alemán hizo uso de esta yuxtaposición de imágenes para presentar
un comentario político. Así como su crítica no olvidó el paso de los nazis por Alemania,
el acomodo de sus imágenes remitió constantemente a este suceso, al publicar las
propias fotografías de su colección perdida, como una forma de herramienta
mnemotécnica. Además, era una estrategia efectiva para hacer evidente los entrecruces
que estaba realizando. Uno de los ejemplos más claros es el expuesto en “La Calavera”
o “La danza macabra”, artículos en los que Westheim combina grabados medievales
con esculturas aztecas, y grabados expresionistas con xilografías de José Guadalupe
Posada.

	

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“Paul Westheim. Homenaje en sus 70 años”, México en la cultura suplemento de
Novedades, México, 6 de agosto de 1961, p.1. Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada,
Secretaría de Relaciones Exteriores, México.
Podemos concluir que el aporte de Paul Westheim a la teoría formalista alemana
radicó en pensar las formas del pasado en su relación expresiva con la
contemporaneidad. Por esta razón, es necesario retomar la escritura crítica de Westheim
generada desde las páginas de México en la cultura, ya que dan cuenta de un flujo de
categorías teóricas que iniciaron en la Alemania revolucionaria y se radicalizaron en un
México que, tras la posguerra, comenzaba a redefinirse. Al retomar este personaje se
abre la posibilidad de omitir las barreras nacionales, ya que las herramientas
conceptuales que Westheim propuso permiten repensar la producción artística de forma
distinta. La intervención crítica de Westheim evidencia una línea en la producción
intelectual en México que rompe la estructura centro-periferia constante en el estudio de
la vanguardia continental.
	
	

	

	

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Bibliografía consultada:

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(en línea desde el 4 julio 2012). 	
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Frenk-Westheim, Mariana. (2005). Arte entre dos continentes: artículos y ensayos,
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CONACULTA-Siglo XXI.
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Journal of the History Ideas, Volume 74, Number 2, April, 317-330.
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Westheim, Paul. (1953). “Wilhelm Worringer” en México en la cultura suplemento de
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>PAUL WESTHEIM Y MÉXICO EN LA CULTURA: Circuitos críticos, teóricos y editoriales entre México y Alemania (1941-1961)</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paul Westheim (1886-1963) fue uno de los críticos de arte más relevantes del siglo XX, tanto de México, su segunda patria, como de Alemania, donde fue importante voz del expresionismo y de las vanguardias artísticas entre las dos guerras mundiales. Este trabajo ofrece un retrato de su pensamiento estético a través de su participación en el semanario México en la cultura (1948-1961). Se parte de una selección de escritos tanto de su periodo alemán, al frente de la revista Das Kunstblatt, como de su etapa mexicana, en la que publicó sus principales libros y fue asiduo colaborador del suplemento cultural dirigido por Fernando Benítez. Sus antecedentes como editor de las vanguardias le permitieron establecer puentes conceptuales transhistóricos y transculturales; así, en México pudo retomar temas de trabajo como la muerte y el grabado en madera, lo mismo que sentar los fundamentos estéticos del arte prehispánico, y asimismo seguir con atención el efervescente medio de la pintura mexicana del momento.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;This essay offers a research on Paul Westheim aesthetic thought through his collaboration in the publication México en la cultura (1948-1961). Paul Westheim (1886-1963) is one of the most important art critics of the XX Century, for Mexican Art History, and for German art criticism, where he was an important voice of expressionism and artistic avant-gardes, between the two World Wars. This text present an analysis on a selection of his writings from both his German period, leading the Das Kunstblatt magazine, and his Mexican stage, in which he published his main books and was a regular contributor to this cultural supplement directed by Fernando Benítez. His background as editor of the avant-garde allowed him to establish trans-historical and transcultural conceptual connections. Thus, in Mexico he was able to rework themes such as death and wood engraving, as well as laying the aesthetic foundations of preHispanic art, as well as carefully following the effervescent medium of Mexican painting of the time.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Natalia de la Rosa&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DukeUniversity&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Carolina&lt;span&gt; &lt;/span&gt;del&lt;span&gt; &lt;/span&gt;Norte</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
PANORAMA PETROLERO: El regreso de Cruz-Diez a El Farol
Sean Nesselrode Moncada
PhD, Institute of Fine Arts
Nueva York University
Resumen
Aunque sirvió como el órgano corporativo para la Creole Petroleum Corporation, la
revista El Farol (1939–1975) se distingue como una revista cultural fundamental para la
legitimación de la abstracción y la profesionalización del diseño. Pero la ausencia de
discusión sobra el programa ideológico de la revista fue de hecho parte del programa de
El Farol, que tenía como objetivo la naturalización de la intervención corporativa como
prerrequisito de la modernidad venezolana y un sentido nacionalista emergente. En
1974, Director Artístico anterior Carlos Cruz-Diez regresó a la revista para diseñar un
número especial, en el que el artista reestructuró sus páginas en el formato de sus
Fisicromías cinéticas. Así hizo un acto de reinterpretación de su anterior obra figurativa
para la revista como anticipatoria de una metamorfosis cinética subsiguiente. El proceso
de auto-redefinición artístico también confirmó el programa de la publicación, de ser
una revista tan artística como corporativa. Ocurriendo sólo un año antes de la disolución
de El Farol y de la Creole, la intervención de Cruz-Diez sirve como el final lógico de un
proceso imaginado de transformación. La revista pasó de ser un producto de la
intervención ajena a convertirse un emblema de la posibilidad de ser moderno en
Venezuela.
Palabras clave
Venezuela, Carlos Cruz-Diez, El Farol, diseño gráfico, cultura petrolera.
Abstract
Although it served as the official organ of the U.S.–owned company Creole Petroleum
Corporation in Venezuela, the journal El Farol (1939–1975) is best remembered for its
role in the legitimization of abstraction and the professionalization of design in the
country. Yet this apparent elision of the journal’s ideological coordinates was in fact
built into the very premise of El Farol, which aimed from its foundation to naturalize
corporate intervention as a prerequisite for Venezuelan modernity and an emergent
sense of nationalism. In 1974, former art director Carlos Cruz-Diez returned to the
journal to design a special issue, in which the artist wholly restructured the journal in
the format of his kinetic Fisicromías. In doing so, he reframed his earlier, figurative
work for the journal as anticipatory of a later kinetic metamorphosis. Yet this process of
artistic self-redefinition also crystallized the journal’s stated aim to amount to
“something more than petroleum.” Occurring one year before the dissolution of the
publication and of Creole, Cruz-Diez’s intervention serves as the logical endpoint of an
imagined process of metamorphosis, from a product of foreign intervention to an
assertion of national(ist) self-actualization—a trajectory of self-presentation that mirrors
that of Venezuela’s modernist experiment.
Keywords
Venezuela, Carlos Cruz-Diez, El Farol, graphic design, petroleum.
1

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Un número de la revista venezolana El Farol, del año 1974, tiene una portada
que es aparentemente sencilla

El Farol: La calidad de la vida 1 (1974), diseño de Carlos Cruz-Diez.

La portada se divide en dos. En la izquierda, se puede leer el título de este
número –“El Farol 1974: La calidad de la vida 1”– escrito en blanco sobre un fondo
monocromo negro y mate; y la derecha, en contraste, se ve en una serie vibrante de
formas angulares repetidas en lustrosos rojos, verdes, azules, y negros (El Farol: La
calidad de la vida, 1974). Para cualquier persona que conozca el arte venezolano
moderno, es evidente que estas formas son la firma singular de su creador, el artista
cinético Carlos Cruz-Diez. Tan reconocibles son sus formas coloridas que la revista, nos
parece, llega a ser un medio para introducir la obra de Cruz-Diez al público. De alguna
manera es típico que su geometría aparece en una publicación imprenta en los años
setenta, cuando Cruz-Diez espacializaba sus Fisicromías cromáticas para realizar la
“integración a la arquitectura” pública (Cruz-Diez Art Foundation, 2017). 1 Pero el
hecho de que El Farol fuera el lugar para esta intervención impresa conlleva un
significado tanto personal como nacional. Por un lado, Cruz-Diez trabajó como
diseñador gráfico y Director Artístico para la revista entre 1944 y 1955, siendo
responsable de la creación de dibujos y portadas en un estilo figurativo que antecedió su
traslado a Europa y el resulto metamórfico de su viaje en un lenguaje abstracto. Su
presencia notable en este número es una declaración clara de la distancia que
recorrieron Cruz-Diez y El Farol durante esos once años.
En las historias del diseño gráfico moderno en Venezuela, se distingue El Farol
como una revista cultural fundamental para la legitimación de la abstracción y la
profesionalización del diseño, a través de sus directores artísticos dentro de los que se
encuentran Cruz-Diez, Gerd Leufert, y Nedo Mion Ferrario, quienes cultivaron una
identidad visual para la revista promoviendo lo abstracto, lo gráfico, y lo cinético –en
1

Dice Cruz-Diez que esta integraciones proponen “un discurso plástico que se genera en el tiempo y
en el espacio, creando situaciones y acontecimientos cromáticos que cambian la dialéctica entre el
espectador y la obra.”

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suma– lo moderno. Pero El Farol nunca fue exclusivamente una publicación cultural, y
en la última página de este número de 1974 se puede ver que El Farol nunca fue
exclusivamente una publicación cultural, sino que también sirvió –y fue establecida–
como un órgano corporativo.

Detalle del colofón de El Farol: La calidad de la vida 1 (1974)

Aquí el lector lee que esta revista, impresa por el editorial caraqueño Cromotip,
fue financiada y “editada por la CREOLE PETROLEUM CORPORATION para su distribución
gratuita en el país” (El Farol: La calidad de la vida, 1974). La Creole Petroleum
Corporation fue la sucursal venezolana de la Standard Oil de New Jersey. Más de
cuarenta años después de su último número, el hecho de que cada edición de El Farol
fue parte de una campaña de relaciones públicas implementada vigorosamente por una
compañía petrolera extranjera, se ha alejado de la memoria pública. Pero la coexistencia
de lo petro-corporativo y lo artístico en las páginas de El Farol no fue ni irreconciliable
ni circunstancial. Al contrario, se reforzaron mutuamente. Cuando consideramos las
estructuras ideológicas que crearon y mantuvieron el contenido de la revista (tanto
discursivo como visual), lo que parece una intervención singular de Cruz-Diez en 1974
se convierte en un resultado deliberado producto de la unión entre los sectores
corporativos y culturales. El Farol es el final lógico de un proceso imaginado de
transformación. La revista pasó de ser un producto de la intervención ajena a convertirse
un emblema de la posibilidad de ser moderno en la Venezuela de mediados del siglo
XX.
Cuando Cruz-Diez regresó a El Farol, la publicación ya tenía treinta y cinco
años. El primer número de El Farol apareció en junio de 1939, y su primera portada
reprodujo un paisaje pintado por el artista venezolano Tomás Golding.

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El Farol 1 (junio de 1939), pintura de Tomás Golding
En este se observa una visión romántica de la playa caribeña, un contraste total a
los diseños no-figurativos de los años sesenta y setenta. En el paisaje de Golding
caminan dos mujeres anónimas llevando cestas en la cabeza, una composición que
establece el terreno caribeño como tropical, virgen, y latentemente productivo. Este tipo
de pintura, de un artista venezolano menos reconocido que Cruz-Diez pero sin embargo
distinguido en los círculos artísticos por sus paisajes tropicales, estableció una plantilla
que definiría la primera década de la revista: fue una fantasía de un paraíso tropical y
primitivo, la cual fue no sólo un programa visual tan como una misión ideológica. A
Nelson Rockefeller, miembro de la junta directiva de la Creole, le impresionó esta
fantasía cuando viajó a Venezuela en 1937 para reconocer las actividades de la
compañía. Escribiendo a sus padres, Rockefeller declaró:
De verdad no se puede imaginar qué bonito [es] aquí en el Río [Orinoco].… Las orillas
son cubiertas por un matorral colgante denso.… Los árboles son llenos de monos y
pájaros de todos…colores.… Pero lo más interesante de todo son los indios. Viven en
cabañas pequeñas de palmas al lado del río, prácticamente sin ropa, y se trasladan por
todo en troncos vacíos. (Rockefeller, 1937) 2

Pero él guarda su observación más significativa para el final—el hecho de que
“verdaderamente hay mucho petróleo por aquí!” (Rockefeller, 1937). 3 Con este giro del
paisaje visible a su contenido subterráneo, articula inconscientemente la base del
proyecto entero desarrollista como era dirigido por el petróleo: la “comodificación” del
paisaje, y su elaboración visual a dentro de las páginas de El Farol.

2

“Really you can’t imagine how lovely [it is] here in the [Orinoco] river.… The banks are covered with a
dense overhanging growth.… The trees are full of monkeys &amp; birds of all…colors.… But most interesting
of all are the indians [sic]. They live in little palm leaf [huts] along the river, wear practically no clothes
&amp; paddle around in hollowed out logs.” Traducciones son del autor a menos que se indique lo contrario.
3
“….there is certainly plenty of oil here!”

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El número inaugural de El Farol fue publicado en respuesta a una crisis
internacional de relaciones públicas, resultado de la recién expropiación de las reservas
petroleras mexicanas en 1938 y una campaña de huelgas petroleras en Venezuela, en las
cuales la clase trabajadora demandaba un aumento del salario, mejores condiciones
laborales, y el derecho a la creación de un sindicato (Ramírez MacGregor, 1953). En un
momento de tumulto tanto regional como global, las compañías petroleras como la
Creole tuvieron que justificar su presencia en países como Venezuela, la Creole lo hizo
a través de la creación de una revista con la que se comprometía por “el bienestar del
país,” en las palabras de Nelson Rockefeller (Rockefeller, 1939). Con El Farol los
ejecutivos de la Creole fabricaron una plataforma en la que se podían unir (conceptual y
literalmente) las operaciones de la industria petrolera con la historia, la cultura, y la
identidad de la Venezuela moderna. En este sentido, este primer número de El Farol
abre con unas “Palabras Preliminares,” en donde se articula la estrategia formulada por
Rockefeller: “aspiramos a recoger en nuestras páginas las palpitaciones más intensas del
alma nacional, y…ratificamos…lo sincero de nuestra patriótica devoción” (“Palabras
preliminares,” 1939). 4 El contenido de este primer número –y de todos los números de
la revista– mezclan relatos de las nuevas operaciones y campos petroleros de la
compañía, con artículos sobre la historia y cultura del país, mezclando así los intereses
de la industria con un emergente sentido de “patriótica devoción.”
Como se puede ver con la inclusión de la pintura de Golding, parte de la misión
de El Farol fue el apoyo a artistas jóvenes venezolanos. Entre los años treinta y
cuarenta, aparecieron artículos sobre el Salón de Arte Venezolano y otros pintores como
Héctor Poleo, Rafael Monasterios y Mateo Manaure (“VII Salón de Arte Venezolano,”
1946; “VIII Salón de Arte Venezolano: Caracas, 1947,” 1947; “IX Salón de Arte
Venezolano,” 1948). 5 Pero quizás aún más notable fue la contratación de artistas locales
como empleados de la revista. Entre ellos estaba Carlos Cruz-Diez, quien se unió al
personal de la revista en los años cuarenta como ilustrador y, eventualmente, como
Director Artístico. Se conoció el diseñador norteamericano Larry June, quien había
llegado a Caracas dos años antes a la invitación de la Creole para trabajar en el equipo
de El Farol. Asumió responsabilidad por el plano de la revista y, según su pupilo CruzDiez, llevó una actitud alegre a la tipografía. Con la llegada de Cruz-Diez y June, y el
lanzamiento de la publicación hermana Nosotros en 1946 –que adquirió la mayoría de
las secciones de sociales, deportes, y promociones de los empleados de la Creole– El
Farol empezó a definirse como una publicación cultural además de un órgano
empresarial (Armas Alfonzo, 1985, p. 21–23).
En este momento, todavía no había llegado Cruz-Diez a su estilo abstracto
característico; más bien, la obra que produjo para la revista fue decididamente
figurativa, inspirada en parte por el florecimiento del realismo social en la hemisferio
(Jiménez &amp; Cruz-Diez, 2010, p. 22–36). Durante esos primeros años en la revista, CruzDiez creó dos portadas, y las quiero analizar acá porque representan un contraste
4

“…aspiramos a recoger en nuestras páginas las palpitaciones más intensas del alma nacional, y en forma
clara, preferentemente objetiva y sencilla, llevarlas al conocimiento de nuestros densos grupos de
empleados y obreros, creyendo sinceramente, que al proceder así, ratificamos, una vez más, lo sincero de
nuestra patriótica devoción.”
5
También, el artículo regular “Arte y Cultura” llevó reportajes sobre eventos culturales locales y
nacionales, de número 82 (marzo de 1946) a número 101 (octubre de 1947).

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estético y temático que expresa la división conceptual que formuló El Farol como
motivo subyacente de la modernidad venezolana. La primera de las dos portadas es la
de diciembre de 1946, en donde se presenta una escena folklórica de una fiesta de
Navidad. Se pueden ver, de manera caricaturesca, una serie de anécdotas visuales en las
que personas cantan, bailan, y van a la iglesia.

El Farol 91 (diciembre de 1946), diseño de Carlos Cruz-Diez

Como una declaración del compromiso de la Creole con la cultura venezolana,
la junta editorial elogió la portada por su “acertado enfoque moderno” (El Farol, 1946,
p. 1). Pero unos tres años después, esta misma escena sería descartada como un ejemplo
de “valoración nativa” (El Farol, 1949, p. 1). Esta revisión se hizo posible sólo por la
producción de un contraejemplo de lo moderno, una segunda portada de Cruz-Diez que
no representa un pueblo del campo, sino las oficinas del nuevo Edificio de la Creole en
Caracas. En un estilo semi-abstracto, de formas planas y trabajadores anónimos, CruzDiez nos muestra una visión de la Venezuela capitalista petrolera, de espacios y
ciudadanos mecanizados.

El Farol 121 (junio de 1949), diseño de Carlos Cruz-Diez

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La narrativa del progreso petrolero implicó no sólo el traslado del pueblo a la
metrópolis, sino también la reducción de las formas. Así se dio la representación visual
del modelo ideológico que emergió en los artículos de El Farol, aceptando la
abstracción como una analogía de las ideas de progreso económico y social.
Si seguimos esta marcha supuesta a la abstracción, un momento decisivo ocurre
en el número de febrero de 1954. Consta de cincuenta páginas, y fue el número más
grande hasta la fecha. También fue el primero que identificó a Alfredo Armas Alfonzo
como Director. También afirmó que Cruz-Diez fue responsable por “imposición
gráfica,” en una designación que confirmó el cambio de imagen como sitio del diseño
gráfico (El Farol, 1954, p. 50). 6 El tema del número fue la metamorfosis de Caracas
bajo el Nuevo Ideal Nacional de Marcos Pérez Jiménez, policía que modificó la práctica
de “sembrar el petróleo”—escrito por primera vez por Arturo Uslar Pietri en 1936
(Uslar Pietri, 1936)—a una frase más expresamente desarrollista: “la transformación
racional del medio físico” (Pérez Jiménez, 1954). Los artículos celebraron la capital
modernista como sinécdoque de una transformación nacional bajo el “petroestado”, y se
publicó el número para conmemorar la X Conferencia Interamericana, albergada por
Caracas y patrocinada por la OEA (Organización de los Estados Americanos). La
Conferencia fue una oportunidad para la dictadura de Pérez Jiménez a mostrar la capital
como metrópolis urbana, así dando legitimación a sus pólizas desarrollistas políticas,
económicas, y culturales (Boulton, 2008). Y como el arte abstracto emergió como la
expresión visual de este país modernista, la portada de este número El Farol reprodujo
una fotografía casi-abstracta de las Nubes acústicas de Alexander Calder, colgadas en la
famosa Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Carlos Raúl Villanueva.

El Farol 150 (febrero de 1954), diseño de Carlos Cruz-Diez

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De verdad Cruz-Diez fue el segundo Director Artístico que recibió crédito público en las páginas de la
revista. El primer fue Luis E. Mejías Donzella, en El Farol número 97 de 1947.
Otros individuos e instituciones nombrados en el número 150 fueron Pedro Duin, Michael Pintea, y
Gediminas Orentas por fotografía en color; el Departamento de Geología de la Creole por un mapa de
Venezuela; Alejandro Vásquez por un mapa de la Carretera Panamericana; Miguel León por fotografías
panorámicas de Caracas; y Marcel Florís por un dibujo del escudo de armas de Caracas.

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Así el móvil sirvió como una clave visual para un modernismo abstracto (y
últimamente cinético) que fue promocionado por El Farol como manera de alinearse
con esta visión petrolífica de la Venezuela moderna abstracta.
En 1955 salió Cruz-Diez para París, y la historia de El Farol después su partida
es una de la continua legitimación del diseño abstracto a través de la obra de dos
diseñadores europeos recién llegados a Venezuela en los cincuenta: Gerd Leufert y
Nedo Mion Ferrario. Entre los dos, establecieron una identidad visual de vanguardia en
El Farol con portadas que mezclaban la geometría con grabados históricos venezolanos,
y que incorporaban una variedad de materiales como nuevos papeles para cultivar una
estética lujosa. Emblemática de estas tendencias fue la primera portada de Leufert de
1956, cuya una composición abstracta geométrica constituyó, según Cruz-Diez años
después, el momento en que “Farol empezó a ser El Farol” (Puig-Corvé, 1969, p. 50).
Las formas planas sirven como una matriz estructural en la que aparecen imágenes de
varios tiempos y contextos, incluyendo referencias al Estadio Olímpico y los escultores
de la Ciudad Universitaria—el mismo sitio que fue el sujeto de la portada anterior de
1954, y que señaló la legitimación de lo abstracto como idioma venezolano.

El Farol 166 (septiembre–octubre 1956), diseño de Gerd Leufert

En la época modernista de El Farol en los sesenta, el perfil del arte cinético
empezó a ser más prominente—con artículos sobre la obra de Jesús Soto o Alejandro
Otero. En el caso de Cruz-Diez, el artista fue el sujeto de un artículo en 1969 que,
además de introducir al lector al “espacio infinito del color” en su obra abstracta, lo ató
al legado artístico de la revista petrolera. El artículo empieza con una descripción de la
historia de Cruz-Diez en El Farol, afirmando que aunque el artista es una de “las
figuras más importantes del arte cinético mundial,” todavía “tiene la misma sonrisa de
ayer” cuando era Director Artístico de la revista. El Cruz-Diez del pasado y el del
presente se hacen contiguos, y su éxito artístico ratifica el éxito publicitario de El Farol,
como prueba de la benevolencia cultural de la Creole y la industria petrolera
(Velásquez, 1969, p. 66).

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Cuando Cruz-Diez regresó a El Farol en 1974, había consideraciones personales
e institucionales a tener en cuenta. En las décadas siguientes al trabajo del artista para la
revista, su nombre había llegado a ser sinónimo del éxito del arte cinético como
expresión visual de la modernidad venezolana. De esta manera, es significativo que
cuando el director de la revista, Felipe Llerandi, lo invitó a hacer el diseño de este
número, Cruz-Diez decidió adaptar el formato de la publicación a su estilo particular, en
una manera radical y sin precedentes. Su intervención no sólo fue estética sino también
estructural: mientras que el monocromo ocupa una página completa que mide la mitad
del ancho de la revista, lo que parece una composición abstracta policromática a la
derecha, es en realidad un efecto visual de la superposición de las formas de las páginas
siguientes, cada una, unos centímetros más ancha. La misma operación ocurre, al revés,
en la segunda mitad del número. El efecto fue el de convertir la revista petrolera en un
objeto cinético, porque cuando se leen los artículos de este número, la forma material de
El Farol cambia físicamente, la Fisicromía de papel se separa y se fusiona mientras que
literalmente circunscriben el contenido escrito.

El Farol: La calidad de la vida 1 (1974), diseño de Carlos Cruz-Diez

Cruz-Diez no solo redefine su relación con El Farol, al no sólo actuar como
diseñador gráfico y convertirse en artista cinético, sino que también transforma la
intervención en una declaración de ruptura con el pasado. Si al principio El Farol
anticipó un futuro modernista petrolero para Venezuela, este número de 1974
aparentemente confirma su llegada. Aquí hay un artista venezolano, con reconocimiento
internacional, que puso en orden los códigos del modernismo artístico para revisar
materialmente—o tal vez desmontar—la publicación petrolera. Sin embargo, lo que fue
presentado como ruptura había sido anticipado estética, institucional, e ideológicamente
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desde la fundación de la revista. Tal vez irónicamente, el número tomó como tema el
papel de la industria petrolera en preservar el medio ambiente. Sus artículos
“environmentalistas” describen “El hombre amenazado” y la “polución atmosférica de
Caracas,” confesiones de los costos de una modernidad petrolera en un momento de
conocimiento ecológico (El Farol: La calidad de la vida, 1974). En alguna manera, el
contraste entre contenido y diseño muestra el privilegio de Cruz-Diez a manipular o aún
ignorar el texto de El Farol. Pero, dada la conceptualización del paisaje venezolano, del
“medio físico,” que distingue la ideología de la revista, la abstracción cromática
propone otro nivel de “transformación racional” del mundo natural en una modernidad
cinética. No es una metamorfosis literal de la naturaleza a la abstracción, sino
metafórica e conceptual—de una atemporalidad primitivista imaginada a una urbanidad
modernista cosmopolita.
Cuando vemos y analizamos este número, se puede entender que el diseño se
incrusta profundamente en una cultura petrolera. La inestabilidad material de El Farol
evoca no solo el cambio material que formó la lógica original de “sembrar el petróleo”
de Arturo Uslar Pietri, sino también la emergencia del petróleo iconográficamente. El
monocromo negro viene a parecerse al crudo subterráneo y la tipografía evoca
oleoductos tubulares. En otra instancia, las formas angulares de Cruz-Diez dirigen la
mirada a la frase “Panorama petrolero,” que se encuentra superpuesta a una fotografía
aérea del Lago de Maracaibo, grabada en oro como manifestación visual del mito del
“oro negro.”.

Detalle de El Farol: La calidad de la vida 1 (1974): 36, diseño de Carlos Cruz-Diez

Aquí, el cinetismo de Cruz-Diez sirve no sólo como complemento de un
vocabulario sobre el petróleo que abarca la naturaleza, la industria, y la riqueza
material—pero también como la consolidación y sublimación de este vocabulario con la
retórica formal del modernismo cinético venezolano. Su intervención representa el final

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del cambio de un desarrollo importado a la manera estadounidense a una confianza
nacionalista en el florecimiento de una modernidad que fue relevante
internacionalmente pero intrínsecamente local. ¿Busca excesivamente la presencia del
petróleo en lo abstracto esta interpretación? Tal vez sí. Es más probable que tanto CruzDiez como la junta editorial consideraran este número como ejemplo de buen diseño.
Pero cuando se considera el “panorama petrolero,” es difícil olvidar la carga ideológica:
satura nuestra visión de la modernidad cinética de Venezuela; la mancha. No podemos
sino descubrirla adondequiera que miremos, como una revelación de las estructuras
ideológicas que desde hace tiempo se quedaron bajo la superficie.

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>PANORAMA PETROLERO: El regreso de Cruz-Diez a El Farol</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Venezuela - Carlos Cruz-Diez - El Farol - diseño gráfico - cultura petrolera</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Venezuela - Carlos Cruz-Diez - El Farol - graphic design - petroleum</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque sirvió como el órgano corporativo para la Creole Petroleum Corporation, la revista El Farol (1939–1975) se distingue como una revista cultural fundamental para la legitimación de la abstracción y la profesionalización del diseño. Pero la ausencia de discusión sobra el programa ideológico de la revista fue de hecho parte del programa de El Farol, que tenía como objetivo la naturalización de la intervención corporativa como prerrequisito de la modernidad venezolana y un sentido nacionalista emergente. En 1974, Director Artístico anterior Carlos Cruz-Diez regresó a la revista para diseñar un número especial, en el que el artista reestructuró sus páginas en el formato de sus Fisicromías cinéticas. Así hizo un acto de reinterpretación de su anterior obra figurativa para la revista como anticipatoria de una metamorfosis cinética subsiguiente. El proceso de auto-redefinición artístico también confirmó el programa de la publicación, de ser una revista tan artística como corporativa. Ocurriendo sólo un año antes de la disolución de El Farol y de la Creole, la intervención de Cruz-Diez sirve como el final lógico de un proceso imaginado de transformación. La revista pasó de ser un producto de la intervención ajena a convertirse un emblema de la posibilidad de ser moderno en Venezuela.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Although it served as the official organ of the U.S.–owned company Creole Petroleum Corporation in Venezuela, the journal El Farol (1939–1975) is best remembered for its role in the legitimization of abstraction and the professionalization of design in the country. Yet this apparent elision of the journal’s ideological coordinates was in fact built into the very premise of El Farol, which aimed from its foundation to naturalize corporate intervention as a prerequisite for Venezuelan modernity and an emergent sense of nationalism. In 1974, former art director Carlos Cruz-Diez returned to the journal to design a special issue, in which the artist wholly restructured the journal in the format of his kinetic Fisicromías. In doing so, he reframed his earlier, figurative work for the journal as anticipatory of a later kinetic metamorphosis. Yet this process of artistic self-redefinition also crystallized the journal’s stated aim to amount to “something more than petroleum.” Occurring one year before the dissolution of the publication and of Creole, Cruz-Diez’s intervention serves as the logical endpoint of an imagined process of metamorphosis, from a product of foreign intervention to an assertion of national(ist) self-actualization—a trajectory of self-presentation that mirrors that of Venezuela’s modernist experiment.</text>
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                <text>9 de mayo 2017</text>
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                    <text>PANORAMA
R E V I S T A I N T E R A M E R I C A N A DE C U L T U R A
INTER-AMERICAN
REVUE

CULTURAL

INTERAMERICAINE

DE

REVIEW
CULTURE

UNION PANAMERICANA

PAN AMERICAN UNION

UNIÁO PAN-AMERICANA

UNION PANAMERICAINE

WASHINGTON, D. C.

��ADVERTENCIA
P anorama dejará de aparecer a partir del presente número. En sus
tres años y medio de existencia, ha reproducido más de cien ensayos y
artículos, de otros tantos autores, tomándolos de cerca de setenta
diferentes revistas y periódicos de América.
Al despedirnos de nuestros lectores, queremos agradecerles el inte­
rés con que han seguido y alentado esta modesta empresa de cultura
destinada a difundir la obra de los pensadores, escritores y artistas del
Continente.
*

*

*

*

NOTE TO THE READER
Publication of P anorama ceases with this number. In its three and
one half years of existence it has reprinted somewhat more than one
hundred articles, by as many different authors, taken from some seventy
magazines and newspapers of the Americas.
In taking leave of our readers, we wish to express our thanks for the
interest with which they have accompanied and encouraged our effort to
disseminate the work of writers, thinkers, and artists of our Hemisphere.
*
*
*
*
AVISO
P anorama deixará de aparecer a partir do presente número. Em seus
tres anos e meio de existéncia, reproduziu mais de cem ensaios e artigos de autores representativos, extraídos de cérea de setenta revistas
e j ornáis da América.
Ao apresentar as despedidas aos nossos leitores, desejamos agradecerlhes o interésse com que seguiram e estimularam éste modesto empreendimento cultural, destinado a difundir a obra dos pensadores, escritores
e artistas do Continente.
*
*
*
*

AVIS AU LECTEUR
P anorama cessera de paraítre aprés le présent numéro. Au cours de

ses trois années et demie d’existence, il a reproduit plus de cent essais
et articles extraits d’environ soixante-dix revues et périodiques américains. Plus de cent auteurs ont fait l’objet du choix d’essais et d ’articles.
En nous séparant de nos lecteurs, nous tenons á les remercier d’avoir
suivi avec tant d’intérét et encouragé la modeste entreprise qui était
destinée á diffuser l’oeuvre des penseurs, écrivains et artistes du Continent.
1

��' f u n d a c ió n
Sueños Aires *

PANORAMA
Revista trimestral publicada por el Departamento de Asuntos Cultura­
les de la Unión Panamericana ~ Quarterly review published by the
Department of Cultural Affairs of the Pan American Union ~ Revista
trimestral publicada pelo Departamento de Assuntos Culturáis da
Uniáo Pan-Americana ~ Revue trimestrielle publiée par le Département
des Affaires Culturelles de l’Union Panaméricaine.
W ashington, 1955

Yon. IV

N um. 14

ADVERTENCIA---NOTE TO THE READER—AVISO--AVIS AU LECTEUR.........................................................................

1

Archibald MacLeish,

the proper pose of poetry .................

5

EVOLugAO do conto brasileiro .............

14

Edgard Cavalheiro,
Alberto Salas,

náufragos , prisioneros y renegados y la
CONQUISTA DE AMERICA..............................................................

Morton White,

religión ,

politics,

and

the

33

higher

40
arte .. 57

LEARNING.......................................................................................

Guillermo de Torre,
Emilio A. Estiú,

lo puro y lo tendencioso en el

arte y liberación .........................................

Howard Mumford Jones,

72

Research .. . .

82

Fernando Ortiz, la guitarra y los negros ............................
Samuel Martí, música precortesiana .....................................

88
94

Paul Horgan,

the humanities and

pages from a rio grande notebook ...............

100

noticias ........................................................................................

104

�P anorama aspira a presentar un cuadro objetivo de la actividad

intelectual de América, aunque no comparta necesariamente las
opiniones expresadas por los autores. ~ P anorama aims to present
a purely objective view of the intellectual activity of the Americas.
I t does not necessarily share the opinions expressed by the authors.
P anorama visa apresentar um quadro objetivo da atividade inte­
lectual da América, embora nao compartilhe necessáriamente as
opinióes expressas pelos autores. ~ Le but de P anorama est de
présenter une vue purement objective de l’activité intellectuelle
á travers les pays de l’Amérique, La revue ne partage pas nécessairement les opinions émises par les auteurs.

Toda la correspondencia debe dirigirse a
Address all correspondence to
Tóda correspondéncia deve ser enderezada a
Toute correspondence sera adressée &amp;

PANORAMA
Departm ent of Cultural Affairs
Pan American Union
Washington 6, D. C., U.S.A.

�THE PROPER POSE OF POETRY
ARCHIBALD M ACLEISH *

P oetry , according to Mallarmé’s celebrated dictum, is made of words.
Which is another way of saying th a t poetry is not visión but art. This
proposition, however, though easy to speak and easy to listen to, is not
always easily understood. Ordinary speech is also made out of words as
is the sentence I am now writing, The New York Times, and the whole
body of literature described as prose. If a poem is something made of
words, why is not the Times poetry?
One answer might be, and in certain quarters is, th a t the difference
relates to the use to which words are put. Poets use words as the material
of art, the plástic substance of art, as sculptors use stone or as painters
use paint. Other writers use words as words, which is to say, as means
to meaning. B ut this distinction, though it distinguishes, takes in too
much territory to be very useful. Does Hemingway, whose prose is a
model of what prose should be, not use his words on occasion as material
of art? And does Yeats at his greatest, to say nothing of older poets,
not sometimes use words as words—as means to meaning?
The real difference, obviously, lies somewhere else. I t lies not in the
use made of words but in the way in which words are used. Granted
that poetry, like prose, is made of words, what is the difference between
the way words are used in poetry and the way words are used in prose
which makes the difference between the arts? W hat is the language of
poetry?
That question can be best pursued by examining a particular poem:
Let me not to the marriage of true minds
Admit impedimenta. Love is not love
Which alters when it alteration finds
Or bends with the remover to remover
O, no! It is an ever-fixéd mark,
That looks on tempests and is never shaken;
It is the star to every wandering bark,
Whose worth’s unknown, although his height be taken.
Love’s not time’s fool, though rosy lips and cheeks
* Pulitzer and Bollingen prizewinning author of many books of prose and poetry,
former Librarían of Congress and Assistant Secretary of State of the United
States, Mr. MacLeish now teaches at Harvard University. In this article he draws
out the peculiar realms of poetry—what it can and cannot do, where it ought and
ought not to live, what it may and may not say. Originally published in the Saturday Review (New York, March 5, 1955), it is here reproduced by special permission of the editors of that magazine.

5

�Within his bending sickle’s compass come;
Love altera not with his brief hours and weeks,
But bears it out even to the edge of doom:—
If this be error and upon me proved,
I never writ, ñor no man ever loved.

W hat will be immediately evident to anyone reading or hearing this
familiar poem of Shakespeare is th a t the poetry does not inhere in the
individual words. They are words which belong to the ordinary language
and which, with the possible exception of “bark” and “ever-fixéd,”
would be at home in any kind of prose. The poetry inheres not in “re­
mover” or in “wandering” or in “sickle” or in any other single word
but in the relation of all these words to each other. B ut what is th at
relation? The poem, as we all of course know-—though I doubt very much
th a t our ears alone would tell us—is a sonnet. Which means th a t it has
fourteen lines divided into blocks of eight and six with a break in the
middle. And th a t each line has five stresses and ten syllables, more or
less, arranged metrically in what is inadequately known as an iambic pattern. And th at the rhyme scheme, the poet being Shakespeare, is a : b : a : b
in three repetitions followed by a couplet. B ut does all this satisfactorily
define the relationship we feel: the sense of wholeness, of completeness
within themselves, the words give us? I should doubt it. There are
sonnets—thousands of them—which exhibit all these characteristics and
are still not poems.
W hat then gives this sonnet poetry? The content of its words? Shall
we take refuge in the paradox, once so popular in certain contemporary
literary and artistic circles, th at the content is the form? Do we take our
sense of wholeness and completeness from the propositions th a t the “marriage” of true minds is not to be impeded; th a t love which is really love
does not change because it meets with change; th a t true love is the
fixéd mark by which all men are guided; th a t though time may alter the
beloved face, love will not alter with time; th a t if all this is untrue then
no man ever loved?
Not, certainly, if the propositions are divorced in this way from the
poem. Within the poem, and in the words of the poem, their relationship
to each other is undoubtedly part, and an essential part, of the form.
Within the poem, and in the words of the poem, we accept these statements as composing one of the noblest affirmations of the worth of human
love our literature affords. B ut taken out of the poem, taken as them­
selves, they are nothing but assertions: and assertions, moreover, of a
doubtful truth and a questionable beauty. The secret of the poem is not
to be found in them.
6

�Where then does it lie? If the words themselves are not different from
words in prose, if it is the relation of the words to each other th at is differ­
ent, in what does the difference consist? One answer will be suggested
by a reading aloud of the sonnet. The relation to each other of the sounds
of these words, it will be found, is much more complicated, much more
patterned, much more “regulated” as the Chinese say, much stricter,
than the relation of the sounds of words in prose. All words, in all forms
of discourse, are related to each other in time, not space. They arrive
and depart in sequence. They follow each other past the reader’s eye,
the hearer’s ear, as events in time go past. These words of Shakespeare,
however, unlike words in prose, go past in patterns of repeated and
modulated sound. They go past not as the leaves blow by a window, but
as surges go by at sea with their resembling crests, their constant in­
tervals.
What disciplines them, what composes their movement, we see readily enough. There is rhyme imposing its echoes of recurrence on the
stream of sound so th a t the sound returns upon itself at measured distances.There is meter with its regularity of interval and beat. B ut meter
and rhyme are only the most palpable devices. Words as sounds may be
related to each other in an almost infinite variety of ways and can be
made, by those who have the necessary skill, to reveal the subtlest p at­
terns as a wood-duck’s feathers will, tilted this way and th at against the
light. Consider the patterns here:
There is the pattern, in counterpoint against the regular iambic me­
ter, of the meaningful and speaking voice which, in the line
But bears it out even to the edge of doom,

overmasters the iambic beat and turns it back on itself, and which,
throughout the poem, alters its pace from time to time, hastening over
such fines as
Bends with remover to remove

and dragging almost to the breaking point over
Within his bending sickle’s compass come.

There is the pattern made by the sequence of syllables, opening and
closing on themselves: the consonants with their Ms and Ls and Ys and
Fs in honor of the “marriage” and the “love” which are the theme; the
vowels with their subtle married echoes of each other:
Let me not to the marriage of true minds
Admit impedimenta . . .

7

�But a reading of the sound of the poem gives only half the answer because it is impossible, words being what the}'’ are, to read the sound
without reading the sense at the same time. When the sense is read, however, the whole impression alters. Regarded as sounds the relations of
these words may be far stricter, far more orderly, than the relations of
words in ordinary speech, but regarded as sense the unmitigated contrary
is true. These words of Shakespeare, taken in the ordinary way, as words
with meanings, are not only no more orderly than words in common
discourse: they are far less orderly. The ordering factor in any meaningful discourse is that logical structure of words which gives them sense—
the expected association and sequence of ideas—the mind’s custom. But
here the expected association is neglected, not to say violated, time after
time. Consider the sequences of the images these words create—their
carelessness of common assumption, their disregard of logic. Here you
have, in association but in contradiction of each other, not only those
balancing opposites, the remover and the ever-fixéd mark, the calculated
height and the incalculable worth, but those different and irreconcilable
opposites, the rosy cheeks and lips and the murdering sickle’s edge. And
here you have also, in harsh juxtaposition, the sea image against the
star image, and the bold, tragic figure at the edge of doom against the
fumbling figure of the pleader in the courts.
Or take, if you prefer, the emotions and the meanings which these
images and these propositions arouse. Take the rejected doubt at the beginning as to the possibility of that love which is also the marriage of
true minds; the affirmation of love’s steadfastness in every situation and
face to face with every danger of alteration, remove and tempest; the
desperate persistence of that heartbroken line, “Love alters not with
his brief hours and weeks/but bears it out. . .
the irony, noble rather
than bitter, of the end:
If this be error and upon me proved,
I never writ, ñor no man ever loved.

meaning, of course, that if love is not as eternal as lovers, at the height
of their passion, think it is, then no man ever loved—an irony which,
like all true irony, is also true.
Take all this, these propositions in this context, these images in this
relation to each other, and contrast them with the propositions and the
images of ordinary discourse. If the coherence, the logical progression, of
ideas and meanings in ordinary discourse is orderly in the reasonable
sense of the word, order, then the relation of these ideas and meanings is
disorderly or, in any event, beyond order. And yet all this, the altering
emotions, the strangely unrelated images crowding on each other’s heels
8

�—all this is part of the language of the poem: as much a part of it as the
order and regularity of the metric, the counterpoint of the perfectly balanced rhythm and the intricate structure of the verbal sounds.
If the language of Shakespeare’s sonnet, then, may be taken as characteristic of the language of poetry, we can only assume that th at lan­
guage is founded on a very curious paradox: a marriage of strictly regulated sound with illimitably liberated sense—sound more strictly
regulated than it is in any other use of words—sense more largely liber­
ated than by any other verbal means. The language of poetry is a lan­
guage composed of words, yes, but of words arranged in a certain rela­
tionship, and the characteristic of th a t relationship is th at it combines
these contrary elements.
How it combines them is, of course, the secret of the art to be discovered not by analysis and generalization but by the study of examples.
Coleridge, who was more conscious of the contraries than later critics
have been, believed th at the paradox was resolved “by th at synthetic
and magical power to which I would exclusively appropriate the ñame
of Imagination.” “This power,” he went on, “reveáis itself in the balance
or reconcilement of discordant qualities . . . a more than usual state of
emotion with more than usual order.” B ut however the poetic process is
described, whether in Coleridge’s terms or in Dylan Thomas’s com­
parable, “That momentary peace which is a poem,” the essential recognition is the recognition th a t the “discordant qualities” do exist in the
language of poetry itself, and th at the successful use of the language in a
particular poem is the use which Coleridge describes as “reconcilement.”
A recent book (The Structure of Poetry) by the English critic Elizabeth Sewell deais with Coleridge’s problem, though without reference to
Coleridge’s statement of it, in terms which members of our generation
should find interesting. I cannot for myself accept Miss Sewell’s view of
the nature of the poetic purpose or of the limitations on its accomplishment, but her theory of the relationship of order to disorder in the lan­
guage of poetry seems to me illuminating and useful in itself and in its
implications. I t seems to me true, th a t is, to say as Miss Sewell does th at
language is organized otherwise in poetry. I t seems to me true to say
that this organization is dual, affecting both sound and meaning and affecting both differently. I t seems to me true also to say th at the first
organization, the organization of the sound and look of the words, is in
the direction of order, while the second, the organization of meanings, is
in the direction of disorder—or what the mind, which distrusts feeling
and emotion, would cali disorder. I t seems to me true, finally, to say
that poetry, regarded as a language, is uniquely capable of expressing
at one and the same time these discordant opposites. For my own part,
9

�however, I should wish to add th at it is not only by “organization” (Miss
Sewell’s word) th at this is accomplished. A poem is not a static structure
but a movement in time, and Coleridge’s “balance or reconcilement” is
still the perfect phrase for the description of th at work of a rt which
holds the conciliation between order on the one side and disorder on the
other in the only way so precarious a balance can be held: in the continuing motion of a dance.
B ut even so, and no m atter how the language of poetry is defined, it
remains to ask what the consequence of the poetic reconcilement is. For
any language has consequences. I t conveys. And what it conveys, at its
greatest effectiveness, is knowledge. Or, more precisely, what it becomes
a t its most effective is knowledge—for the knowledge embodied in a
work of art may have had no previous existence as knowledge anywhere,
including the consciousness of the artist. Of what knowledge, then, is
poetry a language?
One obvious answer can be given at the outset. If poetry enables the
human mind to manage the discordant opposites of order and disorder,
and if it is this management of opposites which characterizes the knowl­
edge poetry expresses, this containment in balance of “a more than usual
state of emotion ‘with’ more than usual order,” then the knowledge expressed in and by poetry is not what we commonly have in mind when
we use that term. It is not, for example, the knowledge communicated by
the language of Science or by the language of mathematics, for the characteristic of both these languages is their capacity to convey not knowl­
edge of disorder but knowledge of that order into which, as Science and
mathematics believe, all disorder can be translated. Indeed the end and
aim of the languages of Science and mathematics is precisely to destroy
disorder by making order of it.
The point is well made by the familiar story of the rebuke administered to Robert Oppenheimer during his student days in Germany. “I
understand,” said a professor of physics, “you are writing poetry as well
as working at physics. I don’t see how you can do both. In Science one
tries to say something th a t no one knew before in a way th a t everyone
can understand, whereas in poetry . . .” and the sentence was left to
complete itself in the amused silence of the laboratory. Actually, how­
ever, as my friend and colleague Ivor Richards has suggested, the second
half of the sentence is no more comical than the first. Poetry does indeed
say what everyone “knew before” in a way which no one can “under­
stand,” but th at fact is not a reflection on the art of poetry but on the
scientific usage of the two words “understand” and “know.” Every
10

�reader of poetry has known before, in the scientific sense, what poetry
speaks of, because what poetry speaks of is the common human experience. N o reader of poetry can understand, as Science uses that word, the
way in which poetry speaks of the human experience, because poetry
does not address itself to what Science calis the understanding. To those
to whom understanding is a function of the reasoning faculty alone no
poem can be understood. To those to whom knowledge is only knowledge
when expressed in abstract terms anything abstraction has ever categorized is already knoum.
One reason for the learned physicists’s scorn of the language of poetry
as a vehicle of knowledge (there were doubtless others) was his apparent
confusión as to the way in which the knowledge poetry expresses is conveyed. He looked for poetry to “say something” as physics does: to u tter
a proposition. I t is a common and fairly obdurate notion. Thousands of
schoolchildren are educated to believe th a t K eats’s “Ode on a Grecian
Urn” has a “message” and th a t the message is “beauty is tru th , tru th
beauty”—which, it is commonly added, isn’t true. Thus, the knowledge
expressed in and by the sonnet of Shakespeare we have examined becomes the “knowledge” th a t love is not love which alters when it alteration finds . . . th a t love is an ever-fixéd m ark . . . which leaves the ironically tragic line “Love alters not with his brief hours and weeks” to
mean nothing whatever, and voids the whole poem of its profound and
moving insight. The fact is, of course, as we have noticed, th a t the knowl­
edge of which this sonnet is the language is knowledge conveyed not by
any message or proposition, b u t by the organization of the words of the
poem—their relation to each other—and th a t other relation of the ideas
and images to which they refer.
But if the knowledge expressed by poetry is not w hat the scientist
means by knowledge, w hat then is it? W hat is the nature of the im port
which can be conveyed by so complicated and yet so direct a transfusión,
or which, better, can be expressed in such a non-verbal use of words? The
answer to th a t question m ust be looked for not among the philosophers
but among the poets, and, among the poets, not in w hat they say b u t in
what they do—in the poems they write, not in their comments on their
poems. Lacking time or space for such a study, we m ust have recourse
to one of the rare poets who have been able to communicate some sense
of the poetic accomplishment: in our time, and most obviously, Rilke.
There is little theorizing on the a rt of poetry anywhere in Rilke’s work:
he never emerges far enough from the practice of his a rt to see it in
wholly objective terms. B ut there is one paragraph in The Notebooks
of Malte Laurids Brigge which reveáis, a t least by implication, some-

11

�thing of Rilke’s conception of the knowledge of which the art of poetry
is capable. Ostensibly it is a paragraph on the writing of a verse. Actually
it is a consideration of what the writing of a voice expresses. I t is not
enough, says Rilke, merely to feel: one must also see and touch and know.
But it is not enough, either, to see and touch and know: one must have
memories of love and pain and death. But not even memories are enough:
memories must “turn to blood within us, to glance and gesture” so th at
they are no longer distinguishable from ourselves. Only then, and in a
most rare hour, may it happen th at the first word of a verse “arises in
their midst and goes forth from them.”
World turned experience, th at is to say, turned memory, turned life,
may, at the rare and fortúnate moment, speak the language of poetry.
But of what then does the language of poetry speak? Not of the thing
experienced, though everything must be experienced. N ot of the thing
experienced but of the experience itself, the experience become man. Po­
etry is the consequence, as Rilke writes in a letter, “of having gone to
the very end in an experience, to where no man can go farther. The
farther one goes the more one’s own, the more personal, the more unique
an experience becomes. . . . ”
There are two conceptions here, one of which will serve to distinguish
the knowledge expressed by poetry from the knowledge of Science. The
knowledge embodied in and conveyed by Science is knowledge about expe­
rience. The knowledge expressed in poetry is knowledge of experience.
Science abstracts and formulates: its knowledge is a knowledge of laws
applicable to every instance. Poetry presents the instance. Poetry gives
knowledge of the chaos and confusión of the world by imposing an order
upon it which leaves it still the chaos and the confusión which it really
is. The mind, which requires order to see by as the eye requires light,
accepts the formal order of art which the poem imposes and the tru th is
accepted with it, carried, as Coleridge said, “alive into the heart.” In
poetry—in the greatest poetry—experience as it is may be possessed.
The relation of the language of poetry to the experience with which it
deais is not the relation of form to content, of clothes to body. I t is the
relation of balance to movement. With words, but with words organized
according to laws of its own, the poem creates in experience and out of
experience a momentary eternity which is more like experience than ex­
perience itself. The poem is an action, not an urn.
This is one of the two conceptions. The other touches the nature of
the knowledge of poetry. To Rilke the language of poetry speaks not only
of experience but of experience turned man, which is to say, experience
at those ultímate moments when it is capable of conveying a sense of
12

�our own being. The knowledge poetry expresses is thus th a t darkest and
most difficult of all forms of knowledge, the knowledge of ourselves. We
are incapable of knowing ourselves as such. Only in the opaque mirror of
the world we touch and see and feel and hear are we made momentarily
visible and tangible to ourselves in our own senses. These moments of
perception are, as Rilke truly says, rare moments, bu t when they come
it is in poetry they find their speech for only poetry can u tter what they
know. Other languages available to mankind may interpret them, may
generalize upon our experience and ourselves. Poetry is possession of the
life and of the man.

13

�EYOLUCAO DO CONTO BRASILEIRO
EDGARD CAVALHEIRO*

O p o n t o de partida para se chegar a urna conclusao mais ou menos
razoável sobre o que é e o que nao é conto continua sendo o clássico:
se um romance deve ser romanesco, se um poema deve ser poético, se
um tratado de Filosofía deve debater idéias, é justo e lógico que um
“conto” “conte” alguma coisa. Ilá “contos” nos quais nada sucede.
Mas seráo realmente contos? Ou apenas dissertagóes, crónicas, ensaios,
ou trechos de romances?
Sendo difícil, ou mesmo impossível, urna definigao inteiramente
satisfatória, aceitemos como a mais lógica e racional a que os norte­
americanos empregam: “short story”—história curta. Sim, que outra
expressáo melhor dirá do género do que essa? A nao ser que concordemos
com a frase de Mário de Andrade, que encerrava suas discussoes sóbre
o assunto dizendo: “ C ontoé tudo aquilo que o autor chama de conto” .
Mas se é difícil chegarmos a urna fórmula conciliatória sóbre o género
que deu glória a um M aupassant, mais difícil ainda será chegarmos a
urna conclusao sóbre a técnica do conto. Respondendo certa vez a um
jovem que lhe pedirá esclarecimentos sóbre a melhor técnica a empregar,
Maupassant respondeu que basta va arranjar um bom comégo e um bom
fim .

—Só? perguntou o principiante. E no meio, que é que entra?
—Bem ! Ai entra o a rtista !
Toda a questáo, no fundo, está resumida nessa pequeña anedota. Se
há um artista presente ñas páginas que estamos lendo, entáo teremos
um conto, se é o caso de um “conteur” ; um poema, se o autor é um
poeta, ou um romance, se estamos lendo um romancista. Ninguém se poe
a 1er urna história pelo brilho das palavras, pela riqueza do vocabulário.
Nesse caso seria mais eficiente e mais prático folhear um dicionário.
As fórmulas só servem aos mediocres. Os verdadeiros criadores transcendem sempre os limites impostos por esquemas ou regras preestabele* Edgard Cavalheiro é autor de vários livros, entre os quais se destaeam as suas
biografías de Fagundes Vareta, García Lorca e Alvares de Azevedo. Atualmente,
está trabalhando em urna grande obra sóbre Monteiro Lobato, que deverá aparecer
pelos meados do ano, em dois volumes.
No estudo que ora reproduzimos, o escritor paulista apresenta, com a precisáo
que lhe é costumeira, um compreensivo panorama histórico do conto no Brasil,
desde Joaquim Norberto de Sousa e Silva, o iniciador do género, até Marques Rebélo, Orígenes Lessa e Aníbal Machado. O aludido ensaio foi publicado em 1954
pelo Ministério da Educagáo e Cultura, em sua série “Os Cadernos de Cultura”

(74).

14

�cidas. Aliás, aínda sóbre esta questáo de técnica, nada melhor do que
lembrar urna pequeña e admirável história:
“Havia, certa vez, um homen que desejava, a todo custo, ser feiticeiro. Passou meses e meses inclinado sóbre tratados de magia. Por fim
logrou ser admitido na Academia do Grande Arcano. Isso, porém, á
custa de muitos pedidos e de insistentes súplicas, pois as vagas eram
poucas e os candidatos muitos. O curso era rigoroso, mas nosso aprendiz
de feiticeiro estudava com afinco. Admissáo. Primeiro ano. Segundo ano.
O estudante ia sendo promovido de classe. Afinal, chegou o dia da Grande
Iniciagáo, na qual os alumos seriam submetidos á prova suprema do
Rito. Perante a banca examinadora, porém, nosso herói embatucou.
—Mas é incrível! —exclamou o presidente da banca. —O senhor,
um aluno táo aplicado, que fez táo belo curso, agora fracassa! O senhor
nem parece feiticeiro!
—Vossa Exceléncia tem razáo. . .—balbucía o examinado. —Sim, nao
sou feiticeiro. . . .Mas tinha tanta vontade de ser!
—Como?! —exclamam os membros da banca, sobressaltados. Nao é
feiticeiro? —Mas que ousadia! Se o senhor nao é feiticeiro, de que lhe
adiantaria o curso?! . . . ”
*
*
*
Essa fábula ilustra bem o problema do contista em relagáo á técnica
do conto e leva-nos á seguinte pergunta: “Teráo razáo os que afirmam
que nao é possível escrever contos sem se submeter a urnas tantas regras
técnicas, sagradas e imutáveis?” Eis um tema que por si só justificaría
todo um magudo volume. Urna coisa nos parece certa: —únicamente
com técnica, nunca se escreverá bons contos, ao passo que é possível
escrever bons contos mesmo com técnica precaria.
Essa afirmativa mais se reforga ao estudarmos as origens do conto.
Sem nos determos nos tempos imemoriais, ñas inscrigóes e desenhos
encontrados em cavernas de certas regióes da Asia, podemos lembrar
que já nos túmulos egipcios, que datam de mais de 6.000 A.C., encon­
tramos, perfeitamente desenvolvidas, através de hieróglifos, longas
historias de reinados e de poderosas personalidades, com todos os detalhes possíveis.
Com a danga e o canto é o conto a mais antiga forma de arte. Crono­
lógicamente falando, cabe-lhe a primazia como género literário.
Um historiador da nossa literatura escreveu que urna apreciagáo
honesta da evolugáo do conto brasileiro deveria comegar, lógicamente,
por Machado de Assis. Teríamos, neste caso, urna história literária em
que só imperasse a qualidade. Mas todos nós sabemos que as histórias
literarias nao sao escritas désse jeito. H á os precursores. Os abridores
de caminhos. Aquéles que tateiam o terreno, embora sem se realizarem.
15

�Na origem do conto brasileiro nao podemos desprezar as lendas e
narrativas que alguns estudiosos, como Barbosa Rodrigues, Couto e
Basilio de Magalhaés e outros, colheram dos nossos indios. E muito
menos as histórias populares, táo expressivas da alma de um povo, como
as que foram colhidas por Lindolfo Gomes, Silvio Romero, Joáo Ribeiro
e outros.
Entre as lendas e narrativas dos nossos indios, é fácil encontrar
pequeñas obras-primas, que se enquadram perfeitamente nos limites de
um conto. Nao lhes faltam, nunca, um profundo sentimento poético e
largos surtos de imaginagáo. Sao, em geral, histórias repletas de velhos
temores e superstigóes. Os temas giram em torno de um círculo mais ou
menos restrito, e os elementos predominantes sao os astros do céu e os
bichos da térra. O ser humano raramente surge como centro de atengáo.
Quase tódas tém um sentido eminentemente simbólico. Das mais conhecidas sao as que se referem ao jaboti, um grande personagem por sinal.
O jaboti nao é forte, mas é paciente e persistente. Devagar se vai ao
longe, é o seu lema. Éle sabe que a astúcia vale mais do que a fórga. É á
custa de astúcia, ou esperteza, que vence o veado, numa célebre corrida,
ou mata a onga, que estava lambendo os beigos na expectativa de devóra­
lo. É exclusivamente pela astúcia que consegue escapar de urna caixa
herméticamente fechada, em que o tinham aprisionado. Outro animal
muito comum ñas histórias dos indios é a raposa, a mesmíssima raposa
matreira das fábulas de La Fontaine. Mas, ao lado das histórias de
bichos, encontramos deliciosas e poéticas narrativas sóbre a origem da
constelagáo das Pléiades, sóbre a Cobra Grande, o Sete-Estrélo, as
Trés Marias, etc. Como nasceu o mundo, como surgiu o dia da longa
noite, porque o sol brigou com a lúa, enfim, histórias em que falam
temores e superstigóes, em que gente primitiva exterioriza seu espanto
ante os mistérios da vida. Nem tódas essas lendas, fábulas, apólogos,
alegorías ou simples narrativas, podem ser, a rigor, classificadas como
contos para nao falarmos em “bom conto”. A linguagem é tosca, a
técnica práticamente náo existe e, salvo urna ou outra história, o mais
só interessará aos estudiosos.
Fenómeno idéntico observaremos com relagáo aos contos populares.
É verdade que, neste caso, além de encontrarmos urna forma mais defi­
nida e espontánea da arte de narrar, encontraremos também um material
mais rico e variado, rico sobretudo para a compreensáo psicológica de
um povo.
Os estudiosos do assunto já esclareceram que a maioria dos contos
populares do Brasil sáo de importagáo européia. Da África recebemos
alguns. E poucos, pouquíssimos, podem ser considerados de origem in­
16

'

�dígena. Mas, mesmo quando importados, ésses contos sofreram um
processo de adaptagáo e, de urna certa maneira, term inaram como um
reflexo do pensar e do sentir do povo que lhes deu guarida, adquiriram
o seu fundo de verdade, a poesia acessível ao sentimento comum de
tódas as ragas.
Os personagens mais conhecidos dos contos populares no Brasil sao
o Saci-Pereré, a Iara, o Negrinho do Pastoreio, o Lobisomem, a G ata
Borralheira, ou ésse malandro, arteiro e irónico Pedro M alasarte. Todos
ésses ilustres personagens, no entanto, sao de origem anónima, carregam
séculos de popularidade, e pertencem mais aos estudiosos do folclore
nacional do que, própriamente, ao historiador literário. H á, no entanto,
urna categoría de contos populares que até agora nao tem sido estudada
e que, a nosso ver, merece alguma atengáo. Referimo-nos aos escritores
semi-alfabetizados, ésses rudes e prim arios operarios da pena, que, nos
confins do sertáo, ou ñas praias perdidas do litoral, e até mesmo nos
bairros das grandes metrópoles, extravasam no papel os “ causos” que
acontecem ou que a imaginagáo desenfreada lhes dita. E stáo longe de
merecer a classificagáo de “lavores literarios” . Sáo canhestros, m uitas
vézes ilógicos ou absurdos. M as, como transbordam de poesia e, princi­
palmente, como sáo auténticos contos no sentido clássico do vocábulo,
isto é, narrativas que contam realmente coisas!
Mas já é tempo de abordarmos os primeiros contistas, os precursores.
0 nome de Joaquim N orberto de Sousa e Silva surge em primeiro lugar,
pois nao é possível levar a sério Rocha P ita e poucos mais que esporá­
dicamente fizeram ficgáo, má ficgáo. Aliás, N orberto de Sousa e Silva
também é muito fraquinho e só com m uita boa vontade o leitor dos
nossos dias chegará ao fim de qualquer trabalho seu. N o entanto, éle
pode ser considerado o pai do conto brasileiro. O trabalho que lhe garante
ésse título apareceu em 1841, num folheto de 30 e poucas páginas.
Intitulava-se “As Duas Órfás” . Onze anos depois, reuniu ésse trabalho a
trés outros, publicando o volume Romances e Novelas. A palavra conto
nao é empregada, mas tan to “As Duas Órfás” como os outros sáo, a
rigor, contos, isto é, histórias curtas, e podem, perfeitamente, servir
como ponto de partida a quem tragar a evolugáo do conto brasileiro.
Contemporáneo de N orberto, Teixeira e Sousa tam bém escreveu n ar­
rativas curtas, que náo resistem, porém, as exigéncias dos leitores de
hoje. E entre os románticos que, em seguida, vieram agitar o m ar morto
da literatura brasileira, sómente dois ou trés podem ser lidos, atualm ente.
Dois, pelo menos, sáo bons: Alvares de Azevedo— o génio que náo teve
tempo de amadurecer—e Bernardo Guimaráes. De Alvares de Azevedo
temos Noüe na Taverna, que se pode classificar como urna série de
17

�“contos” hábilmente ligados pelo narrador, com o intuito de formar urna
novela ou romance. Náo há, em nossa literatura, nada que se lhe possa
comparar. Noite na Taverna se destaca e se impóe á nossa admiragáo. O
número de imitagóes que provocou, na sua época, é incontável. Fagundes
Yarela, Teodomiro Alves Pereira, Ferreira deMenezes, Antonio Manuel
dos Reis, o próprio Bernardo Guimaráes, todos éles, seguiram o rastro do
menino prodigio e encheram os folhetins dos jornáis da época. Com
excegáo de alguns trabalhos de Bernardo Guimaráes, nada, ou muito
pouco, sobrou dessa literatura. Mas Noite na Taverna ainda hoje pode
ser lido com interésse. O livro se compoe, como disse, de varias histórias,
cada qual mais trágica. Crimes de todos jeitos possíveis ou imaginé veis:
do simples assassinato pela posse de urna mulher até o incesto. De amor
e morte sáo todos os casos narrados. Rapazes que intoxicara mulheres
para poder possuí-las, que levam a desonra aos lares que os acolheram,
que só espalham—na séde do amor e na atragáo da carne—desesperos e
crimes por onde passam. Todos disputam a glória de ter vivido a mais
louca aventura. Em suma, um livro típicamente romántico, fortemente
influenciado por Hoffmann, Byron, etc.
N áo se pode dizer o mesmo dos seus imitadores, como Fagundes
Yarela, que publicou, entre outros trabalhos, Reinos da Glória. Há, no
entanto, urna excegáo: Bernardo Guimaráes. As narrativas déste mineiro
boémio e meio amalucado estáo escritas numa linguagem amena e
agradável, e é fácil destacar alguns trabalhos dignos de atengáo. O
conto “Danga dos Ossos” , por exemplo, é excelente. Trata-se de um caso
de assombragáo hábilmente explorado. O “ conteur” mantém da primeira
á última linha um convincente clima de mistério e terror. H á movimento,
ótimos diálogos e um clímax dos mais inesperados. M as Bernardo
Guimaráes, que possuía urna real vocagáo para o conto, pouco produziu
no género. Fenómeno idéntico se observa com prosadores do porte de
José de Alencar e Joaquim Manuel de Macedo. Escritores fecundos, com
dezenas de obras publicadas, mas com raríssimas incursoes pelos do­
minios do conto. A explicagáo para essa abstinéncia num género táo
acessível reside no fato de que todos ésses escritores estavam, antes de
mais nada, imbuidos do espirito romántico. E o romantismo—pelo
menos o romantismo brasileiro, herdeiro direto de Byron, C hateau­
briand, ou Vítor Hugo—foi essencialmente palavroso, foi principalmente
um movimento poético. Sobrepor o sentimento á razáo, o entusiasmo ao
raciocinio, o subjetivismo ao objetivismo, constituem alguns tragos mais
salientes de um espirito romántico. Acrescente-se a isso a capacidade
para as generalizagóes imaginosas em prejuízo do senso crítico, com total
auséncia de análise. Nunca, em literatura alguma, se empregou tantas
18

�reticéncias e pontos de exclamagáo. E o conto, pela síntese que exige,
pelo poder de concentragáo que requer, náo era, evidentemente, um
género propicio aos románticos. Os poetas preferiam contar suas histórias
em longos poemas ou em massudos romances.
Numa antología feita com algum critério e rigor difícilmente se
incluirla qualquer dos contemporáneos de Alvares de Azevedo. Também
José de Alencar e Joaquim Manuel de Macedo náo seriam lembrados,
pois náo há, na vasta produgáo que deixaram, nenhuma obra-prima,
nada que disso se aproxime. O próprio Machado de Assis dos primeiros
livros—Contos Fluminenses e Histórias da Meia-Noite—está ainda muito
longe de ter atingido a perfeigáo das obras da maturidade. Contos
Fluminenses é de 1870 e reúne histórias publicadas anteriormente no
Jornal das Familias. Como observa Lúcia Miguel-Pereira, o Machado
déste livro e de Histórias da Meia-Noite ainda está muito préso aos
cánones do romantismo, é superficial e fútil. Seus tipos sáo ainda copi­
ados da galeria de manequins románticos: a mulher faceira, a virgem
sentimental, a beleza tentadora e fria, que desperta paixóes sem as
compartilhar, tódas caprichosas, orgulhosas, misteriosas. Os homems
sáo ainda mais estereotipados: o bilontra cínico, o cético afinal conver­
tido ao amor, o apaixonado infeliz. Em torno désses bonecos a fantasia
de Machado borda um tema, fabricando um conto, sem maiores conseqüéncias. O próprio local onde divulgou em primeira máo ésses trabalhos
náo lhe permitiría outra coisa senáo essas amenas histórias de pura
fantasia, sem nenhum fundamento na realidade. Tendo passado do meio
operário para o meio do jornalismo e do teatro, Machado (é sua grande
biógrafa quem nos informa) recusou a pintar tanto um quanto outro.
Desprezou as fontes de observagáo que a existéncia lhe dera. Com a sua
mania de se elevar socialmente, quis escrever para damas da sociedade.
Ora, mesmo a mais completa vocagáo de criador náo pode prescindir da
realidade, ao menos como ponto de partida. Machado quis fazé-lo e o
resultado foi que, a despeito de seu real talento de narrador, seus pri­
meiros livros valem muito pouco. Pouco em relagáo á obra de m aturi­
dade, pois, em confronto com os contemporáneos, já representa algo de
muito superior.
O último livro de contos que Machado de Assis publicou traz a data
de 1906. Contos Fluminenses é de 1870. Sáo trin ta e seis anos de produgáo
ininterrupta. Das histórias alambicadas do Jornal das Familias para as
obras-primas de Papéis Avulsos. Se nos romances, mesmo nos melhores,
as intromissóes do autor, o faz-que-vai-mas-náo-vai do seu estilo ziguezagueante, dáo á narrativa um aspecto indeciso, por vézes cansativo—
no conto, é precisamente o contrario o que podemos observar. Obrigado
19

�a se encolher, a concentrar-se, os trabalhos ganham em coesáo, em re­
sistencia, e o resultado sáo algumas auténticas obras-primas, á altura das
maiores que já se fizeram, em qualquer país de qualquer parte do mundo.
Seus escrúpulos de burilador da forma, sua paixáo pela idéia, exposta
sempre da maneira mais transparente possível, seu horror á retórica,
tudo nesse mulato genial o conduzia para o trabalho de síntese inerente
á arte de um bom contista. Os críticos já observaram que as buhas
mestras da obra de Machado estáo mais definidas nos seus contos do que
nos seus romances. Alguns temas chegam a constituir obsessáo. Volta e
meia ele os retoma, sem no entranto se repetir ou tornar-se cansativo.
O tema da perfeigáo, por exemplo. No romance ele só aparece, e muito
veladamente, na figura da Flora do Esaú e Jacó. Mas, no conto, vamos
encontrá-lo em trabalhos como “ Cantiga de Esponsais” , “Um Homem
Célebre” , “Trio em Lá M enor” , “D. Benedita” , etc. Outro assunto que
muito agrada ao “conteur” é o da relatividade de tódas as coisas. Can­
sado de debater no mistério do destino humano, Machado parecia cruzar
os bragos, meio convicto da inutilidade de todos os gestos e atitudes.
Sáo histórias de um cinismo ora ingenuo, ora malicioso. “A Igreja do
Diabo” é um exemplo muito expressivo dessa tendencia. “ O Alienista”
é outro. Aqui o contista, com o seu frió raciocinio, torna-se implacável.
Se em “A Igreja do Diabo” ele chega á conclusáo de que o Bem e o Mal
sáo equivalentes, em “ O Alienista” a equivaléncia é entre a loucura e a
razáo. A loucura pode muito bem ser a razáo. A razáo pode muito bem
ser a loucura. “Tudo depende do ponto de vista do observador e éste é
essencialmente subjetivo e inverificável” , anota Lúcia Miguel-Pereira.
Mas, Machado é mais do que o cético e frió analista de idéias. O ser
humano também o comove e o atrai com a mesma intensidade. Éle
sabia, com aquela clareza dos génios, que na vida nem tudo é matéria
de puro e simples raciocinio, de séca e decepcionante análise. E escreve,
entáo, algumas obras-primas, cheias de densa e sofrida humanidade, de
arguta e feliz observagáo de aspectos da vida doméstica e mundana, de
maliciosa e irónica compreensáo dos contraditórios sentimentos humanos.
“Máe contra Filho” , “Uns Bragos” , “Missa do Galo” , “Noite de Almi­
rante” , “Capítulo dos Chapéus” , e tantos outros mais, sáo modelos de
bom gósto, exemplos de como se faz um bom conto.
Machado de Assis é o cimo de urna cordilheira. O conto brasileiro até
o seu aparecimento é urna coisa informe e vaga, quase inexistente. Em
Machado há estilo, há técnica, há idéias. E surpreendente o que éle
conseguiu fazer. Náo é grande sómente quando enquadrado dentro da
literatura brasileira. E stá á altura de um M aupassant, de um Tchecov,
de um Pirandello, dos grandes mestres de ontem e de hoje. A surprésa e a
20

�admiragáo crescem ainda mais quando olhamos o que havia ao seu redor.
Muita gente escrevendo contos. Gente talvez demais.
Todo o mundo hoje, observa Araripe Júnior, escreve contos. N áo há
idéia, náo há delirio que se náo tenha julgado transform ável em conto.
Raro é o cronista que náo conver ta a sua crónica num a h isto rieta.. . .
“Quem examinar os livros de contos que circulam pelas livrarias, con­
tinua o autor de Literatura Brasileira, verá que na maior parte náo
passam de comegos de romances abortados, de aspectos físicos ou
moráis deslocados de livros por fazer, marinhas, paisagens ou perfis
dispersos, que estáo m uito longe de realizar o tipo completo dessa espécie
de literatura” .
Inútil, portanto, recensear nomes de autores e títulos de livros. E
mais inútil ainda procurar tendencias e temas. Todos se dizem presos á
escola naturalista, mas o term o pouco ou nada exprime. H á bons e maus
contistas. Com predominancia, está visto, dos maus. Mesmo quando se
trata de um grande rom ancista como Aluízio de Azevedo, ou de um
grande poeta como Bilac, de um crítico como Joáo Ribeiro, ou de um
historiador como o Sr. Alberto Rangel, o que se pode encontrar é o género
na sua forma mais enganadora e menos im portante—a crónica intitulada
erróneamente conto. M uitas vézes nem isso acontece. É o caso de um
Alcides M aia, que estreou excelentemente com um ensaio sóbre M achado
de Assis, e depois enveredou pelo conto regionalista. Com sua linguagem
empolada e complicada, é hoje inteiram ente ilegível. Querem um
exemplo? “Estriando de jalne o barro da parede, urna das flechas lu­
minosas dardejadas pelos rasgoes da quincha resplendia á cabeceira;
outra incidia, reta e fúlgida, sóbre os refegos de camisa, na arqueadura
da espinha; e ainda outra caindo oblíqua á beira das cobertas, acariciava
a máo hirsuta do gaúcho, hirsuta e grande com as falanges compridas
nodulosas e várias manchas azuis negras em destaque na carne m urcha
atijolada” .
O trecho é de Ruinas Vivas, um dos seus livros mais falados, mas
parece extraído de qualquer trabalho do Sr. Coelho N eto, escritor fe­
cundo, dotado de urna grande imaginagáo, mas de difícil acesso, táo
impenetrável como o Sr. Alberto Rangel, autor de Inferno Verde. Ao
contista Medeiros e Albuquerque podemos fazer qualquer espécie de
restrigáo, menos a de ser um espirito confuso. Éle é simples, fluente,
sempre claro e nítido. M as seus contos sáo antes crónicas bem escritas.
Falta-lhe certo calor hum ano; é demasiado lógico, náo tem nenhuma
imaginagáo ou surto poético. O Sr. Garcia Redondo náo é simples, é
simplório. De D ona Júlia Lopes de Almeida náo é difícil salvar urna ou
duas histórias. Q uanto ao Sr. M agalháes de Azeredo, náo creio que isso
21

�seja possível. Ñas mesmas condigóes estáo os Srs. Oscar Lopes, Domício
da Gama, Gonzaga Duque, Tomás Lopes, Rodrigo Otávio, e outros. Para
éstes escritores, Agripino Grieco arranjou urna boa frase: “Viajaram na
literatura de primeira classe com bilhetes de segunda” .
Mas, no amontoado de nomes contemporáneos de Machado, ou vindos
logo depois, salta-nos á frente a curiosa personalidade de A rtur de
Azevedo com seus contos humorísticos. Pode-se discutir o valor da sua
obra. E inegável, porém, que, no ramo que escolheu e cultivou com tanta
graga e espirito, éle foi um mestre. Numa térra e numa época em que, no
setor da literatura, era de bom tom apresentar-se envolto em roupagens
severas ou dramáticas, Artur de Azevedo escreveu páginas que sáo
pequeños primores de jocosidade. Pintor repentista das pequeñas
comédias da burguesía brasileira dos fins do Império e inicios da Re­
pública, nenhum outro o sobrepujou na arte de fixar o aspecto ridículo da
vida íntima da sociedade de entáo, principalmente a de certos círculos
da classe média do Rio de Janeiro. Artur de Azevedo era malicioso, mas
náo sarcástico. Sua ironía náo tenciona ferir; apenas provocar o riso, um
riso franco, amável, bonacheiráo.
Outra grande figura no conto é Joáo do Rio. Seu melhor livro no género
— Dentro da Noite—reúne alguns trabalhos dignos de antología. Sofrendo
a influéncia de Oscar Wilde, de quem aliás foi brilhante tradutor, Joáo
do Rio comprazia-se em pintar, com as cores mais delicadas e finas, os
mais sórdidos aspectos da vida, tudo sacrificando por um belo paradoxo
ou por urna idéia ou imagem elegantemente exposta. Gostava de ressaltar
o lado curioso, irónico e anticonvencional de tódas as coisas, fóssem religióes, almas ou vicios.
De Joáo do Rio, “conteur” eminentemente urbano, passemos a trés
regionalistas, um mineiro, um paulista e um gaúcho. Afonso Arinos,
autor de Pelo Sertao, Valdomiro Silveira, autor de Os Caboclos, e Simóes
Lopes Neto, autor de Contos Gauchescos. Nos contos do primeiro, en­
contraremos, postos em relévo com muito bom gósto literário, tipos e
aspectos da vida do sertáo de Minas. Nos livros de Valdomiro Silveira,
os tipos e cenários sáo do interior paulista, com o linguajar caipira exigindo vocabulário especial no fim do volume. Simóes Lopes Neto focalizou a gente dos pampas, especialmente os fronteirigos. A meu ver, com
superioridade, sóbre Afonso Arinos e Valdomiro Silveira, pois Simóes
Lopes Neto conseguiu, tanto em Contos Gauchescos como em Lendas do
Sul, realizar urna epopéia cíclica, antes contada que escrita, com um tom
narrativo da mais tocante familiaridade. Blau, o vaqueano, é bem o
próprio autor, em toda a sua simplicidade e rusticidade, o genuino tipo
crioulo-rio-grandense, guasca sadio, que, depois de trotar das pousadas
22

�pelas estancias, vem agora contar ao patricio deslumbrado tudo quanto
ficou semeado na longa estrada das suas recordagóes. Blau é Simóes
Lopes Neto, infatigável viajante comercial, percorrendo dias e noites no
lombo de um cavalo as campiñas rio-grandenses, anotando expressoes,
convivendo com os gaúchos nos galpóes, trocando com éles a cuia do chimarráo, ou sesteando sob os umbuzeiros perdidos ñas planicies sem fim.
Todos éstes contistas que agrupei ao redor de M achado de Assis—
simplesmente por imposigáo cronológica-—produziram entre 1890 e 1910.
Muitos só apareceram em livros mais tarde, mas os contos foram di­
vulgados em j ornáis ou revistas literárias nesse período. Afonso Arinos
publicou Pelo Sertao em 1898. A rtur de Azevedo, os Contos Possíveis em
1897. Joáo do Rio estreou em 1906. Júlia Lopes de Almeida, em 1899.
CoelhoNeto, em 1891. De 1894 é o volume Crónicas e Novelas de Olavo
Bilac. Muitos, como os Srs. Coelho N eto ou Alberto Rangel, continuaram
produzindo. Alguns, como os Srs. Viriato Correia ou M agalháes Azeredo,
produzem até hoje. Mas, depois da publicagáo de Papéis Avulsos, de
Machado de Assis, em 1906, o conto passa a ser, com as excegóes de
praxe, vítima predileta de literatos sem assunto. Aliás, o mal náo atinge
sómente o conto. O naturalismo no romance e o parnasianismo na poesia
já tinham dado tudo quanto se podia esperar, eram movimentos em
agonia. A literatura brasileira entrava num período de transigáo, num
período de perigoso conformismo. O livro nacional continuava impresso
em Portugal ou na Franga, em edigoes ridiculas. O escritor mais lido era
o Sr. Coelho Neto ou o Sr. Afránio Peixoto. Faziam urna falsa literatura,
náo só quanto á linguagem mas tam bém , e principalmente, com referéncia aosassuntos, personagens e meio. Sol para éles era astro-rei. M ulher
náo era mulher. E ra flor, anjo da guarda, fada. E n tre as falsas sertanejas
de Afránio, ou os falsos caboclos de Coelho N eto, o leitor nacional náo
hesitava: entregava-se inteiram ente á literatura francesa, com o mais
absoluto desprézo pela produgáo indígena. Nem mesmo Lima Barreto
conseguiu sacudir tal indiferenga.
Essa glória iria caber a José Bento M onteiro Lobato. Depois de ter
passado pela Faculdade de Direito do Largo de Sáo Francisco, de onde
saíra bacharel, Lobato vegetou alguns anos em Areias como prom otor
público. Quando estudante, fizera parte de um grupo boémio e despre­
ocupado, inteiramente voltado para a literatura. Publicara nessa época,
com os mais estranhos pseudónimos, alguns contos. M as o diploma de
bacharel em ciencias jurídicas e sociais, a prom otoria e em seguida a
heranga de urna fazenda desviaram inteiram ente o escritor que havia
néle. Simples desvio, pois, mesmo enterrado na fazenda, cuidava mais de
livros do que das m atas, que em agosto o fogo se encarregava de devorar.
23

�Um dia escreveu um violento libelo contra os queimadores de mato. O
artigo agradou e éle reincidiu pegando novam ente gósto pela coisa.
Enfarado da fazenda, vendeu-a e veio para a Capital. Trazia pronto um
livro que seria urna “bom ba” na pacatez do ambiente. A prim eira cdigáo
de Urupés é de 1918. Em menos de um ano o livro atingía a 4.a tiragem e
doze mil exemplares rodavam de máo em máo, ávidam ente lidos. R ui
Barbosa féz um discurso sóbre o personagem de Lobato, e, naqueles dias,
urna simples referéncia de R ui era qualquer coisa m uito séria.
Urupés saía, assim, do terreno literário para a arena política. D is­
cutido na Cám ara e no Senado, louvado e atacado pela imprensa, anali­
sado em sociedades científicas, o livrinho consumiu toneladas de tin ta e
papel. O leitor brasileiro viu-se, de urna hora para outra, obrigadoa tom ar
conhecimento de um escritor de casa, que lhe contava coisas da térra,
num a linguagem acessível e clara.
Em bora náo ainda inteiram ente liberto da influéncia camiliana, Lobato
procurava aproximar-se da língua falada, dando á sua prosa urna plasticidade em que já se podía vislum brar o “vigo e o desconcérto da té rra ” .
Além disso o contista contava, em verdade, histórias. Trágicas histórias,
sem dúvida. Histórias ñas quais o epílogo sangrento por vézes as ameagava de caírem nos dramalhoes assustadores. M as o bom gósto literário
do “ conteur” , a inocultável vocagáo para o “m étier” , o absoluto dominio
do assunto e da língua, salvavam sempre essas histórias de possíveis
derrapagens para o folhetinesco fácil e espetacular. Urupés incluía doze
contos e o artigo que deu título ao volume, espécie de profissáo de fé do
escritor. O sucesso náo estragou o contista, que continuou produzindo.
M ais tarde éle reuniría tudo em dois volumes: Contos Leves e Contos
Pesados. N áo há dúvida que, entre os contos que vieram depois de
Urupés, encontraremos o melhor déste autor. “O Jardineiro Tim oteo” ,
“ O Espiáo Alemáo” , “22 da M arajó” e outros igualam e, sob certos as­
pectos, superam “ Colchas de R etalhos” , “Boca T o rta ” , “M ata-P au ” .
Com excegáo de “O Engragado A rrependido” , o primeiro livro de Lobato
náo revelou urna facéta muito significativa na personalidade déste escri­
tor—o senso de humor, a vocagáo para a sátira, de que sáo exemplos
muito expressivos trabalhos como “O Espiáo Alemáo” , “ O Plágio” ,
“ O Colocador de Pronomes” e tantos outros mais.
N em tudo será ouro de lei, na obra déste contista. M as, com excegáo de
M achado, nenhum outro, no Brasil, valorizou e enriqueceu ta n to o
género, como éle. M uito lhe deve a literatura brasileira. Urupés, além de
representar urna renovagáo no conto nacional, foi o comégo de um grande
movimento editorial, foi urna preciosa fonte de inspiragáo para dezenas
de escritores, de todos os pontos do país. Á sombra da editora nascida com
ésse livro afortunado, surgiram inúmeros contistas.
24

�É longa a lista: Leo Vaz, Carvalho Ramos, G ustavo Barroso, Godofredo Rangel, Hermán Lima, Gastáo Cruls, Afonso Schmidt, Vicente de
Carvalho, Humberto de Campos, Adelino M agalháes, D arci Azambuja,
etc.
Alguns sómente se realizariam depois da Semana de A rte M oderna.
Outros, como os Srs. Gustavo Barroso, Godofredo Rangel, H erm án
Lima, simplesmente nao tom ariam conhecimento da revolugáo literaria
capitaneada por Oswald e M ário de Andrade. Outros ainda, com o Sr.
Leo Vaz e o próprio Lobato, iriam combater o movimento surgido em
Sáo Paulo, no ano de 1922.
Xao é possível falar pormenorizadamente de todos. É certo que a
obra de “conteur” do Sr. H um berto de Campos náo justificarla m uitas
linhas. Além de pequeña, pouco ou nada acrescenta ao já feito. Com
referencia aos Srs. Gustavo Barroso, Godofredo Rangel, H erm án Lima
e o próprio Leo Vaz—que só publicou Ritinha e Outros Casos, além do
romance 0 Professor Jeremías—tam bém há m uito pouco que dizer.
Escreveram histórias sem muito interésse, historias como há milhares
por ai. Bem diferente é o caso de Hugo de Carvalho Ramos, Gastáo Cruls,
Afonso Schmidt ou Adelino Magalháes. Carvalho Ramos deixou um
único livro— Tropas e Botadas. M orreu m uito mogo, com menos de 28
anos de idade. Náo pode realizar a grande obra que ésse livro anunciava.
Podemos filiá-lo ao regionalismo de Valdomiro Silveira, Afonso Arinos
ou Simóes Lopes Neto. Goiano de nascimento, conhecia a palmo os
sertóes do seu Estado, e, em tódas as páginas que escreveu, o cenário é
sempre o mesmo: a natureza áspera e selvagem do Brasil central. Suas
descrigóes, sempre vigorosas, másculas mesmo, lembram um pouco
Euclides da Cunha, um Euclides menos torturado é verdade, mas com
aquéle mesmo apuro de detalhes, aquéle mesmo farto e original vocabulário. Hugo de Carvalho Ramos era mais romancista do que contista.
Faltava-lhe o senso do anedótico predom inante nos contos. O tem a para
éle quase sempre é simples pretexto para evocagóes, para reconstituigóes
de coisas perdidas no tempo. Isso náo impediu que realizasse duas ou
trés obras-primas.
De certos autores com muitos livros e dezenas de contos, é difícil
destacar éste ou aquéle trabalho. Realizam urna obra homogénea, equili­
brada. Nada genial, mas nada tam bém inteiram ente mediocre. E o caso
de Gastáo Cruls, por exemplo. Tudo néle é intelectualm ente bem equili­
brado e sólidamente construido. Mesmo quando o tem a se torna aluci­
nante, como nos contos “Meu Sósia” e “G. C. P. A .” Senso da medida,
gósto pelo térmo justo e pelo período enxuto, eis algumas características
do autor do “Ao Embalo da R éde” . Já o Sr. Adelino M agalháes—um
nome inteiramente esquecido hoje em dia—deixa-nos a impressáo de um
25

�espirito inquieto, atormentado, algo caótico. Tumulto da Vida, seu livro
mais significativo, é de 1920. No meio da literatura bem comportada da
época, contos, como “Um Prego mais Outro Prego” ou “As 21 Noites de
Paulo Cláudio” , representam, inegávelmente, tentativas de inovagáo. A
novidade nos contos de Afonso Schmidt nao está na linguagem ou na
técnica, e sim no assunto. Preocupado com a situagáo miserável das
classes desfavorecidas da fortuna, procura fazer urna literatura de
combate, cheia de intengoes sociais.
Aliás, o ambiente já estava maduro para grandes transformagoes
literárias e políticas. Náo cabe, nos limites déste apanhado sóbre o conto
brasileiro, urna análise da importancia da Semana de Arte M oderna na
literatura nacional. B asta acentuar que, com os inovadores de 1922, todos
os géneros literários—romance, poesia, ensaio, conto, história, etc.—se
libertaram de urna porgáo de restrigoes e novas clareiras foram abertas.
Talvez ainda seja cedo para se fazer a história désse período. Falta-nos
perspectiva. Mas, se é difícil fazer “história” , náo é difícil apontar os
contistas mais significativos. Acrescentemos, a título de preámbulo, que
todos éles surgem com urna língua viva, bem mais próxima da língua
falada do que seus antecessores. Sáo, também, mais sintéticos, mais bem
humorados, mais audaciosos. E fogem, quase por completo, á velha
técnica—um principio, a história e o fecho de ouro. O utra inovagáo que
iremos encontrar: náo desprezam os assuntos aparentemente banais.
Pelo contrário: o cotidiano, o simples e até entáo desprezado cotidiano,
constitui, para todos, um motivo de permanente atragáo. A vida náo
está só nos fatos incomuns, extraordinários. Náo. Ela também se encontra
nos dramas de todo-o-santo-dia. Tristáo de Ataíde, que foi o grande
crítico do movimento, anotou que urna das tendéncias da literatura que
entáo se comegou a fazer era aquilo que se poderia chamar a valorizagáo
do insignificante. A reagáo do público seria, como é natural, contrária aos
inovadores. Nenhum contista alcangaria, náo digo a glória de um Lobato
■—glória sólida, que resistiu ao tempo—mas a precária popularidade de
tantos que na época absorviam os comentários da crítica bem compor­
tada.
No entanto, nunca o género foi rico e pródigo de surprésas como no
decénio que vai de 1920 a 1930.
Numa crónica deliciosa, escrita em 1927, Alcántara M achado confessava que o que éle mais admira va na “meninada literaria” da época
era “a coragem de afirmar” . A glória dos escritores que tinham vindo
antes, dizia éle, se apoiava no ramerráo, no consagrado, no geralmente
aceito. E ra urna glórial oficial. Os mogos nada conseguiriam se náo
26

�comegasscm aceitando o já existente. “Num meio assim, como tentar
urna renovagáo?”
Porque a coragem de afirmar, continua o cronista, náo se revela
sómente, como muita gente pensa, na xingagáo, na descompostura, na
insoléncia. Dizer na cara já é muito. Mas náo basta. É preciso também
dizer de coragáo, esvaziar-se, despejar-se no papel. Antes de mais nada,
afirmar a sua personalidade acima de tudo e de todos. Fazer urna obra de
nitidez objetiva e subjetiva.
Essa coragem de romper contra tudo e contra todos, essa coragem de
pór-se inteiro na sua obra, quantos a tiveram entre nós? De um, pelo
menos, temos plena certeza. Refiro-me a Mário de Andrade, o grande
Mário. Romancista, poeta, ensaísta, musicógrafo, crítico, cronista, di­
vulgador e agitador de idéias, destruidor de preconceitos e tabus, valendo
sózinho mais do que muitas academias, Mário foi dos nossos poucos
espíritos realmente enciclopédicos. Sua obra de “conteur” é pequeña:
dois livros publicados em vida e um póstumo: Primeiro Andar apareceu
em 1926 e os contos de Belazarte foram divulgados em revistas e j ornáis
em 24, 25 e 26.
Náo é possível falar de Mário, o Accionista, sem referéncias á sua
linguagem. Há muita confusáo em torno das preocupares lingüísticas
do autor de Belazarte. Mas o leitor que percorré-lo pacientemente
notará, logo, que a evolugáo que se processou na sua linguagem é segura
e lógica. Comegando descabeladamente moderno, usou e abusou de caco­
etes, complicando em vez de simplificar. Mas, com o decorrer do tempo,
foi deixando o que havia de for gado e de artificial na sua “maneira” de
escrever, e, nos últimos tempos, sua prosa atingirá tal grau de cristalinidade e pureza, tal plasticidade e sabor, que difícilmente imaginaríamos
escondesse a língua que falamos táo fartos recursos. Ñas crónicas e nos
contos é onde melhor poderemos encontrar o estilista. Trabalhos curtos,
permitiam ao autor mais pacientes corregóes, permitiam-lhe, sobretudo,
dar todos os tons, extrair dos assuntos tudo quanto éles podiam oferecer.
Em alguns contos, principalmente, ésse virtuosismo atinge a grandezas
inesperadas, a efeitos extraordinários. A nota patética quase sempre dá
o tom para que ao redor do tema se desenvolva a orquestragáo, na qual
entram todos os instrumentos—violinos melancólicos, violoncelos
tristonhos, pianos dramáticos, cornetins bufos, violas chorosas, pratos e
fones inquietos. A principio, desnorteará o leitor desabituado ao jeito do
contista, mas éste termina sempre por envolvé-lo gragas á beleza da
melodia pura que salta inesperadamente da balbúrdia de sons. Sirva de
exemplo a história de Nízia Figueira, a do préto Ellis, ou a dos pequeños
27

�piás sofredores. Deixando de lado, porém, o virtuoso da técnica, é preciso
apontar no contista Mário de Andrade o excelente intérprete da comédia
humana. Para focalizá-la, jamais langa máo de recursos melodramáticos
ou grandiloqüentes. Ao contrário, seu tom é sempre outro. Seja para nos
descrever as maiores paixoes ou os maiores dramas, sempre se utiliza de
urna fala mansa e macia, urna fala que comove e convence a gente.
Nisto éle se aproxima—intencionalmente, sem dúvida—dos contadores
de casos, dos férteis e imaginosos contistas populares. Nos seus trabalhos
encontramos, em verdade, aquilo que M aupassant classificava como
“gósto da vida temperado pela arte” . Sim, o artista está sempre presente,
mas em momento algum se desumaniza em prol de um efeito feliz.
Se é difícil, em poucas palavras, falar de Mário de Andrade, mais difícil
é largá-lo. H á sempre tanto o que dizer do homem e do artista que éle
foi! H á sempre tanto que aprender na sua vida e na sua obra! Outros
contistas, no entanto, reclamam nossa atengáo.
Comecemos pelo Sr. Ribeiro Couto. É ste autor, embora bom cronista,
bom poeta e regular romancista, sempre revelou urna tendéncia natural
para o conto. Seu primeiro livro— A Casa do Gato Cimento—apareceu em
1921, ano em que também estreou como poeta.
Pessoal e típico, tanto na maneira de escrever como na de encarar os
aspectos tragicómicos da vida, o senhor Ribeiro Couto conseguiu criar
um género especial de pequeñas histórias sentimentais, histórias ñas quais
a nota realística é sempre suavizada pelo tom poético. Seus quadros da
vida diária, observa Sérgio Milliet, aparentem ente desinteressados,
espalham toda urna complexa série de impressivos dramas humanos.
Escreve com agilidade e graga, qualidades que iremos encontrar, ainda
mais apuradas, em Antonio de A lcántara Machado.
Apesar de algumas incursóes pelos dominios da Critica e da História,
a ficgáo era, indiscutivelmente, o melhor clima para o espirito irónico e
malicioso de Alcántara Machado. Paulista de quatrocentos anos, paulistano do bairro de Santa Cecilia, poucos compreenderam e amaram os
tipos e costumes da cidade como éle. Era, sobretudo, um “conteur”
nato. Se por vézes descamba para a caricatura, jamais a ela se entrega
totalm ente, pois equilibrio e bom gósto sáo qualidades que bem de perto
o distinguem. Carmela e Gaetaninho, mais do que retratos trabalhados,
sáo instantáneos fixados com absoluta nitidez. Convém náo esquecer que
estávamos em plena campanha modernista. Alcántara náo tom ara parte
no movimento, mas aderira aos seus postulados, compreendia e aceitava a
renovagáo que se estava processando. E stá claro que a sua obra de con­
tista aparece na fase inicial com alguns cacoetes e defeitos próprios dos
vanguardeiros. M as a evolugáo do “ conteur” era segura e os trabalhos do
último período—os contos de M ana María-—sáo dos melhores. Frase
28

�curta e séca, imagem precisa e inspirada, vai sempre em linha reta, desprezando paisagens, nao tomando conhecimento senáo do essencial, do
que realmente é imprescindível. E, quando o leitor menos espera, urna
frase corta bruscamente o ritmo trepidante e aparentemente desinteressado em que o autor deslizava. Frase que muitas vézes se resumia numa
única palavra. Urna palavra que era todo um mundo de graga e de es­
pirito. Faltará, talvez, aos contos de Alcántara Machado, maior densidade. Muitas vézes éles pecam por excessivo esquematismo.
Déste defeito náo acusaremos o espléndido Joáo Alphonsus de Guima­
ráes, exemplo típico de um prosador que foi aos poucos se despojando
dos cacoetes próprios do modernismo, para se tornar, no fim da vida, um
dos nossos mais claros e puros estilistas. Em “Galinha Cega” o contista
tivera um désses momentos felizes que de certo modo podem prejudicar
urna carreira literaria. “Galinha Cega” foi divulgado por Terra Roxa e
Outras Térras, em 1926. Reproduzido em dezenas de publicagóes, essa
anedota simples, táo afortunada quanto o sonéto de Raimundo Correia
sóbre as pombas, dá a impressáo de que seu autor nada mais produziu.
É verdade que, tendo reunido em volume “Galinha Cega” e outros traba­
lhos em 1930, sómente onze anos depois voltaria com outro livro de contos
—Pesca da Baleia. Em Pesca da Baleia, que náo é ainda o seu melhor
livro, Joáo Alphonsus apresenta, no entanto, um trabalho que pode, perfeitamente, substituir “Galinha Cega” ñas antologías. Refiro-me a
“Sardanápalo”, impressionante história que Edgar Poe náo hesitaría em
assinar. Aliás, com os mesmos elementos—um homem mórbido e um gato
—o “conteur” norte-americano náo realizou coisa superior. Curioso
assinalar que outro dos melhores contos de Joáo Alphonsus tem, também
como personagem, um animal. Desta vez um paciente e manso burrinho.
Ésse dom de simpatía para com os animáis náo o impede, contudo, de
debrugar-se sóbre os séres humanos, com a mesma intensa e amorosa
compreensáo.
Outro contista que veio do modernismo é o senhor Peregrino Júnior.
Histórias da Amazonia focaliza com muita fidehdade usos e costumes da
Amazonia. Ao contrário de tantos outros, que fizeram do vale imenso o
centro de suas histórias, Peregrino Júnior é simples, desataviado. Embora
conservando tódas as características da língua local, soube evitar qual­
quer empolamento ou preciosismo de linguagem. A fórga ou a intensidade dramática dos episódios que nos apresenta é tirada em linha reta da
originalidade do assunto. Seus personagens guardam sempre o limite
humano que os torna reais e naturais, e seus sofrimentos, por isso mesmo,
sáo sempre plausíveis e aceitáveis. O espanto náo vem dos assuntos nem
dos personagens, e sim do meio, o “inferno verde”, onde a vida se revela
estuante e brutal dentro do seu primitivismo semibárbaro.
29

�Se o Sr. Peregrino Júnior encontra o melhor de si mesmo fixando as­
pectos da vida amazónica, o senhor Marques Rebélo está inteirinho na
cidade de Sáo Sebastiáo do Rio de Janeiro. Salta desde logo á vista do
menos atilado dos leitores a imensa ternura com que éle trata dos
pequeños dramas domésticos, das conversas de namorados nos jardins
dos bairros, dos passeios sentimentais pela Tijuca, dos malandros que
tiram sambas de caixas de fósforos ñas tardes vazias dos cafés.
Sua humanidade é composta de funcionários públicos, de malandros,
de estudantes, de fuzileiros navais, das humildes meninas dos bairros
distantes—costureiras, caixeirinhas, gargonetes. Seu estilo dá, á primeira leitura, impressáo de facilidade, de superficialidade, como se o
autor náo quisesse se aprofundar no assunto. Mas, na verdade, estamos
em presenga de um “virtuose” do conto. Seus dialógos, especialmente,
encerram urna poderosa fórga de expressáo, um mundo de sugestóes.
Marques Rebélo tira o máximo efeito e partido da gíria carioca, urna
gíria saborosa e única. Mas sem cair em perigosos hermetismos, sem
abusar. Náo se prende ás “bolas” do dia, o que seria restringir a durabilidade dos seus contos, muitos déles com enderégo certo para as futuras
histórias literárias.
Com Marques Rebélo encerró a resenha dos contistas que o movi­
mento modernista revelou.
Mas, antes de concluir, resta falar dos que vieram logo depois, dos
que estrearam a partir de 1930, quando outras preocupagóes comegaram
a atrair escritores e poetas do Brasil. Nesse período muita gente boa
apareceu. Alguns trazendo ainda a marca muito viva do modernismo.
Outros, infelizmente, sem terem tomado conhecimento de tal reforma
literária. Outros ainda, procurando novos rumos, insatisfeitos com o já
feito. Destaco um Orígenes Lessa, pela vivacidade de estilo, pelo realismo
descaridoso, pela ironia amarga com que impregna quase todos os seus
trabalhos. Destaco o Sr. Amadeu de Queiroz, um mogo com oitenta anos
de idade por fora e 25 por dentro, dono de urna prosa de urna pureza e
precisáo raramente encontráveis em nossos Accionistas. Náo urna pureza
de gramático, dessas que irritam pelo preciosismo. Mas urna pureza de
quem usa o idioma como instrumento vivo, como meio de expressáo que
atingiu urna cristalinidade impar. Casos de Carimbamba, um livro
modesto, quase desconhecido, encerra páginas de singular beleza. Destaco
o Sr. Luís Jardim, “doublé” de pintor e contista, áspero e forte como as
criaturas e as paisagens que descreve. Sua prosa tem o sabor de fruta do
mato. Encanta pelo pitoresco, é certo, mas se adapta admirávelmente ao
mundo séco e trágico que lhe foi dado reconstituir. Destaco Raquel de
Queiroz, dona de alguns contos cheios de urna estranha poesia, assim
como o Sr. Graciliano Ramos, mais romancista do que contista. Destaco
30

�Telmo Yergara, sutil e tem o retratista da vida simples, de ambientes
domésticos, de cadeiras ñas calgadas. D estaco Rodrigo Meló Franco de
Andrade, que Mário de A ndrade considerava um dos nossos grandes
contistas. Ou ésse admirável G uim aráes Rosa, de Sagarana. M as a lista
é longa. Sáo dezenas e dezenas de nomes. D o Sul. Do Centro. D o N orte.
De tódas as partes surgem contos e contistas. M uitos sáo meros aprendizes de feiticeiros. E stáo ainda fazendo o curso. Alguns no primeiro
ano, outros no segundo ou no terceiro. É possível que no dia do exame
final descubram o engano, o terrível e lam entável engano. N áo eram
feiticeiros. Mas, há, entre as dezenas de rapazes e mogas que publicaram
contos de 30 para cá, alguém que féz todo o curso com distingáo em todas
as cadeiras, e que no dia do exame final abafou a banca. E ra um mestre
disfargado em aprendiz. U m malicioso, inteligente e culto mineiro. O
grande feiticeiro Aníbal M achado.
Sómente há poucos anos Aníbal M achado apareceu em livro, com Vila
Feliz. Até entáo, m antinha-se recalcitrante, desdenhoso das possíveis
glórias de autor. Urna ou outra página divulgada pelas revistas garantialhe, no entanto, urna crescente admiragáo do meio intelectual, que festejava náo só o escritor, mas tam bém o homem, criatura admirável, grande
pelo espirito, grande pelo coragáo. M ais preocupado em estim ular do que
em brilhar, Aníbal M achado vem se dispersando num esbanj am ento de
ternura, toleráncia, compreensáo e bondade.
Sua carreña literaria resume-se em alguns trechos de “Joáo T ern u ra” ,
um ou outro ensaio ou conferéncia, e um punhado de contos. Sáo páginas
de mestre, trabalhadas com um carinho raro neste país de apressados, de
autores com obras completas aos trin ta e poucos anos de idade. Nos
contos, é sem dúvida onde melhor poderemos encontrar Aníbal M achado.
Dos cinco trabalhos reunidos em V ila Feliz, dois pelo menos sáo obrasprimas indiscutíveis: “T ati, a G aróta” e “A M orte da P o rta-E stan d arte” .
Xestes, e nos demais trabalhos de Aníbal M achado, mais do que bons
assuntos, encontramos um bom escritor. U m escritor que alia a um estilo
claro, preciso e lógico, um dom de sim patia, compreensáo e penetragáo
piscológica como temos tido poucos. T udo isso bafejado por um largo
sópro poético, poesia que é sempre urna solugáo adm irável p ara a
complexidade dos sentímentos ou situagoes que analisa. Poesia que enche
as últimas páginas de “Um Acontecimento em Yila Feliz” . Poesia que nos
leva a viver com T ati, a garóta, ou que dá ta n ta densidade á “ M orte da
Porta-Estandarte” . Poesia que faz a Ju an ita de “O Telegram a de A taxerces” continuar bailando a sua danga absurda sóbre os desvarios do pai.
É de caso pensado que encerramos éste apanhado sóbre o conto brasi­
leiro com o nome de Aníbal M achado. E que o autor de V ila Feliz retoma,
neste género üterário, a tradigáo iniciada e elevada táo alto por M achado
31

�de Assis. Estilo, clareza, bom gósto, e, principalm ente, honestidade e
seriedade intelectuais a toda prova.
Em literatura, e naturalm ente que em todas as outras artes, ninguém
tira nada do nada. H á um fio secreto e íntimo a ligar os espíritos do passado aos do presente. Sao raízes de urna mesma árvore, que se prolongam,
e que ontem, como hoje e sem dúvida am anhá, se transíorm aráo em novas
árvores, que por sua vez daráo novos frutos. A selva é a mesma, mas as
árvores sáo diferentes e os frutos nem sempre se equivalem.
O conto brasileiro já possui urna sólida tradigáo. Dos velhos pagés aos
contadores de casos, das tentativas dos rom ánticos ao fenómeno Machado
de Assis, de Lobato a M ário de A ndrade e a Aníbal M achado, é todo um
longo e brilhante caminho percorrido.

32

�NAUFRAGOS, PRISIONEROS Y RENE­
GADOS Y LA CONQUISTA DE
AMERICA
ALBERTO SALAS*

La conquista de América, como toda conquista que procuró convertir
el simple sometimiento de tierras y pueblos en un estado de dominio per­
manente, se puede considerar como una de las mayores empresas que se
han realizado en la historia de la humanidad en lo que concierne a la mez­
cla de culturas y grupos étnicos. Realización de dimensiones tan enormes
que aún ahora no se alcanza a abarcar con facilidad la transformación
cultural que operó en todo el continente sobre la masa de población abori­
gen y sobre el más reducido grupo que constituyeron los conquistadores,
núcleo reducido pero pujante, vencedor y portador de los elementos cardi­
nales que habían de producir las nuevas formas.
La aculturación, en todo orden de cosas, fue mutua y de proceso lento,
aun cuando por parte de los vencedores, en algunos aspectos, fue acele­
rada coercitivamente. El elemento europeo, a su vez, de una manera casi
insensible, hubo de experimentar la acción de factores locales—geográ­
ficos, étnicos y culturales—produciéndose la diversificación inadvertida
de su propia fisonomía, evolucionando el elemento metropolitano, chape­
tón y gachupín hacia el tipo vulgarmente denominado indiano, forma ya
decididamente hispanoamericana.
Factores fundamentales como la religión y la lengua se impusieron con
mayor o menor rapidez, particularmente la primera, sobre todo en su
aspecto formal. La unificación lingüística progresó con variable rapidez
en el mapa americano, observándose el hecho, en muchas regiones—las de
las lenguas generales—que el español aprendiera los idiomas vernáculos
para facilitar su entendimiento con los indígenas, particularmente para
facilitar la predicación. Y si bien es cierto que este mestizaje cultural se
cumplió en lo que respecta a algunos elementos de la cultura en un solo
sentido—la religión, por ejemplo—, en muchos otros la interacción ha
sido mutua, dando origen a formas nuevas, curiosas, imponderables a
veces, o bien caracterizadas como americanas o hispanoamericanas.
* Profesor y escritor argentino. Nació en Buenes Aires en 1915. Entre sus obras se
destaca el libro Las armas de la Conquista. Reproducimos el presente ensayo to­
mándolo de Imago Mundi (Buenos Aires, Año II, Núm. 7, marzo de 1955).

33

�El afán español por lograr la unificación cultural de las nuevas tierras,
incorporando a los indígenas al mundo de su cultura, está amplia e in­
discutiblemente evidenciado por las Leyes de Indias, formalizado en
reales cédulas y órdenes que han tendido de manera pertinaz y constante
a hacer de las Indias un todo homogéneo, bien caracterizado y definido
dentro de una concepción cristiana. No se intentó el simple lineamiento y
formalización de un dominio ejercido por un grupo minoritario sobre una
población aborigen, sino que se procuró la fusión de esos elementos en uno
solo, y para ello se trabajó de manera incansable en un proceso que aún
hoy día está lejos de haber concluido, pero que fue movido poruña con­
cepción profundamente cristiana.
Pero no es nuestra intención, en esta nota, y por ahora, intentar un
enfoque general de la legislación de Indias en este afán de unificación de
los diversos elementos culturales y étnicos ni destacar cómo funcionó todo
esto en la realidad, tan distante a veces de la teoría legal. Lo que deseamos
señalar, por el momento, es que al margen de los lincamientos generales
del proceso de mestización étnico y cultural cumplido en todas aquellas
zonas en que europeos e indígenas entraron en contacto, aun belige­
rante—que era suficiente para un activo intercambio de formas culturales
y de sangres—, hubo algunas circunstancias que sirvieron para acelerar y
hacer más íntimo ese contacto, y que son capaces, de por sí, de informar­
nos de los caracteres más generales de todo el processo de aeulturación.
Del lado indígena el cambio cultural se ha visto facilitado preferente­
mente a través de los individuos que vivieron en la intimidad de los con­
quistadores y de los primeros núcleos españoles establecidos en las nuevas
tierras, de manera muy particular por los naboríes en toda la parte sep­
tentrional de la América española, y por los yanaconas en la meridional.
Las indias de servicio, palabra de amplísima acepción que en algunas
oportunidades admitió especificaciones regionales concretas (china, magacara, etc.), constituyeron un elemento de primer orden en este proceso,
no sólo al dar a los españoles sus hijos mestizos, sino también como fac­
tores de mediación y contacto entre ambas culturas, decisivos en su amal­
gama y formas nuevas, dando origen a lo hispanoamericano y a lo criollo,
que aunque sólo en matices, a veces, se aleja y diferencia de lo español,
victorioso y pujante. Esos elementos han actuado como verdaderas super­
ficies de contacto, con menos violencia y fricción que otras, más pacífi­
camente y también más placenteramente, vale decir, con mayor docencia.
También del lado español existieron factores que actuaron con intensi­
dad en esta unificación, con más frecuencia e intensidad de la que es
habitual suponer. Nos referimos particularmente a los que podríamos
llamar prisioneros y náufragos y a los renegados. Las dos primeras cate­
gorías posiblemente puedan referirse a una sola, a la de los prisioneros, y
34

�no queremos, a pesar de algunos elementos de juicio que en su oportuni­
dad argumentaremos con mayor amplitud, insistir en este aspecto. De­
seamos referirnos tan sólo a aquellos españoles, varones o mujeres, que,
por accidente o por mera acción de guerra, se vieron obligados a convivir
con los indios, ya sea en libertad como en estado de cautividad. Así, por
ejemplo, Staden, el arcabucero alemán apresado por los indios tupinambás, vive real y efectivamente cautivo entre los indios y constante­
mente amenazado por una muerte violenta y el ulterior ritual antropofágico. Alvar Núñez Cabeza de Yaca, un auténtico náufrago, vive
prisionero los primeros tiempos, pero luego, más que prisionero de los
indios, vive prisionero del hambre y de la geografía, vale decir, de la inu­
tilidad de la evasión. Y Núñez de Pineda y Bascuñán, por citar a uno de
los tantos prisioneros conocidos de Chile y de la guerra araucana, aun­
que comienza siendo un verdadero prisionero, vive luego entre los arau­
canos en una relativa libertad y hasta placentera vida. Ambas clases,
simples náufragos o prisioneros, son españoles, varones o mujeres que
viven involuntariamente—o han comenzado a vivir involuntariamente—
entre los indios. Estas dos formas, o una sola si se nos admite la simplifi­
cación, son sumamente numerosas en toda América y en todas sus épo­
cas, casi hasta nuestros días. Los cautiverios han sido breves o larguísi­
mos, según las circunstancias, penosos en grado extremo o llevaderos y
hasta felices, como el ya aludido de Bascuñán. El concepto común y co­
rriente es que la mayor parte de los prisioneros españoles eran ejecutados
por los indios en ceremonias rituales y hasta comidos. Pero es evidente
que si ésta ha sido la suerte de muchos, otros, en cambio, han podido con­
servar su vida y hasta un relativo grado de libertad en su cautiverio.
Estos, precisamente, son los casos que nos han interesado, puesto que al
compartir la vida indígena, a veces de manera prolongada, tuvieron la
posibilidad de adaptarse a nuevos tipos de vida. La situación hizo que el
prisionero se amoldara a la nueva situación, aprendiera la lengua, los
usos y costumbres más generalizados de los indios, e incluso como en el
caso de Alvar Núñez y de tantos otros, aprovechara ciertas dotes natura­
les para convertirse en hechiceros o shamanes, buscando siempre alguna
notoriedad que mejorara su condición social dentro del grupo en que for­
zosamente se alojaba. Los años convertían a estos individuos en verda­
deros indios, que a su vez no dejaban de reaccionar sobre el grupo abo­
rigen, introduciendo sus propios elementos culturales en mayor o menor
grado.1
1 Hacia todo esto tiende, por otra parte, una de las Leyes de Indias (Ley VI, Título
IV, Libro IV) que dispone que los descubridores, viendo que la gente indígena es
doméstica, pueden dejar entre ellos un sacerdote, clérigo o religioso, para que
los doctrine. La disposición lleva implícita la contraparte, vale decir, el aprender
la lengua de los indígenas y conocer sus costumbres.

35

�Huelga todo comentario con respecto de la rápida modificación étnica
de algunas regiones de América, como el Paraguay o la región araucana,
donde Rosales, ya en el siglo X V II, denunciaba la existencia de muchos
guerreros indígenas rubios, que medían sus lanzas con los tercios espa­
ñoles, como consecuencia natural de la cautividad de numerosas mujeres
españolas. La situación del cautivo en la mayor parte de las naciones
indígenas de América no ha sido en verdad envidiable. Pasados los
primeros momentos, si lograban evitar el sacrificio, su estado dentro del
grupo tribal era prácticamente el de un siervo o esclavo que debía de­
sempeñar las tarea más enojosas y pesadas. Si poseía oficio, habilidad
manual y si podía, con el tiempo, convertirse en un guerrero, la situación
cambiaba de manera notable, mejorando su posición dentro de la tribu.
Así aconteció, notoriamente, con Gonzalo Guerrero en el Yucatán, con
Barrientos en Chile, con Ortiz en la Florida. La situación de la mujer, en
cambio, si bien parece no haber corrido el peligro de su sacrificio, honra
merecida sólo por los guerreros, ha soportado, en cambio, la violencia
sexual de los indígenas que parecían vengar así el repetido rapto de las
sabinas cometido por los españoles. Estas mujeres que cayeron en manos
de los indios como joyas preciadas en todas las regiones de América, y que
en Chile durante los siglos XYI y XY II fueron muy numerosas, así como
en la pampa en los siglos X V III y X IX , constituyeron elementos activos
en la transformación étnica y cultural de las parcialidades indígenas. No
conocemos a través de nuestras lecturas ninguna prisionera en poder de
los indios que haya transformado su condición en una situación volun­
taria de reniego, cosa que ha sido bastante frecuente entre los hombres.
Hay sí, algunos casos bien conocidos de mujeres que, heridas en su
orgullo, se negaron, llegado el momento, a reintegrarse a la sociedad
española.
Prisioneros hay que, por circunstancias muy favorables, pudieron con­
vertir su cautiverio en una residencia bastante placentera, como le ocu­
rrió a Bascuñán, que sólo atinó a negarse a lamujerindígena, y que nos ha
dejado en su Cautiverio feliz un hermoso documento que refleja con pre­
cisión la compleja situación de un prisionero español dentro de una par­
cialidad araucana y sus mutuas interacciones. El regreso o la redención
de estos cautivos fue de singular importancia, además, para la Conquista.
Son los hombres que han penetrado los secretos de la tierra, los que cono­
cen a los indígenas, sus costumbres y su lengua mejor que cualquier otro.
Son los intérpretes de casi todas las expediciones, los guías y los media­
dores pacíficos, y son, en definitiva, en el grupo español, los individuos
que más han penetrado los modos de vida aborígenes, los que están en un
filo entre lo español y lo indígena, los primeros que encarnan lo criollo y lo
americano. No en vano Diego Velázquez da instrucciones concretas a
36

�■

Cortés para que rescate los prisioneros que están en el Y u catán , de donde
ha de salir Francisco de A guilar, hom bre decisivo— ju n to con doña
Marina, la versión indígena— en la conquista de la N u ev a E sp añ a. Lo
mismo le ocurrió a G aboto con F rancisco del P u e rto y con E n riq u e M o n ­
tes, a Hernando de Soto con J u a n O rtiz.
En contraste con estas forzosas residencias e n tre los grupos indígenas,
veamos ahora la conducta de los que podem os llam ar, en general, “ re ­
negados” , vale decir hom bres españoles que p or diversas circunstancias
abandonan el grupo al cual pertenecen y se p asan a v iv ir con los indios,
adoptando sus m aneras, usos y costum bres. A decir v erd ad , este problem a
de la evasión social en In d ia s adquiere u n a im p o rtan cia ta n grande, ta l
amplitud y dispersión geográfica, que aq u í sólo podem os asp irar a d ar
una idea somera del mismo.
En todas las épocas se h a n conocido estos renegados, que tam poco
ignoró España d u ra n te sus guerras con los árabes. L a evasión de las
pautas sociales del grupo al cual se pertenece parece u n a línea co n stan te
en el hombre, con m ay o r o m enor intensid ad , u n a m an era de deso­
bediencia que procura abrirse horizontes de m ay o r lib ertad , escapar a
las inhibiciones, a las form as m uy estratificad as y com plejas de la
conducta, a la cual se p ro cu ra evadir, de u n a m an era o de o tra . L a
huida del grupo parece ser la form a extrem a, que no faltó tam p o co en
las Indias del siglo X Y I y que tam poco fa lta en n u estro s días. P a ra
comprender el fenóm eno, por lo m enos en lo que resp ecta a A m érica en
el siglo inicial de su conquista y colonización, ta l vez convenga señalar
que toda la vida y las form as de conducta, así como las posibilidades
económicas que se ofrecían al hom bre español, co n stitu ían ev id en tem en te
una forma de evasión, u n aflojam iento de las p a u ta s sociales im p eran tes
en España, u n a n o tab le m odificación de m uchas norm as, u n cam po
mucho más abierto que el m etropolitano p a ra las em presas de la am b i­
ción, de la fuerza y de la acción. E n u n a p a lab ra, que creem os no equi­
vocarnos si com param os estas tie rra s de entonces con lo que h o y lla­
mamos, o con lo que hem os llam ado h a s ta hace poco fro n teras, sitios
donde se experim enta u n aflojam iento general de las p a u ta s, reem pla­
zadas por u n espíritu de em presa, de acción individual, y p o r valores que
no siempre son los dom inantes en los centros de m ay o r densidad de la
sociedad y de la cu ltura.
El renegado p u d o en sus com ienzos ser sim plem ente u n prisionero o
un náufrago. A lguien que forzosam ente convivió u n cierto tiem p o con
los indios y que acabó p o r encantarse con la v id a de ellos, co n su stan ­
ciándose h a sta donde fue posible. Y cuando llega el m om ento de re in te ­
grarse a su grupo, el reniego se hace evidente. G onzalo G uerrero, u n o de
los com pañeros de A guilar, en el Y u c atá n , es el m ás acabado ejem plo
37

�de esta circunstancia. Cuando Cortés los reclama, Aguilar marcha a su
encuentro, dócil a su cultura, pero Guerrero, hombre de la mar, con­
vertido en jefe de guerra de los indios, que tiene la piel labrada y todos
los adornos correspondientes a su rango, que tiene mujeres indígenas y
prole mestiza, se niega a reintegrarse. Más aún, llegado el momento,
tomó las armas contra los mismos conquistadores españoles, defendiendo
su tierra adoptiva. Aguilar, más adaptado a la vida indígena de lo que
él se atrevió a manifestar, resolvió su regreso. Guerrero, tal vez por
orgullo, tal vez por estar definitivamente ganado por esa vida donde
había conquistado una posición social superior a la que podría tener
entre su propia gente, permaneció entre los indios, inte¿rándose definitiva­
mente a ellos.
La evasión también se ha cumplido de manera enteramente voluntaria,
aunque obligada en cierto modo por otros factores. Negros y blancos
se han quedado entre los indios durante la expedición de Coronado a
las siete ciudades de Cíbola, hartos de luchar y de caminar a la ventura.
Lo mismo ocurrió en la expedición de Soto a la Florida y durante la
navegación del Amazonas por Orellana, en la cual expedición, si no
hubiera sido por algunos hombres de honra, como dice el cronista, otros
que no la tenían se hubieran huido a los indios, buscando, sin dudas,
una vida menos trabajosa y más placentera. Y así fue como, en la mayor
parte de los casos, las tribus, aunque adversarias, se ofrecieron a aquellos
hambrientos y fatigados, a aquellos hombres hartos de luchar, derrotados
por las exigencias implacables de la nueva sociedad que integraban
aquí en las Indias, como un refugio. El hombre que aguantaba, que
soportaba los trabajos con entereza, sin desfallecimientos, que no se
pasaba a los infieles, ése era hombre de honra; el otro, el que se evadía,
era prácticamente un delincuente, un descastado. Falto de honra y de
vergüenza. Y se los castigaba cuando se los sorprendía hasta con la
muerte, como a los sodomitas y antropófagos. Pero las deserciones se
produjeron en todo el mapa americano, desde la pampa hasta la Florida.
De hecho hay un comienzo de reniego en cada hombre que, convi­
viendo con los indios voluntaria o involuntariamente, acepta una prác­
tica de ellos y olvida o desecha algunas de las suyas. Así, Bascuñán
manifiesta un avanzado proceso de evasión al contarnos las numerosas
adopciones que realiza y al hacer la apología de muchos elementos de
la cultura araucana, aunque sólo se trate de la chicha de frutilla, el
baño matinal o la belleza de las indias. Pero es evidente que los factores
placenteros son los que han posibilitado la adaptación de los elementos
europeos a la vida indígena, y de manera muy particular la mujer indí­
gena, que evidentemente gustó del hombre español en la mayor parte
de las comarcas americanas.
38

�Del lado español los náufragos, los prisioneros y los renegados an ­
ticiparon el proceso, lo aceleraron, y sirvieron, como los indígenas que
vivían en estrecho contacto con los españoles—particularm ente las
mujeres indígenas— , como verdaderos puentes entre am bas culturas,
como intérpretes y lenguaraces que fueron. Profundizaron la compren­
sión, hicieron explicables y lógicos m ultitud de hechos y de prácticas
indígenas, tuvieron el secreto de las tierras, de los m itos, de las guacas
y de los tesoros. Son los hom bres y las mujeres que ayudaron a despojar
definitivamente a ese contacto y encuentro de todo sentido de extrañeza,
ubicando las culturas y sus formas diversas en u n plano m eram ente
humano.

39

�RELIGION, POLITICS,
AND THE HIGHER LEARNING
MORTON W H ITE*

religious intellectuals today the most important question, the
question that exercises them most even when it is not asked in this
form, is not “Does God exist?” but rather “Should I be religious?” And
this reformulation has been the source of both liberation and confusión,
particularly in the sphere of higher education, where it has become increasingly fashionable to urge the importance of religious instruction for
the undergraduate. If you adopt the more traditional way of stating the
religious question you cannot avoid asking yourself “What evidence is
there for belief in God?” or “What arguments are there for the existence of God?” and even if you say you have faith, you may be fairly
asked why you have faith. If, however, you defend faith as a policy,
you may be asked to supply evidence for the statement that it is an
advisable policy, and once again you will be involved in a cognitive
argument, that is to say, one in which you claim to know or believe
something and therefore one in which you may be fairly asked to de­
fend your claim or your belief. Now there is no doubt that a large and
increasing number of religious intellectuals do not feel, or at any rate,
do not say, that arguments of either kind are relevant to their religious
beliefs. They do not use traditional proofs of God’s existence and are
not likely to be moved by a request for a justification of faith. What,
then, do they believe? Obviously not the simple, old-fashioned declarative statement of theology, God exists, for then they might feel some
compulsión to give arguments for what is not obvious to everyone. A
reasonable suggestion is that they believe a moral statement which they
are willing to argüe: that one should, or one ought, or that it is good,
to be religious. In other words, the serious question to which they address themselves is the second one we have mentioned.
The educational implications of this transformation of the religious
question are obvious enough. Those who wish to introduce religious
instruction into the undergraduate college and who adopt this more
A mong

* Professor of Philosophy at Harvard University, Mr. White has written The Origin of Dewey’s Instrumentalism and Social Thought in America, and is a frequent
contributor to cultural reviews and philosophical journals in the United States and
England. This article first appeared in Confluence (Harvard University, Volume 3,
No. 4, December 1954) and is here reproduced by special permission of the editors.

40

�recent way of construing religión must now ask themselves just what
they mean by religión. Having abandoned the straightforward and
simple definition of a religious man as one who believes in God and defends his belief, they must set forth an alternative view. The twentieth
century has witnessed a number of eíforts to redefine religión in the
light of this new religious distaste for traditional theology; they vary
from an excessively narrow view of the religious life as a life of feeling
(as opposed to knowing) to one that rightly regards religión as a total
way of life—cognitive, esthetic, affective, moral and even political.
The first alternative is untrue to religión, as I shall try to argüe in this
necessarily brief essay on an enormous subject, while the second, if
acted upon by those who are responsible in these matters, will be un­
true to the aims of undergraduate education. In this respect it is like
instruction in (rather than on) Communism.
i

Of the three analogous questions that may be formulated by using
the words religious, moral, and scientific, “Should I be religious?” is
probably the only one that is significant. Its counterparts “Should I
be moral?” meaning by that “Should I do what is right?” and “Should
I be scientific?” meaning by that “Should I use the devices of experiment, observation, and deduction, when I try to find out something
about the world?” have a prima facie emptiness about them which is
confirmed by philosophical reflection. But “Should I be religious?” is of
an entirely different order. I t is meaningful and momentous, as William
James said. I t is the kind of question that even a clever philosopher
would have difficulty in proving meaningless. But while it is surely not
meaningless, it is not easy to say what it means.
The history of the shift from asking bluntly, without “if’s” and
“but’s,” “Does God exist?” to asking “Should I be religious?” is the
history of the philosophy of religión in our time. George Santayana
is as important a figure in its development as anyone in the twentieth
century. He quotes Bacon’s aphorism “A little philosophy inclineth a
man’s mind to atheism but depth in philosophy bringeth men’s minds
to religión,” and the jump from the word atheism to the word religión
is symbolic of the transformation I have in mind. The point is that
atheism is the belief in the non-existence of God (or the non-belief in
the existence of God), while religión is not identical with theism. But
if depth in philosophy bringeth one to religión, one must go even deeper
to find out what the word religión means.
I do not think the traditional differences over the nature of God are
as great and profound as the more recent philosophical differences about
41

�the nature of religión. Religión has meant all things to all philosophers
and that is one reason why the modern transformation of the religious
question has been confusing as well as liberating. Having escaped the
difficult logic of theologians, religious intellectuals with no taste for
scholastic disputation must now face the perplexing question “What is
religión?” In the nineteenth century it was fashionable to say that one
knew that there was a God but that His nature was mysterious and
unknowable. But plainly one cannot take the analogous way out when
discussing the nature of religión. One cannot say “I know there is religión
but its nature is mysterious.”
The answers to the question “What is religión?” have come trippingly
in the twentieth century. It is a species of poetry (Santayana); it is a
variety of shared experience (Dewey); it is ethical culture; it is insight
into man’s nature. (The last is the view of a group that might be called
“Atheists for Niebuhr.”) In short, being religious, as one might expect,
is not the sort of attribute that one can identify easily by the method
of genus and differentia: it is not immediately susceptible to the analytic
methods that G. E. Moore uses on brotherhood (“To be a brother is to
be a male sibling”), ñor is it easily treated by the powerful definitional
techniques of mathematical logic. What too many philosophers tend to
suppose—wrongly—is that examples of religious behavior have a simple
property in common, that we can easily identify it, and that the dis­
putes of philosophers are differences about the essence or analysis of
what is ordinarily called religión. But granting that this is a simpleminded view of the matter, is there no unity in all of the different aspects upon which different philosophers have seized? Even if none of
their proposed definitions presents “the essence” of the religious life, is
there no idea which they reflect that may help us formúlate a more
complex and therefore more adequate view of religión?
One answer is that they all reveal a desire that underlies a vast amount
of contemporary talk about religión: the desire, not only to avoid identifying religión with belief in one single assertion such as “God exists,”
but to avoid identifying religión with any claim to knowledge that might
have to run the gauntlet of scientific test. (One might be tempted to
except those who identify religión with insight into human nature, and
therefore with something like psychology, but atheists for Niebuhr, like
Niebuhr himself, think of their insight as transcending scientific psy­
chology.) In other words, the various oversimplifications of religión—
whether they make it mean just appreciating poetry, or just living in
community, or just adopting a certain moral code, or just having the
insights of a Kierkegaard, a Dostoevski, or a Pascal—are negatively
motivated. They are dominated by a desire to make religión fill the
42

�void created by the dissolving effects of Science, both physical, as at
Hiroshima, and spiritual. This has been the outcome of the nineteenth
century’s hot war between Science and religión. I t has ended in an uncomfortable cease-fire, and in the creation of a line th a t would sepárate
knowledge from all other human activities. Religión has too often agreed
to accept the role of a non-scientific spiritual grab-bag, or an ideological
know-nothing, while Science has promised to give up its control over
feeling and will.
Several observations are in order. First of all, it is plain th at the various efforts to identify religión with poetry, community, liturgy, or
morality by themselves are as misguided as the identification of religión
with assent to one abstract proposition. Religión is not any one of these
taken by itself. Religión is at least a complex of all of them, and more,
taken together. In W ittgenstein’s phrase, they may all have deep family
resemblances th at distinguish them from Science, but religión is a holy
family composed of all of these concerns rather than any one of them
by itself. Moreover, no seriously religious person can combine the liturgy
of Román Catholicism, the ethics of Judaism, and the Protestant
theory of man. The result would be a spiritual monstrosity. And while
their connections are not logical, like those between the axioms and
theorems of a mathematical system, the elements of religión have organic connections with each other th at make it more difficult to mix
them modishly as we mix different styles of furniture. They make up a
cultural pattern, and therefore cannot be torn apart and reassembled
into homemade jalo pies with Ford engines and Cadillac bodies. They
may die when they are transplanted or when spiritual Burbanks begin
their grafting. Revolutionary and hybrid religions may come into being,
but they become real and moving for ordinary people only after heretics
and reformers have created interesting new spiritual collages with the
remnants of the past and Ítems of the present.
It follows that we must go one step further in our transíormation of
the religious question. If we ask it at all, we should not ask abstractly
“Should I be religious?” but rather “Should I be a Jew?” or “Should I
be a Román Catholic?” or “Should I be a Protestant?” And when we
have asked one of these more specific questions, the further question is
bound to arise: must we not go back to asking, among other things,
whether God exists, as He is conceived by these different religions? I
suggest now that it is not only impossible to ask the question “Should I
be religious?” without specifying a particular religión, but th at we can­
not disengage the purely affective and active elements of th at religión
from its cognitive or putatively cognitive elements. Even if theology be
treated as myth, as Santayana does, it is different from the explicitly
43

�liturgical, poetic, moral, and social aspects of religión even though not
sepárate from them. It is impossible, I suggest, to be a Jew in any serious
way without accepting the Judaic picture of God, or to be a Christian
without forming an image of Christ consonant with Christian ritual
and morality. I must emphasize the fact th at this is not a m atter of
logical impossibility. Clearly we may accept a large part of what is called
Christian ethics without being forced deductively to accept its theological
underpinnings, if only because one does not imply the other as the axioms
of Euclid imply his theorems. T hat is almost obvious. But what is quite
obvious is the fact th at esthetic attitudes toward stained glass and
Gregorian chants are possible in the absence of any great respect for
St. Thomas’ proofs of the existence of God. If you admire the Windows
and the chants you may admire them as elements of the religious culture
that inspires them, but you are not ipso fado a religious man unless you
choose to revise all ordinary conceptions of what religión is. This is no
time to say th at the artist sees the essence of Christianity better than
the priest, or th at we should redefine “religión” as the biologist rede­
fines “fish” to suit our present purposes. T hat is a whale of a joke and
we should avoid pushing it through the eyes of our logical needles.
I t is for the acute anthropologist, the cultural historian, and the
sensitive philosopher to tell us something about these difficult, nonlogical connections between a given theology, its poetry, and its associated customs. Recent philosophers of language have tried to say
something about the connection between factual statements and valué
statements, but illuminating as it is, it is not enough for our purposes.
W hat we need is insight into a connection which is even more unlike
logical implication than the relation between fact and valué, because it
does not bind statements to statements, but statements to feelings,
tastes, customs, attitudes, and action. Whatever it turns out to be on
closer inspection, it underlies those compulsions and impulses which are
uniquely associated with particular theologies, the compulsions th at lead
us to swallow our religions whole.
I suggest, therefore, that the cease-fire proposed by the twentieth
century for the war of the nineteenth, the attem pt to arbitrate the
nineteenth century struggle by granting Science a sphere of influence
over knowledge and religión a sharply separated sphere of influence over
feeling and will, is unworkable and necessarily unstable. For being
religious in the sense of the question “Should I be religious?” involves
commitment on all levels of experience, including one that is cognitive
or taken to be cognitive by the religious man. Far from catering to the
whole man in whose interest the cease-fire is often signed, the compromise
view of religión as a purely emotive, or esthetic, or social affair, en44

�courages the most far-reaching kind of fragmentation. I t is instructively
ironic th a t the one great serious attem pt to distill a non-historical es­
sence of religión, has been purely intellectual in its emphasis. I mean
Deism. The effort of Lord H erbert of Cherbury to extract the core of
all religions by listing its fundamental truths as: “ (1) th a t God exists,
(2) th a t it is a duty to worship Him, (3) th a t the practice of virtue is
the true mode of doing Him honor, (4) th a t man is under the obligation
to repent of his sins, and (5) th a t there will be rewards and punishments
after death,”1 became the tradition of the Enlightenment, the period
which has been attacked so violently by our darker theorists of religión.
And the Enlightenment, as the author who summarizes Lord H erbert’s
view points out, was not as interested in a “searching analysis of the
living religious experience” as our latter-day philosophers of religión
are. I t was highly intellectualistic in its approach to religión and yet it
failed to distill its theoretical essence. Think, therefore, how much more
difficult it will be for those who identify religión with “the living religious
experience,” to propose an analysis of religión in abstraction from the
living experiences of and theological beliefs of Jew or Gentile. In a sense
the newer view of religión merely makes the reverse error of the E n ­
lightenment. I t concentrates on Feeling and Will while the Enlighten­
ment was fixed on the intellect in its attem pt to define religión.

n
I come a t last to the implications of these reflections for higher education. I suggest th a t any educational effort to nourish religious feeling
or to stimulate religious action by trying to present an abstract essence
of religión, conceived as the life of feeling and willing (as opposed to
knowing) must fail. From this I conclude th a t we should not make the
effort in colleges which are not religious institutions, and th a t we become
frankly sectarian in our teaching of religión and therefore limit higher
religious instruction to the divinity schools which are properly devoted
to the study and the propagation of specific religions conceived as total
ways of life, knowledge, emotion, and action.
Plainly, it does not follow th a t we must abandon the effort to help
undergraduates to develop their emotions, to find themselves, to help
them develop habits of practical decisión, and to appreciate humane
valúes. These are certainly admissible concerns of all scholars and can
very easily be the major concern of those who choose to do th a t sort of
thing while they teach Plato and Shakespeare, Dostoevski and Epicurus,
Kant and Pascal. Certainly the history of religión can be adorned with
this kind of feeling if the teacher is willing to do it and able to get across
1 “Deism,” Hastings’ Encyclopedia of Religión and Ethics.

45

�the truth while he does it. But teaching about religión, or communicating moral feeling and esthetic appreciation while one teaches philosophy,
literature, and history, no more constitutes teaching people to be religious
in any ordinary sense of th at word, than teaching about Communism
amounts to propagating it. To teach people to be religious, I repeat, we
must do something which is beyond the function of an undergraduate
college simply because it involves inculcating a total appreciation of
and belief in historical religions treated as the vast, all-embracing structures that they are. But are we prepared to lecture in Judaism 7, Catholicism 8, and Protestantism 9?
My point may be made a little clearer by comparing the teacher of
Feeling and Willing with the teacher of Knowing, and I select as an example of the latter the physics professor as the preeminent teacher of
Knowing in our time. When he is teaching Science to the college student,
as opposed to the history of Science, the physicist must believe or pretend
to believe the theory he teaches, and if he doesn’t believe it, as teachers of
elementary physics might not, at least he must justify his noble pedagogical lie at some point in the young physicist’s scientific education. Newton’s theory may come first without the necessary qualifications, but
when Einstein’s is presented the student should come to see the sense in
which the latter supersedes the former—either by outright refutation or
by absorption as a special case. W hat is the religious parallel to this total
involvement of the physics professor in, say, theory of relativity, or quan­
tum theory? Total involvement in one of the religions, I should think.
But if we are unwilling, as many are not, to teach the undergraduate re­
ligión in this way, because it is not our proper function, can we justify
teaching what might seem like the religious counterpart to courses in the
history and methodology of Science? In other words, are there subjects
that stand in relation to the different religions as general methodology
does to the individual Sciences? There are. For example, there is the his­
tory of religión, comparative religión, anthropology of religión, a course
in the philosophy of religión, or, if a genius is available to teach it, a
course in general religión which will embrace all of these and more synoptically. But will such wholly justifiable courses teach people to be religious
in the way th at concentration in physics should teach people to be physicists? No, and for the same reason th a t courses in general methodology
don’t teach people to be scientists. At best, the course in methodology of
Science gives the interested student an introduction to the spirit of Sci­
ence, but surely nothing that makes him a scientist. He may come to feel
something of what the scientific life is like, but if he has not had serious
contact with some one Science and lived in it for even a short time, no
46

�amount of methodological tourism will make him a scientist or scientifically minded. The parallel in the case of religión is obvious. B ut if it
should be said after all this th a t religious instruction is not supposed to
make people religious, but simply to give them some understanding of the
religious life, that, of course, can be achieved by teaching about religión,
not by teaching students how to feel and act, in a religious way, bu t by
teaching them what they should know about religious feeling, action, and
belief. If, in absorbing this knowledge, students develop deep religious
feelings, it will happen per accidens, as it were, and not as a result of the
concerted efforts of the professors of Feeling and Willing.
If the comparison with Science does not illuminate the m atter, perhaps
an analogy with politics will. Take, for example, the current debate over
whether the colleges should offer courses on Communism as opposed to
courses in Communism. Isn’t this an illuminating parallel to the question
whether we should offer courses in religión rather than on it? The one
great difference—our abhorrence of Communism—is irrelevant to the issue we are considering here. We do not want instruction in Communism
anywhere, but th a t is another m atter. Communism is very cióse to a re­
ligión, with its theology (dialectical materialism), its conception of community (the dictatorship of the proletariat), its m yth and its liturgy (Red
Square, Stalin’s pictures, and Lenin’s Tomb), and its poetry. And if we
should give lessons in Communism we should be going beyond our func­
tion as teachers in a college, just as we should if we should try to give
lessons in Judaism, Catholicism or Protestantism. We who hate Com­
munism and know its defects have an extra argument in the hole, bu t the
card th a t shows is enough and in a sense more powerful for our purposes.
Communism, like all of the traditional religions, should not be propagated in educational institutions which are not fundamentally devoted to
the advancement of Communism, Judaism, Christianity, or Mohammedanism, though all of them should be studied objectively in their many
different aspects. T hat is the fundamental point.
I do not believe th a t the struggle between Russia and the free world
may be glibly identified as a struggle between Christianity and Commu­
nism, or th a t one cannot fight Soviet tyranny effectively without being
religious; but if it were, th a t would merely accentuate the importance of
studying both Communism and traditional religión objectively in the
undergraduate college. In studying religión the student will be studying
something for which he will be sympathetically prepared bu t which he
may not understand; in studying Communism he will be studying some­
thing he may hate but also fail to understand. The function of a teacher
of undergraduates in any institution which is not dominated by re47

�ligious aim s is to stu d y and analyze b o th religión an d C om m unism . I
should n o t be excessively Spinozistic on th e p o in t an d say th a t we m u st
neither laugh ñor cry, b u t only u n d erstan d . W e m ay laugh a b o u t one and
cry ab o u t th e other, b u t our central function is u n d erstan d in g a n d th e
com m unication of th a t understan d in g to our stu d en ts.
I should n o t like to end on a note th a t depends on th e difficult notion
of central function, for colleges are m an-m ade and th e ir functions m ay be
changed by m en, especially m en who can tu rn plow shares in to swords and
electrons in to bom bs. B u t we m ust rem em ber th a t th e colleges an d th e
universities have lived th ro u g h crises before, an d th a t some of th e sev erest blows a t th eir greatness and th e ir usefulness as social in stitu tio n s
have come w hen it seemed necessary to change th e ir function u n d er th e
influence of religious or political passion.

48

�EXHIBICIONES DE ARTE
EN LA UNION PANAMERICANA— 1 9 5 4 -1 9 5 5

Estudio al natural en un manicomio, Dibujo, 1954
José Luis Cuevas, México

�Los Claustros, Oleo, 1953
Antonio Joseph, Haití

Vista de San Antonio de Oriente, Oleo, 1954
J. Antonio Velásquez, Honduras

�wtrrtt

�Naturaleza Muerta en Blanco, Oleo, 1954
Alejandro Obregón, Colombia

Collage
Ivan Serpa, Brasil

�Morningness, Oleo, 1953
Roberto Matta Echaurren, Chile

�Desarrollo, Oleo, 1953
Manuel Rendón, Ecuador

�Quito, Oleo, 1953
Oswaldo Guayasamín, Ecuador

�LO PURO Y LO TENDENCIOSO
EN EL ARTE
GUILLERMO DE TORRE*

Quiero empezar situándome desde el primer momento en el centro del

problema que opone el arte puro al arte tendencioso y llamando la aten­
ción sobre un hecho que muchos habrán observado como actores o testi­
gos. Es el siguiente: con frecuencia, al recorrer exposiciones o abordar en
la conversación temas de arte, nos encontramos con personas que después
de haber visto ciertos cuadros nos interpelan—amable o airadamente, eso
depende de los temperamentos—preguntándonos: ¿quiere usted decirme
qué significa eso, qué pretende representar ese cuadro? Y conste que la
pregunta lo mismo se produce ante una obra de hace ocho siglos que ante
una obra de nuestros días, lo mismo ante un primitivo que ante un no
figurativo, trátese de Giotto o de Klee. Ahora bien, lo curioso es que la
interrogación no deja de formularse siempre ante cualquier expresión de
arte puro y se omite ante cualquier expresión de arte tendencioso. Ad­
vertiré que llamo puras a aquellas obras en que lo sustancialmente ar­
tístico aparece siempre preponderante sea cualquiera el estilo que adopte
para manifestarse. Y llamo impuras o tendenciosas a aquellas otras en que
lo intrínsecamente artístico pasa a segundo plano, tomando la delantera
intenciones anecdóticas, narrativas o proselitistas. En la primera clase de
obras, lo artístico habla por sí mismo; en la segunda, cuando existe, se
vale de medios ajenos a su propia naturaleza. En las obras de arte puro,
como nacidas de una actitud desinteresada y contemplativa ante el
mundo, se revela una realidad interior. En las obras de arte tendencioso,
nacidas de un estímulo externo, sólo acierta a reflejarse habitualmente
una realidad exterior.
¿Por qué sucede así? Como quiera que el problema es muy vasto y
llega en sus raíces a principios generales de la filosofía del arte, tratemos
para simplificarlo, de acotar sólo algunos de sus aspectos, principalmente
el que se refiere a las relaciones entre la obra de arte y la realidad. Sabido
es que hay una propensión fatal, casi invencible, en los ojos humanos a
intentar reconocer en cualquier cuadro o escultura los rasgos antropomór* Conocido crítico y escritor. Nació en Madrid en 1900, pero reside en Buenos Aires
desde hace muchos años. Es asesor literario y secretario de la Editorial Losada. Ha
publicado numerosos volúmenes de ensayos y de crítica. Entre ellos, Literaturas
europeas de vanguardia, La aventura y el orden, Menéndez Pelayo y las dos Españas,
Problemática de la literatura. El artículo que reproducimos apareció en Diálogo
(Buenos Aires, Año 1, Núm. 1, Primavera de 1954).

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�fíeos, las formas de la naturaleza. Pero ¿acaso no se ha dicho suficiente­
mente que arte y realidad tienen en el fondo muy escasos puntos de con­
tacto, que casi siempre son esencialmente cosas muy distintas? Mas el
caso es que la gente—cierta gente—protesta, reclama y se desasosiega
cuando en las obras de arte no reconoce inmediatamente las formas de su
alrededor. ¿Tiene razón? Veamos de modo equitativo todos los lados de
la cuestión. Lo que se llama—desde Aristóteles—“el placer del recono­
cimiento”, del “volver a ver”, es ciertamente uno de los más fáciles y se­
guros placeres sensibles, sin que esto quiera decir estéticos. La imitación
agrada siempre—leemos en su Poética—y aun los objetos que vemos con
disgusto en la realidad suelen agradarnos en su representación fiel. Pero
ese antiguo concepto, apuntalado luego por el descubrimiento de la pers­
pectiva, y que el Renacimiento hizo suyo, ¿habrá de ser entendido como
una reducción del arte a la traslación aparencial o literal del mundo? No,
porque entonces desaparecería la razón de ser del mismo arte.
Para hacer esto más evidente será necesario dar un rodeo. Sabido es
que nuestro conocimiento del mundo exterior puede engendrarse de dos
maneras: por vía sensorial y por vía mental, por los sentidos o por el en­
tendimiento. Con referencia al mundo de lo plástico parecería ser que ha
prevalecido únicamente la primera manera, es decir, la menos “ar­
tística”. Sólo así se explica que lo que llamaremos el prejuicio representa­
tivo, esto es, el afán de ver en el cuadro, en la obra de arte, un traslado
directo de la realidad viva tan arraigado en los ojos humanos. Pero sen­
tado que la obra de arte y la realidad sensorial, física, son en lo sustantivo
cosas desemejantes, lógico sería que el hombre pidiera al arte imágenes
muy distintas de las que habitualmente encuentra a su alrededor. Y sin
embargo, ¿porqué la gente al entrar en una exposición quiere volver a en­
contrar en los cuadros aquellas mismas imágenes, aquellas mismas cosas
que acaba de dejar en la calle, y se irrita y se enfurece y se llama a engaño
cuando no sucede así? ¿Nunca podrá librarse el ser humano de este pre­
juicio naturalista, de la servidumbre representativa que fatalmente
asigna a la pintura? A la pintura y a la escultura entre las artes del es­
pacio, pero no a la arquitectura, como tampoco a otras artes, tales la
literatura, la música y la danza. ¡Singular limitación! Todo el mundo—se
ha hecho notar ya—estimaría desagradable y aun monstruoso que una
columna imitara a un árbol o la fachada de una casa a un rostro humano;
todo el mundo consideraría muy poco musical que una sinfonía pre­
tendiera describir un episodio doméstico; pero, por el contrario, estima
naturalísimo y aun obligado que un cuadro o una escultura representen
escenas reales. ¿Se ha parado alguna vez la atención suficientemente en
esta paradoja?
58

�Cierto es que hace siglos se viene repitiendo, con pertinacia digna de
mejor causa, esta sentencia: “el arte imita a la naturaleza” . El concepto
del arte como mimesis tiene ilustre abolengo: arranca de Platón. Pero es
que éste partía del supuesto de que la belleza es una Idea y que los obje­
tos sólo pueden ser calificados de bellos en cuanto nos traen una remi­
niscencia de aquélla. Luego para él la pintura, la escultura, la poesía son
artes de imitación en cuanto reflejan no las ideas puras, los arquetipos
ideales, sino las cosas naturales y artificiales que son débil sombra de las
ideas. De este modo Platón vinculaba el arte no a la región alta y racional
del ánimo, sino a su parte sensual. Por su parte, Plotino sostenía que la
belleza de los objetos naturales es sólo una imagen de la hermosura que
reside en la naturaleza, y, a su vez, ésta es reflejo de una idea más alta de
belleza que está en la mente humana, desde donde se extiende a lo natu­
ral. No obstante, el filósofo de las Enéadas agregaba que, por ejemplo, la
belleza de la estatua no está en la piedra o el mármol, sino en las formas
bellas que el artista logró infundirles. Aristóteles, a pesar de considerar el
arte como mimesis, entrevió un arte capaz no de imitar a la naturaleza,
sino de crear la belleza del objeto natural. Luego ya desde los tiempos
helénicos se advirtió que el arte no podía reducirse a copiar o reproducir
mecánicamente las formas naturales. Porque de haber ocurrido tal cosa
la historia del arte y el arte mismo no existirían. Luego ¿no deberá en­
tenderse más bien que el arte debe proceder como procede la naturaleza;
es decir, que debe operar a imagen y semejanza de ésta, creando sobre la
base de una cosa dada otra cosa enteramente distinta? Escribe Jacques
M aritain: “Ars imitatur naturam no significa: el arte imita a la aaturaleza
reproduciéndola, sino: el arte imita a la naturaleza haciendo o imitando
como ella; es decir: ars imitatur naturam in sua operatione”. De la semilla,
por ejemplo, brotan el fruto o el árbol que la contienen, pero que son cosa
distinta. Cuando el hombre—escribió Apollinaire-—quiso inventar un
medio de transporte no imitó las patas del caballo, inventó la rueda. Lue­
go lo natural, y al mismo tiempo lo artístico, es—escribe André Lhote—
“imitar a la naturaleza en sus rasgos creadores y no en sus productos”. O
dicho de otra forma, con palabras de Torres-García, “Un objeto pintado
debe parecerse al modelo como un avión se parece a un pájaro” . Por con­
siguiente, si apuramos los términos, en su última esencia, tendremos—
volviendo a citar a André Lhote—que “la palabra imitación debe ser
tomada en el sentido de transposición y la palabra naturaleza en el de
contenido pictórico de los objetos que componen el universo”.
Cambiemos ahora de plano; veamos el problema no desde el lado del
artista, sino desde el lado del ser humano más general. Cuando éste,
situado ante una obra de arte, quiere partir siempre de la referencia al
59

�mundo natural ¿no será que tiende a encontrar naturalm ente en todo lo
que crea un reflejo de sí mismo? ¿No será que repele instintivam ente lo
gratuito, el “por que sí” , en suma, todo lo que en últim a instancia consti­
tuye el arte, ya que la esencia de éste—verdad que K an t fue el primero en
registrar—no puede adscribirse de modo alguno a los valores contrarios,
los prácticos? Puesto que en la raíz del arte está la actitud contemplativa,
desinteresada, ante el mundo, Bergson señalaba como la cualidad más
sobresaliente del artista el desprendimiento. “ Si ta l desprendim ientoagregaba—fuese completo, si el alm a del a rtista no se adhiriera a la acción
por ninguna de sus percepciones, sería el alm a del artista como jamás ha
conocido ninguna otra el m undo” . “E ste desprendimiento—concluía—-,
esta pureza de percepción implica que sólo a fuerza de idealidad puede
captarse la realidad” . E l a rtista que no pretende representar directa­
m ente su contorno, lo capta mejor que aquel otro que pretende reprodu­
cirlo directam ente. Sin embargo, esta verdad elemental no ha logrado
penetrar aún en muchas cabezas. ¿Por qué? Porque la ineducación esté­
tica que padecemos todavía no ha hecho generalmente aceptados ciertos
conceptos elementales, no ha enseñado a hacer siempre una previa e in­
excusable distinción entre el goce vital y la emoción estética. A este pro­
pósito viene a mi memoria cierta anécdota—-una entre mil—atribuida a
Picasso. E n una ocasión en que se hacía ante él el elogio de un paisaje
pintado con rigor documental, con detallismo minucioso, Picasso inte­
rrum pió: “ Si, en este paisaje hay todo eso que usted me dice: hay árboles,
hay sol, hay unas colinas en perspectiva, etc., pero lo que no hay es
pintura” .
Quiere decirse que sin predominio del elemento plástico, una obra ape­
nas existe. P ara confirmar la prim acía de la plástica pura se h a recordado
muchas veces esta frase de M aurice D enis: “Antes de ser un caballo de
batalla, una m ujer desnuda o cualquier anécdota, u n cuadro es una super­
ficie plana recubierta de colores, armonizados con cierto orden” . Si esto
se tuviera siempre presente, evitaríanse muchas discusiones ociosas.
¿Qué es entonces una obra de arte? ¿Cuándo podremos decir, con rigor
de expresión, en las artes figurativas, que hay verdaderam ente u na cre­
ación artística? E l universo de las formas dadas poco o nada vale artísti­
camente por sí mismo. Vale cuando ha sido reducido a visión personal,
cuando ha sido transcrito, estilizado, es decir, convertido en estilo. Estilo,
entiéndase, cosa distinta de la belleza en muchas ocasiones, puesto que
puede implicar la deformación, a prim era vista no bella. Porque los
objetos, los elementos del mundo natural, aun siendo admirables en sí
mismos como creación sobrenatural, sólo adquieren existencia artística
cuando han sido transcritos a formas y colores, a valores o volúmenes. Uni60

�camente entonces se opera la metamorfosis del mundo natural, que, ahora
sí, podemos llamar arte. Entonces, los objetos desnudos y netos, que ya
están ahí naturalmente, por sí mismos, se convierten—según dice Malraux en su admirable psicología del arte, Les voix du silence— en un
universo plástico autónomo, coherente y particular. Es decir, a la repre­
sentación del mundo con que se satisfacía el arte de otras épocas, sucede,
desde Goya, desde Cézanne, su anexión. “Los pintores hacen de la pintura
la dueña del tema y no ya su esclava”.
Podemos aclarar este punto mediante un claro ejemplo: la evolución
del tema. Piénsese simplemente en la distancia que va desde el motivo
sagrado, desde el tema religioso, casi único, del cuadro a partir de los
cuatrocentistas, hasta el motivo profano instaurado por Velázquez y
luego por los primeros naturalistas; y más tarde, desde estos últimos, con
la espectacular “pintura de historia” y la minuciosa “pintura de género”,
maneras ambas tan características de lo peor del siglo X IX . Piénsese, por
lo que al naturalismo concierne, en la distancia que va desde el motivo
cotidiano, doméstico, tan peculiar de los maestros holandeses, hasta el
motivo “deleznable” que viene a significar el alcaloide del bodegón o de la
naturaleza muerta, reflejado en unas manzanas o en un búcaro. Desde las
Anunciaciones y los Descendimientos, desde los retratos de corte, hasta la
res desollada de Rembrandt, hasta las botas desastradas sobre una silla
de Van Gogh: ¡qué distancia tan enorme la recorrida en el proceso de la
evolución temática! Es el salto desde lo sublime a lo irrisorio, de lo so­
lemne a lo deliberadamente trivial. Y adviértase que no comprendo en
este recorrido la otra etapa, la que se inicia en este siglo con los experi­
mentos no figurativos, puesto que la ausencia deliberada de un motivo
directo—y aun transpuesto—es precisamente una de las condiciones de
tal estética.
Cosa semejante acontece con la pérdida de prestigio del “parecido”,
mejor dicho, con lo que podemos calificar la “superstición del parecido”,
pues ésta es una preocupación que muchas grandes épocas del arte igno­
raron. “Sólo el Occidente—señala Malraux—ha creído que el ‘parecido’
sea un elemento capital del arte. Lo ignoraron Africa y Oceanía; lo
ignoraron o subordinaron las artes precolombinas. Desconocieron tam­
bién el ‘parecido’ las artes de Egipto, Mesopotamia, Bizancio y el Ex­
tremo Oriente”. “Para un bizantino el parecido no era un medio privi­
legiado del arte; suponía contrariamente una desindividualización, un
libertarse de la condición humana en beneficio de lo eterno, y un retrato
tendía más al símbolo que a la ilusión” .
La creciente manumisión que observamos día tras día en la pintura
respecto al mundo de la realidad, ¿cómo debemos interpretarla, qué
quiere decir? Quiere decir, en primer término, algo que se olvida con
61

�mucha frecuencia: que el arte, ante todo, como emanación de la parte más
noble del ser, dirigida a la busca de un Dios o de un absoluto, es sus­
tancialm ente espíritu, es fervor creador. Quiere decir que no hay—ni lo
hubo nunca—un arte realista valedero; que todo realismo (aunque no
esté desfigurado por ninguna intención sectaria, como es el caso del “re­
alismo socialista” a que luego me referiré) cae ya en buena parte fuera del
dominio propio de la realidad. Y h asta en las obras sometidas a tal prin­
cipio, aquello que las ennoblece estéticam ente es, precisamente, la parte
de “irrealidad” en ellas contenida. Valen por la potencia transfiguradora
del mundo real (el cual ya está ahí, se basta a sí mismo y no necesita ser
vertido a otro lenguaje) que el artista logró infundirlas. Transposición,
idealización, filtro, m etam orfosis: ta l es la operación mágica cumplida en
las grandes obras de arte. Sin esta magia las esculturas de las Korai grecoarcaicas no pasarían de ser adornos de vestíbulo, los interiores de
Vermeer de D elft se quedarían en escenas de costumbres, los paisajes del
aduanero Rousseau en láminas de almanaque. Porque, en definitiva, “los
grandes artistas no son los transcriptores del mundo, son sus rivales”—
según condensa M alraux.
Todo ello significa que, al cabo de muchas batallas, la conquista capital
de este último medio siglo es la afirmación de una pintura puramente
plástica, del mismo modo que de una poesía poética y de una música
musical, y, aunque estos últimos géneros aparezcan siempre más mezcla­
dos, de una novela novelesca y de un teatro teatral. E n suma, significa la
reintegración de cada arte a sí mismo, a su propia esencia, a su pureza
radical.
Por ello, si quisiéramos recapitular ahora las argumentaciones expues­
tas, nos encontraríamos con el siguiente balance:
I o. El arte comienza allí donde term ina la imitación. La pintura, por
consiguiente, no tiene necesidad de narrar, se ha libertado de la mera
función representativa. La relativización de la anécdota contribuye a la
autonomía plástica.
2o. E sta autonom ía plástica, esta conquista de la plástica pura se ex­
presa mediante la prim acía del estilo. Y la voluntad de estilo supone a la
vez el primado de la personalidad.
Ahora bien, llegados actualm ente a este punto, aclarados así los térm i­
nos y despejados los horizontes, he aquí que nos encontramos con nuevas
amenazas de desnaturalización del arte, con peligrosas limitaciones y
amenazas de servidumbres. Son las siguientes:
1°. El riesgo representado por el abstraccionismo sistemático, por la no
figuración como único recurso. Es decir, la tendencia no ya a romper con
62

�lo imitativo, sino a destruir el mundo de las formas naturales, supri­
miendo toda referencia real, volando todo puente de enlace y compren­
sión, dejando reducido el cuadro a una pura geometría de formas y co­
lores, sin ningún asidero recognoscible.
2o. El riesgo absolutamente contrario, representado por el retorno in­
solente de lo anecdótico, de lo argumental, pero ahora de un modo tenden­
cioso; es decir, la restauración del realismo más torpe y primario, cargado
además de intenciones extraartísticas, sociales, políticas.
Cada uno de estos riesgos, diametralmente opuestos, podría articu­
larse polémicamente así, de modo interrogativo:
I o. Aceptado que el arte contemporáneo no es en modo alguno trans­
cripción de la realidad, sino estilización y aun metamorfosis, ¿hasta qué
punto puede prescindir radicalmente, en absoluto, de las formas natu­
rales, al menos como punto de partida, so riesgo de convertir la obra en
algo frío, inerte, incomunicable, inhumano, sin espíritu?
2o. Aceptado que en último extremo, pero después de sus valores
formales, la pintura puede tener un contenido, ¿permitiremos que éste sea
socialmente tendencioso y que anule la pura intención estética del conti­
nente, es decir, de la obra en sí misma?
Ambas tendencias—arte no figurativo y realismo socialista, puesto que
tal es el nombre de la segunda—se afrontan y entrechocan actualmente
con violencia brutal, como si ellas dos solas cupieran en el mundo. Sus
respectivos apologistas pretenden que estamos ante un dilema y que de­
bemos elegir. ¿De veras? Yo más bien me atrevería a replicarles que am­
bas tendencias son desnaturalizaciones, que el presunto dilema es un so­
fisma y que la perentoria invitación a elegir entre esas dos corrientes sólo
puede ser aceptada por quienes gustan de los simplismos extremos, y
sobre todo por aquellos que prefieren ser dispensados de la intransferible
facultad de pensar con su cabeza, dejando que otros les resuelvan—o
simulen resolver—sus problemas. Dilema falso—repito—a todas luces
pero cuya absurdidad será más generalmente entendida si lo traducimos a
otro lenguaje, si buscamos su equivalencia políticosocial. Pues pregun­
tarse: “¿abstracción o realismo socialista?” es tan torpe y estéril, conduce
al mismo callejón sin salida que otros desviados planteamientos cotidia­
nos: “¿dictadura o caos?”, “¿capitalismo o esclavitud?”, “¿dirigismo o
anarquía?” , “¿maquinización o vuelta a la rueca?”. ¡Como si la humani­
dad y particularmente el artista—ya que en este plano, que es el nuestro,
situamos concretamente la cuestión—no tuvieran recursos de espíritu y
de ingenio suficientes para superar esas toscas alternativas y encontrar
otras salidas más sutiles, orillando la que precisamente no es una salida,
sino un atolladero . . . !
63

�Enfoquemos aisladamente cada uno de estos peligros que amenazan al
arte, concediendo mayor espacio a combatir el segundo, puesto que es
más grave. En cuanto al primero, el peligro del abstraccionismo sin me­
dida tiene más sencilla y rápida refutación. Por mi parte, creo ser insos­
pechable de parcialismo adverso a tal tendencia. Por lo mismo que he
hecho anteriormente la defensa del arte no naturalista, del arte como
estilización o voluntad de estilo, quizá esté en mejores condiciones que
otros para agregar con toda equidad, sin ningún sectarismo, que la irrea­
lidad absoluta en la obra plástica es una utopía inalcanzable. En efecto,
vaciar el universo de su diversidad de formas propias, vivas, concretas,
es quitarle su esplendor, su vida. Tratar de reemplazar esas formas en el
lienzo por una suerte de lenguaje cifrado, cuya clave apenas es transmi­
sible, supone condenar de rechazo la obra así lograda a una incomunica­
ción casi total, cortar las alas de su mensaje expreso latente. Sin embargo,
no extrememos los reparos. La no objetividad absoluta, cualesquiera que
sean sus avatares—probablemente encontrará su más feliz expresión al
fundirse con la arquitectura—, tendrá siempre mayores razones de exis­
tencia y justificación que la objetividad literal o que el realismo tenden­
cioso.
Por lo demás, los límites extremos del intento no figurativo están en los
límites propios de todo arte; en su colindancia con el mundo de las formas
dadas, cuya metamorfosis es admirable, pero cuya desaparición es inad­
misible. “Un arte—dice Lhote—desprendido de las formas que emanan
de la naturaleza no puede ser viable” . Luego—volviendo a la contraposi­
ción con los supuestos fundamentales del realismo socialista—, limitarse
a transcribir textualmente el mundo—máxime con las anteojeras de un
“ismo” extraartístico—o rechazar absolutamente todas sus formas identificables, ¿acaso no serán hipérboles que se equivalen y, en último término,
no estarán destinadas a destruirse mutua y vengativamente? Más allá
es, sin duda, donde comienzan—donde continúan—todos los caminos de
las artes plásticas.
Vengamos ahora al examen y crítica más detallada del otro riesgo, del
peligro mayor que amenaza la pureza y dignidad del arte, es decir, del
realismo socialista. Ante todo, en sus teorías y después en sus obras.
¿Qué es, qué significa, qué pretende este realismo socialista? Vaya, ante
todo, una definición general del mismo, tomada de uno de sus más acre­
ditados expositores, Andrei Idanov. “El realismo socialista—escribe—
quiere ante todo conocer la vida a fin de poder representarla verídica­
mente en las obras de arte, pero no de una forma escolástica, muerta, no
como realidad objetiva, sino representando la realidad en su desarrollo
revolucionario y tendiendo a la transformación ideológica de los trabaja64

�dores, dentro del espíritu socialista”. Sin embargo, quienes ante tal defi­
nición no se sientan plenamente aleccionados, podrán apelar a las repro­
ducciones que ilustran algunas revistas rusas o sus secuaces de los países
occidentales. Estos cuadros marcan una vuelta imposible al estilo más
sobrepasado de todos, a un tosco y elemental realismo. Las obras soviéti­
cas son el culmen del academicismo y del pompierismo más tremendos,
que paradójicamente quiere disfrazarse de revolucionario. Son, por
ejemplo, pinturas de batallas que evocan y superan los más afligentes
productos del género en el siglo XIX; son escenas campesinas u obreras
dignas de un calendario farmacéutico; son paisajes relamidos equiva­
lentes a los que ciertas “tiendas de arte” elaboran en serie. Por si se
quieren más detalles, daré un resumen de la lista de los temas permitidos
a los pintores que ha hecho pública el Ministro de Cultura en Hungría.
Entre otros, encontramos los siguientes: “Los héroes del trabajo están
sentados en su palco en el teatro”, “Llegada del primer tractor a la al­
dea”, “Una mujer policía ayuda a un niño a atravesar la calzada”, “El
espectáculo de la sala durante el proceso Rajk”, “Los preparativos para
el aniversario de Stalin”, “Los policías detienen en la frontera a un agente
del extranjero”.
De modo que el realismo socialista es un arte que no sólo prescribe un
estilo determinado a los artistas, sino que también les impone concreta­
mente un tema, les dice sin vacilación lo que han de pintar, so riesgo de
ser tachados de “formalistas” o “contrarrevolucionarios”. Si en las artes
plásticas tenemos pocas noticias de tales “amonestaciones”, por el con­
trario, sobreabundan las que se han producido en literatura y en música,
y entre las cuales los casos últimos de Zostchenko, Anna Akmátova y
Shostakovich son ya los más conocidos. Ahora bien, lo curioso es que, a
pesar de tales coerciones y violencias, un escritor polaco, Jerzy Putrament, ose hablar de la “obligación de la libertad creadora”, consistente en
ayudar a la “construcción de la nueva sociedad”. La contradicción en los
términos que esa frase: “obligación de la libertad! creadora”, plantea, va
más allá de todas las audacias que la dialéctica hegeliana pueda permi­
tirse. Pero en su absurdidad es sincera. Ojalá, para mayor claridad, el
realismo socialista empezase también por abandonar ese nombre hipó­
crita y se llamase de una vez realismo dirigido.
En efecto, realismo dirigido: tal es el nombre que debiéramos dar a esa
tendencia, haciéndola así, por otra parte, susceptible de acomodarse a
regímenes parejos, pues si actualmente es acaparado por la U.R.S.S. y
sus satélites, ayer no más fue patrimonio de abolidos totalitarismos y
mañana—temiblemente—podrá ser utilizada por otros. Realismo diri­
gido, desde el momento en que es impuesto con supeditación a estrictos
patrones y límites carcelarios. Si los defensores de esta supuesta estética
65

�manejaran los términos con propiedad y dejaran de someter la historia
artística—y la historia en general—a flagrantes falsificaciones, ésta y no
otra sería la denominación en curso. Y aun más: si fueran enteramente
sinceros y dejasen traslucir sin rebozos sus intenciones últimas, prescindi­
rían de toda ambición extrapolítica, decretando lisa y llanamente la abo­
lición del arte en todos sus territorios propios y anexados.
Porque ha llegado la hora de decirlo con entera claridad: al sistema
marxista-leninista-stalinista-malenkoviano no le interesa poco ni mucho
el arte en cuanto tal arte, como tampoco le interesó al nazismo, al fas­
cismo ni a ningún otro sistema totalitario. Al contrario, ve en cualquiera de
sus expresiones un peligroso elemento de escape subjetivo, de rebelión in­
dividual, donde cada uno—y no sólo el artista—reencuentre “su mundo”,
desplomándose así las columnas de la despersonalización levantadas para
sostener el edificio del Estado absorbente. Saben o intuyen esos doctri­
narios que el arte—como la religión—es el reducto de la subjetividad
pura, es decir, de la rebeldía frente al mundo; y es simultáneamente aquel
punto de comunión en que los hombres se encuentran, sí, mas para clamar
libremente su afán de belleza, de verdad o de absoluto. Luego, si transigen
con él, es en aquello que entienden utilizable, en cuanto pueda contribuir
a la uniformación y al proselitismo. Ya en 1905, antes de la toma del
poder, Lenin exigía que la literatura se transformara en una literatura de
partido, impidiendo que fuese un asunto particular, independiente de la
causa general del proletariado. Y años más tarde, en 1934, una de las con­
clusiones aprobadas en el Congreso de Escritores Soviéticos de Jarkov
estatuía rigurosamente: “Deberá utilizarse la literatura—y el arte—como
un arma de clase”.
¿A qué insistir, por consiguiente, presentándonos, según suele hacerse,
el realismo socialista como una doctrina estética? ¡Qué candidez!—vino
a replicar Jean Cassou en una reunión del Congreso de la Libertad de la
Cultura. Es una doctrina política, más exactamente, una medida poli­
cíaca. Por su parte, el pintor Annenkov, que ha vivido en Rusia, remacha:
“El realismo socialista, invención soviética, sólo revela la ignorante, la
miedosa, la celosa mediocridad de los autócratas del Kremlin, que sufren
un complejo de inferioridad. No es una doctrina ni una ideología: es una
estratagema verbal que oculta el temor de ser ridiculizada” . Disipará las
últimas dudas sobre este punto acudir a los propios textos del marxismo,
particularmente de Lenin, puesto que sigue teniéndoselos por definitivos.
Textos escritos y orales, como por ejemplo estas palabras—no ha mucho
dadas a la publicidad—, dichas a uno de sus antiguos compañeros, el ya
citado pintor Annenkov: “El arte no es más que un atavismo, algo seme­
jante a un coxis intelectual, llamado a desaparecer, en vista de su com­
pleta inutilidad”. ¿Exabrupto momentáneo, improvisación malhumo­
66

�rada? No; puesto que coincide exactamente con otras expresiones escritas
debidamente oficializadas. Sin embargo, como todavía no ha logrado
extirparse ese “coxis”, y mientras esa hora llega, los totalitarios—de
todos los colores—aprovechan el intervalo utilizando el arte a su favor,
como un instrumento más de la planificación del dirigismo social, eco­
nómico e ideológico. “Una ruedecita, un tornillo del gran mecanismo
social revolucionario . .
he ahí la función que Lenin asignaba a la li­
teratura y al arte.
Luego, en definitiva, el reálismo socialista—o realismo dirigido, más
exactamente, según queda aclarado—es una máscara como cualquier
otra (como hubiera podido serlo la opuesta, su “béte noire”, el forma­
lismo, de ser distintas las condiciones histórico-artísticas de aquel país),
elegida por los totalitarios del Este para reducir también el arte a servi­
dumbre. De sus doctrinas y de sus obras examinadas objetivamente se
desprende esta conclusión: para ellos el arte no es otra cosa que un medio
de obrar sobre las masas. Con tal de conseguir esta finalidad, poco les
importa rebajar o adulterar la calidad de la obra, humillar al artista. Todo
queda supeditado a esta misión. ¿Por qué proscriben no ya solamente los
estilos personales, sino hasta los cuadros, esculturas y sinfonías fieles al
elemental principio de estilización? ¿Por qué los cambios de estilo im­
puestos al músico Shostakovich en distintas ocasiones, primer eslabón de
esa cadena de escándalos y coerciones, uno de cuyos últimos episodios es
lo acontecido con el retrato Stalin por Picasso? Porque consideran—juz­
gando a los demás según su propio mediocre rasero—que la comprensión
de tales obras es problemática, su alcance dudoso o nulo. Y lo que pre­
tenden son obras que lleguen fácilmente a todos. Propósito en cierto modo
laudable, a no estar viciado en su raíz por un error capital.
No advierten que el arte no se hace asequible a las masas rebajando su
calidad, sino elevando el nivel mental de aquéllas. La obra de calidad no
llega a las mayorías desnaturalizándola, suprimiendo sus más irreducti­
bles virtudes; llega haciendo de tal suerte (y a un Estado coercitivo no es
de suponer que le falten medios para imponer en sus escuelas la educación
estética y no sólo la “Diamat”, abreviatura de dialéctica materialista)
que éstas sean inteligibles para el gran número. El mal reside precisa­
mente en que la enfermedad de nuestro siglo no es otra—escribe Charles
Morgan en Liberties of the Mind—que el imperio de la fuerza y el número.
Abandonar la educación estética y exaltar dogmáticamente el realismo
elemental y la fotografía en colores al nivel de obras artísticas no es tarea
revolucionaria, sino reaccionaria. Equivale a dar estado oficial al acade­
micismo : ese sucedáneo del arte que desdichadamente existe en todos los
países, pero que en los más evolucionados equivale precisamente al no
67

�arte y suscita las consiguientes burlas. Es, en sum a, la consagración del
mal gu sto : ese m al gusto que en otros medios se disimula de modo vergon­
zante, o tiene—como cierta pseudo-literatura—sus propias vías de de­
sagüe, sin contam inar otras aguas.
M as lo nuevo y singular en el caso del realismo socialista es que un arte
reaccionario pretenda imponerse en función de principios revolucionarios.
Y resulta asimismo nuevo el hecho de que sean los artistas, algunos
artistas, quienes—de buena fe en muchos casos, deslum brados por re­
motos, engañosos espejismos—pongan más empeño en calum niar su arte
y m ancillar sus dones. M uy exactam ente, tendiendo a explicarse ta l fenó­
meno, A lbert Cam us (en L ’homme révolté) habla de la “ conciencia ver­
gonzante” , de la “locura ascética” que posee a ciertos artistas. Escribe:
“Vea la miseria del mundo. ¿Qué hace usted por rem ediarla?”—se le dice
al artista. A esta cínica estafa el artista podría responder: “ ¿ L a miseria del
mundo? N o le agrego nada. ¿Quién, entre ustedes, puede decir lo mismo?”
Y, en efecto, ya va siendo hora de alzarse contra sem ejante im postura; ya
va siendo hora de que el homo politicus deje de ejercer su nefasta influen­
cia, su maléfica im antación, sobre el homo aestheticus. Porque la responsa­
bilidad incuestionable del artista, del intelectual, en modo alguno puede
confundirse con la sumisión, con la com plicidad; y es m uy oportuno pro­
clam ar una y mil veces la dignidad inalienable, la absoluta independencia
del artista.
Viendo la cuestión en perspectiva histórica, escrutando el pasado, se
han preguntado algunos: ¿Acaso los dirigismos en el a rte no han existido
siempre? ¿Acaso en otros tiem pos el a rtista no sirvió de algún modo los
designios de la sociedad y de su tiempo? G abriel M arcel, en u n debate de
París, habló de las “imposiciones rituales” de orden m oral o religioso en
el arte de siglos pasados; otros recordaron que gran núm ero de obras
m aestras fueron suscitadas por encargos. Sí—podemos replicar— , susci­
tadas, promovidas, pero no dictadas, no im puestas. H e ahí la diferencia
capital con lo de ahora. A ntaño, el encargo de u n a com unidad religiosa,
la petición de un rey, de un príncipe o un m agnate, determ inaban cierta­
m ente el tem a de un cuadro, pero no su forma, no su estilo. E l artista se
encontraba con el tem a fijado, pero quedaba en plena franquía para in­
terpretarlo a su guisa, con el estilo propio que le viniera en gana. Ni los
faraones, ni los papas del Renacim iento, no los señores de Florencia, ni
los reyes de E spaña o Francia, ni los m ercaderes de H olanda, ejercieron
la menor influencia coercitiva sobre los pintores de sarcófagos, sobre
G iotto o F ra Angélico, sobre M iguel Angel o Leonardo, sobre Velázquez,
Tiziano o R em brandt. M iguel Angel tra tó de poder a poder con Julio II.
Fué el Pontífice quien debió ir de Rom a a Bolonia para ream istar con el
68

�artista tras un desaire que aquél le había infligido; y Miguel Angel le
impidió que entrara en la Sixtina hasta el momento en que le plugo.
Cierto es que el Greco vió rechazado por Felipe II su “San Mauricio y la
legión tebana”, pero ello no le obligó a cambiar de estilo; y ni aquel rey
todopoderoso ni nadie se hubiera permitido la menor violencia sobre el
artista. Por otra parte, los litigios de Theotocopuli con el cabildo de la
catedral de Toledo fueron por cuestión de onzas, no de estética. Cuando
el capitán Cock y sus oficiales pidieron a Rembrandt sus retratos, el
artista tuvo libertad absoluta para interpretar el encargo a su arbitrio y
entregar algo muy distinto: “La ronda de noche”. Goya, pintor palatino,
no encontró ninguna traba para dar rienda suelta a su visión satírica en
los retratos de corte.
¿Qué porvenir, qué presente esperaría hoy el artista que en un régimen
totalitario se negara a las consignas estatales? La desobediencia, cuando
menos, equivale a la exclusión de la comunidad. No es sólo que se pros­
criban como “formalistas” las manzanas de Cézanne, sino que el modelo
impuesto se centra—o se centraba hasta hace poco—en “unos adorados y
temidos bigotes”, según alguien ha escrito humorísticamente. Suele ale­
garse que Goya, Courbet, Delacroix, Daumier, hicieron voluntariamente
“arte social”, pero se olvida que la grandeza de estos artistas débese a la
pura calidad de su pintura y no a los estímulos políticos o sociales que
movieron en ciertas obras sus pinceles. Para el espectador actual aquéllos
han desaparecido; en cambio, la calidad estética permanece vigente, in­
alterable. “El arte verdadero—escribe Malraux—es siempre un servicio
de una de las partes más nobles del hombre. Frecuentemente, de la más
alta. Cézanne es cristiano, pero ante todo pintor, y sometido a la pintura
por virtudes tan imperiosas como las de Fra Angélico a su fe. Picasso es
comunista, pero ante todo pintor. Que ensaye, pues, pintar un retrato de
Stalin para todas las paredes de Rusia, sin renegarse . . . ”. Y, en efecto,
esta previsión de Malraux se confirmó poco después, con motivo de cierto
retrato de Stalin hecho por Picasso “según lo había sentido” y no según
patrones oficiales, que tanto escándalo causó hace algunos meses, y a
cuyo episodio ya he aludido.
Sentada hasta la saciedad esta autonomía del artista, afirmado rei­
teradamente el valor de lo puro en el arte, encaremos, para finalizar, las
verdaderas perspectivas que ofrece un viejo y nuevo camino, es decir, el
posible renacimiento de un arte religioso. Por lo mismo que esta posibili­
dad preocupa muy seriamente a tantos espíritus de calidad, estamos obli­
gados a ser enteramente sinceros, comenzando por recordar un hecho
obvio. Esto es, que aquello que dio su valor sustantivo al propio arte y al
artista es el primado de la personalidad, del estilo, y esto sobrevino
69

�cuando el arte dejó de ser sagrado. Desde el final del Renacimiento, más
exactamente, desde la gran llamarada del Barroco, el arte se desacralizó,
estuvo regido por lo humano. Termina la armonía medieval, cuyos ritmos
más perdurables repercuten en las estatuas de sus catedrales, y el senti­
miento del más allá, de una comunión con lo sobrenatural, cede ante las
voces de la tierra. El arte cristiano que nace en el Bizancio de la alta
Edad Media, y culmina en la Italia y en la España del Renacimiento, era
un arte espontáneo, libremente sentido y aceptado, puesto que respondía
a un sentimiento unitario, a una creencia gozosamente compartida. Al di­
solverse este sentimiento y esta creencia, al eliminarse lo sagrado en las
civilizaciones modernas, otro sentimiento toma su lugar: la fe en el hom­
bre. Pero he aquí que tres siglos después la rueda de la historia gira una
vez más y aquella fe en lo humano, sentida como un absoluto, se resque­
braja, sacudida por las catástrofes de una infrahumanidad arrolladora,
sin que hasta ahora se advierta un reemplazante. ¿Resurgirá otra vez el
sentimiento de lo sagrado? ¿Podrán favorecerse con esta posible vuelta
ciertos intentos de reanudación del arte religioso esbozados en los últimos
lustros?
Todas las conjeturas son plausibles, pero sin embargo no deberá per­
derse de vista que las circunstancias y la atmósfera no son ya las mismas.
Hablar, por lo tanto, sin más, a estas alturas, de un arte cristiano, no es
contribuir a su auge, es incurrir en el más vulnerable de los equívocos.
“Si queréis hacer obra cristiana—aconsejaba hace ya años, a los artistas,
Jacques Maritain en su Art et Scolastique—, sed cristianos y tratad de
hacer una obra hermosa, traspasada por vuestro corazón, pero no queráis
hacer arte cristiano” . No debe pretenderse, agregaba, la empresa ab­
surda de disociar al artista del cristiano, que deberán formar un solo todo.
“Aplicad solamente el artista al arte—agregaba Maritain—y no separad
vuestro arte de vuestra fe. Pero haced de modo distinto lo que es distinto.
Si hicierais de vuestra estética un artículo de fe, comprometeríais vuestra
fe. Si hicieseis de vuestra fe una regla artística, comprometeríais vuestro
arte”. Y Maritain, con ese liberalismo, con esa clarividencia que es su
más alta virtud intelectual, a la par que cristiana, afirmaba igualmente
que el arte no tolera disminuciones y que el artista no sufre ningún ele­
mento extraño que cohiba su libre expresión. “La obra cristiana—con­
cluía—quiere al artista libre, en tanto que artista”.
Sin duda han sido tan generosos y certeros principios los que han per­
mitido ese reflorecer del arte religioso producido durante los últimos años
en varios países europeos y estimulan análogamente los que ahora se ini­
cian en algunos países de América. Sin duda es esa liberalidad la que ha
permitido la participación de grandes y modernos arquitectos, pintores,
escultores y tapiceros señaladamente en varias iglesias de Suiza y de
70

�Francia—Semsales, Audincourt, Blois, Assy—desde Dom Bellot, Perret,
Le Corbusier, hasta Bouvier y Novarina, desde Severini, Léger, Rouault,
hasta Lurgat, Gleizes, Manessier y tantos otros, sin olvidar la capilla de
Vence, enteramente decorada por Matisse.
De esta suerte, escapando a un absoluto totalitario, los artistas con­
temporáneos reabren el camino para encontrar un absoluto espiritual,
libre. Frente a los Estados que dictan consignas, es admirable, es consola­
dor, la resurrección de una Iglesia que acepta libertades. Ojalá esta línea
no se quiebre y las grandes corrientes del arte vivo encuentren un clima
de expansión junto a los capiteles floridos, bajo los cruceros luminosos. De
tal modo ensanchará su órbita y alcanzará esa especie de comunión co­
lectiva a que, por encima de su radical individualismo, tiende íntima­
mente todo artista verdadero. Justamente si en estos años se habla mucho
de rebelión, no se habla menos de comunión. En última instancia, el arte
es todo lo contrario de un monólogo: es un diálogo plural de vastas re­
sonancias. Pero este diálogo del artista con el mundo—concretamente con
la sociedad, con su tiempo—ha de realizarse libremente, en una atmós­
fera despejada, sin amenazas ni coerciones de ninguna clase, para que
resulte realmente fecundo. El artista es un rebelde, pero—sustancial­
mente, en cuanto artista—es un rebelde metafísico.
Por otra parte, al margen de ortodoxias o heterodoxias, más allá de los
distintos grados de la creencia, es innegable que, en cierto sentido, todo
arte es sagrado y todo artista es religioso. Por algo, aunque profanamente,
se habla de la “religión del arte”, del “espíritu de sacrificio”, de la “voca­
ción invencible”, como valores morales que dan su fisonomía más pura e
inequívoca al artista entre los demás seres. Cierto es que el artista opera
con un mundo de formas sensibles, perecederas, mas con la intención de
perpetuarlas, de fijar para la eternidad el rostro móvil de la belleza.
Quiere trascenderlas y, al mismo tiempo, trascenderse en ellas, alcanzar
un mundo de éxtasis o de perfección incorruptible. He ahí por dónde el
arte como creación espiritual y la religión como anhelo de trascendencia
tienen metas muy próximas, aunque sus caminos y sus lenguajes sean dife­
rentes. Religión—recordémoslo, para finalizar—es etimológicamente re­
ligio, religare, esto es, unir. Y ¿a qué otro fin, en última instancia, tiende
el artista sino a unir, sino a alcanzar una comunión plural, lo más amplia,
libre y libertadora posible, en el cielo de la belleza?

71

�ARTE Y LIBERACION
EMILIO A. ESTIÚ*
M ediante la liberación el hombre intenta sentir su libertad sin trabas y
espera llegar a la dicha por plenitud de sí mismo, es decir, gracias al rebasamiento de los límites que fatalmente se le imponen. Quien haya con­
quistado su espíritu siente repugnancia, en efecto, por todo lo que lo
“reifica”—para emplear la expresión de Gabriel Marcel. El espíritu se
concibe a sí mismo como no-cosa; pero constantemente está amenazado,
y la tentación de claudicar es, a veces, traducción de dolorosa impotencia.
Entonces aspira con fervor a la liberación del mundo de las cosas, para
poder saborear y gozar su libertad.
En la liberación artística es muy visible algo que en los otros planos
(conocimiento, moral, religión) está más encubierto. Me refiero a la di­
ferencia entre liberación y evasión. Diría, parafraseando a Gide, que
evadirse es fácil: lo arduo está en liberarse. En efecto, la evasión consiste
en la ignorancia, voluntaria o inconsciente, de las miserias y angustias de
la vida. En el mejor de los casos, conduce al aislamiento inoperante, a una
torre de marfil exquisita, pero frágil. El menor soplo de la realidad la
destruye, puesto que carece de cimientos. La liberación, en cambio, hunde
sus raíces en los fundamentos sólidos de la vida. No teme mancharse; al
contrario: la amargura de la experiencia hace tanto más urgente y dra­
mática la necesidad de su depuración. Lo vital fecunda y enriquece el
suelo en que cae la semilla del espíritu, y la pujanza de su germinación
depende de la fuerza con que hace estallar la envoltura que la protege y,
al mismo tiempo, inhibe. El formidable poder de resistencia a lo adverso
y hostil está encubierto por la tierna gracia del brote, que depende
siempre de la conjunción existente entre la fertilidad de la tierra y el
vigor latente de la semilla. Es salida al aire libre y entrega a sus ace­
chanzas ; pero el germen no niega lo que lo comprime—suelo, corteza—,
pues la condición de su libertad está en aquello de lo cual se libera.
Este hecho se halla, casi sin excepción, en la base de las vivencias artís­
ticas de todos, creadores y contempladores. Los testimonios son harto
abundantes y brindan un material adecuado al enfoque de ciertas cues* Filósofo y profesor argentino. Nació en La Plata en 1914. Es autor de numerosos
ensayos y estudios de su especialidad. El trabajo que incluimos fue la ponencia
presentada por el autor al Congreso Internacional de Filosofía celebrado en la
Universidad de San Marcos de Lima en 1951. Apareció publicado en la revista
Humanidades (Universidad Nacional de Eva Perón, Facultad de Humanidades y
Ciencias de la Educación, XXXIV, Sección Filosofía, 1954).

72

�tiones tradicionales del munde estético, vistas a partir del concepto de
liberación.
1. La experiencia

artística de la realidad

El mundo en que vivimos, con sus cosas y utensilios, nos es familiar.
Nos movemos por él como por nuestra propia casa. Tampoco la vida in­
terior nos depara grandes sorpresas: tristezas, alegrías, inquietudes, llegan
y pasan. El soplo del espíritu, por otra parte, es suave y no levanta olas
gigantescas. Sin embargo, de pronto llega el mensaje del artista como un
huracán. Barre con todas esas familiaridades y nos deja absortos ante
cosas que creíamos conocer, y en verdad ignorábamos, y frente a senti­
mientos que creíamos vivir, y en realidad padecíamos con incoloro anoni­
mato.
¿Qué ha pasado, pues? ¿De qué modo el artista ha vivido en el mundo
y se ha experimentado a sí mismo para sorprender el núcleo de las cosas
y, junto con los suyos, nuestros propios secretos? Dicho con una fórmula:
él ve con distinción la misma realidad que nosotros percibimos confusa­
mente. En efecto, las cosas del mundo se nos dan en confusión, porque
están fundidas unas con otras, con-fundidas entre sí. Yo, por ejemplo,
estoy en esta habitación, la cual me remite al edificio, éste a determinada
calle de determinada ciudad, y así in infinitum. Pero si un pintor de genio
me dibujase aquí y ahora, aislaría mi imagen de ese contexto real. El di­
bujo ya no remite a otra cosa, pues constituye un mundo por sí, referido
a sí mismo. También en la vida íntima encontramos idéntica confusión.
Si digo: “estoy triste”, tal estado de tristeza me remite a los motivos que
lo provocaron, y éstos se funden con el todo de mi existencia. Además—y
en ello igualmente se revela la confusión—nunca un sentimiento se da
aislado. No por estar triste dejo de reirme, si tengo ocasión para hacerlo
y soy sincero; pues la vida interior es una estructura compleja, en la que
ningún elemento alcanza supremacía estable sobre los demás. En un per­
sonaje literario, en cambio, se destaca determinado sentimiento, y éste lo
constituye por entero. Todos, en la vida real, dudamos; pero nuestras
dudas están confundidas con un m ar de otras certidumbres, creencias,
esperanzas. Hamlet, por el contrario, personifica la duda; o mejor, ella
se encarna en él. Puede amar, odiar, divertirse, es cierto; pero es el amor,
el odio o la diversión de alguien que se halla socavado por una indecisión
metafísica y radical, y sólo a partir de ésta las demás emociones tienen
sentido. El artista, pues, nos sorprende: nos muestra una realidad más
precisa y auténtica que la que nos es familiar. No es otra, sino la misma;
pero depurada de su confusión. Tal es lo que Gide ha visto muy clara­
mente. Decía: “Al m ostrar en su obra sólo una verdad, el poeta la
73

�exagera. Simplificar es exagerar lo que resta. La obra de arte es una
exageración” . Pero, una vez más, ¿cuál es la experiencia que permite
semejante capacidad de simplificar, exagerar, distinguir?
Creo que se tra ta de una vivencia pura, virginal, personalísima, por la
cual el artista contempla el mundo y las cosas del mundo, incluso él mis­
mo, como si fuese el primero en verlas. Todas las mediaciones, cons­
cientes o inconscientes, se esfuman ante su mirada, que con asombro
descubre el gesto creador que hace surgir la realidad. Es una experiencia
que recomienza con cada artista y en cada obra. Ser artista consiste, nada
más y nada menos, en vivir la realidad con difícil inocencia, como si no estu­
viese modificada, transform ada y encubierta por mil esquemas que la sinte­
tizan y la hacen habitual, al par que habitable. Heidegger tiene un escrito
titulado “E l origen de la obra de a rte ”, y, como siempre ocurre con él,
las palabras significan algo más de lo que a prim era vista parecen decir.
E n efecto, el vocablo Ursprung, origen, tam bién significa—en sentido
literal—salto originario. La obra de arte es, verdaderam ente, u n salto
a lo originario, a lo puro, a lo no habitual y remoto.
Semejante descenso a los principios no es el mero resultado de un don
gratuito. Exige que el artista se atreva a ser él mismo, a vivir su vida;
osadía que sólo se cumple en medio de los mayores renunciamientos.
Digresión.—A p artir de este punto, la reflexión del racionalismo mo­
derno condujo la teoría del arte y la belleza a la Estética, es decir, a una
disciplina filosófica particular. El motivo aparente estaba dado por una
cuestión gnoseológica. D e hecho, existen en el hombre dos fuentes de
conocimiento: los sentidos y la razón que, al parecer, son incomunicables
entre sí. P ara lo que la razón conoce, los sentidos sólo constituyen engaño­
sos y falsos testimonios; para lo que los sentidos aprehenden, en cambio,
la capacidad racional es im potente y está condenada al silencio. E n sín­
tesis: la prim era facultad es inteligible; la segunda, sensible. Ahora bien,
una disciplina tradicional se ocupaba de la teoría del logos; pero faltaba
todavía el tratam iento filosófico, paralelo al de la lógica, del conocimiento
sensible.
Baum garten, como se sabe, intentó llenar ese hueco, y concibió la
estética como gnoseología inferior, como scientia cognitionis sensitivae
(Aesthetica, ed. I. Ch. Kleyb, 1742, § 1, pág. 1). Pero el principio leibniziano de continuidad tenía que aplicarse tam bién aquí; y, entre la to tal
confusión de lo sensible y la distinción de lo racional, entre la oscuridad
del primero y la claridad del segundo—en una palabra: entre la razón y
los sentidos— , debía existir una zona interm edia, así como entre las tinie­
blas nocturnas y la luz del mediodía está la iluminación crepuscular.
B aum garten lo dijo con exactas palabras: “ . .. confusio mater erroris . . .
74

�sed conditio, sine que non, inveniendae veritatis, ubi natura nonfacit saltum
ex óbscuritate in distinctionem. Ex nocte per auroram meridies” (§ 7, pág.
3). “La confusión engendra el error . . . pero es condición indispensable
para la investigación de la verdad, puesto que la naturaleza no da un salto
entre la oscuridad y la distinción. De la noche al mediodía, a través de la
aurora” . Más tarde en “Los artistas” Schiller cantó la belleza con el
mismo espíritu:
Nur durch das Morgentor des Schonen
Drángst du in der Erkenntnis Land.1

Sin embargo, la aurora significa para Baumgarten, e incluso para Schil­
ler, el grado previo a la deseada luminosidad racional: la luz debe re­
emplazar su incierta claridad. El amor de Fedra, por ejemplo, cuando
Racine polariza todos los actos de una mujer a esa pasión que la consume,
deja de ser opaco; pero todavía hay allí mucho de confuso y oscuro. Di­
ferentes disciplinas racionales deben discernir sus diversos aspectos, y la
configuración estética sólo proporciona un material algo más depurado
que el ofrecido por la vida real. El psicólogo tendrá que distinguir esa
pasión de otras; el filósofo, con su tratamiento ético, deberá indagar la
naturaleza de las pasiones en general y establecer el sentido, positivo o
negativo, que cada una de ellas tienen en la vida; el teólogo, finalmente,
debe ponerla en relación con el destino último del hombre. Por tanto, el
amor de Fedra, que, comparado a los amores reales, es claro y distinto,
frente a los conocimientos racionales posee una complejidad de elementos
adversa a la simplicidad que la razón exige.
La aurora de Baumgarten, o el Morgentor de Schiller sólo son imágenes
aceptables, si las aplicamos a un modo de conocer más virginal y primario
de la realidad pero que, por estar en otro plano, es insustituible y no
puede ser “perfeccionado” por ningún otro conocimiento. Tal como he­
mos indicado, la naturaleza da con el arte un salto a lo originario; y la
distancia así salvada traduce lo muy lejos que nos encontramos del radi­
calismo clásico.
2. A cerca

de la naturaleza del objeto estético

¿Qué resulta de la experiencia artística? Con otras palabras: ¿cuál es
la naturaleza del objeto estético? En cierto sentido, como afirmaba Croce,
todos sabemos lo que el arte sea: su naturaleza se nos impone como un
hecho. Por ahora sólo nos interesa considerar que se trata de algo artifi­
cial, configurado por la actividad humana. Desde los antiguos nos llega el
1 Sólo a través de la puerta matinal de lo bello
Penetras en el país del conocimiento.

75

�concepto de “im itación” , que no sólo significa copia de las cosas, sino su
activa re-producción en imagen, es decir su recreación irreal. Aunque la
sem ejanza entre el modelo y su presentación artística hay a sido ocasional­
m ente ponderada en escritos de Platón, otros m uy preciosos textos de
éste y de A ristóteles afirm an la irrealidad del producto estético. La su­
puesta afinidad entre im agen y cosa real, ta n explotada por los natura­
lismos y realismos de to d a laya, sólo es analógica.
Describam os ahora con m ás cuidado este fundam ental descubrimiento
de los antiguos. Si un carpintero fabrica u n a mesa, por ejemplo, ésta será
un utensilio referido o confundido con totalidades cada vez más amplias,
ta l como he dicho antes. E n segundo lugar, tiene individualidad: es esta
mesa y no otra, y por tal carácter se encuentra en u n espacio igualmente
re a l: aquí y no en o tra p a rte ; y, por últim o, subsiste en u n tiem po también
real, susceptible de ser fechado. C uando el hom bre produce cosas, pues,
las coloca en la realidad: son individuales, espaciales, tem porales y ejercen
u n a causalidad que es propia a su naturaleza. U n p a r de zapatos, por
ejemplo, es algo artificial, hecho por el hom bre; pero tiene la realidad pe­
culiar de las cosas. P or su individualidad difiere de otros zapatos; por su
espacialidad y tem poralidad están aquí y ahora, o en o tra parte, y antes
o después; por su causalidad no me son indiferentes: me quedan bien, me
duelen por ser cortos, o me incom odan por grandes. Con otras palabras,
actúan sobre mí, ta l como la lluvia—fenómeno n a tu ra l— cumple su acción
y moja. E n cambio, la lluvia pintada, por su irrealidad, no puede mojar;
y el p ar de zapatos pintados es igualm ente irreal e im potente en cuanto a
su eficacia real. Y no sólo ésta se pierde, sino que tam bién sus relaciones
espaciales son otras. Supongamos que el pin to r lo hay a puesto a determi­
nada distancia de u n a m a n za n a : en el espacio real, puedo trasladar la tela
de un a habitación a otra, de u na ciudad a otra, de u n país a otro. Nada de
eso im porta; los zapatos seguirán estando—en el espacio pictórico—a
idéntica y determ inada distancia de la m anzana. Lo he movido a través
del espacio real; pero el del cuadro es indiferente a esa realidad.
C uando la configuración a rtístic a se desarrolla en el tiempo, su tempo
tam poco coincide con el de la realidad. E l tiem po real se nos da como un
esencial inacabam iento; desde que nacemos h a sta que morimos no vemos
los lím ites entre los cuales se prolonga: uno, el del nacim iento, porque no
lo recordam os; el otro, el de la m uerte, porque lo ignoramos. E l tiempo de
una obra musical, en cambio, tiene lím ites precisos: se extiende desde la
prim era a la últim a n ota y se nos ofrece como to talid ad sucesiva, pero
acabada. Y otro ta n to ocurre con la acción te atral, la novela, el movi­
m iento poético de un poema. Tales m anifestaciones artísticas muestran
la exigencia m etafísica de una unidad que jam ás ofrece el mundo y la vida
real, ta l como Cam us lo h a dicho en L ’homme révolté.
76

�Hasta aquí la descripción del hecho. Entre las interpretaciones de la
realidad del objeto estético mencionaremos dos, tradicionales en la his­
toria de la filosofía: la tesis metafísica y la idealista. Según la primera, a
través de la materia configurada artísticamente, aparecería, brillaría o
resplandecería lo absoluto o, por lo menos, lo esencial; según la segunda,
la idealidad—que por su jerarquía supera todo lo empírico y dado—se
“realizaría”, sin embargo, en el objeto estético. Como la Idea jamás se
puede realizar en el ser, el misterio del arte consiste en que mágicamente
amalgama el ser con lo que no es, o con lo que debe ser. La concepción
metafísica reapareció una y otra vez desde Plotino; la idealista alcanzó su
expresión más alta después de Kant, durante el clasicismo alemán, y en
particular con Goethe, Schiller y Humboldt.
Frente a estas dos corrientes, es posible una tercera: atenerse a la
irrealidad como tal. En este caso, la imagen no remite a otra cosa, sino que
se agota en su aparecer, en su mera y desnuda presencia. De otro modo,
si refiriese a lo absoluto o al deber ser ideal, el objeto estético tendría
significación; pero las imágenes se dan como cosas, como totalidades que
no van más allá de sí mismas. Ya esta falta de referencia a lo otro, prueba
su carácter irreal, puesto que las existencias reales se implican mutua­
mente. Sin embargo, no se puede negar que en la obra de arte hay ele­
mentos materiales: colores, pinceladas en la tela, sonido, mármol; pero
todo eso—para emplear la terminología de Sartre—es analogón de la ima­
gen estética irreal, y no ésta misma.
En apariencia semejante afirmación nos lleva, como en las tesis meta­
físicas e idealistas, a un nuevo dualismo, y parece que el espíritu del con­
templador tendría que desprender del objeto concreto y real una signifi­
cación que no está presente. Tal es lo que ocurriría, en efecto, si la imagen
se realizara en sus manifestaciones materiales; pero no es así en el caso
contrario, es decir, si sigue siendo lo que es: algo aislado de la realidad.
Esta pierde su valor de ta l; desaparece, se esfuma, y exhibe la imagen
irreal como pura presencia. Con feliz fórmula, Sartre dijo, refiriéndose al
arte dramático: “No es el personaje quien se realiza en el actor; es el actor
quien se irrealiza en su personaje”. Parafraseándola en su sentido más
general, podríamos decir: “No es la irrealidad la que se realiza en el arte;
al contrario, en él la realidad se irrealiza”. La obra de arte, nacida por un
acto de liberación del mundo de las cosas, exige que el contemplador se
someta a idéntica renuncia. Es palpable que quien pretenda sentir lo
artístico desde el mundo de la realidad aspira a lo imposible. Pero el acto
creador es generoso y levanta hasta su propia altura al que con humildad
se entrega a su producto.
Digresión.—Desde el punto de vista psicológico, Sartre ha analizado
con indudable penetración la función desrealizadora que cumple la “con77

�ciencia imaginante” , la cual posibilita lo que llamaríamos generosidad de
la liberación. Sin poder entrar ahora en este problema, remito al lector a
su obra L ’imaginaire (París, 1948) y especialmente a su cuarta parte y
conclusión.
Con otra terminología y diferentes intenciones, también Goethe había
negado el carácter significativo del arte. Distinguía entre las producciones
artísticas y espurias, que pretenden ser alegóricas, y las auténticas, que
son simbólicas. En el primer caso, se expresa lo particular (real) por medio
de lo general (irreal)—o sea, se concibe que en el arte la irrealidad se re­
aliza— ; en el segundo, lo universal (irreal) se expone en lo particular
(real)—es decir, la realidad se desrealiza.
Pero donde la concepción del objeto estético como imagen-presencia
alcanza su triunfo más fácil y visible sobre la que le otorga valor significa­
tivo, está en la refutación de ciertos prejuicios, propios de la última. El
más vulgar consiste en este hecho: si el arte remite a otra cosa ausente,
puede y debe ser “explicado” ; y, en efecto, críticos no menos vulgares
satisfacen esa exigencia. Apelan, como es natural, a ideas o sentimientos
realmente vividos, que permiten “entender” el significado de la obra con­
siderada. Por cierto, de ese modo se la mutila y empobrece; pues las
grandes creaciones—con una negación que es amplitud ilimitada de posi­
bilidades y no mezquindad de sustancia—no dicen nada. Algunos ejem­
plos bastarán para mostrar el fracaso de los que aclaran lo presente por
ausencias más o menos arbitrariam ente forjadas. Quizá ninguno sea tan
conocido como el que proporciona una anécdota atribuida a Eric Satie.
(Me apresuro a declarar que el valor de lo anecdótico reside en su poder
ejemplificador; la autenticidad cuenta poco). El músico acababa de ejecu­
ta r ante un grupo de amigos la última de sus obras, que carecía aún de
título. Uno de los oyentes, al parecer Debussy, le reprochó el carácter
impreciso que tenía la forma de su composición, y Satie, sin perder un
momento, escribió sobre la página, todavía sin bautizar, Pieza en forma
de pera. Plabía pues una posibilidad de significación y, por supuesto, no
faltaron críticos que, hechizados por el “sugerente” título, vieran a través
de los sonidos toda clase de cualidades pintadas musicalmente; o que la­
m entaran ciertas incongruencias entre lo que la pieza debía expresar—la
pera—y lo que, en realidad, había conseguido decir . . . . Igualmente ilus­
trativa fue la ingeniosa ocurrencia con que Mallarmé, según contaba
Degas, puso término a los buscadores de significaciones. Ciertos discípu­
los, después de haber escuchado la lectura de un soneto del poeta, se pu­
sieron a “entenderlo” : es la puesta del sol, exclamaba uno; es el triunfo de
la aurora, aseguraba otro. Mallarmé les dijo: “N ada de eso: es mi có­
moda” . (Demás está decirlo: era su cómoda en el mismo sentido con que
78

�la pieza de Satie tenía forma de pera). Y, por último, recordaré la sabia
prudencia con que un joven árabe respondiera a la indiscreta curiosidad
de Gide. Este le oía entonar melodías y dialogar con otros mediante el
canto, pero no entendía las palabras. Cuando le pidió que se las tradujera,
el muchacho le contestó: “Pero no, si no se trata de palabras: es poesía,
simplemente”. Imposible una más justa y concisa diferenciación entre
lo que tiene significado y la presencia propia e inmediata del mundo
poético . . . .
3. A cción y

necesidad del arte

Es indudable que el arte nos afecta, que tenemos la capacidad de sen­
tirlo. Pero ¿qué transformación tienen que sufrir nuestros sentimientos,
que son reales, para adecuarse a la naturaleza irreal de la presencia esté­
tica? ¿Qué acción ejerce ese mundo irreal sobre el alma? Ya Platón se
extrañaba ante la sorprendente naturaleza de la emoción estética. En
efecto, acontecimientos que en la vida real nos repugnan y producen do­
lor, trasladados al plano del arte nos son placenteros. Supongamos que
alguien encuentra una mujer que sostiene en sus brazos a su hijo muerto.
Semejante espectáculo provocará piedad y tristeza: el que lo contempla
hubiese dado mucho, a cambio de no haberlo visto. Sin embargo, ese
mismo hombre haría sacrificios con tal de poder asistir a la misma escena,
trocada en forma artística y, frente a la Pietá de Miguel Angel, sentiría
inmenso placer. Este extraño hecho, cuya irracionalidad a primera vista
sorprende, hizo que Pascal emitiera su conocida condena del arte. “¡Qué
vanidad la de la pintura—exclamaba—: suscita admiración por la seme­
janza de cosas, cuyos originales no se admiran!” El reproche, por cierto,
no se justifica; pero el hecho está señalado con tanta precisión que basta
—como hiciera Delacroix—con sustituir la palabra vanidad por rareza,
para que la frase de Pascal sea meramente descriptiva.
Desde que Aristóteles enunciara la teoría de la catarsis—en verdad,
otro hecho, más que una teoría, puesto que no se puede dudar que en la
experiencia estética hay cierta purificación—sus interpretaciones han sido
tan varias como las mismas concepciones del arte: metafísicas, fisiológicas,
morales. Si prescindimos de ellas, queda como residuo el dato positivo de
que con el arte no se opera una extirpación de los sentimientos, sino una
purificación de los mismos: son y no son los de la vida real. Es decir: en
lugar de vivírselos en la realidad, se los vive en un plano irreal. La dife­
rencia es esencial, pues mientras que la realidad nos oprime, las emociones
estéticas, provocadas desde un mundo de posibilidades, están acompaña­
das por el inequívoco sentimiento de nuestra libertad. En efecto, los
sentimientos realmente vividos nos acosan y asaltan sin nuestro permiso.
79

�D e pronto, por ejem plo, siento tem or, ju stam en te, cuando quisiera estar
m ás seguro de m í mismo, o me a rra stra u n m ovim iento piadoso, cuando
te n d ría la v ital necesidad de no entregarm e a com pasión alguna. La
m ayor p a rte del tiem po estoy forzado, pues, a vivir sentim ientos que si
de m í dependiera jam ás experim entaría o, por lo menos, no los sentiría en
el m om ento inoportuno en que los tengo que padecer. E n cambio, la
emoción a rtístic a es librem ente d ese a d a : la busco y siento del modo y en
el m om ento que quiero. E l m undo del a rte , con sus emociones y senti­
m ientos posibles, lejos de im ponerse a m i lib ertad , depende de ella, ya que
sin m i adhesión y consentim iento se ev ap o raría instantáneam ente. El
placer su i generis provocado por tales sentim ientos depende del hecho que
em ergen en form a d istin ta, desde el fondo oscuro y confuso de las viven­
cias reales, adecuándose a la condición de extram undanidad, propia de las
form as estéticas. L a purificación a rtístic a lleva, pues, la realidad de la
v ida a u n plano posible: conduce desde las cosas a las imágenes-cosas; de
la confusión a la distinción; desde los sentim ientos reales, que nos oprimen
y sofocan, a los estéticos, que librem ente nos llam an desde el m undo de la
posibilidad; nos perm ite p asar— diría S artre— de la conciencia realizante a
la im aginante y con ello del sentim iento pasión al sentim iento acción. La
catarsis es, en el fondo, pasaje del ser a la lib ertad , o sea liberación.
T odo esto nos lleva a responder u n a ú ltim a cuestión. E l hom bre ha
creado y crea arte. ¿P or qué? L a resp u esta surge por sí sola, de lo dicho
an teriorm ente: si el a rte no fuese, el hom bre e sta ría fru strad o en u n as­
pecto esencial de su natu raleza— el de la lib ertad — es decir, d ejaría de ser
él mismo. E n efecto, ser libre consiste, en prim er térm ino, en no depender
de lo otro; en no ser u n a cosa m ás, inm ersa en las im plicaciones y m ú lti­
ples referencias a que están ellas som etidas. L ib ertad es aislam iento, ru p ­
tu ra de la confusión óntica, propia de los entes reales. E n segundo lugar,
lib ertad es estar arro jad o hacia adelante, proyectado a posibilidades; es
exigencia de sobrepasar to d a realidad efectiva, incluso la propia. Con
o tras p alab ras: su raíz está en la v o lu n tad de liberación. P o r su libertad,
pues, el hom bre tiene en su n atu raleza la m ism a e stru c tu ra que la expe­
riencia y los actos de creación artístic a: aísla, desrealiza y busca satisfa­
cerse en el m ovim iento que lo libera de las determ inaciones ónticas de su
ser, cuya necesaria prolongación, por consiguiente, se h alla en el arte.
Pero, adem ás, la lib ertad crea nu estro ser con la su stan cia irreal de la
posibilidad, y el desajuste e n tre am bos m undos— el efectivo y el posible—
produce u n a radical insatisfacción: to d o lo que de m í se realiza q ueda por
detrás de m i proyecto— que siem pre y necesariam ente está ten d id o hacia
adelante. U n proyecto realizado, d ejaría de serlo: se d estru y e como ta l, y
sólo subsiste en cuanto no es. E l a rte , en cam bio, ofrece la 'presencia de u n
80

�mundo posible e irreal, a diferencia del proyecto que nos arroja a lo que
no es; es decir, alo que no puede estar dado en un presente. Su mundo con­
siste de totalidades acabadas; por tanto, se advierte que lo que el hombre
no puede lograr consigo mismo lo consigue en el arte, el cual se manifiesta
así como una necesaria liberación de lo que impide su plena libertad en la
vida real.2
a En otro artículo, “Libertad y liberación” (Revista de Filosofía, Núm. 3, publi­
cada por el Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación), me he ocupado de la caracterización general de dichos conceptos.

81

�THE HUMANITIES AND RESEARCH
HOWARD MTJMFOKD JONES*

given me for this talk were so delightfully vague, I am
not quite certain what I can most usefully say. Having been recently
elevated, to the episcopacy as it were, as chairman of the American Council of Learned Societies, it seems to me that what I might talk about is the
general question of the humanities and of scholarship in the humanities
rather than to try to beat my breast about any particular problem of the
humanities at Harvard.
The first difficulty that always appears in the discussion is to know
what one means by “the humanities.” To go to the dictionary and find
that a “humanity” orthe “humanities” refers to some explicationorpresentation of systematic thought about what is primarily human is one of
those definitions that do not define. I for one do not know anything in the
world of knowledge which is not more or less human not even excepting
mathematics.
Practically speaking, in the American system and, I daré say, in West­
ern Europe generally, the humanities are supposed to inelude the higher
study of literature, foreign languages, the fine arts and philosophy. I
would myself add history. With their study is vaguely associated some­
thing called valué judgments. The difficulty about this last approach to
the humanities is, however, that it again fails to define, it merely classifies. The humanities are what is left when you have taken everything out
of the curriculum that isn’t the humanities! That is to say, when you have
subtracted the exact Sciences and the social Sciences, it is hoped that what
you have left is humane. This seems to me a rather desperate definition.
And the term “valué judgment” is, again, one of those phrases that
trouble me a good deai. The humanities rather pride themselves, or at
least have in the past prided themselves, on their capacity to preserve or
produce valué judgments. Aside from the difficulty of knowing what a
valué judgment is, certain objections appear. In the first place, I doubt
that the humanities have any monopoly on valué judgments; and in the
T he

directions

* One of the most distinguished of American literary scholars, the recipient of
numerous academic honors, Mr. Jones has taught at the Universities of Texas,
North Carolina, and Michigan, and is currently located at Harvard. Among the
more recent of his many books are Ideas in America and The Theory of American
Literature. The present article is an address made by Mr. Jones after his election to
the chairmanship of the American Council of Learned Societies. It is reprinted by
special permission from the Newsletter of The Harvard Foundation for Advanced
Study and Research (May 16, 1955).

82

�second place, to assume that valué judgments are inherent in one form of
thinking and therefore may not be found in any other seems to me absurd. The pursuit of truth by a scientist is in itself a kind of valué judg­
ment. It assumes that it is better to live in the light of truth than in the
light of error—and at this point I am prepared to let the matter rest.
Perhaps we get a little closer to the predicament of the humanities if
we go at the problem historically. Historically, the humanities once represented—indeed, they were—the oldest organized academic curricu­
lum. Before the humanities there was, so to speak, nothing except theology. They are still the oldest part of the curriculum, and in all properly
conducted institutions of learning the result is that the humanities have
inherited the oldest and worst buildings and the oldest and worst equipment.
Yet it is relatively true that the humanities were once the equivalent
of the university. Science carne into the picture originally because the
scientist was the protégé of some king, nobleman, or wealthy person who
permitted this eccentric projector to go forward with his peculiar experiments; or, later, in the eighteenth and nineteenth centuries, particular
persons having enough means to do so conducted their own experiments
in their own home laboratories. Ambroise Paré is an instance of the one
sort, and Charles Darwin is a case in point in the second category. When
the Sciences finally got into the academic curriculum, they normally carne
in under the heading of natural philosophy—that is to say, they formed a
branch of one of the great “humanities,” philosophy itself.
What is true of the exact Sciences is true in some degree of the social
Sciences, though the case is less clear. They got into the academic tent
largely because of the dictum of Aristotle that man is a political animal.
Thus the eighteenth century saw without stupefaction the founder of
modera political economy, Adam Smith, writing a book on the theory of
the moral sentiments as a matter of course.
This informal excursión into history has some valué in itself, but it has
valué of a secondary sort as well, I hope. It points to the curious confu­
sión of thought and terminology which haunts the problem of the human­
ities. Are the humanities the same things as the liberal arts? Well, I
always thought so, until, not long ago, talking with the officials of one of
the great foundations, I was reproached because the American Council of
Learned Societies does not represent the practicing artists of our time.
The inference is that the humanities are supposed to inelude the fine arts.
But what are we then to do with that dreadful word, “learned”? There
seems to be no reason to suppose that learning is not as much an end in
itself as puré Science is.
83

�One other preliminary observation: unlike the social Sciences and the
exact Sciences, the humanities have as the principal area in which to place
their producís, the teaching profession. There are very few places outside
of teaching for the humanist to fill. He may occasionally go into library
work, or he may sometimes go into a branch of government, provided he
has no trace of “dangerous thoughts.” But by and large the humanities
exist in the teaching world and are of it.
The results are, I think, three. There is, first, a keen interest in teaching
among humanists. I do not say it is keener there than anywhere else, but
that it exists as a paramount interest is evident from the number of so­
cieties of humanists primarily interesting themselves in teaching. The
College English Association is a case in point. But there is, second, inevitably a general assumption that whatever research work or “scholarship” may be, the primary business of the humanities is teaching, and by
and by this is interpreted to mean that their whole business is teaching,
and that research is a sort of unnecessary luxury. In either event it seems
to follow in the country at large that the humanists don’t especially need
help for research work. New mechanical devices, or personnel help, or new
modes of research may be all right for those pernickety fellows, the exact
scientists or the social scientists, but the humanities get along well enough
without them. The result is sometimes an inexcusable waste of expensive
manpower. A colleague of mine, for example, fearful of overburdening the
one secretary allotted to his department, typed out by himself enough
copies to supply a committee on fellowships with all the data necessary
for judgment on a long list of scholarship applicants. This sort of situation
is, unfortunately, altogether too common among the humanities. It is
like setting a vice-president of a bank to do the work of a filing clerk.
But more particularly and more deeply, I think, damage is done because of a resultant confusión in both the popular and the academic mind
about the humanities. Somehow or other, because the humanists teach,
it is supposed that they do nothing else. They teach English, they teach
foreign languages, they teach the elements of art, they teach rudimentary
philosophy; and it is assumed that they have therefore discharged their
duty if they teach people to read, to write, and to spell; to get through a
few books; or to pass a year or two of French, or Germán, or Latín. And
that is all that humanists do. In the popular mind the humanist is there­
fore made synonymous with the teacher of undergraduates. Teaching is
of course an excellent thing. But the difficulty is that this cuts into the
assumption that the humanities are intellectually independent disci­
plines, branches of learning on a true university basis. I suppose we must
be almost the only country in the world to postpone the rudiments of cer84

�tain subjects to the universities—a postponement that would be impossible anywhere else.
What is it that, intellectually speaking, the humanities are supposed
to contribute to a university? I think they have at least three purposes to
fulfill on an adult level.
In the first place, they do represent learning, and learning is a perfectly
respectable end in itself. Learning may, of course, be nothing more than
organized lore. But even organized lore is as much a purpose as any other
form of organized knowledge, and is so recognized by the Sciences and by
the social Sciences. In the narrower sense of course, learning commonly
connotes organized lore outside of any scientific area. It is an end in itself,
it has been so honored by the world for centuries, and it is, on the whole,
regrettable that we in the United States do not honor it as an end in it­
self, giving it that dignity it should have.
In the second place, as learning, the humanities are primarily our chief
instrument for the preservation and interpretation of the past of mankind. I think the paradox could be defended that the scientist is happily
engaged in destroying the past insofar as he perpetually wants to pass beyond known Science and render it obsolescent, whereas the social scientist
(apart from the historian) is commonly most interested in social change
taking place now and here. It follows, therefore, that the humanities, including history, are charged with this special duty. In the discharge of
this duty they have to use many devices, some of them highly technical
and “dry,” but their technicality and their lack of popular appeal are no
greater than the mysteries and techniques of Science or of economics,
which are not reproved by educators for being mysterious or unintelligible.
The humanities seek to preserve the past, they seek to enrich our
knowledge of the past, and they seek to understand it. Theoretically (and
practically) they also seek to bring us to a better understanding of the
present as a product of the past—to show us how it carne into being.
Inthis country it is something of an occupational disease that the presentation of the past by humanists too often has to take the form of textbooks if it gets published at all, rather than the form of that direct presentation of scholarly interpretation or material common in Europe in the
nineteenth century. This goes back to our obsessive preoccupation with
the humanities as not much more than a problem of pedagogy.
In the third place, I think it is true that the humanities also have something to do with wisdom. Do not misunderstand me. As Emerson remarked a hundred years ago, there is no reason to suppose that librarians
are wiser than other men, and the mere fact that humanists are concerned
85

�with books does not, of itself, make them wiser; it may, in fact, render
them foolish. I do not believe that the humanists per se are wiser than
anybody else. But I do claim that the humanities, by preserving and interpreting great expressions of human experience, great systems of
thought, the lives and achievements of great men, the texts of great
books, the meaning of great works of art, at least make wisdom possible.
This wisdom may of course be misused. For example, Nietzsche was a
Greek scholar who, it may be said, misused his wisdom, whereas Thomas
Jefferson, a lover of Greek art, used the wisdom of Greece more wisely.
But the point is that without these monuments of wisdom neither Nie­
tzsche ñor Jefferson could have been what they were.
What has all this to do with a research program in this or any uni­
versity? We as a nation must realize learning is a noble end, and that the
increase of knowledge in humanistic learning is a normal activity.
In the next place, we have, in other departments, set up devices for
encouraging research or invented instruments for encouraging research,
but we do not believe, or at any rate we do not seem to believe, that any
such encouragement is necessary in the humanities. This is, I think, a
wrong approach.
One of our principal difficulties in America is that scholarly production—the statement of new knowledge or of new wisdom based upon
knowledge—is governed to an embarrassing degree by classroom considerations. If Edmund Gibbon were today to take the manuscript of The
Decline and Fall of the Román Empire to a publisher, he would probably
not get it published. The publishers would say: “This is much too difficult
for a textbook,” and when Gibbon had declined to alter it, they would
ask: “But who is going to buy your book?” The same thing would be true
of many other monuments of humanistic research—for example, John
Addington Symonds’ important six-volume study of the Renaissance.
There are, of course, occasional exceptions, but we are not prepared to
finance humanistic production in this country.
Partly as a result of this, partly as a result of the insistence that all
there is to humanistic learning is its teaching aspect, humanists in this
country have not sufficiently addressed themselves to large questions involving basic research. We are like the American scientists—we are, in
embarrassing degree, living on the accumulations of Europe—on European documentation. When one thinks of the vast and magnificent series
of Migne’s Patrología, or the Monumento Germaniae Histórica, or the publications of the Société des Anciens Textes Frangaises or of the Early
English Text Society, and then looks about him for American equivalents, I do not say there are not occasional like publications, but I do not
find their equivalents in like degree, either in proportion to the wealth of
86

�the country or in the proportion to our opportunities. Let me give you an
example from my own field.
Years ago Moses Coit Taylor, the first important historian of American
literary development, pointed to the need of an Early American Text
Society. That need has never been met. Moreover, our literary classics
are more and more unavailable except those few that appear and reappear
in textbook form. I am again and again embarrassed when foreign scholars come to this country and ask: “How can I put together for my uni­
versity a collection of basic texts in American literature?” They can’t.
Most of the classics are out of print except for a handful of textbook titles. It is virtually impossible to buy the complete works of most Ameri­
can literary men. It is impossible except in very large librarles to find
anything like a complete collection even of novelists as recent as Howells
or James. Yet it is upon the works of writers like these that basic interpretations of the American past must rest.
I should like to present you in conclusión with some interesting figures.
A year or so ago, it was estimated by a careful investigator that an indi­
vidual humanist doing research in this country received a subsidy to the
extent of about $130 a year, whereas a scientist doing research was subsidized for the same period at an average of $1800. Need I point to the
valúes involved? The humanists are inevitably on the defensive; they are
self-conscious, bewildered, and even bitter when they discover that this,
in practical terms, is what the country thinks of the humanities. Surely
this self-consciousness, this bitterness cannot wholly be blamed upon the
humanists themselves; it is caused also by a general lack of comprehension of what the humanities are supposed to be and do.

87

�LA GUITARRA Y LOS NEGROS
F E R N A N D O ORTIZ*

E n E s p a ñ a ya se nom braba la vihuela en plena E dad Media. En el

Libro de Apolonio, del siglo X III , se dice:
“Aquistóse la duenya, fiziéronle lugar,
templó bien la vihuela en un són natural” .

Los españoles de la Conquista, al extenderse por las Indias, desde
fines del siglo X V y durante el X V I, trajeron consigo, además del rabel,
la vihuela, vocablo que era traducción dim inutiva de la viola italiana.
Debió de llegar con Cristóbal Colón. Y a por 1502 en la Española tenía
fam a un vihuelista, al que se refiere F ray Bartolom é de las Casas, quien
cuenta que “a un hombre hobo, de los que vinieron en el viaje del
comendador mayor, que al son de una vihuela hacía su yegua bailar o
hacer corvetas o saltar” . E ste músico quedó en el anónimo; pero la
historia ha recogido el nombre de otro que ganó mucha fam a en Indias y
precisamente en C uba y luego en México como tocador de vihuela. Fue
un ta l Juan Ortiz, que en la cubana villa de T rinidad se unió a la hueste
de H ernán Cortés. Bernal Díaz del Castillo lo cita llamándolo “el músico”
y tam bién dice de él que era “gran tañedor de vigüela y enseñaba a
danzar” .
Y a el cronista Fernández de Oviedo, en su famosa Historia General,
al elogiar las palmas antillanas, alude a la posible construcción de
clavecímbalos y vihuelas con su m adera. Bien se comprende que en estas
islas los españoles y luego sus hijos mestizos pronto debieron de hacer
vihuelas criollas con las m aderas preciosas. E n 1598 había en La Habana
una negra vigüelista que tocaba en la iglesia; lo cual no debe asombrarnos
porque los negros eran entonces los únicos artesanos y músicos en la co­
lonia, y la vihuela era instrum ento de rango alto “ con que levantaban
el espíritu a Dios los hom bres” , según decía F ray Ju an de Luna.
La vihuela era un instrum ento cordófono pulsativo que se tañía punte­
ando sus cuerdas. E n E spaña y sus Indias, al caer el siglo X V I, la vihuela
fue sustituida en lo popular por la guitarra, instrum ento parecido pero
más pequeño y m anual. La guitarra es de origen español y probablemente
* Notable historiador y antropólogo cubano, muy conocido en los círculos científi­
cos por sus estudios acerca de la influencia africana en la cultura del Caribe. Figura
consagrada, ha desempeñado altos cargos en el gobierno, la diplomacia y la Uni­
versidad. Entre sus libros más difundidos figuran Contrapunto cubano del tabaco y
el azúcar y El huracán, su mitología y sus símbolos. Tomamos el presente estudio de
la revista Cuadernos Americanos (México, Año X IV , Núm. 3, mayo-junio de 1955).

88

�moro. Ya en el siglo X I se llama en Francia morache, aludiendo a su
origen moruno. Ya Cervantes en su novela El celoso extremeño recomienda
la guitarra. “El que más a vuestra voz le conviene, dice, es el instru­
mento de la guitarra, por ser el más mañero y menos costoso de los instru­
mentos”. La guitarra española tenía cuatro cuerdas en el siglo XVI;
pero en el siglo XVII adquirió una más, hasta que en los comienzos del
XIX llegó a tener seis.
Como ha escrito el P. Guillermo Furlong: “En todo el continente ame­
ricano llegó la guitarra a ser el instrumento popular por antonomasia, y
muy en especial adquirió esa aceptación general y cordial entre todas las
gentes de esta parte de América, a lo menos desde fines del siglo XVII”.
Ya al caer el siglo XVI tocaba muy mañosamente la guitarra una monja
milagrcsa del Perú, luego canonizada como Santa Rosa de Lima, y en
este siglo reconocida por los católicos como la “Patrona de los guitarris­
tas”. En toda la América Española, evidentemente fue la guitarra el
instrumento preferido por todas las gentes en el curso del siglo XVIII, y
lo mismo se halla en las iglesias y oratorios, según hemos indicado, como
en manos de los negros y mulatos, de los caballeros y de las damas, de
los que alegraban las fiestas familiares y sociales y de los que rondaban
por las calles.
La guitarra en España tiene maneras características de ser tañida, las
cuales concuerdan con el genio musical africano, moruno o negro. La
guitarra morisca se tañía mediante el puntear de sus cuerdas para dar
la melodía junto con el canto. Pero un historiador de la España mora,
El Ispahaní, recuerda que “Isaac el Mosulí en cierta ocasión tocó un
bonitísimo preludio de laúd, de muy complicada y difícil ejecución, en
el que había pulsaciones rasgueadas o batidas”. ¿Y qué clase de pulsa­
ciones son ésas? Dozy nos las explica en su Diccionario: “consisten en
herir con el plectro todas las cuerdas de un golpe y fuertemente. Y como
es imposible poner los dedos de la mano izquierda pisando los trastes
para que todas las cuerdas suenen al unísono, necesariamente habrían de
producirse sonidos distintos simultáneos, los cuales habían de sonar
armónicamente para que causaran buen efecto”.
El rasgueado fue el modo más típico y popular de tocar la españolísima
guitarra. López Chavarri se refiere a unos párrafos de El escudero Marcos
de Obregón. “Venía todas las noches a visitarnos un modesto barbero,
conocido mío, que tenía bonita voz y garganta; traía consigo una guitarra
con que, sentado al umbral de la puerta, cantaba algunas tonadillas a
que yo llevaba un mal contrabajo, pero bien concertado (que no hay dos
voces que si entonan y cantan verdad no parezcan bien), de manera que
con el concierto y la voz del mozo, que era razonable, juntábamos la
89

�vecindad a oír nuestra arm onía” . Y por cierto que la guitarra era em­
pleada en estilo popular, rasgueado (como mejor podía esperarse del
clásico “mocito barbero” ), sin trazas de punteado polifónico, según nos
lo hace ver el autor por medio de un detalle naturalista m uy en armonía
con aquellos cuadros de lisiados alegres y de jocundos picaros, inspiradores
de los cuadros con pedigüeños y hampones que pintarían Ribera, Velázquez y M urillo; el caso es que “el mozuelo tañía siempre la guitarra, no
tanto por m ostrar que lo sabía, como por rascarse con el movimiento las
muñecas de las manos, que tenía llenas de una sarna perruna” . La guitarra
latina que el Arcipreste Juan Ruiz llamó copudo laúd, se tocaba para
acompañamiento por acordes o sea rasgueando su cordaje, modo típica­
mente español, que consiste en rascar rápidam ente las cuerdas con los
cuatro dedos de la mano para producir acordes arpegiados, mientras que
el pulgar hace sonar la base.
H oy día los guitarristas españoles así puntean como rasguean. De uno
u otro modo, la guitarra es instrum ento pulsativo. P untear y rasguear
son formas distintas de pulsación. Rasguear es como una pulsación plural
y colectiva por la cual el músico, con un solo movimiento de su mano,
hace vibrar simultáneamente varias cuerdas en armonía. Rasgueo es casi
percusión, que debió de originarse en el gusto negroide para la música
bailable. E ste rasgueo fue cosa de negros en cuyas manos la guitarra,
acompañando la melodía de las voces, sólo sum inistraba un fondo
rítmico y armónico. Aún hoy día ése es el papel de la guitarra y el contra­
bajo en el jazz, donde su función, como la de la batería, consiste en
proporcionar la pulsación rítm ica fundamental.
Ese rasgueo peculiar es el llamado en América rasgueo criollo. Así lo
describe Carlos Vega: “La técnica común del rasgueo criollo se funda en
un punteo sui generis. E l punteo clásico consiste en la aplicación de la
yema del dedo a la cuerda; producida la tensión, la yema se desliza hasta
la liberación de la cuerda, que entonces entra en vibración. El rasgueo
criollo puede utilizar el punteo clásico por instantes pero generalmente
obtiene el sonido por su especial manera de punteo. Colócase sobre las
cuerdas la mano cerrada, el puño; se aplica a la cuerda, no la yema, sino
su revés, la uña, la prim era falange; y la applicación varía desde el desli­
zamiento pleno, de frente, hasta el de perfil, como si la uña quisiera cortar
la cuerda con su filo. E l término medio es lo corriente: el dedo presiona
la cuerda en línea diagonal. E sta presión se entiende de arriba abajo, es
decir, del cielo al suelo. A veces el dedo ataca tam bién ‘de regreso’, es
decir, del suelo al cielo, y produce otro matiz de sonido . . . . H ay otras
formas de ataque. La mano se cierra rápidam ente y descarga un golpe
seco contra las cuerdas. Chocan las prim eras falanges. E sto es percusión
90

�pura; pero en tales condiciones, adem ás del ruido, el golpe produce cierto
sonido. Existe u n a gam a de golpes, desde el que cae sobre las cuerdas y
las aprieta contra el diapasón h a sta el que apenas las toca, estira y
libera. U n chasquido indescriptible, de cuerdas ahogadas al iniciar su
vibración, se consigue por medio de la percusión suave” .
Isabel Aretz tam bién analiza ese rasgueo criollo: “E n cuanto a la form a
de ejecución, ésta varía sobre todo según se emplee la guitarra como
instrumento acom pañante o como solista: rasgueada o punteada. P ara
el rasgueo la técnica cam bia en ta n to se use la m ano blanda, empleando
todos los dedos, o la m ano tiesa, que se sirve sobre todo del pulgar.
Además, el rasgueo causa diferente efecto auditivo según se inicie desde
la prim era cuerda o desde la sexta y se realice sobre las cuerdas agudas
o las graves, o en form a altern ad a sobre unas y otras, y según se intercalen
acordes golpeados con la m ano cerrada, a los que se d a el nom bre de
‘quedo’. Los rasgueos se usan sobre todo p ara los bailes, como acom pa­
ñamiento de la voz o de otros instrum entos, sea violín, m andolín, flauta
o inclusive o tra gu itarra pero punteada. E sto lo advirtió y a Lynch cuan­
do transcribió las observaciones de don G regorio U garte, de 1875,
quien al h ab lar del gato y su coreografía dice que los guitarreros, ‘p u n te­
ando uno y rasgueando otro, sentados en el suelo a am bos lados de la
pareja contan en coro’. E s decir u n a g u itarra como pulsativa, que d a la
melodía, y la o tra como percusiva, su stitu tiv a del tam b o r como acom­
pañante rítm ico” .
Ju an Liscano observa que en la zona de B arlovento, la región de más
negros de V enezuela, “ el cuatro se toca rasgueado, casi nunca p u n tead o ”
y añade que “ el cuatro nunca acom paña los toques de ta m b o r” . Sin duda,
es ello por influjo afronegro. E l rasgueado es como su stitu tiv o del ta m ­
boreo, innecesario aquél si éste suena. Alejo C arpentier nos da esta
conclusión, refiriéndose al Son de la M a Teodora de C uba, el cual “revela,
en el punto de p a rtid a de la m úsica cubana, u n proceso de tran scu ltu ración destinado a am algam ar m etros, melodías, in stru m en to s hispánicos,
como rem em branzas netas de viejas tradiciones orales africanas. El
negro, situado en la escala m ás b aja de la organización colonial española,
aspiraba a elevarse h a sta el blanco, adaptándose en lo posible al tipo del
arte, de hábitos, de m aneras, que se le ofrecía por modelo. Pero no por
ello olvidaba su instinto de la percusión, transform ando u n a bandola en
un productor de ritm os. Así, en el son cubano, como en la sam ba brasileña,
las guitarras tienen u n a función m ás percutiente que melódica. Los
contrabajistas de orquestas callejeras no usan del arco . . . . Si las coplas
son de herencia española, los rasgueos son de inspiración africana. Los
dos elem entos, puestos en presencia, originan el acento criollo” .
91

�Otro modo español de hacer música con guitarra, concordante con el
africano, era en tiem po de C ervantes el de unir a los sonidos de aquel
cordófono el de las sonajas, tal como hace el músico negro con los del
guayo o con las maracas. “ Las guitarras frecuentem ente se tocan a la
par que las sonajas, especialmente cuando han de acom pañar las danzas.
E n esta comedia se tra ta de acom pañar canto a lo rufo y de jacarandina.
E n la Gran Sultana dos músicos cantan m ientras los acompañan con
guitarras y sonajas. Se lee en Pedro de Urdemales:
“Vuélvanse a repicar esas sonajas,
háganse rajas las guitarras, vaya
otra vez el floreo. . . . ”

E sta expresión “háganse rajas las g u itarras” parece significar que
tocarán hasta romperse, pero en realidad no era así. Se refería a esa
m anera frecuente que se tiene de tocar 1a, guitarra, ocasionalmente en el
frenesí de la danza, percutiendo los ritm os en su caja; como si fuese en
un tam bor.
Sin duda, fue influencia africana si los negros al tocar esos instrumentos
lo hacían por rasgueos o pulsaciones batidas y a veces por percusión
directa e inequívoca. E n cuanto al Brasil, aún se usa ese estilo. En los
cultos caboclos del Brasil, o sean en los afroindios, donde se invocan
deidades llam adas “indias” , los cantos se acom pañan con maracas y
guitarra, que en portugués se dice violeto, usándose ésta como instru­
m ento percusivo. Los ritm os son tam boreados en la guitarra de acuerdo
con los modos del tamboreo.
Así se observa en Chile con m otivo de la danza afroam ericana zamba­
cueca, zamacueca o cueca. “Tam bién la guitarra desgrana sus acordes
perlados, agudas voces, a veces bordoneantes y roncas otras. Hay
suave y persistente disloque rítm ico en sus acordes, y la obstinada regu­
laridad del movimiento de la mano derecha lleva acoplado, en hermosa
simbología, el latir del corazón de todo un pueblo. Sobre su caja un
comedido —hincado en el suelo— , tam borilea, extenuando las bondades
de la noble guitarra” .
E n la novela La novia del hereje o la Inquisición en Lim a, del argentino
Vicente Fidel López, inspirada en el am biente colonial limeño, se inserta
este párrafo descriptivo: “ . . .la bihuela garbosam ente rasgueada sobre
las cuerdas, al mismo tiempo que sobre su caja, lanzaba los excitantes y
animadísimos aires de la zam bacueca” .
E ste procedimiento de tañer la guitarra como si fuese u n instrum ento
percusivo, tam bién se estiló en España, en el teatro de Lope de Rueda,
donde tan to intervinieron los negros y sus descendientes m ulatos. E n
las piezas teatrales de ese au to r y de esa época la música sonaba “detrás
92

�de la m a n ta ” , com o señala C erv an te s en sus com edias y lo confirm a
Agustín de R o ja s en la Loa de la Comedia, h a b lan d o p recisam ente de
Lope de R u e d a :
“T añían una guitarra,
y ésta nunca salía fuera,
sino adentro y en los bancos,
m uy m al tem plada y sin cuerdas” .

Em ilio C otarelo, de quien to m am o s e sta observación, se e x tra ñ a de
que R ojas h a y a escrito “ sin c u erd as” y lo co m en ta diciendo que “ en
fuerza de q u erer A gustín de R o ja s p o n d e ra r los progresos realizados en
su época, no se d etien e en e sta m p a r desatin o s, com o el de ta ñ e r u n a
g u itarra sin c u erd as” . P u e s no h a y ta l desatin o . R o ja s sab ía lo que se
decía. R o jas no escribió que la g u ita rra no tu v iese cu erd as; pues bien
claram ente expresó q u e e ra “ m u y m al te m p la d a ” , y u n a g u ita rra no
puede tem p larse b ien o m al si no tie n e cuerdas. L a g u ita rra a que alu d ía
R ojas te n ía , pues, sus correspondientes cuerdas. L o que R o ja s afirm ab a
era que “ ta ñ ía n u n a g u ita rra ” de dos m a n eras: 1.a “ m u y m al te m p la d a ”
y 2.a “ sin cu erd as” ; es decir sin h acer uso de éstas. “ D e trá s de la m a n ta ”
que h acía de telón, como ho y diríam os, o sea “ a d e n tro y en los b an co s” ,
que era tra s o b a jo del escenario. Allí el m úsico, sin m o strarse al público,
to cab a la g u ita rra ta m b o re an d o en su c aja a estilo d e los negros (el
músico b ien p o d ía ser m oreno o p a rd o ), con lo cual éste im ita b a el ru id o
del ta m b o r y satisfacía el deseo de d a r a su m úsica la m u y a c e n tu a d a
percusión p a ra los ritm o s, que es carac te rístic a del a rte negroide. A esa
m úsica debió de referirse C erv an te s cuando, al p in ta r el te a tro español
p rim itivo, decía: “ E l adorno del te a tro era u n a m a n ta v ieja, tir a d a con
dos cordeles de u n a p a rte a o tra , que h a cía n lo que lla m a n v e stu a rio ,
d e trá s de la cual e sta b a n los m úsicos, c an ta n d o sin g u ita rra alg ú n ro ­
m ance a n tig u o ” . E se ta m b o reo de la g u ita rra lo hem os o b servado
ta m b ién en C u b a con ocasión de “ m úsica b ra v a ” p a ra ru m b a s y otros
bailes. Y es m u y frecu en te en el to q u e del c o n tra b ajo .

93

�MUSICA PRECORTESIANA
SAMUEL MARTÍ*

L a música precortesiana es la Cenicienta de las disciplinas americanistas.
Es el personaje olvidado de nuestro pasado m ientras sus hermanas
lingüísticas y arqueológicas disfrutan del presupuesto y la atención del
público.
Alfonso Caso señala la importancia que tenía la religión en los pueblos
mesoamericanos “interviniendo como causa aun en esas actividades
como los deportes, juegos y la guerra que a nosotros nos parecen ajenos
a sentimientos religiosos” . Caso olvidó decir que el canto, la música y la
danza eran tan esenciales a sus ceremonias religiosas y cívicas como
éstas lo eran a sus actividades cotidianas.
E sto no quiere decir que la música solamente se empleaba en actos
religiosos como muchos creen. E n Sahagún leemos: “H abía gran ruido
en todo el pueblo, por razón de los cantares y del tañer de cada familia”.
También refiere que a los guerreros victoriosos les era permitido beber
y bailar con muchachas entrenadas para esos quehaceres. Landa sugiere
danzas eróticas entre los mayas “en especial uno que llamaban Nanúal,
no muy honesto” . D urán es más explícito asegurando que: “También
había otro baile ta n agudillo y deshonesto que casi tira al baile de esta
sarabanda que nuestros naturales usan con tantos meneos y visajes y
deshonestas monerías que fácilmente se verá ser baile de mujeres des­
honestas y de hombres livianos. Llamábanle cuecuecheuycatl que quiere
decir baile cosquilloso o de comezón” . E l padre G aribay en su valiosa
obra Historia de la literatura náhuatl nos brinda bellas traducciones de
algunos de estos cantos, ta n sugestivos y delicados.
Todos los cronistas del siglo X V I comentan con admiración la habili­
dad y disciplina musical de los nativos. Todos subrayan la facilidad con
que los indígenas aprendían la difícil polifonía religiosa que les enseñaban
los frailes. Torquem ada nos asegura: “ . . .no sólo salieron con el Canto
Llano, mas también con el Canto de Organo: y después unos a otros se
los van enseñando, y ai entre ellos muchos, y mui diestros Cantores, y
M aestros de Capilla. . . finalmente no ai género de música que se use en
la Iglesia de Dios, que los Indios no lo tengan y usen. . . .Una cosa puedo
afirmar con verdad [sfc], que en todos los Reinos de la Christiandad
(fuera de las Indias) no ai ta n ta copia de Flautas, Chirimías, Sacabuches,
Trompetas, Orlos, Atabales como sólo en este Reino de la N ueva Es­
paña. . . . ”
* Músico y folklorista mexicano. Nació en 1908. Fue director de la Orquesta Sin­
fónica de Yucatán. En los últimos años se ha dedicado a estudiar la música preco­
lombiana. El presente trabajo fue publicado originalmente en Cuadernos Ameri­
canos (México, Año X III, Núm. 6, noviembre-diciembre de 1954).

94

�Mendieta en su admirable y muchas veces copiado capítulo sobre la
música en su Historia eclesiástica indiana nos da una descripción de­
tallada que nos permite apreciar el extraordinario desarrollo de la música
precortesiana. Mendieta describe efectos musicales que hoy se conocen
bajo el nombre de tonalidad, modulación, contrapunto, composición,
crescendo, diminuendo, accelerando y rallentando. Algunos de estos
efectos son indicados por primera vez en partituras europeas de principios
del siglo XVII.
Sahagún confirma lo escrito por Mendieta y Motolinía y nos cuenta
con lujo de detalles cómo era costumbre entre los grandes señores aztecas
el ordenar obras originales para sus fiestas y celebraciones particulares,
algo parecido a lo que se acostumbraba en las cortes europeas. Los
mismos señores señalaban el tono o “punto” en que querían las compo­
siciones, así como el carácter de las danzas y melodías y los adornos de
los danzantes. Estas composiciones no eran cantos primitivos sencillos,
sino verdaderos bailables ejecutados por sus propios músicos, cantantes
y bailarines. Por cierto que toda una parte de la obra monumental de
Sahagún está dedicada a describir las fiestas religiosas del año, y en casi
todas se efectuaban cantos y danzas rituales. También entre los objetos
rituales con que se confirmaba la elección de los grandes señores en Tula,
Chichén-Itzá y Monte Albán se encontraban flautas simbólicas o cere­
moniales. Cuatro de estas flautas existen en el Museo Nacional, una
tolteca de hueso con exquisitos esgrafiados donde se representa el tótem
de Mixcóatl, el venado bicéfalo, una maya de la isla de Jaina, otra
mixteca con una campana única de barro “calado” y la temible flautilla
de Tezcatlipoca.
Hace muchos años que se conocen estos datos, sin embargo, todavía
se sigue repitiendo en las escuelas e historias de la música el juicio nada
técnico de Cortés, de que la música autóctona era monótona y muy
aburrida. Hasta un musicólogo tan erudito y famoso como Curt Sachs
se atreve a decir, en su Historia de los instrumentos musicales, que los
instrumentos americanos eran excesivamente primitivos y de origen
asiático y que nuestros aborígenes “permanecieron increíblemente atra­
sados en música, cuando menos en cuanto a la música instrumental”.
Con razón casi todo lo que se ha escrito y dicho sobre la música pre­
cortesiana adolece de especulaciones vagas, entusiasmo romántico-li­
terario o falta de datos precisos.
La investigación de la música aborigen ha sido enfocada sin ninguna
base histórica, cronológica o musical y generalmente desde el punto de
vista de la música europea que es la que se enseña en todos los conserva­
torios y escuelas de América. Aun en México donde funcionan varios
institutos y dependencias indígenas, un conservatorio nacional y la
95

�escuela de música de la Universidad, no existe un curso de música
indígena. Es más, ¡recientemente el único doctor en música existente en
México negó la existencia de la música precortesiana!
La música indígena tiene una tradición añosa y dinámica de alcance
continental. Al igual que la música de otros países surge de la masa del
pueblo y refleja sus creencias, costumbres y medio ambiente y forma
parte de su patrimonio cultural inalienable. La música percusiva y
agresiva del norte y la alegre y sentimental del centro puede parecer
diferente de la música solemne y marcial del sur, pero básicamente todas
siguen los lincamientos de la gran tradición precolombina que las anima.
Al igual que el arte, la música aborigen difiere de los conceptos euro­
peos. El hombre juega un papel insignificante en el drama cotidiano de
la religión y el mito del mundo indígena. Enraizado a la tierra, el nativo
concibe a sus dioses como encarnaciones de las fuerzas de la naturaleza—
crueles, inexorables y despiadadas. En su mente el papel del hombre es
adorarlos y ayudarlos a sostener su poder ofrendándoles sus dones más
preciados—¡su propia sangre y corazón! La función del arte y de la
música no es provocar emoción estética, sino fanatismo religioso, ese
fanatismo que arrastra al hombre hacia la piedra de los sacrificios o a la
hoguera o martirio. Por su naturaleza es arte y música imaginativa y
expresiva.
El indígena no canta o danza para exhibir su destreza o sus emociones.
Tampoco trata de entretener o adular. El indígena canta y danza para
honrar y propiciar a sus deidades ancestrales. Su música es la expresión
de su fe, esperanzas y temores en sus deidades, ya sean en forma pagana
o cristiana. La música no se practica en el espíritu exhibicionista, sub­
jetivo y virtuosístico occidental sino más bien con el fervor impersonal
de la música religiosa europea anterior al siglo X. A los cantares de
carácter íntimo como los de amor y muerte, no se les da ningún valor y
el nativo se rehúsa comentarlos o cantarlos.
La tradición musical aborigen tiene una vitalidad que le permite
asimilar melodías y ritmos exóticos. A esta vitalidad se debe la aparente
paradoja de versiones indígenas de melodías y formas extranjeras. Las
formas y melodías son extrañas pero su carácter e interpretación son
autóctonas. Algunas pascólas yaquis, bolonchones tzotziles y hasta
música zapoteca para el venerable arco musical, están inspiradas en
cantos y danzas europeas y canciones comerciales actuales. Muchos
cantos de los pieles rojas de Norteamérica se refieren a episodios de la
Guerra Mundial, béisbol y la bandera americana.
El mismo fenómeno se observa en los instrumentos. Los laúdes, guita­
rras y violines lacandones, chamulas, otomíes o tarahumaras son casi
idénticos a sus prototipos europeos del siglo XVI, pero es materialmente
96

�imposible e je c u ta r m úsica europea en ellos. E s to se debe a que fueron
construidos p a ra to c a r m úsica a u tó c to n a . E s el m ism o caso de la m anera
peculiar de c a n ta r del in dígena q u e obedece a u n a técnica de efectos
espontáneos, im p resio n an tes, m u y d is tin ta de la europea a base de
agilidad, sonidos agudos y trin o s p a ra lucir la voz y tem p eram en to del
can tan te.
E s e sta esencia o c a rá c te r in dígena q u e debem os in d a g ar al estu d iar
la m úsica indígena y no sus sim ilitudes con la m úsica europea.
L a creencia general de que la m úsica p re co rtesian a solam ente em ­
p leaba la escala p rim itiv a azteca de cinco sonidos se debe a la noción
p rev alen te de que la c u ltu ra azteca, p o r e sta r m ás cerca de nosotros en
tiem po y espacio y ser la m ás conocida, fue la p rin cip al, si no la única
c u ltu ra re p re se n ta tiv a de M esoam érica. D ebem os te n e r p re sen te que los
pueblos que a h o ra conocem os com o aztecas fu ero n descendientes de
trib u s nóm adas, sem isalvajes pro ced en tes del n o rte , q ue llegaron al
altip lan o escasam ente doscientos años a n te s que los europeos.
In sp ira d o s en u n a fe ciega en su su p erio rid ad com o guerreros y sa­
g azm ente dirigidos p o r sus jefes-sacerdotes, los aztecas c o n q u istaro n las
a n tig u a s c u ltu ra s existentes, asim ilando sus conocim ientos, a rte s y
dioses. In sp ira d o s p o r su ferv o r religioso como fu tu ro s dueños del A náhu ac, es obvio y lógico que los sacerdotes m úsicos aztecas co n serv aran
su m úsica tra d icio n al b a sa d a en la p rim itiv a escala p e n tá fo n a que era
fa c to r esencial de su religión y costum bres.
Los aztecas re p re se n ta n solam ente el ú ltim o nivel o cu m b re de u n a
p irám id e fo rm ad a p o r v iejas y bien d esarro llad as c u ltu ra s p ro ced en tes
del su r que tra je ro n sus dioses venerables, sus conocim ientos y u n a rte
y m úsica perfeccionados y de increíble riqueza. Lo cual explica que nos
en co n trem os con u n a escala de seis sonidos en u n a fla u ta m ilen aria del
arcaico y u n a gam a de siete sonidos sim ilar a la escala d ia tó n ic a eu ro p ea
en u n a fla u ta m a y a de la isla de Ja in a , así com o flau tas dobles y trip les,
y h a s ta fla u ta s cuádruples que p ro d u cen acordes d e c u a tro sonidos.
D eb id o al desconocim iento de estos y otros in stru m e n to s q u e ex isten en
la Sala de In s tru m e n ta l P reco rtesian o en el M useo N acio n al, g en eral­
m en te se sigue creyendo que la m úsica indígena tie n e u n c a rá c te r p e rc u ­
sivo y m onótono. N a d a p uede ser m ás erróneo, com o lo p ru e b a n el g ran
n ú m ero y v a rie d a d de flautas, in stru m e n to esen cialm en te m elódico, que
existen en los m useos y colecciones p articu lares. E s to s in stru m e n to s h a n
sido estu d iad o s en m i libro Instrum entos m usicales precortesianos e d ita d o
p o r el In s titu to N acio n al de A ntropología.
A lgunos de estos in stru m e n to s como la fla u ta doble de tip o etru sco , la
fla u ta trip le y la cuádruple, h acen re sa lta r los esfuerzos au d aces y e ru d ito s
de in v estigadores com o C aso, B ern al y Jim énez M o ren o con el fin de
97

�desentrañar el orden y cronología de culturas hasta ahora explicadas con
frases vagas y evasivas y etiquetas convencionales como arcaico, occi­
dente, olmeca y tolteca. ¿Quiénes fueron, cuándo y de dónde vinieron
estos pueblos privilegiados? es la pregunta desafiante del día. Restos de
su arte exquisito aparecen diariamente por toda Mesoamérica y emigran
al extranjero.
Resulta candoroso creer que los músicos y alfareros que crearon y
tocaron instrumentos tan perfeccionados, basados en un conocimiento
profundo de acústica y de las series de armónicos, solamente hayan cono­
cido la gama primaria de cinco sonidos. No solamente emplearon esta
escala sino además otras más desarrolladas de más sonidos, así como un
sistema incipiente de armonía, probablemente parecido al órganum y
discanto europeos del siglo X y la polifonía libre, tradicional de los
conjuntos asiáticos.
Esto salta a la vista al estudiar el raspador gigantesco de Oaxaca con
cuatro series diferentes de ranuras, el uso de trompetas gemelas, los
tambores de tronco de árbol con sonidos afinados, llamados teponaxtle
y tecomopiloa, las flautas, ocarinas y silbatos del mismo tipo pero de
diferentes tamaños y desde luego al escuchar las flautas dobles, triples y
cuádruples que producen acordes de dos, tres y cuatro sonidos.
Confirman los datos que arrojan los instrumentos, las descripciones de
los cronistas, quienes siempre subrayan el carácter colectivo de las
prácticas musicales y la habilidad de los nativos para afinar, modular y
componer música en ciertos “puntos” o tonalidades.
El estudio de la música indígena actual revela importantes caracte­
rísticas de origen precortesiano que pueden resumirse como sigue: In ­
troducciones e interludios rítmicos; preocupación por una afinación
precisa (los músicos siempre vuelven a afinar su instrumento antes de
iniciar un nuevo trozo: recuérdese que los músicos antiguos que desa­
finaban o se equivocaban eran sacrificados); unidad temática; variedad
melódica; uso de formas antifonales y de variaciones; empleo de acentos
en la percusión que no siempre coinciden con el acento rítmico de la
melodía pero que le dan vitalidad y variedad al acompañamiento;
empleo de ritmos combinados pero sin llegar a la sincopación exagerada
y sensual característica de la música afrocubana; ausencia de cadencias—
la melodía ternúna súbitamente o cambia después de un interludio
rítmico; uso de puentes basados en el diminuendo-rallentando y crescendo-accelerando como medios modulatorios (generalmente el raspador
o huehuetl presenta gradualmente el nuevo ritmo o tempo que intro­
duce la melodía); uso del ostinato (repetición de un diseño rítmico);
pedales—repetición del mismo sonido como bajo, y reiteración—y el
empleo de melodías apropiadas que reflejan el carácter y ambiente del
rito, danza o canto.
98

�El impacto emotivo y la belleza de algunas melodías escuchadas en
las fiestas de Semana Santa sólo se pueden apreciar después de días de
procesiones, y muchas desveladas en algún pueblo aislado en la sierra
o el desierto. Con frecuencia se emplean instrum entos o combinaciones
raras de instrum entos, como la llamada “ chirimía” de Guerrero, Puebla,
Oaxaca y otros Estados de la República. E ste instrum ento es similar al
lolkin araucano y consiste de un tubo largo con su cam pana de cuerno
o calabazo en el extremo. Pero su embocadura es de ta l forma, que en
vez de tocarse en la manera acostum brada soplando dentro del tubo, se
toca al contrario, aspirando la columna de aire. Generalmente se toca a
medianoche desde las torres de la iglesia y precisamente en Viernes
Santo. Su sonido es lúgubre e imponente y su tesitura m uy lim itada.
También se emplean resonadores de jicaras de agua, tam bores sordos y
combinaciones de flautas que tocan melodías en diferentes tonalidades
con efectos impresionantes.
E l carácter frívolo y burlón de cualquier canto o danza de carnaval
que son en los que el indígena se siente más libre para expresar sus
sentimientos respecto al europeo, es evidente al oyente más profano.
También hay muchas danzas tradicionales como los tlacoleros, quetzales,
acatlaxqui, tecuanes y negritos que por su colorido, coreografía y dis­
ciplina resultan verdaderos bailables. Sin embargo, raram ente son
acompañados por más de tres o cuatro músicos y lo más común es que
un mismo músico toque la flauta, pito, y u n huehuetl. La exaltación y
fuerza de los conjuntos instrum entales precortesianos son sugeridas por
las elocuentes y dram áticas representaciones musicales en los códices,
vasos ceremoniales y murales de Sta. R ita, H onduras y Bonam pak,
Chiapas.
La música precortesiana puede clasificarse como sigue: M ágica, de
cacería o totém ica; ritual; guerrera; ceremonial, música empleada en
los festivales cívicos y religiosos celebrados durante el año; profana o
secular para fiestas particulares; cortesana, usada en los agasajos públicos
ofrecidos a los grandes señores; humorística, im itando pájaros y otros
animales; cantares religiosos, según Carlos Chávez la expresión más
depurada y elevada de la música indígena; popular o folklórica, y la
erótica.
Urge justipreciar todos los datos e instrum entos relacionados con la
música precortesiana con el fin de iniciar su estudio sobre bases sólidas,
tan to históricas como científicas y musicales. Por patriotism o y prestigio
deben fomentarse las investigaciones musicológicas como factor im­
portantísim o en los estudios antropológicos. La música fue y sigue siendo
una fuerza vital en la vida de la comunidad indígena. La música forma
parte integral de la m anera de ser del indígena y no puede seguirse
ignorando.
99

�PAGES FROM A RIO GRANDE
NOTEROOK
P A U L HORGAN*

born of winter, this river, in th e longest season of coid in the United
States. The source m ountains in the Colorado Rockies are hard and wild.
The air is thin and a t such altitude subject to swift, crystalline changes
of condition which m ay bring blue darkness in m idday, and yield snow
during nine m onths of the year.
P ast m onstrous peaks of ragged lifeless rock, clouds tear and roll
from wall to wall up in the sky. W ind cries there much of th e time, and
when th e atm osphere is overcharged w ith electricity, the cut and fiare
of lightning, the trundle and bounce of thunder after its valley-sharpened crash seem to require new senses, capacities, to be wholly heard.
The river’s course—here as in its whole career—widens and narrows
by turns. W here it is narrow, the slopes are dark, th e stream is shadowed
all day b u t for a little while a t noon, when straig h t fingers of sunlight
reach down through th e forest. T he stream is clear and icy, going rapidly
over polished, brown-speckled stones. T hey rem ind us of something. At
a glance the diam ond w ater going over its stony bed makes th e image of
the fish it carries—the same speckled colors, th e same w atery flicker, the
same half-lights of reflection and golden flecks. In and out of leaf shadow,
protected by the dazzle of moving w ater, th e tro u t in plain sight is safe
because he and his river are so cióse in likeness.
The Rio G rande towns in Colorado— Del N orte, M onte V ista, Ala­
mosa—are pleasant young communities whose life in each place parallels
the railroad tracks for a mile or two. A bout tw enty miles southeast of
Alamosa the first sign of Spanish adobe culture appears in a little village—Los Sauses, w ith houses built of earth, under grand cottonwoods,
on a gentle slope above the river, encircled by fine hills. This scene
made of slow water, bounteous tree, earthen brick and irrigated field is
like a symbolic image of much th a t is to follow as th e river goes south.
I t is the kind of cell of family, prim al w ant and basic sustenance made
visible from which, down-river, grew clusters of kinsmen, and then of
It

is

* Mr. Horgan’s book on the Rio Grande, Great River, has recently won both the
Pulitzer and Bancroft Prizes. The following excerpts from his first working notebooks, tracing the river’s life through the seasons, from the Rocky Mountains to
the Gulf of México, originally appeared in The New York Times Book Review for
May 15, 1955, and are reprinted by special permission of the Times and of the
author.

100

�neighbors, and then of material defendants, and then of parishioners,
and then of descendants, in turn, until a village became a town which
became a city, all originally and even now dependent upon the Rio
Grande for life.
Over the three communities of Taos—the pueblo, the middle commercial town, and the oíd Ranchos—there is a piercing, sweet, inimitable
clarity of light and sky. Sounds carry: meadow larks, mocking birds,
black birds have returned. Over the long plain breathes the wind,
sharply sweet and already warmed, disturbing nothing but the senses.
Space is so great, visión is so plain, air is so clear that human activities
can be seen from afar. Small figures like humanity in Brueghel go about
their tasks. Earthen buildings go up. Carts travel. Winter rubble is
cleared off the fields and out of the acequias. Furrows are seeded. Out
in the sage brush of Taos plain, where the oíd road winds toward the
canyon, tiny newborn lambs take fright and scamper before the gusty
sand devils whipped up by the darting wind. Flocks move more slowly
than cloud shadows. Shepherds sit on a modera culvert and watch what
the road brings. The valor and pity of men and women in their renewed
use of a córner of the earth are as much a part of spring as everything else.
Above Albuquerque begins the lyric grace of the river in its richest
passage of the pastoral life. Where life is fed by water, the landscape
here recalls the opulence and grandeur and occasional vistas of order in
the image of classical country painted by Nicolás Poussin, who left so
many celebrations of grove and meadow, shady leaf and column of light,
reflecting stream and stepped mountain and composed bodies. There is
more than a reminder here, there is a real likeness. It is a likeness of
grace and plenty in the midst of dramatic nature; nourishment in the
desert; bounty summoned by the most ancient of agricultural rites out
of the most inscrutable of antiquities; cool for the heated, slaking for
the parched, food for the hungry, rest for the weary, ease for the eye
blinded in the unimpeded sun.
Up to now, going south, when you looked across the river, you knew
exactly how things were on the other side—just more United States of
America. But at El Paso with the new concept of a boundary between
nations, things are no longer the same on the opposite bank. It is another
country, with another people, and with other ways. Many manners and
customs have remained common to both sides of the Rio Grande since
the time a little over a century ago when the river was not a frontier—
when in fact both its banks and all its courses were Spanish or Mexican.
But in the United States, subject to a more powerful energy in a more
technical society, such survivals remain as exotic, quaint, or commer101

�cially glam orous; while in M éxico th e sam e expressions are sincere and
not self-conscious. F rom E l Paso southeastw ard, every U nited States
tow n has its M exican co u n terp art across th e river. Commerce, appetite
and corruption draw th em together. Language, national boundary and
law keep them a p a rt. T h e river itself is h ard ly a n obstacle any where,
for it can be w aded for m ost of th e year, w hatever else its common uses
m ay be.
Seventy miles below E l Paso, m ountains reach in on b o th sides of the
R io G rande and present to i t another of its m an y o b stad es; b u t the
stream bed passes betw een them and continúes upon its depleted way.
T he river is dying. T he desert finally seems read y to triu m p h over it
and drink o u t of sight th e last crawling trickles of th e flow th a t was
born in th e Colorado Rockies.
A nd so it would, b u t relief and replenishm ent are on th eir w ay from
another m ountain system lying deep in M éxico, w here th e R io Conchos
w ith its m ajor trib u ta ry th e R io San Pedro courses n o rth eastw ard to
join th e Rio G rande a t an a ltitu d e of 2,400 feet a few miles above the
oíd Texas tow n of Presidio. W ith it comes new power for th e river, to
create dram atic, and even m elodram atic, phases of its career, in th e
accom plishm ent of w ater over rock, as d em o n strated b y th e v a st implausibilities of th e earth features of th e Big Bend.
A t Presidio th e replenished river fashions an o th er of those green and
easy valleys which, as a t Alamosa, E spañola, Algodones, A lbuquerque,
Belen and M esilla, lie on ancient fertile fíats of oíd river b o tto m s be­
tw een gravel terraces and outlying m ountains. A fter th e b are and voracious desert in which it nearly died, th e river brings again willows and
cottonw oods, lilac m ountains and a tte n d a n t clouds, blue sky and
em erald green fields and pink sand, w ith a sweetness in th e air m ade
from all these together.
Sum m er is a long season here, after th e harsh, b itte r w ind storm s of
spring, w ith th eir abrasive w hite d ust th a t flies o u t of rocky arroyos to
th e n orth, casting a steel-blue obscurity across th e sun.
Previously th e river has alw ays been accom panied b y m ountains,
near or far; b u t th e y lay generally parallel to its course. N ow in th e B ig
B end th e R iver encounters m ountains in a new and ex trao rd in ary w ay;
for th ey lie, chain after chain of them , directly across its w ay as though
to im pede and d iv ert it and deny it passage to th e sea. B u t th e pulí of
th e sea is stronger th a n rock, and th e river was here before th e m oun­
tains, and as th e y rose, in slowness beyond tim e, it cu t its w ay against
an d through them .
102

�Born in m ountains, and cradled by them , and then opposed by them,
the Rio G rande has always been w ithin sight of them . B u t below the
Big Bend they sta rt to fall away. If you can say so, now as th e river
goes southeastw ard, m ountains are getting lost, like beads of a string
which has broken so the ones a t the end rest sepárate w ithout apparent
connection w ith each other until finally there are no more.
A utum n is the seasonal analogy of age; and now in autum n, and here
approaching th e sea, the river shows its age m ost plainly. In its last
phase w ith less th a n two feet a mile to drop, it flows slowly, making
bend after bend of wide loops. B uilt by the drag of silt the river banks
rise about the surrounding country. Everyw here are signs of former
river beds which finally became too shallow and too elevated to retain
the river in storm time. T he river broke over, m aking new courses. The
older ones grew grass and softened their contours. Everyw here is th e
green growth of semi-tropical climate.
The citrus, palm, garden aspect of the lower valley land begins to
merge east of Brownsville into w hite sand and salt grass, through
which the Rio G rande tw ists from side to side, mild and nearly exhausted. Dunes accompany it and m igrate w ith th e wind. Sometimes
hurricanes formed in th e W est Indies slash inland over the delta. B u t it
is too late for w eather to create much dow nstream change in th e Rio
G rande in its last w andering miles.
There is evidence of m arsh life. T he river banks in places are hardly
an inch or tw o above the flow. W ater fowl atten d —cranes, herons,
geese, ducks, curlews, plover, sandpipers. T he light of th e sky continuously fades and brightens according to sea clouds th a t hardly form
b u t hang low and filmy, as white as th e wilderness of sand on which
they make glistening shadows. Salt marshes and lagoons rest like misted
mirrors among the low hollows bounded by dunes. T he w asted flood
plain is running out w ith th e continent.
Isolated, depleted, heavy w ith suspended soil, th e river widens gradually to a thousand feet and leaves th e dunes between low shelves of
sandy beach littered w ith driftwrood th a t is polished to silver by wind
and sun, or blackened by saturation. Through a waste of sand, m isty
air and silence, in the presence of no hum an concern, having come more
th a n eighteen hundred miles from m ountains nearly three miles high,
th e Rio G rande a t last enters th e Gulf of México and th e sea.

103

�NOTICIAS
Reunión de Mesa Redonda
P atrocinad a por la U n ion P an am eri­
cana y por la U n iversid ad de C alifornia,
se realizó, en la sede de esta in stitu ció n
en L os A ngeles, una R eunión de M esa R e ­
donda para d iscu tir problem as relaciona­
dos con la enseñanza y la in vestigación
de asu ntos latin oam ericanos. A sistieron
seten ta y cinco profesores, en represen ta­
ción de las universidad es más im p or­
ta n te s de la co sta del P acífico. Las d e li­
beraciones se prolongaron del 12 al 14 de
m ayo y , com o resultad o de las m ism as,
se resolvió con stitu ir un consejo regional,
sem ejan te a los y a ex isten tes en otros
lugares de los E stad os U n id os, para p ro­
m over el estu d io de la cu ltura, la h istoria
y la econom ía de A m érica L atin a en las
u niversidad es y colegios de la zona. E l
com ité organizador está presid ido por el
con ocid o antropólogo, cated rático de la
U n iversid ad de C alifornia, D r. R alp h L.
B eals.

Exposiciones de arte
D e n tr o de su program a regular de e x ­
h ib icion es a rtística s, la Sección de A rtes
V isu ales realizó en la galería de la U nión
Panam ericana, desde el 28 de diciem bre
de 1954 al 17 de enero del corriente año, una
exp osición de pin tu ras de niños b ra sile­
ñ os, d iscíp u los del a rtista Iv a n Serpa.
L a selección fu e hecha por el M useo de
A rte M oderno de R io de Janeiro. D e l 18
de enero al 14 de febrero, perm aneció
ab ierta una exposición de óleos del c o ­
lom biano A lejandro Obregón. D e l 16 de
febrero al 15 de m arzo, se exhibió una
m uestra de cuadros y m urales al óleo del
ch ilen o R ob erto M a tta . A lgunos de los
m urales ex p u estos figurarán próxim a­
m en te en la T ercera B ien al de San P ablo.
E l 16 de m arzo se inauguró la exh ibición
del ecuatoriano M anuel R endón, y el 12
de abril, en conm em oración del D ía de las
A m éricas, una m u estra c o lec tiv a de arte
am ericano, en la que estu v iero n repre­

104

sen tad os a rtistas de catorce países. En­
tre ello s, R ufino T am ayo (México),
E m ilio P e tto r u tti (A rgentina), Pedro
F igari (U ru gu ay), A m elia Peláez (Cuba)
y B urle M arx (B r a sil). Las obras expues­
ta s, en tre las cuales figuraban también
escultu ras y cuadros de las escuelas
colon iales de C uzco y Q uito, pertenecen
a la colección del Sr. T hom as J. Watson,
p resid en te de la In tern ation al Business
M achin es C orporation. Clausurada esta
m u estra, se efectu ó , desde el 5 de mayo
al 3 de ju n io, una exposición de acuarelas
y óleos del argentin o Jorge Larco. Final­
m en te, d el 6 de ju n io al 5 de julio, se re­
alizó la exhibición de las obras del pintor
ecu atorian o O sw aldo G uayasam ín.

Conciertos en la Union Panameri­
cana
C orrespondiendo a la segu n da mitad
de la tem p orad a 1954-55, se realizaron en
el Salón de las A m éricas de la U nión Pana­
m ericana los sigu ien tes con ciertos: el 20
de enero, actuó el v io lin ista argentino
Jan T om asow ; el 17 de febrero, el p ia­
n ista n orteam ericano A n th on y D i Bon aven tu ra; el 24 de ese m ism o m es, la
soprana ch ilen a O lga F ariñ a, quien in ­
terpretó canciones populares de Argen­
tin a , C h ile, M éxico y P erú; el 14 de
m arzo, un con ju n to de m ú sica de cámara
in tegrad o por W erner L yw en (violín ),
A na D r ite lle (cello) y el R e v . R u ssell
W oollen (piano), quienes ejecu taron obras
de H eitor V illa-L ob os, A urelio de la
V ega, D om in go S an ta Cruz y W alter
P istó n ; el 22 de m ayo, la soprano ecua­
torian a H ild a O lgisser, con un program a
que in clu ía en su ú ltim a p arte com posi­
ciones latin oam ericanas; el l.° de abril,
la O rquesta T íp ica N acion al de M éxico,
d irigid a por el m aestro M igu el Lerdo de
T ejad a; el 11 de abril, la p ia n ista v en ez o ­
lana Ju d it Jaim es y el 14 del m ism o m es,
en h om enaje al D ía de las A m éricas, la
O rquesta S in fón ica de la F uerza A érea de
los E stad os U n idos.

�AGENTES

AGENTS

Argentina (Subscripción anual $10,00):
Buenos Aires: Eugenio C. Noé, Rioja
2375, Olivos (subscripciones); S .A . E d i­
torial Bell, Calle Campichuelo 553 (ven­
tas).
B olivia (subscripción anual B s. 120):
La P a z: L ibrería Científica L iteraria “ Se­
lecciones” , Avenida Camacho 369, Casilla
972.
BrasiIí (assinatura anual Cr $40,00):
Sáo Paulo, S .P .: Sra. Jeanne Fernandez
Amoral, Largo S. Francisco 181-9°.
Cañada (annual subscription U S $2.00):
Montréal 34, Québec: Periódica, Inc.,
4234 R ué de la Roche.
Colombia (subscripción anual $4,00):
Bogotá: J . Joaquín Castro Márquez,
Agente General de R evistas Extranjeras,
Carrera 8a. N o. 6-67; B arranquilla: L i­
brería N acional L tda., 20 de Julio, San
Juan de Jesús; Bucaramanga, Santander:
Abelardo Cárdenas, L ibrería Iris, Calle
34 N o. 17-36; Cali, V alle: Librería N acio­
nal Limitarla, Carrera 4a N o. 1 2 - 5 9 Ciicuta: L ibrería Zig-Zag, Calle 11 N o.
4—20; M edellín : L ibrería Central, Edificio
San Fernando, Junín N o. 50-58.
Costa R ica (subscripción anual C 11,00):
San José: Carlos Valerín Sáenz y C ía.,
Casa V alerín, F rente al C ostado del
T eatro R aventós.
Cuba (subscripción anual $2,00): La H a­
bana: Carlos M an tici Castro, Virtudes
257-259; Agencia de Publicaciones M adiedo, Presidente Zayas 407.
C hile (subscripción anual $85,00): San­
tiago : L ibrería Ivens, Moneda 822.
E cuador (subscripción anual 27 su cres):
G uayaquil: M uñoz Hnos. y C ía., Boulevard 9 de Octubre 703; Q uito: Muñoz
H nos. y C ía., Sucursal, Venezuela 589 y
Sucre-Esq., Casilla 522.
E l S alvador (subscripción anual
C 4,00): San Salvador: M anuel Navas y
C ía., L a Casa del Libro Barato, la . A ve­
nida Sur N o . 37; Almacén y Librería “E l
S iglo” , Steiner &amp; Schoening, 2a. C alle
Poniente N o. 6.
E spaña (subscripción anual U S $2.00):
M adrid: Librería J . V illegas, Preciados,
33.
F hance (abonnement annuel U S $2.00):
Le V ésinet (S. &amp; O .): Joaquín B aéta, 37,
Ave. Georges Clemenceau.
G uatemala (subscripción anual Q 2,00):
G uatem ala: M iguel A . Guzmán, Librería
“ L a Lectura” , 6a. Avenida Sur N o. 2;

DEPOSITAIRES

Gilberto Morales V ., Agencia General de
Publicaciones, Apartado Postal N o. 84.

H aití (abonnement annuel 15 gourdes):
P ort-au-P rince: Librairie “A la Caravelle”-, B oíte Póstale 111-B.
H onduras (subscripción anual L 4,00):
T egucigalpa: H . T ijerino, Agencia de
Publicaciones “Selecta”-.
M éxico (subscripción anual $13,50):
M éxico, D .F .: Selecciones Distribuidora,
&lt;S.A., Plaza de la R epública N o. 48;
D IM S A , D istribuidora de Im presos, S .A .,
Avenida Mariano Escobedo 218; Nuevo
Laredo, T am p s.: Juan B . Calderón, H otel
Calderón.
N icaragua (subscripción anual 10,00
córdobas): M anagua: Ram iro Ram írez,
Agencia de Publicaciones.
P anamá (subscripción anual B . $2,00):
Panamá: J . Menéndez, Agencia de P u bli­
caciones, Plaza de Arango N o. 3.
V a s josa L xnxi. ’ZjO'ríe \ann u ai subscription $2.00): Ancón: A lbert A . Steer, Steer
Agencies, In c., B ox 5035.
P araguay (subscripción anual G 12,00):
Asunción: Moreno H nos., Casa Am érica,
Independencia N acional 109.
P erú (subscripción anual S /2 0 ,0 0 ):Lima:
Librería Internacional del P erú , B oza 879,
C asilla 1417.
P hilippines (annual subscription US
$2.00): M anila: R afael de Berenguer,
U N IV E R S , P.O. B ox 1427.
P ortugal (assinatura anual U S $2.00):
Lisboa: Alberto A rm ando P ereira, Ave­
nida António A ugusto Aguiar 13.
P uerto R ico (subscripción anual $2.00):
San Juan: M atías Photo Shop, Fortaleza
200 .

R epública D ominicana

(subscripción
anual $2,00): Ciudad T rujillo: Librería
D om inicana, C alle M ercedes 49.

U nited S tates (annual subscription
$2.00): W ashington 6, D . C.: Publications
D ivisión , P an A m erican Union.
U ruguay (subscripción anual $3,80 p s .) :
M ontevideo: Héctor D ’E lía , Oficina de
Representaciones de E ditoriales, 18 de
Julio, 1333.
V enezuela (subscripción anual Bs.
7,00): E n todas sus sucursales del país:
Banco de Venezuela.

�PANORAMA
14
ADVERTENCIA— NOTE TO THE READER— AVISO— A VIS AU LECTEUR

Archibald MacLeish
THE PROPER POSE OF POETRY

Edgard Cavalheiro
EVOLUgAO DO CONTO BRASILEIRO

Alberto Salas
NAUFRAGOS, PRISIONEROS Y RENEGADOS Y LA CONQUISTA DE AMERICA

Morton White
RELIGION, POLITICS, AND THE HIGHER LEARNING

Guillermo de Torre
LO PURO Y LO TENDENCIOSO EN EL ARTE

Emilio A. Estiu
ARTE Y LIBERACION

Howard Mumford Jones
THE HUMANITIES AND RESEARCH

Fernando Ortiz
LA GUITARRA Y LOS NEGROS

Samuel Martí
MUSICA PRECORTESIANA

Paul Horgan
PAGES FROM A RIO GRANDE NOTEBOOK
NOTICIAS

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                <text>MacLeish, Archibald&#13;
Cavalheiro, Edgard&#13;
Salas, Alberto&#13;
White, Morton&#13;
Torre, Guillermo de&#13;
Estiú, Emilio A.&#13;
Mumford Jones, Howard&#13;
Ortiz, Fernando&#13;
Martí, Samuel&#13;
Horgan, Paul</text>
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                    <text>PANORAMA
REVI STA I N T E R A M E R I C A N A DE CULTURA
INTER-AMERICAN CULTURAL REVIEW
REVUE I NTER A ME R I C A I N E DE CULTURE

i.

aO

ámm

,v

UNION PANAMERICANA
PAN AMERICAN UNION
UNIÁO PAN-AMERICANA
UNION PANAMERICAINE
WASHINGTON. D. C.

Mi

��FU N D A C IO N E S P I G A S
Buenos Aires * Argentina

PANORAMA

Revista trimestral publicada por el Departamento de Asuntos Cultura­
les de la Unión Panamericana ~ Quarterly review published by the
Department of Cultural Affairs of the Pan American Union ~ Revista
trimestral publicada pelo Departamento de Assuntos Culturáis da
Uniáo Pan-Americana ~ Revue trimestrielle publiée par le Département
des Affaires Culturelles de l’Union Panaméricaine.
Y ol. IV

W ashington , 1955

N u m . 13

Alceu Amoroso Lima, civilizaqao brasileira ............................. 3
José M. Machín, caudillismo y democracia en america
LATINA......................................................................................... 27
Vincent C. Hopkins, the American in

european eye s ............

36

Guillermo de la Cruz-Coronado, graciliano ramos: trayec­
toria Y PERSONALIDAD............................................................. 48
Julio E. Payró, contemporary argentine sculpture .............. 61
José Juan Bruera, tres ideas sobre
Joseph Wood Krutch, he

la soledad ......................

74

was there before coronado ........

86

Arturo Sergio Visca, el repentinismo
NOTICIAS

en el rioplatense

.. . 95
103

�P anokama aspira a presentar un cuadro objetivo de la actividad
intelectual de América, aunque no comparta necesariamente las
opiniones expresadas por los autores. ~ P anorama aims to present
a purely objective view of the intellectual activity of the Americas.
It does not necessarily share the opinions expressed by the authors.
P anorama visa apresentar um quadro objetivo da atividade inte­
lectual da América, embora nao compartilhe necessáriamente as
opiniQes expressas pelos autores. ~ Le but de P anorama est de
présenter une vue purement objective de l’activité intellectuelle
á travers les pays de l’Amérique. La revue ne partage pas nécessairement les opinions émises par les auteurs.

Toda la correspondencia debe dirigirse a
Address all correspondence to
Tóda correspondencia deve ser enderezada a
Toute correspondence sera adressée á

PANORAMA
Department of Cultural Affairs
Pan American Union
Washington 6, D. C., U.S.A.

�CIVILIZACAO BRASILEIRA
ALCEU AMOROSO LIMA*
N a hora em que o povo é chamado a deliberar sobre a renovagáo
dos seus delegados, que constituem o govérno de urna democracia,—
regime em que governantes e governados constituem um corpo só,
como no organismo humano, em que órgáos dirigentes e órgáos dirigidos
constituem a mesma unidade constitucional—nessa hora é conveniente
que meditemos um pouco sóbre a natureza e o destino da nossa nacionalidade.

Urna nacionalidade é sempre o conjunto de trés elementos:
a térra,
o homem,
as instituigóes,
e de trés torgas orientadoras:
as de conservagáo, ou estática social,
as de progresso, ou dinámica social,
e as de equilibrio, ou orgánica social.

O primerio elemento é a base física, o território. O nomadismo é
sempre um estado imperfeito e sempre com tendencia á estabilizagáo.
Ou é urna condigáo permanente de povos inferiores, como as nossas
tribos selvagens que precisamente só alcangaram um estado superior de
civilizagáo, de que eram perfeitamente capazes como se viu, assim que,
pela agáo da Companhia de Jesús, alcangaram aquela estabiüdade que
até hoje constitui o assombro dos sociólogos, ou é urna condigáo his­
tórica de povos superiores, como os judeus e os árabes, que também
mostraram que só estabilizados podiam desenvolver as suas virtua­
lidades coletivas, ou residuos de povos em decadéncia, como os ciganos.
Um território fixo é a condigáo normal para a constituigáo de urna
verdadeira nacionalidade. É urna condigáo, porém. Náo é urna causa.
A geografía de um povo náo é a medida de suas características, mas é
um elemento essencial de sua historia, de sua populagáo e até de sua
* Alceu Amoroso Lima, antigo Diretor do Departamento de Assuntos Culturáis
da Uniáo Pan-Americana, é, dentre os escritores brasileiros contemporáneos, um
dos mais prolíficos. As suas Obras Completas, lanzadas pela Livraria AGIR, já
compreendem 35 tomos, sendo o último déles um ensaio de interpretagáo dos
Estados Unidos—A Realidade Americana. No estudo que ora reproduzimos, o
autor analisa a formagáo da nacionalidade brasileira, servindo-se de trés elemen­
tos : a térra, o homem e as instituigoes, e de trés fórgas orientadoras: as de con­
servagáo (estática social), as de progresso (dinámica social) e as de equilibrio
(orgánica social). O aludido estudo veio a lume na revista A Ordem, da qual Alceu
Amoroso Lima é o Diretor (Rio de Janeiro, Vol. LII, No. 5, novembro de 1954).

3

�cultura. A base física de urna nacionalidade é um elemento essencial de
sua constituigáo.
O homem é o elemento central de urna nacionalidade. O território
existe, naturalmente, em fungáo do homem. Urna nacionalidade é um
povo estabilizado em urna determinada regiáo da térra, nao é um territó­
rio sobre o qual exista urna populagáo. Há, pois, urna hierarquia natural
entre os dois elementos. A térra é destinada a servir ao homem. O homem
é a medida da térra. Nao há, pois, um determinismo geocéntrico. A
geografía humana é o ramo mais moderno e mais fecundo da ciencia da
térra, exatamente porque estuda o dominio da térra pelo homem através
da técnica. A primeira condigáo de urna civilizagáo é a adequagáo da
térra ao homem. Há urna adequagáo natural, operada pela agáo das
próprias forjas naturais. O homem toma sempre, até certo ponto, o
feitio da térra em que vive. Mas o grau e o valor de urna civilizagáo se
medem justamente pela proporgáo entre os dois elementos. O grau de
urna civilizagáo cresce no valor inverso da agáo da térra sobre o homem.
Toda civilizagáo é urna vitória do homem sobre a térra, náo pelo desconhecimento ou pela modificagáo radical dessa última, mas por aquela
adaptagáo ao homem, que é o sinal de sua superioridade.
Quanto ás instituigóes, representam a organizagáo dos grupos de
vivéncia e de convivéncia do homem sobre a térra. O homem é, náo
apenas um animal naturalmente social, mas um ser naturalmente
grupal. Isto é, sua vida se desenvolve náo apenas como um individuo
isolado dentro de urna sociedade coletiva, mas de urna personalidade que
alcanga a realizagáo de sua natureza através de vários círculos concéntri­
cos, que partem dessa personalidade como centro e razáo de ser de
toda a sociedade. As instituigóes sáo os grupos especializados que se
formam em torno da pessoa humana e com modos diversos de sua irradiagáo, segundo as especificagóes das diferentes finalidades normáis do
ser humano. O homem nasce, educa-se, trabalha, convive dentro e fora
das fronteiras nacionais, e reza. É essa a parábola normal de toda vida
humana, desprezadas as atividades margináis ou efémeras. Essas sáo as
suas atividades-tronco. E com elas se constituem as instituigóes funda­
mentáis de toda sociedade: familia, escola, profissáo, nagáo, comunidade
de nagóes, Igreja. Sáo ésses os grandes grupos fundamentáis da sociedade.
Sáo grupos que possuem autonomia própria porque tém urna finalidade
específica. Mas vivemos, ao mesmo tempo, integrados no conjunto dos
demais grupos e articulados uns com os outros. Há urna hierarquia
natural entre ésses grupos, mormente em relagáo ao grupo biológico de
onde todos os demais derivam, pois as sociedades evoluídas sáo, de
certo modo, explicitagóes de fungóes realizadas primitivamente pela
4

�familia. A evolugáo social é um processo de desmembramiento de grupos
sociais a partir do grupo-fonte, provocado pela complexidade crescente
de fungóes sociais incompatíveis com a concentragáo doméstica. Isso,
porém, nao diminui a autonomía de cada grupo e o respeito recíproco
necessário á boa ordem da sociedade. O desenvolvimento de instituigoes
sociais permanentes e autónomas é, por conseguinte, o terceiro elemento
capital para a constituigáo de urna nacionalidade.
Quanto ás fórgas que regulam as relagoes constantes entre ésses ele­
mentos e representam a vitalidade de urna patria, vimos que sao trés,
se bem que geralmente só as duas primeiras sejam focalizadas. A primeira délas é a fórga de concentragáo, a que se costuma chamar de
estática social.
O primeiro dever de um organismo, seja individual, seja coletivo, é
o dever de permanencia. Todo ser tende a permanecer. E a medida do
vigor de um ser é, ipso fado, a sua tendéncia mais forte a continuar a ser.
Daí ser a estática social a primeira fórga de urna sociedade. É o que a
mantém unida e estável. É a que permite a agáo das demais fórgas que
nascem do seu ser ou que atuam sobre ela, de fora para dentro. Há
fórgas espontáneas de corrupgáo interna e há fórgas externas de destruigáo. Contra urnas e outras é que exercem a sua agáo de inércia de­
fensiva as fórgas de estabilidade. A estática social é que mantém a
tradigáo e a tradigáo é a continuidade, é a ligagáo com o passado, é a
preservagáo dos valores, é a fidelidade ás fontes. Tudo isso representa o
próprio núcleo vital de urna nacionalidade. Toda ruptura com o passado,
toda condescendéncia com as tendéncias desagregadoras, tóda desergáo
em face das tentativas externas de conquista ou de exploragáo, repre­
sentam sinais de fraqueza e de perturbagáo grave no metabolismo natural
das fórgas de conservagáo de um povo. A estática social nao é urna posigáo
de passividade. Nao é urna imobilidade em face do movimento. Nao é
um sinal negativo. É urna fórga positiva, apenas dirigida á preservagáo
da nacionalidade em suas raízes.
Quando essa fórga, porém, náo é contrabalangada por outra ten­
déncia contrária, náo mais no sentido da permanéncia e do passado, mas
na diregáo do progresso e do futuro, dá-se um fenómeno de confusáo
entre estática e paralisia, entre tradigáo e rotina. Daí a existencia de
outro estado tendencial em tóda nacionalidade viva, o estado dinámico.
É a marcha para a frente. É a procura de novas formas, de novos processos de dominar a térra ou de organizar os grupos sociais, é o processo
de aperfeigoamento constante e de reforma perene a que tem de estar
sujeito o organismo social, como tem de estar sujeita a pessoa humana,
sob pena de decadéncia. Na vida social, como na vida individual, náo
5

�progredir implica regredir. 0 homem, como os grupos sociais, nao é
um ser perfeito, nem um ser condenado á estagnagáo. Ao contrario.
É um ser perfectível. É um ser em estado continuo de aperfeigoamento
sob pena de decadencia. Parar é cair. Imobilizar-se é desaparecer. De
modo que o dinamismo social é um estado táo essencial quanto a es­
tática social para a vida normal de urna nacionalidade.
Como há, porém, um estado de tensáo latente entre essas duas tendéncias contraditórias, é preciso recorrer a urna terceira fórga capaz de
neutralizar os efeitos maus do choque entre as duas fórgas contrarias
e, ao contrario, aproveitar constantemente os beneficios da combinagao
dos dois conjuntos, o estático e o dinámico.
Se a estática social fósse apenas passividade, e a dinámica social
apenas atividade, entáo a vida social poderia resultar apenas da aplicagáo da dinámica á estática social, como a forma se aplica á matéria
para produzir um ser vivo. Mas estática e dinámica sao duas fórgas
vivas e humanas (pois as fórgas sociais nao sao tensóes cegas e mecánicas,
ás quais estejam subordinados os homens, como quer o determinismo
sociológico, e sim fórgas dirigidas pelos homens, constituidas pelo ele­
mento humano da sociedade e por isso mesmo igualmente vivas e
poderosas e antitéticas), fórgas humanas que tendem sempre a chocar-se
e a produzir a luta social que estala constantemente, na luta de classe ou
ñas guerras de todo tipo, que provocam sempre um estado de ameaga,
de risco e de desperdicio social, que é preciso justamente evitar, em
beneficio do bem comum. Pois urna das faces do bem comum é, precisa­
mente, o ajustamento adequado entre ésses dois feixes contrários de
tensóes vivas.
Ora, o que chamamos a orgánica social, e que completa o jógo re­
cíproco da estática e da dinámica, é o equilibrio social entre os dois
conjuntos com sinal contrário. É urna terceira fórga, táo viva e humana
como as outras duas, táo carregada de tensóes como elas, mas cuja
natureza e finalidade sáo justamente estabelecer a conjungáo harmoniosa
das duas fórgas de sinal antitético, para que de seu contato resulte o
progresso harmonioso e náo a luta, o ódio e a destruigáo recíprocas.
Eis ai como se pode descrever sucintamente, a meu ver, o conjunto de
elementos e fórgas, sempre desenvolvidos pela inteligéncia, pela vontade
e pelas paixoes humanas—pois o homem é o animador central désses
elementos e dessas fórgas em agáo continua e variável numa dada na­
cionalidade—que constituem o principio de vitalidade latente ou patente
de um povo qualquer.
Procuremos, agora, aplicar essas nogóes básicas e de aplicagáo, a meu
ver, universal, ao caso brasileiro.
6

�I

A T erra
A primeira característica do solo brasileiro é a sua antiguidade. Há
quem diga que o planalto brasileiro é a zona mais velha da América,
se nao do mundo. De qualquer modo, é urna térra antiga e, por isso
mesmo, em contraste com outras zonas americanas, urna térra con­
solidada, endurecida, onde nao há terremotos nem vulcóes.
A segunda e mais importante característica do nosso território é
a sua vastidáo. O Brasil está entre a meia dúzia de nacionalidades mais
vastas de todo o mundo. E a relagáo entre espago e populagáo produz um
dos problemas de mais difícil solugáo para todas as nagóes e que a antropogeografia alema e principalmente a geopolítica erigiram em problema
número um das civilizagoes: o espago vital.
Há nagóes cuja história é dominada pela idéia de espago, como há
aquelas que sao dominadas pela idéia de tempo. Como podemos inda
anotar aquelas em que os dois elementos se combinam e aquelas em que
nenhum dos dois é dominante.
E o continente americano que nos dá o tríplice exemplo de nagóes
dominadas, acima de tudo, pela nota espacial: o Canadá, os Estados
Unidos e o Brasil. Sao nagóes de civilizagáo recente, se datarmos a
civilizagáo americana, como deve ser, nao da idade das metrópoles
coloniais, mas do primeiro contato entre a forma européia e a matéria
americana, de que comegariam a nascer as nacionalidades novas. É
o espago que domina a história dessas trés nagóes americanas, todas
trés na vanguarda do século XX, como nagóes que pela primeira vez
contam, de modo decisivo, na história da civilizagáo universal, como
partes integrantes e valiosas.
As nagóes dominadas pelo tempo e nao pelo espago sao aquelas que
carregam hoje com um passado mais que milenar e ñas quais á exiguidade de espago corresponde, ao contrário, urna continuidade histó­
rica, que desempenha um papel decisivo no choque, acima apontado,
entre as tendéncias estáticas e as tendéncias dinámicas. Sao elas as
grandes nagóes latinas da Europa, a Franga, a Itália, a Espanha e
Portugal, e a própria Alemanha, a despeito da relativa ruptura entre
a Alemanha premedieval ou medieval e a Alemanha moderna.
Há outro grupo de nagóes em que os dois elementos, o de espago
e o de tempo histórico, desempenham papel concomitante. Refiro-me
á Inglaterra (a “Commonwealth”), á Rússia, á China e á índia, quatro
nacionalidades centráis do mundo contemporáneo, ñas quais os dois
problemas, as duas notas, se somam—a espacial e a temporal, para lhes
dar urna fisionomía própria.
7

�E há, finalmente, nagóes onde nenhum dos dois tragos representa um
papel decisivo, nem o espago nem o tempo, como sao, por exemplo, as
nacionalidades hispano-americanas, recentes como nós, mas dentro
de fronteiras que permitem urna densidade natural de populagao ao
menos até agora.
A vastidáo, por conseguinte, é outra nota típica da térra brasileira.
Outra aínda é a sua variedade. Se temos, por exemplo, urna meseta de
antiguidade geológica excepcional, temos urna Amazonia que, segundo a
expressáo keyserlinguiana, aínda se encontra no terceiro dia da Criagáo!
Terra aínda de tal modo embebida ñas águas origináis, que representa
um pedago da Asia no coragao da América. Nossas florestas tropicais,
alias, se assemelham de tal modo as da índia, que desde os tempos coloniais há intercambio de flora e de fauna e, psicológicamente, nao é
um paradoxo afirmar que somos o povo mais oriental da América, a
despeito da marca demográfica ou religiosa muito mais profunda em
zonas da América Central e das Antilhas, ponto de encontró do Oriente
e do Ocidente, no solo americano, desde Colombo confundido com o
asiático, quando ele estava a caminho do Extremo Oriente pelo Oeste.
A variedade do solo e das condigoes meteorológicas, da configuragño
geográfica e da flora, permite realmente chamar urna atengáo toda
especial para essa multiplicidade de aspectos que apresentam as nossas
condigoes físicas e constituem urna das possibilidades mais consideráveis
de desenvolvimento de nossa térra e também alguns dos seus mais graves
problemas políticos.
A última das notas típicas do territorio brasileiro é a sua dificuldade.
É urna térra, em geral, áspera e difícil. É urna térra onde nao há grandes
montanhas, como na Asia ou na Hispano-América, mas onde há um
solo de pequeñas montanhas continuadas, criando obstáculos con­
sideráveis ás comunicagóes e á mecanizagáo da lavoura, por exemplo.
É urna térra onde as planicies sao a excegáo, onde os grandes rios navegáveis sao em menor número que as inúmeras torrentes pedregosas, onde
a micro-fauna cria barreiras mais intransponíveis que a macro-fauna
africana e em que o solo, mesmo o mais fértil, se cansa depressa, é
sujeito a constantes erosoes, nao possui, ao que parece, riquezas líquidas
de fácil acesso e as próprias minas em parte se esgotaram, e exige, de
qualquer modo, urna agáo constante e exaustiva do homem. Longe de ser
o paraíso terreal, que certo romantismo ufanista estimulou, é urna térra
cuja dominagáo técnica exige do homem um formidável esfórgo. Por isso
mesmo, quase se pode inverter a famosa sentenga de Bryce e dizer que
aqui tudo é pequeño exceto o homem. Ou, pelo menos, tudo é difícil para
o homem, exigindo désse elemento central da nacionalidade um esfórgo
8

�que compense e valorize as dificuldades e as virtualidades oferecidas pelo
território.
A primeira dessas exigéncias é a quantidade demográfica.
Urna térra, com o espago vital que tem o Brasil, é urna térra que pede
urna abundante populagáo. Num mundo superlotado, onde há nagoes,
como as européias, cuja populagáo profundamente dinámica já nao é
contida pelas fronteiras nacionais, e países asiáticos em que o nivel de
vida, de populagóes abundantes, é baixíssimo (Claudel disse, urna vez,
a Paul Morand que com os desperdicios alimentares de Nova York se
poderia alimentar a Asia. . . )—num mundo assim superlotado, um
espago vital como o nosso ou é ocupado por urna abundante populagáo
ou constitui um problema gravíssimo para a nossa independéncia.
Quando se ve, portanto, entre nos a propaganda do “birth control” e
as barreiras á colonizagáo, sentimos quanto é forte a tendéncia ao
mimetismo, á xenofobia e ao egoísmo das classes afortunadas.
Outra conseqüéncia natural désse abundante espago vital é a multiplicidade de atividades. Urna térra, assim variada, permite vários tipos
de civilizagáo parcial integrando a nota comum da civilizagáo global.
A unidade brasileira é baseada formalmente na variedade. Devemos
sempre distinguir os nossos planos de cultura e as nossas zonas de cultura,
para compreender a unidade da civilizagáo brasileira. Somos típicamente
urna nacionalidade em que coexistem as mais variadas culturas, das mais
primitivas as mais evoluídas. Podemos distinguir, ao menos, trés grandes
zonas naturais: a de cultura primitiva, a de cultura caipira e a de cultura
atlántica. Na primeira, encontramos os espécimes mais atrasados de
cultura, que podemos chamar de pré-líticas, pois ainda se encontram na
idade da madeira, que precede a idade da pedra.
Na segunda é que se encontra a grande massa da populagáo sertaneja,
das fazendas ou dos arraiais, gradativamente transitando para a cultura
atlántica, através das cidades menores.
Como destas passamos gradativamente para os grandes centros citadinos, de cultura atlántica universal, em competigáo nivelada com os
maiores centros culturáis do mundo.
Essa coexisténcia—e, por vézes, a convivéncia nos grandes centros,
especialmente no Rio de Janeiro—entre a cultura mais primitiva e a
cultura mais evoluída, é um dos tragos típicos dessa variedade da nossa
térra, refletida em nossa civilizagáo.
E também costumamos distinguir as zonas culturáis, em que pre­
dominara tipos diferentes de cultura, que náo podemos aqui analisar,
mas que podemos esbogar como sendo a zona Oeste e Norte, a zona Nordestina, a zona Sul e a zona Central, cada urna das quais com um tipo
9

�diverso de cultura, nao em antagonismo entre si, mas oferecendo urna
multiplicidade de aspectos e atividades distintas, que nos levam a outra
conseqüéncia política necessária desta nota de nosso próprio território:
a plasticidade das instituigoes. A democracia, como sendo a mais elástica
das formas de govérno, nao é no Brasil nenhum “idealismo”, nenhum
mimetismo, nenhuma importagáo artificial. E urna conseqüéncia das
próprias condigoes sociais, das características da térra como da psicologia
do homem. É, portanto, a mais realista das exigéncias de urna formagáo
orgánica e sedimentada, como deve ser tóda formagáo nacional que aspire
á estabilidade.
Outra conseqüéncia dessas condigoes telúricas da civilizagáo brasileira
é a importancia da técnica, isto é, dos meios de dominio do homem sobre
a natureza.
Se o homem brasileiro do interior, se o jagungo, se o caboclo, se o
piraquara, se o lavrador e o matuto nao sao nem o “hércules quasímodo”
de Euclides da Cunha, nem o “homem de cócoras” de Monteiro Lobato,
extremos do otimismo e do pessimismo realistas, fora mesmo do lirismo
ufanista, é, sem dúvida, um homem perfeitamente adaptado ao meio
e capaz de um esfórgo e de um engenho que nenhum colono consegue
exceder ñas zonas difíceis. Mas é inegável, outrossim, que o trabalho do
homem brasileiro é baseado no desperdicio e na ineficiéncia. Despende-se
um enorme esfórgo para um resultado exiguo, em desproporgáo com a
energía desenvolvida. A captagáo racional dessa energía e dessa adequagáo maravilhosa do homem brasileiro e, particularmente, do sertanejo á nossa térra, de modo a aproveitá-la de um modo eficiente, é
o problema central do trabalho, no Brasil. Nao se pode falar de trabalhismo, no Brasil, sem partir dessa premissa. Nao podemos, como
querem alguns, adiar o problema da justiga social para quando se tenha,
préviamente, resolvido o problema da eficiéncia no trabalho e da riqueza.
O problema moral (e, portanto, essencialmente social) nao pode ser
adiado para quando esteja resolvido um problema económico. Sao
problemas coincidentes e interdependentes. Nao pode haver eficiéncia
económica do trabalho sem justiga social, nem justiga social sem prosperidade económica, que depende diretamente da chamada “produtividade”. Sao problemas indissociáveis e concomitantes. E ambos
diretamente ligados as dificuldades naturais de elementos telúricos da
nacionalidade, sempre intimamente ligados ao problema capital que é
sempre, e em nosso caso de modo todo especial, o problema humano.
O H omem

O segundo elemento constitutivo de tóda civilizagáo é o homem.
Podemas, entretanto, diferengar as civilizagóes pela predomináncia
10

�maior ou menor de um désses elementos sobre os outros. Há tipos de
civilizagáo em que domina a térra sobre o homem e as instituigoes.
Outros, em que dominam as instituigoes. Outros, em que domina o
homem.
Podemos mesmo dizer que a distingáo fundamental entre a civili­
zagáo oriental e a ocidental, se é possível chegar a essa generalizagáo
superior, dentro das generalizagóes relativas, é que na primeira as Coisas
predominam sobre as Pessoas e, na segunda, é a Pessoa que predomina
sobre as Coisas. Tanto a arte como a cultura do Oriente é essencialmente
objetiva. É a natureza que predomina, tanto na filosofía oriental como
na arte. O homem vale por sua insergáo na natureza. A vida humana
tem um valor muito relativo. É a autoridade que regula a política. É a
fome que domina na economia. É a floresta que se traduz na arquitetura
ou na música. E a paisagem que inspira a pintura e a poesia. É o imanentismo que orienta a filosofía. Em tudo, o homem é um elemento reflexo e inserido. A natureza absorve a sociedade e esta, o homem.
Ao passo que, no Ocidente, e de modo particular na Europa, e na sua
projegáo atlántica, o elemento primordial é o Homem. A primazia do
humano é a lei da civilizagáo européia que se transmitiu á civilizagáo
americana. Na arte como na política, na filosofía como na economia, a
Sociedade domina a natureza, como o homem domina a sociedade. Na
filosofía, a Razáo; na economia, a Propriedade; na política, a Liberdade;
na sociedade, o Direito; na arte, o Sujeito—sáo os elementos predominan­
tes em toda a história da civilizagáo ocidental. E em todos ésses ele­
mentos o que se destaca é sempre o homem. O homem, com as irradiagoes
conseqüentes de suas instituigOes naturais, dos grupos sociais, da familia
á Igreja, que se desenvolveram como explicitagáo natural désse hu­
manismo congénito da civilizagáo ocidental, como reflexo natural de urna
hierarquia que náo é nem do Ocidente nem do Oriente, e sim da própria
humanidade. Pois o que há de mais perfeito nesse humanismo é de
esséncia natural e, portanto, universal. Assim como o que há de exagerado
nesse humanismo se desdobrou em dois erros iguais e contrários, que
assinalaram os dois últimos sáculos de civilizagáo ocidental, depois de
perdido o sentido de equilibrio que por tanto tempo a distinguiu: o
individualismo, no sáculo XIX, e o totalitarismo, no sáculo XX. O
individualismo representa um desligamento do homem, em relagáo á
térra e as instituigoes. É urna falsa libertagáo. Ao passo que o totali­
tarismo representa a hipertrofia daquele terceiro elemento social: a
instituigáo. O que há no sociaüsmo ou no nacionalismo totalitário é
precisamente a inversáo daquela primazia natural do homem, que é
um principio universal da ciéncia social. Daí a subordinagáo do homem
ás instituigáes e a conseqüente hipertrofia institucional.
11

�O humanismo brasileiro é um derivado do humanismo europeu e ocidental. Mas como dentro dessa primazia geral do homem, no Ocidente
e na Europa, em particular, há variedades de distribuigáo dos valores,
podemos dizer que a civilizagáo luso-brasileira, mais do que qualquer
outra forma de humanismo euro-americano, é fundamentalmente
subjetiva e homocéntrica. O predominio do homem sóbre a térra e sobre
as instituigoes é a nota característica central da civilizagáo brasileira.
E ésse humanismo brasileiro apresenta alguns tragos próprios que po­
demos rápidamente analisar.
1- 0 primeiro é a primazia do sentimento sóbre a razáo. Somos um povo
naturalmente afetivo, como o francés naturalmente racionalista, o
alemáo romántico, o inglés controlado, o norte-americano prático, o russo
místico, o italiano artístico, e assim por diante. Todos os grandes povos
apresentam, geralmente, urna qualidade dominante. A nossa é o senti­
mento. A psicología do homem brasileiro gira em torno do coragáo e
náo da cabega. Já o lirismo, o saudosismo, o imagismo, constituem tragos
tradicionais da alma portuguésa. Nossa psicología herdou de Portugal
a nota típica da sua configuragáo, junta á de outros elementos super­
venientes, como a nota africana, que, longe de a compensar, acentuou-a.
Ésse e outros tragos do nosso humanismo náo se pode dizer que sejam
defeitos ou qualidades, sáo urna e outra coisa, simultáneamente e con­
forme o ponto de vista segundo o qual os encaramos. A bondade, por
exemplo, é urna qualidade derivada dessa psicología afetiva e é um trago
altamente positivo, que devemos cultivar e defender. O sentimentalismo
é um defeito que temos de corrigir constantemente, pois constituí um
trago negativo da mesma característica. Mas, de qualquer modo, tratar
o homem brasileiro com o desconhecimento désse trago, é laborar no mais
grave dos equívocos. O humanismo brasileiro ou será de tipo afetivo ou
náo será.
2- Outro trago é a primazia do abstrato sóbre o concreto. As idéias
predominara sóbre as coisas, em nossa inteligéncia. Sentimo-nos mais á
vontade lidando com os conceitos do que lidando com os objetos e mais
aínda com as imagens e com as palavras do que com os conceitos. Graga
Aranha colocou a imaginagáo como o trago mais nosso da psicología
nacional. E a eloqüéncia é o mais disseminado dos nossos géneros
literários. Temos a tendéncia natural a abstrair das circunstáncias
concretas e individuáis, para procurar os tragos comuns. Generalizamos
com facilidade e náo hesitamos em tirar conclusoes apressadas de
premissas incompletas. Com seus defeitos e suas qualidades, como no
primeiro caso, esta outra nota é típica do nosso humanismo.
12

�3- Como a tendéncia a preferir o geral ao particular, diretamente
ligada á anterior, é das tendéncias mais espontáneas do nosso modo de
pensar. Ao contrário do homem anglo-americano, que só se sente á
vontade lidando com as coisas concretas e particulares, nos só nos
sentimos bem lidando com as coisas abstratas e, sobretudo, gerais. Pois
confundimos freqüentemente abstragáo com general izagáo. E o nosso
tipo de abstragáo, congénita á nossa alma subjetiva (se assim podemos
falar da psicologia coletiva do povo brasileiro), nao é a abstragáo mate­
mático-metafísica, de rigor intelectual, que nos leva ao ámago do ser, mas
um tipo de abstragáo do particular ao geral, que se confunde, ao con­
trário, com a passagem do rigoroso ao indistinto, do profundo ao super­
ficial, do preciso ao vago. Mas há também um espirito de qualidade,
nesse trago, que faz com que o brasileiro se sinta bem nos páramos da
alta cultura, onde as idéias gerais e as grandes sínteses, os principios e as
matrizes, as grandes verdades universais e os grandes conjuntos, explicam, melhor que a análise minuciosa, o funcionamento das coisas mais
vitáis, no homem e na sociedade, como na própria natureza.
4- De qualquer forma, essa inclinagáo ao geral nos leva, fácilmente, ao
predominio do improvisado sobre o preparado.
Somos inimigos das lentas preparagoes, somos impacientes, ávidos de
resultados imediatos e capazes de brilhantes improvisagóes. Em linguagem militar, diría que somos mais capazes na tática que na estratégia, na realizagáo que nos planej amentos á distáncia. O engenho, a
habilidade, a esperteza (no bom sentido e sem desconhecer também o
outro. . .), sáomuito nossos. O famoso “jeitinho”, que é até urna palavra
típica do nosso vocabulário popular, representa bem o perfil do espirito
brasileiro. Chega-se mesmo a dizer que, no Brasil, só as coisas improvisa­
das dáo bom resultado, o que é um paradoxo perigoso, mas náo sem
fundamento.
5- Outro aspecto dessa psicologia é o predominio do talento sobre o
estudo. Como a inteligencia brasileira é naturalmente clara e aberta, o
brasileiro geralmente confia mais nela do que na cultura e, de modo
particular, na preparagáo. Note-se, por exemplo, a deficiéncia de nossa
erudigáo. Só há pouco tempo temos instituigoes universitárias e essas
mesmo ainda em nivel quase secundário. Falta-nos o gósto da pesquisa,
da procura do fato, da análise lenta, do estudo em profundidade. Con­
fiamos em demasía na luz natural de nossa inteligencia. Mas essa geral­
mente existe e por isso mesmo ilude.
6- Como conclusáo a estas indicagoes, exemplificativas e náo taxativas,
diría que o brasileiro é naturalmente amador e náo profissional. Faz as
13

�coisas mais por amor que por obrigagáo, mais por tendencia que por
aplicagáo, mais por conaturalidade que por conceituagáo. 0 homem dos
Estados Unidos, por exemplo, é naturalmente um profissional, ao con­
trario do nosso. A vida norte-americana é profissionalizada. Cada qual
ocupa um setor. A divisáo do trabadlo é prematura. A preparagáo
profissional, generalizada. Desde cedo, cada um se prepara para ocupar
urna determinada posigao na sociedade e nela se conserva a vida inteira,
quando nao a recebe já dos pais para transmiti-la aos filhos. Mas essa
seqüéncia hereditária, que era táo típica da nossa civilizagáo de outros
tempos, nao é geral nos Estados Unidos. É cada homem, cada tempera­
mento individual por si mesmo, e nao o costume, que leva os homens a se
profissionalizarem desde cedo e assim permanecerem a vida inteira. Ao
passo que o nomadismo profissional é geralmente o caráter mais gene­
ralizado do nosso povo e, de modo especial, ñas camadas mais estritamente populares. E a ésse nomadismo popular corresponde o amadorismo
das elites.
Do exame sumário dessas notas típicas do humanismo brasileiro trés
conclusoes podemos tirar.
A primeira é a manutengáo e defesa das qualidades que elas repre­
sentara e que constituem a própria configuragao natural do nosso hu­
manismo. É a fórga estática social aplicada á psicologia coletiva. E
désse tipo, ou de tipo semelhante, o nosso humanismo. E é no sentido
dessas linhas mestras, dessas bases sólidas e dessa orientagáo geral que
temos de o encaminhar.
A segunda conclusáo é que nao devemos confundir qualidades e
defeitos e notas positivas e criadoras com inclinagóes viciadas e hiper­
trofias corruptoras. Já aponíamos algumas dessas confusoes e a necessidade das corregoes necessárias, objeto da educagáo do caráter, que é
sempre urna parte fundamental da educagáo de um povo. A nossa
precocidade, por exemplo. Resulta de alguns désses caracteres, ou de
outro, de tipo biológico, no entanto é urna perigosa inclinagáo, responsável por outro sinal nativo da nossa vida coletiva: o envelhecimento
precoce.
Mas a conclusáo mais importante a tirar é a que acentuamos de
inicio: a importancia central da pessoa humana, em todos os setores e
aspectos da nossa civilizagáo. O homem, com sua dignidade, com seu
caráter, com seus sentimentos afetivos, com a sua espiritualidade, com
os seus direitos, é que está no próprio centro da civilizagáo brasileira, de
tipo, por isso mesmo, essencialmente humanista, no pleno sentido da
expressáo.
14

�As iNSTITUigOES
As instituigoes constituem, como vimos, o terceiro elemento cons­
titutivo de toda nacionalidade. Assinalemos alguns tragos característicos
de nossas instituigoes fundamentáis, na evolugáo histórica da nacionali­
dade.
A familia
Esta é sempre a instituigáo fundamental e constitui até hoje, entre
nós, o sinal mais importante da estabilidade nacional. A familia grande,
unida, hierárquica, baseada no sentimento, no sacramento, na fecundidade e na autonomia, tem sido a norma da formagáo social brasileira,
do século XVI aos nossos dias. O desbravamento do território, logo
depois da conquista, a extensáo das fronteiras para oeste, a estabilizagáo
das “bandeiras”, a colonizagáo tanto por nacionais como por estrangeiros
nao foi obra do homem isolado e sim da familia. A formagáo da autoridade
política ñas zonas mais rudes, bem como a política em geral, no interior e
mormente nos campos, foi obra da familia. A economia teve e continua
a ter, em grande parte, um caráter doméstico. A educagáo foi feita,
também em grande parte, dentro de casa, e a educagáo doméstica, com
suas qualidades e seus vicios, ainda é o sinal da pedagogia brasileira. A
tendéncia geral ao “privatismo”, que alguns sociólogos apresentam como
sendo um dos grandes defeitos da sociedade brasileira, com sua auséncia
de espirito público, é urna conseqüéncia da importancia fundamental da
familia na formagáo nacional. Mas ésse mesmo “privatismo” é que
permitiu a existéncia désse trago peculiar e táo louvável em nossa
história: a evolugáo pacífica. Se os nossos grandes acontecimentos
históricos se operaram sem derramamento de sangue: a passagem do
período colonial para o período imperial e a passagem déste para a
República, e se todas as revolugoes brasileiras foram pouco sangrentas
e toda a vida política brasileira, nacional e internacional, orientada muito
mais pela idéia de paz e harmonía, de acomodagáo, do que pela idéia
de luta e de violencia, tudo isso se deve, antes de tudo, á formagáo
essencialmente doméstica do povo brasileiro, com o predominio crescente
da mulher.
Pois houve na familia brasileira, dentro dessa norma geral de estabili­
dade ou organicidade, que é a lei de sua natureza própria, urna transformagáo de valores, que pode ser definida como sendo:
a redugáo gradativa da autoridade paterna;
a importancia considerável da agáo materna;
a emancipagáo crescente dos filhos.
15

�Essa evolugáo é patente num confronto direto, através de tres ou
quatro séculos, entre a familia colonial e a familia moderna.
A primeira deve muito de suas características á longa influéncia
mogárabe sobre a península ibérica. Capistrano de Abreu a definiu, como
se sabe, naquele tríptico famoso: pai carrancudo, mulher submissa,
filhos aterrados. Era a hipertrofia dos sinais normativos da verdadeira
familia: a responsabilidade paterna, a dogura materna, a obediencia
filial. A familia colonial corrompeu ésses caracteres pelo exagero, como
do exagéro contrário está sofrendo um movimento crescente, no Brasil
moderno, de corrigir um extremo pelo outro, suprimindo a autoridade
paterna, mundanizando a mulher e proclamando a completa e prematura
emancipagáo dos filhos. É a tendéncia desastrosa do casamento sem
intengáo de fundar um grupo social, isto é, sem tendéncia á familia e
visando apenas á aproximagáo efémera de dois egoísmos.
Tudo aquilo que representa, no Brasil, essa tendéncia antifamilista,
e que é ainda, felizmente, um mimetismo ou um individualismo sinto­
mático de meia cultura e da civilizagáo apressada e cosmopolita dos
grandes centros urbanos, é urna inclinagáo contrária ás leis mais pro­
fundas da formagáo sociológica brasileira e, por conseguinte, um veneno
corruptor da nacionalidade.
Se a instituigáo fundamental e mais típica da formagáo nacional
brasileira é a familia, e por isso sobre ela nos estendemos um pouco mais,
nao podemos deixar ao menos de mencionar as demais.
A escola
É urna especializagáo da familia, ñas fungoes precipuas da educagáo.
A educagáo brasileira é tradicionalmente privatista e pragmática, feita
no ámago da familia e pela prática do trabalho. A educagáo própriamente
escolar foi tardia e com urna tendéncia constante a ser orientada por
outros grupos sociais: a principio, a própria familia, em seguida, a
Igreja e as Ordens Religiosas e, finalmente, em nossos dias, o Estado.
É o que poderíamos chamar a tendéncia constante á heteronomia, como
o trago típico da evolugáo pedagógica no Brasil. Só muito lentamente vai
surgindo o conceito de Escola como um grupo á parte, como vemos, por
exemplo, na dificuldade em térmos universidades, no que fomos o
último país do Continente, e nestas de respeitarmos a sua autonomía.
Outro trago da educagáo brasileira que concorre para essa heteronomia
do grupo pedagógico, é a já apontada precocidade, na formagáo física,
intelectual e moral do homem brasileiro e no sentimentalismo doméstico,
produto ainda da importancia social da familia. O estímulo ao desenvolvimento da autonomía pedagógica, com o cuidado constante de que autono­
mía náo signifique independéncia ou anarquía e a luta contra a tendéncia
16

�aos sistemas padronizados e á centralizado estatal, sao outros tantos
rumos essenciais no desenvolvimento sadio da educado nacional.
O trabalho
O grupo económico acompanha o grupo pedagógico na formado ins­
titucional de urna nacionalidade.
Já vimos como o trabalho no Brasil carece de urna racionalizado
adequada e como o profissionalismo é contrario á índole naturalmente
amadorística do povo brasileiro.
Ésse individualismo económico é que leva ao capitalismo pluto­
crático e, daí, a todas as formas larvares ou patentes de socialismo,
mais ou menos totalitario. Contra essas tendéncias igualmente nocivas
e derivadas, ambas, de urna errada formado institucional económica, é
que precisamos erguer e desenvolver o senso da empresa, da comunidade
de trabalho, em que se conjugam o capital, o trabalho e a técnica,
para constituir o grupo económico sobre o qual repousa, cada vez
mais, a estabilidade da prosperidade material, táo importante como
condigáo de vitalidade orgánica.
Capacidade natural do povo, adequagáo entre o homem e a natureza,
esforgos desperdigados, trabalho ineficiente, impreparado profissional,
todos ésses fatóres negativos e positivos se conjugam para nos fornecer
o quadro real das instituigóes económicas brasileiras.
O Estado
O grupo político é o que organiza a autoridade e, portanto, a harmonía
entre os demais grupos. Se a familia é o grupo básico e original, as instituigóes políticas constituem o centro da sociedade, no seu afá con­
tinuo de articular as duas tendéncias contrárias de liberdade com a
autoridade.
A nota típica, porventura, das instituigóes políticas brasileiras é
representada por sua formagáo inorgánica. Essa inorganicidade proveio
de urna formagáo que poderíamos dizer ter sido operada de fora para
dentro e de cima para baixo.
De fora para dentro, isto é, pela importagáo de modelos estranhos.
Na Colonia, o dominio absoluto da Metrópole ultramarina. No Império,
as instituigóes parlamentaristas, de modélo franco-británico. Na Re­
pública, as instituigóes presidencialistas, de modélo norte-americano.
É a isso que podemos chamar urna formagáo de fora para dentro, por
instituigóes, como dizia Nabuco, “pegadas de galho”.
Quanto á inorganicidade por aquéle predominio da aplicando da
autoridade sobre a sua gestagáo natural a partir do povo (pois, como disse
Pió XII, assim como a autoridade na Igreja desee, porque vem direta17

�mente de Deus, a autoridade no Estado sobe, porque só indiretamente
vem de Deus e é diretamente formada pelo povo)—o sinal característico
em nossa evolugáo nacional é a import&amp;ncia do Govérno. A fórga do govérno tem sempre constituido um dos tragos típicos de nossas institui­
goes políticas, junto a outros que o facilitam como se diz: o conformismo
do povo, a auséncia de espirito partidário ou mesmo de forte espirito
público, o absenteísmo, o oligarquismo e outros sinais de imaturidade
política e, por conseguinte, a inorganicidade de nossas instituigoes nesse
terreno.
A Igreja
O grupo espiritual é o que congrega os homens em torno da mais alta
de suas atividades, a que o liga diretamente a Deus, pela oragao e
pelos costumes. Tivemos a felicidade de ter urna formagáo articulada
com o desenvolvimento da Fé católica, em pleno Renascimento e quando
se abriam para a Igreja Romana as comportas de sua universalizagáo,
pelas grandes expressóes geográficas do inicio dos tempos modernos.
Quaisquer que tenham sido os graves problemas provocados por essa
expansáo em nossa térra e sem querer entrar, de modo algum, no ámago
de um problema extremamente complexo, queremos aqui acentuar apenas
os dois tragos mais típicos da formagáo de nossas instituigoes religiosas.
O primeiro é a importancia que teve a Fé na formagáo da nacionalidade
brasileira. O Brasil, como tóda a civilizagáo americana, náo nasceu de
urna conquista política ou de urna expansáo económica. Mas diretamente
de urna intengáo religiosa. Tanto na América chamada protestante, como
na América chamada católica, o sentimento religioso, a preocupagáo da
dilatagáo da Fé teve urna preeminencia fundamental e intencional
sobre todos os demais objetivos, embora ligada a ésses outros objetivos
de caráter político e económico. Desde a nossa descoberta, portanto,
marcada por urna Missa e por urna Cruz, até os nossos dias, o problema
religioso é o problema central e capital em torno do qual giram natural­
mente todos os demais, confessada ou inconfessadamente, a favor ou
contra a Fé.
O outro trago que desejaria anotar neste terreno é o do caráter direta­
mente e orgánicamente institucional da Fé Católica, que representou
desde o inicio a Fé característica da nossa formagáo religiosa. A Igreja,
para o catolicismo, náo é urna instituigáo de caráter político ou voluntário, de caráter tradicionalista ou puramente espiritual. É um sinal
consubstancial ao próprio patrimonio da Fé, pois um dos Dogmas
essenciais da Igreja é o do Corpo Místico de Cristo, que nos mostra a
Igreja como sendo a própria presenga do Cristo, místicamente incor­
porado com todos os fiéis, de que Éle é a cabega, segundo a comparagáo
18

�mais autorizada, mais tradicional e mais representativa da conformado
sobrenatural dessa instituido básica e orgánica da Fé, que é a Igreja.
De modo que o papel da Igreja na formado do Brasil é o de urna
verdadeira pedra angular, em torno da qual se vém multiplicando os
problemas e cuja história se confunde, até certo ponto, com a própria
história da formado da nacionalidade.
Eis ai, rápidamente esbozadas, algumas notas características dos
trés elementos fundamentáis da nacionalidade brasileira: a térra, o
homem e as instituigoes.
n

Passemos agora á segunda parte desta visáo sumária e global, con­
siderando as trés grandes fórgas, humanas e conscientes, na formagáo
da nacionalidade brasileira: as fórgas de conservagáo, de progresso e de
equilibrio.
CONSERVAgAO

O primeiro dever de urna nacionalidade é conservar a continuidade da
sua natureza. A tradigáo é a raiz mais forte de um povo. É o aproveitamento, pelos pósteros, de tudo aquilo que de bom foi legado pelos antepassados. Nao é apenas um direito, mas um dever. Nao é apenas o sinal
de um partido, o partido conservador que com éste ou outro nome sempre
existe nos países democráticos. É a lei de toda vitalidade social que em
váo é negada pelo espirito revolucionário que pretende criar as na­
cionalidades na base de urna ruptura com o passado. E urna ilusáo que
os povos sempre pagam muito caro, pois nao há quem possa desfazer
a história senáo o váo orgulho dos conquistadores ou dos tiranos. Revolucionários e reacionários, em nossos dias, desconhecem o verdadeiro
valor da tradigáo. Uns porque a negam. Outros porque fazem do tradi­
cionalismo ou do legitimismo, ou do imobilismo, urna tentativa vá de
parar o curso do tempo. O verdadeiro espirito de conservagáo, que escapa
a um como a outro désses extremos, é o que mantém intactos os valores
fundamentáis na história da formagáo de um povo sem impedir as
adaptagoes e renovagóes necessárias.
Quais sáo, em nossa civilizagáo, ésses valores fundamentáis que devem
ser preservados sob pena de decadéncia e dissolugáo nacional?
Unidade nacional
O primeiro déles é a unidade nacional. O Brasil constitui, na América,
urna área cultural, em face das áreas anglo-americana, hispano-americana e franco-americana. Dessas áreas, a anglo-americana e a lusoamericana preservaram a sua unidade. As outras duas se subdividiram,
19

�ou por formagáo de nacionalidades independentes, a partir do mesmo
tronco, como na América espanhola, ou em virtude de aliangas cul­
turáis distintas, como o Canadá ou o Haiti.
A unidade política brasileira foi conservada por segregagáo, como a dos
Estados Unidos foi conquistada por agregagáo e a da América espanhola
se perdeu por dissociagáo. Essa unidade representa um valor inicial, que
acompanha a nossa historia e que já hoje constituí, por isso mesmo, um
dado primordial e permanente, cuja conservagáo representa o dever
primeiro de nossa vivéncia nacional.
Autonomía regional
O segundo valor é a autonomía regional. Se bem que a unidade precedesse a variedade local, em nossa formagáo histórica, nem por isso
deixou sempre essa diferenciagáo regional de constituir um elemento
primordial de nossa história, motivado pelas próprias condigoes geo­
gráficas. Se a nossa unidade também tem bases telúricas naturais,
contidas dentro de fronteiras naturais como o océano a leste, a floresta
amazónica ao norte, a Cordilheira a oeste e um grande rio ao sul—a
variedade regional também se prende nao só a razoes políticas, mas aínda
a motivos geográficos e climatéricos. Políticamente, porém, é que essa
variedade se desenvolve, de modo mais continuo, fazendo do movimento
federativo urna aspiragáo cujas raízes já vinham dos tempos coloniais,
firmaram-se ñas lutas contra a centralizagáo imperial e se realizaram na
República, resistindo á própria tentativa malograda das idéias integralistas adotadas pelo Estado Novo, de 1937 a 1945.
A autonomía provincial, porém, tem raízes naturais na geografía, na
história e na psicologia, e deve ser, portanto, outro dos valores per­
manentes a serem conservados por qualquer regime político.
Características psicológicas
Outro valor permanente a conservar sao as características psicológicas
do nosso povo, que tentamos sumáriamente expor. Se urna nacionalidade
é, acima de tudo, o povo que a constituí e se, no homem, o espirito é
que deve ser a lei do corpo, mais importante é manter os tragos diferen­
ciáis da alma brasileira, até mesmo do que alcangar os tragos definidos
de urna raga brasileira. Espirito e corpo, aliás, constituem um amálgama
e nao duas realidades antagónicas aleatoriamente ligadas numa pessoa,
de modo que a formagáo do homem brasileiro, que só o tempo e a cultura
sedimentada alcangam realizar, é urna aspiragáo de certo modo indissociável. Manter, cultivar e corrigir para o bem os tragos essenciais da
nossa forma coletiva, do que chamamos o humanismo brasileiro, é, pois,
20

�outro dos deveres fundamentáis de conservagáo de que temos de cuidar
muito vivamente.
Língua
A língua é outro sinal de manutengo de urna nacionalidade. Con­
servar e cultivar a língua portuguésa é outro valor primordial da na­
cionalidade. Ésse dever da responsabilidade lingüística nao se confunde,
porém, com as tentativas continuas de manter “a unidade lingüística
luso-brasileira” ou, pelo contrário, de criar urna “língua brasileira”.
Sao duas tentativas igualmente vas. Por mais que se esforcem gramáticos
e escritores, em pugnar por urna das duas teses, o fato é que as duas se
realizam como que automáticamente, isto é, se realizam para lá dos
esforgos contrários de manter ou de acelerar a evolugáo da língua. Creio
que hoje ninguém mais se ilude sóbre a formagáo de urna língua brasileira.
Mas há ainda muita gente empenhada em impedir o desenvolvimento
livre da língua.
A defesa da língua, como urna das bases da nacionalidade, está,
como dissemos, a cavaleiro das duas facgoes. Representa, de um lado,
a necessidade da fixagáo da sua ortografía, se possível ñas bases do
acórdo luso-brasileiro, e o seu ensino rigoroso e sem preocupagóes inovadoras ñas escolas primárias e secundárias. Representa, por outro lado,
o estímulo á liberdade criadora dos verdadeiros escritores, capazes, como
um José de Alencar ou como um Mário de Andrade, de apressar a
formagáo do estilo brasileira. E junto a isso o registo de todos os brasileirismos com que o povo, independente dos debates entre reacionários
e revolucionários filológicos, vai enriquecendo e transformando lenta­
mente o patrimonio recebido. De todo ésse movimento estático e diná­
mico é que resulta a verdadeira manutengáo de urna língua, como ele­
mento vivo da existéncia fecunda de um povo.
Familia
Já vimos como o espirito de familia representa um dos fatóres his­
tóricos mais fortes da formagáo brasileira. A defesa désse valor socioló­
gico fundamental é outro dos axiomas da sociología brasileira, a defender
contra as tentativas crescentes dos introdutores do individualismo
doméstico, pelo divórcio e pelo anticoncepcionismo, imitados e im­
portados, por argumentos de egoísmo burgués ou de puro mimetismo
especioso.
A grande fórga, a grande novidade, o verdadeira sinal de nossa independéncia moral e social, é resistir a essas tentativas de destruigáo de
um dos valores capitais de nossa formagáo nacional. O esfórgo, aliás,
tem der ser duplo: impedir que se legalize ésse individualismo anti21

�familiarista e lutar contra a introdugáo fatual désse individualismo,
através da corrupgáo dos costumes.
Amor da cultura
Outro valor a conservar em nossa eivilizagáo é o respeito pela cultura,
que ficou sendo urna das características do nosso regime imperial. Em
nome do utilitarismo, houve e há muitos que ridicularizem ésse sentimento e atribuam as nossas dificuldades político-económicas a ésse idea­
lismo cultural.
Mas a verdadeira posigáo a tomar nao é a de desdenhar os valores
práticos, em nome de urna cultura livresca. Trata-se de desenvolver a
verdadeira cultura, em todos os sentidos, especulativo e prático, mas
dentro da fidelidade a ésse espirito de reveréncia as coisas desinteressadas
da alta cultura, de dedicagáo as formas literárias ou artísticas da cultura,
que ficou tradicionalmente ligado entre nós, em boa hora, á personalidade de Pedro II e que nao devemos deixar perder. Nao se trata de
urna opgáo entre dois tipos de cultura. Trata-se de organizar a vida
cultural brasileira, em todos os sentidos, na base sempre da importancia
dos valores culturáis desinteressados.
Virtudes moráis
É um lugar comum, sem dúvida, louvar a virtude como base
da sociedade. Mas nem por isso deixa de ser verdade. E deixa de precisar,
hoje, de um grande esfórgo de recuperagao, precisamente devido a urna
desastrosa confusao entre progresso material e relaxamento moral.
O que queremos aqui acentuar é que as virtudes, individuáis e sociais,
longe de serem um anacronismo, representam um valor de dinamismo
social. Como já acentuamos, a estática social é táo dinámica quanto a
dinámica social. Apenas o é de outro modo. É dinámica por ser estática,
isto é, por preservar a fórga e a solidez das coisas que se devem fixar.
Nada táo dinámico num edificio do que a fixidez, a imobilidade dos seus
fundamentos. Assim ocorre com todos éstes valores estáticos, e de modo
especial com o patrimonio de virtudes, privadas e públicas, sem as
quais tudo o mais é supérfluo e inútil. É sempre o homem que representa
as fórgas da sociedade. E no homem a sua fórga está ñas virtudes e nao
nos músculos. É o que queremos significar com éste dever de preservagáo
da base ética da nacionalidade e do humanismo brasileiro.
Fé crista
Nascido sob o signo da Cruz e ao som das preces de urna Missa, o
Brasil deve á sua Fé crista o elemento mais sólido de sua conservagáo
nacional.
22

�A Fé nao vale pelos seus resultados sociais. Ao contrário. É um ele­
mento essencial de vida sobrenatural que pode até estar em contradigáo
com as exigencias do naturalismo social, seja de que tipo fór. Tanto o
cosmopolitismo sem Fé como o nacionalismo sem Fé representam erros
que transcenderá totalmente o plano da sociología. Urna Fé nao vale
pelas qualidades de fórga viva que fornece a um povo, e sim pela sua
adequagao á verdade. Por isso a Fé crista nao é um nacionalismo reli­
gioso, como foi o paganismo, ou é o totalitarismo da direita. Nem um
cosmopolitismo anti-religioso, como é a fé ateísta dos totalitarios da
esquerda, mas urna revelagao universal e supranacional da Verdade.
Nem por isso deixa a Fé crista de dar aos cidadaos de urna nacionalidade as grandes virtudes necessárias á sua formagáo e ao seu desenvolvimento. Por isso mesmo, quando um povo tem a sorte de ter sido
formado á luz da verdade sobrenatural, mesmo quando veiculada através
de tantas dificuldades e tantos erros, tem o dever de preservar essa Fé
crista como o mais precioso dos seus tesouros moráis e sociais. Longe,
pois, de qualquer pragmatismo religioso, temos de manter a nossa Fé
crista, do ponto de vista puramente sociológico, como o primeiro e o
mais importante dos valores fundamentáis da nossa conservagao na­
cional dinámica.
P rogresso

Passemos agora aos elementos própriamente dinámicos, nao apenas
no sentido de sua vitalidade intrínseca, pois nesse ponto, como vimos, os
estáticos nao lhes devem ficar atrás, mas no sentido de se voltarem para
o futuro e nao para o passado. Sao os fatóres de progresso, renovagáo,
inovagáo, que, longe de serem intemporais e qualitativos, como os
fatóres estáticos, representam precisamente o contato que a nacionalidade deve manter com o tempo, com os acontecimentos, com as invengóes, com as melhorias e reformas governadas apenas pela lei do
crescimento e do fortalecimento nacional.
Prosperidade económica
A primeira dessas fórgas de impulsáo quantitativa é a prosperidade
económica. O desenvolvimento da riqueza nacional é urna das bases
essenciais de toda espécie de progresso social. Urna economia sólida é
a condigáo de urna boa política e de urna moralidade social adequada.
Sao fatóres interdependentes, como de inicio recordamos, de modo que
é váo o debate de saber quais os valores que devem ser previamente
estimulados, os moráis ou os materiais. Nao há uns sem outros. De
modo que podemos apresentar como elementos dessa prosperidade
23

�económica tres fenómenos indissociáveis, no caso concreto e atual do
Brasil:
a eficiéncia do trabalho;
a moralidade pública e particular;
a luta contra a inflagáo.
Sao trés aspectos concretos da nossa prosperidade económica, além
de tudo mais que técnicamente está ligado, dentro e fora de nossas
fronteiras, á importáncia de urna economia sólida para o futuro da
civilizagáo brasileira.
A eficiéncia do trabalho nacional, em todos os setores, desde o do
trabalho manual mais empírico no trato dos campos até o trabalho
cultural mais especulativo, é um sinal negativo para o qual já chamamos
a atengan, mostrando a importáncia da técnica, da especializagáo, da
organizagáo, da iniciativa, da racionalizagáo da produgáo, como con­
digno precipua da boa economia.
A moralidade, por sua vez, nao é um fator secundário ou recessivo.
É concomitante á técnica e sua auséncia ou corrupgáo torna todo o
aparelhamento técnico táo desastroso como a sua auséncia.
Quanto á inflagáo, nao é apenas um problema financeiro. É um pro­
blema de civilizagáo, na sua globalidade, pois é um reflexo de erros de
orientagáo que ultrapassam o terreno própriamente financeiro, e que
refletem urna tendéncia geral desastrosa, em toda a nossa evolugáo
nacional, a tendéncia as solugoes mais facéis e de resultados mais imediatos, em suma, a auséncia de urna política e de urna filosofía social de
largos horizontes.
Liberdades cívicas
Outro elemento capital, junto ao progresso material, em suas inúmeras
facétas, é a defesa e a garantía crescente das liberdades cívicas.
Se o progresso económico representa a incorporagáo de tudo quanto
possa valer para aumentar a nossa riqueza pública e particular, de modo
a elevar o nivel material da vida do povo, o progresso político representa
o aumento da liberdade. Em política, os fatóres de conservagáo repre­
sentara a ordem e os fatóres de renovagáo representam a liberdade. A
ordem náo é um fim, é um meio. É um meio para alcangar a Felicidade,
que é o ideal a que tende o Bem Comum de urna nacionalidade. É a
felicidade pessoal dos seus membros, no sentido completo do térmo—
como realizagáo plena da personalidade do maior número possível dos
cidadáos e idealmente de todos,—que o Bem Comum pretende realizar.
E nesse caminho a ordem (elemento de conservagáo) é um caminho para
a liberdade (elemento de renovagáo), como ambos juntos levam á
24

�Felicidade relativa, a que pode atingir normalmente urna nacionalidade.
A defesa e o aumento das liberdades cívicas constituem, portanto, um
dado fundamental no dinamismo da civilizagáo brasileira.
Disseminagáo da cultura
Com a disseminagáo da cultura completa-se o quadro do progresso
nacional. A luta contra o analfabetismo, aínda maniendo 60 % da populagáo á margem da participaban democrática no govérno e como ele­
mento ineficiente no nivel da produgáo coletiva; a organizagáo do ensino
secundário, nao como privilégio de poucos mas como urna base da maioria e a elevagáo do nivel da cultura superior, em matéria de educagáo,
como a sua consolidagáo e extensáo, no terreno extra-pedagógico,
representam os elementos dessa disseminagáo cultural, que corrija um
dos males da nossa evolugáo histórica, baseada nos privilegios e na
escravidáo, de distribuir por camadas afastadas entre si os planos da
populagáo, dificultando a sua integragáo orgánica, que deve ser sempre o
ideal na constituigáo de urna nacionalidade.
E quilíbrio

Ás duas fórgas clássicas, estática e dinámica, acrescentamos um ele­
mento novo, que julgamos essencial nesse movimento de integragáo
nacional a que acabamos de nos referir: a orgánica social. É o bom-senso
na articulagáo das várias fórgas sociais em presenga e muito particular­
mente ñas relagoes entre autoridade e liberdade, entre as fórgas de conservagáo e as de progresso, entre os elementos autóctones de nacionalismo
latente e os elementos universais de influéncias ou de tendéncias alie­
nígenas. É também o equilíbrio entre as várias regióes nacionais, com
suas tendéncias próprias, entre as áreas culturáis diferenciadas por zonas
e por planos de cultura, táo afastadas entre si como a idade da madeira
e a idade do arranha-céu, em que a convivencia atual é um dos dados
elementares da nossa sociología.
No plano político, essa orgánica social visa, de modo particular, á
fuga aos extremismos, que representam, em nosso século essencialmente
passional e com o nosso temperamento fácilmente inflamável e senti­
mental, um perigo latente e continuo para a nossa civilizagáo. O estabelecimento do imperio da Lei, como mediador entre ésses extremismos
latentes, é um objetivo primordial da nossa orgánica política.
No plano económico, ésse bom-senso tem de lutar contra tres males:
a rotina, a especulagáo, o desperdicio, em favor de urna economía que
venga o perigo da monocultura, dos mercados distantes, do desequilibrio
entre o progresso industrial e a estagnagáo agrícola, que impedem o
nosso equilíbrio económico.
25

�No plano cultural, essas fórgas orgánicas tém de lutar, simultánea­
mente, contra o nacionalismo xenófobo e contra o cosmopolitismo
mimetista.
No plano moral, contra os exageros de um puritanismo, ou um tra­
dicionalismo, que tolha a agáo das fórgas dinámicas e, acima de tudo,
contra o relaxamento moral que confunde progresso com facilidade de
costumes e quebra de principios.
Em todos ésses terrenos, essas fórgas de equilibrio, entre a estática e a
dinámica social, devem aplicar á nossa civilizagáo essa primazia da
Prudencia, que, desde Esquilo e Aristóteles, a sabedoria coloca no ápice
das virtudes humanas.
Essa prudencia é que tem de dirigir, finalmente, a marcha da nacionalidade no sentido de resolver, com sabedoria, na vida nacional e na
vida internacional, os problemas básicos do nosso futuro.
No plano nacional, o problema concomitante da ascensáo das massas
e da responsabilidade das elites, operando a educagáo daquelas, na
passagem das massas passivas—pasto fácil de demagogos e imperialis­
mos e totalitarismos, especialmente do imperialismo soviético ou dos
neo-fascismos latentes e indefinidos—em massas ativas, e a preparagáo
racional das elites, reduzindo as elites fechadas e parasitárias e aumen­
tando as elites abertas e criadoras, onde sempre residem as grandes fórgas
que guiam as nacionalidades em progresso.
No plano internacional, essa sabedoria é que deve guiar a vocagáo
americana da civilizagáo brasileira, como trago de uniáo entre a América
espanhola e os Estados Unidos, cuja civilizagáo, sob tantos pontos de
vista, é complementar da sua. Como deve guiar, no plano mundial, a
vocagáo universalista da cultura brasileira, aberta a todas as influéncias
do Ocidente e sempre fiel á esséncia do espirito cristáo e, portanto, uni­
versal, que presidiu á sua constituigáo inicial e á sua lenta integragáo
histórica.
Acreditamos, pois, que, da aplicagáo das trés fórgas básicas de inte­
gragáo social—a estática, a dinámica e a orgánica, aos trés elementos
fundamentáis da nacionalidade brasileira—a térra, o homem e as instituigoes—, tendo sempre em vista a primazia do homem, é que chegaremos a constituir, no futuro, um humanismo brasileiro, de base universal
e cristá, para o qual devemos, hoje, trabalhar, nos limites de nossas
fragilidades e com todo o ardor de nossa boa-vontade, de modo a trans­
mitir, um pouco enriquecida, pelo nosso esfórgo, a heranga recebida dos
nossos antepassados, na linha de desenvolvimento coletivo que tenta­
mos, muito sumariamente, esbogar.
26

�CAUDILLISMO Y DEMOCRACIA
EN AMERICA LATINA
JOSÉ M. MACHÍN*
E n u n libro reciente sobre América Latina, que merece ser leído con
atención, el escritor Tibor Mende hace una acertada observación de la
manera como muchos europeos ven aquella extensa parte geográfica
del continente americano. Dice él: “Para la mayoría de la gente, América
Latina es todavía—como lo era para mí antes de este viaje—un concepto
bastante vago y confuso: un país donde los generales conspiran y pre­
paran golpes de Estado; en que los indígenas con sombrero de paja tocan
la guitarra; de donde se importa el tango, la samba y el café, y donde
los ricos pueden ir a pasar exóticas vacaciones. Cualquiera que haya
podido ser la validez de esta creencia hace un siglo, el cuadro tiene poca
relación con la realidad contemporánea”.1
Es atinada la certera observación del escritor. Numerosos intelec­
tuales del llamado Viejo Mundo, influenciados por historiadores y so­
ciólogos que no pudieron ni han podido—o no han querido—interpretar
la fenomenología latinoamericana, se han dejado cegar por las nocivas
exterioridades que presentan las repúblicas de Latinoamérica y le han
achacado características lejanas a la verdad. Con el mismo lente con
que los turistas miran los paisajes, monumentos y ciudades, parte de la
intelectualidad europea—con más razón otras capas sociales de Europa
—han creído que los pueblos de habla española no han podido—ni
pueden—por diferentes causas, abrazar los principios latentes de toda
civilización y por ende están todavía condenados a los gobiernos fuertes,
despóticos, donde la voluntad de un caudillo superior se impone como
consecuencia de su inadaptación a las normas evolutivas de progreso.
Si a la Historia pudiera considerársela como fotográficas placas o
como sucesión de simples hechos a los cuales no hay que profundizar
ni buscar su razón de ser, esa opinión que sobre América Latina tienen
muchos sociólogos pasaría como válida, sin objeción alguna. Pero la
historia y la realidad son más complejas que sus falsos intérpretes.
Lo cierto es que los pueblos latinoamericanos desde la propia época
* Joven periodista y crítico venezolano. Reside actualmente en París. El presente
ensayo, en que se discuten las interpretaciones pesimistas de la historia y de la
realidad político-social de Hispanoamérica, apareció originalmente en Cuadernos
(París, No. 8, setiembre-octubre de 1954).
‘ Tibor Mende: L’Amérique Latine entre en scbne. Editorial du Seuil, París,
1953.

27

�colonial dieron manifestaciones de su declarada aptitud para las artes,
las letras y en general para avanzadas formas de composición política.
Ni siquiera hace un siglo podía tenerse concepto erróneo de la substantividad latinoamericana. Humboldt observa en la Academia de Nobles
Artes de México una colección de obras maestras “más bella y completa
que ninguna de las de Alemania” y dice que encontró en las familias de
Caracas un “decidido gusto por la instrucción, conocimiento de la litera­
tura francesa e italiana y notable predilección por la música que cultivan
con éxito”. Depons habla del carácter vivo y penetrante de los criollos
de Tierra Firme. Y contestes están los que han estudiado con ánimo desa­
pasionado y científico nuestra estructura social de la Colonia, en recono­
cer la importancia que para la vida política tuvieron los Municipios.
Durante la lucha de independencia ese espíritu de cultivo, de culturización, es también palpitante en nuestras sociedades. El hecho mismo
de que se le haya atribuido a dicha lucha influencias políticas y culturales
entonces en boga en Europa, demuestra la certitud de esta opinión.
Con este aditamento: el Mundo ha debido considerar en aquel momento
que en América se jugaba el destino de la libertad humana, lo que hizo
exclamar al inspirado Chateaubriand: “Si el Nuevo Mundo se hace
completamente republicano, perecerán las monarquías del viejo Conti­
nente”.
Pero sobreviene la etapa posterior a la batalla emancipadora. Corren
los años siguientes a 1830. Y comienza a escribirse y a decirse—¡de
repente!—que las repúblicas hispanoamericanas carecen de disciplina
para la evolución social. Como brote inesperado, dirá Germán Arciniegas,
se nos descubrió el salvaje que llevábamos en el fondo del alma. Lo
más curioso—y lo peor—es que también muchos de nuestros com­
patriotas admitieron la tesis de la “inadaptación” de los pueblos de
América. De allí ha surgido toda una literatura tendiente a explicar
las causas del caudillismo—“gendarme necesario”, “jefe absoluto”,
“tirano benefactor”—que constituye la llamada interpretación pesi­
mista de la Sociología hispanoamericana, la que envuelta en discutibles
teorías ha olvidado, en el anáfisis, lo esencial, lo fundamental de nuestras
masas: su gran apego a la Democracia.
En nombre de un exagerado positivismo y alrededor de las teorías de
Hobbes, de Taine, del Conde de Gobineau, de Spencer, Le Bon, Gidding,
etcétera, se ha tejido en América Latina esa Sociología del pesimismo.
Se han invocado razones diversas para su justificación: el determinismo
geográfico, la condición de nuestras razas, la herencia española, el atraso
cultural y la psicología bárbara de nuestros pueblos. Se ha considerado
el caudillismo como fenómeno típico de nuestras costumbres políticas
y sociales. Sin embargo, los objetivos—las buscadas soluciones—di28

�fieren, en muchos casos, del planteamiento. Porque algunos, al reconocer
el caudillismo como esencia de nuestra idiosincrasia, lo combaten bus­
cando mejores fines sociales para nuestros pueblos. Otros, al contrario,
han exaltado sus excelencias, sus beneficios, su necesaria existencia en
la formación de nuestra nacionalidad.
Domingo F. Sarmiento, que escribe su obra Facundo para combatir
la tiranía de Rosas en Argentina, hace derivar el predominio del Cau­
dillo de la imposición del campo—pampa, desierto—sobre la ciudad.
“El hombre de la ciudad—escribe—viste traje europeo, vive la vida
civilizada tal como la conocemos en todas partes; allí están las leyes,
las ideas de progreso, los medios de instrucción, alguna organización
municipal, el gobierno regular, etc. Saliendo del recinto de la ciudad,
todo cambia de aspecto; el hombre del campo lleva otro traje que lla­
maré americano, por ser común a todos los pueblos, sus hábitos de vida
son diversos, sus necesidades peculiares y limitadas: parecen dos socie­
dades distintas, dos pueblos extraños uno de otro”. De las pampas ar­
gentinas saldrán, según el autor de Facundo, los caudillos que impon­
drán su barbarie después de la guerra de independencia. “Había—
agrega—antes de 1810 en la República Argentina dos sociedades dis­
tintas, rivales e incompatibles; dos civilizaciones diversas: la una espa­
ñola, europea, culta, y la otra bárbara, americana, casi indígena; y la
revolución de las ciudades sólo iba a servir de causa, de móvil, para que
estas dos maneras distintas de ser de un pueblo se pusiesen en presencia
una de otra, se acometiesen y después de largos años de lucha la una
absorbiese a la otra”.2
Para Sarmiento el caudillismo es un mal que proviene de la “civiliza­
ción bárbara americana, casi indígena”. Para exterminarlo se hace im­
prescindible importar la civilización, la cultura europea.
Con este criterio de importación europea coincide el escritor Juan B.
Alberdi. Pero la tesis de Alberdi va más lejos aún: no se contenta con el
aporte cultural de Europa, pide la presencia de su raza. Preconiza la
inmigración en gran escala. Su frase “gobernar es poblar” se hará un
estribillo constante. Poblar es civilizar. “Mas para civilizar por medio
de la población es preciso hacerlo con poblaciones civilizadas; para
educar a nuestro América en la libertad y en la industria es preciso
poblarla con poblaciones de la Europa más adelantada en libertad e
industria, como sucede en los Estados Unidos”.3 El autor de Bases se
parcializa por la inmigración inglesa. En su libro Luz del día en América
repetirá: “La ley inglesa es libre porque el inglés es libre. ¿Queréis
2 Domingo F. Sarmiento: Facundo. Editorial Losada, Buenos Aires, 1938.
3 J. B. Alberdi: Bases y punto de partida para la organización política de la Re­
pública Argentina. Talleres Gráficos Argentinos L. J. Rosso.

29

�copiar su libertad? No copiéis su ley, copiad la persona del inglés, es
decir, sus costumbres, su modo de ser”. En cambio el español es incapaz
de realizar hasta en su propia patria. Tampoco la población mestiza,
que es casi primitiva.
Lucas Ayarragaray también considera la europeización de América
Latina como único medio para su transformación política y social, de
su camino hacia la evolución, porque “las ideas como la sangre para
ennoblecerse deben filtrarse a través de las generaciones”. El caudillismo
es producto de un deterninismo étnico. Halló consagrada su arbitrarie­
dad en la tradición y en los hábitos predominantes. La incapacidad polí­
tica de América Latina se debe a la mestización de las razas conquista­
dora e indígena. Por eso su diferencia con la América del Norte: “Cuando
América del Norte cortó sus vínculos con Inglaterra, encontróse con
experiencia y hábitos suficientes incorporados a la nueva entidad y con
los gérmenes de una democracia representativa. ¡Cuán distinta perspec­
tiva ofrecía nuestro pasado! Si los nativos tornaban hacia él los ojos,
solamente vislumbraban oprobio y tiranías”.4
Por último, en la obra Nuestra América de Carlos Octavio Bunge,
prologada por José Ingenieros, ambos escritores mantienen la necesidad
del inmigrante. Del inmigrante de Europa, salvación para la libertad.
Porque para Bunge el hispanoamericano se adapta al caudillismo como
resultante de su mezcla psicológica. El latinoamericano es fruto de
tres razas: la indígena, la española, la negra. A las “taras psicológicas”
de una se agregaron las otras, se acumularon los defectos, y el despo­
tismo—producto del más activo en una sociedad perezosa—se engendró.
En el prólogo, José Ingenieros no está en total acuerdo con el juicio
de Bunge. Piensa aquél que circunstancias económicas deben tomarse
en consideración. “La pereza, como sus tributarias, la tristeza y la
arrogancia, no es una causa primordial, sino una manifestación psi­
cológica germinada sobre algo más hondo. La pereza es un fenómeno
secundario, como el caciquismo lo es de la política. No depende el uno
del otro; ambos están subordinados a condiciones de ambiente, y en
particular, a las economías creadas por el feudalismo colonial”. La
europeización es el remedio, la panacea contra nuestros males, sesgo
para lograr el avance, si bien Ingenieros—haciendo resaltar el fatalismo
geográfico—condena a las naciones hispanoamericanas situadas en zonas
intertropicales donde sólo pueden habitar gentes de color.
Pero los apologistas del caudillismo, los escritores del despotismo, son
Francisco García Calderón y Laureano Vallenilla Lanz. Son los cantores
de la dictadura. De ellos vienen los calificativos de “dictador necesario”,
4 Lucas Ayarragaray: La anarquía argentina y el caudillismo. J. Lajouana
y Cía., Buenos Aires.

30

�“gendarme necesario”, “César democrático”. Para ellos el Caudillo es
la constitución positiva de los países latinoamericanos. Ambos asientan
que éste es expresión de la realidad social de Hispanoamérica. Puesto
que nuestros pueblos—argumentan—son anárquicos, anarquismo que
se desarrolló aún más en la guerra independentista, necesitan de la
mano dura del dictador para gobernarlos. El Dictador es así creador del
orden, del progreso material, de la riqueza y del bienestar. “Los grandes
caudillos—dice García Calderón—abandonan toda abstracción: su es­
píritu realista los lleva a levantar el comercio, la industria, la inmigra­
ción, la agricultura. Imponiendo una larga paz, favorecen el desenvolvi­
miento de las fuerzas económicas”. El Caudillo, además, compendia la
vida, la historia de nuestras repúblicas. En tal sentido, para estudiar
América nada mejor que estudiar la biografía de sus caudillos que per­
sonifican, en un momento dado, las virtudes y los vicios de sus pueblos:
“El espíritu nacional se concentra en los caudillos, jefes absolutos,
tiranos bienhechores. Ellos dominan por el valor, el prestigio personal,
la audacia agresiva. Ellos representan a lo vivo las Democracias que
los deifican”.6
Vallenilla Lanz estima que aún después de asegurada la independencia
de América, “la preservación social no podía de ninguna manera en­
comendarse a las leyes, sino a los caudillos prestigiosos y más temibles,
del modo que había sucedido en los campamentos”. Páez, Francia,
García Moreno, Rosas, Porfirio Díaz—de Venezuela, Paraguay, Ecuador,
Argentina y México—son hombres que “ejerciendo una autoridad tu­
telar han realizado durante cien años en toda la América, el principio
fundamental del gobierno formulado por el Libertador desde 1815:
‘Los Estados americanos han menester de los cuidados paternales que
curen las llagas y las heridas del despotismo y la guerra’ ”.6
No defienden sino se oponen estos escritores a la europeización de
Latinoamérica. Alzan el grito, llamemos, de la “latinidad” o de la
“criollería”. Proclaman como deber primordial la protección del espí­
ritu latino de los países hispanoamericanos. García Calderón llega a
considerar peligrosa la influencia de la raza anglosajona. La América
española no debe destruir sus tradiciones sino contrariamente conser­
varlas frente a las nuevas influencias de Europa o de Estados Unidos.
Vallenilla insurge contra los “ideólogos” que han querido transplantar
“instituciones extrañas” funestas para “la tranquilidad, la prosperidad y
la evolución nacionalista y civilizada de estos pueblos”.
6 F. García Calderón: Les démocraties latines de l’Amérique. Ernest Flammarion, París.
'Laureano Vallenilla Lanz: Cesarismo democrático. Tipografía Garrido, Ca­
racas, 1952.

31

�Síntesis del pensamiento americano—del pensamiento especializado,
digamos—es, pues, la consideración de que el caudillismo obedece a
nuestra idiosincrasia. Es un fatalismo que hemos cargado—y debemos
cargar—por causas varias. Así lo reconocen, unos para impugnarlo, otros
para glorificarlo. Para los últimos todo intento de combate no es más
que majadería, transposición de ideas extrañas, ilusionismo ideológico
que no encajan en la realidad de nuestros pueblos y que, más bien, per­
judican la marcha de nuestra nacionalidad de la cual el Caudillo es fiel
reflejo. Para los primeros la solución está en la europeización de América
Hispana mediante la inmigración humana y cultural.
Las conclusiones por exclusivistas pecan de fatales y anticientíficas.
Pensar que Hispanoamérica es manantial de dictaduras por la sola
razón de que su raza no ha recibido suficientemente la sangre de Europa
y el acervo cultural de este Continente, es desconocer—o querer volun­
tariamente olvidar—la Historia. Europa, históricamente hablando, ha
sido pródiga en gobiernos autocráticos y personalistas. Sin remontarnos
muy lejos, en el siglo XVIII el Viejo Mundo conoció—cuando América
vivía todavía su etapa colonial—odiados regímenes absolutos. En el
siglo XIX—cuando América luchaba por su independencia—muchos
pueblos europeos estaban sometidos al capricho personal de un manda­
tario. Y en pleno siglo XX, ¿no ha conocido Europa totalitarismos omi­
nosos? Cuando las generalizaciones se hacen movidas por leyes inexactas,
irreales, se cae fácilmente en tesis antisociológicas. Sarmiento, Alberdi,
Ayarragaray, creyeron que con “colonos de buena raza” podía implan­
tarse la democracia en América, porque ellos ayudarían a resolver el
problema étnico de nuestras poblaciones. Europa misma los ha desmen­
tido. No es en la pureza de sangre, ni en el color de la piel, ni en la asimi­
lación de ciertas formas culturales, donde exclusivamente estriba la
tendencia—la adaptación—democrática o caudillesca de los hombres,
de una sociedad, nación o continente. Por casualidad—y escribo a pro­
pósito la advertencia de uno de los mejores escritores de América—
muchos de nuestros caudillos—enérgicos dictadores—han sido de pura
estirpe europea. “Mosquera en Colombia, por ejemplo, estaba emparen­
tado con la familia reinante en Francia. Rosas era blanco y de ojos azu­
les. El doctor Francia llevaba en sus venas la sangre de su apellido”.7
Defender el caudillismo en nombre de la “criollería”, como lo hacen
García Calderón y Vallenilla Lanz, es pretender caracterizar a nuestros
pueblos con una “cualidad” que por falsa es poco honrosa e inadmisible.
Es generalizar también inexactamente. Es actuar interesada, sectaria­
mente. No se puede deducir una ley sociológica general por el hecho de
7 Germán Areiniegas: Este pueblo de América. Fondo de Cultura Económica,
México, 1945.

32

�que algunas de nuestras repúblicas hayan vivido bajo el peso de “gen­
darmes necesarios”. De igual modo otras han tenido reconocidos gobier­
nos respetuosos de la justicia y de las libertades públicas. Chile, Uruguay,
México, Costa Rica, son pueblos latinoamericanos con semejantes carac­
terísticas étnicas, geográficas, psicológicas, etcétera, a la Argentina,
Venezuela, Guatemala o Cuba. En aquéllas, largos períodos democrá­
ticos han subsistido con su existencia republicana. En éstas, los dicta­
dores han florecido, pero sin que por eso pueda considerarse que la
tiranía forma su esencia, su “constitución positiva”.
No. No es lo esencial en la América Latina el fenómeno del caudillismo.
Es un fenómeno transitorio y episódico como lo califica Augusto Mijares.
Quizás este autor es quien mejor lo ha planteado. “La crítica histórica—
dice—debe guardarse de tomar situaciones circunstanciales como
realidades definitivas; a base de símbolos y de anécdotas no se puede
juzgar a los pueblos; en todas las naciones surgen en los momentos de
crisis apariencias negativas y deprimentes, y sería injusto y erróneo
convertirlas en exponentes del carácter nacional”.8 La tesis de Mijares
es incompleta—a pesar de lo que él aclara al respecto—porque desdeña
la interpretación económica que debe dársele al problema del caudillismo.
Y es que esa interpretación es imprescindible para conocer el fondo del
asunto. Sin llegar al dogmatismo de los que vocean las causas econó­
micas como regidoras de los múltiples fenómenos de la vida universal,
se tiene que reconocer que esas causas son predominantes en muchas
situaciones de nuestro acontecer social. A la supervivencia de una
economía nacional atrasada y a la ayuda de sectores extranjeros, econó­
micamente poderosos, el Caudillo en América ha podido pervivir con­
tra las legítimas aspiraciones de nuestros pueblos.
Y porque ha actuado contra los anhelos democráticos, el “dictador
necesario” no ha podido ser el personificador del orden, creador del
patriotismo, fomentador de la riqueza y bienestar. Todo lo contrario:
su obra ha sido disgregativa. En general carece de un plan para gobernar.
No basa su gobierno en un programa de acción administrativa sino en
bastardos caprichos personales. La paz que establece es el terror. Simplistamente divide al país en “amigos” y “enemigos”. Carente de ideales,
de verdaderas fuerzas morales, sienta su poder en sus instintivas ambi­
ciones de mando. Es rémora del progreso material y espiritual.
Lo verdaderamente esencial en los pueblos de América Latina es su
afección por los ideales democráticos. Su auténtica expresión son esos
ideales. Que no los ha alcanzado integralmente como son sus aspiracio­
nes, cierto. Pero por ellos lucha y por ellos ha luchado siempre. Basta
8 Augusto Mijares: La interpretación pesimista de la sociología hispanoameri­
cana. Ediciones Castilla, S. A., Madrid, 1952.

33

�leer las admirables páginas de nuestra historia para convencerse de
que el ideal americano ha sido—y es—un tenaz esfuerzo por lograr lo
que íntimamente siente el pueblo: la democracia. Toda nuestra época
colonial, que tan tranquila ha aparecido para quienes no se han dedi­
cado a desentrañarla detenidamente, fue un grito de reclamo ante la
Metrópoli: ¡libertad! Fue un deseo incontenible de justicia e igualdad.
Nuestra guerra emancipadora fue el resultado de ese grito y de ese
deseo. Luis Alberto Sánchez señala con razón que “no es posible olvidar
que antes de 1810 ocurrieron muchas insurrecciones espontáneas y que
éstas conmovieron a todos los círculos, conventos y universidades, en­
comiendas y capitales de Intendencias, a militares y civiles, a blancos y
mestizos, a negros e indígenas, a pobres y ricos, a funcionarios y merca­
deres. Las crónicas virreinales registran motines diarios, inconformidad
recalcitrante y pública, alzamientos reiterados”.9 Y en su hermosa prosa,
Germán Arciniegas escribe: “Si se le buscan antecedentes a las explo­
siones en favor de la libertad que tuvieron lugar en el siglo XVIII,
cuando hubo con los comuneros la revuelta de los campesinos, cuando los
esclavos hicieron una revolución por su libertad en Antioquia, cuando
los criollos redactaron sus primeros memoriales reclamando los mismos
derechos que los españoles de la Península para gobernar en su propia
tierra, se encontrará que todas estas cosas estaban latentes en ese siglo
XVII que nos ha aparecido tan quieto y sumiso. Y más aún: a tiempo
con la libertad, se perfiló entonces la otra característica del espíritu ame­
ricano: la democracia. Porque esa libertad que entonces se incubaba era
la libertad que pedían los de abajo. En el fondo, el blanco, el negro y el
cobrizo se daban la mano. El problema, en distintas escalas, era el mismo.
La solución era y fue idéntica. Y así como la vida de los árboles está
hundida en la tierra y hay que cavar para descubrir las raíces blancas
que son caminos iniciales de la vida, en la oscuridad de aquella edad
media colonial estaba la raíz de lo que en realidad constituye el espíritu
americano”.
Lo que de grande tienen Bolívar y San Martín—principales héroes
de la Independencia—es que descubrieron precisamente ese sentimiento
democrático que bullía en nuestros pueblos. Por eso se hicieron apóstoles
de la libertad. Por eso entregaron sus vidas a la Democracia. No deja
de ser una evasiva histórica—un subterfugio interesado—la frase de
Vallenilla Lanz cuando, para justificar su tesis del “gendarme necesario”,
habla de “ley bolivariana”. Bolívar fue un convencido demócrata: sus
cartas y proclamas, sus actos y su comportamiento, confirman esta
apreciación. “Yo he combatido—escribe el héroe en carta para Leandro
9 Luis Alberto Sánchez: El pueblo en la revolución americana. Editorial Americalee, Buenos Aires, 1942.

34

�Palacios, en 1829—por la libertad y por la gloria; de consiguiente juz­
gárseme de tirano y con ignominia es el complemento de la pena”.
“Yo he sido el soldado de la beldad—le dirá a un grupo de damas perua­
nas—porque he combatido por la libertad, que es bella”.
El continente americano nació con vocación democrática. Los llaneros
de Colombia y Venezuela, los indios de Ecuador y Perú, el gaucho argen­
tino, el “roto” de Chile, el zambo de Panamá, siguieron a Bolívar y a
San Martín, a los realizadores de la Independencia, porque éstos re­
cogieron el ideal que era expressión de aquéllos: el ideal de libertad, por
el cual desde hace tiempo luchaban. Si fuésemos a enumerar la lucha del
pueblo hispanoamericano con el objeto de comprobar que esa lucha ha
sido y es de pura esencia democrática, la enumeración se haría larga;
tendríamos que recurrir—haciendo un gran esfuerzo de abreviación—
a los de mayor significado: al levantamiento popular del Paraguay, a
la revuelta de los comuneros en Nueva Granada, a la sublevación de
Tupac Amaru en el Perú, a la rebelión criolla de México, al movimiento
de José Francisco León en Venezuela . . . hasta llegar a la que en la
actualidad se libra para enterrar a los tiranuelos de turno. En todo caso,
la enumeración sería un bello aporte de lo que es la substantividad la­
tinoamericana.
De cómo es lo esencial en el pueblo hispanoamericano ese ideal demo­
crático, lo testifica también el hecho de que los propios dictadores dis­
frazan sus ambiciones personalistas y totalitarias hablando de la “de­
fensa de la libertad”. Claro está, el dictador habla para engañar. Miente
para establecer su dictadura. Pero miente y engaña con conocimiento, a
sabiendas de que en el alma del pueblo palpitan los grandes principios
de la democracia.
Hacia ese terreno de lo fundamental en el alma americana deben girar
los estudios de nuestros historiadores y sociólogos. Y hacia él, igualmente,
deben mirar los ojos de los europeos que quieran comprender la realidad
de América.

35

�THE AMERICAN
IN EUROPEAN EYES
VINCENT C. HOPKINS*

has remarked that “A people is a mirror in which each
traveller contemplates his own image” ; in many cases it should be added,
“and his own interests.” This has been and still is true of many of the
visitors to what is now the United States who carne and saw and wrote
a book; H.-J. Duteil’s recent description, The Great American Parade,
is something of a case in point. It is particularly true of those commentators on the American scene whose concerns were predominantly
political and who wrote with one eye on the United States and the other
on the political situation in their respective countries of origin. It has
also happened that a picture of “the American,” sketched either by
Americans or Europeans whose interests lay elsewhere, became grist
for the European political mili, and was used in rather surprising ways
by various groups in their discussions of their own public policies. The
image in these cases became a stereotype, a symbol, something to admire
and applaud or to decry and attack, not for itself but with reference
to some current interest of the group which applauded or attacked.
That the image-symbol might not reflect reality accurately was a matter
of no great moment.
The United States, of course, is not unique in this respect ñor are its
citizens guiltless of the practice in their estimates of other countries.
However, a brief review of some of the European images of the inhabitants of the United States and of the uses to which they were put maybe
relevant in view of the psychological battle currently taking place all
over the world between the forces of freedom and totalitarianism.
The aboriginal American, the Indian, whose ñame commemorates the
initial European misunderstanding of the inhabitants of the North and
South American continents, was the first denizen of what is now the
United States to be made into a symbol that ultimately had political
repercussions. The mere knowledge of his existence had caused something
of a moral revolution in Europe in the sixteenth century, as Gilbert
A n d r é M auro is

* Father Vincent Charles Hopkins, S.J., is professor of history at the Gradúate
School of Fordham University and lecturer in historical jurisprudence at the
Law School of the same institution. He is the author of Dred Scott’s Case, and
editor of The Catholic Encyclopedia, and a contributor to various learned journals.
The present article is reprinted from Thought (Fordham University, New York,
Yol. XX IX, No. 112, Spring 1954), by special permission of the editors.

36

�Chinará pointed out a number of years ago. However, interest in the
Indian had lapsed to a considerable degree and he had practically to be
reintroduced to the European public. This was done chiefly by Catholic
missionaries. A little while later the brethren of the missionaries in
America who were in the Orient introduced another image to their fellow
Europeans, one also to become a symbol, the Chinese sage.
Europeans carne to know about the savage largely through those excerpts of the Jesuit Relations which were published annually as Lettres
Edifiantes. The purpose of this series was to stimulate interest in the
missions and obtain financial and other support for them. In the course
of their remarks the fathers would, from time to time, mention the nat­
ural virtues of the objects of their care and contrast them, the balance
being in favor of the Indians, with the moral capacities of Europeans.
Father Pierre Charlevoix, whose History of New France appeared in 1744,
made something of a point of this difference, stressing that, for all their
faults (which included cannibalism), the Indians appeared more naturally virtuous than Europeans. The inference that Father Charlevoix
and his colleagues drew from this observation was that, if and when they
became Catholics, they would be much better sons and daughters of the
Church than their European contemporaries. By this time, however,
in Paul Hazard’s phrase, the European conscience was in crisis, a situation that has proved to be of long duration. More and more the intelec­
tual life of the continent was getting into the hands of men who had no
desire to make Catholics or Christians out of anyone but who did have a
great desire to belabor all existing institutions in Church and State with
whatever clubs were handy. “The noble savage” was one such club.
Why, asked “the enlightened” of the mid-eighteenth century, was the
savage good and noble (calmly assuming that he was in truth both)?
The answer was simple. He had never had to endure the institutions
which dominated life in Europe. His natural goodness was not perverted by Church, state, or both. So “the noble savage” became a
literary type with a social and political purpose.
One of the lesser figures of the period, the Barón de La Hontan, was
among the first to see the advantages of the ennobled savage as a means
to his own ends. The barón was an adventurer in both senses of the word.
Because of certain experiences he had with the French law courts while
he was trying to get back the family property which had been sold to
pay his father’s debts, La Hontan became bitter and turned on the whole
of European civilization. His later experiences as a spy confirmed him in
his attitude. He developed a hatred of lawyers, judges, kings, ministers
of state and religión. He had been a soldier in New France and, in his
pique, he decided to use the inhabitants of North America to attack the
37

�institutions which, to his way of thinking, had refused him justice. In
his Supplement to the Travels of the Barón of La Hontan, or, a Dialogue
between the Barón of La Hontan and a Savage of America, published in
1703, he introduced the character Adario, “a savage of good sense who
had travelled.” Adario’s questions concerning European institutions—
La Hontan brought the allegedly artless to bear on the presumably
artificial—showed the ways of that continent to no good advantage.
Adario was followed by Zakaro, the invention of another nobleman, the
Marquis d’Argens, who had fallen on evil days. Zakaro, the savage of the
Lettres d’un Sauvage Dépaysé, found the manners of Europeans unreasonable and their moráis corrupt. The root of the evil, he eoncluded,
was the Catholic Church. Zakaro, a good deist like the Marquis, insisted
that religión consisted in offering “respectful worship to the Supreme
Being alone” and praised the religious freedom enjoyed by the natives
of the American continents, forgetting that this freedom involved a
willingness on the part of certain of the inhabitants of those continents
to be sacrificed to rather malevolent deities. The fact that these revolutionary reflections were made by two noblemen down on their luck gives
point to Toynbee’s observation that the hallmark of the proletarian is
not that stamped on him by the means of production, but rather a man’s
feeling that he has been cheated out of his rightful position in society.
Adario and Zakaro were joined by Igli of the Lettres Iroquoises of JeanHenri Maubert de Gouvest, who at various times had been a Capuchin,
a soldier and the director of a troupe of comedians. The ennobling of the
savage was carried still further by Rousseau, especially in his Discourse
on Inequality. He became all virtue, the source, in fact, of virtue. He
enjoyed this beatific state because he lived instinctively and because
his simplicity, really the height of wisdom, had never been “sicklied
o’er by the palé cast of thought” or by the menacing shadows of inequitable civilization.1
An allegedly scientific basis was given to this literary device by the
Abbé Raynal whose Philosophical and Political History of the Colonies
and Commerce of Europeans in the Two Indies appeared in 1770. This
1 The literature on the “noble savage” and his counterparts, the “wise Egyptian,” the “Turkish spy,” the Persian, the “Chínese sage,” is large. See Gilbert
Chinard, L’Exotisme américain dans la Littérature frangaise au X V I sibcle; id.,
L’Amérique et le Reve Exotique dans la Littérature frangaise au X V II et au X V III
sibcle-, Paul Hazard, La Crise de la Conscience Européenne; id., La Pensée
Européenne au X V III siecle-, John H. Kennedy, Jesuit and Savage in New
France. A convenient selection from the Jesuit Relations is that edited by Edna
Kenton. Among the main sources of information on China during the eighteenth
century were the works compiled or edited by Father Jean Baptiste Du Halde
and others.

38

�book was a great success despite the fact that Voltaire privately commented that it was “declamation full of errors badly thrown together.”
It was a combination of the “club idea” and the exotic, qualities that
would appeal strongly both to the growing revolutionary spirit in France
and to the embryonic romanticism of the period. Chateaubriand says he
devoured it and arrived in Philadelphia with his head full of it. Manon
Philipon, who as the Girondist Madame Roland was to find at the foot
of the guillotine that many crimes were committed in the ñame of liberty,
reported that she was galvanized by it. Barón Grimm thought it would
be the book of the century longest remembered by posterity. The hero
of RaynaPs book, however, was “the Quaker” ; the Indian, about whom
knowledge was becoming more widely diffused, occupied a secondary
place. The pacific and meek members of the Society of Friends had long
been favorites of the irascible and mordant Voltaire, whose praises of
them can be found all through his works. The philosophes, hardly a democratic group, were of the opinión that the people needed more than their
own highly abstract dieu fainéant if they were to be kept in order. In
Quakerism they thought they had found an almost “natural” religión, a
poor man’s Deism, ready to hand. It had no dogmas, no hierarchy, no
sacramental system—and, in addition, some of the Quakers were antitrinitarian. The customs of the Friends also had the charm of the primitive in a rococo age. Raynal raised the tone of the tributes paid by the
philosophes to the simplicity of the Quakers, not their substance. “Go,
ye warrior peoples, ye peoples of slaves and of tyrants,” he urged his
contemporaries, “go to Pennsylvania! There you will find every door
open, all possesions unguarded, not a soldier and many merchants
and laborers. . .. Pennsylvania gives the lie to the imposture and
flattery that proclaim with impunity in temples and courts that man
has need of gods and kings. The righteous man, the free man, needs only
his equals to be happy.” As is obvious, the Abbé knew very little about
Pennsylvania or about Quaker belief and life there in 1770. Indeed, he
knew very little about the Americas, as the Marquis de Chastellux would
point out. But accurate information was not the Abbé’s forte ñor his
purpose. He, like most of the other devotees of the “good Quaker,” was
interested in a revolution in Europe—and the Indian and the Quaker,
rather his ideas of them, were means to achieve one.
Another image of the American played its part in European politics—
the idea of the American as “the Republican sage,” “the noble savage”
civilized, “the Quaker” quite thoroughly secularized. The European
reading public had read Crévecoeur’s Letters from an American Farmer
and were looking for his “new man” who, like young Lochinvar, would
39

�come out of the West. It found him in the elderly and highly civilized
Franklin. Among the high nobility those who were interested in change
made him a rallying point. Mind and justice were the triumph and all
were to be free: behold Franklin! The Duc de Croy, the la Rochefoucaulds, the Noailles, the Maréchale de Mouchy, Turgot, Madame
Helvétius, were all in awe of “this eagle-creator of America,” so grave,
so modérate, so virtuous, who had, in Turgot’s epigram, “snatched the
lightning from Heaven and the sceptre from tyrants.” Franklin deliberately cultivated this impression, and his diplomatic successes at the
French court owed a great deal to this bit of wishful thinking on the
part of some of the people with whom he was dealing.2
Europe became involved in the Wars of the French Revolution and
the Napoleonic Wars, events not unconnected with the images of the
American described above. After the One Hundred Days carne the Holy
Alliance, signed by every European ruler but the Pope, the King of
England and the Sultán of Turkey, and the more effective Quadruple
Alliance beteeen England, Austria, Prussia and Russia. The groups that
had emerged as dominant in the various European countries had no
interest, apart from the literary, in “noble savages,” stylized Quakers, or
“republican sages.” The consensus among them may not unfairly be
described as hostile to “the experiment” (as they regarded it) in majority rule taking place in America. In this cümate of opinión a new
stereotype developed, largely in England, of the American as the hopeless vulgarian. To a great extent, this image remained on the intellectual
and social levels, and did not at the time become a political weapon. Its
vogue was almost exclusively among the middle and upper classes. Out of
the real coarsenesses of some aspects of American life an image of almost
complete brutalization was evolved. The Americans who were not
brutalized were described as pretentious. Among the more celebrated
contributors to this myth were the Trollopes, mother and son, Basil
Hall and a Dickens whose Martin Chuzzlewit and American Notes almost
made his American devotees forget their fondness for the creator of
Little Nell and David Copperfield. This stereotype received a most
thorough delineation in a three-volume work published in 1841, Play2 The “good Quaker” is the subject of a monograph by Edith Philips. See her
The Good Quaker in French Legend. Voltaire praised the Friends in his Lettres sur
les Anglais, his Traite sur la Tolérance, his Essai sur les Moeurs and in various
places in the Philosophical Dictionary. See also Bernard Fay, The Revolutionary
Spirit in France and America and his Benjamín Franklin, Apostle of Modern
Times. The Everyman edition of Héctor St. John de Crévecoeur’s Letters from an
American Farmer is readily available. The Marquis de Chastellux wrote his Travels in North America after three years residence here.

40

�fair Papers, or Brother Jonathan, the Smartest Nation in All Creation.
The London Times in a lengthy review of this burlesque assured its
readers that it had been informed that the picture contained little or no
exaggeration. Punch helped the slow of imagination by presenting numerous illustrations of the degenerate American at work and play. The
conclusión drawn by the upper classes of England and the continent was
that inequality of status was essential if the dehumanization of mankind
was to be prevented. This picture of the American as a cultural blank, if
not worse, survived and is being used by a very different class of people
for very different purposes, but still against the United States and in the
interest of their own social and political partis-pris.
One of the most perceptive of the European visitors to the United
States, not only before the Civil War but since, Alexis de Tocqueville,
was more interested in the deeper aspects of equalitarianism as it was
practiced in the United States than in such surface manifestations as
the uninhibited behavior of theater-goers in Cincinnati. Tocqueville was
of the aristocracy and had witnessed with foreboding the flight of the
Bourbons from París in 1830. He and his friend Beaumont had no desire
to become involved in the July monarchy of Louis-Philippe and obtained
permission to come to this country, ostensibly to study its penal system.
Tocqueville’s main interest was to seek “the image of democracy itself,
with its inclinations, its character, its prejudices, and its passions, in
order to learn what we have to fear or to hope from its progress.” The
problem, as he saw it, was to find out how freedom could survive in a
democracy. Democracy meant majority rule, and was it or was it not
inevitable that in such a situation the majority would trample on the
minority? If the answer to this question was in the afíirmative, then
democracy was incompatible with freedom. His report to his fellow
Europeans was favorable. In the United States, he found, the freedom of
the individual was quite thoroughly safeguarded. Among these safeguards he counted as basic the fact that the citizens of the United States
were a religious people and that equality in their eyes was a moral thing
consisting chiefly of equality before the law and of opportunity, founded,
at least tacitly, on the equality of all men before God. He also cited
general American literacy and political knowledge, freedom of the press,
federalism, decentralized administration and judicial review. Tocque­
ville left the United States in a happier frame of mind than that in which
he had arrived and publicized his findings in Europe where many men
were concerned with this drift of the times toward greater self-rule on
the part of mankind. His pages are a tract for these times when totaütarianism presents itself as the purest form of democracy, a hoax for
41

�which not a few Americans as well as many Europeans have fallen and
still fall.3
While the rulers of early nineteenth-century Europe and those who
supported them did not hold the United States and its citizens in too
high esteem intellectually, socially or politically, the existence of the
country gave inspiration and courage to those who regarded the settlements achieved by the Congress of Yienna as anything but desirable.
In this period nationalism and democracy were closely allied, especially
in those regions where minorities were trying to assert themselves
against more or less alien and autocratic governments or, as in the case
of Italy, where a native majority was trying to throw off foreign rule.
To these peoples, whose ideal was liberty, the United States appeared as
a beacon in the night and a possible source of support. The support, in
the event, was chiefly moral, with some exceptions, such as that given
by dubious characters like George N. Sanders of the “Young America”
movement of the fifties. However, the United States was and remained
for a long time a model for those peoples who had not yet achieved selfdetermination and self-government despite the unfortunate fact that
there were currently in the country some several millions of human beings who were held in chattel slavery, an incongruity only remedied by
much blood, sweat and tears.
Connected with this ideal of the United States as a model of democratic nationalism was the picture of the country as a haven for all those
who were suffering persecution or deprivation in Europe. This was
beautifully expressed by the immigrant Emma Lazaras whose verses are
inscribed on the Statue of Liberty. While some of the immigrants, en3 A good summary of upper-class European opinión of the United States in
the forties and fifties of the nineteenth century is contained in John W. Dodds,
The Age of Paradox, A Biography of England, 184-1-1851. The author summarizes
the impressions of various travelers and finds that “The United States was obviously a nation of bumptious people, loud, truculent, Tepublican,’ murderous,
given to threatening war on slight provocation, coarse in manners, boisterous in
humor.” He cites a lengthy review of James S. Buckingham’s America—Historie,
Statistic and Descriptive and George Combe’s Notes on the United States of Amer­
ica. The review appeared in the Quarterly Review for September 1841. The reviewer, using these two accounts as a point of departure, described the inhabitants of the United States as “peculiarly sensitive to the censures of foreigners,
especially English, deplorably indifferent to sanguinary outrages, too much characterized by an inordinate love of gain and a mania for speculation.” He gave an
“amusing specimen of their inflated language.” He also described their “nasal
tone” and “coarse manners.” American reading, he said, was “of a light and
trifling character.” The reference to Tocqueville is to his Democracy in America.
See also George W. Pierson, Tocqueville and Beaumont in America and William J.
Schlaerth, ed., Alexis de Tocqueville’s Democracy in America, A Symposium.
Henry S. Commager’s America in Perspective contains other and more balanced
appraisals of the United States in the forties.

42

�countering Know-Nothings in one period and Klansmen in another, may
have thought for a while that Liberty’s beacon hand did not glow with
an unqualified world-wide welcome, still the lines were not belied substantially for any length of time or by a majority of Americans.4
During the First World War, the picture of the United States entertained by many Europeans engaged on the Allied side had Messianic
overtones. This was especially trae of those countries which found themselves liberated from foreign rale. The idea the average European had
of Woodrow Wilson differed in kind from those he entertained of the
other heads of States at Versailles. But this image soon changed. The
war had not settled all problems. In fact, it created quite a few more.
Europe had suffered heavily in men and material. W hat was more, she
had suffered in morale. She was chagrined. Above all, there was the question of the money loaned by the United States to various European
countries. The United States wanted it back; they also wanted a protective tariff. Calvin Coolidge’s phrase apropos the payment of war
debts, “They hired the money, didn’t they?” struck many Americans as
the essence of common sense. So the picture of the United States as
“Unele Shylock” gained currency. J. L. Chastenet wrote a book, Unele
Shylock, or, American Imperialism Tries to Conquer the World. Georges
Duhamel described America the Menace. C. E. M. Joad produced The
Babbitt Warren. In all this Europeans were aided and abetted, as the
last-mentioned title would indicate, by the more disillusioned American
writers of “the lost generation” who were full of “the modera temper.”
Their picture of life in America now fits in nicely with the propaganda
devised by Soviet Russia and its agents of various nationalities to
frighten fastidious intellectuals who have a tendeney to forget that
Flaubert, Balzac, Zola and Proust wrote about European society, not
American. It also has much in common with the image of the American
created by the upper classes of the post-Napoleonic period.
The eighteenth-century portraits of the American as a young man were
pleasant if a trille patronizing. The nineteenth-century pictures varied.
Some were complimentary, others were not, but none were very dangerous to the United States. The picture of the American of the midtwentieth century as drawn by numerous European publicists is, as
André Visson has pointed out in his As Others See Us, unpleasant, uncomplimentary and quite dangerous. The American is depicted as a materialistic, imperialistic vulgarian. Apart from inspired distortions, such as
4 See William O. Scroggs, Filibusters and Financiers, and Merle Curtí, “Young
America,” American Historical Review, 32 (October 1926), pp. 34-55. Marcus L.
Hansen, The Atlantic Migration, 1607-1860 and Ray A. Billington, The Protestant
Crusade, 1800-1860 describe the nativist reaction to the immigrant.

43

�those described in Frederick Barghoorn’s The Soviet Image of the United
States, and apart from the remnants of earlier stereotypes, this carica­
ture of the American springs largely from misconceptions, wounded
sensibihties and, in not a few cases, from simple envy. This image is one
of the reasons why, as Lewis Galantiére recently said, Stockholm peace
circulars, Picasso doves, inane cries of “governed by Wall St.” and
“cultural barbarían” outweigh, in many European minds, slave labor
camps, abject standards of living, mass murders and the very real
military, economic and social assistance given by the United States to
European countries in their time of trial. It is one of the reasons why
certain deracinated segments of the European intelligentsia have felt
so strong a “drag to the East,” to Soviet Russia, an impulse, it would
appear from all ascertainable facts, to intellectual and moral suicide.
It is probably the reason why Sartre symbolized American public
opinión by a prostitute. It may be the basis for Gilson’s decisión to be
neutral, finding he had only a Hobson’s choice between the United States
and Soviet Russia, the civilization of the one appearing to him to be as
banal and pernicious as the other.
“Few intellectual phenomena of our times have been more disturbing,”
a writer in the London Times Literary Supplement recently remarked,
“than the refusal of the European intelligentsia to apply to the American
problem any serious curiosity or any adequate amount of intellectual
humility in the face of so extraordinary a creation as the United States.
Laments, one might say yelps, that the world is being Americanized—
that it is barbarized; hasty explanations of American power in terms of
luck or mere greed and craft—these have been too often the contributions of the spokesmen of the march of the mind in this century.” It is
interesting to observe that the writer uses the phrase, “the American
problem.” The inhabitants of the United States have been accustomed to
regard Europeans as problems, and a desire to avoid such problems was a
basis for the policy of isolationism. There are Europeans who find Americans problems for very simple reasons, like those so pithily put by an
English officer shortly after the cessation of hostilities. The omnipresent
American soldier appeared to him to be overpaid, oversexed and over
there. The presence of an alien even if allied army in a country, with all
that implies, is bound to create friction. When its presence reminds the
native that he is dependent on the country from which the army comes,
his feelings are likely to be more exacerbated. This is all rather obvious
and understandable. Unfortunately it provides a reservoir of ill will
which can be tapped by those who are opposed to the United States for
ideological reasons.
Among these are the doctrinaire socialists of the non-Stalinist variety.
44

�Being wedded to their dialectic, they do not and perhaps do not care to
understand that in the United States a way has been found to solve
economic and social problems without the assistance of a self- and classconscious élite, without destroying human initiative and sacrificing
human liberty. It has not been felt necessary to surrender, to use an oíd
American phrase, “the purse and the sword” to a bureaucratic governing
caste. But the dialectic demands a thesis and the United States must be
described as the stronghold of economic individualism. Fortunately,
many European trade unionists know better.
Another group is composed of Catholics who are described by Raymond Aron as “antibourgeois.” However, as Robert Rouquette has
pointed out, this group is made up of people of varying attitudes, opinions
and reactions. In general it may be said of them that they are keenly
aware of the gray, non-Christian quality that positivistic materialism,
the indiscriminate application to the whole of human life of the techniques and even the routine of the laboratory, has given the world during
the past one hundred years. Of the economic and sociological aspects of
this development they are as resentful as they are aware. It may also be
said of them in general that history hangs heavily over them. In the
past, as they read it, the Church appeared to be identified with forces
that were not only conservative but which may properly be called reactionary. There are bad memories of formulae like “the altar and the
throne,” the Dreyfus case, the Action Frangaise. In their opinión the
Church must have a radical change of faubourg. This combination of
sharp feelings of resentment and of awareness of the mistakes of the
past creates in the members of this group an urgency, a need to act.
While ideologically they reject the premises of Marxism, the Communist
Party, appearing as an ángel of light, attracts them by its activity. They
think material cooperation with the Party either possible, practicable or
desirable or all three. The Party is active. Its immediate aims frequently
coincide with those of the group in question. It Controls the proletariat.
The impulse to collaborate is very strong.
It is unfortunate that in their detestation of some forms of reaction
this group should exclusively associate itself with or be sympathetic to
another and that for expediential reasons. That the temporal interests of
the Church were closely connected at various periods with those of one
class is no reason to identify her present interests with those of another.
The Church should be above class and her mission be exercised independently of classes. A nineteenth-century error is not going to be corrected by a twentieth-century repetition of it. Moreover, in following
such a course of action the group makes the same mistake Koestler attributes to the Leftin general: they do not know the extreme Right when
45

�they see it. If churchmen of the past century are to be denounced for
countenancing or supporting monarchy or aristocracy, what is to be said
of those of the twentieth who have only kind words for one of the crudest
forms of despotism? Ex-Communists made excellent Nazis and ex-Nazis
are making excellent Communists. It should be apparent that high on
the agenda of both is the destruction of the institution of which this
group is a part.
Another party, the neutralists, who seem to wish to be neutral in order
to plague both houses, profess to take the position of Pangloss and his
friends and wish to be left alone to cultívate their gardens. Still another,
more shifting in its composition, is that made up of men with a keen
sense of nationalism—toward the development of which modern education has been geared. These men are loath to admit any lack of selfsufficiency in their native countries. Nationalism and romanticism, like
nationalism and democracy, have been closely allied and surely it is a
romantic notion that any country can be at present self-sufficient in a
nationalistic sense.
F. S. C. Northrop has referred to “the conceptual spectacles” through
which one culture looks at another. Misconceptions are bound to arise
when the older nations of the world look at the United States and judge
the latter in terms of their own social and cultural forms, something the
late Hilaire Belloc warned then not to do in his The Contrast. The United
States at the moment does not fit any convenient cultural pigeonhole
and it is being very simpliste to make the superficial judgement that it is
a country dominated by excessive economic individualism, concerned
only with gadgets and Communists and driven by an obsession to make
the rest of the world over into its own image and likeness.6
Socialists, nationalists, antibourgeois Catholics, neutralists are all
susceptible to Soviet propaganda against the United States, wittingly or
unwittingly, and are furthering it, probably unintentionally, in their
own milieus. It is, therefore, of primary importance that the picture of
the American offered for the contemplation of the average European be
met by a counter-picture. There are agencies which are doing this.
Error should yield to competently presented truth. But what of the residue which gives these errors some foundation?6 Europeans have the idea
6 Apart from the titles mentioned in the text, see Lewis Galantiére, ed., Amer­
ica and the Mind of Europe, Robert Rouquette, “French Catholicism Confronts
Communism,” Thought, X X V III (Autumn, 1953), 354-374, and F. S. C. Northrop,
The Taming of the Nations.
6 For several pleas for a truly catholic approach to international understanding and the abolition of invidious stereotypes see the recent Christmas Messages
of Pius X II. These can be found in The Catholic Mind. Earlier considerations by
previous Popes can be found in John F. Wright, National Patriotism in Papal
Teaching.

46

�that Americans regard all their institutions and producís as exportable,
desirable and digestible. Consequently, they fear that the aim of the
United States is to Americanize the whole of the rest of the world from
cellar to roof. The American must learn that his institutions, ideas,
principies have a particular as well as a universal aspect, that, though
they are expressed in general terms, they did have a history. He is not
to talk as though he still subscribed to the jingoistic messianism of Josiah
Strong’s Our Country. He is not to indulge in the self-conscious giggling
of an innocent abroad when he travels. He must look to himself at home
also. The position of the Negro in American life, for example, gives a
basis for European charges of hypocrisy. The status of the Negro is not
that depicted for European consumption; American nights are not made
lurid by burnings and lynchings. But the economic and social status of
the Negro is ambiguous—to use an understatement.
Again, while the greatness of current issues demands strong action,
they are not of such proportions and the danger is not so urgent that
human rights should be violated. The American should not argüe that the
omelette of security demands broken eggs, a mode of argument popular
among Marxists in the thirties and with a pedigree reaching at least as
far back as Machiavelli. One of the basic principies of the American
government and one of its proudest boasts is that it is a government of
law and not of men. The American should be careful to follow legal procedures; he should not avail himself too easily of an oíd Román solution
and allow largely self-appointed consuls to see that the republic does not
take harm. He should act tactfully in his external affairs and with poise
in his domestic concerns. He must remember that, while appearances are
notoriously deceptive, men ordinarily take people at their face valué.
To act otherwise would be alien to himself and would provide fuel for the
Soviet propaganda fires. It would be to lend circumstantial evidence to
another stereotype of the American entertained by Europeans, one much
more dangerous to the security of the United States than those drawn by
bankrupt noblemen, philosophical abbés, upperclass Englishmen and
litterateurs.

47

�GRACILIANO RAMOS:
TRAYECTORIA Y PERSONALIDAD
GUILLERMO DE LA CRUZ-CORONADO*
E l 20 d e marzo del pasado año 1953, minado por una aguda dolencia
que resistió a todos los cuidados, moría a las 6 de la mañana en Rio de
Janeiro el escritor y novelista brasileño Graciliano Ramos. La crítica
nacional le ha erigido un monumento de loor casi unánime. Estas ala­
banzas apuntaban a su personalidad de escritor, a su estilo refinado y
de altas calidades literarias, a su potencia creadora en la literatura de
imaginación. Las alusiones a su ideología comunista han sido ligeras y
evasivas cuando no se han pasado del todo por alto, y esto por diversos
motivos. Desde luego esa ideología, cuando aflora a su obra, lo hace
desde un fondo obscuro de concepciones de la vida y descripciones con­
cretas de hombres; sólo en libros de recuerdos personales (v.gr. Memorias
do Cárcere) se descara su pensamiento político, como era de esperar,
pues es él la causa, debida o no, de los dolores relatados; la reacción in­
terior le lanza afuera sus más intimas preocupaciones, sus protestas, y
toda la problemática ideológica y sentimental que ese hecho de su
“prisión por motivos políticos” le plantea.
Mas no nos engañemos; en muchos casos el vítor iba veladamente
encaminado a la exaltación del hombre como símbolo de una posición
política, y aprovechaba su muerte para llamar la atención sobre una
figura que con su fama literaria atraía insensiblemente los ojos hacia
una ideología, a la que el elogiado vivió adherido hasta el final. La táctica
de utilizar ese resquicio literario para el medro y prestigio político, comu­
nista o comunistoide, no es insólita; la veladura era forzada en un país
donde el comunismo, como partido y como propaganda, está fuera de
ley.
Aparte y a pesar de intenciones partidarias, Graciliano Ramos fue
un excelente escritor de obras de imaginación y memorias personales,
tal vez uno de los más poderosos novelistas brasileños; en este sentido
el clamor de alabanzas ha sido muy justo.
Un estudio de los valores positivos (y negativos, que no faltan en
Graciliano Ramos) requiere más espacio; quiero reducirme a dar una
* Poeta y crítico español. Estudió en las universidades de Sevilla y Madrid.
Desde 1952 enseña lengua y literatura castellana en la Universidad Federal de
Paraná (Brasil), donde dirige además la revista Letras, órgano de la Facultad de
Filosofía. Es autor de varios libros de versos. El artículo que reproducimos, con
correcciones del autor, fue publicado en Estudios Americanos (Sevilla, Vol. VIII,
N°. 37, octubre de 1954).

48

�visión conjunta de su obra explicándola a través de la trayectoria de
su vida y aplicando ésta a extraer esencias de su personalidad como
estilista y como creador.
Hijo de un comerciante con modesta tienda de tejidos, nace el 27 de
octubre de 1892 en Quebrángulo (Estado de Alagoas); pasa su infancia
en una finca del estado de Pernambuco, permanencia que va a tener
un doble reflejo en su vida; porque el recuerdo de estos días de niño será
un refugio a la vez literario y espiritual, en años maduros de íntimas
complejidades, y los tipos pernambucanos se llenarán de vida entre los
rasgos de su pluma reconstructora de memorias infantiles. En Vigosa
comienza los estudios; los continúa en el colegio de Maceió; pronto vuelve
a Vigosa. Estudios que no se completan, pero en cambio, muy temprano
se dedica a leer novelas y poesías (a menudo, ya mayor, en voz alta du­
rante la noche, según testimonio de amigos y vecinos) y a componer
sonetos; detalles muy significativos para dos aspectos de su personalidad
literaria: la precoz orientación hacia la literatura imaginativa, y su cons­
tante preocupación por la exactitud expresiva, por el rigor de las pala­
bras y de los pensamientos a que necesariamente obliga la estrechez y
medida indesbordable de un soneto.
En 1914, llega a Rio de Janeiro para abrirse camino; es la plenitud
de los deseos; la realidad le resulta dura; sus intentos, fraguando mo­
mentáneamente sobre el periodismo en la redacción de un diario, pierden
alas; caminos penosos y, al fin, sensación de fracaso definitivo. Esta
conciencia de inicial fracasado es otro hecho que ha de marcar también
huella en su carácter y en su obra, y puede descubrirnos la raíz verda­
dera de varios de sus rasgos y actitudes, v.gr., la introversión espiritual
(acentuando una tendencia ya temperamental), tal vez la filiación po­
lítica al comunismo y, en los temas literarios, su gusto por los contenidos
de abstracción (recuerdos lejanos y ensueños) y por los relatos no elabo­
rados (memorias de su propria lucha y de su propio fracaso), en con­
traste con la creación realista en que mundo exterior e imaginación se
juntan, si no se equilibran, porque uno y otra viven acariciados en el
alma del creador; de estas construcciones sobre la realidad, Graciliano
Ramos sólo se preocupa más tarde y durante un período relativamente
breve de su vida; mas de ese período y de esa actitud fusionadora nacen
sus mejores obras como novelista; la realidad será siempre para él un
mal recuerdo y la huirá cuanto pueda, tránsfuga hacia su mundo interior
de recuerdos personales o de mera fantasía onírica.
De Rio de Janeiro vuelve a su retiro casi rural de Palmeira dos Indios
con un alma de vencido en que los horizontes, los planes literarios y la
propia vivencia están sometidos a una forzosa alimentación y hasta
aburguesamiento. Se casa, vegeta, enviuda. Entra en el funcionalismo
49

�político; ejerce varios cargos, llega a alcalde de Palmeira dos Indios y
a director de la prensa oficial del Estado en que vive. Parecía que su vida
iba a cerrarse definitivamente dentro de este cerco y de este provincia­
lismo, de esta “vida interior”, como se dice en el Brasil, donde el “in­
terior” es esa inmensidad territorial más o menos alejada de las grandes
capitales; “interior” que por su misma inmensidad, si posibilita las más
amplias y múltiples ambiciones, también puede matar los mayores es­
fuerzos de expresión personal en la voracidad de su infinito.
El augurio fúnebre se rompe inesperadamente; el destino literario,
tan ansiosamente buscado y ya casi esfumado como un fantasma ina­
prensible, se le vuelve de rostro y se le ofrece de lleno. Un contacto perso­
nal con un auténtico captador de genios ocultos le presenta a Graciliano
Ramos la posibilidad de realizarse como escritor, le descubre su valor
personal y le urge y anima a cristalizarlo en obras; el encuentro de
Augusto Frederico Schmidt con unas cuartillas de Graciliano Ramos,
de contenido lo menos literario que cabe imaginar, resuelve el milagro;
este encuentro es un verdadero “descubrimiento literario” que lanza
a vida pública a un escritor que ya antes de conocerse a sí mismo y
darse a conocer, agonizaba obscuramente entre quehaceres de un pro­
vincialismo vulgar; un descubrimiento de ésos de que gusta la leyenda
para inaugurar la vida artística de no pocos maestros; pero la diferencia
aquí está en que el descubrimiento del genio por otro genio benéfico y
ya consagrado es un hecho histórico, con la particularidad de ser hasta
cierto punto “tardío”. Cuando el poeta Schmidt descubre a un escritor
en Graciliano, éste cuenta ya 34 años, estaba de vuelta de ideales o ambi­
ciones literarias y parecía haber dado a su vida un rumbo bien dis­
tinto; pero su cuño de gran escritor deja la huella allí donde pone la
pluma y de estas huellas, abandonadas al desgaire, brota el descubri­
miento al recogerlas el tacto fino de un poeta. Fue así: dos informes
oficiales, enviados por Graciliano al Gobierno del Estado, caen en manos
del poeta Augusto Frederico Schmidt que los lee e intuye inmediata­
mente entre aquellas páginas al escritor de garra; Schmidt era también
editor entonces, y a disposición del informador oficial pone los recursos
de su influencia literaria y de sus prensas editoras; es en 1926. Graciliano
recobra los ideales desandados; de nuevo se levanta ante su vida la gloria
literaria. En realidad él no ha dejado nunca de escribir, de elaborar
secretamente una personalidad literaria original, elaboración oculta—
de años y sin esperanza—que da a la formación de su estilo una sinceri­
dad, una limpieza de expresión que será una de sus más originales caracte­
rísticas: la del estilo trabajado en secreto consigo mismo, sin las deforma­
ciones a que se expone todo escritor que comienza con un punto de la
50

�pluma sobre sí, sobre la cuartilla, y el otro floreando engañosamente
hacia fuera, a “hacer literatura”.
Todavía siete años de silencio; sólo en 1933 publica su primer libro
que es su primera novela: Caetés. Tras la singular trayectoria de su
vocación con tantos afanes de emergencia a la publicidad, este hecho
inicial de su vida pública como literato acontece a los 41 años, edad
típica de escritores tardíos; no nos engañemos con todo: Graciliano
Ramos no es un escritor de vocación literaria tardía; lo único tardío en
él ha sido la oportunidad de sacar a flote una vocación que él sentía y
vivía desde niño y que nunca dejó de urgirle; y desde niño estaba prepa­
rándose y moldeándose el escritor público con años de arrancadas
juveniles y con muchos más de secreta y acaso desesperanzada, pero
perseverante elaboración; lo veremos rápidamente luego.
Basta analizar un poco su primera obra; Caetés, primera novela, nada
tiene de primeriza: ni vacilaciones de estilo, ni confusión en los trances,
ni imprecisiones de expresión; la seguridad técnica es casi consumada;
el autor sabe lo que quiere y lo lleva a cabo tranquilamente. La limpidez
del tema y su construcción, la proposición de los lances y sus resoluciones,
la exactitud y vigor en el manejo del lenguaje, la fluidez de la narración
y su claridad, etc. etc. delatan una larga y firme preparación no sólo
para la pluma sino concretamente para el género novelesco y aun para
esta novela. Obra primera de un escritor maduro de años, ella está
también madura en casi todos sus elementos técnicos; hasta se advierte
la ausencia de preocupación, tanto la del profesional que mira demasiado
al público como la del candidato que no logra eliminar la impresión
penosa del esfuerzo, del adiestramiento. Si en el orden de valores supraliterarios (sin dejar de ser plenamente literario) como la ideología y su
contenido humano, la obra de Graciliano Ramos no pasa de un lastimoso
negativismo, técnica y estilísticamente ya su Caetés “acontece” como
un hecho espontáneo tras una gestación natural, retardada antes que
repentina; un hecho que le pone en trance de lanzarse con una fuerza
largamente adquirida para revelarse ante sí mismo y ante el público.
No importa que un ojo despierto señale aquí y allá influencias de Ega
de Queiroz; la personalidad del autor de Caetés está patente, y aun esos
rasgos de pluma extraña serán eliminados al año siguiente en su segunda
novela. Lo importante en la curva del escritor es que con Caetés rompe
los marcos regionalistas o provincialistas de su pluma y que el éxito
halagüeño de esta primera experiencia lo arroja al ámbito plenamente
nacional.
Un año más, 1934, y aparece su segunda novela: Sao Bernardo.
Entonces es ya Director de Instrucción Púbüca del Estado de Alagoas.
51

�Su originalidad está ahí neta, liberada de aproximaciones y de modelos.
Para muchos críticos es ésta la más densa, la mejor construida de todas
las novelas de Graciliano Ramos. Por su forma literaria representa el
momento de la atracción pública: si Caetés echa a Graciliano Ramos sobre
la atención nacional reclamándola, Sao Bernardo vuelve la atención
nacional sobre Graciliano Ramos buscándolo y situándolo categórica­
mente. De hecho, a raíz de su segunda novela vuelve él a la capital de la
nación.
Es posible que no fueran sólo motivos literarios los que a esa altura le
llevan a Rio de Janeiro; afanes políticos acaso también actúen. Lo
cierto es que en 1935 se fragua una intentona comunista armada y
sangrienta en Rio de Janeiro, y al ser sofocada, no sin efusión de sangre,
Graciliano Ramos es encarcelado, y en prisión permanece un año en la
Ilha Grande. Días amargos, cuya tortura le seguirá en el recuerdo hasta
asomar como contenido de la obra postuma de que hablaremos a su
tiempo. (No queremos aventurar nada sobre su actuación en la revuelta
comunista, mezcla vergonzante de traición y osadía; tal vez se reduzca
la complicidad de Graciliano Ramos a una complicidad teórica en ideas
comunistas que él libremente profesaba. No sería justo acusar de fecho­
rías a un hombre que acaso por carácter mismo no era capaz de ellas,
pero tampoco creamos a piés juntillas lo que el interesado cuenta en sus
Memorias do Cárcere. La prensa, a su muerte, no tocó el asunto y aun
pareció soslayarlo de propósito, señalando simplemente el hecho de su
“prisión por motivos políticos”).
En 1936 publica su tercera y más famosa novela: Angustia. No debe
extrañarnos que así sea al año de cárcel política, ni es necesario, para
explicar su rápida aparición, acudir a causas recónditas, v. gr. atribu­
yéndola a esa “genialidad carcelaria” de que hay tan gloriosos ejemplos
en la historia literaria. Angustia parece en la temática una reelaboración
o rehacimiento de escritos anteriores que ahora toman cuerpo de obra
única con una refundición más alta de contenido y de estilo.
Su cuarta y última novela, Vidas Secas, asegura su posición cimera
en la novelística contemporánea del Brasil, ya conseguida con Angustia.
Pero Vidas Secas tiene sus peculiaridades; es la única de sus novelas
nacida del contacto con el mundo exterior, y a la vez la más cercana a
su propia vida. Por eso el giro que, después de esa obra, toma la pluma
del novelista, confunde a primera vista, y solamente una honda penetra­
ción en sus estados espirituales puede explicarlo. Con Vidas Secas se
corta bruscamente la actividad propiamente novelística de Graciliano y
se suplanta por una actividad de literato, de profesional de la literatura
dedicado a la rebusca de sus fondos íntimos y a su exploración literaria
escapando todo lo posible a la realidad exterior. Notemos que ese hecho
52

�se cumple cabalmente después de la novela en que esa realidad ha sido
más personalmente asimilada como sentimiento y como pensamiento;
¿por qué? La vida de Graciliano Ramos está llena de cansancios y de
repugnancias, como secuelas de su temperamento en parte y en parte
de sus luchas y fracasos, que imprimen una amargura a su persona y a
su obra, que apenas logra desaparecer en los momentos más felices. No
pasemos por alto el golpe mortal de aquella reclusa de la fortuna literaria
a su primera cita en plena juventud; son heridas que nunca o difícilmente
cicatrizan, y a menudo motivan unos complejos que entumecen al alma
para la creación, al menos para la creación generosa y fecunda que
requiere siempre, de una forma o de otra, contactos con la realidad. En
Graciliano Ramos su carácter, sus sufrimientos espirituales y físicos,
sus amargas derrotas, su forzada limitación de tantos años a la estrechez
provinciana, entumecen su alma de creador; si por unos años se libera
de ello, no sin grande esfuerzo, pronto vuelve a invadir su ánimo la
repugnancia a ponerse en roces con el mundo externo; y cuando esa
repugnancia domina, la fantasía creadora se paraliza y se pierde; el
mundo exterior es el material insustituible para toda creación—más para
la novelística—por muy íntima que ésta sea en su gestación o en su
contenido. Graciliano Ramos es buena muestra; sin el mundo circun­
dante, la mirada del espíritu creador se tiene que reducir a sí mismo y
entregarse a lo que le queda de anteriores exploraciones: el ámbito de la
memoria, el mundo del recuerdo. Este proceso psicológico, universal y
fatal, explica, a mi ver, la brusca interrupción del novelista que, en
pleno éxito nacional y ya con proyección internacional, cambia el rumbo
y se convierte en un memorialista, en un escritor de memorias.
De este estado espiritual surgen los recuerdos de años infantiles que
cuajan en una narrativa autobiográfica: Infancia. Muy alabada por la
crítica, es para algunos uno de los mejores libros de memorias escritos
en lengua portuguesa. Y de ese estado, que perdura hasta la muerte,
también la redacción de sus Memorias do Cárcere. En Infancia la re­
viviscencia literaria de los más lejanos y felices instantes de su vida, y
en Memorias do Cárcere la de las horas más dolorosas y atormentadas
física y espiritualmente, he ahí donde ha venido a refugiarse la labor del
novelista huidizo de su propio presente. Las Memorias han salido postu­
mas en cuatro tomos; su éxito editorial ha sido verdaderamente extraordi­
nario a pesar del alto precio. Se han alzado suspicacias sobre alteraciones
del texto original de esas Memorias con fines políticos, pero un hijo del
difunto, Ricardo, también escritor, ha rechazado indignadamente la
suposición, explicando las variantes por el mismo sistema del escritor
de redactar sus obras en varias fases o correcciones, como luego veremos.
El crítico que levantó la sospecha de falsificación califica a Graciliano
53

�Ramos de “pésimo comunista”, “tolerado por sus colegas sólo gracias al
prestigio de su nombre y que probablemente no escaparía del primer
expurgo serio” (Wilson Martins). De todas formas, la filiación comunista
del autor, nunca negada por él, se ofrece aquí de manera descarada y
flagrante, y esto hay que tenerlo en cuenta al valorar su objetividad en
contraste con los propósitos efectivos del encarcelado.
Con sus colecciones de cuentos tenemos otro aspecto de Graciliano
Ramos; estas colecciones son Historias Incompletas, Insónia y Dois
Dedos, tres volúmenes reducibles a uno solo porque en la reedición de
cada uno de ellos se fueron incluyendo los cuentos editados en los
anteriores. La temática de estos cuentos es de la misma índole que las
novelas: la cárcel y el hospital, el dolor y la injusticia, etc. Sin embargo,
varía parcialmente el sentido y la emoción de esos mismos temas en las
novelas y en los cuentos: la causticidad de las novelas (en uno de cuyos
extremos, el de arranque, está la amargura vital, y en el otro, el de la
pluma, fluye el sarcasmo y la ironía mordaz) se suaviza en los cuentos
declinando en momentos dados hacia sentimientos muy humanos,
concretizados en deliciosas personalidades de niños y en animales; basta
recordar a Luciana y a la perrita Baleia, que hay que relacionar con
figuras de la novela Vidas Sécas.
Mencionemos su reciente viaje a Europa: Francia, Italia, Checo­
eslovaquia, Polonia, Rusia; no podía fallar su preferencia por la Europa
del área comunista. Esperemos que salgan a la luz sus impresiones de
viajero; la editorial ha levantado su voz de propaganda como lo hizo
en seguida, a partir de la muerte, con las Memorias do Cárcere; será un
relato de viajes que al fin cabe en la categoría de libro de memorias,
género que es el último refugio del alma de Graciliano Ramos.
El 27 de octubre de 1952, con ocasión de su sexagésimo cumpleaños,
en la Cámara del Distrito Federal de Rio de Janeiro se le tributó un
homenaje de admiradores y amigos, al que él ya no pudo asistir pues la
enfermedad cruel, que le arrastraría a la muerte pocos meses después, le
retenía en casa completamente impedido.
Las obras completas de Graciliano Ramos abarcarán catorce volú­
menes en la edición de la “Livraria José Olympio” : seis, de obras publi­
cadas en vida del autor, de las cuales cuatro son novelas (Caetés, Sao
Bernardo, Angustia y Vidas Sécas), uno de cuentos (Insónia) y otro de
memorias de niño (Infáncia); cuatro tomos más de escritos postumos
(Memorias do Cárcere) han salido ya a luz. Queda todavía un tomo de
crónicas; otro de literatura infantil que integrará una “Pequeña Historia
da República” para niños; otro, anunciado con el título de “Cenas e
Costumes do Nordeste,” que recoge cuentos breves y crónicas escritas
54

�para la revista Cultura Política-, finalmente sus relatos o impresiones de
viajero por Europa, sobre todo la Unión Soviética.
Al morir Graciliano Ramos, desempeñaba el cargo de Inspector
Federal de Enseñanza Media en Rio de Janeiro. Muerto en la fecha
indicada arriba, su cadáver fue trasladado de la “Casa de Saúde Sao
Vítor” (en Botafogo) donde estaba internado, a la Cámara Municipal,
y de allí al cementerio de San Juan Bautista, quiera Dios que en espera
de una felicidad y una luz mejor que la que en vida le llevó, en ausencia
de la fe, a obscuridades y desvarios.
Hemos ido insinuando rasgos de carácter y cuarteles recónditos del
alma del difunto novelista a través de la trayectoria de su vida pro­
yectada en su obra; no estará de más ahondarlos aparte rápidamente.
Graciliano Ramos era temperamentalmente un introvertido, un
espíritu sin flexibilidad con lo circundante, un alma esquinada; hay en
ello mucho de constitutivo, sin duda, pero también mucho de huellas
de la vida. Amigos de infancia y juventud lo describen como asiduo
contertulio de familiaridad, mas también ausente de las alborotadas
expansiones juveniles; ello supone sólo un carácter serio y precoces
preocupaciones muy humanas, muy naturales y en él muy tempera­
mentales. Lentamente, esa seriedad se transforma en esquivez partiendo
de una niñez marchita por una adolescencia desorbitada a una virilidad
que se debate amargamente. Esas luchas de todo orden determinan en
su actitud un rictus de cansancio, un gesto de desconfianza y de hostilidad
para todo lo que le rodea; la realidad ha sido acerada para él en los
instantes más decisivos de su destino, de su persona, y él se acera con
una perdurable mueca angulada ante la realidad, ante lo exterior, ante
la humanidad sobre todo. Esta actitud tiene su reflejo natural y su
huella permanente en su mismo físico; su dolor anímico, como un estilete,
fue grabando, agrandando esas líneas duras que son las características
de su rostro: enjuto, seco, anguloso, con unos ojos tristes y pesados, de
mirada absorta y velada por una alertada reserva; ojos abiertos, cuya
luz percibimos vuelta hacia sí mismo en un afán de concentración y de
evasiva. Graciliano Ramos esquiva sus sentidos al orden exterior; no es
recogimiento, sino más bien encogimiento; no embebecimiento espiritual
de una secreta luz superior y muy entrañada, sino más bien hurañez
de la luz de fuera que le hiere. Y naturalmente también el silencio, la
ausencia de la comunicación verbal, la reserva de la palabra; Graciliano
Ramos por razón de su misma introversión, de su esquividad, fue un
empedernido taciturno. No fue hombre de diálogo.
Lo importante es que estos estados psíquicos pasan del alma del
creador a la de sus criaturas, como no podía menos de esperarse; el
55

�conjunto de los personajes literarios de Graciliano Ramos no son más
que la proyección literaria de sus estados interiores: v. g i, su misantropía
(con la tendencia a apoyarse sentimentalmente en los seres irracionales,
que tienen en aquella frecuentemente su base y su impulso en busca de
una afectividad fuera de los humanos) está proyectada en su personaje
Fabiano, del que el novelista dice que no gustaba de los hombres y
sólo se daba bien con los animales; de Graciliano cabe decir exactamente
lo mismo. La humanidad que él siente más cercana es la que se configura
mejor con sus concepciones de la vida, esas concepciones negativas
arrancadas de su personal existencia llena de negaciones, abnegaciones
y renuncias. Es lo más natural que así sea por otra parte. La humanidad
más próxima al alma de Graciliano Ramos es la de los miserables, la de
los malaventurados, la de los angustiosamente preocupados, porque esa
humanidad tiene mucho de parecido con su manera de ser y de vivir la
existencia; él mismo se consideraba una víctima, un perseguido de sino
maléfico, y era desde luego un torturado interior, un preocupado por
agudas inquietudes espirituales.
Corazón bandeado por incertidumbres, por perplejidades constantes,
de él le salen esos personajes angustiados y desorientados de los que es
un símbolo el título de una de sus novelas, la más celebrada, Angustia-,
de él, ese conjunto de figuras de mirada perennemente vaciadas hacia
un mundo privado; figuras solitarias devanándose en un monólogo
interior, monólogo que existe casi siempre en Graciliano Ramos y es el
hilo de sus enredos novelísticos; figuras de tramas interiores que son el
punto de partida y el eje de observación para el desenvolvimiento de los
hechos y situaciones del mundo social; de él, esas almas sin asidero ideal,
sin arrimo a un sentido de la vida, que se agarran a los restos de su
naufragio vital, a su recuerdo, a su pasado, lo único que les queda porque
sólo con ellos puede morir; almas como la suya, asida decididamente a
su pasado, ya de dulces añoranzas (Infáncia), ya de dolorida experiencia
(Memorias do Cárcere), ya hacia la real irrealidad onírica (Insónia). De
su corazón resecado le brotan esas vidas que se consumen sobre sí mismas
en una parálisis espiritual de diversos orígenes, y de las que también
puede tomarse como símbolo el título de su última novela, Vidas Secas.
“Vida seca”, en realidad, es el rótulo que encaja en buena parte de los
personajes inventados o recogidos por Graciliano Ramos: siendo esa su
última creación novelística, bien puede interpretarse como el límite o la
meta a que ha alcanzado la potencia inventora de Graciliano, y también
como cristalización de su concepto sobre la vida humana: vida sin
sentido superior, sin contenido efectivo, vida condenada a una ineluctable
esterilidad. Ante esas criaturas de Graciliano Ramos nos quedamos
perplejos: seres acosados de un dolor sin esperanza, de un dolor infecundo,
56

�de horizontes cerrados, de aspiraciones muertas, de pensamientos ali­
cortos, si no es que el pensamiento se aprieta en un reducto de incesante
rumia interior como una rueda de tortura.
Hasta aquí hay que llegar para comprender las dimensiones del
pensamiento humano de Graciliano Ramos y valorarlo justamente; para
saber a qué se reduce ese sentido suyo humano “tan hondo”, como se
nos proclama a boca llena. Adepto a una ideología materialista, como
la del comunismo, su sentido humano no tiene de hondo sino lo que
ahonda en sus miserias, sobre todo en sus miserias espirituales; y no
deja de ser bien deshumana, y aun inhumana, esa valoración negativa
de lo humano. Se nos quiere calificar como “humano” todo aquello que
presenta vivamente las lacras, los bajos fondos del corazón y del pensa­
miento de los hombres, algo así como en arte se nos decía “realista”
toda obra de fealdades, más realista cuanto más deforme (hoy ha
variado ya no poco esa interpretación); y no se advierte que todo eso,
siendo “muy de los hombres” es “muy poco humano”, y que siendo muy
explicable, lo es sólo por la capacidad de hombre, de cada hombre, de
desviar en sí el sentido de su naturaleza, de su humanidad, el sentido de
sus nobles destinos temporales y eternos. Realmente, muchos de esos
seres novelados de Graciliano Ramos, esos seres irredimibles de la
miseria física o de la tortura moral, en los que se pretende ver más
sentido humano, son precisamente los que más carecen de él, porque en
ellos, como ruinas de una humanidad irreconstruible, se ha destruido lo
que hay de más humano en el hombre, su inalienable capacidad de
redención y de superación; porque son detritus de la humanidad en que
lo humano ha perdido su sentido: “vidas secas”, vidas humanas sin
jugo, sin sentido de humanidad.
Mírese también desde este ángulo otra actitud característica de
Graciliano Ramos como escritor: el sarcasmo, la ironía, la amargura
cáustica. Esta la tiene él muy arraigada en su misma alma, y le viene
de un primordial escepticismo ante la vida, ante los hombres, fruto a su
vez de una existencia desgarrada. Sus creaciones tienen mucho de pobres
diablos trágicos por cuyas muecas él desahoga su dolor. Pero la ironía
mayor, el sarcasmo más lancinante para ciertos seres humanos, para
ciertas situaciones humanas, no está en el color burlesco con que se las
pinta, sino en haberlos dotado de forma humana, de alma humana, en
haberlos hecho hombres, vaciándolos por dentro de humanidad, de
contenido humano, de esperanza y amor; haberlos creado con nombres
humanos, con gestos humanos, negándoles humanidad. Desde aquí se
verá hasta donde puede calibrarse el sentido humano de ciertos escritores
cuya actitud esencial para con el hombre (el hombre real y el que ellos
crean) es sarcasmo, causticidad; digo de la ironía despiadada y mal57

�hiriente, y no del humorismo propiamente dicho, que es una actitud
bien distinta. La ironía no puede crear más que seres demoníacos o
muñecos vacíos, “vidas secas” ; y ya sabemos cuánta sequedad espiritual
hay por ahí cavada en el corazón de los personajes de Graciliano Ramos.
Esto, naturalmente, no empece a que determinados trances de su obra y
determinados personajes estén dotados de un auténtico sentido humano;
pero la atmósfera espiritual más común quizá sea muy otra.
Por esto de la sequedad nos introducimos en el estilo de Graciliano
Ramos; es nota común a todos los aspectos de su personalidad, y en el
estilo se delata desde el primer instante. El estilo de Graciliano Ramos
es un caso bien perfilado de aquel tipo que los preceptistas latinos
calificaron como “siccum” en contraposición al estilo “pingüe” o florido.
En Graciliano las calidades de esta manera de escribir son de unos
quilates que pocas veces ha alcanzado la literatura brasileña.
La perfección formal fue una de sus más angustiosas preocupaciones.
Nunca cejó en su esfuerzo por aclararse el pensamiento y plasmarlo con
la mayor justeza; no floreo, sino delgadez y elegancia expresivas. Esta
búsqueda de la frase precisa, de la palabra más expresiva, explica el
sistema de redacción de Graciliano, que era una manera de obligarse a
volver continuamente sobre lo escrito para afinarlo, para adelgazarlo en
líneas cada vez más puras; su técnica le forzaba a escribir dos o tres
veces los capítulos, y la redacción final era el resultado de este lento
proceso de aquilatamiento. El mecanismo de redacción de las Memorias
do Cárcere lo conocemos por unas declaraciones de su hijo Ricardo: una
primera redacción a lápiz, un repaso sobre este primer original lo dejaba
listo para pasarlo a tinta, corregido y enmendado, y finalmente este
original a tinta se copiaba a máquina con nuevas correcciones, que no
siempre eran las definitivas; tres originales con tres medios de escribir
escalonados: lápiz, tinta, máquina, representando cada uno un nuevo
esfuerzo hacia la depuración final. Nada de improvisación o de esponta­
neidad; Graciliano era un gran escritor que tenía a la vez el golpe genial
del artista y el martilleo paciente del artesano. Sus páginas, cuidadosa­
mente elaboradas, maduradas en largos silencios, rehechas a distancia,
son de una perfección nítida, porque todo, palabras, giros, ordenación,
se conjura para la más adecuada plasmación de la idea; adecuación
perfectiva que requiere al mismo tiempo exactitud, expresividad y
elegancia. Esta elaboración formal tenía un propósito, la “economía de
las palabras” hasta el límite posible sin salirse del reino del arte; es más,
hasta el límite en que resultaba un elemento maravilloso para el arte; la
economía verbal da a sus pensamientos una expresión ceñida e intensa
sin la menor concesión a la musicalidad artificiosa o al abandono del
ritmo de mal gusto; pocas palabras, pero seguras, propias, insustituibles.
58

�El uso de sinónimos, de repeticiones, las insistencias sobre un mismo
pensamiento, es caso raro en él, y siempre con determinados fines
estéticos o expresivos, por precisión de claridad, nada por retoricismo.
Con la economía, la selección. Graciliano Ramos posee un rico y
variado arsenal de vocablos nobles, tomados de la boca del pueblo y
del tesoro clásico de la lengua portuguesa que algunos escritores brasi­
leños cuidan tan poco por desgracia. Se apunta certeramente en Graci­
liano el retorno a lo que podríamos llamar el espíritu lingüístico de M a­
chado de Assis, con todo lo que eso significa para el lenguaje de un gran
escritor. Una larga asimilación de elementos, un largo ejercicio técnico a
solas o en reducido círculo provinciano, preparan ya de pequeño al
futuro escritor: preparación solitaria, porque Graciliano es un autodi­
dacta, pero hábilmente orientada por esa innata intuición de toda
grande vocación literaria. El nos cuenta de sus lecturas tendidas e
interminables y de sus versos de juventud como ejercicios encaminados
a superar una deficiente formación de primeras letras, y también como
desahogo de una necesidad casi fisiológica de tener que decir algo, hecho
que nos revela su primitiva y radical vocación a las letras. Lo de menos
entonces era la forma, y el ejercitante tardará muchos años todavía en
encontrar su verdadero camino, que no era el de la poesía: “jamás
pretendí ser poeta; componía mis sonetos sólo para adquirir un poco de
ritmo”. Pero el adiestramiento fue un factor operante, y sus logros
técnicos madurarán después, no precisamente en forma poética, sino en
una estupenda prosa literaria.
Con esta previa acumulación de integrantes vivos y operadores en la
gestación estilística, en cada obra de Graciliano Ramos todo está previsto,
todo está sometido a nobles principios literarios, simples y claros, y
nada accesorio o artificial tiene cabida. Fruto de tamaños afanes de
depuración literaria es su estilo, tan personal, tan limpio, tan sintético,
tan intenso de expresión, tan decantado hasta lo justo, tan elegante y
tan sobrio; con un concepto de la arquitectura española, llamaría yo
“herreriano” al estilo literario de Graciliano Ramos: líneas puras, pero
en una ordenación genial de simplicidad y de nobleza. Piedra de toque
para una estimación, sirven más al crítico los cuentos que las novelas;
aquéllos, piezas menores, ponen al escritor en trance de demostrar
mejor sus posibilidades.
En buena parte hay que buscar en su preocupación de estilización
expresiva la causa de esos productos “secos” que son casi todas las
obras de Graciliano Ramos; sin duda el complejo proceso de decantación
las ha descarnado, frecuentemente hasta las ha chupado no poco de
jugo vital. Mas en la esencia hay que convenir en que son hinos de un
temperamento artístico formado por un natural adusto y seco aunque
59

�de mucha veta, resabiado en su “sequedad” y en los caracteres de la
misma por las circunstancias de su vida. Finalmente esa preocupación—
y su afán de constante apuración literaria—pudo contribuir parcialmente
al hecho de su tardía revelación como escritor y al de su escasa produccón. Todos esos angustiados por la perfección formal, si juntan a ello
un carácter de indecisiones y agobios psicológicos—como sucede grande­
mente en Graciliano Ramos—suelen estar siempre insatisfechos de su
obra y se dejan poseer de pavores para una publicidad que les corte
definitivamente su labor secreta de artesanos.
Concluyo con un pequeño parangón entre el difunto novelista moderno
y otro novelista brasileño considerado como acaso el mejor de la litera­
tura nacional del Brasil, Machado de Assis; se ha aludido a él reiterada­
mente con ocasión de la muerte de Graciliano, y no siempre con acierto.
Desde luego hay, a mi juicio, muchos aspectos para enfrentar y equiparar
a los dos novelistas: ambos viven bajo la acción oprimente de complejos
que siembran su espíritu de vacilaciones, de resistencias ante la realidad,
de ansias de eludirla y ahuyentarla; ambos poseen un rico arsenal
lingüístico, variado y puro, más característicamente portugués-portugués
el de Machado de Assis, más portugués-brasileño el de Graciliano Ramos;
ambos son artífices de la expresión literaria en palabras, en giros, en
descripciones; en ambos la incisión irónica es frecuentemente la actitud
ante sus criaturas literarias y ante la vida, como ideología y como reali­
dad, que en ellas intentan reflejar; en ambos, el precipitado literario de
su temperamento, de sus conceptos sobre la literatura y sobre la vida,
de sus preocupaciones técnicas, es ese estilo típicamente “seco”, despo­
jado de adornos, de rasgos directos e incisivos, tan aptos para la ironía
penetrante como para la descripción desnuda y palpitante de ciertas
almas vitalmente anuladas, esas almas “secas”—por inanidad o por
limitación espiritual o por un dolor irredento o por egoísmo inconfesable
—que son el fondo de muchos personajes de Machado de Assis y de
Graciliano Ramos; “vidas secas” que llegan a símbolo en una obra de
Graciliano Ramos, y que, en un sentido, están condensadas en la frase
final del protagonista de una de las mejores obras de Machado de Assis:
“Este último capítulo é todo de negativas. Nao alcancei a celebridade do
emplasto, nao fui ministro, nao fui califa, nao conheci o casamento”
. . . y . . . “a derradeira negativa déste capítulo de negativas: Nao tive
filhos, nao transmiti a nenhuma criatura o legado da nossa miséria”
(Memorias Postumas de Brás Cubas).

60

�CONTEMPORARY ARGENTINE
SCULPTURE
JULIO E. PAYEÓ*

C onfronted with the reproductions which illustrate this article, the
reader perhaps will be surprised not to find in these examples of contemporary Argentine sculpture something of the exotic flavor many
Europeans automatically look for in anything coming from South
America. It would therefore be convenient to explain that Argentine
art does not normally bear the traits of tropicalism or other exotic
manifestations, since Argentina’s case is somewhat peculiar in the
“ensemble” of the Latin-American nations. Culturally, Argentina
belongs completely to the Occident. It is not an “occidentalized” country,
forcibly marched into Occidental ways, but a country where Occidentalism is a natural consequence of history and demographic characteristics.
When the Spaniards arrived at the River Píate, they did not find here
developed aboriginal cultures like those in Pera or México, ñor speci&amp;lly
large indigenous populations. They transplanted Occidental culture to
the discovered, conquered and colonized territories. They brought with
them a language, a religión, a social organization, a juridical system, an
agriculture, a commerce, ways of living and styles of dressing, Sciences
and also fine arts which were European. As loRg as ihe natire ímfcaxr
had some part, as an artisan, in works of architecture, sculpture and
painting such as were created, for instance, in the oíd Missions, his
peculiar lyricism eventually transformed in small measure the imported
artistic forms. But this did not create a precedent for future local development. During the centuries following the discovery, the Indian
retreated gradually to the farthest frontiers of the land and in the meantime successive waves of European immigration tilted more and more
the demographical scales to the side of the white man’s predominance,
numerical and otherwise. A sudden growth of the population occurred
during the second half of the nineteenth century, when Argentina already
was an independent Republic and had a strong national organization.
From then on the Indian population diminished continuously while the
* Perhaps the best known of Argentine art critics, Julio E. Payró studied in Spain
and Belgium, and for a time was on the editorial staff of La Nación in Buenos
Aires. He is the author of a number of works on art criticism and history, among
these being Veintidós pintores: facetas del arte argentino. The article here reproduced was originally published in The Studio (London and New York, No. 735,
June 1954).

61

�cosmopolitan white inhabitants—most of them of European stock, or
Argentine-born but of European parentage—outnumbered completely
the aborígenes.1
The Argentine-born of European descent inhabit the large cities
where naturally the artists are to be found, considering that the artistical
activity is essentially urban. And, logically, the artists, in their modern
surrounding and with their transplanted and inherited Occidental
traditions, feel more forcefully the attraction of the living and active
artistic forms submitted by Europe than the lure of the dead forms in the
arts of the Incas, the Mayas or the Aztecs, which are as foreign to them
and as irreconcilable with their deepest nature as they are to the European proper or, to choose a continental example, to the Canadian artist.
Consequently, the American part in Argentine art cannot be of Indian
or aboriginal flavor and may only be some local perfume originated in
mysterious influences of the land, of the American “genius loci.” The
originality of an Argentine sculpture does not depend at all on a racial
diíference in the approach to the sculptural problems and can only be
measured in terms of individual singularity: in terms of personality. It
follows that to form an opinión about an Argentine sculptor it will be
fair not to object that his work looks like the work of this or that European master, but to look for the things by which he differs, by which he
reveáis a different quality of the spirit, of the conception, of the feeling
or even the technique, that is to say for the things that may show the
uniqueness of the individual artist belonging to the universal sphere of
modern Occidental art. There is a narrow correspondence—and not an
arbitrary one, as I hope to show—between European and Argentine art.
As a consequence, Argentina has not looked askance at the change in
the approaches and the creations of modern sculpture, which has been
noticeable in the last fifty years. Through a series of astounding leaps,
sculpture has attained today to the “liberation of the material” that
was announced by Laszlo Moholy-Nagy in the days of the Bauhaus in
Dessau. A sculpture conceived as modelled mass, as Rodin wanted it,
seems almost something of the past, when we look at a mobile by Calder,
constituted by planes in movement. And a new step has been taken
towards the unknown since the sculptors began to define in space aerial
spaces—like those we discover in the perforated figures—or tried to
suggest virtual volumes—“hypothetical spaces” as Elie Faure would
put it—by way of subtle constructions where solid matter is reduced to
1 Cf. the last edition of the South American Handbook. The statistical estimation is that 75 per cent of the population are Argentine-born and of European
descent; 20 per cent are foreign-born, generally European. There are about 5 per
cent Indians or of mixed descent.

62

�tlie scant corporality of generating lines made of wire or string, which
are intended to determine spatial bodies. At this point, sculpture seems
to have arrived at the limit of dematerialization. Several young Argentine
artists—Martin Blaszko, Julio Gero, Enio Iommi, Gyula Kosice,
Gregorio Verdánega and others—work now in the aforesaid spirit.
But as their effort can be considered still in the experimental stage, I
shall refrain from speaking about it for the time being and will concén­
trate on more orthodox creators.
Chronologically, the first Argentine-born sculptor in independent
Argentina was Lucio Correa Morales (1852-1923) who studied in Italy
under academic teachers, belonged to the school of realism, executed
several good public monuments, beginning with the statue of the
legendary patriot Falucho (1897) and taught sound technique to some
of the best sculptors belonging to the second all-Argentine sculptural
generation. Argentine sculpture remained for some time strongly attached to the Renaissance tradition. Rodin’s influence, noticeable in
several Argentine masters and particularly in Rogelio Yrurtia (18791950), an exceptionally well-bestowed artist, did not alter fundamentally
the naturalistic approach, which still is fostered by a host of sculptors
who take from modernism only a simplification of the modelling effects
and a very discreet stylization of the natural form. A really modera will
to form appeared only with the group of Antonio Sibellino (born 1891),
Pablo Curatella Manes (born the same year) and Alfredo Bigatti
(born 1898). These three took without effort the post-Rodinian trend,
largely inaugurated by Bourdelle, whose masterpiece, the General
Alvear monument, stands with grandeur in a square in Buenos Aires.
Curatella Manes, the author of the style dedicated to the “Doulce
France” in the great exhibition of Decorative Arts in París (1925) lived
about thirteen years in Europe before returning to his country after
the last war. He profits from suggestion of Cubist experience, which
showed the way to a very abstract and very constructive sculpture
where the balance and harmony of volumes count more than the analytical modelling or the attainment of an anatomical ideal. It cannot be
doubted that the discoveries by Brancusi, Lipschitz, Laurens, Archipenko and other European innovators served as stimuli to their Argentine
colleagues but, of course, they have had something of their own to say.
Curatella Manes was interested from the beginning in the creation of
architectural rhythms in his abstract figures and he very soon also tried
his hand at non-figurative art, an expression that he evidently prefers,
even if from time to time he agrees to revert to figurative sculpture,
which he conceives and executes with the greatest freedom. When he
modelled the total abstractions Rugby and Dance (1925), both pieces
63

�became the first Argentine examples of perforated and semi-suspended
sculpture, so very dynamic that they almost could be termed kinelic.
Alfredo Bigatti, faithful to the teaching of his master Bourdelle,
takes his essential data from reality and adheres to the classical principie
of mass sculpture. But he is not enslaved to imitation and he works out
strong organisms which show his natural inclination to monumentality,
even when he carves figures in small scale. A specialist in direct stone
carving, Bigatti has created several important monuments, for instance
those dedicated to Bartolomé Mitre (in the capital of the Province of
Buenos Aires), which was inaugurated in 1939, and to General Roca
(1941) in Choele-Choel. He has modelled expressive portraits, beautiful
figures in the round and impressive reliefs where formal nobility and
simplicity are allied to a superior sense of the narrative. For long past
years he stood under tremendous strain to carve the collossal allegorical
figures and the huge sculptural groups for the Monument to the National
Flag, in Rosario.
José Fioravanti (born 1896) worked with Bigatti in conceiving and
executing half of the said Monument to the Flag. A sensitive artist, he
is quite different from his co-worker and looks for delicacy, suavity and
plenitude of form instead of seeking strength and brevity as Bigatti does.
The latter is in love with the archaic Greek and Fioravanti holds hard
for the Hellenic Golden Age. He has won distinction with some fine
portraits and with a series of beautiful nude figures on which light plays
deliciously, but he has also made monumental groups and an equestrian
figure of Simón Bolívar which stands in a park in Buenos Aires.
A special place in Argentine sculpture is occupied by Lucio Fontana
(born 1898) who made part of his career in Italy, where he lives now.
While other Argentine moderns experimented in the field of constructive
plasticity, Fontana, a baroque by temperament, set his bearings towards
a vibrant expressionism. Naturally, in his works there is construction,
but it is not shown and stressed deliberately as in the productions of his
colleagues. And Fontana expresses himself with a real gusto for the
utmost freedom of the technical resources. A real virtuoso in modelling,
he uses strong deformation to inject dynamism into his works. He often
applies polychromy and covers his sculptures with bright colors and gold.
Antonio Sibellino, a high-class artist who has done outstanding, even
if numerically little, work, learned his trade in Argentina and travelled
afterwards twice through Europe, perfecting his knowledge without the
help of a master. He has intelligence, imagination and deep feeling and
he likes to combine strong and vital synthetic masses to re-create the
natural form. In doing so, he bestows extraordinary animation on these
masses, because he never falls into a formula and never loses contact
64

�CONTEMPORARY ARGENTINE SCULPTURE

Rogelio Yrurtia: Moses

�José Fioravanti: Monument to President Roque Saenz Peña (detail)

�Pablo Curatella Manes: Feminine Torso

�Pablo Curatella Manes: Dance

Alfredo Bigatti: The Dancer K

��Alfredo Bigatti: Wornan’s Head

�Juan Carlos Iramain: Yiew of the artist’s studio

�Gyula KoSice: Transparent Structure

�with reality and especially with the sense of the human. About 1925 he
tried non-figurative sculpture, but he soon reverted to abstract figuration because he wished to express, with the aid of the human form,
emotive contents such as can be found in his Death of the Son (1924), a
relief belonging to a series about love and marriage, or in the powerful
and vibrant figure of The Rebel (1937), for which he took his inspiration
in the Spanish Civil War. The best of Sibellino’s work is due to the
acuteness of his self-critical spirit and to the anguish derived from his
own temperamental complexity, since he has to reconcile two conflicting
aspects of his personality: the rationalism which pushes towards the
more intellectual expressions and the heartiness, the sensuality and a
kind of popular lyricism which cannot be satisfied without passionate
effusion and a taking hold of the real.
The list of Argentine sculptors is long, but the limits of this article
allow only a brief survey. Notwithstanding, it may be useful to ñame
at least the better-known artists of today whose work has not been
commented upon. They are Arturo Dresco (born 1875), Troiano Troiani
(1885), Alberto Lagos (1885), Ernesto Soto Avendaño (1886), Héctor
Rocha (1893), Juan Carlos Iramain (1900), Horacio Juárez (1901) and
Carlos de la Cárcova (1903), a refined stylist who has signed good decorative work and belongs, as Bigatti and Fioravanti, to the Academia
Nacional de Bellas Artes, Argentina’s counterpart to Great Britain’s
Royal Academy.
The younger sculptors who are distinguishing themselves nowadays
are José Alonso (born 1911), Nicasio Fernández Mar (born 1916),
Aurelio Macchi (1916), Libero Badii (1916), Wenceslao Sedlacek and
Noemí Gerstein. The last named is a highly talented sculptress who
first submitted to serious classical discipline under Bigatti and later
adopted, perhaps under the influence of Zadkine, an expressionist
language. In her work, elegance blends with vigor and an effective
distortion reinforces the essential plasticity.

73

�TRES IDEAS SOBRE LA SOLEDAD
JOSE JUAN BRUERA*
M e parece que fue Unamuno quien dijo que todo lector a conciencia
debía serlo, contemporáneamente, de dos o tres libros. La utilidad del
procedimiento aconsejado es obvia: diversifica la atención, ameniza el
esfuerzo y permite que se fijen los conceptos con mejor provecho.
Sea por haberlo puesto en práctica desde hace mucho tiempo o bien
por mera casualidad, lo cierto es que últimamente se me han juntado
tres lecturas, en otras tantas obras que, evidentemente, se hallan pre­
sididas por una común manera de enjuiciar el apasionante tema de la
soledad. Cuestión ésta—la de la soledad—tan vasta como tremenda, ha
de tener por fuerza ubicación y tratamiento en disciplinas diversas.
Vista desde cierto ángulo, resulta ser materia de estudios psicológicos o
antropológicos; la sociología puede hallar aquí un rico venero para el
examen de ciertos síntomas patológicos de la comunidad, y por fin, el
tema de la soledad, contemplado desde el plano de la experiencia filo­
sófica, se presta a fecundas exploraciones en las que lo metafísico y lo
reügioso andarán a menudo entremezclados.
No cabría—y no cabe—en un trabajo de reducida extensión como
éste, intentar una revisión a fondo de la profusa casuística a que ha
dado origen el concepto de la soledad según cómo y desde qué perspec­
tiva se lo enfoque. Sí es posible, en cambio, proyectar algunos es­
clarecimientos alrededor de asunto tan entrañable y próximo para los
hombres todos, como que peculiariza y define—ya por presencia, ya por
ausencia—una “circunstancia” colectiva de vigencia universal. Porque
lo interesante del caso es que los tres autores a quienes vamos a referirnos:
Ibsen, Martínez Estrada, Windelband, coinciden en lo que, con un
poco de licencia, llamaremos la ontología y la axiología de la soledad. Y
no amengua de ningún modo la importancia de esta unanimidad el que
provenga cada uno de aquéllos de campos teóricos tan relativamente
cercanos entre sí como pueden serlo la filosofía, la literatura, y la inter­
pretación sociológica porque, si bien se mira, el debate sobre cuestión
tal no concierne específicamente sino a estas esferas del conocimiento
humano.
* Jurista, escritor y profesor argentino. Antiguo profesor del Colegio Nacional de
Rosario (Argentina), enseña actualmente en el Colegio Libre de Estudios
Superiores de la misma ciudad. Se ha ocupado preferentemente de temas de filo­
sofía jurídica. Entre sus obras más recientes merece mencionarse el volumen titu­
lado Filosofía de la paz, que apareció en 1953. Tomamos el presente artículo de la
revista Sur (Buenos Aires, N°. 229, julio-agosto de 1954).
74

�Mas dígase también desde ahora que una abrumadora mayoría de
pensadores, en concordancia con los citados, juzga que la soledad es
“buena” y no dañosa; que corrientemente contribuye al perfecciona­
miento y decoro de la vida espiritual y, en fin, y para decirlo en pocas
palabras, que la grandeza de alma suele tener que ver, y mucho, con la
soledad que el poseedor de esta alma haya logrado constituirse más o
menos laboriosamente.
Como el lector comprenderá, los términos soledad “buena” y “da­
ñosa”, “grandeza del alma solitaria” y su virtuosidad subsiguiente, son
utilizados ahora de modo enteramente provisional y con intención de
darles más adelante la connotación adecuada; pero en estas palabras
liminares no estará de más añadir que hoy se presenta como un deber,
que corresponde a una justa militanciaen el campo de las ideas, defender
la soledad y hacer que se la mire con buenos y no torcidos ojos. Ello
toda vez que aclaremos el alcance y condiciones de la especie de soledad
a que nos referimos. La gente—y habrá que perdonar todavía la vaga
generalidad del vocablo—ha olvidado o se está olvidando de la práctica
de la soledad y la rechaza y huye de ella como del más negro y tortu­
rante mal. Puesto que el juntarse, el agruparse, está de moda (y hasta se
halla impuesto por razones de la técnica moderna), no estará de más
volver un tanto los escrutadores ojos hacia la otra cara de la moneda:
qué le pasa al hombre que está solo y qué recibe o puede recibir de una
consciente y aquerenciada soledad.
El orden cronológico en que se me presentaron las tres ideas sobre la
soledad, derivadas de otras tantas lecturas, es el siguiente:
En El enemigo del pueblo, Ibsen utiliza para clausurar la obra la
siguiente frase: “El hombre más fuerte es el que está más solo”. Para
interpretar su sentido no puede prescindirse del carácter, hasta cierto
punto autobiográfico, que particulariza a esta pieza teatral. Un año
antes de su estreno, Ibsen había llevado a escena Los espectros o Es­
pectros, como corrientemente se la denomina, extraordinaria creación
del autor noruego que fue bastante mal recibida en su país. En El
enemigo del pueblo trató de mostrar el juego de los resortes que deciden
el éxito o fracaso de ciertos proyectos, de determinados ideales, evi­
dentemente inspirado por la reacción desfavorable que había suscitado
el estreno de Espectros.
En aquella otra obra presenta el caso de un médico que descubre que
las aguas de un pequeño y muy visitado balneario pueblerino se hallan
contaminadas. Juzga que es su deber poner sobre aviso al público del
peligro que lo acecha, pero con ello se malquista con la gran cantidad
de personas interesadas en la explotación del balneario y en los pingües
beneficios que de él obtiene la parroquia. . . Llueven entonces, re­
75

�partidas sobre el médico, seducciones y amenazas ante las cuales se
mantiene firme por igual. Su valentía y franqueza lo convierten gradual­
mente en el enemigo de los habitantes de la localidad los que, en un
rapto de furor colectivo, llegan incluso hasta apedrearle su casa.
Considera Brandes que en este drama exhibe Ibsen su inclinación por
las ideas aristocráticas. “Nunca había predicado—dice—tan enérgica­
mente y con tanta fuerza que la mayoría es siempre injusta.” Y en las
palabras que resumen toda la desesperanza del médico por su fracaso
al impedir que se siga utilizando una fuente de enfermedad y de pon­
zoña, creemos adivinar un resto de amargo escepticismo proveniente
del mismo Ibsen obligado a confrontar las opiniones vertidas por algu­
nos críticos sobre Espectros. Al escribir, pues, “el hombre más fuerte
del mundo es el que está más solo”, claramente quiso referirse Ibsen a
la fortaleza del hombre que posee la verdad y que con ella ahuyenta a
la masa; porque frecuentemente la multitud iletrada prefiere ser en­
gañada a ser instruida. El engaño es fácil y dulce al oído; la verdad es
amarga, rispida y a menudo muy dolorosa.
También pudo haber querido expresar Ibsen este otro hecho indubita­
ble: el hombre corriente y moliente, el tipo común de hombre, busca
el contacto del prójimo cuando se siente desdichado o triste a fin de
que su semejante le dé consuelo. Pero para que el alivio sea de algún
modo efectivo, es menester que quien consuela sea en algún sentido
más fuerte, es decir, de carácter más templado y firme que el del cuitado.
Por eso buscamos en ese trance el calor de una personalidad vigorosa, y
difícilmente podríamos confiar nuestras penas a quien, por cualquier
motivo, consideramos más débil o inferior a nosotros. Mas surge en­
tonces la cuestión: ¿y al hombre fuerte quién lo consuela? Es evidente
que él debe buscar y hallar en sí mismo el remedio para su angustia, la
panacea para su dolor.
Yale decir que, en la concepción de Ibsen, el hombre no es fuerte
porque esté solo, sino al revés: está solo porque se sabe fuerte. La sole­
dad aparece como una virtud derivada de la reciedumbre del ánimo, de
la capacidad para enfrentar la vida sin auxilio ajeno, de la potencia y
profundidad de sus reservas interiores.
El hombre en soledad sería pues, para Ibsen, un hombre completo,
todo un hombre. Prescinde o puede prescindir de los otros seres porque
éstos no son capaces de decirle nada que él no se haya dicho antes a sí
mismo. Dentro de sí, y no fuera, es donde encuentra los hilos que lo
atan a la existencia y con los cuales se maneja.
Aunque con intención distinta, Ferrater Mora viene a coincidir en
esta interpretación de la soledad, cuando escribe: “Muchas veces me
76

�he preguntado lo que habría hecho hoy Sócrates en el horror de un
campo de concentración. Fiel a sí mismo, no se habría rebelado. Esto
es propio del que confía aún en la eficacia de la sociedad. Tampoco
habría pedido auxilio. Se habría adentrado en sí mismo lenta y serena­
mente y habría buscado en la razón—en su razón, pues no habría en­
contrado otra—la fuerza suficiente para resistir al horror que lo circun­
dara”1 (El hombre en la encrucijada).
Lo cual quiere decir, sucintamente, que en los momentos de máxima
tensión, en los instantes decisivos de la vida, el filósofo—el hombre que
es fuerte por virtud de sus pensamientos—no encuentra auxilio sino en sí
mismo. La radical soledad que lo rodea no obsta a su fortaleza sino que
es más bien signo de ella, así como el aroma denota la presencia de la
flor. Es evidente que nos hallamos solos en las situaciones culminantes
en que se decide nuestro destino. Amiel comienza una nota de su Diario
(fechada el 27 de octubre de 1856) con estas palabras: “Siempre esta­
mos solos para las cosas capitales de la vida y nuestra verdadera his­
toria casi nunca ha sido descifrada por los demás”.
Lo que suele ocurrir es que en tal coyuntura el hombre timorato y
apocado corre de aquí para allá en busca de ayuda y consej o, pero Ibsen
pudo haber querido significar que quien tiene energía para decidir por
sí, prescinde de los demás y está solo con su decisión aunque lo rodeen
miles. Su soledad es expresión de un ánimo indeclinable y vigoroso,
porque su fortaleza proviene del espíritu y no del cuerpo.
Examinando en otra dirección el pensamiento de Ibsen “El hombre
más fuerte es el que está más solo” y relacionándolo con lo que llevamos
dicho, cabría agregar que la concepción general a que el juicio alude no
se basa, en modo alguno, en una psicología del desprecio; es decir, no
hay por qué vincular el estado de soledad que el sujeto se autoimpone
con un temperamento forzosamente inclinado a menospreciar al pró­
jimo, ya ignorándolo, ya desentendiéndose de él. Bastaría citar el caso
del santo que elige un lugar apartado para sus oraciones en las cuales
está lejos de implorar sólo para sí mismo, y aun es frecuente que pida
a Dios para los demás. El religioso no puede prescindir para sus ejercicios
espirituales de un retiro apropiado que lo aísle no solamente de las
cosas circundantes, sino de los demás seres. Así el solitario puede sentirse
corrientemente más fuerte que sus congéneres, pero no es de ningún
modo ineludible que esta confianza en sus propias fuerzas se traduzca
en desapego por el resto de los mortales. Por el contrario puede darse el
caso—como en el ejemplo de la castidad—de que alguien se aísle por
amor. “Pues ¿por qué—dijo el sabio—me he venido yo a los bosques y
1 El subrayado es nuestro.
77

�a la soledad? ¿No es porque amaba demasiado a los hombres?”
(Nietzsche, Preámbulo de Zarathustra).
Más bien la mecánica de la soledad juega de un modo inverso: la re­
luctancia, la resistencia no se dirige del solitario hacia el mundo, sino
que se manifiesta (cuando el solitario es un ejemplar selecto, tanto
grande como fuerte espiritualmente) desde el mundo, desde la sociedad,
desde las gentes, hacia él. Y es en el desarrollo de esta idea, que inter­
viene mi segunda lectura sobre la soledad.
Escribe Ezequiel Martínez Estrada en Muerte y transfiguración de
Martín Fierro (T. I, pág. 38): “Cualquier excelencia despierta la hos­
tilidad que desde el centro de los seres más queridos se propaga hacia
la periferia. Todo grande hombre está solo y el movimiento de sístole que
protege al incapaz, expulsa en vigorosa diástole al bien dotado por Dios
o por la naturaleza, particularmente al benefactor”.
Con esto queda planteado un oscuro y difícil problema de psicología
de lo colectivo, concerniente a la relación individuo-sociedad. Sin el
menor deseo de formular paradojas, puede decirse que no todo hombre
por el hecho de ser solitario es grande; pero sí, en cambio, puede afir­
marse que todo grande hombre es, de preferencia, un solitario. Y es
igualmente exacto que la grandeza (cualquier “excelencia”, como dice
Martínez Estrada) despierta la hostilidad.
En los medios aun más civilizados (no los más cultos), se tiene la
impresión evidentemente errónea de que el sujeto que se aísla renuncia,
por así decirlo, al Pacto Social; y esta renuncia implicaría—según aquel
juicio—, aparte de la superioridad y el desprecio a que antes se aludió,
falta de colaboración, ausencia de solidaridad . . . Nada más falso.
Dígase en primer lugar que ningún hombre hállase radical y absoluta­
mente solo, pues como después se verá, toda soledad lo es respecto de
“los otros”, de “los demás”. Por otro lado, repárese que vive más en
comunidad el sabio, el filósofo, el pedagogo, el artista, que encerrado
entre cuatro paredes busca y encuentra los medios para hacer menos
imperfecta y dolorosa la condición humana, que la inconmensurable
multitud de personas que se juntan jueves o domingos para reunir sus
individualidades en un todo ficticio, que es más inútil, estéril y seco
que las arenas del desierto.
Y no es difícil que al paladar de los festejantes de tales juntas suba al
poco rato, o al día siguiente, el regusto del hastío. Explica Thackeray
que “. . . sin pretender invadir el terreno de los misioneros, diremos que
el ruido, la algazara, el bullicio, las carcajadas, la alegría, que en público
exhibe la feria de las vanidades, no siempre acompañan al actor en su
vida privada, a quien con mucha frecuencia acometen mortales de78

�presiones de espíritu y arrepentimientos lacerantes, a raíz de las ex­
pansiones alegres” (La feria de las vanidades).
Refiriéndose también a lo poco que hay de verdadero intercambio
espiritual en cierto tipo de reuniones, Unamuno solía poner como
ejemplo el de los jugadores de ajedrez. Enfurruñado más que abstraído
en el juego, cada participante lo ignora todo de su ocasional adversario,
como no sea la habilidad en el manejo de las piezas. “No—exclamaba
el gran escritor vasco—, no es esta sociedad la que debemos promover,
sino otra más íntima, más espiritual, más comunicativa. Es comunión,
comunión de ideas y sentimientos, no sociabilidad lo que nos hace falta”
(Contra esto y aquello).
Convengamos por otro lado que, so peligro de caer en un sermoneo de
corte calvinista, una consideración de la soledad no tiene por qué colo­
carse forzosamente en el terreno de los elogios. Lo importante es que
no la desdeñemos, pues para decir verdad es mucho más lo que puede
argumentarse en favor de ella y de sus beneficios, que en contra de ella.
En rigor habría que destacar en primerísimo lugar (aunque bien se
desprende de cuanto se ha venido explicando) que la soledad que se
predica como útil es la física, la de los cuerpos y no la de las almas.
El espíritu comunitario, la constitución del cuerpo social que es un
logro efectivo de la civilización sobre la barbarie primitiva, no padece
porque el hombre se decida a estar solo en las horas culminantes de su
vida si esta soledad es, de alguna manera, garantía de su quehacer en
favor de los demás. Bastaría recordar ¡entre tantos! el caso del descu­
bridor de la penicilina quien, según los frutos que tenemos a la vista,
no empleó muy mal sus días y sus noches de encierro y aislamiento . . .
No es ciertamente la soledad de Robinson Crusoe la que se presenta
como apetecible y aun loable (aunque Robinson hizo de aquélla una
virtud y la ennobleció de varias maneras y en muchas dimensiones): la
soledad que apareja óptima cosecha es la que nos permite, a pesar de
nuestro “retiro”, atender a la existencia de los demás y hasta nos obliga
a recordar que es en función de esos “demás” que nuestra existencia
cobra dignidad y sentido. Con razón ha dicho Julián Marías que el
hombre nunca está solo, pero en todo caso está solo únicamente aquel
ente cuyo ser reside en la convivencia o en la compañía, pues cuando
estamos solos, estamos solos “de los otros”. (V. Introducción a la Filo­
sofía). Agréguese que totalmente solos no nos sentimos nunca sino
respecto de lo inorgánico. Es suficiente que se dé algún rudimento de
vida vegetal o animal para que, en cierto modo, aquella soledad desa­
parezca. (Y. Francisco Romero, Teoría del hombre).
Pese a que la actitud del hombre que está a solas no aparece como
79

�dañosa ni como perjudicial, antes bien se manifiesta como reflejo de
una conducta de signo positivo, no obstante ello, repito, el conglomerado
social suele no mirarlo con buenos ojos. Y por aquí, y a esta altura,
tócase uno de los puntos neurálgicos del tema encarado. Si se nos ocurre
preguntar el porqué de esta verdadera desconfianza de la generalidad,
de la mayoría, por el solitario, veremos que no sin un motivo, que a
veces es razón, ha decidido aquel espíritu de cofradía ponerse en guardia
contra el individuo que vive habitualmente recoleto. Pues, en efecto,
¿qué peligro, qué suerte de mal—no discernible a primera vista—
puede derivarse de la soledad?
Es que, y aquí llegamos al cabo de un largo periplo, hay varias clases
de soledad, como varios son los caminos que conducen a ella. Puede
alguien, por ejemplo, estar solo movido por el resentimiento, o por
creerse inferior al tipo medio humano o por serlo efectivamente, y
producirle esta creencia un definido sentimiento de repudio por el
ambiente que lo circunda. Otras veces la soledad está determinada por
la timidez, por la cortedad de genio, que invalida y frustra en quien la
padece la posibilidad de convivencia. Pero también puede buscarse la
soledad por causas menos inocentes. Quien proyecta delinquir, quien
planea un acto contrario al derecho o a la moral o, en general, contra
cualquier orden constituido, opera solo o bien admite exclusivamente
la compañía de unos pocos que, en puridad, no son compañeros sino
cómplices. Y por último está solo, y volvemos con ello a lo que antes
se examinó, el hombre espiritualmente vigoroso, moralmente fuerte,
intelectualmente selecto.
Se darían así varías clases de soledades, derivadas de otros tantos
motivos que impulsan a ella, pero que en cualquier caso la sociedad no
mira nunca con simpatía. ¿Por qué?
Hagamos, en primer lugar, una distinción elemental. No es la misma,
es decir, no es de la misma naturaleza, la soledad del resentido, que la
del tímido, que la del delincuente en ciernes o convicto, que la del
genio . . . Sólo en el caso de no existir impulsos subalternos que la
determinen creo que puede hablarse correctamente de soledad. Pues el
resentido tanto como el introvertido, como el sujeto que proyecta
empresas criminosas (para no extender más esta enumeración de situa­
ciones), no están solos sino que se aíslan, lo cual es a todas luces diferente.
En el aislamiento, en el aislarse, hay siempre como una resonancia
de estados de ánimo inferiores, de ideas y pasiones bajas, algo así como
la presencia de una psicología que por algún costado es enfermiza o, al
menos, deficiente. Busca la soledad, en cambio, con propósito deliberado,
con lúcida conciencia, quien percibe en ella el medio más lícito para
80

�darse a luz a sí mismo, para elaborar sus conceptos, madurar sus juicios,
organizar sus razonamientos a través de una palingenesia que abarca
la gama entera de su personalidad intransferible.
Con esto podemos intentar una explicación bastante atinada de las
razones que mueven “a las gentes” para calificar negativamente, sin
discriminar, y en un único e inapelable fallo, al aislado y al solitario.
Y ello, justamente, por lo que antes se dijo: la sociedad desconfía, en
bloque, de quien se aparta de su seno, porque tal secesión parece obe­
decer a propósitos aviesos: dar suelta al resentimiento, al rapto criminal,
a un complejo de inferioridad . . . o bien a una personalidad exquisita
que de algún modo sobresale de la masa plural y anónima y con esto
denuncia su singular señorío.
Si pudiera adjudicarse—con alguna licencia—capacidad concreta de
expresión al cuerpo social, se vería que su inclinación hacia lo multi­
tudinario, y la fuga y el temor a la soledad, provienen de este discurso
simplista: la soledad es mala porque en ella “no hay nada” (esto es:
hay aburrimiento, abulia, nostalgia; en un palabra, ausencia y carencia
de todo bien). Y el solitario suscita desconfianza porque se esconde
para hacernos daño—lo cual puede ser exacto, como ya vimos—o se
aísla porque nos siente como seres inferiores y de bajo nivel. En cual­
quier caso—y aquí viene el sofisma de falsa generalización—la soledad
es condenable.
Sucede entonces, en el caso particular del grande hombre plantado
en su soledad (y por virtud de una dinámica de la sociedad de masas
que a esta altura debe aparecer bastante clara), que este sujeto que se
aparta es a su vez apartado; y que quien ha buscado la soledad es pronta­
mente condenado a ella.
A la línea general de nuestras reflexiones se adaptan pues con rara
precisión las palabras de Martínez Estrada quien, en el pasaje trans­
crito, dice concisamente que “todo grande hombre está solo”. Según
las explicaciones precedentes la razón de esta soledad es doble: la ex­
quisitez humana, su carácter de infrecuente flor de altura, le exigen vivir
más arriba del nivel común; pero es que, por otro lado, esta medianía
que vive “al nivel del mar” se siente incómoda ante una superioridad
clara y definida y obliga a su poseedor a exilarse y refugiarse en otros
mundos. Cuestión ya más personal, íntima y casi autobiográfica, es
aquella patética aclaración sobre que la acción de rechazo se inicia
“desde el centro de los seres más queridos” y que de allí se propaga
hacia afuera. Afirmación de tal naturaleza necesite acaso ser un tanto
morigerada. Si quienes nos rodean son seres realmente queridos—que
nos aman y a quienes amamos—sabrán sobreponerse a todas las diferen­
81

�cias y desniveles. Cualidad intrínseca y nota paradigmática del amor es
la de entregarse al ser amado sin hesitaciones, sin reticencias y sin
cálculo. Pero, naturalmente, éste es otro problema.
Lo incancelable, y también en cierto sentido, trágico, es que—-y
ahora venimos a la tercera idea—“la soledad es el destino de la gran­
deza”.
Tal juicio, que encaja formal y sustantivamente con lo que se viene
sosteniendo, proviene de Wilhelm Windelband y es expresado por el
autor alemán al comienzo de su estudio sobre Kant (Historia de la
filosofía moderna).
Es el más general de todos los juicios sobre la soledad, pero es también
el más riguroso y definitorio. Amén de lo que dice concretamente, se
transparenta en él algo de lo que le sucede a la “grandeza” de un modo
necesario; e involuntariamente lo asociamos con aquel otro giro acuñado
por Hegel: “El que está condenado por Dios a ser un filósofo . . . ” Viene
a significar, en la intención de Windelband, que el grande hombre
precisa—al menos en los extensos lapsos de creación y elaboración—
segregarse del mundo, de la charla vana, del contacto puramente
exterior de la vecindad y del agrupamiento. En su soledad, la grandeza
dialoga con la humanidad entera a través de su propio monologar, mas
imponiendo la materia y orientación del diálogo mediante una cuida­
dosa selección de cuestiones y de personajes.
Con esto queda dicho que la soledad no es egotismo, ni que el yo del
solitario ocupe siempre el centro de su interés especulativo o práctico.
Error tan grosero como difundido es creer que el solitario piensa siempre
en sí mismo o en su personal conveniencia, cuando lo más frecuente es
que su preocupación gire alrededor de aquellos demás, de aquellos otros
con los que establece continua plática. Razón sobrada le asiste a Bertrand
Russell cuando dice: “La personalidad armoniosa se proyecta hacia el
exterior . . . Nada es tan triste como encerrarse dentro de sí mismo;
nada tan exultante como dirigir la atención y energía al exterior”
(Lo conquista de la felicidad).
La grandeza mora en la soledad; pero en una soledad fructuosa, au­
sente de convencionalismos y de proximidades inocuas, poblada, en
cambio, por todas las voces que forman el gran concierto humano y
también por la suma de razones, intuiciones, voliciones y sentimientos
que constituyen toda la rica vida interior del solitario. Que estar solo
es todo lo contrario de estar aislado, lo ha visto muy bien Vicente
Fatone, cuando al adoptar como conclusión de un ensayo sobre la
soberbia estas palabras de Zubiri: “Quien se ha sentido radicalmente
solo es quien tiene la capacidad de estar realmente acompañado”,
82

�añade por su cuenta: “0, yendo aún un poco más lejos que Zubiri:
quien se ha sentido realmente solo es quien está realmente acompañado.
Porque sentirse solo es precisamente lo contrario de estar aislado”
{La existencia humana y sus filósofos).
Las virtudes que de la soledad derivan, aun siendo de orden múltiple
y diverso, no convienen sin duda a todos los hombres, sino a unos pocos
escogidos y hasta podríamos decir, predestinados. Ella permite, en
efecto, mayor neutralidad en el juicio y una mejor consideración de
los hechos y de los actos, que se observan siempre en legítima pers­
pectiva; permite, asimismo, pensar anticipadamente al obrar y no
obrar sujetos al primer impulso como cuando debemos tomar una
decisión al propio tiempo que actuamos. Permite, en fin, un limpio y
desapasionado examen de conciencia que la urgencia de la vida tu­
multuosa nos impide practicar. Alguna vez me agradaría escribir sobre
un tema que guarda estrechísima relación con el esbozado en estas
páginas y que a falta de denominación preceptiva creo que puede titu­
larse “Psicología del espectáculo compartido”. Allí habría de mostrarse—
y de demostrarse—, entre otras cosas, el carácter de infinidad de aconte­
cimientos: sucesos, ficciones, espectáculos, que apreciamos mucho mejor
solos que acompañados; y algunos otros en que sucede lo opuesto. Hasta
autores que—excepcionalmente—descreen de las virtudes de la soledad,
coinciden con este punto de vista: “Es verdad que en la soledad se
goza más del mundo y de la vida que de otra manera; ¿cómo gustar
mejor de una flor, un árbol, una nube, los animales, hasta los hombres
que pasan a lo lejos, y las mujeres? Pero ya es, asimismo, la pendiente
por la cual uno se pierde del mundo” (Drieu la Rochelle, Relato secreto,
en Sur, octubre-diciembre 1950).
Y no hay ni qué decir de la delicia del soliloquio, del estar y del
sentirse a solas luego del trauma que a menudo produce—sin que por
esto se sea un romántico trasnochado—el cotidiano encuentro con tanta
vulgaridad desatada y circulante, con tanta banalidad vestida de
pedantería como en el mundo existe. Cuando nos refugiamos en nuestro
auténtico yo volviendo la mirada hacia dentro de nosotros mismos,
luego de la vocinglería multánime y callejera, parecería que en la inti­
midad de nuestro refugio se encendiera nuevamente la luz equilibrada
y armoniosa del espíritu. Goethe ha descrito en Fausto, como nadie,
el sentido de esta experiencia:
!Ahl, cuando en nuestra reducida celda
la lámpara de nuevo amable brilla,
inunda el pecho claridad sencilla
y el corazón libérase de mal.

83

�¡La razón recupera la palabra,
florece la esperanza nuevamente
y la sed nos conduce hacia el torrente
de la vida, al eterno manantial/s

Y bien, la soledad es el destino de la grandeza. Si ello es así, estará
de más preocuparse por una terapéutica que induzca a la mayoría a
hurtarse del agrupamiento indiferenciado, de su voluntaria entrega a
las seducciones de la masifieación, para practicar el saludable ejercicio
de la soledad. Mas si en materia de costumbres y usos sociales todo
concepto ha de ser relativo (al medio, a la época, a las peculiaridades de
tradición y de raza, etc.), también lo es éste de la soledad. Visto el
actual desarrollo y el estilo de vida en que se mueve la cultura occi­
dental, no podrá pedírsele a quien de ella se beneficia que se lance a la
práctica de la soledad a la manera de esos santos orientales que se sientan
desnudos, en impávida soledad, en medio de la cellisca y de la nieve y
allí caen sumidos en meditaciones profundas que duran largo tiempo.
(V. el libro de Alejandra David-Necl, Místicos y magos del Tibet, donde
un hombre de tales características se halla fotografiado.)
Pero tampoco parece posible aceptar sin protesta (al menos: sin
reservas) la conducta de millares de seres que habiéndole cobrado un
terror sin límites al vigorizante ejercicio de estar en compañía de sí
mismo, se vuelcan en el fragor impersonal y anónimo de una aparente
entrega al prójimo. Aparente, digo, porque en esta junta de individuos
cada uno se encierra en sí mismo, aunque abunde en frases, gestos y
actitudes, y ni el menor asomo de interioridad parece posible—y mucho
menos oportuno—en esa circunstancia. Me refiero, desde luego, al tipo
de reunión social, tanto como al agrupamiento multitudinario provo­
cado por el gran acontecimiento deportivo o por el así llamado meeting
político. En tales juntas numerosas (y aun en las que no lo son tanto,
pero cojean del mismo pie como el “té de los jueves” o “la cena de los
sábados”), es difícil encontrar ni la más diminuta expresión de solidari­
dad comunitaria, y no se hable ya de logros culturales. En sentido
coincidente, no puedo menos que citar aquí el penetrante artículo de
Dwight Macdonald, “Cultura de masas” (Diógenes, no. 3), donde dice:
“Existen razones teóricas por las cuales la cultura de masas no es ni
será jamás buena. Considero axiomático que una cultura sólo puede
ser producida por y para seres humanos. Pero en tanto el pueblo esté
organizado (o, más estrictamente, desorganizado) como masa, habrá
de perder su identidad y su cualidad humanas. Pues las masas son en
el tiempo histórico lo que las muchedumbres en un espacio: una gran
cantidad de gentes incapaces de expresarse por sí mismas como seres
2Traducción de A. Bunge.

84

�humanos, por cuanto no están vinculadas entre sí como individuos ni
como miembros de una comunidad . . . ” Precisando un tanto los con­
ceptos, señálese que no podría decirse que los miembros de un congreso,
un ateneo, una academia, formen una multitud por numerosos que sean,
así como no podría tampoco afirmarse que una multitud en marcha
vivando una consigna política o gritando en favor de un héroe del de­
porte constituya una reunión de personas.
Si fuese entonces posible—con posibilidad auténtica y no puramente
fantasiosa y declamatoria, y sin caer tampoco en el horror del sermón
calvinista—aconsejar a quienes por comodidad se llama aquí “las
gentes”, habría que atreverse a recomendarles una revisión de su con­
ducta, en cuanto es impertérrita vocación de contertulios de la colmena,
y un pausado regreso a la fuente interior, a los claros manantiales en
que nace cuanto se es y cuanto significa cada uno como persona. La
actitud a seguirse podría ser razonablemente ecléctica: ni derviche
sentado en medio de la nieve, ni consuetudinario átomo-espectador del
partido de fútbol o de la manifestación vociferante.
En razón del grado de desarrollo económico y técnico alcanzado, una
indicación de la naturaleza de la anterior seguramente será desoída, y
hasta podría reportar, a quien la propusiera, la desconcertante cosecha
de la burla. Pero el hombre que de veras quiera salvarse, tendrá que
optar por la soledad, por “esa” soledad que hemos descrito y, de in­
mediato, pagar por ello-, pues si no fuera excesiva petulancia pienso que
podría introducirse una leve variante en el juicio de Windelband y
expresarlo así: la soledad es el precio de la grandeza.

85

�HE WAS THERE BEFORE CORONADO
JOSEPH WOOD KRUTCH*
A ccording to an ancient and anonym ous jocosity, the bravest m an
w ho ever lived w as th e first w ho ever ate an oyster— alive.

A more sober judgment might want to make a case for that equally
forgotten hero of paleolithic times who first domesticated fire. It must
have been one of the first of his achievments in home-making, but no
wolf destined to turn into a dog and no buffalo destined to become a
cow can possibly have seemed one-tenth so dangerous as devouring
fíame. Early man, like every other animal, must have long been accustomed to flee from it in abject terror. We shall never know what
Prometheus first dared snatch a bit from some forest fire or some erupting volcano. But when he put it down in the middle of the domestic
circle he must have said, “This I can tame and use.”
Long before even his day, courage of some sort had been a characteristic of living things, and even the tamer of fire was not the first hero.
Perhaps the first and greatest of all was whatever little blob of jelly—
not yet either plant or animal but a little of both—first consented to
take on the responsibility of being alive at all. And surely the second
greatest was that plant or animal which first dared leave the water in
which, ever since the very dawn of creation, every other organism had
been born and died. Men are talking now about journeys to the moon
or to Mars, but neither is more unsuited to human life than the bare
earth was to the first creatures who risked it.
For millions of years, only the submerged areas of the earth had been
habitable. It was in water that the first hypothetical one-celled creatures, too insubstantial to leave fossil remains, must have been generated. None ventured out of it during millions of years while stony
skeletons were evolved and became the earliest sure evidence of life in
some of the oldest rocks. In water stayed also all the worm-like, squidlike, shrimp-like creatures who represented, in their day, the highest
development of life.
* Formerly the Brander Matthews Professor of Dramatic Literature at Columbia
University, Mr. Krutch has in recent years devoted himself entirely to writing,
winning the 1954 National Book Award for non-fiction with his philosophical work
The Measure of Man. The present article first appeared in The American Scholar
for Winter 1954 and is to be included in Mr. Krutch’s fortheoming book The Voice
of the Desert. It is reproduced with the special permission of the author and of his
publishers, William Sloane Associates.
86

�Meanwhile, during the major part of the earth’s history—during
considerably more than half the time sinee life began—all dry land was
desert to a degree almost inconceivable, without soil of any kind, as
bare as the moon, and subject to no changes except those produced by
geological forces. Volcanoes flowed and mountains heaved. Rain falling
on an earth without any protecting plant cover washed cruel gullies as
remorselessly as they are cut in the most unqualified badlands of today.
Had any creature of that time been capable of thought, life in any
médium other than water would have seemed as fantastic to it as life
without an atmosphere seems to us.
Then at some time—geologists say it was probably something like
three hundred million years ago—the first living thing dared to expose
itself temporarily to the deadly air. If it was an animal, as some think
most probable, then it must have rushed back (or perhaps ducked
back) before the gills through which it breathed could dry out. It could
hardly have done much more during many thousands of years after the
first bold venture, because it could not actually live beyond easy reach
of water until its whole anatomy and physiology had undergone funda­
mental changes. But patience is a quality which the universe seems
never to have lacked until man carne along, and it was the animal
which broke most rashly with all previous tradition that presently became the most highly developed and the most competent, as well as the
least patient.
So far as I am concerned, I see no reason to apologize for calling that
animal a “hero” or for referring to his “courage.” Such terms can have
no real meaning except in connection with something which is alive, and
when we talk about “the suffering earth” or the “nobility” of a mountain
range, we are merely using a figure of speech. But it is hard to say just
where meaning begins or to decide just which animal, or even which
plant, is still too simple to be capable of something analogous to daring
and courage. If these virtues are real in man, then they are real in him
because they began to be so as soon as there was anything in the uni­
verse which could defy law and habit by risking something which had
never been done before.
Few of us are so committed to a merely mechanical behaviorism that
we would refuse to cali “brave” and “adventurous” the first human
pioneers who carne to live in the American West. So, in their own way,
were the plants and animáis who had preceded them there. And so, a
fortiori, were those far back in time who first dared learn how to adapt
themselves to that desert which all dry land then was. If daring to do
what our intelligence recognizes as dangerous constitutes “courage,”
87

�then the animal who similarly rejects the imperatives of its instinct is
exhibiting a virtue at least analogous; and so, in some still dimmer
fashion, was the simplest creature, animal or even vegetable, which refused to obey its long-established reflexes. The whole course of evolution is directed by just such courageous acts. It must have its countless,
unremembered heroes who created diversity by daring to do what no
member of their species had ever done before.
Most scientists, I am well aware, would object strenuously to any
such line of reasoning. But then many scientists are firmly convinced
that in man himself there is also no such thing as either daring or courage
as distinguished from a reflex, congenital or conditioned. And perhaps
that conclusión is inevitable if one begins by denying their reality to all
creatures “lower” than man. If every other animal is a machine, then
why shouldn’t human beings be machines also? Henee, if to speak of
the “courage” of some very lowly creature is to indulge in exaggeration,
it is at least an exaggeration opposite and corrective to a more usual one.
Is it possible, one may ask, to guess at the identity of the first great
pioneer and radical who carne to dry land? Or is it, like the song the
sirens sang, “beyond all conjecture”? Does he have a ñame? By saying,
“But for you and your enterprise I might still be a fish—at least your
ancestors provided the food for my ancestors when they carne to land,”
can we give him honor?
Well, if the paleontologists are right—and their evidence seems pretty
good—we can answer these questions. As a matter of fact, I met only
the day before yesterday one of the almost unchanged relatives of our
first air-breathing ancestors, and he did not seem especially proud. He
crawled on eight legs out from under a board in my storeroom, and I
confess that, though I do not do such things lightly, I put my foot
upon him. Before he was crushed into nothing, he was about two inches
long and palé straw in color. He carried two pincers before him, and
over his back he carried a long tail with a sting at its end. He was, in
short, one of the least popular of desert dwellers, a scorpion.
Finding out about one’s ancestors, especially correlative ones, is
often a risky business, and perhaps most people would rather not know
how much all of us are indebted to this rather unattractive creature.
But so far as geologists can tell from the fossils they study and date,
the first animal actually capable of breathing air was not only a member
of the scorpion kind but amazingly like the one we step on when we
find him.
To even the most uninstructed eye, a scorpion fossilized during the
Silurian or Devonian epoch—say, something like three hundred million
88

�years ago—is unmistakably a scorpion. If one of them were to come to
life again and crawl out of his stone sarcophagus into your desert patio,
you would not be particularly surprised by his appearance, unless you
happened to be a biologist specially devoted to the study of that group
of animáis called arachnids to which the scorpion belongs. There are
several species now common hereabout—some, like the victim of my
brutality, only two inches long and some several times that length. A
three-hundred-million-year-old specimen would look, to the casual eye,
like merely a sort one had not happened to see before and not much
more different from the familiar kinds than they are from one another.
In the highly improbable event that a living dinosaur should be found
in some African or South American hiding place, it would create quite
a stir in even the popular press, and any big game hunter would count
it a high distinction to shoot one. Yet any one who happens to live in
one of the many parts of the earth where scorpions abound can have
the privilege of stepping upon a creature who has been going about his
business (such as it is) far longer than any dinosaur went about dinosaur
business. As a matter of fact, scorpions put in their appearance more
years before the first dinosaur than have slipped away since the last
known dinosaur decided that he and his kind had had their day.
The horseshoe crab and the gingko tree are sometimes called “living
fossils,” and the epithet has more recently been applied to that strange
fish known as Latimeria, which was taken not many years ago off the
coast of Australia, despite the fact that it, as well as all its immediate
relatives, was supposed to have become extinct a very long time ago.
Yet no sort of fish is much older than the scorpion, and the horseshoe
crab is not as nearly like any very ancient form as the scorpion in my
storeroom is like his Silurian ancestor. He may not be much to look at,
but the least we can do is to regard him in the spirit of the naturalist
Sutherland when he contemplated the living members of a tribe somewhat less ancient than the scorpions: “If the test of nobility is antiquity
of family, then the cockroach that hides behind the kitchen sink is the
true aristocrat. He does not date back merely to the three brothers who
carne over in 1640 or to William the Conqueror. Wherever there have
been great epoch-making movements of people he has been with them
heart and soul. . . . Since ever a ship turned a foamy furrow in the sea
he has been a passenger, not a paying one certainly but still a passenger. But man himself is but a creature of the last twenty minutes or
so compared with the cockroach, for, from its crevice by the kitchen
sink, it can point its antennae to the coal in the hod and say: ‘When
that was being made my family was already well established.’ ”
Scorpions have never been as closely associated with man as the cock89

�roach, but they may not consider that anything to be ashamed of, and
on the score of antiquity they have a right to snub the cockroaches as
upstarts, at least relatively speaking.
It may seem odd that they have hung on so long while changing so
little. It may seem even odder that they should be found in deserts
despite the fact that they are so similar to the scorpions which had
recently left the water. But they do not insist upon dryness, and some
species will even tolérate a certain amount of coid. Though there are
none in New England or in the Great Lakes región, they do occur in the
Alps and, on our continent, as far north as Southern Cañada. On the
whole, however, they prefer warm climates, and they have been in the
Southwest for a long, long time. Tracks almost precisely like those made
by a living species have been found in the Coconino sandstone, which
was laid down in Permian times, or not more than a million or a million
and a half years after scorpions took the first drastic step out of the
water.
Most people today underestimate the intelligence and awareness of
most creatures other than man because recent official Science has often
encouraged them to do so. But the scorpion is probably even dumber
than he looks. At first sight you would have no reason to suppose that
his senses were much less keen or his awareness much less dim than
those of any common insect, but they are. By comparison, even a
beetle, to say nothing of a bee, an ant or a fly, is a miracle of alertness
and competence. The life which I extinguished when I stepped on my
specimen was about as dim as we can imagine life to be. The scorpion’s
brain stopped growing about the time he left the water, and braininess
had not got very far by then.
Neither his habits ñor his character are very engaging even as such
things go. The young—miniature replicas of their parents—are born
alive, and, like the young of the wolf spider, they clamber about on
their mother’s back until they are oíd enough to take care of themselves. But maternal solicitude is probably a rather large term to use
in connection with this mother’s tolerance, and at least until mating
time comes around, scorpions do not seem to do anything very interesting. They skulk under bits of wood or stone, and they sometimes choose
to hide in shoes incautiously left in their neighborhood. I have never
seen a scorpion outside captivity do anything more interesting than
nibble rather languidly at the body of a moth which had come to my
light.
In fact, watching them closely, even in captivity, does not provide
90

�much excitement most of the time. If two or three are kept together,
one sometimes absent-mindedly eats a companion, but this cannibalism
—which is usual—is probably nothing very delibérate. The poor things
not only have a very rudimentary brain but also eyesight probably not
keen enough to do more than distinguish the dark corners where they
hide from the bright light they avoid, and it is too dim even to make
them aware of movement. Probably they do not actually perceive anything they do not touch.
As one observer has put it, if you see two together, then either they
are making love or one of them is being eaten. Even anatomically the
most interesting things about scorpions is their curious way of breathing. Insects have, of course, no lungs. They have merely ramifying
tubes open to the outside which permit the penetration of air into the
body cavity. But scorpions, being even older than the insect tribe, have
what are called book lungs—curious purse-like organs which no insect
possesses, though spiders, more nearly related to scorpions than to in­
sects, often have both the insect’s tubes or tracheae and the scorpion’s
book lungs. No doubt book lungs—which are a sort of air-breathing
gills—were invented cióse to the water’s edge.
So far as I know, no detailed account of the mating habits of the
Arizona species has ever been published, but, in a creature which varíes
so little, they are probably the same as those described in Henri Fabre’s
classic account of those which live in Provence and also, more recently,
as the result of some observations made in the Philippines. Male and
female stand face to face with their tails raised and their stings touching. The male takes his partner by the claw and then backs away, leading her with him. This holding of hands in a sort of dance may last for
more than an hour, after which the couple disappears under a stone or
into some other recess, the male walking backward as he conducts his
partner. This sounds almost romantic, and it probably does involve a
sort of courtship. But the holding of hands is probably necessary, because creatures which are deaf and almost blind can’t afford to lose one
another once happy accident has brought them together. And though
human lovers have been known on occasion to cali one another “good
enough to eat,” we are likely to be shocked when the female scorpion
takes this extravagant metaphor literally—as she frequently does.
Even the scorpion’s venom is said to be of some very ancient kind
quite different from that of the serpent. And for once, a creature commonly regarded as dangerous really is, to some slight extent. The largest
kind are relatively innocuous and capable of giving, as I have been informed by a friend who knows from direct experience, nothing worse
91

�than a wasp sting. But two Arizona species, neither more than about
two inches long, can be deadly to small children and may give even an
adult several painful days in bed. Records kept at the Arizona State
College over a period of nineteen years ending in 1948 charge them with
causing sixty-four fatalities during that time—or more than four times
as many as rattlesnakes can be blamed for. Naturalists get rather tired
of insisting that few animáis are dangerous at all and very few indeed
anything like so dangerous as we like to imagine them, and it is almost
a relief for them to be able to say: Scorpions really do sting, some
species really are deadly to small children, and even adults really should
beware of them.
Even so, we tend to exaggerate the danger, both because we always
do and perhaps also, in the case of the scorpion, because there is something which we recognize as terrifyingly strange in many of the very
primitive creatures. Even the so-called deadly sort are deadly only to
the very young or the very feeble, and I myself have seen an adult who
had been stung by one go back to his work after keeping his finger in
ice water for an hour. By comparison with the automobile, for example,
they have very little effect upon the life expectancy of any inhabitant
of the desert country, even though a human being is more likely to be
killed by a scorpion than by a rattlesnake. No doubt men have been
killing them on sight at least since the earliest Stone Age. But they must
also have been impressed by them, for Scorpio was put among the
zodiacal constellations a very long time ago. And it is appropriate that
this constellation, rather inconspicuous in the north, becomes very
prominent in the summer sky above the desert.
So much, then, for this creature which, only a few pages back, I
insisted upon endowing with “daring” and with “courage” when it
first ventured upon the land some three hundred millions of years ago.
Judged even by the acuteness of its senses, much less by its intelligence,
it belongs very low indeed in the hierarchy of life. What a long, long
way it was from, say, the scorpion’s eye—almost too primitive to deserve
the ñame—to the eye of even so primitive an insect as the praying mantis.
Yet the fact remains that between the scorpion and man himself the
distance is not nearly so great as it is between the scorpion and anything
which does not live at all. The difference between seeing, no matter how
dimly, and not seeing at all is greater than the difference between the
scorpion’s visión and ours. It is easier to imagine how, given time
enough, a scorpion could become a man than it is to imagine how sea
water and mineral substances could have become a scorpion. Primitive
as his eye is, it is indubitably an eye. Its owner can see with it, however
92

�dimly. And sight in itself is a process beyond comprehension. It involves
awareness of some sort. Perhaps the difference between the scorpion’s
courage and what is possible for us is no greater than that between his
eyesight and ours. And who would refuse to use the word “seeing” to
describe what even a scorpion can do? Why should we not assume that
his courage and ours are no less essentially, though remotely, the same?
Even granting all this, it is, however, still possible to wonder why this
once so adventurous creature became so soon a very paragon of conservatism. As the first air-breather he may very well have been the remóte
ancestor of all the insects who were to proceed from originality to originality until they became capable of achievements which even man cannot wholly grasp. But this prototype of the insect himself continúes to
crawl upon the desert and to poison human beings with his ancient
venom, millions of years after almost all the other creatures which were
even his near contemporaries gave up their effort to survive in their
original forms. Like the horseshoe crab and the gingko tree, he should
have become extinct eons ago. But he has changed even less than they
have and has become one of the most striking examples not of evolution,
but of a refusal to evolve. Some of the irrational distaste and fear which
the sight of him inspires in most people may be the result of their dim
half-realization that he comes down from a past too remóte not to suggest unimaginable horrors. He is a living reminder of “the dark backward and abysm of time,” and like the earliest myths of the human race
he suggests the monstrous beginnings of instinct and mind and emotion.
He is altogether too much like some bad dream, and we do not like to
be reminded of it.
As to the mystery of why he is still here, we shall have to be contení
to put him down as a left-over without knowing precisely how he managed to achieve that humble status. A long time ago he wandered into
the desert pretty much what he is now and found that he could survive
there, no doubt partly because his demands are modest and he can
satisfy them without exposing himself very much. He eats insects, which
are plentiful, and he can do without water as well as without food for
long periods. Like the members of certain very oíd human families, he
has little to be proud of except the achievements of his remóte ancestors;
and if he were capable of pride, he might, like them, grow prouder just
in proportion as he comes to be more and more remóte from them in time.
Like such people, he also makes us wonder what became of the virtue
that once was in his race. Did the scorpion use up all the daring of his
tribe in his one great exploit all those millions of years ago? Perhaps he
93

�squandered it all at once like the wits at the Mermaid Tavern, each of
whom
Had meant to put his whole wit in a jest,
And had resolv’d to live a fool, the rest
Of his dull life. . . .

It is a pleasant fancy. But one had better not put it into words when
there are any paleontologists about. And though we honor the scorpion
for his early achievement, we have to admit that he doesn’t seem to have
done much to be proud of in recent years.

94

�EL REPENTINISIMO
EN EL RIOPLATENSE
ARTURO SERGIO VISCA*
Antes piensa y luego habla;
y después de haber hablado,
vuelve a pensar lo que has dicho,
y verás si es bueno o malo.
Augusto F errán .

en un café cualquiera, escuchamos a alguien que imprevista­
mente emite la opinión más imprevisible; cuando, en la oficina respec­
tiva, alguien va a patentar un invento de imposible ejecución; cuando,
en 1954, alguien descubre inopinadamente (y lo que sigue tiene carácter
histórico) que Lucrecio o Quevedo son grandes poetas, o manifiesta,
de golpe y con plena irresponsabilidad, que el Dante es un turista de
tres mundos que nos fatiga contándonos, en rítmicos tercetos, sus re­
cuerdos de viajero, podemos afirmar, sin mayor reflexión, que nos
hallamos en presencia de manifestaciones varias de una enfermedad,
de orden espiritual, que denomino repentinismo. Esta enfermedad se
manifiesta como una singular manera de funcionamiento de la afectivi­
dad y de la inteligencia y en su conjunto configura una actitud vital
que, desde hace mucho, se llama compadrismo. Actitud vital que si
bien ha tenido su paradigmático representante en el hombre del subur­
bio, sin embargo, como la fiebre, salta donde menos se piensa, y tiñe con
colores desvaídos a veces pero no por eso menos visibles, gran parte
de nuestra vida nacional. Esta nota se propone caracterizar ese mal,
y, en lo posible, establecer su etiología.
Pero, ¿qué es el repentinismo? Para saberlo conviene previamente
inquirir sus causas, que, a mi juicio, son la singular situación en que
está ubicado el rioplatense ante los valores culturales y el sesgo carac­
terístico que el individualismo de la raza latina toma en él, como con­
secuencia de aquella ubicación. Dejemos sentado aquí, para evitar malas
inteligencias, que ésta, como toda afirmación que se refiera a un ser
colectivo, no tiene más que un valor promedial, que no abarca al todo
en cada uno de sus integrantes sino a la generalidad. Pero admitidas
C ua n d o ,

* Joven escritor uruguayo. Nació en Montevideo en 1917. En el presente ensayo,
como en otros suyos anteriores, procura discernir los rasgos diferenciales carac­
terísticos de la psicología rioplatense. Este trabajo fue publicado en la revista
Asir (Montevideo, N°. 35, julio de 1954), de donde lo reproducimos con especial
autorización del autor.
95

�las naturales excepciones y advertidos del peligro de una generaliza­
ción excesiva, es posible plantear, sin temor y con sinceridad, la situación
aludida. Enfrentar nuestros problemas, y atender a ellos con ojos vera­
ces, es la mejor manera de empezar a resolverlos.
Debemos admitir, en primer término, que por destino histórico vivi­
mos, y estamos obligados a vivir, revestidos de formas vitales y cul­
turales que no son peculio nuestro intransferible ni creaciones naturales
de nuestra propia vida en su prístina espontaneidad. La trayectoria
natural que debió iniciarse en el aborigen y continuarse en el gaucho
sufrió una solución de continuidad. Del gaucho y del aborigen—a pesar
de la mentada sangre charrúa de la cual seguramente nadie tiene ni una
gota—sólo pueden quedarnos esos rasgos, como nacidos de la noche de
los tiempos, que, quién sabe por qué extraño atavismo, saltan viboreando,
de pronto, bajo nuestro indumento de hombres occidentales. Quebrada
esta primera línea de tradición o herencia vital, debimos crecer en la
que el conquistador nos impuso. Si esto fue una desdicha o una suerte
para América, puede discutirse, pero lo cierto es que perdimos hasta el
idioma. Y es bien sabido que el idioma, esa maravillosa creación mediante
la cual es posible hacer externo lo interior del alma, así como esa otra
maravillosa creación del hombre, el pudor, ha convertido en íntimo lo
exterior del cuerpo, constituye uno de los sostenes sustanciales de la
continuidad de toda tradición colectiva, cosa que no ignoraban, por
cierto, los que propugnaron la vuelta al guaraní como forma de habla
americana. Así, pues, nuestra verdadera tradición es, en sus líneas más
generales, la gran tradición de Occidente, que impuso, de la cabeza a
los pies de América, la conquista española. Pero nuestra calidad de
pueblos jóvenes ha imposibilitado hasta ahora que las formas hondas
de esa tradición arraiguen profundamente entre nosotros amoldándose
plásticamente a las nuevas circunstancias que constituyen el nuevo
ambiente vital. No somos los patricios—herederos directos—de esa
gran tradición. Somos los proletarios de ella. No luchamos impune­
mente con la distancia geográfica que nos separa de los centros originales
de esa tradición, de los lugares en que han cristalizado materialmente
sus productos seculares. Al cruzar el Atlántico esa línea de tradición
se ha quebrado, y debemos retomarla con esfuerzo. Y este esfuerzo no
es el que debe realizar el europeo culto que, según T. S. Eliot, no hereda
la tradición sino que debe conquistarla en ardua lucha. Porque el es­
fuerzo del europeo culto consistirá en religarse vitalmente cada vez
más a su tradición, adquiriendo más lúcido sentimiento de sus relacio­
nes con ella, pero se inicia ya naturalmente instalado dentro de ella.
Nuestro esfuerzo es mucho más ingente: desde nuestra intemperie
cultural, desde “el afuera” de una tradición que no nos es ingénita ni
96

�connatural, debemos empezar por instalarnos dentro de ella, para asi­
milarnos luego a ella vitalmente. Y debemos hacerlo reconquistando,
además, nuestra originalidad. Porque no podemos admitir, (sería exceso
de resignación) que la originalidad del hombre rioplatense radique en el
fervor popular por el fútbol, ni en el sentimiento, en general interiori­
zante, que expresa el tango, ni en los alardes arrabaleros y compadres,
ni en el uso del gacho a lo Gardel o del pañuelo blanco de seda, ni del
taco militar y pantalón bombilla, ni, en fin, en tantos otros subproductos
ante los cuales suelen pasmarse los tontos. Podrán ser todas éstas, cosas
muy rioplatenses, pero son, al mismo tiempo, muy dignas de ser com­
batidas. Tampoco podemos resignarnos a admitir que nuestra originali­
dad quede agotada en aquellas pocas cosas puras que aún podemos
rastrear en el sentimiento manifestado en una vidalita, por ejemplo,
o en algún otro aire auténticamente campesino, ni en aquellos pocos
usos, costumbres, sentimientos e ideas en los que, con igual pureza,
aflora algo de nuestra prístina originalidad. Esto, en cantidad y calidad,
es todavía muy poco. Como ya quedó dicho debemos reconquistar
nuestra originalidad, en cierto modo crearla. Y esta tarea consistirá en
la creación de nuevas formas de vida y de cultura, nacidas de nuestra
propia realidad, vinculadas con nuestros casi perdidos orígenes nativos
(en lo que éstos tengan de auténtico y profundo, no en lo externo e
indumentario) pero coordenadas a la gran tradición occidental, a la cual
deben ingresar las nuevas concreciones vitales que nuestra propia vida—
la más auténtica: la que nace del quehacer cotidiano y en él se expresa—
ha creado ya en el pasado y va creando día a día. En esto consistirá
nuestra verdadera originalidad, pero hasta ahora sólo muy parcialmente
lo hemos logrado. Sólo hemos construido, en general y en cuanto realidad
colectiva, una mimesis de las formas vitales y culturales de esa tradición
y vivimos un remedo superficial de sus auténticas concreciones en los
usos, costumbres, hábitos mentales y efectivos, en la expresión literaria,
artística y filosófica. No podemos ni siquiera llamarnos europeos radica­
dos en América, porque para serlo nos faltan muchas cosas, y para ser
absolutamente americanos nos sobran. Nada más aleccionador para
hacer evidente esta mimesis, que recordar ciertas actitudes, frecuentes
por el novecientos, que postulaban un dandysmo mal avenido con nuestra
índole más profunda y un satanismo de importación francesa, que
tuvieron su ejemplar representante en Roberto de las Carreras, y
escandalizaron al aldeano Montevideo de la época. No tenemos ya,
quizás lo hubo en algún momento, un estilo propio de vida, ni en lo
material ni en lo espiritual. Nuestro carácter general es el amorfismo, es
decir: la carencia de formas definidas. Carencia que se expresa entre
nosotros por una monstruosa mezcla de formas dispares que no han
97

�logrado armonizarse. (Mal agravado en nuestros días por la aparición,
en ciertos sectores, de un falso estilo deportivo de vida, de filiación
norteamericana, y por una malsana ansiedad de lo espectacular, de
idéntica filiación). Poseedores, por simple importación, de riquezas
espirituales que no hemos contribuido a crear, no sabemos hacer uso de
ellas ni penetrar en su intimidad. Estamos, en realidad, desubicados
frente a los valores culturales. Por eso es tan frecuente entre nosotros
ver aparecer al bárbaro bajo las apariencias del hombre civilizado, y
por eso no poseemos ni la espiritualidad del primitivo, hecha de inocen­
cia, ni la del cultivado, hecha del dramático esfuerzo por superar, con­
servándola, esa inocencia. La consecuencia más inmediata, y fatal, de
todo esto, es que cada vez sabemos menos quiénes somos, qué queremos,
a dónde vamos, y cada vez nos forzamos menos por saberlo.
Pues bien: de este no saber quiénes somos, qué queremos, a dónde
vamos, nace, a mi juicio, ese sesgo característico que, como he dicho,
toma en el rioplatense el individualismo del hombre de raza latina y en
el que radica el origen del repentinismo. El individualismo es un áspero
anhelo de plenitud de sí mismo. Quien quiere realizarse en su total esen­
cia humana, viva, aspira en cada instante alcanzar la plenitud de su
yo más hondo. Pero esta plenitud, para que tenga signo positivo, sólo
es posible lograrla haciéndonos profundamente con la plenitud del
mundo que nos rodea. La plenitud del yo sólo se adquiere por el contacto
activo, por el diálogo sincero, con el no-yo. (Para lo cual se requiere,
paradójicamente, una cierta abdicación de sí mismo). Por eso este anhelo
de plenitud sólo puede realizarse por un acto esencialmente generoso:
comprender el mundo, los seres y las cosas, que nos rodean, para apre­
henderlas, pero dejándolos intactos en su íntima esencia. El individua­
lismo, pues, no implica una oposición con respecto al contorno vital en
que se está inmerso, sino una fuerte diferenciación que incluye en sí los
rasgos de ese contorno. Por eso para ser “él mismo” cada ser tiene que
conocer las facciones esenciales de su ámbito vital. Que ese conocimiento
sea intelectual o emotivo, tanto da. Pero es necesario poseerlo. Y este
conocimiento no lo posee el rioplatense. Cuando vuelve la mirada a su
alrededor, tropieza con ese amorfismo a que me he referido; cuando busca
un mundo espiritual en que apoyarse, se encuentra con que lo tiene ante
sí, pero tan lejano, que sólo instalarse en él significa ya un gran esfuerzo;
cuando se pregunta qué es ser rioplatense, percibe que no lo sabe. A
menos que se conforme con una mera definición geográfica, o crea que
ser rioplatense consiste en mimetizar alguna de esas caricaturas que ha
popularizado cierta literatura vernácula: el compadrito orillero, el
gaucho noble y taciturno, o vivaz y dicharachero, etc. En esta situación
98

�el anhelo de querer ser “él mismo” significa para el rioplatense bucear en
busca de un yo desasido de todo, de un yo que se asienta, casi, sólo
en sí mismo. El individualismo del rioplatense, como todo individualismo,
quiere ser una afirmación de sí mismo, pero empieza por ser una búsqueda
angustiada de su propio ser y termina por convertirse en un simple
afán de singularizarse, oponiéndose antagónicamente a su contorno vital.
Su individualismo es una rebelión sin porqués y tiene un carácter nega­
tivo. Su individualismo suele hacerlo un desarraigado que se jacta
secreta o públicamente de ello y configura una mera rebelión o contra
molinos de viento que toma por gigantes o contra gigantes verdaderos
ante los cuales se rebela sin razón o sin tener conciencia clara del porqué.
Por eso los gestos—de espíritu—con que este individualismo se expresa
son los de quien se siente ahogar y busca donde asirse o los gestos airados
del resentido.
Estamos ahora en condiciones de comprender, o expresar, más cabal­
mente lo que es el repentinismo. El repentinismo es un disparo del singu­
lar individualismo rioplatense. Yo diría que es la forma expresa y cons­
ciente en que se manifiesta el fracaso del inconsciente anhelo de afirma­
ción del yo. Es, en definitiva, el culatazo que ese fracaso produce. En el
repentinista, de hecho, existe ese anhelo de plenitud a que he aludido.
Pero esa plenitud, como queda dicho también, sólo se logra por la religa­
ción con el ambiente que lo rodea y de cuyos jugos vitales debe nutrirse.
Y aquí choca con el amorfismo de ese ambiente, con la ausencia de una
tradición arraigada. Extranjero en su propio mundo, se hace náufrago
de sí mismo. Para salvarse es necesario asirse de algo. Y para esto existen
dos posibilidades. O bien, con infinita paciencia se van creando, con un
esfuerzo pausado y constante, esas formas de vida y cultura originales
y auténticas, que deben nacer de la armónica alianza de nuestra realidad
propia y de la tradición de Occidente, o bien, en un acto desesperado,
se inventa un mundo artificial, improvisado y sin raíces, en el cual alo­
jarse. El repentinista escoge, inconscientemente, la segunda posibilidad.
Por impaciencia es incapaz de colaborar en esa gran tarea, que colectiva­
mente debiéramos imponernos todos, de crear nuestra originalidad. O,
lo que es lo mismo, de buscar nuestra verdad. De ahí esas súbitas opi­
niones sin consistencia, disparadas como proyectiles, acerca de cualquier
cosa, que ni siquiera expresan una convicción profunda de quien las
emite y que son características del repentinista. De ahí que el mismo
adopte estilos de vida que no le son propios, y que los cambie con la
misma facilidad que los adoptó. De ahí la necesidad de acudir en masa
a espectáculos que no le interesan. De ahí la invención de vocaciones sin
la capacidad de dar la vida para su cumplimiento y de ahí el dedicarse
99

�a actividades sin saber realmente por qué. Es que el repentinista está
improvisando ése su falso mundo del que necesita nutrirse, ya que le
falta el auténtico en el cual apoyarse, y es impotente para crearlo.
Y es en la creación de este mundo artificial que interviene aquella
singular manera del funcionamiento de la inteligencia y de la afectivi­
dad que he dicho. Para el repentinista la inteügencia no es un instru­
mento de aprehensión del mundo, ha perdido en él su poder relacio­
nante, no le sirve para entablar un diálogo activo con los seres y las
cosas. “Nadie tiene ideas”,—afirma, en El tostadero de don Patricio
de José Bergantín, el personaje que le da título—“las ideas no se tienen,
las ideas nos tienen, y sostienen quiméricamente con sus alas”. Pero el
repentinista es impotente para ser tenido, o poseído, por las ideas. Para
ello se requiere fe en la existencia real de las ideas, en su corporeidad,
y convicción de que el mundo real está impregnado de Nous anaxagórico. Y el repentinista carece de esa convicción y de esa fe. En el re­
pentinista la inteligencia no funciona tampoco como instrumento para
hallar una verdad—ni siquiera de una verdad privativa del repentinista.
La verdad no le interesa, pues no le es necesario para la creación de su
mundo personal. Su inteligencia se conforma con larvas de ideas que no
se adecúan al objeto al cual quiere referirse. La inteügencia del repen­
tinista es una inteligencia boomerang. El pensamiento, arrojado como
un proyectil mental, describe una trayectoria en el aire y vuelve al punto
de partida. Y vuelve tal como había partido: sin traer nada. La inteügen­
cia se hace así círculo vicioso, y el repentinista, espectador de sí mismo.
El es teatro, actor y púbüco, simultáneamente. En lo que se refiere a
la afectividad, el repentinista reacciona en forma análoga. El sentimiento
no lo religa cordialmente (de cor-cordis: corazón) con los seres y las cosas.
Sus reacciones emotivas, verdaderas explosiones a veces, son puro juego
de bengala. No le interesa el objeto del sentimiento. Las formas de su
afectividad son la expresión de la inconsciente sensación de angustia y
ansiedad que le produce la inconsistencia del mundo que lo rodea. De
ahí nace su rapidez para la reacción emotiva. Pero esa rapidez, que se
denomina entre nosotros “sentimentalismo criollo” y que tan chabacana
pero ajustada expresión ha encontrado en muchos tangos, es la expresión
del íntimo desarraigo efectivo. Como he dicho, al repentinista le in­
teresa muy poco el objeto que produce su sentimiento. Este objeto, tanto
como un sentimiento, son sólo pretextos para experimentarse a sí mismo.
El repentinista es un hedonista del sentimiento, del mismo modo que es
un falseador de la inteügencia. Pero estas dos singularidades—la in­
telectual, la afectiva—no agotan la expresión del repentinismo. El repentinismo culmina en esa actitud vital típica llamada compadrismo.
Cuando el repentinista no se conforma con la mera exhibición inoperante
100

�de los falsos valores con que quiere sustentar su vida, sino que pretende
imponerlos como norma general, doblegando a ellos las voluntades ajenas,
se convierte en el compadre. El compadrismo, por esto, es la suprema
expresión, la expresión culminante, del individualismo rioplatense. El
compadrismo es el repentinismo convertido en violencia, y el compadre,
el repentinista resentido. El compadrismo, como actitud física o mental,
o física y mental, se proyecta en formas tan múltiples en toda nuestra
vida nacional, que no es posible aquí penetrar en el tema.
Pero es conveniente finalizar estas observaciones recalcando que no
todo es repentinismo en nuestro país. Y acude a mi memoria el recuerdo
de don Ceferino Moreira. El es, para mí, nítida y exacta, la contra­
figura del repentinista criollo. Conocí a don Ceferino por el año 1941 o
1942. Recuerdo bien su figura: un don Quijote criollo, rostro color
boniato, barba entrecana, movimientos pausados, como de quien sabe
emplear para cada cosa la exacta cantidad de energía. Don Ceferino, de
quien no he tenido más noticias desde entonces, tenía, y espero que
aún tenga, una chacra en el departamento de Maldonado, a pocas
cuadras de la costa. Había vivido allí durante cuarenta años, sin casi
moverse de sus tierras, ni para ir a la próxima capital del departamento.
Era, posiblemente sea todavía, uno de los pocos auténticos campesinos—
no peón rural—de este país. Y esa larga y entrañable convivencia con su
tierra le había dado una extraña sabiduría. Era un mago para pronosticar
el tiempo, para anunciar el resultado que tendrían las cosechas, para
aconsejar cómo, cuándo y qué debía sembrarse. Los pescadores lo con­
sultaban y él, que no se movía de su chacra, les indicaba donde encon­
trarían pesca y de qué clase. Pero su sabiduría iba más allá de todo esto.
Era verdadera sabiduría vital. Frente a él, uno sentía que don Ceferino
estaba bien asentado en el mundo, que conocía el mundo y que el mundo
y los acontecimientos no lo peloteaban. Con agudeza a veces, con resig­
nación otras, con una admirable serenidad siempre, sabía encauzar los
acontecimientos. Su pensamiento se asentaba en esas cosas cercanas,
muy conocidas y queridas, que lo rodeaban, pero desde allí saltaba, con
serenidad y precisión, a muchas cosas más. Don Ceferino era hombre de
pocas palabras: “¡Pajarito!”, “¡Qué me dice!”, “¡Mire usted!”, sus más
frecuentes contestaciones. Pero con esta parquedad de expresión, ¡de
cuántas cosas era posible conversar con don Ceferino, y cuánto era
posible aprender de él! Nuestra narrativa ha recogido vidas de este tipo
(recordemos a Julio C. da Rosa, a Juan José Morosoli). Y es que se ha
comprendido su importancia. Son, lo es para mí don Ceferino Moreira,
representación ejemplar de este tipo humano que Pedro Salinas, en su
estupendo libro Jorge Manrique: tradición y originalidad, denomina
“analfabeto profundo”, oponiéndolo al “alfabeto superficial”. Claro
101

�está que no propongo como ideal de hombre al analfabeto profundo.
Señalo únicamente que hay en él, rigurosamente, una forma más autén­
tica de cultura. Las mismas limitaciones que el analfabetismo le impone,
operan una reducción en el mundo interior del analfabeto, que, obligado
a vivir de un número más limitado de cosas acerca de las cuales es posible
su meditación, debe necesariamente profundizar más en ellas y en ellas
más profundamente interiorizarse. En cambio, el alfabeto superficial
es un hombre cargado de medios-saberes o saberes a medias que son en
definitiva un no saber. Y esto—producto de un contacto superficial con
la cultura—actúa como un lastre o peso muerto que termina por im­
posibilitarle el contacto sincero y espontáneo hasta con las cosas más
simples y cercanas de su propia vida. El alfabeto superficial vive sólo
con lo exterior del alma y no toca nunca la interioridad del mundo. No
es capaz siquiera de intuir el mundo en su misteriosidad. Y hasta el
lenguaje se le hace pérfido y traidor, porque la cantidad de vocablos que
conoce es mayor a la cantidad de ellos que, para él, están cargados de
verdadera significación y sentido. Pues bien: la consecuencia que se
infiere de todo lo dicho es clara: el analfabeto profundo nos ofrece una
enseñanza vital, tan alejada del repentinismo, que el repentinismo en él
es imposible. De él debemos aprender a tejer paciente, delicada y seria­
mente los hilos que la cultura y nuestra propia vida nos ofrecen; de él
debemos aprender a construir, sin precipitaciones, nuestro propio mundo.
Sólo así podremos combinar las fórmulas antagónicas (“analfabeto
profundo”, “alfabeto superficial”) en la síntesis ideal: el alfabeto pro­
fundo. Mientras tanto ¿de cuántos seres, en nuestro país, podremos creer
que sean capaces de crear su vida—porque la vida es algo que se hace—
de acuerdo con una verdadera pasión, una pasión que no sea como esa
explosiva, instantánea y destructiva fuerza del rayo: mera descarga,
sin finalidad, de electricidad anímica? Y sería aleccionador, para nosotros,
meditar hasta vivirlas, estas palabras con que el Dante concluye La
vida nueva: “Terminado este soneto, me sobrevino una extraordinaria
visión en que contemplé cosas tales que me determinaron a no hablar
de aquella alma bienaventurada hasta tanto que pudiera hablar de ella
más dignamente. Para lograrlo estudio cuanto puedo, como a ella le
consta. Así es que, si el Sumo Hacedor quiere que mi vida dure algunos
años, espero decir de ella lo que jamás se ha dicho de ninguna. Después,
¡quiera el Señor de toda bondad que mi alma pueda ir a contemplar la
gloria de mi amada, de la bienaventurada Beatriz, que gloriosamente
admira la faz de Aquél qui est per omnia sécula benedictus” !

102

�NOTICIAS
Seminario Interamericano de
Educación Secundaria

Mas de cien educadores concurrieron
al Seminario Interamericano de Educa­
ción Secundaria que se realizó en San­
tiago de Chile desde el 29 de diciembre
de 1954 hasta el 23 de enero del corriente
afio. Entre los asistentes figuraron di­
rectores generales de educación, ins­
pectores y superintendentes de en­
señanza, rectores de liceos, decanos de
facultades de educación y profesores. En
conjunto estuvieron representados la casi
totalidad de los países miembros de la
Organización de los Estados Americanos
y las más importantes organizaciones in­
ternacionales, como las Naciones Unidas,
la Oficina Internacional del Trabajo, la
FAO y el Instituto Panamericano de
Geografía e Historia.
El Seminario consideró los distintos as­
pectos déla enseñanza secundaria y se hi­
cieron recomendaciones relacionadas con
la finalidad de los estudios secundarios;
su posición dentro del ciclo medio; los
planes y programas de estudio; la gratuidad de la enseñanza y la igualdad de
oportunidades; el problema de la coedu­
cación; los sistemas de promoción y los
exámenes; la intervención del Estado y
la libertad de enseñanza; la formación,
nombramiento y remuneración de los pro­
fesores. Fue motivo de particular estu­
dio, también, la vinculación de la ense­
ñanza secundaria con la profesional o
especializada. En el grupo de trabajo
que discutió este asunto intervinieron
técnicos europeos enviados por la
UNESCO. Durante la realización del
Seminario, además, permaneció abierta
una exposición de textos de enseñanza
secundaria facilitados por diferentes edi­
toriales de América.
Este seminario es el quinto de la serie
que viene organizando la Unión Pana­

mericana para estudiar los problemas
educativos de América y contó con el
auspicio y el generoso apoyo del Go­
bierno de Chile y de la UNESCO. Se
estima que la adopción por parte de los
países de la Organización de los Estados
Americanos de las conclusiones y reco­
mendaciones de este seminario contri­
buiría a elevar notablemente el nivel de
la educación secundaria en América.

Donación de las obras de Rufino
José Cuervo
En la sesión que el Consej o de la Orga­
nización de los Estados Americanos rea­
lizó el 11 de marzo del corriente año,
el Embajador de Colombia ante la Orga­
nización, Dr. César Tubo Delgado, hizo
entrega oficial de la edición de las obras
de Don Rufino José Cuervo que acaba de
publicar el Instituto Caro y Cuervo de
Bogotá, bajo los auspicios del Gobierno
de Colombia. Entre los volúmenes dona­
dos figuran los dos primeros tomos del
monumental Diccionario de construcción
y régimen de la lengua castellana, obra
en la que el sabio erudito colombiano
trabajó durante muchos años, pero que
quedó inconclusa con motivo de su
muerte. Al hacer entrega de los volú­
menes, el Embajador Delgado tuvo
oportunidad de recordar que, de acuerdo
con las recomendaciones hechas por
varias Conferencias Interamericanas,
existe en la Unión Panamericana un
fondo especial destinado a completar y
publicar en su totalidad la mencionada
obra de Cuervo. Seis países, hasta ahora,
han hecho efectivas sus contribuciones
a dicho fondo: Argentina, Colombia, la
República Dominicana, Guatemala, El
Salvador y Venezuela. La suma re­
caudada asciende ya a la cantidad de
14.000 dólares.
103

�Sistema de clasificación decimal
de Dewey

su parte, está circulando por diversas
ciudades de los Estados Unidos, con el
patrocinio de la Smithsonian Institution
La editorial Forest Press, Inc. de de Washington.
Nueva York anuncia la próxima apari­
ción de la edición española del Sistema
de clasificación decimal de Dewey. La Cine del Brasil
traducción de esta importante obra ha
La Sección de Artes Visuales de la
sido realizada por personal técnico de la Unión Panamericana presentó en el
Biblioteca Conmemorativa Colón con la auditorio del Departamento del Interior
colaboración de numerosos especialistas de los Estados Unidos, en los días 19 y
de la Unión Panamericana.
22 de noviembre de 1954, un programa de
cine brasileño. Fueron exhibidas dos
Exposiciones de arte
películas de largo metraje, Sinhá Moga
Durante la segunda mitad de 1954 y O Cangaceiro, y dos documentales de
tuvieron lugar, en la galería de la Unión arte: Santuário y Painel.
Panamericana, varias exposiciones de
artistas latinoamericanos. Del 17 de Conciertos en la Unión Pana­
agosto al 16 de setiembre se efectuó una mericana
muestra de “collages” del brasileño
Ivan Serpa. Del 17 de setiembre al 6 de
Cerrando el ciclo de conciertos de
octubre se exhibió una colección de verano de 1954, la Banda de la Marina
óleos y dibujos del chileno Clarence de los Estados Unidos ofreció, el 2 de
Mundy. Con el título “Pájaros de Argen­ setiembre, en el Jardín Azteca de la
tina” se realizó, entre el 7 y el 30 de octu­ Unión Panamericana, un programa de
bre, una exposición de acuarelas del música de América en el que figuraron
argentino Salvador Magno, ilustrador del obras de Henry Cowell, Owen Reed y
Museo de Historia Natural de Buenos Heitor Villa-Lobos. El día 12 de octubre,
Aires. El 9 de noviembre se inauguró la en conmemoración del Descubrimiento
exhibición de óleos del pintor primiti­ de América, se inició un nuevo ciclo de
vista hondureno José Antonio Velázquez, conciertos con una audición del pianista
la cual permaneció abierta hasta el 6 de chileno Alfonso Montecino. El 17 de
diciembre. Finalmente, del 8 al 27 de di­ octubre tuvo lugar un recital de la folklo­
ciembre, se expuso la obra del pintor rista mexicana María de León Ortega;
boliviano Arturo Reque Meruvia. Todas el 23 de noviembre, el concierto del
estas exposiciones fueron organizadas guitarrista cubano Rey de la Torre y,
por la Sección de Artes Visuales y con­ el 7 de diciembre, el del violinista mexi­
taron con los auspicios de las Embaja­ cano Enrique Serratos, quien fue acom­
das respectivas ante la Organización de pañado al piano por Vladimir Sokoloff.
los Estados Americanos. La muestra de Todos estos conciertos fueron organiza­
Serpa fue preparada bajo la responsabili­ dos por la Sección de Música del Departa­
dad del Museo de Arte Moderno de Rio mento Cultural de la Unión Panameri­
de Janeiro y la exposición de Magno, por cana.

104

�AGENTES

—

AGENTS

—

DEPOSITALES

Argentina (Subscripción anual $10,00): Gilberto Morales V., Agencia General de

Buenos Aires: Eugenio C. Noé, Rioja
2375, Olivos (subscripciones); S.A. Edi­
torial Bell, Calle Campichuelo 553.(ven­
tas) .
Bolivia (subscripción anual Bs. 120):
La Paz: Librería Científica Literaria ‘‘Se­
lecciones’’, Avenida Camacho 369, Casilla
972.
Brasil (assinatura anual Cr $40,00):
Sao Paulo, S.P.: Sra. Jeanne Fernandes
Amaral, Largo S. Francisco 181-9°.
C añada (annual subscription US $2.00):
Montréal 34, Québec: Periódica, Inc.,
4234 Rüe de la Roche.
Colombia (subscripción anual $4,00):
Bogotá: J. Joaquín Castro Márquez,
Agente General de Revistas Extranjeras,
Carrera 8a. No, 6-67; Barranquilla: L i­
brería Nacional Ltda., 20 de Julio, San
Juan de Jesús; Bucaramanga, Santander:
Abelardo Cárdenas, Librería Iris, Calle
34 No. 17-36; Cali, Valle: Librería Nacio­
nal Limitada, Carrera 4a No. 12-59; Cúcuta: Librería Zig-Zag, Calle 11 No.
4-20; Medellín: Librería Central, Edificio
San Femando, Junín No. 56-58.
Costa R ica (subscripción anual C 11,00):
San José: Carlos Valevín Sáenz y Cía.,
Casa Valerln, Frente al Costado del
Teatro Raventós.
Cuba (subscripción anual $2,00): La Ha­
bana: Carlos Mantici Castro, Virtudes
257-259; Agencia de Publicaciones Madiedo, Presidente Zayas 407.
C hile (subscripción anual $85,00): San­
tiago: Librería Ivens, Moneda 822.
E cuador (subscripción anual 27 sucres):
Guayaquil: Muñoz Unos, y Cía., Boulevard 9 de Octubre 703; Quito: Muñoz
Hnos. y Cía., Sucursal, Venezuela 589 y
Sucre-Esq., Casilla 522.
E l Salvador (subscripción anual
C 4,00): San Salvador: Manuel Navas y
Cía., La Casa del Libro Barato, la. Ave­
nida Sur No. 37; Almacén y Librería “El
Siglo”, Steiner &amp; Schoening, 2a. Calle
Poniente No. 6.
E spaña (subscripción anual US $2.00):
Madrid: Librería J. Villegas, Preciados,
33.
'
F rance (abonnement annuel US $2.00):
Le Vésinet (S. &amp; O .): Joaquín Baéta, 37,
Ave. Georges Clemenceau.
Guatemala (subscripción anual Q 2,00):
Guatemala: Miguel A. Guzmán, Librería
“La Lectura”, 6a. Avenida Sur No. 2;

Publicaciones, Apartado Postal No. 84.
H aití (abonnement annuel 15 gourdes):
Port-au-Prince: Librairie “A la Caravelle”, Bolte Póstale 111-B.
H onduras (subscripción anual L 4,00):
Tegucigalpa: H. Tijerino, Agencia de
Piiblicaciones “Selecta".
México (subscripción anual $13,50):
México, D.F.: Selecciones Distribuidor a,
S.A., Plaza de la República No. 48;
DIMSA, Distribuidora de Impresos, S.A.,
Avenida Mariano Escobedo 218; Nuevo
Laredo, Tamps.: Juan B. Calderón, Hotel
Calderón.
N icaragua (subscripción anual 10,00
córdobas): Managua: Ramiro Ramírez,
Agencia de Publicaciones.
P anamá (subscripción anual B. $2,00):
Panamá: J. Menéndez, Agencia de Publi­
caciones, Plaza de Arango No. 3.
P anama Canal Zone (annual subscrip­
tion $2.00): Ancón: Albert A. Steer, Steer
Agencies, Inc., Box 5035.
P araguay (subscripción anual G 12,00):
Asunción: Moreno Hnos., Casa América,
Independencia Nacional 109.
P erú (subscripción anual S/20,00):Lima:
Librería Internacional del Perú, Boza 879,
Casilla 1417.
P hilippines (annual subscription US
$2.00): Manila: Rafael de Berenguer,
UNIVERS, P.O. Box 1427.
P ortugal (assinatura anual US $2.00):
Lisboa: Alberto Armando Pereira, Ave­
nida António Augusto Aguiar 13.
P uerto R ico (subscripción anual $2.00):
San Juan: Matías Photo Shop, Fortaleza
200.
R epública D ominicana (subscripción
anual $2,00): Ciudad Trujillo: Librería
Dominicana, Calle Mercedes 49.
U nited States (annual subscription
$2.00): Washington 6, D. C.: Publications
División, Pan American Union.
Uruguay (subscripción anual $3,80 ps.):
Montevideo: Héctor D’Elía, Oficina de
Representaciones de Editoriales, 18 de
Julio, 1333.
Venezuela (subscripción anual Bs.
7,00): En todas sus sucursales del país:
Banco de Venezuela.

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PANORAMA
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OIVILIZÁQÍO b r a s il e ib a -*

José M. Machín
CAUDILLISMO Y DEMOCRACIA EN AMERICA LATINA

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THE AMERICAN IN EUROPEAN EYES

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Guillermo de la Gruz-Coronado

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                <text>Amoroso Lima, Alceu&#13;
Machín, José M.&#13;
Hopkins, Vincent C.&#13;
De la Cruz Coronado, Guillermo&#13;
Payró, Julio E.&#13;
Bruera, José Juan&#13;
Wood Krutch, Joseph&#13;
Visca, Arturo Sergio</text>
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                    <text>n u e v a visión

artes/arquitectura/diseño industrial/tipografia

Piet Mondrian
M a x Bill

La poética técnica de Amancio Williams
Jo rg e G o ld e m b e rg

Tres hospitales en la provincia de Corrientes
A rq . A m a n c io W illia m s

Algunos problemas del diseño
A rq . Fran cisco Bullrich

Información:
Edificio para una cooperativa de vivienda
A rq s . B e re te rv id e , A co sta y F e lic i; J . C. Ruiz

Sobre los métodos de enseñanza de la arquitectura
P ro f. Enrico Tedeschi

El Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro
Ig n a cio P iro va n o
B ib lio g ra fía

�2 o concurso "Fulget”
entre los arquitectos e ingenieros que apliquen
racionalmente Fulget

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Louis H. Sullivan

E rik G unnar A splund (en prensa)
A lva r Aalto
J . J . Pieter Oud
C h arles Rennie M ackintosh
Tony G arnier
R ich ard Neutra

Charlas con un Arquitecto
( Kindergarten Chats)

(en prensa)

Nikolaus Pevsner

Esquema de la Arquitectura Europea

Nikolaus Pevsner

Pioneros del Diseño Moderno

Laszló Moholy-Nagy

Ediciones Infinito

La Nueva Visión
Rodríguez Peña 1320

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nueva visión
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tectura, diseño industrial, tipografía.

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Com ité de redacción: A rq . Francisco BulIrich , A rq . J . M . B o rth ag a ray , A lfre d o H lito ,
Jorge Goldem berg, Jorge G rise tti.
Secretario
Baliero.

diseño industrial

de

redacción:

A rq .

H oracio

A d m in istració n y redacción: C errito 1 3 7 1 ,
Buenos A ire s , A rg e n tin a , T . E. 4 2 - 1 3 4 7 .

el mundo técnico
abstracción

La dirección no se resp onsab iliza por los
a rtícu lo s firm ad o s ni devuelve las colabo­
raciones espontáneas.
La revista “ n v " , nueva visió n , es propiedad
de N ueva V isió n S .R .L .

el mundo de la publicidad
lógica y estética

estética
max bense
juegos del lenguaje
lo obsceno
el mundo de los signos

S u m ario :

Piet M o n d rian , por V _ * Bi
p 5
A rte sin objetos, por P ie t M ondrian (p. 8)
A lg unos problem as de a se 1: per Francisco
B u lIrich (p. 2 0 )
L a poética té cn ica de A m a n d o W illia m s ,
por Jorge G o ld e rrc c 'c c
T re s hospitales e~ :
ce C o rrien ­
tes, A rq . A m a n d o W illiams (p._ 12)
Inform ación :
E d ificio para una coopcio lm o de viv ie n d a .
A rq . Ferm ín Be':~ - ce : 1 Sobre los r re -: c : s ce e - s e - c - c c ce la
arq u ite ctu ra , por En-ncc Te d esctii ,p. 3 0 )
El M useo de A-ce .V o á e rrc ce Rio de
Ja n e iro , por Ig n a d o P iro van o (p . 3 4 )
N otas y com éntanos
B ib lio g ra fía

el objeto estético
editorial nueva visión
R e p re s e n ta n te s e-

;

e i'e -c r:

U ru g u ay: N _ e . : C ce^c - _ c "
Blanco 1 1 2 2 -2 6 , M on te » ideo.

con ilustraciones

Benito

aparecerá en el mes de marzo

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congénéres: z r -e-o ¿es an a lyses et des
résum és des lív re s e t ces revues envoyés a
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Si desidera ii cam era caite p u b licazio ne conge n eri: sa ra n o f a t t i a n a lis i e riassu n ti del
libri e riviste r im e ssi a lia rio stra redazio ni.
W ir bitten um A u sta u sch m it aehnlichen
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r p-.ngen BesP'echungen der uns eingesandten Buecher.

4

�Pie*- Mondrían

■ ■ ■ ■

M a x Bill

El desarrollo de la p in tu ra moderna se orienta a p artir del cubism o en
cuatro direcciones p rincipales. C uatro artista s y su obra sirven de me­
dida. El tipo de p in tu ra que transform a los datos de la n atu raleza y
produce un efecto exp resio nista, de crítica social o volcánico, tiene su
medida en la obra de Pablo Picasso; a la configuración pictórica de los
procesos que se cum plen en las últim as prolongaciones conscientes del
acaecer cotidiano, sirve de medida Paul Klee. La pintura en que el mundo
exterio r de los objetos se disuelve en nuevas y originales creaciones, que
se ed ifican únicam ente sobre el juego de form as y colores, se mide por
el mundo plástico de W a ssily K a n d in sky. Y cuando ya no bastan estas
tres m edidas, cuando aparece una estructuración p lástica de ca rá cter
esencialm ente distinto, una voluntad de lo absoluto y exclusivo, se pre­
senta una cu a rta m edida: Piet M ondrían.
La senda de M ondrian em pieza con cuadros convencionales, aún para su
época.
Si se piensa que en 1 89 0 , cuando M ondrian empezó a p in tar, acababa
de fa lle ce r V an Gogh, asom bra cuán poco de éste se advierte en las
prim eras obras de aquél. Sin duda, apenas era posible que conociera
entonces las obras de su gran colega.
H asta 1900 no cedió en él el mundo de la representación, bajo el patente
in flu jo del "Ju g e n d s til" en com binación con un acervo de ¡deas teosóficas.
H asta 1910, M ondrian trab ajó valiéndose de todos los modos de exp re­
sión entonces conocidos. V an Gogh, M un ch, y los p u n tillista s ejercieron
su in flu jo en la creación de M ondrian, el c u a l, al aproxim arse a la cu a ­
rentena, logró algunas obras extra o rd in a ria s: p aisajes de dunas, las torres
de Domburg y W estkap elle y , por últim o, flores y sus prim eros cuadros
de árboles. En 1911, M ondrian se trasladó a París y de esta m anera se
puso en contacto con el problema del cubism o. En ese momento, g racias
a Braque, Picasso y G ris, se había abandonado la época cézan n ista del
cubismo y había com enzado el breve período del cubismo a n a lítico . M on­
d rian buscó en él sus propios cam inos, tomando como base de sus com­
posiciones cub istas, adem ás de aislad as n atu rale zas m uertas, el motivo
del árbol y del m ar. No cabe la menor duda de que, adem ás de estas
obras, surgieron entonces otras que, por la índole d iferente de sus ele­
mentos de com posición, se distinguían de las "cu b ista s” propiam ente
dichas y se destacaban ya por su original estructura rítm ica.

5

�M ien tras los "c u b ista s" pasaban del cubism o a n a lítico al sintético, le
que eq u ivalía a acen tu ar la representación de objetos n atu rales, Mondrian se lanzó consecuentem ente por la senda opuesta, llevando más
a llá el desarrollo racional y sistem atizando las estructuras como resul­
tado de la em ancipación cubista respecto del objeto. Sus obras de 1914,
aunque parten aún de la representación, sólo contienen una lejana rem i­
niscencia fig u ra tiv a . De esta m anera, M ondrian fué el único que desarro­
lló consecuentem ente la idea fund am ental del cubism o, m ientras que los
cubistas " c lá s ic o s " puede decirse que fracasaro n ante el problema de
fo rm u lar la nueva objetividad contenido en el program a espiritual del
cubism o. Este, en sus com ienzos, no pretendía ser una estructuración
fo rm alista del mundo exterio r de los objetos para acomodarlos mejor
a un espacio plástico lim itado. Era una concepción espiritu al que quería
u tiliz a r los medios de configuración visu al en su u n iversalidad, es decir,
sin que el mundo de los objetos los lim itara . En 1914 M ondrian volvió
a H olanda y a llí trabó relaciones con Theo van Doesburg y luego con
Bart van der L e ck: los dos, cada cual a su m anera, habían buscado una
solución de los problem as pictóricos. A raíz de este intercam bio de ¡deas,
M ondrian empezó a ocuparse de los colores fu ndam entales procurando
cim en tar teóricam ente el cam ino que llevaba recorrido. La revista "D e
S t ijl" , fundada por Theo van Doesburg en 1917, se convirtió en punto
de partida de un anim ado debate, en el cual interviniero n, adem ás de (os
que acabam os de m encionar, el pintor y escultor Georges Vantongerloo y
el pintor V ilm o s H u sza r, los arquitectos Oud, W ils y V a n 't H o ff y el
poeta Kok.
Desde 1917, desaparecen las últim as resonancias de fenómenos n atu ra ­
les exteriores en las obras que conocemos de Piet M ondrian. Pinta cu a ­
dros en base a rectángulos de color o negros sobre fondo blanco. Por
últim o, en 1918, M ondrian halló la form a de expresión g racias a la cual
ocupa actualm ente una im portante posición en el mundo del arte. En
1919 regresó a París y en 1920 creó el "n e o p la sticism o ", desarrollando

P. M o n d rian : "C o m p o sició n " (1 9 18 )

su teoría en un tratado que lleva el mismo nombre que dió a su arte,
definido por él como arte de relaciones rítm icas. Ese tratado apareció
poco después, en su versión fran cesa o rig in al, en el catálogo de la expo­
sición de M ondrian en G ravenhag e; tam bién se publicó con el títu lo de
"N e u e G e sta ltu n g " en el n° 5 de los "B a u h a u sb ü ch e r" (1 9 2 5 ).
En 1920, M ondrian creía aún que la reducción de la pintura a relacio­
nes horizontales y verticales en la su p erficie de la te la , y la reducción de
los colores a algunas gradaciones gris-azul y a los colores fundam entales
am arillo -ro jo -azu l, provocaría una disolución total de la p intura. C reía
en una integración del arte en las creaciones de la vida cotidiana y , en
$

P. M o n d rian : " A r b o l"

�P. M o n d rian : " D u n a "

consecuencia, en la autodisoiución de la p intura. Sin embargo, siguió
pintando.
En 1925, los campos azulados-grises son sustituidos por las su perficies
b lan cas, de suerte que durante los últim os veinte años de su labor cre a ­
dora, sus composiciones se apoyan a lo sumo en seis colores: en los tres
"no "-colores y en los tres colores vivos am arillo-rojo-azul. Desde 1932
aparece un nuevo elem ento plástico: la línea doblemente acentuada y ,
por últim o, después de varios años de residencia en Londres y en los
últim os que pasa en N ueva Y o rk , surgen cuadros con elementos crom á­
ticos que, en parte, se han em ancipado de la estructura negra, hasta
que M ondrian acaba disolviéndola y sustituyéndola por ritmo de colores
en sus últim as obras: "N e w Y o rk C it y " , "B ro ad w ay boogie-woogie" y
la incom pleta "V ic to ry boogie-woogie".
Cuando M ondrian fa lle ció en N ueva Y o rk el l p de febrero de 1944,
desgraciadam ente no estaba aún term inado su " V ic to ry boogie-woogie",
destinado a ser una danza sublim e de la victo ria. Tam poco había term i­
nado la guerra. De esos últim os cuadros em ana una irrad iació n , una
dinám ica de contenida efervescen cia, obtenida sobre todo con una ento­
nación b lanco-am arillo-gris, que ya no es aquella superación de lo trá ­
gico exigida por M ondrian en sus prim eros tiempos con dogm atismo as­
cético. Seguram ente fué entre 1931 y 1936 cuando más cerca estuvo de
esa m eta.
Los cuadros de M ondrian dem uestran que es posible cre a r obras de gran
fu erza de convicción y b elleza, aunque los colores u tilizados se lim iten
a dos o tres, y tal vez g racias precisam ente a esa lim itació n.
M ondrian es oriundo de H olanda. Los ignorantes infieren de a llí que su
pintura es típicam ente holandesa, in flu id a por los canales vistos desde
un avión. Esa concepción es tan absurda como la que pretende que M on­
drian era un calcu lad or y , en consecuencia, se ocupaba constantem ente
en sus cuadros de la "sección á u re a " (denom inación que sin duda pre­
tende designar, en térm inos absolutam ente generales, proporciones de

P. M o n d rian : " P a is a je con árb o les"

•“ r 'c c r Square" (1939-42)

7

�medida coincidentes). M ondrian hizo sus cuadros sin cálculo ni medida,
aunque con un sentido seguro de las proporciones y sirviéndose de un
cordón que u tiliza b a para m edir.
En la actu alid a d , transcurridos am pliam ente once años desde la muerte
de Piet M ondrian, puede vislum b rarse ya qué repercusiones tiene su obra
y qué rango ocupará en la historia del arte. M ondrian se coloca digna­
mente al lado de los grandes m aestros holandeses, V a n Eyck, V an der
W eid en , Rubens, Rem brandt, V erm eer y V a n Gogh. Como ellos, ha hecho
una aportación d e fin itiva al desarrollo del arte europeo.
M ás a ú n , su posición puede com pararse con la de Cézanne. Si Cézanne
inició el "cu b ism o ", tratando de lograr una estructuración de las super­
ficies que obedeciera a leyes propias, M ondrian fué el prim ero que logró
cabalm ente esta estru ctu ración , abriendo de este modo, así como C é za n ­
ne lo había hecho antes en otro sentido, una puerta más al desarrollo del
arte. Y aun cuando al p rincipio creyera M ondrian que así se disolvía la
p in tu ra, demostró con su propia obra que esa conclusión era fa lsa . Sin
embargo, en una cosa tenía razón — aun cuando no por ello se disolviera
ni resultara sup erflua la p in tu ra— : sus obras, efectivam en te, han in flu i­
do de modo esencial en la integración del arte con la vida cotidiana.
La a rq u ite ctu ra , el arreglo de interiores, las artes g ráfica s y los utensi­
lios corrientes fueron "d ep urad o s" en un sentido análogo al que M on­
drian había mostrado ejem plarm ente en su obra. Aunque no debe a tri­
buirse exclusivam ente a su in flu en cia todo ese proceso de depuración,
puede decirse sin exageración que existe una evidente coincidencia de
aspiraciones. Con toda seguridad, M ondrian tenía razón en una cosa: se
está operando progresivam ente una integración de lo a rtístico con los
enseres de uso cotidiano, y esa integración es tan plausible como hace 35
años, cuando él form uló su tesis. No es in sig n ifican te el papel que en
este aspecto desempeñó el criterio estético de M ondrian. En cuanto a las
bellas artes, distan mucho de haber term inado los ulteriores desarrollos
provenientes de M ondrian, antes bien, se h allan en plena vigencia.

Arte sin objetos
Piet M ondrian

Todos sabemos que en pintura y en escultura se persigue la m an ife sta­
ción de la genuino esencia del arte, y no la representación de las form as
en que esa esencia aparece envuelta. Pero no todos advierten que ese
algo genuino puede expresarse m ediante relaciones de líneas, colores
y form as exclu sivam en te, es d ecir, sin representar un objeto determ inado.
Lo genuino del arte no estriba en describir. Por lo tanto, la representa­
ción de un objeto, que es siem pre m ás o menos descrip tiva, no constituye
una verdadera expresión de arte genuino.
Lo genuino del arte es lo que provoca o expresa nuestra sensación de
b elleza; es universal y está fu era de nuestra visión su b jetiva. Cuanto más
se exclu ya esta visión su b jetiva, tanto más pura será la m anifestación'
de arte.
Todo arte verdadero nace intu itivam ente de una fuente un iversal. Lo
genuino del arte es la expresión p lástica de la vida en su plenitud y
riqueza. Su más profunda realidad sensible es lo que en todos los tiempos
se ha denom inado " a rm o n ía ". La arm onía nace del equilib rio m ediante
el ritmo de su composición. Lo p rincipal es, pues, el ritm o; los medios
que emplee son algo accesorio.
Pero resulta evidente que es con los medios más puros, es decir, con
los más claros, como más nos acercam os a la arm onía pura. De a h í que
recubrirlos de accesorios descriptivos o de representaciones individuales,
vaya en detrim ento de la pura m anifestació n estética. Pero las líneas
y los colores originan ineluctablem ente form as. A ún empleando los
medios de expresión más puros, subsiste siem pre el gran problema de
evitar la cristalizació n de form as ind ivid u alizad as m ediante un contraste
incesante de línea y color, haciendo evidente sus relaciones proporcio­
nales.
La depuración del arte m ediante la depuración de los medios de exp re­
sión es, pues, rela tiva. Pero es un hecho que la m anifestació n de arte
m ás pura es aquélla cuyas form as de expresión son las que poseen un
ca rá cter menos ind ivid ual.
La "a c titu d e s té tic a ", cap az de conducir a la m anifestación más pura

8

P. M o n d rian : " F o x tro t A " (1 9 30 )

�P. M o n d rian : "C o m p o sició n D " (1 9 32 )

y real de lo genuino en el a rte, tendrá que llevar forzosam ente al arte
"sin objetos". Los elementos de co nfiguració n empleados por este arte
pueden ca lific a rs e de "n e u tra le s ", pues no tienen ca rá cter universal. La
consecuencia extrem a de la elim inació n de las form as individu alistas
son form as que se cortan en ángulos rectos, puesto que la intersección
horizontal y vertical de las líneas produce siem pre ángulos rectos.
Pero cu alq u iera sea el ca rá cte r de la com posición, en ella no deben
predom inar los medios expresivos. Los medios menos sig n ificativo s, desde
éb p u n to de vista subjetivo, son pues los que menos dom inan.
Si ahondamos el a n á lisis de la actitud estética que tiende h acia lo
más puro y genuino en el arte, comprobaremos que constituye un proceso
evolutivo orientado hacia una m eta, a la cual nos acercam os cada vez
m ás. Podemos observar un acrecentam iento de la racionalidad en las
sucesivas m anifestaciones a rtística s.
H asta el im presionism o, las etapas recorridas consisten en construccio­
nes de form a y color referidas a la n a tu ra le za , llevadas a su m áxim a
perfección y rendim iento. Le sigue un período de destrucción de esas
construcciones que llega hasta el cubismo inclusive. V ie n e luego la
descomposición de la form a y el color ya desnaturalizados (cubism o y
arte no-figurativo). Comprobamos un progresivo ahondam iento en los
medios de expresión, enderezados h acia una traducción d irecta, vigorosa,
de lo genuino del arte.
La pintura y la escultura transform aron siem pre más o menos la rea­
lidad visib le, pero hasta nuestros días conservaron casi constantem ente
la referen cia fig u ra tiva . El im presionism o dió un gran paso h acia ade­
lante en la transform ación de la visión de la n atu rale za. M uchas tenden­
cias siguieron luego el cam ino por el cu a l se había lanzado el im presio­
nism o, hasta que, poco antes del cubism o, vemos que se hace am plia
abstracción de la form a y del color tai como se presentan en la n atu ­
raleza . Vem os que el objeto n atu ral y la atm ósfera desaparecen de la
representación. Vem os las llam adas form ulaciones "a b s tra c ta s ". Si el
contenido de esas m anifestaciones a rtística s no se hubiera m antenido
dentro del arte puro, nos habríam os aproxim ado entonces a lo pura-

9

�P . M o n d rian : "C u a d ro I I "

(1 9 21 -5 )

mente decorativo. Después de esa sim p lifica ció n y concisión nació el
cubism o, que rompió consecuentem ente con la visión n atu ralista y repro­
dujo los objetos en su m u ltifo rm id ad . Sin em bargo, los objetos subsis­
tieron como pretexto, hasta que el arte concreto — el arte sin represen­
tación de objetos— los excluyó. En la actitud a rtística reflejad a en
estas etapas vem os, pues, un ahondam iento progresivo, una tendencia
h acia la representación u n iversal, orientada h acia la exposición clara
de lo genuino del arte.
La historia de la a rq u itectu ra dem uestra que es posible una m a n ife sta ­
ción de belleza em ocionante m ediante la sola u tiliza ció n de la línea y
el color, empleados en fo rm a n eu tra l, es d ecir, que no expresan nada
por sí mismos. Pensemos en la g randeza de ese a rte , que deja m uy a
la zaga la belleza de la p intura y la escultura trad icio n ales. Sin embargo,
tam bién aquí ha habido un gran m argen para la subjetividad. A me­
nudo se destacaba intensam ente el sentim iento ind ivid u al. De ah í que
deba saludarse con júbilo el hecho de que la a rq u itectu ra m oderna, racio­
nal y realizad a con nuevos m ateriales, exclu ya am pliam en te, obligada
por las exig encias p rácticas de nuestra época, las m anifestaciones emo­
tivas y sub jetivas. Aunque a menudo no sea " a r t e " , por razones de
ca rá cte r p ráctico y económ ico, esta a rq u itectu ra está empero mucho más
cerca de una m anifestació n de arte universal que la a rq u itectu ra a n ti­
gua. En efecto, considerada desde el punto de vista estético, ha llegado
a ser pura co nfig uració n de las relaciones de espacio. En eso, la a rq u i­
tectu ra moderna coincide con la p intura y la escultura modernas. Sólo
se distingue de ellas en la medida en que no solam ente da preferencia
a las exig en cias orgánicas y p rá cticas, sino que, por el contrario, parte
de ellas. No obstante, la a rq u itectu ra m oderna tiene de común con la
pin tu ra y la escultura modernas sus medios de expresión, con los cuales
puede exponerse puram ente lo genuino del a rte. (1 9 3 8 ).

10

�La poética técnica de Ámancio W illiams
Jorge Goldemberg
Nuestro concepto del mundo está cam biando. En efecto, ello se m ani­
fie sta , entre otras cosas, en la gestión u n ificad o ra de campos cie n tí­
ficos a la luz de una nueva filo so fía , en la aparición de lógicas
ideo-m atem áticas en la esfera de ideas y actos, en la creciente
sistem atizació n de conocim iento y control en los más íntimos aspectos
del v iv ir. Evidentem ente, no es ésta una m era "m u ta ció n del pensa­
m ien to ", pues abarca p rincipalm ente a nuestras "h e rra m ie n ta s" y a
los objetos de nuestra antropología cam b ian te, los que, a su vez,
invaden el pensam iento. Pero esta d ia lé ctica , esta interacción de
objetos-ideas, no es casu al.
Si m iram os en derredor, notaremos con sorpresa que ha sido prece­
dida por pretericiones form ales y que tam bién en la actu alid ad es
conform ada por muchos de los que no trab ajan específicam ente el
problem a. Puede decirse que ellos m an ifiestan en sus obras los efectos
sensoriales de la nueva cu ltura instrum ental. Fundan a sí, como A m ancio
W illia m s , una nueva poética. Establecen las bases de una poética
" t é c n ic a " , porque se basa en la cu ltu ra o b jetivizad a, cie n tífic a . A c la ­
remos que no debe confundírsela con la que propone la m orfología
cu ltu ra l.
Los morfólogos, al establecer una correspondencia unívoca entre los
tem as m ateriales y los llam ados " e sp iritu a le s" de una época, preten­
den e xp lica r una form a sólo por otra fo rm a, un com plejo cu ltu ra l, por
objetos deliberadam ente aislados. En esa concordancia m ecánica se
engendra una cierta poesía que surge del solo hecho de su e xisten cia ,
ya que no com unica expresam ente algo, ni gira en torno a una ideo­
logía concreta. Es lo que los artista s del decenio 1920-30 llam aban
" la poesía de los tiempos nu evo s", de valo r casi tautológicam ente
literario.
Sería d ifícil decir si W illia m s se h alla libre de la in flu en cia de esta
poesía m orfológica, como no lo está casi ningún arquitecto contem ­
poráneo. Tam poco podríamos c a lific a rlo de poeta cie n tífico , pero es
indudable que su poética se v in cu la notoriam ente a los tem as enun­
ciados en el com ienzo de este a rtícu lo . W illia m s es un estudioso activo
de varios problemas nuevos. Pero tam bién -—y esto vuelve excepcional
su posición— • ha abierto su sensibilidad a la captación in tu itiva de
m uchos otros, que pueden percibirse en él como viven cias.
Esta impresión es constante y p a rticu la riza b le en las diversas resi­
dencias, el edificio de o ficin as Bs. A s ., el teatro y los tres hospitales
para la provincia de Corrientes. En ellos se co nfigura espacial y fo rm a l­
mente el poeta W illia m s .
Veam os cómo sucede esto en los hospitales.
En relación con el prim er problem a, aparece sagazm ente resuelto el
tem a del tradicio n alism o fo lkló rico . Es en él donde se sitúa geo g ráfica­
mente la poética de W illia m s . Señalem os, por otra parte, que todo
folklore la engendra al establecer una conexión subjetiva entre el
hombre y la cu ltura del suelo. En nuestro país, el tem a no ha penetrado
profundam ente en la vida n acio n al, pero perm anece vago e indefinib le,
como carga tá cita en la tarea de los arquitectos. A él responde la
fa lsa querella acerca de la oposición e inm ersión de las form as en la
n a tu ra le za , lo cálido, etc.
W illia m s aborda el tem a desde otro ángulo. T ra ta de explotar las
razones funcionales im p lícitas en la arq u itectu ra regional y las incluye,
previa una im portante tran sfo rm ació n, dentro de una ordenación técn ica.
C o ncretam ente, ha considerado el tem a de las aceras-g alerías de la
a rq u itectu ra del noroeste de Corrientes (producto, a su v e z, de la
cu ltu ra virreyn al chaqueña) introduciéndolo en la organización del
hospital. Vem os así cuerpos sueltos, como las m anzanas de los pueblitos
correntinos, con calles interiores o exteriores (los pasillos) donde se
concentra toda la circu lació n y la vida de los lugares. Un gran techo
general vin cu la entre sí los cuerpos y crea sub-espacios, abiertos al
exterio r aun cuando sean internos, como sucede en la viviendas del
personal. La transform ació n físic a del tem a fo lkló rico es tan grande
que no se lo reconoce a prim era v ista , pero la percepción sensorial, la
poética que cre a , no ha sido a lte ra d a , sino vigorizada y despojada del
p rim itivism o que le dió origen.
El tratam ien to de cada elem ento, los procedim ientos con que se lo
desarro lla, p a rtic u la riza n la fa z de los otros problem as, aquellos de los
cuales dijéram os que W illia m s intuye. En efecto, la form a del techo

11

�y la colum na tipo, la definición de los lugares por a rista s, el m ecanism o
interno de funcionam iento, configuran el aspecto form al de la "po ética
té cn ica " de W illia m s . H ay un método de belleza en la elaboración de
la arista ondulante que sirve de perím etro al segundo techo y en el
entronque de la estructura con el ed ificio que está debajo, pues cada
colum na cae aparentem ente dentro de la g rilla del modulado pero
determ ina siem pre pequeños lugares propios. La belleza lógica se
acentúa en el pequeño cosmos de sensaciones que crea el lugar entre
los dos techos; en fin , todo sugiere la posibilidad de relaciones topológicas y logo-m atem áticas notables. Se vislum b ra así la in flu en cia
favo rab le que tendría en nuestras vive n cias una sistem atizació n de la
exp eriencia estética a través de cien cias especiales.
Es verdad que no está aun presente la ley creadora concebida con una
técn ica c ie n tífica (como no lo está en la arq u itectu ra a c tu a l), pero se
presiente ya otra concepción de una sim bología arqu itectón ica. Porque
W illia m s , con una intención verdaderam ente ejem p lar y excep cional,
tantea esa problem ática. Es un nuevo género de poeta.
Podría decirse que tal poética técnica ya existe — es el caso de N ervi
y algunos arquitectos am ericanos— pero, curiosam ente, son sus mismos
creadores quienes la destruyen, al no abordarla como una m anera
especial de com unicación.
Porque una poética está im p lícita en toda actitud por medio de la cual se
quiere exp resar algo. Existe en toda transm isión o contacto inter-subjetivo,
ya se realice éste como hecho lato, de com unicación irreversible, ya como
penetración para acotar lo desconocido y volverlo metodológicamente
objetivo. En el prim er caso, se trata de la vibración de un estado físico o de
co ncien cia: de una poética em píreo-sensual producida por un paisaje o un
texto literario . Opera con la percepción y la retórica. En el otro caso, se
trata de una d ialéctica lógica, de una metodología: de una poética técn ica,
producida por la rigorización sistem ática de una estética o por una
estru ctu ra. Opera con la sem ántica y la percepción. A este últim o caso
se aproxim a indudablem ente la obra de W illia m s y , en especial, los
hospitales cuyos proyectos aquí reproducimos.

Tres hospitales en la provincia de Corrientes
A
A rq .

A
.
A m a n c io

\ a /* 11 •
W lllio m s

U na t íp ic a
C o rrie n te s.

ve re d a -g a le ría

en

la

p ro vin cia

de

As£5°r en el °ntePr°yect°: Ar&lt;- A"ton¡° Bonet
Asesor p a ra las e s tru ctu ra s: Ing . Ju lio P iz z e tti
Asesores p a ra las in sta la cio n e s e lé c tric a s : Ing s.
C o rti y Oneto
Asesor p a ra las in sta la cio n e s m e c á n ica s: José
M u ñ iz
Asesor p a ra las in sta la cio n e s s a n ita ria s : Ju a n Lu is
Equipo del estud io del A rq . W illia m s : A rq s. C.
A m e n g u a l, F. B u llric h , N. Fedu' c, S. K a v a n a g h ,
R . L a n g e , H. M a rtín e z C a rre ra s, H. Pand o, J . Pé­
re z C a se s, D. S ch n eid er, C . Si e ' V . S ig a l, B . Sig a l, J . S a a l, H . T o scan o , M . V- -vograd.
E stru ctu ra s: A rq s. J . S aal y H . T o scano

Pe rsp e ctiva

12

�A sp ecto de la ca lle de un pueblo co rren tino .

T e rre n o elegido p a ra uno de los h o sp itales.

Planteo . Estos tres hospitales fueron en car­
gados a A m a n d o W illia m s por el M in isterio
de Salud P ú b lica . Debían levan tarse en la
p ro vin cia de C o rrien tes, en las zonas de
M b u ru cu yá, C u ru zú C u a tiá y Esq u in a, que­
dando a cargo del arqu itecto la elección de
los terrenos y la elab oración de los pro­
gram as.
Los lugares elegidos poseen un clim a de
c a ra c te rístic a s p a rticu la re s. Son frecuentes
las grandes llu v ia s , las d ife re n c ia s de te m ­
p e ratu ra y las m arcas té rm ica s elevadas,
que a lc a n z a n a menudo los 4 5 ° .
La población es de ca rá cte r netam ente ru­
ral. Su nivel so cial, en general m uy preca­
rio, hace n e cesarias una acció n ed ucativa
e fic a z y la p rá c tic a in ten siva de la m edicina
p reven tiva. El h o sp ital, en consecuencia,
debe a c tu a r a la m anera de un centro a g lu ­
tin ador que a tra ig a a los vecinos y pueda
fu n cio n a r a la ve z como un ente autónom o.
W illia m s se propuso estud iar cada sector
constitutivo del hospital como un elem entotipo que pudiera ser u tiliz a d o en los d ife ­
rentes proyectos varian d o solam ente sus
conexiones, tam añ o o posición, pero sin su­
frir otras m o d ificacio nes. Esto c re a ría una
estrecha relación y unidad entre los tres pro­
yectos y fa c ilit a r ía considerablem ente la
construcción. Por otra p arte, la ausencia
de servicios m ecánicos y una im posición del
M in iste rio , obligaban a d e sarro lla r los ed i­
ficio s en una sola p la n ta , por lo que e xistía
el peligro de co n vertir al hospital en un
conjunto de pabellones independientes, con
los inconvenientes de o rg an izació n y c irc u ­
lación que ello tra e ría ap arejad o .
El arq u itecto resolvió todos estos problem as
proyectando el hospital como un conglo­
m erado de cuerpos estrecham ente v in c u la ­
dos y protegidos por un gran techo de
12 m ts. de a ltu ra que los a b a rc a ra to ta l­
m ente. Los hospitales se convirtieron así en
pequeñas ciudad es con sus ed ificio s p e rfec­
tam ente protegidos del c a lo r, los vientos
y las helad as, sin necesidad de re cu rrir a
techos de gran espesor, g eneralm ente a n ti­
económ icos y de una e fectivid ad re la tiv a .
Como co nsecuencia, la fisonom ía del con­
junto cam bió fu n d am en talm en te con res­
pecto a la de los hospitales com unes. Estos
se tran sfo rm aro n en lugares de fá c il acceso
para la población, que podría acu d ir a ellos
p ara observar de cerca su funcio nam iento ,
enterarse de sus activid ad e s, reunirse para
escu char co n feren cias o presenciar e x h ib i­
ciones c in e m a to g rá fica s, etc. Si se tie n e en
cuenta el bajo n ivel c u ltu ra l y sa n ita rio de
a zo n a, podrá ap reciarse la im p ortancia

P e rsp e ctiv a

13

�que reviste el hecho de que el vecino se
fa m ilia ric e con ese am biente y se a c e r­
que al mismo sin tem or, perm itiendo así
h acer efectivo s los principios de la m edicina
p reven tiva.
Todos estos facto res determ inaron que los
hospitales se proyectaran en las a fu e ra s de
los pueblos, a d istan cias m enores de los
8 0 0 m etros y unidos a los m ism os por bue­
nos cam in os. Con las poblaciones m ás a le ­
ja d a s y , especialm ente en tiem pos de llu v ia ,
las com unicaciones son m ucho m ás d ifíc i­
les. Se previo entonces el funcionam iento
de una pista de a te rriz a je a n e xa que per­
m itiría u tiliz a r un avión pequeño y un
helicóptero para tran sp o rta r enferm os de
urgencia. Dichos ap arato s podrían adem ás
guardarse bajo el techo del hospital.
O rg an iza ció n . El hospital está dividido en
v a ria s zonas que se conectan entre sí por
corredores o bien , de una m anera m ás
flu id a , a travé s de la parte te ch ad a. Ellas
son: servicio s internos, externos, generales
y ane xo s; estos últim os com prenden las v i­
vien d as para m édicos y personal a d m in istra ­
tivo . En Esquina y C u ru zú C u a tiá existe,
ad em ás de los anterio res, un sector para
escuela y v ivie n d a de nurses y alojam iento
p ara m onjas.
A l estud iar la intern ació n se llegó a la con­
clusión de que ésta debe ser lo m ás peque­
ña posible, con el objeto de que los e n fe r­
mos pasen la co n valecen cia en sus casas y

P la n ta general del hospital de Esquina

14

su estadía no g ravite dem asiado en el pre­
supuesto del hospital. Pero como, por otra
p arte, los enferm os deben ser agrupados
por sexos, tipos de enferm edad, etc. y es
conveniente e v ita r en lo posible la concen­
tració n de gran cantid ad de ellos en una
sola s a la , h ab ría entonces que preveer la
existe n cia de un núm ero considerable de
sa las pequeñas. Se llegó así a una nueva
solución (ver p lan ta de intern ació n) que
perm ite una gran elasticid ad en el agrupam iento de enferm os, al tra b a ja rse con ele ­
m entos u n itario s de tres c a m a s, conectados
por un sistem a de peine con los servicios
sa n itario s y que m ediante puertas pivotantes pueden aisla rse constituyendo una u n i­
dad que se ab astece com pletam ente a sí
m ism a.

�1
IM
P la n ta g en e ral del h o sp ital de C u ru zú -C u a tiá

P la n ta g eneral
a e n trad a del público a se rvicio s
b e n tra d a del p úb lico a se rvicio s
c e n tra d a de m édicos, p erso n al,
m a c ia ; lle g ad a de a m b u la n cia a
lios.
d e n tra d a a se rv icio s g en e rale s,
e e n tra d a a la m orgue.

e xte rn o s,
internos,
productos f a r ­
prim eros a u x i­

1 unidad de e n fe rm e ría , con elem entos tip o ,
p a ra tres ca m a s.
2 unidad de e n fe rm e ría , se rvicio s de s a la , e n fe r­
m e ras, to ile tte s.
3 unidad de e n fe rm e ría , aisla d o s, d orm itorios, y
to ile tte s.
4 rayos X , ra d io g ra fía , rad io sco p ia.
5 grupo op eratorio.
6 lab o rato rio y f a rm a c ia .
7 p rim eros a u x ilio s.
8 co nsulto rio s e xte rn o s.
9 h all de público.
10 d ire cció n y o fic in a s .
1 1 g a ra g e .
12 p atio de viv ie n d a s .
13 viv ie n d a s p a ra m édicos y p ersonal a d m in is­
tra tiv o .
14 depósitos.
15 co cin a.
16 com edor de p erso n al, junto a e n trad a de c a ­
rrito s.
17 lav ad e ro .
18 m orgue.
19 lab o rato rio , m orgue.
2 0 veredó n .
21 e stacio n am ien to .
2 2 c a p illa .
2 3 p a tio g en e ral.
24 p a tio de servicio .
2 5 ta lle r y depósito.
2 6 u sin a.
2 7 ca ld e ra s.
28 v iv ie n d a , e scu ela nurses: zo n a d orm itorios.
2 9 v iv ie n d a , e scu ela n urses: zo n a de e sta r.
30 v iv ie n d a , h e rm an as: zo na d orm itorios.
31 viv ie n d o , h e rm a n a s: zo na de e sta r.
e =: ¿e una bóveda con su co lum na.

A rm a d u ra de u na b óved a.

P e rfil.

C o rte d iag o n al.

15

�P la n ta g en e ral del h o sp ital de M b u ru cu yá
(V e r in d icació n de locales en la p la n ta a n te rio r)

E l g ru p o o p e r a t o r io f u é p r o y e c t a d o c o n la
m a y o r s im p lic i d a d p o s ib le t e n ie n d o e n c u e n ­
t a e l c a r á c t e r d e l h o s p it a l , a s ig n á n d o s e e s ­
p e c ia l im p o r t a n c ia a lo s s e r v ic io s e x t e r n o s
y d e a c c ió n s o c ia l. C a d a h o s p it a l c u e n t a
c o n u s in a p r o p ia , t a l l e r e s a n e x o s , d e p ó s it o s
y c o c in a s , c o n e l o b je to d e lo g r a r u n f u n ­
c io n a m ie n t o t o t a lm e n t e a u t ó n o m o .

P la n ta in te rm e d ia

0 0

0 0

E s t r u c t u r a . E l e le m e n t o p r in c ip a l y q u e p u e ­
d e d e f in ir s e c o m o e l m á s c a r a c t e r í s t i c o d e
lo s h o s p it a l e s e s e l g r a n t e c h o q u e c u b r e
lo s p a b e llo n e s . U n a v e z d e t e r m in a d o e l c a ­
r á c t e r g e n e r a l d e l m is m o , e n v e z d e e le ­
g ir s e e l t ip o d e c o lu m n a q u e m e jo r s e a d a p ­
t a r a a lo p r o y e c t a d o , s e d e c id ió e s t u d ia r u n
n u e v o e le m e n t o q u e l l e n a r a ín t e g r a m e n t e
la s c o n d ic io n e s r e q u e r id a s ( v e r " n v " n ° 5 ) .

D ia g ra m a de zo nas

1 s e rv id o s in tern o s: grupo op eratorio y s a la s de
in te rn a c ió n .
2 s e rv id o s e xte rn o s: consultorios y o fic in a s .
3 se rv icio s g en e rale s: co cin a , la v a d e ro , m orgue,
e tc .
4 se rv id o s a n e xo s: v iv ie n d a s p a ra m édicos y
p ersonal a d m in is tra tiv o .
5 se rv icio s a n e xo s: c a p illa .
6 zo n a s e xte rio re s cu b ie rta s por el techo supe­
rior.
7 cam in o g en e ral de acceso.

"1

16

T

�Se ideó así una unidad e stru ctu ral que
en su p arte m ás a lta mide 1 2 ,5 3 m ts. y
en la m ás b a ja 1 0 ,7 0 m ts. C ad a colum na
es estática y au toportante, es decir, no
necesita de ningún otro apoyo para m ante­
nerse en eq uilib rio . Los efectos del viento
tienden a descarg arla y la m ayor parte de
|as deform aciones se producen en sentido
v e rtic a l. Los desagües se re a liza n por el
interio r de las co lum n as, cuya unión con
la bóveda actú a como una v á lv u la de segu­
ridad . No siendo posible c a lc u la r m atem á­
ticam en te la e stru ctu ra , se realizaro n pre­
viam en te m aquetas en yeso y p lástico y
7 modelos en escala 1 / 1 0 p ara e n say ar las
porgas, llegándose tra s su ce sivas m o d ifica­
ciones al diseño fin a l del elem ento.

Plan o de u bicació n

A so leam iento . Un tem a de ta n ta im p ortan­
c ia en un hospital fué aquí objeto de espe­
cia l atenció n. Como las bóvedas pueden su­
prim irse totalm ente o en p arte, alg unas
zo n as interiores pudieron ilu m in arse c e n ita l­
m ente, m ientras que otras recib ían el sol por
medio de un ave n tan eam ien to la te ra l. En
las zonas de ilum inació n ce n ita l se estudió
un sistem a de plástico que p erm itiera el
pasaje de luz por los techos. En colabora­
ción con técnicos argentinos y holandeses
se calcu ló la intensid ad lum inosa necesaria
en todos los lug ares, deduciéndose de ella
la ab ertu ra correspondiente en las ven tanas
y el techo.

Sector de un corte lo n g itu d in a l. H o sp ital de Mbu
ru cu yá

Este proyecto ha sido un ensayo en gran
pscala acerca de la m anera en que puede
p n cararse el estudio de un problem a a rq u i­
tectónico con la ayuda de un intenso tra ­
bajo c ie n tífico fu n cio n al e in te g ral. Los es­
tudios, iniciados en 1 9 4 7 , fueron aproba
dos en 1951 y continuaron hasta 1 9 5 4 .
Sería sum am ente im p ortante, por la calid ad
del aporte que representan p ara el desarro­
llo de la arq u itectu ra h o sp ita la ria , no sólo
en el plano n a c io n a l, sino tam b ién en el
in te rn a cio n a l, que el M in iste rio de Salud
Pú b lica a u to riza ra sin m ás dilacio nes el
com ienzo de las obras, que se encuentran
ap robadas desde 1 9 5 5 .

Sector de un co rte lo n g itu d in a l. H o sp ital de V c - ru cu yá

17

�In te rn a ció n .
1
2
3
4

c irc u la ció n g e n e ra l.
co m u n icació n a se rvicio s g en e rale s.
co m u n icació n a h a ll de p úb lico .
co m u n icació n in tern a a grupo operatorio y ser­
vicio s e xte rn o s.

A
5
6
7
8

u n id ad de aislad o s.
circ u la ció n .
o ffic e y baño.
ropa su cia .
dorm itorio.

B unidad de e n fe rm e ría , (sección ca m a s).
9 elem ento tipo p a ra tre s e n term os.
10 ro p e ría , v e n ta n illa , e n tre g a de ropa lim p ia.
C
a
b
c
d
e
f
g
h
i
j
k
1
M aq u e ta de la zo na de in te rn a c ió n .

S e rvicio s g en erales.
a e n tra d a a m orgue,
b e n tra d a a se rv icio s g en erales.
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20

circ u la c ió n g e n e ra l.
circ u la c ió n g e n e ra l.
la v a d e ro , p ile ta s p a ra rem ojo.
la v a d e ro , a u to c la v e .
la v a d e ro , p ile ta s p a ra la v a r.
tan q u e s p a ra p re p a ra c ió n de jab ó n y a z u l.
lavad e ro m e c á n ica .
c e n trífu g a .
secad or.
p re n sa p la n ch a .
m esas de tra b a jo .
ro p e ría , e n tre g a de ropa lim p ia.
ro p e ría , v e n ta n illa de en treg a de ropa lim p ia .
p erso n al, v e stu a rio s y to ile tte s hom bres.
p erso n al, ve stu a rio s y to ile tte s m ujeres.
c o c in a , e n tra d a y e stacio n am ien to de c a rrito s.
co cin a , h a ll.
co cin a , local g e n e ra l.
co cin a , d esp ensa.
c o c in a , frig o r ífic o , a n te c á m a ra y fa b ric a c ió n
de hielo.
21 co cin a , frig o r ífic o , cá m a ra .
2 2 co cin a , p re p a ra c ió n .
23 co cin a , c a fe te r ía y lavad o m ecán ico de v a jilla .
24 co cin a , com edor del p erson al.
2 5 depósito g en e ral co m estibles y ecónom o.
2 6 depósito g e n e ra l, co m estibles y ú tiles de lim ­
p ie z a .
27 depósito g e n e ra l.
2 8 ca ld e ra s.
2 9 d ep u ració n del ag u a .
3 0 u sin a .
31 g a ra g e .
3 2 p atio de se rv icio .
33 m orgue, e n tra d a .
3 4 m orgue, s a la de au to p sia s.
3 5 m orgue, cá m a ra frig o r ífic a .
3 6 to ile tte .
37 lab o rato rio .

18

unid ad de e n fe rm e ría (sección se rvicio s),
to ile tte en fe rm o s,
la v a c h a ta s y slop sinks.
arm ario s in d ivid u ale s p a ra en ferm os,
cu racio n e s y m édico je fe ,
e n fe rm e ra s, s a la de tra b a jo y co ntroles,
circ u la c ió n y g u a rd a c a m illa s .
depósito w ú tiles de lim p ie za ,
ropa su cia .
v e s tu a rio , to ile tte de e n fe rm e ra s,
b años, to ile tte ,
b años, b añ ad e ro s.
o ffic e m u cam as.

�S e rv id o s e xte rn o s.
1 e n tra d a público a se rv icio s e xte rn o s.
2 e n trad a público a se rv icio s internos.
3 e n tra d a m édicos, p erso n al, productos de f a r ­
m a c ia , lle g ad a de a m b u la n cia s.
4 h all de e n tra d a , c irc u la ció n del p úb lico .
5 inform es.
6 to ile tte p úb lico , m ujeres.
7 to ile tte p úb lico , hom bres.
8 fich e ro s.
9 d ire c to r, despacho.
10
m édicos, s a la .
1 1 m édicos, ve s tu a rio .
12 m édicos, to ile tte , d u ch a.
13 circ u la c ió n in tern a de m édicos, e n fe rm e ra s,
p ersonal a d m in is tra tiv o .
14 to ile tte p erso n al, hom bres.
15 to ile tte p erso n al, m ujeres.
16 co n sulto rio , c lín ic a m éd ica y q u irú rg ica .
17 co n sulto rio odontológico.
18 co nsulto rio o fta lm o lo g ía y o to rrin o la rin g o lo g ía .
19 p rim eros a u x ilio s.
2 0 f a rm a c ia , depósito.
21 fa rm a c ia local de tra b a jo .
22 la b o rato rio , a rch iv o .
23 la b o rato rio , local de tra b a jo .
2 4 rayos X , lab o rato rio .
25 rayos X , ra d io g ra fía y rad io sco p ia.
26 depósito de ú tile s.
27 m édico de g u a rd ia , dorm itorio y to ile tte .

S ervicio s internos.
28
29
30
31
32
33
34
35

grupo o p e rato rio , h a ll.
grupo o p e rato rio , ve stu a rio m édicos.
ve stu a rio e n fe rm e ra s.
grupo o p e rato rio , lavad o de ciru jan o s.
grupo o p e rato rio , s a la de c iru g ía .
grupo op e rato rio , e s te riliz a c ió n .
sección p a rto s, s a la de p arto s.
sección p a rto s, p re p arto s.

S e rvicio s an e xo s.
V iv ie n d a p ara m édicos y p ersonal a d m in is tra tiv o .
1 e n tra d a .
2 o ffic e , co cin a.
3 s a la de e sta r.
4 d orm itorio.
5 d ire c to r, s a la .
6 baño.
7 d ire c to r, p atio .
8 p atio .
9 co m u n icació n con cam in o de acceso y h o sp ital.

M aq u e ta de la zo n a de in te rn a c ió n .

19

�Algunos problemas del diseño
A rq . Francisco Bu llrich

Resulta hoy d ifícilm en te d iscutible, algo a sí como el producto de un
elem ental sentido com ún, la a firm a ció n en el sentido de que la form a del
objeto debe responder a su función de uso y a la técnica de su produc­
ción. M ás aún , podría creerse que este principio ha impulsado a los
hombres en la producción de objetos a lo largo de toda la historia. Esto
im p lica ría , sin em bargo, desconocer que la form ulación e xp lícita de este
principio se realizó en un período histórico determ inado y que, en su
momento, representó una conquista cu ltural de gran im portancia. A l
a sim ilarlo al sentido común como una categoría e xtra h istó rica, se hacen
incom prensibles, no sólo las form ulaciones de M orris, sino toda la evolu­
ción posterior del diseño y la crisis cu ltu ral que se opera en el campo
de la producción de objetos de uso cotidiano.
Para a n a liz a r las circu n stan cias en que el principio de unidad de form a,
función y técnica fué form ulado, deben tenerse en cuenta dos factores:
1) la estructura económ ica de la sociedad ca p ita lista ; 2) la actitud in­
congruente de los integrantes de esa sociedad con respecto a los objetos
que producen y usan.
Cabe se ñ alar, en lo que respecta al facto r m encionado en prim er térm ino,
que las relaciones de producción, al igual que otras m anifestaciones de
la sociedad c a p ita lista , no son evidentem ente comunes a todas las épocas
de la historia. Son el fruto de un largo período de transform aciones a n ­
tiguas, en el campo de la producción social y de la actividad cu ltu ra l.
Es necesario, por lo tanto, un estudio previo de las estructuras sociales y
económ icas anteriores al cap italism o , si se quiere lograr una visión com­
pacta y com prensiva de los cam bios producidos en el campo de la pro­
ducción de objetos de uso con el advenim iento del industrialism o. Esas
estructuras tenían una ca ra cte rística común que no encontram os en el
industrialism o: en ella s, el producto se creaba con vistas a su uso por
parte del propio productor y la circu lació n de m ercaderías se efectuaba
sólo en su form a sim ple, abarcando un excedente relativam ente pequeño.
Es decir, el valo r de uso, ya sea en la producción o en el intercam bio,
era el fin directo perseguido. En esta situació n, el productor conform aba
los objetos que producía teniendo en cuenta el uso a que estaban desti­
nados y la técnica de producción existente.
Es evidente que en esa valo rizació n de las funciones de uso no lo guiaba
el mismo espíritu que guía hoy a los diseñadores, sino que un conjunto
de factores mágicos y religiosos intervenía en el proceso de m anera más
o menos acentuada. No hay que olvid ar, adem ás, la in flu en cia de la
censura so cial, que tendía a rech azar cuanto representara un alejam iento
de cierta s form as elaboradas por el grupo hum ano a lo largo de su h is­
to ria. En estas condiciones, es evidente que si bien la evolución de las
form as se realizab a con un ritmo lento y los progresos en el orden de la
producción eran precarios, la responsabilidad se hacía ineludible en su
elaboración, que era objeto de una depuración consciente y cotidiana.
La aparición del cap italism o trastoca toda esta situación. La fab ricació n
de los productos se re aliza ahora con vistas a su posterior intercam bio
como m ercaderías. Se producen objetos que ya no tienen valo r de uso
inm ediato para el productor, sino que tienen valo r de uso para terceros,
es decir, que poseen valo r de cam bio sólo para el c a p ita lista , al cu a l,
necesariam ente, le es ind iferen te el tipo de m ercan cía que produce.
La producción ca p ita lista está íntim am ente ligada a la circu lació n del

20

�dinero como c a p ita l, que "lle v a en sí m ism a un fin , pues la valo rizació n
del valo r sólo se da dentro de este proceso constantem ente renovado".
En otras p alab ras, dice M a rx , "e l va lo r de uso no puede considerarse
jam ás como fin directo del ca p ita lism o " 0 ). Esta es una de las razones
fund am entales a que se debe la anu lació n constante del p rincipio de
unidad de fo rm a, función y técnica en la producción del industrialism o.
Por otra p arte, el precio netam ente inferio r del producto industrial per­
m itió desplazar al producto a rte sa n a l, aun cuando éste tuviera m uchas
veces condiciones fu n cion ales de uso m uy superiores, y ello debió ahondar
necesariam ente la despreocupación de los industriales por la adecuación
de sus productos al uso a que estaban destinados.
La ind iferen cia del ca p ita lista — que no ve ante sí sino signos de valo r,
m ercan cías— por el valo r estético del producto, no basta para e xp lica r
la crisis estético-funcional de la producción ind u strial. Es evidente que
la burguesía su fría un complejo de inferio ridad notorio respecto de los
valores cu ltu ra les elaborados por la nobleza, como resultado del cual no
veía la posibilidad de que la m áquina pudiese desem peñar un papel
im portante en la evolución a rtístico -cu ltu ral de la sociedad. De a h í que
pasara tiem po sin que se tu viera en cuenta a la m áquina como elemento
propiciador de una nueva estética, de ah í esa absurda im itación del
producto a rte san a l. A rte sa n ía y arte quedaban así identificados y la esci­
sión entre el arte, la producción y la sociedad no tardó en exterio rizarse.
Lo dicho más arrib a no im plica el rechazo completo de la producción
ind ustrial de la prim era m itad del siglo pasado. En algunos cam pos,
cierta s innovaciones técn icas trajero n m ejoras considerables e indiscu­
tibles. Sin em bargo, la estim ación de las necesidades funcionales adqui­
rió un ca rá cte r m ecan icista y abstractam ente estadístico. Ello no se debió
exclu sivam en te a lo señalado al referirnos a la circu lació n de m ercade­
ría s, sino que se produjo adem ás por el ca rá cter fragm en tario que la
intervención del obrero adquirió en el proceso productivo ind u strial. En
este terreno se asistió a cam bios tan notables como los producidos en el
intercam bio de m ercaderías.
En la producción a rte sa n a l, el proceso productivo era llevado a cabo del
principio al fin por una sola persona que tenía una visión com pleta del
mismo y de las necesidades fu n cion ales y estéticas del objeto a fa b ric a r.
En esta form a se lograba una síntesis coherente del arte y la producción
y , por ende, del a rtista con la sociedad. El cap italism o industrial destruyó
todo este estado de cosas. El productor efectivo del objeto (el obrero
ind u strial) no logra tener en momento alguno una noción com pleta del
proceso productivo, pues esa noción se traslad a ahora a los organizadores
del proceso, vale decir, a personas que no intervienen físicam en te sino
m entalm ente en la elaboración de la form a.
En las prim eras etapas del industrialism o , el ingeniero organizador del
proceso productivo fué el encargado de ejercer este papel. Conocedor
de las nuevas técn icas de producción, pareció ser la personalidad indicada
para ello. Pronto, sin embargo, se pudo observar que, tanto por su des­
conocim iento de las necesidades del usuario como por su situ ació n, to ta l­
m ente al m argen de la evolución a rtística de la sociedad, no llenaba
las condiciones requeridas. N acía así la necesidad de un nuevo personaje:
el diseñador ind u strial.

x
r

El C a p it a l, tom o i, v o i. i, pp.
Fondo de C u ltu ra Eco n ó m ica,

Y a en el siglo pasado la crítica de arte percibió claram ente la im portancia
que iba adquiriendo el problem a. Sin em bargo, fué necesario pasar por
una larga crisis conceptual hasta que fu era enunciado el principio de
unidad de fo rm a, función y técn ica con sus im plicaciones m aquinistas.
A h ora bien, fren te a la situación creada por el ind ustrialism o , dos fueron
las reacciones. U na de ellas pregonaba la elim inació n de la m áquina: sus
sostenedores sólo veían en ésta un instrum ento de m iseria y de incohe­
rencia y pregonaban la vu elta a la producción a rte san a l. T a l era la
actitu d adoptada por M orris y R u skin , cuyos conceptos crítico s habrían
de servir sin embargo a otros pensadores para cim en tar una concepción
que ve en la m áquina el instrum ento para la creación de una nueva
estética y , al mismo tiem po, un medio que, conscientem ente controlado
por el hom bre, servirá para reconquistar la libertad y la igualdad de las
re|a c ¡ones sociales p rim itivas.

21

�Esta nueva concepción tuvo su portavoz en H enry van de Velde. El
reconoció la im portancia de la m áquina como propiciadora de una nueva
estética y expresó con clarid ad el principio de unidad de fo rm a, función
y técnica y sus im plicaciones cu ltu ra les. Las bases teó ricas del diseño
como d iscip lin a estaban dadas. El problema consistía entonces en llevar
a la p ráctica esos principios y e xtra e r de ella exp erien cias que p erm itieran
d esarro llarlos, es d ecir, había que en trar en contacto con el mundo de
la producción. Los intelectuales vinculados al diseño fueron tomando
conciencia de esto y hoy podemos a firm a r con M a x Bill que "h a ce un
siglo que un clam or recorre el mundo en ondas sucesivas: tenemos el
deber de fa b ric a r productos útiles con m ateriales adecuados, fácilm en te
su stitu ibles, recurriendo a los medios m ejores de que disponemos y
cum pliendo responsabilidades so ciale s" (2).
Sin em bargo, la fa lta de contacto entre los a rtista s y los sectores indus­
tria le s, expresión de la profunda escisión que e xistía entre el arte y la
producción, fué el prim er gran escollo que debían vencer quienes querían
poner en p ráctica tales principios. El diseño racional de los productos, si
bien sim p lifica b a los procesos de producción y elim inab a inversiones
su p erflu as de cap ital no era un argum ento suficientem ente poderoso para
los ind ustriales. Era necesario ap e lar a otros. El prim er m anifiesto del
Deutsches W erkbund en 1911 insinuaba un argum ento de m ayor interés
para los productores. A llí se decía que un diseño racional p erm itiría
d esplazar de los mercados a los competidores menos avanzados y que,
de esta m anera, la industria alem ana podría aum entar sus ventas y lograr
m ayores g anan cias. Este argum ento interesó en seguida a los sectores
industriales y , por un instante, se creyó que las bases para el desarrollo
del diseño estaban asentadas. D esgraciadam ente, el argum ento, adem ás
de falso , era peligroso.
Era falso porque la historia de estos últim os cincuenta años ha demos­
trado que, apenas se tom aron m edidas de racio n alizació n en la industria
alem a n a, las industrias de otros países hicieron lo propio a los pocos años,
sin que se realizase así el desplazam iento anunciado sino por un período
m uy reducido de tiem po. Y era peligroso porque, realizado el ciclo com­
pleto, los Industriales, desesperados por aum entar sus ven tas, se dedicaron
a cam b iar en form a "se n sa c io n a l" — entiéndase a rtific ia l— sus pro­
ductos.
Desde fin es del siglo pasado, sólo un grupo m uy reducido de hombres han
sabido crear form as sanas. La gran m ayoría de los "d e sig n e rs" han
practicado y p ractican el oportunism o más descarado. A l decir de George
Nelson, estos diseñadores "pierd en tanto tiem po pensando en el público
que les queda poco tiem po para pensar en el producto". Es decir, no
ven en aquél al usuario, sino al com prador del producto, de modo que
el resultado es un fo rm alism o convencional, que se concreta en el aerodinam ism o de objetos inm óviles y en alg unas otras deform aciones que
pululan especialm ente en el llam ado diseño am ericano.
M oholy-N agy es, por cierto , quien ha an alizad o con más perspicacia la
situación actu al del diseño en EE. U U . En su libro "V isio n ¡n M o tio n "
dem uestra cuán lejos se está de haber resuelto el problema y cuán grave
es la situación presente al se ñ a la r: " E l diseño, en nuestros días, es una
lucha por lograr ventas rápidas; generalm ente, nada más que un ropaje
externo alrededor del producto. Su ca ra cte rística sobresaliente es la de
ser "d ife re n te " , aunque su función siga siendo la m ism a. El diseñador es
llam ado para " e s t iliz a r " o "po ner de m oda" un producto ya pensado y,
cuanto más cam bia un "d ise ñ o ", m ayor se supone su contribución al au ­
mento de las ve n ta s" (3).
En esta ca rre ra alo cad a, es la continuidad m ism a de la cu ltura la que
está en peligro, porque la destrucción de valores trad icio n ales no se ve
equilibrada por la creación de auténticos valores nuevos, condición vital
en la supervivencia de toda cu ltu ra . Para ésta, la calidad interesa más
que la novedad. La irresponsabilidad más notoria guía a los productores,
vendedores y com pradores de "novedades ilu so ria s". T ir a r por la ventana
un pasado cu ltu ra l sin c rítica ni beneficio de inventario, no es una tarea
co nstru ctiva, es una acción n ih ilista . La novedad por la novedad m ism a,
que sólo se funda en el a fá n de lucro y se h a lla fom entada por una pro­
paganda irresponsable, no sig n ifica ninguna conquista cu ltu ra l.
De lo dicho p areciera desprenderse que nuevas condiciones históricas de
producción se hacen necesarias para un pleno desarrollo del principio de
unidad de fo rm a, función y técnica que, como vim os, surgió en el mundo
como consecuencia de una serie de cam bios en la producción. N uevas
condiciones históricas engendrar) hipótesis teóricas que, para re alizarse ,

22

(2 ) M a x B ill: " B e ie z c p rovincia da fu n c a o e belezo
como fu n c a o " . En
H a b ita t '. n9 2 , Sao Pau lo ,
en ero-m arzo 1951.
(3) La szlo -M o h o ly-N a g y: " V is io n in M o tio n ", p. 3 4 .
C h ic a g o , P au l T h e o b a ld , 1947.

�exigen a su vez nuevas condiciones históricas (4). M as se presentan en­
tonces una serie de interrogantes: ¿Qué hacer m ientras tanto? Las nuevas
condiciones h istóricas ¿g a ran tiza rá n por sí solas el respeto de los p rin ­
cipios del diseño? ¿Qué otros cam bios es preciso introducir y cuál será la
evolución fu tu ra del problem a?
Con respecto a lo prim ero, sólo cabe apoyar a quienes están empeñados
en cre a r, defender y llevar a la p ráctica con éxito un repertorio de form as
sanas, y luchar por la creación de una conciencia de la fo rm a, coherente
con las coordenadas presentes. En esta ta re a , sin embargo, es necesario
un am plio esclarecim iento, pues muchos sectores siguen empeñados en
no rebasar los lím ites de la definición un tanto m ecan icista de S u llivan .
Bill es quien probablem ente ha comprendido con m ayor profundidad el
problema al a firm a r: "S e ha hecho evidente que no puede trata rse sola­
mente de d esarro llar la belleza a p artir de la función, debemos exig ir
antes que la b elleza, yendo a la par de la función, sea ella m ism a una
fu n ció n ". Surge así un nuevo planteo en el cual función y form a no se
suceden en el tiempo sino que se relacionan en form a sim ultánea y con­
tinu a (5).
Con respecto a los otros interrogantes, las respuestas no son tan claras.
N ad ie, y muchos menos un m a rxista, estaría dispuesto a a firm a r que,
realizados cam bios revolucionarios en las relaciones de producción de los
hombres, deban producirse sin más cam bios completos en la cu ltura de
un grupo hum ano. Los inm uebles neoclásicos que se han venido constru­
yendo en la U .R .S .S . son una dem ostración p alm aria de que, adem ás de
las m encionadas, son necesarias otras m odificaciones para que los hom­
bres puedan elaborar form as auténticas de uso. C uál es el ritmo de
esos cam bios, es, sin duda, d ifícil de d eterm inar, tantas son las variab les
para cada grupo hum ano, pero que ellos son necesarios, es cosa indis­
cutible.
Es evidente que la actitud de los hombres frente a los objetos que pro­
ducen y usan constituye un aspecto im portante de la cu ltu ra . Y que esa
actitud desempeña un papel im portantísim o en la definición de las form as
de dichos objetos es indudable. Los hombres vienen abandonando desde
hace un siglo y medio la actitu d a rte sa n a l, que id en tifica la noción de
arte con un determ inado sistem a de producción (hoy superado), y aún no
han adoptado una actitud coherente con las coordenadas industriales.
Estamos atravesando una crisis profunda, que se expresa por la defensa
retrógrada de valores convencionales, por la continua aparición de "n o ­
ved ad es" y por una apatía general
El hombre no ha encontrado aún su ubicación en la com pleja tram a de
problem as creados por el m aqum ism o y ya estamos a las puertas de una
revolución de no menor im portancia que la que se produjo como resul­
tado de las invenciones m ecen cas de os siglos X V I I I y X I X . N adie
puede ab rig ar en el presente ninguna duda con respecto a la im portancia
de las consecuencias que provocará la introducción de los cervom ecanismos en los procesos de producción. Cu án to tiem po tard ará en desarro­
lla rse el cam bio y qué nuevas incógnitas se presentarán, es m ateria de
discusión, pero lo que desde ya podemos a firm a r es que una nueva a c ti­
tud del individuo frente a los objetas se h ará n ecesaria.

(4) A . G ra m sc i: 'II m ate rialism o d ia le ttic o e la
filo s o fía de Benedetto C roce, p. 39. T o rin o , Einaud i, 1949.
(5 T . M ald on ado : " M a x B ill" p, 9 . Bs. A s ., N u e­
v a V is ió n , 1955.

23

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V is ta del co n ju n to , desde R iv a d a v ia .

Edificio para una cooperativa de
vivienda
A rq s. F. Beretervide, W . Acosta y
A . F e lic i; J . C. R uiz

24

Este e d ificio presenta un p a rtic u la r interés
para la evolución de nuestro urbanism o. En
efecto, aunque fué construido al mismo
tiem po que los m onoblocks de la época
peronista, ya se halla b a proyectado y en
trá m ite con an terio rid ad , por lo que resu l­
ta ría ser una de las p rim e ra s proposiciones
para unidades de vivie n d a en condiciones
u rb an izab le s (decim os así atendiendo a las
c a ra cte rístic a s intern as y servicios generales
del ed ificio ) construida en nuestro país.
T a m b ié n es de se ñ alar el hecho de haber
sido propuesto y fin a n c ia d o por la C oopera­
tiv a El H ogar Obrero con destino a sus
asociados. Representa, por lo tanto, el raro
caso de que una o rgan ización cooperativa
arg e n tin a aborde con su fu e rza económ ica
una cuestión de vivie n d a .
En 1 9 4 1 , la C ooperativa realizó un con­
curso p rivad o entre seis firm a s de a rq u i­
tectos, estableciendo como condiciones: m á­
xim o ap rovecham ien to de la su p erficie y
asoleam iento adecuado. P a ra em plear todo
el terreno, el R eglam ento de C onstru ccio ­
nes hub iera exigido un ed ificio de 9 pisos
y unos 1 1 patios internos, por lo que se
decidió d e cla ra r desierto el concurso a la
vista de los anteproyectos.
Se efectuó una segunda prueba a fin de
ese año, autorizánd ose 14 pisos, resultando
Dremiado poco después el proyecto reali-

V is ta la te ra l.
R iv a d a v ia .

En p rim er p lc r c

el cuerpo sobre

V ís t ce
- c ce rach a, la ca lle Ro­
sa rio . Los dos g ran d e s elem ento s v e rtic a le s , s i­
tuado s a los ladoss so n co n tra fu e rte s y en ellos
se h a lla n les
as re : reu lació n .

�O tra v is t a , desde el puente fe rro v ia rio ce rcan o .
Es visib le la m ag n itu d de la o b ra, en relació n a
las ca sas que la rodean.

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3 7 J = 3 iT - n m "
ilK*■*&gt;&gt;"»ÉBPW T T 1
D e talle de la fa c h a d a norte.

zado por Beretervide y su equipo. Posterior­
m ente se siguió elaborando el te m a, hasta
lleg ar a un m onoblock de 2 2 pisos, en un
solo cuerpo con fre n te N .E . y una ligera
c u rv a tu ra , propuesta por razones p lásticas
y de asoleam iento. Este fué aprobado como
proyecto d e fin itiv o , pero dadas las condicio­
nes reinantes, la cooperativa decidió en
1 9 4 4 suspender tem p orariam ente el estu ­
dio, que fué recom enzado en 1 9 4 8 . Por
fin , en 1 9 5 1 , se inició la o b ra, que quedó
concluida en 1 9 5 4 .
En cuanto a las hipótesis que se plan teara
el equipo, éstas son sim ples: m áxim o
núm ero de d epartam en tos, m áxim o aso lea­
m iento (rigurosam ente estudiado) y re la ­
ción del e d ific io con la m an za n a a travé s
de prolongaciones con fre n te a las c a lle s.
Estas fueron proyectadas para la a ltu ra
que perm ite el Código en esas zon as. A l
in te rio r, un gran cuerpo c e n tra l. L a s f a ­
ch a d a s, como tam bién en una buena parte
los volúm enes, fueron considerados un
resultado lite ra l de la d istribución in te rn a,
y no se plan tearo n o tras co rrelaciones.
E equipo desarrolló estas hipótesis c la ra
y coherentem ente, aunque sus resultados

presentan alg u n as in su fic ie n cia s p a rtic u la ­
res. A clare m o s antes que el ed ificio se dis­
pone según el eje m ayor del terreno , que
es una fa ja con fre n te s a la A v d a . R ivad av ia , a la c a lle Rosario y latera lm en te a
Riglos.
L a p lan ta ha sido d esarro llada
en form a de Z , con la ram a m edia de
2 2 pisos de a ltu ra y las la te ra le s, de 6 y
1 1 pisos. El e d ific io está separado de las
m edian eras por dos patios, obstruidos hasta
cie rta a ltu ra por la e d ificació n v e c in a .
A q u í notam os un prim er inco nven iente: la
m an za n a estrang ula al e d ificio y , en conse­
cu e n c ia , éste carece de relación con el en­
torno, al punto que sólo se lo puede ap re­
c ia r en form a y calid ad desde cie rta dis­
ta n cia .
En segundo lug ar, las ram as cortas de la Z ,
cubriendo los frentes a R iv a d a v ia y Rosario,
no logran a rtic u la r las d istin tas partes del
e d ific io , pues se disocian de él en una
form a poco c la ra . Esto es tan perceptible,
que el ed ificio parece ca m b ia r sensiblem en­
te, según el lado en que se lo contem ple.
El efecto se acentúa por las d ife re n cias do
tratam ien to entre fa c h a d a s y por la conti ­
nuidad extern a de los volúm enes (y, a

Esquina sobre el pasaje Rincón.

25

�7
P la n ta b a ja .

TÍT
tu-

1

1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19

E n tra d a .
N egocio.
H a ll.
V e stíb u lo .
Saló n .
T e rr a z a del saló n
T o ile tte s .
D epósito b icic le ta s
Espera.
T e rr a z a cu b ie rta
T e rr a z a a b ie rta .
P a tio .
T ra s tie n d a .
Negocio g ran d e.
R e co va.
Negocio chico.
H a ll.
T e rr a z a .
P a tio .

En tresu elo .
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16

V a c ío saló n .
C a b in a .
En tresu elo .
V a c ío negocio.
D ep artam e n to s C l.
T e rr a z a .
V a c ío p órtico.
V a c ío del negocio.
V e stu a rio y to ile tte s m ujeres.
V e stu a rio y to ile tte s hom bres.
C o n tra lo r.
V a c ío .
A d m in is tra c ió n .
V a c ío v id rie ra .
Tesoro.
T e ch o de la recova.

P la n ta tipo pisos 7 a l 11.
1
2
3
4
5

P a sillo de acceso a los d ep artam e n to s.
D ep artam en to s com edor y 2 d orm itorios.
D ep artam en to s com edor y 1 d orm itorio.
D epartam en to 1 dorm itorio.
D epartam en to comedor y 3 d orm itorios.

V e r en la p ág. 29 p la n ta
d ep artam e n to de com edor y

P la n ta tip o pisos ’
1

ri

oeoartam entos.
- • 2 d o rm it o ri o s .

ze aam edar ■ 1 d o r m i t o r io .

4 D epartam en to c e

26

oí 2 2 .

P asillo de acceso c

. .. .
3 C e ::- :- ;- - :

e n d e ta lle de
' d orm itorio.

1 c c r-r ¡torio.

un

�veces, de la c a rp in te ría ) en los ángulos de
entronque entre los cuerpos. Creem os que
las fa ja s llen as v e rtic a le s u b icad as en estos
ángulos (c a lle R iv a d a v ia ) sólo alig e ra n el
conjunto, sin solu cionar el problem a.
Por últim o , las perentorias necesidades de
ap rovecham iento han com plicado algo el
p lan , p a rticu la rm en te sobre la c a lle R iv a ­
d a v ia , produciendo en trelazam ien to s in te r­
nos en la distribución de zonas.
Con estas notaciones c rític a s no pretende­
mos in v a lid a r el trab ajo de los arqu itectos,
sino que tratem o s de p resentar los fenó­
menos que en cierto modo lo defin en, sin
a fe c ta rlo . Por otra p arte, es evidente que,
tanto en el planteo como en la o rg an izació n ,
presenta puntos m uy bien resueltos, como
será señalado al hacer su descripción.
G lobalm ente el ed ificio consta de:

M

a) un cuerpo late ra l bajo, sobre R iv a d a v ia ,
con las o ficin a s, sa la de v en tas, depósitos,
etcé tera, de la C o o p erativa.
b) Un cuerpo de 6 pisos sobre Rosario en
el que se incluyen 16 locales o rig in a ria ­
m ente propuestos para consultorios m édicos.
c) Por encim a y al lado de los anterio res,
así como en el cuerpo c e n tra l, los d e p arta­
m entos, que m iran g eneralm ente al N .E . y
poseen una circu lació n corrida de acceso por
el S.O . En total h a y 2 6 3 departam entos
divididos en 4 categorías p rin cip ales.
N ingún departam ento tiene cuarto de ser­
vicio , pues los se rvicios generales de la
casa se atiend en:
a) Con un lavadero m ecánico situado en
el 5 ° piso.
b) C on un futu ro comedor y cocina cen­
tra l, previstos en el piso 2 3 .

I

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A n g u lo sur del e d ific io y d e ta lle del cuerpo sobre
R osario.

27
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�V is ta de ia fa c h a d a su r. Los m uros e stán fo r­
m ados por u n id ades p re fa b rica d a s "p a ra p e to v e n t a n a " , de h orm ig ón , tra b a d a s e n tre s í y
ap o yad as en la losa.

c) Con una guard ería in fa n til, in stalad a en
el prim er piso, que tiene servicio diurno y
nocturno.
L a guard ería accede a una
a m p lia te rra z a -ja rd ín , sobre las o ficin a s
de la co o p erativ a, brindando todas las co­
m odidades a los niños. En la actu a lid a d
se está efectuando un cata stro in fa n til, que
será extendido a las personas m ayores que
hab itan la casa . De este modo se podrá
atend er adecuadam ente a la salud fa m ilia r
y estab lecer un valio so sistem a de m edicina
p reven tiva.
Estos servicio s generales p lan tean una e x­
perien cia de gran u tilid ad en nuestro país,
pues desarro llan orgánicam ente las re lacio ­
nes co lectivas del grupo social d o m icilia rio
y se rvirán indudablem ente como dato b á­
sico p ara futu ro s planteos.
L a C o o perativa. Consta de un gran local
con fre n te a la c a lle , una trastien d a debajo
del m onoblock y un acceso de carg as a
trav é s de uno de los patios. El local pre­
senta una notable unidad e sp acial y su
am plitu d está e q u ilib rad a por la pequeña
a ltu ra del entrepiso calado que se encuen­
tra sobre él. L a s vig a s acen tú an el tem a,
pero en algunos lug ares, como en los locales

V is ta del p atio in te rio r, to m ad a desde las o f ic i­
nas de la co o p e ra tiva . A la d ere ch a, acceso a l
h a ll.

28

del entrepiso,

resu ltan

un

tanto

pesadas.

Los departam entos. Todos los departam en­
tos presentan la m ism a o rg an izació n que el
reproducido (T ip o C ). El vestíb u lo es de dim en­
siones relativa m en te grandes y perm ite su
uso como lu g ar de com er o como an tesala
para un consultorio. Esp acialm en te, puede
considerarse este local como el núcleo cen­
trifu g ad o r de todos los lugares del d e p arta­
m ento. Su condensación m á xim a se a lc a n z a
en un punto esp ecífico : la entrada al pe­
queño p asillo interno de servicio . Quien
accede a él puede tener una v iv e n c ia , casi
diríam os in stan tán e a, de la v ivie n d a . Las
visu a le s, las direcciones de los lugares y
la ub icación de las puertas fa c ilita n una
percepción com pleta tanto de la o rg a n iza ­
ción de los espacios como de la d istribución.
Es esta una cu alid a d destacab le de los de­
p a rtam entos, pues perm ite d ar una notable
vib ració n a lugares que tienen una d is tri­
bución sim ple, y en donde los recursos té c­
nico-económ icos obligan a una escuetez dé
medios estéticos. Este cspecto está plen a­
m ente logrado, aunque algunos d etalles de
term inació n no hayan sido tan cuidados.
Agreguem os que la m a g n ífic a vista que se

observa desde todas las ve n tan a s y el aso­
leam iento adecuado, p a rticip a n de la estru c­
tu ració n de la c a sa . Puede decirse que han
sido sabiam ente em pleados como elem en­
tos a c tivo s, sino p rin cip ales, del proyecto.
C ircu la cio n e s. Todo el m ovim iento de la
casa se re a liza por dos b a terías de ascenso­
res y escale ras u b icad as en el fre n te S.O .
En la p lan ta b a ja se h a lla n los dos h alls,
accediéndose por cada calle a la batería
correspondiente. El pasillo de piso, cerrado
con paneles prefab ricad o s, presenta un
ve n tan a l continuo, cuyos p aran tes, así co­
mo la c u rv a tu ra , lo proveen de un ritm o
unifo rm e. Esto, a su v e z, lo aco rta v is u a l­
m ente en longitud, sugiriendo un principio
de "prom enad e a r c h ite c tu ra le " , que se
acen tú a por la visión del p a isaje.
Por ú ltim o , el ed ificio cuenta con un só ta­
no, y un entresuelo para servicio s de los
departam entos y depósitos de la co o perati­
v a . El patio situado del lüdo norte es
visib le desde el h all y sirve como lugar
de exp ansió n. El otro p atio , con acceso
por R osario, es p rin cip alm en te un lugar
de m ovim iento de veh ículos y de carg a.
J . J . Go.

�1
P la n ta de un d ep artam e n to .
1
2
3
4
5
6
7
8

P asillo de acceso a los d ep artam e n to s.
P u e rta de e n tra d a .
Pasillo .
V e stíb u lo .
Com edor.
D orm itorio.
Bañ o.
C o cin a.

Interior de un departamento.

In terio r de un d ep artam e n to . En p rim er p lan o ,
a la d e re ch a , la p ue rta de acceso a l liv in g . A l
fon do , a la izq u ie rd a , el baño y a la d ere ch a,
la co cin a.

29

�Sobre los métodos de enseñanza de la arquitectura
Prof. Enrico Tedeschi
En el proceso que se desarrolla actualm ente en las Escuelas de A rq u i­
tectura se atribuye especial im portancia — dentro del orden general de
m edidas que se definen como reestructuración— ; a la redacción de
proyectos de planes de estudios. En ellos se procura conseguir un orden
m ejor y una m ayor e fica cia en el desarrollo de la ca rre ra , de acuerdo
con exp erien cias anteriores. Se proponen, en general, cam bios en la
distribución de los cursos, introducción de m aterias nuevas, regímenes
de enseñanza diferentes de los anteriores. A lg u n as propuestas están
orientadas para v a lo riza r ciertos grupos de discip lin as que interesan
especialm ente a los autores de los proyectos, o para introducir proce­
dim ientos extra u n ive rsita rio s, que si bien pueden dar resultados inte­
resantes en situaciones m om entáneas y locales, carecen de valo r general
para la form ación del arquitecto como profesional y un iversitario. La
personalidad y los intereses intelectuales de los autores de los proyectos
prevalecen en algunos casos hasta producir propuestas que solamente
tendrían vigencia en una situación hipotética, en que profesores y
alum nos fuviesen personalidad e intereses idénticos a los que m anifiesta
el autor del proyecto.
Sin em bargo, la reestructuración no puede prescindir de la situación
real de las Escuelas de A rq u ite ctu ra , que va ría notablem ente de una
a otra universidad, sobre todo en razón del número m uy diferente de
alum nos que están inscriptos en ellas. Por esto, los planes de estudios
pueden v a ria r, a fin de en carar de la m anera más conveniente las
distintas situaciones. Sería un poco absurdo, por ejem plo, a p lica r la
estructura por departam entos, adecuada a una escuela que aúna m iles
de estudiantes, a otra que los cuenta por decenas; asim ism o, la adop­
ción del sistem a de ta lle r puede ser común a todas las escuelas, pues
representan el modo más directo de reunir a los estudiantes en una
com unidad de trab ajo , pero su organización será muy diferente según
el tam año de la escuela. Los cursos p aralelos, que pueden dar resultados
fecundos en las escuelas m uy concurridas, no pueden m antenerse con
una población estudiantil reducida. Estos ejemplos son evidentes. Sin
embargo, la elaboración de planes de estudios basados en situaciones
p articu lares no es su ficien te para llen ar las fin alid ad es de la reestruc­
turación. Los planes necesitan un fundam ento de carácter general, que
asegure a la acción local valo r concreto para la form ación del a rq u i­
tecto, tarea que rebasa las lim itaciones debidas a la situación especial
de una u otra escuela.
En otro escrito sobre el tem a de la enseñanza de la arq u itectu ra he
indicado la necesidad de un concepto claro de la activid ad del a rq u i­
tecto para orientar los estudios; pero no se debe suponer que esta
prem isa indispensable conduce necesariam ente a la adopción de planes
de estudios únicos. A u n cuando puedan aceptarse conclusiones comunes
sobre este tem a, el resultado no influ ye en los planes de estudios,
que son elementos prácticos para ordenar las escuelas, sino en los
principios básicos de la activid ad docente, en el método de enseñanza
y de trabajo.
Por tal motivo, la definición de un método de enseñanza puede consi­
derarse! más im portante que la redacción de planes de estudio. M uchos
de los problem as que preocupan a los que intentan reform ar las escuelas
y de los defectos que desde hace tiempo las a fe cta n , nacen de la fa lta
de un método definido que pueda co nstituir una base cu ltu ral para
los estudios de arq u itectu ra.
Dos causas p rincipales contribuyen a esta situación. Una es la u tili­
zación contem poránea de métodos d iferentes, debida en parte a las
herencias que han recibido las escuelas de arq u itectu ra — la escuela
de bellas artes, la escuela de ingenieros y la escuela hum anista—
y en parte a la in flu en cia contem poránea de las diversas corríenr
tes cu lturales que actualm ente presentan más im portancia en los
estudios superiores, principalm ente la racio n a lista , la h istoricista y la
em p irista. R aras veces se repara en estas in flu e n cia s, y por lo tanto
resultan m ezcladas con m ayor p erju icio para la unidad de la cu ltura
en este campo. La otra causa radica en la despreocupación m anifestada
hasta ahora para la form ación de los docentes, trasladados en la
m ayoría de los casos directam ente de la actividad profesional a la
cáted ra, a la cual aportan una exp eriencia valiosa pero de alcan ce
lim itado, que no ha sido relacionada con un enfoque cu ltural más
am plio y un iversal.
A u n aceptando que un objetivo pueda a lca n za rse por cam inos dlfe-

30

�rentes, lo cierto es que quienes intentan seguir varios cam inos a un
mismo tiem po term inan seguram ente por desviarse y se arriesgan a no
llegar nunca a destino. Esto es lo que se p ractica comúnmente en las
escuelas de a rq u itectu ra. Es muy fá cil encontrar en la m ism a escuela,
y a veces en una m ism a m ateria cuando está dividida en varios cursos,
un profesor que enseña sobre las bases del em pirism o p ra cticista , otro
que se ciñe a los criterios de un racionalism o estricto, otro que pre­
fiere el enfoque crítico del método histórico. Sin h ab lar de los que
estim an innecesario tener una orientación cu ltu ral y se guían con lo
que suponen ser el buen sentido y la exp erien cia, lo que quiere decir
generalm ente que enseñan de m anera casual y discontinua. Con qué
b eneficio para la form ación del estudiante, es fá c il im ag in ar si se
piensa en la desorientación que se le produce en un momento tan
delicado e im portante para su actividad fu tu ra.
Esta m ism a fa lta de unidad de enfoque cu ltu ral y de método de ense­
ñanza aparece en muchos proyectos de planes de estudios, puesto que
en el origen de ello existe más una especie de reajuste de lo que
actualm ente se hace en los distintos grupos de discip lin as tradicio nales
de la ca rre ra de arq u itectu ra , que una visión del problema en con­
junto. Pero los planes de estudios pierden e fica cia sin la base de un
método de enseñanza y de una orientación cu ltu ra l, y hasta se vuelven
confusos y poco com prensibles. Se cam bian los nombres de las m aterias,
se introducen discip lin as aparentem ente nuevas por el títu lo , pero su
contenido y sus objetivos no resultan claros. No hubo antes una
discusión entre las personas dedicadas a la enseñanza que perm itiera
a c la ra r el va lo r de las expresiones u tiliza d as y a lca n za r un lenguaje
propio de las discip lin as que interesan a la arq u itectu ra y que debe
d efinirse por ser un instrum ento de com unicación indispensable.
Palabras m uy generales y muy usadas en estos momentos, como "e xp e ­
rie n c ia " , "in v e s tig a c ió n ", expresiones corrientes en las conversaciones
de arquitectos, como "e sp a c io ", " c o lo r" , cobran sentidos m uy d ife ­
rentes para unos y para otros. La "e x p e rie n c ia " em p írica, por ejemplo,
nada tiene en común con la " e x p e rie n c ia " del tipo histórico; " in v e s ti­
g a ció n " se entiende a veces como un trab ajo sistem ático sobre temas
especiales de las d istintas discip lin as que integran la ca rre ra, tanto
en la form a de ensayos técnicos como de estudios teóricos, y otras
veces como una oportunidad para re a liza r proyectos im portantes sin
concurso y en la situación p rivilegiada de no tener que responder al
com itente como un profesional aislado, sino con el respaldo de una
institución u n iversita ria . Por "e sp a c io " pueden entenderse el espacio
lim itado por paredes de edificio s, p rincipalm ente interno, tri o cuadrim ensional; pero otros hab larán de espacios bidim ensionales. " C o lo r"
es para algunos el resultado im presionista de un contacto con la natu ­
raleza . para otros el objeto de teorías físic a s o de ensayos psicológicos.
Las diferen cies se m a n ife sta rían con más evidencia cuando se trata ra
de a c la ra r o que se entiende como contenido de las discip linas más
"a d ic io n a le s de la ca rre ra . H isto ria de la arquitectura se entiende,
según las personas, como historia de la cu ltura a través de los monu­
m entos, historia de la construcción, historia abstracta de los estilos,
h istoria c rític a de los monumentos y artista s. Plástica puede ser el
curso donde se aprenden las técn icas de la expresión g ráfica por medio
de una enseñanza basada en la p ráctica del ta lle r trad icio n al, o la
c se o "o en que se adquiere la g ram ática de los medios expresivos
de la arq u itectu ra por medio de un trab ajo a n a lítico en el cual se
-eé.ne c re cría racional y el ensayo de laboratorio, o una experiencia
com pleta de -eoríc experim ento y crítica que procure al arquitecto el
don- - : . c co nciencia de esos mismos recursos expresivos. Teo ría
ce fa a rq iLte ctu ra estará considerada a veces como el estudio tradicio nal
ce os e !errentos de la " g ra n " composición a cad ém ica, a veces como el
estuc o rcci o ra l izado y abstracto de esquemas funcionales de edificio s,
c . eces co~ o el estudio crítico de la realidad histórica de los edificio s,
en sus -clores prácticos y artísticos. Los cursos de urbanism o pueden
ente-derse como un mero ejercicio de recopilación de datos para la
preparación de un expediente urbano, o como el pretexto para exh ib ir
• 'T -c sisn o s gráfico s; en otros casos se esfu m arán en ambiciosos ento­
rn e s geopc¡íticos e ingenuas utopías. En casos más afortunados lograrán
exaresar la síntesis de factores n atu rales, humanos y técnicos que está
en la base de la obra urb an ística.
Me atrevería a decir que hasta una p alabra aparentem ente tan consa­
bida e inocente como "p ro yecto " puede cau sar profundas discrepancias
s se plantease concretam ente qué se entiende por tal en la m ateria

31

�de A rq u itectu ra o Composición A rq u itectó n ica. Existe una diferencia
su stan cial entre las concepciones de quienes piden un estudio dirigido
p rincipalm ente a la fa z profesional y los que insisten en la expresión
a rtística desprendida de los elementos técnicos, sociales y económicos.
Posiciones extrem ad as, entre las cuales existen otras interm edias que
tam bién pueden encontrar defensores apasionados.
Los ejem plos citados, y muchos otros que pudieran agregarse, dan la
pauta de la necesidad de a c la ra r fin alm en te los fundam entos cu lturales
de la enseñanza de la arq u itectu ra en nuestras escuelas, si no: se quiere
term in a r todos los intentos y proyectos en algo tanto o más caótico que
lo que hubo antes. Cómo conseguir este resultado im portante, es pro­
blema que m erece ser estudiado con detenim iento, aun cuando la
necesidad p ráctica de poner en m archa las actividades de las escuelas
imponga tom ar m edidas rápidas. T a l vez convenga considerar las dos
necesidades por separado, y a ctiv a r am bas al mismo tiem po, p ara le ­
lam ente.
El estudio de los problem as relacionados con la orientación cu ltu ral de
las escuelas y los métodos de enseñanza tendrá mucho valo r tam bién
para otro objetivo igualm ente im portante: la form ación de los docentes.
Las d ificu lta d es que se han opuesto a la form ación de los docentes de
a rq u itectu ra han sido ya d iscutid as, y se han indicado para e xp licarlas
vario s facto res, algunos generales, como la inestabilidad del cargo,
otros p articu la re s, como el ca rá cte r profesional de los profesores de
a rq u itectu ra. Pero la fa lta de contacto entre los docentes, que se ha
evidenciado hasta en una m ism a escuela, es tam bién un obstáculo
m uy grave. Personalm ente, en los varios años que he pasado en la
docencia u n iv e rsita ria , he tenido contadas ocasiones de intercam bio
con profesores de las m aterias que estaba dictando, y estas pocas debi­
das a circu n stan cias personales. En ningún caso a una in iciativa o ficial
o colectiva que propusiera la oportunidad de la discusión de los pro­
blemas comunes. Un clim a de exam en y de debate de los métodos de
enseñanza, un intercam bio de los diferentes puntos de v ista , la a c la ­
ración de las posiciones que nacen de prem isas cu ltu rales definidas,
pueden contribuir de m anera fecunda para am p liar los lím ites de los
conocim ientos de cada uno, integrando los esfuerzos cu ltu ra les aislados.
Las reuniones entre docentes de una mism a escuela deberían alternarse
con otras entre docentes de m aterias afines en las d istintas escuelas, de
m anera que el intercam bio sea am plio y repetido, hasta perm itir un
conocim iento general de las opiniones y tendencias. Las reuniones
podrán tener carácter d iferen te, pero conviene pensar en conversaciones
de mesa redonda precedidas por una buena p reparación, en sem inarios
que vin cu len a los docentes en trab ajo s com unes, en cursillos o ciclos de
co nferen cias, más que en congresos acom pañados por actos o ficiales.
A l procurar por este cam ino la unidad fundam ental de la cu ltu ra a rq u i­
tectónica en nuestras universidades, unidad e fe ctiva pero m atizada que
no debe confundirse con la que se intentó conseguir en otros momentos
por decreto m in iste rial, se cum plirá tam bién con una parte de la tarea
de form ación de los docentes. Para que la form ación sea com pleta, el
intercam bio producido en esas reuniones deberá continuarse con la
creación de institutos de investigación en que se m antenga perm anente
la inquietud por los problem as que pueden in flu ir en el desarrollo de
la cu ltu ra y de la técnica de la a rq u itectu ra. El instituto de investigación
cum p le de tal m anera con una tarea doble: proporcionar a la sociedad
a la cual se vin cu la los resultados de los estudios que en él se re alizan ,
y crear el clim a un iversitario indispensable para la form ación del
docente, com plem entando la preparación que el arquitecto puede haber
conseguido en su labor profesional. En el trab ajo de investigación se
pondrán en evidencia las personas más dotadas para la actividad u n i­
v e rsita ria , y se las apoyará con becas en instituciones nacionales y
e xtra n je ra s, se les fa c ilita rá n recursos para las investigaciones que
em prendan por in iciativa propia. Se creará fin alm en te el tipo completo
de un iversitario que no se lim ita a la mera activid ad docente, sino que
ve en ella el motivo para un estudio continuo y una am pliación de sus
conocim ientos que le perm itan ocupar con plena co nciencia y autoridad
los cargos docentes que gradualm ente le corresponden.
Una escuela de arq u itectu ra que se apoye sobre una ¡dea clara de la
activid ad del arquitecto, sobre una unidad de cu ltu ra d efin id a, sobre
docentes de preparación com pleta, y que extraig a de estas prem isas
un método de trab ajo adecuado al medio hum ano y n atu ral en que
a ctú a, es un resultado que puede a lca n za rse con una labor larga y que debe
co n stitu ir, superada la fase inm ediata de reestructuración, el obietivo
fin a l de la tarea em prendida.

32

�Polonia. Clausura cíe la Conferen­
cia Nacional de Arquitectura
En el mes de m arzo , luego de tres días de
delib eracio n es, fin a liz ó la C o n feren cia N a ­
cional de A rq u itecto s de Polonia.
El
Presidente del Consejo de M inistro s, J .
C y ra n k ie w ic z, pronunció el discurso de
c la u su ra , del cual reproducim os un resu­
m en.
De sus térm inos puede colegirse,
sin duda, un cam bio fund am ental en la
actitu d que hasta el momento se obser­
vab a en ese país hacia la a rq u ite c tu ra .
Por ello juzgam os de interés su publicación.

Es ciertam ente nuestro deber efectu ar el
balance de lo producido en estos últim os
años y d estacar las realizacio n e s, que son
considerables, pero antes debemos hab lar
de los errores com etidos, que están lejos de
carecer de gravedad. Debemos h acerlo , sin
duda, con todo coraje y sin cerid ad , sin
m iram iento s, pero tam bién sin nerviosidad.
En Polonia se ha construido m ucho. C u á n ­
tos han sido, sin em bargo, los e d ificio s c a ­
rentes de toda b e lle za, con fre cu en cia de­
cididam ente feos, cuántos los construidos
con prodigalidad y , m uchas veces, con m a­
te riale s de m ala calid ad .
Por supuesto, constituye una obra notable
el monto de ed ificio s para vivien d a ya cons­
truidos y nuestra a rq u itectu ra in d u strial,
pero sabemos tam bién que ésta busca aun
su estilo o riginal y que los proyectos han
sido con fre cu en cia dem asiado onerosos.
Hemos perseguido con razón soluciones o ri­
g in ales, soluciones nuestras, en la constru c­
ción de ed ificio s públicos y ad m in istrativo s,
pero hemos sido atacados particularm ente
por una grave enferm edad: la de tra b a ja r
para la fa c h a d a , la de tra ta r de provocar
el asom bro. De ah í que, a pesar de los
esfuerzos creadores y de las realizacio n e s
indudables de nuestros arqu itectos, haya
sido ésta una de las causas esenciales de
nuestros fracaso s en el campo de la a rq u i­
tectura.
En el período pasado, nuestra arq u itectu ra
estaba ap la stad a por un lujo de fach ad a,
de una fa lsa m onum entalidad y por una
m ultitud de ornam entos y adornos rebus­
cados. Y , sin em bargo, el socialism o requie­
re una arq u itectu ra totalm ente c iíe re r* e ,
una a rq u itectu ra sellada de simp cid a c .
m odestia, donde la fach ad a se arm onice
con el interio r, el estilo con la m ateria, le
silueta con el entorno, el proyecto ccn e
sentido común.
Buena cantid ad de errores se han co r-e t¡zz
y m uchos de ellos han sido corregidas 3s
ha afirm ad o frecuentem ente que la *c ta
incum bía exclu sivam e n te a los a rq y urb an istas. Sin tra ta r de d isrrio u r de
ninguna m anera su parte de responsab a z :
quiero d e jar sentado que nosotros, es decir
los m iem bros de! núcleo dirigente del p ar­
tido y del gobierno, nos sentim os t a r r : eresponsables por lo que había de m alo =la arq u itectu ra y el urbanism o.
Pienso que toda decisión de im p ortancia
esen cial, en el dom inio de la arq u itectu ra
debería estar precedida de largas y e xh au s­
tiva s discusiones entre los arquitectos
es
profesionales y los crítico s y , allí donde sea
posible, de una discusión pública con la
particip ació n de los sectores m ás amp : :
de la sociedad.
Creo que la sociedad debiera in flu ir sobre
los arquitectos y vice ve rsa. Me parece -sto a c a b a r con las fó rm u las hechas — que
es preferible dejar a los farm acéu ticos— .
estoy convencido de que los políticos, .os
arquitectos y las personalidades dirigentes
debieran d iscu tir, arg u m en tar, convencer
Pienso que el deseo general de la sociedad
es ver a lia rse arm oniosam ente en la cons­
trucción de vivien d as la sim plicidad y be­
lleza de las form as arq u itectó n icas co r
la u tilid ad , el confort y la econom ía, s:.n

h ab lar de la buena calid ad de ejecución.
Pienso que, haciendo tabla rasa con alg unas
supersticiones y com plejos, hay que com ­
prometerse resueltam ente en la v ía de los
proyectos-tipo renovables y d e jar al mismo
tiempo un am plio lugar a los proyectos in­
d ivid uales en la construcción de ed ificios
de uso social y en la construcción m onu­
m ental.
Creo que todos debemos hacer los esfuerzos
D IS EÑ O D E N U C L E O S U R B A N O S . E S C E N O L O necesarios para conseguir el m ayor progreso
G IA Y P L A S T IC A , por Frederick Gibberd. T ra ­
posible en los métodos ind ustrializad o s de
ducción del Arq. Jorge V . Rivarola. El libro indis­
construcción, verificán d o lo s por la exp erien ­
pensable para el urbanista, el arquitecto, el sociólogo
c ia , corrigiéndolos y diferenciándolos sobre
y e! estudiante ........................................................... $ 260.—
la base de los resultados adquiridos, pero
teniendo tam bién en cuenta los cálculos
económicos. Debemos tam bién preocuparnos
de hacer u tiliz a r al m áxim um , con deter­
m inación y energ ía, los m ateriales de cons­
trucción de origen local, y d e sarro llar la
-constru cción cooperativa e in d ivid ual.
L A C A R T A D E A T E N A S . — T reducción de "L a
Tod a Polonia espera que se im prim a en los
Charte d'Athenes". Primer y hesta hoy único do­
plazos m ás breves un poderoso m ovim iento
cumento que fija doctrina en materia de uibanisde progresión a los nuevos tipos de cons­
mo. Explicaciones y aclaraciones de los Congresos
trucció n, para que ésta pueda ser económ i­
Internacionales de Arquitectura Moderna . $ 1 5 ^.____
c a , p ráctica y estética. Se trata de m archar
lo m ás rápidam ente posible en la construc­
ción concebida bajo nuevas form as y tra n s­
fo rm ar el aspecto de nuestras ciudades y
ald eas; se tra ta igualm ente de construir
una nueva cam p iña.
N adie quiere imponeros el cam ino a seguir,
L A S T R E S L A M P A R A S DE L A A R Q U IT E C T U R A
ni privaros de vuestra libertad de acció n.
M O D E R N A , por el Arq. Joseph V . Hudnut. Traduc­
C ada arquitecto debe darse cuenta de la
ción del Arq. Jorge V . R iv a ro la .— En este libro de
responsabilidad que le incum be, no sólo
particular interés para los arquitectos y estudiantes
en lo que respecta al proyecto y a la cons­
de arquitectura, el Arq. Hudnut estudia las diferen­
trucción que toma a su cargo, sino que
tes influencias benéficas y perjudiciales que afectan
debe tener tam bién conciencia de que cada
a la arquitectura moderna ............................... $ 1 2 .—
arqu itecto in fluye sobre el conjunto de la
econom ía polaca.
No dudamos que nuestros arquitectos de
talento sabrán eje cu tar este m andato social
verdaderam ente candente, que sabrán rea­
liza rlo , sino de una m anera que suscite
ad m iració n, al menos en form a digna de
L A V IV IE N D A D E L M A Ñ A N A . — El más brillante
estim a para el mundo entero.
estudio sobre arquitectura residencial, escrito por los
Que el nuevo período se c a ra cte rice por la
Arqs. Nelson y W right. 214 pagines en formato de
libertad de cre ació n . Que nadie tem a inno­
21 x 29 con 232 hermosas fotografías de interiores
v a r o exp erim en tar, que cada cual se ins­
y exteriores de casas unifam iücres. 3? edición.
truya estudiando las ad quisiciones de la
$ 8 0 .—
a rq u itectu ra de otros países, que a n a lice los
descubrim ientos soviéticos, checos, alem a­
nes, que estudie los hallazg o s franceses,
ita lia n o s, b ritánico s, am ericano s. A p ren d a­
mos, sin c a lc a r ciegam ente los modelos i
L A M A D E R A A L S E R V IC IO D E L A R Q U IT E C T O ,
puestos a nuestro a lc a n c e , haciendo bene­
fic ia r a nuestra arq u itectu ra con todo lo
por Severino Pita. — Toda la carpintería blanca;
que e xista por doquier de ú til, racio n al,
puertas de entrada, guillotina y corredizas, ventanas
'* =
z í - ' í z í : . económ ico, para crear,
de abrir al exterior, al interior, corredizas y de gui­
:
- ce '- e s '- z s c 'c c os adquisiciones y
llotina; con láminas constructivas a escala, fotogra­
de la s a je n a s, una arq u itectu ra so cialista
fía s numerosas y explicaciones detalladas, 263 pági­
o o lccc que constituya nuestra contribución
nas con excelente impresión y sólidamente encua­
a p atr -"onio c u ltu ra l universa!.
dernado ............................................................................... $ 140.—
Los problem as que vuelven a su rg ir en
'■-estro trab ajo , las reflexiones sobre el
pe ro d o pasado, son problem as que nos
roca- c 'ectam e nte. Para cada uno de nosornas es cuestión de su actitu d m oral e
dea :g :c a ce ju icio m oral de sus propios ¡ A R Q U IT E C T U R A EN R E L A C IO N A L D E R E C H O ,
por el A rq. Jorge Víctor Rivarola. — Con la colabo­
cotos . de los cjeno s. Este problem a no es
ración de la Arq. M aría E. Meoli. Un libro ya clásico
s —a e n esto exento de dolores; tampoco
puede resolverse en alg u n as horas o algupara la interpretación legal de los contratos y la

LI BROS

Todos nosotros vam os a em paparnos de este
problem c No quiero em plear grandes pa­
la b ra s, pero en todo esto hay algo de tra ­
g e d ia y alg o de optim ism o. Optim ism o por
e l g ran renacim iento que se ha producido
a tiem po p a ra no o b stacu liza r el progreso
de la revolución, por el renacim iento que
nos p e rm itirá rep arar no solam ente las pér­
d id as y los p e rju icio s, sino tam bién superar
el retardo de ciertos sectores y m archar ráp demente h acia ad elante.
To d as nosotros, los que piensan y constru­
yen — hoy, cuand o la conciencia y el espí­
ritu imponen a cada uno el derecho de
a e -s c r por s m smos— participam os en la
crece ó r ce esta fu e rza , que es y será al
m ism o tiem po la fu erza m otriz del desa­
me io de - -e s tro pueblo y su c u ltu ra , la
~ “ z ze races os seres humónos
que aspiren a a paz y al progreso.

dirección de obra.
m aterial

PLA CA R D S

y

365 páginas nutridas de valioso
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cla se

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todos los armarios que puedan necesitarse y más
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EDITORIAL CONTEMPORA S. R. L.
Sarm iento 6 4 3

31 - 2 5 7 4 - 1893

Buenos A ire s

33
*

�V ista panorám ica de la bahía de Río de Janeiro
con el terreno ganado al m ar, parte del cual será
destinado al museo.

El Museo de Arte Moderno de Río
de Janeiro
Ig nacio Pirovano

P lanta baja:
1
2
3
4
5
6

7
8

9

Hall de entrada
Pilotes
A ulas
T ip o g rafía y encuadernación
Preparación de exposiciones
Bar
Cerám ica
Entrada al teatro
Escena

34

" N u e v a V is ió n " , en su núm ero 6 de 1 9 5 5 ,
presentaba la m aqueta del proyecto rea­
lizad o por el A rq . A lfo n so Eduardo Reidy
para el M useo de A rte M oderno de Rio de
Ja n e iro y a n u n cia b a el com ienzo de la
co nstru cció n. L a obra se encuentra a c tu a l­
m ente m uy ad e lan tad a y se prepara a
in au g u rar su prim era etap a en 1 9 5 7 . D ará
com ienzo entonces, a no d u d arlo , una de
las exp erien cias c u ltu ra le s m ás im p ortan­
tes plan ead as en Sud A m é rica .
H ace m uchos años que el B ra sil se preocupa
en ponerse a l día con relación a las mo­
de rn as concepciones c u ltu ra le s que d istin ­
guen a la c iv iliz a c ió n de nuestro tiem po.
M entes a le rta s , gob ernantes, hom bres de
negocios, pensadores, arq u itecto s y a rtis ta s
conscientes del . va lo r económ ico, político y

social de la c u ltu ra , no han escatim ad o es­
fu e rza s para c a p ita liz a r esos activ o s.
L a fam o sa Exposición In tern acio n al del
C u arto C en te n ario de San Pablo, la B ien al
de A r te , los llam ados M useo de A rte y
M useo de A rte M oderno, verdaderos centros
c u ltu ra le s de gran repercusión, han perm i­
tido a esa flo re cien te p ro vin cia situ arse
¡nte rn acio n alm e nte en prim er p lan o , bene­
ficián d o se en todo sentido con esa g ra v i­
tación .
Río de Ja n e iro no podía p erm anecer re z a ­
gada en ese " lid e r a z g o " que n atu ralm e n te
le correspondía como c a p ita l del B ra s il. Es
así como un grupo em inente de p e rso nali­
dades de todo el p a ís han propiciado la em ­
presa. B ajo la insp iració n de esa gran a n i­
m adora que es N ¡ornar M o niz Sodré, han

�conseguido dolor ai B ra sil de un verdadero
centro de irra d ia ció n c u ltu ra l.
A s í lo aseg u ra el planteo de su esquem a:
Preocup arse en re v a lo riz a r los conceptos
c u ltu ra le s a los efectos de hacerlos p a rtic i­
p a r activa m e n te en la evolución económ ica,
p o lítica y so cial del país.
P ro p ic ia r, provocar y f a c ilit a r la capacidad
creadora del hom bre en todas sus m a n ife s­
taciones.
R e in te g rar a i creador de c u ltu ra a la so­
cied ad , en " fu n c ió n s o c ia l" , vin cu lán d o lo
a las fuentes m ism as de exp erim en tación
y de trab ajo .
No se eng añe, pues, quien q u iera v e r en
el llam ado M useo de A rte M oderno de Río
de Ja n e iro , un m useo m ás, custodio de
obras consag rad as, con p lan es de co n feren ­
c ia s o clases de d ivu lg ació n dedicadas es­
pecialm ente a las é lite s; nad a de eso. El
M useo e stará respaldado por m illa re s de
socios que se incorporarán a l m ism o en ra ­
zón de sus d ive rsas a c tiv id a d e s: cursos e s­
p e cializa d o s, planeados de acuerdo con las
ú ltim as exig e n cias contem poráneas, co n fe ­
ren cias, exposiciones, conciertos, b a lle ts,
te atro , c in e , rad io , te le visió n , fo to g ra fía ,
tip o g ra fía , propaganda. Por su excepcional
ub icació n q u edará d e fin itiva m e n te incor­
porado a la vid a de la c a p ita l cario ca y,
por la trasce n d e n cia de sus fin e s , a la evo­
lución m ism a del B ra s il, con su consig uien­
te repercusión in te rn acio n al.

V ista aérea del conjunto

V ista de la maqueta

Prim er piso:
1
2
3
4
5

i rm i 1 !

Sala de exposiciones
Sala de estar
Restaurante
Foyer del teatro
Escena

• 1r

35

�V ista desde el Noreste

V ista del Museo desde el Sur

Estado actual de !a construcción

Organización dei edificio

El M useo de A rte M oderno de Río de J a ­
neiro se está construyendo en un terreno
conquistado al m a r, junto al aeropuerto
Santos D um ont, en la parte central de
la ciud ad . El e d ificio se le va n ta rá dentro
de un gran parque, fre n te al m ar, en m ar­
cado por un bellísim o p a isa je .
L a s g a le ría s de exposición estarán situ ad as
en el. cuerpo ce n tra l del e d ific io , que se
ele va rá sobre el suelo, perm itiendo así una
am p lia vista sobre el océano. L a s g a lería s
fueron proyectadas para o frecer un m á x i­
mo de fle xib ilid a d en la o rg an izació n de
las exposiciones. O cuparán-todo, el segundo
piso del cuerpo ce n tra l y p arte del tercero.
En el segundo piso el áre a disponible será
de 130m . de largo por 2 6 m . de ancho.
El techo m edirá 3 ,6 0 m . de a ltu ra , y , en
algunos lug ares, 6 ,5 0 m . y 8 m . L a ilu m in a ­
ción será ce n ita l en las paredes de m ayor
a ltu ra y late ra l en las restantes, a través
de grandes su p erficies vid ria d a s que m an ­
tendrán el contacto con el p aisaje c irc u n ­
dante. Esas ab ertu ras serán protegidas con
persianas ve n e cia n as de a lu m in io , que per­
m itirán g rad u ar la lum inosidad, su p rim irla
cuando fu e ra necesario, y lim ita r la entrada
de luz a la parte superior de las ven tan a s.
L a ausencia de colum nas en el interio r del
salón, la varied ad de las a ltu ra s y de las
fuentes lum inosas, p erm itirá una gran lib er­
tad en el m ontaje de las exposiciones, y
h a rá posible la creación de grandes espa­
cios o de pequeñas sa la s, según convenga
a la presentación de las obras.
Siguiendo el m ism o crite rio fué estud iada la
ilu m in ació n a r tific ia l. El sistem a adoptado

consiste en el estab lecim iento de una ilu ­
m inación general de los am bientes m ediante
lám p aras fluo rescentes, d ifun dida a tra v é s
de p lacas difusoras de v in ilo . Esta se com ­
bina con una ilu m in ació n d irecta sobre las
obras, obtenida por m edio de proyectores
de luz incand escente, equipados con lentes
difusores, que serán fija d o s en los puntos
necesarios, dentro de cavidades situ a d a s
cad a dos m etros en el techo. Ello p o sib ili­
ta rá la ilu m in ació n de los paneles en án g u ­
los convenientes y e v ita rá el enceguecim iento del v isita n te . En las zonas de m ayo r
a ltu ra , las su p erficies ho rizo ntales de ilu ­
m inación serán g u arn ecid as con p la ca s
d ifu so ras de vidrio " T h e rm o lu x " .
En el cuerpo cen tral estarán situad o s: un
aud itorio con cap acid ad para doscientas
personas, donde se d icta rá n clases, co n fe­
ren cias, e tc ., b ib lio teca, depósito de c u a ­
dros, dibujos y grabados, direcció n y a d ­
m in istració n . En el cuerpo m ás bajo , al
oeste, estarán ubicados todos los se rvicio s
a u x ilia re s del m useo, como en trad a de
se rvicio , carg a y descarga, desem balaje,
id e n tificació n y registro, exp edició n, de­
pósitos, o ficin a s, e tc ., etc. A q u í fu n c io n a ­
rán adem ás los cursos de arte , la c a n tin a
y el restau ran t.
En la extrem id ad este estará el T e a tro con
cap acid ad para 1 .0 0 0 personas.
El palco
escénico tendrá un ancho disponible de
5 0 m . L a boca de escena tendrá 12m . de
ancho, pudiendo lle g a r en casos de a b e rtu ­
ra total p ara la re alizació n de co ncierto s
sin fón icos, a 16m .

�Bibliografía
R. González Caodevila: "A m an do
W illiam s"
B s. A s ., Instituto de A rte A m erica n o e
In v estig acio n es E sté ticas de la F a cu lta d de
A rq u ite c tu ra , 1 9 5 6 , 9 5 p ., ilu s ., $ 4 0 .—-.
E l hecho de ser la prim era pu blicación
e x te n s iv a de la obra de A m a n d o VV illiam s,
co n fie re especial interés a este libro.
L a labor de G o n zález C a p d e vila y el grupo
de arq u itecto s que caloboraron en la pre­
p a ració n del profuso m a te ria l expuesto es
e n co m ia b le , aun que la au se n cia de ciertos
proyectos se h ace se n tir dentro del con­
ju n to . F a lta n algunos estudios de u rb a­
n ism o , el proyecto de v ivie n d a en San
Isid ro (que sirv a de nexo para com prender
la de M unro ), los estudios para una c a p illa
y estación s a n ita ria flo ta n te s, m uebles y
e l te rce r hospital de C o rrie n te s; se debió
a g re g a r alg uno s d e talles de los m ism os,
del teatro o del e d ific io de o ficin a s. En
g e n e ra l, fa lta n denom inaciones de locales,
que a y u d a ría n a la lectura de plan os, as!
com o una b io g ra fía del arq u itecto .
Com prendem os que ello , como se enu ncia
en la intro d ucció n, resu lta de una nece­
sid ad de espacio y del c a rá cte r sum ario
de la p resentació n . Pero a d ju n ta r los de­
ta lle s de por lo m enos una ob ra, hubiera
dem ostrado cómo el talen to b rilla n te de
A . W illia m s sabe ejercerse en co ntin uidad
desde el plan general h asta el m enor de­
t a lle . Esto se com pensa con la m anera de
c o n stru ir el libro m ed ian te com entarios
d e scrip tivo s de cad a obra, lo que da al
te xto un v a lo r d in ám ico y de precisión.
Este método resu lta aquí ap rop iado, pues
W illia m s se p lan tea en cad a obra proble­
m á tic a s
d iferen tes,
m an ife stad as
luego
co herentem ente en el decurso del proyecto.
No es éste el único acierto c rítico de Gon­
z á le z C a p d e v ila . H a sabido tam b ién mos­
t r a r , de modo escueto, la cronología ideo­
ló gica del arq u itecto y cómo c ie rta s d i­
reccio n e s estética s surgen y reaparecen
a lo largo de su obra.
E l auto r toca brevem ente otro aspecto: a
g e n ética creado ra de W illia m s . El a n á lisis
e s algo su m ario , ya que presenta ccm-o
elem ento s fu n d a m e n ta le s: 1 L a recu p era­
ció n de la casa trad icio n al a rg e r* r z z
tra v é s de una m orfolog ía renovad a. 2 La
v o lu n ta d de in tro d u cir, o m ás bls^ de
'" e le v a r" la v iv ie n d a en el espacio. 3 La
in flu e n c ia u rb a n ístic a de Le Corbus eEn re a lid a d , la n o m en clatu ra sería e x a c ta ,
pero no d iríam o s lo m ism o del modo cc-,
q u e se la p resenta, con el cual d ir é - —: :
V eam o s por ejem plo la " C a s a sobre el
a r r o y o " . G o n zález C ap d e vila dice que m an­
tie n e la concepción tra d icio n a l de la plant a ; m ás a d e la n te ag reg a: " . . . el g ra h a ll estrecho y largo hace aquí las se o s:
■de c o rre d o r". Según nuestro parecer c.o r­
tos d e talles no m encionados otorgan una
riq u eza m ayor al asunto. L a v isu a liz a s odel p a isa je a lo largo de la esca le ra de
■entrada y sobre todo el acceso tangente
a l liv in g , producen una unión perceptiva
■que "tra n s p o rta ', por as! d e cir, el parque
a l in terio r de la c a sa . No nos parece que
e l living esté proyectado solam ente cam a
un h a ll. M ás bien , se d e fin iría como _ " a
sucesión de lugares vin cu lad o s en una zo -c
co m ú n, con la po sibilidad de reunirlos o
v iv irlo s sep arad am ente. L a ve n tan a co rrid a ,
con sub-lugares p e rim etrales y la viga
en U del a lfé iz a r, acen tú an el tem a,
"tra n s p o rta n d o " al e xterio r las sensaciones
del acceso.
Nos hemos detenido en el tem a porque
é l, como otros tantos en la obra de W il­
lia m s, está señalando una creació n original
•en los modos de a rtic u la r la vivie n d a y

re lacio n ar la m orfología esp acial con el
h a b ita t. Los num erosos elem entos de im ­
p o rta n cia aportados por el arq u itecto en
dicho rubro podrían hab er fig u rad o , aún
con la brevedad n e c e sa ria , en el estudio
re a liza d o por G o n zá le z C a p d e v ila .
De ningún modo se pretende con estas
razones tra z a r una c rític a n eg ativ a. En
los dem ás aspectos, así como en la g rá fic a
y tip o g ra fía del iib rlto , éste posee una c a ­
lidad digna de elogio. T a m b ié n h a y que
a le n ta r al Instituto de A rte A m e rica n o e
Investig acio nes E sté ticas para que prosiga
publicando m ono g rafías sobre arq u itecto s
argentinos contem poráneos, cu ya b ib lio g ra­
fía se h a lla tan dispersa.
J . J . Go.

Bruno Zevi: "Frank Líoyd W right"
Bs. A s ., In fin ito , C o l. A rq u ite cto s del M o vi­
m iento M oderno, 1 9 5 6 , 1 1 0 p ., ilu s ., $ 3 2 .
L a obra de F ra n k Lloyd W rig h t ha encon­
trado d u ra n te la ú ltim a década en Ita lia
una reson ancia que no se lim ita al cam po
de la a c tiv id a d profesional sino que se
extien d e, m uy esp ecialm e n te , al de los
estudios c rítico s. Bruno Z e v i, como se sabe,
es uno de los p rin cip ale s exponentes de
la c rític a ita lia n a a c tu a l. Fundó, con otros
arq u itecto s, el M ovim ien to de A rq u ite c tu ra
O rg án ica en Ita lia y fu é directo r de " M e tr o n " , revista de c rític a y p o lém ica, em ­
banderad a en la difusión y defensa del
organism o, dirigien do en la a c tu a lid a d la
revista " L 'a r c h it t e t u r a " , que sigue las m is­
m as te nd e ncias.
Estas circ u n sta n cia s hacen que su libro
resulte ind ispen sab le, a fa lta de una espe­
rada obra m ayo r, para quienes deseen te ­
ner una v isió n , al m enos som era, de la
dirección y fund am entos de la c ritic a organ ic ista . La m e n ta b le m e n te , los escritos que
Z e v i dedica esp ecíficam en te a W rig h t no
pasan de uno o dos cap ítu lo s de su " H i s ­
to ria de la a rq u ite c tu ra m o d e rn a" y de
" H a c ia una a rq u ite c tu ra " , m ás uno que
otro a rtíc u lo y el libro que com entam os, en
el que troto de e n fo car en tre in ta p ág in as
una obra tan v a s ta y u n a personalidad tan
in te n sa , que no llen a ese va c ío .
Este texto fu é revisado y am p liad o siete
añ o s después de su p u b lica ció n en 1 9 4 7 ,
y está basado en dos te m as fu n d am en ta les
de la p ro b lem ática z e v ia n a : la co ntin uidad
e sp acial y la superación del racio n alism o .
En las p rim e ra s p ág in as el autor cen tra
su exposición en el tem a del espacio y
d estaca que " e n el plan o de la c u ltu ra
arq u ite ctó n ica el único tem a de discusión
serio sobre W rig h t, es el tem a de su con­
cepción e s p o c ia l" (p . 1 0 ), o firm an d o m ás
ad e la n te : " u n e d ific io de W rig h t es un
organism o en el sentido que su tem a fu n ­
d a m en tal y su b stan cial está en el e s p a c io ."
(p . 1 8 ).
Este tem a se une a l de la superación del
"a c isn c smo a tra vé s de la in e vita b le com ­
p a ració n con la obra y el pensam iento
de _ e C orpus er cf. T e d e sch i) referid a en
este caso a la p la n ta libre en uno y otro
arq u itecto .
Es a q u donde, a nuestro ju ic io , la c rític a
ce Z e 1. a p c 'e c e vic ia d a de u n ila te ra lid a d
e n la v isió n del problem a y de un determ inísm o que lo lle va a p ro clam a r a la
arq u ‘ ectu ra o rg án ica como la ú n ica evo­
c a en ve da del racio n alism o .
2 e c= se sus ju icio s, si bien
usa* cables en el p olem ista, resu ltan poco
co nvincentes en un c rítico que — son p a ­
c o ra s de Z e v i— am a la actitu d histó rica
se e - ' s : s . : : : : : se juicios in tra n ­
sigentes.
L a p a rte ag regad a en 1 9 5 4 a firm a la ¡ra­
pos) b oad de estab lece r un léxico w rigtht e c r c , o que no im p ediría v islu m b ra r una
coherencia a lo largo de toda su obra y

en cad a una de sus re a liza c io n e s. El texto
de Z e v i te rm in a con una reseña de los
valo res esp aciales y fo rm ales de alg u n as
obras recientes de W rig h t.
Esta edición in clu ye una breve b io g ra fía
del m aestro am erica n o , una enum eración
cronológica de sus obras y una com pleta
b ib lio g ra fía de y sobre W rig h t. L a s ilu s tra ­
ciones corresponden a obras de diferentes
períodos, no habiéndose incluid o las de
v a ria s obras cita d a s en el texto .
E. K a tze n ste in .

G. C. Argan: "Pier Luigi Nervi"
Bs. A s ., In fin ito , C o l. A rq u ite cto s del M o­
vim ie n to M oderno, 1 9 5 5 . 7 5 p ., 4 6 ilu s.,
$ 32.
Es conocida la posición del A rg a n como
c rític o y esta obra la re firm a . Brevem ente
(el libro consta de un texto corto y num e­
rosas lá m in a s) introduce su a ctitu d de filó ­
sofo de esencias antes que de objetos,
a p lic a d a al a n á lis is de las te o rías de N e rv i.
Apoyándose ap arentem en te en la fenom e­
nolog ía, usada como cien cia del conoci­
m iento, v a e xam in an d o los pródrom os del
tra b a jo de este ingeniero y el sig n ifica d o
de a lg u n a s de sus fo rm u lacio n e s.
Según A rg a n , la p rin cip a l de e lla s , p la n ­
teada por N ervi en su libro " S c ie n z a o
A rte del c o n s tru iré " , se ría co nsid erar "e l
método de in vestig ació n fo rm al propio de
la a rq u ite c tu ra té c n ic a " como un método
"q u e se d e sarro lla según acto s y procesos
su sta n cialm e n te idénticos a los que son
generalm ente considerados propios de su
a c tivid a d a r tís tic a " .
El planteo su rg iría de e sp ecu lar con la
d ia lé ctica de los fenóm enos inciden tes so­
bre las e stru ctu ras (c lim a , tiem po , cap ilarid ad , e tc .), que vu e lve n dudoso el cálcu lo
absoluto. Se concluye así en un cierto
estado de relativism o de los estudios y en
una ve rific a c ió n de lo real hecha p rin c i­
palm ente a travé s de la e xp erien cia in tu i­
tiv a (con la sa lved ad de que se tra ta de
una in tu ició n ló g ico-m atem ática o sus su­
cedáneos), en c o lin d a n d o con el arte .
Sentad a la te sis, A rg a n m uestra h áb ilm e n ­
te su o b jetivació n en algunos e d ificio s, la
co m p ara, m arcando d ife re n c ia s, con M ailla rt y la ubica h istó ricam en te como Ideo­
logía.
R ep etid am en te, al igual que en otros li­
bros, el auto r se a c e rca de modo im p lícito
al em píreo-criticism o. Los a lc a n c e s de esta
filo so fía que trató de d e stru ir la noción de
ta n g ib ilid a d , disolviéndola en un caos de
sensaciones racio n ales, son vin cu lad o s por
A rg a n a cie rta s fo rm ulacio ne s sobre espa­
cio y duración de los fenom enólogos a le ­
m anes. No es objeto de la presente nota
d iscu tir ta l filo so fía , sobre todo porque
no se m a n ifie sta c lara m e n te ni con sistem a
dentro del libro, aunque m erecería ser e x a ­
m in ada al d e talle por sus im p licacio nes
n e g a tiv a s y por a ju s ta rs e , en cierto grado,
al ideario de N e rvi.
El estudio, aunque sólo fu e ra leído con
este fin , resu lta de gran interés pues A rg a n
m an eja sus ¡deas con brillo y sabe ser
sin tético . Por otra p arte, tra slu ce la pre­
ocupación del en sayista por un tem a que
está adquiriend o gran Im p o rtan cia y que
N ervi ha tocado al poner a prueba las
nociones c ie n tífic a s , casi c lá sic a s, que re­
lacio nan form a y tecn olo gía.
Pero el refug iarse en una filo so fía n a tu ­
ra lista p a ra resolver el d ile m a , así como
la au se n cia de una lógica estética e x p lí­
c ita , pueden c o n ve rtir la novedosa actitu d
de N ervi en una va ria c ió n e ste tlza n te de
la te cn o cracia. A rg a n soslaya el tem a por
p a rtic ip a r, suponem os, del pensam iento del
ingeniero. Lo g ra, no o b stan te, se ñ a la r con
c la rid a d algunos facto res valio so s, como los
correlacio nes del problem a hipótesis-inven-

37

�prelooker 36 &lt;*&gt;

huemul
lib rería

g a le ría de arte
revistas extra n je ra s
libros de arte
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ediciones de p lanog raf

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abierto hasta las 2 4 hs.

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Santa Fe 2 2 3 7

38

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gotero automático

�ció n -in tu ició n y d in ám ica in te rn a -e stá tica .
El texto se com plem enta con una b io g ra fía
•de N e rv i, la lista de sus p rin cip ale s obras
y e scrito s y una b ib lio g ra fía . L a presenta­
ció n del libro, así como el m a te ria l g rá ­
fic o , están bien cuidados y son superiores
a l o rig in al ita lia n o de la m ism a colección
(E d . II B alco n e ), de la que In fin ito posee
Jos derechos.
J . J . Go.

" X X siécle". "Le papier collé du
cubismo á nos jours"
N u e v a se rie , n 9 6 (doble),
1 9 5 6 . iIu s ., fr. 2 .5 0 0 .

P a rís,

enero

El presente núm ero de esta im portante pu­
b lic a c ió n europea de arte contem poráneo
d irig id a por G u a ltie ri de San L á z a ro , está
dedicado al " p a p ie r c o llé " . Lo componen
estud io s de diversos autores sobre d ife ­
rentes aspectos de este nuevo m edio e xp re­
sivo y la evolución que ha exp erim entad o
desde su descubrim iento h asta hoy.
E l prim er a rtíc u lo de F ra n k E lg a r (colabo­
ran tam b ién en este núm ero Sonia D elaun a y , M ich e l Seuphor, Pierre C o u rth io n ,
e t c .), es un intento de re co n stru ir las c ir­
c u n s ta n c ia s que co ndujeron, por prim era
v e z , a in co rpo rar a l cuad ro esos "cu erp o s
e x tra ñ o s " que iban a d ar lu g ar al n a c i­
m iento de una fo rm a exp re siva indepen­
d ie n te . Parece se r que los prim eros an te ­
cedentes del " p a p ie r c o llé " son las letras
y leyend as p in tad as al " p o c h o ir" que a p a ­
recen en los cu ad ros cu b istas a p a rtir
de 1 9 1 1 . Sin em bargo, este recurso cuenta
con antecedentes en las p in tu ra s de tab las
del pasado, aunque la fin a lid a d , en am bos
ca so s, no sea la m ism a . M á s d ifíc il, sin
d u d a, es d e term in ar las cau sas que im ­
p u lsaro n
p rim ero ,
a
la
representación
"tro m p e l'o e il" de la te xtu ra de ciertos
m a te ria le s como la m adera y el m árm ol y ,
luego de un breve período de exp erim en ­
ta c ió n , a l em pleo directo de cartón a c a ­
n a la d o , recortes de papel, a re n a , clavo s,
etc.
El em pleo de estos elem entos e xtra p ic tó ­
rico s a l servicio de una fin a lid a d p ictó rica,
no estaba de ning ún modo previsto en el
program a del cubism o. Pero el cubism o
no te n ía p ro gram a. De aq uí lo in cierto de
c u a lq u ie r co n jetu ra respecto a las cau sas
que dieron origen al " c o lla g e " . Pero, una
vez enco ntrado , el nuevo recurso se apo­
deró in m ed iatam en te de la im a g in a d ;^
de los a rtis ta s . Sonia y Robert D e la u n a ,
lo a p lic a ro n no solam ente al arte sino a
los objetos de la v id a c o tid ia n a : m uec'es
y v e stim e n ta s (ch aleco de René C rSve
Los fu tu ris ta s le im prim ieron un sesgo v in ­
d ic a tiv o term inan d o con la hegem onía, en
e s c u ltu ra , de los m a te ria le s " n o b le s " P e -:
fueron los d a d a ísta s, por supuesto, quienes
sacaro n el m ayo r provecho del procec m ie n to . El a n ti-a rte , propugnado por Dadc
encontró e n el " c o lla g e " un m edio de
c o n stru ir, sin com prom isos con las catego­
ría s a rtís tic a s tra d icio n a le s. Schw itters con­
sumó el m ilag ro , al hacer del " c o lla g e " un
leng uaje p e rfectam en te coherente. Fué el
m om ento hegeliano en que la form a encon­
tró su contenido. Después de D ad a, el
" c o lla g e " ha vivid o m ás o menos del
im pulso ad q uirid o . Sin el propósito de ago­
t a r el te m a , este núm ero de X X e . Siécle
:- :
un ab undante m a te n :
cor
e xcelen tes reproducciones en negro y en
co lo r.
E núm ero tra e , ad em á s, una cró n ica de
la a c tu a lid a d a rtís tic a europea. Entre las
notas m erece destacarse la reproducción
de una c a rta de G iorgio de C h iric o dirigid a
a M m e. A n d ré Bretón, ofreciéndole en
ven ta la copia (hecha por él m ism o) de
dos de sus m ás fam o sas te las del período

m e ta físico , a razón de 1.000 lira s cad a
una (la o ferta es de 1 9 2 4 ). L a otra n o ta,
firm a d a por el d irecto r de la re v ista , se
refiere a una ind iscreción com etida por
un conocido c rítico a le m á n , sobre ciertos
m anejos a que se e sta ría som etiendo a la
" V e n u s " de Giorgione por parte de las
autoridad es del M useo de Dresde. L a nota
lle va por títu lo : " E x ig im o s la verdad sobre
la V en u s de G io rg io n e ". Nos adherim os a
la dem anda del director.
A . H.

Colección Estudios Cinem atográfi­
cos. Editorial Losange, 1955/56
Un desierto c u ltu ra l se c a ra c te riz a por la
au sen cia de libros que rom pan la m ono­
to n ía del p a isa je . El terreno estéril de
nuestro cine profesion al no podía aco m p a­
ñ a r su ce rrad a ig n o ra n cia con un a ctivo
m ovim iento de estudios fílm ic o s. A s í, las
escasas ed iciones p u b lica d as en nuestro
p a ís d a tan de m ás de una decena de años
y están ag o tad as en su m a y o ría . Desde
hace un tiem p o , la s inq uietudes de la ge­
neración que encontró cerrado ese cam in o
del cine profesional han optado por seguir
un derrotero propio, m enos fa lso y vo cin ­
g lero , pero m ás serio y profundo. Los cine
clu b es, los grupos de film a c ió n indepen­
diente y escasas revistas han preparado
para el cine fu tu ro a m uchos c in e a sta s m e­
nos dados a las concesiones y m ejor pre­
parados estética y c rítica m e n te para a fro n ­
ta r la creació n de un cin e a u té n tico , que
sea tam b ién un arte y no una débil paro­
d ia co m ercial de nuestros peores defectos
n acio n a le s.
U n síntom a evidente de este nuevo estado
de cosas es que se co m ien za a p asar del
reducido núm ero de esp e cialistas que se
nutre de la b ib lio g ra fía en otros idiom as,
a un interés m ás g e n eralizad o que y a ha
provocado la creació n de una colección
esp ecialm ente dedicada a p u b lica r libros de
c in e .
Esta prom isoria in ic ia tiv a ha com enzado
con obras de c a rá c te r histo rio g ráfico o
en sayistico , que son precisam ente las m ás
ú tile s en esta etap a de fo rm ació n concep­
tu a l, ta n necesaria a legos y pro fesio n ales.
L a té cn ica siem pre puede e sta r al a lca n ce
de c u a lq u ie r persona norm al con ad ie s­
tra m ie n to ad ecuado. L a form ación m ental
de c a rá cte r c in em ato g rá fico es m ás rara
y d ifíc il.

Editoriaf Nueva Visión

han aparecido:
Serge M oreux

Béla Bartok
L a fig u ra de B éla B a rtó k se d estaca con
n itid e z entre los com positores contem po rá­
neos. T o d a su obra es un m ag n ífico ejem plo
de una a c tiv id a d creadora puesta desde sus
com ienzos a l se rvicio de un propósito d e fi­
nido: la incorporación y a sim ila c ió n del
elem ento fo lkló rico como uno de los medios
de renovación del m a te ria l sonoro de p rin ­
cipios del sig lo X X . Desde este punto de
vista lo a n a liz a el a u to r, estudiando ade­
m ás en d e talle cad a una de sus com posi­
ciones ................................................................... $ 3 5 .—

H erbert Read

Forma y poesía moderna
A firm a el auto r de este libro que " a m enu­
do d ife re n te s tipos de a c tiv id a d han usur­
pado el títu lo de p o e sía ". C o n sid era, pues,
de especial im p o rtancia d ilu c id a r la n a tu ra ­
leza de la a c tivid a d poética y , p a rtic u la r­
m ente, de la form a p o é tica, a n a liza n d o las
leyes a las cu ales se a ju sta el proceso c re a ­
dor, vin c u la d o estrecham ente con la perso­
nalid ad del poeta. R ead proporciona así al
lector una visió n a m p lia del proceso poético,
vá lid a no sólo en lo que se re fie re a la
poesía m o d ern a sino tam b ién p a ra la de
épocas a n t e r io r e s .........................................$ 2 0 .—
En p rep aració n :
Lew is M u m fo rd : A rte y té cn ica.
Sieg frie d G ied io n : A rq u ite c tu ra y C o m u ­
nid ad.
René Le ib o w itz: L a evolución de la m úsica,
de B ach a Schonberg.
G iu lio C a rio A rg a n : W a lte r G ropius y la
Bau h au s.

Ediciones Galatea-Nueva Visión
1. V . I. Pudovkin: "El actor en el
film "
T ra d u c ció n de L u c ía L ip c h u tz . Bs A s ., Lo ­
sange, 1 9 5 5 . 7 8 p ., § 1 8 .— .
Se h a com enzodo por un clá sico de la
te o ría cin e m a to g rá fic a . U no de los pocos.
M ucho se ha escrito sobre c in e , pero casi
siem pre dentro de la cró n ica a cu m u la tiv a
o la p e rife ria d iv a g a to ria . P u d o vkin , el
se
_ c M a d re " , fué ta m ­
b ién un g ra n a c to r. Separándose de las
te o ría s e xtre m a s d e K u le ch o v , que conside­
ra b a a l a c to r un objeto dentro de la comp k a té c r ca del cine — cu ya m ecán ica
deterr- naba su e xp re sivid a d por m edio del
m o ntaje— Pu dovkin d evuelve a la in te r­
p re ta : :n un v c lo r in te g ra l, hum an o, pero
que debe u n irse arm o niosam ente con los
dem ás elem entos de la cre ació n del film ,
í c : : : t aeae c :- : c e r cate todo la p e cu liar
té cn ica del nuevo m edio de expresión y
ad e cu ar sus e xp e rie n cia s a nuevas leyes
del ritm o, del m ovim iento y del gesto, lo
m ism o que e stu d iar ju n to a los dem ás
creadores del film la co ntin uid ad interio r
de su personaje, fra g m e n tad a por la téc-

W a ssily K an d in sky

De lo espiritual en el arte
A tra v é s de las p ág in as de este libro
— docum ento fu n d am en ta l del arte m oder­
no— , el lector te n d rá oportunidad de en­
tra r en contacto con una de las persona­
lid ad es de m ayor inquietud cread o ra de
nuestro tiem po.
En esta obra W a ss ily
K a n d in sk y da a conocer, no sólo sus con­
clusiones teó ricas sobre el arte y , en p ar­
tic u la r , sobre la p in tu ra , sino tam b ién sus
e xp e rie n cia s e sp iritu a le s.
De a h í que el
"so n id o in te rio r" de su m en saje cobre ta n ­
to interés como sus decisivos aportes co n­
cep tuales y técnicos a la p in tu ra y a la
estética del siglo X X . Ilustrad o . . $ 2 8 .—

En p rep a ra ció n :
León D u jo vn e: La filo so fía de la h isto ria ,
de N ie tz ch e a To ynb ee.
Je a n Ep stein : L a esencia del cine.
Georges G u rv itc h : L a s clases so ciales, de
M a rx a nuestros d ía s.

39

�n ic a de film a c ió n . N uestros actores cin e ­
m ato g rá fico s, en su m ayoría provenientes
del teatro — cuya fo rm ación puede ser útil
si se ad vie rte n sus d iferen tes ap licacio n es— •
o, lo que es peor, del rad ioteatro, pueden
leer este libro con provecho.

2. Lotte H. Eisner: "L a pantalla
diabólica"
T ra d u c ció n de L u is Federico Coco. Bs. A s .,
Lo sange, 1 9 5 5 . 1 1 9 p ., ilu s., $ 2 0 .— .
" L a p a n ta lla d ia b ó lic a " es, como dice el
su b titu lo , un "p a n o ra m a del cine a le m á n "
y tra ta tam b ién la in flu e n cia de M a x Reinh ard t y el expresionism o. El te m a, enfo­
cado con profundidad y erud ició n, es muy
in tere san te. El cine a le m á n , en su época
de g lo ria , alrededor de 1 9 2 6 , es uno de
los rarísim o s casos de co in cid en cia del arte
film ic o con un m ovim iento estético p a ra ­
lelo. Y es el expresionism o quien m arca
su im pro nta en el cine alem án en form a
tan du rad era que cierto s de sus efectos se
extiend en h asta la a c tu a lid a d . A sim ism o
es d ifíc il en co n trar un m ovim iento estético
de v a n g u a rd ia que se exprese de inm e­
diato en el cin e de c a rá cte r co m ercial.
M uchos facto res concurren para que así
su ced a; inciden p ara ello condiciones eco­
nó m icas, so ciales e h istó ricas. El e xp re­
sionism o es una ru p tu ra vio le n ta que aúna
un su b jetivism o intenso a una v o lu n ta ria
ab stracció n d o g m ática. N ingún m ovim iento
estético moderno ha expresado m ás d ra ­
m áticam en te los problem as del ind ivid uo y
la sociedad contem po ráneas en c risis vio ­
le n ta; ningún pueblo estaba m ás m aduro
para esa expresión que el a le m á n . R ecor­
demos cie rta s c a ra c te rístic a s p ropias; la
teo rizació n a b stra c tiz a n te , la se n tim en talidad exa ce rb ad a, la tendencia a la brum a,
la o scurid ad , lo dem oníaco, elem entos que
ya se encuentran en el rom anticism o (H o ffm an, H ó ld erlin ) y en el profético Buchner.
T ra n sc u rrid o el breve período de la exp e­
rien cia exp re sio n ista, cuya obra m aestra es
" E l G ab in ete del D r. C a lig a r i" , perm ane­
cen, tanto en el co n stru ctivista Lang como
en el " K a m m e rs p ie l" , alg u n as constantes
que oponen la "m a g ia n e g ra " de los c in e ­
astas alem an e s a la " m a g ia b la n c a " de
los suecos. Por ello es d ifíc il h a lla r com e­
dias logradas en esta c in e m a to g ra fía , cuyas
m ejores expresiones se in clin an a la v io ­
lencia d ra m á tica o a l claro scuro de los
tem as fa n tá stico s y de terro r.
Lotte E isn e r estudia la reacción psicológica
del " K a m m e rs p ie l" y el estilo de La n g ,
con sus sim ilitu d es cuidad osam ente ag ru p a­
d as, el " S tim m u n g " , cuya búsqueda es
a n a liz a d a tam bién en M u rn au — g enial di­
rector que rebasa el " K a m m e rs p ie l" y el
expresionism o conservando alg unos de sus
elem entos (la diago nal " d in á m ic a " e xp re ­
sio n ista , el sím bolo)— -, la in flu e n cia v a n ­
gu ard ista (R ic h te r, R u ttm a n n ) y por últim o
la decadencia de la época sonora. En ésta
perd uran, en alg u n as excep cio nales y esca­
sas p e líc u la s, las cu alid a d es y defectos
c a ra cte rístic o s de la gran época m uda. La
atm ó sfera tensa y la "p e rp e tu a e x c ita c ió n "
rodean a los som bríos p a isaje s del alm a
fá u s tic a . U na p e lícu la de W y sb a r, ignorada
hasta hace poco en Euro pa, representa de
modo e xtra ñ a m e n te fa sc in a n te el eco e x ­
presionista en una de sus ú ltim a s m a n i­
festacio n es: es " L a barq uera M a r ía " (Fáhrm ann M a ría , 1 9 3 4 ).
L a obra de Lo tte E isn e r cuenta con dos
virtu d es ca rd in a le s: el conocim iento del
tem a y la visión o rg án ica, que no descuida
el a n á lis is de las obras en s í, a las que
ubica e interp reta en el conjunto de la
c u ltu ra que in teg ran .

40

3. Mario Gromo: "Cin e italiano"
T ra d u c ció n de Elsa M a rtin a , Bs. A s .,
sange, 1 9 5 5 . 9 4 p ., ilu s., $ 2 0 .

Lo ­

El libro de M a rio Grom o, " C in e Ita lia n o " ,
tiene proporciones m ás m odestas, tanto en
longitud com o en p rofund idad . Como no
pretende, sin em bargo, ser otra cosa que
un "rá p id o b o sq u e jo ", en ta l form a debe
leerse, como una introducción som era a
obras de m ayor a lc a n c e . Su estilo lim itado
a la cró n ica no im pide que se form ulen
m uchos ju icio s va lo ra tiv o s que deben to­
m arse con reservas. A s í por ejem plo la
concepción de la obra de R o sellini y De
S ic a - Z a v a ttin i, que es algo su p e rficia l.

dibujos o rig in ale s en negro y color

4. Eisenstein, Bleim ar, Kosinzev:
"El arte de Charles Chaplin"

poesía

T ra d u c ció n de H éctor F ra n z i. Bs. A s ., Lo­
sange, 1 9 5 6 . 123 p ., ilu s ., $ 2 8 .

texto s

El núm ero cu atro de esta colección rinde
hom enaje al genio m ás c a ra cte rístic o del
c in e : C h a rle s C h a p lin . Se han elegido los
tres ensayos reunidos por A tc h e v a y A ch u kov en 1 9 4 5 , p ertenecientes a Eisen ste in ,
K o sin zev y B leim an . La b ib lio g ra fía de
C h a p lin debe ser casi tan extensa, como
la de Don Q u ijo te, a quien se lo ha com ­
p a ra d o . . . Desde las obras fu n d am en ta les
de Pierre Leprohon y Theodore H u ff hasta
la reciente de C lau d e M a u ria c , m uchos
escritores, entendidos en cine o no, han
tratad o de p enetrar el m isterio del mimo
u n ive rsa l. T a l ve z pueda m edirse algo de
la m agnitud de su genio por sus defectos
evid entes: se n tim en talism o , v u lg a rid a d , con­
fusión co ncep tual, anacronism os té cn ic o s...
cu alq u ie r otro a rtis ta qued aría sum ergido
por ellos. C h ap lin surge en cam bio de sus
contrad iccio nes sin d ism in u ir su tra sce n ­
d encia porque es un verdadero creador.
Su in terp retación del mundo y el hom bre
contem poráneo se hace cada ve z m ás cons­
cien te , m enos " p r im it iv a " . L a esencia de
su a rte , según Eisen stein, es una visión
sem ejante a la de un niño. Los niños
no hacen concesiones ni se m ienten a s!
m ism os. Ignoran la ética a d u lta y su ju icio
es ap arentem en te absurdo y cruel porque
obedece a leyes d istin tas. Eisenstein a n a liz a
el m ecanism o psicológico del sím bolo chaplinesco y se ñ ala la m etam orfosis produ­
cida desde " E l G ran D ic ta d o r" para con­
c lu ir con el h alla zg o de una nueva edad
del hombre C h a p lin : su a d u ltez fre n te a
la h isto ria. C iertam en te los film s de C h ap lin
han cam b iad o . Su prim era época es la
creació n in s tin tiv a ; la segunda una versión
en térm inos m ás com plejos de su in terp re­
tación trag icó m ica del hom bre contem po­
ráneo; la te rc e ra , es probablem ente la m ás
discu tida porque m ientras h asta entonces
C h a p lin su scitab a en todos los hom bres
v a ria d a s em ociones o g raves contenidos por
m edio de su o rig in al invención a rtís tic a ,
a h o ra , m ás consciente de su posición, se
a le ja cada ve z m ás de la com icidad y
su braya la tra g e d ia , expone sus conceptos
sin re c u rrir a m etáfo ras m ím icas o de im a ­
gen d ra m á tic a . Es que C h a p lin h ab la. Su
m ensaje es doloroso y propio del a n ti­
heroico hombre de nuestro tiem po que, co­
mo dice B le im a n , sufre in fin ita m e n te por
objetivos m ezquinos o por m ovim ientos h is­
tóricos que no com prende. De esta relación
entre el arte de C h a p lin y su versión
hum ana se ocupa el in tere san te ensayo
del auto r citad o . K o sin zev estudia p refe­
rentem ente el m ecanism o interno del estilo
chaplinesco y su hum orism o especial y ú n i­
co. El breve y b rilla n te estudio de Eisen s­
tein c ie rra un libro realm ente interesan te.

•
•
•
•
•

e je m p lare s sim ples $ 2 5 —

E jem p lares firm a d o s $ 100 .—

•

r- *
p u b licació n de arte

e

•

•
•
•
•
A

er. ve n ta en las lib re ría s

ed itorial nueva visiórt

�-muro

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                <text>Buenos Aires, 1957</text>
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                <text>Derecho público</text>
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            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
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                <text>Bill, Max&#13;
Goldemberg, Jorge&#13;
Williams, Amancio&#13;
Bullrich, Francisco&#13;
Beretervide&#13;
Acosta y Felici&#13;
Ruiz, J. C.&#13;
Tedeschi, Enrico&#13;
Pirovano, Ignacio</text>
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                    <text>buenos aires/argentína

1955

áji,*A
-.Vr- í ,1

'/i'1'i s'r. %

revista de

cultura visual

artes/arquitectura/diseño ¡ndustrial/tipografía

dirigida por Tomás Maldonado

Josef Albers
El tema del espacio en la pintura actual
Alfredo Hlito

Dos obras y una conferencia
Richard Neutra
Filosofía de la técnica
Max Bense

2 T‘v V ' . v ^ t

:

iÉjsuffi' ■

í-'

'

f e :%up

�oam
s. r. I. cap $ 50.000 ce rrito 1371 / 1er. piso / t. e. 44-2 3 5 7 44-1 340

e s c rito rio de p e tirib í, ta b le ro co n c u e ro ocre,
e s tru c tu ra de a n tic o lo d a l. dise ñ o h. b a lie ro

�revestimientos
decorativos
patentados

FULGET
2° concurso "Fulget”

entre los arquitectos e ingenieros que apliquen
racionalmente Fulget

siempre con el auspicio de la

Sociedad Central de Arquitectos

oIivett i

las bases serán publicadas próximamente y enviadas a
todos los interesados

pida muestras y precios a:

L e x ik o n
L a g ra d u a b le e la s tic id a d d e l ta c to de la
L e x ik o n c o n s tr u id a p o r O liv e tti A rg e n tin a es
una in v ita c ió n a l tr a b a jo v e lo z . La fa c ilid a d
de e m p le o de su s n u m e ro s o s c o m a n d o s ,
la lig e re z a c o n qu e se d e s liz a el c a r r o , la
c a n tid a d de c o p la s que se p u e d e n o b te n e r,
c o n trib u y e n a a u m e n ta r su r e n d im ie n to
y la c o n v ie rte n en una s e g u ra in v e r s ió n .

Fulget Argentina S. R. L.
Marca Registrada - Industria A rgentina
C apita l m$n. 1 .0 0 0 .0 0 0 .-

O liv e tti A r g e n t in a S . A . C . I .

Florida 6 3 3 , 3er. piso, Buenos Aires

BU EN O S A IR ES - San Martín 550 • T. E. 31 -3061

T. E. 3 2 -7 1 9 6 y 3 2 -9 4 3 8

1

�Frank Lloyd Wright
Enrico Tedeschi
El p ro fe s o r E n rico T e d e sch i re a liz a en estas p á g in a s un
co n ciso e s tu d io de la v id a y la o b ra de F ra n k L lo yd
W r ig h t . A tra v é s d e l a n á lis is de sus ob ras m ás re p re s e n ta ­
tiv a s , e l a u to r señ ala con p re c is ió n las c a ra c te rís tic a s
fu n d a m e n ta le s del g e n io c re a d o r de W r ig h t y la la rg a
e v o lu c ió n qu e ha s u frid o desde 1 9 0 0 h a sta nu e stro s días,
d e s ta c a n d o a l m is m o tie m p o el p a p e l fu n d a m e n ta l que
en to d o m o m e n to desem pe ñó en la h is to ria de la a r q u i­
te c tu ra c o n te m p o rá n e a .
C on el o b je to de e v ita r la re p ro d u c c ió n de o b ra s v a s ta ­
m e n te c o n o c id a s y q u e no p o d ría n d o c u m e n ta rs e s u fi­
c ie n te m e n te , este lib ro p resenta en su p a rte f in a l tre s
de las o b ra s m ás c a ra c te rís tic a s de W r ig h t , con re p ro ­
d u c c io n e s en su m a y o ría in é d ita s y con u n a n á lis is d e ta ­
lla d o a c a rg o de l P ro f. T e d e s c h i: la casa A v e ry C o o n le y,
la R obie y la fá b ric a J o h n s o n ............................m $ n . 3 5 .—

Editorial Nueva Visión
C e rrito

1371

/

Bs. A s.

Frente al paisaje que

2

/

T . E. 4 2 - 1 3 4 7

TODOS ADMIRAMOS

�LOPEZ

uenos aires

prelooker

36^

perú

una organización de técnica avanzada al servicio del libro

I M P R E N T A

!a estrecha colaboración
entre el autor,
el editor,
el artista gráfico
y el impresor
convierte el libro
en una obra de arte

3

�nv
nueva visión
revista de cultura visual. Artes, arqui­
tectura, diseño industrial, tipografía.

A p a re c e ca d a tre s meses
D ire c to r: T o m á s

M a ld o n a d o

C o m ité de re d a c c ió n : A rq . H o ra c io B a lie ro ,
A rq . F ra n cisco B u llric h , A rq . J. M . B o rth a g a ra y , E d g a r B a ile y , A lfr e d o H lito , Jo rg e
G o ld e m b e rg

A c a b a de a pa re cer

S e c re ta rio

de re d a c c ió n : J o rg e G ris e tti

A d m in is tr a c ió n y re d a c c ió n : C e rr ito 1 3 7 1 ,
B uenos A ire s , A r g e n tin a , T . E. 4 2 - 1 3 4 7

M ax Bill

La d ire c c ió n no se re s p o n s a b iliz a de los a r ­
tíc u lo s firm a d o s n i d e v u e lv e las c o la b o ra ­
cione s e sp o n tá n e a s.

T om ás M a ld o n a d o

La re v is ta " n v " , n u e va v is ió n , es p ro p ie d a d
de N u e v a V is ió n S .R .L., cap . m f n . 5 0 .0 0 0 .

La in te n s a y m ú ltip le a c tiv id a d re n o v a d o ra de M a x B ill en el
c a m p o de la a rq u ite c tu ra , de la p in tu ra , de la e s c u ltu ra , d e l d is e ­
ño in d u s tria l, de la tip o g r a fía y de la e n se ñ a n za de l a rte , así
c o m o sus m u ch o s tra b a jo s c rític o s y te ó ric o s , lo c o lo c a n en un a
s itu a c ió n p re e m in e n te d e n tro del proceso de la c u ltu r a c o n te m p o ­
rá n e a . A tra v é s de las d iv e rs a s a rte s v is u a le s que p r a c tic a , B ill
p ro c u ra c o n c re ta r u n a c o n c e p c ió n in te g ra l d e l esp a cio , a p e la n d o
p a ra e llo a los m e d io s fo rm a le s de e x p re s ió n a co rdes con las n e ce ­
sid a d e s y v a lo re s de n u e s tro tie m p o . " E n c a d a u n a de m is ob ras,
h a d ic h o B ill, tr a to de lle v a r a la p rá c tic a en u n a d ire c c ió n d if e ­
re n te u n m is m o c o n c e p to de a rm o n ía , a u n q u e o b e d e cie n d o s ie m ­
pre a u n a ley im p u e s ta p o r el c o n c e p to m is m o ".

Sumario:
Jo se f A lb e rs (p . 5 )
El te m a del esp a cio en la p in tu r a a c tu a l,
p o r A lfr e d o H lito (p . 10 )
Dos o b ra s y u n a c o n fe re n c ia , p o r R ic h a rd
N e u tra (p . 1 4 )
F ilo s o fía de la té c n ic a , p o r M a x íB e n s e
(p . 2 5 )
In f o r m a c ió n :
C asa en C o u n try C lu b . A r q .: o .a .m . (p . 2 8 )
P a b e lló n e m 'u n ja rd ín . A rq . A n to n io B one t
(p . 3 1 )
N o ta s y c o m e n ta rio s (p . 3 2 )
B ib lio g r a fía

Representantes en el exterior:
B ra s il: José M a rq u e s G odoy, A v . Ip ira n g a
N&lt;? 8 7 9 , Sao P a ulo
U ru g u a y : N u e v o D iseño , J u a n B e n ito B la n ­
co 1 1 2 2 - 2 6 , M o n te v id e o

C o n te n id o :

T o m á s M a ld o n a d o
M a x B ill
M a x B ill
M a x B ill
M a x B ill

" M a x B i ll "
" L a c o n c e p c ió n m a te m á tic a en el a r te de
n u e s tro tie m p o "
" U n m o n u m e n to "
" E l b a rrio co m o e le m e n to u rb a n o d if e ­
re n c ia d o "
"F o rm a , fu n c ió n , b e lle z a "
E dic ió n de lu jo , e n c u a d e rn a d a en te la ,
con 1 4 8 págs. im presas en p a p e l ilu s ­
tra c ió n , con 9 0 re p ro d u c c io n e s , 1 a c u a ­
tro colores, te x to s en c a s te lla n o , in g lé s,
a le m á n y fra n c é s ........... m $ n . 1 6 5 .—
E je m p la re s n u m e ra d o s, c o n te n ie n d o un a
lito g r a fía a dos co lo re s o r ig in a l de M a x
B ill, fir m a d a p o r el a u to r m $ n . 3 5 0 .— •

Editorial Nueva Visión
C e rrito 1 3 7 1 / Bs. A s. / T . E. 4 2 - 1 3 4 7

4

Se desea el c a n je co n las p u b lic a c io n e s
s im ila r e s : se h a rá n a n á lis is y re súm enes de
los lib ro s y re v is ta s e n v ia d o s a n u e s tra re ­
d a c c ió n .
E xch a n g e w ith s im ila r p u b lic a tio n s is
d e s ire d : th e b o o ks a n d jo u rn a ls s e n t to o u r
E d ito ria l S ta ff w ill be re vie w e d .
O n dé sire l'é c h a n g e avec les p u b lic a ­
tio n s co n g é n é re s : on fe ra des a n a lyse s e t
des résum és des liv re s e t des revues e n v o yés a n o tre ré d a c tio n .
Si d e sid e ra il c a m b io c o lle p u b lic a z io n e
c o n g e n e ri: s a ra n o f a t t i a n a lis i e ria s s u n ti
d e l lib r i e riv is te rim e ssi a lia n o s tra re d a z io n i.
W i r b itte n u m A u s ta u s c h m it a e h n lic h e n
F a c h z e its c h r ifte n : w ir b rin g e n B e s p re c h u n g e n d e r uns e in g e s a n d te n B uech er.

�Josef Albers

Entre la p in tu ra , com o m a te ria , y la p in tu ra a p lic a d a a un cu ad ro , p a ­
re cie ra h a b e r un pequeño paso. Esto, sin e m b argo , sólo es c ie rto v e rb a l
y a u d itiv a m e n te . S ig n ific a un c a m b io de c o lo ra n te a c o lo r.
T o m a d , p o r e je m p lo , el v e rid io puro. M ie n tra s se presenta com o v e rid io p u ro , c o n s titu y e m ero c o lo ra n te , p in tu ra . T a n p ro n to se cu e stio n a
su p u re z a al m e z c la rlo con o tro s colores c a m b ia n d o su tin te o su to n o ,
es d e cir, ta n p ro n to aparece, no del m odo en que tie n d e a p e rm a n e ce r,
sino p lá s tic a m e n te , se tra n s fo rm a de p in tu ra en color.
Este ca m b io es el re su lta d o de la re fe re n c ia . En un c u a d ro , cu a n d o un
co lo r, en un m u tu o d a r y to m a r con o tro s colores o recursos fo rm a tivos, hace más — o ta m b ié n m enos— , q u ie re h a c e rlo in d e p e n d ie n te m e n ­
te. C u a nd o la in te rd e p e n d e n c ia se resuelve en co n tra ste s y a fin id a d ,
am bos fa c to re s en ju e g o pueden ir m ás a llá de una así lla m a d a a rm o n ía .
C on secu en te m e n te, en p in tu ra , las pro pie da de s física s del c o lo r son de
m enos interés que el e fe c to psíquico. Lo que el c o lo r es, interesa menos
que lo que el c o lo r hace.
La p in tu ra es c o lo r a ctu a n d o . A c tu a r es c a m b ia r de c a rá c te r y c o m p o r-

Josef A lbe rs

De

la

serie de grabados a m á q u in a : 'T r a n s ­
fo rm a c ió n de un e squ e m a " (1 9 5 2 ).
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y ork.

De la serie de grabados a m á q u in a : " T ra n s fo r­
m aciones de un e squ e m a ". V in o lite . (1 95 2 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

5

�"S e c lu s io n ".

De la serie de lito g ra fía s "G ra p h ic
T e c to n ic ". (1 9 4 2 )
Cortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

" U - 3 " . De la serie de grabados a m á qu in a so­
bre plá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e stru c­
tu ra le s " . (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

ta m ie n to , h u m o r y “ te m p o ” . Un a c to r hace que nos olvid em os de su
n om bre y de sus rasgos. Nos engaña y a c tú a com o si fu e ra otro.
El c o lo r a c tu a n te y, p o r lo ta n to , a c tiv o , pie rd e id e n tid a d , aparece com o
o tro co lo r, más c la ro o más oscuro, más o m enos intenso, m ás b rilla n te
o más opaco, m ás c á lid o o m ás frío , m ás fin o y liv ia n o o m ás espeso y
pesado, más a lto y cercano o más p ro fu n d o y a le ja d o ; lo opaco se v u e l­
ve tra n s lú c id o , los colores que se ju n ta n aparecen superponiéndose, etc.
C uando el c o lo r a c tú a , nunca podem os d e c ir lo que el c o lo r es.

De la serie de grabados a m á q u in a : " T ra n s fo r­
m ación de un esqu e m a ". (1 9 5 2 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

6

�Josef A lb e rs

n a c ió :

C u rric u lu m V ita e

1888
1 9 1 3 -1 5
1 9 1 6 -1 9
191920
192023

enseñó:

1 9 2 3 -3 3
B a u h a u s, W e im a r , Dessau y B e rlín
1 9 3 3 -4 9
B la c k M o u n ta in C o lle g e , U .S .A .
19495 0 A r t A c a d e m y , C in c in n a ti, C h ic a g o ;
In s titu te , B ro o k ly n , N .Y .
1950-

" U - l " . De la serie de grab a d os a m á qu in a so­
bre p lá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e stru c­
tu ra le s ". (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

"H o m e n a je

al c u a d ra d o ": " M id w a rd " . Caseína
y óleo. (1 95 4 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

B o ttro p , W e s tfa lia

e s tu d ió :

K ó n ig l y K u n s ts c h u le , B e rlín
K u n s tg e w e rb e s c h u le , Essen
K u n s ta k a d e m ie , M ü n c h e n
B a u h a u s, W e im a r

P ra tt

Y a le U n iv e rs ity
C urso s p a ra g ra d u a d o s en U n iv e rs id a d e s de
E .E .U .U . (re p e tid o s en la H a rv a rd U n iv e r­
s i t y ) , M é x ic o , C u b a , S a n tia g o de C h ile , L i­
m a , P erú , H a w a i, H o c h s c h u le f ü r G e s ta ltu n g , U lm , A le m a n ia

v ia jó :

p o r d ive rso s países
A u s tr a lia y Ja p ó n

" U - 4 " . De la serie de g rabados a m á q u in a so­
bre p lá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e s tru c ­
tu ra le s " . (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y ork.

" U - 2 " . De la serie de grabados a m á qu in a so­
bre p lá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e stru c­
tu ra le s " . (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk .

de

E u ro p a ,

A m é ric a ,

�" T la lo c " . X ilo g ra fía . (1 9 4 4 )
Cortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk

N o ta s a d ic io n a le s a l C u rr ic u lu m V ita e

En 1 9 2 0 a b a n d o n é la cla se s u p e rio r de
p in tu r a del p ro fe s o r F ra n z v o n S tu c k en la
A c a d e m ia de M u n ic h e ingresé a l B a u h a u s
de W e im a r , de re c ie n te fu n d a c ió n . C o m e n ­
cé e n to n ce s — a la ed ad de 3 2 años— u n a
ve z m ás desde el p r in c ip io : e ra el m a y o r
de la clase en la que M a rc e l B re u e r era el
m ás jo v e n .
La ra z ó n d e c is iv a p a ra este c a m b io r a d i­
c a l fu é la le c tu ra del p rim e r m a n ifie s to del

B a u h a u s, con el p ro g ra m a de G ro p iu s en
un la d o y una x ilo g r a fía de F e in in g e r
— " C a t e d r a l" — en el o tro . C o n s id e ro que
m i regreso a e stu d io s básicos en esa t a r ­
d ía época ha sido u n a de las m e jo re s d e c i­
siones de m i v id a . D espués de p a s a r tres
años co m o e s tu d ia n te , G ro p iu s me c o n v e n ­
c ió de q u e e n señara a llí. Y co m o coleg a
de K lee y K a n d ín s k y , d e scu b rí que e llos
ta m b ié n h a b ía n sid o d is c íp u lo s de F ra n z
vo n S tu ck.
A l c o n tin u a r m í e n se ñ a n za d u ra n te d ie z
años, p e rm a n e c í e n el B a u h a u s m ás tie m p o

De la serie de grabados a m á qu in a sobre plá s­
tic o
la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e s tru c tu ra le s ".
1 (1 9 5 5 )

* Cortesía de Sidney Janis Gallery, New York.

8

�"C o n s tru c c ió n en n e g ro ". Oleo. (1 9 3 8 -4 3 )
Cortesía de Sidney Janís G a lle ry, New Y o rk.

q u e c u a lq u ie r o tro de sus m ie m b ro s — 1 3
años— , es d e c ir, d u ra n te casi to d a su e x is ­
te n c ia (e x c e p to el p r im e r sem estre después
de su fu n d a c ió n en 1 9 1 9 ) h a sta su c la u ­
sura en 1 9 3 3 .
M u y poco tie m p o después m i m u je r y yo
fu im o s los p rim e ro s lla m a d o s p a ra e n se ñ a r
en los EE. U U . P or re c o m e n d a c ió n de l M u ­
seo de A r te M o d e rn o nos d irig im o s a l B la ck
M o u n ta in C o lle g e , q u e a c a b a b a de cre arse
en N o rth C a ro lin a , d o n d e p e rm a n e c im o s
h a sta 1 9 4 9 , a pesar de las o fe rta s de u n i­
ve rs id a d e s y co le g io s de m ás re n o m b re .

"A l

M o n te

D espués de h a b e r e n señad o en la A r t A c a d e m y de C in c in n a ti, en el P ra tt In s titu te , y
d ic ta d o un curso sobre c ritic is m o en Y a le
y o tr o de v e ra n o en la H a rv a rd G ra d ú a te
School o f D esign en 1 9 5 0 , a c e p té la o fe r ­
ta de la U n iv e rs id a d de Y a le p a ra to m a r
a m i c a rg o la d ire c c ió n d e l D e p a rta m e n to
de D iseño en la D iv is ió n o f th e A rts .
A l m ism o tie m p o q u e e n señab a in te n s a ­
m e n te pu de c o n tin u a r con m i p in tu ra y con
la tip o g ra fía . Desde 1 9 3 5 m is tra b a jo s h a n
sid o e x h ib id o s en v a rio s c ie n to s de e x p o s i­
cione s en A m é ric a y en el e x te rio r.

A lb a n " .

De la serie de lito g ra fía s
"G ra p h lc T e c to n lc ". (1 9 4 2 )
C ortesía de Sidney Janís G a lle ry, New Y o rk.

El o rig e n del a rte :
La d ife re n c ia e n tre el hecho fís ic o y el e fe c to p síquico
El c o n te n id o del a rte :
La fo rm a c ió n v isu a l de n ue stra reacción a la vida
La m ed id a del a rte :
La re la c ió n de e s fu e rzo a e fe c to
La fin a lid a d del a rte :
La reve la ción y la evocación de la v is ió n in te rio r

A lb e rs

9

�El tema del espacio en la
pintura actual
A lfre d o H lito

Laszlo M o h o ly -N a g y : ''C o n stru cció n A 2 0 "

T oda obra de a rte está situ a d a en el espacio pero, adem ás, c o n tie n e es­
p a cio de una c ie rta m anera.
U na e s c u ltu ra de D o n a te llo , lo m ism o que una e s c u ltu ra de R odin o de
Pevsner, se e n c u e n tra n sum ergidas en un espacio com ú n que las e n v u e l­
ve a todas p o r ig u a l. Lo p ro p io acontece con un fresco de Piero della
Francesco, un cu a d ro de Rubens y una p in tu ra de Picasso. Sin em bargo,
un a n á lis is más d e te n id o re ve la ría que cada una de esas obras está p re ­
sidid a p o r una c o n fig u ra c ió n espacial d is tin ta . Es que el espacio no sólo
rodea y envuelve a la obra de a rte , sino que in te rv ie n e en e lla , p r in c i­
p a lm e n te , com o rep re sen ta ció n o, ya que esta p a la b ra puede o rig in a r
un equívoco, com o esquem a visua l.
A q u í me ocuparé so la m e n te del espacio en la p in tu ra y, en especial, de
las a lte rn a tiv a s que ha e x p e rim e n ta d o la n oción de espacio en la p in ­
tu ra de los ú ltim o s años. C onviene co m e n z a r h acien do una a c la ra c ió n
im p o rta n te .
En e sc u ltu ra y ta m b ié n en a rq u ite c tu ra , el espacio asum e de hecho un
rol p ro ta g ó n ic o m a n ifie s to , m ie n tra s que en p in tu ra no o cu rre lo m ism o.
Podemos a p re c ia r las propiedades espaciales de una e s c u ltu ra o de un
e d ific io , sin que se req uie ra para e llo , una m o d ific a c ió n s u b s ta n c ia l de
las co nd icio ne s en las que se c u m p le h a b itu a lm e n te nue stra percepción
del espacio. La p in tu ra , en ca m b io , supone una m o d ific a c ió n p ro fu n d a
de esas condiciones. La razó n de ésto es que el espacio p ic tó ric o sólo
existe p o r m e d ia c ió n del p la n o , es d e cir, de a lg o que, por d e fin ic ió n , c a ­
rece de espacio.
Este hecho c o n fie re de in m e d ia to una s ig n ific a c ió n especial a la noción
de espacio en p in tu ra . Por lo p ro n to , hace pensar en alg o m ás a b s tra c to
e in v e rific a b le que el espacio e s c u ltó ric o o a rq u ite c tó n ic o .
¿Qué s ig n ific a d o tie n e , entonces, la p a la b ra espacio a p lic a d a a un
cuadro?
R efe rid a a una p in tu ra del pasado, esta p re g u n ta puede ser co nte sta da
d icie n d o que espacio, es la sensación de p ro fu n d id a d o de a tm ó s fe ra
que el p in to r ha q u e rid o c re a r sobre la te la . Esto no o fre c e d ific u lta d e s ,
salvo el hecho de que la clase de espacio que el p in to r se ha propuesto
o bte ne r, no reúne n in g u n a de las propiedades del espacio real. Sin e m ­
bargo, este pseudoespacio ha resu ltad o, d u ra n te v a rio s siglos, a b s o lu ta ­
m ente co n v in c e n te para el e s p íritu . La co nve nción ó p tic a que nos p e r­
m ite " v e r " espacio donde no e xiste, depende e x c lu s iv a m e n te de cie rta s
relaciones que el p in to r ha e sta b le cid o sobre la te la . Estas relaciones no
son el resu lta d o de la im ita c ió n espontánea de un m odelo e x te rio r. El
espacio p ic tó ric o del R e n a c im ie n to fu é , com o se sabe, una c o m p lic a d a
c o n stru c c ió n del e s p íritu en la que lo real e n tra b a sólo b a jo la fo rm a de
a p a rie n c ia . T a n c o m p le jo era el sistem a de a b straccio ne s que m a n e ja b a
entonces el p in to r, que q u iz á s era a esto a lo que se re fe ría Leonardo,
al d e c ir que la p in tu ra era de n a tu ra le z a m e n ta l.
Si a h o ra nos volvem os h acia una p in tu ra a b s tra c ta o c o n c re ta , ¿qué s ig ­
n ific a d o tie n e a q u í la p a la b ra espacio? N o hay fo rm a de c o n te s ta r a
esta p re g u n ta con la m ism a s im p lic id a d de la a n te rio r. Es h a b itu a l re­
c u rrir, en casos com o éstos, en que carecem os de nociones lo s u fic ie n te ­
m en te in tu itiv a s , a correspondencias to m a da s del p e n s a m ie n to c ie n tíf i­
co o filo s ó fic o . C onsidero que lo m e jo r será que pensemos lo menos
posible en té rm in o s de co rrespondencias y que, a fa lta de una c la rid a d
m ayor, tra te m o s de conservarnos d e n tro de los lím ite s de la p in tu ra . El
te m a del espacio se e n c u e n tra , en e fe cto , ta n im p re g n a d o de m a g ia v e r­
bal, que ya resu lta im p o sib le saber cuáles son sus e q u iv a le n te s reales
en la e x p e rie n c ia . Para algunos, la p in tu ra a c tu a l tie n d e , después del
cu bism o , a p ro m o ver un nuevo espacio p ic tó ric o se m e ja n te, en p e rm a ­
nencia y e fic a c ia , al espacio de la p in tu ra del R e n a cim ie n to . N o me e n ­
cu e n tro en cond icio ne s de a firm a r ta n to . M i p ro pó sito será m ás m odes­
to ; me re fe riré e x c lu s iv a m e n te al p ro b le m a del espacio en re la c ió n con
los presupuestos p la n is ta s de la p in tu ra que sig u ió al cubism o. A n te s
m encionam os el hecho de que el espacio p ic tó ric o del R e n a c im ie n to h a ­
bía resu ltad o co n v in c e n te d u ra n te va rios siglos. En el siglo X I X , era ya
una su pe rvive ncia. Lo que en sus co m ienzos h abía sido una a m b icio sa
a v e n tu ra del e s p íritu , la de re d u c ir to d a la v a rie d a d de los fenóm enos
p e rce p tib le s a un sistem a de relaciones bien ordenadas, te rm in ó en un
c o n ju n to de recetas y de tru co s, conservados y tra n s m itid o s por las a c a ­
dem ias del s ig lo pasado. Fueron los im p re sio n ista s quienes, al rebelarse
c o n tra la d ic ta d u ra del "tro m p e l'o e il" co m e n za ro n a p ra c tic a r una p in ­
tu ra más honesta, d ire c ta y sin truco s, con lo cu al c o n firie ro n un nuevo

10

�Pablo Picasso: "D esnudo'

Sassetta: "L a s exequias de San A n to n io "

v a lo r a la s u p e rfic ie de la te la . A u n cu an do ellos y los p o s t-im p re s io n is tas, c o n tin u a ro n tra b a ja n d o d e n tro del m arco p ic tó ric o tra d ic io n a l, y sus
p in tu ra s conservan espacio y a tm ó s fe ra , el "tro m p e l'o e il" quedó, des-'
de entonces, d e fin itiv a m e n te id e n tific a d o con la p in tu ra p a sa tista in c u l­
cada por las academ ias. A raíz de esto, se e lim in ó del cu a d ro una de
las fo rm a s más im p ura s y g ra n d ilo c u e n te s del espacio p ic tó ric o .
El fa u vis m o , al a c e n tu a r más aún el s e n tim ie n to de lib e rta d del a rtis ta
fre n te a la te la , se despreocupó en a b s o lu to de los problem as v in c u la d o s
con el vo lu m e n y la p erspe ctiva, que eran las expresiones más típ ic a s y
constantes del espacio p ic tó ric o tra d ic io n a l. Con los cubistas, el p ro b le ­
ma del espacio asum e una im p o rta n c ia m ayor, porque está re fe rid o a
un in te n to de índole más co nscien te ; el in te n to de re e m p la z a r el esque­
ma ó p tic o en el que se basó toda la p in tu ra a n te rio r, por una ó p tic a
nueva, p ro pó sito éste, que ta m b ié n p ers ig u ie ro n los fu tu ris ta s .
El espacio p ic tó ric o , despojado de casi todos sus a trib u to s , tie n d e h acia
una e sq u e m a tiz a c ió n cada vez m ayo r, pero resu lta reconocible en la su­
gestión de a tm ó s fe ra que conservan to d a v ía los cuadros cu bista s y las
p rim e ra s p in tu ra s a b s tra cta s co nte m p o rá ne as del cubism o.
La situ a c ió n creada a la p in tu ra por la e x p e rie n c ia del cubism o, c o n d u ­
jo a a lgunos a rtis ta s a re sca tar el p la n o de to do esquem a ó p tic o p re ­
concebido. C oncluye ro n que el in te n to de c o n c ilia r un fe nó m e n o de n a ­
tu ra le z a espacial con las c'os dim ensiones de la te la c o n s t it u í una
negación de las propiedades reales del plano. Este asum e con el neop la s tic is m o , el v a lo r de una re a lid a d su b sta n cia l y co ncreta .
El presupuesto p la n is ta de esta nueva p in tu ra im p lic a b a , entonces, una j
solu ción n e g a tiv a al p ro ble m a del espacio. Si los im p resion istas se h a - i
bían c o n te n ta d o con a b o lir el "tro m p e l'o e il" , los n eo plasticista s se p ro ­
pusieron la a b o lic ió n de todos a qu ellos recursos p ic tó ric o s a los cuales
se asociaba el espacio, en v irtu d de una tra d ic ió n ó p tic a s e c u la r: el c la ­
roscuro, la p ro fu n d id a d , etc. Su ideal fu é el de una p in tu ra p la n a y sin
.atm ósfera. Todos los elem entos p ic tó ric o s debían ceñirse a este ide al;
debían ser elem entos que p a rtic ip a ra n de la n a tu ra le z a del p la n o : b a n ­
das re ctilín e a s, p a rtic ió n o rto g o n a l de la s u p e rfic ie y planos de co lo r
p e rfe c ta m e n te dete rm ina do s.
El re q u is ito p la n is ta llevado a sus ú ltim a s consecuencias co n d u jo , e ntre
nosotros, a p ra c tic a r una d e s in te g ra ció n del p lano. C onsiderábam os, en
1946, que el n e o -p la s tic is m o no c o n s titu ía una solu ción e fe c tiv a al p ro ­
b lem a del espacio. M ie n tra s el c u ad ro co nsistiera en un p la n o sobre el
cual se inscribiesen form as, el espacio p a rtic ip a ría co nsta ntem en te en
él para c re a r una s itu a c ió n a m b ig u a e ilu so ria . Con la fin a lid a d de des­
a lo ja r este ú ltim o residuo espacial, se pensó en c o rp o riz a r los e le m e n ­
tos p ictó ric o s y a b a n d o n a r la te la com o soporte. A lg u n a s de nuestras
p in tu ra s de entonces consistían en c o n ju n to s com puestos por planos de
color, separados e n tre sí, de ta l m odo que el espacio p a rtic ip a b a re a l­
m ente en la com posición de la obra. Pero com o esos planos se e nco n ­
tra b a n a un m ism o nivel y el c o n ju n to e xig ía ser v isto com o un cuadro,
se o rig in ó una nueva d ific u lta d . Las paredes a las cuales se fija b a n esas
p in tu ra s , a sum ían , de in m e d ia to , la fu n c ió n ó p tica que c u m p lía antes la
te la , con lo que el fondo reaparecía nuevam ente. Esos o bjetos p a r tic i­
paban ta n to de la p in tu ra com o de la e scu ltu ra , pero sin lle g a r a poseer
una coherencia p ropia.
Si m en cio n o esta e xp e rie n cia , que alg un os de nosotros abandonam os por
co n sid e ra rla in s a tis fa c to ria , es porque s irv ió al m enos para p ro b a r que
el re q u is ito p la n is ta no podía ser llevado más a llá de cierto s lím ite s sin
c o lo c a r a la p in tu ra en una s itu a c ió n sin salida.
Sin em bargo, el m a n te n im ie n to de este re q u is ito iba a p ro p o rc io n a r el
orden de ¡deas que p e rm itiría in tro d u c ir nue vam en te la noción de espa­
cio en la p in tu ra , pero esta vez con un signo positivo.
Los n e o -p la s tic is ta s e v ita ro n e ncontrarse con el espacio porque en sus
cuadros h abían m o d ific a d o el sistem a de com posición p ic tó ric a tr a d ic io ­
nal. Lo que lla m o com posición tra d ic io n a l es sólo una s im p lific a c ió n
v e rb a l; sé m uy bien que la com posición del c u ad ro ha sido basta nte v a ­
riada en el pasado pero, en lo esencial, el c u ad ro fué concebido siem pre
com o un o rg an ism o y la com posición se p ra c tic a b a desde los bordes de
la te la hacia adentro. El n eo -p la sticism o , por el c o n tra rio , se propuso
c o n ce b ir el cu a d ro más com o un fra g m e n to que com o un organism o.
Con esta fin a lid a d h iz o que el tem a — reducido a un e nreja do line al y
planos de co lo r— a ba rca ra p o r igu al toda la s u p e rfic ie de la te la . Los
n eo -p la sticista s e lim in a ro n el ce n tro de com posición que, hasta el c u b is ­
mo, había c o in c id id o casi siem pre con el eje del cuadro y desplazaron

11

�P icro d e lla

Francesco: " L a

fla g e la c ió n "

la co m p osición h a cia los bordes. Se p ro p u sie ro n , adem ás, e lim in a r to da
d is tin c ió n e n tre el te m a y las zonas vacías, por m ed io de una e q u iv a le n ­
cia co n sta n te . El cu a d ro no p re sen ta ba , de este m odo, zonas destacadas,
a expensas ce zonas n e u tra s ; lo que se veía en él, era el fra g m e n to de
un te m a su scep tible de p ro lo n g a rse in d e fin id a m e n te .
Si hacem os excep ció n de los tem as y de las d ife re n c ia s de in te n c ió n e x ­
p resiva, podem os e n c o n tra r a n te ced e nte s de esta co m p o sició n en la p in ­
tu ra del pasado. En las ta b la s y en los frescos del 3 0 0 y del 4 0 0 , h a lla ­
rem os fá c ilm e n te re m in is c e n c ia s n e o -p lá s tic a s : la m ism a p a rtic ió n o r ­
to g o n a l del p la no , zonas de c o lo r bie n d e fin id a s y, en g e n e ra l, la fa lta
de ese e le m e n to c irc u n d a n te y u n ific a d o r que lla m a m o s a tm ó s fe ra .
M ie n tra s todas las líneas fu e rz a s de un c u a d ro , flu y e n h a cia los bordes
y se expresan en él, el c a rá c te r p la n o de la p in tu ra parece p re va le ce r
sobre c u a lq u ie r o tro . Esto, a p ro x im a d a m e n te , va le ta n to p a ra un c u a ­
dro de M o n d ria n , com o p ara un fresco de M a s s o lin o o de Piero d e lla
Francesa. W o lf f lin h abía v is to con sa ga cid ad , que el e fe c to de p ro fu n ­
d id a d en la p in tu ra no ha sido consecuencia d ire c ta de la in tro d u c c ió n
de la p e rsp e ctiva , sino del c a m b io que se p ro d u jo cu a n d o el te m a se
desp re nd ió de los bordes, y co m e nzó a d e sa rro lla rse a p a r tir de un p u n ­
to s itu a d o en el in te rio r de la te la . Esto, según W o lf f lin , es lo que c a ­
ra c te riz a ría luego a la c o m p o sició n barroca.
Sin in fe r ir de esto una co rre sp o n d e n cia e s tric ta co m p ro b a m o s que a lg o
se m e ja n te o c u rrió con otros m o v im ie n to s m odernos que p a rtie ro n de una
ren ova ción del p la n o , s e m e ja n te a la de los n e o -p la s tic is ta s . Lo que d is ­
tin g u e , en e fe c to , al s u p re m a tis m o y al c o n s tru c tiv is m o p ic tó ric o , es que
reso lvie ro n de m a n e ra d is tin ta la re la c ió n e n tre el te m a y la s u p e rfic ie
del cu ad ro . A l c o n tra rio de los n e o -p la s tic is ta s , no co m p u s ie ro n sus c u a ­
dros p o r m ed io de p a rtic io n e s , sino que co nse rva ro n la c o n tin u id a d del
p la no . C onservaron ta m b ié n el te m a pero sin re fe re n c ia s a p a re n te s con
los lím ite s del cu ad ro . De este m odo sus com p osicion es p arece n flo ta r
en un m e d io flú id o y sensible a las v a ria c io n e s del c o lo r y a la posición
re la tiv a de los elem entos. Sus com posiciones, adem ás, no están p re s id i­
das p o r el c rite rio e s tá tic o de e q u ilib rio , basado en la co m p en sació n de
las d is tin ta s zonas del cu ad ro . Esas p in tu ra s se c a ra c te riz a n p o r un c ie r ­
to e q u ilib r io in e sta b le del te m a con re la c ió n al vacío. Este fu é c o n s id e ­
rado p o r ellos, com o tra n s m is o r de m o v im ie n to y ene rg ía , de a tra c c ió n
y de rep ulsión . La ¡dea de que los e le m e n tos p ic tó ric o s se c o m p o rta n en
el p la n o com o si o b e d e cie ra n a un o c u lto m a g n e tis m o , fig u ra ya en los
títu lo s de las com p osicion es de M a le v itc h de 1914. Sin e x p e rim e n ta r las
consecuencias p a ra liz a n te s de un p la n is m o o rto d o x o , o tros p in to re s e x ­
p lo ra ro n m ás lib re m e n te las p o s ib ilid a d e s del p la n o renovado.
A lg u n o s , com o A lb e rs y M o h o ly , u tiliz a ro n nuestros h á b ito s de " le c t u ­
r a " e s p a c ia l, p ara p ro d u c ir en el p la n o s itu a c io n e s de sign o a m b iv a le n ­
te ; el p rim e ro , p o r m ed io de un em p le o o rig in a l de la p e rs p e c tiv a y el
segundo, por superposiciones y tra n s p a re n c ia s . El p ro p io M a le v itc h c o m ­
puso a lg u n o s de sus cuadros, con fo rm a s de ta m a ñ o re la tiv o d is tin to ,
con lo que logró c re a r situ a c io n e s , en las que lo m ás g ra n d e y p ró x im o
a lte rn a s im u ltá n e a m e n te , con lo m ás peq ue ño y a le ja d o .

P iet M o n d ria n : "C o m p o s ic ió n A . 1 9 3 2 "

12

C asim iro M a le v itc h : "C o n s tru c c ió n s u p re m a tis ta "
(1 9 1 3 )

�Pablo R ubens: " L a

erección de la c ru z "

C asim iro M a le v itc h : "C o n stru cció n s u p re m a tis ta "
(1 9 1 7 )

La p in tu ra , después de p ra c tic a r un rodeo, parece busca r n ue vam en te
una re c o n c ilia c ió n con todos los recursos p ic tó ric o s , pero d iso cián do los
de la s ig n ific a c ió n trid im e n s io n a l que te n ía n antes. Los fe nó m e n os es­
p aciale s que p re se n ta n estas p in tu ra s , p ate ntes para la in tu ic ió n , son,
sin e m b argo , d ifíc ilm e n te e x p lic a b le s . N o sabem os si esto obedece a que
estos fenó m e n os son to d a v ía nuevos p ara la e x p e rie n c ia , o a que la n o ­
ción de espacio resu lta ya in s u fic ie n te y c o n ve n d ría re e m p la z a rla por
una n oción m enos in tu itiv a .
A n te una p in tu ra de M a le v itc h que co nsiste en un solo tra z o e sfu m a d o
sobre el fo n d o b la nco , o a n te una p in tu ra de V a n to n g e rlo o , re d ucid a a
una a g ru p a c ió n de p un tos d im in u to s , la p ro p o rc ió n casi in fin ite s im a l de
estos e lem entos, es s u fic ie n te para c re a r en nosotros una s itu a c ió n es­
p a cia l ta n inten sa, que nos o p rim e la ¡dea de no poder e xp re sa rla más
que por a p ro x im a c io n e s in tu itiv a s . Estos fenó m e n os poseen, sin duda,
una base p s ic o ló g ica real no bie n a c la ra d a to d a vía . A c tú a n a llí, s e g u ra ­
m ente, asociaciones im p líc ita s de n ue stra e x p e rie n c ia de lo in c o n m e n ­
su ra ble , e x p e rie n c ia que hem os pod id o o b te n e r de la c o n te m p la c ió n de
un cie lo e s tre lla d o o de c ie rta s fo to g ra fía s del m u n d o de lo in v is ib le . N o
sabem os si la noción de espacio será fin a lm e n te conservada en la in te r ­
p re ta c ió n de estos hechos, a u n q u e es e v id e n te que, por a h o ra , se e n ­
c u e n tra re d u cid a al n ive l de lo p sico lóg ico .
Pero si no conocem os con e x a c titu d la clase de espacio que se m a n ifie s ­
ta en esas p in tu ra s , sabemos, al m enos, que el p la n o ha a d q u irid o con
ellas una d im e n s ió n d is tin ta .
La e s tim a c ió n del v a lo r del p la n o en la p in tu ra ha pasado, com o hem os
visto , p o r una serie de a lte rn a tiv a s . M e ro soporte en la p in tu ra a c a d é ­
m ica del s ig lo pasado, rescatado por los im p re sio n ista s, asum e, después
del cu bism o , el v a lo r de una re a lid a d s u b s ta n c ia l y c o n c re ta , para c o n ­
ve rtirs e , de nuevo, en a g e n te c o n d u c to r de fenó m e n os sin m a te ria lid a d
a p a re n te .
¿Cuál es la n a tu ra le z a de este a ge nte ta n v e rs á til? ¿Cómo es posible que
el p la n o , p e rm a n e c ie n d o id é n tic o a sí m ism o, haya sido, no o b sta n te , el
v e h ícu lo m ás fle x ib le , m e jo r a d a p ta d o , m ás d ú c til para plegarse a to do
lo que se ha q u e rid o e xpresa r por su in te rm e d io ?
N i el p la n o soporte, ni el p la n o o b je to , c o n s titu y e n respuestas a d e c u a ­
das a esta p re g u n ta . Lo p rim e ro supone a d ju d ic a r to d o el v a lo r a la im a ­
gen; esto es lo que sustenta el rea lism o n a tu ra lis ta . Lo segundo supone
a d ju d ic a r todo el v a lo r al p la n o , lo que es ta m b ié n un rea lism o, pero
a la inversa.
Er equívoco del rea lism o consiste en cree r que se p a rte de un m od elo e x ­
te rio r, y no de las m o d ific a c io n e s a que se som ete al p la n o para a lc a n ­
z a r ese m odelo. Este equívoco se su sten ta en la cre e n cia de que los m e ­
dios expresivos se d is tin g u e n de las fin a lid a d e s expresivas. Esto e x p lic a
ta m b ié n el c a rá c te r p a s a tis ta del rea lism o p ic tó ric o a c tu a l.
Eí equívoco del p la n is m o consiste en c re e r que se p a rte del p la n o , y no
de las m o d ific a c io n e s a que se lo som ete para e xpresa r lo que el a rtis ­
ta se propone.
En am bos casos, el p la n o está a hí y es necesario c o m e n z a r por m o d ifi­
ca rlo . N u n c a la te la ha sa lid o in ta c ta de las m anos de un p in to r, ni aún
cu a n d o éste se propuso co nse rva r lo que conside rab a esencial en e lla :
las dos dim ensiones.
; La p in tu ra es la a de cu a ció n recíproca del p la n o y de la im a g e n / J\|¡ la
f im a g e n es im p ue sta al p la n o , ni el p la n o d e te rm in a a la im a ge n más
que com o fa c to r c o n c u rre n te de las c a lid a d e s p ic tó ric a s de esta ú ltim a .
La im agen es el c o n ju n to de las m o d ific a c io n e s del p la n o y lo que lia - '
m am os espacio es el resu ltad o, .en la in tu ic ió n , de esas m o d ific a c io n e s .
Las propiedades del p la n o son las p ropiedades de la im agen que se m a ­
n ifie s ta n en él.
La ú n ica p ro p ie d a d observable del p la n o , que posee a lg u n a g e n e ra lid a d ,
es la de ser m o d ific a b le . P ropiedad ésta, que depende más de las c o n ­
venciones del e s p íritu y de la c u ltu ra , que de su n a tu ra le z a m a te ria l.

&lt;AAY

13

�Dos obras y una conferencia
R ich a rd N e u tra

La d e lica d a filig ra n a de la a rm a zó n de acero,
re cortad a co n tra el lum inoso cielo de C a lifo rn ia ,
se a bre generosam ente para e n m a rca r la vista
de la m o n u m e n ta l "R o ca del A g u ila " (C lub de
re crea m ien to en Eagle R o ck).

14

T re in ta años de m i vida he em p le a do en la lucha p o r la a c e p ta c ió n de
los m edios co nte m p o rá ne os en la a rq u ite c tu ra . Si c o n te m p la m o s las c iu ­
dades de Essen, A le m a n ia ; San Pablo, B ra sil; C aracas, V e n e z u e la ; C ha nd ig a rh , In d ia ; el p ro b le m a parece a m p lia m e n te resuelto.
T a l vez sea u rg en te ahora un período s im ila r de esfuerzos para o b te n e r
una idea general y m uy d e ta lla d a de cuáles pueden ser los p rin c ip a le s y
verdaderos progresos fu tu ro s . Es necesario te n e r en c u e n ta las p ro p ie -

dades fis io ló g ic a s del h om bre, que d e te rm in a n sus reacciones y que d e ­
berán p o r lo ta n to d e te rm in a r el diseño del m edio h a b ita b le , del que la
vid a sa lu d a b le y la su pe rvive ncia de la especie dependen. La s u p e rv iv e n ­
cia del h om bre no se basa sola m e n te en la a de cu a ció n al m edio, com o
o curre con el resto del m undo o rg á n ico . Depende m uch o m ás de la a d e ­
cu a ció n de un m un do de a rte fa c to s diseñados a nuestras p o s ib ilid a d e s
y necesidades b io lóg ica s, estab lecida s a lo la rg o de m ile n io s. La c o m ­
pre nsió n de lo que puede y lo que no puede ser a lte ra d o en el h om bre,

�R ichard

N e u tra

&lt;

1 Ver " n v " n9 7, sec. b ib lio g ra fía .

la m u je r y el n iñ o es, en c u a lq u ie r p a rte del g lo bo , el p re rre q u is ito de
un diseño seguro y s a lu da ble .
Es bueno observar las escalas de respuestas in d iv id u a le s . E vid en te m e nte,
ta m b ié n es bueno observar las d e te rm in a n te s g e o g rá fic a s y c lim á tic a s
que m o lde a n los estilos específicos de v id a de los hom bres. Pero hay un
com ún d e n o m in a d o r de c a rá c te r más g en eral p ara la fis io lo g ía de la especie en n ue stro sistem a nervioso. Este deberá ser a te n d id o m in u c io s a ­
m en te p o r los diseñadores y rediseñadores perpetuos del h a b ita t h u m a ­
no y del m un do en que v iv im o s , en esta era de c ie n c ia a p lic a d a y, en
g e n e ra l, de te c n o lo g ía in d u s tria l m u n d ia lm e n te d e sa rro lla d a .
"P ro g re s o té c n ic o " es una d e n o m in a c ió n engañosa, com o lo es " e l a d ­
v e n im ie n to del a u to m ó v il", porque tenem os no uno, sino m illo n e s de
a u to m ó vile s, y no uno, sino a c c id e n ta le s m illo n e s de "p ro g re s o s ", que
se a b o lla n los g u a rd a b a rro s y se nos aparecen en p erpe tu a c o lis ió n , m o ­
lestándonos eno rm em e nte .
Los a rq u ite c to s , diseñadores y p la n ific a d o re s m odernos te n d rá n que t r a ­
b a ja r de m odo a lg o d is tin to al de los a rq u ite c to s , diseñadores y p la n if i­
cadores del pasado. Estos sentían c u rio s id a d por lo que era la c ie n c ia de
sus días y estaban m uy interesados en e lla . Sin em bargo, ni aun el g ra n
A ris tó te le s te n ía nuestra p o s ib ilid a d de leer la m u ltitu d de tra b a jo s p e ­
n e tra n te s de in v e s tig a c ió n que aparecen en las p u b lic a c io n e s c ie n tífic a s
de todas partes del m un do , y que e lu c id a n , cada año más, aspectos de
la n a tu ra le z a d in á m ic a del hom bre. Todos nuestros procesos orgánicos
pueden p e rm a n e c e r en un e q u ilib rio m ila g ro s a m e n te a rm on ioso o ser e n ­
te ra m e n te p e rtu rb a d o s p o r un h a b ita t diseñado ina de cua d am en te .
El log ro más c o n s tru c tiv o del progreso h u m a n o no es el que se re fle ja
en los avisos a to d a p á g in a de nuevos m a te ria le s y equipos, ni en la
c h a rla persuasiva para ve n d e r los m iles de a rte fa c to s o b te n ib le s en m e n ­
sualidades. Reside en el c u m p lim ie n to s is te m á tic o y c o n s ta n te m e n te m e ­
jo ra d o del v ie jo consejo filo s ó fic o de conocer al h om bre p ara poder ser­
v irlo . Esto deberá saberlo a c ie n c ia c ie rta el lú c id o d ise ñ a d o r del m añ an a.
El área del c o n o c im ie n to de la n a tu ra le z a h u m a n a re c ie n te m e n te e x p lo ­
rado es vasto, p o r c ie rto , y de una u o tra m an e ra , todos los dem ás co n o ­
c im ie n to s de n ue stro tie m p o se le re la c io n a n y abreva n en él para ser
s ig n ific a tiv o s .
"S u p e rv iv e n c ia m e d ia n te el d is e ñ o " 1, esos c u a re n ta y siete ensayos es­
crito s a lo la rg o de m uchos años, y que la O x fo rd U n iv e rs ity Press p u b li­
có ta n fie lm e n te , tra ta de los p ro ble m a s a qu í m encionados. Esos ensayos
han sido tom ados y c ita d o s m uy a m en ud o en la co le cción in fo rm a l de
a rtíc u lo s que m ech an el nuevo lib ro de ilu s tra c io n e s cuya p re p a ra c ió n
está re a liz a n d o A le x a n d e r Koch en S tu ttg a rt. M r. Koch cree que las v i ­
viendas son las que m e jo r pueden ilu s tr a r el s e rvicio de la a rq u ite c tu ra
a la ca p a cid a d h um a n a de re a c c io n a r a n te el m ed io , m olde a da y c o n ­
d ic io n a d a a lo la rg o de un c ic lo v ita l que va desde la in fa n c ia hasta una
edad a va n za d a de m a d u re z c o n te m p la tiv a . Este c ic lo v ita l es más c o ­
m ún a h o ra que en n in g ú n m o m e n to del pasado a n tro p o ló g ic o . M r. Koch,
en re p re sen ta ció n de una a n tig u a fir m a europea interesa da en a rq u i­
te c tu ra , pensó so m e ter su lib ro al p ú b lic o del c o n tin e n te europeo com o
una c o n trib u c ió n a m e ric a n a que p u d ie ra te n e r a lg ú n v a lo r a los ojos de
la gente c o n d ic io n a d a por v ie ja s y siem pre v iv ie n te s tra d ic io n e s .
C om o lo he señalado in extenso en o tra p a rte , in d u d a b le m e n te existe a l­
go o rg á n ic a m e n te fu n c io n a l en el d e v e n ir de la tra d ic ió n . Reside en los
té rm in o s c o rrie n te s de la fis io lo g ía nerviosa y es m u y su scep tible de ser
d e fin id o . El h á b ito y la h a b itu a c ió n pueden ser observados en c u id a d o ­
sos e xp e rim e n to s de la b o ra to rio , en vez de v a g a m e n te d iscu tido s, a la ­
bados o d e n ig rad os desde un p u n to de v ista m o ra l.
La a rq u ite c tu ra m oderna de hace una g e n e ra ció n tu v o sus fu e rte s te n ­
dencias m eca nicista s, heredadas de un s ig lo de a p lo m a d o " m a te r ia lis ­
m o ". Las ce rte zas del fa m o so " K r a f t und S t o ff " (F u e rza y M a te ria ) de
B uckner, p u b lic a d o hace m ás de cien años, no son ya nuestras certezas,
en la era p o s t-e in s te n ia n a de re la tiv id a d y u n ific a c ió n . El seductor des­
file de la " H is to r ia del M a te r ia lis m o " de Lange, después de tres g e n e ­
raciones, ya no nos a tra e , porque hem os superado el siglo X IX .
M ie n tra s que siem pre hub o ley y orden en la tra d ic ió n e s p iritu a l soste­
nid a de m odo c o le ctivo , para nosotros una ley o rg á n ic a deberá ser co ns­
ta n te m e n te p e n e tra d a para lo g ra r el orden sobre la a rb itra rie d a d , en el
diseño de un m ed io que se to rn a cada vez más peligroso. El esplendor de
im a g in a c ió n p lá s tic a desplegado en la azote a de la " U n ité d 'h a b ita t io n " de M a rs e lla o las e s tru c tu ra s del te cho del a la Este de la C orte
Suprem a de C h a n d ig a rh (Le C o rb u s ie r), puede ser c o n tra s ta d o con el

15

�e splendor d ife re n te de la re p e tic ió n g e o m é tric a , a d m ira b le c o n tu n d e n c ia
y co h e re n cia de los esqueletos cúbicos de M ie s van der Rohe. Para el
estudioso de la a rq u ite c tu ra m oderna resu lta d ifíc il o rie n ta rs e e n tre es­
tos co ntrastes co ntem poráneos. Las a rb itra rie d a d e s de c o m p lic a c ió n e
irre g u la rid a d , p o r una p a rte , y de re g u la rid a d y s im p lific a c ió n , por la
o tra , pueden ser e xp lo ra d a s y v e rific a d a s en té rm in o s c o rrie n te s , a d ife ­
rencia de lo que puede ser observado com o e xp e rie n c ia s c o n tro la d a s e x ­
p e rim e n ta lm e n te e in te rp re ta d a s a través de m in ucio sas inve stiga cion es
e le m e n tale s de d in á m ic a ce re bral.
Es d ifíc il p re se n ta r en fo rm a sim p le un c o n ju n to , por pequeño que sea,
de la p o lifa c é tic a m u ltitu d de h a lla z g o s fis io ló g ic o s que rep re sen ta n la
m a yo r c o n q u is ta de nuestros días. En los ensayos fu tu ro s , tra ta ré de su­
p erar, en este aspecto, los p ub lica d o s p o r O x fo rd , y d irig iré la a te n c ió n
de m odo e sq u e m á tico a c ie rta s fa ce ta s y pun tos de c o n ta c to de la vid a
d ia ria , ta l com o acon tece n en la casa más sim p le en lo re fe re n te a los
hechos duraderos de la fis io lo g ía a n tro p o ló g ic a .
Pero considerem os p o r un m o m e n to cóm o e x p e rim e n ta m o s la casa más
sim ple. Nos acercam os a e lla después de h a b e r e stacio na do el coche en
el cordón de la vereda. Recorrem os el sendero de e n tra d a re cib ie n d o un
rico c o n ju n to de im presiones sensoriales, procedentes de las e x h a la c io ­
nes a ro m á tic a s de la v id a m ic ro b ió tic a de la tie rra , del césped, y del
p e rfu m e de los a rbustos del ja rd ín del fre n te , alg un os de los cuales p u e ­
den e sta r flo re c id o s m ie n tra s otros p ie rd e n sus h ojas y las a ba nd on an
a la descom posición. D u ra n te todo este tie m p o , una leve brisa de una u
o tra d ire c c ió n es una m a n ife s ta c ió n p e rc e p tib le del m ic ro c lim a . La e va ­
p o ra ció n de la hum ed ad de las partes expuestas de nue stra p ie l, por
e je m p lo , de la ca ra y las m anos, nos in fo rm a ta n to sobre la escena en
que nos e nco ntra m o s, com o los p e rfu m e s antes m encionados, o los in fo r ­
mes nerviosos de la m u s c u la tu ra de nuestros pies y piernas, m ie n tra s
ca m in a m o s y ascendem os unos pocos escalones hasta la e n tra d a . Sin e m ­
bargo, lo más a g u d a m e n te co nscien te es n uestra im p resión v isu a l de la
casa que "ve m o s no m e ra m e n te para v e r" , sino "p a r a a c tu a r en re la ­
ción a la v is ió n ". M ie n tra s nos acercam os, leva ntam os la cabeza para
c o m p ro b a r la n u m e ra c ió n de la casa y p o sib le m e n te echam os un v is ta z o
al techo, a su s ilu e ta reco rtad a c o n tra el c ie lo y su c o n fig u ra c ió n . M ie n ­
tra s in c lin a m o s la cabeza h a cia a rrib a , las operaciones de e q u ilib rio y
co rtic a le s de nue stro oído in te rio r fu n c io n a n in m e d ia ta m e n te y c o m b i­
nan el re g is tro c o m p le jo de la p osición de nue stro cu erpo con la visión
pura y sus perspectivas siem pre c a m b ia n te s . G iram os los ojos por m edio
del c o m p le jo in s tru m e n ta l m u s c u la r de nuestras ó rb ita s , in s tru m e n ta l
v in c u la d o in trín s e c a m e n te y por conexiones nerviosas con el g ira r e in ­
c lin a r la cabeza.
Todas estas observaciones d e s c rip tiv a s se re fie re n a im presiones de los
sentidos; m uchas o tra s se c o m b in a n c o n tin u a m e n te "fu n d ié n d o s e estere o g n ó s tic a m e n te ", com o d ice n los fisió lo g o s. En n in g ú n m o m e n to u sa ­
mos un solo se ntid o, sino que m illo n e s de rece ptá cu lo s sensoriales están
s im u ltá n e a m e n te en a cció n, conectados con el área nerviosa c e n tra l, en
el cerebro su p e rio r y m edio e spe cia lm e nte, donde, por la d in á m ic a n e r­
viosa de e x c ita c ió n e in h ib ic ió n , por la d ifu s ió n de irra d ia c ió n y del fe ­
nóm eno a n ta g ó n ic o de in d u c c ió n , un m eca nism o tre m e n d a m e n te c o m ­
p le jo y una ve lo císim a a c tiv id a d son puestos en a cció n a travé s de todos
los m encionados e stím ulos sensoriales del e x te rio r.
T ocam os y g ira m o s el p ic a p o rte de la p u e rta de e n tra d a y re cib im o s la
e xp e rie n c ia tá c til del m e ta l p u lid o a travé s de los dedos y la p a lm a de
las m anos, m ie n tra s las sensaciones m uscu la res de las e x tre m id a d e s in ­
fe rio re s nos in fo rm a n m in u c io s a m e n te sobre la resistencia del fe lp u d o
sobre el que estam os parados.
A travé s de la p u e rta a b ie rta p e rc ib im o s la e n tra d a y la sala de estar.
¿Cómo está hecha? Echamos un v is ta z o , p o r e je m p lo , a la c h im e n e a , de
m anera de te n e r su im agen en la fovea de la re tin a , donde los re ce p to ­
res de la v isió n están más densam ente concentrados. T enem os una vaga
"v is ió n p e r ifé r ic a " , vemos una m u ltitu d de cosas cada vez m enos c la ra ­
m en te "c o n el ra b illo del o jo " y a precia m o s un g ra n á n g u lo a la d e re ­
cha e iz q u ie rd a , por a rrib a y deb ajo del p u n to fo c a l de n ue stro cu a d ro
visu a l. La n a tu ra le z a nos ha d ota do de la visión p e rifé ric a , com o a la
m ayo ría de los a n im a le s , para que podam os d e te c ta r una a la rm a en el
cam po v is u a l y g ir a r rá p id a m e n te los ojos a c u a lq u ie r p u n to del m ism o
donde a con tezca a lg o sospechoso por su m o v im ie n to , c o lo r o b rillo . De
no e x is tir la v isió n p e rifé ric a , el a rq u ite c to no te n d ría o p o rtu n id a d de dar

�Notas de la conferencia pronunciada por r í chard Neutra en el IX Congreso Panamericano,
Caracas, Venezuela, 1955 .

im presiones espaciales a su masa co n su m id o ra de seres hum anos. U sa­
mos la v isió n p e rifé ric a g ira n d o los ojos, en pequeños m o v im ie n to s d is ­
c o n tin u o s , cada vez que m ira m o s un in te rio r o e x te rio r a m p lio s. En re a ­
lid a d el d ise ña do r puede a le rta r el o jo m e d ia n te “ pun tos de in te ré s "
conspicuos, cu id a d o s a m e n te ubicados, h acien do s a lta r la v ista hasta p e r­
c ib ir pun tos o rasgos a cen tua d os del diseño y, de este m odo, h ace r g ira r
la cabeza y a ún el cuerpo.
La "v is ió n para a c tu a r en c o n s e c u e n c ia " h ará que la persona a c tiv e sus
in clin a c io n e s loco m o trices. C a m in a rá a un lado u o tro sobre la a lfo m ­
bra y su base e lá s tic a , y espiará con c u rio s id a d la te rra z a de la sala de
e star o el c o lo rid o del p a tio . Puede ser "a tr a íd o por el d is e ñ o " para que
oiga re ve rb e ra r su voz en los cielo rraso s y arcadas de la h a b ita c ió n en
que hace p re g u n ta s y recibe respuestas del dueño de casa; en síntesis,
re c ib irá su ca p a c id a d de estím ulos sensoriales y "a s o c ia c io n e s " de ¡deas
y percepciones. La perspe ctiva m u ltis e n s o ria l, e spe cia lm e nte, va más
a llá y se e n riq u ece ín tim a m e n te por e n cim a de to d a p e rspe ctiva v is u a l.
Si el v is ita n te no es m ic ro s o m á tic o , o sea d is m in u id o en su ca p a c id a d o l­
fa to ria , insensible a p erfum e s y olores, sabrá en seguida dónde está u b i­
cada la cocina d e n tro de la p la n ta de la casa, y si se to m a rá sopa de
re p o llo a la hora de la cena.
U n m illó n de recuerdos y efectos m en tale s, p re con dicion a do s por la e x ­
p e rie n c ia de una vida desde la in fa n c ia — m ie n to : desde la vida e m b rio ­
n a ria p re n a ta l en el seno m a te rn o — , están p e rp e tu a m e n te reactivados.
A p a re n te m e n te , las "a s o c ia c io n e s re m o ta s " están v in c u la d a s en in te r m i­
nables cadenas m ie n tra s fu n c io n a n nuestros sentidos. Es com o cu an do
d ig e rim o s y a s im ila m o s a lim e n to s — pero a q u í fra g m e n to s del paisaje
e x te rio r, m e d ia n te a m p lia m area de im presiones, p e n e tra n al paisaje
que vive b a jo n ue stra p ie l, y a llí son absorbidos en una especie de d ig es­
tió n m e n ta l o nerviosa.
El dise ña do r, el p la n e a d o r, el a rq u ite c to , está p eligrosa y responsable­
m en te al se rvicio de su c lie n te . A u n después que se re tira , cobrado su
h o n o ra rio , y cu a n d o a p a re n te m e n te cae en el o lv id o , este p eligroso p e r­
sonaje a com paña en re a lid a d a su v íc tim a v e in tic u a tro horas al día, 365
días al año, d u ra n te m uchos años, d igam os 2 0 ó 30 hasta que la h ip o ­
teca está paga. N ad a hay de in o fe n s iv o en su locación de servicios. La
m ayo ría de sus actos, a un a qu ellos que escapan a su c o n c ie n c ia , s ig n i­
fic a n a m e na za o prom esa, daño o b e n e fic io , co m p lic a c io n e s fu tu ra s o
c o n fo rta b le d e s e n v o lv im ie n to de m u ltitu d de procesos de la v id a y — si
,
,
,
,
,
, ,
, , , .
r
, .
recorrem os el c u a d ro ce n ue stro a trib u la d o m u n d o fa b ric a d o por el h o m ­
bre— , la su p e rvive n cia de n uestra raza.

Club House de recrecimiento en Eagle Rock
Bel A ir , C a lifo rn ia
R ich a rd N e u tra , F .A .I.A ., a rq u ite c to
D ione N e u tra , A .I.A . (A m e ric a n In s titu te o f A r c h ite c ts ) , c o la b o ra d o ra
V is ta Sudeste. A la izqu ie rd a y al fo n d o, el a n ­
fite a tro .

17

�Todas las fo to g ra fía s que ilu s tra n este a rtíc u lo
pertenecen a Ju liu s Shulman,- Los A ngeles, C a­
lifo rn ia

V is ta del in te rio r del g im n a sio m ostra nd o la
pared c o m ple ta m e nte le va n ta d a , a b ie rta al n o r­
oeste, donde se le v a n ta rá un p arque de h erm o­
sos árboles.

18

�cio in te rio r de juegos, de la pista de baile
y del área del porche servida por la cocina.
D iseño
El diseñ o se a s ie n ta en u n tra ta m ie n to sin
a d o r n o s , m e tic u lo s a m e n te p ro p o rc io n a d o ,
q u e ha c a ra c te riz a d o sie m p re a l a r q u ite c ­
to . N o h u b o n in g ú n re q u e rim ie n to p re v io n i
se tra tó de c o n fo rm a r n in g ú n e s tilo h is ­
tó ric o .
E s tru c tu ra
La e s tru c tu ra p resenta nu m erosos p u n to s
de in te ré s. C o m b in a el uso de a lb a ñ ile ria s
p o rta n te s de la d r illo con u n a lig e ra e s tru c ­
tu r a de v ig a s , c o lu m n a s y p la ta fo rm a s l i ­
v ia n a s de ace ro. En esta e s tru c tu ra , el peso
de la g a le ría c u b ie rta está s o p o rta d o po r

■■

V is ta s le ja n a s , a lre d e d o re s p la n e a d o s y un
p ro b le m a de s ig n ific a c ió n p a ra la c o m u n i­
d a d se h a lla n c la ra m e n te exp resad os en el
e m p la z a m ie n to . J u n to con el p r in c ip io de
e x te n s ió n de las fu n c io n e s h a c ia el e x te ­
rio r, c o n trib u y e ro n a d e te rm in a r el c o n c e p ­
to a rq u ite c tó n ic o . A n u a lm e n te , m illo n e s de
personas c o n te m p la rá n la s ilu e ta de la es­
tr u c tu ra .
El e d ific io está u b ic a d o en el p u n to m ás
a lto de u n p a rq u e p ú b lic o , c ru z a d o p o r el
a rc o v e lo z de u n a s u p e rc a rre te ra en te r m i­
n a c ió n . Los a lre d e d o re s serán a rb o la d o s po r
el d e p a rta m e n to de p a rq u e s de la c iu d a d y
a m p lia m e n te a p ro ve ch a d o s en el a n fite a tr o
a l a ire lib re qu e se le v a n ta rá fre n te a l es­
c e n a rio del c lu b . En la p a rte p o s te rio r, se
a b re n las a m p lia s p u e rta s c o rre d iz a s del
e d ific io , p e rm itie n d o la e x te n s ió n del esp a­

La fa c h a d a n o rte m ira al a n fite a tro , de declive
suave. El espejo de agua está ubicado e n tre la
escena y el público.

La

e stru ctu ra

La pared de la d rillo s es gris. Superficies blancas
de yeso, cana le ta s p in ta d a s de m a rró n oscuro y
el a lu m in io de las viga s c o n fo rm a n el esquema
de colores.

no es o rn a m e n to , sino una p o r­
ta d a al espacio.

19

�Todas las fo to g ra fía s que ilu s tra n este a rtíc u lo
pertenecen a Ju liu s S hulm an, Los A ngeles, C a­
lifo rn ia

V is ta del in te rio r del gim n a sio m ostrando la
pared c o m ple ta m e nte le va n ta d a , a b ie rta al n o r­
oeste, donde se le va n ta rá un parque de h erm o ­
sos árboles.

18

�V is ta s le ja n a s , a lre d e d o re s p la n e a d o s y un
p ro b le m a de s ig n ific a c ió n p a ra la c o m u n i­
d a d se h a lla n c la ra m e n te exp resad os en el
e m p la z a m ie n to . J u n to con el p r in c ip io de
e x te n s ió n de las fu n c io n e s h a c ia el e x te ­
rio r, c o n trib u y e ro n a d e te rm in a r el c o n c e p ­
to a rq u ite c tó n ic o . A n u a lm e n te , m illo n e s de
personas c o n te m p la rá n la s ilu e ta de la es­
tr u c tu ra .
El e d ific io está u b ic a d o en el p u n to m ás
a lto de un p a rq u e p ú b lic o , c ru z a d o p o r el
a rc o v e lo z de una s u p e rc a rre te ra en te r m i­
n a c ió n . Los a lre d e d o re s serán a rb o la d o s po r
el d e p a rta m e n to de p a rq u e s de la c iu d a d y
a m p lia m e n te a p ro ve ch a d o s en el a n fite a tr o
a l a ire lib re qu e se le v a n ta rá fre n te a l es­
c e n a rio d e l c lu b . En la p a rte p o s te rio r, se
a b re n las a m p lia s p u e rta s c o rre d iz a s del
e d ific io , p e rm itie n d o la e x te n s ió n del e sp a ­

La fa c h a d a n o rte m ira al a n fite a tro , de declive
suave. El espejo de agua está ubicado e n tre la
escena y el público.

La e stru ctu ra

cio in te rio r de juegos, de la pista de baile
y del área del porche servida por la cocina.
D iseño
El diseñ o se a s ie n ta en un tr a ta m ie n to sin
a d o r n o s , m e tic u lo s a m e n te p ro p o rc io n a d o ,
que ha c a ra c te riz a d o sie m p re a l a r q u ite c ­
to . N o h u b o n in g ú n re q u e rim ie n to p re v io n i
se tr a tó de c o n fo rm a r n in g ú n e s tilo h is ­
tó ric o .
E s tru c tu ra
La e s tru c tu ra pre se n ta nu m erosos p u n to s
de in te ré s. C o m b in a el uso de a lb a ñ ile ría s
p o rta n te s de la d r illo con u n a lig e ra e s tru c ­
tu r a de v ig a s , c o lu m n a s y p la ta fo rm a s l i ­
v ia n a s de ace ro. En esta e s tru c tu ra , el peso
de la g a le ría c u b ie rta está s o p o rta d o p o r

La pared de la d rillo s es gris. Superficies blancas
de yeso, cana le ta s p in ta d a s de m a rró n oscuro y
el a lu m in io de las vigas c o n fo rm a n el esquema
de colores.

no es orna m e n to , sino una p o r­
ta d a al espacio.

19

�Lado este del e d ific io del C lub. La v is ta pasa a
tra v é s del e d ific io .

La o fic in a del gerente, antes de ser ocupada. P i­
so de baldosas a s fá ltic a s ro jiza s, cielo rraso acús­
tic o bla n co , vo la d izos de m e ta l p in ta d o s de m a ­
rrón oscuro.

fin o s ten sore s de a c e ro que c u e lg a n de los
e x tre m o s de las v ig a s en v o la d iz o del t e ­
cho, e lim in a n d o así to d a c o lu m n a m o le s ta .
La c a rg a en los e x tre m o s de estas v ig a s de
g ra n lu z a y u d a a re d u c ir los m ó d u lo s de
sección n e cesario s p a ra s a lv a r la g ra n a n ­
c h u ra de la sa la c o m u n a l. Este siste m a
p re s e n ta g ra n d e s v e n ta ja s c u a n d o se desea
la e lim in a c ió n de c o lu m n a s que in te rfie re n
la lib re c irc u la c ió n , en e x te rio re s c u b ie r­
to s de escuelas, h o s p ita le s u o tro s e d ific io s
s im ila re s .

In s ta la c io n e s
El siste m a de c a le fa c c ió n y v e n tila c ió n
e m p le a d o en el e d ific io es m u y in te re s a n te
y p ro d u jo e co n o m ía s c o n s id e ra b le s en el
costo in ic ia l, fa c to r de e s p e c ia l im p o r ta n ­
c ia . El a ire c a lie n te se g e n e ra en u n a sala
de m á q u in a s s itu a d a sobre los c a m a rin e s
y es in tr o d u c id o a p re s ió n a tra v é s de re ­
jilla s q u e c o rre n sobre el te c h o d e l e sce n a ­
rio . P ara a s e g u ra r u n a a d e c u a d a d is t r i­
b u c ió n , se in s ta ló u n s is te m a e x tr a c to r en
el e x tre m o o p u e s to de la sa la c o m u n a l, que
a s p ira el a ire c a lie n te h a c ia a trá s y lo e x ­
pe le a l e x te rio r. Esto a s e g u ra u n a c ir c u ­
la c ió n 1 0 0 % de a ire fre sco te m p la d o con
to d o s sus s a lu d a b le s b e n e fic io s .

20

U n a c a ra c te r is tic a in te re s a n te a g re g a d a a l
s is te m a fu é la u tiliz a c ió n del siste m a de
e x tra c c ió n p a ra h a c e r c ir c u la r el a ire d e ­
b a jo de l piso de h a rd w o o d e s p e c ia lm e n te
d is e ñ a d o de la sala de ju e g o . C u a n d o estos
pisos e s tá n in s ta la d o s sobre u n a losa de
h o rm ig ó n , p re s e n ta n a m e n u d o el in c o n v e ­
n ie n te de la a c u m u la c ió n de h u m e d a d d e ­
b a jo de la m a d e ra . U n a z a n ja c o n tin u a a
lo la rg o de l p iso del e s c e n a rio p e rm ite que
el a ire e n tre y sa lg a p o r el e x tre m o o p u e s­
to , p a ra m a y o r s e g u rid a d del piso, lib re de
o b s tru c c io n e s , de l g im n a s io . La re n o v a c ió n
del a ire y el c o n tro l de la te m p e r a tu r a de
un e d ific io re v is te n u n a s ig n ific a c ió n d i­
re c ta p a ra los o c u p a n te s , pe ro ta m b ié n p a ­
ra la v id a y m a n te n im ie n to d e l e d ific io y
su co n s e rv a c ió n n a tu ra l.
In te rio re s
El p r in c ip a l esp a cio in te rn o del p ro y e c to es
la sala c o m u n a l, qu e es ta m b ié n la m ás
in te re s a n te p o r su tra ta m ie n to in te rio r. Las
p u e rta s g u illo tin a que o c u p a n am bos lados
de l h a ll p e rm ite n u n a e x p a n s ió n p r á c tic a ­
m e n te ilim ita d a . Estas p u e rta s c o n s titu y e n
la m a y o r p a rte de las pa rede s in te rio re s y
e stá n re v e s tid a s de a b e to D o u g la s, co n lu s ­
tre n a tu ra l y la v e ta c o lo c a d a v e r tic a lm e n ­
te . Este m a te ria l, a p lic a d o en pa n e le s con

ju n ta s v e rtic a le s m a c h ie m b ra d a s , fu é e le ­
g id o p a ra re d u c ir a l m ín im o las ju n ta s e n ­
tre las p a rte s fija s y m o v ib le s de la pa re d .
C u a n d o las p u e rta s e stá n b a ja s , fo rm a n ,
en e q u ilib r io co n las pa rede s, u n a fa ja
c o n tin u a que a d e m á s de te n e r u n a a p a ­
rie n c ia s u m a m e n te a tra y e n te , es a lta m e n ­
te re s is te n te a los im p a c to s , sa c u d id a s y
ra y a d u ra s . Esto se tra d u c e en u n b a jo co s­
to de m a n te n im ie n to , re q u is ito fu n d a m e n ­
ta l de la p ro p ie d a d p ú b lic a .
El c ie lo rra s o de m a te ria l a c ú s tic o se in te ­
g ra co n las v ig a s de ace ro, re v e s tid a s en
a lu m in io , del te c h o . L a p a rte a lta de la
p a re d está p in ta d a en un to n o c h o c o la te
q u e re a lz a los de m ás m a te ria le s de m a n e ­
ra n o ta b le .
F u n c ió n m ú ltip le . F le x ib ilid a d e n el uso
M a sa s de c iu d a d a n o s y, en este caso, m u ­
c h a ch o s y m u c h a c h a s q u e serán los c iu d a ­
d a n o s del fu tu r o , g r a v ita n en u n c e n tro
c o m u n a l co m o el de E agle R ock. S e rv ir c o ­
m id a s a d e n tro y a fu e ra (a u m e n ta n d o así
el n ú m e ro de pe rsona s a te n d id a s ) , b a ila r,
p e r m itir u n a o p o rtu n id a d de d is tra c c ió n y
descanso, c re a r la p o s ib ilid a d de m ir a r y de
e n c o n tra rs e , son fu n c io n e s q u e c o n c u rre n
a l p ro g ra m a del e d ific io , s im ila r a los p ro ­
g ra m a s de c o n s tru c c io n e s s im ila re s .

�La d is tr ib u c ió n sobresale p o r ia n o ta b ie
fle x ib ilid a d c o n s e g u id a . Por e je m p lo , el es­
c e n a rio del sa ló n p r in c ip a l posee u n a p la ­
ta fo rm a la te ra l qu e, a d e m á s de usarse a
veces com o c o m p le m e n to del m is m o esce­
n a rio , p u ede ser u tiliz a d a co m o p la ta fo r m a
de re p re s e n ta c io n e s p a ra el " c lu b - r o o m "
a d ya c e n te . Posee a n ch o s escalones e m ­
b u tid o s que p u eden e xte n d e rs e h a c ia el
" c lu b - r o o m " , q u e a p ro v e c h a así la p la t a ­
fo rm a p a ra c o n s titu ir u n sa ló n en dos n i­
veles.
C om o ya se h a d ic h o , se puede d u p lic a r o
t r ip lic a r la c a p a c id a d de esp ectad ore s u b i­
c á n d o lo s en el h a ll y en los e x te rio re s a d ­
ya ce n te s. A d e m á s , los dos la rg o s costados
del salón poseen a m p lia s p u e rta s q u e , a l
le v a n ta rs e , p e rm ite n la a d m is ió n de u n p ú ­
b lic o m u c h o m a y o r. En este caso, to d o s los
esp ectad ore s g o z a n de u n a p e rfe c ta v is ib i­
lid a d del e s c e n a rio , que p u ede ser usado
p a ra c u a lq u ie r p ro g ra m a , desde re c ita le s
de d a n z a h a s ta c o n c ie rto s s in fó n ic o s o de
so lista s, y a u n p a ra re p re s e n ta c io n e s de
te a tro m o d e rn o con el fo n d o ilu m in a d o del
p a is a je a l a ire lib re .
V is ta la te ra l, con la "R o ca del A g u ila " , el g i­
gantesco peñasco, clara m e n te v isib le en el fondo.

Residencia de
Mr. y Mrs. Sidney Brown
Los A n ge les, C a lifo rn ia
R icha rd N e u tra , F .A .I.A .,
D ione N e u tra , A .I.A . co la bo rad ora

V ista h acia el Sud. A la derecha, el a la de d o r­
m ito rio s que da sobre el garage. Escalera de
e ntra da . Una pared de "lo u v e rs " da p riv a c id a d
a los d orm ito rios. B alcón a b ie rto al panoram a,
fre n te a los lugares de estar, situados a lo iz ­
quierda.

Los esposos B row n fo rm a n u n a p a re ja h o s­
p ita la r ia , re tira d a de los ne gocios, q u e a n ­
tes c o n ta b a con un a fa m ilia n u m ero sa y
a h o ra v iv e sola. M r. B row n p in ta y M rs .
B row n es u n a a u to ra te a tr a l y e s c rito ra ,
a ta re a d a en su e s c rito rio y ta m b ié n en su
te la r. El lu g a r fu é u n o de los m ás c o m p li­
cados que le to c a ro n m a n e ja r a l a rq u ite c ­
to : u n a b a rra n c a a p ic o ; los lím ite s de la
p ro p ie d a d , su m a m e n te irre g u la re s y le g a l­
m e n te c o n fu so s; la lle g a d a , un e m p in a d o
c a m in o p riv a d o , ta n d ifíc il de re solver c o ­
m o la u b ic a c ió n del e s ta c io n a m ie n to , de
las d e p e n d e n cia s p a ra los huéspedes, el es­
p a c io p a ra m a n io b ra s y la p ile ta de n a ta ­
c ió n . Las na pas de a g u a del sub suelo o r i­
g in a ro n g ra n d e s d ific u lta d e s . T o dos los

21

�El p ab e lló n de la p ile ta es la p rim e ra im presión
visua l que se recibe al e nca ra r la ascensión del
em pin a do cam ino de e n tra d a . C olum nas de ace­
ro in o x id a b le sostienen el g eo m é trico cuerpo de
yeso.

22

�Las d ivisiones p orta n te s del fre n te v id ria d o de
la sala de estar están revestidas de acero in o ­
x id a b le . H a y una g ran sensación de espacio y
tra n q u ilid a d en la e xtensión de esta h a b ita c ió n .

p ro b le m a s in g e n ie rile s y de e m p la z a m ie n ­
to en el te rre n o se re so lvie ro n a to ta l sa ­
tis fa c c ió n d e l p ro p ie ta rio , lu e g o que el a r ­
q u ite c to e la b o ra ra d e ta lla d a m e n te tre s p ro ­
ye cto s c o m p le ta m e n te d is tin to s .
Los lu g a re s de e s ta r y las h a b ita c io n e s de
huéspedes se e x tie n d e n h a c ia el p o n ie n te y
e stá n c o n e cta d o s a un a n c h o b a lc ó n a b ie r­
to q u e se tra n s fo r m a en te r ra z a de césped
en su e x tre m o oeste. El c o m e d o r se ab re
a u n p a tio , a l noroeste, y se c o n e c ta h a c ia
el oeste con el lu g a r de d e sa yu n o , o ffic e ,
co c in a y b a ñ o ; e sca le ras in te rio re s y e x te ­
rio re s v in c u la n los n iv e le s in fe rio re s , piso
b a jo y g a ra g e s co n la p la ta fo r m a su p e rio r.
Las h a b ita c io n e s p riv a d a s fo rm a n el a la
este y, sobre la p é rg o la m a rin e ra c u b ie rta
p o r u n a p a rra , m ira n a l v a lle qu e se e x ­
tie n d e h a c ia e l sud.
En el sud, la p ile ta y e l p a b e lló n c o rre s ­
p o n d ie n te , q u e g o z a n de u n a v is ta p a n o rá ­
m ic a del m a r, ju n to con los espejos de
a g u a , u b ic a d o s en dos n iv e le s d e n tro d e l
p a tio n o roeste, e n riq u e c e n el p a is a je t r a ­
b a ja d o de la c o lin a .

R incón de fu e g o de la sala de estar. El te ch o
se abre al c ielo en to rn o a l vo lu m e n de la d rillo s
de la chim enea. La lu z que pasa a tra v é s , el
á ng u lo v id ria d o y el cielorraso fo rm a n un in te ­
resante juego de planos y fo rm a s.

23

�R incón de un d o rm ito rio , con el a v e n ta n a m ie n to cuidadosam ente som breado para ade cu a r la
vista a la exposición.

En p rim e r pla n o , la mesa del com edor. A la
derecha, el p a tio , y a la izq u ie rd a , a tra vé s del
liv in g , vista de Los Angeles.

24

La cocina, estudiada por el a rq u ite c to a tra vé s
de una g en eración, puede ser fu e n te de un te ­
soro de estím ulos sensoriales y salud d ie té tic a .
En sus a sp e c to s ru tin a rio s , se ha co nve rtid o en
una cu estión de precisión, lim p ie z a y seguridad.

�Filosofía de la técnica
B alance de una d is c ip lin a
M a x Bense

M e parece im p o rta n te h a c e r n o ta r que en el fo n d o de las discusiones de
a ce n to m ás o m enos e m o tiv o y p a rtid is ta que, sobre to d o desde 1 94 5,
pueden h a lla rse en nuestras revistas y p e rió d ico s re fe rid a s a la té c n ic a ,
se observa cada vez más c la ra m e n te un tra b a jo de tip o se ria m e n te f i l o ­
sófico. Están a la v is ta los ele m e n tos de una nueva d is c ip lin a filo s ó fic a :
la filo s o fía de la té c n ic a .
La filo s o fía , en su a cepción la ta , fija nuestras relaciones con la s itu a ­
ción v ita l y e s p iritu a l. En se n tid o e s tric to es una c ie n c ia a p lic a d a que
a c la ra , e d ific a y ju s tific a los fu n d a m e n to s , m étodos y e nlace de las c ie n ­
cias. P a rtie n d o de estas p rem isas es preciso e n te n d e r la a p a ric ió n de una
filo s o fía s is te m á tic a de la té c n ic a (en el se n tid o de la filo s o fía n a tu ra l
clásica y m od erna y en consonancia con e lla ) . Su ta re a m ás g en eral es
la e xpo sició n y c rític a de n ue stra s itu a c ió n v ita l y e s p iritu a l en un m u n ­
do que puede d en om ina rse re a lid a d té c n ic a o esfera té c n ic a . Su in v e s ti­
g a ció n m ás especial se o rie n ta a cuestiones de te o ría de la c ie n c ia que
se p la n te a n d e n tro de las e specialidades té cn ica s, y a sim ism o a la d e ­
te rm in a c ió n c a te g o ria l y e x is te n c ia l de la té c n ic a en re la c ió n con la
n a tu ra le z a (y con el a r te ) . D icho con o tra s p a la b ra s : la in v e s tig a c ió n
m ás especial se o rie n ta a cuestiones que se p la n te a n cu an do la té c n ic a
en c o n ju n to o en d is tin to s rasgos c a ra c te rís tic o s se c o n v ie rte en te m a de
d is tin ta s d is c ip lin a s filo s ó fic a s : gnoseología, o n to lo g ía , é tic a , estética .
2.
N a tu ra lm e n te , la té c n ic a aparece re la tiv a m e n te ta rd e en la p ro b le m á ­
tic a y c o m e n ta rio filo s ó fic o s . En m i o p in ió n , donde p o r vez p rim e ra se
puede n o ta r el te m a de la filo s o fía de la té c n ic a en un s e n tid o m oderno
es en la E n ciclo p ed ia de D id e ro t. En los te xto s de esa obra — sobre to do
en el a rtíc u lo "E n c ic lo p e d ia " , e scrito por el p ro p io D id e ro t— es donde
p o r vez p rim e ra h ay una v e rd ad era co n c ie n c ia del "m u n d o de la m á ­
q u in a " y de la " in d u s tr ia " , co n c ie n c ia que a com pa ña la e xpo sició n y
re fle x ió n filo s ó fic a s . O sea que, en esa o bra, la re a lid a d té c n ic a , en f o r ­
ma de in d u s tria del m e ta l, m á q u in a s te x tile s , in d u s tria del v id rio , d iques
secos, fá b ric a s de papel, obras de fo rtific a c ió n y a rte san a do , pasa a ser
p o s itiv a m e n te un " d a t o " del e s p íritu filo s ó fic o .
Desde luego, h a y te s tim o n io s más a n te rio re s a ún del e nfo q u e filo s ó fic o
de los fenóm enos té cnico s, sobre to d o de la m á q u in a . En ellos p re d o m i­
nan las consideraciones m e ta fís ic a s de c a rá c te r e spe culativo . M a s el ra ­
c io n a lis m o c a rte s ia n o , la filo s o fía e x is te n c ia l p a s c a lia n a o el "m e c a n is ­
mo p o s itiv o " de M erse n n e a base de la fís ic a de m odelo de G a lile o , y
la "m o n a d o lo g ía " y "m a te s is u n iv e rs a l" de L e ib n iz c o n tie n e n fra g m e n ­
tos de una filo s o fía de la té c n ic a del s ig lo X V II. P rescin die nd o del papel
desem peñado p o r D id e ro t y d 'A le m b e rt, L ag ra n g e y L a p la ce , fu e ro n
K a n t, H egel y M a r x quienes cre a ro n las a p o rta c io n e s m ás e ficace s de
fin e s del s ig lo X V I I I y luego del X I X a n ue stra d is c ip lin a . P a rtic u la r­
m en te im p o rta n te s y c a ra c te rís tic o s de las recientes exposiciones de f i ­
losofía de la té c n ic a me parecen ser los a n á lis is que a p a re c ie ro n en las
dos obras de N o rb e rt W ie n e r: "C y b e rn e tic - or C o n tro l and C o m m u n ic a tio n ¡n th e A n im a l and th e M a c h in e " (1 9 4 9 ) y " T h e H u m a n Use o f
H u m a n Beings (C y b e rn e tic s and S o c ie ty )" ( 1 9 5 0 ) ; luego la "C o lle c t io n " de Georges F rie d m a n n titu la d a " L 'h o m m e e t la m a c h in e " (donde
sobre to d o Louis C o u ffig n a l, del In s titu to B laise-P ascal, p u b lic ó sus es­
tu d io s sobre las "m á q u in a s de p e n s a r " ) , y, por ú ltim o , las in tro d u c c io ­
nes y epílogos de G o tth a rd G ü n th e r a la lite ra tu ra de "S c ie n c e F ic tio n "
n o rte a m e ric a n a (e d ic ió n a le m a n a de K a rl R a u c h -V e rla g , D ü s s e ld o rf).
En todas esas p u b lic a c io n e s , la filo s o fía de la té c n ic a e s p e cu la tiva es re ­
e m p la za d a p o r una filo s o fía de la té c n ic a exacta . Se hace p a te n te de
qué m odo puede c o n v e rtirs e la té c n ic a en " d a t o " de las inve stiga cion es
filo s ó fic a s , y se echa de v e r con c la rid a d que lo dado de la té c n ic a es
tr ip le : el m u n d o de la m á q u in a c lá sico (el de A rq u ím e d e s ), en el cu al
la m á q u in a s u m in is tra energía y rin de tra b a jo , re d u c tib le a la p a la n c a de
A rq u ím e d e s ; luego, el m u n d o de la m á q u in a p a sca lia n o , d is tin to del
de A rq u ím e d e s , m u n d o que no p ro p o rc io n a energía, sino in fo rm a c io n e s ,
com o d ice n W ie n e r y G ü n th e r, y que es re d u c ib le a la m á q u in a de c a lc u ­
la r de Pascal; a ho ra b ie n, p re s c in d ie n d o de que los tra n s fo rm a d o re s c lá ­
sicos de la e le c tro d in á m ic a y los tra n s ito re s de la te o ría y té c n ic a de la
c o n d u c tib ilid a d e lé c tric a a d o p ta n una especie de posición in te rm e d ia e n ­
tre el m un do de la m á q u in a de A rq u ím e d e s y el de Pascal, puesto que
no son esenciales com o proveedores de e nergía ni com o in fo rm a d o re s ,
sino p re cisa m e n te com o tra n s fo rm a d o re s , el p ro b le m a de la c iv iliz a c ió n
té c n ic a con todos los fenóm enos especiales de la o rg a n iz a c ió n y c o m u n i­

25

�ca ció n pertenece sobre to d o al d o m in io in ve s tig a b le de la re a lid a d té c ­
nica, a n tro p o lo g ía filo s ó fic a , etc.
3.
V is ta desde las d is tin ta s d is c ip lin a s o teorías filo s ó fic a s , la té cn ica p a re ­
ce ser de interés espe cia lm e nte p ara la A n tro p o lo g ía filo s ó fic a . S iem pre
que, com o en "D e r M e n s c h " de A rn o ld G ehlen (4- edic. 1 9 5 0 ), se c o n ­
cibe el h om bre com o "p ro b le m a b io ló g ic o e s p e c ia l", la p ro b le m á tic a de
la génesis de la té c n ic a se presenta e n la za d a con la a p a ric ió n y d e s a rro ­
llo del h om bre. La in te rp re ta c ió n del h om bre com o "s e r d e fe c tu o s o " su­
g ie re n a tu ra lm e n te que haya una necesidad de té c n ic a que debe fu n d a r ­
se por la a n tro p o lo g ía c ie n tífic a y filo s ó fic a . La té c n ic a aparece com o
p o s ib ilid a d de e lu d ir las d e fic ie n c ia s de lo n a tu ra l. A dem ás, la s itu a ­
ción del h om bre de no poder ser p uro ente n a tu ra l ni p u ro ente espi­
ritu a l, com o ya lo a d v irtió m uy c la ra m e n te Pascal, o, en la sagaz f o r ­
m u la c ió n de N ie tzsch e , Scheler y G e h le n : de no te n e r un a m b ie n te
adecuado, dado, ju s tific a n la su posición de que la re a lid a d té c n ic a es la
g e n u in a m e n te h u m a n a . M a s esa suposición presupone un c o n o c im ie n to
e xa cto de la te m á tic a o n to ló g ic a de la té cn ic a , una te o ría de la c o n fi­
g u ra c ió n té c n ic a , que avance hasta la o n to lo g ía de la re a lid a d té c n ic a .
En la te o ría o n to ló g ic a de la té c n ic a se revela que, en c ie rto aspecto, la
esfera de ser de lo té cn ico es m a yo r que la esfera de ser de la n a tu ra le ­
za o del e s p íritu tom adas p o r separado. La esfera de lo té c n ic o rebasa,
p o r d e c irlo así, los d o m in io s de la n a tu ra le z a y del e s p íritu . Es un hecho
c o n firm a d o por la e xiste n cia y p o r las d ife re n c ia s e n tre el m undo de la
m á q u in a clásico (de A rq u ím e d e s) del re n d im ie n to de energía y tr a b a ­
jo, por una p a rte , y el p a sca lia n o (n o -c lá s ic o ) de la p ro d u c c ió n de in fo r ­
m a ció n y co m u n ic a c ió n , por o tra . En el c o n o c im ie n to del e fe cto de la p a ­
lanca trop eza m os con un p rin c ip io m ecá nico que rig e en la n a tu ra le z a
fís ic a ; en la ¡dea del c á lc u lo aparece una fo rm a de n ue stro e s p íritu que
es uno de los m edios de expresión de éste. Pero parece que lla m a la
a te n c ió n o tro p u n to de vista o n to ló g ic o : es e v id e n te que la esfera de lo
" h e c h o ", que existe en la té c n ic a , a d ife re n c ia de la n a tu ra le z a , que
es una esfera de lo " d a d o " , no puede c a ra c te riz a rs e del to d o en el orden
m odal m e d ia n te el té rm in o " r e a l" . Lo que N ik o la i H a rtm a n n d en om ina
" n a tu r a le z a " en su sistem a c a te g o ria lo n to ló g ic o (P h ilo sop hie d e r N a tu r, 1950) es p arte in te g ra n te , bien que m uy esencial, de lo que él d e ­
n o m in a "m u n d o r e a l" (D e r A u fb a u der realen W e lt, 1 9 4 3 ). M a s lo
hecho, o sea la té cn ica y a su lado ta m b ié n el reino del a rte , del cual
to d a vía no hablam os, lleg a m ás a llá que el á m b ito de ser1 de lo real. Se
fu n d a en lo real, su m a te ria l es lo re a l; pero com o te rm in a d o , to d o lo
" h e c h o " es, en relació n con lo " n a tu ra lm e n te d a d o ", sólo " c o - r e a l" , un
m odo que se ha rem edado del "c o -p o s ib le " o "c o -n e c e s a rio " ideado p o r
O. Becker. Existen a q u í enlaces con el d o m in io del a rte , establecidos por
M a x B ill en su obra " F o r m " , "b a la n c e de la e v o lu c ió n de la fo rm a a
m ediados del siglo X X " ( 1 9 5 3 ), y cuyos aspectos o n to ló g ic o y e stético
in ve stig ó el a u to r en su " A e s th e tic a " ( 1 9 5 4 ). A dem ás, pertenece ta m ­
bién a la te o ría o n to ló g ic a de la filo s o fía de la té c n ic a to d a fija c ió n de
las relaciones espa cio te m p ora le s dé las e s tru c tu ra s té cn ica s o bien de
toda la esfera té cn ica . J. B a rn ic k a firm ó e xpresa m e nte en su recien te
obra "V o m Sinn des G a n z e n " (T u b in g e n , 1 9 5 2 ) : "P a ra to d o o b je to h e ­
cho según un p la n h u m a n o , la e s tru c tu ra te m p o ra l fin a l es a p rio rís tic a m en te segura. En e fe cto , el té rm in o 'h a c e r' in d ic a ya un m odo fin a l,
m u y pro ba ble , de m a d u ra c ió n ." (Pág. 5 9 .) Esas fo rm u la c io n e s y el es­
tu d io in h e re n te a ellas del a p a re n te c a rá c te r de masa de las e s tru ctu ra s
té cnica s, son p a rte in te g ra n te de la n o -e sp e c u la tiv a filo s o fía de la té c ­
n ica de nuestros días y d ice n a lg o p o sitiv a m e n te esencial sobre la índole
de nuestra esfera de e xiste n cia " c o - r e a l" . Por lo m enos, o n to ló g ic a m e n te, la té cn ica , en el se ntid o de e s tru c tu ra té c n ic a y de m u n d o té c n ic o , no
puede entenderse a base de la idea de un m odelo, del proceso de im ita ­
ción . El d e c a im ie n to del c a rá c te r de m odelo es para la té c n ic a m oderna
ta n e vid en te com o p ara la física m oderna. Las im ita c io n e s , todos los
grados de a b stra cció n y p o r ú ltim o de la im a g in a c ió n m e tó d ic a , hacen
c o m p re n sib le g e n e a ló g ica y e s p iritu a lm e n te la te m á tic a de ser de la es­
fe ra té c n ic a .
Q u isie ra a lu d ir aún a o tro fa c to r de índole o n to ló g ic a y gnoseológica. El
m u n d o té cn ico no debe entenderse ni describ irse a m odo de o b je to com o
o c u rre con respecto a la e s tru c tu ra real de la n a tu ra le z a — así lo d e ­
m ue stra la filo s o fía n a tu ra l clásica desde A ris tó te le s a N ik o la i H a r t­
m an n. P rim o rd ia lm e n te , el m un do té cn ico no es una esfera de clases de
objetos, sino de fu n cio n e s, cuya descrip ción y d e te rm in a c ió n es casi ab-

26

�so lu ta m e n te im p osib le con las clásicas categorías de ser y c o n o c im ie n to ,
re fe rid a s en p rim e r lu g a r a objetos. Existen las más diversas p o s ib ilid a ­
des de p re s e n ta r la p a la n ca com o o b je to , puesto que h ay las m ás d iv e r­
sas representaciones de la p alan ca com o o b je to , desde la v ig a te n d id a
hasta las te na zas, etc. Sólo que la fu n c ió n es siem pre la m ism a y ú n ic a ­
m en te corresponde a la esfera té c n ic a . Por lo ta n to , con vista s al m un do
té cn ico , in d ic a la p o s ib ilid a d y la necesidad de una o n to lo g ía de la f u n ­
ción , que sin la m en or duda co m prende m uch o m ás segura e in e q u ív o ­
ca m e nte la te m á tic a del ser o la e s tru c tu ra del ser del m undo té cn ico
que una o n to lo g ía que sólo tra b a je con ca teg oría s re fe rid a s a objetos.
N a tu ra lm e n te , esta c irc u n s ta n c ia se e n la z a con el retroceso del co nce p ­
to clásico de su stan cia y m odelo, ta n to en la fís ic a m oderna com o
a sim ism o en la té c n ic a m od erna , p a rtic u la rm e n te en el m un do de la m á ­
q u in a que no sea el de A rq uím ed e s, y cabe p re g u n ta r si, h ab ie nd o v a ­
ria d o todas estas relaciones o n to ló g ic a s y gnoseológicas d e n tro de la
física y de la té c n ic a , no estará re la c io n a d o con este c a m b io el progreso
de su d e scrip ció n de te m á tic a del ser con los m étodos fu n d a m e n ta lo n to lógicos de las "e x is te n c ia lía s " en vez de las "c a te g o ría s ". En e fecto,
H e id e g g e r h iz o de diversos m odos ensayos en este se ntid o, y si hasta
ahora han fra c a s a d o se debe, a m i e n te nd e r, a que la rep re sen ta ció n que
de la té c n ic a se hace H eid eg ge r, es sim p le m e n te dem asiado e le m e n ta l,
por no d e c ir dem asiado ing en ua , y, com o te o ría del " a r m a z ó n " , c o m ­
prende m e ra m e n te el m un do de la m á q u in a de A rq u ím e d e s
In te rru m p a m o s la re fle x ió n o n to ló g ic a y gnoseológica que, e v id e n te ­
m ente, sólo p od ría in tro d u c ir los e lem entos de una filo s o fía de la té c n i­
ca. Y to d a vía queda por a ñ a d ir, em pero, que siguen siendo supuesto de
to d a clase de e xposición de las relaciones estéticas y é ticas que tie n e n
cabal se ntid o en ese m un do té c n ic o o con respecto a él en c o n ju n to . La
d e stin a c ió n de la h u m a n id a d en re la ció n con la n a tu ra le z a tie n e un as­
pecto n o to ria m e n te d ife re n te que en re la ció n con la té c n ic a — hecho
co rro b o ra d o por la h is to ria de la c iv iliz a c ió n y del e s p íritu . M as sigue
siendo curiosa la re la ció n con la h is to ria . Y o supongo que se ahonda en
un se n tid o p ositivo . C onsidero absurdo h a b la r de la "h is to r ia de la n a ­
tu ra le z a " , com o ha hecho, p o r e je m p lo , C. F. von W e iz s á c k e r. Sólo hay
h is to ria en la c a te g o ría de p e rfe c c ió n , de una p e rfe c c ió n que pueda f o r ­
m ularse de a lg ú n m odo, y me parece que esta c a te g o ría carece de e n ti­
d ad respecto de la n a tu ra le z a y que, en ca m b io , representa un e le m ento
in te g ra n te de la c iv iliz a c ió n té c n ic a , s u b lim a d o e id e o lo g iza d o en la n o ­
ción de progreso, cuyo aspecto m oderno pro vie n e de G a lile o y Pascal.
T en go la im p resión de que, al ig u a l que la d o c trin a del tie m p o fu n d a m e n ta lo n to ló g ic a (fe n o m e n o ló g ic a ), d e s a rro lla d a en las "V o rle s u n g e n
z u r P hán o m e no log ie des in n ere n Z e itb e w w u s s ts e in s " de H usserl (1 9 2 8 )
y en "S e in und Z e it " de H eid eg ge r ( 1 9 2 7 ) , ta m b ié n la d o c trin a de
la h is to ria fu n d a m e n ta lo n to ló g ic a (e x is te n c ia la n a lític a ) , c o n te n id a en
"S e in und Z e it " de H e id e g g e r y en " Z u r L o g ik der M o d a litd te n " de
O ska r Becker ( 1 9 3 0 ), es im p o rta n te para la d escrip ción y fija c ió n f ilo ­
só ficas del m u n d o té cn ico . A u n cie rta s de las aserciones de M a r tín H e i­
degger, c o n te n id a s en su c a rta "H u m a n is m u s " ( 1 9 4 7 ), sobre M a rx , el
h u m a n ism o , el m a te ria lis m o y la té c n ic a , c o rro b o ra n una h is to ric id a d
e xis te n c ia l del m un do té c n ic o , que, n a tu ra lm e n te , c o n s titu y e un proceso
ta n p a te n te com o irre ve rsib le .
En su ú ltim a g ra n obra, ta n c rític a com o p ro fu n d a : "D ie K risis der europáischen W is s e n s c h a fte n und d ie tra n s z e n d e n ta le P h á n o m e n o lo g ie ",
que acaba de p ub lic a rs e com o to m o V I de la "H u s s e r lia n a " (La H aya,
1 9 5 4 ), uno de los grandes fra g m e n to s de la filo s o fía o c c id e n ta l, Edm und H usserl se re firió (en la c u a rta década de este s ig lo ) a un ra c io ­
n a lism o c ie n tífic o m oderno (G a lile o y D escartes) co nside ran do que la
"te c n ific a c ió n p riv a de se n tid o a la c ie n c ia m a te m á tic a ". Insiste en que
esa p riv a c ió n de se n tid o es consecuencia del hecho de haberse o lv id a d o
que "e l m un do de la v id a . . . es el fu n d a m e n to que da se n tid o a la c ie n ­
c ia " (págs. 4 5 , 4 8 , e tc .). H usserl ha expuesto así los e lem entos de una
c rític a de la c iv iliz a c ió n té c n ic a , con la cu al tie n e n que e xp lica rse el
físico , el té c n ic o y el filó s o fo si se q u ie re p on er coto al reproche que
p e rio d ís tic a m e n te los acecha de que su tra b a jo ha quedado p riv a d o de
sentido. Y o creo que una de las ta re as más im p o rta n te s de una m o d e r­
na filo s o fía de la té c n ic a (sobre to d o com o d is c ip lin a de una U n iv e rs i­
dad té c n ic a ) ha de c o n s is tir en re fu ta r, con re fe re n c ia a las verdaderas
ca teg oría s y e x is te n c ia lía s en que debe entenderse el m un do té cn ico ,
a q u e lla c rític a fu n d a m e n ta l a base de la esfera de la v id a , o sea, pues,
resta ble cer la p ureza y el sentido o rig in a rio s de la fa en a te cn o ló g ica .

(
Í
Traducción J, Rovira Armengol

27

�Información
Casa en Country Club
T o rtu g a s , 1951
A rq .: o. a. m.
D ire c to re s de o b ra :
A rq . H o ra c io B a lie ro
A rq . A lic ia C a z z a n ig a
A rq . E d u a rd o P o lledo

La casa está s itu a d a en u n C o u n try C lu b ,
en los a lre d e d o re s de B uenos A ire s . Se d is ­
puso d e u n lo te de 2 0 m e tro s de fre n te
sobre la c a n c h a de g o lf, del c u a l se d e b ía n
d e ja r lib re s dos fa ja s la te ra le s de 2 ,5 0 m e ­
tro s de a n c h o y o tr a m ás p ro fu n d a en el
fre n te y en e l fo n d o .
La casa ib a a ser usada en el v e ra n o y,
p re fe re n te m e n te , los fin e s de se m a n a , po r
u n a c a n tid a d c o n s id e ra b le de g e n te de d is ­
tin ta s edades. Estas c a ra c te rís tic a s , y la
n e cesidad de p o d e r lle g a r a la m is m a desde
c u a lq u ie r p u n to del te rre n o , e v id e n c ia ro n la
v e n ta ja d e c re a r zon as in d e p e n d ie n te s : el
ja rd ín , d o n d e ju g a ría n los niñ o s, los d o r­
m ito rio s , con acceso d ire c to p a ra p o der
asearse y c a m b ia rs e de ropa a l lle g a r del
c lu b o de la c a n c h a , y el liv in g co m o lu g a r
de e s ta r y de re u n ió n .
La d is p o s ic ió n de este ú ltim o en la p la n ta
a lta , p e rm itiría g o z a r d e u n a v is ta e s p lé n ­
d id a , a l e s ta r a b ie rto h a c ia el e x te rio r sin
ser p e rtu rb a d o p o r u n c o n tin u o p a sa je de
g e n te . La in c lu s ió n de la co cin a en esta
p la n ta no p re s e n ta b a p ro b le m a s , pues sería
usada s o la m e n te p a ra de sayuno s y, o ca sio ­
n a lm e n te , p a ra co m id a s rá p id a s.
En la c o n s tru c c ió n se u s a ro n , p a ra los m u ­
ros, la d r illo s com unes, q u e no re c ib ie ro n
n in g ú n tr a ta m ie n to e sp ecial d o nde q u e d a -

b a n a la v is ta . El e n tre p is o fu é c o n s tru id o
con v ig u e ta s p re fa b ric a d a s d e h o rm ig ó n p re ­
c o m p rim id o con la d rillo n e s esp eciales e n tre
e lla s. U n a v ig a de c a d e n a , a p a re n te en el
e x te rio r, las s o lid a riz a . La ch im e n e a del
piso a lto no ap oya sobre é l; lo h a ce sobre
dos p ila re s que fo rm a n en la p la n ta b a ja
los co sta d o s de u n p la c a rd . El te c h o es de
te ja s p la n a s , con a is la c ió n h id r ó fu g a de
fie ltr o s y té rm ic a de fib r a s ve g e ta le s p re n ­
sadas q u e de scansan sobre u n e n ta b lo n a d o ,
a p o y a d o en ca b io s ig u a lm e n te espaciados.
Los pisos son de m o saicos g ra n ític o s ; grise s
en la p la n ta b a ja y b la n c o s en la a lta . Los
d o rm ito rio s e stá n p in ta d o s a l a g u a en c o lo ­
res c la ro s : g ris , v e rd e , ocre y m a rró n . El
c o rre d o r es b la n c o . La c a r p in te ría d e m a ­
de ra fu é b a rn iz a d a del la d o de a fu e ra y
lu s tra d a en el in te rio r.
La casa p re se n ta un a sp e cto u n ita r io d e b id o
a l e q u ilib r io q u e se e s ta b le c e e n tre el d in a ­
m is m o de sus líne as y p la n o s y la e n to n a ­
c ió n de sus m a te ria le s , el la d r illo , las m a ­
deras y las te ja s . El deseo de tr a b a ja r con
p la n o s y no con v o lú m e n e s , es e v id e n te en
el liv in g , cu y a tra n s p a re n c ia p e rm ite v e r

28

V is ta

desde

la

cancha

de

g o lf

(fo to

H oracio
C óppola).

�P lan ta baja

H a ll de e n tra d a . La fo to fu é to m a d a desde e l d o r­
m ito rio p rin c ip a l. La ra m pa de la escalera queda,
en la fo to , a la derecha de la bara n d a. (Foto
H oracio C óppola).

desde el e x te rio r la c h im e n e a a tra v e s a n d o
el te c h o y d a rle s ig n ific a c ió n co m o p la n o .
Esto p u e d e ta m b ié n o b servarse en la p a rte
m ás c e rra d a de la casa, cuyos p a ra m e n to s
c o n fig u ra n un p la n o v e r tic a l q u e b ra d o , de
to d a la a ltu ra del e d ific io , q u e se re la c io n a
p o r e n ca stre s o s itu a c io n e s de p a sa je con
el re sto de p la n o s de la casa.
En el m u ro q u e c ie rra a l e x te rio r el h a ll
de d o b le a ltu r a de la e n tra d a , desaparece
la v ig a de e n c a d e n a d o p a ra p e n e tra r en la
casa. Esta co n se cu e n cia c o n s tru c tiv a p e rm i­
te e n tre v e r las fu n c io n e s q u e se d e s a rro lla n
d e trá s del c e rra m ie n to , y cre a a la v e z una
re la c ió n m ás flu e n te e n tre la p la n ta sup e­
r io r y el te rre n o . Esta re la c ió n se m a n tie n e
a l e n tr a r en el h a ll, ya que sus p a rede s de
la d r illo , la m a d e ra d e la e sca le ra y el h o r­
m ig ó n de la v ig a q u e p e n e tra desde el
e x te rio r c iñ e n d o la losa, no im p lic a n una
ru p tu ra brusca con la p e rce p ció n e x te rn a
de la casa.
A l s u b ir la e sca le ra , se va re c o rrie n d o in te ­
rio rm e n te este e sp a cio re s trin g id o y m e su­
ra d a m e n te ilu m in a d o , pe ro a l lle g a r a c ie r­
ta a ltu r a del re c o rrid o , el v is ita n te se e n ­
fre n ta a ras del piso con el a m p lio espacio
del liv in g y con el c ie lo , p a ra ir g r a d u a l-

V ls ta del liv in g de la p la n ta a lta , m iran d o desde
la chim enea (a la izqu ie ru a en la to ro ) nacía el
h a ll de doble a ltu ra (fo to H oracio C óppola)

29

�V is ta del liv in g . (Foto Georges Friedm an).

El p a b e lló n de servicio.

m e n te e n c o n trá n d o s e con el p a is a je . A l e n ­
fr e n ta r el liv in g , los m u ro s la te ra le s salen
de l ca m p o de la v is ió n d ire c ta , pe ro en su
c o n tin u id a d se in s in ú a n co m o a c o ta m ie n to s
de un esp acio ú n ic o .
En este piso, la c h im e n e a , a b ie rta a los dos
lado s, ju e g a un pa p e l p re p o n d e ra n te a l d e ­
te r m in a r d is tin ta s zon as de e s ta r. Pero se
p u ede o b je ta r q u iz á s q u e , p o r la fu e rz a de
su fo rm a , u n id a a la fu g a d e l te c h o , " p r e ­
s io n e " este esp acio — q u e a b a rc a desde el
h a ll a la te r ra z a — h a c ia el e x te rio r y le
c o n fie ra un c a rá c te r d e m a s ia d o p a n o rá m ic o .
U n e le m e n to e s ta b iliz a d o r lo c o n s titu y e , sin
d u d a , la a n c h a fa ja h o riz o n ta l de m a d e ra
que fo rm a el ta p a rr o llo de las p e rs ia n a s y

se e x tie n d e a lo la rg o de to d o el fre n te
v id ria d o . Sin e m b a rg o , la re la c ió n e n tre
in te r io r y e x te rio r lo g ra d a p o r la c o n tin u i­
dad de los m a te ria le s y el tra ta m ie n to de
los espacios, p o d ría s u g e rir c ie rto n a tu r a lis ­
m o o a lg u n a s u e rte de " o r g a n ic is m o " .
C ree m os q u e esto a u e d a d e s v irtu a d o en
g ra n p a rte p o r la d e lim ita c ió n de los pla n o s
h o riz o n ta le s qu e c o m p e n sa n estas c o n tin u i­
dades e n tre e x te rio r e in te rio r.
La h o m o g e n e id a d y b r illo de los pisos, en
c o n tra s te con el re sto de los m a te ria le s , les
hace re c o rta r las fo rm a s , a cu sa n d o no sólo
la g e o m e tría del lu g a r, sin o d e te rm in a n d o
con to d a n itid e z el m e d io n a tu ra l, e x te rio r,
y el m e d io s o cia l, la casa.

O tra v is ta de la casa.

La casa v is ta desde la e n tra d a , en la calle. A la
derecha, d etrá s de los pinos, se e n c u e n tra el
p a b e lló n de servicio.

30

�Pabellón en un jardín
B eccar, F .C .G .M .
A rq . A n to n io B onet

D e ta lle del fre n te co n tig u o a la piscina, donde
se observa el tra ta m ie n to de la bóveda y la
in te rru p c ió n de la ce ne fa por el b o ta -ag u as.

El p a b e lló n se h a lla u b ic a d o en u n ja rd ín
con m a g n ífic o s á rb o le s y c o n tig u o a una
p is c in a . S irve p a ra c o m p le m e n ta r la v id a
que se re a liz a en el v e ra n o con el uso de la
p is c in a , a u n q u e ta m b ié n se lo usa p a ra fie s ­
ta s , re u n io n e s, e tc. D isp o n e de u n b a r, un
o ffic e , un to ile tte y u n rin c ó n de e s ta r, a p o ­
y ad os c o n tra el m u ro p o s te rio r y d ife re n c ia ­
dos del esp acio p rin c ip a l a b o ve d a d o .
A d e m á s de esta c irc u n s ta n c ia , co m ú n en la
o b ra de B o n e t (b a sta re c o rd a r la m a g n ífic a
casa B e rlin g ie ri de P u n ta del Este), c a ra c te ­
riz a a este p e q u e ñ o p a b e lló n la to ta l tra n s ­
p a re n c ia de tre s de sus lados. El uso de
g ra n d e s v id rie ra s no p e rm ite en este caso la
v is ió n de a m p lia s p e rs p e c tiv a s , y ta m p o c o
h a n sido p la n e a d a s en fu n c ió n de u n a re la ­
c ió n to ta l de e x te rio r e in te rio r. Sin e m b a r­
go , lo g ra n c re a r con la lu z , ta m iz a d a p o r el
fo lla je q u e ro dea a l p a b e lló n y p o r los re fle ­
jos de los pisos, u n a sua ve a tm ó s fe ra in te r ­
na q u e n ie g a a la bó ve d a c u a lq u ie r pesadez
y le da u n c a rá c te r casi flo ta n te .

V is ta del fre n te p rin c ip a l con las pue rtas co rre ­
dizas. Las colum nas de los ángulos son p e rfile s
de h ie rro donde apoya la bóveda.

Fotos Georges Friedm an.

31

�V is ta hacia el in te rio r m ostra nd o el lu g a r de
e sta r al lado de la chim enea. A la derecha de
ésta se encu e n tra el bar.

V is ta desde el lug a r de estar h acia el e x te rio r.
Se puede ve r el ca nte ro de p ie d ra que p en e tra
desde a fu e ra .

Ediciones G a la te a /N u e v a V is ió n

Pierre-Maxime Schuhl:

Maqumismo y filosofía
Desde hace unos tre in ta años, se re a liz a n en F ra n cia
serios estudios sobre diversos aspectos de uno de los
más e x tra o rd in a rio s fenóm enos de n ue stro tie m p o :
el d e s a rro llo del m aq um ism o . La " m á q u in a " es a llí
e nca ra da ta n to desde el p u n to de v is ta de las conse­
cuencias p rá c tic a s de su u tiliz a c ió n com o desde el
p u n to de v is ta de su repercusión en la c u ltu ra en g en e ­
ral. P ie rre -M a x im e Schuhl es uno de los m ás a u to riz a ­
dos inve stiga do res en esta m a te ria . En "M a q u m is m o
y F ilo s o fía " e stu d ia las a c titu d e s que, a través del
tie m p o , desde la a n tig ü e d a d clásica hasta nuestros
días, han a d o p ta d o los grandes pensadores de la h u ­
m a n id a d fre n te a las invenciones susceptibles de ser
em pleadas com o in s tru m e n to s de tra b a jo .

a d q u ié ra lo en todas las lib re ría s y en:

G a la te a , V ia m o n te 5 62
N ueva V is ió n , C e rrito 1371

32

�Notas y comentarios

Exposición Sarah Grilo. Bs. As.,
Galería Krayd, 1955.
Sarah G rilo: " U n p u n to n e g ro ".

Después de p a r tic ip a r en el curso del a ñ o
en v a ria s m u e s tra s c o le c tiv a s , S arah G rilo
e fe c tu ó u n a e x p o s ic ió n in d iv id u a l en K ra y d
d u ra n te los p rim e ro s d ía s del pa sado mes
de n o v ie m b re . La e x p o s ic ió n o fre c ió así la
p o s ib ilid a d de a p re c ia r, a tra v é s de u n c o n ­
ju n to de sus ob ras, las te n d e n c ia s y p re ­
o cu p a c io n e s que ha n v e n id o c a ra c te riz a n d o
su p ro d u c c ió n . A l ig u a l que o tro s que t r a ­
b a ja n con un s e n tid o c re a d o r en c o n s o n a n ­
c ia con el e s p íritu de n u e s tro tie m p o ,
S arah G rilo p ro ta g o n iz a p ro b le m a s y c o n ­
tra d ic c io n e s qu e está n m o s tra n d o , p o r fu 3 ra
de a lg u n o s a p re s u ra d o s esquem as c rític o s ,
la v ita lid a d de una a c titu d e s té tic a que,
lejos de a g o ta rs e en un m e ro p la n te o fo r ­
m a l se a s ie n ta cad a ve z m ás en un a e x p re ­
sión h u m a n a to ta l. Y no es que estem os en
p re s e n c id d e u n re to rn o y m enos a ú n de
un a b a n d o n o del s e n tid o c o n s tru c tiv o , que
d ió fu n d a m e n to y c a rá c te r a la a c titu d se­
ñ a la d a . N o h a y aq uí n in g u n a d e ja c ió n de
la re s p o n s a b ilid a d que c o n s titu y ó el sus­
te n tá c u lo de ta n ta s provecho sas re a liz a c io ­
nes. El a r tis ta m a n tie n e su v ig ilia . Es la
v ig ilia que re q u ie re el le n g u a je p lá s tic o a
qu e ha a rrib a d o , le n g u a je que im p lic a y a
un a co n q u is ta d e fin itiv a . Pero no to d o es
v ig ilia en su tra b a jo . O tro s fa c to re s , m e­
nos p re v is ib le s , su rg id o s de u n a e x p e rie n c ia
p e rs o n a lís im a , h a n in te rv e n id o en el curso
de la c o m p o s ic ió n , y la e s tru c tu ra , a que
se lle g a fin a lm e n te , no sólo está o r g a n iz a ­
da: ta m b ié n tie n e un se n tid o . C o n te m p la d a s
con este c rite rio , las p in tu ra s de S arah
G rilo c o b ra n un in te ré s p o n d e ra b le . N os
ponen en pre s e n c ia de u n a d in á m ic a p o lí ti­
ca, que p u g n a p o r c o n q u is ta r sobre la te la
u n a lib e r ta d e s tru c tu ra d a . Y , ta n to en los
tra b a jo s c om puestos p o r líne as sobre fo n d o s
v a lo riz a d o s c ro m á tic a m e n te , com o en las
e s tru c tu ra s basadas en p la n o s superpuestos
de c o lo r, los e le m e n to s está n dispuestos
a te n d ie n d o p o r ig u a l a las e x ig e n c ia s o r­
g a n iz a d o ra s de o rden v is u a l y a los re ­
clam o s de un a in d iv id u a lid a d e m o c io n a l.
El a m p lio re g is tro p lá s tic o de esta p in to ra
la c a p a c ita p a ra c o n c re ta r en una n o ta b le
v a rie d a d de s itu a c io n e s sus necesidades
cre adoras. Se p a te n tiz a a q u í u n a e x p e rie n ­
c ia que tra s c ie n d e los lím ite s de u n a p ro ­
b le m á tic a e s tric ta m e n te v is u a l. Los e le ­
m e n to s p lá s tic o s u tiliz a d o s , a u n c u a n d o
co n servan su re a lid a d de ta le s , se c a rg a n
de un s e n tid o , a p u n ta n a una s ig n ific a c ió n
e s p iritu a l. Se tr a ta de un proceso de tra n s ­

m u ta c ió n del le n g u a je , d is tin to , sin e m b a r­
go , de c u a lq u ie r c a lig r a fía e x p re s io n is ta ,
pues el n u e vo s ig n ific a d o e m p ie z a a o p e ­
ra r sobre no sotro s desde un a in te lig e n c ia
a le rta . Lo c ie rto es que estas líne as y co ­
lores c re a n un m u n d o a n u e s tro a lre d e d o r
y a lc a n z a n u n v a lo r c o m u n ic a tiv o , lo cu a l
no im p lic a , sin e m b a rg o , una ilu s tra c ió n
de u n te m a fija d o de a n te m a n o . N o es la
ve rsió n lite r a r ia de u n a e x p e rie n c ia , ya que
los m e d io s p lá s tic o s se m o d ific a n a l m ism o
tie m p o qu e las s ig n ific a c io n e s . De este
m o do, lle g a S arah G rilo a e la b o ra r una
p in tu ra o rg a n iz a d a y lib re , en cuyos fa c ­
to re s e s tru c tu ra le s sub yacen los e le m e n to s
de u n a v is ió n y u n a e x p e rie n c ia nu evas.
Sus sím b olos visu a le s a b re n paso a un a
p o é tic a en p le n o d e s a rro llo . In ic ia así esta
p in to ra una e ta p a d e cisiva en su e v o lu c ió n ,
tra s s u p e ra r a lg u n a s v a c ila c io n e s de sus
co m ie n zo s m e d ia n te una c e rte ra c o m p re n ­
sión de los p ro b le m a s fo rm a le s c o n te m p o ­
ráneos.
E. B.
Sarah G rilo: "D os círcu los sobre una b a n d a ."
Sarah G rilo: "C o m p osición N9 23 en ro jo s".

33

�il Exposición de pintura, escultura,
arquitectura y urbanismo de nues­
tro tiempo. Gath &amp; Chayes. Bs. As.,
octubre 1955.
En el sub suelo de G a th &amp; C have s se re a liz ó
la se g unda e x p o s ic ió n de p in tu r a , e s c u ltu ra ,
a r q u ite c tu ra y u rb a n is m o de n u e s tro tie m ­
po., C o m o se sabe, el p ro p ó s ito p e rs e g u id o
p o r los o rg a n iz a d o re s de esta m u e s tra es
el de p re s e n ta r a l p ú b lic o un p a n o ra m a
de la s itu a c ió n a c tu a l de ca d a u n a de
esas a c tiv id a d e s a tra v é s de sus e x p re s io ­
nes m ás a v a n z a d a s . A l re u n ir en un m is m o
salón o b ra s de ta n d is tin to c a rá c te r, se es­
pe ra a s im is m o p o n e r de m a n ifie s to la e x is ­
te n c ia de u n a p re o c u p a c ió n c o m ú n qu e se
tra d u c e &lt;j veces en s im ilitu d e s de fo rm a y
de p ro p ó s ito . N o o b s ta n te , la m u e s tra es lo
s u fic ie n te m e n te a m p lia y e c lé c tic a com o
p a ra
d a r c a b id a
a m a n ife s ta c io n e s
de
o rie n ta c ió n e s té tic a d iv e rs a .
Las secciones de p in tu r a y e s c u ltu ra han
esta d o re p re s e n ta d a s con u n a a b u n d a n c ia
q u e una s e lecció n m ás e x ig e n te h u b ie ra
re d u c id o a p ro p o rc io n e s m ás e q u ilib ra d a s
re specto de las seccion es re s ta n te s . De a r ­
q u ite c tu r a , u rb a n is m o y m u e b le s , en c a m ­
b io , sólo se h a n e x h ib id o unos pocos e je m ­
plos q u e d is ta n m u c h o de p ro p o rc io n a r una
n o tic ia , s iq u ie ra s u m a ria , de lo re a liz a d o
p o r nu e s tro s a rq u ite c to s y d iseñ ado res.
U na m u e s tra de estas c a ra c te rís tic a s que se
ha
p ro p u e s to
adem ás
una
p e rio d ic id a d
a n u a l, debe e x h ib ir a lg ú n c r ite r io de a d m i­
sió n , n o sólo con la fin a lid a d de s e le c c io ­
n a r lo m e jo r sin o ta m b ié n con la de e s ta ­
b le c e r una g u ía q u e p e rm ita a l o b s e rv a d o r
d is c rim in a r el proceso y e v o lu c ió n de las
a c tiv id a d e s qu e re p re s e n ta . P or e je m p lo , el
ru b ro de a rq u ite c tu ra p re s e n ta u n a v a r ie ­
d a d ta n g ra n d e de asp ectos q u e sería c o n ­
v e n ie n te h a c e r su p re s e n ta c ió n p o r tem as,
en lu g a r de e x h ib ir, s in n in g u n a p o s ib ilid a d
de c o m p re n s ió n p o r p a rte del p ú b lic o , un
p ro y e c to de v iv ie n d a , un e d ific io p ú b lic o y
un p ro y e c to de p la n e a m ie n to ju n to con un
p a r de s illa s y u n a m esa.
D ig a m o s fin a lm e n te q u e , a pe sar de las
b u e n a s in te n c io n e s que h a n p re s id id o este
e s fu e rz o , no se ha co n s e g u id o s u p e ra r la
m u e s tra a n te rio r en lo qu e se re fie re a h a ­
ce r c o m p re n s ib le a l p ú b lic o los p ro b le m a s
que a g ita n a q u ie n e s , desde sus a c tiv id a ­
des e sp e c ífic a s , se p ro p o n e n im p u ls a r la
re n o v a c ió n del le n g u a je v is u a l c o n te m p o ­
rá n e o .

Exposición de Urbanismo. Bs. As.,
noviembre 1955.
En o p o rtu n id a d de ce le b ra rs e la S em ana
M u n d ia l d e l U rb a n is m o , se re a liz ó en Bs.
A s. u n a e x p o s ic ió n que re u n ió diversos t r a ­
b a jo s sobre el te m a .
La D ire c c ió n de U rb a n is m o y la S ociedad
C e n tra l de A rq u ite c to s fu e ro n los e n c a rg a ­
dos de la o rg a n iz a c ió n y d is tr ib u c ió n de la
m u e s tra , e s ta n d o a d em ás a c a rg o de la
p rim e ra , la p re s e n ta c ió n de im p o rta n te s
tra b a jo s sobre la m a te ria .
Esta e x p o s ic ió n , a tr a y e n te p o r su te m a
p r in c ip a l (el p la n e a m ie n to de Bs. A s. y el
g ra n Bs. A s .), p o r el s e n tid o c la ro y d id á c ­
tic o de su d e s a rro llo y la c a lid a d de los
tra b a jo s exp uesto s, ha c u m p lid o u n a f u n ­
c ió n m e rito ria a l in fo rm a r a l p ú b lic o sobre
u n a ta re a s ig n ific a tiv a y , lo q u e es m ás,
ha lla m a d o la a te n c ió n sob re el o b je to y
p ro p ó s ito del u rb a n is m o , esca sam en te c o ­
n o c id o s p o r
la g e n e ra lid a d
de n u e s tro
m e d io .
La m u e s tra , fá c ilm e n te a c c e s ib le , se d e s ­
a r ro lló en p a n e le s q u e in c lu ía n g rá fic o s ,
m a p a s y te x to s , d e s ta c á n d o s e en fo rm a
m ás n o ta b le las c o n c lu s io n e s p rin c ip a le s del
e s tu d io . Se e x h ib ía n a d em ás, en las v i t r i ­

34

V ista de la exposición

nas, m a q u e ta s de b a rrio s diseñ ado s con un
c r ite r io u rb a n ís tic o .
En p rim e r lu g a r, lu e g o del acceso, se e x ­
puso el P lan de R e e s tru c tu ra c ió n p a ra la
C a p ita l Fe deral y el G ra n B uenos A ire s ,
p re p a ra d o p o r la D ire c c ió n de U rb a n is m o
de la M u n ic ip a lid a d de Bs. A s. Este t r a ­
b a jo p re s e n ta b a en p r im e r lu g a r los e s tu ­
dio s a n a lític o s re a liz a d o s p o r el E studio del
P lan B uenos A ire s (1 9 4 8 - 5 0 ) , q u e no fu é
p o sib le in c lu ir en su to ta lid a d d e b id o a la
fa lta de e sp a cio d is p o n ib le . A d e m á s , com o
c o n c lu s ió n de los tra b a jo s a n te rio re s , se e x ­
p u s ie ro n , en esquem as s in té tic o s , to d o s los
asp ectos d e l G ra n B uenos A ire s a to m a r en
c o n s id e ra c ió n con re fe re n c ia a las Ideas
Básicas del P lan de R e e s tru c tu ra c ió n .
En la s e g u n d a m ita d de la e x p o s ic ió n f ig u ­
ra b a n el P lan R e g u la d o r de San J u a n , el
P lan de U rb a n iz a c ió n de D a rw in , u n C e n tro
C ív ic o p a ra 1 0 .0 0 0 h a b ita n te s , el P lan Re­
g u la d o r de J u ju y P a l-P a lá , el B a rrio G en e­
ra l Paz, la C iu d a d J a rd ín M e rce d e s B enz,
los pla n e s de u rb a n iz a c ió n de T a n d il, T r e n que L a u q u e n y M ira m a r , y la C iu d a d J a r­
d ín El L ib e rta d o r.
En el c u rso de la e x p o s ic ió n se lle v ó a
ca b o u n a v is ita e x p lic a d a , a la qu e asis­
tie ro n a u to rid a d e s m u n ic ip a le s , p ro fe s io n a ­
les y c u e rp o d ip lo m á tic o , d o nde fu é e x p li­
cad o, p o r los a r q u ite c to s O di lia S uárez y
E d u a rd o J. S a rra ilh , de la D ire c c ió n de U r­
b a n is m o , el tra b a jo de re e s tru c tu ra c ió n de
Bs. A s. y el g ra n Bs. A s ., el P lan de J u ju y
P a l-P a lá p o r su a u to r, el a rq . J o rg e V iv a n co y el de San J u a n p o r el a rq . José M .
F. P astor.
En estos m o m e n to s en que la o p in ió n p ú ­
b lic a se o cu p a in te n s a m e n te del p ro b le m a
de la v iv ie n d a , ha s id o m u y o p o rtu n a y
c la rific a d o r a esta e x p o s ic ió n de u rb a n is m o ,
V ista de la exposición

sobre to d o en lo que a ta ñ e a la p re s e n ta ­
c ió n de las ideas b á sica s d ire c tric e s del
P lan de R e e s tru c tu ra c ió n p a ra Bs. A s. y el
G ra n Bs. A s.
H a ce a lg u n o s años, los o rg a n is m o s o fic ia ­
les de c ré d ito p o s ib ilita ro n la c o n s tru c c ió n
de g ra n c a n tid a d de v iv ie n d a s , sobre to d o
e co n ó m ica s (P la n Eva P eró n), que se le ­
v a n ta ro n en c u a lq u ie r lu g a r, sin o rd e n n i
c o n tro l. D e b id o a l m e n o r costo de la tie r ra ,
o c u p a ro n las zo n a s b a ja s e in s a lu b re s s i­
tu a d a s fu e ra de la c iu d a d , a le ja d a s de los
n ú cle o s p o b la d o s o de los lu g a re s de t r a ­
b a jo , y fu e ro n c u b rie n d o p a u la tin a m e n te
exte n sa s zonas. D e n tro de éstas, c o n tin u a ­
ro n le v a n tá n d o s e en lotes e n tre m e d ia n e ra s ,
o rie n tá n d o s e en c u a lq u ie r fo r m a y s o lid ifi­
c a n d o la m asa de la c iu d a d a c tu a l. En a m ­
bos casos, c o a rta b a n c u a lq u ie r p la n ific a c ió n
u lte rio r.
A h o ra ta m b ié n se c o n s tru irá n v iv ie n d a s y,
p o s ib le m e n te , en u n a c a n tid a d m a y o r que
las que s u rg ie ro n a n te s . C on el o b je to de
e s tu d ia r y re so lve r e l a n g u s tio s o p ro b le m a
q u e p la n te a la escasez de a lo ja m ie n to , se
h a n c o n s titu id o v a ria s co m isio n e s. Pero n in ­
g u n a de e lla s debe ig n o ra r un p la n de des­
a r r o llo de la c iu d a d : su z o n ific a c ió n , sus
reservas, sus p re visio n e s, sus d ire c tiv a s .
Las idea s bá sica s del P lan de R e e s tru c tu ra ­
c ió n de Bs. A s. y el g ra n Bs. A s. p resen­
ta d o en la e x p o s ic ió n , a b a rc a n estos asp ec­
tos, a p o rta n d o a d e m á s las co n c lu s io n e s de
un e xte n so a n á lis is : p u n to s d e fin id o s de
a p o yo qu e deben ser el p u n to de p a rtid a
de c u a lq u ie r p ro g ra m a p a ra la v iv ie n d a .
Es im p re s c in d ib le , p o r o tra p a rte , q u e las
a u to rid a d e s p re ste n un a re a l a te n c ió n y
a p o ye n la fin a liz a c ió n del P lan R e g u la d o r
p a ra Bs. A s. del q u e estas Ideas Básicas
d e l P lan de R e e s tru c tu ra c ió n fo rm a n p a rte ,
p ro m u lg a n d o la ley de P la n e a m ie n to c o rre s ­
p o n d ie n te . A p o y a n d o a l e q u ip o de té cn ico s
q u e lo e s tu d ia , re fo rz á n d o lo con el asesoram ie n to n e c e s a rio y , sobre to d o , d á n d o le la
je ra rq u ía qu e a n u e s tra c iu d a d le c o rre s ­
ponde.

Exposición Arfe Nuevo. Van Riel.
Bs. As., noviembre 1955.

B a jo el n o m b re de A r te N u e v o , esta e x p o ­
s ic ió n re úne un c o n ju n to c o n s id e ra b le de
o b ra s p e rte n e c ie n te s a las te n d e n c ia s a b s ­
tra c ta s y co n c re ta s del a r te a c tu a l. A u n ­
que a q u í ta m b ié n se e x p o n e n a lg u n o s p ro ­
ye cto s de a rq u ite c tu ra y h a y u n a sala de-

�d ic a d a a la fo to g r a fía , p re d o m in a s in e m ­
b a rg o el a s p e c to p lá s tic o re p re s e n ta d o p o r
la p in tu r a y la e s c u ltu ra . El n ú m e ro e le ­
v a d o de e x p o s ito re s in d ic a la d ifu s ió n a l­
c a n z a d a en n u e s tro m e d io p o r a q u e lla s
fo rm a s a r tís tic a s sin q u e esta d ifu s ió n p u e ­
da to m a rs e c o m o e le m e n to de ju ic io p a ra
a p re c ia r el g ra d o de e v o lu c ió n qu e esas f o r ­
m a s h a n a lc a n z a d o e n tre no sotro s.
El c a r á c te r de fr e n te ú n ic o q u e los p ro p io s
o rg a n iz a d o re s o to rg a n a esta clase de e x ­
p o sicio n e s , im p id e , p o r s u p u e s to , to d a c o n ­
s id e ra c ió n de la o b ra a is la d a y tra e a d e ­
m ás co m o c o n s e c u e n c ia la p ro m o c ió n de
p rin c ip ia n te s c u y o ú n ic o c a u d a l ra d ic a en
u n m a n ie ris m o rá p id a m e n te a d q u irid o , con
el a g ra v a n te de qu e h o y n o se ca re c e de
a n te c e d e n te s , c o m o o c u rría d ie z añ os a trá s .
Esta m u e s tra , en re s u m e n , p o d ría re s u lta r
s ig n ific a tiv a p a ra q u ie n se p ro p u s ie ra a v e ­
r ig u a r c ó m o se c u m p le n e n tre n o s o tro s los
procesos de d ifu s ió n de las fo rm a s m o d e r­
nas, procesos en los c u a le s p a rece g r a v ita r
m ás la n o tic ia , el d a to e x te rio r, qu e una
re a l e x p e rie n c ia e s té tic a .

Fernand Léger (1381-1955)

Fernand Léger.

Exposición Del Prete. Van Riel, Bs.
A s., diciembre 1955.

Del

Prete:

"C o m p o s ic ió n "

(1953).

En las salas de V a n R iel el p in to r Del
P re te ha re a liz a d o u n a e x p o s ic ió n de p in ­
tu ra s a b s tra c ta s y fig u r a tiv a s que re p re ­
se n ta n su la b o r de los ú ltim o s c in c o años.
Se tr a ta , pues, de su p ro d u c c ió n m á s re ­
c ie n te , en la q u e se r e fle ja n las n u e va s
in q u ie tu d e s que este p in to r h a in c o rp o ra d o
a su e x te n s o re p e rto rio p lá s tic o .
D el P rete no es p in to r de fá c il u b ic a c ió n ,
p e ro su a c titu d e s e n c ia l fr e n te a la p in t u ­
ra p e rm a n e c e c o n s ta n te desde el fa u v is m o
in ic ia l h a s ta sus ú ltim a s p in tu ra s , d ic ta d a s
p o r un e s p o n ta n e ís m o lib re de to d o p re ­
c e p to fo r m a l. Los te m a s m ás d iv e rg e n te s
del a r te a c tu a l c o n s titu y e n p a ra él v e rd a ­
deros " t e m a s " , es d e c ir, p re te x to s , e x e n to s
de to d a p r o b le m a tic id a d , que le p e rm ite n
e je rc e r la p in tu r a c o m o u n a a c tiv id a d es­
p o n tá n e a y n a tu ra l. A q u í es d o n d e ra d ic a
su c o h e re n c ia .
En un m e d io co m o el n u e s tro , d o n d e la
p in tu ra a d o p ta fá c ilm e n te un b a rn iz de
b u e n to n o , la p in tu ra de D el P rete puede
re s u lta r c h o c a n te , n o ta n to p o r las a p a ­
rie n c ia s fo rm a le s qu e re v is te , c o m o p o r la
re belde in tra n s ig e n c ia con q u e a c o m e te el
h a c e r p ic tó ric o . C o n te m p la d a desde este
p u n to de v is ta , la e x p o s ic ió n c o n s titu y e un
b u e n e je m p lo de lo que a firm a m o s .
A . H.

" L é g e r , ha d ic h o A p o llin a ir e , h a sid o un o
de los p rim e ro s q u e , re s is tie n d o a l a n tig u o
in s tin to de la especie y de la ra z a , se h a ya
lib ra d o con a le g ría a l in s tin to de la época
en q u e v iv í a " .
M u c h o s s ig lo s de u n a c iv iliz a c ió n ra c io n a lis ­
ta y ca d a ve z m ás m e c a n ic is ta , ya no p e r­
m ite n a l h o m b re el m a n te n im ie n to de re la ­
c io n e s p a n te ís ta s a rm o n io s a s . La té c n ic a
■
— y a qu e de bem o s lla m a r la p o r su n o m ­
b re — se ha c o n v e rtid o d e s e rv id o r en d u e ­
ño. D u e ñ o v e n e ra d o h a sta el fa n a tis m o .
P acto con S a ta n á s p a ra m u ch o s. M e d io de
re d e n c ió n p a ra o tro s. C u a le s q u ie ra sean su
n a tu ra le z a y sus fin e s , n in g ú n h o m b re c iv i­
liz a d o p u ede e sca p a r a su d o m in io . Desde
ha ce u n s ig lo — y a ú n a n te rio r m e n te —
m u c h o s p in to re s h a n p re s e n tid o esta tra n s ­
fo rm a c ió n fu n d a m e n ta l de las c o n d ic io n e s
de la e x is te n c ia h u m a n a . El im p re s io n is m o
fu é la p r im e r to m a de c o n c ie n c ia de esta
n u e v a m ís tic a . El c o lo r, h a sta e n to n ce s se­
c u n d a rio , se to rn ó sob eran o. P or o b ra de
a lg u n o s a rtis ta s , de L é g e r e s p e c ia lm e n te ,
fo r m a y c o lo r o b tu v ie ro n su a u to n o m ía . El
c u a d ro e n te ro se c o n v ir tió en u n n u e vo o r ­
g a n is m o , un o b je to c re a d o p o r los solos
e le m e n to s de su e s tru c tu ra .
" S o la m e n te el c u a d ro -o b je to es c a p a z de
s o p o rta r la c o m p a ra c ió n con c u a lq u ie r o b ­
je ta fa b ric a d o y re s is tir a l tie m p o . El c u a ­
d r o -a r tis ta es fa ls o y está a c a b a d o " ha
d ic h o Léger.
Y si, ta l co m o él lo p re te n d ía , a ca d a é p o ­
ca c o rre sp o n d e u n v u e lc o p a r tic u la r del
e s p íritu , Lé g e r, m ás a ú n y m e jo r q u e n in ­
g ú n o tro , se id e n tific ó con el de su tie m ­
po. M á s q u e sus co m p a ñ e ro s de la b r illa n te
c u a d rig a c u b is ta : P icasso, B ra q u e y G ris,
q u ie n e s , a p e sa r de las a p a rie n c ia s , no
a b a n d o n a ro n n u n c a el te rre n o tra d ic io n a l
de la p in tu ra .
L é g e r, c o m o un n iñ o g ra n d e m a ra v illa d o
p o r los ju g u e te s p ro d ig io s o s q u e los h o m ­
bres c re a n ca d a d ía — los e x tr a o rd in a rio s
d e s c u b rim ie n to s ,
las m á q u in a s
a s o m b ro ­
sas— a s p iró ta m b ié n a c re a r v is io n e s n u e ­
vas, a a g ru p a r los e le m e n to s p lá s tic o s en
c o m b in a c io n e s n u n c a vis ta s . B uenos tr a b a ­
jos, b ie n re a liz a d o s , b ie n te rm in a d o s , b r i­
lla n te s , d in á m ic o s — e s p e c ta c u la re s — , c a ­
paces de c o m p e tir con la u sin a y con la
fá b ric a .
Pero ¡a te n c ió n ! L é g e r sabe q u é q u ie re d e ­
c ir té c n ic a . C on el b u e n s e n tid o c a m p e sin o
y la a g u d e z a n o rm a n d a he re d a d o s de sus
p a d re s , sabe e n fr e n ta r la fra n c a m e n te , pero
p u ede ta m b ié n h a c e rlo con a s tu c ia . A u n q u e
de ba re s p e ta r la s u p e rfic ie de la te la — le
a g ra d a a veces ta m b ié n s u g e rir el v o lu ­
m e n — lo hace ta n s u tilm e n te qu e la su­
p e rfic ie resiste y e l peso sub siste. En c u a n to
a l c o lo r, si L é g e r le ha trib u ta d o un v e r­
d a d e ro c u lto — " s in c o lo r n o se p u ede v i­
v i r " es su fó r m u la — , si lo e x a lta , si re ­

v e la que es b e llo p o r sí m ism o , a ú n y so­
bre to d o en sus to n a lid a d e s fu n d a m e n ta le s ,
lo e m p le a sin e m b a rg o en u n a ju s ta m e d i­
da, a f in de q u e su b r illo re s p la n d e z c a , que
sus o n d a s se irra d ie n . Si el m e jo r o fic io es
el m ás a p to p a ra e x p re s a r la id e a p lá s tic a ,
el de L é g e r, que es m u y e fic a z , se h a lla
m ás ce rca del o fic io del a ffic h is ta q u e del
p in to r. En c u a n to a l a s u n to , es irre c o n o c i­
b le , a n o n a d a d o co m o p o r u n a d e fla g ra c ió n
n u c le a r q u e lib e ra la e n e rg ía p lá s tic a a su
e s ta d o p u ro . Pero L é g e r no h u b ie ra c o m ­
p re n d id o lo q u e era la té c n ic a si no h u b ie ra
sa b id o q u e e lla debe tr a d u c ir lo in e x p re s a ­
b le , esa e s té tic a q u e posee el a r tis ta , esa
s u b s ta n c ia ta n pre cisa e im p re c is a a la vez
q u e e x is te en él.
Desde 1 9 1 2 , p in tu ra s co m o " V a r ia tio n s des
fo r m e s " , "C o n tra s te s de fo r m e s " re v e la n
q u e L é g e r ha d e fin id o de g o lp e su e s té tic a ,
ha in v e n ta d o su té c n ic a y ha e n c o n tra d o
su " m é t i e r " .
Este m ila g ro se ha p ro d u ­
c id o a p e n a s en dos añ os, e n tre 19 11 y
1 9 1 3 , ya q u e en 1911 h a b ía e x p u e s to to ­
d a v ía en los In d e p e n d ie n te s " L e s ñu s da ns
la f o r é t " , u n a p in tu ra b a sada a ú n en el
a n á lis is de los e le m e n to s d e l s u je to , g e o m e triz a d o s seg ún el c é le b re co n se jo de C éz a n n e a su a m ig o E m ile B e rn a rd : " T o d o en
la n a tu ra le z a debe ser tra ta d o p o r el con o,
la e s fe ra , e l c ilin d r o , puestos en p e rs p e c ti­
v a s " . Frase c la v e p a ra L é g e r — m ás que
p a ra tod os los o tro s c u b is ta s — , id e a d ire c ­
t r iz de to d a su o b ra .
D espués v in o la g u e rra . L é g e r n o d e b e ría
re to m a r ja m á s con el m ism o rig o r las e x ­
p e rie n c ia s d e s in te re s a d a s de sus co m ie n zo s.
A l m a rg e n de la le ye n d a q u e p re te n d e que
la g u e rra h a ya en señad o a L é g e r la b e lle z a
de la m á q u in a — a se rció n que ig n o ra las
" m a c h in e s nees sans m e re " del P ica b ia
1 9 1 5 y las " m a c h in e s in ú t ile s " del P ic a b ia
D a d a 1 9 1 6 — , podem os p re g u n ta rn o s si
esta g u e rra de 1 9 1 6 , en la qu e lu c h ó d u ­
ra n te tre s añ os en el fre n te de V e rd u n , no
ha re v e la d o m ás b ie n a L é g e r v e rd a d e s
p ro fu n d a s , d e te rm in a n te s p a ra su a rte . En
el exceso de l m a l, en el d e s e n c a d e n a m ie n ­
to d e l o d io , ha te n id o , a no d u d a r, la re v e ­
la c ió n del v e rd a d e ro a m o r fr a te r n a l. L ic e n ­
c ia d o en 1 9 1 7 después de h a b e r sid o a l­
c a n z a d o p o r los gases, L é g e r re to m a poco
a poco, lu e g o d e v a rio s meses de co n v a le s c e n c ia , en la qu e un tra s to rn o de la v is ta
n o le p e rm ite v e r m ás q u e el a m a r illo , sus
e x p e rie n c ia s p ic tó ric a s .
Si en sus n u e va s p in tu ra s e n c o n tra m o s la
m ism a c ie n c ia que en las a n te rio re s , e lla s
no poseen ya la m ism a fu e rz a fe s tiv a , la
m is m a fo g o s id a d , el m is m o e n tu s ia s m o p o r
los e le m e n to s p lá s tic o s q u e é l h a b ía c o n ­
trib u id o a lib e ra r. U n a d u d a se ha in s in u a ­
do, un te m o r ha s u rg id o , un re cu e rd o , ta l
ve z, se ha p re cisa d o . Esos cañ ones que

35

�e n c o n tra b a be llo s b a jo el sol de la tr in c h e ­
ra c u a n d o era a r tille r o , n o e ra n acaso los
m ism o s que s e g aban a los c a m a ra d a s que
d e b e ría re c o g e r m ás ta rd e co m o a n g a rille ro? L é g e r no es h o m b re de c o m b a te s in te ­
rio re s, n i de s u tiliz a r en exceso. Sus o b je ti­
vos son s im p le s y fra n c o s , su fu e rz a , tr a n ­
q u ila y b ie n e q u ilib ra d a . S e g u irá sus in t u i­
cio n e s, se a p o y a rá de n u e v o en e le m e n to s
co n c re to s , no s o la m e n te m e c á n ic o s , sin o
ta m b ié n en p e rs o n a je s o p a is a je s . V o lv e rá
a la v id a de las a p a rie n c ia s p ic tó ric a s com o
v o lv ió a la v id a a l re g re s a r de la g u e rra ,
a p re n d e rá de n u e v o a v e r y a a m a r las
cosas n a tu ra le s y h a b itu a le s . Si e x is te a q u í
un re tro c e s o es m ás en su e s té tic a que en
su té c n ic a , a u n q u e n e c e s a ria m e n te esta ú l­
tim a se re s ie n te . V a , pues, a a p o y a rs e so­
b re u n a tra d ic ió n , la m is m a q u e , ha ce c u a ­
tr o sig lo s y en c irc u n s ta n c ia s s im ila re s , fu é
la de los g ra n d e s c o n s tru c to re s , esos a r tis ­
ta s de l seis c ie n to s ita lia n o , ce rc a n o s desde
ta n to s p u n to s de v is ta a los de n u e s tro
tie m p o , en v ir tu d d e l e s p íritu té c n ic o y las
in te n s a s e x p e rie n c ia s p lá s tic a s .
Sin u n a e x c e s iv a b u e n a v o lu n ta d , es fá c il
e n c o n tra r u n a id e n tid a d e n tre las te la s de
L é g e r del p e río d o 1 9 1 8 - 1 9 2 2 q u e fin a liz a
con “ La le c tu r e " y " L e g ra n d d é je u n e r"
— dos o b ra s m a e s tra s , fo r m id a b le s go lp es
de p u ñ o de sca rg a d o s sobre la mesa v e rd e
de la d ip lo m a c ia p ic tó ric a de la ép oca—
y las p in tu ra s de un U c e llo o p r in c ip a lm e n ­
te de u n P ie ro d e lla F rancesco. E n c o n tra ­
m os la m is m a g e o m e triz a c ió n de las f o r ­
m as, el m is m o ta m a ñ o m o n u m e n ta l, I17
m ism a a p a re n te in s e n s ib ilid a d , la m is m o
n e g a c ió n a to d o s e n tim e n ta lis m o . P in tu ra s
in te le c tu a le s , a l m is m o tie m p o que p in tu ra s
a lta m e n te h u m a n a s , en d o n d e to d o s los
p ro b le m a s p la n te a d o s son p ro b le m a s de
p in to r , en d o n d e el c o n te n id o es u n a a d h e ­
sión a l e s p íritu de su tie m p o . Sobre estas
p in tu ra s podem os d e c ir lo que A p o llin a ir e
de los c u b is ta s : " L é g e r n o ha tra n s p o rta d o
con él el c a d á v e r de su p a d re " .
R e to m a n d o y a el c o n ta c to con la tra d ic ió n ,
im p re g n a d o d e l p e n s a m ie n to a lb e rtia n o , L é ­
g e r tr a ta de s u b s titu ir el a s u n to p o r f o r ­
m as a rq u ite c tó n ic a s . A este p e río d o " d ó ­
r ic o " sig u e el de los o b je to s en e l esp acio.
D u ra n te la rg o s añ os L é g e r re a liz ó m e tó d ic a ­
m e n te , h o n e s ta m e n te , to d a s las te n ta tiv a s
p a ra d e s a rro lla r sus h a lla z g o s p lá s tic o s sin
tra ic io n a rlo s .
N o era h o m b re de re p e tir in d e fin id a m e n te
las m ism a s e x p e rie n c ia s , co m o lo h iz o poco
después M o n d ria n . A d ife re n c ia de este
m ís tic o , L é ger, te m p e ra m e n to fís ic o , d in á ­
m ic o , sólo se re a liz a p o r la a c c ió n , a la
q u e se e n tre g ó con la fo g o s id a d de su n a ­
tu r a le z a a p a s io n a d a .
La f a lla de e s ta b e lla n a tu ra le z a p o d ría
h a b e r sid o u n a in c lin a c ió n p ro n u n c ia d a h a ­
c ia lo p in to re s c o p o p u la r: las fie s ta s fo r á ­
neas, los c irco s, los " b a ls m u s s e tte " y sus
p a rro q u ia n o s , las c o m p e tic io n e s d e p o rtiv a s ,
las m u ltitu d e s ociosa s y los tra b a ja d o re s .
N o h a sido así, sin e m b a rg o . El p in to r ha
d o m in a d o c o m p le ta m e n te esa f lo r a z u l que
se e x p a n d e ta n n a tu ra lm e n te en los c u a d ro s
de l D o u a n ie r R ousseau, a q u ie n L é g e r a d ­
m ira b a p ro fu n d a m e n te . Y en d e fin itiv a , es
en su c a rá c te r de a r tis ta p lá s tic o q u e se
in te re s a p o r esos e s p e c tá c u lo s : " lo s p e rfile s
de m e d a lla de los b a ila rin e s , s in c u e llo s
p o stizo s, de los " b a ls m u s s e tte " , hace n o ­
ta r un día .
A p ro x im a d a m e n te después de 1 9 3 2 , L é g e r
n o re s is tió m ás a l lla m a d o de esas m u lt it u ­
des, de ese m u n d o a b ig a rra d o que o c u p a b a
su c o ra z ó n desde ta n to tie m p o . La id e o lo ­
g ía p o lític a a la qu e se a d h irió poco des­
pués, con to d a su fe y su b u e n a fe , h a b ría
de c o n tr ib u ir a la n u e v a o r ie n ta c ió n de
su a rte .
E m p ie z a en to n ce s la serle de las g ra n d e s
c o m p o sic io n e s : " L e s c o n s tru c te u rs ", " L e s
lo is ir s " , " L e s m é tie r s " , q u e fin a liz a en sus
ú ltim o s añ os con " L e c ir q u e " y " L a g ra n d e
p a r a d e " , te s tim o n io s in d is c u tib le s de su
m a e s tría p lá s tic a al m is m o tie m p o que a f ir -

36

LI BROS

LA CARTA DE ATENAS. —
C h a rfe

d 'A th é n e s " .

d o c u m e n to

que

P rim e r

f ija

T r a d u c c ió n de " L a

y

h a s ta

d o c tr in a

en

hoy

ú n ic o

m a te r ia

de

u r­

b a n is m o . E x p lic a c io n e s y a c la ra c io n e s de los C o n ­
gresos

In te r n a c io n a le s

de

A r q u ite c tu r a

M o d e rn a .

15 .—

$
Fernand Léger: " L a e s tu fa " (1918).
Fernand Léger: Estudio p ara "E l fu m a d o r" (1914).

LAS TRES LAMPARAS DE LA ARQUITEC­
TURA MODERNA, p o r e l A r q . Jo se p h V .
H u d n u t. T r a d u c c ió n d e l A r q . J o rg e V . R iv a r o la . —
En e s te

lib r o

q u ite c to s

y

de

p a r t ic u la r

Hudnut

e s tu d ia

fic a s y

p e r ju d ic ia le s

tu r a

in te ré s

p a ra

e s tu d ia n te s d e a r q u ite c t u r a ,

m o d e rn a

la s

d ife r e n te s
que

in flu e n c ia s

a fe c ta n

a

e s c rito

e s tu d io

s o b re

A rq .
bené­

la a r q u ite c ­

................................................

LA VIVIENDA DEL MAÑANA.
b r illa n t e

los a r ­
el

^

] 2 . -----

— El

a r q u ite c t u r a

m ás

re s id e n c ia l,

p o r los A rq s . N e ls o n y W r ig h t . 2 1 4 p á g i­

nas en

fo rm a to

fo to g ra fía s

de

u n ifa m ilia r e s .

de 21

x

29

in te r io re s
3^

y

e d ic ió n .

con

232

h e rm o sa s

e x te r io r e s

de

. . .

casas

80 .—

$

LA MADERA AL SERVICIO DEL ARQUI­
TECTO, p o r S e v e rin o P ita . — T o d a la c a r p in te ­
r ía b la n c a ; p u e rta s de e n tr a d a , g u illo t in a y c o r re ­
d iz a s ,

v e n ta n a s

c o rre d iz a s y de
tiv a s

a e s c a la , f o t o g r a f í a s

c io n e s

d e ta lla d a s ,

im p re s ió n

m o c ió n de l deseo d e , re e n c o n tra r un n u e vo
re a lis m o , un a r te p a ra el p u e b lo . Sin e m ­
b a rg o , p re c is a " n o som os no sotro s los que
debem os descende r h a sta e llo s, son e llo s los
que deben s u b ir h a sta n o s o tro s ".
Si m e d ita m o s sobre los c in c u e n ta añ os d u ­
ra n te los cu a le s se d e s a rro lló la o b ra in ­
m ensa de L é g e r, in te g ra d a n o sólo p o r sus
p in tu ra s s in o ta m b ié n p o r sus e s c u ltu ra s ,
c e rá m ic a s , v itr a u x , m o saicos, d e co ra d o s de
te a tro , c o re o g ra fía s , film s , ilu s tra c io n e s , t a ­
p ic e ría s , a d v e rtim o s que esta o b ra , qu e ha
e n riq u e c id o el a rte u n iv e rs a l, pu ede a p o rta r,
p o r sus in te n c io n e s y sus re a liz a c io n e s , un a
re spuesta a la c u e s tió n a p a s io n a n te de los
tie m p o s p resentes ace rca de si la té c n ic a
m o d e rn a p u ede ser un m e d io d e c o n o c i­
m ie n to p a ra el h o m b re y el a r tis ta .
L é g e r, que fu é un té c n ic o in c o m p a ra b le ,
u n o de los p in to re s m ás c la riv id e n te s de su
ép oca, u n v e rd a d e ro p io n e ro , a u n q u e no h a ­
ya p o d id o p e rs is tir en las p in tu ra s in d e p e n ­
d ie n te s de sus c o m ie n z o s , ha d e m o s tra d o
de to d a s m a n e ra s q u e el e s p íritu té c n ic o es
el m ás a p to p a ra s e rv ir a l e s p íritu m o d e rn o .
L é ger, n a tu ra le z a re a lis ta y g ra n c o ra z ó n ,
ha a lc a n z a d o la e s p ir itu a lid a d — c o n d ic ió n
fu n d a m e n ta l p a ra q u e el e s p íritu té c n ic o
sea e fic a z — - p o r m e d io d e l e s p íritu de c a ­
rid a d h u m a n a .
G e rm a in e D erb ecq.

de a b r ir a l

e x te r io r , a l in te r io r

g u illo t in a ; co n lá m in a s
268

y s ó lid a m e n te

c o n s tr u c ­

n u m e ro s a s y

p á g in a s

con

e x p lic a ­
e x c e le n te

e n c u a d e rn a d o

125 .—

$

ARQUITECTURA EN RELACION AL DE­
RECHO, p o r el A r q . J o rg e V í c to r R iv a r o la . —
Con
Un

la c o la b o r a c ió n
lib r o

ya

de

c lá s ic o

de los c o n tr a to s y

la A r q .

p a ra

la

M a ría

E. M e o li.

in te r p r e t a c ió n

le g a l

la d ire c c ió n de o b ra . 3 6 5 p á ­

g in a s n u tr id a s de v a lio s o

m a te r ia l

...

$

6 0 .____

PLACARDS y toda clase de muebles para
guardar. ----- 128 p á g in a s , 20 co n la s m e d id a s de
to d o s los a r m a rio s q u e p u e d a n
de
y

1 0 0 c o n te n ie n d o f o t o g r a f í a s
s u e lto s

n e c e s ita rs e y m ás
de m u e b le s f ijo s

............................................................. $

4 3 ._____

ED IT O R IA L CO N TEM PO R A S.R.L.
S a rm ie n to

643

31 - 2 5 7 4 - 1 8 9 3

B u enos

A ire s

�Exposición del Club de Directores
de Arte. Bs. As., Witcomb, diciem­
bre 1955.

Las e x p o s ic io n e s sue le n d a r u n a ¡dea c la ra
y p re cisa a c e rc a de q u ie n e s las o rg a n iz a n .
Estos son los d e p o s ita rio s de las o b ra s de
los e x p o s ito re s y a s u m e n la g ra v e responsa­
b ilid a d de p o n e rla s en v a lo r p ú b lic a m e n te .
Esta la b o r no es fá c il, sin d u d a , ya q u e el
é x ito o e l fra c a s o de la e x p o s ic ió n d e p e n ­
de en su m a y o r p a rte d e l in te ré s que p u e ­
da te n e r lo que se e x p o n e . Pero, a u n q u e
a q u í ra d iq u e en d e fin itiv a lo e s e n c ia l de
u n a m u e s tra , e x is te a d e m á s u n a té c n ic a de
e xp o sic io n e s q u e c o n v e n d ría te n e r p resente
p a ra el m e jo r lo g ro de la fin a lid a d que se
p e rs ig u e a l h a c e r p ú b lic a u n a m u e s tra .
Esto es lo qu e ha s u c e d id o con la re c ie n te
e x p o s ic ió n de l C lu b de D ire c to re s de A r te
q u e , p o r c o n s titu ir un re sum en de la a c ti­
v id a d p u b lic ita r ia g r á fic a re a liz a d a p o r los
socios de esa e n tid a d , tie n e un c a rá c te r
re p re s e n ta tiv o c u y a im p o rta n c ia ha sid o to ­
ta lm e n te s u b e s tim a d a p o r los o rg a n iz a d o re s
de la m u e s tra . El m a te ria l q u e la co m p o n e ,
d e fic ie n te y p o b re en su m a y o r p a rte , está
e x p u e s to sin d ig n id a d a lg u n a , a g lo m e ra d o ,
m a l d is tr ib u id o sobre h o ja s de p a p e l " a r ­
tís tic a m e n te " d e c o ra d a s con b a n d a s de c o ­
lores que tr a ta n de e v id e n c ia r el e s p íritu
a le rta de los o rg a n iz a d o re s . La m u e s tra
está co m p u e s ta p o r los " o r ig in a le s " r e a li­
zad os p o r el d is e ñ a d o r p u b lic ita r io y su
ve rs ió n im p re s a en p e rió d ic o s y re vista s.
El b a jo n iv e l de im p re s ió n qu e p re d o m in a
en n u e s tra s p u b lic a c io n e s de g ra n c on sum o
p a re c e o r ie n ta r la a c tiv id a d de los d is e ñ a ­
dores g rá fic o s qu e, en su g ra n m a y o ría ,
se lim ita n a e je c u ta r ta re a s ru tin a ria s sin
e v id e n c ia r el m e n o r in te n to de im p o n e rs e
a sí m ism o s y a los e n c a rg a d o s de in te r ­
p r e ta r y re a liz a r sus ¡deas, n o rm a s té c n ic a s
y e s té tic a s m ás e le v a d a s y e x ig e n te s .
F .-M .

El Bar 55.

p a ra fa m ilia s con o sin coche, v iv ie n d a
m ín im a con te rra z a , e tc .). En se g u n d o lu ­
g a r, y con c a rá c te r in te rn a c io n a l, se e x h i­
b ía n re a liz a c io n e s de a r q u ite c to s de c in c o
países (M a rc e l R o u x, F ra n c ia ; A lv a r A a lto ,
F in la n d ia ;
F in n J u h l, D in a m a rc a ;
H ans
S c h w ip p e rt, A le m a n ia O c c id e n ta l; Sten L in d e g re n , S uecia; A lfr e d A lth e r r , S u iz a ; Eric
Lyo ns, In g la te r ra ; Y o ji K a s a jim a , J a p ó n ),
que c o n s titu ía n d ive rsa s e xp re sio n e s de la
típ ic a casa f a m ilia r e q u ip a d a con m u ebles
y e le m e n to s p o sib le s de c o n s e g u ir en el
m e rca d o .
En el m u e lle , e l p r im e r p a b e lló n esta ba
d e d ic a d a a la e le c tric id a d . D ise ñ a d o p o r el
a r q u ite c to en je fe de la e x p o s ic ió n , h a b ía
sido p la n e a d o con u n a e s tru c tu ra de ace ro,
lib re en la p la n ta b a ja p a ra p e r m itir la
c irc u la c ió n del p ú b lic o . Seguía la sección
p a ra n iñ o s, q u e c o n s ta b a de un s iste m a v ia l
en m in ia tu r a cu y o acceso se p e rm itía a los
p e queñ os p a ra e n se ñ a rle s las re g la s del
tr á fic o , un d e p a rta m e n to de ro p a p a ra n i­
ños, o tr o de ú tile s escolares y un m o d e lo
de ja rd ín de in fa n te s .
L u e g o d e l B ar, u n a serie de p a b e llo n e s p e ­
q u eños (co rre o , u n a tie n d a de re g a lo s, v e n ­
ta de h e la dos, te lé fo n o s , e tc .), se h a lla b a n
d isp u e sto s en p e queñ os ja rd in e s . U n te rc e r
e d ific io , se m e ja n te a l d e d ic a d o a la e le c tr i­
c id a d , e s ta b a d e s tin a d o a la n a v e g a c ió n ,
con e x h ib ic ió n de c a b in a s y o tro s e le m e n to s
de u n b a rco .

V ista del m uelle.

U n a sección d e n o m in a d a " C o lo r " e sta b a
d e s tin a d a a la e x p lic a c ió n de la c ie n c ia del
c o lo r, las re g la s ó p tic a s q u e lo g o b ie rn a n ,
la p ro d u c c ió n in d u s tria l de los c o lo ra n te s
y la a p lic a c ió n de l c o lo r a l diseñ o de in te ­
rio re s. F in a lm e n te , después del re s ta u ra n t,
u n g ru p o de e d ific io s se h a lla b a n d e d ica d o s
a l d ise ñ o in d u s tria l y a l a rte s a n a d o de D i­
n a m a rc a , F in la n d ia , N o ru e g a y S uecia.
Los a rq u ite c to s en je fe de la e x p o s ic ió n
fu e ro n C a rl- A x e l A c k in g , B e n g t G ate, T o rb jó rn O lsson, Sven S ilow .

La sección de juego para niños.

Exposición de arquitectura, diseño
industrial, amueblamiento y artesa­
nado. Hálsingborg, 1955.
2 5 años después de la e x p o s ic ió n de Estoc o lm o de 1 9 3 0 , se ha re a liz a d o en H á ls in g b o rg , S uecia, d u ra n te los meses d e ju n io
y a g o s to , o tra m u e s tra in te rn a c io n a l de c a ­
rá c te r re m e m o ra tiv o , a la que c o n c u rrie ­
ro n d is tin to s países de E uropa y el J a p ó n .
P ara la e x h ib ic ió n se u tiliz ó un la rg o d i­
qu e de m e d ia m illa de la rg o , c o n e c ta d o
p o r un p u e n te con tie r r a firm e , en d o nde
se d e s a rro lló la p a rte de la e x p o s ic ió n d e ­
d ic a d a a la a r q u ite c tu ra . El lu g a r, de un
g ra n d e s a rro llo lin e a l, y el e n to rn o lu m i­
noso del m a r — a n im a d o p o r ve le ro s y b a r­
cos qu e c irc u la b a n p o r e l p u e rto — , no p o ­
d ía n ser m ás a d e cu a d o s p a ra la m u e s tra .
En la sección de la e n tra d a se h a lla b a n
u b ic a d o s el a u d ito riu m y un e sc e n a rio a l
a ire lib re . La p a rte p rin c ip a l, c o n s titu id a
p o r la sección de a r q u ite c tu ra y a m u e ­
b la m ie n to , c o m p re n d ía en p rim e r té rm in o
c u a tro b u n g a lo w s suecos, p ro y e c ta d o s de
a c u e rd o a d is tin to s re q u e rim ie n to s o d is ­
tin to s m é to d o s de p re fa b ric a c ió n (p a ra una
fa m ilia m ín im a que tr a b a ja en su h o g a r,

37

�agrupación nueva música

conciertos de música contemporánea

el 1er. jueves de cada mes

anm
instituto de arte moderno
florida 659

bd
buen diseño para la industria

moreno 1140 T

40

p.

t. e. 37-6774

�m u ro

��</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 9 de la revista Nueva Visión, publicados entre 1951 y 1957.</text>
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                <text>Hilto, Alfredo&#13;
Neutra, Richard&#13;
Bense, Max&#13;
o.a.m&#13;
Bonet, Antonio</text>
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                  <elementText elementTextId="1796">
                    <text>buenos aires/argentina

1955

revista de

cultura visual

nueva visión

artes/arquitectura/diseño industrial/tipografía

dirigida por Tomás Maldonado

La Escuela Superior de Diseño de Ulm
M a x Bill
Eugenio G o m rin g e r

s u m a rio

Tomás M a ld o n a d o

Laszlo Moholy Nagy
A le x a n d e r D orner

Camille Graeser
La Propaganda, o la Nueva Retórica
P ablo G o n zá le z C asanova

información:
La Nueva ciudad de Harlow
Casa de departamentos
A rq . J. F e rra ri H a rd o y

Diseño argentino: sillas y sillones
Notas y comentarios
Bibliografía

��en revestimientos

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Bulnes y S a n ta

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R evestim iento to ta l
A rq . H ila r io

L ore n zu ttI

O livetti Lexikon

FULGET
M a rc a

R eg istra d a - In d u s tria A rg e n tin a

C a p ita l m $ n . 1 .0 0 0 .0 0 0 .-

revestimientos
La Lexikon construida por la Olivetti Argentina es la misma m áquina de
escribir que la fábrica italiana de Ivrea ha sabido im poner en el mercado
m u n d h l. Los proyectos y dibujos son idénticos, como asimism o las m aterias
prim as empleadas y el procedim iento de fabricación, revisión, control, etc.
Después de 45 años de evolución técnica nunca interrum pida, la Olivetti ha
creado con la Lexikon una m áquina de escribir de sólida estructura, de pul­
sación elástica y suave que acopla, a la m áxima nitidez de escritura y a la
posibilidad de alcanzar velocidades elevadas, una alineación perfecta y du­
radera de las letras y una linea sumamente elegante.
La Olivetti que ha encontrado en Argentina obreros inteligentes y capacita­
dos, como asimism o un ambiente industrial y com ercial en continuo pro­
greso y desarrollo, se considera muy honrada en poder c on trib uir al abas­
tecim iento del mercado sud-am ericano con un producto que puede definirse
como un resultado de la tradición latina de equilibro entre rig o r cientifico
y arm onía de líneas.

Olivetti Argentina S.A.C. e l. — San Martin 550, t. e. 31 retiro 3061 - Buenos Aires

patentados

N o es F u lg e t si no es d e

F u lg e t A r g e n tin a S.R.L.

F lo rid a 6 3 3 , 3 e r. p is o , Buenos A ire s
T. E. 3 2 - 7 1 9 6 y 3 2 - 9 4 3 8

�América

U n a g a r a n tía
d e fid e lid a d
e n la in te rp re ta c ió n
d e la re c e ta d e
su o c u lis ta

buena
visión
C ris ta le s im p o rta d o s
Precisión té c n ic a
A d a p ta c ió n e s té tic a

V is ite el
D e p a rta m e n to d e O p tic a
en la p la n ta b a ja .

Franco - Inglesa
La mayor Farmacia del mundo
Al servicio del pueblo

Sarmiento y Florida - T. E. 32-2021

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la estrecha colaboración

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imprenta López

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entre el autor,
el editor,
el artista gráfico

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y el impresor
convierten el libro

buenos

aires
en una obra de arte.

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nueva visión
revista de cultura visual. Artes,
arquitectura, diseño industrial,
tipografía.

Aparece cada tres meses
D ire c to r: Tom ás M aldo n a d o
Secretarios de d ire cció n : A rq . H oracio Ba­
bero, A lfre d o H lito , Jorge G risetti
C om ité de redacción: A rq . Francisco Bu11rich , A rq . J. M . B orthagaray, Jorge Goldemberg
Secretario de redacción: Edgard Bailey

Max Bill

A d m in is tra c ió n y redacción: C e rrito 1371,
Buenos A ires, A rg e n tin a . T e lé f.: 4 2 -1 3 4 7
La dirección no se responsabiliza de los
artícu lo s firm a d o s ni devuelve las co la b o ­
raciones espontáneas.

T om ás M a ld o n a d o

La revista " n v " , nueva visión, es p ro p ie ­
dad de la E d ito ria l Nueva V isión S.R.L.,
cap. m fn . 5 0 .0 0 0 .—

La intensa y m ú ltip le a c tivid a d renovadora de M a x B ill en el
cam po de la a rq u ite c tu ra , de la p in tu ra , de la escultura, del dise­
ño in d u s tria l, de la tip o g ra fía y de la enseñanza del a rte , así
como sus muchos tra b a jo s críticos y teóricos, lo colocan en una
situación preem inente den tro del proceso de la cu ltu ra contem po­
ránea. A través de las diversas artes visuales que p ra ctica , Bill
procura co n cre ta r una concepción in te g ra l del espacio, apelando
para ello a los m edios form ales de expresión acordes con las nece­
sidades y valores de nuestro tiem po. "E n cada una de mis obras,
ha dicho B ill, tra to de lle va r a la p rá ctica en una dirección d ife ­
rente un m ismo concepto de arm onía, aunque obedeciendo siem ­
pre a una ley im puesta por el concepto m ism o ".

Sumario:
La Escuela Superior de Diseño de U lm , por
V\ax B ill, Tom ás M aldo n a d o , Eugenio G om rin g e r (p. 5)
Laszlo M o h o ly N agy, por A le x a n d e r Dorner
(p. 11)
C a m ille Graeser (p. 2 0 )
La Propaganda o la Nueva Retórica, por
Pablo G onzález Casanova (p. 2 3 )
In fo rm a c ió n :
La nueva C iudad de H arlow , por Frederick
Gibberd, Francisco
B u llrich , Sir Ernest
Gowers (p. 2 8 )
Casa de departam entos, por A rq . J. Ferrari
H ardoy (p. 3 4 )
Aspectos del diseño a rg e n tin o : silla s y s i­
llones, por A rq . H oracio B aliero (p. 3 8 )
B ib lio g ra fía (p. 41 )

Representantes en el exterior:

C o n te n id o :

Tom ás M aldo n a d o
M a x Bill
M a x B ill
M a x B ill
M a x B ill

" M a x B ill'
" L a concepción m ate m á tica en el a rte de
nuestro tie m p o "
" U n m on u m e n to "
"E l b a rrio como elem ento urbano d ife ­
re n cia d o "
"F o rm a , fu n ció n , b e lle z a "
Edición de lu jo , encuadernada en te la ,
con 148 págs. impresas en papel ilu s­
tra ció n , con 9 0 reproducciones, 1 a c u a ­
tro colores, textos en castellano, inglés
alem án y f r a n c é s ........... m fn . 1 6 5 .—
Ejem plares numerados, conteniendo una
lito g ra fía a dos colores o rig in a l de M a x
B ill, firm a d a por el a u to r m fn . 3 5 0 .— -

Editorial Nueva Visión
C e rrito 1371 / Bs. As. / T . E. 4 2 -1 3 4 7

4

B ra sil: José M arques Godoy, A v. Ip ira n g a
N? 8 7 9 , Sao Paulo
U ru g u a y : Nuevo Diseño, Juan Benito B la n ­
co 1 1 2 2 -2 6 , M on te vid e o

Se desea el canje con las publicaciones
sim ilares: se harán a n álisis y resúmenes de
los libros y revistas enviados a nuestra
redacción.
Exchange w ith sim ila r p u b lic a tio n s ¡s
desired: the books and jo u rn a ls sent to
our E d ito ria l S ta ff w ill be reviewed.
On désire l'échange avec les p u b lic a ­
tio n s congéneres: on fe ra des analyses e t
des résumés des livres et des revues envoyés a notre rédaction.
Si desidera il cam bio colle p u b licazione
congeneri: sarano f a t t i a n a lisi e riassunti
dei lib ri e riviste rimessi a lia nostra reda zio n i.
W ir b itte n um Austausch m it aehnlichen
F ach ze itsch rifte n : w ir b ringen Besprechungen der uns eingesandten Buecher.

�A pesar de ser “nv” una revista de cultura especializada, cuya aparición no
tropezó con otros obstáculos que los inherentes a esta clase de publicaciones,
no ha dejado de padecer y en cierto modo de reflejar, las circunstancias que,
hasta hace poco tiempo, gravitaban de un modo cada vez más asfixiante,
en nuestra vida cultural.
La ensordecedora demagogia que destruyó y desvirtuó todos los conductos
de la expresión, el desprecio auspiciado hacia toda actividad independiente
del espíritu, la exaltación constante de una ciega emotividad en detrimento
de las formas conscientes del comportamiento individual y colectivo, con­
dujeron a un profundo deterioro de las formas de vida y comunicación
en las que se asienta toda actividad de cultura.
Sería un error suponer que estas condiciones afectaron solamente a la cul­
tura en sus aspectos más ostensibles: las universidades, los centros de estudio
e investigación, los órganos de publicidad y la libre concurrencia de ideas.
De haberse prolongado más tiempo, esas condiciones hubieran alcanzado
también al creador aislado que, en el intento de salvar su autenticidad,
perdía uno a uno todos los vínculos, ponderables e imponderables, que jus­
tifican su vocación ante sí mismo y los demás.
De hecho, esta revista señaló, en oposición a los modos mentales de sumi­
sión y de conformismo, los caminos de la libertad del espíritu. Al incitar
al ejercicio y la plasmación de nuevas formas, concebidas en función del
pensamiento y el arte contemporáneos, entendíamos defender, q» medio
de las dificultades opuestas a toda publicación libre, los requisitos básicos
para la subsistencia de la cultura.
La nueva etapa que la libertad inaugura entre nosotros exige superar, ade­
más de los modos exteriores de la dictadura, los resortes íntimos que le
dieron nacimiento y la sostuvieron tanto tiempo, y que subsisten tras la
caída del régimen. No debemos olvidar que el peronismo capitalizó en
su favor la inoperancia y vacuidad de las formas culturales existentes. Por
eso es que las exigencias que, en otros aspectos de la vida pública, le obligaron
a la creación de nuevas formas políticas, en el terreno estrictamente cul­
tural se concretaron solamente en la supresión de sus instituciones repre­
sentativas, sin que hubiera necesidad de oponerles otras nuevas.
No podemos, en consecuencia, contentarnos ahora con la restauración de
las circunstancias imperantes antes de la dictadura ni auspiciar el retorno
de los hombres y organizaciones que las cimentaban. Los doce años trans­
curridos no han permitido la exteriorización pública de nuevas figuras u
organismos culturales que, sin embargo, y a pesar de las trabas impuestas
a la comunicación, han surgido como expresión de las corrientes del pensa­
miento que durante ese período se crearon o desarrollaron. Por eso creemos
que las decisiones deben tomarse hoy en primer término en base a una
justa ponderación de las ideas, y no teniendo en cuenta la presunta repre­

�sentación de quienes sólo existen como expresión de un pasado al que no
queremos ni debemos regresar.
En cuanto al orden político, entendemos que son indispensables en este
momento las máximas garantías para la libre expresión del pensamiento.
Nada podría ser más funesto que el mantenimiento —bajo el pretexto de
una falsa defensa de la democracia— de cualquiera de las organizaciones
y leyes especiales que la dictadura creó o mantuvo. Creemos asimismo
que el juzgar y condenar personas por fuera de los patrones universales de
nuestra constitución, redunda en inventar delitos del pensar, hecho que
repugna nuestra herencia democrática de lucha por la libertad de ideas
que, sabemos desde antiguo, no se eliminan por la violencia.
En el terreno de la enseñanza, libre de presiones políticas o confesionales,
y sin la ingerencia de quienes defienden solamente sus situaciones perso­
nales, deben sentarse las bases para una profunda reforma institucional. En
la Universidad, deberá evitarse cualquier dispersión de esfuerzos que im­
pida el afianzamiento de una Universidad Nacional verdaderamente inte­
grada a la vida social como centro creador y transmisor de una auténtica
cultura.
El diálogo ha de constituir, sin duda, un factor de fundamental influencia
en el desarrollo de la nueva cultura. Su ausencia casi absoluta durante un
largo período de la vida nacional no puede atribuirse únicamente a la dic­
tadura. Su origen hemos de buscarlo más bien en la regimentación de los
intereses de intelectuales y artistas, eventualmente colocados en situación
de rectores del gusto y de la crítica. Dentro de la mecánica del diálogo,
donde no tienen cabida ni el resentimiento ni la complacencia de secta,
podrá forjarse una inteligencia, crítica que permita la afirmación o la nega­
ción de valores en una escala objetiva. Con esta conciencia nos aprestamos
a proseguir, en las nuevas condiciones imperantes en nuestro país, el es­
fuerzo cultural que esta revista testimonia.

�teléfono 42 - 1347
argentina
buenos aires
cerrito 1371

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��La in d u s tria es el m edio con que c u e n ta n uestro tie m p o para la s a tis ­
fa c c ió n de las necesidades de todos los hom bres. Por m edio de la ra c io ­
n a liz a c ió n , de la a m p lia c ió n de sus em presas, del c o n tin u o a c re c e n ta ­
m ie n to de sus p o s ib ilid a d e s p ro d u c tiv a s , la in d u s tria p re ten d e m a n te n e r
su p ro p ia ca p a c id a d de co m p e te n cia . El a u m e n to de esta ca pa cid ad , por
su p a rte , e xige el a u m e n to de las ventas. Es d e cir, las ventas deben ju s ­
t if ic a r la c o m p le jid a d del m eca nism o u tiliz a d o .
Pero ¿adonde conduce esta e xpansión c o n tin u a ? ¿No venim os acaso c o m ­
p ro b a n d o desde hace ya b asta nte tie m p o la v is ib le d e c lin a c ió n de la
ca lid a d ? N o hay duda que el p ro d u c to más e s trid e n te , más b a ra to , f a ­
vorece las ventas. A dem ás, ¿no se vie n e d e n u n cia n d o , ta m b ié n desde
hace ya b asta nte tie m p o , la d ecadencia c u ltu ra l que estos efectos n o ­
civos de la in d u s tria liz a c ió n han provocado?
N osotros volvem os a poner al h om bre en el c e n tro de nuestras p re o c u ­
paciones y de nuestros esfuerzos. Buscam os a rtic u la r una c u ltu ra co h e ­
ren te con la época té c n ic a que vivim o s. In te n ta m o s p re p a ra rla . En nues­
tra escuela, hom bres jóvenes de los más va ria d o s orígenes tra b a ja n ju n ­
tos para lo g ra r la v e rd ad era fo rm a de v id a de nue stro tie m p o .
M a x B ill.

La Escuela Superior de Diseño de Ulm. Primera etapa

(Foto S. v. S.)

4,

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T .I--I K1 - '

'

La educación social del creador en la Escuela Superior de Diseño
T om ás M a ld o n a d o .
En alg un os casos p a rtic u la re s , e n tre c o n tin u a r una tra d ic ió n y su pe ra rla ,
e n tre c o in c id ir con un pasado y volverse c o n tra él, puede no h a b e r una
d ife re n c ia m u y c la ra . La "E scu e la S uperior de D is e ñ o " es, p re c is a m e n ­
te, un buen e je m p lo. En un se n tid o , c o n tin ú a la tra d ic ió n e s p iritu a l
B a u h a u s "; en o tro , la supera. La c o n tin ú a en la m e d id a en que in te n ta
p ro lo n g a r una a c titu d con respecto al tra b a jo c re a d o r que, hace tre in ta
y cin co años, el m a n ifie s to in a u g u ra l del "B a u h a u s " fo rm u ló p o r p r i­
m era vez; la supera en la m ed id a en que esa m ism a a c titu d debe a fro n ta r
a ho ra c irc u n s ta n c ia s ra d ic a lm e n te d ife re n te s a las de entonces.
La a c titu d "B a u h a u s " , en e fe cto , persiste en la "E scue la S uperior de
D is e ñ o ", pero la n a tu ra le z a de los nuevos hechos sobre los cuales tie n e
que ejercerse m o d ific a n b a sta n te su se n tid o o rig in a rio . En o tra s p a la ­
bras, si es ve rd ad que la a c titu d persiste, no lo es m enos que su s ig n i­
fic a d o h is tó ric o no puede ser ya el m ism o.
A dem ás, no todos los pun tos de vista sustentados p o r los pioneros del
a n tig u o " B a u h a u s " siguen siendo ig u a lm e n te valederos para n ue stra g e ­
n eració n. En los días que co rre n , vivim o s pro ble m a s, que ellos, en su épo­
ca, desconocían o apenas in tu ía n . Por o tra p a rte , p ro ble m a s antes ju z ­
gados decisivos, han p e rd id o a c tu a lid a d p ara nosotros.
En los años de la p rim e ra p o stg u e rra , se p ro c la m a b a la necesidad de
una c u ltu ra m oderna "e n g e n e ra l". El p ro g ra m a nos resu lta hoy d e m a ­
siado im p reciso e in s u fic ie n te . N o p odríam os a d m itir lo com o " n u e s tr o "
p ro g ra m a . O, al m enos, no sin las p e rtin e n te s reservas, o bjeciones o
a cla ra c io n e s c o m p le m e n ta ria s .
Es ya d ifíc il re n u n c ia r a una a c titu d c rític a fre n te a cie rto s aspectos,
a ho ra co n ve rtid o s en re a lid a d , de esa c u ltu ra m od erna " e n g e n e ra l".
A lg u n a s de las fo rm a s creadas en su n om bre son para nosotros,
en el presente, ta n despreciables com o para la g e n e ra ció n del a n tig u o
"B a u h a u s " los o bjetos " a r tís tic o s " p re fe rid o s por la clase m edia de p r in ­
cipio s del siglo.
N o es posible desconocer que la a c tu a l p ro life ra c ió n de fo rm a s e x te rio rm ente m odernas, pero e sen cia lm e nte retró grad as, tie n d e a c o n ve rtirse
en una de las más graves a m enazas para el p o rv e n ir c u ltu ra l del hom bre.

E studiantes

tra b a ja n d o en uno
de " P r o d u k tfo r m "

de los ta lle re s
(Foto S. v. S.)

"Escuela S uperior de D iseño" no es, por cie rto ,
una tra d u c c ió n m uy e xa c ta de "H o c h s c h u le fü r
G e s ta ltu n g ". En los países de hab la inglesa se
dispone de la p a la b ra "d e s ig n " para tra d u c ir no
pocas de las acepciones posibles de la a lem ana
" G e s ta ltu n g " : c re ació n , fo rm a c ió n , e s tru c tu ra ­
c ió n , tra z a d o , d e lin e a c ió n , d ib u jo , c o n fig u ra c ió n ,
d esa rro llo , d e s e n vo lvim ien to , re a liz a c ió n , o rg a n i­
z a c ió n , a pro v e c h a m ie n to , co nfección ( " W ó r te r buch der spanischen und deutschen S p rach e ", Rud o lf J. Slaby y R u d o lf G rossm ann).
En español, por desgracia, carecem os de esta
p osib ilid ad . N o obsta nte, a fa lta de o tra m ejor,
la re vista " n v " a d o p ta rá la p a la b ra " d is e ñ o ",
aunque d án d o le un nuevo sentido, precisam ente
el sentido de "G e s ta ltu n g " o " d e s ig n ". Esta so­
lució n es m uy fa c tib le en español, pues en
nuestro id io m a , a d ife re n c ia de lo que o curre en
francés, ita lia n o y portugués, tenem os otras dos
pala b ras — d ib u jo y d e lin e a m ie n to — para re ­
e m p la z a r el se ntid o que ha te n id o hasta ahora
la p a la b ra "d is e ñ o ".

5

�Form as n efa sta s, nos a n im a ría m o s a d ecir. Form as que o b s tru y e n los
posibles ca m ino s h a cia una re la c ió n social a u té n tic a e im p re g n a n la
vida c o tid ia n a de ilusiones h u m illa n te s . El p rim itiv o p ro p ó sito de c re a r
un m u n d o de fo rm a s que fa voreciese el a d v e n im ie n to de un m a y o r b ie n ­
e star y de una m a y o r c o m u n ic a c ió n , ha sido desviado de curso por los
re q u e rim ie n to s de la co m p e te n cia y del fo rm a lis m o m od ernista .
La "E scu e la S u pe rio r de D is e ñ o " que hoy estam os co n stru ye n d o en U lm ,
se propone re d e fin ir los té rm in o s de la nueva c u ltu ra . N o se co n te n ta
— com o M o h o ly -N a g y en C h ica g o — sólo con e d u ca r hom bres capaces
de cre a r, de expresarse a sí m ism os. Esta nueva escuela, sin d ud a, se­
ñala el m e jo r c a m in o para lo g ra r el más a lto n iv e l de fe c u n d id a d c re a ­
dora, pero ta m b ié n , y en ig u a l m ed id a , enseña qué fo rm a s son s o c ia l­
m en te le g ítim a s ; en ú ltim a in s ta n c ia , qué fo rm a s m erecen ser creadas
o no. Es d e cir, el a ce n to no se pone m ás sobre lo m od erno "e n g e n e ra l"
ni sobre la necesidad de la c re a c ió n "e n g e n e ra l"; el a cen to se pone
a h o ra sobre el c o n te n id o m o ra l de la crea ció n .
H a y un e je m p lo que puede a c la ra r la n a tu ra le z a de los fenó m e n os a
que nos estam os re firie n d o . La o p in ió n m ás d ifu n d id a , al m enos en a l­
gunos sectores p a rtic u la rm e n te re c a lc itra n te s , es que el cre a d o r de f o r ­
mas para la in d u s tria , el d ise ñ a d o r o a rtis ta que tra b a ja para la p ro d u c ­
ción en serie, tie n e una sola fu n c ió n que c u m p lir: p re s ta r se rv ic io al
p ro g ra m a de ventas de las g randes em presas, a c tiv a r los m ecanism os de
la co m p e te n cia .
En c o n tra de esta o p in ió n , la "E scue la S uperior de D is e ñ o " hace suya la
tesis de que el a rtis ta , aun tra b a ja n d o para la p ro d u c c ió n en serie, tie n e
que d e fe n d e r siem pre sus deberes para con la sociedad. En n in g u n a c ir ­
c u n sta n c ia sus deberes para con la in d u s tria p o d rá n ser opuestos a sus
deberes p ara con la sociedad.
Es u rg e n te , en e fe c to , p ro p ic ia r un nuevo tip o de a rtis ta que, en las
a ctu a le s co n d icio n e s adversas de la c o m p e te n cia , sepa c re a r, d e fe n d e r

' M a q u s ta y p la n ta

6

�La te rra z a

p rin c ip a .. A l

fo n d o , una

^porc

y Mevar a , é x ito un d e te rm in a d o re p e rto rio de fo rm a s sanos y e fic ie n te s ,
de fo rm a s concebidas al m argen del o p o rtu n is m o o del p ro fe s io n a lis m o .
Estas fo rm a s, en alg un os casos, pod rá n te n e r por fin a lid a d la s a tis fa c ­
ción de e xig en cias concretas de la v id a c o tid ia n a del hom bre, en otros,
pod rá n e star destinadas a e n riq u e c e r su e x p e rie n c ia p u ra m e n te e s p iri­
tu a l. En todos los casos, fo rm a s para el uso o fo rm a s para la percepción
e stética , ellas deberán ser siem pre fo rm a s libres y responsables.
En el fo n d o , y una vez más, de lo que se tra ta es de fa v o re c e r la in v e n ­
ción de fo rm a s que puedan lle g a r a a c tu a r com o a rq u e tip o s , com o s itu a ­
ciones guías, para el progreso social y c u ltu ra l del hom bre.

Proyecto: 1 9 5 0 -5 3 . C om ienzo de la cons­
tru c c ió n : otoño 1953. O cupación p a rc ia l:
otoño 1954.
A rq u ite c to : M a x B ill, Z ü ric h y Ulm .
Colaboradores para los in te rio re s: a rq u ite c ­
tos Hans G ugelot y W a lte r Zeischegg, ju n ­
tam ente con un grupo de estudiantes de la
escuela.
D irección de la construcción: a rq u ite cto
F ritz ’P feil, U lm , y los estudiantes Fred
Hochstrasser, Erm anno Delugan y OI i v i o Fe­
rra ri.
M a x Bill y sus colaboradores en la construcción
(Foto H. C onrad)

La Escuela Superior de Diseño
Eugenio G o m rin g e r
En una c o lin a al sudoeste de la ciu d a d de U lm ( A le m a n ia ) , con vasto
p a n o ra m a sobre el v a lle del D a n u b io , están construyéndose a c tu a lm e n te
los e d ific io s de la “ Escuela S uperior de D is e ñ o ". La c re a c ió n de esta es­
cuela se debe a la in ic ia tiv a de la señora Inge A ic h e r-S c h o ll. Su soste­
n im ie n to , adem ás, depende de los aportes de la “ F undación H erm an os
S c h o ll", e n tid a d p ro p ic ia d a p o r la señora Inge A ic h e r-S c h o ll en m e m o ­
ria de sus herm anos asesinados por los nazis. H a n c o n trib u id o ta m b ié n
a h a ce r posible este p la n — ya e x is te n te desde 195 0 —- la d on ación del
entonces a lto co m is io n a d o n o rte a m e ric a n o M e C loy, así com o o tra s d o ­
naciones del g o b ie rn o y de la in d u s tria de A le m a n ia y del e x tra n je ro .
La "E scue la S u p e rio r de D is e ñ o " es co nside rad a la c o n tin u a c ió n del
"B a u h a u s " (W e im a r-D e s s a u -B e rlín ). Sin e m b argo , a u n qu e se c o n s id e ­
ra d e n tro de esta tra d ic ió n , la escuela to m a en c u e n ta las c irc u n s ta n c ia s
a ctua les, a b a rca n d o su á m b ito de ta re as todos a qu ellos te rre no s del d i­
seño que en g ra n m edida d e te rm in a n la vid a a c tu a l y la fo rm a de vid a
de nue stra era té c n ic a e in d u s tria l.
Desde la d is o lu c ió n del "B a u h a u s " en 1933, se tr a tó rep etid as veces de
fu n d a r in s titu c io n e s sem ejantes. El hecho de que estas te n ta tiv a s no t u ­
vie ra n é x ito se debió a que to m a b a n en c u en ta sólo a lg u n a s p artes de la
idea del "B a u h a u s " que por sí solas no podían lle v a r a una u n id a d de
A rte y V id a . M a x B ill, que en 1951 fu é d esignado re c to r de la escuela,
y que to m ó adem ás a su c a rg o la sección de A rq u ite c tu ra , se re fie re a
la d ife re n c ia e n tre el "B a u h a u s " y la "E scu e la S uperior de D is e ñ o " en
estos té rm in o s : " L a g e n e ra ció n de los m aestros del "B a u h a u s " estaba

7

�aún d iv id id a en a rtis ta s y técnicos. M i g e n e ra ció n p ro d u jo el tip o del
d ise ña do r para el c u a l el a rte es una necesidad v ita l, pero que ve en la
co la b o ra c ió n , d estin ad a a resolver los p ro ble m a s d ia rio s de la sociedad,
p a rte de su ta re a v ita l.
La "E scu e la S u p e rio r de D is e ñ o " está d iv id id a en las secciones: In fo r ­
m ación , D iseño V is u a l ( P r o d u k tfo rm ) , A rq u ite c tu ra y U rb a n ism o . En
estrecha re la c ió n con esta enseñanza, se im p a rte al a lu m n o una c u ltu ra
g en eral sobre S ociología, Econom ía, P o lític a , P sicología, H is to ria G ene­
ral e H is to ria del A rte . De este m odo la in s tru c c ió n p ro fe s io n a l es reía -

V ista del e d ific io

cion ad a con los p ro ble m a s de vid a actuales. La in s tru c c ió n c o m ie n z a con
una enseñanza básica de un año, al cabo del cu al el e s tu d ia n te puede,
según su a p titu d , ser a cep tad o en una de las secciones. El n ú m e ro de
e stu d ia n te s se m a n tie n e b ajo. El o b je to es p ro p o rc io n a r una a m p lia e d u ­
ca ció n m e d ia n te el tra b a jo en grupos y en estrecho c o n ta c to con los
p ro fe sio n a le s ; el e stu d io y la p rá c tic a se c o m p le m e n ta n y son un m odelo
p ara una re fo rm a de la in s tru c c ió n . A poco m enos de un año de la in a u ­
g u ra c ió n , en el ve ra n o de 1953, y to d a v ía en a m b ie n te s pro viso rio s, tra -

8

�b a ja n docentes de siete países y se in s c rib ie ro n e stu d ia n te s p ro ven ien tes
de otros ocho.
En o to ñ o de 1953 se co m e nzó la c o n s tru c c ió n de los e d ific io s en base al
p ro yecto de M a x B ill.
S itu a c ió n : La escuela está ubicad a en la c im a de una c o lin a , al sudoeste
de la c iu d a d de U lm . La co n s tru c c ió n to ta l tie n e el c a rá c te r de una
aldea escolar. T a m b ié n por el e x te rio r se tie n e la im p resión de una c o ­
m u n id a d lib re , de un c o n ju n to de a te lie rs , la b o ra to rio s , ta lle re s y e stu ­
dios que se c o m p le m e n ta n e n tre sí.
O rg a n iz a c ió n de los e d ific io s : Todas las co n struccio ne s se a g ru p a n en
la lad era sudeste de la c o lin a , hasta la cim a . En el te rre n o e xisten á rb o ­
les añosos que fu e ro n inco rp o ra do s a la p la n ific a c ió n . En la co n s tru c c ió n
se tu v o en c u e n ta el m a n te n im ie n to de una o rg a n iz a c ió n adecuada y
la a d a p ta c ió n al te rre n o . En el d im e n s io n a m ie n to de los e d ific io s se t r a ­
tó , p o r lo ta n to , de m a n te n e r la escala del p aisaje . Los e d ific io s pueden
ser d iv id id o s en c in c o g ru po s:
1.
La c o n s tru c c ió n c e n tra l, que se e n c u e n tra d ire c ta m e n te a l f in de la
ru ta de acceso, fo rm a el c e n tro o rg a n iz a d o r de las co nstruccio ne s, el
n úcleo a d m in is tra tiv o y social. Desde la e n tra d a p rin c ip a l, p a rtie n d o h a ­
cia la iz q u ie rd a , se llega a la p la n ta a lta , que c o n tie n e la a d m in is tra c ió n
y la b ib lio te c a ; p o r la derecha, se e n c u e n tra n el a u la y el com edor, que
ju n to con el ja rd ín in te rio r y la te rra z a e x te rio r fo rm a n un c o n ju n to .
A d ju n to a éste se h a lla n la co cin a y el lava d e ro ; en el subsuelo hay un
sótano, las calderas y un local de recepción de m ercaderías.

D etalle de la constru cció n (Foto S. v. S.)

V ista

de las te rra zas

2.
El a la s a lie n te h acia el oeste, con los locales p ara la enseñanza b á ­
sica, la sección de c o n s tru c c ió n y el a u d ito rio . H a cia el este, esta ala
se a la rg a , y fo rm a con la b ib lio te c a la sección In fo rm a c ió n .
3.
El ta lle r, con los estudios a d ju n to s , u b ica d o en la cim a de la c o lin a .
Los estudios de la sección " P r o d u k tfo r m " , con ja rd in e s in te rio re s , son
la c o n tin u a c ió n de un a u la c e n tra l, donde se d e s a rro lla n las secciones:
Yeso, C olor, M a d e ra , Productos S in tético s y M e ta l. Del o tro lado de esta
a u la , ta m b ié n con ja rd in e s in te rio re s , está u b ica d a la sección de D iseño
V is u a l, con la im p re n ta , estudios fo to g rá fic o s y de d ib u jo .
4.
Las tres casas para e stud ian te s, de c in c o pisos cada una, conectadas
con tres a te lie rs para los m ism os e s tu d ia n te s; p o r m ed io de un pasaje
a b ie rto situ a d o en el lado sudeste, se co ne ctan con el e d ific io p rin c ip a l.
5.
Las v ivie n d a s del c u erpo docente, agrup ad as lib re m e n te al sudeste
de las co n struccio ne s escolares.
C o n stru c c ió n y m a te ria le s : Los e d ific io s son de c o n s tru c c ió n sim ple.
La e s tru c tu ra es de h o rm ig ó n , a la v is ta y de te x tu ra lisa. El te cho , de
e lem entos p re fa b ric a d o s de lava v o lc á n ic a , con re lle n o de h o rm ig ó n p o ­
bre y una trip le capa de fie ltro . La c a le fa c c ió n es c e n tra l, p o r m edio de
convectores. En la te rm in a c ió n in te rio r se dejó el h o rm ig ó n m a y o rm e n te
sin tra b a ja r. Las paredes son de yeso con re ve stim ie n to s de m adera. Por
razones de econom ía, todas las p u e rta s y ve n ta n a s se c o n s tru y e ro n de
m adera.
Y a la e s tru c tu ra m ue stra aspectos espaciales m u y interesantes, espe­
c ia lm e n te en lo que se re fie re a la co n d u cció n de la lu z , que luego de la
te rm in a c ió n se podrán a p re c ia r m e jo r to da vía .

9

�Josef Albers (Foto H. C onrad)

Colaboraron en el curso 1 9 5 3 -1 9 5 4 de la
"E scuela Superior de D iseño" los siguientes
profesores: M a x B ill, Josef A lbers, Peterhans, M a x Bense, Sra. H. S c h m id t-N o n n e ,
O tl A ich e r, W a lte r Zeischegg, Hans Gugegelot, Hans C u rje l, B erthold Hackelsberger.

.

Estudiantes en uno de los ta lle re s de "P ro d u k tfo r m " (Foto S. v. S.)

Sra. S ch m id t-N o n n e

Los profesores del curso 1 9 5 4 -1 9 5 5 son los
siguientes: M a x B ill, Friedel Vordem bergeG ildew art, M a x Bense, Sra. H. S chm idtNonne, O tl A ich e r, W a lte r Zeischegg, Hans
G ugelot, Berthold' H ackelsberger, C harles
Eames, Hans C u rje l, H. von B aravalle, K onrad W achsm ann, Tom ás M aldonado.

O tl A ic h e r

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(Foto H. C onrad)

(Foto H. C onrad)

�Laszlo Moholy Nagy
A le x a n d e r D o rne r

Laszlo M o h o ly N agv

A n a liz a r la obra de un a rtis ta desde el p u n to de v is ta p u ra m e n te fo rm a l,
lle v a ría a conclusiones s u p e rfic ia le s y erróneas, pues este p u n to de v is ta
im p lic a c o n s id e ra r esa obra com o re fe rid a a supuestas leyes eternas
del a rte y no com o una respuesta a la lucha en fa v o r del p e rfe c c io n a ­
m ie n to de nue stra v is ió n y de n ue stro m odo de v id a .
U n e n fo q u e s e m e ja n te, a ta l p u n to e s tá tic o y fo rm a lis ta , en n in g ú n caso
resu lta más in a de cua d o y fu e ra de lu g a r que al a p lic a rlo a la obra de
M o h o ly -N a g y y a las in s titu c io n e s con las que éste v iv ió id e n tific a d o : el
B auhaus de W e im a r, el de Dessau y el In s titu to de D iseño de C hicago.
" V is ió n en m o v im ie n to " es el títu lo del ú ltim o lib ro de M o h o ly , y a e llo
te n d ía , p re cisa m e n te , la fu n d a c ió n del Bauhaus. Este tu v o el co n scie n ­
te p ro pó sito de e v ita r la fo rm a c ió n de a rtis ta s com o m eros m oldes, para
e m p e za r así a e d u c a r hom bres y m ujere s que fu e ra n tra n s fo rm a d o re s de
n ue stro m odo de v e r y a c tu a r.
Para co m p re n d e r las d in á m ic a s raíces de las que surgen las obras de M o ­
h oly, debem os co no cer el te rre n o tra d ic io n a l del cu al él se a le jó con toda
energía. ¿Qué tra ta b a de su p e ra r to d o a u té n tic o m o v im ie n to m oderno de
las ú ltim a s décadas? N o era sólo la enseñanza d o g m á tic a de las a c a d e ­
m ias de a rte , sino ta m b ié n el caos re s u lta n te de la re vo lu ció n c o n tra el
a b so lu tis m o a rtís tic o representado p o r ellas. Esta re v o lu c ió n ro m p ió las
rígid as reglas de la p ro d u c c ió n a rtís tic a y p ro d u jo una dispersión e x ­
plo siva que a b rió el c a m in o a dos nuevos modos de p ro d u c c ió n p lá s tic a :
En p rim e r té rm in o , u na ra m a que se separaba p o r sí sola del a rte : el
diseño de u tilid a d m e cá n ica , el cual se desentendía de to da re g la m e n ta ­
ció n e sta b le cid a de las fo rm a s y obedecía a las p re te n d id a s reglas in ­
m u ta b le s de los físico s new tonianos. La fo rm a sigue a la fu n c ió n m a ­
te ria l. En segundo lu g a r, n a ció un nuevo tip o de a rte , que lib e ró al a r ­
tis ta de d a o b e d ie n c ia a regias ó b jé fiv a s de ve rd ad y b e lle za . S u s"se n ti­
m ie n to s personales se c o n v irtie ro n asi én él su prem o poder ge e v a lu a ­
c ió n . El a rtis ta se a rro g ó el ju ic io d e fin itiv o sobré cu ál era la v is ió n de
verdad y b e lle za . Este c a m b io re v o lu c io n a rio en la p osición personal
del a rtis ta im p lic ó ta m b ié n la a d m is ió n de una fu e rz a crea do ra m u ta ­
ble. Se a d m itió así una in fin ita v a rie d a d de b elleza s, va ried a de s s ie m ­
pre nuevas del " e s t ilo " e spe cífico; va le d e c ir que, al sostenerse el d e re ­
cho a u tó n o m o de cada uno de expresa r la p ro p ia v is ió n , se a d m itie ro n las
m óviles e x p e rie n cia s em o cio n ales en su c a rá c te r de fu e rz a s que c a m b ia ­
ban ince san te m e nte de fo rm a . El re su lta d o fu é — y no sólo en a rte —
que la c a ó tic a tira n ía de los in d iv id u a lis m o s a utó no m os ree m p lazó a la

" A lfile re s sobre z in c p e rfo ra d o "

(1 9 3 6 )

11

�m o n o lític a tira n ía de las academ ias. Por novedoso que sea, un " e s tilo "
acaba por a d q u irir la m ism a in v a ria b le d ig n id a d , el m ism o c a rá c te r de
e terna b elleza y verdad que el dogm a de las academ ias.
De ese m odo, la c o n tra d ic c ió n e n tre un diseño de m era u tilid a d m e c á n i­
ca y la c a ó tic a tira n ía de " e s tilo s " in d iv id u a le s , creó un estado de cosas,
que d iv id ió al ser h u m a n o en dos m ita d e s : por un lado, el c u lto r de un
e s p íritu m ecá n ico y m a te ria lis ta , esclavo de una fu e rz a ciega y b ru ta l, y
p o r el o tro , el id e a lista , creye nte en los m ú ltip le s estilos que s im b o liz a ­
ban la fu n d a m e n ta l b e lle za a rm ó n ic a de la u n id a d v iv ie n te . El Bauhaus
y los tra b a jo s de todos los precursores del diseño m oderno, com o M o h o ly ,
n a cie ro n de la inso ste nible te n sió n que a fe c ta b a todos los órdenes de la
v id a . Q uerían su p e ra r la re s u lta n te de ese cism a. Q u ería n fo rm a r un
to d o con la vid a y c o m p re n d ie ro n in s tin tiv a m e n te que esa in te g ra c ió n no
sería posible m ie n tra s se creye ra en la a b so lu ta a u to n o m ía de " e s tilo s "
in d iv id u a le s , y en la ind ep en d en cia del diseño m ecánico. Para e llo t u ­
v ie ro n que e x p lo ra r d e n tro del proceso d in á m ic o c re a tiv o que era o rig e n
de am bos, ta n to de los estilos com o del diseño m ecánico. N a d a podía
ir r ita r más, p o r lo ta n to , al fu n d a d o r del B auhaus, W a lte r G ropius, que
o ir d e c ir que el In s titu to de D iseño tra ta b a de h ace r a d o p ta r el " e s tilo
B a u h a u s ", y nada pod ría m a lo g ra r m ás la esencia de la a rq u ite c tu ra m o ­
d erna que la d e s fo rtu n a d a expresión " e s tilo in te rn a c io n a l".
Es en re la ció n con estos a n te ced e nte s que debe ser c o m p re n d id a la obra
de M o h o ly . En todas sus a c tiv id a d e s se propuso tr a n s m itir un nuevo
m en saje : fo m e n ta r un le n g u a je visu a l que fuese ta n accesible a los p ro c e ­
sos de tra n s fo rm a c ió n com o lo es la vid a m ism a , y en consecuencia, ta n
e x c ita n te y a c tiv o com o no lo h abía sido antes n in g u n o . N o a ju sta rse
n unca en fo rm a d e fin itiv a a n in g ú n p a tró n f ijo vivo. C o n c e b ir el diseño
com o un proceso d in á m ic o que p e n e tra en otros procesos de vida . C a m ­
b ia r para renovarse, y así m a n te n e r en a c tiv id a d el proceso del c re c i­
m ie n to .
El diseño no debe "e m b e lle c e r" o " d e c o r a r " la v id a , sino ser un m edio
y un e stím u lo para tra n s fo rm a r la v id a p rá c tic a d ia ria . El solo m ira r
una p in tu ra a b s tra c ta d ebería ser una p a rtic ip a c ió n en el f lu ir in in te ­
rru m p id o de la p in tu ra : in te rc a m b io de energías. N o debem os nunca
p e tr ific a r una co m p o sició n a b s tra c ta , c o n te m p lá n d o la con ojos tr a d ic io n a lis ta s com o si fu e ra un o rg a n ism o fo rm a l co n c lu id o . La p in tu ra ,
según M o h o ly -N a g y , debería lib e ra rse de la co n siste n cia de la p ig m e n ­
ta c ió n y co n ve rtirse en un jue go de luces. La fo to g ra fía , el c in e m a tó ­
g ra fo , los a ffic h e s , el diseño in d u s tria l, la tip o g ra fía , la e scen og ra fía , la
lite ra tu ra y la e du cación , todos d eberían libe ra rse de las fo rm a s e s tá ti­
cas que se p ra c tic a n según la tra d ic ió n del R e n a cim ie n to . D eberían t r a ­
d u c ir las nuevas e xp e rie n cia s en todos los órdenes de la v id a , a un le n ­
g u a je visu a l (o a u d ib le ) , que a su vez e s tim u la ría la v id a en todas sus
fo rm a s.
M u y pocas personas h an co m p re n d id o que las nuevas variedades del le n ­
g u a je v is u a l, que han su rg id o en la co m p osición , son c la ra m e n te d ife ­
rentes de lo que solíam os lla m a r " a r t e " . Estas nuevas verdades no son
una c o n firm a c ió n de una verdad o b e lle za d e fin itiv a s y ta m p o co e xig en
una c o n te m p la c ió n e stá tica , sino que c o n s titu y e n una in v ita c ió n a p a r­
tic ip a r en la co n sta n te tra n s fo rm a c ió n de la v e rd ad heredada. Esa tra n s ­
fo rm a c ió n es e stim u la d a y sostenida p o r una observación ince san te m e nte
in te n s ific a d a y p e rfe c c io n a d a .

El diseño m oderno y n ue stro p ro b le m a m u n d ia l
Según ya hem os visto , el diseño m oderno ha d e jad o de ser la to rre de
m a r fil del soñador, ú n ico responsable a n te sí m ism o. El diseño se ha
c o n v e rtid o en un a ge nte necesario para la so lu ción del g ra n p ro b le m a
de n ue stra época. C reo que no es d ifíc il ver que la fu e n te p rin c ip a l de
nuestros p ro ble m a s, a un los de orden p o lític o en g e n e ra l, está en nue stra
in h a b ilid a d para q u e b ra r el "s ta tu s q u o " de las fo rm a s y p ara c a m b ia r
en nuestros p rin c ip io s , c u a lq u ie ra sea la e x p e rie n c ia que para e llo se
req uie ra .
Lo que M o h o ly , y con él o tros precursores, nos e n tre g a n , son las e xpe ­
rie n cia s em o cio n ales pro pia s de la v id a " a b ie r ta " .
Para usar las pro pia s p a la b ra s de M o h o ly , " e l diseño es una a c titu d " ,
no una h a b ilid a d té c n ic a o un g e n e ra d o r de b e lle za fo rm a l, sino una
fu e rz a é tica que abre todas las p o sib ilid a d e s v ita le s e in c ita a una m u ­
ta b ilid a d m ás p ro fu n d a y crea do ra . Esta nueva filo s o fía le llevó a p ro ­
fu n d iz a r co n s ta n te m e n te su co nce pto de la edu cación a rtís tic a , e n te n -

12

"C o n s tru c c ió n

IX "

�"F e rro c a rril I

"L á m in a de p lá stico m o n ta d a sobre e s tru ctu ra
b la n c a ". M o d u la d o r espacial de " r h o d o id " .

d ié n d o la com o una in te g ra c ió n de todas las a c tiv id a d e s hum anas. Esto
s ig n ific ó d e s a rro lla r m o v im ie n to s a rtís tic o s en nuevos e in n u m e ra b le s
cam pos de a cción.
Podremos c o m p re n d e r su rasgo más sa lie n te , es d e cir, su in c re íb le ve rsa ­
tilid a d , sólo si entendem os que M o h o ly estaba poseído de la v o lu n ta d de
a y u d a r a su pe ra r la c o n d ic ió n de v id a a c tu a l. O bservam os ese rasgo en
lo que lla m a ría m o s su e volució n, ta n to v e rtic a l com o h o riz o n ta l. T o m e ­
mos sólo un aspecto de esa e v o lu c ió n : la p in tu ra . V e rtic a lm e n te , no se
atascó en n in g ú n e s tilo : a lre d e d o r de 1918 em pezó con re tra to s re p re ­
se n ta tivo s de una m e zcla de estilos e xp re s io n is ta y c u b is ta , re a liz ó des­
pués bosquejos dadaístas e in tro d u jo el fo to g ra m a en 1920. Ese m ism o
año se c o n v irtió en uno de los pioneros del c o n s tru c tiv is m o y, m e d ia n te
la lu z b la n ca y de co lo r, la c in e m a to g ra fía y las m á q u in a s de lu z , se
propuso c re a r espectáculos p ú b lic o s en g randes espacios urbanos.
H o riz o n ta lm e n te , em pezó com o e s c rito r y d ib u ja n te de p elícu la s c in e m a ­
to g rá fic a s a b s tra c ta s y s u rre a lis ta s , se in c lin ó u lte rio rm e n te h a cia el d i­
seño de a ffic h e s y de p ro du cto s in d u s tria le s , y se ocupó de edu cación
a rtís tic a , e je c u tó decoraciones de in te rio re s y escenografías, e fe c tu ó t r a ­
bajos tip o g rá fic o s y a b a rcó hasta la lite ra tu ra , las teorías estéticas y el
co m e rcio e d ito ria l.
El te ó ric o
A l d e s a rro lla r con más a m p litu d su tra b a jo , M o h o ly se v ió fre n te a la
d ific u lta d de lu c h a r c o n tra dos te n d e n cia s c o n tra d ic to ria s de la a c tiv id a d
m e n ta l: una, p ro p ia del a rtis ta , p re con scien te, que obra a travé s de los
se ntid os; o tra , p ro p ia del te ó ric o , co nscien te , que obra a través de la
a c tiv id a d ra c io n a l.
M o h o ly fu é un e s c rito r fe cun do . Desde 1920 e scrib ió num erosos a rtíc u lo s
y c u a tro libros. (1 9 2 6 : "P in tu ra , F o to g ra fía , P e líc u la ", Bauhaus, to m o
n ú m e ro 8 ; 1 9 2 9 : "D e sde la m a te ria a la a rq u ite c tu ra " , B auhaus, to m o

13

�n ú m e ro 14;

1 9 3 8 : " L a N ueva V is ió n " , N o rto n , N. Y .; 1 9 4 7 : "V is ió n
en M o v im ie n to " , T h e o b a ld , C h ic a g o ).
M o h o ly te n ía en co m ú n con m uchos a rtis ta s de p rim e ra línea, sobre
to d o con a q u e llo s de las ú ltim a s décadas, la e x tre m a te nsió n creada
e n tre la a c tiv id a d te ó ric a y la a rtís tic a . C o m p a rtía con ellos el m ism o
d ile m a : e sta r re p a rtid o e n tre dos m edios de c o m u n ic a c ió n que casi se
e xclu ye n e n tre sí. El m ism o M o h o ly p e rc ib ió ese d ile m a cuando d ijo (1 )
que la cre a ció n in tu itiv a del a rtis ta "e s tá in fin ita m e n te m e jo r e xpresa ­
da . . . en su p ro p io tra b a jo que en la expresión v e rb a l". Y s ig u e : "e l
proceso in tu itiv o tie n e una v iv a c id a d y una ce rte z a que lo co nsciente no
puede ig u a la r. Lo co nscien te es, en rig o r de p a la b ra , una e s tru c tu ra de
ra c io c in io t r a d ic io n a l. . . Lo in tu itiv o es el m u n d o flú id o de todos los
sentidos, cuyos m o vim ie n to s o rig in a n p e rm a n e n te m e n te nuevas fo rm a s
y s ig n ific a d o s ". Es d e cir, M o h o ly nos ruega que leamos las e n tre lin e a s
de sus escritos y que no nos aten ga m os a los té rm in o s y sistem as del
ra c io c in io tr a d ic io n a l. . . que él m ism o pueda h a b e r u tiliz a d o , sino — nue-

"D o b le v u e lta '

(1 9 4 6 ). Escultura de " p le x ig la s s "

v a m e n te — que veam os m ás hondo para m ira r, por así d e c irlo , a través
de las fo rm a s heredadas y e stá tica s del p en sa m ie n to y e n tre v e r tra s ellas
el c a m in o h a cia un m odo más d in á m ic o de p e n sa m ie n to y percepción.
M o h o ly p a rte desde el p u n to donde se h abía d e te n id o la tra d ic ió n k a n ­
tia n a y p e s ta lo z z ia n a y, siendo un pensador v is u a l, su ta re a no consiste
en tra n s fo rm a r té rm in o s verbales sino fo rm a s visuales. La te o ría a rtís tic a
de M o h o ly es una g uía p ara un nuevo género de diseño. Este diseño
re su lta fu n c io n a l, pues se in te g ra en la to ta l p e rife ria de las a c tivid a d e s
del h om bre m oderno, d e n tro de un d in á m ic o e in in te rru m p id o proceso
de p la s tic id a d o rg á n ica . La p e rife ria está c o n s titu id a p o r dem andas té c ­
nicas, económ icas y sociales de p ro d u cció n y p o r lo que él d en om ina
las necesidades b io ló g ica s del h o m b re ". Estas necesidades b io ló g ica s
son las e xig e n cia s de nuestros cin c o sentidos, sobre to d o del ta c to y de
la vista . Eso s ig n ific a que debem os a d a p ta r nuestras fa c u lta d e s de v e r
luz, co lo r, vo lu m e n , espacio y m o v im ie n to , a las nuevas e xig en cias de
n u e stra edad té cn ica . Pero en n uestras necesidades b io ló g ica s se in c lu ­
yen ta m b ié n necesidades em ocionales. Ellas ta m b ié n deben ser in te g ra ­
das con las dem ás fu e rza s. A esta in te g ra c ió n , M o h o ly la lla m a " la d e ­
c la ra c ió n de los derechos b io ló g ico s del h o m b re ". De este m odo, re c re a ­
ría sus fa c u lta d e s e m ocionales no d e sa rrollad a s y e lim in a ría lo que lla ­
m a nue stro a n a lfa b e tis m o e m o cio n a l a c tu a l, llevándonos a ser in d iv i­
duos más fe lice s. Pero lo que p o d ría c o n fu n d irs e con una defensa en
fa v o r de la re sta u ra ció n de un ideal a b o rig e n del ser h u m a n o , o con
una e x a lta c ió n de la Edad M e d ia c o n tra el fo rm u lis m o in e rte del R ena­
c im ie n to , es, en rig o r, una tra n s fo rm a c ió n m ás d in á m ic a que c u a lq u ie ra

14

M o d u la d o r lum in oso -e sp acia l

&lt;.v ¡5¡ón en m o v im ie n to

(1 9 2 2 -3 0 )

Pá g . 57

�"C o n stru cc ió n en " p le x ig la s s " sobre pla n o r e fle ­
ja n te " . M o d u la d o r espacial (1 9 4 0 ).

de las e x p e rim e n ta d a s en el pasado. Porque, para M o h o ly , el im p a c to de
tra n s fo rm a c ió n , representado p rin c ip a lm e n te p o r la re vo lu ció n in d u s tria l,
es ta n intenso y nuevo que su resu ltad o es una nueva especie de h om bre
con nuevas necesidades y nuevas a p titu d e s . A esta nueva v is ió n de re a li­
dad, M o h o ly la lla m a "e s p a c io -tie m p o ". Su s ig n ific a d o es, según sus
p alab ras, " n o el m un do c u a trid im e n s io n a l de E instein, ni su m o v im ie n to
en el espacio. Es, más e x a c ta m e n te , n uestra c re c ie n te a d a p ta c ió n a un
m u n d o donde to d o es m o v im ie n to . Este nuestro m undo a c tu a l es in f in i­
ta m e n te más a c tiv o que c u a lq u ie r o tro a n te rio r al nuestro, y exige una
visió n y un diseño más in c ita n te s y m uch o m ás e s tim u la n te s para la
a cció n que c u a lq u ie r v is ió n o diseño a n te rio r" .
C om p re n d e r a M o h o ly , s ig n ific a in tu ir en todas sus a c tiv id a d e s la p ro ­
fu n d a buena v o lu n ta d que lo m ueve a a y u d a r al género h u m a n o en su
progreso. N o le preocupó ja m á s el verse expuesto a la c rític a tr a d ic io ­
nal ista con sus m a n ife s ta c io n e s y sus a c tiv id a d e s . Sólo le interesa ba in ­
c ita r a la g en te, a m p lia r sus m entes, y en especial sus fa c u lta d e s e m o ­
cionales, para c a p ta r las nuevas c irc u n s ta n c ia s de un m u n d o c o m p le ta ­
m en te c a m b ia d o , a fin de que p u d ie ra n así p a rtic ip a r en su o rg a n iz a c ió n
para b e n e fic io de cada in d iv id u o y de la co m u n id a d . En el in in te r r u m ­
pid o em peño de p a rtic ip a r en esa re o rg a n iz a c ió n de n ue stra v id a , M o h o ­
ly se h a lla b a siem pre d ispuesto a nuevas enseñanzas, siem pre deseoso
de a p re n d e r y de enseñar sin reservas. H u b ie ra sido el ú ltim o en a fe ­
rrarse a té rm in o s teóricos. Se m ostra ba siem pre d ú c til y e n tu s ia s ta c u a n ­
do se tra ta b a de m o d ific a r y a m p lia r la fo rm a de su te o ría , com o pude

15

�o b se rva rlo u na y o tra vez d u ra n te los 25 años que d u ró n ue stra a m is ta d
y a un pocas sem anas antes de su m u e rte . T é rm in o s y fo rm u lis m o s te n ía n
poca im p o rta n c ia en su v id a ; sólo im p o rta b a la a cció n co n cre ta . M o h o ly
e ra , en re a lid a d , un p ra g m á tic o , y creo que no fu é el a z a r el que le
h iz o se ntirse com o en su casa d e n tro de una c iu d a d (C h ic a g o ), que es
la m ás p ra g m á tic a del m undo. Esa v o lu n ta d d e sb orda nte que em p le a ba
p ara a c tu a r, tra n s m itir , co o p e ra r y a p re n d e r nuevas y jóvenes p rá c tic a s ,
h ic ie ro n de M o h o ly un e d u ca d o r nato.
El edu cad or
El ve rd a d e ro p ro p ó sito de M o h o ly en c u a n to a e du cad or, era fo m e n ta r
un nuevo tip o de in d iv id u o . Según sus p ro pia s p alab ras, “ n in g u n a e d u ­
c a c ió n puede ser ju s tific a d a com o ta l si es sólo un in s tru m e n to para
c re a r e x p e rto s " ( 2 ) . De a h í, p o r e je m p lo , que el e je rc ic io de una h a b ili­
dad m a n u a l fuese m o tiv o p ara c a m b ia r to da una p e rso n a lid a d . C o n s ti­
tu ía una a u to -lib e ra c ió n , cuyo o b je to era lo g ra r un “ le n g u a je e m o c io ­
n a l" más a p to para s e n tir en fo rm a más intensa y d ire c ta que el que
p e rm ite n ue stra e d u ca ció n ra c io n a l y a b s tra c ta , el im p a c to de las nuevas
fu e rz a s de una sociedad in d u s tria liz a d a . C u a n d o un in d iv id u o " v is u a ­
liz a " la v id a com o en " m o v im ie n to " , se c o n v ie rte " p e r s e " en un nuevo
tip o de ciu d a d a n o , en un a n im a d o r del progreso c o o p e ra tiv is ta . El re ­
s u lta d o sería una sociedad m ás a c tiv a y, p o r lo ta n to , m e jo r in te g ra d a .
De a h í que la in v e n tiv a de M o h o ly no tu v ie ra descanso en el em peño
de to rn a r m ás lib re la v isió n tra d ic io n a l de la re a lid a d , a fin de c o m ­
p e n e tra r al e s tu d ia n te del c o n o c im ie n to de que la m a te ria se ha c o n v e r­
tid o en e nergía y la fo rm a en una g u ía p ara la tra n s fo rm a c ió n . U no de
los ú ltim o s pasos que d ie ra en este se n tid o fu é la sugestión de c re a r
un " I n s titu to de la L uz, C olores y E le c tró n ic a ", donde la im a g in a c ió n
a rtís tic a a b so rb iera la nueva v isió n de las cie n cia s. Y a en W e im a r (de s­
de 1 9 3 2 ), com o base de un curso p re lim in a r, hab ía a p lic a d o las p rá c ­
tic a s de Itte n , con respecto al ta c to , a la escala de las te x tu ra s . La
in te n s ific a c ió n y re la tiv iz a c ió n de las e xp e rie n cia s del ta c to , " o ír con los
d e d o s", im p lic a b a un nuevo y d in á m ic o e n fo q u e que iba más a llá del
fo rm a l. El paso s ig u ie n te fu é lle v a r al e s tu d ia n te a d e s c u b rir energías
desconocidas en m a te ria le s conocidos, com o la m ad e ra , lá m in a s de m e ­
ta l y a un cáscaras de huevo.
A u n q u e a n te el ju ic io s u p e rfic ia l de u na m e n ta lid a d tra d ic io n a lis ta , c ie r ­
tos e xp e rim e n to s p u d ie ro n p a re ce r un ju e g o irre spo nsa ble — com o por
e je m p lo , el de las c u a tro cáscaras de huevo vacías que tie n e n en sí
resiste ncia s u fic ie n te com o para s o p o rta r el peso de un a d u lto o el in ­
v e n to de un co lch ó n de m ue lle s de m a d e ra —-, ellos c o n s titu y e ro n en
re a lid a d m edios e fic ie n te s y sabios para d e s a rro lla r un m e jo r se ntid o
del tra b a jo y fin a lm e n te una sociedad que tra b a je m ejor.
M o h o ly , com o pedagogo del a rte , d esa fió d e lib e ra d a m e n te al p ú b lic o con
asertos co m o : " N o me g usta la p a la b ra b e lle z a , es u na p a la b ra d e p re ­
s iv a " . El té rm in o " b e lle z a " se ha c o n v e rtid o , sin dud a a lg u n a , en el
sím bo lo de una a c tiv id a d pasiva y hasta p e lig ro s a m e n te fo rm a lis ta .
Desde 1937 M o h o ly d e sa rro lló , con un fin p edagógico, la idea de los
c u a tro " m o d u la d o re s " : los m o d ula do re s del espacio, del v o lu m e n p lá s ­
tic o , de la lu z , de la p a la b ra . Q uiso que fu e ra n m edios que u tiliz a ra n
los e stu d ia n te s para e rig ir p o r sí m ism os una re a lid a d de a cció n. Su ú lt i ­
m o paso en este se n tid o fu é su co op eració n en una de las m ás a van zad as
a c tiv id a d e s en psico log ía e x p e rim e n ta l, la de A d e lb e rt A m e s del " I n s t i ­
tu to del O jo " , de D a rm o u th , co op eració n que c o n tin u ó con m uch a in te ­
lig e n c ia el Sucesor de M o h o ly , C h e rm a y e ff, c o n s tru ye n d o las m á q u in a s
de los e xp e rim e n to s de A m es en el In s titu to de C hicago. A q u í el e s tu ­
d ia n te apren de n ue vam en te , de m an era e m o c io n a l y se nso ria l, que " v e r "
no s ig n ific a n un ca im ita r o re c o n s tru ir un m u n d o dado e x te rio r o a p lic a r
eterna s fa c u lta d e s de su m en te, sino que v e r s ig n ific a , en c u a lq u ie r caso
espe cífico, una in te n c io n a l tra n s fo rm a c ió n de una fo rm a de a c tu a r
heredada.
El In s titu to de D iseño d ió a M o h o ly una o p o rtu n id a d ú n ic a de tr a b a ja r
p ara una sociedad m ás fe liz , y por eso creo que no le im p o rtó s a c rific a r
su vid a en aras de ese fin .
El p in to r
Los p rim e ro s d ib u jo s de M o h o ly (1 9 1 7 ) representan una m e zcla de las
te n d e n cia s del " a r t n o u v e a u ", e xp re sio n ism o y cu bism o . Desde 192 0 le
im p re sio n a ro n las ideas del dadaísm o y diseñó cro q u is sem ¡abstractos
d e n tro de esta te n d e n cia . El dadaísm o es cono cid o en g e n e ra l com o la

16

"E s c u ltu ra m ó v il" (1 9 4 3 ). "P le x lg la s s " y barras
de crom o sobre a la m b re de acero

V o lu m e n v ir tu a l de una e scultu ra m ó v il

(2 ) " V is ió n en M o v im ie n to ", pág. 345.

(1 9 4 3 )

�g lo rific a c ió n del absurdo a rtís tic o , sobre to do desde que ha sido c la s i­
fic a d o p o r un b rib ó n tra s n o c h a d o (D a lí) com o “ el derecho in a lie n a b le
del h o m b re a su p ro p ia lo c u ra ". En o p in ió n de los in ic ia d o re s del m o v i­
m ie n to , com o A rp , B all y H ue lsen be ck, ese absu rd o tu v o un hon do s ig ­
n ific a d o , cu yo o rig e n debe buscarse en el to rv o h u m o r de a qu ellos que
re a ccio n ab an de m odo p u ra m e n te e m o tiv o c o n tra la m a ta n z a en masa
de la p rim e ra g u e rra m u n d ia l y c o n tra el im p e ria lis m o y el a b s o lu tism o
id e a lis ta , causantes de esta m a ta n z a . El dadaísm o, al negar las d ic ta d u ­
ras del fo rm u lis m o tra d ic io n a l y a ca d é m ico , luch ó p o s itiv a m e n te p o r las
fu e rz a s e m o tivas de la im a g in a c ió n lib e ra d a y p ara a g ra n d a r el h o r i­
z o n te del h o m b re ; en resum en, p o r su desa rrollo.
M o h o ly estuvo siem pre bie n disp ue sto a n te las a c tiv id a d e s lib e ra d o ra s e
in c ita n te s del dadaísm o y de su p ro lo n g a c ió n , el s u rre a lis m o , pero todas
sus energías fu e ro n d irig id a s h a cia una fo rm a m ás p o s itiv a de c re a r una
v isió n de m a y o r a m p litu d , y de este m odo, un nuevo tip o de in d iv id u o .
Esta fo rm a p o s itiv a fu é el c o n s tru c tiv is m o . S ig uie nd o a T a tlin , G abo y
L is s itz k y , M o h o ly (desde 1 9 2 9 ) se c o n v irtió en un in ic ia d o r y g esto r de
esta ram a de la p in tu ra a b s tra c ta . C om o su n om bre lo in d ic a , el g ra n
m é rito de este m o v im ie n to fu é lib e ra r al c u b ism o de a lg u n a s rém oras
de la p in tu ra tra d ic io n a l, ta le s com o la p ig m e n ta c ió n y la ilu s ió n p ic tó ­
rica . La p in tu ra a sum ió el c a rá c te r de c o n s tru c c ió n a rq u ite c tó n ic a de
planos y cuerpos co m p en etra do s, m e d ia n te te x tu ra s y "c o lla g e s " s ie m ­
pre renovados.
En su a fá n p o r lo g ra r un m odo de v e r más a c tiv o , M o h o ly a firm a b a :
“ esa nueva v is ió n de una re a lid a d es un co n s ta n te proceso de m o v im ie n ­
to d e n tro de sus ele m e n tos y d e n tro de la re la c ió n de dichos e le m e n to s ".
Ese a n h e lo lo in d u jo a vo lca rse cada día más h a cia la a c u a re la , la tra n s ­
p a re n c ia m e d ia , las p in tu ra s de planos m ú ltip le s y tra n s p a re n te s , los
e fectos de luces, los re fle jo s m óviles, y la " p in tu r a de la lu z c in é tic a " .
Su co nce pto de la lu z lo llevó, a lre d e d o r de 1 93 0, al c o lo r tra n s p a re n te ,
que para m a y o r c la rid a d , h abía hasta entonces e x c lu id o de su p in tu ra en
su rep re sen ta ció n del espacio en m o v im ie n to .
El d ise ñ a d o r con la luz
La p in tu ra de M o h o ly estaba p re d e stin a d a a c o n v e rtirs e en un d in á m ic o
ju e g o de e lem entos de luces tra n s p a re n te s : en 1920 h abía in v e n ta d o in ­
d e p e n d ie n te m e n te , aun qu e al m ism o tie m p o que el a m e ric a n o M a n Ray,
el fo to g ra m a . El fo to g ra m a es una fo to g ra fía o b te n id a sin c á m a ra , que
lib e ra n ue stra v is ió n del tra d ic io n a l acceso a travé s del m a rco e s tá tic o
del espacio. Supera la p e rspe ctiva v is u a l y por e llo la tra d ic ió n del Re-

M o d u la d o r espacial a isla d o de "p le x ig la s s ''

17

�n a c im ie n to : in tro d u c e relaciones que c a m b ia n por sí m ism as y p e rm ite
un n ú m e ro ilim ita d o de nuevos m odos de co m p osición , todos los cuales
producen m u ta b ilid a d d e n tro de la in m u ta b le id e n tid a d de n ue stra c o n ­
cepción ra cio n a l del espacio. De a qu í, la v isió n lib e ra d a flu y e h a cia el
m u n d o de los rayos X , de la lu z in fra rro ja , de los telescopios y m ic ro s ­
copios y, ú ltim o en orden pero no en im p o rta n c ia , del c in e m a tó g ra fo .

Secuencia de un film

a b stra cto

El d ise ña do r c in e m a to g rá fic o
M o h o ly confesaba que p a ra él la c in e m a to g ra fía era " e l poder visua l
a c re c e n ta d o ", el nuevo "d iv in o p o d e r", ca pa z de p ro p o rc io n a r una visión
de la re a lid a d com o m o v im ie n to . C on struyó un m ó v il, " L ig h t R e q u is it"
(lu z s o s té n ), un a p a ra to e x p e rim e n ta l p ara p in ta r con luz, con el cual
h iz o dem ostra cio ne s en la expo sició n de la W e rk b u n d en París en 1930.
De a llí fu é tra n s fe rid o a m i m useo en H a n o ve r, donde debía fo rm a r p a r­
te de una sala de "n u e s tra é p o c a " a m p lia n d o así la "s a la a b s tra c ta " de
L is s itz k y (los re a ccio n a rio s, antes del g o b ie rn o de H itle r, no p e rm itie ­
ron que esto fu e ra p o s ib le ).
Después de la o bra de p re cu rso r de E ggeling, M o h o ly fu é uno de los
p rim e ro s (1 9 2 1 ) en tr a b a ja r en la s o lu ció n de los p ro ble m a s del " c in e ­
m a tó g ra fo a b s tra c to ". Es e v id e n te que el c in e m a tó g ra fo debía ser el
ce n tro del d o m in io de un a rte , que a b ría un c a m in o a la nueva visión.
C ua nd o ya no es posible v e r el m un do com o si e stuvie ra e n c e rra d o en
el m arco de una fo rm a del espacio, pues ese m ism o m a rco se m ueve
por sí m ism o, llegam os entonces a la co n clu sió n de que la fo to g ra fía p la ­
na sólo puede ser un in s tru m e n to to rp e y a n tic u a d o . El c in e m a tó g ra fo
d e sa rro lla la a u to -tra n s fo rm a c ió n de c u a lq u ie r " f o r m a " , p e rm ite el p ro ­
ceso de in te rp e n e tra c ió n de las fo rm a s y el tra b a jo sin restriccion es.
M o h o ly sentíase en esto d e n tro de su e le m e n to ; en este cam p o a d q u irió
más c o n o c im ie n to s y v ió m e jo r y con m ás ra p id e z que la m a yo ría de
sus precursores inm e d ia to s. Por e je m p lo , en 1927 s u g irió la proyección
de p e líc u la s c in e m a to g rá fic a s sobre c o rtin a s gaseosas a travé s de las
cuales el p ú b lic o podía pasar, idea que ha sido u tiliz a d a con g ra n é x ito
y puede re v o lu c io n a r nuestros m étodos de e x h ib ic ió n en cie rto s casos,
aun en los museos. En 192 4 e n tre v io ta m b ié n la p o s ib ilid a d de s u pe r­
poner 2 o 3 p elícu la s, una sobre o tra , en una p ro yecció n espacial c u rva ,
crea nd o así asociaciones m ás a m p lia s y de este m odo e x p e rie n cia s más
intensas y activas. En 1 92 2 p u b lic ó en " S t i j l " y " D e r S tu rm " a rtíc u lo s
sobre la p o s ib ilid a d de una p ro d u c c ió n m usical s in té tic a p o r in te rm e d io
de discos y p elículas.
En to da s estas p o sib ilid a d e s de v e r y fo rm a r, M o h o ly ve ta m b ié n , com o
en los casos a n te rio re s , nuevos m edios para lle g a r a un fin . Lo que re a l­
m ente im p o rta es la v id a m ism a. Por e llo consideró la p e líc u la a b s tra c ta
com o un tra b a jo p re p a ra to rio p ara la tra n s fo rm a c ió n de nuestras p e líc u ­
las rea lista s. T ra b a jó ju n to a B lu m y N oe lde en un tip o de f ilm e d u c a ­
cio n a l y d o c u m e n ta l más d in á m ic o , y, en c a rta a b ie rta a la in d u s tria
c in e m a to g rá fic a de 1932, c ritic ó el "e s tú p id o y to rp e a m a te u ris m o " en
que h ab ía caído lo que pudo ser " u n in s tru m e n to m a ra v illo s o ", para
in c re m e n ta r el c o n o c im ie n to y la v isió n de la g ente y para in c ita rn o s a
hacer uso de las nuevas p o sib ilid a d e s de m e jo ra r nue stra fo rm a de vida .
Después de 1924, en que p ro d u jo la p e líc u la s u rre a lis ta " L o que una
vez fu é p o llo , siem pre será p o llo " , v o lv ió h a cia 1 93 0 a re a liz a r p elícu la s
d ocu m e n ta le s en Londres, e n tre ellas " L a vid a de las la n g o s ta s " ( 1 9 3 5 ),
" H . G. W e lls " y " L a fo rm a de las cosas" (1 9 3 6 , re a liz a d a ju n to con
K o r d a ) . T a m b ié n a q u í la nueva v is ió n es sólo el re fle jo de s u p e rfic ie de
la fu e rz a de su "c o n c ie n c ia s o c ia l".
El e scu lto r
La nueva v isió n im p lic a , e n tre o tra s consecuencias, la d e s a p a ric ió n de
la línea d iv is o ria e n tre p in tu ra y e s c u ltu ra . En 1922 M o h o ly p u b lic a en
el " S tu r m " un m a n ifie s to sobre " e l sistem a de fu e rz a s c o n s tru c tiv o -d in á m ic o ", donde queda a c la ra d o que la p in tu ra , en la m ism a m edida que
la e s c u ltu ra , es un e n g ra n a je del espacio. Desde 1920 M o h o ly ha sido
ta n to e s c u lto r com o p in to r. El a n te rio rm e n te c ita d o "M o d u la d o r espa­
c ia l" era un tip o de p in tu ra trid im e n s io n a l que M o h o ly presentó en L o n ­
dres en 1935.
T a m p o co podía q u e d a r la a rq u ite c tu ra a isla d a . C om o lo d em ostró en su
lib ro "D e la m a te ria a la a rq u ite c tu ra " , el m ism o proceso lib e ra d o r y
v iv ific a d o r que se c u m p lía en p in tu ra , e s c u ltu ra y fo to g ra fía se p ro d u ­
cía en el tra b a jo a rq u ite c tó n ic o : a le ja m ie n to de la so lid ez e s tá tic a en
d ire c c ió n h a cia una ené rg ica in te g ra c ió n del m o v im ie n to .

18

�El e scenógrafo
La e scen og ra fía depende e n te ra m e n te de la p in tu ra , e s c u ltu ra y a r q u i­
te c tu ra . N o es de e x tra ñ a r, pues, que M o h o ly ta m b ié n re v o lu c io n a ra
esta ram a del diseño. (Son fam osos sus d ib u jo s p ara la O pera del Estado
y para el te a tro P isca tor de B e rlín ). In tro d u jo el fo to m o n ta je , la luz
co m p e n e tra n te y ta m b ié n todos los m edios flú id o s y e s tim u la n te s a los
que se re fie re en su lib ro "V is ió n en M o v im ie n to " . La " lu z s o s té n ", ya
m e n cio n ad a, fu é o tro de los m edios de e s tím u lo para su p e ra r nuestro
co nce pto re n a c e n tis ta del escenario. M o h o ly , con G ropius, Bayer y Breuer,
fu é uno de los grandes tra n s fo rm a d o re s del diseño de exposiciones.
El tip ó g ra fo
Fué adem ás uno de los precursores de la tip o g ra fía , p o r m ed io de la
cu al lib e ró una nueva fo rm a de c o m u n ic a c ió n de las "n o c io n e s e s té ti­
cas p re c o n c e b id a s ", p ro c u ra n d o que el " te x to y las ilu s tra c io n e s " se u n i­
fic a ra n con
flu id e z fu n c io n a l" . A s í no sólo se h iz o posible una c o m ­
pre nsió n m ás rá p id a por p a rte del le cto r, sino que se logró e s tim u la r,
por ese m edio, su ca p a c id a d para e n te n d e r y pensar los procesos de
tra n s fo rm a c ió n , al m a rg e n de la c o n fu s ió n p ro d u c id a por los hechos in ­
cid e n ta le s. Esta nueva filo s o fía fu é ta m b ié n u tiliz a d a p ara los a ffic h e s .

Depósito para lapiceras P arker

El d ise ñ a d o r in d u s tria l
El diseño in d u s tria l fu é s iem pre el g ra n fa v o rito de M o h o ly ; así lo puso
de m a n ifie s to ta n to en sus com ienzos, desde 1925 a 1928, en que tra n s ­
fo rm ó la h e rre ría de oro y p la ta de la B auhaus en un ta lle r e d u ca cio n a l
donde se tra b a ja b a para la p ro d u c c ió n in d u s tria l en serie, hasta en sus
ú ltim o s tie m p os, en que re a liz ó diseños com o el boceto p ara el coche
de dob le c u b ie rta , para la B. y O. R a ilro a d Co. ( 1 9 4 3 ), y la la p ice ra
fu e n te P a rke r 51 (1 9 4 1 ) p ara P a cka g in g , e tcétera. El diseño in d u s tria l
fu é p ara M o h o ly una m a ra v illo s a o p o rtu n id a d para p on er en p rá c tic a su
ve rd ad ero id e a l: in te g ra r las fu e rz a s co m e rcia le s, b io ló g ica s y e m o c io ­
nales en un o rg a n is m o m a te ria l flu id o , que a c tú e com o una energía
capaz de e n riq u e c e r la v id a .
De n in g ú n m odo he p o d id o a b a rc a r todas las a c tiv id a d e s de este h om bre
e x tra o rd in a rio . N o he p re te n d id o h a ce rlo , pues a u n qu e s ig u ie ra d e s c ri­
b ie nd o o tra s a c tiv id a d e s suyas, d em o stra n d o la casi in c re íb le riq u e z a de
sus esfuerzos de in ic ia d o r, no h u b ie ra re a lm e n te a g o ta d o y d e s c rip to en
re a lid a d la ve rd a d e ra fu e n te de su poder.
El filó s o fo E m anuel K a n t d ijo a lg u n a v e z : " N a d a h ay m ás g ra n d e en
este m un do que la buena v o lu n ta d ". La v e rd ad era fu e n te del poder de
M o h o ly fu é "e s a buena v o lu n ta d " en su m ás p ro fu n d o s ig n ific a d o , esa
in a g o ta b le y n un ca e xh a u sta v o lu n ta d , siem pre dispuesta a a y u d a r a
nue stra to rtu ra d a g e n e ra c ió n , sa cud id a una y o tra vez por g u e rras y
revoluciones, a g o ta d a p o r repetidos ca ta c lis m o s y desesperada por su
p a ra liz a n te fa lta de a s p ira c ió n . Y o , y com o yo m uchos otros, re c o r­
daré a M o h o ly com o el h om bre de generoso c o ra zó n , siem pre lle n o de
e stím u lo , siem pre ingenioso, un h o m b re p o s itiv o y a c tiv o , que n un ca
a ba nd on ó su a m p lia y v a lie n te sonrisa, ni s iq u ie ra cu a n d o el tra b a jo p a ­
recía in ú til y la v id a in so po rtab le. T e n ía el e s p íritu de un lu c h a d o r in n a ­
to, ün se n tid o a n a lític o a gu do , y por sobre todo, esa p e n e tra n te v o lu n ta d
de lle v a r a cabo lo que co nside rab a que era ú til y bueno p ara nuestra
vid a . Esa era la ve rd a d e ra fu e rz a que in fla m a b a su in a g o ta b le im a g i­
n a ció n , que c o m p le ta b a y d irig ía su la b o r de in ic ia d o r y le daba su v e r­
dadero v a lo r. Esa es la clase de e nergía cre a d o ra que se e x tie n d e en
todas las d ireccio ne s, que c o n v ie rte el caos de luchas e n tre fu e rz a s , en
luchas de p ro d u c c ió n , y hace que esta v id a llen a de p ro ble m a s se c o n ­
v ie rta en un o b je to de esperanzas. N o p od ría m os v iv ir sin s e n tir co ns­
cie n te o in co n s c ie n te m e n te la presencia de esas fu e rz a s creadoras, que
nos sostienen en n ue stra búsqueda de un m e jo ra m ie n to de vida .

19

�Camille Graeser

El a rte co ncreto ha pasado ya el período de ensayos que c a ra c te riz a a
to do com ienzo. Se e n c u e n tra a ho ra abocado a la ta re a de c re a r, a p a rtir
de un le n g u a je p lá s tic o d e fin itiv a m e n te inco rp o ra do a n uestra c u ltu ra
visua l.
H a y a rq u ite c to s que hacen del a rte c o n cre to p a rte c o n s tru c tiv a de la
obra, es d ecir, piensan sus elem entos en fu n c ió n de relaciones exactas
de fo rm a , c o lo r y espacio. T enem os escasez de ta le s contem poráneos.
C o lo r es fo rm a y fo rm a es co lo r, pero sabemos que " n o c o lo r" ta m b ié n
es fo rm a . El a rte c o n cre to nos ha hecho sensibles a lo no evidente.
El a rte c o n cre to no deja nada lib ra d o a la c a s u a lid a d creando, con este
fin , una té cn ica básica exacta. Sin em bargo, sus leyes no son fó rm u la s
hechas, pues conducen a un nuevo diseño llen o de e sp íritu .
C. G.

"R a yo s a rm ó n ic o s " (1 9 5 3 )
"E n tre cá lid o y fr í o "

20

�"M ú s ic a te c tó n ic a "

(1 9 5 4 )

Entendem os por “ a rte c o n c re to -c o n s tru c tiv o " la cre a ció n a rtís tic a e m a n ­
cip a d a de la im ita c ió n fig u ra tiv a . La obra "c o n c re to -c o n s tru c tiv a " surge
de un p e n sa m ie n to a b s tra c to , tra n s fo rm a d o m e d ia n te los recursos a r tí s ti­
cos en una re a lid a d p e rc e p tib le . A esta tra n s fo rm a c ió n a rtís tic a de una
idea a b s tra c ta la llam am os "c o n c re c ió n ". O cupan el lu g a r de los a c o s tu m ­
brados o bjetos a m b ie n ta le s los elem entos g e o m e triz a n te s , p re fe rid o s por
el a rtis ta . Estos son los portad o re s de los colores casi siem pre puros del
espectro, cuya re u n ió n p ro cu ra al espectador la v iv e n c ia de la luz. C o n tra p u n tístic o s , espacios en el espacio, creados c o n fo rm e a una rig uro sa ley
p ro p ia , a qu ellos ritm o s y a rm on ía s son obras de un a rte nuevo. C o n s titu y e ,
este " a r te c o n cre to c o n s tru c tiv o ", un fa c to r c u ltu ra l de n uestro siglo
ve in te , im p o sib le de e lu d ir m e n ta lm e n te .
C a m ille Graeser

21

�" A m a rillo en m o v im ie n to "

22

(1 9 5 3 )

C a m ille Graeser n ació en G inebra el 27 de Fe­
brero de 1892. Estudió en las escuelas de a rte ­
sanía de S tu ttg a rt y luego con A d o lf H ólzel.
Fué m iem bro de la sociedad " D e r S tu rm " en
B erlín. En la a c tu a lid a d pertenece al grupo
" A llia n z " y a la "S chw eizerischen W e rk b u n d ".
Expone desde 1919 en S uiza, Ita lia , A le m a n ia ,
Francia y A m é ric a . V iv e en Suiza.

�La Propaganda, o la Nueva Retórica
Pablo G o nzá lez C asanova
En una novela s in g u la r, " H is to ria de la g ra n d e z a y
deca de ncia de César B iro tte a u , co m e rc ia n te p e rfu ­
m is ta " , B a lzac nos h a b la de una tie n d a de novedades
que p o r vez p rim e ra presentó al p ú b lic o de París, to ­
das "esas seducciones c o m e rc ia le s ", todas esas ilu s io ­
nes y e fectos de ó p tic a , que llevados a un g ra d o sum o
de p e rfe cció n , h ic ie ro n de los a paradores "ve rd a d e ro s
poem as m a te ria le s ". A h í m ism o nos h a b la de lo que
él lla m a una "in m e n s a re v o lu c ió n ", un a sa lto de la
o p in ió n p ú b lic a , los a nu ncios pagados en los p e rió ­
dicos, cuyo é x ito fu é desbordante. En ese tie m p o , hace
ya m ás de un siglo , la p u b lic id a d era lla m a d a , q uizás
in ju s ta m e n te , c h a rla ta n is m o . Las cosas han c a m b ia ­
do m ucho. H oy el m u n d o está in u n d a d o de poem as m a ­
te ria le s , los p erió d ico s son en su m ayo ría "e m presa s
co m e rcia le s d estin ad as a h ace r d in e ro p o r la ve n ta de
a n u n c io s " y un p ro fe so r de la U n ive rsid a d de N ueva
Y o rk , George B u tró n H o tch kiss, desde 192 4 escribe que
la p u b lic id a d es un a rte que puede estar a la a ltu ra
de la poesía, de la novela y del d ra m a . A nad ie se le
o c u rriría lla m a r a los p u b lic is ta s ch a rla ta n e s. A n a ­
die se le o c u rriría d e c ir que el c o n d im e n to d ia rio de
la vid a — las v itrin a s , los ca rte lo n e s, los letre ro s lu ­
m inosos, los desplegados, los a nu ncios de rad io , cine
y te le v is ió n — son un a te n ta d o a la o p in ió n p ú b lic a .
Y sin e m b a rg o hoy, con m ás razones que en tie m p os
de B a lzac, se p od ría e star de a cue rd o con él, porque
a más del d e sa rro llo té cn ico , de la p ro d u cció n in c e ­
sante de m á q u in a s y a p a ra to s que entonces no e x is ­
tía n , y de la c a n tid a d cada vez m a yo r de casas de
p u b lic id a d y escuelas de p u b lic is ta s , ha o c u rrid o una
m e ta m o rfo sis fo rm id a b le en este fe n ó m e n o so cia l, m e ­
ta m o rfo s is que p ro b a b le m e n te m ire n con c ie rta iro nía
y con ing en iosa d e sco n fia n z a , pero que es un hecho
más y m ás e vid e n te , c o n fo rm e se le m ira y se le
e studia.
Hace un sig lo el o b je to de la p u b lic id a d co nsistía en
in fo rm a r al c lie n te sobre las v irtu d e s de la m e rc a n ­
cía. La in fo rm a c ió n que se le d ab a, dolosa o de b u e ­
na fe, te n ía com o o b je to p rin c ip a l que el c lie n te es­
co giera la m ercan cía m ás de su gusto, a q u e lla que él
iba a p en sar s a tis fa ría de la m e jo r m an era posible sus
necesidades. H o y la p u b lic id a d tie n e com o o b je to y
m éto do p rim o rd ia l el d e fo rm a r los re fle jo s del c lie n te ,
al c re a r en él, com o d ice el e m in e n te se m á n tic o H a ya ka w a , reacciones a u to m á tic a s : "n a d a sería más
ú til a un p u b lic is ta — a firm a — que o b lig a rn o s a pe­
d ir a u to m á tic a m e n te una Coca C ola cada vez que e n ­
trem os a una fu e n te de sodas, o a p e d ir a u to m á tic a ­
m en te un A lk a -S e ltz e r, cada vez que nos sintam os
m a l. . . " Y esto, ¿qué q u ie re d e cir, si no que m ie n ­
tra s hace un siglo el c lie n te escogía las m ercancías,
hoy las m ercan cía s in te n ta n y hasta lo g ra n escoger al
clie n te ? Sí, h oy las m ercan cía s se nos a n u n c ia n y se
nos o fre ce n por m edio de la p u b lic id a d , y d ob legan
n ue stro subco nscien te cu a n d o m enos lo esperam os:
al detenernos el a g e n te de trá n s ito , al d escu id ar a la
n ovia en el cine , al escuchar la ra d io m ie n tra s ju e ­
gan los niños. Nos h usm ean, nos acechan, nos s i­
guen, nos m u e stra n sus venales p re fe re n cia s, nos es­
cogen sin m ás reparo que nue stro d in ero . T od o un
a rte que ha u tiliz a d o los a d e la n to s de la psicología
so cia l, que p re co n iza un e stilo conciso, v iv id o , lla m a ­
tiv o y el e m pleo co n sta n te de frases y fig u ra s e m o c io ­
nales, se ha c o n s titu id o en una ve rd ad era re tó ric a , en
la re tó ric a de los "m e rc a d e re s que pueden e s c rib ir",

de los "S ale sm e n w ho can w r ite " , com o se les ha lla m a ­
do en N o rte a m é ric a a los p u b lic is ta s .
Y este hecho de la m a y o r im p o rta n c ia nos o cup aría
la noche e n te ra , com o uno de los grandes proble m a s
de n ue stro tie m p o , si la tra g e d ia in te rn a c io n a l y n a ­
c io n a l en que se h a lla n las m ercan cía s desde hace ya
va rios lustros, no h u b ie ra d e riv a d o en o tro fe n ó m e n o
que a fe c ta to da vía m ás la co n c ie n c ia e n te ra del h o m ­
bre co nte m p o rá ne o. Es un lu g a r co m ú n e n tre los es­
tudiosos del c ic lo económ ico, que al fin a liz a r la fase
del auge se in ic ia n las g u e rras e n tre los grandes
países p ro du cto re s, con el o b je to de e x te n d e r los n e ­
cesarios m ercados y que con el auge y la depresión,
c o in c id e n la m a yo r in te rv e n c ió n del Estado, el des­
c o n te n to o inclu so las revoluciones. K eynesianos y
m a rx is ta s reconocen estos hechos después de h ab er
re a liz a d o p ro lijo s y cuidadosos estudios. C ua nd o la
dem anda de m ercancías d is m in u y e , la p u b lic id a d a u ­
m en ta en in te n s id a d e im p o rta n c ia , y cu a n d o la p u ­
b lic id a d no basta para que las m ercancías e n cu e n tre n
a sus c lie n te s , a q u é lla s se vu e lve n cada vez más a g re ­
sivas, m ás e xig en te s, v e rd a d e ra m e n te tirá n ic a s . Se
in te g ra n d e c id id a m e n te a la v id a p o lític a de las n a ­
ciones, a sus discusiones p a rla m e n ta ria s , a sus planes
y proyectos de in te rv e n c ió n e s ta ta l. La p u b lic id a d p a ­
sa de su edad de oro, de su estado de n a tu ra le z a ,
a una edad en que fo rm a p a rte de to da una "w e lta n s h a u n g " de p u b lic is ta s , de to d a una p u b lic id a d de
ideas p o lític a s , m orales, religio sas y filo s ó fic a s . Esta
p u b lic id a d in te g ra l es c o m ú n m e n te lla m a d a p ro p a g a n ­
da. K y m b a ll Y o u n g la d e fin e com o " e l uso más o m e ­
nos p la n e a d o y s is te m á tic o de sím bolos, a través de
la sugestión y de las té cnica s psico lóg ica s, con m ira s
d a lte ra r y c o n tro la r las o p in io n e s, ideas y valores, y
en ú ltim a in s ta n c ia a c a m b ia r las acciones, de a c u e r­
do con lin e a m ie n to s p re d e te rm in a d o s ". En la p ro p a ­
ganda no sólo se in te n ta c re a r re fle jo s y reacciones
a u to m á tic a s fre n te a las m ercancías, sino c re a r re ­
fle jo s y reacciones a u to m á tic a s fre n te a las o p in io ­
nes, va lo re s e ideas que desea el p ro p a g a n d is ta . Por
eso este fe n ó m e n o en que vive el h om bre c o n te m p o ­
ráneo escapa a los lím ite s de la p u b lic id a d y de las
m ercancías, a u n qu e de ella s haya to m a d o buena p a r­
te de sus té cnica s y de sus d e scu b rim ie n to s, y re co ­
noce lím ite s más vastos y orígenes m ás leja no s: es la
nueva re tó ric a , en el se ntid o que le daba A ris tó te le s ,
com o " a r te de obse rva r en un caso d e te rm in a d o , los
m edios necesarios de p e rs u a s ió n ". Y es, com o nueva
re tó ric a , com o la re tó ric a de nue stro tie m p o , com o v a ­
mos a in te n ta r su a n á lisis.
" A q u e l a rte de la prosa d iscu rsiva , lite ra ria en la f o r ­
ma y con un d e stin o ú til y sobre to d o p o lític o , in te r ­
m edia e n tre el sabio y el p u e b lo y por eso m ism o
o ra to ria o tr ib u n ic ia , in te rm e d ia ta m b ié n e n tre la te o ­
ría — de q u ie n to m a el ser p re c e p tu a d a — y la p rá c ­
tic a — de q u ie n to m a el ser in m e d ia ta m e n te d e riv a ­
da a la acción y a un ser p o r e lla s o lic ita d a — esto es
la r e tó ric a ", según e x p lic ó a n a lític a m e n te A lfo n s o
Reyes. Su d e fin ic ió n del e je rc ic io clásico e n c ie rra v a ­
rios ele m e n tos co nsid e ra b le s: l 9— La re tó ric a es un
a rte , es d e cir, tie n e aspecto e s té tic o y fo rm a l; 2 9— La
re tó ric a tie n e un fin p o lític o , q u ie re d ecir, en té r m i­
nos generales, que es a rte suasoria, que se propone
co nve nce r con el e m pleo de una té c n ic a lóg ica y p s i­
c o ló g ica " a d h o c "; 39— U tiliz a n la re tó ric a los sa­
bios m etid os a p o lític o s , o los p o lític o s m etidos a sa­
bios, o los religiosos a pre dica do re s, lo que en sum a
e q u iv a le a que la u tiliz a n los d irig e n te s p ara d ir ig ir
a la grey, a los ciud a d a n o s o al pueblo. 4 9— El te rre n o
p ro p io de la re tó ric a es aqu el en que a y u n ta n a la

23

�vez la te o ría y la p rá c tic a , es d e cir, un sistem a r e li­
gioso, filo s ó fic o , p o lític o , ju ríd ic o , y de o tra p a rte ,
una s itu a c ió n que supone la e xis te n c ia de un e n e m i­
go (en ga ña do o e n g a ñ o s o ), de un a lia d o p o te n c ia l,
p ú b lic o o ju e z (en g a ñ a d o o in d ife re n te , pero capaz
de ser co n ve n cid o ) y de un m e d io de c o m u n ic a c ió n :
el ágo ra , la trib u n a , el p u lp ito . 59— Todos estos e le ­
m entos se co m b in a n en to rn o a un p ro b le m a que es
el n ú cle o del discurso y en re a lid a d el m o tiv o de la
d isp u ta .
Por lo a n te rio r se co m p re nd e que la re tó ric a no ha d e ­
ja d o de e x is tir desde que cesó el estado de n a tu ra le ­
za, o b ie n, desde que fu e ro n su b s titu id o s m edios más
d irectos de luch a (com o la la n z a , el a rp ón o la c a ­
c h ip o rra ) que co nd ucía n al asesinato, por o tro s más
in te le c tu a le s (com o la a lu sió n , el a po teg m a o la p a ­
rá b o la ) que en la c iv iliz a c ió n dan un g iro ide oló gico
a los p le ito s, a las co n q u ista s y a las revo lu cion es re ­
tra s a n d o en alg un os casos el asesinato, y en o tros
hasta lo g ra n d o s u b titu irlo , com o en los ju ríd ic o s y a d ­
m in is tra tiv o s , en que to d o se resuelve p o r se n te n cia o
d ic ta m e n . Pero a pesar de esta o m n ip re se n c ia en la
v id a so cia l, la re tó ric a tie n e cie rto s lím ite s y presenta
inm ensas va ria n te s .
Los lím ite s de la re tó ric a dependen de sus dos fu n c io ­
nes p rim o rd ia le s , la lite r a r ia o e sté tica y la m e tó d ica
o de persuasión. Si bie n la re tó ric a es a rte de la p ro ­
sa d iscu rsiva y por a llí ya no puede ser re tó ric a la
poesía, se d ice por e xte n sió n que una poesía es re tó ­
rica cu an do tr a ta de co nve nce r y p e rs u a d ir y cuando
las fo rm a s que e m p le a no h a lla n co rresp on de n cia con
los s e n tim ie n to s que expresa, y no son p ro d u c to de la
c re a ció n sino de la p re ce p tiva . (En iguales c o n d ic io ­
nes se puede ta c h a r a c u a lq u ie r a rte de r e tó r ic a ) .
Desde el p u n to de v is ta del m éto do persuasivo la re­
tó ric a tie n e un lím ite esencial que desde A ris tó te le s
es el s e n tim ie n to . La p ersuasión p ro p ia de la re tó ric a
ha sido y sigue siendo una persuasión s e n tim e n ta l, en
que la ló g ica y la c ie n c ia , cu an do son usadas, quedan
al se rvicio de los se n tim ie n to s. La filo s o fía y la c ie n ­
cia sólo son re tó rica s cu a n d o re cu rre n a una té cn ica
de co n v ic c ió n s e n tim e n ta l, es d e cir, cu a n d o d e ja n de
s e rv ir a sus p ro pia s fin a lid a d e s y m étodos, cu a n d o de­
ja n de ser cie n cia y filo s o fía .
Por o tra p a rte la re tó ric a presenta v a ria n te s ra d ic a ­
les en el curso de la h is to ria . Estas v a ria n te s dep en ­
den del a d e la n to de los m edios de c o m u n ic a c ió n , del
c o n o c im ie n to p sico ló g ico , de la té c n ic a suasoria del
Estado, del ene m ig o y del m o tiv o de la luch a. La s i­
tu a c ió n de estos fa c to re s hace que la p ro p a g a n d a
se e n cu e n tre en las a n típ o d a s de la re tó ric a a n tig u a ,
y que com o ú n ico rasgo co m ú n conserve su c o n d ic ió n
de ser una té c n ic a suasoria, sugestiva, e m o cio n a l,
s e n tim e n ta l, con m ira s a la a cció n p o lític a . De esta
enorm e d ife re n c ia depende q u izá s el que no se haya
pensado que la p ro p a g a n d a es la nueva re tó ric a , la re ­
tó ric a de n u e stro tie m p o , e se n cia lm e n te la m ism a ;
pero h is tó ric a m e n te m uch o m ás va sta , más c o m p le ja ,
más re fin a d a y conocedora, com o vam os a v e r en este
in te n to de d e s c rib ir b re ve m e n te sus p o sib ilid a d e s y
sus co nd icio ne s a ctu a le s, así com o el s ig n ific a d o que
tie n e p ara el h o m b re co n te m p o rá ne o.
De acue rd o con el ú ltim o censo de las N acio ne s U n i­
das en 1 9 5 2 se p u b lic a b a n en los Estados U nidos
5 5 .3 7 0 .0 0 0 e je m p la re s de perió d ico s d ia rio s , en M é x i­
co, 1 .3 0 0 .0 0 0 . en Japón 3 0 .2 1 8 .0 0 0 en B é l g i c a
3 .3 4 3 .0 0 0 , en Suecia 3 .4 9 0 .0 0 0 , en F ra n cia 10 m illo ­
nes 1 9 3 .0 0 0 , en A le m a n ia 1 2 .7 3 2 .0 0 0 , en In g la te ­
rra 3 1 .0 0 0 .0 0 0 en A fg a n is tá n 1 5 3 .0 0 0 e tcé te ra . Es
d e cir, que h ab ía países com o In g la te rra que p u b li­

24

can 6 1 5 e je m p la re s de perió d ico s d ia rio s por cada
1 .00 0 h a b ita n te s . Suecia 4 9 0 p o r cada 1 .0 0 0 h a b i­
ta n te s, B é lgica 3 83, los Estados U nidos y Japón 353
y países m enos d esa rrollad o s com o M é x ic o 4 8 , y c o ­
m o A fg a n is tá n , Laos y L ib e ria 1. De a cue rd o con
el m ism o censo h abía en los Estados U nid os 3.761
ra d io d ifu s o ra s , en M é x ic o 2 1 2 , en Japón 8 9, en Sue­
cia 33, en F ra n cia 7 4 , en A le m a n ia 120, en In g la te ­
rra 42. En A fr ic a E c u a to ria l, en las Baham as, en la
Costa de O ro y en m uchas o tra s regiones h ab ía sólo
una ra d io d ifu s o ra . Las c ifra s de los a p a ra to s de r a ­
d io son q u iz á más elocuentes. En 195 2 h ab ía en los
Estados U nidos 1 1 0 .0 0 0 .0 0 0 de a p a ra to s de rad io , en
1951 h ab ía en M é x ic o 1 .2 2 0 .0 0 0 a p a ra to s de rad io ,
en 1953 hab ía en Japón 1 0 .3 6 4 .0 0 0 ; en 1 9 5 2 había
en F ra n cia 7 .9 2 6 .0 0 0 , en A le m a n ia 1 0 .5 0 7 .0 0 0 ; en
1953 hab ía en In g la te rra 1 2 .9 4 6 .0 0 0 . Esto q uiere d e ­
c ir que en países com o los Estados U nidos h ab ía hace
dos años, 7 0 5 a p a ra to s de ra d io por cada 1 .00 0 h a ­
b ita n te s . El año pasado h ab ía en las d is tin ta s re g io ­
nes del m un do , 10 a p a ra to s p o r cada 1 .0 0 0 h a b ita n ­
tes, en A f r ic á ; en A m é ric a del N o rte 5 2 0 , en A m é r i­
ca del Sur 4 0 ; en A s ia sin la URSS 12, en Europa sin
la URSS 175, en O ceanía 2 2 0 , en la URSS 7 5 , y en
fin , en el m u n d o e n te ro h abía una m ed ia de 9 5 a p a ra ­
tos de ra d io p o r cada 1 .0 0 0 h a b ita n te s . En 1 9 5 0 los Es­
tados U nidos p ro d u je ro n 3 9 5 p e líc u la s de la rg o m e tra ­
je, M é x ic o 125, Japón 2 1 5 , F ra n c ia 1 08 , A le m a n ia
7 8 , In g la te rra 125. El censo no in d ic a un d a to que
sería to d a v ía m ás im p re s io n a n te , el n ú m e ro de s a lo ­
nes de cin e y de boletos vendidos en las ta q u illa s ; p e ­
ro sabem os que ya en 1940 h abía 7 0 .0 0 0 salones de
c in e en el m undo, 2 9 p o r c ie n to de los cuales co rres­
p on día n a los Estados U nidos. En este país se v e n ­
d ían de 6 0 a 8 0 .0 0 0 .0 0 0 de b oletos p o r sem ana. A
las c ifra s a n te rio re s h a b ría que a g re g a r las c o rre s p o n ­
d ientes a la te le v is ió n , que es un cine de todos los
días, un cine de la casa, cuyo é x ito es a p a re n te y a rro ­
lla d o r, h a b ría que a ñ a d ir el n ú m e ro de gentes que se
p re stan los p eriódicos e n tre sí, y el de los p eriódicos
y las radios que sirve n a to d a una fa m ilia , el n ú m e ­
ro de gentes que oyen to d a la m a ñ a n a o to d o el día
la rad io , o de los asiduos del cin e que va n dos o tres
veces p o r sem ana, y el de los asiduos a la te le v is ió n
que a tie n d e n los p ro g ra m a s d u ra n te horas y horas.
Con los datos a n te rio re s tenem os una ¡dea de lo que
es el á go ra de n ue stro tie m p o , un á go ra te rrá q u e a
que a b a rca todas las regiones del m un do , y en la que
c u a n tita tiv a m e n te tie n e n el m a y o r n ú m e ro de m edios
de c o m u n ic a c ió n y de receptores los países más des­
a rro lla d o s , y c u a lita tiv a m e n te estos países e je rce n so­
bre los dem ás un c o n tro l y una in flu e n c ia evidentes, al
travé s de las asociaciones y grandes consorcios de in ­
fo rm a c ió n p ara la prensa, al tra vé s de los discos, de
las p elícu la s, de las m ás pote ntes estaciones de ra ­
d io y de otros m edios in d ire c to s p o r los cuales e x tie n ­
den su zona de in flu e n c ia al in te rio r m ism o de los
países subd esa rrolla do s. Estos m edios de c o m u n ic a ­
c ió n son e xcelentes p ara tr a n s m itir la c u ltu ra , la p u ­
b lic id a d y la p ro pa ga nd a . La p ro p o rc ió n que ocupan
las tres a c tiv id a d e s v a ría n en los d is tin to s países y en
los d is tin to s órganos de un país; pero podem os a segu­
ra r que la p ro p a g a n d a no deja sin in f lu ir un solo país
y un solo m ed io de c o m u n ic a c ió n . Es o m n ip rese nte ,
y la re tó ric a ya no sólo es a rte de la prosa discu rsiva ,
sino a rte de las representaciones v io le n ta s , a rte de
c o n d im e n ta r y la n z a r lo que el fa m o so p e rio d is ta
George C reel lla m ó desde la p rim e ra g u e rra m u n d ia l
"b a la s de p a p e l", a las que se h an ve n id o sum ando
las "b a la s de s o n id o s " y las "b a la s de im á g e n e s ".

�La p sico log ía, que en tie m p o s de A ris tó te le s era la
c ie n c ia del a lm a , en nue stro tie m p o ha pasado por
grandes crisis, pero ha hecho ta m b ié n n ota ble s descu­
b rim ie n to s : el c o n o c im ie n to del su bconsciente al t r a ­
vés del p sico a n á lisis, y la p sicología social quedan c o ­
m o un saldo m uy fa v o ra b le que se ha pro ba do com o
e tic c z y ve rd a d e ro en la e x p e rim e n ta c ió n y en la
p rá c tic a . Desde el p u n to de vis ta de la p ro pa ga nd a
son de in a p re c ia b le u tilid a d los estudios sobre la d i­
n á m ic a del c o m p o rta m ie n to , la percepción del m undo
y la re o rg a n iz a c ió n de las percepciones, los estudios
sobre las creencias y las a c titu d e s de los hom bres, el
m odo de m e d irla s y c a m b ia rla s , y en fin las in v e s ti­
gaciones sobre la o p in ió n p ú b lic a , los g rupos, los lí ­
deres y su fu n c ió n psicosocial. En los Estados U nidos,
en In g la te rra y A le m a n ia , las u niversida de s, los p a r­
tic u la re s y el g o b ie rn o han g astado sum as c u a n tio ­
sas para el c o n o c im ie n to de la p sicología social. A p a r ­
te de las inve stiga cion es de la b o ra to rio y g a b in e te ,
e x p e rim e n ta le s y te ó rica s, se han lleva do a cabo
grandes inve stiga cion es. Desde la década del 30 son
fam osos los sondeos de la o p in ió n p ú b lic a re a liz a d a
p o r George G a llu p , p o r el " L ite r a r y D ig e s t", p o r "T h e
N a tio n " , por el " A m e ric a n In s titu te o f P u blic O p in ió n ",
por el "S o c ia l Science Research C o u n c il", y o tra s in s­
titu c io n e s m ás o m enos c ie n tífic a s . Son im p re s io n a n ­
tes las "in v e s tig a c io n e s g ig a n te s " sobre " U n D ile m a
A m e ric a n o y el Soldado A m e ric a n o ", "Y a n q u i C ity y
M id d le to w n ", en que se ha lo g ra d o e s tu d ia r grandes
co ng lo m erad os de seres h um an os hasta en sus más
m ín im o s d e ta lle s y reacciones, esperanzas, tem ores,
a c titu d e s y te nd en cias. Con razón a lg u ie n ha d icho
que la in v e s tig a c ió n p sico -so cial a lc a n z a en los Esta­
dos U nidos el c a rá c te r de una in d u s tria n a c io n a l. Los
resultados son fo rm id a b le s : los m étodos cada vez se
p e rfe c c io n a n m ás y se ha lleg ad o a m e d ir, a c u a n tific a r la in te n sid a d y la im p o rta n c ia de las a c titu d e s
y creencias de los g rupos hum anos. El m arge n de e rro r
se ha re d u cid o n o ta b le m e n te en las grandes encues­
tas y puede ser p re visto m a te m á tic a m e n te e n tre un 3
y un 10 p o r cie n to . Por o tra p a rte , la c ie n c ia ha lle ­
gado a conclusio ne s de una im p o rta n c ia fu n d a m e n ta l
p ara la e du cación y la p ro p a g a n d a y se ha d escu bierto
que las e s tru ctu ra s sim p les y aisla da s de c o n o c im ie n ­
to son m ás sensibles a la re o rg a n iz a c ió n por un a ta ­
que d ire c to , m ie n tra s las e s tru ctu ra s d ife re n c ia d a s e
in te rd e p e n d ie n te s sólo pueden ser a taca da s in d ire c ta ­
m ente, y p re sen ta n m ayores resistencias. Se ha des­
c u b ie rto que las a c titu d e s aisla da s y rígid as im p id e n
c a m b ia r las accio ne s: así, d icen K rech y K ru tc h fie ld :
" U n h om bre puede se g u ir buscando se gu rid ad y ju s ­
tic ia en los co n fin e s de un sistem a económ ico y p o lí­
tic o que p e rm a n e n te m e n te fru s tra sus te n ta tiv a s . . .
porque sus re fle x io n e s sobre cada aspecto de ese sis­
te m a se h a lla n a isladas e n tre sí y no puede v e r las in ­
te rre la c io n e s e xiste n te s y los ca m b io s g lo ba les que d e ­
be a c o m e te r". Por o tra p a rte , se ha d e scu b ie rto que
cu an do se desea c a m b ia r las cree ncia s y a c titu d e s en
un se n tid o d e te rm in a d o debe procederse en fo rm a in ­
te g ra l y no p a rte p o r p a rte , fo m e n ta r cie rta s necesi­
dades y d e p rim ir o tra s, fo m e n ta r cie rta s co ncien cias
de g ru p o y s u p rim ir otra s, m a n te n e r o p ro p o n e r c ie r­
tos líderes y d e s tru ir otros. Estos supuestos c ie n tíf i­
cos que ha a lca n z a d o la psico log ía social, y de cuyo
rig o r n ad ie duda, son la base fu n d a m e n ta l del des­
a rro llo c ie n tífic o de la e d u ca ció n ; pero ta m b ié n , la
base de una e d u ca ció n p ara la p ro p a g a n d a , que tie n ­
da a fo m e n ta r en una fo rm a in te g ra l las e stru c tu ra s
sim ples y aisladas, que tie n d a a e d u ca r a los hom bres
para ser niños, solos, créd ulo s, d ep en die nte s de la

o p in ió n " s ta n d a r d " e m itid a por la rad io , la prensa, la
te le v is ió n , el cine. Esta m eta de la e du cación es un
hecho co nscien te o su bsconciente en todos los países
donde no se enseñan las grandes e s tru c tu ra s del p e n ­
s a m ie n to filo s ó fic o , c ie n tífic o , a rtís tic o , las c a te g o ­
rías y los hechos a la vez, donde sólo se enseñan y
se p re g u n ta n datos aislados, fechas, núm eros a is la ­
dos y a la d iv is ió n n a tu ra l del tra b a jo se sum a una d i­
v isió n to ta l, in te g ra l, que a is la y deja solos a los h o m ­
bre s-n iño s, expuestos, com o no lo e stuvie ro n nunca
los ciud ad an o s griegos, listos para cre e r y que re r, lo
que la nueva re tó ric a re p ite a todas horas del día
y de la noche, p o r todos los m edios, a p a ra to s y m á ­
quinas.
Si Dem óstenes h u b ie ra p re p a ra d o así a sus c iu d a d a ­
nos griegos antes de lleva rlo s al ágo ra , no h a b ría n e ­
ce sitado n in g u n a de sus dotes o ra to ria s , para co n v e n ­
cerlos de lo que se le v in ie ra en gana.
" A n te s de Pearl H a r b o u r — escribe el p sicólogo de o r i­
gen a le m a n K u rt L e w in — en los Estados U nidos q u i­
zás más que en c u a lq u ie r o tro país, se podía d is c e rn ir
fá c ilm e n te la te n d e n c ia a c o n s id e ra r fa c to re s p s ic o ­
lógicos ta le s com o la fru s tra c ió n o los "ra s g o s des­
tr u c tiv o s " com o la causa básica de la g ue rra. De
a cue rd o con eso se co nside rab a que e v ita r las fr u s tr a ­
ciones era el m e jo r c a m in o p ara la paz. Desde e n ­
tonces parece p re v a le c e r un p u n to de v is ta m uch o
más re a lis ta sobre la im p o rta n c ia de los fa c to re s eco­
nóm icos y p o lític o s ". Las c ie n c ia s sociales a n g lo a m e ­
ricanas, en sus m ás recientes m a n ife s ta c io n e s , tie n ­
den a a b a n d o n a r el p sico log ism o d o m in a n te en o tro
tie m p o , y a co n s id e ra r los datos psicológicos com o in ­
te g ra n te s de las ideologías, y de la to ta lid a d del fe n ó ­
m eno so cia l. Este p u n to de v is ta hace que las té c n i­
cas de la p ro p a g a n d a n o rte a m e ric a n a se a lin ie n en
sus supuestos fo rm a le s con las té cnica s n a zis y c o m u ­
nistas, y que h aya n a lc a n z a d o un g ra do de e fe c tiv i­
dad m uch o m ayor. El estado a c tu a l de las in v e s tig a ­
ciones sobre la p ro p a g a n d a in d ic a la p re cisió n y f i ­
n ura de los c o n o c im ie n to s que se tie n e n al respecto,
y a fa lta de tie m p o , se pueden d e s c u b rir a n a liz a n d o
los p rin c ip io s fu n d a m e n ta le s que rig en la té c n ic a p ro ­
p a g a n d ís tic a de hoy. Estos p rin c ip io s han sido c la ra ­
m en te e xp lica d o s por los inve stiga do res n o rte a m e ri­
canos Krech y K ru tc h fie ld y son los s ig u ie n te s :
1.— -"U na sugestión que corresponda a una necesidad
e x is te n te será a cep tad a más fá c ilm e n te que si no c o ­
rresponde a n in g u n a n e c e s id a d ". A sí, en caso de que
la necesidad no e x is ta el p ro p a g a n d is ta deberá c re a r­
la pro voca nd o tensiones psico lóg ica s en el in d iv id u o y
p ro p o n ie n d o después su sugestión. C ita n el sig u ie n te
e je m p lo : "S i la g en te no sien te la necesidad de que
se p ro m u lg u e una le g is la c ió n a n tio b re ra , el p ro p a g a n ­
d ista p ro c u ra rá que en los perió d ico s, en la ra d io
y en las discusiones p o lític a s se dé é nfa sis y se m a g n i­
fiq u e c u a lq u ie r " in c id e n te o b re ro " — e spe cia lm e nte
los casos de h uelgas y v io le n c ia s — sin fija rs e en que
sea in s ig n ific a n te o a islado. Si tie n e é x ito h ab rá c re a ­
do en el c iu d a d a n o m ie do a los p ro ble m a s obreros y
la necesidad de una paz para el tr a b a jo " .
2 9— "U n a sugestión que se re fie ra a una s itu a c ió n
a m b ig u a será a cep tad a más fá c ilm e n te que a q u e lla
c o n c e rn ie n te a una s itu a c ió n c la ra m e n te e s tru c tu ra ­
d a ". El buen p ro p a g a n d is ta deberá re a ju s ta r sus s u ­
gestiones a las creencias, a c titu d e s e ideologías p re ­
v a le c ie n te s en el g ru p o al que se d irija . C ita n el s i­
g u ie n te e je m p lo : "E n una s itu a c ió n el p ro p a g a n d is ­
ta puede p re s e n ta r las sugestiones c o m u n is ta s com o
co ng ru en te s con los ideales del c ris tia n is m o ; en o tra
puede p re s e n ta r las m ism as sugestiones com o c o n ­

25

�g ru en te s con una filo s o fía p u ra m e n te "ra c io n a l, c ie n ­
tífic a y a te a ". C ua nd o sea im p o sib le la co n g ru e n c ia
puede c a m b ia r los sistem as de p en sam ien to, m e d ia n ­
te una p ro pa ga nd a a la rg o p la zo , al través de todos
los m edios de c o m u n ic a c ió n de que disponga.
3.— "U n a sugestión que pueda p ro vo ca r la o b se rva ­
ció n de nuevos a trib u to s en un o b je to fa m ilia r será
m ás fá c ilm e n te a cep tad a que la que no lo h a g a ". Es
d e cir, que el buen p ro p a g a n d is ta no tra ta rá de a ta ­
c a r una ¡dea o cree ncia , sino que o rie n ta rá sus suges­
tio ne s h a cia el o b je to , tra ta n d o de e n c o n tra r v irtu d e s
o d efe cto s indep en d ie ntes de la idea.
4 9 — " U n a sugestión que sea c o n g ru e n te con la nece­
sidad de la g en te p ara id e n tific a rs e o e sta r en a rm o ­
nía con o tra gen te será más fá c ilm e n te a ce p ta d a que
la que c o n tra ríe el soporte s o c ia l". El buen p ro p a ­
g a n d is ta p ro c u ra rá que sus sugestiones pro ven ga n de
fig u ra s de p re stig io , o buscará d a r la im p resión de
que la m a yo ría de las gentes están de a cue rd o con
sus sugestiones, o por lo m enos que lo están las m e ­
jores gentes.
5&lt;?— ."U n a sugestión que haga uso e fe c tiv o de los p r in ­
cipio s que rig en el e s tím u lo será m ás fá c ilm e n te a c e p ­
ta d a " . Estos p rin c ip io s se re fie re n al m e ta l de la voz,
a la e n to n a ció n , a la p ro n u n c ia c ió n , al vestido, a la
a p a rie n c ia , y han sido m o tiv o de estudios m o n o g rá ­
fic o s y e xp e rim e n ta le s.
6 9— " L a m e jo r m anera de lu c h a r co n tra la p ro p a g a n ­
da es la c o n tra p ro p a g a n d a . El buen p ro p a g a n d is ta no
perderá su tie m p o — d ice n — en exponer las té cnica s
del p ro p a g a n d is ta ene m ig o, sino o fre c e rá c o n tra s u ­
g e stio n e s". Y a este respecto una ú ltim a a firm a c ió n
de los a uto re s señalados: " L a m e jo r clase de c o n tra p ro p a g a n d q es un sistem a social y e con óm ico que
s a tis fa g a la m a yo ría de las necesidades de la m a ­
yo ría de la g en te, la m ayo ría del tie m p o " .
De todos estos p rin c ip io s h a y uno c ie rta m e n te a la r ­
m an te, el c írc u lo vicio so de la p ro p a g a n d a , la nece­
sidad en que se h a lla n los Estados c'e oponer a la p ro ­
pag an da , m ás p ro p a g a n d a ; pero hay uno c o m p le ­
m e n ta rio de a q u é l, que es c ie rta m e n te a le n ta d o r: " L a
m e jo r ju s tic ia es la m e jo r c o n tra p ro p a g a n d a ".
K rech y K ru tc h fie ld , profesores de la U n ive rs id a d de
C a lifo rn ia y del S w athm ore C ollege, re sp ectiva m e nte,
han d e jad o en sus seis p rin c ip io s de la p ro pa ga nd a ,
el su m m un de este fe n ó m e n o so cia l, y de su c o n o c i­
m ie n to , a la hora p resente; pero p ara saber cóm o es
a p lic a d o ese c o n o c im ie n to , cóm o vive y recorre el a ire
y las im ágenes, es necesario re p a ra r en la h is to ria c o n ­
te m p o rá n e a . Esa h is to ria la vivim o s. Desde la g ue rra
de 1914 hasta hoy seguim os oyendo a q u e llo de la
"g u e rra c o n tra la g u e rra " , " e l a rm a m e n to para la
p a z " , " la a u to d e te rm in a c ió n de los p u e b lo s ", " la d e ­
fensa de la d e m o c ra c ia ", " la lu ch a por la ju s tic ia
s o c ia l". Desde entonces vemos cóm o los p ro p a g a n ­
distas in te n ta n a c e n tu a r " la e s p e cia liza ció n té c n ic a
y los m o tivo s irra c io n a le s de las m asa s". Los nazis,
m aestros en el a rte , han d ejad o un legado precioso:
f i j a r ca te g ó ric a m e n te las m etas, re p e tir y re p e tir los
tem as sim ples, con co n sta n cia y p ersiste n cia , e x p lo ta r
las division es del g ru p o al que va d irig id a la p ro p a ­
g a n d a y usar té cn ica s e m ocionales antes que ra c io ­
nales. T od avía suenan las p a la b ra s de H itle r sobre
la fa ls ific a c ió n de los hechos, sobre la co n ve n ie n cia
de c o n ta r grandes y no pequeñas m e n tira s "p o rq u e
las m asas — según d ice en " M e in e K a m p f"-—- en v ir ­
tu d de la s im p lic id a d de sus m entes creen m ás f á c il­
m e n te una g ra n m e n tira que una m e n tirita , ya que
ellos m ism os dicen m e n tirita s , pero les d a ría v e rg ü e n ­
za d e c ir grandes m e n tira s ". S iguiendo esta tá c tic a ,

26

se h iz o cre e r a m uchas gentes que P olonia a m e n a z a ­
ba la e s ta b ilid a d del III Reich y que G u a te m a la a m e ­
n aza ba la se g u rid a d del c a n a l de Panam á. Estas c a m ­
pañas grotescas recuerdan una h is to rie ta de la g a ta
de C icerón que reproduce A llp o r t en su "P s ic o lo g ía
del R u m o r". En el p rim e r c u a d ro la g a ta d ic e : "¡O h
un nuevo p e rro en la v e c in d a d !" En el segundo le
c u en ta a una g a ta p in ta : "A c a b o de v e r un nuevo p e ­
rro en la v e c in d a d ". La g a ta p in ta corre a v e r a una
a m ig a : " F íja te que hay un p e rro te negro en la v e c in ­
d a d ". La a m ig a considera que es necesario " a v is a r ­
les a las m u c h a c h a s ": "S í, un p e rro negro, así de g ra n ­
d e ". H a y que c o n ta rle s a las dem ás: "T ie n e unos
dientes blancos enorm es y es del ta m a ñ o de un le ó n ".
Entra la g a ta de C ic e ró n : " Y a vien e el p e rro ". Las
dem ás h u y e n d o : "S o c o rro , ¡el m o n s tru o nos m a ta r á !"
En el ú ltim o cu a d ro aparecen todas las g ata s subidas
en un poste, y a b a jo , c a m in a n d o le n ta m e n te un p e ­
rrito del ta m a ñ o de un rató n. En nue stra v id a las c o ­
sas o cu rre n en una fo rm a se m e ja n te ; pero m uch o más
p e rfe c ta , y en el ú ltim o c u a d ro las g ata s h a b ría n a c a ­
bado d e stro za n d o al ra tó n , y s intié nd ose ju s tific a d a s ,
con la ¡dea, ya hecha re a lid a d , de que se tra ta b a de
un v e rd ad ero y a u té n tic o m on struo . La p ro p a ga nd a
logra eso, consciente, d e lib e ra d a , té c n ic a , c ie n tífic a ­
m ente, p ro p a la rum ores, fo m e n ta m itos, fo rta le c e p re ­
ju ic io s , y da a rg u m e n to s para la agresión. Logra h a ­
cer que c a m b ie n todas las p a la b ra s de se ntid o, que
lo negro p arezca b la n co , lo b la n c o negro, que los se­
res se d iv id a n en a lem anes y h um anos, en c o m u n is ­
tas y hum anos, en jud ío s y h u m a n o s : provoca ra z o ­
n a m ie n to s com o éste de un d ip u ta d o de M ississip p i
c o n tra un se m a n a rio de su país: "E l S u rv e y -G ra p h ic "
c o n tie n e 129 pág in as u ltra ja n te s , viles y n a u s e a b u n ­
das, a n tic ris tia n a s y a n tia m e ric a n a s y p ro co m u n ista s,
o ste n sib le m e n te d irig id a s c o n tra la co s tu m b re de la
d is c rim in a c ió n ra c ia l en el S u r". De a cu e rd o con este
d ip u ta d o , el c ris tia n is m o sería p a rtid a rio de la d is c ri­
m in a c ió n ra c ia l y so la m e n te el c o m u n ism o sería p a r­
tid a r io de la ig u a ld a d de las razas. La p ro p a ga nd a
logra d e s h u m a n iz a rlo todo, d e s tru ir to d o e s p íritu de
to le ra n c ia , de c rític a y de resiste ncia , id e n tific a n d o la
lib e rta d co n cre ta , la d em ocracia real, con el n om bre
que le sirve para d e s tru ir al e s p íritu m a lig n o . Siem pre
que a u m e n ta la p ro p a g a n d a , a u m e n ta la in te rv e n c ió n
del Estado, la censura, los tabús, los silen cio s, las p ro ­
h ib ic io n e s , la im p o rta n c ia de la p o lic ía . La p ro p a g a n d a
está c o n tra la co m p e te n cia ide o ló g ica , c o n tra la d e ­
cisión que se to m a después de un ra z o n a m ie n to ; es
la p ro yecció n m a g n ífic a de los datos e x is te n c ia le s y
m a te ria le s de la sociedad, es la a m p lific a c ió n de un
irra c io n a lis m o real, e v id e n te en las crisis sociales. La
p ro p a g a n d a es la a n títe s is de la d e m o cra cia en su
se ntid o g e n u in o , es un a te n ta d o c o n tra la lib e rta d
tra d ic io n a l y re v o lu c io n a ria : im p id e el ra z o n a m ie n to ,
la discusión y ele cción de las ideas. El n a zism o a su ­
m ió esta re sp o n sa b ilid a d , creó una ideología de razas
superiores, ene m ig a de las d em ocracia s decadentes,
com o las llam ó. Eso le p e rm itió que h u b ie ra una a p a ­
ratosa c o n g ru e n c ia e n tre la ideología de la v io le n c ia
y la p ro pa ga nd a . Pero la d e m o cra cia y la lib e rta d son
d estru id a s a pesar de e n tra r en c o n tra d ic c ió n con las
ideologías clásicas de d e m o cra cia y lib e rta d . La p ro ­
pag an da puede e lim in a rla s con el p re te x to de d e fe n ­
derlas. Es capaz de re a liz a r la m e ta m o rfo s is que le
venga en gana y m ás le acom ode. Por eso y por el
a d e la n to que han a lc a n z a d o las cie n cia s sociales en
nuestros días, el p ro b le m a del h om bre co n te m p o rá n e o
es más un p ro b le m a de engaño que de e rro r, de m ala
fe que de ino cen cia. Es com o si un h om bre del siglo

�X V I I I h u b ie ra v iv id o dos siglos y después de a firm a r
que " la re lig ió n es el opio de los p u e b lo s " h u b ie ra
fo m e n ta d o la re lig ió n sin ser él religio so, p ara a d o r­
m ecer a los pueblos. A n te s los m ito s se fo rm a b a n n a ­
tu ra lm e n te , eran la filo s o fía de los h om bres: hoy se
fo m e n ta n , se p ro p a la n , se crea n a rtific ia lm e n te , son
la a n tifilo s o fía .
Bueno, p a rece ría p o r to d o lo a n te rio r que el h om bre
se h a lla indefenso, y sin e m b argo , esto es a b s o lu ta ­
m en te fa lso. Los supuestos fu n d a m e n ta le s de la p ro ­
p a g an da son un p e lig ro para los p ropios p ro p a g a n d is ­
tas. Saben éstos que hay dos p o sib ilid a d e s de c a m ­
b ia r el m u n d o : la p rim e ra c a m b ia n d o el m u n d o real,
la segunda, ca m b ia n d o el m un do p sico ló g ico y m a n te ­
n ie n d o el m un do rea l, ta l y com o se h a lla . Es d ecir,
tie n e n la opción de d a r a lim e n to s te rre stre s o a lim e n ­
tos m ito ló g ico s. En el p rim e r caso señalan los bienes
reales com o verdaderos bienes, en el segundo com o
m ales, com o actos creados a rtific ia lm e n te p o r una
e nergía condenable.
C ua nd o el p ro p a g a n d is ta o p ta por el ca m b io p s ic o ló ­
g ico , in te n ta crea r, com o en el "B ra v e N ew W o r ld "
de H u x le y , un cine en el que el espectador sien ta los
besos de la h eroín a de la p a n ta lla com o si se los
e stu v ie ra n d an do en sus p ropios labios. Pero se n ie ­
ga a p e r m itir le c o n ta c to a lg u n o con una m uch ach a
de c a rn e y hueso, y si el espectador es un poco im p u l­
sivo, y deseando s a tis fa c e r sus necesidades ro m á n ti­
cas, e xige v e r a la n o via p ara besarla, el p ro p a g a n d is ­
ta deja que se enca rg ue de él la p o lic ía : ese espe cta ­
d o r no es o rto d o xo , no es leal, no es p a trio ta .
A h o ra b ie n, ¿qué p o sib ilid a d e s hay de e n g a ñ a r a nues­
tro espectador s a tis fa c ie n d o su h a m b re s e n tim e n ta l
con m u ch ach as c in e m a to g rá fic a s , de p uro ce lu loide ?
Desde que L e ib n iz co m e tió el g ra vísim o e rro r de subs­
t it u ir el c ie lo por el m undo, y de d e c ir que éste es el
m e jo r de los m undos posibles, no h ay p rá c tic a m e n te
n in g u n a ide olo gía en el poder que no pro po ng a una
so lu ción in m a n e n te : to d a ideología in te n ta c re a r un
m un do fe liz en la tie rra y ju s tific a rs e por la fe lic i­
dad te rre n a que p ro p o rcio n a . En otros tie m p o s, c u a n ­
do las ideologías d o m in a n te s eran tra sce n d e n ta le s,
a u n q u e las té cn ica s y los m edios retó rico s fu e ra n
m enos c ie n tífic o s , se le p ro m e tía a l h o m b re la f e li­
c id a d en el n irv a n a , el cielo , o el paraíso. La f e ­
lic id a d no era de esta tie rra y el h om bre te n ía que
esperarse a m o rir p ara v e r si el o fre c im ie n to se c u m ­
p lía. Esto era una v e n ta ja para los rectores. A h o ­
ra sobre el p ro p a g a n d is ta pesa la idea de los h o m ­
bres que e xig e n ser fe lice s en la tie rra , c la ro está, a
reserva, en m uchos casos, de se g u irlo siendo en el
c ie lo , o en el paraíso o en el n irv a n a . Las cosas son
m ás in m e d ia ta s en el te rre n o p o lític o , la p o s ib ilid a d
de cree r ha d is m in u id o con la p o s ib ilid a d de c o m p ro ­
b a r las d ife re n c ia s e xiste n te s e n tre la p e rfe cció n ideal
que se c a n ta y la re a lid a d que se vive. A m b a s son de
este m u n d o p ara la m ayo ría de los hom bres. Y el p ro ­
p a g a n d ista ve que el d ile m a : tra n s fo rm a r el m undo
p s ico ló g ico e x c lu siva m e n te , o tra n s fo rm a r el m u n ­
do rea l, se ca rg a en fa v o r de la tra n s fo rm a c ió n de
este ú ltim o . Si no puede o no q u ie re tra n s fo rm a r el
m u n d o real le verem os h ace r esfuerzos desesperados,
que sólo a g ra n d a n su fra ca so y lo conducen a la in ­
sania. Sus esfuerzos pueden c o n s is tir en fo m e n ta r
n u e va m e n te la ¡dea de una fe lic id a d tra s c e n d e n ta l,
en h a b la r té c n ic a m e n te de n irva n a s y cielo s; y por
o tra p a rte puede con su avida d ir c o n v irtie n d o más y
m ás en un ta b ú , en fr u to p ro h ib id o el h a b la r de la
p ro p ia fe lic id a d , de la p ro p ia lib e rta d , y no p e d ir ya
a las masas que sean p a rtid a ria s de su fe lic id a d y

de su lib e rta d , sino e nem igas de la m a ld a d y e s c la v i­
tu d del o tro . Esto es lo que se lla m a en p sicología
in h ib ic ió n y p ro y e c c ió n : se in h ib e a la gen te para a c ­
tu a r en su p ro p io b ie n , y se le hace p ro y e c ta r sus m a ­
les a una p ie dra , a un d em onio, a un ch iv o e x p ia to rio ,
a un p ueblo. En ese caso la c risis de la re a lid a d se
a c e n tú a : la d is ta n c ia cada vez es m a yo r e n tre las p a ­
labras y las cosas, se a d v ie rte un m o v im ie n to c e n trí­
fu g o de las cosas respecto a las p a la b ra s del p ro p a ­
g a n d is ta . El p ro p a g a n d is ta va d e s h u m a n iz a n d o las
p a la b ra s y c o n v irtié n d o la s en g rito s. Llega a id e n t if i­
c a r to d o lo h u m a n o con su e ne m ig o, y com o la h u m a ­
n id a d se le separa y él se queda solo, sólo él cree en
su p ro p a g a n d a y en la p ro p a g a n d a p sico ló g ica . Lo
que m enos se le o c u rre es p en sar que se ha a cabado
c o n v irtie n d o en el p ro p a g a n d is ta de su p ro p io e n e m i­
go, que c o n fo rm e su v o c a b u la rio ha ido id e n tific a n d o
to do lo h u m a n o , con el m a l, la n oción de m al se ha
c o n v e rtid o en una n oción de b ie n , y el co nce pto se
ha despojado de la c á s c a ra -p a la b ra , del g rito . C o n ­
fo rm e el h om bre p ie rd e to d a c o n d ic ió n h u m a n a para
el p ro p a g a n d is ta , es co locado e n tre las cosas que
q uiere in g e rir y poseer. Q u izá s pase por un proceso
in te rm e d io de psicosis, en que el co nce pto tra d ic io n a l
del bien se a no na de y el co nce pto tra d ic io n a l del m al
se m a n te n g a . Es el m o m e n to de las filo s o fía s ir r a ­
cion ale s y desesperadas. Pero ese m o m e n to pasa. N o
hay h o m b re que lo a g u a n te . Y se busca una e x p li­
ca ció n ra d ic a l que c a m b ia to ta lm e n te las e s tru c tu ­
ras de la p ercep ción y establece nuevas co rrela cio ne s.
Es com o si d ijé ra m o s que las cosas se m ira n con n u e ­
vos ojos. Y cu an do se las m ira así, se recupera la es­
p era n za en la ve rd a d e ra a cció n h u m a n a , que co nsis­
te en p ro v o c a r un m o v im ie n to c e n trífu g o de las cosas
a las p ala b ra s, p ara que éstas recuperen su g e n u in o
n a tu ra le z a y dejen de ser m eros g rito s . Las p alab ras
se vu e lve n a h u m a n iz a r, e n c o n tra n d o su co nce pto y
su re a lid a d . Por eso p ara desgracia de to d a p ro p a ­
g an da que o pte por los m eros ca m b io s p sicológicos, es
c ie rta la co n c lu s ió n a que lle g a ro n los c ie n tífic o s a r r i­
ba c ita d o s : " L a m e jo r clase de c o n tra p ro p a g a n d a es
un sistem a social y e con óm ico que s a tis fa g a la m a y o ­
ría de la gente, la m a yo ría del tie m p o " . Esa c o n tra ­
p ro p a g a n d a , más e fic a z y c ie n tífic a , es la que ha de
g a n a r in e v ita b le m e n te . ¿Cómo e n c o n tra rla a tiem po?
¿Cómo d e s c u b rirla , cu a n d o h a y la sospecha fu n d a d a
de que to d o sea propaganda?
"S i un d ia b lillo ju g u e tó n se p ro pu siera e n g a ñ a rm e en
to do — se p re g u n ta b a D escartes en los albores de la
Edad M o d e rn a — y fu e ra ca pa z de lo g ra r sus o b je ti­
vos, ¿en qué podría c re e r? " D escartes se quedó con su
Ego. El h om bre co n te m p o rá n e o no necesita in v e n ta r
d ia b lillo s ju g u e to n e s que in te n te n e n g a ñ a rlo , a hí es­
tá n re p la n te a n d o con sus m á q u in a s y sus té cn ica s,
los v ie jo s p ro ble m a s de la filo s o fía . El h om bre c o n ­
te m p o rá n e o no necesita ta m p o c o re fu g ia rs e en su so­
ledad, c a m p o en que causa m ás estragos la p ro p a ­
g anda. Para fo rtu n a suya, el d ia b lillo c o n te m p o rá ­
neo es m enos poderoso que el de D escartes, com o que
no es p ro d u c to de la im a g in a c ió n ; si lo engaña p ie r­
de, y cu a n d o in te n ta e n g a ñ a rlo no puede o c u lta r las
reglas de su juego. La respuesta a los p ro ble m a s f i ­
losóficos que nos p la n te a el p ro p a g a n d is ta no puede
e n co n tra rse en una s im p le c h a rla . Exige del ra z o n a ­
m ie n to m ás p ro fu n d o ; se niega a la p ro p a g a n d a . Sin
e m b argo , es in d is c u tib le que e s tu d ia n d o los m étodos
que p ra c tic a la nueva re tó ric a p ara m a n te n e rn o s en
la in fa n c ia y la p u e rilid a d , podrem os co nse rva r y f o r ­
ta le c e r nue stra m a d u re z in te le c tu a l y n ue stra c o n d i­
ción h u m a n a . (M é x ic o , 195 5.)

27

�Información
La nueva ciudad de Harlow
La nueva ciudad de H a rlo w m arca un paso
s ig n ific a tiv o en la evolución del urbanism o.
En ella podemos reconocer ta n to la tr a d i­
ción inglesa de la c iu d a d -ja rd ín de un H o w ard, un U n w in o un Luis de Soisson, como
los elem entos típicos de lo que se ha dado
en lla m a r el n e o -e m p irism o o n e o -h u m a n is­
mo a rq u ite ctó n ico .
Sin em bargo, estos nuevos elem entos surgen
con n a tu ra lid a d de los anteriores, y su ca ­
rá c te r de novedad se debe más a su re­
consideración a ctu al que al hecho de una
súbita ap a rició n . El " g re e n b e lt" , las c irc u ­
laciones p e rifé rica s, la re la tiv a a u to s u fi­
ciencia, la locación de ind u stria s que dan
tra b a jo a los ha b itan te s, no son elementos
nuevos; salvo — cosa n a tu ra l— que pueda
haber en el nuevo H arlow un m ayor énfasis
sobre las zonas in d ustriales y de trá fic o que
en las ciudades anteriores.
Tam poco co n stituye algo e xtra ñ o al e sp íri­
tu inglés, siem pre ajeno a toda visión m e­
g a lóm ana o clasicista, la cuidada esponta­
neidad y la casualidad aparente con que se
han creado los lugares, unida a una casta

A gradecem os a ia " H a rlo w D evelopem ent C or­
p o ra tio n " las fo to g ra fía s y el m a te ria l que s ir­
vió p ara la e la b o ra ció n de esta nota.

M a pa de la zona de la nueva ciu d a d de H arlow

Rutas se cun d a ria s

C entros y su b-ce n tro s

A re as

Escuelas se cun d a ria s

c u ltiv o

Escuelas p rim a ria s

Rutas p rin c ip a le s

re s id e n cia le s

ve cinales

A rq u ite c to s
1) H a rlo w Design Group (D irig id o s por F. Y ork,
Rosenburg &amp; M a rd a li
2) Fry, Drew &amp; asociados
3) Frederick G ibberd
4 ) R ichard Sheppard y asociados
5) H. T . C ad b u ry Brown
7) N orm a n &amp; D aw barn
8) G erald Lacoste

A re a s in d u s tria le s

C e n tro de la ciu d a d

28

contención hacia todo lo que un ciudadano
b ritá n ic o puede considerar excesivo o " m e ­
rid io n a l".
El in te n to de e q u ilib ra r los elem entos ru ra ­
les y urbanos, y p la n e ar todo como un
c o n ju n to es una aspiración com ún a todo
p la n ific a d o r contem poráneo; la fo rm a de
re a liza rlo es, sin em bargo, típ ica m e n te in ­
glesa.
Asim ism o, la a d ju d ica ció n del proyecto de
las zonas a d istin to s grupos o arquitectos
con el o b je to de o b tener una va riedad re­
su lta n te de la im p ro n ta in d iv id u a l, reve­
la un laudable respeto y co n fia n za en la
lib e rta d del espíritu. N o menos destacable,
en el m ism o sentido, es la a m p lia fle x ib i­
lidad de que gozan los h a b ita n te s para e le ­
g ir la zona donde desean h a b ita r; ya que
pueden o p ta r entre las unidades vecinales
y el centro de la ciudad para f ija r su resi­
dencia.
Por todo esto, que se suma a un episodio
raro en la h isto ria del urb a n ism o : el de la
obra rea lizad a , creemos ú til su p ublicación.

�Zo n a c e ntra l

El área ce n tra l ha sido d iv id id a en zonas m e­
nores, de acuerdo con las d is tin ta s fun cio n e s que
en e lla se d e s a rro lla n :
1) La zona a d m in is tra tiv a , desde la cual se g o ­
bie rn a a la ciudad.
2) La zona p rin c ip a l de negocios y com ercios.
3) El ce ntro c u ltu ra l y de e n tre te n im ie n to s , d o n ­
de se e ncu e n tra n el te a tro m u n ic ip a l, la g a ­
lería de a rte , la b ib lio te c a y los cines.
4 ) El ce ntro de ventas al por m ayor, a p ro v is io ­
n a m ie n to y depósitos.
5) La zona d e p o rtiv a , con estadio, g ran piscina,
cancha m u n ic ip a l de c ric k e t, etc.
6) Una zona residencial p ara los que deseen
v iv ir en el p ro p io ce n tro de la ciud a d , ya sea
en hoteles, casas de pensión o dep a rta m e nto s.
7) Por ú ltim o , el C entro. A l ser éste el foco de
las a c tivid a d e s de la ciud a d y el p u n to de
convergencia del trá fic o , la e stación fe rro v ia ­
ria y la de óm nibus deben estar asocicdas
con él.

M a q u e ta del C en tro C ívico

El C en tro C om ercial correspondiente a los barrios
de N ettesw ell y M a rk H a ll. Una a ta re a d a m a ­
ñana del sábado. (P h o to flig h t L im ite d )

(fo to A . C ra ckn e ll)

La zona c e n tra l ocupa, a p ro xim a d a m e n te , un
re c tá n g u lo cuyo eje m a yor se o rie n ta de norte
a sur; en el e xtre m o n o rte se encu e n tra la e sta ­
ción fe rro v ia ria , lig a d a por el oeste al cam ino
p rin c ip a l de la ciudad. Este corre de n o rte a
sur y a él se conectan todos los otros cam inos,
constituyéndose así en el eje del sistem a de
trá fic o .
A d yacentes a la estación y e n tre las dos zonas
in d u s tria le s, están los depósitos y grandes a lm a ­
cenes.
M ás hacia el sur, tre p a n d o la co lin a , y cerradas
al este por el Parque M u n ic ip a l y al oeste por
bosques, se s itú a n , com binadas, la zona de de­
portes y la re sidencial. Ya a q u í se está en una
posición c e n tra l a p ta para u b ica r la c e n tra l te le ­
fó n ic a y de bom beros, la e sta ció n de ó m nib u s
y la de gasolina. L ig e ra m en te desplazado h acia
el oeste, se le va n ta el h o sp ita l.
El centro ve cin a l p rop ia m en te d icho está s itu a ­
do en la cim a de la colin a , lim ita d o por cam inos
p e rifé rico s a un re ctá n g u lo a p ro xim a d o de 32
hectáreas. En él se e n cu e n tra n e d ificio s de o f i­
c in a , o ficia le s y privados, com ercios, te a tro ,
cines, etc. Se ha prestado especial a te n ció n al
e sta cio n a m ie n to de vehículos y se ha instala d o
a llí la e stación te rm in a l de óm nibus.
En el diseño de estos lugares se tra tó de m a n ­
te n e r el ca rá cte r u rba n o p la n e an d o calles co n ­
tin u a s que d ie ra n cie rta sensación de ce rra m ie n ­
to , sin o b s tru ir la visió n a otros puntos de la
ciud a d o al cam po lejano. En las calles de n ego­
cios, para e v ita r la ru p tu ra del fre n te co n tin u o
de las vid rie ra s se situ a ro n los bancos u otros
e d ific io s que nos las requieren, en las esquinas.
Del a n á lisis de las funciones a d m in is tra tiv a s m u ­
nicip a le s se ded u jo la co nveniencia de le v a n ta r
tre s construcciones d is tin ta s en lu g a r del tr a d i­
cion a l e d ific io m u n ic ip a l, p ara cre ar así un cen­
tr o c ívico en re la ció n con otros e d ificio s de la
ciud a d . R em a ta n d o esta com posición se u b ic a ­
ron alg u n as o fic in a s en una to rre de 50 m etros
de a ltu ra , con una a m p lia visió n sobre la c iu ­
dad y el cam po de alrededor.
El o b je tiv o general en el p la n e a m ie n to de esta
zona ha sido la creación de calles y lugares con
ca rá c te r propio que e vitasen la im presión de
corredor, ta n general en las calles comunes, que
se ju s tific a n ú nica m e nte com o un m edio de u n ió n
e n tre d is tin to s lugares.

Antecedentes

M a rk H all Stow. Sección Sud. A r q . : H arlo w Desígn
Group

La e d ifica ció n de nuevas ciudades satélites,
de las cuales H a rlo w será un ejem plo, es
una parte ca rd in a l del plan para resolver e1
problem a del crecim ie n to co n tin u o de la c iu ­
dad de Londres.
Un Londres razonablem ente reconstruido no
podría a lo ja r su población presente y los
m iles que aun esperan a lo ja m ie n to . T a m ­
poco puede extenderse sin in v a d ir su "G reen
B e lt" y además, el via je d ia rio desde y
hacia el tra b a jo ha llegado al lím ite de ca ­
pacidad del T ra n sp o rt Board, y al lím ite de
la paciencia de los que lo rea lizan . La ú n i­
ca solución es la construcción de ciudades
nuevas fuera del "G re e n B e lt", a las que
algunas industrias y negocios londinenses
darían m ovim ie n to , y que, fu n d a m e n ta lm e n ­
te, podrían a lo ja r a los que tra b a ja n en
ellas. Ciudades lo bastante grandes para
p ro porcionar a sus ha b itan te s, todo lo ne­
cesario para una vida plena y va ria d a , sin
llegar, no obstante, a causarles la sensación
de v iv ir en una co m unidad independiente.
De aquí ha surgido la idea de un Plan D i­
rector para una nueva ciudad que se cons-

tr u ir ia en la cam piña de Essex. A este res­
pecto, quisiera a cla ra r dos cosas: prim ero,
que este plan, como su nom bre lo in dica,
es un Plan D ire ctor y no el plano de una
ciudad. Es la proposición de un marco d en­
tro del cual la ciudad se e stru ctu raría . En
este p lanteo hay lu g a r para una gran v a ­
riedad de tra ta m ie n to s, para m uchas co n ­
sultas, m uchas ideas, para que m entes jó ­
venes e im a g in a tiv a s puedan tener una
o p o rtu n id a d . Esto es sólo el com ienzo.
En segundo lugar, debo m a n ife s ta r a q u ie ­
nes piensan que este plan es un proyecto
utó pico, algo dem asiado bueno para ser
verdad en los angustiados días que vivim os,
que lo que aquí está esbozado es una t a ­
rea p rá ctica y urgente. Práctica, porque no
es irra cio n a l esperar que e ventualm ente nos
dé su re trib u ció n , ta n to como empresa co­
m ercial como en valores hum anos; y u rg e n ­
te por la co n trib u ció n que representa para
resolver el problem a, desastrosamente des­
cuidado, de hacer de Londres la ciudad que
debiera ser.
Sir Ernest Gowers, G.B.E., K.C.B.

29

�Z o n a n o rte de M a rk H a ll.

El problema
El problem a era preparar un plan e q u ili­
brado para una ciudad de 8 0 .0 0 0 h a b ita n ­
tes. Este sim ple enunciado requiere alguna
a m p liación si la solución que aquí propo­
nemos debe ser bien com prendida.
La ciudad com ún de la a ctu a lid a d crece de
m anera p ira m id a l; grandes e d ificio s se le ­
va n tan apretadam ente en un centro conges­
tio n a do , dism inuyen gra d u a lm e nte de ta m a ­
ño y van espaciándose luego entre sí hasta
fo rm a r una vaga fa ja p e rim e tra l. T a n to las
d ife re n te s partes de una ciu d a d — lugares
de tra b a jo , de vivie n d a y de recream iento — como las circulaciones entre ellas, es­
tá n confundidas.
El m étodo aceptado para resolver el p ro ­
blem a es d iv id ir la ciudad en estas d is tin ­
tas zonas, conectarlas entre sí m ediante un
sistem a de cam inos en el que el trá fic o p ue­
da c irc u la r fá c ilm e n te y rodear al área e n ­
te ra con un d e fin id o c in tu ró n de cu ltivo .
La in d u stria se proyecta en una zona a d ya ­
cente al fe rro c a rril y con acceso in m ediato
al sistema v ia l de la región; la vivie n d a es
planeada como una serie de d istin ta s U n i­
dades Vecinales de 6 .0 0 0 a 1 5 .0 0 0 perso­
nas; la zona de negocios, ubicada cerca
de la in d u s tria l y el p rin cip a l centro com er­
c ia l, entre las zonas de vivie n d a y la de
negocios.
Este p lanteo asegura el perfecto fu n c io n a ­
m ie nto de la unid a d estudiada, pero no co n ­
duce necesariam ente a la fo rm a ció n de una
ciudad. En el peor de los casos, sólo se h a ­
brá logrado la creación de un Grupo Fa­

30

b ril; una serie de Grupos de H a b ita ció n y
un C entro C om ercial, el todo su b dividido
por espacios abiertos y un sistema de supercarreteras.
La lección de la m etró p o li ha sido a p re n d i­
da, pero al disponer las partes de una c iu ­
dad buscando un m ayor e q u ilib rio in te rn o
entre ellas, debemos tra ta r cuidadosam ente
de no perder lo que co n stituye la esencia de
una gran ciu d a d : su ca rá cte r urbano.
Es la cu a lid a d urbana que sentimos en c iu ­
dades como Edim burgo, Bath, O xfo rd y F lo­
rencia, la que debemos conseguir en la N u e ­
va C iudad de H arlow , pues sin ellas no po ­
drá llam arse una ciudad en el verdadero
sentido de la palabra.
A h o ra bien, ¿cómo podremos conseguir esto?
Es indudable que no lograrem os esta c u a li­
dad considerando la p la n ific a c ió n de c iu ­
dades sim plem ente como la d ivisión de un
co n ju n to urbano en d istin ta s zonas, según
En p rim e r té rm in o , dado un fu n cio n a m ie n las funciones que en e lla se desarrollan,
to sa tisfa cto rio de las partes, la cu a lid a d
urbana nace de la n a tu ra le za de los e d ifi­
cios — A rq u ite c tu ra — y de las relaciones
entre los e d ificio s — Diseño Urbano— . Un
plan d ire cto r debe hacer posible una bue­
na a rq u ite c tu ra , y no sólo p e rm itir el p la n ­
teo del Diseño U rbano, sino ta m b ié n mos­
tra r cómo puede ser logrado.
Diseño U rbano es el a rte de relacion a r e d i­
ficios o grupos de e d ificio s entre sí y con
el paisaje. En A rq u ite c tu ra estamos in te re ­
sados especialm ente en los espacios in te rio ­
res que d e term inan los e d ificio s; el Diseño
Urbano estudia los espacios exteriores entre

(P h o to flig h t L im ite d )

los mismos. M ás aún, como los e d ific io s
tie n e n a ltu ra , debemos pensar en los espa­
cios como volúmenes.
Para to m a r un ejem plo sim ple, en un g ru ­
po de vivie n d a co rrie n te , los e d ific io s del
m ism o ta m a ñ o , igualm ente espaciados a lo
largo de cam inos de igual a n chura, p ro d u ­
cen una im presión de triste za , y se nota la
ausencia de caracteres urbanos. No hay
n in g ú n sentido de ce rra m ie nto espacial, so­
lam ente dos planos in te rru m p id o s de fa c h a ­
das, d ivididos por una calle.
En un p lanteo urbanístico, los espacios h u ­
bieran sido a rticu la d o s con el o b je to de
crear una c o n tin u id a d entre ellos y los e d i­
ficio s que los d e term in a n. Tenem os que
pensar, al pro ye cta r sobre el papel nuestras
p lantas bidim ensionales, en la trid im e n s io n a lid a d de los edificio s, grupos de e d ificio s
y espacios que representan.
Este es el p ro cedim iento que se ha seguido
a l tra z a r este Plan.
Una característica de todas las buenas áreas
urbanas es su ta m a ñ o lim ita d o . Areas m uy
extensas de construcciones, no im p orta lo
bien que se ha lle n dispuestas, se to rn a n
m onótonas por la fa lta de contraste con la
n a tu ra le za . Una ciudad de 8 0 .0 0 0 h a b i­
tantes, debe, por consiguiente, ser d iv id id a
en com pactas unidades por zonas libres que
creen paisajes. La relación entre las zonas
de vivie n d a y el paisaje, y el diseño m ismo
del paisaje, son, por lo ta n to , una parte
del problem a. El problem a de los espacios
libres en el p la n e am ie n to contem poráneo
se com plica debido a las extensas áreas re­
queridas por el nuevo sistema escolar, la

�Zona de v ivie n d a
El Plan D ire cto r se propone, ju n ta m e n te con la
constru cció n de vivie n d as, la preservación de la
casi to ta lid a d de las ya existentes. El a ctu a l
pueblo de H arlo w y varios grupos de " c o tta g e s "
(N e tte s w e ll, L a tto n , Parndon, e tc.) se conservan
sin otros cam bios que los necesarios para e q u i­
lib ra rlo s con el nuevo proyecto.
Las áreas residenciales, incluyendo el viejo
H arlo w y P o tte r Street, com prenden 14 unidades
com pactas y re la tiv a m e n te pequeñas, con sus
propias escuelas p rim a ria s y sub-centros de co m ­
pras. Cada u n id a d se encu e n tra lig a d a a las ctra s
por distan cia s fá c ile s de recorrer a pie.
Fueron p re fe rid a s agrupaciones de 4.000 a 7.500
personas, a las más usuales de 10.000 a 12.000,
a fin de crear un m a yor sentido de cohesión y
ve cindad. La densidad m edia de las áreas es de
una persona por cada 80 m2.
Para e v ita r, con las nuevas construcciones, la
destrucción de los rasgos ca ra cte rístico s del p a i­
saje, las propias va ria cion e s del mism o han
cooperado en la creación de una fisonom ía p ro ­
p ia para cada u n id a d. En cada ce ntro existen
unos 15 negocios, o fic in a de correos, bancos, o f i­
cinas com erciales, re sta u ra n ts etc.
Las escuelas p rim a ria s fu e ro n ubicadas en el in ­
te rio r de las ^unidades, evitán d o se así el cruce
de los pequeños por calles de trá fic o intenso;
las escuelas secundarias se re p a rtie ro n en les c in ­
turones verdes que rodean a las unidades.
Estas, a su vez, se a g ru p a n fo rm a n d o cu a tro
centros m ayores; cada uno de ellos posee un cen­
tro ve cin a l que nunca se h a lla a más de i/2 m illa
de c u a lq u ie r p u n to de las unidades que a grupa.

G rupo de e d ific io s con d ep a rta m e nto s de 1 a 2
habitaciones. A l fo n d o, el C entro C om ercial. A rq .:
H arlo w Design Group, (fo to W a in w rig h t)

Grupo de e d ific io s de 9 pisos. The Law n, zona
n o rte de M a rk H a ll. A rq .: Frederick G ibberd.
(fe to W a in w rig h t)

Zona sur de M a rk H a ll. E dificios de 3 pisos con
te rra z a s que se le va n ta n en el m arco diseñado
por el H arlow Design Group, ( fo to W a in w rig h t)

Z o n a n orte de M a rk H a ll. M a rk H a ll Moors. C a­
sas sem iaisladas de 3 y 4 d o rm ito rio s. A rq .:
Frederick G ibberd. (fo to W a in w rig th )

Z ona vecinal n9 2 de M a rk H a ll. T a n y's Dell.
E dificios de 3 y 4 pisos con c a le fa cció n ce ntra l.
A rq .: M a xw e ll Fry. (fo to W a in w rig h t)

31

�recreación y las vías p rincipales de com u­
nicación. Estos espacios abiertos necesitan
una consideración m uy a te nta y no debe
realizarse su estudio cuando las áreas de
h a b itación ya han sido trab a ja d a s en de­
ta lle .
De ahí que en el Plan se haya buscado que
las áreas e d ificadas sean d ivid id a s por el
paisaje en com pactas unidades, y que los
espacios abiertos destinados al uso, como
las supercarreteras y los lugares de juego,
form en parte del paisaje general.
Un problem a fin a l, de p a rtic u la r im p o rta n ­
cia en una nueva ciudad, es el del tiem po.
Casi todas las grandes ciudades se han des­
a rro lla d o en un largo período y sus vínculos
con el pasado proporcionan un sen tim ie n to
de perm anencia y co n tin uida d .
A h o ra bien, ¿cómo podremos conseguir este
s e n tim ie n to en una ciudad construida de
repente? El lu g a r de la Nueva C iudad de
H arlow es rico en h isto ria y tra d ició n . C o li­
nas, valles, bosques, m ontes, arroyos y otros
elem entos n a tura le s; iglesias, ca p illa s, ca ­
sas, cabañas y otros e d ificio s levantados por
el hom bre, son elementos por los cuales una
ciudad puede relacionarse con el pasado.
Con este propósito, el Plan para la nueva
ciudad, tra ta de preservar la fo rm a del p a i­
saje y cu a lq u ie r e d ific io de alg ú n va lo r que
pueda integrarse con las nuevas construc­
ciones.
Frederick Gibberd

Algunas impresiones sobre Harlow
Debido a una sugestión del profesor Pevsner, decidí v is ita r el co n ju n to urbanístico de
H arlow para tra ta r, en lo posible, de in te rio ­
riza rm e de sus problemas.
El le cto r habrá tenido ya o p o rtu n id a d de
form arse una idea de las causas que o rig i­
naron este ensayo y de las características
genéricas del Plan D irector. T eniendo en
cuenta que la ciudad aun no se ha te rm i­
nado, no pretendemos re a liz a r aquí una c rí­
tic a d e fin itiv a , sino más bien tra n s c rib ir las

impresiones obtenidas y expresar algunas
observaciones al respecto.
De los cu a tro grupos de vivie n d a , sólo uno
se h a lla co m p le to : el del norte (M a rk H a ll
&amp; N e tte s w e ll); otro, el del este, está aun
construyéndose, con algunas zonas, como
la de P otter Street, concluidas. Las zonas
in d ustriales se encuentran en plena cons­
trucció n .
A pesar de ello, la im agen del todo va a d ­
q u irien d o una consistencia casi d e fin itiv a
que p erm ite a d e la n ta r algunos ju icio s sobre
el co n ju n to . Recibí la im presión de que el
deseo del arq. F. G ibberd de lo g ra r en
H arlow el ca rá cte r urbano de las grandes
ciudades, no se ha realizado. La nueva c iu ­
dad p a rticip a más del ca rá cte r de caseríos
dispersos por el campo, entre vallas y á rb o ­
les, y reunidos por cam inos, que de la cu a ­
lidad urbana que se buscaba. El origen de
ello reside, a mi ju ic io , en una fa lla que
ya podemos e n co ntra r en las bases que el
a rq u ite cto d ire cto r ha fo rm u la d o para su
planteo. En efecto, a la pregunta de cómo
conseguir en la nueva ciudad el carácter
urbano deseado, M r. G ibberd responde de
una m anera puram ente d e scriptiva, p a rtie n ­
do a p rio ri de una cie rta idea de lo urbano
que no se define ni se discute, y co n fo rm a n ­
do solam ente ciertos principios form ales.
Lo urbano p a rtic ip a de cie rta intensidad en
las relaciones sociales que lo d ife re n cia n
netam ente de lo ru ra l; esto no ocurre en
H arlow , aun tom ando en consideración el
hecho de que la ciudad se h a lla todavía
incom pleta. El centro de M a rk H a ll, pese
a su ca rá cte r secundario y local, puede
darnos la pauta de lo que sucederá en el
gran centro a construirse. En la a c tu a lid a d ,
el M a rk H a ll N eighbourghood C enter se
h a lla más cerca de la calle p rin cip a l de
nuestros pueblos, que de lo que debiera ser
el elem ento co n s titu tiv o de una gran c iu ­
dad in d u stria l de 8 0 .0 0 0 habitantes.
Es verdad que los principa le s elementos ge ­
neradores del c lim a ciudadano (grandes
tiendas, cines, teatros, plazas, restaurants,
Zo n a In d u s tria l este. In te rio r de una fá b ric a
sta n d a rd . A rq .: H a rlo w Design Group,
(fo to
W a in w rig h t)

V is ta m ira n d o al Sud que m uestra en p rim e r
pla n o la zona in d u s tria l este; en el ce ntro , las
zonas n o rte y sud de M a rk H a ll y en ú ltim o té r ­
m ino, P o tte r S treet. (P h o to flig h t L im ite d )

32

�Z o n a in d u s tria l
Las dos p rin cipa le s zonas in d u stria le s, Este y
Oeste, fu e ro n planeadas en co n ta c to con la línea
v ia l d o m in a n te ("b a s e lin e " ) de la ciud a d . Se
conectan d ire c ta m e n te e n tre ellas por m edio de
cam inos y poseen acceso fá c il y d ire c to a la
esta ció n fe rro v ia ria y a la nueva c a rre te ra .
Se ha e v ita d o la c o nce n tra ción de las ind u stria s
en una ú nica g ran zona que a is la ra la ciudad
de las colinas de H e rtfo rd s h ire , o que estu vie ra
fu e ra de escala con los restantes elem entos u r­
banísticos. Con este fin , y para lo g ra r un m ayor
e q u ilib rio e n tre el hog a r y el tra b a jo y p e rm itir
una m ayor v a rie d a d v isua l, se han e m plazado
pequeñas fá b ric a s fu e ra de las dos zonas p rin ­
cipales. En éstas los e d ific io s han sido situados
uno al lado del o tro y sobre las calles, fo rm a n ­
do grandes " m a n z a n a s ", p ara que queden en el
in te rio r y fu e ra de la vista las in e v ita b le s áreas
sucias de los fondos.
Las fá b ric a s ubicadas en estas zonas han sido
diseñadas casi en su to ta lid a d por el equ ip o de
a rq u ite c to s del H arlo w Plan. Se pla n e aro n e d ifi­
cios sta n d a rd de 1.860, 6 20 y 195 m 2., con
posibilidades de expansión. En ciertos casos fu e ­
ron proyectados ajustándose a re q u e rim ie n to s es­
pecíficos. La pob la ció n in d u s tria l se e stim a en
16.360 personas y las zonas han sido calculadas
a ra z ó n de 1 persona por cada 500 m 2.
Z ona

in d u s tria l

este. V is ta de las fá b rica s
sta n d a rd , ( fo to W a in w rig h t)

Z o n a in d u s tria l este. H a ll de e n tra d a de una
fá b ric a sta n d a rd que ha sido a d a p ta d a p ara la
R evertex Ltd . ( fo to W a in w rig h t)

:afés, o ficin a s) no se encuentran aquí, y que
todo e llo se ha reservado para el centro
p rin cip a l que estará concluido en los p ró x i­
mos die z años. Se ha pensado, justam ente,
en este centro como en el elem ento estructu ra d o r de todas las unidades vecinales. Sin
em bargo, el fra ccio n a m ie n to al que se so­
m ete el c o n ju n to urbano por m edio de c in ­
turones verdes de cie rta a m p litu d y la dis­
c o n tin u id a d resultante, son elem entos de
dispersión dem asiado fuertes para que éste
logre en d e fin itiv a a c tu a r como colum na
ve rte b ra l de toda la a ctivid a d social. Cabe
preguntarse, entonces, si los cu a tro e n to r­

nos no se co m portarán como suburbios res­
pecto al centro, sin que se produzca la s o li­
d a rid a d deseada, y sin que la p e rife ria
pierda ese ca rá cte r dependiente, c o lo n ia l,
que hoy deploram os en nuestras ciudades.
El problem a fu n d a m e n ta l del urbanism o,
reside, a m i ju ic io , en la in te g ra ció n de la
vida social e in d iv id u a l y del contorno n a ­
tu ra l; la cu a lid a d urbana se expresa en la
in te g ra ció n de todos los elem entos u rb a ­
nos y en la in te rp e n e tra ció n de funciones.
El fracaso o el é xito de todos los ensayos
está ligado, en ú ltim a instancia, a la solu­
ción de este problem a.
Francisco B u llrich

Salida de los em pleados en la zona in d u s tria l
este, que se d irig e n hacia la zona residencial por
la c a rre te ra destin a d a a l ciclism o, ( fo to L u c illo
S herrard)

33

�Casa de departamentos

A l im a g in a r una casa de departam entos se
piensa generalm ente en una p la n ta baja,
varios pisos tip o , un piso retira d o , tanques,
cajas de ascensores, etc. La inmensa m a ­
yoría de las casas son una trasposición d i­
recta, en horm igón y la d rillo s, de esta
im agen.
Sin em bargo, la obra de la A v. Figueroa
A lc o rta no se ajusta a la im agen referida.
El e d ific io ha sido concebido como un m onoblock. Se lo d iv id ió vo lu m é trica m e n te en
tres partes: el bloque de los pisos tip o ,
una un id a d form ada por la p la n ta baja y
un entrepiso, y un rem ate que abarca el
piso retirado y las instalaciones. Cada uno
de estos elementos tiene un c a rá cte r p ro ­
pio, pero las relaciones entre el bloque de
los pisos tip o con los otros dos, ilu s tra n el
papel dom in a n te que se le asigna al p ri­
mero. Era evidente, dada la in tención v o ­
lu m é trica que se percibe en toda la obra,
que el a lto bloque p rin cip a l requería un t r a ­
ta m ie n to especial. La sim ple sucesión v e r­
tic a l de pisos tip o no basta para engendrar

A rq . J. Ferrari Hardoy.
Buenos Aires, 1955.

V is ta

34

general

�D etalle de la fa c h a d a la te ra l

D etalle del entrepiso

Plata baja

un volum en. En la sucesión va im p líc ita una
generación serial. El e d ific io , por el ca rá c­
te r a d itiv o de todos sus elem entos — estruc­
tu ra , ca rp in te rías m oduladas, etc.— , ex­
presa una ley fo rm a tiv a que le p e rm itiría
otras extensiones, a ltu ra s e incluso form as;
es, en cie rta m anera, un " fra g m e n to " den­
tro de esa ley.
Esta ausencia de lím ites teóricos a la a d i­
ción de nuevas unidades, expresión im p lí­
c ita de un desarrollo, confiere al o b je to una
cie rta po ten cia lida d que lo intro d u ce en la
d in á m ica del tie m p o y contradice así el
ca rá cte r in m u ta b le , d e fin itiv o , del volum en.
En la obra de Ferrari Hardoy todos los pisos
tip o se rem iten a la unidad m ayor y d e fi­
nida del bloque, que los expresa u n ita ria ­
m ente y ca ra cte riza al e d ificio . El a trib u to
vo lu m é trico de éste se m an ifie sta en el
m arco que encierra la to ta lid a d de sus p i­
sos. El marco es d e fin id o por las aristas de
los muros laterales y, a lo largo de toda la
fachada, por la losa del p rim e r piso y la
que cubre el plano del ú ltim o . En los de­
más pisos, las losas no se proyectan fuera
del plano d e term inado por este encuadram ie nto y, sin rom per el volum en, fo rm a n un
tip o de galerías — más que balcones— que
sólo tom an dos tercios del fren te . Esta c ir ­
cunstancia e xp lícita el ca rá cte r de com po­
nente h o rizo n ta l de cada uno de los pisos,
sin a te n u a r la im p o rta n cia del m arco en
su fu n ció n de a co tam ie n to espacial.
La fachada la te ra l, en cam bio, acusa un
sentido de ve rtic a lid a d reforzado por la d i­
visión en dos fa ja s : una cerrada, revesti­
da, y o tra a b ie rta , v id ria d a . Esta ú ltim a
posee una m arcada direccion a lid a d ve rtica l
debido a sus proporciones y al ritm o que

o rig in a n los antepechos de cada piso al a p a ­
recer, regularm ente, en un nivel más r e ti­
rado. Pero consecuentem ente con el deseo
de considerar las fachadas como caras de
un volum en y no como planos libres, la
d ireccion a lid a d de la fa ja de v id rio es con­
te n id a por un a m p lio d in te l que encubre la
ú ltim a losa y es parte in te g ra n te e in d ife ­
renciada del plano lleno de color gris. De­
bido a este recurso, este elem ento pasa a ser
sólo una ca ra cte rística del plano to ta l de la
fachada y no un plano v irtu a l que d e stru ­
yese el ca rá cte r vo lu m é trico del to ta l.
La e stru ctu ra co n trib u ye ta m b ié n a crear
esta sensación; no se ha hecho de ella un
m otivo de expresión, como lo hace M ies van
der Rohe, ni se la m an tu vo u n ifo rm e en toda
su extensión; se la fué m odelando, c a m ­
b iándola de acuerdo con los papeles que
debía desempeñar, y éstos se expresan casi
sim bólicam ente. Los pilotes que abarcan
la p la n ta baja y el entrepiso cobran una
gran im p o rta n cia ; revestidos con un m a te ­
ria l áspero, fu e rte , están a llí para soportar
todo el bloque, como si fuesen la única es­
tru c tu ra . En efecto, al lle g a r al bloque, la
e stru ctu ra se esfum a en él sin p e rtu rb a r
su ca rá cte r u n ita rio , su verdad como v o lu ­
men en el espacio y separado del suelo.
En la parte in fe rio r del e d ific io , se a d vie rte
esta in tención en la buscada h o riz o n ta lid a d
de una gran banda de m árm ol negro que
pasa detrás de los pilotes del fren te hasta
más a llá del bloque en m arcado contraste
con él. Ba:o este elem ento, la p la n ta ba'a
pareciera "p ro d u c irs e ", y sobre él y d ire c ­
tam ente debajo del bloque, se extiende el
entrepiso.
En la p rim era está el h a ll de e n tra d a ; pe-

�El garage

La e ntra da

queño y vid ria d o al fre n te ; es sólo un lugar
te rm in a l de las circulaciones verticales. El
resto lo ocupa el garage, cuyas puertas con
v id rio opaco tienen un ca rá cte r livia n o , de
cerram ientos, que sugieren la nostalgia del
"g a g n e r le s o l".
Las m ismas preferencias fig u ra tiv a s que se
observan en el resto de la obra — la re la ­
ción constante de elem entos opuestos—
están presentes en el rem ate superior del
e d ificio , un prism a pesado, revestido de

V ista de la p la n ta b aja y el entrepiso

36

elem entos vitreos de un a zu l intenso y sus­
pendido sobre el bloque. Entre los dos, un
espacio donde se desarrolla el ú ltim o de­
parta m e nto .
La p la n ta presenta los mismos rasgos: a los
flancos, dos zonas densas, cerradas, en re­
lación a una tercera, a b ie rta , aérea. De
las dos prim eras, una corresponde a los ser­
vicios y a las circulaciones verticales, la
o tra está reservada a la vid a p rivada de
la fa m ilia : d o rm ito rios, baños, etc. En la
restante se desarrolla la vid a social.

�Cada zona abarca una m edida ig u a l del
fre n te por su p ro fu n d id a d y, además, la
pa rte destinada a los do rm ito rios aprovecha
la esquina.
El in te rio r de los departam entos es coheren­
te con el to ta l; no se ha pre te n d id o crear
un espacio flu id o , u n ita rio , con d istin ta s
determ inaciones (liv in g , d o rm ito rios, etc.)
de acuerdo con las funciones que se deban
c u m p lir en él, sino p ro p o rcio n ar a cada una
de las tres zonas perfe cta m e n te definidas,
un cie rto grado de a u to su ficie n cia . Q uizá
sea esta la causa que provoca la sensación
de v iv ir una yu xta po sición de espacios o r­
ganizados, y no p e rm ite una percepción
clara del to ta l.
La presencia del balcón, que une e x te rio rmente el livin g con los d o rm ito rios del fre n ­
te p rin c ip a l, no logra crear la tran sició n
que atenúe la relación dem asiado brusca
entre espacio in te rn o y externo. Este des­
e q u ilib rio es ta m b ié n perceptible, en menor
grado, en la fachada. La sucesión ve rtica l
de los livin g s abiertos no llega a crear un
volum en v irtu a l que compense a los más
cerrados que lo lim ita n . Esto, sin em bargo,
y a pesar de una te rm in a ció n sólo discreta,
no a fe cta m ayorm ente la co ntundencia del
to ta l de la obra, en donde se respira ese
a ire fresco y espontáneo que ca ra cte riza la
a rq u ite c tu ra de Ferrari Hardoy.
H oracio Baliero

La

te rra z a

del

ú ltim o

piso

Las reproducciones que ilu s tra n esta nota
han sido tom adas de fo to g ra fía s origina le s
de A . Gómez, E. K atzenstein y A . M ig on e .

P la n ta del piso re tira d o

V ista

de

la cocina

V is ta in te rio r de un liv in g

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37

�Aspectos del diseño argentino:
sillas y sillones
H oracio Baliero

A rq . A m a n d o W illia m s : V ersión de g ran v a lo r
p lá stico de un m ueble p op u lar desarm able. Es­
tru c tu ra de piezas to rn e ad a s de m adera. Res­
pald o re clin ab le y asie n to de cuero.

El m ueble m oderno ha pasado en la A rg e n ­
tin a por extrañas situaciones. N uestro caso
no ha sido el de una conquista g radual y
fa tig osa del m ercado, ni ha o cu rrid o que
defensores de las tradiciones com batieran
con energía las ideas heréticas de las jó ve ­
nes generaciones. Tam poco seria exacto h a ­
b la r del triu n fo del program a de ninguna
joven generación.
Han sido los fa b rica n te s al por m ayor de
m uebles y las propias m ueblerías los p o rta ­
dores del gusto.
La v e rific a c ió n de este hecho se demuestra
claram ente en la verdadera invasión de
muebles “ fu n c io n a le s " — y aún e xiste n cia listas— que im pide e n co ntra r en las casas
au tén tico s m uebles modernos y, lo que es
peor, im p la n ta una ta l d icta d u ra en el gus­
to del público, que le hace d ifíc il suponer
que lo m oderno sea algo d is tin to de cuanto
se le ofrece.

A rqs, Bonet, Ferrari y K u rc h a n : B.K.F. Estructura
ríg id a de h ie rro fo rm a d a por la unió n de dos
c o n tin u ida d e s que soporta la p ieza de cuero que
recibe a la persona.

38

Sin em bargo, hay que reconocer que esta si­
tu a ció n se rem ite a un problem a más a m ­
p lio : el de la d ifu sió n , que lleva adherida,
como una fa ta lid a d , el usu fru cto de los
objetos responsablemente creados.
Para
ojos expertos no es d ifíc il reconocer, entre
las form as más agresivas y banales, tra d u c ­
ciones “ a la v u lg a ta " de m uebles de un
Eames, un Saarinen o un Finn Juhl.
Pero la gravedad — o la p e cu lia rid a d — del
hecho reside en que no existe entre nosotros
una capacidad social creadora y, por consi­
guiente, objetos creados que condicionen la
d ifu sió n . Los objetos saqueados no han
sido creados ni usados aqu í; han sido meras
noticias fo to g rá fica s. Es por ello que la v u l­
g a riza ció n absorbe todas las fases del p ro ­
ceso; sus productos son sim plem ente p ro ­
ductos inéditos que se difu n de n .
Esta situación no deja de a fe c ta r al diseña­
dor. La d ifu sió n lo desaloja. A ésta no le

A rq . César J a n n e llo : O tro caso de e s tru c tu ra
c o n tin u a que posee una g ra n e la s tic id a d y sopor­
ta el asiento, de m adera com pensada, y el
respaldo, c o n s titu id o por una p ieza ú nica m ode­
lada e s c ultó rica m en te .

�sirven los creadores reales, concretos; devora
form as o las descarta, fuera de cu a lq u ie r
tie m p o hum ano, y encuentra sus fuentes
den tro de sí m ism a. Descartado el diseña­
dor, son las revistas y los elem entos ya d i­
fu n dido s los que, al repetirse m asivam ente,
crean en el m ercado un ablande por sa tu ­
ración.
En cu a n to al diseñador, la carencia de t r a ­
diciones vigorosas y de in stituciones que las
defie nd a n , la deja lib ra do a sí m ism o, en
una lucha que se desplaza a un cam po p u ­
ram ente pra g m á tico . Porque no se tra ta de
lu ch a r contra ¡deas, ya que del o tro lado
no existen, sino de to m a r una posición
p rá ctica y seguir tra b a ja n d o desentendién­
dose del problem a.
De este modo, esta situación d e term in a , en
cie rta m edida, la c o n tra p a rtid a d ia lé c tic a :
el querer ligarse a precedentes que, por su
sim p licid a d o ca lid a d , sean universalm ente
ad m itid o s. Esta a c titu d incluye, sin e m b a r­
go, algunas renuncias. En efecto, uno de los
grandes temas en la histo ria del m ueble
m oderno ha sido el de la producción en
serie. La m ism a p a la b ra ha sido rodeada
de un halo que deja entrever campos m a ­
ravillosos. En ella va im p líc ita la in d u stria ,
el diseño y, por ende, la d istrib u ció n por
todo el m undo de productos noblem ente d i­
señados. Esto lo pensaron y lo creyeron los
creadores europeos de la postguerra pasada
que concebían sus objetos para ser p ro d u ­
cidos en serie. A lg u n o s lo fu e ro n , otros no,
pero todos eran susceptibles, al menos te ó ­
ricam ente, de serlo.
En nuestro país la situación es o tra ; la gran
serie es la de los descalificados productos
A rq . César J a n n e llo : S illa desarm able basada
sobre elem entos sta n d a rd de m adera. A sie n to de
soga y respaldo de una pieza cu rvad a de te r ­
ciado.

A rq . H oracio B a lie ro : S illó n de h ie rro
Los dos elem entos lineales que fo rm a n
tu ra se resuelven en el respaldo en dos
de c irc u n fe re n c ia

y m im bre.
la e stru c­
segm entos
tang en te s.

A rq . A n to n io B o n et: Silla fo rm a d a por dos p e r­
file s de m adera con a siento fle x ib le de cuero y
respaldo re ciin ab le .

A rq . A n to n io B o n et: Silla ja rd ín con e s tru c tu ra
de h ie rro ; asie n to y respaldo de m im bre .

H a rp a : Silla de m adera y junco, Inspirada en un
d ifu n d id o m odelo pop u lar.

39

�G erardo C lusellas: S illa o p lla b le de a n tlco ro d a l.
A sie n to y respaldo ta p iza d o s.

G erardo C lusellas: S illón con a siento y respaldo
fo rm a d o por una sola pieza ta p iz a d a ; patas do
bronce.

J. J. Solsona y A rq . H oracio B a lie ro : Sillón ta p i­
zado. Estructura de p e rfile s m etálicos.

40

que hemos m encionado y los diseñadores,
que tra b a ja n fuera de este bajo m e rc a n ti­
lism o, no encuentran capitales interesados
en ocuparlos. Y aclarem os aquí que el f a ­
moso "g u s to del p ú b lic o " no es la causa de
este desinterés. A l p úblico se le ha im ­
puesto este gusto, y com pra estos m uebles
evidenciando una e x tra o rd in a ria sangre
fría fre n te a cu a lq u ie r concreción fo rm a l.
Esta co n tin u a fru stra ció n en el logro de a l­
gunos de los supuestos del m ueble moderno,
ha dado lugar a que se descuidara el as­
pecto fu n d a m e n ta l del problem a. Por otra
parte, la búsqueda de precedentes ha lle v a ­
do, a nuestro ju icio , a re cu rrir al uso cons­
ciente de los m odelos populares ■
— lo que,
dicho sea de paso, no es una a c titu d p ri­
v a tiva de nuestro país— y a poner ta n de ­
cid id a m e n te el acento en la te rm in a c ió n , en
la justeza de ejecución. Esto, unido a una
cie rta contención fo rm a l y a un no c o n fe ­
sado deseo de que los muebles con tem p o rá ­
neos sean ta n dignos como "lo s buenos
viejos m ue b le s", les confieren una cie rta
d ig n id a d de museo.
Q uizás sean éstas algunas de las causas
que no p erm iten la a p a rició n de auténticos
muebles modernos " d e u so ". M uebles que
tengan ese ca rá cte r espontáneo y fresco de
los de Eames o Saarinen, en los cuales la
bondad del diseño, la ca lid a d m a te ria l o la
justeza de te rm in a ció n , no son escudos de
b a ta lla , sino condiciones del propio objeto.
En la selección que aquí hacemos se in c lu ­
yen m uebles creados con a n te rio rid a d a
esta nueva situ a ció n , pero que han sentado
los precedentes del m ueble m oderno en la
A rg e n tin a . Los más conocidos han sido, sin
duda, la BKF y la p rim era silla de Jannello,
cuya in flu e n c ia sobre diseñadores a rg e n ­
tin o s y e xtra n je ro s es n o to ria ; sin embargo,
la suerte co rrid a por la BKF es bastante
excepcional. En rigor, son pocos los m ue­
bles que han conocido ta n e x tra o rd in a ­
ria d ifu sió n en el m undo. Y quizás la
m ayor d ifu sió n en nuestro país se deba a
estas vías indirectas. Desde entonces han
ido apareciendo otros m uebles, pero sólo
desde hace pocos años la creación de éstos
co n fig u ra una a c tivid a d específica y c o n ti­
nua que va com ercializándose, aunque no
en gran escala, y se desarrolla con in d e ­
pendencia de la corriente puram ente cbm ercial que hemos m encionado, pero a la
que q u izá s pueda hoy in flu ir.
El tra b a jo a ctu al de los diseñadores puede
ser tom ado como una preparación para el
fu tu ro , porque, como hemos dicho, no se
puede hoy h a b la r de la producción indus­
tria l del m ueble m oderno. T odavía se t r a ­
baja a rtesanalm ente. Pero esta situ a ció n es
necesariam ente precaria y no puede cu m ­
p lir con el com etido básico de lle va r el
m ueble m oderno a todos los am bientes. Si
a d m itim o s que el contorno social dado por
los objetos juega un papel decisivo en la
fo rm a ció n del hom bre, no podemos menos
que reconocer la le g itim id a d de esta a sp i­
ración.
A h o ra bien, dado que esta aspiración sólo
puede cum plirse con la ayuda de la indus­
tria , es evidente que el problem a del m ue­
ble sólo será resuelto encuadrándolo dentro
del m arco más general del diseño in d u s tria l.
C o n tra esta a firm a c ió n puede sostenerse
que, en la m edida en que éste puede hoy
desarrollarse, los resultados obtenidos no
constituyen una panacea y que, más aún,
la d ifu sió n de objetos c u ltu ra lm e n te n o c i­
vos no ha sido evitada.
Sin em bargo, a no ser que apoyemos un re ­
to rn o a M orris en bloque, no parece sensato
condenar las posibilidades ind u stria le s en
razón del uso que hoy se hace de ellas.
Desde este p u n to de vista , creemos que los
diseñadores, si tom an conciencia de esta
situación y crean unidades que puedan ser
consideradas como pro to tip o s y no como
piezas únicas, c o n trib u irá n , en gran m ed i­
da, a la fo rm a ció n de una conciencia del
m ueble a u té n tica m e n te moderna,

�B ib lio g ra fía
H. A. Murena: "El pecado original de
América". Sur, Buenos Aires, 1955.
Este lib ro co nstituye un in te n to de e nfocar
el problem a c u ltu ra l de A m é rica desde un
p u n to de vista que no es el p o lítico , el eco­
nóm ico ni el h isto rio g rá fico .
El a u to r reprocha a los enfoques anteriores
el haber desvirtuado la visión de A m é ri­
ca, al considerarla con una pauta europea.
A d v ie rte que no se propone un ensayo f i ­
losófico y el e stilo que ha escogido reve­
la la in te n ció n de exponer sin e sp íritu de
sistema, al menos en lo fo rm a l, una " a u ­
to b io g ra fía m e n ta l".
Sin em bargo, a pesar del ca rá cte r de expe­
riencia personal que le ha otorgado el p ro ­
pio a u to r, no es casual que este lib ro haya
sido concebido en el m om ento en que p a ­
recen haber e n tra d o en crisis las coorde­
nadas clásicas de la h isto rio g ra fía c u ltu ra l
de A m é rica . Nos referim os en p rim e r lu ­
ga r, a esa concepción un poco co m p la cie n ­
te de que A m é ric a estaba destinada a ser
una prolo n g a ció n de la c u ltu ra europea y,
como se creyó a lg u n a vez, un m e jo ra m ie n ­
to de esta ú ltim a , y de que todos los tr o ­
piezos y d ific u lta d e s para re a liz a r p le n a ­
m ente ese destino debían a trib u irs e a su
fa lta de m adurez e in e xp e rie n cia , es decir,
a p e rturbaciones de su p e rficie , no de fondo.
En segundo lugar, al eclecticism o c u ltu ra l,
resultado de una a c titu d de puros consu­
m idores de bienes esp iritu a le s y no de c re a ­
dores.
El a u to r de " E l pecado o rig in a l de A m é ri­
c a " , se p regunta si esos accidentes no obe­
decen q u izás a un d efecto esencial de con­
fo rm a ció n y a una m iopía consistente en
a p lica rles una m edida que le es im p ro p ia ;
una m edida europea en suma.
Ese defecto esencial consiste, para el a u tor,
en una ra d ica l fa lta de c u ltu ra , e n te n d ie n ­
do la p a la b ra no en el sentido " ilu s tra d o " ,
de acopio de conocim ientos, sino en el más
a m p lio que le otorga la antro p o lo g ía. A h o ­
ra bien, lo grave es que esa fa lta de c u l­
tu ra no es sim plem ente el resultado de una
ca re n cia , sino de un desarraigo, de un
abandono del estado de c u ltu ra que se v ie ­
ne consum ando in in te rru m p id a m e n te desde
los prim eros colonizadores hasta los más re­
cientes desplazam ientos in m ig ra to rios.
Estas serían, sum am ente condensarías, las
tesis de H. A . M ure n a sobre el problem a
c u ltu ra l de A m é rica . Cabe p re g u n ta r si ha
encontrado el p u n to de vista desde el cual
podría juzgarse a A m é rica con una p a u ta
que no sea la europea (no digam os a m e ri­
c a n a ). A l responder ne g ativa m e n te a d e la n ­
témonos a decir que tam poco im p orta sub­
rayarlo, ya que d ifíc ilm e n te podía haberlo
logrado sin inclinarse hacia una posición
que él m ism o confiesa d e te sta r: el n a cio ­
nalism o y el fo lklo rism o .
Pero destacar las corrientes europeas de
pensam iento que in fo rm a n este in te n to de
H. A . M ure n a , cosa que no intentarem os
aquí, no im p lic a ría hacer un reparo a la
le g itim id a d de la m ayor parte de su a n á li­
sis. La lu z cruda que a rro ja sobre nues­
tra rea lida d c u ltu ra l podrá parecer exce­
sivam ente e n fá tic a , pero no es menos ce r­
te ra por eso. El le cto r puede d is e n tir de
los supuestos generales de esta obra y, en
efecto, las categorías que em plea su a u to r
no son siem pre convincentes; habrá que
a trib u irla s más a una p referencia personal
que a las necesidades del propio análisis.
En cu a n to a la solución que se esboza en
el concepto de " tra n s o b je tiv id a d " , como e x­
presión de la índole c u ltu ra l am ericana y
por oposición al ideal europeo y occidental
de o b je tiv id a d , no corresponde e x ig ir m a ­
yores precisiones. Con todo, direm os, al p a ­
sar, que ese concepto podría aplicarse ig u a l­
m ente bien a c u a lq u ie r c u ltu ra fuera de la
europea (com o lo ha dem ostrado la e tn o ­

logía com parada) y que aún d e n tro de es­
ta ú ltim a el concepto de o b je tiv id a d ha
e xperim entado una serie de rectifica cio n e s
y lim ita cio n e s desde la m uerte de Hegel
(B e rd ia e ff, por e jem plo) . T a l concepto, en
d e fin itiv a , es sólo una construcción a la
que siem pre será posible oponer otra s cons­
trucciones con ¡guales pretensiones de v a ­
lidez.
La crisis de una concepción com placiente
del papel de A m é rica en la c u ltu ra es lo
que docum enta este lib ro y en ésto es don­
de radica todo su v a lo r; la crisis de una
concepción que ha durado entre nosotros
más q u izás que en otras partes de A m é rica
pero, en d e fin itiv a , una crisis que no h ip o ­
teca nuestro presente ni nuestro porvenir.
Porque habría que te n er sumo cuid a d o con
las d isyu n tiva s puram entes verbales en el
orden de la cu ltu ra . En p rim e r lu g a r por­
que esquem atizan dem asiado una situación,
o rig in a n d o así la neurosis de una salida
c u a lq u ie ra ; en segundo lu g a r porque pue­
den crea r el p re ju icio erróneo de que la
solución de esa a lte rn a tiv a puede ser p ro ­
vista por una decisión verbal.
Hay que te n er presente que siem pre pue­
de e x is tir a lg u ie n que no acepte ta l dis­
y u n tiv a y entonces ¿cómo se lo juzgará?
A . H.

Bruno Zevi: "Historia de la arquitec­
tura moderna". Emecé, Buenos Aires,
1954.
Esta volum inosa obra com ienza con una
in tro d u cció n , en la que el a u to r pasa revis­
ta a los crite rio s h isto rio g rá fico s aplicados
al estudio de la a rq u ite c tu ra m oderna y e x­
presa su d isconform idad con ellos. Esta ac­
titu d ya se m an ife sta b a en su lib ro "H a c ia
una A rq u ite c tu ra O rg á n ic a " que " n o pre­
tendía c o n s titu ir una h isto ria de la a rq u i­
te ctu ra m oderna, sino que se lim ita b a a
presentar una in te rp re ta ció n del desarrollo
del pensam iento a rq u ite ctó n ico desde la c r i­
sis del racionalism o hasta la d ifu sió n de la
tendencia o rg á n ic a ". Pero este libro, escri­
to en m om entos m uy especiales y dedicado
a aquellos jóvenes que te n dría n a su cargo
la reconstrucción de las zonas desvastadas
por la guerra, no respondía a la nueva si­
tu a ció n pues, según el a u tor, ya era re a li­
dad lo que antes sólo hablan sido deseos y
esperanzas: " la conquista d e fin itiv a del
aspecto h u m a n iza n te c'e la a rq u ite c tu ra ".
Z e vi, aunque conserva la e stru ctu ra básica
de su obra a n te rio r, p ro fu n d iz a más el p ro ­
blem a. " . . . H e rehecho ínte gra m e n te y he
a m p lia d o en fo rm a especial los capítulos
sobre los orígenes de la a rq u ite c tu ra m oder­
na y sobre las personalidades que precedie­
ron al racionalism o en Europa y en Estados
Unidos, negando la in te rp re ta ció n positivista
y rescatando el período arcaico o de v a n g u a r­
dia con el mismo m étodo adoptado para las
obras p o s t-fu n c io n a lis ta s ; he reca p itu la d o
las más im p orta n tes co n trib u cio n e s a la dis­
cusión sobre la a rq u ite c tu ra racion a lista y
o rg á n ica ; he dedicado un c a p ítu lo a los
a ctuales problem as m etodológicos de la h is­
to rio g ra fía a rq u ite c tó n ic a ; he o rg a n iza d o la
b ib lio g ra fía , la docum entación ilu s tra tiv a y
los datos in fo rm a tivo s, e tc .. . . "
A p a rtir de esta in tro d u cció n el le cto r se
a d entra en una polém ica que Z evi sostiene
con una d ia lé ctica v iva z a lo largo de todo
el libro.
En el p rim e r ca p ítu lo , " L a génesis de la a r­
q u ite c tu ra m o d e rn a ", se a n a liz a n las d is tin ­
tas inte rp re tacion e s que ha m otiva d o e!
tem a y se las considera respondiendo a a l­
guna de estas tesis: la evolución del gusto,
la revolución técnica, las nuevas teorías de
la visión estética y la tra n sfo rm a ció n social.
Z e vi, en cam bio, encuentra en la síntesis
de todas estas "co m p o n e nte s de la in n o va ­
ción del siglo X I X " la in icia ció n de la
p rim era época de la a rq u ite c tu ra m oderna.
A l e lu d ir de esta fo rm a el pe lig ro de la u n i-

la te ra lid a d y al am pliarse el basam ento his­
tó ric o de la nueva a rq u ite c tu ra , se a lcanzan
las condiciones para c u m p lir con la " d e ­
m anda de h is to ric id a d " que ésta requiere.
A sí se ju s tific a que encontrem os en " L a
p rim era época de la a rq u ite c tu ra m o d e rn a ",
títu lo del segundo ca p ítu lo , a las p e rso n a li­
dades más diversas sin que el a u to r in c u ­
rra en co n tra d icció n . Vemos, de esta m a ­
nera, d e sfila r a M o rris, M a ckin to sch , H o rta ,
V a n de Velde, Berlage, O tto W a g n e r, Loos,
H o ffm a n , O lb rich, T on y G arnier, Perret,
Behrens, Poelzig e incluso al aislado G audí,
vinculados estrecham ente al origen y des­
a rro llo de las ciudades ja rdine s inglesas, de
la escuela holandesa, la Secesión vienesa o
la "D e u tsch e W e rk b u n d ", d entro de una
densa tra m a de interdependencias e in ­
flu e n cia s recíprocas.
El ca p ítu lo tercero, "L o s m aestros del pe­
ríodo ra c io n a lis ta ", está dedicado, fu n d a ­
m en ta lm e n te , al estudio de las fig u ra s de
Le Corbusier, Gropius, M ies van der Rohe,
Oud y M endelsohn. T a m b ié n se incluyen
varios m aestros menores, como los cla s ific a
con audacia el a u tor, y un " p o e ta " : el in ­
geniero suizo Robert M a illa rt. A q u í ya
hemos llegado a la "c ris is del racionalism o
en E uropa" que se e je m p lific a con las reac­
ciones en Rusia y A le m a n ia n a z i, la deca­
dencia francesa y, tra ta d o en extenso, el
caso ita lia n o .
A p a rtir de este punto tra ta , en los c a p ítu ­
los siguientes, el m ovim ie n to o rgánico en
Europa, las ideas en discusión y el a fia n ­
za m ien to de esta tendencia, que es consi­
derada como la "c o n tra p a rtid a de la crisis
im p líc ita en el propio sistema lin g ü ís tic o del
ra cio n a lism o ". Es fá c il prever que las f i ­
guras descollantes de estos capítulos serán
p rin cip a lm e n te G unnar A sp lu n d y A lv a r
A a lto .
La a rq u ite c tu ra norteam ericana es tra ta d a
específicam ente en los ca p ítulo s restantes,
aunque las co n tin ua s in flu e n c ia s recíprocas
respecto a la europea se ponen de relieve a
lo largo de todo el libro.
Esta parte del lib ro com ienza con un estu­
dio h istórico y psico-sociológico sobre las
condiciones am ericanas, para proseguir con
el a n álisis de Richardson, la escuela de
Chicago, y el fam oso S ullivan. Una parte
curiosa e interesante es la refe rid a a los
contem poráneos de Frank Lloyd W rig h t. Un
ca p ítu lo entero está dedicado a éste, que
es el cam peón de Z evi, y o tro a su in flu e n ­
cia en el e xte rio r, pero es necesario recono­
cer, aún no co m partiendo las opiniones del
a u to r, que se ha evita d o el c a rá cte r dem iú rg ico con que se presenta generalm ente
a este a rq u ite cto .
La " a rq u ite c tu ra m o d e rn a " en los Estados
Unidos y la "o rg á n ic a " en especial han sido
tra ta d a s con g ra n a m p litu d .
Un ca p ítu lo sobre " L a renovación de los
estudios históricos de a rq u ite c tu ra " que
hace e x p líc ito lo que está im p líc ito en
todo el libro, es decir el m étodo seguido por
Z evi, unos buenos índices y una copiosa y
ú til b ib lio g ra fía , cie rra n la obra que co­
mentam os.
Este es, a grandes trazos, el desarrollo de
la obro en cu a n to a los tem as que tra ta .
Un a n álisis más m inucioso lle va ría , por el
ca rá cte r polém ico y la c o n tin u a discusión en
que Z evi se empeña con otros críticos, en
especial Giedeon, a escribir una obra de igual
extensión que la c ritic a d a . Sin em bargo, son
m uchas las a firm a cio n e s discutibles, p a rti­
cu la rm e n te en lo que se refiere a sus con­
ceptos sobre la p in tu ra . Por o tra parte, no
siem pre resultan convincentes los a rg u m e n ­
tos con que pretende d e fin ir el "o rg a n ic is m o ". T am b ié n dism inuye el v a lo r c rític o de
la obra la tendencia a m ostrar ciertas fig u ­
ras en un aspecto " n e g a tiv o " , al c o n tra ­
ponerlas con las que gozan de sus p re fe ­
rencias; cosa que no ocurre cuando se
refiere específicam ente a alg u n a de ellas.
No obstante, pasando por a lto esta ca ra c ­
te rística , la contraposición co n tin u a de co­
rrientes y personas suprim e el c a rá cte r
estanco de cada ca p ítu lo y p erm ite obtener

41

�una visión sin té tica del proceso m un d ia l de
la a rq u ite c tu ra m oderna.
T a m b ié n representa un va lo r im p orta n te la
tesis general del libro, o sea: la denuncia
de la crisis del "ra c io n a lis m o " en la a rq u i­
te ctu ra y la necesidad de buscar otros c a m i­
nos que integren más factores al pla n tea r
la ecuación a rq u ite ctó n ica .
Sin em bargo, el énfasis puesto en la d ico to ­
mía ra cio n a l-o rg á n ico , hace pensar que la
crisis abarca los dos térm inos y que lo im ­
prescindible es p la n te a r una nueva p ro b le ­
m ática y no embanderarse en una " c o n tr a ­
p a rtid a " de un va lo r en crisis.
De a ceptar esta ú ltim a posib ilid a d , no se
está inm une de un "a p rio ris m o " orgánico
de carácter, sólo fo rm a lm en te d is tin to de
los racionalistas. Porque a pesar de las p ro ­
testas en co n tra , la m ayor parte de las obras
orgánicas m a n ifie sta n una retórica n a tu ra ­
lista o regionalista que incluye muchas re­
nuncias.
El pensar im p líc ita m e n te en térm inos de
" c o n tra p a rtid a " , conduce asim ism o, a a ch a ­
car constantem ente a los maestros europeos
sus "a bstra ccio n es ge o m é trica s" o "s o c io ­
ló g ic a s " y sus "c u b o s yu xta pu e sto s" m ie n ­
tras se exa lta el aspecto más "h u m a n o " de
W r ig h t y de la a rq u ite c tu ra orgánica. Esto
resulta bastante vago, Dorque ta n to W rig th
como Le C orbusier expresan valores h u m a ­
nos, pero la opción im p lica to m a r unos e le ­
m entos y d ejar otros.
Si hoy se puede m ira r más a llá de Le C or­
busier o Gropius, ta m b ié n ocurre lo mismo
con W rig h t, pues ta n to en uno como en
o tro caso, la le g itim id a d de las obras o in ­
tu iciones es refle'O de las respectivas p ro ­
blem áticas, y es en v irtu d de que éstas no
pueden hoy servirnos en bloque, que se
hace necesario transcenderlas.
De todo lo antedicho se puede deducir que
el lib ro de Z evi no es una " h is to r ia " , en el
sentido convencional del té rm in o , y que
Z evi no pretende solo v e rific a r una s itu a ­
ción, sino lle va r la h isto rio g ra fía y la a r­
q u ite c tu ra m oderna en una dirección de­
te rm in a d a . En este sentido, esta obra es
un instru m e n to más en la lucha por la nue­
va a rq u ite c tu ra y, a pesar del tono un ta n to
d e cla m a to rio , está escrita con un gran am or
por ella y por sus héroes.
La vida que se a g ita en esta obra, p e rce p ti­
ble en su lectura, se explica por las p a la ­
bras del propio Z e v i: " . . . se debe in sistir
en el hecho de aue los historiadores, si son
au tén tico s historiadores, y no cronistas, fr ía ­
m ente objetivos, anónim os autores de in ­
ventarios, viven con los poetas del pasado
y del presente, p a lp ita n con ellos, p a rtic i­
pan en las contiendas del a 'te . Se com pro­
m eten respecto al presente tom ando p a rtid o
no sólo sobre los hechos de la hora, sino
ta m b ié n sobre los hechos del pasado".
H. B.

Wilhelm Worringer: "Problemática deí
arte contemporáneo". Nueva Visión,
Buenos Aires, 1955.
En "P ro b le m á tic a del arte co n tem p o rá n e o ",
W ilh e lm W o rrin g e r a n a liza las c a ra cte rísti­
cas de dos a ctitu de s estéticas, recíproca­
m ente c o n tra d icto rias, y p u n tu a liz a sus re­
laciones con el proceso de la creación plás­
tica y el m undo social contem poráneo. Su
propósito no es exponer un in q u e bra n ta ble
p u n to de vista, sino llegar a com prender las
dos opiniones en pu g na : A rte del público
y a rte de artistas, arte de profanos y arte
de peritos. W o rrin g e r ofrece dos e xp lica cio ­
nes del arte contem poráneo cuyo carácter
im perioso e inexorable deriva del único y
sólo hecho de que, independientem ente los
unos de los otros, a rtis ta s de todo el m undo
se sintieron, de pronto, im pelidos hacia una
ru p tu ra con toda sujeción a los modelos de
la na tura le za .
La prim era de esas explicaciones se fu n da
en e l hecho de que, después de muchos si­

42

glos de una hegemonía de la n a tu ra le za en
el arte que ya se ha tornado obvia, nueva­
mente es el espíritu el que anuncia sus
pretensiones supranaturales.
Pero para
quien le resulte inadecuada la u tiliz a c ió n
de la palabra " e s p ír itu " , en relación con
estas cosas ta n secularizadas desde tiem po
atrás, W o rrin g e r presenta o tra e xp lica ció n :
recuerda la fro n te ra c a rd in a l que existe en­
tre el arte de a rtista s y el arte del público.
Es la relación fu n da m e n talm e n te d is tin ta
que, en uno y en otro, se da con respecto
a los medios expresivos con los cuales ope­
ran las artes plásticas. M ie n tra s en el
a ctu al arte de artistas, esos m edios se han
convertido en elem entos p rim ordiales y
co n stitucion a lm e n te determ inantes de su
m etódica pla sm a tiva , en el arte del p ú b li­
co, esos medios sólo se m a n ifie sta n en su
form a aplicada, subordinados a la fin a lid a d
p rin cip a l de la captación reproductiva de
la na tura le za .
W o rrin g e r se niega a a ceptar el palabreo
transaccional a que nuestro corazón socia l­
m ente sensible pudiera inclinarnos. Esta­
mos fre n te a un divo rcio insalvable, fundado
en una inconm ovible d ife re n cia de posicio­
nes básicas fren te al sentido m ismo de la
plasm ación a rtística . N uestro tie m p o exige
una conciencia, y sólo una m endacidad ro­
m án tica puede p o s ib ilita r lo im posible, co n ­
c ilia r aparentem ente lo inco n cilia b le . Esta
a c titu d no le im pide, sin em bargo •— in d i­
cio de una conciencia que no se to le ra a
sí misma las engañosas sim p lifica cio ne s del
énfasis polém ico— , a d m itir la ca lid a d a r­
tística de m uchas m anifestaciones p ro d u ci­
das por los especialistas de la sensorialidad
óptica, y que cuentan con el aplauso del
público. Pero es sólo un a rte ; no es el
arte. El arte, a fin de cuentas, no em ana
de la evidencia de un poder, sino que surge
de un querer. Y el querer de quienes poseen
hoy una nueva conciencia del lenguaje a r­
tístico, im periosam ente im puesta, no es la
representación de la n a tu ra le za , sino la
creación de un sentido. " E l arte como m e­
dio para d irim ir el m undo fre n te al arte
como m edio para d ir im ir la n a tu ra le z a ",
csí resume W ilh e lm W o rrin g e r la pro b le m á ­
tica del arte contem poráneo en este lib ro de
interés excepcional.
E. B.

Lionello Venturi: "Cómo se mira un
cuadro. De Giotto a Chagall". Losa­
da, Buenos Aires, 1954.
Dentro del co n ju n to de las m anifestaciones
críticas, tendientes a a lca n za r los fu n d a ­
m entos de la vivencia estética, la produc­
ción de L io nello V e n tu ri ocupa un lugar
preponderante. En diversos trabajos, V e n ­
tu ri se ha dedicado, en efecto, a d ilu c id a r
los caracteres esenciales del proceso per­
ceptivo de la obra de a rte , procurando de­
fin ir en qué situación ha de colocarse el
espectador ante cada obra y cuáles son los
factores in tu itiv o s , conceptuales y de e x­
periencia que intervienen en la percepción
estética.
Esa preocupación crítica ha o rigina d o asi­
mismo el lib ro del epígrafe, donde el autor,
que ha procurado servirse en esta o p o rtu ­
nidad de un lenguaje lo menos técnico po­
sible, a n a liz a numerosas p in tu ra s, tra ta n d o
de p ro p orcionar al lector, más que una in ­
form ación, una guía de percepción. Nada
más alejado, sin em bargo, del m étodo y
del propósito de V e n tu ri que una a c titu d
n o rm a tiva . En nin g ú n m om ento enuncia
reglas rígidas que pudieran crear la im ­
presión de que existe un m étodo un ifo rm e ,
a p licable a todos los casos, para aprehen­
der correctam ente los valores pictóricos. Su
p rin cip a l preocupación consiste, precisa­
m ente, en destacar el ca rá cte r a b so lu ta ­
m ente sin g u la r del proceso creador de cada
p in tu ra a n a liza d a.

Su p u n to de p a rtid a es la crític a del co n ­
cepto de " g u s to " , en que suelen fundarse
m uchas apreciaciones estéticas. Aunque los
"g u s to s " personales son siempre a rb itra rio s,
no pueden, sin em bargo, ser evitados en la
fo rm a ció n de un ju ic io a rtístico . Una lin ­
da m uchacha de Renoir gustará más a m u ­
cha gente que un rudo cam pesino de Cézanne. Pero m uchas personas, a pesar de
su preferencia por Renoir, a d m itirá n no sólo
que el rudo cam pesino de Cézanne m ere­
ce atención, sino ta m b ié n que hay algo en
el cuadro del cam pesino que no existe en
la p in tu ra de Renoir. Es entonces cuando
se a d ve rtirá que, si bien las cualidades de
ambas p in tu ra s pueden ser d iferentes (una,
más a tra ye n te ; la o tra , m e n o s ), ambas po­
seen, no obstante, su cu a lid a d . Es una cu a ­
lidad que no depende del gusto o disgusto
que pueda provocar en el espectador, sino
de la obra m ism a. Es una cu a lid a d o b je ti­
va, una cu a lid a d en sí m ism a, y esta c u a li­
dad se llam a arte. En ese m om ento uno
cesa de dejarse d o m in a r por una pre fe re n ­
cia a rb itra ria y penetra en el terreno de la
crític a de arte.
A d ife re n cia de lo que ocurre con los gus­
tos personales, una crítica de arte puede
ser acertada o errónea, pues se basa en la
cu a lid a d o b je tiva de una obra. Es la sen­
s ib ilid a d a rtística la que pe rm ite ascender
desde la prim era im presión, basada en una
preferencia in d iv id u a l, hasta la c rític a de
arte. Esa sensibilidad es la consecuencia de
diversos factores y procesos: la observación
de muchos cuadros, la com paración de los
propios ju icios con los de otras personas,
tra ta n d o de com prender por qué están de
acuerdo o no lo están. Adem ás, puesto que
la vid a y la n a tura le za están más o menos
presentes en la p in tu ra , quienes poseen una
a m p lia experiencia de la vida y de la n a ­
tu ra le za están m ejor equipados para com ­
prender qué es el arte. Y , fin a lm e n te , la
form a de la sensibilidad m isma es siem ­
pre vaga, de m anera que cuando sus con­
tornos se definen, la sensibilidad se tra n s ­
fo rm a en ideas. Entonces, nuevos im pulsos
de sensibilidad se extienden más a llá de
estas ideas, dando n a cim ien to a nuevas
ideas, y así sucesivamente. Sin ideas, la
sensibilidad no puede desarrollarse y r e fi­
narse, pero nin g ú n ju ic io a rtís tic o es posi­
ble con ideas solamente. La acción recípro­
ca de la sensibilidad y de las ideas es esen­
cia l para la c u ltu ra artística .
La c u ltu ra a rtística sólo puede lograr una
buena com prensión del arte cuando existe
un e q u ilib rio entre la sensibilidad y las
ideas. C uando predom ina la sensibilidad,
la com prensión perm anece vaga e incohe­
rente, pues está sujeta a los im pulsos del
m om ento. Entonces lo eventual prevalece
sobre lo eterno. Cuando predom inan las
¡deas y la sensibilidad se subordina a las
reglas, que son dem asiado rígidas, lo que
se pierde es la visión de la realidad misma.
Pasa revista seguidam ente a diversas a c ti­
tudes erróneas fre n te a la p in tu ra , o rig in a ­
das en una sobrestim ación de algunos fa c ­
tores de cu ltu ra a rtística y en el descuido
de otros. A n a liz a así diversos sistemas de
crítica fundados, exclusivam ente, en la e ru ­
d ición h istó rica , en la m em oria y la im a ­
gin a ció n lite ra ria s, en el sentido de la be­
lleza, (lo que es belleza para Hom ero no
lo es para Shakespeare, lo que es belleza
para Rafael no lo es para Cézanne o V an
G o g h ), en el d o m in io de los elem entos té c ­
nicos de la p in tu ra (no existe ta l cosa co­
mo " l a " técnica de la p in tu ra . Hay m u ­
chos tipos de técnica de la p in tu ra ; el n ú ­
mero es casi in f in it o ! , en la narración del
tem a del cuadro, en el estudio de los esen­
ciales elem entos visuales en base a m éto ­
dos científicos.
V e n tu ri expone fin a lm e n te su propio punto
de vista, el cual le sirve para estudiar des­
de d entro casi cincuenta p in tu ra s. El con­
te n id o es la fo rm a "c o m o " se ha concebí-

�do el tem a. Cuando uno habla de cómo se
ha concebido algo, se habla realm ente de
la fo rm a . Así, pues, el contenido y la fo r ­
ma están id e n tifica do s. Los detalles, la lí­
nea, la p la sticid a d , el color, que m ucha
gente conoce como fo rm a , se suelen ju z g a r
por sí mismos, ponderando lo m uy plástico,
lo e q u ilib ra d o , la subordinación de los co­
lores al relieve, etcétera. Debe señalarse,
sin em barqo, que nin g u no de estos detalles
visuales co n stituye un va lo r por sí mismo.
Los valores plásticos no existen. Lo que
existe es una relación entre la p la sticid a d y
la im a g in a ció n del p in to r que la crea. Si la
p la sticid a d creada corresponde a la im a g i­
nación del p in to r, esto sig n ific a que su im a ­
gen se ha rea lizad o en p la sticid a d . La
p la sticid a d , como todos los tipos de repre­
sentación, es un sím bolo de un va lo r que
deberá encontrarse en la propia im a g in a ­
ción del p in to r.
El tem a puede tener un va lo r in te le ctu a l,
m oral o económ ico, pero no a rtístico hasta
que haya sido tran sfo rm a d o por la im a g i­
nación del a rtis ta . Un contenido puede po­
seer un v a lo r s e n tim e n ta l, mas no artístico ,
hasta que la im a gina ció n del a rtis ta lo
realice en una fo rm a in d iv id u a l. Una lí­
nea, una p la sticid a d , una arm onía de co lo ­
res, sólo poseen v a lo r técnico hasta que la
im a gina ció n del a rtis ta les im p rim e su p a ­
sión, su contenido in d iv id u a 1.
El sistema de c ritic a u tiliz a d o por V e n tu ri
deja de lado c u a lq u ie r norm a de ju ic io co ­
mo no sea la que se d eriva de la persona­
lidad del a rtis ta . Esto no s ig n ifica que des­
conozca c u a lq u ie r norm a o b je tiva . La p e r­
sonalidad del a rtis ta es o b je tiva si sabe­
mos in te rp re ta rlo y com prenderlo; así, si
penetram os en su estado de ánim o, podre­
mos seguir su proceso de crea ció n : la lu ­
cha de su im a gina ció n con sus ideas, su
sentido m oral y su té cn ica , con el objeto
de a lc a n z a r su unidad de fo rm a y de con­
tenido.
Si deseamos entender un poema de Baudelaire, lo prim ero que debemos hacer es
aprender el idiom a francés. Pero aun esto
no es su ficie n te . Debemos aprender ta m ­
bién el lenguaje personal de B audelaire si
deseamos com prenderlo. El p in to r ta m b ié n
posee su propio lenguaje, que está fo rm a ­
do por una fu sió n personal de líneas, fo r ­
mas y colores. Tenem os que aprender es­
te lenguaje y saber por qué es s im ila r o d i­
fe re n te del lenguaje de los demás pintores.
Una com prensión p ropia de la fusión de
m uchas líneas, form as y colores es nece­
saria si deseamos com prender aunque sea
un solo cuadro. T a l com prensión es lo
que se conoce como cu ltu ra en p in tu ra .
Pero para d e c id ir si un cuadro es o no una
obra de a rte no basta esa cu ltu ra . Ella
podrá decirnos si la expresión considerada
es o no s im ila r a otras. Pero considerar
una p in tu ra o m uchas p in tu ra s como una
regla de ju ic io para todas las demás, sig ­
n ific a no reconocer n in g u na nueva norm a
a firm a d a por una nueva personalidad a rtís ­
tic a . C uando la c u ltu ra en p in tu ra no nos
es su ficie n te , debemos re cu rrir a toda lo
c u ltu ra del hom bre, lo que sig n ific a que
para ju z g a r si una p in tu ra es o no una
obra de arte, uno debe tener por lo menos
un in d ic io de todas las actividades h u m a ­
nas antes de d e cid ir si, en lu g a r de ser una
obra de arte, co n stituye una dem ostración
c ie n tífic a , un sermón m oral o religioso, o
un program a p rá ctico de acción p o lítica , so­
cia l o económ ica, d isfra za d o de arte.
La verdad es que para ju z g a r una p in tu ra
hemos de poner a c o n trib u ció n ta n to nues­
tro sentido a rtístico , nacido de una c u ltu ­
ra p ictó rica , como nuestros conocim ientos y
experiencia, nacidos de una a c tiv id a d en
muchos órdenes vitales. Esta a c titu d pue­
de p e rm itirn o s com prender y apreciar la
relación ín tim a que existe en tre las líneas,
las form as, los colores que vemos en e l.c u a ­
dro y el se n tim ie n to y la im a gina ció n del
a rtis ta , que no vemos, pero que podemos

p e rcib ir y reco n stru ir m ediante nuestro sen­
tim ie n to e im a gina ció n . Y como el descu­
b rim ie n to de esa relación co n stituye uno
de los o b jetivos perseguidos en todo p ro ­
ceso de percepción y de ju ic io estéticos,
podemos a firm a r que es ésa la m ejor m a ­
nera de ju zg a r.
Sin técnica no sería posible la p in tu ra . Pe­
ro con técnica sola no tendrem os arte. La
técnica es una a c tivid a d p rá ctica , un m e­
dio de a lca n za r un fin , de lo g ra r arte. Por
lo ta n to , no podemos ju z g a r una obra de
arte sobre la base de su técnica.
Hay buena y m ala técnica. La buena es
la apropiada para la visión y el ideal del
a rtis ta . La m ala, la que oprim e la visión
y el ideal del a rtis ta . Esto ocurre cuando
el p in to r prefiere ser un técnico, un v irtu o ­
so, más bien que un a rtista . M eissonier y
Bouguereau son buenos ejem plos de este
fracaso.
Es m uy probable que no hava e xistido p in ­
to r que no se haya a iustado a una u otra
teoría, puesto que la co n trib u ció n del in ­
telecto a la p in tu ra es una condición nece­
saria del arte. Pero como la técnica, una
teoría es buena o m ala sólo hasta donde es
de ayuda o constituye un obstáculo para la
lib re expresión del se n tim ie n to y el desarro­
llo libre de la im a gina ció n . La teoría de
Piero d ella Francesco era la espacialidad;
la de Renoir, la irre g u la rid a d . Sus teorías
no podían ser más antanónicas. Pero resul­
ta ro n de u tilid a d para Piero d ella Frances­
co y Renoir en la creación de sus obras
maestras.
El problem a de la teoría en el arte guarda
relación con el probiem a del con o cim ie n ­
to en general. Es evidente que el a rte con­
trib u ye al conocim iento de la hum anidad.
De lo co n tra rio , sería un jueao in ú til. Pe­
ro la d ific u lta d estriba en e sp e cifica r qué
clase de conocim iento es. Es d ife re n te del
conocim iento c ie n tífic o y del m ístico. El co­
no cim ien to c ie n tífic o tra ta de tipos y de
categorías, de generalizaciones encauzadas
hacia el enfoque de la verdad universal.
El conocim iento m ístico salta a la verdad
universal sin m olestarse en v e rific a r su pro­
ceso. El conocim iento a rtístico es esencial­
m ente in d iv id u a l, pero incluye el universal.
De aquí que se deba tener presente, en
c u a lq u ie r crítica de arte, la exigencia de
h a lla r en cada p in tu ra considerada la re­
lación entre un s ig n ifica d o in d iv id u a l y una
in fe re n cia universal.
Hay m uchos ideales en p in tu ra . Esos idea­
les condicionan la fo rm a de las obras, en
cuya producción han in tervenido. Pero
m ientras todos los ideales pueden ser ú ti­
les para lograr una fo rm a a rtística , n in g u ­
no de ellos es m ejor o peor que otro. En
realidad, todo depende del poder creador
del a rtis ta para lograr su rea lización .
El o b je to de aprobación o desaprobación
en un cuadro no es la realidad ni el con­
tenido, el ideal o la form a de la p in tu ra .
Lo que debe ser o b je to de nuestra atención
es la personalidad del p in to r, su h a b ilid a d
para expresar c u a lq u ie r contenido, siempre
que sea el suyo propio, a través de cu a l­
q u ie r fo rm a , siem pre que ta m b ié n sea la
suya.
La reconstrucción de la personalidad del
a rtis ta nos p e rm itirá a p re cia r el ca rá cte r y
el v a lo r de su expresión, nos p e rm itirá
apreciar, en suma, si m uestra esa coheren­
cia de la im a gina ció n , que en a rte es la
cu a lid a d paralela a la lógica en la ciencia.
En su examen de diversas p in tu ra s, V e n tu ­
ri procura reducir todos los com oonentes de
cada obra de a rte a la condición de re la ­
tiv id a d , trascendiendo así las preferencias
a rb itra ria s de los individuos, las modas y
las civiliza cio n e s.
Su propósito es lle g a r a esclarecer qué de­
be entenderse por absoluto en arte. Se
tra ta de un absoluto que sólo puede ha ­
llarse en lo in d iv id u a l, en la personalidad
del a rtis ta . De m anera que c u a lq u ie r obra
de arte contiene la esencia de todo arte.

Y esto es lo esencial de toda creación a r­
tís tic a : el poder de id e n tific a r lo in d iv id u a l
con lo universal.
E. B.

J. C. Paz: "Introducción a la músi­
ca de nuestro tiem p o ." Nueva V i­
sión, Buenos A ires, 1 95 5.
A l a n a liz a r el panoram a m usical de nuestro
siglo, los historiadores de la música han
adoptado en general dos actitu de s opuestas.
Por un lado se sitúan aquellos que, sin
desconocer la existencia de verdaderos v a ­
lores creadores entre los músicos c o n te m ­
poráneos, consideran que la música a tra v ie ­
sa hoy un período de crisis. Por el otro,
los que a firm a n que los ú ltim o s cin cu e n ta
años constituyen uno de los períodos más
ricos y fecundos en la h isto ria de la música.
Para los prim eros, la música está ligada
indisolublem ente al concepto de to n a lid a d ,
entendida no solam ente en el a s o e 'to a rm ó ­
nico, sino ta m b ié n en el de la fo rm a , la
m elodía y el ritm o . Consideran — dentro
de las tendencias m usicales que han supe­
rado la to n a lid a d y buscan otros elementos
con qué s u p la n ta rla — como las más vale^
deras aquellas que, sin em bargo, más e le ­
m entos comunes conservan con lo que se
tra ta de reem olazar. Estos críticos, al con­
fu n d ir un sistema de com posición con la
esencia m ism a de esa com posición, deno­
m in aro n crisis de la música c o n tem p o rá ­
nea a lo aue era solam ente una crisis de
la to n a lid a d , v vieron en com positores como
H in d e m ith , Straw insky o Honegger, p ro p iciadores de soluciones parciales y de re to r­
nos a form as del pasado, a las fig u ra s más
destacadas del período post-debussysta.
La otra tendencia — en la que J. C. Paz
ocupa un lu g a r destacado— considera que
la to n a lid a d , den tro del co n tin ua d o devenir
de la m úsica, constituye un sistema que ha
agotado ya todas sus posibilidades de e x ­
presión. Las corrientes m usicales más reno­
vadoras serán, en consecuencia, aquellas
que puedan ofrecer nuevas y au tén tica s
soluciones al problem a de la su stitu ció n de
la to n a lid a d y aue se concretarán en torno
a la fig u ra de A rn o ld Schónberq y sus dis­
cípulos de la escue'a vie -esa . A la música
que producirán estas tendencias Paz la de ­
nom ina "n u e v a m ú sica " y la d efine como la
que apo rta l 1?) planteos probiem áticos, 2 ° )
elementos nara resolverlos, 31?) soluciones,
4?) incitaciones para la creación.
Para d e fin ir su a c titu d el a u to r parte de
un análisis de la situación de la música a
com ienzos del siglo, cuando el elem ento
crom á tico que había in icia d o ya con los
prim eros rom ánticos el proceso desintegrador
de las leves tonales, desoués del aporte de ­
cisivo de W a g n e r y sus continuadores — Reger, M a h le r, Strauss— , pondrá en crisis un
sistema que había e xistido desde la época
de Rameau. Debussy — enfocado como un
renovador en el cam po arm ónico y como
buscador y e sta b iliza d o r de form as— , Ravel, Roussel, S kria b in , son estudiados no
sólo como representantes de las ú ltim a s
etapas de este proceso, sino en su proyec­
ción hacia el fu tu ro , como los que senta­
rán las bases de un nuevo período — aun
sin d e fin ir— de la histo ria de la música.
El aporte teórico de los checos — Janaceck,
N ovak, Skuhersky, O strcil— , las a n tic ip a ­
ciones p ro fé tica s de Busoni, el aporte in d i­
v id u a l de S kria b in y de Hauer, esbozan ya
dos soluciones que posteriorm ente se adop­
ta rá n fre n te al problem a de la sustituc.ón
de la to n a lid a d : el dodecafonism o, que hará
un uso in te g ra l de los doce grados de la
escala cro m á tica , y el m icro to n a lism o, que
u tiliz a rá los m edios, tercios y sextos de tono.
En A rn o ld Schónberg, fig u ra c a p ita l de este
p rim e r m ovim ie n to , puede resumirse la evo­
lución de todo un ciclo m usical. Partiendo
de un u ltra cro m a tism o de espíritu y letra
w agnerianos, se convierte en uno de los

43

�creadores más fecundos del expresionism o
m usical d u ra n te su período atonal.
M ás adelante, en la búsqueda de nuevos re­
cursos de unid a d y fo rm a , se desarrolla su
p rin c ip a l etapa, de o rg a n iza ció n y concre­
ción de lo a d q u irid o : la de la creación de
la serie dodecafónica. De sus discípulos,
Berg- llevará el expresionism o a un grado de
exasperación extrem a en sus dos óperas;
W e b e rn creará un lenguaje especialísim o,
de e x tra o rd in a ria riqueza, en el que des­
a rro lla rá una ap lica ció n rigurosa del p rin ­
cip io serial. Los otros dodecafonistas, se­
ñalados por el a u to r, pertenecen en su m a ­
yoría a la segunda generación de d iscíp u ­
los de Schónberg y a los que en la A rg e n ­
tin a han form ado parte de esta tendencia.
La "n u e v a o b je tiv id a d " se sitúa en una
posición fu n d a m e n ta lm e n te opuesta a la
tendencia expresionista. En esta reacción
c o n tra el c lim a exasperado y pesim ista del
expresionism o, la "n u e v a o b j e t i v i d a d "
a p o rta rá elem entos positivos: la creación de
un tip o de m úsica que busca la pura o b je tiv iz a c ió n sonora, despojada de toda f ilia ­
ción lite ra ria o s e n tim e n ta l. Pero los p ro ­
cedim ientos u tiliz a d o s no siem pre fueron
le g ítim o s : no se crearon en realidad n ue­
vas form as para co n cre ta r esa buscada obje tiv iz a c ió n (com o fu é el caso de W e b e rn ),
sino que se recurrió a esquemas arm ónicos
y form ales del pasado, ya considerablem en­
te superados. Por eso, la "n u e v a o b je tiv i­
d a d " p rodujo en algunos casos obras de
creación e x tra o rd in a ria s , pero casi todos los
músicos adscriptos a esta tendencia — S traw insky, M ilh a u d , Krenek, Honneger, B artók,
P ro k o fie ff, W e ill— desembocaron fin a lm e n ­
te en una posición fo rm a lista y académ ica.
A co n tin u a ció n de la música de " é lit e " el
a u to r estudia las corrientes que c a lific a co­
mo música de masas. A esta tendencia per­
tenecen los m ovim ientos populistas de C he­
coeslovaquia — cim entados en una rica
tra d ic ió n teórica y m usical— que d e riva rá n
en el ate m a tism o y el m icro to n a lism o; los
de la U nión Soviética, que el a u to r define
como " a rte d irig id o con p re fijo p o lític o s o c ia l" y de los Estados Unidos, "co a cció n
con p re fijo m o ra l-s o c ia l". Como caso p a r ti­
cu la r, se presenta la escuela de L ju b jlu a n a ,
de Slavko O sterc y sus discípulos.
Paz a n a liz a a c o n tin ua ció n las corrientes
cuyo desarrollo no ha llegado aún a una
cu lm in a ció n , y cuyas posibilidades aun no
han sido to ta lm e n te exp lo tad a s: el m ic ro ­
to n alism o de C a rrillo , Haba, O bouhow y
W isch n e g ra d sky — búsqueda de una sín te ­
sis entre O riente y O ccidente— ; las m ú si­
cas experim entales y a base de sonidos in ­
determ inados de Varése, Cage, T herem in,
P artch; las nuevas realizaciones en el c a m ­
po de la rítm ica que encuentran en M essiaen su propulsor más e fic a z y, fin a lm e n te ,
la música concreta y la música electrónica,
que abren cam inos insospechados al porve­
n ir de la música o ccidental.
Conocida es la posición del a u to r en lo que
respecta a la creación m usical en nuestro
c o n tin en te . Paz resume con c la rid a d sus
c rítica s hacia la posición localista y fo lk lo ­
rista, que ta n to a rra ig o tiene entre los m ú ­
sicos de L a tin oa m é rica, y encara a c o n ti­
nuación el estudio de las más destacadas
personalidades que ha producido la música
estadounidense: Ruggles, Riegger, Sessions,
Pistón, Ives, C opland, etc. F in a liza el lib ro
con un breve resumen sobre la m úsica e u ro ­
pea a p a rtir de 1945.
A travé s de estas páginas, el contacto real
que, como m úsico, ha te n id o Paz con las
obras que com enta, confiere a su análisis
una c la rid a d y justeza ejem plares. Presen­
ta r de m anera coherente el panoram a d isí­
m il que ofrece la música de nuestro siglo
era una tarea d ifíc il que el a u to r ha sabido
lle v a r a cabo. Y es en esa búsqueda de la
"n u e v a m ú s ic a ", en el propósito de s in te ti­
z a r los elementos positivos y genuinos que
com ponen la esencia de la m úsica co n tem ­
poránea y proyectarlos hacia el fu tu ro , d o n ­
de reside el m ayor m érito de esta obra.

44

En el ciclo que se ha ce irad o con la p ri­
mera m ita d del siglo, el dodecafonism o
cuenta como la m áxim a expresión m usical.
Las prem isas para la música del fu tu ro ya
han sido planteadas y sobre ellas podrá
desarrollarse la música en lo que resta del
siglo. " V iv im o s la proyección hacia un
nuevo estilo, hacia posibilidades in é d ita s:
la a ve n tu ra está a nuestro alcance, y con
ella los m il riesgos que la hacen digna de
ser e m p re n d id a ".
J. G.

H erb e rt Read: "El s ig n ifica d o del
arte". Losada, Buenos Aires, 1954.
M e d ia n te una serie de deslindes sucesivos,
H e rbe rt Read se ap lica en este lib ro a la
ta re a de ir desechando aquellos factores
que son ajenos a la a c tiv id a d estética, aun
cuando aparezcan entrem ezclados con la
obra de arte. Busca por esta vía d e te rm i­
nar los elem entos que en rig or c o n s titu ­
yen la m ate ria del arte.
In icia su estudio señalando que el sentido
de belleza, esa deleitosa sensación provoca­
da por ciertos aspectos en la proporción de
la fo rm a , la superficie y la masa de las co­
sas, no guarda una necesaria relación con
el arte, ya que se tra ta m eram ente de una
sensación física. En cu a n to al concepto
de belleza resulta, en verdad, de una lim i­
ta d a sig n ifica ció n h istó rica . Nace en la
a n tig u a Grecia y es fru to de una especial
filo so fía de vida. T a l vez como ideal sea
ta n bueno como c u a lq u ie r o tro ; pero de­
bemos pensar que es sólo uno entre varios
ideales posibles. D ifie re del ideal b iz a n ti­
no que era más bien una e xpiación, una e x ­
presión de te m o r ante un m undo im o la ca ble y m isterioso. Y d ifie re ta m b ié n del
ideal o rie n ta l, que es a bstracto, inhum ano,
m etafísico, más in s tin tiv o que in te le ctu a l.
Incurrirem os, por lo ta n to , en falsedad v e r­
bal si pretendem os que a una A fro d ita g rie ­
ga, a una virgen b iz a n tin a y a un ídolo
salvaje de Nueva Guinea o de la Costa de
M a r fil pueden corresponderles sin excep­
ción este concepto clásico de belleza. Y,
sin em bargo, feos o hermosos, todos estos
objetos pueden considerarse leg ítim a m e n te
como obras de arte.
No es, entonces, el a rte la expresión en
fo rm a p lá stica de n in g ú n ideal d e te rm in a ­
do. Es la expresión de c u a lq u ie r ideal que
el a rtis ta llegue a re a liz a r en fo rm a p lá s ti­
ca. A h o ra bien, la a c tiv id a d a rtística se
cum ple en hombres vivos, y está sujeta a
todas las corrientes encontradas de la vida.
Read reconoce tres grados en esa a c tiv id a d :
1°, la m era percepción de las cualidades
m ateriales — colores, sonidos, gestos y otras
m uchas reacciones físicas com plejas e in d e ­
fin id a s ; 2? el arreglo u ord e n a m ie nto de
tales percepciones en form as agradables.
Estos dos prim eros procesos están c o n d icio ­
nados por el sentido estético. Estamos t o ­
davía en el nivel de una experiencia p e r­
ceptiva. Pero puede haber un te rce r grado
que se a lca n za cuando una com binación
de esas percepciones corresponde a un es­
tado previo de emoción o se n tim ie n to . Es
el grado de la expresión, el grado del arte
p ro piam ente dicho.
Para Read la expresión tiene un ca rá cte r
activo y va ria b le , pues es el conocim iento
levantado por el hom bre sobre sus im p re sio ­
nes sensibles. La sensibilidad estética es,
por el co n tra rio , el elem ento perm anente y
estático. A m bos coadyudan en la p ro d u c­
ción de la fo rm a . A u n q u e puede analizarse
la fo rm a en térm inos in te le ctua le s como
m edida, e q u ilib rio , ritm o y arm onía, en
realidad es in tu itiv a en su o rig e n : en la
p rá ctica real del a rtis ta no resulta un p ro ­
ducto in te le c tu a l. Es más bien em oción e n ­
cam inada y d e fin id a , y cuando describim os
el arte como " v o lu n ta d cre a d o ra " no im a ­
ginam os sólo una a c tiv id a d in te le ctu a l, s i­

no, más bien, una e xclusivam ente in s tin ­
tiv a . Por lo ta n to , Read no encuentra otro
modo de ju z g a r la fo rm a si no es por el
propio in stin to que la crea.
De co n form id a d con este c rite rio , pasa a
a n a liz a r la sección de oro y otras norm as
geom étricas, a las cuales parecen ajustarse
m uchas obras de arte. Estudia luego d i­
versos aspectos de la producción a rtística ,
tales como la distorsión, el d ib u jo , el e le ­
m ento personal, el contenido y los valores
psicológicos de la obra. A n te cada p ro ­
blem a planteado, Read procura esclarecer
el verdadero c a rá cte r de los elem entos en
juego. Por ejem plo, en el a n álisis del re­
tra to d ife re n cia aquellas obras que poseen
un va lo r de docum ento psicológico de a que­
llas otras que presentan valores estéticos.
En las postrim erías de la p rim e ra p a rte del
lib ro , se d ilu cid a n los caracteres y la im p o r­
ta n cia de la línea, el tono y la fo rm a de
una obra de arte.
En la segunda parte del lib ro , fie l a su p ro ­
pósito de d e te rm in a r las razones de a tra c ­
ción y de v a lo r de las obras y los estilos,
pasa revista a casi todos los períodos de la
h isto ria del a rte , dedicando notas especia­
les a G ainsborough, Blake, T u rn e r, Cons­
ta b le , D elacroix, Renoir, Cézanne, V an
Gogh, G auguin, H enri Rousseau, Picasso,
C h a g a ll, Paul Klee, M a x Ernst, Salvador
D ali y H enry M oore. En algunos casos el
le cto r podrá d is e n tir con respecto a las con­
clusiones de sus análisis, pero es in co n testa ­
ble la p e rtin e n cia de su p u n to de vista. Por
o tra p a rte , se e xp lica la fa lta de referencias
a las ú ltim a s m anifestaciones prácticas y
teóricas del arte contem poráneo, por cu a n ­
to la p rim era edición inglesa de " E l s ig n ifi­
cado del a r te " data del año 1931.
En la tercera parte, se enfoca el proceso
del a rte desde el p u n to de vista del crea ­
dor.
Com ienza destacando la s im ilitu d
existe n te e ntre las teorías estéticas de
T olsto i y de W o rdsw orth . T a n to uno como
o tro insisten en la perfecta co m u n ica b ilid a d
e in te lig ib ilid a d de la obra de arte. La frase
de W o rdsw orth , " u n hom bre hab la nd o a los
h o m b re s", es la descripción perfecta del
a rtis ta ideal de T o lsto i, y la apología de
W o rdsw orth de una dicción poética basada
en " e l lenguaje com ún de los hom bres"
encuentra eco repetidas veces en el ensayo
de T olsto i. Reseña luego el p u n to de vista
de M atisse. Encuentra una g ra n c o rre la ­
ción entre T olsto i y M atisse. La dife re n cia
puede lim ita rse a una p a la b ra : c o m u n ic a ­
ción. T olstoi reclam a que el a rtis ta no sólo
consiga expresar sus sentim ientos, sino ta m ­
bién que los tra n sm ita . Y aq u í encuentra
Read el origen del e rro r que ha p re cip ita d o
a T olsto i en ta n ta s d ific u lta d e s . Porque si
se pone al a rtis ta y sus sentim ientos por
una parte, ¿a 'q u ié n ', por la o tra , debe él
tra n s m itir ese sentim iento? T o ls to i, n a tu ra l­
m ente, decide que a todos los hombres. Y
si es a todos los hombres, entonces, el arte
debe ser ta n in te lig ib le que el cam pesino
más sencillo pueda apreciarlo. Adiós, pues,
de hecho, a casi todo, excepto las historias
de la B ib lia, leyendas y canciones fo lk ló r i­
cas, Unele T om 's ca b in y A C hristm as C arol. Para salvar esta lim ita c ió n , Read echa
m ano a las ideas de M atisse y a firm a que
la fu n ció n del arte no es tra n s m itir 's e n ti­
m ie n to ' para que los demás puedan e xp e ri­
m en ta r el m ismo 's e n tim ie n to '. Esa es sólo
fu n c ió n de las form as vulgares de a rte . La
verdadera fu n ció n del a rte es expresar 's e n ­
tim ie n to ' y tra n s m itir 'co m p re nsión '. No
hay id e n tid a d e ntre la em oción e xp e rim e n ­
ta d a por el a rtis ta al crear su obra y la
que nosotros experim entam os al c o n te m ­
p la rla . La obra de arte o rg a n iza nuestra
emoción.
Resuelve
nuestros
problem as
em ocionales en el sentido de la catarsis
a risto té lica . Y ésta es la causa por la cual
el arte es más s ig n ific a tiv o que la econo­
m ía o la filo s o fía . Es la m edida d irecta de
la visión e s p iritu a l del hombre.
H ay una in te rre la ció n p ro fu n d a del a rtis ta

�méndez mosquera

cicero pub./m

á

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La Nueva visión

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rodríguez peña 1320

buenos aires

�con la com unidad. El a rtis ta depende de
la com unidad ■
— tom a su tono, su tiem po, su
intensidad, de la sociedad de la cual es
m iem bro. Pero el ca rá cte r in d iv id u a l de
una obra de arte depende de una resuelta
v o lu n ta d de hacer, que es el re fle jo de la
personalidad del a rtis ta . Esto parece en ­
volver una c o n tra d icció n , pues ¿cómo e x ­
p lic a r la s im ilitu d de obras de a rte p e rte ­
necientes a los más diversos periodos h is­
tóricos?
La paradoja sólo puede explicarse m e ta físicam ente. Los valores de a rte extrem os
exceden lo in d iv id u a l y su época y circu ns­
tancias. Para expresar su in tu ic ió n de esos
valores el a rtis ta usará la m ate ria que las
circunstancias y el tie m p o pongan en sus
manos. A cepta c u a lq u ie r condición, s:em pre que exprese su vo lu n ta d de hacer.
Es o p ortuna la d ifu sió n e ntre nosotros
de este tra b a jo de H erbert Read, ya que
puede in c ita r a un exam en y, p a ra le la m e n ­
te, a una experiencia más com pleta de la
expresión estética. T ra d u jo correctam ente
Leonor Acevedo de Bornes.
E. B.

Richard N e u tra : "S u rv iv a l Through
Design". O x fo rd U n iversity Press,
N ew York, 1954.
"S u p e rvive n cia m ediante el d iseño" es una
nueva recopilación de apuntes que Richard
N e u tra acum uló d u ra n te toda su vida. Es­
tructu ra do s a la m anera de im presiones de
v ia :e, a través de m editaciones sobre el
propio hacer y de la va lo riza ció n y u b ica ­
ción de fenóm enos cu ltu ra le s, van c o n fig u ­
rando la com unicación de una m uy cohe­
rente filo so fía del diseño. Este escrito casi
a u to b io g rá fic o , nos revela una vasta c u ltu ­
ra, a d q u irid a a través de una riquísim a e x­
periencia v ita l y del contacto c o tid ia n o con
la creación. Los Angeles, New Y o rk, Guam,
V iena, San Juan de Puerto Rico, K ioto, Ceylán, Buenos A ires, son fuentes directas de
experiencia u tiliz a d a s en su exposición. Por
o tra parte, el tra to personal que ha m a n te ­
nido N e u tra con personalidades salientes
de nuestra época — Freud, A d o lf Loos,
Einstein, S ullivan, historiadores, psicólogos y
fisiólogos de n o ta — le ha proporcionado
argum entos que presenta en su lib ro ; pero,
como acota en el prólogo, las síntesis que
él rea liza no pretenden tener la va lid e z sis­
te m á tic a de la cie n cia : sólo responden al
p ro fu n d o deseo de señalar cu á n to han a y u ­
dado a la seguridad del diseño — en té rm i­
nos de supervivencia— las ciencias con­
tem poráneas que han observado de cerca
el fu n cio n a m ie n to orgánico.
El hombre — observa N e u tra — especula y
construye objetos que m o d ifica n su m edio
circu nd a n te . En la c iv iliz a c ió n tecnológica
contem poránea, un noventa por ciento del
e ntorno es obra de las manos y — esperé­
moslo— del cerebro humanos. El in d ivid u o
no existe aisladam ente, está en estrecho
in te rca m b io con su entorno, a través de sus
sentidos, bronquios, poros, funciones cere­
brales, coloidales y de todo tip o . Si se h i­
ciera una c la sifica ció n , en orden de im ­
po rta n cia , de los problem as que a fe cta n el
diseño, surgiría la siguiente cuestión como
la más urgente de to d as: ¿es el contorno
a c tu a l saludable para el hom bre, o, por el
c o n tra rio , am enaza en más de un sentido
la supervivencia de la especie?
T al pregunta constituye el núcleo de las
preocupaciones de N e u tra , pues si hemos
aprendido a considerar al m edio c irc u n d a n ­
te como la to ta lid a d de los estím ulos a los
que el sistema nervioso está expuesto, re ­
sulta claro, en su opin ió n , que el fu tu ro
desarrollo de la fisio lo g ía cerebral ayudará
y cim e nta rá con conocim ientos fa ctu ale s el
diseño del contorno construible. El diseña­
dor, el a rq u ite cto , se nos aparece como el
m an ip u le a d o r de estímulos, experto en su

46

a ctuación sobre el organism o hum ano. Su
técnica concierne, en rig or, a la substancia
orgánica del cerebro a pesar de todo lo
com penetrado que deberá estar con los o f i­
cios del fa b ric a n te de aceros, del a lb a ñ il,
del plom ero, dedicados a tareas inorgánicas
externas.
El lib ro com ienza con una disquisición so­
bre la h isto ria de la p re g u n ta : "¿es posible
p la n e ar? ", que pone sobre el tapete las
viejas controversias sobre el libre albedrío y
la causalidad, a las que N e u tra responde
fin a lm e n te : "B u e n o , ta l vez no podamos,
pero debem os".
A co n tin ua ció n h isto ria el p laneam iento
racional y los valores en que basó su p ro ­
g ra m á tica , haciendo de paso, una in te re ­
sante ubicación del im presionism o p ic tó ri­
co y el n a tura lism o lite ra rio .
En vista de estos conceptos no es de e x tra ­
ñar que en el lib ro se hable de calidades
m etafísicas y no de com portam ientos. P lan­
teada asi la epistem ología del m edio c ir ­
cundante y por ende del espacio, el a u to r
observa que el concepto contem poráneo de
este ú ltim o (se habla hoy de espacios o rien tables, curvables, en expansión, y fu n d a ­
m entalm ente de e s p a c io -tie m p o ), m a n ifie s­
ta características acordes con el acervo sen­
sorial del hombre de la calle, acostum brado
a las palabras atrás, adelante, a rrib a , abajo,
a la izq u ie rd a , a la derecha, fa tig a , reco­
rrido. Todos estos té rm in o s acusan una
co n tra d icció n con el concepto new toniano
del espacio estático, a tem poral y de p ro ­
piedades constantes en todas direcciones.
El a u to r se nos revela como un estudioso de
las ciencias que pueden c o n trib u ir a c o n fi­
g u ra r esta concepción orgánica, fisio ló g ica
del diseño, es decir, p rin cip a lm e n te , de la
psicología contem poránea.
El m edio h a b ita b le — observa— es p e rc ib i­
do, visu a l, tá c til, sonora y o lfa to ria m e n te .
Sin em bargo, la a rq u ite c tu ra ha sido con­
cebida en térm inos predom inantem ente v i­
suales. Si tom am os en cuenta la to ta lid a d
de los recursos de percepción del m edio h a ­
b ita b le , debemos concordar con el a u to r en
que ese m edio esoacial no puede ser pensa­
do en térm inos absolutos y luego orquestado
con m ateriales a especificarse. N uestra
percepción es a sociativa y estereognóstica,
es decir, basada en integraciones de estí­
m ulos de d istin to s sentidos; no podemos
e x c lu ir ingredientes del diseño del espacio
sin m u tila rlo o co n tra d e cirlo .
En este orden de ideas, lo sensorial va co­
brando una im p orta n cia sobresaliente y
conceptos tales como economía nerviosa,
d o m inancia, asociación, reflejos, cinestesia,
somestesia, espacio fisio ló g ico , s h o c k ,
tra u m a , van incorporándose a la te rm in o ­
logía del lib ro , ca p ítu lo tras ca p ítu lo de
exp lica ció n e je m p lifica d o ra . No se co n vie r­
te por e llo en un desarrollo groseram ente
sensualista: "Im p re sio n ista s, cuidado; los
procesos cerebrales superiores pueden llegar
hasta cancelar los estím ulos sensoriales" es
la adve rte n cia con que cierra un ca p ítulo
de acotación.
La tran scrip ció n de un ejem plo puede d a r­
nos la pauta acerca de lo que constituye
la ca ra cte rística más saliente de este t r a ­
b a jo : un lirism o que se expresa a través del
lenguaje y la experiencia de un creador,
y que p e rm ite elevar al plano a rtístico lo
que de otro modo podría ser una serie más
de reflexiones pseudocientíficas.
"A u n q u e el h á b ito opera a través de la fr e ­
cuencia de exposición ta m b ié n hay respues­
tas fija d a s de modo m uy d istin to . El shock
de intensa em oción vin cu la d o a la expe­
riencia de un estím ulo fu e rte y único puede
ser un agente co n form a do r y decisivo. A l­
gunas fija cio n e s sum am ente negativas pue­
den producirse m ediante lo que Freud llam ó
trau m a . Pero ta m b ié n experiencias visuales
positivas pueden lle g a r y ser fija d a s m e­
d ia n te un shock; esto debe tenerlo presen­
te el diseñador. En efecto, el g ra n a rte no
puede prescindir del im pacto súbito. Un

intenso deleite, como una a ngustia m o r tificadora, puede ser un co m petidor im b a tib le
de m uchas experiencias anteriores y poste­
riores, de tip o tib io , h a b itu a l. Una casa
puede ser diseñada para satisfacer "m e s a
m es" con la reg u la rid a d de un proveedor.
En este caso satisface por há b ito. O puede
hacerlo de m anera ha rto d ife re n te , de un
modo instantáneo, en la fracció n de un se­
gundo, con el estrem ecim iento de un a m a n ­
te. La experiencia de una vid a a menudo
se condensa en unos pocos recuerdos que,
por lo general, son del segundo tip o . A q u í
reside el va lo r de una a m p lia p u e rta corre­
d iza abriéndose p lacenteram ente al jardín.
N o puede m edirse contando cuán a menudo
se usa o cuántas horas perm anece a bierta.
Lo decisivo puede ser un p rim e r suspiro de
liberación cuando estamos en el acto casi
ritu a l de a b rirla antes del desayuno o en
el p rim e r día cá lid o de p rim a v e ra ".
Sigue una serie de capítulos dedicados a
las co nfiguraciones form adas por hábitos
cu ltu ra le s y económicos que pueden d e fo r­
m ar relaciones y estím ulos directos.
En el plano social, señala el a u to r, la fo rm a
no tie n e de por sí un s ig n ific a d o indepen­
diente del cómo ha sido producida. A n a li­
za el va lo r em otivo, relacionado con el es­
fuerzo, de los m onum entos a ntiguos y a c la ­
ra el signo d is tin to de nuestra tecnología,
los problem as de co m unicación e ntre el
diseñador y productor, y el com prom iso
constante del diseñador ante las d istin ta s
solicitaciones de la sociedad con tem p o rá ­
nea.
La parte e xpositiva concluye con
consideraciones urbanísticas.
En la parte fin a l del libro, N e u tra conden­
sa su a c titu d en un program a de acción de
cinco puntos:
" 1 . — Establecer la fu e rza de las in flu e n ­
cias del entorno no percibidas por los s e n ti­
dos que a fe ctan al organism o en general.
Debe darse especial consideración ta n to a
los estím ulos creados por el hom bre, como
a los que sean m odifica b le s y que, por con­
siguiente, se hallen dentro de la esfera del
arte del diseño.
" 2 . — C la s ific a r los datos de las respuestas
específicam ente sensoriales para m ostrar
como tra b a ja n los d istin to s sentidos, separa­
dam ente y en com binación estereognóstica.
" 3 . - — Estudiar la relación entre esos estí­
m ulos sensoriales y nuestro e q u ilib rio som á­
tico , que es fu n d a m e n ta l para nuestro b ie n ­
estar inm ed ia to y supervivencia a largo
té rm in o .
" 4 . — Estudiar cuidadosam ente las res­
puestas condicionadas y asociadas que los
elem entos simples del diseño producen en
nuestro cerebro.
" 5 . — In ve stiga r con creciente refin a rrve n to y seguridad las interrelaciones de todas
las respuestas, sus suposiciones, c o lig a c io ­
nes, configuraciones e in te rfe re ncias m u ­
tu a s ".
Los sujetos de ta l e xp erim entación pueden
ser anim ales y humanos. Los objetos pue­
den ser clasificados en tres grupos:
" 1 . — Propiedades específicas de s ig n ifi­
cación sensorial: Formas, colores, texturas,
consistencias, etc., considerados en su fu n ­
ción de estím ulos aislados.
" 2 . — M a te ria le s : substancias con las cu a ­
les nuestros sentidos com binados tra ta n
como estím ulos com plejos, ta l como ocurre
en nuestro entorno construido.
" 3 . — Disposiciones y composiciones: com ­
binaciones in tegrales de estím ulos, tales
como habitaciones diseñadas para usos es­
pecíficos, en tra ñ a n d o factores ó p t i c o s ,
acústicos, térm icos, quím icos, mecánicos,
etc., Su a ctu ación sobre nuestro equipo
sensorial y nervioso ce n tra l y sobre nues­
tra fisiología en general, ocurre en c o m b i­
naciones com plejas y fija s de muchos in ­
g re d ie n te s".
N e u tra cierra el lib ro con una declaración
de fe en el fu tu ro del diseño, asistido por
una serie de datos o b jetivos proporcionados
por la investigación.

�Hoy ya es v ie ja la pretensión de fu n d a r de
un modo racional el p la n e am ie n to de o b je ­
tos, habitaciones, ciudades y procesos con
la asistencia de datos o b'etivos. Como seña­
la N e u tra , ha venido desarrollándose en los
ú ltim os cien m il años y ha su frid o d u rante
este desarrollo, el d esplazam iento de los
valores tom ados en cuenta para cim e n ta r
su o b je tivid a d .
El elem ento dadaísta, que permeó el espíritu
m oderno en su p rim e r salto, puede ser con­
siderado como el origen de esas fo rm u la c io ­
nes en fo rm a de m anifiestos, que im p lic a ­
ban una co n fia n z a casi m ágica en los
slogans, en su m ayoría cartesianos y de
ca rá cte r tecnócrata. A pesar de la lim ita ­
ción que hoy les conocemos, está el hecho
(dadaísta ta m b ié n ) de que sirvieron de in ­
centivo a una generación entera para cu m ­
p lir un fo rm id a b le m ovim ie n to cu ltu ra l.
Detenido el p rim e r " é la n " renovador del
m ovim ie n to m oderno en una "im p a s s e " m an ie rística , surgen en un m om ento dado te n ­
tadoras fo rm ulaciones de ca rá cte r o rg a n icista, n e o-em pírico, n e o -ro m á n tico .
H ila n d o un poco grueso, podríam os u b ica r
— erróneam ente—
la presente obra de
N e u tra den tro de este campo. Pero ocurre
que la fo rm u la c ió n espistem ológica del o rg a nicism o, por ejem plo la de Z evi (ta l vez la
más consecuente, pues los te xto s de W r ig h t
son de una m etafísica g e n ia l, pero m e ta fí­
sica al f in ) , seductora en sus planteos de
orden general, queda co rta en la d e fin ició n
m ism a del concepto. Y cae otra vez en la
m agia n o m in a lista . Por ende, al a lca n za r
el plano específico en el terreno de las fo r ­
mas, degenera en un p re cip ita d o o p o rtu n is­
mo. Y se queda en el d o m in io de las ideas
generales: "V a y a m o s a una a rq u ite c tu ra
orgánica, más h u m a n a " — espléndido—
pero en seguida caemos en la a d ju d ica ción
g ra tu ita del ca rá cte r "o rg á n ic o ", " h u m a ­
n o ", a ciertas form as que quedan así b en­
decidas y consagradas. Enfrente se a m o n ­
tonan las form as inorgánicas y deshum a­
nizadas, ¿tal vez creadas por marcianos?
Es algo sem ejante a lo que ocurre a los
propugnadores del " a rte so c ia l".
Por o tra parte, el cam po n e o -ro m á n tico es­
tá plagado de predicadores de " la vuelta
a " y precisam ente, el va lo r y la o rig in a lid a d
de "S u p e rvive n cia m ediante el d ise ñ o " resi­
de en que esta a c titu d ha sido evita d a. En
efecto, N e u tra es uno de los inventores del
m ovim ie n to m oderno. Uno de los más jó ve ­
nes de la p rim era generación revo lu cio n a ­
ria. Su lucha data de los tiem pos de A d o lf
Loos. Su obra se ha venido ca ra cte riza n do
y enriqueciendo lentam ente, no a través de
"v u e lta s a " o "a ba n d o n o s d e " sino a tr a ­
vés de un seguro proceso de m aduración.
Sus escritos no tienen la b rilla n te z de la
tesis la nzada, sino la cautela dél creador
que nos habla de sus mecanismos, de sus
procesos, de sus reflexiones, y posee la m e­
sura y el vuelo de una filo so fía m oldeada
m ediante el constante in te rca m b io d ia lé c titic o con la creación.
Detrás de cada línea, de cada pensam ien­
to , están su C lín ica de G r iffith Park, su
casa del desierto, las disposiciones de sus
livings, sus jardines, su fin ísim a sensibi­
lidad del paisaje; todo e llo aparece con
una fu e rz a e xtra ñ a una y otra vez en un
te x to sin ilustraciones ni alusiones directas.
Nos propone — por para d ó jico que pa ­
rezca— una siste m a tiza ció n del ro m a n ti­
cismo. S in te tiz a r las trad icio n e s c u ltu r a ­
les sin m u tila rla s , enriqueciéndolas m u tu a ­
m ente.
N o nos propone una nueva panacea. Lo
que somete a nuestra consideración es n a ­
da menos que una serie de medios a nues­
tro alcance para fu n d a m e n ta r o b je tiv a m e n ­
te el diseño; para a va n za r en el c u m p li­
m ie nto del anhelo q u izá más caro a los
creadores m odernos: el de hacerlo resoonsable.

Córdova Iturburu: "Cómo ver un cua­
dro. "A tlá n tid a , Buenos Aires, 1954.

tenerse de ju z g a r pre cip ita d a m en te en base
a lo que supone debe ser la labor del a rtis ta .
Luego de una consideración p re lim in a r, en
donde el a u to r expone las lim ita cio n es de
conceptos tales como los de im ita c ió n y
representación, en donde se o rig in a n las
fa la cia s más d fu n d id a s entre el público,
procede a e n u nciar los requisitos básicos
que debe satisfa cer toda p in tu ra . Estos re­
quisitos son los que se refieren a la com ­
posición, al d ib u jo , al colorido, a la fa c tu ra
del cuadro y fin a lm e n te a la unidad e xp re ­
siva a la cual se subordinan todos.
Dedica un ca p ítu lo a cada uno de esf os
tópicos, abundantes en consideraciones acer­
tadas pero a veces excesivam ente ca rg a ­
das de tecnicism os. A u n q u e el eje de su
a n álisis es un cuadro de term in a do — " L a
virg en de las roca s"— m enciona una gran
ca n tid a d de ejem plos, procedentes en su
to ta lid a d de la p in tu ra del Renacirrvento.
A ju ic io nuestro el a u tor podía haber e x te n ­
dido el reo e rto rio de e :em plos abarcando la
p in tu ra que se in icia con el im presionism o,
con lo cual creemos que su tra b a jo hubiera
ganado en coherencia y en unidad de in te n ­
ción expositiva. Y no se hubiera visto o b li­
gado, además, a hacer una d istin ció n ta n
a rb itra ria como la de "o b ra m aestra = cu a ­
dro a n tig u o " y cuadro m oderno. A u nque
ésta no haya sido la in te n ció n del a u to r, la
d ivisión está presente para el le cto r no
prevenido que es a qu ie n se d irig e esta
obra. A pesar de los inevitables reparos
que pueden hacerse siem pre a las obras
de d ivu lg a ció n , este lib ro apo rta valiosos
elem entos de conocim iento para quienes c a ­
recen de toda especilización en la m ateria.

El a u to r com ienza a d virtie n d o que el p ro ­
pósito de este lib ro es el de proporcionar
conocim ientos a quienes, en m a te ria de
p in tu ra , están desprovistos de las nociones
más elem entales. No se d irig e pues a los
especialistas, a rtista s o conocedores, sino al
pú b lico en general, interesado o sim ple­
m ente curioso por las m anifestaciones a rtís ­
ticas, pero que carece de los elem entos ne­
cesarios para a p re cia r debidam ente un cu a ­
dro y, por lo ta n to , para form arse un c r i­
te rio propio y fu n da d o sobre el mismo.
La empresa presenta, sin duda, grandes d i­
ficu lta d e s, pero no podría ser más o p o rtu ­
na, especialm ente entre nosotros, donde la
a c tivid a d a rtística d ive rsifica d a en más de
una tendencia exige, además de críticos
agudos, observadores in te lig e n te s y sensi­
bles, capaces de se rvir de vín cu lo entre el
a rtis ta y el público. En este aspecto el
lib ro que com entam os será bien recibido
por el p úblico a n ónim o que acude a las
galerías y a las exposiciones de p in tu ra .
En cu a n to a las d ific u lta d e s que presenta
una empresa de esta índole son de todos
conocidas y no es necesario subrayarlas
una vez más. Es su ficie n te con que este
lib ro co n trib u ya e fica zm e n te a despejar los
p rejuicios más d ifu n d id o s que im piden el
acercam iento espontáneo del pú b lico hacia
las obras de a rte , único requisito de toda
experiencia estética verdadera. Por eso el
a u to r so licita , ante todo, respeto por la
obra que el espectador tiene d e la n te ; abs­

A . H.

Frank Lloyd Wright
Enrico Tedeschi

El profesor Enrico Tedeschi rea liza en estas páginas un
conciso estudio de la vida y la obra de Frank Lloyd
W rig h t. A través del análisis de sus obras más representa­
tiva s, el a u to r señala con precisión las características
fu n da m e n tales del genio creador de W r ig h t y la larga
evolución que ha su frid o desde 1900 hasta nuestros días,
destacando al m ism o tie m p o el papel fu n d a m e n ta l que
en todo m om ento desempeñó en la h isto ria de la a rq u i­
te ctu ra contem poránea.
Con el o bjeto de e v ita r la reproducción de obras v a sta ­
m ente conocidas y que no podrían docum entarse s u fi­
cientem ente, este lib ro presenta en su parte fin a l tres
de las obras más características de W rig h t, con repro­
ducciones en su m ayoría in é d ita s y con un análisis d e ta ­
llado a cargo del Prof. Tedeschi: la casa A ve rv Coonley,
la Robie y la fá b ric a J o h n s o n .......................... m $n . 3 5 .— •

Editorial Nueva Visión
C e rrito

1371

/

Bs. As. /

T. E. 4 2 -1 3 4 7

J. M . B.

47

�Exposición de fotografías de Horacio
Cóppola. Galería Krayd, Bs. Aires,
19 agosto 1955.

Con esta exposición de fo to gra fía s, Horacio
Cóppola vuelve a to m a r contacto con el
público después de su ú ltim a exposición,
en 1953, en que diera a conocer sus tr a ­
bajos sobre el A le ija d in h o .
La m uestra que com entam os reúne un con­
ju n to de obras representativas de su p ro ­
longada a ctivid a d como fo tó g ra fo , anim ada
constantem ente por un claro concepto de
la fo to g ra fía y de su papel en la vida em o­
cional de nuestra época.
Las fo to g ra fía s de Horacio Cóppola, a sisti­
das por un p rofundo conocim iento de los
medios que le proporciona su o fic io , care­
cen, sin em bargo, de todo énfasis técnico
y no dejan tra s lu c ir nin g u na a lq u im ia se­
creta. Son exactam ente lo que él se p ro ­
pone que sean: una " v e rific a c ió n " de sus
reacciones subjetivas fre n te a los objetos
de la vida co tid ia n a , fre n te a lo que en
éstos hay de sorprendente y s ig n ific a tiv o
a pesar de su sencillez y de su carácter
convencional. Cóppola es ta m b ié n p ro fu n ­
dam ente consciente del te stim o n io que, para
el conocim iento, a porta la fo to g ra fía , en
la m edida en que ésta pe rm ite f ija r e in m o ­
v iliz a r los sucesos efím eros y tran sito rio s o
m ostrar los aspectos inatendidos de las
cosas. Esto ú ltim o , sin duda, requiere del
fo tó g ra fo no solamente fid e lid a d hacia sus
estados interiores, sino, ante todo, fid e li­
dad y com prensión por el objeto que tiene
delante.
Este requisito se ve p ulcram ente realizado
en los estudios fo to g rá fico s que ha re a li­
zado Cóppola sobre m otivos escultóricos,
parte de los cuales pudieron apreciarse en
la m uestra: su serie sobre el arte de la
M esopotam ia — aue ha m erecido los m ayo­
res elogios de Elie Faure y de C h ristia n
Zervos— sus estudios sobre los huacos, el
Sarm iento de Rodin y las esculturas de
A le iia d in h o . Estos ú ltim o s se pu b lica rá n
próxim am ente en una m onografía realizada
por el autor.

Ediciones

G alatea - Nueva Visión

p resentan la colección

"Ideas
de nuestro tiempo"
d irig id a por León D ujo vne
"Id e a s de nuestro tie m p o " se propone
ofrecer al lector, en una serie de vo lú m e ­
nes, un refle jo del pensam iento de hoy so­
bre diversos aspectos de la vida y de las
m anifestaciones cu ltu ra le s contem poráneas.
Procurará que el lector pueda c o n ta r para
cada una de las cuestiones que le in te re ­
sen, con un estudio hecho por un a u to r de
in d iscu tib le versación en la respectiva espe­
cia lid a d . M as a esta versación habrá de
unirse una visión bastante a m p lia como
para p e rm itir u b ica r al estudio p a rtic u la r
d entro del m arco general de los problem as,
de las inquietudes y de las esperanzas de
la hum a n id a d de nuestros días.

H an a p a re c id o :

Eclipse de Dios
p o r M a r tín Buber
Un exam en de la situación religiosa en
nuestros días, y un análisis de las teorías de
Jung, Sartre y H eidegger. Este lib ro ofrece,
ju n to al estudio de un problem a p a rtic u la r,
un panoram a de la filo so fía contem poránea
en aquellos aspectos que se relacionan con
las a ctitu de s funda m e n tales del hombre
ante el m undo y la vid a . . . . m $n. 2 4 .—

El hombre y la técnica
por D on ald B rin k m a n n
Con una nota p re lim in a r de Benedetto Croce sobre el estudio más a u to riz a d o acerca
de uno de los problem as más com plejos de
nuestro siglo. En él se expone con precisión
el desarrollo de las ¡deas sobre la técnica
y se exam ina la relación que la técnica
tiene, especialm ente en nuestra "e ra a tó ­
m ic a ", con los problem as m orales.
m fn . 2 4 .—

Próxim os títu lo s :
M aq u m ism o y filo so fía , por Pierre M áxim e
Schuhl
Cerebros y m áquinas (Perspectivas de la
c ib e rn é tic a ), por W la d isla w S luckin
Yo y tú , por M a rtín Buber
T endencias actuales en la filo so fía de la
h isto ria , por León Dujovne

Primera exposición de a rq u ite c tu ra
moderna. G a le ría Rosario, Rosario,
mayo-junio 1955.

O rganizada por la Sociedad de A rq u ite cto s
de Rosario y el C entro de Estudiantes de la
Facultad de Ciencias M ate m á tica s, se re a li­
zó en los meses de mayo y ju n io una serie
de conferencias sobre temas de a rq u ite c tu -

48

ra contem poránea, que se com pletarán con
una exposición a realizarse en la Galería
Rosario de esa ciudad. Han sido invitados
los A rqs. Bonet, Borthagaray, Clusellas,
Ferrari H ardoy, Jannello, K urchan, V iv a n co y W illia m s .

En v e n ta en todas las buenas lib re ­
rías y en
Librería G alatea, V ia m o n te 5 62
Editorial Nueva Visión,
C e rríto 1371 T. E. 4 2 - 1347

�Destino de una Institución.

El In s titu to de Diseño de Chicago.

Las autoridades del In s titu to de Tecnología
de Illin o is , del cual depende el In s titu to de
Diseño de Chicago, decidieron c u b rir la
p la za de d irecto r, vacante desde la renuncia
de C h e rm a ye ff en 1 9 5 0, con Jay D oblin,
uno de los diseñadores jefes de Roymond
Loewy.
Este acto parece ser la cu lm in a ció n de las
d ific u lta d e s por las que venía atravesando
el In s titu to desde hace alg ú n tiem po. Fun­
dado por el desaparecido L. M o h o ly - Nagy,
a in v ita c ió n de la firm a M a rsh a ll Field de
Chicago, ésta com prueba al cabo de un año
que los ideales de M o h o ly no coinciden con
los propios, que no obtiene resultados in m e ­
diatos y que la escuela sigue más estrecha­
m ente el p la n teo c u ltu ra l del diseño m o­
derno que la p o lítica de ventas.
Con la fin a lid a d de sustraerse a esta con­
tra d ic c ió n , M o h o ly o rg a n iza una escuela
independiente que, merced a un esfuerzo
gigantesco, va creciendo desde los co m ien ­
zos más hum ildes hasta co n tar con talleres
equipados, un team de profesores excep­
cional y alrededor de 8 0 0 alum nos.
En el lapso com prendido entre 1943 al 4 7 ,
año del fa lle c im ie n to de M oh o ly, la escuela
atraviesa su época más próspera. Desapa­
recido M oh o ly, W a lte r Gropius, que había
seguido y apoyado de cerca el desarrollo del
In s titu to , aconseja el n o m b ra m ie n to de
C h e rm a ye ff, que
in tro d u ce
im portantes
cam bios en el team docente para lle va r ade­
la n te sus planes, no del todo coincidentes
con los de M oh o ly. En 1 9 5 0, no pudiendo
hacer fre n te a las deudas, fusiona la escue­
la con el In s titu to de Tecnología de Illin o is,
con lo que pierde la independencia siempre
d e fendida por M oh o ly, y al año siguiente
abandona la dirección.
Desde entonces el puesto queda sin c u b rir
y el team docente se va disgregando, el
presupuesto de la escuela no cubre sus ne­
cesidades, no se reponen los equipos y el
e n ro la m ie n to de alum nos baja a 180.
Falto del e sp íritu de M oh o ly, que conseguía
a g lu tin a r los esfuerzos de todos, el o rg a ­
nism o se va haciendo cada vez más v u ln e ­
rable. El nom b ra m ie n to del nuevo d ire cto r
s ig n ific a h ip o teca r el fu tu ro c u ltu ra l del
In s titu to cediendo fin a lm e n te a la presión
de la p o lítica de ventas de la in d u stria n o r­
team ericana para obtener su apoyo m a ­
te ria l.
La o rg a n iza ció n de Raym ond Loewy, en la
que Doblin desempeña un im p o rta n te pues­
to, es la escuela de la " b a r r ita cro m a d a "
y de la falsa orn a m e n ta ció n (a veces de­
fo rm a ció n ) de los diseños.
El ya m erm ado cuerpo de profesores .del
In s titu to , luego de una protesta en que se
expresaba que " e l diseñador debe ser más
que un e stilista o decorador al servicio de
modas o necesidades o p o rtu n is ta s " se dis­
grega en escuelas de EE. UU. y Europa. La
casi to ta lid a d de los alum nos hace lo mismo.
Doce se inscriben en la Escuela de U lm .
Es de la m e n ta r la fra g ilid a d del In s titu to de
Diseño de Chicago, que desde 1943 a 1950
fuera el centro ta l vez más im p o rta n te de
la com unicación del espíritu m oderno
En ese lapso se form ó m ucha gente que ocu­
pa puestos im portantes en la a ctu a lid a d y
se v e rific a ro n o a co taro n muchos aspectos
de la educación. El ciclo básico, evolución
del que M o h o ly d irig ie ra con A lbers en la
Bauhaus de Dessau, probablem ente sea la
m ayor c o n trib u c ió n del ciclo v ita l del Ins­
titu to .

Exposición "Grupo de artistas moder­
nos de la Argentina". Galería Viau,
Buenos Aires, mayo 1955.

El " g ru p o de a rtista s m odernos" rea lizó una
m uestra colectiva de p in tu ra s, esculturas y
dibujos en la galería V ia u en el mes de
m ayo del año en curso, con la p a rtic i­
pación de Fernández M u ro , Sarah G rilo,
C la udio G iróla, A lfre d o H lito , Enio lom m i,
Tom ás M aldo n a d o y M ig u e l Ocampo. En
su m ayor parte, la exposición estuvo in te ­
grada por trab a jo s recientes, de modo que
p e rm itió conocer nuevos aspectos de la
obra de los a rtista s m encionados. En té r­
m inos generales, puede decirse que la m ues­
tra reveló el propósito de cada expositor de

Fernández M u ro : "B a n d a s p a ra le la s "

a m p lia r su propia pro b le m á tica m ediante
experiencias que, lejos de ajustarse a una
rígida preceptiva, aparecen signadas por
una in q u ie tu d personalísim a.
Sin duda,
subsisten en las nuevas obras algunos p ro ­
blemas tip o , pero e llo constituye un fa c to r
relegado a un plano de m enor im p orta n cia
por las urgencias expresivas que se a d v ie r­
ten en cada caso. V erdad es que, si se re­
pasa la obra a n te rio r de estos expositores,
no será d ifíc il en co ntra r m uchas veces p re ­
ocupaciones m uy semejantes a las que ahora
m a n ifie sta n . Sin em bargo, y sin que esto
sig n ifiq u e negar la le g itim id a d de los p ro ­
blem as planteados en oportunidades a n te ­
riores, esas preocupaciones aparecían con
frecuencia subordinadas a una especie de
v o lu n ta d de prueba o de dem ostración.
En lo que respecta a la p in tu ra , los d is ­
tin to s modos de tr a ta r el plano, las re la ­
ciones de sim etría o de asim etría, las re la ­
ciones entre elementos form ales y c ro m á ti­
cos, la co n tin u id a d o la d isco n tin uida d de
las series, co n stituía n , entre otros muchos,
problem as que absorbían, ju stific a d a m e n te ,
la a tención de los artistas. En cuanto a
la escultura, el problem a de las d ire ccio ­
nes espaciales — para c ita r uno de los más
im p orta n tes— m otivó una sostenida p re ­
ocupación.
No in tentam os sugerir que la m uestra
de referencia haya atestiguado un a b a nd o ­
no de esos problem as. Por el c o n tra rio , a l­
gunos expositores, especialm ente los in te ­
grantes del grupo no provenientes del arte
concreto, parecen plantearse algunas de
las cuestiones m encionadas con m ayor ro­
tu n d id a d que nunca. Ello no obstante, los
problem as g ra m a tica le s — incluyendo el de
la creación de una nueva g ra m á tic a plás­
tic a — resultan, en las nuevas obras, c o n d i­
cionados por la experiencia e s p iritu a l que
en cada caso los o rig in a . Obras como " E n ­
tre dos círc u lo s ", de Sarah G rilo, las " t r ia n -

Enio lo m m i: "E le v a c ió n de un pla n o c u a d ra d o "

A lfre d o H lito : D ibujo

49

�Tom ás M a ld o n a d o : "F o rm a y series"

Editorial Nueva Visión

H an a p a re c id o :

C laudio G iró la : "T ria n g u la c ió n nP 4 "

W ilh e lm W o rrin g e r

Problemática
del arte contemporáneo
Con el m ismo rig or e in tre p id e z de sus
trab a jo s anteriores, W o rrin g e r se plantea
aquí la clásica a n tin o m ia de arte del p ú b li­
co y arte de a rtista s. Se esfuerza por llevar
al lector la conciencia de las ¡nnum erarables contradicciones que el antagonism o
entre esas dos a ctitu de s a rtística s lleva a p a ­
rejadas y a n a liza los fundam entos de cada
una de ellas y sus relaciones con el proceso
de la creación plástica.
El presente tra b a jo se co nstituye así en una
obra de indispensable lectura para cuantos
se interesen por el a rte contem poráneo en
un plano de lucidez y de e fe ctiva e xp e rie n ­
cia de sus valores estéticos . . m $n. 1 3.—

Ju an C arlos Paz

g u la cio n e s" de G iróla, el "T e m a en dos
c írc u lo s ", de H lito o el "T e m a sobre ro jo ",
de M aldo n a d o — para recordar unas pocas,
a títu lo de ejem plos— , se sitú a n más a llá
de toda pro b le m á tica a p rio ri. La exposi­
ción que com entam os nos ha m ostrado, en
suma, obras sostenidas no ya e xclu siva m e n ­
te por un repertorio de problem as plásticos,
sino por una experiencia que los co m pren­
de y los rebasa. A n te nosotros se yerguen,
entonces, obras que, a través del rig or de
su construcción, dejan entrever un proceso
de experiencia en el que nos sentimos p a r­
te a ctiva. Y, al fin de cuentas, es la c a li­
dad y trascendencia de ese proceso el fa c ­
to r que o rg a n iza y c a lific a para nosotros
las obras expuestas.

Introducción a la
música de nuestro tiempo
En esta "In tro d u c c ió n a la música de nues­
tro tie m p o " Paz rea liza un p ro fu n d o a n á ­
lisis de la música contem poránea que a b a r­
ca desde las obras de Debussy y Ravel hasta
las más recientes de Straw insky, Schonberg-,
B artók, Berg, H in d e m ith y sus c o n tem p o rá ­
neos. Esta In tro d u cció n , sin em bargo, no
se presenta como una mera enunciación de
los acontecim ientos m usicales más destaca­
dos de nuestro siglo. Cada co rrie n te es en­
focada críticam e n te, señalando el a u to r su
origen, desarrollo, derivaciones y p o s ib ili­
dades fu tu ra s, sin o lv id a r su ubicación d e n ­
tro del constante flu ir , a veces renovador,
otras veces fran ca m e nte reaccionario, que
co nstituye la esencia de la música contem ­
poránea. Un lib ro de 4 6 7 págs. mSn. 8 5 .—
C o n te n id o :

M igu e l O ca m p o : " P in tu ra 5 4 /1 3 6 "

50

I H acia un nuevo estilo.
II S itu a ció n y o p o rtu n id a d . Prolegóm enos p a ­
ra una m úsica fu tu ra . El problem a de la
su s titu c ió n de la to n a lic a d y las fo rm a s re­
sultantes.
II I B ajo el signo " c to n c i . D isolución y reco­
m ienzo A rn o ld Schonberg o el fin de la era
to n a l.
IV E xpresionism o-dodeccfonism o.
V La "n u e v a o b je tiv id a d '
"L e Groupe des
s ix ". La ópera ce c rític a social. T ra y e c to ­
ria de S traw insky.
V I Tendencias populistas. C hecoeslovaquia, Es­
ta d o s Unidos, le U nión S oviética. D e riva ­
ción c u lt u r a l. ia m úsica yugoeslava.
V i l M ic ro to n a lis m o . M ú s i c a s e xpe rim e ntale s.
M úsica co ncreta.
V I I I P ro ble m á tica y creación m usical en L a tin o ­
a m érica y en los Estados Unidos.
IX S itu a ció n de la m úsica europea a p a rtir
de 1945.

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Charte d'Athénes". Primer y hasta hoy único do­
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Ejemplares 1 a 9 de la revista Nueva Visión, publicados entre 1951 y 1957.</text>
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                <text>Bill, Max&#13;
Gomringer, Eugenio&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Dorner, Alexander&#13;
González Casanova, Pablo&#13;
Ferrari Hardoy, J.</text>
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mí

buenos aires/argentina

1955

revista de

cultura visual

nueva visión

artes/arquitectura/diseño industrial/tipografía

dirigida por Tomás Maldonado

Casa Curutchet
Le C o rb u sie r

Las relaciones entre la ciencia y el arte
M a rio Pedrosa

Verena Loewensberg
Situación del arte concreto
A lfre d o H lito

Información:
La Feria de América
El diseñador industrial en Japón
Exposición de diseños japoneses en Canadá
Diseños recientes de muebles: Nelson y Tapiovaara
Notas y comentarios
Bibliografía

*

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s. r. I. cap. $ 5 0 .0 0 0 c e rrito 1371 / 1 e r . piso / t. e. 4 4 -2 3 5 7 44-1 340

e s c rito rio de p e tir ib í, ta b le ro con c u e ro ocre,
e s tru c tu ra de a n tic o lo d a l. dise ñ o h. b a lie ro

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�BRUNO ZEVI
HISTORIA
DE LA
ARQUITECTURA MODERNA
Este lib r o c o n s titu y e un a p o r te f u n d a m e n ta l a la h is to ria d e la
a r q u ite c tu r a . El p r o fe s o r B ru n o Z e v i, q u e en 1951 d ic tó e n tre
n o s o tro s u n b r illa n t e c ic lo d e c o n fe re n c ia s , h a c o lm a d o con e sta
o b r a un v a c ío s e n s ib le . C o m o él m is m o lo e x p re s a , el ú ltim o
s ig lo tie n e u n a im p o r ta n c ia s u s ta n c ia l p a r a la a r q u ite c tu r a .
" M ie n t r a s se c o n s id e ró q u e la h is to ria d e la a r q u ite c tu r a c o n c lu ía
en el n e o c la s ic is m o — d ic e — , n o h a b ía e n s a m b la d u r a p o s ib le e n tre
la a r q u ite c tu r a a n tig u a y la m o d e r n a , n i e n te n d im ie n to e n tre
h is to r ia d o r e s d e la a r q u ite c tu r a y a r q u ite c to s . El p u e n te n o p u e d e
ser d a d o m á s q u e p o r la h is to ria d e la a r q u ite c tu r a m o d e r n a ,
q u e a m p lía los h o riz o n te s d e los c u lto re s d e l a r te c o n te m p o r á n e o
y a c tu a liz a los d e los c u lto re s d e l a r te a n t ig u o " .
Este e n fo q u e , q u e tr a d u c e la in te n c ió n u n iv e r s a lis ta d e l a u to r ,
c o n fie r e p re c is a m e n te a su o b r a , v e n ta ja y o r ig in a lid a d con
re s p e c to a las d e P e v s n e r, B e h re n s y G ie d io n , q u e s ó lo e n c a ra n
p e río d o s p a rc ia le s o fa c e ta s a is la d a s d e l m o v im ie n to r e n o v a d o r .
N o s h a lla m o s p u e s , a n te la p r im e r a h is to riz a c ió n d e la a r q u ite c ­
tu r a m o d e rn a , c o n s id e ra d a d e s d e sus o ríg e n e s re m o to s h a s ta
n u e s tro s d ía s . Y el a u to r la re a liz a a b a r c a n d o un p a n o r a m a
c o m p le to d e los p la n o s s o c ia l, p s ic o ló g ic o y líric o . A tra v é s d e
u n r e la to v iv id o y rig u ro s o , el le c to r h a lla r á el c u a d r o d e la s
lu c h a s d e l ra c io n a lis m o y el d e s e n v o lv im ie n to d e l u rb a n is m o
d e s d e e l n a c im ie n to d e la e ra in d u s tr ia l h a s ta la fe c h a . Las g r a n ­
d e s f ig u r a s d e Loos, Le C o rb u s ie r, v a n d e r R ohe y L lo y d W r ig h t
son o b je to d e u n a n á lis is ta n a g u d o c o m o e x h a u s tiv o , y la p a r te
d e d ic a d a a la a r q u ite c tu r a m o d e rn a y su flo r a c ió n en Ita lia c o n s ­
t it u y e u n e s tu d io b r illa n t e d e l s u r g im ie n to d e l n u e v o e s tilo en
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de m a x b ilí, sus p rin c ip a le s tra b a jo s en p in tu ra ,
escultu ra , a rq u ite c tu ra , a rte s g rá fic a s y diseño
in d u s tria l, d ocu m e n ta do s en 90 re producciones
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Secretarios de d ire c c ió n : A rq . Juan
M a n u e l B o rth a g a ra y , Jorge G risetti,
A lfre d o H lito.
C o m ité de red a cció n : A rq . Horacio
B aliero, A rq . F rancisco Bullrich,
Jorge Goldemberg.

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fe ch a p ró x im a , los suscriptores pue d e n, desde y a , d irig irs e a la a d m in is tra c ió n de esta re v is ta ,
c e rrito 1371, t. e. 4 2 -1 3 4 7, re se rva n d o los títu lo s que les in te re sa n y que les serán re m itid o s a su
d o m ic ilio con p r io r id a d a su d is trib u c ió n .

S e creta rio

de

red acció n:

Edgar
Bailey

A d m in is tra c ió n y redacción: C errito
N 9 1371, Buenos A ¡res, A rg en tina .
T e lé fo n o : 4 2 - 1347
La D ire c c ió n no se responsabiliza
de los a rtíc u lo s firm a d o s ni devuel­
ve las cola bo racion e s espontáneas.
La revista nv, nueva visión, es pro­
p iedad de E d ito ria l N ueva Visión
S. R. L., cap. $ 50.000
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a la música de nuestro tiempo
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el lib ro m ás co m p le to y m e jo r d o c u m e n ta d o so­
bre la m úsica co n te m p o rá n e a , h is to ria y m in u ­
cioso a n á lisis de to d a s las te n d en cia s a p a r tir
de d ebussy: a to n a lis m o , p o lito n a lis m o , dod e ca fo n ism o , m ic ro to n a lis m o , m úsica co ncre ta, etc.
fo rm a to : 21 x 14,8 cm.

problemática del arte contemporáneo
g u ille rm o w o rrin g e r

el a u to r, a q u ie n debem os los p un tos de vista
más re n o va d o re s en la e stim a ción de las fo rm a s
a rtís tic a s del p a sa d o , e nca ra en este lib ro , p o r
p rim e ra vez, el a n á lisis del a rte de n u e stro tie m ­
po y los p ro b le m a s que éste p ’ a n te a al a rtis ta
y a l p ro fa n o , fo rm a to : 21 x 14,8 cm.

6

sumario:
Casa C u ru c h e t: Le C orbusier (p. 7)C
Las r e la jo n e s e n tre la ciencia y el
a rte : M a r io Pedrosa (p. 14)
V e ren a Loewensberg (p. 18)
S itu a ció n del a rte co n cre to : A lfredo
H lito (p 25) ~
I n fo rm a c ió n :
La Feria de A m é ric a (p. 30)
El d ise ña do r in d u s tria l en Japón:
K asuya Sakai (p. 35)
Exposición ce diseños japoneses en
C anadá (p. 37)
Diseños recientes de m uebles: Nelson y T a p io v a a ra (p. 39)
N otas y c o m e n ta rio s (p. 43)
B ib lio g ra fía (p. 44)

Se desea el ca n je con las p u b lic a ­
ciones s im ila re s : se h a rá n análisis
y resúmenes de los libros y revistas
enviados a nue stra redacción.

representantes:
B o liv ia : L ib re ría "L o s A m igo s del
L ib ro " , Perú esq. España, Cochabamba.
B ra s il: José M á rq u e s Godoy, Avda.
Ip ira n g a 8 7 9 , Sao Paulo.
U ru g u a y : N uevo D iseño, Juan Be­
n ito B lanco 1 1 2 2 /2 6 , M ontevideo

�Frente sobre el parque

C asa Curutchet
Eva Perón, 1954.
Le C orbusier

En el q u in to torr.o ce las obras de Le C o rb u sie r p u b lic a d o por Boesiger,
un p á rra fo s u m a rio está dedicado a la d escrip ción de la Casa C u ru tc h e t:
"O c u p a r un te rre n o de loteo tra d ic io n a l, a b ie rto sobre una a ve n id a , ro ­
deado p o r dos m ed ia n eras la te ra le s y una de fo n d o . A l fre n te , un
herm oso b ou le va rd se e x tie n d e en el verde de un bosque. El p a rtid o obe­
dece, en p rim e r lu g a r, al deseo de g a n a r para el h a b ita t la v is ta al p a rqu e;
p o r eso se ha creado una te rra z a que fo rm a un ja rd ín suspendido que
p e rm ite lle v a r las a le g ría s del cielo , la luz, el sol y las som bras, al fre n te
de la casa y a los espacios ú tile s. Por m edio de los pilo tes, se ha le v a n ­
ta d o el vo lu m e n de la casa, g a n a n d o un espacio lib re al nivel del te rre no ,
que p e rm ite , a su vez, e stablecer una re la ció n fa v o ra b le e n tre el c o n s u lto rio
m édico y la casa p ro p ia m e n te dicha. N a tu ra lm e n te , el h o rm ig ó n a rm a d o
daba la o p o rtu n id a d de v id r ia r to d o el fre n te de la casa, que fu é p ro vista
de un "b r is e -s o le il" p ro yecta d o de acuerdo con la in c id e n c ia del sol en
esa la titu d y o rie n ta c ió n . P lantas y cortes han o fre c id o la p o s ib ilid a d

7

�de una ve rd ad era "p ro m e n a d e a rc h ite c tu ra le " . Se asciende p a rtic ip a n d o
de un juego in te re sa n te de puntos de v ista fa v o ra b le s sobre d is tin ta s p ers­
pectivas. La p la n ta lib re , a d o pta d a en todos los pisos y e spe cia lm e nte en
el de los d o rm ito rio s , da lu g a r a soluciones in te re s a n te s ".
A le g ría s esenciales, jue go sabio, c o rre cto y m a g n ífic o de los volúm enes
bajo el sol, " p ilo t is " , "p a n de v e rre ", "b ris e - solé i I" , "p ro m e n a d e a rc h ite c fu r a le " , p la n ta l i b r e . . . La escueta m em o ria se com pone casi e x c lu s iv a ­
m ente de la a g re g a ció n de los "s lo g a n s " del m aestro en a p re ta d a sucesión.
Todos los elem entos ce su le n gu aje a rq u ite c tó n ic o están presentes, y, una
vez más, Le C o rb u s ie r a rtic u la poesía con ellos.
La m em o ria da, asim ism o, la im presión de una c o n c a te n a ció n lógica e
in m e d ia ta . T e n ie n d o en cu en ta el te rre n o y el p ro g ra m a fo rm u la d o , nada
más adecuado que separar los elem entos de la casa en dos g ru po s: c o n ­
s u lto rio y h a b ita c ió n . C olo car el c o n s u lto rio al fre n te . Com o el te rre n o es
estrecho, to m a r to do el ancho del m ism o, de m an era que, ta n to el c o n s u l­
to rio com o la sala de espera, puedan a brirse a la v ista y al sol. Por d ebajo
c'e este cuerpo, la e n tra d a y el garage.
Escultura de Enio lo m m i en p la n ta bajo

8

�1
2
3
4
5
6
7
8

Entrada
Puerta del garage
Garage
Calderas
Lavadero
Palier interm edio
Entrada del consultorio
Sala de espera

9
10
11
12
13
16
17
18

C onsultorio
Pieza de Servicio
Entrada del dep a rta m e nto
P alier de entrada
14, 15 Sala de estar, com edor
Cocina
Despensa
Terraza
C orte lo n g itu d in a l por las ram pas

9

�H echo esto, u b ic a r la casa. Pero, ta n to la p la n ta b a ja (e n tra d a ) com o el
p rim e r piso (b lo ck c o n su lto rio ) o bstruye n la vista al parque. La casa, en
consecuencia, se co nstruye en el segundo piso; así puede aprovecharse el
te cho del b lo ck c o n su lto rio com o te rra z a ja rd ín que pueda s e rv ir de proCl
.
lon ga ción e x te rio r del liv in g .
t i cubo to ta l de la casa, en dos pisos, el in fe rio r, liv in g -c o m e d o r-c o c in a
el superior, d o rm ito rio s-b a ñ o s, es de típ ic o p la n te o co rb usie ra no . Es eí
estadio 1948 de un d esa rrollo que co m ien za en 1920 con la M a is o n "C itro h a n
v presenta jalones ta n gloriosos com o el p a b e lló n de "L 'E s p rit
N o u v e a u " ( 1 9 2 5 ), los d e p a rta m e n to s de " L a v ille ra d ie u s e " ( 1 9 3 4 ), los
de la " U n ité d 'h a b ita tio n de g ra n d e u r c o n fo rm e " (1 9 4 6 ).
Luego, los elem entos u n ific a d o re s que e n la za n los dos cuerpos. El brisescle il colocado d e la n te de los co n su lto rio s es se m eiante a l que se e ncu e n tra
fre n te al pan de v e rre " de la zona ce h a b ita c ió n . El p rim e ro , lím ite de
la casa, m em bran a que separa dos espacios, p a rtic ip a de am bos y siaue
la línea o b lic u a del fre n te . El segundo es o rto g o n a l con respecto a las
m edianeras, de a cue rd o con un jue go p lá s tic o interno . Com o am bos casetonados a b a rca n dos pisos, el p rim e ro , los dos de h a b ita c ió n , el segundo,
el c o n s u lto rio -te rra z a , se d esplazan m u tu a m e n te en la a ltu ra de un piso*
es decir, que el lim ite su p e rio r del fro n ta l p ro lo n g a el p la n o h o riz o n ta l

19, 20, 21 D orm itorios
22 Baños
23 Techo de la te rra z a

Un aspecto de la e ntra da

C o rte transversal p o r la sala

10

�C orte tra n s v e rs a l por el ja rd ín

in te rio r

E ntra d a del co n s u lto rio

C o rte lo n g itu d in a l por el g a ra g e

11

�In te rio r de uno de los d o rm ito rio s

del te cho del livln g -co m e d o r. Y con esto se cu m p le a la p e rfe c c ió n uno
de los propósitos más am biciosos del a rq u ite c to : e n m a rc a r la visión
desde el liv in g y d a r a la te rra z a un c a rá c te r ín tim o sin que p ie rd a nada
de su proyección hacia el e x te rio r; in te g ra r el b rise -so le il con la te rra z a
por m edio de la ancha d ivisió n h o riz o n ta l, que in v ita a acodarse o a sen­
tarse en e lla m ira n d o h a cia a de ntro .
El te cho sobre la te rra z a tie n e doble a ltu ra y p ro lo n g a el p la n o del te cho
de los d o rm ito rio s. Sugiere, aunque no e n cie rra , un espacio v irtu a l igual
al del cubo de h a b ita c ió n , ch a n fle a d o , sin em bargo, por la líne a m u n i­
c ip a l, y te rm in a de u n ir la te rra z a al resto de la casa.
Pero la más intensa de las sensaciones espaciales es la "p ro m e n a d e a rc h ite c tu ra le " que se d e sa rro lla en el ascenso. P enetrando a través de la
ca ja de h o rm ig ó n que e nm arca la p u e rta de e n tra d a , el espe ctad o r se e n ­
c u e n tra de lleno en m edio de un cosmos de e x tra ñ a riq u e za . A su d e re ­
cha, la pared del garage que te rm in a su fu g a curvándose y d e ja n d o ver
la e sc u ltu ra de Enio lo m m i; en el ce ntro, los p ilo te s de un piso de a ltu ra
b a jo el c o n s u lto rio ; más a llá , un hueco por el que cae la luz, m o d u la n d o
suavem ente los p ilo te s de dos pisos de a ltu ra que sostienen el v o lu m e n
de la casa. Por d ebajo de ésta, un cubo, v id ria d o a p a r tir de un nivel
su p e rio r, del que a rra n ca la escalera. Llevándonos a ese n iv e l, la p ers­
p e ctiva suavem ente ascendente de la ram pa de dos tram o s, que p e rm ite
la visión de un espacio a b ie rto hasta el fo n d o m ism o del te rre n o . A s c e n ­
d iendo por el p rim e r tra m o , se van te n ie n d o puntos de v is ta más fa v o ra ­
bles de la e scu ltu ra y otros más d in á m ico s del resto de la p la n ta b a ja ,
hasta lle g a r al té rm in o . A llí, la e n c ru c ija d a : el a rra n q u e del o tro tra m o ,
que nos reconduce al fre n te , en el nivel del co n s u lto rio , o la e n tra d a a la
casa. En co n tra ste con la ram pa que, en un suave ascenso lo ha llevado
casi hasta el fo n d o del te rre n o , en la escalera, de tra m o s cortos, el p u n to
de v ista del espectador se desplaza v e rtic a lm e n te hasta que la visua l
rasa el borde in fe rio r del piso del liv in g . En este p u n to , la v isió n , in te ­
rru m p id a hasta ahora por el b lo c k g a ra g e -d e p a rta m e n to de se rvicio, y
e n te ra m e n te c irc u n s c rip ta a un jue go p lá stico in te rn o , resbala p o r el piso
del liv in g , se enm arca en el b rise-so le il al o tro e x tre m o del m ism o, sa lta
casi s im u ltá n e a m e n te a lo la rg o del piso de la te rra z a hasta el o tro brisesoleil del fre n te , y de a llí a los árboles def parque. Desde ese p u n to , pe­
gado a la m ed ia n era del fo nd o, el paisaje e x te rio r se ha in te g ra d o con la
casa m e d ia n te un estupendo jue go a rq u ite c tó n ic o .

12

E ntrada de un baño en el segundo piso

�Sala de estar

Esta obra fu é d irig id a en su prim era p a rte por el
arq. A m a n d o W illia m s, hasta la fin a liz a c ió n de
la estructura de horm ig ón . A co n tin u a ció n , el
arq. Simón U ngar to m ó a su cargo la dirección
de la misma. Los planos a q u í presentados fu e ­
ron elaborados en base a los que se co n fe ccio n a ­
ron en el ta lle r del arq. W illia m s, que p o ste rio r­
mente en la obra, su frie ro n algunas m o d ific a ­
ciones.
Fotos 1, 3, 5, 6, 7, y 8 : Georges Friedm an.
Fotos 2 y 4 : J. M. B o rth a ga ra y.

C o n tin u a n d o el ascenso, se llega al piso su pe rio r, donde los c ilin d ro s de
los baños fla n q u e a n un paso de su pe rfic ie s curvas, e x tra ñ a m e n te m o d u ­
ladas por la luz que reciben del e x te rio r. La co lo cació n c e n tra l de estos
baños o rig in a una serie su m a m e nte rica de situ acion es, ca ra c te rís tic a s
de la p la n ta libre. Dos de los d o rm ito rio s se a bren sobre el va cío de
doble a ltu ra .
La a rq u ite c tu ra a rg e n tin a se ha e n riq u e c id o con este m a g n ífic o aporte.
A sí d ebieron co m p re n d e rlo quienes la d e c la ra ro n "o b ra de interés n a c io ­
n a l". M u ch o s de los ta m a ño s y m edidas eran in fe rio re s a los m ín im o s
o b lig a to rio s . Pero en esta casa podem os a s is tir a la c a tá s tro fe de las
m edidas y ta m a ño s convencionales. La cre a ció n de un espacio de nuevo
tip o d eriva en una in c re íb le sensación de a m p litu d p e rce p tib le en to da la
casa. El "ju e g o sabio, c o rre cto y m a g n ífic o de los volúm enes b a jo la lu z "
e n cu e n tra una espléndida co n creció n en esta casa, que la visión del
Dr. C u ru tc h e t ha p e rm itid o le v a n ta r en nuestro país.
J. M . B.

13

�Las relaciones entre la ciencia y el arte
M a rio Pedrosa

C uando se aborda este p ro ble m a , es preciso señalar, en p rim e r té rm in o ,
el g ra do de a u to n o m ía que am bas d iscip lin a s han a lc a n z a d o en nuestros
días, d en tro , n a tu ra lm e n te , de los lím ite s establecidos por el c o n d ic io n a ­
m ie n to s o cio -e co n ó m ico -p o lítico . Esa a u to n o m ía es el rasgo más d e sta ­
cado y o rig in a l de la posición de am bas d e n tro del c o n ju n to de las a c tiv i­
dades sociales. Si, para la cie n cia , la a u to n o m ía aparece tra s un proceso
que viene de m uy lejos, para el a rte es una co n q u ista reciente, que p o ­
demos c a ta r, grosso m odo, en la revo lu ción im p resion ista.
En el d o m in io c .e n tífic o , ha p e rm itid o el progreso pro dig io so de las d i­
versas d iscip lin a s del m undo fís ic o , del m undo b io ló g ic o y hasta de la
psicología, sin e x c lu ir las cien cias llam ad as sociales. La m a te m á tic a se
ha co n ve rtid o en una crea ció n d e slu m b ra n te , s ú b ita m e n te d ese m b ara ­
zada de las a ta d u ra s físicas y e m p írica s, m ovida casi e xc lu s iv a m e n te por
las leyes de su p ro pio jue ga y desarrollo. Se ha a le ja d o de la " r e a lid a d " ,
de las preocupaciones p rá ctica s co tid ia n a s, para c o n ve rtirse en una espe­
cie de pura especulación del e sp íritu . Y sin e m b argo — a q u í está su
p ara d o ja e sp e cífica m e n te m oderna—
el p en sam ien to m a te m á tic o más
libre no queda en el vacío, ya que te rm in a por e n c o n tra r a plica cio n e s
p rá c tica s inesperadas en el m undo de la fís ic a , de la q u ím ic a y hasta de
la b io log ía .
Las especulaciones m a te m á tica s rea liza da s en el g a b in e te de los sabios,
sin n in g u n a pre ocu pa ción de orden p rá c tic o , desem bocan en lo real. La
fís ic a no estaría donde se h a lla a c tu a lm e n te , de no m e d ia r las más
abstractas te orías de los m ate m ático s. T od o o c u rre com o si esas c re a c io ­
nes puras, pro du cida s en el cerebro de los m a te m á tic o s , no fuesen en el
fo n d o sino v irtu a lid a d e s de lo real, que esperasen el m om en to de ser
llam ad as para rea liza rse en el m undo físico .
Las ciencias de la n a tu ra le z a han hecho ta m b ié n su c a m in o , en el sen­
tid o de su ind ep en d en cia con respecto a la percepción sensorial d ire c ta .
H oy sólo se considera b ie n fu n d a d o el co n o c im ie n to c ie n tífic o , cuya f o r ­
m u la ció n es ta l que no pie rd e nada de su rig o r, al no tenerse en c u e n ta el
c o m p o rta m ie n to de todos los observadores posibles, colocados no im p e rta
dónde, desplazándose en no im p o rta qué d ire c c ió n y a no im p o rta qué
velo cida d. La rea lid ad de la fís ic a n u cle a r, de la m ic ro fís ic a , escapa
d e fin itiv a m e n te al e m p irism o de los sentidos. "L o s átom os, los e le c tro ­
nes, los núcleos atóm icos, las ondas e le ctró n ica s, etc., se h a lla n ta n lejos
de ser objetos de la p ercepción sensorial d ire c ta com o to do lo que pueda
ser im a g in a d o por el más fa n ta s is ta de los a rtis ta s ". (M a rtín Johnson) .
A s! com o la cie n cia ha ta rd a d o largo tie m p o en desprenderse de desig ­
nios e xtra ño s a su n a tu ra le z a , d e sa rro lla n d o sólo en tie m p o s recientes
su m étodo p ro pio hasta su especificidad, a c tu a l, con la te o ría de la re la ­
tiv id a d , de igual m odo, sólo en n uestra época el fe nó m e n o a rtís tic o ha
sido p o r así d e cir a isla do y a n a liz a d o com o ta l. C ézanne ha p re s e n tid o en
qué residía la re a lid a d a rtís tic a , y ha reclam a do para el a rtis ta el d e re ­
cho a d e scu b rir en las cosas su "p e q u e ñ a se n sa ció n ". El cu bism o ha
dado a la obra re a liza d a una d ig n id a d nueva, de ta l m odo que la te la
c u b ista co nsitu ye un universo en sí m ism a, con sus leyes y sus hechos
propios. El a rte a b stra cto corona este la rg o proceso h a cia la a u to n o m ía
del fe nó m e n o a rtís tic o , p re scin d ie nd o ¿el o b je to o u tiliz a n d o solam ente
sus proyecciones en el espacio.
El a rte se ha lib e ra d o de sus servidum bres seculares (a lg u n a s de ellas,
sin em bargo, m uy fe cun da s para su d e s a rro llo ) para presentarse, por pr i -

14

�m era vez, com o un fin en sí, es d e c ir nada m ás que com o fe nóm eno
estético. Y a no se c o n fu n d e más ni con la m a g ia , ni con la re lig ió n ,
ni con la p o lític a , ni con la m oda, y se lo ju z g a de acuerdo con sus propias
leyes y exigencias.
En esta e volució n, resulta o b lig a d o d esta car el p a ra le lis m o e n tre la a lte ­
ración de nuestras nociones más sólidas, las nociones de espacio, de
tie m p o y de m a te ria , llevada a cabo por la m a te m á tic a y la fís ic a m o d e r­
nas, y el a d v e n im ie n to del a rte lla m a d o a b s tra c to . En su ind ep en d en cia
con respecto a la n a tu ra le z a e x te rio r, el a rte m oderno tie n d e ta m b ié n ,
com o la cie n c ia , a libe ra rse del com p ro m iso de la p ercepción y aun de la
e xp e rie n cia sensible. El a rtis ta te n d e ría entonces a c re a r com o los g eó m e ­
tras, quienes re a liz a n en el espacio, m e d ia n te líneas, ecuaciones a lg e b ra i­
cas, dando n a c im ie n to a verdaderos seres m a te m á tico s. U no de esos
m a te m á tic o s ha p odido e s c rib ir: " L a ¡dea, la p o s ib ilid a d de expresar
una línea, una cu rva , m e d ia n te té rm in o s alg eb raicos, por una ecuación,
me parece ta n b ella com o la llía d a " L

p ) Completo la cita tomada de L. Lyonnais:
"Cuando vi esa ecuación funcionar y resolverse,
por así decir, por sí misma, entre mis manos, y es­
tallar en una infinidad de verdades, toaas ig u a l­
mente indudables, igualmente eternas, ig u a lm e n ­
te resplandecientes, creí tener en m i poder el
talismán que me abría la puerta de todos los
misterios" (Edgard Q uinet).

¿Es que el a rte y la c ie n cia van a c o n fu n d irs e y a tro c a r sus m étodos
sin d is c rim in a c ió n ? Sería rid íc u lo pensarlo.
De c u a lq u ie r m odo, lo c ie rto es que el a rte , después de h a b e r v u e lto la
espalda a la n a tu ra le z a y rechazado los cánones del R en a cim ie n to , n e ­
gándose a c o n tin u a r al se rvicio de la rep re sen ta ció n e x te rio r, h a b ía v u e lto
ta m b ié n la espalda a la c ie n cia a n tig u a , a las vie ja s concepciones del
espacio e u c lid ia n o .
El academ ism o y el n a tu ra lis m o ce fin e s del sig lo pasado, y a un del
co m ien zo de éste, ya no eran a rte . El a rte se h a b ía c o n v e rtid o en una
té cn ica c o n c lu id a y m u e rta , fu n d a d a en p re ju ic io s in te le c tu a lis ta s y ra c io ­
n a lista s a nquilosados. Se h ab ía c o n v e rtid o en una a c tiv id a d p u ra m e n te
d e d u c tiv is ta y c o n ce p tu a l.
La p rim e ra fase del m o v im ie n to lla m a d o m oderno no fu é sino el des­
p re n d im ie n to s is te m á tic o p o r el a rte del v ie jo com p ro m iso c o n c e p tu a l,
y la reco lo ca ció n del a rtis ta fre n te a la cosa sensible, para que pudiese
de nuevo m a n te n e r con e lla un d iá lo g o que h a b ía desaparecido, sin p a la ­
bras, sin in te rm e d ia rio s verbales, sin asociaciones conceptuales extra ña s.
El a rte re e n cu e n tra entonces sus vie ja s bases in tu itiv a s , y el a rtis ta m o ­
derno descubre sus a fin id a d e s con el a rte de las c u ltu ra s a n tig u a s p re ­
griegas y de las c u ltu ra s p rim itiv a s pasadas o co ntem poráneas. Desde
el p u n to de vista filo s ó fic o , se estaba entonces en plena crisis de la
in tu ic ió n , debido a la d o m in a c ió n excesiva del n e o k a n tis m o y del p o s iti­
vism o. En el p la n o de la p sico log ía , el a so ciacio nism o hacía im ita c io n e s
p ue riles de los m étodos de la b o ra to rio del siglo 19. Las psicologías de
p ro fu n d id a d y las psicologías de e s tru c tu ra h ic ie ro n su e n tra d a en la
ciu d a d e la c ie n tífic a , en el m ism o m o m e n to y con el m ism o se ntid o h is tó ­
rico, que el p ostim presio nism o, el fa u v is m o y el expresionism o.
La ú ltim a e tapa del a rte lla m a d o m od erno se in ic ia después de la recu pe ­
ración in tu ic io n is ta de los m o v im ie n to s precedentes. El a rte se coloca
ahora en una posición d ife re n te de la v ie ja concepción de la n a tu ra le z a
y de la re a lid a d , a u n qu e s im é tric a con respecto a la de la cien cia.
El m undo real se ha tra n s fo rm a d o . La fís ic a d eja de lado las vie ja s p ro ­
piedades de la m a te ria , y retom a la a n tig u a concepción de D e m ó c rito
sobre los átom os y las p a rtíc u la s , que o c u p a ría n los espacios vacíos. Pero
la id e n tid a d m ism a de esas p a rtíc u la s , su a is la m ie n to , su p e rm a n e n cia
com o m a te ria ya no tie n e n se ntid o para el fís ic o de nuestros días. La
noción de id e n tid a d del c o n te n id o de las e x pe rie ncias no se apoya hoy,
en el m un do de las ciencias, m ás que sobre la n oción de 'fo r m a ', de
G e sta lt (a le m á n ). El p ro fe so r S chroedinger, e n tre o tros sabios e m in e n ­
tes, escribe : "S e g ú n la nueva idea, lo' que es p e rm a n e n te en esas p a r tí­
culas ú ltim a s o en esos pequeños agregados es su fo rm a y su o rg a n iz a ­
c ió n ". Pero no es necesario que la ru tin a lin g ü ís tic a nos haga cre e r que
se tra ta de fo rm a s de a lg u n a cosa, o "q u e un s u b s tra tu m m a te ria l sea
necesario para to m a r una fo rm a " . La fís ic a m oderna ha a b o lid o la d is tin ­
ción a ris to té lic a e n tre 'causa m a te ria lis ' y 'causa fo rm a lis '. Las p a rtíc u la s
fin a le s no son cosas, no deben ser pensadas com o hechas de un m a te ria l
c u a lq u ie ra . Son, en la expresión de S chroedinger, "fo r m a s p u ra s " (pu ré
s h a p e ), y nada más que esto.
H e rb e rt Read, en una de sus ú ltim a s obras, hacía una c ita de o tro fís ic o
m oderno que acaba de c o m p le ta r el p en sam ien to de S ch roe ding e r: "L o s
núm eros y las c ifra s , así com o las fo rm a s de p en sam ien to más p rim a ria s
y vacías, son los vasos más sim ples, y ta l vez m ás puros, en que puedan
ve rtirse las e x pe rie ncias in e xpre sab le s. . . Y el secreto m ism o del a rte
reside en que la ley más e s tric ta de la fo rm a , que p arecía no g u a rd a r
ninguna relació n con el co n te n id o , le p e rm ite expresar las cosas que esca­
pan al h a b la r irr e s tric to " (V o n W e iz s a c k e r).

15

�Para el físico, la noción de fo rm a es todo lo que queda de la v ie ja noción
de la m a te ria ; la estética no ha a rrib a d o a una conclusión m uy d ife re n te
en su d om inio. La fo rm a es s ig n ific a tiv a en sí m ism a, y su co n te n id o no
es o tra cosa que ella m ism a en sus elem entos c o n s titu tiv o s , je ra rq u iz a ­
dos en un todo coherente y cá lid o com o un organism o vivien te.
En esta ú ltim a etapa, el a rte , que se ha a pro xim a d o a la cien cia, re iv in ­
dica para sí m ism o el derecho de ser ta m b ié n un m edio de cono cim ien to .
Ya no quiere p erm anecer lim ita d o a sus funciones expresivas, como un
sim ple ve hículo de la su b je tivid a d co m p rim id a . Q uiere a rrib a r a un
pensam iento a rtic u la d o de las esencias, de los fu n d a m e n to s de lo real que
la ciencia aprende, a n a liz a y somete a su c rític a precisa. Si, en su
ú ltim o d esarrollo, suprim e el o bjeto, y de ese modo sobrepasa el p un to de
p a rtid a de la percepción d irecta in m e d ia ta , el a rte in te n ta apo rta rno s n ue ­
vas concepciones de objetos ideales, que p erm a ne cerían en un p la n o de
a n a lo gía con las unidades fo rm a le s de s ig n ific a c ió n propia, com o los
Gestalts en el m undo p sicofísico y en las e stru ctu ra s fis ico m a te m á tica s.
M e d ia n te el proceso de abstracción, el vie jo concepto c ris ta liz a d o del
o b je to es desterrado de la a c tivid a d a rtís tic a , pero en su lu g a r se crea, por
especulación, un nuevo objeto. Se hace posible entonces una nueva conceptu ació n general de la realidad. El a rtis ta , sin em bargo, no abandona
el cam po p rim e ro de la in tu ic ió n , donde objetos ideales, esencias, se
m ueven a la espera del d escu brim ien to , a la espera de deve nir “ reales".
El a rte grieg o de los siglos clásicos se h a lla b a ta m b ié n en relación estre­
cha con la ciencia grieg a clásica, de la cual e x tra jo sus concepciones de
la re a lid a d e xte rio r. El a rte se a p ro xim a entonces peligrosa m e n te a la
n a tu ra le za , siguiendo la m archa hacia a d e la n te del pensam iento racional
y del e sp íritu c ie n tífic o en plena expansión. En toda esta época, "e l
genio griego opone la dem ostración a las asunciones in tu itiv a s " (A b el
Rey) . El a rtis ta griego tiende asim ism o a re e m p la za r en su d o m in io , el
d o m in io de la creación in tu itiv a , la vo lu n ta d de a rte por la "v o lu n ta d de
d e m o stra ció n ", a trib u to del c ie n tista . Los epígonos de los siglos clásicos
de todo tie m p o han hecho del a rte una m áq uin a de d escrib ir, un derivado
bastardo del pensam iento deductivo ra cio n a lista . ¿ H a bría un p e lig ro sem e­
ja n te para el a rte de nuestra época?
La n a tu ra le za según la ciencia g riega era una n a tu ra le z a sólida, p a lp a ­
ble, fu n d a d a sobre una g eo m e tría cla ra , a la escala h um ana y universal.
El a rte podía e xp lo ra r ese universo razo na ble de tres dim ensiones con la
seguridad de que no escaparía al co n tro l de lo sensible. Pero la n a tu ra ­
leza de la ciencia m oderna es a b ie rta por todas partes, sus espacios son
m ú ltip le s y sólo tie n e n una existencia fu n c io n a l; no ofrece asidero a los
sentidos del hom bre.
En este universo d in ám ico, inestable, p a ra d o ja l, en el que las vieia s n o ­
ciones geom étricas son destruidas, el a rtis ta no tie n e ya puntos de re fe ­
rencia para o rientarse ni instrum entos de prospección fá cile s y cómodos
como, por ejem plo, en los tiem pos clásicos, la perspectiva y el escorzo.
En consecuencia, no puede ya dejarse ir por el ca m in o b ien pavim e n tad o
de la ciencia d ed uctiva y de los espacios euclidianos. La in tu ic ió n m ism a
no se e ncuentra ya c o n fin a d a a lo sensible inm ed iato. Com o el geóm etra
m oderno, cada a rtis ta se ve entonces o b lig a d o a e d ific a r su pro pia geo­
m e tría , y es de a llí, de esta concepción in d iv id u a l, pero universal, que
p arte, y no del concepto anquilosado.

En sus representantes más audaces, este a rte nuevo se coloca a c tu a l­
m ente fre n te a la ciencia com o una especie de riv a l, bien que sin espí­
ritu de com petencia. Esta riva lid a d se traduce, precisam ente a p a rtir del
cubism o, por su vo lu n ta d de presentarse com o un m odo de c o n o cim ie n to
autónom o. M uchos lo niegan, pero otros sostienen esta presunción. Y
e ntre ellos un gran n úm ero de cien tista s.
El desarrollo reciente de las ciencias filo só fica s , como la lógica, la sem án­
tic a y las adquisiciones de la lin g ü ís tic a y de las te orías de la G e sta lt y
de la psicología genética, nos p e rm ite n e x a m in a r hoy esta cuestión con
más precisión que antes.
T oda una escuela de lógicos, sem ánticos y filó so fo s están prontos a dar
a las m an ifesta cion es del a rte la d ig n id a d de un p ensam iento a rtic u la d o
in te le c tu a l. El pensam iento, para* S. Langer, no es un p riv ile g io del le n ­
gua je discursivo. Las fa cu lta d e s cognoscitivas del hom bre no estarían
lim ita d a s a las posibilidades de ese lenguaje. La sem ántica reconocería
así o tro sim b olism o d ife re n te del que ofrece el lenguaje ve rb al. ¿En qué
se d is tin g u iría él del modo de los sím bolos del lenguaje discursivo? Los
elem entos del sim bolism o no verbal son irre d u c tib le s a otros elem entos
equivalentes, como ocurre con los sím bolos discursivos. Estos viven sólo
de lo general, y son por n a tu ra le za intercam bia ble s. El nuevo modo de
pensar sim bólico, por el c o n tra rio , se h a lla dotado de una verdadera poten-

16

�cid generalizadora, para a ctua r sobre todo como to ta liza do r. Aunque
único e intra du cibie, es universal. Sus partes no se descomponen en u n i­
dades sim bólicas menores, pero significantes. El sím bolo verbal puede
prescindir, para ser com prendido, de la experiencia sensible; su émulo,
nunca. Este se m an ifie sta siempre por una acción ce presencia directa.
No se puede seguir, para com prenderlo, las cadenas del razonam iento
a n a lítico ; no se encontrará nunca el apoyo co nfortable de una sucesión
de soportes explicativos hasta el coronam iento de su conclusión fin a l. En
este modo, el conocim iento llega m ediante descubrim ientos; se debe des­
cu b rir, en efecto, entre sus partes constituyentes, entre sus estructuras
parciales, vínculos, aproxim aciones repentinas, inesperadas o imposibles
de alca nza r por el desarrollo lógico, pero que nos dan, solas y de una
vez, la sign ificación del pensam iento global presente. Este pensam iento
— esta idea— no es dem ostrativo y no aporta ninguna solución transferible, no siendo además desm ontable en sus partes. Pero es una verdad,
la Verdad del nacim iento de un nuevo ser. El aporte de este conocim iento
nuevo no es nunca una ley, y ciertam ente tam poco un concepto puro;
pero, más que una imagen, es un hecho. A sí, por m edio de este otro
modo de pensam iento sim bólico, el campo de lo cognoscible se ha e xte n ­
dido, y nos aproxim am os un poco más a la naturaleza de las cosas o,
más bien, al misterioso tra b a jo de elaboración form adora de la naturaleza.
Langer nos propone el cuadro como el ejem plo de sím bolo no discursivo
más fa m ilia r. Sus elementos componentes no tienen siquiera designación
propia, y sólo nos transm iten una to ta lid a d , puesto que en sí mismos
no tienen nunca sign ificación independiente. No hay uno solo c'e estos
elementos parciales que sea portador de símbolo, aun cuando se lo v u e l­
va a encontrar en otra to ta lid ad .
El sím bolo no discursivo nos habla siempre en "u n a presentación integral
y sim u ltá n e a ". Es lo que Langer llam a "e l sim bolism o p re sen ta tivo".
"V e h íc u lo norm al y válido de s e n tid o ", vendría a "ensanchar nuestra con­
cepción de la realidad mucho más lejos de los lím ites tra d ic io n a le s ". Se
apelaría al sim bolism o no discursivo precisam ente a llí donde se tra ta ra
de expresar ¡deas, que resultaran demasiado sutiles o com plejas para ser
expresadas en el encadenam iento del lenguaje discursivo. Según Langer
su fu nció n principal sería "co n ce p tu a r el flu jo de las sensaciones". Como
sus productos sen siem pre cosas concretas, sería imposible su bs titu irlo por
" u n pensam iento nacido del len gu aje ".
Basándose en las concepciones intuicion istas de los gestaltistas, la teórica
del sim bolism o presentativo nos hace notar que la racionalidad desciende
hasta el plano rud im e nta rio de la organización psicofísica de la percep­
ción. Es a llí — ya en ese nivel elem ental— que aparecen las prim eras
m anifestaciones de la inteligencia. Las estructuras form ales o rg a n iz a ­
das por nuestros sentidos resultan la prim era etapa del proceso de abs­
tracció n m ental, pues probablem ente ya llevan en sí una cierta dosis de
m aterial sim bólico. "L os ojos y el oído fa b rica n sus propias abstracciones,
y pueden en consecuencia d ic ta r sus form as particulares de concepción.
Sin embargo, estas form as se derivan exactam ente del mismo m undo que
aquellas, com pletam ente diferentes, conocidas por la fís ic a ".
La obra de arte no tiene un sentido literal constante que se pueda tra n s ­
fe rir a las palabras. La comprensión de su naturaleza o de su mensaje
llega de golpe, como un 'fla s h ' de luz. En vez de acum ula r para nosotros
proposiciones, nos da visiones repentinas de las cosas y m u ltip lic a el espa­
cio de nuestras concepciones.
En los lím ites precisos definidos p o r varias ramas de la ciencia moderna,
como la m atem ática, la sem ántica y la psicología, el arte moderno puede
al fin establecer con aquélla relaciones de una extrem a fecundidad. Ellas
vendrán a a m p lia r de nuevo los horizontes del pensam iento hum ano, p e li­
grosam ente reducido por la hegem onía u n ila te ra l del pensam iento con­
ceptual ¡ntelectualista. Pero lo que la ciencia, y sobre todo el a dve ni­
m iento del arte moderno, nos m uestran, es que la era del racionalism o
sistem ático ha pasado. La ciencia moderna, no obstante sus audacias
fu lgu ra ntes y sus descubrim ientos, es sin embargo incapaz de darnos una
síntesis de sus propias m iras, o una nueva concepción del m undo o una
m itología. Sólo el arte puede asignarse esta tarea. Pero esto presupone
una revisión de nuestros hábitos m entales, racionalizados en exceso. El
arte deberá aquí resistir los métodos mismos de la ciencia, y ganar los
espíritus a un nuevo modo sim bólico del pensam iento, su modo específico.
El filó so fo am ericano Dewey ha e m itid o al respecto la opinión siguiente,
que es tam bién un v a tic in io y un deseo: "P robablem ente llegará un día
en que se reconocerá universalm ente que las diferencias entre los esque­
mas lógicos coherentes y las estructuras a rtística s en la poesía, la música
y las artes plásticas son de orden técnico y especializado más que substan­
c ia l". Sólo entonces las relaciones entre el arte y la ciencia podrán ser
planteadas con toda claridad.

17

�foto Groebli (Z ü ric h )

Verena Loewensberg

18

D e fin ir la o rie n ta c ió n p ic tó ric a de V e re n a Loewensberg com o "c o n c re ta "
es una s im p lific a c ió n cóm oda pero que el a rtis ta no merece.
Q u ed aría por a v e rig u a r si la d e n o m in a c ió n de a rte co ncreto , al ser a p li­
cada a e xpe rie ncias estéticas que d ifie re n n e ce sariam en te de un a rtis ta
a o tro , p o r la n a tu ra le z a de la in s p ira c ió n o por el é nfasis, conserva to d a ­
vía a lg o de la s u b s ta n tiv id a d c o n c e p tu a l que le hemos a trib u id o . Pero
no es sólo esto. En el a rte c o ncreto es posible a d v e rtir la existen cia de
o rie n ta cio n e s que c o m ie n z a n a d ife r ir , p a rtie n d o de un p u n to situado
en el n eo plasticism o. Sería in ú til, desde luego, in te n ta r d e d u c ir esas
o rie n ta cio n e s de un p rin c ip io a x io ló g ic o c o m ú n ; ellas no pueden ser sino
el resu ltad o de una a c tiv id a d espontánea del a rtista .
De c u a lq u ie r m odo, la in flu e n c ia del n e o p la s tic is m o en el d esa rrollo del
a rte co n cre to no necesita ser subrayada. N o es la ú nica, por cie rto , a u n ­
que sí la m ás pon de ra ble . Las o tra s in flu e n c ia s , más laten tes que m a n i­
fie stas, h a b ría que buscarlas en el su p re m a tis m o de M a le w itc h y en el
c o n s tru c tiv is m o de Gabo y Pevsner.
A h o ra b ien, de todas las in flu e n c ia s a p u n ta d a s es la n e o p la sticista la
que a ctú a en m a y o r m ed id a sobre la obra de V e re n a Loewensberg. Cabe
sin em bargo, una a c la ra c ió n : se ha in s is tid o siem pre en lo más aparente

�pintura nP 102

y secundario de la in flu e n c ia neoplasticista — el neoplasticism o ha co n ­
fo rm a do algo así como un estilo—
m ientras que su p ro ble m á tica ha
quedado lige ra m e nte obscurecida.
Una parte esencial de esa p ro ble m á tica ha estado centrada en el tem a
del planism o y en la a bo lición de la anécdota plástica como suceso que
se localiza aisladam ente en la tela. Según V a n Doesburg, el p in to r debía
abandonar el eje del cuadro, m om ento p riv ile g ia d o de la com posición
clásica, para e x a lta r los bordes, persiguiendo con esto una doble fin a li­
dad: la de preservar el plano y la de su ge rir la c o n tin u a ció n del cuadro,
más a llá de los lím ite s de la tela.
Estas premisas del neoplasticism o dieron origen a uno de los temas más
fu e rte m e n te d iferenciados del a rte concreto, tem a que se anuncia ya en
el M o n d ria n de la ú ltim a época y en los "in te rv a lo s " de V a n to n g e rlo o :
el tem a de las series. Ha podido hablarse a propósito de esto, de una
estética de los grupos, por oposición a una estética de lo sing ula r, p o r­
que, en efecto, las series im p lica b an una o rg an ización del cuadro co m p le ­
ta m e nte d is tin ta de la conocida hasta entonces. í 1)
( ! ) V . A n d re a s S peiser: " L a n o tio n de groupe e t les a r ts " . Les g rands co u ra n ts de la
pensée m a th é m a tiq u e , C ahiers du Sud, 1 9 4 8 .

19

�p in tu ra

nP 139

Este te m a es el que ha p reocupado más a V e re n a Loewensberg. A quí
nos lim ita re m o s a una d escrip ción su m a ria del mismo.
El p in to r co m ien za por co n sid e ra r el p la n o com o una m a g n itu d de valor
co nsta nte que él debe conservar. Los elem entos fo rm a le s que emplea
no tie n e n v a lo r por sí m ism os, sino por la s itu a c ió n que ocupan en la
serie y ésta es un c o n tin u o que los absorbe a todos, de ta l m anera que
la percepción no es a tra íd a por n in g u n o de ellos en p a rtic u la r. Las series
p in tu ra nP 111

20

�21

�pueden ser o rg a n iz a d a s por una re la c ió n de tip o g e o m é tric o o de tip o
n u m é rico , en la que el p in to r in tro d u c e una v a ria c ió n , co h e re n te con la
co nve nción que ha a do pta d o, d estin ad a a in c o rp o ra r un e le m e n to de s i­
m e tría o de d is c o n tin u id a d . De este m odo el c u ad ro deja de ser una
to ta lid a d con je ra rq u ía s in te rio re s e in d ic a una c o n tin u a c ió n v irtu a l de
la serie fu e ra de sus propios lím ites.
Pero no to da la p ro d u c c ió n p ic tó ric a de V e re n a Loewensberg está o rie n ta d a
en esta d ire c c ió n . En a lg un os de los cuadros a q u í reproducidos se advierte
su interés por otros problem as, en especial los que re su lta n de un tr a ta ­
m ie n to del p la n o d is tin to del ante rio r.
En estos cuadros la u n ifo rm e sucesión rítm ic a que c o n s titu y e la serie, es
s u b s titu id a por la a g ru p a c ió n en zonas aisladas de elem entos plásticos, lo
que im p lic a una búsqueda de situ acion es espaciales.
En e fe cto , en el p rim e r caso, estas situ a cio n e s se p resentan sum am ente
d e b ilita d a s d ebido a que el p la n o es co nside rad o en el se ntid o neoplasticista , com o una in v a ria n te con respecto al sistem a representado por las
series.

22

�Estas tra n s c u rre n , por d e cirlo así, en el p la n o sin in c o rp o ra rle d im e n s io ­
nes nuevas. En el segundo caso, en ca m b io , el p la no está en c ie rto m odo
co n fo rm a d o por la s itu a c ió n plá stica.
En d e fin itiv a , lo que hemos co nve nido en lla m a r espacio en una p in tu ra
concreta, no es o tra cosa que el re d e scu b rim ie n to de la fu n c ió n v a ria b le
del plano, fu n c ió n que ha hecho posible la p in tu ra , en una p a la b ra , y de la
que a q u e lla noción es sólo una a p ro x im a c ió n in tu itiv a .
Nos hemos lim ita d o a una c a ra c te riz a c ió n su m a ria de la p ro b le m á tic a
p ic tó ric a de V e re n a Loewensberg, es d e cir, de a q u e lla p a rte de su lab or
creadora que es susceptible de g e n e ra liza cio n e s verbales. Es innecesario
a g re g a r que éste es uno de los m ú tip le s aspectos que o fre ce la obra de un
a rtis ta y no nece sariam en te el más im p o rta n te .
A . H.
fo to M ich a e l W olg e n sin ge r (Z ü ric h )

p in tu ra nP 84

23

�p in tu ra n&lt;? 126

Verena Lowensberg
N a d ó d 23 de M ayo de 1912 en Z ü ric h . Cursó
cs.uaios en la "G sw erb e sch ule" de Basilea y en
la "A c a d e m ie M o d e rn e " de París. Es m iem bro
del grup o " A llia n z " . E'xpone desde 1936 en Z ü ric h ,
Basilea, S a n kt-G a llen , París. V ive en Z ü ric h .

24

�Situación del arte concreto
A lfr e d o H lito

Los m o v im ie n to s m o d e rn o s p o ste rio re s al c u b is m o se p re s e n ta ro n in v e s ­
tid o s con un c a rá c te r de n e c e s id a d : e ra n el p ro d u c to n e c e s a rio de una
e v o lu c ió n n e c e s a ria ; a l m is m o tie m p o que p re s c rib ie ro n el m od o de h a c e r
el a rte , e s ta b le c ie ro n u n a le g a lid a d y u n a ¡le g a lid a d . T o d a v ía los c u b is ta s
h a b ía n to le ra d o a R ousseau y a la a n g e lic a l M a r ie L a u re n c in ; después,
esto ya no ilpa a ser p o sib le . Sólo el d a d a ís m o se p ro p u s o ser a s is te m á tic o
y h e te ro d o x o .
T o d o p a re ce in d ic a r que la p re te n s ió n de fu n d a r el a rte sobre p o s tu la d o s
y a x io m a s c o rre sp o n d e a las nece sid ad e s de u n a a c titu d e s p iritu a l que
ya no es la n u e s tra .
En e fe c to , hoy, la ta re a p a re ce ser o tra . Por de p ro n to , u na m a y o r f a m i ­
lia rid a d con las n uevas fo rm a s p a re ce no e x ig ir de n oso tro s esa v ig ila n c ia
severa q ue c a ra c te riz ó a los p rim e ro s c o lo n iz a d o re s del n u e vo m u n d o
v is u a l. La n a tu ra lid a d y la e s p o n ta n e id a d e stá n lla m a d a s a re e m p la z a r
la p ro lo n g a d a ascesis re p re s e n ta d a p o r el n e o p la s tic is m o y el c o n s tr u c tiv is ­
m o. Esta m is m a n o c ió n de un a rte c o n s tru c tiv o tie n d e a id e n tific a rs e ,
ca da ve z m ás, con el p e río d o c'e c o n s titu c ió n de las fo rm a s q ue h o y e m p le a
el a rte a b s tra c to . En u n a p a la b ra , es u n a n o c ió n a rc a iz a n te .
Sin e m b a rg o , m e p a re ce que n u e s tra s itu a c ió n no está b ie n , re fle ja d a
en este e squem a. En m i o p in ió n es b a s ta n te m ás c o m p le ja . Por o tra
p a rte , no cre o que nos lib re m o s de la re s p o n s a b ilid a d de a n a liz a r la a
fo n d o y de a d o p ta r, en co n s e c u e n c ia , u na a c titu d fr e n te a las o p cio n e s
q ue se nos o fre c e n , re fu g iá n d o n o s en u n p re te n d id o a u to m a tis m o de las
fo rm a s , co m o si éstas se m o v ie ra n im p u ls a d a s p o r u n a d ia lé c tic a in te r io r
in e v ita b le . U na s u p o sició n s e m e ja n te o c u lta m a l el h e c h o de q ue esas
fo rm a s son el re s u lta d o de n u e s tra e le c c ió n y el te s tim o n io v is ib le , in c o r ­
p o ra d o in c lu s o a las fo rm a s m ás p re cisa s y d e p u ra d a s , de las v ic is itu d e s
y o p cio n e s del a rte que hem os e scogido.
Si h o y p od em os h a b la r de u n a m a y o r fa m ilia r id a d con las n ue vas f o r ­
m as, es a c o n d ic ió n de no c re e r q ue e sta m o s en s itu a c ió n de s e rv irn o s
de e lla s con in g e n u id a d e in o c e n c ia , ig n o ra n d o o p re te n d ie n d o ig n o ra r
las c o n d ic io n e s de te m p e ra tu ra e s p iritu a l en que fu e ro n o b te n id a s .
De n u e s tro p a sa d o a rtís tic o re c ib im o s fre c u e n te m e n te los te m a s y los
p ro c e d im ie n to s p ero ta m b ié n , c o n v ie n e no o lv id a r lo , u n c ie rto c o n fo rt
in te rio r. Es lo q ue nos p e rm ite p in ta r u na ca b e z a de to ro s a n g ra n te en
el b o u d o ir de u na n iñ a y tre s o c u a tro lín e a s sobre u n a s u p e rfic ie b la n c o ,
a m a r illa o ro ja , sin e x p e rim e n ta r n in g ú n v é rtig o p o r e llo .
T o d o sucede co m o si h u b ié se m o s d e ja d o de c o n s id e ra r esos h echos co m o
s itu a c io n e s lím ite s de la e x p e rie n c ia y se h u b ie ra n o b je tiv a d o , p o r d e c irlo
así, p a ra noso tro s. C o n v e rtid o s en te m a s, en p ro b le m a s , en s itu a c io n e s
co n g e la d a s , ca be e x tra e r ce e llo s c o n c lu s io n e s y e nse ña nza s.
Pero no sólo esto. Están ta m b ié n las c o n d ic io n e s de d ifu s ió n del a rte
m o d e rn o , es d e c ir, el m o d o en q ue fin a lm e n te ha sid o a c e o ta d o e in flu y e
en la v id a c o tid ia n a . A q u í se ha o p e ra d o un p roceso de d e s tila c ió n d o n ­
de el a rte m o d e rn o ha d e ja d o casi to d a su s u b s ta n c ia s ig n if¡c a tiv a .
H a b ría que m e n c io n a r la ra p id e z con q ue los g ra n d e s te m a s h a n sido
a p rove cha do s, p a ra p e rp e tu a r el deso rd en v is u a l de n u e s tra época. A lg u ­
nos c o n v e n d rá n en q ue esta d ifu s ió n es un tr iu n fo . O tro s , en q ue es
o p o rtu n is m o . M ie n tra s ta n to no p od em os e v ita r q ue a q u e lla s fo rm a s se
h a y a n v a c ia d o de to c o s ig n ific a d o D ) .
H a b itu a d o s , a de m á s, a c o n s id e ra r la h is to ria del a rte m o d e rn o en
el aspecto de u n a tr a n s fo rm a c ió n p ro g re s iv a de los m e d io s e xp re sivo s,
esa h is to ria ha q u e d a d o re d u c id a poco m en os q ue a la n a rra c ió n de
los a c o n te c im ie n to s p u ra m e n te fo rm a le s a c a e c id o s en el a rte de los ú l­
tim o s c u a re n ta años. La co n s e c u e n c ia es u n a a lte r n a tiv a que p a ra a lg u ­
nos c o n s titu y e la e n c ru c ija d a del p re s e n te : la c o m p u ls ió n h a c ia nuevas
fo rm a s y m e d io s de e x p re s ió n o el e s ta n c a m ie n to .
¿Es le g ítim a esta a lte rn a tiv a ? M e in c lin o a c re e r q ue no. A c e p ta r la
e q u iv a ld ría a re co n o ce r la a u te n tic id a d de u n a a c titu d e x p e rim e n ta lis ta
y p u ra m e n te e m p íric a , sin ideas d ire c tric e s fe c u n d a s y, en el fo n d o , sin
m ayores riesgos; la resp o n sa b le , en u n a p a la b ra , de lo q ue h o y c o n o c e ­
m os co m o b u e n o m a l g u s to m o d e rn o .
Esto no q u ie re d e c ir que d eb am os a d o p ta r u n a a c titu d de c o n s e rv a c ió n ,
ni s u ste n ta r la c re e n c ia a b s u rd a de q ue c ie rta s fo rm a s h a n a lc a n z a d o
una e s ta b ilid a d c lá sica y d e fin itiv a . Pero m e p a re ce ig u a lm e n te a b s u rd a
la p re ten sión de a d o p ta r, fr e n te a n u e s tro p asado a rtís tic o , la m is m a
a c titu d que en 1 91 0 se a d o p tó fr e n te a la tr a d ic ió n a c a d é m ic a del s ig lo

Este e je m p lo es un caso e x tre m o , pero fre c u e n te ,
de a d a p ta c ió n de los te m a s del a rte m o d e rn o a
s itu a c io n e s que d e s v irtú a n y e x tr a v ía n sus s ig n i­
fic a d o s . (T h e A m b a s s a d o r)

í 1) Estas c o m p ro b a c io n e s está n to ta lm e n te e x e n ­
ta s de m a l h u m o r y de pesim ism o. N o es m i
p ro p ó s ito m o r a liz a r sobre las c o n d ic io n e s de d i­
fu s ió n del a rte m o d e rn o , en n u e s tra época en
g e n e ra l, ni e n tre n oso tros en p a rtic u la r. Lo m a lo
de a q u í no m e a flig e m ás que lo m a lo de a llá .
La a c titu d de re c h a z o a d o p ta d a fre n te a los re ­
s u lta d o s de esa d ifu s ió n en n o m b re de la c a li­
d a d , no m e pare ce que d ifie r a s u b s ta n c ia lm e n tc
de la a c titu d re p re s e n ta d a por un cóm odo a sen ­
tim ie n to . A m b a s , a m i ju ic io , e n tra n en la c a ­
te g o r ía de lo que V e b le n ha lla m a d o " e l c o n ­
su m o v ic a r io " .
Pero m i p ro p ó s ito es o tro .
Al
m e n c io n a r esas co n d ic io n e s he q u e rid o te n e r ­
las en c u e n ta com o d a to s de una s itu a c ió n , es
d e c ir, com o v e rific a c io n e s ; en s e n tid o p o s itiv o
m ás b ie n que en s e n tid o n e g a tiv o . Es s u fic ie n te
que se saque de esto, a l m enos, la co n clu sió n
de q u e no e sta m o s tra b a ja n d o en co n d ic io n e s do
la b o ra to rio y de que h a b ría que d e ja r de re n d ir
un tr ib u to p u ra m e n te re tó ric o a la c u ltu r a m o ­
d e rn a .

25

�Formas espontáneas de d ifu sió n o btenidas sobre
una base húm eda. (Fernández M u ro)

(2) " A s í tenem os a nte nosotros una situ a ció n
que es al m ism o tie m p o c o n tra d ic to ria y u n ita ­
ria : esto es, m ie n tra s la filo s o fía de los ú ltim o s
die z años se dedicaba a l existe n cia lism o, el a rte
se d irig ía hacia el esencialism o y el in m a n e n tísm o " J. P. H odin, A rti visive, n9 1.

(3) La m ayor p a rte de las "h is to ria s " del a rte
m oderno están confeccionadas según un p atró n
teo ló g ico . En el p rin c ip io fu é Cézanne. De Cézanne nació el cubism o y de éste el a rte a bs­
tra c to . Este m étodo de d e sin fo rm ación es a p a ­
re nte m e n te ino fe n sivo pero su acció n prolongada
puede re su lta r dele té rea ; es el caso de quienes
se detienen . a p re g u n ta r: ¿qué seguirá ahora?
H ab ría que decir, en to d o caso: fu e ro n los neopla sticista s, los co n stru ctivista s, los supre m a tistas, etc. los que sacaron sus propias conclusiones
del cubism o, conclusiones que im p lica ba n una v o ­
lu n ta d d is tin ta de la de los cubistas. El desarrollo
del a rte hasta nuestros d ía s no parece ju s tific a r
un m onismo. A h o ra bien, a lg o de esta concep­
ció n m onista está presente en las distinciones
que se hacen entre a rte a b stra cto y concreto, y
según las cuales el a rte concreto sería una fo rm a
"m á s consecuente" del abstraccionism o.
No hago un problem a de las denom inaciones.
Es conocida la im precisión in h e ren te a todas
ellas. Su em pleo está sujeto, en cada paso, a
cautelas y lim ita cio n e s perm anentes. No creo que,
ta l como existen, n in g ú n rig o r conceptual pueda
a ñadirles precisión. Esta im p o sib ilid a d prueba so­
la m e n te que un cam bio de o rie n ta ció n en el
enfoque de los problem as que p la n te a el a rte
contem poráneo es, adem ás de necesario, deseable.

26

X IX . Un exam en s u p e rfic ia l re v e la ría lo in fu n d a d o de esta pretensión
Con todo, una so lu ción n o rm a tiv a y a p rio rís tic a , com o la s u sten ta ro n las
te nd en cias c o n s tru c tiv is ta s , no co rresp on de ría ta m p o co a nuestras nece­
sidades presentes. N o sólo debido a ese proceso de d e sa rro llo y m a d u ra ­
ción que ya señalam os; por otros m otivos ta m b ié n . En la a spira ción
a la n o rm a tiv id a d e n tra b a un in g re d ie n te a p o c a líp tic o que fu é , p o r o tra
p a rte , com ú n a todos los m o v im ie n to s que sucedieron al c u b ism o : la
in m in e n te absorción del a rte en fo rm a s de vid a m ás a lta s y m ás intensas.
Era el m om en to en que p a re c ía n c o in c id ir los cam bios rad ica les del a rte
— la nueva p lá stica , d e spo ja d a de lu d a v ib ra c ió n in d iv id u a l----- y los
cam bios rad ica les que en lo económ ico y en lo social te n d ía n hacia el
co le ctivism o .
Porque, después de todo, es im p osib le co m p re n d e r esos m o v im ie n to s sin
te n e r en c u e n ta la idea del a rte que han propuesto. C onsiderados en
este aspecto, a p a rte las obras que p ro d u je ro n , esos m o v im ie n to s c o n te ­
n ía n un p ro gram a . N o a s p ira ro n a a lg u n a especie de c u lm in a c ió n o de
clasicism o, pero, en c a m b io , te n ía n la c e rtid u m b re de h a b e r colocado el
a rte a n te su ve rd ad ero d e s tin o : el que el h om bre m erecía. Los p rin c ip io s
a rtís tic o s que fo rm u la ro n , aislados de estos co nte xto s, se reducen a unas
cu an tas fó rm u la s secas e inexpresivas recogidas p o r los m anuales de d i­
v u lg a c ió n , en donde resulta ya im p osib le sospechar to d o lo que h a b ía de
a u d a z y de h ip o té tic o en la p re sun ción n o rm a tiv a que los a n im a b a .
Pero esos p ro gram a s c o n s titu y e n , en g ra n p a rte , el p ro g ra m a del e s p íritu
m oderno. Sin dud a, no los podem os a c e p ta r ta l com o están. H a y cosas
en las que ya no creem os o en las que creem os de o tro modo.
El in te n to , com ú n a las te nd en cias c o n s tru c tiv is ta s de id e n tific a r las
leyes del a rte con las leyes del universo es ing en uo pero ta m b ié n in e x a c ­
to. H a sido una consecuencia de la a m b ic ió n , le g ítim a p o r lo dem ás, de
fu n d a r el a rte en té rm in o s de necesidad y de u n iv e rs a lid a d . Por o tra p a r­
te, ese in te n to resu ltab a a p a re n te m e n te co rro b o ra d o p o r las m ism as f o r ­
mas g e o m é trica s a las que se a c u d ía en re e m p la zo de las o tra s, ya que
p a re cía n in c o rp o ra r al a rte el c a rá c te r in ta n g ib le de las proposiciones
a x io m á tic a s . (2)
Pero esta suposición ha dem ostra do ca re cer de fu n d a m e n to s reales La
perspe ctiva c u ltu ra l ha ree m p laza do en nosotros a la p erspectiva cósm ica.
Desde el p u n to de v is ta que nos p ro p o rcio n a este nuevo e nfo q u e c o m p ro ­
bam os que a q u e lla s fo rm a s han re su lta d o no ser in ta n g ib le s . A l pasar
al a rte e x p e rim e n ta ro n una p e rtu rb a c ió n im p re v is ta . Se v o lv ie ro n , de
p ro n to , s ig n ific a tiv a s . A l d e ja r de e star re fe rid a s a las operaciones in s­
tru m e n ta le s del p en sam ien to, p e rd ie ro n a lg o de su e squ em atism o a b s tra c to
in ic ia l; han quedado in co rp o ra da s a los procesos h a b itu a le s de la
e xp e rie n cia .
T ra slad ad as al a rte ta m p o co te n ía n , com o se h ab ía pensado, un d estin o a
la rg o pla zo. N o estaban d estinadas a espectadores que no conocem os,
a espectadores ideales en c irc u n s ta n c ia s ideales. Por el c o n tra rio su des­
tin o ha sido in m e d ia to : han e n tra d o en el c ic lo del consum o visu a l de
nue stra época y sus co nte nid os se re a liz a n - — o se d e s re a liz a n , más b ie n —
sin la co op eració n de pau tas c u ltu ra le s fa vorab les.
Esta e ve n tu a lid a d , con todo, es lo que las hace v á lid a s p ara nosotros, y no
por ser las d ep osita ría s de los ritm o s p ro fu n d o s y de las e s tru c tu ra s esen­
ciales del universo, o porque en ellas se c u m p la n las p re m o n icio n e s c o n ­
te n id a s en el Filebo. Nos e nco ntra m o s ta n lejos de estas ú ltim a s com o
de los iconoclastas del siglo IX .
Esta e v e n tu a lid a d es la que nos ha p e rm itid o ta m b ié n a b a n d o n a r d e fi­
n itiv a m e n te esa tediosa a s p ira c ió n a un a rte g eo m é trico .
Sin em bargo, sería un e rro r suponer que la p ropensión a u tiliz a r las fo rm a s
de la g e o m e tría fu é d ic ta d a e x c lu s iv a m e n te por el a fá n de s u b s titu ir una
te m á tic a ya enve je cida . K a n d in s k y dem ostró que eran posibles o tros re­
p e rto rio s fo rm a le s p ro ven ien tes de operaciones m enos e x p líc ita s del e s p í­
ritu , y su co he re ncia no fu é p o r e llo m enor. Las obras p ro du cida s com o
a rte a b s tra c to c o n s titu y e n en su m a y o ría p ro lo n ga cio n es del cubism o, del
fa u v is m o y del su rre a lism o , de las cuales se han hecho desaparecer los
ú ltim o s ve stigios de rep re sen ta ció n . N o p ro vie n en de la g e o m e tría .
En m i o p in ió n , lo que ha d is tin g u id o desde el c o m ie n zo a las te nd en cias
c o n s tru c tiv is ta s ha sido una v o lu n ta d de a rte d is tin ta . (3) Para d e c irlo
brevem ente, una v o lu n ta d d irig id a a hace r del o b je to e stético un p ro d u c to
c a lc u la d o y consciente, susceptible de ser re m itid o a un orden v e rific o b le
de leyes. U na v o lu n ta d de co n fe c c ió n , se d iría , más que una v o lu n ta d de
expresión.
La noción de le g a lid a d , re fe rid a a las e s tru c tu ra s estéticas, ha sido o b ié to
de un la rg o debate. En este d ebate se han e n fre n ta d o las d ic o to m ía s t r a ­
d icio n a le s : ra z ó n -in s tin to ; frío -c a lie n te ; a p o lín e o -d io n is ía c o . Pero estas
d istin cio n e s que en to d o tie m p o se a p lic a ro n a los pro du cto s del a rte ,
nece sariam en te diversos, co b ra ro n un d ra m a tis m o especial. En lu g a r de

�ser empleadas com o nociones accesorias, p u ra m e n te descriptivas,, fu e ro n
empleadas en sentido e le ático . El p ro ble m a de los m étodos se tra n s fo rm ó
en un problem a o n to ló g ico . La p re ocu pa ción por el hacer, pre ocu pa ción
de raíces renacentistas que h a b ía d ic ta d o los tra ta d o s a lb e rtia n o s , fué
reem plazada p o r el te m a filo s ó fic o , heredado del ro m a n tic is m o , de la
precedencia o n to ló g ic a de la im agen estética.
Desde que sabemos que cabe o b te n e r im ágenes ig u a lm e n te 'in u s ita d a s ',
sin interven ción de fa c u lta d e s creadoras especiales — lo que la cá m a ra
fo to g rá fic a probó para el a rte tra d ic io n a l, la fo to g ra fía sin c á m a ra lo ha
probado para el a rte concreto— - ese p ro ble m a ha p e rd id o toda d ra m a ficida d para nosotros.
Para quienes hemos escogido un a rte de v o lu n ta d 'c o n s tru c tiv a ' (4) el p ro ­
blema consiste en saber si esta cu a lid a d es p a trim o n io e xclu sivo de cie rta s
fo rm a s o de cierto s p ro ce d im ie n to s. (5)
A q u í cabe hacer u no a c la ra ció n . C uando se dice a rte q e o m é trico , nunca
se sabe si se está h a b la n d o de 'fo rm a s ' o de 'procesos'. La d is tin c ió n es
im portante. La u tiliz a c ió n de fo rm a s g eom étricas, p o r sí sola, no g a ra n ­
tiz a la lim p id e z de los procesos e stru c tu ra le s que se persigue al e m ­
plearlas. En ca m b io , el em pleo crea do r de p ro ce d im ie n to s g eom étricos
puede co n d u c ir y conduce con fre c u e n c ia al log ro de situ acion es e s té ti­
cas, en donde el c a rá c te r in s tru m e n ta l de aquellos p ro ce d im ie n to s puede
re s u lta r casi irre con ocible .
Pero, en todo caso, serán estas 'situ a cio n e s e s té tica s' las que fin a lm e n te
c o n fe rirá n a las fo rm a s su ve rd ad ero se ntid o, y no el lu g a r del e s p íritu ,
si me puedo expresar así, del que provienen. En e fe c to , hasta ahora
hemos h ablado sólo de fo rm a s, no de la p in tu ra y de la e s c u ltu ra com o
to ta lid a d e s .
Los m anuales de g e o m e tría nos h a b ía n h a b itu a d o , m uch o antes que el
arte concreto, a conocer las fo rm a s com o operaciones puras del e s p íritu ,
pero es al ser trasla da da s a las situ acion es típ ic a s de la p in tu ra y de la
e scu ltu ra cu an do e m p ie za n a te n e r s ig n ific a d o para nosotros.
A hora bien, la a c titu d c o n s tru c tiv is ta ha co nsistido hasta hoy, en la
estim ación de que cierta s situ acion es p lá stica s son ó p tim a s con relació n
a otras. H a e xistid o una selección d e lib e ra d a de los tem as.
Esta a c titu d ha sido, p o r lo dem ás, com ú n a todos los m o v im ie n to s m o ­
dernos. Se ha observado que cie rta s p in tu ra s son im p resion istas, cu bista s
o neoplasticistas porque in vo lu cra n , adem ás de una s im ilitu d fo rm a l y
de propósitos, una sum a más o m enos v a ria b le y a rb itra ria de res­
triccio ne s.
Es que una te o ría e stética supone, adem ás de un c o n ju n to de ideas sobre
el arte, la creación de condiciones e xp e rim e n ta le s p ro picias, e n tre otras,
la reducción de los tem as probables del a rte , a los que son susceptibles
de ser v e rifica d o s en condiciones de la b o ra to rio . Pero al m ism o tie m p o
estas condiciones no pueden ser prolo n ga da s in d e fin id a m e n te . De a q u í
que no hayan podido ser m a n te n id a s más a llá de cie rto s lím ite s , y no
sólo por razones de discrep a ncias sino porque, a la la rg a , im p lic a b a n un
em pob re cim ie nto de las v irtu a lid a d e s expresivas, al re d u c irla s a una sola
de sus posibilidades, con la co n sig u ie n te e lim in a c ió n del riesgo y de la
a v e n tu ra .
En condiciones de la b o ra to rio la s itu a c ió n p lá s tic a que sel busca expresar
está d ete rm ina da , fre cu e n te m e n te , por una conve nción e s tilís tic a o por
el va lo r a x io m á tic o concedido a situ acion es que se ju z g a n ó ptim as.
El objeto, p in tu ra o e scu ltu ra , m ue stra la im p ro n ta de u n o ley que desen­
cadena el proceso cre a d o r pero que éste no produce.
Todo parece in d ic a r que nos e n co ntra m o s hoy a n te una s itu a c ió n que el
a rtista m oderno sólo conoció de un m odo esporádico y com o reacción a la
ortodoxia de las escuelas: la p o s ib ilid a d de c o n c e b ir una m u ltip lic id a d
de situaciones p lá stica s d e n tro de un m ism o universo de sentido.
Pero una m u ltip lic id a d de situ acion es p lá stica s supone una m u ltip lic id a d
de soluciones o, al m enos, requiere una fle x ib ilid a d de los rep erto rio s
form ales que les p e rm ita h ace r fre n te a las s o lic ita c io n e s de una e xpe ­
rie n cia que se a c re c ie n ta y se d iv e rs ific a .
La idea de una le g a lid a d e x te rio r al o b je to parece esfum arse a q u í del
todo. Sin duda. Pero será necesario entonces e n c o n tra r p ara cada s itu a ­
ción la ley que le corresponda 'p a rtie n d o de sus propios supuestos', y no de
la consideración de que la p in tu ra , por e je m p lo , debe c o n s is tir en tres
colores más bien que en c u a tro o en cinco. (6)
A q uí, me interesa su b ra ya rlo , volvem os a e n co n tra rn o s con todos los
v
riesgos.
T ra to de colocarm e en el m o m e n to en que el a rtis ta co ncibe v a g a ­
mente lo que q uiere expresar, y no en la p erspe ctiva de la o rie n ta c ió n
a la que fin a lm e n te quedará a d ju d ic a d a su obra. El m om en to de la
interioridad de la crea ció n que el a rtis ta no puede v ic a ria r en c rite rio s
form ales sancionados, a m enos de s a c rific a r una p a rte c o nside rab le de
sí m ism o.

( 4) Con este té rm in o quiero in d ic a r solam ente
una a c titu d posible fre n te a l hacer a rtís tic o , d e ­
jan d o de la d o las connotaciones em ocionales que
v a n unidas a él.
(5) Según D orfles los verdaderos "p ro ta g o n is ta s "
del a rte concreto serían las fo rm a s "s ie m p re re­
currentes de to d a expresión g r á fic a " ; e n tre o tra s :
el .cuadrado, el rom bo, la espira l, etc. G illo D or­
fles, "D iscorso Técnico delle A r t i " , N is tri-L is c h i,
Pisa 1952.
(G) Esto tie n e sentido solam ente desde el p un to
de v is ta que sustento a q u í. Es c la ro que re sulta rá
c o m p le ta m e n te obvio para quien nunca se ha in ­
teresado en estos problem as. Las producciones dsl
e s p íritu se m ueven sobre la base de in fid e lid c d s s
y la in fid e lid a d , en este orden, in d ica un grad o
superior de la cdÜerenda y de la adhesión.

27

�(7) A ra íz de esto se ha pensado que las p in ­
tu ra s debían ser absorbidas en una empresa que
lo in te g ra ra todo. En esta idea hay que recono­
cer dos m otivos de procedencia d is tin ta : el del
m uralism o y el del fu n cio n alism o . A m bos parten
de la consideración de que el cuadro com o u n i­
dad independiente está en crisis, pero por razones
opuestas. Los prim eros porque aspiran a aum e n ­
ta r c u a n tita tiv a m e n te el poder de tra s m itir sig n i­
ficados por m edio de un a rte de masas; los se­
gundos, porque a d m ite n , e x p líc ita m e n te o no,
que el a rte ha cesado en su fu n c ió n de tra n s m itir
significa do s. E's interesante com probar que las
tendencias al a rte -s ig n o y al a rte -o b je to , opues­
ta s e n tre si coinciden en un p u n to ; la in stru m e n ­
ta c ió n to ta l del arte.
No sostengo la perm anencia de los géneros a r­
tís tic o s . Si el cuadro debe ser superado lo será,
sin duda, pero no a costa de la pérdida de una
fo rm a expresiva to d a v ía im p o rta n te , sino en v ir ­
tu d de un desarrollo " d ia lé c tic o " , por o jom plo, &lt;sl
cam ino señalado por M oholy.

28

M e rla u -P o n ty lo ha expresado con e x a c titu d : la concepción no puede
preceder a la eje cució n. En o tra s p alabras, el a rtis ta no tie ne la con­
cie n cia de estar tra d u c ie n d o su 'm e n s a je ' de un m undo de significaciones,
ya elaboradas, a un m u n d o de efectos y de consecuencias previsibles. De
a q u í que el a rte no sea para él un lenguaje.
La a c titu d c o n s tru c tiv is ta se p ro p o n ía e lim in a r los riesgos que el artista
a fro n ta desde el in s ta n te en que se pone a expresar. R eceptáculo de una
ley g en eral, el o b je to p a rece ría escapar así a toda sospecha de gratuidad.
R e fle jo de un m un do de leyes y de fo rm a s inm utab les, aspiraba a que el
m un do se re fle ja ra en él. M en o sp re cia n d o el énfasis ro m á n fic o puesto en
la gestación e qu ip a ró los p roductos del a rte a los productos de la técnica,
lo que fu é , asim ism o, una exageración rom ántica.
Porque el a rtis ta no co nstruye objetos, se 'e xp re sa'. Pero com o su expre­
sión no puede ser seccionada, com o el len g u a je , en un conte nid o y en
una fo rm a , en re a lid a d 1 no tra n s m ite s ig n ifica d o s, los crea.
Después de todo, conviene te n e r presente que una p in tu ra no está desti­
nada, com o las in stan tán e as, a re g is tra r y co nse rva r en el á lb u m de la
fa m ilia el m om en to fe liz en que un a rtis ta ha logrado d a r expresión a
una idea. Estamos dem asiado h a b itu a d o s a c o nside rar las d ificu lta d e s
que el a rtis ta debe nece sariam en te vencer para expresarse, como el m o­
m e n to más s ig n ific a tiv o del a rte . U na vez c o n c lu id a , su obra com ienza
a fu n c io n a r hacia 'a fu e ra '. N o perm anece encerrada d en tro de sus
propios lím ite s com o o curre con los objetos; por el c o n tra rio , su ubicuidad
m a te ria l es sólo a pa re nte. De a h í que, co m p arad a con los demás objetos,
su re a lid a d parece d e fic ie n te ; se a ju s ta m al, no tie n e ju s tific a c ió n . (7)
En esta em presa de c re a r una to ta lid a d de sentido, el a rtis ta no cuenta
con n in g u n a g a ra n tía que le a n tic ip e el é xito. Los in stru m e n to s que em ­
plea, los cálculos, las previsiones, no son norm as a las que él se rem ite
para v e rific a r su posición con respecto a una m eta ya conocida. Sus
v e rific a c io n e s no proceden de a llí. Proceden de la to ta lid a d que busca
expresar, que es más una c o n vicció n y una te n a c id a d que un cálculo.
Desde luego, el a rtis ta puede a d o p ta r una co nve nción , pero cuando es
él m ism o q u ie n la in tro d u c e — es el ú nico, por lo dem ás, que conoce
e xa cta m e n te su v a lo r— por co m o did ad , por co nve nien cia, com o hipótesis
de tra b a jo . Pero a la inversa de lo que o curre en el inve stiga do r c ie n tí­
fic o , la h ipótesis de tra b a jo , en el a rtis ta , no puede ser separada del
proceso crea do r para co n ve rtirse en m edida de c o m p ro ba ción . Lo que
en cie n c ia p ro p o rcio n a c e rtid u m b re , en a rte conduce al fo rm a lis m o y a
la retórica.
Se d irá que esto e qu iva le a re n u n c ia r a la p o s ib ilid a d de un lenguaje
artísJ-.icua.’
w i 'C'WT'íVOTrbrwrftís 'u rv .'v w s íú ftrs , tódi m © te bra Vredrro
p re s e n tir la a p a ric ió n de una te m á tic a abstracta.
H a b ría que e m p le a r c u id ad osa m en te la p a la b ra le n g u a je cuando nos refe ­
rim os al a rte. Señalé antes que, desde el p u n to de vista de la in te rio rid a d
del proceso creador, el a rte no es un le n g u a je para el a rtis ta . ¿La será
entonces, si lo consideram os en su e x te rio rid a d ? En la m edida en que
necesita de la e x p e rie n cia de otros para re a liza rse no es to d a v ía len ­
g ua je . C om ien za a fu n c io n a r com o ta l cu an do ind ica o rem ite a algo que
no es él m ism o o que no está to ta lm e n te co m p re n d id o en él.
Sabemos que en épocas de p ro fu n d a in te g ra c ió n c u ltu ra l, el a rte se ha
co m p o rta d o ' e fe c tiv a m e n te com o le n g u a je y en c ie rto m odo aspiram os
a que vu elva a hacerlo, aun qu e no podem os c o n je tu ra r cóm o lo hará.
Pero lo c ie rto es que nunca ha sido to ta lm e n te len gu aje , salvo en los
casos de una c o n v e n c io n a liz a c ió n a bso lu ta de los m edios expresivos, es
d e cir, por un a n iq u ila m ie n to de la fa c u lta d creadora. Los inten tos re a li­
zados hasta hoy, para c o n v e rtirlo en len gu aje , no han logrado m eiores
resultados y no me re fie ro so lam ente al lla m a d o rea lism o socialista.
Pienso ta m b ié n en esos inten tos de e x p lic ita r los co nte nid os v irtu a le s del
a rte co n cre to en la deco ra ción o en la e s tiliz a c ió n m odernas. Se ha espe­
rado, a veces, que de la p ro x im id a d e spacial, en a m b ie n tes apropiados,
de p in tu ra s y e scultu ra s con o bjetos que revelan un c ie rto d e n o m in a d o r
com ún de fo rm a o de estilo, casi siem pre provisorios, se desprenda una
ve rd ad era c o n tin u id a d de sentido.
M e parece que esta a c titu d , p re m a tu ra m e n te a rq u e o ló g ica , adoptada
fre n te a los p roductos de una c u ltu ra to d a v ía in c ip ie n te , puede ser ú til,
a lo sumo, para e v id e n c ia r la o rie n ta c ió n de lo que serán, en to do caso,
los aspectos m a te ria le s y no orgánicos de una c u ltu ra .
Nos e nco ntra m o s to d a v ía en el p eríodo del a rte m edio de expresión y,
q u iz á , en las ú ltim a s p ro lo n ga cio n es de las p o sibilida de s a b ie rta s por el
R en acim ien to. En e fe cto , h a b ría que hacer co m e n z a r en ese p eríodo h is tó ­
rico con la in tro d u c c ió n de la perspectiva, el d o g m a tism o de las p ro p o r­
ciones y los d is tin to s d ispositivos destinados a fra g m e n ta r y c u a n tific a r la
im agen v isu a l, la b ifu rc a c ió n e n tre a rte le n g u a je y a rte fu e n te de asom ­
bro y sorpresa; e n tre a rte signo y a rte objeto.

�Baudelaire y más ta rd e A p o llin a ire , h a b ía n v is to en la sorpresa el fa c to r
decisivo de la em oción e stética im p o n ie n d o así una d ire c c ió n que iba a
ser p re d o m in a n te en el d e sa rro llo del a rte m oderno.
A hora bien, lo sorprendente es to do lo c o n tra rio de una conve nción y lo
convencional es una co n d ició n necesaria de to do lenguaje.
Pero ya hemos visto cóm o los tem as que p a re cía n más inu sitad os se han
convertido fá c ilm e n te en convenciones fó rm e le s o e s tilís tic a s , sin lle g a r
a c o n s titu ir, por ello, un universo de sentido.
En mi opinión, el ca m in o de in te n s ific a r la búsqueda de situ acion es sor­
prendentes ha p erdido m ucho de su s ig n ific a c ió n in ic ia l, para c o n ve rtirse en
algo com p le ta m e nte d is tin to . Creo que, en el fo nd o, la o rig in a lid a d del
arte que hacemos reside m enos en la novedad de sus situ acion es visuales,
que en el hecho de haber a u m e n ta d o y e n riq u e c id o la zona de lo e xpresable, de lo que tie n e o está lla m a d o a te n e r un se n tid o para la e x p e rie n ­
cia. (8) Creo ta m b ié n que es a q u í donde residen sus p osibilida de s más
auténticas, las posibilidades que corren el riesgo m a y o r de no ser c u m ­
plidas, las únicas, a mi ju ic io , que m erecen ser inten tad a s.
Esta a firm a c ió n e x tra ñ a rá sin duda, a quienes crean que estam os h a b la n ­
do de posibilidades técnicas o fo rm a le s. La e xpe rie n c ia de M o h o ly está
a llí para dem ostrar que el c u m p lim ie n to de esas posibilida de s bien puede
ser cuestión de o p o rtu n id a d social o económ ica.
Algunos a lim e n ta n la ilusión de que se puede se gu ir h acien do 'a r te ' a
títu lo provisorio, com o Descartes h ab ía ado pta d o una m oral p ro viso ria .
Entiendo que se pueda re n u n c ia r al a rte y que este gesto a d q u ie ra v a li­
dez en la perspectiva de un destino in d iv id u a l. Existen ejem plos ¡lu s­
tres y todos los conocemos. Lo que no e n tie n d o es que se pueda c o n tin u a r
pin ta nd o cuadros o h aciendo escultu ra s con la sensación de una im p o ­
te n c ia in te rio r.
Hemos te rm in a d o por darnos cu en ta que estam os tra b a ja n d o 'desde' el
arte y con los m edios que nos p ro po rcio na el a rte que hem os escogido.
No se tra ta , creo yo, de saber si m erecem os o no esos m edios (9) ; la
cuestión es otra. Lo que debem os d e c id ir es si vam os a c o n tin u a r c o n ­
siderando al a rtis ta com o si se tra ta ra de un 'p ro m o to r' de fo rm a s o lv i­
dando que, ante todo, el a rtis ta tra b a ja sin co ncien cia de que e xista una
b ifu rca ció n e ntre lo que hace y lo que aspira a s ig n ific a r con ello.
Por otra parte, la o bte nció n de nuevas fo rm a s ha d em ostrado no ser
p a trim o n io exclusivo del a rtis ta . Estaría te n ta d o de d e c ir: ta m p o co es
su m isión.
Los medios para o btener fo rm a s son hoy p rá c tic a m e n te ilim ita d o s . Cada
disciplina tecnológica es susceptible de co n ve rtirse en causa de s itu a c io ­
nes visuales desconocidas e inéditas, sin el concurso de una im a g in a c ió n
crea do ra a ctiva .
M ie ntra s el m undo de las fo rm a s se ha e n riq u e c id o y m u ltip lic a d o , el
m undo de los sig n ifica d o s se ha red ucid o y e m p ob re cido casi en p ro p o r­
ción inversa. A lg o de lo que ha o c u rrid o puede ser ilu s tra d o por el e je m ­
plo que proporcionan esas fo rm a s azarosas em pleadas p o r los a n a lista s.
Formas de sig n ific a d o a m b ig u o o, m e jo r d ich o de s ig n ific a d o puesto por el
observador, según la m ayor o m en or c o m p le jid a d o interés de sus e n c ru ­
c ija d a s psicológicas.
Nos encontram os sum ergidos en situ acion es visuales de s ig n ific a c ió n d u ­
dosa y am bivalente. A lg u n a s de ellas son el p ro d u c to de procesos p u ra ­
mente técnicos y es sólo p o ste rio rm e n te que a d v e rtim o s la sem ejanza,
a veces perturb ad ora, con lo que h abíam os cre íd o el resu ltad o de una
actividad espontánea del e sp íritu . O tras, en ca m b io , son e xpe rie ncias d e ­
liberadas con el in te n to de lo g ra r e q u iva le n te s té cn ico s o a rtesanales de
los tem as del arte.
No digo que estas expe rie ncias sean ¡le g ítim a s o que no deban ser
intentadas; me lim ito a se ña la r que el ju ic io tie n d e a q ue da r desarm ado
frente a ellas. Se ha operado así una inversión del ju ic io estético. Nos
hemos habituado a leer en sentido p ic tó ric o , es d e c ir a in c o rp o ra r una
pauta estética, a hechos que se han p ro d u cid o en c irc u n s ta n c ia s ajenas
a las condiciones del h ace r a rtís tic o . (10)
Ahora bien, mi propósito no es el rescate del a rte . Después de to do no
ha sido extraviado nunca y la p o sib ilid a d de una p é rd id a fu tu ra es apenas
conjeturable. El problem a, a m i ju ic io , no consiste en re c u rrir, para o rie n ­
tarnos, a una cla sifica ció n a cadém ica de esos objetos según género y
especie. Una d e fin ició n del a rte en té rm in o s de los m a te ria le s y p ro c e d i­
mientos que empleamos me parece, a esta a ltu ra , in ú til y grosera. Pero
creo que podemos o rien ta rn os en el se ntid o de saber qué clase de e xpe ­
rie ncia s se consum an en cada caso.

(8) A lo largo de to d o el te x to , he em pleado los
té rm in o s " s ig n ific a d o " y " s e n tid o " otorgándoles
ttna

m is m a

s ig n ific a c ió n

s e m á n tic a

aún

cuando

no la te n g a n . Lo he hecho así para co m p le ta r lo
que cada uno separadam ente no a lca n za a e x ­
presar. M i prop ó sito ha sido el de lla m a r la
a te n c ió n sobre lo que considero el aspecto más
fu n d a m e n ta l y descuidado de la p ro b lem á tica
suscitada por el a rte concreto e in d ic a r que e xis­
te alg o , a llí donde antes se c re ía que no debía
e x is tir nada. He in te n ta d o antes una a p ro x im a ­
ción. ig u a lm e n te proviso ria , a este problem a,
" n v " 2 /3 . "S ig n ific a d o y a rte c o n c re to ".

(°) El a rtis ta es libre, desde luego, de re in v e n ta r
sus medios expresivos. Si lo logra e fic a z m e n te no
será, como se ha creído, con la fin a lid a d de d ilaD idar una tra d ic ió n . El creador está ju s ta m e n ­
te en el polo opuesto del " n a ív e " . Este tra b a ja
com o si nunca se hub iera hecho nada antes de
él, como si los medios expresivos no tu v ie ra n
h is to ria y com o si esa h isto ria no hub iera dejado
n in g ú n sedim ento en ellos. Es el único, por lo
dem ás, que puede prete nd e r u tiliz a r el a rte co­
m o un lenguaje. En e fe c to , com o ocurre con el
lenguaje, los medios expresivos los encu e n tra a h í,
no necesita cuestionarlos, porque el lenguaje no
se confu nd e o no deb e ría c o nfu nd irse jam ás con
la cosa que tra n s m ite .

"F o n ta n a ", M . Ducham p, 1917

(10) No ignoro que, en parte , esta s itua ción es
consecuencia de una de las premisas más im p o r­
ta n te s de los m ovim ientos m odernos: el p rop ó ­
sito, no sólo de disolver y a n u la r las d iferencias
entre los géneros a rtís tic o s , sino las d ife re n cia s
de género entre el a rte y las demás fo rm a s de
la a c tiv id a d plasm adora. Por lo demás, un desar­
me sem ejante del ju ic io ha sido llevado a cabo
con una coherencia extrem a por el dadaísm o.

29

�Información
La Feria de América

T o rre de e ntra da a la Feria

L a F e ria de A m é r ic a , q u e se lle v ó a c a ­
b o en M e n d o z a en los p rim e ro s m eses d e l
a ñ o p a s a d o , co n la p a r tic ip a c ió n de d iv e r ­
sos países a m e ric a n o s y de ca si to d a s las
p r o v in c ia s a r g e n tin a s , c o m e n z ó a o r g a n i­
z a rs e a fin e s de 1 9 5 2 . En m a rz o d e l a ñ o
s ig u ie n te se d e te rm in ó la m a g n itu d , y el c a ­
rá c te r in d u s tr ia l de la m u e s tra , in te g r á n d o ­
se el C o m ité E je c u tiv o c o n re p re s e n ta n te s
de los p o d e re s p ú b lic o s n a c io n a le s y p r o ­
v in c ia le s , de la in d u s tria y el c o m e rc io . El
D r. Iv á n B a c z in s k y , u n o de los m ie m b ro s d e l
c o m ité , fu é e le g id o D ire c to r d e la F e ria .
B a jo la d ire c c ió n té c n ic a d e l a r q u ite c to
C é s a r J a n n e llo y de G e ra rd o C lu s e lla s , se­
c u n d a d o s p o r los señ ores W a lt e r F ra n k e ,
R ené B a rb u y y , d u ra n te u n p e río d o p o r el
a r q u ite c to F é lix P in e d a , se in ic ia r o n de i n ­
m e d ia to los tr a b a jo s de p la n ific a c ió n de la
F e ria .
L a F e ria fu é c o n c e b id a c o m o u n g ra n
e s p e c tá c u lo , d o n d e el p ro d u c to in d u s tria l
a r g e n tin o y a m e ric a n o d e s e m p e ñ a ría el p a ­
pe l p r o ta g ó n ic o . Esto im p lic a b a m o s tra r los
p ro d u c to s al v is ita n te , te n ie n d o e n c u e n to
fin e s p u b lic ita r io s , c o m e rc ia le s , c u ltu r a le s y
d id á c tic o s , y a q u e se p o n d ría de m a n ifie s to
el p roceso de fa b r ic a c ió n y las c o n s e c u e n c ia s
u lte r io re s d e riv a d a s de la u tiliz a c ió n d e l p r o ­
d u c to . L a p la n ific a c ió n se a ju s tó a s í a l p r o ­
p ó s ito de e s ta b le c e r la re la c ió n e n tre el v is i­

30

ta n te y el p r o d u c to e x p u e sto , de m anera
q u e el in te ré s y la a te n c ió n p u d ie ra n m a n ­
te n e rs e en to d a la m u e s tra . A d e m á s, se p ro ­
c u ró e lim in a r c u a lq u ie r d e co ra ció n in ú til,
a u n q u e tr a ta n d o de re a lz a r el v a lo r esté­
tic o de las p re s e n ta c io n e s . En v irtu d del
n ú m e ro y de la d iv e rs id a d de las piezas que
ib a n a e xp o n e rs e , la a rq u ite c tu ra de los
p a b e llo n e s se e n c u a d ró d e n tro de la m á xim a
s e re n id a d , en c o n tra p o s ic ió n con las c a ra c­
te r ís tic a s n a tu ra le s de l p a rq u e que albergó
la e x p o s ic ió n . N o se c re a ro n grande s pers­
p e c tiv a s , p o r e n te n d e rs e q u e es p re fe rib le
d e s p e rta r la c u rio s id a d de l v is ita n te m e­
d ia n te suce sivo s y d is tin to s á m b ito s . Por
o tr a p a rte , se p r o y e c ta ro n c irc u ito s de re­
c o rrid o s co n el p ro p ó s ito de e n c a u z a r al v is i­
ta n te q u e p o r p r im e ra v e z e n tra ra en la
Feria.
A f i n de p re s e rv a r la u n id a d fo rm a l de
la e x p o s ic ió n , se d ic ta r o n n o rm as para la
e je c u c ió n de p a b e llo n e s , sta n d s e in s ta la ­
c io n e s e lé c tric a s . A d e m á s , se p royecta ron
e le m e n to s tip o y se e n v ia ro n sugestiones a
los e x p o s ito re s sob re siste m a s co n stru ctivo s
a d e c u a d o s a l c lim a , a los m a te ria le s y a las
c a r a c te rís tic a s de la m uestra.
El p ro y e c to de l c o n ju n to de la exposición
fu é c o n c re tá n d o s e en u n p la n o g e n e ra l, que
s ig u ió e n c o n s ta n te c re c im ie n to y tra n s fo r­
m a c ió n a m e d id a q u e a u m e n ta b a el nú m e-

�ro de p a rtic ip a n te s o qu g se h a c ía ne cesario
to m a r en c u e n ta aspectos fo rm a le s , de m a g ­
n itu d , de je ra rq u ía , de a g ru p a m ie n to ló g i­
co de los p ro d u c to s según su n a tu ra le z a ,
de c o m p o sició n de espacios y c irc u ito s y
o tro s v in c u la d o s a los intereses de los e x p o ­
sitore s. A este f in se m a n tu v ie ro n a c tu a li­
za d o s los p la n o s d u ra n te el p e río d o de ges­
ta c ió n y se e je c u ta ro n a n te p ro y e c to s de la
to ta lid a d de los c o n ju n to s y de nu m ero sos
p a b e llo n e s.
A d e m á s se p ro y e c tó y d ir ig ió la c o n s tru c ­
c ió n de u n te a tro a l a íre lib re , u n p a ­
b e lló n p a ra las in d u s tria s re g io n a le s, u n b a r
y c a s in o , u n ja r d ín de in fa n te s , d is tin to s t i ­
pos de p a b e llo n e s p a ra s e rv ic io s fu n c io n a le s ,
y los c o rre s p o n d ie n te s a la p ro v in c ia de M e n ­
d o z a y las re p ú b lic a s de B ra s il, E cuador,
P a ra g u a y y de C e n tro a m é ric a . La ilu m in a ­
c ió n de p rados, g ru p o s de á rb o le s, fu e n te s ,
e tc ., fu é d ir ig id a p o r el D ire c to r de la F e ria,
se c u n d a d o p o r el e q u ip o de a r q u ite c tu ra .
T a m b ié n se d ia g ra m ó m a te ria l g r á fic o y p u ­
b lic ita r io y se d is e ñ a ro n e m b le m a s, d is t in t i­
vos y g a lla rd e te s .
T o d a s las ra m a s de la in d u s tria d e l p a ís
-— ta n to p riv a d a com o o fic ia l—
e s tu v ie ro n
re p re s e n ta d a s en la F e ria. El p a b e lló n m ás
im p o rta n te de la re p re s e n ta c ió n e x tra n je ra
fu é el de C h ile , co m p u e sto p o r dos cue rpos
de c o n s tru c c ió n . In c lu y ó m u e s tra s de g ra n
c a n tid a d de p ro d u c to s in d u s tria le s y u n res-

ta u r a n t típ ic o . Se d e s ta c a ro n , a sim ism o , por
su im p o rta n c ia , los p a b e llo n e s de B ra sil, P a­
ra g u a y y E cuad or. T a m b ié n e s tu v ie ro n p re ­
sentes M é x ic o , C u b a , C o lo m b ia , El S alvado r,
B o liv ia , C osta R ica, R e p ú b lic a D o m in ic a n a ,
H a ití, H o n d u ra s y G u a te m a la . C o n c u rrie ro n
casi to d a s las p ro v in c ia s a rg e n tin a s .
La s u p e rfic ie c u b ie rta to ta l sobrepasó los
3 0 .0 0 0 m e tro s y el áre.a o c u p a d a to ta l fu é
de 3 0 h e c tá re a s , s u p e rfic ie d e m a sia d o e x te n ­
d id a , qu e o rig in ó u n a fa lta de d e n s id a d en el
a g ru p a m ie n to de los p a b e llo n e s y la c re a c ió n
de zo n a s de in te ré s d é b il. La c a n tid a d to ta l
de v is ita n te s se e s tim a en 1 5 0 .0 0 0 p e r­
sonas.
Log re su lta d o s de la F e ria de A m é r ic a fu e ­
ron m u y h a la g a d o re s desde to d o p u n to de
v is ta , y a qu e no sólo se c o n tó con u n a g ra n
c o n c u rre n c ia de firm a s e x p o s ito ra s n a c io n a ­
les, sino ta m b ié n co n u n g ra n é x ito de p ú ­
b lic o . En la c o n s tru c c ió n y d e c o ra c ió n de los
p a b e llo n e s y sta n d s, se o b tu v o u n a p o n d e ra ble u n id a d , co n sig u ié n d o se , a s im is m o , en
m u ch o s casos, v a lo re s q u e m u e s tra n u n p ro ­
greso en la té c n ic a de las c o n s tru c c io n e s l i ­
v ia n a s de h ie rro y m a d e ra . En su m a , puede
a firm a rs e q u e , d e s c o n ta n d o a lg u n a s d e fic ie n ­
cias, su b sa n a b le s en m u e stra s fu tu ra s , la Fe­
ria d e A m é ric a m a rc a , e n la A r g e n tin a , un
p ro m is o rio a c o n te c im ie n to en m a te ria de
a rq u ite c tu ra de e xp osicion es.

Planta general

V ista n octu rna de la Feria

Foto M a ka rlu s

31

�Pabellón Brccil en construcción

Pabellón

El p a b e lló n de B ra sil fu é p ro y e c ta d o t e ­
n ie n d o en c u e n ta la necesidad de p re s e n ta r
los o b je to s a exp onerse, d e n tro de un m a rc o
n e u tro que no in flu y e ra sobre el e sp ectad or.
Se co n s tru y ó , en con s e c u e n c ia , u n a e n v o l­
tu r a e x te rio r e in te r io r co m p u e s ta p o r piso,
paredes la te ra le s y te c h o , que re a liz a ra esa
fu n c ió n e s p e c ia lm e n te .
Los des pa neles de los fre n te s c o n tin ú a n el
s e n tid o de la e n v o lv e n te , que sólo es c o r­
ta d o p o r el siste m a de v ig a s y c o lu m n a s y
el de spiezo h o riz o n ta l de la m a d e ra . A l
p e rm itir, ad em ás, u n a v is ió n p a rc ia l del
in te r io r del p a b e lló n , cre an u n a nu eva
a tra c c ió n en el e sp e c ta d o r que c irc u la po r
a fu e ra .
Dados los g ra n d e s de snivele s e x is te n te s en
el te rre n o , y c o n s id e ra n d o p re fe rib le c o n ­
s e rv a r las cap as de tie rra ú til del p a rq u e ,
la c o ta del p a b e lló n se le v a n tó sobre el n iv e l
del m ism o.
El sistem a c o n s tru c tiv o está c o m p u e s to p o r
co lu m n a s do bles de h ie rro y v ig a s P ra tt
sobre las qu e se c o lo c a ro n v ig u e ta s de m a ­
de ra, que se c o n tin ú a n a tra v é s de las p a re ­

32

Brasil.

A rq .

César

Jannello

y

Gerardo
Clusellas

des la te ra le s y se ju n ta n n u e v a m e n te con
las del piso; to d o este siste m a fu é re c u ­
b ie rto con ta b la s m a c h ih e m b ra d a s p o r los
dos costados.
Los pa n e le s del fre n te se s u je ta ro n a las
c o lu m n a s y los v id rio s qu e los ro d e a n fu e ­
ron colo ca d o s al to p e , fijo s p o r la p a rte su ­
p e rio r e in fe r io r con pe queñ os ta p a ju n ta s .
Las ra m p a s de e n tra d a , a c tu a n d o com o
p u e rta s le v a d iz a s , se rvía n a la ve z de c e ­
rra m ie n to al local.
La ilu m in a c ió n g e n e ra l se e m p o tró e n tre las
v ig u e ta s del te c h o , en e le m e n to s d is tr ib u i­
dos d e s ig u a lm e n te ; la lu z p a r tic u la r de cad a
s ta n d o v itr in a se lle vó p o r el piso.
El desagüe del te ch o se e fe c tú a p o r m e d io
de c a n a le ta s que d e sa g o ta n en cañ os in te r ­
nos de las paredes la te ra le s . En tre s zonas
se d e ja ro n sin re c u b rir las v ig u e ta s del te ­
c h o y del piso, cre ándo se así lu g a re s al
a ire lib re , que fu e ro n a p ro ve ch a d o s com o
ja rd in e s .
T o d o el p a b e lló n fu é m o n ta d o con bu lo n e s
y al te r m in a r la e x p o s ic ió n , se d e sa rm ó y
a rm ó en o tro lu g a r.

�El p a b e lló n de M e n d o z a se re a liz ó co n el
ú n ic o fin de e x p o n e r u n a m a q u e ta q u e re ­
p re s e n ta ra dive rso s sistem a s de em b a lse e
Irrig a c ió n de un río m e n d o c ln o . A ta l fin ,
se a d o p tó u n a p la n ta c u a d ra d a q u e p e rm i­
tía u n a ó p tim a v ls u a llz a c ió n de la m a q u e ­
ta en to d a s sus d ire c c io n e s . Los lado s de l
c u a d ra d o se u tiliz a r o n co m o e le m e n to s de
e x p o s ic ió n se cu n d a rlo s.
L a e n tra d a y la
s a lid a fu e ro n u n ific a d a s , pues el v is ita n te
n o n e c e s ita ría u n c ir c u ito de re c o rrid o , t e ­
n ie n d o en c u e n ta qu e Ib a n a re a liz a rs e co n s­
ta n te m e n te d is e rta c io n e s d e n tro de l p a ­
b e lló n .
El siste m a c o n s tru c tiv o fu é p la n e a d o con
c o lu m n a s de h ie rro , p e ro re a liz a d o en m a ­
d e ra p o r ra zones e co n ó m ica s. Se re fo rz ó
to d o el s iste m a d e s a rm a b le con ten sore s
e x te rn o s c ru z a d o s de c o lu m n a a c o lu m n a .
A d e m á s , se a p ro v e c h ó el d e sn ive l d e l te r r e ­
no p a ra c o n s tru ir u n a ra m p a que p e rm itie ­
ra la e n tra d a p o r el piso de l lo ca l.

Pabellón M endoza. A rq . César Jann e llo y G erardo

Clusellas.

33

�El Museo de Arte Moderna de
Río de Janeiro

M a q u e ta del proyecto

H a c o m e n z a d o ya en R ío de J a n e iro la
c o n s tru c c ió n d e fin itiv a de l M u s e o de A r te
M o d e rn a , el p rim e ro en su g é n e ro a le v a n ­
ta rs e en Sud A m é ric a .
Los o rg a n iz a d o re s no h a n q u e rid o lim ita r
lo a c c ió n c u ltu r a l de l m useo a la e x p o s i­

34

ció n de sus o b ra s de a rte , o al p a tro c in io
de los cursos o c o n fe re n c ia s qu e en él se
d ic ta n .
H a n bu sca d o la c re a c ió n de un
a m b ie n te in te g ra l, c o n s tru id o de acu erdo
con el e s p íritu qu e a n im a al M u seo, donde
los a rtis ta s p u e d a n e n c o n tra r u n a p o yo para
sus con ce p cio n e s y sus tra b a jo s , y do nde el
p ú b lic o p u e d a re s p ira r la a tm ó s fe ra pro p ia
de la c u ltu r a a r tís tic a q u e re cla m a el esp í­
r itu m o d e rn o . E ntre el m useo de a rte y el
m useo de a rte m o d e rn o e x is te esta d ife r e n ­
c ia fu n d a m e n ta l.
El p rim e ro re úne obras
c o n sa g ra d a s, te s tim o n io s de v a ria s épocas,
p o r las q u e el p ú b lic o se in te re sa con el
p ro p ó s ito de co n o ce r, c la s ific a r y p e n e tra r
en o tra s d im e n s io n e s del e s p íritu hu m ano ,
p resentes o pasadas. El m useo de a rte m o ­
d e rn o re úne e le m e n to s de un a e x p e rie n c ia
en curso, de u n proceso c re a d o r en a c tiv id a d
y a b re u n c a m in o h a c ia lo fu tu ro , e x a m i­
n a n d o y c ritic a n d o sus p ro p io s resultados.
El e d ific io , qu e se le v a n ta rá fre n te a la
a v e n id a co s ta n e ra , p ró x im o al c e n tro de la
c iu d a d y te n ie n d o co m o m a rc o la b a h ía de
R ío de J a n e iro , ha sid o p ro y e c ta d o p o r A l ­
fo n so E dua rdo Reidy.

�El diseñador industrial en Japón
Kasuya S akai.

H a ce m ás de c in c u e n ta años, en u n te x to
in g lé s de la F a c u lta d de In g e n ie ría de T o k y o ,
se h a c ía re fe re n c ia p o r p rim e ra ve z en J a ­
pón al " in d u s tr ia l d e s ig n ".
C on a n te rio r id a d , en 1 8 9 8 , se h a b ía n ya
g ra d u a d o los p rim e ro s a lu m n o s de la Es­
c u e la S u p e rio r de B ella s A rte s del "c u r s o
de D is e ñ o " y tre s años después, la F a c u lta d
de In g e n ie ría m e n c io n a d a in a u g u ra b a el
c u rso de "D is e ñ o In d u s tr ia l" . C abe a d v e r­
t ir , sin e m b a rg o , q u e el dise ñ o ja p o n é s de
esa época, a pe sar de los nu evos cursos es­
p e c ia liz a d o s , e ra s u m a m e n te p o bre y se l i ­
m ita b a a diseñ os c o m e rc ia le s de poca c a te ­
g o ría . Los diseños p a ra la in d u s tria te x t il
e ra n e je c u ta d o s , en g e n e ra l, p o r p in to re s
qu e e n c a ra b a n esta ta re a de u n m o d o su b ­
s id ia rio . P or su p a rte , lo j diseños de m ué
bies, m á q u in a s y o tro s a r tíc u lo s de uso d o ­
m é s tic o e ra n s im p le m e n te im ita c io n e s de los
diseños o c c id e n ta le s .
El m o v im ie n to e u ro p e o te n d ie n te a v in c u la r
el a rte a la in d u s tria , in ic ia d o en A le m a n ia ,
A u s tria y F ra n c ia , ha ce s e n tir su in flu e n c ia
y fa v o re c e a llí el a d v e n im ie n to de u n a c o n ­
c ie n c ia m ás d e p u ra d a del dise ñ o m o d e rn o .
Desde ese m o m e n to se tr a ta de a m p lia r los
lím ite s del diseñ o a rte s a n a l ja p o n é s, en cu ya
la rg a h is to ria es p o sib le e n c o n tra r e stilo s
de ta n c a u tiv a n te b e lle z a co m o el " J o m o n "
o el " Y a y o i " . El p r in c ip a l o b je tiv o de este
m o v im ie n to será in tr o d u c ir en la v id a c o ti­
d ia n a d e l p u e b lo los p ro d u c to s á re a d o s de
a c u e rd o con un n u e vo " e s t ilo de d is e ñ o ". El
d is e ñ a d o r T e jim a , p ro fe s o r de la F a c u lta d
de In g e n ie ría de T o k y o , d irig e esta t e n t a t i­
va q u e a lc a n z a un é x ito re la tiv o d e b id o a
las c irc u n s ta n c ia s im p e ra n te s en el pa ís, que
in ic ia b a p o r e n to n ce s sus p rim e ro s c o n ta c to s
con la c iv iliz a c ió n o c c id e n ta l. A l f in a liz a r
la c o n tie n d a ru s o -ja p o n e s a , la c re a c ió n del
curso de dise ñ o en la fa m o sa "E s c u e la de
A r te In d u s tr ia l" de K y o to y el a p o yo o fr e ­
c id o p o r el g o b ie rn o a los d ise ñ a d o re s, se­
ñ a la n el c o m ie n z o de la a p lic a c ió n de un
n u e vo dise ñ o a los p ro d u c to s in d u s tria le s ,
q u e e m p ie z a n desde e n to n ce s a fa b ric a rs e
en g ra n escala.
Sin e m b a rg o , la c ris is que a m e n a z a la e co ­
n o m ía ja p o n e sa a p rin c ip io s de la p rim e ra
g u e rra m u n d ia l, a u m e n ta a ú n m ás las d i f i ­
c u lta d e s q u e e n c u e n tra n los d ise ñ a d o re s en
sus ta re a s y d e te rm in a la c la u s u ra de las
p rin c ip a le s escuelas de diseñ o.
En 1 9 1 6 , se in a u g u ra en el J a p ó n la " E x ­
p o s ic ió n de D iseño y A r tíc u lo s de A r te In ­
d u s tr ia l" a u s p ic ia d a p o r el M in is te r io de
In d u s tria y A g r ic u ltu r a . Esta m u e s tra , que

c o n tin ú a a n u a lm e n te h a sta 1 9 3 9 , y la " E x ­
p o sició n de C o m e rcio e In d u s tr ia " que fu n ­
c io n a in in te rru m p id a m e n te desde 1 9 2 5 , des­
e m p e ñ a n u n pa p e l im p o rta n te en el des­
a r ro llo
del
a rte
in d u s tria l
jap o n é s.
En
1 9 2 9 , el C urso de D iseño de la F a c u lta d de
In g e n ie ría de T o k y o , re a b re sus a u la s , esta
ve z com o fa c u lta d in d e p e n d ie n te , e s ta b le ­
c ie n d o los s ig u ie n te s cu rso s: D iseño In d u s ­
t r ia l, E s c u ltu ra In d u s tria l, A r te In d u s tria l
de la M a d e ra , A r te In d u s tria l de l M e ta l,
Im p re s ió n A r tís tic a , M e c á n ic a E x a c ta . P a­
ra esta fe c h a se d ic ta n cursos de D iseño
In d u s tria l en c in c o fa c u lta d e s y n u e ve es­
cue la s de A r te In d u s tria l, sobre u n to ta l de
c u a re n ta y nu eve.
La in flu e n c ia del a rte e u ro p e o c o m ie n z a a
hacerse s e n tir : " l ' a r t n o u v e a u ", el e x p re ­
sio n ism o a le m á n , el c o n s tru c tiv is m o ruso,
son los p rim e ro s m o v im ie n to s a rtís tic o s que
im p rim e n su sello en la p ro d u c c ió n ja p o ­
nesa, desde las v iv ie n d a s y e d ific io s c o m e r­
c ia le s h a sta los a rtíc u lo s de v e s tir. La In ­
d u s tria , c o m p le ta m e n te m e c a n iz a d a a la
m a n e ra o c c id e n ta l, c o m ie n z a u n q era de s u ­
p e rp ro d u c c ió n , c o lo c a n d o al Ja p ó n e n tre
los p rin c ip a le s países e x p o rta d o re s de l m u n ­
do, c irc u n s ta n c ia que p e rm ite al a rte in ­
d u s tria l a lc a n z a r u n a p o sició n p riv ile g ia d a
a u n q u e de a lc a n c e a ú n lim ita d o .
El M in is te r io de In d u s tria y C o m e rc io cre a ,
en 1 9 2 8 , el In s titu to de A r te e In d u s tria ,
cuyos m ie m b ro s , c u a re n ta y o ch o en la f e ­
ch a de su fu n d a c ió n , su m a n ho y d o s c ie n ­
to s c u a re n ta . En este In s titu to se fo rm a ro n
los m e jo re s d ise ñ a d o re s ja p o n e se s: T . K a n e ko , J. K o su g i, I. K o ik e y otro s. Sus es­
fu e rz o s se c o n c e n tra n en la c re a c ió n de un
e s tilo m o d e rn o con las p a rtic u la rid a d e s del
tra d ic io n a l a rte in d u s tria l jap o n é s, en la
e d u c a c ió n y fo rm a c ió n de jóven es d is e ñ a ­
dores y en la d e fe n sa d e l dise ñ o co m o p ro ­
fe sió n . El m o v im ie n to B a u h a u s, in ic ia d o en
1 9 1 9 , in flu y e p o s te rio rm e n te en el ca m p o
in d u s tria l jaoo nés.
C o n se cu e n cia de e llo es la c re a c ió n del
In s titu to Im p e ria l de A r te In d u s tria l p o r
u n g ru p o de d ise ñ a d o re s en el a ñ o 1 9 2 7 ,
q u e e d ita n u n a re v is ta con el n o m b re del
In s titu to , re a c c io n a n d o fu e rte m e n te c o n tra
la p ro d u c c ió n de a rtíc u lo s de m a la c a li­
d a d que in u n d a n el m e rca d o . En 1 9 3 9 , u n
s e cto r de dise ñ a d o re s y a rq u ite c to s p ro ­
p u g n a la u n ific a c ió n del a r te in d u s tria l
y la a rq u ite c tu ra , y se d e d ic a a la fa b r ic a ­
c ió n de m u e b le s y o tro s a r tíc u lo s re la c io ­
nados co n lá v iv ie n d a ; el po co a p o yo que
e n c u e n tra en las fu e rz a s In d u s tria le s del

M á qu ina de coser Juki

35

�país, hace fra c a s a r u n a v e z m ás este in ­
te n to de e le v a r el diseñ o in d u s tria l a su
v e rd a d e ra je ra rq u ía . La causa de este f r a ­
caso no debe buscarse en la fa lta de ba set
id e o ló g ic a s, e s té tic a s o té c n ic a s en las p e r­
sonas que d irig e n el m o v im ie n to , sino en la
to ta l d e sp re o cu p a ció n de la in d u s tria con
re specto a to d a s las a c tiv id a d e s re la c io n a ­
das con el diseñ o. A pesar de to d o , este
g ru p o d e n o m in a d o " K i - n o - m e " p u b lic ó re
v is ta s , re a liz ó exp o sicio n e s, cursos y c o n fe '
re n c ia s de a rte in d u s tria l, y fu é u n o de los
p rim e ro s en p la n te a r s e ria m e n te el p ro b le ­
m a de la d e c o ra c ió n in te r io r en la a r q u ite c ­
tu r a ja p o n e sa , q u e to d a v ía seg u ía v a c ila n ­
d o e n tre los e s tilo s o rie n ta l y o c c id e n ta lEn 1 9 3 8 , se in a u g u ra la E xp o sició n de A rta
In d u s tria l p r o -fo m e n to de la e x p o rta c ió n ,
esta b le c ié n d o se u n p re m io de 2 .0 0 0 yens al
m e jo r d is e ñ a d o r, sum a m u y co n s id e ra b le
p a ra ese en tonce s. El é x ito que o b tu v o la
e x p o s ic ió n fu é de g ra n tra s c e n d e n c ia en la
h is to ria del d ise ñ o in d u s tria l japo nés. N o
s o la m e n te a b rió n u e va s p e rs p e c tiv a s p a ra
los a b a tid o s d ise ñ a d o re s, q u e tu v ie ro n la
p o s ib ilid a d de d e s a rro lla r sus a c tiv id a d e s en
los a rtíc u lo s d e s tin a d o s d ire c ta m e n te a la

e x p o rta c ió n , sino qu e de m ostró a los in ­
d u s tria le s el im p o rta n te pa pel que desem­
p e ñ a b a el dise ñ o en la fa b ric a c ió n de sus
productos.
D e s g ra c ia d a m e n te , to d a s estas empresas se
d is u e lv e n con el e s ta llid o de la gu erra del
P a c ífic o . Su a c c ió n se lim ita a la d iv u lg a ­
c ió n de un a rte in d u s tria l con ca rá c te r ne­
ta m e n te fo lk ló ric o , ta l com o lo e n tend ía el
ré g im e n im p e ra n te , cre ándo se de esta fo r­
m a a r tíc u lo s in d u s tria le s de m u y ba ja c a li­
d a d , a je n o s c o m p le ta m e n te a la vida mo­
derna.
El cese de la c o n tie n d a m a rca la re in icia ­
ció n de las a c tiv id a d e s . En septiem bre de
1 9 4 5 , se fo rm a el “ In d u s tria l A r t In s titu te "
y lu e g o el “ Ja p a n A r t a n d In d u s tria l A rt
S o c ie ty ". Poco m ás ta rd e , en noviem bre, y
con el p ro p ó s ito de in tro d u c ir el a rte mo­
d e rn o en la in d u s tria ta n re p rim id a y con­
tro la d a d u ra n te la g u e rra , se fu n d a el " J a p a n A r t S o c ie ty ". L u ego el " M in is te r io de
C o m e rc io E x te rio r e In d u s tr ia " crea el "S ang yo K oge i S h ik e n jo " ( " I n s t it u t o T e cn o ló g i­
co E x p e rim e n ta l de A r te I n d u s tr ia l" ) , que
sig u e s ie n d o h a sta estos días el in s titu to
m ás im p o rta n te del país. Se de dica espe-

V e n tilad o r

V a lija de cuero

c ia lm e n te a la c re a c ió n , m o d ific a c ió n y
sele c c ió n de los diseños de a rtíc u lo s in d u s ­
tria le s , y a la d ifu s ió n de éstos m e d ia n te
e x p o s ic io n e s y m u e s tra s ; a d em ás a m p lía
c o n s id e ra b le m e n te el ca m p o de a c c ió n de
los d ise ñ a d o re s re la c io n á n d o lo s d ire c ta m e n ­
te c o n las g ra n d e s em presa s d e d ic a d a s a la
e x p o rta c ió n . S im u ltá n e a m e n te se re a b re n
v a rio s cursos de a rte y d ise ñ o in d u s tria l en
las u n iv e rs id a d e s y en o tro s c e n tro s de es­
tu d io s té cn ico s.
La lle g a d a al p a ís de R a ym o n d Lo w e y da
a los d is e ñ a d o re s japo neses la o ca sió n de
re fle x io n a r a ce rca de su s itu a c ió n e c o n ó ­
m ic a y s o c ia l. Estos se d e c id e n a p ro te g e r
sus intereses y a fo m e n ta r el d e s a rro llo de
la e n s e ñ a n za de l dise ñ o , p a ra que su a p li­
c a c ió n a la in d u s tria se re a lic e de u n m o ­
d o m ás ra c io n a l y e fic a z . En re a lid a d , y a
pesar de la e x is te n c ia de las in s titu c io n e s
m e n c io n a d a s a n te rio rm e n te , no h a b ía to d a ­
v ía en Ja p ó n n in g u n a e n tid a d que p ro te g ie ­
ra al d is e ñ a d o r com o p ro fe s io n a l. El p re m io
p a ra el o b je to m e jo r d ise ñ a d o , de la E x­
p o s ic ió n de D iseños In d u s tria le s , e ra o to r ­
g a d o p o r u n ju ra d o co m p u e sto e x c lu s iv a ­
m e n te p o r a rq u ite c to s y a rtis ta s plásticos.
Es d e c ir, que el d is e ñ a d o r no h a b ía c o n ­

36

se g u id o c o n q u is ta r a ú n u n a p o sición a n á ­
lo g a a la del p in to r o a rq u ite c to , y su p ro ­
fe s ió n e ra c o n s id e ra d a com o accesoria a la
de aquéllos.
N a ce así, en 1 9 5 2 , el " J a p a n In d u s tria l
D e sig n e r A s s o c ia tio n " ( J I D A ) con el p ro ­
p ó s ito de d e fe n d e r los intereses p ro fe sio n a ­
les de l d is e ñ a d o r. Se fu n d a lueg o el "C lu b
de D ire c to re s de A r t e " de T o k y o , que e stu ­
d ia las re la c io n e s e n tre el a rte in d u s tria l y
el c o m e rc io , tr a ta n d o de co n s e g u ir un a co ­
o rd in a c ió n to ta l e n tre am bos, que se tra s ­
lu z c a en u n m e jo ra m ie n to del n iv e l general
de los p ro d u c to s c o m e rcia liza b le s.
E xiste n a ú n en Ja p ó n o tra s e n tid a d e s de
m e n o r im p o rta n c ia que tra b a ja n con estos
m ism o s p ro p ó sito s. Su a c c ió n , coo rdinad a
con la de los in s titu to s p rin c ip a le s , p e rm i­
t ir á a éstos a lc a n z a r los o b je tiv o s que se
p ro p u s ie ro n en el m o m e n to de su fu n d a ­
c ió n ; o b je tiv o s qu e p u eden resum irse con
estas p a la b ra s p ro n u n c ia d a s p o r el Presi­
d e n te de la J ID A , Sr. K u ro K ano, el d ía de
su c re a c ió n : " e l tr a b a jo del dise ñ a d o r in ­
d u s tria l es u n c o n s ta n te e s fu e rz o po r la
h u m a n iz a c ió n de la in d u s tria . La m isión de
c a d a a r tis ta en la socied ad es la de in te r­
p r e ta r a q u e llo q u e el p u e b lo re cla m a ".

�1
2
3

Opinión p úb lica
M undo c ie n tífic o
In s titu to Técnico

4

Corso de diseño de ’ia Facultad de Chiba

5

Curso de a rte

6
7
8
9
10
11
12
13
14

15
E xperim ental de A rte In d u stria l

in d u stria l de lá U niversidad
de Bellas A rte s de T o kyo
Facultad de In d u stria T e x til de K yo to
Curso de Diseño de la Fa cu lta d de In g e n ie ría
In stitu to s Técnicos Experim entales
T. D. C.
M undo Periodístico
In d u stria l A r t News (re vista m ensual)
Obras com pletas de diseño com ercial
(a n u a rio )
Revista e specializada en diseño
A n u a rio de diseño

16

17
19
20
21
22
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26
27
28

R evista

de a ra u ite c tu ra (S h in k e n tik u -K o k u s a ik e n tik u , K e n tik u -Z a s s h i, etc.
Revistas de a rte (M iz u e , A te lie r, M useum ,
Sansai, G eijutsu shincho, C uaderno de a rte ,
C ritic a dé a rté )
Revistas fem eninas y para el hogar
Cuerpo co n s u ltiv o sobre problem as del diseño
A sociación de A rte P u b lic ita rio del Japón
JI DA
C lub D irectores de A rte
A sociación de A rte C om ercial de T o kyo
In d u s tria l A r t Society
In s titu to de Diseño de la In d u s tria te x til
A so cia ció n de A rte In d u stria l
Asociaciones de a rq u ite c tu ra
Museo de diseño

29
30

B ib lio te ca de diseño
O rg a n iza ció n para los D r ib le m o s de la en­
señanza de diseño in d u s tria l
31
Cuerpo c o nsu ltivo de d.seño in d u s tria l
32 C éñ tró dé diseñó pQrS cada íñ d ü s tn a
33
M undo in d u s tria l
34
E xportación
35 M u nd o p o lític o
36 G obierno y Congreso
37 M in is te rio de Educación
38
K og iin ( In s titu to Técnico de A rte In d u s tria l)
39 M in is te rio de C om ercio E xte rio r e In d u s tria
Los nom bres representados en el d ia g ra m a por
líneas llenas son aquellos que ya e x is te n ; los
que aparecen enm arcados con líneas de puntos,
son los que se proye cta fo rm a r.

Exposición de diseños japoneses en Canadá
Por in v ita c ió n d e l g o b ie rn o de C a n a d á , se
re a liz ó en este p a ís u n a e x p o s ic ió n de o b ­
je to s dise ñ a d o s en el Ja p ó n q u e fu e ro n se­
le c c io n a d o s p o r el In s titu to de A r te In d u s ­
tr ia l Japonés.
La e x p o s ic ió n , d e s a rro lla d a en v e in te sta n d s,
e s tu v o d e d ic a d a ín te g ra m e n te a p ro d u c to s
típ ic o s d e l Ja p ó n , q u e no se p ro d u ce n en
los países o c c id e n ta le s . E n tre e llo s pu eden
in c lu irs e los re c ip ie n te s p a ra g o lo sin a s qu e
a q u í re p ro d u cim o s. A pe sar de l d e s c u b ri­
m ie n to de nuevos m a te ria le s , p lá s tic o , v in ilo , e tc ., qu e h a n s u s titu id o con e fic a c ia
al p a q u e te de p a p e l, en la m a n u fa c tu ra de

estos re c ip ie n te s se ha p re fe rid o u t iliz a r
m a te ria le s y a tra d ic io n a le s en el J p p ó n , c o ­
m o el b a m b ú y la m a d e ra , co n sig u ié n d o se
c re a r o b je to s de g ra n c a lid a d y te r m in a ­
c ió n .
Se e x h ib ie ro n , a d em ás, u n a serie de m u e ­
bles c o m b in a b le s , a b a n ico s, a lfo m b ra s , p a ­
neles, e le g id o s sie m p re con el c r ite r io ya
m e n c io n a d o .
£1 p ro y e c to del h a ll de e x p o s ic ió n fu é re a ­
liz a d o p o r el m ism o In s titu to y c o n s tru id o
p o r la c o m p a ñ ía Sanyo b a jo la d ire c c ió n
de a q u é l.

Vista p a rcia l de la exposición. A l fo n d o , un a p a ­
rador (" jib u k u ro " ) con puertas corredizas fo ­
rradas en papel celeste. E'l piso ( " y u k a " ) está
recubierto con caña de la In d ia p a rtid a y aplas­
ta d a . El panel adosado a la pared ( " g a k u " ) está
fo rm a do por a n tig u o s caracteres chinos m o n ta ­
dos sobre papel japonés. La ilu m in a c ió n se re a li­
za in d ire cta m e n te por lám paras fluorescentes f i ­
jadas e ntre el a rm a rio y la pared, y en fo rm a
dire cta por la lin te rn a de papel que cuelga del
techo.

37

�R ecipiente para "m a n o k a " (c o n fitu ra jap o ne sa ).
De cedro y va rilla s de bam b ú , con ta p a desa rm able.

En p rim e r pla n o, una mesa de té ("c h a ta k u s h i")
de m adera la m in a d a con te rm in a c ió n de laca
japonesa y patas de m adera torn e ad a con lustre
claro.
A l fo n d o, banco cu bie rto con este rilla sobre la
cual se ha colocado un acolchado de te j:dos
de toalla.

R ecipiente de "ts u k u d a n i*' (a lim e n to conservado)
en m adera de ciprés japonés con bandas o f ilie s
de cobre-

38

R ecipiente

para " m a n ju " (c o n fitu ra iaDonesa).
De cedro liso.

�Diseños recientes de muebles
Nelson y Tapiovaara

G eorge N e lso n e llm a r i T a p io v a a ra , cuya s
ú ltim a s p ro d u c c io n e s ilu s tra m o s a q u í, re ­
p re s e n ta n dos te n d e n c ia s en el dise ñ o del
m u e b le c o n te m p o rá n e o , q u e , en g e n e ra l,
p u eden d e fin irs e co m o c a ra c te rís tic a s de los
países en d o n d e estos cre a d o re s d e s a rro lla n
sus a c tiv id a d e s : E E.U U . y F in la n d ia .
G eorge N e lso n es u n a rq u ite c to fo rm a d o en
Y o le y la C a th o lic U n iv e rs ity . P u b lic ó , de s­
pués de la g u e rra , el lib ro " L a V iv ie n d a
del M a ñ a n a " en c o la b o ra c ió n con H e n ry
W r ía h t. M á s a d e la n te , In ic ia d o en el d ise ­
ño de m u e b le s, p ro y e c tó su co n o c id a " s t o r a a e w a ll" y pasó a c o la b o ra r con H e rm á n
M ille r , p a ra q u ie n d ise ñ ó u n a lín e a c o m ­
p le ta de m u e b le s d u ra n te 1 9 4 5 y 1 9 4 6 .
En 1 9 4 7 c o m ie n z a sus a c tiv id a d e s com o
d is e ñ a d o r in d u s tria l. En la a c tu a lid a d re a ­
liz a in v e s tig a c io n e s sobre e s tru c tu ra s des­
m o n ta b le s lig e ra s.
N e ls o n p u ede u b ic a rs e d e n tro de la lín e a
de a rtis ta s q u e e m p ie z a a tr a b a ja r lu e g o de
la c ris is del 2 9 , c u a n d o el proceso de in ­
d u s tria liz a c ió n o p e ra d o en los E E.UU . o r ig i­
na la d e s a p a ric ió n casi c o m p le ta d e l t r a ­
b a jo a rte s a n a l. En esta fe c h a a p a re ce n los
p rim e ro s " s t y lls t s " . T a n to éstos co m o los
"d e s ig n e r s " que los s ig u ie ro n , e ra n , p o r lo
g e n e ra l, personas pro ce d e n te s de cam pos
a je n o s a! a rte s a n a d o o la in d u s tria p r o p ia ­
m e n te dicho s. P ro v e n ía n de a q u e llo s s e cto ­
res de la c re a c ió n fo r m a l d o n d e el o fic io
h a b ía c o n se rva d o su p re s tig io ; e ra n escenó­
g ra fo s , d ib u ja n te s de m o das, a rq u ite c to s ,
in g e n ie ro s , e tc.
N e ls o n p a rte de e x p e rie n c ia s re a liz a d a s ya
p o r a rq u ite c to s eu rope os, G ro p iu s, Le C o rb u s ie r, M ie s v a n d e r Rohe, p ro p o n ié n d o se
lo g ra r " u n a e x p re s ió n d ire c ta y sim p le de
la c o n s tru c c ió n u tiliz a n d o té c n ic a s e x is te n ­
te s " . De a h í q u e sus m u e b le s, e n re a lid a d ,
no a p o rte n e le m e n to s nuevos en el ca m p o
p u ra m e n te fo r m a l. C o n s titu y e n , m as b ie n ,
u n a in te g ra c ió n de ¡deas, fo rm a s y p ro p o r­
c ione s e s tu d ia d a s a n te rio rm e n te , a p lic a d a s
a m a te ria le s y m é to d o s d is tin to s . Sus m u e ­
bles se m a n tie n e n d e n tro de ríg id a s c a ra c ­
te rís tic a s g e o m é tric a s y h a n sido p ro y e c ta ­
dos te n ie n d o en c u e n ta las leyes de la p ro ­
d u c c ió n in d u s tria l en g ra n esca la . Las es­
tru c tu ra s de los m ism o s e stá n fo rm a d a s
por
p ie z a s
c o n s tru c tiv a s
e le m e n ta le s
y
co m u n e s en el m e rc a d o (p e rfile s de h e rre ­
ría , e s c u a d ría s de m a d e ra , c h a p a s de t e r ­
c ia d o ) , que no h a n sido tra b a ja d a s p r e v ia ­
m e n te , pe ro qu e, al s in te tiz a rs e en un m u e ­
b le , p ie rd e n su c a rá c te r de ta le s . Son los
ju e g o s de re la c ió n , ta m a ñ o y d ire c c ió n , in ­
te rn o s al m u e b le , los que tra b a n e n tre si
estos d ife re n te s e le m e n to s y los h a ce n p r á c ­
tic a m e n te irre c o n o c ib le s , a u n q u e su esencia
in d iv id u a l no h a ya c a m b ia d o . Esto re su lta
e v id e n te en la serie de diseños de N e lso n
cu ya s ilu s tra c io n e s a c o m p a ñ a n al te x to . Se
tr a ta de u n a lín e a de pe queñ os m u e b le s
re a liz a d o s con p e rfile s á n g u lo de h ie rro t r a ­
fila d o , con e s m a lte m a te b la n c o y ne g ro ,
c ris ta l y ch a p a s de d is tin to s colores, que
p u eden u tiliz a rs e en d is tin ta s c o m b in a c io ­
nes. Las e s tru c tu ra s son m o d u la re s , s ig u ie n ­
do la te n d e n c ia de N e ls o n de d e ja r en sus
m u e b le s v a le n c ia s lib re s p a ra c o n e cta rse ,
m u c h a s veces p o r y u x ta p o s ic ió n , co n o tra s
u n id a d e s , o, en el caso de la " s to r a g e w a ll"
co n la a rq u ite c tu ra m ism a ,
llm a r i T a p io v a a ra se g ra d u ó en la Escuela
de A rte s y O fic io s de H e ls in k y . V in c u la d o
desde jo v e n a la in d u s tria fo re s ta l, pasó un
la rg o p e río d o tra b a ja n d o en p la n ta s de in ­
d u s tria liz a c ió n de la m a d e ra , h a sta co n se ­
g u ir un a m p lio d o m in io de esta té c n ic a .
D espués de la g u e rra p ro sig u e sus a c tiv id a ­
des co m o je fe de p ro d u c c ió n de u n a im p o r­
ta n te fá b ric a de te rc ia d o s de a lta c a lid a d .
Su p r im e r tra b a jo , en o rd e n a la p ro d u c ­
c ió n de m u e b le s en serie, surge a ra íz de
u n p e d id o de la C o o p e ra tiv a de E s tu d ia n te s
de la U n iv e rs id a d de H e ls in k y . Sus m u ebles
fu e ro n sele ccio n a d o s p a ra el "G o o d D esign
S h o w " del M u se o de A r te M o d e rn o de N u e ­
va Y o rk . D esem peña la c o -d ire c c ió n de la
E scuela de A rte s y O fic io s de H e ls in k y .

llm a ri T a p io v a a ra : b an q u e ta de m adera a p ila b le

George N elso n: mesa de luz
b is u n ta s com binaciones de colores:
1. E s tru c tu ra : b lanco. C u b ie rta s u p e rio r: v i­
d rio . E stante: plá stico negro. C ostados: gris. Fren­
te del c a jó n : a z u l
2. E s tru c tu ra : negro. C ub ierta su p e rio r: p lá stico
b lanco. C ostados: m a rró n . E stante: a n a ra n ja d o .
Frente del c a jó n : a m a rillo .
Dimensiones, h : 618 m m . a : 431 m m . p. 4 3 2 m m .

!§

39

�En F in la n d ia , el proceso de in d u s tria liz a c ió n
n o se p r o d u jo de u n a m a n e ra ta n b ru sca
c o m o en los E E .U U . L a clase a rte s a n a l c o n ­
tin u ó d e se m p e ñ a n d o u n im p o rta n te p a p e l
d e n tro de la p ro d u c c ió n fin la n d e s a , y la
r a c io n a liz a c ió n p a u la tin a de la g ra n in d u s ­
t r ia de la m a d e ra fu é a c o m p a ñ a d a p o r u n a
e v o lu c ió n p a ra le la en el a rte s a n a d o . Es p o r
e sto q u e , en los m u e b le s de T a p io v a a ra , a
d ife r e n c ia de los de N e ls o n , p u e d e a d v e r tir ­
se la fu e r te in flu e n c ia d e l tr a b a jo a rte s a n a l
de la m a d e ra , fu n d id a co n g ra n s o ltu ra en
el m a n e jo d e l id io m a fo r m a l c o n te m p o rá ­
neo. T a p io v a a ra t r a b a ja p r in c ip a lm e n te con
m a d e ra s de c a ra c te r ís tic a s y lu s tre s se m e ­
ja n te s . L o g ra la u n id a d in te r n a de sus m u e ­
bles e s ta b le c ie n d o c o n tin u id a d e s de lín e a s
y p e rfile s e n tre d is tin ta s p ie z a s , c u rv a n d o
las a ris ta s y las u n io n e s . Estas c a r a c te r ís ­
tic a s p u e d e n a p re c ia rs e en los d e ta lle s de
la s illa d e s m o n ta b le q u e re p ro d u c im o s , y
en la re s o lu c ió n d e l e m p a lm e de los tr a v e saños fr o n ta l y tra s e ro co n los m a rc o s la ­
te ra le s .
Los m u e b le s d e T a p io v a a ra son de u n a
g ra n s o lid e z , q u e se re su e lve , sin e m b a rg o ,
sin d e trim e n to de la g r a c ia fo r m a l. La re ­
la c ió n e n tre d is tin to s m u e b le s de u n a m is -

llm a ri T a p io v a a ra : s illa de m a de ra y cuero. A r ­
m ado de una silla

llm a ri T a p io v a a ra : s illa de m adera y cuero desa rm a b le . Elem entos de una s illa

m a serie , se lo g ra m e d ia n te los recursos
tra d ic io n a le s de u n id a d de te r m in a c ió n y
p o r la re p e tic ió n de e le m e n to s c a r a c te r ís ti­
cos. En el caso d e l s illó n , T a p io v a a ra u t i l i ­
z a los m ism o s tra v e s a ñ o s de la s illa , q u e
se e n la z a n co n los tra v e s a ñ o s s u a v e m e n te
c u rv a d o s de l b a s tid o r de l a s ie n to de c u e ­
ro. Esta fo r m a c u rv a a c o m p a ñ a la d e fo r ­
m a c ió n d e l c u e ro p ro d u c id a p o r el peso de
la p e rs o n a se n ta d a .

40

�George N elsor.: cómoda de hierro, vid rio y plás­
tico
D istintas combiciones de colores:
1. Estructura: negro. Cubierta
superior: plás­
tico blanco. Costados: marrón. Estante: anaran­
jado. Frente del ca jó n : am arillo.
2. Estructura: negro. C ubierta superior: vidrio.
Costados: azul. Estante: plástico blanco. Frente
de los cajones: negro.
3.
Estructura: blanco. Cubierta superior: vidrio.
Costados: gris. Estante: plástico negro. Frente de
los cajones, azul.
4. Estructura: blanco. Cubierta superior: vidrio.
Costados: m arrón. Estante: plástico blanco. Fren­
te de los cajones anaranjado.

41

�Krayd
galería de arte

18 litografías de artistas argentinos
bad i i
fe rn á n d e z m uro
sarah g rilo
h lito
ocam po
presas
ideal sánchez
to rre s agüero
9 en c o lo r y 9 en b la n c o y n e gro, de 3 5
en

c a rp e ta

n u m e ra d a s

del

x

48

cms.

1 al 500.

p re c io de u n a c a rp e ta : 4 0 0 pesos.

e d ic ió n g a le ría K ra y d . tu c u m á n 5 5 3 . t. e. 31 - 5 7 5 8

42

ludgate
gotero automático

�Escuela Superior de Diseño de U!m
La Escuela S u p e rio r d e D iseño de U lm
(H o c h s c h u le f ü r G e s ta ltu n g ) , ha in c o r p o ra ­
do a la n ó m in a de sus p ro fe s o re s a l d ire c to r
de " n u e v a v is ió n " , T o m á s M a ld o n a d o , q u ie n
se e n c u e n tra a c tu a lm e n te al fre n te de l " C u r ­
so F u n d a m e n ta l" y co m o p ro fe s o r de " C o ­
m u n ic a c ió n v is u a l" en el d e p a rta m e n to de
" C re a c ió n V is u a l"
(V is u e lle G e s ta ltu n g ) .
En el p ró x im o n ú m e ro de n v , p re s e n ta re m o s
m a te ria l in fo r m a tiv o re sp e cto a la Escuela
y a los cursos q u e a llí se d ic ta n .

Exposición Calder. Galería Rudolf
Hoffmann, Hamburgo, 1954.
En ju n io de l a ñ o pa sa d o se re a liz ó en la
G a le ría R u d o lf H o ffm a n n , de H a m b u rg o ,
u n a a m p lia e x p o s ic ió n de las o b ra s de l es­
c u lto r y p in to r A le x a n d e r C a ld e r, c o m o c u l­
m in a c ió n de las m u e s tra s re a liz a d a s en
A le m a n ia desde el a ñ o 1 9 5 2 , en q u e o b ­
tu v o el p re m io de e s c u ltu ra de la B ie n a l de
V e n e c ia .
La s o b ra s e x p u e s ta s e ra n en su m a y o ría
" m ó v ile s " , q u e fig u r a b a n ju n to a " e s t á t i ­
c o s " , " c o n s te la c io n e s " , d ib u jo s y p in tu ra s .

Exposición de pintura, escultura, ar­
quitectura y urbanismo de nuestro
tiempo. Galería Müller, Bs. As., 1954.
H a c ía f a lt a en n u e s tro p a ís u n a e x p o s ic ió n
de p in tu r a , e s c u ltu ra , a r q u ite c tu r a , u r b a ­
n is m o y a m u e b la m ie n to c o n te m p o rá n e o s ,
c o m o la q u e o r g a n iz ó y lle v ó a c a b o P a b lo
C u ra te lla M a n e s en los salon es de la G a ­
le ría M ü lle r .
Las m u e s tra s de esta clase a p ro x im a n m a ­
n ife s ta c io n e s v is u a le s de d iv e rs o c a rá c te r
y, c o m o c o n s e c u e n c ia , p e rm ite n a p re c ia r,
no só lo los v a lo re s in d iv id u a le s o b te n id o s
en ca d a u n a de las a rte s v is u a le s , s in o ta m ­
b ié n la e x is te n c ia de u n e s p íritu q u e tr a s ­
c ie n d e las m e ra s in te n c io n e s o p ro g ra m a s
de los e x p o s ito re s . T a l s itu a c ió n se e x ’H H a
en v ir tu d de q u e las d is tin ta s m o d a lid a d e s
o g é n e ro s e s té tic o s a q u e c o rre s p o n d e n las
e x p re s io n e s c re a d o ra s de n u e s tra ép oca — y
e llo no c o n s titu y e u n fe n ó m e n o p r iv a tiv o
de l a rte c o n te m p o rá n e o — , se v in c u la n í n t i ­
m a m e n te e n tre sí, pues se o r ig in a n en a c ­
titu d e s m e n ta le s de m u y p a re ja s c a r a c te ­
rís tic a s y s ig n ific a d o . D esde este p u n to de
v is ta , la in ic ia tiv a de l e s c u lto r C u ra te lla
M a n e s re s u lta b a d ig n a de to d o e n c o m io .
Sin e m b a rg o , dos fa lla s e v id e n te s h a n l i ­
m ita d o el a lc a n c e q u e d e b ió c o b ra r esta
e x p o s ic ió n .
L a p rim e ra g u a rd a
re la c ió n
con las seccion es de p in tu r a y e s c u ltu ra ,
d o n d e g ra n p a rte de las n u m e ro s a s o b ra s
e x p u e s ta s
re v e la b a n u n c r ite r io
s e le c tiv o
m u y po co rig u ro s o , en c u a n to se re fie re

a c a lid a d y v a lo r re p re s e n ta tiv o de n u e s ­
tr a p lá s tic a a c tu a l. F re n te a la p o ca a s i­
d u id a d de u n p ú b lic o q u e se h a m o s tra d o ,
s in e m b a rg o , m u c h a s veces c u rio s o p o r las
n u e v a s te n d e n c ia s , no cre e m o s o p e ra n te p re ­
s e n ta rle , en c a ó tic a a m a lg a m a , a lg u n a s
o b ra s e x c e le n te s , p ro d u q to de u n a c o n ­
c ie n c ia y u n a s e n s ib ilid a d h o n d a m e n te m a ­
d u ra d a s , ju n to a o tra s , q u e re sp o n d e n sólo

a u n v a g o d e c o ra tiv is m o " a b s t r a c t o " , " n o o b je t iv o " , e tc ., y c a re n te s p o r lo ta n to , de
to d a e x ig e n c ia e s té tic a o p r o b le m á tic a le ­
g ítim a .
L a se g u n d a fa lla se re fie re a la in s u fi­
c ie n te re p re s e n ta c ió n de las o tra s a rte s ,
ta n to p o r la a u s e n c ia de v a ria s fig u r a s c o ­
n o c id a s , co m o p o r las po cas o b ra s n u e va s
q u e se p re s e n ta ro n , p e ro fu n d a m e n ta lm e n -

43

�te , p o r la c a re n c ia de nu evos va lo re s. J u s to
es a d m itir , no o b s ta n te qu e la s u p e ra c ió n
de esta fa lla im p lic a p ro b le m a s serios. En
a rq u ite c tu ra , p o r e je m p lo , no es m u c h a la
g e n te de m e n ta lid a d jo v e n qu e ha p o d id o
c o n s tru ir y d a r fo rm a a sus ¡deas. C asi su
ú n ic a c o n trib u c ió n la c o n s titu y e n v iv ie n d a s
d is e m in a d a s p o r los s u b u rb io s , a p a rte de
los in n u m e ra b le s p ro y e c to s p re s e n ta d o s en
concursos. A pe sa r de to d o , h u b ie ra re ­
s u lta d o de in te ré s re u n ir en la e x p o s ic ió n
g ra n p a rte de esos p ro y e c to s y re a liz a c io ­
nes. E llo h u b ie ra p e rm itid o c o n fe rirle s el
s e n tid o qu e no se les a d ju d ic a g e n e ra l­
m e n te y d a r u n a v is ió n g e n e ra l de te n ­
d e n c ia s y re a lid a d e s .
De c u a lq u ie r m o do, estas o b je c io n e s no in ­
v a lid a n la im p o rta n c ia de la e x p o s ic ió n
m e n c io n a d a y de l e s fu e rz o qu e la h iz o
p o sib le , a fin de p ro p o rc io n a r u n p a n o ra m a
del m o v im ie n to de l e s p íritu m o d e rn o , en
la A rg e n tin a , a tra v é s de la casi to ta lid a d
de sus m a n ife s ta c io n e s vis u a le s . H . B.

Exposición Miguel Ocampo.
Krayd, Bs. As., 1954.
En el mes de
en la G a le ría
ú ltim a s o b ra s
e n tre las qu e
R ío de J a n e iro

Galería

o c tu b re de 1 9 5 4 , se re a liz ó
K ra y d , u n a e x p o s ic ió n de las
del p in to r M ig u e l O ca m p o ,
fig u r a ro n o b ra s e xp uesta s en
y A m s te rd a m , qu e el p ú b lic o
de Buenos A ire s no c o n o c ía .

Exposición Vordemberge-Gildewart,
Galería Ferdinand Móller, Kóln, 1954.
O bras de V o rd e m b e rg e - G ild e w a rt, re a liz a ­
das desde el añ o 1 9 2 3 ha sta 1 9 5 4 , c o m ­
p re n d ía la e x p o s ic ió n qu e tu v o lu g a r en la
G a le ría F e rd in a n d M o lle r, de K ó ln . E ntre
las p rim e ra s ob ra s de l a r tis ta fig u r a b a n
a lg u n o s " c o lla g e s " y " r e lie v e s " , c o n s tru c ­
cione s en v id rio y m e ta l. T u v o esp ecial s ig ­
n ific a c ió n el he cho de ser ésta la p rim e ra
e x p o s ic ió n
re a liz a d a
por
V o rd e m b e rg e G ild e w a rt en A le m a n ia
después
de
la
g u e rra .

Colección

44

Ig n a cio P irovano.

Bibliografía
Giulia Veronese: "Difficolta politiche
dell'architettura ¡n Italia 1920-1940".
Librería Editrice Politécnica Tamburin¡, Milano, 1953.
En la IX T r ie n n a le de M ilá n , u n a p e q u e ñ a
sa la evo ca b a a los c u a tro cre a d o re s a q u ie ­
nes debe su fis o n o m ía la m e jo r a rq u ite c tu ra
ita lia n a de este s ig lo : R a fa e llo G io lli, c r í t i ­
co, G iusep pe P aga no, a r q u ite c to y p o le m is ­
ta , G iusep pe T e rra g n i, a r q u ite c to , E doardo
P érsico, c rític o y a rq u ite c to . A ll í n a c ió la
¡dea de esta p u b lic a c ió n , " p a r a a y u d a r a los
jó ve n e s a da rse c u e n ta de la a c c ió n de
a q u e llo s h o m b re s qu e no co n o c ie ro n , p a ro
qu e c o m p re n d ie ra n m e jo r las ra zo n e s v i t a ­
les de u n esq uem a fig u r a tiv o cu y a p a rá b o la
ya está c e rra d a , p e ro de l cu a l la n u e va
a r q u ite c tu ra se n u tre , a u n q u e sea p a ra o p o ­
nerse a é l" .
G iu lia V ero n e se , a q u ie n se c o n fió esta t a ­
rea, d e s a rro lla su tesis en to rn o a las " d i ­
fic u lta d e s p o lític a s de la a r q u ite c tu ra it a l ia ­
na 1 9 2 0 - 4 0 " , o m e jo r d ic h o , co m o a c la ra
en el p ró lo g o , en to rn o a las d ific u lta d e s
m o ra le s de los a rq u ite c to s , de las cu a le s d e ­
p e nden las d ific u lta d e s p o lític a s de la a r ­
q u ite c tu ra .
El tra b a jo está d iv id id o en u n p ró lo g o y
c u a tro c a p ítu lo s , a n e c d ó tic o s en su casi
to ta lid a d , d e d ica d o s a c a d a u n a de las f i ­
g u ra s m e n c io n a d a s , c r ite r io qu e la a u to ra
ju s tific a
re c o rd a n d o la e x c e le n te reseña
qu e B ru n o Z e v i ha ce de la a r q u ite c tu ra
" r a c io n a lis t a " ita lia n a en su " S to r ia d e ll'A r c h it e ttu r a M o d e r n a " .
Fotos y d o c u ­
m e n to s c o m p le m e n ta n el te x to .
R e s u lta in te re s a n te la c o n fro n ta c ió n de las
o b ra s de los c u a tro a rq u ite c to s c o n o tra s ,
m enos e d ific a n te s , de P ia c e n tin i, L a p a d u la y
o tro s re a c c io n a rio s , y la de sus e s c rito s con
la v e rg o n zo sa p ro p u e s ta de P. M . B a rd i de
p o n e r los d e stin o s del a rte ita lia n o en m a nos
de M u s s o lin i.
T a m b ié n re v is te in te ré s la
tra n s c rip c ió n del d e b a te sobre los p ro ye cto s
de la m o d e rn a e s ta c ió n fe r r o v ia r ia de F lo ­
re n c ia y de l b a rrio de S a b a n d ia en R om a,
qu e tu v ie r a lu g a r en el S enado ro m a n o y
qu e fu e ra re su e lto en fa v o r de los a r q u ite c ­
to s m o d e rn o s p o r el p ro p io M u s s o lin i.
De las s e m b la n z a s pe rsona le s, su rg e v ig o r o ­
s a m e n te p e rfila d a la ta lla m o ra l de c u a tro
h o m b re s e x c e p c io n a le s , a los qu e la a u to ­
ra c o n o c ió b ie n de ce rca en ho ra s d r a m á ­
tic a s . G iu lia V ero nese nos m u e s tra a P ér­
sico y G io lli a n tifa c is ta s , a P a g a n o y T e ­
rra g n i, fa s cista s, id e a lis ta s h a sta u n p u n to
en qu e los m ism o s p o n tífic e s de l a rte o fic ia l
de ben c o n d e n a rlo s . Y ha ce c o n s ta r a m a r­
g a m e n te en el lib r o : " s e ha d ic h o q u e to d o s
los h o m b re s de c u ltu r a en Ita lia se e n c o n ­
tra b a n c o n tin u a m e n te en el d e b e r de e m ­
p e ñ a r la c o n c ie n c ia en la lu c h a , n e g a n d o
u n a p a rte v iv a de l p ro p io p e n s a m ie n to p a ra
p o d e r a fir m a r la o tr a . . . Era u n a o p o sició n
d ia lé c tic a qu e el p e n s a m ie n to ita lia n o , in c a ­
p a z de re so lve r, cre a b a en la c o n c ie n c ia de
los in te le c tu a le s , e m p e ñ á n d o lo s en u n d r a ­
m a sin d e senlace p o sib le , sa lvo la m u e rte .
Ja m á s se p o d rá a c u s a r b a s ta n te un m o ­
m e n to h is tó ric o qu e o b lig ó a los m e jo re s a
e le g ir la m u e r te " .
Los c o m ie n z o s no fu e ro n ta n trá g ic o s . Pero
lo qu e hace m ás d r a m á tic a la s itu a c ió n de
estos a rtis ta s fu é el c a rá c te r b ifr o n te del
e n e m ig o qu e d e b ía n c o m b a tir. T a n p ro n to
se los lla m a b a p a ra q u e tr a z a r a n p la n e s de
g ra n e n v e rg a d u ra , en los q u e se les d e ja b a
en c o m p le ta lib e rta d de r e a liz a r sus idea les
sociales o e sté tico s, co m o se les e n fre n ta b a
con te rrib le s d e silu cio n e s. N o fu e ro n v íc ­
tim a s de u n d e s c u a ja m ie n to a b ru p to , sino
de u n a a s fix ia p ro g re s iv a .
F re n te a las d e m a n d a s c a d a v e z m ás a p re ­
m ia n te s de " r o m a n it á " y g r a n d ilo c u e n c ia
q u e p a rtía n de los du e ñ o s del a rte o fic ia l,
los c u a tro a r tis ta s re a c c io n a ro n , d e fe n d ie n ­

do a to d o tra n c e la lib e rta d de l a r tis ta .
P érsico, con su c o n o c im ie n to de las e n c ru c i­
ja d a s c u ltu ra le s , G io lli, con e n o rm e b u e n a
fe . T e rra g n i y P ag a n o , los dos fa s c is ta s , h a ­
b la ro n de la m o ra l de la re n u n c ia , re n u n c ia
a la g ra n d ilo c u e n c ia y a la h e ro ic id a d . T e ­
rra g n i p e d ía qu e se d e ja ra tie m p o p a ra qu e
la c o n c ie n c ia y la e x p e rie n c ia de los jóven es
a rq u ite c to s se c o n s o lid a ra y se ro b u s te c ie ra .
P ag a n o , q u e d e ja ra n tra n q u ilo s a los qu e
no tra b a ja b a n p a ra e s tre c h a r las m a n o s de
c u a tro e xce le n cia s.
C a s a b e lla , la re v is ta
d ir ig id a p o r P a g a n o y P érsico, e ra el p o r­
ta v o z de estas o p in io n e s , y la ú n ic a que
d e fe n d ía la a r q u ite c tu ra m o d e rn a ita lia n a
fre n te a l to r re n te de c rític a s s e u d o -h is to ric is ta s qu e se le o p o n ía n .
E le m en tos de ju ic io poco c o n o cid o s sobre t o ­
da esta época a b u n d a n en el lib ro , sa lvo en
el caso de P a g a n o , d o n d e las a n é c d o ta s y
tra n s c rip c io n e s de l d ia r io ín tim o h a n sido
e x tra íd a s del lib ro de A lb in i, P a la n ti y C a ste lli. De P érsico, nos n a rra los d e ta lle s m ás
s a lie n te s de su v id a . D ip lo m á tic o de b r i­
lla n te p o rv e n ir, p re s e n ta u n a tesis, re c h a z a ­
d a , sobre la lib e rta d de e x p re s ió n . V u e lto
a Ita lia , en un ge sto de re n u n c ia , tr a b a ja
com o o b re ro de la F ia t de M ilá n . V iv e p o ­
b re m e n te , h a sta el e x tre m o de m in a r su
sa lu d y m o rir en u n a e d a d te m p ra n a . D ejó,
sin e m b a rg o , te s tim o n io s de su lu c id e z , en
p a r tic u la r en los a r tíc u lo s : " P r o fe z ia d e ll'A r c h it e t t u r a " y " P u n t o e da c a p p o d e ll'A r c h it e t t u r a " . Su e u ro p e ísm o , su p r o fu n ­
da c u ltu r a , le p e rm itie ro n v e r c la ro m u ch a s
cosas, sobre to d o en el p ro b le m a de la " m e d ite r r a n e id a d " . E stuvo p re se n te en to d a s
las e n c ru c ija d a s m o ra le s p o r d o n d e pasó el
m o v im ie n to m o d e rn o . P a g a n o no era ta n
sereno y lú c id o co m o P érsico, q u e n u n c a
c a yó en el e q u ív o c o de l fa s c is m o . Pero v i ­
v ió tra ta n d o de c o n s e rv a r d e s e s p e ra d a m e n ­
te la a u to rid a d m o ra l. Era e x tr o v e r tid o , y
en su a fá n de c o m p a rtir lo to d o , p r o fu n d a ­
m e n te p e d a g ó g ic o . Pasa d e l fa s c is m o a u n a
a c tiv a m ilit a n d o o p o s ito ra . T o m a d o p r i­
s io n e ro , p la n e a y re a liz a u n a fu g a con d o s­
c ie n to s sesenta y c u a tro c o m p a ñ e ro s. A p r e ­
sado de v u e lta , es e n v ia d o a l c a m p o de
c o n c e n tra c ió n de M a n th a u s e n . A llí, ju n to
con G io lli, p ro y e c ta u n a u n iv e rs id a d p a ra
los jó ve n e s de l p u e b lo q u e fu n d a r ía n ju n to s
a l a c a b a r la g u e rra . Poco después m u e re n
los dos en M a n th a u s e n . " Y así m u rie ro n dos
h o m b re s — d ice G. V e ro n e se —
qu e c re y e ­
ro n en la c u ltu r a , a u n q u e n o p a ra ellos
so la m e n te , y en la v id a , a u n q u e n o p a ra
sí m is m o s ". La a u to ra c a r a c te riz a a T e ­
rra g n i co m o a l p o e ta . De to d o s los a r q u i­
te c to s ita lia n o s , fu é el de m ás v u e lo . Y
" a u n q u e e s tu v o m ás ce rca de d a r a l fa s ­
cism o u n le n g u a je e s té tic a m e n te v á lid o " ,
n u n c a c a yó en el e q u ív o c o de la m e d ite rra n e id a d , a firm a n d o qu e los ra c io n a lis ta s
e ra n e x p o n e n te s de u n a te n d e n c ia q u e lu ­
c h a b a en to d o el m u n d o p a ra d a r u n a f i ­
s o n o m ía a r tís tic a a su p ro p ia g e n e ra c ió n .
G io lli tu v o u n d e s tin o m ás m o d e sto , pe ro
fu é u n c r ític o s a g a z de a lg u n o s asp ectos
de l a r te m o d e rn o ita lia n o .
T o d o el lib ro de G iu lia V e ro n e se es un
a p o rte al b a la n c e m o ra l de l v e in te n io . Pero
no es u n lib ro de c e rte z a s , sin o de du das.
F re n te a las a lte r n a tiv a s a q u e se v ie ro n
ab o ca d o s estos ho m b re s, h a b la de u n " p r o ­
b le m a in s o lu b le " . P ro b le m a ¡n s o lu b le que,
en el fo n d o , no ha d e s a p a re c id o con la c a í­
da de M u s s o lin i, n i se c irc u n s c rib e a I t a ­
lia . Pues, a u n q u e " la s d ific u lta d e s e ra n e n ­
to n ce s m á s e v id e n te s q u e las a c tu a le s , el
fo n d o h u m a n o del p ro b le m a sig u e s ie n d o el
m is m o : d e m a n d a s m ás u rg e n te s , p e ro no
m ás g ra ve s, p la n te a b a e n to n ce s la h is to ria
ae la c o n c ie n c ia " .
El lib ro , sin e m b a rg o , de sp e ja a lg u n o s e q u í­
vocos, co m o los de u n a p re te n d id a a r q u i­
te c tu ra fa s c is ta . " L o s e x tra n je ro s a c o s tu m ­
b ra n a c o n s id e ra r la a r q u ite c tu ra ra c io n a ­
lis ta ita lia n a , d ice G iu lia V e ro n e se , en el
a c tiv o del ré g im e n fa s c is ta . C o n s id e ra n , en
e fe c to , las trie n a le s q u e las d iv u lg a r o n y
d e fe n d ie ro n , co m o m a n ife s ta c io n e s fa s c is ­
ta s, ig n o ra n d o qu e, p o r el c o n tra rio , te n ía n

�VILA
Propiedad horizontal
Administración de propiedades
Construcciones

Córdoba 943

T. E. 32-9497

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2524 p á g in a s
4 7 0 6 fo to g ra fía s
t a b la s e sq u e m a s
lá m in a s p la n o s
y ábacos
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a r í s t i d e s

q u i l l e t

co rrie n te s 1132 - t e 3 5 -5 1 7 2
b u e n o s
a i r e s

45

�lu g a r a pe sar y en c o n tra de ese ré g im e n
y de su o b s tin a d a h o s tilid a d " . Es d e c ir, los
presupu esto s ra c io n a lis ta s au e p ro p u g n a b a n
los a rq u ite c to s ita lia n o s , d e b ía n e s ta r fo r so z a m e n te en c o n tra d ic c ió n con las e x ig e n ­
cias irra c io n a lis ta s y m is tific a d o ra s de l fa s ­
cism o , com o se h iz o e v id e n te m ás ta rd e .
P orque a q u e llo s a rq u ite c to s , en el fo n d o , no
se h a b ía n p ro p u e s to m ás qu e p e rm a n e c e r
fie le s a los p ro p ó s ito s de su g e n e ra c ió n ,
co m o lo h a b ía re c o n o c id o el p ro p io T e rra g n i. Y esos p ro p ó s ito s e ra n los de G ro p 'u s ,
v a n d e r Rohe, M e n d e ls s o h n , los m ism o s a
q u ie n e s los a le m a n e s h a b 'a n c a lific a d o de
" h e b re o -b o lc h e v iq u e -d e c a d e n te s ".
Es d e lic a d o , sin d u d a , co m o lo reconoce la
m ism a G. V ero nese, ju z g a r la a c titu d de
estos a rq u ite c to s qu e c re y e ro n e n c o n tra r en
el fa s c is m o de la p rim e ra época la c o y u n ­
tu r a p a ra re a liz a r sus plan es. D elico d o ,
p o ra u e a h o ra se conoce el re s u lta d o de esa
a v e n tu ra . D e lic a d o , p o rq u e su e rro r, e n to n ­
ces, c o n ta b a con a te n u a n te s .
El a b a n d o n o de la to rre de m a r fil ha es­
ta d o en la ra íz m ism a de la a ra u ite c tu ra
m o d e rn a . U n d e fin id o s e n tid o p a c ifis ta (des
can ons, des m u n itio n s ? M e rc i, des loqis,
s .v .p ., Le C o r b u s ie r ) , y u n a fe casi m ís tic a
en la e fe c tiv id a d de la n u e v a a ra u ite c tu ra
p a ra p la n te a r u n n u e v o m u n d o , ha sido el
d e n o m in a d o r c o m ú n de los g ra n d e s c re a d o ­
res de la a ra u ite c tu ra m o d e rn a , iP ara c u á n ­
do la p la n ific a c ió n de l m u n d o ? , p r e a u n ta ba P aaa no, e x a lta d o a n te el e x c e le n te b a ­
rrio de S a b a u d ia . Y este d e n o m in a d o r c o ­
m ú n s o c ia l, en las d is tin ta s e xp resione s de
los m a estro s c o n te m p o rá n e o s , ha sido lo
qu e ha p e rm itid o re a liz a r, en el p la n o es­
té tic o , la ú n ic a d ife re n c ia c ió n fo r m a l, c u l­
tu r a l, h is tó ric a y p o lític a , le g ítim a .
Es el a n h e lo de p o n e r estas fo rm a s y e s p a ­
cios en c o n ta c to con los h o m bre s, lo que
lle v ó a las m ás a ra n d e s fia u ra s al seno de
la s itu a c ió n p o lític a im p e ra n te ; recuérdese
la a c titu d de Le C o rb u s ie r p ro p o n ie n d o a
la b u rg u e s ía " L a V iIle R a d ie u s e " com o e x ­
ce le n te o p e ra c ió n in m o b iP o ria . la de G rc p iu s ,
o fre c ie n d o le v a n ta r la c a lid a d de la in d u s ­
tr ia a le m a n a p a ra re c u p e ra r los m e rcado s
p e rd id o s ; recuérdese to d a la v id a generosa
de P aga no. Esta a c titu d no fu é n u n c a o p o r­
tu n is m o , fu é la fo rm a m ás le n ítim a que
e n c o n tra ro n p a ra s a lv a r la s ocied ad en qu e
v iv ía n . Q ueda p o r sa b e r si el p ro g ra m a que
p ro o o n ’a n no la h u biese s a lv a d o . En el c a ­
so de los ita lia n o s , su o b ra s irv ió p a ra que
el v e in te n io fa s c is ta no fu e ra s o la m e n te
u n a c ró n ic a de esclavos. Q u e d a ro n ob ras
cu y a je ra ra u ía a r tís tic a tra s c ie n d e su in ­
serció n en la p o lé m ic a , a u e d a ro n los e s tu ­
pendos n ú m e ro s de C a s a b e lla y el p e n s a ­
m ie n to e s c rito de sus a n im a d o re s . J. M . B.

nueva visión

Se c a n je a n e je m p lares atrasados de nueva visión , nos. 1 y 2 / 3 , por
su im p o rte en otros núm eros de nv, en libros de la e d ito ria l o en
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les, poesía, fo rm a s de expresión que correspondan a las e xig en cias
m odernas y universa le s de la vida.
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R ep re se nta nte:

N ueva V is ió n S. R. L., C e rrito 1371

"Idea 54". George Wittenborn, New
York, 1954.
Idea 5 4 es el s eg undo a n u a rio in te r n a c io ­
n a l de diseñ o qu e se p u b lic a con m a te ria l
s e le c c io n a d o en to d o s los países p o r las
a u to rid a d e s m ás c o m p e te n te s , con u n a a m ­
p lia
in fo rm a c ió n
sobre
los diseñ adores,
p ro d u c to re s y d is trib u id o re s de los o b je to s
prese n ta d o s.
U n a se le cta b io g ra fía re fe ­
re n te a los diseños qu e se p u b lic a n p e r­
m ite u n a m p lio e s tu d io sobre el p rogre so
del dise ñ o en el c a m p o de la c o n s tru c c ió n
de la in d u s tria , de la v iv ie n d a , e tc . La
e d ic ió n a m e ric a n a pre se n ta ad e m á s un a
sección esp ecial d irig id a p o r A lv in L u s tig
sobre el d e s a rro llo de la Escuela de D iseño
de la Y a le U n iv e rs ity re c ie n te m e n te re o r­
g a n iz a d a .

LI TE RAT U RA
ARTE
BIBLIOFILIA

"N ew Furniture", Vol. 2. George
Wittenborn, New York, 1954.
C om o en Idea 5 4 , los e d ito re s de N e w
F u rn itu re se h a n p ro p u e s to p re s e n ta r a los
le cto re s u n p a n o ra m a in te g ra l del diseñ o
c o n te m p o rá n e o de m u ebles. En 3 7 0 ilu s ­
tra c io n e s , p u e d e n a p re c ia rs e las p ro d u c ­
cione s m ás re c ie n te s re a liz a d a s en 14 p a í­
ses, a d em ás de los tra b a jo s de e s tu d ia n te s
de la U n iv e rs id a d de Y a le re u n id o s en un
c a p ítu lo a p a rte .

46

Qa Satea
V ia m o n te 5 6 4

Buenos A ire s

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ce rrito 1371 / t. e. 41-1891

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�-muro

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                <text>Le Corbusier&#13;
Pedrosa, Mario&#13;
Hilto, Alfredo&#13;
Bill, Max</text>
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dirigida por tomas maldonado

Xanti Schawinsky
A le x a n d e r D orner
O lg a G u e ft
J . M . B o rth a g a ra y
To m ás M a ld o n a d o
S tu a rt Preston
K ie sle r

Tiempo, Vida, Ilusión
X a n ti S c h a w in s k y

Dos exposiciones en el Museo de Arte de Nueva York
Sobre algunas interferencias entre las artes
G illo D o rfles

Una nueva unidad estructural
A m a n c io W illia m s

Exposiciones del "Grupo de Artistas Modernos Argentinos'
Discurso inaugural de la exposición de Amsterdam
V o rd e m b e rg e -G ild e w a rt

Notas y comentarios
Bibliografía

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U na g a ra n tía
d e fid e lid a d
en la in terp reta ció n
de la re c e ta de
su o c u lista

buena
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A d a p ta ció n e sté tica

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D ep artam en to d e O p tica
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novedades abril
C. R. S. A le o n a d a A ra m b u rú

mayo

junio

Código Civil de la República Argentina y leyes complementarias (2 ° e d .)
Código de Comercio Anotado I (Libros I, II y III)

J . J . R iv a n e ra

Código de Honor comentado

C . B e c c a ría

De los delitos y de las penas (ed . b ilin g ü e y estu d io p re lim in a r de F. P. L a p la z a )

A . N u ssb au m

Derecho monetario nacional e internacional (tra d . y notas de A . D. Schoo)

R. P érez Patón
G . C a b a n e lla s
J . M . de M a h ie u
A . J . Z a v a le ta
C . E. M ack in n o n
C . Cossio
F. P. L a p la z a
J . M . M a n g a n ie llo

Derecho social y legislación del trabajo, 2 ? ed.
Diccionario de derecho usual, t. III
Evolución y porvenir del sindicalismo
La prisión preventiva y la libertad provisoria
La propiedad ("co l. b la n c a " )
La valoración jurídica y la ciencia del derecho ("co l. m en o r")
Objeto y método de la criminología ("co l. b la n c a " )
Vocación de abogado (2? e d .)
u fiu v n il

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nueva visión
Revista de cultura visual. Artes, arqui­
tectura, diseño industrial, tipografía
A p a re c e c a d a tres m eses
D irecto r: To m ás M a ld o n a d o
S e cre ta rio s de d ire cció n : A r q . Ju a n
M a n u e l B o rth a g a ra y , Jo rg e G ris e tti,
A lfre d o Hlito
C o m ité de red acció n : A r q . H oracio
B a lie ro , A rq . Fran cisco B u llric h , Jo rg e
G o ld e m b e rg , R a fa e l Ig le sia
S e c re ta rio de re d a cció n : E d g a r B a y le y

apel

cvi
LO
co
i
co

00

organización al servicio del
progreso electrónico

o

V)

A d m in istra c ió n y re d a c c ió n : C e rrito
1 3 7 1 , Buenos A ir e s , A rg e n tin a . T e lé ­
fo n o : 4 2 -1 3 4 7
La D irección no se re s p o n sa b iliz a de
los a rtíc u lo s firm a d o s ni d e v u e lv e las
c o la b o ra c io n e s e sp o n tá n e a s.
La re v is ta n v , n u e v a v is ió n , es p ro ­
p ie d a d de n u e v a v isió n e d ito ria l, s .r.l.
c a p . $ 5 0 .0 0 0
R eg istro N a c io n a l de la P ro p ie d a d In ­
te lectu al n9 4 0 8 .5 2 3

sumario:
Xanti

Schawinsky: A le x a n d e r Dorn e r, O lg a G u e ft, J u a n M a n u e l B o r­
t h a g a r a y , T o m á s M a ld o n a d o , S tu a rt
P resto n, K ie s le r. (p. 5)
Tiempo, Vida,

artículos especializados
para profesionales
difusión, venta y Service

demostraciones gratuitas a
dom icilio de exclusividades
técnicas para profesionales y
el hogar.

Ilusión:

X a n ti Schaw in s k i (p. 13)

CM
CM
CM

Dos exposiciones en el Museo de A r­
te Moderno de Nueva York (p. 26)

w
0
-i-*
C
0

Sobre algunas interferencias entre las
artes: G illo D o rfle s (p. 30)
Una nueva unidad estructural: A m a n ­

O

o

d o W illia m s (p. 32)

Exposiciones del "Grupo de Artistas
Modernos Argentinos (p. 36)
Discurso inaugura] de la exposición
de Amsterdam: V o rd e m b e rg e -G ild e w a r t p. 38)

Notas y comentarios: (p. 47)
Bibliografía: (p. 49)
Se d e se a el c a n je con las p u b lic a c io ­
nes s im ila re s : se h a rá n a n á lis is y
resú m en es de los lib ro s y re v is ta s e n ­
v ia d o s a n u e stra re d a cció n .

Representantes en el exterior:
Bolivia: L ib re ría "Lo s A m ig o s del Li­
b ro ", Perú esq . E s p a ñ a , C o c h a b a m b a .

Brasil: Jo sé M a rq u e s G o d o y , A v . Ip i­
ra nga 8 7 9 , S ao P au lo . G e ra ld o G o ­
d o y C a stro , Ed. I .A .P .I., Belo H o rizo n ­
te. Jo sé G o d o y C a stro , A v . G ra c a
A r a n h a 2 0 6 , Rio de Ja n e ir o .

Uruguay: S. U. R. D. Ltd a ., M a ld o n a ­
do 8 6 3 , M o n te vid e o .

4

�Xanti Schawinsky

N acid o en 19 04 en B a s ile a , S u iz a . Estu dió d ib u jo , p in tu ra y a rq u ite c tu ra en
Zu rich y B e rlín ; ing resó en el B a u h a u s en 1924 donde e x h ib ió sus o b ra s con
"lo s jó venes pintores del B a u h a u s " . T ra b a jó en el te atro y enseñó e sce n o g ra ­
f í a , después de h a b e r p ro ye ctad o los d eco rad o s de n u m e ro sas p rod uccio nes
en A le m a n ia y S u iz a . R ea lizó tra b a jo s de e xp e rim e n ta c ió n en te a tro , b a lle t,
a rq u ite c tu ra de e xp o sició n , diseño in d u s tria l y tip o g r a fía , co m isio n ad o por
la in d u stria y el g o b iern o de It a lia , F ra n c ia , Estad os U nido s.
Por in v ita ció n de Jo s e f A lb e rs , enseñó a rte en 19 36 en el B la ck M o u n tain Colle g e , de C a ro lin a del N o rte, y a llí fu n d ó "S p e c to d ra m a " , p rese n tacio n e s e s­
cé n icas refe re n te s a estudios de ó p tic a , a c ú s tic a , e sp a cio , tie m p o , ilusió n
v is u a l, etc.
Proyectó la m u e stra de C a ro lin a del N orte en la F e ria M u n d ia l de N e w Y o rk ,
y en co la b o ra ció n con G ro p iu s y B re u e r, el p ab elló n de P e n n s y lv a n ia . E x h i­
bió solo una m u e stra de sus o b ra s —" la f a z de la g u e r r a " — en N e w Y o rk
en 1 9 4 1 , C h ica g o y C a m b rid g e .
Enseñó en el N e w Y o rk C ity C o lle g e , y en la a c tu a lid a d d icta cursos en la
U n iv e rs id a d de N e w Y o rk . Proyectó la e xp o sició n del C o lo r en Estad os
Unidos y d e sa rro lló en su o b ra los elem ento s co lo r-luz-m ú sica-co n tro l.

X anti S ch a w in sk y (foto M oholy-N ag y).

X an ti S ch a w in sk y : A u torretrato (1944).
Televisión (TV) graph.

5

�W alter G rop ius y M arcel Breuer, arquitectos.

X an ti Schaw in sky, diseñ ad or: H all de la D em ocracia, Feria M undial, N ew York, 1940.

La obra y la personalidad de Xanti Schawinsky
Los diversos aspectos de la p erson alidad creado ra de Xanti Sch aw in sky como diseñ ad or, publicista,
pintor, fotóg rafo y escritor, son presentados a q u í a través de una selección de artículo s cuyos textos
pertenecen a A le x an d e r Dorner, O lg a G u eft, Stuart Presión, Ju an M anuel B o rth ag aray, Kiesler y
Tom ás M aldonado.

Alexander Dorner:
La co n te m p lació n de la o b ra de S c h a w in s k y p ro vo ca u na reacció n s a lu d a b le .
Uno p ie n s a : éste es un tipo e x tra ñ o de a rtis ta y se p re g u n ta si es que r e a l­
m ente es un a r tis ta , y si lo es a c a rta c a b a l.
N o ; no lo e s, y tie n e eso en com ún con los otros pocos que co nstitu yen la
n u e v a g e n e ra ció n de a rtis ta s d e riv a d o s del B a u h a u s . A co rd e s con la in g e ­
n io sa v isió n de su fu n d a d o r, W a lte r G ro p iu s, ello s su p e ra ro n la esp ecie del
a rtis ta ro m á n tico .
El ro m á n tico , in clu ye n d o a su producto sin fu tu ro , el s u r r e a lis ta , está au n
m ás cerca del a rtis ta tra d ic io n a l de O ccid e n te . Inten ta c u m p lir la m isión
d iv in a de f ija r la v id a co n tra su a te rra d o ra v e r s a tilid a d . A u n tem e la p arte
m a te ria l en la v id a h u m a n a que es p e re ce d e ra y sie m p re in c ie rta . En r e a li­
d a d , sus in sp ira c io n e s e s p iritu a le s y a no son un e xp re so d o g m a a ca d é m ico .
Se han co n ve rtid o en v a g a s em o cio nes. Pueden ser e s tim u la d a s por m era s
te x tu ra s y fo rm a s a c c id e n ta le s , pero p e rm a n e cen " lib r e s " y a is la d a s de la
p a rte fu n c io n a l de la v id a . H asta el cu b ista es ta m b ié n ro m á n tico , por c u a n ­
to im p on e a objetos ú tiles como p a re d e s y c e rá m ic a s , el sello id e a l de la
fo rm a e te rn a . Él ta m b ié n ilu m in a la o sc u rid a d del n un ca co m p le tad o p ro ­
greso c ie n tífico con los ra y o s de u na c e rtid u m b re en ú ltim o té rm in o e q u i­
lib ra d a .
Lo m a ra v illo s o del a rtis ta e g re sa d o del B a u h a u s , tal com o S c h a w in s k y , es
q u e h a p e rd id o ese m iedo e x a lta d o por la é p o ca . Ha d a d o un paso a tre v id o
y puesto pie en la p arte de la v id a do nde se p ru e b a n y v u e lv e n a p ro b a r los
procesos q u e cre a n los cam b io s y do n d e la ce rte za de las re v e la c io n e s f in a ­
les que no c a m b ia n , no d o m in a n m á s. Esto in fu n d e a la n u e v a g e n e ra ció n de
'á rtista s la c la rid a d a g re s iv a del p e n sa m ie n to m o dern o c ie n tífic o . Los m ueve
a e x p re s a r esta e x p e rim e n ta c ió n co n stru ctiva en té rm in o s v is u a le s . Y a se a la

6

X anti

Schaw in sky:

D e t a lle

de

la

E x p o s ic ió n

Jünkers, Berlín, 1929.

�Fragm ento de un panel fotográfico. En prim er plan o, un objeto form ado por cristales de diferentes
colores que provoca un interesante juego de luces al recibir los reflejos proyectados por el panel.

Í

o b ra de S c h a w in s k y , Jo s e f A lb e rs , H erb e rt B a y e r , O s k a r S ch le m m e r, M oh o lyN a g y , A n n i A lb e rs , Otto B e rg e r o W ilh e lm W a g e n fe ld , en to d as e lla s re s­
p ira m o s el m ism o h á lito fre sc o . E xiste en estas o b ra s el p ro fu n d o m o vim ien to
e m o cio n a l com ún a todos los a rtis ta s de h o y, pero que se h a lla d is c ip lin a d o
d entro de lo co m u n ic a b le de la e x p e rim e n ta c ió n c ie n tífic a . Su v isió n de lo
c re a d o y a no es m ás hostil a a q u e lla , d ic ta d a por los aco n te cim ien to s
co tid ian o s.
S c h a w in s k y no es so la m e n te un v is io n a rio : es ta m b ié n un e x p e rim e n ta d o r
co nstructivo que cuen ta con nuevo s y m ás poderosos m edios de co m u n icació n
v is u a l. En la a c tu a lid a d , la s noches de su v id a d in á m ic a la s ha d e d ic a d o a
e x p e rim e n ta r con fo to c o lo g ra m a s so b re p a p e l. Y a se a q u e e stud iem o s sus
o b ra s de los añ o s 19 20 y de p rin cip io s de 1930 y la s que lle v ó a cab o luego
de h a b e r d e ja d o el B a u h a u s , o a sus c re a cio n e s en este p a is , sentim o s sie m ­
pre la v isió n de un a rtis ta que no n ecesita v a le rs e de encanto s v a g o s en con-

X anti Sch aw in ky: Hall del Progreso, Feria M un­
d ia l, N ew York, 1940.

7

�Tres aspectos de la Exposición Internacional de la V ivien d a re a liz a d a el año 1931 en Berlín. La
Exposición se h a lla b a d ividida en tres g rand es secciones ded icad as a la casa-habitació n y al u rb a ­
nismo en A lem ania y a la arquitectura de los p a íse s extranjeros. En la m uestra de urbanism o se
exhibieron las obras y estudios que sobre el p articu lar re a liz a ra W alte r G rop ius. Xanti Schaw in sky
tuvo a su cargo el asesoram iento gráfico de esta parte de la Exposición.

ir a de la v id a re a l. M á s bien recib e y tra n s fo rm a la v id a re a l a l d e s a rro lla r
un n u e vo le n g u a je de co m u n icació n v is u a l.
Los sím b o lo s, que a p a re c e n en sus cu a d ro s y proyectos de e s c e n o g ra fía , e x p o ­
sicio n es y p ro p a g a n d a , ta rje ta s de fe lic ita c ió n y c a rá tu la s de fo lle to s, son
conocidos e in m e d ia ta m e n te reconocidos por todos. Son e scu ltu ra s de o rd en
clá sic o , fo rm a s b á sic a s de cuerp o s y rostro s, fru ta s y h o ja s, de te x tu ra s n a tu ­
ra le s o in d u s tria le s . Todo está d ib u ja d o con s im p lic id a d c lá s ic a , fo to g ra fia d o
o p re se n tad o en el estad o a c tu a l de m o n ta je . Las le tra s son lo m ás c la ra s y
fá c ile s de le e r p o sib le . Y sin e m b a rg o , estas co m b in acio n e s y e x p e rim e n ta ­
ciones crea n un n uevo p o der e x p lo s iv o que tra n s fo rm a la tra d ic ió n . No sólo
son re v o lu c io n a ria s con respecto a la re a lid a d de la visió n e s p a c ia l, sino que
ta m b ié n son p ro fu n d a m e n te c o n m o ve d o ra s a tra v é s de sus a so c ia c io n e s e m o ­
c io n a le s . Esta n u e v a co m b in ació n d a fá c il co m u n icació n y m o v ilid a d c re a ­
d o ra ; o to rg a a to da su o b ra el v a lo r de u n a p o sitiv a co ntrib ució n a la
v id a m o d e rn a .
No h a y en todo S c h a w in s k y u n a e v a sió n h a c ia la in c o m u n ic a b le in tim id a d
de m isterioso s ensu eñ o s in d iv id u a le s . Estos ensu eñ o s han sido d isc ip lin a d o s
desd e el p rin cip io h a c ia u n a p o sitiv a acció n so c ia l. No es d ifíc il com ­
p re n d e r que el v a lo r c re a d o r de este n u e vo a rte in te g ra d o p o d ría ser de in ­
m en sa u tilid a d en generoso s proyectos de m e jo ra de la s co nd icio nes de v id a ,
ta n to d o m ésticas como in te rn a c io n a le s.

8

�Juan Manuel Borthagaray:
C onocí a

Sch a w in sky en el Congreso

In tern a­

cional de Diseño Industrial de A sp en, C olo rad o ,
en Junio del año p asad o . Después de la con­
ferencia in au g u ral de Bucky Fuller, Schaw in sky
form aba corrillo con M ax Bill, Herbert B ayer, y
Hin Breidendieck.
Schaw in sky es bajo, fuerte, de cab eza grand e,
expresión casi siem pre a leg re y voz atro n a d o ­
ra. C u a n d o lo encontré m an ifestab a a gritos
su regocijo de ha lla rse rodeado de tan viejos
am igos; feliz, d e cía, de que "los m uchachos de
la Bauhaus estuvieran otra vez reunidos". A d e­
m ás, con p articu lar é n fasis tra tab a de con­
vencer a Bill de la necesidad de presentarse
todos d isfra za d o s a la fiesta de clau sura de la
conferencia; todos deb ían particip ar, por otra
p arte, del gran b allet que él e stab a preparando.
Al acercarm e le p r e g u n to a m b ig u a m e n t e :
" ¿ Q u ié n fué el autor de los tiros en la orques­
ta de la B a u h a u s?" Se sorprende: "¿C ó m o lo
su p o ?" En realid ad yo no lo s a b ía . Pero al
ver ese rostro y escuchar esa voz no era posi­
ble du darlo. "C o n esos tiros, me confiesa, tuve
una exp erien cia bastante pen osa".
El hecho
ocurrió, según su relato, en una de las memo­
rables fiestas de la Bauhaus. La ja zz de la e s­
cuela tocab a m úsica com puesta por los estu­
dian tes; esa noche se b a ila b a y se vo ciferab a
como nunca. En un rincón, Paul Klee, a islad o
del resto, a b stra íd o como siem pre, re vo lvía su a ­
vem ente su café.
La orquesta a lca n z a b a su
punto culm inante. Tam bién las c a rc a ja d a s, las
piruetas, los cantos absurdo s. Algo insólito d e­
b ía ocurrir como rem ate de esa d esbo rdad a
e xaltació n ; sólo Klee se m ostraba a je n a a este
v ag o sentim iento general. Ni a v izo ra b a ni sos­
p echaba n a d a , tan absorto e stab a en sus pro­
blem as y en su café. En un cierto momento,
Sch aw in sky se trepó al estrado y, sin decir
p a la b ra , disp aró seis tiros al aire. El sobresalto
y la turbación de Klee fueron enorm es y, en un
gesto brusco, volcóse el café encim a. "En to n ­
ces, com enta Schaw in sky, me sentí muy a p e n a ­
do y averg o n zad o de haber hecho algún m al
a una persona tan sensible y a quien tanto
qu eríam o s como Klee".
El aporte de Schaw in sky al Congreso de Diseño
Industrial consistió en la lectura de su
"Sp ecto d ram a". Desde el d ía anterior al
en el pro gram a pa ra su intervención, la
sidad cun día entre los participantes.

libreto
fija d o
curio­
Scha­

w insky reco rría los negocios de Aspen en pro­
cura de pelotas de colores, metros y metros
de hilo y rollos y rollos de papel higiénico. Por
fin llegó la gran noche. El teatrito de Aspen
e stab a colm ado (Aspen es una ciudad m inera
a b a n d o n a d a y parcialm ente resucitada gracias
al ski, al m ecenazgo cultural y a los intereses
en tierras de W alter Paepke, gerente general
de C o n tain er of A m erica). Con gran criterio,
la resurrección se ha hecho sin sacrificar el c a ­
rácter de frontera de fin de siglo de la vieja
ciudad. (El teatro es un ex-saloon con palm&amp;
ras y cristales biselados). Se levanta el telón. La
escena está v a c ía . Desde b a m b a lin as un piano
c o m ie n z a a tocar una z a r a b a n d a de Bach.
S c h a w in s k y entra b a ila n d o , aco m p añ ado de
dos m uchachas jóvenes y bonitas. Los tres lle­
van el rostro cubierto con antifaces de papel
ordinario. Las m uchachas salen. Xanti se saca
el a n tifa z y después de una explicación co­
m ienza la lectura de su libreto. El piano lo
aco m p añ a en algunos momentos. G ra n d es ro­
llos de papeles de colores son d e s e n ro lla d o s
por p ersonajes que cruzan la escena corriendo;
uno de ellos prefiere actu a r, desganadam ente,
con dos rollos de papel higiénico. M ás tarde,
una serie multicolor de esferas co lg ad as del
techo por largos piolines inicia un loco m ovi­
miento pendular. C uan do Xanti recita el poema
d a d a ista de Schw itters m ucha gente opina que
y o es dem asiado y se retira. C uan do term ina
o 'ectura queda solam ente la m itad de la conc u r r e r a a , pero los que perm anecen han sido
sA jru g o d o s por la g ra cia , el humor y el tale n ­
to escenográfico de Schaw in sky.

X an ti Sch aw in sky: Dibujo.

Olga Gueft:
U na de las m ás a c tiv a s y rica s p e rso n a lid a d e s e g re s a d a s del B a u h a u s , X a n ti
S c h a w in s k y , es ta m b ié n un p ro feso r (enseñó en el B a u h a u s , el B la ck M ounta in C o lle g e y , en la a c tu a lid a d , en la U n iv e rs id a d de N e w Y o rk ), lo que
lle v a a e s p e ra r u na ju stific a c ió n d o cu m e n tad a —u na te o ría — so b re los e sp e ­
jism o s, c a m o u fla g e s y v isio n e s que a p a re c e n u n a y o tra v e z en su o b ra . Pero
p rin c ip a lm e n te X a n ti se contenta con d e s a rro lla rla s y u tiliz a rla s en u na v a ­
rie d a d de a p lic a c io n e s que sólo pueden ser e sb o z a d a s a q u í. Su c a rre ra a b a r ­
ca la e s c e n o g ra fía p a ra te atro y b a lle t, la a rq u ite c tu ra e x p e rim e n ta l, el
diseño in d u s tria l y tip o g rá fic o , en A le m a n ia , F ra n c ia , Ita lia y los Estad os
U nid o s, h ab ie n d o sido co m isio n ad o por el g o b iern o y la in d u stria y firm a s
como O liv e tti, C o n ta in e r, G e n e ra l M otors, C ib a , Fern et B ra n c a , Fo rtun e, A lc o a .
En esta e xp o sició n no h a y a p lic a c io n e s , sino in n u m e ra b le s im p lic a c io n e s. Las
o b ra s se c la s ific a n en un núm ero de v a ria c io n e s sobre te m as sim p le s. En sus
g ra b a d o s , los objetos están d is fra z a d o s , no por te x tu ra s e v o c a d a s por la d ia ­
b ó lica p a le ta de X a n t i, sino por so m b ra s p e rfila d a s como si fu e ra n p ro y e c ta ­
d as por p e rs ia n a s , re ja s o red es. O tros están sin te tiza d o s por puntos a c u m u ­
la d o s, tal como los que se en cu en tran en g ra b a d o s a m ed ia tin ta so p le te ad o s.
En e llo s, X a n ti o btien e a lg u n a s veces el efecto m e d ia n te procesos fo to g rá fico s
y de g ra b a d o de su p ro p ia in v e n c ió n ; ha re a liz a d o una eno rm e c a n tid a d de
diseños p a ra te la s en esta fo rm a (C o h a m a , M a llin s o n , etc.).
M uchos de los estilos g rá fic o s de X a n ti ni s iq u ie ra a p a re c e n in sin u a d o s en
esta e xp o sició n , au n cu a n d o es su fa c ilid a d té c n ic a , a s í como su in terés por
la ilusión te a tra l, lo que ju stific a uno de sus p a sa tie m p o s fa v o rito s , "Specto d ra m a s " , p rese n tacio n e s e scén icas en la s que fo rm a s m ó vile s, luces y co-

9

�lo res, a c o m p a ñ a d a s de m ú sic a , e x p lo ra n las p o sib ilid a d e s d ra m á tic a s de la
ó p tica y la ac ú stic a .
La e xa ctitu d de las im á g e n e s que a p a re n te m e n te no ha p in tad o pero que
sin e m b a rg o v e m o s, p ru e b a , no o b stan te , que su v e rd a d e ra m a e s tría resid e
no en la m an o sino en el ojo del e s p íritu , en su ce rte za de lo que él q u iere
que v e a m o s , en su h a b ilid a d en c a p ta r y re g is tra r la re a lid a d h u id iza de
la que tenem os co nciencia sin poder e x a m in a r la , como el rostro que vem o s
s im u ltá n e a m e n te so n rie n d o , e n fu rru ñ á n d o s e y a tis b a n d o desde todos los
á n g u lo s , o el flu jo in ce san te de so m b ra s so bre el a g u a a s o le a d a .
In te rio rs

Tomás Maldonado:
Las im á g e n e s p ictó ricas de S c h a w in s k y se in s p ira n , casi sie m p re , en los cono­
cidos fe n ó m e n o s de fu sió n ó p tica. S c h a w in s k y e x p lo ra el m undo de las fo r ­
m as v irtu a le s . Fo rm as in co n clu sa s, a p e n a s s u g e rid a s . Fo rm a s que sólo la
co la b o ra ció n del e sp ecta d o r p ued e to rn a r le g ib le s. H a y a lg o im p o rta n te y
a te rra d o r en todo esto; S c h a w in s k y —co n je tu ra m o s— no debe de ig n o ra rlo .
El hum o r de S c h a w in s k y es de b u en a e stirp e . No es irre sp o n sa b le entonces.
Lo que h ace se nota que le d iv ie rte , a u n q u e n unca h asta a l e xtre m o de p e rd er
de v is ta el sentido ú ltim o de su ta re a . S c h a w in s k y , es cierto , a d o p ta el re p e r­
torio fig u ra tiv o . Pero sus fig u ra s , tan a m b ig u a s , tan e v a s iv a s , tan a m erced ,
en ú ltim a in s ta n c ia , de qu ien co n te m p la , restan a la fig u ra c ió n p a rte de su
an tig u o p re stig io . M u e stran su v u ln e r a b ilid a d . Si la e x p e rie n c ia tie n e a n te ­
cedentes —o p recu rso res: A rc im b o ld o , B ra c e lli, L a rm e ssin — esta v e z no res-

X anti Schaw in sky: Ilusión fo tog ráfica sobre una bald o sa.

A la izquierd a un fragm ento am pliado.

ponde a las m ism a s m o tiva cio n e s. A n te s e ra n hechos a is la d o s ; d esco n cer­
tan te s o cu rre n c ia s co rte sa n a s. A h o ra no. A h o ra estos tra b a jo s e v id e n c ia n una
ra r a co h e ren cia con otros fe nó m eno s de n u e stra cu ltu ra v is u a l. S c h a w in s k y
sa b e q u e, en los d ía s que c o rre n , el m undo de las fo rm a s v irtu a le s tie n d e a
id e n tific a rs e con la to ta lid a d del m undo p e rce p tivo del h o m b re. Pues lo cierto
es que las técnicas m o d ern as de la tra n sm isió n de im á g e n e s (fo to g ra b a d o ,
c in e , te le fo to , te le v is ió n , p u b lic id a d lu m in o sa y , en los últim os tie m p o s, c in e ­
ra m a y cin e m asco p io ) nos h a b itú a n c a d a v e z m ás a l uso de las fo rm a s v ir ­
tu a le s; c a d a v e z m ás nuestros procesos p e rce p tivo s se cum plen a tr a v é s de
procesos de fu sió n . En qué m ed id a v e n d rá esto a e n te n e b re ce r c fa T t u m in a r
las re la cio n e s del hom b re con el m un d o , es d ifíc il, por el m o m ento , p re d e cirlo .
P u é d e se, en ca m b io , a v e n tu r a r que los co nflictos e n tre la "in tu ic ió n in g e n u a "
y lo q u e el g ra n m ate m ático K lein lla m a b a la "in tu ic ió n r e fin a d a " —e sa
p ro p ie d a d p síq u ica que tenem o s todos de co m p le ta r e sp o n tá n e a m e n te u na
im a g e n —, han de a c e n tu a rse n o tab lem e n te en lo fu tu ro . El a rte co ntem po ­
rá n e o , con las so la s e xce p cio n es de S c h a w in s k y y Jo se p h A lb e rs , d esco n cierta
por su re la tiv a in d ife re n c ia p a ra con este fo rm id a b le cam p o de e xp lo ra c ió n
e stética .

10

�anti-xan ti está ahora
en fa v o r de los g rab ad o s
p a ra tom ar
un fin de sem ana de su vida
con valles
y sierras
y llanos de a g uatinta
con a g u ja s de acero
y pinceles
va g a
a rrib a a b a jo por su nuevo mundo
contrastando aventuras
con su geo m etría de cab eza hum ana
habitan sus g rab ad o s
octopus de tres ojos
retratos-dúo
cru zado s cab alleros
sextillizos m orfológicos
inequívocos
cuatro herm anos de padres idénticos
visibles sim ultáneam ente de cara de
de perfil

a trás

y hay alg o que me gusta
en su irónico h allazg o
y su huella de corcho
proscripta sobre la lám ina
donde nubes y v ía s lácteas
nacen al futuro
anti-xan ti
regresa lucha en su ruta h acia sí mismo
a través dentro y fu e ra
de las p ra d e ras de zinc

K ie sle r

Xanti Schaw in sky: Pintura.

Stuart Preston:
X a n ti S c h a w in s k y , d iscíp u lo de K a n d in s k y , es un a rtis ta de estilo típ ica m e n te
B a u h a u s , por cu an to busca co n stan te m e n te e n riq u e c e r sus m edios de e x p r e ­
sión con a y u d a s c ie n tífic a s , ta le s como la c á m a ra fo to g rá fic a , su b ya ce n te en
la e stru ctu ra de a lg u n o s cu a d ro s de esta e xp o sició n . T a m b ié n es típ ic a m e n te
B a u h a u s su p reo cu p ació n por el a rte b a jo su asp e cto m ás a m p lio de u tilid a d
so c ia l. Su e sp íritu de in v e n tiv a se ha a p lic a d o a la a rq u ite c tu ra , a la e sce­
n o g ra fía y a los tra b a jo s de e xp e rim e n ta c ió n con el co lo r, la lu z, la m ú sica ,
el control.
En sus o b ra s, S c h a w in s k y es un fo rm a lis ta casi a b s tra c to , que u tiliz a la c a b e za
h u m a n a como fo rm a b á sic a y la tra d u c e a un le n g u a je pictórico de rep etid o s
sig no s tr ia n g u la re s o c irc u la re s . Ha d is c ip lin a d o sus d iv e rs a s técnicas y ca d a
cu a d ro se m e ja la e xh ib ic ió n de u n a té cn ica en p a rtic u la r. El color o bed ece
a q u í ig u a lm e n te a e sq u e m as ríg id o s. Estas o b ra s p o d rán p a re c e r sup ere x p e rim e n ta le s y d e m a s ia d o c e re b ra le s , pero no carecen de m atices ro m á n ­
ticos y son tan b rilla n te s p ro fe sio n a lm e n te como p u e d a im a g in a rs e .

S

11

�Escen a 4

Com o particularm ente esclarecedo r de la po esía

Las luces se a p a g a n y c o rtin a s c o rre d iza s e n v u e lv e n el e sce n a rio en co m p le ­
ta o sc u rid a d . A p a re c e u na m á s c a ra b la n c a su sp e n d id a en el e sp acio e ilu ­
m in a d a por un cono de lu z. La m á s c a ra recita la "S o n a ta fu n d a m e n ta l del
so n id o " (según K u rt S c h w itte rs):
b a , b a , b a , b a , b a , :l
b a b a , b a b a , b a b a , b a b a , b a b a , :l
b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r
b a b a tr rr r r b a b a iu u b e b e
b a b trrrrr b a b a iu u b e e e e e :l
(d a capo )
fu m p h , fu m p h , fu m p h , fu m p h , fu m p h , :l
fu m p h ta b a a a a , fu m p h ta b a a a a , fu m p h ta b a a a a , fu m p h ta b a a a a ,
fu m p h ta b a a a a
fu m p h ta b a a a a b a b a z iu u b e b e e
fu m p h ta b a a a a b a b a z iu u b e e e e e e
(d a capo )
rin g lim b im in im , rin g lim b im in im , rin g lim b im in im ,
rin g lim b im in im , b e m in im , m e m in im , b e m in im , b e m in im ,
rin g lim b in im in ,
b e n im im , b e m in im , b e m in im , b e m in im ,
b am , b am , b am , bam , bam ,
o ca, o ca, o ca, o ca, o ca,
o ca, o ca, o ca, o ca, oca
tu jo I la I la
o c a , o ca, o ca, o c a , o ca,
t u j a l la l la .......................... (crescendo) P EG IFF!
la n k e trrg ll!
la n k e trrg lll
la n k e trrg lll
la n k e trrg lll
la n k e trrg lll
rnph rm ph

p ep ep ep e p e
p ep ep ep e oca oca oca oca oca
p ep ep ep e m u k a m u k a m u k a m u ka m uka
rm p h rnph

re n ze trrrg ll!
rm ph
rnph
rm p h rnph
oca
oca tu ja lla lla
o c a tu ja lla lla a p e p e p e ziu u b e b e
o c a tu ja lla lla a p e p e p e ziu u b e e e e e
(d a cap o )
(lento)
m ia u u u u , acoooo
z ia u u u u , acoooo
a u u u , aoooo
a u u u , aoooo
zia u u u re n ze trrg lll
píuuu tetetetrg111
rm ph rnph
rnph te te trg llll ze n tre trrg ll p e p ep ep ep e
z ia u u u u b e b e trrrrb e b a z iu u b e b e
zia u u u u b e e e e e .
(presto)
rin g lim b im in im , etc.
(fff) p e g iff.
c a d e n za
b a , b a , b a , b a , b a , ru n k s trrrg lll
p e p e p e p e p e , ru m p h strg g g lllll
p ip ip ip ip ip i p e g u lf tu lp fitu m p h to o o
tu lp h tu m p h to o ..........................e tc., etc.
b a.

14

de Kurt Schw itters, a cuyo concurso acu de a q u í
Sch aw in sky, creemos oportuno citar el siguiente
texto de M oholy-N agy:
"Sin tra tar de definir la peculiar cualidad poé­
tica de Schw itters, p o d ría decirse que en la
m ayo r parte de sus escritos existe una pu rifi­
cación em ocional, una explosión del caos sub­
consciente. Sus poem as, sin em bargo, están fu ­
sionad os con la re alid ad exterior, con el " s ta ­
tus" social existente. V a lg a n como ejem plo sus
"co lla g e s" verbales. En ellos, el curso de sus
pensam ientos está m ezclado con citas a p a re n ­
temente casu ales de diario s, catálogos y a nu n ­
cios. Con esta técnica — sim ilar a la de Gertrude Stein— Schw itters pone al descubierto los
síntom as de una decad encia social que nadie
ign ora, pero que por auto-defensa, nadie quie­
re reconocer.
El escenario es A le m a n ia. Después de la gue­
rra, la in flación , el derroche, el daño al hom ­
bre y a la m ateria. Una infructuosa revolución
social hace la situación aún m ás d esesp erad a.
Los escritos de Schw itters en esta época ter­
m inan siem pre con un grito al mismo tiempo
desesperado y rebelde. En una de sus e xh ib i­
ciones, mostró al auditorio un poem a conte­
niendo n a d a m ás que una letra sobre una hoja
de p a p e l: " W " (1924).
Schw itters lo recitó
con voz lenta y de intensidad creciente. La
" W " se escuchab a prim ero como un susurro;
después, como un sonido p lañidero de sirena;
finalm ente, como un lad rid o fuerte y d e s a g ra ­
dable. Esta era su respuesta, no sólo a la
situación social, sino tam bién a !a degradante
po esía "b oca-cerezo ", "cab e llo -é b a n o " y " a r ro ­
yo rum oroso".
La única solución posible p a re cía ser un retor­
no a los elem entos de la p o e sía, es decir, al
ruido y al sonido articulad o , fu ndam en tales en
todos los lenguajes. Schw itters realizó la pro­
fe c ía de Rim baud in ventando p a la b ra s " a cc e ­
sibles a los cinco sentidos" Su "U rso n a ta " (S o n a­
ta Prim ordial, 1924) es un poem a de treinta y
cinco minutos de du ración , com puesto de cuatro
m ovim ientos, un preludio y una caden cia en el
último de ellos. Las p a la b ra s u tilizad as no e xis­
ten, en realid ad po drían existir en cualquier
lenguaje. Su contenido no es lógico sino em ocio­
n al; como la m úsica, afectan al oído con v ib ra ­
ciones fonéticas. La sorpresa y el placer se d eri­
van de la estructura y la ingeniosa com binación
de las p a la b ra s" .

Kurt Schw iters recitando

�(d u ra n te la ejecu ció n de la s o n a ta , luego del 1er. " p e g if f" , se p ro ye cta v id a
m icro scópica so bre la p a n ta lla fro n ta l, d e sva n e c ié n d o se a l fin a l de la s o n a ta ).
Escen a 5
El disco de colores p a s a g ira n d o a tra v é s del e sc e n a rio , cu b re y h ace d e s­
a p a re c e r la im a g e n de la m á s c a ra y d e ja a l d escu b ierto u n a p a re d a z u l, la
q u e a su v e z se d iv id e en 3 p a re d e s de d im en sio n e s ig u a le s — a z u l, ro jo ,
a m a rillo . Las p a re d e s se m u e ven fo rm a n d o v a rio s p atro n es fu n d a m e n ta le s :
tre sb o lillo , d e sp lie g u e , y u x ta p o s ic ió n , a lin e a c ió n , fo rm a c ió n de d ia g o n a le s ,
etc. Se in co rp o ra u na se rie de p a re d e s que e n tra n de to d as d ireccio n e s y
co nstitu yen un juego de e sp a cio a tra v é s de fo rm a c io n e s c o n v e x a s y có n ca ­
v a s , su p e rp o sicio n e s, fo rm a n d o la rg a s d ia g o n a le s , etc. D iso lvién d o se f in a l­
m ente en un cao s a m o rfo pero sólo p a ra re a g ru p a rs e según co lo res a lte r ­
n ad o s (c lim a x ).
Escen a 6
A cto res a p a re c e n de a trá s de las p a re d e s en m a lla s de b a ile del color co rre s­
p o n d ie n te; a l co m ie n zo , uno de c a d a co lo r, luego m ás h asta fo rm a r un cuerpo
de b a ile de los tres te m p e ra m e n to s; c a d a uno o stenta el c a rá c te r de su co lo r,
p rim e ro s e p a ra d a m e n te , luego al u n íso n o ; se intro d u cen los co rre sp o n d ien te s
solos de in stru m e n to : cello p a ra el a z u l, c la rin e te p a ra el ro jo , tro m p e ta p a ra
el a m a rillo . B a ila rin e s so lista s de b lan co se unen a los g ru p o s a la v e z que
las p a re d e s m o v e d iza s co nstitu yen u n a e s c e n o g ra fía a rq u ite c tó n ic a . C lim a :
los b a ila rin e s d e sa p a re c e n d e trá s de la s p a re d e s que se d e sliz a n s im u ltá ­
n ea m e n te h a c ia am b o s co stad o s, en el m om ento en que
Escen a 7
e n tra por la d e re ch a un g ra n c u a d ra d o rojo q u e , m o vié n d o se len ta m e n te a
tra v é s del e sc e n a rio , d e scu b re dos g ra n d e s fig u rin e s b id im e n s io n a le s, que
re p re se n ta n los co lo res frío s y c á lid o s (co n tra ste ). Estos m u e ven sus fo rm a s
a b s tra c ta s en u n a se rie de d ife re n te s po sicio nes a l a c o m p a ñ a m ie n to de un
m aje stu o so te m a m u sic a l. Sus co lo res c a m b ia n tra n s ito ria m e n te su c a lid a d
c ro m á tic a , por m ed io de d ism in u ció n de in te n sid a d y juego de luces (in te ­

15

�racció n de flu o re s c e n c ia , tin tes c o m p le m e n ta rio s, etc.). M á s fig u rin e s p e n e ­
tra n de to das d ireccio n es y de a trá s de las co rtin as c o rre d iz a s ; desde e n a n o s
h a sta g ig a n te s , p are cie n d o s a lu d a rs e m u tu a m e n te , a rm o n iz a r y d e s a rm o n i­
z a r , a tra e rs e y re p e le rse , a m a r u o d ia r — fo rm a n d o fin a lm e n te dos g rup o s
co n trastan tes en a b ie rta o p o sició n. Pero, por d ism in u ció n de luces y p ro ­
yección de o tras desde el fo n d o , la escena se tra n s fo rm a en
Escen a 8
p royecció n de so m b ra s ch in esca s so b re la p a n ta lla fro n ta l. A l co m ienzo un
flu jo de luces b la n c a s p rod uce so m b ra s g rise s de d ife re n te in te n s id a d ; d e s­
pués se intro d u ce un e lem ento de luz c o lo re a d a , re su lta n d o un juego de
so m b ra s c o m p le m e n ta ria s, efectos de m ezcla s a d it iv a s y su s tra c tiv a s de co lo ­
res, como ta m b ié n m ú ltip le s im á g e n e s de p royecció n de v a r ia d o s m atice s y
sa tu ra c io n e s . Las com p osicion es de m úsica y color están co o rd in a d a s s in fó ­
n ica m e n te . M utis el b a lle t b id im e n s io n a l, d e ja n d o un solo fig u rín que d e s­
a p a re c e con la d ism in u ció n de luces y . . .
Escen a 9
e n tra d a de g ra n d e s escudo s, que re p re se n ta n los v a rio s m étodos de la e x ­
presió n v is u a l, por m edio de te x tu ra , fa c t u r a , p la s tic id a d , p e rs p e c tiv a , arte s
g r á fic a s , a b s tra c c ió n , re a lism o , g e o m e tría , fo to g r a fía , t ip o g r a fía , sim b o lism o .
Las im ág e n e s se m u e v e n , se so b rep o nen y se s e p a ra n en u n a sucesión rít­
m ica . Su p e rp u e sto , a p a re c e un ojo g ra n d e en la p a n ta lla de proyección
se g u id o de u na colección de p in tu ra s , d ib u jo s, fo to g ra fía s — que co n trastan
en e stilo , propósito e in ten ció n : p in tu ra de c a v e rn a s y c a m o u fla g e m o d ern o ,
el G re co y R uben s, re lie v e eg ip cio y fo to g ra fía estro b o scó p ica, m á s c a ra a f r i ­
c a n a y e stre lla de c in e , G iotto y P ica sso , e scu ltu ra s de M ig u e l A n g e l y
G a b o , etc.

Escena 10
A p a re c e un lector d e la n te de la p a n ta lla . E x p lic a la fu nció n b io ló g ica del ojo,
y del sentido de la v is t a , ilu stra n d o su lectura con la a y u d a de d ia p o s itiv a s ;
d e m u e stra que tanto el in terés v is u a l como la e xp re sió n g rá fic a corresp on den
a un e stad o m e n ta l, que a su v e z d e p e n d e co n sid e ra b le m e n te del "o jo in ­
te rio r" —im a g in a c ió n —; d e m u e stra q u e, m ie n tras la co m p rensió n h u m a n a
puede m u d a r con los distintos in terese s, juicios m u y distintos se fo rm a n a ce rca
del u n iv e rso , in a lte ra b le en a p a r ie n c ia . M u e stra el u n ive rso de los an tig u o s
g rie g o s con sus e s fe ra s co n cé n tricas de crista l y lo c o m p a ra con los puntos de
v is ta a c tu a le s . Y p reg u n ta ento nces, si a c a so u na e stre lla p are ce d ife re n te al
h o m b re, a h o ra que sab e que no está f ija d a al cielo como c re ía n los g rie g o s,
sin o que se m u e ve en el e sp a cio . * V a se el lector casi cho cando con
Escen a

11

un cieg o , con dos p arch es n egros so b re sus ojos, so m b rero y bastón b lan co s,
y con un carte l "c ie g o " so bre el pecho. C ie g o .
¿ U n a e s tre lla ? ¿Cóm o es u na e s tre lla ? Todos h a b la n de e lla . . . Dicen que

16

�bri lia . . . de todos co lo res. Q u is ie ra s a b e r qué son los co lo res. A q u í —(s e ñ a ­
lan d o el e sce n a rio o scuro)— veo los m ás herm osos . . . ¿Son ellos los colores
de las e s tre lla s ? — Pero an o ch e soñé con un color como n unca a n te s lo v i —
Q u is ie ra po der m o stra rlo ; (a l a u d ito rio ) n un ca h a b é is visto n a d a ig u a l.
Se a p a g a n las luces.
P arte II.

Escena 1

Desde el fo nd o del e sce n a rio se hace a u d ib le u n a e sca la de sonidos que
consiste en u na se rie de ru id o s: c ru jir de p a p e le s, r a s p a d u ra s , g o lp es, rotu ­
ra s , ra s g a d u ra s , re c h in a r de c a d e n a s , e tc., e tc., como ta m b ié n b a tir de ta m ­
b o res, cím b a lo s, d ia p a so n e s y otros objetos su sce p tib les de e m itir so nido s.
Se p ro ye ctan g rá fic o s de so nido so b re la p a n ta lla c e n tra l; en fo rm a s im u l­
tá n e a , u na o re ja g ra n d e so b re la p a n ta lla a n te rio r. G ra d u a lm e n te los ruido s
se o rg a n iz a n y conducen a u na com posición de p e rcu sió n . U na s in fo n ía de
ruid o s e m e rg e de e lla .
Escena 2
So nido s fu e rte s de d ia p a so n e s s o b re v iv e n a la s in fo n ía de ru id o s m ie n tras
se a p a g a n los d e m ás instru m en to s y se d e sva n e ce n los g rá fic o s . G ra n d e s
d ia p a so n e s se h acen v is ib le s ; están m o ntad o s so bre p la ta fo rm a s y ra m p a s a
d istin tas a ltu ra s . A c ró b a ta s los g o lp e a n con sus v a r a s , y s a lta n d o a los d i­
v erso s n iv e le s , e je cu tan u n a com posición m u sic a l. C lim a x : producen aco rd e s
y la o rq u e sta los co ntesta. Se e je cu tan d iv e rs a s e s c a la s : m en o r, m a y o r,
se m ito n a l, c ro m á tic a , de cinco tonos, de un cu arto de tono, e xó tic a .
Escena 3
V irtu o so s a p a re c e n en escen a e je cu ta n d o solos en sus instru m en to s y luego
to cando en co nju nto . S o b re p u esto : p e líc u la so n o ra so b re la p a n ta lla a n te rio r,
de v a r ia s o rq u e stas to cando g a ita s , ja z z , coro de ig le s ia , h a w a ia n a , b a n d a
m ilita r, s in fó n ic a , típ ic a , e tc ., y un co njunto de a r p a s . Las m e lo d ía s de las
a rp a s se e n tre m e zcla n con o tras s im ila re s que p ro vie n e n de a trá s de la p a n ­
t a lla . Las im á g e n e s se d e sva n e ce n y . . .
Escena 4
a p a re c e en escen a u n a reu n ió n de fa n tá stico s p e rso n a je s co n g re g ad o s a l ­
red ed o r de u n a m esa y que lle v a n m á s c a ra s de todos los ta m a ñ o s. En tre ­
chocan sus g ra n d e s v a so s llenos de v in o de v a rio s co lo res, p u d ién d o se o ír la
m e lo d ía que p ro d u ce n , se m e jan te s a so nido s de a r p a . Poco a poco los b e b e ­
do res e n cu e n tran g ra n p la c e r en b rin d a r con los v a so s a tra v é s de la m esa
y en to das d ire ccio n e s, e je cu ta n d o u na to ccata de v a s o s de v in o . A p o y a n
éstos y a p la u d e n en fo rm a sile n cio sa (im ita n d o el m o vim ien to de a p la u d ir ).
Uno de los in d iv id u o s p ro n u n cia un discurso que consiste en so nido s y p a la ­
b ra s d e s a rtic u la d a s ; sig u e n otros discurso s b re v e s, a rra n c a n d o cloqueos y
ris a s y a p la u s o s (silen cioso s) . . .
Escena 5
A p a re c e un m e n sa je ro de b lan co y m u rm u ra un rum o r a uno de los p a r ti­
cip a n te s, el que a su v e z tra n sm ite las cho cantes n o v e d a d e s (c a m p a ñ a de
ch ism e s), h asta que se fo rm a un alb o ro to g e n e ra l, p ro vo can d o un creciente
" a la b a s la m iru s e la , a la b a s la m iru s e la , r h a b a r b a r r h a b a r b a r , a la b a s " . * La
o re ja a p a re c e o tra v e z so b re la p a n ta lla . Los b e b ed o res se q u ita n las m á s ­
c a ra s y m u e stran sus v e rd a d e ro s rostros (m á s c a ra s d ife re n te s ); se d iv id e n en
dos g ru p o s opuestos y a g re s iv o s . D e sap a re ce n lu ch a n d o . Las luces se a p a g a n ,
d isp a ro s de cañ ó n irru m p e n la o sc u rid a d . U na c ria tu ra llo ra .
Escena 6
Entre b astid o re s se oyen so nido s de a rp a s y de d ia p a s o n e s , m ie n tra s un g r u ­
po de la c a y o s fú n e b re s (q ue re sp lan d e ce n por fo sfo re sc e n c ia ) a tra v ie s a le n ­
ta m e n te el e sce n a rio .
Escena 7
Un d esnu d o a p a re c e sú b ita m e n te a m e d ia a ltu ra del e sce n a rio y recita un
p o e m a , lírico y rítm ico . * D u ra n te el re cita d o se su e lta un p énd ulo (e sfe ra
b la n c a s u sp e n d id a de un hilo in v is ib le ) y se lo d e ja o sc ila r a tra v é s de todo
el e sce n a rio . Un seg un d o y te rce r p énd ulo lo im ita n , c a d a uno en d ife re n te
direcció n y sentid o . El d esnu d o rep ite v a r ia s v ece s el últim o v e rso del poem a
al ritm o de las e s fe ra s o scila n te s. Las luces se a p a g a n y hacen d e s a p a re c e r
el d e sn u d o , pero
P arte III

Escena

1

los tres pénd ulo s p e rm a n e cen v is ib le s y sig u e n o sc ila n d o ; p royecció n s u p e r­
p u e sta : in te rio r de un reloj en m a rc h a ; m etrónom o en m o vim ie n to ; goteo
de a g u a . Latido de co razó n con ta m b o r m a rc a n d o el ritm o . Se p ro ye ctan
o n d a s so b re la s p a n ta lla s fro n ta le s y po sterio r.

17

�Escena 2
Tres a cto re s, que re p re se n ta n el tiem p o n o rm a l, m o vim ien to re ta rd a d o y
m o vim ien to a c e le ra d o , e je cu tan s im u ltá n e a m e n te la m ism a e sce n a , pero c a ­
d a uno en su v e lo c id a d r e la t iv a : a t ra v ie s a el e sc e n a rio , sub e e sca lo n e s y se
d e tie n e en el m ás a lto , m ira h a c ia a r r ib a como si c o m e n za ra a llo v e r, a b re
su p a r a g u a s , d escien d e y co n tin ú a su m a rc h a , se sie n ta fin a lm e n te en un
b an co .
Escen a 3
Se re p re se n ta la m ism a esce n a pero en o rd en in v e rs o ; ta m b ié n se in v ie rte el
sentido de las o n d as en la p a n ta lla . Sólo el h o m b re p e rp le jo p e rm a n e ce
en e sce n a.
M onólogo del h om bre p e rp le jo :
—Esto sucedió y a u n a v e z en mi v id a ; ¿ fu é en el p a s a d o . . . o en el fu tu ro
(m ira en v a r ia s d ireccio n e s como tra ta n d o de lo c a liz a r la posición del tie m ­
po)? ¿ fu é a c a so un s u e ñ o ? . . . no puedo lo c a liz a r el tiem p o en n in g u n a p arte .
Pero , ¿q u é es el tiem p o ?
Escen a 4
D iálo g o en tre el hom b re p e rp le jo y v o z (a lta v o c e s desd e el a u d ito rio ):
V o z: ¿Q u é h o ra es?
H om bre (titu b e a n d o ): Estam o s en tre " a q u í" y " a llá " . . .
V o z : ¡Sé m ás preciso!
H o m b re: V iv im o s en el m om ento en que el p a sa d o e n cu e n tra el fu tu ro .
V o z: ¡Sé m ás preciso!
H o m b re: Son las 9: 37 (o la h o ra que fu e r a en ese m om ento).
V o z : ¿ Y por cu án to tie m p o ?
H o m b re: Y a no es m á s. Pero la d u ra c ió n de este m om ento no a la r g a el
p a sa d o ni a c o rta el fu tu ro .
El acto r a t a ja el p é n d u lo y lo d e tie n e . Las luces se a p a g a n b ru scam e n te y
Escen a 5
a p a re c e un físic o en un cono de lu z ; e x p lic a el "tie m p o " como u na c u a rta
d im en sió n en la concepción "e sp a c io -tie m p o ". En su lectu ra * ilu s tr a d a por
d ia p o s itiv a s , tra ta conceptos com o: m a te ria , e n e rg ía , g ra v e d a d . F in a lm e n te
p rese n ta a
Escen a 6
M in k o w s k i, P la n ck y Einstein q u ien es co ntestan las p re g u n ta s del físico a c e r­
ca de sus te o ría s . U na v o z lla m a a E u clid e s, A ristó te le s y C o p é rn ico q u ien es
a p a re c e n p a ra e x p lic a r " s u s " id e a s v c o m p a ra n las co ncepcion es del sig lo X X
con sus puntos de v is ta " c lá s ic o s " . E n tra n seis d a m a s p o m p o sam en te v e s ­
tid a s y todos b a ila n un v a ls a c o m p a ñ a d o s por la o rq u e sta en p le n o , m ie n tra s
se la n z a so b re la p a n ta lla la e xp lo sió n en fo rm a de hongo de la bom ba
a tó m ic a . S im u ltá n e a m e n te : fu e g o s a r tific ia le s so b re la p a n ta lla fro n ta l.
P arte IV .

Escena 1

Los fu e g o s a r tific ia le s se co n fu n d en con rollos de p ap e l que a tra v ie s o n en
g ra n d e s arco s y la rg a s o n d a s la p a rte a n te rio r y p o sterio r del e sce n a rio .
A cto res a p a re c e n por los co stado s a rro ja n d o rollos y a p ilá n d o lo s en m ontones
en o rm e s de los c u a le s e m e rg e n fig u rin e s de p a p e l a m o rfo s. P en e tran otras
fo rm a s de p a p e l y fig u rin e s c a d a uno de los c u a le s re p re se n ta un p rin cip io
d istin to de a p lic a c ió n o co nstrucció n: p le g ad o s y d e sp le g a d o s en a b a n ic o ;
reto rcid o s y c u rv a d o s (p iru e ta s g ir a to r ia s ); re b a n a d a s (s a lta n d o ); a rq u e a d o s
(ro d a n d o ), y o tro s; a l co m ienzo se m u e ven de u na m a n e ra co rre sp o n d ien te
a su c a rá c te r, luego lo hacen p a ra fo rm a r un b a lle t de p a p e l. A l s a lir se
e n cu e n tra n con:
Escen a 2
co nstructores que a tra v ie s a n el e sce n a rio lle v a n d o g ra n d e s p la n c h a s de d e l­
g a d o cartó n b lan co . Los co nstructores to m an d ife re n te s p o sicio n es, exp o n e n
sus c a rto n e s, los p lie g a n y unen y re a liz a n con ello s u na a rr ie s g a d a co ns­
tru cció n , u tiliz a n d o e s c a le ra s a la m a n e ra de a c ró b a ta s p a ra a lc a n z a r las
a ltu ra s . C lim a x : el ú ltim o cartó n c a u sa el d e sm o ro n a m ie n to de la co nstruc­
ció n , cao s y d e s a s tre , y h u id a de los co nstructo res. Un coro "c o n stru im o s",
que d u ra n te el pro g reso de la construcción ha ido en continuo au m e n to h a sta
lle g a r a l "fo rtis s im o " , c a lla sú b ita m e n te . T ra n s ic ió n :
Escen a 3
se p ro ye ctan tipo s de a rq u ite c tu ra so b re la p a n ta lla fro n ta l y p o ste rio r, a l ­
te rn a d a m e n te : e g ip c ia , g r ie g a , ro m a n a , m e d ie v a l, b a rro c a , c o n te m p o rá n e a ;
so b re p u esto : p irá m id e s de G iz e h y to rre de E iffe l, c a te d ra l gó tica y pont
tra n s b o rd e u r; tem plo g rie g o y ra s c a c ie lo s ; n a v e de u n a c a te d ra l y el in te rio r
de u na fá b ric a de a u to m ó v ile s. D u ra n te la p royecció n se d e sp e ja el e sce n ario .

18

�Escen a 4
Dos e s c a le ra s p e rm a n e ce n en e sce n a , u na de las c u a le s lle v a un p iza rró n en
la p a rte s u p e rio r. R eg la s T y e s c u a d ra s están s u sp e n d id a s en el a ir e y un
cubo rojo a p o y a d o en p rim e r p la n o . Escena ín tim a entre a rq u ite c to , su
asiste n te y se ñ o ra clie n te que pide el diseño y la construcción de u n a s illa .
En u n a p a n to m im a con a ra b e sc o s a c ro b á tic o s, el asiste n te está a fila n d o l á ­
p ices, cu a n d o e n tra el a rq u ite cto . A m b o s se tre p a n por las e s c a le ra s ; se e n ­
cu e n tran en la p u n ta , y c a n ta n un dúo.
Escen a 5
G o lp e a n en tre b a stid o re s y en tra la c lie n te , c a n ta :
N ecesito u na s illa de su diseño
y de m o d ern a construcción
cuyo m odelo se a p rim e ro yo el dueño
y luego s irv a p a ra v a s ta p ro d ucció n.
A rq u ite cto c a n ta :
con honor y p la c e r
a n te s de n a d a h acer
req u e rim o s sus m e d id a s y e sta tu ra
la h u m a n a prop orción
es la b ase y razó n
del aspecto v is u a l de la a rq u ite c tu ra
El a siste n te to m a las m e d id a s de la c lie n te , y la s dice en a lta v o z a l a r q u i­
tecto, quien d ib u ja la s illa en el p iz a rró n y la d e sp e g a (y a re c o rta d a ); es
b a ja d a por m ed io de h ilos in v is ib le s y la se ñ o ra se sie n ta sobre e lla . C lim a x :
se m ece có m o d a m en te m ie n tra s el a rq u ite cto y su asiste n te b a ila n . D u ra n te
la d a n z a : proyecció n de re g la s m id ie n d o v a r ia s a c tiv id a d e s — tr a b a jo , s u e ­
ño, ju e g o , c o m id a , v e s tid o , etc. T ra n s fo rm á n d o s e en p ro ye ccio n e s so b re las
p a n ta lla s fro n ta l y p o ste rio r de re g la s g ra d u a d a s que a p u n ta n h a c ia to das
d ire ccio n e s; se d e sva n e c e n g ra d u a lm e n te en
Escena 6
juego de e sp a c io , un b a lle t en que los b a ila rin e s e xp o n e n v a rio s p rin cip io s
de construcción por m ed io de la rg a s e sta c a s y so g a s. F in a lm e n te
Escen a 7
dos de los b a ila rin e s e je cu ta n u na escen a de e n la z a r y en el c lim a x dos p o r­
ta b a n d e ra s se unen a ello s a g ita n d o e n o rm es b a n d e ra s de s e d a . En la p a n ­
t a lla : p e líc u la len ta de b a ila r in e s , a tle ta s , b u zo s, c a b a llo s a lta n d o , etc.
Escen a 8
A p a re c e u n a s ó lid a construcción trid im e n s io n a l, p in ta d a ilu so ria m e n te en
dos p lan o s re co rta d o s. La ilusió n es in te n s ific a d a por el m o vim ien to re la tiv o
de tres acto re s, que c a m in a n en d e rre d o r; d e sa p a re c e n d e trá s y e n tra n en la
co n stru cció n , d e m o stra n d o la so lid e z de la im a g e n . C lim a x : los p lan o s g ira n
9 0 ° y la ilu sió n d e s a p a re c e por com p leto. R isas en tre b astid o re s m ie n tra s
se v a n los acto res y
Escen a 9
acto res de un típ ico te a tro de re p e rto rio e n tra n in fo rm a lm e n te de todos la ­
do s; a lg u n a s secciones de e s c e n o g ra fía son e n tra d a s por tra m o y is ta s y a h o ra
es e je c u ta d a u na escen a de "e sta noche im p ro v is a m o s ", de P ira n d e llo , en la
que el encu en tro en tre r e a lid a d e ilusió n cre a u na co nfu sió n ta m b a le a n te .
Se produce u n a d isp u ta en la que los acto re s m ezcla n sus lín e a s con e x p r e ­
sion es p ro p ia s ; e n tra co rrie n d o a l e sce n a rio el d ire cto r, lib re to en m a n o , t r a ­
ta n d o d e se sp e ra d a m e n te de s e ñ a la r a los in té rp re te s c u á l es la " v e r d a d e r a
h is to ria " . P arte del p e rso n al del te atro s a le p a ra o b s e rv a r la co nfu sió n y
e scu ch a r la e n c o n a d a d isp u ta en tre acto res y d ire c to r. M ie m b ro s del pú blico
h a b la n en a lta v o z , to m an d o p a rte ; a lg u n o s se tre p a n por la r a m p a . F i­
n a lm e n te a p a re c e el prod ucto r y tra ta de re sta b le c e r el o rd e n . Pero a l in te n ­
ta rlo el e sce n a rio y la s voces se d e sva n e c e n g ra d u a lm n te como por a rte de
m a g ia y re in a n o sc u rid a d y sile n cio com pletos.

ív

J m

é í j

¡JÉ

yi j í ]

Escena 10
Se e je cu ta la escen a 1 de la p arte I, pero en sentido in v e rso . La o rq u e sta
en pleno y el coro irru m p e n en s ile n c io , m ie n tra s el c u a d ra d o a m a rillo re tro ­
cede del proscenio h a c ia la p arte p o sterio r del e sce n a rio d ism in u y e n d o de
ta m a ñ o . El p lan o rojo a t ra v ie s a de d e re ch a a iz q u ie rd a , m ie n tra s el coro y
la o rq u e sta c a lla n , ú n icam e n te la v o z de solo c a n ta la m e lo d ía de in tro d u c ­
ción. La esce n a te rm in a b a ja n d o la lín e a a z u l y con el te m a p ia n issim o de
co n tralto .
Te xto su p rim id o , a d isp o sició n de q u ien lo so licite .

19

�Variaciones sobre el tema de una cara

Las " v a ria c io n e s so b re un te m a " , d e s tin a d a s o rig in a lm e n te a un á lb u m en
h o m e n a je a W a lte r G ro p iu s , co nstitu yen u na e x p e rie n c ia v is u a l de in d u d a b le
in te ré s. El pro p ó sito , u n a v e z m ás en el a rte co n te m p o rá n e o , es d e s c a rg a r
u n a im a g e n de sus s ig n ific a d o s h a b itu a le s . En esta o c a sió n , la im a g e n e le ­
g id a es u n a c a r a , la c a ra de W a lte r G ro p iu s. V a lié n d o s e del fo to m o n ta je
como p ro ce d im ien to , S c h a w in s k y d e s a rtic u la , d esco m p o n e, d is to rs io n a , la
im a g e n - c a ra . Si la c a ric a tu ra y los d ib u jo s a n im a d o s a p ro v e c h a n y a fia n z a n
el re p e rto rio fiso n ó m ico co n ve n id o en n u e stra c u ltu ra , las " v a ria c io n e s " de
S c h a w in s k y tra ta n de d e m o stra r su r e la t iv id a d . Las te n ta tiv a s de " d ic c io n a ­
rios m ím ic o s", desde B a p tista P orta h asta Ph. P id e rit, han fra c a s a d o h asta
a h o ra . Es que no p u ed e h a b e r u na a x io m á tic a de la e xp re sió n que p reten d a
te n e r un v a lo r a b so lu to . To da c u ltu ra tie n e su c a r a , sus tics, sus lu g a re s
com unes e x p re s iv o s , en o tras p a la b ra s , su m á s c a ra ; pero a to da cu ltu ra
ta m b ié n , irre m is ib le m e n te , le lle g a el m om ento de su d e s e n m a sc a ra m ie n to .
C ie rta s c a tá stro fe s s e m á n tic a s o cu rre n , a u n en las c u ltu ra s m ás se g u ra s de
sí m ism a s y en las circ u n c ta n c ia s m enos p re v is ta s . Los s ig n ific a d o s se d e s­
p la z a n . A lg u n o s m u e re n ; otros se a r r a s tr a n m a lh e rid o s y , m ás ta rd e , d e s a p a ­
recen. S c h a w in s k y sa b e todo esto. Es m á s: p ercib e el e sp a cio lib re que q u ed a
entre la c a r a y su m á s c a ra e irru m p e con h um o r y d e sco n ce rta n te in v e n ­
tiv a a r tís tic a .
T. M.

20

��22

���el prim er libro sobre la person alidad y la obra
de m ax bilí, sus principales tra b a jo s en pintura,
escultura, arq uitectu ra, artes g rá fica s y diseño
industrial, docum entados en 90 reproducciones
en blanco y negro y una a cuatro colores, in ­
troducción de tom ás m aldonado y cuatro textos
teóricos de m ax bilí, edición de lujo, en cu ad er­
n ada en tela e im presa en papel ilustración, fo r­
m ato: 22 x 21 cm. en castellano, inglés, francés
y alem án.

panoram a de la música actual
¡uan c a rlo s p a z
el libro m ás com pleto y mejor docum entado so­
bre la m úsica contem poránea, historia y m inu­
cioso a n á lisis de todas las tendencias a partir
de d eb ussy: ato nalism o, politonalism o, dodecafonism o, m icrotonalism o, m úsica concreta, etc.
form ato: 21 x 14,8 cm.

tres libros de la editorial "nueva visión", descuentos especiales para los suscriptores de "nv"
la editorial "n u e va visión " a co rd ará a los suscriptores de la revista "n v " un descuento del 20 %
sobre el precio de ta p a de sus libros, los tres prim eros títulos a q u í anunciados a p a recerán en
el mes de julio, los suscriptores pueden, desde y a , dirigirse a la adm inistración de esta revista,
cerr¡to 1371, t. e. 42-1347, reservand o los títulos que les interesan y que les serán rem itidos a su
dom icilio con priorid ad a su distribución.

problemática del arte contemporáneo
g u ille rm o w o rrin g e r
el autor, a quien debem os los puntos de vista
m ás renovadores en la estimación de las form as
artística s del p a sad o , en cara en este libro, por
prim era vez, el a n á lisis del arte de nuestro tiem ­
po y los problem as que éste p lan tea al artista
y al profano,

form ato: 21 x l4 , 8 c m .

25

�Dos exposiciones en el Museo de Arte Moderno de Nueva York

Museo de Arte M oderno de N ueva York.

Exposición de muebles Thonet

Dos m ueb'es diseñados por Le Corbusier, Pierre
Jean neret y C harlotte Perriand.

26

*

El M useo de A rte M o d erno de N u e v a Y o rk ha re a liz a d o recien tem en te dos
e xp o sicio n e s. En la p rim e ra de e lla s se e x h ib ió un co njunto de s illa s d is e ­
ñ a d a s y fa b ric a d a s por los h e rm an o s Thonet. La se g u n d a estuvo d e d ic a d a a
la p resentació n de d iez m odelos de a u to m ó v ile s de p o stg u e rra .
Trece s illa s , p ro d u cid as entre los añ o s 1836 y 1 9 5 2 , fu ero n se le c c io n a d a s p a ra
m o stra r cómo los h e rm an o s Thonet lo g ra ro n en sus cre a cio n e s fo rm a s sim p les
y a n ó n im a s , sin co m p licad o s d e ta lle s a rte s a n a le s , pero de un re fin a m ie n to y
u n a e le g a n c ia consecuentes con el m a te ria l usad o y los m étodos de p ro d u c­
ció n . P a rtie n d o del p rim e r m odelo d ise ñ a d o por el c re a d o r de la c o m p a ñ ía ,
M ig u e l T ho n et, en su ta lle r de A le m a n ia , h asta lle g a r a la hoy econ ó m ica silla
de c a fé , seis m odelos re se ñ a ro n el d e se n v o lv im ie n to de la s illa Thonet desde
el a ñ o 18 36 h asta nuestros d ía s .
Las cinco s illa s de a ce ro tu b u la r e x p u e s ta s , crea cio n es de B re u e r, Le C o rb u ­
s ie r, y M ies v a n d e r Rohe, fu ero n d is e ñ a d a s en el añ o 19 20. S e ñ a la n el
p ap e l p re p o n d e ra n te de la pro d ucto ra en el d e sa rro llo de esta n u e v a m o d a ­
lid a d del diseño m o derno de m ue b le s. Los m odelos m ás recientes e sta b a n
re p re se n tad o s por u na s illa m o ld e a d a de p lyw o o d d is e ñ a d a por Jo e A d k in so n
y un silló n a ju s ta b le de cuero de llm a ri T a p io v a a r a , p re m ia d o en el Concurso
del m ueb le económ ico del M useo de A rte M od erno .
Las s illa s fu e ro n e x h ib id a s en p la ta fo rm a s b a ja s y re d o n d a s, c u b ie rta s por
fie ltro s de distintos co lo res. En las p are d e s de la g a le r ía , fo to g ra fía s a m p lia ­
d a s de los an tig u o s catálo g o s de Thonet m o stra b a n otros m uebles de m a d e ra
to rn e a d a o de a c e ro . En el centro se p re s e n ta b a , en un la rg o " s ta n d " , m a ­
te ria l d o cu m e n tal y fo to g rá fic o de los m uebles Thonet en v iv ie n d a s de p aíse s
tro p ic a le s, E u ro p a y Estad os U nido s. A d e m á s , u n a ra m a de á rb o l de 27 pies
d o b la d a en e s p ira l y u n a p ie za de p lyw o o d de 5 pies ilu stra ro n so b re los
distintos tra ta m ie n to s que puede a d m itir la m a d e ra .
P re se n ta d a con un e vid e n te sentido d id á ctico , la m uestra ha co n trib u id o n o ta­
b lem en te a la v a lo ra c ió n de la o b ra re a liz a d a por los h erm an o s T ho n et, v e r ­
d a d e ro s pio nero s del m ueb le co n te m p o rá n e o . O b ra que puede sin te tiza rse
en la fr a s e p ro n u n c ia d a por Le C o rb u sie r en la in a u g u ra c ió n del p ab elló n
de L'Esp rit N o u v e a u de la Exp o sició n de P a rís (1 9 2 5 ): "H em o s e le g id o la hu­
m ild e s illa Thonet de m a d e ra to rn e a d a , cie rta m e n te la m ás com ún y econó­
m ica de las s illa s . Y creem os que esta s illa , que se usa por m illo nes en todo
el continente y en A m é ric a , posee n o b le z a ".
La e xp o sició n fu é d irig id a por G re ta D a n ie l, A siste n te del D e p arta m e n to de
Diseño y A rq u ite c tu ra del M useo , y d is e ñ a d a por el A rq u itecto Enrico P eresutti.

�27

�Al frente, el inglés M G. El Com ete a la derecha,
y el Sim ca, el Porsche y el Cunningham en la
parte posterior. El coche en último plan o, a la
derecha, es el Stu d eb aker 53, del que vemos
una parte.

Exposición de automóviles

28

D iez au to m ó v ile s a m e ric a n o s y euro p eo s de p o stg u e rra , d ise ñ a d o s p a ra la
p rod ucció n en m a s a , se p re se n taro n en la se g u n d a e xp o sició n . N in g u n o de
ello s fu é p ro d ucid o con fin e s p a rtic u la re s o de e x p e rim e n ta c ió n , y todos re v e ­
la n en sus lín e a s la in flu e n c ia del diseño ita lia n o . Dos tipos b ásico s de diseño
a u to m o v ilístic o pueden o b s e rv a rs e en la m u e stra , según lo s e ñ a la A . D re x le r,
C u ra d o r del D e p a rta m e n to de A rq u ite c tu ra y D iseño del M useo .
La e n v o ltu ra m e tá lic a de un coche, como las p a re d e s e x te rio re s de u n a c a s a ,
to m a su fo rm a del e sp a cio que e n c ie rra . Los d e ta lle s de la s u p e rfic ie de esta
e n v o ltu ra , como los de la fa c h a d a de un e d ific io , pueden s u g e rir por su u b i­
cació n y fo rm a la n a tu ra le z a del e sp acio e n c e rra d o . P ero , a d ife re n c ia de
un e d ific io , el a u to m ó v il se m u e v e , y e sp e ram o s u n a in d ica ció n sobre la d ire c ­
ción en que m ira n sus p a sa je ro s y la u b ica ció n de sus ru e d a s . En un c a so , la
c a ja de un coche re q u ie re el a g re g a d o de p arte s in d e p e n d ie n te s, g u a r d a ­
b a rro s , p a ra g o lp e s y fa r o s , p a ra in d ic a r la e s c a la y s e ñ a la r la d ire cció n . Por
lo ta n to , la s in terseccio n e s de los p lan o s de la c a rro c e ría son de e x tre m a im ­
p o rta n c ia p a ra el d is e ñ a d o r. Pero cu a n d o el cuerpo de un coche está tra ta d o
como u na e n v o ltu ra y m o d ela d o de m a n e ra que los p lan o s se p a ra d o s del
p iso , co stad o , fre n te y p a rte p o sterio r fo rm a n u na s u p e rfic ie co n tin u a , la
e sca la y la direcció n se o btien en g e n e ra lm e n te h acie n d o a b e rtu ra s en la
e n v o ltu ra , r a r a v e z a g re g á n d o le o tras p arte s.
Los coches e xh ib id o s re fle ja n c la ra m e n te estos tipo s de d ise ñ o . El C u n ­
n in g h a m 1952 (m odelo C -4 ), fa b ric a d o en los Estad os U n id o s con c a rro c e ría
d is e ñ a d a en Ita lia , a d o p ta en u n a m a y o r e s c a la m u ch as de la s c a ra c te rístic a s
del p equ eñ o coche spo rt ita lia n o . El S tu d e b a k e r 1953 es el único a u to m ó v il
de diseño y fa b ric a c ió n a m e ric a n o s . D ise ñ ad o por R aym o n d L o e w y , se d is tin ­
gue por se r el p rim e r coche n o rte a m e ric a n o que ad o p ta el diseño p a rtic u la r
de los a u to m ó v ile s e u ro p eo s. El La n c ia 1 9 5 1 , G ra n T u rism o , d ise ñ a d o por

�Puede verse al frente parte del coche inglés
Aston-M artin. Al fondo, de izq uierd a a derecha,
el fran cés Com ete, el alem án Porsche, el francés
Sim ca y el am erican o Cunningham .

Pin¡n F a r iñ a , se re v e la como uno de los coches de m a n io b ra m ás fá c il p ro ­
du cid o en g ra n e s c a la .
El C o m eta y el Ford 1952 fra n c é s tienen p ro p o rcio n es s im ila re s a las de los
coches a m e ric a n o s , pero el é xito de su diseño re sid e m ás en sus lín e a s s u a v e ­
m ente c u rv a d a s que en su ta m a ñ o y acceso rio s.
El in g lé s A sto n M a rtin , p a ra tu rism o y c a r r e r a , que co n se rv a los d e ta lle s de
los a u to m ó v ile s de p a s a je ro s , está p rese n tad o ¡unto con el M G . Este, d e s­
v iá n d o s e de su lín e a tr a d ic io n a l, o fre ce un m a y o r re p a ro co ntra las co n d i­
ciones c lim á tic a s y m a y o r e sp acio p a ra los e q u ip a je s . El N ash H e a ly , h a sido
d ise ñ a d o ta m b ié n por P inin F a riñ a . El a le m á n Porsche, con el m otor en la
p a rte p o ste rio r, es u na a d a p ta c ió n del fa m o so V o lk s w a g e n .
La e xp o sició n se re a liz ó en los ja rd in e s del M useo , p e rm itie n d o u n a a m p lia
p e rsp e c tiv a de los coches e x h ib id o s . Fué d irig id a por Jo h n W h e elo ck F re e m a n .
Frente a la cám ara el Studebaker 53. Del otro la ­
do de la pileta, de izquierd a a derech a, el AstonM artín , el Com ete, el Porsche y el Cunningham .
Detrás de éste se ve parte del Sim ca francés.

29

�Sobre algunas interferencias entre las artes
G illo D o rfles

P re scin d ie n d o de to da p o lém ica entre p a rtid a rio s de la
" fo rm a " y del "c o n te n id o ", en tre " e s p a c ia lis ta s " y "tem p o ra lis ta s ", y d a n d o por re su e lta c u a lq u ie r d ise n sió n e sté ­
tica q u e p u d ie ra su scita rse en tre e llo s, q u is ie ra e x a m in a r
el p ro b le m a de a lg u n a s in te rfe re n c ia s en tre las a rte s ,
e n fo c a d a s en su aspecto de c re a cio n e s e sta b le s, in trín ­
se ca s y p e rce p tib les.
El uso qu e h a ré , por lo ta n to , de c ie rta s p a rtic u la rid a d e s
lin g ü ístic a s y de c ie rta s v a lo ra c io n e s te m p o -e sp a cia le s,
sólo te n d rá por o bjeto la b ú sq u e d a de u na m a y o r p rofun d iza ció n en el co no cim iento y en el ín tim o m eca n ism o de
la fo rm a c ió n de las a rte s c o n s id e ra d a s . V e a m o s pues,
cómo se re la c io n a n dos d is c ip lin a s ta n d istin ta s y a p a ­
ren te m en te a je n a s entre sí como la m ú sica y la p in tu ra .
Los puntos de contacto en tre a m b a s son m ú ltip le s, y d u ­
ra n te m ucho tiem p o los in v e s tig a d o re s h an in te n ta d o po­
nerlos en e v id e n c ia . P o d ría n c ita rse n u m e ro sa s te n ta tiv a s
m ás o m enos c ie n tífic a s im a g in a d a s p a ra tra n s fe rir los
cán o n e s y leye s de la m úsica a la p in tu ra , o p a ra tra ta r
de id e n tific a r am b o s le n g u a je s, in v o c a n d o c ie rta s a n a lo ­
g ía s en tre e sca la cro m á tic a y e s c a la so n o ra , en tre v ib r a ­
ción a c ú stic a y v ib ra c ió n lu m in o sa . No es esto, sin e m ­
b a rg o , lo que hoy p ued e in te re s a rn o s , pues está y a com ­
p ro b ad o que la b a se de nuestro le n g u a je m u sical no está
en e x a c ta co rre sp o n d e n cia con la re a lid a d c ie n tífic a y con
las ley e s a c ú stic a s. Lo que d e m o s tra ría u n a v e z m ás la
in c o n c ilia b ilid a d que e xiste en tre cie n cia y a rte .
Q u is ie ra pues —d e ja n d o de lad o toda co n sid e ra ció n fis io ­
ló g ica y p sico ló g ica — a n a liz a r b re v e m e n te las re la cio n e s
e xiste n te s en tre las dos a rte s , ta l como se han d e s a r ro lla ­
do en los últim os tiem p o s.
La m ú sica m o d ern a se ha d e sta ca d o c a d a v e z m ás en su
aspecto rítm ico , tím b ric o y c o n tra p u n tístic o , a b a n d o n a n d o
o, por lo m enos, d e b ilita n d o el e d ific io a rm ó n ico a l que
se v e ía c e ñ id a desde v a rio s sig lo s a trá s .
P a rtie n d o del h ip e rcro m atism o w a g n e r ia n o , y a rrib a n d o
luego a l p o lito n alism o de S a tie y M ilh a u d , a l a to n a lism o
de H in d e m ith , y por fin a la s in ta x is d o d e c a fó n ic a de
S ch ó n b e rg , la m ú sica ha reco n q u ista d o e sa lib e rta d e x ­
p re s iv a que h a b ía p e rd id o a l so m eterse a las re g la s de
un se ve ro rég im e n to n a l. Puesto q u e , si la sín te sis to n ala rm ó n ic a h a b ía sido n e c e s a ria p a ra la e vo lu ció n del
le n g u a je m u sic a l, el h a b e r red ucid o to da la m u ltifo rm e
v a r ie d a d de los so nido s a las a r b it r a r ia s " e s c a la s " to n a ­
les fu é , in d u d a b le m e n te , un s a c rific io a rtific io s o .
A lg o a n á lo g o sucedió en el cam p o de las a rte s p lá stic a s
con el re d e scu b rim ie n to de la p e rsp e c tiv a lin e a l en los
u m b ra le s del R e n acim ie n to : se e stab le ció en la p in tu ra
una situ a ció n de d e p e n d e n c ia h a c ia la s leye s de la p e rs­
p e c tiv a , que d e b ía co n d u cir a l n a tu ra lis m o a c a d é m ic o del
siglo p a sa d o y que sólo con los im p re sio n ista s h a b ría
de e m p e z a r a d e s a p a re c e r. El pú b lico y los a rtis ta s te r­
m in a ro n por o lv id a r que h a b ia n tra n sc u rrid o larg o s añ o s
en la h isto ria del a rte sin que se h a b la s e de u n a p e rs­
p e ctiva lin e a l: ésta d esem p eñ ó en el te rre n o pictórico el
m ism o p a p e l de la a rm o n ía en el á m b ito m u sic a l.
Las le y e s a rm ó n ic a s , a u n in c ie rta s en la ép oca de los
p rim e ro s p o lifo n is ta s , d e b ía n h ace rse m ucho m ás s e v e ra s
con el tie m p o , p a ra c o m e n za r a d iso lv e rse con la a p a r i­

30

ción del h ip e rcro m atism o de fin e s del sig lo X IX . O tro
tanto ib a a su ce d e r con la p in tu ra re a lis ta b a s a d a en la
p e rs p e c tiv a , q u e p a rtie n d o de u na fa n ta s io s a re p re s e n ta ­
ción cu a tro c e n tista , se a c e rc a b a c a d a v e z m ás a las e stu ­
c a d a s fig u ra s del a c a d e m ism o del ochocientos.
Pero co m ie n zan en este m om ento las p rim e ra s rea ccio n es:
el im p re sio n ism o , a la b ú sq u e d a de u na re a lid a d lu m i­
n o sa , m ó v il, líq u id a , pero sie m p re en el á m b ito de una
re p re se n ta ció n de la n a tu ra le z a , d e s c a rg a el p rim e r g o lp e.
Luego el fa u v is m o , el fu tu rism o y el cub ism o conducen a
la descom po sició n de la im a g e n y a la inserció n de p rin ­
cipio s d in á m ic o s y te m p o ra le s en la fig u ra c ió n , tra ta n d o
de e n c o n tra r u n a razó n de ser p ictó rica in g é n ita en el
color puro y la fo rm a p u ra .
P a ra le la m e n te , en m ú sica , la in flu e n c ia to n al es e lim i­
n a d a , p rim e ro con un retorno a l a n tig u o m o d a lism o , luego
con los e xp e rim e n to s de los h e x a to n a lis ta s y fin a lm e n te
con el a to n a lis m o . A su v e z , las ú ltim a s te n d e n c ia s de la
p in tu ra y e scu ltu ra co ncreta pueden a s im ila rs e a las e x ­
p e rie n c ia s m u sica le s del d o d e ca fo n ism o . De esta m a n e ra ,
el cro m a tism o w a g n e ria n o p u ed e ser c o m p a ra d o con la
re vo lu ció n de los fa u v e s , el a to n a lism o de S tr a w in s k y y
de M ilh a u d a c ie rta s p in tu ra s de M a tisse y de los cu b ista s,
y la prod ucción de B e rg , S chó n b erg y W e b e rn a la s o b ra s
de V a n to n g e rlo o , M o n d ria n y v a n D o esburg.
En otros té rm in o s, si y a a lg u n o s cu b ista s, y an te s qu e ellos
M a tisse y a lg u n o s e x p re s io n is ta s g e rm a n o s , h a b ía n s a ­
bido h ace rse " tím b ric o s ", (m e s irv o de u n a p a la b ra to­
m a d a del le n g u a je m u sical p a ra in d ic a r la a fin id a d e x is ­
tente en tre el uso a c tu a l, e strid e n te y puro del co lo r, y la
u tiliza c ió n en la m ú sica m o d ern a de c u a lid a d e s p a rtic u ­
la re s e in d iv id u a liz a d a s de los in stru m e n to s) p e rm a n e c ía n
sin e m b a rg o lig a d o s a l o b jeto , a la re p re se n ta ció n fig u ­
r a tiv a del m ism o.
El e stu d io del "d e stin o fo rm a tiv o " in g én ito en el a rte co n ­
creto , y a d e sv in c u la d o de to d a c o m p la ce n cia f ig u r a t iv a ,
p ued e c o m p a ra rse con la in v e stig a c ió n q u e in ic ia ro n los
d o d e c a fo n ista s a c e rc a de la co nstitució n de la s e rie , de su
in v e rsió n y re tro g ra d a c ió n , de su e vo lu ció n h a c ia una
n u e v a y m ás co m p le ja e s p a c ia lid a d . (c fr. W . A d o rn o ).
V a lié n d o m e de arg u m e n to s a n á lo g o s , p o d ría s e ñ a la r las
a n a lo g ía s que e xiste n en tre m úsica y p o e s ía , a u n cu an d o
los estud io s so b re el p a rtic u la r resu lten m ucho m ás f r e ­
cuen tes. A u n q u e m ú sica y p o esía a p a re c ie ro n sie m p re
e stre ch am e n te v in c u la d a s , sus le n g u a je s son n etam en te
d istin to s y au tó n o m o s. La p o esía —con to da la im p o rta n ­
c ia que q u ie ra a trib u irs e a l elem ento so no ro — d e p e n d e de
su co ntenid o d e sc rip tiv o y de su s e m á n tic a , m ie n tra s que
en n in g u n a de la s o tras a rte s —y so b re todo en la mú1 s ic a — e xiste u n a id é n tica c a ra c te rís tic a . Lo dicho es ta m ­
bién v á lid o p a ra la p in tu ra y la e s c u ltu ra , que como y a
hem os s e ñ a la d o , h an podido lib ra rs e en nuestros d ía s de
la u rg e n cia fig u ra tiv o - re p re s e n ta tiv a a la que p e rm a n e ­
c ía n in d iso lu b le m e n te so m e tid a s.
De c u a lq u ie r m a n e ra , con e xce p ció n del puro elem ento
sonoro (q ue en p o esía no p ued e e x is tir s e p a ra d a m e n te
del s ig n ific a d o ) podem os e n c o n tra r otros puntos de co n­
tacto en tre las dos a rte s : ta l el elem ento rítm ico , e se n cia l
tanto a la u n a com o a la o tra , y que es c a p a z de d a r
o rig e n por sí solo a l d esp un te in ic ia l de un po em a (com o
tu vie ro n y a qu e a fir m a r Ellio t y V a lé r y ). De un ritm o lite ­
ra rio " p riv a d o de s ig n ific a d o " puede en seg un d o térm in o
s u rg ir en la m ente del poeta la im ag e n v e rb a l-s e m á n tic a
c o rre sp o n d ie n te . Y , como a fir m a Ellio t: "U n po em a puede
te n d er a r e a liz a rs e de la m ism a m a n e ra que un ritm o
p a rtic u la r, a n te s de que a lc a n c e u n a e xp re sió n en p a la ­
b ra s ; y este ritm o p ued e d a r o rig e n a la id e a y a la im a ­
g e n ". O tro e je m p lo , —si fu e ra n e c e sa rio — de la u rg e n cia
|de ab stra c ció n p rese n te, no sólo en las a rte s v is u a le s , sino
en la lite ra tu ra .

�Los e je m p lo s de c o rre sp o n d e n cia entre so nido s y p a la ­
b ra s , en tre ritm os m u sic a le s, poéticos y p lástico s son In f i­
nitos, pero debo lim ita rm e a a lg u n a s b reve s aco tacio n es
so b re el p a rtic u la r, pues me fa lta to d a v ía a n a liz a r a lg u ­
n as in te rfe re n c ia s en tre m úsica y a rq u ite c tu ra .
M u ch as son las c a ra c te rístic a s com unes a la s dos a rte s:
a m b a s d e riv a n de la m á x im a a b stra cció n que el intelecto
c re a d o r p u ed a c u m p lir, fu e ra de c u a lq u ie r re p re se n tació n
o b je tiv a , fu e ra de c u a lq u ie r hecho d e sc rip tiv o ; en la b ase
m ism a de su crea ció n e xiste un juego n u m é rico , u na r e la ­
ción de c ifra s y m ó d ulo s; a m b a s , en f in , son fo rm a s de
a rte que n ecesitan se r " p e n e tra d a s " : se p e n e tra en el
u n ive rso sonoro de u n a s in fo n ía de la m ism a m a n e ra que
se e n tra en una c a te d ra l, y luego se o b se rv a desde el e x ­
te rio r e sa m ism a c a te d ra l como se escu cha "d e sd e el e x ­
te rio r" ese fra g m e n to m u sica l. El estud io de la p la n ta , la
fa c h a d a o la proyecció n o rto g o n al de un e d ific io co ns­
titu y e , en cierto se n tid o , el e q u iv a le n te de la lectura de
una p a rtitu ra , a n te rio r o p o sterio r a la a u d ic ió n so n o ra .
En cu an to a las re cíp ro ca s in flu e n c ia s de e stas dos a rte s,
creo que el a n á lis is de un p e río d o como el b arro co resu lta
de lo m ás provecho so p a ra e v id e n c ia r un punto de co n­
tacto p a rtic u la rm e n te s ig n ific a tiv o entre los dos le n g u a je s.
En e fecto , el b arro co intro d u ce d entro de los ríg id o s e s­
q u e m a s de la a rq u ite c tu ra del R e n acim ie n to , co nceb id a
de a cu e rd o con un crite rio estático y a rm ó n ic o , la dúctil s i­
n u o sid ad de la lín e a " m e ló d ic a " . El a rq u ite cto b arro co
—puede de cirse sin m e tá fo ra s — " re fo rz ó " sus p la n o s, sus
e d ific io s , y yo sostengo que se in ic ia ju sta m en te con el
b arro co la n u e va lín e a a rq u ite c tó n ic a que h a b rá de
tr iu n fa r en nuestros d ía s : la a rq u ite c tu ra en donde el e s­
p acio se fra g m e n ta , se p o lim e riz a , y a b so rb e en sí el
elem ento te m p o ra l que hace del e sp acio de Euclides un
e sp a cio d in á m ic o a n á lo g o al m u sica l.
En cu an to a las re la c io n e s entre a rq u ite c tu ra y a rte s v is u a ­
les (o p lá s tic a s ), é stas fu ero n sie m p re a d m itid a s , h asta el
punto de que el e stu d io de la a rq u ite c tu ra v in o a e n g lo b a r­
se en el de la p in tu ra y e scu ltu ra , co n sid e rá n d o se a q u é lla
un d e riv a d o de é sta s. A mi p a re c e r, u n a d istinció n entre
e lla s es to d a v ía ú til, pese a la e x is te n c ia de m uchos p u n ­
tos en co m ú n . H oy, en e fecto , ta l d istinció n se ha hecho
to d a v ía m ás d ra m á tic a : la a rq u ite c tu ra se ha lib e ra d o de
las su p e r-e stru ctu ra s de la d e co ració n y la e s c u ltu ra , es
d e c ir, se ha se rv id o de e lla s m an te n ie n d o d ife re n c ia d a s
las e stru c tu ra s. Por o tra p a rte , son p recisam e n te las o tras
dos a rte s las que han e x p e rim e n ta d o n o tab lem e n te el
in flu jo de la a rq u ite c tu ra (b a sta p e n sa r en las o b ra s de
un P e v s n e r, un B ill, un G a b o , un M u ñ a n ); a p a rtir de la
época del B a u h a u s , la in flu e n c ia de la a rq u ite c tu ra en el
tra b a jo pictórico y p lástico se ha hecho sie m p re m ás in ­
te n sa . Y sin e m b a rg o , si u na sín te sis de las a rte s en el
sentido e x p re s a d o por Le C o rb u sie r puede ser d e se a b le ,
' no h a y que o lv id a r que s e ría e x tra o rd in a ria m e n te d a ñ in o
que la p in tu ra y la e scu ltu ra p e rd ie ra n su c u a lid a d de
cre a cio n e s a rtís tic a s au tó n o m a s, que pueden y deben v i ­
v ir ta m b ié n al m a rg e n de todo sostén e d ilicio . En o tras
p a la b ra s , el estud io de las in te rfe re n c ia s entre dos leng u a je s artístico s p ued e ser de e xtre m o in terés y de g ra n
u tilid a d , pero debem o s re c o rd a r que la a p a re n te sum isión
de un a rfe a los cán o n e s de o tro, se ha d e b id o ú n ic a ­
m ente a la p re p o n d e ra n c ia a s u m id a por este ú ltim o en
una ép o ca d e te rm in a d a . Porque e x is te n , y han e xistid o
sie m p re , p e río d o s en los que u na d isc ip lin a a rtís tic a ha
e je rcid o un p red o m in io ab so lu to sobre las o tra s, g u iá n ­
d o la s, e n d e re z á n d o la s y h asta so fo c á n d o la s, p a ra ce d er,
en u na época s u c e s iv a , su lu g a r a o tra que fu é a su
ve z la d u e ñ a d e sp ó tica de otro p erío do c u ltu ra l. Y es en
este a lte r n a r e in te rfe rir de los le n g u a je s a rtístic o s, que
se v ene d e s a rro lla n d o la
h isto ria de la c iv iliz a c ió n
hum ana.

ARTECNICA
O
O
O

© gamma
luz localizada
o
o

o
o

o
o

o
o
o
o
viamonte 1481 6? A t. e. 41-7853

(

31

�Corte diag o nal de

Una nueva unidad estructural

la

bóveda

y

su unión

con

,a columna

A rq u ite c to A m a n d o W illia m s
In g . a se so r Ju lio P izzetti

C o la b o ra d o re s: J. S a a l, H. Toscano, D. Schnelder,

N.

Fedullo

El uso del horm ig ón en la construcción de e d ific io s d a ta , como se s a b e , de
fin e s del sig lo p a sa d o . El re d e scu b rim ie n to del h o rm ig ó n y su p o ste rio r u ti­
liza c ió n como c o n g lo m e ra n te del h ie rro , c a ra c te riz a n todo el p e río d o de
la a rq u ite c tu ra que v a del 19 00 a 1 9 2 0 . A u g u sto P e rre t, en 1 9 0 3 , con su
c a s a de la ru é F r a n k lin , es el p rim e ro en v a le r s e del h o rm ig ó n com o m edio
^e e xp re sió n a rq u ite c tó n ic a . A p a rtir de ese m o m ento , la té cn ica del n uevo

material evolucionará rápidamente, produciendo en estos últimos años, crea-

Una de las bóvedas e n sa y a d a s y su arm a d u ra .
Esca la 1:10.

32

�ciones q u e, como la b ó ve d a c á s c a ra , a p o rta n n u e v a s solu cion es co n stru ctivas
y p lá stic a s a la a rq u ite c tu ra m o d e rn a .
M uchos facto re s d e te rm in a n el curso de este proceso: la co m p ro b ació n del
c a rá c te r m o no lítico de las e stru ctu ra s de h orm ig ón a rm a d o es uno de ello s.
En un p rin c ip io , los m étodos de cálcu lo se re a liz a b a n c o n sid e ra n d o la e s­
tru ctu ra fo rm a d a por só lido s p rism á tico s, v ig a s o c o lu m n a s, s im ila re s a las
de h ie rro o m a d e ra . Se im ita b a en su aspecto fo rm a l a la s co nstruccio nes
re a liz a d a s con estos m a te ria le s , y por m edio del cálcu lo teórico se ó b te n ía
el d im e n sio n a m ie n to de los elem ento s del e d ific io . En ca m b io , al co n sid e ­
ra rs e la e stru ctu ra ac tu a n d o como un co njunto ú nico , se hace po sib le la co ns­
trucción de la b ó ve d a c á s c a ra , que a p ro v e c h a a l m á x im o el v a lo r e stru ctu ra l
que p uede a d q u ir ir u na lá m in a resistente con un diseño a d e c u a d o . El pro-

A rm ad u ra de la bóveda de en sayo n"? 7.

b lem a de la fo rm a re v iste a s í una im p o rta n c ia fu n d a m e n ta l en este tipo de
e stru c tu ra s, que se p ro ye ctan y e n s a y a n e xp e rim e n ta lm e n te con a n te rio rid a d
a l cálcu lo teó rico , que es sólo de v e rific a c ió n .
En el caso que nos o cu p a , se h a lo g ra d o u na b ó ve d a c u a d ra d a de 13 m etros
de lad o y 4 cen tím etro s de esp eso r. C a d a u n id a d resiste c a rg a s e x tr a o r d i­
n a r ia s y puede m a n te n e rse en e q u ilib rio por sí m ism a sin n ece sid ad de n in ­
gún punto de contacto con la s o tra s b ó ve d a s que fo rm a n la e stru c tu ra .
O fre c e m u y poca re siste n cia a l v ie n to y tie n d e a d e s c a rg a rs e de peso por
acció n del m ism o . La d ila ta c ió n té rm ic a , tanto en u n id a d e s a is la d a s como
en una se rie de e lla s , re su lta a b s o rb id a por la e la s tic id a d que a d q u ie re la
b ó ve d a en ra zó n de su fo rm a . Las u n id a d e s se u san a is la d a m e n te o en d is ­
tin ta s co m b in a cio n e s. El techo fo rm a d o por un conjunto de b ó ve d a s pued e
c a la rs e su p rim ie n d o p arte de a lg u n a de e lla s , sin que esto a fe c te el e q u i­
lib rio de la e stru c tu ra .

33

�Parte superior de una colum na.

Sirve de v á l­

vu la de segu rid ad de desagüe.

Entre o tras a p lic a c io n e s , esta u n id a d e stru ctu ra l se rá u tiliz a d a por el a r q u i­
tecto A m a n c io W illia m s en la construcción de tres h o sp ita le s que se le v a n ta ­
rá n en M b u ru c u y á , p ro v in c ia de C o rrie n te s, do n d e por ra zo n e s c lim á tic a s y
por las n ece sid ad e s del p ro yecto , es preciso co n stru ir un techo alto que d e ­
te rm in e u n a zo n a c e rra d a y p e rm ita la ilu m in a ció n y v e n tila c ió n ce n ita l de
los d iv e rso s se rv icio s h o s p ita la rio s . Los h o sp ita le s co nstitu yen u na p e q u eñ a
c iu d a d con todos sus se rv icio s u b ica d o s b ajo el techo: h a n g a re s , g a ra g e s ,
p a b e llo n e s, ta lle re s , etc.
Es in te re sa n te c o m p ro b a r la c o in cid e n cia en la so lución de do ble techo al
Corte

V ista del hospital de M burucuyá.

34

p arcial

de uno de los hospitales donde
se utilizan las bóvedas.

p ro b le m a p la n te a d o por la a lta lu m in o s id a d , in te n sid a d c a ló ric a y g ra n d e s
llu v ia s , en tres g ra n d e s proyectos e je cu tad o s casi sim u ltá n e a m e n te . Nos re fe ­
rim o s al de Le C o rb u s ie r, c iu d a d de C h a n d ig a r , P u n ja b , a l de Jo sé Luis Se rt,
p la n e a m ie n to s u rb a n o s p a ra C o lo m b ia y éste del a rq u ite cto W illia m s en la
p ro v in c ia de C o rrie n te s.

�N ace en Buenos Aires. Arquitecto. Proyectos, obras y estudios: 1942: "V iv ie n d a s en el espacio ",
en colaboración con su esposa Arq. Delfina G . de W illia m s, Asesor: Arq. Jorge V ivanco. 1942-43:
" S a !a de conciertos". 1943: Conjunto de blocks. Aplicación del proyecto de vivien das anterior
a un gran conjunto. 1943-46: " O b ra M ar del P la ta ", en colaboración con su esposa. 1944: Trabajos
sobre transportes y com unicaciones. 1945: Proyecto "A ero pu erto de Buenos A ires". 1946: Proyecto
de edificio p a ra o ficin as, suspendido pof tensores m etálicos.
Estructura de hormigón arm ado
construida en obra. 1946-48: T rab ajo s de p laneam iento nacional p a ra el M inisterio de Salud
Pública de la N ación; planeam iento de la P ata g o n ia; planeam iento de la ciudad de Buenos Aires
en relación al p a ís y al continente; p'aneam iento regional del Delta; p laneam iento de la ciudad de
Corrientes y su región, etc. Después de 1948: barco pa ra catastro san itario , proyectos p a ra tres
hospitales en la provincia de C orrientes, estudio de div e rsas estructuras utilizando diversos m ate­
riales plásticos, etc.

Intensa ob ra docente en su taller.

Erich Mendelsohn

Con la muerte del arquitecto alem án Erich
M endelsohn, ocurrida el 15 de setiembre de
1953 en el hospital de M. Zion (Los Angeles),
se cierra un im portante cap ítulo en la evolu ­
ción de la arquitectura m oderna. Su vid a pro­
fesional transcurre entre 1914, año en que co­
m ienza a fe ch ar sus célebres esquicios, hasta
los últimos tiem pos, en que proyecta d iversas
sinago gas en los Estados Unidos. En este Ínte­
rin de casi cuarenta años, de sa rro lla un trab ajo
fecundo por su libertad inventiva y espíritu
creador. A través de sus ob ras, v a renovando
técnicas y concepciones del espacio , otorgando
un m atiz nuevo a la noción de "h a b ita t" .
Erich Mendelsohn nace en Allenstein (Prusia
O riental) el 21 de m arzo de 1887. En 1914,
durante la gu erra y estando en la trinchera,
com ienza a d a r form a a sus prim eras obras.
A fines de 1918, firm ad o el arm isticio, ab re su
estudio y se convierte, por su trab ajo y a ctivi­
dad teórica, en uno de los principales a d alid e s
del expresionism o. La Torre de Einstein (1919)
constituye un testim onio de esa etap a. En 1923
v ia ja a Palestina y en el mismo año publica un

folleto: "D inám ica y fu nción ", que es su prin­
cipal obra teórica de la prim era postguerra. En
1924 llega a los Estados Unidos y poco después
publica "A m e rik a ", su difundido libro. Entre
1925 y 1927 re aliza v a ria s tiend as p a ra la fir ­
ma Schoken, que constituyen aportes sustan cia­
les p a ra la técnica de construir.
Los años que van de 1928 a 1931 son los de sus
ob ras cum bres, ya en fran co racionalism o : la
Colu m bu shau s, su casa en Ruperhorn y la s tien­
d as Schoken en Chem nitz.
En los año s posteriores se m ultiplican los en car­
gos, pero en 1933, con la lle g a d a de Hitler al
poder, se trunca la carre ra y la ob ra de M en­
delsohn. Se tra sla d a , entonces, a In glaterra y
luego a Palestina, donde tra b a ja activam ente
y lleva a la práctica su proyecto de hospitalescuela modelo " H a d a ss a " . En 1941, luego de
v ia ja r por Medio O riente, India y S u d á frica , se
rad ica en los Estados Unidos, donde prosigue
su tare a . A llí com ienza re aliza n d o el hospital
M aim ónides. La muerte lo sorprende cuando se
dispone a construir v a ria s sinago gas y publicar
" A contem porary philosophy of architecture".

35

�Exposiciones del grupo de Artistas Modernos de la Argentina

El "G ru p o de A rtis ta s M o d e rn o s", que reú ne a los pintores y escu lto res a r g e n ­
tinos de o rie n tació n estética m ás a v a n z a d a , a c a b a de e x p o n e r en el "M u seu
de A rte M o d e rn a " de Río de Ja n e ir o y en el "S te d e lijk M u se u m " de Am ste rd a m . En am b o s lu g a re s , los sectores m ás c a lific a d o s del p ú b lico , de los
a rtis ta s y de la crític a han estad o de a cu e rd o en reconocer la je r a r q u ía de
los tra b a jo s e xp u e sto s. Puede a v e n tu ra rs e , sin á n im o de re sta r v a lo r a las
q u e se h a y a n re a liz a d o con a n te rio rid a d , que n un ca u na m u e stra a rg e n tin a
en el e x te rio r ha sido o bjeto , como en estos dos caso s, de a c o g id a m ás f a v o ­
ra b le . Este reco n o cim ien to in te rn a c io n a l, cu y a s ig n ific a c ió n , por cie rto , no
p reten d em o s e x a g e r a r , p ru e b a la m a d u re z a lc a n z a d a en n uestro p a ís por
las te n d e n cia s m ás re n o v a d o ra s del a rte a c tu a l, en p a rtic u la r, por la s a b s ­
tra c ta s y co n cretas, q u e son las d o m in a n te s en el g ru p o . La re v is ta " n v "
h a co n sid e ra d o o po rtu n o d o cu m e n tar estas dos e xp o sicio n e s y u n a te rce ra
r e a liz a d a no h ace m ucho en Buenos A ire s .
J . A . F e rn á n d e z M u ro , C la u d io G ir ó la , S a ra h G rilo , A lfre d o H lito , Enio
lo m m i, To m ás M a ld o n a d o , M ig u e l O ca m p o y Lid y P rati son los m iem b ro s
del " G ru p o de A rtis ta s M o d e rn o s". Con m o tivo de la e xp o sició n de Río de
Ja n e ir o y A m s te rd a m , fu ero n in v ita d o s los pinto res R a fa e l O neto y Clorin d o T esta.

Río de Janeiro

El "M useu de Arto M od ern a" está habilitado,
provisoriam ente, al pie del edificio del M iniste­
rio de Educación. Su directora, la Sra. N iom ar
Sodré, fué la o rg a n iza d o ra de la exposición.

A. Fern án dez M uro y A lfredo Hlito

36

foto M akarius

�A lfredo Hlito

Enio lom m i,
O cam po

Lidy

Prati,

C laudio

G iró la

y

M.

M aldon ad o y Fernández Muro

37

�La realizació n de la m uestra en Am sterdam se
debió, en gran p arte, a la iniciativa del Sr. J.
van A s, A g re g ad o de Prensa de la Legación de
los P aíses Bajos. El m ontaje y la tip o g rafía del
catálogo — p refaciad o por el crítico argentino
Jorge Romero Brest— estuvieron a cargo del
Sr. Sand b erg , director del y/Stedel¡jk M useum ".

La letra ''a'' (" a c h í argentijnse ab stracten ":
ocho abstractos arg entinos), signo de la e xp o ­
sición, fué tam bién u tilizad a en la ta p a del
catálogo.

El uso del color en la p in tu ra conduce a l d o m in io de la e n e rg ía . El color no
es sólo b e lle z a . Es ta m b ié n e n e rg ía .
El uso del color en la p in tu ra , como el uso del so nido en la m ú sic a , d ep end ede leye s fís ic a s . De h a b e r en te n d id o m ejo r esta d e p e n d e n c ia , los pintores se
h u b ie ra n a h o rra d o m ucho ca m in o . Pues si reconocem os que es sólo en cuanto
a rtis ta que el h om bre puede ig u a la r a la n a tu ra le z a en su fu n ció n c re a d o ra ,
re su lta e vid e n te q u e la o b ra de a rte d eb e r e a liz a rs e con proced im ien to s
d irecto s, sin po ner el color a l s e rv icio de prop ósitos que le se an a je n o s . Con
ra zó n dice Theo v a n D o esb urg : " D u ra n te sig lo s los recursos del a rte pictó­
rico han sido a b u sa d o s y p ro fa n a d o s con fin e s distintos a los e stricta m en te
p lástico s. El a rtis ta m o dern o los ha re h a b ilita d o " .
En la a c tu a lid a d , m erced a la cre a ció n a b so lu ta de fo rm a s (A b so lu te G estalfu n g ), la p in tu ra d escub re lo q u e en la m úsica se sa b e desde h ace tie m p o .
Por d e s g ra c ia , g ra n p a rte del p ú b lico no lo e n tie n d e a s í. Tam p o co m uchos
a rtis ta s . Se desconoce n eciam e n te el v a lo r de la e x p e rie n c ia e sté tica . P e rm í­
tasem e c ita r a q u í, por se g u n d a v e z , a Theo v a n D o esburg: "E s a tra v é s de la
e x p e rie n c ia estética que el a rtis ta re cre a la r e a lid a d ; pero n un ca según la
n a tu ra le z a , sie m p re según el a rte " .
H oy, con todo, som os testigo s de u na e x tr a o r d in a ria e vo lu ció n a rtís tic a .
Desde fin e s del sig lo X IX y p rin cip io s del X X , el a rte a v a n z a con in u s ita d a
ra p id e z y v ig o r, in flu yé n d o n o s a c tiv a m e n te , c a u tiv a n d o a m uchos e sp íritu s.
Si los nuevo s hechos a rtístico s nos im p re sio n a n de este m odo, se d e b e , en
ú ltim a in s ta n c ia , a que co n tra sta n con un la rg o perío d o de d e clin a ció n y
a p a t ía . H a b la r d e ta lla d a m e n te sobre la s c a u sa s que m o tiva ro n ta l d e c a d e n ­
c ia de la s a rte s v is u a le s , nos lle v a r ía , por sup uesto , fu e ra del m arco de esta
d ise rta c ió n . No o b stan te , v o y a re fe rirm e , a u n q u e se a sólo b re v e m e n te , a
a lg u n a s de e lla s .
A p a rtir del d e scu b rim ie n to de la p e rsp e c tiv a el a rte co m enzó , poco a poco,
a d e c lin a r. He a q u í a lg u n a s de sus c a u s a s :
Con la p a la b ra R e n acim ien to se d e sig n a por lo g e n e ra l sólo u na te n d en cia

38

Discurso inaugural
V o rd e m b e rg e - G ild e w a rt
Discurso in au gu ral pronunciado por
g e -G ild ew a rt en la exposición del
artistas m odernos de la A rg e n tin a "
M unicipal de

M aldon ad o y Fernández Muro

V ordem b er­
"G ru p o de
en el Museo
Am sterdam .

�en el a rte y en la h isto ria del a r te ; p ero , en las c ie n c ia s , esta te n d e n cia tiene
m uch a m a y o r s ig n ific a c ió n .
Rom a e ra el centro del m undo , es d e c ir, "c e n tro -c e n tra l-sim e tría -p o d e río ", pero
u na c a d e n a de d e scu b rim ie n to s a lte ró to talm e n te el concepto del m undo.
C ito , so m e ra m e n te , los p rin c ip a le s d e scu b rim ie n to s.
Leo n ard o d a V in c i siste m a tizó la p e rsp e ctiv a c o n te m p o rá n e a m e n te a l d escu ­
b rim ie n to de A m é ric a . El d e scu b rim ie n to de la im p re n ta es ta m b ié n un p ro ­
greso en el e sp a cio : la razó n co n q u ista el e sp acio . C o p é rn ico coloca el sol
en el centro del sistem a p la n e ta rio . K ep le ro in v e n ta el telesco pio a stro n ó ­
m ico: o tra co n q u ista del e sp a cio . Y cu a n d o en 16 09 G a lile o , por m edio de
un c a ta le jo de su in v e n c ió n , lo g ra o b s e rv a r la e n tra d a de b arco s en el
puerto de V e n e c ia , que no se a lc a n z a b a a v e r a sim p le v is t a , el esp acio
h a b ía sido d e fin itiv a m e n te d e scu b ie rto .
¡N o es a d m is ib le que to d as e stas n u e v a s se n sacio n e s no h a y a n tenid o in ­
flu e n c ia so bre el arte ! La in flu e n c ia e je rc id a se cu m p lió , sin e m b a rg o , a
tra v é s de recurso s de ilu sió n , d e s fa v o ra b le s a la a u té n tic a a c tiv id a d c re a d o ra .
D entro de esta c u rv a descen d ente e xiste n m uch as e ta p a s de im p o rta n c ia ,
o tras de in a c c ió n , pero n in g u n a de in tro sp e cció n , re c a p a c ita c ió n o au to co n ­
trol. En lo que a l a rte se re fie re , el sig lo X IX , de tan b rilla n te s é xito s en el
cam p o de las c ie n c ia s fís ic a s , p rese n ta un aspecto d e so la d o r. En re a lid a d ,
es im p o sib le h a b la r de v e rd a d e ra a c tiv id a d c re a d o ra .
Pero ¿ p o r qué el a rte es tan se v e ra m e n te c a stig a d o ? ¿ C u á le s son las c a u sa s
de esta d e c a d e n c ia ? Pueden co m p ro b arse dos fa cto re s en el estud io de
esta d e c a d e n c ia :
1) la p e rs p e c tiv a , que o rig in a la tra ic ió n al p lan o .
2) el a d v e n im ie n to del v irtu o sism o , cu y a re lació n con la p e rsp e c tiv a es
e vid e n te .
La p in tu ra ha d e b id o p a g a r un alto p recio por su re n u n cia m ie n to a l p lan o .
C o n v ie n e re c o rd a r que el p lan o h a b ía sido resp e ta d o por las g ra n d e s cu l­
tu ra s a tra v é s de los sig lo s. R eco rdem o s, a l p a s a r, q u e los fo nd os o ro , p re fe ­
rid os en v a rio s p e río d o s, e x p re s a b a n en fo rm a id e a l la v o lu n ta d del planism o. El p la n o , de por s í, n un ca p uede te n e r c a rá c te r im ita tiv o .
La lín e a descen d ente del a rte se in te rru m p e a fin e s del sig lo X IX y p rin cip io s
del X X . El "im p re s io n is m o " y el " Ju g e n d s til" p ro vo can una re c a p a c ita c ió n
y re o rie n ta c ió n . El "im p re sio n ism o " e m p ie za por re sp e ta r las leye s p ictó ricas
del p la n o . Sus p in tu ra s " a u p lein a ir " co n sistían a m enudo en f ija r so bre la
te la el in sta n te de un m o vim ie n to ; en o tras p a la b ra s , la o b ra " im p re s io n is ta "
d e b ía te n e r fo rz o sa m e n te u na ejecución r á p id a . Si p a ra lo g ra r esta fin a lid a d
e n tra b a n en juego el pincel grueso y el fre n e s í en la re a liz a c ió n p lá s tic a , ta le s
elem ento s e sta b a n p le n am e n te ju stific a d o s en el "im p re s io n is m o ". En c a m ­
bio, en las e xp re sio n e s a rtís tic a s que le s ig u ie ro n , el pincel grueso y el fre n e sí
p a sa ro n a ser elem ento s tan peligro sos com o, siglos a n te s, lo fu é la p e rs­
p e c tiv a . Lo cierto es que c u a lq u ie r recurso o tecnicism o es ene m ig o de la
crea ció n (G e sta ltu n g ) c u m p lid a con h o n e stid ad y rig o r.
El R e n acim ien to se v ió o b lig a d o a a b a n d o n a r los p rin cip io s a rtístico s de la
Ed ad M e d ia . Los que v iv im o s en el sig lo X X debem os tr a ta r , b asá n d o n o s
en las p o sib ilid a d e s p rese n tes, de lle g a r a nuevo s re su lta d o s. A p e sa r de
to d as las co n fu sio n es re in a n te s en n uestra é p o ca , no puede n e g a rse q u e,
desde hace 30 ó 40 a ñ o s, u n a g ra n revo lu ció n a rtís tic a se está cu m p lie n d o .
D espués del estrep ito so triu n fo del pseudo a rte y del fa ls o p atetism o , s u r­
giero n e x p lo ra d o re s del n uevo a rte , como S u lliv a n , v a n de V e ld e , los fu tu ­
ris ta s , cu b ista s y los a rtis ta s del "D e S tijl" , q u ien es cre a ro n un m undo e s p i­
ritu a l y a rtístic o de c a ra c te rístic a s in é d ita s, un m undo q u e , de acu e rd o con
sus p ro p ia s le y e s, ha co n fo rm a d o una n u e v a re a lid a d e stética .
Con la a y u d a del n uevo " a b e c e d a rio v is u a l" la b e lle za re sp la n d e c e en
fo rm a sim p le y d irecta y en la m a y o r a rm o n ía . D e s a p a re c ie ro n , p u es, el
p atetism o y las a b s u rd a s e x a g e ra c io n e s .
El a rtis ta a c tú a , a h o ra , en fo rm a c re a d o ra y a la v e z r e fle x iv a . A l a d o p ta r
esta actitud se co nstitu ye en co n tin u a d o r de la tra d ic ió n del a rtis ta p re re n a ­
ce n tista . Los a rtis ta s a p o d a d o s " R a d ik a lin s k y " (re v o lu c io n a rio s) so n, por
p a r a d o ja , los h ere d ero s de la tra d ic ió n . Esto im p lic a , sin d u d a , u n a s a lu ­
d a b le re co n ciliació n con el p a s a d o ; coloca al h om bre cre a d o r en el lu g a r
do nde la re fle x ió n n un ca es e n e m ig a del a rte .
C r e a r, in d a g a r e id e a r son a c tiv id a d e s a rm ó n ic a m e n te p a r a le la s . El dicho
"el p in to r se h ace en la p rá c tic a " me p are ce p u e ril. T o d a v ía h o y, tanto
en tre a rtis ta s como entre a m a n te s del a rte , se co n sid e ra la fo g o sid a d p ic­
tó rica como un m edio de e v a lu a c ió n y un a trib u to in d isp e n sa b le del a rte .
U na p in tu ra que no te n g a rastro s de la m an o del a rtis ta es re c h a z a d a
como m e z q u in a y a n é m ic a . La re a lid a d , en c a m b io , es m u y o tra .
Las p a la b ra s de P au l K lee : "E l a rte no rep ro d u ce lo v is ib le , h ace lo v is ib le " ,
son a ú n a c e p ta d a s . O tro in n o v a d o r, el arq u itecto y p e n sa d o r a m e ric a n o

F rie d e l V o rd e m b e rg e -G ild e w a rt
Pintor, escultor, poeta, publicista, g ráfico y e d i­
tor. N ace en O snabrü ck (A lem an ia).
Estudia
escultura, arquitectura y tip o g rafía en Hannover ("K unstgew erbesch ule" y "Technische Hochschule"). 1919: se une al grupo d a d a ísta . Am is­
tad con Schw itters. Films abstractos en 1920.
Expone en el "Stu rm ": 1923-1924. Desde 1919
hasta 1935 reside en Hannover. 1924: grupo
"S tijl". 1929: expone en P arís, G a le rie Povolotzky.
1932: "A bstractio n-C réation -A rt non-fig u ratif" en P arís. 1931: representa a A le m a ­
nia en el "C o n g rés p rep arato ire du musée contem porain" en La S a rra z, Su iza. 1934: exp o si­
ciones en Roma y M ilán. 1936: v ia je a Berlín.
1937: Su iza. 1938: se rad ica definitivam ente en
Am sterdam . Es autor de un libro de poem as:
"M illim iter und gera d e n "
(Editions D u w aer,
Am sterdam , 1940). Sus obras figuran en las
principales colecciones p riv a d a s y m useos de
Europa y Am érica.

1954: prem io adquisición en
la II Bienal de Sao Paulo.

39

�S u lliv a n , a lre d e d o r de 1 8 8 5 , logró d e m o stra r, m e d ia n te su c o n sig n a : " la
fu n ció n im pon e la fo rm a " , que lo o rg á n ic o es un elem ento in d isp e n sa b le
en la crea ció n de la fo rm a (G e s ta ltu n g ). Por lo ta n to , q u isie ra h ace r n o tar
de in m e d ia to que debem o s c u id a rn o s de a s o c ia r el concepto de lo o rg án ico
so la m e n te con el proceso de crecim ie n to del h o m b re, de la p la n ta o del
a n im a l. El n acim ie n to de u n a o b ra de a rte es ta m b ié n un proceso de
crecim ien to .
El fu n c io n a lis m o , en cuanto siste m a , se a p o y a en la re fle x ió n , de a h í que
la re fle x ió n y la e co n o m ía de recursos co n stitu ya n los puntos de p a rtid a
de to da a c tiv id a d c re a d o ra de fo rm a s (G e sta ltu n g )
La " id e a de la im a g e n " (B ild -ld e e ) tiene su o rig e n en el color y no a la
in v e rs a . C o lo r es e n e rg ía como es e n e rg ía ta m b ié n la lin e a . D espués del
caos de los fa ls o s e stilo s, la sen te n cia de H en ry v a n de V e ld e , fo rm u la d a
en 1 8 9 0 , a su m e un sentido p ro fético : " L a lín e a re p re se n ta u na fu e rz a que
ac tú a como to das las fu e rz a s e le m e n ta le s. La lín e a es u na fu e r z a , y d e riv a
d ich a fu e rz a de la e n e rg ía de q u ien la tra z ó " .
A h o ra , c u m p lid a y a la re d e fin ic ió n de los elem ento s b ásico s, p ued e de cirse
lo m ism o del co lo r. El co lo r, lib e ra d o de todo la s tre , o p e ra a c tiv a m e n te :
este co lo r, por e je m p lo , no s ig n ific a n a d a , ni a q u é l, ta m p o co ; es lo que
v iv e entre am b o s lo m ás im p o rta n te , es decir-, la re la c ió n .
Y con esto lleg a m o s a un punto p a rtic u la rm e n te crítico . En el fo n d o , com ­
p ro b am o s que y a no e xiste m ás el p rin cip io de la fo rm a , sólo e xiste la
crea ció n (G e sta ltu n g ). Es el v a lo r de las re la cio n e s entre los co lo res, de
las tensio nes que en tre ello s se e sta b le c e n , lo v e rd a d e ra m e n te im p o rta n te .
Las tensio nes d eben ser a p re h e n d id a s no sólo de un m odo v is u a l sino
ta m b ié n a u d itiv o .
La cre a ció n a b so lu ta por m edio del color se r e a liz a , como a c a b a m o s de
d e c ir, a tra v é s de la e n e rg ía . Estas e n e rg ía s son d e lic a d a s o ru id o sa s, e le ­
g an te s o g ro se ra s , su tiles o v io le n ta s . De a h í que co n v e n g a h a ce r un m in u ­
cioso e x a m e n del e sce n a rio donde se producen estos a co n te cim ien to s: el
p lan o pictórico.
Es la fo rm a del p lan o pictórico (su " fo rm a to " y su ta m a ñ o ) lo que co nstitu ye
el punto de p a rtid a de la creació n p ictó rica (B ild g e sta ltu n g ).
El a rtis ta debe e sta b le c e r, de e n tra d a , si el p lan o te n d rá u na dispo sició n
h o rizo n tal o v e rtic a l. Pues sien d o el h o m b re, por n a tu ra le z a , u n a e n tid a d
v e rtic a l, se produce sie m p re u n a tensió n fre n te al " fo rm a to " h o rizo n ta l,
m ucho an te s aú n que el a rtis ta h a y a e m p e za d o a p in ta r. U na v e z e s ta b le ­
cido el " fo rm a to " se p rese n ta el seg u n d o p ro b le m a ; ¿d eb e el p lan o ser
g ra n d e o p eq u eñ o ? En este se n tid o , co rre sp o n d e a c la r a r que u na " g r a n "
p in tu ra debe se r de v e rd a d e ra " g r a n d e z a " y no la a m p lia c ió n de una
p e q u eñ a p in tu ra . A l n a ce r la " id e a del c u a d ro " (B ild -ld e e ), to d as estas
re la cio n e s y el d in a m ism o p rod ucido s por las e n e rg ía s del co lo r, d e te rm i­
nan e sp o n tá n e a m e n te el " fo rm a to " del p lan o pictó rico . Es re a lm e n te a so m ­
broso que la m a y o ría de los a rtis ta s no se den cu e n ta de este p rin cip io
e le m e n ta l. C u esta creer que h asta hoy los a rtis ta s m o d ern o s, so bre todo
los de P a rís , usen au n los tres tipos de " fo rm a to " a u to riz a d o s por la A c a ­
d e m ia : " f ig u r a " , " p a is a je " y " m a r in a " . Pero "d im e n s ió n " y " ta m a ñ o " no
pueden e x p re s a rs e en "fo rm a to s " s ta n d a rd iz a d o s . Si a p e sa r de esto se
sin tie ra la n ece sid ad de in te rv e n ir p a ra o rd e n a r u na co m p o sició n , el " f o r ­
m ato " p o d ría , sin d u d a , fija r s e o rd e n a d a m e n te , pero sie m p re de acu e rd o
con la ló g ica p ictó rica y sin p reten d e r q u e la ló g ica p ictó rica d e b a som eterse
al "fo rm a to " .

A lfredo

H lito

M u ch as v e ce s, sea que el p énd ulo se d e sv íe h a c ia la co n so n a n cia o h a c ia
la d iso n a n c ia d in á m ic a . . . , la b e lle za p a sa d e s a p e rc ib id a . C o lo r, núm ero
y te n d e n cia com ponen la a rm o n ía . La b e lle za y el ritm o de u na o b ra de
a rte no nos a tra e n ja m á s ni por se n tim ien to ni por la so la ra zó n . Es el
conjunto de los elem ento s: se n tim ie n to -co n o cim ie n to -ra zo n a m ie n to -su b y u g a ­
ció n , que nos p e rm ite , v e r o ír y se n tir u na o b ra de a rte .
Y a s í lle g a m o s a la e sen cia del a rte a c tu a l. El a m a n te del a rte y a no p e rm a ­
nece p a s iv o fre n te a la o b ra : é sta , por el c o n tra rio , lo in v ita a to m ar p arte
a c t iv a . A h o ra , se tra ta de p e n e tra r en n uevo s te rrito rio s que an te s no e x is tía n ,
a h o ra , se nos in v ita a v iv ir in v e n cio n e s co m p le ta m e n te n u e v a s y no del
d e scu b rim ie n to de lo y a e xiste n te .
Si el n uevo le n g u a je del a rte v is u a l se sitú a por e n cim a de todo n a c io n a ­
lism o , si no se d e tie n e n un ca en fro n te ra s , si a p a re c e en to d as p arte s como
un fe n ó m e n o c a ra c te rístic o de n u e stra é p o ca , es p o rq ue en to d as p arte s h a y
fu e rz a s en a c tiv id a d , u n id a s en un m ism o id e a l. T a m b ié n en la A rg e n tin a .
C e le b re m o s, entonces la o p o rtu n id a d de d is fru ta r en nuestro p a ís las o b ra s
de la v a n g u a rd ia a rg e n tin a .
Y con esto q u ed a a b ie rta la e xp o sició n .
2 de O ctu b re de 1 9 5 3 .

40

La revista "n v " a g rad e ce a la Sra. van Hall y
al Sr. Pappenheim la colaboración prestada en
la tare a de vertir al español el discurso de
V ordem b erg e-G ildew art. En el texto originario
en holandés, V ordem b erg e-G ildew art ha utili­
zado , repetidas veces, la p a la b ra
alem an a
"g estaltu ng " (form ación y configuración), por
su e x p resa voluntad (a hemos conservado, en­
tre paréntesis, en el texto español.

�Buenos Aires

G alería Krayd

lom m i, O cam po, M aldonado

41

�foto S. v. S.

Pintor y gráfico. N ace en Buenos Aires en 1923.
Estudia en la A cadem ia de Bellas Artes. 1945:
pintura exp resio nista ab stracta. 1946: miembro

Alfredo Hlito

"C on stru cción " (1953).

42

fu ndado r del grupo Arte Concreto. Publica tra ­
bajos teóricos en la revista "A rte Concreto" y
"n v " de Buenos Aires. Desde 1946 expone en
m uestras colectivas. Prim era exposición indivi­
dua! en la g a le ría V an Riel (1952). V ive en
Buenos Aires.

�n

"N egro a la izq u ie rd a'7 (1953).

Fernandez-Muro

Pintor y gráfico . N ace en M adrid en 1920. Se
tra sla d a a la A rgen tina en 1938. Com pleta en
Buenos A ires su form ación artística . 1942: p ri­
m era exposición en la A rgen tina. 1948: Euro pa.
Expone en M adrid en la G a le r ía Buchholz y en
P arís en la m uestra la tin o am erican a o rg a n iza d a
por la Unesco. V iv e en Buenos Aires.

Enío lommi
Escultor. N ace en Rosario en 1926. Se inicia
artísticam ente en el talle r de su p ad re, escultor
italian o .
1946: prim eras esculturas concretas.
M iem bro fu n d ad o r del grupo A rte Concreto.
1948: continuidades lin eales en a lam b re . Vive
en Buenos A ires.

43

�Pintora. N ace en Buenos A ires en 1920. Inicia
sus estudios artísticos en Buenos Aires. 1948:
Europa. Exposiciones en A rgen tina y Europa.
V ive en Buenos Aires.

Claudio Giróla

Escultor.

N ace en Rosario en 1923.

Estudia en

la A cadem ia de Bellas Artes. M iembro fu nd ad o r
del grupo Arte Concreto. Expone desde 1946 en
Buenos A ires.

44

En 1949 v ia ja a Europa.

Realiza

una exposición in divid ual en M ilán y participa
conjuntam ente con los artistas del "M. A. C ."
("M ovim ento arte concreta") en la muestra co­
lectiva en Com o (Ita lia ). V ive en Buenos Aires.

Sarah Grilo

�Pintora. N ace en 1921 en Resistencia (A rg enti­
na). 1941: se inicia en la pintura. 1944: form a
parte a ctiva del grupo de va n g u a rd ia constituido
en torno a la revista "A rtu ro ". 1946: miembro
fu ndado r del grupo Arte Concreto. Expone re­
gularm ente en m uestras colectivas del grupo
Arte Concreto. 1952: v ia ja a Europa (Ita lia , Su i­
za y Francia). V ive en Buenos Aires.

foto M ax Jacobi

45

�Miguel Ocampo

"P in tu ra 53 - 123".

46

Pintor y arquitecto. N ace en Buenos A ires en
1922. Se inicia como pintor en 1944. 1948: v ia ja
a Europa. P arís: m uestra in d iv id u a l, p a rticip a ­
ción en el "Saló n des ¡eunes peintres" y en la
m u e s t r a la t in o a m e r ic a n a o rg a n iza d a por la
Unesco. V iv e en Buenos A ires.

�Tomás Maldonado
Pintor,

g ráfico

y

publicista.

N ace

en

Buenos

Aires en 1922. En 1938: A cadem ia de B ellas A r­
tes. 1944: prim eras pinturas concretas. Revista
"A rtu ro ". 1946: m iembro fu ndado r del grupo
Arte Concreto y codirector de la publicación que
lleva el mismo nombre.

T rab ajo s teóricos en re­

vistas nacion ales y e xtra n je ra s. M iem bro p a rti­
cipante de los C .I.A .M . (Congrés In tern ation au x
d'architecture moderne). Director de la revista
"n v " . V ive en Buenos A ires.

Tom ás M aldon ad o
"Tres zo nas y dos tem as circu lares"
colección J. M. Borthagaray

Alfredo Hlito: Premio adquisición en
la Segunda Bienal del Museo de Arte
Moderno de San Pablo.

El prem io otorgado por la Segunda Bienal del
Museo de Arte M oderno de San Pablo ha corres­
pondido, pues, a un artista de sentido u niversal,
cuyo em peño creador se proyecta sobre diversos
órdenes de la visión contem poránea.
E. B.

La conferencia anual de diseño in­
dustrial de Aspen

El ¡urado de la Segu n da Bienal del Museo de
Arte M oderno de San Pablo discernió un premio
adquisición a una de las obras exp uestas por
nuestro secretario de dirección, A lfredo Hlito,
quien se encuentra actua'm ente en Europa. Esta
distinción, otorgada a un artista argentino en
una exposición in tern acion al, adonde concurrie­
ron los creadores plásticos de m ayor g ra v ita ­
ción y trascendencia de casi todos los p aíses
del m undo y de las m ás diversas tendencias
estéticas, constituye p a ra nuestro p a ís un mo­
tivo de ju stificada satisfacción.
El prem io im plica, a d e m ás, un honroso recono­
cimiento a la labor de muchos años de un a r ­
tista identificado desde muy ¡oven con las p rác­
ticas cread o ras m ás d e p u ra d as, a través de las
cuales supo d a r m uestras de un espíritu o rg a ­
nizado y sutil, traducido tanto en sus obras
plásticas como en sus trab ajo s teóricos y de
orientación crítica.
C re ad o r lúcido, su inquietud le ha permitido
e n ca ra r distintas soluciones plásticas, sign ad as
generalm ente por la precisión form al y un d e s­
pierto sentido crom ático. Hlito ha efectuado tam ­
bién im portantes contribuciones en el cam po de
la s a rte s g ráficas. En este último orden, se ha
distinguido m ediante tra b a jo s fundado s en una
certera utilización de los recursos del lenguaje
visual.

Desde 1951 se viene efectuando, en Aspen (Esta ­
dos Unidos), una conferencia anu al de diseño
industrial. La ciudad que sirve de escenario a
estas conferencias, se encuentra situad a en ple­
na m ontaña en el estado de C olo rad o . A fines
del siglo p a sad o , era uno de los centros mineros
productores de p lata m ás im portantes de la re­
gión. Por esa épo ca, su población llegó a los
50.000 habitantes, pero al descender el precio

1953.

de la p lata esa cifra se redujo a 500. En !a
a ctu a lid ad se ha convertido en activo centro
de deportes de invierno y sus pobladores a lc a n ­
zan a 3.000.
El propietario de la m ayor parte de los terrenos
de esta lo ca lid a d , W alter Paepcke, promovió la
creación en Aspen de una serie de organism os
culturales. Paepcke, que es presidente de la
Con tain er C orporation, creó el C olegio de Estu­
dios H um anísticos, donde se lleva a cabo a n u a l­
mente un festival de m úsica con la intervención
de los m ás d estacad os intérpretes. Asim ism o se
efectúan a llí, ad em ás de la conferencia de dise­
ño que nos ocupa, congresos de filo so fía , socio­
lo g ía , historia, etc., con la asistencia de espe­
cialistas de diversos p aíses.
Los dos prim eros congresos efectuados en Aspen,
en los años 1951 y 1952, fueron o rg a n iza d o s y
dirigidos por el propio Paepcke. El de 1953, al
que asistie ra el autor de estas lín e a s, estuvo
a cargo de Leo Lecnni, "a rt director" de la
revista Fortune.
A ese congreso concurrieron
person alidad es del diseño industrial como M ax
Bill, N icolaus Pevsner, director del A rchitectural
Review de Londres, profesor de historia de la
Arquitectura en C am b ridge y Londres y autor
de un conocido tra b a jo sobre diseño ("Pioneers
of the modern movement, from W illiam s Morris
to W alte r G ro p iu s", London, Pellikan) y Buckminster Fuller, quien a ca b a de re a liz a r la h a za ñ a
de cubrir un hall de la exposición Ford con una
cúpula de 30 metros de diám etro, cuyo peso
era el doceavo del de la solución convencional
m ás liv ia n a presentada. Fuller trajo , d e sa rm a ­
d a , una p eq ueñ a cúpula de 12 metros de d iá ­
metro, in teg rad a por m ad eras, papel engom ado
y cuerdas de plástico, que tuvim os el placer de
a rm a r en el térm ino de dos horas.
Tam bién estuvieron presentes en la conferencia
C harles Eam es, Douglas H askell, editor del Archiectural Forum y House-Hom e, A lvin Lustig,
Herbert B ayer, Xanti Sch aw in sky, Enrico Peressutti, Hin Breindendieck y num erosos diseñad ores
jóvenes, profesores y alum nos de escuelas de
diseño.

47

�"stream lin ing " (form as aero din ám icas). A todo
ello Bill opone el simple y recto ideal de las
buenas form as, el diseño honesto de todo cu a n ­
to la hum anidad necesite form ar o reform ar,
desde las m ás peq ueñas tazas de m aterial p lá s­
tico hasta e! planeam iento de m ejores ciudades
que alojen a las nuevas generaciones.
Una corpcrizació n de tales ¡deas nos llega a
través del mismo libro que com entam os, cuya
presentación tipo gráfica constituye un m agnífico
ejem plo de buen diseño. A p arte del artículo
sobre Forma y arte, que sirve de introducción,
el libro contiene, entre otros, un tra b a jo sobre
Educación y creación, que fu era publicado en
el número 2 /3 de "n v ".
E. B.

Le Corbusier: "Oeuvre complete 194952", publicado per W. Boesiger, Ed.
Gisberger-Zürich, 1953.
Con la je rarq u ía y cuidado de sus anteriores
libros, W illy Boesiger ha publicado recientem en­
te este volumen que presenta los trab ajo s de
Le Corbu sier entre los año s 1946 y 1952. P erío­
do de p articu lares características, en el cual p a ­
reciera operarse una condensación del proceso
creado r del arquitecto. A su prim itivo interés por
las relaciones entre la m áquina y las " a le g ría s
ese n cia le s", Le Corbu sier a g re g a a h o ra nuevos
elem entos. Estos nuevos elem entos, según W .
Boesiger, nacen de " la s preocupaciones y d e b a ­
tes interiores surgidos del sentimiento angustioso
de las de sa rm o n ía s, que tan a m enudo separan
a los hom bres". Su filiació n, sin em bargo, d e­

b ería buscarse tam bién en todo aquello que,
en el estado actual del m undo, perm ita recu­
p e ra r la reflexión y la ponderación, produciendo
form as nuevas y factibles.
Las pág in as de este libro, en su totalidad , tra s ­
lucen la urgencia de construir y v erificar, a n ti­
gua pecu liaridad de Le C orbu sier, hoy, sin du da,
in tensificada. A p oyad o en ella, trata de a p ro ­
vechar al m áxim o la estructura social existente
a g reg án d o le, no sin flu id e z, otros valores que
favorecerán en lo futuro su transform ación.
Es dentro de este espíritu como ha resuelto la
u rb anización de Bogotá. D esarro llan do la vieja
cuadrícula e sp a ñ o la, Le C orbu sier ubica grupos
de "m onoblocks" en el interior de g rand es parce'as y d eja intacta parte de la ciudad antigua.
A lg o sim ilar sucede con la form a continua y
a h u sa d a del núcleo rural, en la ciudad en g ra ­
dientes p a ra la Saint-Baum e o en el proyecto
"R o q " y "Rob".
Las soluciones ad o p ta d a s, a s í como la aparen te
"n o -g eo m etría" de a lg u n as de sus form as, po­
d ría ser in terpretad a como un retroceso. Sin em ­
bargo,. la "p ro m enad e architectu ra'e" de estos
proyectos, tanto en sus im plicaciones sensibles
cuanto sociales, indica lo contrario. Lo mismo
puede decirse del edificio de M arsella y de los
proyectos de N antes-Rezé y del concurso de
Estrasburgo. Lo cierto es que, una vez p la n ­
teado el medio urbanístico y sus vinculaciones
con el entorno gen eral, Le Corbusier lleva a
cabo su ¡dea con tal fu e rza que sus re a liz a cio ­
nes rebasan la órbita estrictam ente arq uitectó­
nica y asum en una honda significación a n tro ­
pológica. La po sibilid ad de ejecución inm ediata
es en estas ob ras tan estim able como su inten­
ción de proponer un "h a b ita t" distinto.

De a h í que las urb an izacion es y te o rías u rb a ­
n ísticas, m aterial predom inante del tomo, cons­
tituyan en Le C orbu sier el principal sím bolo de
sus asp iracion es culturales. En última in stancia,
su m ayo r anhelo es fu ndir en una sola realid ad
arte, sociedad y lo que él denom ina "sentido
de lo contingente".
Ante las dificultades que esto presupone, Le
Corbu sier p lan tea hoy procedim ientos creadores
que, por su libertad y su orden, sean capaces
de g e n e ra r múltiples sistem as. Todas sus investi­
g aciones, en particu lar después de 1946, tienden
a log rar la síntesis por este cam ino.
A s í, en la págin a 83, encontram os una de sus
proposiciones m ás am b iciosas: un nuevo modo
de entender la síntesis de las artes m ayores
(proyecto de exposición perm anente en la Puer­
ta M aillot). Con este proyecto, Le Corbu sier se­
ñ ala la necesidad de crear, en lu g a r de m useos,
instrumentos especiales que, aun qu e no estric­
tam ente arquitectónicos, consigan e x a lta r v isu a l­
mente lo que se exhibe.
O tro esfuerzo de síntesis lo constituye la actual
u rb anización de C h a n d ig a r, que, al mismo tiem ­
po, objetiva sus ¡deas m ás a b stra cta s y con­
den sa, a través de edificios y signos esculpidos,
su finísim o m undo poético.
En la cap illa de Roncham p, la intención sintética
debem os b uscarla en la unidad acústico-arquitectónica, de tan evidente predom inio en este pro­
yecto. Por su parte, la "p atente 226x226^ 226"
log ra estatuir una arm ónica relación entre lo
tecnológico y lo habitable. La casa Curutchet,
las de C h in an h a i, Fueter, laon e, etc., trasuntan
una inquietud sim ilar. Estos son los m ateriales
m ás representativos del libro de W . Boesiger.
J. G .

D a b in o vic-G aid o -R o ssi

G a r c ía V á z q u e z , V it a li, F rig e rio

A lfre d o D. F e rn á n d e z

C o rrie n te s 222 p. 12

A re n a le s 2 8 3 9

H e re d ia

M a n u e l Jo sé P az

A s ía n y E zcu rra

P erro n e y A y e r z a Ltd a. S. A . (C o n st.)

C h ile 1449 o f. 5

M o n te vid e o 69 0

M o n te vid e o 4 3 4

1529

E n riq u e A lv a r e z C la ro s

Jo rg e To m ás S a la s y P atricio Billoch

S á n c h e z E lía , P e ra lta R am o s, A g o stin i

M a n zo n e 823 A ca su sso

S a rm ie n to 643

A re n a le s

A lfre d o Ib a rlu c ía y R icard o K ig u e l

o .a .m .

Jo sé León A ld a o

J u n ín

C e rrito 1371

G üem es 3390

1472 P. B. " B "

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'OS MODERNOS DE C,

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BI BLI OFI LI A

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                <text>Romero Brest, Jorge&#13;
Kurchan, Juan&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Nelson, George&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Hilto, Alfredo&#13;
Nicco Fassola, Giusta</text>
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                <text>Rogers, Ernesto N.&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Jannello, César&#13;
Bardi, P. M.&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Pizzetti, Julio&#13;
Bayley, Edgard</text>
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                    <text>�m

�A PR ESEN TA gÁ O
&gt;*
"

í

JA elato das atividades de 1958, éste boletim
tem urna significagáo especial, por se referir ao
primeiro ano em que nos encontramos instalados
em Casa própria.
Mostrando o incessante e eficiente trabalho
em prol de urna obra que se desenvolve em ritmo
cada vez mais acelerado, por ele se poderá,
também, aquilatar a extensáo e o impulso que
tiveram todas as nossas iniciativas e realizagoes.
É com prazer que ressaltamos, mais úma
vez, que isso só foi possível gragas a permanente
e valiosa colaboragáo dos socios é amigos do
Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro.

N

io m a r

M

o n iz

S

o dré.

�DIRETORIA

Presidente — Mauricio Nabuco
1. ° V ice-Presidente — Joao Carlos Vital
2. ° Vice~Presidente — Aloysio de Salles
Diretor-Executivo — Niomar Moniz Sodré
Diretor-Executivo-Adjunto — Carmen Portinho
Diretor-Secretário — Luiz Gonzaga Nascimento e Silva
Diretor~Tesoureiro — Nelson Faria Baptista

M useu de A rte M oderna do R io de J aneiro

Av. Beira Mar
Telefones 52-7432 e 42-8671
End. Telegráfico: MUSEUARM O
Rio de Janeiro — Brasil

�CO NSELH O DELIBERATIVO
Affonso Eduardo Reidy
Aguinaldo Boulitreau Fragoso
Aloysio de Paula
Aníbal M. Machado
Antonio Augusto Moniz Vianna
Antonio Gallotti
Antonio Pádua de Chagas Freitas
Assis Chateaubriand
Carlos Amélio de Figueiredo
Carlos Flexa Ribeiro
Demosthenes Madureira de Pinho
Francisco Clementino San Tiago
Dantas
Francisco Matarazzo Sobrinho
Gustavo Capanema
Hélio Jaguaribe Gomes de Mattos
Henrique E . Mindlin
Joáo Soares Sampaio
José Simeao Leal
Juscelino Kubitschek de Oliveira
Lauro Salazar Regueira
Leonídio Ribeiro
Márcio de Mello Franco Alves
Maria Martins
Paulo Bittencourt
Paulo Carneiro
Pedro Pereira Filho
Raymundo Ottoni de Castro Maya
Rodrigo Mello Franco de Andrade
Walther Moreira Salles
Wladimir Murtinho

�Possc do Conselho Deliberativo em l.° de outubro de 1958
Niomar Moniz Sodré
Juscelino Kubitschek de Oliveira
Emb. Mauricio Nabuco
Márcio Mello Franco Alves

T

S

E L E ig ó E S NO M U SEU
N O VOS SÓCIOS-DELEGADOS E CO N SELH O DELIBERATIVO

De acórdo com os Estatutos que regem o Museu de Arte Moderna
do Rio, a Diretoria da instituidlo fez realizar em 26 de setembro as eleicoes
de noves sócios-delegados e membros para o Conselho Deliberativo. As
elei?óes foram realizadas na sede social (salas destinadas as oficinas grá­
ficas) através de Assembléia Geral de Socios, em 2a convocado por nao
ter havido número suficiente para a 1.a convocadlo, para eleidao dos membros
da Assembléia dos Delegados.

�Abrindo a sessáo o presidente do Museu, embaixador Mauricio Nabuco,
solicitou á Assembléia a indicando de um socio para presidir os trabalhos,
tendo o diretor-secretário Luiz Gonzaga Nascimento e Silva indicado o
nome do socio Paschoal Carlos Magno, aceito por aclamando. Assumindo
a presidencia, o ministro Paschoal Carlos Magno convida o socio Ruy
Pereira da Silva para secretariar os trabalhos. Em seguida procede-se á
leitura dos anuncios de convocagáo, publicados no «Diário Oficial» e ¡no
«Correio da Manhá» nos dias 16, 17, 18 e 24 de setembro, esclarecendo
o presidente aclamado que a finalidade da reunido é a eleigáo dos membros
da Assembléia dos Delegados, cujo número fóra ampliado de 200 para 250,
por decisao do Conselho Deliberativo. A Assembléia deveria escolher 66
novos membros: 50 relativos ao aumento e 16 para as vagas existentes.
Na mesa, explicou, havia urna relagao de nomes indicados pela Diretoria,
obedecido o critério de maior ajuda prestada ao Museu. Precede á leitura
da lista que é a seguinte: Aderson Magalhdes, Adolfo Almeida Aguiar,
Alfredo da Cruz Machado, Alim Pedro, Aluisio Carvdo, Andrzej Jordán,
Anisio Spinola Teixeira, Antonio Moniz Sodré Neto, Antonio Pádua de
Chagas Freitas, Ary Moura de Castro, Augusto do Amaral Peixoto, Eíenedito de Azevedo Barros, Carlos Jacintho de Barros, Carlos Martins Pe­
reira de Souza, Carlos Nelson de Oliveira Góes, Carmen Murtinho d’Almeida,
Celina Engersen, Cicero Leuenroth, Diva dos Santos Aguirre, Edith Behring,
Emiliano Di Cavalcanti, Ernani do Amaral Peixoto, Fayga Ostrower, Fran­
cisco Augusto de Faria Baptista, Francisco Rodrigues de Oliveira, Fuad
Kanan Matta, Gildo Lopes, Israel Klabin, Joáo Alberto Dutra Leite Bar­
bosa, Joao Henrique, Joel de Paiva Cortes, Jorge Serpa Filho, José Bento
Ribeiro Dantas, José Faria, José de Magalháes Pinto, José Oswaldo de
Meira Penna, José Sette Cámara Filho, Kurt Weil, Lourdes de Souza
Bastos, Luiz Gonzaga Nascimento e Silva, Luiz La Saigne, Luiz Simóes
Lopes, Lygia Clark, Manuel Bandeira, Marcelo Roberto, Márcio Mello
Franco Alves, Mario Loureiro Dias Costa, Mario Pinotti, Mathilde Pereira
de Souza, Nehemias Gueiros, Orígenes Lessa, Oswaldo Aranha, Raúl
Bopp, Ricardo Seabra de Moura, Roberto Burle Marx, Regine Feigl, Rubem
Berta, Ruy Gomes de Almeida, Ruy Pereira da Silva, Sérgio Bernardes,
Themistocles Brandao Cavalcanti, Tuni Murtinho, Víctor Coelho Bougas,
William V . Moscatelli, Wladimir Murtinho, Ylcléa Therezinha Duarte Silva.

�O Presidente Juscelino Kubitschek dirigindo a scssao de posse
do Conselho Deliberativo

�O Presidente Juscelino Kubitschek na Assembléia de Posse
dos Conselheiros eleitos.

Finda a leitura, propóe o presidente da Assiembléia que se proceda
á eleigáo solicitando aos socios que estivessem de acórdo com os nomes
propostos que permanecessem sentados, levantando-se os que fóssem con'
trários. Ninguém se levantou, havendo, portanto, aprovagáo unánime. É feita
a proclamagao dos nomes acima citados para completar a Assembléia dos
Delegados. Nada mais havendo e sem que ninguém pedisse a palavra, a
sessao foi suspensa para lavratura da ata. Reabertos os trabalhos, um
pouco mais tarde, a ata foi lida e aprovada por todos.

CO NSELH O DELIBERATIVO
Na mesma data e local, as 18,30 horas, reiíniu-se a Assembléia dos
Delegados, em 2“ convocagao, visto nao ter havido número suficiente na
l.9 convocagao.

O embaixador Mauricio Nabuco, presidente do Museu,

pede á Assembléia que indique um dos socios-delegados para presidir os
trabalhos, sugerindo a permanencia do1socio Paschoal Carlos Magno, nova-

�mente aceito por aclamagáo. Na secretaria dos trabalhos, permanece também
o socio Ruy Pereira da Silva. O presidente declara entáo o motivo daquela
Assembléia, convocada por carta a cada um dos Delegados: eleigao do
Conselho Deliberativo pelos próximos 3 anos. ¡Informa ter sobre a mesa
urna lista com indicadlo dos seguintes nomes: Affonso Eduardo Reidy,
Aguinaldo Boulitreau Fragoso, Aloysio de Paula, Aníbal M . Machado,
Antonio Augusto Moniz Vianna, Antonio Gallotti, Antonio Pádua de Chagas
Freitas, Assis Chateaubriand, Carlos Amélio de Figueiredo, Carlos Flexa
Ribeiro, Demosthenes Madureira de Pinho, Francisco Clementino San Tia^go
Dantas, Francisco Matarazzo Sobrinho, Gustavo Capanema, Hélio Jaguaribe
Gomes de Matos, Henrique E . Mindlin, Joáo Soares Sampaio, José Símelo
Leal, Juscelino Kubitschek de Oliveira, Lauro Salazar Regueira, Leonídio
Ribeiro, Márcio Mello Franco Alves, Maria Martins, Paulo Bittencourt,
Paulo Carneiro, Pedro Pereira Filho, Raymundo Ottoni de Castro Maya,
Rodrigo Mello Franco de Andrade, Walther Moreira Salles, Wladimir
Murtinho.
Após a leitura, propóe que a Assembléia proceda á elei^ao, ccínservando-se sentados os socios que estivessem de acórdo com os nomes e
levantando-se os que estivessem contra. Ninguém se levantou, pelo que
foram aprovados por unanimidade os nomes que constituirlo o Conselho
Deliberativo até setembro de

1961.

O

diretor-executivo

do

Museu,

Sra. Niomar Moniz Sodré, convida entao o novo Conselho a tomar posse
no dia l 9 de outubro, as 11 horas, na sede da ihstituigáo. Nada mais
havendo a tratar, é lavrada e aprovada a ata por todos os presentes.
Antes de encerrar os trabalhos, o ministro Paschoal Carlos Magno
sugeriu a aprovagáo de um voto de confianza e aplauso ao embaixador
Mauricio Nabuco e Sra. Niomar Moniz Sodré, e aos outros diretores do
Museu. pela hábil e fecunda atividade que vém desenvolvendo á frente
desta instituidlo, no que foi prontamente atendido com os aplausos dos
presantes.

�EleifSo do Conselho Deliberativo e Assembléia de Delegados,
realizada a 26 de setembro de 1958

�O PR E SID EN T E DA REPÚBLICA PRESIDIU A PO SSE DO
CO N SELH O DELIBERATIVO
Os membros eleitos a 26 de outubro para o Conselho Deliberativo do
Museu de Arte Moderna do Rio, foram empossados no dia l 9 de outubro,
as 11 horas, pelo presidente da República, Sr. Juscelino Kubitschek, também
reeleito para o mesmo cargo de conselheiro da instituido. Recebido pela
Comissáo Executiva (diretoria), o chefe do govérno cumprimentou pessoalmente os antigos e novos membros do Conselho Deliberativo eleitos por
tres anos: Affonso Eduardo Reidy, Aguinaldo Boulitreau Fragoso, Aloysio
de Paula, Aníbal M . Machado, Antonio Moniz Via|nna, Antonio Gallotti,
Antonio Pádua de Chagas Freitas, Carlos Amélio de Figueiredo, Carlos
Flexa Ribeiro, Demosthenes Madureira de Pinho, Hélio Jaguaribe Gomes
de Mattos, Henrique E . Mindlin, José Simeao Leal, Lauro Salazar Regueira,
Leonídio Ribeiro, Márcio Mello Franco Alves, María Martins, Pedro Pereira
Filho, Raymundo Ottoni de Castro Maya, Rodrigo Mello Franco de Andrade e Wladimir Murtinho. Conselheiros ausefates á posse, por se acharem
fora da cidade: Assis Chateaubriand, Francisco Matarazzo Sobrinho, Joño
Soares Sampaio, Paulo Carneiro, Walther Moreira Salles, Francisco Clementino San Tiago Dantas, Gustavo Capanema e Paulo Bittencourt.
Após os cumprimentos, o Sr. Juscelino Kubitschek percorreu, acompanhado dos presentes, as exposigóes e salas que ficavam ehtre os dois
extremos, a caminho da sala onde seria instalada a sessáo. Grande mesa
em T, com o presidente e diretores na cabeceira. O embaixador Mauricio
Nabuco, abrindo a sessao disse que ali estando o Presidente da República,
a ele competía presidir a reuniáo. E convida o Presidente a exercé-la.
Assumindo a presidencia o Sr. Juscelino Kubitschek determinou ao diretorsecretário que procedesse á leitura da ata da Assembléia, no dia 26 de
setembro, quando haviam sido eleitos os membros do Conselho, ali reunidos.
Feita a leitura, o Presidente da República declarou empossados os novos
membros do Conselho Deliberativo. O embaixador Mauricio Nabuco toma
a palavra para colocar a Comissáo Executiva á disposigáo dos presentes
para qualquer esclarecimento sobre as atividades do Museu em qualquer
dos seus setores. Disse que a referida Comissáo já prestara minuciosos
informes sobre o andamento das obras, a situagáo financeira, o patrimonio,
bem como as atividades culturáis e artísticas do Museu. Julgada, portanto,
que seria mais interessante que os novos membros verificassem diretamente
o que fora feito, visitando as obras realizadas e obtendo ijnformes mais
detalhados sobre as atividades em curso.
O diretor-secretário pede que sejam indicados, antes, os membros
que deveráo compor a Comissáo de Contas. O Sr. Juscelino Kubitschek
determina que seja feita a indicado e o conselheiro Carlos Flexa Ribeiro

�propoe recondugáo dos atuais conselheiros Leonídio Ribeiro, Lauro Salazar
Regueira e Demosthenes Madureira de Pinho, que já vinham se desincumbindo dessa tarefa de modo exemplar.
O Chefe do Govérno determina que seja feita a votagáo: quem aprovar
que fique sentado; quem desaprovar, que se levalhte. Ninguém se levantou
e o Presidente declarou aprovagáo por unanimidade. O Embaixador Mauricio
Nabuco pediu novamente a palavra para agradecer a todos os presentes o
comparecimento e, de modo especial, ao Presidente Juscelino Kubitschek.
Era urna honra a sua presenta, e marcava mais urna vez o decidido apoio
que vinha dando á obra cultural do Museu.
O Sr. Juscelino Kubitschek determina entao a suspensao da sessao,
para a visita as obras, determinando ao Diretor-Secretário que lavrasse a
ata que seria assinada após a visita. Em seguida foi realizada urna minuciosa
visita a todos os setores das obras. O Chefe do Govérno viu tudo, andou
por tudo: salas, exposigoes, subiu escadas, desceu rampas, foi ao subsolo,
foi ao terrago, interessou-se pela exposigio da Olivetti, comentou com
simpatía a pintura de Aloísio Magalhaes, louvou o cuidado com que vinha
sendo construido o projeto de Affonso E . Reidy.
Voltando á sala, o Presidente assinou a ata da sessao de posse,
conversou com o arquiteto Affonso E . Reidy e Niomar Moniz Sodré sobre
vários detalhes arquitetónicos do Museu, posou para os fotógrafos, mesmo
os mais exigentes e insaciáveis, e retirou-se as 12 horas.
De acórdo com os estatutos do Museu, o Conselho Deliberativo é
composto por trinta membros, sem qualquer remuneragáo, com mandato de
tres anos, eleitos pela Assembléia de Delegados, podendo ser reeleitos.
Compete-lhes fixar normas gerais de diregáo do Museu; eleger os membros
da Comissáo Executiva (diretoria); autorizar a Comissáo Executiva a praticar atos que excedam os seus poderes específicos, ou que dependam da
aprovagáo do Conselho; deliberar sobre a reforma dos Estatutos e sobre
a dissolugao da sociedade; decidir sobre todas as matérias de interésse do
Museu que nao pertengam, privativamente, a outro órgáo social; eleger
os membros da Comissáo de Contas.

A Secretaria do Museu pede aos socios que em caso de mudanga de
residencia fagam com a maior brevidade a comunicagáo do novo enderégo,
a fim de continuar recebendo regularmente os convites para exposigóes e
conferencias, bem como os boletins e demais comunicagoes e publicagoes
do Museu.

�SÓCIOS
O Museu tem as seguintes cate­
gorías de Socios:
I — Beneméritos: a partir de Cr$
150.000,00, de urna só vez, ou
em 10 prestagóes mensais de
Cr$ 15.000,00.
II — Remido: a partir de C r $ ..........
30.000. 00 de urna só vez, ou
em 12 prestagóes mensais de
Cr$ 3.000,00.
III — Efetivo: jóia de Cr$ 5.000,00
e anuidade de Cr$ 900,00.
IV — Contribuinte: anuidade de Cr$
900.00, semestre de Cr$ . . . .
500.00.
TÍTU LO DE CO O PERA gA O
para cojnstrugáo da nova sede: Cr$
1.200.000,00 de urna só vez, ou em
prestagóes mensais.
De acórdo com o art. 59 dos Esta­
tutos do Museu, as contribuigóes sao
fixadas pela Diretoria.
O Q UE O M U SEU O FE R EC E AOS SE U S SÓCIOS
Convite para todas as inauguragóes.
Entrada gratuita ñas exposigoes.
mediajhte apresentagáo da carteira de
socio.
Direito de inscrever-se em qualquer
dos seus cursos.
Convite para conferencias e todas
as iniciativas do Museu.
15% de abatimento na aquisigáo de
livros, reprodugóes, desenhos e catá­
logos das exposigoes.
Éste Boletim gratuito.
Participagáo ñas atividades do setor
Cinema do Museu, realizadas na
A.B.I.

�O PLANO ARQ U ITETÓ N ICO DO M U SEU DE A RTE M ODERNA
DO RIO DE JANEIRO
A ffo nso E duardo R eidy

Nos últimos quarenta anos transformou-se muito o antigo conceito de
Museu. Éste deixou de ser um organismo passivo para assumir urna im­
portante fungáo educativa e um alto significado social, tornando acessível ao
público o conhecimento e a compreensao das mais marcantes manifestagoes
da criadlo artística universal. Ao mesmo tempo, proporciona um treinamento
adequado a um contingente de artistas que, perfeitamente integrados no espi­
rito de sua época, poderáo influir decisivamente na melhoria dos padróes de
qualidade da produgáo industrial.
Mas, nao foi apenas o antigo conceito de Museu que se transíormou.
A própria nogáo do espago arquitetural modificou-se. O desenvolvimento
das novas técnicas de construgao deram lugar á “estrutura independente”
e como conseqüéncia ao “plano livre” , isto é, a funcáo portante passou a ser
exercida exclusivamente pelas colunas; as paredes, liberadas da sua antiga
responsabilidade estrutural, passaram a desempenhar entáo, com urna liberdade
nunca antes imaginada, o papel de simples elementos de vedagáo: placas
leves, de diferentes materiais, livremente dispostas, oferecendo as mais ampias
possibilidades na ordenagáo dos espagos. Surgiu assim um novo conceito do
espago arquitetural, o espado fluente, canalizado, que veic substituir a antiga
nogáo do espaco confinado dentro dos limites de um compartimento cúbico.
A correspondencia entre a obra arquitetural e o ambiente físico que a
envolve é urna questáo da maior importancia. No caso do edificio do Museu
de Arte Moderna do Rio de Janeiro essa condiglo adquire ainda maior vulto,
dada a situagao privilegiada do local em que está sendo construido. Em pleno
coragao da cidade, ao meio de urna extensa área que num futuro próximo será
um belo parque público, debruga-se sobre o mar, frente á entrada da barra,
rodeado pela mais bela paisagem do mundo.
Foi preocupagáo constante do arquiteto evitar, tanto quanto possível,
que o edificio viesse a constituir um elemento perturbador da paisagem,
entrando em conflito com a natureza. Daí o partido adotado, com o pre-

�O casal José Colagrossi ouve as explicares de Niomar
Moniz Sodré.

Laura Barros Moreira e Irene Guinle acompanhando o Baráo
Max Stuckart, que estuda os planos para o restaurante a ser
instalado no Museu

�dominio da linha horizontal em contraposigáo ao movimentado perfil das montanhas, bem como o emprégo de urna estrutura extremamente vasada e trans­
parente, que permitirá manter a continuidade dos jardins até o mar, através
do próprio edificio, o qual deixará livre urna parte apreciável do pavimento
térreo. Em lugar de confinar as obras de arte entre quatro paredes, num abso­
luto isolamento do mundo exterior, foi adotada urna solunao aberta, em que
a natureza circundante participasse do espetáculo oferecido ao visitante do
Museu.
A ESTR U TU R A

A ando eminentemente dinámica do Museu de Arte Moderna do Rio de
Janeiro, abrangendo todas as manifestagoes das artes visuais dos nossos dias
requer urna estrutura arquitetural que lhe proporcione o máximo de flexibilidade na utilizando dos espatos. Esta estrutura possibilita ora o uso de grandes
áreas, ora a formando de pequeñas salas onde determinadas obras possam ser
contempladas em ambiente íntimo. A Galería de Exposinoes do Museu de
Arte Moderna do Rio de Janeiro foi projetada com ésse objetivo: ocupa urna
área de 130 metros de extensdo por 26 metros de largura, inteiramente livre de
colunas, de modo a oferecer absoluta liberdade na arrumando das exposiqóes.
Essa área terá pé direito variável: partes com 8 metros, parte com 6,40 metros
e o restante com 3,60 metros de altura.
A ILUM IN AgAO

A iluminando natural confere um sentido de vida e de movimento aos
espanos, beneficiando as obras expostas da variedade de sensanoes que a luz
diurna proporciona. Quando zenital, a luz é difusa e uniforme: nao há som­
bras, nao há lelévo. o ambiente torna-se neutro, inexpressivo. Quando lateral
dá direndo ao espano e relevo aos objetos proporcionando ainda ao visitante a
pcssibilidade de contacto visual com o exterior. Todavia, um sistema rígido
e exclusivo limitaría a liberdade de mostrar, sob as melhores condinñes, obras
que eventualmente possam vir a ser mais valorizadas com iluminando zenital
ou mesmo artificial.
A Galería de Exposinoes do Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro,
nos trechos de menor pé direito terá iluminando lateral e nos trechos de pé
direito duplo terá iluminando zenital, através de placas difusoras de vinyl.
O fato da luz natural, de um modo geral, apresentar vantagens sobre a
luz artificial, na apresentanao das obras, nao diminui a importancia do que

�Concretagem do Bloco de Exposigoes — O Vice-Presidente do
Museu, Dr. Joño Carlos Vital, lan^a a primeira pá de concreto
na ccluna de urna das estruturas do Bloco de Exposigoes em
13 de junho de 1958.

Diretores da Sears Roebuck ouvem cxplica^ocs de Niomar Moniz
Sodré sobre a maquete.

�esta última representa para o Museu de hoje. A iluminando artificial é evi­
dentemente indispensável, nao só para a noite, como para a exibigáo de
objetos que possam ser prejudicados pela luz solar, como

desenhos,

tecidos, etc.
A qualidade da luz a ser empregada é um outro ponto de importancia
num museu de arte.

A luz incandescente é rica em raios vermelhos e alaran-

jados que modificam o aspecto de certas cores.

A luz fluorescente, por seu

lado, provoca sensagáo de frieza e altera igualmente o aspecto das cores.
A combinando de ambas, porém, permitirá urna grande aproximando ao efeito
da luz solar.
Para o Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro foi projetado um
sistema muito flexivel: o teto da Galeria de Exposinoes será guarnecido com
placas translúcidas de um plástico de vinyl, as quais difundirdo a luz emitida
por tubos fluorescentes, proporcionando urna iluminando suave ao ambiente.
A superficie luminosa assim constituida, será interrompida de dois em dois
metros por rasgos transversais onde serdo fixados refletores de luz incandes­
cente, equipados com lentes apropriadas, os quais serdo dirigidos exatamente
para os pontos em que se fizer necessária a iluminanáo, sem que esta produza reflexos ou ofuscamento aos visitantes.
Todo o Segundo Pavimento do corpo central do edificio será destinado
a exposinoes bem como urna parte do terceiro pavimento onde ficarao situa­
dos, ainda, um auditorio com 200 lugares, com equipamento para projenóes
cinematográficas, filmoteca, biblioteca, discoteca, os servinos de administrando
e direndo do Museu e o depósito para a guarda das telas nao expostas. Ésse
depósito, onde as obras deveráo ser conservadas em perfeita seguranna, terá
condinóes constantes de temperatura e umidade, ficando completamente iso­
lado das varianóes atmosféricas do exterior. As telas serdo fixadas em trainéis
leves, de correr, ligeiramente afastados uns dos outros, permitindo dessa forma,
reunir em um espano reduzido um grande número de telas e assegurando-lhes
perfeitas condinóes de ventilando e facilidade para exame dos interessados.
SERVICIOS E INSTALAQÓ ES A U XILIA RES

Ocupando urna parte do pavimento térreo e o subsolo do corpo mais
baixo do edificio, estío os servinos e instalanóes auxiliares do Museu, compreenaendo a entrada de servino, os locáis para a desembalagem e a identifi-

�cacao e registro das obras, a expedidlo, os depósitos, as oficinas e os labo­
ratorios, a sala de gravura e um grande saldo onde serdo preparadas as.
exposigoes.
ESCO LA TÉC N IC A DE CRIAQÁO

Aínda no pavimento terreo do mesmo corpo, funcionará a Escola Téc­
nica de Criagao. Suas instalagóes compreendem, além dos locáis destinados aos
servigos administrativos, salas de aulas e ateliers diversos, laboratorio fotográ­
fico, tipografía, clicheria, encadernagdo, cantina para os estudantes, etc. No
Segundo Pavimento désse corpo ficarao o restaurante e o terrago-jardim, que
se comunicam com a galería de exposigoes.

Comemorando um acontecimento: o batismo do «champagne» na
coíuna do primeiro quadro do Bloco de Exposigoes. Aguardando
o impacto da garrafa contra a forma da coluna: José Velasco Portinho, Niomar Moniz Sodré, Antonio Moniz Sodré Neto, Glorinda
Moniz Sodré, Carmem Portinho, Lourdes S. Bastos e Oliveira
Góes. Em 13 de junho de 1958.

O T EA T R O DO M U SEU

Na extremidade leste do conjunto ficará situado o Teatro, com 1.000
lugares. O palco terá urna largura disponível de 50 metros, 20 metros de proíundidade e 20 metros de altura livre até o urdimento. A construgáo cénica
baseia-se num sistema de carros movimentados elétricamente, que se deslocaráo
para os espagos laterais e do fundo do palco. A boca de cena terá 7,50 metros,
de altura e 12 metros de largura, podendo chegar a 16 metros em caso de aber­
tura total para a realizagáo de concertos sinfónicos.

�O S JA R D IN S DO M U SE U
R

o berto

B

urle

M

arx

que está sendo feita no aterro de Santa Luzia, e
que se estende da Praia do Flamengo ao Aeroporto Santos Dumont,
dará ao carioca o prazer da promenade á beira-mar, ao mesmo tempo
que proporciona um local de lazer.

A

área verd e

Destes jardins, que serao por nós estudados dentro de um
futuro próximo, o do Museu de Arte Moderna foi elaborado tendo
em vista a integragáo do mesmo á paisagem visualizando a área com
características de um parque.
Levamos em conta as áreas disponíveis e ordenamos o jardim
visando criar limitagóes espaciáis relacionadas com os volumes
arquitetónicos. Como elemento básico de pavimentagáo, foi utili-

�zado o granito em la jes ligado ao mosaico portugués, onde o “Leit­
motiv” é um padráo composto de faixas onduladas em cores róseo
e branco, que confere ao mesmo urna variedade rítmica. O mesmo
tema é retomado em superficies de grama de duas tonalidades a fim
de dar maior unidade á composigáo.
A palmeira real é usada como elemento ordenador definindo
os espatos, ao mesmo tempo que oferece um contraponto visual no
sentido vertical. Procurou-se relacionar as superficies de cor com
os pequeños, medios e grandes volumes de plantas herbáceas, ar­
bustos e árvores, onde as texturas das plantas e dos materiais uti­
lizados se harmonizam. Ao mesmo tempo as plantas coniaráo. em
certos casos, com superficies de cor uniforme obtendo assim maior
nitidez na composigáo.
Num jardim em que é previsto um intenso movimento de visi­
tantes, ao Museu, surge o problema de criar área de interésse, o que
foi resolvido com a criagáo de locáis de estar, terragos, jardins, pátios
com fontes, repuxos d'água, locáis para exposigáo de esculturas ao
ar livre e grandes gramados que conduzem á vista para a baía, além
do emprégo de árvores que daráo sombra e que em determinadas
épocas do ano valorizar-se-áo pela sua f loragáo.
Do ponto de vista ecológico, utilizamos plantas que venham
resistir bem aos ventos fortes e ao ar salino, lim a vez terminado
o plantío, o tempo e o tratamento devido incumbir-se-áo de realizar
o que foi por nós imaginado.

Mauricio Nabuco mostra o que será o Museu a John dos Passos
e scnhora.

�SEM INARIO DE E ST U D O S DA U N ESC O SOBRE A FU N qA O
ED U CA TIV A DOS M U SEU S
Discurso do Professor Carlos Flexa Ribeiro, do Museu de Arte Moderna
do Rio de Janeiro — Setembro de 1958
Permitam-me dizer, de inicio, em nome do Museu de Arte Moderna do
Rio de Janeiro, como estamos felizes e honrados por abrigar o Seminario de
Estudcs da U N ESCO , sobre a Fungió dos Museus na Educacio” . Nao
poderia suficientemente frisar o quanto o problema apresentado pela
U N ESC O corresponde as preocupares que sao os objetivos fundamentáis
déste Museu.
Para comegar pego-lhes que encarem o Museu de Arte Moderna do Rio
de Janeiro, como um projeto, um projeto em vías de realizagáo progressiva,
pois ele nao é ainda em reahdade tudo que imaginamos. A parte do Museu
que vamos visitar daqui a pouco é sómente a quarta parte do que ele será
dentro de dois ou tres anos. Por essa razio, quería fazer-lhes urna pergunta
(ou para ser mais preciso, fago-a a mim próprio) .. . Pode o projeto do Museu
de Arte Moderna do Rio de Janeiro ser considerado como urna nova concepgáo dada á idéia tradicional de Museu, seja no tempo, seja no espago? Em
que medida o nosso projeto corresponde as exigencias da vida nos meados
do século vinte, na América Latina e atende as condigóes sociais particulares
de nosso continente? Pensamos que algumas sugestóes, idéias importantes, podem nascer déste Seminário, para o aperfeigoamento de nossos planos.
As razies de ser do Museu
As idéias básicas do Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro tém
por fundamento a etapa histórica que atravessa o país e o conjunto de con­
digóes que nos cercam. Trabalhamos diretamente sobre o quadro brasileiro
(que é ao mesmo tempo urna parte do quadro geral da América do Sul) e
tentamos definir o que um Museu poderia fazer para servir a essa sociedade.
Nao é necessário sublinhar que consideramos desde logo a situagáo eco­
nómica déste país (e de urna maneira geral a de toda a América Latina) como
urna situagáo de economía subdesenvolvida com regióes que, de urna maneira
global, estío em um estágio de desenvolvimento mais, ou menos, acelerado.
O quadro social brasileiro
Ésse quadro de subdesenvolvimento económico e de atraso cultural foi
um dado por nós considerado desde o inicio. Essa idéia de um país em desen-

�volvimento pode-se traduzir para o Brasil em duas palavras: um país que,
durante muito tempo, teve urna economía de base inteiramente agrícola, de
exportagóes de produtos primários e que ingressa atualmente em nova fase
de desenvolvimento económico, devida a um inicio de economía industrial.
Portanto, a industrializadlo é o fato que marca a transigió da sociedade brasileira de urna fase á outra e que justifica a idéia que se deve ter da trans­
formadlo e da reforma dos sistemas de educadlo nos países subdesenvolvidos.
A reforma da educadlo nacional sob ésse ángulo, consiste em formular um sis­
tema de educadlo, que, baseado ñas condigóes sociais do país, teria como finalidade preparar o homem para os problemas e os tipos de trabalho que as
condigóes novas trouxeram para o nosso país.
Trata-se em suma de substituir na educagao brasileira, a concepglo baseada num ideal abstrato de formagáo do homem, por aquela que prepararía,
de maneira mais direta, as novas geragóes para as tarefas que surgem de
urna realidade social recente em nosso país.
Entáo houve um primeiro problema: o de introduzir o Museu na situagáo
histórica do mundo atual e, ao mesmo tempo, estabelecer um acórdo entre
o programa do Museu e as idéias correntes em nosso país, acerca da reforma
da educagao nacional. É por essa razio que pretendemos criar um Museu
ativo, dedicado a participar da vida e determinado a intervir nos problemas
que o homem de nosso tempo enfrenta para edificar o seu bem-estar material
e espiritual.
A consciencia da arte atual
Para cumprír essa dupla tarefa, preparamos o Museu com as vistas voltadas para colaborar na aproximadlo do homem com a arte que lhe é contem­
poránea. Trata-se de superar essa situagáo, por demais conhecida, de divorcio
entre a Arte e a Sociedade de nosso tempo e ajudar enfim essa tarefa difícil, no
plano cultural, que se poderia, de maneira sintética, chamar de “recuperadlo
da consciencia da Arte Atual” . Náo iremos entrar em detalhes, mas é evi­
dente que, desde a segunda metade do sáculo dezenove, a comunicadlo entre
o homem e a produgáo artística realmente criadora tornou-se difícil.
Facilitar os contatos entre o homem e a arte atual é o primeiro trabalho
de um Museu moderno. E ’ necessário procurar dar ao homem a consciencia
do valor da arte do presente, de modo que o homem se sinta de acórdo com
ele mesmo em matéria de arte. De todas as dificuldades que a nossa socie­
dade atravessa, urna das mais graves do ponto de vista espiritual, consiste
nesse dramático desacordó. O Museu procura contribuir para que a arte
vigente seja um produto de consumo direto e imediato, e náo um “problema”
para o homem. Tanto mais que estamos todos convencidos de que o verdacleiro ccnhecimento da arte em geral só se pode fazer de modo válido,
tomando-se como ponto de partida os valores da arte de hoje. Sempre foi
assim. E o Museu considera que deve contribuir para o restabelecimento
duma solidariedade cultural abalada pela ruptura da tradigáo artística.

�Só rápidamente poderei nesse momento dizer o que o Museu pretende
realizar nesse dominio e, em seguida, mostrarei quais foram os projetos for­
mulados para ampliar seus objetivos.
A s colecóes do Museu
Em primeiro lugar como é natural, o Museu se prepara para reunir urna
coleado de obras de arte da época atual. Há alguns meses, o Museu recebeu
a visita do conhecido jornalista francés, Raymond Cartier. Quando éle olhou
na maqueta o conjunto do projeto arquitetural e a extensáo da construgáo
destinada ás galerías, perguntou se o Museu já tinha os quadros para as
guarnecer. Devo dizer que, no principio, fiquei embarazado para dar-lhe urna
resposta, mas respondí (o que é a pura verdade) que os quadros que iam
ser expostos nessas galerías, na maior parte nao haviam sido ainda pintados.
Dir-se-ia que, por urna vez, a construgáo de um Museu se faz antecipadamente em relamió a urna grande parte das obras artísticas que ele deve encerrar.
Parece-nos de fato muito importante para um Museu da América Latina ter
tomado essa decisáo de viver no presente e se projetar no futuro, constituindo
colegóes da arte criadora da nossa época, no mundo inteiro. Consideramos que,
em nosso continente, os Museus nesse ponto, náo tém escolha.
Exposicóes temporárias
Alcm duma coleólo permanente que o Museu reúne e que vai crescendo
dia a dia, éle organiza também exposigoes temporárias de pintura, escultura,
desenhos, gravuras e desenho industrial. Do mesmo modo realizam-se cursos
e conferencias. Independentemente disso, o Museu terá urna biblioteca e prosseguirá editando publicagóes diversas sobre a arte.
Intercambio cultural
Nc dominio do intercambio cultural, várias exposigoes já foram organiza­
das pelo Museu, algumas no exterior, particularmente no Canadá, nos Esta­
dos Unidos, no Japáo. Em 1957 urna grande exposigáo de Arte Moderna no
Brasil percorreu a Argentina, o Chile e o Perú. Ao mesmo tempo preparamos
atividades que se iniciarlo desde que o edificio do teatro fique pronto. Essas
abrangeráo náo sómente representagóes dramáticas, mas também audigoes de
música e espetáculos de ballet.
Podemos informar igualmente que há dois anos o Museu iniciou urna agáo
continua no dominio do Cinema. Um festival de “Filmes sobre Arte’’ reuniu
urna centena de filmes sobre as Artes Plásticas de cerca de vinte países, incluindo filmes sobre arte desde a pré-história até os nossos dias. Agora
mesmo acabamos de encerrar um festival sobre a Historia do Cinema Ame­
ricano e pensamos fazer o mesmo em relagáo aos outros países que se
destacam na historia da arte cinematográfica.

�Escola Técnica de Criacáo
Desejo agora explicar de que modo pensamos ampliar o programa do
Museu, no que concerne á organizagáo de urna escola, por intermedio da
qual queremos estabelecer de urna maneira sistemática as condigóes capazes de
favorecer a atividade criadora do homem moderno. No seu projeto, o Museu
assumiu a responsabilidade de manter urna escola que terá urna tese cultural
própria, e que se chamará «Escola Técnica de Criagáo».
Por que incluir no programa déste Museu urna escola? Em primeiro lugar,
porque pensamos que no Brasil de hoje é urgente preparar um grupo de
artistas de um nivel superior, digamos universitário, para encarregar-se da
concepgáo das formas novas que serlo utilizadas pela indústria nascente do
país.
É necessário ir ao encontró da indústria que há alguns anos se
desenvolve no Brasil e que náo pode progredir desamparada no plano
artístico. Para isso é necessário formar equipes de homens capazes pelas
suas qualidades imaginativas e pela preparadlo técnica, de criar formas novas
que sejam socialmente eíica2es e adaptadas ás condigóes ñas quais se desen­
volve a vida de hoje.
A doutrina da Escola
E ’ evidente que o programa dessa escola, subentende que se deverá aban­
donar de urna maneira radical a concepgáo de ensino artístico que se desenvolveu antigamente e a que se chama «As Belas-Artes». Néle se renuncia a
todo o cortejo teórico de natureza académica, que decorre dessa concepgáo e
cuida-se de formular um novo programa educativo. Ésse programa está, em
síntese, contido na idéia da educagáo integral de individuos para realizar um
trabalho ¿novador nos dois sentidos: no dominio das comunicagóes visuais
entre os homens e no terreno do equipamento material da vida moderna.
Poder-se-ia dizer: «desde o livro até a televisáo» ou, como disse Walter
Gropius, «desde a colher até a cidade» isto é, desde os instrumentos domésticos
até a urbanizagáo. Essa escola distingue-se do que é normalmente englobado
sob o título de ensino artesanal ou técnico industrial de nivel médio, isto é,
secundário, náo sómente porque o plano sobre o qual se deve desenrolar o
trabalho pedagógico é de nivel superior, e náo secundário, mas principalmente
porque a idéia dessa escola se justifica pela sua decisáo de favorecer a ati­
vidade criadora auténtica.
Náo se poderia negar que, se é verdade que o Brasil atingiu a urna certa
cjualidade na arte arquitetural, náo é menos verdadeiro que essa geragáo
de pioneiros da arquitetura brasileira deve ser seguida por urna nova geragáo
cuja visáo dos problemas será formulada em outros térmos. A revolugáo tec­
nológica do mundo inteiro, que se está desenvolvendo sob nossos olhos, torna
urgente no Brasil a necessidade de preparar novas personalidades criadoras,
com novos conhecimentos técnicos, e novos modos de pensar.

�A organizacáo da Escola
Essa escola cuja organizagáo passo a descrever sumariamente para fina­
lizar, terá dois departamentos: o departamento de Comunicadlo Visual, que
terá éle mesmo duas secgóes; urna secgáo de comunicagáo visual e outra que
se chamará secgáo de Informadlo e Edigáo. Esta mesma sala, onde nos
encontramos nesse momento, destina-se especialmente ás Artes Gráficas da
Escola. Portanto, dois departamentos •— um departamento de Comunicagáo
Visual. Informagáo e Edigáo e um outro departamento de Desenho Industrial
e Construgáo. Os cursos teráo urna duragáo de quatro anos. Um curso fun­
damental de dois anos é previsto para todos os alunos. A partir do terceiro
anc, o aluno deverá escolher um dos dois departamentos de especializagáo.
Os alunos deveráo ter entre 18 e 28 anos. Os estudos seráo pagos; prevé-se um servigo de bolsas de estudo para estudantes de reconhecidas
aptidóes. O curso fundamental tem por finalidade facilitar o primeiro contato
com a concepgáo cultural e pedagógica da Escola e preparar o aluno na teoría
e na prática das disciplinas essenciais da Visáo. É um curso intensivo de
preparagáo intelectual e técnica que se desenvolverá em tres secgóes- As duas
primeiras incluiráo um trabalho teórico, associado ao trabalho de atelier e a
terceira um trabalho únicamente teórico. A iniciagáo visual efetuar-se-á pelo
estudo de todos os elementos da linguagem plástica, no conjunto das relagóes
de forma, espago e cór.
De outro lado, será necessário desenvolver o espirito crítico pela obtengáo
de um grau básico de formagáo cultural de alta qualidade. A Sociología, a
Morfología, a Historia Cultural do Século Vinte, a Historia da Técnica, a An­
tropología Cultural e a Semántica Visual, seráo algumas das disciplinas teó­
ricas. É preciso reconhecer que essa escola náo poderá instalar-se sem a
ajuda de bons professóres. Pensamos contratar para certas matérias, professóres estrangeiros, principalmente os técnicos.
O ensino será ao mesmo tempo teórico e prático. A Escola poderá produzir e vender o que ela produzir. Manterá um contato estreito com o mercado
de encomendas da produgáo, desde o cartaz de propaganda até os produtos
industriáis.
O Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro aceitando a idéia de inte­
grar na sua organizagáo urna escena com urna tese específica como essa que
acabo de descrever, tem a intengáo de se preparar para estender a sua atividade do terreno da Informagáo, ao terreno da Formagáo a fim de contribuir,
na medida do possível, no trabalho de preparagáo da personalidade criadora
de nossa juventude.

�José María Cruxent, Subdiretor do
Estágio «O Papel dos Museus na Edu­
cad o », com Raymonde Frin, Flexa Ri­
beiro e Georges Henri Riviére.

Carlos Flexa Ribeiro e Mauricio Nabuco,
discutindo, com Heloisa Alberto Torres,
os planos para o Estágio da UNESCO .

Um aspecto da assisténcia as reunióles
do estágio, realizado entre 6 e 10 de
outubro de 1958 no Museu.

�ORGANIZAGÁO DAS NAgóES UNIDAS PARA A EDUCAgÁO,
A CIENCIA E A CULTURA
G eorge -H enri R iviére
ESTÁ G IO D E E ST U D O S DA U N ESCO SÓBRE A FINA LID A D E ED U CA TIV A
DOS M U SEU S

V

OZES autorizadas disseram-nos da calorosa acolhida do Brasil, do objetivo

e da gratidáo da U N ESC O e, bem assim, da colaborarlo dinámica da
ONICOM .

Resta ao Diretor do Seminário pronunciar essas duas palavras

temíveis e mágicas: ao trabalho!
Ao trabalho:

O sentido das dificuldades da tarefa serviu, a principio,

de empecilho áquele que havia sido incumbido do cargo, tanto pela alta
organizagáo internacional, como pela confianza do país que o acolheu.
Mas a experiencia dos dois seminários precedentes, o estímulo e os conselhos dos órgáos diretores da ICOM, cujo diretor, Sr. Georges Salles, lhes
envia sua mais cordial mensagem, a assisténcia fraternal dos membros da
Divisáo dos museus, e também, permitam-me acentuar o grande afeto, que
me une ao Brasil, me reconfortaram e esclareceram,
Assim também á medida que essa tarefa se desenvolvía revelava sua
grandiosidade, aplicando-se á gloriosa familia dos povos da América Latina,
onde as riquezas e as belczas da natureza, o prestigio das civilizagóes antigas
do Novo Mundo, o tributo frutificado das civilizagóes do Velho Mundo, produziu urna das mais belas harmonías que jamais se ouviu em pátria de homem!
Ao trabalho:

Nosso programa abre suas tres perspectivas, cujo rigor as

pretensoes cartesianas ameaga ceder sob o ardente impulso dos debates: rela­
tónos dos estagiários que deveráo refletir os problemas próprios de seus países;
•— discussóes sobre os problemas característicos de cada categoría de museu;
— discussóes sobre os problemas comuns a todas as categorías de museus.

�Mas, nao importa quaisquer que sejam os capítulos, contanto que sempre se
acentúe o tema educagao.
Que se trate, stricto sensu, e isso é essencial, das atividades educativas
do Museu. Que se trate com maior amplitude, e isso será talvez a inovagáo
do Seminario, do espirito educativo que deve inspirar toda a Instituigáo do
Museu, na concepgáo de seu edificio, e nos seus métodos de interpretagáo e de
apresentagáo; mas também nos recursos específicos de seu programa: e só
Deus sabe quáo diferentes sao ésses recursos nos nossos museus: tesouros de
Arte cujo deleite se destina a tornar-se accessível a todos, espelhos da natureza
a explorar e proteger, quadros das civilizagóes, ñas suas originalidades e inter­
dependencias, fatóres de estima e de compreensáo entre os povos.
Ao trabalho: Nossa equipe de especialistas em museus e de educadores
harmoniosamente variada na sua composigáo já está consolidada pelo entu­
siasmo. Saibam aqueles que náo puderam vir que a idéia permanecerá conosco.
E que todos os presentes — estagiários titulares ou colegas observadores
vindos de todos os pontos do Brasil, saibam que os responsáveis — diretor,
subdiretores, técnicos eminentes que acederam em colaborar com o nosso
pequeño Estado-Maior, e sobre os quais o diretor se apóia, tencionam favorecer,
em nossos debates o mais livre, o mais afetuoso espirito de camaradagem.
Respeitando, é claro, as exigencias do horário.

Mas também, existem pers­

pectivas mais animadoras, na génese destas recomendagóes destinadas a dar
á nossa reuniáo, espero eu, urna continuagáo durável e eficaz.
Ao trabalho:

E como se anuncia animador ésse trabalho no quadro pres­

tigioso do Museu de Arte Moderna, o mais moderno do mundo, nos prolongamentos que propóe ésse magnífico país, visita de museus cujo espantoso
desenvolvimento nos é revelado por um relatório oportunamente publicado:
excursóes táo bem organizadas pelo IBECC e ONICOM e que devemos á
bondade do govérno brasileiro e instituigóes de mecenas.
O contra-regra, porém, querendo repetir as trés pancadas, náo irá retardar
demasiadamente o inicio da pega?
trabalho, ao trabalho.

Enfim, e desta vez, impreterivelmente, ao

�A DIVISÁO CU LTU RA L DO ITAM ARATI EM 1958
EXPosigAo

A Divisáo Cultural em 1958 prosseguiu no seu trabalho intensivo de
difusáo da arte brasileira, promovendo e apoiando no exterior a realizadlo
tanto de exposigoes individuáis de artistas nacionais, quanto de exposigoes de
arquitetura brasileira, editando cartazes e catálogos especiáis para cada um
dos certames e distribuindo documentagáo e revistas especializadas.
A divulgagáo da arquitetura mereceu especiáis cuidados e está recebendo
excelente acolhida em todos os países em que vem sendo apresentada. Com
a colaboragáo da Novacap, a Divisáo Cultural organizou as seguintes exposigoes relativas aos planos e á construgáo de Brasilia:
Londres, de 10 a 28 de junho, no «Institute of Contemporary
Arts»; em Zurique, 21 de fevereiro a 8 de margo; em Genebra du­
rante o mes de maio; em Miláo, de 9 de aneiro a 9 de fevereiro; em
Munique, no mes de agosto; em Stuttgart, durante o mes de outubro,
e em París, inaugurada a 3 de novembro, durante a Conferencia
Geral da U N ESC O e na própria sede da Organizagáo.
Continuando nesse plano de divulgagáo inaugurou em Buenos Aires,
a 18 de outubro, urna grande Exposigáo de Arquitetura Brasileira, dividida
em tres partes: Barroca, Contemporánea e de Brasilia, a qual seguiu para Montevidéu, devendo ser apresentada ñas principáis capitais da América Latina,
Patrocinou e contribuiu também para a Exposigáo de arquitetura organizada
pelo Instituto de Arquitetos, no «Annual Home Show», no Coliseu de Nova
Iorque, enviando objetos de artesanato, discos e filmes, além de duas maquetes
de obras em andamento no Rio de Janeiro.
Aínda no setor de Arquitetura, a Divisáo Cultural patrocinou, juntamente
com o IBECC e o Instituto de Arquitetos do Brasil, o «Seminário de Arqui­
tetura e Urbanismo» que se realizou, de 6 a 12 de outubro, no Museu de
Arte Moderna do Rio e em Brasilia, convidando para ésse certame quatro
arquitetos estrangeiros, Van Esteeren (Holandés), Max Loch (Inglés),
Takamasa Yoshizaka (Japonés) e Aba Elhanani (Israelense) . Entre as
principáis mostras individuáis de artes plásticas realizadas no exterior com o
patrocinio e auxilio da Divisáo Cultural, conta-se a de Roberto Burle Marx,
que expós arquitetura paisagística ñas mostras já mencionadas de Zurique,
Genebra, Munique e Stuttgart; de Lazar Segall (desenho e pintura) em
Madri, tendo duas outras programadas respectivamente para Veneza e Paris;
de Fayga Ostrower (gravura) em Amsterdáo, no Stadlick Museum; de
Aldemir Martins (desenho e gravura), em Nova Iorque; e de Iberé Camargo,
(pintura e gravura) em Washington. Atualmente, em colaboragáo com o
Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro, a Divisáo Cultural está organi­
zando, para o Haus de Kunst de Munique, urna Exposigáo de Arte Contem­
poránea Brasileira, que percorrerá diversos países da Europa, dentre outros
Franga, Holanda, Suíga e Alemanha, nos anos de 1959 e 1960.
Contribuiu ainda a Divisáo Cultural para o Festival de Cinema Norte­
americano organizado pela Filmoteca do Museu de Arte Moderna do Rio de

�Janeiro, ocasiáo em que convidou o Sr. Richard Griffith, da Filmoteca do
Museu de Arte Moderna de Nova Iorque, bem como ofereceu os premios
do Festival.
Nc seu programa de divulgando da cultura brasileira foram convidados
a visitar o Brasil personalidades estrangeiras de renome internacional, entre
outros, os escritores Aldous Huxley, inglés, e John dos Passos, americano*
Em novembro o arquiteto Timo Sarpaneva, convidado pela Divisáo
Cultural, realizou no Museu de Arte Moderna do Rio de Janiro urna exposigáo de Arte Decorativa Finlandesa que despertou grande interésse; convidou
para visitar o Brasil urna jovem italiana, Clara Cova, que, no seu país, acertou
todas as perguntas sobre Historia do Brasil num programa de Televisao, demonstrando conhecimento ampio sobre o país.
EXPOSIQÁO DE A RQ U ITETU R A BRASILEIRA EM BU EN O S AIRES
Prosseguindo no seu intensivo programa de difusáo da arte e arquitetura
brasileiras no estrangeiro, a Divisáo Cultural do Itamarati inaugurou em 15 de
outubro urna Exposigáo em Buenos Aires.
Á inaugurando compareceram representantes do Govérno argentino, di­
plómalas, figuras representativas da sociedade e artistas.
Do Rio de Janeiro, viajou a Diretora Executiva do M U SEU DE A RTE
M ODERNA, o jornalista Jaime Mauricio e demais pessoas interessadas.

Na fotografía acima vemos o Embaixador Aguinaldo Boulitreau Fragoso,
Embaixador do Brasil na Argentina, discursando na abertura da Exposigáo.
Á sua esquerda o Ajudante de Ordens do Presidente Frondizi e á sua direita
o Vice-Presidente da Argentina Senhor Gómez. Na extremidade esquerda
da fotografía, vemos a Embaixatriz Fragoso e Senhora Niomar Moniz Sodré,
e o crítico Romero Brest.

�CINEM A
A ntonio M oniz V iana

Nascido há sessenta anos, filho de Lumiére ou Edison, o cinema só
tem em dúvida a questáo da paternidade. Os que, a principio, estavam no
direito de inquirir se aquilo seria mais que um brinquedo ou urna curiosidade,
há muito deixaram de discutir. Em 1915, na revoluto griffithiana, o
cinema trocou de regime definitivamente: deposto o espetáculo de feira,
surgiu em seu lugar outra coisa. A partir de The Biith of a Nation, passou
a ter urna linguagem, a sua linguagem, que, enriquecida por contribuigóes de
todos os lados, torna-o a mais jovem de todas as artes.
E é urna arte visual — ou melhor, audiovisual, após outra revolugáo,
em 1926. Se, nos meios que emprega, está mais próximo do teatro e da
literatura, o cinema, quando utiliza o impacto visual a que só em casos
especiáis poderia renunciar, acercarse também da artes plásticas — embora
ao manter essas relances náo o faga no ponto em que Abel Gance o viu, em
profecía de trinta anos atrás, Arte independente — e também indústria — o
cinema é mais jovem que o impressionismo e o cubismo, mas o expressionismo, o surrealismo, o abstracionismo, sao seus contemporáneos neste
século. E quase ao mesmo tempo que o teatro, incorporava á sua cenografia,
á própria narrativa, as concepgóes expressionistas: O Gabinete do Dr. Galigari
é de 1919.
As relagóes entre o filme e a pintura tém essa polivalencia que pode
levar o primeiro a Breughel (La Kermesse Heroique) e Ucello (Henry V ),
de Renoir a Picasso. Verificam-se na própria estrutura dramática ■— e
também sob outro aspecto, quando o cinema, aproveitando-se do direito e da
possibilidade de documentar, detém-se no estudo de um artista, náo apenas
o da vida de Toulouse Lautrec (Moulin Rouge) e Van Gogh (Sede de
Viver), mas ainda, o da sua obra, deixando á margem tudo que náo seja
quadro ou náo sirva para explicá-lo. É o cinema assumindo um caráter essencialmente crítico ou didático -— ai, nesse distrito, comumente no lugar de
cineasta está o professor ou o crítico de artes plásticas. Ésses filmes, na
maioria de curta ou média metragem, sáo evidentemente de fácil utilizagáo
num Museu de Arte Moderna: servem á divulgagáo de artistas, servem a
ilustragáo de cursos, interessam a quantos apreciam, sem maiores preocupagóes, as artes plásticas.
Náo só através de filmes didáticos, o cinema, como arte a servigo déla
mesma e a única que teve seu nascimento adiado até éste século, tem garan­
tido o seu lugar no Museu de Arte Moderna. A ésse fato náo está alheio,
porque náo é de seu feitio alhear-se a nada, o Museu de Arte Moderna do
Rio de Janeiro. O cinema, aqui, já comegou. Apenas comegou, todavía,
porque o que já foi feito é pouco em comparagáo com o que se fará.
Um Museu nesses moldes — e o do Rio náo estará atrás do de Nova
Iorque — tem hoje, entre suas missoes, a de preservar da destruigáo as obras
mais importantes da cinematografía. A Cinemateca torna-se urna obrigagáo
a que náo é permissível faltar. Os que admiram o cinema e por isso temem
o apagamento de seus maiores instantes, confiam no Museu, esperam, que-

�O embaixador Briggs, dos Estados Unidos, acompanhado de Harry
Stone, visita o Festival.

Urna das pe?as expostas na mostra do Festival do Cinema Ame­
ricano: um primitivo projetor.

�rern ter a certeza de que o Museu, um dia, lhes devolverá essas obras, intactas
ou quase. As lutas, as dificuldades que isso oferece, nao sao todos os que
compreendem, porque sao muitos os que as ignoram. Urna tela de Modigliani, urna cerámica de Picasso ou um Mondrian náo sao propriedade ex­
clusiva de seus proprietários: a qualquer instante, um Museu poderá expó-los.
Os filmes de Griffith e Stroheim, de Chaplin ou Ford, merecem a mesma
coisa —• sobretudo quando é fácil tirar de cada um déles um número infinito
de copias. Mas urna indústria, ou melhor, os seus dirigentes náo raro ficam
surpresos se alguém se refere aos seus produtos em termos de arte. Dai as
dificuldades a que nem o Museu de Nova York consegue escapar.
O Museu do Rio de Janeiro terá pela frente, muitas vézes, as mesmas
dificuldades, acrescidas da distancia geográfica dos grandes centros produtores de filmes. Essa distancia, entretanto, talvez venha a ser urna vantagem.
As Cinematecas européias, como pudemos verificar, náo tém melhores relagóes
com a indústria cinematográfica americana do que as dos Estados Unidos?
Um Museu tem, aínda, na questáo da preservado dos filmes que, cedo ou
tarde, se tornam raros, outra grande qualidade: os próprios cineastas podem
estudar, na Cinemateca, a obra de um precursor ou a maneira pela qual foi
abordado, vinte ou trinta anos atrás, o mesmo assunto que éles agora váo re­
tomar — ou podem até ver os filmes que éles próprios fizeram e nem sequer
urna copia tiveram o cuidado ou os meios de guardar. René Clair, para citar um
exemplo, teve de recorrer á Cinemathéque Frangaise para rever o Fausto de
Murnau, antes de iniciar a sua versáo da legenda, em La Beauté du Diable.
O Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro sabe que precisa ter a
sua Cinemateca. Náo fora essa determinado e náo estariam em construgáo,
nuin dos outros blocos a inaugurar, as instalagóes em que a Cinemateca
funcionará. Um auditorio de mil lugares, planejado de acórdo com a
técnica mais apurada, vai crescendo, mais além. Mas, para o Museu,
é pouco um auditorio só. E outro menor (e, ainda assim, mais ampio
do que o auditorio único de quase todos os Museus e Cinematecas da
Europa e da América), terá 200 lugares — destinando-se ás sessóes mais
íntimas e experimentáis, também mais conveniente para os diversos cursos
que o Museu promove, e mais prático, ainda, para os trabalhos de selegáo e
exame de filmes a serem projetados, para todos os socios, no auditorio maior.
De todas as Cinematecas européias, a do British Film Institute, subven­
cionada pelo govérno inglés, náo conta com mais de 600 cadeiras em seu
auditorio, o National Film Theatre.
Esta será urna das etapas mais dispendiosas na construgáo do Museu.
Nenhum detalhe está sendo esquecido. Os dois auditorios e a Cinemateca,
assim como os departamentos subsidiários — os arquivos de fotograba, a
Biblioteca e a Discoteca. A possibilidade de acidentes, em que todo colecionador de filmes deve pensar, tornarse quase inadmissivel diante de medidas
como a de só permitir, no Museu, o depósito de filmes náo inflamáveis,
guardando-se os outros, que estáo sujeitos á combustáo espontánea, fora da
cidade — como se faz nos centros mais adiantados.
Náo só no setor das artes plásticas, mas também nos de outras artes,
o Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro está preparado — e náo é com
pouco que se contentará.

�O Jóguei Clubc Brasileiro homenageou o Museu de Arte Moderna
fazendo correr um parco, a 31 de agosto, por ocasiáo do Festival
do Cinema Americano.

O Senhor Richard Griffith, con­
servador da filmoteca do Museu
de Arte Moderna de New York,
recebe o premio do Festival
«A Historia do Cinema
Americano».

�Miss Margaret Herich tendo em máos o ambicionado «Oscar», pela
primcira vez exibido no estrangeiro.

RELATÓRIO SOBRE o f e s t i v a l d o c i n e m a a m e r i c a n o
1958 foi um ano particularmente movimentado para a Cinemateca do
Museu.

Isto porque, as térgas-feiras no Auditorio da ABI urna sessao cine­

matográfica para os socios, ampliou suas atividades, com a realizagáo de
um festival de repercussáo mundial, sua I Mostra Internacional de Arte
Cinematográfica.

�A programado normal, embora nao tenha atingido aos fins de urna
verdadeira cinemateca, foi preparada visando náo apenas ao divertimento
mas procurando um sentido cultural, de forma a tornar essas exibigoes um
espelho do desenvolvimento do cinema através dos tempos e possibilitar aos
estudiosos ver ou rever obras representativas de todos os países.
Durante o ano de 1958, foram realizadas 51 sessóes semanais, com igual
número de filmes de longa metragem, dos quais 9 pré-estréias e 18 comédias
curtas e desenhos animados, os últimos de procedencia americana. Entre os
filmes longos, 27 foram americanos, 8 ingleses, 7 franceses, 4 suecos, 3
italianos, 1 russo e 1 japonés.
A I Mostra Internacional de Arte Cinematográfica, embora náo tenha,
por motivos independentes da vontade do Museu, atingido ao nivel progra­
mado, ainda assim constituiu um acontecimento da maior importancia, cujo
alcance pode ser avahado pelo fato do «Golden Laurel», premio instituido
por David O. Selznick, em 1953, para concessáo anual, ter sido pela primeira
vez entregue fora da Europa, tendo sido escolhido o nosso Festival para
ésse fim.
Constituiu-se a I Mostra de um festival denominado «A Historia do
Cinema Norte-americano», homenagem ao pais que, pelo volume e qualidade de
sua obra cinematográfica, coloca-se, indubitávelmente, á frente da produgáo
mundial.
Inaugurado a 25 de junho, á meia-noite, no cinema Roxy, com o filme
«A Star is Born», como preito de reconhecimento a Janet Gaynor, urna das
principáis intérpretes, e David O. Selznick, seu produtor, pelo desinteressado
e decidido apoio a esta iniciativa do Museu, prolongou-se até 31 de agosto,
quando se encerrou com urna sessáo de gala no cinema Palácio, onde foi
exibida, em pré-estréia mundial, a produgáo «Home Before Dark», da Warner
Brothers, dirigida por Mervyn Le Roy.
O Festival foi dividido em trés partes: um «ciclo retrospectivo», de 25
programas, em que foram exibidos os grandes filmes do passado e aquéles
que, por sua contribuido ao desenvolvimento técnico e estético do cinema,
tornaram-se marcos na historia da sétima arte: nove pré-estréias de grandes
produces, concorrentes a prémios e, finalmente, um seminário onde, durante
cinco dias, foram debatidos problemas da maior importáncia e do qual participaram figuras de projegáo internacional, como Richard Griffith, conser­
vador da Film Library do «Museum of Modern Art» de Nova Iorque, Roberto
Rossellini, o grande realizador italiano, Paulo Emilio Salles Gomes, conser­
vador da Cinemateca Brasileira e um dos Vice-presidentes da «Federation
Internationale des Archives du Film» (F IA F ), Adhemar Gonzaga, um dos
mais antigos críticos e diretores brasileiros, jornalistas, críticos, etc.

�O ciclo retrospectivo constou de 25 sessoes, onde foram exibidos 67
filmes longos e curtos e desenhos animados e, ainda, trechos escolhidos de
vários géneros, como o Western, o musical, o gángster, etc, estes comple­
mentando o filme de longa-metragem que representava o género.
Para as pré-estréias, decidiu a diretoria do Museu instituir 10 prémios:
4 placas de ouro, para o melhor filme, melhor diretor, melhor ator e melhor
atriz; e 6 placas de prata: melhor ator-coadjuvante, melhor atriz-coadjuvante,
melhor “screenplay” , melhor fotograba, melhor música e melhor desenho
animado.
Candidataram-se a ésses prémios os seguintes filmes: «A Casa das
Amarguras» (Ten North Frederick), de Philip Dunne (Fox); «Amor na
Tarde» (Love in the Afternoon), de Billy Wilder (Allied Artists); «Gloria
Feita de Sangue» (Paths of Glory), de Stanley Kubrick (United Artists);
«Bom Dia Tristeza» (Bonjour Tristesse), de Otto Preninger (Columbia);
«Quando o Espetáculo Termina» (Stage Struck), de Sidney Lumet (R K O );
«Os Irmáos Karamazov» (The Brothers Karamazov), de Richard Brooks
(M -G-M ); «Assim Caminha a Humanidade» (Giant), de George Stevens
(W B ); «A Fúria da Carne» (Wild is the W ind), de George Cukor (Paramount); e «Amar e Morrer» (A Time to Love and a Time to D ie), de Douglas
Kirk (U -I).
Um júri de 17 membros, do qual participaram críticos cinematográficos,
representantes da Cinemateca, do Itamarati e da Film Library do «Museum
of Modern Art» de Nova Iorque, assistiram durante 4 dias aos filmes inscritos,
concedendo a «Gloria Feita de Sangue» 2 placas de ouro (filme e diretor) e
3 de prata (ator-coadjuvante, «screenplay» e fotograba); 1 placa de ouro e
outra de prata a «Amor na Tarde» (atriz e música); 1 placa de ouro a «Fúria
da^Carne» (ator); 1 placa de prata a «Bom dia Tristeza» (atriz-coadjuvante)
e 1 placa de prata a «O Malabarista de Nossa Senhora» (The Juggler of
Our Lady), da Fox, melhor desenho animado.
Por delegagáo da Diretoria do Museu ao Júri, foram ainda conferidas
«hors concours», 2 placas de ouro e 2 de prata.

As primeiras couberam á

Film Library do «Museum of Modern Art» de Nova Iorque pelo seu trabalho
em prol da conservadlo de filmes e a Orson Welles, por todo o seu trabalho,
desde «Cidadio Kane».

As últimas a Janet Gaynor, por todo o seu

trabalho, desde «Aurora» e Saúl Bass, pelo alto valor artístico de seus
trabalhos na apresentadáo de filmes.

�FE ST IV A L «A HISTORIA DO CINEM A N O RTE-A M ERICA NO »
CICLO RETR O SPEC TIV O
PROGRAMA INAUGURAL
25 e 26 de junho:
Filmes Primitivos de Edison
Nasce Urna Estrila
de David O „ Selznick
2.° PROGRAMA

•

.•

„

27 e 28 de junho:
Intolerancia
de D . W . Griffith
3. ° PROGRAMA
30 de junho e l.° de julho:
His Bread and Butter
de Edward Cline
The Clever Dummy
de H . Raynaker
Escravo de Urna Paixáo
de Frank Powell
4. » PROGRAMA
2 e 3 de julho:
Gertie the Dinosaur
de Winsor Me Cay
Mabel’s Dramatic Career
de Mack Sennett
The Surf Girl
dé Mack Sennett
The Navigator
de Donald Crisp e Buster Keaton
5. “ PROGRAMA
4 e 5 de julho:
The Great Train Robbery
de Edwin S . Porter
Rescued From An Eagle’s Nest
de Edwin S . Porter
The Last Card
de Thomas H . Ince
' ' J ' Civilization
de Thomas H . Ince

�6.» PROGRAMA
7 e 8 de julho:
O Ladráo de Bagdad
de Raoul Walsh
7. » PROGRAMA
9 e 10 de julho:
Os Quatro Cavaleiros do Apocalipse
de Rex Ingram
8. ° PROGRAMA
11 e 12 de julho:
Esposas Ingenuas
de Eric von Stroheim
■ 9.° PROGRAMA
14 e 15 de julho:
Moana of the South Seas
de Robert J. Flaherty
A Danzarina Espanhola
de Herbert Brenon
10.° PROGRAMA

j"

16 e 17 de julho:
A Carne e o Diabo
de Clarence Brown
11. » PROGRAMA
18, 19 e 20 de julho:
Plañe Crazy
de W alt Disney
A Rainha Mendiga
Sétimo Céu
de Frank Borzage
12. » PROGRAMA
21 e 22 de julho
Paixáo e Sangue
de Josef von Sternberg
Grandes momentos dos filmes de «gangsters»
13. » PROGRAMA
23 e 24 de julho:
Aurora
F . W . Murnau

\

�Urna das reunioes para discussáo dos planos sobre o Festival do
Cinema Americano, com a presenta de representantes das várias
companhias cinematográficas.

No Festival «A Historia do Ci­
nema Norte-americano». Jacques
Bcrgerac e Dorothy Malone.

�14.0 PROGRAMA
25 e 26 de julho:
O Cantor de Jazz
de Alan Crosland
Trechos de filmes musicais de 1933
Picolino
de Mark Sandrich
15. ° PROGRAMA
28 e 29 de julho:
Making a Living
de Henry Lehrman
Da Máo a Boca
Acrobacias
de F . Newmeyer
O Galante Mr. Deeds
de Frank Capra
16. ° PROGRAMA
30 e 31 de julho
Steamboat Willie
de W alt Disney
O Delator
de John Ford
3 7.“ PROGRAMA
1 e 2 de agosto:
The Skeleton Dance
de Walt Disney
A Terra dos Deuses
de Sidney Franklin
18.“ PROGRAMA
4 e 5 de agosto:
The Band Concert
de W alt Disney
Aleluia!
de King Vidor
39." PROGRAMA
6 e 7 de agosto:
Quatro Filmes curtos de Charles Chaplin
Turistas de Meia-Cara
de Norman Me Leod

�20.» PROGRAMA
8 e 9 de agosto:
Anjo
de Ernest Lubitsch
Ninotchka
de Ernest Lubitsch
21. » PROGRAMA
11 e 12 de agosto:
Cinco Trechos de filmes de grandes Estrélas
Gilda
de Charles Vidor
22. » PROGRAMA
-- '

, ;r .

/

13 e 14 de agosto:
Quatro Trechos de filmes de grandes Diretores
Pérfida
de William Wyler
23. » PROGRAMA
1-5 je 16 de agosto:
Quatro Trechos de filmes de grandes Diretores
Urna Aventura na África
de John Huston
24. » PROGRAMA
18 e 19 de agosto:
O Hato Valsante
de Fred Quimby
Os Melhores Anos de Nossa Vida
de Robert E . Sherwood
25. » PROGRAMA
20 e 21 de agosto:
Desenho Animado da UPA
Quatro Trechos de filmes em CinemaScope
Cidadio Kane
de Orson Welles
S E S S O E S EXTRA O RD IN A RIA S
10 de agosto:
O Túmulo Vazio
de Robert Wise
Vampiro de Almas
de Don Siegel

!-

..... . '
• -- - -

�17 de agosto:
Seis Trechos de filmes «Western»
No Tempo das Diligencias
de John Ford
22 e 23 de agosto:
Tres Trechos de filmes musicais
Cantando na Chuva
Gene Kelly e Stanley Donen
PRÉ-ESTRÉIA S
21 e 22 de agosto:
O Malabarista de Nossa Senhora (Desenho)
A Casa das Amarguras
de Philip Dunne
22 e 23 de agosto:
Amor na Tarde
de Billy-Wilder
23 de agosto: e\o&lt;--s Gloria Feita de Sangue
de Stanley Kubrick
24 e 25 de agosto:
Magoo Visita a Mamáe (Desenho)
Bom Dia Tristeza
de Otto Preminger
25 e 26 de agosto:
Marinheiros
de W alt Disney
Quando o Espetáculo Termina
de Sidney Lumet
-

-- ■vr-rrry-T— «'■&gt;*'»"' X V

V

26 e 27 de agosto:
Churrasco e Pancadaria (Desenho)
Os Irmáos Karamazov
de Richard Brooks
27 e 28 de agosto:
Coelho «a La» Ópera (Desenho)
Assim Caminha a Humanidade
-i i-o . Je George'Stevens
28 e 29 de agosto:
Fúria da Carne
de George Cukor
29 e 30 de agosto:
Amar e Morrer
de Douglas Kirk

-

�Niomar Moniz Sodré saúda os presentes á sessao de encerramento
do Festival.

Aspecto da sessao de encerramento do Festival, em 31 de agosto,
no Cinema Palácio

�PRÉ-ESTRÉIA M UNDIAL
30 de agosto:
O Direito de Ser Feliz
de Mervyn Le Roy
FILM ES EXIBID O S EM 1958 Ñ A S SE SSÓ E S ORDINARIAS
M ÉS DE JANEIRO
Dia 7:
Carlitos Faxineiro
de Charles Chaplin
Sindicato de Ladróes
de Elia Kazan
Dia 14:
A Mulher Perfeita
de Charles Chaplin
Oliver Twist
de David Lean
Dia 21:
Carlitos no Teatro
de Charles Chaplin
Quinteto da Morte
de Alexander Mackendrick
Dia 28:
O Regenerado
de Charles Chaplin
Os 5.000 Dedos do Dr. T
de Roy Rowland
M ÉS DE FEV EREIRO
Dia 4:
O Falso Gerente
de Charles Chaplin
Mona Lisa de Cegó
de Stephen Bosustow
lima Noite na Ópera
de Sam Wood
Dia 11:
Á Urna da Madrugada
de Charles Chaplin
Mr. Magoo Dormiu Aqui
de Stephen Bosustow
O Selvagem
de Lazlo Benedek

�Dia 25:
O Conde
de Charles Chaplin
Coragáo Delator
de Stephen Bosustow
Devocáo de Assassino
de Charles Crichton
M ÉS DE M A RgO
Dia 5:
O Aventureiro
de Charles Chaplin
A Grande Chantagem
de Robert Aldrich
Dia 11:
A Rúa da Paz
de Charles Chaplin
O Outro Homem
de Carol Reed
Dia 18:
O Imigrante
de Charles Chaplin
Anjos de Cara Su ja
de Michael Curtiz
Dia 25:
O Balneario
de Charles Chaplin
A Trapaca
de Federico Fellini
M ÉS DE ABRIL
Dia 1:
Papal é do Contra
de David Lean
Dia 8:
Familia Exótica
de Marcel Carné
Dia 15:
No Tempo das Diligéncias
de John Ford

�Cartaz do Festival «A Historia do Cinema Americano».

�Dia 22:
Assassinos
de Robert Siodmak
Dia 29:
Historia de Urna Mulher
de David Lean
M ÉS DE MAIO
Dia 6:
Urna Ligáo de Amor
de Ingmar Bergman
Dia 13:
O Ferroviario
de Pietro Germi
Dia 20:
Céu Amarelo
de William A . Wellman
Dia 27:
Por Ternura Também se Mata
de René Clair
M ÉS DE JUNHO
Dia 3:
Gervaise, a Flor do Lodo
de René Clement
Dia 10:
Ménica e o Desejo
de Ingmar Bergman
Dia 17:
Um Pária das libas
de Carol Reed
Dia 23:
Winchester 73
de Anthony Mann
M ÉS DE JULHO
Dia 4:
A Mulher e a Tentagáo
de Gustaf Molander
Dia 11:.
Sem Barredas no Céu
de David Lean
Dia 18:
Os Visitantes da Noite
de Marcel Carné

�Dia 25:
Rio Vermelho
de Howard Hawks
M ÉS DE AGOSTO
Dia l.°:
Béco Sem Salda
de William Wyler
Dia 8:
Aurora
de F . W . Murnau
Dia 15:
A Vergonha de Urna Nacáo
de Howard Hawks
Dia 25:
Pánico ñas Rúas
de Elia Kazan
Dia 29:
Paixao e Sangue
de Josef von Sternberg
M ÉS DE SETEM BRO
Dia 2:
Plañe Crazy
de Walt Disney
Sétimo Céu
de Frank Borzage
Dia 9:
Steamboat Willie
de W alt Disney
O Delator
de John Ford
Dia 16:
The Great Train Robbery
de Edwin S . Porter
The Last Card
de Thomas H . Ince
O Vagáo Coberto ou Os Bandeirantes
de James Cruze
Dia 23:
Cidadáo Kane
de Orson Welles
Dia 30:
Por quem os Sinos Dobram
de Sam Wood

�M ÉS DE O UTU BRO
Dia 7:
O Expresso de Shangai
de Josef von Sternberg
Dia 14:
Moana
de Robert J. Flaherty
Dia 21
Man of Aran
de Robert }. Flaherty
Dia 28:
Le Sang d ’un Poete
de Jean Cocteau
M ÉS DE NOVEM BRO
Dia 4:
Romance na Itália
de Roberto Rosseliini
Dia 11:
Fatalidade
de George Cukor
Dia 18:
Outubro
de Sergei M . Eisenstein
Dia 25:
Ele, E la . . . e o Outro
de Marcel Carné
M ÉS DE DEZEM BRO
Dia 2:
O Mensageiro do Diabo
de Charles Laughton
Dia 9:
Grilhóes do Passado
de Orson Welles
Dia 16:
A Bela e os Ladróes
de Keigo Kimura
Dia 23:
L'Atalante
de Jean Vigo
Dia 30:
Sot risos de Urna Noite de Veráo
de Ingmar Bergman

�ESTÁ G IO S DA U N ESC O NO M U SEU
III SEM INARIO SÓBRE A F U N gA O ED U CA TIV A
DO S M U SEU S
J aym e M aurício

Sob os auspicios da U N ESC O e com a participadlo administrativa do
IBECC (Instituto Brasileiro de Educagao, Ciencia e Cultura), além do
apoio decisivo da ONICOM

(Organizagáo Nacional do "International

Council of Museums” ), realizou-se durante o mes de setembro de 1958 na
sede do Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro, o III Seminário sobre a
Fungáo Educativa dos Museus, presidido pelo professor George Henri
Riviére, criador do “Musée de L ’Homme” de Paris e atual diretor do Museu
de Artes e Tradigóes Populares da capital francesa. Antecipado pelo de
Biooklyn, em 1952, e pelo de Atenas, em 1955, ésse conclave alcangou
plenamente as suas finalidades : focalizar, discutir e estimular as atividades
pedagógicas dos museus latino-americanos. Os resultados fináis do Semi­
nário, as recomendagóes mais importantes, cabem ao diretor, George Henri
Riviére, que fará a sua comunicagáo oficial através da U N ESCO , nao
cabendo ao Museu antecipar-se.
Alguns pontos, entretanto, podem ser
adían tados.
Tratou-se das categorías dos museus, sua classificacáo em museus de
arte, etnología, ciéncias naturais, folclore, museus técnicos e científicos, museu
ao ar livre, etc., com exemplos de todas as diferentes categorías; da apresentacáo das exposigoes, acentuando-se a necessidade de um programa de apresentagáo que deverá ser ecológica, evocadora de um ambiente, siste­
mática, podendo ser polivalente ou especializada, permanente ou temporaria,
mas sempre dentro de urna orientagáo estética e documentada, além de urna
série de recomendagóes sobre outros tipos de exposigoes, inclusive as itine­
rantes; do programa educativo sob a responsabilidade de museólogos com a
colaboragáo do planejador e dos técnicos e educadores, subdividindo-se as
atividades dentro do museu ; visitas guiadas com explicagóes sumárias ou
suplementares, tendo em vista o tempo de duragáo, o cansago, comentários
sonoros, projegóes de slides e filmes, cursos — fora do museu: excursóes
orientadas a colegóes, edificios, monumentos, jardins, ateliers, casas histó­
ricas, laboratorios, etc., empréstimos de objetos a escolas e organizagóes

�culturáis, clubes de amigos do museu, publicares, catálogos, reproduces,
filmes comentados, rádio e televislo; tratou-se enfim da organizagáo de
museus e museólogos através de urna organizará® geral de museus para
congregar num mesmo sistema administrativo os museus nacionais, da prepa­
rarlo de um plano museológico nacional, da cooperarlo no plano inter­
nacional, da criarlo de laboratorios científicos, do incentivo á documentarlo
e as subvenroes orramentárias, do aumento dos subsidios aos museólogos a
fim de que possam enfrentar as exigencias da carreira, do contacto com os
poderes públicos, etc.
Durante os trabalhos, que foram intensivos e com horários rígidos,
realizaram-se diversas excursóes aos pontos de interésse capital, de Sao
Paulo e Minas Gerais, desenvolvendo-se ainda um intenso programa social,
debates, projeróes, com participarlo efetiva da opiniáo através de notas,
comentários e entrevistas pela imprensa. O programa do Museu de Arte
Moderna foi explicado pelo professor Carlos Flexa Ribeiro e vai sintetizado
em outro local.
A direráo geral do Seminário teve a seguinte constituido: Diretor:
— Sr. George Henri Riviére, Diretor do Conselho Internacional de
Museus (ICO M );
Subdiretores :
Sr. José María Cruxent. Diretor do Museu Nacional de Ciencias
Naturais de Caracas, Venezuela ;
Sr. Mário Vásquez Rubalcava, museólogo do Museu Nacional de
Antropología do México ;
Diretores-Honorários : — Sra. Heloisa Alberto Torres, Presidente da
O N IC O M ;
Subdiretores Honorarios : — Sra. Vera Sauer, da Diretoria do IBECC;
%

Secretária-Geral Honorária : — Sra. Niomar Moniz Sodré, Diretora
Executiva do Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro ;
Conselheira Técnica: — Sra. Grace Moriey, Diretora do Museu de
Arte de Sao Francisco, California, U .S .A .;
Membros da U N ESC O :
Sra. Raymonde Frin, Secretária de Redagáo de Museu, da Divisáo de
Museus e Monumentos ;
Sr. Hiroshi Daifuku, da Divisáo de Museus e Monumentos ;
Sra. Rafaela Chacón Nardi, do Centro Regional da U N ESC O em Cuba:

�Paulo Carneiro tala durante o estágio sobre «Criagáo de Novas
Cidades».

Arquitetos em conversa, no estágio da Unesco: «Cria^áo de Novas
Cidades», efetuado no Museu. Presentes Afonso Eduardo Reidy,
Pierre Vago, Riño Levi, Henriquc Mindlin, Ernani Vasconcelos,
André Gutton.

�SEMINARIO INTERNACIONAL SÓBRE A CRIAgAO
DE NOVAS CIDADES
Outro importante acontecimento internacional, ocorrido no Museu, foi
o Encontró Internacional de Arquitetura e Urbanismo, chamado também
Seminário, com um programa de grande atualidade, sobretudo no Brasil,
com a construgáo de Brasilia : a criagáo de novas cidades.

Promovido

também pela U N ESC O e ainda com a organizagáo eficiente do IBECC,
contou com a colaboragáo substancial da Divisáo Cultural do Itamarati, do
Instituto de Arquitetos do Brasil, do Instituto Brasil-Estados Unidos e da
NOVACAP.

Sua duragáo foi de apenas poucos dias : 6 a 12 de outubro.

A instalagác contou com a presenga do representante do presidente da
República, do vice-presidente da U N ESCO , Sr. Jean Thomas, do delegado
brasileiro, embaixador Paulo Carneiro, do Dr. Guillermo Francovich, diretor
do Centro Regional da U N ESC O no Hemisfério Ocidental e sob a presi­
dencia do professor Themistocles Cacalvanti, presidente do IBECC, que
saudou os congressistas, frisando ser o Encontró destinado a estudar a
criagáo das novas cidades, náo sómente do ponto de vista arquitetónico e
urbanístico, mas também do de todos os problemas de concepgáo moderna
correlatos : sociológicos, geográficos, humanos e outros. Agradeceu a cola­
boragáo do embaixador Paulo Carneiro e de todos os que cooperaram para
o éxito do conclave. Falou também o S r. Jean Thomas acentuando que
reunióes periódicas daquele género se deviam á atuagáo do embaixador Paulo
JT.arneiro, para acentuar o interésse da U N ESC O em apoiar tais acontecimentos. Falaram ainda os arquitetos Henrique E . Mindlin, Pierre Vago e
por fim o embaixador Paulo Carneiro.
Os trabalhos foram organizados em trés mesas constituidas por diversos
congressistas e um “moderador" abrangendo os trés pontos essenciais ^o
programa : a 1.a mesa tratou da decisáo da criagáo de novas cidades, a
2.a sobre o que deve ser o Plano-Piloto de urna nova cidade, e a 3.a sobre
a execugáo désse Plano, a sua realizagáo.

Funcionaram como “moderadores”

das trés mesas, respectivamente, os Srs. Hilgard Sternberg, Riño Levi e
Themistocles Cavalcanti.
Os debates e trabalhos foram acalorados, brilhantes, ressaltando a
competencia profissional dos presentes com especial atuagáo dos profissionais
brasileiros.
Além dos arquitetos e urbanistas brasileiros, do Rio de Janeiro e dos
Estados, compareceram á reuniáo as seguintes personalidades estrangeiras:

�J. M. Richards (inglés), Fierro Vago (francés), Luigi Piccinato (italiano),
e R . P. Vouga (belga), convidados pela U N ESC O ; Groenmann (holandés),
Syme (inglés) e Raúl Villanueva (venezuelano), pelo IB E C C ; Cornelius
van Esteeren (holandés), Aba-El-Hanani (israelense), Max Loch (inglés)
e Takamasa Yoshizaka (japonés), pela Divisáo Cultural do Itamarati.
Findos os trabalhos nesta capital, os Seminaristas, acompanhados pelo
Conselheiro Meira Penna, Chefe da Divisáo Cultural do Itamarati, pelo
Professor Renato Almeida, representante do IBECC e do seu Presidente,
visitaram Brasilia a convite da NO VACAP, tendo sido recebidos no aeroporto pelo seu Presidente, Dr. Israel Pinheiro, e por Diretores e Chefes de
Servido daquela entidade, airigindo-se em seguida ao hotel, construgáo de
Oscar Niemeyer, e urna das primeiras realizagóes arquitetónicas da nova
capital.
No dia seguinte, pela manhá, assistiram a urna exposigáo feita pelo
Dr. Israel Pinheiro e seus colaboradores sobre os estudos, planos e projetos
de Brasilia, bem como das realizagóes já existentes. Foram depois recebidos
no Palácio da Alvorada pelo Presidente da República que respondeu as
saudagoes dos Seminaristas.
Á tarde os Seminaristas visitaram as obras de Brasilia, regressando no
domingo a esta capital, onde participaram, á noite, de um jantar, no Gávea
Golf, oferecido pelo Instituto de Arquitetos do Brasil.
As conclusóes dos congressistas, após demorados e acalorados debates,
foram sintetizadas em seis pontos :
l9) A criagáo de qualquer cidade nova deve integrar-se no plano
regional, nacional e continental.
2°) O planejamento integral — em todos os seus níveis : cidade,
regiáo, país, contingente — deve ser tarefa primeira das autoridades ou dos
organismos responsáveis nos diversos escaldes.
39) O objetivo déste planejamento é a criagáo das condigóes favoráveis ao bem-estar humano, ideal democrático supremo.
49) Urbanismo é problema de todos e de cada um. E ’ indispensável
despertar na opiniáo pública, por todos os meios, a consciéncia desta
verdade.
59) O planejamento é um processo continuo de criagáo, reflexo de um
organismo em evolugáo constante.
69) O planejamento, baseado nos fatóres humanos, geográficos e
económicos, deve ser confiado a urna equipe com a qual os arquitetos
deveráo colaborar, desde o principio, duma maneira efetiva.

�A Diretora do Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro levanta-se para agradecer a
homenagem que lhe é prestada. Relutando sempre, em fazer discursos, Niomar Moniz Sodré
náo tem dificuldade de falar sobre o que lhe-está perto do corando — o Museu — e as
suas palavras foram de gratidáo para todos os amigos ali presentes cujo apoio e auxilio,
tém encorajado o trabalho de tornar o Museu urna realidade.

ASSOCIAgAO COMERCIAL HOMENAGEOU A DIRETORA
DO M U SEU
As classes produtoras reunidas na Associagáo Comercial do Rio de
Janeiro prestaram urna expressiva homenagem á Sra. Niomar Moniz Sodré,
Diretor-Executivo do Museu de Arte Moderna do Río, através de um
iantar de gala no dia 28 de agosto de 1958, com a presenta do Presidente
da República, Sr. Juscelino Kubitschek, Ministros de Estado, altas patentes
militares, membros do Poder Judiciário, Corpo Diplomático, jornalistas e
personalidades do mundo político, social e industrial. Era um preito de
reconhecimento das classes produtoras, conforme acentuou o Sr. Ruy Gomes
de Almeida, presidente da Associaqáo Comercia], a quem tem dado muito
de si em prol de urna obra que é parte inseparável de sua própria vida e que

�representa caminhos inéditos para a produgao artística brasileira em suas
ramificagóes práticas a que a indústria, o comercio, as classes produtoras
enfim, estío intimamente ligadas.
Ao som da Polonalse Militar de Chopirt, executada pela Orquestra
Sinfónica do Teatro Municipal, o Saldo de Recepqao da Associagao Comercial
foi ocupado pelos convidados: os civis em casaca e os militares em grande
uniforme e condecorares. Duas únicas senhoras presentes — a homenageada e a Sra. Ruy Gomes de Almeida. O Presidente da República
conduziu a Sra. Niomar Moniz Sodré para o lugar de honra da mesa, sentán­
d o le á sua direita, enquanto á direita da Sra. Ruy Gomes de Almeida
sentava-se o presidente do Supremo Tribunal Federal, Ministro Orozimbo
Nonato da Silva, e nos lugares seguintes o Ministro do Interior, Dr. Carlos
Cirilo Júnior, Ministro da Viaqao e Obras Públicas, Almirante Lúcio Meira,

Outro aspecto da linda mesa do banquete oferecido a Niomar Moniz Sodré na Associayao
Comercial do Rio de Janeiro*

�A homenageada — Niomar Moniz Sodré, acompanhada de seus anfitrioes — Senhor c
Senhora Rui Gomes de Almeida.

Dr. Ruy Gomes de Almeida, Ministro da Educagao e Cultura, professor
Clóvis Salgado, Ministro da Saúde, Dr. Mário Pinoti, Ministro do Trabalho,
Dr. Fernando Carneiro da Cunha Nóbrega, Marechal Odilio Denys, Prefeito
do Distrito Federal, Sr. Sá Freire Alvim, Chefe de Polícia, General Amauri
Kruel.
P R E SE N T E S
Foram os segumtes os presentes ao banquete :
Sebastiáo Paes de Almeida — Pres. do Banco do Brasil, Roberto de
Oliveira Campos — Pres. do Banco de Des. Económico, José Sette Camara
— Gab. da Presidencia, Ministro Aloísio Napoleáo de Freitas Regó -—• Chefe
do Cerimonial da Presidencia, Ciro dos Anjos — Gab. da Presidencia da
República, Sen. Gilberto Marinho, Dep. Chagas Freitas, Dep. Armando
Falcáo, Desembargador Romáo Cortes de Lacerda — Pres. do Tribunal de

�Presidente Juscelino Kubitschek e Niomar Moniz Sodré quando se dirigiam para a mesa
do banquete, acompanhados pelo Presidente da Associafáo Comercial do Rio de Janeiro,
Senhor Rui Gomes de Almeida

�Justica, Min. Francisco de Paula Rocha Lagoa -— Pres. do Tribunal Su­
perior Eleitoral, Min. Artur de Souza Marinho — Pres. do Trib. Federal
de Recursos, Gen. Augusto Magessi — Com. do Colégio Militar, Alm. Silvio
Mota — Pres. da Comissáo de Marinha Mercante, Cel. Frederico Mindelo
-— Pres. da COFAP, Pedro Calmon — Magnífico Reitor da Universidade
do Brasil, Emb. Assis Chateaubriand — Artur Santos — Dir. do Banco
do Brasil, Fernando de Andrade Ramos — Pres. do Cons. Nac. de Eco­
nomía. Ministro Pereira Lira — Pres. do Tribunal de Contas, Major Adir
Maia — do Cons. Coordenador do Abastecimento, Amilcar Dutra de Menezes — Ministro Económico na Austria, Roberto Selmi-Dei — Luís Gon­
zaga de Toledo — Eduardo Saigh -— Manuel Ferreira Guimaráes — Pre­
sidente da Panair do Brasil, Antonio Ceppas — Paulo Ferraz — Lidio Lunardi — Silvio Torres — Pres. da Ass. Com. de Porto Alegre, Henrique
Guedes de Meló — Pres. da Bolsa de Valores, Horténcio Lopes — Fran­
cisco Rodrigues de Oliveira — Joáo de Paiva Cortes — Helio Jaguaribe
Gomes de Matos —- Haroldo Gra^a Couto — Ademar Ferreira Lima —
Pres. do Rotary Club, Herbert Moses — Pres. da ABI. Paulo Bittencourt
— Diretor Presidente do Correio da Manhá, Antonio Calado — Correio
da Manhá, M . Paulo Filho — Correio da Manhá, Carlos Flexa Ribeiro —
Joáo Alberto Leite Barbosa — Emb. Mauricio Nabuco, Nélson Baptista, Luís
Gonzaga Nascimento Silva, Aloysio Salles, Joáo Carlos Vital, Diretores do
Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro, Antonio Sánchez Galdeano —
vice-presidente da Ass. Com. do Rio de Janeiro, Raúl de Góis — l.° vice­
presidente da Ass. Com. do Rio de Janeiro, Luís Cabral de Menezes — Corretor de Fundos Públicos e Diretor da A ss. Com. do Rio de Janeiro, Pedro
Magalháes Correa — vice-presidente da Ass. Com. do Rio de Janeiro,
Julio Poetzscher — Diretor da Ass. Com. do Rio de Janeiro, Florencio de
Abreu Schilling — vice-presidente da Ass. Comercial do Rio de Janeiro,
Ciríaco José Luís — vice-presidente da A ss. Com. do Rio de Janeiro,
Daniel de Carvalho — vice-presidente da Ass. Com. do Rio de Janeiro,
Rui Barrete — Diretor da Ass. Com. do Rio de Janeiro, Manuel de Moráis
Barros Neto — vice-presidente da Ass. Com. do Rio de Janeiro, Fabio
García Bastos — vice-presidente da Ass. Com. do Rio de Janeiro, Átila
Carvalhais Pinheiro — Diretor da Ass. Com. do Rio de Janeiro, Alberto
de Paiva García — vice-presidente, da Ass. Com. do Rio de Janeiro,
Orlando Soares de Carvalho — Diretor da Associagáo Comercial do Rio
de Janeiro, Luís Guimaráes Chaves — Diretor da Ass. Com. do Rio de
Janeiro, Joáo da Silva Monteiro Filho — Diretor da Ass. Com. do Rio de
Janeiro — Alfredo Mário da Silva Monteiro Guimaráes — vice-presidente
da Associa^áo Comercial do Rio de Janeiro.

�DISCU RSO U P R IM E R A M E N T E O SR . RUI
GOM ES DE ALM EIDA
‘‘Minhas senhoras, meus senhores: E ’ para mim motivo da maior satis­
fazlo, e porque nao dizer, de orgulho, ter conseguido congregar, neste recinto,
urna assembléia tao ilustre, constituida de figuras que se tém destacado nos
mais diversos setores de atividades.

Todos estao animados por um propósito

comum: o de homenagear Niomar Moniz Sodré.
A presenta entre nós de S . Exa. o senhor presidente da República
dr. Juscelino Kubitschek de Oliveira, nao só abrilhanta esta festa, mas também
se coaduna com o sentido desta homenagem, ligada ao espirito realizador de
Niomar Moniz Sodré.

E ’ que S. Exa., o senhor presidente da República,

encarna, como nenhum outro de seus antecessores, o desejo, a inquebrantável
vontade de realizar e construir.

Por isso, a sua presenta, além de, em sumo

grau, honrosa, é altamente simbólica.
Náo tendo, em assuntos de arte, conhecimentos especializados, coníesso
a minha preocupadlo ao ter que discorrer sobre a grande realizando, que é
o Museu de Arte Moderna.
Tentó corrigir a falta dos recursos de um crítico e de um filósofo da
arte, quando me esforzó em apreender o espirito do meu tempo e perceber o
papel que néle desempenham obras valiosas e monumentais, como o Museu
de Arte Moderna.
Já foi observado que a grandeza de urna obra resiste até a urna trad u jo
imperfeita. Por isso, creio que a grandeza désse empreendimento transpa­
recerá, nítida e lúcida, mesmo através das palavras de um intérprete despre­
tensioso.
Neste mundo, nada existe isoladamente.

Tudo se integra e interaciona

no conceito universal. Posso sentir déste modo, como as fungóes do Museu
de Arte Moderna se relacionam com a vida económica em que estou imergido
por fórga de minhas atividades, e, ser humano que sou, dominado de intensa
curiosidade por todas as coisas e acontecimentos, posso perceber como essas
funzóes se projetam sobre o plano social e cultural.
Assim, se as minhas palavras náo correspondem as exigencias de um
especialista, elas constituem o depoimento de um homem que procura estar
em dia com o seu tempo, e daí a convicqáo de que posso alimentar a esperanza
de ser um intérprete dos homens de empresa aquí presentes, meus companheiros nesta homenagem.

Em relazao aos que ocupam outros compartimentos

�Ao saudar a homenajeada, o Presidente da Associa^áo Comercial teve palavras carinhosas
para a diretora do Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro, enaltccendo suas grandes
qualidades de fé; de tenacidade, as quais náo conhecem esmorecimento. Da direita para a
esquerda, véem-se: Dr. Cirilo Júnior, Ministro da Jlistica, Presidente Juscelino Kubitschek,
Niomar Moniz Sodré, Rui Gomes de Almeida, Lucio Meira, Ministro da Viagáo e Obras
Públicas, General Odilio Denys.

Um aspecto da mesa do banquete realizado na Associafáo Comercial do Rio de Janeiro
em homenagem á Diretora do Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro, em 28 de agosto
de 1958.

�das atividades humanas ligados as realizares do espirito, resta-me exDrimir
a alegría, para nós outros, do encantamento que nos proporciona a sua
convivencia, mesmo porque é apenas aparente a dissociaqao entre os homens
de idéia e os de aqáo. Toda a atividade prática, todas as realizares sác:,
antes, idéias, pensamentos.
Seria desnecessário apresentar os motivos da homenagem que, neste
momento, prestamos a Niomar Moniz Sodré. Éles sao evidentes por si
mesmos. Plantado nesta maravilhosa cidade que é hoje a Capital do nosso
país e que será amanha a do Estado da Guanabara, ou do Rio de Janeiro,
temos o Museu de Arte Moderna, essa obra relevante que tem em Niomar
Moniz Sodré a figura humana que a informa e explica. Tenacidade, dedicacáo, devotamente, finura, inteligencia, todas essas virtudes e qualidades
se reuniram para a execuqáo de um trabalho gigantesco e admirável.
Náo é lícito ignorar a fun&lt;;áo dos museus. Quando a cultura européia,
no Renascimente, quis voltar as fontes antigas da arte, gregas e latinas,
surgiu a necessidade de se reunirem, de se colecionarem as obras imortais,
na sua maior parte relegadas ao esquecimento. Cristalizou-se, entáo, a idéia
dos museus de arte, e as primeiras formas de sua concretizagáo foram fatóres
decisivos no surto espiritual renascentista, que abriu as portas as grandes
realizares intelectuais e económicas da Historia Moderna.
Só com a Revoluqáo Francesa, entretanto, é que os museus comeqam a
assumir a fuñólo social, de ampio acesso ao povo, que hoje exercem.
O Museu de Arte Moderna, além de atender a necessidades espirituais
profundas, é urna fórcja propulsora de urna nova etapa de desenvolvimento
cultural e social. Com éle, passou-se a conceber o museu náo mais como
apenas urna casa onde se guardam e amontoam preciosidades, mas como um
lugar onde o homem diante da arte, e independentemente de sua condicáo
social, encontra-se a si mesmo, naquilo que possui de mais alto e mais sublime,
pois que se defronta com as realizares superiores do espirito humano, de
épocas diversas.
Náo recorre, quem quer que o freqüente, aos seus quadros e esculturas
para evadir-se de seu tempo, do apelo da atualidade, mas para integrar-se
ainda mais na conjuntura da Arte e da Historia. Na ligáo da arte moderna,
no arrojo das formas que apresentam visóes novas do homem, soluqóes
ousadas mas verdadeiras da criaro plástica, em tudo o que se propóe ao
olhar e á inteligencia do espectador, estáo presentes o genio inventivo e o
capricho artesanal daqueles que, no plano da arte, participam da vida e do
tempo e transformam em linhas, cores e volumes a sua experiencia vivida.
Q Museu de Arte Moderna que, pela sua própria arquitetura, já é urna
obra de arte, com o seu alto e belo testemunho de funcionalidad^, tem
assim um propósito cultural definido. Éle nos adverte que há urna arte

�incessantemente criada e que deve existir um ininterrupto intercambio entre
aquéle que cria, o que o freqüenta para instruir-se ou deleitar-se, admirar ou
mesmo sentir-se chocado, e aquéle que, dotado de capacidade criadora,
nascente ou amadurecida, é sensível á sua significagáo didática.
Com tais propósitos, o Museu de Arte Moderna, com o seu grupo
responsável, tendo á frente Niomar Moniz Sodré, tende a modificar a sensibilidade artística da cidade aproximando a obra de arte do cidadáo, organi­
zando um inestimável patrimonio, reunindo artistas, proclamando o postula­
do de comunicabilidade das artes, exercendo urna agáo de incontestável
cunho social.
Assim, na historia dessa modificando do gósto da cidade, o Museu de
Arte Moderna ocupa lugar essencial. Transmite-nos urna nogáo inédita e
coutudo viva, atuante e instigadora do que é um museu de arte moderna —
urna casa onde o freqüentador se integra no clima estético de seu tempo,
recebe o impacto de sua própria época, o que alias o capacita a sentir, pelo
exemplo da arte, as profundas diferengas que separam o hoje do ontem, as
solucoes contemporáneas das criagóes do passado, que também já se reves­
tirán! das características da modernidade.
O Museu de Arte Moderna ai está e apesar do muito que já foi feito,
anida náo está terminado. E eu ousaria dizer que náo terminará nunca, que
o próprio de um museu de arte moderna é jamais estacionar, continuando
sempre o seu caminho, em incessantes promogóes artísticas, que déem ao
homem atual a visáo das artes de seu tempo, ou propiciem ás vocagóes artísticas
os meios técnicos e artesanais necessários á plena realizagáo de seus dons.
Eis a realizagáo de Niomar Moniz Sodré. A multiplicidade das tarefas
de que ela teve de desincumbir-se, os obstáculos conseqüentes que teve de
vencer, até atingir os seus formidáveis fins, sao o melhor e mais duradouro
testemunho de suas qualidades. Os problemas financeiros, administrativos,
artísticos, de relacóes públicas, nos dominios nacional e internacional, que
teve de enfrentar e resolver, credenciam-na á nossa admiragáo.
Se nos fixamos na memoria de nossos contemporáneos e resistimos á
agáo destruidora do tempo pelas obras que realizamos, com o Museu de
Arte Moderna, Niomar Moniz Sodré conquistou ésse galardáo. E ela se
integrou de tal maneira com a sua obra, que ambas se nos apresentam como
partes de urna admirável imagem. Consumou-se a fusáo de dois planos:
de um lado, a grandeza e seriedade do empreendimento e, do outro, a graga
e a beleza da mulher.
E em reconhecimento da sua obra, de seu esfórgo, a Associagáo Comercial
do Rio de Janeiro reúne o que há de mais representativo no país para
exprimir-lhe a sua admiragáo e dizer-lhe da sua alegría ao prestar-lhe esta
homenagem".

�O RA gA O DA H O M EN A GEA D A
Excelentíssimo Senhor Presidente da República.
Excelentíssimo Senhor Presidente da Associa^ao Comercial.
Minha Senhora.
Meus senhores.
Desde a inauguradlo do Museu tenho vivido dias intensos de agitaqao,
moviniento e trabalho, mas também de grande contentamento e alegría.
Desde logo sentimos a receptividade vibrante que vinha de todos os lados,
desordenada e sempre espontánea.
E quando, recentemente, há menos de 3 meses, as duas Casas do
Congresso Nacional, unánimes, e sem urna só discrepancia, manifestaram
ao Museu o seu apoio ampio e definitivo, sentí, todos nos sentimos, coin
emocionado orgulho, que já fazemos parte da realidade déste Brasil tantas
vézes inesperado, e sempre generoso.

Estamos no caminho certo.

Hoje, aqui, é urna manifestado palpável, que confirma e concretiza
esta nossa realidade.

E em grande gala, num ambiente deslumbrante, de

muita beleza e austeridade, mas onde nao falta a intimidade amiga e quente
que sempre dominou todos os acontecimentos do Museu.

Sinto-o físicamente.

E com franqueza, nao sei como agradecer esta homenagem que a Associagáo Comercial do Rio de Janeiro presta, hoje, ao nosso Museu de Arte
Moderna, a que a presenca do Presidente da República — nosso companheiro
desde os primeiros dias — e dos eminentes representantes dos poderes da
Uniáo e das classes produtoras, dá tao particular importancia.
Nao tenho palavras, igualmente, para agradecer ao Embaixador Mauricio
Nabuco, Presidente do Museu e aos outros companheiros da Diretoria e
Conseiho, a distintió de representar o Museu nesta festa que nos é tao
grata.

Somos urna equipe em que nao é lícito destacar particularmente o

trabalho de nenhum, e em que ninguém se lembrou de comparar esforgos,
porque cada um faz o que pode e dá o que tem.
A esta Associagáo, á sua Diretoria, e muito particularmente a Ruy
Gomes de Almeida, devemos esta

emocionante homenagem, para nós

inesquecível, e que talvez algum dia venha a ser considerada um primeiro
passo para destruir a barreira entre dois mundos e que é urna tendencia
irresistível da época em que estamos entrando.

�Náo julguem Ruy Gomes de Almeida pelos excessos de linguagem que
acabam de ouvir a meu respeito e que apenas revelam sua generosidade e
imaginadlo exuberante. Julguem-no pelos seus conceitos claros e penetrantes
sobre a importancia e a influencia da produgáo artística em suas ramificagoes
práticas.

Julguem-no pelo que suas palavras revelam de inteligencia sensível,

largueza de espirito, e visáo clara e nítida do mundo de amanhá.
Na realidade, é sómente em épocas mediocres ou em regioes iníeiizes
que existem hostilidade e desconfianza entre os criadores de riqueza material
e os criadores de riqueza artística.

Em todas as grandes épocas houve sempre

harmonía e compreensao.
Estamos agora emergindo dum longo período de divorcio entre os :ois
mundos — período que parecía de estagnagáo, mas era, ao contrárío, de
metamorfose.

Caminhamos de novo para urna época de entendimento e

fusáo, já bem definida em países onde um alto nivel de cultura se alia mais
particularmente a um espirito moderno e arejado.

E ésses sao justamente

os países onde o regime democrático funciona com maior naturalidade, como
a dizer que o respeito ao individuo e á livre iniciativa, necessários tanto ao
artista como ao homem de empresa, sao o clima propicio para o progresso
material e a abertura espiritual.
Isto salta aos olhos na Exposigáo de Bruxelas, onde logo se ve a diferenga
-— muitas vézes o contraste — entre “tamanho” e "grandeza” .
que me encheu de felicidade a visita feita ao nosso Pavilhao.
sei explicar direito nnnha idéia.
Brasil !

Devo dizer

Até hoje nao

Aquilo é tao diferente do Brasil. . . e tao

Exuberante com elegancia, grandioso sem prosa, variado sem

confusáo. . .

E ’ como se dissesse:

“O Brasil é mesmo isto.

Ainda há

os desajustes, as inquietagoes e incertezas devidas a um crescimento rápido
e desigual.

Mas chegaremos lá”.

Chegaremos lá com fórga de vontade e boa vontade, e somando as
parcelas de cada contribuigáo para e s s a ... meta.

(Desculpe Presidente).

Quem sabe se neste momento náo estamos completando urna dessas parcelas ?
No Pavilhao Brasileiro estáo a poucos metros de distancia a maquete da
Refinaria de Cubatáo, as de Brasilia -— com tóda a sua imponencia — e a
do nosso Museu.

Vé-se, muito bem apresentado, um quadro da rede aero-

�viária do Brasil, c, disseminados por toda a parte, exemplos da Arte indígena
e variados trabalhos de artesaos dos nossos sertóes.
símbolo.

Vejo naquilo um

E nisto — neste episodio que estou vivendo hoje com tanta alegría

— minha imaginando me leva a entrever, através do símbolo, urna realidade
futura.
Com seu espirito culto e sagaz, e sua extraordinária comunicabilidade,
Ruy Gomes de Almeida compreendeu o alcance e o sentido do problema
para cuja solugáo o Museu de Arte Moderna concentra o máximo do seu
esfórno.

Foi éle o primeiro que, entre os altos dirigentes das classes produ-

toras brasileiras, entendeu plenamente a intima e essencial dependencia entre
a missao cultural do Museu e a tarefa de desenvolvimento económico a cargo
dos homens de Empresa.

O destino do Museu se cumprirá na medida em

que éste contribuir na preparando do homem para a era tecnológica em que o
mundo já ingressou e na criando de formas que correspondam as exigencias
da vida moderna. O Museu se propóe a formar técnicos, artífices e artistas,
concorrendo assim para suprir a procura decorrente de nossa expansdo
material.

“Da colher de café á urbanizando de urna cidade”, é o lema segundo

o qual está sendo constituida, no Museu, a Escola Técnica de Criando.

Déla

sairdo novas geranóes de artistas e novos modelos de fábricas, novos quadros
e esculturas e novos desenhos de equipamentos.
Desejava fóssem muito breves minhas palavras de comovido agradecímentó, mas as coisas que dizem respeito ao Museu e as suas tarefas sempre
me arrastam além do que prevejo.

Ao lhes exprimir, mais urna vez, em

nome do Museu e no meu próprio, nosso imenso reconhecimento por esta
expressiva manifestando, estimaría ressaltar que o Museu nao somos nós,
seus Diretores e socios, mas éste diálogo que travamos com nossa comunidade
e nossa época.

O Museu é a compreensao que, déle, todos nós tivermos.

É Brasil e é o nosso tempo, convertidos em formas significativas.
Obrigada, Presidente Kubitschek pela sua constante e prestigiosa presenna
em todos os importantes acontecimentos do Museu.
Obrigada, Presidente Gomes de Almeida, por esta bela, sensível e
cativante homenagem.
Obrigada a todos os presentes, socios e amigos, pela permanente
solidariedade.

�BRASILEIROS RECEBEM PRÉM IOS IN TERN A CIO N AIS

FAYGA O STRO W ER — PRÉMIO DA BIEN A L D E V EN EZA

A carreira brilhante da gravadora Fayga Ostrower, professóra dos cursos
do Museu, encontrou a sua consagrando definitiva na X X IX Bienal de
Veneza, em 1958, quando foi escolhida por um júri numeroso e categorizado
sob a presidencia de Lioncllo Venturi, o “melhor gravador” presente a
grande mostra internacional de arte contemporánea.

Fayga Ostrower compa-

receu ao certame juntamente com Oswaldo Goeldí, Lívio Abramo e Marcelo
Grassmann, enfrentando ainda a presenta da gravura de Hayter e FriedIander, além de outros valores europeus e orientáis.
Foi urna vitória nítida, merecida, que veio dar a jovem artista urna
posigáo invejável no plano internacional das artes, o que já é perceptível
através dos muitos convites que vem recebendo de museus e galerías européias
e americanas.

Os meios artísticos e culturáis brasileiros festejaram o aconte-

cimento que é urna conquista náo só da artista mas também do país.

SERGIO BERNA RDES — E X P O S igA O D E BRUÑ ELAS

O Pavilhao do Brasil na Feira Internacional de Bruxelas, projeto do
arquiteto Sérgio Bernardes, alcangou o primeiro premio de Arquitetura.

Foi

também urna vitória excepcional que veio confirmar o valor e o talento do
jovem arquiteto, reconhecido por todos.

Acentúense que o Brasil compareceu

em Bruxelas com um ornamento insignificante em comparando aos suntuosos
palácios dos demais países.

O arquiteto fez quase o impossível, conseguindo

dar ao nosso pavilhao urna linha e urna elegancia exemplares, nao só do

�ponto de vista da criagáo arquitetónica, mas sobretudo do aspecto “exposigáo”
— era o pavilhao mais fácil e agradável para percorrer, e todos o reconheciam.

Além das deficiencias económicas, no péssimo local que nos foi

destinado, o arquiteto náo pode acompanhar até o fim, pessoalmente, a
construgáo do pavilháo, por motivos estranhos á sua vontade. E, no entanto,
o seu projeto foi o vitorioso em meio a tantos competidores de padróes ele­
vados, prestigio político e recursos financeiros substanciosos.

Outra vitória

nítida, absoluta.
BURLE M ARX — EX PO SIC Á O D E BR U X ELA S

O premio alcanzado por Roberto Burle Marx com os jardins para o
Pavilháo do Brasil em Bruxelas, náo causou surprésa.

Era de se esperar.

O interésse e a admiragáo dos europeus e americanos pelas criagóes paisagísticas de Burle Marx vém de longa data. Suas muitas encomendas, o
éxito da sua exposigáo individual que, há anos, percorre a Europa, prepa­
rada pelo Museu de Arte Moderna do Rio, provocando os mais calorosos
aplausos da crítica e do público através de reportagens e comentários na
imprensa nacional, deixavam bem claro que, na primeira ocasiáo em que o
paisagista se apresentasse com urna de suas criagóes ao público europeu,
alcangaria todas as láureas.

O jardim tropical que criou no centro do

pavilháo do Brasil, harmoniosamente integrado com a arquitetura de Sérgio
Bernardes, vencendo também ¡mensas dificuldades como o transporte de
plantas e o aquecimento necessário, foi, de fato, urna obra de arte que
apresentou todas as suas características de originalidade e renovagáo.

O

Museu de Arte Moderna do Rio, como todos os brasileiros, sente-se parti­
cularmente satisfeito com a vitória désse grande artista, que é um dos seus
melhores amigos, e cujo projeto dará maior realce, paisagístico á sua sede
própria.

�NO TICIA S VARIAS

JO RG E LACERDA: GRA V E PERDA PARA O MAM

Durante o ano de 1958, entre tantos acontecimentos felizes, o Museo
de Arte Moderna do Rio sofreu urna grande perda com a morte do governador Jorge Lacerda, de Santa Catarina, membro do Conselho Deliberativo
do MAM. Foi o primeiro parlamentar a reconhecer publicamente a impor­
tancia do programa desta casa, e o fez de maneira clara e corajosa apre­
sentando á Cámara dos Deputados um anteprojeto ¡de lei doando ao Museu
de Arte Moderna do Rio a verba de dez milhóes de cruzeiros para o inicio
da construgáo da sede própria. Foi urna das mais árduas campanhas do
Museu, naquela época ainda pouco conhecido, que resultou numa grande
celeuma através da imprensa falada e escrita, com apoio das mais autorizadas
vozes do parlamento, do mundo cultural e do jornalismo. Jorge Lacerda comandou a batalha com firmeza e o auxilio foi concedido. Sua carreira polí­
tica alcangou posteriormente grande desenvolvimento, afastando-o um pouco
do nosso convivio, até que se elegeu governador do Estado de Santa Catarina,
lá desenvolvendo fecunda administragáo, como já o fizera como pioneiro dos
suplementos literários, como estimulador das artes e da literatura, como par­
lamentar.
Foi realmente urna grande perda para a cultura, para a política, para o
país e, sobretudo, para o Museu, cuja vida se desenvolvía paralela á carreira
do jovem político catarinense. Perdemos um excelente amigo, um mogo culto
e sensível do qual muito esperávamos ainda para elevagáo dos padróes polí­
ticos e administrativos da vida do país e para o prosseguimento desta obra
que é o ideal de todos nós.
CIN Q Ü EN TEN Á RIO D E M AX BILL

A 22 de dezembro de 1958 transcorreu o cinqüentenário de Max Bill,
nascido em Winterthur, Suíga, em 1908. Náo será necessário lembrar aos
socios do Museu a importáncia e as múltiplas atividades e influencias dessa
excepcional figura de arquiteto, pintor, gráfico, escultor, desenhista, publicista
e educador, cuja formagáo inicial realizou-se entre a Kunstgewerbeschuíe de
Zurich e o Bauhaus de Dessau. Integrante desde jovem dos movimentos de
vanguarda, já em 1932 participava ativamente do grupo “abstration-création”
que reunía as grandes figuras da arte européia passando logo a trabalhar
em torno das pesquisas do neoplasticismo de Mondrian, para tornar-se o
herdeiro e principal propagador da arte "concreta”, termo inventado por
Van Doesburg em 1930, pouco antes de sua morte, e que mais tarde contaría
com as adesóes de Arp, Kandinski, e outros. A guerra trouxe como a tantos,
grave prejuízo ao pintor, mas já em 1949, plenamente realizado, vamos
encontrar Max Bill como o grande organizador da exposigáo Die gute Fovm,
grandemente estimulado pelo premio que a Triennale de Miláo lhe concederá

�em 1936. Diversas exposigoes e publicagóes foram realizadas depois. Ainda
na Trienal de Milao em 1951, lhe foi concedido o Grande Premio pelo
projeto do pavilhao suigo e o Premio Internacional de Escultura da I Bienal
de Sao Paulo. Foi o principal animador da Escola Superior de Desenho de
Ulm (Hochschule fur Gestaltung), da qual se tornaría Reitor até há dois
anos, quando se retirou passando a trabalhar isoladamente no seu aíe/ier de
Zurich.
As ligagóes de Max Bill com o Brasil sao as mais intensas. Aqui
realizou urna grande retrospectiva, foi premiado, foi convidado como membro
de júri, para fazer conferencias, aqui deixou algumas das suas melhorcs
esculturas, deu entrevistas, louvou, criticou e provocou urna grande celeuma.
Na Suíga continua ligado aos brasileiros cujo temperamento inquieto e
inventivo alcanga do chefe concretista urna grande simpatía mesclada 3e
urna certa irritagáo amável pela desordem latina e contrária á fria e inflexivel
disciplina que éle acredita indispensável á elaboragáo artística.
Comemorando os 50 anos de Max Bill foi editada em Verlag, Suíga, por
Arthur Niggli, urna plaquete com depoimentos de várias personalidades do
mundo das artes e da pedagogía, dos países onde Bill desenvolveu maior
atividade : Suíga, Alemanha, Itália e Brasil. Entre ésses depoimentos
assinados por Max Bense, Will Grohmann, Richard P. Lohse, Kurt Marti,
Ernest Rogers, Annie Müller-Widmann (criadora da Escola de Ulm), Ernest
Scheidegger e Eugen Gomringer, vamos encontrar o do professor Carlos
Plexa Ribeiro por delegagao do Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro,
instituigáo solicitada pelos editores para representar o Brasil:
"Náo é urna aproximagáo destituida de sentido o fato de Max Bill
completar 50 anos no mesmo ano em que se completa o cinqüentenário do
batismo público do Cubismo. No período compreendido entre 1908 e 1958
se processou a definitiva derrubada de tradigoes seculares da visualidade e,
ao mesmo tempo, foram Jangadas as bases de urna nova ordem estética em
formagáo.
Neste meio século as tendéncias e movimentos que se entrecruzaran!,
apesar de ostentarem urna diversidade sem precedentes na historia da arte
podem ser, em última análise, reduzidos a dois grupos: o que se caracteriza
pela índole predominantemente destrutiva da ordem estética antecedente e
outro cujo acento tónico consiste em formular novas posigóes de conteúdo
e construtivo, em que se podem suspeitar antecipagóes de urna arte futura.
A trajetória e o sentido da obra de Max Bill o inscrevem seguramente
neste segundo grupo. Náo digo isso apenas pela amplitude de sua agáo e do
urbanismo, as artes gráficas ao «design». Ésse aspecto se completa e integra na
obra do pensador de arte e na figura do educador. Nesse sentido é difícil avahar
todo o alcance que se poderá atribuir a Max Bill como disciplinador de idéias
e instaurador de novos métodos de pensar e de criar. É justo, entretanto, que
desde já, se reconhega néle, um dos mais eficazes fatóres que operam, nos nossos
dias, a favor do restabelecimento de urna solidariedade cultural rompida.
Dentro désse novo universo que nos oferece a revelagáo de concepgóes

�insuspeitadas da forma e de dimensoes espaciáis inéditas, Max Bill é um
dos homens que trabalham, com integral lucidez, pela plena recuperadlo da
consciencia da arte no nosso tempo.
Num país, como o Brasil, que por todos os motivos tem o seu destino
projetado para o futuro, devemos saudar no cinqüentenário de Max Bill,
o antecipador de realidades que despontam.
A S .T .A . D ISTIN G U E A DIRETORIA DO M .A .N .

A Sociedade Teatro de Arte em reunido no auditorio da Mesbla no
dia 29 de dezembro, as 21 horas, comemorou o centenário de Eleonora Duse
e distribuiu prémios e mengóes honrosas as personalidades que mais se des­
tacaran! durante o ano no mundo das artes. Para urna grande mesa colocada
no palco e presidida pelo Sr. Nehemias Gueiros, foram chamados, sob palmas
do público, a Sra. Niomar Moniz Sodré, Srs: Carlos Machado, Brício de
Abreu, Joáo Alberto Leite Barbosa, Paschoal Carlos Magno, Accioly Netto,
Edmundo Moniz e outros. O Sr. Brício de Abreu relembrou as visitas de
Eleonora Duse ao Brasil, citando diversas passagens e notas jornalísticas
da época. Falou também o ministro Paschoal Carlos Magno. Em seguida
foram entregues os prémios, simbolizados numa estatueta em bronze do escultor
Bruno Giorgi — Apolo — e as mengoes honrosas.
Como melhor em Teatro foi premiado Paschoal Carlos Magno, e o
Teatro Experimental de Comédias de Araraquara. Carlos Machado foi o
premiado do Teatro Musicado. Alberto ( “O baláo vermelho” ) Lamorisse foi
o melhor em Cinema, sendo a estatueta entregue ao representante da Franga
Filmes, cabendo mengoes honrosas ao governador de Sao Paulo (cujo pergaminho foi entregue a Sérgio Cardoso para fazé-lo chegar as máos do Se­
nhor Jánio Quadros), Grande Othelo (que recebeu o pergaminho das máos
de Consuelo Leandro, ambos muito aplaudidos) e Jaime Pinheiro. Em Artes
Plásticas foi premiada a diretora-executiva do Museu de Arte Moderna, Senhora Niomar Moniz Sodré, pela idealizagáo e construgáo dessa magnífica
instituigáo artística, recebendo a estatueta das máos da Sra. Lucy Eloch.
Heitor Villa-Lobos foi premiado como melhor em Música Erudita, assim
como a Associagáo Coral de Canto, recebendo a representante desta a esta­
tueta das máos do colunista Chuck Woodward. Em Música Popular
o prémio coube a Herivelto Martins, obtendo mengáo honrosa a cantora
Elizete Cardoso, que por estar ausente, foi representada por seu filho. O
prémio de Ballet coube ao bailarino Denis Gray, sendo enviada ainda para a
Rússia a mengáo honrosa recebida pelo Ballet de Bolshoi. O Clube dos
Cronistas de Disco recebeu o prémio de Discos. Em Televisáo as estagóes
Tupi e Rio foram ambas premiadas pelo pioneirismo nesta cidade. Paulo
Roberto, que infelizmente náo pode comparecer por estar justamente em
programagáo áquela hora, foi o premiado como melhor em Rádio. Finalmente,
representado pelo poeta Thiago de Mello, recebeu a estatueta como melhor
em Literatura o editor José OlimpioEncerrando a programagáo foi exibido o excepcional filme (premiado)
“O Baláo Vermelho” , de Albert Lamorisse.

�AS OBRAS DO M U SEU
RELATÓRIO DO ENG EN H EIRO
F uad K anan M atta
RELATÓRIO DO A NDA M ENTO DA OBRA NO ANO D E 1958

Apresentado pelo engenheiro responsável da firma construtora, Dr. Fuad
Kanan Matta
Bloco Escola — Acabamento
Subsolo — execugáo do piso com master-plate no depósito de esculturas^
carpintaria, serralheria, pintura, casa de máquinas e depósito de
material miúdo. Montagem das luminárias, aplicando do isolamento
acústico do teto e paredes na carpintaria, disposigáo das máquinas da
carpintaria. Construgáo do túnel de exaustáo do subsolo.
Pav. térreo ■— confecgáo do calgamento em pedra portuguesa e meios fios;
apronto da rampa de entrada do caminháo; levantamento da parede
em alvenaria aparente da fachada. Revestimento das cámaras frigo­
ríficas e montagem das instalagóes de frió.
Execugáo do teto
acústico da cantina, montagem das esquadrias (janelas e portas),
apronto dos banheiros do térreo e da sala de gravura.
2." pav. — apronto do peitoril e fósso de ventilagáo em concreto aparente,
pavimentagáo do terrago, execugáo dos canteiros, montagem dos
bancos, apronto dos sanitários. Impermeabilizagáo do piso da cant:na, execugáo das íubulagóes embutidas (elétrica, hidráulica e de gas),,
concretagem da lage superior. Montagem dos brise-soleils e esqua­
drias do saláo de recepgáo.
Bloco Exposicóes — Estrutura
Aos servigos nesse setor foi dado grande impulso, procedendo-se a con­
cretagem de 5 quadros (os de n.# 8 a 12), ligagóes (contraventamento e lanternim) entre os quadros 9-10-11-12, desmoldagem e inicio do levanta­
mento da lage do primeiro teto entre ésses quadros. No trecho entre a empeña
(quadro 14) e quadro 13 foram concretadas as lages do l.°, 2.° e 3.° tetosr
inclusive pilares e quadros de sustentagáo.
Estáo em levantamento os cimbramentos dos quadros seguintes, de nú­
meros 7, 6 e 5.
Outrossim foram executadas todas as fundagóes dos quadros (de 1 a 14)..
compreendendo blocos de amarragáo de cabegas das estacas e cintas em con­
creto protendido.
Tendo em vista o ineditismo da estrutura do Bloco de Exposigoes, julgamos oportuno incluir no presente Boletim um relatório técnico, onde apresenta-

�mos, de forma sucinta, dados e esclarecimentos atinentes á estrutura, permitindo, assim, aos socios, conhecer outro aspecto da obra.
Desejamos salientar alguns elementos construtivos, cujos valores evic'ienciarao o aspecto monumental da obra.
Um déles é o da armagáo da viga mestra do quadro principal, que em­
prega 45 toneladas de ferro, quantidade suficiente para executar a estrutura
de um edificio de 12 pavimentos de apartamentos do tipo medio.
Estruturalmente citamos o valor do momento máximo positivo, da ordem
de 2.000 t. m. e a tensáo de compressáo do concreto de 400 kg/cm2, cuja
dosagem, pela primeira vez, foi elaborada pelo Instituto Nacional de Tec­
nología .
Ainda, com a colaboragáo désse Instituto, fizemos medigoes de deformacao, rotagáo e dilatagáo da estrutura, bem como, as indispensáveis verificagoes
periódicas da resistencia do concreto e da retragáo, cujos resultados estáo
amplamente descritos no relatório do I . N . T . que faz parte do presente
trabalho.
Estes exemplos, por si só, bastariam para demonstrar a complexidade da
obra e o cuidado na sua execugáo.

Apesar de ser materia, pela sua natureza, bastante árida, estamos certos
de que satisfará a curiosidade dos socios, pelo expressivo e carinhoso
interésse que constantemente demonstram em conhecer os motivos do desen­
volvimento adotado e as particularidades inerentes á execugáo da estrutura.
RELATÓRIO TÉCN ICO

BLOCO DE E X P O S ig ó E S
O Bloco de Exposigoes é constituido de 14 quadros de concreto armado,
a [astados, de eixo a eixo, de 10 metros, com urna extensáo de 130 metros.
Estes quadros sustentam as lajes, que tém urna largura de 26 m.
DESCRIQÁO

Cada quadro é duplo, biarticulado, formado por um principal e outro
secundário.
O quadro principal é constituido de duas pernas inclinadas para fora e
urna viga horizontal que corre por cima da laje da cobertura, com 41 m de
comprimento. Nesta viga sáo penduradas as lajes da cobertura e do 2." pa­
vimento .
O quadro secundário, com pernas inclinadas para dentro, sustenta a laje
do primeiro teto.
Os dois quadros tém apoio comum por meio de articulagóes formadas
por placas de chumbo, sobre blocos de concreto armado, sustentados por
estacas Franki de 23 m de comprimento.

�Os dois blocos de apoio de cada quadro duplo sao ligados por um tirante
de concreto protendido, que absorve o empuxo horizontal de 200 ton., prove­
niente do quadro secundário.

Fig. 1
O quadro principal tem as seguintes dimensoes:
■—
—
•—
■—
—

altura 16,93 m.
segáo no apoio: 1,20 x 0,40 m.
altura da viga — 2,75 m.
espessura na face inferior da viga ■— 0,57 m.
espessura na face superior da viga •— 0,60 m.

O contraventamento entre os quadros é constituido na base (apoios)
por urna viga longitudinal robusta de 0,60 x 1,20 m e, no topo, por marquises
de laje dupla, nervurada, com comprimento de 8,00 m, e, ainda, na parte central
pelas lajes inclinadas dos lanternins.
SOLICITAQÓES
A carga por metro linear no quadro principal é da ordem de 22 ton. O
momento máximo positivo é práticamente igual ao momento máximo negativo
e da ordem de 2.000 t . m.
A carga vertical no apoio é de 550 ton. e a horizontal, proveniente do
quadro secundário, de 200 ton.
2

Os pendurais sao de ago especial Villares de diámetro variável até
ésses, solicitados com carga até 80 ton.
PRO JETO ESTR U T U R A L

Para satisfazer as elevadas cargas e solicitares que atuam nos quadros
e as limitagóes impostas pelo projeto, foram escolhidos concreto e armaduras
de alta resistencia.
Para a armagáo utilizou-se ago CA-37 das Usinas Jafet torcido a frió
pela firma Helitrago, elevando, assim, o seu limite de escoamento (4.000
kg/cm 2).

�Em virtude de tratar-se de armaduras de forte diámetro 1 .1 /4 ”, com
grandes comprimentos (20 a 38 m) e adstritas aos espanamentos mínimos
regulamentares, foram proscritas as emendas por superposigáo e utilizadas
soldagens elétricas de topo dos vergalhóes, antes da helitragagem.
O peso total da armacáo em cada quadro principal é de 45 t., com a distribuigáo que mostra a fig. 2.

Fig. 2

Chamamos a atengao para a distribuido no vértice superior do quadro,
onde foram tomadas as necessárias prccaugóes a fim de cobrir a zona de maior
concentrando de esforgos.
Em reunido de 3-9-58 da Divisáo Técnica Especializada de Estruturas,
no Clube de Engenharia, foi objeto de estudo a armando das vigas mestras do
Museu, com pronunciamentos altamente satisfatórios, tanto na solugáo do
problema das soldagens, como na distribuido das armaduras ñas zonas extre­
mas das vigas, fato que citamos com justo orgulho.
O concreto a ser empregado teria que atender a dois requisitos, satisfazer
as solicitanoes, especialmente, no vértice superior e no apoio e as especificanóes que determinavam ser o acabamento dos quadros em concreto aparente.
Para isto, solicitamos a colaborando do Instituto Nacional de Tecnología,
a fim de que determinasse o trano racional para a tensao media da ruptura á
compressao de 400 kg/cm2.
Os resultados encontram-se detalhados no relatório do I. N . T . apre­
sentado mais adiante.

�Para o cálculo do cimbramento do quadro principal, tomou-se para
taxa do terreno recém-aterrado, 300 g/cm2, valor confirmado em provas
de cargas executadas.
As pegas de madeira foram projetadas mais robustas, aparafuzadas, a
fim de permitir urna total reutilizagáo dos cimbramentos. A fig. 3 mostra
um aspecto geral do cimbramento.

Figs. 3 e 4
O assoalho que forma o fundo da viga, se apóia em caixas de areia,
(fig. 4). coincidentes com os montantes verticais do cimbramento. Estas
caixas tém por finalidade permitir a lenta retirada dos apoios da viga.

�E X E C U g .\0

Primeramente executamos o quadro principa], dando maior carga vertical
ñas fundagóes.
Em seguida, o quadro secundário e as lajes do 2.° e
3.° do teto.
Os moldes foram confeccionados em tábuas aparelhadas, com machó e
fémea, em lances de 2,80 m de altura ñas pernas, para permitir o perfeito acabamento em concreto aparente. Para o adensamento utilizamos vibradores
externos e internos.
Para o transporte vertical das armaduras, empregamos talhas elétricascom movimento transversal aos quadros, sobre vigas de aqo duplo T que se
apóiam em trilhos colocados no topo do cimbramento, permitindo, assim, o deslocamento longitudinal das talhas.
A fim de compensar as flechas decorrentes das deformaqóes da viga
superior, previmos urna contra-flecha de 15 cm no centro da viga.
Ao descimbrarmos os quadros existentes foram feitas mediqóes com
deflectemetros, tensómetros e cimómetros, que sao apresentados no rela­
tório do I. N . T ., onde também está incluido o resultado das mediqóes
periódicas de reíraqao do concreto.

Fig. 5 — Deflcctómetro

�Fig, 6 — Tensómetro

Fig. 7 — Cimómetro

�O CO N CRETO E O D ESCIM BRA M EN TO DOS QUADROS DO
M U SEU DE A RTE M ODERNA
por Fernando Luiz Lobo B. Carneiro
Tecnologista-eng.0, chefe de pesquisas
e Gilberto Mascarenhas Barbosa do Valle
eng.“-bolsista, pesquisador
(Trabalho realizado pelo Instituto Nacional de Tecnología em cola­
borado com o Conselho Nacional de Pesquisas, Setor de Pesquisas
Tecnológicas.)
I PARTE

CARACTERÍSTICAS DO CONCRETO E DO ACO

Concreto: O concreto empregado na execugáo dos quadros do Museu de
Arte Moderna é um concreto de alta resistencia, dosado para a
tensáo média de ruptura á compressao, em corpos de prova cilindri­
cos normáis, de 400 kg/cm2, a pedido da Companhia Construtora
Nacional, firma autora do projeto estrutural e executante da obra.
Depois de realizados ensaios de qualidade da areia empregada, e análise
qranulométrica de todos os agregados, foi o trago determinado de acórdo com
o método descrito na publicagáo «Dosagem de Concretos», do I .N .T . . Todos
os ensaios, nao só para o estudo do trago, como para o contróle da execugáo
do concreto na obra, foram realizados de acórdo com os métodos brasileiros
da Associagáo Brasileira de Normas Técnicas. O cimento utilizado é do tipo
portland comum.
O trago obtido foi o seguinte:
-—- 1 cimento: 1,4 areia: 1,3 brita n.° 1: 1,3 brita n.° 2, (em peso); fator
água/cimento 0,375 litros/kg
ou
— 1 cimento: 4 agregado,
litros/kg

(em peso); fator água/cimento 0,375

— consumo de cimento: 445 kg/m3
— consistencia adequada para vibragáo intensa.
Na obra o cimento foi sempre medido em peso, e os agregados em
volume:
50 kg de cimento
51 litros de areia

5
j

�46 litros de brita n.° 1
46 litros de brita n.° 2
19 litros de agua, menos a água transportada pela areia (umidade da
areia) .
Na obra foi ainda adicionado a ésse trago o produto “Plastiment” , na
proporgáo de 0,8% a 1% do peso de cimento. A finalidade dessa adigao
foi aumentar a trabalhabilidade do concreto sem alteragáo do fator agua/
cimento, assegurando-se assim um adensamento mais perfeito.
Na moldagem dos corpos de prova cilindricos normáis foi adotada urna
modificagao do método brasileiro MB-3, o qual, é aplicável sómente a con­
cretos plásticos, destinados a adensamento manual. Em lugar de 30 golpes
em cada urna das quatro camadas foram aplicados 80 golpes. A resisténcia
dos corpos de prova assim adensados foi equivalente á resisténcia de corpos
de prova prismáticos de grandes dimensoes (30 cm x 30 cm x 90 cm), vibra­
dos com o mesmo vibrador da obra (v. quadro I ) .
QUADRO I

DOSAGEM E CON TRÓ LE DO CONCRETO

Acó: a armadura dos quadros foi executada com barras de ago torcidas a frió
da categoria CA-T40 (especificagáo P-EB 130), marca "Helitrago”.
As barras foram soldadas antes de torcer, por sóida elétrica automá­
tica de topo, de modo a alcangar os comprimentos necessários. Os ca­
racterísticos mínimos destas barras, segundo a referida especificagáo,
sao os seguintes:
-— limite de escoamento convencional (0,2% ): 40 kg/mm2
— limite de resisténcia: 44 kg/mm2
— alongamento de ruptura, em 10 d: 10%
— dobramento sobre cútelo de diámetro 2 d: satisfatório.

�II P A R T E

CON TRÓ LE DO CO N CRETO NA OBRA

O quadro l e a figura 1 apresentam um resumo do contróle da execugáo
do concreto na obra. A resisténcia média a 28 dias, 408 kg/cm2, coincidiu
práticamente com a resisténcia de dosagem. O desvio padráo (érro médio
quadrático) foi de 50,4 kg/cm2, correspondendo a um coeficiente de variagáo de apenas 12,3%, o que significa um contróle excepcionalmente bom
(em geral, ñas obras correntes do Distrito Federal ésse coeficiente é supe­
rior a 18%, atingindo mesmo, com freqüéncia, 22% ou 2 3 % ). Ésse índice
elevado de uniformidade foi obtido principalmente gragas ao contróle rigo­
roso do fator água/cimento (medida de água, feita com precisáo, e determinagao da umidade da areia) .
IN S T IT U T O
M U SEU

N A C IO N A L D E TECN O LO G IA
DE

ARTE

M O DERN A

Resistencia
NUMERO DE ENSAIOS 0 = 119
DESVIO PADRÁO J e t 50.4 kg/cm1
COEFICIENTE DE VARIACÁO 11=12.3%

ó comprendo

(kn/cm0

ENSAIO DE COMPRESSÁO EM CORPOS DE PROVA
CILINDRICO S COM ¿3 DIAS DE IDADc

I f'9-1 I

CO N TRÓ LE DA R ETR A C TO DO CON CRETO

Para éste fim foram instaladas referéncias especiáis na obra (quadro
Q 10, tergo superior do montante, em diregáo transversal á armadura princi­
pal) e no laboratorio do I .N .T . (c. de p. prismático) . A figura 2 mostra

�Os resultados obtidos. A retragáo medida no laboratorio foi bastante baixa,
inferior á dos concretos usuais. A retraído medida na obra foi ainda menor,
o que pode ser explicado pela presenga prolongada dos moldes. A retragáo
foi medida com o auxilio de "defórmetro” de Huggenberger.

Um valor pequeño de retragáo é urna qualidade altamente desejável para
um concreto, principalmente em estruturas importantes, do tipo das do Museu
de Arte Moderna. Fig. 2.

IN STITU TO
M U SEU

N ACIO N AL DE TECNOLOGIA
DE

ARTE

M ODERNA

Retracao do concreto

coNVENpoes.
»
O' — —. c — NO LABORATORIO Cprisma

d e 3 0 x3 0 x9 0 cm). cura ao ar

+

—

----- NA

OBRA COUADRO Q10).

com m oldes até 6 0 d ia s

l fi9 2 I

ENSAIOS COM ESCLERÓMETRO

Foram também realizados, no laboratorio e na obra, ensaios com o esclerómetro de Schmidt, modelos N-2, M, e L, com resultados satisfatórios. O
índice esclerométrico para o modelo N-2 (normal), em posigáo horizontal,
correspondente á resisténcia de 400 kg/cm2, foi, em media, 41,5. O coefici­
ente de variagáo na determinagao da resisténcia á compressáo por meio do
esclerómetro é, para o concreto de alta resisténcia empregado, de ± 10%.

�D E T E R M IN A D O DO MÓDULO D E ELA STIC ID A D E

O módulo de elasticidade do concreto empregado foi determinado, no
laboratorio, em 4 corpos de prova prismáticos de 30 cm x 30 cm x 90 cm, com
o auxilio de tensómetros Huggenberger (v. fig. 3 ). Os valores obtidos, na
idade de 28 dias, variaram entre 300.000 kg/cm2 e 330.000 kg/cm2. Os
encurtamentos na ocasiáo da ruptura foram também determinados aproxi­
madamente, variando entre 0,20 % e 0,28 %.

INSTITUTO
MU S EU

NACIONAL DE TECNOLOGIA
DE AR TE

MODERNA

TENSÁO

&lt;r

EM

Kg/cm2

Curva tensao-deformando do concreto

DEFORMACÁO

EM

! fia.

%
3

I

�III P A R T E

CONTRÓ LE DO D ESCIM BRAM EN TO D O S QUADROS

O descimbramento dos quadros Q 9, 10, 11 e 12 foi realizado no dia
4/12/58, entre as 12 h 30 min. e as 16 h 30 min., tendo se iniciado as
operares preliminares no dia anterior.
Durante o descimbramento foram medidas flechas, rotagóes e deformaqóes, específicas longitudinais, com o auxilio de deflectómetros, cimómetros
e tensómetros Huggenberger, instalados de acórdo com o esquema da fig.
4. Os resultados fináis constam dos quadros II, III e IV e da fig. 5.
O descimbramento simultáneo dos quatro quadros foi realizado em 6
etapas, por meio de esvaziamento gradual das caixas de areia, (16 caixas de
areia em cada quadro), segundo plano elaborado pela Companhia Construtora
Nacional.
INSTITUTO

NACIONAL DE TECNOLOGIA

M U SEU
D E A R T E M O D ERN A
Conirdle do descimbramento
ESQUEMA DA INSTALACÁO DOS INSTRUMENTOS

�Q U A D R O II

FLECH AS

Obs: deduzida a

parcela devida aos recalques das extremidades, a flecha no meio do vao
do O 10 foi de 6,9mm

QU A D RO III

ROTAQOES

Obs: o sentido positivo corresponde ao sentido da rota^ao dos ponteiros de um relógio, para
um observador colocado do lado do Flamengo, olhando em dire^ao ao Aeroporto.

�QUADRO IV

DEFORMAgOES ESPECÍFICAS LONGITUDINAIS

Obs: O sinal + corresponde aos alongamentos.

Em cada etapa foram feitas leituras em todos os instrumentos (9
deflectómetros, 6 cimómetros, e 10 tensómetros) . As opera?óes decorreram
normalmente, sem contratempos. Náo surgiram fissuras visíveis, em conseqüéncia do descimbramento.
A estrutura apresenta os seguintes característicos:
vao teórico da viga superior: 38,75 m
distancia entre articulares, ñas bases dos montantes- 26,90 m
altura total dos quadros, acima da face superior do tirante: 16,93 m
comprimento teórico dos montantes (inclinados): 16,30 m
altura total da viga superior e largura dos montantes nos topos: 2,75 m
largura dos montantes ñas bases: 1,45 m
egpessura: variável de 60 cm, na face superior da viga, a 40 cm, ñas
bases dos montantes.
dimensóes do tirante: 60 cm x 75 cm
distancia entre quadros: 10 m
Levando em conta os desenhos de armadlo, e tomando n = 6
(rela^áo entre os módulos de elasticidade do ago e do concreto, no estádio I), temos:
a) viga superior e topos dos montantes
momento de inércia da se?áo de concreto: 101 x 10'; cm4
momento de inércia da se^áo homogeneizada: 163 x 106 cm4
b) bases dos montantes
momento de inércia da segáo de concreto: 10 x 106 cm4
momento de inércia da se?áo homogeneizada: 16 x 10° cm4

�Em virtude das elevadas porcentagens de armadura, e apesar do valor
relativamente baixo adotado para n, verifica-se que o momento de inércia
da segao homogeneizada é 1,6 vézes o da segáo de concreto.
Para a carga uniformemente distribuida q, em t/m, correspondente ao
peso próprio da viga superior, os momentos negativos sobre os nós superiores
sao iguais a
— 85 q, em mt
e o momento positivo no meio do vao
+

102 q, em mt

Tomando-se para peso específico do concreto armado 2.500 kg/m3, e
levando ainda em conta o peso próprio da laje lanternim, transformada em
carga distribuida equivalente, temos, aproximadamente
q = 5,6 t/m
Essa carga corresponde a cerca de 1/4 da carga final a ser suportada
pelos quadros.
Com os valores indicados, e tomando para módulo de elasticidade do
concreto
E =350.000 kg/cm2
calculamos as flechas e rotagóes respectivamente no meio do vao, nos
nós superiores e nos nós inferiores, e as deformagóes especificas longitudinais
nos pontos onde foram instalados os tensómetros.
Os valores médios sao inferiores aos calculados (v. quadro V )
QUADRO V

D EFO RM AgOES DO O 10, NA OCASIAO DO DESCIM BRAM ENTO

Obs: no cálculo das deform ares (coluna A) considerou-se a sega0 homogeneizada, e E = 350.000
kg/cm2; se fóssem consideradas apenas as se^oes de concreto, as deformagoes calculadas
seriam 1,6 vézes maiores.

�A diferencia provávelmente é devida a 2 fatóres: 1) o valor adotado
para o módulo de elasticidade do concreto é inferior ao que corresponde as
condigóes reais da obra; 2) parte do peso próprio já estava sendo suportada
pela estrutura ao iniciar-se o descimbramento, em conseqüéncia de deformagóes do escoramento.

INSTITUTO

NACIONAL DE TECNOLOGIA J

MU S E U
DE A R T E MO D E R N A
Controle do descimbramento

ESQUEMA

DAS

DEFORM AGOES

DO

QUADRO

Q 10

03S DAS FLEC H AS MEDIDAS NOS P 0 N 7 0 S 2.3 e A FORAM DEDUZIDAS AS PARCELAS
D EV W A S /10.S R E C A L Q U E S DAS EXTREM IDAD ES
DA V IO A SU P E R IO R

ÜML5~l

Os resultados obtidos sao satisfatórios. A proporcionalidade verificada
entre os valores medidos das flechas e rotagóes e os valores calculados indica
que o comportamento estático real da estrutura corresponde ao esquema
teórico admitido. — a ss.) Fernando Luiz Lobo B. Carneiro, tecnologistaeng.° chefe de pesquisa. — Gilberto Mascarenhas Barbosa do Valle, eng.°bolsista, pesquisador. — Visto: a ss.) Paulo Mauricio Pereira, Diretor da
4.a Divisáo do I .N .T . — Silvio Froes Abreu, Diretor-Geral do I .N .T .

�AS DISPONIBILIDADES FIN A N CEIRA S DO M U SEU
EST IM A TIV A ORNAMENTARIA PARA O EXERCÍCIO

DE

1959

Cr$
Receita estimada

9.960.000,00

Despesa orgada

9.637.600,00

Superávit previsto

322.400,00

RECEITA

9.960.000,00

D ESPESA
Cr$
Despesas Administrativas :
Pessoal ........................................................................................

2.577.600,00

Instituto de Previdencia ................................................

180.000,00

Seguros

.......................................................................................

720.000,00

Conservado do Edificio .......................................................

960.000,00

Despesas Gerais de Administrado, incluindo todas as
Exposigoes a serem realizadas no ano em curso . . . .

5.200.000,00

9.637.600,00

As despesas referentes á construgáo da nova sede sao remetidas semestralmente
todos os socios, em relatónos Avulsos.

�A TIV ID A D ES DO M U SEU
E X P O S ig ó E S EM 1958
Freqüéncia
57» _

BEN NICH OLSON e E SC U LT U R A S BRITÁNICAS
de 27 de janeiro a 23 de fevereiro.....................................

6.376

38 pinturas de Ben Nicholson. 27 esculturas e 23 de­
senlies de Robert Adam, Kenneth Armitage, Reg
Dutler, Lynn Chadwick, F . E . Me William, BernardMeadows, Eduardo Paolozzi, Lesli Thornton,
William Turnbull e Austin Wright.
58» — TEA TRO DA AUSTRIA
de 27 de fevereiro a 16 de margo ...................................

1.111

Desenhos, aquarelas e fotomontagens de diversos
teatros.
59» — ARTE ESQUIM O
de 6 a 20 de margo ............................................................
26 esculturas.
60» — BALLET TRIÁDICO DE OSCAR SCH LEM M ER

1.036

�66* — PIN TU RA S DE DJANIRA
de 31 de julho a 31 de a g o sto .............................................
65 telas.

2.455

67* — ALOYSIO M AGALHÁES
de 4 de setembro a 1 de outubro ...................................
32 telas.

1.662

68* — O LIV ETTI IN D U STRIA L S .A .
de 4 de setembro a 26 de outubro.......................................

2.497

69* — A RTE D ECO RA TIV A FIN LA N D ESA
de 9 de outubro
180 pegas de
10 tapetes
35 pegas de
4 gobelins
amostras

a 15 de novembro ...................................
vidro

4.235

mobília
finlandeses
de tecidos.

70* — FRIDL LOOS
de 20 de novembro a 14 de dezembro.................................
30 trabalhos.

1.356

71* — PINTU RA DE N EM ESIO A N TU N EZ
de 20 de novembro a 14 de dezembro...............................
50 telas.
72* — «O BESTIA RIO »
G RA SSM A NN

—

Litografías

de

1.262

M ARCELO

de 4 a 11 de dezembro ........................................................
30 gravuras.

530

73* — 7* M O STRA DE PINTU RA DE CRIA N ZA S
de 18 de dezembro a 11 de janeiro de 1959 ...............
76 trabalhos.

863

74a — A LU NO S DE ZÉLIA SALGADO
de 18 de dezembro a 15 de janeiro de 1959 ...................
90 trabalhos.

909

�PRO JETO Q UE SE TRA N SFO RM A EM REALIDADE — LEI
N.° 3.411, DE 16-6-1958
Quando o Presidente Juscelino Kubitschek, a 16 de junho de 1958,
sancionou o projeto legislativo n" 2.865-C/57 — que concedeu, durante
cinco anos, o auxilio anual de Cr$ 25.000.000,00 ao Museu de Arte Mo­
derna do Rio de Janeiro, — náo executou táo sómente um ato de rotina
burocrática, entre tantos outros que o assoberbam. S . Excia., sob a inspi­
radlo do postulado democrático de que todo Govérno emana do povo e
em seu nome é exercido, subscreveu urna convicdáo, refletida pelos nossos
representantes no Congresso Nacional: a de que o Museu de Arte Moderna
do Rio de Janeiro participa, com quinháo apreciável, do desenvolvimento
que se imprime ao país.
★ ★ *

A 1 de julho de 1957, já integrado no espirito do MAM e dando vasao
aos seus impulsos de homem público, o Deputado Último de Carvalho, da
representadlo pessedista de Minas, encaminhou á Mesa Diretora da Cámara
a proposidáo originária, reinvindicando do Poder Público o necessário auxilio
as obras do Museu, já em plena execudáo.
«Como obra de idealismo, é um marco de confianca no destino desta
térra, planejado em termos que ultrapassam as organizacóes congéneres, com
o mais profundo sentido de objetividade e permanencia» — disse o Senhor
Último de Carvalho, na longa e circunstanciada justificativa que formulou
á proposidáo de sua autoría.
Apoiando o parlamentar do PSD, trinta e um outros Deputados, refletindo as mais variadas correntes partidárias, doutrinárias e sociais, subscreveram com entusiasmo a íntegra do projeto originário, esquecendo-se
por um momento das suas divergencias táo profundas para prestigiar, num
só fólego de compreensáo e espirito público, a proposidáo que aspirava o
alivio financeiro da instituidáo, fazendo-lhe chegar a necessária colaboradáo
dos órgáos governamentais, cujos objetivos sociais se confundem com os
do Museu.
★ ★ ★

A justificadáo formulada pelo Sr. Último de Carvalho foi a base angular
do éxito final logrado pelo projeto de lei. Ali se encontram o histórico
pormenorizado, detalhado, das obras executadas e a executar, sob ingentes

�sacrificios, os planos do Museu, o devotamente dos seus idealizadores, os
sonhos arrojados dos que pretendiam levar adiante aquéle monumento de
audácia.
Na Comissáo de Educagao e Cultura da Cámara, onde o projeto foi
aprovado na sessao do dia 19 de agosto de 1957, argumentava o Deputado
Pió Guerra ( UDN-Pernambuco):
« Trata-se de iniciativa de elevado alcance cultural e social, á qual o
Congresso Nacional náo pederá ficar indiferente. Há que lhe dar apoio,
a fim de que a cultura artística nacional se aperfeicoe e se enquadre dentro
dos principios basilares de urna obra de arte que deverá acompanhar o ritmo
de desenvolvimento das instituicóes vitáis do país».
★ ★ ★
Justificando a abertura do crédito pleiteado pela sua «relevante finalidade», o Deputado Broca Filho (PSD-Sáo Paulo), com argumentagáo
limpa e convincente, obteve para o projeto Último de Carvalho o pronunciamento favorável e unánime da Comissáo de Finangas, a 10 de outubro do
mesmo ano.
Já no ano seguinte — a 26 de margo de 1958 —, a Comissáo de
Orgamento e Fiscalizagáo Financeira, adotando o entusiástico parecer do
Deputado Colombo de Souza (PSP-Ceará), reconhece que «o Museu de
Arte Moderna do Rio de Janeiro é urna instituicáo notável e que, por todos
os títulos, honra o Brasil».
No pienário da Cámara, em que no tumulto dos 326 parlamentares
palpita o próprio Brasil, consagrou-se, por unanimidade, o projeto do Museu,
na memorável sessáo de 22 de maio de 1958.
★ -k ★
Os Senadores Gilberto Marinho (Comissáo de Justiga), Mouráo Vieira
(Comissáo de Educagáo) e Lameira Bittencourt (Comissáo de Finangas),
na Cámara Revisora que é o Senado da República, deram desenvolvimento
á segunda etapa do projeto, exibindo nos brilhantes pareceres com que
influíram na decisáo dos seus pares, o elevado gráu do seu espirito público.
A 9 de junho do mesmo ano de 1958, o Senado Federal, pela unani­
midade dos seus membros, dá guarida á proposigáo oriunda da Cámara
dos Deputados e, em seguida, a envia para a sangáo presidencial.
Foi urna vitória do Museu e do país.

�. . . Entre as provas que os poderes públicos tem dado de reconhedmento do interésse cultural e educativo das atividades do Museu de Arte
Moderna do Rio de Janeiro, devemos assinalar a Lei n." 3.479, que transcrevemos abaixo:
LEI N" 3.479, DE 4 DE DEZEM BRO DE 195b
Isenta de todos os impostos e taxas federáis o Museu de Arte Moderna
do Rio de Janeiro
O Presidente da República.
Fago saber que o Congresso Nacional decreta e eu sanciono a seguinte
Lei :
Art. I9 É concedida isengáo de todos os impostos e taxas federáis,
exceto a de Previdencia Social, ao Museu de Arte Moderna do Rio de
Janeiro, sociedade civil sem objetivo lucrativo, com sede no Distrito Federal,
e a todos os bens e direitos de que seja titular aquela entidade.
Art. 29 A isengáo a que se refere o art. 1" desta Lei, compreer.de,
para os portos administrados pela Uniao ou suas Autarquías, as taxas de
capatazia e mais despesas portuárias e inclui, para os primeiros trinta dias
de armazenagem, nos armazéns portuários, franquia das respectivas despesas.
Art. 3.° Esta Lei entrará em vigor na data de sua publicadlo, revogadas as disposigóes em contrário.
Rio de Janeiro, 4 de dezembro de 1958, 137° da Independencia e
70'- da República.
J u s c e l in o K u b i t s c h e k .

Paes de Almeida.
(Publicada no Diário Oficial da Uniao de 5-12-58) .
CU RSO S
No ano de 1958, realizaram-se, no Museu, os seguintes cursos com os
respectivos professóres e horários :
ATELIER LIVRE DE PINTU RA — Aluísio Carváo
Segunda-feira de 16,00 as 18,00 horas.
Segunda-feira de 18,00 as 20,00 horas.
PINTURA — Edson Motta
Terga-feira de 8,30 as 10,00 horas.
Terga-feira de 10,00 as 11,30 horas.
IN ICIA gA O E ORIENTAQÁO — Zélia Salgado
Quarta-feira de 13,00 as 14,30 horas.
Quarta-feira de 14,30 as 16,00 horas.
Quarta-feira de 16,00 as 17,30 horas.
C O M PO SigÁ O E ANÁLISE CRÍTICA — Fayga Ostrower
Quinta-feira de 18,00 as 19,30 horas.

�PINTURA PARA CRIANCAS — Ivan Serpa
Sábado de 14,00 as 16,00 horas.
Sábado de 16,00 as 18,00 horas.
BOTÁNICA APLICADA A JARDIN S — Luiz Emygdio
Mello Filho e Wit-Olaf Prochnik
Segunda-feira de 8,00 ás 10,00 horas.
Quarta-feira de 8,00 ás 10,00 horas.
Sexta-feira
de 8,00 ás 10,00 horas.
M ESA S REDO NDAS
No correr do mes de julho, durante o Curso de «Composigáo e Análise
Crítica», ministrado por Fayga Ostrower, realizaram-se duas mesas redondas.
A primeira, um debate sobre a Estrutura Espacial na Pintura, na
Poesía e na Música, constou de trés sessóes. A discussáo foi dirigida pela
professóra do curso com a colaboragáo do musicólogo Agenor Fontes, da
pianista Roseta Costa Pinto e do poeta Mário Faustino.
Em vista do éxito dessa iniciativa, ficou decidida a realizagáo de mais
um debate.
A segunda focalizou os ‘ Problemas de Criagáo” . Especialmente convi­
dados, tomarSm parte, na mesa, o Professor Miranda Neto e o escritor
Adolfo Casais Monteiro. Sobre éste tema houve duas sessóes.
A TIV ID A D ES DO M U SEU
C O N FER EN C IA S
Durante o ano de 1958, realizaram-se, no Museu, as seguintes conferéncias :
«Artes cinéticas e experiéncias do Lincoln Center», pelo Professor
Carleton Sprague Smith.
«Arquitetura Moderna em Israel», por Abo el Hannini (arquiteto
de Israel) — durante o Encontró dos Arquitetos.
«Planejamento urbano na Grá-Bretanha», com projegáo de diapositivos e um filme pelo arquiteto inglés Mase Lock — durante
o Encontró dos Arquitetos.
«Arte Decorativa Finlandesa», tema desenvolvido em duas confe­
rencias pelo arquiteto finlandés, Timo Sarpaneva.
«O Museu na Realidade Brasileira», pelo Professor Carlos Flexa
Ribeiro, durante o Estáqio de Museus orqanizado pela
U N E SC O .

�Edmundo Moniz, Condessa Pereira Carneiro e José Velasco
Portinho. na mostra «Quatro mil Anos de Vidro».

Exposigáo «Quatro Mil Anos de Vidro» — Wladimir Murtinho,
Ernesto Wolf, Tuni Murtinho e Ruy Pereira da Silva observam
urna das vitrinas.

�María Luiza Noronha exibe um modelo de inspirando indiana,
na exposigáo Fridl Loos.

Na exposigáo Fridl Loos,
exibe i

�a scnhora Cecilinha Prado Uchóa
um dos modelos.

Eloísa Menezes desfila perante a assisténcia, quando da exposigáo
Fridl Loos.

�N O V O S SÓCIOS NO CORRER DO ANO DE 1958
t r a n s f e r e n c ia

de

s ó c io

r e m id o

PARA BENEM ÉRITO
BOUQAS, Valentim F.
LACERDA, Jorge
MARX, Roberto Burle
ROCKEFELLER, Nelson A.
SILVA, Drault Ernani de Mello
TRANSFERENCIA D E SÓCIO EFE TIV O
PARA BENEM ÉRITO
D EG EN SZEJN , Jerzy
M O SES, Herbert
TRANSFERENCIA D E SÓCIO
CONTRIBUINTE PARA BENEM ÉRITO
PORTO, Paulo de Campos
SÓCIOS BENEM ÉRITOS
ALMEIDA, Ruy Gomes de
AMARAL, Joáo Baptista
A N TU N ES, Augusto
BOPP, Raúl
BURDEN, William A. M.
FEIGL, Regine
FORD, (Mrs.) Edsel B.
GOODW IN, Philip L.
G U ERTZEN STEIN , Helio
GUGGENHEIM, Olga
JURZYKOW SKI, Alfred
KLABIN, Israel
KOOGAN, Abraháo
LASKER, (Mrs.) Albert D.
LE V Y, Adele R.
M ATTO X, George W .
MAUZE, (Mrs.) Jean
OLIVEIRA, Francisco Rodrigues de
PALEY, William S.
PINTO, José de Magalháes
ROCKEFELLER, David
RO CKEFELLER, (Mrs.) Nelson A.
RUBIN STEIN , Helena
SA LLES, Joáo Moreira
STO N E, Harry J.
VASCO NCELLO S, Joáo de Souza
TRANSFERENCIA D E SÓCIO EFE TIV O
PARA REMIDO
ADORNO, Stefano Cattaneo
BAUMANN, Gustav Adolf
CARMO, Cleonice Oliveira da Silva
CARVALHO, Pedro Affonso Mibielli de
CHAGAS Filho, Carlos
DAVIDOVITCH, Boris

FO N SECA , Herculano Borges da
G A LLO TTI, Francisco Benjamín
MINDLIN, Henrique E.
PED ERNEIRAS, Eduardo de Vasconcellos
RIBEIRO, Adhemar Leite
UCHÓA Neto, Plinio
TRANSFERENCIA D E SÓCIO
CONTRIBUINTE PARA REMIDO
ARRUDA, Dioni
BEHRING, Edith
BRANCO, Miguel Paranhos do Rio
BU SSE, Ivan
CARVALHO, Ziza Monteiro de
CASTRO, Jorge Mendes de Oliveira
CONDÉ, Joáo
COTRIM, John Reginald
FERREIRA, Carlos Frederico
FIANI, Afif
FO N SECA , Carlos Amaral da
GRA SSELLI, Leone Paolo
HIME, Herminia Ferreira Cerquinho
JORDAN, Andrzej F . S .
LO PES, Luiz Simóes
MACIEL, Gastáo de Seixas
MINDLIN, Vera Bocayuva
MOREIRA, Giuseppina Pirro de
MOREIRA, Jorge Machado
O STRO W ER, Fayga
O STRO W ER, Heinz
PEREIRA Filho, Pedro
PRADO, María de Lourdes da Silva
PRADO N E TT O , Antonio
RODRIGUES, Agostinho Olavo
RODRIGUES, Sergio Roberto Santos
ROSA, Luiz Augusto de Proen^a
SAAVED RA, Carmen
SILVA, Djanira da Motta e
SILVA, Maria do Carmo Dias da
V ILLELA, Belkiss Ephigenia Tamm
SÓCIOS REMIDOS
ABREU, Tarcema Cunha de
AGUIAR, Adolfo Almeida de
AMARAL, Cláudio de Souza
A N TU N EZ, Nemésio
A PO STO L, Andrew Mouravieff
A PO STO L, Ellen Mouravieff
ARAUJO, Sibylla Sloper de
ARRUDA, Ivo
AULER, Horácio
AZAMBUJA, Celso C. de
BANDEIRA, Manuel

�Jean Dessés, costureiro francés, visita a exposigáo Fridl Loos.

�Nemesio Antunes observa urna escultura do argentino lommi»

�BARBOZA. Mario Gibson
BARBOZA, Yolanda Gibson
BASTO S. Humberto
BONINO, Alfredo
BONOMI. Ambrogio
BORGES. Nelson Velloso
BOTELHO, Nanto Junqueira
BRAGA FILHO. Pedro
BRASINI, Vanda Lacerda
BRITTO, Raúl de Carvalho
BUENO, Abelardo Coimbra
CABAL. Hélio de Burgos
CA STELLO . Guido Paterno
CAVALCANTI. Odette Aurea C.
CEPPAS, Geraldo Gra?a
CHAMMA, Angela Soares de Moura
CHAMMA, Jorge Abdalla
COSTA. Jairo Cortez
COZAC. Mario
CUNFIA, Rui Vieira da
CUNHA. Vera Magdalena Simoes Bocayuvn
CURY NETTO , Carlos Emmanucl C. R.
D EN Y S, Odylio
DUVIVIER, Edgar
ESPERANZA, Salvador
FARIA FILHO. Alberto de
FRANCO, Guilherme Arinos Lima
FRANCO, Maria Isabel Barbosa de Barroso
FREITAS. Hélcio Benjamín de Souza
FROTA, Fernando Saldanha da Gama
GABAGLIA, Eugenio Raja
GALANTE, Eleutério de Matos Ferráo
GOMES, Jayme de Barros
GRILLO. Heitor da Silveira
GUIMARÁES, José Bennaton
GUIMARÁES, Luiz Zenha
GUIMARÁES, Olavo P. da Fonseca
HENRIQUE. Joáo
HOLZMEISTER. Martin
KRONSFOTH. G. F. Alberto
LA TIF, Maria Luisa de Souza
I.ATIF, Miran de Barros
LEÁO, Manuel de Azevedo
LEONARDOS, Mary
LEONARDOS. Thomas Othon
LEV ISO N , Leonard S.
LIMA, Edgard Severiano
LIMA, Ermiro Estevam de
LINS, Miguel Monteiro de Barros
LODI. Mucio Euvaldo
MACHADO. Clara M. da Silva
MAGALHÁES, Aloysio
MAGALHÁES, Marly Menezes de
MALLMANN, Alda de Azambuja
MARINHO, Lenita Esteves Ribas
M ARTINS Júnior, Leopoldo Diniz
MELLO, Djalma Tavares da Cunha

M ENEZES, Sergio Correa de
MINDLIN, Katia Bocayuva Cunha
MIRANDA, Floresta
MIRANDA, Jorge Floresta de
MIRANDA, Fito Soares de
MOM SEN, Richard Paul
MOURA Netto, Camillo Soares de
MOURÁO, Noemia
NACARATO Neto, Caetano
N E V ES, Jorge Leal Costa
N EV ES, Thelma Costa
NORONHA. Vicente
OAKIM, Roberto Jorge
OLIVEIRA, Oscar de
D'OREY, José Manuel
PAMPLONA. Zeni Lacerda
PATRONE. Rubens
PEDREIRA. José Luiz Bulhóes
PEIXO TO , Preciosa Ceppas de Carvalho
PEIXO TO , Júnior, Albino Joaquim
PEIXO TO Júnior, Augusto Amaral
PELIKS, Helen Marguerite
PER ESTR ELLO . Maria Alzira
PINTO, Roberto D.
POZO, Enrico
RABELLO, Reginaldo Lopes
RAMOS, Margarida Machado da Silva
RANGEL. Orlando
REIS, José Ricardo de Castro
ROCHA. Tude Neiva de Lima
SAMPAIO, Francisca Lopes de Almeida
Soares de
SA N TO S, Sydney Martins Gomes dos
SAUER, Zilda
SAYAD. Miguel Angelo
SCHM IDT. Marcelo Félix
SIBILLE, Andréa
SILVA. Joffre Amado de Mello e
SINGERY, Irene von Dellingshausen
SING ERY, Roberto
SODRÉ, Marcos de Almeida Moniz
SOUZA, Eunice Cardoso Freitas de
SOUZA, Joáo Kessler Coelho de
VAHLIS, Helena
VIANNA, Fernando Antonio de Mello
W AINER, Danuza Leáo
W ILM ANN. Yolanda
XAVIER, Antonio Augusto
EFETIV O S
ALM EIDA, Sergio Octaviano de
BASBAUM, José
BUSH, William Clair
CALDAS, Celito Zebral
CAMPOFIORITO. Quirino
DANKW ORT, Werner

�DONATO, Arthur
GOHN, Hermann
GONCALVES, Edmo Padilha
HAYMANN, Ernest
KELLER, Willy (Wilhelm)
LOPES, Ademar Francisco
MACÉDO, Haroldo Buarque de
MELLO, Francisco de Assis Corría de
MOREIRA, Nelson Vaz
PALMEIRO, Affonso R.
RIBEIRO, Ricardo Barata
STO LTZ, Magdalena Hildcgard
VIANNA, Durval
CONTRIBUINTES
ABRANCHES, Heloisa Dunshee de
ABREU, Amparo Cartier de
ABREU, Dahlia Britto de
ABREU, Helena Ferraz de
ABREU, Suelly Lima de
ABREU, Thais Lima Ferraz de
ACHE, Wilmar
ACZEL, George
ADORNO, Carlotta Cattaneo
AGRICOLA, Martha
AGRICOLA, Wilhelm
AGRICOLA, Yolanda
AGUIAR, Carmem Sarmentó de
AGUIAR, Luiz Felipe Rebelo de
AGUIAR, Maria Lysette de Souza
AGUIAR, Marina Guisard
AGUIAR, Neuma Figueiredo de
AGUIAR Filho, Carlos Guisard
AGUIRRE, Diva dos Santos
A ISEN , Greta
AIZIM, Diva
AKERMAN, Menuha
ALBERNAZ, Julia Ferreira
ALBUQUERQUE, Armando Cavalcanti de
ALBUQUERQUE, Consuelo Lins de
ALBUQUERQUE, Francisco Paraíso Caval­
canti de
ALBUQUERQUE, Ivan de
ALBUQUERQUE, Leonel Tavares Miranda de
ALBUQUERQUE, Maria Beatriz Cavalcanti
de
ALBUQUERQUE, Maria Lucia
ALBUQUERQUE, Yvonne Cavalcanti de
ALCOBA, Maria Ribeiro
ALDAO, Cesar Ricardo
ALDAO, Raquel Bombal de
ALENCAR, Murilo Arraes de
A LENCA STRO , José Tito Regis de
ALIANDRO, Antonia Maria
ALMEIDA, Abd-El Karim de
ALMEIDA, Adilson Macedo de

ALMEIDA, Airton Renato de
ALMEIDA, Aracy Marques de
ALMEIDA, Arnaldo Correia Rodrigues de
ALMEIDA, Carlos de
ALMEIDA, Carlos Tavares
ALMEIDA, Delson Furtado de
ALMEIDA, Elenn Assis de
ALM EIDA, Elisa Maria José Mendes de
ALMEIDA, Geraldo Costa Rodrigues de
ALMEIDA, Joana Maria Marques de
ALMEIDA. Joáo da Silva
ALMEIDA, José Mauricio G. de
ALMEIDA, Marcello Brasileiro de
ALMEIDA, Maria Cecilia Geraldes Nóbrega
de
ALMEIDA, Maria Helena Cabral de
ALM EIDA, Maria Helena Insausti
ALMEIDA, Maria Helena Mello de
ALM EIDA, Maria Lydia Brasileiro de
ALMEIDA, Murilo Reís de
ALMEIDA, Norah Claudio
ALMEIDA, Ricardo Hugo Marques de
ALMEIDA. Rosemarie Claudio
ALMEIDA, Vera dell’Amico de
AL V ES, Emma
A LV ES, Maria Sylvia Lindgren
A L V ES, Moacyr
A LV ES, Solon Gomes
A LV ES, Yedda da Veiga Martins
A LV ES FILHO, Juarezita Coelho
a LVIM, Alvaro Cesario
ALVIM. Mariana Agostini de Villalba
ALVIM, Vanda Giáo
AMADO, Circe Gomes
AMADO, Gennyson
AMARAL, Maria Henriqueta Barroso do
AMARAL, Oswaldo
AMARAL, Sylvio do Valle
AMARAL, Walmyr Lima
AMARAL, Yedda Rebou?as
AM ARANTE. Beatriz Rondon
AM ARANTE, Diana Maria
AM ARANTE, Marcos Flávio
AM ARANTE, Martha A.
AM ARANTE, Stélio Marcos
AMORIM, Ajuricaba Fleury de
AMORIM, Celia Magda de
AMORIM, Marilia
ANDRADA, Carmen Silvia Freire de
ANDRADE, Aristélio Travassos de
ANDRADE, Enaura Goulart de
ANDRADE, Huguette Silvares
ANDRADE, Isolda Costa Pinto de
ANDRADE, Joaquim Corría de Oliveira
ANDRADE, Lauro Antunes Paes de
ANDRADE, Lilian Luz de
ANDRADE, Marina Emery Vasconcelos de

�Rockefeller, Nemesio Antunes e urna pintura désse artista chileno.

Exposigáo Nemesio Antunes — O artista em conversa com Carmen
Portinho, a Embaixatriz Fraga de Castro, a Senhora Sergio Frazáo
e Raymundo de Castro Maya.

�Madureira de Pinho, um dos diretores da Olivetti, e Joáo Carlos
Vital, no Museu, na Exposigáo Desenho Industrial Olivetti.

Exposigáo Desenho Industrial — Joáo Carlos Vital, Mauricio
Nabuco e Luiz Gonzaga do Nascimento e Silva conversam ante
um painel.

�ANDRADE, Oswaldo Vieira de
ANDRADE, Santuza Borges de
ANDRADE, Vera Navarro de
ANDRADE, N ETO . Farnese de
ANDREONI, Raffaele
ANDREONI, Zaira
A N JO S JUNIOR, Sebastiáo Rodrigues
ANNA, Claudio Moreira d’
A N T U N ES, Aecio de Albuquerque
A N T U N ES, Carmen de Oliveira
A N T U N ES, Délio de Oliveira
A N TU N ES, Maria Mercedes Ribeiro
A PESTEGU IA , Nils Jorge Augusto Wiezell
APFELBAUM , Miguel
ARAGÁO, Maria Luiza Moniz de
ARAGÁO, Severino José Cavalcante
ARANHA, Antonio Benedicto Martins
ARANHA, Jacyra de Campos Moraes
ARANHA, Luiz Oswaldo Norris
ARANHA, Olavo Egydio de Souza
ARAPONGA, Alberto
ARARIPE, Alitta Maria Franga
ARAUJO, Francisco Aluizio de
ARAUJO, Georgina Penque de
ARAUJO, Heloisa Martins de
ARAUJO, Ivan Lobo
ARAUJO, José Maria de
ARAUJO, Lindinalvo de
ARAUJO, Maria de Lourdes Ivens de
ARAUJO, Mozart de
ARAUJO, Wilson Cha gas de
A RGEN TA, Sónia Marila
AROCH, Dvora
ARRAIS, Maria Luiza Pessoa
ARRAIS, Nilson
ARRI, Maria Dias de Oliveira
ARRUDA, Auracy
ARTAGÁO, Carlos Eduardo Navarro da
Costa de
ARTHOR, Sónia Meló e Cunha
A RTILES, Francisco Santana
A SSIS, Dinorah de
ASSUM PCAO, Kleber
ASSUMPGÁO, Maria de Lourdes Theomar de
ATHAR N ETTO , Jacyntho Teixeira Aben
AVELLAR, José Carlos Machado
A VIO TTI, Ana Maria
AYALA, Roger H.
AZAMBUJA, Antonio Candido de
AZAMBUJA, Leda Oliveira de
AZAMBUJA, Marcos Castrioto de
AZAMBUJA, Vera Maria Cavalcanti de
AZEREDO, Maria Elisa Bernardes
AZEREDO, Vera Lucia
AZEVEDO , Alberto de Carvalho Peixoto de
A ZEVEDO , Celina de Oliveira
AZEVEDO , Claudia Marisa Barbosa de

AZEVEDO , Helena Marques de
AZEVEDO, Joáo da Veiga
AZEVEDO , Maria Alice Barros
AZEVEDO , Maria Emiiia
AZEVEDO, Maria Lucia Duarte de
AZEVEDO , Maria Regina de
AZEVEDO , Raúl Marques de
AZEVEDO , Sergio Napoleáo D ’
BACH, Hildegard
BACHNER, Jeannine
BADDINI, Dinah
BADEJO, Antonio Duarte
BAENA, Othon Branco
BAHIA, Aldemar Baer
BAHIA, Alvrandro Baer
BAHIA, Maria Luiza Baer
BAILLY, Carlos Jorge Rio Branco
BAINHA, Tarquinio
BAKKER, Godofredo Amaury Ribeiro de
BALBI FILHO, Joáo
BA LLESTÉ, Vera Olinto
B A LLEST É FILHO, Arnaldo
BAN, Eva
BAND, Ary
BA PTISTA , Lilia Moniz de Aragao
BA PTISTA , Therezinha Reichmuth
BA PTISTA FILHO, Zito
BARANDA, Hugo
BARANEK, José Aron
BA RBA STEFAN O , Igylio
BARBERA, Francisco
BARBIERI, Lenóra Sylvia Miranda
BARBOSA, Alegría Bentes
BARBOSA, Alvaro Martins
BARBOSA, Carlos Antonio Horta
BARBOSA, Geraldo da Rocha
BARBOSA, Hildemar País
BARBOSA, Marcelo Vitor Gurgel
BARBOSA, Nilson
BARBOSA, Norma da Conceigáo
BARBOSA, Paulo Antnero Soares
BARBOSA, Silvério Clovis
BARCELLOS. Alba Teixeira de
BARCELLOS, Francisco Armando Cesar
BARCELLOS, Maria Lucia
BARCELLOS, Marilza Adamo
BARCELLOS, Sergio
BARCELLOS, Víctor Gama de
BARD, Aniko Klara Terezia
BARD, Augusta Lopes Mariante
BARD, Leopoldo
BARREIROS, Joáo Amador Viotti
BARRENNE, Angele Young
BARRETO, Auta Rojas
BARRETO, Mary Ferreira de Barros
BARRETO, Ophir Leite Paes
BARRETO, Ruy

�BARROCAS, Olney
BARROS, Antonio
BARROS, Ayres Alves de
BARROS, Carlos Jacyntho de
BARROS, Ena Maria Lins de
BARROS, Francisco de Magalháes
BARROS, Helena Maria Beltráo de
BARROS, Josephina Beltráo de
BARROS, Magdalena Koff Monteiro de
BARROS, Maria A, Leal de
BARROS, Olga Monteiro de
BARROS, Sigrid Porto de
BARROS, Vania Monteiro de
BARROS N E TT O , Sebastiáo do Regó
BARROSO, Sonia de Paula
BARROSO N E TT O , Esmerino
BARTHOLO, Therezinha de Jesús Moreira
BARTOLY, Alfredo
BASBAUM, Arthur
BASBAUM, Emilia
BA STIA S, Emilio Morales
BA STO S, Alberto Lessa
BA STO S, Aymoré
BA STO S, Ewaldo Tavares
BA STO S, Heitor Tavares Guimaráes
BA STO S, Hilo
BA STO S, Maria Angélica Faccini Tavares
BA STO S, Nancy Rauen
BA STO S, Paulo Ribeiro
BA STO S, Pedro Borchert
BA STO S, Sebastiáo García
BA STO S, Sebastiáo R.
BA STO S, Swanee do Regó Monteiro
BA STO S, Tania Rauen
BATALHA, Ivan Velloso da Silveira
BATALHA, Maria Zina de Moraes
BATALHEIRO, José da Polonia
BA TISTA , Elmira Helena Pinheiro Nogueira
BA TISTA , Maria Berenice
BA TISTA , Paulo Nogueira
BA TISTA , Roberto Rizo
BAUM GARTEN, Nedi
BECHER, Paulina
BECK, Guido
BECKER, Bertha Koiffmann
BECKER, Fabio
BECKER, Johann
BEER, Alois
BEER, Brigita
BEGNI, Margarida Maria
BELFO RT, Ana Maria
BELFO RT, Lucia
BELLEZA, Newton de Castro
BELLO, Edgard da Costa
BELLO, Wanda Waleska dos Santos
BELLOC, Nelly Aguiar
BELLOC, Pedro Hugo Fabricio

BENARD, Claude
BENARD, Edith Marianne
BENICIO, Osorio Viana
BENICIO, Uirpy
BENKLER, Geny
BENOU, Roger Víctor
BEN V EN U TO , Emilia Magalháes
BEN V EN U TO , Walkyria
BERGALLO, Leila Maria Torres de
BERGAM ASCO, Virginia
BERGER, Aristeu Silva
BERLIN, Lucy Birgitta
BERLIN, Margot
BERNARDO, Antonio
BERNAT, Eduardo Navarro
BER N STEIN , Leova
BERRUEZO, Maribel Alvarez
BERTÉA , Hugo Stéfano
BERTÉA, Olga Thereza
BESSA , Amparo de Mello
BESSA , Carlos Henrique
BESSA , Eloah de Carvalho
BESSA , Orlando
BEZERRA, Gracia Dolores Calaxi de Godoy
BEZERRA, José Augusto de Godoy
BEZERRA, Oscar Bittencourt
BEZERRA, Wilson Lopes
BEYM E, Werner von
BIANCHI, Olga Nováis
BIANCHI, Rubén Aguirre
BIATO, Néa
BIATO, Oswaldo
BILDNER, Albert
BILLA, René Edmond Roger
BISCALA, Maria Candida do Lago Cruz Rosa
BISCAIA, Vítor Guilherme Rosa
BITTEN C O U R T, Nazareth Deschamps
BITTEN C O U R T, Renato Pereira
BITTEN C O U R T, Sylvio
BLOCH, Ester Kerdman
BLOCH, Joan Levy
BOABAID, Murilo Cascáis
BOCAYUVA, Sara Margarida
BOGORICIN, Julio
BOGORICIN, Rita Torá
BOHAC, Josef
BO ISSO N, Maria de Lourdes F.
BO ISSO N, Stela Dinora
BOLIVAR FILHO, Arduino
BONA, Maria Helena Martins
BONAPORE, Adolphine Portella
BONDI, Piero
BONFÁ, Sebastiáo
BO N N EFO U X, Jacques Raymond
BOONE, William R. P.
BORDALLO, Therezinha Portella
BORDALLO N E TT O , Cesar Augusto

�Quando da exposigáo Olivetti, o Presidente Juscelino Kubitschek
examina, em companhia de Henrique Mindlin, urna das máquinas.

O Diretor Executivo do Museu entre o Senhor Andrea Sibille,
da Olivetti, e o arquiteto Henrique Mindlin.

�O Príncipe Mikasa ao entrar na
sala de exposigáo do Museu,
quando da realizagáo da mostra
de criangas japonesas por éle
inaugurada.

Meninas japonesas aguardam a
visita, ao Museu, do Príncipe
Mikasa.

�BORDES, Fernande Gérard
BORGERTH, Eduardo
BORGERTH, Gilda Eiras
BORGERTH FILHO, Alberto
BORGES, Candido
BORGES, Marcelo Veloso
BO RGES, Maria Izabel Pareto Maciel Veloso
BO RGES, Violeta Saouda
BORGES, Zuleika Ramalho
BORGHOFF, Wally Leonor
BOSTROM, Anna Margareta
BOTELHO, Judith
BOTELHO, Maria Ligia Assumpgáo
BOTELHO, Solange
BOULIEU, Jacques Joseph
BRACONY, Joáo José
BRACONY, Maria Guilhermina Vianna
BRAGA, Anna Maria Rabello de Souza
BRAGA, Antonio Carlos
BRAGA, Gloria Secchin
BRAGA, Maria Luiza M. S.
BRAGA, Nadiah Nicolay
BRAGA, Norah Terezinha de Freitas
BRAGA, Pedro de Souza
BRAGA, Regina Lucia Vianna
BRAGA, Rita
BRAGA, Sydney Simons
BRAGA, Wanda Regina Siqueira
BRAGA FILHO, Armando
BRAGA JUNIOR, Julio Machado
BRAGANGA, Dona Fátima de Orleans
BRAKARZ, Rubens
BRANCO, Elza Paranhos do Rio
BRANCO, Helene do Rio
BRANCO, Joáo Batista Castejon
BRANDÁO, Alfredo Henriques
BRANDÁO, Angela Ramos
BRANDÁO, Lilian Franco de Sá Motta
BRANDÁO, Luiza da Costa
BRANDÁO, Maria de Lourdes
BRANDÁO, Maria de Lourdes
BRANDÁO, Marisa Seróa da Motta
BRANDT, Carlos Alberto
BRANDT, Iracema
BRASIL, Karl Studart de Souza
BRASIL, Marlene Silva Vital
BRAZIL, Carlos Alberto Rubim Paes
BRITO, Glauco Flores de Sá
BRITO, Murillo Correa de
BRITO, Paulo Sergio Menezes Vieira de
BRITTO , José Félix Pacheco
BRITZ, Bernardo
BRIZZIO, Lázaro
BRONZ, José
BRONZ, Lejzor

BROW NE, Roberto Marx
BUDINI, Brunetta
BUENO, Aida Pimenta
BUENO, Alice C.
BUENO, Carlos Antonio Bettencourt
BULCÁO, Celina Willmann Bocayuva
BULCÁO, Florinda Soares
BULCÁO, José Claudio Bocayuva
BULCÁO, Maria
BUONO JUNIOR, Antonio
BURLAMAQUI, Hinda
BURLAMAQUI, Ulysses
BURLE, Maria Beatriz
BUSLIK, Nair Alencar
C „ Cesar Barney
CABRAL, Helena de Souza
CABRAL, Heloisa da Rocha
CABRAL, José Tomaz Gray
CABRAL, Mario de Paula e Silva
CABRAL, Paulo da Silva
CADDAH, Maria Yeda
CAHET, Maria Aury Gil
CALABRÓ, Anna
CALABRÚ, Pasquale
CALAXI, Flora da Costa
CALAZANS, Durval Vieira
CALDAS, José Cavour da Silva
CALDAS, Lucilio Otavio
CALDAS, Maria de Lourdes Mesquita
CALH EIRO S, Maria da Gloria Vieira Ferreira
CAMARA, Elba Sette
CAMARA, José Sette
CAMARA, Marly Sierra Mattoso
CAMARA, Sigmundo Perestrello da
CAMARA FILHO, Roberto Mattoso
CAMARGO, Laertes Lemos
CAMARGO, Sérgio
CAMINHA, Halya
CAM PELLO, Hortencia Maria de Carvalho
CAM PELLO, Marcello Graga Couto
CAMPELO, Glauco de Oliveira
CAMPELO, Maria Lucia Dália
CAMPOS, Maria da Gloria Redig de
CAMPOS, Maria Thereza Redig de
CAMPOS, Marieta
CAMPOS, Martinho
CANDIOTA, Ronaldo
CANNONE, Cario
CANONGIA, Roberto Ferreira de Oliveira
CANTA, Elisabeth
CANTA, J. A.
CANTO, Roberto Maria Tavares do
CAPOROSSI, Joáo Rondon
CAPRIS, Diomede
CARAVAGLIA, Ilde
CARBONE, Elizabeth

�CARDOSO, Carlos Henrique Espirito Santo
CARDOSO, Guy Nicolau d'Almeida
CARDOSO, José de Carvalho
CARDOSO, Silvando da Silva
CARNEIRO, Beatris Clotilde de Berredo
CARNEIRO, Diva Maria Barbosa
CARNEIRO, Geraldo de Andrade
CARNEIRO, Guiomar Pereira
CARNEIRO, Hugo Acreano de Freitas
CARNEIRO, Ignacio Piquet
CARNEIRO, Roberto de Freitas
CARNEIRO, Sonia Penha Piquet
CARNEIRO, Vicente
CARRAPATOSO, Maria da Luz
CARTER, Patricia Ann
CARTIER, Lina Olympia Brandini
CARTIER, Ruy Guahyba
CARVALHAES, Léo Pinto
CARVALHO, Ana Maria Magalháes
CARVALHO, Beatrix dos Reis
CARVALHO, Claudio José Nolasco de
CARVALHO, Claudio Roberto de Almeida
CARVALHO, Débora Adélia de Lima
CARVALHO, Elisa Lampreia
CARVALHO, Elisa Maria Amorim do Prado
CARVALHO, Elza Magalháes
CARVALHO, Eva Monteiro de
CARVALHO, Evanda Miranda Rocha de
CARVALHO, Gilda Maria de
CARVALHO, Heloisa Chagas Tolentino de
CARVALHO, Ildenae Moacyr de
CARVALHO, Ildenice Moacyr de
CARVALHO, Jerusa de Souza
CARVALHO, Lucia Maria C. de Moraes
CARVALHO, Luiz Carlos Barreta de
CARVALHO, Maria Angela Emery de
CARVALHO, Maria Conceigáo Vicente de
CARVALHO, Maria do Carmo Ramos de
CARVALHO, Maria de Lourdes Pires de
CARVALHO, Maria de Lourdes Vasconcellos
de
CARVALHO, Maria da Penha Villela de
CARVALHO, Marilia Martins de
CARVALHO, Mario Orlando de
CARVALHO, Martha Maria de Góes
CARVALHO, Nancy Marilia Leáo de
CARVALHO, Paulo Affonso
CARVALHO, Renato Pereira de
CARVALHO, Wanildo de
CARVALHO, Zilda Pereira de
CA STELLA R, Sebastiana de Oliveira
CA STELLA R, Walter Roversi
CA STIER, Etellia de Azambuja Bueno
CA STIER, Lucien
CA STILH O , Newton de
CASTRO, Anna Margarida Freitas de
CASTRO, Caio Mendes de Oliveira

CASTRO, Carlos Alfredo Maia de
CASTRO, Carlos Ary Siaines de
CASTRO, Cecilia Fernandes Figueira de Oliveira
CASTRO. Daisy Souza Lobo de
CASTRO, Eduardo Henrique de Almeida e
CASTRO, Jaime P. Jucá de
CASTRO, Joáo Augusto Lago Meira de
CASTRO, José de Almeida
CASTRO, José Faria de
CASTRO, Lafayette Bezerra de
CASTRO, Raquel de Almeida
CASTRO, Sonia Katz de
CA STRO , Tobías Jucá
CASTRO, Vera de Freitas e
CASTRO, W anda Luiza Nacinovic Vieira de
CASTRO, Yéda Laila Vasconcellos de Freitas
CASTRO, Yvonne Moura de Souza
CATHARINO, Durval Augusto
CAVALCANTI, Iberé C . V .
CAVALCANTI, Leonardo Marques de Albu­
querque
CAVALCANTI, Luiz Alberto de Siqueira
CAVALCANTI, Lycurgo Moreira
CAVALCANTI, Maria Luiza Gongalves
CAVALLEIRO, Elyseu Visconti
C A YTO N , John A.
CA YTO N , Peggy
CERIANI, Maria Luiza
CERNIGOI, Miroslau
CESAR, Lia de Oliveira
CHACEL, Fernando Magalháes
CHALLITA. Mansour
CH AVES, Creuza Moraes
CH AV ES, Laurita
CH AV ES, Luiz Carlos de Oliveira
CH AV ES, Renato Barroso
CHERMAN, Clara
CHERMAN, Nelson
CHERMAN, Sonia
CH V ARTS, Ruth
CLAU SELL, Joáo Cristováo Villela
CLAUSI, Giacomo Cario
CLEIM AN, Israel
CLEIM AN, Rosita
CLEINM AN, Zeilic
C LEM EN TE, Juárez Ferreira
CLETO , Roberto de
COARACY, Gastáo Roberto
•
COARACY, Maria Fiel Fontes
COELHO, Gilda Sigaud Machado
COELHO, Marcelo Kopke
COELHO, Maria Lygia
COELHO, Thiers Marinho
COH EN, Aaron Rubén
COHEN, Simah Ruth
COIMBRA, Jocenio Correa

�Carmen Portinho explica a alunos de arquitetura do Uruguai
o que será o Museu

Affonso Eduardo Reidy, autor do
projeto do MAM, explica seus
pontos principáis ao arquiteto
Brock Arns.

�José A. Mora, Mathilde Pereira de Souza, Juscelino Dermeval
Gouveia, Germano Jardim e Joáo Gon?alves de Souza visitam
as obras.

Affonso Eduardo Reidy — Momento emocionante para o arqui­
teto : a pá de concreto na coluna de um dos quadros do Bloco de
Exposicoes, segunda parte do belo projeto df sua autoría.

�COLASANTI, Arduino
COLLARES, Maria Adelia
COLOCCI N E TT O , Arnaldo
COLOMBO, Rosalvo Martins
COLTZESCO, Cordelia Maria
COM ELLI, Léa
CONDÉ, Joáo Luiz
CONRADO, Maria da Gracja de Azevedo
CORDEIRO, Berligibeth Lima
CORDEIRO. Eduardo Barbosa
CORDOVIL, Lygia
CORREA, Antonietta Simóes
CORREA, Ernestina Augusta da Costa
CORREA, Joño Carlos Simóes
CORREA, Maria Stella Cerqueira
CORREA, Maria Thereza Simóes
CORREA, Paulo Poock
CORREA, Rubens Alves
CORREA, Terezinha de Bulhóes
CORREA, U. Ubiratan
CORREA FILHO, Adolpho Pinto de Araujo
CORREIA, Beatriz Gusmáo
CORREIA, Daisy Maria Hecksher
CÓRTES, Gilda Jorge de Paiva
CO SLO VSKY, Ary
COSLO USKY, Ida
COSTA, Alvaro Rodrigues
CO STA, Amelia Guilherme da
COSTA, Ayres da Fonseca
CO STA, Ayres H . P. da Fonseca
CO STA, Cicero
CO STA, Dario Martins
CO STA, Dea Lucia dos Reis Dias
COSTA, Hylton Correa da
CO STA. Isaura Val
COSTA, Joáo Reynaldo Pereira da
COSTA, Joáo Urbano de Resende
COSTA, Ladislao Patitucci
COSTA, Luiz Eduardo Indio da
CO STA, Lygia Maria Figueiredo Correa da
CO STA, Margarida Val
CO STA, Maria Antonia Moutinho da
CO STA, Maria Beatriz Penna e
CO STA, Maria Livia Meyer de Resende
CO STA, Maria Teresa Resende
CO STA , Maria Thereza Franca da
CO STA, Mary
CO STA , Nilza Pinto da
CO STA , Selva Tormin
CO STA , Stella da Fonseca
CO STA , Sylvia Henriques
CO STA , Yedda Pereira da
C O ST A FILHO, Alvino
C O ST A FILHO, José Maria Mac-Dowell da
CO STO LI, Gilberto
COSULICH , Giorgio
COSULICH, Hulla

COTTAM , Katherine R.
COUTINHO, Alcino
COUTINHO, Constancia Pontual
COUTINHO, Flavio da Cunha
COUTINHO, Maria Cléa de Souza
COUTINHO, Nelson
COUTO, Palmyra Soares do
CO U TTO , Francisco Pedro do
CRUZ, Carmen Sylvia Leite
CRUZ, Cicero Vianna
CRUZ, Fernando Eugenio dos Santos
CRUZ, Helena Gomes da
CRUZ, Isar Hasselmann Oswaldo
CRUZ, José Maria Dias da
CRUZ, Luiz Dilermando de Castello
CRUZ, Marie Fróes da
CRUZ, Neusa Medrado
CUELLO, Delfín Curiel
CU EV A S, Jesús
CUNHA, Antonio Paulo Vieira da
CUNHA, Carlos da
CUNHA, Doris Tavares da
CUNHA, Dulce Fonseca da
CUNHA, Fenelon Bomilcar da
CUNHA, Georgina M.
CUNHA, Ginette Pereira da
CUNHA, Iracema Ferreira da
CUNHA, Maria da Gloria Vieira da
CUNHA, Maria Lucia de Azevedo Leal
CUNHA, Ondilza Nolasco da
CUNHA, Paulo Carneiro da
CUNHA, Victoria Bocayuva
CURADO, Fernando
CÚRCIO, Lourdes
CURI, Ivon
CU RTIS, Leo Augustus William
CURTIS, Patricia D .
CU RTIS, W anda Gleuza
CURY, May
CURY, Selma
DAHAN, José
D ANNEM ANN, Gloria Carmen
D ANN EM AN N, Maria Luiza Stallard
D A N TA S, Lenira de Faria
D A N TA S, Rodolpho Maria de Souza
DAUDT, José Carlos
DAUDT, Paulo
DAVID, Hermann
DAVID, Margot
D AVIS, Cecil
D AVIS, Christian Roberto Ferreira
D AVIS, Clotilde Román
D AVIS, Maria Ferreira
DAVY, W . R.
DEBIASE, Terezinha

�D ELM O N TE, Kurt
DERIQUEHEM , Moacyr
D ESCH ATRE, Gilbert
D ESSA U , Catherine
DEUD, Marieta
DEYRO LLE, Camille Coreos
DIAS, Lindolpho de Carvalho
DIAS, Luiz Carlos Mendes
DIAS, Maria Lucia de Barros Ventura
DIAS, Mario Ulysses Vianna
DIAS, Olga de Barros Ventura
DIAS, Thais Torres
DIAS, Therezinha Maria de Barros Ventura
DIAZ, Stella Neusa
DIEG U ES, Carlos José Fontes
DIEGUEZ, Ayrton González Gil
DINIZ, Celso
DINIZ, Maria de Lourdes Rodrigues
DINIZ, Vera Lucia Vieira
DOBBIN, Isaac Jorge
DO M EN IE, Anne
DO M EN IE, Johan
DONATO , Maria do Carmo
DO UM ET, Olga
DRUMMOND, Dimar
DUA RTE, Carlos Campos
DUARTE, Elisabeth Geyer Pimentel
DUARTE, Fernando José Pimentel
DUARTE, Gilda Martins Pimentel
DUARTE, José Luiz Pimentel
DUARTE, Milton Eiras
DUÉK, Moysés
DUQUE, Fernando Luiz Vieira ,
DUQUE, Vera Coimbra
DUPPONG, Imre
DUTRA, Agesilao
DUTRA. Any
DUTRA, Auréa de Souza
DUTRA, Maria Thereza Roxo Coutinho
DUTRA, Waldemar Coutinho
DUVAL, Anna Guerra
EBERT, Roberto F . Leáo Velloso
EICHBAUER, Helio
EICHNER, Erich
EISLER, Anita
ELKIND, Feiga Podcameni
ELLERY , Eliane Santos
EN D SLEIG H , Rex
EN D SLEIG H , Shulamith
EN G ERT, Elliada Francisca Esch
ERV EN , Sarah van
ESKENA ZI, Claudio C.
ESPIN DULA, José Ro.naldo Soares
ESPIN OLA, Bianca Anna Zanelli
ESPIN O LA , José de Azevedo
ESPIN O LA , Maria Guimaráes

ESQ U ENA ZI, Joseph
EST E L LIT A , Cyrene Cañedo
E S T E V E S , Idilia
E S T E V E S , Marilia de Castro
E S T E V E S , Mauricio de Avellar
E S T E V E S , Max
EST ILL, Anne Beatrice
EST ILL, Janet Lilian
ESTRAD A , Maria Emilia Duque
ESTRAD A , Maria Esther Duque
ESTRAD A , Werther Duque
ETZ, Iracema
FABIÁO, Geraldo Augusto de Alencar
FABISCH, Italia A .
FABRIKANT, Helen E .
FABRIKANT, Herbert Harris
FA G U N D ES, Miguel Seabra
FAINSCHM ID, León
FALCK, Cecilia Maria
FARAH, Víctor Abdennur
FARIA, Carlos Heitor Miranda de
FARIA, Irene Buxbaum
FARIA, Lourdes Maria Proenga de
FARIA, Magali Franco de Sá
FARIA, Myrthes
FARO, Leny Mesquita da Costa
FARO, Lucia Maria Lyra de
FA SA N ELLO JUNIOR, Ricardo
FA U STIN O , Mário
FEFERM A N N , Milton Vitis
FEIJÓ, Marilda Saraiva
FEILH ABER, Max
FEILH ABER, Regina
FEIN BLA TT, Herminia Thereza K . Josetti
de
FE IN ST E IN , Nair
FELDM AN, Daniel
FELDM AN, Dorothea
FERG U SO N , Maria Luiza
FER N A N D ES, Cileida de Campos
FER N A N D ES, Domingos Sávio
FER N A N D ES, Francisco Guimaráes
FER N A N D ES, José Cassio
FER N A N D ES, Lygia Nazareth
FER N A N D ES, Millór
FER N A N D ES, Neusa
FER N A N D ES JR„ Francisco Antonio
FERNANDEZ, Margarida de Lorenzo
FERRAZ, Sérgio
FERREIRA, Adriano Cruz
FERREIRA, Antonietta Alves
FERREIRA, Celia Pires
FERREIRA, Clarice do Amaral
FERREIRA, Diva Pires
FERREIRA, Dora Maria Braga
FERREIRA, Eno Stein
FERREIRA, Hiram
FERREIRA, Inéz da Silva

�Nemesio Antunes com a Diretora Exe­
cutiva do Museu e o Embaixador chileno,
Raúl Bazan d'Avila, visita a mostra de
Arte Decorativa Finlandesa.

�FERREIRA, Lia de Freitas
FERREIRA, Lilia Alves
FERREIRA, René Costa
FERREIRA, Yéda Cacella
FERREIRA, Zária
FERREIRA FILHO, Alvaro Martins
FERREIRA N ETO , Cosme Alves
FERRERO, Luciana
FE ST A , Dr. Angelo Cario
FE ST A , Maria Teresa Marzotto
FIÁ ES, Isabel Noemia Maciel de Sá
FIALHO, Blandina Azeredo
FIGUEIRA. Hedda Vargas de Oliveira
FIGUEIREDO , Alfredo Neves de
FIGUEIREDO , Geraldo Borges
FIGUEIREDO , Guilherme de Oliveira
FIO N TA , Aléssio
FIORENCIO , Junia
FIORENCIO , Silvio
FISH ER, Sydney Andrew Francis
FIUZA, Francisco
FLAVO NI, Alberto
FLEICH M AN, Eleonore
FLEM IN G, Kathryn H.
FODOR. André
FOGAQA, Lucia Oliveira
FOGATA, Maria de Lourdes Oliveira
FOL, Marie Louise Nery
FO N SECA , Blanda Pinheiro da
FO N SECA , Candida Pinheiro da
FO N SECA , Carlos Eduardo Klingelhoefer da
FO N SECA , Eduardo Piragibe da
FO N SECA , Ernani
FO N SECA , Ernani Ernesto
FO N SECA , Henrique Olympio Monat da
FO N SECA , Landulpho V . Borges da
FO N SECA , Maria Dulce Botafogo Gon^alves
FO N SECA , Maria Elisa Maya Monteiro Bor­
ges da
FO N SECA , Maria Luiza Brandáo Klingelhoe­
fer
FO N SEC A , Mario T . Borges da
FO N SECA , Nelson Borges da
FO N SEC A N ETO , Gregorio Porto da
FO N T E S, Beatriz de Mello e Cunha
FO N T E S, Maria Theresa
FO N T E S, Olavo Teixeira
FO N T E S, Sylvia Maria de Miranda
FO N TO URA , Antonio Carlos da
FO R T ES, Hugo Antonio
FORTI, Giacomo
FRAGELLI, Sebastiáo
FRAGO SO N E T T O , Arlindo Coelho
FRAGUAS, Nelly Natale de
FRANCA, Fernando Fonseca
FRANCA, Marcus Decat
FRANCA, Vera de Andrade

FRA NCESCH I, Humberto
FRA NCISCO . Waldir Abdo
FRANCO, Pedro Augusto Vasques
FRAZÁO, Armando Sergio
FRAZÁO, Lice
FRAZÁO, Sergio Armando
FREIRATO . Aduzinda
FREIRE, Dulce Muniz
FREIRE, Lucia Muniz
FREIRE, Myriam Stella
FREIRE, Roberto da Motta C .
FREIRE, Ruth de Figueiredo
FREIRE, Sara Muniz
FREIRE, Victoriano Sales
FR EITA S, Asdrubal Pitágoras de
FR EITA S, Guilherme Carneiro Monteiro de
FR EITA S, Janio
FR EITA S, Lidia Besouchet de
FR EIT A S, Nelson da Silva
F R EIT A S FILHO, Paulo Netto de
FRIED EN BERG, Edyla
FR O C H TEN G A R TEN , Jayme Simáo
FROTA, Maria Carmen Portugal
FU CKS, Rachel
FU CS, Adolpho
FU KS, Saúl
FU KS, Sima
FU R LA N ETTO , Irma Celeste
FU R LA N ETTO , Norma Paula
FU X R EIT ER , Huberto Gastón
GALVÁO, Maria Cecilia Correa
GALVÁO, Waldemar Gomes
GAMA, Aloysio Guedes de Meira
GAMA, José de Saldanha da
GAMA, Lygia T . Salgado
GAM A FILHO, Jório Salgado
GA RCH ET, Regina Coeli Martins
GARCIA, Dulce
GARCIA, Niza Ribeiro
GARCIA N E TO , José Lucas
GARGAGLIONE, Sylvio
GAROFALO, Ernesto
GARRIDO, Neusa Maria Nogueira
GASPAR, Mauro Nunes de
GASPARONI, Celia de Lima e Silva
GASPARONI, Vera Lucia de Lima e Silva
GEIGER, Eva
G ELV A N , Celia
GEORG, Siegfried
GERALDO, Salette da Silva
GERU LEW ICZ, Agnes
GERU LEW ICZ, Janusz
GEYERH A N, Walter
GHIU, Alcebíades
GIGLIOLI, Yara
GODINHO, Tazil Martino

�Exposigáo Fayga Ostrower — A artista., entre os Embaixadores
da Finlandia. Sr. e Sra. Marti Ingman.

Exposigáo "Quatro Mil Anos de Vidro” — Senador Apolonio Salles,
Senador Atilio Vivacqua e senhora, Niomar Moniz Sodré, Coronel
Edgar Bonecaze Ribeiro e Senador Gilberto Marinho.

�GODINHO, Waldir
GODOY, Elza
GODOY, Nancy Teixeira de
GODOY, Paulo
GODOY, Regina Teixeira de
GÓ ES FILHO, Hildebrando de Araujo
G oK SIN , Ekrem
GOLDBERG, Hilda Sara
GOLDBERG, Luiz Mendel
GOLDBERG, Monique Louise
GOLDBERG, Nusea Moscovich
GO LDFELD, Szloraa
GOLDFELD, Zélia
GOLDMAN, Augusto Newton
GOLDSCHM ID, Maria Luisa
GOLDSCHM ID, Max
GOM ES, Alair de Oliveira
GOM ES, Ana de Almeida
GOM ES, Basileu da Costa
GOM ES, Emiliano Lourengo
GO M ES, Felipe Ramos
GO M ES, Francisco Borja de Almeida
GOM ES, Marly Pinheiro
GOM ES, Sylvia Moreira Lima
GOMEZ, Natividad
GO NGALVES, Alvaro Luiz Ribeiro
GONGALVES, Augusto de Freitas Lopes
GONG A LV ES, Celmar Padilha
GO NGALVES, José Botafogo
GO NGALVES, José Mauro da Cruz
GO NGALVES, Maria Helena Lopes Diniz
GO NG ALVES, Ritva-Yára Cecile Elisabeth
Kamero Urban
GO NGALVES, Wilson Ribeiro
GONDIN. Yvonne Bottentuit
GONZAGA, Eloísa Rupp
G O TTLIEB, Franca Cohén
GOULART, Elzira Ramos
GOULART, Octávio José de Almeida
GOULART, Rosette
GOUVBA, Carlos Heitor Brandáo de
GOUVBA, Mario Hélio Netto de
GRAF, Edwig
GRAF, Siegried
GRANADO, I. Juárez
GRAY, Leah Mary
GREGORI, Ana Elisa
GREGORI, Henrique Sergio
GREIF, Eva
GREIF, Kurt
GREIG, Myriam Cortes
GREY, Roberto Alexandre V . de Moraes
GR1GORIOU, Michel
GRIVICICH, Carlos Eugenio
GROSS, Alexandre Carlos '
GROSS, Maria Stella Motta
GRO SS, Renato Glech
GRUIA, Marioara

GRZYBOW SKI, Jerzy W .
GUBBINS, Heather E v e l y n ------------- G U ED ES, Maria Neyde
GUERRA, Francisco Xavier do Amaral
GUERRE1RO, Rosa Pires
GUIEIRO, Djanira Passos
GUILHON, Manoel Emilio
GUIM ARÁES, Beatriz Heloiza Pinheiro
GUIM ARÁES, Carlota O. de A . de Fonseca
GUIM ARÁES, Maria Isabel Pinheiro
GUIM ARÁES, Maria Stella Barbosa Pinheiro
GUIM ARÁES, Mario Ferreira
GUIM ARÁES, Plinio de Castro Pinheiro
GUIM ARÁES, Rubens R . F .
GUIM ARÁES, Sergio Honorio de Freitas
GUIM ARÁES, Sonia Maria Pinto
GUIM ARAES, Sylvia Berrédo de Freitas
GUIM ARÁES FILHO, Alcides da Costa
GUINLE, Octavio Eduardo
GUIRAUD, Eduardo Pedro
GUNZBURGER, Ernesto
GUNZBURGER, Luiza Dayan
GURGEL, Evanri
HABIBE, Mario de Mendonga
H AGÜENAUER, René
HAIDAR, Chicralla
HAMMER, Franci
H ARTVELD , Danielle Henriette
H ARTVELD , Michel
H A SEN C LEV ER , Alexander
H ASSLOCH ER, Ivan
H ASSLOCH ER, Sheila
H AU BENSTOCK, Emil
H AU BENSTOCK, Waleria Regina
HAUER, Idea Silva
HAUER, Norma Silva
HAVARDI, Lily
HAYMANN, Elisabeth
HAYM ANN, Paula
HAZAN, Isaac Eduardo
HAZAN, Itamára Rubinstein
HEILBORN, Gunter
HEILBORN, Judith Grünfeld
H ELAYEL, Muñir Abdallah
H EN LIN E, Annice E .
HENRIQUE, Petronio Romano
H ERAS, Fernando Archiles
HERBACH, Yvonne Halevy
HERM ANN, Esteváo
HERRM ANN, André Miguel
HERZ, Rudolf
H ESS, Solange de Frontín
HIME, Paulo Sergio
HIME, Vera
HIRSCH, Else
HIRSCH, Marión
HIRSON, Benjamín

��O Coronel José Alberto Bittencourt e a senhora Niomar
Moniz Sodré.

�T1IRSCN, Rosa
HIRST Ronald A.
H IR S I. &gt;lia Seabra
HOCHM TN, Samuel
HODGE, Doreen Lucy
HOLLANDA, José Aroldo
H OLZM EISTER, Dulce Maria Azereao
HONCZAR, Ivan
H ONIGSZTEJN, Henrique
HOOG, Naómi
HORN, Max
HORTA, Francisco Luiz Cavalcanti
HORTA, Marilda Cavalcanti
HORTON, Rod William
HOSANNAH, Eduardo Moreira
HUE, Ana Luiza de Souza
HUE, Jorge de Souza
HUTHM ACHER, Paulo Augusto
IANOTRA, Dorothea de
ILHA, Isis Lucas
ILHA, José Pedro Lucas
IM BASSAHY, Maria Isabel Watson
IN G LÉS, Maria Luiza d’Amorim
IRW IN, Patricia K.
ISM AILOVITCH, Demetrio
JABÓR, Chakib
JA CKSO N , Jean G.
JACOB, Claudia
JACOB, Simone
JACOBINA, Blanche Thiry
JA CO BSO N, Israel G.
JA NNIBELLI, Emilia d’Anniballe
JANN1BELLI, Raphael
JARDIM, Avahy Xavier Veiga
JAYM OVICH, Aanes Turcsany
JAIMOVICH, Marcos
JELIN EK, Hermán J.
JELIN E K , Willa M.
JEUN O N , Dalmo Afonso
JIM ENEZ, Fanny Irigoyan
JO FFILY , Esther Iracema
JO N N E T, Julia Gravo
JORDÁO, Maria Esther de Miranda
JORGE, Antonio Araujo
JORGE, Maria Antonia Araujo
JO SE T T I, Herminia Thereza Kowarick
JO SIA S, Alien
JUA N, Flavio San
JUAN, Helena Bastos San
JUNQ UEIRA, Gilson Carvalho
JUNQUEIRA, Helladio Camargo Diniz
JUNQUEIRA, Joáo Pessóa
JUNQ UEIRA, Kathleen Izabella Out-Ross
JUNQUEIRA, Lenita Maria Lústosa Ribeiro
JUNQUEIRA, Moema Nobrega
JUNQUEIRA, Zilah Carvalho
JU STA , José Mauricio da
JU STA , Maria Laura Taves da

JU STA , Sadie Maria Taves da
JU STIN IAN I, Matilde Negrotto
KA FEN SZTO K, Samuel
KAHN, Ingeborg
KAHN, Walter
KAM ENETZ. Dov
KAMPRAD, Emilie Saldanha da Gama
KARLE, Margaret Anne
KARLE, Ralph William
K ESSLER , Paul
KESSLER , Sonia Vogt
KAUFMAN. José Moysés

KAUFMANN, Tañía
KELLER, Ellen
KELMAN, Florinha
KEMP, Wanda Di Beneditto
KERTI, Maria da Penha
KERTI, Ralph
KIKOLER, Curt
KIKOLER, Zofia Charlotta Minoga
KOELER, Clelia Andrade
KOGAN, Mauricio
KOHN, Léa
KOPELMAN, Jena
KOPTCKE, Carlos Nielfen
KOSUTA, Dando
KOVACH, Marília Hespanha D.
KOVACH, Renato Diniz
KRAETZER, Verina
KREMER, Dóris da Costa
KREMER, Ruy
KRENGIEL, Bernardo Franklin
KUMMER, Elfriede Maria
KUNZE, Alvine E .
KUPERM ANN. Berthe
KUPERM ANN, David
KUPERMANN, Mauricy Lobel
KURTZ, Cyro Soares
KURTZ, Sonia Pontual C.
LABARTHE, Luiz Carlos
LABARTHE, Maria Aparecida
LACAVA, Assis Brasil
LACERDA, Ernesto
LACERDA, Maria Elisa Loretti Sampaio de
LACERDA, Sebastiao
LACOMBE, Fábio Penna
LACOMBE, Gilda Masset
LAGE, Zette Van Erven
LAGO, Fernando Correa do
LAGO, Pedro Proenga de Lacerda
LAGO, Sylvia Correa do
LAMEGO, Maria Eugenia Ribeiro
LANARI, Maria Celuta
LANDSBERG, Maria José
LANDSBERG, Peter
LAU RENCE, Jacqueline Juliette
LAZZARINI, Domenico

�LEAL, Azalea Jauffret
LEAL, Joao de Deus Pessóa
LEAL, José de Anchieta
LEAL, María Lucia Gongalves da Rocha
LEAL, Ninon Borges
LEAL, Odette de Souza
LEANDRO, Luiza de Sara
LEÁO, Godofredo Henrique Carneiro
LEÁO, Léo Magarinos de Souza
LEÁO, Luiz Octavio de Mesquita
LEÁO, Maria José Magarinos de Souza
LEÁO, Maria Lucia Magarinos de Souza
LEÁO, Paulo Silveira Martins
LEÁO, Vera Maria Silveira Martins
LEE. James Hardy
LEIPZIGER, Erna
LEIPZIGER, Herbert
LEITÁO. Rozaldo Gomes de Mello
LEIT E, Alice Franca
LEIT E, Claudio dé Paiva
LEIT E, Heloisa Pires
LEIT E, Julio Cesar do Prado
LEIT E, Maria de Lourdes Sampaio
LEÍT E, Therezinha de Barros
LEM E, Diana Ruy Barbosa Betim Paes
LEM E, José Maria Maduro Paes
LEM E, Nedda Paiva Paes
LEM LE, Margot
LEM M ERTZ, Chlorys Machado
LEM OS, Antonio Agenor Briquet de
LEM OS, Antonio Carlos Correa
LEM OS, Francisco das Chagas Borges de
LEM OS, José Gomes de
LEM OS, Maria da Gloria Correa
LEM OS, Thereza Pontual Pinto de
LEO BO N S, Maria José O.
LEO BO N S, Roberto G .
LEONARDO, Gregorio G.
LEOPARDI, Joáo Goalberto
LERNER, Michel
LESKO VA, Tatiana
LESSA , Clementina C.
LESSA , Davydoff
LESSA , Elsie
LESSA , Ivan Pinheiro Themudo
LESSA , Lauro Gusmáo Pereirá
LESSA , Maria Eugenia
LEVANO N, Hana
LEVANO N, Yehuda
LEV IN E, Harry
LEV IN E, Ruth
LEV ISKY , Augusta Patrón
LEV Y , Deborah
L EV Y, Gracia Wenna
LEV Y , Hermann J.
LEV Y , Josué
LEW KOW ICZ, Natalia
LEW KOW ICZ, Theophile

LICH N O W SKY, Elisabet'h Von
LIDDLE, Michael William
LIGETI, Emil
LIGETI, Isabeila
LIMA, Adila Grube de Araujo
LIMA, Alda Ludovina de Cerqueira
LIMA, Alzira Martins de
LIMA, Amelia Correia
LIMA, Ewaldo Correia
LIMA, Fernando Moreira
LIMA, Helena Christina de Albuquerque
LIMA, Jucyra de Albuquerque
LIMA, Luiz Antonio de Castro
LIMA, Lygia Costa da Rocha
LIMA, Marisa Alves de
LIMA, Milton
LIMA, Norma de Oliveira
LIMA, Ulysses Barbosa
LIMA, Wilma Barbosa
LIMA, Zélia Gusmáo de Oliveira
LIMOEIRO, Célio Pinto Bravo
LING FIELD , Gerry M .
LINS, Octavio
LIPIANI, Zelia
LIRA, José Ribeiro de
LOBÁO, Mario de Araujo
LOBO, Fernando de Castro
LOLLA, Aulo
LONGONI, Elsa Deschatre
LOO S, Fridl
LO PES, Alberto
LO PES, Elzon
LO PES, Ernesto Carlos Albuquerque
LO PES, Helio Pereira
LO PES, Jonathas da Silva
LO PES, Leila Dorado
LO PES, Palmyra Martins
LO PES, Rachel Serrat Ferreira
LO PES, Stella Prata da Silva
LO PES, Tarquinio José
LO PES, Wilma
LOPEZ, Alba Iris
LOPEZ, Joseph
LOQ U ES, Wilma Maria Gomes
LORGA, Amadeu Menezes
LOUREIRO, Gilberto
LOUREIRO, Maria Julia
LOUREIRO, Odette Almeida
LOUREIRO, Wilma Almeida
LOURENQÁO. Anesia Andrade
LO U STAU D , René
LLICA, Frank J. de
LUPORINI, Annamaria
LUZ, Edgar Kremer
LUZ, Gloria Nunes
LUZ, Milton Fortuna
LUZ, Pierre Ribeiro da
LUZ, Roberto Gonjálves

��Aloysio Magalháes, Joáo Henrique, Niomar Moniz Sodré e Fábio
de Vasconcellos.

Aloysio Magalháes em palestra com visitantes ilustres: o Embaixador Chapman, o conselheiro Abdcl (do Haiti) e o senhor Ro­
berto Assumpsao.

�MACEDO, Cecilia Teixeira Leite
MACEDO, Oswaldo da Costa
MACHADO, Alda Gallo
MACHADO, Annibal
MACHADO, Aylder Fernandes
MACHADO, Eberaldo Telles
MACHADO, Elza Pinheiro
MACHADO, Fernando de Vilhena
MACHADO, Helio Gomes
MACHADO, Licia Villas-Boas
MACHADO, Marina Brandáo Milanéz
MACHADO, Paulo Coelho
MACHADO, Rodolpho
MACHADO, Zilá Correa
MACIEL, Antonio Alves
MACIEL, Maria Dulce de Lyra
MACIEL, Maria Lucia de Lyra
MACIEL, Marlene Sampaio Antunes
MACKAY, Orpha M.
MACKAY, William J.
MACKENZIE, Eileen
MACKOW N, Phyllis
M ADERSBACHER, Fred M.
MAGALHÁES, Oldemar Teixeira de
MAGALHÁES, Sónia Maria Portinho
MAGALHÁES, Stella-Maris R í o s
MAGNUS, Luise
MAIONI, Lia
MAIOR, Luiz Augusto Pereira Souto
M AKSOUD, Ilde B.
MALTA, Maria das Dores Correa
MANDARINO, Ilda
MANDARINO, Norma Dora
MANGONI, Mario
MANHÁES, Alexandre Herculano Cavalcanti
MANSOUR, Montserrat
MANSUR, Jamil Joao
MANSUR, Pedro Rachid
MARANHÁO, Heloisa
MARANHÁO, Mario Barreta de Albuquerque
MARANHÁO, Raúl Milanez de Albuquerque
MARCHIORI, Waldívia Izabel
MARCILIO, Wilson
MARCONDF1S, Luiz Fernando Cruz
MARCONI, Guilhermo A.
MARINHO, Armando de Oliveira
MARINHO, Inezil Penna
MARINHO, Marcos Raymundo
MARINHO, Paulo Sergio Saldanha
MARINHO, Stella Goulart
M ARQUES, Eunice de Magalháes
M ARQUES, Fernando Loureiro
MARQUES, Hamilton Nonato
MARQUES, Helena Jovino
MARQUES, José Henrique Villela
M ARQUES, Lucy
M ARQUES, Luís Felipe
M ARQUES, Manoel André

MARQUES, Maria Mazoyer de
MARQUES, Maria Sophia
M ARQUES, Murilo Carneiro
MARTINI, Maria de Lourdes Cavalcanti
M ARTINS, Alice Ratto Rosa
M ARTINS, Emilio
M ARTINS, Genny da Cunha
M ARTINS, Jorge Leoncio
M ARTINS, Julieta Izabel
M ARTINS, Lia Aranha
M ARTINS, Marcelo Lins
M ARTINS, Maria de Nazareth Ramos
M ARTINS, Marleny
M ARTINS, Nina Rosa de Rezende Baptista
M ARTINS, Rodrigo Baptista
M ASCARENHAS, José
M ASSON, Moacyr
M ATHIAS, Hélio
M ATOS, Manuel Ferreira de
MATTAR, Nefle Habib
M A TTEO NI, Dante Amorim
M A TTO S, Alayde Gomes de
M A TTO S, Alexandre Morgado
M A TTO S, Emilio Bouscayrol Pinto de
M A TTO S, José Carlos Gomes de
M A TTO S, Leda Maria Pinto de
M A TTO S, Lucy Burrowes
M A TTO S, Maria Helena Alves de
M A TTO S, Marie Louise A . Pinto de
M A TTO S, Nelson Beaumont de Abreu
M A TTO S, Neuza Lobo Pinto de
M A TTO S, Ney Castilho de
M A TTO SO , Nara Soares
M A TTO SO , Nise Soares
M AXIM ILIANO N ETO , Carlos
MAY, Gilda Midosi
MAY, Lois M.
MAYER, Anna Maria Magnus
MAYER, Sónia Jenny
MAYOR, Conceigáo de Maria Fonseca Soutto
MAYOR, Rubem Soutto
MC LAUCHLAN, Agniezka Magdalena
MC LAUCHLAN, Peter Hugh
M EDEIROS, Celme Sarmentó de
M EDEIROS, Edelweiss Sarmentó de
M EDEIROS, Ennes Machado
M EDEIROS, Guíeme
M EDEIROS, Helena de Lima e Silva
M EDEIRO S, Ione Braganqa de
M EDEIROS, Joño Ruy Nogueira
M EDEIROS, Murilo Fernando de
M EDEIROS, Yedda Boechat
MEDICI, Maria Rachel Campello
MEGGIOLARO, Antonio
MEGGIOLARO, Claudine
MEINRATH, Anna
M EIRELES, Luiz Octávio de Guimaráes
M EIRELLES, Lea Maria Dantas

�MELAZZI, Cecilia Paes Leme
M ELECCHI, Maria Elisa Reichardt
M ELECCHI, Sidney Helio
MELLO, Alberto Antonio Conceigáo de
MELLO, Eloy Tarquinio Lopes de
MELLO, Ignés Silveira de
MELLO, Iris de Barboza
M ELLO, Jayrae Geraldo de
MELLO, Joáo Cavalcanti Bastos
MELLO, José Bandeira de
MELLO, José Barboza
MELLO, Lillian Maria Leckie Lobo Cabral de
MELLO, Maria Eugenia Oliveira Bandeira de
MELLO, Maria da Graga Bandeira de
MELLO, Mario Vieira de
MELLO, Mariza Boisson Nelson de
MELLO, Paulo Cabral de
MELLO, Roberto Luiz Mannarino de
MELLO, Wenefredo d’Avila
M ELLO FILHO, Luiz Emygdio de
M ELLO NE, Vicentina Nogueira
M ELLO N E JUNIOR, Luiz
MELO, José Bezerra de
MELO, Luiz Antonio Lisboa de
MELO, Maria Helena de Albuquerque
MELO, Maria José Fragoso de
M ENASCHE, Dino
M EN D ES, Antonio Carlos Martins Piquet
M EN D ES, José Fábio de Andrade
M EN D ES, José Guilherme
M EN D ES, Maria da Penha Bastos
M EN D ES, Sérgio de Sá
MENDONQA FILHO, Carlos Sussekind de
M ENESCA L, Sérgio Arthur Fabiano Leáo
M EN EZES, Christiano Lacerda de
M EN EZES, Duse da Cunha
M EN EZES, Hilda Paiva de
M EN EZES, Maria J. de Lamaignére Teles de
M E N T G ES N E TT O , Fernando
MERLIN, Zola
MERTZ, Catherine F.
MERTZ, Charles T .
M ESQUITA, Luiz Santiago Alves de
M ETER, Charlotte
M EYER, Henrique Diniz do Couto
M EYER, Jenn'y M . T .
M EYN, Don Diego Cristian
MICALI, Artibano
M IES, Magnus Cesar
MILLER, Anna
M IRALLES, Antonio Riba
MIRANDA, Carmen Maximiliano García de
MIRANDA, Eunice José de
MIRANDA, Helena Floresta de
MIRANDA, Lucia Maria Laport de
MIRANDA, Marcello Faria de
MIRANDA, Maria Pia da Rocha
MIRANDA, Ronaldo

MOGGI, Antonio Seabra
MOGGI, Joy Pessóa
MOITINHO, Helena Veiga
M OLITERNO, Luciano Eugenio
MOLLIK, Orlando
M ONASTERIO, Amparo Morelli
MOND, Bernhard Otto
M ONTAGNA, Sérgio
M ONTANI, Murillo Gongalves
M ONTAURY, André Renée Georgette Martel
M ONTEIRO. Demerval Correia
M ONTEIRO, Fernando
M ONTEIRO, Lucia Helena Leal
M ONTEIRO, Marcelo Lopes
M ONTEIRO, Mario Lopes
M ONTEIRO, Nadir Fausto do Régo
M O NTEIRO JUNIOR, Carlos Borges
M O NTERO SA, Americo
M ORAES, Aloysio de
M ORAES, Helio Machado de
M ORAES, Hyleda Flores de
M ORAES, lima Porciúncula de
M ORAES, Joir de
M ORAES, José Antonio Castilhos de
MORAES, Lauro Escorel de
M ORAES, Luzia Victoria de
M ORAES, Norah Baptista de
MORAES, Sara Escorel de
M O RAES FILHO, Evaristo de
MORAYA, Nayr
M OREINOS, Moysés
MOREIRA, Carlos Alberto Martins
MOREIRA, Joáo Ciribelii
MOREIRA, José de Assis Collares
MOREIRA, José Maria de Ipanema
MOREIRA, Leticia Barroso Collares
MOREIRA, Luiz
MOREIRA, Mary Gail de Ipanema
MOREL, Mario
MORENO, Judite Latorre
MORENO, Oduvaldo
MOREYRA, Alvaro
M OREYRA, Cecilia Alvaro
MORGADO, Cléa Pingarilho
MORGADO, Fernando José
MORGAN, Berthe M .
MORGAN, George
MORRIS, Elizabeth C .
MORRIS, Lchvrence S .
MOTA, Ligia Sales Abreu
M OTTA, Enos Sadok de Sá
M O TTA, Gilberto
M OTTA, Ismaelita Dias da
M OTTA, Vera María Portugal Paranhos
Cavalcanti
MOURA, Arnaldo Sant’Ana de
MOURA, Arthur Andrade
MOURA, Candido

�Aloysio Magalháes entre Maria Clara Machado e Djanira, quando
de sua mostra no Museu

Na exposicáo Aloysio Magalháes, vemos o artista com Carlos
Scliar, Lazzarini, Fayga Ostrower, Alfredo Volpi e Bruno Giorgi.

�Exposifáo Teatro de Austria. — O Embaixador da Austria,
Hermann Gohn, com membros da Diretoria da MAM, visita
a mostra, acompanhado do Senador Mem de Sá e o Dcputado
Raúl Pilla.

Exposicáo Teatro de Austria — Carmen Portinho ao lado de
Hermann Gohn c Fayga Ostrower.

�MOURA, Carlos de Assumpgao
MOURA, Lenice de Souza Soares de
lVOURA, Malda Andrade
MOURA, Maria Celia Soares de
MOURA, Maria de Lourdes Diniz
MOURA, Roberto Soares de
MOURA, Valdemiro
MOUR á Ó FILHO, Olympio
M OUSSATCHÉ, Nair
MOZER, Helen Ross
M UEHLEN, Arno Von
M UEHLEN. Maria Von
MULLER, Peter
MUNK, Waldtraut
M UNK, Wilhelm Josef
MURRAY, Percy Charles
MURRIE, Hilda M.
MURTINHO, Célia Moniz
MURTINHO, Sergio Moniz
MURY, Noemia Perissé
NACCACHE, Roberto
NACINOVIC, Sonia
NADRUZ, Anna Maria de Souza Gomes
NAGELCHM IDT, Gianfranco
NAGELSCH M IDT, Sylvia Muhlrad
NAHMIAS, Max José
N A SCIM EN TO , Almir Jesús do
N A SCIM ENTO , Braulio do
N A SCIM EN TO , Claudianor Azevedo
N A SCIM ENTO , Ophelia do
NAUENBERG, Marión F .
NAUENBERG, Robert
N EH N EV A JSA , Karel
NEHNEVAJSA, Guendolyn
NEIVA, Aloysio de Carvalho
NEIVA, Ana Maria Martins
NEIVA, Artur Hehl
NEIVA, Beatriz Vaccani
NERY, Dirceu da Cámara
N E SS, Frederick H . Van
N E SS, Raquel S . Van
N E T T O , Ivan
NEU, Maria Alice Bahiana
NEUBURGER, Edith
NEUGRO SCH EL, Ruth
NEUM AYER, Dora Oliveira
N E V E S, Arlette Barros
N E V ES, José Octávio de Castro
N EW LA N D S, Giobert Antonio
N EW LA N D S, Thomaz Giobert
NOBRE, Cybele Correa
NOBRE, Napoleao
NOBRE, Nara Correa
NÓBREGA, Adelma Alves da
NÓBREGA, Ayrton Accioly
NOBREGA, Március Cavalcanti
NO CE, Angelo Della
NO CE, Arlete Della

NODARI, Giorgina Capellaro
NOGUEIRA, Anna Celina Novaes
NOGUEIRA, Cléa Capella
NOGUEIRA, Izabel de Araujo
NOGUEIRA, Luiz Paulo Abreu
NOGUEROL, Sebastiao
NORONHA, Gerson Martins
NORONHA, Maria Angélica Fiáes
NORRIS, Yolanda
N O V A ES, José Luiz
N O V IS, Aloysio Augusto
NOVO, Alice Pereira
N U N ES, Abigail Pereira
t
N U N ES, Ana Maria Pereira
N U N ES, Ana Rosa Pereira
N U N ES, Antonio Carlos Marinho
N U N ES, Ayrton José Pereira
N U N ES, Germana Lage Marinho
N U N ES, Jayme Augusto Pereira
N U N ES, Max Ncjwton
N U N ES, Milton Rodrigues
N U N ES, Nina Rosa Alexim
OITICICA, lima Torres Leite e
OITICICA, Paulo Francisco Leite e
OLDENBURG, Dagmar
OLDENBURG, Natália
OLDENBURG, Sérgio
OLIVA, Alian Ferreira de Lima
O LIV A ES, Sergio
OLIVEIRA, Aloysio Alvaro Maggessi deOLIVEIRA, Ana Maria Nunes de
OLIVEIRA, Aurélio Gomes de
OLIVEIRA, Beatriz de
OLIVEIRA, Carlos
OLIVEIRA, Carlos Alberto Xavier de
OLIVEIRA, Celia Therezinha Guidáo da
Veiga
OLIVEIRA, Cesar Xavier de
OLIVEIRA, Daisy Azevedo de
OLIVEIRA, Elza Malheiro de
OLIVEIRA, Ethel Lcfcvndes de
OLIVEIRA, Felippe Daudt de
OLIVEIRA, Helena Maria Amorim de
OLIVEIRA, liara Mendonga Xavier de
OLIVEIRA, Irene Barbosa da Silva
OLIVEIRA, Jorge Figueiredo de
OLIVEIRA, Jorge da Silva
OLIVEIRA, José Joaquim Ferreira de
OLIVEIRA, José Luiz de
OLIVEIRA, José Pessóa Correa de
OLIVEIRA, José Roberto Soares de
OLIVEIRA, José Torres Fernandes de
OLIVEIRA, Laertes Mendes de
OLIVEIRA, Luzia Maria de
OLIVEIRA, Marcello Jefferson de
OLIVEIRA, Maria Antonia de
OLIVEIRA, Maria Luisa Barbosa de
OLIVEIRA, Nelson Gomes de

�OLIVEIRA, Odette Evaristo de
OLIVEIRA, Paulo Luiz de
OLIVEIRA, Raúl Simas de
OLIVEIRA, Raymundo Soares de
OLIVEIRA, Regina Iria Kóptcke Daudt de
OLIVEIRA, Roberto Gomes de
OLIVEIRA, Rosendo Marinho de
OLIVEIRA, Siléa Gerheim de
OLIVEIRA, Sylvio Olinto de
OLIVEIRA, Zuleika Pereira de
OLIVEIRA BISN ETO , Candido de
O LIVEIRA FILHO, Francisco Xavier de
OLIVIERI, Maria Corina R.
ORCUTT, Gretchen R.
OSORIO, Antonio Carlos do Amaral
PACHECO, Sonia Canfora
PADÁO, Mércia Elmor
PADILHA, Paulo Vidal
PAES, Rizza
PAIVA, Clelia de
PALATNIK, Nehemias
PALHARES, Joanna Bilmis
PALHARES FILHO, Carlos Augusto
PALMEIRA, Antonio Cesar
PALMEIRA, Jacy Therezinha Espirito Santo
PALMEIRO, Manoel Mauricio Cardoso
PANEK, Anita Dolly
PARADA, Mario Ribera
PARANHOS, Marialva Andrade
PARANHOS, Nelly Theresinha
PARIJÓS, Maria José de
PARRA, Mario de la
PASCHOAL, Nelly Figueiredo
PAULA, Jorge de
PAULO FILHO, Guilherme Dolanda
PAULO FILHO, Maria Heloisa de Miranda
PAULO FILHO, Maria Lucia de Miranda
PAULO FILHO, Rubem Dolanda
PAZ, Mariza Campos da
PEDONE, Carlos Augusto
PEDREIRA, Yvonne Bulhoes
PEIXO TO , Ary Afranio
PEIXO TO , Celia Mello
PEIXO TO , Enaldo Cravo
PEIXO TO , Helcio Fernandes
PEIXO TO , Humberto da Silva
PEIXO TO , Maria Aparecida Lauriére
PELLEGRINI, Leda de Castro
PEÑA, Roberto Tosta de la
PEN A FIEL, Alvaro de Castilhos
PEN A FIEL, Lucy de Mendonga
PENNA, Carlos Robichez
PENNA, Jorge Robichez
PENNA, J. O . de Meira
PENNA, Maria Christina
PEN N A VARIA, Michele Luigi
PENTA G NA , Lygia Ribecco

PEQUEÑO, Maria Enils de Oliveira
PEREIRA, Agnaldo Augusto Nunes
PEREIRA! Alaor
PEREIRA, Ary Pedro
PEREIRA, Carmen Flora Nunes
PEREIRA, Celina Vianna
PEREIRA, Darwin Silveira
PEREIRA, Diva da Silva
PEREIRA, Ewaldo Joaquim
PEREIRA, Fernando Augusto
PEREIRA, Geraldo Jordáo
PEREIRA, Heloisa Maria de Moraes
PEREIRA, Jair Gongalves
PEREIRA, Jany B.
PEREIRA, José de Oliveira
PEREIRA, Leonor Alice
PEREIRA, Luis Umberto Miranda Martins
PEREIRA, Maria Augusta
PEREIRA, Maria Helena de Almeida
PEREIRA, Marlene da Silva
PEREIRA, Maura de Senna
PEREIRA, Osvaldo Arantes
PEREIRA, Prospero Olivetti
PEREIRA, Roberto Gomes
PEREIRA, Semiramis de Moraes
PEREIRA N ETT O , Francisco Candido
PERES, Maria José de Oliveira
PESSÓ A, Elba Maria
PESSO A, Heloisa Xavier Carneiro
PESSÓA, Luiza da Silva
PESSÓA, Maria Alice de Moura
PESSÓ A, Maria Cristina Santos
PESSÓA, Norma de Estellita
PESSÓ A, Renata de Estellita
PETER SO N , Josephine Charlotte
PETER SO N , Peter Charles
PETRAGLIA, Maria Clara Guimarñes
PETROCCHI, Virgilio Augusto
PETROW ICZ, Wanda
PFISTER ER , Berenice Bandeira
PFISTER ER , Maria Thereza
PIERO TTI, Maria da Graga Carvalho
PIER O TTI FILHO, Benedicto Anselmo
PILTCHER, Isaac
PIM ENTEL, Diana Fonseca
PIM ENTEL, Elza Maria Possinhas
PIM ENTEL, Gilda Bastos de Oliveira
PIM EN TEL, Maria Lucia
PIM ENTEL, Nilton Pita
PINHEIRO, Ivone da Silva
PINHEIRO, Maria do Carmo Marques
PINHEIRO, Maria da Gloria Accioly
PINHEIRO, Mariza Alves
PINHEIRO, Martha Alves
PINHEIRO, Paulo Sergio Moraes Sarmentó
PINHEIRO, Sergio Bezerra

�«PINTORES BRASILEIROS EM PARIS»
Na exposigáo «Pintores Brasileiros em París» apresentada era
París na Casa de Helene Dale em agosto de 1958, a diretora
executíva do Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro com
o Embaixador Paulo Carneiro, e os pintores Antonio Bandeira,
Tanaka, Frans Krajcberg, Joáo Luiz Chaves»

�Nelson Rockefeller na sala da Diretoria

Nclson Rockefeller, governador
eleito de New York, em visita
as obras do MAM

�PINHO, Armando
PINHO, Joáo Mauricio Ottoni Wanderley
de Araujo
PINTO, Antonio
PINTO, Ary Vaz
PIN TO , Beatriz Helena
PINTO, Claudio Miranda Cosme
PINTO, Dinah Gongalves
PINTO, Gilda Arantes Pereira
PINTO, Gilda da Costa
PINTO, Hilton de Almeida
PINTO, Ignez Dias da Silva
PINTO, Isis Arantes Pereira
PINTO, Ivan da Costa
PINTO, Jamir Firmino
PINTO, José Guilherme Correa
PINTO, José Ruy Antunes
PINTO, Luciano Muniz Freire
PINTO, Luiz Oscar Dubeux
PINTO, Luiz Plácido
PINTO, Maria Amélia Luiz
PINTO, Maria Candida Leáo Velloso Salles
PINTO, Maria Luiza de Castilho Firmino
PINTO, Marina Leal Leite
PINTO, Mario Abrantes da Silva
PINTO, Martha Freire Pereira
PINTO, Renée de Saboia B.
PINTO, Salvador Cicero Velloso
PINTO, Sylvia Julia Correa
PIRES, Elizabeth Wanderley
PIRES, Maria Alice Borges
PITANGUY, Marilú
PIT T E T , Tetske Cornelia
PIZARRO, Regina de Sant’Anna
PLACER, Xavier
POBORAK, Bohun
POBORAK, T ajsja Volochov
POLI, Dionysio
POMPEIA, Nelson José G .
POMPEU, Alba Maria M. L.
PO N TES, Jorge Miranda
PO N TES, Norma Bahia
PO N TES, Zenaide de Araujo.
PO NTUAL, Roberto Gongalves
PORTELLA, Heloisa Maria
PORTO, Carlos Monteiro da Silva
PORTO, Edison da Rocha
PORTO, Fernando José Rabello
PORTO, Henrique Monteiro da Silva
PORTO, Laura
PORTO, Luiz Fernando Machado
PORTO, Neuza Vieira
PORTO, Terezinha de Jesús Costa da Rocha
PORTO, Weber Cardoso
PORTO JUNIOR, Joáo Gualberto Marques
PORTUGAL, Edmar J. C.
PORTUGAL, Edna Caldas

PORYLES, Manfred
POSSOLO, Aroldo Sisson
PRADA, Cecilia
PRAT, Hélio Barbosa
PRATA, Joáo Monteiro
PR E ST ES, Irene
PRITCHARD, Jocelyn
PROENCA, Luiza Carolina
PROENCA, Maria da Gloria
PROENCA, Maria Lucia
PROFETI, Sandra
PUCHEN, Vera Cristina
PUCHEU, Alberto
PUCHEU, Mary
PU EN TE, Lolita
PURIM, Flora
PU T TE N , Nelly Van
PUY, Francis Henry du
PYTKOVICZ, Nadina
PYTKOVICZ, Víctor
QUADROS, Carmen Correa
QUEIROZ, Aníbal Teófilo Véras de
QUEIROZ, Carlos Sánchez de
QUEIROZ, Elvira Vóss
QUEIROZ, Jeronymo Ribeiro de
QUEIROZ, José Antonio Pessóa de
QUEIROZ, Maria Helena Gentile de Mello
QUEIROZ, Maria de Lourdes Ferraz de
QUEIROZ, Mauro Vinhas de
QUEIROZ, Rosa Casoy Vinhas de
QUEIROZ, Tercio Cesar de
QU ENTAL, Inés
Q U INTELLA, Rosalina Franklin
RABELO, L ,
RACHEL, Tereza
RAD CLIFFE, David
RAHAL, Antonio Osiris
RAMOS, Armando
RAMOS, Fernanda de Andrade
RAMOS, Helena
RAMOS, José Luiz
RAMOS, Mario Borges de Andrade
RANGEL, Alice
RANGEL, Lucio
RANGEL, Maria Custodia Fragoso
RANIERI, Wanda de
REBOUCAS, Antonio de Almeida
REBOUCAS, Maria Augusta
R EC H STEIN ER , Maria Alice
R EE V ES, Peter
REGADAS, Lucia
REGO, Creso da Silva
REIS, Américo Boscagli
REIS, Anna Pato de Paula
REIS, Dalva de Andrade
REIS, Fernando Marques dos
REIS, Iris de Castro

�REIS, Léa Aaráo
REIS, Léa Fonseca de Oliveira
REIS, Léa Ramalho Novo dos
REIS, Lucia Ferreira
REIS, Moacir
REIS, Marcos José Konder
REIS, Maria da Gloria de Souza
REIS, Maria Heloisa de Souza
REIS, Nélio
REIS, Nilza Nunes dos
REIS, Saúl Toné Drumond Coelho dos
R EIS, Serafina Conti
REIS, Vilma Gardenia dos
REIS, Yvonne Moniz
RENDALL, Isabelle
RENDALL, William Donald
RESCH , Max
RESCH, Ruth
REZENDE, Antonieta Furtado
REZEN D E, Mario Campos de
REZENDE, Ricardo de Mello
RIBAS, Eliseu Moutinho
RIBAS, Sylvia Nelson
RIBEIRO, Arthur Gomes
RIBEIRO, Cario Antonio Nigro da Cruz
RIBEIRO, Danuzia Pinheiro
RIBEIRO, Ernesto José
RIBEIRO, Gilza Stepple da Silva
RIBEIRO, Joao Emilio
RIBEIRO, José da Cunha
RIBEIRO, Julio de Souza
RIBEIRO, Maria Aparecida
RIBEIRO, Maria do Carmo Costa Leite
RIBEIRO, Maria Emilia Santos da Cunha
RIBEIRO, Mario Aloysio Telles
RIBEIRO, Marsy Ludolf
RIBEIRO, Nylde Macedo
RIBEIRO,’ Raúl da Cunha
RIBEIRO, Ruy da Cunha
RIBEIRO, Sonia Pinheiro
RIBEIRO, Terezinha Kós
RIBEIRO, Vera Maria Flexa
RIBEIRO, Yvonne Telles
RICHTER, Marisan
RICHTER, Vera
RIDOLPH, Ithamar Sessa
RIOS, José Guilherme
RIPPER, Maria Altina Dias
RISSIN, Marcos Maycrhofer
R ISSO N E, Nice (Musumeci)
ROBB, M . A.
ROBERTO, Maria
ROBERTO, Maria Tereza
ROBERTO, Mauricio
ROCHA, Almir Benevides da
ROCHA, Clea Ribeiro Marques da
ROCHA, Gilda de Rezende

ROCHA, Henrique Coelho da
ROCHA, Luiz Henriques Coelho daROCHA, Paulo Roberto Gon^alves da
ROCHA, Regina Maria Mesquita da
ROCHA, Regina Moraes de Lima
ROCHA, Sonia Andrade
ROCHA FILHO, Rubem
RODRIGUES. Déa Carneiro da Cunha
RODRIGUES, Dolores Fernandes
RODRIGUES, Ernesto
RODRIGUES, Glauco Octávio Castilhos
RODRIGUES, Iracema de Almeida Costa
RODRIGUES, Ivar Costa
RODRIGUES, José Honorio
ROD RIGUES, Léo de Azeredo
RODRIGUES, Lilian Costa
RODRIGUES, Luiz Geminiano Calazans.
RODRIGUES, Sergio Marcondes
RODRIGUEZ, Ubaldino Perez Arias
ROITM AN, Sara
ROKICKÍ, Grazina
ROLLA, Diva
ROMANO, Magda Maria Furtado
ROMERO JUNIOR, Jorge Alberto
ROM ITA, Arion Sayáo
ROSA, Ntjwton Penna Guedes da Silva
ROSA, Roberto
ROSENBERG, Jehoshua Fredy
ROSENBERG, Louis
ROSM AN, Martha Maria
RO SSI, Alberto
RO SSI, Maria Ignez
RO SSI, Sofia
R O SSLE, Heinz Dietrich Otto
RO TH FIJCH S, Lothario Paulo
ROTH FUCHS, Maria de Lourdes Tavares
RO U A N ET, Sergio Paulo
ROXO, Carlos Eduardo Monteiro de Barros;
RUBIN, Beño Platner
RUDGE, Germaine
SÁ, Astrid Porto
SÁ, Atalá Moreira de
SÁ, Douglas Marques de
SÁ, Edgard Maciel de
SÁ, Ledo de Bustamante
SÁ, Lilian Moreira de
SÁ, Maria Amelia de
SÁ, Nair Peixoto Maciel de
SÁ, Stella da Rocha e
SABINO, Fernando
S ABO Y A, Martha Borges de
SABOYA, Paulo do Regó Monteiro deSA C ILO TTI, Paulo Cesar Sesso
SADDY, Antonio
SAHAGOFF, Seide Luiza
SAIGNE, Marguerite La
SALAZAR FILHO, Wilson

�Portinari mostra o livro editado na Itália
sobre sua obra a um grupo em que
aparecem Herbert Moses e o Embaixador
Arie Aroch, de Israel»

O Coro Orfeónico do Instituto de Educa^áo saúda o Presidente Gronchi, can­
tando o Hiño Nacional Italiano e urna
canudo de boas vindas.

O Presidente Gronchi, da Itália, durante
sua visita ao Museu.

�Crianzas saúdam Giovanni Gronchi, á sua chegada ao Muscu.

Carla Gronchi, esposa do Presi­
dente italiano, recebe um ramo de
flores da Diretora Executiva do
Muscu

�SA LE S, Herberto
SA L E S, José Paulo
SA LES, Lilian Monteiro de
SA LE S FILHO, Apolonio
SALGADO, Gilberto Duarte
SALGADO, Gilda Espinóla
SA LLES, Cecilia Flora Nioac de
SA LLES, Elisabeth de Macedo
SA LLES, José da Apparecida
SALVADO, Alessandro
SALVADO, Jacyrema Garcia Nogueira
SAMBAQUY, Olga Furquim
SAMBAQUY, Wanda Furquim
SAMPAIO, Antonio
SAMPAIO, Isabel Soares de
SAMPAIO, Maria Eugenia Andrade Meneres
SANDRONI, Fernando Adolpho
S A N T ’ANNA, Celia Correa de Menezes
SAN T'AN NA , Diva
S A N T ’ANNA, Maria Lucia Sampaio
S A N T ’ANNA, Maria Theresa
S A N T ’ANNA, Raúl Oscar de Carvalho
SA N TO SOBRINHO, Claudionor Vítor do E s­
pirito
SA N TO LA Y A , Mily Iriarte
SANTO RO, Piera Carsana
SA N TO S, Aguinaldo
SA N TO S, Anna
SA N TO S, Carlos Augusto Alves dos
SA N TO S, Carlos Coelho dos
SA N TO S, Domicio Ribeiro dos
SA N T O S, Durval
SA N TO S, Emanuel John
SA N TO S, Eulalia dos
SA N TO S, Helio Pereira
SA N TO S, Jorge
SA N TO S, José Correa dos
SA N TO S, José Tosta dos
SA N TO S, Laura
SA N TO S, Loelia Maria dos
SA N TO S, Lucilla Amaral Souza
SA N TO S, Lydia Vianna
SA N TO S, Lydmar Ribeiro dos
SA N TO S, Maria Luiza
SA N TO S, Oswaldo dos
SA N TO S, Vitto
SA N TO S, Waldemar
SA N TO S, Waldemiro Carvalho
SA N TO S, Yanar Carvalho
SA N TO S, Yvonne
SA N T O S FILHO, Aloysio
SARACENI, Sergio Castro
SARAGO SSY, Gracia
SARAGO SSY, Safira
SARAIVA, Dulce
SARAIVA, Sonia de Castro

SARAMAGO, Gilberto Damazio
SARDA, Ana Maria Alves
SARDA, Margarida Maria Alves
SARM EN TO , Edith
SARM EN TO , Olga de Moraes
SAUER, Gilda Maria de Moraes
SCKA M IS, Israel
SCH ECH TER, Pola
SCH ERPEN BERG, Jacoba Cornelia van
SCHILLER, Yedda de Paula Buarque
SCHM IDT, Anita
SCHM IDT, Maria Carolina
SCHM IDT, Vera Burle
SCHM ITH, Gisella R .
SC H O LTE, Ginette Emilienne
SCHRÓDER, Maria de Mello
SCHROY, Joh Osvin
SCH RYVER, Hubert de
SCHULENBURG, Hilda von der
SCHVARTZ, Ida
SCORZELLI, Roberto Leal
SCVIRER, Leáo
SEABRA, Affonso de Prado
SEABRA, Yedda
SECCH IN, Nelly
SECO ND I, Pedro
SEGN ERI, Elizabeth Moreyra
SE IX A S, José Mauricio
SEN N A , Nilza
SERPA , Dayse Maria Oliveira de
SERPA, Edméa Barbosa de
SERPA, Helcio Navarro
SERRA, Lucy da Silva
SERRA, Ruth de Almeida
SERRANO, Paulo Duprat
SERTÓRIO, Angelo de Araujo Jorge
SHARP, David Stone
SHARP, Dora Bergman
SHARP, Jefferson Davis
SHARP, Marie Antoinette Stone
SICLIER, Miriam Rachel
SILBER STEIN , Gertrud Schkol
SILVA, Adelaide Alves Basilio da
SILVA, Adelino Cesário da
SILVA, Aida Machado Rodrigues e
SILVA, Alberto da Costa e
SILVA, Aloysio Amando da
SILVA, Amaury Campos Severino da
SILV A, Angelina Fernandes Solano da
SILVA, Bernadete Maria Prestes
SILVA, Carlos Alfredo Alves
SILVA, Carlos Ernesto Fontoura Nascimento
SILVA, Dalton Rodrigues e
SILVA, Eduardo Alves
SILVA, Elio Augusto
SILVA, Elóa Moreira da
SILVA, Eros Furtado de Carvalho e

�SILV A , Eurico Pereira Fernandes
SILVA, Fernando Antonio Ferreira da
SILVA, Fernando Antonio Py de Mello e
SILVA, Fernando Cancho da
SILVA, Gilda Muniz Freire A .
SILVA, Glauco Antonio Lessa de Abreu e
SILVA, Hanah Barreta e
SILVA, Helio Ribeiro da
SILVA, Isabel Azevedo Alves
SILVA, Joanny Reís
SILVA, Joáo Carneiro da
SILVA, Joáo Solano Pereira da
SILVA, José Antonio Mora y Araujo Couto e
SILVA, Léa Souza e
SILVA, Luiz Alberto Py de Mello e
SILVA, Maria de Albuquerque Lyra da
SILVA, Maria Aparecida da
SILVA, Maria Augusta Freitas Machado da
SILVA, Moacyr Santos
SILVA, Olavo da Rocha e
SILVA, Olindo Jorge Correa da
SILVA, Osman Cláudio Correa da
SILVA, Oifwaldo Barreta e
SILVA, Paulo Félix
SILVA, Sarah Rosita da Costa e
SILVA, Sebastiáo Correa da
SILVA, Sergio Luiz Castilho de Brito e
SILV A , Telma Paz da
SILVA, Therezinha
SILVA, Therezinha de Jesús do C . e
SILVA, Vera Espinóla de Castro
SILVA, Wilma do Nascimento e
SILVEIRA, Fernando Rodrigues da
SILVEIRA, Ilka
SILVEIRA, Luiz da
SILVEIRA, Reynaldo Jardim da
SILVEIRA, Sonia Avelino
SIM AS, Henrique de Carvalho
SIM AS, Maria Elizabeth Lins do Regó
SIM OES, Carlos Pereira
SIM OES, Doris Loureiro
SIM OES, Francisco José Mendes
SIM OES, José Carlos
SIM OES, Maria da Penha
SIM O N SEN , Carmen
SINISCALCH I, Emilio
SIN ISCA LCH I, Maria José Gon^alves
SIRAKOFF, George
S.KOWRONSKI, Cristováo
SMART, Clifford Alan
SN ELL, Alice de Morgan
SO A RES, Acidália
SO A RES, Affonso Gonzales
SO A RES, Edgard de Moura
SOARES, Gláucio Ary Dillon
SO A RES, Hortense Teixeira
SO A RES, Hugo Autran

SO A RES, José Augusto de Macedo
SOARES, Maria Hilda Moreira
SOARES, Maria Margarida
SO ARES, Nilza Teixeira
SO ARES, Roberto Vianna
SO A RES JUNIOR, Pedro Teixeira
SO D RÉ N ETO , Lauro
SO ED ERBERG, Maria da Concei^áo Salles
SO ET, Jenny de
SO E T, Julianus Louis de
SO H STEN , Julius von
SOLBERG, Pedro Collett
SOLLBERGER, Paulo André Fernando
SOLZA, Elina
SOMLÓ FILHO, Alexandre
SOPHER, Ingrid Maria Hybel
SOPHER, Wolfgang Klaus
SO U TÉLLO , Maria Margarida de Lima
SOUTO, Elison Coutinho
SOUTO, José Domingues
SOUZA, Agostinho Lage Ornellas de
SOUZA, Aida Cámara Goulart de
SOUZA, Aida Maria Cámara Goulart de
SOUZA, Altair de
SOUZA, Antonio Paulo Capanema de
SOUZA, Augusto Amadeu
SOUZA, Aylzio José de Moura Alves de
SOUZA, Carlos Pereira de
SOUZA, Claudio García de
SOUZA, Demerval Payáo Campinho de
SOUZA, Edgar de Moraes
SOUZA, Fernando Octavio Freire e
SOUZA, Gastáo Ruy Freire de
SOUZA, Gilda Orosco de
SOUZA, Helando Marques de
SOUZA, Hilton Victorino de
SOUZA, Iramar Penteado de
SOUZA, Irani Penteado de
SOUZA, Jorge Medeiros de
SOUZA, José de Assumpáo de
SOUZA, José Cavalca de
SOUZA, José Luiz Moreira de
SOUZA, Lilian García de
SOUZA, Lisete Amaral de
SOUZA, Luiz Fernando de
SOUZA, Maria Adelia Alves de
SOUZA, Maria Angélica Moreira de
SOUZA, Maria Carmen Martins M . de
SOUZA, Maria da Conceigáo
SOUZA, Maria de Lourdes Ornellas de
SOUZA, Mauricio de
SOUZA, Murillo Lopes de
SOUZA, Nelly Junqueira Lopes de
SOUZA, Renée Eleonora Cámara Goulart de
SOUZA, Rosalía Rodrigues de
SOUZA, Sergio Luiz Soares de

�Sir David Eccies, Ministro do Comercio da Inglaterra, e urna
tela de Picasso.

Lady Eccies ante urna pe?a de
Henry Moore.

�Nelson Rockefeller em palestra num grupo de que fazem parte
Paulo Bittencourt, o embaixador Mauricio Nabuco e Flexa Ribeiro.

Aldous Huxley em companhia
de Djanira.

�SO LIZA, Sylla da Silva e
SOUZA, Yolanda de
SOUZA, Yvonildo de
SPARANO, Magda Soares
SPORER, Egon
SPYER, Martha
STEGEN GA , Clarice D . Salvado
STEINBERG, Jacob
STEIN FELD , Klara
ST E IN FELD , Marcelo
STEREA , Elisabeth
STER N , Ruth
STEZEN K O , Irina
STIEG ER &gt; André Fleury
STRANG, Maria Elvira
STRA U S, Anne B.
STRIED ER, Olga
STU D A RT, Eduardo de Alencar
STU FA , Lottieri Lotteringhi Della
SUZANA, Maria Correa
SUZANO, Daisy Morgado Florta
SZPILER, Fani
SZTAJNBOK, Flora
SZULC, Henryk
T A LC O T T , Judith Albuquerque
TALLIA N, Fran^ois
TALLIAN, Ladislau
TA N D ETA , Carmen Lucia Roquette Pinto
TA N D ET A , Salomáo
TA V A RES, Geraldo Fernandes
T A V A R ES, Gerson
TA V A RES, Hildeberto Gongalves
TA V A RES, José Geraldo da Silva
TA V A RES, Lucilia
TA V A RES, Vera Lucia da Silva
TEIX EIR A , Elza Vieira de Souza
TEIX EIR A , Jaime Spinola
TEIX EIRA , Luis Carlos Vieira
TEIX EIR A , Regina Maria Menezes
T EIX EIR A , Sylvio de Carvalho Leao
TEIX EIRA , Yvette Vieira de Souza
T E IX E IR A FILHO, Ernani
T E L L E S, Maria Christina Seabra da Silva
T E L L E S, Yolanda Moniz
TEN EN G A U ZER, Jayme
TEN EN GA U ZER, José
TEN EN GA U ZER, Sonia
T EPER IN O , Iolanda
TEPERIN O , Noemia
TEREBILER, Fany Esther
TERRA, Gilberto
TH O NE, Lucia León
TINOCO, Garibaldi
TOLIPAN, Nelson
TO RRES, Abdon Vaz
T O R R ES, Adalia Lima

T O R R ES, Lydia Maria Bravo
TO R R ES, Zelda Maria de Mello
T O S T E S, Lucia Figueiredo
TOVAR, Renato
T R A V A SSO S, Germana
TRIND A D E, Manoel F .
TRIND AD E, Maria Carlota
TROULA, Felicie Emma
TRYBOM , Bertil Axel Filip
TU M IN ELLI, Luiz Claudio
T U PIA SSÚ , Amilcar Alves
TU RCSA N Y , Antal
TU R C SA N Y , Edith
UDERM AN, Samuel
UNGER, Kate
URANGA, Jorge
URANGA, Marina Coelho
USAI, Heitor
UZIEL, Henri
V A ILLÉE, Alexandre C . Paternotte de La
V A ILLÉE, Eliane Paternotte de La
VAINBERG, Esther Malachias
VAINBERG, Saúl Jayme
VAISM AN, Bernardo
V ALD ETARO , Lia Maria Galváo
V A LEN T E, Eliane Gurgel
V A L E N T E , Maria Lucia Pereira
V A LEN T E, Maria Lucy Gurgel
V A LEN T E, Mozart Gurgel
V A LEN T E, Vilma de Faria Guedes
V A LEN TIN , Judith
V A LER STA IN , Martin
V A LLE, Alvaro Almeida do
V A LLE, Cyro de Freitas
V A LLE, Hedyl Rodrigues
V A LLE, Iracema Rodrigues
V A LLE JUNIOR, Henrique Rodrigues
VAM PRE JUNIOR, Danton
VANIN, Flávia
VARELLA, Stella
VARGAS, Mariza Carneiro
V A SC O N C ELLO S, Biela Menezes Jullien C .
V A SC O N C ELLO S, Carlos Alcides de Amorim
V A SC O N C ELLO S, Dulce Pessóa Queiroz
V A SC O N C ELLO S, Edda Prado
V A SC O N C ELLO S, Roberto de
V A SC O N C ELLO S, Sonia Maria Carneiro
V A SC O N C ELO S, Ary
V A SC O N C ELO S, Consuelo
V A SC O N C ELO S, Ruth Vinhas
V A SI, Alberto
VAZ, Yara Jardim
VEIGA, Carmen Penna da
VEIGA, Carmen Ramos da
VEIGA, Clotilde de Moraes
VEIGA, Lygia Daudt Lyra da
VEIGA, Maria Beatriz Penna da

�VEIGA, Maria Lucia Mariz da
VEIG A, Regina Maria Daudt da
V ELLO SO , Antonio Augusto
V ELLO SO , Gilberto Coutinho Paranhos
V ELLO SO , Jorge Fernandes
V ELLO SO , Luiz AssumpQáo Paranhos
VERBECK, Charles Henry William
V ERSIA NI, José Inácio Caldeira
VIALE, Anna Maria
VIA NN A, Helio
VIANNA, Laura Beatriz Furtado de Sam­
paio
VIANNA, Maria do Carmo Mendes
VIANNA, Maria Helena Moniz
VIANNA, Maria Victoria Baptista
VIA N N A FILHO, Guilherme
V IA N N A JR ., Helio
VICTORIA, Dora de Mello
VIDIGAL, José Américo de Araujo
VIEIRA, Arlette da Costa
VIEIRA, Francisco Aníbal
VIEIRA, Nair de Gervais Cavalcanti
VIGNOLI, Carlos Antonio
VILLAR, Maria Lucia
VILLELA, Fernando Machado
VILLELA, Léa Cavalcanti Linhares
V IO TT I, Sergio Luiz
VIVACQUA, Angelo Moniz Freire
VO GT, Joáo Carlos
VO GT, Marilia Gra?a Couto
VO GT, Raúl Guenther
VOLCHAN, Geny
VOUZELAUD, Maurice
W AHRENBERGER, Armin
W AINBERG, Frima Myriam
W AINBERG, Moysés
W ALKER, Barbara Martin
W ALKER, Robert Gilí
W A LTO N , Charles

W AND ERSM AN, Henrique
W A ND ERSM A N, Marieta
W A TSO N , George Byron
W A TSO N , Julieta Chaves
W EA V ER , Peter
W EA V ER, Vida
W EC H SLER , Jacob
W ECH SLER, Regina
W E ISS, Henriette
W E ISS, Renée Felicie
W EIZ EN EG G ER , Franz
W ELIS, Renée
W EREM KRAU T, Jaime
W ERN ECK, Regina Yolanda Mattoso
W ICHAN, Jorene Marques
W IESEN TH A L, Sonia Smilari
W IKTO R, Rosza
W ILK, Hanni
W ILLEM SE N S, Jacyra Ramos
W IL L E M SE N S, Monica
W ING, David L .
W ING, June S .
W ING, Wilson M .
W O LFF, Henri
W O LFF, Paul
W OODW ARD, Charles James
W OODW ARD, Jocelyn
W O ODW ARD, Patricia
W ORCM AN, Sylvia
XA V IER, Helena
XA V IER, Nilza
YOUNG, Charles Joseph
YOUNG, Dey Secchin
ZEULI, Massimo
ZIM ELSO N, Anna
ZINS, Anna
ZINS, Bogdan
ZOHAR, Jack
ZO LLIKOFFER, Karin Veronika

�Aldous Huxley e scnhora. em companhia de María Martins, ante
urna escultura de sua autoría.

�A Velha Guarda entretém os participantes da 47“ Conferencia
Interparlamentar, ao coquetel com que o Museu os homenageou.

�Mauricio Nabuco c Joáo Carlos Vital ladeando os representantes
de Haití e do Iraque, quando da recepcáo oferecida pelo Museu
aos participantes da 47“ Conferencia Interparlamentar.

O Embaixador Marti Ingmann, da
Finlandia, entre o embaixador
Picón Salas, da Venezuela, e a
cronista Pamona Politis.

�Carlos Flea Ribeiro e Niomar Sodré com alunas do
Colegio Bennet, durante urna visita realizada ao Museu.

�Carmen Portinho mostra a Helena Frondizi algumas obras
do Museu.

Margot Fonteyn, com Antonio
Callado e Andrezj Jordán, exami­
na escultura de Couturier.

�Niomar Moniz Sodré c Oswaldo Aranha acompanham Ernesto
Wolf, que apresentou no Museu sua cole^áo dedicada ao vidro

�Dora Hayer, bailarina expressionista alema, examina urna
escultura de Marini,

�Tres rnisses — Misse Mundo
(Filándia), Misse Dinamarca c
Misse Suecia, tendo ao fundo
u ie
painel de Portinari.

O casal Harrie Branscomb, da
Universidade Vanderbilt. visita o
Museu e examina a maguete.

��O Presidente Juscelino Kubitschek e a senhora Niomar Moniz Sodré
examinam a pintura de crianzas, alunos de Ivan Serpa.

Exposicáo Arte Esquimo — O Embaixador do Canadá, Arthur I. Irvin,
troca impressoes com Niomar Moniz
Sodré e a Senhora Antonio A. Moniz
Viana.

�Niomar Moniz Sodrc cm companhia de
Clara Cova, nos jardins do Museu.

Roberto Rosselini, senhorita Beatriz
Carneiro e senhora Danuza Wayner,
quando da realizado do Festival do
Cinema Norte-americano.

�ÍNDICE
Niomar Moniz Sodré.
Apresentagáo
O Plano Arquitetónico do Museu -— Affonso Eduardo Reidy.
Os Jardins do Museu — Roberto Burle Marx.
Relatório sobre as Obras do Museu -— Fuad Kanan Matta.
O Museu na realidade brasileira — Carlos Flexa Ribeiro.
A Diregáo do Museu:
Diretoria, Conselho, Eleigóes no Museu, Novos Socios Delegados c Conselho Delibe­
rativo, Posse do Conselho Deliberativo.
Os socios do Museu — O que o Museu oferece aos seus Socios — Categoría
de socios.
As Disponibilidades Financeiras do Museu.
Projeto que se transforma em realidade — Lei n.':' 3.411, de 16-6-1958.
Mensagem Presidencial de Isengáo de Impostas e T axas — Lei 3.479, de 4-12-58.
Atividades do Museu:
1.

Exposigóes de 1958.

2.

Cursos.

3.

Conferencias.

4.

O Museu e o Cinema.
a)

Mesas Redondas.
«

Cinema — Antonio Moniz Viana.
Relatório sobre o Festival do Cinema Norte-americano, (aa)
Programagáo de 1958.

A Vida Social do Museu:
Fotografías
Visitas.
Estágios da U N ESC O no Museu — Jayme Mauricio.

a)
b)

III Seminário sobre a Fungáo Educativa dos Museus.
Seminário Internacional sobre a «Criagáo de Novas
Henry Riviére.

Cidades»

—

Banquete da Associagáo Comercial do Rio de Janeiro a Niomar Moniz Sodré.
Fayga Ostrower — Premio da Bienal de Veneza.
Sérgio Bernardes — Exposigáo de Bruxelas.
Exposigóes de Arquitetura Brasileira no Estrangeiro.
Burie Marx —• Exposigáo em Bruxelas.
Noticias Várias:
Urna perda para o Museu: Jorge Lacerda.
Cinqüentenário de Max Bill.
A S . T . A . distingue a Diretora do Museu — Apolo.
Relagáo Completa dos Novos Socios do Museu.

Georges

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Rio de Janeiro — Brasil — 1959

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GENTILM ENTE DONADA &amp;

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                <text>Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro&#13;
Moniz Sodré, Niomar&#13;
Reidy, Affonso Eduardo&#13;
Burle Marx, Roberto&#13;
Rivière, George Henri&#13;
Moniz Viana, António&#13;
Maurício, Jayme&#13;
Kanan Matta, Fuad</text>
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��O presente boletim do museu de arte
moderna do rio de janeiro contém a
matéria relativa as atividades do
ano de 1957 e inclui o noticiário re­
ferente á inaugurado da sede defi­
nitiva em 27 de janeiro de 1958.

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MANUEL BANDEIRA
Pao, 1958

�INDICE

anagrama de Manuel Bandeira
diretoria e conselho deliberativo
o museu em casa própria
relatório do andamento da obra no ano de 1957
exposigoes no exterior
o museu e o Itamaratí
gravura brasileira em Montevidéu
“arte moderno en Brasil”
Van der Haagen no Rio
campanha nos Estados Unidos
o museu e a IV Bienal
homenagem
Lasar Segall
o que o museu oferece aos seus socios
conferencias
ensino artístico
exposigoes em 1957
cinema do museu
personalidades que visitaram as obras do museu em 1957
estimativa orgamentária para o exercício de 1958
campanha do mais um
categorías de socios
dados relativos á entrada de socios
novos socios no correr do ano de 1957.

�DIRETORIA

Presidente
1. ° Vice-Presidente
2. ° Vice-Presidente
Diretor Executivo
Diretor Executivo Adjunto
Diretor Seeretário
Diretor Tesoureiro

CONSELHO DELIBERATIVO

Mauricio Nabuco
Joáo Carlos Vital
Aloysio de Salles
Niomar Moniz Sodré
Carmen Portinho
Henrique E. Mindlin
Nelson Faria Baptista

Affonso Eduardo Reidy
Aguinaldo Boulitreau Fragoso
Aloysio de Paula
Aníbal M. Machado
Antonio Augusto Moniz Vianna
Antonio Gallotti
Assis Chateaubriand
Augusto Frederico Schmidt
Carlos Amelio de Figueiredo
Demosthenes Madureira de Pinho
Francisco Matarazzo Sobrinho
Gustavo Capanema
Hélio Jaguaribe Gomes de Mattos
Joáo Soares Sampaio
Jorge Lacerda
Jorge Leáo Ludolf
José Simeáo Leal
Juscelino Kubitschek de Oliveira
Lauro Salazar Regueira
Leonídio Ribeiro
Maria Martins
Paulo Bittencourt
Paulo Carneiro
Pedro Pereira Filho
Raymundo Ottoni de Castro Maya
Roberto Marinho
Rodrigo de Mello Franco de Andrade
Walther Moreira Salles

�Sr. Antonio Moniz Sodré Netto, Sr. Juscelino Kubitschek, Sr. Campos Porto, Sra. Niomar Moniz
Sodrc, Ministro Aloysio Napoleáo, Sr. Stewart Nelson, Sr. Marcio Mello Franco Alves,
Embaixador Amaral Peixoto, Sr. Jayme Mauricio.

�O MUSEU EM CASA PRÓPRIA

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Os dez dias decorridos entre o 17 e
o 27 de janeiro de 1958 fizeram his­
toria no Museu de Arte Moderna do
Rio de Janeiro: tres expressivas cerimónias, nos dias 17, 24 e 27 désse
mes, culminando com a inauguracao parcial da nova sede, marcaram urna nova era para a cultura
brasileira: a instituigáo que se impde tragar novos rumos para a
integracáo das artes á atividade
total de nossa sociedad.e passava
oficialmente a funcionar em casa
própria — a qual, significativa­
mente, apresentava-se concluida
apenas em parte: um gigantesco
organismo comegava, portanto, a
caminhar por seus próprios meios,
antes mesmo de atingir a plenitude
física de seu desenvolvimento.
Iniciando as comemoragoes de inauguragáo do Museu, o Presidente da
República e Conselheiro do Museu
de Arte Moderna, Sr. Juscelino
Kubitschek de Oliveira, compareceu
k nova sede, no dia 17, para plantar
a primeira de urna série de quarenta e oito palmeiras que fazem parte
do conjunto paisagístico de Rober­
to Burle Marx, complementando o
projeto arquitetónico de Affonso
Eduardo Reidy. O acontecimento
era especialmente simbólico, pois as
palmeiras, plantadas pelo Presi­
dente da República e demais glan­
des beneméritos da instituigáo,
eram netas daquelas trazidas por
D. J.:ao VI para o Brasil ha vía
exatamente cento e cinqüenta
anos. A plantagao das palmeiras do
Museu integrava-se, assim, &amp; comemoT-agáo do seisquicentenário
do acontecimento histórico que
marcon o verdadeiro inicio da realizagao do Brasil como nacionalidade e como cultura. Além do Pre­
sidente da República (que agiu com
grande bom humor, em meio a den­
sa nuvem de poeira e forte vento),
foram convidados para plantarem
suas palmeiras todos os conselhei-

�ros do Museu e os grandes doadores
da sede nova, assim discriminados:
srs. Jorge Lacerda, Joel de Paiva
Cortes, Joáo Soares Sampaio, José
Faria, Francisco Matarazzo Sobrinho, San Tiago Dantas, Embaixa­
dor Ernáni do Amaral Peixoto, Ed­
mundo da Luz Pinto, César Pires
de Mello, Assis Chateaubriand, An­
tonio Sánchez Galdeano, Antonio
Sánchez Larragoiti Júnior, Antonio
Gallotti, Andrea Sibille, Alberto
Soares Sampaio, Affonso Eduardo
Reidy, Adolfo Almeida de Aguiar,
representando o prefeito Negráo de
Lima, Embaixador Mauricio Nabuco, Joáo Carlos Vital, Alim Pedro,
Lidio Lunardi, Luiz Gonzaga de
Paiva Muniz, Luiz de La Saigne,
Marcelle G. de Barros, Márcio Mel­
lo Franco Alves, María Martins,
Mario de Azevedo Ribeiro, Pauio
Bittencourt, Paulo Campos Porto,
Raymundo Ottoni de Castro Maya,
Ricardo Jaffet, Harry Stone, Rober­
to Burle Marx, Mário Cámara, Ru­
bén Berta, Ruy Gomes de Almeida,
Santos Vahlis, Henryk Spitzman
Jordán, Stewart Nelson, William
Moscatelli, Joáo Duque, Augusto
Amaral Peixoto, Aloysio de Paula,
Aníbal Machado, Jayme Mauricio,
Armando Miceli, Antonio Moniz
Vianna, Carlos Amélio de Figueiredo, Carlos Flexa Ribeiro, Gildo
Lopes, Joaquim da Silva Camargo, Hélio Jaguaribe Gomes de Mattos, Pedro Pereira Filho, José Simeáo Leal, Lauro Salazar Regueira,
Wladimir Murtinho e José Jorge
dos Reis. Náo puderam compare­
cer os srs. Augusto Antunes, A.
Boulitreau Fragoso, Alfred Juczicowski, Gustavo Capanema, Hélio
Guerztenstein, Joáo Ewerton Quadros, Joáo Moreira Salles, Leonídio
Ribeiro, Paulo Carneiro, Roberto
Marinho, Sebastiáo Paes de Almei­
da, Mário Simonsen, Regina Feigl,
Rodrigo Mello Franco de Andrade,
Walther Moreira Salles, Jorge Leáo
Ludolf, Edson Alvares, Conde Fran-

Sr. Armando Micellí, Sr. Campos Porto,
Sr. Alim Pedro, Sr. Carlos Góes, Sr. Jayme
Mauricio.

cisco Matarazzo, Carmen Murti­
nho d’Almeida, Augusto Frederico
Schmidt e Demosthenes Madureira
de Pinho.
Após a plantagáo, o Presidente e
demais pessoas presentes reuniramse num cocktail. Depois o sr. Juscelino Kubitschek, em companhia dos
diretores do Museu, Embaixador
Mauricio Nabuco, srs. Joáo Carlos
Vital, Aloysio de Salles, Niomar Mo­
niz Sodré, Carmen Portinho, Nelson
Faria Baptista, percorreu toda a
parte construida da instituigáo, da
qual é Conselheiro desde 1951.

�Sr. Juscelino Kubitschek, Sr. Carlos Flexa Ribeiro, Sra. Niomar Moniz Sodré,

�Embaixatwz María Martins, Sra. Antonio Sánchez Larragoitti Jr.,
Governador Jorge Lacerda e Sra.

Marcelo Roberto, Dra. Carmen Portinho, Sr. e Sra. Jorge Moreira

�Dia 24 de janeiro o Museu de Arte
Moderna do Rio de Janeiro homenageou intelectuais, artistas, escri­
tores, jornalistas e radialistas bra­
sileños presentes no Rio, com um
encontró informal, simpático e ale­
gre: o Museu abrindo oficialmente
suas portas a essa multidáo criado­
ra que tem sido e será sempre seu
principal apoio. Compareceram cen­
tenas de intelectuais — os princi­
páis arquitetos, pintores, escultores,
gravadores, desenhistas, poetas,
compositores, jornalistas e críticos
residentes no Rio — usando da palavra, na ocasiáo, o arquiteto Affonso Eduardo Reidy, que explicou
o partido tomado para o bloco dos
cursos, descreyendo, também, o
que será o Museu, arquitetónicamente, quando definitivamente
pronto.
Sr. Affcnso Eduardo Reidy, Sr. Carlos Eche
ñique e o Sr. Oscar Niemeyer.

Sr. Herbert Moses, Sr. Othon Paulino, Sra. Niomar Moniz Sodré, Dr. Paulo Bittencourt„
Prefeito Negráo de Lima, Jayme Mauricio, Deputado Antonio P. Chagas Freitas, Srta. Mathilde Perei ra de Sousa.

�Sr. Ivan Serpa, Sr. Carlos Drummond de Andrade.

�Fayga Ostrower, Chuck Wocdward, Ione Saldanha, Napoleáo
Moniz Freire.

Prof. Aluísio Carváo, Tenreiro, Prof. Ivan Serpa, Bruno Giorgi, Quirino
Campofiorito.

�Dia 27, o grande dia: primeiro coroamento de anos de lutas, de mar­
chas e contramarchas, de esperangas e desesperangas. Primeiro gran­
de passo, seguro e consciente, na
diregáo do grande marco que já se
mostra no próximo futuro: o funcionamento integral do Museu como
centro de cultura contemporánea,
primeiro grande passo para insti­
tucionalizar, em bases sólidas, a
cultura artística brasileira.
Foi dos mais festivos, como nao poderia deixar de ser, o clima em que
se verificou a inauguragáo. Desde
cedo comegou o afluxo dos socios e
dos convidados, que logo percorriam toda a área do Museu. As 17,15
horas, monsenhor Joaquim Nabuco,
irmáo do Embaixador Mauricio Na­
buco, realizou a cerimónia da béngáo, na sala da exposigáo de maauetes e plantas. Estavam presen­
tes ao ato a diretoria do Museu, alguns membros do Conselho Delibe­
rativo, funcionarios, artistas e in­
telectuais. Já a essa hora, verdadeira multidáo, em número muito
acima de qualquer expectativa, lotava todas as dependencias do Mu­
seu, limitadas pelas dezenas de
bandeiras de países amigos, ilumi­
nadas, entre as palmeiras recentemente plantadas. A grande espíanada ia abrigando centenas de automóveis, á medida que continuava
o constante fluxo dos socios e dos
convidados: comerciantes, indus­
triáis, banqueiros, estudantes, senhoras da sociedade, operarios, diplomatas, artistas visuais, poetas,
militares, jornalistas, críticos, escri­
tores, dezenas de fotógrafos e, em
nota especial, os guardas municipais, em grande uniforme, a banda
marcial e as belas mogas da Federagáo Nacional das Bandeirantes
do Brasil.

��Sr. Nelson A. Faria Baptista, Di'a. Carmen Portinho, Sr. Joáo Carlos Vital, Embaixador Mauricio
Nabuco-, Pres. Juscelino Kubitschek, Sra. Niomar Moniz Sodré.

As 18,45 horas chegava o presiden­
te Juscelino Kubitschek, acompanhado de seus assistentes mais di­
retos e do prefeito Negráo de Lima.
Encabezada pelo Embaixador Mau­
ricio Nabuco, a diretoria do Museu
recebe o Presidente da República
na rampa de acesso á pérgola sob
a qual seria inaugurado o Museu.
Soa o Hiño Nacional, prestam-se as
honras de estilo. E no momento em
que o Presidente pisa a rampa,
grandes repuxos de agua alcancam
o ar, partindo do pequeño lago do
patio interno.
O Presidente é conduzido á pérgo­
la, onde se detém, ladeado pelo Em­

baixador Nabuco, pela senhora Nio­
mar Moniz Sodré, pelo Embaixador
da Grá-Bretanna, Sir Geoffrey Harrison, pelo Ministro da Educagáo,
sr. Clóvis Salgado e pelo sr. William
Burden, presidente do Museu de
Arte Moderna de New York e pre­
sidente da Sociedade dos Amigos
Americanos do Museu. Sob o espoucar das lámpadas de dezenas de
fotógrafos e á luz intensa dos refletores cinematográficos, teve ini­
cio a cerimónia da inauguragáo,
tendo a palavra o Embaixador Mau­
ricio Nabuco, presidente do Museu,
o qual pronunciou o seguinte dis­
curso ;

�“Senhor 'presidente,
Senhores e senhoras:
Quando, vai para dez anos, alguns apreciadores da arte mo­
derna fundaram éste Museu, ja­
máis teriam éles, crentes que
fóssem, acreditado no milagre
que temos, neste instante, dian­
te dos olhos.
E’ que, e aínda nao faz meia dúzia de anos, nunca Ihes ocorreria
que esta instituiqdo lograsse a
fortuna de passar as máos ins­
piradas de Niomar Moniz Sodré.
Sua atividade genial, sua imagi­
nando construtiva, sua confianqa na compreensáo humana e
sua fé nos destinos do Brasil, ser­
vidas por um espirito de sacrifi­
cio sem par e urna vontade inquebrantávél, f a z e m déla a
maior capacidade realizadora
com quem tenho privado. Tudo
isto foi dedicado totalmente a
éste sonho e assim, podemos
inaugurar hoje esta primeira
parte do nosso profeto — já te­
mos alias fincadas as estacas
para a obra completa.
Comeqamos justamente por on­
de se deve comeqar, num país
que se ressente, na opiniao geral, mais do que tudo da falta
de cultura — comeqamos, dizia,
pelo grupo escola — esta parte
do edificio que se dedicará para
o futuro, exclusivamente ao en­
sino.
Vossa presenqa aqui hoje. se­
nhor presidente, além de honro­
sa e desvanecedora, tem para
nós urna significaqáo especial.
Em vosso primeiro alto cargo de

administraqáo, prefeito de Bélo
Horizonte, tivestes urna iniciati­
va de grande coragem e que
abriu o caminho as realizaqoes
como esta, que agora inaugura­
mos.
Aproveitamos o ensejo para vos
agradecer de viva voz a contribiiicdo do govérno federal em re
cursos de toda natureza para o
andamento desta obra que nada
tem de mesquinha.
Temos prazer em testemunhar
mais urna vez de público o nosso
reconhecimento ao senhor pre-.
feito do Distrito Federal, pelo
seu auxilio inestimável.
Aos senhores representantes dos
poderes Legislativo, tanto nacio­
nal como municipal, deixamos o
penhor de nossa gratidao.
A tantos outros amigos do Mu­
seu, brasileños e estrangeiros,
do mais modesto ao mais em evidéncia, se estende o nosso bem
querer.
Ao arquiteto, urbanista e paisagista, construtores, aos empreiteiros e subempreiteiros, a cada
artífice e operario — e sao muitos os que nao mediram sacrifi­
cios para levar a bom térmo esta
obra, e entre éstes incluo muito
carinhosamente os funcionários
do Museu, aqui fica o público
testemunho do nosso reconheci­
mento.
Agradecemos aínda a todos
aquéles que com sua presenqa
abrilhantaram esta festa — a
Ben Nicholson e aos escultores
británicos, c u j a participaqáo
neste ato inaugural vem realeos
o ínterésse desta cerimónia.

�Por último, porque assim mandam as boas maneiras, assinalamos com especial satisfagáo o
comparecimento do presidente
da Sociedade Americana dos
Amigos do Museu de Arte Mo­
derna, Mr. William Burden, que,
acompanhado de sua esposa,
veio de táo longe trazer-nos o
conforto do seu apoio e deixar
notoria prova de que a bandeira
do Museu já passou nossas fro7iteiras e encontrou padrinhos de
táo real quilate.
E, antes de terminar, mais urna
palavra de agradecimento —
esta de agradecimento, orgulho
e confianga — com o pensamento voltado para nossa térra brasileira onde “plantando, tudo
dá”, desde que seja plantado
com Fé, Honestidade e Coragem.”
★

★

★

Falou em seguida o diretor-executivo do Museu, senhora Niomar Moniz Sodré, que proferiu
estas palavras:
“Acaba de falar o grande presi­
dente desta Casa. Suas palavras
sao motivo do maior orgulho
para mim. Orgulho, e enorme
surprésa, pois eu nao sabia que
ele era assim, e, muito menos,
que eu era assim. Sempre imaginei Mauricio sereno e come­
dido. E se sai com esta. . .
Depois do seu discurso, táo ge­
neroso para comigo, e táo ele­
gante, nenhum de nós precisa­
ría dizer mais nada. No entanto,
o meu entusiasmo é táo grande
a minha emogáo táo forte, que

preciso despejá-los sobre voces
todos, socios, amigos e companheiros.
Porque hoje é o dia maior para
todos nós. E’ o dia — podemos
dizer — em que oficialmente
deixamos a Rúa da Imprensa,
onde há seis anos lutávamos
com o maior desconfórto, para
realizar, sem descanso nem interrupgáo, o que hoje aqui se ve.
Na Rúa da Imprensa, de urna
passagem, na própria rúa, fizemos urna casa, envolvendo com
madeira frágil colunas de con­
creto. Alteramos provisoriamen­
te a graca arquitetónica de um
dos mais belos edificios da cidade, de acórdo com o ministro
Simoes Filho, que acreditou em
nós, em nossa palavra, e que
sentía que dáli sainamos o mais
rápido possível, deixando novamente lime, o espago projetado
pelos seis mais arrojados arquitetos brasileños.
E passando pelas maiores dure­
zas, mas também pelos maiores
contentamento, comegamos a
viver.
Primeiro a doagáo diste terreno,
cuja beleza já foi tantas vézes
cantada pelos escritores e poe­
tas.
Esta primeira conquista foi com,
Joáo Carlos Vital, entáo governador da cidade, e hoje nosso
eficientíssimo companheiro, vice-presidente desta Casa.
Aliás, depois do nosso Vital, to­
dos os prefeitos — excetuando
um — vem colaborando nesta
obra. Do Alim Pedro, C7ija dedicagáo foi inigualável, enfren-

�tendo martirios para resolver
nossos problemas, ao Negráo
que, embora sendo um dos dez
mais elegantes, aínda há pouco
enterrara os sapatos grá-finíssimos na lama do aterro.
Tambérn os vereadores da cidade, ésses diabólicos ditadores do
Distrito, compreenderam o al­
cance e a importancia dos nossos planos. E pensó que até hoje,
éles, que vém acompanhando o
que temos feito, nunca se arrependeram da confianga que na­

güela hora merecemos.
Ai está um térgo déste conjunto
arquitetónico, de linhas puras,
elegantes de graga forte e sóli­
da, que só a fantasía, a sensibilidade, o altruismo de Affonso
Reidy poderiam criar e fazer viver. E aínda, para completar,
temos a rica vegetagdo de Ro­
berto Burle Marx, o paisagista
hoje internacionalmente dispu­
tado.
E assim foram chegando, urna
a urna, as Vitorias que íamos re­
cebando de olhos úmidos e coragao feliz,
Os primeiros dez milhoes do
Congresso, nurna hora em que
só conhecíamos dividas, tiveram
o apoio de dois tergos de deputados, entre os mais jovens de
espirito, os mais evoluídos, os
mais progressistas. E receberam
o apoio unánime e honroso do
Senado Federal.
E logo após, mima arrancada
meio louca, resolvemos enfren­
tar urna ambiciosa campanlia
financeira, importunando, pessoalmente, donos e presidentes de

companhias, fábricas, bancos,
industrias, empresas, contando
a nossa historia, vendendo a
nossa idéia.
I-Ioje, a lista dos que financiam
a construgáo do Museu é bastan­
te numerosa — vivemos num
grande vais, nao há dúvida —
mas nao posso deixar de citar
os primeiros, guando tímida­
mente audaciosa, receberam-me
com carinho e generosidade:
Walther Moreira Salles, Ricardo
Jafet, Luiz La Saigne, Antonio
Larragoitti, Spitzman Jordán.
Mas tambérn, ao meu lado, es­
taña sempre Nelsinho Baptista,
grande diretor-tesoureiro desta
Casa, monstro de cavacidade ad­
ministrativa e solidariedade hu­
mana.
Deixamos a Rúa da Imprensa,
abandonamos o pequeño barracao do aterro, de madeira e zinco, onde, por mais de dois anos,
trabalhamos na cam,panha tinanceira, assistindo febrilmen­
te, dia a dia, se desenvolver esta
poderosa construgáo. Quantos
de voces hoje aqui, nao nos visitaram lá, nao nos ajudaram lá?
Tínham,os tambérn a visita das
formigas, que eram recebidas
em festa, porque, para nós, na
nossa otimista superstigáo, sig­
nificara dinheiro que ia chegar,
na hora, no dia mesmo. E nao
falhavam; nem as formigas,
nem o dinheiro.
Finalmente, quero congratular­
me com todos voces pelo que estáo dando ao Brasil, neste mo­
mento, de grandeza, de civilizagao, de cultura, desde os gran­

�des beneméritos desta Casa, diretamente responsáveis p e l a
Obra, como os socios e amigos
que sempre trouxeram um apoio
permanente.
Tambérn aos homens da Im ­
precisa, do Rádio, da Ttlevisáo,
do Cinema, quero fazer a nossa
saudaqdo, pois sempre representou para nós um estímulo o carinho com que divulgavam e comentavam as nossas alividades,
dando-nos, murtas vézes, o que
precisávamos ñas horas de passageiro desalentó.
E um “obrigada” muito especial
á equipe do “Correio da Manhá”,
desde os diretores da Casa aos
mais modestos funcionarios, que
constantemente importunamos,
de todas as formas e modos, em
horas de afligáo ou de alegría.
E aínda, para atormentá-los, dizia-lhes que o Museu de Arte
Moderna era muito mais impor­
tante do que o seu jornal. Desculpem, companheiros, o páreo é
duro, mas toda ambigáo hones­
ta é permitida.
Quero aínda dizer o quanto é
cara para nós, no dia de hoje, a
vinda especial do casal Peggy e
Bill Burden, éle presidente do
Museu de Arte Moderna de Nova
York, e tambérn presidente, nos
Estados Unidos, do Comité de
Amigos do Museu de Arle Mo­
derna do Rio de Janeiro, forma­
do lá, recentemente, por éle próprio. Esta visita é um prestigio
e urna alegría.
E desejamos repetir mais urna
vez que todos os artistas plásti­

cos do Brasil, arquitetos, escul­
tores, pintores, gravadores, desenhistas, ceramistas, tém um.a
nova casa, mais ampia, mais
confortávél e melhor equipada,
para as suas múltiplas atividades. Porque agora, mais do que
nunca, em sede própria, in ten ­
sificaremos nossa pragramacio,
nao sámente no setor de exposigoes nacionais e estrangeiras,
como tambérn em novos cursos,
maior número de alunos. desenvolvimento das segoes de cine­
ma, até chegar á Escola Técnica
de Criagáo, ao Teatro, á Música,
ao Ballet.
Tantas pessoas, tantos ñames
gastarla aínda d,e citar. Nao para
agradecer, pois todos pertencem a um só grupo, no qual,
para o Museu, cada um faz o
que pode, e dá o que tem.
Pego apenas licenga ao ConseIho Deliberativo para saudar, en­
tre os trinta companheiros, ape­
nas um: Juscelino Kubitschek.
E dizer-Ihe, em vossos n ornes,
que é um contentamente, e dos
maiores, té-lo aqui hoje, ao nosso
lado, como colega, amigo e presi­
dente. E que déle, da sua mocidade progressista, da sua atividade produtiva, do seu esfórgo
pioneiro, esperamos nm Brasil,
táo forte e táo rico, onde nao só
possamos terminar velozmente o
nosso Museu, como tambérn se
possa criar outros Museus, de
norte a sul, e aínda ao centro,
para a cultura e a grandeza des­
ta Nagáo.
Obrigada, Presidente.”

��Usou da palavra, a seguir, o Em­
baixador da Grá-Bretanha, Sir
Geoffrey Wedgwood Harrison,
cujos patricios, o pintor Ben Nicholson e dez escultores jovens,
tambérn inauguraram o Museu.
Eis as palavras do representan­
te de S. M. Británica:
“Sua excelencia o senhor 'presi­
dente da República, sua exce­
lencia embaixador Mauricio Na­
buco, presidente da comitiva,
Exma. Sra. Niomar Sodré e dis­
tintos senhores e senhor as:
Ninguém que visite o Brasil, e
particularmente a sua capital,
pode deixar de ficar impressionado com a extraordinária vitalidade e o poder imaginativo que
é em toda parte demonstrado
ñas artes plásticas. E’ realmente
urna experiencia estimulante
contemplar as obras dos seus
pintores, arquitetos e paisajis­
tas, vivamente materializados
nesta cidade em alguns dos mais
belos projetos de arquitetura e
engenharia civil do mundo inteiro.
No Brasil de hoje, urna legiáo de
artistas e artesáos está agora
produzindo obras, aperfeigoando-se através de experiencias,
tentando novas form as, empenhando-se na conquista de
ideáis que, juntos, garantirlo,
sem dúvida, a continuidade dos
elevados níveis atingidos, e traráo a certeza no futuro de tal
criagáo e esfórgo artístico, que
sao parte vital no progresso e
desenvolvimento da Nagáo.

E’ nesta atmosfera vigorosa e es­
timulante que surgiu o Museu
de Arte Moderna e se transfcrmou numa fórga necessária e
propulsora no desenvolvimento
artístico do país. E’ motivo de
grande satisfagáo estar esta noite presente a um acontecimento
que assinala urna nova etapa no
desenvolvimento da arte moder­
na no Brasil. Éste grande novo
Museu no Rio e seu homónimo
em Sao Paulo, refletem nao só a
devogáo daqueles que sentiram
que o Brasil devia ocupar seu lu­
gar devido entre as grandes nagoes artísticas do mundo, mas
tambérn, o sempre crescente interésse público pelas artes, evi­
denciado em toda parte. Com a
inauguragao, esta noite, diste
Museu, a Capital Federal terá
por fim o centro permanente de
arte moderna que éla merece.
Hoje, está completado o primeiro estágio deste novo Museu.
O que já foi alcangado é urna
completa e certa garantía da
execugáo final de urna concepgáo magnífica. Orgulho-me em
ter a oportunidade de felicitar,
em nome do meu país, o presi­
dente do Camissáo, o embaixa­
dor Mauricio Nabuco, e os ilus­
tres membros de sua comissáo,
pelo seu éxito, e Ihes desejar sucesso na conclusáo de sua tarefa.
Quero tambérn expressar a minha admiragáo por essa simpá­
tica e talentosa senhora, dona
Niomar Moniz Sodré, cuja inspiragáo, empenho pessoal e inesgotável energía transformaranz
éste sonho de um centro para o

�Pres. Juscelino Kubitschek, Sra. Niomar Moniz Sodré, Mr. William Burden,
Embaixador Sir Geoffrey Harrisson, Ministro Clovis Salgado, Dra. Carmen
Pcrtinho, Prefeito Negráo de Lima.

incentivo e a projeqáo de arte
moderna no Brasil, neste estágio
de inspiradora realizagáo.
Que a Grá-Bretanha esteja táo
estreitamente ligada á inauguragáo déste Museu. ao apresen­
tar urna exposigáo das obras de
Ben Nicholson e dez dos nossos
escultores mais jovens, é para
mim, motivo de maior satisfagáo. E’ realmente urna grande
honra e privilégio que esta contribuiqáo británica de arte mo­
derna, recentemente exibida na
IV Exposigáo Bienal de Sáo Pau­
lo, tenha agora um lugar espe­
cial na ocasiáo da abertura ofi­
cial do Museu. Em anos anterio­
res, a Bienal nos possibilitou
trazer ao Brasil as obras de mui-

tos de nossos artistas contem­
poráneos, como Graham Sutherland, Henry Moore e outros. Éste
ano, pela primeira vez, vem ao
Rio nossa exposigáo nacional, e
esperamos que, no futuro, en­
contraremos outras oportunida­
des para fortalecer nossos lagos
culturáis já existentes, exibindo
outras exposiqoes neste magní­
fico edificio.
Finalmente, gostaria de expressar os meus mais calorosos agradecimentos pela grande honra
pessoal que me concederam ao
me permitirem participar da
abertura oficial do Museu de
Arte Moderna do Rio de Janeiro,
ao qual sinceramente desejo urna
prosperidade continua.”

�Seguiu-se o esperado discurso do
Presidente da República, senhor
Juscelino Kubitschek de Olivei
ra, que assim falou:
“Por certo, nao seria preciso en­
carecer, perante vos, o que sig­
nifica, para a cultura brasileña,
a inauguraqáo da primeira unidade do Museu de Arte Moder­
na do Rio de Janeiro. Aqui se
acham presentes figuras exponenciais das letras e das artes no
país. Melhor do que ninguém,
podéis avaliar a transcendencia
déste ato, o vasso extraordinário que com éle se dá, para o in­
cremento, entre nós, de urna atividade que é flor e remate das
civilizaqoes.
Entregar ao público urna admirável criaqáo arquitetónica e um
acervo já rico, de obras de arte,
constituiría, por si só, acontecimento de profunda repercussáo
em nossa vida cultural. Mas éste
Museu nao será apenas um mostruário passivo, urna coleqáo de
finas produgoes, escolhidas en­
tre o que de mais expressivo e
original tem criado a arte do
nosso tempo. Será tambérn, e
essencialmente, urna escola.
Muito significativamente, comegou-se éste conjunto pelo edifi­
cio destinado á Escola de Criacáo
Artística. Pretendeu-se equipar
o país, com a urgéncia que o nosso desenvolvimento cultural e
económico reclama, de urna instituigáo em moldes modernos,
capaz de incentivar a atividade
criadora, pelo preparo técnico e
intelectual de alta categoría.

Urna escola de nivel universitário, que nao se propoe apenas a
facilitar, aqueles que tenham
aptidáo criadora, conhecimenio
e métodos que Hice enriquegam.
o dom natural, mas tambérn, e
principalmente, a estimular a
autonomía de criagáo, a ensinar
o jovem artista a procurar em
si mesmo o melhor do seu poder
inventivo.
Assim, éste Museu constituirá
um ativo centro de vivéncia ar­
tística, quer pela agáo de suas
mostras de arte, quer pelo trabalho pedagógico, de feiqáo nova,
que desenvolverá entre nós.
O desenvolvimento nacional es­
lava a pedir unía instituigáo
desta natureza. que, no campo
da arte, fósse capaz de procurar,
para problemas específicamente
nossos, solugoes que só nos será
dado encontrar com um intenso
esfórgo criador. Se o atual govérno se mostra particularmente
empenhado no estímulo á eco­
nomía nacional, para que éste
país alcance o poder e a prosperidade a que está votado, devo
dizer-vos que neste empenho
nunca deixamos de encorajar e
estimular a parálela expansáo
de sua criatividade, no delicado
campo em que se exercita urna
das mais nobles facuidades do
homem.
O desenvolvimiento há de ser en­
carado com um esfórgo global,
que congregue tridas as aptidoes
e Ihes assegure os mélhores
meios de afirmagáo. A procura
de bem-estar, na esfera das coi­

�sas materiais, mutilaría a fisio­
nomía nacional, se, ao mesmo
passo, nao buscássemos, no do­
minio do espirito e da sensibilidade, a satisfagáo de exigencias
que se mostrara, no ser humano,
táo imperiosas, quanto as que
dizem respeito d sua subsisten­
cia e seguranca.
Assim, urna instituigáo votada
ás artes e á criagao estética se
inscreve num programa de de­
senvolvimento, como urna etapa
necessária e insubstiiuível. Urna
civilizagáo técnico.- industrial
que nao crescaso vinculada a
urna intensa atividade artística
estaña ameagaáa de deformar­
se. O impacto da industrializagao, sobre as atividades artesanais de conte údo artístico, só
pode ser comp°nsado por um
cultivo dos valores estéticos capazes de modelar a mdo do tecnólogo e do openíño, preservan­
do características de singularidade e de beleza que de outro
modo se perderiam.
Eis porque vemos com especial
agrado frutificar no Brasil, de
maneira táo promissora, inicia­
tiva como esta a que a sra. Nio­
mar Moniz Sodré Bittencourt se
entregou com a inteligencia, a
energía e o devotamento que Ihe
comunicam á personalidade tra­
gos táo peculiares.
Com extraordinario fervor, do­
minando obstáculos sem conta,
que seriam para desencorajar a
quem náo tivesse um ideal e
energías para alcangá-lo, a Diretora do Museu de Arte Moder­
na está erguendo um monu­
mento que honraría a cultura

dos povos de mais apurada civi­
lizagáo e vai situar o Brasil en­
tre as Nagoes onde mais se tem
desenvolvido o esfórgo cultural
em nossa época. A ela, bem como
a todos quantos devotadamente
cooperaram nesta obra, desejo
apresentar, náo só como Chefe
do govérno, mas como membro,
e dos mais antigos, do Conselho
Deliberativo desta instituigáo,
as minhas congratulagoes pela
importante etapa vencida.
O devotado presidente do Mu­
seu, Embaixador Mauricio Na­
buco, teve a bondade de recordar
que, como prefeito de Belo Ho­
rizonte, já me preonipava eu em
incentivar atividades artísticas
pioneiras, como foi, áquela épo­
ca, a edificagáo do conjunto da
Pampulha. Ao inaugurar éste
belo edificio concebido por Affonso Eduardo Reidy, revivo hoje
as emogóes que experimentei,
entáo, ao contemplar a obra de
Oscar Niemeyer na Capital de
Minas.
Desejo exprimir ao Embaixador
Sir Geoffrey Wedgwood Harrison o quanto nos sensibiliza haver a sua nobre Podría se associado a éste festivo acontecimento da cultura brasileña, envian­
do-nos urna exposigáo de escul­
tores os mais representativos da
arte británica moderna.
Volvido para o ampio cenário da
Guanabara, frente á entrada da
barra, como a oferecer-se ao
mundo, éste Museu será mais
um poderoso elo de aproximagáo entre o Brasil e todas as
Nagoes.

�Sr. Demosthenes M. Pinho, Sr. e Sra. Rodolpho Souza Dantas e Baronesa Carmen Saavedra.

Antes de instalarse em sede
própria, já realizara, a par de
numerosas exposigoes nacionais,
mostras estrangeñas que marcaram momentos da mais fecun­
da comunicagdo entre outros po­
ros e o nosso vovo, através desse
veículo universal do sentimento,
que é a obra de arte plástica.
Antes de ter urna sala de confe­
rencias, já fazia ouvir no Brasil
a palavra de eminentes escrito­
res, artistas e educadores de várias nacionalidades. As vézes
Ihe faltavam recursos para custear esta construgáo, e, entre­
tanto, enviara, ao exterior, expo­
sigoes itinerantes, levando a ar­
te brasileña a outros conti­
nentes.
Se assim trabalhava antes de ser
definitivamente instalado, e an­

tes de estar equipado, pode-se
imaginar que agáo intensa será
capaz de desenvolver, quando
puder dispor de mais ampios
meios.
E’ com satisfagáo que vos decla­
ro que o govérno continuará a
dispensar toda a ajuda, que Ihe
fór possívél, a éste nobre e desinteressado empreendimento,
de que com razáo já se orgulha
o poro brasileño. A éle náo fal­
tará o nosso decidido apoio, como
náo faltará a toda iniciativa da
natureza desta, que eleve o conceito do Brasil entre as Nagoes
e desperte, em nosso povo, a le­
gítima ufania de estar f atiendo
algo de belo e de grande, que,
sendo nosso, encerre um conteúdo verdadeirámente universal.”

�Concluidas as oracoes, sob de­
morados aplausos, a sra. Niomar
Moniz Sodré desenrolou a ata de
inaugurando, lendo-a para os
presentes:
“Aqui — pelo esfórgo de algumas
vontades — sendo as dezoito ho­
ras e trinta minutos do dia vinte e sete de janeiro de mil novecentos e cinqüenta e orto, foi
inaugurado, por J u s e e l i n o
Kubitschek de Oliveira, presi­
dente da República, a sede defi­
nitiva do Museu de Arte Moder­
na do Rio de Janeiro, estando
presentes á solenidade o prefeito
Negráo de Lima e as pessoas que
assinam esta ata, feita e lida por
mim, Niomar Moniz Sodré, com
o voto para que o Museu atinja
a perfeigáo de sua finalidade de
ser útil ao Brasil

Lida a ata, a senhora Niomar
Moniz Sodré a assinou, passan
do-a ao Presidente da Repúbli­
ca, que tambérn a assinou, se­
guido de todos os presentes. Náo
houve quem náo assinasse a ata,
sendo necessárias duas secretárias para assistirem o processo
de assinatura, que se desenrolou
durante várias horas.
Depois de assinada a ata, o Pre
sidente da República ingressou
na sala da mostra de Ben Nicholson e dos escultores ingleses.
O presidente, sempre acompanhado pela diretoria do Museu,
visitou tambérn os ampios terracos, descendo, em seguida, ao
andar térreo, onde percorreu a
exposigáo de parte do patrimo­
nio do Museu.

�RELATÓRIO DO ANDAMENTO DA OBRA NO ANO DE 1957
Tendo em vista a quantidade e a diversidade de servigos realizados
no ano findo, julgamos. a fim de permitir melhores esclarecimentos aos socios, mais conveniente fazer urna análise suscinta do
desenvolvimento dos trabalhos em cada setor.

1 — Sub-solo

Foram realizados os seguintes servicos: conclusáo da camada de
concreto magro do piso, execugáo do depósito para guarda de es­
culturas, em concreto armado, de alvenaria, das tubulacóes elétricas, de esgotos, de água, de incendio, de ar-condicionado. Execugáo
das paredes de alvenaria, colocagáo das guarnigóes das portas
de ferro metalizado, dos azulejos, chapisco e embógo das paredes
e teto, e conclusáo da impermeabilizagáo. Ainda foram executadas
a alvenaria do fósso de ventilagáo, a concretagem do tanque e da
torre de reírigeragáo, montagem dos blocos de apoio e das máqui­
nas do monta-carga, execugáo do revestimento de mosaico dos
pilares, colocagáo das guarnigóes das janelas que dáo para o fósso.
Foi ainda concluido o aterro em volta do subsolo.

2 — Pavimento térreo

a) SETOR V: Conclusáo das cintas de concreto armado, da
camada de concreto magro do piso, das alvenarias de tijolos apa­
rentes e comuns, do revestimento de massa das paredes e te tos,
dos pisos em cerámica, colocagáo dos rodapés, das esquadrias, das
guarnigóes de ferro metalizado, das paredes e dos tetos de reves­
timento de eucatex acústico, revestimento dos pilares em mosaico,
colocagáo dos vidros, e pintura de protegáo das guarnigóes de
ferro metalizado. Foram ainda executados e concluidos dois banheiros e os restantes em fase de conclusáo. Executou-se as instalagoes das tubulacóes elétricas, de agua fria e quente, de incen­
dio, de aguas pluviais, esgóto primario e secundário, sendo, também feita a enfiagáo elétrica. Acrescentamos ainda a colocagáo
das portas de jacarandá.

�b) SETOR IV: Conclusáo das cintas e da camada de concreto
magro, das tubulagoes das instalacoes, do entarugamento das pa­
redes e te tos de revestimento de eucatex acústico da tipograíia,
chapisco e emboco das paredes e tetos. Execugáo do armário do
corredor, com colocagáo das guarnigóes, colocagáo dos azulejos da
sala de encadernagáo e do depósito de papel, das guarnigóes de
ferro metalizado, dos esgotos e das caixas do atelier fotográfico
em polidurite, dos servigos de alvenaria e concreto da cantina.
Colocagáo da monovia para transporte dos volumes ao sub­
solo, exccucáo do isolamento das cámaras frigoríficas. Ainda de­
vemos acrescentar a execugáo em volta do terreno do Museu, a
execugáo do “Vault”, e das ligagoes externas de águas pluviais.
Foi executada a instalagáo provisoria de esgóto para os banheiros
do Setor V.

2° PAVIMENTO — Conclusáo dos servigos de colocagáo de con­
creto celular, de impermeabilizagáo e execugáo dos canteiros, com
a distribuigáo hidráulica, no Terrago. Execugáo de quase toda alvenaiia, colocagáo das guarnigóes de aluminio das esquadrias
do restaurante e entarugamento do teto para revestimento acústi­
co. Colocagáo dos monta-carga.

3 — Cobertura
Todos os servigos da parte estrutural executada foram realizados.
Bloco de Exposicoes
Foram executados todos os tirantes e cintas de fundagáo estando
tambérn concluido o atérro. Foram iniciados os cimbramentos
de tres quadros.
Antes de concluir devemos salientar certos aspectos importantes
de certo modo tranqüilizadcres para o bom funcionamento do
Museu. Assim podemos citar as provas de carga efetuadas ñas
estacas e fundagáo; as provas de pressáo em todas as tubulagoes
hidráulicas. Além do projeto de impermeabilizagáo que objetivou
maior seguranga, pela elaboragáo meticulosa dos detalhes e das
especificagóes, da cuidadosa execugáo efetuada, queremos ressal­
tar que pela primeira vez foi feita no Brasil, prova de água, náo
sómente no terrago do restaurante, cerca de 3.000 m2 de área,
como tambérn na Cobertura com 1.000 m2. Outros aspectos im­
portantes poderíamos citar, porém julgamos oportuno ressaltar
a instalagáo de água e de incéncio que estáo sendo executados em
tubos de cobre, resultando em melhor e mais perfeito acabamento,
sendo ainda, o que é mais importante, de duragáo indefinida.

�EXPOSICÓES NO EXTERIOR
“Arte Moderno en Brasil”
Esta exposigáo foi apresentada em Buenos Aires, Rosário, San­
tiago e Lima.
270 obras, sendo 153 pinturas, 20 esculturas, 73 gravuras e 24 desenhos. Tomaram parte os seguintes artistas:
Pintores:
Alberto da Veiga Guignard, Aldo Bonadei, Alfredo Volpi, Aluísio
Carváo, Anita Malfatti, Antonio Bandeira, Cándido Portinari, Cé­
sar Oiticiea, Cicero Días, Clóvis Graciano, Déa Campos Lemos,
Décio Vieira, Djanira Motta e Silva, Elisa Martins da Silveira,
Emeric Marcier, Emiliano Di Cavalcanti, Firmino Fernandes Saldanha, Flávio de Resende Carvalho. Frank Schaeffer, Franz
Kracjberg, Geraldo de Barros, Heitor dos Prazeres, Hélio Oiticiea,
Hermelino Fiaminghi, Iberé Camargo, Inimá de Paula, Ione Saldanha, Ivan Serpa, Joáo José da Silva Costa, José Antonio da
Silva, Jo &lt;é Pancetti, Tasar Segall, Lygia Clark, Maria Helena An­
drés Ribeiro, Maria Leontina, Mauricio Nogueira Lima, Milton
Dacosta, Mario Silésio, Paulo Becker, Raymundo Nogueira, San­
són Flexor, Tarsila do Amaral, Teresa Nicolao, Tomás Santa Rosa,
Ubi Bava, Vincent Ibberson, Yolanda Mohaly.
Escultores:
Bruno Giorgi, Felicia Leirner, Franz Weissman, Maria Martins,
Sergio de Camargo, Vitor Brecheret, Zélia Salgado.
Gravadores:
ArtLur Luiz Piza, Cándido Portinari, Carlos Prado, Darel Valenga,
Edith Behring, Fayga Ostrower, Iberé Camargo, Joáo Luiz Chaves,
Lygia Pape, Lívio Abramo, Marina Caram, Marcelo Grassmann,
Oswaldo Goeldi, Poty Lazzarotto, Roberto Burle Marx, Rossini
Pérez, Vera Bocayuva Mindlin, Vera Tormenta.
Desenhistas:
Aldemir Martins, Anísio Medeiros, Arnaldo Pedroso D’Horta, Ro­
berto Burle Marx, Lothar Charoux.
Shankar’s Magazine
22 trabalhos dos alunos do Curso de Ivan Serpa foram enviados
para Nova Delhi, para o concurso desta revista indiana.

�O Presidente Prado e o Ministro Macedo Soares ao inaugurar a exposicáo de arte
brasileina em Lima.

O MUSEU E O ITAMARATI
Intensificarse, presentemente, a
atividade cultural do Itamaratí:
urna exposicáo de arquitetura,
periódicamente enriquecida, percorre as principáis cidades européias; em Berlim, no bairro
de Hansa, urna exposicáo de
Brasilia e outra de residencias
brasileiras, ambas a serem apresentadas, posteriormente, em
Zurich, no Kunstmuseum, e em
Viena; em Miláo, este fim de
ano, Brasilia e Burle Marx e,
para 1958, além da colaboracáo
do Itamarati para a Exposicáo
Internacional de Bruxelas, seráo
organizadas algumas mostras vo­
lantes de arquitetura, a comegar pelo México, onde, por outro
lado, participaremos da I Bienal
Interamericana de Pintura e
Gravura.

Grande foi a colaboracáo, em
1957, entre o Museu de Arte Mo­
derna do Rio de Janeiro e a Divisáo Cultural do Ministério das
Relacóes Exteriores, especial­
mente através da exposicáo de
gravura brasileira em Montevidéu (a qual, subdividida, percorreu algumas cidades do inte­
rior uruguaio) e da mostra
“Arte Moderno en Brasil”, a
maior exposigáo de arte brasi­
leira já enviada ao exterior. Essa
exposigáo constituiu o aspecto
cultural de importantes con­
tactos diplomáticos entre o Bra­
sil, a Argentina, o Chile e o Perú.
Em Buenos Aires, Santiago e
Lima, a Exposigáo foi aberta
com a presenga dos Presidentes
das 3 Repúblicas amigas. Ñas
2 últimas capitais, estéve pre­
sente o Chanceler J. C. de Ma­
cedo Soares.

�GRAVURA BRASILEIRA EM MONTEVIDEO
O Museu de Arte Moderna do Rio
de Janeiro emprestou todo seu apoio
á exposicáo de gravura brasileira
(45 gravadores; 242 trabalhos) que
o Instituto de Cultura UruguaioBrasileira, sob o patrocinio do Itamarati, manteve aberta, de 3 a 10
de setembro, no Subterráneo Muni­
cipal de Montevidéu. A mostra, que
foi grandemente prestigiada pelo
lamentado Embaixador J. B. Berenguer Cesar, obteve sucesso sem
precedentes na capital uruguaia,
sendo posteriormente desdobrada
em tres exposigoes menores, que
percorreram cidades do interior do

país vizinho. A gravadora Fayga Ostrower compareceu á inauguracáo,
proferindo nos dias subseqüentes
diversas palestras, comparecendo a
mesas redondas e assim contribuindo intensamente para o melhor in­
tercambio artístico uruguaio-brasileiro. Em apenas sete dias, numa cidade de oitocen tos mil habitantes,
a exposicáo alcancou urna visitacáo
de dez mil pessoas, verdadeiro re­
cordé de freqüéncia em museus
sul-americanos. Foi tambérn excep­
cional o destaque dado pela impren­
sa uruguaia ao acontecimento.

Vista parcial das salas da exposicáo.

�“ARTE MODERNO EN BRASIL”

Dando maior impulso a
seu programa de divulgar
de modo ampio e duradouro a arte brasileira no
exterior e, tambérn, de
garantir para o Brasil a
posigáo que Ihe compete
no panorama artístico
latino-americano, o Mu­
seu de Arte Moderna do
Rio de Janeiro, com a co­
laborando da Divisáo Cul­
tural do Itamarati, levou
a varias nagoes da Amé­
rica do Sul, durante o se­
gundo semestre de 1957,
a maior exposigáo de
arte já enviada de nosso
país ao estrangeiro.
A boa vontade de instituigoes e de particulares,
um eficiente trabalho de
equipe, e, sobretudo, a capacidade de trabalho de
um grupo de elementos
do Itamarati e do Museu,
possibilitaram a impor­
tante realizagáo.
A idéia da mostra nasceu
da visita da senhora Nio­
mar Moniz Sodré a Bue­
nos Aires, em dezembro
de 1956, ocasiáo em que
govérno, organizagóes e
personalidades argenti­
nas e, em particular, o
Embaixador Joáo Carlos
Muniz, fizeram-lhe sentir,
insistentemente, a necessidade e a oportunidade
de intensificar as relagóes
culturáis argentino-brasileiras — estagnadas havia varios anos — medi­
ante urna exposigáo artís­
tica de vastas proporgoes.
De volta ao Rio, o Diretor
Executivo do Museu dis-

cutiu a idéia com seus co­
laboradores. Depois de
vencidas várias dificuldades, sobretudo as devidas
á falta de espago necessário á montagem de urna
exposigáo de grande en­
vergadura, decidiu-se afi­
nal a realizagáo da mos­
tra. A senhora Niomar
Moniz Sodré partiu para
a Europa, enquanto o
Professor Carlos Flexa Ribeiro, designado comissário da exposigáo, assumiu
a diregáo dos trabalhos,
auxiliado pelo Secretario
Wladimir Murtinho e sua
esposa, gravadora Tuni
Murtinho, e pelo j ornalista Jayme Mauricio. Em
reunioes sucessivas, mar­
cadas pela emergencia,
foram solucionados pro­
blemas de localizagáo das
obras, coleta, registro, se­
guros e transporte dos
trabalhos. Devido á falta
de espaco ñas instalagóes
provisorias do Museu, o
“Colégio Andrews” cedeu
os salóes onde quadros,
esculturas, desenhos e
gravuras foram reunidos
para selegáo, classificados, fotograíados, catalo­
gados e encaixotados, dali
par indo para o Oais do
Porto. E’ de ressaltar,
igualmente, a colaboragáo fundamental do Mu­
seu de Arte Moderna de
Sáo Paulo e de diversos
colecionadores particula­
res, sem cujo apoio a ex­
posigáo náo teria. aleangado seus objetivos.

Sem temor de exagero
pode-se afirmar que a ex­
posigáo “Arte Moderno en
Brasil” veio a ser o prin­
cipal acontecimento do
ano artístico de 2957 em
Buenos Aires, Rosario,
Santiago do Chile e Lima,
cidades onde duzentas e
setenta obras de 73 artis­
tas, (desde “A Boba”, de
Anita Malfatti, 1927, até
“Ritmo”, de Ivan Serpa.
1957), apresentaram a ar­
gentinos, chilenos e peluanos urna idéia ae con­
junto de trinta anos de ex­
periencia e realizagóes na
pintura, na escultura, na
gravura e no desenho do
B r a s i l contemporáneo.
Apesar de todas as dificuldades anteriormente
apontadas, nenhum movimento, nenhum artista
relevante deixou de ser
representado, sendo a
mostra saudada por toda
parte como impressionante demonstragáo da fórga criadora do Brasil.
Reabrindo o ‘ M u e r d e
Bellas Artes”, em Buenos
Aires, foi a exposicáo
inaugurada pelo presi­
dente Aramburu, com a
freqüéncia de 2.900 visi­
tantes. Aberta de 25 de
mho a 28 de julho, contou ao todo com o total
de 31.295 visitantes, constituindo o centro de re­
levantes contactos cultu­
ráis brasileiro-argentinos,
sobretudo através do gru­
po “Nueva Visión”, repre­
sentantes categorizados
da vanguarda portenha.

�VISITA DO EMBAIXADOR FELIPE A. ESPIL, da Argentina á montagem da Exposicáo,
no Colegio Andrews. — Embaixador Felipe A. Espil, Prof. Dr. Carlos Flexa Ribeiro e o
conselheiro Meira Penna.

O Professor Carlos Flexa
Ribeiro pronunciou duas
conferencias, que alcancaram ampia repercussáo.
Posteriormente, entre 10
e 18 de agosto, a grande
mostra foi apresentada
em Rosario, no “Museo
Juan B. Castagnino”, alcancando sucesso propor­
cional ao de Buenos Ai­
res.
Durante sua permanen­
cia na Argentina a expo­
sigáo contou com o pa­
trocinio do embaixador
Joáo Carlos Muniz e com
a colaboragáo do crítico

Jorge Romero Brest, diretor do Museo de Bellas
Artes de Buenos Aires,
bem como com a dedicagáo do Sr. Ignacio Pirovano, representante do
nosso Museu na Argen­
tina.
A 17 de setembro, a ex­
posigáo brasileira apresentava-se em Santiago
do Chile, no “Museo de
A r t e Contemporáneo”,
com a presenca do Pre­
sidente Ibañez, do Chanceler José Carlos de Macedo Soares e do Embai­
xador Mauricio Nabuco,
presidente do Museu de

Arte Moderna do Rio de
Janeiro, o qual, por ocasiáo da inauguragáo da
mostra, pronunciou im­
portante discurso, carac­
terizando a exposigáo e
as circunstancias que Ihe
deram origem, e recor­
dando, tambérn, sua ante­
rior estada no Chile como
Embaixador.
De volta ao Brasil, o Em­
baixador Nabuco concedeu oportuna entrevista á
imprensa, considerando a
exposigáo um exemplo de
como se podem entrosar
com felicidade as inicia­
tivas oficial e particular.

�Nessa entrevista, disse o
Embaixador Nabuco ter
sido um éxito completo a
apresentacáo, no Chile,
da Exposigáo, sublinhando a freqüéncia popular
de cerca de novecentas
pessoas por dia, numa cidade de populagáo relati­
vamente p o u c o densa.
Sentía - se especialmente
feliz por ter-se apresenta­
do a mostra na Quinta
Normal, em meio a urna
zona pobre da capital chi­
lena, ficando assim, a ex­
posigáo, ao alcance das
camadas operarías da po­
pulagáo santiaguina.
No decorrer da exposigáo,
em Santiago, o Secretario
Wladimir Murtinho e o
jornalista Jayme Mauri­
cio levaram a efeito, em
meio aos quadros, escul­
turas, gravuras e desenhos, um debate com
críticos e artistas chi­
lenos, o que c o n t r i b u i u significativamen­
te para o conhecimento
de nossas artes num dos
maiores centros culturáis
da América. A 6 de outubro encerrava-se a ex­
posigáo, alcangando um
total de 16.642 visitantes.
Com magnífica apresentagáo, facilitada pelos es­
pléndidos saloes do “Mu­
seo de Arte” do “Paseo
Colón” (projetado p o r
Eiffel), abriu-se a mos­
tra em Lima, Perú, a 15
de novembro, prestigiada
pela presenga do Presi­
dente Manuel Prado e do
Chanceler brasileiro, J. C.
de Macedo Soares. Mais
urna vez, e sempre com
surpreendente freqüéncia
cotidiana (num total de

6.123 visitantes) a mos­
tra, encerrada a 29 de no­
vembro, proporcionou es
treito contacto entre as
culturas peruana e brasi­
leira, sendo de notar o re­
alce emprestado ao acon­
tecimiento pela imprensa
de Lima. Apresentando a
exposigáo, o Embaixador
Orlando Leite Ribeiro, re­
presentante do Brasil no
Perú, escreveu um texto
especial para o catálogo,
delineando o espirito e as
preocupagóes da arte con­
temporánea em geral e
brasileira em particular,
bem como a natureza e
o alcance de “Arte Mo­
derno en Brasil”. Eis o
texto do nosso embaixa­
dor em Lima:
“A verificagáo dos moti­
vos que impelem o homem na diregáo da Arte
tem sido urna das preo­
cupagóes constantes daqueles que se dedicam á
pesquisa dos impulsos hu­
manos. Desde Hegel, Ribot e Grosse até aos mo­
dernos psicólogos e filóso­
fos, os estudiosos tém pro­
curado encontrar urna
razáo motora e funda­
mental para explicar o
movimento espontáneo da
criagáo artística. Seria re­
almente urna temeridade
tratar de definir com exatidáo científica as causas
geradoras que impulsionam o artista no sentido
de produzir sua obra. To­
dos, de maneira direta ou
indireta, estáo de acórdo
em que o meio físico, a
moral e as condigóes de
vida tém influéncia deci­
siva na motivagáo objetiva
do artista.

A arte moderna, submetída as agóes poderosas do
momento histórico que vi­
vemos, é urna volta ao Ho­
rnera e a seus problemas.
Se é verdade que essa arte
aparece em lugares dife­
rentes sob influxos eontraditórios, o que caracteza o arústa contemporá­
neo é a cooperagáo que
seu talento empresta á
vida, em sua busca mais
profunda do bem comum.
Varias sáo as causas que
o levam á criagáo, assim
como sáo varias as necessidades fundamentáis que
devem encontrar p a r a
conduzir a um clima pro­
picio o nascimento da
manifes'eagáo a r t í s t í ca; únicamente ao deixar
as fórmulas subjetivas
pode o artista produzir
algo digno de viver para
a posteridade.
A civilizagáo, nítidamen­
te materialista, esbogada
como solugáo para os pro­
blemas de desajustamento social e espiritual, tem
sido necessário encontrar
urna fórmula capaz de
conciliar o progresso ver­
tiginoso da era industrial
e atómica com as normas
tradicionais da cultura
ocidental, sem ferir a própria esséncia da alma hu­
mana, em sua dupla dimensáo: a pessoal e a
social.
Na adequagáo do proble­
ma acima mencionado es­
tá o trabalho do artista
moderno. A nogáo do belo
mudou muito; os objeti­
vos da arte se modifica­
ran! de tal modo que só o
homem moderno, vivendo
as vicissitudes da existén-

�Na inauguracáo da exposicáo “Arte Moderno en Brasil” em Santiago do Chile, quando discursava o Embaixador Mauricio Nabuco peíante o Presidente do Chile, General Ibanez.

cia, é capaz de entender
o que a humanidade es­
pera do artista. O espirito
científico se apoderou do
próprio sentido da vida e
desde o impressionismo
ao concretismo, passando
pelo cubismo e pelo sur­
realismo e por quantos
“ismos” existam, o artis­
ta moderno procura, com
seu trabalho, dar urna
contribuigáo individual s
felicidade coletiva. E’ pre
cisamente nessa capacidade de adesáo profunda
aos atos da criagáo, em
sua incessante renovagáo
vital, em seu ímpeto in­

terior, em seu perene im­
pulso, que se encontra a
fórga do homem criador,
para a comunicagáo de
seus bens de cultura e a
difusáo de seus ideáis,
através das distintas va­
riedades de estilos e co­
res.
Náo resta dúvida, por­
tanto, que a fungáo do
artista de hoje é essencialmente social. No caso
da “Arte Moderna no
Brasil” poderíamos dizer
que é tambérn essa a sua
origem. O Museu de Arte
Moderna do Rio de Janei­
ro — organizador da men­

cionada exposigáo — náo
é nem deseja ser um or­
ganismo estático; dirige
seu trabalho com a intengáo de ser um movimento
renovador, decidido a par­
ticipar da vida corrente
do povo e orientar o ho­
mem contemporáneo no
sentido de resolver seus
problemas de bem-estar
m a t e r i a l e espiritual.
Além da tarefa de dar
a conhecer ao homem
a arte de seus dias, o
Museu de Arte Moder­
na, tal como é con­
cebido, é o terreno mais
fecundo onde se pode

�Um ángulo da exposicáo Arte “Moderno en Brasil”, inaugurada em
Lima, Sala dos concretos: parede Volpi, Carváo e Décio Vieira.

despertar e disciplinar a
inata atividade inventiva
do ser humano.
E náo seria plausível na
época em que vivemos dar
existencia a um museu a
mais, destinado a guar­
dar quadros e esculturas,
sem sentido das necessidades da vida trepidante
de cada dia. O Museu de
Arte Moderna do Rio de
Janeiro, por sua organizacáo, pretende ser urna
espécie de Universidade
da Forma, onde todas as
manifestacoes se destinam, como última finalidade, ao maior entendi­

miento entre os povos nos
planos da cultura e da
paz.
“Arte Moderna no Bra­
sil”, é a maior exposigáo
que o Brasil já enviou ao
Exterior. Apresentada cm
Buenos Aires, Santiago e
Lima e daqui talvez em
outras capitais america­
nas, sob os auspicios e a
orientacáo da D i v i s á o
Cultural do Itamarati,
deseja ser, como o é real­
mente, urna mensagem
de amizade e compreensáo do govérno e do povo
de meu país ao govérno
e a opovo do Perú, atra­

vés da linguagem maravilhosa da Forma”.
A montagem da exposi­
cáo, bem ccmo a eonfecgáo dos catálogos, foi rea­
lizada, pessoalmente, em
Santiago e em Lima, pelo
casal Wladimir do Amaral Murtinho, incansáveis
na escolha dos locáis, na
disposigáo dos trabalhos,
nos contactos com a im­
prensa e com os intelectuais, e assim por diante.
Deve-se tambérn á gravadora Tuni Murtinho, nes­
te último ano, o progresso
rerificado na fase proviso­
ria das publicagoes do
Museu.

�VAN DER HAAGEN NO RIO

Sr. J. K. Van Der Haagen, Embaixador Mauricio Nabuco
e o Dr. Affonso Reidy.

De 29 de janeiro a 5 de fevereiro, 1957, Jan Karel van der Haagen,
cheíe da Divisáo Museus e Monumentos da UNESCO, estabeleceu,
no Rio, os contactos preparatorios do Seminário Internacional
sobre o tema “Museus e Comunidades”, que essa agencia das
Nacoes Unidas levará a efeito no Brasil, em 1958. Em menos d
um més, van der Haagen visitou Havana, Panamá, Bogotá, Lima,
Santiago do Chile, Buenos Aires, Sáo Paulo e Rio, cidades cuja
situacáo museológica, segundo suas palavras textuais, “talvez nem
sempre seja o que desejamos, porém, tanto as autoridades governamentais como os especialistas alimentam a conviccáo de que

�chegou o momento de introduzir métodos mais modernos com a
íinalidade de poderem táo maravilhosas instituigóes desempenhar,
no desenvolvimento social das comunidades, o papel que lhes foi
destinado por sua natureza”.
No Rio, van der Haagen, que estéve em permanente contacto com
a diretoria do Museu de Arte Moderna, visitou todos os museus
locáis. Pronunciou no Ministerio da Educagáo urna conferencia
sobre problemas sociais dos museus. Reuniu-se com varios museólogos e educadores. Conferenciou com os ministros da Educagáo
e das Relagóes Exteriores, com o diretor do Servigo do Patrimonio
Histórico e Artístico Nacional, com o professor Carlos Flexa Ri­
beiro, delegado do Museu de Arte Moderna junto ao ICOM e com
varias outras personalidades de nossos meios oficial e cultural.
Entre os resultados de sua visita ao Brasil, destaca-se o projeto
de temario para o estágio internacional de 1958, quando seráo
discutidos, entre outros, os problemas de utilizagáo das técnicas
de museu nos programas educacionais, da experiencia prática na
organizagáo de exposigóes permanentes e temporarias, fixas ou
itinerantes, e das relagóes entre o museu e a comunidade.
Visitando a construgáo do Museu de Arte Moderna, o Sr. van der
Haagen entusiasmou-se visivelmente pelo programa e proporgóes
da instituigáo. Durante toda sua estada no Rio mostrou o maior
interésse pela organizagáo, planejamento e execugáo dos traba­
dlos do Museu, para o qual assegurou o apoio da UNESCO, espe­
cialmente através da divisáo que dirige.

CAMPANHA DOS ESTADOS UNIDOS
Ao regressar dos Estados Uni­
dos, em dezembro de 1957, a
senhora Niomar Moniz Sodré,
diretora executiva do Museu
resumindo os objetivos da ac.áo
que desenvolveu no exterior e
apontando os resultados já
alcangados em favor da nossa
instituigáo, concedeu á im­
prensa a entrevista reproduzida abaixo.

“A campanha do Museu nos
Estados Unidos.
Deve haver equívoco na informagáo segundo a qual eu teria
levantado quatro milhóes de
dólares para o Museu de Arte
Moderna do Rio, nos Estados
Unidos. Será devido, talvez, a
alguma tradugáo defeituosa
do noticiário telegráfico. É pos-

�sível, entretanto, que no cor­
rer do tempo venhamos a obter, entre os americanos, quantia aproximada. É o que desejamos, é claro...
Niomar Moniz Sodré comeca
sua entrevista com esse esclarecimento. Era a primeira vez,
em meio ao intenso trabalho
da incessante campanha em
que se empenha, que a diretora executiva do Museu de Arte
Moderna do Rio de Janeiro encontrava alguns minutos para
falar á imprensa. Acrescentou:
— Quando falei as agencias e
aos j ornáis americanos sobre o
alto custo da obra e a situacáo
financeira do Museu, tive de
transformar em dólares os cru­
zeiros já obtidos aqui no Brasil,
dando um tc-tal de mais ou
menos quatro milltoc-s de dóla­
res. Daí terá decorrido o en­
gano.
E passa a relatar, com visível
satisfagáo, os trabalhos encetados e os resultados excelen­
tes alcangados nos Estados
Unidos. Desembarcara em No­
va York com urc programa
básico: estabelecer contato di­
reto com os presidentes de
companhias americanas com
interésse no Brasil, conforme
fizera na Europa.
— Nos Estados Unidos, natu­
ralmente — frisa — o número
era bem maior. Levava comi­
go urna lista de cento e oitenta
nomes, mas visitei apenas ciuqüenta e tres. Náo houve tem­
po material para ver todos: a
maioria das companhias estáo situadas fora de Nova
York — em Chicago, Filadélfia, no Texas, na California.
Só trabalhei em Nova York.
Por isso mesmo só pude en­

trar em contato com as mais
fortes, com algumas das quais
já mantivera conversagóes pre­
liminares, no Rio.
Niomar nos conta que o pro­
grama básico foi logo depois
transformado — para melhor.
Encontrou tamanho entusias­
mo entre seus numerosos ami­
gos americanos (diretores de
museus, colecionadores, etc.),
muitos com atividades comple­
tamente fora da órbita brasi­
leira, que tudo tomou, desde
logo, andamento inesperado.
O interésse despertado por
sua iniciativa corporificou-se
na criagáo de um comité de
amigos americanos do Museu,
registrado com o título de
“Friends of the Museum of
Modern Art of Rio de Janeiro,
Inc.”. A presidencia do comi­
té coube a Mr. William A. M.
Burden, atual presidente do
Museu de Arte Moderna de
Nova York, e personalidade de
destaque na vida oficial, fi­
nanceira, cultural e artística
dos Estados Unidos. Exerceu
altos cargos públicos e priva­
dos, como o de vice-presidente
da Corporagáo de Materiais de
Defesa (subsidiária da Corpo­
ragáo de Reconstrugáo Finan­
ceira), encarregado da Divisáo de Aviagáo das Repúblicas
Americanas, representante do
presidente Eisenhower em di­
versas ocasióes, membro da
Comissáo Consultiva de Informagáo Cultural da Comissáo
Americana de Informagoes,
etc. É tambérn grande conhecedor e colecionador de arte.
Suas casas de residencia, lo­
cáis de trabalho, seus movéis
sáo projetados pelos melhores
arquitetos modernos, entre os
quais Philip Johnson.

�CONDECORADO DE MR. WILLIAM BURDEN — Pres. Juscelino Kubits­
chek, Mr. William M. Burden, Embaixador Ellis O. Briggs, Sra. Niomar
Moniz Sodré.

Antecipando a chegada de sua
diretora aos EE.UU., o Museu
do Rio já mandara confeccio­
nar belíssimo catálogo em in­
glés, primeiro passo da gran­
de “promocáo” em favor do
Museu — urna pequeña obraprima gráfica, contendo pro­
grama cultural, detalhes da
obra, custo total, despesas rea­
lizadas, pormenores sobre os
cursos e muitas outras informacóes referentes ao alcance
e á significacáo do empreendimento.

americana, etc. Ai a parte mais
árdua do trabalho. A documentagáo tinha que ser enviada do
Rio, rápidamente traduzida
para o inglés e encaminhada
para registro. Pedidos urgen­
tes, cabogramas, telefonemas,
tudo dentro da maior expecta­
tiva: urna ponte Rio-Nova
York foi estabelecida, corren­
do num e noutro sentido esta­
tutos, regimentó interno, balangos, documentagáo sobre as
atividades culturáis, atas de
eleigáo da diretoria, etc.

Para concretizar a idéia de
formar o comité, era necessário documentagáo precisando
a personalidade jurídica, ar­
tística, didática, social do mu­
seu, a fim de obter o reconhecimento oficial da sociedade

— Tarefa das mais difíceis —
disse-nos Niomar — mas tudo
saiu muito bem. Gragas aos
esforgos do sr. Erik de Carvalho, da Varig, tudo o que era
enviado do Rio chegava m e ­
diatamente a Nova York, atra-

�Sra. Niomar Moniz Sodré e a jornalista Aliene Talmey Plant, urna
das diretoras da revista “Yogue”.

vés do sr. Mauricio Soares. Das
minlias máos, a documentagáo
passava a um tradutor profissional, que as vézes trabalhava doze horas do dia ou da
noite. Déle passava-se ao advogado, tambérn membro do
Comité, sr. Oren Root, profissional dos mais competentes
que, entusiasmado com a rapi­
dez do nosso trabalho, também deu o melhor de suas
energías, de modo a conseguirmos em tempo “record” a legalizagáo do Museu nos Esta­
dos Unidos. Um trabalho que
normalmente levaria de oito a
doze meses, foi realizado em
menos de dois. Através de urna
operagáo difícil, alcancamos do
Tesouro Americano o privilégio
da tax exemption, segundo o

qual as doagoes feitas nos EUA
ao nosso Museu seráo descon­
tadas do impósto de renda. Foi
algo de extraordinario, a maior
Vitoria que obtivemos nos Esta­
dos Unidos. Segundo já disse
um de nossos diretores — Aloysio de Salles — é o próprio Es­
tado americano ajudando o
Museu carioca, é o povo ame­
ricano ajudando a erguer esta
obra.
A criagáo do Comité foi come­
morada com urna recepgáo no
Guest House do Museu de No­
va York e o acontecimento alcangou grande publicidade.
Notamos a maior gratidáo pela
repercussáo alcangada por sua
iniciativa nos Estados Unidos.

�Falou-nos com entusiasmo do
ambiente cultural americano.
Parece-dhe extraordinaria' a
importancia d a d a , naquele
país, a tudo que é cultura.
— Compreendem perfeitamente que um país sem mu­
seus, sem escolas técnicas,
sem arte, sem cultura, em geral, náo se pode desenvolver
económicamente. Sabem,a fun­
do, ser a cultura como o pao,
algo de vital. Talvez se encon­
tré nessa importancia dada á
cultura, as artes em parti­
cular, a explicagáo essencial do
incrível desenvolvimento dos
Estados Unidos. Se o govérno
faz muito nesse sentido, muito
mais ainda fazem os particula­
res. Os governantes, lá, exaíamente ao contrario do que é
usual no Brasil, tudo fazem
para facilitar as iniciativas
privadas dirigidas ao campo
cultural. Num país em que os
impostos sáo tremendos (há
pessoas que entregam ao go­
vérno 97% do que recebem) as
obras de arte entram livremente, para museus e para
particulares, tudo resultando
em imenso beneficio para a
nagáo.
Niomar fala, tambérn., na vida
artística americana, nos últi­
mos acontecimentos. A escassez do tempo nos obriga a
abreviar. Lembrando-nos, de
passagem, a próxima inaugu­
ragáo do bloco dos cursos da
sede definitiva, no atérro con­
tiguo á Avenida Beira-Mar, a
diretora do Museu desfaz mais
um pequeño equívoco acérca
de suas declaragóes á impren­
sa americana:
— Numa entrevista que dei
em Nova York, falando sobre
o surto atual das artes no
Brasil, disse que eu mesma,
antes de ir pela primeira vez
aos Estados Unidos, em 1941,

só conhecia Van Gogh, Cézanne e outros mestres através de
reprodugóes. Os primeiros ori­
gináis désses artistas, vi-os na
National Gallery. E frisei que
hoje gragas ao museu do Rio,
aos de Sáo Paulo, e as Bienais,
os brasileiros podem ver origi­
náis de maior importancia sem
sair do país. Aquí me interpre­
taran! como se eu tivesse dito
que, antes da existéncia do
Museu de Arte Moderna, ninguém no Rio conhecia Cézanne, Van Gogh e outros...
Náo era possível perguntar
mais naquela incrível movimentagáo de operários e fun­
cionarios, reclamando instrugóes, pedindo aprovacóes, etc.
Arriscamos, entretanto, alcangar mais esclarecimentos so­
bre a próxima inauguragáo do
dia 27.
— Será urna grande data para
nós todos, náo tenho dúvidas.
Estamos trabalhando como
nunca. A inauguragáo será
um éxito e todos poderáo ver
de perto o que já consegui­
mos realizar até agora. O tra­
balho é fatigante e intenso,
porém, agradável. Todos colaboram, todos dáo tudo, na me­
dida do possível e do impossível até. Isso anima, estimula.
No dia 27 será inaugurada
apenas a parte dos cursos do
Museu — urna área considerável onde o Museu funciona­
rá, ainda urna vez provisoria­
mente, até que tenhamos cons­
truido a sede toda, o que, es­
pero, acontecerá dentro de
pouco tempo. Mas isso já é um
outro assunto que levaría mui­
to tempo explicando. O que é
importante agora, o que é urna
espléndida realidade é que já
estamos aquí, em casa própria,
onde vamos receber festiva­
mente no dia 27 todos os que
nos deram o seu apoio, todos
os nossos associados e os nossos amigos.”

�O MUSEU E A IV BIENAL

Sáo Paulo, Brasil, de setembro a dezembro, 1957 — Centro Inter­
nacional das Artes Visuais. Equiparando-se, na opiniáo de muitos,
a de Veneza, a Bienal de Sáo Paulo, firma, em bases cada vez mais

sólidas, a iniciativa do museu paulista de Arte Moderna gragas
aos esforcos de Francisco Matarazzo Sobrinho e seus colaboradores.
Quarta Bienal: um público que incluía visitantes de todas as regióes do Brasil e turistas de varios países, sentindo diretamente
o que de mais significativo se está realizando na arte de quarenta
e cinco nagoes. Encontró de artistas, críticos, estudiosos, amado­
res, grande público; debates; conferencias; visitas organizadas.
Tomou parte do Júri Internacional de Premiagáo o Professor
Carlos Fléxa Ribeiro como representante do Museu de Arte Mo­
derna do Rio de Janeiro. Tambérn a escultora Maria Martins,
membro do Conselho Deliberativo da nossa instituigáo fez parte
do Júri.

Sr. Jacques Lassaigne (delegado da Franca á IV Bienal de Sáo
Paulo), Professor Carlos Flexa Ribeiro e sra.

�Visita ás obras — 4 grandes da Bienal: Mr. Maree! Breuer, Sir Philip
Henry, Mr. Philip Johnson e Mr. Alfred Barr Jr, — Nesta data foi
oferecido o primeiro cocktail á Imprensa na sede do Museu
de Arte Moderna do Rio de Janeiro. — Visita á maquete do Museu
— Prof. Ludwig Grote, delegado da Alemanha á IV Bienal de Sáo
Paulo, Sr. Von Bayme, adido cultural da Embaixada da Alemanha,
arquiteto Affonso Reidy e o representante do “New York Times”

D C

O Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro emprestou todo o
seu apoio á Quarta Bienal. Durante meses a Secretaria estéve
atarefada com os problemas de recebimento, registro, seguro e
transporte dos trabalhos enviados pelos artistas do Rio, conti­
nuando, assim, urna colaboracáo mútua que já data de vários anos.
Além disso, o nosso Museu participou diretamente da Quarta
Bienal instituindo mais urna vez quatro premios de aquisigáo,
assim atribuidos pelo júri internacional.

Pintura brasileira:
Escultura brasileira:

Tereza Nicolao.
Zélia Salgado.

Gravura brasileira:

Rossíni Pérez.

Desenho brasileiro:

Aldemir Martins.

�Homenagem
ENGENHEIRO PAULO FONTES

f

A 1/2/57, em lamentável acídente num dos elevadores do próprio
Ministério, faleceu o engenheiro Paulo Fontes, administrador do
Edificio do Ministério da Educagáo. Poucos conhecem as dificuldades encontradas por ocasiáo da instalagáo da sede provisoria
do Museu. Problemas de toda ordem, falta de recurso —
tudo teña sido irremovível náo fósse a dedicagáo do engenheiro
Paulo Fontes, cuja energía e dinamismo sempre se colocaram ao
lado do Museu.

EMBAIXADOR BERENGUER CESAR f

O Embaixador Jacomo Baggio de Berenguer Cesar, cujo falecimento verificou-se a 3/11/57, era um diplomata de fina estirpe,
homem de inteligencia e sensibilidade, grande amigo das artes em
geral e do Museu em particular, Enquanto cónsul geral em Nova
York e Embaixador em Montevidéu, Jaquito — como o conheciam
os íntimos — prestou grandes servigos á causa do Museu. Náo Ihe
permitiu o destino assistir, conforme desejava, á inauguragáo da
sede própria. Urna de suas últimas iniciativas, entretanto, foi mais
urna vez, significativamente, em prol das artes, proporcionando
aos gravadores brasileiros, em Montevidéu, a mais completa mos­
tra dessa natureza que já enviamos ao exterior. A morte de Be­
renguer Cesar deixa um vazio difícil de ser preenchido, tanto na
diplomacia como na cultura brasileiras.

MINISTRO SIMOES FILHO

f

A 25 de novembro de 1957 falecia nesta Capital o Ministro
Ernesto Simoes Filho, marcante figura da política, da cultura e
do jornahsmo nacionais. O Diretor de “A Tarde”, foi Ministro da
Educagáo. O nome do Ministro Simoes Filho estará sempre ligado
á historia do Museu, pois foi durante sua gestáo na pasta que
obtivemos a concessáo, por cinco anos, do local entre os “pilotis”
do Edificio do Ministério, á Rúa da Imprensa 16-A. Foi ainda o
Ministro Simoes Filho quem inaugurou, em nome do Presidente
da República, a sede provisoria do Museu, proferindo, na ocasiáo,
discurso de grande importancia para os artistas de hoje, cuja luta
encontrava na palavra do titular da pasta da Cultura, apoio e
ccmpreensáo.

�Lasar Segall
A morte de Lasar Segall privou a arte moderna — e náo
apenas a brasileira — de um
dos seus mais nobres protago­
nistas.
Segall impós-se desde cedo,
náo só pela seguranca e qualidade dos seus trabalhos, mas
pela extraordinária delicadeza
e perfeita autenticidade de sua
consciencia de artista. Nada
no seu trabalho correspondía
a ésse desejo de impor-se ao
público e ver-se aplaudido, que
existe muitas vézes em gran­
des criadores, mas é sempre,
mesmo néles, urna limitagáo
espiritual e a fonte secreta de
certas fragilidades e impure­
zas da criagáo.
Segall procurava resposta a
estímulos e interrogagóes vindos da sua própria consciencia,
e era sob ésse aspecto, náo um
artista polémico, em debate
aberto com as tendéncias e
experiéncias da sua época,
mas um espirito em debate
consigo mesmo, procurando,
através da sua visáo própria,
a realizagáo artística que tornasse a sua visáo do mundo
acessível de um modo univer­
sal.
Isso náo quer dizer que Segall
tenha sido um pintor isolado
das experiéncias excepcional­
mente ricas do seu tempo,
nem que as suas criagóes ti-

vessem um sentido introspec­
tivo. Pelo contrário, sua inteligéncia estéve sempre ocupa­
da em entender e avaliar o
vasto processo de libertagáo e
renovagáo das artes visuais,
iniciado com os pintores impressionistas e ainda hoje sofrendo transformagóes dialétícas formidáveis. Conhecia a
contribuigáo de cada escola,
incorporava o que Ihe parecía
capaz de instrumentar sua
própria maneira, mas poucos
artistas se teráo conservado
táo profundamente fiéis, quan­
to éle, a um núcleo constante,
formado por urna visáo quase
inalterável das coisas e por
certos critérios de forma e de
expressáo, que constituiam a
sua estética.
Tambérn náo era introspecti­
vo. Como verdadeiro pintor,
era atraído pelos objetos, pro­
curava captá-los no que ver­
daderamente sáo, ao invés de
servir-se déles como meios de
adjetivagáo dos próprios esta­
dos de espirito. Apenas, essa
objetividade, essa busca de
urna realidade plástica exte­
rior, estava poderosamente
condicionada pelo prisma que
é a consciéncia do artista, e a
obra de arte resultante expri­
mía urna equagáo entre coisas
visualizadas (que m u d a m
constantemente) e o artista
visualizante (que as contem­
pla de um ponto quase imóvel).

�Há artistas plásticos a propó­
sito dos quais náo temos tanta
inclinagáo a falar em “con­
templar”, como em “fabricar”.
Um quadro, urna escultura,
contém contemplagáo e fabricagáo, isto é, urna apreensáo
visual da realidade e a cons­
trugáo de um objeto (formas,
cores, relagoes, volumes) em
que aquela realidade, pela eflcácia da criagáo artística, se
converte.
Há artistas que nos comovem
mais pela potencia da constru­
gáo com que se exprimem, e
há artistas que nos transmitem
com maior intensidade ainda,
aquela visáo das coisas com
que se inicia (e em que se en­
cerra) a peripécia da criagáo.
Segall, sendo um pintor com­
pleto, náo podía deixar de
possuir, num pleno equilibrio,
ésses dois elementos indissolúveis de que se forma toda arte
visual, mas náo há talvez impropriedade em situá-lo entre
os pintores que nos transmi­
tem, com intensidade predomi­
nante, a sua visáo da realida­
de, abrangendo nessa idéia náo
apenas a apreensáo própriamente visual, mas certa intuigáo da natureza e do destino
das coisas por éles observadas.
Desde o Segall de Vilna ao de
Dresde e ao do Brasil, sua visualizagáo da realidade se
manteve fiel a urna perspecti­
va, cujas raízes deviam estar
plantadas na parte mais pro­
funda e inalterável do seu ser.

O trago dominante dessa vi­
sáo era, a meu ver, o sentimento do isolamento irreparável
entre os seres, quer criaturas
humanas, quer objetos inani­
mados. Tudo que existe pare­
ce, nos seus quadros, condena­
do a essa solidáo. As pessoas
náo convergem — nem na
construgáo temática, nem na
disposigáo plástica do quadro
— para um ponto, ou operagáo, que as aproxime, e que
crie entre elas urna correspon­
dencia ou unidade. Tudo coe­
xiste, mas cada ser involucra­
do na sua solidáo, opaco aos
demais.
Onde ésse sentido de isolamen­
to e impenetrabilidade assume,
na obra de Segall, acento trá­
gico, é nos seus parea amoro­
sos. Centrados em si mesmos,
éles nada exprimem dessa
uniáo substancial a que todo
amor aspira, mas revelam o
isolamento irreparável dos séres prisioneiros das limitagóes
da existéncia individual.
Ésse sentido da impenetrabili­
dade deve ter tido algo que
ver com a descoberta de Cam­
pos do Jordáo, onde Lasar Se­
gall se féz o grande animalista,
pintor sobretudo de bois. E’ no
animal que a opacidade atinge,
se assim podemos dizer, á plenitude, e Segall a exprimiu es­
tupendamente nos seus ani­
máis imóveis, estáticos, de for­
mas sintéticas, reunidos na
composigáo dos seus quadros,
e entretanto separados.
Todo ésse mundo compartímentado pela solidáo dos séres

�que o compóem, náo é, porém,
na obra de Segall algo de prostrado e de isento de inspiracáo.
Pelo contrário déle se eleva
um frémito de esperanga. Esse
frémito é sensível sobretudo
lias grandes composicoes, que
Ihe í'oram sugeridas pelos epi­
sodios do sofrimento humano,
como a “guerra”, o “éxodo”, e
sobretudo o “pogrom”.
No abandono implacável em
que jazem, na calma da destruigáo já consumada, ésses
séres jovens do “pogrom”,
quem náo pressente a expecta­
tiva tranqüila da ressurreigáo?
Náo pode tambérn ser esquecida a nobreza constante do
homem de Segall. Mesmo
prostituta hirta, na sua es­
pera sem expectativa, ou marinheiro absorto sem ver a mulher que tem no colo, ou imi­
grante aniquilado contra as
linhas e volumes de um navio
espiritualizado em paisagem
ou mulher bela tornada anó­
nima na multidáo de imigran­
tes que a absorve, o homem de
Segall é sempre um ser susten­
tado por dentro, de que a cir­
cunstancia, ou a vizinhanga de
outras formas, náo consegue
romper a integridade. E essa
integridade, ésse decoro, reinam em siléncio ñas cabegas
judaicas, em que Segall parece
redescobrir a lembranga pater­
na — urna síntese de dois atri­
butos da grandeza rabínica:
rotina e espiritualidade.
Mas falemos tambérn um pouco do modo como Segall cons­

truía ésses quadros, em que
vazava sua visualizagáo das
coisas. O própria Segall revelou a um dos seus críticos a
importancia que teve para éle,
olhar a paisagem através de
pedagos de vidro colorido. As
mesmas coisas vistas através
do vermelho, do azul, do amarelo, do verde, náo perdiam sua
diversidade de cores relativa,
mas mudavam de valor por se
fundirem no que poderíamos
chamar um “múltiplo cromá­
tico comum”.
Sua pintura reproduzida, num
nivel superior de liberdade e
de possibilidades, essa técnica
de filtragem cromática, tra­
tando numa escala de tons ho­
mogéneos os valores mais di­
versos. E longe de resultar daí
um empobrecimento, resultava
um refinamento dos meios de
expressáo.
E’ sabido que a morte, pondo
seu sélo ao fécho da vida do
pensador ou do artista, fornece o módulo para que a possamos interpretar e medir. A interpretagáo da obra de Segall
comega neste instante a poder
ser feita, já sem aquéle imperinente sabor de conselho, que
há em tudo que se diz sobre
artista vivo, e sim com a humildade com que se julga aquilo que pertence á historia.
Segall pertence á historia. Nela
suas dimensóes parecem ser
bem aquelas que pressentíamos no grande homem vivo.
F. C. de San Tiago Dantas

�O QUE O MUSEU OFERECE AOS SEUS SOCIOS

Convite para todas as inaugurales.
Entrada gratuita ñas exposicoes, mediante apresentacáo da earteira de socio.
Direito de inscrever-se em qualquer dos seus cursos.
Convite para conferencias e todas as iniciativas do Museu.
15% de abatimento na aquisicáo de livros, reproducoes, desenhos
e catálogos das exposicoes.
Éste Boletim gratuito.
Participagáo ñas atividades do setor Cinema do Museu, realizadas
na A .B.I.

EXPOSICAO RETROSPECTIVA VOLPI — Sis. Altiísio Carváo, Alfredo
Volpi (o expositor), Mario Pedrosa, Jayme Mauideio e Lygia Clark.

�Conferencias

Durante a exposicáo Volpi, realizaram-se as seguintes:
a — Em 27 de junho de 1957 — “Desenvolvimento de um artista”,
por Mario Pedrosa.

b — Em 4 de julho de 1957 — “Urna fase da pintura de Volpi”,
por Mario Schenberg.
Ern 4 de outubro de 1957 — “Chagall”, por Jacques Lassaigne.
Em 10 de outubro de 1957 — Durante a retrospectiva de Livio
Abramo, houve um debate sobre a gravura, no qual participaram
diversos grava dores: Fayga Ostrower, Oswaldo Goeldi, Livio Abra­
mo, Ana Letyeia, Darel Val enea e outros.
Em 20 de dezembro de 1957 — Palestra com projecoes sobre arteamericana por Lawrence A. Fleischman.

EXPOSICAO LIVIO ABRAMO — Sra. Fayga Ostrower, Franz Kracjberg, Lygia Clark e Jorge de Oteiza.

�ENSINO ARTÍSTICO

Cursos — 1958
Atelier Livre de Pintura — Aluísio Carváo
Segunda-feira de 16.00 as 18,00 hs.
Quinta-feira de 16,00 as 18,00 hs.
Pintura — Edson Motta
Terga-feira de 8,30 as 10,00 hs.
Terga-feira de 10,00 as 11,30 hs.
Iniciagao e Orientacao — Zélia Salgado
Quarta-feira de 13,00 as 14,30 hs.
Quarta-feira de 14,30 as 16,00 hs.
Quarta-feira de 16,00 as 17,30 hs.
Composigáo e Análise Crítica — Fayga Ostrower
Quinta-feira de 18,00 as 19,30 hs.
Pintura para criancas — Ivan Serpa
Sábado de 14,00 as 16,00 hs.
Sábado de 16,00 ás 18,00 hs.

Éstes cursos já estáo sendo ministrados na nova sede
do Museu.
Em 1957 tivemos os seguintes cursos, ainda no barracáo:
Pintura — Edson Motta
Atelier Livre de Pintura — Ivan Serpa
Iniciagao e orientagáo — Zélia Salgado
Composigáo e Análise Critica — Fayga Ostrower
Pintura para criangas — Ivan Serpa

�E X P O S ig o E S E M 1957

EXPOSICAO DO PATRIMONIO DO MUSEU — Sita. Maria da Gloria
Drummond de Andrade e o Sr. Manuel Bandeira.

Dr. Alim Pedro e Dr. Joáo Café Filho, quando recebiam da Diretoria
do Museu os títulos de Socios Beneméritos.

�Exposicoes em 1957
Patrimonio
15 de janeiro a 31 de m arg o ....................
Tapegarias de Genaro
4 a 21 de abril
31 tapegarias ............................................
Gravura s de Hayter
25 de abril a 12 de maio
59 gravuras — 10 desenhos....................
Fotografías de Fulvio Roiter
16 de maio a 2 de junho
40 fotografías e 8 reprodugoes em cores ..
Retrospectiva Alfredo Volpi
6 de junho a 7 de julho
60 p in tu ra s...............................................
Dois artistas uruguaios
11 de julho a 4 de agosto
21 pinturas de Maria Freire
21 pinturas de José Pedro Costigliolo---Tapetes argentinos
8 de agosto a l.° de setembro
8 tapetes de Lucrecia Moyano Muniz . . . .
Desenho humorístico de Millor Fernandes
5 a 29 de setembro
49 desenhos ..............................................
Retrospectiva Livio Abramo
3 de outubro a 10 de novembro
156 gravuras e desenhos ........................
Cartazos para exposigoes de arte
13 a 24 de novembro
51 cartazes • Picasso, Braque, Maria,
Léger, Toulouse Lautrec e outros .........
6.a Exposigáo de Pintura de Crianga
28 de novembro a 15 de dezembro
51 expositores — 91 trabalhos.................
Colegáo Fleischman
19 de dezembro a 5 de janeiro de 1958
55 pinturas — 6 esculturas ....................
Total anual de freqüéncia a exposigoes..

F re q ü é n c ia

4.658
3.770
2.964
3.698
3.990

3.240
3.096
4.770
3.300

2.740
2.522
2.304
41.044

Exposigáo de Trabalhos Infantís
Em margo, realizou-se urna exposigáo de pinturas e de­
senhos dos alunos de Ivan Serpa, em Goiás.

�EXPOSICAO GENARO DE CARVALHO — Tapecaria — Sia. Niomar
Moniz Sodré com o casal Genaro de Carvalho.

EXPOSICAO TAPETES ARGENTINOS — Dra. Carmen Portinho;
Sra. Lucrecia Moyano Muniz e o Dr. Nelson Faria Baptista.

�EXPOSICAO DE GRAVURAS HAYTER — Rossini Perez
e Vera Tormenta.

EXPOSICAO DE FOTOGRAFIAS DE FULVIO ROITER —
Ministro Sette Cámara, Fulvio Roiter e Paulo Tarso.

�EXPOSIQAO DAS CRIANZAS — 1957 — Prof. Ivan Serpa — Dois dos trabalhos
expostos na 6.a Exposicáo de Pintura de Criancas e urna jovem visitante.

�CINEMA DO MUSEU

As sessoes de Cinema do Museu sáo semanais, todas as tercasfeiras de cada mes, as 18 horas, no Auditorio da A .B.I.
Os socios efetivos e contribuintes deveráo apresentar á entrada
o cartáo da “Cinemateca” devidamente atualizado.
1957 foi um ano decisivo para o setor “cinema” das atividades do
Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro. Até fins de 1956, o
Museu promovia duas sessoes mensais, cujo programa impresso
constava da ficha técnica do filme e de um pequeño comentario.
A partir de janeiro de 1957, as sessoes passaram a ser semanais.
O pi ograma transformou-se em Boletim mensal, com reproducoes
fotográficas e comentarios sobre todas as películas a serem apre­
sentadas durante o mes. O Boletim foi evoluindo, mes após mes,
até transformar-se em pequeña revista, de farto material, dis­
tribuida a toda a crítica do Rio, a instituicóes congéneres do ex­
terior, aos cine-clubes de todo o país e a figuras especialmente
ligadas ao meio cinematográfico. Com o fim de auxiliar a impressáo em maior escala, o Boletim passou a ser vendido, a partir
de Setembro, ao prego de dez cruzeiros o exemplar.
O que é hoje simplesmente “cinema do Museu” será, amanhá, a
Cinemateca do Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro. Foram
realizados até entáo, vários “ciclos” de repercussáo nacional, com
a apresentagáo de numerosos filmes, inclusive de arte e documentários. Comemorando o segundo aniversário do Cinema do Museu,
realizou-se, em julho, urna programagáo intensiva de sete sessóes,
entre as quais, duas pré-estréias.
Até o fim do ano, mais tres pré-estréias foram apresentadas.
Os socios do Museu acompanharam, em 1957, doze ciclos especiáis,
assistindo, dentro ou fora dos ciclos, a 58 películas de longa metragem e 41 filmes de arte e documentários. Um vasto programa
que atesta a operosidade do setor de cinema do Museu.
A fim de obter a inscricáo da Cinemateca do Museu na FIAF (“Fédération Internationale des Archives du Film”) e plañe jar sua
organizagáo, pleiteando o apoio das entidades congéneres de todo
o mundo, viajaram para a Europa os senhores Ruy Pereira da
Silva e Antonio Moniz Vianna. A inscrigáo já ficou acertada, em
caráter provisorio, ficando a efetivacáo para logo que esteja em
plena atividade a Cinemateca do Museu de Arte Moderna do Rio
de Janeiro.

�Atriz cinematográfica Janet Gaynor, Adrián, D. Niomar
Moniz Scdré e Dr. Henrique Mindlin. — 28-8-57.

Sr. Henrique Baez, Diretor da United Artists e o Sr. Ruy
Pereira da Silva.

�Foram os seguintes os filmes exibidos pelo Museu
durante o ano de 1957:

Ciclo Charles Chaplin
“Dia Chuvoso”.
“O Novo Emprégo”.
“O Gás Hilariante”.
“Sucessos do Passado”.
“Pintor Apaixonado”.
“Que Farra”.
“A Procura de urna Hospedaría”.
“O Campeao de Box”.
“Garlitos no Parque”.
“Garlitos o impostor”.
“Carlitos e os Facínoras”.
Ciclo biografías
“Rasput.in”, de Marcel L’Herbier.
“Mayerling”, de Anatole Litvak.
“Sede de Viver”, de Vincent Minneli.
“Moulin Rouge”, de John Huston.
“María Antonieta”, de S. Van Dyke II.
“Meu Reino por um Amor”, de Michel
Ciclo Alfred Hitchcock
“Pacto Sinistro.
“A Tortura do Silencio”.
“Pavor nos Bastidores”.
“Janela Indiscreta”.
Ciclo Robert Bresson
“Arijos do Pecado”.
“Les Dames du Bois de Boulogne”.
Ciclo dez anos de cinema italiano
“O Moinho do Pó”, de Lattuada.
“Milagre em Miláo”, de De Sica.
“Umberto D”, de De Sica.
“Quando a Mulher Erra”, de De Sica.
“Mulheres e Luzes”, de Fellini e Lattuada.
“Domingo de Veráo”, de Luciano Emmer.
“Na Estrada da Vida”, de Fellini.
“Europa 51”, de Rosselini.
“Roma ás 11 Horas”, de Lattuada.

Ciclo John Huston — continuando
“Moulin Rouge”.
“O Diabo Riu por último”.
“Trés Desconhecidos” — Roteiro de Huston.
Ciclo Sam Wood
“Em cada Coragao um Pecado”.
“Mulher Exótica”.
Sessoes especiáis
“Cinemaníaco”, de Harold Lloyd.
“Crepúsculo dos Deuses”, de Billy Wilder.
“Velhas Lendas Tchecas”, de Jiri Trnka.

�Ciclo cinema clássico
“O Couracado Potemkin”, de Eisenstein.
“L'Arlesienne”, de André Paul Antoine.
“Le Grand Méliés” de Georges Franju.
“La Premiére Sortie d’un Collégien”, de Max Linder.
“Mater Dolorosa”, de Abel Gance.
“Sa Tete”, de Jean Epstein.
Ciclo gángster
“O último Refúgio”, de Raoul Walsh.
“Heróis Esquecidos”, de Walsh.
“A Beira do Abismo”, de Howard Hawks.
“Furia Sanguinaria”, de Walsh.
“Talhado para Campeao”, de Michael Curtiz.
“Um Prego para cada Crime”, de Bretaigne Windust.
“Contra o Império do Crime”, de William Keighley.
“Os Corruptos”, de Fritz Lang.
Ciclo cinema e teatro
“Julio Cesar”, de Mankiewicz.
“L’Arlesienne”, de Antoine.
“Romeu e Julieta”, de Castellani.
“Tara Maldita”, de Melvyn Le Roy.
“Cruel Desengaño”, de Fred Zinnemann.
“Romeu e Julieta”, de George Cukor.
“Dizem que é Pecado”, de Mankiewicz.
“Caricia Fatal”, de Milestone.
“Vitoria Amarga”, de Goulding.
“Leito Nupcial”, de Irving Reis.
“A Importancia de Ser Ernesto”, de Asquith.
“Meu Amigo, Amélia e Eu”, de Autant-Lara.
Ciclo cinema inglés contemporáneo
“O Condenado”, de Carol Reed.
“Desencanto”, de David Lean.
“A Importancia de ser Ernesto”, de Asquith.
“ídolo Caído”, de Reed.
“Sublime Tentagáo”, de William Wyler — Comemorativa do se­
gundo centenario do cinema do Museu.
“Quando o Coragáo Floresce”, de David Lean.
“O Baláo Vermelho e Crina Branca”, de A. Lamorisse.
“Ana Pavlova, a Historia do Meu Passado” — Comemorativa da
íusáo com o Centro de Cultura Cinematográfica.

O Museu agradece á Associagáo Brasileira de Imprensa, as Embaixadas dos países produtores e as empresas distribuidoras a
constante cooperacáo para o éxito de nossa programacáo cine­
matográfica.

�Sra. Niomar Moniz Sodré, Dr. Clovis Salgado, Ministro
da Educa§áo e o Embaixador do Chile, Dr. Raúl Bazán.
d’Avila.

Atriz Dulcina de Moraes e um grupo de artistas amado­
res. Diretor do Museu Histórico Nacional, Sr. Antonio
Souza Mello Jr. e a Sra. Nicmar Moniz Sodré.

�M em bros do júri do Concurso do P lan o P iloto de B rasilia e D iretores da C om panhia
U rbanizadora da n ova cap ital.

Jaym e M auricio, Sr. W illiam H olford, Dra.. Carm en P ortin ho, Sra. N irm ar M oniz S o ­
dré, Sr. Ernesto Silva, Dr. A ffon so Eduardo R eidy, Dr. M arcelo Roberto, D r.H enrique
M indlin, Dr. José Faria, Sr. André Sive, Dr. Joáo Carlos V ital.

�Prof.
Sra.
Sr.

Carlos F lex a R ibeiro,
N iom ar M oniz
R aym ond

Sodré,

Cartier,

Sr.

N eh em ias Gueiros, Sra. R osie
Cartier e o Sr. Jaym e M au­
ricio. — 28-3-57.

O a rtista fra n cés M arcel
M arceau e Lourdes
tos. — 17-6-57.

B a s­

�Em baixador M auricio Nabuco, G al. Edgard A m aral, C oronel Mario
K aphael da C unha, P resid en te Craveiro Lopes, Dr. A ffon so R eidy,
M inistro P aulo C unha e Dr. A loysio de Salles, 11-6-57.

P resid en te Craveiro Lopes, M inistro P aulo C unha e o
E m baixador A ntonio de Faria, recebem esclarecim en tos
do Dr. A loysio de S alles (V ice-P resid en te) sobre o projeto
da n ova sede. — 11-6-57.

�Dra. Carm en P ortinho, Fierre Se¡rhers (poeta fia n e e s ),
e o Dr. R oberto A sum pcáo — 29-7-57.

�P in tor B ritán ico H aym an C h a ffey e o Dr. A ntonio C allado. — 5-8-57.

Sr. N elson F aria B a p tista , Sr. R oger G uedon, Sra. N iom ar M oniz
Sodré, Sr. P h ilip e E tien n e Béraut,. Sr. Z ulfo de F reita s M allm an
e o Sr. M árcio A lves. — 21-8-57.

�C om positor V illa Lobos

fe

C enógrafo F élix Labisse, p intoras Lygia Clark e Zélia Salgado, p intora
A nita M alfatti e o Sr. Jaym e M auricio. — 16-8-57.

�A

O A rquiteto A ffon so E. R eidy e um grupo de alu n os da
F acu ld ade N acion al de A rquitetura. — 30-8-57.

A rquiteto M auricio Roberto, P resid en te do In stitu to de
A rquitetura. — 30-8-57.

�Arquiteto Mies Van der Robe e seu assistente, arquiteto Aífmiso E. Reidy e Renato Fcrreira (le Sá. — G-12-57.

A lunes do Curso de In tro d u cto á M useologia
da D ivisáo E xtra-E scolar do M inistério da
E ducacáo e Cultura, ven d o-se en tre outros,
M athiíde Pereira de Sousa, D. Maria E arreto e Lourdes de S. B astos. — 12-12-57.

�A rquiteto H. R. H itchcock , Dr. H enrique E. M indlin,
jo rn a lista Miró Q uesada e o en gen h eiro Dr. F uad M atta.
— 27-9-57

M em bros do grupo “N ueva V ision ”, A rquiteto H orácio
B aliero e C arm em Córdova Baliero. — 27-9-57.

�ESTIMATIVA ORNAMENTARIA PARA O
EXERCÍCIO DE 1958

Receita estimada ...................................
Despesa orgada ......................................

Cr$ 5.710.000,00
Cr$ 4.940.000,00

Superávit previsto .................................

Cr$

770.000,00

RECEITA
Mensalidades cm atrazo ........................
Mensalidades dos Socios Contribuintes..
Socios Remidos .......................................
Socios Beneméritos ...............................
Juros Contas Bancárias ........................
Rendas Eventuais ...................................

Cr$
380.000,00
Cr$ 1.100.000,00
Cr§
900.000,00
Cr$ 2.950.000,00
Ci$
250.000,00
Cr$
130.000,00
Cr$ 5.710.000,00

DESPESA
Despesas Administrativas:
Pessoal ....................................................
Instituto de Previdencia ........................
Seguros ...................................................
Conservagáo do Edificio ........................
Despesas Gerais de Administragáo, incluindo todas as Exposicoes a serem
realizadas no ano em c u rs o ...........

Cr§ 1.620.000,00
Cr§
180.000,00
Cr$
500.000,00
Cr$
350.000,00

Cr§ 2.290.000,00
Cr§ 4.940.000,00

As despesas referentes á construgáo da nova sede sáo reme­
tidas semestralmente a todos os socios, em relatónos Avulsos.

�CAMPANHA DO MAIS UM
Prosseguindo em seu constante empenho de aumentar o quadro
social, o Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro langou com
grande éxito, a “Campanha do Mais Um”, através da qual
cada socio trará ao convivio do Museu mais um elemento
(ou dois, ou tres) para participar, diretamente, de nossa obra
comum em prol da integracáo das artes visuais no contexto de
nossa época e da realidade brasileira. O Museu confia que cada
socio dedicado á Campanha, se transforme em verdadeiro batalhador, mostrando a parentes, amigos, vizinhos e colegas de estudo e de trabalho o que é, e o que vai ser, o Museu de Arte Mo­
derna do Rio de Janeiro, suas atividades realizadas e programadas,
seu papel na evolugáo da arte e da técnica no Brasil de hoje e de
amanhá — sem esquecer as vantagens imediatas oferecidas a
quem é socio do Museu.
Faca de seu amigo, agora,
mais um socio do Museu de Arte Moderna!

SOCIOS
0 Museu tem as seguintes catego­
rías de Socios:
1
— Benemérito: a partir de
Cr$ 150.000,00, de urna só
vez, ou em 10 prestagóes
mensais de Cr$ 15.000,00.
II — Remido: a partir de .........
Cr!jj&gt; 20.000,00 de urna só
vez, ou em 12 prestagóes
mensais de Cr$ 2.000,00.
III — Efetivo: jóia de Cr$ 5.000,00
-e anuidade de Cr$ 600,00.
IV — Contribuintes: anuidade de
Cr$ 600,00, semestre de
Cr$ 350,00.
TITULO DE COOPERAgAO para

construgáo da Nova Sede: ...........
Cr? 1.200.000,00 de urna só vez,
ou em prestagóes mensais.
De acórdo com o art. 5.° dos Esta­
tutos do Museu, as contribuigóes
sáo fixadas pela Diretoria.
As presentes contribuigóes sáo váli­
das até 31 de dezembro de 1958.

�DADOS RELATIVOS A ENTRADA DE SOCIOS

1954 — 1955 — 1956 — 1957

Como nos anos anteriores damos abaixo a relagáo dos novos socios.
Esta lista é, por si, bastante eloqüente e dispensa comentários
acerca da vitalidade do Museu, que ela patenteia. Apresentamos
apenas o seguinte quadro comparativo pelo qual se ve um au­
mento encorajador. Os socios envidaram todos os seus esforcos
na campanha que visa a construgáo da nova sede. Urna vez ter­
minada esta difícil tarefa, todos procuraráo apoiar a realizagáo
do vasto programa de atividades culturáis e artísticas do Museu.

TRANSFERENCIAS

e s o c io s

1954 1955 1956 1957

De Remido para Benemérito ...........

—

—

2

3

De Efetivo para Benemérito ...........

—

—

—

1

Beneméritos .........................................

1

2

10

15

De Efetivo para Rem ido......................

1

1

28

25

De Contribuinte para R em ido...........

1

1

34

76

Remidos ................................................

12

3

104

144

Efetivos ................................................

12

12

20

25

A Secretaria do Museu pede aos socios que em caso de mudanga
de residencia fagam com a maior brevidade a comunicagáo do
novo enderégo, a fim de continuar recebendo regularmente os
convites para exposigoes e conferencias, bem como os boletins e
demais comunicagoes e publicagoes do Museu.

�NOVOS SOCIOS NO CORRER DO ANO DE 1957

TRANSFERÉNCIA DE SÓCIO REMIDO
PARA BENEMÉRITO:
p

DANTAS, F rancisco C lem entino San Tiago
MALLMANN, Zulfo de F reitas
SCHMIDT, A ugusto Frederico

TRANSFERÉN CIA DE SÓCIO EFETIVO
PARA BENEMÉRITO:
SAMPAIO, A rthur M artins

SOCIOS BENEMÉRITOS
ALMEIDA, C arm en M urtinho d ’
BÉRAUT, P hilip pe Joséph E tienne
BERTA, Rubem
CAFÉ FILHO, Joáo
GALDEANO, A ntonio S an ch es
GUEDON, Roger
MELLO JUNIOR, O thon L ynch Bezerra de
MOSCATELLI, W illiam V.
PEDRO, Alim
PINTO, P’ernando A lencar
PRADO UCHÓA, F lavio
SAMPAIO, B eatrix Prado
SILVA, Severino P ereira da
SIMONSEN, Mario W allace
TOLEDO, Luiz de G onzaga

TRANSFERENCIA DE SÓCIO
EFETIVO PARA REMIDO
ALIMONDA, H eitor
ALIMONDA, J ea n n ette Herzog
ALMEIDA, Edgar G uim aráes de
ALVES, B ranca M ello Franco
CALMON, Pedro
CATÁO, A lvaro Luiz B ocayuva
FERNANDES, Ism ar G am a
FABIAO, Mario M oreira
FERREIRA, Jorge
GEYER, P aulo F on tain lia
GUALBERTO, O ctacilio
KANN, F rancis
LEE, A lberto B raga
LIMA, O ctavio R odrigues
MATTA, F uad K an an

MIGLIORELLI, André
MOUTINHO, P aulo Celso de A lm eida
PEDROSO, H eitor
PORTO, N elson M agalháes
REIS, M urillo A lm eida dos
SAMPAIO, P a tricia Soares
SOEIRO, R en ato
SPYER, Pedro Lessa
TAMM, H enrique G ustavo M edrado
WEINSCHENCK, G uilherm e

TRANSFERENCIA DE SÓCIO
CONTRIBUINTE PARA REMIDO
ALBUQUERQUE, Iren e A ngelin a Saboya de
ALVES, D alia A n ton in a M ello Franco
AMARAL, Lucia M aria M oura Brasil
AMARAL, Maria C elina M oura B rasil
ARRUDA FILHO, Sertório
AZEREDO, P aulo A ntonio
AZEREDO NETO, A ntonio F ran cisco
BARRAL, Sylvia Dodd de
BASILIO, Dora de Sá Freire
BINOT, Victor Salles
BOLONHA, R egin a Pereira das N eves
BOTELHO, Ana Luisa C am pos de Arruda
BRÍGIDO, Laerte R angel
CALLADO, A ntonio Carlos
PAM PEELO, A m érico R o d rig u e s
CAVALCANTI, Geraldo
COLE, Harry Jam es
CONDÉ, Elysio
CONDÉ, José
CORREIA, Israel Barros
FARIAS, C elina B arreira Lopes de
FERRAZ FILHO, M ariano M arcondes
FONSECA, P aulo Cesar V in cen te da
FROMM, Ernst
GARCIA, M arcelo
GARNOTEL, Pierre
GREY, Jorge de M oraes
GRIESSMANN, M arianne
GUIMARÁES, Jorge P in to
GUIMARAES, Jorge Sérgio Lopes
GUSMAO FILHO, Cezário Luiz de M eira

�LAGE, Loreto
LEAL, Leoberto
LEE, H aydée
LEE, Z elinda de Queiróz
LESSA, O rígenes
LEVY, R aquel S tella
LIBANIO, N elson B randáo
MALAMUD, S am u el
MEDEIROS, A nisio A raujo de
MEIRA, C harlotte W ellisch
MEMORIA, Luiz M auricio da Costa
MENEZES, Evandro Correa de
MENEZES, N ygea Correa de
MILLIET, H oracio
MONTEIRO, Lia
MORA C ., José
MOUSSATCHÉ, R ap h ael G uilherm e
MURGEL, A ngelo A.
NIEMEYER, P aulo
PEIXOTO, M aria Luiza A m aral
PENNA, N ilson
PEREGRINO JUNIOR
PINTO, A nnibal de M ello
PITTALUGA, M ario Collazo
P1TANGUY, Ivo H élcio Jardim de Cam pos
PEREIRA FILHO, Pedro
PINHO, P éricles M adureira de
PINTO, Id á lia S im oes de M ello
PRETO, M aluh de Ouro
REBECCHI, M aria A m élia de Souza
ROSA, Lina M aria C ard illofilho de P roenca
RUPP. D éa S auer de A ssum pgáo
SÁ, R en ato F erreira de
SALLES, Y ed da N avarro de
SAMPAIO, F ran k S . De
SANTOS, D elfin a
SILVA, Ary de A lm eida e
SOARES, José Mario V ilh en a
SODRÉ, G loria de A lm eida M oniz
SODRÉ NETTO, A ntonio M oniz
SOUZA, José Carlos de M ello e
TAYLOR, G abriella de M endonca
TOMÉ, A lfredo
VILELLA, R ubem Libánio
W INANS, D in á h de A lm eida

SOCIOS REMIDOS
ACCIOLY NETTO, A ntonio
ALMEIDA, A lfredo S outo de
ALMEIDA, A rm ando d ’
ALMEIDA, Erika de
ALMEIDA, H elio M ello de

ALVES, M árcio M ello F ranco
ALVIM, José A ugusto Cesário
ANDRADE, José L eoncio P essó a de
A NGELiS, M aria M argarida de
ARAGÁO, Joáo M auricio M oniz de
BACH, E rnesto A lberto
BAHIA, T ony
BAHOUTH, Eduardo
BAPTISTA, F ran cisco A ugusto de Faria
BAPTISTA, S te lla Jop pert
BARMONT, R aym on d
BASILIO, C elestin o de S á Freire
BOMFIM, Pedro C alheiros
BOPP, G uadalupe P uig
BORGES, A lberto
BOSCOLI, Jard el F rederico de
BRASINI, M ario F arias
CARMO, E ugenio da S ilva
CARNEIRO, A n th o n y M .
CARNEIRO, M aurina D u n sh ee de A branches
Pereira
CASTELLA, Valério P atern o
CASTRO, Ary Clair S ia in es de
CASTRO, M aria de Lourdes S ia in es de
CHINAGLIA, F ernan do
COLE, S onia M . de P a iv a
CONDE, Mario A n tu n es
CORRÉA, Luis R . M . S im oes
COSTA, B eatriz
COSTA, M aria T h ereza de Souza F ragoso
COSTA, Mario Loureiro D ias
COSTA, Sérgio Correa da
COUTO, H aroldo L isboa da G raca
CRADDOCK, G eorge D ud ley
CUNHA, Luiz F ern an d o B ocayu va
DANTAS, José B en to R ibeiro
DAVIDOVICH, P a sch o a l
DUYOS, R alp h
EARP, M aria de L ourdes Sá
FARIAS, N a ta licio Lopes de
FERREIRA, Ju ran dyr de C astro P ires
FERREIRA FILHO, G abriel Luiz
FONTOURA, Joáo N eves da
FREITAS, José P ed reira de
GAUTHEROT, M arcel
GENTIL JUNIOR, Joáo
GÓES, Carlos N elson de O liveira
GORRESE, G a stá o N ogueira
GUIMARAES, A dolpho C. de A len castro
GUIMARAES, Ju rem a S a n to s
GUIMARÁES, N eli de O liveira
GUINLE, G u ilh erm e
GUINLE, Isa b el
GUINLE NETTO, Eduardo

�HADDAD, Sam ir
HUE JUNIOR, Carlos
IMPERIAL, G abriel Córte
LACERDA, Olgiér
LAGE, H enrique Victor
LANARI, Amaro
LEITAO, Ennio Luiz
LEITÁO, M ax
LEITCHIC, Marc
LIMA, Claudio M edeiros
LIMA, H erm es
LIMA, Maria
LUTEY, K ent
LYNCH, Edward J.
MACHADO, Amaro
MACHADO, C elina G uinle de P aula
MACHADO, Linneo Eduardo de P aula
MALAMUD, A nita
MATHIEU, Y ves
MATTOS FILHO, M anoel P aulo T elles de
MC CRIMMON, K . H .
MEDEIROS, O sm arina S alles de S a n t’A nna
MELLO, H ilda de Albuquerque
MIRANDA, A nneris Cardili P on tes de
MIRANDA, P lácido A ntonio da R ocha
MOURA, S tella R udge
MOURÁO, Gerardo M ajella Mello
MUNIZ, Joáo Carlos
MURTINHO, T uny do A m aral
MURTINHO, W ladim ir do A m aral
NORONHA, A ntonio A lves de
OCTAVIO, Laura O liveira Rodrigo
OLIVEIRA, A ntonio Cam illo de
OSÓRIO, Píndaro Cardim de A lencar
PEIXOTO, E rnani do A m aral
PEQUEÑO, E rnani
PERDIGAO, P aulo Roberto Brow ne
PEREIRA, B ernardino D ias
PEREIRA FILHO, José Olym pio
PINHEIRO, Joáo B ap tista
PINHEIRO, M aria C arvalhaes
PINHO, O dette M adureira de
PINOTTI, P recilda
PINTO, Barreto
PLATE, H erm elinda Lina de Souza
POLAND, H aroldo Cecil
PONTE, A lice da
PONTE, H oche
POYARES, W alter R am os
PRADO, F abio da Silva
PROENgA FILHO, Joáo
REIS, G ilka de Castro
REIS, José O liveira
REIS, N elson de M eireles

RIBEIRO, A loysio Clark
RIBEIRO, M aria H elen a F léx a
ROCHA, Edgard F rias
RODRIGUES, A rlm ao
ROSENBURG, F rancisco X avier
RÜLHE, A ntoin e
SALES JUNIOR, F ran cisco Carneiro M onteiro de
SANTOS JUNIOR, A ntonino
SASSO, R ichard
SCHRODER, H erm ann
SCIOLETTE, M áxim o
SEQUEIRA FILHO, A lfredo de
SILVA, Hom ero de Souza e
SILVA, Iseu de A lm eida e
SIMON, A nna R osa Escobar
SIMON, G ustavo
SINGÉRY, Célia de Lam are
SOBRAL, H elena
SOUZA, Carlos A lves de
SOUZA, José Eduardo G arcia de
SOUZA, José G arcia de
SOUZA, José T rindade G arcia de
SOUZA, M aria B eatriz R odrigues G arcia de
SOUZA, O dette de C arvalho e
SOUZA, Zélia Pereira de
TEIXEIRA, S arah B orgerth
TORRES, Braz
VEIGA, Fábio P en n a da
VIANNA, Fructuouso de Lim a
VIGGIANI, D a n te
VITAL, Luiz Carlos de M oraes
WRZOS, Conrad R ostan

EFETIVOS
ALMEIDA, L isette de
BAUMANN, G ustav A dolf
CARNEIRO, Jorge A lberto D iniz
CRUZ, D urval
DAVILA, R aúl B azán
FARIA, A ntonio de
FONSECA, A nnibal Freire da
GALLOTTI, F ran cisco B en jam ín
G óE S SOBRINHO, José de Faria
HERRMANN, G aby A.
JOHN, R obert M ichael
LAMOIGNON, Pierre G uillaum e
Ségur
LEITE, A rnaldo Ferreira
LOPEZ, Em ilio M ira y
LYNCH, P aul H enry
MACEDO, Joáo Buarque de

M arie

de

�MOTTA, B enh ur G om es
OSWARD, E lisabeth
PEREIRA, Fernando
RAMOS, D alm ir M acedo
ROXO, Frederieo B itten cou rt
SÁ, José G ongalves de
SALGADO, Clovis
SOARES, Elsa de M oraes
USIGLIO, G ino
CONTRIBUINTES
ABALLO, D ulce G om es
ABRANCHES, R ubens Fum o
ABREU, Eurico de
ABREU, M arilena M achado de
ABREU, N eide S alles
ACCETTA, G ennaro
ACHCAR, D alal
ADRIAO, M aria M agdalena N eiva de Aguiar
AGUIAR, P aulo B elfort de
AGUIAR, W ilson de Souza
AKIERSZTEIN, Mary
ALBAGLI, Fernando
ALBUQUERQUE, A lm ira Lins de
ALBUQUERQUE, B renno M artins de
ALBUQUERQUE, C arm en C avalcan ti de
ALBUQUERQUE, Evanize M aria N eiva de
ALBUQUERQUE, G erson Lins
ALBUQUERQUE, Izanilde Miaría N eiva de
ALBUQUERQUE, Joáo Luiz Lacerda de
ALBUQUERQUE, Lucy Lacerda de
ALBUQUERQUE, N orm a C avalcan ti de
ALBUQUERQUE, R oberto Saboya de
ALMEIDA, A ntonio Ferreira de
ALMEIDA, Carm em X avier de
ALMEIDA, Elza M artins de
ALMEIDA, F élix V ieira de
ALMEIDA, José A ntun es de
ALMEIDA, José Carlos Cabral de
ALMEIDA, M aria da G loria M aia e
ALMEIDA, R onaldo A ténio de Oliveira
ALMEIDA, T arcísio G eraldo José d ’
ALMEIDA JUNIOR, A ntonio de
ALQUÉRES, Clirian
ALTBERG, E leonora G uim aráes da Silveira
ALVES, G ilda D uarte
ALVES, José R ibam ar
ALVES, Mario Lim eira
ALVES, V aldom iro
ALVIM, A dhem ar
ALVIM, Lauro Alvaro
ALVIM, M arco Paulo
ALVIM FILHO, F austo
ALVIM NETO, F rancisco Soares

AMARAL, A driano B enayon
AMARAL, A ntonio Erasm o do
AMARAL, F ran cisco Serra
AMARAL, O ctavio José B raga do
AMERICANO, Iren e
ANDRADE, B arth olom eu P . de
ANDRADE, Isa b el M aria V illela de
ANDRADE, M arilia P ortin h o de
ANGELO, F ernan do d ’
ANTUNES, A lm ir A ccioli
ANTUNES, M aria A parecida R ezende
ANTUNES, M arilza B otelh o
AQUINO, C ylene T avares de
AQUINO, Alaria T hereza de
AQUINO, M yriam B ergam in i de
AQUISTAPACE, M aulio M arat de A lm eida
ARAGAO, Joáo G uilherm e de
ARANHA, Cyro
ARAUJO, A ngela C ám ara F ernan des d ’
ARAUJO, A ntonio Luiz F ernan des d ’
ARAUJO, B enedito Siqueira
ARAUJO, Edison B a p tista de
ARAUJO, H enrique Lisboa de
ARAUJO, Luiz K nud Correia de
ARAUJO, Olga M artins de
ARAUJO, O lym pio de
AREZZO, B artyra de Castro
ARRUDA, A delina G issa V alle de
ARRUDA, D ioni
ARRUDA, M aria A lice Cam pos de
AYALA, W alm ir F élix
AZAMBUJA, Lucia M aria de N orcnh a
AZEVEDO, Eduardo N elson Correa de
AZEVEDO, Ivan y
AZEVEDO, Joaquim dos S a n to s
AZEVEDO, José M anuel de C astro P in to de
AZEVEDO, R ubens
AZEVEDO, Sara S tu d art P in to de
AZULAI, Ner B .
BACALHAU, M aria do Carmo Marques
BACELLAR, D irce de Carvalho
BAENA, M aria D ulce
BAHIA, A lcyon B aer
BAHIA, José H enrique Ferreira
BAIAO, Léa Barbosa
BAJER, Vera
BAND, Aby
BAND, Odile S ch ran
BANDAROVSKY, Izidor
BANDEIRA, R oberto de Queiroz
BAPTISTA, M arcos de F reitas N ogueira
BARBOSA, Aurora
BARBOSA, D arcy Cespe

�BARBOSA, E lsie G ongalves
BARBOSA, F ran cisco A nthero Soares
BARBOSA, Ivan R om áo T eixeira
BARBOSA, Luiz H ildebrando de Barros H orta
BARBOSA, Zelia M aria G in efra C astilho
BARBOZA, V irginia H enn in ger
BARCELLOS, Luiz A ugusto R eis
BARCELLOS, M aria E lisa R eis
BARREIROS FILHO, A ugusto de Souza
BARRETO, A lm ir P aes
BARRETO, F elicita s Baer
BARROS, Luiz
BARROS, M aria José C unha Freire de
BARROS, M urillo Queiroz de
BARROS, R eyn ald o P aes de
BARROS NETTO, H enrique P aes de
BARROSO, M inistro José P arsifal
BARUCH, G unter
BASTOS, Léa Távora de M iranda
BEATTY, F rancis M artin
BECKER, Carlos G abriel
BECKER, R obert
BEDE, F ernando A ugusto Freire
BEGNI, A driano
BÉLA, Ijja s In cze
BELLO, A lberto S im oens C.
BELLOTTI, T h elm a de O liveira
BELTRÁO, A lexandre F on tan a
BELTRAU, N orha
BENJAMIN, Zulm ara
BERGIER, S im ón
BERINO, Irineu
BERLEY, L ilian B ering
BERLINGIÉRE, E len a M aria L.
BERLINGIÉRE, M aria Luiza
BERNSTEIN, Artur
BERRÉDO, Luiz B ousquet de
BESPALOFF, León
BESSA, Vera R egin a da S ilva
BETTEGA NETTO, F rancisco
BEVILACQUA, F rancisco
BEZERRA, G ilda
BEZERRA, R uth
BEZERRA, Ruzio
BIANCHINI, Sergio H enrique A . de M oráis
BITTENCOURT, A ngelo U chóa
BITTENCOURT, B en jam ín U chóa
BITTENCOURT, M aria Elisa F ernan des
BLUM, H ans S tep h en
BLUM, Lizzi S tep h en
BOCAYUVA, A ch illes V asconcellos
BOCIKIS, Jacob
BOECHAT, H arolto
BOGEL, Alberto

BOHAC, R uth
BOJUNGA, G ilda M aria R oquette
BOKEL, Ceres B arbosa
BOKOR, A m alia
BOLONHA, G u ilh erm e José de Lem os
BOLTSHAUSER, Joáo G eraldo
BORBA, José Carlos de
BORELLI, M arcia M adureira
BORGES, T om ás P om p eu A ccioly
BOTTON, A ndré La S a ig n e de
BOTTON, Jacques La S a ig n e de
BOTTON, S ylvia La S a ig n e de
BOVER, Jaym e G .
BOZZI, A nna G ardini
BRAGA, E rnani de P aiva Ferreira
BRAGA, Lucy V ianna
BRAGA, Roberto
BRANCO, F ernan do N ogueira C astello
BRANCO, Use C astello
BRANCO, M arcello C astello
BRANDAO, Arnaldo A lberto H enriques
BRANDAO, T eresin ha B ueno
BRANDAO, Vera M arina Correa
BRANDT, Eva
BRAZIL, Osiris V ital
BRICEÑO, Em baixador Julio E.
BRICEÑO, Em baixatriz B eatriz
BRICEÑO, R oseline
BRITO, Orsely G uim aráes F erreira de
BRITO, R oderico C hristiano de
BURLET, Dora D el V ecchio de
BUSS, lim o Alcyr
BUSTAMANTE, H elen a de
BUSTAMANTE, M arly D óring
CABRAL, A strid G arcia
CALABRIA, F rancis Lionel W eytin g
CALDAS, Abilio Ferreira
CALDAS, H elen a M edeiros
CALHEIROS, Pedro
CAMARA, Carlos A lfredo
CÁMARA, M aria do Carmo
CAMPOS, Celso S eixas
CAÑADAS, M anuel S assot
CANEN, R ach el
CARDOSO, Carlos Eduardo P a la d in i
CARDOSO, D a n iel Pereira
CARDOSO, F rederico Cesar M aragliano
CARDOSO, H elen a
CARDOSO, Isa h Liberalli
CARDOSO, Luiz C laudio Pereira
CARDOSO, Luiz F ernan do
CARDOSO, M aria de Lourdes F urtad c
M endonga
CARDOSO, N elson de P aiva

de

�CARDOSO, P aulo R oberto
CARDOSO, Y vonne Aroso
CARNEIRO, M aria José M achado
CARRASCOSA, A na M aria de Q.
CARRASCOSA, R enato
CARVALHO, Ary A lves de
CARVALHO, E tien ette C ahn Alves
CARVALHO, G uiom ar M arcondes
CARVALHO, H elen a B an deira de Souza
CARVALHO, Ildelindo M oacyr de
CARVALHO, Isa Pom peia de
CARVALHO, Ism ael
CARVALHO FILHO, P aulo N olasco de
CASTRO, A na M aria V ian na de
CASTRO, B ranca V ian na de
CASTRO, Carlos H eller de
CASTRO, D aisy M onteiro de
CASTRO, Luiz de P aula P aiva de
CASTRO, M auricio M urgel de
CASTRO, R aúl W erneck de
CASTRO, R osa D uram
CASTRO Y ara Palm erio de
CAVAGGIONI, Zélia M aria
CAVALCANTI, Carlos N iederaner T avares
CAVALCANTI, M aria B ern adete
CAVALCANTI, N ew ton
CERQUEIRA, Arm ando
CERQUEIRA, R inaldo Seb astiáo
CESAR, Eder Carrielo
CHAVES, A ntonio F ernan des Perez
CHAVES, B en jam im P in to
CINTRA FILHO, A ntonio
COELHO, José M artins
COELHO, M aria C ecilia Azevedo
COELHO NETTO, M arcio
COIMBRA, Arnaldo Areas
COLASANTI, M arina
COLLARES, Cléo
COLLARES, Joaquina José B en tes R .
CORDEIRO, A lice Ribeiro
CORDEIRO, Sylvio
CORREA, B eny Camargo
CORREA, G isele Loise P ortinho Serzedello
CORREA, H enriqueta D ora Camargo
CORREA, Maria H elena
CORTEZ, Lucia
COSTA, Aderbal
COSTA, Alvaro M. Ribeiro da
COSTA, A nna Lucia
COSTA, Arm ando
COSTA, B eatriz
COSTA, B ranca M aria de Queiroz
COSTA, Erm inia B iasotto da
COSTA, G elsa Ribeiro da

COSTA, H elen a G uim aráes
COSTA, Jack son Cerqueira
COSTA, M aria Luiza de Oliva
COSTA, M aria R egin a
COSTA, M aria T hereza Ribeiro da
COSTA, Mauro G adret Nery
COSTA, M irian L una da
COSTA, Oswaldo de Castro
COSTA, R icardo de Castro
COSTA, Roberto H erm eto Correa da
COSTA, S ónia G ad elh a de Queiróz
COSTA, V ioleta
COUTINHO, Vera
COUTINHO JUNIOR, M anoel de Araujo
COX, Sim one
CRIMMINS, John Hugs
CRIMMINS, M arguerite C.
CRUZ, A lcides
CRUZ, A ntonio Jaym e Fróes
CUNHA, F austo
CUNHA, P aulo R ocha Leitáo da
CURY, Jam il
DANON, A nnil
DANON, Jacques
DEANE, Lupe Moraes
DEANE, Percy
DERENZI, Ione
DIAS, José de O liveira
DIAS, Lucy G ervásio
DIAZ, B en ja m in E rnani
DJUKITCH, A lexandre
DOMINGUES, H eron L.
DÓREA, F rancisco da Silveira
DÓRIA, Luiz Carlos
D oR IN G , M aria Laura
DOSNÉ, J . Bárbara
DOURADO, R ubén G u anais
DRUMMOND, D écio D iniz
DRUMMOND, M aria A parecida Lucas
DUARTE, M aria de Jesús P ontu al
DUMIENSE, A riovaldo M iranda
DUNKEL, H ildegard E.
DUPRAT, Irene
DUTRA, Eloy
DUTRA, Eurico G aspar
DUTRA, Iara V argas
DUVAL, F ernan do A ntonio O liveira
EDEL, Elie Pereira
EDEL, Willy
EGEL, Evelyn Gloria
ELIA, V era M aria da F on seca e Silva
ENCARNAQÁO, A ntonio P lin io M . P .
ENEAS, Y ara S im as
ENGELHART, M arcel
ESPINOLA, A raken de A rvellos

�ESTELLITA, G uilherm e
FACCIOLA, José B en ed etti
FAGUNDES, Ary
FARIA, Alberto P roenca de
FARIA, D r. G erm ano Sinval
FARIA, le d a Pedroso de
FARIA, Mery B on hau sen de
FEIJÓ, Jorge de Mello
FEILHABER, Clara
FEILHABER, Friedrich
FERES, M auricio José
FERNANDES, Helio
FERNANDES, N ilson
FERREIRA, D iva Maria Pires
FERREIRA, Elias B enedito M artins
FERREIRA, H elena
FERREIRA, José A ntonio da R ocha
FERREIRA, José Ezequiel Castro
FERREIRA, Sylvio Alves
FERREIRA, Thereza Maria
FERREIRA, Zilda Ribeiro Bueno
FIAES, José A ugusto D uarte
FIGUEIREDO, Carlos Eduardo de S en na
FIGUEIREDO, H yld eth Cardoso de
FIGUEIREDO, Ip h igén ia Assis
FIGUEIREDO FILHO, Cicero de
FINKEL, N unjo
FLANZER, Henrique
FLORENCE. Edw iges de Carvalho
FONSECA, Carlos A m aral da
FONSECA, Eronides Borges da
FONSECA, Isis
FONSECA, José Paulo M oreira da
FONSECA, M aiby Santos
FONSECA, M artha A m aral da
FONSECA, R en ato Borges da
FONSECA JUNIOR, M anoel
FONSECA, Rom ulo G ayoso M onteiro da
FONTENELLE, Paulo
FONTES, A ntonio Augusto Nóbrega
FORTES, Frederico
FOUNDOUKAS, Marc D em étre
FRAGA, Hélio
FRAGELLI, G ilda A ccioly
FRAGELLI, P aulo A ccioly
FRAGOSO, L avinia da R ocha
FRAGOSO, Sérgio Augusto
FRANQA, M arisa Alves
FRANCO, Joáo de Mello
FRANCO, Maria Isabel P ortella de Mello
FRANCO, Sávio Cruz
FREIRE, R egin a Lucia M. O.
FREITAS, Aldir A ntunes de
FREITAS, E dith de O liveira M adeira de
FREITAS, H onorato de

FREITAS, José
FREITAS, M aria Laura T eixeira M adeira de
FREITAS, M iguel de O liveira M adeira de
FREITAS, M iguel M adeira de
FREIWALD, S tella
FRIEDLICH, A lexandre
FRETA, F rancisco Arruda
FURTADO, Aida
GABARRA, Luiz Eduardo G ongalves
GALLOTTI, E lisabeth
GAMA, Alberto Edson da
GAMA, A loysio G uedes de Meira
GAMA, Leda C am pofiorito S a ld an h a da
GANEN, M iriam
GANEN, Norm a
GAVIÁO JUNIOR, Elias Escobar
GUAMERINI, José Fabiano
GIFFONI NETO, F rancisco A ntonio
GISCHLER, A uguste F rancisca de R ooyGLOGOWSKI, Mar ja n R icardo
GOBION, N ancy Moreira
GÓES, M aria R egina de
GÓES, M aud
GÓES, S olange de
GOLDEMBERG, Leony
GOLDGABER, M argula Beer
GOMES, A ntonio Carlos
GOMES, E liane Maria
GOMES, H eloisa
GONCALVES, G ilda Ferreira
GONCALVES, Lourdes
GONDIN, Murillo G uedes Correa
GONZAGA, L enah Barboza
GRAY, Lovis Rogers
GRELLE, F rancisco Carlos
GROBA, R uth
GROSSMANN, Rosy
GROSSMANN, S igfried
GROSSVATER, N essy
GUARANYS, E stella dos
GUEIROS, José Alberto
GUERREIRO, Enrique R aúl R en tería
GUIDI, Bruno
GUIDI, Franco
GUILLEN, A dolfo Lopes
GUIMARÁES, Jorge Sérgio Lopes
GUIMARÁES, Lygia D a n ta s P into
GUIMARÁES, Oscar
GUIMARAES, R egin a Maria
GUIMARAES, V ania Maria
GUIMARAES JUNIOR, Luiz de F reitas
HARENTZ, Lucia M aria T . S.
HASSLOCHER, C eleste Dezon Costa
HAZAN, Jacques Jaym e
HEDDENHAUSEN, K arin

�HEIMBURGER, B ernard M arie Y ves N oel
HEIMBURGER, D iva de M ucio Teixeira
HEINZELMANN, A na Maria
HERMETO. M aria A ngela
HINSZMANN, León
HOHNKE, Alberto
HOLLMEYER, H arry W entw orth
HOMEL, H enriette
HONIGBAUM, K ielm an
HORI, Jorge
HYPÓLITO, H indenburgo
IRAOLA, Sulem a R . Plá
ISRAEL, Sam uel Rubem
JABUR, Olga Jorge
JANOT JUNIOR, Mozart
JANOWITZER, P aula
JARDIM, M arcello K n esse da Silva
JATOBÁ, Carlos Roberto
JEAN, Y vonne
JESUS, Oswaldo de
JORGE, Leila
JUNQUEIRA, Ivan N óbrega
JUNQUEIRA, M aria Luiza Ribeiro
KAFKA, H anna
KAHN, M agdalena
KAHN, Sérgio
KEMP, Iracem a Di B en ed itto
KIIPPER, Clea M achado
KELLER, N orlise M artha
KONDER, Leandro A ugusto Coelho
KRAKOWSKY, Lili H irsch
KRANZ, Estevao
KRUEL, José Carlos P alacios
KRUEL, M aria Lydia Ribeiro P alácios
KUBLER, Jean
KURY, A driano da G am a
LACERDA, José S .
LACERDA, Sergio R ezende Carneiro de
LACOMBE, A m élia M aria C.
LACOMBE, Arnaldo C avalcanti
LACOMBE, M aria R osa W aingort
LACOMBE, Vera M aria C avalcan ti
LADOSKY, Elza M aria de A ndrade
LAFAILLE, Coriolano Lem os
LAGE, A ntonio
LAGE, G ilda
LANGEN, R oland A.
LASCOSK, H erm inia dos P assos Costa
LEITE, G eorgina P ereira
LEITE, S ra. M irto Barroso Barbosa
LEME, D ébora P aes
LEME, José A ugusto P aes
LEME, O rlanda Vergara P aes
LEMOS, Adriano
LEFFER, H erbert A lfredo

LESSA, Julio G ustavo P in to
LEVISKY, F ernando Efim
LEWIN, Alba
LEWIN, B ella rm in a F reitas
LEWIN, Lucia
LEWIN, Lucia F reitas
LIMA, D elio de M iranda
LIMA, G enes de Abreu e
LIMA, Jan dira N egráo de
LIMA, Joáo Cesar de O liveira
LIMA, M aria T hereza Souza
LIMA, N eges de Abreu e
LISPECTON, Elisa
LOBO, Carlos F ernan do Leckie
LOHNSTEIN, A ugust
LOPES, C lim ene M agalháes Lem e
LOPES NETTO, André
LOPONTE, A ndré R h au lt
LOPONTE, José O rlando
LOVISI, Lucia P erlingeiro
LUZ, Luiz H eitor H orta B arbosa P in to da
MACEDO, Laura M alcher de
MACHADO, Elm ar R odrigues da Cruz
MACHADO, L avinia A ugusta
MACHADO, R alph
MAGALHAES, A n aitis D ias de
MAGALHAES, José Carlos
MAGALHAES, José R einaldo
MANDARINO, A ntonio
MANDARINO, Itá lia
MANDOUR, Norm a
MANES, A rlindo
MANGIA, Y vonne
MANGUEIRA, Colm ar Vercosa
MANZO, R osim ar H enriques
MARANHAO, K rystyn a de Albuquerque
MARCONDES, M aria José
MARQUES, S y lv ia da Costa
MARQUETTI, Iv a n Joáo A lvares
MARSIGLIA, Cléa F in icia
MARTELLI, Itálico
MARTIN, Parieser
MARTINS, Ayla
MARTINS, F ernan do Sarm en tó
MARTINS, Lauro dos S a n to s
MASTROGIOVANNI, Ita lo M iguel A lexandre
MATAR, Sam i
MATTOS, Alm ir Brito de
MATTOS, A ntonio Carlos G om es de
MATTOS, N aly G arcia de
MATTOSO, Carlos A ltino
MAYALL, M aria T h ereza L. Costa
MAYER, A dolpho C avalcan ti de Albuquerque
MAYER, D ulce de Albuquerque
MC DOUGALL, H elen E lizab eth

�MEDEIROS, Belm iro A ntonio Nogueira
MEDICIS, A lexandre de
MEDICIS, Rodrigo de Andrade
MELO, A ntonio P ereira de
MELLO, A ffonso de Albuquerque e
MELLO, A lcides Cardoso de
MELLO, Alinór
MELLO, Arnaldo M uniz de
MELLO, Cecilia Lisboa Figueira de
MELLO, E line M ittoso de
MELLO, Eloy H enrique B otelho F igueira de
MELLO, Fabio M artins de
MELLO, G il de Barros
MELLO, Joáo G onqalves de
MELLO, José Vaz de
MELLO, Ju lia Lisboa Figueira de
MELLO, M agnus Barcellos
MELLO, M aria G eovanin a Lim a de
MELLO, M ozart dos Santos
MELLO, Nice Silveira M iraglia de
MELLO, Rodrigo B arcelos de
MELLO JUNIOR, A ntonio de Souza
MEMORIA, T elius A lonso A velino
MENASCHÉ, B aruch Bernardo
MENDES, A nna M aria Soares
MENDES, Cleyde R ebello
MENDES, H enrique
MENDES, M aria Lucia B . da Costa
MENDES, M aria Luiza Lopes
MENDES, Mario
MENDES, S usan a H . A. B . de
MENDES, W alter de Loréto
MENDONQA, H eliodora Carneiro de
MENDONQA, M yrthes Pereira
MENDONQA, Y ára
MENEZES, Lon T eixeira de
MENEZES, M aria A lexandrina de
MENEZES, Shirley
MERA, A dina
MERGULHAO, F ernando Cesar
MESQUITA, Jaym e
MICHALSKI, Jan M ajznerMILANEZ, P aulo
MINISTERIO, E d ith Lucia H uggins
MINISTERIO, H eloisa H uggins
MINVIELLE, G eorges Louis
MINVIELLE, M aria Izabel Euler
MIRAGLIA, F erdinando
MIRANDA, Joáo P ereira de
MIRANDA, Luiz Carlos G alváo
MIRANDA, M aria A ugusta de Toledo Tibiricá
MIRANDA, R osa B eatriz C avalcan ti F on tes
de
MOACYR, R ach el
MONTEIRO, A dolfo C asais

MONTEIRO, C arm en M oreira de Góes
MONTEIRO, E unice Borges
MONTEIRO, Frederico Oscar Carneiro
MONTEIRO, M ary
MONTEIRO, U birajara da Silva
MONTEIRO FILHO, Cesar do Regó
MORAES, A delino Abreu de
MORAES, M aria H elen a Lisboa de
MORAES, M aria P alm ira Tico de
MORÁNDI, R en a ta Lucia
MOREIRA, A ugusta
MOREIRA, A vany
MOREIRA, José A ffonso
MORIZE, Claudio M oseoso
MOTTA, G eraldo Sodré da
MOTTA, H elder F ernandes
MOTTA, J eh ovah
MOTTA, J u lietta F ernan des
MOTTA, V ictor Freire
MOURA, G ilvan éta Borba de
MOURA, G uiom ar B ello de Borba
MOURA FILHO, H eitor Soares de
MOURAO, N eusa M aria Noval
MOURATO, M aria A m alia
MOURATO, V icen tin a Carvalho
MOUTINHO, Irene Rodrigo O ctavio
MURGEL, Carm en S ylvia A.
MURGEL, Elsa D el V ecchio
MURTA, A rthur F abiano de O.
MURTINHO, M aria M agd alena M oniz
NASCIMENTO, A ntonio M oreira do
NASCIMENTO, F . A. R égis do
NASIELSKI, Salom ón Henri
NASIELSKI, R uth
NAYLOR, Mario P aulo Cabral
NEUSS, S tella M árcia
NEVES, A ladino
NEVES, B eatriz
NEVES, D avid E ulalia
NEVES, E lizab eth B otafogo
NEVES, Ivo de Souza
NEVES, Frei Lucas M oreira das
NEVES, P rim avera A crata Saiz das
NIERMAN, Leonardo
NINA, F ernan do Parga
NOGUEIRA, Célia R am os
NORONHA, Sergio Seabra de
NOVELLO, Pedro
NÓVOA, Pedro V asconcellos
NÓVOA, R osin h a V asconcellos
NUTELS, N oel
OLIVEIRA, A lberto Souza
OLIVEIRA, Carlos T abajara de
OLIVEIRA, D enoy G oncalves de
OLIVEIRA, D om ingos José Soares de

�OLIVEIRA, E dith Groba
OLIVEIRA, F ernan do Cals de
OLIVEIRA, F ran cisco X avier d ’
OLIVEIRA, G en n i M ello M attos de
OLIVEIRA, L iane de
OLIVEIRA, M aria D en ise C.
OLIVEIRA, S iglia G erheim
OLIVEIRA, Y olanda Cuellar de
P, F ernando
PACHECO, G ilberto Augusto
PADRON, Fernando
PAES, D ulce P in to T avares
PALATNIK, Eva A klander
PALHARES, Luiz F ernando P in to
PALMA, B eatriz de Barros
PALMA FILHO, Eduardo
PARAENSE, N ilza
PARANHOS, D in ah C.
PARENTE, G lad stone d’Alva
PARETO JUNIOR, V ittorio E m m anuel
PEDROZA, M isabel
PEIXOTO, Celia P rates
PELLIZZOLA, A nnam aria
PENAFIEL, Carlos G u ilh erm e de M endonga
PENAFIEL, E liana
PENIDO, Egberto
PENIDO, M aria Ercilia
PENIDO, P aulo M enezes N ogueira
PENNA, Carlos Leonam R osado
PENNA, E sm eralda
PEQUEÑO, Evandro M oreira
PEQUEÑO, M ercedes de Moura R eis
PEREIRA, A delina
PEREIRA, Carlos Soares
PEREIRA, C arm en P ousati
PEREIRA, D orival Carneiro
PEREIRA, G eorgina
PEREIRA, Helio
PEREIRA, H eraclius A m an d o
PEREIRA, V irgilio M iguel
PERES, José R esende
PEREZ, M iguel Sanz
PERRV, Jam es A.
PERRY, M ary G.
PFEIL, M ariette Schubert
PFEIL, W alter do Couto
PICADO, A rchidy de N oronha
PICCOLO, A ntonio Carlos
PINHEIRO, A lbino Coelho
PINHEIRO, Sergio
TINTO, A lfonso
PINTO Claudio Luiz
PINTO. Cyro Augusto
PINTO, L eticia M agiano
PINTO, M aria M agdalena V ieira

PINTO, R oberto de Castro N eves
PINTO, R osem onde de Castro
PINTO. W anda C esta
PIRES, G enésio
PODKAMENI, W aldem ar
POMP, G erson
POMPEU, E ugenia
POMPEU, Fernando
PONSIN, D en ise
PONTES, Lael
PONTES, Léo M iranda
POPOW, Ludm ila
PORTO, Ism ar F ernan des
POUESSEL, L u d e n
FRATA, H ilm a R ocha
PRATES, Carlos H enrique P aulino
PRATES, S ylvia N ioac de Souza
PRETO, G il R oberto F ernan do de Ouro
PRETO. M aria E len a de Ouro
PRIANI, Ida
PRIETO, José G onzales
PROCHNIK, W it-O laf
PUENTE. L olita B eatriz
QUEIROZ, B risolva de B ritto
QUENTAL, Lucia de S an T iago D a n ta s
QUINTELLA, Ary G uerra de M urat
QUINTELLA, V era M aria A gostini
RAJSF'US, Sim ón
RAMOS, Luiz Carlos
RAMOS, Mario Leáo
REBELLO, Alvaro A ffon so
RÉGO, M aria das V ictorias
REGO, M aria Teresa
REGO, N orm a P ereira
REGO, Zara C unha
REINER, Eleonora
REINER, Joseph
REINPRECHT, K urt
REIS, A lberto M artins
REIS, C arm en de Souza Soares
REIS, F ran cisco de A ssis Souza dos
REIS, H aydée
REIS, Luiz S antos
REIS, M aria O lym pia de Moura
REQUENA, O duvaldo
RESNICOFF, Jaym e
RHEINGANTZ, A dolpho L.
RIBEIRO, Carlos R oberto F lexa
RIBEIRO, D ely R ondon
RIBEIRO, E liane de O liveira Sabóia
RIBEIRO, Luiz Carlos V idal L eite
RIBEIRO, M aria Luisa de P aula
RIBEIRO, M arucia Cabral
RIBEIRO, N elly
RIBEIRO, S te lla de Castro

�RIBEIRO NETO, Joaquina de Assis
ROCHA, A biah Carvalho
ROCHA, D elcio Catterm ol
ROCHA, Fernando Carlos de Abreu
ROCHA, Joáo Henrique
ROCHA, Leticia
ROCHA, Maria P into da
ROCHA, M arlene B atin ga da
ROCHA, Olga L ebedeff da
ROCHA, T hereza G arcia R odrigues da
RODRIGUES, Maria da Gloria Soares
ROHICKI, Andrzej Jósef
ROLNIK, S olange
ROMÁO, Ivette
ROMEIRO, M aria Lucia
RORIS, A sthor R ead de Sá
ROSA, Joáo F rancisco
ROSENBURG, Ernesto Pedroso
ROSENSTEIN, R éha Silvia
ROXO, M arina M onteiro de Barros
RUAS, Edno Vieira
RUAS, T herezinha M ergulháo
RÜDIO, Geraldo
RULHE, C atherine
RUTTIMANN, Albert L.
SÁ, Alm ir de Araujo
SA, M aria R egina G arcia M aciel de
SA, P aulo
SÁ JUNIOR, Edgard M aciel de
SABOYA, P aulo Eduardo de Araujo
SABUGOSA, José Mello
SACCHI, Luiz Augusto
SAGARRA, José Maria
SAGARRA, Rosa Conde de
SALETTO, Marcia Dulcy
SALGADO, Paulo
SAMPAIO, D om ingos M enéres
SAMPAIO, Hedwig Am aral de
SANCIER, Arley
SA N T’ANNA, A nna Maria
SAN T’ANNA, Eduardo Oscar de Carvalho
SANT’ANNA, Maria Cecilia
SANTO, Jandyra S tella do EspiritoSANTO, Jandyra S tella do E spirito- (filh a)
SANTO, M oem a do E spiritoSANTOS, A ntonio Carlos Portella
SANTOS, A tala Marques Porto e
SANTOS, D ulce G ongalves
SANTOS, Ecy de M attos
SANTOS, Enoy V ianna
SANTOS, Mario Augusto
SANTOS, Pedro S ales G arcáo dos
SANTOS FILHO, M anoel Joaquim dos
SARMENTO, A nna M aria de Moraes
SARMENTO, D anúzia

SATTAMINI NETTO, Joáo Leáo
SCHEPENBERG, P ieter C ornelis V anSCHLESINGER, A n to n ietta Leáo Velloso
SCHMID, H annelore
SCHNEIDER, Eliezer
SCHNEIDER, H ellm ut Otto
SCHNOOR, H elen a C avalcanti
SCHREIBER, Edith
SCHVINGER, Paulo
SCHWUCHOW, Arno Ary
SCLIAR, Carlos
SECKLER, Roberto
SENTIRELLI, Sergio A lexandre
SEQUEIRA, A ntonieta
SERRA, Gracy
SERRA, L uciana T.
SILVA, Alberto D üringer Lourenco da
SILVA, A lvares da
SILVA, Edm undo H enrique Soares e
SILVA, Edna Carvalho da
SILVA, Elza da R ocha e
SILVA, Ézio de Oliveira e
SILVA, Fernando D ias da
SILVA, Fernando N ascim ento
SILVA, Isabel P ons Barbosa da
SILVA, José D om ingos da
SILVA, José Mario Alves da
SILVA, Josefa M agalháes e
SILVA, Landri G ongalves R odrigues da
SILVA, Leo Vitor de O liveira e
SILVA, Luiz Roberto Alves da
SILVA, Lygia P ereira da
SILVA, M aria Ferreira da
SILVA, N ilson Carvalho da
SILVA, Oswaldo de Lim a e
SILVA, Teresa M iranda A lves da
SILVA, Y olanda de Carvalho G om es da
SILVEIRA, Aiayr Torres
SILVEIRA, Hebe A layde Cruz da
SILVEIRA, Oriente
SILVEIRA, R onald da
SIMAO, V any
SIMAS, S olange P ereira Lim a
SIMONI, A rm anno De
SINGÉRY, Jacques
SIQUEIRA, D ulce V ianna
SIQUEIRA, W aldem ar
SIRAKOFF, A nny
SO ARES, Cirléa Jane
SOARES, F ernando Arnaldo T eixeira
SOARES, Isolda Leal
SOARES, Ives N . G .
SOARES, José Eugenio de M acedo
SO ARES, José M anoel de M acedo

�SOARES, M aria da Conceiqáo de A lm eida
T avares Ribeiro
SOARES, Pedro M oacyr
SOARES, W aldem ir
SOARES, W ladim ir Branco
SOBEL, C harles Aaron
SOBEL, Myra K .
SOIFER, Jack
SOUSA, Lais F rota de
SOUZA, A rnaldo de
SOUZA, Carlos V ianna M arques de
SOUZA, Cesar Augusto N icodem us de
SOUZA, Euclides F élix de
SOUZA, Jair Correa de
SOUZA, .Jeannette Le M ántre A m ericano de
O liveira e
SOUZA, Julio Cesar Cardoso de
SOUZA, Lucia Maria Nobre de
SOUZA, Maria da C onceicao T avares de
SOUZA, N oém ia T apajós de
SOUZA, R osalia H ypólito Soares de
SOUZA, Tercio A ugusto Soares de
SOUZA, T h erezin ha de J. M onteiro de
SPRUNG, H iltrud Irene
SPRUNG, Luiz G uilherm e Juan
STEELE, Ivon ne Carvalho
STROSBERG, M anoel
STROSBERG, Rosa
SUAID, A dhem ar
SVARTMAN, Suelly
SYGOR, H einz M ichael
SYLVERIO, José Flavio
SZAJNBRUM, Lia
TAPAJÓS, Sergio Luis de Souza
TAVEIRA, A ntonio A rnaldo G om es
TEIXEIRA, H eitor A gostinho dos S antos
TENORIO, Odilia
TESLIUK, O dette M . S.
THOMÉ, Edward Á vila
THOMÉ, Iza F ernandes
TIMARCO, Roberto
TINOCO, M arilda Cardoso
TIRCZKA, Eva
TIRCZKA, Lorant K .
TITO, M aria de Lourdes Lages
TITO, M ilton Ferreira
TOLIPAN, Eduardo
TOMASSINI, Hugo Coelho Barbosa
TOMASSINI, T h erezin ha Coelho Barbosa
TOSTES, Celeida Moraes
TRACHTENBERG, Elisa
TRIFLER, M ax
TRINDADE, A elson da Nova
TRUCCO, Elba Josefin a
USAI, Arthur

VALENTE, Y olanda
VALERIANI, M aria
VALPASSOS, T rajano de M edeiros da C unha
VANIN, Nello
VARGES, Juracy de Souza
VARGES, O sm inda
VASCONCELLOS, Arnaldo
VASCONCELLOS, E liane P anto ja
VASCONCELLOS, Lilian
VASCONCELLOS, M aria de N azareth For­
tes de
VAYSSIÉRE, H enriette Irene
VEIGA, G ilda A lm eida V elloso da
VEIGA, N orm a A lm eida V elloso da
VERDERESE, M aria de Lourdes
VERDERESE, Olga
VERJOVSKY, Olga
VERMELHO, H enrique E rnesto M ourato
VERNET, Maria José Sarm entó
VERNET, Rubem de Oliveira
VIANNA, A m iris Alba de G uarischi Moniz
VIANNA, G iseh
VIANNA, Luiz Oscar Silveira
VIANNA, M arcus V inicius de Carvalho
VIANNA, N ilza Barreira
VIANNA, N ita Cascardo
VIEGO, Ju lia M.
VIEIRA, F lávio M anso
VIEIRA, Lucilia Gouvéa
VIEIRA, Luiz O ctavio B . D ias
VIEITAS, Yvo Luiz
VILMAR, Roberto
VIOLA, Irene de A lcoforado
VIVACQUA, Lucia Ferreira
WAISMANN, A lice
WAISMANN, Isaac
WATSON, Sergio da V eiga
W EINBERGER, M arilia
WEINSCHENCK, G uilherm e
WERNECK, P aulo Cabral da R ocha
WETTREICH, Dora
WETTREICH, S usan a
WETTREICH, W aldem ar
WEYLL, M yriam L avigne
WEYTINGH, D ulce Maria
WOHL, S te fa n
WOLFF, G eraldo J.
WOLFF, H annelore
ZAGARI, Ebe Leda Maria
ZAGARODNY, W alter
ZAMARIN, P ietro J . A.
ZEBULUM, Salim
ZIELINSKY, H eloisa Couto
ZIELINSKY, Zeno M arques de Souza
ZIMETBAUM, R aph ael

��DEPARTAMENTO DE IMPRENSA N/.CIONAL
RIO DE J A N E IR O

—

BRASIL.

-

1958

��D epartamento

Rio de

de

Janeiro

I mprensa N acional

— Brasil

— 1958

�</text>
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De San Tiago Vantas, F. C.</text>
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&#13;
y&#13;
&#13;
Línea  &#13;
&#13;
Revista de cultura contemporánea. Artes plásticas. Literatura. Teatro. Cine. Música. Crítica&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Director&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI&#13;
&#13;
Comité de Redacción&#13;
&#13;
MIGUEL BRASCO&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE&#13;
&#13;
LLINAS DE SANTA CRUZ&#13;
&#13;
ENRIQUE MOLINA&#13;
&#13;
ERNESTO B. RODRIGUEZ&#13;
&#13;
OSVALDO SVANASCINI&#13;
&#13;
MARIO TREJO&#13;
&#13;
ALBERTO VANASCO&#13;
&#13;
JUAN ANTONIO VASCO&#13;
&#13;
&#13;
Francis Picabia (1878-1953)&#13;
&#13;
&#13;
"EL CRISOL" DE ARTHUR MILLER&#13;
&#13;
HOMENAJES A&#13;
&#13;
FRANCIS PICABIA Y DYLAN THOMAS&#13;
&#13;
&#13;
SUMARIO&#13;
&#13;
TOMÁS MALDONADO: Picabia, gran acreedor.&#13;
&#13;
PICABIA : Reflexiones.&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI: A Francis Picabia.&#13;
&#13;
MIGUEL BRASCO : El juego de ajedrez.&#13;
&#13;
OSVALDO SVANESCINI: Paradojas sobre la poesía.&#13;
&#13;
JUAN CARLOS PAZ: Edgar Varese.&#13;
&#13;
DYLAN THOMAS: Poemas.&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE: Poemas.&#13;
&#13;
JUAN FILLOY: Silencio responsable.&#13;
&#13;
ENRIQUE MOLINA: Buenos Aires y Guibert.&#13;
&#13;
Polémicas. Cine. Libros. Artes Plásticas. Revistas.&#13;
&#13;
&#13;
DICIEMBRE 1953 - ENERO 1954&#13;
&#13;
BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA, GRAN ACREEDOR&#13;
&#13;
por Tomás Maldonado&#13;
&#13;
&#13;
 Francis Picabia, cuya muerte ha ocurrido en París hace unos días, es&#13;
&#13;
el gran acreedor. En sentido estricto. Es decir, alguien a quien todos, hoy&#13;
&#13;
por hoy, debemos algo, sea por acuerdo mutuo, sea por apropiación alevosa.&#13;
&#13;
Es, entonces, lo contrario del “faro” baudelairiano; del hombre que ilumina&#13;
&#13;
o guía en una situación sin luz cualquiera, catacumharia, tempestuosa o alu-­&#13;
&#13;
vional. No está más allá de nosotros; está con nosotros, asistiéndonos, alcan­-&#13;
&#13;
zándonos lo que necesitamos, dejándose robar — por cálculo.&#13;
&#13;
 Al “faro”, sin duda, se lo caracteriza de otro modo. Tiene otros síntomas,&#13;
&#13;
También otro diagnóstico,&#13;
&#13;
Burlón y nada personaje, Picabia, antes que un dador voluntario de&#13;
&#13;
luz (“faro”, héroe, profesor, apóstol), prefirió ser un dador involuntario&#13;
&#13;
de sangre (antimártir: creador en todos los sentidos, aun en el sentido des-­&#13;
&#13;
tructivo). La sangre de Picabia, la dimensión (o tensión) que él ha inaugu-­&#13;
&#13;
rado, es un milagro de fecundidad. La hemoglobina picabiana, aunque pocos&#13;
&#13;
lo sospechen, se ha adueñado de nuestro mundo, de ahí que nuestro mundo&#13;
&#13;
todavía respire y tenga color.&#13;
&#13;
 Si alguna vez la luz logró interesarle no fué nunca con propósito “ilu-&#13;
&#13;
minista”; nunca fué su debilidad ni la “aufklärung” de los profesores ale-­&#13;
&#13;
manes ni la “lucidité” de los juncos impensantes de “Saint Germain des&#13;
&#13;
Prés”. Su propósito, en las pocas ocasiones que la luz pudo tentarlo, fué&#13;
&#13;
encandilar, devolver al ojo — transitoriamente— su ceguera original. Ano-­&#13;
&#13;
nadar primero para reinventar después. El ojo. El universo entero.&#13;
&#13;
Ciertamente, algunos, por ahora, le deben nada más que dinero, trajes&#13;
&#13;
“palm-beach”, automóviles “ Sedan” de ochenta puertas, un crucero en Yacht&#13;
&#13;
por el Caribe o una noche con la más resplandeciente muchacha de París,&#13;
&#13;
Nueva York o Barcelona. Porque Picabia tenía dinero. Y era dadivoso con&#13;
&#13;
sus amigos — también con sus enemigos encubiertos. No obstante, deudores&#13;
&#13;
tan seculares pueden estar tranquilos. Picabia ha muerto. Además, tuvo&#13;
&#13;
demasiadas mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, inteligentes y estúpidas, leales&#13;
&#13;
y brujas. En ocasiones tan poco propicias, ninguna acción judicial podría ser&#13;
&#13;
coordinada con éxito. Por otra parte, la resurrección de Picabia, aunque&#13;
&#13;
deseable, es poco probable. Y aun en el caso que esto ocurra, él nunca&#13;
&#13;
terminará pidiendo cuentas de nada, porque lo que Picabia intentó toda&#13;
&#13;
su vida fué precisamente disolver las cuentas, hacer irreconocible el debe&#13;
&#13;
y el haber. Picabia comprendió desde muy joven la pasmosa fragilidad del&#13;
&#13;
actual sistema monetario; así, llegó a demostrar, con compleja maestría,&#13;
&#13;
que el uso absurdo del dinero (no confundir con el despilfarro o el rasta-&#13;
&#13;
cuerismo) puede ocasionar graves resquebrajamientos en sus mecanismos&#13;
&#13;
circulatorios; invalidar, en poco tiempo, los pacientes esfuerzos de miles&#13;
&#13;
de técnicos por dar a una economía salud, equilibrio y cordura.&#13;
&#13;
 Hay otras deudas. Otros deudores, por lo tanto. Nuevas formas de la&#13;
&#13;
seducción, de lo festivo, de la poesía, del cine, de la moral artística, de&#13;
&#13;
la pintura.&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA Y LA SEDUCCIÓN&#13;
&#13;
&#13;
 Los procedimientos modernos de la seducción amorosa, que hoy son&#13;
&#13;
usufructuados por cualquiera — inconsultamente— son, en su mayoría, de&#13;
&#13;
origen picabiano. Olga escribe: “los seductores más sutiles concuerdan en&#13;
&#13;
considerarlo (a Picabia) excepcional”.&#13;
&#13;
&#13;
LO FESTIVO&#13;
&#13;
&#13;
 En Cannes, Picabia inventó — la palabra, como después veremos, es la&#13;
&#13;
más adecuada — algunas fiestas memorables. Inventar fiestas, y nada menos&#13;
&#13;
(que en Cannes, no suena, por cierto, del mejor modo. Principalmente, sor-­&#13;
&#13;
prende. a primera vista, que sea Picabia — un rebelde— su responsable. En&#13;
&#13;
realidad, es difícil suponer las cosas más frívolas de un organizador (o inven-­&#13;
&#13;
tor) de fiestas en Cannes. En el caso de Picabia, único caso, estas suposicio-­&#13;
&#13;
nes son infundadas. No sólo Mrs. Simpson no fué invitada a sus fiestas — lo&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
2                                                                                                      LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
Caoutchouc (1909)&#13;
&#13;
&#13;
que ya es, de por sí, una garantía— , sino que todas las leyes y convenciones&#13;
&#13;
de lo festivo, sobre todo de lo festivo en Cannes, fueron minuciosamente&#13;
&#13;
subvertidas. Ni refinamiento. Ni galantería. Ni preciosismo. Ninguna “cor-&#13;
&#13;
tegiana onesta” reinando. Tampoco reinando ningún calígula de la política,&#13;
&#13;
de das letras, del sexo o del buen gusto. Benozzo Gozzoli, Carpaccio, Leonar-­&#13;
&#13;
do, Rubens y Walteau, organizaron, sin duda, fiestas de extraña belleza.&#13;
&#13;
Su imperfección, con todo, resulta hoy bastante imaginable; rara vez habrán&#13;
&#13;
podido esconder su turbio origen servil o demagógico. Las fiestas de Picabia,&#13;
&#13;
en cambio, realizan lo festivo plenamente, puramente, sin concesiones. Su&#13;
&#13;
procedimiento es el absurdo; su finalidad, la invención de una alegría ruda&#13;
&#13;
y fraternal. Una nueva era de lo festivo.&#13;
&#13;
&#13;
LA POESÍA&#13;
&#13;
&#13;
 “En cuanto al deseo, aconsejaba Epictcto, moralista y esclavo, suprímelo&#13;
&#13;
radicalmente por el momento”. La poesía de Picabia nos propone lo contra-­&#13;
&#13;
rio: la exaltación del deseo. Sólo el deseo — “la voluptuosidad del ser (Jean&#13;
&#13;
van Heeckeren)— puede restituir a la poesía su antigua utilidad comuni­-&#13;
&#13;
cativa. El deseo, más allá de ciertos límites, conduce a lo extraordinario.&#13;
&#13;
El deseo inventa; sólo la cobardía imita. Picabia-poeta, por su fidelidad&#13;
&#13;
a este modo de ver, es un gran poeta de este siglo. Tzara (el mejor Tzara),&#13;
&#13;
Hans Arp), Hugo Rail (el primer Hugo Ball, no el último), van Hoddis,&#13;
&#13;
Schwitters-poeta, son los pocos, tal vez podrían agregarse algunos nombres&#13;
&#13;
más, que están a su mismo nivel.&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA Y EL CINE&#13;
&#13;
&#13;
 “El mejor film de Rene Clair (“Entr’acte”) no es de él", dice Michel&#13;
&#13;
Perrin.&#13;
&#13;
&#13;
LA MORAL ARTÍSTICA&#13;
&#13;
&#13;
 El espectáculo de un espíritu fiel a su particular complexión, es decir,&#13;
&#13;
libre de cualquier compromiso exterior, merece siempre, al principio, juicios&#13;
&#13;
tolerantes y risueños. Es lo diferente, lo inesperado, lo raro, y eso divierte.&#13;
&#13;
No obstante, si la duración del espectáculo se prolonga más de la cuenta,&#13;
&#13;
si su persistencia rebasa los límites que la urbanidad tiene previstos, no&#13;
&#13;
faltan, por supuesto, los que terminan por estimarlo injurioso. Es el caso&#13;
&#13;
de la libertad (o libertades) de Picabia. Sus primeras manifestaciones fueron&#13;
&#13;
acogidas con ánimo jocoso; nadie, al parecer temía las rarezas del descon­-&#13;
&#13;
certante millonario. Más tarde, la actitud, por su ya incómoda insistencia,&#13;
&#13;
comenzó a ser sospechosa. La benignidad de un comienzo trocóse, de pronto,&#13;
&#13;
en irritación general. Todos los que estaban en el “gran juego —hombres&#13;
&#13;
de reputación (buena, claro está, artistas “serios”, críticos y boticarios del&#13;
&#13;
arte, suministradores y administradores de prestigio—; todos se descubrieron&#13;
&#13;
víctimas, burlados y, lo que es peor aún, denunciados. Es que, en Picabia,&#13;
&#13;
el desdén por las complicidades consagratorias no era una táctica. Tampoco&#13;
&#13;
lo era su agresividad. El atacaba por odio, por humor o por convicción.&#13;
&#13;
Nunca por arribismo. Por eso, cuando Picabia, en “391” , denuncia la farsa,&#13;
&#13;
la inepcia y la corrupción de sus contemporáneos ilustres, lo hace sin dete-­&#13;
&#13;
nerse en nada, sin reconocer en su adversario ningún tipo de virtud última&#13;
&#13;
o secreta; ningún punto de apoyo para una posible reconciliación ulterior&#13;
&#13;
— “un almuerzo íntimo para zanjar diferencias y conocerse más”.&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: EX PRODIGIO&#13;
&#13;
&#13;
 A los 15 años (1893), Picabia, después de una fugaz [estadía] en el&#13;
&#13;
“atelier Cormon”, se había ya adueñado de la más depurada técnica natu-­&#13;
&#13;
ralista del arte de su época (Cormon, Bouguereau, Meissonier). Fué, en&#13;
&#13;
efecto, un “niño prodigio”, pero no durante mucho tiempo. Dejó de serlo&#13;
&#13;
antes de lo necesario, prematuramente. Muy joven, cuando cualquier otro&#13;
&#13;
hubiera empezado a tomar conciencia de su excepcional condición, Picabia&#13;
&#13;
desertó, pasando, sin remordimientos, a la categoría de ex prodigio. Norbert&#13;
&#13;
Wiener, en su reciente autobiografía, cuyo título es precisamente “Ex Pro-&#13;
&#13;
digy” (Simón and Schuster, New York), señala que el revolucionario es&#13;
&#13;
muy a menudo un ex prodigio. A la luz de esta observación, Picabia ex pro­-&#13;
&#13;
digio y Picabia revolucionario adquieren una insospechada coherencia,&#13;
&#13;
su rebeldía de infancia aparece condicionando su rebeldía de madurez.&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: LAS “ISLAS CONCRETAS”&#13;
&#13;
&#13;
 Arp ha escrito: “Es él (Picabia) quien ha descubierto las “islas con-­&#13;
&#13;
cretas”, donde los señores abstractos se devoran.” Esto, aunque no hay acuer­-&#13;
&#13;
do total, parece cierto. Picabia, entre 1907 y 1908, sin haberse apartado&#13;
&#13;
todavía del impresionismo, habría realizado los primeros dibujos abstractos&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
El niño carburador (1917)  Yo vuelvo a ver en recuerdo a mi querida Udnie (1913)  Desfile amoroso (1917)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LÍNEA                                                                                                          3&#13;
&#13;
&#13;
Catch as catch can (1913)&#13;
&#13;
&#13;
conocidos. Además, en su cuadro “Cautchou” , pintado en 1909, los elementos&#13;
&#13;
figurativos son mucho menos discernibles que los usados por Kandinvsky&#13;
&#13;
y Kupka en esa misma época. Sin embargo, la contribución más importante&#13;
&#13;
de Picabia a la pintura contemporánea son sus obras de 1912 a 1918 (Pro­-&#13;
&#13;
cesión en Sevilla, Cultura física. Edtaonisl, Catch as Catch can, Udnie: joven&#13;
&#13;
muchacha americana, Vuelvo a ver en mi recuerdo a mi querida Udnie,&#13;
&#13;
Un raro cuadro sobre la tierra, Los discos, Dedée de América).&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: LA CAÍDA COMO DISPONIBILIDAD&#13;
&#13;
 Picabia profesaba la ética de la disponibilidad estética. Artísticamente&#13;
&#13;
era un ansioso. Siempre anhelaba pasar a otra cosa; siempre sospechaba&#13;
&#13;
estar cabalgando sobre el error. “El arte, dice, es el culto del error”. A esta&#13;
&#13;
ansiedad debemos los momentos más altos de Picabia (1907-1925 y 1945-1953),&#13;
&#13;
pero también sus caídas más penosas: sus veinte años intermedios de majas,&#13;
&#13;
bailarines y desnudos del más desesperante academicimo.&#13;
&#13;
 “Picabia parece desear un arte de movilidad’’, aventuraba, no sin reti­-&#13;
&#13;
cencia, Apollinaire en 1913.&#13;
&#13;
&#13;
PlCABIA y EL ARTE&#13;
&#13;
&#13;
 Dadaísta nato, Picabia se sentía inclinado a respetar más a un boxeador&#13;
&#13;
que a un poeta — "prefiero a un boxeador negro que a un estudiante negro,&#13;
&#13;
decía Arthur Cravan, poeta y boxeador. La descalificación rasante del este-­&#13;
&#13;
ticismo e intelectualismo fué uno de los grandes aciertos de “dada”. El&#13;
&#13;
artista, según el siglo pasado: “pobre diablo” fabricante sumiso de objetos&#13;
&#13;
excelsos, debía ser fusilado. Sus muecas apesadumbradas, sus infortunios&#13;
&#13;
(reales o imaginarios) y su inteligencia desierta, no interesaban ya a nadie.&#13;
&#13;
Duchamp, Picabia, Tzara, Vaché y Cravan se propusieron su aniquilamiento.&#13;
&#13;
Y lo lograron. La aparición, empero, de algunos artistas de nuevo tipo&#13;
&#13;
(Brancusi, Arp, Sophie Taueber, Max Ernst, Van Doesburg, Mondrian,&#13;
&#13;
Gabo y Pevsner) advirtió sobre la necesidad de reconocer, de buena o mala&#13;
&#13;
gana, que el artista, como arquetipo humano, no estaba agotado; que el&#13;
&#13;
arte, después de todo, no era una tontería sin vigencia (Vaché, sino el&#13;
&#13;
más importante instrumento de transformación de la vida. Esta nueva po-­&#13;
&#13;
sibilidad fué, en esa época, alrededor de 1920, muy resistida por los pioneros&#13;
&#13;
del dadaísmo. En realidad, se han necesitado treinta años, en el curso de los&#13;
&#13;
cuales los pujantes arquetipos no-artísticos del 900 han demostrado su inefi­-&#13;
&#13;
cacia, para que Picabia, poco tiempo antes de morir, devuelva al arte su&#13;
&#13;
mayor confianza, su única confianza: “En tanto que fenómeno estético, la&#13;
&#13;
existencia es insoportable, pero, por medio del arte, lo extraordinario nos&#13;
&#13;
descansa de la vida, y es esta proyección que nos descansa de nosotros&#13;
&#13;
mismos” .&#13;
&#13;
&#13;
Pintura (1950)&#13;
&#13;
&#13;
REFLEXIONES DE PICABIA&#13;
&#13;
&#13;
Mi pensamiento me dice donde me encuentro, pero no me indica&#13;
hacia donde voy. La ignorancia del porvenir es mi vida, mi vida&#13;
&#13;
que no puede vivir por anticipaciones. Soy el éxito del fracaso.&#13;
&#13;
No deseo ni resultado, ni meta.&#13;
&#13;
 El conocimiento es un viejo error que piensa en su juventud.&#13;
Los descontentos y los débiles hacen la vida más bella.&#13;
Las leyes están contra la excepción, a mí sólo me atrae la excepción.&#13;
El diablo me sigue noche y día porque tiene miedo de estar solo.&#13;
 Muchos artistas consagran el tiempo a su pintura, yo me pregunto&#13;
por qué esas gentes gustan de las malas compañías.&#13;
&#13;
El arte es el culto del error.&#13;
 El amor del odio es el más bello amor.&#13;
 Considerada como fenómeno estético la existencia es insoportable,&#13;
pero gracias al arte, lo extraordinario nos hace descansar de la&#13;
&#13;
vida, y es esta proyección la que nos hace descansar de nosotros&#13;
&#13;
mismos.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
4                                                                                                                       LETRA Y LÍNEA    &#13;
&#13;
&#13;
A FRANCIS PICABIA&#13;
&#13;
por Aldo Pellegrini&#13;
&#13;
&#13;
Dame la moneda de sueño dame un día de asombro ante las máquinas&#13;
&#13;
las ruedas han suprimido al hombre y su tumulto&#13;
&#13;
el ruido corroe el silencio dame la moneda de sueño&#13;
&#13;
para comprar el contrasueño de risa de marsopa&#13;
&#13;
&#13;
Dame la historia en el amanecer del mundo&#13;
&#13;
y la canción de piedra los viernes ya muy tarde&#13;
&#13;
donde el caminador se oculte&#13;
&#13;
allí mismo lo persigues con tu alfiler de nieve&#13;
&#13;
&#13;
Si la sangre no corre brota el estupor de la mirada&#13;
&#13;
los pozos insondables seducen a las vírgenes borrachas&#13;
&#13;
en las grandes usinas tropiezan soles ciegos&#13;
&#13;
y nadie los advierte&#13;
&#13;
&#13;
Nadie advierte&#13;
&#13;
que el tiempo de las sonrisas adormece a los relojes&#13;
&#13;
que sólo el acero piensa y máquinas virginales&#13;
&#13;
derrumban el pasado&#13;
&#13;
&#13;
Máquinas virginales y torbellinos de incienso&#13;
&#13;
ahuyentan el olor de la vida&#13;
&#13;
máquinas hasta el supremo límite&#13;
&#13;
azul y rojo&#13;
&#13;
donde los pasos se detienen&#13;
&#13;
&#13;
Con un gesto calmas la ferocidad del acero&#13;
&#13;
estalla un canto que no se puede detener­&#13;
&#13;
los automóviles giran a tu alrededor con la elegancia de mártires&#13;
&#13;
    hipnotizados&#13;
&#13;
las galerías de hombres se extienden basta la inmovilidad&#13;
&#13;
los torturadores rugen en voz tan baja que no es posible contener la risa&#13;
&#13;
un ruido de pájaros deja su humo de color en las usinas&#13;
&#13;
&#13;
El tiempo de tu sonrisa despierta a los relojes&#13;
&#13;
el tiempo de tu sonrisa acelera a los relojes&#13;
&#13;
lanzaste el canto que no se puede detener&#13;
&#13;
el canto que sacude a los personajes inmóviles&#13;
&#13;
tu aparición ilumina las sombras&#13;
&#13;
en esa noche que agotó los días&#13;
&#13;
dioses de pesadilla&#13;
&#13;
se guían por tu brújula extraña&#13;
&#13;
&#13;
Manejando la química de la aventura&#13;
&#13;
paralizaste el mundo delirante de las máquinas&#13;
&#13;
burlador del presente engañaste a la vida&#13;
&#13;
simulando nacer ayer nacerás mañana&#13;
&#13;
y para aliviar el terror de un vacío siniestro&#13;
&#13;
inventaste la máscara bufona del misterio&#13;
&#13;
&#13;
Al destruir se crea al crear se destruye&#13;
&#13;
la lógica de los hombres conduce hacia lo absurdo&#13;
&#13;
la lógica de la vida sucumbe ante lo absurdo&#13;
&#13;
todo lo explica lo absurdo la eternidad nos crea&#13;
&#13;
la vida nos destruye&#13;
&#13;
sólo el humor es eterno&#13;
&#13;
&#13;
Es necesario vivir he ahí tu ejemplo absurdo&#13;
&#13;
vivir rodeado de muertes&#13;
&#13;
de la muerte del viejo del perro del gusano del guerrero del timador&#13;
&#13;
de la muerte del silencioso del prudente del nocturno del solitario&#13;
&#13;
vivir en la travesía de la muerte&#13;
&#13;
donde la alegría de crear y la alegría de destruir&#13;
&#13;
se mezclan en la misma y única alegría&#13;
&#13;
&#13;
Vivir en la delirante vida de las máquinas&#13;
&#13;
con tu canto y color que no se detienen&#13;
&#13;
burlador del presente engañaste a la muerte&#13;
&#13;
simulando nacer ayer nacerás mañana&#13;
&#13;
&#13;
Para destruir lo que nos destruye&#13;
&#13;
dame tu moneda de sueño dame&#13;
&#13;
tus largos caminos de humor&#13;
&#13;
a mitad de la ruta&#13;
&#13;
un desconocido preguntará por tu templo de risa.&#13;
&#13;
&#13;
EL JUEGO DE AJEDREZ&#13;
&#13;
por Miguel Brascó&#13;
&#13;
&#13;
No existe ninguna cárcel inexpug­-&#13;
&#13;
nable, no al menos las cárceles orga­-&#13;
&#13;
nizadas según el concepto común de&#13;
&#13;
reducir sus precauciones a la coacción&#13;
&#13;
puramente física de los prisioneros.&#13;
&#13;
El alma de los hombres es salvaje­&#13;
&#13;
mente libre y siempre encuentra la&#13;
&#13;
oportunidad de transmitir esa liber­-&#13;
&#13;
tad al cuerpo que la contiene. Habría&#13;
&#13;
que establecer, en todo caso, otro&#13;
&#13;
tipo de prisión: una prisión que no&#13;
&#13;
retenga los cuerpos sino las almas.&#13;
&#13;
&#13;
El coche se sacudía con un crujido de&#13;
&#13;
madera y vidrios, no tanto por la rapidez&#13;
&#13;
de la marcha cuanto por los baches e irre-­&#13;
&#13;
gularidades del camino; por momentos se&#13;
&#13;
inclinaba tan pronunciadamente contra uno&#13;
&#13;
de sus costados que el vuelco parecía in-­&#13;
&#13;
evitable, pero luego recobraba el inestable&#13;
&#13;
equilibrio sin otro desmedro que el de los&#13;
&#13;
tres hombres que viajábamos en su interior.&#13;
&#13;
 El sol de la mediatarde, ya pálido, ponía&#13;
&#13;
un reflejo violáceo sobre las dos ventanillas&#13;
&#13;
del oeste y marcaba con sombras largas y&#13;
&#13;
lánguidas los árboles del territorio. Por cen­-&#13;
&#13;
tésima vez me acomodé sobre el respaldo&#13;
&#13;
tratando de evitar el contacto con la rodilla&#13;
&#13;
del guardián que dormitaba a mi lado. El&#13;
&#13;
otro, sentado enfrente, me miraba fijamente&#13;
&#13;
sin ver, con una expresión a la vez fatigada&#13;
&#13;
y torpe. Cerré los ojos. Afuera se oía el&#13;
&#13;
grito repetido del postillón, y el trote pau­-&#13;
&#13;
sado de los caballos. El fin del viaje estaba&#13;
&#13;
próximo; el vehículo se detuvo primero y&#13;
&#13;
rostros ansiosos se pegaron a los vidrios&#13;
&#13;
escrutando el interior. Casi inconsciente­-&#13;
&#13;
mente oí las palabras cambiadas con el&#13;
&#13;
guardián, sentí una ráfaga de viento fresco&#13;
&#13;
que entraba por la portezuela abierta, mez­-&#13;
&#13;
clada con olor a tabaco fuerte y tierra. El&#13;
&#13;
hombre rió, el coche rodó otra vez sobre&#13;
&#13;
un camino mucho más cuidado y se detuvo&#13;
&#13;
por fin. El guardián sentado enfrente de mí&#13;
&#13;
se incorporó golpeando al otro en las rodi­-&#13;
&#13;
llas con la palma de la mano y descendió.&#13;
&#13;
Yo lo hice detrás sin esperar a que me&#13;
&#13;
invitara, pasando entre las piernas del guar-­&#13;
&#13;
dián dormido.&#13;
&#13;
La casa no alcanzaba a distinguirse desde&#13;
&#13;
allí; tal vez estuviera mucho más lejos&#13;
&#13;
o quizás los árboles la ocultaban desde&#13;
&#13;
aquel costado. Caminamos por el sendero&#13;
&#13;
entre macizos de tulipanes y sórdidas ca-&#13;
&#13;
suchas de madera, sintiendo crujir la arena&#13;
&#13;
bajo las suelas. El hombre caminaba detrás&#13;
&#13;
llevando el atado de ropa que, apresurada-­&#13;
&#13;
mente, me permitieron reunir dos noches&#13;
&#13;
antes, cuando pasaron a buscarme. Reconocí&#13;
&#13;
una vez más que todo estaba perdido. Para&#13;
&#13;
afianzar esta certidumbre allí estaba la casa&#13;
&#13;
con sus ventanales enrejados, el techo de&#13;
&#13;
pizarra gris, con ese aspecto vigoroso que&#13;
&#13;
le daban sus paredes de piedra gótica y la&#13;
&#13;
puerta sombría y metálica entre dos arcos.&#13;
&#13;
A medida que nos acercábamos pude ver&#13;
&#13;
las otras alas de la construcción, extendién­-&#13;
&#13;
dose hacia atrás en dos pisos chatos.&#13;
&#13;
 — Es la casa — consignó el hombre detrás&#13;
&#13;
de mí. Inútilmente y sin quererlo apresuré&#13;
&#13;
el paso.&#13;
&#13;
 Pero cuando la puerta se cerró a mis&#13;
&#13;
espaldas y pisé por primera vez sus losas&#13;
&#13;
húmedas precedido por el guardián, ya ha­-&#13;
&#13;
bía olvidado mis vacilaciones y el pensa-­&#13;
&#13;
miento de la evasión estaba presente en mi&#13;
&#13;
confianza habitual. Mi atención estaba tensa&#13;
&#13;
y lúcida; guardé, detalle por detalle en mi&#13;
&#13;
memoria, la conformación y aspecto de cada&#13;
&#13;
uno de los corredores recorridos.&#13;
&#13;
 Se me fijó toda una sección del edificio&#13;
&#13;
por la cual podía moverme libremente; me&#13;
&#13;
dieron alojamiento en una habitación con&#13;
&#13;
una cama flanqueada por cuatro columnas&#13;
&#13;
pero sin dosel, lo cual le comunicaba una&#13;
&#13;
sensación de cosa incompleta, de precarie-­&#13;
&#13;
dad desagradable. Confieso que me descon-­&#13;
&#13;
certó la aparente inseguridad de las me­-&#13;
&#13;
didas adoptadas por los guardianes para&#13;
&#13;
evitar las evasiones. Este desconcierto y este&#13;
&#13;
descuido fueron precisamente los que me&#13;
&#13;
hicieron extremar mis precauciones. De so­-&#13;
&#13;
bra sabía que mis enemigos tenían sobrado&#13;
&#13;
motivo para evitar en cualquier forma mi&#13;
&#13;
fuga; luego, sin duda, aquella prisión les&#13;
&#13;
merecía una entera confianza.&#13;
&#13;
El primer contacto que me permitieron&#13;
&#13;
con otros prisioneros después de una sema-­&#13;
&#13;
na de rigurosa soledad, confirmaron mis&#13;
&#13;
presunciones. Los interrogué de inmediato&#13;
&#13;
sobre las tentativas de fuga registradas, so­-&#13;
&#13;
bre los planes existentes, las posibilidades&#13;
&#13;
y los peligros, todos los interrogantes que&#13;
&#13;
obsesionaron mi primera semana de reclu­-&#13;
&#13;
sión solitaria. Aquellos hombres movieron&#13;
&#13;
negativamente la cabeza.&#13;
&#13;
 -No piense más en eso —dijeron— . No&#13;
&#13;
alimente inútiles esperanzas. La evasión es&#13;
&#13;
imposible.&#13;
&#13;
Me explicaron que fugas intentadas en&#13;
&#13;
otros tiempos, cuando inclusive el sistema&#13;
&#13;
de la prisión no había alcanzado las per­-&#13;
&#13;
fecciones actuales, había fracasado; en ver­-&#13;
&#13;
dad hablaron de dificultades insalvables,&#13;
&#13;
pero no conseguí que las concretaran.&#13;
&#13;
 Después de aquella primera entrevista,&#13;
&#13;
permanecí dos días sin salir de mi habita-­&#13;
&#13;
ción. El guardián no tuvo inconveniente en&#13;
&#13;
llevarme allí la comida al mediodía y a la&#13;
&#13;
noche. Por la mañana, a través de la alta&#13;
&#13;
ventana entraba el sol dando al aposento&#13;
&#13;
un aspecto casi alegre. El muro era tan&#13;
&#13;
grueso que la ventana parecía excavada&#13;
&#13;
como un túnel y los barrotes casi no al­-&#13;
&#13;
canzaban a tocarse. Un pájaro había hecho&#13;
&#13;
su nido contra esos barrotes. Cuando me&#13;
&#13;
asomé, se produjo un revuelo y el nido&#13;
&#13;
quedó vacío.&#13;
&#13;
 Los dos días de voluntaria soledad fueron&#13;
&#13;
penosos, pero el tercero me encontró ya&#13;
&#13;
tranquilo, acostado de espaldas sobre el&#13;
&#13;
lecho, con las manos cruzadas por debajo&#13;
&#13;
de la nuca. Me entretenía imaginando la&#13;
&#13;
situación embarazosa que habría creado mi&#13;
&#13;
repentina desaparición. Casi me divertía&#13;
&#13;
imaginando a Luis recorriendo a largos&#13;
&#13;
pasos su despacho y mordiéndose nerviosa­&#13;
&#13;
mente el bigote. Pero la ruina de Luis era&#13;
&#13;
la mía propia. Era necesario, pues, poner&#13;
&#13;
toda la inteligencia y la voluntad para es-­&#13;
&#13;
capar de allí lo antes posible.&#13;
&#13;
En la primer comida que compartí con&#13;
&#13;
los otros internados, me mantuve silencio-­&#13;
&#13;
so; intuía que aquellos hombres eran mis&#13;
&#13;
enemigos con tanta intensidad como los car­-&#13;
&#13;
celeros. Estudié con atención cada uno de&#13;
&#13;
los rostros; todos eran burgueses de la clase&#13;
&#13;
alta o aristócratas venidos a menos. Enfren­-&#13;
&#13;
te de mí se sentaba un hombre gordo de&#13;
&#13;
ojos saltones y patillas desordenadas y ca­-&#13;
&#13;
nosas. A su lado un anciano con aspecto&#13;
&#13;
de barón bebía vino continuamente, lim- ­&#13;
&#13;
piándose luego los labios con un pañuelo&#13;
&#13;
de color celeste, más allá otros dos caballe-­&#13;
&#13;
ros ya maduros en cuyos rostros curtidos se&#13;
&#13;
adivinaba al hombre de la tierra o al mi-­&#13;
&#13;
litar, discutían animadamente. Sin prestar&#13;
&#13;
atención a sus palabras y sin que ellos pa-­&#13;
&#13;
recieran preocuparse tampoco de mí, me&#13;
&#13;
dediqué a estudiar a los comensales; des­-&#13;
&#13;
cubrí luego que se discutía sobre un tema&#13;
&#13;
de ajedrez. Soy un buen jugador y con el&#13;
&#13;
ánimo de ganar cuanto antes le amistad de&#13;
&#13;
aquellos hombres, me decidí a intervenir:&#13;
&#13;
 -Esa partida a la que ustedes se refie­-&#13;
&#13;
ren — dije de pronto—, no terminó con&#13;
&#13;
mate de rey y torre sino de una manera&#13;
&#13;
muy diferente. Es posible que la confundan&#13;
&#13;
con otra semejante realizada entre M. y J.&#13;
&#13;
en el mismo torneo.&#13;
&#13;
 Estas palabras me convirtieron de pronto&#13;
&#13;
en el centro de atención de todos.&#13;
&#13;
 — ¿Está seguro? - preguntó el barón lim- ­&#13;
&#13;
piándose los labios con su pañuelo.&#13;
&#13;
—Tuve oportunidad de asistir a ese tor­-&#13;
&#13;
neo de Leipzig y tengo frescas en la me­-&#13;
&#13;
moria estas partidas.&#13;
&#13;
¿Usted asistió al torneo de Leipzig?&#13;
&#13;
-preguntó esta vez el hombre gordo de&#13;
&#13;
las patillas desordenadas, con el tenedor a&#13;
&#13;
medio camino entre el plato y sus labios.&#13;
&#13;
El anciano barón dejó la copa sobre la&#13;
&#13;
mesa.&#13;
&#13;
— Fui suplente del equipo de nuestro&#13;
&#13;
país, pero no tuve oportunidad de inter­-&#13;
&#13;
venir.&#13;
&#13;
Se produjo una escena confusa, tras la&#13;
&#13;
cual fui obligado a decir mi nombre que&#13;
&#13;
algunos avisados creyeron recordar levan­-&#13;
&#13;
tando sus índices en el aire como sancio­-&#13;
&#13;
nando la efectiva realidad de mi existencia.&#13;
&#13;
Me solicitaron detalles que proporcioné con&#13;
&#13;
fidelidad primero y dejándome llevar por&#13;
&#13;
la imaginación después.&#13;
&#13;
Luego de la cena, la conversación conti­-&#13;
&#13;
nuó en el salón basta tarde; allí se nos&#13;
&#13;
reunieron los guardias que se mostraron tan&#13;
&#13;
interesados como mis compañeros en co-­&#13;
&#13;
nocer mis actuaciones en aquel torneo de&#13;
&#13;
Leipzig. Esa noche, me acosté con la certi-­&#13;
&#13;
dumbre de haber avanzado un buen trecho&#13;
&#13;
en el camino de mi liberación.&#13;
&#13;
Y en efecto lo había avanzado. Sí. En&#13;
&#13;
cierta forma, comencé a madurar aquella&#13;
&#13;
misma noche el proyecto de mi evasión.&#13;
&#13;
A la mañana siguiente me despertaron&#13;
&#13;
unos leves golpes en mi puerta. Escuché&#13;
&#13;
luego el juego metálico de la llave en la&#13;
&#13;
cerradura. Se abrió la puerta y en el vane&#13;
&#13;
pude distinguir apenas, con mis ojos soño-&#13;
&#13;
lientos, la figura de un guardián.&#13;
&#13;
— El señor Ferretti desea verlo.&#13;
&#13;
El hombre gordo espiaba por encima del&#13;
&#13;
hombro del guardián. La conversación de&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LÍNEA                                                                                                                5&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
la víspera le había interesado tanto que&#13;
&#13;
se atrevía ahora a molestarme a esa hora&#13;
&#13;
temprana. No, no era molestia. Le rogué&#13;
&#13;
que se sentara mientras me lavaba y me&#13;
&#13;
vestía un poco. Mientras llenaba con agua&#13;
&#13;
la jofaina, el guardián se retiró.&#13;
&#13;
 — El ajedrez es el juego total — dijo el&#13;
&#13;
hombre gordo juntando el pulgar y el índi­-&#13;
&#13;
ce a la altura de sus labios. Estábamos en&#13;
&#13;
el patio interior donde los prisioneros po­-&#13;
&#13;
dían pasear después del almuerzo. Era un&#13;
&#13;
patio grande rodeado por dos pabellones y&#13;
&#13;
paredes altísimas de piedra gris, cubiertas&#13;
&#13;
de hiedra. En los rincones, entre las lajas&#13;
&#13;
del suelo, crecía la hierba; tres naranjos&#13;
&#13;
proyectaban una mínima sombra. El día era&#13;
&#13;
desapacible y solamente el gordo y yo ha­-&#13;
&#13;
bíamos salido al paseo mientras el resto&#13;
&#13;
permanecía refugiado en el salón.&#13;
&#13;
 — Hay quienes se identifican con la reina,&#13;
&#13;
quienes con la torre. Yo amo el alfil, amo&#13;
&#13;
su astuto golpe diagonal imprevisto, su es-­&#13;
&#13;
tatura elegante coronada por una esfera. La&#13;
&#13;
esfera es la perfección, la totalidad idén­-&#13;
&#13;
tica siempre a sí misma en todos sus pun­-&#13;
&#13;
tos. ¿Con qué piezas se identifica usted?&#13;
&#13;
 Contesté sin entusiasmo, vagamente, que&#13;
&#13;
no prefería ninguna en especial. La conver­-&#13;
&#13;
sación decayó luego y caminamos quince&#13;
&#13;
pasos en silencio.&#13;
&#13;
 — Sin el ajedrez la vida aquí sería im­-&#13;
&#13;
posible —recomenzó el gordo entrecerrando&#13;
&#13;
sus párpados prominentes—. En la casa&#13;
&#13;
existen diez secciones semejantes a la nues-­&#13;
&#13;
tra; cada sección contiene diez prisioneros.&#13;
&#13;
 — ¿Y guardianes?&#13;
&#13;
 — Hay diez.&#13;
&#13;
 —¿Solamente diez?&#13;
&#13;
 — Un equipo.&#13;
&#13;
 — ¿Cómo es eso?&#13;
&#13;
 — Sí. Cada sección constituye un equipo&#13;
&#13;
de ajedrez; cada dos meses la Dirección&#13;
&#13;
organiza un certamen en el que participan&#13;
&#13;
todos. Las semanas entre torneo y torneo&#13;
&#13;
se aplican a discutir, a estudiar y perfec-­&#13;
&#13;
cionar nuevas tácticas de defensa y ataque.&#13;
&#13;
El mejor equipo es, sin duda, el de los&#13;
&#13;
guardianes.&#13;
&#13;
 ¡Solamente diez! El viento me golpeó en&#13;
&#13;
la mejilla. Dos golondrinas cruzaron ver-­&#13;
&#13;
tiginosamente. En una ventana que daba al&#13;
&#13;
patio se veía un hombre, detrás de las&#13;
&#13;
rejas.&#13;
&#13;
 — Si usted ... si usted aceptara integrar&#13;
&#13;
nuestro equipo, tal vez ...&#13;
&#13;
Miraba sin duda las golondrinas fugaces.&#13;
&#13;
 — ...tal vez mejorase nuestra posición&#13;
&#13;
que por ahora es muy comprometida.&#13;
&#13;
 Estábamos frente a la puerta que comu­-&#13;
&#13;
nicaba con el salón. El gordo dió tres golpes&#13;
&#13;
fuertes con los nudillos. Después me miró&#13;
&#13;
con fervor. La puerta se abrió.&#13;
&#13;
 —¿Jugará usted con nosotros? —pregun-­&#13;
&#13;
tó el gordo.&#13;
&#13;
 — Sí. Creo que sí. Por supuesto, sí, jugaré.&#13;
&#13;
 La prisión distaba mucho de ser inexpug­-&#13;
&#13;
nable. Comencé a observar y anotar cada&#13;
&#13;
detalle, cada costumbre. Pero era necesario&#13;
&#13;
no despertar sospechas, entrar en la vida de&#13;
&#13;
todos, ganarse la confianza de los guardias.&#13;
&#13;
El ajedrez era un magnífico pretexto. Fal­-&#13;
&#13;
taba un mes para el próximo torneo cuando&#13;
&#13;
acepté integrar uno de los equipos. Recién&#13;
&#13;
entonces aprecié la pasión con que los&#13;
&#13;
internados tomaban el juego. Leían engo-­&#13;
&#13;
rrosos tratados, discutían interminablemente&#13;
&#13;
las jugadas o improvisaban partidas en&#13;
&#13;
cualquier momento, en los lugares más&#13;
&#13;
inesperados.&#13;
&#13;
 La noticia de que un jugador se había&#13;
&#13;
sumado al equipo de la sección cuatro, se&#13;
&#13;
difundió por los pabellones. Mientras per­-&#13;
&#13;
feccionaba los detalles de mi fuga, entré de&#13;
&#13;
lleno en aquel vértigo de enroques y gam­-&#13;
&#13;
bitos. La disciplina intensiva, la dedicación&#13;
&#13;
casi única, hora tras hora, al tablero de&#13;
&#13;
casillas negras y blancas, no me desagradó.&#13;
&#13;
Era un buen jugador y aquellas semanas de&#13;
&#13;
riguroso estudio me revelaron nuevas y&#13;
&#13;
eficaces combinaciones.&#13;
&#13;
 Al llegar el día del certamen, no defrau-­&#13;
&#13;
dé las esperanzas de mis partidarios, sólo&#13;
&#13;
que éstos no pudieron hallar luego al héroe&#13;
&#13;
de la jornada que llevó a la sección cuarta&#13;
&#13;
al triunfo, porque esa misma noche, pre­-&#13;
&#13;
ciso e inevitable como una jugada más en&#13;
&#13;
mis complejas partidas, logré evadirme de&#13;
&#13;
la prisión y perderme entre las vagueda-&#13;
&#13;
&#13;
LIBRERIA FAUSTO&#13;
&#13;
&#13;
Recientemente inaugurada&#13;
&#13;
Literatura y Arte&#13;
&#13;
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&#13;
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&#13;
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&#13;
FLORIDA 760&#13;
&#13;
&#13;
des de la oscuridad y los bosques que pro­-&#13;
&#13;
longaban los dominios del castillo hacia&#13;
&#13;
el oeste.&#13;
&#13;
Me resulta difícil ahora reconstruir con&#13;
&#13;
exactitud las alternativas de la evasión. Yo&#13;
&#13;
jugaba una doble partida y contra el mismo&#13;
&#13;
adversario. El certamen se había prolongado&#13;
&#13;
por dos días; esperé la noche del segundo,&#13;
&#13;
cuando ya era claro el triunfo de los míos.&#13;
&#13;
Me tocaba entonces enfrentar al más hábil&#13;
&#13;
de los guardianes. Era un hombre todavía&#13;
&#13;
joven, de rostro cetrino y cabellos negros.&#13;
&#13;
Sus manos eran buidas y nerviosas. Tenía&#13;
&#13;
un modo desconcertante de levantar la pie-­&#13;
&#13;
za en el aire, dudar un instante y luego co­-&#13;
&#13;
locarla, certero y terrible, en la casilla pre-­&#13;
&#13;
cisa. Pedí como concesión especial que nos&#13;
&#13;
dejaran solos en el cuarto. El más leve&#13;
&#13;
rumor o movimiento pueden ser suficientes&#13;
&#13;
para perturbar el delicado mecanismo inte-­&#13;
&#13;
lectual de una jugada. Ante este pedido&#13;
&#13;
hubo protestas y negativas: nadie quería&#13;
&#13;
dejar de presenciar aquella silenciosa ba­-&#13;
&#13;
talla final. Pero me mantuve firme y con­&#13;
&#13;
seguí que accedieran a mi deseo. Solos, el&#13;
&#13;
guardián y yo, alumbrados únicamente por&#13;
&#13;
una lámpara, hicimos los primeros movi­-&#13;
&#13;
mientos. Mi juego era lento pero más se­-&#13;
&#13;
guro. Además, me animaba la certeza de&#13;
&#13;
mi otro triunfo. La evasión estaba prepa­-&#13;
&#13;
rada: en cualquier momento de aquella&#13;
&#13;
partida yo podía levantarme y el minucioso&#13;
&#13;
plan comenzaría a cumplirse sin posibles&#13;
&#13;
inconvenientes. Sin embargo dejé pasar los&#13;
&#13;
minutos y me empeñé en lograr una doble&#13;
&#13;
victoria. El silencio era perfecto, apenas&#13;
&#13;
tocado por el golpe sordo de la base afel­-&#13;
&#13;
pada de las piezas contra la madera del&#13;
&#13;
tablero. El plan de juego era estricto. Re­-&#13;
&#13;
sultaba increíble que yo pudiese prever con&#13;
&#13;
tanta seguridad las jugadas más remotas del&#13;
&#13;
adversario, colocar en la posición exacta mis&#13;
&#13;
peones, simular tres ataques diferentes en­&#13;
&#13;
cubriendo la emboscada verdadera del ca­-&#13;
&#13;
ballo. ¡Ah, sí! Mi pieza favorita, podía&#13;
&#13;
decir ahora, era el caballo, tan ágil para&#13;
&#13;
superar el obstáculo de la amurallada torre,&#13;
&#13;
vencer el cerco de peones. La luz vacilaba&#13;
&#13;
reflejándose en el marfil blanco de las&#13;
&#13;
piezas. Me levanté y continué el juego de&#13;
&#13;
pie. El guardián me observó un segundo&#13;
&#13;
con ojos imprecisos y regresó inmediata-­&#13;
&#13;
mente al ámbito del tablero. En dos juga­-&#13;
&#13;
das más, todo había concluido y luego obré&#13;
&#13;
sin vacilaciones: el hombre cayó inconscien-­&#13;
&#13;
te sobre el suelo y cambié mis ropas por&#13;
&#13;
su uniforme de paño gris. El segundo plan,&#13;
&#13;
había comenzado.&#13;
&#13;
 Los detalles posteriores no interesan. Lo&#13;
&#13;
cierto es que logré escapar, corrí por el&#13;
&#13;
campo oscuro de la noche, gané el bosque&#13;
&#13;
cercano al edificio y luego de dos horas&#13;
&#13;
de camino llegué hasta los suburbios de la&#13;
&#13;
ciudad. Conocía la topografía de sus calles;&#13;
&#13;
evité las más concurridas y caminé por las&#13;
&#13;
laterales, solitarias y oscuras a esa hora del&#13;
&#13;
amanecer, basta el hospedaje de Kausky,&#13;
&#13;
donde me permitieron refugiarme hasta tan­-&#13;
&#13;
to Luis diese conmigo. Hice sacar a Kausky&#13;
&#13;
de su dormitorio y le expliqué mi situa­-&#13;
&#13;
ción. No eran épocas para predisponerse&#13;
&#13;
en contra de las autoridades; Kausky lo&#13;
&#13;
sabía tan bien como yo y temí por un&#13;
&#13;
momento que mi antiguo amigo no estu­-&#13;
&#13;
viese dispuesto a ayudarme, pero me equi­-&#13;
&#13;
vocaba. El viejo judío sonrió afectuosamen­-&#13;
&#13;
te y me condujo, escaleras arriba hasta una&#13;
&#13;
pequeña habitación interior. Allí, sentados&#13;
&#13;
uno al lado del otro en la cama de hierros&#13;
&#13;
blancos, le narré lo mejor que pude lo que&#13;
&#13;
había sucedido. Kausky tomó nota del men­-&#13;
&#13;
saje que debía enviar a Luis y salió, reco­-&#13;
&#13;
mendándome que tratase de dominar mi&#13;
&#13;
nerviosidad durmiendo un poco. Luego&#13;
&#13;
quedé solo, esperando.&#13;
&#13;
 Había una sola ventana, pequeña, que&#13;
&#13;
daba a un patio penumbroso y gris. Por&#13;
&#13;
un momento miré a través de los vidrios&#13;
&#13;
polvorientos y después me recosté intentan­-&#13;
&#13;
do dormir o al menos tranquilizarme. Igno­-&#13;
&#13;
raba todavía que era inútil, que no podría&#13;
&#13;
lograrlo.&#13;
&#13;
 Para concluir estas memorias necesitaría&#13;
&#13;
rehacer minuto por minuto aquellos días&#13;
&#13;
desdichados e incoherentes, las horas de tor-&#13;
&#13;
tura tratando de dominar la terrible verdad&#13;
&#13;
que sospechaba, la certidumbre de que la&#13;
&#13;
prisión, finalmente, era inexpugnable. Mi&#13;
&#13;
fuga había encontrado todas las puertas&#13;
&#13;
abiertas, los corredores solitarios, los pues­-&#13;
&#13;
tos de guardia abandonados. Pero en la&#13;
&#13;
soledad de mi habitación de la casa de&#13;
&#13;
Kausky, reconstruyendo los complejísimos y&#13;
&#13;
perfectos momentos de mis partidas, luchan-­&#13;
&#13;
do por pensar en otros temas, fracasando en&#13;
&#13;
mi anhelo de imaginarme en otros lugares,&#13;
&#13;
participando de otras circunstancias, las que&#13;
&#13;
constituían mi vida anterior y en las cuales&#13;
&#13;
nunca más podría empeñarme, comprendí&#13;
&#13;
que ya nada tenía sentido fuera de aquella&#13;
&#13;
otra pasión elegante y silenciosa. Corrí casi&#13;
&#13;
todo el tiempo y golpeé jadeante en la&#13;
&#13;
puerta de la casa.&#13;
&#13;
 Nadie hizo ningún comentario. El señor&#13;
&#13;
Ferretti sonrió, sin embargo.&#13;
&#13;
 — He aquí nuestro huésped —dijo.&#13;
&#13;
Otros presos se acercaron para salu-­&#13;
&#13;
darme.&#13;
&#13;
&#13;
PARADOJA PARA LA POESIA&#13;
&#13;
&#13;
por Osvaldo Svanascini&#13;
&#13;
&#13;
 Los zapatos que deben usarse pa­-&#13;
&#13;
ra hacer poesía tienen a menudo la&#13;
&#13;
dimensión de la sangre que divide&#13;
&#13;
sus propias audiencias. Es posible&#13;
&#13;
que un poema sea un hombre pero&#13;
&#13;
es más factible admitir que es la úni-­&#13;
&#13;
ca autoridad capaz de juzgarnos.&#13;
&#13;
&#13;
 La destrucción, defensa de las ac­-&#13;
&#13;
titudes insólitas o conjugación del&#13;
&#13;
fracaso, son elementos de aporte po-­&#13;
&#13;
sitivo. Por primera vez la belleza no&#13;
&#13;
tiene la posibilidad del afeite. Ahora&#13;
&#13;
es una llaga minuciosamente belige-­&#13;
&#13;
rante. Los momentos del conformis­-&#13;
&#13;
mo con el disconformismo deben re-­&#13;
&#13;
gir los horarios de los ferrocarriles.&#13;
&#13;
He allí una forma de arribar a la&#13;
&#13;
hora.&#13;
&#13;
&#13;
 Hacer poesía con los dedos — Olvi­-&#13;
&#13;
dar los testamentos sin olvidarlos —&#13;
&#13;
Perseguir el vínculo con el tempera­-&#13;
&#13;
mento y engendrar — Ocasionar los&#13;
&#13;
estampidos y los desconciertos a fin&#13;
&#13;
de promover el descubrimiento -— .&#13;
&#13;
Además, la calidad poética, su pro­-&#13;
&#13;
fundidad, son atributos que sola­-&#13;
&#13;
mente el poeta insufla. Quienes gra­-&#13;
&#13;
vitan en la falsa modernidad o en la&#13;
&#13;
retórica insuficiente pueden llegar a&#13;
&#13;
ser buenos libreros.&#13;
&#13;
&#13;
 El ejercicio de la reacción, ese sa­-&#13;
&#13;
berse perder en plena exaltación, es&#13;
&#13;
evidentemente un sistema vital para&#13;
&#13;
integrarse en la poesía nueva. ¿Hasta&#13;
&#13;
dónde habrá que excusar a la poesía&#13;
&#13;
sin compromisos? Hoy- ahora el prin-­&#13;
&#13;
cipio de la poesía tiene que ser com­-&#13;
&#13;
prometido como el hombre. ¿Qué&#13;
&#13;
importancia tiene el arribismo a cos-­&#13;
&#13;
ta de la pérdida de la misma facul­-&#13;
&#13;
tad de saber afrontar la creación in-­&#13;
&#13;
volucrada en el estallido, en la me-­&#13;
&#13;
tamorfosis, en el reencuentro de to­-&#13;
&#13;
do material ignorado?&#13;
&#13;
&#13;
 Y si el hábito es el enemigo de la&#13;
&#13;
poesía convengamos que ésta no pue-­&#13;
&#13;
de ser ese cubo de rompecabezas ca­-&#13;
&#13;
paz de solucionar los menores con­-&#13;
&#13;
tratiempos de un juego. Para crear&#13;
&#13;
los órdenes de la poesía fueron nece­-&#13;
&#13;
sarios tantos desórdenes como los&#13;
&#13;
que a veces tratamos de concretar.&#13;
&#13;
&#13;
 Expresión: eso que a veces idea­-&#13;
&#13;
mos para cazar focas en el fondo de&#13;
&#13;
las hogueras y que ahora se prodi­-&#13;
&#13;
ga en las formas del lenguaje.&#13;
&#13;
&#13;
 Ya no es posible valorizar la opi­-&#13;
&#13;
nión de esos aletargados en relación&#13;
&#13;
a su tiempo, que persisten en una&#13;
&#13;
ignorancia con respecto a la comuni­-&#13;
&#13;
&#13;
NEIRA Y EZCURRA&#13;
&#13;
INGENIEROS AGRÓNOMOS&#13;
&#13;
PARQUES Y JARDINES&#13;
&#13;
TUCUMÁN 348 TE. 31- RETIRO 5735- 5688 BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
cación actual. El escritor debe servir&#13;
&#13;
a su tiempo a pesar de los tranvías.&#13;
&#13;
Sin embargo lo más grave de todo&#13;
&#13;
esto es el desconocimiento. ¿Es posi­-&#13;
&#13;
ble, aun, desentenderse de proble­-&#13;
&#13;
mas tan capitales y basta tan verda­-&#13;
&#13;
deros dentro del proceso poético?&#13;
&#13;
¿Es lógico, además, que hablen de&#13;
&#13;
movimientos caducos — refiriéndose&#13;
&#13;
al creacionismo, dadaísmo, surrea­-&#13;
&#13;
lismo, etc.— quienes continúan en&#13;
&#13;
un sospechoso parnaso o ni siquiera&#13;
&#13;
hundieron sus magros pelos en otros&#13;
&#13;
ámbitos que los de su propia y dis­-&#13;
&#13;
cutible inepcia?&#13;
&#13;
&#13;
 Por primera vez el cerebro entra&#13;
&#13;
en la poesía sin descartar a la sangre&#13;
&#13;
y permitiéndole a ésta pilotear el&#13;
&#13;
tronco. El mar nos parece un ele­-&#13;
&#13;
mento movido por palabras como re­-&#13;
&#13;
mos enormes. Pero también la poe-­&#13;
&#13;
sía se compone de otra nueva reali-­&#13;
&#13;
dad, del sueño visto desde una torre,&#13;
&#13;
de los días que estamos soportando,&#13;
&#13;
de la heterodoxia con nosotros mis­-&#13;
&#13;
mos, del grito y la desventura, pero&#13;
&#13;
sobre todo de una necesidad incues-­&#13;
&#13;
tionable de vitalizar las premisas y&#13;
&#13;
la conciencia de nuestra propia fa-­&#13;
&#13;
cultad de existir.&#13;
&#13;
&#13;
 Además de un lápiz los poetas de­-&#13;
&#13;
cadentes usan cierto recato de noche&#13;
&#13;
de boda. Pero la poesía tiene justa­-&#13;
&#13;
mente un desenfado marinero que&#13;
&#13;
necesita alterar las algas y predispo­-&#13;
&#13;
ner a la conjuntivitis. De allí que los&#13;
&#13;
oftalmólogos prefieran atender a los&#13;
&#13;
astigmáticos.&#13;
&#13;
&#13;
 Esta época nos obliga a hacernos&#13;
&#13;
duros, casi tanto como la misma im­-&#13;
&#13;
paciencia: eso hace posible la subsis­-&#13;
&#13;
tencia del poeta. Y la vida cotidiana&#13;
&#13;
tiene durezas elevadas a la categoría&#13;
&#13;
de cáncer. La poesía resulta de ello&#13;
&#13;
facultad de resumen; una agresivi­-&#13;
&#13;
dad movida ante el contraste con el&#13;
&#13;
mundo, una creación de la destruc-­&#13;
&#13;
ción. Y la paradoja devuelve el equi-­&#13;
&#13;
librio. Es el peligro de la electrici­-&#13;
&#13;
dad: y sin embargo usamos la plan-­&#13;
&#13;
cha.&#13;
&#13;
&#13;
 No representar los estados sino la&#13;
&#13;
cosa en sí — Pasión y compromiso:&#13;
&#13;
he allí los indicios para erigir futu­-&#13;
&#13;
ras catedrales — Hacer del mundo&#13;
&#13;
real una hélice para licuar los con-­&#13;
&#13;
vencionalismos -— Influir sobre las&#13;
&#13;
maneras de anticipar los cinco senti-­&#13;
&#13;
dos —- Redimir, redimir los altos ce­-&#13;
&#13;
menterios, los hombres pegados a la&#13;
&#13;
madera gestatoria, las fuentes de lo­-&#13;
&#13;
za que han sostenido a los poemas&#13;
&#13;
del oprobio: La poesía es el único&#13;
&#13;
vicio de la virtud.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
6                                                                                                                      LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
LA CONTRIBUCION DE EDGAR VARESE&#13;
&#13;
A LA MUSICA EXPERIMENTAL&#13;
&#13;
por Juan Carlos Paz&#13;
&#13;
&#13;
“Una idea que no es peligrosa no merece en abso-­&#13;
&#13;
luto ser considerada como idea.” — OSCAR WILDE.&#13;
&#13;
&#13;
 El campo experimental, constantemente ampliado en el período de&#13;
&#13;
la música que parte de comienzos del siglo, ha determinado situaciones&#13;
&#13;
especialísimas en los dominios de ese arte, abocando al compositor a in­-&#13;
&#13;
cesantes probaturas y experimentaciones, desde la exposición de las&#13;
&#13;
teorías de Busoni (1907), la implantación del atonalismo (1909), la&#13;
&#13;
politonalidad (1912), el microtonalismo (1920), la técnica de los doce&#13;
&#13;
tonos (1925) y la técnica de la composición atemática (1929), veremos&#13;
&#13;
que el aporte de la faz técnica y experimental ha sido enorme y sin&#13;
&#13;
paralelo alguno en la Historia de la Música.&#13;
&#13;
 Los enemigos de la música actual — entre cultores y plagiarios del&#13;
&#13;
pasado— interpretan naturalmente el hecho como demostración de que&#13;
&#13;
esa música es algo meramente cerebral y, por lo tanto, aportadora de&#13;
&#13;
valores exclusivamente técnicos, ya que los pioneros y los experimenta­-&#13;
&#13;
dores, según afirman, rara o ninguna vez son creadores. Por supuesto que&#13;
&#13;
al sostener tal cosa olvidan a Tartini, Rameau, Juan Sebastián Bach,&#13;
&#13;
entre los antiguos, o a Busoni, Schönberg, Oboúkow, Alois Hába, Julián&#13;
&#13;
Carrillo, entre los contemporáneos. Pero en la música, más que en las&#13;
&#13;
demás artes, es imposible un cambio fundamental sin profundas modifi­-&#13;
&#13;
caciones en la faz técnica; de manera que es posible afirmar que en&#13;
&#13;
realidad no ha existido un creador-músico de importancia decisiva que&#13;
&#13;
no haya sido a la vez un experimentador más o menos directo y efectivo,&#13;
&#13;
así como también un teórico y un incitador. El compositor crea la técnica&#13;
&#13;
indispensable para hacer viable su verbo; por tal razón, una y otro son&#13;
&#13;
inseparables, gracias a lo cual logran obtener la unidad integral.&#13;
&#13;
 Entre los máximos experimentadores actuales en el terreno de los&#13;
&#13;
sonidos no temperados, a la vez que en la poliarmonía, la abolición de&#13;
&#13;
las frases tradicionales, el cultivo intensivo de la disonancia como realidad&#13;
&#13;
musical y de la poliritmia, figura el franco-americano Edgar Várese, “ tra­-&#13;
&#13;
bajador en ritmos, frecuencias e intensidades”. Con una base eminente-­&#13;
&#13;
mente científica, este arquitecto en sonidos, luego de un aprendizaje&#13;
&#13;
rudamente escolástico de cuyos resultados da fe su profundo conocimiento&#13;
&#13;
de los estilos polifónico y contrapuntístico del pasado, se aplicó al estudio&#13;
&#13;
de los principios científicos de la música y durante largo tiempo lia venido&#13;
&#13;
experimentando en instrumentos eléctricos destinados a producir el soni­-&#13;
&#13;
do que se desee, además de reproducir los ya existentes basados en nuestro&#13;
&#13;
convencional sistema temperado. En principio, esta actitud es promisora&#13;
&#13;
y edificante, sobre todo si la comparamos con la postura reaccionaria que&#13;
&#13;
suponen todos los retornos contemporáneos, de Strawinsky a Hindemith.&#13;
&#13;
 Edgar Várese estudió en la Schola Cantorum, de París, con Vincent&#13;
&#13;
D ’Indy, continuando luego el contrapunto con Albcrt Roussel y siguiendo&#13;
&#13;
los cursos de Charles M. Widor en el Conservatoire. Luego de intensa&#13;
&#13;
actividad como director de coros en París y en Berlín, practicó la direc-­&#13;
&#13;
ción de orquesta en Praga, y pasó luego a radicarse en los Estados Unidos,&#13;
&#13;
donde fundó la International Composers Guild y llegó a actuar en forma&#13;
&#13;
continuada como dirigente de masas orquestales y corales.&#13;
&#13;
 Su producción, que no es abundante — Várese no es lo que puede&#13;
&#13;
definirse como un compositor prolífico— , comprende varias obras orques­-&#13;
&#13;
tales: Tres piezas, Rhapsodie romane, Gargantúa, Chansons de jeunes&#13;
&#13;
hommes, Prelude a la fin d’un jour, Les cicles du Nord, Bourgogne Mehr&#13;
&#13;
Licht, Ameriques, Arcana; y para pequeño conjunto instrumental: Hiper-&#13;
&#13;
prism, Octandre, Integrèles, Offrandes. Luego trabajó The one all alone&#13;
&#13;
en colaboración con el poeta y musicólogo cubano Alejo Carpentier, así&#13;
&#13;
como también en La canción de la niña enferma de fiebres. Este compo-­&#13;
&#13;
sitor respetuoso de la tradición, al punto de sostener una perpetua&#13;
&#13;
posición admirativa ante los grandes valores que encierra la producción&#13;
&#13;
de los maestros de todas las épocas, se ha apartado de las rutas seguidas&#13;
&#13;
por sus contemporáneos, así como del cúmulo de escuelas afines y con-­&#13;
&#13;
tradictorias, y ba penetrado valientemente en el terreno experimental,&#13;
&#13;
entendiendo la música, por encima de todo [sentimentalismo] romántico&#13;
&#13;
o realista, o de todo formulismo académico, como un resultado y una&#13;
&#13;
síntesis lograda a base de una organización de sonidos. Busca en su&#13;
&#13;
música los planos, los volúmenes y las masas sonoras a través de un&#13;
&#13;
lenguaje atonal, en cuyo desenvolvimiento la insistencia de ciertas notas&#13;
&#13;
escogidas deliberadamente, a manera de tónicas, constituyen los pivotes&#13;
&#13;
en torno de los cuales gira la acción musical. El interés de sus desarrollos&#13;
&#13;
es mantenido por la oposición de los planos y la movilidad de las pers­-&#13;
&#13;
pectivas sonoras — concepción de la música espacial— , al presentar bajo&#13;
&#13;
diferentes aspectos los esenciales elementos de unidad.&#13;
&#13;
 Para lograr éxito en su concepción de la música construida a base&#13;
&#13;
de planos superpuestos, Várese comienza por declararse insatisfecho, con&#13;
&#13;
plena razón de la estructura actual de la orquesta. No hay que olvidar&#13;
&#13;
que ese organismo sonoro es bastante deforme, ya que en él se agrupan&#13;
&#13;
sin ninguna lógica los instrumentos de sonidos temperados y de sonidos&#13;
&#13;
no temperados; donde los bajos son débiles o insuficientes y los agudos&#13;
&#13;
sin completar; donde la continuidad de los timbres hacia el agudo&#13;
&#13;
o hacia el grave se ve a menudo interrumpida por la limitación del regis­-&#13;
&#13;
tro de los instrumentos; y donde las familias de esos mismos instrumentos&#13;
&#13;
aparecen lamentablemente incompletas (1). Várese propone el empleo de&#13;
&#13;
instrumentos eléctricos capaces de establecer potencia, equilibrio y exten­-&#13;
&#13;
sión — hasta más allá de tres octavas sobre el registro actual de la or­-&#13;
&#13;
questa— y en los que los sonidos se producirían en cualquier frecuencia&#13;
&#13;
e intensidad. Por ejemplo, suele emplear el compositor acordes que com­-&#13;
&#13;
prenden una gran extensión entre el grave y el sobreagudo, y que par­-&#13;
&#13;
tiendo de un pianissimo alcanzan, gracias a una especulación de las dis­-&#13;
&#13;
tancias sabiamente calculada, un gran volumen sonoro en el espacio de&#13;
&#13;
un segundo. Y respecto al aumento en las sonoridades individuales dentro&#13;
&#13;
del conjunto orquestal, Várese ofrece este ejemplo aclaratorio: un ins­-&#13;
&#13;
trumento cualquiera, que tuviera la energía de un watt, podrían producir&#13;
&#13;
millares de ellos con la aplicación de un pequeño aparato eléctrico, de&#13;
&#13;
uso muy simple.&#13;
&#13;
 Muchas de las experiencias y especulaciones de que están colmadas&#13;
&#13;
las partituras de Várese, son impracticables para los decursos actuales de&#13;
&#13;
la orquesta y los límites acústicos a que se nos ha habituado; pero, como&#13;
&#13;
están calculados con rigor científico, es imposible dudar de su resultado&#13;
&#13;
y de que agregando a nuestros sonidos fundamentales series de armónicos&#13;
&#13;
compuestos por las necesidades del discurso musical, se producirían so-­&#13;
&#13;
nidos individuales o combinaciones sonoras inauditas como variedad, no­-&#13;
&#13;
vedad y riqueza de timbres.&#13;
&#13;
 Para compensar en parte la imposibilidad de lograr ciertos resul­-&#13;
&#13;
tados con los medios actuales, a la vez que para experimentar con estos&#13;
&#13;
mismos recursos en terrenos poco explorados aún. Várese ha anticipado&#13;
&#13;
algunos aspectos de sus concepciones respecto de los sonidos no tempe­-&#13;
&#13;
rados, en varias composiciones destinadas a pequeños conjuntos instru-­&#13;
&#13;
mentales. Para lograr esos resultados ha planteado nuevas posibilidades&#13;
&#13;
en el empleo y acoplamiento de numerosos instrumentos de percusión.&#13;
&#13;
Ionisation, por ejemplo, es una obra escrita en su totalidad para esa&#13;
&#13;
clase de instrumentos, de los que emplea 42 diferentes; en Integrèles llega&#13;
&#13;
a reunir 17 instrumentos de batería.&#13;
&#13;
 Cree Várese que la música está aún en la infancia, si nos atenemos&#13;
&#13;
a las perspectivas que la ciencia le ofrece. No hay que olvidar que la&#13;
&#13;
música es un arte que es también ciencia. La música ha entrado en una&#13;
&#13;
nueva faz — ¡era ya tiempo!— que trasciende de las limitaciones que le&#13;
&#13;
imponía nuestro vetusto sistema de escalas basadas en el sistema tem­-&#13;
&#13;
perado, cuya última etapa la constituye la técnica doce-tonal. El politonalismo, el post-impresionismo, las diversas escuelas nacionalistas, la&#13;
&#13;
música social, los retornos al pasado de los neo-clasicistas y neo-román­-&#13;
&#13;
ticos, no son más que prolongaciones harto redundantes de estados sen-­&#13;
&#13;
sibles y mentales ya superados y que se basan en recursos técnicos que&#13;
&#13;
hace casi medio siglo que atraviesan una crisis total, así como el sistema&#13;
&#13;
de escalas que les dió base, las formas llamadas “clásicas” , y la absurda&#13;
&#13;
simetría melódica, especie de “música en verso”, según la aguda defini­-&#13;
&#13;
ción de Krének. Nada de eso tiene ya valor del punto de vista de la&#13;
&#13;
posibilidad.&#13;
&#13;
 El porvenir da siempre razón a los innovadores y la quita a los imi­-&#13;
&#13;
tadores. ¿A qué, pues, la manía suicida de imitar eternamente el pasado&#13;
&#13;
aplicándose a la producción de sonatas dieciochescas, óperas “veristas”,&#13;
&#13;
piezas de un impresionismo extemporáneo, poemas sinfónicos y ballets&#13;
&#13;
plenos de explicaciones literarias y que rehuyen desesperadamente una&#13;
&#13;
nueva problemática? Entre los que desechando por inútiles esas tentati­-&#13;
&#13;
vas impotentes, y avanzando en terreno desconocido conjuntamente a otros&#13;
&#13;
pioneros de la música de nuestro tiempo, como Schönberg, [Hába], Krének,&#13;
&#13;
Webern y quizá algún otro, tiene su puesto Edgar Várese, indiscutible­-&#13;
&#13;
mente; y la punta de lanza que ha hecho penetrar en el terreno de la&#13;
&#13;
posibilidad, ha servido de incitación y ejemplo edificante que va no&#13;
&#13;
puede desdeñarse. Así lo han comprendido algunos jóvenes compositores&#13;
&#13;
de los Estados Unidos que, como William Russell. David Green, John&#13;
&#13;
Cage, Harold G. Davidson, Gerald Strang, marchan a la vanguardia de&#13;
&#13;
las corrientes musicales de América, en lo que a los hallazgos en el terreno&#13;
&#13;
físico del sonido y su aplicación práctica a cargo de recursos totalmente&#13;
&#13;
inéditos se refiera.&#13;
&#13;
 (1) El compositor y teórico mexicano Julián Carrillo, propone, en su por demás&#13;
&#13;
interesante tratado de instrumentación, la creación de escalas de timbres uniformes&#13;
&#13;
que alcanzan un ámbito ininterrumpido de extensión muy superior a la normal. La&#13;
&#13;
realización práctica de bastantes instrumentos que ampliaran el registro de los actuales&#13;
&#13;
hacia el grave y el agudo, daría a nuestra deficiente organización orquestal una suma&#13;
&#13;
de posibilidades inaudita; y a la vez, colmaría los huecos y la falta de homogeneidad&#13;
&#13;
de que adolece.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y  LÍNEA                                                                                                                      7&#13;
&#13;
&#13;
POEMAS DE DYLAN THOMAS&#13;
&#13;
&#13;
 Dylan Thomas (Swansea, 1914) desempeña hasta 1939 diversos cargos periodísti­-&#13;
&#13;
cos. Rechazado por el ejército, empieza a trabajar para la B.B.C. y para el cine,&#13;
&#13;
adquiriendo reputación como argumentista en ambas tareas. En 1933 gana el Book-prize&#13;
&#13;
con su poema The force that through the green fuse drives the flower que pasaría a&#13;
&#13;
integrar su primer volumen. El 9 de noviembre de 1953 muere en Nueva York, adonde&#13;
&#13;
había llegado para dar una serie de conferencias. La nómina completa de sus obras&#13;
&#13;
incluye: 18 Poems (1934) ; Twenty-five poems (1936) ; The Map of Love (dieciseis&#13;
&#13;
poemas y siete textos, 1939) ; The World I Breathe (1939) ; Portrait of the Artist as&#13;
&#13;
an Young Dog (colección de relatos autobiográficos, 1940) ; Deaths and Entrances&#13;
&#13;
(1946). Collected Poems reúne el total de sus poemas escritos hasta noviembre de&#13;
&#13;
1952. Edith Sitwell, Stephen Spender y Herbert Read han sido descubridores y defen-­&#13;
&#13;
sores de su obra. Sobre Dylan Thomas puede leerse además: “Dylan Thomas: APio­-&#13;
&#13;
neer”, de Francis Scarfe en Anden and After y “ An approach to Dylan Thomas” de&#13;
&#13;
Linden Huddlestone en el Penguin New Writing N° 35.&#13;
&#13;
Un artículo esclarecedor en lo que se refiere a las relaciones de su poesía con&#13;
&#13;
la política, la religión y la tradición poética galesa es el de John L. Sweeney que sirve&#13;
&#13;
de prefacio a Selected Writings publicado por New Directions. Sin embargo, The&#13;
&#13;
Poetry o Dylan Thomas de Henry Treece (poeta, galés y participante del movimiento&#13;
&#13;
Apocalipsis que apadrinara Thomas) sigue siendo, sin lugar a dudas, el estudio más&#13;
&#13;
importante y minucioso sobre la obra del poeta.&#13;
&#13;
 Las traducciones que siguen —hechas con la colaboración de Elena Cruz— no&#13;
&#13;
pretenden ser más que un primer ejercicio de poesía.&#13;
&#13;
&#13;
MARIO TREJO&#13;
&#13;
&#13;
AMOR EN EL ASILO&#13;
&#13;
&#13;
Una desconocida ha llegado a compartir mi cuarto&#13;
&#13;
en esta casa no bien de la cabeza.&#13;
&#13;
&#13;
Una muchacha loca como los pájaros&#13;
&#13;
echando los cerrojos de la noche en la puerta,&#13;
&#13;
con sus brazos, sus plumas.&#13;
&#13;
&#13;
Rígida en su asombrado lecho&#13;
&#13;
o paseándose por la pesadilla de su cuarto, libre como los muertos,&#13;
&#13;
ella alucina la casa a prueba de cielos&#13;
&#13;
con nubes que están en el secreto&#13;
&#13;
o navega imaginarios océanos de guardianes.&#13;
&#13;
&#13;
Ha llegado poseída la que admite la luz ilusoria&#13;
&#13;
a través de los sólidos muros.&#13;
&#13;
Poseída por los cielos&#13;
&#13;
duerme en su angosto pesebre,&#13;
&#13;
sin embargo, atraviesa las cenizas&#13;
&#13;
y delira a su gusto sobre el escenario del manicomio&#13;
&#13;
gastado a fondo por mis lágrimas en pena.&#13;
&#13;
&#13;
Y tomado por la luz en sus brazos&#13;
&#13;
al prolongado y costoso fin&#13;
&#13;
tal vez sufra sin falta&#13;
&#13;
la primera visión que incendió las estrellas.&#13;
&#13;
&#13;
DE ESTE LADO DE LA VERDAD&#13;
&#13;
para Llewelyn&#13;
&#13;
&#13;
De este lado de la verdad&#13;
&#13;
no puedes ver, hijo mío,&#13;
&#13;
soberano de tus ojos azules&#13;
&#13;
en la enceguecedora comarca de la juventud,&#13;
&#13;
que bajo el ciclo indiferente&#13;
&#13;
todo está desprendido de culpa e inocencia,&#13;
&#13;
y que antes de que inicies&#13;
&#13;
un gesto de tu corazón o tu cabeza,&#13;
&#13;
ya está amontonado y esparcido&#13;
&#13;
en las tortuosas tinieblas&#13;
&#13;
como el polvo de los muertos.&#13;
&#13;
&#13;
Lo bueno y lo malo, dos maneras&#13;
&#13;
de dirigirte hacia tu muerte&#13;
&#13;
junto al mar hecho trizas,&#13;
&#13;
soberano de tu corazón en tus ciegos días,&#13;
&#13;
soplado como el alienta,&#13;
&#13;
van gritando a través de ti y de mí&#13;
&#13;
y de las almas de todos los hombres&#13;
&#13;
hasta las tinieblas inocentes y las tinieblas culpables,&#13;
&#13;
y la muerte buena y la mala muerte,&#13;
&#13;
y entonces, en el último elemento&#13;
&#13;
vuelan como la sangre de las estrellas,&#13;
&#13;
como las lágrimas del sol,&#13;
&#13;
como semilla lunar, escombro y fuego,&#13;
&#13;
el volador estruendo del cielo, soberano de tus seis años,&#13;
&#13;
y los perversos deseos&#13;
&#13;
bajo el principio de las plantas y animales y pájaros&#13;
&#13;
y del agua y la luz, la tierra y el cielo&#13;
&#13;
están ordenados antes de que te muevas, y todos tus actos y palabras,&#13;
&#13;
cada verdad, cada mentira,&#13;
&#13;
mueren en un inenjuiciable amor.&#13;
&#13;
&#13;
VEINTICUATRO AÑOS&#13;
&#13;
&#13;
Veinticuatro años conmemoran las lágrimas de mis ojos.&#13;
&#13;
(Enterrad a los muertos por temor de que caminen hacia la tumba&#13;
&#13;
en construcción.)&#13;
&#13;
En la arista de la natural entrada&#13;
&#13;
yo me agazapaba como un sastre&#13;
&#13;
que cose una mortaja de viaje a la luz del sol carnívoro.&#13;
&#13;
Vestido para morir, empezó el contoneo sensual,&#13;
&#13;
con mis rojas venas llenas de dinero,&#13;
&#13;
en la dirección última del pueblo elemental&#13;
&#13;
avanzo mientras dure lo que para siempre es.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
8                                                                                                                       LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
EL CRISOL&#13;
&#13;
drama de ARTHUR MILLER&#13;
&#13;
(acto 1°)&#13;
&#13;
&#13;
 Nacido en New York en 1915, criado en&#13;
&#13;
Brooklyn, educado en la Universidad de&#13;
&#13;
Michigan, Arthur Miller goza hoy, antes de&#13;
&#13;
los cuarenta, del raro privilegio de ser acla­&#13;
&#13;
mado por los más vastos concursos de “pú-­&#13;
&#13;
blico grueso” al mismo tiempo que es objeto&#13;
&#13;
de codiciadas distinciones por parte de las&#13;
&#13;
más refinadas minorías de “entendidos”.&#13;
&#13;
Suyos son ya, y reiteradamente, el premio&#13;
&#13;
de los Críticos Teatrales de Estados Unidos,&#13;
&#13;
el premio Pulitzer, el premio Antoinette&#13;
&#13;
Perry, por mencionar sólo los más conoci­-&#13;
&#13;
dos. Se lo ha situado junto a O’Neill en la&#13;
&#13;
dramaturgia norteamericana de hoy y no&#13;
&#13;
falta quien lo considere aún de mayor sig­-&#13;
&#13;
nificación y trascendencia en el teatro de&#13;
&#13;
nuestro tiempo.&#13;
&#13;
&#13;
 “El Crisol” — cuyo primer acto ofrecemos&#13;
&#13;
en calidad de primicia absoluta para los&#13;
&#13;
lectores de habla castellana—, fué estrenada&#13;
&#13;
en New York, el 22 de enero del año 1953&#13;
&#13;
y constituyó uno de los motivos de más&#13;
&#13;
viva discusión en aquel medio.&#13;
&#13;
&#13;
 La obra se ajusta estrictamente a un he­-&#13;
&#13;
cho histórico —la “ caza de brujas” en Sa-­&#13;
&#13;
lem, en 1692—, hasta el punto de que nin­-&#13;
&#13;
gún crítico ha podido señalar la más mínima&#13;
&#13;
desviación ni tergiversación, no obstante el&#13;
&#13;
impresionante paralelo que de ella se des­-&#13;
&#13;
prende ante la actual situación política de&#13;
&#13;
aquel país.&#13;
&#13;
&#13;
 Lo cierto es que “El Crisol” revela la&#13;
&#13;
naturaleza esencial de uno de los más ex-­&#13;
&#13;
traños y terribles capítulos de la historia&#13;
&#13;
humana. La publicación de este fragmento&#13;
&#13;
nos ha sido especialmente autorizada por&#13;
&#13;
International Editors Co.&#13;
&#13;
&#13;
ACTO I&#13;
&#13;
(A modo de obertura)&#13;
&#13;
Un pequeño dormitorio en el piso alto&#13;
&#13;
de la casa del Reverendo Samuel Parris, en&#13;
&#13;
Salem, Massachussetts, en la primavera del&#13;
&#13;
año 1692.&#13;
&#13;
A la izquierda, una angosta ventana; a&#13;
&#13;
través de sus paneles cuadriculados fluye&#13;
&#13;
el sol matutino. Aún arde una vela cerca&#13;
&#13;
de la cama, a la derecha. Un arcón, una&#13;
&#13;
silla y una pequeña mesa completan el mo­-&#13;
&#13;
biliario. En el foro, una puerta conduce al&#13;
&#13;
descanso de la escalera que lleva a la planta&#13;
&#13;
baja. En la aseada habitación reina una at­-&#13;
&#13;
mósfera austera. Las vigas del techo están&#13;
&#13;
a la vista y los colores de la madera son&#13;
&#13;
naturales y sin lustre. Al levantarse el te­-&#13;
&#13;
lón, el Reverendo Parris está arrodillado&#13;
&#13;
junto al lecho, en el que yace, inmóvil, su&#13;
&#13;
hija Betty, de diez años. Parris reza y aun­-&#13;
&#13;
que no podemos escuchar sus palabras, per-­&#13;
&#13;
cibimos que es presa de la confusión. Mur­-&#13;
&#13;
mura, luego parece estar a punto de sollo­-&#13;
&#13;
zar; luego solloza y entonces reza de nuevo,&#13;
&#13;
pero su hija no se mueve.&#13;
&#13;
 Se abre la puerta y entra su esclava negra.&#13;
&#13;
Títuba tiene más de cuarenta años. Parris&#13;
&#13;
la trajo de Barbados, donde él había vivido&#13;
&#13;
varios años como comerciante antes de in-­&#13;
&#13;
corporarse a la Iglesia. Títuba entra como&#13;
&#13;
quien ya no soporta la separación de un ser&#13;
&#13;
más querido, pero también muy asustada&#13;
&#13;
pues su instinto de esclava le ha advertido&#13;
&#13;
que, como siempre, las dificultades en esta&#13;
&#13;
casa terminan por caer sobre ella.&#13;
&#13;
&#13;
TÍTUBA (dando ya un paso atrás): ¿Mi&#13;
&#13;
Betty, sanita pronto?&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Fuera de aquí!&#13;
&#13;
TÍTUBA (retrocediendo hacia la puerta): Mi&#13;
&#13;
Betty no morir...&#13;
&#13;
PARRIS (incorporándose, furioso): ¡Fuera de&#13;
&#13;
mi vista! (Ella ya se ha ido) Fuera de&#13;
&#13;
mi. .. (Es dominado por los sollozos. Los&#13;
&#13;
acalla apretando los dientes; cierra la&#13;
&#13;
puerta y se apoya en ella, exhausto.)&#13;
&#13;
¡Dios mío! ¡Dios, ayúdame! (Temblando&#13;
&#13;
de miedo, murmurando para sí entre so-­&#13;
&#13;
llozos, va hacia el lecho y toma suave­-&#13;
&#13;
mente la mano de Betty.) Betty. Criatura.&#13;
&#13;
Niña querida. ¿Despertarás, abrirás tus&#13;
&#13;
ojos? Betty, pequeña... (Se inclina para&#13;
&#13;
arrodillarse nuevamente, cuando entra su&#13;
&#13;
sobrina, Abigail Williams, de 17 años,&#13;
&#13;
una muchacha de llamativa belleza, huér-­&#13;
&#13;
fana, con una infinita capacidad para la&#13;
&#13;
simulación. Ahora rebosa preocupación,&#13;
&#13;
aprensión y compostura.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: Tío. (El la mira.) Susanna Walcott&#13;
&#13;
viene de lo del doctor Griggs.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Sí? Que entre, que entre.&#13;
&#13;
ABIGAIL (asomándose a la puerta para llamar&#13;
&#13;
a Susanna, que está unos escalones más&#13;
&#13;
abajo): Entra, Susanna. (Entra Susanna&#13;
&#13;
Walcott, una muchacha nerviosa, apresu-­&#13;
&#13;
rada, algo más joven que Abigail.)&#13;
&#13;
PARRIS (ansiosamente): Hija, ¿qué dice el&#13;
&#13;
médico?&#13;
&#13;
SUSANNA (empinándose para ver a Betty&#13;
&#13;
por encima de Parris): Me manda venir&#13;
&#13;
a deciros, Reverendo señor, que para eso&#13;
&#13;
no puede encontrar en sus libros ninguna&#13;
&#13;
medicina.&#13;
&#13;
PARRIS: Debe seguir buscando, entonces.&#13;
&#13;
SUSANNA : Sí, señor; ha estado buscando en&#13;
&#13;
sus libros desde que lo dejasteis, señor.&#13;
&#13;
Pero me manda deciros que podríais bus­-&#13;
&#13;
car vos la causa de esto en algo anti­-&#13;
&#13;
natural.&#13;
&#13;
PARRIS (dilatándosele los ojos): No . . . no.&#13;
&#13;
Nada de causas antinaturales. Dile que he&#13;
&#13;
enviado por el Reverendo Hale, de Bever-&#13;
&#13;
ly y el señor Hale seguramente lo confir­-&#13;
&#13;
mará. Que busque en la Medicina y dese-­&#13;
&#13;
che toda idea de causas antinaturales, que&#13;
&#13;
aquí no las hay.&#13;
&#13;
SUSANNA: Sí, señor. El sólo me mandó de­&#13;
&#13;
c iros ... (se vuelve para salir.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: No digas nada de esto en el pue­-&#13;
&#13;
blo. Susanna.&#13;
&#13;
PARRIS: Vé directamente a casa y no hables&#13;
&#13;
de causas antinaturales.&#13;
&#13;
SUSANNA: Sí, señor. Rogaré por ella.&#13;
&#13;
(Váse.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: Tío, cunde el rumor de que es&#13;
&#13;
brujería; creo que lo mejor será que&#13;
&#13;
bajéis y lo neguéis vos mismo. La sala&#13;
&#13;
está llena de gente, señor. Yo me quedaré&#13;
&#13;
con ella.&#13;
&#13;
PARRIS(abrumado, se vuelve hacia ella):&#13;
&#13;
¿Y qué he de decirles? ¿Que a mi hija y&#13;
&#13;
a mi sobrina descubrí, bailando como he-­&#13;
&#13;
rejes en el bosque?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Sí, tío. bailamos. Habréis de de­-&#13;
&#13;
cirles que yo lo confesé. Y seré azotada&#13;
&#13;
si debo serlo. Pero hablan de brujería.&#13;
&#13;
Betty no está embrujada.&#13;
&#13;
PARRIS: Abigail. no puedo presentarme ante&#13;
&#13;
la congregación sabiendo que no te has&#13;
&#13;
franqueado conmigo. ¿Qué habéis hecho&#13;
&#13;
con ella en el bosque?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Bailamos, tío. Y cuando aparecis­-&#13;
&#13;
teis de entre los arbustos, tan repentina­-&#13;
&#13;
mente, Betty se asustó y se desmayó.&#13;
&#13;
Y eso fué todo.&#13;
&#13;
PARRIS: Hija, siéntate.&#13;
&#13;
ABIGAIL (temblando al sentarse): Yo jamás&#13;
&#13;
le haría daño a Betty. La amo tierna­-&#13;
&#13;
mente.&#13;
&#13;
PARRIS: Atiéndeme, criatura. Tu castigo ven­-&#13;
&#13;
drá a su tiempo. Pero si en el bosque&#13;
&#13;
habéis traficado con espíritus, debo sa­-&#13;
&#13;
berlo ahora, pues sin duda llegarán a sa-­&#13;
&#13;
berlo mis enemigos y con ello me arrui­-&#13;
&#13;
narán.&#13;
&#13;
ABIGAIL: Pero es que no conjuramos espí­-&#13;
&#13;
ritus. ..&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Entonces por qué desde la media­&#13;
&#13;
noche ella no puede moverse? La chica&#13;
&#13;
no tiene remedio. (Abigail baja la vista.)&#13;
&#13;
Esto saldrá a la luz, forzosamente... mis&#13;
&#13;
enemigos lo pondrán en descubierto. Di-&#13;
&#13;
me qué es lo que habéis hecho allí. ¿Abi-­&#13;
&#13;
gail, te das cuenta de que tengo muchos&#13;
&#13;
enemigos?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Oí decirlo así, tío.&#13;
&#13;
PARRIS: Hay un bando (pie ha jurado arro­-&#13;
&#13;
jarme de mi púlpito. ¿Comprendes esto?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Así lo creo, señor.&#13;
&#13;
PARRIS: Y bien; en medio de semejante&#13;
&#13;
embrollo, mis propios familiares resultan&#13;
&#13;
ser el mismo centro de no sé qué práctica&#13;
&#13;
obscena. En el bosque se hacen barbari­-&#13;
&#13;
dades. ..&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Jugábamos, tío!&#13;
&#13;
PARRIS (señalando a Betty): ¿A esto le lla­-&#13;
&#13;
mas jugar? (Ella baja la mirada. El supli­-&#13;
&#13;
ca.) Abigail, si sabes algo que pueda&#13;
&#13;
ayudar al médico, por amor de Dios,&#13;
&#13;
dímelo. (Ella calla.) Al sorprenderos, vi&#13;
&#13;
a Tituba agitando sus brazos sobre el&#13;
&#13;
fuego. ¿Por qué hacía eso? Y oí cómo,&#13;
&#13;
de su boca, salía una chillona jerigonza.&#13;
&#13;
¡Se bamboleaba como una bestia estúpida&#13;
&#13;
sobre esa fogata!&#13;
&#13;
ABIGAIL: Siempre canta sus cantos de Bar­-&#13;
&#13;
bados, y nosotras bailamos.&#13;
&#13;
PARRIS: No puedo cerrar los ojos a lo que&#13;
&#13;
vi, Abigali. pues no han de cerrarlos mis&#13;
&#13;
enemigos. Vi un vestido tirado sobre la&#13;
&#13;
hierba.&#13;
&#13;
ABIGAIL (inocentemente): ¿Un vestido?&#13;
&#13;
PARRIS ( . . . e s muy duro decirlo): Sí. un&#13;
&#13;
vestido. ¡Y me pareció ver ... a alguien&#13;
&#13;
desnudo, corriendo entre los árboles!&#13;
&#13;
ABIGAIL( aterrorizada) : ¡Nadie estaba des-­&#13;
&#13;
nudo! ¡Os engañáis, tío!&#13;
&#13;
PARRIS (con enojo ): ¡Yo lo vi! (Se aleja de&#13;
&#13;
ella. Con resolución): Sé sincera conmigo,&#13;
&#13;
Abigail. Y te imploro, doblégate bajo el&#13;
&#13;
peso de la verdad, pues lo que está en&#13;
&#13;
juego es mi ministerio... mi ministerio&#13;
&#13;
y tal vez la vida de tu prima. Cualquiera&#13;
&#13;
haya sido la enormidad que habéis con­-&#13;
&#13;
sumado, dímelo todo ahora, pues no me&#13;
&#13;
atrevo a presentarme ante ellos, allí aba­-&#13;
&#13;
jo, sin conocer la verdad.&#13;
&#13;
ABIGAIL: No hay nada más. Lo juro, tío.&#13;
&#13;
PARRIS (la observa; luego asiente con la&#13;
&#13;
cabeza, convencido a medias): Abigail, he&#13;
&#13;
luchado aquí durante tres años para que&#13;
&#13;
esta gente testaruda se me someta y ahora,&#13;
&#13;
justamente ahora cuando la parroquia co-­&#13;
&#13;
mienza a dar señales de algún respeto&#13;
&#13;
hacia mí, tú comprometes nada menos que&#13;
&#13;
mi reputación. Te he dado un hogar, cria-­&#13;
&#13;
tura, te be cubierto de rop a s... dame&#13;
&#13;
ahora una honrada respuesta. En el pue­-&#13;
&#13;
blo ... ¿tu nombre es completamente in­-&#13;
&#13;
maculado?&#13;
&#13;
ABIGAIL (con una pizca de resentimiento):&#13;
&#13;
Claro, estoy segura que sí, señor. Mi nom-­&#13;
&#13;
bre no tiene de qué avergonzarse.&#13;
&#13;
PARRIS (concretando): ¿Abigail, aparte de&#13;
&#13;
lo que me has dicho, hay alguna otra cau­-&#13;
&#13;
sa por la que te han despedido del servi­-&#13;
&#13;
cio de la señora Proctor? He oído decir,&#13;
&#13;
y tal como lo dijeron te lo cuento, que&#13;
&#13;
este año ella viene a la iglesia tan raras&#13;
&#13;
veces sólo por no sentarse tan cerca de&#13;
&#13;
algo sucio. ¿Qué querían decir con eso?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Me odia; sin duda, tío, porque no&#13;
&#13;
quise ser su esclava. Es una mujer cruel,&#13;
&#13;
una mujer mentirosa, insensible, llorona,&#13;
&#13;
y yo no quiero trabajar para semejante&#13;
&#13;
mujer.&#13;
&#13;
PARRIS: Tal vez lo sea. Y sin embargo me&#13;
&#13;
ha preocupado que estés fuera de esa casa&#13;
&#13;
desde hace siete meses y que en todo est&#13;
&#13;
tiempo ninguna otra familia haya pedido&#13;
&#13;
tus servicios.&#13;
&#13;
ABIGAIL: Quieren esclavos, no gente como&#13;
&#13;
yo. Que vayan a buscarlos a Barbados.&#13;
&#13;
¡No me ensuciaré la cara por ninguno de&#13;
&#13;
ellos! (Con mal disimulado resentimiento&#13;
&#13;
hacia él): ¿Me regateas mi cama, tío?&#13;
&#13;
PARRIS: N o . . . no.&#13;
&#13;
ABIGAIL(con arrebato): Tengo buen nom ­-&#13;
&#13;
bre en el pueblo. No permitiré que se&#13;
&#13;
diga que mi nombre está sucio. ¡La se­-&#13;
&#13;
ñora Proctor es una charlatana embus­-&#13;
&#13;
tera! (Entre Ann Putnam. Es una mujer&#13;
&#13;
de cuarenta y cinco años, de alma ator­-&#13;
&#13;
mentada, obsesionada por la muerte, aco-­&#13;
&#13;
sada por los sueños.)&#13;
&#13;
PARRIS (apenas comienza a abrirse la puer­-&#13;
&#13;
ta): N o ... no. No puedo recibir a nadie.&#13;
&#13;
(La ve y en él surge cierta deferencia&#13;
&#13;
aunque sin disipar su ansiedad): Ah, se­-&#13;
&#13;
ñora Putnam. entrad.&#13;
&#13;
ANN ( agitada, con los ojos encendidos): Es&#13;
&#13;
un prodigio, no cabe duda de que os ha&#13;
&#13;
tocado un rayo del Infierno.&#13;
&#13;
PARRIS: No, señora Putnam, e s ...&#13;
&#13;
ANN(aludiendo a Betty): ¿Hasta (pié altu­-&#13;
&#13;
ra voló, hasta qué altura?&#13;
&#13;
PARRIS: No. n o . . . no voló ...&#13;
&#13;
ANN (muy satisfecha de ello ): ¡Cómo! ¡Es&#13;
&#13;
seguro que voló! ¡El señor Collins la vió&#13;
&#13;
pasar sobre el granero de Ingersoll. y&#13;
&#13;
descender con la ligereza de un pájaro,&#13;
&#13;
dice!&#13;
&#13;
PARRIS: No, señora Putnam, escuchad, ella&#13;
&#13;
no ha ... (Entra Tilomas Putnam, un&#13;
&#13;
duro terrateniente acomodado, cincuen-­&#13;
&#13;
tón.)- Ah, buenos días, señor Putnam.&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡E s una suerte que la cosa haya&#13;
&#13;
brotado, por fin! ¡Es providencial! (Va&#13;
&#13;
directamente hacia el lecho.)&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Qué cosa ha brotado, señor,&#13;
&#13;
q u é ...? (Ann va hacia la cama).&#13;
&#13;
PUTNAM (mirando a Betty): ¿Pero sus ojos&#13;
&#13;
están cerrados! Mira tú, Ann.&#13;
&#13;
ANN: Sí que es extraño. (A Parris): Los&#13;
&#13;
de la nuestra están abiertos.&#13;
&#13;
PARRIS( sobresaltado) : ¿Vuestra Ruth está&#13;
&#13;
enferma?&#13;
&#13;
ANN (con maligna certidumbre): Yo no&#13;
&#13;
diría enferma; el toque del Diablo es&#13;
&#13;
más grave que estar enferma. Es la muer-­&#13;
&#13;
te, sabéis, es la muerte diabólica que se&#13;
&#13;
mete en ellas, con horquilla y con pe­-&#13;
&#13;
zuñas.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Oh, no, por favor! ¿Por qué, qué&#13;
&#13;
es lo que tiene Ruth?&#13;
&#13;
ANN: Tiene lo que se merece...No se&#13;
&#13;
despertó esta mañana, pero sus ojos están&#13;
&#13;
abiertos y camina, y nada oye. nada ve,&#13;
&#13;
y nada puede comer. Su alma está poseída,&#13;
&#13;
seguramente. ( Parris queda paralizado.)&#13;
&#13;
PUTNAM (com o pidiendo más detalles): Di­-&#13;
&#13;
cen que habéis enviado por el Reverendo&#13;
&#13;
Hale, de Beverly...&#13;
&#13;
PARRIS (con menos convicción ahora): Es&#13;
&#13;
sólo una precaución. Posee gran experien-­&#13;
&#13;
cia en todas las artes demoníacas, y yo. ..&#13;
&#13;
ANN: Ya lo creo; y el año pasado encontró&#13;
&#13;
una bruja en Beverly, recordadlo bien.&#13;
&#13;
PARRIS: Vamos, señora Ann, sólo pensaron&#13;
&#13;
que era una bruja, y estoy seguro de que&#13;
&#13;
aquí no hay nada de brujería.&#13;
&#13;
P UTNAM : ¡Nada de brujería! Vamos, señor&#13;
&#13;
Parris, ved que ...&#13;
&#13;
PARRIS: Thomas, Thomas, os ruego, no ha­-&#13;
&#13;
bléis de brujería. Sé que vos no me desea­-&#13;
&#13;
ríais, y vos menos que nadie, Thomas, tan&#13;
&#13;
desastrosa acusación. No podemos pensar&#13;
&#13;
en brujería. A gritos me echarán de Sa­-&#13;
&#13;
lem por semejante corrupción en mi casa.&#13;
&#13;
PUTNAM (en este momento está decidido&#13;
&#13;
a empujar al abismo a Parris, por quien&#13;
&#13;
siente desprecio): Señor Parris, en todas&#13;
&#13;
las disputas aquí habidas he estado de&#13;
&#13;
vuestra parte, y así continuaría; pero no&#13;
&#13;
puedo, si os resistís en esto. Espíritus&#13;
&#13;
dañinos, vengativos, están arrebatando a&#13;
&#13;
estas criaturas.&#13;
&#13;
PARRIS Pero Thomas, no podéis ...&#13;
&#13;
ANN: Reverendo Parris, be dejado bajo tie-­&#13;
&#13;
rra a siete niños sin bautizar. Creedme,&#13;
&#13;
señor, jamás habéis visto nacer niños más&#13;
&#13;
robustos. Y sin embargo, cada uno de&#13;
&#13;
ellos estaba destinado a marchitarse en&#13;
&#13;
mis brazos la misma noche de su naci­-&#13;
&#13;
miento. Yo nada he dicho, pero es mi&#13;
&#13;
corazón el que ha insinuado a voces.&#13;
&#13;
Y ahora, este año, mi Ruth, mi única ...&#13;
&#13;
la veo tornarse extraña: critura taciturna&#13;
&#13;
se ha vuelto este año y se está encogiendo&#13;
&#13;
como si una boca sedienta le sorbiese&#13;
&#13;
hasta la vida. Y entonces pensé en que&#13;
&#13;
viera a vuestra Títuba.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿ ¡A Tituba!? ¿Qué podría Tí­-&#13;
&#13;
tuba..?&#13;
&#13;
ANN: Títuba sabe cómo hablar a los muer­-&#13;
&#13;
tos, señor Parris.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Señora Ann ... es un enorme pe-­&#13;
&#13;
cado invocar a los muertos!&#13;
&#13;
ANN: Mi alma cargue con ello; ¿pero&#13;
&#13;
quién, si no. podría decirnos con certeza&#13;
&#13;
qué persona mató a mis niños?&#13;
&#13;
PARRIS (horrorizado): ¡Mujer!&#13;
&#13;
ANN: ¡Fueron asesinados, señor Parris! ¡Y&#13;
&#13;
tomad nota de esta prueba! ¡Tomad nota!&#13;
&#13;
Anoche, mi Ruth estuvo más cerca que&#13;
&#13;
nunca de sus almitas; lo sé. señor. ¿Pues&#13;
&#13;
cómo es que ha enmudecido ahora, si no&#13;
&#13;
porque algún poder de las tinieblas le ha&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                       9&#13;
&#13;
&#13;
paralizado la boca? ¡Es una señal prodi-&#13;
&#13;
­giosa. señor Parris!&#13;
&#13;
Putnam: ¿No comprendéis, señor? Hay&#13;
&#13;
entre nosotros una bruja asesina, decidida&#13;
&#13;
a mantenerse en las sombras. (Parris se&#13;
&#13;
vuelve hacia Belly evidenciando un terror&#13;
&#13;
frenético creciente.) Dejad que vuestros&#13;
&#13;
enemigos piensen lo que quieran, vos no&#13;
&#13;
lo podéis ignorar.&#13;
&#13;
Parris(a Abigail): Entonces, invocábais es-&#13;
&#13;
­píritus, anoche.&#13;
&#13;
Abigail(en un susurro): Yo no, señor...&#13;
&#13;
Tituba y Ruth.&#13;
&#13;
Parris(se vuelve ahora, con nuevo temor;&#13;
&#13;
va hacia Betty, la observa y luego, con la&#13;
&#13;
mirada fija en el vacío): ¡Oh. Abigail,&#13;
&#13;
qué adecuada retribución a mi generosi­-&#13;
&#13;
dad! Ahora estoy perdido.&#13;
&#13;
Putnam: No estáis perdido. Hacéos fuerte,&#13;
&#13;
ahora. No esperéis a que nadie os acuse.&#13;
&#13;
Declaradlo vos mismo. Habéis descubierto&#13;
&#13;
una brujería…&#13;
&#13;
Parris: ¿En mi casa? ¿En mi casa, Tho-&#13;
&#13;
­mas? Me derribarán con esto. Harán de ello una...&#13;
&#13;
(Entra Mercy Lewis, la sir-&#13;
&#13;
­vienta de los Putnam, una gorda mucha­-&#13;
&#13;
cha de diez y ocho años, taimada y des-&#13;
&#13;
­piadada.)&#13;
&#13;
Mercy: Con vuestro perdón. Sólo quise ver&#13;
&#13;
cómo está Betty.&#13;
&#13;
Putnam: ¿Cómo es que no estás en casa?&#13;
&#13;
¿Quién está con Ruth?&#13;
&#13;
Mercy: Vino la abuela. Mejoró algo, creo...&#13;
&#13;
Antes, dió un tremendo estornudo.&#13;
&#13;
Ann: ¡Ah. es un signo de vida!&#13;
&#13;
Mercy: Yo ya no temería, señora Putnam.&#13;
&#13;
Fué un gran estornudo; otro así y estoy&#13;
&#13;
segura que del sacudón le vuelve el juicio.&#13;
&#13;
(Va al lecho a mirar.)&#13;
&#13;
Parris: ¿Queréis dejarme ahora, Thomas?&#13;
&#13;
Rezaría un momento a solas.&#13;
&#13;
Abigail: Tío. habéis rezado desde media­-&#13;
&#13;
noche. Por qué no bajáis y…&#13;
&#13;
Parris: No... no. (A Putnam): No tengo&#13;
&#13;
respuesta para esa multitud. Esperaré&#13;
&#13;
hasta que llegue Hale. (Invitando a Ann&#13;
&#13;
a salir): Tened a bien, señora Ann…&#13;
&#13;
Putnam: Y bien, señor. ¡Lanzáos contra el&#13;
&#13;
Diablo y el pueblo os bendecirá por ello!&#13;
&#13;
Bajad, habíadles. .. orad con ellos. Están&#13;
&#13;
sedientos de vuestra palabra, señor. Con-&#13;
&#13;
­fío en que oraréis con ellos.&#13;
&#13;
Parris(dominado): Los guiaré en un sal-&#13;
&#13;
­mo, pero nada digáis de brujería por&#13;
&#13;
ahora. No he de discutirlo. La causa es&#13;
&#13;
aun desconocida. He tenido bastantes&#13;
&#13;
disputas desde que llegué. No quiero más.&#13;
&#13;
Ann: Mercy, tú vas a casa a acompañar a&#13;
&#13;
Ruth, ¿me oyes?&#13;
&#13;
Mercy: Sí, señora. (Sale Ann Putnam.)&#13;
&#13;
Parris(a Abigail): Si se lanza a la ventana,&#13;
&#13;
llámame enseguida.&#13;
&#13;
Abigail: Lo haré, tío.&#13;
&#13;
Parris (a Putnam): Hay una fuerza terri­-&#13;
&#13;
ble, hoy, en sus brazos. (Sale con Put-&#13;
&#13;
­nam.)&#13;
&#13;
Abigail (con contenido azoramiento): ¿Qué&#13;
&#13;
tiene Ruth?&#13;
&#13;
Mercy: Es espeluznante, no sé ... desde&#13;
&#13;
anoche parece caminar como una muerta.&#13;
&#13;
Abigail (se vuelve súbitamente y va hacia&#13;
&#13;
Betty; con temor en la voz): ¡Betty!&#13;
&#13;
(Betty no se mueve. La sacude): ¡Acaba&#13;
&#13;
de una vez! ¡Betty! ¡Levántate! (Betty&#13;
&#13;
no se mueve. Mercy se acerca.)&#13;
&#13;
Mercy: ¿Ensayaste golpearla? Yo le di a&#13;
&#13;
Ruth una buena y eso la despertó por un&#13;
&#13;
rato. Ven. déjame a mí.&#13;
&#13;
Abigail (rechazando a Mercy): No, él subi-&#13;
&#13;
­rá en seguida. Escúchame. Si nos interro-&#13;
&#13;
­gan, diles que bailábamos... Eso es todo&#13;
&#13;
lo que yo le dije.&#13;
&#13;
Mercy: Bueno. ¿Y qué más?&#13;
&#13;
Abigail: El sabe que Tituba conjuró a las&#13;
&#13;
hermanas de Ruth a levantarse de la&#13;
&#13;
tumba.&#13;
&#13;
Mercy: ¿Y qué más?&#13;
&#13;
Abigail: Te vió desnuda.&#13;
&#13;
Mercy (batiendo palmas, con una risita&#13;
&#13;
asustada): ¡Jesús! (Entra Marx Warren,&#13;
&#13;
sin aliento. Es una muchacha de diez y&#13;
&#13;
siete años, servil, simple, triste.)&#13;
&#13;
Mary: ¿Qué haremos? ¡El pueblo está en&#13;
&#13;
la calle! ¡Recién llego de la granja; toda&#13;
&#13;
la comarca habla de brujería! ¡Abby. nos&#13;
&#13;
acusarán de brujas!&#13;
&#13;
Mercy (apuntando y mirando a Mary): Ella&#13;
&#13;
piensa confesar, lo sé.&#13;
&#13;
Mary: Tenemos que confesar, Abby ¡Por&#13;
&#13;
brujería ahorcan... ahorcan como en Bos­-&#13;
&#13;
ton hace dos años! ¡Abby, debemos decir&#13;
&#13;
la verdad! Sólo te azotarán por bailar y&#13;
&#13;
las otras cosas.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Oh... nos azotarán!&#13;
&#13;
Mary: Yo no hice nada de eso, Abby. Yo&#13;
&#13;
miraba solamente.&#13;
&#13;
Mercy (yendo amenazadora hacia Mary):&#13;
&#13;
Ah, tú eres especial para mirar, no es&#13;
&#13;
cierto Mary Warren? Para espiar sí que&#13;
&#13;
eres valiente. (Betty, en la cama, se queja.&#13;
&#13;
Abigail se vuelve instantáneamente.)&#13;
&#13;
Abigail: Betty. (Va hacia Betty): Ven, que-&#13;
&#13;
­rida. Betty, despierta ya. Es Abigail. (La&#13;
&#13;
incorpora y la sacude furiosamente):&#13;
&#13;
¡Betty, voy a pegarte! (Betty se queja);&#13;
&#13;
Ahá, parece que mejoras. Hablé con tu&#13;
&#13;
papá y le conté todo. De modo que no&#13;
&#13;
hay nada que....&#13;
&#13;
Betty (asustada de Abigail, salta de la&#13;
&#13;
cama como una luz y pegada de espaldas&#13;
&#13;
a la pared): ¡Quiero a mi mamá!&#13;
&#13;
Abigail (con alarma, mientras se aproxima&#13;
&#13;
cautelosamente a Betty): Betty, ¿qué te&#13;
&#13;
pasa? Tu mamá está muerta y enterrada.&#13;
&#13;
Betty: ¡Quiero volar hacia mamá! ¡Dejad-&#13;
&#13;
­me volar! (Extiende los brazos como para&#13;
&#13;
volar, largándose hacia la ventana por&#13;
&#13;
donde alcanza a pasar una pierna.)&#13;
&#13;
Abigail (ararstrándola lejos de la ventana):&#13;
&#13;
Le conté todo; él ya sabe, ahora ya sabe&#13;
&#13;
todo lo que nosotras…&#13;
&#13;
Betty: Tú bebiste sangre, Abigail. eso no&#13;
&#13;
se lo contaste.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Betty, no volverás a decir eso!&#13;
&#13;
Nunca, jamás..&#13;
&#13;
Betty: ¡Lo hiciste, lo hiciste! ¡Bebiste un&#13;
&#13;
encantamiento para que muera la mujer&#13;
&#13;
de John Proctor! ¡Sí! ¡Bebiste un encan­-&#13;
&#13;
tamiento para matar a la señora Proctor!&#13;
&#13;
Abigail (la abofetea): ¡Calla! ¡Basta ya!&#13;
&#13;
Betty (desplomándose en el lecho): ¡Ma-&#13;
&#13;
­ma. mamá! (Se deshace en sollozos).&#13;
&#13;
Abigail: Atended. Vosotras todas. Bailába­-&#13;
&#13;
mos. Y Tituba invocó a las hermanas de&#13;
&#13;
Ruth Putnam. Y eso es todo. Y acordáos&#13;
&#13;
de todo esto: que se os escape una pala-&#13;
&#13;
­bra, a cualquiera de vosotras, o la som-&#13;
&#13;
­bra de una palabra acerca de las otras&#13;
&#13;
cosas, y apareceré en lo más negro de una&#13;
&#13;
noche horrible y os ajustaré las cuentas&#13;
&#13;
hasta el escalofrío. ¡Y vosotros sabéis que&#13;
&#13;
yo puedo hacerlo; he visto cómo, sobre&#13;
&#13;
la almohada junto a la mía, los indicios&#13;
&#13;
destrozaban las cabezas de mis pobres pa-&#13;
&#13;
­dres, y he visto algunas otras sangrientas&#13;
&#13;
faenas realizadas en la noche, y puedo&#13;
&#13;
hacer que vosotras os lamentéis de haber&#13;
&#13;
visto siquiera que se puso el sol! (Va&#13;
&#13;
hacia Betty y rudamente la incorpora):&#13;
&#13;
¡Vamos, tú ... siéntate y acaba con esto!&#13;
&#13;
(Pero Betty se desploma en sus brazos&#13;
&#13;
y yace inerte en el lecho.)&#13;
&#13;
Mary (histéricamente asustada): ¡Que le&#13;
&#13;
dió! (Mirando despavorida a Betty):&#13;
&#13;
¡Abby, se va a morir! Conjurar es un&#13;
&#13;
pecado y nosotras…&#13;
&#13;
Abigail (yendo hacia Mary): ¡Mary Wa-&#13;
&#13;
­rren te he dicho que te calles! (Entra&#13;
&#13;
John Proctor. Al verlo, Mary retrocede&#13;
&#13;
asustada).&#13;
&#13;
Mary: ¡Oh! Ya me estoy marchando a&#13;
&#13;
casa, señor Proctor.&#13;
&#13;
Proctor: ¿Eres boba, Mary Warren? ¿Eres&#13;
&#13;
sorda? ¿Te prohibí dejar la casa, no es&#13;
&#13;
cierto? ¿Para qué te pago? Tengo que&#13;
&#13;
vigilarte más que a mis vacas.&#13;
&#13;
Mary: Sólo vine a ver los grandes aconte­-&#13;
&#13;
cimientos del mundo.&#13;
&#13;
Proctor: Grandes acontecimientos en el&#13;
&#13;
traste voy a darte yo uno de estos días.&#13;
&#13;
¡Vete a casa, mi mujer tiene tarea para&#13;
&#13;
ti! (Ella sale lentamente, tratando de con­-&#13;
&#13;
servar un resto de dignidad.)&#13;
&#13;
Mercy (extrañamente fascinada y a la vez&#13;
&#13;
atemorizada): Es mejor que me vaya.&#13;
&#13;
Debo atender a mi Ruth. Buenos días,&#13;
&#13;
señor Proctor. (Evitando la proximidad&#13;
&#13;
de Proctor, Mercy sale rápidamente. Des­-&#13;
&#13;
de la aparición de Proctor. Abigail ha&#13;
&#13;
permanecido como en puntas de pie, be-­&#13;
&#13;
biendo su figura, con ojos dilatados. El&#13;
&#13;
le echa una mirada y va hacia el lecho de&#13;
&#13;
Betty.)&#13;
&#13;
Abigail: ¡Por Dios! ¡Ya casi había olvi-&#13;
&#13;
­dado lo fuerte que eres, John Proctor!&#13;
&#13;
Proctor (mirando a Abigail con una vaga&#13;
&#13;
sonrisa de inteligencia apenas esbozada en&#13;
&#13;
el rostro): ¿Qué diablura es esta?&#13;
&#13;
Abigail(con una risita nerviosa): Nada;&#13;
&#13;
sólo está medio tonta.&#13;
&#13;
Proctor: Desde la mañana, el camino de&#13;
&#13;
mi casa se ha convertido en una peregri­-&#13;
&#13;
nación de Salem. El pueblo entero habla&#13;
&#13;
de brujería.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Bah, cuentos! (Se le acerca, per-&#13;
&#13;
­suasiva, con un aire confidencial y tra­-&#13;
&#13;
vieso): Anoche estábamos bailando en el&#13;
&#13;
bosque y mi tío nos sorprendió. Ella se&#13;
&#13;
asustó. Eso es todo.&#13;
&#13;
Proctor (ensanchando su sonrisa): Ah,&#13;
&#13;
¿traviesa como siempre, no? (Esperanza-&#13;
&#13;
­da, Abigail deja escapar una risita y se&#13;
&#13;
atreve a acercársele, mirándole febrilmen-&#13;
&#13;
­te en los ojos.) Te meterán en el cepo&#13;
&#13;
antes de que cumplas los veinte. (Hace&#13;
&#13;
ademán de irse pero ella se interpone.)&#13;
&#13;
Abigail: Dime algo, John. Algo tierno. (Suve&#13;
&#13;
hemencia destruye la sonrisa de Proc­-&#13;
&#13;
tor.)&#13;
&#13;
Proctor: No. Abby, no. eso ha terminado.&#13;
&#13;
Abigail (insultante): ¿Cinco millas viajas&#13;
&#13;
tú por ver colar a una tonta? Te co­-&#13;
&#13;
nozco …&#13;
&#13;
Proctor (apartándola con firmeza): Vengo&#13;
&#13;
a ver qué enredo está tramando tu tío&#13;
&#13;
ahora. (Categórico): Quítatelo de la ca­-&#13;
&#13;
beza, Abby.&#13;
&#13;
Abigail (asiéndole una mano antes de que&#13;
&#13;
él la haya soltado): John... me paso las&#13;
&#13;
noches esperándote.&#13;
&#13;
Proctor: Nunca he prometido venir a verte,&#13;
&#13;
Abby.&#13;
&#13;
Abigail(no puede creerle; con cólera cre-&#13;
&#13;
­ciente): ¡Creo tener algo más que pro-&#13;
&#13;
­mesas!&#13;
&#13;
Proctor: Abby, te quitarás eso de la ca­-&#13;
&#13;
beza. No vendré más por ti.&#13;
&#13;
Abigail: Te estás burlando de mí.&#13;
&#13;
Proctor: Tú sabes que no.&#13;
&#13;
Abigail: Lo que sé es cómo me estrechabas&#13;
&#13;
en los fondos de tu casa, y sudabas como&#13;
&#13;
un caballo cada vez que me acercaba. ¿O&#13;
&#13;
es que lo he soñado? Quien me echó fué&#13;
&#13;
ella, no puedes simular que fuiste tú, Te&#13;
&#13;
vi el rostro cuando ella me echó, y me&#13;
&#13;
amabas entonces y me amas ahora.&#13;
&#13;
Proctor: Abby, eso es decir una salvajada.&#13;
&#13;
Abigail: Una salvaje puede decir salvajadas.&#13;
&#13;
Pero no tanta salvajada, creo. Te he visto&#13;
&#13;
desde que ella me echó; te he visto por&#13;
&#13;
las noches.&#13;
&#13;
Proctor: En estos siete meses apenas si he&#13;
&#13;
salido de mi granja.&#13;
&#13;
Abigail: Soy sensible al calor, John, y el&#13;
&#13;
tuyo me ha arrastrado hasta mi ventana&#13;
&#13;
y te he visto mirando hacia arriba, ardien-&#13;
&#13;
­do en tu soledad. ¿Vas a decirme que no&#13;
&#13;
has mirado hacia mi ventana?&#13;
&#13;
Proctor: Puedo haber mirado.&#13;
&#13;
Abigail(ablandándose): Con seguridad,&#13;
&#13;
John. No eres de invernadero. Te conoz-&#13;
&#13;
­co. John. Yo te conozco. (Está llorando.)&#13;
&#13;
Los sueños no me dejan dormir; en cuan­-&#13;
&#13;
to empiezo a soñar me despierto y camino&#13;
&#13;
por la cama como si fuera a encontrarte&#13;
&#13;
viniendo por alguna parte. (Lo abraza&#13;
&#13;
desesperadamente.)&#13;
&#13;
Proctor (apartándola suavemente, con gran&#13;
&#13;
compasión pero firmemente): Niña…&#13;
&#13;
Abigail (en un arranque de ira): ¡Cómo&#13;
&#13;
me llamas niña!&#13;
&#13;
Proctor: Puede que te recuerde con dul­-&#13;
&#13;
zura de cuando en cuando Abby. Pero&#13;
&#13;
me cortaré una mano antes de volver a&#13;
&#13;
tocarte. Bórralo de la mente. Nunca nos&#13;
&#13;
hemos tocado, Abby.&#13;
&#13;
Abigail: Es que sí nos tocamos.&#13;
&#13;
Proctor: Es que no nos tocamos.&#13;
&#13;
Abigail(con amargo enojo): Oh, me admi­-&#13;
&#13;
ra que un hombre tan fuerte pueda per­-&#13;
&#13;
mitir que una esposa tan débil …&#13;
&#13;
Proctor (enojado... como si también se lo&#13;
&#13;
dijese a sí mismo): ¡No dirás nada de&#13;
&#13;
Elizabeth!&#13;
&#13;
Abigail: ¡Ella está ensuciando mi nombre&#13;
&#13;
en el pueblo! ¡Anda diciendo mentiras de&#13;
&#13;
mí! ¡Es una mujer fría y llorona, y tú&#13;
&#13;
te sometes a ella! Deja que te convierta&#13;
&#13;
en…&#13;
&#13;
Proctor (sacudiéndola): ¿Quieres que te&#13;
&#13;
azote? (De abajo llegan voces entonando&#13;
&#13;
un salmo.)&#13;
&#13;
Abigail (entre lágrimas): ¡Quiero a John&#13;
&#13;
Proctor, el que interrumpió mi sueño y&#13;
&#13;
abrió los ojos de mi corazón! Yo no sabía&#13;
&#13;
lo hipócrita que era Salem, ni me&#13;
&#13;
daba cuenta de las mentiras que me enseñaban&#13;
&#13;
todas esas mujeres beatas y sus aliados&#13;
&#13;
esposos. Y ahora pretendes que me arran­-&#13;
&#13;
que esa luz de los ojos. ¡No lo haré, no&#13;
&#13;
puedo! ¡Me amaste, John Proctor, y por&#13;
&#13;
más pecado que sea, aún me amas! (El&#13;
&#13;
se vuelve bruscamente para salir. Ella co­-&#13;
&#13;
rre tras él): ¡John, piedad... ten piedad&#13;
&#13;
de mí! (Al oírse las palabras del salmo&#13;
&#13;
“Yendo hacia Jesús”, Betty se tapa súbi-&#13;
&#13;
­tamente los oídos y se queja en voz alta.)&#13;
&#13;
Abigail: ¡Betty! (Corre hacia Betty que&#13;
&#13;
ahora está sentada, chillando. Mientras&#13;
&#13;
Abigail trata de bajarle las manos, Proctor&#13;
&#13;
se acerca diciendo “ ¡Betty!”)&#13;
&#13;
Proctor (con creciente nerviosidad): ¿Qué&#13;
&#13;
estás haciendo? ¿Niña, qué te ocurre?&#13;
&#13;
¡No grites así! (El canto se ha detenido&#13;
&#13;
y ahora irrumpe Parris en la habitación.)&#13;
&#13;
Parris: ¿Qué ocurrió? ¿Qué le estás ha-&#13;
&#13;
­ciendo? ¡Betty! (Corre hacia el lecho&#13;
&#13;
gritando “¡Betty! ¡Betty!” Entra Ann&#13;
&#13;
Putnam, con curiosidad febril y, tras ella,&#13;
&#13;
Thomas Putnam y Mercy Lewis. Parris,&#13;
&#13;
junto al lecho, palmoteo suavemente el&#13;
&#13;
rostro de Betty, mientras ella gime y tra-&#13;
&#13;
­ta de levantarse.)&#13;
&#13;
Abigail: Os oyó cantar y de pronto se le­-&#13;
&#13;
vantó gritando.&#13;
&#13;
Ann: ¡El salmo, el salmo! ¡No soporta que&#13;
&#13;
se pronuncie el nombre del Señor!&#13;
&#13;
Parris: No, no lo permita Dios. ¡Mercy,&#13;
&#13;
corre a lo del médico! ¡Cuéntale lo&#13;
&#13;
ocurrió aquí! (Mercy Lewis sale co­-&#13;
&#13;
rriendo.)&#13;
&#13;
Ann: ¡Un indicio! ¡Ved en ello un in-&#13;
&#13;
­dicio! (Entra Rebecca Nurse, de setenta&#13;
&#13;
y dos años de edad, de cabellera blanca,&#13;
&#13;
apoyándose en su bastón.)&#13;
&#13;
Putnam: (Señalando a la sollozante Betty):&#13;
&#13;
¡Este es un evidente indicio de brujería&#13;
&#13;
desatada, Rebecca Nurse, un prodigioso&#13;
&#13;
indicio!&#13;
&#13;
Ann: ¡Mi madre me lo dijo! Cuando no&#13;
&#13;
pueden soportar que el nombre del Señor&#13;
&#13;
sea…&#13;
&#13;
Parris(temblando): Rebecca, Rebecca, acu­-&#13;
&#13;
de a ella, estamos perdidos. Repentina-&#13;
&#13;
­mente, no soporta que el nombre del Se­-&#13;
&#13;
ñor sea. .. (Entra Giles Corey, de ochenta&#13;
&#13;
y tres años, musculoso, digno, inquisitivo,&#13;
&#13;
poderoso todavía.)&#13;
&#13;
Rebecca: Hay un enfermo grave aquí, Giles&#13;
&#13;
Corey, haz el favor de guardar silencio,&#13;
&#13;
pues.&#13;
&#13;
Giles: No he dicho una palabra. Ninguno&#13;
&#13;
de los presentes puede acusarme de haber&#13;
&#13;
dicho una palabra. ¿Va a volar otra vez?&#13;
&#13;
Dicen que vuela.&#13;
&#13;
Putnam: ¡Cállale, hombre! (Todo es si-&#13;
&#13;
­lencio. Rebecca cruza la habitación hacia&#13;
&#13;
el lecho; rebosa dulzura. Betty, con los&#13;
&#13;
ojos cerrados, solloza quedamente. Rebec-&#13;
&#13;
­ca simplemente se ha plantado ante la&#13;
&#13;
niña, quien se aquieta gradualmente.)&#13;
&#13;
Ann (atónita): ¿Qué has hecho? (Rebecca,&#13;
&#13;
pensativa, se aleja del lecho y se sienta.)&#13;
&#13;
Parris (maravillado y aliviado): ¿Qué pien­-&#13;
&#13;
sas de esto. Rebecca?&#13;
&#13;
Putnam (ansiosamente): ¿Rebecca Nurse,&#13;
&#13;
irás a ver a mi Ruth y tratarás de des-&#13;
&#13;
­pertarla?&#13;
&#13;
Rebecca(sentada): Creo que despertará a&#13;
&#13;
su tiempo. Por favor, calmáos. Tengo once&#13;
&#13;
hijos y soy veintiséis veces abuela y los&#13;
&#13;
he acompañado a todos en sus temporadas&#13;
&#13;
bobas y cada vez que les agarraba, sus&#13;
&#13;
diabluras dejaban chiquito al mismo De­-&#13;
&#13;
monio. Creo que despertará cuando se&#13;
&#13;
cansé de esto. El alma de una criatura es&#13;
&#13;
como una criatura, nunca podréis alcan-&#13;
&#13;
­zarla corriendo tras ella; hay que que­-&#13;
&#13;
darse quieto y pronto volverá por sí mis-&#13;
&#13;
­ma. en busca de cariño.&#13;
&#13;
Proctor: Sí, Rebecca, ahí está la verdad.&#13;
&#13;
Ann: Rebecca, esto no es ninguna tempo-&#13;
&#13;
­rada boba. Mi Ruth está aturdida, Rebec­-&#13;
&#13;
ca; no puede comer.&#13;
&#13;
Rebecca: Tal vez no esté hambrienta toda­-&#13;
&#13;
vía. (A Parris): Espero que no estéis de­-&#13;
&#13;
cidido a salir en busca de espíritus erran-&#13;
&#13;
tes, señor Parris. He oído anunciarlo&#13;
&#13;
afuera.&#13;
&#13;
Parris: En la parroquia se extiende la&#13;
&#13;
creencia de que el Diablo puede hallarse&#13;
&#13;
entre nosotros y estoy dispuesto a cumplir&#13;
&#13;
con ellos demostrándoles que están equi-&#13;
&#13;
­vocados.&#13;
&#13;
Proctor: Entonces hablad claro y decidles&#13;
&#13;
que están equivocados. Antes de llamar&#13;
&#13;
 &#13;
&#13;
&#13;
&#13;
10                                                                                                                     LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
a ese ministro a que busque demonios,&#13;
&#13;
habéis consultado con los consejeros?&#13;
&#13;
Parris: ¡No viene a buscar demonios!&#13;
&#13;
Proctor: ¿Entonces, a qué viene?&#13;
&#13;
Putnam : ¡En el pueblo hay niños murién-­&#13;
&#13;
dose, caballero!&#13;
&#13;
Proctor: No veo morirse a ninguno. Esta&#13;
&#13;
comunidad no ha de ser un juguete para&#13;
&#13;
que lo agitéis a vuestro gusto, señor Put-­&#13;
&#13;
nam. (A Parris): Habéis convocado a se­-&#13;
&#13;
sión antes de...&#13;
&#13;
Putnam : ¡Estoy harto de sesiones! ¿Es que&#13;
&#13;
el pobre hombre no puede volver la ca­-&#13;
&#13;
beza sin tener que convocar a sesión?&#13;
&#13;
Proctor: Puede volver la cabeza, pero no&#13;
&#13;
hacia el Infierno.&#13;
&#13;
Rebecca: Te ruego, John, cálmate. (Pausa.&#13;
&#13;
El cede ante ella.) Señor Parris, creo que&#13;
&#13;
lo mejor será que, tan pronto como venga,&#13;
&#13;
mandéis al Reverendo Hale de vuelta.&#13;
&#13;
Esto nos va a traer nuevas disputas en la&#13;
&#13;
comunidad y habíamos quedado en que&#13;
&#13;
este año habría paz. Creo que ahora debe-­&#13;
&#13;
ríamos confiar en el médico y en una&#13;
&#13;
buena plegaria.&#13;
&#13;
Ann: ¡Rebecca, el doctor está desconcer­-&#13;
&#13;
tado!&#13;
&#13;
REBECCA: Entonces, si lo está, acudamos a&#13;
&#13;
Dios. Hay un peligro monstruoso en po-­&#13;
&#13;
nerse a buscar espíritus errantes. Lo te-­&#13;
&#13;
mo, lo temo. Es mejor que busquemos la&#13;
&#13;
culpa en nosotros y que ...&#13;
&#13;
Putnam: ¿Cómo hemos de culparnos a&#13;
&#13;
nosotros? Yo soy uno de nueve hijos; la&#13;
&#13;
semilla de los Putnam ha poblado esta&#13;
&#13;
región. Y sin embargo, de ocho criaturas&#13;
&#13;
sólo me queda una ... y esa una se está&#13;
&#13;
marchitando.&#13;
&#13;
Rebecca: Esto no puedo desentrañarlo yo.&#13;
&#13;
Ann (con un creciente dejo de sarcasmo) :&#13;
&#13;
¡En cambio yo debo! ¿Crees que es obra&#13;
&#13;
de Dios el que tú jamás debas perder un&#13;
&#13;
hijo, ni un nieto, y que yo en cambio&#13;
&#13;
deba enterrarlos a todos menos a uno?&#13;
&#13;
En este pueblo hay ruedas moviendo rue-­&#13;
&#13;
das y fuegos nutriendo fuegos.&#13;
&#13;
Putnam (a Parris): Cuando llegue el Re­-&#13;
&#13;
verendo Hale, procederéis a buscar ras­-&#13;
&#13;
tros de brujería en esto.&#13;
&#13;
Proctor (a Putnam): No podéis dar órde­-&#13;
&#13;
nes al señor Parris. En esta comunidad el&#13;
&#13;
voto es por persona y no por hectárea.&#13;
&#13;
Putnam : Nunca os he notado tan preocu­-&#13;
&#13;
pado por esta comunidad, señor Proctor.&#13;
&#13;
No creo haberos visto en nuestras reunio­-&#13;
&#13;
nes sabáticas desde las últimas nevadas.&#13;
&#13;
Proctor: Bastantes preocupaciones tengo&#13;
&#13;
sin viajar cinco millas para escucharle&#13;
&#13;
predicar no más que tormentos infernales&#13;
&#13;
y condenación eterna. Creed en lo que&#13;
&#13;
os digo, señor Parris. Hay muchos otros&#13;
&#13;
que hoy se apartan de la iglesia porque&#13;
&#13;
ya casi nunca mencionáis a Dios.&#13;
&#13;
Parris (excitado): ¡Cómo! ¡Esta es una&#13;
&#13;
acusación muy grave!&#13;
&#13;
Rebecca: Hasta cierto punto es verdad: hay&#13;
&#13;
muchos que no se animan a traer a sus&#13;
&#13;
hijos. ..&#13;
&#13;
Parris : No predico para niños, Rebecca.&#13;
&#13;
No son los niños quienes descuidan sus&#13;
&#13;
obligaciones para con este ministerio.&#13;
&#13;
Rebecca: ¿Realmente hay quienes las des­-&#13;
&#13;
cuidan?&#13;
&#13;
Parris: Yo diría (pie más de la mitad del&#13;
&#13;
pueblo de Salem...&#13;
&#13;
Putnam (interrumpiendo): Y más que&#13;
&#13;
eso...&#13;
&#13;
Parris: ¿Dónde está mi leña? Mi contrato&#13;
&#13;
estipula que se me provea de toda mi&#13;
&#13;
leña. ¡Desde Noviembre estoy esperando&#13;
&#13;
una astilla, y aún en Noviembre mismo&#13;
&#13;
tuve que andar exhibiendo mis manos&#13;
&#13;
heladas como un mendigo cualquiera!&#13;
&#13;
Giles: Se os asigna seis libras anuales para&#13;
&#13;
comprar vuestra leña, señor Parris.&#13;
&#13;
Parris: Considero esas seis libras como&#13;
&#13;
parte de mi salario. Bastante poco se me&#13;
&#13;
paga sin que gaste seis libras en leña ...&#13;
&#13;
Proctor: Sesenta, más ¡seis para leña ...&#13;
&#13;
Parris (interrumpiéndolo): ¡El salario es&#13;
&#13;
de sesenta y seis libras, señor Proctor!&#13;
&#13;
No soy ningún predicador de campaña con&#13;
&#13;
el librito bajo el brazo; soy diplomado&#13;
&#13;
del colegio de Harvard.&#13;
&#13;
Giles : ¡Así es, y bien versado en arit­-&#13;
&#13;
mética !&#13;
&#13;
Parris: ¡Señor Corey, deberéis buscar mu­-&#13;
&#13;
cho para encontrar un hombre de mi cla-­&#13;
&#13;
se por sesenta libras anuales! No estoy&#13;
&#13;
acostumbrado a esta miseria; abandoné&#13;
&#13;
un buen negocio en Barbados para servir&#13;
&#13;
al Señor. No alcanzo a desentrañarlo:&#13;
&#13;
¿por qué se me persigue aquí? No puedo&#13;
&#13;
proponer nada sin que se produzca un&#13;
&#13;
alboroto de gritos y discusiones. Me he&#13;
&#13;
preguntado a menudo si no estaría el&#13;
&#13;
Diablo en esto; de otro modo no puedo&#13;
&#13;
comprenderos.&#13;
&#13;
Proctor: Señor Parris, sois el primer pá­-&#13;
&#13;
rroco que ha exigido el título de propie­-&#13;
&#13;
dad de esta casa ...&#13;
&#13;
Parris (interrumpiendo): ¡Hombre! ¿Es&#13;
&#13;
que un párroco no merece una casa donde&#13;
&#13;
vivir?&#13;
&#13;
Proctor: En donde vivir, sí. Pero preten-­&#13;
&#13;
der la propiedad es como si fuéseis dueño&#13;
&#13;
de la misma capilla; en la última asam­-&#13;
&#13;
blea a la que acudí hablásteis tanto de&#13;
&#13;
escrituras e hipotecas que creí estar en&#13;
&#13;
un remate.&#13;
&#13;
Parris: ¡Pretendo una prueba de confian­-&#13;
&#13;
za, eso es todo! Soy vuestro tercer pre­-&#13;
&#13;
dicador en siete años. No quiero ser echa­-&#13;
&#13;
do como el gato cada vez que ese sea el&#13;
&#13;
capricho de cualquier mayoría. Vosotros&#13;
&#13;
parecéis no comprender que un ministro&#13;
&#13;
es el representante del Señor en la parro-­&#13;
&#13;
quia; a un ministro no se le ha de per­-&#13;
&#13;
turbar ni contradecir con tanta ligereza. ..&#13;
&#13;
Putnam: ¡Eso es!&#13;
&#13;
Parris : ¡Habrá obediencia, o la Iglesia ar­-&#13;
&#13;
derá como arde el Infierno!&#13;
&#13;
Proctor: ¿E s que no podéis hablar un mi­-&#13;
&#13;
nuto sin que vayamos a parar al Infierno&#13;
&#13;
nuevamente? ¡Estoy harto del infierno!&#13;
&#13;
Parris: No sois vos quien decidirá lo que&#13;
&#13;
os conviene oír.&#13;
&#13;
Proctor: ¡Creo que puedo decir lo que&#13;
&#13;
pienso!&#13;
&#13;
Parris (furioso): ¿Qué, somos cuáqueros&#13;
&#13;
acaso? Todavía no somos cuáqueros aquí,&#13;
&#13;
señor Proctor. Y podéis decírselo así a&#13;
&#13;
vuestros partidarios.&#13;
&#13;
Proctor: ¡Mis partidarios!&#13;
&#13;
Parris (por fin se desahoga): En esta igle­-&#13;
&#13;
sia hay un partido. No estoy ciego; hay&#13;
&#13;
un bando y un partido.&#13;
&#13;
Proctor: ¿Contra vos?&#13;
&#13;
Putnam : ¡Contra él y toda autoridad!&#13;
&#13;
Proctor: ¡Ah ! Si es así, debo encontrarlo&#13;
&#13;
y unirme a él. (Hay conmoción entre los&#13;
&#13;
demás.)&#13;
&#13;
Rebecca: No quiso decir eso.&#13;
&#13;
Putnam : ¡Acaba de decirlo!&#13;
&#13;
Proctor: Lo sostengo solemnemente, Re-­&#13;
&#13;
becca; no me huele bien esta “autoridad”.&#13;
&#13;
Rebecca: No, no puedes quitarle el apoyo&#13;
&#13;
a tu párroco. Tú no eres de esos, John.&#13;
&#13;
Estrecha su mano. Haced las paces.&#13;
&#13;
Proctor: Tengo grano para sembrar y leña&#13;
&#13;
que arrastrar a casa. (Va enojado hacia&#13;
&#13;
la puerta y se vuelve hacia Corey con una&#13;
&#13;
sonrisa): ¿Qué te parece, Giles?, encon-­&#13;
&#13;
tremos ese partido. Dice que hay un&#13;
&#13;
partido.&#13;
&#13;
Giles: John, he cambiado mi opinión sobre&#13;
&#13;
este hombre. Os ruego que me perdonéis,&#13;
&#13;
señor Parris; nunca pensé que en vos&#13;
&#13;
hubiese tanta fortaleza.&#13;
&#13;
Parris (sorprendido): ¡Cómo...gracias,&#13;
&#13;
Giles!&#13;
&#13;
Giles: Esto le hace pensar a uno en cuál&#13;
&#13;
ha sido la dificultad entre nosotros todos&#13;
&#13;
estos años. (A todos): Pensadlo. ¿A qué&#13;
&#13;
se debe que todos andemos demandándo­-&#13;
&#13;
nos los unos a los otros? Pensadlo bien.&#13;
&#13;
Es algo profundo y negro como un pozo.&#13;
&#13;
Este año he comparecido seis veces ante&#13;
&#13;
la justicia...&#13;
&#13;
Proctor (interrumpiéndolo familiarmente,&#13;
&#13;
cordialmente, aunque sabe que con esto&#13;
&#13;
se acerca al límite de la paciencia de Gi- ­&#13;
&#13;
les): ¿Es culpa del Diablo que uno no&#13;
&#13;
pueda decirte buen día sin que lo deman­-&#13;
&#13;
des por calumnia? Estás viejo, Giles, y no&#13;
&#13;
oyes tan bien como antes.&#13;
&#13;
Giles (no puede ser desviado): John Proc­-&#13;
&#13;
tor, hace apenas un mes que cobré cuatro&#13;
&#13;
libras de daños y perjuicios porque decías&#13;
&#13;
que yo quemé el techo de tu casa, y yo. ..&#13;
&#13;
Proctor (riendo): Nunca dije tal cosa, pero&#13;
&#13;
te he pagado por ello, de modo que puedo&#13;
&#13;
llamarte sordo sin que me cueste. Ven,&#13;
&#13;
acompáñame Giles y ayúdame a arrastrar&#13;
&#13;
mi leña a casa.&#13;
&#13;
Putnam: Un momento señor Proctor. ¿qué&#13;
&#13;
leña es esa que arastráis, si puedo pre­-&#13;
&#13;
guntaros?&#13;
&#13;
Proctor: Es mi leña. De mi monte junto&#13;
&#13;
al río.&#13;
&#13;
Putnam : Vamos, nos hemos vuelto locos&#13;
&#13;
este año. ¿Qué anarquía es esta? Ese tre-­&#13;
&#13;
cho está dentro de mis límites, dentro de&#13;
&#13;
mis límites, dentro de mis límites, señor&#13;
&#13;
Proctor.&#13;
&#13;
Proctors ¡De vuestros límites! (indicando&#13;
&#13;
a Rebecca): Le compré ese pedazo al ma-­&#13;
&#13;
rido de la señora Nurse hace cinco meses.&#13;
&#13;
Putnam: El no tenía derecho a venderlo.&#13;
&#13;
Pn e! testamento de mi abuelo dice cla­-&#13;
&#13;
ramente que todo el terreno entre el&#13;
&#13;
río y ...&#13;
&#13;
Proctor: Vuestro abuelo tenía por costum­&#13;
&#13;
bre legar tierras que nunca le pertene­-&#13;
&#13;
cieron. si es que puedo decirlo sin rodeos.&#13;
&#13;
Giles: Esta es la pura verdad; también ha-­&#13;
&#13;
bía cedido mi pradera del norte; pero&#13;
&#13;
sabía que, antes de que alcanzase a firmar&#13;
&#13;
ese testamento, yo le hubiera roto los de­-&#13;
&#13;
dos. Vamos a llevar tu leña a casa. John.&#13;
&#13;
Siento que me vienen unas tremendas&#13;
&#13;
ganas de trabajar.&#13;
&#13;
Putnams ¡Cargad uno solo de mis robles&#13;
&#13;
y tendréis que pelear para arrastrarlo a&#13;
&#13;
casa!&#13;
&#13;
Giles: Está bien, y además venceremos,&#13;
&#13;
Putnam ... este bobo y yo. ¡Vamos! (Se&#13;
&#13;
vuelve a Proctor e inicia la salida.)&#13;
&#13;
Putnam : ¡Tendrás que vértelas con mis&#13;
&#13;
hombres, Corey! ¡Te encajaré una de-­&#13;
&#13;
nuncia! (Entra el Reverendo John Hale,&#13;
&#13;
de Beverly. Aparece abrumado bajo el&#13;
&#13;
peso de media docena de voluminosos&#13;
&#13;
libros.)&#13;
&#13;
Hale: Por favor, alguien que me ayude.&#13;
&#13;
Parris (complacido): Señor Hale...es&#13;
&#13;
bueno veros de nuevo. (Tomando algunos&#13;
&#13;
libros): ¡Oh, qué pesados!&#13;
&#13;
Hale (depositando sus libros): Así deben&#13;
&#13;
ser: tienen todo el peso de la autoridad.&#13;
&#13;
Parris (algo asustado): Ah. venís prepa­-&#13;
&#13;
rado, por lo que veo.&#13;
&#13;
Hale: Tendremos mucho que estudiar, si&#13;
&#13;
se trata de encontrar la pista del Viejo.&#13;
&#13;
(Advirtiendo a Rebecca ): ¿No seréis Re­-&#13;
&#13;
becca Nurse, por ventura?&#13;
&#13;
Rebecca: Lo soy, señor. ¿Me conocéis?&#13;
&#13;
Hale: Es extraño que os reconociera: pero&#13;
&#13;
supongo que será porque vuestro sem­-&#13;
&#13;
blante refleja la bondad de vuestra alma.&#13;
&#13;
En Beverly, todos hemos oído hablar de&#13;
&#13;
vuestra generosidad.&#13;
&#13;
Parris: ¿Conocéis a este caballero? El se-­&#13;
&#13;
ñor Thomas Putnam. Y su buena esposa&#13;
&#13;
Ann.&#13;
&#13;
Hale: ¡Putnam! No esperaba compañía tan&#13;
&#13;
distinguida, señor.&#13;
&#13;
Putnam (complacido): Hoy, esto no parece&#13;
&#13;
sernos muy útil, señor Hale. Confiamos&#13;
&#13;
en vos para que vengáis a casa a salvar&#13;
&#13;
a nuestra hija.&#13;
&#13;
Hale: ¿Vuestra niña también está enferma?&#13;
&#13;
Ann: Su alma, su alma parece haberse vo­-&#13;
&#13;
lado. Duerme, y sin embargo camina...&#13;
&#13;
Putnam: No puede comer.&#13;
&#13;
Hale: ¡No puede comer! (Lo piensa. Lue-&#13;
&#13;
go, a Proctor y Giles Corey): ¿Tenéis&#13;
&#13;
vosotros, hijos enfermos?&#13;
&#13;
Parris: No, no, estos son campesinos. John&#13;
&#13;
Proctor...&#13;
&#13;
Giles Corey : . ..que no cree en brujas.&#13;
&#13;
Proctor (a Hale): Nunca hablé de brujas&#13;
&#13;
en un sentido ni en otro. ¿Vienes, Giles?&#13;
&#13;
Giles : No, no. John, creo que no. Tengo&#13;
&#13;
algunas preguntas especiales que hacerle&#13;
&#13;
a este tipo.&#13;
&#13;
Proctor: He oído decir que sois una per­-&#13;
&#13;
sona sensata, señor Hale. Espero que&#13;
&#13;
dejéis algo de ello en Salém. (Proctor&#13;
&#13;
sale. Hale permanece embarazado un mo­-&#13;
&#13;
mento.)&#13;
&#13;
Parris (rápidamente): ¿Queréis examinar&#13;
&#13;
a mi hija, señor? (Guía a Hale hacia el&#13;
&#13;
lecho.) Trató de saltar por la ventana; la&#13;
&#13;
descubrimos esta mañana en el camino,&#13;
&#13;
agitando los brazos como si fuera a volar.&#13;
&#13;
Hale (entrecerrando los ojos ): Trata de&#13;
&#13;
volar.&#13;
&#13;
Putnam: No puede soportar que se pro­-&#13;
&#13;
nuncie el nombre del Señor; esto es un&#13;
&#13;
indicio de que hay brujería, señor Hale.&#13;
&#13;
Hale (levantando las manos): No, no. Per­-&#13;
&#13;
mitidme que os instruya. No podemos&#13;
&#13;
caer en supersticiones. El Diablo es pre-&#13;
&#13;
ciso; los rastros de su presencia son tan&#13;
&#13;
definidos como la piedra, y debo preve­-&#13;
&#13;
niros que no pondré manos a la obra si&#13;
&#13;
no estáis dispuestos a creerme en caso de&#13;
&#13;
que no la encuentre (por Betty) chamus­-&#13;
&#13;
cada por el fuego del Infierno.&#13;
&#13;
Parris: Está convenido, señor... está con­-&#13;
&#13;
venido ... nos someteremos a vuestro&#13;
&#13;
juicio.&#13;
&#13;
Hale: Bien entonces. (Va hacia el lecho y&#13;
&#13;
observa a Betty. A Parris): Decidme,&#13;
&#13;
¿cuál fué el primer síntoma que advertis­-&#13;
&#13;
teis en este extraño caso?&#13;
&#13;
Parris: Os diré, señor... la descubrí a ella&#13;
&#13;
(indicando a Abigail)...y a mi sobrina y&#13;
&#13;
a diez o doce de las otras muchachas,&#13;
&#13;
bailando en el bosque, anoche.&#13;
&#13;
Hale (sorprendido): ¿Vosotros permitís la&#13;
&#13;
danza?&#13;
&#13;
Parris: No, no, era en secreto...&#13;
&#13;
Ann (incapaz de esperar): La esclava del&#13;
&#13;
señor Parris sabe como conjurar.&#13;
&#13;
Parris (a Ann): No podemos estar seguros&#13;
&#13;
de eso. señora Putnam ...&#13;
&#13;
Ann ( asustada, muy suavemente): Yo lo sé.&#13;
&#13;
señor. Envié a mi hija. .. para que Títuba&#13;
&#13;
le dijera quién mató a sus hermanitas.&#13;
&#13;
Rebecca (horrorizada): ¡Ann! ¿Enviaste a&#13;
&#13;
una niña a invocar muertos?&#13;
&#13;
Ann: ¡Cúlpeme Dios, Rebecca, pero no tú,&#13;
&#13;
no tú! ¡No dejaré que tú me juzgues&#13;
&#13;
más! (A Hale ): ¿Es cosa natural perder&#13;
&#13;
siete hijos antes de que alcancen a vivir&#13;
&#13;
un día?&#13;
&#13;
Parris: ¡Shhh! (Rebecca, muy dolorida,&#13;
&#13;
vuelve el rostro. Hay una pausa.)&#13;
&#13;
Hale : Siete que han muerto al nacer.&#13;
&#13;
Ann (suavemente): Así es. (Su voz se quie­-&#13;
&#13;
bra; lo contempla. Silencio. Hale está&#13;
&#13;
impresionado. Parris lo mira. Hale va ha-­&#13;
&#13;
cia sus libros, abre uno. lo hojea, y luego&#13;
&#13;
lee. Todos esperan ávidamente.)&#13;
&#13;
Parris (en voz baja): ¿Qué libro es ese?&#13;
&#13;
Ann: ¿Qué dice allí, señor?&#13;
&#13;
Hale (con la fruición de quien saborea un&#13;
&#13;
ejercicio intelectual): Aquí está todo el&#13;
&#13;
mundo invisible, atrapado, definido y cal­-&#13;
&#13;
culado. En estos libros está el Diablo&#13;
&#13;
desnudado de todos sus torpes disfraces.&#13;
&#13;
Aquí están todos los espíritus que os son&#13;
&#13;
familiares; vuestros íncubos y súcubos;&#13;
&#13;
vuestras brujas que viajan por tierra, por&#13;
&#13;
aire y por mar; vuestros hechiceros de la&#13;
&#13;
noche y del día. No temáis... lo encon­-&#13;
&#13;
traremos si es que se ha mezclado entre&#13;
&#13;
nosotros, ¡y me propongo destrozarlo por&#13;
&#13;
completo en cuanto muestre la cara! (Va&#13;
&#13;
hacia el lecho.)&#13;
&#13;
Rebecca: ¿Dañará a la niña, señor?&#13;
&#13;
Hale : No puedo decirlo. Si realmente está&#13;
&#13;
en las garras del Diablo, tal vez haya que&#13;
&#13;
rasgar y arrancar para poder liberarla.&#13;
&#13;
Rebecca: Entonces creo que me iré. Soy de-­&#13;
&#13;
masiado vieja para esto. Se levanta).&#13;
&#13;
Parris (tratando de ser convincente) : ¡Va­-&#13;
&#13;
mos, Rebecca, hoy podemos dar con la&#13;
&#13;
clave de todos nuestros trastornos!&#13;
&#13;
Rebecca: Esperémosle así. Rogaré a Dios&#13;
&#13;
por vos, señor.&#13;
&#13;
Parris (con agitación y resentimiento):&#13;
&#13;
¡Supongo que no quieres decir que aquí&#13;
&#13;
rogamos al Diablo! (Breve pausa.)&#13;
&#13;
Rebecca: Ojalá lo supiera. (Sale; los de-­&#13;
&#13;
más se sienten resentidos por su nota de&#13;
&#13;
superioridad moral.)&#13;
&#13;
Putnam (bruscamente): Venid, señor Hale,&#13;
&#13;
prosigamos. Sentaos aquí.&#13;
&#13;
Giles : Señor Hale, siempre quise pregun-­&#13;
&#13;
tarle a un hombre ilustrado... qué sig­-&#13;
&#13;
nifica la lectura de libros extraños.&#13;
&#13;
Hale : ¿Qué libros?&#13;
&#13;
Giles : No podría decirlo; ella los esconde.&#13;
&#13;
Hale : ¿Quién los esconde?&#13;
&#13;
Giles : Martha, mi mujer. Me he despertado&#13;
&#13;
más de una noche y la be sorprendido&#13;
&#13;
leyendo un libro. ¿Qué opináis vos de&#13;
&#13;
esto?&#13;
&#13;
Hale: Bueno, ésto no es necesariamente...&#13;
&#13;
Giles : Me incomoda. Anoche ... notad es­-&#13;
&#13;
to...lo intentaba y lo intentaba y no&#13;
&#13;
podía decir mis oraciones, y entonces ella&#13;
&#13;
cierra su libro y sale de la casa y de re­-&#13;
&#13;
pente. .. notad esto... ¡de repente puedo&#13;
&#13;
rezar nuevamente!&#13;
&#13;
Hale : Ah, oración interrumpida... es raro.&#13;
&#13;
Hablaré con vos de esto.&#13;
&#13;
Giles: Aclaremos, no digo que ella haya&#13;
&#13;
sido tocada por el Diablo, pero me gus-­&#13;
&#13;
taría saber qué libros lee y por qué los&#13;
&#13;
esconde. A mí no me contesta, ¿sabéis?&#13;
&#13;
Hale: Comprendo; ya lo discutiremos. (A&#13;
&#13;
todos): Ahora escuchadme: si el Diablo&#13;
&#13;
está en ella seréis testigos, en esta habi­-&#13;
&#13;
tación, de algunos portentos indecibles,&#13;
&#13;
conque os ruego que os mantengáis se­-&#13;
&#13;
renos. Señor Putnam, permaneced cerca&#13;
&#13;
por si vuela. Y ahora, Betty querida,&#13;
&#13;
¿quieres sentarte? (Putnam se acerca, lis-&#13;
&#13;
to para ayudar. Hale sienta a Betty, pero&#13;
&#13;
ella yace inerte en sus manos.) Hummm.&#13;
&#13;
(La observa atentamente. Los otros miran&#13;
&#13;
sin aliento.) ¿Me oyes? Soy John Hale,&#13;
&#13;
párroco de Beverly. He venido para ayu­-&#13;
&#13;
darte, querida. ¿Recuerdas a mis dos hiji-&#13;
&#13;
tas. en Beverly? (Ella no se mueve.)&#13;
&#13;
Parris (asustado): ¿Cómo puede ser el&#13;
&#13;
Diablo? ¿Por qué habría de elegir mi&#13;
&#13;
casa? ¡En el pueblo tenemos toda clase&#13;
&#13;
de gente licenciosa!&#13;
&#13;
Hale: ¿De qué le serviría al Diablo ganar&#13;
&#13;
un alma ya corrompida? El Diablo quie­-&#13;
&#13;
re a los mejores y ¿quién mejor que el&#13;
&#13;
ministro mismo?&#13;
&#13;
Giles: Eso es profundo, señor Parris, pro­-&#13;
&#13;
fundo, profundo.&#13;
&#13;
Parris (resueltamente ahora): ¡Betty, res-­&#13;
&#13;
póndele al señor Hale! ¡Betty!&#13;
&#13;
Hale : ¿Alguien te hace mal, niña? No tie­-&#13;
&#13;
ne por qué ser mujer, ¿sabes?, ni hom­-&#13;
&#13;
bre. Tal vez viene a ti un pájaro que es&#13;
&#13;
invisible para los demás... tal vez un&#13;
&#13;
cerdo, un ratón, o una bestia cualquiera.&#13;
&#13;
¿Hay alguna aparición que te incita a&#13;
&#13;
volar? (La niña permanece inerte. En&#13;
&#13;
silencio él vuelve a depositarla sobre la&#13;
&#13;
almohada. Ahora, extendiendo las manos&#13;
&#13;
hacia ella, entona): In nomine Domine&#13;
&#13;
Sabaoth sui filiique ite ad infernos. (Ella&#13;
&#13;
no se mueve. El encara a Abigail, entre­&#13;
&#13;
cerrando los ojos): Abigail. ¿qué era lo&#13;
&#13;
que bailabas con ella en el bosque?&#13;
&#13;
Abigail: Pues... bailes corrientes, eso es&#13;
&#13;
todo.&#13;
&#13;
Parris: Creo que yo debería decir que ...&#13;
&#13;
que vi una marmita sobre la hierba, en&#13;
&#13;
donde estaban bailando.&#13;
&#13;
Abigail : Si eso no era más que sopa.&#13;
&#13;
Hale: ¿Qué clase de sopa había en esa&#13;
&#13;
marmita, Abigail?&#13;
&#13;
Abigail : Nada, eran habas... y lentejas,&#13;
&#13;
creo, y ...&#13;
&#13;
Hale: Señor Parris, ¿no habéis notado&#13;
&#13;
nada vivo en la marmita, no es cierto?&#13;
&#13;
¿Un ratón, por ventura, una araña, un&#13;
&#13;
sapo. . . ?&#13;
&#13;
Parris (temeroso): Yo ... sí creo que algo&#13;
&#13;
se movía ... en la sopa.&#13;
&#13;
Abigail : ¡Eso habrá saltado adentro...&#13;
&#13;
nosotras no lo pusimos!&#13;
&#13;
Hale ( rápidamente) : ¿Qué es lo que saltó&#13;
&#13;
adentro?&#13;
&#13;
Abigail: Nada ... saltó un sapito muy pe­-&#13;
&#13;
queño . . .&#13;
&#13;
Parris: ¡Abby!, ¿¡un sapo!?&#13;
&#13;
Hale ( aferrando a Abigail): Abigail, tu pri­-&#13;
&#13;
ma tal vez se esté muriendo. ¿Convocas­&#13;
&#13;
teis al Diablo, anoche?&#13;
&#13;
Abigail: ¡Yo no lo llamé! Títuba, Títuba...&#13;
&#13;
Parris ( palideciendo) :&#13;
&#13;
¿Ella llamó al&#13;
&#13;
Diablo?&#13;
&#13;
Hale : Me gustaría hablar con Títuba.&#13;
&#13;
Parris: Señora Ann. ¿queréis traerla? (Ann&#13;
&#13;
Putnam sale.)&#13;
&#13;
Hale: ¿Cómo lo llamó?&#13;
&#13;
Abigail : No sé ... hablaba en su idioma de&#13;
&#13;
Barbados.&#13;
&#13;
Hale: ¿Sentiste algo extraño cuando lo lla-&#13;
&#13;
Concluye en la pág. 12&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                     11&#13;
&#13;
&#13;
POEMAS DE CARLOS LATORRE&#13;
&#13;
&#13;
EL PUNTO DE PARTIDA&#13;
&#13;
No es necesario insistir en el elogio de la fiebre&#13;
&#13;
En el inútil sufrimiento&#13;
&#13;
 de la inteligencia empeñada en propiciar maneras más tiernas&#13;
&#13;
En algunos desarrollos insensatos del espíritu destinados a controlar los&#13;
&#13;
 juegos entre el prójimo y el límite de las fuerzas&#13;
&#13;
Es tan natural dar una vuelta sobre sí mismo que uno puede detenerse&#13;
&#13;
 una noche para atender a los descubrimientos&#13;
&#13;
No los que coinciden con los móviles de la muerte sino aquellos otros&#13;
&#13;
que proporcionan la buena suerte&#13;
&#13;
Los que ponen la vida al alcance de la mano&#13;
&#13;
Está bien claro&#13;
&#13;
No quiero ver a la naturaleza por la mira de la escopeta&#13;
&#13;
El telescopio está en mis gestos&#13;
&#13;
El lago cabe en la respiración El hombre también&#13;
&#13;
Cuatro sentidos todavía para pervertir a los símbolos menores porque&#13;
&#13;
la divinidad queda indefensa si se consigue hacerla sonreír&#13;
&#13;
Cuando voy hacia la nada voy en lastre&#13;
&#13;
Así me siento más cerca de la eternidad sin funerales al parecer&#13;
&#13;
 imprescindibles&#13;
&#13;
Uno comienza a descubrir que el amor tal como lo profesara era ese&#13;
&#13;
papel incendiario que se quema muy arriba porque carece de&#13;
&#13;
 peso específico&#13;
&#13;
Es más útil ese fuego terrestre que guía a los barcos y a las bombas de&#13;
&#13;
 incendio tan seductoras para la niñez&#13;
&#13;
La tarea es deliciosa Uno rompe las palabras para ver lo que tienen&#13;
&#13;
 dentro y encuentra los hechos fortuitos y restos de civilizaciones&#13;
&#13;
 en contradicción&#13;
&#13;
La raza de un hombre está en sus manos&#13;
&#13;
&#13;
LA TAREA DE LA EXISTENCIA&#13;
&#13;
&#13;
Todos saben que con una sola proeza nadie puede lograr la posesión&#13;
&#13;
 de su víctima&#13;
&#13;
Por eso los que uno llama vosotros proponen el amor sin pérdida de&#13;
&#13;
 tiempo&#13;
&#13;
El hecho consumado&#13;
&#13;
La verdad en el punto de unión entre la soledad y la dispersión de&#13;
&#13;
 las razas&#13;
&#13;
Pero llegada de extremas distancias de fin natural la vida tiene cierto&#13;
&#13;
 derecho a perpetuar los argumentos del universo&#13;
&#13;
&#13;
EL HECHO CONCRETO&#13;
&#13;
El canto es necesario esa combinación entre los elementos&#13;
&#13;
naturales que se rozan entre sí como las manos&#13;
&#13;
de los personajes históricos&#13;
&#13;
El agua arrastra detritus de algunas viejas maneras y&#13;
&#13;
propicia también la experiencia inmediata&#13;
&#13;
La piedra encierra una república una edad en preparación&#13;
&#13;
Sin embargo algo tiene que cambiar para que el mundo tome&#13;
&#13;
 la forma de los cuerpos que lo contienen&#13;
&#13;
Son siempre los deseos los que modifican los libros&#13;
&#13;
 ejemplares y estimulan la mecánica de la clarividencia&#13;
&#13;
 en cuya velocidad se advierte la desaparición de&#13;
&#13;
 los hechos gratuitos&#13;
&#13;
Lo he dicho ya&#13;
&#13;
El cauce comienza con el paso adelante y cualquier bosque&#13;
&#13;
 tiene su lenguaje en libertad&#13;
&#13;
&#13;
SILENCIO RESPONSABLE&#13;
&#13;
por Juan Filloy&#13;
&#13;
Estaba contemplando las grandes avenidas del pen­-&#13;
&#13;
samiento, desde la ventana que da al futuro del poema.&#13;
&#13;
Y el hombre concreto, de recia mandíbula y corazón de&#13;
&#13;
escarcha, me increpó;&#13;
&#13;
&#13;
— Basta ya de sofistería metafórica. De efugios y subterfugios. De&#13;
&#13;
tintamarra y tintirintín. Edifiquemos la poesía sobre cimientos macizos,&#13;
&#13;
hendiendo el humus de la carne. No sobre el humo de estilos afeitados,&#13;
&#13;
sin orín, origen ni originalidad.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque me afeito solo y tengo a menudo la&#13;
&#13;
barba herrumbrada. . .)&#13;
&#13;
&#13;
__ Es necesario engordar la inspiración anemiada por el abuso de&#13;
&#13;
absurdos, alcaloides y aberraciones. Propendamos a que la poesía tenga&#13;
&#13;
músculos. Y se entrene en lo noble. No en la inteligencia pura, sino en el&#13;
&#13;
acto puro. No en el arte puro, sino en la vida pura.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque mis ochenta kilos literarios se enter­-&#13;
&#13;
necen diariamente en algunas flexiones. . . )&#13;
&#13;
&#13;
— ¿Hasta cuándo flameará la poesía sus artificios verbales? Luces de&#13;
&#13;
bengala que encandilan a los bobos. Hilachas aéreas que se disipan al&#13;
&#13;
soplo del fastidio. ¿No ves que hay en el mundo un apetito furioso&#13;
&#13;
certidumbres? Las almas quieren comidas suculentas. Poemas que se&#13;
&#13;
puedan cortar en rodajas.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque me alimento con grageas de Cocteau&#13;
&#13;
y píldoras de Joyce, y, sólo de tarde en tarde, pruebo&#13;
&#13;
las tortas fritas de Martín Fierro ...)&#13;
&#13;
&#13;
__ Urge abolir el fanatismo de lo abstracto. La belleza  está en la co-&#13;
&#13;
laboración del ojo que mira el cuadro, del oído que escucha el lied,&#13;
&#13;
de la sensibilidad que capta la emoción del verso.&#13;
&#13;
Se hacen demasiadas&#13;
&#13;
sutilezas estrafalarias. Ni la intuición aprehende ya la esencia larval,&#13;
&#13;
onírica, fantasmagórica de la poesía de hoy.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque ser poeta implica, para mí ser, ser mis-&#13;
&#13;
teriarca y saber espiar con ojo pitagórico la cerradura&#13;
&#13;
del enigma…)&#13;
&#13;
&#13;
— Un arte sin conexión humana no sirve para nada. Globo cautivo&#13;
&#13;
de cierta minoría, es menester cortarle el cable, para  que desaparezca,&#13;
&#13;
o traerlo a tierra para se desinfle. No hay poesía sin eco, resonancia,&#13;
&#13;
memoria. La fatalidad de la poesía snob — sine mobilitatem— está en no&#13;
&#13;
dejar recuerdo.&#13;
&#13;
 &#13;
&#13;
(Callé, porque barbotaba en mí este verso sublime&#13;
&#13;
de la “Macchina lírica” del pioneer futurista: “Stan-tuff&#13;
&#13;
stan-tuff stan-tuffoo stan-tuffoo”...)&#13;
&#13;
&#13;
¿ Y lo nuestro? ¿Por qué extravasamos en formas y conceptos aje­-&#13;
&#13;
nos a nuestra idiosincrasia? Desde el balcón atlántico de Buenos Aires&#13;
&#13;
la mirada huye imantada al exotismo. ¿Acaso el rancho con su lechuza&#13;
&#13;
no es un Parthenon primario con una acróptera de pluma?&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque eludo al trotecito los suburbios del&#13;
&#13;
folk-lore, profiriendo mentalmente:&#13;
&#13;
Bien, digamé Don Isauro:&#13;
&#13;
¿qués mejor aquí en el campo,&#13;
&#13;
montar en pelo un centauro&#13;
&#13;
o ensillado un hipocampo?...)&#13;
&#13;
&#13;
Nadie puede recitar de memoria un poema de Tristán Tzara, ni&#13;
&#13;
reproducir de memoria un diseño de Paul Klee, ni repetir de memoria&#13;
&#13;
tres compases de Schönberg. La fatalidad de este arte up to date, de esta,&#13;
&#13;
poesía vient de paraître, está en que resbala irrefragablemente hacia el&#13;
&#13;
olvido. Por eso el olvido será la mejor y la más sabia de sus críticas.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque ante el boycot del producto, conviene&#13;
&#13;
decretar el lock-out de la imaginación creadora ...)&#13;
&#13;
&#13;
Yo anhelo que cada poema tenga su cardiosfera. Que el espíritu&#13;
&#13;
que se condense en él sea ágil, audaz, valiente. Que la pirueta y la boutade&#13;
&#13;
sucumban en su propia estolidez. Y que el arte exilado vuelva a las&#13;
&#13;
profundas realidades de la vida. Desde la erudición clásica o desde el&#13;
&#13;
fuego romántico. ¡De dónde esté! Porque es el único que ha cumplido&#13;
&#13;
dignamente la proeza de embellecer la razón.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque, lo mismo que Kierkegaard, yo sufro&#13;
&#13;
el martirio dle la razón...)&#13;
&#13;
&#13;
El intruso calló también, por fin. Y seguimos con­&#13;
&#13;
templando las grandes avenidas del pensamiento, desde&#13;
&#13;
la ventana que da al futuro del poema.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
12                                                                                                                     LETRA y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
BUENOS AIRES Y GUIBERT&#13;
&#13;
&#13;
(A propósito del libro: “Poeta al pie de Buenos Aires”)&#13;
&#13;
por Enrique Molina&#13;
&#13;
&#13;
 Para las perezosas ratas de la crítica re-­&#13;
&#13;
sultará muy superior a su roer de costum­-&#13;
&#13;
bre la envergadura, la extraordinaria fluen-­&#13;
&#13;
cia lírica y el esfuerzo de sostener a lo lar­-&#13;
&#13;
go de más de doscientas páginas —sin de-­&#13;
&#13;
caer un instante— la ardiente arquitectura&#13;
&#13;
de un poema dedicado a Buenos Aires.&#13;
&#13;
Inútil será extraer algún pequeño fragmen-­&#13;
&#13;
to, picotear en los zócalos, arrancar un tro­-&#13;
&#13;
zo de tapiz, arañar una frase. La obra de&#13;
&#13;
Guibert perdurará por la virtud de su ener­-&#13;
&#13;
gía original, por la inviolable sustancia que&#13;
&#13;
ha elaborado. Por lo demás es sintomático&#13;
&#13;
el sospechoso silencio y los desconcertantes&#13;
&#13;
comentarios que han rodeado la aparición&#13;
&#13;
de una obra cuya dignidad y cuya violencia&#13;
&#13;
expresiva divergen totalmente con el sopor&#13;
&#13;
de nuestra atmósfera intelectual. De una&#13;
&#13;
obra que tarde o temprano acabará por im­-&#13;
&#13;
ponerse como lo que es: una obra viviente&#13;
&#13;
y original dentro de la moderna poesía&#13;
&#13;
argentina.&#13;
&#13;
 El solo hecho de proponerse como moti-­&#13;
&#13;
vo de esta epopeya el tema de Buenos Ai-­&#13;
&#13;
res ya es un índice de audacia y de fe, por&#13;
&#13;
su caótica vastedad y la ambiciosa inten­-&#13;
&#13;
ción de pretender fijar, registrar, el conte­-&#13;
&#13;
nido emocional, el tono entrañable con que&#13;
&#13;
la urbe resuena en la eternidad. No se trata&#13;
&#13;
de un largo discurso retórico en el que los&#13;
&#13;
nombres propios crean el decorado, a la&#13;
&#13;
manera del “Canto a Buenos Aires” de Mu-&#13;
&#13;
jica Lainez (especie de vago muestrario de&#13;
&#13;
postales), sino de un diálogo inmenso con&#13;
&#13;
cada uno de los elementos de esa realidad&#13;
&#13;
multiforme de la ciudad. No un retrato,&#13;
&#13;
una visión estática e inmóvil, sino un diá­-&#13;
&#13;
logo agotador, vibrante, con todas sus ma-­&#13;
&#13;
terias y sus seres. Guibert logra captar, por&#13;
&#13;
medio de un instrumento verbal de inagota­-&#13;
&#13;
ble carga poética, el proceso lento, vegetal,&#13;
&#13;
orgánico, de una enorme ciudad creciendo&#13;
&#13;
desde su primera piedra, desde su primera&#13;
&#13;
pisada humana, ampliándose en círculos a&#13;
&#13;
través del tiempo, siguiendo su huella, la&#13;
&#13;
veta invisible de su destino, lo que de ella&#13;
&#13;
perdura como carácter, espíritu, color, con­-&#13;
&#13;
fabulándose con nuestra sangre, edificán­-&#13;
&#13;
dola de nuevo, llama a llama en el corazón&#13;
&#13;
de sus hijos. Guibert no la observa con la&#13;
&#13;
mirada ligera del turista: la escruta con­&#13;
&#13;
fundido con sus materiales, a su vibración,&#13;
&#13;
percibiendo su ser oscuro y centelleante&#13;
&#13;
desde su propio núcleo, desde su más pro­-&#13;
&#13;
funda nebulosa original. Toda la confusa&#13;
&#13;
majestad de ese inmenso organismo que&#13;
&#13;
crece, asentado en los bordes de la llanura,&#13;
&#13;
propagándose en mil direcciones desde su&#13;
&#13;
germen hasta la realidad presente, todas sus&#13;
&#13;
grandes líneas de fuerza convergen, se in-­&#13;
&#13;
terpenetran y se resuelven en ese vasto mo&#13;
&#13;
vimiento sinfónico del poema, cuya babé­-&#13;
&#13;
lica arboladura acaba por ordenar en sus&#13;
&#13;
espirales el latido, el soplo de eternidad y&#13;
&#13;
de violencia que nutre las raíces de su pla-­&#13;
&#13;
netario Buenos Aires.&#13;
&#13;
 La obra de Guibert, viva, experimental,&#13;
&#13;
audaz, de mágica certidumbre, es un foco&#13;
&#13;
de profundas incitaciones y necesariamente&#13;
&#13;
vuelve a plantear el dramático problema de&#13;
&#13;
la expresión, el problema esencial de toda&#13;
&#13;
creación artística, máxime cuando en este&#13;
&#13;
caso el propio tema presupone la necesi-­&#13;
&#13;
dad de un lenguaje poético que al mismo&#13;
&#13;
tiempo debe fluir y ser síntesis de la reali­-&#13;
&#13;
dad espiritual de la ciudad. Todo auténtico&#13;
&#13;
creador está constantemente obligado a&#13;
&#13;
romper los moldes estratificados del len­-&#13;
&#13;
guaje, las formas expresivas a las que el&#13;
&#13;
uso acaba de quitar su poder de comunica-­&#13;
&#13;
ción. Guibert crea así un verbo poético ex­-&#13;
&#13;
traordinariamente dinámico, de gran capa­-&#13;
&#13;
cidad explosiva, por completo original, vir­-&#13;
&#13;
gen, en cuyo haz se concentran a lo largo&#13;
&#13;
de cualquier frase múltiples asociaciones de&#13;
&#13;
índole sensorial, reflejos sentimentales, es­-&#13;
&#13;
tímulos. Se irisa, reverbera, accede a los&#13;
&#13;
planos más hondos de la emoción, articu­-&#13;
&#13;
lándose de manera fulgurante con todo el&#13;
&#13;
contenido del inconsciente. Guibert somete&#13;
&#13;
el idioma a un verdadero proceso de alqui-­&#13;
&#13;
mia. Los giros más populares, los modismos&#13;
&#13;
callejeros son incorporados y transforma­-&#13;
&#13;
dos, expuestos a una nueva luz, cargándose&#13;
&#13;
de un sentido nuevo y fresco en el que dia-­&#13;
&#13;
lectalmente se niega el viejo sentido ya&#13;
&#13;
gastado por el uso y al mismo tiempo se lo&#13;
&#13;
afirma y se le recrea. Esta experiencia que&#13;
&#13;
constituye uno de los puntos capitales de&#13;
&#13;
la obra de Queneau, es llevada por Gui­-&#13;
&#13;
bert a un punto de alta tensión, siempre&#13;
&#13;
lejano de todo tono discursivo.&#13;
&#13;
Cuando basta un campeón del raciona­-&#13;
&#13;
lismo más cerrado, como Julien Benda, lle-­&#13;
&#13;
ga a admitir que: “En cuanto al propósito&#13;
&#13;
de la poesía de ser la vida y no un juicio&#13;
&#13;
sobre la vida, repito que no me detengo en&#13;
&#13;
él, porque me parece su esencia misma”,&#13;
&#13;
habría que admitir, sin temor al error, que&#13;
&#13;
es necesario revisar, de una vez por todas,&#13;
&#13;
los conceptos y los procedimientos del liris­-&#13;
&#13;
mo tradicional. ¿En qué consiste esa pre­-&#13;
&#13;
tensión de la poesía de ser la vida misma?&#13;
&#13;
Sólo en comunicarse del modo en que la&#13;
&#13;
vida se comunica. Si estoy sentado al sol&#13;
&#13;
en una plaza, ese instante no llega a mi&#13;
&#13;
conciencia a través de frases lógicas y con-­&#13;
&#13;
ceptos ordenados según una jerarquía ra­-&#13;
&#13;
cional. Me asalta por los sentidos, múltiple,&#13;
&#13;
unánime, alcanzando a la vez mis nervios y&#13;
&#13;
mis vísceras, todo mi mundo orgánico y&#13;
&#13;
espiritual. Hasta para Benda está fuera de&#13;
&#13;
duda que la poesía debe coincidir con la&#13;
&#13;
vida, “no ser un juicio sobre la vida”. To-­&#13;
&#13;
do el poema de Guibert se mueve en tal&#13;
&#13;
sentido. Sus imágenes, más que visuales son&#13;
&#13;
orgánicas, más que plásticas o intelectuales&#13;
&#13;
son, si pudiera decirse, de naturaleza so-­&#13;
&#13;
mática. Su materia poética no se petrifica&#13;
&#13;
en ningún instante, actúa de manera sinfó-­&#13;
&#13;
nica, fluyente y viva como una llamarada.&#13;
&#13;
Desde el primer instante y todo a lo largo&#13;
&#13;
del poema se dirige más a la sensación y&#13;
&#13;
al sentimiento que a las facultades lúcidas&#13;
&#13;
del intelecto. Crea directamente —no lo&#13;
&#13;
alude— el fuego, el frío, la luz, la angustia,&#13;
&#13;
la noche, la sombra, todos los elementos,&#13;
&#13;
todo el influjo infinito de la vida. De pron­-&#13;
&#13;
to, como una espesa y enorme burbuja, des­-&#13;
&#13;
de el fondo de ese mar de los Sargazos que&#13;
&#13;
es su poema, asciende una oleada de sen­-&#13;
&#13;
saciones de intenso magnetismo poético.&#13;
&#13;
Véase, por ejemplo, el canto trece, de un&#13;
&#13;
poder erótico pocas veces alcanzado en la&#13;
&#13;
literatura. Una verdadera manigua de ape­-&#13;
&#13;
tito y sensualidad que pone al descubierto&#13;
&#13;
el espectáculo secreto y existencial del&#13;
&#13;
amor nocturno, la gran vía láctea carnal&#13;
&#13;
que ilumina la noche de Buenos Aires. En&#13;
&#13;
éste, uno de los más hermosos momentos&#13;
&#13;
del poema, se pone de manifiesto la inten-­&#13;
&#13;
sidad expresiva del lenguaje de Guibert.&#13;
&#13;
Intensidad que se mantiene al definir la&#13;
&#13;
estatura mítica del habitante de la urbe, al&#13;
&#13;
desentrañar el contenido espiritual de su&#13;
&#13;
personalidad difusa pero sensible, incohe-­&#13;
&#13;
rente pero viva, informe pero esencial y a&#13;
&#13;
la que por un juego de alusiones, de innu­-&#13;
&#13;
merables resonancias sentimentales, que po­-&#13;
&#13;
nen al descubierto el fuego central de su&#13;
&#13;
existir. La congoja de la vida deformada,&#13;
&#13;
frustrando, sin escape posible dentro del&#13;
&#13;
monumental decorado de la ciudad, el re­-&#13;
&#13;
petirse de los gestos humanos, cada vez&#13;
&#13;
menos humanos, movidos solamente por las&#13;
&#13;
poleas invisibles de ese monstruoso meca-­&#13;
&#13;
nismo donde el hombre acaba por olvidar&#13;
&#13;
su condición. Buenos Aires se levanta ávi­-&#13;
&#13;
da, feroz, tierna, incesante, compuesta de&#13;
&#13;
los millones de gestos, de los millones de&#13;
&#13;
escenas y relámpagos que pululan por su&#13;
&#13;
pecho de acero. La gran masa sinfónica que&#13;
&#13;
Guibert desencadena disuelve en su impul­-&#13;
&#13;
so todas las esencias de la ciudad. Es una&#13;
&#13;
especie de enorme diamante blando cuyas&#13;
&#13;
facetas ondulan sin cesar en el viento de&#13;
&#13;
la poesía. Su canto deshace la ciudad, la&#13;
&#13;
pulveriza, crea la ciudad, la proyecta al&#13;
&#13;
mito, al fuego.&#13;
&#13;
&#13;
EL CRISOL&#13;
&#13;
(conclusión)&#13;
&#13;
&#13;
mó? ¿tal vez una repentina brisa hela­-&#13;
&#13;
da? ¿Un temblor bajo la tierra?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No vi a ningún Diablo! (Sacu­-&#13;
&#13;
diendo a Betty): ¡Betty, levántate, Betty!&#13;
&#13;
¡Betty!&#13;
&#13;
HALE: No puedes evadirme, Abigail. ¿Tu&#13;
&#13;
prima bebió la mezcla que había en esa&#13;
&#13;
marmita?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella no bebió nada!&#13;
&#13;
HALE: ¿Bebiste tú?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No, señor!&#13;
&#13;
HALE: ¿Te pidió Títuba que bebieras?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Lo intentó, pero yo rehusé.&#13;
&#13;
HALE: ¿Por qué finges? ¿Te has vendido&#13;
&#13;
a Lucifer?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No me he vendido! ¡Soy una&#13;
&#13;
buena chica! ¡Soy una chica decente!&#13;
&#13;
(Ann Putnam entra con Títuba e instantá­-&#13;
&#13;
neamente Abigail señala a Títuba.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella me obligó a hacerlo! ¡La&#13;
&#13;
obligó a Betty a hacerlo!&#13;
&#13;
TÍTUBA (sorprendida y enojada): ¡Abby!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Me hace beber sangre!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡¡Sangre!!&#13;
&#13;
ANN : ¿La sangre de mi hijita?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡No, no, sangre de pollo! ¡Y o dar­-&#13;
&#13;
le sangre de pollo!&#13;
&#13;
HALE : Mujer, ¿has reclutado a estas criatu­-&#13;
&#13;
ras para servir al Diablo?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡No, no señor! ¡Y o no tratar con&#13;
&#13;
ningún Diablo!&#13;
&#13;
HALE: ¿Por qué no puede despertar ella?&#13;
&#13;
¿Eres tú quien hace callar a esta criatura?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡Yo querer a mi Betty!&#13;
&#13;
HALE: ¿Has desencadenado tu espíritu so­-&#13;
&#13;
bre esta niña, no es cierto? ¿Estás reclu­&#13;
&#13;
tando almas para el Diablo?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella me pasa su espíritu en la&#13;
&#13;
iglesia; ella hace que me ría durante las&#13;
&#13;
oraciones!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Se ha reído a menudo durante las&#13;
&#13;
oraciones!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Viene a buscarme todas las no­-&#13;
&#13;
ches para que salgamos a beber sangre!&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¡Tú pedir a mí que conjure! Ella&#13;
&#13;
pedir a mí para hacer hechizo...&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No mientas! (a Hale): ¡Ella vie­-&#13;
&#13;
ne mientras duermo; siempre me hace&#13;
&#13;
soñar perversidades!&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¿Por qué decir eso, Abby?&#13;
&#13;
ABIGAIL : ¡A veces me despierto y me en­-&#13;
&#13;
cuentro parada ante el portal abierto sin&#13;
&#13;
una prenda encima! Siempre la oigo reír&#13;
&#13;
en mis sueños. La oigo cantar sus cantos&#13;
&#13;
de Barbados y tentarme con...&#13;
&#13;
TÍTUBA : Señor Reverendo, yo nunca ..,&#13;
&#13;
HALE (resueltamente): Títuba, quiero que&#13;
&#13;
despiertes a esta niña.&#13;
&#13;
TÍTUBA: Señor, yo no tener poder sobre esta&#13;
&#13;
niña.&#13;
&#13;
HALE : ¡Por cierto que sí, y ahora mismo&#13;
&#13;
la dejarás en libertad! ¿Cuándo pactaste&#13;
&#13;
con el Diablo?&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¡Yo no pactar con ningún Diablo!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Has de confesar, Títuba, o te lle­-&#13;
&#13;
varé afuera y te azotaré hasta la muerte!&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡Esta mujer tiene que ser colga­-&#13;
&#13;
da! ¡Hay que arrestarla y colgarla!&#13;
&#13;
TÍTUBA( aterrorizada. cae de rodillas): ¡No,&#13;
&#13;
no, no colgar a Títuba! Yo, señor, decirle&#13;
&#13;
que no querer trabajar para él.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Al Diablo?&#13;
&#13;
HALE: ¡Lo has visto, pues! (Títuba llora).&#13;
&#13;
Vamos Títuba, yo sé que cuando nos li­-&#13;
&#13;
gamos al Infierno es muy difícil romper&#13;
&#13;
con él. Te ayudaremos a desembarazarte&#13;
&#13;
de él . ..&#13;
&#13;
TÍTUBA (asustada por el procedimiento in-­&#13;
&#13;
minente): Señor Reverendo, yo si creer&#13;
&#13;
que algún otro embrujar estas chicas.&#13;
&#13;
HALE: ¿Quién?&#13;
&#13;
TÍTUBA: N o sé, señor, pero el Diablo tener&#13;
&#13;
muchas brujas.&#13;
&#13;
HALE: ¿Muchas, eh? (Es una pista.) Títuba,&#13;
&#13;
mírame a los ojos. Ven, mírame. (Ella&#13;
&#13;
levanta sus ojos hacia él, asustada.) Que-­&#13;
&#13;
rrías ser una buena cristiana, ¿no es&#13;
&#13;
cierto, Títuba?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Sí, señor, una buena cristiana.&#13;
&#13;
HALE: ¿Y amas a estas niñitas?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡Oh, sí, señor! ¡No quiero lastimar&#13;
&#13;
niñitas!&#13;
&#13;
HALE: ¿Y amas a Dios, Títuba?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Amo a Dios con todo mi ser.&#13;
&#13;
HALE: Pues bien; en el sagrado nombre de&#13;
&#13;
Dios ...&#13;
&#13;
TÍTUBA: Bendito sea, bendito sea.. (Se ha­&#13;
&#13;
maca sobre sus rodillas, sollozando ate-&#13;
&#13;
rrorizdaa.)&#13;
&#13;
HALE: Y por Su gloria...&#13;
&#13;
TÍTUBA: Gloria eterna. Bendito sea ... Ben­-&#13;
&#13;
dito sea Dios ...&#13;
&#13;
HALE: Confiesa, Títuba... confiesa y deja&#13;
&#13;
que la sagrada luz de Dios te ilumine.&#13;
&#13;
TÍTUBA: Oh, bendito sea el Señor.&#13;
&#13;
HALE: Cuando se te aparece el Diablo ...&#13;
&#13;
¿viene con alguna otra persona? (Ella lo&#13;
&#13;
mira a la cara). ¿Tal vez otra persona&#13;
&#13;
del pueblo? ¿Alguien a quien conoces...?&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Quién vino con él?&#13;
&#13;
PUTNAM: ¿Sarah Good? ¿Viste alguna vez&#13;
&#13;
a Sarah Good con él? ¿O a Osborn?&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Era hombre o mujer quien venía&#13;
&#13;
con él?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Hombre o mujer. Era ... era mujer.&#13;
&#13;
Parris: ¿Qué mujer? Dijiste una mujer.&#13;
&#13;
¿Qué mujer?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Haber mucho oscuridad y yo .. .&#13;
&#13;
PARRIS: Podías verlo a él, ¿por qué no po­-&#13;
&#13;
drías verla a ella?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Y...todo el tiempo hablaban; to­-&#13;
&#13;
do el tiempo corrían y seguían...&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Quieres decir de Salem? ¿Brujas&#13;
&#13;
de Salem?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Sí, señor, yo creer así... (Hale la&#13;
&#13;
loma de la mano. Ella se sorprende).&#13;
&#13;
HALE: Títuba. No debes tener miedo de de­-&#13;
&#13;
cirnos quiénes son, ¿entiendes? Nosotros&#13;
&#13;
te protegeremos. El Diablo nunca puede&#13;
&#13;
vencer a un ministro. Tú sabes eso, ¿ver­-&#13;
&#13;
dad?&#13;
&#13;
TÍTUBA (besa la mano de H ale): ¡Oh, sí,&#13;
&#13;
señor, yo saber!&#13;
&#13;
HALE: Te has confesado bruja y eso signi­-&#13;
&#13;
fica que deseas ponerte de parte del Cie­-&#13;
&#13;
lo. Y nosotros te bendeciremos, Títuba.&#13;
&#13;
Títuba (profundamente aliviada): ¡Oh!&#13;
&#13;
¡Dios os bendiga a vos, señor Hale!&#13;
&#13;
HALE (con creciente exaltación): Tú eres el&#13;
&#13;
instrumento de Dios puesto en nuestras&#13;
&#13;
manos para descubrir a los enviados del&#13;
&#13;
Diablo que están entre nosotros. Tú eres&#13;
&#13;
la escogida, Tituba, tú eres la elegida para&#13;
&#13;
ayudarnos a limpiar nuestro pueblo. Ha­-&#13;
&#13;
bla, pues, dínos todo, Tituba, vuélvele la&#13;
&#13;
espalda y encárate con Dios...encárate&#13;
&#13;
con Dios, Títuba, y Dios te protegerá.&#13;
&#13;
TÍTUBA ( uniéndose a él): ¡Oh, Dios, prote-­&#13;
&#13;
ge a Títuba!&#13;
&#13;
HALE (dulcemente): ¿Quién se te apareció&#13;
&#13;
con el Diablo? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Cuán­-&#13;
&#13;
tos? (Títuba jadea y vuelve a hamacarse&#13;
&#13;
mirando fijamente hacia adelante).&#13;
&#13;
TÍTUBA: Haber cuatro. Haber cuatro.&#13;
&#13;
PARRIS (presionándola): ¿Quiénes? ¿Quié­-&#13;
&#13;
nes? ¡Sus nombres, sus nombres!&#13;
&#13;
TÍTUBA ( explorando de pronto): ¡ Oh, cuán­-&#13;
&#13;
tas veces él pedirme que os matara, Sr.&#13;
&#13;
Parris!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Matarme a mí!&#13;
&#13;
TÍTUBA (hecha una furia): ¡El dijo, Sr.&#13;
&#13;
Parris morir! ¡Sr. Parris no buena per­-&#13;
&#13;
sona, Sr. Parris hombre malo y no buena&#13;
&#13;
persona y me mandó levantarme de mi&#13;
&#13;
cama y cortaros la garganta! (Los demás&#13;
&#13;
se sobresaltan). Pero yo decirle “¡No!&#13;
&#13;
Yo no odio este hombre. Yo no quiero&#13;
&#13;
matar este hombre.” Pero él dice: “¡Tú&#13;
&#13;
trabajar para mí, Tituba, yo hacerte li­-&#13;
&#13;
bre! ¡Yo te doy lindo vestido, y te llevo&#13;
&#13;
alto por el aire, y tú volar de ¡regreso a&#13;
&#13;
Barbados!” Y yo digo: “¡Tú mientes,&#13;
&#13;
Diablos, tú mientes!” Y entonces él viene&#13;
&#13;
una noche tormentosa y decir: “¡Mira!&#13;
&#13;
Tengo gente blanca que me pertenece.” Y&#13;
&#13;
yo mirar... y allí estaba la señora Good.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Sarah G ood!&#13;
&#13;
TÍTUBA (Hamacándose y llorando): Sí, se­-&#13;
&#13;
ñor, y la señora Osborn.&#13;
&#13;
ANN: ¡Yo lo sabía! La Osborn fué mi par­-&#13;
&#13;
tera tres veces. Te lo había pedido,&#13;
&#13;
Thomas, ¿no es cierto? le pedí que no&#13;
&#13;
llamara a la Osborn porque le tenía mie­-&#13;
&#13;
do. Mis pequeños siempre se consumían&#13;
&#13;
en sus manos.&#13;
&#13;
HALE: Cobra valor. Debes darnos todos sus&#13;
&#13;
nombres. ¿Cómo puedes soportar el su-­&#13;
&#13;
frimiento de esta criatura? Mírala, Títu­-&#13;
&#13;
ba. ( Señala a Betty, en el lecho.) Con­&#13;
&#13;
templa su divina inocencia; su alma es&#13;
&#13;
tan tierna; debemos protegerla, Títuba;&#13;
&#13;
el Diablo anda suelto y la oprime como&#13;
&#13;
la bestia oprime la carne de la inocente&#13;
&#13;
oveja. Dios te bendecirá por tu ayuda.&#13;
&#13;
(Abigail se levanta, como inspirada, y&#13;
&#13;
grita.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Quiero confesar! (Todos se vuel­-&#13;
&#13;
ven hacia ella, sobrecogidos. Ella está en&#13;
&#13;
éxtasis, como rodeada de una aureola.)&#13;
&#13;
¡Quiero la luz de Dios, quiero el dulce&#13;
&#13;
amor de Jesús! Yo bailé para el Dia­-&#13;
&#13;
blo ; yo lo v i; yo escribí en su libro;&#13;
&#13;
ya vuelvo a Jesús; yo beso su mano. ¡Yo&#13;
&#13;
vi a Sarah Good cón el Diablo! ¡Yo vi&#13;
&#13;
a la señora Osborn con el Diablo! ¡Yo&#13;
&#13;
vi a Bridget Mishop con el Diablo!&#13;
&#13;
(Mientras habla, Betty se levanta de la&#13;
&#13;
cama, los ojos afiebrados, y se une al&#13;
&#13;
cántico.)&#13;
&#13;
BETTY (igualmente con la mirada extravia­-&#13;
&#13;
da): ¡Yo vi a George Jacobs con el Dia­-&#13;
&#13;
blo! ¡Yo vi a la señora Howe con el&#13;
&#13;
Diablo!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Habla! (Corre a abrazar a Betty)&#13;
&#13;
¡Está hablando!&#13;
&#13;
HALE: ¡Gloria a Dios! ¡Por fin se ha roto,&#13;
&#13;
están libres!&#13;
&#13;
BETTY (gritando histéricamente y con gran&#13;
&#13;
alivio): ¡Y o vi a Martha Bellows con&#13;
&#13;
el Diablo!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Yo vi a la señora Sibber con el&#13;
&#13;
Diablo! (Se va produciendo un gran jú­-&#13;
&#13;
bilo.)&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡El alguacil, voy a llamar al al-­&#13;
&#13;
guacil! (Parris está gritando una plega­&#13;
&#13;
ria de gracias.)&#13;
&#13;
BETTY: ¡Yo vi a Alice Barrow con el Dia-­&#13;
&#13;
blo! (Comienza a caer el telón.)&#13;
&#13;
HALE ( mientras sale Putnam): ¡Que el al­-&#13;
&#13;
guacil traiga grillos!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Yo vi a la señora Hawkins con&#13;
&#13;
el Diablo!&#13;
&#13;
BETTY: ¡Yo vi a la señora Bibber con el&#13;
&#13;
Diablo!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Y o vi a la señora Booth con el&#13;
&#13;
Diablo! (Sobre sus gritos extasiados, cae&#13;
&#13;
el&#13;
&#13;
&#13;
TELÓN )&#13;
&#13;
&#13;
Traducción de Jacobo y Mario Muchnik.&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                     13&#13;
&#13;
&#13;
ARTES PLASTICAS&#13;
&#13;
CORRESPONDENCIA&#13;
&#13;
 Con referencia a una nota aparecida en&#13;
&#13;
el N° 2 de LETRA Y LINEA titulada “Tres&#13;
&#13;
abstractos y un crítico” recibimos una car-­&#13;
&#13;
ta de Julio Payró, que publicamos con la&#13;
&#13;
respuesta correspondiente.&#13;
&#13;
&#13;
Buenos Aires, diciembre 18 de 1953.&#13;
&#13;
Aldo Pellegrini:&#13;
&#13;
 No se necesita ni se demuestra ninguna&#13;
&#13;
aptitud especial — ¡al contrario!— burlán-­&#13;
&#13;
dose de mi prosa y mis ideas. Cualquiera&#13;
&#13;
puede hacerlo. En cambio, nadie — y menos&#13;
&#13;
que nadie un crítico bisoño— puede, hones-­&#13;
&#13;
tamente y en conocimiento de causa, poner&#13;
&#13;
en tela de juicio mi información. Cuando&#13;
&#13;
menciono un hecho, tengo modo de probar­&#13;
&#13;
lo o de citar mis fuentes. Entérese de cuanto&#13;
&#13;
sigue:&#13;
&#13;
1) En su primera autobiografía, escrita en&#13;
&#13;
alemán en 1910 y publicada en 1912, Vassily&#13;
&#13;
Kandinsky incluyó reproducciones de algu­-&#13;
&#13;
nos de sus cuadros, que ya entonces calificó&#13;
&#13;
de Gegenstandlos, vale decir de no objeti­-&#13;
&#13;
vos. En 1911, en su libro “Uber das Geistige&#13;
&#13;
in der Kunst”, publicado por la Editorial&#13;
&#13;
Piper, el mismo artista sentaba las bases&#13;
&#13;
teóricas de un arte no-objetivo y utilizaba&#13;
&#13;
el término cuya paternidad atribuye usted&#13;
&#13;
a Rodchenko. Si Alfred H. Barr, historiador&#13;
&#13;
a quien admiro, dijera como usted, se equi-­&#13;
&#13;
vocaría tanto como los “modestos manuales&#13;
&#13;
de divulgación” en que ciertos escritores&#13;
&#13;
parecen realizar sus buceos más hondos.&#13;
&#13;
Mas dudo de que Barr cometa ese error:&#13;
&#13;
en todo caso, no lo comete en el catálogo&#13;
&#13;
del Museo de Arte Moderno de Nueva York,&#13;
&#13;
edición del año 1942, en que dice tan sólo&#13;
&#13;
lo siguiente: “El término (no objetivo) fué&#13;
&#13;
probablemente empleado por primera vez&#13;
&#13;
en Moscú por Alejandro Rodchenko”. Por&#13;
&#13;
mi parte, y sobre la base de la información&#13;
&#13;
que precede, manifiesto que Rodchenko&#13;
&#13;
puede haber adoptado el término de cuño&#13;
&#13;
kandinskiano después de leer la segunda&#13;
&#13;
edición de la autobiografía de Kandinsky,&#13;
&#13;
que se publicó en idioma ruso en 1918.&#13;
&#13;
2) La no-objetividad no nació en la Ar-­&#13;
&#13;
gentina con el grupo de Maldonado, Lidy&#13;
&#13;
Prati y Arden Quinn. Ellos tuvieron aquí&#13;
&#13;
sus predecesores, entre los cuales cabe citar&#13;
&#13;
a Pettoruti y Juan Del Prete. Alrededor de&#13;
&#13;
1940, Batlle Planas, Sergio de Castro y otros&#13;
&#13;
pintores nacionales o residentes en el país&#13;
&#13;
habían hecho sus primeras armas en el arte&#13;
&#13;
de la no-objetividad. No es materia de in­-&#13;
&#13;
formación sino de apreciación individual&#13;
&#13;
que usted no considere digno del nombre&#13;
&#13;
de “No-objetivo” el tipo de pintura que&#13;
&#13;
algunos practicaron en la Argentina antes&#13;
&#13;
de “Arturo” . Y, en última instancia, la ex­-&#13;
&#13;
presión “hacia 1940” que empleé en el texto&#13;
&#13;
que motiva su comentario, no excluiría la&#13;
&#13;
fecha pura usted fatídica de febrero de 1944.&#13;
&#13;
Julio E. Payró&#13;
&#13;
&#13;
Julio Payró:&#13;
&#13;
Me entero del contenido de su carta y digo:&#13;
&#13;
 El libro de Kandinsky que según el con­-&#13;
&#13;
texto de su carta usted habría consultado,&#13;
&#13;
es imposible que lo haya leído, ni siquiera&#13;
&#13;
hojeado. Aunque personalmente me atraen&#13;
&#13;
los hechos imposibles, debo reconocer que,&#13;
&#13;
por lo menos hasta el presente, no puede&#13;
&#13;
leerse un libro inexistente. La obra que&#13;
&#13;
usted designa curiosamente como “primera&#13;
&#13;
autobiografía”, escrita en alemán en 1910 y&#13;
&#13;
publicada en 1912, ni fue escrita ni apare-­&#13;
&#13;
ció nunca en tales fechas, por lo tanto no&#13;
&#13;
ha podido usted consultar un libro con&#13;
&#13;
esas características. La única autobiografía&#13;
&#13;
que existe (ni primera ni segunda) es la&#13;
&#13;
que publicó en Berlín en 1913 las edicio­-&#13;
&#13;
nes DER STURM con el título Rückblicke.&#13;
&#13;
Esta obra fue traducida al ruso por Kan­-&#13;
&#13;
dinsky y publicada en 1918 con el título&#13;
&#13;
Stupein equivalente exacto del título ale­-&#13;
&#13;
mán. Estos libros sí existen porque, aunque&#13;
&#13;
no figuran en mi poder, los he tenido en&#13;
&#13;
mis manos y los he hojeado, en París, en&#13;
&#13;
casa de la viuda del artista: Nina Kan­-&#13;
&#13;
dinsky.&#13;
&#13;
El error en que usted incurre depende&#13;
&#13;
de la falta absoluta de seriedad de la úni-­&#13;
&#13;
ca obra que ha consultado. No resulta difí-­&#13;
&#13;
cil descubrir esa única fuente suya de in­-&#13;
&#13;
formación, pues es por todos los admirado-­&#13;
&#13;
res de Kandinsky bien conocido el volu­-&#13;
&#13;
men publicado por Hilla Rebay con motivo&#13;
&#13;
de la exposición In Memoriam realizada en&#13;
&#13;
1945 en el Museo de Arte No-objetivo de&#13;
&#13;
Nueva York. Es de todos conocido por la&#13;
&#13;
insolvencia intelectual y falta de seriedad&#13;
&#13;
de dicha persona la cual, en el breve es­-&#13;
&#13;
pacio de una página y media, comete varios&#13;
&#13;
errores groseros de información. Es precisa-­&#13;
&#13;
mente para neutralizar esos errores que Ni­-&#13;
&#13;
na Kandinsky (así me lo declaró) ha esta-&#13;
&#13;
&#13;
BRUNO VENIER: "Sugerencias arcaicas"&#13;
&#13;
&#13;
blecido una rigurosa bio-bibliografía per­-&#13;
&#13;
fectamente sistematizada por fechas y que&#13;
&#13;
ha aparecido in extenso en el volumen&#13;
&#13;
organizado por Max Bill como homenaje a&#13;
&#13;
Kandinsky (publicado en 1951 por Maeght&#13;
&#13;
de París). La misma bio-bibliografía (más&#13;
&#13;
resumida) apareció en el pequeño volumen&#13;
&#13;
sobre Kandinsky (Editions de Beaune, 1950,&#13;
&#13;
París) que ha circulado profusamente en&#13;
&#13;
Buenos Aires, en la revista Art d’aujourd’&#13;
&#13;
hui (N° 6, enero de 1950, dedicado a Kan­-&#13;
&#13;
dinsky) en manos de todos los aficionados,&#13;
&#13;
en el libro editado por Skira: “De Picasso&#13;
&#13;
au Surréalisme” (1950) y en la revista ita­-&#13;
&#13;
liana Forma (N° 2, 1950), editada en Roma.&#13;
&#13;
Todas estas bio-bibliografías sistematizadas&#13;
&#13;
han sido redactadas personalmente por Nina&#13;
&#13;
Kandinsky y no teniendo los textos origi­-&#13;
&#13;
nales en la mano son las únicas fuentes&#13;
&#13;
irreprochables hasta la fecha.&#13;
&#13;
 Pero volvamos a su fuente de informa­-&#13;
&#13;
ción: dice Hilla Rebay en la pág. 91 de&#13;
&#13;
esa publicación: Some non objective pain-&#13;
&#13;
tings reproduced in his first Auto biography&#13;
&#13;
(written 1910 in Germán, published 1912)&#13;
&#13;
he called “Gegenstandslos” or literally&#13;
&#13;
translated “object without” ... (Algunas&#13;
&#13;
pinturas no objetivas reproducidas en su&#13;
&#13;
primera Autobiografía —escrita en alemán&#13;
&#13;
en 1910, publicada en 1912— las llamó&#13;
&#13;
“Gegenstandslos” o traducido literalmente&#13;
&#13;
“sin objeto” ...)&#13;
&#13;
Es visible la coincidencia casi literal con&#13;
&#13;
la mención en su carta, y como ninguna otra&#13;
&#13;
persona en el mundo ha dicho tales cosas,&#13;
&#13;
salvo Hilla Rebay y después usted, no es&#13;
&#13;
aventurado pensar que la fuente de infor­-&#13;
&#13;
mación por usted utilizada es ésa. Ahora&#13;
&#13;
bien, sospecho que de haber usted leído&#13;
&#13;
unas líneas más adelante en la misma nota&#13;
&#13;
de Hilla Rebay le hubieran entrado inten-­&#13;
&#13;
sas dudas sobre la seriedad de la autora.&#13;
&#13;
En efecto, tres párrafos más allá del arriba&#13;
&#13;
citado (pág. 92) dice lo siguiente: Also a&#13;
&#13;
Kandinsky Album appeared in a “Der&#13;
&#13;
Sturm” (The Tempest) publication with his&#13;
&#13;
first autobiography written in 1912 and edi-&#13;
&#13;
ted in 1913. (También un álbum Kandinsky&#13;
&#13;
apareció en una publicación “Der Sturm’&#13;
&#13;
(La Tempestad) con su primera autobio­-&#13;
&#13;
grafía escrita en 1912 y editada en 1913.)&#13;
&#13;
Quiere decir que con el escaso intervalo&#13;
&#13;
de unas líneas la misma obra de Kandinsky&#13;
&#13;
ha sido escrita y publicada en dos fechas&#13;
&#13;
distintas. Es el caso más formidable no&#13;
&#13;
sólo de insolvencia total sino de olvido ins-­&#13;
&#13;
tantáneo y confusión mental que pueda dal­&#13;
&#13;
la palabra escrita. Esa es la “seria” fuente&#13;
&#13;
de información que usted ha utilizado.&#13;
&#13;
Ante todo destaquemos claramente que&#13;
&#13;
la discusión se establece sobre la prioridad&#13;
&#13;
en el uso de la denominación no-objetivo&#13;
&#13;
como equivalente de abstracto, porque sim­-&#13;
&#13;
ples teorizaciones en torno a la no impor­-&#13;
&#13;
tancia del objeto en pintura se remontan ya&#13;
&#13;
a Platón, y en los tiempos modernos exis­-&#13;
&#13;
ten desde Baudelaire, los impresionistas,&#13;
&#13;
Denis, Apollinaire, los cubistas, etc. y es­&#13;
&#13;
pecialmente Worringer que, sin duda nin­-&#13;
&#13;
guna, inspiró a Kandinsky.&#13;
&#13;
 Aclarado bien esto, si recurrimos ahora&#13;
&#13;
al texto de la autobiografía de Kandinsky&#13;
&#13;
(nos referimos a la única existente, la pu-­&#13;
&#13;
blicada en 1913) utilizando la traducción&#13;
&#13;
francesa de Gabrielle Buffet-Picabia (Ed.&#13;
&#13;
René Drouin. París. 1916) revisada por Ni­-&#13;
&#13;
na Kandinsky, observamos que no men­-&#13;
&#13;
ciona para nada el término “no-objetivo” .&#13;
&#13;
Tampoco aparece en ningún momento en la&#13;
&#13;
traducción hecha de la versión rusa por&#13;
&#13;
Boris Berg y publicada en el volumen In&#13;
&#13;
Memoriam que usted posee. Ambas versio­-&#13;
&#13;
nes son prácticamente coincidentes.&#13;
&#13;
Tampoco se menciona el término no-&#13;
&#13;
objetivo en su libro “ De lo espiritual en el&#13;
&#13;
arte” según la traducción inglesa más re-­&#13;
&#13;
ciente (Concerning the Spiritual in Art.&#13;
&#13;
Ed. Wittenborn, Schultz. New York, 1947)&#13;
&#13;
única autorizada y controlada por Nina&#13;
&#13;
Kandinsky.&#13;
&#13;
Y ahora entremos a analizar las razo-­&#13;
&#13;
nes que sin duda movieron a Hilla Rebay&#13;
&#13;
para adjudicar la paternidad del término&#13;
&#13;
“no-objetivo” a la suprema autoridad de&#13;
&#13;
Kandinsky. El nombre de Museo de Arte&#13;
&#13;
No-objetivo con que se bautizó la desigual&#13;
&#13;
colección abstracta creada en torno al gran&#13;
&#13;
número de obras de Kandinsky que poseía&#13;
&#13;
la Fundación Solomon R. Guggenheim, le­-&#13;
&#13;
vantó un sin número de críticas debido a&#13;
&#13;
la ambigüedad del término, mala traduc­-&#13;
&#13;
ción de la palabra alemana Gegenstandslos&#13;
&#13;
(literalmente “sin objeto”). Para resumir&#13;
&#13;
las críticas démosle la palabra a Albers&#13;
&#13;
quien, al hacer un análisis de las nomen­-&#13;
&#13;
claturas propuestas dice (American Abstract&#13;
&#13;
Artists. New York, 1946) : “El más im­-&#13;
&#13;
propio de todos los adjetivos aplicados al&#13;
&#13;
arte es el de “no-objetivo”. Aparece de&#13;
&#13;
entrada como una versión incorrecta de la&#13;
&#13;
palabra alemana “ gegenstandlos” que signi­-&#13;
&#13;
fica en su traducción estricta: “sin objeto” .&#13;
&#13;
Pero “no-objetivo” implica más claramente&#13;
&#13;
“sin objetivo” tanto como “subjetivo”. Ta-­&#13;
&#13;
les implicaciones no sólo crean una confu-­&#13;
&#13;
sión de sentido sino que son directamente&#13;
&#13;
erróneas. Creo que no es necesario seguir&#13;
&#13;
discutiéndolas’.&#13;
&#13;
 Hilla Rebay en su desesperación por bus­-&#13;
&#13;
car antecedentes a la palabra no-objetivo&#13;
&#13;
llega (en uno de los pequeños catálogos del&#13;
&#13;
Museo) a atribuirle el origen a un maes­-&#13;
&#13;
tro chino de la dinastía Tang en el año 600.&#13;
&#13;
Al margen de esto y para definir la per­-&#13;
&#13;
sonalidad de esta señora destaquemos otra&#13;
&#13;
de sus “genialidades”: la de querer colocar&#13;
&#13;
solapadamente la obra de Bauer, mediocre&#13;
&#13;
imitador de Kandinsky, por encima de la&#13;
&#13;
de éste.&#13;
&#13;
 Abandonando los problemas particulares&#13;
&#13;
de Hilla Rebay, puede asegurarse que nin­-&#13;
&#13;
guno de los comentaristas ha visto la in­-&#13;
&#13;
tención de Kandinsky de designar al arte&#13;
&#13;
llamado abstracto como no-objetivo en sus&#13;
&#13;
primeras obras. Desde el primer libro sobre&#13;
&#13;
el artistas publicado por Hugo Zehder (Ru-&#13;
&#13;
dolf Kaemmerer Verlag. Dresden, 1920) pa-­&#13;
&#13;
sando por los libros colectivos de Debrun-&#13;
&#13;
ner (Wir enldecken Kandisky. Ed. Origo.&#13;
&#13;
Zúrich, sin fecha) y el reciente de Max&#13;
&#13;
Bill: Kandinsky (Maeght. París 1951), así&#13;
&#13;
como los numerosos ensayos de Grohmann,&#13;
&#13;
Seuphor, C. Giedion Welcker, Marcel Ar-&#13;
&#13;
land, Feininger, etc., nadie ni siquiera su­-&#13;
&#13;
giere que Kandinsky haya tenido intención&#13;
&#13;
de designar desde sus primeras obras la&#13;
&#13;
pintura abstracta como no objetiva. Toda&#13;
&#13;
esta bibliografía la pongo a su disposición.&#13;
&#13;
Durante mucho tiempo, cuando se refería&#13;
&#13;
a su pintura Kandinsky la llamaba abstrac-­&#13;
&#13;
ta (cosa que puede comprobar leyendo la&#13;
&#13;
primera carta a Hilla Rebay que se publica&#13;
&#13;
en el catálogo que usted tiene entre ma­-&#13;
&#13;
nos) hasta que por primera vez en 1937,&#13;
&#13;
en una carta dirigida a Madame Irmgard&#13;
&#13;
Burchard (citada por Peter Thoene: Mo-&#13;
&#13;
dern German Art. Penguin Books Limi­-&#13;
&#13;
ted. London. 1938, pág. 76) decide llamarla&#13;
&#13;
concreta. Tal designación es motivo del&#13;
&#13;
artículo “Arte concreto” publicado por&#13;
&#13;
Kandinsky en la revista “XX° siècle (1938.&#13;
&#13;
N° 2).&#13;
&#13;
Es cierto que Kandinsky estaba cada vez&#13;
&#13;
menos satisfecho con el término abstracto&#13;
&#13;
que implicaba una referencia a la realidad&#13;
&#13;
natural y en sus cartas del período de&#13;
&#13;
París (1934 en adelante) llega a utilizar&#13;
&#13;
indiferentemente los términos entonces en&#13;
&#13;
uso de abstracto, no figurativo y aún no&#13;
&#13;
objetivo (ya circulando ampliamente en&#13;
&#13;
Alemania).&#13;
&#13;
 Volviendo ahora al origen de la desig­-&#13;
&#13;
nación no objetivo no queda ninguna duda&#13;
&#13;
que fué Rodchenko el primero en usarla&#13;
&#13;
con carácter de nomenclatura. En el libro&#13;
&#13;
de Alfred H. Barr (jr): Cubism and&#13;
&#13;
Abstract Art (The Museum of Modern Art.&#13;
&#13;
New York, 1936) se menciona por prime-­&#13;
&#13;
ra vez la palabra no-objetivo en la página&#13;
&#13;
126, donde dice literalmente: “Malevich&#13;
&#13;
fué el centro de un amplio círculo de&#13;
&#13;
jóvenes artistas, algunos de las cuales bajo&#13;
&#13;
la dirección de Alejandro Rodchenko for-­&#13;
&#13;
maron un grupo cismático que se designó&#13;
&#13;
a sí mismo no-objetivista. Desde 1914 hizo&#13;
&#13;
Rodchenko composiciones geométricas usan­-&#13;
&#13;
do exclusivamente compás y regla” .&#13;
&#13;
Cómo se ve Rodchenko inicia un pro­-&#13;
&#13;
cedimiento de ejecución que más adelante&#13;
&#13;
debía culminar en lo que Van Doesburg&#13;
&#13;
llamaría arte concreto. Justamente la deno­-&#13;
&#13;
minación no-objetivo designaba un tipo de&#13;
&#13;
pintura que era exactamente lo opuesto de&#13;
&#13;
la que hacía entonces Kandinsky. La mane-­&#13;
&#13;
ra de éste la denominaban los críticos de la&#13;
&#13;
época expresionismo abstracto. La base teó-­&#13;
&#13;
rica formalista de Malevich y sus discí­-&#13;
&#13;
pulos y la orientación puramente geomé­-&#13;
&#13;
trica de la pintura rusa se oponía a la con­-&#13;
&#13;
cepción espiritualista y a las formas orgáni­&#13;
&#13;
cas (procedentes de la abstracción expresiva&#13;
&#13;
de formas naturales) utilizadas por Kan­-&#13;
&#13;
dinsky. Fué en realidad éste el que sufrió&#13;
&#13;
el influjo en la escuela rusa (afirmado por&#13;
&#13;
Barr, pág. 68 de la obra citada), derivando&#13;
&#13;
gradualmente su pintura hacia una con­-&#13;
&#13;
cepción geométrica (período de Kandins-­&#13;
&#13;
ky al que se suele llamar constructivista o&#13;
&#13;
no-objetivo) que tuvo su completo des­-&#13;
&#13;
arrollo durante su estada en la Baubaus.&#13;
&#13;
De lo dicho se deduce que los términos&#13;
&#13;
arte abstracto y arte no-objetivo resultaron&#13;
&#13;
en sus orígenes no sinónimos sino opuestos&#13;
&#13;
y en esta forma lo siguieron usando los&#13;
&#13;
artistas de la primera hora, como por ejem­-&#13;
&#13;
plo Moholy-Nagy, hasta época muy recien­-&#13;
&#13;
te; en su libro “ Vision in Motion” (Paul&#13;
&#13;
Theobald. Chicago, 1947) dice en la pág.&#13;
&#13;
141 (nota marginal) : “hay una tendencia a&#13;
&#13;
reunir bajo el rótulo de abstracta la pin­-&#13;
&#13;
tura que parte de la naturaleza y bajo el&#13;
&#13;
rótulo de no-objetiva toda aquella en la&#13;
&#13;
que no existen rastros de punto de parti­-&#13;
&#13;
da natural” .&#13;
&#13;
Si alguien inspiró a Rodchenko la de­&#13;
&#13;
nominación por él utilizada no hay duda&#13;
&#13;
ninguna que ese fué su maestro Malevich.&#13;
&#13;
En 1927 se publica en la serie de libros&#13;
&#13;
de la Bauhaus ( N° 11) la traducción de&#13;
&#13;
los escritos de ese artista con el título “Die&#13;
&#13;
gegenstandslose Welt” (El mundo no-obje-&#13;
&#13;
tivo). El libro, que tuvo gran difusión,&#13;
&#13;
como todos los de la Bauhaus, inicia la&#13;
&#13;
boga que tuvo en Alemania la designación&#13;
&#13;
en cuestión. Allí dice Malevich (citado por&#13;
&#13;
Barr) : “En 1913 en mi desesperada lucha&#13;
&#13;
por liberar al arte de la carga del mundo&#13;
&#13;
objetivo me reduje a la forma del cua­-&#13;
&#13;
drado y exhibí una pintura que no era&#13;
&#13;
más que un cuadrado negro sobre fondo&#13;
&#13;
blanco. No era un cuadrado vacío lo que&#13;
&#13;
había exhibido sino la experiencia de la&#13;
&#13;
no-objetividad”. La fecha que da Barr co-­&#13;
&#13;
mo comienzo del grupo no-objetivo de&#13;
&#13;
Rodchenko es la de 1915; otros autores&#13;
&#13;
dan 1914 (en mi nota hablaba yo de 1918,&#13;
&#13;
que corresponde más bien al período de&#13;
&#13;
culminación del grupo de no-objetivistas,&#13;
&#13;
que al año siguiente se fusionaría con el&#13;
&#13;
de los constructivistas).&#13;
&#13;
2) El no querer considerar a los pintores&#13;
&#13;
que usted menciona (excluyo el caso de&#13;
&#13;
Del Prele, único precursor real) como abs­-&#13;
&#13;
tractos no es un caso de apreciación indi­-&#13;
&#13;
vidual sino el respeto por una perfecta y&#13;
&#13;
precisa convención idiomática que establece&#13;
&#13;
el hecho de las nomenclaturas en cualquier&#13;
&#13;
especialidad. Mediante esas convenciones&#13;
&#13;
bien determinadas se entienden perfecta­-&#13;
&#13;
mente todos los que hablan utilizando una&#13;
&#13;
terminología especializada. Pero todavía&#13;
&#13;
&#13;
EDICIONES de&#13;
&#13;
LOSANGE&#13;
&#13;
BOLSA DE COMERCIO&#13;
&#13;
Oficina N° 213&#13;
&#13;
&#13;
PUBLICACIONES&#13;
&#13;
PERIODICAS&#13;
&#13;
TEATRALES&#13;
&#13;
GEORGES NEVEUX:&#13;
&#13;
Demanda contra Desconocido ................................. $ 10 .—&#13;
&#13;
El más reciente de los grandes éxitos de la escena europea.&#13;
&#13;
FEDERICO GARCIA LORCA:&#13;
&#13;
Títeres de Cachiporra ............................................ $ 8.—&#13;
&#13;
Inédita en Buenos Aires.&#13;
&#13;
GEORG BÜCHNER:&#13;
&#13;
Woyzeck ...................................................................... $ 8.—&#13;
&#13;
Texto original de la obra estrenada en el teatro&#13;
&#13;
Colón en 1952.&#13;
&#13;
HEINRICH VON KLEIST :&#13;
&#13;
El Príncipe de Homburgo ...................................... $ 10 .—&#13;
&#13;
&#13;
DISTRIBUYEN:&#13;
&#13;
TEATRO&#13;
&#13;
COE PLA - ENTRE RIOS 1256&#13;
&#13;
BAJEL&#13;
&#13;
-&#13;
&#13;
MAIPU 356&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                   14&#13;
&#13;
&#13;
más precisa que la expresión abstracto es&#13;
&#13;
la de no-objetivo que usted utiliza y que&#13;
&#13;
más arriba hemos visto significar una pin­-&#13;
&#13;
tura que prescinde totalmente de todo pun-­&#13;
&#13;
to de partida natural. En esas condiciones&#13;
&#13;
considerar a Pettorutti como no-objetivo es&#13;
&#13;
imposible, y clasificarlo como abstracto&#13;
&#13;
equivaldrá a considerar a toda la pintura&#13;
&#13;
universal en las mismas condiciones, por&#13;
&#13;
el hecho elemental y ya ampliamente estu­-&#13;
&#13;
diado por Worringer, de que todo artista,&#13;
&#13;
en cualquier época, al recrear la realidad&#13;
&#13;
utiliza en mayor o menor escala elementos&#13;
&#13;
de abstracción. ¿Por qué no considerarlo&#13;
&#13;
simplemente como cubista o neocubista de­&#13;
&#13;
signación que es la que le corresponde exac­-&#13;
&#13;
tamente?&#13;
&#13;
 Por otra parte hasta los diccionarios co­-&#13;
&#13;
munes ya nos dan definiciones bastante&#13;
&#13;
precisas de todos estos términos.&#13;
&#13;
Finalmente dos palabras sobre la expre­-&#13;
&#13;
sión “crítico bisoño” que me toca personal­-&#13;
&#13;
mente: me niego rotundamente a aceptar&#13;
&#13;
la designación de crítico, tan manoseada&#13;
&#13;
por incapaces e improvisados. En cuanto a&#13;
&#13;
bisoño, no es extraño (dada su “seriedad’&#13;
&#13;
informativa) que entre otras cosas usted&#13;
&#13;
ignore que desde hace muchos años (desde&#13;
&#13;
1928) me ha preocupado el estudio y difu-­&#13;
&#13;
sión de los problemas de la pintura moder­-&#13;
&#13;
na (cosa que conocen perfectamente los&#13;
&#13;
aficionados y artistas que se interesan por&#13;
&#13;
las nuevas corrientes en el arte.)&#13;
&#13;
 De todos modos le ofrezco generosamente&#13;
&#13;
estas informaciones por si alguna de ellas&#13;
&#13;
puede serle útil para remozar su vetenaría.&#13;
&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI&#13;
&#13;
&#13;
BRUNO VENIER&#13;
&#13;
&#13;
 Resuelto en la ejecución, con un tempe-­&#13;
&#13;
ramento desbordante, conjugador de gamas&#13;
&#13;
violentas, de colores mordientes que a ve­-&#13;
&#13;
ces rodean zonas de suave lirismo, cons­-&#13;
&#13;
tructor de formas simples pero incisivas,&#13;
&#13;
encarnando más en el trazo subitáneo que&#13;
&#13;
en la línea demorada o reflexiva, Bruno&#13;
&#13;
Venier va creando una obra de perfiles pro-­&#13;
&#13;
pios y, lo que es más importante, abierta&#13;
&#13;
a la posibilidad de nuevos encuentros. En&#13;
&#13;
la muestra realizada en noviembre en la&#13;
&#13;
galería Plástica vuelve a reconocerse en él&#13;
&#13;
esa virtud de organizador eufórico de la&#13;
&#13;
superficie, esa condición de “catador” de&#13;
&#13;
calidades, al cual le basta un tema elemen-­&#13;
&#13;
tal para suscitar las espléndidas reverbera­-&#13;
&#13;
ciones de sus dones plásticos. La experien­-&#13;
&#13;
cia “fauve” y la experiencia cubista crean&#13;
&#13;
una singular combinación en la pintura de&#13;
&#13;
Venier. Es bien visible en muchas de sus&#13;
&#13;
obras la realización de un fondo planimé­-&#13;
&#13;
tricamente concebido, con colores sensible­&#13;
&#13;
mente relacionados, sobre el cual el artista&#13;
&#13;
proyecta una caligrafía nerviosa, compleja&#13;
&#13;
a veces, con el negro o un valor acorde&#13;
&#13;
como dominante. Por eso a veces el pen-­&#13;
&#13;
samiento y la pasión parecen pugnar entre&#13;
&#13;
sí en sus cuadros buscando la supremacía.&#13;
&#13;
Venier por lo general concede más a la se-­&#13;
&#13;
gunda perdiendo, entonces, en valor analí­-&#13;
&#13;
tico lo que gana en potencia expresiva. Pero&#13;
&#13;
cuando este artista —uno de los más repre­&#13;
&#13;
sentativos de la nueva pintura argentina—&#13;
&#13;
logra concertar, en viviente equilibrio esas&#13;
&#13;
dos formas de su ver plástico nos da obras&#13;
&#13;
de una rara madurez. Así en esta exposición&#13;
&#13;
de Plástica nos detuvieron obras alentadas&#13;
&#13;
por una extraña poesía, como en sus noc­-&#13;
&#13;
turnos, o animadas por una imaginería tí­-&#13;
&#13;
pica, como en sus máscaras. Pero lírico o&#13;
&#13;
patético, violento o tierno, complicado o&#13;
&#13;
complejo, Venier deja siempre claramente&#13;
&#13;
manifestada su condición neta de pintor,&#13;
&#13;
de artista que ama primaria y esencialmen-­&#13;
&#13;
te los elementos de su arte y que supedita&#13;
&#13;
siempre a estos cualquier otro requeri­-&#13;
&#13;
miento forastero.&#13;
&#13;
&#13;
Ernesto B. Rodríguez&#13;
&#13;
&#13;
MARIO DARIO GRANDI&#13;
&#13;
&#13;
 Hace ya largo tiempo —casi una década&#13;
&#13;
cuando nos ocupamos por primera vez del&#13;
&#13;
arte de Grandi en el memorable periódico&#13;
&#13;
“Correo Literario” —que supo generosa-&#13;
&#13;
­mente abrir sus páginas a la presentación&#13;
&#13;
de nuevos valores—señalamos su devoción&#13;
&#13;
fiel e insobornable por esa materia tenue&#13;
&#13;
que es el pastel y a la cual él sabía sacar&#13;
&#13;
un partido insospechado. Seguro, pulcro has-&#13;
&#13;
ta lo minucioso, hacía surgir sus figuras&#13;
&#13;
displicentes o melancólicas —algo relacio-&#13;
&#13;
­nadas con el espíritu y las formas de Mo-&#13;
&#13;
digliani— dentro de una atmósfera de pai­-&#13;
&#13;
saje suburbano. Ese mundo de un intimismo&#13;
&#13;
característico —que Grandi reflejaba poé-&#13;
&#13;
ti­camente más que construía en sus cuadros,&#13;
&#13;
a través de un dibujo ceñido pero sin vi-&#13;
&#13;
­bración—aparece ahora con su vieja tónica&#13;
&#13;
espiritual pero encarnando en una materia&#13;
&#13;
de tramas más enérgicas, donde los acentos&#13;
&#13;
de color y de forma reviven, a veces, cierta&#13;
&#13;
voluntad expresionista. En efecto, Grandi&#13;
&#13;
ha variado notablemente su alfabeto plásti­-&#13;
&#13;
co, y de cuidadoso proyector de imágenes,&#13;
&#13;
del detallismo original a que se entregaba&#13;
&#13;
su mano, punteando con el pastel o la tiza&#13;
&#13;
delicadas calidades, llega ahora a la amplia&#13;
&#13;
visión de color y al trazo sintético y enér-&#13;
&#13;
­gico, buscando una mayor economía de ma-&#13;
&#13;
­teria en sus representaciones. Y si bien&#13;
&#13;
—técnicamente hablando— testimonios hay&#13;
&#13;
en esta muestra que se asoman a su labor&#13;
&#13;
de ayer (ejemplo sus dos “desnudos” ), el&#13;
&#13;
resto de sus obras hablan un lenguaje más&#13;
&#13;
desgarrado, más vehemente, venido de ese&#13;
&#13;
nivel donde los elementos de la pintura&#13;
&#13;
fermentan y hay que cazarlos con cierta&#13;
&#13;
peligrosidad. Obras como “Mujer tejiendo”,&#13;
&#13;
“Guitarrero” , “Muchacho con flores” y “Re-&#13;
&#13;
­quiebro” cabalizan de manera ejemplar lo&#13;
&#13;
antedicho, y testimonian, también, de qué&#13;
&#13;
manera Grandi logra conservar por encima&#13;
&#13;
de la transformación material su antigua&#13;
&#13;
línea expresiva, el tono fundamental de su&#13;
&#13;
 mundo interior.&#13;
&#13;
E. B. R.&#13;
&#13;
&#13;
FOTOGRAMAS DE SIGRID VON&#13;
&#13;
SCHWEINITZ (Galería Galatea)&#13;
&#13;
&#13;
Más aún que la fotografía, el fotograma&#13;
&#13;
se sitúa cómodamente en los dominios del&#13;
&#13;
arte. Los fotogramas expuestos en Galatea&#13;
&#13;
alcanzan la categoría de verdaderos cuadros&#13;
&#13;
en blanco y negro. La luz constituye en&#13;
&#13;
ellos el elemento dominante, el instrumen-&#13;
&#13;
­to utilizado por el artista, que controla me­-&#13;
&#13;
diante el uso de intensidades variables de&#13;
&#13;
luz, el tiempo de exposición y los trucos&#13;
&#13;
de revelado. Se trabaja de ese modo con&#13;
&#13;
un azar sabiamente controlado.&#13;
&#13;
 De los objetos utilizados para impresio-&#13;
&#13;
­nar la placa sensible se aprovechan sólo&#13;
&#13;
sus masas y su comportamiento frente a la&#13;
&#13;
luz en cuanto a las cualidades de absorción&#13;
&#13;
o transparencia. Así obtiene las áreas o for-&#13;
&#13;
mas que entrarán en la composición del&#13;
&#13;
fotograma o contribuirán a crear las mo­-&#13;
&#13;
dalidades de textura.&#13;
&#13;
 El resultado ha sido, en el caso de Sigrid&#13;
&#13;
von Schweinitz, realmente sorprendente.&#13;
&#13;
Manejando con destreza una técnica de es-&#13;
&#13;
­casas posibilidades aparentes, obtiene una&#13;
&#13;
composición equilibrada, organiza activos&#13;
&#13;
ritmos de formas y logra las más extraordi­-&#13;
&#13;
narias calidades de grises y efectos de tex-&#13;
&#13;
­tura que pueda dar la técnica pictórica en&#13;
&#13;
blanco y negro más depurada.&#13;
&#13;
 Se trata de una exposición excepcional&#13;
&#13;
que nos ha revelado la amplitud de posi-&#13;
&#13;
­bilidades en una técnica que parecía ha-&#13;
&#13;
­berse agotado con las obras de los dos&#13;
&#13;
grandes maestros y creadores del género:&#13;
&#13;
Man Ray y Moholy-Nagy.&#13;
&#13;
A. P.&#13;
&#13;
&#13;
CINE&#13;
&#13;
&#13;
LAS CHICAS DE PLAZA ESPAÑA&#13;
&#13;
&#13;
 "El neorrealismo ha muerto”, proclaman&#13;
&#13;
categóricamente los críticos europeos. Ellos&#13;
&#13;
tienen mejores elementos de juicio para opi­-&#13;
&#13;
nar pues han visto mucho más que nosotros.&#13;
&#13;
Si bien desconocemos grandes películas co-­&#13;
&#13;
mo “La terra trema”, “Bellisima”, “Miraco-&#13;
&#13;
lo a Milano” , “El camino de la esperanza”,&#13;
&#13;
que corresponden a fechas diversas y abar-­&#13;
&#13;
can los distintos períodos que atraviesa esta&#13;
&#13;
modalidad, también ignoramos por suerte,&#13;
&#13;
gran cantidad de obras mediocres que ge-­&#13;
&#13;
neralmente no cruzan las fronteras.&#13;
&#13;
La influencia de este tipo de películas&#13;
&#13;
fáciles es considerable en Italia y el públi­-&#13;
&#13;
co parece inclinarse al entretenimiento ino-­&#13;
&#13;
cuo, luego de la sacudida tremenda de la&#13;
&#13;
postguerra, que permitió a auténticos talen­-&#13;
&#13;
tos expresarse libremente y apoyarse en la&#13;
&#13;
candente realidad sin cortapisas ni conven­-&#13;
&#13;
ciones de ninguna clase. A la inclinación&#13;
&#13;
de la industria a satisfacer los bajos niveles&#13;
&#13;
de otrora se sumó acierta desorientación en&#13;
&#13;
los principales creadores. El momento épi­-&#13;
&#13;
co había pasado, y era difícil realizar obras&#13;
&#13;
importantes y estimular la inspiración con&#13;
&#13;
las realidades cotidianas. Algunos elegieron&#13;
&#13;
la vía escapista como Rosellini; otros co­-&#13;
&#13;
mo De Sica y Zavattini, evolucionaron hacia&#13;
&#13;
formas más profundas, buscando expresar&#13;
&#13;
en los más pequeños sucesos su complejidad&#13;
&#13;
vital mediante el análisis exhaustivo de&#13;
&#13;
toda sus implicaciones. Puede esperarse mu­-&#13;
&#13;
cho aún de los geniales creadores de “Um-&#13;
&#13;
berto D”. Por último hubo realizadores de&#13;
&#13;
innegable talento que conservaron una téc­-&#13;
&#13;
nica documental pero limitaron su visión a&#13;
&#13;
la faz superficial, pintoresca, de la realidad.&#13;
&#13;
Entre éstos se encuentra Emmer. En su&#13;
&#13;
primera obra de largo metraje (anterior­-&#13;
&#13;
mente había filmado documentales de arte&#13;
&#13;
con Enrico Gras) “Un domingo de vera­-&#13;
&#13;
no”, la visión era tan ágil, veloz y hábil­-&#13;
&#13;
mente compuesta que trascendía y ocultaba&#13;
&#13;
exitosamente la superficialidad interna. En&#13;
&#13;
“París es siempre París” , y la que comen-­&#13;
&#13;
tamos, ha disminuido (especialmente en esta&#13;
&#13;
última) la calidad formal y se ha puesto de&#13;
&#13;
relieve su trivialidad. Esta trivialidad es&#13;
&#13;
particularmente notable en “Las chichas de&#13;
&#13;
Plaza España”, donde los sucesos son mí­-&#13;
&#13;
nimos en sí y en el tratamiento. Lo que&#13;
&#13;
salva al neorrealismo es que toma hechos&#13;
&#13;
comunes pero los analiza con una concep­-&#13;
&#13;
ción no convencional, apartándose de la&#13;
&#13;
historieta trillada y del pintoresquismo po­-&#13;
&#13;
pular. En cambio, las historias paralelas de&#13;
&#13;
esta película quedan encuadradas en una&#13;
&#13;
básica falta de interés, agravadas por los&#13;
&#13;
lugares comunes de la sensiblería. No debe&#13;
&#13;
confundirse sencillez, con elementalismo.&#13;
&#13;
El tratamiento cinematográfico es análo­-&#13;
&#13;
go al de las obras anteriores: historias pa-­&#13;
&#13;
ralelas, búsqueda de la simultaneidad con&#13;
&#13;
rápidos cambios de escena y acción, sin&#13;
&#13;
fundidos u otra puntuación que interrumpa&#13;
&#13;
la rapidez necesaria para que el ritmo no&#13;
&#13;
decaiga. Debe señalarse que si se conservan&#13;
&#13;
en parte las cualidades de Emmer para lle­-&#13;
&#13;
var ágilmente las distintas acciones, éstas&#13;
&#13;
languidecen frecuentemente, interrumpidas&#13;
&#13;
por diálogos abundantes. La esencial bana-­&#13;
&#13;
lidad de las situaciones —agravadas por la&#13;
&#13;
presencia de un personaje-relator, abso­-&#13;
&#13;
lutamente innecesario, y que inicia y termi­-&#13;
&#13;
na la obra con consideraciones sumamente&#13;
&#13;
cursis— se agrega a un defecto imperdona-­&#13;
&#13;
ble en este tipo de entretenimiento: es bas­-&#13;
&#13;
tante aburrida.&#13;
&#13;
J. A. Mahieu&#13;
&#13;
&#13;
SU PRIMER MILLON&#13;
&#13;
 Los estudios Ealing, cuya dirección artís-­&#13;
&#13;
tica ejerce Sir Michael Balcon, han evitado&#13;
&#13;
en sus producciones el ruinoso camino in-­&#13;
&#13;
dicado por Rank a las otras compañías. En&#13;
&#13;
lugar de competir —inútilmente— con Hol-­&#13;
&#13;
lywood, en estrellas, grandes presupuestos y&#13;
&#13;
equivalente grandilocuencia huera, se pre­-&#13;
&#13;
firió aumentar la calidad sin realizar gran­-&#13;
&#13;
des gastos materiales, enfocando ambientes&#13;
&#13;
y asuntos típicamente ingleses pero sin caer&#13;
&#13;
en un localismo barato; además, gracias a&#13;
&#13;
un grupo homogéneo de libretistas y direc­-&#13;
&#13;
tores talentosos y con suficiente libertad&#13;
&#13;
individual de expresión, como T. E. B. Clar-&#13;
&#13;
ke, Cavalcanti, Thorold Dickinson, Harry&#13;
&#13;
Watt, Charles Frend, Robert Hamer, Ma-&#13;
&#13;
ckendrick, Crichton y otros, pudo crearse&#13;
&#13;
un estilo característico, que debe mucho a&#13;
&#13;
la magnífica escuela documental encabezada&#13;
&#13;
por Grierson.&#13;
&#13;
 Esta excelente película (1) cuya comici-&#13;
&#13;
dad alcanza niveles cercanos a la genialidad&#13;
&#13;
puede considerarse como un ejemplo bri­-&#13;
&#13;
llante de la características citadas. El argu-­&#13;
&#13;
mentista Clarke, cuya fórmula es según&#13;
&#13;
Lambert, “lo normal ultrajado por lo no&#13;
&#13;
familiar” ha concebido la obra en términos&#13;
&#13;
dinámicamente cinematográficos. La fanta-­&#13;
&#13;
sía, el aire vertiginoso de farsa impreso a&#13;
&#13;
las peripecias paradójicas del fiel emplea­-&#13;
&#13;
do de banco (que roba lingotes de oro y&#13;
&#13;
en combinación con un original fabricante&#13;
&#13;
de recuerdos turísticos, los lleva a París de&#13;
&#13;
contrabando convertidos en forma insospe-­&#13;
&#13;
chable), se combina con extraordinaria&#13;
&#13;
frescura e inagotable invención de situa­-&#13;
&#13;
ciones a una sátira mordaz e ingeniosa y un&#13;
&#13;
realismo de tipos y ambientes cuyo localis-­&#13;
&#13;
mo tan lleno de matices logra sin embargo&#13;
&#13;
 (1) La considerable severidad de los juicios emi-­&#13;
&#13;
tidos en los comentarios de las películas tratadas&#13;
&#13;
más arriba no impide que aquéllas hayan sido ele- ­&#13;
&#13;
gidas por un criterio estrictamente cualitativo: es&#13;
&#13;
decir, las consideramos superiores a las demás exhi-­&#13;
&#13;
bidas. En este caso los elogios son mayores y las&#13;
&#13;
tachas mínimas. Por lo tanto puede suponerse en&#13;
&#13;
qué nivel es colocada.&#13;
&#13;
&#13;
Ultimos éxitos de&#13;
&#13;
GRANDES NOVELISTAS&#13;
&#13;
FLECHA EN EL AZUL&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
ARTHUR KOESTLER&#13;
&#13;
Como casi todos los libros de Koestler, tiene éste un incom­-&#13;
&#13;
parable valor autobiográfico, testimonio de un hombre del si­-&#13;
&#13;
glo xx, llevado y traído por las tormentas que son signo de&#13;
&#13;
nuestro tiempo&#13;
&#13;
&#13;
................................................................................................. $24..—&#13;
&#13;
&#13;
EL JUEGO&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
CARLO CÓCCIOLI&#13;
&#13;
El juego del amor, el desencuentro irremediable de las almas,&#13;
&#13;
la angustia y la impotencia que conducen a la soledad; la re­-&#13;
&#13;
beldía o la aceptación del propio destino, son temas que com-­&#13;
&#13;
ponen la trama de esta nueva novela del autor de El cielo y la&#13;
&#13;
tierra ................................................................................................. $ 18.—&#13;
&#13;
&#13;
LA  INVITADA&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
SIMONE DE BEAUVOIR&#13;
&#13;
Como lo ha reconocido la crítica universal, Simone de Beauvoir&#13;
&#13;
no ha superado aún su eximia creación de La invitada . .  $28.—&#13;
&#13;
&#13;
LA NIEVE ESTA DE DUELO&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
HENRI TROYAT&#13;
&#13;
Novela que coloca al autor en la más alta jerarquía de las&#13;
&#13;
letras francesas. Gran Premio literario de Mónaco.......... $16.—&#13;
&#13;
&#13;
MISA SIN NOMBRE&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
ERNST WIECHERT&#13;
&#13;
Ante los escombros de su patria en ruinas, el poeta y escritor&#13;
&#13;
alemán Ernst Wiechert, recientemente fallecido, escribió este&#13;
&#13;
libro como testimonio de una época trágica, de cuyos tonos&#13;
&#13;
sombríos hizo surgir, sin embargo, un canto de serenidad y&#13;
&#13;
esperanza .......................................................................$25.—&#13;
&#13;
&#13;
EMECÉ EDITORES, S.A.&#13;
&#13;
SAN MARTIN 427 - T.E. 32-1695 - BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                         15&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
esa calidad tan rara que lo hace apreciable&#13;
&#13;
en todas partes.&#13;
&#13;
 La delirante fantasía aliada a. la inten-&#13;
&#13;
cionada sátira de costumbres producen al&#13;
&#13;
dejar de ser antagónicas un fascinante im-&#13;
&#13;
pacto de convicción, donde la verdad hu-&#13;
&#13;
mana está enriquecida anímicamente por la&#13;
&#13;
libertad y la gracia.&#13;
&#13;
La conducción de este asunto por Charles&#13;
&#13;
Crichton demuestra una maestría tan flúida&#13;
&#13;
como llena de matices. Ciertas secuencias,&#13;
&#13;
como la de la torre Eiffel o la extraordina-­&#13;
&#13;
ria persecusión de la exposición policial son&#13;
&#13;
memorables y merecen recordarse como&#13;
&#13;
ejemplos de habilísimo manejo de las posi­-&#13;
&#13;
bilidades de cámara y montaje. El humor&#13;
&#13;
es la característica saliente y la más llama-­&#13;
&#13;
tiva de este film. No nos engañemos pen-­&#13;
&#13;
sando que es por ello una obra “menor”;&#13;
&#13;
lo cómico puede ser artísticamente un ejer­-&#13;
&#13;
cicio que sobrepasa el simple entreteni­-&#13;
&#13;
miento para llegar a ser una expresión ex­-&#13;
&#13;
tremadamente pura de la libertad del espí­-&#13;
&#13;
ritu creador. En este sentido, “The Laven-&#13;
&#13;
der Hill Mob” debe considerarse un film&#13;
&#13;
importante y el de mayor calidad en el lap-­&#13;
&#13;
so que abarca nuestra crónica.&#13;
&#13;
 La interpretación, tan brillante como el&#13;
&#13;
resto de la película, destaca la labor, tan&#13;
&#13;
sutil y memorable como la de "Los ocho&#13;
&#13;
sentenciados”, de Alec Guinness. Es indis­-&#13;
&#13;
cutiblemente un gran actor, del género más&#13;
&#13;
apropiado a las virtudes de concisión y pro-­&#13;
&#13;
fundidad de matices que la imagen cinema­-&#13;
&#13;
tográfica necesita.&#13;
&#13;
J. A. Mahieu&#13;
&#13;
&#13;
LIBROS&#13;
&#13;
&#13;
RETABLOS DE NAVIDAD Y DE&#13;
&#13;
LA PASION (Editorial "Raigal")&#13;
&#13;
por Eduardo González Lanuza&#13;
&#13;
 “Retablos de Navidad y de la Pa-­&#13;
&#13;
sión”, de Eduardo González Lanuza,&#13;
&#13;
es un libro bien manufacturado.&#13;
&#13;
 Admito que el elogio parece de&#13;
&#13;
cajón, y como de compromiso, pero&#13;
&#13;
en verdad no abundan las ediciones&#13;
&#13;
correctamente presentadas, que ma-­&#13;
&#13;
nifiesten una preocupación por el li­-&#13;
&#13;
bro en lo que tiene de adminículo&#13;
&#13;
para uso diario.&#13;
&#13;
 La perfección de la técnica bene­-&#13;
&#13;
ficia al lava-ropas (al cepillo de dien-­&#13;
&#13;
tes, al limpiauñas, al limpiaoídos, al&#13;
&#13;
limpiaparabrisas). Raramente al li­-&#13;
&#13;
bro, que suele cumplir también una&#13;
&#13;
tarea higiénica, y no de las menos&#13;
&#13;
importantes.&#13;
&#13;
 No es éste el caso de “Retablos de&#13;
&#13;
Navidad y de la Pasión”. (Quiero de­&#13;
&#13;
cir que sí lo beneficia la perfección&#13;
&#13;
de la técnica).&#13;
&#13;
Ante todo, “Retablos de Navidad&#13;
&#13;
y de la Pasión” se baila muy lejos de&#13;
&#13;
ser un mamotreto. Es un libro de&#13;
&#13;
buen tamaño, cómodo, manuable, que&#13;
&#13;
cabe en un bolsillo o en cualquier&#13;
&#13;
otro hueco similar. Sin embargo, no&#13;
&#13;
lo infecta esa barnizada vulgaridad&#13;
&#13;
de los “Pocket Books”.&#13;
&#13;
 Además, todo el mundo sabe que&#13;
&#13;
los “pockets” se deshojan a la pri-­&#13;
&#13;
mera lectura. Y este libro está bien&#13;
&#13;
cosido.&#13;
&#13;
“Retablos de Navidad y de la Pa-­&#13;
&#13;
sión” viene impreso con pulcritud.&#13;
&#13;
Casi diríamos, con extrema pulcritud.&#13;
&#13;
No hablemos de la tipografía. Desta­-&#13;
&#13;
quemos, más bien, los blancos y los&#13;
&#13;
márgenes. Hay en ellos un derroche&#13;
&#13;
de sutileza y de equilibrio, una per­-&#13;
&#13;
fección casi irónica — valga nuestra&#13;
&#13;
osadía interpretativa—, y a ratos,&#13;
&#13;
hasta emocionante.&#13;
&#13;
 El papel demuestra también a las&#13;
&#13;
claras el celo con que se ha cuidado&#13;
&#13;
la fabricación de este libro. Es papel&#13;
&#13;
blanco —la elegancia suele hallarse&#13;
&#13;
en el propósito de no desentonar, de&#13;
&#13;
no innovar porque sí— , pero, no obs-­&#13;
&#13;
tante, cualquiera puede darse cuenta&#13;
&#13;
de que es buen papel. Excelente pa­-&#13;
&#13;
pel. Si se nos permite la pondera-­&#13;
&#13;
ción, nos atreveremos a afirmar que&#13;
&#13;
es un papel digno.&#13;
&#13;
Pero es en la cubierta donde halla­-&#13;
&#13;
mos la suma de belleza. ¡Esa cubierta&#13;
&#13;
de color ligeramente cremoso, impre-­&#13;
&#13;
sa a dos tintas, y ornada con una sim-­&#13;
&#13;
bólica viñeta! Allí todo es orden, me­-&#13;
&#13;
sura y deleite. El tono exacto de la&#13;
&#13;
tinta verde, la distribución de los tí­-&#13;
&#13;
tulos, hasta el guión tiernamente&#13;
&#13;
ondulado que vibra y aletea entre&#13;
&#13;
“Editorial Raigal” y “Buenos Aires” .&#13;
&#13;
Un primor.&#13;
&#13;
 Mas no nos extendamos en la con­-&#13;
&#13;
sideración de los atributos físicos,&#13;
&#13;
aunque todavía podríamos alabar&#13;
&#13;
la contracubierta, con un perfecto&#13;
&#13;
“ $ 6-m/arg.” a un centímetro y&#13;
&#13;
medio del borde inferior derecho.&#13;
&#13;
No abundemos en el elogio de lo&#13;
&#13;
adjetivo. Es preciso guardar las pro­-&#13;
&#13;
porciones. Vayamos a la pulpa, a lo&#13;
&#13;
sustancial, a la noble materia que&#13;
&#13;
yace bajo la forma. El mismo Gonzá­-&#13;
&#13;
lez Lanuza nos ofrece una honda&#13;
&#13;
adivinación de sentido:&#13;
&#13;
¿Contábais con lo absurdo? No contábais&#13;
&#13;
¿verdad que no? ¡Varones prudentísimos!&#13;
&#13;
 Agradezcamos a Editorial “ Raigal”&#13;
&#13;
este libro, y su preocupación por&#13;
&#13;
“ofrecer a los lectores de nuestra len­-&#13;
&#13;
gua lo más representativo e intere­-&#13;
&#13;
sante de la lírica actual”, como dice&#13;
&#13;
la solapa.&#13;
&#13;
&#13;
JUAN ANTONIO VASCO.&#13;
&#13;
&#13;
SEXTO.—  J. R. Wilcock (Selección EMECÉ&#13;
&#13;
de obras contemporáneas).&#13;
&#13;
&#13;
 En “Sexto”, J. R. Wilcock no se confor­-&#13;
&#13;
ma con adherir a una ex-poética, envilecida&#13;
&#13;
por la repetición infinita de las fórmulas&#13;
&#13;
más agotadas. Se empeña en poner algo de&#13;
&#13;
su propia cosecha, y aporta un mal gusto&#13;
&#13;
deprimente, una cursilera a todo vapor. Y&#13;
&#13;
junto con la gimnasia tradicional, practica&#13;
&#13;
la parodia, la glosa o el refrito de cuanto&#13;
&#13;
le acude a la memoria.&#13;
&#13;
 En el primer instante, se sospecha que&#13;
&#13;
quizás todo el libro pretenda ser una bro­-&#13;
&#13;
ma (por otra parte, chata, y desprovista de&#13;
&#13;
ingenio) pero luego se ve que Wilcock&#13;
&#13;
habla en serio. Paradójicamente, logra en­-&#13;
&#13;
tonces arrancarnos algunas carcajadas. Mé-­&#13;
&#13;
rito involuntario, pero que no sería justo&#13;
&#13;
negarle. He aquí, por ejemplo, un trozo es­-&#13;
&#13;
cogido :&#13;
&#13;
¡Y se besaban en la boca, audaces!&#13;
&#13;
¡Junto a mis libros, junto a mi retrato&#13;
&#13;
celebraban su erótico contrato,&#13;
&#13;
tal vez desnudos, y tal vez locuaces!&#13;
&#13;
Quiero irme por cerúleas galerías&#13;
&#13;
en un barco, entre ríos constelados,&#13;
&#13;
quiero alejarme de esos depravados,&#13;
&#13;
hundirme en grutas húmedas y umbrías;&#13;
&#13;
&#13;
 Y así en cada página. Imposible citar. E&#13;
&#13;
inútil: nunca nos pondríamos de acuerdo&#13;
&#13;
sobre cual es el poema, la estrofa, el verso,&#13;
&#13;
el adjetivo más wilcoekiano de este libro.&#13;
&#13;
Queda, sin embargo, una esperanza: la&#13;
&#13;
de que J. R. Wilcock medite y adopte&#13;
&#13;
como norma de conducta un renglón que&#13;
&#13;
figura en la página 27 de “Sexto” :&#13;
&#13;
 “Esta es la última vez, la última vez.”&#13;
&#13;
J. A. V.&#13;
&#13;
&#13;
LA PATRIA ELEMENTAL.— Por César&#13;
&#13;
Rosales.&#13;
&#13;
&#13;
“La Patria Elemental” es un libro des­-&#13;
&#13;
concertante. En cuanto uno levanta la tapa,&#13;
&#13;
salen en tropel las Euménides, Orfeo, Eurí-&#13;
&#13;
dice, Jano, Castor y Pólux, la Tebaida y el&#13;
&#13;
Aqueronte, un montón de gente antigua,&#13;
&#13;
mal acomodada en las estrechas habitacio­-&#13;
&#13;
nes de nuestros días. Están hacinados en&#13;
&#13;
las 10 estrofas del primer poema, “Canto&#13;
&#13;
a la noche”, y aunque fueran 10 estrofas de&#13;
&#13;
6 x 6, con balcón a la calle, no cabrían&#13;
&#13;
tantos inquilinos.&#13;
&#13;
 Además, el Aqueronte salpica todo. Y ya&#13;
&#13;
se sabe como reacciona la Tebaida cuando&#13;
&#13;
le embarran los pisos recién encerados.&#13;
&#13;
Ubicado cerca del famoso río, el poema&#13;
&#13;
que sigue coloca a "Las Bañistas” en situa­-&#13;
&#13;
ción de privilegio. Lógicamente cuando uno&#13;
&#13;
menos se lo espera, sale Afrodita del agua.&#13;
&#13;
Y a poco andar, la Armonía, que también&#13;
&#13;
estaba refrescándose.&#13;
&#13;
 Luego, a través de 126 páginas, nos topa­-&#13;
&#13;
mos con silfos, hados, piélagos, lámparas&#13;
&#13;
votivas, marmóreas columnas, purpúreos ce-­&#13;
&#13;
lajes, un río de azogue flúido, un helecho&#13;
&#13;
vestido de aljófar matutino, un gato dis­-&#13;
&#13;
frazado de pequeña pantera, cenefas y guir­-&#13;
&#13;
naldas de rosas y amatistas, etc.&#13;
&#13;
 Está Vulcano, está el Erebo, está el Le-&#13;
&#13;
teo, está Némesis.&#13;
&#13;
 Hay un pastor. ¿Qué porta? Un cayado.&#13;
&#13;
¿De qué está vestido? De estameña. ¿Dón- ­&#13;
&#13;
de se sienta? En un poyo de piedra. ¿Qué&#13;
&#13;
cuida? Un hato. ¿Por dónde anda el hato?&#13;
&#13;
Por los alcores. ¿Dónde recogen el hato?&#13;
&#13;
en un aprisco. ¿Qué se oye a lo lejos? Una&#13;
&#13;
esquila.&#13;
&#13;
 “La Patria Elemental” es un libro descon-­&#13;
&#13;
certante porque, ademas de todo eso, trae&#13;
&#13;
la mención Copyright by Editorial Raigal,&#13;
&#13;
Buenos Aires, 1953.&#13;
&#13;
 1953 quiere decir ahora, y nos dan un&#13;
&#13;
libro de antes. El mismo autor lo confiesa:&#13;
&#13;
De un mundo antiguo vengo,&#13;
&#13;
de un país donde el mirto sagrado&#13;
&#13;
y el laurel&#13;
&#13;
entrelazan pletóricos sus ramas&#13;
&#13;
 Más que de un mundo antiguo. Rosales&#13;
&#13;
parece venir de un mundo mitológico.&#13;
&#13;
Y hasta el pobre Polifemo, con su terrible&#13;
&#13;
dolor de cabeza, se ve obligado a acom­-&#13;
&#13;
pañarlo :&#13;
&#13;
es un ojo&#13;
&#13;
sin párpado que mira con cólera y&#13;
&#13;
espanto,&#13;
&#13;
ígneo aún y sangrante como el ojo&#13;
&#13;
que perdió Polifemo.&#13;
&#13;
 Ojo ígneo, sangrante, colérico y espanta-­&#13;
&#13;
do. Ojo de corrector de pruebas de “La&#13;
&#13;
Patria Elemental”.&#13;
&#13;
J. A. V.&#13;
&#13;
&#13;
POETA AL PIE DE BUENOS AIRES.—&#13;
&#13;
Por Fernando Guibert (Santiago Rueda,&#13;
&#13;
editor, 1953) (1) .&#13;
&#13;
 Se nos advierte solapadamente que este&#13;
&#13;
poema alargado a través de doscientas pá-­&#13;
&#13;
ginas de jugueteos formales “está llamado&#13;
&#13;
a ser el que represente el germen épico de&#13;
&#13;
la nueva altamente inspirada poesía argen-­&#13;
&#13;
tina”. Las inmediatas menciones a The was-­&#13;
&#13;
te Land y la Spoon River Anthology, orgu-&#13;
&#13;
llosamente anteceden la declaración de&#13;
&#13;
que “tal vez sea éste y no otro el Poeta que&#13;
&#13;
hemos estado largo tiempo esperando” (sic).&#13;
&#13;
Curiosas afirmaciones. El propuesto germen&#13;
&#13;
de la nueva altamente inspirada poesía ar-­&#13;
&#13;
gentina carece precisamente de toda inspi­-&#13;
&#13;
ración. Su autor se coloca por cierto al pie&#13;
&#13;
de Buenos Aires, tan al pie y no a la cabe­-&#13;
&#13;
za, tan a ras de suelo y no en la altura, que&#13;
&#13;
su trabajo de cuatro años (1949-1953) de&#13;
&#13;
cuartillas minuciosas, se ha limitado a agru­-&#13;
&#13;
par detalles sin selección y sin método, más&#13;
&#13;
abigarrado aún que el mismo abigarrado&#13;
&#13;
vivir, faltando en esa lista de detalles cu­-&#13;
&#13;
riosos la unión íntima, la intuición verte-­&#13;
&#13;
brada y delimitada del mundo o de cierto&#13;
&#13;
aspecto del mundo, que constituye la poesía.&#13;
&#13;
 El amor un poco tenebroso que el poeta&#13;
&#13;
siente por Buenos Aires, no ha sido lo&#13;
&#13;
suficientemente intenso como para organi­-&#13;
&#13;
zar su desperdigada colección de experien-­&#13;
&#13;
cias porteñas ni para evitarle insistir en ese&#13;
&#13;
concepto traspapelado y romántico del poe-­&#13;
&#13;
ta abrumado ante la polifacética ciudadana&#13;
&#13;
—que se soporta hasta el Lorca neoyorkino&#13;
&#13;
inclusive— expuesto con la ya caduca téc-­&#13;
&#13;
nica del simultaneísmo y agravada por el&#13;
&#13;
abuso de recursos meramente fonéticos y&#13;
&#13;
formales , como el constante del adjetivo-&#13;
&#13;
sustantivo del tipo de sonoro-sonando, de&#13;
&#13;
granado-granadero, la máquina-mecánica, la&#13;
&#13;
gente-gentecilla y las figuritas-figurines que&#13;
&#13;
fastidian la lectura desde el principio.&#13;
&#13;
Con muy buenas intenciones, Fernando&#13;
&#13;
Guibert trata de colocarse en la línea de&#13;
&#13;
la gran poesía, renunciando a las desmedra-­&#13;
&#13;
das ediciones de poemas varios sobre pro­-&#13;
&#13;
blemas exclusivamente personales del au­-&#13;
&#13;
tor. Claro que para las grandes travesías&#13;
&#13;
es necesario dominar todas las técnicas de&#13;
&#13;
la navegación celeste, a riesgo, en caso con­&#13;
&#13;
trario, de caer e incendiarse, como en el&#13;
&#13;
de este libro que constituye — según la&#13;
&#13;
promisoria faja del editor— “la revelación&#13;
&#13;
poética que hemos estado esperando” y se-­&#13;
&#13;
gún la fatigosa conclusión del lector, que&#13;
&#13;
con empeño y paciencia logra concluir su&#13;
&#13;
tautológica fluencia, un poema demasiado&#13;
&#13;
extenso, interesante a veces, pero que poco&#13;
&#13;
tiene que ver con la poesía y nada absoluta­-&#13;
&#13;
mente con la poesía argentina de vanguar­-&#13;
&#13;
dia.&#13;
&#13;
M. B.&#13;
&#13;
(1) Ver en pág. 12 el enfoque de Molina so­-&#13;
&#13;
bre el mismo libro.&#13;
&#13;
&#13;
REVISTAS&#13;
&#13;
El hábito no hace al monje&#13;
&#13;
o&#13;
&#13;
Cuando la poesía cambia de traje&#13;
&#13;
pero no de paño&#13;
&#13;
Consideraciones sobre el "Panorama de la&#13;
&#13;
poesía argentina moderna publicado por&#13;
&#13;
POESIA BUENOS AIRES N° 13 y 14&#13;
&#13;
Una información sobre el desarrollo de&#13;
&#13;
las modernas tendencias poéticas en la Ar­-&#13;
&#13;
gentina se ha ido haciendo cada vez más&#13;
&#13;
indispensable. La poesía de vanguardia,&#13;
&#13;
como fenómeno de conjunto, ha contado&#13;
&#13;
siempre con la más profunda y silenciosa&#13;
&#13;
simpatía de los órganos de publicación que&#13;
&#13;
a sí mismos se califican de culturales. Por&#13;
&#13;
esa razón el proyecto de POESIA BUENOS&#13;
&#13;
AIRES basado en el compromiso de una&#13;
&#13;
absoluta objetividad y encarado con la idea&#13;
&#13;
de una mera exposición lo más agotadora&#13;
&#13;
posible, contó desde el comienzo con el&#13;
&#13;
apoyo de todos los sectores modernos. El&#13;
&#13;
resultado de esa empresa (cuyas dificultades&#13;
&#13;
no dejamos de ver) no parece compensar el&#13;
&#13;
esfuerzo realizado y quizás hubiera sido&#13;
&#13;
preferible dejar todavía la difícil tarea por&#13;
&#13;
hacer.&#13;
&#13;
La obra lleva una introducción que trata&#13;
&#13;
de aclarar, el criterio utilizado en la selec-­&#13;
&#13;
ción. Allí se explica cuales son las condi­-&#13;
&#13;
ciones negativas y positivas que permiten&#13;
&#13;
considerar a un poeta como de espíritu nue-­&#13;
&#13;
vo. Aquí se entra en una serie de conside­-&#13;
&#13;
raciones tan terriblemente confusas y con­-&#13;
&#13;
tradictorias que vale la pena detenerse en&#13;
&#13;
ellas porque servirán para dar la clave de&#13;
&#13;
todo el contenido del número. Dice, por&#13;
&#13;
ejemplo: “Queremos no reconocer dentro&#13;
&#13;
de los límites de la poesía a los siguientes&#13;
&#13;
supuestos” y entre esos supuestos mencio-&#13;
&#13;
na “el de la invalidez, la angustia sin sali­-&#13;
&#13;
da, la miseria espiritual del hombre, tema&#13;
&#13;
que se origina sea en un superficial con­-&#13;
&#13;
tacto con el existencialismo, sea en la in­-&#13;
&#13;
fluencia de poetas del tedio y el refina­-&#13;
&#13;
miento burgués (Baudelaire, Rilke, Eliot,&#13;
&#13;
etc.)” . Hay que confesar que esta extraña&#13;
&#13;
declaración deja estupefacto no sólo por las&#13;
&#13;
contradicciones que encierra (la angustia sin&#13;
&#13;
salida, ¿podría ser poética si el contacto&#13;
&#13;
con el existencialismo fuera profundo?) por&#13;
&#13;
la vaguedad y falta de precisión de los&#13;
&#13;
&#13;
JERARQUIA EN LIBROS&#13;
&#13;
LA PRODUCCION NOVA DEL&#13;
&#13;
AÑO 1953 SE CARACTERIZA&#13;
&#13;
POR SU CALIDAD&#13;
&#13;
Historia del humanismo por el doc­-&#13;
&#13;
tor G. Tofanin de la Universidad&#13;
&#13;
de Nápoles; un volumen encuader­-&#13;
&#13;
nado ........................................... $ 98.—&#13;
&#13;
Historia de la historiografía moderna,&#13;
&#13;
por  Ed. Fueter, de la Universidad de&#13;
&#13;
Zurich. 2 volúmenes .............. $ 90.—&#13;
&#13;
La vida social de los niños, por&#13;
&#13;
Roger Cousinet, profesor de la Sor-&#13;
&#13;
bona ........................................... $ 14 .—&#13;
&#13;
El jardín de infantes de orientación&#13;
&#13;
psicoanalítica, por la educadora ale­-&#13;
&#13;
mana Nelly Wolffheim ............ $ 14 .—&#13;
&#13;
La educación en un mundo dividido,&#13;
&#13;
por James Bryant Conant. presidente&#13;
&#13;
de la Universidad de Harvard.&#13;
&#13;
$ 32 .—&#13;
&#13;
Educación comparada, por Nicholas&#13;
&#13;
Hans, de la Universidad de Londres.&#13;
&#13;
$ 42 .—&#13;
&#13;
Psicoanálisis de la exaltación, por el&#13;
&#13;
Dr. Bertram D. Lewin .......... $ 34 .—&#13;
&#13;
Temas de Bibliografía y cultura ve-­&#13;
&#13;
nezolanas, por el Dr. P. Grases&#13;
&#13;
$ 30 .—&#13;
&#13;
Epítome de culturología, por el Dr.&#13;
&#13;
J. Imbelloni. del Museo Etnográfico&#13;
&#13;
de Buenos Aires ...................... $ 45 .—&#13;
&#13;
El análisis literario,, Introducción me­-&#13;
&#13;
todológica a una estilística integral,&#13;
&#13;
por el Dr. R. H. Castagnino . . $26.—&#13;
&#13;
Tratado de las pasiones, por el Dr.&#13;
&#13;
Enrique Mouchet .................... $ 28.—&#13;
&#13;
Solicite catálogos y el&#13;
&#13;
boletín informativo&#13;
&#13;
EDITORIAL NOVA&#13;
&#13;
PERU 613 BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
16                                                                                                                     LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
términos empleados (¿qué sentido da a&#13;
&#13;
“miseria espiritual”, expresión muy usada&#13;
&#13;
por los surrealistas en forma evidentemente&#13;
&#13;
distinta?) sino —y muy especialmente—&#13;
&#13;
por el alto nivel aclaratorio que alcanzan&#13;
&#13;
los ejemplos. Baudelaire, iniciador de la&#13;
&#13;
revuelta poética contra el espíritu burgués&#13;
&#13;
resulta ahora el más acabado representante&#13;
&#13;
de ese espíritu. Sólo una epidérmica apre­-&#13;
&#13;
ciación del tema del Spleen es responsable&#13;
&#13;
de tal interpretación. Faltaría agregar en­-&#13;
&#13;
tonces, como representantes de la espiritua-­&#13;
&#13;
lidad burguesa a los continuadores de la&#13;
&#13;
obra de Baudelaire: Rimbaud. Lautréamont,&#13;
&#13;
Kafka, Artaud. Todos ellos (de quienes los&#13;
&#13;
verdaderos poetas contemporáneos se sien­-&#13;
&#13;
ten continuadores) realizan —según el men­-&#13;
&#13;
tado prólogo— una “escritura de suciedad,&#13;
&#13;
de postración, de caos, de patología, que&#13;
&#13;
nada tiene que ver con el sólido —y a veces&#13;
&#13;
irónico— estoicismo, que sería cuando me­-&#13;
&#13;
nos la traducción poética de un mal se­-&#13;
&#13;
mejante, si es que realmente fuera experi-­&#13;
&#13;
mentado por el poeta”. La lectura de este&#13;
&#13;
párrafo, al que no queda sino suponer un&#13;
&#13;
oculto contenido “a veces irónico”, tiene&#13;
&#13;
la ventaja de colocar directamente en pleno&#13;
&#13;
caos al desprevenido lector. Como no se&#13;
&#13;
aclara el significado que se da a la expre-­&#13;
&#13;
sión estoicismo, tendremos que recurrir a&#13;
&#13;
suposiciones partiendo de lo que normal­-&#13;
&#13;
mente y sin ironía se considera como estoi­-&#13;
&#13;
cismo. ¿Podrá tratarse de una especie de&#13;
&#13;
gandhismo poético? En ese caso cabe espe-­&#13;
&#13;
rar un sistema de huelga de hambre de la&#13;
&#13;
poesía. Quizás la cosa podría resolverse más&#13;
&#13;
fácilmente con un tipo de máquina neumá­-&#13;
&#13;
tica que hiciera el vacío perfecto en el poe­-&#13;
&#13;
ma, librándolo de cualquier rastro de con­-&#13;
&#13;
tenido. La vacuidad poética eliminaría todo&#13;
&#13;
lo patológico, todo lo que ha existido siem-­&#13;
&#13;
pre de rebelión, de insatisfacción y también&#13;
&#13;
de exaltación en la poesía auténtica.&#13;
&#13;
 Ahora bien, el modo de compaginar ese&#13;
&#13;
“estoicismo a veces irónico” con el discon­-&#13;
&#13;
formismo — que se defiende en el mismo&#13;
&#13;
&#13;
FILOSOFIA Y&#13;
&#13;
PSICOLOGIA&#13;
&#13;
ACTUALES&#13;
&#13;
Kurt Kofka: Principios de psi­-&#13;
&#13;
cología de la forma. La obra&#13;
&#13;
fundamental del más importan­-&#13;
&#13;
te representante de la Gestalt.&#13;
&#13;
Encuadernada, 900 pág. con&#13;
&#13;
ilustraciones.................. $ 120.—&#13;
&#13;
C. G. Young: Transformaciones&#13;
&#13;
y símbolos de la Libido. Uu&#13;
&#13;
nuevo método de interpretación&#13;
&#13;
de los sueños, fantasías y pro-­&#13;
&#13;
ducciones imaginativas del ser&#13;
&#13;
humano. Un volumen de 444&#13;
&#13;
páginas, 60 ilustraciones fuera&#13;
&#13;
de texto ........................... $ 65 . —&#13;
&#13;
Karel Horney: La personalidad&#13;
&#13;
neurótica de nuestro tiempo (2da.&#13;
&#13;
edición). Una nueva visión de&#13;
&#13;
los conflictos psíquicos en la&#13;
&#13;
vida social de nuestra época. Un&#13;
&#13;
volumen de 320 pág. . . . $ 34.—&#13;
&#13;
N . Abbagnano: Existencialismo&#13;
&#13;
positivo ................................$ 10.—&#13;
&#13;
Bertrand Russell: Misticismo y&#13;
&#13;
lógica. Un volumen de 227 pá­-&#13;
&#13;
ginas ...................................... $ 30.—&#13;
&#13;
John Dewey: El hombre y sus&#13;
&#13;
problemas. Un volumen de 388&#13;
&#13;
páginas ............................... $ 48.—&#13;
&#13;
&#13;
Editorial PAIDOS&#13;
&#13;
Cabildo 1547  T. E. 76-2440&#13;
&#13;
Buenos Aires&#13;
&#13;
&#13;
PRECIO DEL EJEMPLAR $ 3.—&#13;
&#13;
Casilla de Correo 5289&#13;
&#13;
Registro de la propiedad&#13;
&#13;
intelectual en trámite&#13;
&#13;
Correo Argentino&#13;
&#13;
Central B&#13;
&#13;
FRANQUICIA POSTAL N° 5092&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
prólogo pocas líneas antes— es cosa que&#13;
&#13;
pertenece al caos del lector.&#13;
&#13;
 En el final de dicha introducción llega&#13;
&#13;
a aceptarse una poesía de tono popular&#13;
&#13;
siempre que signifique “una intimidad real&#13;
&#13;
de lengua, cultura y espíritu con el pueblo”&#13;
&#13;
y como ejemplos se mencionan a Píndaro,&#13;
&#13;
Juan Ruiz, Villon, Carlos de la Púa. Es&#13;
&#13;
evidente que se hace allí una confusión&#13;
&#13;
entre el poeta culto que utiliza temas vi­-&#13;
&#13;
tales o cotidianos con el versificador popu-­&#13;
&#13;
lachero. No puede compararse a Píndaro,&#13;
&#13;
cantor de príncipes y héroes, poeta el más&#13;
&#13;
profundo, difícil y refinado de la lírica grie­-&#13;
&#13;
ga (cosa fácil de averiguar con la simple&#13;
&#13;
lectura del prólogo de Ignacio Montes de&#13;
&#13;
Oca a su traducción española de Píndaro)&#13;
&#13;
con un poeta de lenguaje popular.&#13;
&#13;
 Del Arcipreste de Hita puede decirse algo&#13;
&#13;
parecido: poeta que expresa lo vital con&#13;
&#13;
un lenguaje y una calidad muy por encima&#13;
&#13;
de su tiempo y cuyo instrumento poético&#13;
&#13;
está dado por una base cultural no fre-­&#13;
&#13;
cuente en esa época (basta leer la conocida&#13;
&#13;
“Historia de la literatura española” de Fitz-&#13;
&#13;
maurice Kelly si se quiere recurrir a una&#13;
&#13;
opinión autorizada). Y qué decir de Villon,&#13;
&#13;
extraordinario precursor de Baudelaire y&#13;
&#13;
Rimbaud, sacudido por la doble angustia&#13;
&#13;
del deseo y de la muerte.&#13;
&#13;
 De generalizarse ese propuesto sistema&#13;
&#13;
de atribuir carácter folklórico a los can­-&#13;
&#13;
tores de lo cotidiano, hoy habría que con­-&#13;
&#13;
siderar a Faulkner un representante de la&#13;
&#13;
literatura popular. Y conste aquí mi pro­-&#13;
&#13;
fundo respeto por el auténtico folklore, el&#13;
&#13;
producto de una cultura creada por el pue­-&#13;
&#13;
blo y que realmente expresa y condensa&#13;
&#13;
las aspiraciones y los deseos de un grupo&#13;
&#13;
humano. Pero hay tanta diferencia entre la&#13;
&#13;
verdadera literatura folklórica y la litera­-&#13;
&#13;
tura populachera como entre el poeta mo-&#13;
&#13;
dernoide y el poeta moderno.&#13;
&#13;
 Lo que en realidad parece surgir de dicho&#13;
&#13;
prólogo es una posición puramente literaria&#13;
&#13;
y antivital. Justamente esa mera actitud&#13;
&#13;
literaria que aparentemente sus autores com­-&#13;
&#13;
baten. Es como si se diera vuelta a un viejo&#13;
&#13;
traje para adaptarlo a la moda: el paño&#13;
&#13;
sigue siendo el mismo. Se trata siempre de&#13;
&#13;
una poesía académica o no académica que&#13;
&#13;
se deleita en un puro juego verbal sin&#13;
&#13;
consecuencias: literatura de entretenimiento&#13;
&#13;
para salones más o menos refinados, que&#13;
&#13;
prescinde completamente de la conmoción&#13;
&#13;
o el choque.&#13;
&#13;
 Tal actitud explica la total incomprensión&#13;
&#13;
que revelan los comentarios dedicados más&#13;
&#13;
adelante a la poesía surrealista. Se encara&#13;
&#13;
el dadaísmo-surrealismo (conjunción abso­-&#13;
&#13;
lutamente inseparable) al modo de los pro-­&#13;
&#13;
fesores de literatura: como una escuela&#13;
&#13;
literaria más. Se habla así de una “retórica&#13;
&#13;
surrealista” sin notar la incongruencia de&#13;
&#13;
tal expresión, ya que desde el momento en&#13;
&#13;
que se hace retórica, la poesía deja de ser&#13;
&#13;
surrealista. Justamente ese tipo de retórica&#13;
&#13;
seudosurrealista es la que utilizan actual­-&#13;
&#13;
mente muchos poetas en todas partes del&#13;
&#13;
mundo (inclusive aquí). La diferencia está&#13;
&#13;
en que estos últimos en lugar de recurrir&#13;
&#13;
al automatismo (impulso de origen vital)&#13;
&#13;
utilizan un mecanicismo (recurso retórico).&#13;
&#13;
Así se sustituye por ejemplo en la frase “el&#13;
&#13;
perro mueve la cola” la palabra perro por&#13;
&#13;
cualquier otra, digamos: “pisapapel” y de&#13;
&#13;
este modo se obtiene una especie de sor­-&#13;
&#13;
presa primaria de tipo carnavalesco con la&#13;
&#13;
que cualquiera puede darse aire de poeta&#13;
&#13;
moderno. La facilidad atrae y así pueden&#13;
&#13;
verse pulular legiones alrededor de la miel&#13;
&#13;
de un supuesto surrealismo (si se suprime&#13;
&#13;
este nombre comprometedor la sorpresa re­-&#13;
&#13;
sulta mayor). Por tal camino se logra una&#13;
&#13;
beatitud que puede pasar sin dificultad por&#13;
&#13;
optimismo.&#13;
&#13;
 El surrealismo (¿será inútil repetirlo por&#13;
&#13;
millonésima vez?) significa ante todo el&#13;
&#13;
compromiso con una ideología y una con­-&#13;
&#13;
cepción del mundo total. En este sentido,&#13;
&#13;
la poesía (en el concepto vaticinador y con­-&#13;
&#13;
vulsivo de los poetas primitivos) es sólo el&#13;
&#13;
medio de expresión inmediato e integral de&#13;
&#13;
esta actitud frente al mundo. De cualquier&#13;
&#13;
modo, la técnica de creación, aún siendo&#13;
&#13;
auténtica, resulta lo accesorio en el surrea­-&#13;
&#13;
lismo. Lo importante son los contenidos que&#13;
&#13;
se vuelcan a través de ella.&#13;
&#13;
 Pero si nos dirigimos a la poesía moderna&#13;
&#13;
en su sentido más amplio, es expresión de&#13;
&#13;
la libertad del hombre. Poesía y libertad&#13;
&#13;
son intercambiables. Ningún tipo de consig­-&#13;
&#13;
na puede encadenar a la poesía y menos&#13;
&#13;
la consigna del estoicismo porque sí, ya que&#13;
&#13;
la esencia de lo poético está en la rebelión&#13;
&#13;
y la exaltación, y en cuanto a la ironía&#13;
&#13;
(elemento superficialmente intelectual, bur­-&#13;
&#13;
gués y antipoético) se sustituye con el hu­-&#13;
&#13;
mor (elemento de raíz vital).&#13;
&#13;
¿Cómo es posible confundir el disconfor­-&#13;
&#13;
mismo o la insatisfacción, impulso que co-­&#13;
&#13;
loca al poeta en la vanguardia de todas&#13;
&#13;
las transformaciones, con el tedio burgués?&#13;
&#13;
¿No parece más característico del espíritu&#13;
&#13;
burgués el conformismo, el optimismo fácil,&#13;
&#13;
la satisfacción por el ornato intrascendente,&#13;
&#13;
el estoicismo a veces irónico?&#13;
&#13;
 Con tan confusos puntos de partida no&#13;
&#13;
puede extrañar que todo el panorama, la&#13;
&#13;
clasificación, las “notas orientadoras” de&#13;
&#13;
amplia precisión desorientadora, los ejem­-&#13;
&#13;
plos elegidos de modo que no aclaren nada,&#13;
&#13;
todo contribuye a hacer de ese intento una&#13;
&#13;
obra confusa, contradictoria, incomprensible&#13;
&#13;
(en cuya ilegibilidad colabora la utilización&#13;
&#13;
de una jerga de grupo y la multiplicación&#13;
&#13;
de reticencias). Lo único claro es que les&#13;
&#13;
ha sido imposible a los realizadores del&#13;
&#13;
número mantener la objetividad que indu­-&#13;
&#13;
dablemente se propusieron al intentar la&#13;
&#13;
obra.&#13;
&#13;
 En cuanto a los poemas, el número de&#13;
&#13;
autores elegidos (¿50 poetas modernos en&#13;
&#13;
la Argentina?) puede dar idea de la ca­-&#13;
&#13;
lidad. Muchos de los poemas parecen el&#13;
&#13;
resultado de una broma de mal gusto. Son&#13;
&#13;
pocos los poetas que tienen por lo menos&#13;
&#13;
una personalidad definida y exceptuando a&#13;
&#13;
estos, por el “ espíritu nuevo” dominan las&#13;
&#13;
sombras de René Char, bastante menguada,&#13;
&#13;
y a veces Eluard. Habría que destacar entre&#13;
&#13;
los más jóvenes y menos conocidos a Ma-&#13;
&#13;
dariaga, con un tono realmente personal,&#13;
&#13;
cuya ubicación lógica estaría entre los poe­-&#13;
&#13;
tas surrealistas y a Alonso cuyo poema&#13;
&#13;
“Muchacha de las islas Canarias” aunque&#13;
&#13;
muy eluardiano tiene verdadera calidad.&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI.&#13;
&#13;
&#13;
SUR Y LA LITERATURA ITALIANA&#13;
&#13;
 Idéntico destino vincula a dos literaturas&#13;
&#13;
de las que marchan a la zaga del pensa­-&#13;
&#13;
miento y la ficción en Europa: la española&#13;
&#13;
y la italiana. Ambas viven del recuerdo del&#13;
&#13;
esplendor pasado. La primera del Siglo de&#13;
&#13;
Oro, la segunda del Renacimiento. Estos&#13;
&#13;
estupendos antecedentes que debieran ser-­&#13;
&#13;
virles de catapulta y de brújula, consiguen&#13;
&#13;
en cambio maniatarlos, tornarlos nostálgicos,&#13;
&#13;
anacrónicos, afectados y reaccionarios co­-&#13;
&#13;
mo los viejos aristócratas empedernidos que&#13;
&#13;
se niegan a acusar el paso del tiempo y las&#13;
&#13;
diferencias reales que ese mismo tiempo&#13;
&#13;
impone. No nos toca aquí agotar las po­-&#13;
&#13;
sibles relaciones de este paralelo. La lite-­&#13;
&#13;
ratura italiana constituye nuestro objetivo.&#13;
&#13;
Y esto debido al número especial que Sur&#13;
&#13;
acaba de dedicarle. Puesto a salvo el es­-&#13;
&#13;
fuerzo editorial y la dedicación responsable&#13;
&#13;
que esta selección supone, preferimos in­-&#13;
&#13;
tentar un somero análisis de los valores es-­&#13;
&#13;
pecíficos que informan las letras peninsu­-&#13;
&#13;
lares y reducir nuestro elogio al sello edi­-&#13;
&#13;
torial que con intención antológica los&#13;
&#13;
reúne, al reconocimiento del esfuerzo ya&#13;
&#13;
mencionado. En consecuencia, trataremos de&#13;
&#13;
censurar o justificar la limitada gravitación&#13;
&#13;
de los autores italianos en el ámbito de&#13;
&#13;
la poesía y la literatura contemporáneas.&#13;
&#13;
 Nutridos por el esteticismo de Croce, la&#13;
&#13;
grandielocuencia y el decadentismo de&#13;
&#13;
D’Annunzio, el realismo naturalista del si­-&#13;
&#13;
glo pasado, la nefasta dirección de más de&#13;
&#13;
veinte años de fascismo, y el ciego afán&#13;
&#13;
tradicionalista del que casi todos aparecen&#13;
&#13;
contagiados, no sorprende demasiado descu­-&#13;
&#13;
brir el retraso de las letras italianas con&#13;
&#13;
respecto a las posiciones más osadas y clari­-&#13;
&#13;
videntes que asume la poesía y la literatura&#13;
&#13;
de vanguardia.&#13;
&#13;
 Giovanni Papini y el irracionalismo por&#13;
&#13;
un lado, y Marinetti con el futurismo que&#13;
&#13;
tanto iba a influenciar con su dinámica&#13;
&#13;
agresiva sobre los posteriores movimientos&#13;
&#13;
de vanguardia en Europa por el otro, no&#13;
&#13;
alcanzaron a limpiar, ni siquiera a sacudir&#13;
&#13;
el agua estancada en la que continúan hun-­&#13;
&#13;
diéndose la literatura y las artes peninsu­-&#13;
&#13;
lares. Recorriendo las páginas del número&#13;
&#13;
especial de Sur es fácil comprobar lo que&#13;
&#13;
hasta aquí hemos afirmado. No sólo lo ad-­&#13;
&#13;
miten de una u otra manera los ensayistas&#13;
&#13;
cuyos trabajos figuran en la revista, sino&#13;
&#13;
que también lo traducen y mucho más cla­-&#13;
&#13;
ramente, los fragmentos, los poemas o los&#13;
&#13;
relatos que componen el frondoso material&#13;
&#13;
antológico. Están presente la mayoría de&#13;
&#13;
los autores más importantes de los últimos&#13;
&#13;
cincuenta aoñs, muchos de ellos viejos co­-&#13;
&#13;
nocidos nuestros traducidos y difundidos&#13;
&#13;
profusamente por editoriales y publicacio­-&#13;
&#13;
nes locales.&#13;
&#13;
 Montale, ni Quasimodo, ni siquiera el&#13;
&#13;
mismo Ungaretti cuyo talento y calidad&#13;
&#13;
poéticas resultan indiscutibles, llegan, entre&#13;
&#13;
los ya consagrados, a deslumbrar totalmen-­&#13;
&#13;
te; y en cuanto a los representantes de las&#13;
&#13;
nuevas promociones, ninguno de ellos acusa&#13;
&#13;
un verdadero deseo de romper los límites&#13;
&#13;
de una tradición que se revela incapaz de&#13;
&#13;
propiciar la operación poética profunda­-&#13;
&#13;
mente renovadora o la ruptura indispen­-&#13;
&#13;
sable con un mundo que se empeña en&#13;
&#13;
deformar y esclavizar la naturaleza y el&#13;
&#13;
sentimiento del hombre. Quizás lo más dig-­&#13;
&#13;
no de destacar sean los ensayos o los pa­-&#13;
&#13;
noramas mediante los cuales se trata de&#13;
&#13;
situar objetiva y sinceramente la verdadera&#13;
&#13;
dimensión del trabajo de creación en sus&#13;
&#13;
múltiples aspectos en esa Italia decepcio-­&#13;
&#13;
nante sometida a las clásicas maneras de&#13;
&#13;
expresión.&#13;
&#13;
 La sociología convencional, la literatura&#13;
&#13;
de “opinión”, preferentemente política, el&#13;
&#13;
ESPEJO DEL MUNDO&#13;
&#13;
&#13;
Se parecen: En el bastón y en la falta de&#13;
&#13;
títulos para optar a un premio literario. Se&#13;
&#13;
diferencian: En que Churchill ya lo tiene,&#13;
&#13;
pese a todo.&#13;
&#13;
&#13;
Premio Nobel y bastones&#13;
&#13;
 No hay nada que envicie más que el mal&#13;
&#13;
ejemplo. Alentado por el otorgamiento del&#13;
&#13;
premio Nobel de Literatura del último año&#13;
&#13;
al fumador de cigarros, empeñoso pintor,&#13;
&#13;
célebre político conservador y periodista&#13;
&#13;
inglés vastamente conocido como Winston&#13;
&#13;
Churchill, nuestro imponderable Ricardo&#13;
&#13;
Rojas admite que ha llegado la oportunidad&#13;
&#13;
de proponer su melancólica celebridad sud­-&#13;
&#13;
americana a los efectos de que a él también&#13;
&#13;
le llegue el halago de la gloria sueca lite­-&#13;
&#13;
rariamente internacional.&#13;
&#13;
 Se murmura por allí que Ricardo Rojas&#13;
&#13;
merece la distinción antedicha y consecuen­-&#13;
&#13;
tes admiradores recogen adhesiones desti­-&#13;
&#13;
nadas a promover su nombre hacia Esto-&#13;
&#13;
colmo.&#13;
&#13;
Por razones explicables, Manuel Gálvez&#13;
&#13;
no está de acuerdo con esta precandidatura&#13;
&#13;
para la cual él mismo ha sido varias veces&#13;
&#13;
rechazado. Resulta difícil creer ya en el&#13;
&#13;
premio Nobel, otorgado a escritores de mé­&#13;
&#13;
rito muy desparejo, que unas veces hace&#13;
&#13;
justicia, e inmediatamente recae sobre las&#13;
&#13;
ineptitudes literarias. Pero descreídos y&#13;
&#13;
todo, nos preguntamos. ¿Qué ollantay pue-­&#13;
&#13;
de alegar nuestro anacrónico compatriota&#13;
&#13;
para justificar su melena y el prestigio que&#13;
&#13;
tiene por allí de padre de nuestra litera­-&#13;
&#13;
tura? ¿Sus románticas postulaciones sobre&#13;
&#13;
la Eurindia? ¿Su incalificable historia de&#13;
&#13;
las letras argentinas? ¿O sus ripiosos so­-&#13;
&#13;
netos alojados ad efectum gloriam en los&#13;
&#13;
suplementos de la Nación?&#13;
&#13;
&#13;
Juegos Florales en la S.A.D.E.&#13;
&#13;
Consecuente con su línea de buen hu­-&#13;
&#13;
mor, la S.A.D.E. ha organizado con el nom­-&#13;
&#13;
bre de “Fiesta de la Poesía” un espectácu­-&#13;
&#13;
lo inolvidable. Las conferencias y los poe­-&#13;
&#13;
mas recitados han rivalizado entre sí por&#13;
&#13;
su agudo sentido de lo cómico. Esa falta de&#13;
&#13;
respeto por la poesía es una verdadera de-­&#13;
&#13;
mostración de libertad de espíritu que me­-&#13;
&#13;
rece los más cálidos elogios. Esperamos de&#13;
&#13;
la S.A.D.E. la repetición de espectáculos se­-&#13;
&#13;
mejantes que ponen una nota de sana e&#13;
&#13;
incontenible alegría en la vida sin acciden­-&#13;
&#13;
tes de nuestro mundo intelectual.&#13;
&#13;
&#13;
lirismo al uso, el hermetismo escapista, de-­&#13;
&#13;
formada herencia del simbolismo; la psi­-&#13;
&#13;
cología elemental, la ausencia de espíritu&#13;
&#13;
innovador y de audacia verdaderamente&#13;
&#13;
revolucionaria, constituyen las limitaciones&#13;
&#13;
que, sumadas a las ya citadas anteriormen­-&#13;
&#13;
te (realismo narrativo, servilismo hacia las&#13;
&#13;
viejas maneras, nostalgia de un antiguos es-­&#13;
&#13;
plendor ya remoto, cierta exuberancia es­-&#13;
&#13;
tilística, patrioterismo, etc.), descalifican a&#13;
&#13;
la poesía y la literatura italiana para figurar&#13;
&#13;
en el lugar de privilegio que todos desea-­&#13;
&#13;
mos para ella.&#13;
&#13;
 Si el espacio lo permitiera sería posible&#13;
&#13;
poner a salvo el mérito de algunas firmas&#13;
&#13;
que integran la selección. Riccardo Baccheli&#13;
&#13;
con “La verdad sobre el pavoroso caso del&#13;
&#13;
Mary Bonfield”, tenso relato en el que se&#13;
&#13;
mezclan afortunadamente el humor y el ho­-&#13;
&#13;
rror, por ejemplo; y algunos otros trabajos&#13;
&#13;
que no pueden ser citados sin comentarios&#13;
&#13;
justificatorios más extensos, no bastan, sin&#13;
&#13;
embargo, para salvar una muestra que en&#13;
&#13;
su conjunto da el tono exacto de una lite­-&#13;
&#13;
ratura que está situada a apreciable distancia&#13;
&#13;
de toda verdadera peripecia actual y de toda&#13;
&#13;
lucidez salvadora.&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE&#13;
�</text>
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Thomas, Dylan&#13;
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                <text>La transcripción de los textos de esta publicación se hizo respetando la estructura original del texto y los errores de tipeo. En los casos en los que no fue posible identificar la palabra por errores de impresión, se utilizaron los corchetes para indicar la interpretación.</text>
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                    <text>'Para

el

surco

feraz

de

nuestra

tierra,

la

mejor

simiente

de

la

Humanidad”

ORENO

OLAS AVELLANEDA

A Ñ O

1

-

JUNIO

V

N U M E R O S
- JULIO

-

5 y

6

1945

V

I

HOMENAJE AL
PENSAMIENTO LIBERAL ARGENTINO

�AÑO 1 - JUNIO-JULIO 1945 - NUM ERO S 5 y 6

Latitud
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Un año de suscripción $ 5.00
DIRECCION Y ADMINISTRACION
Av. Córdoba 836 - Bs. As. - U.T. 32-0470

EDITOR

Rubén Xúñez

I \ l l ¡ 1 I PO X C E

E

y lo s d e b e r e s u e tu a te s
d e la in te tiy e n e ia

LETRAS

Enrique Amorim

Seis años han transcurrido desde la muerte de Ponce, seis años de hechos decisi\os
para la historia del mundo. En los prolegómenos de la gran lucha contra el fascismo, que
acaba de terminar en su aspecto militar. Ponce fue el jefe indiscutido del grupo intelec­
tual de vanguardia, que opuso al fascismo nacional y extranjero una resistencia denodada.
Fuá uno de los primeros desterrados de las dictaduras que se sucedieron desde el año
1930 y que epilogaron en el golpe militar de Junio del 43.

TEATRO

M aría Rosa OI iver

Con el exilio de Ponce. perseguido por la furia desencadenada de la reacción y el
clero falangista, se pretendió asestar un golpe eficaz a la resistencia intelectual que se le
oponía denunciando sus atropellos; así también el destierro de cinco obreros entregados
fríamente a Mussolini por el presidente Justo, fué el comienzo del combate dirigido contra
la clase trabajadora organizada.
Desde 1930 Ponce se lanzó a la batalla, denunció las intrigas y los ataques arteros

ESCULTURA

Luis Falcini

emprendidos contra los principios liberales, advirtió con toda la fuerza de su voz la inmi­
nencia del motín y la asonada de las facciones reaccionarias, que obraban estimuladas por
los éxitos espectaculares de Hitler y Mussolini. Todo tenía que perder y nada que ganar,
si es no ganar el elevarse como una figura señera del pensamiento libre de América, si es
no ganar constituirse en eslabón poderoso
desde el magnífico

PIN TU RA Y G R A B A D O

Antonio fíerni

en la cadena de

resplandor de Mayo, se encaminan hacia

los sucesosy los hombres que
una sociedad democrática como

fundamento necesario de la grandeza nacional.
La muerte en el destierro le im pidió presenciar el fin del más grande drama contem­
poráneo, la guerra, Stalingrado, la derrota del fascismo, las alternativas dolorosas de la
contienda y el triunfo final con las banderas de las naciones unidas sobre las riberas del
Elba, y ondeando sobre el Reichstag y la puerta de Brandeburgo, la bandera de la Unión

M USICA

Leopoldo Hurtado

Soviética.

La muerte le im pidió saber que su pueblo fué el único en el mundo al que

se le prohibió manifestar la alegría infinita de la victoria, que vivió sofocando su grito
de guerra y su pasión democrática, negando su historia y su genio en la alternativa de la
servidumbre o la muerte.
No dudó sin embargo del triunfo final contra la
bajo los

M A PA CO N TIN EN TAL

Aorberlo A .

Fronlini

pliegues de la filosofía de Nietzche

barbarie que surgía en Alemania

y Spengler; se había solidarizado con las

fuerzas proletarias,

seguía paso a paso su historia desde las primeras rebeliones agrarias

hasta la Jacquerie,

la Revolución francesa, la Comuna, las revoluciones del 48 y la Revo­

lución de Octubre.
Se esforzó en hallar los lazos que ligaban la suerte de la patria al movimiento del
inundo en su conjunto. La luz del marxismo amplió sus horizontes y pudo comprender las
causas y móviles de la progresión de la cultura, las ciencias y las artes, así como los

CINE

León Klimovsky

cambios ocurridos en las sociedades humanas en su incesante transformación.
A la

vez que

procuraba derribar enemigos

prosa, se adiestraba en el conocimiento de los

con lassaetas certeras
rumbos nuevos de la

y penetrantes de su
Revolución y desde

el fondo de nuestro pasado liberal lanzaba un cabo hacia el porvenir del mundo.

Creía

que para defender nuestra incipiente cultura del retroceso y la decadencia, era preciso

ARQ U ITECTU RA
Y U R BA N ISM O

Fermín Bereterbide

avanzar sin detenerse, compenetrarse sin recelos ni prejuicios de los conocimientos, expe­
riencias y doctrinas, surgidas de la realidad del agitado mundo contemporáneo.

El exa­

men analítico, histórico y político, le permitió entrever que el progreso técnico y cultural
se operaba sobre las alternativas y sobresaltos bruscos derivados de la forma de produc­
ción, que la marcha era impulsada por la emulación del provecho privado y la explo­

PR O D U CCIO N

Bartolomé M irabelli
Sam Malamud
Jorge Naranjo Cuadra

tación del trabajo; que la ciencia se hallaba subordinada a las contradicciones de un sistema
de convivencia en que la distribución de los frutos del trabajo y la cultura no obedecían
a las necesidades colectivas sino a las exigencias específicas del capital, cuyas crisis perió­
dicas implican una ciega destrucción de la riqueza y cuyas guerras sobrevienen como un

�fundacion

espigas

Eueaoa Aires - Argentina
fiu o m rí M r V i &amp; U d e j X u f d e
quebranto colosal, donde los hombres sucumben
abatidos por los mismo elementos que crearon en
la paz. Consideraba que el apoliticismo pregona­
do por algunos intelectuales era una fórmula
refinada del quintacolumnismo y afirmaba con
Marx que una filosofía que no va unida a una
política no llegará a ser nunca una verdad. In­
telectuales hostiles y ajenos a la p o lític a ... no
¿es eso lo que quieren los tiranos? ¿N o es esa
la clase d.e gente que Gentile y Radice prepara­
ban en las escuelas del fascismo para asegurar
la opresión y envilecimiento del pueblo? Si ade­

OitArrMruX) (P •$. de UÍiíde.

t io^cjue
Cjl'-ú i d , &amp;

más de explicar el mundo la filosofía debe trans­
formarlo ¿qué clase social, se pregunta, tomará
entre sus manos la magnífica empresa? Esta cla­

(ju&amp;

fa X a d de

á tru jx rfe

b X u lén/dcoi.

■Cjue j^ d -í m

e jrjo o a o

í

Cjen&amp;toí-CL

-i&gt;x, dujsíi'tny

od ■ íraÍKxjiv’ a^ue, leu

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¿ p u e e o -a -|&lt; n /rv L( v

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d e dedlecXd.

oa

doi Vnú dibioi hu-Ueran didoJ oye

dydjttebó&gt;,

aw-cu-M^aov-

(X Yvu, VolurJead/ X e io'drrJriicltni,

CÓCW

de la Revolución, es un deber impuesto por la
dignidad de su inteligencia. Seguro de su paso,
que

u

G £ &gt; n u p ^ /n ,íiu .t&lt; je &gt; lié ‘j

I

un adarme en el fiel de la verdad y la justicia
que anima las luchas reivindicatorías del proleta­
riado, y adiestrarse en la filosofia transformadora

resplandor

-to-m(a

-iluidrClCUl u CxdCx

fdíuma- d e ‘-un exiddiantí d e meditmco.

funda de la Historia su amor por la libertad y la
superación del hombre. Entiende que depositar

el

&lt;¿S -tc iT V

&lt;xdwinra¿LOiv jv&gt;r

sino de la miseria artificialmente producida.
Consciente de los compromisos contraidos con esa
verdad que le ilumina, resuelve apoyarla con toda
su fuerza, llevar al caudal de la corriente pro­

su alma por

0 *C b ,

pirdeyn joor m¿ oiaduiij jexcUr WneArcXneuv

se es el proletariado, concluye, que se distingue
de todas las otras clases esclavizadas o serviles
que la historia ha conocido porque es el producto
no tanto de la miseria naturalmente existente,

iluminada

U

tejí brando

se­

ñalaba en el horizonte su ruta peregrina, sin es­

por ese “ prodigioso portal levantado a mitad del
siglo X IX para que pasara por él rumoroso y
pujante, el espíritu nuevo” . No miró hacia atrás
sino para reparar la marcha con más justeza y
sin errores, para evocar en los momentos de an­
gustia y en los instantes de abandono, propios de
la lucha cruel y desgarradora de todos los días,
las voces amigas de la historia que incansable­
mente le instaban a proseguir su andar.
En ese pasado jalonado de nuestros grandes
proceres y en la construcción triunfante del mun­
do socialista, nutría esa confianza inextinguible
que le animaba a salir al encuentro de la Histo­
ria, “ para decir tan alto como la voz lo permita
que estamos viviendo con lucidez absoluta este
momento, el más dramático de la vida del hom ­
bre, y que tan seguros nos sentimos del porvenir
inevitable cualquiera sea la suerte que el destino
nos reserve, que ya podemos desatar al viento la
infinita alegría de vivir ahora” .
El destino le reservó la muerte en la República
de M éjico, fraternal amiga. Pero la lucidez con
que vivió los com plejos problemas del mundo
con el instrumento flexible del marxismo, hizo
menos amarga su desdicha y su soledad. Sólo
puede comprenderse que el porvenir es inevitable
si, como él lo hizo, contribuimos a determinar
lo que la razón y el sentimiento nos anticipan
como verdadero y justo. Ello despertó en él esa
alegría de vivir, símbolo melancólico de su alma,
hoy que evocamos su recuerdo y procuramos rea­
nudar su marcha interrumpida.
Desde el primer momento Aníbal Ponce ofició
de fiscal acusador ante el tribunal inapelable de
la Historia, ante cuyos estrados llevaba de con­
tinuo a los tiranos y usurpadores de la soberanía
del pueblo que se sucedieron en nuestro país
desde el año 30. Advirtió que la burguesía feu­
dal latifundista, las 200 familias y los reyes de la
industria, desconfiando ya del instrumento legal,
comenzaron a minar el crédito de la democracia y
procuraban perpetuarse por el fraude para ase­
gurarse sucesiones. Mientras esas fuerzas oscuras
y retardatarias se obstinaban en desacreditar un
sistema politico que no parecía ya adecuado a la
conservación y crecimiento de sus privilegios, las
fuerzas nazi-falangistas, aprovechando esa feliz
coincidencia de propósitos, se dispusieron a de-

sreíár el mcú-t

-4-aWa,

forzarse en formar adeptos y confiando sólo en
su amor y su conducta, se lanza decididamente

Canvíé d&amp;yyioXdxeic t v a x e jX ifd

.&lt;jue a-rdma/ e X x iMAoyixjó^

£oi

de

d o rle X
%

UN

M A N U S C R IT O

DE

(o

i TUjCninrodó

A N IB A L

PO NCE

rribar del todo el artificio democrático y asestaron
por fin el golpe definitivo el 4 de Junio de 1943.
Ponce, a la cabeza de un grupo de intelectua­
les de vanguardia constituyó la AIAPE, con el
inolvidable Emilio Troise, y libró desde el pri­
mer momento la batalla en todo el vasto frente
de la cultura, contra los avances del clericalismo
en la enseñanza, contra la filosofía irracionalisla
y escolástica, contra la conculcación de la liber­
tad y la negación de nuestra historia liberal. Su
pluma, por lo general delicada y suave se tor­
naba áspera e incisiva cuando advertía alguna
claudicación en los intelectuales que se evadían
dp la realidad, ya fuera comulgando con el élan
vital y la metafísica espiritualista de Bergson, el
irracionalismo de Rathenau o el intuicionismo de
Steiner, sostenido por el capital alemán.
Su testamento intelectual y político, resumido
en “ Los deberes de la Inteligencia” y “ Un exa­
men de conciencia” , contiene en las mallas deli­
cadas de su estilo la fuerza de todo nuestro pasa­
do liberal y la potencia creadora de la cultura
viva y pujante que le es inherente. Se hacía
necesario a su juicio redimir la inteligencia de
dos fuerzas hostiles y concurrentes, la que de­
pende del mismo pensador temeroso de las con­
secuencias de la verdad y aquella que la sustrae
de sus deberes sociales en la quietud de su re­
fugio. cuando no la convierte en fuerza capaz de
cohonestar los abusos y extravíos de la tiranía.
Para librar a la inteligencia de aquel temor que
invadía a Bruno y Erasmo, apelaba a la dignidad
como virtud primera que hace sentir como un
bofetón las claudicaciones voluntarias ante el des­
arrollo previsible del pensar; y para lo segundo,
invitaba a la inteligencia juvenil a fecundarse en
el contacto vivo de la Revolución. Para una y

otra, Ponce dió a sus conciudadanos el alto ejem­
plo de su conducta civil, su exilio y su muerte.
Fué el ejemplo heroico para una inteligencia que
habiéndose acercado a la verdad se rehusaba sin
embargo a decirla y defenderla, que habiendo
sacudido la tutela de los dogmas desde el mag­
nífico amanecer del humanismo, “ no ha perdido
del todo las costumbres de su vieja servidumbre” .
Acaso, dice, un proceso que marcha paso a paso
hacia lo desconocido criticándose a si mismo con
crueldad implacable, iría a sancionar la quietud
del dogma, la rutina de las tradiciones el gozo
panglosiano de los que nada esperan? Buscar
la solución honradamente, se pregunta, ¿no equi­
vale a poner la inteligencia sobre el camino de
la Revolución?
Estas convicciones sencillas, expresadas a veces
con ingenuidad, dado que se hallaba casi solo en
un mundo asolado por una lucha semejante a
la de las fieras en la jungla, le hicieron insensi­
ble a las consecuencias y emprendió su marcha
en medio de la algarabía de clérigos y fascistas
a quienes había tocado alguna vez con la pun­
zante ironía de sus comentarios. Procuró desco­
nocer como un santo todos los obstáculos. Lle­
vaba en su alma la pasión obstinada de Agenor,
el gusto poético y el amor a la belleza de Idomeneo.
Vivía atento al rumor de las muchedumbres y
en las luchas del pueblo, en la huelga y la insu­
rrección percibía los indicios que anticipan una
vida nueva, que librará por fin a la inteligencia
de los obstáculos que estorban en la práctica su
progreso indefinido.
Entendía que escribir es actuar y que no es­
cribir es también un modo de tomar partido.
Su acción no se circunscribió sin embargo a la

�mera prédica, o firmar manifiestos por la paz.
contra el facism o; acompañó a los obreros en
sus luchas; creó instituciones de combate, como
«1 Colegio Libre, destinado a desarrollar la cien­
cia que en la universidad se ignora o se prohíbe
y la A.I.A.P.E. que continuó en la Argentina la
acción del Comité de Vigilancia de los Intelec­
tuales de Francia.
Consideraba que en una sociedad dividida en
clases el intelectual no puede creer que el progreso
sólo concierne a la inteligencia prescindente y
apolítica.

Para reconocer el m óvil de su propio

desarrollo le es preciso estudiar a fondo los proble­
mas sociológicos, comprender la motivación de los
cam bios históricos, saber en suma para qué y pa­
ra quien se trabaja, cuál es el destino de su pro­
pia creación.
En un mundo de tal modo organizado, en que
la producción se rige por el impulso anarqui­
zante de la explotación del trabajo y el provecho
privado, ¿cóm o puede creerse en la neutralidad
del pensamiento, fruto de una pretendida virtud
inmanente? La verdad es que apenas nacido es
arrancado de las manos que le dieron forma y
se incorpora al proceso del trabajo y concurre
c o n sus descubrimientos a promover las revolu­
ciones de la técnica o a fortalecer la injusticia
y otorgar acaso a nn enemigo de la cultura los
frutos preciosos de su labor. Bien triste cosa
es el mundo de hoy, exclama para quien no
sepa contemplarlo en una amplia perspectiva.
Fascismo, terror, guerra inminente, no son sin
duda para alentar a nadie. Bajo su influencia
inmediata se desesperan unos en la angustia, bus­
can otros en el pasado la solución. El ve seguro
la solución del porvenir y su esperanza estriba
en el mundo y el hombre nuevo que construye
el mundo socialista sobre los cimientos inconmo.
vibles de los planes quinquenales. Ha aprendido
a descubrir en las luchas de clases el motor de
la Historia y “ todo adquiere de pronto una orde­
nación precisa, todo asume de inmediato una
significación que lo ilumina” . Conmovedor ins­
tante de la vida del mundo, exclama, en que sa­
bemos por fin adonde vamos.
Desconociendo el carácter peligroso que mu­
chos asignan a las ideas, advierte en las transfor­
maciones sociales del mundo moderno la conti­
nuidad histórica de los diversos movimientos y
de los documentos teóricos de las clases revolu­
cionarias, ayer la Enciclopedia y el Contrato So­
cial, “ hoy el caudal de las ciencias y el pensa­
miento de Marx” .
Su examen de conciencia es menos doloroso
y desgarrador que el de Romain Rolland. pues
es más joven, se desprende fácilmente del pesado
ropaje y salta con gallardía allí donde otros em­
prenden una marcha vacilante y torpe. No se
limita, sin embargo, a admirar de un modo con­
templativo la obra de creación de un mundo que
nace, de ciudades que surgen en medio del de­
sierto, de una ciencia que progresa al servicio del
hombre, pues ausculta en su propia tierra el ru­
mor de las corrientes profundas y procura abrirles
camino en el alma de su pueblo, para adelantar
la hora de su propia superación. Porque está con
el pensamiento de Mayo, con la organización
nacional, con Moreno, Echeverría, Sarmiento, por
eso, está con la Comuna de París, con la Revolu­
ción Rusa, con la insurrección de Asturias, con la
República Española, contra la ilegalidad que im­
pera en nuestra patria desde el año 30. Su sentir
y su pensar constituyen un todo indivisible y ar­
m onioso.
Para servir a la Revolución debe penetrar en
« í mismo y desprenderse sin miramientos de to­
das las mentiras convencionales V prejuicios que
limitan el alcance de la crítica; se encamina metó­
dicamente, sin prisa, con firmeza. El sabe que sólo
se marcha seguro cuando no se niega ni obsta­
culiza un solo instante la fuerza popular que
forjará la historia. No es un utopista, pues
com prende que la marcha de la Revolución es

desigual como es desigual la marcha y la hora
del ocaso del capitalismo, sabe que en nuestro
país deben cumplirse todas las posibilidades de
la burguesía y que para ello es preciso abatir las
posiciones del feudalismo latifundista que se man­
tenía adherido a los imperialismos mediante go­
biernos fraudulentos y policías políticas. No ig­
nora, además, que la reacción es implacable y
pagará un precio muy alto por su osadía.
Pero aún a expensas de^su dolor proclamará
su fe en el mundo de mañana y cuando el cura
le despoja de su cátedra, aunque herido, su res­
puesta no será un lamento, sino aquel libro mag­
nífico en que analiza la naturaleza y el carácter
clasista de la educación. Qué pueden significar
los sacrificios, decía a los jóvenes, si al mezclaros
en la vida de la época y al batallar en ella vais
sintiendo al mismo tiempo que os aumenta de
tamaño el corazón? A medida que le atacaban,
su figura se aligeraba y su voz adquiría esa re­
sonancia singular que sólo surge cuando las for­
mas del arte revisten de sonidos y colores algo
vivo, auténtico y profundo.

Las tristes circuns-

/ n tr o d a v e ió n d e l á lb u m
d e h o m e n a je a
P e d r o F ig a r i
H a d e m o ra d o un tie m p o la rg o e sta a n s ia d a c o n sa g ra c ió n
de F ig a r i. P a re c e ría q ue e l d e stin o de to d a su o b ra , lo ­
g ra d a en la le n ta m a d u ra c ió n , h u b ie ra in flu id o ta m b ié n
p a ra q u e lle g a r a s in la p re m u ra ir r e f le x iv a el in s ta n te de
le v a n ta r p o r so b re la s fr o n t e ra s , su g ra n no m b re de p in to r.
D e trá s d e su o b ra in m e n sa e s p e ra b a su tu rn o , su p a la b r a
d e lu z . P ud o d a rs e — y c a s i lle g ó a d a rse — y a l poco
tie m p o de su m u e rte , a t a d a a l c o lla r de s o m b ra s en q ue
h a s u frid o el m u n d o . P ero é l, q ue sie m p re m a n tu v o izad a*
en a lt o , a u n m ira n d o h a c ia un d u lc ís im o p a s a d o , su fe en
lo s d ía s n u e v o s y lib e r a d o s , d e b ía d e h a c e r e n tre g a de su
lím p id o m e n sa je a r t ís t ic o , c u a n d o e sa s s o m b ra s se h u b ie ra n
a le ja d o d e la tie r r a .
N o es en v a n o q ue q u e rem o s p o n e r el no m b re d e F ig a ri
— d e s p e rta d o d el s ile n c io en q ue d o rm ía d esd e q ue c a ll a ­
ron su s p in c e le s — en e sta h o ra c la r a de s a lv a c ió n d el m un­
d o . E l, el p in to r, e l filó s o f o , el m a e s tro , el h o m b re , in s is tió
con el le g a d o de su o b ra en e sta m a g n ífic a p a r a d o ja : p u e s­
to de e s p a ld a s h a c ia la v id a — d e s c a rg a n d o un le v e p a s a d o
en su s c a rto n e s— a n u n c ió el oro de lo s n u e v o s d ía s . Con
la m ir a d a v u e lta h a c ia a t r á s , re m o zó sus m a n o s a ñ o s a s en
lo s b ro tes re v e rd e c id o s . Y a h o n d a n d o en la v iv a tr a d ic ió n
d el R ío d e la P la t a , fu e com o la r a íz q ue p e n e tra a l neg ro
m is te rio d e la tie r ra p re s in tie n d o en el o scuro d e s c e n d im ie n ­
to , e l te m b lo r de la s h o ja s en el a ír e de la s p r im a v e r a s .
A s í en ese e n tre g a m ie n to de h e c h ic e ría , b ru jo de sus s e ­
sen ta a ñ o s , d e jó lo m ás g ra n d e q ue p u ed e a p re t a r el h o m ­
b re en su e fím e ro p a s a je p o r la v id a : sus su e ñ o s. F ig a ri
lo s d ió to d o s, y de a m ile s , ro c ia d o s d e fu tu ro . D esp ertó
la s h o ra s d o rm id a s — p ero de e sa s h o ra s c u b ie rta s de ce­
n iz a ,— fu é e l p rim e ro q ue p ud o a r r a n c a r u n a s u s ta n c ia
y un d e stin o n u e v o y p u ro p a ra el a rte a m e ric a n o . La p lá s ­
tic a e s p e ra b a ese a n u n c io lib e r a d o r. Y F ig a ri lo o fre c ió en
c a u d a lo s o r ío de b e lle z a .
Fué a s í q u e e l la rg o p a s a je de su v id a le p e rm itió con­
q u is t a r, m a c e ra d a p or la m e d ita c ió n y e l tr a b a jo , la o b ra
q ue sie m p re é l re c la m a b a p a ra el c re a d o r a m e ric a n o . La
o b ra en to d a su fu e rz a in d íg e n a , h u n d id a en el su e lo n u e­
v o ; re g o c ijo de sus ojo s d e a r tis ta ilu m in a d o ; d e sp u é s re ­
g o c ijo p a ra n u estro s o jo s a c tu a le s , de c a rn e v iv a , en la
re c re a c ió n de to d o su m undo de f a n t a s ía ; y ta m b ié n re ­
g o c ijo p a ra lo s o jo s q ue se a b r ir á n m a ñ a n a en la in s a ­
c ia b le y a tá v ic a in te rro g a c ió n a n te e l p a sa d o .
C A R L O S H E R R E R A M A C L EA N
V ic e p re sid e n te d e la C o m is ió n N a c io n a l d e B e lla s A rte s

2 0 A r t i s t a s fír a s ile ñ o s
E n el M useo P ro v in c ia l de B e lla s A rte s de La P la t a se
in a u g u ró o fic ia lm e n te , p ro g ra m a d a p o r la D ire cc ió n P ro ­
v in c ia l de B e lla s A rte s , la m u e stra de 20 A rtis ta s B ra s ile ­
ño s. R eza el c a tá lo g o q ue sele c c io n ó y o rg a n iz ó la s o b ra s
e l señ o r M a rq u e s R e b e lo , c rític o de a rte c a rio c a con oced o r
de la re a lid a d p o lít ic a y c u ltu ra l d el p rese n te a rg e n tin o .
A p a rtá n d o n o s , m o m e n tá n e a m e n te , de lo s v a lo re s in d is c u ti­
b le s de la s o b ra s e x p u e s ta s , a u n q u e fa lt a n no m b re s entre
e llo s el g ra n S e g a d , no com p ren d e m o s com o se h ace p a r­
tic ip a r a lo s a rtis ta s b ra s ile ñ o s en una a c c ió n o p u e sta y
c o n tra ria a la a c titu d q ue a c tu a lm e n te h a n to m a d o lo m ás
d e s ta c a d o de la in te le c tu a lid a d d e m o c rá tic a a rg e n tin a , a c ­
titu d q ue c o in c id e en un todo con la s re so lu c io n e s d e l P ri­
m er C o n g re so de E sc rito re s B ra s ile ñ o s de S a n P a b lo .
Los
a rtis ta s b ra s ile ñ o s a p a re c e n a q u í ro m p ie n d o la n e c e s a ria
u n id a d q ue d eb e te n e r el m o v im ie n to d e m o c rá tic o in te le c ­
tu a l la tin o - a m e ric a n o . N o d u d a m o s q ue P o r t in a r i, T a r s ila ,
C a v a lc c n t i y to d os los d e m á s a rtis ta s b ra s ile ñ o s ig n o ra n a
q ue fin e s d iv is io n is ta s h a ce n s e r v ir sus no m b re s con la
e x p o s ic ió n d e La P la t a . H ace p oco m ás de un m es un g ru ­
po de in te le c tu a le s a rg e n tin o s se n e g a ro n a d a r c o n fe re n ­
c ia s en el M useo P ro v in c ia l de B e lla s A rte s de La P la ta en
s o lid a rid a d con el m o v im ie n to en f a v o r de la n o rm a lid a d
d e m o c rá tic a d el p a ís . Con e sta e x p o s ic ió n se h a c e so sp e ­
c h a r, a lo s d e s p re v e n id o s, que lo s a rtis ta s d e m o c rá tic o s b ra ­
s ile ñ o s no tie n e n in te ré s en la s o lid a rid a d con lo s a rtis ta s
d e m o crá tico s a rg e n tin o s , cosa que no p ued e n im a g in a r ni
re m o ta m en te q u ie n e s co n o zcan a lg o de lo s a lto s v a lo re s
p e rs o n a le s y a rtís tic o s de lo s p in to re s c u y a s o b ra s se la s
e xp o n e n o fic ia lm e n te la s a u to rid a d e s de la p ro v in c ia de
Buenos A ire s .
A . B.

4

tandas que precedieron su partida no le acorbadaron: siguió pregonando la verdad y su prosa
magistral continuaba restallando en los oídos de
los tiranos. Las palabras que brotaron de su alma
resuenan com o el eco multiplicado de los grandes
pensadores liberales que hablan siempre al alma
juvenil de América, juventud que cien veces aba­
tida, cien veces se rehace, ligera y vibrante, entre
las toscas manos de la tiranía.
Desde la muerte de Aníbal Ponee, los proble­
mas que él señaló con profundidad y belleza in­
superable, adquirieron formas nuevas. Para no
extraviarse, es preciso, si no igualarle en conoci­
miento y experiencia, permanecer adherido a cier­
tos principios esenciales, amar al pueblo, com ­
prender y aplicar en el examen de los hechos
históricos así com o en las diversas disciplinas,
la filosofía política de la clase obrera, que es
fundamentalmente crítica y revolucionaria y que
procura apropiarse, bajo el signo del nuevo hu­
manismo proletario, de todos los valores progre­
sistas de la humanidad en el terreno de la técnica,
las ciencias y las artes.
Ahuyentemos el temor a las ideas, retomemos
el hilo de la historia y estemos atentos al llamado
del mundo nuevo que nace por doquier y se es­
tremece bajo nuestros pies. Seamos dignos de
uno y otro, de aquel que nos llama desde el fondo
de las edades con sns creaciones, sus sabios y
sus poetas y de aquel que nos señala la ruta del
mañana.
La lección de Ponce nos dice que no debemos
bajar la guardia. La barbarie que en Europa ha
sucumbido bajo el peso de las armas no se ha
extinguido todavía y sus formas monstruosas pro­
curan resurgir. Atizando los odios que nacen del
hambre y la destrucción, realizará un esfuerzo
supremo por revivir y jamás se declarará vencida
así quede un solo rincón para su refugio, un solo
pueblo para darle abrigo, un periódico, un libro
para introducir su ponzoña en el alma juvenil, un
solo encapuchado en la escuela y en la Universi­
dad. En el fondo de la escena de la paz se agitan
oscuramente los cóm plices de Munich, de aque­
llos que pesaron sobre el mundo la noche lúgubre
de su sangriento y efímero reinado.
Después de quince años de asfixia y retraso
en que hemos sentido el bochorno de nuestro
impotencia, en que el mote infamante de fascista
ha resonado en el mundo al lado del nombre
lim pio de la República, la democracia se anuncia
pregonada por la voz juvenil, una democracia
vigorosa, asida a la experiencia adelantada del
mundo moderno. No obstaculicemos el conoci­
miento con el pretexto de idiosincrasias incom­
patibles, de culturas de Oriente y de Occidente
o confundiendo las cosas más opuestas identifi­
cándolas com o “ extremistas” de igual categoría.
Para su tiempo, fueron extremistas las ideas ja co­
binas profesadas por M oreno y Echeverría; pero
ellos las distinguieron claramente de la filosofía
y práctica extremistas del despotismo feudal y la
inquisición. Sí el criterio de los hombres de
Mayo se hubiese circunscripto a la experiencia
interna, aborreciendo las ideas por exóticas, la
colonia hubiese prevalecido, los principios de la
Revolución Francesa no hubiesen penetrado en el
pensamiento emancipador y progresista que pro­
clamó la Independencia.
Después de un siglo, cuando aun no hemos
cumplido una mínima parte de aquel legado his­
tórico, cuando nuestro país se ve expuesto a permanecer inerte y empequeñecido en el torbellino
del mundo, bajo la férula de los tiranos, ¿seremos
nosotros menos avisados que nuestros ilustres pre­
decesores? ¿Tendrem os miedo de nuestro propio
pensamiento, so pretexto de que así nos preser­
vamos de toda influencia exótica? Seríamos in­
dignos de aquel pasado magnífico y habríamos
a la vez enajenado la herencia sagrada de la
Revolución y burlado la dignidad de la inteli­
gencia.
J. T.

�CONFERENCIA PRONUNCIADA EN LA FACULTAD DE ARQUITECTURA DE MONTEVIDEO.
C O N EL A U S P I C I O

DE SU C ONS EJ O

DIRECTIVO,

La encrucijada
del superrealismo
por HECTOR P. AGOSTI

I.

La tentación del vaticinio

El final de esta guerra invita a evocar el final
de la otra, a recomponer sus gestos precisos en el
orden político y a reparar en la abigarrada mul­
titud de doctrinas que a su tiempo pretendieron
captar, fugaz o permanentemente, el inédito curso
del fenómeno que se ofrecía a la consideración
del hombre. Dicha circunstancia conduce necesa­
riamente a la tentación del vaticinio. Apenas se
medita acerca de estos temas fundamentales sur­
gen varias interrogaciones, que suponen otros
tantos problemas inquietantes. ¿Cóm o habrá de
reaccionar la conciencia del hombre — y sobre
todo su conciencia artística— ante ese mundo que
se dibuja borrosamente entre el eco de las bata­
llas ¿Es que otra vez habremos de sumirnos, como
en la posguerra angustiosa que desembocó en la
nueva catástrofe, en la pugna tremenda de un
escepticismo que dudaba de todo, hasta de su pro­
pia sombra piruetesca? ¿Es que otra vez habrá
de obstinarse el artista en esa huida dramática de
lo real, en esa evocación afanosa de una “ superrealidad” que señaló con acentos definitivos su
postrada grandeza?

i

En un libro ( ’ ) cargado de sugestión polémica
se ha animado Juan Larrea a internarse en esas
zonas ariscas del vaticinio, tan seductoras en su
ínsito riesgo alucinante. Su ardiente desafío in­
cita a seguirle. Porque Larrea traza el prontuario
del superrealismo y no le perdona en el análisis
uno solo de sus defectos ni una sola de sus simu­
laciones; pero al término del balance nos dibuja
el simultáneo suicidio y esplendor del superrea­
lismo en esta conjugación de Sueño y Realidad
que es el orto inaugural de la América Nueva.
Coloquemos aquí, entonces, la banderilla capaz
de servirnos como punto de arranque en la indig­
nación. Si el superrealismo, como típico fenóme­
no de entreguerras, fenece en su agitado tránsito
europeo, ¿será forzoso que renazca, aunque sea
investido de otras cualidades gentilicias, sobre
nuestras tierras de América, carentes de las razo­
nes concretas que motivaron el nacimiento de la
tendencia? La tesis de Larrea relaciona al super­
realismo con circunstancias y potencias específica­
mente americanas, y es lógica consigo misma, por
lo tanto, cuando anuncia la postrera sublimación
del superrealismo en el ámbito del Nuevo Mundo.
Pero a su turno los poetas “ surréalistes” france­
ses, estremecidos en las andanzas del maquis glo­
rioso, también responden operativamente a este
interrogante, y es entonces Aragón quien reivin­
dica una nueva vigencia de la rima, o Eluard el
que postula una flamante inmersió n en la clari­
dad expresiva, y todos ellos los que abandonan
la Realidad soñada para hundirse en la Realidad
verdadera que la experiencia —y la conciencia cla­
morosa de dicha experiencia— pone a su alcance
entre el fragor de los hechos cotidianos.
(i) -'El Surrealismo entre Viejo y Nuevo Mundo” , ed.
Cuadernos Americanos, México, 1944.

II.

Las formas de la moralidad

Intentar el seductor paralelismo de ambas pos­
guerras en cierta manera comporta indagar lo que
pueda haberse alterado en las formas mudables de
la moralidad, todo lo cual equivale a mirar al
trasluz el cúmulo de esas relaciones sociales de

donde brota la moralidad como expresión sinto­
mática de la conciencia colectiva.
Queda fuera de toda discusión que la primera
guerra mundial, por su insólito carácter universal,
significó una poderosa conm oción de las concien­
cias. La guerra abolió brutalmente las viejas
fronteras de la fantasía, y en el desquicio inhu­
mano de las trincheras comenzó a percibirse — bo­
rrosamente para algunos, lúcidamente para otros—
que había llegado la crisis de la civilización, exhi­
bida en su impresionante podredumbre por el
centelleo de la metralla. La conciencia conmo­
vida respondió de distintas maneras. Algunos,
como el Barbusse de Le feu, sintieron que era
preciso internarse en la realidad repugnante con
decidido ánimo de transformarla. Otros — los
más— perdieron la fe en los valores esenciales
del hombre, y desde el refugio de Zurich ensa­
yaron la descompuesta carcajada de Dadá, descon­
fiando de la comunidad, según lo dijo Tzara en
su Manifiesto liminar, y dudando de todo, abso­
lutamente de todo, incluso de Dadá, pues “ el arte
— declaraba Picabia entre traviesas risotadas fu­
nambulescas— es un producto farmacéutico para
imbéciles” .
No es difícil descubrir el mecanismo psicosocial de ese inmenso resorte roto de Dadá, cuyo
desarraigo absoluto de la civilización que simul­
táneamente lo alimenta y lo repele habrá de re­
producirse en el superrealismo. Crecida en la
veneración casi metafísica de los “ valores eter­
nos” de la cultura, ¿cóm o no iba a sentirse em­
pavorecida o desconcertada esa generación de ar­
tistas ante una civilización que se les representaba
cual una masa de cadáveres anónimos calcinándose
sobre las yertas tierras europeas? Los psiquiatras
han descubierto una psicosis de guerra que se
origina en las torturadas vigilias del acecho y que
se desmorona en las formas de la vida corriente
por la ruptura violenta de los frenos morales que
rigen la conducta colectiva. Esta psicosis de gue­
rra —que a ratos se transforma en una disconfor­
midad anárquica con el orden social— rebulle
furiosamente en la insurgencia artística del da­
daísmo y el superrealismo, y en un artista, que
es por definición una naturaleza sensible, aquella
subversión moral habrá de precipitarse con más
agudo dolor. Pero la sola psicosis de guerra no
explica el descalabro, o apenas si lo explica, pues
en la oscuridad sigue permaneciendo la intrincada
madeja de relaciones sociales a medias develada
por la moralidad. Habrá de verse que la psicosis
de guerra no obra en nuestros días el mismo re­
sultado desquiciante, y en esta diferencia psíquica
de la moralidad, tan descuidada frecuentemente
por los psicólogos puros, radica una de las discre­
pancias sociales en el paralelismo de ambas gue­
rras. Esa discrepancia invalida todo intento de
pervivencia del superrealismo.
La disgregación moral es, por tanto, la conse­
cuencia necesaria de esa desconfianza en la hon­
radez intrínseca del hombre, porque el hombre,
desencajado de los términos sociales que lo condicionan y lo explican, aparece como un individuo
autónomo, como una miserable criatura revestida
de todas las lacras que el romanticismo creyó
oportuno redimirle. Y esas mismas lacras, volup­
tuosamente descarnadas a lo vivo, llegan incluso
a transformarse en temas de poesía que trasladan
5

EL 5 DE J UL I O DE 1945.

h” sta lo más recóndito del mundo el eco de la
¿L-olución moral.
Como núcleo de generación primaria del su­
perrealismo, a Dadá no podría entendérselo ca­
balmente si se lo desvinculara de ese medio de
amoralidad definida que constituye siempre el
clima de una civilización que se desmorona. En
ello consistió su drama: los disloques de loa
dadaístas presentían el derrumbe de ese sistema
de relaciones burguesas brutalmente desnudadas
por la guerra; pero aunque ese sistema les repe­
liera, ese sistema los alimentaba y seguía alimen­
tándolos, a punto de impedirles descubrir los
indicios de una nueva civilidad reemplazante. El
mundo que los nutre les repugna; pero no les
queda fuerza para rechazarlo o enmendarlo, y
apenas si se conforman con asustar por sus pi­
ruetas a los pobres burgueses tradicionales, de­
masiado impresionados de una travesura inofen­
siva que, sin embargo, escarba hasta sangrarla una
irremediable infecundidad. Pues si el cubismo ha­
bía pretendido fijar en normas la quiebra del
concepto aparencial de la realidad, padecido p o r
la conciencia de nuestros días, los dadaístas in­
tentan reducir a la nada esos mismos principios,
en un nihilismo tan desenfrenado que pareciera
tener por misión la fragua del caos prim itivo.
“ Nosotros no reconocemos ninguna teoría. Ya te­
nemos bastantes academias cubistas y futuristas:
laboratorios de ideas formales” , exclama Tristán
Tzara en su Manifiesto de 1918. Con este repudio
violento de toda regla de invención y de solida­
ridad, Dadá se empina en lo más encumbrado
del individualismo: el arte es un acto individual
que sólo interesa al sujeto que lo cumple, y el
mayor agravio para Dadá consistiría en que sus
piruetas pudieran entenderlas los espectadores.
Irritar al espectador pareció entonces lo más ex­
presivo, porque el espectador -—el público—- pre­
sentábase como la materialización congruente de
esa vasta humanidad ruinosa capaz de degollarse
en el asalto de las trincheras. Emergiendo de
la disolución moral y adornado por el desprecio
hacia las masas, el disconformismo no era otra
cosa que un nihilismo anárquico, embriagado de
sólo vociferar.

III.

El desplazamiento de la vida real

¿Simplemente por dicha amoralidad podría ex­
plicarse el superrealismo? Conviene reparar ante
todo en esta distinción: los superrealistas provie­
nen de Dadá, pero en vez de aquel nihilismo
corrosivo traen ya un primer acento de afirma­
ción y un aire de escuela que, no obstante su
individualismo obstinado, pugna por asociarlos
como colectividad y por presentarlos como un
“ agregado” de doble condición a la vez estética
y sociológica. Al desconcierto inicial sucede la
voluntad de encauzar el arte y la literatura por
rumbos sistemáticos. Dadá había sido la nega­
ción de la norma como sistema; el superrealismo
se aplica, por el contrario, a la búsqueda de un
sistema normativo.
Este sistema normativo, ¿dónde encontrarlo con
precisión coherente y a la vez profunda? Los
superrealistas repararon entonces en los hallazgos
de la psicología abismal. Con cierta sobriedad
luciferina estremeciéronse en la trampa de ese
mundo del inconciente, olvidando o desechando
los lazos que lo ataban a la lucidez. Llevados a
evadirse de un sórdido medio señalado por el
viento de la guerra, los superrealistas condujeron
hacia su más extremoso desenfreno esa fuga de
lo real comenzada por los románticos con virtual
sobrecarga de palabras. Los románticos iniciaron
una curva en la cual la visión personal se sobre­
pone a la visión exterior; los superrealistas se
trepan al punto empinado de la comba. Bretón
lo confiesa en su Manifiesto de 1924: el super­
realismo significa el predominio absoluto de la
fantasía, de las razones de la imaginación que
“ la razón —pura— no conoce“ , capaces de des­
plazar totalmente la vida real.
(C o n tin u a r á )

�LETRAS
Dirige
ENRIQUE A M O R IM

A ntología del P ensam iento LiberaI Argentino
DE SAN M ARTIN
“ La presencia de un militar afortunado, por
más desprendimiento que tenga, es temible a los
estados que de nuevo se constituyen” .
“ No busco gloria militar ni el título de conquis­
tador del Perú; quiero sólo libertarlo. ¡D e qué
me serviría Lima si sus habitantes fueran hostiles!
DE M ARIANO MORENO
“ Os hemos hecho superiores a nosotros, a fin de
que descubráis el conjunto de nuestras relaciones,
y estéis fuera del tiro de vuestras pasiones; pero
acordaos de que sois nuestros semejantes, y que el
poder que os conferimos dimana de nosotros; que
os lo damos en depósito y no en propiedad ni a
título de herencia; que vosotros seréis los primeros
que os debéis sujetar a las leyes que establezcáis;
que mañana seréis relevados y que ningún derecho
adquiriréis sino el de la estimación y el reconoci­
miento; y considerad con qué tributo de gloria el
universo que reverencia a tantos secuaces del error,
honrará la primera asamblea de hombres racionales
que declare solemnemente los principios inmutables
de la justicia y consagre a la faz de los tiranos los
derechos de las naciones” .
DE MONTEAGUDO
“ Por rigor de justicia todo el que sea ciuda­
dano tiene derecho de sufragio; la privación de
este derecho es un acto de violencia, un paso al
despotismo y una injusticia notoria” .
DE RIVAD AVIA
“ Ha llegado el momento de oponer los principios
a la espada” .
“ Las revoluciones deben acabarse, y el modo de
que no vuelvan es no temerlas” .
DE SARMIENTO
“ La libertad de los pueblos, pues, no se consi­
gue con la persecución, se consigue por la tole­
rancia y la libertad de conciencia” .
DE ALBERDI
“ El hombre de espada no tiene más que un modo
de ilustrar su carrera terrible en lo futuro, y es el
de no desnudarla jamás de la vaina. La espada vir­
gen, que tanto ha dado que reír a la comedia, es la
única digna de los honores de! soldado del porvenir” .
DE MARMOL
“ Los que besan el pie del tirano
No son dignos de un otro destino;
Son ladrones del nombre argentino,
Son bastardos sin alma ni voz” .
DE ESTEBAN ECHEVERRIA
“ La Democracia, señores, es el ángel de fraterni­
dad que ha reunido todos los hombres de climas
diferentes. ¿Sabéis qué bandera lleva en su diestra?
La bandera de Mayo.
Marchemos, pues, todos unidos como hermanos a
la sombra de ese símbolo santo, que es el galardón
de esperanza y de salud, y que ahora, como en el
pasado, ondeando sobre nuestras cabezas nos abra
el camino de la victoria” .
DE JUAN M ARIA GUTIERREZ
“ ¡E l cielo prospere las armas de la patria y les
conceda el último triunfo sobre los tiranos! En­
tonces se completará aquella época de esplendor
que consiguen los Estados libres, por las ciencias,
la industria y la libertad de com ercio” .
DE BARTOLOME MITRE
“ Poder irresponsable es aquel que no tiene con­
trapeso, ni obligación de dar cuenta a nadie de sus
acciones, ni autoridad superior a él que pueda fis­
calizarlas” .
“Poder despótico es todo poder especial estable­
cido fuera de las condiciones del derecho natural o
escrito y que, por consecuencia, no tiene ley ni
regla alguna a que ajustarse” .
DE JOAQUIN V. GONZALEZ
“ San Martín, cuyo pensamiento democrático tar­
da todavía en volverse conciencia y esencia moral
de nuestro pueblo, ha dejado a todo soldado —y
lodo ciudadano lo es en su hora— el lema impe­
recedero de nuestra Bandera ideal: No desnudar
jamás la espada contra la libertad de ningún pue­
blo, ni en lucha fratricida entre los pueblos de
América, ni para impedir desde el Poder la libre
expresión de la voluntad soberana para darse sus
instituciones y gobernantes.
No habrá paz social sino en el seno de una ver­
dadera democracia” .

D IB U JO

P iú

DE A N D R E S C A L A B R E S E

avanti
N o te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios, que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua, y no la implora. . .
Q ue muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
A LM AFU ERTE

6

�N

o

hay

Literatura

exenta

de

CULTURA FRANCESA
Y CULTURA ARGENTINA
por ROBERTO GIUSTl
T o puede seguirse lu evolución de nuestra cultura sin remontar las diferentes corrientes europeas

N
^

que confluyeron en ella.

Si, com o dicen los enemigos de las actuales instituciones, nuestra

historia del siglo X X ha sido una traición a la patria, una negación de sus orígenes y des­

tino, todo lo que aprendieron los espíritus generosos que nos emanciparon de la esclavitud colonial
e intentaron constituir la nación en las primeras décadas revolucionarias, fueron sin duda quimeras y
sofismas criminales.

Yo veo, en cambio, que la línea del desarrollo cultural argentino se quebró

lamentablemente durante veinte largos años, cuando se pretendió volver las espaldas a Europa. Que,
para trazarla, hay que seguir a la generación de los emigrados y verlos en Chile, en M ontevideo, en
otros lugares de América o en el V iejo Mundo, adiestrarse en el ejercicio del pensamiento libre
y preparar el cem ento con que reedificar la patria soñada, la cual, si ante todo no es un hogar de
civilidad y cultura, nada significa en la historia.

Pero ¿puede haber cultura sin libertad?

La res­

puesta la da la Asociación de Mayo, cuyos miembros creyeron, ilusos, que les seria permitido amasar
ese cem ento en su propia tierra, retornando a los ideales de la generación de 1810.

i

“ La Joven Argentina” , agrupada en torno de
Echeverría, respiraba los vientos ozonizados del
romanticismo poético y político que soplaban de
Francia. La juventud escuchó el mensaje, como
suele decirse hoy, del poeta de La Cautiva. Su
fervor creció, alimentado de discusiones y lectu­
ras, en casa de Miguel Cañé, donde se fundó una
inocente Asociación de Estudios Históricos y So­
ciales, antecedente del Salón Literario de Marcos
Sastre, a su vez origen, cuando Rosas lo clausuró,
de la Asociación de Mayo. La correspondencia
y las memorias de esos hombres nos instruyen
ampliamente sobre sus lecturas. Es larga la nó­
mina de los escritores y pensadores europeos has­
ta entonces desconocidos en el Plata, que encen­
dieron el espíritu de aquellos muchachos. Con
ella puede rehacerse toda la cultura francesa filo­
sófica y literaria de la Restauración. Vicente Fi­
del López describió, ya anciano, en su tantas ve­
ces citada Autobiografía, aquel entusiasmo, aque­
lla fiebre de lectura, el sacudimiento moral que
les produjo hacia 1832, poco después del triunfo
del romanticismo en Francia, esa “ entrada torren­
cial de libros y autores que no se habian oído
mencionar hasta e n ton ces...”
Alberdi también catalogó en la ancianidad sus
lecturas de aquel tiempo y a los autores que
Echeverría y Gutiérrez, principalmente el prime­
ro, le descubrieron. El tucumano, redactor en
1838 de La Moda, el gacetín que escondía bajo
frívolas apariencias ambiciosos propósitos de re­
forma social, repudiaba al romanticismo én poesía
y a su corifeo Víctor Hugo por retrógrados. Sin
embargo, ardoroso sansimoniano y lerrouxista, él
no era menos romántico, puesto que en el román' ticismo cabe un universo de cosas, desde la ado­
ración lacrimosa de la Edad Media hasta la anun­
ciación profética del porvenir. ¿Cóm o no sería
romántico en el secreto de su corazón quien, ya
en los bancos del colegio de Ciencias Morales
había quedado “ hechizado” y con el alma “ inun­
dada de dulces ilusiones” por La Nueva Eloísa?
En el Plata la nueva escuela alimenta a la nue­
va poesía, promueve fecundas discusiones de or­
den estético sobre la función del arte en relación
con la sociedad, ensancha la crítica y la sátira de
costumbres y da nacimiento a la literatura nativista y costumbrista. También renueva la litera­
tura doctrinaria política. El Dogma Socialista fué
escrito bajo la influencia de Saint-Simon y Lerroux y lo anima el verbo inflamado de Lamennais. Abora parece que todo eso fué un extravío.
¿Aceptaremos, pues, de Echeverría, el don de
La Cautiva y rechazaremos el Dogma y natural­
mente El Matadero, condenación de la demagogia
plebeya rosista?
No cabe en los límites de un breve artículo el
examen menudo de las influencias cruzadas que
se ejercieron sobre nuestros mayores poetas. Eso
es propio del estudio monográfico y ya ha sido
hecho. ¿Recordaré que así como Echeverría pro­
cede de Hugo tanto como de Bvron. Mármol no

debe menos a aquéllos que a Zorrilla, y Andrade
es hechura del vate de la Leyenda de los siglos,
a quien pide prestadas imágenes, hasta de sus
novelas? Otro tanto digo de los publicistas. Casi
todos los nombres románticos y prerrománticos
ilustres los hallamos en las citas y recuerdos em o­
cionados de los hombres de aquella generación.
Pero a veces se les pasaba gato por liebre. “ ¡Ah,
qué equivocaciones padecemos! — se lee en un
escrito postumo de Alberdi— . ¡Cuántas veces no
se conoce aquí un nombre de autor francés que
en nuestro país está en todas las bocas!” Ese
Alberdi tan calumniado, sea dicho de paso, en el
cual pueden encontrarse, sabiéndolos buscar, los
más válidos argumentos contra los europeizantes
excesi%os. Era aquél un error de perspectiva jus­
tificable a tanta distancia y más cuando sabemos
que allá también lo padecían en ocasiones de
muy cerca. Es cosa de todos los tiempos tomar
por titanes a pensadores y escritores de media­
nísima estatura.
Desde entonces y hasta entrado este siglo, nues­
tro pensamiento y nuestra literatura reflejarían
con preferencia los movimientos cambiantes de la
filosofía y literatura francesas. En algunos casos,
el calco más o menos voluntario, la trasposición
hábil, la asimilación incompleta son transparentes.
Tampoco fué la francesa la sola literatura sobre
•

ANTOLOGIA DEL PENSAMIENTO
LIBERAL ARGENTINO
DE JOSE INGENIEROS
“ Cuando no hay patria no puede haber sentimien­
to colectivo de la nacionalidad — inconfundible con la
mentira patriótica explotada en todos los países por
los mercaderes y los militaristas” .
Sólo es posible en la medida que marca el ritmo
unísono de los corazones para un noble perfeccio­
namiento y nunca para una innoble agresividad que
hiera el mismo sentimiento de otras nacionalidades.
No hay manera más baja de amar a la propia
patria que odiando a la patria de los otros hom­
bres, como si todas no fueran igualmente dignas de
engendrar en sus hijos iguales sentimientos. El pa­
triotismo debe ser emulación colectiva para que la
propia nación ascienda a las virtudes de que dan
ejemplo otras mejores; nunca debe ser envidia co­
lectiva que haga sufrir de la ajena superioridad y
mueva a desear el alejamiento de las otras hasta el
propio nivel. Cada patria es un elemento de la hu­
manidad; el anhelo de la dignificación nacional
debe ser un aspecto de nuestra fe en la dignifica­
ción humana. Ascienda cada raza a su más alto
nivel como Patria y por el esfuerzo de todos se
remontará el nivel de la especie, como Humanidad” .
DE ANIBAL PONCE
Saber expresar la verdad artística es saber ex­
presar la tendencia del desarrollo; de donde se
deduce que no es posible crear — crear con pulso
tenso, crear con soplo duradero— si no se sabe
distinguir, primero, las fuerzas que conducen al
futuro.

influencias

la cual se modeló la nuestra, pues las influencias
españolas de Zorrilla, Espronceda y Bécquer con­
taron mucho en la era romántica, y las de la ge­
neración del 98 en la modernista. En segundo tér­
mino, las inglesas e italianas, así como las rusas
en ciertos aspectos de la novela, el cuento y el
teatro del primer cuarto del siglo actual. Esto es
decir que nuestra literatura se ha formado bajo
influencias cosmopolitas. Por la imitación, lo
mismo que los niños, empiezan los pueblos cuan­
do nacen a la vida del espíritu, si no están ais­
lados. Por lo demás, no hay literatura ni escritor
que no se desarrolle bajo influencias múltiples.
Si en nuestros escritores los injertos son más
visibles, digámonos que sólo gracias a ellos he­
mos ido formando una literatura con todos sus
órganos, aportando modos más o menos origina­
les a la expresión humana y alcanzando en ciertos
casos una propia e inconfundible.
Además, el amor a Francia nunca fué incom­
patible con el de las cosas de la tierra. ¿Acaso
no fué Echeverría quién descubrió para el arte
la pampa y la exuberante naturaleza tucumana?
Otro tanto puede decirse de Juan María Gutiérrez.
Una vena americana y criollista circula d'esde los
románticos por nuestra literatura. Por algo con­
taba en la nueva estética “ el color local” y había
escrito Chateaubriand sus magníficas descripcio­
nes de las praderas del norte. Facundo fué senti­
do desde su publicación, también por los fran­
ceses, una obra típica de la literatura americana.
El general Mansilla, “ boulevardier” de monóculo
y galera gris, titulaba sus charlas periodísticas
tan porteñas “ causeries” y “ entre nos” (¡q u é cerca
de “ entre-nous” ! ), y salpicaba de terminachos
franceses sus páginas, en lo que le aventajó sola­
mente otro burgués porteño, Cambaceres, de es­
tirpe gala. Era, no obstante, el autor de Una Ex­
cursión a los Indios Ranqueles. Miguel Cañé
titulaba uno de sus libros con afectada modestia
Gallicae constructiones y nos ofrecía en Juvenilia
un nutrido repertorio de galicismos, aunque algu­
nos menos de los que ha pretendido ver con exce­
sivo celo purista don Américo Castro. Con todo,
Juvenilia es un libro muy nuestro, de agradable
sabor criollo. La rica cultura francesa de Martín
García Mérou no le impidió, por el contrario, le
valió, ser uno de los críticos más ilustrados y
estimulantes de nuestras letras. En otro campo,
y sin pretender agotar los ejemplos, el francés
Groussac fué un benemérito arquitecto de nuestra
cultura contemporánea, maestro de historiadores
argentinos.
Merece meditarse el caso de Ricardo Güiraldes.
escritor de refinada cultura francesa, escribiendo,
y no sin galicismos, una de las obras más típicas
de una auténtica literatura argentina: Don Segun­
do Sombra. También es ilustrativo el de Leopoldo
Lugones, temperamento robusto de escritor muy
criollo, convertido en la madurez al apostolado
del nacionalismo — el autor de El Payador, de La
Grande Argentina, de las Odas Seculares, de los
Romances de Río Seco— el cual forjó su instru­
mento sucesivamente en la escuela de Hugo y de
Poe, de Samain y de Laforgue. ¿Y quién sabe
si La Guerra Gaucha, la admirable gesta, pedregrosa e intransitable como la montaña norteña,
habría sido escrita, de no haber leído Lugones
La Legénde de l’Aigle de Georges D’Esparbés?
Por supuesto, de ello no hay cuestión en la
época de Rosas. Esta no nos ofrece ejemplos de
tales antagonismos y reconciliaciones entre lo pro­
pio y lo extraño, porque no había vislumbre, en­
tiéndase que en Buenos Aires, no en la provisoria
patria de los proscriptos, de esta suerte de pre­
ocupaciones. 1 quien las tuviera, que buscara
mejores aires, como lo hizo Lucio V. Mansilla,
sobrino del dictador, por sabio consejo del padre,
(quien conocía a su cuñado), cuando el general
rosista se enteró con susto de que su hijo leía
El Contrato Social.
Groussac ve manifestarse “ el excesivo apego a
la tradición que envuelve el odio al extranjero”
en el grito ¡Mueran los franceses! en que reventó
espontáneamente el entusiasmo gaucho el día de
la entrada de Quiroga en Buenos Aires.
Y por eso la tradición civilizada no se reanu­
daría hasta después de Caseros.

7

i

�Querido Am orim :
E escribo a usted una carta que es poco menos

L

que una engañifa. Con ella, ni cumplo el com ­

promiso de darle una colaboración para LATITL D
ni dejo de cumplirle. Es el caso que cuando tuvo
usted la amabilidad de pedirme tal colaboración,
por ser usted, así com o por la simpatía que esa
revista me inspira, acepté de
luego, recordando

que

inmediato.

el próximo

Pero

número

Un

debate

de

tono

Polémico

EN TORNO A LAS
INFLUENCIAS LITERARIAS

de

por ARTURO SERRANO PLAJA

LATITU D se iba a dedicar, más o menos íntegra­
mente, a estudiar las influencias literarias en la
Argentina, he pensado que meterme a dar opinión
sobre cuestión tan compleja era meterme en un
callejón sin salida. Y para buscarla he dado con
la tangencial manera de enviarle a usted esta
caria abierta.
No está el horno para bollos. Si por algo tan
inocuo como el hecho de comentar riendo, al
viajar en un colectivo a horas de mucho tránsito,
las incomodidades del momento y decir que aque­
llo parecía un instrumento de tortura, hubo quien
me dijo hace días “ que peor estaríamos en un
campo de concentración en Europa” , bien podría
ser que por opinar sobre literatura argentina hu­
biese alguno de esos escritores nacionalistas que
aquí, como en España o en otra parte todos pa­
decemos, me dijese cosas mucho más graves. En
cuanto a mi accidental interlocutor en el colecti­
vo, tuve la fortuna de que la inspiración descen­
diese a mi para poderle contestar lo siguiente:
en primer lugar, que en su afirmación no había
la menor duda: viajar en colectivo, en Buenos
Aires, era mejor que estar en un campo de con­
centración en Europa; que en un campo de con­
centración. por lo demás, había yo estado y por
luchar, en mi patria, contra los nazis como él.
que también por allí se crían; que triste sería la
grandeza argentina si hubiese de esperar a medir­
se con la europea, comparativamente, a que Euro­
pa se hubiese convertido en un vasto campo de
concentración; y finalmente, que los campos de
concentración, al menos teóricamente, ya se ha­
bían concluido puesto que las Naciones Unidas
habían ganado la guerra.
No es que yo cometa el groserísimo error de
adjudicar a semejante energúmeno celoso más
representación que la suya propia y mucho menos,
claro está, la de una nación que me brinda hos­
pitalidad y que está muy por encima de tan ener­
vada y pueril suspicacia. Pero si tal estado de
ánimo no representa ni puede representar a nin­
gún país, por darse en todos (y en el mío ¡ay!
con no poca abundancia) sí representa, sin duda,
un producto, averiado, claro, de nuestro calamito­
so tiempo. Y en alguna manera, como intentaré
ver, en relación con el tema de las influencias en
literatura, tema que soslayo, no en función de la
anécdota, que sería razón menor, sino por la ma­
yor de mi conocida incompetencia para deslindar
orígenes e influencias literarias en la literatura
argentina.
Lo que yo creo que puedo hacer, amigo Am o­
rim, y paso a intentarlo, es escribir alguna cosa
sobre las influencias en general. A una vez es­
crito. someterlo a su juicio para que usted decida
si puede o no ir en ese número de LATITUD.
No concibo, claro está, que haya literatura sin
influencias, ni escritor de cierta grandeza que no
se avenga a reconocer las que sobre él han ac­
tuado. Habría de ser un dios o sería un misera­
ble. Un dios, si consiguiese crear algo de la nada;
un miserable, por no conocer o querer desconocer
— según fuese el color de su miseria— quienes
son, literariamente hablando, sus verdaderos y le­
gítimos padres. Todo eso me parece tan evidente
como seguramente se lo ha de parecer a usted,
y a todos los lectores de LATITUD, y no vale
la pena, por tanto, insistir más sobre ello.
Por consecuencia prefiero sacar un poco las
cosas de quicio. Prefiero fijarme, por ejemplo, en
un aspecto de la cuestión: el que representa el
casticismo o tradicionalismo literario. Porque en
eso de las influencias literarias hay un como fan­
tasma que merodea en torno a ellas: el de lo
fuerte, y lo débil en literatura; el del individua­
lismo, en filosofía; el del nacionalismo en política.
Probablemente, aquellos escritores que niegan u
ocultan sus influencias literarias son los mismos

que en el plano de las ideas que. para llamar de
alguna manera, diré sociales, son tradicionalistas,
casticistas. Y muy consecuentemente.
Quien piensa que su país es ante o sobretodo
(Deutchland über alies, X-land iiber alies) para
decirlo con la deliciosa letra de esa germánica
cancioncilla. no es mucho que se piense a sí mis­
mo, como miembro de esa nación, ante o por en­
cimo de todo, lo que lógicamente conduce a re­
chazar hasta la sombra de toda posible influencia.
Escritor español he conocido yo en España que
declaraba un día no conocer otro idioma que el
castellano; pero no hacía la declaración como en
esos casos se suele hacer, sino apoyándola nada
menos que en toda una teoría según la cual el
conocimiento de otra lengua forzosamente habría
de ir en detrimento de la pureza de su castellano,
que no podría por menos de contaminarse con
giros extraños, con influencias, digamos. Lo que
de ser cierto daría una pobre idea de la robustez,
que el mismo escritor atribuía al idioma castella­
no. que parecía de aquel modo frágil objeto que
había que guardar entre algodones de cuidado.
Traducida esa preocupación a su expresión más
profunda es claro que ha de dar como consecuen­
cia no querer conocer otras ideas que las propias
— que las que se creen propias— para que no de­
formen el ser espiritual original. Teoría que
admite su mejor caricatura aplicándola a un caso
de cultura científica supuesto en una tribu del
centro de Africa: si los tribales razonasen de la
misma manera hay que suponer que nunca deja­
rán de ser tales, por cuanto que el mundo civili-

AN TOLOG IA DEL PENSAMIENTO
LIBERAL ARGENTINO
DE EDUARDO WILDE
“ Los hombres no son grandes sino cuando se
arrodilla el espectador para mirarlos; pero des­
graciadamente hay muchos que prefieren arrodi­
llarse a mantenerse de pie y mirar a la altura de
sus ojos, y mientras los espectadores se arrodillan,
los cómicos guardan un silencio profundo que
puede ser meditación sobre el porvenir de la
patria
DE AGUSTIN ALVAREZ
“ Esa es, en efecto, la descripción perfecta del
espíritu que los hispanoamericanos tuvimos la des­
gracia de heredar de nuestra madre patria, y por
el cual la libertad ha sido siempre pisoteada por
todos los caudillos ambiciosos de poder, sin encon­
trar defensores suficientes y han caído siempre los
gobernantes ilustrados que pretendieron implantar
la primera y la más grande de las libertades huma­
nas: la libertad de conciencia” .
LISANDRO DE LATORRE.
Yo pertenezco al número de los que creen en
los programas. y porque creo en los programas
prefiero a las reformas promovidas a veces aisla­
damente por un hombre superior que llega al
gobierno, la obra integral de un partido, iniciada
en la propaganda doctrinaria, proseguida en la
consulta al pueblo en los comicios y culminada
en el recinto parlamentario.
ALEJANDRO KORN.
La ciencia no ha de hacer bancarrota, pero sí
aquellos que pretenden emplearla como un arma
amoral en la empresa de degradar la personalidad
humana.
JUAN B. JUSTO
Numerosos indicios del moderno movimiento
histórico señalan para la humanidad un porvenir
mejor. Marcha ella en masa hacia la libertad "que
no consiste en la soñada independencia de las le­
yes naturales, sino en el conocimiento de estas
leyes y en la posibilidad así obtenida de hacerlas
obrar metódicamente con fines determinados” .

zado ha realizado algunas conquistas científicas,
pongamos por caso algunas de las de bulto mayor,
como la luz eléctrica que al no ser originales, de
ningún miembro de la supuesta tribu, al no ser
tampoco nacionales se hallarían en colisión con
la cultura autóctona. Pero ese prejuicio de la
originalidad en las letras o del nacionalismo en
lo social, es un producto reciente y fruto de nues­
tra cultura individualista en la cual, el artista,
personalmente, trata de anteponerse al arte y en
la cual el mayor de los méritos artísticos parece
ser el de la’ invención que, generalmente, ha sido
el don de los artistas mediocres. A un Shakes­
peare. por ejemplo, no le preocupaba ni poco ni
mucho, la procedencia de sus temas; y no estan­
do pendiente ni atado a su individualista origina­
lidad, sino concibiendo el arte en función univer­
sal y según la grandeza de su expresión, de su
forma, en una palabra, resultaba de una indivi­
dualidad tal como la que su nombre, con sólo
invocarle, presupone.
Hay en todo eso manía de grandeza: una pe­
queña manía de grandeza. Nada hay más grande,
ciertamente, que el sentimiento nacional cuando
por él se afirma un sentimiento unánime y común
en los diversos grupos humanos que integran las
naciones; cuando por él se afirma, bien que par­
cialmente. el sentimiento universal de una soli­
daridad humana fecunda y positiva que halla en
el marco nacional expresión adecuada; pero nada
hay más pequeño que esa pequeña ambición de
aristocracia que consiste en saberse miembro de
una colectividad importante para ornarse con las
glorias comunes a las que ese pequeño aristócra­
ta. por lo común, no ha contribuido con nada.
La menor de las manías de grandeza es la de sen­
tirse individualmente depositario de las grandezas
de la patria a la que uno pertenece y no que le
pertenece a uno. Pero en fin. si todo eso de la
originalidad, del individualismo y del nacionalis­
mo se quedase reducido a mero desahogo litera­
rio nada habría que objetar. Más ocurre que esa
manía puede asumir formas ciertamente más pe­
ligrosas. La pura originalidad literaria lleva en
germen, me parece, el más puro casticismo. A’
lo que empieza queriendo ser nacionalmente na­
cional y castizo, individualmente original y ge­
nuino a toda costa, las más de las veces termina
por no mantenerse sólo en ese estado de beatífica
satisfacción de sentirse grande por pertenecer a
algo grande, sino que halagado por ese cosquilleo,
dicho sentimiento suele tomar formas polémicas y
agresivos perfiles cuya última consecuencia muy
bien pueden ser, en determinadas circunstancias,
millones de muertos: por ejemplo, los de esta
guerra. Muertes esas cuyo elemental holocausto
era. en sus orígenes, minúscula aunque imprescin­
dible demostración: la que resulta de evidenciar
la vacuidad del X-land iiber alies. En efecto, la
voluntad de los alies, puesta a prueba ha demos­
trado suficiente capacidad para no permitir esa
situación unter X-land que parecía ser la axio­
mática consecuencia de toda una teoría de genia­
lidad castiza.
Por terrible paradoja, en el caso actual, el
X-land que quiso estar iiber alies ha venido a
quedar unter alies. Alemania, vencida en su pro­
pia salsa, quiero decir con sus propios métodos
y en su misma casa, se halla hoy a merced de to­
dos sus vencedores en los que hay que suponer
un mínimo de buen sentido para no hacer con
ella lo que ella hubiera querido hacer con todos.
Precisamente en esa situación viene hoy a en­
carnar la Alemania digna y grande, en grandeza
universal compartida con todos, un alemán que
se sintió excluido de esa agresiva manía de gran­
deza genuina: Thomas Mann. Grandeza la suya
más conmovedora cuanto que siendo evidentemen­
te uno de los alemanes no comprometidos en los

�F L O R E N C I O

ESCARDO

L as infla en eias
sobre
Eduardo Wilde
jg L planteo exige algunas diferenciaciones pre­
vias. Angel Estrada, sobre datos biográficos,
señala una decisiva influencia de D ickens; Morales
supone una disposición racial anglo-frar.cesa y
Smith lo hace ironista sobre, todas las cosas. Los
críticos suelen parecerse a los pitucos en eso de
no poder soportar ninguna presencia sin ponerse
a averiguar quién fue su abueliio. Pero además,
lo anotado sólo apunta al esfuerzo humorístico de
Don Eduardo. Y los auténticos humoristas pue­
den recibir todas las influencias que se quiera,
pero no provienen de ellas sino como el mar
provienen en alguna forma de los ríos que en él
desembocan. Esto es fácil de entender cuando se
entiende que el humorismo no es un género lite­
rario, sino una actitud vital; una fórmula personal
de enfoque esencial que una sistemática para ha­
cer sonreír. Gran parte de la culpa de que esto
no se entienda en seguida la tienen los festivos
que se asimilan a humoristas para darse corte y
com o lo hacen "por gracia” , muchos los dejan
hacer.
Además, en el conjunto de la obra escrita de
JT ilde, la humorística es tan sólo una pequeña
parte y hay que apreciar el total si se quiere
adivinar la influencia que sobre él ejerza. Hayuna influencia bien notoria pero no es literaria,
es de ambiente. El hace de W ilde un pragmático
en el m ejor sentido de la palabra; el panorama
del país le muestra que está todo por hacer, que
hay que hacerlo pronto y que los misoneístas se
van a oponer; entonces toda la obra se dirige
suasiva e insobornablemente en esa dirección; a
urgir la realización y a espantar al pacato, al te­
meroso y al conservador. No son pocas las pá­
ginas de IF ilde en las que se siente que su ánimo
no está impregnado de lo que afirma sino que.
tienden a conseguir un fin concreto. Por eso W il­
de es uno de los argentinos más serios como ar­
gentino. La seriedad — en el sentido de hacer
lo que se debe— y la patria en el sentido de
construirla; he ahí, a nuestro modo de ver, las
influencias que más poderosamente han pesado
sobre la obra de Wilde. No hacen falta otras a
los escritores del presente.

En

torno

a

las

L os pueblos, en el albor de su nacimiento,
por rara paradoja tienen un real sentido de
la vida heroica a la par que ética. Nombro
a Sarmiento; junto a él, anoto; Almafuerte.
Sarmiento, luchador imbatible, hombre de pe­
lea, de pluma como espada; Almafuerte, poeta
de las iras santas, ser de profecía, es decir,
de poesía.
Yo no sé cuánto vale la poética almafuertiana: alguna vez me lo he preguntado y he per­
mitido decirme que su lenguaje poético no es
rico, pero el poeta cantaba como el mar o e’
viento, rugiendo o exaltando a su “chusma” .
Estaba hecho de una pasta aguda y dura­
mente trabajada. Vivió la soledad de la cam­
paña bonaerense, habitó un miserable ranchito aun en La Plata, tuvo una agitada y tor­
mentosa existencia, vió muy de cerca y sintió
la miseria física y los sufrimientos moral:s,
estuvo por años desamparado, pero todo esto
no le impidió atacar a gobernantes y a malos
gobiernos causantes del dolor del pueblo. Su
voluntad y carácter emergían siempre inso­
bornables.
Anécdotas, muchas, dan cuenta de su tajante
vida. No admitía ni la hipocresía, ni el egoís­
mo, ni la petulancia, ni el engreimiento, ni la
cobardía, y hacía el bien por el bien mismo,
sin esperar recompensas. Era un rebelde tenaz;
su vida y su obra giran alrededor de tres o
cuatro conceptos fundamentales: el bien, el
mal. la virtud, la moral cristiana; una mtral
cristiana, esto sí. que nada sabe del olor de los
claustros monacales, ni de las perversiones ca­
tólicas. que combatía audazmente. •
Estas singularidades enumeradas bastan pa­
ra fijarlo, para hacerlo vivo para todos los
argentinos; poseía el ardor, el entusiasmo de
los prohombres de la patria: de los que sabían
jugarse.
A Almafuerte lo veo íntegro, como héroe ci­
vil, en esta anécdota que relataré:
Estaba Pedro B. Palacios de presidente de
un comité radical, en Trenque Lauquen, allá
por el noventa y tantos. Se hizo una elección
y pierde el partido de Palacios. Almafuerte
se queda solo a la puerta del comité, cuando
llega un paisano a caballo y le dice a boca de
jarro: “Ahí tienen lo que hemos ganado por
nombrar presidente del comité a un poeta”.
En eso venia a unas pocas cuadras una atro­
pellada multitud, dando vivas al partido ven­
cedor y mueras al del autor de “El Misionero”.
— Ahora Vd. me va a acompañar adonde yo
vaya, si e s . . . ” contestó resuelto Almafuerte.

influencias

crímenes de los campos de concentración, siente
cernirse sobre si la vergüenza que seguramente
pesará un tiempo sobre Alemania toda y asume
de buen grado una responsabilidad que a él no
le alcanza. Pensando en él me acuerdo de las
palabras de Antonio Machado: “ La verdad es que
Zaratustra. por su jactancia ético-biológica y por
su tono destemplado y violento, está pintiparado
para un puntapié en el bajo vientre que le obli­
gue a ceder el campo a otros maestros más hon­
damente humanos, que la misma Alemania puede
producir; a otros maestros que nos enseñen a
contemplar, a meditar, a renunciar” . ..
El puntapié proféticamente previsto ya está da­
do. Y muy bien puede completar el cuadro de
las previsiones el mismo Mann, con su llaneza
para hablar a los alemanes de los demás hom­
bres; con su dolor porque la nación alemana no
haya sido capaz de liberarse por sí sola de sus
tiranos, de su casticismo; con su humildad para
reconocerse, en tanto que alemán, defectos que a
él no le conciernen en tanto que hombre. En fin,
su libro “ Oid alemanes” 1 invita realmente a me­
ditar, a contemplar, a renunciar.
Quien así razona acerca de su desgraciado país,
sabe muy ciertamente que ser alemán es una de
las muchas formas de ser hombre; que ni Ale­
mania ni cualquier otro país puede pretender es­
tar sobre todos sin que todos, inmediatamente,
se nieguen a estar debajo. Y en definitiva, que la
idea nacional, concebida agresiva y polémicamen­
te lleva en germen su propia destrucción o la del
universo entero, en su incompatibilidad, (hipoté­
ticamente. en el supuesto de que Alemania hitle-

literarias

(continuacióni

rizada hubiese ganado la guerra), lo mismo que
la concepción del hombre aislado, sin influencias,
implica la negación del género humano. O lo que
es lo mismo, que el nacionalismo niega la idea de
nación en la misma medida y de la misma forma
que el individualismo destruye la misma noción
del individuo. Porque la última consecuencia de
un individualismo hipertrofiado habría de ser un
Hitler que atribuyéndose a sí# mismo todos los
derechos del individualismo, fatalmente los niega
a todos los demás mortales, porque su individua­
lidad es de tal especie, sin límite ni medida, que
excluye al género humano. Y a fuerza de no pa­
decer influencia ninguna y de ser enteramente
individualista y castizo, ha tenido que soportar el
citado puntapié en el bajo vientre para que los
demás individuos vuelvan a sentirse libremente en
posesión de su individualidad.
Le suplico, amigo Amorim, que me perdone
estas reflexiones acaso bien impertinentes al pro­
pósito de LATITUD. Pero confesada mi incom­
petencia en la cuestión que c usted y sus compa­
ñeros interesaba, me he permitido desquiciar el
tema hasta traerle a lo que he expuesto. Cosas,
seguramente, sabidas por lodo el mundo y por eso
mismo, creo, que están pidiendo a voces repeti­
ción. porque, como decía Unamuno, son de esas
olvidadas de puro sabidas. Así me parece que
ocurre con la de la absoluta originalidad, el indi­
vidualismo máximo y su colindante genialidad
casticista o tradicionalista. que de esa manera sue­
len definirse a sí mismas.
Le ?aluda muy afectuosamente su amigo
0)

9

E d ito ria l N o v a .

ROMUALDO

B RUGHETTI

.4 Imafaerte
Iteroe Civil
i/ poeta
Sube a un carruaje e invita al paisano, pidien­
do y obligando — bajo su responsabilidad— al
cochero, a dirigirse al encuentro de la colum­
na. Almafuerte, sin más arma que su varita de
bambú, el pecho descubierto, pasa en medio
de la manifestación, abre cancha y grita:
“ ¡Viva el Partido Radical!”
(Demás está decir que el paisano, no bien
vió semejante decisión, se alejó al galope. . . ) .
No se de quién, en nuestros tiempos y en
este país, se podría señalar un rasgo semejante.
•

CARLOS

S A N C HE Z

V IA.M ONTE

Esteban
Echeverría
E cheverría fué la cabal expresión de
su medio y de su tiempo. Siendo genuinamente criollo por su sensibilidad y por su carác­
ter. desempeñó junto con los demás hombres de
la generación del 37 la función de un viaducto
intelectual entre Europa y América. Estuvo en
contacto directo con los intelectuales franceses del
romanticismo y acogió con profunda simpatía la
influencia ideológica y literaria de sus líderes.
Su tono admonitorio y profético no era extraño
al fervor democrático de aquellos tiempos pero se
advierte en él la influencia de Lamennais que
hemos reencontrado recientemente en las ardien­
tes arengas pronunciadas en Buenos Aires por
el Rev. J. V. Ducatillon.
En cuanto a la ideología políticosocial que sir­
ve de fondo doctrinario al dogma socialista y que
da a la personalidad de Echeverría un relieve
cada día mayor, la influencia monitora debe ser
adjudicada a Saint-Simon y en mayor grado aún
a Tocqueville.
Lo fundamental del pensamiento de Echeverría
se halla, sin duda, en su definición de la demo­
cracia, a la que atribuye un claro contenido so­
cial. Esa definición termina con palabras que
Tocqueville escribió en un opúsculo en el que
expuso la síntesis de su gran obra La Democra­
cia en América. Dice Echeverría: “ La Democracia
no es una forma de gobierno, sino la esencia mis­
ma de todos los gobiernos republicanos, o insti­
tuidos por todos para el bien de la comunidad” ,
o de la Asociación.
“ La Democracia es el régimen de la libertad,
fundado sobre la igualdad de clases.
"Todas las asociaciones políticas modernas tien­
den a establecer la igualdad de clases, y puede
asegurarse, observando el movimiento progresivo
de las naciones europeas y americanas, «que el
desenvolvimiento gradual de la igualdad de cla­
ses. es una ley de la Providencia, pues reviste sus
principales caracteres; es universal, durable, se
substrae de día en día al poder humano, y todos
los acontecimientos y todos los hombres conspi­
ran sin saberlo a extenderla y afianzarla» (Toc­
queville ) .
Entre las piezas de un abundante epistolario
que poseo, se baila una carta dirigida a Esteban
Echeverría, desde París, con fecha abril 1*? de
1845, por Gervasio A. Posadas (hijo del Director
Supremo) y en ella le expresa su opinión de que
el Manifiesto de la democracia pacífica, de Víctor
de Considerant parece un plagio de El Dogma
que. sin duda, era conocido en ciertos círculos
intelectuales parisienses.
No está demás recordar que no falta quien con­
sidere que el manifiesto de Considerant constitu­
ye el antecedente directo del manifiesto comunista
rdactado por Marx y Engels a comienzos de 1848.
g

steba .n

�Vida y muerte
de Leopoldo

estos grandes y fecundos acontecimientos, Lugones
se colocó en actitud de adversario. Individualista
y solitario, se dedicó a su arte literario. De aque­
llos años datan sus mejores obras. Trabajador in­
signe, hizo incursiones mentales a otros campos que
el puramente literario. Estudió matemáticas, cien­
cias naturales, filología, filosofía, etc. Y en todos
ellos brilló con luz propia. Asimismo simpatizó
con los aliados en la Gran Guerra. Pronto se hizo
un apasionado y activo aliadófilo y antiprusiano.
Habló y escribió en favor de los aliados a quienes
identificó con la Democracia, y combatió rudamen­
te a Alemania por ser patria del socialismo. Lugo­
nes, oponia, entonces, la Democracia al socialismo.
Para él, la primera significaba la libertad, el se­
gundo la dictadura. Luego cambió radicalmente
de concepto.

por ENRIQUE DICKMANN
T T

onda

impresión

me produjo la trágica

-■-X desaparición de Leopoldo Lugones.
Colocados, política e ideológicamente, en po­
los opuestos, tenia, asimismo, por Lugones, una
consideración

especial:

la consideración

que

se tiene por los robustos talentos sinceramen­
te equivocados.
En tiempos lejanos —-si tiempos lejanos puede
haber en la breve vida de un hombre— tuve admi­
ración por el gran poeta y vigoroso prosista de
aquel entonces. Pronto cultivamos estrecha y cor­
dial amistad. Ello se remonta a más de cuatro
décadas. Salimos del mismo punto de partida; la
rebeldía juvenil contra el orden social existente,
contra la injusticia, contra la mentira y contra la
fealdad. Pero, quiso el destino que nuestros cami­
nos fueran divergentes. Yo quedé en la línea. Leo­
poldo Lugones marchó en la vida ideológica en
zig-zag. Luego viró en redondo. De la extrema
izquierda pasó a la extrema derecha. Yo quedé
donde estaba siempre: en el centro del Partido So­
cialista. Cortamos nuestra amistad, pero no inte­
rrumpimos nuestra mutua consideración. Lo con­
sideraba sincero en el error; no por ello el error
dejaba de ser grave y fatal. Yo denunciaba y re­
pudiaba los tremendos errores políticos e ideológicos
de Lugones, pero respetaba al hombre. Era un
singular ejemplar humano: mezcla de luz y de
sombra, de grandeza y de miseria, de virtudes y
de flaquezas. Cultivaba la paradoja: libaba sil
néctar y tragaba su acibar. En los últimos años
sus trabajos literarios y sociológicos eran abomina­
bles, no por su forma sino por su fondo. Eran la
negación de sus sentimientos y pensamientos ante­
riores. Yo los leía, y me causaban pena y dolor.
Decía para mis adentros: ¡Qué ¿norme talento ma­
logrado !
Frente a su trágica muerte —que puede significar
arrepentimiento y purificación— evoco las palabras
que Shakespeare pone en boca de Marco Bruto
frente al cadáver de Julio César: “ Porque fué mi
amigo, lo lloro. Porque afortunado fué, lo celebro;
porque fué valiente, lo honro; porque fué ambicioso
lo maté. Lágrimas tuve para su amistad; regocijo
para sus triunfos; encomios para su valor, y muerte
para su ambición". Leopoldo Lugones no fué muer­
to como Julio César, sino murió por su propia y
deliberada voluntad. En el fondo de mi corazón
conservo para él un recuerdo cariñoso, recuerdo
que viene de lejos y tiene hondas raíces. Otros
analizarán su obra literaria y artística; yo evoco
lejanas reminiscencias de un pasado común y cer­
canos recuerdos de opuestos modos de sentir y
de pensar.
Conocí a Leopoldo Lugones a mediados de 1895
A poco de llegar del campo, fui invitado a una
reunión de jóvenes en la pieza del practicante José
Ingenieros, en la Cruz Roja, sito calle San José 18.
Ha sido en el balbuceo del movimiento obrero y
socialista argentino. ¡Qué tiempos heroicos fueron
Ruellos! Yo llegaba de la campiña entrerriana,
abandonando la chacra de inmigrante para iniciar
mi carrera universitaria; y Lugones llegaba de la
campiña cordobesa y santiagueña, abandonando su
solar de pura cepa criolla para abrirse camino en
el mundo periodístico y literario. En aquella reu­
nión de media docena de jóvenes se charlaba, se
mateaba y se fumaba. Eramos unos grandes discutidores. Se discutía sobre Speneer. Darwin, Comte.
Kant. Nietzche, Marx, Engels, etc. Me impresiona­
ron entonces la singular vivacidad y la inteligencia
brillante de Pepe Ingenieros, y el vigor y la ro­
bustez del talento de Lugones. Don Leopoldo —co ­
mo lo llamábamos—, hablaba como quien tiene
autoridad: en palabras enérgicas, en frases rotun­
das, en sentencias lapidarias. Yo, el más ignaro de
todos, empece a admirar a aquel grupo de jóvenes
y sobre todo a Ingenieros y a Lugones. más al
segundo que al primero.
Todos militábamos en el naciente Partido Socia­
lista fundado por el doctor Juan B. Justo.
El 19 de Mayo de 1896, en una reunión organi­
zada por los socialistas, en el Club Vorwaert calle
Rincón 1141, para celebrar la fiesta del trabajo,
hablamos Payró, Lugones y yo. La concurrencia
era muy pequeña, pero la oratoria fué abundante,
exaltada y ardiente. El discurso de Lugones fué
en extremo revolucionario: contra la burguesía y
el Estado. Discurso vigoroso de forma y tremebun­
do de fondo, que impresionó profundamente al
reducido pero entusiasta auditorio. El está publi­
cado íntegramente en La Vanguardia de aquel en­
tonces, y cuya lectura recomiendo a los que quieren
estudiar la compleja personalidad de Leopoldo Lu­
gones y sus ulteriores desarrollo y cambios políticos
e ideológicos.
Pronto Lugones tuvo su primera dificultad en el
Partido Socialista. En 1896, llegó a Buenos Aires
el príncipe de Saboya. El temperamento literario
y estético de Lugones lo impulsó a la admiración
de la realeza. Y escribió un articulo ditirámbico
para el príncipe italiano, en el diario “El Tiempo” ,
dirigido por Carlos Vega Belgrano. Le contestó
Domingo Risso. el eximio traductor de los poemas
de Carducci, denunciando el peligro socialista de
una literatura bombástica y ditirámbica para la

Finalizada la guerra y producida la revolución
rusa, Lugones simpatizó con ella. Durante algún
tiempo se inclinó ante el bolchevismo triunfante.
Lenin y Trotzky fueron santos de su devoción.
Pero, esta su nueva actitud duró también poco.
Benito Mussolini y su fascismo conquistaron a Lu­
gones, y a igual del poeta italiano Gabriel D’Annunzio, el poeta argentino Leopoldo Lugones se hizo
ardiente adepto de la nueva doctrina político-social,
reaccionaria y dictatorial. Renegó de su pasado
laico, liberal, democrático y socialista; y proclamó
“ la hora de la espada". Fué el iniciador del movi­
miento fascista en la Argentina, con sus confe­
rencias en el Teatro Coliseo.

monarquía y los monarcas. En la polémica que se
produjo alrededor de ese episodio, Lugones no sa­
lió vencedor. El Partido Socialista censuró su
actitud.
La consecuencia de ello fué una inclinación ma­
yor de Lugones hacia el extremismo revolucionario.
En 1897, él e Ingenieros fundan el periódico socia­
lista revolucionario “ La Montaña", que empezó fe ­
chando su primer número por el calendario de la
revolución francesa.
Lugones e Ingenieros dierpn a su periódico un
tono de rojo violento. Eximio desde el punto de
vista literario, escrito en una prosa virulenta pero
no procaz, matizado de versos de un vigor inusita­
do. los dos jóvenes escritores denunciaron a la bur­
guesía y a sus puntales —el Estado, el Ejército y
la Iglesia— en una forma atroz. Para Leopoldo
Lugones, la burguesía era la más cabal expresión
de la brutalidad, grosería, ignorancia y bajos ape­
titos. El burgués era un ente grotesco, chato, sen­
sual, brutal y antiestético. El Estado era el comité
ejecutivo de la burguesía. El ejército, sus lacayos;
y la iglesia, la prostituta que vende sus favores al
mejor postor. La prosa y los versos de Lugones,
publicados en “ La Montaña", fueron una tremenda
requisitoria contra la actual organización social de
la sociedad. Asombra y desconcierta su lectura.
Traducen temperamentos vigorosos, pero negativos
y destructivos. _ A los pocos meses, y por razones
obvias, el periódico dejó de aparecer.

Factor muy activo en la gestación y realización
de la revolución del 6 de Septiembre de 1930, per­
teneció al grupo áulico de los consejeros del dic­
tador Uriburu. Proclamó la reforma, por cualquier
medio, de la Constitución democrática, para trans­
formar el pais en un régimen corporativo. En su
edad provecta, Lugones abrazó el fascismo con el
mismo entusiasmo y ardor; como abrazara, en su
juventud, el socialismo revolucionario. Lugones
nunca fué hombre de términos medios. Su tempementó se regia por el concepto de “ todo o nada".
Así se explica su transición ideológica de la extre­
ma izquierda a la extrema derecha; su irreductible
oposición a las ideas e ideales democráticos y so­
cialistas que con tanto fervor profesaba en su
juventud.
Me encontré con Leopoldo Lugones pocos meses
antes de su muerte, después de no vernos durante
casi cuatro décadas. Esta vez fué también a invi­
tación de un grupo de jóvenes. Un núcleo de escri­
tores e intelectuales israelitas se propusieron orga­
nizar un movimiento contra el antisemitismo, y
entre los invitados a la reunión figuraba Lugones
y yo. Nuestro encuentro fué sencillo y cordial, con
un fuerte y afectuoso apretón de maños. Como si
nos hubiéramos visto la víspera. Coincidimos sobre
el absurdo y la monstruosidad del antisemitismo, y
coincidimos también que la Argentina no era tierra
propicia para este mórbido y exótico movimiento.
No abordamos otros temas, y nos despedimos cor­
dial y afectuosamente.

Militante activo del Partido Socialista, orador y
escritor, Lugones reprochó al mismo su aburguesamiento y su _ actitud reformista. Lo encontraba
débil en la acción y acomodaticio en el pensamiento.
Y como no pudo modificar su estructura interna
resolvió fundar otro partido socialista revolucio­
nario; y lo consiguió en 1899, fundando la Fede­
ración Socialista de Barracas.
Es un episodio muy curioso, por ser la primera
escisión que soportó el Partido Socialista en la
Argentina; escisión encabezada por Leopoldo Lu­
gones.
Para atraer adeptos a su nueva agrupación so­
cialista revolucionaria, Lugones me escribió la si­
guiente esquela, que conservo en mi archivo: “ Es­
timado compañero: —si quiere venirse el sábado
a la noche por esta su casa (Hornos N9 1094), per­
derá un poco el tiempo, agradablemente me ima­
gino, y oirá una cosa que reputa agradable su
affmo. compañero y amigo, L. Lugones 26 de
abril — 99” .
Concurrí a la reunión, encontrándome con un
grupo de jóvenes como en 1895. como en la pieza
del practicante Ingenieros en la Cruz Roja. No doy
sus nombres, porque algunos de ellos viven aun, y
temerla comprometer su envidiable posición políti­
ca y social.
Lugones quiso convencerme de la necesidad de
la nueva agrupación revolucionaria y atraerme a
sus filas. Yo era, en aquel entonces, estudiante de
medicina y ya activo militante socialista. No me
dejé impresionar ni convencer por la pretendida
nueva ideología. Le dije que dentro del Partido
Socialista cabían todas las modificaciones de esta­
tuto, programa y declaración de principios; pero
que toda actitud fuera de él, yo consideraba una
traición. Nos separamos, para no encontrarnos más
en una conversación téte a téte, hasta pocos meses
antes de su muerte. Encuentro que luego referiré.
La Federación Socialista fundada por Lugones
vegetó un par de anos. El Centro Socialista de Ba­
rracas retomó, en 1902, al Partido Socialista. Leo­
poldo Lugones quedó fuera del partido, para no
volver más a sus filas; y para colocarse poco a
poco frente a él en una actitud irreductible no
solo contra el Partido Socialista de la Argentina,
sino contra el socialismo en general.

A comienzos del siglo en que vivimos, el presi­
dente Julio A. Roca nombró a Leopoldo Lugones
inspector de Enseñanza Secundaria v Normal fun­
ción que desempeñó algunos años, llegando a ser
inspector general de la misma. Partidario de la
candidatura de Manuel Quintana para presidente
de la República, pronunció, en 1904, una conferen­
cia a su favor en el teatro Victoria. Asistí a ella
en compañía de algunos otros socialistas. Nos in­
teresaba escuchar a un socialista revolucionario
apoyando una candidatura presidencial típicamente
oligárquica. La síntesis de la conferencia fué la
vuelta del orador del país de Utopía y su retorno
al país de la Realidad; y que habiendo encontrado
al hombre que él buscaba, y que el país necesitaba
había apagado su linterna! ¡Linterna simbólica!
luz interna del Ideal que alumbra el camino de los
mortales; y. que apagada, deja el espíritu en tinie­
blas, y el rumbo de la vida se hace tortuoso e
incierto!
El oficialismo de Lugones duró poco. Con la
muerte de Quintana, a principios del año 1906 y
el advenimiento a la presidencia de Figueroa Al­
cona, Lugones se hizo opositor terrible de éste.
Desde "El Diario", del entonces senador Manuel
Lainez, Lugones bombardeó, a editorial diario, al
presidente Figueroa. ¡Editoriales tremebundos ’ de
prosa maciza como catapultas!
Vino luego la nueva era de Sáenz Peña, el ejer­
cicio del sufragio universal, la derrota de la oli­
garquía, el advenimiento del radicalismo al gobier­
no, la expansión del socialismo. Frente a todos
10

•
Por un complejo de amargura y decepción. Leo­
poldo Lugones abandonó este valle de lágrimas,
deliberada y voluntariamente. ¡Tremenda decisión!
¿Qué honda crisis mental y moral trabajaría úl­
timamente su espíritu impresionable y cambiable?
No es el caso de discurrir sobre si el suicidio es
un acto de fuerza o de debilidad, un gesto de valor
o de cobardía. Es una terrible realidad. No se
suicida, como no mata, el que quiere, sino el que
puede. _ Lugones. a pesar de su neocristianismo.
prefirió el método pagano de auto-eliminación.
Su vida y su muerte es una tremenda lección de
cosas. Y porque murió pobre, por no haber sido
venal; y porque lo he creído siempre sincero en
el error —grave y fatal error— honro su memoria
con esta nota leal y sincera, producto de una
consideración personal nunca extinguida.
Leopoldo Lugones fué, en vida, un grande y robusto talento verbal, rayano a veces en el genio.
Sus magníficos versos y poemas son obra de un
gran poeta, su prosa maciza y tajante traduce a un
escritor excepcionalmente vigoroso. Fué un eximio
esteta, pero mal pensador y peor político. Lo atraía
y encantaba el bello gesto, pero no la obra lenta
y fundamental. Impaciente, anhelaba lo que no
podía conseguir: y desdeñaba lo que estaba al
alcance de su mano.
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brillante juventud, si hubiera sido fiel a las ideas
e ideales por él entonces abrazados, si hubiera
puesto su vigorosa inteligencia, su brillante pluma
y su robusto verbo al servicio del pueblo laborioso
que el admiraba en sus primeros pasos en la vida:
i
^r.an escritor y qué magnífico orador hubiera
tenido la democracia y el socialismo en la Argen­
tina. Hubiera sido un par entre pares de los poetasc J escritores del mundo: poeta, hubiera sido igual
a Sheiiey y Byron; escritor, igual a Víctor Hugo y
Lmu10 Zola Pero, los dioses torcieron su destino,
i .Tremendo dolor! La línea de su vida se ha queorado. Su pensamiento y acción se tornaron en un
cambio perpetuo de actitudes y gestos. De socialista revolucionario se torna fascista reaccionario;
de librepensador, ateo y pagano, se convierte en
cristiano, pero no en lo que este tiene de eterno y
universal, sino en lo que tiene de dogmático y es, catTollcls™&gt; romano. ¡Qué gran talento
y1 f a t a ¡ ? ° ¿L° redimirá su último gesto simbólico
su va a

"T Juventua argentina de dolorosa y fecunda
d&gt;fía^ OS.aSo=y la&lt; f nseñe lo qne n o 's e puede
haceI ' Sl asi fuera, la voluntaria inmola“ ° “ „ d.el P°eta. serla útil; su dolor, fecundo. Así
como ia crueificcion de Cristo fué un acto de reP®,ra, los demas. la muerte de Leopoldo
ri»g» r r » ^ f de S.er u" acto de Pr°P‘a redención:
de arrepentimiento y de purificación. ¡Es mi ar­
diente deseo que así sea!
geP !° .y, el talento son regalos de la vida que
™
° ? ,S alcanzan. Y el genio y el talento
?o nna irlo L feC“ ndos cuando sirven a la vida en
al
V'en,e d« mas alto y noble: cuando sirven
? e, H,.Justicia, de la Razón, de La Berinía inmortal. Si asi no sucede los dioses castigan
eeí
‘ ^placablemente a los mortales que infrin­
gen sus leyes inflexibles y eternas.
Febrero, 1938.

�muerte del inoculado, ya con menos virulencia. ¿No
exagerarán nuestros hombres de ciencia, al sostener
que contra el Virus 33 no hay cañón, ni bomba, ni
lanzallamas, ni atomismos que valga? Una vez más
es conveniente repetir: al pueblo le funciona el
cerebro y las guerras nunca se ganan con explosi­
vos, porque los explosivos tienen un revés como
los naipes...
(De “ Latitud” , 25 de julio de 1981).

trastienda
por LA ZA R O

TEMAS PROPUESTOS
La Direción de LETRAS propone tres temas
a los autores jóvenes que estén dispuestos a cola­
borar en LATITUD. La publicación de cualquie­
ra de los artículos que se nos envíen autoriza
a hacer efectiva la suma de cincuenta pesos en
nuestra administración.
Los temas son los siguientes:
EL

P E S IM IS M O

EN
LAS

LA

EL A M O R

EN

¿P U ED EN

GO BERN AR

N O V ELA

C A N C IO N E S
LO S

C R IO L L A .
PO PU LA R ES

IN T E L E C T U A L E S ?

NO TE M E T A S ...
Los más notables escritores del mundo participan
en forma activa en la política y en las restantes
actividades de la sociedad a que pertenecen. Abs­
tenerse cuando las garantías constitucionales ase­
guran la libertad de pensamiento resulta una idea
suicida. Actualmente intervienen en la vida de sus
pueblos los siguientes escritores:
ESTADOS UNIDOS: MacLeich.
CHILE: Pablo Neruda.
VENEZUELA: Rómulo Gallegos.
COLOMBIA: Gustavo Santos y Sanin Cano.
URUGUAY: Jesualdo.
CUBA: Jorge Mañac.
ARGENTINA: Ataliva Herrera.
Es curioso comparar los nombres de los presiden­
tes de los PEN Clubs. Jules Romain preside en el
orden Internacional. Wells, el Pen Club de Londres.
Paul Valery, el de París. El de Buenos Aires, acaba
de elegir, después de doce años de permanecer en
ese puesto, a Antonio Aita. Como puede verse, la
actividad de los escritores en todas partes del mun­
do no es de prescindencia cuando se trata de sus
vitales intereses. La prudente "política” de los
apolíticos argentinos, cumple al pie de la letra la
observación de Keyserling: “ No te metás” . Cuando
se escriba la historia de estos momentos de profun­
da significación para la inteligencia, se nos podrán
hacer serios reproches por nuestra insólita tole­
rancia.

R IE T

LAS DOS PROCLAMAS
Para la defensa de Hungría se lanzó la siguiente
proclama, cuyo texto apareció en volantes y en
periódicos:
“ ¡Campesinos de Hungría'.... ¡Obreros de nuestras
fábricas!... ¡Estudiantes!... ¡Salid a los caminos a
defender vuestro suelo! Agrupaos en las encruci­
jadas... ¡Levantad barricadas que el invasor se
acerca!”
La otra proclama, también ‘ patriótica” , que se­
gún nuestras informaciones rodó por las calles de
la capital, decía así:
“ Latifundistas de Hungría, terrantenientes, ban­
queros! Apostaos en las puertas de vuestros des­
pachos... Haced de cada bufet un cantón... ¡De­
fended vuestra comodidad!... ¡Luchad por vuestra
pitanza!.. . ”

LOS ROSTROS PALIDOS
No es el titulo de una película, ni siquiera de
una novela radial. Es el rótulo que se le quiere
dar a cierta gentecita que anda por ahí, contenida,
especiante, pacata. Rostros pálidos en el seno de
la familia (¿por qué no se van un poquito al cam­
po?) Rostros pálidos, en las revistas literarias (¿a
qué tanta evasión. tanto miedo. tanto sacarle el
cuerpo a la actualidad del país?) Rostros pálidos.
en los banquetes, (¿para qué se reúnen ustedes, si
digieren tan mal que resultan un espectáculo de
dificultades gastrointestinales? ¿Por qué no beben
alcohol en abundancia 4 .le una vez por todas, para
probar las violencias de los estimulantes?) Rostros
pálidos en los periódicos, (¿por qué no dejan en
paz las transcripciones de los corresponsales y dicen
lo que piensan?) Rostros pálidos en el teatro,
(¿por qué buscan la risa, por qué insisten en la
chabacanería? Acaso no les daría plata —si es esto
lo que buscan— escribiendo obras con algún con­
tenido?) Rostros pálidos en el cine, rostros pálidos
en los cafés, rostros pálidos en las canchas de fútblo, rostros pálidos en la política, exangües ciuda­
danos de un tiempo criollo sin heroísmo.

FASCISMO ES LO QUE LIM ITA. ¿QUE ATRACTIYO, POR LO TANTO, PO DRIA OFRECER
A UN INTELECTUAL SIENDO ESTE ENEMI­
GO DE LOS LIMITES?
JEAN CASSOU
(Examen de conciencia del intelectual)

VOCABULARIO BELICO
1914 - 18

1 9 39-45

Sin novedad en el fren­
Racismo
te
Coventrizar
Trinchera
Quinta columna
Cruz de palo
Campos de con cen tra ­
Línea Maginot
ción
Kn klux klan
Gestapo
Kulak
Gauleiters
Pogrom
Duce
Espacio Vital
Fuehrer
Madelón
Falangismo
Sisteme D.
División Azul
Boche
Vichy
Estos ascos de la derecha —a mano derecha—
terminaron gracias a la intervención de estas me­
morables palabras:

EL P .E .N . C lu b ¿ e s a n tin a z i ?
¿Qué pretende el Pen Club de Buenos Aires al
mantenerse ajeno a las manifestaciones de grupos
calificados, de sociedades y asociaciones que se ma­
nifiestan en contra de la anormalidad en que se
desarrolla el país? Creemos que el Pen Club se ha
caracterizado por su posición liberal en todos los
congresos que ha llevado a cabo. Resulta extraño
que se haya negado a firmar un manifiesto que
agrupa la totalidad de las instituciones libres. So­
bre todo contando entre los miembros de la comi­
sión directiva a algunos escritores de conocida beli­
gerancia antinazi. ¿Qué se pretende con semejante
hostilidad?

Radar
La R .F .A
Bolsones
Jeep
Punta de lanza
Cabecera de puente
Mosquitos
Superfortalezas
Les maquis
Postdam
T .N .T .
y la señorita Atómica.

VENERABLE VALERY

S O L IC IT A D A
“ Buenos Aires, julio 3 de 1945.
Señor Director del Museo Provincial de Bellas
Artes, don Emilio Pettoruti. — La Plata.
Estimado amigo:
Lamentamos profundamente tener que dirigirnos
a Vd. para comunicarle nuestra decisión de no con­
tinuar el desarrollo del ciclo de conferencias que
acordamos dictar en ese Museo dentro del plan
cultural del corriente año. Pasamos a explicar a
Vd. las razones que motivan esta actitud.
Cuando a fines del año pasado, nos formuló Vd.
que dirige, la aceptamos como acto de solidaridad
su invitación a ocupar la tribuna de la institución
personal y artística con Vd. y con la obra de cultura
que viene desarrollando a través del Museo desde
hace quince años. Pero ya iniciado el ciclo con la
participación de algunos de nosotros, se ha aludido
a nuestra actitud, en círculos oficiales y extraofi­
ciales, en forma tal que nuestro acto de solidaridad
personal con Vd. puede ser interpretado por la opi­
nión pública como un gesto de adhesión al estado
de cosas imperante. Tal interpretación contraría
nuestra posición frente a los problemas públicos.
Quienes hemos pronunciado ya nuestras confe­
rencias, lamentamos haberlo hecho y quienes no las
hemos pronunciado aún, rogamos a Vd. quiera con­
siderarnos desligados de nuestro compromiso.
Mantendremos esta actitud mientras subsista en
el país la actual suspensión de las tradicionales
libertades argentinas y no se devuelva a la Repú­
blica el goce de los principios de tolerancia mutua
y respeto de la dignidad ciudadana sin cuya vigen­
cia la salud de la patria es imposible.
Saludamos a Vd. con nuestra amistad de siempre.
Leónidas Barletta, Mane Bernardo, Arturo
Cerretani, Córdova Iturburu, Alfredo de
la Guardia, Jorge D’Urbano, Gilardo Gilardi, María Rosa Oliver, Jorge Romero Brest,
Juan S. Valmaggia, Javier Villafañe.

EL VIRUS 33
i Tierna ingenuidad la de nuestros abuelos cuando
en aquel agosto de 1945 los cronistas decían que
“ les faltaban palabras para describir el horror de
la bomba atómica” . El radio de acción del “ mons­
truo” ponía los pelos de punta a los habitantes de
las islas japonesas. Las descripciones que se pue­
den leer en las colecciones de los diarios de la
época, son objeto de regocijo de los muchachos de
hoy. Aquellos ilusos de 1945 creyeron que las gue­
rras se ganarían con bombas atómicas! En 1910, mi
bisabuelo escribió un pintoresco artículo en “El
Globo” , anunciando el fin del mundo porque la
gente se lanzaba a la velocidad increíble de 120 kiló­
metros a la hora. ¡Quién iba a decirles que ni el
maquinismo ni las bombas atómicas significaron
nada en el curso de las guerras! Los inventos fabu­
losos resultaron una bicoca. La bomba atómica
aplicada a la industria terminó con un régimen que
hacía del hombre un esclavo. Pero no pasó de allí.
Ahora nos preguntamos: ¿no será una exageración
de nuestro tiempo el atribuirle tanta importancia al
Virus 33? El sabio nazi que lo elabora, asegura su
filtrabilidad y se cree en Alemania que puede cretinizar, nazificar a todo hombre no mayor de 33
años. Las experiencias realizadas en el Congo dan
un resultado sorprendente. El Virus 33 se inocula
desde una distancia de 1120 kilómetros. El sujeto
no advierte su introducción. Acciona hasta la edad
de 33 años y puede proyectarse luego, hasta la

O í. un griego ejemplar, un artífice inigualado
^ que en su “ torre de marfil" escribía para la
eternidad. Sí, el más asombroso rigor en su pa­
labra, la poesía quintaesenciada, purísima, inma­
terial. El pensador sin prisa, el reposado filósofo,
la augusta serenidad del esteta. Pero, además,
que se enteren los destemplados, los que preten­
den vivir fuera de la realidad, en “ ebúrneas”
chozas de barro, que Paul Valery fue el activo
redactor de la prensa clandestina, el sueltista de
los periódicos de la resistencia, el Hombre, en
suma, cuyo pensamiento ardió en las imprentas
a oscuras, montadas por los heroicos maquis.
En el solemne cortejo que conducirá sus res­
tos al Panteón a la sombra de los altos honores
se verá la presencia del más humilde de los
soldados del pueblo.
Magnífico escritor, venerable ciudadano que no
olvidarán los obreros de la Libertad.

H

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S

Para evitar esto . . .

T

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E

T

A

G

R

A

Conviene adelantarse . . .

F

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v execrar . . .
Í106E P&amp;OHIRE

...c o n t ie n e n c a b e llo s co rta d o s a 1 5 0.000 m u je re s, m u e rta s
en un cam po de c o n ce n tra ció n d e A le m a n ia . . . “ Y lo s c a ­
b e llo s

e ra n

u tiliz a d o s

en

la

fa b ric a c ió n

de

p a n t a lla s " .

E H R EN B U R G

11

�“ O’NEILL” . EL HOMBRE Y SU OBRA” , por Barret H. Clark. Editorial "Nova” . Buenos Aires.
T A obra de O’Neill dará motivo a múltiples aná■*-' Usis cuando se la enfoque desde los ángulos que
reclama la actualización de sus intenciones. El
teatro de O’Neill será inagotable como tema crítico.
Es, hoy día, el teatro más vigoroso de la escena
mundial.
La editorial Nova, en una cuidada edición de las
que no son muy frecuentes en nuestro medio, y
gracias a una ajustada traducción del señor Manuel
Barberá, entrega al público argentino una tentativa
de biografía a la par que una interpretación de la
obra del gran autor americano. La firma B. H.
Clark. El critico yanqui está autorizado para una
apreciación ponderada de su amigo, pero esta con­
dición quizás lo coloque en un plano difícil para
ahincar en la persona, en el personaje turbulento y
extraño que hay en O’Neill. En cada página se
adivinan prudentes reservas. Es curioso observar
cómo la obra de los grandes autores contemporá­
neos (creemos que también los de cualquier tiempo)
está condicionada a su modo de vivir. O’Neill, que
fué marinero y cargador y cuidador de muías y
que practicó mil oficios, deja en trance de dudas
al escritor de vida reposada, tranquila, burocrática,
rutinaria. ¿Qué se puede esperar de esos “ rostros
pálidos” que andan por la literatura, por la nuestra
en particular? Mientras un Malraux vuela sobre
los campos de batalla y un Cremieux se expone a
la muerte y la logra ejemplar en un campo de
concentración, por el mundo literario circulan los
escritores cuya obra es un minucioso ejercicio men­
tal. O’Neill entró en la vida como un minero. Su
obra es la resultante de ese contacto violento con
la existencia. Por eso será perdurable, por eso
motiva estos libros y muchos otros que sobre él se
escribirán en el correr de los tiempos.
De los estudios que Clark propone de las piezas
de O’Neill, ninguno nos ha parecido tan ligero c o ­
mo la interpretación que nos da de “ Deseo bajo los
olmos” . Interesado en la trama, el crítico americano
descuida el examen del contenido social del drama.
La posesión de la tierra, el sentido de la propie­
dad. encienden la tragedia. La avaricia mueve a
los seres y el asunto pasional se explica tan sólo
por la gravedad de un sistema que engendra la
maldad, el odio y la miseria moral. Barret H. Clark
dice que “ en esta obra sondea los abismos. Se
pone de cara a la vida con valentía y entereza” .
Es bien poco, porque hay algo de más capital
importancia en la obra. Hay una crítica social de
tremendo contenido. Más adelante dice: “ esta gente
(al revés que la gente de la vida diaria) es cruel
y avariciosa” . Creemos que en la exageración está
la magnitud de tal obra, pero sus personajes no
son el revés de la gente de la vida diaria. Es la
vida diaria misma con su régimen sórdido de la
propiedad. O’Neill la magnifica, nada más.
En general, el análisis del critico americano no
es sostenidamente agudo. Pero tiene vigor y valor
informativo. Grabados y anecdotario hacen de esta
obra un libro muy útil para el conocimiento del
teatro de O’Neill.
L. R
"ENSAYOS DE POESIA LIRICA” , por J. R. Wilcock. Buenos Aires.
C » infrecuente es el misterio de la creación poéJ tica, más extraño aún su alcance, más raro su
hallazgo cuando un afán loable induce a la bús­
queda de una depurada, exacta arquitectura de las
formas.
Lograda está en la poesía de Wilcock la difícil
conjunción, airosamente, sin que resten señales del
esfuerzo ni la menoscabe un estéril virtuosismo.
Acendrada voz la suya, de sugerencias perdura­
bles, intimista y honda, evoca de algún modo la
lírica de Luis Cemuda, aunque tal proximidad no
supone una identificación inexistente, que el poeta
domina sus partculares medios expresivos y es
dueño ya de un peculiar acento.
Esperemos un destino nada común para un autor
cuyo primer volumen ofrece generosamente tan
singulares valores.
H. C.

“ RAZON DEL MUNDO” , por Francisco Ayala. Edi­
torial Losada, 1944.
F STE libro pretende justificar la teoría de la írresponsabilidad edl intelectual: la teoría de la
evasión, de su fuga, de la imposible ruptura de sus
vínculos sociales. Ya se sabe en qué consiste en
rreno filosófico, recordemos la “ neutralidad” social
el fondo, toda “ neutralidad” : sin salimos del tede toda ética; la "neutralidad" gnoseológica e his­
tórica de la axiología (que así disfraza toda estimatiya parcial): la "neutralidad” metafísica del
positivismo (que encubría ingenuos principios metafísicos): la “ neutralidad” gnoseológica del Circulo
de V;ena (que lleva implícito el solipsismo de
Mach); la "neutralidad” metafísica y religiosa del
agnosticismo inglés (que deja la puerta abierta a
la metafísica y al fideísmo): la “ neutralidad” de
la teoría de Kelsen (que tan bien se presta a
consagrar toda situación de facto) la “ neutralidad”
política del existencialismo (que no alcanza a en­
cubrir su esencia inhumana y deshumanizada)
Pensemos en la “ neutralidad” , en la perfecta
"aislación” , en la absoluta “ autonomia” de cual­
quier cosa (con la excepción trivial de la totalidad
del universo): de cualquiera de los entes del uni­
verso, todos ellos en constante interacción, en mutua
dependencia, en inescindible unidad dinámica. Pen­
semos, en particular, en el conjunto de la actividad
humana en el conjunto de la civilización y de la
cultura: ¿es posible aislar, sin lesionar la unidad
orgánica total, cualquiera de los aspectos de este
todo? Un sociólogo de verdad —y el Dr. Ayala se
especializa en sociología— no puede intentarlo por­
que sabe de antemano, o debiera saberlo, que asi
consumaría un fraude intelectual. Y un filósofo
—y el Dr. Ayala se interesa por la filosofía—, cual­
quiera que sea su posición, no puede fragmentar
consciente y honestamente el universo de los ob­
jetos de su meditación: puede hacerlo provisoria­
mente, en cumplimiento de preceptos metodológi­
cos: pudo hacerlo en los tiempos de Leíbniz; pero
hoy, en el siglo XX. no puede proclamar el aisla­
miento real o posible y de principio de ninguna
de las "esferas" reales o ideales en que idealmente

X ilo g r o f ía

de

F. M a se re e l

e sca p a ra te

“ EL GAUCHO NUSEZ” , de Enrique Mouliá. Entre
Rios tiene un nuevo novelista. Su búsqueda por
los senderos de una expresión nacional ya se ha
perfilado en otras obras de este narrador, que es
vigoroso y no aparece despreocupado de los grandes
problemas que se exponen a la consideración de los
escritores con inquietudes.
“ LOS DIAS DE LA GUERRA MUNDIAL” , por
Lázaro Riet. La contienda que acaba de terminar
con las banderas de las Naciones Unidas enarbo­
ladas en los mástiles donde flameaba la cruz eswástica, tiene una guía minuciosa en esta recopi­
lación de telegramas confeccionada con un sentido
muy agudo y oportuno. La memoria no ha podido
retener muchos de aparente intranscendencia. “Los
dias de la guerra mundial” es un libro útil para los
periodistas, para los futuros historiadores y para
los que quieran conservar un vivo recuerdo de esta
guerra. Libro de consulta, libro de documentación
y libro de interesante estructura a un tiempo, ha
sido recibido con interés, y su trayectoria, que
abarca desde el primer día de la guerra hasta la
caída de Berlín, lo coloca entre los más originales
que se han publicado últimamente.
C. M.

LIBROS DEL MES
descompone el “ gran todo". Si lo hace en serio o
es deshonesto o es tonto. En cuanto al Sr Ayala
no parece tener pelo de tonto.
Desde luego, no se trata de “ echarles la culpa”
ae todas las calamidades a los Intelectuales: en su
afan por justificar su posición, el Sr. Ayala se
debate con un contrincante inexistente, pero ni
aun asi logra ganar pelea tan bien dispuesta Pero
cuando un intelectual —com o el Sr 'A yala— ha
puesto su iteligencia en la difusión de doctrinas
reaccionarias .antisociales e irracionalistas (toda la
sociología alemana contemporánea), cabe pregun­
tarse si le asiste el derecho de acusar de irracionalismo y antiintelectualismo al "hombre de la ma­
sa ; cabe preguntarse si el "hombre de la masa”
no tiene sobrado dercho d desconfiar de esta clase
de clercs, que no sólo le deja librado a su suerte
?lJ}° %ue pretende justificar su propia irresponsa­
bilidad social y política con bellas teorías, endil­
gándoles la responsabilidad por los males de este
mundo, y por añadidura trabajar intensamente por
la difusión de doctrinas retrógradas e inhumanas
como son las nazis o pronazis; cabe preguntarse si
quien profesa la concepción del mundo del aves­
truz (en el m ejcr de los casos) tiene derecho de
hablar en tono compungido del “ duro destino del
intelectual” .
Para el Sr. Ayala —expatriado, esto es. con cier­
ta experiencia histórica, y desde luego en un "ais­
lamiento” forzoso que por ello mismo no es aisla­
miento— el deber supremo del intelectual como
tal no es poner su inteligencia al servicio de cau­
sas justas, sino mantenerse alejado del combate” *
"en cuanto intelectual, deberá preservar, apartadas
e intactas, sus facultades, como un islote de razón
vigilante en una hora” , etc., etc.; "la lucha propia
del intelectual es la lucha por mantenerse fuera de
ella; su valentía consiste en huir del campo de
batalla” ; “ los peligros de la lucha, con ser tan
grandes, no igualan a los del apartamiento cons­
ciente, ni hay heroísmo que se compare al de la
irreductible soledad . Estas, que podrían parecer
“ brillantes paradojas” en tiempos más calmos —o
en salones wildeanos— son en los que corren afir­
maciones de suma gravedad; y si no son suficientes
para escalar cátedras, lo sen para merecr califi­
cativos muy severos, con mayor razón tratándose
de un sociólogo, que asi pretende desconocer la
función social del conocimiento y en consecuencia
de aquél cuya profesión es alcanzarlo, ampliarlo,
aplicarlo o difundirlo. El autor no da ejemplos
concretos en prueba de su teoría (y con ello se
muestra fiel a la metodología de muchos sociólo­
gos modernos: en una teoría absurda huelgan las
aplicaciones). Pero podemos ayudarle nosotros: el
intelectual ideal de Razón del mundo, el que ha
cumplido ccn sus preceptos ascéticos y asépticos,
es el que silencia su voz —y con ello su produc­
ción— bajo un régimen fascista.
Verbo y acto, protesta y creación, rebeldía y pro­
ducción, critica y construcción,* ¿no van acaso de
la mano como el sí y el no. como lo claro y lo
oscuro? Muera una y languidecerá hasta morir la
otra . Se objetará; también el acatamiento tiene su
voz. Es verdad: la voz del acatamiento, disfra­
zado de purismo y neutralidad, es por ejemplo este
libro Razón del mundo.
M. B.

•NUESTRO VIVIR TORTURADO” , por Ornar Tapella. Montevideo.
ü STE esbozo de una patología de la personalidad,
**"' fué premiado en el Concurso de Remuneración a
la labor literaria del año 1943 por el Jurado del
Ministerio de Instrucción Pública y Previsión So­
cial del Uruguay. El autor, que es médico, de­
muestra una preocupación nada frecuente entre
los graduados, por los problemas de su país en una
visión directa de la realidad. Si se hubiese ajus­
tado a un rigor científico, quizás el libro habría
alcanzado un ajuste mayor, A pesar de no querer
hacer literatura, hay en el libro abundante “ lite­
ratura” , no siempre de calidad superior. Las anéc­
dotas quieren asumir categoría de relatos. Pudo
ser un libro de cuentos de fácil realismo. El es­
critor que hay en este médico observador, quizás
nos dé frutos maduros y mejor sazonados, cuando
no relacione la medicina con la aparente ficción.
“ PECES TURBADOS” , de Venancio Viera. Un li­
rismo con serias perspectivas a condensarse en un
verso más riguroso, ofrece la perspectiva de este
poeta de auténtica visión y singular instinto de
escritor. Su imaginación es rica, pero deberá liber­
tarse, en adelante, de las influencias lorquianas a
las que se inclinan todavía, muchos jóvenes poetas
de la hora actual. Domina su mundo emocional,
pero el verso se ve, a veces, trabado por las exi­
gencias superficiales de una actualización de modos
no siempre felices. Seguramente estamos frente a
un escritor que por sus condiciones y su vocación
dará muestras de su talento en futuras obras. Apun­
ta. un temperamento que abriga el propósito de
originalidad. Es sincero, pero será potente cuando
se encuentre a si mismo.

FRANCE. Ediciones Victoria. Buenos Aires. 1945.
p recedido de un prólogo de Victoria Ocampo.
*
lleno de emoción y del cariño que todos sen­
timos por la noble Francia, este libro despliega,
en magníficos fotograbados, las bellezas del suelo
y la obra del genio francés. No puede hablarse de
Francia sin mentar el nombre de la Libertad y el
código sagrado de los Derechos del Hombre; sin
evocar, en las callejas de sus ciudades seculares, el
nombre de los grandes pensadores que nosotros,
argentinos, atesoramos en el fondo de nuestra cul­
tura y nuestra formación nacional.
El equilibrio, el gusto, la fuerza creadora del
pensamiento, la grancia sencilla de la Hélade, todo
ese conjunto prodigioso de la cultura francesa, se
engarza en la belleza de sus praderas, en su
impar naturaleza.
"Hay landas más ásperas que las de Bretaña
—dice Gide— praderas más verdes que las de Normandía, rocas más calientes que las de la campiña
de Arles, playas más glaucas que nuestras playas
de la Mancha, más azules que las de nuestro M e­
diodía; pero Francia tiene todo a la vez. La luz
de su genio, su lengua y su belleza se han propa­
gado por el mundo, han penetrado todas las cultu­
ras. Ño se puede amar a la propia patria sin amar
también a Francia” .
Hermoso homenaje a la Francia inmortal es este
libro, donde se ha unido, en edición amorosamen­
te cuidada, una fina muestra de muchas de sus
glorias del campo intelectual a una no menos
escogida selección fotográfica de viejas gloriosas
arquitecturas y poéticos paisajes.
CINCO AÑOS QUE CAMBIARON EL MUNDO.
M. Ilin. Ediciones Pueblos Unidos. Montevideo. Se
relee siempre con gusto este hermoso libro del
ingeniero Ilin, cuyo original y ameno estilo narra­
tivo conoce el lector argentino a través de su tan
difundida obra “ Las montañas y los hombres” . Ilin
es un enamorado de esa epopeya representada por
el titánico esfuerzo mancomunado de los hombres
en su lucha vencedora contra la naturaleza; y sabe
trasmitir tal fuerza a su relato que el lector se
identifica, emocionado, con las tareas de este nuevo
Hércules, el pueblo soviético, en sus primeros cinco
anos de lucha ininterrumpida para echar las baSes
de una nueva vida, más justa y más feliz ................
DOS MUNDOS; LOS EXPLORADORES DEL
PLAN QUINCENAL; LA DOMA DEL AGUA Y
EL VIENTO; EL PAIS DE LA ELECTRICIDAD'
MAESTROS DE HIERRO; NUESTRO ALIADO. LA
QUIMICA; LA LUCHA CON LOS KILOMETROS;
son algunos de los apasionantes capítulos de este
libro que conserva hoy toda su actualidad y ayuda
a comprender muchos aspectos del ‘‘ milagro sovié­
tico” , y de su aplastante victoria sobre el nazismo
destructor.
R. N.

CUADERNILLOS “ LILULI”
Hace ya dos años que, bajo la advocación de
Romain Rolland, salieron a las calles el fervor v
las palabras del Grupo “ LILULI".
Sus * cuadernillos militantes de prosa y poesía”
buscan la voz de los escritores jóvenes, pero sólo
la de aquellos que escribiendo aspiren a expresar,
en identificación armónica y total, su condición de
artistas y su condición de hombres.
Si bien vivimos tiempos que exigen más que
nunca esta conducta, tiempos de desprecio y de
esperanzas, en lo humano, tiempos de confusión
y desatino, en lo estético, “ LILULI” no hace de
esta conducta una postura transitoria. Con toda
la fuerza de su sangre joven siente que, cualquiera
sea la posibilidad creadora del artista, el espíritu
debe ser siempre el primer combatiente en la
causa del hombre.
De ahí que el robusto pensamiento de Rolland
encabece la marcha de "LILULI” , marcha sin pre­
mura pero continua que ha ofrecido * ya, junto a
la edición extraordinaria de NUEVE CANTOS del
hondo peeta santafecino José Pedroni.
JORNADA DEL HOMBRE. Poemas, de Guillermo
Etchebehere.
TIEMPO DE MORIR Y TIEMPO DE NACER. Cuen­
tos, de Felipe Rossi.
LA CLAVE ENCANTADA. Títeres para niños, de
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TODO VA BIEN. Esbozo de novela, de Floreal
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lenguaje tierno y simple, el secre­
to mundo de las cosas naturales
y el poder del hombre frente a
las fuerzas de la naturaleza. “ Lo
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var a cabo, una comunidad entera
tendrá fuerzas para hacerlo” , dice
el autor explicando cuál ha sido
la labor del hombre en la cons­
trucción socialista.

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El prestigioso ensayista argentino,
publica en este libro, una serie
de conferencias que revelan su
madurez intelectual, de las cuales
la primera sirve de título a la
obra. Los problemas de la crítica:
Los problemas de la novela; A ní­
bal Ponce o el destino de la inte­
ligencia; son otras de las confe­
rencias que integran este valioso
volumen.

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ASI SE FORJO EL ACERO
Nicolás Ostrovski
Con prólogo de Romain Rolland.
Esta novela autobiográfica, tradu­
cida a todos los idiomas y lleva­
da al cine soviético, une a su ex­
traordinario sabor humano el va­
lor del momento histórico en que
se desarrolla, admirablemente re­
flejado.

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CERVANTES
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Originalisimo estudio de Cervan­
tes y de su creación literaria, a
la luz del pensamiento filosófico
materialista, realizado sobre una
magistral visión de la decadencia
del imperio español en la época
de Felipe II.

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LA CAIDA DE PARIS
llya Ehrenburg
Magníficamente editada aparece
esta magistral novela, todavía des­
conocida en forma completa para
el público argentino. La trayecto­
ria de entrega y de traición que
ei proceso a Petain y los crimina­
les de guerra franceses actualiza,
surge vivida, candente, de la plu­
ma de este excepcional observa­
dor de la realidad de su época.

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La e stre lla de oro,
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explicación, que puede ser una de las siguientes:

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Las m o n ta ñ a s y los
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• Posiblemente había solicitado cambio de domicilio, por lo que
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Un p aseo por la c a s a ,
por N. I l i n .......................... . S 1.50

• Es posible que lo hubiera pedido después que usted, co rre s­
pondiéndole la preferencia por las actividades que desempeña,
de acuerdo con el régimen de prioridades en vigor...

H istoria del lib ro ,
por N. I l i n .......................... . S 1.50

• O tal vez la circunstancia de que existiera línea para esa
manzana permitió proporcionarle servicio telefónico, porque le
correspondía por turno.

Mientras subsista la escasez de materiales, a raíz de la cual se han adoptado las
disposiciones que determinan el turno de la asignación de servicio telefónico, no
nos será posible satisfacer los pedidos nuevos pendientes sino en la medida en
que lo permitan las vacantes que se produzcan en nuestras instalaciones.
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re p re se n ta n te

en

la s

p rin c ip a le s
fa c ilit a r á n

c iu d a d e s

y

un

có m o d am en te

su r á p id a vin c u la c ió n .

co n tra -re e m b o lso ,

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de co ncepción

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En su “ Historia de las Artes Plásticas” , el
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vinculando en cada uno de ellas la produc­
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determinan, y luego emite un juicio medido
sobre cada uno de los artistas que han lle­
gado a tener valor universal. De tal modo
coloca en manos del lector — profesional,
artista, estudiante— un precioso instrumento
de perfeccionamiento espiritual.

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Cór doba 8 3 6

C ^ &gt;

c&gt;fo

C ^ í) C ''f*5

cr^o

�ARQUITECTURA
Y URBANISMO
Dirige
FERMIN BERETERBÍDE

LA NUEVA
CIUDAD DE SAN JUAN
A fines de mayo se conoció la resolución del Gobierno de reconstruir la ciudad de

San Juan en el lugar que ocupaba antes del terremoto. A o se han divulgado aún
las razones determinantes

F ig . 2 . P la n g e n e ra l de la

p ro p u e sta

ciu d ad

de San Ju a n .

El presente articulo es un comentario al ante-proyecto preparado por la primera
Comisión de Urbanismo que actuó en el Ministerio de Obras Públicas durante los me­
ses de febrero a junio de 1944, integrada por los arquitectos Ernesto E. Vautier, Car­
los Muz zio, Jorge Lima y el suscrito.

El lugar. — La región de San Juan es de llu­
vias insuficientes; la vida humana depende del
riego. El valle del río San Juan (fig. 1) es la
principal zona productora de la provincia. Los
nuevos y mejores viñedos se hallan en la margen
opuesta a la de la Capital, a distancia de 10 a
80 Kms. de la misma; los viñedos inmediatos
al sur de la ciudad, son de viejas cepas colonia­
les; enfermos, improductivos, van siendo aban­
donados y reemplazados por olivares y huertas.
Toda la región es sísmica y razones económicofuncionales requerían que la nueva ciudad no se
alejara de las zonas de cultivo, de las bodegas,
comunicaciones y demás factores que constituyen
la riqueza social regional. En consecuencia, la
nueva ciudad, en cualquier parte de la zona que
se construya, deberá hacerse con estructuras antisismicas. En la elección del sitio y en su tra­
zado, la referida Comisión no consideró el pe­
ligro de los terremotos. La creación de la nueva
ciudad debe ser regulada principal, por no decir
exclusivamente, por normas urbanísticas; son és­
tas las que determinaron a aquel organismo a
proyectar su reconstrucción en el m ejor baldío
contiguo al amanzanamiento existente, en el lugar
de las viejas cepas y en parte del ejido actual;
su nuevo centro se hallaría a menos de 4 hilómetros del viejo.
Ciudad de distritos funcionales. — El estudio de
la Comisión de Urbanismo (fig. 2), organiza el
trazado de la nueva ciudad en distritos fundados
en sus diferentes funciones esenciales &lt;fig. 2 bis).
Los usos atribuidos a cada distrito se establecen
de acuerdo con la índole y el horario de las acti­
vidades y con la frecuentación y características del
público. Así los barrios residenciales (Unidades
Vecinales) no aceptan nada que contraríe la vida
apacible y sana, pero no omiten actividad comer­
cial o industria] alguna de las requeridas diaria­
mente por la familia. De igual modo, en el dis­
trito céntrico no se admite la vivienda privada,
reñida con la.fu n ción de las tiendas, bancos, ci­
nes y hoteles; y además, carente de la tranquili­
dad que el hogar reclama, y de la seguridad y
espacios libres que requieren los niños. En este
mismo distrito, el centro bancario y de escritorios,
cuya actividad dominante se desenvuelve alrede­
dor del mediodía, tiene horario y clientelas di­
ferentes del de las de tiendas y diversiones, cuyas
actividades se hacen preferentemente desde el me­
diodía hasta avanzada la noche.
Por estos motivos, el centro financiero, el de
los negocios minoristas, el de los hoteles y es­
pectáculos, el de los mayoristas, el de la industria
general, etc., conforman distritos exclusivos y
colindantes. Los núcleos gubernativos y eclesiás­
ticos componen conjuntos monumentales con sus
alas de edificio de amplias perspectivas; el nú­
cleo comunal contiene la Municipalidad, el Tea­

tro y la Escuela de Arte, el Museo y la Biblio­
teca, entre explanadas, y ligados con pórticos.
La creación de composiciones monumentales con
arquitectura sencilla, como corresponde a una ca­
pital de provincia, no se puede lograr con la
cuadrícula colonial de nuestras viejas ciudades;
el actual —y tan viejo— concepto arquitectural
de la edificación desplegada, la libertad de com­
poner con masas construidas y sus volúmenes
espaciales comprendidos, las perspectivas variadas
abiertas y cerradas, no se concilian con el cua­
drado bordeado por las calles iguales con edifica­
ción heterogénea, de la ciudad colonial.
Distritos residenciales. — La Unidad Vecinal (fi­
gura 3 ), elemento primario de la organización
urbana, consiste en una agrupación de familias,
suficiente para llenar un grupo escolar completo
de seis grados con su jardín de infantes, comedo­
res y gimnasio. Partiendo de las necesidades del
niño, la Escuela constituye el centro de la Unidad
Vecinal y dista menos de 500 metros de la vivien­
da más alejada; dentro de esta Unidad, el reco­
rrido se podrá hacer por veredones arbolados o
a través de parques sin circulación vehicular.
Cada Unidad Vecinal (de unos 5.000 habitan­
tes) conforma un alveolo de la ciudad bordeado
por las avenidas parques (fig. 4) -—radiales y de
cintura— del sistema vial urbano: por estas ar­
terias, sobre calzadas separadas, circulará el trán­
sito general de cargas y el veloz de rodados para
personas, con cruces y paradas muy espaciadas.
Dentro de la Unidad Vecinal, el tránsito, para
servicio local exclusivo, será lento (fig. 5 ), sin
ruidos ni peligros; como le bastan calzadas an­
gostas y económicas, los jardines y las frondas
constituirán su mayor superficie y ornato.
El abastecimiento diario se hará mediante gru­
pos de pequeños negocios (almacenes, carnicerías,
panaderías) que no disten más de 200 metros de
cada hogar; pero el núcleo activo de cada unidad
vecinal, situado junto a su parque respectivo.

F ig . 2 (b is ) - Z o n ific a c ió n p a ra la n u e v a c iu d a d , según el
uso d el su e lo . En lu g a r d el caos y la d is p e rsió n de la s
c iu d a d e s a c tu a le s se cre a un cuerpo c o n fo rm a d o por e le ­
m entos u rb a n o s (lo s d is tr ito s ), c la ra m e n te d e fin id o s como
los ó rg a n o s v it a le s de los sere s v iv o s . " U . V . " : U n id a d e s
V e c in a le s , s e p a ra d a s p o r la s a v e n id a s p a rq u e s (v e r f ig . 4)
(en ca d a centro su g ru p o e s c o la r); 1) D istrito g u b e rn a tiv o ;
2 ) centro e c le s iá s tic o ; 3 ) c in es, te a tro s, ho teles de p rim e ra
c a te g o ría ; 4 ) m ercad o y centro d el tu rism o ; 5 ) d is trito de
neg ocio s y tie n d a s de la p rim e ra e ta p a ; 5 ') ídem d el d e s­
a rro llo fu tu ro ; 6) centro m u n ic ip a l — v e r f ig . 6— ; 7 ) 7 ')
centro b a n c a rio y de e sc rito rio s ; 8) d istrito de m a y o ris ta s ;
10) m ercad o s de a b a s t o ; 11) lo ca l de fe ria s y e x p o s ic io n e s ;
12) e sta c ió n ún ica de fe rro c a rrile s y ho teles de a g en tes co­
m e rc ia le s ; 13) p la y a s fe r r o v ia r ia s y d istrito de d e p ó sito s;
14) d istrito s in d u s tria le s .
De ig u a l modo que los d is trito s , la s v ía s de trá n sito — s is ­
tem as c irc u la to rio s de p ea to n e s y de ro d a d o s— e stán c la ­
s ific a d a s com o la s a rte ria s , v e n a s y v a so s según el v o lu ­
m en, tip o y n a tu ra le z a d el trá n sito . Los " v e r d e s " (v ere-

13

*7 ~

lp

N u e v o EM
rg p b o p u e í
TO POQ L&amp;
(CMI510N.
ZO N A
v ,6 i c 5 . n ,
V l r t E Sc cOs ’ -

*
F ig . 1 - R eg ió n de San J u a n . El lu g a r p rop uesto p a ra la
n u e v a c a p ita l es el m ás a lto y de m ejor suelo de la s in ­
m e d ia cio n e s; con el d e s p la z a m ie n to se lib e ra de la s c in tu ra s
f e r r o v ia r ia s , de los cru z a m ie n to s p or la s ru tas p rin c ip a le s
de la re g ió n y d el a n tic u a d o d am ero de la v ie ja c iu d a d .
" A . J . " : P o sib le s a ld e a s ja rd in e s d is e m in a d a s p or la s zo n as
de los c u ltiv o s , junto a v ía s , cam ino s y b o d e g as, o rg a n iz a n
la in d u s tria liz a c ió n , reducen los tran sp o rte s y crean núcleos
de v id a c u ltu ra l.

de la ciu d a d — co n stitu yen un siste m a re sp ira to rio com pleto
y o rg a n iz a d o ; no d isp erso como los clá sic o s p a rq u e s , p la ­
z a s y p a se o s de nu estras c iu d a d e s. O b sé rv e se que los p a rq u e zu elo s v e c in a le s u b icad o s junto a sus núcleos c o m e rc ia ­
les re sp e ctiv o s — v e r f ig . 3— p or h a lla r s e in m e d ia to s a l
centro a c tiv o p rin c ip a l de la ciu d a d co n fo rm an un conjunto
de p a rq u e s que e n vu e lv e n el centro y lo p en e tran m ed ian te
la g ra n P la z a ; el m a y o r v e rd e donde m ás se n ecesita (ló ­
g ic a , fu n c io n a lis m o , e sté tic a ).

�F¡9- 3 - U n id a d V e c in a l - 1) G ru p o e s c o la r; 2 ) g rup o s de
n e g o cito s; 3 ) m a n z a n a t íp ic a ; 4 ) núcleo a c tiv o (n e g o cio s,
c in e , e sc rito rio s , e tc .); 5 ) d e p a rta m e n to s; 6) centro g u b e r­
n a tiv o p r o v in c ia l; 7 ) C entro de ho te le s y d iv e rs io n e s — v e r
*'9- 6— ; 8 ) g ra n p la z a ; 9 ) p a rq u e s ; 10) a la m e d a s p a ra
p e a to n e s; 11) c a lle s p a ra el trá n s ito lo c a l; 12) c a lle s re ­
s id e n c ia le s ; 13) a v e n id a s p a rq u e s — v e r f ig . 4 — (d e g ra n
c ir c u la c ió n ); 14) a u t o v ía .
D esde ca d a c a s a , h a c ia una u o tra e sq u in a se te n d rá a cceso
a una a la m e d a p a ra p erso n a s (p ea to n e s y b ic ic le ta s e x c lu ­
s iv a m e n te ) o a una c a lle de trá n sito (o b sé rve se la d ife r e n ­
c ia c ió n de d iv e rs a s c a lle s en la u n id a d ).

reunirá eficaz y armoniosamente todo lo que re­
quieren las necesidades físicas y espirituales de
su población (fig. 6 ). Así este núcleo activo com ­
prenderá los locales de negocios con sus recovas
y terrazas hacia el parque, las oficinas de profe­
sionales en un alto, los cines, cafés y el club so­
cia l; otro conjunto anexo — de vida más restrin­
gida— contendrá las reparticiones oficiales —ban­
cos, correos, juzgados, registro civil, comisaria,
asistencia—, compuesto de edificios diversos con
sus accesos, estacionamientos, plazoletas y terra­
zas propias; la iglesia con su casa y jardín parro­
quial, el campo deportivo y los bloques de depar­
tamentos completarán el núcleo de cada Unidad
\ecinal. De igual modo que en la nueva ciudad
en su conjunto, en cada uno de sus distritos y en
cada una de las partes de éstas regirá siempre el
orden, la variedad y la eficacia que admiramos
en los organismos vivos. San Juan puede ser,
p or la calidad de su suelo y el riego, una brillante
conjugación de las arquitecturas con la natura­
leza.
Distritos activos. — En los demás barrios — co­
merciales, industriales y otros— se propone simi­
lar especialización por afinidad; de aquí resultan
amanzanamientos y calles diferentes. Por la di­
versidad de sus aspectos, cada distrito de uso dis­
tinto tendrá una personalidad bien definida.
Los distritos más activos están dispuestos alre­
dedor de la Gran Plaza; así, el centro de tiendas
y negocios (con los talleres y escritorios de pro­
fesionales en altos), por su función de venta para
un gran público atraído por las compras, las vi­
drieras y su propia contemplación requiere mu­
chos pasajes, recovas, galerías, patios y plazuelas
— que todo esto cabe y conviene— exclusivos para
los peatones. Los vehículos para personas bor­
dearán este distrito, o junto con los de carga, lim ­
pieza y mudanza penetrarán en el interior de las
manzanas; aquí los patios comunes asegurarán el
estacionamiento y facilitarán, fuera de la vista del
público, el acceso a las trastiendas, talleres y es­
critorios. La cada día menos soportable interfe­

rencia de peatones y rodados no tiene por qué
repetirse en la nueva San Juan; la gente podrá
en cada distrito marchar tan libremente como
convenga, ya que no es difícil separar, cuanto sea
necesario y deseable, los rodados de los lugares
por donde va el peatón y, si se quiere, bicicletas y
jinetes. Es absurdo aceptar como único espacio
del peatón el peligroso sendero apretado entre
muros y rodados, que es la vereda del presente.

mente; las ilustraciones permiten suplir la omi­
sión (Fig. 7, 8 y 9 ).
Proceso de reconstrucción. — A los dos años y
medio del terremoto, la población que hoy no
ocupa las casillas de emergencia levantadas por
el gobierno nacional, habita en casas de amigos o
parientes de los contornos o en chozas precarias
de tablas y barro, construidas en los fondos de las
casas derribadas.

Contiguo al de las tiendas estará el distrito de
los teatros, cines, hoteles, confiterías y negocios
de lujo y ambos bordearán la Gran Plaza, sin cal­
zadas interpuestas; de tal modo, los sitios de ma­
yor concentración y vida activa en el día y en la
noche dispondrán del más amplio espacio libre
para desahogo y reunión. Este Foro Sanjuanino
— adonde no accede el rodado— dispondrá, como
corresponde a su función y paraje, de estanques
florales, bosquecillos, alamedas con estatuas y ex­
planadas embaldosadas. (En San Juan, el césped
es lujo oneroso, pero el árbol se desarrolla mag­
níficamente.)

Prácticamente, toda la población requiere nuevo
alojamiento: las casas que puedan repararse son
muy pocas; la casi totalidad construida con ado­
bes, se ha derrumbado. Con excepción de las cal­
zadas y de los conductos sanitarios, todo, en San
Juan, deberá ser rehecho.
Definido un ante-proyecto como el expuesto y
la nueva localización, el Estado expropiaría la
superficie necesaria para la población actual y
futura.

Frente a los otros dos costados de la Gran Plaza,
pero separados de ésta por las dos principales
avenidas-parques, que cruzan la nueva ciudad, se
hallarán: el distrito financiero (bancos, agencias,
escritorios de comercios, restaurantes, etc.) y el
de los departamentos de lujo. En este último

La reconstrucción se haría por etapas, mediante
yuxtaposición de manzanas, sin dejar baldíos in­
termedios. Sobre los lotes adjudicados con este
criterio progresivo, se levantarían al mismo tiem­
po las viviendas, la escuela, los comercios y la
industria, comenzándose con una o más unidades
vecinales. Simultáneamente se construirían los
servicios públicos, obras sanitarias, electricidad,
riego, pavimentación y arbolado.

F ig . 7 - P e rs p e c tiv a del cen tro c ív ic o y d el cen tro e c le s iá s tic o . En p rim e r té rm in o a la iz q u ie rd o el cen tro de s a la s de e sp ec­
tá c u lo s y h o te le s de p rim e ra c la s e . M á s a r r ib a la C a te d ra l con sus a trio s y ja rd in e s , su c a m p a n a rio y c a sa a rz o b is p a l.
B o rd e a n d o la e x p la n a d a c ív ic a se e n cu en tra n lo s e d ific io s d e l G o b ie rn o p ro v in c ia l y m ás a trá s el P a rq u e C e n tra l que
s ir v e a la s z o n a s re sid e n c ia le s .

— como en las Unidades \ecinales— no se mezclan
la residencia individual con la colectiva, de ca­
racterísticas incompatibles. Los bloques de los
departamentos se desarrollan aquí en alas exten­
didas con las fachadas de habitación orientadas
hacia el norte, delante de parques y con jardines
al pie; la parcela angosta, el patio cerrado, los
cercos divisorios y las habitaciones sombrías y
muchos otros defectos desgraciadamente demasia­
do conocidos, no se conciben en un trazado racio­
nal como el propuesto.
Los distritos financieros de mayoristas, indus­
triales y otros, así com o sus sistemas ferroviarios,
de parques y deportes y vial, no se describen en
el presente artículo para no extenderlo excesiva-

F ig . 4 - A v e n id a p a rq u e - D iv e rs a s c a lz a d a s p a ra ro d a d o s y v e lo c id a d e s d ife re n te s . C ru &lt;es y p a ra d a s p a ra p a s a je r o s d is ta n c ia d a s (g ra n v e lo c id a d ),
A rb o la d o p ro fu so en lu g a r
d e ja rd in e s (s o m b ra , fr e s c u ra , c o lo r, e c o n o m ía ).

Iniciada la construcción de las primeras unida­
des vecinales se levantarían sus centros de barrio,
se procedería al replanteo de la red vial y de la
forestación, y se comenzaría la ejecución — aun­
que parcial— de los centros de gobierno, de nego­
cios. bancario y de escritorios. Conjuntamente, se
iniciarían los centros mayoristas, de depósitos y
abasto.
Los edificios públicos se irían construyendo,
completos los de barrio cuya utilización desde el
primer día es integral y definitiva «juzgados, re­
gistros, comisarías, dispensarios, etc.) ; los de ma­
yor envergadura y que por su naturaleza se des­
arrollan con el aumento de la población ( centros
gubernativos, hospitalario, etc.) se harían por eta-

F ig . 5 - C a lle re s id e n c ia l.
C a lz a d a s a n g o s ta s sin co rd o n e s.
A rb o le s en e n fila d a o no
so b re la v e re d a m ás a s o le a d a .
R e tiro de e d ific a c ió n sin cerco s (s o m b ra , v a r ie d a d , e c o n o m ía ).

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F ig . 6 - D istrito s cén trico s - G ) nú cleo g u b e rn c tiv o p ro v in c ia l: g) g o b e rn a c ió n ; j) ju s tif ic ia ;
0 ) o fic in a s de a b o g a d o s ; c) co n g reso ; m) M in is te rio s ; cg) c a sa del g o b e rn a d o r; th) tem plete
h is tó ric o ; ec) e x p la n a d a c ív ic a ; a c ) a la m e d a de los c o rtejo s.
1) N úcleo M u n ic ip a l: i) In te n d e n c ia ; c) Concejo D e lib e ra n te ; t) te a tro y e scue la de m úsica y
d e c la m a c ió n ; m ) m useo, e scu e la de a rte s y c la u stro de e sc u ltu ra s; b) b ib lio te c a .
E ) N úcleo e c le siá stic o : c) c a te d ra l y c a m p a n a rio ; s) s e m in a rio ; ca ) c a sa y cla u stro a rz o b is ­
p a l; n) neg ocio s de c u lto ; p p ) p la z a de la s p ro ce sio n es.
T) N úcleo p rin c ip a l de tie n d a s , neg ocio s y e scrito rio s de p ro fe s io n a le s : n) n e g o cio s; p r)
p a s a je con re c o b a s; p ) p a tio s p o rtica d o s o e m p a rra d o s p a ra c o n fite r ía s ; c) c a lle s in te rio re s.
I i) N ú cleo sec u n d a rio de tie n d a s y negocios (fu tu ra e x p a n s ió n d el núcleo p rin c ip a l).

n 1 n
m u LD

H) N úcleo de e sp e ctá cu lo s, ho te le s y negocios de tu rism o : ct) cines y te a tro s sob re la p la ­
z a ; h) ho teles de 1? c a te g o ría ; n) n e g o cio s; t) o fic in a s de tu rism o , correos y e stació n d e
los ó m nib us de e xc u rs ió n y re g io n a le s .
M^ M ercad o p rin c ip a l; pe) p a tio s interno s p a ra ca rro s.
F) N ú cleo fin a n c ie ro : be) b a n co s, c a ja s y seg u ro s; e) e scrito rio s c o m e rc ia le s; p ) p a tio s d e
acceso y e sta c io n a m ie n to ; v ) v e re d o n e s a rb o la d o s ; p e) p a s a je p o rticad o p a ra p e ato n e s.
B) N úcleos a c tiv o s de u n id a d e s v e c in a le s : n) n e g o cio s; m ) m ercad o ; rj) re g istro y ju z g a d o ;
c) c o m is a ría y b o m b ero s; g ) g a ra g e y e sta c ió n de s e rv ic io ; b ) b ib lio te c a ; i) ig le s ia p a rro ­
q u ia l; d ) d e p a rta m e n to s; r) m a n z a n a s de c a sa s in d iv id u a le s .
G P ) G ra n P la z a : b ) b o sq u e c illo s; a a ) a la m e d a y a lb e rc a ; e) e sta n q u e ; v ) e x p la n a d a s ).

Fig 8 - C e n tro M u n ic ip a l. A la iz q u ie rd a — d el lecto r— la In ten d e n cia y el Concejo D e lib e ra n te fre n te a la e x p la n a d a ;
luego el M useo de A rte s con el cla u stro de la s e sc u ltu ra s; d e la n te , la B ib lio te c a y a c o n tin u a ció n el T eatro y e l C o n­
s e rv a to rio (o b sé rve n se los g ra n d e s esp a cio s p a ra ios p e a to n e s). A la d erech a los neg ocio s — con re co b a s— , los p a tio s
de la s c o n fite ría s y los accesos p a ra los ro d a d o s.

F ig . 9 - P e rsp e c tiv a de una nu eva a ld e a . El núcleo lo c o n stitu ye el g rup o e sc o la r, con seis g ra d o s , k in d a g a rte n y b ib lio te c a .
El centro c o m e rcial lo c o n stitu ye la p la z a con los ne g o cio s, d iv e rs io n e s , ig le s ia y o fic in a s p ú b lic a s .
Rodean e sta a ld e a
— u b ica d a junto a una b o d eg a — los lotes de los v iñ a te ro s . Se ha q u e rid o q u e , a s í como h a y que lle v a r a la ciu d ad
lo s b en e ficio s de la n a tu ra le z a , lle g uen a l a g ro la s v e n ta ja s de la c iu d a d , (v e r f ig . 1).

pas, de conformidad con un plan y planos com­
pletos de previsión para cada composición arqui­
tectural. El propósito es el de ir llenando siempre
las necesidades en cada etapa en forma progre­
siva. paralela con el normal desarrollo de la vida
colectiva, con un criterio de inversiones ajustadas
y eficientes, vale decir, económico y remunerador.
Con un fin semejante e igual criterio, desde el
primer momento se determinarían los distritos
industriales y sus unidades vecinales; de tal ma­
nera estas zonas, como las demás, se desarrolla­
rían desde el principio con carácter estable y
definitivo. Donde el loteo urbano —y por ende la
edificación— termine, comenzará nítidamente el
campo, arrendado provisionalmente para huertas
y granjas.
Hacer las cosas y hacerlas bien. — Como se dijo
al comienzo, ya se ha resuelto reconstruir la ciu­
dad en el lugar de las ruinas. ¿Es ésta una deci­
sión definitiva, irrevocable? Esperamos que no.
No conocemos las determinantes de tal resolu­
ción, pero tenemos justificadas dudas de que el
proyecto estudiado para el viejo damero cumpla
las directivas urbanísticas y — por ende— satisfaga
las necesidades presentes y futuras de una vida
urbana racional.
¿Es aventurado afirmar la imposibilidad de or­
ganizar sobre la absoluta cuadrícula colonial una
tan nítida separación de funciones y de tránsitos
como la expuesta, sin su total modificación? Y
de renunciarse a su mantenimiento, ¿qué quedaría
del damero que sea respetable, tanto como para
no preferir un planeo racional y sin compromisos
en un lugar baldío?
Evidentemente, las posibilidades antes apuntadas,
que no por simples dejan de ser extraordinarias,
no se pueden realizar con una modificación ligera
del damero colonial; por ello, la mencionada Co­
misión de Arquitectura, que consideró imperativo
el planeamiento de una ciudad adecuada, desde el
primer momento percibió la imposibilidad de con­
ceder a San Juan, sobre el viejo casco, las inmen­
sas proyecciones de un trazado urbanístico integral.
Preferir, por razones escondidas, una “ solución
práctica” (que no sería solución ni práctica) sig­
nifica renunciar a la única posibilidad que hasta
ahora ha tenido el país de levantar la mejor y
más hermosa de sus ciudades.
La Nación posee técnicos, técnica y riqueza que
le permiten crear una ciudad modelo. ¿Se dejará
malograr una oportunidad que no volverá a re­
petirse?
F. H. B.

0

�LOS FRESCOS DE
SIQUEIROS EN CHILLAN
TOMAS LAGO
se inauguró la Escüela México de Chillón, en marzo de 1941, la gran
sensación de aquel acto era, evidentemente, ver las decoraciones que David
Alfaro Siqueiros —-el gran pintor mexicano— había hecho en los muros de la
biblioteca. Aun recuerdo, en medio de un público tumultuoso que se había desbor­
dado por todos los ámbitos del edificio, cómo en un momento determinado se había
localizado la atención del público junto a la puerta cerrada del segundo piso frente
a la escala. Aquella puerta daba acceso a la biblioteca y allí estaban las pinturas
de Siqueiros.

C

D e ta lle .

Fran cisco B ilb a o y el in d io
C o m p o sició n c h ile n a .

D e talle

D e ta lle .

del

m uro

G a lv a rin o .

m e xica n o .

L á za ro C á rd e n a s y B enito
Co m p o sició n m e x ic a n a .

Ju á re z

UANDO

Se había perdido la medida para llegar primero
a ese sitio. El mundo oficial incluso, formado
por embajadores, militares y políticos estuvo jun­
to a aquella puerta hermética esperando mezcla­
do en abigarrada compañía. La escuela significa
un obsequio que representa — con sus habilitamientos, piscina, sala de sport.— más de dos mi­
llones de pesos, sin considerar las pinturas de
Siqueiros. En Chile la Escuela México es el úni­
co edificio que ostenta decoraciones hechas di­
rectamente en el muro.
Cuando se abrieron aquellas puertas que du­
rante mucho rato habían contenido difícilmente
a la muchedumbre, se produjo un sentimiento de
perplejidad ante la sensación de color vivo, de
violentas oposiciones, de las dos paredes de fon­
do. La gente se agrupó al pié de ellas en silencio.
Esto significa cabalmente que lo que había allí
era totalmente inesperado, fuera de las convencio­
nes decorativas conocidas.
¿Cóm o podríamos describir el trabajo del no­
table artista mexicano? ¿Cóm o podríamos descri­
bir nuestra propia sensación? Pasados ya cuatro
años de aquel día, aun pensamos en medio de una
atmósfera de incertidumbre. Nuestro conocimien­
to de la pintura de Siqueiros obstruye una impre­
sión espontánea de la cual podría salir un con­
cepto clarificado de su arte, (habíamos visto
algunos retratos suyos, reproducciones, y un cua­
dro que hay en el Museo de Arte Moderno de
New Y ork ). Habíamos oído aquella frase, tan
repetida dentro de su lenguaje, de la “ elocuencia
plástica” , todo lo cual en un momento dado ami­
noraba los efectos de una primera impresión; sin
embargo esa impresión subsiste todavía en nos­
otros y a base de ella escribimos este artículo.
DESCRIPCION DE LA OBRA.
Al entrar en la sala, cuyos ventanales dan hacia
la calle por el oriente, se abarca por un movimien­
to de mirada toda la obra; la pared de la dere­
cha correspondiente a representaciones chilenas y
la pared de la izquierda a representaciones me­
xicanas, se unen en el techo mediante una com­
binación de planos articulados que forma la rela­
ción en un todo de las dos composiciones. Estas
vienen a ser en su materialidad plástica como
corrientes visibles de la historia que desembocan
allí en un tráfago incontenible de formas y ale­
gorías. Los colores predominantes son el rojo y
el negro, opuestos casi siempre en planos cerra­
dos, que modifican a veces el gris ceniza y el
amarillo. La objetividad es de formas concretas,
sensibles en un movimiento violento de fuerzas

histórico del pueblo mexicano y el pueblo chileno
respectivamente. Cortes en triángulos y segmen­
tos como puntos de vista o iluminaciones espec­
trales hacen girar o destacan aspectos determina­
dos de la obra, dándole una especie de profundi­
dad mágica a sus elementos.
En el muro mexicano las figuras centrales son
los dioses aztecas, entre los cuales se distingue
el rostro terrible de Huitzilopochtli, que maneja
un arco tenso de dobles alas; en confuso tropel
pasan sobre un hombre de rostro nazareno derri­
bado que ostenta un hierro clavado en el pecho.
A la derecha suben Benito Juárez. — rostro cobri­
zo. puño de hierro y negra levita legal, junto a
Cárdenas que levanta una mano enfundada en
guante blanco mientras con la otra sostiene la
doctrina de la revolución. A la izquierda la fi­
gura de Morelos, Hidalgo y Zapata vienen detrás
de la Adelita de la canción, que con grandes ma­
nos de pueblo los sostiene, surgida de unos pris­
mas de diamante. Sobre el cieloraso la cruz ca­
tólica preside como una visión esta pared.
En el muro chileno la figura central es el
indio Galvarino. héroe de la rebelión indígena
contra los españoles de la conquista, agitando
con alarido salvaje, los muñones sangrientos de
sus brazos cortados, en una carrera loca sobre
la sala; junto a su rostro aparece la cabeza rubia
y noble de Francisco Bilbao, ideólogo espiritua­
lista del siglo xix, discípulo de Lammennais. acu­
sado de blasfemo por la reacción chilena. En
tumulto de puños y de lanzas, pasan sobre las
armaduras de guerreros españoles derribados. A
la derecha O’Higgins, el fundador de la República,
levanta la bandera de Chile y en un claro espi­
ritual, que se produce donde va termina el muro

TECNICA Y DOCTRINA.
Característica de la nueva técnica de Siqueiros
es la modificación expresa del muro recto en
cóncavo que modifica el rectángulo clásico. Am­
bas paredes han sido arregladas en sus ángulos
para unirlos en una perspectiva total que vence
la geometría de los planos. Desde cualquier pun­
to de la sala puede empezarse a mirar la obra
pictórica como una concepción de unidad. A su
vez las líneas de la pintura, lanzas y otras rectas
visibles pasan de la pared vertical a la horizontal
del techo sin quebrarse ni perder su estricta ob ­
jetividad, pero el pintor se atreve todavía a más;
pinta sobre el techo
que está más cerca del

�PINTURA Y GRABADO
Dirige
ANTONIO BERNI

u e

h

la

H i s t o r i a

a s i g n a r á

espectador y en una oposición geométrica de
90°— el segundo plano o fondo de la obra que
se proyecta sin embargo hacia arriba y hacia
atrás.
—“ Y o he buscado — dice Siqueiros— algo que
vaya más allá de la pintura al fresco cuyo esta­
tismo me parece inadecuado para una pintura
destinada al gran público o las masas. Por esto
he querido ir a una cohesión de procedimientos
expresivos. La pintura al fresco es a mi juicio,
como les d ir ía ..., giottesca en una época en que
el Giotto no es posible. Como en cierto período
del arte cristiano en que se trabajaba con medios
paganos, no podemos llegar donde queremos si
no usamos procedimientos nuevos, por esto, he
querido movilizar la pintura desde un sentido
total para darle fuerza a su objeto de acuerdo con
los elementos válidos de nuestro tiempo. Creo
que mi pintura es a la pintura al fresco lo que
el cinematógrafo es a la cinematografía” .
Por de pronto se trata de una teoría entera­
mente nueva de la pintura mural que trastorna
todos los conceptos conocidos. Siqueiros aprove­
cha para su trabajo los medios más perfecciona­
dos de la industria moderna. La decoración de
Chillón está toda realizada con pintura de auto­
móviles, duco, piroxilina empleada de la misma
manera que se pinta un coche por medio de so­
plete. Trabajando el artista vestido de overoll,
salpicado de colores, al levantar pesadamente los
pistoletes pulverizadores no es más que un obre­
ro en la obra.
El procedimiento cambia mucho. A menudo se
emplea en ricos empastes, a veces en superficies
lisas de colores planos. En cierto modo la mura­
lla es como un gran cuadro que no conserva ese
revoque parejo del fresco, que hace que la pin­
tura surja desde adentro como a través de un
tamiz confiriéndole cierto estatismo ritual de per­
manencia. Siqueiros hace pintura en grandes di­
mensiones.
UN ARTE SOCIAL PARA AMERICA.
Sin pronunciarnos sobre los puntos de vista
que pueden barajarse en pro o en contra, lo que
nos parece interesante —y esto alcanza a toda la
pintura mexicana— es su rehabilitación como arte
social. La pintura de nuestro tiempo se moría
de élite, sólo estaba hecha y preparada para mi­
norías cada vez más estrictas. El cubismo y el
surrealismo habían llegado a resultados extremos
a costa de la vitalidad de la pintura como arte
histórico. A todo esto, entre nosotros no había
tenido tiempo de existir. Mientras en Europa
crepuscular eso aparecía como la declinación na­
tural de un proceso de cultura, en América estas
expresiones aparecían como la sombra de una
realidad que no habíamos conocido. Se hablaba
seriamente de la agonía de la pintura. Para ella
no había sitio en la arquitectura moderna. Las
grandes épocas del retrato, del paisaje, podían
declararse cerradas. No se necesitaba la pintura.
Mas he aquí que de pronto, ella adquiere un
carácter funcional puesta en el edificio de utili­
zación colectiva, llenándolo todo con su ense­
ñanza y su revelación material. Esto es lo que
hay que estimarle a la pintura mexicana; ella,
buscando la solución de su propio problema so­
cial y’ político, ha planteado de nuevo los funda­
mentos mismos del arte en su primera ley: la
necesidad de su existencia, su utilidad y destino
humanos. Las proyecciones que las pinturas mexica­
nas tienen en Chile no podemos todavía calcularlas
|¡¡L in te le ctu al chileno Tom ás La g o , n a cid o en este s ig lo , es
au to r de lib ro s de p o e s ía , cuentos y e n sa y o s . En c o la ­
b o ració n con P a b |o N e ru d a p u b licó en 1926 " A n illo s " lib ro
de p rosa p o e m á tic a .
H om bre de se v e ra cu ltu ra e sté tic a ,
ju ic io m esurad o y c la ra com p ren sión d el sen tid o p o lític o
de la é p o ca , fu é no m b rad o a ca u sa de su noble p reo cu­
p ació n por el a rte a u tó cto n o , d ire c to r d el M useo de A rte
P o p u la r de la U n iv e rs id a d de S a n tia g o .
Ha o rg a n iz a d o
esta in stitu ció n con certero c rite rio m useo ló g ico y cum plid o
en e lla una fu n ció n d id á c tic a p le na de in te ré s, siendo su
intenció n a u m e n ta r el núm ero de la s a c tu a le s colecciones
h a s ta a lc a n z a r un conjunto de a u té n tic a fis o n o m ía a m e ric a n a .
Las fo to g r a fía s de los m u ra le s de S iq u e iro s h a n sid o
lealm en te to m ad a s p or el ta len to so a rtis ta chileno A n to n io
Q u in ta n a .—
N. A . F.

a

n u e s t r o

t i e m p o

en toda su integridad. Recordemos que en núestro país no ha habido nunca obras de arte al
alcance del pú blico; fuimos una colonia excep­
cionalmente pobre y ni aún las iglesias han po­
seído jamás tesoros artísticos. Al entrar en la
Escuela México de Chillón, bajo los frescos de
Javier Guerrero, sentimos en seguida como la
revelación de este nuevo sentido de la pintura.
¿Cuándo un campesino pudo haber visto obras
de arte en algún sitio? No era posible. En cam­
bio, ahora como un bien común esta obra de
arte estaba allí para recoger y despertar en los
hombres anónimos el espíritu que tenemos dere­
cho a suponer en nuestro pueblo.
POSTERGACION DE UN JUICIO CRITICO
Mucho se ha discutido y se discutirá todavía
por largo tiempo el procedimientos y los valores
de la pintura de Siqueiros. Personalmente, él
ha dado amplias explicaciones sobre su doctrina
en los círculos artísticos interesados: charlas, reuniones, homenajes de los pintores chilenos a
los pintores mexicanos sirvieron para examinar
desde muchos ángulos su posición estética.
Así como él emplea en su trabajo todos los re­
cursos materiales de la última industria, del mis­
mo modo echa mano de todos los recursos plásD e ta lle

d el

m uro

c h ile n o .

En seg und o

té rm in o

O 'H ig g in s .

ticos de la pintura moderna, incluso hay partes
centrales abstractas en sus composiciones, como
puede verse en los grabados de este artículo.
También ha querido realizar una pintura de épo­
ca arriesgando conscientemente sufrir todas las
contingencias de los valores transitorios que hu­
biese en ella. No puede haber error alguno: su
posición es totalmente afirmativa. No ha desde­
ñado nada. Como un recurso de materia, los pin­
tores de cierto período ponían la materia misma
en el cuadro: Siqueiros ha puesto igualmente,
bajo las armaduras de los guerreros españoles
(com posición Chilena) los trozos de vidrio del
espejo roto con que los conquistadores proyecta­
ban los rayos del sol para espantar a los indios.
Por nuestra parte, si tuviéramos que formular
un juicio sobre la pintura de este extraordinario
artista, podríamos hablar del dinamismo objetivo
de su tema, de las gradaciones simbólicas de su
maduro color, de la fuerza viva y desbordante de
sus formas, pero aún reconociéndolo un maestro
en todo ello, comprendemos que su obra, por sus
dimensiones y compromisos con la hora actual
queda más allá de todo juicio personal responsa­
ble, que tiene que aspirar forzosamente a una
mayor estabilidad. Por eso, ante la obra de Si­
queiros, lo más acertado es decir que se trata de

�unu gran pintura de nuestro tiempo, concebida y
realizada por un artista de nuestro tiempo, con
todos los conceptos y recursos de nuestro tiempo;
solamente que su valoración, por esto mismo,
queda íntimamente ligada, en el futuro, a la suer­
te que la historia asigne a nuestro tiempo.
Santiago de Chile, julio de 1945.

Fragm ento de una conferencia leída
en el Salón Am auta bajo el título de

CARTA

SOBRE

J. C. C A S T A G N I N O
La E d ito ria l L o sad a p u b lic a rá p ró xim am e n te
este tra b a jo de En riq u e A m o rin .

M uro norte de la
M uro

su d :

C o m p o sició n

c h ile n a .

b ib lio te c a .

C o m p o sició n

m e x ic a n a .

T¡^ L pintor frente al paisaje, reacciona de acuer^
do a su sensibilidad, a su estado de ánimo
y a su mundo interior. En ese momento, el pai­
saje avanza hacia el artista, erigido unas veces en
realidad y, en otras, como una fantasmagoría, que
tienta poseer el alma del que lo contempla.
Artista y paisaje se adelantan como a una cita
mágica y es allí, en ese lugar y tiempo imprecisos
donde se define la tercera existencia, vale decir,
la verdadera creación. Se ha producido el en­
cuentro de la imagen elegida, hecha visible rea­
lidad. con la emoción — estado de ánimo— que
domina al artista en ese momento milagroso. Un
paso más hacia el objeto observado y se invade
el campo del verismo fotográfico. Un paso atrás,
y el mundo visible entraría en el terreno de la
interpretación caprichosa lo cual significaría dar­
le espaldas a la naturaleza.
Nuestro pintor frente al paisaje, adopta la po­
sición del poeta que calcula lo abstracto y así
llega al límite donde la realidad se transfigura.
El mundo exterior gravita sobre el artista y sólo
aquel que está dotado para la auténtica creación,
consigue determinar el punto exacto donde lo
visible comienza en él a transformarse en obra
de arte. Castagnino se adelanta con sus pinceles
a la captación de la realidad y el encuentro en­
tre ésta y el pintor, determinan la particularísima
gracia de su estética. Observe usted, Barbeau.
esa inocencia de niño asombrado que tienen los
paisajes de Castagnino. En esos caballos frente
al mar. sorprende la glauca lejanía y con igual
ternura capta los rastros de la osamenta en tierra
donde el verde húmedo de las hierbas abonadas
por los huesos, le proporcionan un goce expre­
sivo. Nos trasmite la noble presencia del caballo
con un algo de “ descubrimiento*’ que los hace
tan distintos y tan suyos a un tiempo (véase “ Pes­
cadores del río” ). Creada la atmósfera campe­
sina. luego de situados armónicamente la tierra
y el mar donde dominan la botánica y la fauna,
el pintor comienza a darse el gusto con las tona­
lidades de nuestra pampa, cuyo caudal entra y
sale de la retina del pintor con abundante ple­
nitud. porque el encuentro entre el paisaje y el
hombre ha alcanzado el punto milagroso de la
creación. De que sea. a su vez, el nuestro, de­
pende de la sensibilidad de cada uno. Pero el
mejor punto donde se sitúa Castagnino. es, sin
ninguna duda, el que mejor se acomoda a un
arte americano, inocente, grande y perdurable.

H om enaje a

PEDRO

FIGARI

Comisión de Bellas Artes de Montevideo ha
organizado ttn homenaje al pintor Figari,
inaugurando tres exposiciones de su obra. Una
serie de conferencias explicarán al pueblo la pintu­
ra de Figari. Un álbum con reproducciones de los
cuadros más significativos acompañados de pági­
nas de escritores que consagran estudios de la obra
figaresca y un catálogo ordenativo, completan el
homenaje. Conviene destacar la intervención ofi­
cial en un plan tan vasto que se debe a Carlos
Herrera Mac Lean, crítico especializado en la
obra del gran pintor y presidente del comité de
hom enaje; a Orestes Baroffio, periodista de es­
trechas vinculaciones en el medio artístico rioplatense y a Carlos Rodríguez Pinto, poeta de fina
sensibilidad, colaborador eficiente en la tarea de
dar perspectivas a la pintura de Figari en el es­
cenario de América. Por la calidad del homenaje,
por las intenciones y por realizarse en una atmós­
fera de libertad creadora, el homenaje a Figari
tendrá el más cálido apoyo de L atitud y daremos
cuenta de su realización en el próximo número.

L

a

�SALON MUNICIPAL
DE OTOÑO
¥7'L verdadero Salón de Otoño que se inaugura
anualmente en la ciudad de Buenos Aires se
fundó hace cerca de quince años por iniciativa
de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos.
Ese nombre propio, no común, de Salón de Oto­
ño. pertenece moralmente a esta Sociedad que lo
tiene ganado como tal por prioridad y por pres­
tigio. No lo han entendido así las autoridades
del Museo Municipal de Bellas Artes que, al
fundar su salón anual, no han tenido reparos en
usar un título que, aún sin registro, se debió
respetar en su calidad de patrimonio ajeno. Si
no nos equivocamos, los mismos premios otorga­
dos en este Salón no son otros que los Munici­
pales que se dan anualmente en el Salón Nacio­
nal. otra falta de iniciativa creadora cuyo saldo
negativo será que este año el Salón Oficial no
contará ya con esas viejas recompensas.
Es así como hemos tenido este año dos salones
llamados de Otoño: uno de la Sociedad Argentina
de Artistas Plásticos y otro de la Municipalidad,
homónimos pero fundamentalmente distintos en
cuanto al pensamiento y jerarquía artística de
los expositores. Mientras el primero se organizó
por la sola voluntad de los artistas asociados, sin
recursos financieros y sin acicates de premios o
recompensas de otra índole; el segundo contó con
todos esos recursos, inclusive el de una propa­
ganda excepcional. No obstante estas desventajas,
el salón de S .A .A .P ., ralizado en los salones de
Peuser, se vió ampliamente apoyado por lo más
calificado entre la mayoría de los artistas ar­
gentinos. El otro salón, el Municipal, no consi­
guió reunir ese conjunto mínimo calitativo de
cuadros sin el cual un salón resulta un fracaso.
De haberle quitado al Municipal unas pocas obras
meritorias, quedaba reducido apenas a uno de esos
tantos saloncitos de socios de un club deportivo
o profesional de barrio.
¿Qué razones existieron para esa abstención, o
m ejor dicho, para esa no colaboración por parte
de lo m ejor de los artistas argentinos? Induda­
blemente. los motivos residen en la obra destruc­
tora realizada en estos dos últimos años por los
encargados municipales de la acción cultural ar­
tística de la Capital. Está presente en la memoria
de todos nuestros artistas el agravio inferido al
gremio con la injusticia de quitar de la Dirección
del Museo Municipal de Bellas Artes a un profe­
sional. el escultor Luis Falcini, cuyos méritos y
competencia museográfica son indiscutibles, para
colocar en su lugar a una persona ajena a las
artes plásticas, de manifiesta y comprobada inca­
pacidad para cualquier tarea técnico-artística exi­
gida por ese cargo. A este hecho se añadieron
otros que podemos calificar de atentatorios: el de
descolgar del Museo Municipal por “ orden supe­
rior” cuadros y esculturas calificadas “ subversi­
vas” , de Badi, Fació Hebequer, Yigo, Falcini y
otros; la destrucción a martillazos de un panel de­
corativo en el ex-Teatro del Pueblo, hoy Munici­
pal, por la sola razón de haber sido realizado por
el que escribe, a encargo del señor Barletta. . .
Todos esos son hechos frente a los cuales los
artistas de conciencia gremial no pueden perma­
necer indiferentes u olvidar con el tiempo. Hasta
que esos daños morales no se puedan reparar le­
galmente, el ambiente artístico vivirá en el des­
contento inquietante provocado por los que no
saben respetar la personalidad humana ni los de­
rechos sagrados de la obra de arte.

S o lic ita d a :
“ Buenos Aires, mayo 27 de 1945.
Señor Director de “ Pintura y Grabado” de
la Revista L atitud .
De mi mayor consideración:
Le ruego a Ud. publique en las páginas
de la Revista L atitud ¡a siguiente acla­
ración:
Quiero dejar constancia que los ejempla­
res acuarelados a mano de la edición “ Evo­
caciones Porteñas” , del doctor Gastón Fe­
derico Tobal, editada por la casa Guillermo
Kraft Ltda. (1945) no fueron realizados por
mí, ni bajo mi dirección, ni respetados los
bocetos originales.
Hago esta manifestación por estar des­
conforme con la citada edición.
Agradeciéndole la presente publicación, lo
saluda muy atentamente.
ENRIQUE FERNANDEZ CHELO:

es un artista en visible proceso ascensional. esto es. en viviente drama de
búsqueda y hallazgo de sí mismo, de su
substancia y su expresión. No otra cosa corres­
ponde. por cierto, a la inquietud de su juventud
auténtica, ávida y ambiciosa de experiencia y de
realización. Su constante desplazamiento viajero
sobre la corteza apasionante de nuestra América,
no es, en suma, sino el esquema dinámico de sus
apetencias profundas. Carybé no es el que pasa
sino el que ahonda. Recuérdense sus cotidianas
caricaturas de actualidad de hace algún tiempo.
Recuérdese aquella etapa suya que no es posible
clasificar sino dentro de la ilustración. No es la
habitual risa epidérmica de los caricaturistas, ni
la ironía más o menos sutil y penetrante del co­
mentario olvidadizo, lo que singulariza aquellas
obras de volandero destino. Carybé no ríe ni son­
ríe. Su instrumental es cruel y penetrante. Des­
carna y sus apostillas asumen la categoría levan­
tada del sarcasmo. Una convicción ennoblecedora
anima su inspiración, mueve su lápiz. La de la
irreductible seriedad de la vida, escenario de un
juego donde hasta la comedia descubre, a través
de inadvertibles fisuras, su fondo insobornable de
drama. No otro sentido asumen, en definitiva,
sus ilustraciones. Pero implican, en el artista, la
manifestación de un nuevo estadio de sus exi­
gencias expresivas, de su necesidad de ahonda­
miento en una realidad obsesionante y de elo­
cuencia y solidez re-creadoras. Algo de esto se
vió, se me ocurre que de manera muy signifi­
cativa, en la exposición realizada hace cuatro o
cinco años en el inolvidable salón del Consejo
Deliberante. Ya está Carybé, entonces, en el ca­
mino del cuadro de caballete; en el camino ás­
pero. erizado de altos problemas, de la pintura.
De cómo los afrontó, con qué honestidad y con
qué coraje, nos lo dijo en su muestra del salón
de Nordyska, hace un par de años. ¿Se resentía
esa serie, todavía, de la presencia del ilustrador
valiosísimo, excepcional, que había sido hasta en­
tonces Carybé? Y o pienso, con todo respeto, que
sí. Había en esa muestra, ya, más de un problema
específico de la pintura airosamente resuelto. Pero
—en términos muy generales— una composición
no bastante equilibrada y un color en que asoma­
ban sus puntas de estridencia, sugerían al espec­
tador la magnitud de la tarea asumida por el
artista en el porfiado propósito de hallarse a
través de una expresión más compleja. Desde
entonces a hoy — desde aquella exposición a la
que acaba de realizar en “ Amauta” — mucho ha
caminado el pintor. Mucho más. desde luego, de
lo que haría suponer la brevedad del tiempo
transcurirdo. Véase como agrupa ahora las figu­
ras y los elementos de sus cuadros, cómo los
envuelve en la unidad de su gama cromática, có­
mo valoriza sus distancias, cómo busca y consigue
sensibles superficies. Su color, sin embargo — un
color cuyas atrevidas purezas pueden traer al
pensamiento alguna remota reminiscencia del
arybé

C

Doña

U rsu la

M oya,

por C a ry b é

CUADROS DE CARYBE
EN "AM AU TA”
‘‘ Aduanero”— es suyo en el atrevimiento de sus
contrastes, en el clima exultante de sus tonos vio­
lentos, levantados. Carybé es uno de esos colo­
ristas en quienes se advierte la presencia de esa
dicha primitiva de mover colores, del gozo pri­
mordial de pintar. Ciertos azules, ciertos verdes,
ciertas tierras suyas, quedan en la retina como
una vibración musical dichosa, inolvidable.
¿Será preciso añadir a esto que Carybé es un
artista de esos que pugnan por revelarnos un
mensaje? Su técnica, cada día más personal, más
suya, más exclusiva, no es sino la consecuencia
de la fatalidad expresiva de ese mensaje humano
de sentido social y americano. Habrá un día que
analizar a fondo ese mensaje. Señalemos, por lo
pronto, que si en su cricatura y en su ilustración
era el sarcasmo el impulso dominante, en su
obra actual, pictórica, es el amor, el desintere­
sado interés, la simpatía humana, los signos que
presiden su apasionado ahondamiento en la viva
realidad del paisaje y el hombre de nuestras
tierras.
C. CO RD O VA ITURBURU

LOS P A I S A J E S DE
"GIAMBIAGGI”
Para el poblador colonial, primero, el criollo
burgués y el inmigrante de toda laya, después,
nuestra tierra — en su naturalidad— es respecti­
vamente una geografía recién nacida y una simple
materia fructificadora. En todo caso el habitan­
te de nuestro país, el físicamente adaptado y el
foráneo — casi siempre de vuelta en la nostal­
gia— es un ser pluralizado de externas urgencias.
Forasteros espirituales de dentro y de fuera, die­
ron. apenas, testimonio de la anécdota, el episo­
dio, la leyenda, el folklore, la epopeya, las cos­
tumbres, el retrato, etc. Pero, el paisaje no fué
objeto de pura contemplación estética. Ahora, los
tiempos han cambiado: el habitante siente la ne­
cesidad de una pronta y justa aclimatación espi­
ritual: el paisaje — el país, el pago— solera de la
de la tierra vivida— es ya una invitación a su
conocim iento por la poesía.
El descendiente actual de coloniales e inmi­
grantes habita con definitiva raíz y anhela el des­
cubrimiento de la tierra en él, sus colores y for­
mas. sus cielos, sus resonancias, sus ritmos, sus
ecos, su inconfundible e ineludible presencia.
Un largo estar en inocencia, en y ante el paisa­
je, es el espejo indispensable del nuevo conoci­
miento. Ni fórmulas, ni repentismos, ni repetición
por los sentidos. La poesía del contagio de la
tierra debe provenir de un sostenido diálogo con
ella. Los paisajes misioneros y misionales de
Giambiagi, expuestos en Amauta, nos dan esta
razón, revelándonos, entre otras visiones, 1?) que
la relación animada —sentimental y consciente—
con el paisaje argentino es de reciente data; 29)
que esta relación debe ser una suerte de con­
substanciación. resultante de una larga amorosa
convivencia; 39) que en nuestro país el paisaje
es todavía casi naturaleza virgen; 49) que, como
es reciente la actitud contemplativa, las creacio­
nes que la expresan deben exponer el asombro
del hombre ante el misterio de la tierra —selva,
sierra o llanura (com o en los paisajes de Castagnino consultan el misterio de la Pampa — dán­
donos su distancia— los caballos regocijados y
alertas); 5) que el paisaje debe darse como si
el espectador estuviese dentro, como el propio
artista le lleva en el corazón después de haberse
dejado traspasar por é l; 69) que el paisaje no es
repelible por la pintura sino recreable por el
color y la relación de las formas en una arqui­
tectura de pura invención; 79) que son un cono­
cimiento verdadero y que el autor es dueño de
un oficio dotado de excelencia; 89) que el hom­
bre es habitante de un contorno terreno-celeste,
ser de circunstancias y que su conversación con
ellas es la fuente primera de su canto.
N . A . F.

�T E A T RO
Dirige
M AR IA ROSA OLIVER

DON JACINTO BENAYENTE
Y SU TEATRO
por BLAS RAUL GALLO

T

ornan

a la vida los muñecos creados por la pluma infatigable de don Jacinto

Benavente. Cuando su obra parecía definitivamente relegada por la irrupción

de la nueva dramática española — encarnada fundamentalmente en la figura del inmor­
tal poeta granadino— . la España franquista y reaccionaria, sin libertad y sin arte,
agita el viejo estandarte benaventino, procurando así cubrir la brecha dejada por la
emigración de la intelectualidad republicana.

Este prurito de resurrección artística ha lle­
gado hasta nosotros. Varias son las salas don­
de se exhiben sendas obras de Benavente,
mientras el cable nos anuncia la inminente vi­
sita del comediógrafo, en compañía, claro está,
de la destacada actriz Lola Menbrives, la misma
que estrenó en España, como paradigma de la
dramaturgia argentina, una obra de Martínez
Payva.
No podría discutirse el derecho que asiste a
cada capocómico de representar al autor de
su predilección. (A lo sumo podría exigirse
el buen gusto de no estrenar una obra tan vie­
ja e innocua como “Rosas de Otoño” ). Lo dis­
cutible es el valor y la oportunidad que de­
terminadas reposiciones suponen y en que
medida puede la crítica aceptar que se silen­
cien obras de autores fundamentales del teatro
contemporáneo, tales como Clifford Odets, Saroyan, T. Wilder. Lennormand, mientras los
programas aparecen saturados por las obras de
un autor harto conocido ccmo Benavente. En
efecto, las piezas de este autor han llegado
a nuestro público profusamente a través del
teatro, el libro y la radio. En todas ellas se
ha elogiado siempre la presencia de un agudo
escritor, sabio componedor de bien graduadas
escenas. Cuando se posee esa virtud y sabe
manejarse el idioma con la destreza de un
elegante ironista. el éxito sobre el grueso del
público está parcialmente ganado. Pero sola­
mente por un determinado lapso, más allá del
cual no puede arriesgarse una insistencia.
Benavente es un escritor que buceando en
los más íntimos problemas de la clase media
rural española, escribió para el gusto de ciertos
sectores de la clase media ciudadana. El re­
verso del formidable Ibsen, que combatiendo
los vicios de la clase media de su país, com­
puso obras del más auténtico sentido revolu­
cionario para todas las épocas.
Benavente es el conflicto familiar. Es el
triángulo famoso del teatro burgués, en el
seno de la familia provinciana. Verdad es que
estos litigios de familia han permitido al au­
tor estructurar recios caracteres femeninos
que en definitiva son la justificación de su
teatro. Así nacieron, la Raymunda de “La
Malquerida” , Dominica de “ Señora Ama”, Feli­
cia de “Pepa Doncel” . Podría recordarse ese
liberalismo suave que suele observarse en mu­
chas de sus comedias, pero ¿quién va, en estos
tiempos aborrascados que vivimos, a tomar
muy en serio al Leo de “Pepa Doncel” ? Queda
sin duda, en el haber benaventino, su indiscuti­
ble habilidad en el remate de las comedias
dando pábulo al inveterado sentido adocenador
moral que parece congénito en la modalidad
de su obra.
En Benavente el drama es apenas una leve

superación del viejo melodrama español que
tan perniciosa influencia ejerció en la evolu­
ción del teatro argentino. De todas sus come­
días, la que más merece los honores de una re­
posición es seguramente “Los intereses crea­
dos”, con la cual nuestro Nacional de Comedias
se asocia a la recepción, incluyendo al autor
en la nómina de sus escritores dilectos (de
paso recordemos que la Comisión de Cultura
no ha permitido nunca la reposición de una
obra de Roberto Payró, el más grande escritor
argentino del presente siglo).
En “Los intereses creados” su autor se apar­
ta de la modalidad general en la composición
de sus comedias. Aquí los valores son más
universales y los personajes adquieren una tó­
nica más permanente. Si bien la farsa no
puede escucharse con la admiración de años
anteriores — fué estrenada en el año 1907—
pues su trama ha envejecido y su filosofía se
ha aniñado con el tiempo, cierto es que el
Crispín se insinúa ágilmente en el ánimo del
espectador, con el inveterado optimismo de su
audacia. Crispín aun subyuga, porque con ser
la creación más artificiosa de Benavente, re­
sulta la más humana. Crispín es el profundo
conocedor del alma humana. Conoce al hom­
bre en la medida que conoce la intensidad de
sus intereses.
Pero este Crispín bien puede resultarnos la
creación más subjetiva de su progenitor.
Cuando lo imaginamos condecorado por las
autoridades franquistas — a él que en 1922 re­
cibió el Premio Nobel— sin esfuerzo nos vie­
nen aquellas palabras con que Crispín adocena
a Colombina:
“Todos llevamos en nosotros un gran señor
de altivos pensamientos, capaz de todo lo gran­
de y todo lo bello. . . Y a su lado, el servidor
humilde, el de las ruines obras, el que ha de
emplearse en las bajas acciones a que obliga
la vida . . . ”
El problema sería que el gran señor ignorase
la existencia del otro, del que ha de “ em­
plearse en las bajas acciones a que obliga la
vida”. Pero esta también tiene sus caprichos
y la verdad es que no todo es farsa en la farsa.
A Federico García Lorca lo mataron los fran­
quistas y no hace mucho por cierto. Su recuer­
do, tanto como su obra, está en el mismo
músculo del pueblo que no ha de olvidarlo con
la misma facilidad con que lo hacen aquellos
escritores y artistas que apuntalan a la dic­
tadura franquista.
Mientras tanto, que nuestra Comisión de
Cultura reciba al autor de “Vidas cruzadas” y
a su dilecta actriz con todos los atuendos que
le permite su frondoso presupuesto. Más tar­
de, pronto quizás, será el silencio.

R IC A R D O
P A S S A N O , m a g n ífic o d ire c to r de e sc e n a , q ue
co n d u jo la c a s i to ta lid a d d e la s o b ra s d el re p e rto rio d e
" L A M A S C A R A " . En el v ie jo te a trito de M o re no 10 33, h o y
a s fa lt o de u n a lu jo s a a v e n id a , v ie ro n la lu z d e la s c a n d i­
le ja s sus m á s e s fo rz a d a s c re a c io n e s . Fue un o de lo s c re n d o re s d el " T e a t ro P r o le t a r io " , de e m o c io n a d o re c u e rd o .

I n a m a fjn ífieu
volatín con
“'V iv e c o m o q u i e r a s 99
ADA seis o siete meses, y algunas veces desgraciadamente
más. en las pausas que le deja libre su constante sacrificio,
"La Máscara", el joven teatro de arte que hace unos años
nos maravilló en su barraca de la calle Moreno, ofrece pequeñas
grandes pruebas de su capacidad escénica. Es asi. como después
de una larga serte de éxitos, entre los que cabe destacar: "D este­
rrados" y "En algún lugar" , de Ernesto L. Castro; "El avaro",
en una versión mucho más digna que la reciente: "Despierta
y canta
de Clifford Odets: " Macbeth" y "E l momento de
su vida', de William Saroyan: "E l bosque petrificado", de
Roben Sherwood. hemos llegado a " Vive como quieras" , la
brillante comedia de Kauffmann y Hart. que ya conocíamos hace
años en su adaptación cinematográfica.
Es una obra que tiene la rara virtud de atrapar la atención
del espectador desde la primera palabra, atención que casi siem­
pre se transforma en carcajada estrepitosa. Puede achacársele,
pese a la buena intención con que ha sido escrita, algunos boca­
dillos de tmte reaccionario, pero en general es sana, desde el
punto de vista de su ingenio aplicado y sentido optimista de
la vida.

C

El reparto bien amplio de " Vive como quieras" , cubierto
modestamente casi en su mayoría por seudónimos, se vió enga­
lanado con los recursos teatrales y la personalidad artística de
cada uno de los integrantes del grupo capitaneado por Ricardo
Passano, director y compañero. Este supo extraer el máximo
provecho de un libreto ágil y pleno de situaciones y sutilezas.
Lástima grande que la acción que declina notablemente en el
segundo acto, casi enteramente diálogo, extrañamente liviano y
cursi, no haya ofrecido el más mínimo asidero para su salvación
Quizás la poda, tan censurable en otros casos, hubiera sido en
este la milagrosa panacea.
Tomás Migliacci creó un Kolenkhov superior, sin duda, al
muy bueno de Mischa Auer: Diana Wells, perfecta en e' difícil
papel de la madre (P en ny) e improvisada escritora; la pareja
romántica integrada por Angel Pierlet y Susana Penny (T on y
Kirby y Aliec Vanderhoff) , cumplió con propiedad su cometido,
falto de brillo en la letra, como dijimos; Lola March, Isidro
F. Valdés, Juan J. Ross. Antonio Cobantes, Nieves Ibar. Pedro
Doril. Jorge Dalbón. Sebastián Menéndez y Pola Márquez, en
sus papeles respectivos de Rheba. Donald. Paul. De Pinna. Sra.
Kirby. Oficial. Policía 2?, Policía J? y Olga Katrina, aprove­
charon bien sus oportunidades. En cuanto a la figura de la
noche fué Pedro Asquini. que en el breve espacio que concede
el libro a Henderson, un cobrador oficial de impuestos, demostró
que un buen actor no necesita de un papel de extensión ni de
jerarquía para su lucimiento. (Claro que nos estamos refiriendo
a la escena independiente y no a los escenarios "comerciales"
donde las llamadas grandes figuras del teatro argentino limitan
al máximo las oportunidades de sus compañeros de labor). Un
aplauso nutrido, a telón abierto, valioso como símbolo, premió
el mutis de Henderson Asombró a muchos espectadores la pre­
cisión con que se desempeñaron los intérpretes, aún en los
papeles que requerían habilidades especificas, como los de Essie.
F.ddy. Martin V anderhoff y Sr. Kirby, conducidos respectiva­
mente por Alejandra Boero. Jorge Giralt, Ricardo Trigo y L eo­
poldo Saporiti.
Durante toda la obra se advierte la mano segura del director,
vigilante en todos los detalles, experta en la complicada evolución
de los personajes. En determinado momento en que actúan en
escena quince de ellos, sus desplazamientos están tan bien
estudiados, que se llevan a cabo armónicamente, sin ocasionar
las habituales interferencias y rupturas en la atención del público.
La dicción, natural en todos los casos, excepto quizá en el
de Susana Penny, que afecta un ligero tono de conservatorio,
pero pasa inadvertido. El montaje, sencillo e inteligente. Las
luces no constituyeron un problema.
Al terminar ¡a función y a requerimiento del público. Ricardo
Passano dijo algunas palabras referentes a la precariedad de
medios y la riqueza de tenacidad de intenciones de "La Más­
cara , un teatro "con los ideales de Romain Rolland". Acto
seguido, efectuó la justiciera presentación de los anónimos cola­
boradores del cuerpo técnico.
Ln síntesis
La velada superó ampliamente todas las espe­
ranzas de un abigarrado público de amigos, que hoy y siempre
estarán con las manifestaciones que impliquen un deseo de dig­
nidad. de altura y de renovación artística.
J . O. A .

20

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CI NE
Dirige
LEON KLIM OVSKY

La novela
U el
cinemalogra fo
O C TU BR E, de

UESTO que resulta inevitable aceptar en la
modalidad contemporánea del cine su as­
pecto narrativo, debemos convenir asimis­
mo en sus inevitables relaciones con la novela,
por lo menos con cierto tipo de novela.
Así como el cine se ha dedicado a narrar cosas,
pudo ser un cine poema, utilizando las imágenes
visuales como elementos líricos o simbólicos. Pu­
do ser también un cine-sinfonía, glosando temas
musicales en un desarrollo visual de forma cíclica
o contrapuntística. Pudo ser también un cine de
“ sketches” o un cine como elemento de reportaje
periodístico... Pero, en conclusión, ha evolucio­
nado hacia la forma narrativa, que. con la incor­
poración de la palabra, lo ha llevado hacia dos
formas precisas que podríamos definir como el
“ cine-teatro” y el “ cine-novela” .
A ello han contribuido eficazmente, la atracción
de ciertos títulos, el tiraje asegurador de numero­
sos espectadores, y una médula dramática con si­
tuaciones infalibles en su sugestión.
Pero en ese camino no ha podido solucionarse
un problema básico y de por sí insoluble: la no­
vela tiene una técnica, una mecánica narrativa y
el cine otra. Y son completamente opuestas: a
la novela, de carácter amplio, de evolución cíclica,
rica en personajes y problemas, enmarcados en
un amplio decorado de tiempo y espacio —así
sea el espacio subjetivo— opone el cine la bre­
vedad de su espectáculo: dos horas como máximo,
y la necesaria unidad de su relato. En verdad, el
cuento sería el género ideal de relato cinematográ­
fico. Pero no el cuento literario, en torno a una
situación, sino el de un tema central, recom­
puesto sobre una serie de escenarios y a través
de varios personajes... En resumidas cuentas, un
cuento de forma cinematográfica.
Fatalmente, al incorporar el cine una novela,
comienza por despojarla de personajes y de situa­
ciones, tendiendo a una unidad esquemática que
desnuda . el relato novelístico y lo empobrece.
Además, el reemplazo de la palabra por la ima­
gen, en la narración, trae aparejada una diferencia
profunda de estilos, que disocia completamente
ambas técnicas: por eso un pasaje completamente
desapercibido en una novela, puede dar lugar al
hallazgo más importante de una p elícu la ...
Todo ello crea una serie inagotable de interro­
gantes en torno a la fidelidad más o menos ne­
cesaria, a la eficacia de determinado estilo de
adaptación, o la adaptación misma, al adaptador,
a la conveniencia o no de que sea el mismo no­
velista quien traslade su obra al lenguaje de la
pantalla. Fundamentalmente, cabría convenir en
que novela y cine, son dos lenguajes distintos.
¿Cómo puede pretenderse, pues, que sea el nove­
lista quién vea la forma cinematográfica de una
novela?
Y desembocamos de nuevo en el problema ini­
cial: tratándose de técnicas y formas de narra­
ción distintas, se está intentando la soldadura arti­
ficial de dos géneros distintos, unidos por razones
de éxito e industria. El debate sería agotador y

P

S . M . E IS E N S T E IN

estéril, mientras no se plantee claramente la ne­
cesidad de utilizar sólo parcialmente elementos
comunes a la novela y a la narración cinemato­
gráfica.
Los elementos de sugestión de “ El muelle de
las brumas” , por ejemplo, son puramente plásti­
cos como traductores de una espléndida narra­
ción, mientras que la obra de Mac Orlan, es de
sugestión in terior... “ Viñas de ira” ha sido una
extiaordinaria película de John Ford: porque es
distinta en su concepción y desarrollo a la novela
de John Steinbeck en la que se inspiró. En “ La
carreta fantasma” , Julien Duvivier ha obtenido
una creación narrativa superior al libro de Selma
Lagerloff; pero el prejuicio de la fidelidad a la
obra original, lo ha hecho caer en los mismos de­
fectos literarios de la novela, y esa esclavitud es
la que perjudica notablemente al aspecto cine­
matográfico de su hermoso film.
El caso de la fidelidad escrupulosa nos ha dado
un clásico ejemplo de film malogrado: “ David
Copperfield” , realización fría y opaca, por exceso
de supeditación a la mecánica narrativa de Dickens, y al cuidado de evitar infidelidades ne­
cesarias.
Cuando John Ford se vió obligado a faltar el
respeto literario en su versión de “ El delator” ,
tuvo razón. Y así debió comprenderlo el autor,
Liam O’Flahertv, cuando decidió escribir espe­
cialmente una novela cinematográfica: “ El aluci­
nado” (“ El puritano” ) : ese nuevo film mostró
una construcción admirable de novelista cinema­
tográfico. Pero la disociación continuó existien­
do: en ese caso, la novela, supeditada al cine, se
resintió de una pobreza narrativa, que dió en
cambio intensidad al film. Lo mismo puede de­
cirse de “ La luna se ha puesto” , obra que indu­
dablemente escribió John Steinbeck pensando en
la película que podría realizarse, y que volvió a
demostrar la incompatibilidad de un acierto si­
multáneo: si era mejor el libro desde un punto
de vista exclusivamente cinematográfico, no podía
serlo desde el punto de vista novelístico: por eso
“ El puritano” y ” La luna se ha puesto” son gran­
des libros cinematográficos, pero medianas crea­
ciones como novela, esquemáticas y sim ples... Y
no hablemos ya del caso de un Cronin, escribien­
do “ Las llaves del reino” , en el que se trasluce
excesivamente el trabajo de “ encargo” , con fines
exitistas que resienten por igual la calidad del
film y de la n ov ela ...
Mediocres novelas han proporcionado en cam­
bio elementos para la realización de excelentes
films, como mediocres actores han resultado los
mejores intérpretes del cine; porque al margen
de la calidad literaria o novelística propiamente
dicha, han proporcionado los elementos necesa­
rios para la narración visual cinematográfica. Por
ello seguimos creyendo que el buen “ cinematur­
go” puede surgir más fácilmente de un mal na­
rrador que de un extraordinario n ovelista... Re­
cuérdense los casos siguientes entre otros: “ Or­
gullo y prejuicio” , de la relamida Jane Austin,
21

que con la ayuda de Huxley, permitió realizar
aquella hermosa y fina comedia titulada “ Más
fuerte que el orgullo” . “ Adiós, Mr. Cheaps” , no­
vela sentimental de Hilton, que insufló un real
espíritu poético en su versión fílnlica. “ Rebecca” ,
vulgar novelón de Dn Maurier, al que Alfred
Hitchkock dió original sugestión. “ Un ataúd para
Demetrio” , novela policial que vimos transforma­
da en un extraordinario film intenso y plástico,
bajo la dirección de Juan Negulesco. Y recorde­
mos el humor que extrajo René Clair del más
vulgar de los “ vaudevilles” franceses: “ Un som­
brero de paja de Italia” . . .
El dilema, pues, puede plantearse categórica­
mente en estos términos: o se cuida de la versión
fiel de una novela y se llega a la película antici­
nematográfica. O se utilizan libremente persona­
jes y situaciones de una novela, teniendo en cuen­
ta las leyes de la construcción cinematográfica.
Y este último caso, el único positivo para la
forma fílmica, nos lleva a la única solución acep­
table: la creación libre y completa del libro cine­
matográfico, realizado por el novelista o escritor
adaptado al cine: el “ cinematurgo” . Algunos en­
sayos van señalando ese único y lógico camino,
iniciado hace ya veinticuatro años por Louis
Delluc, que escribió y realizó especialmente los
temas de “ Fiebre” y “ La mujer de ninguna par­
te” , en Francia. Los más recientes son el de
“ Ocho a la deriva” , escrito especialmente para
el cine por John Steinbeck, “ Crimen sin pasión”
y “ Antes que me muera” , dos modelos de narra­
ción cinematográfica, realizados por el escritor
Ben Hecht, y en Francia, los ejemplos de “ Car­
net de baile” y “ El fin del día” , verdaderos
“ cinedramas” compuestos originariamente para el
cine, con una sabia utilización de todos los ele­
mentos narrativos que puedan realizar la imagen
y el son id o...
Nos falta aún conocer la experiencia rusa: el
caso reciente de “ Arco Iris” , adaptado para la
pantalla por su misma autora Wanda Vasilievska, prueban una original visión de las
necesidades de la pantalla: su autora ha cambia­
do el final y aprovechado situaciones secundarias
de la novela, que en el film han logrado con­
vertirse en los pasajes más intensos e inolvida­
bles, por su esencia misma, de profunda verdad
visu al...
Otro ejemplo ruso que inicia quizá una era
distinta en la narración cinematográfica, es el del
cine breve. Liberándose de la convencional me­
dida de las películas de hoy, Rusia realiza ahora
cuentos de una duración que varía entre los vein­
ticinco minutos y los cincuenta. Así se han reali­
zado dos joyas inspiradas en dos narraciones de
Chéjov: “ Jubileo” y “ Matrimonio” , y un film de
18 minutos basado en un bello cuento de G orki:
“ La carta” . He ahí un sano principio que señala
una comprensión y respeto a las necesidades del
cine, tan importantes para su eficacia, como las
de la novela en su propio campo.
I.

K.

�Verdad y Mentira
del "D oblaje”
por ROLAN!)
preocupación por un cine en el que los actores se expresen en idio­
ma castellano data del mismo momento, en que se admitió la posi­
bilidad de un séptimo arte hablado. En 1929, cuando “ La divina
dama” , película filmada muda a la que luego se añadió un fondo
musical, una canción romántica que simulaba entonar Corinne Griffith y
los ruidos destinados a dar mayor realismo a las escenas de la batalla de
Trafalgar, convenció a algunos críticos y a bastante público que el cine
había ganado en buena ley su derecho a la palabra, nadie concebía que
en las inminentes producciones totalmente habladas los actores expusiesen
sus ideas y sus sentimientos en un idioma extraño. Y menos aun imagina­
ban que la hasta entonces cómoda tarea de alternar la visión de las imá­
genes con la lectura de los títulos tendría que hacerse, desde ese instante,
en forma simultánea, obligándose a un incómodo proceso de desdobla­
miento de la atención.

L

a

Hollywood lo entendió así. Y después que las exhibiciones de las pri­
meras producciones habladas y sobretodo musicales (la revista fué la p ie­
dra de toque de ese cine que hizo de la banda de sonido su nuevo amor)
pasaron la etapa de la simple curiosidad popular cobró trascendencia el
problema del idioma frente a los públicos hispanoparlantes. Y casi simul­
táneamente se dió principio a la producción directamente hablada en cas­
tellano. Casi todos los estudios de Hollytvood dedicaron una parte de su
presupuesto anual, tal vez insuficiente y por eso la tentativa fracasó, a
realizar películas con artistas de habla español. Pero la duración de esa
experiencia fué efímera. La incapacidad de los artistas, la mala elección
de los temas y la modestia de recursos con que se filmaron rompió toda
perspectiva de competencia con el resto de la producción hablada en in­
glés. El público prefirió acostumbrarse a ver la imagen y leer los títulos
a la vez y poco se preocupó por los sonidos extraños e incomprensibles
que emitían las gargantas de los intérpretes.
Hubo un período de calma no muy largo. Se interrumpió cuando la
técnica cinematográfica, tan llena de sorpresas y tan vasta de recursos,
perfeccionó el “ doblaje” . Si muchas escenas filmadas en exteriores eran
“ dobladas” luego en el estudio con un resultado óptimo, con un poco más
de trabajo y de paciencia se podría llegar también a “ doblar” , no sólo las
voces, sino también el idioma. La idea se llevó a la práctica, pero por la
imperfección del sistema y porque el mismo se cumplió en zonas locales
(España, por ejem plo) tornando sus voces inadaptables al gusto de otros
países, y particularmente, del nuestro, el más alejado del verdadero cas­
tellano, no prosperó. Esas películas sólo llegaron a nuestro público mu­
cho después de la versión original en inglés directamente a las pantallas
de barrio.
Luego de otra pausa, más pronunciada, ha intentado Hollywood, ya
con armas más poderosas y después de múltiples y minuciosos ensayos,
la imposición de sus grandes películas “ dobladas” en castellano. Técnica­
mente son inobjetables. Sólo prestándoles excesiva atención se descubre
la trampa. De lo contrario se tiene la impresión de que los artistas hablan
realmente nuestro idioma. Pero hay, lamentablemente, un escamoteo irre­
parable: al privamos de la auténtica voz de un intérprete se nos priva de
un factor importante en el juicio de su arte, y aun no entendiendo inglés
se descubre casi siempre un notorio divorcio entre la intensidad de un
gesto, que pertenece al intérprete que estamos viendo, y la intensidad de
la expresión verbal, que pertenece a un intérprete que no vemos, y que,
podemos suponer, por su condición anónima, inferior en mérito al con­
sagrado. Si en cambio, se obligara a los actores originales a recitar su
parte en castellano, aunque fuera mal pronunciado, se evitaría que la bús­
queda de las palabras obedeciera más al movimiento de los labios coin­
cidentes con el inglés, que a t exacto sentido de una frase o de una pa­
labra. (Con lo que se desvirtúa un factor a veces fundamentalísimo: el
diálogo). Ya no habría, entonces, que alterar las palabras originales en
el “ doblaje” . Pero, de todas maneras se crea, así, un nuevo tropiezo en
los méritos del intérprete: expresándose en un idioma que no domina,
sacrifica buena parte de la intensidad de su creación.
Y llegamos a un punto culminante del problema. Aun aceptado el
“ doblaje” como sistema, por sus ventajas para la comodidad de un pú­
blico no exigente, no se puede aceptar un mismo “ doblaje” castellano para
España y todos los países latinoamericanos. Hasta ahora se ha buscado,
evidentemente, un castellano medio, digamos, que oscila entre la pureza
monótona del castellano español y la impureza pintoresca castellano la­
tinoamericano, más marcada cuanto más al sur se desciende. Y si el pro­
cedimiento puede tolerarse en películas de ambiente elegante, refinado,
como “ La luz que agoniza” , no sucede lo mismo cuando se abordan temas
de fisonomía popular, en los que el diálogo exige modismos en forma irrenunciable. Con ese castellano “ standard” no se puede pensar en filmar
películas de bajo fondo o de simples barriadas populares. El “ doblaje”
resulta, así, privativo para una versión de “ Pigmalión”, por ejem plo, o
de la mayoría de las obras de O’Neill, e incluso haría imposible el “ do­
blaje” del lenguaje en “ cockney” de “ Un desolado corazón” , de Lleuellyn.
Es este el grave problema del cine “ doblado” en castellano, cuya lejana
solución estaría en la realización de versiones para cada país sobre diá­
logos escritos por autores locales interpretados por artistas también locales.
Y conste que en esta apreciación general del “ doblaje” no nos hemos
olvidado que, fuera del cine, sólo conocem os a Shakespeare a través de
sus traductores, es decir, no lo conocemos aunque pretendamos que sí; y
que dentro del cine, nunca hemos querido dudar sobre si la voz inconfun­
dible de Bette Davis en idioma inglés pertenece realmente a ella o a una
“ doble” suya. En cuyo caso poco valdría todo lo dicho más arriba.

Con lo p re d e stin a c ió n en su a lm a de su p ró x im o fin no v a c ila en a y u d a r a lo s e s c la v o s .

ROSA
U L IE S S

P E T IT

P E N S A M IE N T O

DE A M E R I C A
DE

M URAT

Y

H O M ER O

S O B R E EL F IL M

M ANZI

R ES U M EN

E X T R A O R D IN A R IO

DE

PO RA

E S T U D IO S

" L A L IT U D "
SA N

SU

M IG U E L .

de América” evoca una gran figura continental: la de Rosa de
Esa figura nos re­
sultó fascinadora por los aspectos que señalaban su más versado y talen­
toso hagiógrafo, el jesuíta Hansen. y que la mayoría de los comensales
ha olvidado, para detenerse en la capacidad penitencial de la Santa. En
primer lugar, señalaremos el antiracismo declarado de Rosa. Hansen lo
señala al afirmar que la Santa combatía los prejuicios de la clase de es­
pañoles elevados hacia los negros e indios. Atendía por igual, con la in­
saciable violencia de una caridad magnífica, de una solidaridad humana
sin límites, en su pequeña enfermería, a todos los enfermos, incluso a los
esclavos negros heridos en las fugas. Nosotros hemos dramatizado estos
resplandores de esa vida casi increíble, que dedicaba doce horas al tra­
bajo, diez a la oración y la mortificación, y tan sólo dos al reposo. Hemos
apuntado un retrato de Rosa, de su acción fervorosa, de la época en que
le tocó transitar por tierras de América naciente: una época en que el
sueño tremendo del Vellocino de Oro conm ovió a las almas de los nuevos
argonautas de la España Imperial y los lanzaba, rabiosos el destierro, ar­
diendo con la fiebre de la codicia, a la conquista brutal, mientras otros,
fija la mirada de una concepción profunda de la eternidad, trataban de
borrar las huellas de sangre que sus camaradas habían dejado. El film
se apoya en la verdad, pero, ante todo, en su relato encaminado a produ­
cir un determinado efecto y una parábola deliberada desde el principio.
Como en “ Su mejor alumno” , hemos aglutinado acontecimientos disper­
sos y, cuando ha sido preciso, hemos inventado, lisa y llanamente. A los
historiadores quedan libradas las difíciles, tal vez imposibles precisiones
de enumerar una vida humana en ese pobre orden asequible a nuestra
más pobre inteligencia: el paso de los hechos, en el tiempo. “ En “ Rosa
de América” , entramos, muchas veces, a la tal vez más verdadera y en
todo caso siempre más hondamente conmovedora, disposición arquitec­
tónica. deliberada, ordenada con toda conciencia de muchas vidas, de
muchas almas entrechocándose.
o sa

R Lima, santificada y declarada Patrona de América.

Rosa (D e lia G a rc é s ) a m a b a a lo s p o b re s, lo s m en esterosos y d e s a m p a ra d o s. Sus h o ra s
la s re p a r tía e n tre la o ra c ió n y la c a rid a d , v is ita b a el a r r a b a l de L im a lle v a n d o consuelo
y re m ed io s p a ra sus m a le s a los neg ros e s c la v o s , lep ro so s, ta re a q ue n a d ie se a n im a b a
a r e a liz a r .

�MUSICA
Dirige
LEOPOLDO HURTADO

L n gran compositor habla de la música de nuestro tiempo
década 1930-1940 marca la terminación de
la fase experimental de la música contem­
poránea. Durante casi cuarenta años, la música
ha pasado a través de una serie de crisis revo­
lucionarias, cuyo resultado ha sido la bancarrota
de las idiotizantes “ reglas” de la armonía, la
frase rítmica y la construcción melódica. Hacia
1930, los compositores de todas las latitudes co­
menzaron a percibir la necesidad de consolidar
las conquistas logradas en tantos años de expe­
riencia. Como Hindemith, deseaban hacer uso
de los descubrimientos de los pioneers, para ha­
cer un inventario de todos los recursos musicales
que estuvieran ahora a su disposición. Además,
desde el punto de vista estético, ya no había nada
que temer del romanticismo; estaba firmemente
establecido que la nueva música, sea cual fuere
su estilo, iba a adoptar una actitud objetiva, a
ser concebida con claridad y a mostrarse refinada
en su expresión emocional.
Este era el movimiento natural del péndulo
musical. En el pasado todo período de experi­
mento, dentro de la esfera musical, había sido
seguido por otro de recapitulación. Esta necesi­
dad de un “ nuevo orden” en la música contem­
poránea fué intensificada por un factor externo
muy importante: la reacción, o más exactamente,
la falta de reacción de parte del auditorio.
Desde los días de Wagner, ha sido un axioma
que el oyente profano es por naturaleza lento en
la comprensión de las innovaciones que se pro­
ducen en el ámbito del arte de combinar bella­
mente los sonidos. Durante los más críticos años
de evolución que sucedieron a la muerte del
genio de Bayreuth, los compositores habían llega­
do a dar por sentado que sus obras sólo podían
ser de interés para los oyentes más alertas. ¿C ó­
mo podía esperarse que el aficionado común,
ajeno, en comparación con los otros, a las diversas
transformaciones que trajeron los cambios gra­
duales que se operaron en los métodos y en los
ideales musicales, entendiera un lenguaje artístico
que sonaba como si procediera de otro planeta?
Los compositores, al final de la tercera década
del siglo, comenzaron a experimentar la sensa­
ción intranquilizadora de que una amplia brecha
los separaba de sus oyentes. Hubiesen sido bas­
tante torpes al no comprender que esta falta de
contacto con el público los colocaba en una si­
tuación crítica. Además, el hecho de que la
nueva música comenzaba a “ normalizarse” hizo
más que nunca deseable y aun necesario que se
realizara un esfuerzo para reconquistar el interés
de los oyentes en la música contemporánea.
La única nueva tendencia discernible en la
música de los últimos diez años, puede derivarse
de la sensación de desagrado por parte de los
compositores ante la falta de una relación salu­
dable con el público. Como resultado de ello,
se tomaron dos medidas: primero, muchos com ­
positores trataron de simplificar su lenguaje mu­
sical, y luego, intentaron tomar contacto con el
público, no sólo en las salas de concierto, sino
también buscando oyentes y ejecutantes donde­
quiera que pudieran hallarlos: en las escuelas
públicas .y en los colegios, en los conservatorios,
en los cinematógrafos, a través de la radiotelefo­
nía y el disco fonográfico: en todo lugar, en
realidad, en donde se escucha o ejecuta música.
Los primeros signos de esta nueva tendencia los
podemos hallar, históricamente, en Europa cen­
tral, durante la tercera década de este siglo.
Era natural que los compositores se percataran
de su falta de contacto con el público musical­
mente educado en los paises en que la música se
cultiva en mayor grado. Para remediar tal estado
de cosas, buscóse una solución típicamente ger­
mana. Los compositores, con Hindemith a la ca­
beza, comenzaron a escribir obras adaptadas es­
pecialmente a las necesidades del “ amateur”
musical. Esta música — más tarde llamada Gebrauchsmusik, literalmente música de encargo,
con un fin determinado— estaba destinada a fa­
miliarizar a los ejecutantes aficionados con reT

e

j

a

LA MUS I CA
ACTUAL
por AARO N CO PLAN D
cursos musicales diferentes de los que emplean
los compositores clásicos, a los que conocían muy
bien. Los primeros pasos en tal sentido fueron
apoyados por los editores de música, que vieron
en ello la posibilidad de lograr nuevas ventas en
un mercado antes no explotado*. Pero el valor
de estos primeros sondeos fué puramente táctico,
pues el contenido musical intrínseco de la mayor
parte de la Gebrauchsmusik era débil. Los com­
positores continuaban reservando sus mejores
pensamientos para la música “ seria” . No obstante,
en esta forma se puso de relieve la posibilidad
de establecer contacto con el aficionado común.
Al mismo tiempo, en Alemania se hizo tam­
bién otro intento de llegar al público. Esta vez
se trató de buscar a los aficionados a la ópera.
Kurt W eill y Emst Krenek, ya mencionados al
hablar de la influencia del “ jazz” , buscaron deli­
beradamente en sus obras escénicas el “ interés
popular” . Ambos eran compositores de gran ca­
pacidad técnica, que podian escribir en el estilo
de más difícil comprensión.
Pero el público de ópera, en la Alemania de
posguerra, no era el relativamente entendido de
la época anterior. Carecía completamente de pre­
paración para apreciar las complejidades atonales
de Berg y Schoenberg. Mediante la introducción
de canciones de un estilo seudo “ jazzístico” , en
lugar de las anticuadas arias, W eill y Krenek le
daban al público algo que estaba a su alcance.
Aquí, nuevamente, quedó demostrado que me­
diante el cambio de sus objetivos, el compositor
podía establecer contacto con un amplio sector
de oyentes.
Pero el tercer signo de la nueva tendencia,
y posiblemente el más significativo, procedió de
Rusia, principalmente a través de las obras del
joven compositor soviético Dimitri Shostakóvitch.
El ejemplo del autor de la Sinfonía de Stalingrado, sin duda, podría multiplicarse si las obras
de los compositores rusos actuales se escucharan
fuera de la Unión Soviética, tan frecuentemente
como las de aquél. Resulta fácil comprender que
un compositor joven, viviendo en medio de una
revolución social, haya pensado principalmente
en el problema de su relación con el público. La
nueva masa de oyentes, sin haber recibido edu­
cación musical, no se hallaba, por supuesto, pre­
parada para captar las sutilezas musicales. Y, sin
embargo, el compositor soviético debe de haber
sabido que sus obras sólo podían dirigirse a esa
misma masa de público.
Es curioso advertir el efecto que esta circuns­
tancia ha tenido también en la música de Serguév
Prokófief, que permaneció muchos años en el ex­
terior, pero que regresó luego a vivir a su patria.
No será éste el más grande de los compositores
modernos, pero ciertamente es uno de los más
deliciosos. Su estilo es fresco, claro y homogéneo,
características éstas demostradas desde el comien­
zo de su carrera. Siempre ha causado sorpresa
comprender lo poco que en esencia ha cambiado
su música durante dos décadas, ya sea en lo que
concierne a su contenido emocional, o bien en
cuanto a su perfección técnica. Solamente en sus
orquestaciones demuestra un progreso con res­
pecto a sus obras anteriores. Se podría haber
adivinado que lo que necesitaba el pueblo so­
viético era su estilo, pleno de invención melódica
y de joie de vivre. Y se lo podría haber pensado
así con razón, porque .hasta donde puede opinarse,
basándose en las obras recientes que se han es­
cuchado en el mundo occidental, su redescubri­
miento de su tierra nativa lo ha inclinado más
23

decididamente hacia la música de expresión di­
recta y de simplicidad absoluta.
Pero la influencia del público no iniciado se
observa con mayor claridad en la producción de
Shostakóvich. A la edad de treinta y cinco años,
es autor de óperas, “ ballets” , obras de cámara,
numerosas partituras de películas cinematográfi­
cas y seis sinfonías, además de otras ya anuncia­
das. La eficacia de su música, ha sido demos­
trada de manera indudable, tanto dentro como
fuera de la Unión Soviética. Pocos podrían decir
que la suya es música de primera calidad. Pero
si por momentos parece innecesariamente trillada
y convencional, resulta imposible negar el extra­
ordinario flair y la invención musical pura de
que se hace gala. No cabe duda de que es un
hombre que sabe escribir. Su empleo peculiar de
la forma es interesante desde el punto de vista
de la estructura, pues la música parece fluir con
facilidad, en lugar de hallarse entretejida de ma­
nera apretada, poseyendo tan sólo material adap­
tado temáticamente, según la costumbre germana.
La intención emocional de la música es siempre
transparente- como un cristal — casi demasiado,
pues uno se hastía pronto de los movimientos que
son demasiado llanos, en un sentido u otro— ;
satírica o sobria, grandiosa o sentimental. Cual­
quiera sea su debilidad, en Shostakóvich la Unión
Soviética posee un compositor con una persona­
lidad propia notable, que conoce la manera de
revivir la tradición de Borodin y Chaikovsky, de
modo de que interese no sólo a las masas prole­
tarias de Rusia, sino al público aficionado a la
música de todas las latitudes. Su influencia es
posible que gravite sobre otros compositores que
posean sus mismos ideales artísticos.
La nueva simplicidad ha dejado una sensación
de desagrado en algunos de nuestros integrantes
de la “ élite” musical. Opinan que constituye una
sustitución deventajosa, con respecto al estímulo
producido por las obras lanzadas durante la ter­
cera década del siglo que corre, época en que
cada año traía numerosas producciones cuyo estilo
o modalidad no podia pronosticarse. Mas este
período ha desaparecido de manera irremisible,
y por más ansiosamente que se piense en ellas
no podrán volver. La última década será impor­
tante históricamente, aparte de la simplicidad, si
ha producido obras de mérito musical sólido.

AARON

C O P LA N D

�ESCULTURA
Pero todavía nos hallamos demasiado cerca de
ella para poder decir con cierto grado de segu­
ridad cuál será el escenario musical en lo futuro.
i En una carta a N ic o lá s S lo n im s k y . e n v ia d a p o r H ijo s
de B. S c h o tt, e d ito re s de las o b r a s de H in d e m ith (cita d a
p o r S lo n im s k y en su lib r o “ M u s ic S in c e 1900". se h ace
una d is t in c ió n e n tre la “ G e m e in s c h a ft s m u s ik ’ ’ , la m ú sica
para la c o m u n id a d , y la “ G e b r a u c h s m u s ik ” , la m ú sica
es crita c o n c ie r to s p r o p ó s it o s d e te r m in a d o s , a d ife r e n c ia
de la d e c o n c ie r t o o a r tís tic a . M ás r e c ie n t e m e n t e , toda
la m ú sica c o n c e b id a c o n a lg ú n p r o p ó s it o p a rticu la r, o
para c u a lq u ie r g r u p o de e je c u ta n t e s a p a rta d o de la e sfe ra
de los c o n c ie r t o s , ha sid o lla m a d a “ G e b r a u c h s m u s ik ” .
(D e l lib r o “ M ú sica y m ú s ico s c o n t e m p o r á n e o s " .
Con
a u to r iz a c ió n de la E d ito ria l L o s a d a ).

Recuerdos de Claudio Debvssy
u cuarto de trabajo estaba a la derecha del
com edor; la mesa delante de la ventana,
y un piano vertical de palisandro detrás. Poste­
riormente, la casa Pleyel, siempre generosa con
los artistas, le ofreció un hermoso instrumento en
caoba, que él me mostró y me hizo oír lleno de
alegría. El sillón destinado a las visitas estaba
a su izquierda y casi frente al suyo. A llí me hizo
sentar y, bajando un poco la cabeza para evitar
mis excusas, comenzó por felicitarme. Pronto me
sentí cóm odo, a causa de su rostro sinuoso que
me recordaba el Extremo Oriente calmo y cortés,
y sobre todo porque yo presentía en él las pre­
cauciones, muy parecidas a las mías, para no rozar
a los extraños, y para no decir nada sin la certi­
dumbre de ser comprendido.
“ Hablaba con una voz baja y nitida, por frase»
cortadas; y de una tirada, sin buscar jamás las
oalabrat, ofrecía de pronto una imagen maravillo­
sa. Su espíritu era el de un poeta. Y o no sé si,
como han afirmado varios amigos suyos, cuando
estaba en el Conservatorio ignoraba todo lo re­
ferente a la literatura; pero de lo que estoy se­
guro es que, desde entonces, ha recuperado mejor
que nadie el tiempo perdido. No es por azar que,
a su regreso de Roma, haya buscado, como únicos
camaradas, la élite de los escritores; consultado
a Henry de Renier, por ejem plo, estando pre
sente Catulle Mendés — según me lo ha contado
después— sobre su texto de las Prosas Líricas,
pronto para iniciar su com posición; y frecuen­
tado asiduamente el cenáculo, prohibido a los
profanos, de Stéphane Mallarmé, donde yo no
creo que haya entrado otro músico. Es allí donde
vió a Whistler tomar un dibujo de Odilon Redon
y preguntar de qué lado había que ponerlo; a
Verlaine sentarse a un rincón de la estufa, llenar
su pipa y pedir a Mme. Mallarmé un ajenjo bien
abundante. Otro dia conoció a Pierre Louys y pa­
só con este exquisito conversador una larga velada,
hasta la madrugada, en la cual los dos amigos
esperaron que se abriera un café en el Bois de
Boulogne para proseguir la conversación durante
varias horas todavía, ante sus tazas de chocolate” .
L.

La Editorial Argentina de Música
o r
iniciativa de la señora Cecilia Benedit de
Debenedetti, acaba de constituirse en Buenos
Aires una editorial de música cuyos comienzos no
pueden ser más halagüeños.
Se trata de la Editorial Argentina de Música, que
se dedicará —Oh, dioses inmortales— a difundir,
en ediciones pulcrísimas, la mejor música que se
escriba en este país. Este propósito implica algo
tan singular en nuestro medio, que debe destacár­
sele en forma especialísima.
Para que el lector pueda tener una idea de lo
que significa “ la mejor música argentina” bastará
hacerle saber que el consejo artístico de la nueva
entidad está constituido por José María Castro.
Jacobo Ficher y Luis Gianneo, y dar una brevísima
nómina de las primeras ediciones que se han pre­
sentado al público.
Figuran en ellas: Siete canciones, de Jacobo Fi­
cher; la Sonata de Primavera, de José María Castro:
una Sonatina para piano, de Luis Gianneo. Cuatro
piezas sobre temas infantiles, para piano, de Was­
hington Castro; Introducción y fuga, para clarinete
y piano, de Honorio Siccardi; Toccata para piano,
de Juan José Castro; “Las horas de una estancia",
para canto y piano de Alberto E. Ginastera; "Malborough's Retum” de Roberto García Morillo; Seis
movimientos corales de Pedro Valenti Costa y varias
Coplas de Gilardo Gilardi.
Esta editorial era algo que nuestro pais necesita­
ba imperiosamente y que se crea ahora merced a
la felicísima iniciativa de la señora de Debenedetti.

P

H.

De Adolfo Solazar
“ Aquellos pueblos que viven una estética mu­
sical “ nacionalista’' relativamente atrasada pasan,
en el momento actual, por un dilema decisivo:
o tienden a superarse o caen en la reacción. Su­
perarse queda entendido com o rebasar los valo­
res contingentes, circunstanciales de tiem po y
lugar, con los valores universales del espíritu” .
{D e

“ S ín te sis

de la h is to ria d e
E d ito ria l P le a m a r ).

la

m ú s ic a "

Dirige
Ll'ÍS FALChM

Fu nc i ó n' e s c l a r e c e dora

de

la C r í t i c a

de A r t e

ATALAYA
SU C O M P R E N S I O N

DE LA E S C U L T U R A

los escritores que se han ocupado del desenvolvimiento de nuestras artes plásricas avanza con perfiles heroicos la recia personalidad de Alfredo Chiabra Acosta,
conocido por A t a l a y a . Todos los aportes renovadores a la pintura y a la escultura
del país, como las fuerzas negativas que se oponían al natural desarrollo de aquéllos,
encontraron en el penetrante espíritu crítico de este hombre extraordinario, unos, la
generosa comprensión nutrida en el conocimiento-intuición de los procesos de la crea­
ción artística: otros, la intrepidez y fuerza moral para señalar desviaciones o fustigar
intereses subalternos. Su labor esclarecedora se desarrolló durante los veinte años
anteriores al de 1932, en el que terminó su existencia de combatiente. En ese lapso,
fué siempre el primero, y a menudo el único, en advertir y estimular la labor de
cuanto artista aparecía en nuestro medio anunciando un noble don expresivo. Ningún
intento de expresión personal, cuando todavía era difícil captar la potencialidad de
la obra en agraz, pudo escapar a su singular aptitud para “ ver debajo del agua".
L a t i t u d , al rendir homenaje al pensamiento liberal, recuerda el de Atalaya, des­
tacando de sus “ Críticas de arte argentino" algunos conceptos sobre la Escultura, —los
modos de expresión, la ética del artista, la de la crítica y el significado del estímulo
oficial,— en virtud de su permanente actualidad.

E

ntre

La Escultura
“ La Escultura, hermana gemela de la
A rquitectura, es el arte de esencias más
nobles, y la que puede contener con m ayor
potencialidad nuestras más insondables
ansias de infinito. N obilísim o simulacro
de la terrible, armoniosa fuerza secular y
m olecular del guijarro y de la montaña,
bloque hum anizado de ella misma, es la
única m edida que tenemos de nuestra
eternidad” ..............................................................

Fórmulas modernas
“ Actualm ente, y en esta era moderna,
más repleta de teóricos que de verdaderos
artesanos — en el más am plio con cepto—
se escribe y se habla de escultura pura, de
construcciones geom étricas en demasía,
quizá con el laudable p rop ósito de reanu­
dar la tradición de las más grandes épocas
escultóricas que tuvo la hum anidad. Y sin
advertirlo, estos mismos que hablan a todo
trapo de estilización y de geometrías, no
hacen sino reducir el problem a a una
cuestión retórica y tal vez a un im presio­
nismo de planos y volúm enes cuando p o ­
nen en práctica esa retórica. Caso co n ­
creto es L ipcliiz” .................................................
“ A brien d o un forzoso paréntesis nos ve­
mos obligados a proclam ar bien alto la
desconfianza que nos infunden esas frasesrecetas, efigies borrosas del lugar com ún,
de los vacuos v platónicos propósitos. Ba­
rajando estas fórm ulas simplistas p od e­
mos ob jeta r que antiguamente, cuando se
lograban épicam ente “ la escultura arqui­
tectural” y “ el sentido constructivo y geo­
m étrico de la form a ’ , nacían de la com p le­
jidad de m uchos factores, y el más básico
entre ellos era el de una necesidad profun­

damente orgánica de expresión biológica,
diríam os, esto es, de la doctrina que ha­
bíase form a do del universo: y no apoyán­
dose en una teoría apriorística, que es todo
lo contrario de una prolongada y lentísima
elaboración evolutiva. Si querem os preci24

A TA LA YA

pitar los factores tendrem os estas teoría-

a priori que dan lugar a todos los artificios
y a todas las artificiosidades” ........................
“ P or esto m ism o, hay que desconfiar de
los conceptos tan redondos, tan hechos,
que pueden hacernos correr el peligro de
no dejarnos pensar, y hasta no sentir por
nuestra propia cuenta. ¡Y a hay muchos
que esculpen y pintan con estos conceptos
va m anipulados, y en verdad cabe decir
que son la peste del m undo, que mancillan
la divina frescura del arte!
“ Se ha dado en creer que únicamente
los cuadros de género, de asunto, las ma­
chines, eran pinturas anecdóticas, y se
encaró el problem a en su más burda faz.
La anécdota, lo anecdótico, es la vulgari­
dad del sentim iento, de la pasión, de la
sensibilidad y del talento. ¡ Eso sí es la
anécdota pura en toda su chabacanería!
¡Y tanto da que un escultor o pintor
cubista construya por planos buscando el

�sentido arquitectónico de la form a, pues
si su inspiración es vulgar, su com posición
adolecerá de todos los defectos de anecdotismos que se le reprochaba a los con ­
vencionales cuadros de g én ero!” ...............

Acentuación del carácter

*

“ Miguel Angel hizo de Moisés el caudillo
de un p ueblo, el creador, un dios de un
aplomo y potencialidad única. ¿E l tau­
maturgo hebreo fué exactamente de ese
modo en la realidad de aquellos lejanos
tiem pos? Probablem ente que no. D ejando
de lado una figura legendaria, pasemos al
Balzac de R odin . Quién buho de trans­
figurar y elevar al ciclo de lo ép ico, una
figura de hom bre que en la feria de la
vulgaridad cotidiana no fué más que un
gordo, rech on ch o, de p o r te a n tie s té tico .
Sin em bargo, todo el p oder creador de
La comedia humana vive en esa estatua,
columna gotizante en sus tonalidades som­
brías, casi maciza, que, en toda su pesadez,
parece que se tuerce, se yergue, en un
dinamismo ascendente, en ligera espiral:
es el artista en el acto de crear, ciclóp eo
esfuerzo; dios tam bién él com o pudo serlo
Moisés. En la con cep ción pura. Rodin
coincide con el Buonarroti a quinientos
años de distancia.
Exaltemos en la criatura humana todo
lo que en ella sea su parcela de etern id ad :
su fuerza, su energía, sus virtudes creado­
ras; lo demás sólo son sentimientos tran­
sitorios. lo que antes calificam os de baja
anécdota"...............................................................
“ Obsedid o p or su constante preocupa­
ción de lo ép ico, de lo grandioso v m onu­
mental — que S . . . siente hondam ente—incurrió un p oco en los efectos. Lo que
se aviene a un m onum ento ecuestre, cree­
mos que no se avendrá a una cabeza. ¿Para
qué excederse, diciendo lo sim ple, lo llano
enfáticam ente? Su obsesión del problem a
plástico, ante todo, fatalm ente habría de
conducirle a m agnificarlo, arrastrado toda­
vía por prurito levem ente estético. ¿Es
un error este? Lo es. aunque en el más
noble sentido de su peración: aun cuando
lo con d u jo a la acentuación del carácter
basta lindar con la recia armonía de lo
caricatural. ¡\ la estética es lo que hay
de más nefasto para el arte! Asimism o,
todo ello se atenúa y se com pensa, porque
siendo S. . . fundam entalm ente escultor, su
forma y su m odelado son fuerzas en p o­
tencia: ya tomadas com o densidad de m o­
vim iento. orden rítm ico, construcción y
actitud estática. V ale decir, que si el efec­
to existe visiblem ente en sus más recientes
piezas escultóricas, se halla ju stificado por
el contenido, hondam ente expresivo de
ellas que laten con poderoso eflu vio de
extraordinaria vitalidad, ingenuamente p o ­
pular. en sus líneas esenciales.
"H em os señalado defectos y cualidades,
que es la trabazón íntima de toda obra de
arte, cuando se realiza con el único, incan­
sable anhelo de estudiar señera v sincera­
mente y siem pre por nuevos derroteros” .

Modos de arquitecturar la Escultura
“ M . .. es un sensitivo de recóndita na­
tu r a lid a d ... Es el artista en vigencia que
se contrae, ante todo, en lo que existe
de espíritu disperso en el m undo de las
formas. Forzosamente su m odelado, la
com posición, la manera de encarar los
temas escultóricos, de cóm o trata la ma­
teria. responden con honda fidelidad a
estas cualidades cardinales . No es m onu­
mental. ni precisa serlo, talvez por ahora.

A N G EL,

c s ta tu ita

en

m c d e ra ,

del

s ig lo

X III

fra n c é s .

Pueden coexistir dos grandes m odos de
arquitecturar la escultura. P or el misti­
cismo ascendente que afina v espiritualiza,
y por la abstracción concentradora que
geometriza o estiliza: góticos v egipcios.
I na íntima, y la otra épica y grandiosa­
mente decorativa. El realismo de M . . .
se arquitectura sobre el espíritu de una
sensibilidad perpetuamente alerta. Hay vi­
da interior. Sus formas jamás pueden ser
pequeñas, aun cuando sus esculturas no
alcancen un gran tamaño, porque en ella
hay ese fondo inexpresable, que no nos
atreveríamos llamar poesía. Todas re p o ­
san serenamente. En su m odelado podrá
haber pequeños errores, pero no zonas
neutras o “ m uertas" v sí obedece a una
contraída sen sibilidad".....................................
’"L n bajorrelieve de tierra cocida, otro
en yeso, un desnudo en form a de tanagra.
y una figura vestida, tratada idénticam en­
te. No no nos explicam os por qué todas
ellas nos infunden la sensación de un arte
de raíces populares. Hay algo de tosca
delicadeza, que parece constituir un atri­
buto exclusivo del p ueblo, entendiendo a
éste no com o un mito de clase y sí com o
la masa anónima donde lo sustancial de
25

la humanidad se funde en una sola alea­
ción. Principalm ente se puede deber ello
a que esta tendencia de arte deriva de otras
qu fueron voluntariamente expresiones co ­
lectivas de estados sociales y culturales de
determinadas civilizaciones: supóngase la
egipcia, las indochinas, donde una m uche­
dum bre de artistas y artesanos anónimos
trabajan para una manifestación total. Y
las artes de vanguardia, si no se han ave­
nido a este anonimato colectivo, en el cual
nadie figura y figuran todos, propenden
a que la escultura y la pintura retornen
a su antiguo rol, utilitario de adorno y
decoración de una masa arquitectónica.
Entonces al artista urgíale expresarse en
otra técnica, menos detallista: proceder
p or grandes planos y vastos volúmenes.
“ Y bien, C . . . supo asimilarse la sola
esencia de esta doctrina constructiva, insu­
flándole, además, la calidez de su tem pe­
ramento m eridional — si no lo es p or su
nacim iento— que se revela en su sensua­
lidad táctil. Así animaba con soplo vital
la abstracción de una teoría plástica. Es
en lo que se diferencia de sus coetáneos,
los deshumanizadores de las formas en un
grado tan extrem o que ya no son abstrac­
tos y sí abstrusos. El artista argentino, aun
cuando esquematiza, conserva siempre la
esencial estructura humana. La despoja
sólo de lo superfluo, para ordenarla en
líneas, volúm enes y planos, dentro de una
com posición rítmica. Tom em os p or ejem ­
plo este desnudo, que tildam os de tanagra
p or la arm oniosidad de sus perfiles, y
ensayemos a decir en qué es contrario al
bihelot. Generalmente se cree que el ta­
maño hace lo estatuario, el m onum ento o
lo monumental. Es una falacidad de idea
y sensación muy difundida. Es com o se
ha tratado las partes de una figura, etc.,
cuando adquirirá grandiosidad: todo ello
en vista del carácter y del equilibrio a
veces agrandado y siem pre exacto, de las
proporciones. Si se tomara una tanagra
griega, agrandándola hasta el tamaño na­
tural, resultaría una estatua quizá tan ática
y graciosamente monumental com o sus
hermanas mayores, los más bellos ejem ­
plos de la escultura griega. Si hemos exa­
gerado un p oco el símil, es con el fin de
una m ayor com prensibilidad. \ tanto el
desnudo y la figura vestida de C . . . llevan
todos los elementos de la gracia arquitec­
tónica de una estatua: en cam bio, una de
un m etro y ochenta, que no participase
de la virtualidad de esas características,
no sería más que un m onstruoso bibelot,
ya p or ser una copia pedestre o frívola ­
mente agradable, en cuya creación no en­
tró para nada el espíritu de un artista” .
“ Las escasas obras que victoriosam ente
se zafan de un nivelador aire de fam ilia,
son las que p or el poderoso im pulso de
una personalidad definida, que sabiendo
lo que se prop on e y quiere logra realizar
más o menos el tema, siem pre en la ten­
dencia de unidad orgánica, para crear algo
viviente. Son aquellos que ven grande.
No de tamaño, y sí p or volúm enes y planos
p lá s tic o s ... ¿Q ué es una escultura si no
se organiza en carácter v la rige un ritmo
general?
A l querer inferirle a C . . . un grandísi­
mo daño, le hicieron el m ayor bien. Esa
soledad penitente le favorecía. Sobre ese
muro, era este bajorrelieve la alegría de
la form a vivificada p or un gran carácter.
La ternura ruda y viril, puesta p or el
artista, le hacía cobrar acentos nobles y
puros a la tragedia eterna del amor. Pero
sobre v por encima de este sentimiento

�“ Los que juzgan con un criterio unila­
teral a ambos artistas com eten el error
flagrante de incom prensión. Y cuando se
discurre del m odelado de planos y de v olú ­
menes, quizás F . . .. instintivamente plás­
tico, siga el consejo de Ingres, quien acon­
sejaba esto: pour arriver a la belle forme,

il faut modeler droit avec des rondeurs” .

Expresión + plástica
“ El ritm o sucesivo que cadencia esta
escultura, acompaña este d olor materno,
manso, callado com o una fuente escondida
que llorase p or dentro. Y esta em oción
contenida que rodea com o un halo de luz
la cabeza materna, inclinada y dolorida,
nos conm ueve más que la desesperación
de una Gorgona, convulsa p or los sollo­
zos . . . E m oción contenida y armonía rít­
mica con ten ida: he ahí el triunfo que sig­
nifica esta com posición escultórica. Es la
unidad del sujeto y del o b jeto, en la obra
concebida orgánicamente. Es lo patético,
dentro de la serenidad, que se enlaza a
la antigua gracia helénica, más p o r el espí­
ritu que p or la form a” .....................................

El artista

R etrato de S e so stris I I I .

( X I P d in a s t ía ). G r a n ito . A ltu ra 1.20

inicial de toda obra de arte, el problem a
de luz y sombra había sido resuelto magis­
tralmente p or la contraposición armoniosa
de largos planos y volúm enes agudos u
obtusos. La justeza de esos valores daba
suavidad de terciopelo a las form as, des­
prendiéndose de ese ritmo continuo e in fi­
nito una sensación de poem a. Es esta una
tosquedad de extremada delicadeza inte­
r i o r . . . Nunca los jóvenes orfebres h u bie­
ran p o d id o sentir este soplo de pasión y
poesía que alienta esa com posición. Ellos,
los catadores del detalle, de la bonitura
fragm entada” .......................................................

El movimiento en Escultura
“ E m pleando una opuesta técnica a la
voluntaria estilización de C. . ., consigue
F . . . las grandes líneas y la caracteriza­
ción del tema que se p ropon e desenvolver.
Su m odelado a grandes planos plásticos,
le otorga una estructura arquitectural a
su figura. Con ello fija y detiene el dina­
mismo que la agitará en gesticulación rete­
nida. Quisiéramos detenernos un segundo
sobre la debatida cuestión del m ovim iento
en la escultura. En esta obra la pose v io ­
lenta ha sido expresa y calculadamente
desechada, para que este recogim iento co ­
brara una intensidad inusitada. Es la ten­
sión nerviosa del acecho. El esfuerzo de
atención contrae toda la figura. Son
fuerzas en reposo, y p or ende eternamente
en m ovim iento. El gran acierto de esta
escultura es im buirnos con esta im presión
de espectativa, que es uno de los instantes
de este juego. H aber logrado esto es ya
un triunfo. Todos los planos huyen hacia
un ritm o indefinido. Si a C . . . le era im ­
prescindible solucionar un problem a de
claroscuro por un solo plano total, F . . .
tuvo que resolver un problem a de m ovi­
miento p or la m ultiplicidad de los perfiles.
Fue su única preocupación, y en este caso
no debía ser otra. ¿H an com pren dido esto
sus críticos v sus gratuitos zaheridores?
P or cierto no tuvieron tiem po ni voluntad
para observar, m editando, cuál idea había
dado pie a la creación de esta figura de
atenta gravedad.

" . . .el arte, simple epifonem a, suma, sín­
tesis. no es más que un fruto maravilloso
que supone el á rb o l: el hom bre.
“ No basta, p or cierto, nacer con una
diminuta veta de aprendiz de creador, o
de poeta, que es lo mismo. Siendo ello
prim ordial para la solución feliz del p ro­
blema de arte, es sólo un oscuro com ienzo.
Es un germen que. según los cuidados que
le prodigue el azar o una tutoría vigilante,
llegará a la madurez de su crecim iento y
podrá ser fecundo y vigoroso.
“ Ser sinceros es perm anecer fieles a
nuestra naturaleza, para serlo después con
los elementos que nos rodean. Esta es la
guía ética — inalcanzable e hipotética pa­
ra la m ayoría— y que deberán seguir, los
artistas. T o d o lo demás les será dado por
añadidura. Técnica, carácter, personali­
dad. siendo un todo indisoluble, tiene sus
raíces en el sustrato m oral de cada uno.
Lo que resta luego sólo es literatura y
metafísica, mala metafísica y pésima lite­
ratura. Los que quieren engañar, hacién­
dole trampa a la vida y a sus coetáneos,
en el reino del arte, se engañan a sí mis­
mos. En la historia inm em orial de todas
las artes queda el tendal de cadáveres que
vivieron com o sombras y desaparecieron
com o sombras deslucidas. Esto le aconte­
cerá a las pasadas y presentes generaciones
de artistas argentinos, con sus raras y
honrosas excepciones.
Las virtudes que deberían adornar a un
temperamento artista, si ansia la máxima
belleza m oral, han de ser viriles y diáfa­
namente veraces y siem pre la valentía en
todo trance. Alguien ha d ich o : valor de­
bajo del cráneo y en los puños; y es lo
único que convertirá a los artistas en leva­
dura, en ferm ento de inquietud, tendiendo
hacia mía perfectibilidad indefinida de los
hom bres” ...............................................................

La crítica y el Salón
“ Nos aplasta la falta de responsabilidad
en los críticos m ejor situados para co n ­
traerse a una labor bienhechora de depu ­
ración y de esclarecim iento artístico. Nos
revienta esta ausencia de dudas al enfren­
tarse a valores espirituales que podrán
poseer cierta o determinada calidad o no,
pero que existen y laten concordes al ritm o
universal. Estamos hartos de com probar
esta carencia absoluta de curiosidad, de
26

. . . ..

inapetencia p or todo lo que es nuevo o
se exorna con la más ínfim a y novedosa
partícula de algo desacostum brado. Con
creces pudim os demostrar esta suficiencia
pom posa e ignara en e llos; y lo que es
más, esta lamentable desaprensión, com o
si sólo se tratara de arrojar chinarros al
r í o : sin arrestos, sin entusiasmo ni bríos,
en una deflagradora inconsciencia que di­
vaga y se despeña al azar, anegando ciertos
nom bres, haciendo flotar otros, porque sí.
Lo mismito que la m ayoría de los e x p o ­
sitores, quienes parecieran pintar de en ­
cargo, p or entregas y con taxím etro. Existe,
pues, una secreta correlación entre la in­
trínseca tesitura de estas obras y esos largos
y babélicos articulones p or los cuales des­
filan con vertiginosidad cinem atográfica
una m ultitud de nom bres, con el apéndice
de un adjetivo gastado y a rch iviejo” .
“ Un salón com o el que aquí realiza cer­
támenes anuales y que vive y se sostiene
p or m edios artificiosos y no m uy lim pios
casi siempre, ha de crear, en lógica pará­
bola. un ambiente artificial de flora ané­
mica y de invernadero. Esas inyecciones
periódicas de dinero son com o las bolsas
de oxígeno aplicadas a un agonizante. No
es con dinero com o se protege el arte, sino
con la enseñanza viva de los maestros.
¿L os hav entre nosotros? No nos referi­
mos a los profesores ni a los estetas que
evaculan sus elucubraciones pastosas y
turbias, sino al maestro espiritual, que
enseña con amor y no p or deber o paga.
El único que tuvimos fué M alharro” .

T 0 R 0 M I R 0 , emocionante testimonio del arte de
tallar imágenes en madera dura que practican
desde antiguo los nativos de la legendaria Isla de
Pascua, de jurisdicción chilena, perdida en el
Océano Pacífico.
El anónimo escultor primitivo que talló esta
figura, expuesta en la galería Amauta, prolonga
a través del tiempo el misterioso poder expresivo
de sus remotos antepasados que tallaron en lava
las colosales esculturas megalíticas, cuyo arcaísmo
induce a los historiadores a considerarlo como
el arte antecesor de la gran escultura polinesia.

�MAPA CONTINENTAL
Dirige
NORBERTO FRONTINl

A r t e

V e r n a c u l a r .

P e r u a n o

RETABLILLOS
DE AYACUCHO
por JOSE SABOGAL

E

l

arte popular en las comarcas ayacuchanas se mantiene aún en plena vitalidad
a pesar de la invasión de juguetería industrial que hizo estragos en la ciudad
de Cuzco en su feria de Cavidad, en el “ Santuranticuy” , en el que han des­

aparecido las mejores expresiones de la vena popular, reemplazadas con las feas y
JO S E

SA BO G A L

extrañas figuras de celuloide importadas.

En Ayacucho, desde los primeros momentos de
la conquista se asentó una fuerte colectividad es­
pañola y erigieron una ciudad -—Huamanga— , im ­
portante como base estratégica y punto obligado
en el dilatado camino entre Cuzco y Lima. Fue
centro importante en las artes y en la artesanía; y
el hombre aborigen, apto en sensibilidad y en
fuerza para asimilar los rumbos artísticos del
Renacimiento traídos por España e interpretarlos
con cadencia india. En Ayacucho se realizaron
esos hermosos jergones para las iglesias y los
estrados de casonas con los ritmos decorativos del
imperio hispano y la cadencia decorativa de “ pocras” y “ chankas” , los pobladores de esta región.
En estas interesantes jergas y tejidos finos se
realiza la pugna de las dos corrientes y se ha
dado en llamar a estas piezas de la “ etapa de
transición” . Después vino el entendimiento, se en­
tendió la armonía decorativa mediterránea, se po­
pularizó y se convirtió el acanto en la flora de la
comarca ayacuchana. La artesanía se hizo famosa
en la platería repujada y afiligranada, en los cue­
ros repujados policromados a la manera de los
de Córdoba en España y en la bordaduría, en el
tallado de madera y en las doraduras al bole. En
la imaginería, Ayacucho tenía su especialidad en
las figuras de piedra de Huamanga -—un alabas­
tro del lugar— que se aprovechaba de su trans­
parencia y se coloreaba con mucha delicadeza.

acusan un admirable sentido de agrupación, de
gesto, de intención. Se continúan en relieve y se
pinta el cielo o el fondo conveniente que ha de
ambientar al “ retablo” . En el campo laico, se
desarrollan las escenas del campo, las “ mingas” ,
las “ jaranas” y cuanta escena lugareña se le ocurre
al festivo artista, que se siente que goza como
un niño al producir estas encantadoras piezas. No
hay colores agrios ni inarmónicos en los retablos,
y en el decorado de pintura del exterior se siente
una armonía admirable de tintas enteras realiza­
das con la decisión y justeza del artista tempe­
ramental.
Estos retablos aparecen en las festividades gran­
des y especialmente en Navidad. Así como en los
“ Mates burilados” , en que hay los maestros des­
tacados, los “ championes” , en los retablos hay los
“ maestros” prestigiosos, cuyas producciones son
solicitadas en las pintorescas ferias ayacuchanas.
Ahora estos maestros han trasmontado con su
faena las fronteras provincianas, han despertado
un interés enorme en los “ turistas” criollos y no

criollos y hasta hay ofertas tentadoras a los ar­
tistas para una producción en gran escala. Se
intenta industrializar un arte vernacular que tie­
ne su valor en eso, en que es espontáneo, íntimo
e ingenuo.
Ayacucho se defiende en este aspecto de su ex­
presión plástica popular por razón de su reciente
carretera — sólo en 1924, para el Centenario de la
batalla de la Quinua, se abrió esta vía— . En Cuz­
co. la invasión de imaginería, juguetería y basta
telas incaicas de importación tiene cerca de cua­
renta años con la llegada del ferrocarril. Claro
es que existiendo latente una fuerza artistica ver­
nacular, después del inevitable trastorno que pro­
ducen los medios modernos de transporte, en
todos los aspectos, esta fuerza emprenderá otra
etapa acorde con los nuevos tiempos; pero entre
tanto tocan a su final estas piezas candorosas que
vienen con aroma de tiempos pasados. Son las
últimas de este carácter y entre ellas se destaca
con brillante relieve el “ retablo ayacuchano” .
Lima, julio de 1945.

R e ta b lillo s de A y a c u c h o (23 x 30 c m s .), fo to de G re te Stern

En el campo de las artes caseras, el “ nacimien­
to” criollo, fué el acicate para la producción de
lindas figuritas ingenuas hechas en muchas ma­
terias, en piedra de Huamanga, en madera y pasta
y telas encoladas y pintadas. La Cruz de Mayo
provee aún de oportunidad para las bellas cruces
de la Pasión, en madera, en pasta y en hoja de
lata. Pero estas manifestaciones tienen su máxi­
ma expresión en los llamados retablos” .

•
Los “ retablos” de Ayacucho son ya las com po­
siciones populares enmarcadas en su caja de ma­
dera y cerradas por una puertecita de dos hojas
decorada en vivos colores en su exterior y en el
reverso de las hojas. En estas agrupaciones de
escultura y de pintura se realizan las escenas
religiosas más populares y en especial la del Naci­
miento del niño Jesús, la Huida a Egipto, la Pa­
sión y Muerte de Nuestro Señor y una serie rela­
cionada con estos asuntos. Las figuras en pasta

En el núm ero 4 de L A TITU D a p a re c ió un b re v e e n sa y o del
e sc rito r ch ile n o A n d ré s S a b e lla , a u to r de la d is c u tid a n o v e la
"N o rte G r a n d e " , v is ió n de la v id a s a litre ra q ue a b a rc a 70
añ o s de a c c ió n , en q ue h a y un e rro r de fe c h a s : e l a u to r
nos p id e re c tific a r lo : la m a sa c re de o b re ro s h a b id a en la
Escuela Sa n ta M a r ía , de Iq u iq u e , a c a e c ió en 1907, e l 21
de d ic ie m b re , y no en 1910 como a h í a p a re c e .
Q ueda,
p u e s, hecha la s a lv e d a d .

27

�El indio v el cambio cultural
por IX IS

L

E. V A L C A R C E L

os mixtificadores no han logrado convencer
a nadie de la ingénita ineptitud del aborigen
peruano para lo que llaman la civilización.
Está suficientemente explicado que el proceso
transcultural, a través de los canales del coloniaje
español y sus supervivencias contemporáneas, ha
sufrido una doble corriente agostadora que ha
traído como consecuencia el empobrecimiento to­
tal de los pueblos indígenas, quienes, de un lado,
perdían infinidad de elementos culturales pro­
pios y, de otro, no adquirían, no lograban absor­
ber por inopia económica, por inferioridad social,
aquellos elementos nuevos integrantes de la cul­
tura occidental. El indio de hoy es una sombra
del hombre de Tahuantinsuyu y no es ni un es­
bozo del civilizado occidentaloide. Pero esta es
una mera “ situación” que no imprime sello per­
durable en el alma india. Todo nos conduce a
afirmar que el indio está saliendo de ese oscu­
recimiento, y que el Perú no se da cuenta aun
del tremendo hecho que significa el despertar
de cinco millones de hombres. Con fe que se ha
calificado de mística o de ilusa hemos esperado
la producción de tan magno fenómeno. “Tempes­
tad en los Andes” simbolizó ese entrever o pro­
fetizar el resurgimiento indiano.’ Esta vez no
somos nosotros, quizá parciales, quizá equivoca­
dos, quienes vamos a ratificar nuestro juicio y re­
novar nuestra esperanza en la aptitud del indio
para entrar a tono en la vida de nuestro tiempo,
que ése es, en último término, el concepto de
modernización. Va a ser la palabra autorizada de
un joven maestro italiano (Antonello G erbi), au­
tor de uno de los libros medulares de nuestra
época: “ El Perú en Marcha” .2 Con la claridad y
madurez del estudioso europeo de este siglo, lim ­
pios los ojos de toda predisposición a mirar las
cosas de este continente como inmaduras o de­
crépitas, el profesor Gerbi analiza y discrimina
la personalidad del Perú. Oigámosle: “ El Imperio
Incaico — dice— desapareció; empero, la energía
espiritual implícita en su tradición sobrevivió a
su caída. Más aún, cristalizándose en las almas
y en los corazones, creció en fulgor inextinguible
como el diamante nacido del oscuro carbón y
pudo así constituir el primer núcleo de una con­
ciencia nacional peruana. Este núcleo adamantino
resistía al principio y hasta se oponía a la pe­
netración española; pero, una vez consolidada la
República, brillaba a través de los elementos im­
portados y asimilados como un sello de antiquísi­
ma nobleza y operaba en el nuevo estado como
un ejemplo atávico, como una exigencia de orga­
nización y de disciplina, de fuerza y orden, como
el mito propulsor característico (por ser históri­
camente verdadero y reciente) de la religión pa­
tria del Perú” . En este párrafo, Gerbi revela la
parte positiva y sobreviviente de la cultura in­
caica que se incorpora al nuevo ser colectivo.
Descubre como núcleo vital, dominante, “ masculi­
no” , esta tónica viril y austera de la herencia
indigena. El sentido señorial que todo viajero
descubre en el alma del Perú arranca de su raíz
originaria, multisecularmente americana.

Sólo México en el norte, otro sector de alta
cultura india, ofrece panorama similar. Cuando
estudia el resurgimiento de los valores indígenas
y comprueba el rápido desenvolvimiento de aque­
llos pueblos que más alejados se mantuvieron
del tráfago europeista, llega a la conclusión de
que es un hecho incontrovertible que son m illo­
nes de hombres los que pueblan los valles andinos
como “ fuertes productores en potencia y pro­
bables consumidores asiduos de toda clase de
artículos manufacturados” y que “ el Perú tiene
una reserva de mano de obra y de capacidad ad­
quisitiva que representa, por lo menos, tanto co­
mo las riquezas mineras de su subsuelo” . En esta
afirmación, Gerbi queda corto, porque el valor
de esos millones de hombres significa para el
Perú su máxima razón de existir. Queda sorpren­
dido el autor de la suma habilidad técnica del
indio, cuando en la Granja Salcedo de Puno le
ve dominar las máquinas y producir artefactos
“ demasiado finos, demasiado elegantes para aque­
lla discreta población” , o cuando en La Oroya,
zona de las grandes instalaciones mineras, trabaja
como mecánico especializado, asombrando su ca­
pacidad asimiladora a los ingenieros y técnicos
norteamericanos. “ Su fuerza está todavía virgen
— dice el profesor Gerbi— y sus aptitudes no han
sido ensayadas en todas las industrias” . La Sierra,
que es la región india por excelencia, ha entrado
en un ritmo acelerado extraordinario que se pin­
ta en el siguiente párrafo:
“ Actualmente — escribe— en toda la Sierra el
desarrollo de las relaciones comerciales, el tráfico
de camionetas sobre las pistas asfaltadas de las
modernas carreteras, los intercambios de hombres,
de productos y de dinero, se desenvuelven en un
ritmo acelerado. Las estadísticas bancarias acusan
un aumento de las operaciones, número de los
pagarés cobrados, letras de cambio descontadas,
depósitos efectuados, mucho más alto en porcen­
taje que el correspondiente a la costa, que tam­
bién es muy fuerte” . No incurriremos en el error
de atribuir todo este movimiento a sólo el pueblo
indio, aun cuando la base de todas las operaciones
se identifica con él. Son los indomestizos y al­
gunos indios económicamente elevados quienes
figuran en este drama de la economía como pro­
tagonistas: la comunidad india juega el papel de
coro, como en la tragedia griega. Es de todo
punto cierto que el día que el indio pueda cam­
biar su burrito o su llama por un camión y su
viejo buey por un tractor, lo hará, como ya lo van
haciendo muchos. Su inferioridad actual no es
sino suma pobreza, absoluta miseria, tanta o ma­
yor que bajo los opresores hispánicos. Gerbi, co­
mo nosotros, es partidario de la aceptación com­
prensiva y entusiasta de la realidad india, de su
“ tamaño fervor que no puede, ni debe, desperdi­
ciarse” , de este “ fecundo entusiasmo que consti­
tuye la mejor garantía de su grandeza futura” .
Pide, tanto como lo hemos pedido siempre, la
incorporación INTEGRAL de los “ elementos étni­
cos, morales, tradicionales, autóctonos, propios de
la población que existía antes de la Conquista” .
Es decir, el cumplimiento del verdadero proceso
de transculturación, desviado, paralizado, perver­
tido, por la absurda política colonial y por su
continuación inconsciente bajo la República. Pue­
de afirmarse, sin hipérbole, que el Perú indígena
con sus cinco millones de habitantes va apenas
a tomar contacto con la cultura occidental, y que
el fervor y entusiasmo que Gerbi ha observado
en todas partes es el presentimiento de la nueva
era transcultural. La civilización traída por los
españoles, y apenas renovada e incrementada en
tres siglos, fué un articulo de lujo para grupos
restringidos de pobladores. La masa india, ayer
como hoy, recibió muy tenues influencias, siendo
más aparente que real la asimilación de ciertos
valores, como el religioso. El indio — no el crio­
llo ni el mestizo— está fuera en gran parte del
comercio de ideas, costumbres y usos que han
transformado a las clases superiores de la pobla­
ción del Perú. Si visitamos la choza de un habi­
tante de la cordillera, apenas hallaremos la hoja
de acero de un cuchillo, como toda representa­
ción de la cultura occidental; y si bajamos a la
IN D IO

B O L IV IA N O " Q U IP IL L A N D O "

UN

FA R D O

E L

I N D I O

E N

admitir como probable este pensamiento:
para el conquistador español el indio es un ser
física y espiritualmente inferior por ser de raza
diferente y por haberle vencido. Este pensamiento
nos explica su esclavitud y su catequización (doy
por mediantes la codicia, el coetáneo concepto de
la riqueza, el sentido misional de la conquista y las
urgentes necesidades de la colonización). La eocplotación del indio es, pues, par del consuelo moral
que se le prodiga en nombre de una doctrina que
dispone, en principio, dejar al César lo que es
del César.
Teólogos y juristas proyectan la legislación de
Indias, pero militares y civiles nacidos con el indi­
vidualismo y el hambre material del Renacimiento
conquistan y colonizan América. El "se acata pero
no se cumple” , de la autoridad local, es fruto del
divorcio entre un derecho metropolitano complicado
y una realidad económico-social exigente de orde­
namientos simples. La historia de los hechos colo­
niales nos informa que la esclavitud del indio —ori­
gen de la aristocracia minera y terrateniente — es
el resultado real de las “ encomiendas” , que obligan
a un grupo de familias indias a prestar su no
remunerado servicio personal a un español, por toda
su_ vida, por la de éste y la de su mujer e hijo
(1513), por tres vidas (1629) y hasta por cuatro
(1714); de las “ reducciones y corregimientos” , que
fuerzan al indio a vivir en aldeas y a prestar su
gratuito servicio personal, y corrigen al nómade
y al huido; y de las “ mitas” , que lo obligan, per
sorteo, a trabajar temporariamente en casas, campos
y minas, a cambio de hospital, doctrina, justicia,
protección y salario, del que se descuenta el tributo.
El régimen de esclavitud destruye, paralelamente,
las formas comunitarias del trabajo campesino abo­
rigen y al indígena mismo: en Perú, dice Mariátegui,
diez millones de indios, en tres siglos de coloniza­
ción, quedan reducidos a la tercera parte. J^a calequización, a su vez, con la necesaria proliferación

P

o d e m o s

profunda selva amazónica, nos asombrará, por to­
da muestra de civilización, un “ abrelatas” conver­
tido en pendantif de puro adorno en la mínima
indumentaria del machiguenga o del huarayo. El
conquistador del siglo X V I , como el cauchero del
siglo X X , no intentaron ni consiguieron otra cosa
que la más despiadada explotación del indio. No
es renuente el indio a la adopción de métodos y
procedimientos, herramientas o aparatos que in­
crementan y facilitan la producción. Todo lo con­
trario. La prueba se presenta a cada paso con el
indio chófer, con el indio mecánico, en la fábri­
ca o en la mina, en el campo o en la ciudad.
Parece más bien un hombre especialmente dis­
puesto para el trabajo técnico, por su impertur­
bable serenidad, su atención persistente, su pa­
ciencia y su habilidad manual. Es por la técnica,
por la escuela del trabajo, por la educación prác­
tica, como el indio alcanzará el dominio de la
cultura occidental. No es con escuelas memoristas, con maestros teorizantes, y con planes educa­
tivos enciclopédicos cómo el estado ayudará al
indio. Tierras colectivas, granjas colectivas, ta­
lleres colectivos: be ahí los grandes y únicos me­
dios eficaces. Lo que el indio reclama, con tanta
razón como derecho, es un aprendizaje de cosas
útiles que mejoren sus condiciones económicas.
El estado apenas parece que va a escucharle, si
se lo permite el latifundista, a quien no conviene
otra cosa que el mantenimiento de la servidum­
bre y de la miseria de millares de labriegos indios.
Pero el estado no sólo tiene que contemplar el
interés de los grandes agricultores, sino también
el de los industriales y comerciantes. Estos piden
un incremento del consumo, una multiplicación
por diez de los actuales consumidores. Pueden
tener, en pocos años, una nueva clientela com­
puesta de cinco millones de productores que con­
sumirán todo lo que un hombre civilizado nece­
sita. Desde el punto de vista económ ico — y no
meramente desde un miraje ético o humanitario—
conviene al Perú enfrentar el problema de la ade­
cuada “ educación” del pueblo indio. Ese plan­
teamiento está pasando del terreno ideológico
reivindicacionista al político de la planificación
industrial. El Perú se aboca a la era de la gran
industria. País de economía feudal, de economía
colonial, país-factoría, se propone ser nación eco­
nómicamente lib r e ... Aquellos millones de ha­
bitantes andinos dispuestos para el trabajo, en for­
ma admirable, bajo la dirección de expertos en
todas las ramas de la industria, deberán desarro­
llar el plan decenal del Perú que opere el mila­
gro de su transform ación... Es preciso ir dere­
cho a la integración nacional, habilitando a la
gran masa india como factor político, económico
y cultural del Perú, por la sola vía indicada.
Lima, julio de 1945.
1 “ T e m p e s ta d en los A n d e s " , L im a . 1927, E d itorial
A m a u ta .
: “ El P e r ú en m a r c h a ” , 1942, L im a . E d ita d o p or B a n c o
de C r é d ito d el P erú .

�HISPANO

AMERICA

de templos, conventos y clérigos —América es campo
propicio para la carrera eclesiástica— es fiesta, con­
suelo y embotamiento del indio, y, como quiera que
sea, conformismo sonámbulo con la realidad política
y económica que le esclaviza.
La Independencia cambia la fisonomía política de
los pueblos de América, pero deja subsistente la
economía colonial: las encomiendas se convierten en
latifundios bajo el régimen de la propiedad indi­
vidual que en modo alguno proteje la rústica, comu­
nitaria, de los indios. La catequización continúa y
llega a consagrarse como principio de derecho polí­
tico positivo. De todos modos, durante y después
de la Colonia, los naturales de Hispanoamérica son
seres marginales.
El indio constituye todavía —salvo el cuso alec­
cionador, en marcha, de México — un más o menos
adrede no resuelto problema del blanco dirigente.
En días próximos, Leguía exige como tributo, para
la construcción de caminos, el servicio personal de
los indios. En las minas estañíferas de Potosí y
Catavi — Bolivia—, en los latifundios azucareros de
Catarvio, Casa Grande, Chiclin — P eni—, en los
arrozales sureños del Ecuador, y en otros sitios más,
en clima de insoportable picardía, subsisten sistemas
de parecida servidumbre. “ Huasipungo", de Jorge
Icaza, y "El mundo es ancho y ajeno’’ , de Ciro Ale­
gría, son, entre otros, altos ejemplos novelados de
la trágica indefensión del indio frente a la auto­
ridad desorbitada y al gamonal abusivo y ente!.
El artículo del Dr. L u is E . Valcárcel, director del
Museo Arqueológico de Lima, profesor universitario,
indigenista y escritor prestigioso, nos muestra la
eficacia del indio peruano en la actual fase de
interculturación. El del Dr. Jesús Reyes Heroles,
becario de nuestra Comisión Nacional de Cultura
y joven y talentoso profesor de Derecho Político
de la Universidad de México, nos muestra, a su vez,
los saludables efectos de una legislación de honrado
estilo en los pueblos indios de su país.
N . A . F.

i se observa el panorama de Latino-América des­
tácase inmediatamente com o uno de sus ras­
gos más característicos la yuxtaposición de cultu­
ras y civilizaciones que en muchos de sus países
se manifiesta. En Indo-América se ve que junto
a la moderna ciudad industrializada y de vida
plenamente occidentalizada, se yerguen ciudades
o conglomerados indígenas con un género de vi­
da específico y una cultura sui-generis. Entre
estos dos mundos coexistentes se alzan barreras
de gran tamaño, encontrándose entre ellos una
gran distancia no nada más material, de simple
progreso, sino espiritual. Del indígena con su
rudimentaria técnica y sus hábitos de vida ances­
trales,’ al habitante de la ciudad latino-americana
moderna, hay tanta distancia com o la que puede
existir entre dos hombres que pertenecen a dos
mundos culturales distintos.
La enunciación de esta realidad nos muestra
claramente que el problema indígena latino-ame­
ricano es fundamentalmente nn problema de homogenización. Es preciso unificar ese mosaico
de razas en un tipo común, persiguiendo también
una simbiosis de culturas, en que los elementos
provenientes de la sensibilidad indígena no se
pierdan, sino que por el contrario, puedan mani­
festarse libremente alcanzando en la homogenización el porcentaje que su calidad merece. Es
decir, en la unificación debe comprenderse que
no se trata de que el indio deje de ser espiritual­
mente tal, pues resulta evidente que su entidad
espiritual le permite hacer una valiosa aportación
en el proceso de integración de las nacionalida­
des latino-americanas.
Planteado así el problema se pensó y sostuvo
que urgía una efectiva incorporación del indígena.
Para ello un sólo m odelo se presentaba: el in­
tento realizado durante la Colonia. En él se
había acertado en lo relativo a la mestización
realizada empíricamente, pero en cambio, en el
proceso de mera incorporación se había errado.
El misionero colonial sólo perseguía un objetivo
en la incorporación de indígenas: hacer católicos.
Al logro de tal propósito se vió que el misionero
incluso aprendía el dialecto indígena y prescindía
de enseñar español al autóctono. El resultado de
este proceso de catolización colonial, fué un indio
que se llenaba de prejuicios y tomaba en la con­
versión religiosa una rica serie de superticiones
que añadir a las propias. El indio permanecía
miserable, analfabeto y lleno de superticiones y
solamente una vez a la semana se le veía bajar
de las serranías a oír una misa y recibir consejos
de un sacerdote que hablaba su dialecto original.
En México el problema se presentaba con toda
crudeza. En 1910 siete millones de indígenas,
entre ellos grandes núcleos de católicos, se en­
contraban dispersos en el país hablando más de
cincuenta dialectos distintos, haciendo una vida
primitiva, sub-humana, recelosos del extranjero y

Una experiencia indigenista
p or JESU S R E Y E S H E R O L E S
del criollo y ajenos en absoluto a la vida econó­
mica, social y política del país. Y es entonces
cuando la experiencia indigenista más amplia de
la América iba a verificarse.
El proceso solucionador del problema indígena
en M éxico, no obedeció a una idea pre-establecida,
no estuvo determinado por un plan teórico pre­
vio, sino que fué una realidad viva la que al
desbordarse lo impuso. En 1910 se inicia en el
país un movimiento cívico encaminado a derro­
car una dictadura que durante treinta años había
regido los destinos nacionales. Dicho movimien­
to era exclusivamente político y simplemente pe­
dia que se respetase el voto popular y que se die­
se libertad, pero al iniciarse la lucha armada, se
ve que en su apoyo vienen campesinos indígenas
que imperativamente reclaman tierras para ellos.
El problema agrario emergía en toda su magnitud
y al hacerlo estaba brindando el método para
solucionar el problema indígena.
La cuestión agraria tenía raíces muy profundas.
En el período colonial las Leyes de Indias se
habían declarado tuteladoras del indígena y para
que ello se pudiera cumplir, expresamente seña­
laban que respetarían el régimen de propiedad
agraria pre-colonial. Ahora bien, antes de la Co­
lonia el agro mexicano se encontraba repartido en
cuatro tipos distintos de propiedad, que obedecían
tanto a la estratificación indígena, como a las dos
modalidades de explotación: la comunal y la in­
dividual. El callpulli o tierras comunales, era la
forma de propiedad agraria más extendida y a
numerosas comunidades indígenas se les otorga­
ron títulos de la Corona española reconociendo
su propiedad. Otras muchas comunidades, no
obstante la ordenación jurídica existente, fueron
despojadas de su propiedad mediante mercedes
reales que auspiciaron la concentración de la pro­
piedad agrícola en manos individuales. En esta
concentración de la propiedad agraria el porcen­
taje más alto correspondió al clero católico mexi­
cano que por medio de donaciones y de muy
variados procedimientos, acaparó el mayor núme­
ro posible de tierras.
El M éxico independiente, encontróse con una
economía estrangulada. La propiedad agraria es­
taba en manos del clero en su casi totalidad, el
indio vivía como peón avasallado en condiciones
miserables y la tierra era explotada en minima
parte. Ello y la captación del liberalismo como
ideología, originó el movimiento llamado de R e­
forma. La Reforma tendía a la secularización de
la propiedad y para ello nada más adecuado que
implantar el régimen de propiedad individual,
aboliendo la propiedad de las comunidades re­
ligiosas. Se inició en ese momento histórico la
liquidación de la propiedad de las comunidades
religiosas, pero las leyes únicamente precisaban
comunidades, de aquí que al secularizar la pro­
piedad agrícola también se afectaron las comu­
nidades indígenas, que sobrevivieron a la Colonia.
La desamortización del agro mexicano realizada
en la Reforma tuvo tres consecuencias funda­
mentales: a) terminó con la propiedad del clero;
b) indirectamente y sin pensarlo, dió la base legal
para despojar a las últimas comunidades indíge­
nas; c) creó la base de la gran propiedad privada
de la tierra, esto es, el latifundismo.
Durante el período liberal y en el lapso de
treinta años de dictadura pre-revolucionaria, se
form ó y consolidó el latifundio como único ré­
gimen de propiedad agraria. Así se llegó el año
de 1910 en que la tierra se encontraba repartida
entre unos cuantos marqueses feudales, en que los
latifundios de más de dos millones de hectáreas
eran varios, habiendo incluso uno de seis. La
tierra era explotada por medios primitivos y ru­
dimentarios, dado que el marqués feudal practi­
caba el ausentismo, esto es, era plácido residente
en Europa y confiaba la explotación a un admi­
nistrador que tenía como única instrucción la de
hacer producir la tierra con el mínimo de gastos.
Este momento puede marcarse gráficamente en la
frase corriente de aquella época: “ El administra­
dor del latifundio hace como que paga y el peón
29

indígena hace como que trabaja” . En esa frase
se señalan los dos fenómenos que el latifundismo
producía: la miseria del indígena y la improduc­
tividad del país en el renglón agrícola.
Desde 1913 y en plena convulsión revoluciona­
ria, los sectores progresistas de M éxico se perca­
taron con toda evidencia que ninguna solución
podría darse al problema indígena sin resolver
previamente la cuestión agraria. Los fuertes núcíeos indígenas que intervinieron en la lucha ar­
mada sólo pedían tierras, su m óvil de lucha era
reclamarlas y lo demás no les importaba. A par­
tir de entonces, se inició la resolución del proble­
ma agrario.
Como antes habíamos visto, los indígenas tenían
títulos de propiedad otorgados por la Corona, que
reconocían y legitimaban su posesión de origen
pre-colonial. (*) Por lo tanto, el problema agrario
era un problema de restitución. Había que resti­
tuir a las comunidades indígenas la propiedad de
que fueron despojadas. Pronto se vió que, por
razones naturales (crecimiento de la población ),
el concepto de restitución era totalmente insufi­
ciente y entonces se creó la dotación de tierras
para comunidades indígenas que carecieran de tí­
tulo originario de propiedad. Con estos dos con­
ceptos — restitución y dotación— el latifundio fué
fraccionado y los indígenas entraron en legítima
posesión de parcelas de tierra, con la única condición de que ellas no quedaran ociosas. Se crea­
ron instituciones crediticias oficiales que refaccio­
naran al trabajador del campo, sabiendo que ten­
drían que soportar pérdidas en el período de
adaptación y conociendo de antemano que el nue­
vo régimen de propiedad agrícola era el impuesto
por condiciones humanas y sociales y no por me­
ras indicaciones de productividad económica.
Sobre lo realizado en materia agraria, baste de­
cir que en la actualidad dos millones de ejidatarios, disfrutan del nuevo régimen de propiedad,
explotando tierra de su legítima posesión.
Concomitante a la repartición agrícola, se inició
en M éxico un tipo de educación adecuado a las
modalidades propias del país. Desde luego se dotó
a la educación de sentido, pensando al respecto,
que el laicismo en una Nación que aun buscaba
su expresión, su peculiaridad nacional, resultaba
meramente negativo. Se requería una educación
unificada en cuanto que debía combatir prejuicios
y supersticiones y sembrar en los educandos una
pequeña dosis solidaria, pero diversificada en cuan­
to que era una educación destinada a comunida­
des de muy variada idiosincrasia. Por ello, al
mismo tiempo que se federaliza la enseñanza, se
practicaron técnicas educacionales específicas pa­
ra cada región nacional, que por sus característi­
cas lo exigieran.
En lo relativo al problema indígena, se creó la
Escuela Rural o sea la escuela de campesinos.
Actualmente funcionan doce mil escuelas rurales
y ellas no sólo enseñan a grandes y pequeños las
primeras letras, sino que además a los niños se
les dan clases rudimentarias de cultivo de acuerdo
con las condiciones climatéricas del lugar, educa­
ción física e higiénica y un sentido social de la
vida. Al mismo tiempo trabaja lo que se llama
misión cultural, que son grupos educacionales m ó­
viles, integrados por un profesor de primaria,
uno de deportes, una enfermera y una trabajadora
social que enseña a las mujeres indígenas los ele­
mentales oficios domésticos. Estos grupos móviles
ponen en contacto comunidades indígenas de dis­
tintos lugares, organizan competencias atléticas
entre ellas, les muestran sus respectivas costum­
bres, sus canciones y danzas, y mantienen latente
su sentido nacional.
Coadyuvan eficazmente con las misiones los
estudiantes de las Facultades de Medicina, que
por disposición legal, antes de obtener el título
profesional, deben hacer seis meses de servicio
social en alguna región del país. Función primor­
dial de las misiones culturales es la de crear
necesidades a las comunidades indígenas, pues al
paso que el indígena de la ciudad, aunada a su
sorprendente facultad para adaptarse a la meca(s ig u e en p é g . 31)

�M is e r i a que clama p or una ju s tic ier a rebeldía constructiva

Misa en una aldea Peruana

ISAJ es una aldea de la cordillera andina
situada a más o menos veinte y tantos
kilóm etros de Cuzco. Transcurre uno de
sus bordes el río Urubamba, de ligeras aguas ama­
rillas y puente colgante. No muy lejos perduran
algunas estimadas ruinas incaicas . La aldea tiene
ancha plaza, a la que se rinde lo principal del
caserío. con árboles de grueso tronco y gigantes­
ca copa nemorosa, de hoja menuda, bajo la que
pulula la dominical feria indígena, com o una
sombra entre movidos colores calientes. En­
carándola se levanta una blanca iglesia de no muy
alta espadaña, portal en arco y umbral espacioso,
que tiene la prestancia y simpatía de forma
de casi todos los pequeños templos coloniales
que se conservan en América desde el norte ar­
gentino a California y Nuevo M éxico. El maestro
albañil de la colonia solía remedar en las fábricas
por él ejecutadas sus débiles memorias de igle­
sias románicas aldeanas y si de algún modo ex­
presaba ingenuamente el espíritu barroco de la
época, infundíale un sentido hasta entonces iné­
dito. La arquitectura popular hispanoamericana
debe al recuerdo vago, a la nostalgia, a la repeti­
ción desfigurada, a la inhabilidad de ese artesano
de las primeras horas, y también al sentimiento
de novedad de la tierra, un estilo simple y gra­
cioso, todavía no suficientemente validado como
expresión primigénita de la sensibilidad americana.
La iglesia de Pisaj es de escaso atrio y conser­
va, en derredor de la amplia puerta y sobre el
muro enjalbegado, unas semiperdidas decoraciones
florales entrelazando desvanecidas imágenes san­
tas. Entré a la misa en una mañana de domingo
de principios de 1944. En lo que fué retablo
mayor y en los laterales había una miscelánea de
bártulos litúrgicos o meramente contemplativos, y
en las paredes algunas telas descoloridas simpli­
ficando biografías del santoral o documentando
con desvaído color y por millonésima vez los pa­
sos de la padecida pasión de Jesús. Sobre el es­
trado y de espaldas al altar de agrietada madera,
con crucifijos, — ya ni cruces ni fijos— costras
de polvo y humo de candelas, imágenes repintadas
o despintadas, candelabros enmohecidos, desvali­
das flores artificiales, rajados espejos, retorcidos
cirios despabilados, incensarios y cálices de plata
y otros chirimbolos de esotérico sentido — o sin
sentido— se destacaba, de pie, el alto empaque
del sacerdote, incorporado en una casulla color
ceniza de envejecidas áureas estofas. En el silen­
cio de la nave, franjeada diagonalmente a trechos
por una transparente niebla de luz que penetraba
por los vidriados ventanales altos, sonaba su voz
sermoneadora. La ululante oratoria sagrada del clé­
rigo rememoraba las tradicionales cadencias del
estilo pero el efecto era para mí rarísimo porque
decía su discurso en quéchua. Como no entendía
ni jota, su voz, huérfana de significación, se me
exaltaba, y sentía otras reminiscentes voces pare­
cidas en diferente articulación de sonidos. La mí­
mica de este graudulón encasullado adolecía de
arrebato suasorio, pero los indios le escuchaban re­
cogidamente.
Cuatro grupos de indios, bien diferenciados,
usistían a la misa y cada grupo parecía desem pe­
ñar un papel calegorial. El primero lo formaba
una docena de hombres de más o menos cuarenta
años, hieráticamente de pie en hilera junto al
muro de la derecha, pero sobre el estrado y a
poca distancia del sacerdote. Eran los caciques o
alcaldes. El color cobre oxidado de la piel armo­
nizaba con su hirsuto negrísimo cabello. Más
bien altos, de cuerpo vigoroso, frente despe­
jada, curvada y ancha nariz, boca severa, pómu­
los angulosos y ojos negros de profunda luz. L so­
ban calza hasta las rodillas, faja roja, camisola

P

de burda lana blanca partida en medio del pecho,
llevando sobre éste colgado del cuello, un gran
crucifijo de plata. Cubríanse los hombres con
gruesos y largos ponchos negros, doblados, de
flecos, y con la mano derecha cogían el bastón
de mando, de casi metro y medio, de mango y aros
de plata labrada, manteniéndolo verticalmente. Es­
taban inmóviles, las caras impávidas, la mirada
fija. Su sitio preferencial, por estar junto al
altar, me recordaba el palco balcón envarillado,
para reyes o señores, de las magnas iglesias me­
dievales y del Renacimiento.
El segundo y tercer grupo lo formaban casi
doscientos misantes populares, arrodillados sobre
el solado de ladrillos. El de la izquierda era el
de las mujeres. Eran pequeñas, tenían las piernas
y pies desnudos, faldas de mucho vuelo, y estaban
envueltas en “ llicllas” con las que casi se cubrían
la cabeza de renegrida cabellera semilrenzada.
La “ lliclla” es un mantoncillo de lana, con fondo
negro, verde o colorado, finamente tejido a ma­
no y decorado con franjas rojas que enhebran
hilos azules, celestes, amarillos, blancos. Es grue­
so y al envolverles el cuerpo les añade una en­
cantadora rigidez de madona románicas o gó­
tica. El de la derecha era el de los hombres.
Llevaban puestos sus ponchos de fondo rojo con
bandas negras, blancas y amarillas; tenían las
piernas y los pies desnudos y com o los caciques,
lustrosas caras tostadas.
Es posible distinguir de cerca, en el variado
color abigarrado de la “ lliclla” , sus sencillos mo­
tivos geom étricos o zoom orfos, pero en conjunto
y en el templo escapábanse los detalles, resul­
tando un espectáculo de brillante fantasía en
contraste orquestal con la llaneza de colores del
grupo masculino y el todo con la solemne y reco­
gida postura de unos y otros y más aún con las
imponentes figuras carbónicas de los caciques.
Era muy difícil saber, a simple vista, si la mi­
rada de los indios, aparentemente triste, respon­
día a un movimiento activo del alma o a simple
repetición de un acto amortajado en viejos sos­
tenidos y supersticiosos miedos. Quien conozca
la posición social del indio, dentro de la no
propia organización económica y política en que
vive, sospechará que su presencia en la iglesia
es una costumbre por la que se le dispersa y pierde
una importante energía del cuerpo y del alma.
El cuarto grupo era el de unos veinte mocetones de más o menos diez y ocho años, de pie,
detrás y a la izquierda de los asistentes popu­
lares. Vestían com o los del tercer grupo, pero sus
caras y sus ojos traslucían una fresca ingenuidad
y un anhelo que no se advertía en los mayores.
Estos mocetones tenían en sus manos sendos “ pututos” , caracolas de más de veinte centímetros de
eje por el centro de cuya espiral, agujereado,
arrojaban un gran soplido inmediatamente trans­
formado en el más heterogéneo y estridente so­
nido de dramática expresión coral que era posible
imaginar en el concierto — o desconcierto— del
ceremonial de la misa.
La misa es un espectáculo teatral que en símbo­
los representa la pasión y muerte de Jesús y al
que los fieles de la platea adhieren con plegarias
más o menos rituales o libres. A veces aumenta
el número de los personajes rectores y a menudo
uno de ellos — predicador o doctrinero— pregona
las historias y comenta los acontecimientos de
actualidad desde el punto de vista ortodoxo. Este
m onólogo es el elem ento variable de la misa. La
relación entre oficiante y misante es una implí­
cita conversación con la divinidad siendo expre­
sión de exaltación religiosa la solemnidad de
la música y el canto coral. En América y en
España— resabios de autos sacramentales y de re­
presentaciones teatrales en atrios y plazas— sue­
len echarse en procesión a la calle, en pleno día,
sacerdotes y fieles, llevando cadalsos rodantes o
en parihuelas, y altares floridos, y el pueblo les
sigue en una confusión de plegarias, canciones
y manducatorias.
Voy a contar de la misa a que asistí los si­
guientes episodios. La monótona monserga del
„ „ cerdote duró media hora; entretanto, tos indio*
30

permanecieron en la misma actitud. Apenas hubo
Sermmado reanudó la lectura del misal, y un
indio, desde el ángulo delantero izquierdo del
estrado, comenzó a ejecutar en un armonio de
baúl yaravíes que los misantes femeninos canta­
ron en quéchua. Eran los mismos yaravíes que
había oído en calles y plazas de pueblos. Mientras
las canciones henchían el templo y los misantes
masculinos permanecían inconmoviblemente de pie,
el sacerdote meneaba ritualmente brazos y manos a
diestro y siniestro. La voz de las indias era suave
y grata y concertaba la música aunque con desga­
no, con seguridad de juego sabido. Alguien me
dijo que la letra de los yaravíes que cantaban eran
versiones quéchuas de villancicos de Navidad.
D e repente, música y canto quedaron en sus­
penso; sonó una campanilla y, en el silencio si­
guiente, atronó a un tiempo el sonido de los
veinte pututos. El efecto fué inesperado, descon­
certante y sugestivo. No encontré modo de enla­
zar armónicamente el bronco son de las trompetas
marinas con la voz del sacerdote, la melodía de
los yaravíes y las delgadas dulces voces de las
indias. Era un chorro de estridentes vozarrones
que hacía temblar el aire del templo y solivian­
taba los nervios. Sospeché que semejante sacu­
dida hundía en olvido o aturdimiento la vida del
indio y que el regreso de la inmersión era una
duradera imposible vigilia. El coro de caracolas
repitió cada dos minutos la misma tremenda
algarabía. Después de esa ebriedad musical — ese
alarido— , todos debieron echarse a gritar y a
bailar porque su paganía era una invitación al
regocijo corporal. Pero los indios permanecieron
quietos y la misa prosiguió.
Cuando el sacerdote dijo a los misantes que la
misa había terminado salieron todos lentamente,
cuchicheando apenas, y se arrojaron a la intensa
luz solar de la plaza, a la caterva de la feria y
a la continuada roña que los apiña y circunda.
En cuerpos fuertes, los indios parecían tener el
alma en estado de miseria — mixtura, mezcla—
y desesperanza. Miseria y desesperanza que cla­
ma no por misericordia ni conmiseración, sino
por justiciera rebeldía constructiva. Si en su de­
rrotero el indio de mis experiencias perdió su
mundo, no recibió otro, en cambio, hasta los ac­
tuales días, que le reanimase su necesaria dignidad
de hombre. Durante la Conquista y colonización,
dirigidas complicaciones de la organización social
y económica, y del espíritu, le fueron adormecien­
do el alma para una vida con persuación de alto
destino terreno. Su duro estado, poco más o me­
nos, todavía dura. ¿C óm o insuflarle nuevo esti­
lo? ¿Cóm o devolverle el señorío de sí mismo?
¿C óm o transformarlo en ser consciente de un mis­
mo destino popular? ¿Cóm o hacerle p u e b lo ? ...
Preciso será empezar desde la tierra y desde
donde el amor es pasión de libertad y justicia
y ansia de activa participación social.
Los caciques fueron los últimos en salir y se
distribuyeron en ambos lados del atrio, junto a
la puerta, a la espera del sacerdote, que a poco
llegó, de sombrero de paja y gabán blanco de
hilo sobre la sotana. Nos saludó cortésmente al
tiempo que extendía la mano al primer cacique,
que la besó reverencioso. Luego nos dijo con de­
leznable sonrisa y repelente afán didáctico: “ Los
indios no inspiran asco". No le dijimos palabra.
Pero ¿d e qué recóndita turbia mezcla de Barto­
lomé de las Casas y Septílveda, de qué precon­
ceptos raciales, de qué amor sin nombre y sin
valor, le venía al cura ese pen sam ien to?... Los
caciques guardaron silencio. No estoy seguro de
que la frase del funcionario de la Iglesia haya
tenido en sus corazones parecida resonancia que
en el mío.
Salimos a nuestra vez a la diáfana luz del me­
diodía. La plaza estaba colmada de indios. Par­
loteaban, bebían, mercaban sus graciosas humildes
creaciones. Brillaba el color de los indumentos y
había baratijas, cacharros, tejidos, chicha. Los
caciques se habían trasladado a la casa del cura
y estaban de pie junto a la puerta, velándole
■—sin desvelo— la ingestión del desayuno.
N. A. F.

�(v ie n e de p á g in a 29)

nización que la industrialización supone
en la
cual revela una retentiva e incluso una inventiva
realmente maravillosas— se convierte rápidamente
en una entidad consumidora de primer orden, el
indígena agricultor señala una desproporción en­
tre su capacidad productora y su bajo índice con­
sumidor, de aquí que la misión cultural atienda
muy en especial a la creación de necesidades que
eleven la posibilidad de consumo del indígena
agricultor.
Trabajan asimismo escuelas regionales en las
que se enseña una educación agrícola media y de
acuerdo con las posibilidades de la región donde
funcionan. A ellas asisten indígenas de las respec­
tivas regiones, que después ejercen una vital fun­
ción directiva. Igualmente son regionales las es­
cuelas normales, con el objeto de que los maestros
?ean nativos de los lugares donde desempeñan
sus funciones, lo cual permita su arraigo y cariño
entre los vecinos.
Un indicio revelador del grado de conciencia
que la escuela rural ha creado entre los indígenas
agricultores, lo señala el hecho de que los miem­
bros de la comunidad contribuyen al sostenimiento
de una escuela cultivando colectivamente una pe­
queña extensión de tierra que a tal objeto se
destina.
Este es, a grandes rasgos, el plan y la realiza­
ción de la educación rural mexicana, que fue cali­
ficado por un distinguido escritor italiano como
“ una bella ópera de acción social” .

## o s

a v u a r t* I a s

ti e I

(» r a l .

O * ## i #/ / / i n s

* * *
Los resultados obtenidos destácanse a través de
un simple esquema estadístico. La población de
México está formada por un poco más de 21.000.000
de habitantes, siendo su composición racial la
siguiente: a) blancos, el 20 por ciento; b ) indí­
genas, el 25 por ciento; c) mestizos, el 55 por
ciento. Ello significa que el asiento de la nacio­
nalidad mexicana está constituido por el mestizo,
que forma un poco más de la mitad de su pobla­
ción total y que constantemente absorbe elemen­
tos pertenecientes a los otros dos tipos raciales.
La distribución de la población, conforme al
trabajo que desempeña, es la siguiente: a) peo­
nes, carentes de conciencia política y social, vein­
te por ciento; b) ejidatarios, esto es, beneficiados
por el programa agrario, gentes dotadas de una
conciencia social y política bastante clara, el trein­
ta por ciento; c) rancheros, o sea pequeño pro­
pietario agrícola, típica clase media campestre, el
diecisiete por ciento; d) obreros industriales, el
15 por ciento, todos ellos con una clara concien­
cia político-social y militantes de alguna central
obrera y fundamentalmente de la Confederación
de Trabajadores de M éxico; e) clase media urba­
na, el diez por ciento; f) servidumbre doméstica,
el cuatro por ciento; g) clase privilegiada, fun­
damentalmente industrial, el cuatro por ciento.
Del cuadro planteado salta a la vista los positi­
vos resultados obtenidos: el problema de México
se reduce a convertir el veinte por ciento de su
población que sigue siendo peón, en ejidatario o
sea cultivador de su propia tierra o en obrero in­
dustrial. La legislación económico-social mexicana
va encaminada a ello. La cifra de peones, casi
coincide con el número de analfabetos que hay en
el país, lo cual revela que el estado económ ico de
esa gente contribuye en gran parte a su bajo nivel
cultural.
* * *

f

i

El b a ta lló n

" N u m a n c ia " re cib e

la b a n d e ra

d el

E jé rc ito

L ib e rta d o r en el puen te de

No quisiéramos terminar sin decir que en la
obtención del mestizaje se cuida mucho que el
indígena al mezclarse no pierda los rasgos distin­
tivos de su entidad espiritual, trabajando al res­
pecto un Departamento de Asuntos Indígenas, que
junto con la Secretaría de Educación, pone espe­
cial empeño en cuidar, incrementar y proteger
las manifestaciones espirituales indígenas: su mú­
sica, su danza, su poesía, su pintura y su cerámica.
Los resultados de ello son un hombre de gran
calidad humana, pues junto al amplio sentido
social que adquiere en su educación conserva su
sensibilidad individual y su ancestral perspectiva
frente a los problemas del hombre y su mundo.
Sobre ellos se levanta el nuevo México.

El G e n e ra l

(*) E m ilia n o Z ap ata, c o n d u c t o r de c a m p e s in o s d u ran te
la r e v o lu c ió n , h a b ía in te n ta d o an tes de ella un litig io por
la p o s e s ió n d e sus tierras y las de n u m e r o s o s v e c in o s
d e s p o ja d o s , a m p a rá n d o se en lo s títu lo s de p r o p ie d a d qu e
d esd e la C olon ia h a b ía n lle g a d o a ellos.

llón peruano “ Numancia” plegado en 1820 al Ejército Libertador.

San

M a rtín

h ace

ju ra r

la

b a n d e ra

d el

E jé rc ito

L ib e rta d o r a l

b a ta lló n

H u a ra .

" N u m a n c ia " .

Durante su adolescencia, morando en Inglaterra, el General O’Higgins estudió dibujo. D e entonces
es unu carta dirigida a su padre, Don Ambrosio O'Higgins. f irrey del Perú, en la que, al darle cuenta
del progreso de sus estudios, hace especial referencia al dibujo y al manejo de las armas “ cosas (qu e)
sin lisonja poseo en particularidad —dice —y me sería de grande satisfacción si varias de mis pintu­
ras pudieran llegar a manos de Vuestra Excelencia*\
Las acuarelas que se reproducen son de la época de su madurez y representan episodios del bata­
variana del Museo de la Magdalena (Lima).— F.
31

Se conservan en la sección Boli-

�O eo

Latitud
R E V IS T A

M EN SU A L

DE A RTES

Y LETR A S

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CO RDO BA

836

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FRANQUEO PAGADO
CONCESION N9 3129

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T A RI FA R E D U C I D A
CONCES ION N ° 2684

3 2 -0470

Precio del ejemplar $ 0 . 5 0

AR-FUNDACION KSPIGAS-KARDEXLATITUD

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                <text>Thénon, Jorge&#13;
Agosti, Héctor P.&#13;
Amorim, Enrique&#13;
Giusti, Roberto&#13;
Serrano Plaja, Arturo&#13;
Escardo, Florencio&#13;
Brughetti, Romulado&#13;
Sánchez Viamonte, Carlos&#13;
Dickmann, Enrique&#13;
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Reyes Heroles, Jesús</text>
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                    <text>L atitud
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�Precio del ejemplar
$ 0.50
Un año de suscripción $ 5.00

En la doctrina de
la Revolución de M a y o
reside la única base segura

D IR ECCIO N

Y

A D M IN IST R A C IO N

Av. Córdoba 836 - Bs. As. - U .T . 32-0470

de organización nacional

EDITOR
Rubén Núñez

ACTUALIDAD

Mariano M oreno no fue sólo un doctrinario, sino principalmente un hombre

Jorge Thénon

de acción. Com o tal, dió instrucciones al jefe de la expedición a las provincias
que definen su concepto de la aplicación de la soberanía popular. Ordenaba:
“En estando a cuatro leguas de Córdoba, se hará una intimación al Go­
bernador y Cabildo, para que dejen obrar libremente al vecindario en la elec­

LETRAS
Enrique Amorim

ción de su Diputado.

Se exigirá, com o condición precisa de la libertad del

pueblo para elegir, que el Gobernador y Teniente salgan de la ciudad mien­
tras dure la elección, asistiendo a ella un oficial de la expedición, para pre­
senciar si hay alguna violencia.

Si el Gobernador resistiese esta conducta, se

moverán las tropas contra él, echando antes una proclama en que se anuncie

TEATRO

al pueblo que no se trata de su agresión sino de su defensa, y conminando al

M aría Rosa Oliver

Gobernador con que pagará con su sangre y sus bienes la que hiciese derram ar. . . .
(Registro Oficial, tomo I, N ° 39)

ESCULTURA
Luis Falcini

PINTURA Y GRABADO
Antonio Berni

MUSICA
Leopoldo Hurtado

M A R I AIS O M O R E A O
y la soberanía popular
por RODOLFO P U IG G R O S
Hay un hecho tenaz y persistente que define, mejor que ningún otro, el carácter del
pueblo argentino: la gravitación que ejerce, a través de su historia y hasta nuestros días, la
Revolución de Mayo, Esteban Echeverría lo explicó, hace un siglo, con palabras de una
actualidad manifiesta:
"El problema fundamental del porvenir de la Nación Argentina fue puesto por M ayo:
la condición para resolverlo en tiempo, es el progreso: los medios están en la Democracia,
hija primogénita de M ayo: — fuera de ahí, como lo dijimos antes, no hay sino caos,
confusión, quimeras.
La fórmula única, definitiva, fundamental de nuestra existencia como pueblo libre es:
Mayo, Progreso, Democracia.

MAPA CONTINENTAL
Norberto A . Frontini

“ Los tres términos de esta fórmula se engendran recíprocamente; se suponen el uno al
otro; ellos contienen todo, explican todo: lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos.
“ Quitad a Mayo, dejad subsistente la contrarrevolución dominante hoy en la República
Argentina, y no habrá pueblo Argentino, ni asociación libre, destinada a progresar; no habrá
Democracia, sino Despotismo.
“ ¿Qué quiere decir Mayo? Emancipación, ejercicio de la actividad libre del pueblo
Argentino, progreso: ¿por qué m edio? — por medio de la organización de la libertad, la
fraternidad y la igualdad, por medio de la Democracia.

CINE
León Klimovskv

PRODUCCION
Bartolomé M irabelli
Sam Malamud
Jorge Naranjo Cuadra

“ Resolved el problema de organización, resolveréis el problema de Mayo” .
No existe, que sepamos, otra explicación de nuestra existencia nacional que la iguale en
exactitud, profundidad y síntesis. Los acontecimientos contemporáneos lo demuestran. Rosas
contrapuesto a Moreno es el despotismo, con nuevos ropajes pero la misma entraña, preten­
diendo anular la democracia y conduciendo al caos. Moreno sobreponiéndose a los ultrajes
de minúsculos aspirantes a tiranos es el espíritu de Mayo prevaleciendo para acercar a la
República a su organización equilibrada y sólida en el progreso y la democracia.
La actualidad de la Revolución de Mayo se deriva de que, como decía Echeverría paro
ayer y podemos repetirlo nosotros para hoy, el problema de organización que planteó no ha
sido aún resuelto. Ese problema no es otro que el del ejercicio pleno de la soberanía
popular como fuente, apoyo y garantía de gobierno. Fuera de ella “ no hay sino caos,
confusión, quimeras” .

�i FUNDACION ESPIGAS
I Buenos Aires - Argentina
Mariano Moreno expuso la doctrina y quiso que un congreso, en el que estuvieran libre
y legítimamente representados los pueblos, organizara a la nación.

No encontró al país

maduro para ese salto del despotismo colonial a la democracia que anhelaba.

La Junta

saavedrista lo hizo a un lado y como, según las palabras de una orden del día. “ no tenía
una confianza entera en los pueblos” , resolvió “ no alterar el sistema antiguo” .

La V ic to r ia
y la P a z
6 de Mayo, dia de la Victoria, señala el fin
de la segunda guer armundial y el triunfo de
las democracias sobre las fuerzas destructoras
del nazismo.
¿Contra quiénes se ha ganado esta guerra? ¿Có­
mo asegurar la paz contra todo retomo de la bar­
barie? La experiencia vivida por los pueblos ha
sido tan dolorosa, que bien vale la pena que cada
ciudadano del mundo se formule estas preguntas
y aprenda a preservarse del veneno que todavía
destilan los sobrevivientes y cómplices de la dicta­
dura nazi. Por momentos parecía que todo lo que
amábamos, la libertad, el progreso y la cultura,
iban a sucumbir arrollados por el enemigo de la
Humanidad, pero los pueblos lucharon por su exis­
tencia con denuedo y sellaron el pacto defensivo
que condujo a la victoria, prometiéndose solemne­
mente mantenerse unidos para asegurar la paz y
evitar que un flagelo semejante azotara de nuevo
al mundo atribulado. Para saber cómo ha de edi­
ficarse la sociedad futura y de qué modo será neu­
tralizada la tercera guerra mundial, anticipada por
el nazi alemán von Ivrossik. es preciso recoger la
experiencia de la preguerra, conocer los factores y
las fuerzas que la prepararon y fomentaron y esta­
blecer claramente cuáles son las condiciones polí­
ticas que han de asegurar la destrucción total de
las potencias de la guerra.
El fascismo italiano y el nazismo alemán nacieron
y llegaron a fortalecerse como dictaduras terro­
ristas apoyadas en ei gran capital y en la gran
masa de aquellos que escucharon su propaganda
engañosa, confusa, su demagogia anticapitalista y
pacífica que la presentaba a la vez como una ex­
presión de la justicia social y como un antidoto
contra la revolución proletaria y el advenimiento
del comunismo. Gracias a ese fantasma agitado de
continuo por la radio y la prensa dirigida, el fascis­
mo y el nazismo se consolidaron, aboiieron la liber­
tad sindical, suprimieron la libertad de pensamiento,
destruyeron con saña todos los atributos legados por
la declaración de los derechos del hombre y del ciu­
dadano. dirigieron la economía y esclavizaron a los
hombres, a las mujeres y los niños convirtiéndolos
en autómatas guerreros inflamándoles ei corazón
de odio, preparándolos para la guerra...
La propaganda del fascismo no repercutió sola­
mente en el territorio nacional de Alemania e
Italia, pues su doctrina y sus métodos se difun­
dieron por todas partes preparando la ruina de las
democracias con la ayuda de sus agentes especia­
les y les cómplices de cada nación. Los reaccio­
narios de todo el mundo se agruparon en torno de
la doctrina nazi del espacio vital, de la esclavitud
del hombre, el sometimiento del ohrero, la muti­
lación de la inteligencia y el delito racial. Los
llamados nacionalistas de todos los países se con­
virtieron en adeptos de los amos de Beriín y Roma,
copiaron sus procedimientos, gestos y doctrinas,
propugnando en cada país la destrucción de la
democracia. Y con el pretexto de la defensa de la
soberanía, los Quislings" preparaban en realidad
la entrega de sus países al dictador alemán. Para
lograr este resultado nada mejor que derribar la
única garantía de libertad e independencia de la
patria, esto es. la insobornable y consecuente vo­
luntad de los pueblos soberanos.
La acción de Hitler y Mussolini no fué sólo el
resultado de sus genios destructores: fueron alen­
tados y estimulados desde muchas partes: desde
Inglaterra, Francia, Estados Unidos, y cuanto pais
albergara en su seno núcleos reaccionarios dispues­
tos a conculcar la libertad de sus pueblos para
fortalecer al dictador alemán en su plan imperia­
lista y fundamentalmente en la preparación de la
guerra contra Rusia. La lucha contra la democra­
cia en cada pais era el prolegómeno estratégico de
la gran batalla que Hitler preparaba para la des­
trucción de la U .R .S.S . Muchos ciudadanos de­
mocráticos y honestos que se dejaron arrastrar
por el “ antícomunismo" de Hitler. debieron más
tarde arrepentirse cuando advirtieron que el ata­
que a la Unión Soviética involucraba la pérdida de
su propia independencia bajo la férula de Hitler y
sus “ Quislings” .
l

El problema de la organización nacional, o sea el problema capital de Mayo, quedó así
diferido y vino la anarquía que abrió paso de nuevo al despotismo. Antes de llegar a Rosas,
sin embargo, menudearon las tentativas, todas ellas infructuosas, de hacer triunfar una
democracia muy pregonada pero de difícil realización. Así. un día de octubre de 1812, San
Martín abandonó con sus tropas los cuarteles para “ proteger la libertad del pueblo, para
que pudiera libremente explicar sus votos y sus sentimientos, dándose a conocer de este
modo que no siempre están las tropas como regularmente se piensa para sostener gobiernos
tiránicos; que sabían respetar los derechos sagrados de los pueblos y proteger la ju-ticia de
éstos—

que debía evitarse toda intervención y el mejor influjo de la tropa en una elección

del pueblo; porque hacer lo contrario sería exponerse a la censura de las Provincias Unidas;
además de que su honor no les permitía ni aún indicar sujetos en quienes pudiera recaer
la elección” . Era Mayo resucitando en la acción de San Martin para restablecer, con el
gobierno del pueblo, un orden que perturbaba la camarilla del Triunvirato.
Tampoco el vencedor de los Andes encontró al país maduro para el salto. Ni fuá más
afortunada la Asamblea' del año X III? al querer un gobierno que representara la “ libre y
espontánea voluntad de los pueblos” . Con el Directorio, poder unipersonal y despótico, la
nación se despedazó y no lograron unirla las Constituciones de 1819 y 1826, con su concep­
ción de la soberanía restringida al voto de las minorías propietarias y cultas.
Como lógica consecuencia de la negación de Mayo, se llegó al encumbramiento de Rosas,
que fue su antítesis y trató de ocultar el caos bajo una máscara de terror y servidumbre.
Caseros colocó al problema en su punto de partida: Mayo, Progreso, Democracia.

Pero al

plantearlo de nuevo no lo superó, sino trató de solucionarlo elevando al pueblo a la condi­
ción de soberano por medio de la educación, de la inmigración, del trabajo agrícola e
industrial, de la propiedad, del trasplante del progreso europeo para que brotara en nuestra
tierra de una vez la planta de la democracia.
En los años que siguieron, la soberanía popular, que todavía no caminaba sola, fue
substituida por la acción de estadistas, políticos y educadores en los que renacía el espíritu
de Moreno. No eran elegidos por el pueblo, pero Sarmiento y Mitre consagraron sus vidas
a prepararlo para que pudiera y supiera elegir libremente a sus gobernantes.

El colono y

el ferrocarril, la chacra y la escuela hicieron el resto. Y así llegó el 90 y el verbo de Alem
trajo resonancias de decretos morenistas. Entonces el tribuno, al cabo de ochenta años de
combates, hallaba eco en las masas, era comprendido, podía movilizar y organizar, veía
encarnarse a la doctrina de Mayo.
Los partidos políticos comenzaron a surgir de abajo y, por lo tanto, el problema de la
organización, de acuerdo a “ la fórmula única, definitiva, fundamental de nuestra existencia” ,
se planteaba, al fin, sobre una base concreta. Cuando Sáenz Peña d ijo : “ Quiera el pueblo
votar” , pareció por un momento que la Argentina se encontraba a sí misma en las masas
identificadas con la doctrina de Mayo. Moreno retornaba al gobierno. San Martin abando­
naba su voluntario exilio, Sarmiento podía

esperar ser elegido

por el “ soberano” .

El

problema de organización estaba en camino de resolverse.
Le aguardaba, sin embargo, una prueba dura antes de llegar a esa sintesis que. en la
consubstanciación del pueblo con el gobierno o sea en el gobierno del pueblo, ha de hacer
triunfar, en un futuro próximo y seguro, el pleno contenido de la Revolución de Mayo.
El despotismo, alentado esta vez por tenebrosas fuerzas foráneas, no se resignó a ser ahogado
para siempre por la poderosa y creciente marea de las masas. Descolgó retratos de Moreno
y sacó de los desvanes, olvidados retratos del tirano Rosas.

No atreviéndose a tacar de

frente a San Martín, intentó presentarlo como un epígono del gaucho de Los Cerrillos y
reducir su cruzada contra España colonial y feudal a una campaña sin contenido emancipador.
Cubrió de agravios la memoria de Sarmiento, y al predicar el odio al progreso, procuró
llevar a la nación a un aislamiento suicida. La Argentina de la Revolución de Mayo y de
las guerras de la independencia, se desinteresaba de la suerte de aquellos pueblos que se
desangraban en la gigantesca lucha por las libertades de todos y aparecía ante el mundo
como cómplice de las fuerzas propulsoras del caos, la esclavitud y el retroceso.
Sería incompleto afirmar, para definir la otra cara de la medalla, que el espíritu de
Mayo no ha muerto, porque en estos últimos años una amarga y difícil experiencia ha venido
a sumarse a los acontecimientos internacionales, para elevar al puebTo argentino a un grado
de educación política y social que sólo espera la oportunidad para demostrar que la demo­
cracia ha echado profundas raíces en nuestro suelo.
Nunca hemos estado tan cerca como hoy de ver materializada la doctrina de la Revolución
de 1810. En la acción consciente, organizada y autónoma de la clase obrera, en la preocu­
pación de nuestros millones de campesinos por los problemas nacionales, en la estrecha
dependencia del porvenir de industriales, comerciantes y ganaderos respecto al desenvolvi­
miento de la gestión gubernamental, en la movilización de grandes masas ante los aconte­
cimientos nacionales y mundiales, reside la garantía de que la soberanía popular triunfará
sin que nada pueda detener o amenguar su triunfo.
se ha cumplido el mandato de Mayo.

Entonces podremos decir también que

E

La política de apaciguamiento, en el fondo cri­
minal política de guerra y provocación, aprovechó
ese estado de ánimo exaltado por la prédica espec­
tacular de Hitler. Mientras que en la Liga de las
Naciones la U .R .S.S . y otros estados proclamaban
la paz indivisible y demostraban que las conce­
siones reiteradas conducían indefectiblemente a la
consolidación del régimen de la barbarie y de la
guerra, los apaciguadores, traicionando a sus pro­
pios países, concedieron a los tiranos carta blanca
en Etiopía y Rhenania. apoyaron y financiaron gran
parte del armamentismo alemán, destinado "a con­
tener el bolcheviquismo” y decretaron fríamente
el sacrificio de la heroica España republicana, esto
es, del pueblo español.
(sigue en póg. 4)

3

�Mientras Hitler vociferaba contra Rusia, a la
manera del tero que despista la ubicación del nido,
se armaba hasta los dientes y ocupaba los puntos
estratégicos que anulaban el poderío militar de sus
vecinos. La ocupación de Austria puso a prueba la
tolerancia traidora de los apaciguadores y, por
último, el pacto de Munich, con la consiguiente
entrega de Checoslovaquia, aliada de Francia y de
la U .R .S .S .. mostró ya inequívocamente la futura
dirección del ataque.

lidad, aunque los munichistas la presentaron como
un plan imperialista y de complicidad con el na­
zismo alemán. Ese año y medio de tregua salvó a
la Humanidad, pues permitió a los rusos acrecen­
tar sus fuerzas militares, y acelerar el ritmo de
producción de sus industrias de modo tal, que aun
atacando Alemania en ese solo frente, sin nada que
la preocupase a sus espaldas, el ejército rojo pu­
diese contener por sí solo el alud invasor. Por fin
el dictador, ensoberbecido por sus triunfos en occi­
dente y ante el fracaso de la misión de Hess, se
lanzó contra la U .R .S.S . Lo demás es bien cono­
cido, hasta el epílogo magnífico que hoy celebra­
mos los argentinos con el mundo entero, bien que
en la intimidad de nuestros corazones silenciosos y
oprimidos.
En los cinco años de duro batallar, ¡cuántas ten­
tativas de división fueron frustradas, cuántas obs­
táculos vencidos para llevar el esfuerzo de guerra
al fin previsto! Toda ocasión era buena para se­
parar a los aliados. La rendición final del ejército
alemán, dada la forma que adoptó, significó tam­
bién una maniobra postrera destinada a romper
la firme alianza de las Naciones Unidas. Ellos
mismos proclamaron que el frente del Elba fué
desguarnecido deliberadamente para oponer a los
rusos toda la fuerza disponible, y el mariscal Montgomery se negó a negociar la rendición de los
ejércitos alemanes que luchaban en el Este, según
le proponía el jefe alemán. En el extremo de su
degradación y cobardía intentaron contagiar su
miedo ficticio a los ejércitos y pueblos de América
e Inglaterra. Ello no evitó que la rendición incon­
dicional se firmase entre las ruinas de Berlín ante
los mariscales de las Naciones Unidas, unidas para
la guerra y la paz anhelada por el mundo libre.

ANTE LA AGRESION
Cuando Hitler atacó por fin a Polonia, los apa­
ciguadores no pudieron ya ocultar a sus pueblos
que la ambición y el poderío creciente del impe­
rialismo germano amenazaba la suerte de sus Im­
perios. El monstruo había crecido demasiado y era
imposible domesticarlo hasta el punto de dirigir su
ataque. Fué entonces que Chamberlain y Daladier
declararon la guerra al Gran Reich y comenzó
aquella lánguida batalla de patrullas en el bosque
de Warms, mientras se intrigaba para envolver a
Rusia en esa “ extraña guerra", según se la deno­
minaba entonces, pues nadie combatía.
¿Cómo podían defenderse del fascismo aquellos
gobernantes que lo habían favorecido? Inglaterra,
Francia y Polonia, impregnadas de nazis y apaci­
guadores, habían llevado al extremo la debilidad
militar y la vulnerabilidad estratégica de sus paí­
ses. En cuanto a Polonia, ¿qué resistencia podía
ofrecer? Los coroneles polacos y los dirigentes po­
líticos, muchos de los cuales integran el gobierno
exilado de Londres, conspiraban contra su pueblo
en favor de Hitler y no disimulaban su simpatía
por su oposición a la U .R .S.S . El coronel Beck.
primer ministro y muchos militares polacos, orga­
nizaban cacerías con Goering y creyeron o afecta­
ron creer en sus falsas promesas de amistad. Cuan­
do Checoslovaquia fué avasallada, esos dirigentes
polacos, que hoy dicen defender la libertad de su
pueblo, se lanzaron con avidez contra su vecina y
aliada, apoderándose de las minas de Teschen.

PREMISAS PARA LA PAZ
La paz debe cimentarse en primer término en la
unión inquebrantable de todos los países comba­
tientes, en el castigo ejemplar de los culpables, en
la autodeterminación de los pueblos liberados y
en la ruptura de todo proyecto de bloque que le­
vante de nuevo la bandera del anticomunismo,
grosero pretexto de los herederos de Hitler y
Mussolini que desean redimirse de la derrota en
una tercera güera mundial. Para ello es necesario
destruir el fascismo donde quiera que impere, con
el auxilio del único instrumento eficaz de la demo­
cracia, la soberanía popular y la vigencia de los
poderes legítimos por ella consagrados. Después de
esta guerra terrible, el deber de todos los demó­
cratas, de todos nosotros, argentinos, es luchar por
el restablecimiento de la democracia y la sobera­
nía del pueblo.
La unión de los patriotas en el interior de cada
país y el exterminio de los reductos nacionales
del fascismo, es la premisa de la unión fraternal de
todos los pueblos del mundo para el trabajo, la
paz y el progreso de la cultura.
Rindamos nuestro homenaje a los tres grandes
que salvaron a la Humanidad del caos y la bar­
barie, a sus gloriosos ejércitos, a los pueblos abne­
gados que unidos trabajaron en las fábricas y los
campos contra los nuevos señores de esclavos, a
los guerrilleros, a los patriotas de la resistencia,
a los héroes y mártires que dieron su vida por la
libertad.
J. T.

HABIL POLITICA RUSA
En ese momento, los dirigentes de Francia y de
Inglaterra reclamaban de Rusia el cumplimiento
de sus pactos de alianza, pero los dirigentes pola­
cos se opusieron a que el ejército rojo atravesara
las fronteras para luchar contra el enemigo común.
Si en esas condiciones, en tanto se desarrollaba
tan "extraña guerra” , Rusia se hubiera lanzado al
combate para defender a Polonia, habría dado gran
satisfacción a los munichenses y fascistas de todo
el mundo, pues era evidente que ni Inglaterra ni
Francia estaban preparadas para una lucha deci­
siva. Habría entrado a actuar un gigantesco Comité
de No Intervención, y mientras Chamberlain en
tono plañidero reclamara la ayuda del Todopode­
roso, el plan de Munich de guerra contra la
U .R .S.S. se hubiera consumado. Pero Rusia neu­
tralizó hábilmente la maniobra, mediante su sor­
presivo pacto con Alemania, que obligó a Hitler
a lanzarse contra Occidente. Durante ese año y
medio en que Hitler marchó en esa dirección, el
ejército rojo perfeccionó sus equipos y ocupó los
lugares estratégicos que le permitirían contener el
inevitable ataque alemán. La guerra de Finlandia,
la ocupación de la parte oriental de Polonia, de
los Estados Bálticos y Besarabia tuvieron esa fina­

EL I NF L UJ O DE LAS I DE A S
EN LA R E V O L U C I O N DE M A Y O
por JO SE P. B A R R E IR O

TT'L influjo de las grandes ideas en el proceso
espiritual y político que tuvo com o corolario
magnífico la Revolución de Mayo, es un factor
indiscutido. Sin embargo, hace menos de un lus­
tro, cuando la gravitación de las doctrinas totali­
tarias se reflejaba tan inquietantemente en las cla­
ses gobernantes argentinas, uno de sus exponentes
sombríos — el ex canciller Ruiz Guiñazú, apologis­
ta de “ La Inquisición en América” — afrontó el
difícil problema de sostener, en una declaración
oficial, que las grandes ideas del siglo X V III no
habían tenido vinculación alguna en el aconteci­
miento. Eran los días en que, de acuerdo a las
consignas que venían de Roma, de Berlín y de
Madrid, ciertas minorías de nuestro país se obsti­
naban en negar en los hombres del Plata el influjo
del enciclopedismo y de la Revolución Francesa.
Los hechos ,en todo el decurso del siglo X V III
y en esos primeros años del siglo X IX, habían
demostrado cuán vano era el contralor sobre los
cerebros y la acción de policía realizada sobre las
ideas, que habían constituido la obsesión imperial.
La guerra decretada a los libros —no ya a los li­
bros históricos y políticos, sino a los de simple

imaginación— había resultado innocua. La historia
guardaría, com o documento de una época, la Cédu­
la Real de Carlos III expedida para que la “ Enci­
clopedia Metódica” fuera perseguida en las colonias
americanas. Igualmente no había podido conseguir
unificar las almas aquel documento de su sucesor
Carlos IV en que el monarca español confesaba
“ que el celo infatigable de los ministros del Santo
Oficio no había alcanzado a contener los grandes
perjuicios que causaba al Estado la lectura de los
malos libros” . De idéntica forma, había resultado
tarea ingenua la de impedir la difusión de las
nuevas doctrinas científicas. A pesar de que la
Inquisición amenazaba los cuerpos con su régimen
terrible, en el escenario de las colonias españolas,
sobre todo en Nueva Granada, existían espíritus
que se empeñaban en enseñar que la Tierra se
movía alrededor del Sol, por más que España —la
España de la Inquisición que algunos todavía se
atreven a reivindicar en el ambiente democrático
de América— había resuelto negar las conclusiones
de Copérnico. Ahí están los casos de José Celes­
tino Muttis, la brillante figura de Nueva Granada,
considerada por Linneo com o “ el príncipe de los
botánicos americanos” , o el de Juan Francisco
4

Vázquez, enjuiciados por la Inquisición por pro­
clamar que la Tierra se movía alrededor del Sol.
Existen propósitos estériles, pero probablemente
ninguno com o el de querer mensurar las ideas con
aqueta pragmática que inmortalizó al bárbaro Pro­
custo. Lo probó España en su intensa y vana ac­
ción. Pese a las órdenes reales. las ideas nuevas
llegaron a América e iluminaron el espíritu de los
nativos. Pero ocurrió algo más. Entraron en la
propia España y pusieron una luz en la mente de
muchos de sus hombres de gobierno. Lo prueba
el ejem plo inmortal de Jovellanos. Lo demostra­
ron las Cortes de Cádiz en 1812.
A Belgrano corresponde una participación be­
nemérita en la difusión de las grandes doctrinas,
en la divulgación de las ideas nuevas, más bien
dicho, de las ideas eternas.
En momentos en que Belgrano estudiaba en
Valladolid, irradiaba aún sus terribles reflejos el
Tribunal de la Inquisición. Como lo ha señalado
Mitre, “ apenas hacía dos años que el célebre Olavide había sido procesado por el Santo Oficio y
condenado a penas afrentosas por haber cometido,
entre otros delitos, el de tener en su biblioteca la

�LETRAS

r

Enciclopedia y los escritos de Baile, Montesquieu,
Rousseau y Voltaire” . Pese a ello, ávido de to­
mar contacto espiritual con los escritores del ins­
tante, Belgrano gestionó ante el papa Pío VI
licencia para poseer esas obras. El je fe de la
Iglesia se mostró más tolerante que los gober­
nantes de España. Otorga a Belgrano autorización
para “ leer y conservar durante su vida todos y
cualesquiera libros de autores condenados, aun­
que sean heréticos, y en cualquiera forma que
estuviesen publicados, con tal que los guarde pa­
ra que no pasen a otras manos” . Belgrano, así,
asimila las doctrinas políticas, sociales y econó­
micas que habían comenzado a poner una nota de
hermosa inquietud en Europa. Lee a Montesquieu,
a Rousseau, a Filangieri, a Adam Smilh, a Condorcet, a Jovellanos, a Campomares, a Alcalá Galiani, y se entrega apasionadamente al estudio de la
economía política y del moderno derecho público.
Bien pronto las lecturas asimiladas por Belgra­
no en el ambiente europeo encuentran clima pro­
picio en el escenario de Buenos Aires. En 1805
traduce del inglés la despedida de Jorge ICáshington al pueblo de los Estados Unidos. En 1806,
Hipólito Vieytes elogiaba en el “ Semanario de
Agricultura” a Mirabeau y a Adam Smith. En
1809 Belgrano presenta al virrey Liniers un me­
morial sobre com ercio libre con los ingleses. Poco
tiempo después, Moreno, en el molde de las mis­
mas ideas, redacta la histórica “ Representación de
los Hacendados” . Paulatinamente, Belgrano va ha­
ciendo escuela. Explicaba fervorosamente las doc­
trinas de Smith sobre el valor, los precios, la
moneda, el capital, la tierra y la colonización.
Como ha dicho el profesor Gondra, “ si el egoísmo
de los mercaderes y la desconfianza, el apoca­
miento o la incomprensión de los funcionarios
reales hacían oídos sordos, era indudable que las
nuevas ideas prendían, generosamente, en el espí­
ritu de algunos jóvenes entusiastas, com o Castelli,
Moreno, Vieytes y otros, para los cuales fué Bel­
grano, sin duda, maestro e iniciador revolucio­
nario” .

Dirige
ENRIQUE A M O R IM

La

HIMNO

NACIONAL

Oíd ¡mortales! el grito sagrado:
¡Libertad, libertad, libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas;
Ved en trono a la noble Igualdad
¡Ya su trono dignísimo abrieron
Las Provincias Unidas del Sud!

y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino, ¡Salud!

Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir:
Coronados de gloria vivamos
0 juremos con gloria morir
VICENTE LOPEZ Y PLANES

Pero es en la formación mental y espiritual de
Moreno, es decir, en el numen de la revolución
de Mayo, donde ese influjo se acentúa con ca­
racterísticas inequívocas. Alberdi dijo que “ El
Contrato Social era la brújula de M oreno” . Fué
algo más: fué la brújula de la Revolución de
Mayo, fué una de las luces que iluminaron el
génesis del proceso histórico argentino.
•

arito l ó g i c a

ARGENTINO

En toda esa promoción juvenil que habría de
controlar los primeros pasos de la revolución de
Mayo, el influjo de los enciclopedistas es indis­
cutible. Moreno, por ejem plo, durante sus estu­
dios en Charcas, se había impregnado de las nue­
vas doctrinas que estaban en la biblioteca de
Francisco de Ortega, en la librería del padre
Moscoso, en los anaqueles de Maciel, en los es­
tantes del padre Terrazas. A llí leyó a D ’Agresseau, a Montesquieu, a Reynal, a Bacon, a Fi­
langieri, a Jovellanos. Mientras tanto, aquí en
Buenos Aires, en la biblioteca' de Rivadavia, se
exhibían con orgullo los libros de Voltaire, de
Rousseau, de Necker, de Malby, de Montesquieu,
de Re^-nal, de Condorcet, de Locke, de Bentham.
Esos libros iban formando una conciencia doc­
trinaria en los hombres jóvenes que habían nacido
en el Virreynato.

•

poesía

•

Hiparon iéios. . . !
Ha llegado a nuestro país la embajada intelec­
tual de Francia combatiente. Los argentinos saluda­
mos con regocijo a esta pléyade de hombres escla­
recidos y patriotas, que expusieron su vida por la
libertad de Francia, luchando contra el enemigo ex­
terior y los entregadores de Viehv. Pasteur Yallery-Radot, Albert Ledoux, Raymond Ronce, Emmanuel de Sieyés y Pierre Gabard, constituyen un
ejem plo de como la intelectualidad democrática
debe luchar, en todos los países, por todos los
medios a su alcance, contra las fuerzas de la reac­
ción. Centenares de intelectuales libres han sabido
cumplir en Francia ese mandato. Bienvenidos sean
hoy sus representantes!
5

�¿Cont i nuaremos cantando a la De s es pe rac i ón y a la Muert e?

RILKE
E L

Y

N A Z I S M O

por IS ID O R O F L A U M B A U M
I

de crisis tan profunda
que en ningún otro m om ento
intelectualidad decadente, frente
tradicciones no alcanza a concienciar ni

U

NA época

com o la que nos toca vivir, hace más claro
el hecho de la terrible desorientación de la
a la realidad social que la rodea, cuyas con­
explicarse.

Vem os así a esos intelectuales, colocados en la disyuntiva de postular su fracaso,
su impotencia o el indeterminismo filosófico, refugiarse en el abismo de una estéril
desesperación que desemboca en el culto de las ideas de muerte, angustia y desinte­
gración total, negadoras del poder creador del hom bre, con su suprem o instrum ento:
la razón.
Sobran ejem plos a través de esos períodos históricos a que nos referim os: los
últimos tiem pos del Im perio Rom ano produjeron el estoicismo de la decadencia; el
fin de la Edad Media el m em ento morí jesuítico y manifestaciones afines; por úl­
timo, nuestra época, el existencialismo y cantidad de corrientes sem ejantes; el más
cercano, el de Martín Heidegger, entregándose sin vacilar al poder avasallador del
fascismo alemán.

El existencialismo contemporáneo es la desem­
bocadura de las manifestaciones artísticas y filo ­
sóficas a que nos referimos. Toma todos sus te­
mas aguzándolos y adaptándolos a las condiciones
del mundo contemporáneo. También esta es época
de crisis y por muchas razones, de mayor agudeza
y significación histórica. Por tal razón, el “ muertismo” de los intelectuales decadentes aparece agu­
zado y agresivo, en formas mucho más refinadas
y reflexivas que en épocas anteriores. Es precisa­
mente Alemania, piedra de toque de las contradic­
ciones de nuestra época, el país que posee las ma­
yores manifestaciones en tal sentido.
Rainer María Rilke (1875-1926), es el más gran­
de poeta representante de la corriente actual que
analizamos. Austro-checo de nacimiento, es Ale­
mania el país donde su influencia se hará sentir
más hondamente. Fue postrer representante de
una familia noble venida a menos en momentos
de la decadencia del imperio Austro-Húngaro.
Este hecho, unido a su natural melancólico, deter­
minado por su debilidad constitucional, torna
su espíritu pesimista. Clara exaltación de glorias
pasadas hay en su cuento de juventud “ Hermano
y Hermana” pero sobre todo en su primer gran
poema “ Canto de Amor y de Muerte del Corneta
Cristóbal Rilke” . Dice al comienzo del mismo:
“ __ el 24 de noviem bre de 1663, le fue conce­
dida a Otto von Rilke, en Langenan y Linda, la
posesión de la parte del feudo heredado de su
hermano Cristóbal, caído en Hungría; empero,
debía presentar una contracédula, mediante la cual
dicha posesión quedaba anulada, en el caso de que
dicho hermano Cristóbal ( caído com o abanderado
de un regim iento austríaco de caballería a las ór­
denes del Barón de Pirovano), volviese —
También en los cuadernos de Malte Laurids
Brigge notamos esa característica:
“ __ Todavía en mi pueblo, el anciano chambe­
lán Brigge, llevaba — ello era palpable— su muerte
consigo. ¡Y qué m uerte! D e dos meses de dura­
ción, y tan ruidosa que se la oía hasta en la casa
de labor. La vieja y antigua casa señorial era de­
masiado pequeña para contener esta m u e rte ...
Desde muy joven siente atracción hacia el tema
de la muerte, pero en una forma evidentemente
espontáena. Sólo más tarde se convierte esa atrac­
ción en doctrina y concepción del mundo. Su
formación cultural es europea. Data de una épo­
ca, la anterior a la guerra del 14-18 —en que
ningún conflicto serio enturbiaba las relaciones
entre las naciones europeas, hecho que favorecía
un cierto cosmopolitismo aristocrático entre los
intelectuales de las clases altas, cosmopolitismo

éste, ni muy serio ni muy profundo. Lo defini­
tivo es que Rilke seguía siendo en lo esencial un
alemán, y un alemán aristócrata. Y fué precisa­
mente Alemania el país que lo consagró y donde
su influencia se hizo sentir de manera más acen­
tuada. Esto se debe evidentemente a que Rilke
pertenecía a una corriente intelectual esencial­
mente germana: el existencialismo.
En 1909 se editan en alemán las obras com ple­
tas de Kierkegaard. Rilke, que había manifestado
deseos de aprender el danés para traducir a Kier­
kegaard al alemán, se convierte en partidario en­
tusiasta de las ideas del místico danés y descubre
en su obra elementos singularmente acordes con
su propia manera de ver el mundo. La influen­
cia de Kierkegaard sobre Rilke fué tan profunda
que impregna gran parte de su obra. En la fi­
gura del danés Malte Laurids Brigge podemos
ver claramente el reflejo de la impresión que
causó en el espíritu de Rilke la personalidad de
Kierkegaard. Hay, no obstante, una diferencia
esencial entre Rilke y Kierkegaard. Este último
expone doctrinas que pretenden ser cristianas;
Rilke, en cambio, es en esencia un pagano, como
Hólderlin y Nietzsche. Kierkegaard exalta la
“ existencia teológica” com o el desiderátum en la
vida humana; Rilke, en cambio, exalta un pecu­
liar misticismo telúrico de raigambre eminente­
mente nietzscheana. Dice así el poeta del “ Libro
de Horas” :
“ ¡Q ué locura distraernos hacia un más allá,
cuando nosotros estamos aquí rodeados de tareas
y especulativas y futuro! ¡Q ué fraude, sustraer
imágenes del encanto de aquí abajo para vender­
las en el cielo detrás de nuestras espaldas!”
Como vemos, el elemento nietzscheano confiere
a las concepciones de Rilke un matiz no solamen­
te antirreligioso, sino anticristiano. El filósofopoeta había contrapuesto lo terrenal a lo religioso
en su lucha reaccionaria contra el cristianismo,
para él religión de plebeyos resentidos, incapa­
ces de asumir responsabilidades y que p or eso
atribuyen a Dios.
No obstante, la Tierra es para Nietzsche senci­
llamente el lugar donde habita el hombre. Lo
telúrico carece en él de todo significado metafisico-trascendental. Todo lo contrario ocurre en
R ilke:
“ La caducidad se precipita por doquiera en un
profundo ser. D e aquí que todas las formas de
acá abajo hay que lomarlas no sólo com o tem po­
ralmente limitadas, sino que, en la medida que
nos sea imposible incluirlas en aquellas signifi­
caciones superiores de que participamos. Pero no
6

EN SENTIDO CRISTIANO (d el que siem pre más
apasionadamente me a lejo), sino que, con una con­
ciencia puramente terrena, beatíficamente terrena,
es necesario introducir todo lo contemplado y pal­
pado en este mundo en el más amplio ámbito. No
en un más allá, cuyas sombras entenebrecen la
tierra, sino en un todo, en el todo. La naturaleza,
las cosas de nuestra convivencia y uso son provi­
sorias y caducas, pero, mientras permanecemos
en esta tierra, ellas son nuestra posesión y nuestra
amistad, consabedoras de nuestras penas y de
nuestras alegrías, com o ya fueron los confidentes
de nuestros antepasados. Por esto no sólo no hay
que calumniar y rebajar todo lo de aquí abajo,
sino que justamente a causa de su provisoriedad,
que ellas comparten con nosotros, estas manifes­
taciones y cosas deben ser concebidas y transfor­
madas por nosotros con una comprensión muy
íntima. ¿Transformadas? Sí, pues nuestra tarea
misional es grabarnos esta Tierra provisoria y ca­
duca tan profunda, tan doloroso y apasionadamen­
te, que su ser resurja “ invisible” en nosotros.”
Su culto a la Tierra es un panteísmo pagano
íntimamente relacionado con su concepto de la
muerte. Esta no es para Rilke tránsito a la Eter­
nidad com o para el cristianismo, sino que tiene
valor y sentido por sí misma. Como lo dice en
una carta a W iold von Hulewicz, el hombre que
se adentra en “ su” vivencia de la muerte, en su
“ muerte propia” realiza al mismo tiempo el “ en­
cargo de la tierra” . Pero realizar el “ encargo
de la tierra” no es dado a la gran masa, al vulgo.
Es cosa eminentemente aristocrática y patrimonio
de unos pocos elegidos. Es decir, el panteísmo
pagano sirve para establecer jerarquías humanas
íntimamente emparentadas con la nietzscheana de
“ señor” y “ esclavo” , y que reaparecerán en la
filosofía heideggeriana según las expresiones
“ existencia banal” y “ existencia propia” .
Pasemos ahora a otra cuestión. ¿En qué queda
el Dios que Rilke invoca tan a menudo en sus
pseudo-cristianos poem as? Si analizamos deteni­
damente el concepto rilkeano de Dios, nos encon­
traremos con que es absolutamente distinto del
concepto general acerca de Dios. Dios no es para

Rainer María Rilke

Rilke lo absolutamente objetivo, fuente de donde
proviene todo lo que existe. Es un algo borroso,
distinto para cada hombre y con el cual el indi­
viduo se une y conoce al adentrarse en su
muerte propia . Acentúa hasta el extremo la
subjetividad de Dios, en metáforas y conceptos
evidentemente inspirados en los grandes místicos
germanos, en especial Meister Eckart y Angelus
Silesius:
. . . ¿qu é quiere significar lo otro, sino que
nuestro semblante y la faz divina, que miran ha-

�cia ajuera en la misma dirección, con u n o ? . . . ”
y también:

La obra de d oy ce es corno la vida misma: no puede tener fin

“ Dios y la muerte eran, pues, externos, eran lo
otro, y lo propio (lo intransferible) era nuestra
vida, la que ahora al precio de esta escisión pa­
reció ser humana, pareció ser, en un sentido con­
cluso, la nuestra, íntima, posible, realizable.”
Es decir, el Dios de Rilke es una imagen b o­
rrosa e indeterminada, metáfora y figura poética
a menudo, y cercana a la “ nada” heideggeriana.

en la última página de un libro -d ice ./. S A L A S S U B I R A T -

•

•

•

Entre las concepciones de Rilke y Heidegger
hay, desde luego, diferencias notables. Pero las
similitudes son mucho más numerosas e impor­
tantes. Estas similitudes provienen de que ambos
pertenecen a la misma corriente cultural, la que
preparó ideológicamente el advenimiento del na­
cionalsocialismo. Resulta violento para toda sen­
sibilidad normal relacionar lo que es esencial­
mente la anti-cultura, a un poeta de las condiciones
excepcionales de Rilke. Pero cometeríamos un
error fatal si nos detuviéramos en esta faz pura­
mente externa del problema. No podemos ni de­
bemos olvidar que cosa muy distinta es el precur­
sor de un hecho histórico cualquiera, del actor
del mismo. El nacionalsocialismo no ha produci­
do nada comparable a un Nietzsche o a un Rilke.
Pero es que ambos se nutrieron de la época que
ayudaron a destruir. Es decir, que las manifes­
taciones reales de su talento, en las condiciones
actuales, no hubieran podido revelarse. Las ra­
zones para deducir este hecho sobran. Además,
hay ya una diferencia notable en los méritos de
Rilke como poeta y de Heidegger como filósofo.
Este último es muy inferior. Por otra parte, el
pathos nazi ha asimilado los temas de tierra y
muerte hasta vulgarizarlos al extremo, como lo
muestran las elucubraciones de Keyserling, Klages,
Splenger, Rosemberg y otros taumaturgos de la
Alemania nazi.
Rilke es el paganizador del existencialismo y
uno de los más distinguidos representantes del
renacimiento pagano en la Alemania contempo­
ránea, cuyo sentido histórico social es bien co­
nocido.
El irracionalismo germano, en sus manifesta­
ciones artísticas y filosóficas, pudo aparecer desde
el Romanticismo cristianamente disfrazado, salvo
en los casos de Schopenhauer y Hólderlin. Pero
a medida que acentuaba sus características y acen­
tuaba su agresividad, arrojó su exterior cristiano
por la borda y se mostró en todo su cinismo, a
partir de Federico Nietzsche. ¿Las razones de este
fenóm eno? El cristianismo es demasiado eviden­
temente opuesto a su concepto zoológico del hom ­
bre. En ese sentido, las elucubraciones de un H ei­
degger y el racismo no son sino manifestaciones
de un mismo fenómeno.
Rilke le ha legado al rector de la Universidad
de Friburgo, las bases de su erudita filosofía. Pe­
ro para Heidegger, la muerte, además de ser pro­
blema puramente personal, permite la realización
de la “ historia” , la “ tradición” , el “ destino” , etc.
Heidegger no habla siquiera de D ios; lo ha sus­
tituido por la nada.
En otro trabajo (“ Meister Ekbart y Martín H ei­
degger” Minerva, año I, N ? l ) hemos señalado
cómo Heidegger, apropiándose de temas cristianos
y místicos, ha creado una doctrina esencialmente
anticristiana. En todo ello Rilke se le ha adelan­
tado. Heidegger no ha hecho más que dar un
remate lógico a lo que estaba íntegramente en
el poeta.
En el mundo contemporáneo, pletórico de fuer­
zas renovadoras, existen intelectuales que se ama­
rran a un pasado caduco y levantan como en
otras épocas la bandera de la muerte. Los Berdiaeff, los Chestov, los Rilke, los Unamuno, los
Heidegger, se multiplicaron vertiginosamente des­
de principios de siglo. Su doctrina se constituyó
en erudita filosofía en Alemania, como es lógico.
Q u ien es creem os en el p o r te n to s o d estin o
del hombre sobre la tierra, ¿podem os conciliar
con ellos?

UNA ENTREVISTA
CON EL
TRADUCTOR
DE "LUISES”
A punto de aparecer la versión castellana de
"Ulises". de James Joyce. nos entrevistamos con
J. Salas Subirat, responsable de esa traducción.
—¿Cómo se le ocurrió acometer la empresa de
traducir ‘‘Ulises"?
—Para entender mejor algunos pasajes que me
resultaban oscuros.
—¿Hace mucho tiempo que conoce este libro?
—Alrededor de veinte años.
—¿Cuándo empezó a traducirlo?
—En 1940 empecé a traducir las páginas que no
me resultaban claras. Así lo fui pasando todo, sin
pensar en que esa traducción pudiera publicarse.
Le diré, además, que en estos veinte años me en­
teré repetidas veces de que alguien lo estaba tra­
duciendo en Buenos Aires, lo que hacia innecesaria
mi traducción con el objeto de darla a la imprenta.
Un día. hablando de James Joyce con Santiago
Glusberg, le dije que tenía "Ulises" traducido. Un
tiempo después Santiago Rueda le comunicó a
Glusberg que había adquirido los derechos para la
edición castellana y que Max Dickmann iba a
formar un comité de traductores para emprender
la tarea. Glusberg le habló de mí y el domingo
siguiente estaba Max Dickmann en mi casa, donde
puse en sus manos la versión completa en caste­
llano, desde la primera hasta la última página. Le
pedí tres meses para darle una leída definitiva y
tardé más de un año para entregarlo listo para la
Imprenta.
—¿Es fundada la fama de intraducibie de esta
obra?
—No: se trata sólo de un libro difícil de leer en
el original. No creo, por lo demás, que exista nin­
gún libro intraducibie una vez que se lo ha com­
prendido en el idioma original. Entiendo, por otra
parte, que ninguna traducción puede dar exacta­
mente los valores del original en todos sus aspectos.
—¿Se refiere usted solamente al ‘‘ Ulises"?
—No: me refiero a todas las traducciones. Cada
idioma es como un sistema, cuyas características
le son exclusivas: entre unos y otros hay equiva­
lencias, pero no igualdades: eso hace imposible dar
exactamente el estilo de un gran escritor. Una
traducción no puede ser nunca más que una
aproximación.
—¿Cree usted que un m ejor conocimiento de “ Uli­
ses" permitiría rastrear la influencia de Joyce en
la literatura actual?
—Sin duda alguna. Es indispensable tener en
cuenta esta obra para cualquier estimación de la
literatura actual. A pesar de no haberse difundido
su texto entre nosotros, éste ha tenido, indirecta­
mente, una repercusión indudable, por vía de
autores influenciados por su lectura. Este libro
constituye un caso extraordinario de influencia
directa e indirecta.
—¿Qué relación guarda “ Ulises” de James Joyce
con la “ Odisea" de Homero? ¿Existe, a su juicio,
alguna similitud entre una y otra obra?
—Difícilmente se le ocurriría a nadie, si no fuera
por el título, que existe ese paralelismo. Hay
mucho que decir todavía, sin ignorar a Edmund
Wilson y a Valery Larbaud, no solamente sobre el
contenido simbólico del libro y los protagonistas
que se mueven en él, sino también con respecto a
James Joyce mismo como viajero curioso en las
regiones más intrincadas del pensamiento. A este
fin sería precisa una incursión complementaria en
ese otro mundo que está representado por su obra
siguiente: Finnegan's Wake.
—-¿Entiende usted que después de su traducción
será siempre necesario ir al original para formarse
un concepto acabado de lo que es “ Ulises” ?
—Al pasar de un idioma a otro, los juegos de
palabras palidecen, de igual manera que los giros
onomatopéyicos, y la percusión que tienen las alu­
siones a modalidades y episodios que nos son
extraños disminuye en algunos casos, hasta des­
vanecerse; los neologismos y asociaciones de ideas
pierden a veces su vigor. Es natural, entonces,
que sólo podría prescindirse del original, para un
estudio profundo de la obra, presentando una edi­
ción plagada de notas, explicaciones y citas que
harían perder al libro la agilidad que le imprimió
Joyce.
—¿Agilidad? ¿Acaso es “ Ulises” un libro ágil?
Muchas plumas de categoría han afirmado lo con­
trario.
—No lo ignoro. La opinión de Joung es bien cla­
ra: Me aburre hasta las lágrimas, dice. Pero estoy
convencido de que la agilidad de Joyce ha escapado
7

Jaimes Joyce (Dibujo de Cotton)

a muchos críticos, ya sea por falta de enfoque o
por una actitud mental que llamaría extraliteraría.
Joyce bombardea las escenas desde diversos ángu­
los, sin eludir ninguno, con un lenguaje directo y
libre de limitaciones. Lo notable en esta obra es
el aligeramiento de trascendentalismos para expre­
sar lo trascendental. Se ha dicho ya que no ha
de marearse la cabeza que sea bastante fuerte para
leerlo. No ha faltado quién sostuviera que para
interpretar a "Ulises” se necesita ser un genio o
un alienado. No es para tanto: se trata solamente
de una cuestión de agilidad mental. En el libro
de Herbert Gorman sobre James Joyce hay una
cita de un doctor Joseph Collins, neurólogo, para
quien, según afirma Gorman, todos los autores son
casos clínicos. "Ulises —dice Collins—r 710 podrá
ser leído completo ni por diez hombres o mujeres
de cada cien, y de cada diez que lo consigan, cinco
lo harán como un “ tour de forcé". Soy probable­
mente la única persona, aparte del autor, que
lo haya leído desde el principio al fin.” Y á ren­
glón seguido agrega imperturbable: “ Aprendí en
él más psicología y psiquiatría que durante diez
años en el Instituto de Neurología” . No conforme
aún con esta prueba de irresponsabilidad crítica,
añade: “ Hay otros ángulos desde los cuales Ulises
puede ser revisado con provecho. Pero ellos no son
muchos” . En efecto, hay otros ángulos desde los
cuales puede ser, no solamente reviewed —como
afirma Collins— sino también cotizado y gustado
el "Ulises", y tales puntos de vista, que no sólo
no son escasos, sino numerosos y fundamentales,
no podían ignorarse al Intentar su traducción!
Jung, pensador profundo, recupera intuitivamente
el terreno perdido al aburrirse hasta las lágrimas
en el primer centenar de páginas del “ Ulises” y
salva su prestigio que sobrepasa lo científico al
sospechar “ algo que escapa a nuestra percepción,
un designio secreto que le presta sentido” . Ese
sentido secreto sólo reside en la agilidad con que
Joyce sabe salir de ciertas posturas en que se
vuelve demasiado serio.
—¿Cree usted, como sostienen algunos ensayistas
que Joyce, precedido por Proust y seguido dé
Kafka, ha realizado con ellos, ya sea intencional o
fortuitamente, algo asi como uno de los grandes
sistemas metafísicos de la literatura moderna?
La pregunta es un tanto imponente y no creo
que estas tres figuras solas pudieran ser respon­
sables de tal sistema metafísico. Dejando a un
lado que para dilucidar eso del sistema metafísico
sena necesario un estudio serio y dilatado le
diré que, a mi juicio, se ha intentado con cierta
ligereza establecer una correlación de Proust a
Joyce y de Joyce a Kafka. En lo que se refiere
a los dos primeros, ese intento se explica por la
diferencia de enfoque de ambos autores. Los es­
cenarios mentales que recorre Proust vienen sobre­
cargados de posturas y decorados anacrónicos; sus
personajes parecen asfixiarse dentro de ambientes
en que el artificio y la complejidad de los pre­
ceptos sociales, en desacuerdo con el espectáculo
del mundo a esa hora, dan la visión de épocas re­
motamente anteriores a la que transitan los perso­
najes de Joyce. Es una diferencia que tiene que
ver más con la perspectiva aérea en pintura que
con la correlación apuntada. Como los colores de
conjunto de los cuadros de Proust vienen agrisados
por una materia social en decadencia, se tiene la
sensación de un plano más alejado en el tiempo.
Tanto en uno como en otro autor existe un desme­
nuzamiento psicológico que los aparea en algunos
instantes, y por eso podría afirmarse tal vez, y
tan sólo, la co-existencia de dos sistemas —la si­
multaneidad de sistemas es un fenómeno de épo­
cas: por eso Bergson, Freud, Proust, Joyce, Rilke,
Kafka, etc. ■, derivados de un mismo avance en
la introspección; pero no veo ningún otro aire de
familia. Kafka, que conserva también ese carácter
introspectivo, presenta un panorama que tiene que

�ver directamente con Ja angustia: la angustia del
esfuerzo fallido, realizándose, ese esfuerzo, en una
dimensión fundamentalmente onírica.
—¿Cree usted, como se ha dicho, que "Ulises”
es una expresión del escepticismo del autor y que
ese libro podría calificarse como una “ boutade”
magnífica?
—Indudablemente hay en todo el libro una co­
m ente de escepticismo, pero entiendo que leída la
obra con atención, es difícil engañarse al respecto
Jung cita esta frase del Portrait of the Artist as
a Young Man: "El artista se halla como el Dios
de la Creación, o dentro o detrás o más allá o
por encima de su obra; es invisible, sin vida pro­
pia, indiferente y se limpia las uñas” . Otro pasaje
ael mismo libro hace plausible la sospecha de que
el escepticismo de Joyce es una postura que se
da Fi?1?- j^ ,ecuencia entre
espíritus de aguda
sensibilidad, como una suerte de defensa para
encubrir su alma sollozante. "Y se acordaba Este­
ban de aquel atardecer en que apeándose de una
bicicleta prestada y rechinante, se había puesto a
orar en medio del bosque, cerca de Malahide. Ex­
tático, los brazos levantados hacia el cielo había
dirigido sus palabras hacia la sombría nave de
troncos, conociendo que estaba en un lugar sagrado
y que sagrada era también la hora. Pero al divisar
los guardias, surgidos de un recodo del camino oscuro, había interrumpido su plegaría, para ponerse
a silbar sonoramente una cancioncilla de la última
pantomima” . El episodio de Gerty MacDowell en
que el señor Bloom, nuevo Ulises retenido por el
espectáculo de Nausicaa, surge lentamente trans­
figurado de las meditaciones de una niña descabe­
lladamente mujer, es la creación más notable del
libro desde el punto de vista de la transfusión de
una mente en otra: Joyce asimila y es asimilado
en el reducto psicológico femenino. La fusión es
tan absoluta que se hace difícil concebir una rea­
lización más definitiva. La clave de esta extraor­
dinaria idoneidad nos la da el mismo Joyce en
Dubliners, (A rab y): " Pero mi cuerpo era como un
arpa y sus palabras y gestos como dedos corriendo
sobre las cuerdas” , Se hace difícil, ante estas evi­
dencias, insistir sobre el escepticismo de Joyce.
Esto no impide que, en algunos momentos, se tenga
la sensación de cierta pose “ pour épater les bourgeois” . Eso justificaría señalar la "boutade” mag­
nífica que usted menciona.
—¿Y desde el punto de vista filosófico?
Una vez más estamos ante una pregunta cuya
respuesta exigiría una atención y un espacio de
que no disponemos. Sintetizando, le diré que a mi
juicio la trayectoria de Joyce sigue una línea que
va de Aristóteles a Bergson; el siguiente fragmento
de su libro antes citado (The Portrait, etc.) está
lleno de sugerencias:
Estas cuestiones son muy profundas, señor Dedaíus —afirmo el decano—; es como mirar hacia
el abismo desde la pendiente del Moher. Alguno&lt;

penetran en la profundo para no volver a salir.
Sólo buzos bien adiestrados pueden sumergirse en
esas profundidades, explorarlas y volver a la su­
perficie” .
—“ Si es a la especulación a lo que se refiere
usted, señor —dijo Esteban—, estoy seguro también
de que no hay tal pensamiento libre, puesto que
todo pensamiento está limitado por sus propias
leyes” .
" — ¡Ah!”
" —Pa.ra lo que me propongo, al presente puedo
seguir trabajando a la luz de una o dos ideas de
Aristóteles y de Santo Tomás de Aquino” .
" — ¡Ya! Comprendo perfectamente su idea".
“ —Me hacen falta para mi propio uso y guia
hasta que haya logrado algo por mí mismo a la
luz de ellas. Si la lámpara humea o da tufo, procu­
raré despabilarla. Si no da bastante luz, la venderé
y compraré otra” .
—¿Podría señalarse alguna ' afinidad entre Berg­
son y Joyce?
—Los cuadros de la realidad que nos presenta la
observación, afirma Bergson, son como una serie
de vistas estáticas de una película cinematográfica.
Sólo cuando la película se desarrolla en el proyec­
tor, que es nuestra inteligencia, se produce el
fenómeno vital, que no es la serie de vistas está­
ticas ni tampoco la acción de nuestra inteligencia
que las pone en movimiento. Joyce hace recordar
continuamente, cuando se recorren las páginas de
“Ulises” , el postulado hegeliano de que el todo
trasciende la suma de las partes. Las palabras que
componen un párrafo significan más que las frases
contenidas, la suma de los párrafos de un capitulo
trascienden el contenido del capítulo: una escena,
un diálogo o una descripción, aún mismo el abun­
dar sobre tales o cuales familias de ideas, ponen
en marcha verdaderos regimientos de sugestiones
estéticas que se entrelazan y se incorporan defi­
nitivamente a la mente del lector, creándole una
visión del mundo a la que no estaba habituado y a
la que ya no podrá substraerse jamás, del mismo
modo que no puede olvidarse la emoción produci­
da por algunas sinfonías, que no deriva de la suma
sólo captable en la audición del conjunto, o el
de sus notas, sino de un elemento desconocido,
plan fundamental a base del cual han concurrido
las partes con posterioridad al todo ya existente
por sí, en abstracto también, en la mente del crea­
dor. Joyce, lejos de proponer un código aritmé­
ticamente juicioso, se recrea en un surgir y caer
de imágenes, antes que en rito formal de lo defi­
nido, lo idiomático, lo consabido, lo traducible, lo
palabras. Los números del tiempo y el espacio,
tocados por una acumulación de penumbras —suma
de lo humano—, dejan de disciplinarse en lo descriptible. y una suerte de espectros sombras men­
tales, que giran sin cancelarse en el reducto tiem­
po, se concretan en una cambiante desmenuzada

dispersa recuperación de imágenes captadas en ple­
na huida. La afinidad entre Bergson y Joyce se
pone de manifiesto en “ Ulises” por la conducta
mental de sus personajes.
—Se ha dicho que Flaubert era muy estimado
por Joyce. ¿Hay huellas de tal influencia en
"Ulises” ?
—El doctor Bovary, en el libro de Joyce, con
una señora Bovary en tono menor, no es más que
un señor Bloom intrascendente, cuyas sensacio­
nes y pensamientos más insignificantes se vuelven
trascendentales. La bifurcación de ambos prota­
gonistas parte de una encrucijada: la agilidad men­
tal. Bloom es un Bovary consciente y la señora
Bloom se piensa a sí misma con más universalidad
que la Bovary. Mientras ésta constituye un tipo
de mujer anormal, llevada y traída por su sed de
pasiones, aquélla es la imagen razonada de todas
las mujeres. Claro que, con harta justicia, una
multitud de mujeres, posiblemente todas, han de
repudiar el prototipo propuesto; pero, y aquí se
evidencia la vigorosa creación de Joyce, en un
grado que va desde lo meramente instintivo a lo
consciente, y de lo potencial a lo consumado, la
universalidad contenida en esa figura reciamente
divagadora trasciende las páginas del libro y se
sumerge en las mismas ondas en que flotan, hun­
diéndose y volviendo a la superficie, en un juego
de luz y sombra, los otros esquifes (Esteban Dedalus y Leopoldo Bloom) que, arrojados en medio
de la corriente, se sintetizan, rehacen y encrespan
entre un cortejo de dublinenses habitantes del
mundo y forjadores de imágenes y gestos que
murmuran y son murmurados. Flota en todo este
monólogo la congoja ya señalada por Joyce en
Exiles, en que hace decir a Berta: "No, Brígida,
esos tiempos no vienen más que una vez en la
vida. Y el resto de la vida no sirve más que para
recordar aquellos t i e m p o s La señora Bloom es
un alma típica de mujer lentamente explorada y
que por momentos da sus pensamientos en ralentisseur, para pasar luego a una vorágine en que
el dolor de la vida se vuelve angustia espectral y
humanidad; por eso Joyce nos evita el espectáculo
trágico del envenenamiento en Madame Bovary y
lo reemplaza y hace terminar el torbellino del
monólogo final con una serie de visiones más tras­
cendentes que la muerte: “ ...pu se mis brazos
alrededor de él y lo atraje hacia mí para que pu­
diera sentir el perfume de mis senos sí y su cora­
zón latía como loco y sí dije si quiero si” . Y el
señor Bloom. en su reencarnación, “meten si co­
sas” , en lugar de rodar herido por el rayo de la
vida —" ¡Muerto!”— duerme opíparamente al borde
de una devanadera de luces sombras claroscuros
santidad cinismo madre tierra. El libro de Joyce
termina sin que ocurra nada irreparable. En rea­
lidad no termina. Es la vida misma, que se sucede
de unos a otros y no puede tener fin en la última
página de un libro.

EL DIA DEL ESCRITOR
13 de Junio, la Sociedad Argentina de Es­
critores, (SADE) festeja el Día del Escritor.
Celebramos en estas columnas una fecha tan llena
de sugestión. Todos los escritores del país, se reu­
nirán en un banquete de grandes proporciones.
Pero este año la fecha tiene una significación par­
ticular pues se entregará al escritor Jorge Luis
Borges. la medalla del “ Gran Premio de Honor
de la Sade” . Por primera vez, un premio sin la
más remota intervención oficial, garantizado por
un jurado de categoría, surgido del mismo medio
en que se desarrolla la actividad del hombre de
letras. Por arriba de componendas y de toleran­
cias, lejos de las tómbolas y el toma y daca de
jurados expertos en sacar a flote a tal o cual
escritor de campanillas. Un premio que con el
correr de los años tendrá una austera razón de
existir.
Jorge Luis Borges ha merecido tan alta distin­
ción. Escritor entre escritores, demócrata ciento
por ciento, de posición inalterable y valiente, salu­
damos en él a un hombre libre y lo felicitamos
por su bien ganado laurel.
La próxima entrega de "Latitud” estará consa­
grada al pensamiento liberal argentino y su porta­
da, compuesta con las fotografías de los escritores
desaparecidos que han honrado la cultura desde
sus comienzos hasta nuestros días, tendrá el signi­
ficado de un homenaje de nuestra revista a los
grandes constructores de la patria.

E

por LAZARO RIET

Juan Ramón Jiménez, uno de los tres dioses ma­
yores de los poetas (entonces) jóvenes de España,
les declaró a todos ellos la guerra por medio de un
famoso telegrama: "Retiro mi articulo y mi amis­
tad” al aparecer la revista SIGNO. (Los jóvenes
habían pedido artículos a J. R. J., a Unamuno y a
Antonio Machado: en el número inicial publicaron
el de Unamuno. no el de J. R. J. Desde entonces
J. R. J. ha sacrificado parte importante de su tiempo
a prepararles flechas herboladas y a disparárselas
con su cerbatana disfrazada de flauta pánica. El
último soplo: J. R. J. atribuye (REVISTA DE IN­
DIAS, n? 63), a Jorge Guillén, una ANTOLOGIA
POETICA DEL ALZAMIENTO MILITAR publicada
ahora en Madrid por un no-sé-qué falangista lla­
mado Jorge Villén.
Jorge Guillén fué sorprendido por la guerra ci­
vil en Sevilla. Entre el ruido de los fusilamientos
y de los altoparlantes de Queipa de Llano, Jorge
Guillén tradujo, y no por propia iniciativa, una oda
A LOS MARTIRES DE LA GUERRA ESPAÑOLA,
de Paul Claudel. Esa fué toda su concesión. Es
verdad que J. R. J. no la tradujo, pero también
es verdad que no estaba en Sevilla. Quizá J. R. J.,
en tal trance, se habría dejado perseguir y fusilar
antes que traducir a Paul Claudel; pero el heroís­
mo no es obligación. Jorge Guillén, en 1939, pidió
un permiso precario para dar unas conferencias
fuera de España. En cuanto se víó libre, manifestó
públicamente su intención de no volver más. Y
rechazó amenazas. Desde entonces vive en una
universidad norteamericana, explicando literatura
española y haciendo poesía, y su vida es tan in­
tachable desde el punto de vista político como
la de J. R. J.
A. A.
SOLICITADA

•

•

•

EL OMNIBUS ESTA COMPLETO
La conocida empresa de La Victoria, comunica
a sus distinguidos abonados a La Línea Recta que
en lo sucesivo se verá obligada a colocar el letrero
de COMPLETO en los ómnibus que llevan al Ba­
rrio de La V erdad... La empresa no se responsa­
biliza por los accidentes que pueden sufrir los
encaramados imprudentes, que se suben a los es­
tribos y las plataformas de sus coch es... En la
confusión por falta de nafta —léase ideas claras—
el amontonamiento de público ha obligado a la
empresa a agrandar las salas de espera. Se nota
gran afluencia de público después de ver los horro­
res de los campos de concentración.
Conviene que los que se arriesguen a viajar en
los estribos, tengan cuidado con los vehículos que
pasan en sentido contrario pues es fácil que les
decapiten utilizando la técnica de los Noticiarios...

ALQUITRAN

PARA LAS ESTATUAS
PROCERES

DE LOS

El más violento de los revolucionarios, el más
exaltado izquierdista no recurre al alquitrán ni se
esconde en las sombras, ni rehuye a la polémica.
Pero el rancio reaccionario, el nazi que atenta con­
tra la inteligencia, arma la bomba de alquitrán en
el sótano de su casa.
Sarmiento es el padre de las letras argentinas.
Manuel Galvez se encarga de salpicar de alquitrán
la obra del gran constructor de la nacionalidad.
Entre ambos atentados, entre ambos alquitranes,
desde luego el de Galvez, a la luz del día, es
menos canallesco. Pero los dos pertenecen a la
visión negra de la historia del pensamiento, ambos
son tan repudiables que no necesitan calificativo.
La prensa recogió con indignación el atentado.
Los escritores han “ tenido” que callarse la boca:
con Gálvez, para no hacerle propaganda y con los
que arrojan bombas, por no favorecer a la industria
del alquitrán.
• • •
LLEGO UNA CARRETA TIRADA POR BUEYES
QUE SE DIRIGE A MENDOZA
LUJAN, 19. — A las 10.45 llegó a ésta la carreta
que se propone efectuar el recorrido entre San
Martín y Mendoza.
El vehículo se detuvo frente a la basílica, rodeado
por numeroso público, y en seguida los ocupantes
de aquél penetraron en el templo, donde el párro­
co, Pbro. Armando Serafini, les entregó una pla­
queta de la Virgen de Lujan, patrona de las rutas
nacionales, para ser colocada en el interior de
la carreta. Por la tarde, el comisionado municipal,
Sr. Muñoz Pirón, acompañado por el secretario
y otros funcionarios, se trasladó al puente de las
tropas, donde acamparon posteriormente los via­
jeros, y firmó el pergamino que éstos conducen,
en el que figuran ya las firmas de autoridades y
miembros del clero de las poblaciones recorridas
y que incluirá, asimismo, las de las localidades
de toda la ruta, para ser entregado finalmente al
interventor federal de Mendoza. El señor Muñoz
Pirón entregó a los viajeros una cantidad de di­
nero en nombre de la municipalidad local.
Madrid, 19. (Habas) El Semanario “ La Caverna” ,
“ en su número 3 del Año de la Victoria” se lamenta
de que los aviones que vuelan por la estratosfera
a velocidades tan peligrosas no llevan en el puesto
de comando una estampa de la Virgencita del Pilar,
la misma que Franco hizo grabar en los obuses
destinados a las tropas republicanas. La impru­
dencia de los aviadores es muy comentada en los
círculos científicos de Valladolid.
8

l

• • •
CORREO DE TRASTIENDA
Si, Macedonio Fernández, tiene usted razón, la
razón que ampara siempre al hombre de talento.
Ya sabe usted quiénes se han encargado de afirmar
ya esta perogrullesca aseveración del que suscribe.
Escritores, de los más importantes. Poetas de ver­
daderos méritos. Pero no reclaman de usted, al
parecer, lo que este Lázaro pretende.
Di­
jo Jesús: “ DESATADLE Y DEJADLE IR” . Cuénte­
nos usted sus padecimientos porque todos sufrimos
en la hora aciaga, preparados por sus disconformismo estético, desde un tiempo no venido. Expliquenos usted por qué escribiendo TAN BIEN,
se obstina en un NO ESCRIBIR para nosotros.
“ Tan mal, tan mal no escribo” , dice usted en
“ Papeles de Buenos Aires” . ¡Tan, tan bien DEJA
usted de escribir! Porque usted deja de decimos
muchas cosas, hablando así: "Soy algo bajo; y hu­
biera deseado o bien una adición a mi estatura de
una mitad de una otorrinolaringología” o bien haber
alcanzado naturalmente la talla de cuatro enteras
otorrinolaringologías oñadidas verticalmente” .
Con esta frase se despide usted del lector. Es el
apretón de manos que me dió al salir de sus
“ papeles” .
Reclamamos de usted un Humorismo que nos
permita saber qué es lo que pensó, o dejó de pen­
sar, da lo mismo, la inteligencia aplicada de Mace­
donio Fernández. Los grandes humoristas que le
precedieron en el uso de la pluma, fueron mora­
listas, críticos; fueron constructores de un mundo
que disfrutamos a medias. No me voy a dar
corte con citas que usted bien oye, a la dictando.
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criminología. E................................................................. S 12.—

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psíquica. R........................................................................... S 5.—
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BUENOS AIRES

F L O R I D A

EL ATENEO
340

B U E N O S

Editorial
AI RES

�Respuestas a una encuesta

i

Linda la preguntita, ¿verdad? Y poco compro­
metedora. Puestos en ese plan, por qué no pre­
guntaron: ¿Por qué existe usted? Cartesius les
hubiera contestado: Pienso, luego existo. Esto me
da una idea: pienso, luego escribo, o m ejor dicho,
a la inversa: escribo, luego pienso. Porque en
verdad, cuando trato de pensar con un mínimo
de claridad y de faltas de contradicción, me valgo
de la escritura. Dios, se me ocurre, tenia pensado
el mundo desde siempre, pero un día se decidió a
escribirlo, y de ahí la Creación, una de cuyas prin­
cipales erratas somos nosotros. Escribo como se
palpa el que duerme cuando en un sueño quiere
cerciorarse de que está despierto. Si estuviese des­
pierto, bien despierto, no me palparia, vale decir,
no escribiría. La poesía para mí es éso: una ten­
tativa de alcanzar la certidumbre del más alto
desvelo.
¿Cuál es su mayor ambición literaria?
Es tan grande que me da vergüenza decirlo. Poco
me importa que a los dos días de morir yo, nadie
se acuerde ni de las iniciales de mi nombre, y
mucho menos me interesa la perduración de esos
abortos que son cada uno de mis libros, vanas ten­
tativas que sólo pueden tener un valor para mí
para ejercitarme en la humildad contemplando su
reiterado fracaso expresivo.
Pero si un verso, un solo verso, un cantar cual­
quiera, totalmente anónimo, desprendido de la mor­
talidad de su autor, acertara a perdurar en la
memoria y en el corazón de los hom bres...
¿Q u é prepara para el futuro?
Pues eso, la inmortalidad del cangrejo. Porque
toda inmortalidad, bien considerada, es la inmor­
talidad del cangrejo: un caminar hacia atrás en el
tiempo, una insistencia en ir hacia el futuro y no
hacia el pasado.
Pero ya sé que por lo menos esta pregunta era
más modesta. ¿Qué libro preparo? Uno de Odas,
un libro en tono mayor, a pleno pulmón, ejercicio
respiratorio no del todo común en la actualidad,
y en el que al menos no tengo mayores posibilida­
des de fracaso que en cualquier otro.

Primero por darme corte (puesto que firmo lo
que escribo), segundo por lucro (puesto que acep­
to el pago de un artículo). Además no estoy segu­
ro de que seguiría escribiendo si lo estuviese de
que nada de lo que escribo se publicaría. En fin,
debo confesar que nunca he sentido con precisión,
y sin poner algo de mi parte, la presión de una
fatalidad ineludible o la de una necesidad interior
que, según lo declaran los demás escritores, cons­
tituyen los motivos que los obligan a escribir. Pa­
ra mí, y no puedo disimularlo, soy un escritor oca­
sional, movido por la vanidad y la necesidad eco­
nómica, cosas ordinarias a todos los mortales, des­
contando la satisfacción de tener razón. Para ser
del todo franco, debo agregar que me hubiera gus­
tado también escribir para ganarme el afecto y la
admiración de las damas. A este respecto he c o ­
metido un error. Debería haber pensado que la
poesía y las novelas de amor eran sin duda más
eficaces a ese fin que los ensayos críticos y abstrac­
tos que suelo escribir.
¿Cuál es su mayor ambición literaria?
Componer un tratado de moral que diese a la
reflexión un punto de partida seguro sobre esta
materia. Pero quizá ésto sería pretender una es­
pecie de cuadratura del círculo, pues es posible
que algún riesgo fuese esencial a la acción moral.
En este caso valdría la pena establecerlo.
¿Q ué prepara para el futuro?
Casi nada: varios estudios que tratan acceso­
riamente de problemas morales, de manera que
puedo hacerme la ilusión de que ellos me servirán
com o preparación del antedicho tratado de moral.
Además, encuentro esa última pregunta un poco
superflua: ¿cóm o no va uno a pensar para el futu­
ro la realización de su mayor am bición literaria?

e sca p a ra te
político, con el progreso de la ciencia y sus pe­
ripecias.

Xilografía de F. Masereel

THE SOCIAL FONCTION OF SCIENCE. Edit Mac
Millan Co., Londres.
Si la ciencia proporciona los instrumentos de cu’
progreso depende la ampliación del conocimiento
el poderío humano, es también cierto que las gu
rras utilizan el progreso de las ciencias para
destrucción de la riqueza y el exterminio de 1
hombres. ¿Que puede hacer el hombre de cieñe
para evitarlo? Los científicos se han lamenta*
siempre de esta contradicción, pero la guerra 1
ha movilizado, los ha convertido en autómatas
servicio del Estado, viéndose obligados a profu
dizar el conocimiento de los medios de ataque
defemsa. ¿Pueden ellos oponerse a semejante de
tino? El libro de Berna! plantea este problema
lo resuene, esclareciendo la conciencia del cié
tífico, a través, del conocimiento de los lazos 01
vinculan el proceso social, histórico, económico

La ciencia ha dejado de ser, como lo era en 1
época de Paracelso y Raymundo Lulio, la ocupació
de un individuo aislado. Se ha transformado e
una industria basada, en grandes monopolios priva
dos por una parte: en el Estado po rotra. La difi
cuitad mayor que debe afrontar la organización d
la ciencia para convertirse en un instrumento di
bienestar y del progreso humanos, son los obstácu
los a la espontaneidad y la originalidad, que so
esenciales en su desarrollo. Este es el problema cu
ya solución preocupa a Bernal, que investiga 1
organización del trabajo científico en las distinta
épocas históricas y en los diversos países contem
poráneos. ¿Es posible conservar la espontaneida
y originalidad del ingenio del investigador, sin qu
esos atributos sean sacrificados a la planificación
cEs indistinto el régimen económico y politico e
que la ciencia se desenvuelve?
El modo de producción capitalista, especialmente
orientado hacia la disminución del costo y la pro­
ducción de instrumentos de guerra, ha tenido co ­
mo consecuencia una extraordinaria desproporción
en el desarrollo de las diferentes ciencias... “ las
ciencias biológicas, y más aún las sociológicas,
han estado en retraso frente al incremento de las
ciencias físicas y químicas” . La ciencia ha mar­
chado con el desarrollo de la producción industnal, y esta, a su vez, le ha proporcionado los
medios que le han permitido perfeccionar su utilaje técnico. Pero el modo de producción capi­
talista ha sometido a la ciencia a las alternativas
de las crisis, a la deformación operada por el pro­
vecho mercantil, y, en la encrucijada terrible de la
guerra, el capitalismo ha utilizado los adelantos
científicos para la exterminación del bando adver­
sario. ¿Pueden los científicos evitar ese desenlace
9

fatal, por el que sus instrumentos se utilizan para
enviar sobre ciudades distantes e indefensas las
modernas bombas voladoras? Pueden, sí, si se con­
vierten en colaboradores conscientes de las fuerzas
progresistas y piensan, en último análisis, que la
ciencia beneficiará a la humanidad, sin peligro de
retrocesos, aquel día y en aquel lugar en que el
modo de producción socialista sustituya al modo
de producción que representa el provecho priva­
do, con todo el cortejo de calamidades que le
conocemos.
Bernal afirma, en consecuencia, que Una discu­
sión sobre la aplicación de la ciencia implica, ne­
cesariamente, cuestiones económicas, y es preciso
establecer cuál de los sistemas que hoy existen, ha
favorecido un desarrollo científico más útil para
el hombre. Además, dice, los hechos económicos
no pueden separarse de los políticos. El adveni­
miento del fascismo y la preparación de la 24 gue­
rra mundial ha afectado a los científicos, no solo
como ciudadanos, sino también como trabajadores.
Reconociendo que el provecho privado en el modo
de producción capitalista, ha elevado el conoci­
miento y el poderío técnico a un grado infinita­
mente superior al de cualquier forma social previa,
también debe reconocerse —dice— que el sistema
social imperante no ha podido utilizar este des­
arrollo en su totalidad, sino para la destrucción
y la muerte que acaecen en las guerras.
J. T.

•

•

•

LA MENTALIDAD PRIMITIVA. U edición caste­
llana. Editorial Lautaro, 1945.
ta esdeñaíído toda interpretación antojadiza acerca
del pensamiento primitivo, Levy Bruhl acumu­
la los hechos escuetos comunicados por los m ejo­
res observadores, sobre el modo de actuar y expre­
sarse de las mentalidades primitivas que aún
sobreviven. Las diferencias entre el pensar lógico
del hombre evolucionado y el pensar prelógico del
primitivo son tales, que resulta difícil o imposible
establecer comparaciones entre los valores de uno
y otro.
En el examen de la idea de la muerte, Levy
Bruhl pone de relieve las características de la
mentalidad primitiva, mítica y prelógica, animista
y mágica. La causalidad mediata y la concatena­
ción temporal y espacial de los sucesos es subor­
dinada a la actividad caprichosa del mundo invisi­
ble y sobrenatural que rodea al primitivo y que
no se diferencia en modo alguno de su mundo
visible y natural.
El primitivo aspira a establecer el por qué y la
causa de un suceso, pero no la hallará nunca' en
la causalidad lógica y empírica, sino en la influen­
cia misteriosa del “más allá” .
La referencia a tales causas adopta siempre ex­
presiones concretas, nunca abstractas. La muerte
sobreviene por la acción de un hechicero, o emana
de ciertos objetos mágicos como el "turwam" (cris­
tal de cuarzo). Aún la muerte por asesinato pro­
viene de un hechicero (p. 31). “ La mentalidad
primitiva desdeña buscar la causa de los fenóme­
nos” (p. 59) pero ello no establece una diferencia
substancial con la mentalidad evolucionada. Sim­
plemente busca las causas por otro rumbo, no co­
noce el azar ni el determinismo. Los muertos
permanecen en contacto con los vivos y para los
zulúes la sombra del cuerpo es el “itongo” que
luego de la muerte actúa conservando su rango
(pág. 76).

La razón de ser de todas estas diferencias es
expuesta por Levy Bruhl en forma concreta di­
ciendo: “ Es que viven un mundo diferente del
nuestro” . De ese modo Levy Brhul se aproxima al
concepto materialista dialéctico y todos los elemen­
tos de juicio que acumula están orientados en esa
dirección, aún cuando su posición filosófica frente
a la noción del tiempo se resiente de la influencia
de Bergson. La mentalidad primitiva no es ente­
ramente prelógica y mistica. La asociación de cau­
sa a efecto inmediato dentro del orden natural se
pone de relieve en la ejecución de sus instrumentos
técnicos. El primitivo confía en los presagios y
los sueños para iniciar o interrumpir la cacería,
la pesca, o la guerra, pero los instrumentos y la
finalidad de los mismos, revelan que en todo lo
que impone la ejecución de un fin práctico, rige
la causalidad lógica.
De acuerdo con este tipo de mentalidad prelógica
se elabora el lenguaje asintáctico, compuesto de
palabras aisladas, monosilábicas, cada una de las
cuales representa un objeto, una propiedad, una
acción. Cada palabra no es raíz de otra u otras,
según ha demostrado Wundt (Elemente der Volkerpsychologie, t. n i) y para mencionar un nuevo
objeto o acto, el indígena realiza costosos rodeos
sin modificar el rígido vocablo inicial. En las ma­
nifestaciones plásticas del arte primitivo, el len­
guaje abarca contenidos más amplios, valiéndose
de la condensación, la aglutinación, estilización y
desplazamiento, como han demostrado los magní­
ficos hallazgos de Steinen, Schoolcraft y el mismo
Wundt en su tratado. Pero en la formación de
estas imágenes intervienen mecanismos afectivos
que el libro de Levy Bruhl desarrolla en el capí­
tulo de los sueños y presagios.
El sueño es para el primitivo un medio de comu­
nicación con el mundo invisible. Cuando un maorí
de Nueva Zelandia afirma que “ ha estado en rein­
ga” quiere decir que ha soñado y se ha comunicado
con los muertos.
En algunos lugares de Borneo un hombre es cul­
pable de todo lo que otro le ha visto hacer en
sueños. La estructura del sueño y su lenguaje, se
adaptan notablemente al pensamiento prelógico y
místico. La ausencia de principio de contradicción
y las características de su lenguaje que con tanto
provecho ha estudiado Sigmund Freud, le hacen
un instrumento el más adecuado para conectarse
con el mundo de los muertos. Por otra parte su
técnica concuerda con otras disposiciones del alma
primitiva, tales como la omnipotencia del deseo y
el pensar mágico que de ello se deriva.
Sería imposible comentar por separado el denso
contenido de todos sus capítulos. Este es un libro
de consulta indispensable para el psicólogo, el psi(sigue en pág. 10)

�V H v n p u r a ív

(viene de póg. 9)

Dirige

quiatra. el etnólogo, el naturalista, el historiador,
el sociólogo, para todo aquél que quiera conocer
la filogenia del pensamiento humano y sus me­
canismos.
La editorial Lautaro realiza una obra de gran
envergadura en favor de la cultura científica. La
traducción cuidadosa y el excelente prólogo de
Gregorio Weinberg, facilitan el estudio de esta obra
fundamental.
J. T.

“ DE LA CONQUISTA A LA INDEPENDENCIA” .
Editorial FONDO DE CULTURA ECONOMICA.—
Colee. TIERRA FIRME, por Mariano Picón Salas.
T a aparición de América señala el comienzo de
•*-' una vastísima literatura, actual en cada uno
de sus momentos. Tal actualidad se mantiene viva.
El proceso de “ trasculturación” (válganos el neolo­
gismo que Picón Salas aplaude) no ha dejado de
cumplirse. Entonces, como ahora, se escribía sobre
un fenómeno en plena formación, sin la ventaja
de la perspectiva histórica y con la visión inmedia­
ta de los hechos; es decir, teniendo que vencer cir­
cunstancias de lugar y tiempo en la exposición
historiográfica que conspiran contra su objetividad.
El escritor de América hoy más que ayer debe re­
doblar su esfuerzo para evitar ese peligro, porque
es cada día más americano.
Hay pistones y revisiones de la obra colonizadora
de España en América, puestas al servicio de
aquélla o de ésta. A ninguna de ellas pertenece el
libro de Picón Salas. Su acertada exposición de
tres siglos de vida cultural hispanoamericana está
sintetizada en su prólogo: "Cómo se forja la cultu­
ra hispanoamericana, qué ingredientes espirituales
desembocan en ella, qué formas europeas se modi­
fican al contacto del Nuevo Mundo y cuáles brotan
del espíritu del mestizo” .
La imagen que da de los tres siglos es despejada,
precisa: esquiva la cargazón erudita, el tono pro­
fesoral, para que las páginas del libro no estén
huérfanas de la presencia animadora del historiador.
Delinease un carácter para cada siglo: el XVI, de
acento épico, el de la cruzada conquistadora, el
de los varones fuertes, el del español que “ casi
ama más la aventura de buscar la riqueza que la
especulación económica” , el del fraile abnegado por
el mejoramiento del indio, el siglo, en fin, en que
la hazaña del conquistador pudo redimirlo de una
ambición tan indigna de la malintencionada cen­
sura de la leyenda negra como de la ingenua inter­
pretación de la leyenda blanca.
En el siglo XVII va cambiando el temple de los
hombres que llegan a Indias: las nuevas genera­
ciones “ quieren disfrutar más que combatir” ; se
comienza a “ hacer la América” . A ella llegan la
Inquisición, la escolástica y el barroco. La Contra
reforma aleja a España de Europa y en conse­
cuencia a América del mundo moderno. En el
XVIII despierta la conciencia del hombre americano;
termina el siglo con el simbólico nacimiento de
Simón Bolívar.
Durante estas tres centurias todo llegó aquí por
España o a pesar de España; lo importante para la
unidad espiritual de estos pueblos es haber nacido
históricamente al conjuro de los mismos estímulos
y resistencias.
¿Habremos perdido los americanos la conciencia
de nuestro destino común, que despertó el movi­
miento revolucionario, como lo afirma Picón Salas?
Si gsi fuera, a nuestro anhelo de volver a encon­
trarla pueden contribuir libros como éste y otros
que vayan escribiéndose sobre el complejo cultural
de América.
“ No hay historia sin patria” , afirmaba el ameri­
canista Rodó; para invertir la frase e ir hacia la
patria americana por el camino de la historia
puede ser este libro el m ejor de los intentos.
CARLOS F. MINGO.

DIAGONAL Y DIEZ Y OCHO, por Julio Verdie,
Montevideo. Lo interesante de "Diagonal y Diez y
Ocho” radica en las escenas episódicas, que se
desarrollan en el Montevideo que festejó —en me­
dio de una gran depresión económica mundial y
el campeonato mundial de fútbol— el centenario
de la República; que conoció la desocupación y los
albores de la lucha antifascista, las huelgas estu­
diantiles y el movimiento popular por la defensa
de la España Democrática.
CABEZA YACENTE, por Vicente Barbieri. “Des­
tiempo” , Buenos Aires. Una "Oda a Katherine
Mansfield” , de sobria arquitectura y poco frecuen­
te inspiración. Un poema fervoroso, perdurable
por su hondura. Y "Cabeza Yacente", de las más
logradas piezas de un poeta que se mantiene firme
en la primera fila de los escritores de la hora
actual.
TERCERA CLASE, por José Rabinovich. Una se­
rie de cuentos donde campea una humanidad lace­
rada, con sus rebeldías y sus profundos contrastes.
Su prologuista Elias Castelnuovo lo presenta con
elogiosas palabras que se justifican cuando el lec­
tor ha entrado en el mundo dolorido de este obre­
ro entregado a la literatura con no equivocada
vocación.
STEFAN ZWEIG, por Alicia Ortiz Oderigo. Bien
escrito y pensado, con relevantes condiciones para
la critica, Alicia Ortiz Oderigo trata una vida no
como simple biografía, sino como presencia huma­
na en el tiempo. Movida por una simpatía muy
profunda por el autor de "Amok", aprovecha las
consecuencias de su obra para juzgar acertadamen­
te los acontecimientos sociales. De estilo reposado,
ennoblecido oor oportunas citas, la lectura se hace
agradable y 'd e ja la certeza de haber enfrentado
a una escritora dotada de facultades nada comunes
para la biografía.
^
(continúa en pág. 11)

M AR IA ROSA OLIVER

La lucha del pueblo por
su

l i b e r t a d , e t e r no

Lo|»e

de

Vega

tema

inspirador

«m i

(¿eorgia

E l culto del pueblo ruso por todas las manifestaciones artísticas que la civiliza­
ción ha producido, alcanza su nivel máximo en el teatro.
directores y
valioso,

Tal vez no haya país donde

actores hayan logrado para el arte escénico u n iversal un a p o rte tan

marcando jalones decisivos en su desarrollo.

Es interesante comprobar, a

través del artículo de Fevralski aparecido en ‘‘La Literatura Internacional'’, que trans­
cribimos, com o ese entusiasmo no decayó ni durante los momentos más difíciles de la
guerra que el pueblo ruso acaba de rematar victoriosamente, tras epoyéyica campaña.

T^s nuestros días, se representan obras de Lope de Vega en cuatro teatros de la Repú­
blica Socialista Soviética de Georgia. El gran
dramaturgo español es amado en este pequeño
país montañoso de cultura tan antigua y original.
El arte de Lope de Vega ha jugado un gran papel
en el desarrollo del teatro moderno georgiano.
Uno de los más destacados directores de esce­
na soviéticos, Koté Mardzhanischvili, de origen
georgiano (1872-1933), que es conocido con el
nombre de Konstantín Mardzhánov, trabajó largo
tiempo en la escena rusa. En 1919, en Kiev, ca­
pital de la Ucrania soviética, en el teatro ruso
“ Lenin” puso en escena “ Fuenteovejuna” . El
frente de la guerra civil pasaba por cerca de Kiev.
Y el llamamiento de los campesinos de Fuenteovejuna a la venganza contra los tiranos, sonó des­
de la escena como la llamada a la resistencia fren­
te a los enemigos de la Patria revolucionaria. Los
soldados rojos, inspirados por el espectáculo, mar­
chaban desde la sala del teatro directamente al
combate.
Tres años y medio más tarde, los ecos de la
tempestad de la guerra civil del pueblo soviético
fueron llevados a la escena georgiana con la re­
presentación de la obra clásica española. Después
de regresar a Georgia, Mardzhanischvili fué invi­
tado a representar la obra en el teatro principal
de la República, que lleva el nombre del gran
poeta georgiano del siglo XII, Schota Rustaveli y
que se encuentra en Tbilisi, capital de Georgia.
El teatro georgiano, en aquellos días, sufría una
crisis, reflejo de la crisis general del teatro en el
territorio del antiguo imperio ruso en vísperas de
la Revolución de Octubre y que se había agudi­
zado como resultado del dom inio en Georgia,

baile de conjunto, unas veces con un ritmo lento
y acompasado, con la pesadez propia de los cam­
pesinos, otras en forma de baile tempestuoso, en
el que se manifiesta la pasión de una nación
joven, se aspiraba a reflejar la voluntad de la
masa popular, quizás aún ingenua, pero ya cons­
ciente de su fuerza. Algunas características del
espectáculo estaban determinadas por la tarea que
se planteaba el mismo Mardzhanischvili en su
lucha implacable contra la rutina de la escena de
la época. Así se explica lo elevado del dinamismo
del espectáculo y también la tendencia a la co­
media, que a veces debilitaba el dramatismo del
argumento. En los tres actos aparecía la misma
decoración convencional, realizada en dos colores,
el azul y el amarillo (del artista Valerián Sidamón-Eristavi, 1889-1913). A la derecha del fondo
de la escena se veía un arco con unas cortinas.
En algunas escenas las cortinas se corrían y aque­
llas se desarrollaban bajo el arco. De esta ma­
nera, Mardzhanischvili resolvía en este espectácu­
lo el problema de la alternación, de lo que en
el lenguaje cineasta se llama planos general y
principal. La música de la compositora Tamara
Yajvajischvili, hacía que se destacaran los pasa­
jes más emocionantes de la obra.
Causó una gran impresión el famoso monólogo
de Laurencia. La heroína lo dijo comenzando en
un tono bajo, y, después, paulatinamente, fué
exaltándose y exaltando cada vez con mayor fuer­
za a los labriegos que la rodeaban en la escena.
Pasaba entre ellos, que se hallaban sentados, y
esto reforzaba aun más el sentido de las palabras

durante tres años, del partido menchevique, que
era un agente del imperialismo extranjero (19181921). Mardzhanischvili escogió “ Fuenteovejuna”
como una obra cuya representación podía abrir
en la escena georgiana nuevos caminos.
La representación, sencilla en su forma externa,
resultó brillante por la serie de grandiosos recur­
sos escénicos y de ingeniosidades del montaje
empleados, y por el asombroso sentido del ritmo,
del colorido y del dinamismo en la acción. Im­
presionó a los espectadores por su riqueza inago­
table de elementos de expresión.
El héroe del espectáculo de “ Fuenteovejuna” ,
como ocurre en la obra, fué el propio pueblo. El
magnifico director de escena, por medio del arte
teatral, descubrió ante los espectadores la esencia
de este héroe, su valor, su unión y solidaridad,
su pasión, su juventud y espontaneidad. En el
10

Un decorado de “ Fuenteovejuna”
de! escenógrafo Fidamón Eristavi.

�que llamaban a la locha y a la unión. El espec­
táculo arrebató de tal manera a los espectadores
que éstos se sentían atraídos a la acción. Y al
final, a la pregunta que se dirigía al pú blico:
“ ¿Quién mató al com endador?” , contestaban:
“ Fuenteovejuna” .
A la creación de un espectáculo tan apasionado
y arrebatador, indudablemente ayudaron el tem­
peramento revolucionario de la época y la afini­
dad temperamental de los pueblos de España y
Georgia (la Iberia Caucásica). La grandiosa ima­
gen de Laurencia, creada por la artista entonces
principiante, Tamar Chavchavadze (en la actua­
lidad Artista del pueblo de la R.S.S. de G eorgia),
correspondía a la magnífica actuación de otros
participantes en la obra, entre los que se encon­
traban muchos actores bien conocidos ya en
aquella época y otros que después ocuparon un
puesto destacado en la escena georgiana.
La extraordinaria importancia ideológica, ar­
tística e histórica de esta obra, fué comprendida
ya en el estreno, que tuvo lugar el 25 de no­
viembre de 1922, o sea en el 360 aniversario del
nacimiento de Lope de Vega. El público dedicó
a Mardzhanischvili y a los artistas una grandiosa
ovación, siendo la obra muy elogiada por la crí­
tica de entonces. En realidad la representación
de esta obra hizo que se produjera un viraje en
el arte teatral de Georgia. Sonaron otras palabras,
brillaron nuevas formas artísticas: el movimiento,
ritmo, musicalidad y colorido teatral adquirieron
sus derechos. El actor se sentía ligado con la nue­
va vida de su pueblo y comenzaba a representar
de una manera nueva. Esto fué el comienzo del
renacimiento del teatro georgiano sobre la nueva
base soviética.
En 1928, en otra ciudad georgiana, en Kutaísi,
Mardzhanischvili organizó un nuevo teatro que
posteriormente fué trasladado a Tbilisi y, des­
pués de la muerte de su fundador, comenzó a
llevar su nombre. Una de las primeras repre­
sentaciones de este teatro fué una reposición de
Fuenteovejuna” . Esta obra se conservó en el
teatro “ K. Mardzhanischvili” hasta la temporada
1941-1942.
En la actualidad, uno de los discípulos más pró­
ximos de K. Mardzhanischvili, el inteligente y
enérgico director de escena Sergó Chelidze, emé­
rito del arte, director del teatro de Abjazia (R e­
pública autónoma que forma parte de G eorgia),
en la ciudad de Sujumi, ha puesto nuevamente en
escena “ Fuenteovejuna” , en lengua georgiana. (En
este teatro de Abjazia existen tres compañías:
abjaza, georgiana y rusa). El estreno tuvo lugar
el 18 de abril de 1943 y coincidió con el décimo
aniversario de la muerte de K. Mardzhanischvili.
La reposición de esta obra en la nueva escena
y por nuevos artistas ha sido realizada en forma
tan cuidadosa, más aún, con tal entusiasmo y ca­
riño, que el espectáculo tiene un encanto nuevo
por su brillo y su frescura. En este espectáculo
se respira la juventud del teatro soviético y en
la actualidad produce una profunda impresión.
Lo principal es que al espectador llega el tempe­
ramento revolucionario, siempre vivo, de la obra.
El sentido heroico de la lucha del pueblo contra
sus enemigos opresores, las imágenes de gentes
del pueblo dispuestas a realizar cualquier hazaña
y soportar cualquier sufrimiento en nombre de las
causa común, particularmente las imágenes de las
valientes y abnegadas mujeres, hacen que esta
obra esté próxima al espectador de una manera
nueva, en los días de la guerra por la Patria del
pueblo soviético contra los invasores alemanes. Y
esto es la m ejor confirmación de la vitalidad de
este drama y de la importancia de su represen­
tación y es también la confirmación del signifi­
cado histórico del espectáculo en el desarrollo del
teatro soviético.
“ El perro del hortelano” es una de las comedias
de Lope de Vega preferidas por el espectador so­
viético y más de una vez ha sido montada en los
escenarios rusos de Tbilisi. Ahora, en el período
de la guerra, ha sido de nuevo puesta en escena

por el teatro dramático ruso, que lleva el nombre
del famoso dramaturgo ruso Alexander Griboédov.
La obra es presenciada con gran interés. En ella
se siente bullir la pasión, lo meditado de los
detalles psicológicos. El trabajo del director de
escena, Gueorgui Tovstonogov, produce gran ale­
gría por la brillantez de su forma teatral y por
algunos momentos escénicos muy bien logrados.
Los elementos italianos y españoles, de acuerdo
con el carácter de la obra, están reunidos con
gran acierto en el trabajo de la escenógrafa Irina
Stenberg, en el del pintor G. Metonidze, que ha
creado trajes de gran vistosidad y efecto, y en el
del compositor V. Beyer. Sin embargo, entre las
canciones introducidas en la obra hay dos o tres
que desmerecen del tono general de ella.
Otra escenificación de “ El perro del hortelano” ,
presentada ya antes de la guerra, es la del teatro
georgiano de la Comedia Musical, donde ha sido
puesta en escena por el famoso director cinema­
tográfico M ijail Chiaureli, Artista del pueblo de
la R.S.S. de Georgia y laureado con el Premio
Stalin. En esta representación han sido introdu­
cidos muchos intermedios musicales y los artistas
aetúan con agilidad y alegría. Son discutibles al­
gunos detalles en la forma de representar el es­
pectáculo y en su interpretación. A las decora­
ciones de la misma Irina Stenberg han sido
trasladados algunos elementos arquitectónicos del
palacio del duque del Infantado de Guadalajara.
El ya mencionado teatro que lleva el nombre de
Rustaveli, ha montado en la temporada de 19421943, la comedia de Lope de Vega “ Boba para
otros, discreta para sí” . La representación de esta
obra se distingue por un buen gusto que muestra
la compenetración con el estilo de la época. Este
buen gusto se percibe en la dirección escénica
de Dimitri Alexidze, en la ordenación del conjun­
to de los actos, en las características escénicas, en
toda una serie de afortunados aciertos de direc­
ción, en las escenas de pantomima y danzas en
las que ha prestado gran ayuda el coreógrafo Da­
vid Machavariani y el pintor Salomón Virsaladze,
en los efectos de los trajes y en las decoraciones
tan bien concebidas. En esta obra, en relación
con el lugar de la acción de la comedia, predo­
minan los elementos italianos; al mismo tiempo
son oportunos los matices españoles en el trabajo
de Diana y en la música, inteligentemente com­
puesta por Revaz Gabichvadze, que destaca el
temperamento español de Lope de V ega.
Si en “ Fuenteovejuna” , Tamar Chavchavadze
crea una emocionada imagen de hija del pueblo,
la labriega Laurencia, aquí también, en la carac­
terización de Diana en su papel de hija de un
duque, criada en el campo, adquieren el mayor
éxito los momentos que ligan a Diana con los
aldeanos. Unas veces espontánea y sencilla, otras
auténtica o fingidamente ingenua, su interpreta­
ción de Diana contrasta con los nobles fatuos y
amanerados que la rodean.
Con esta Diana, contrasta con éxito su rival,
Teodora: la artista Tamar Bakradze, que hace re­
saltar magníficamente el dominio de Teodora y
su frialdad exterior. Sincero y valiente, con gran
fuerza de sentimiento y voluntad, es el novio de
Diana, Alejandro Médicis, representado por el
artista del pueblo de R.S.S. de Georgia, Gueor­
gui Davitaschvili. Emanuel Apjaidze, artista emé­
rito, interpreta magníficamente el papel de Julio,
contagiando al espectador con su alegría, vivaci­
dad y agudeza.
Tbilisi pronto tendrá ocasión de conocer otra
comedia de Lope de Vega, esta vez en lengua ar­
menia. El teatro dramático armenio de Tbilisi
prepara la comedia “ La viuda valenciana” , m on­
tada por el emérito del arte, Alexander Abarián.
Estos hechos, tomados de la realidad,
el interés por el teatro español solamente
de las dieciséis Repúblicas soviéticas y
nian el cariño inmenso y creciente de los
de la Unión Soviética hacia el heroico
español y su gran cultura.

reflejan
en una
testimo­
pueblos
pueblo

A. FEVRALSKI.
11

p tifíi/ta r a h »

(viene de póg. 10)

NIJINSKY, por Romola Nijinsky. Edit. Siglo Veinte.
El título del libro escrito por Romola Nijinsky,
nos hace, equivocadamente, suponer que se trata
de un nuevo tratado de ballet. No hay tal. La vida
de Nijinsky. contada por su mujer, es una biografía
novelada. El baile interviene muy poco; se trata de
un documento sentimental-escandaloso, que resulta
en partes, ameno y divertido.
Verdad es que el libro adolece de defectos dema­
siado visibles: la insistencia sobre la felicidad del
matrimonio Nijinsky, que no podemos aceptar co­
mo tal, si juzgamos detalles que surgen continua­
mente en la narración; el deseo de ganar la inme­
diata simpatía del lector hablándonos elogiosamente
de Nijinsky, pero sin que los rasgos y anécdotas que
nos cuentan lleguen a mostramos su carácter, que
continúa incógnito. Conocemos hechos, hechos y
más hechos narrados con palabras dulces, de mujer
que se esfuerza en estar y parecer enamorada,
aunque ya no recuerde precisamente cuáles eran
sus sentimientos en la época que relata. Se tiene
la sensación de algo corregido y adulterado, algo
asi como los retoques a la manera de Hollywood,
para dar satisfacción al público. Los detalles para
la venta inmediata del libro de Romola Nijinsky
han merecido especial atención: la poda hábil de
que ha sido objeto dejó pasar detalles escabrosos,
de indudable interés para el lector.
De lo que antecede podría suponerse que no re­
comiendo la lectura del libro, pero no es así. Se
trata (ya lo he dicho) de un libro que conserva
su amenidad y hasta deja cierta nostalgia al ter­
minar los últimos capítulos (que parecen sinceros).
Vale decir, que el personaje de Nijinsky, su bio­
grafía, se defiende de adiciones y supresiones con­
vencionales: nos queda una sensación de extraña
curiosidad por la figura del bailarín, de quien se
nos dice tan poco en las trescientas treinta y cinco
páginas que lo nombran continuamente. Hay un
misterio Nijinsky, apenas insinuado en el relato de
los hechos cotidianos y secretos de su vida (jamás
tenemos la impresión de que se nos cuente real­
mente algo íntimo, pese a los esfuerzos de la auto­
ra por damos la sensación opuesta).
En lugar de encontramos frente a un matrimonio
modelo y bien avenido tropezamos —cosas que se
deslizan sin querer entre las líneas— con una e x ­
traña pareja, que apenas se conoce al casarse, que
habla distinta lengua, que se pelea violentamente
y que jamás llega a entenderse. Nijinsky parece
haber sido un enigma especialmente para su mujer.
Pero el libro tiene otros verdaderos méritos in­
discutibles: nos introduce en el mundo del ballet
tilso en 1912. Nos encontramos en un olvidado am­
biente de pequeñas intrigas y escándalos, en donde
nada se oculta, en donde los temas más escabrosos
se tratan inocentemente (las relaciones de Nijinsky
y Diaghileff, por ej., y la iniciación amorosa del
bailarín). El curioso matrimonio de dos personas
que no podían hablar entre si (tal vez eso no haya
entorpecido la falta de comprensión, sino al con­
trario), se realizó en la ciudad de Buenos Aires,
una ciudad que tiene algo de París, de Madrid y
de Bruselas, un gran parque (Palermo) lleno de
extrañas plantas. La evocación interesa: nos con­
templamos vistos por ojos totalmente extranjeros,
hace treinta años.
Desearíamos saber mucho más sobre Nijinsky,
sobre su extraña vida de niño, hijo de bailarines
ambulantes, que recorrían a fines de siglo las ciu­
dades de Rusia, con su hermano loco desde peque­
ño; de su carácter, mezcla de misticismo y osten­
tación. Asombran sus danzas que presentimos, su
cuerpo que se desliza a pesar de todo en las pá­
ginas, su amor a Rusia y a la familia y su vegeta­
rianismo y búsqueda de Dios.
El libro de Romola Nijinsky nos da todos los ele­
mentos para que construyamos una fantasía a nues­
tro antojo, y éste no es un elogio pequeño. Casi
todos los libros pecan por proporcionarnos dema­
siados elementos y permitir poco vuelo a la ima­
ginación.
ESTELA CANTO

•

tr u stiv n d u

•

•

(viene de póg. 8)

lugar a los otros Macedonios Fernández que deben
fatalmente venir. Esperamos que ellos tengan las
convicciones de que usted hace gala no tener, no
persistir, ignorar. Queremos, un Macedonio Fernán­
dez no repetido, no circular, no indeterminado.
Débil argumentación la mía si he logrado que
usted se autoclasifique como autor innecesario. No
dije tal blasfemia. Innecesaria es esa persistencia
en un descubrimiento —el suyo— que no lo conduce
a otras empresas intelectuales. Ya sé, ya sé que me
pregunta usted sobre esta carilla —mi única cara—
cuáles son esas empresas. Le respondo: las que
se mantienen en las grandes corrientes del fluir
humano; de la búsqueda de mundos más propicios
a la inteligencia; la corriente de las revoluciones
inevitables. Esa es mi Verdad que ambiciona menguadamente juntarse a la suya.
El éxito —respondo al otro lado de su mano,
escribiendo la carta de marras—, el éxito nadie lo
disfruta en la vida, pues enseguida se genera otro
que dejará de ser al oir ¡as voces de los que creen
hacemos justicia. El éxito suyo, el mío y el de
ese otro que se asoma a leemos, el que se mete en­
tre los dos, no debe preocuparle a usted, Macedo­
nio Fernández. Ni la no envidia, ni la envidia
misma, ni esos otros alimentos deteriorados de
los que se nutren los más ilustres literatos de nues­
tro país. Esos que siempre hablan en público y
a quienes el pueblo on escucha.
Lo saluda muy afectuosamente:
L.R.
POSTDATA.—
Estas líneas pueden ser leídas por el poeta, el
excelente poeta Jorge Calvetti, autor de “ Fundadon en el cielo” (•) que en la revista “ Contra­
punto" habla de nosotros dos.
(•) El muy disparatado P. E. N. Club, declaró desierto
el premio de poesía, citando este libro entre los que
no consiguieron el lauro marchito. Es. posiblemente,
el único caso en nuestra literatura en que se hace
saber tan peregrino campeonato definido por falta
de puntaje.

�ESCULTURA
Dirige
¡A IS F A L C IM

MI SI ON
DEL

CULTURAL

MUSEO
por V E N A N C IO V IER A

Venancio Viera, el escritor uruguayo que se ha dado a la tarea americanista de conocer y
divulgar la organización y funcionamiento de las instituciones argentinas de cultura popular, dio el
año pasado a uno de los más difundidos diarios del Uruguay un extenso y meditado trabajo acerca
de la obra que estaba cumpliendo el pintor Domingo Viau en la organización técnica de nuestro
Museo Nacional de Bellas Artes.

Unos meses más tarde, — cuando este artista se vió obligado a

renunciar su puesto de trabajo ante la imposibilidad de dar cima a su plan por la oposición y
dilaciones inexplicables de las dependencias oficiales que debían colaborar en su ejecución—, Viera
nos visitó de nuevo con el fin de comprobar cóm o las nuevas autoridades proseguían la ejecución
del plan que él había visto en obra. Sus comprobaciones las documentó en el artículo que recién
hoy podemos publicar. Si desde el momento de ser escrito pudo variar la ubicación de algunas pie­
zas del Museo, se mantiene todavía la desorientación y el desconcepto general acerca de la obra
que debe cumplir una institución de esa naturaleza.
Detalle del "Retrato de Manuelita Rosas",
por Prilidiano Pueyrredón.

más elementales principios museográficos
que las actividades culturales que
L osindican
debe desarrollar un Museo son de tan grande

y vastísima importancia, que la apertura del Museo
Nacional de Bellas Artes de la Argentina hubo de
ser un acontecimiento de enorme trascendencia in­
ternacional, dado el puesto de excepción que el país
ocupa entre los más cultos e importantes del mun­
do y siempre es a través de su cultura que se
juzga el grado de civilización de un pueblo.

Como sabíamos que la sabia dirección del pintor
Domingo Viau, ex-director del Museo, tras un pro­
ceso de depurada elaboración, había encauzado,
orientado y desarrollado la organización total del
Museo bajo las normas y disciplinas museográficas más modernas y científicas, lo visitamos dis­
puestos a aprovechar la enorme enseñanza que
toda institución de esa naturaleza debe significar.
Y fué entonces que tuvimos el triste, tristísimo
desengaño de ver frustados nuestros más caros de­
seos de conocimiento y estudio. El Museo ha sido
habilitado al público en pobres e inadecuadas con­
diciones de funcionamiento y con una total desor­
ganización cultural, malogrando el largo proceso
de experiencias dolorosas que hubo de llevar a cabo
el pintor Viau para su total realización. Desde el
dintel de entrada comienza la desvirtuación de todo
sentido museográfico, de toda norma educativa, que
se acentúa en cada sala, en cada corredor.
Apenas penetramos al local nos enfrentamos sin
preámbulos, de sorpresa, sin explicación alguna, con
el calco de la Victoria Alada de Samotracia, apri­
sionado a escasa distancia del techo. Este calco tiene
a sus costados dos mármoles académicos italianos
de fines del siglo xix, obras carente de todo valor
artístico. Anotamos así un primero y gravísimo
error, que se irá repitiendo a medida que vayamos
recorriendo el Museo. No es posible mezclar un
calco del más puro arte griego con dos decadentes
esculturas italianas de fines del siglo pasado. La
diferencia de tiempo, de procedimiento, de naciona­
lidad, de civilización, de originalidad, nos eximen de
todo comentario.
Al entrar al corredor de la planta baja, derecha,
nos llama la atención que se expongan cuadros en
un ambiente preparado para la exhibición de blanco
y negro, dibujos y grabados. Y vemos con asom­
bro, con desconcierto, que se haya desconocido y
desaprovechado la experiencia que ofrecen los trata­
dos de Museografia sobre el uso y destino de los
corredores y espacios secundarios. Insistimos, asom­
bro y desconcierto, porque en lugar de exponer di­
bujos y grabados que hubiera sido no ya lo lógico
y natural, sino lo que a cualquier persona de me­
diana cultura se le hubiera ocurrido, se exhiben
óleos. Estos, por estar expuestos en corredores, que
sirven de pasaje entre sala y sala, donde los visitan­
tes pasan continuamente o se aglomeran, con po­
quísima distancia entre la obra de arte y el espec­
tador, con una luz inadecuada para el procedimiento
técnico seguido, nos demuestran que la actual direc­
ción ha cometido otro gravísimo desacierto.
En el primer corredor, a la derecha, se hallan telas
de Kisling, Van Dongen, Gregoriev, Flandin y Utrillo
(la única aguada), colocadas en la pared exterior,
siendo totalmente imposible verlas durante las visi­
tas del día, pues la luz que entra por las ventanas
molesta la vista haciendo dificilísimo todo intento
emocional. En la otra pared lateral, Friesz, Modi-

gliani y Vlaminck, Chapelain-Midy, Foujita y Zak.
expuestos en este orden no solamente atenían entre
sí, sino que desconciertan al visitante impidiéndole la
más mínima comprensión de los pintores indicados.
En la primera sala, donde se hallan expuestos
los maestros franceses impresionistas, nos encon­
tramos a Cézanne junto a Monet, Renoir y Pissarro.
¿Cómo es posible que aún hoy se cometa la im­
prudencia de colocar a Cezanne, sobre todo el Cezanne de “Pan y Huevos", junto a los pintores
impresionistas nombrados? ¿Es que Cezanne, cabría
preguntar, es un impresionista como Monet, Renoir
y Pissarro? Además no es posible colocar el “Re­
trato de Albert Wolf” , por Manet, junto al “Des­
nudo” de Renoir. Es tan tremendamente nociva
esta vecindad, que los tonos bajos del Retrato se
oscurecen, mientras que los tonos claros, transpa­
rentes del Desnudo se pierden, dando falsas sensa­
ciones de blancos y lilas y es que se trata de un
dibujo al pastel. Este mismo hecho se hace evi­
dente al colocar a Gauguin (un Gauguin de la úl­
tima época), entre Van Gogh (Le Moulin de la
Galette) y Toulousse-Lautrec (Retrato de Suzanne
Valadon) o a Daumier (Edipo y el Pastor), entre
dos telas de Lebourg (El Sena en Croisset y Route
par la neige). En esta sala hay dos importantes
obras de Daumier (Edipo y el Pastor y Feydeau
y su hijo) y las dos están colocadas en rincones.
Pensamos que por su valor se les debió dar mayor
importancia en la exhibición.
Estos errores que anotamos en esta primer sala
se van acentuando a medida que recorremos el Mu­
seo, pero no ya en la mala distribución de las obras,
sino en la mezcla de escuelas, tendencias y motivos.
Por ejemplo en otra sala y en los dos corredores
siguientes, últimos lugares habilitados al público
en esta parte, planta baja lado derecho, vemos a
Carriére (Mujer mirando), junto a Fantin Latour
(Violetas y azaleas), a Courbet (Marina), entre dos
Boudin (La Ribera de Port Rieux y L'Escaut par
Temps Orageux), a Rousseau (La Tropilla) junto
a Millet (La esposa del pintor, obra de muy du­
dosa autenticidad), a Roqueplan (Marina) junto a
Jacque (El establo), a Lucien Simón (Bañistas)
junto a André Devambez (El 14 de Julio en la
Plaza Pigalle). Como vemos, la exposición de las
telas, ordenadas por tamaños, se va apartando cada
vez más de toda norma educativa, de toda misión
museográfica.
En los corredores de la planta baja izquierda, se
han colocado las telas que representan las escuelas
española, italiana, inglesa, alemana, holandesa del
siglo xix. Aquí la colocación está más allá de toda
critica. Para el visitante del Museo no es ya posi­
ble ver ni aprender nada. Y todavía como si todo
esto fuera poco, no hay la más simple indicación,
el más elemental catálogo, error fundamental que
ya habíamos notado y que vamos a constatar en la
otra planta del edificio. Además los títulos de las
obras de arte están a veces en castellano y otras
en idiomas extranjeros y en muchos casos cuando
están escritos en francés, presentan errores grama­
ticales o de acentuación. Tal vez esto se disculpe
pensando que el actual Director no conozca el len­
guaje de M oliére...
En otra sala se encuentra expuesta pintura espa­
ñola y se nos hace increíble que se exhiba a Meifren (Las lavanderas) y Mir (El arroyo), junto a
Romero de Torres (Musidora); a Rusiñol (Otoñal)
junto a Alvarez de Sotomayor (Orando); a Anglada
12

Camarasa (Gitana y niño), junto a Meifren (Ba­
ñistas); a Zuloaga (Las Brujas de San Millán),
junto a Anglada (La espera); a Sorolla (La vuelta
de la pesca), junto a Gutiérrez Solana (Procesión
en T oro).
En otro pequeño corredor de esta planta vemos
a los pintores argentinos de fines del siglo anterior
y principios de éste. No se comprende cómo se ha
podido colocar a Malharro (El arado), entre dos
telas de Rodríguez Etchart (Naturaleza muerta y
La toilette); a Fader (Caballos al sol), entre Thibon
de Libian (Vendedor de diarios) y Sivori (Autoretrato) ; a Silva al lado de Schiaffino, a Navazio al
lado de Ballerini, etc. Creemos que se ha preten­
dido restarle méritos a Malharro, a Silva y que
todavía hoy dia se les persigue. Fader que tiene
una coloración tan viva, no puede gustarse cabal­
mente junto a Thibon de Libian, tan neutro de
color, siendo además las telas de tan diferentes
motivos como lo indican sus títulos. En la pared
señera vemos una de gran tamaño y movida com­
posición de Angel de la Valle (La vuelta del ma­
lón), colocada sin causa ni explicación alguna entre
dos retratos de Ballerini y Rodríguez Etchart, es­
tando además enormemente dañada.
En una pequeña sala se encuentran las obras de
Pellegrini, retratos, paisajes y motivos de época
a la acuarela, y tres óleos de otros autores. Dada la
gran cantidad de acuarelas expuestas por Pellegri­
ni, creemos que se pretendió darle el carácter de
homenaje a su memoria, pero no se pensó que al
colocar las telas del chileno García del Molino,
de Fiorini, de Bernabé de María, en lugares de
preferencia, centros de pared, es a estos artistas a
quienes, al colocarlos en sitios señaleros, se les
rinde homenaje, pasando Pellegrini a segundo plano.
En la otra sala vecina a ésta se encuentran ex­
puestas las obras de Pueyrredón. Aquí se hallan
mzeclados los óleos con las acuarelas, los retratos
con los motivos de época, sin orden ni proceso al­
guno. La obra cumbre de Pueyrredón, el gran re­
trato de Manuelita Rosas, se halla en una pared
lateral a poquísima distancia del espectador. Si a
este retrato se le hubiese colocado en la pared
señera, se podría ver de lejos y la luz no le daría
los reflejos y brillos que tanto le perjudican. Cree­
mos que esta exhibición de pintura argentina en el
Museo ha sido expuesta con un total desconocimien­
to de estética museográfica. Se debió cuidar la
colocación de las telas y de tal modo rodear las
obras señeras, que ellas nos fueran llevando a tra­
vés de un plan estético a un plan histórico, cum­
pliendo así de una manera decisiva la verdadera
misión que debe desarrollar el Museo de Bellas
Artes como organismo oficial al servicio de la cul­
tura del pueblo argentino.
Al recorrer de regreso el corredor que nos llevará
hasta la escala para subir a la planta alta, notamos
algo que ya habíamos percibido. Nosotros que ha­
blamos presenciado las experiencias que Viau habla
pacientemente realizado a fin de lograr para las
paredes de las salas y corredores un color gris
neutro ligeramente cálido, vemos como la actual
dirección, en su apresuramiento para abrir el Mu­
seo, no había llegado a darle el verdadero matiz
creado por la ex-dirección. Asi mismo observamos
con asombro que las ventanas carecen de la im­
prescindible tela metálica contra insectos; será po­
siblemente por esto que hay en el Museo una gran
cantidad de moscas que no solamente molestan al

�público, sino que dañan las obras de arte. Por otra
parte no funciona el sistema de aereación que tam­
bién se estaba estudiando sin solución hasta la
renuncia de Viau. La humedad ambiente se ha
intensificado de manera tal. que las telas se en­
cuentran, en la gran mayoría arqueadas, lo que
no solo es contraproducente y atentatorio para su
estudio, sino también para su vida misma.

I

f

Al subir a la planta superior vemos que el pasa­
manos de la escalera ha sido pintado de negro
brillante (diríamos ripolín), lo que molesta, no
solo a la vista, sino al más elemental buen gusto.
Las cuatro esculturas que hay en los descansos
tienen el pedestal también pintado pero de un tono
blanco intenso, en lugar de haberlo hecho de un
gris neutro como primeramente se habia resuelto.
El gran ventanal que da a la parte posterior del
edificio, se encuentra abierto totalmente, lo que
origina una verdadera corriente de aire y polvo.
que atenta poderosamente contra la buena conser­
vación de las obras de arte.
En la planta alta y en el primer corredor se
encuentran ubicados en vitrinas los objetos artísti­
cos de la colección Guerrico (Marfiles, Jades, La­
cas. Abanicos, Peinetones, Platería, Bronces, Minia­
turas, etc.); la distribución de las vitrinas es de un
gusto dudoso y el arreglo de los objetos de arte
dentro de ellas se ha llevado a cabo sin ninguna
disciplina y selección. Volvemos aqui a observar
la total carencia de conocimientos, para organizar
la exhibición de épocas, temas, materia, origen, no
dando tampoco al más mínimo dato o reseña que
ilustre al visitante haciéndole de utilidad prove­
chosa su estadía en el Museo.
En el corredor de la derecha, hay junto a dos
magnificas telas de Tiépolo (Los hebreos recogiendo
el maná del desierto y Sacrificio de Melquíades)),
una tela de Tintoretto (Martirio de San Pedro),
otras de Zurbarán (Monje orando) que siendo fal­
sas están expuestas como originales, y varios telas
anónimas de la Escuela Flamenca (Siglo xvn).
Escuela Holandesa (Siglo xvm ). Escuela Italiana
(Siglo xvi), Escuela Española (Siglo xvii ), Escuela
Francesa (Siglo xvn), se hubieran podido exponer
de una manera más armoniosa si se hubieran segui­
do las más elementales reglas museográficas.
En la sala siguiente, junto con los románticos
españoles Pérez de Villamil, Fortuny Madrazo, se
encuentra en una pared no señera, una tela de
Goya (Ataque a la Diligencia), expuesta como au­
téntica y una tela de Ribera (Músicos), también
expuesta como original.

•

En la sala grande de esta ala del edificio, la
colección Guerrico ha sido mezclada de tal forma
que se la hace desmerecer en su calidad y valor.
Vemos así al lado de Jacques (En el gallinero), a
Harpignies (Coucher de soleil); a Fantin Latour
(Uvas) con Zien (Palacio Ducal en Venecia): a
Van Marcke (Vaches dans paisage) con Courbet
(Rochers): a Menard (Paisaje) con Vellón (Flo­
res), se encuentra expuesta la tela grande de Lefebre (Diana sorprendida). Además de toda esta
inadecuada com binación , notamos que no existe
ninguna línea establecida como cimacio, sino que
las telas se hallan todas a distinta altura. Y en
vez de estar sostenidas por un alambre invisible,
se hallan colgadas por pesados cordones que recar­
gan el ambiente y distraen la atención del espec­
tador. Estas graves faltas, desde luego, se encuen­
tran en todas las salas y corredores del Museo. Y
por último notamos también en esta sala una seria
imprudencia: la tela de Daúbigny (Paisaje, N? 5755.
colección de Guerrico), tiene el marco abierto y la
tela se encuentra casi totalmente en el aire. Aquí
también, como en el piso inferior, el calor, la hu­
medad, las moscas, atenían despiadadamente contra
la vida de las telas, estando la mayoría dobladas, lo
que hace dificultoso su estudio.
En otra sala pequeña hemos visto un Fantin
Latour (Sarah la bañista) en la pared señera, en­
tre dos Rosa Bonheur (Caballos pastando y La
vaca negra). Siendo la diferencia de calidad y de
temas tan fundamental, no nos explicamos como se
ha podido tener la peregrina idea de colocarlos
juntos. Pensamos que solamente por apresuramien­
to y sin ningún control superior haya podido suce­
der esto.

Detalle del ''Retrato de Aimé
Bomplond", dibujo por E. C.
Pellegrini.

En la otra sala grande de la planta baja, se en­
cuentran expuestos los dos grandes tapices: El
triunfo de la Paz y Celebración del enlace de María
Teresa con Luis XIV. Estos tapices, que son pesadí­
simos, al estar colgados se han ido abriendo, mos­
trando ya roturas, y eremos que de continuar
exhibiéndoseles, se irán rompiendo cada día más.
terminando en breve tiempo por quedar casi des­
truidos. Hay en esta sala un cuadro de Goya
(Aparición de San Isidro a San Fernando) que se
exhibe en una pequeña pared lateral que da al
corredor y un Greco (Jesús en el Monte de los
Olivos) que debían de ocupar lugares señeros, dado
su enorme valor. También en esta sala se encuen­
tran Vasari (Bodas místicas de Santa Catalina),
tela a todas luces falsa, un Natier (Retrato de
Mlle. Desfoumell) falso o completamente repinta­
do, un Lawrence (Retrato de A. Canning) falso y
un Oudry (Perros y perdices), presumiblemente
falso también.
Hemos hecho una detenida visita al Museo de
Bellas Artes y la enseñanza recibida por nosotros,
que íbamos ávidos de estudio, fué tan pobre, po­
dríamos decir, tan negativa, que pensamos lo poco
constructiva que ha de ser para aquellos que con
pocas o ningunas nociones artísticas concurren al
Museo, venciendo todavía la gran inconveniencia
del horario y nos dolemos profundamente de que
un centro de cultura como debe ser todo Museo
y más aún el Museo Nacional de Bellas Artes, esté
abierto al público en tan mediocres condiciones de
funcionamiento y de organización, sin trasmitir o
encauzar emociones estéticas de verdadera jerarquía
intelectual.

"Edlpo", óleo por
H. Doumier.

�PINTURA Y GRABADO
- ‘

k

Dirige
ANTONIO BERNI

C

L

a

a

l

t

a

r

reacción totalitaria — fascismo, nazismo o falangismo—

r p a e v

a

contra la cultura hu­

manista, tom ó distintos aspectos según las circunstancias y países donde se ha
desarrollado.

Con notable capacidad de adaptación, m uy característica en los

individuos y en las organizaciones de esa ideología, ha sabido vestirse del ropaje más
oportuno para ganarse parte de las conciencias colectivas.

Todos los medios eran bue­

nos cuando conducían al fin primordial, que era la toma del poder y la ubicación de
sus secuaces en los puestos directivos.

Operada la conquista de las posiciones estratégi­
cas, el resto consistía en la captación colectiva
por la persuasión, el soborno o la amenaza. Los
rebeldes recalcitrantes eran confinados en un cam­
po de concentración o muertos violentamente.
Todo eso. que muchos desprevenidos consideran
como hechos del pasado sin perspectiva inmediata,
permanece latente como fenómeno de actualidad
y como posibilidad futura. La reacción no ha sido
totalmente desarraigada, vive agazapada aquí y
activa más allá, encubriendo sus intenciones bes­
tiales bajo la piel de cordero de un fingido amor
a la democracia.
En el campo intelectual, el fascismo -—tomamos
este término como expresión de un estado mental
más que acción de un partido— ha sabido manio­
brar con extremada habilidad al punto que se
hace difícil, en muchos casos, determinar com pro­
batoriamente la existencia de los hilos conduc­
tores que manejan los notorios activistas. La tác­
tica es compleja y variada, pasa por toda la gama
que va desde la posición franca del ideólogo fas­
cista hasta el vulgar colaborador escudado en
una “ prescindencia” política que no le impide
prestigiar intelectualmente a la reacción.
¿N o vemos a notorios fascistas gesticular y gri­
tar a los cuatro vientos su “ fe democrática” sin
abandonar su odio manifiesto al pensamiento que
ellos llaman “ judaico-comunista” ? ¿N o vemos ya
emplear la táctica divisionista de demostrar simul­
táneamente el odio al ruso y la hipócrita amistad
al inglés? ¿N o los vemos sembrar el derrotismo
alrededor de los verdaderos demócratas y pres­
tigiar en nombre de la “ democracia” a calificados
quintacolumnistas? ¿N o los vemos comprometer

con dádivas de todas clases a los tibios intelec­
tuales del campo democrático utilizando el puente
de la amistad personal o el soborno disimulado?
Es importante conocer todas las variantes polí­
ticas que ha tenido y puede tener la reacción en
el campo intelectual. Entre las tácticas empleadas
en la conquista o utilización del intelectual para
prestigiar esta causa existe una que por su fineza
y disimulo es la que alcanza mayor peligrosidad
en los países donde esa ideología no ha conse­
guido arraigo. Esta fué empleada con todo éxito
en Francia. En París el famoso Otto Abetz, agente
secreto del servicio exterior de propaganda del
nazismo alemán, altamente vinculado, desde años
antes, a lo m ejor de la intelectualidad francesa,
se valía de las amistades personales para organizar
ciclos culturales en Alemania a base de invita­
ciones a pintores y escritores franceses. Algunos
de éstos, que eran magníficamente pagados y aten­
didos, volvían a su país para hablar ingenuamente
a sus compatriotas de las “ maravillas” de aquel
régimen que tan bien los habían “ comprendido”
y acogido. Así fueron envueltos Jules Romain y
Denis de Rougemont.
Las otras tácticas son propias de los países don­
de conquistó el poder, con sus consiguientes
variantes. En Italia de Mussolini, las vanguardias
futuristas fueron las brigadas de choque que
operaron dentro del gremio de los trabajadores
de la cultura. En nombre de “ modernitá” su
“ revolución” estaba íntimamente ligada por afi­
nidades espirituales con la “ revolución” fascista
o cualquier otro totalitarismo antidemocráticó y
antiproletario. De aquí que los más caracterizados
intelectuales surgidos del futurismo buscaron des^

i o 11

arrollar su acción colaboracionista bajo la tutela
de las dictaduras.
En España la reacción se puso el ropaje román­
tico de la añoranza del viejo pasado de esplendor
hispánico. La restauración de la grandeza colonial
de los tiempos de la conquista fué todo un sím­
bolo. Pero sólo se podía alcanzar esta aspiración
restaurando las viejas armas de sometimiento: la
cruz, la espada y la inquisición.

Y

Lo que otrora sirviera para moros e indios de
América, la falange lo usó para la propia España
democrática: asesinó a Lorca y torturó con el
dramático destierro a un Antonio Machado.
En Alemania el nazismo fué directamente a sus
fines, impuso un solo pensamiento con exclusión
de cualquier otro; decretó a la cultura instrumen­
to de la propaganda nazi, colocándola bajo la
tutela incondicional del Partido. Los pintores
de Alemania tuvieron prácticamente un código.
Ejemplo vivo es el folleto editado en Alemania
con el título: “ Arte Alemán y Arte Degenerado”
(Ediciones Deutchen Volksverlag G. M. B. H.
Munchen) equivalente a la cartilla del artista
alemán y cuyo cumplimiento estaba controlado
por la sección cultural de la Gestapo. Este or­
ganismo terrorífico observaba celosamente la vi­
da intelectual del pueblo alemán. Controlaba,
aparte de la actividad política, el pensamiento
filosófico-estétieo del pintor o del esclutor. El
nuevo orden hitleriano debía proyectarse hasta en
la sensibilidad estilística del pensador. Extraemos
algunos párrafos y ejemplos gráficos insertados
en el folleto aludido. La discriminación que
hace el autor no deja lugar a duda ni permite el
equívoco sobre lo que estaba o no permitido
realizar al intelectual alemán. Pintora agresiva,
pintura de guerra, pintura nazi exclusivamente;
lo otro, era lo degenerado, era la traición. Klee,
Gross, Kokoschka representaron para ellos los
“ embadurnadores criminales” dignos de la cár­
cel o de la hoguera.
Esta etapa ha quedado atrás después de la de­
rrota en los campos de batalla, pero el pensa­
miento queda en pie y busca desesperadamente
el apoyo de las permanentes fuerzas grises o con­
servadoras. temerosas de la libertad de los pueblos
y de los hombres.
A. B.

E l e s v u r n i o rfe lo
li e r o i c o

(viam liiag i en
**A m auta”
La galería Amauta presenta desde el 4 has­
ta el 16 de junio una muestra de la pintura
de Carlos Giambiagi. A propósito de este ar­
tista, dice “ Atalaya” , en “ Críticas de Arte Ar­

“ El arte hebreo recu­
rrió a todos los medios
para desarraigar de la
mente del pueblo ale­
mán su alto ideal: el hé­
roe y la vida heroica.
No puso coto a sus in­
tenciones ante los inmo­
lados de la guerra, ridi­
culizándolos, estos borroneadores pertenecien­
tes a hombres inferio­
res!” . Del folleto “ Arte
alemán y arte degene­
rado” .

gentino” :
Carlos Giambiagi, por sobre todo, es pin­
tor. Si la naturaleza misionera sonríe con sus
lapachos rosados o se entenebrece con la cuen­
ca de su río barroso y de su cielo bajo que
parece gravitar sobre los hombres del paisa­
je, son éstos simples pretextos para las varia­
ciones armónicas de su color y para elaborar
sus ritmos sutiles. Si existe una poesía, es pu­
ramente pictórica. A lgo más aún. Son pocos
los que se preguntan qué visión total tiene
un artista de este universo. Ello nos bastaría
para conocer a fondo quién es realmente. Lo
de este artista es sereno, fervorosamente ele­
vado y de una gravedad viril. Porque ya llegó
a su más nutrida y meditativa madurez que
le permitirá evolucionar indefinidamente.

Izquierda: Otto Dir: "In­
válido de guerra".
Antes: Museo Nacional de
Dresden.
Derecha: Kirchner: Despe­
dida de 1914.

14

1

�Picasso no es oficial del
ejército francés
por SIMOME T É R Y
Picasso, ¿está Ud. en París? Toda la
prensa ha anunciado que estaba en el frente.
— Sí. dice Picasso, en los periódicos me han
nombrado oficial, pero a mí no me han dicho
nada. En el Ministerio de Guerra, nadie sabe
nada. Todo lo que sé es que un día me vinieron
a preguntar: “ Picasso, ¿qué le parece si fuera al
frente como corresponsal de guerra? Podría Ud.
pintar allá algunos “ Guernicas” Y. como Ud. sabe,
un corresponsal de guerra tiene el grado de o fi­
cial. ¿O ficial? — contesté— ¡eso es interesante!
— ¿Tanto le gustan los galones, Picasso?
— No tanto por lo de los galones, dijo Picasso
modestamente, pero Ud. comprende que si fuera
oficial tendría mí ración de tabaco. Tal vez tam­
bién me darían un poco de mantequilla y de
carne. Y quién sabe, quizá tendría derecho de
recibir algunos kilos de c a rb ó n ...
Ese genio, el más célebre y más discutido de
la pintura modernq. ese “ fauve” , ese salvaje, ese
niño malcriado de Montparnasse no coincide en
absoluto con la idea que me había forjado de él.
Su poderosa cara morena iluminada por sus finos
cabellos blancos, esculpida de arrugas profundas,
refleja una bondad radiante, una especie de sere­
nidad maliciosa e incluso una dulzura inquietante
en la cual sin duda sería ingenuo confiar.
— ¡C óm o! ¿ni a Ud., un pintor, le dan carbón?
— ¿N o se da usted cuenta?
— Vaya si me doy cuenta. Hace tanto frió en el
taller de Picasso que no me he quitado los guantes.
Un taller inmenso, en el corazón del viejo
París, semejante a un granero de granja campe­
sina, con sus vigas negras sobre un techo blanco
pintado con cal. Un perro largo y flaco, al que
se le pueden contar las costillas, tirita sobre las
baldosas mal ajustadas del taller. Ese perro se
llama, Dios sabe por qué. Kasbek. Kasbek. que
explica Picasso, es el nombre de la montaña más
alta del Cáucaso. En las paredes, en los caballe­
tes, están expuestas las pinturas de guerra de
Picasso con sus tonos fúnebres: gris, azul morte­
cino, negro. Una mujer con forma de mandolina
acostada en un diván, otra que parece un tubo
acodado de chimenea: paisajes de cataclismo y de
teremotos, con una arquitectura poderosa cuyo
aparente desorden está equilibrado por una ar­
monía secreta. Encontramos a nuestro Picasso
de siempre, emergido de la guerra, de la inva­
sión, del terror, más joven, más dinámico que
nunca.
— ¿Es verdad, Picasso, eso cuentan todos, que un
óm o

C

*

"GEORG GROSS, uno de los más lastimeros embadurnadores bolcheviques, se supera en muchas "obras" en
el escarnio del soldado del frente. El cuadro repro­
ducido arriba, figura en "cuaderno de arte" sobre "las
matanzas en un camino campestre". Uno de los crítieos de arte judíos loa esta fanfarronada como de
"una naturaleza aristocráticamente acentuada" y la
galerías compran de buena voluntad sus chapucerías
criminales". "Arte alemán y arte degenerado".

día un oficial de la Gestapo le enseñó una repro­
ducción de su “ Guernica” preguntándole: “ ¿Ha
hecho Ud. esto?” y que Ud. le contestó: “ No,
fué Ud.” ?
— Sí, dice Picasso riendo, es verdad, o más o
menos verdad. A veces algunos alemanes venían
a mi casa so pretexto de admirar mis cuadros;
yo les regalaba postales de mi lienzo “ Guernica”
y les decía: “ Llévensela. ¡R ecuerdo! ¡R ecu erd o!”
— Algunos periódicos americanos han pretendi­
do que su adhesión al Partido Comunista no era
más que una de sus tantas manías y que explicaba
Ud. que el arte y la política no tienen nada de
común.
El rostro de Picasso, lleno de risa, se pone serio
de repente.
— ¡Y o nunca he dicho eso! ¡Es un escándalo!
— Pero los comunistas, querido maestro, pre­
gunta con perfidia una joven americana, ¿los
comunistas comprenden su pintura?
Picasso no se inmuta por tan poco.
— Hay los que la comprenden y hay los que no
la comprenden. Hay quien sabe inglés y hay
quien no lo sabe. Hay quien comprende a Einstein y hay quien no lo comprende. Espérese un
momento (este asunto es muy importante), le
voy a dar una declaración escrita para que nadie
tenga dudas sobre el particular.
Poco después el alborotado Picasso vuelve con
dos hojas de carnet garabateadas con lápiz. Des­
cifro con dificultad estas frases agresivas, del más
puro estilo Picasso:
“ ¿Qué creen Uds. que es un artista: un im bé­
cil que no tiene más que ojos, si es pintor; orejas,
si es músico; o una lira en todos los estantes de
su corazón si es un poeta, o incluso, si es boxea­
dor, solamente músculos? Todo lo contrario. Es
al mismo tiempo un ser político, en acecho cons­
tante frente a los acontecimientos del mundo,
desgarradores, ardientes o dulces modelándose por
entero a su imagen. ¿C óm o sería posible no inte­
resarse por los otros hombres, y en virtud de qué
pereza marfilina podríamos desentendemos de
una vida que nos aportan tan copiosamente? No,
la pintura no está hecha para decorar los depar­
tamentos. Es un instrumento de guerra ofensiva
y defensiva contra el enemigo.”
— ¿Queda aclarado así el asunto? — me pregunta
Picasso con inquietud.
— Creo que no puede estar más claro, Aunque
no todos comprendan su pintura, todos compren­
derán estas palabras . . .
(Cedido por el Servicio
Francés de Información)

Elk Eber: El llamamiento del 23 de febrero de 1933.

Nuevo

Consejo Administrativo

de

la Sociedad

Argentina de Artistas Plásticos
E

l

30 de abril se realizaron las elecciones de la S .A .A .P .

han de regir los destinos de la institución por

el

período

para elegir las autoridades que

1945A6,

quedando

integrado de

la

siguiente forma: Presidente, Juan B. Tapia; Vicepresidente, Juan C. Castagnino; Secretario, An­
selmo P iccoli;
castro;

Vocales:

Prosecretario, Horacio M arch; Tesorero, Juana D ourge; Protesorero, Enrique PoliHoracio Butler. Héctor Basaldúa,

Cecilia

Marcovich,

Luis

Falcini;

Suplentes:

Emilio Centurión, Oscar Barberis, Guillermo Thiemer Casavega, Cecilia Beneditt de Debenedetti,
\ oem í Gerstein, Julia Peyrou ; Síndicos: José Alonso, Marina Bengoechea, Raúl Farías.

Elk Eber: La última granada de mano.

Este nuevo Consejo Administrativo se pro­
pone encauzar las futuras actividades de la
sociedad, de acuerdo a los principios funda­
mentales que dió origen desde su fundación
como ideario básico. Necesidades, éstas, que.
dada la amplitud del desarrollo de las activi­
dades artísticas en nuestro país ha hecho agu­
dizar cada vez más los problemas.
Para llenar debidamente tal cometido, la
Sociedad defenderá la agremiación libre, como
clima ineludible que permita el pleno desarrollo
de la personalidad artística, que sería contra­

riada si rigiera una concepción preestablecida;
como también defender la libertad ciudadana
de los artistas.
Estima este Consejo de suma necesidad re­
editar el órgano oficial de la S . A . A . P .
La subcomisión de trabajo dará un informe
actualizando el sistema de concurso para provi­
sión de cátedras y ejecución de monumentos,
que la Sociedad propiciará ante los poderes
públicos, como asimismo dará a conocer su
concepto con respecto a la organización de los
Museos.

�MUSICA
Dirige
LEOPOLDO HURTADO

Música Brasileña
HANS JOACHIM
Y EL GRUPO

KOELLREU TTER

"M USICA V IV A "

p or J U A J S C A R L O S P A Z

o\ la llegada al Brasil de Hans Joachim Koellreuter, en 1937, puede afirmarse
que comienza en ese país una nueva etapa de su evolución musical: la que une a
un sentido de renovación substancial en el punto de partida de la creación, un cri­
terio de respojisabilidad mayor, en el aspecto cultural, que el que hasta entonces
practicara el com positor nativo, m uellem ente columpiado por fáciles folflorism os, cos­
tumbrismos, espíritu de imitación, e inauditas orgías de colorido instrumental y de sel­
váticas onomatopeyas, planeando sobre un terreno de lacrimosa sentimentalidad.

Era el instante en que imperaba en el país, y
con máxima fuerza, la pueril creencia de que para
hacer un arte nacional era preciso emplear ritmos
o giros melódicos extraídos del cancionero popular
o de las músicas autóctonas. Entonces todo se con­
vertía en excursiones musicales a la selva, al Ama­
zonas, a un indigenismo literario y ornamental, ple­
no de un salvajismo a hechura de la mentalidad
ochocentista del compositor blanco o mestizo, he­
redero directo del Romanticismo de sus mayores,
con su ambición por lo decorativo a todo color,
una saudade importada de Portugal, y fecundizada
por el ambiente soñoliento y propicio a la sensua­
lidad fácil y a la postergación del esfuerzo: físico
y mental.
Toda la producción musical brasileña puede con­
cretarse espiritualmente dentro de esos límites; y
si la voluntad aparecía, en modo esporádico, era
siempre para definirse dentro de una visión lite­
raria y obediente a un clisé obligado —la danza
guerrera de las tribus autóctonas o el candombe—,
o más bien dicho, a una actitud pasiva que se
alimentaba de un culto incondicional del pasado, en
perpetua indiferencia y postergación del presente.
Los elementos indispensables para el logro de es­
tos fáciles tradicionalismos, que obran directamen­
te sobre el oyente por vía de un simple contacto
psíquico, como la risa o el llanto, poco o ningún
esfuerzo significaban para el compositor brasileño
cultivador de tendencia semejante; le bastaba ex­
tender su brazo, por así decirlo, para obtener, sin
gran fatiga, una cantidad de ritmos o de melodías
derivadas en el mejor de los casos de las fuentes
populares, cuando no simplemente calcados de lo
popular o de lo autóctono, para obtener materiales
evocativos y sentimentales para la construcción de
un poema sinfónico, una ópera indo-italiana o una
"suite” , invariablemente descriptivas, pintorescas,
de esencia realista e imitativa, y aderezadas con
los recursos que el impresionismo y aún el "veris­
m o" pusieron en manos de todos los aficionados
del universo. Esa es, sintéticamente considerada, la
labor incontrolada y deforme del nacionalismo mu­
sical brasileño, de Villalobos a Lorenzo Fernández,
Francisco Mignone, Barroso Netto, Fructuoso Vianna, imitadores, satélites y adláteres.
Con una riqueza musical autóctona, de la que es
difícil desprenderse, y a la que, por el contrario,
es cómodo y llevadero entregarse sin mayores es­
fuerzos para estructurar elementos evocativos en
sí, y presentados con las consabidas etiquetas que
conducen al oyente ingenuo al estado de postración
de la siesta o de la noche tropical, o a la volup­
tuosidad o la furia de las danzas negroides, puede
deducirse fácilmente que nunca el compositor bra­
sileño se sintió impulsado a superar ese estado de
cómoda indiferencia por todo cuanto no fuera una
postergación perpetua del mismo, obtenido a tra­
vés de instintiva antipatía a lo que no significara
sensación pura, o por todo lo que obligara a la
reflexión, entendida como punto de partida hacia
una formal estructuración del organismo musical.
Este ha sido, por otra parte, el defecto capital
y el límite de posibilidades de los compositores de
tendencia nacionalista de todas partes del universo,
ya se trate de Smetana, Grieg, Borodin, Rimsky Korsakov, Slavensky, Musorski, Granados, Albéniz
y toda la subsiguiente escuela española con la
excepción de Falla: quien, para superar su etapa
meramente pintoresca y folklorizante se obliga a
retroceder varios siglos — en el "Retablo" y en el
"Concertó"— para lograr al fin una estructuración,
un orden, sin el cual no hay arte posible y sí sola­
mente un balbuceo indefinido o un estado de in­
controlada improvisación O).
•

o

•

En esta etapa de cristalización se hallaba la mú­

sica del Brasil, es decir, en un callejón sin salida
y en una línea de conducta de perpetua repetición
y aniquilamiento por desgaste, cuando Hans Joa­
chim Koellreutter, exilado voluntariamente de Ale­
mania, llegó para perturbar ese inefable estado de
gracia. Nacido en Friburgo, en 1915, habia estudia­
do composición y dirección de coros con Kurt
Thomas. y dirección de orquesta con el Dr. Hermann Scherchen, piano con Martienssen, en Berlín,
y flauta con Marcel Moyse, en Ginebra. Fundó en
Berlin, en 1935, el "Círculo de Música contemporá­
nea", con elementos de vanguardia, en contraposi­
ción al academismo del medio. En 1937 emigró al
Brasil, iniciando sus actividades en giras artísticas
por todo el país, fundando el grupo "Música Viva”
y la Revista del mismo nombre, dedicándose a la
vez, fervorosamente, a la presentación de la mú­
sica nueva y al estudio de los problemas de la
música actual. Desde 1938 profesa en el "Conser­
vatorio Brasileiro de Música” , de Rio de Janeiro,
y en 1941 fué nombrado profesor de contrapunto
y de composición del "Instituto Musical de Sao
Paulo". En 1942 fundó el “ Quinteto instrumental"
de esta misma ciudad.
Su acción como animador y como enseñante y
divulgador de las tendencias modernas ha sido de­
cisiva para el desenvolvimiento de los nuevos com­
positores del Brasil. El Grupo "Música Viva", fun­
dado por él en Río de Janeiro, integra a discípulos
suyos, que como Claudio Santoro y Guerra Peixe,
introducen un idioma nuevo en el ambiente, —el
actual— aplicado a una música de carácter absolu­
to: es decir, que no admite otra lógica que la
emanada de la propia substancia musical, sin in­
tromisión de otras nociones o recursos que los de
la música misma. Esto significa, para el ambiente
musical del Brasil, quemar las naves e introducir­
se en las regiones de lo inexplorado, en procura de
un nuevo reino desconocido. Naturalmente que tal
actitud, si parcialmente puede haber sido compren­
dida, y por muy pocos, en cambio atrajo los rayos
de la indignación estrechamente tradicionalista:
igual que ha pasado entre nosotros por iguales
causas, motivos y aspiraciones.
Parecería que la única misión destinada a las
agrupaciones llamadas "de vanguardia" se con­
cretara en molestar a crítica y auditorios de esen­
cia conservadora; una y otros consideran que el
compositor contemporáneo afiliado a tendencias ra­
dicales tiene la misión especifica de burlarse de
ellos. Pero esto no colma la totalidad de las ocu­
paciones ni del tiempo de que dispone tal composi­
tor, sino que constituye únicamente parte de su
preocupación y actividades; el resto lo constituye
la labor positiva: creación y divulgación; comple­
mentos que forman un todo en la actitud de ata­
que y defensa a que se vé forzado el compositor
contemporáneo, ante la critica rutinaria que pre­
tende medir y clasificar tendencias nuevas con pa­
trones y fórmulas archivables y en desuso.
•

•

•

Dentro de esa actividad bifacial —creación, di­
vulgación—, actúa el grupo "Música viva" en Río
de Janeiro, Sao Paulo, Bello Horizonte. Su presen­
tación oficial fué hecha en 1944, teniendo como
único apoyo la Radio del Ministerio de Educación,
que ha cedido una hora quincenal para irradiar
los programas organizados por la flamante agrupa­
ción de compositores y ejecutantes. El Dr. Fran­
cisco Curt Lange, Director del Instituto Interamericano de Musicología, inauguró con una "canden­
te y cáustica” conferencia las actividades prácticas
de este grupo de jóvenes idealistas, que se inician
en su penosa y peligrosa travesía nadando contra
la corriente. Aldo Parizot, violoncelista que acaba
de obtener una beca para estudios en los Estados
Unidos, Santiago Parflneli, Oriano de Almeida, Hans
Breitinger, Egidío de Castro e Silva, Jaioleno dos
16

de

Vanguardi a

Santos, todos ellos ejecutantes, además de los nom­
brados compositores Claudio Santoro, Guerra Peixe
y H. J. Koellreutter, forman las nuevas fuerzas de
choque en el ambiente musical del Brasil. Claudio
Santoro (1919) cultiva el "atonalismo” , evitando
cuidadosamente en sus obras, todas las influencias
folklóricas y cualquier exterioridad, buscando su
propia expresión sin especiales características de
país o raza determinadas. La estructura de su len­
guaje musical es de una rica polifonía, y su armo­
nía es áspera y voluntariosa. Sus obras más im­
portantes son una "Sinfonía para dos orquestas de
cuerdas” , un "Divertimento” para orquesta sinfó­
nica, un poema sinfónico “ Impressoes de una TJsina
de A so” , un "Concierto para violín y orquesta",
“ Música concertante" para piano y orquesta. "Quin­
teto” para instrumentos de aire, "Trío" para cuer­
das y sonatas para violín, violoncelo, flauta, oboe
y plano. Santoro actúa como violinista en la Or­
questa Sinfónica Brasilera, y su "Cuarteto" de
cuerdas fué distinguido recientemente con mención
honorífica en el Concurso Internacional de los
Estados Unidos.
Guerra Peixe (1914) comenzó su carrera de com­
positor desarrollando en sus obras motivos folkló­
ricos, a veces concebidos por él mismo; luego se
encaminó hacia un virtual neo-clasicismo, hasta
cultivar en la actualidad una tendencia francamen­
te atonalista: o más concretamente, una técnica
dodecatónica, dentro de la que parece haber hallado
su plenitud y su libertad de expresión. De su obra
más reciente, liberada de las influencias de facto­
res puramente locales, pueden citarse "Seis instan­
táneas” , para orquesta, “ Dos piezas" para orquesta
de cámara, "Noneto”, "Música para flauta y piano",
"Música para violín y piano” , “ Sonatina" para flau­
ta y clarinete, "Sonata” para violín y viola, "Cua­
tro bagatelas” , para piano. Todas las obras ante­
riores a 1944 han sido consideradas por el autor
como inaprovechables por carecer de interés.
Koellreutter a su vez ha escrito: "Sonata 1939",
"Preludio, Coral y Fuga", “ 3 bagatelas" y "Música
1941” , todas para piano. Dos Sonatas para flauta y
piano, una para violín y piano; "Música 1942” ,

Hans Joachim Koellreutter

para violín solo. “ Invenciones” , para instrumentos
de aire; "Variaciones 1941", para cuarteto de cuer­
das; “ Cuatro piezas", “ Música 1940", "Música 1942” ,
para orquesta; “Pieza lenta” , instrumentada por
Arturo Pereira; “El arte de la fuga” , de J. S. Bach,
transcripto para flauta, violín, viola y chelo. En
preparación, "Música concertante” para flauta con
acompañamiento de percusión, dos pianos, violas,
chelos y contrabajos; “ Hai-Kais” , para barítono,
com o inglés, clarinete bajo y arpa. Además, ha
publicado recientemente varias canciones sobre
textos de Omeyda Alvarenga y de Ronald de Carvalho. La producción de Koellreutter está basada
en una rigurosa higiene mental, que excluye como
recursos prohibidos e indeseables toda sensiblería
tradicionalista o todo criterio de arte basado en
toda una farmacopea a base de estupefacientes, de
los que tanto empleo se hace a partir de las “ Chansons de Bilitis” , de “ Pélleas et Mélissande” o de la
“ Rapsodie espagnole” . En su evolución, ha avan­
zado Koellreutter a través de un atonalismo inte­
gral, impulsado por el principio que instituye la
“ melódica libre" como único elemento de relación
y de estructuración formal, en procura de un vo­
luntarioso encauce de la fantasía creadora. Este
parece haber sido hallado y concretado en el plano
de la técnica dodecatónica, a la que se ha afiliado
Koellreutter desde 1940, aproximadamente, y que

�SELECTAS

EDICIONES

SALVAT

PREMIO IMPRENTA LOPEZ
CON EL AUSPICIO

DE LA

Sociedad Argentina de Autores

HISTORIA del ARTE HISPANOAMERICANO
por Diego Angulo lñiguez,
Catedrático de la Universidad Central (Madrid).

R esu lta d o

Esta obra constará de tres tomos, habiéndose publicado el primero que
forma un volumen de 720 páginas ilustrado con 834 figuras, 15 láminas
en negro y 5 en color.

El Ju rad o integrado por la Sra. Victoria
Ocampo y los Sres. G uillerm o de Torre,
Adolfo Bioy C asares, Leónidas Barletta y
Ju lio A ram b u ru , después de considerar
detenidam ente los 165 trabajos presen­
tados al certam en, ha adjudicado los pre­
mios a las siguientes obras:

H ISTO R IA del ARTE HISPANICO
PRIMER PREMIO:

por el Marqués de Lozoya,
Catedrático de la Universidad de Valencia.

"El Muro de Mármol", de Estela Canto.
Acaba de aparecer el tomo IV de esta obra que constará de cinco. Un
volumen de 692 páginas, ¡lustrado con 628 figuras y 58 láminas, algunas
en colores.

SEGUNDO PREMIO :

"La Caá Yari", de Alejandro Magrassi.

Obras de auténtico valor artístico, únicas en su género, reúnen la
historia del Arte de España y la América Latina.
En venta en las principales Librerías de la República.

44.
Los originales no premiados están a
disposición de los interesados en la

Salvat

Editores,

Representante general y distribuidor:
ANTONIO

MUÑOZ

Im prenta López, Perú 6 66, Buenos A ires.
371 - LAVALLE - 371

BUENOS AIRES

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!

NOVEDADES
\

ABRIL

MAYO

-

Colección “Buen A ir e'
(
(

TOMOS ENCUADERNADOS E ILUSTRADOS
1
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ULTIMOS TITULOS APARECIDOS :
62 La Expedición de Malaspina, por Héctor R. Ratto . . . .
63 Vasco Núñez de Balboa, por J. M. Quintana ...............
64 El Compradito, selec. de Sylvina Bullrich y J. L. Borges
65 Rivadavia, por Juan María Gutiérrez .................................

......... S 3 ......... „ 3 ...............3 ......... „ 3 .-

5

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(

DE OTRAS SERIES :
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(
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S
(
&gt;
)
S
c

El Mayorazgo de Ballantrae, por R. L. Stevenson (t) ........... . . . . $ 4 . Las Pobres Gentes. Prohartchin, por F. Dostoiewsky (t) . . . . ____ „ 4.—
Vida de Charlotte Bronté, por Mrs. Gaskell (t) .................... . . . . „ 5 .Los anteojos negros, por John Dickson Carr (r) .................... ............ 275
La torre y la muerte, por Michael Innes (r) ............................. ____ „ 2.75
Orígenes de la Novela, por Marcelino Menéndez y Pelayo. 4 t. (r) „ 2 5 .„ 1 0 .Vida de Sarmiento, por Manuel Gálvez (r) .............................
Memorias Postumas del General Paz, selec. y prólogo de A. Braun ...........
Menéndez (r) ............................................................................... ____ „ 6.—
Digestión y Salud, por W. B. Cannon (t) ................................. ____ „ 6 .Informe para una Academia, por Franz Kafka (r) ............. . . . . „ 1.80
El Velo Negro, por Ch. Dickens (r) .............................................. ____ „ 1.80
La Humillación de los Northmore, por Henry James (r) . . . . ____ „ 1.60

¿
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Una editorial americana

;

SAN

MARTIN

427

-

Un panorama universal

BUENOS

AIRES

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íd b d u d

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EMECE EDITORES S. A. •
&gt;

Oto- de defe ¿¿adió-nal fiM

&lt;

Q I al ocupar un nuevo domicilio observa
dos hilos en el sitio donde antes había
un teléfono, quizás suponga que sólo basta
conectar un aparato para conseguir servicio
telefónico; pero ello no es así.
Esos dos alambres sirvieron para conectar un
teléfono con la central telefónica; pero al mu­
darse el inquilino produjo una vacante que fué
adjudicada — de acuerdo con su categoría y
antigüedad— al solicitante que figuraba en
primer término en nuestra lista de turno.

£n realidad, hace falta mucho más c\ue un
aparato telefónico para darle servicio. Ante
todo se requiere disponer de vacante en el
conmutador; luego, tener línea o vacante en el
cable que une el barrio con la central.
Para obtener energía eléctrica, gas o agua
corriente sólo es necesario conectar con el
conducto respectivo que pasa por frente de la
casa del usuario. En cambio, el servicio tele­
fónico exige una línea exclusiva e individual
que una directamente cada abonado con la
central.
De no disponer de vacantes, nos sería mate­
rialmente imposible satisfacer su pedido, aun
en el caso de que el anterior locatario de su
casa hubiera tenido servicio telefónico.

UNION TELEFONICA

�Novedades
Ernesto R. Trattner:
A R Q U IT E C T O S DE ID E A S

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S 12.—

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tencia todas sus obras. Un volumen de 124 páginas, con grabarlos,
encuademación de lujo.

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T A DE PALM YRA.

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Luminosa v completa exposición del pragmatismo contemporáneo.
Los autores, las ideas, la bibliografía.

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A LA FILO SO FÍA M A T E M Á T IC A .....................

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Se exponen e neste libro, en forma que no ofrezcan dificultades para
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la matemática.

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dades manuales en la educación.

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m ático de discos
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Próximas Exposiciones
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BUENOS AIRES

�parece haber definido las directivas de su proceso
de creación al impulsarlas desde un principio de
construcción apriorística. Las consecuencias inme­
diatas de esta evolución fueron, desde luego, un
nuevo sentido expresivo emanado directamente de
la adopción del nuevo lenguaje armónico. Una de­
mostración decisiva, como resultado de sus incur­
siones por el terreno dodecatónico, lo constituye
su "Música 1941", para piano, en donde el material
aparece totalmente renovado, y en donde tanto la
armonía como la sonoridad, el desenvolvimiento y
en consecuencia la expresión, hacen de esa obra
una de los escasos grandes exponentes de la lite­
ratura pianística de Latinoamérica, que todavía
sueña con efectos y "glisados” a lo Ravel o con
los reflejos, irisaciones, "nuances" y toda clase de
sugestiones debussystas.
Es natural que una música antisentimental, ce­
rebral en el más elevado sentido, tenga que ser
resistida en su ambiente y aún fuera de él. Hay
que considerar que, en rigor, y si bien se mira y
se analiza la producción musical más caracterizada
de los países del Sur de nuestro Continente, vemos
de inmediato que ella no ha superado la etapa
impresionista con reflejos aún románticos, a pesar
de las inyecciones negroides, indígenas, mestizas,
etc. A fin de cuentas, y resumiendo, hallamos siem­
pre un impulso sentimental no controlado y no
concretado en orden estructural alguno, disfrazado
con derroches de color orquestal y etiquetas lite­
rarias que todo lo explican y nada definen, una
técnica postiza —indios a la última moda europea—
y una continua simulación del compositor blanco
disfrazado de aborigen, en perpetuo carnaval folklorizante. La música y las enseñanzas de Koellreutter tienden a demostrar a los tradicionalistas,
folkloristas y demás plagiarios del pasado que pu­
lulan en el ambiente musical latinoamericano, que
la música es una estructuración sonora, y que di­
rigir la fantasía creadora desde un plano construc­
tivo previamente organizado, es infinitamente más
eficaz —y más difícil— que abandonarse blanda­
mente a improvisaciones sin control, hijas de un
desorden mental y estético lamentable: muy boni­
tas, a veces, mientras duran; pero incapaces de
resistir un análisis severo en cuanto dejan de oírse.
•

•

•

Por cuanto antecede es que hemos calificado el
afianzamiento de Koellreutter en el Brasil como un
acontecimiento y como un nuevo punto de partida
en la creación musical de ese país. Claudio Santoro
y Guerra Peixe amplían las líneas tendidas por el
eficaz animador del ambiente musical brasilero, y
se dirigen a la conquista de nuevas expresiones,
logradas a través de un proceso de estimulación de
las fuerzas creadoras que parte de los dictados del
raciocinio. La síntesis de lo propuesto ha sido
debidamente aclarada en el manifiesto dado a pu­
blicidad por el Grupo "Música viva’', en el que se
revela una elevación de ideales, que inútilmente
procuraríamos encontrar en otras agrupaciones de
compositores latinoamericanos. He aquí el mani­
fiesto del Grupo “Música viva” , tal como fué publi­
cado en la revista “ Clima” , de San Pablo.
“El Grupo "Música viva” surge como una puerta,
que se abre a la producción musical contemporá­
nea, participando activamente de la evolución del
espíritu. La obra musical, como la más elevada
organización del pensamiento y del sentimiento
humanos, como la más grandiosa encarnación de
vida, está en primer plano en la labor artística del
Grupo "Música viva” .
"Música viva” , divulgando, por medio de con­
ciertos, irradiaciones, conferencias y ediciones, la
creación musical de hoy de todas las tendencias,
especialmente del continente americano, pretende
demostrar que en nuestra época también existe
música como expresión del tiempo, de un nuevo
estado de inteligencia” .
“La revolución espiritual que atraviesa actual­
mente el mundo, no dejará de influenciar la pro­
ducción contemporánea. Esa transformación radi­
cal, que se hace notar también en los medios so­
noros, es causa de incomprensión momentánea
frente a la música nueva. Las ideas, sin embargo,
son más fuertes que los preconceptos".
“ De esta manera, el Grupo "Música viva” luchará
por los ideales de un mundo nuevo, creyendo en
la fuerza creadora del espíritu humano y en el
arte del futuro”.
Tal es el ideario del Grupo “ Música viva” . Ya
hemos visto cuáles eran las realizaciones dictadas
por esa linea de conducta. Que uno y otra encaran
la posibilidad de una renovación substancial ya
Iniciada en parte, es cosa indudable. El ruiseñor
romántico y folklórico, de expansiones ilimitadas
en su falta de control mental —su fórmula está en
el Walter de "Los Maestros Cantores", encarnación
típica del dilettanti —que canta sin saber por qué
ni cómo, a base del simple impulso sentimental y
nostálgico, es cosa que en Brasil ha entrado en el
periodo jubilatorio. La improvisación, que carac­
teriza a una larga etapa lograda en base a desechos
rom ánticos, impresionistas, "veristas", folklóricos,
ha terminado y en su lugar comienza la era de la
estructuración conciente, planteada con perspecti­
vas a la liberación de factores meramente localis­
tas, en procura de un sentido general, universa­
lista. Este es el postulado, irrenunciable ya para
la nueva generación de músicos del Brasil que
quiere desprenderse de todo sentimentalismo tradicionalista, améné de la pereza mental consiguien­
te, y que han establecido, en forma heroica y en
un ambiente totalmente adverso. Hans Joachim
Koellreutter y sus continuadores inmediatos. Gue­
rra Peixe y Claudio Santoro.

(i) Es interesante recordar que los pueblos más
ricos en música popular, son los que menos han
contribuido con grandes personalidades al desarrollo
de la música, del punto de vista universal. Así
sucede con España, Hungría, Rusia, Rumania, Bra­
sil o Checoeslovaquia. En cambio, países como Ale­
mania, Austria o los Países Bajos, pobres en música
basada en el elemento popular, asi como la misma
Francia, aportan la casi totalidad de los figuras
cumbres de la música mundial.

Tiranías

y

coplas

populares

A ncora de Salvación
por F E L IX SO L O N I
Américas, históricamente, están en deuda.
Todos sus libertadores tienen monumentos,
a todos sus héroes se les rinde homenaje de
admiración. Las plumas y las liras, la tribuna y la
escena, la paleta y el cincel han creado nuestro
Olimpo de grandes cerebros y grandes corazones.
Mártires y paladines llenan las páginas de nuestra
historia. Pero, oficialmente, hemos dejado pasar
inadvertida una veneración incumplida, que, aun­
que vive en el alma popular de todos nuestros
países, carece de materialización, y su intenso
contenido se diluye en el folklore sin una crista­
lización efectiva.
Las Américas deben nn homenaje visible, tan­
gible y adecuado al elemento máximo que ha
permitido su supervivencia como países libres,
pese a todas sus tragedias internas, a todas sus
miserias, a sus sombrías debilidades, y a su des­
aliento fatalista en ocasiones. Las Américas están
en deuda con su música autóctona que, aún en los
momentos más negros de su historia, desde los
incipientes conatos de emancipación, hasta las tur­
bulencias de su vida independiente, ha sido siem­
pre la válvula de escape, el suspiro de aliento, y
la expresión genuina del alma popular, al través
de todos sus instantes trágicos. Los dictadores
han pasado dejando su estela de sangre y de odios
y de rapiña y también el acompañamiento mor­
daz de los cantos populares. En los minutos más
ominosos de la historia americana, en medio de
los climas de angustia, desaliento y abulia popu­
lar, siempre ha habido el relámpago de una can­
ción, las notas de una copla, los ecos de un cantar
que han encerrado en sus compases protesta, ren­
cor, burla y escarn io...
Han sido girones del alma del pueblo, a veces
impotente, que así ha llorado, castañeándole de
ira los dientes, su indignación y su coraje.
Todas las guerras civiles tienen sus canciones;
todas las luchas de emancipación sus coplas. No
son los himnos oficiales solemnes, rotundos y al­
midonados, hechos para las bandas de metales.
Son esas humildes expresiones musicales que
apenas necesitan una guitarra, donde se vuelca
todo el sentir de la masa, creando a veces una
frase dem oledora; un apelativo aplastante; un
apodo desintegrador. Es la música que se entona
en voz baja, en tono menor, a hurtadillas, una
música que pudiéramos llamar de conspiración;
como una hoja suelta subversiva o un pasquín
clavado al descuido en la propia espalda del tira­
no de tu r n o ...
Los folkloristas de todos nuestros países con
facilidad encontrarán los ejemplos. No es mi in­
tención señalarlos. Pero esa música autóctona
nuestra ha sido el factor de cohesión de nuestros
idealismos nacionales; que se ha cantado en las
plazas públicas y en los remansos del hogar, en
las tinieblas de las cárceles y ante las baterías de
nuestros pobres teatros típicos; en las ferias de
aldea, y hasta en las procesiones del santo pa­
tr ó n ... Esa música ha sido siempre -—cuando
todos los demás vestigios de alma nacional se han
esfumado, o han buscado refugio en el silencio—

L

as

17

lo que ha quedado a flor de tierra ... No hay
dictadura americana que no haya prohibido una
canción— No hay una canción popular que no
haya tenido su parodia de contenido p o lític o ...
Debemos, pues, un homenaje palpable, perdura­
ble y sentido a esa áncora de salvación del ansia
popular, que ha hecho más por la existencia de
nuestras repúblicas que todas las teorías paname­
ricanistas. ..
•

•

•

La música americana — me refiero a la Améri­
ca toda— tiene tres orígenes claros y definidos:
el indio, el conquistador, el esclavo. No es de
extrañar, pues, que la música del continente to­
do, sin exceptuar a Norte América, sea una mú­
sica triste, sentimental, llorosa. El indio nos legó
sólo la música de su decadencia, la música de la
época en que se vió abrumado por la conquista,
que no podía ser alegre. El conquistador cantó
sus nostalgias de la tierra natal lejana. El esclavo
sólo trajo de Africa, y no tuvo motivos para otra
cosa, sus cantos rituales, sus invocaciones a la
divinidad pidiendo auxilio y protección, del mis­
mo modo que los puritanos que llegaron al Norte
en el ‘‘Mayflower” sólo trajeron sus himnos auste­
ros de expulsados religiosos__
Pese a los esfuerzos de los tiempos buenos por
cambiar el ritmo y el tono a la música de nues­
tro continente, si tomamos la más alegre de nues­
tras músicas, digamos el pericón, la zambra, el
jarabe, la rumba, el one step, el joropo, el tam­
borito o el merengue, y las reducimos a un com­
pás lento, caeremos en verdaderas marchas fune­
rales, en las que las melodías son lamentos pro­
fundos, conmovedores e impresionantes.
Y ese efecto en la música nacional, infiltróse y
contaminó la inspiración individual, en los can­
tos de a m o r... El bolero, el bambuco, el tango,
la guajira, las danzas, las mañanitas, los “ blues” ,
¿qué son sino quejas de amor?
Andalucía, Vizcaya, el Calabar, Holanda y Bre­
taña ofrecen la genealogía a nuestra música con­
tinental. La influencia india apenas si es percep­
tible. Y la alegría y vivacidad de algunos de
nuestros bailes no son más que expresiones de
ese deseo de torbellino y vorágine para ahogar
toda la tristeza del momento.
América, desde su descubrimiento, sólo ha te­
nido nostalgia, tristeza y lucha. Su música ha
sido la expresión del sentir popular. Cada cual
puede reconstruir las etapas de su vida enume­
rando canciones. Tanto países como individuos.
Por eso debemos rendir homenaje a nuestra mú­
sica triste que ha acunado todos nuestros dolores
y todas nuestras rebeldías. Es una música amar­
ga como nuestra historia.
¡Ojalá algún día llegue el momento de pleni­
tud y triunfo en que la América — el pueblo
americano— se sienta satisfecho y jovial para
producir su música alegre, que ha de ser, sin du­
da, la sinfonía triunfal de un continente, al en­
contrarse a sí mismo!
New York, 1945.

�una

prosperidad

El
ttrasil ríe hoy y
Posl - y uorra
por C A I O PR.-LDO (Jr .f

L*ar» Un s n o t ú s í c r a

brtáLma*

de majar

tira r úu-Urtzvd, Cria Prado Jtotior es da Un i r
DHI pruAavua juicio.
Braaü C om am porñ ao”

Sm libro ~ f ormacuñi del
fEd. N v t á u . S o

Pablo.

1912/ le n tiú en el p u p o de los estudiosos inte­
resados en prensar la fisonomía histórica de su
país. Su interpretación valoriza lo económ ico con
indudable maestría y pone de relieve tanto ¡a
hondura de

sus pesquisas científicas

com o

un

claro talento crítico ante los innumerables docu­
mentos consultados.
En el presente estudio, Caio Prado Júnior res­
ponde, con gentileza que apadecem os, a la con­
sulta que

le hicimos apenas

se

vislumbró

un

cambio aparentemente fundamental en el rumbo
de la política de su país.

Tiene virtudes que el

lector argentino apreciará, pues, com o Caio Prado
Júnior nos dice en reciente carta, ulos destinos
de nuestros países están hoy tan ligados que nada
de lo que suceda en uno dejará de tener reper­
cusión en el otro” .

Brasil fué un país ampliamente alcanzado
por la ola reaccionaria, representada por el
fascismo internacional, que se propagó por el
mundo sobre todo después de la ascensión de Hitler
al poder, en la Alemania de 1933.

E

l

A fines de 1935, aprovechando la alarma causada
por un levantamiento militar fracasado, las fuerzas
fascistas brasileñas, constituidas sobre todo por el
partido llamado Acción Integralista Brasileña, y
por grupos militares, reducidos pero muy activos,
todos ellos intimamente ligados al nazismo alemán
y al fascismo italiano, consiguen gran influencia
Junto al gobierno, y acaban asimismo conquistando
para sí al Presidente de la República Getulio Var­
gas. Bajo la presión gubernamental, el Congreso
vota una reforma constitucional y decreta el estado
de guerra, entregando con ésto al ejecutivo poderes
discrecionales. C onstituyese, además, el Tribunal
de Seguridad Nacional, formado por jueces de libre
nombramiento y dimisión del Pte. de la República,
destinado a juzgar "de conciencia” los crímenes
políticos o reputados tales. Indicaremos que el
Congreso ya no funcionaba libremente, estando
presos varios diputados y un senador y los demás
bajo amenaza.

El gobierno se aprovechó de estas medidas y del
verdadero arbitrio de que fué revestido para per­
seguir violentamente a todos los partidos, grupos
y luchadores antifascistas más conscientes. Llená­
ronse las prisiones y fueron disueltas o colocadas
bajo un rígido control policial las organizaciones
democráticas y populares (sindicatos obreros y otras
asociaciones de clase). Mientras tanto, los fascistas
ganaban, cada día, nuevas posiciones y ampliaban
su influencia.
Esta situación se agravó en el curso de 1936 y 37.
Finalmente en Noviembre de este último año, el
Pte. Vargas, apoyado por los integralistas y por
grupos militares fascistas, desencadenó el golpe fi­
nal de la reacción: la Constitución en vigor fué
revocada, el Congreso disuelto, y se promulgó una
nueva constitución de pura inspiración nazi-fascista
(10 de noviembre de 1937). El Brasil vivirá de
ahi en adelante en un régimen dictatorial puro,
que suprimirá completamente las libertades pú­
blicas, todas las actividades politico-partidarias, tra­
tando de estructurar la política y administración
del país de acuerdo con el modelo fascista, y el
funcionamiento de sindicatos obreros y patronales
bajo el control gubernamental.
Tal régimen está sostenido por la fuerza, porque
le era contraria la gran mayoría de la opinión pú­
blica. mantenida, sin embargo en estado de su-

~zraoc per eí terror y la vreúBaria. Pero, a poco,
la ooostcLcr rrsarzzaca
se fue
í e e r z a s z c c EV.» ¡razara faen a y aiguzas operf_ - pares ¡
s-s por ; a s o la r a --:.a s
—a ar­
cha per el Brasil en ü-C. Este aero de got-erao ie
fné ar.poesro tarto per uz arr.plae ñ o r aaratn po­
pular rocstg-—ertte al h u rd m en to de saraos tra­
steros por stibraa raros llenares, y q-ae ao fue
posible m p ecir corro por la presioc. a t :s m c « -a? muy fuerte er un país como el Brasil, cuyos
izaereses haBáhaase istm_an.er.te ligados a k-s Es­
tados Unidos. Pero, no obstante la declaración de
guerra, el gobierno traió siempre de impedir una
pa.rucapación activa del Brasil. Comprendía, per­
fectamente. que el esfuerzo de guerra al lado de
las Natrones Unidas estalla intimamente ligado *1
movimiento interno centra la dictadura y en favor
de ias libertades publicas y el restablecimiento de
la democracia. P je k&gt; que sucedió A medida que
Las Naciones Unidas conquistar, victorias el régimen
fascista brasileño se aebilita. Esto culmina con las
victorias angio-amencara y del movimiento de
liberación francés en el frente occidental, con el
avance fulminante de las ejércitos soviéticos y fi­
nalmente. con la conferencia de Yalta. que per­
judicó las últimas esperanzas fascistas de una pat
condicional. Como reflejo de ésto, el Estado Nuevo
inombre oficial del régimen fascista-brasileño), en­
tró en descomposición. El gobierno es obligado a
convocar a elecciones generales por el sufragio
universal (en desacuerdo con la constitución de
1937); la prensa rompe la censura: reanúdame las
actividades politicas partidarias que la dictadura
ya no consigue impedir o controlar. El gobierno
fascista de Getulio pierde completamente el control
de la situación. Este es el momento actual.

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parte. a refclaeetvc
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■yr- ‘. j y nv je ie&gt;x*res-oct ie Vas sa'ar
y ieTrec ie v:ia ttrteeuLa reterrea
«coco»***- oa

res're&gt;ee.;a así -ea

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Pero ^&gt;'a refersa ie^e »*•’

Los problemas brasileños se presentan ahora bajo
una doble faz: inmediatos y futuros. Los inme­
diatos derivan de la profundidad de la penetración
fascista en el Brasil, como fué explicado antes, y
consisten en ampliar y consolidar las libertades
ya conquistadas: proceso complicado y que no po­
drá ser instantáneo. El primer paso será ahora
conseguir la amnistía por crímenes políticos: la re­
vocación de las leyes de represión existentes (como
la prohibición de partidos políticos, la intervención
policial en los sindicatos, etc.); la supresión de los
órganos de coacción política (como el Tribunal de
Seguridad Nacional, el Departamento de Piensa y
Propaganda, órgano de censura y de control perio­
dístico. etc.); el restablecimiento de las garantías
jurídicas (estas garantías aún no existen; lo que se
está haciendo en materia de oposición es gracias
únicamente a la debilidad del gobierno: pero puede
de un momento a otro ser legalmente suprimido).
Estos pasos preliminares serán coronados y com­
pletados con la convocatoria de una Asamblea
Constituyente que revoque definitivamente la Cons­
titución fascista de 1937 (ya muy tambaleante,
pero todavía legalmente en vigor), y que promul­
gue un nuevo estatuto político que consagre las
libertades públicas, las garantías jurídicas y un
legitimo régimen representativo.
Tales son las tareas del momento, en que se
empeñan todos los demócratas brasileños. Su reali­
zación creará el ambiente propicio para la solución
de los grandes problemas políticos, económicos y
sociales que la actual fase de la historia brasi­
leña propone. Ellos son. en primer lugar, la extir­
pación definitiva de los remanentes fascistas que
aunque muy abatidos, tentarán, como ya están
tentando, rehacerse sobre nuevas bases. Sin es­
ta limpieza política preliminar, no será posible
llevar a cabo la reconstrucción económica y social
brasileña, tanto internamente como dentro del
equilibrio internacional preconizado por la Carta
del Atlántico y las conferencias de Teherán y Yal­
ta, que representa la salida democrática y progre­
sista de la actual crisis mundial y de la post­
guerra. En segundo lugar, (aunque el proceso
sea simultáneo), el Brasil enfrentará los siguientes
problemas y tareas correspondientes a la fase his­
tórica que vamos a atravesar, que consolidarán
la base fundamental sobre la que el país podrá
asentar su prosperidad futura:
1) Democratización política: la democracia del
Brasil no es sólo una cuestión constitucional y de
estructuración jurídica. Es un proceso que consiste
en ampliar progresivamente la base popular en que
se asienta la política brasileña y el funcionamiento
de sus órganos representativos. Trátase de movili­
zar las grandes masas brasileñas, en particular el
proletariado urbano y rural, para que ellas entren
efectivamente a participar de la vida política del
pais, lo que hasta hoy no hicieron todavía en época
alguna de nuestra historia. Esto se conseguirá so­
bre todo por la elevación del nivel cultural de la
18

El téA lcja ld in h o " —Antonio Francisco Lisboa
(1730-1814)— nació en la famosa ciudad ti*? Omfu
Prcto, del Estado de Minan. Su primer biógrafo
(R. Drctas: 1858), fundado en la tradición oral, dijo
que el susodicho era “ pardo oscuro, de baja esta­
tura, de cuerpo mal configurado, cabeza grande,
cabello negro ensortijado, de fuerte vos g habla
a r r e b a t a d a A Ion 47 años comentó a padecer una
enfermedad que se ha supuesto fuese lepra, Desde
entonces vivió alejado del mundo. De aquí la razan
de su apodo. La legenda le imagina con los pies
maltrechos, andando de rodillas, g trabajando
por
haber perdido los dedos con los Instrumentos ata­
dos en la palma de las manos. No parece verdad
lo último, pues no ha mucho se encontraron bien
trazados recibos de su puño g tetra, datados entre
los años 1706-1805. Durante este tiempo ejecuto en
esteatita gris oscuro —materia blanda conocida como **piedra Jabón" que se desbasta Igual que la
madera— las doce estatuas de los profetas del atrio
del Santuario de Congonhas do Campo (Mirlas),
La de DANIEL que se reproduce
g que recuerda
el retrato del Dante— es una de las de tnagor
Interés del gran Imaginero brasileño,
N.A.f,
entendida en Mentido amplio. No mc trata sólo de
ver la división de. la tierra Mo q u e . por lo
menos en cierta* regionc* del liraaii. era tarca re­
lativamente fácil, pues bastará estimular los factoren que ya er.
en»o presen»*, •/ de larga
data, actúan en el sentido del aparcelamiento d e ia
propiedad rúatica); sino de acompasar esta pro»
ceso con medidas radicales y profundas d e mejo­
ramiento de las condiciones de la vida rural; sa­
neamiento y asistencia medico sanitaria, educaclOfj

^

•«

�popular y amplia difusión de conocimientos agrí­
colas; preparación material del campo (vías de
comunicación, maquinaria agrícola, irrigación, dre­
naje. terraplenamiento, etc.): reorganización de la
producción y del comercio, y en particular por el
cooperativismo. Estas medidas y otras semejantes,
deben ser emprendidas dentro de amplios planos
de realización en larga escala, para lo que se
contará con recursos públicos y privados que en el
régimen actual son desviados, sobre todo para dis­
pendios urbanos burocráticos y suntuarios. Esta
canalización de los recursos nacionales, en grandes
proporciones, para el campo (el sentido inverso es
el que predomina* actualmente), tendrá que ser
realizada por medidas financieras (que compren­
dan tanto providencias fiscales como el estimulo
a la iniciativa privada en el campo) y asimismo
por restricciones impuestas a la prodigalidad pú­
blica y privada que se produce en los centros
urbanos, en particular en los de mayor importancia.
3) Industrialización: La industrialización es con­
dición esencial del progreso económico brasileño.
Ninguna comunidad puede ser rica y próspera, y
proporcionar a sus miembros un nivel de vida ma­
terial y cultural adecuado sin contar con un apa­
rejo manufacturero que asegure la elaboración pro­
pia de las materias primas de su producción, que
provea una buena parte por lo menos de los ar­
tículos industriales de su consumo, y que propor­
cione una numerosa clase obrera de alto nivel.
El Brasil cuenta hoy con una reducida industria
liviana, establecida y mantenida, casi exclusivamen­
te, tanto gracias al desequilibrio crónico de la ba­
lanza de cuentas externas del país y la consiguiente
desvalorización monetaria, como a la protección de
altas tarifas aduaneras, impuestas más al acaso
de necesidades fiscales, que de acuerdo con planes
económicos destinados a estimular el desenvolvi­
miento racional de las industrias. En consecuencia,
la industria brasileña es débil y mal estructurada,
y en gran parte mucho más parasitaria y onerosa
que realmente progresista.
El desenvolvimiento Industrial brasileño depende
de una estructuración planeada que tenga su pun­
to de partida en la movilización efectiva y en
larga escala de los recursos naturales del país. El
Brasil posee algunos elementos de la mayor impor­
tancia para la industria moderna: inmenso poten­
cial de energía hidráulica, reservas considerables
de algunos minerales de primera importancia in­
dustrial, como el hierro, el manganeso, el aluminio;
además de otros en menores proporciones. Cuenta
por lo demás con carbón de piedra suficiente para
alimentar una industria siderúrgica de relativo vo­
lumen. Todos estos recursos todavía se encuentran
en una fase primaria y rudimentaria de explotación.
Debemos también considerar que es imposible pre­
ver lo que se podrá todavía descubrir y aprove­
char en este inmenso territorio brasileño, de cons­
titución geológica tan compleja y enormemente va­
riada. hasta hoy muy mal conocido y aún menos
explotado.
Es de estos elementos que debe partir la es­
tructuración industrial brasileña; y no como se
realiza hoy, de una industria liviana, especializada
y de cúpula, que depende casi enteramente de
maquinarias y materiales semi-acabados de im­
portación. Industria remuneradora para los capi­
tales privados en ella invertidos, pero en general
onerosa para el país en conjunto.
4) Problema de la población; El Brasil resulta
una de las mayores reservas territoriales de la
humanidad. Su Inmensa área de 8 y medio millo­
nes de km’ , toda ella perfectamente habitable y
aprovechable para el sostenimiento del hombre con
un mínimo de trabajos preparatorios, reúne, no obs­
tante, sólo 40 y pico de millones de habitantes. Sin
dificultades particulares, esta población podría ser
multiplicada varias veces. En estas condiciones el
desenvolvimiento demográfico del Brasil repre­
senta no sólo una cuestión nacional sino sobre todo
y en general de la humanidad. Es preciso poner
a su servicio las posibilidades inmensas que el
Brasil encierra, y así el incremento de la población
y el estimulo a las corrientes inmigratorias deben
constituir uno de los principios fundamentales de
la política brasileña del futuro. Pero, ahora, ya con
un criterio completamente diverso de aquél que en
este mismo asunto se usó en el pasado. Hasta hoy,
"poblar" fué en el Brasil casi únicamente sinónimo
de "reclutamiento de brazos" para la gran labran­
za y la minería, en particular del azúcar y del café,
del oro y de los diamantes. Es con este criterio
que hasta mediados del siglo pasado se introdu­
jeron esclavos africanos; y de ahí en adelante, in­
migrantes europeos.
Una política progresista de población e inmigra­
ción debe tener otro objetivo enteramente diverso.
Esto es, dar salida a excesos demográficos de re­
giones super-pobladas de otros continentes y ase­
gurar a los inmigrantes en el Brasil un más favo­
rable régimen de vida, en su propio interés, y no
de la simple obra de mano que ellos pueden re­
presentar. Es el hombre el que debe ser mirado
y no sólo su capacidad de proveer trabajo.
Son éstos, en suma, los problemas y las tareas
que se presentan al Brasil de hoy y de postguerra.
Ellos lacrarán la reconstrucción de un Brasil nue­
vo que no será ya la colonia tropical del pasado,
simple proveedora de materias primas y géneros
alimenticios para mercados extraños y distantes.
Será una nación, efectivamente organizada para
dar bienestar y prosperidad a todos los individuos
que la componen. Es éste el fin esencial que se
deberá tener en vista. El exigirá, como fácilmente
se ve, reformas profundas de la estructura eco­
nómica, política y social del país. Y en una tarea
tan amplía, tendrán que colaborar todas las clases
progresistas del país, desde la burguesía esclarecida
hasta las agrupaciones de trabajadores del campo
y. .de la ciudad. Contará también con la coopera­
ción internacional que el sistema político y econó­
mico de postguerra deberá asegurar, de acuerdo
con los principios firmados en la Carta del Atlán­
tico y en las conferencias de Teherán y Yalta, y
que ya se encuentran en vías de realización en los
acuerdos de Dumbarton Oaks, Bretton Wocds, Chapultepec, y ahora en la conferencia de San
Francisco.
San Pablo (Brasil), 9 de Abril de 1945.
Traducción y nota de N. A. F.

I na L niversidad para endurecerse en Hombre

Epica d el Salitre
por A N D R E S S A B E L L A (h )
a Chile como a cuerpo humano, le
veremos una extraña anatomía, finísima y
arbitraria. La cabeza le queda muy lejos
de los pies, verdaderamente calzados con propie­
dad rey, en hielo, blancor y distancia. Pero, de
su cabeza es que hablaremos ahora, o sea de su
esencialísima zona; la del caliche.
En imagen y en verdad, la pampa es la cabeza
de Chile. Cabeza de frente rotunda que suele
andar en trances de locura. Tal si fuera dominio
solar, por ella pasa el sol más vivo y entero que
hayamos visto jamás; un sol dueño de si y de
todos los horizontes de la pampa, patria de las
piedras que parecen lágrimas del Diablo, caídas
quién sabe en qué infortunio, y del espejismo, la
más hermosa máscara de La Muerte.
Sol desbocado, semillena de piedras, mentiras
que colorean el iris y el ánima, y muerte. ¡H e
aquí la fotografía de la pampa! Y, sin embargo,
allí ha sido, y es, La Vida el acento dominador.
Vida que fué menester traer con el 'agua y el
coraje, venciendo a la puna y a la sed, al acaso y
al desengaño.
irando

M

No sería m ejor definida, se nos ocurre, olvi­
dando, un poco, la modestia, que así: Universidad
para endurecerse en Hombre. No otro destino
puede hallársele a primera vista. En sus pardas
soledades, el hombre fué, poco a poco, sintiendo
que su piel se volvía resistente y brillante, casi
piedra, y que por dentro el corazón estaba sien­
do, a su turno, metamorfoseado: concluiría en
pedrusco; pero, en pedrusco gobernado por mis­
teriosas leyes de ser y de victoria. El corazón,
aqui. encarna gracia redonda y colorada. Merced
a su condición arrebatada, cosida por el sol con
aguja de oro a sus plenitudes, fué posible este
como milagro de domar páramos y desventuras,
lejanías y sacrificios, que representa la conquista
y el desarrollo del desierto salitrero.
En parte alguna fué requerido el corazón con
violencia mayor: cuando, en agosto de 1866, A l­
fredo Ossa, Juan Zuleta y Martín Rojas descubren
las capas feraces de salitre de Antofagasta,. no
gratifica el azar porque si a don José Santos Ossa,
organizador de la afortunada caravana: le grati­
fica por la segura espera que don José Santos
ha hecho, desde años, soportando olvido, miseria
y destierros, mucha sombra amarga que sólo se
aguanta por clase de corazón. Cuando obreros
chilenos levantan la primera línea férrea en terri­
torio boliviano, es el corazón, más que las manos,
el que golpea en el hierro. Cuando, hacia 1890,
surgen las primeras banderas que reclaman Jus
ticia Social, en Tarapacá, es el corazón el carmín
que se ha volcado en ellas. Cuando, en 1902, la
“ Combinación Mancomunal de Obreros” , de Tocopilla, aguza los puñales rebeldes, el corazón se­
ñala los deberes. Y es el corazón el legítimo
oriente por donde despunta el obrero máximo
de Chile, Luis Emilio Recabarren Serrano, muer­
to en 1924, después de fundar la prensa obrera
y el Partido Obrero Socialista O ), apóstol de la
fraternidad, intemacionalista consecuente, tallador
de voluntades proletarias y padre de la F. O. Ch.
aguerrida. &lt;2)
Bella y poderosa cabeza la de Chile. El erario
nacional existió, magníficamente, por el sudor que
de allá caia en la historia. Toda la patria depen­
dió de los “ rajos” ; y en los “ rajos” , se rehizo
el chileno. La pampa lo cinceló, acomodándolo
al tamaño del heroísm o; lo depuró de escorias
sentimentales; mas, nunca ni le desfiguró ni le
debilitó en lo cordial y fecundo: en el corazón.
El pampino ignoró lo mujeril, el arabesco, las
tretas. En cambio, la sabiduría del vivir opulento
le entregó las llaves del reino tremendo de la
borrachera, de la amistad a prueba de “ corvo” ,
y del despilfarro.
¡Oh, tiempos terribles de los “ salones” norte-

ños, donde las mujeres conocían las dimensiones
del delirio, y el dinero caía en las avariciosas
alcancías de la medianoche meretricia!
El “ roto” del Sur se vino “ enganchado” , pen­
sando que en la pampa el oro era cosa de coger
con la punta de los zapatos. El despertar fué
una bofetada h orrible: la pampa era la esfinge
más cruel. El oro rodaba lontano, y había que
ganarlo a punta de llanto y de agonía. La pers­
pectiva negreaba los ojos. Lentamente, la pampa
principiaba su obra: la re-creación de los varones
que le eran entregados para su m ovim iento de
millones y de espectros. El campesino abandona­
ba su aire frutal, leve y transparente, para eri­
girse en juez de su propio destino. ¡A lg o noble
se ganaba, después de t o d o !: mirarse íntegro y
reconocerse Hombre. Por ahí empezaban a deste­
ñirse el temor y el respeto “ al rico” . La máquina
ponía lo demás. La lucha social, de este modo,
repartíase, y era el corazón la sola energía con
que se contestaba a las balas. Si no, ¡que lo
cuenten los muertos de 1906, en Antofagasta; de
1910, en la Escuela Santa María, de Iquique; de
1921, en la Oficina “ San G regorio” ; y de 1925,
en la Masacre de “ La Coruña” ! La esperanza
social de la patria la dictó esta cabeza, amarilla
como el oro, la desmemoria y la mejilla tís ic a ...
Puro temblor de corazón encontramos en la
historia de la pampa: en 1919, las mujeres de
Antofagasta im pidieron que un tren de rom pe­
huelgas llegara “ al Interior” &lt;3), tendiéndose en
la línea férrea; si pasaba el tren, se llevaría rojas
las ruedas, rojas de tanta sangre valerosa que le
desafiara... “ A pata pelá” ( 4) , miles y miles de
trabajadores cruzaron la pampa, dibujando el ma­
pa perfecto de la Necesidad, sin otra fuerza que
la que llevaban en un tarrito con agua. Los
“ calicheros” , trabajando a espalda desnuda, prue­
ban que el corazón es una pieza maravillosamente
fina, para seguirla confundiendo con vano tintero
de esquela sensiblera. Don Clodom iro Castro, exi­
gido por su corazón, decidió su destino de poeta,
en 1896, escribiendo Las Pampas Salitreras, va­
lioso e ingenuo documento, primer homenaje a
la industria que encontramos en Chile. Los ban­
didos del desierto, caballeros de arena, amaron y
lloraron con la cuchilla entre la boca anhelosa,
sintiendo más que la maldad, el carguío sutil de
la aventura: ¿n o conocéis al “ Chichero” , el que,
para salvar su pellejo, se escondió en una pipa
de cerveza y burló, fragante y solemne, a la fiera
Policía?
Dentro del redondel caldeado del desierto chi­
leno, anda La Vida con sus velas' desplegadas,
como barca endemoniadamente fuerte. Y es en
sus arenas, que no repiten dos veces la misma
huella porque no lo toleran ni el Viento ni el
viento de la suerte, que duerme el dulce nitrato,
savia de eternidad que ayuda a la tierra en su
tarea sagrada. (5)
Leche coagulada, prodigiosamente, en la hoya
fascinante de la pampa, el salitre muestra, a ve­
ces, su blancura salpicada de sangre. Es la sangre
de los “ cateadores” y de los soldados del “ 79”
y de la industria, sangre de los ilusionados y de
los siervos que en sus ardientes límites encon­
traron la efigie intransferible de tantos y tantos
monótonos kilómetros demolidos por el paso
creador del hom bre: la pampa es la página pre­
dilecta de La Muerte; en ella, redacta la cotidiana
ración de sus victimas!
Santiago de Chile, mayo 1945.
(1) 1912. En 1921, en el Congreso de Rancogua, se trans­
forma en Partido Comunista.
(2) Federación Obrera de Chile.
(3) A las Oficinas salitreras.
(4) Descalzos.
(5) En 1528, es nombrado, en documento oficial. En 1820,
es llevado a Liverpool el primer cargamento, que se
arroja al mar, por creérsele "tierra inútil". En 1830, se
exportan de Iquique a Europa 18.700 quintales.

19

■■•■■■■■i

�EL PRIMER CONGRESO DE ESCRITORES
BRASILEÑOS EN SAN PABLO
E

l Primer Congreso de Escritores Brasile­
ños, recientemente realizado en la ciudad de
San Pablo, aprobó por aclamación, entre
otras, las siguientes declaraciones:

“ i ? — Si el escritor es la conciencia del
mundo, el Primer Congreso de Escritores
Brasileños representa la conciencia de su
pueblo y es la expresión de su época.
2 ? — Los escritores del Brasil ejecutare­
mos nuestra parte en la tarea de . . re­
construcción democrática del mundo.

5? — Destacamos especialmente, por las

U n m a te Im a n e n
“ El "mate” huanca es vigoroso en la fantasía
de forma y en la novedad de colorido. De la cor­
teza del fruto el artista ha obtenido más delicadas
notas que las de todos los mates de otras regiones
del Perú. La base de la originalidad está en la
coloración, que auxiliada por los tintes modernos,
cubre total o parcialmente la calabaza, para dar
lugar luego a que el cuchillo o el buril realice una
fantástica enredadera de motivos y ritmos admira­
blemente equilibrados. Los huancas cortan y ras­
pan anchos espacios, que dejan en blanco, combi­
nados con el natural del fruto, los matices del
hierro candente y los colores que le aplican. Los
elementos decorativos son glosa de la vida campe­
sina y los motivos que les ofrecen en el aire y en
la superficie las formas de la industria moderna,
involucrando todos los elementos en la rueda ar­
caica de la fantasía india del peruano” . — (José
Sabogal: “ Mates burilados” , Ed. Nova).

afinidades profundas que nos unen, a los
escritores franceses de la resistencia y a
los antifascistas que en Italia supieron com­
batir los principios antihumanos de la dic­
tadura y la práctica deshonrosa de los
métodos de opresión.
4&lt;f — No olvidamos la actividad digna y
ennoblecedora de los colegas españoles, de
los que se encuentran en las prisiones de
la "hispanidad” y de los que pueden resis­
tir en el exterior y preparar el resurgimien­
to de la gran república española. Tampoco
olvidamos, en nuestro afecto y admiración,
a los escritores portugueses no conformes
con las imposiciones del silencio, las medias
palabras y los pensamientos dirigidos de
su país.

5? — a) el nivel cultural del país es defi­
ciente; b) el problema de la cultura depen­
de enteramente, en sus soluciones, de la
organización social, económica y política;
c) la elevación cultural puede ser alcanza­
da por varios procesos, de los cuales el
principal es el sistema de educación orga­
nizado por el Estado. Recomendamos, por
lo tanto, una inmediata reforma que lo ca­

pacite para difundir una enseñanza libre de
las barreras del sexo, raza, religión, posi­
ción económica o credos políticos; d) en la
lucha contra el bajo nivel cultural deben
ser utilizadas todas las fuerzas disponibles.
Los escritores brasileños organízanse des­
de ya para este fin”.
El Congreso aprobó, asimismo, por acla­
mación, una “Declaración de principios”
redactada por la subcomisión de Asuntos
Políticos que integraban los prestigiosos
escritores Astrogildo Pereira, Caio Prado
Júnior, Carlos Lacerda, José Augusto y Hermes Lima. Dicha “Declaración de princi­
pios” reza así:
“Los escritores brasileños, conscientes de
su responsabilidad en la interpretación y
defensa de las aspiraciones del pueblo bra­
sileño, considerando necesaria una defini­
ción de su pensamiento y de su actitud en
relación a las cuestiones políticas básicas
del Brasil, en este momento histórico, de­
claran y adoptan los siguientes principios:
Ib) La legalidad democrática como garan­
tía de la completa libertad de expresión del
pensamiento, de la libertad de culto, de la
seguridad contra el temor de la violencia y
del derecho a una existencia digna. 2b) El
sistema de gobierno elegido por el pueblo
mediante sufragio universal, directo y se­
creto. 3b) Sólo el pleno ejercicio de la sobe­
ranía popular, en todas las naciones, hace
posible la paz y la colaboración internacio­
nales, así como la independencia económica
de los pueblos. Conclusión: El Congreso
considera urgente la necesidad de ajustar
la organización política del Brasil a los
principios aquí enunciados que son aque­
llos por los que se baten las fuerzas arma­
das del Brasil y de las Naciones Unidas” .

F e r ia en e l p u e b l o d e San R e r n a r d o
u chedu m bres ;

M

pregones que suben en la luz

arroyos, sauces, boldos, se mueven y suspiran
desde la Cordillera hasta el trigal de espuma.
Allí va el rozagante conquistador del pueblo
que se enternece ante una linda doncella.
Va la pobreza con su lazarillo, el hambre

entre las bizarras y nobles hortalizas;
rábanos de sangre, lechugas herrumbrosas;

naranjas que a lo largo del Pacífico ruedan;
limones en que el ámbar llora pausadamente;

entre el vaho ardoroso de prolijas fritangas,
que sale de los puestos en oleadas plebeyas.
La gente pasa y mira como ante los bazares
y la naturaleza sus joyas disemina.
¡Ah, canción de lo simple que es centella en el huerto

manjares que se sirven entre el fuego y el humo;
todo el oropel que canta en el domingo,
pescados que crepitan al hervir en aceite;
panes ¡oh, más suaves que un corazón sereno!
Todo el pueblo ha venido a coronar la fiesta,
Vino el huaso en el alba con su manta y espuelas

y fulge en la hortaliza de enmohecido cobre!
¡Ah, canción del durazno que perfuma en la cesta;
miel del higo que embruja al zorzal melodioso;
maravilla celeste y lenta del racimo
que en el lagar del día hasta morir se exprime.

y sus zapatos altos, luminosos de música.
Vino el enamorado para ver a la novia
que en su vestido grácil trae toda la misa.
Oh, carpa de bohemios trashumantes y tristes,
donde todos vocean sus claras mercancías:

Allí la tierra exalta su seno milagroso
y se reparte como la bandada de pájaros,
o como el agua hacia la Rosa de los Vientos.

frutos con el dulce de las tardes de Chile,
¡todo lo que el campo labora para el hombre!
Rosas para las manos que el amor transparentó;

Es la feria el brillante carrusel del domingo,
que hace girar los frutos que dan las Estaciones
— ¡verde, rosado, rojo, amarillo y azul!—
Tú, caballo del pobre que soportas las árguenas
en las que ruborosas nos miran las frutillas,
atraviesas el polvo y haces nacer el alba
bajo las herraduras con ojos de rocío,

lirios para la angustia que no tiene esperanza;
violetas para que ancle el día de la muerte.
Todo canta en la red tirante de la feria;
el juguete del niño, el bastón del anciano;
pájaros de greda; ollas y fuentes puras;
caballos que al galope penetran en la vida;

avanza, que en la feria del pueblo están los niños,

cántaros que perfuman a la tierra divina.

la doncella que viene con el aro del día,
las rosas y las uvas . los caballos de greda! ..

Todo el pueblo está allí. ¡Oh mañana feliz,
más hermosa y azul que una acacia florida!
Un aroma rural distiende su abanico;

Santiago de Chile, mayo 1945.
20

A N G EL

CRUCHAGA

SA N TA

M ARIA

&lt;

�CI NE

Dirige
LEON K L ÍM O V SK Y

El e s p i r i t a de M a y o en el c i n e a r g e n t i n o
nes de nuestros primeros balbuceos cinematográ­
ficos: “ La revolución de Mayo” . “ Amalia” , “ El

A 23 años de

himno nacional” y algunos otros modestos inten­
tos que aparecieron entre 1908 y 1915...

T na nueva

v gloriosa

nación "

Fué un cinematografista culto y apasionado —chi­
leno. por otra parte, de origen— , Julián Ajuria,
quien emprendió la titánica tarea de dirigir en
Hollywood con elementos y actores americanos,

J ’ A una expresión de tan vastas posibilidades com o es el cinematógrafo, puede espe­

una reconstrucción de nuestra epopeya de Mayo,
hace casi veintitrés añ os.. “ Una nueva y gloriosa

rarse siempre un soplo inspirador de nuestros elementales principios sociales y po­
líticos. al margen de las formas puras. Porque el cine, com o toda expresión de arte,
tiene dos caminos a seguir: o el valor estético puro traducido en riqueza plástica o rít­
mica. o la expresión de una idea, entroncada directamente con nuestro ideario, nuestra

nación” , se titulaba esa película en la que el ac­
tor americano Francis ilusionan, encarnaba gallar­
damente a Manuel Belgrano. Para su época, fué
ya un esfuerzo desmesurado en que no sólo mere­
ció destacarse el respeto histórico y las cuidadas
reconstrucciones, sino el espíritu de libertad que

historia, nuestro país.

giraba como tema central de este drama.
Desde entonces no volvió a encararse una em­
presa de esta envergadura, hasta que hace casi
Y puesto que no es dable exigirle en general

tras pantallas, hasta el de nuestra independencia

el primer camino de creación, ya que nuestro ci­

económica —la “ recuperación” tan comentada has­

de franceses radicados en la Argentina, llevó a

nematógrafo se ha ceñido voluntariamente a esti­

ta hace p o c o . . .

la pantalla la gesta libertadora de Mayo y la figura

diez años. Arturo Mom, patrocinado por un grupo

los foráneos, veamos en qué forma ha contribuido

Tampoco en esta forma abundan las expresiones

de San Martín, en su ambiciosa película “ Nuestra

a la expresión o difusión de nuestra Carta, hija

que buscamos en nuestro cine: ni siquiera elemen­

tierra de paz” . Es cierto que el film carecía de

dilecta de la revolución de Mayo.

tal canto por la libertad, el espíritu de Moreno,

una línea narrativa central, y que adolecía de cierto

traducido a imágenes actuales. Recordamos sí. al­

primitivismo escolar, que le daba un carácter de

Así como en el cine americano, vibra frecuente­

gún leve apunte insinuado por Arturo Mom en

estampa animada. . . Pero tampoco puede pasarse

mente el espíritu de Lincoln; en el cine ruso, todo

“ Petróleo”, o alguna frase de humor, incisiva y

por alto, la vibración dramática de sus primeros

el vigor candente de su revolución; en el francés;

penetrante, de Pondal Ríos, utilizada por Sofficci

actos, que reconstruyeron los hechos más destaca­

toda la fuerza crítica de la Revolución Francesa,

en “ Kilómetro 111” . Las más serias lecciones en

dos de la semana de Mayo, expresados con altura

había dererho a esperar una expresión parecida

ese sentido, fueron

por Mario ¿offici.

y dignidad. Y también es cierto, que el realizador

en nuestra modesta y también impersonal cinema­

cuando alentaba en ese director un poderoso so­

se vió obligado a suprimir ciertos pasajes valien­

tografía.

plo sociaL que no ha vuelto a expresarse desde

tes dedicados a Moreno, y a su lucha contra el con-

los tiempos un poco remotos de “ Prisioneros de

servadorismo de la é p o c a ...

En forma directa lamentamos declararlo, nada.

Aclaremos, de paso, que entendemos, que el es­
píritu de nuestra revolución fundamental, no tiene
por qué ser expresado en estampas históricas: pue­

dictadas

la tierra” V “ Héroes sin fama” .

Desde entonces, sólo merece señalarse el desta­

Queda pues, la evocación histórica. Fila inspiró

cado esfuerzo de Artistas Asociados Argentinos,

de flotar en decenas de temas contemporáneos,

nuestros primeros films mudos hace treinta y tan­

realizadores con Demare como director y Petit de

desde el de la inmigración, virgen aún para nues­

tos años y vibró fugazmente en las torpes imáge­

Murat y Manzi, como autores, de “ La guerra gau­
cha

y “ Su mejor alumno” . Mucho mus en la pri­

mera que en la segunda, vibra un auténtico espí­

llna escena de " la Guerra Gaucha4'

ritu libertador, un reflejo fiel y apasionante de
nuestra gesta por la independencia. Piedras liminares de un cinematógrafo más nacional que na­
cionalista. ambas señalan una independencia de
criterio y un lírico vuelo hacia nuestros ideales
más legitimos que no han vuelto a ser -uperadus
ni siquiera imitados en su ambiciosa aspiración.
No sabemos siquiera si alguien seguirá esa en­
señanza: el cinematógrafo no tiene las fuentes ins­
piradoras de otras formas de expresión. El autor
tcutral, puede a veces escribir sin esperar verse
representado en la escena. Y el- teatro gana asi, de
vez en cuando, alguna obra amplia, audaz, ambi­
ciosa.

En cine, generalmente los autores escri­

ben de encargo, según las directivas impuestas por
los industriales que orientan y controlan esa acti­
vidad. Y es muy difícil que esos productores, pue­
I

dan pensar siquiera en la trayectoria necesaria de
un arte como el cine, para mantener viva la dig­
nidad y la libertad de nuestros postulados de .Ma­
yo.

¿alvo que alguna vez, se repita el caso sin

iguaL de un grupo de escritores, actores y direc­
tores, que emprendieron la loca tarea de dar vida
auténtica a nuestra historia auténtica, ¿ i esto vuel­
ve a ocurrir, seguramente no babrá de extinguirse
esa antorcha inspiradora, que ilustra el sello pro­
ductor de los films recién m en cionados...
L K.
21

�L fin una buena, una muy buena película;
no vacilemos en pronunciar la palabra: ¡una
obra de arte! Una obra de poderosa originalidad
que renueva la técnica del cine, superando todo
lo que se ha podido ver en la pantalla desde hace

A

años.
El nuevo film de Marcel Carné reabre el campo
del cine, rompe con todas las rutinas y su autor
osa destruir el conformismo que se asignaba al
rhismo. Digamos hoy, sin titubear, que acaba de
escribirse una página grande en la historia del
séptimo arte.
Original, extraordinariamente original esta pelí­
cula de Marcel Carné; lo es principalmente por
el tema que trata. El autor de “ Les Visiteurs du
Soir” concibió su relato com o una leyenda mara­
villosa, que pone en juego los sentimientos más
elevados con una nobleza y una riqueza poética
que colocan a esta película al lado de las más
grandes obras tradicionales del género humano.
Es el tema del A m or erguido contra el Mal y
que triunfa. Tema romántico, sin duda, que se
afirma en esta obra donde se espera en vano que
el amor encuentre su recompensa.
Todo el film es de una belleza admirable; por
sus maravillosos paisajes llenos de misterio y de
una intensidad inolvidable que superan a los de
la “ Kerm esse héroique” (de la que Marcel Carné
fué asistente al lado de M. Jacques Feyder), Les
Visiteurs du Soir” se coloca en primera línea
entre las obras de arte pictóricas de la pantalla.
K o se olvidan pronto los extraordinarios pai­
sajes del principio que son vistos com o desde
otro planeta y desde alguna distancia en alguna
forma infinita, ni la brillante blancura del castillo
que se eleva en la llanura entre la tierra y las
nubes, ni la mágica hechicería de tanto aire libre
donde la realidad se despoja de la pesadez de la
materia para alcanzar la ligera pureza del ensueño,
ni el desfile de caballos, ni la caza en el campo,
tan hermosos o aim más que los m ejores trozos
llegados de las películas d e Jean Renoir. I\i los
decorados de interiores ( el decorador M. W aévitch
tiene también derecho a su parte de alabanzas)
cuya armoniosa estilización crea un cuadro digno
de una verdadera obra de arte.
Pero sobre todo M. Marcel Carné ha vuelto a
encontrar el secreto olvidado del lenguaje cine­
matográfico, utilizando con rara maestría la expre­
sión del rostro humano, develando ante la cámara
los sentimientos más profundos del alma, lo que
lamentablemente se ha perdido en las películas
americanas. Carné se iguala a sus maestros clási­
cos y hasta los supera por sus medios técnicos
más perfectos. Por otra parte, es secundado por
actores que supo elegir acertadamente, debiendo
hacer resaltar la labor de M. Alain Cuny, que
debuta en la pantalla; Mlle. Arlettv, de un encan­
to equívoco perfecto; Mlle. Marie Déa y M. Jules
Berry, quien encarna perfectamente el Mal.
M. Marcel Carné supo también orquestar a esta
excepcional sinfonía de imágenes con la autoridad
de los grandes maestros.
El cinematógrafo es el arte de los conjuntos.
M. Marcel Carné supo armonizar a sus “ Visiteurs
du Soir” reuniendo a su alrededor a un equipo
de colaboradores cuyo talento debe también ser
reconocido. Ya nombramos a M. Wakevitich y a
los principales actores; no omitimos a M. Jacques
Prévert que escribió los diálogos con exquisito
gusto, y que es autor también, junto a M. Pierre
Lar oche, de los escenarios; citem os aún a M.
Maurice Thiriet, cuya partitura acompaña con una
perfecta justeza de tono a esta película sin pre­
cedentes.
Y retengamos para terminar el nombre de M.
Marcel Carné, en adelante uno de los más grandes
en la historia del cine.

(Cedido por el Servicio Francés de Información)

�M ás a llá
del h o r r o r . . .
Hace mucho que conocemos los campos de con­
centración. Los hombres que llevamos el tiempo
en la conciencia — sin retóricas ni oportunismos—
no nos asombramos dema-iado ante los noticia­
rios. No descubrimos ahora el horror, ni el per­
feccionamiento científico de la barbarie, ni el
cinismo de los enemigos de la libertad. Es más:
hasta teníamos una experiencia por cada uno de
los crímenes, porque, desde que existen, reper­
cuten dolorosamente en nuestra sangre.
•

•

•

Hay una imagen que compendia el terror de
los años de aniquilamiento colectivo. Trátase de
un esqueleto animado por un rescoldo de vida.
Lo extraen de una parva de huesos. Con el últi­
mo destello de lucidez, el hombre une lo que
queda de sus manos en una plegaria, mira hacia
lo alto y muere al fin.
Estemos cerca o lejos del espíritu de ese gesto,
nos sentimos conmovidos. Es, en verdad, lo que
más nos ha impresionado por su tremenda elo­
cuencia y porque resume toda la época cuya pri­
mera parte ha concluido y cuyo final definitivo
se dirime ahora sobre las ruinas.

• • •
El cine al servicio de la verdad nos propor­
ciona hoy este documento. ¡Humanísimo! De lo
que se trata es de que los remisos, los cómplices,
los timoratos — la comparsa gris que mide el sen­
tido de la vida con la vara de sus mezquinas
ilusiones—- comprendan que esta infernal reali­
dad existía desde mucho antes que las cámaras
cinematográficas acompañaran a los ejércitos li­
bertadores, y que después de este desenlace ya
no podrá repetirse la infamia, la demagogia y el
cinismo.

• • •
La escena que encuadramos es más significativa
que todas las palabras. Creamos o no en la ima­
gen sagrada que invoca la plegaria del moribundo,
ese gesto significa ur. interrogante patético, diri
gido hacia el futuro.
Y en ese futuro — que ya estamos viendo— es
donde tiene que consagrarse el más elemental de­
recho a la vida, “ a salvo del temor y la necesidad’.’
• • •
Sobre los campos trágicos, donde se extermina­
ron “ millones de personas inocentes en condicio­
nes de increíble bestialidad” y sobre las ciudades
aniquiladas, todo tiene que resurgir. Las palabras
no alcanzan para nombrar el renacimiento.
¿Y para qué las palabras cuando está creciendo
la realidad viviente que presagiaron?
Hay una fe renacida que asciende desde el
trabajo hasta el alma; desde la conciencia ilumi­
nada hasta el coro libre que voltea las falsas re­
presas.
La justicia conquista su residencia m ora l...
EMILIO NOVAS

Esta terrible escena de un campo de concentración
cercano a Leipzig, descubierta por tropas norteameri­
canas, muestra los cuerpos de trabajadores esclavos
franceses y polacos, electrocutados al intentar huir a
través de las alambradas.

S i n o p s i s

a n

p a r a

f i l m

QUE VIVA MEXICO
p or

S.

M.

Eisenstein

y

G.

A.

Alexandroff

(versión castellana de H. C.)
(CONCLUSION)

Clarines suenan a “ descanso” .
Soldados de artillería desenganchan las muías
y los asnos de los carros de ametralladoras cubier­
tas de polvo; las mujeres buscan a sus hombres.
Pancha encuentra a su soldado, Juan.
Lo agasaja con un pollo asado y tortillas calien­
tes.
Terminada la comida, Juan descansa su cabeza
sobre el regazo de Pancha y canturrea acompa­
ñando a ias guitarras que suenan.
Adelita es el nombre de la canción, y esta can­
ción es el leitmotiv de Soldadera.
Dominado por el agotamiento se queda dormido
y su estentóreo ronquido se junta al coro general
de ronquidos de los soldados durmiendo.
Pancha le lava la camisa y limpia su revólver.
Al amanecer, cuando aún repercute en el de­
sierto el eco del roncar de los soldados, rancha
coloca cinco o seis cartuchos en el revólver de
Juan y lo deja a su lado.
Ella guarda su menaje en el gran saco y ponién­
doselo a la espalda se une a la columna de mujeres
que continúan su interminable peregrinaje.
Oprimidas por sus pesadas cargas, tratando de
calmar a los niños llorosos; mascando los restos
de ¡as tortillas del desayuno, el montón de mujeres
marcha a lo largo del polvoriento y desierto camino.
De pronto, la voz fuerte del autor interpela
a Pancha:
—Dí, “ Soldadera” . ..
Pancha se detiene, vuelve la cabeza hacia la
cámara, primero, encarándose simplemente; luego,
llevándose el índice al pecho, inquiere silenciosa­
mente:
—¿La ha llamado?
La voz de nuevo:
—Mujer, adónde vas?
Ella pensativa, sonríe enigmáticamente, se en­
coje de hombros, como no sabiendo qué decir, y
hace con las manos el gesto amplio con el cual
saben las mujeres acompañar un:
—¿Quién sa be?...
Es arrastrada hacia adelante por la avalancha
de mujeres y se pierde en la moviente masa huma­
na y en el polvo que pone un velo a todas las cosas
frente al ojo humano.
Ametralladoras están bramando.
Se oye el grito de la caballería.
Una batalla estalla.
Juan lucha como los demás soldados.
Descarga su revólver.
Grita: “ . .o r a . . . arriba... ¡a dela n te!...”
Corre al asalto entre granadas que explotan.
Bajo los vagones de un tren de carga las “ sol­
daderas” ruegan por sus hombres en lucha.
Han colgado a sus “ santos” —las santas imáge­
nes de su más cara devoción— de las ruedas del
tren y colocan las pequeñas lámparas votivas sobre
los resortes del eje del vagón.
Las ametralladoras callan.
El tiroteo disminuye.
No se oyen más los gritos de los soldados.
Las soldaderas avanzan hacia la cabecera del
tren, hasta la locomotora y desde allí observan
en dirección de la batalla que termina.
Las soldaderas corren a encontrarse con ellos,
escrutan sus rostros.
Inquieren... “ ¿Ha visto a mi hombre?”
Pancha, excitada, busca a Juan.
—Aquí lo traen herido.
Pancha corre hacia él.
Descubre su ca ra ...
—No, éste no es é l...
Las soldaderas descubren las heridas, las curan
según su mejor conocimiento. Aplican tortillas
sobre las heridas y las atan con fibras de sauce.
Juan está vivo y sano pero preocupado, y debe
subir al vagón de su tropa, pues los oficiales y las
locomotoras dan los silbidos de partida.
Habiéndolo visto subir al tren, Pancha trepa
a la plataforma de la locomotora.
La voz airada del centinela la interpela:
—¿Qué lleva bajo la manta?
Y levantando su rebozo, Pancha responde tran­
quilamente:
—¡Quién sabe, señor; puede ser una niña, o
quizás un v a r ó n ...!”
Las tropas parten ruidosamente. En los atesta­
dos vagones los soldados cantan Adelita. Y sobre
los techos, las soldaderas, con sus cocinas y niños,
están agazapadas tomo cuervos.
Han encendido fuego sobre los techos de hierro
y el voleo de las palmas haciendo tortillas parece
competir con el rechinar de las ruedas del tren.
El tren miiltar desparace en la oscuridad de la
noche.
Al romper el nuevo día el fogonero, cubierto de
hollín, salta de vagón a vagón en el tren en mo­
vimiento —cruza por sobre las mujeres y niños
viajeros.
En uno de los vagones se tiende, pegado de
barriga al techo, y grita a través de la puerta
abierta...
Respondiendo al llamado, Juan, ayudado por sus
camaradas, trepa al techo.
El chirrido del tren ahoga las palabras de men­
saje que el fogonero ha traído a Juan.
Corren ligero hacia la locomotora, asustando a
las mujeres echadas y al llegar a destino bajan
a la plataforma delantera.
Bajo las ropas colgadas para secar sobre los
faroles, bajo la ropa interior de los soldados on­
deando al viento, cerca de la hoguera resplande­
ciente, Pancha está sentada con un bebé recién
nacido.

23

Y el mismo malhumorado guardia sentado junto
a ella, cerca de una ametralladora, le pregunta a
Pancha:
—¿Es niña o varón?
Entre las montañas, junto a las nubes, reso­
plando con esfuerzo en los trechos en pendiente, el
tren militar avanza.
¡Otra batalla!...
De nuevo el repiqueteo de las ametralladoras...
De nuevo las soldaderas aguardando la vuelta
de los soldados heridos...
Esta vez Juan no regresa.
Y cuando la lucha ha terminado, Pancha encuen­
tra el cuerpo de su marido entre las ruinas hu­
meantes. . . Forma una pila de piedras, le construye
una primitiva lápida, le teje una cruz de ju n co ...
Toma su fusil, su cartuchera, su hijo, y sigue
lentamente al cansado ejército que avanza.
Sus piernas apenas pueden soportar a su cuerpo,
que pesa bajo la carga del dolor y del cansancio.
El mismo adusto soldado se acerca, entonces, a
ella y le toma el niño. Pancha se apoya en el
fuerte brazo de su nuevo marido para no caer y
quedarse atrás del ejército.
“ Adelita” es la canción que tocan las cansadas
bandas, desafinada y fuera de ritmo.
El ejército se ha preparado para un ataque, pero
el pueblo de la ciudad se acerca y explica.
La guerra civil ha terminado.
La revolución ha triunfado
Ya no es necesario que Mejicanos luchen contra
Mejicanos.
La banda de cobres descubre una nueva fuente
de energía que le permite tocar “Adelita” vigorosa,
solemne y triunfalmente.
Como estrépitos de trueno retumban los vivas
triunfantes sobre las cabezas de los soldados.
Los ejércitos fraternizan.
En el estandarte se puede descifrar la última
palabra de su lema.
Hacia la Revolución.
Hacia una Nueva V ida... dice la voz del autor.
Hacia una nueva V ida!...
EPILOGO
Lugar y época — México moderno
• «i00
hoy en el camln&lt;&gt; de paz, prosperidad
y civilización.
F^ ^¿cas' *errocarr^es- puertos con enormes bar­
cos; Chapultepec, castillo, parques, museos, escuelas
campos de deportes.
El pueblo de hoy.
Jefes de la Nación — Generales — Ingenieros —
Aviadores.
Constructores del nuevo México.
Y niños — el futuro pueblo del futuro México.
El trabajo en las fábricas.
El silbido de las hélices.
El chiflido de las plantas industriales.
M oderno... Civilizado... Industrial... — México
aparece en la pantalla.
Carreteras, diques, ferrocarriles...
La animación de una gran ciudad.
Maquinaria nueva — Casas nuevas — Gentes
nuevas.
Aviadores — Chauffeurs — Ingenieros — Oficiales — Técnicos — Estudiantes — Expertos agrícolas.
Y los Jefes de la Nación, el Presidente, Generales.
Ministros. Vida, actividad, obra de un nuevo, enér­
gico pueblo... pero si os acercáis, vuestros ojos
encontrarán en el campo y en la ciudad las mismas
caras. Caras con íntimo parecido con las de aque­
llos que oficiaban los funerales de la antigüedad en
Yucatán, de aquellos que danzaban en Tehuantepecde aquellos que cantaban el “ Alabado” detrás dé
los altos muros, de aquellos que con extraños trajes
danzaban alrededor de los templos, de aquellos que
peleaban y morían en las batallas de la revolución.
Las mismas caras — pero un pueblo diferente.
Una patria diferente, una nueva y civilizada
nación.
Pero, ¿qué es ésto?
Tras el bufido de las máquinas de las fábricas.
Tras el desfile de las tropas modernas.
Tras las arengas del Presidente y las órdenes de
los Generales — La Muerte avanza danzando!
No precisamente una, sino muchas muertes; mu­
chas calaveras, esqueletos...
¿Qué es esto?
Esto es el Desfile de Carnaval.
El más original y tradicional desfile: “ CALA­
VERA” , día de la muerte.
Es un día mexicano notable, cuando los mexicanos
recuerdan el pasado y muestran su desprecio a la
muerte.
El film comenzó con el reino de la muerte.
Con la victoria de la vida sobre la muerte, sobre
las influencias del pasado — termina el film.
La vida desborda por debajo de los esqueletos
de cartón, la vida se derrama avanzando, la muerte
retrocede, desaparece.
Un alegre indiecito se quita cuidadosamente su
máscara de la muerte y sonríe con sonrisa conta­
giosa — él personifica el nuevo México que crece.

Con motivo de su viaje a Río, y por falta de tiempo,
Horacio Cóppola ha dejado la dirección de esta sec­
ción, reemplazándolo León Klimovsky.
Cóppola su eficaz colaboración.

Agradecemos a

�O -

CONCESION N° 3129

O
m *“
8 0 Z

TARIFA

Jü ►- &lt;

Latitud
REVISTA MENSUAL DE ARTES Y LETRAS

Precio del ejemplar $

"Mujer del pueblo", óleo de Castagnino.

-

AVDA. CORDOBA 836

-

&lt; U

BS. AS.

-

FRANQUEO PAGADO

OZ_,

R E D U C ID A

CONCESION N9 2684

U. T. 32-0470

0.50

(Soc. Argent. de Artivtas Plásticos).

P. Vallery Radot, presidente de la embajada cultural Francesa.

Una escena de "Les Visiteurs du Soir", último film de Carné.

"Lobarrenechea", óleo de Spilimbergo expuesto en "AMAUTA".

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX LATITUD

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Thénon, Jorge&#13;
Barreiro, José P.&#13;
Amorim, Enrique&#13;
Flaumbaum, Isidoro&#13;
Riet, Lázaro&#13;
González Lanuza&#13;
Caillois, Roger&#13;
Oliver, María Rosa&#13;
Mingo, Carlos F.&#13;
Fevralski, A.&#13;
Canto, Estela&#13;
Falcini, Luis&#13;
Viera, Venancio&#13;
Berni, Antonio&#13;
Téry, Simone&#13;
Hurtado, Leopoldo&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Soloni, Félix&#13;
Fontini, Norberto&#13;
Prado, Caio&#13;
Sabella, Andrés&#13;
Klimovsky, León</text>
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